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Full text of "Invasión de Echagüe;: Batalla de cagancha, 29 de diciembre de 1839"

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r U 



, I 



/^í 



INVASIÓN DE ECHAGOE 



BATALLA DE CAGANCHA 



INVASIÓN DE ECHAGÜE 



BATALLA O 




29 de Dieiembre de 1839 



POB 



A/'SUFOBT T ALVABEZ 






MONTEVIDEO 
Tlp. Llt. OBIXMTAL, CaUe 88 núm. 112 

1894 



&coj>licacioncy 



Petra dar autoridad á lo que escri- 
bo y deseo que se conozca la fuente de^ 
donde he tomado los hechos qu^ narra ^ 
y para escusar él móvü de esta publi- 
cación, deseo explicarlo. 

Tal es el objeto de estas líneas. 

Para describir la batalla de Cagan-- 

m 

cha y la campaña que la precede, he 
tenido en cuenta la obra del historia-- 
dor nacional don Isidoro De -María, 
<si Rasgos biográficos de hombres nota- 
Ues'»; la ^Historia política y militar 



EXPLICACIONES 



de las RepábUeas del Plata, » de don 
Antonio Díaz ; los partes de la hatalla 
enviados á sus respectivos gobiernos, 
por los generales Hivera y Echagüe, 
y comunicaciones de este último; car- 
tas del general Oribe y otros docu- 
mentos de la Época; Memorias del te- 
niente general don Lorenso BatJle, aun 
inéditas, y Apunta del sargento mayor 
don Domingo Cosió, soldado de la di- 
visión dd coronel don José María Luna 
d día de la acción , — Apuntes y M&- 
.morias que ate han servido especial- 
mente para narrar los hechos de la 
campaña que precedió á la batalla . 

Si en los antecedentes escritos he ■ 
hallado los lineamtentos generales dd 
cuadro, en la versión oral hallé hs 
detalles que buscaia para darle eí c»- 



DEL AUTOR 



ráder episódico que deseaba imprimir 
á este trabajo. 

Conservo en ¡a memoria la profun- 
da impresión que dejaron ere mi ado- 
lescencia, la narración de aquellos altos 
hechos , oida de labios de personas que 
tomaron parte en eUos y que ya han 
fallecido. Entre otras, recuerdo al te- 
nienle coronel Martin Igarzábal, sol- 
dado ese dia del regimiento dd coronel 
Manuel Freiré y que en el mismo año 
J¡9 habla hecho su ingreso al ejército 
de linea, habiendo pertenecido antes á 
los e guayaguises » de Rivera. B^ícuer- 
do al coronel Juan Pedro Goyeneche, 
entonces teniente coronel y ayudante 
■de campo del general en jefe. Al co- 
ronel Cipriano Martines, á la sasón 
mrgento mayor y ayudante tanAién (id 



^^ 




EXPLICACIONES 



general Rivera. Al teniente general 
Felipe Fraga, entonces sargento ma^ 
yor del regimiento del coronel Luna . 
Por último , y con más razón , á mi 
padre, teniente coronel Anadeto Du- 
fort, en aquélla época capitán de giiar- 
dias nacionales, y ayudante de campo 
del coronel Fortunato Suva el día de 
la batalla, habiendo ingresado el año 
43 al ejército de linea con el grado 
de capitán. 

Entre los sobrevimentes , debo mw- 
chos detalles interesantes al general de 
brigada don Juan Mendoza, teniente 
coronel entonces y al mando del pri- 
mer escuadrón de caballería de linea, 
formando en la derecha d día de la 
batalla, y que da rasón de lo ocurri- 
do en esa ala y de la persecudóti al 



DEL AUTOR 



pronunciarse la den-ota d'jl enemigo. 
Al teniente coronel don Federico Baras 
diího asimismo preciosos y abundantes 
datos , y era soldado del escuadrón de 
Juan Mesa, que formaba parte de la 
vanguardia y hacia el servicio de avan- 
zadas en el día memorable. Por último ^ 
el coronel don Feliciano Gomálee, sar- 
gento de órdenes dd general Enrique 
Martínez^ jefe del centro, me ha fa- 
vorecido con los detalles más impor- 
tantes y completos , debido sin duda á 
la posición ventajosa que ocupaba en 
d centro, al lado dd general Martí- 
nez, próximo al general Rive7-a y de 
muchos de los j^es principales . 

Con tales eletnentos, he tratado de 
reconstruir el drama heroico desarro- 



12 EXPLICACIONES 

liado en los campos de Cagancha H 
S9 de Diciembre de 1839. 

Los señores Alcides De-Maria y An- 
tonio O. Villalba me honraron con- 
fiándome la narración de esa batalla, 
para ser publicada en d numero úni- 
o «Fructuoso Rivera,» que editaron 
él 13 de Enero del corriente año, en 
conmemoración del cuadragésimo ani- 
versario de la muerte del Brigadier 
genercd Fructuoso Rivera, ocurrida en 
igual fecha del año 1854. 

Sin tiempo material de organizar 
los datos, d trabajo. salió muy incom' 
pkfo , y me propuse ampliarlo . -s El 
Dia » quiso dar á esa ampliación una 
importancia que no esperaba, y dióle 
cabida en sus cciumnas. Luego algu- 
nos amigos se empeñaron en que diera 



t^ 



DEL AUTOR 1 3 


una forma más permanente á la im- J 


presión rápida que deja tm diario^ 1 


en razón de la multiplicidad de temas 


palpitantes que abarca en su labor 


tumultuosa . Y como tal empeño fiálaqa 


mis inclinaciones , me he dejado vencer 


nuevamente, y ka resultado este lüiñto. 


Halaga mis inclinaciones y ilUs gus- 


tos, porque, desde ítace mucho tiempo. 


h& deseado sicmxyre ver echar los ci- 


mietitos de la historia patria, orde-' 


nando con anticipación los materiales 


que han de servir para la construc- 


ción del edificio. 


Esos materiales se presentarían en 


forma de episodios naciomües, narra- 


dos con toda, verdad , pero sin excluir 


■ ese calor que nace del amor á las • 


tradiciones. 

J 



M 



EXPLICACIONES 



Caldeado sale el ladrillo dd horno y 
en estado de fusión el metal que ha 
de vaciarse en él molde, exigiendo tem- 
peratura más alta cuanto mayor sea 
la ley del meiál precioso, ó en otros 
términos, cuanto más verdadero sea el 
episodio narrado. 

Normalizada la temperatura, que 
viene de suyo, toca al historiador ó al 
artista, ordenar los materiales, recha- 
■ mr lo inservible, corregir lo defectuoso, 
cincelar las demasías y ptdir las as- 
perezas . 

Construirá asi el edijkio de solidez 
imperecedera, ó modelará la estatua con 
toda la atrayente frescura de lo léüo . 

Se ha dicho, y lo he creído siempre, 
que escrilir la vida de Rivera , es es- • 
cribir toda nuestra historia. 



Invasión de Echagüe 



BATALLA DE CAGANCHA 



Diciembre 29 de 1839 



1 1 " ■ ■ 1 ■ 



I 

No es del momento investigar las 
causas ni la legitimidad de la pre- 
tensión, pero es un hecho que, des- 
de los tiempos del régimen colonial, 
Montevideo aspiraba á la hegemonía 
del Plata y sus grandes afluentes, 
frente á la poderosa Buenos Aires. 

2 



INVASIÓN DE ECHAGÜE 



No es menos cierto que esa aspi- 
ración desarrolló en nuestro territo- 
rio, más que en cualqaier otra par- 
te , un espíritu local tan arraigado y 
fuerte, que la independencia del Es- 
tado Oriental y la emancipación de 
la Metrópoli, constituían para los 
orientales un solo sentimiento, — uno 
é indivisible . 

Cuando un pueblo siente y quiere 
con intensidad semejante, es error 
funesto contrariarlo, pues á toda cos- 
ta, hará siempre efectiva su aspi- 
ración con tenacidad irresistible , 
arrollando á quienes se opongan y 
endiosando a quienes de esa aspira- 
ción hagan su bandera. 

He ahí el secreto de la incontes- 
table y decisiva influencia del gene- 




BATALLA DE CAGANCHA 



■ral Fructuoso Rivera en los destinos 
■de nuestra patria. 

Nadie como él personificó y tra- 
dujo en hechos gloriosos, la aspira- 
ción suprema de este pueblo, con- 
densándola en páginas tan brillantes 
como Guayabos y Cagancha. 

Si esa personificación explica su 
prestigio local, sin parangón posible, 
■explica al mismo tiempo la saña 
inmoderada con que Rosas, repre- 
sentante de la aspiración opuesta, 
combatió y execró la descollante 
personalidad de Rivera. 



Cuando , ¿i despecho de Rosas, el 
vencedor del Palmar del Arroyo 
■Grande dernostró su influencia deci- 
siva en el país, y convencido de ello, 



INVASIÓN DE ECHAGÜE 



P 



el general don Manuel Oribe resig- 
nó el mando ante ia Asamblea y 
pidió su venia para retirarse á Bue- 
nos Aires, — Rosas, triunfante en to-* 
das partes, más que nunca afianzado 
en el poder, temió por la estabilidad 
de esc mismo poder. 

Lo que no Ixabla conseguido un 
partido poderoso de la Confedera- 
ción Argentina, ramificado en todas 
las provincias, con el decidido apo- 
yo del Perú y de Bolivia y el eficaz 
auxilio de la escuadra fr£mcesa, lo 
había conseguido el gáueho Rivera 
al frente de un puñado de orienta- 
les. — Rosas, en medio de sus triun- 
fos, desde la más alta cima de su 
pasmoso poderío , temió la exalta- 
ción de Rivera y se creyó en peligro . 



BATALLA DE CAGANCHA 21 

Ese solo triunfo moral coloca A 
Rivera fuera de toda discusión acer- 
ca (le su valimiento . 

Para que resallase más su perso- 
nalidad en los destinos de su país y 
aún de la América del Sud, si para 
Rosas era un constante recelo, para 
los patriotas argentinos representa- 
ba la única esperanza que les daba 
aliento en su injusta desgracia. 



Digamos por qué . 

Rosas había iniciado el año de 
1838, fusilando al patriota Fran- 
cisco Cienfucgos . Este fué juzgado 
con la rapidez ejecutiva de aquella 
voluntad sombría . — Reducido íl 
prisión en la mañana del 7 de Ene- 
ro, pue-sto en capilla á la tarde y 



INVASIÓN DE ECHAGCe 



fusilado á las seis de la mañana 
del día 8. 

En Buenos Aires había abortado- 
la conspiración llamada de los lo- 
mos negros, con el bárbaro asesina- 
to del doctor Manuel Vicente Maza, 
presidente de la Cámara de Justicia 
y de la Cámara do Representantes, 
en cuya sala fué asesinado en Junio 
de 1838, y luego, sin forma de pro- 
ceso legal , fusilado su hijo el coro- 
nel Ramón Maza, presunto jefe mi- 
litar de la conspiración. 

En el Sur ahogóse en sangre el 
movimiento intentado, en Julio del 
mismo afio, por el teniente coronel 
Juan Zelarrayán , muerto en Bíihla 
Blanca . 

Domingo Cullón, gobernador de 




BATALLA DE CAGANCHA 



Santa Fé al fallecimiento ele Esta- 
nislao López, es, en Octubre del 38, 
vencido en Cayastft, y habiendo cal- 
do en manos de Rosas, en Julio del 
siguiente año , fué inmediatamente 
pasado por las armas. 

El general Andrús Santa Cruz , di- 
rector supremo del Perú y de Boli- 
via, en guerra con Rosas, es com- 
pletamente derrotado por el general 
Manuel Bulnes, en la batalla del 
Yungay, librada el 20 de Enero de 
1839. 

Genaro Berón de Astrada, gober- 
nador de Corrientes, que se había 
pronunciado con un ejército de cin- 
co mil hombrea, fué, en Marzo del 
39, derrotado y muerto en Pago 
Largo, por el general Urquiza, al 



74 



ISTASIÓy DB ECHAGOE 



mando de la vanguardia del general 
Echagüe . En esa batalla el general 
vencedor hizo dar muerte d. más de 
ochocientos prisioneros . 

Fué igualmente ahogado en san- 
gre un nuevo movimiento al Sud de 
Buenos Aires, muriendo entre otros 
el patriota Pedro Castelli, cuya ca- 
beza, flja en un palo, fué expuesta 
durante ocho dias en la plaza prin- 
cipal de Dolores. 

El dictador, mimado y encumbra- 
do por la suerte ciega, — en aquel 
momento histórico más que nunca' 
^esperaba á la sazón ver cesar el 
bloqueo que mantenía la escuadra 
francesa, dada la oficiosa interven- 
ción de los Estados Unidos y de la 
gran Bretaña .—Habla heclio de Chí- 




le su decidido aliado. — Por la batalla 
del Yuiigay vela inutilizados al Perú 
y á Bolivia. — Vinculaba al Ecuador 
con los .lazos de intereses comunes, 
y mantenía estrechas relaciones con 
el gobierno del Brasil. — En el in- 
terior, — lo hemos visto, — toda re- 
sistencia habla sido ahogada en ríos 
de sangre. 

Tai era la angustiosa sltuaciún de 
los patriotas argentinos cuando todo 
lo esperaban de Rivera; y cuando 
Rosas, por lo mismo, determinó aba- 
tir esa influencia para acallar sus re- 
celos, y someter la República Orien- 
tal para colmar su ambición . 

A ese efecto, dispuso que el ge- 
neral don Pascual Echagüc, gober- 



26 INVASIÓN DE ECHAGÜE 

nador de Entre-Ríos, invadiese núes— 
tro territorio con un ejército numer- 
roso. 

En Cagancha, pues, donde se de- 
cidía esa campaña, se jugaban Ios- 
destinos de nuestra patria y la causa 
de la libertad en Sud-América . 
. De ahí la inmensa importancia po- 
lítica que debe atribuirse á esa ba- 
talla, para cuya inteligencia era 
indispensable la recapitulación que 
precede. 



II 

En el Mes de Junio de 1839, pas6 
Echagüe el Uruguay, estableciendo 
su cuartel general en las proximi- 
dades del Salto. A sus órdenes es- 
taban los generales Juan Antonio 
Lavalleja, Servando Gómez, Euge- 
nio Garzón y Justo José de Urqui- 
za, como también los jefes y oficia- 
les que habían emigrado con Oribe. 
— «El equipo del ejército era com- 
pleto, — dice don Antonio Díaz. — 
Llevaba un buen servicio de cam- 
paña y el total de combatientes no 
bajaba de seis á siete mil hombres.» 



28 



RTV'ASIÓN DE ECIIACÜE 



— Intentó además sublevar la. cam- 
paña y engrosar, las ñlas de su 
ejército, y con tal fin, mandó al co-' 
ronel Vélez al Departamento de So- 
riano , á Leonardo Olivera al de 
Maldonado, íl Juan Valdez al de 
Tacuarembó y al de San José al 
coronel Manuel Lavalleja. — Con ta- 
les elementos, halagaba á Etliagüe 
la seguridad de una fácil victoria, 
al punto que con fecha 2 de Agosto 
escribía á Rosas, rebosando de sa- 
tisfacción , y le manifestaba que el 
ejército de la Confederación Argen- 
tina sobre el territorio oriental, ha- 
bía dado principio á sus operacio- 
nes militares para destruir el poder 
del anarquista unitario Rivera ; — 
que á la mayor brevedad se pondría 




BATALLA DE CACANCHA 



en movimiento hacia el Queguay, 
donde batirla al enemigo, si osaba 
esperarlo; que pronto tendría la sa- 
tisfacción de anunciar que , con la 
existencia de Rivera, habían corir- 
cluido las esperanzas de los uni- 
tarios. 

Entre tanto el general Rivera pre- 
paraba la defensa del territorio na- 
cional con esa actividad pasmosa 
que le era peculiar ante la inminen- 
cia del peligro. 

Esa condición saliente de su ca- 
rácter fué reconocida siempre por 
sus adversarios, reconocida y temi- 
da en el mismo grado . Faera del 
peligro, sin embargo, sus actos se 
resentlíin de indolencia, al decir de 



30 



INVASIÓN DE ECTIAGÜE 



los propios amigos ('). Con todo, en 
nuestro sentir, esa aparente indo- 
lencia es otra de las manifestacio- 
nes de la sólida organización de su 
poderosa cabeza. 

Argentinos y franceses le insta- 
ban y comprometían á declarar la 
guerra ü Rosas (*) . Tales instan- 
cias y la irreflexión generosa de su 
espíritu caballeresco, le arrastraron 
ÍL hacerlo, es decir, a dar forma 
regular y pública á la hostilidad so- 
lapada, á la guerra de hecho que le 
hacía el tirano argentino, y en el 
mes de Marzo la declaración se 
hizo. — Pero, aunque todos, argen- 
tinos y franceses , le proclamaron 



(') JWemorfuí, inéditas, ■ 
<') Qenoral BolUe, Meni 



BATALLA DE CAGAN CHA 



director de la guerra; aunque el es- 
tado de las provincias argentinas, 
con aparentes facilidades , abría á 
su ambición campo vastísimo, brin- 
dándole el poder y la gloria en di- 
latados ■ horizontes , seductora pers- 
pectiva capaz de marear la cabeza 
más sólida, — Rivera halló en su 
t)\ien sentido, y especialmente, en 
el amor á su patria, la visión clara 
y la apreciación justa de los hechos. 
Supo ahogar su ambición, si es que 
la tuvo de influir en tierra extraña , 
y quiso, antes que todo, dar estabi- 
lidad al propio país, fomentando su 
progreso interior y poniéndolo en 
condiciones de rechazar todo ataque 
exterior. 
Los que le tachaban de indolencia 



32 



INVASIÓN DE ECTIAGÜE 



porque aflojaba la rigidez de la dis- 
ciplina y debilitaba su ejército del 
Durazno, permitiendo á los paisa- . 
nos- volver á sus hogai'es, en veE 
de mantenerlos unidos y con ellos 
invadir el territorio argentino y de-- I 
rrocar á Rosas sin pérdida de tiem.'' 
po,— rno comprendían, en su ilusión" •■, 
generosa , la verdadera fyerza del 
déspota argentino y lo irealizable da ■ 
la invasión anhelada, ó cuando me- 
nos, lo funesto que sería para nos- 
otros (')■ No velan que la dispersión 
de nuestros soldados, se traducía en 



(') Uáa adelanta, Eirariv íaé empo, 
tldo y no pndo resistir. Invadió, y li 
yo Granile ithrió al Bcemigo las pu 
p^, qnennnot coma enltmoee estay 
BBparaaer riel mapa de las naDloncí 
qne loa minracis qao Bates le oensuia 
y BU pretendida indolanoi»,— después 
dB,~-ln obra de bbob mlsmoB critico 



BATALL\ DE CAGANCHA 33 

un hecho fecundo: brazos devueltos 
al trabajo en el momento más opor- 
tuno, precisamente cuando nuestro 
puerto estaba en condiciones de mo- 
nopolizar el comercio de la América 
del Sud. Así lo comprendió Rivera, 
y su aparente inacción fué la base 
de una prosperidad asombrosa para 
nuestro país, sin precedentes por lo 
rápida y sólida. 

Al velar así por el adelanto y es- 
tabilidad de su patria, no abandonó 
por eso á sus aliados, y dispuso lo 
que las circunstancias aconsejaban 
al militar y al hombre de estado. 

Recomendó á Berón de Astrada 

haber invadido, y dieton & todos vientos las excelen- 
cias de una actitud de espera, dentro del teiritorio 
nacional,— plagio servil, hecho en el papel, del plan 
que Rivera ideó y llevó á 1»* práctica, poniéndole al 
pié esta gloriosa rúbrica:— Batalla de Cagancha! 

3 



34 



INVASIÓN DE ECIIAGCE 



que no comprometiera batalla algu- 
na; que se limitara á hostilizar al , 
enemigo por los flancos y la reta- i 
guardia, maniobrando por toda la | 
provincia de Corrientes sin salir de 
ella; que á no serle posible, se re- 
tirase antes íl sns más apartados 
confines (■). 

Solo un plan semejante, seguido ' 
en todas partes, podía dar por tierra | 
con el poder de Rosas. Se le hubie- 
ra obligado a dividir sus tropas, que 
iban á" ser fatigadas y deshechas 
sin éxito ni gloria; hubiérase debi- 
litado su centro de operaciones , 
haciéndose posible la acción eficaz 
de los revolucionarios argentinos & 
quienes, por su misma dignidad na- 

('] General BatUj, Mímorioí oiUüae. 




cional , correspondía atacar esc cen- 
*tro y derrocar al déspota sombrío- 
No debía ponerse en duda la bue- 
na fé de la recomendación, cuando 
el mismo Rivera la cumplía por su 
parte al pié de la letra. 

Pero el señor Berón de Asfrada, 
— <í hombre , según la exiiresión del 
general BatUe, de más nobleza y 
fuerza de ánimo, que práctico en 
ios negocios y en la guerra», — dio 
la batalla y perdió la vida en la 
luctuosa jornada de Pago Largo. 

EchagQe enseguida preparó la in- 
vasión con tal sigilo y disimulo, 
que se produjo sin haber sido sos- 
pechada . 



Rivera se encontraba en Monte- 



36 INVASIÓN DE ECHAGÜE 

video, en preparativos de un gran 
baile, cuando llegó el chasque anun- 
ciándole que EchagOe vadeaba el 
Uruguay . 

Montó á caballo en el acto y de- 
sapareció. Durante quince días na- 
die supo de él en Montevideo. Al 
cabo de ellos aparece en el Queguay 
con un plantel de ejército de cerca 

m 

de dos mil hombres. — En esos quin- 
ce días había recorrido casi toda la 
República, dando sus instrucciones 
personalmente, avistándose con los 
jefes, recorriendo los ranchos, dis- 
poniendo la concentración á la línea 
del Queguay ó la adecuada distribu- 
ción en los diferentes departamen- 
tos, á fin de cruzar v destruir el 
plan enemigó en el intento de su- 



BATALLA DE CACANCIIA 



37 



blevor la campaña . Siempre sobre 
el caballo , casi sin comc?r y sin 
dormir, desplegó esa actividad pas- 
mosa, que ante el peligro, singula- 
rizó al gran caudillo. 

En observación del ejército ene- 
migo puso desde el primer momen- 
to al coronel Ángel Núñez , jefe po- 
lítico de Paysandú, con una división 
de quinientos hombres. 



Muy oportunamente auxilió al ge- 
neral Lavalle , que lo habla acom- 
pañado en el Palmar, enviíindolo ú 
Corrientes para que A su vez orga- 
nizase íi los vencidos de Pago Lar- 
go. El 12 de Julio salió Lavallo de 
Montevideo, y el 2 de Setiembre 
de Martín García, en dirección á 



38 INVASIÓN DE ECHAGÜE 

■ ■ lili 

la Punta del Diamante, penetrando 
luego en territorio correntino. — La 
presencia del caudillo unitario en 
aquella provincia obligaba á Rosas 
á distraer fuerzas y dividir la aten- 
ción; y efectivamente, tuvo que man- 
dar á la frontera de Entre-Ríos al 
general don Manuel Oribe en ob- 
servación de Lavalle. 

Aunque sin éxito, intentó Rivera 
atraerse á los generales Lavalleja y 
Gómez, indicándoles la extraviada 
senda que seguían y conminándolos 
con el triste fln del desgraciado Cu- 
Uén: «Una miseria somos los hom- 
bres, — escribía Rivera ni Lavalleja, 
— creemos que vamos por un cami- 
no de flores, y al fln, vamos á urt 



BATALLA. DE CAGANCHA 39 

precipicio . » ~ Lavalleja , por toda 
contestación , remitió (i Echagüe la 
carta de Rivera, acompañándola de 
las siguientes lineas: «Excmo. Se- 
ñor Gobernador don Pascual Echa- 
güe.— Julio 25 de 1839. — Mi queri- 
do general y amigo: — El facineroso 
Rivei»a me ha vuelto á escribir la 
carta que adjunto á V. E. — Creo 
que este i>ardejón estíi ya por vol- 
verse loco . Fíjese V. E. en el res- 
ponso que lo hace al salvaje Callón, 
después que por su culpa ha tenido 
el fin que ha recibido.^Qucdo como 
siempre de V. E. apasionado y ver- 
dadero amigo, Q. B. S. M. — Jnan 
Antonio Lacalleja. » 

Lavalleja habla recibido la carta 
de Rivera por intermedio del coro- 



40 



INVASIÓN DE ZCHA.GÜB 



nel Lalorre . No está demás recoi^l 
dar por qué eligió Rivera tal eml-J 
sario, pues revela un rasgo de sal 
carácter singular, que sabia armo- 
nizar las exigencias de la política 
con la bondad del corazón. — Lato-J 
rre se habla incorporado al ejérciW 
nacional; pero sus vinculaciones coi 
La val leja y su conducta equlvoca-jl 
le hacían sospechoso . Todos creían 
ver en sus actos , con razón ó sin 
ella, tendencias disolventes. La 
creencia se acentuó al punto de exi- 
gir los jefes que fuese fusilado como 
espía del invasor. Rivera se opuso, 
y á fin de librarlo de la muerte , dio 
como razón de su negativa, que ne- 
cesitaba de Latorre para comuni- 
carse y entenderse con Lavalleja. 



BATALLA DE CAGANCHA 4 1 

Fué cuando escribió la indicada car- 
ta y la envió por Latorre, previ- 
niéndole el peligro que corría per- 
maneciendo en nuestro ejército. — 
Después manifestó á los suyos que 
la salida de Latorre era de todos 
modos un bien: ó volvía con la ad- 
hesión de Lavalleja, lo que impor- 
taba un triunfo; ó no volvía, lo que 
libraba al ejército de un espía, sin 
necesidad de derramar su sangre. (^) 

A solicitud de Pedro Ferré, nuevo 
gobernador de Corrientes, mandóle 
también Rivera algunos jefes y ofi- 
ciales correntines, que tenía bajo sus 
órdenes; pero con tan mala suerte, 



o Versión del coronel Feliciano GonzéJez, testigo 
presencial. - 



42 INVASIÓN DE ECH^GÜE 

que cayeron en poder de Oribe y 
todos fueron ultimados. 

En suma, en aquel momento, con- 
tra el ejército de Echagüe y para 
resistir el empuje de aquella masa 
relativamente enorme, — más de siete 
mil combatientes, — tenía Rivera co- 
mo dos mil hombres de caballería- 



III 

Por fin en Agosto púsose en mar- 
cha el ejército de Echagüe, vadeando 
el Queguay por el paso de Andrés 
Pérez . El servicio de vanguardia lo 
hacía el general Urquiza con una 
división de ochocientos hombres. 

Comenzó entonces una de esas re- 
tiradas que bastarían para crear una 
reputación militar , si ya no la tuvie-. 
se Rivera. Con todo, al confirmar 
esa reputación, semejante retirada 
enaltece la gloria de los leones que 
tenía bajo sus órdenes . 



44 INVASIÓN DE ECHAGÜE 

Disputáronse con ardor todos los 
pasos, siendo teatro cada uno de 
ellos de un combate desigual, pero 
reñido y heroico. 

La marcha del ejército invasor re- 
sultaba lenta y penosa á causa del 
obstáculo que le oponían unos qui- 
nientos hombres de la división de 
Paysandú, al mando del bravo co- 
ronel Ángel Núñez, á quienes cupo 
el honor de cubrir la brillante reti- 
rada hasta el Río Yf. 

Á las órdenes de Núñez iban jefes 
como José María Luna y Fausto 
Aguilar, capitanes como Santiago 
Alemán y Juan Francisco Monse- 
vat, y oficiales como Alejandro Ules- 
cas, Marcelino Almada, Donato Ruíz 
Díaz, Pedro Ifrán, Nicolás Raña, 



BATALLA DE CAGANCHA 45 

Felipe Luna, Luciano Arrióla y al- 
gunos más. 

Ya en el paso de Andrés Pérez, 
mantuviéronse fuertes guerrillas que 
duraron hasta el anochecer. A esa 
hora se retiró Núñez , yendo á cam- 
par á dos leguas de distancia, en la 
costa del Arroyo Grande frente á la 
estancia de la Cordovesa Q). 

Una partida enemiga mandada por 
los Francia, según se dijo, avanzó 
la estancia del señor Warnes, de- 
gollándolo, como asimismo á don 
Melchor Ituarte, un recaudador de 
rentas y dos personas más-. — En 

C) Es la versión del señor Cosió , — confirmada 
por la del teniente coronel Federico Baras , que en 
la batalla de Cagancha era sargento 1.^ distinguido 
del escuadrón de Juan Mesa, — y & quienes seguimos 
en esta parte . 



46 INVASIÓM DE E CHAGÜE 

acción y en camino iba el bárbaro 
sistema de Rosas . 

La cerrazón con que amaneció el 
día siguiente, fué aprovechada por 
nuestro ejército para emprender la 
retirada; pero al disiparse aquélla, 
es descubierto por el enemigo, que 
comienza á hostilizarlo nuevamente. 
Durante dos días el invasor es con- 
tenido por los bravos de la división 
de Paysandú, que estimulados por 
Núñez, hacen proezas, especialmen- 
te los indieeitos guerrilleros manda- 
dos por Fausto Aguilar. 



La retirada se continúa con rum- 
bo al paso de Baigorria del Río Ne- 
gro. Al anochecer acampa la van- 
guardia enemiga; pero Núñez, que 



BATALLA DE CAGANCHA 4/ 

la hostilizaba muy de cerca, apro- 
vecha la oscuridad de la noche y 
cambia de rumbo en dirección al 
paso de Navarro , cruzando el Arro- 
yo Grande por el paso de la Lagu- 
na. En los ríos y arroyos comenza- 
ban las crecientes, aumentándose el 
caudal de sus aguas por las conti- 
nuadas lluvias. Nuestros paisanos, 

* 

— livianos y en pelos, — se azotaron 
al agua. Las armas y monturas se 
pasaron durante la noche en una 
canoa . 



Rivera pasó el Río Negro más 
arriba, por el paso de Baigorria, 
donde llegó Echagüe cuando ya el 
general Rivera vadeaba el Yf. 

En tal momento se desprendió el 



48 INVASIÓN DE ECHAGÜE 

*• - - , ^ a^MB »■■! ■ I MI I I ■■ »^M __M__¡ 

coronel Venancio Flores, enviado 
con trescientos hombres al departa- 
mento de Soriano. 

El general don Anacleto Medina 
fué puesto en observación del ene- 
migo. A sus órdenes iban los es- 
cuadrones de los coroneles Manuel 
Díaz y Faustino López; el de corace- 
ros , 3.0 de línea , del coronel Victo- 
riano Camacho, y el del coronel 
Domingo García . 

Molestó con éxito la marcha del 
invasor hasta el río Yí, á la sazón 
crecido, y que cruzó á nado con su 
división, utilizando también una ca- 
noa para el trasporte de armas y 
monturas . 

El pasaje del Yí fué seriamente 



-r* 



'batalla de cag ancha 49 

disputado, y Urquiza se vio allí 
obligado á detenerse durante veinte 
días. Aún después de bajar el río, 
le hubiera sido imposible vadearlo , 
sin el gran .refuerzo que solicitó y 
obtuvo de Echagüe. 

Cuando el refuerzo llegaba coro- 
nando la cuchilla y á la vista de 
nuestro ejército, el general Rivera 
tomó el anteojo y se puso á obser- 
var con atención á dos personas que 
marchaban á la cabeza de la co- 
lumna. Se sonrió al reconocerlas y 
pasó el anteojo, á los jefes que lo 
acompañaban, diciendo: 

— Estaba seguro de verlos apare- 
cer' juntos. 

Eran el general Lavalleja y el co- 
ronel Latorrc. 



ro INVASIÓN DE ECHAGÜE 



Después llamó á un joven, cuyo 
nombre sentimos no recordar, y le 
dijo : 

— ¿Te animarlas á desempeñar 
una comisión peligrosa, en la que 
puede irte la vida? 

— ¡ Si , mi general ! — contestó el 
joven , entusiasmado y orgulloso de . 
distinción tan grande.' 

— Pues entonces, como el enemi- 
go va á pasar de un momento á 
otro, ve como te manejas para ha- 
cer de botero. Arreglas de ante- 
mano el bote de modo que puedas ^ 
hacerlo hundir cuando quieras, sin 
que desconfíen que lo has hecho 
de intento, aunque corras riesgo , 
de ahogarte. — Cuando toque el 
turno á las municiones, y en el me- 




dio del rio , haces hundir el bote . 
Ve si te avispas . Mira que si des- 
confían valiera más que te ahoga- 
ses . . . 

Rivera levantó el campamento del 
Durazno , dejando siempre á Medina 
con el encargo de dificultar el pa- 
saje y cubrir la retirada. 

El joven mencionado antes, cum- 
plió la comisión con valor sereno y 
habilidad suma. Agujereó el bote, 
puso un tapón en el rumbo y ha- 
ciéndose pasar por un vecino pací- 
fleo, fuá aceptado como remero. 
Cargado de municiTínes y en lo más 
hondo del rio, hizo saltar el tapón 
con el pié y empezó el bote ¿i hacer 
agua. Fingió luchar por la salva- 
ción de la carga, achicando la vieja 



52 INVASIÓN DE ECHAGÜE 

embarcación; pero hubo que renun- 
ciar y echarse al agua con sus com- 
pañeros^ oficiales enemigos, y el 
bote y las municiones fueron al fon-- 
do del río. 

En el primer momento quisieron 
degollarlo, pero en su defensa sa- 
lieron sus compañeros de naufragio, 
que de buena fé creían que el acci- 
dente había sido casual. 

Nuestro joven aprovechó la noche 
para escapar ó incorporarse al ejér- 
cito. 

» :< ■ ■ • 

Consiguió al fin el enemigo pasar 
el rio Yí, y ahora, muy superior 
en número, comenzó la persecución 
más tenaz y cruel de esa penosa 
marcha, llevándola hasta las punta» 



BATALLA DE CAGANCHA $3 



,1 



-de Maciel y haciendo como, nunca 
difícil la situación de los valientes 
que sostenían la retirada. Se per- 
dieron como cien hombres, entre 
ellos el sargento mayor Cipriano 
Martínez, á quien se le cansó el ca- 
ballo y tuvo que refugiarse en los 
montes de Maciel , salvando á duras 
penas con grandes dificultades y fa- 
tigas . 

Á la noche del siguiente día, lle- 
gaba Medina al arroyo de la Cruz 
donde acampaba Rivera . — Empren- 
dió éste la marcha en dirección del 
Santa Lucía Chico. 

Habiendo Urquiza recomenzado la 
persecución , el general Medina bus- 
có decididamente la .incorporación 



54 INVASIÓN DE ECHAGÜfi 

del ejército, que había pasado ál 

sur del Santa Lucía Grande, por el 

paso de la Calera , de don Tomás 

García, — lugar convenido para ce- 
sar la retirada. 

Allí, río por medio, acamparon 

los dos ejércitos . 



IV 

Fué aproximadamente á mediados 
de Setiembre . 

Rivera, pues, había conseguido su 
objeto demorando mis de un mes 
el avance del ejército enemigo. Ha- 
bía dificultado eficazmente sus mo- 
vimientos, en un trayecto como de • 
cien leguas , llevándolo al terreno 
más adecuado para resistir y dete- 
ner su marcha arroUadora. 

Hizo del río Santa Lucía su línea 
de resistencia, ocupando todos los 
pasos y picadas con fuertes destaca- 
mentos, y el enemigo encontró allí, 



56 INVASIÓN DE ECHAGÜE 

en vez de la resistencia que cede, 
un muro insalvable . Y se detuvo co- 
mo el torrente que una represa con- 
vierte en remanso. 

Decididamente, la retirada había 
terminado allí , después de dar todos 
sus frutos . 

En efecto, si esa retirada fué he- 
roica bajo el punto de vista del va- 
lor, bajo el punto de vista militar 
fué híibil y de resultados positivos. 
Rivera necesitaba ganar tiempo & 
fin de ^segurar el éxito de las fuer- 
zas destacadas para operar en los 
diferentes departamentos donde á su 
vez el enemigo operaba . Aproxi- 
mándose íi Montevideo, se ponía en 
condiciones de recibir tropas de re- 



B\TALLA DE CAGANCHA. 



57 



fresco, infantería y artillería, sin ex- 
ponerlas á. las fatígás de los gran- 
des y penosas marchas que hubiera 
exigido una batalla al Norte del Río 
Negro, por ejemplo, como deseaba 
Echagüe. — Fatigó al mismo tiempo 
y desmoralizó al enemigo, oblIgá.n- 
ílolo por ultimo A aceptar el campo 
de batalla elegido de antemano, cu- 
yos menores accidentes conocía Ri- 
vera palmo A palmo. 

Solo asi podría aventurar la bata- 
lla con un enemigo tan superior nu- 
móricamcnfe (•). 



o Cocui el Oonoral Eivpm reimiii todas Ins 
oianeii del oitudUlo. na es mualio si se couoeile 
ti tailo btuoadgi oooliabD utgo á lu jiolition, aoi 
xitiar do lu hiít'U oatraleglu. Aooptar ad refert 

tillo de nna solaeión paolflca del aoaSSetD coa 



58 



INVASIÓM DE ECHA3ÜE 



Por repetidas veces, intentó Echa- 
gCie mudar el campo y buscar una 
brecha que diera paso á sus legio- 
nes d fin de envolver fi nuestros 
valientes; pero el general Rivera, 
como una sombra, seguía sus mo- 
vimientos desde la orilla opuesta 
y las brechas se erizaban de lan- 
zas, y semejantes á las falanges 
macedónicas, nuestros escuadro- 
nes se convertían en muro impene- 
trable . 

Diariamente se mantcnlíin anima- 
das guerrillas, dando lugar á innu- 
merables y pintorescos episodios , 
llenos de sabor local, — de esos que 



o aalilii BU iuefion 




bI déspota argent 


nn, nu podía tenar rnAa olyBto 


ebilitni- y ailormee 


ar In acción contraria, lo qna 


E Bxpli.inB ciertna 


vttcüfloioncB de BohagÜB, Bul». 


orno Bfltiibtt da aan 


» negociaDioaOB. 




nuestros padres, como los héroes 
de Homero, gustaban recordar al 
amor de la lumbre. 

El invasor tuvo que renunciar al 
ataque franco y comenzó los inten- 
tos de sorpresa, lAetica que siguió 
hasta el día de la batalla. 

Uno de esos intentos pudo tener 
graves resultados. 

Tocaba (i la división del coronel 
Blanco el servicio de vanguardia. 

Al despuntar el día, cuando las 
avanzadas cruzaban el paso de 
Severino, fueron sorprendidas por 
una emboscada de infantes enemi- 
gos , sufriendo grandes bajas , de 
cuarenta íi cincuenta hombres, mu- 
riendo allí el teniente Campón y el 



6o INVASIÓN DE ECHAGÜE 

alférez Natalio Alberdi del l.o de 
caballería (*). 

Aprovechando la sorpresa, el ene- 
migo lanzó al galope sus escuadro- 
nes sobre el destacamento que guar- 
daba el paso, arrollándolo, y tras 
de esos escuadrones, toda la van- 
guardia hace irrupción en nuestro 
campo , y luego el ejército prevenido 
intenta hacer lo mismo.— Muy in- 
mediato acampaba Rivera, comple- 
tamente ageno á la posibilidad de 
esa sorpresa, en la confianza de las 
precauciones tomadas. La tropa des- 
cansaba con los caballos desensilla- 
dos. Rivera ordenó en el acto al 
coronel Blanco que atacase y con- 
tuviese el avance de la vanguardia 

0) Domingo Cosío. 



r 



BATALLA DE CAGANCHA 6 1 

enemiga. Si oportuna fué la orden, 
soberbio fué el arrojo del coronel 
Blanco cargando con sus cuatrocien- 
tos hombres, con la rapidez y la 
precisión del rayo, produciéndose el 
choque cuerpo á cuerpo, el entreve- 
ro , y sembrando la confusión y el 
desorden en las filas enemigas, do- 
blándolas y obligándolas á repasar 
el río. Perdió la cuarta parte de sus 
hombres; pero hizo al enemigo ma- 
yores bajas', y sobre todo, , salvó 
nuestro desprevenido ejército, dejan- 
do restablecidas las anteriores posi- 
ciones (*). 

Pero á los pocos días, — cuenta el 
sargento mayor Cosió, — el general 

C) General BatUe, Metnorias citadas. 



62 



INVASIÓN DE ECHAGOE 



Medina tomó la revancha. Hizo pa^^j 
sar de noche por una picada falsa t 
poco conocida , al mayor don Justo ' 
Tavares con su escuadrón , para quo 
fuese íi sorprender una de las avan- 
zadas enemigas. Y este jefe, que 
era temible para una carga, se lle- 
vó acuchillando al enemigo hasta el 
centro de su vanguardia. Para apo- 
yar esta operación, el general Me- 
dina había mandado también que los 
coroneles Faustino López, HipóliU 
Cuadra y Domingo García se sitúa 
sen en dos cañadones del camp 
enemigo, que quedaban ñ. los flan-^ 
eos del mayor Tavares. Asi es que, 
cuando éste llegó á la vanguardia 
enemiga, lo cargan todos; pero, ú. 
su vez, carga el coronel García, y 



^Jáá 



BATALLA DE CAG '.NCHA 



63 



aparecen de uno y otro costado Cua- 
dra y López, saliendo de los caña- 
dones y atacando al enemigo, que 
huye en desbande hasta sobre su 
ejército. El coronel López llegó has- 
ta el campamento de los indios 
guaycurils que traía Echagíle y que- 
daban á la izquierda de su ejército, 
donde fueron lanceados muchos y 
muerto el cacique . 



El citado coronel Faustino López 
prestó en esa campaña, importantes 
servicios, y con él, la división de 
la Florida que mandaba. Notában- 
se , por su actividad y arrojo , oficia- 
les como Juan José Enciso, Pascual 
Bailón y el teniente Zapata, bravo 
y bizarro oficial quo, desgraciada- 



64 INVASIÓN l>E ECHAGOB 



mente, fué muerto en unas guerri- ' 
lias. 



Las importantes operaciones que 
confió Rivera á varios jefes, dieron 
todas, sin excepción, el msts bri- 
llante resultado . 

En efecto, el 31 de Agosto, A las 
tres de la mañana, después de mar- 
char toda la nocbe, el general Me- 
dina habla sorprendido en el arroyo 
de las Maulas, al coronel Vélez, de- 
rrotándolo completamente. — En la 
persecución , el coronel Vélez fué 
alcanzado por el teniente Anselmo 
Soboredo, que le boleó el caballo 6 
iba á lancearlo, cuando un mucha- 
cho , Santana Suárez , hizo fuego 
con una pistola y Vólez cayó muer- 



BATALLA DE CAGANCIIA 65 

to . Diez Ó doce hombres habían da- 
do vuelta en auxilio de su jefe, y 
en aquel momento supremo, le hon- 
raron muriendo con él Q). 

En el mes de Setiembre, el coro- 
nel Fortunato Mieres, operando al 
norte del Rio Negro, derrotó com- 
pletamente al coronel Juan Ruedas 
en el Departamento de Tacuarem- 
bó, entre Charatas y Arroyo Ma- 
lo, donde murieron cinco hermanos 
Francia, cayendo prisionero el ma- 
yor de nombre Tomás (-). 

En el mismo mes, el coronel Ve- 
nancio Flores, enviado, como diji- 
mos, al departamento de Soriano y 
que á la sazón venía á quedar cor- 

('} Boferoucia del teniente coronel Eederioo Baras, 
actor en esn joi-nada. 
O Apuntes del mayor Cosío. 

5 



C6 INVASIÓN DE ECIIAGCE 



tado y a retaguardia del invasor » 
forzó la linea enemiga, derrotando 
previamente la división de San Jo- 
sé, compuesta de mil hombres y 
cuando ó^ta buscaba la incorpora- 
ción de Echagüe . La acción tuvo 
lugar en el arroyo de la Virgen. — 
A loa tres días de acampar el Ejér- 
cito Nacional en el Paso de la Ca- 
lera, el coronel Flores, victoriosa j 
se le incorpora como con seisciei> 
tos liombres y la flor de las caba- 
lladas tomadas al enemigo ('). 

También i\ fines de Setiembre, los 
coroneles Domingo García y Faus- 
tino López , que buscaban la incor- 
poración de Silva en Maldonado , 

o Apuntas del mayor Ooilo, refsreneias del ooronal 




sorprendieron en la barra de Cazu- 
pá al coronel Manuel Lavalleja, ha- 
ciéndole sufrir completa derrota (*) 

Por último , el 17 de Octubre , 
cerca de San Carlos, el coronel For- 
tunato Silva derrotó al coronel Leo- 
nardo Olivera ; y dejando toda la 
región del Este libre de enemigos, 
buscó' en seguida la incorporación 
al ejército ('). 

Y tales hombres, familiarizados 
con la victoria, eran los que concu- 
rrían á la cita que Rivera les había 
dado en Cagancha. 



O Sa Ib TBrsiÓD del DomaBdante FaJerico Baras. 
q'a« Jforvla con el coronel Lóp^z. Bí^oacrda qne Juan 
Jo»* Bnoiso, al verlo montado en pelüs y oa un muí 
oaliallD, le babia prometido el primero qne qnitase ni 

pressilttjidaBele son on laino bien aperado. 
En calidad da ayndnata del ooronel Silva, ea ha- 



68 INVASIÓN DE ECHAGÜE 

En Octubre se incorporaron al 
Ejército tres batallones de infante- 
ría . Era uno 'de ellos, el 1.^ de 
línea mandado por el coronel San- 
tiago Labandera, compuesto apro- 
ximadamente de doscientas plazas . 
Otro era el 2.o, también de línea ^ 
mandado por el coronel Pedro Jo- 
sé Agüero, con número igual, más 
ó menos, de soldados. El tercera 
se componía de los denominados 
«Voluntarios de la Libertad», en nú- 
mero de ciento sesenta, y de unos 
cuarenta hombres de las milicias de 
Canelones, mandados por el bravo 
capitán Tomás Madriaga (^). Los 

lió en esa acción el teniente coronel Anadeto Bnfort, 
padre del qi^e escribe. 

O Era padre de Floro é Ignacio Madriaga, en la 
actualidad sargento mayor y general respectivamente, 
floro se encontraba también el dia de la batalla. 



BATALLA DE CAGANCHA 



69 



Voluntarios de la Libertad so habían 
4>rgaii¡zado en Montevideo, debido al 
esfuerzo y entusiasmo de los seño- 
res Lapuerta y Fernando Quijano. 
El primero figuraba como teniente 
coronel y como sargenta mayor el 
segundo . Reforzado con las milicias 
de Canelones, Rivera dio el mando 
del batallón al coronel Santiago So- 
riano, conocido en el Ejército con el 
nombre de coronel Cheníopé ('). 



iferenoias d«l co- 



irvn la bondeta quB el ilía da la 
•Volnntnrioi do In Libertad.! Bi 
leolB i, la marina, y ¿ pedido dol 
corp^rú ilI Ejército, Formú parte 
o batnJlán el malogrndD Juan Sotiano, he» 



maco de aquél, y i^n^ ai 



70 INVASIÓN DB ECHAGOB 

Incorporóse tambit-n la artillería 
al mando del teniente coronel José 
MarJa Piran y del sargento nmyor 
Mariano de Vedia. Constaba de cien 
plazas aproximadamente y se com- 
ponía de seis piezas, calibre do do- 
ce la mayor de ellas, — La Niña,. 
como la llamaban en el Ejercito {'). 

Gran alborozo y entusiasmo causo 
entre la soldadesca el valioso con- 
tingente, en particular los cañones, 
y celebraban el acontecimiento con 
bromas y dicharachos casi infantiles, 

to dI diu qiAO' naesiuaron ni geiterBl Fiares.— Queda 



lii de Flores. Por ol año da 1877, 
oodora de CagAuclia fa¿ í parar k los hoi 
l^uidicióii QuroGorri. Ee de sentirse qaa 
íqO baya tañido tcliqnia lan gnuide, 



1 



Bx\TALLA DE CA CANCHA 7 1 

como si aquellos leones tuvieran al- 
mas de niño. 

Cuando por primera vez, — cuen- 
ta Cosío, — se ensayaron las piezas, 
haciéndose algunos disparos sobre 
el enemigo acampado en la orilla 
opuesta del río, decía uno: 

— Che! qué bueno estuvo hoy, el 
regalo que le mandó el Cabo Viejo 
á Cháguara con la Ñifla. ! — (Así \\'^-z 

mabau x^e.^pcCavamente á Rivera y 
á Echagüe.) 

— Sí, — decía otro, — buen regalo de 
naranjas amargas! 

— Otro día les daremos dulces! — 
agregaba un tercero. 

Y análogos comentarios hacían la 
delicia de aquellos bravos. 



72 



INVASIÓN DE ECHAGCE 



El invasor también se alegraba de 
esos aprestos tomándolos como au- 
gurios do una próxima batalla. Sin 
embargo, todavía Rivera juzgó pru- 
dente demorarlo cerca de tres me- 
ses más y, como hábil diestro, lle- 
varlo á la muerte desmoralizado y 
rendido de fatiga. 

Todo comenzaba á escasear en el 
cariiiiO Clieniigo. Gran número de 
soldados hablan abandonauO los gi- 
rones de ropas y vestían con pieles 
de carnero. Faltábanles los artícu- 
los de primera necesidad para ellos. 
Era casi diario, que nuestros pai- 
sanos , compadecidos , aprovechan- 
do el servicio de avanzadas, les 
alcanzaran tabaco, yerba y basta 
alimentos. Tal situación, prolonga- 



BATALLA DE CAGANCIIA 73 

■da, provocaba frecuentes desercio- 
nes , debilitando y desmoralizando 
su ejército. Echagüe veía con in- 
quietud creciente, los progresos de 
Lavalle en Corrientes, después del 
triunfo del Yeruñ, y probablemente 
sentía debilitar la fé tan robusta y 
llena de alardes , que lo animaba en 
el comienzo de la campana. 

Esa era la obra de Rivera y de 
un puñado de bravos. 

Un ejército engreído, compuesto de 
más de nueve mil hombres, — siete 
mil que invadieron y mas de dos mil 
que se le incorporaron, por interme- 
dio de Lavalleja, Gómez y otros, — 
quedaba reducido, por las bajas y 
deserciones , á poco más «de siete 
mil, recelosos y desmoralizados. 



V 



Sin embargo, eran siempre más de 
siete mil hombres que deseaban ar- 
dientemente la batalla, pues en ella 
veían el término de sus penas y fa- 
tigas, contra tres mil hombres que 
componían el Ejército Nacional , en- 
teros y engreídos á su vez, pero 
tan inferiores en número, que no 
sería fácil explicarnos cómo podían 
disputar la victoria, si no supiéra- 
mos que defendían el liogar y la 
hacienda, el rancho y el pago, la 
familia y la patria. 



^6 INVASIÓN DE ECHAGÜE 

^ Investigaciones proñjas y la razo- 
nada comparación de datos, nos au- 
torizan á dar como muy aproximada 
la siguiente composición numérica 
de nuestro Ejército : 
Vanguardia á las órdenes del 

general Anacleto Medina.. 800 
Izquierda, coronel Ángel Nú- 

ñez 600 

Centro, infantería y artillería, 

general Enrique Martínez . 700 
Derecha, coronel Fortunato 

Silva 500 

Reserva, general Félix Aguiar 400 

Total 3,000(0 



(*) Adexn&s de las fuerzas destacadas en vatios de- 
partamentos , guardias nacionales ó milicias looalwy 
cnyo número no es apreciable por falta de datos, g^aar- 
daba la plaza da Montevideo una guarnición compnes- 



BATALLA DE CAGANCHA TJ 

En cuanto al enemigo, es igual- 
• mente aproximada la siguiente: 

Derecha , inclusti la vanguar- 
dia, generales Justo José 
de Urquiza y Juan Antonio 
Lavalleja 4,000 

Centro, infantería y artillería, 
general Eugenio "Garzón.. . 500 

Izquierda, general Servando 
Gómez 3,000 

Total 7,500 

Cuando Riv3ra consideró el Ejér- 
cito suficientemente pertrechado y 
equipado, tomó la resolución de 



ta de mil doscientos hombres, cuatrocientos de la 
legión francesa y ochocientos guardias nacionales, 
entre orientales y españoles. (Memorias del general 
BatUe.) 



INVASIÓy DE ECHAGÜE 



combatir, obligando al enemigo, fal- 
to ya de iniciativas. , 

Púsose, pues, en marcha levan- 
tando el campamento del Paso de la 
Calera .' 

EchagOe á su vez levantó el suyo, 
retrocediendo hasta los campos de 
Callorda, al Este del Arroyo de Ca- 
gancha, donde eligió terreno para 
ki inminente batalla. 

Rivera también había elegido cam- 
po , utilizando con acierto los cerros 
y cucliiilas que dividen aguas á los 
arroyos de la Virgen y Cagancha, ' 
y tendió la Unea, de modo que su 
prolongación á la izquierda cortaba 
el arroyo, mientras que el ataque á 
su derecha quedaba dificultado por 
cañadas y zanjones . 



BATALLA DE CAGANCIIA 79 

Esta disposición obligó á Echagüe 
á modiflcnr su linea, apoyando su ala 
izquierda en unas quebradas, cerca 
del arroyo , quedando as! ese flanco 
cubierto por obstáculos naturales . 

Las líneas, asi dispuestas, no 
eran paralelas, pues se aproximaba 
la derecha enemiga á nuestra iz- 
quierda, al Oeste y donde decrecen 
las elevaciones del terreno; y al Este 
mediaba una distancia mucho mayor 
entre nuestra derecha y Uv izquierda 
enemiga, separadas por los cerros 
6 cuchillas , cuyas elevaciones se 
disputaban las avanzadas, respccti- 
vamcníe encargadas de descubrir los 
movimientos del campo enemigo ('). 

(>) Una ríe asas alovncioDea lleva hoy el nombre lio 
Carro del Bloliudero y, BH|;iia illcen, Fecililú tul lieso- 



8o 



IMVASIÓN DE ECHAGCe 



Por esa misma razón, las van- 
guardias de ambos ejércitos venían 
á quedar al Oeste ó sea A nuestra 
izquierda . 

En tal situación se mantuvieron 
los adversarios midiéndose y bus- 
cándose indecisos el lado vulnera- 
ble , sin que ninguno cediera al con- 
trario el lugar elejido. 

Hubiera sido imprudencia, por par- 
te de Rivera, ceder á la invitación 
contraria, llevando el ataque y aban- ^ 
donando sus ventajosas posiciones, 
dada la inferioridad numérica de • 
nuestro ejército . 



rainnción porqne an loa 


proliminQ 


ros di 


• In b Atoll B. 




obHervflt 1 


ú onm 


ipo emunigo. 


blcluirlo, nomo dicen loa 


pnUanoB. 







BATALLA DE CACANCHA Si 

Esa espectaltva duró desde el 24. 
hasta el 29 de Diciembre . 

En la noche del 26 , — que era 
una cxpléndida noche de luna, — el 
general Garzón con los infantes, 
se habla aproximado tentando nues- 
tra linea en diferentes puntos con 
fuertes tiroteos. Rivera dispuso que 
no so le contestara y que perma- 
neciesen todos en silencio y con 
los caballos de la rienda . — Se 
retiró al fin el enemigo, sin conse- 
guir su objeto , cualquiera que ól 
fuese . 

Rivera estaba. íi punto de ereer 
que SR le rehuía el combate, cuando 
al amanecer del día 29, se vio al 
enemigo í\ caballo y con su linea 
tendida . 



8z INVASIÓN DE ECHAGOe 



La nuestra en ct acto qucdú for- 
mada. 



El centro, mandado por el gene- . 
ral Enrique Martínez, y compuesto 
por la artillería é infantería, formó 
del siguiente modo: 

A la derecha de la artillería, cl 
batallón nrim. 1 , al mando del co- 
ronel Santiago Labandera . 

La artillería on el centro, manda- 
da en jefe poi- el coronel Julián Mar- 
tínez (quien íl pesar de haberse que- i 
brado una pierna , quiso estar al i 
frente de sus soldados)— y á las in- j 
mediatas órdenes de los tenientes''! 
coroneles José María Pirim y Ma-'J 
riano de Vedia. Entre los oficiales 
se menciona al capitán Ramón 



BATALLA DE CAGANCIIA 83 

Bermúdez y al alférez Enrique de 
Vedia . 

A la izquierda de la artillería, el 
■batallón ñúm. 2, al mando del co- 
ronel Pedro José Agüero. 

En sef^uida, y (i las órdenes del 
■coronel Soriano, el batallón Volun- 
tarios do la Libertad, — reforzado con 
■las milicias de Canelones, al mando 
éstas del capitán Tomás Madriaga, 
que formaba i\ la izquierda del ba- 
tallón. El teniente coronel Lapuerta 
habla sufrido una luxión en un pié 
y se vio obUgado ¿i asumir en la 
lucha una actitud pasiva, quedando 
al frente del batallón el teniente co- 
ronel Juan Feliciano Vázquez . 

El centro formaba en una ondu- 
lación del terreno, bnstante elevada 



84 



INVASIÓN DE ECHAGÜE 



para dominar el campo de batalla. 
Corría como A trescientos metros de 
su frente y de derecha ú. izquierda, 
una cañada que A poca distancia 
nacía de unos pajonales. 

Eran ayudantes de campo del ge- 
neral Martínez, el mayor Marzola 
y el capitán Mateo Tula. 



Mandaba el ala derecha el coro- 
nel Fortunato Silva y la comjwnfan 
los cuerpos que tenían por jefes á 
los coroneles Pedro Mendoza, Faus- 
tino LOpez , Victoriano Camacho , 
Simón Bengochea, y tenientes co- 
roneles Josii H. Mi rabal y Juan 
Mendoza, siendo segundo jefe de ■ 
este último, el sargento mayor José ' 
A. Reyes, más tarde general. 



BATALLA DE CAGANCHA S5 

El capitán de guardia? nacionales 
Anacleto Dufort, era ayudante de 
campo del coronel Silva. 

El ala derecha, como hemos di- 
cho , se componía de unos quinien- 
tos hombres solamente; pero con- 
taba en primer término con los 
cuatrocientos de la reserva, forma- 
da á su retaguardia, y con las zan- 
jas y cañadones que corrían á su 
frente y debieran dificultar el ata- 
que de la caballería enemiga . 

Rivera habfa ordenado al coronel 
Silva que no llevase y sí espera- 
se el ataque, pues confiaba que en 
aquella-s desigualdades del terreno, 
impropias para maniobrai' las ca- 
Ijallerlas , debían desorganizarse las 
filas enemigas, amenguando su em- 



16 



INVASIÓN DE ECHAGÜE 



puje y haciendo posible su rechazo 
con cargas decididas y vigorosas ^ 

y sobre todo, oportunas. 

El ala izquierda estaba i\ las úr- 
d(?nes del coronel Ángel Núfiez y se 
componía de tos cuerpos mandados- 
por los coroneles Hipólito Cuadra, 
Belarmino Píicz da Silva y Manuet 
Díaz y tenientes coroneles Antonio 
Mendoza y Bernardino Bfiez . Esta 
ala constaba de unos seiscientos 
hombres de caballería y debía apo- ■ 
yar la acción de la vanguardia. 



Eii la extrema izquierda, hacia 
adelante y paralelo á nuestra linea, 
formaba el cuerpo de vanguardia, 
d las órdenes del general Anacleto 



BATALLA DE CAGAMCHA 



S7 



Medina, cuyos jefes inmediatos eran 
los coroneles Luciano Blanco y José 
María Luna . 

Servían eii la vanguardia, como 
jefes de regimiento ú de escuadrón , 
García, Marcelino Sosa, Centurión, 
López de Haro, Fraga, Santander 
Juan Mesa, Fausto Aguilar, etc. 

El terreno que ocupaba la van- 
guardia, compuesta de unos ocho- 
cientos liombres, era el mi'is fticil- 
mente accesible al enemigo, tanto 
por su proximidad, como por la 
conformación del suelo, apto para 
las maniobras de caballería. Ocu- 
paba las íiltimas ondulaciones de los 
cerros y cuchillas que íi su derecha 
comenzaban á elevarse , quedando 
su flanco izquierdo compl el ámente 



88 INVASIÓN DE ECHAGfE 

al descubierto y expuesto á un mo- 
vimiento envolvente del enemigo , 
circunstancia que í^ste, como vere- 
mos, intentó aprovechar. 

Previniendo ese peligro , el gene- 
ral Rivera habla reforzado nuestra 
izquierda que , con la división de 
Núñez que debiera apoyar la van-. 
guardia, contaba con mil cuatro- 
cientos soldados y los jefes máa 
probados en esa clase de lides , ele- 
gidos con notable acierto . 



La reserva, mandada por el Jefe 
de Estado Mayor , general Félix 
Aguiar, se componía de los cuer- 
pos íi las órdenes de los coroneles 

Manuel Freiré , Venancio Flores , 
Juan Ramos y teniente coronel Vi- 



BATALLA DE CAGANCHA 89 

•<3ente "Viñas y todos los oficiales del 
Estado Mayor. 

Formaba á retaguardia del ala de- 
recha y debiera apoyarla. 

■ >:< > 

El general Rivera con sus ayu- 
dantes de campo y en inmediato 
contacto con los generales Martínez 
y Aguiar, se había situado en una 
altura, á retaguardia del centro, pró- 
ximo al 2.0 de línea . 

Eran ayudantes del general Rive- 
ra, entre otros, los tenientes coro- 
neles Soboredo (tio del oficial que 
dio alcance í\ Vélez), lUescas y Juan 
Pedro • Goyeneche , sargento mayor 
-Cipriano Martínez y capitán Allarde. 

El convoy compuesto de unas 



-i 



93 mVA»ÓN BE BCHAGÜE 

ochentii carretaa, que servían de 
hospital unas, do equipo otras y al- 
gunas de negocio, se liallaba ú, una 
logua, íl retaguardia del ejército. 

Los heridos y enfermos eran asis- 
tidos, en el hospital ambulante, por 
el cirujano mayor doctor Fermfn 
Ferreira y cinco practicantes . 

El enemigo se conservó en for^ 
maciún durante algtin tiempo, in- 
móvil y observando . 

De pronto comienza íi retirarse, 
desaparece tras de las lomas y re- 
gresa íi su campamento . 

Creyó el general Rivera que una 
vez mÍLs rehuía el combate y mandó 
desensillar y carnear. 



BATALLA DE CAGANCIIA 91 

A las nueve de la mañana reunió 
á los jefes en su carpa para reite- 
rarles sus instrucciones . 

C;.mo se le observara que, sepiOn 
noticias, el enemigo conservaba los 
caballos ensillados, contestó que es- 
tuviesen tranquilos; que el enemigo 
no se animarla íi pelearlos . 

Esto lo decía con la cara muy 
alegre, la cabeza algo inclinada ha- 
cia adelante y á la derecha, y res- 
tregándose las manos rápidamente, 
— actitud y movimiento que le eran 
peculiares en los momentos do 
acción. Solo variaba el semblante, 
según las circunstancias: alegre, si 
confiaba en el f^xito; enérgico y la 
voz vibrante, al dar una orden de 
inmediata ejecución; suave y el acen- 



92 INVASIÓN DE ECHAGÜE 

to cariñoso y regañón al mismo 
tiempo, cuando después de un fra- 
caso, agrupaba á los suyos, los 
alentaba y los cuidaba como un pa- 
dre (x sus hijos . 

Ahora , al hablar íi los jefes mos- 
trábase alegre: tal era la confian- 
za que tenía en los suyos y en el 
éxito . 

Y efectivamente , esa recíproca 
admiración y confianza entre jefe y 
subordinados, es la primera condi- 
ción de la victoria. 

Esta vez , sin embargo , la con- 
fianza trajo algún trastorno, aunque 
por ella mismo reparado. 

Núñez y Luna, por ejemplo, se 
desprendieron de la formación y fue- 



BATALLA DE CAGANCllA 



93 



ron, ;'i una buena distancia, k hacer 
dar agua á las caballadas. De modo 
que se hallaban ausentes dos jefes 
de división, Ndñcz y Luna, — éste 
con el regimiento que llevaba su 
nombre y que tenia por jefes al te- 
niente coronel Mauricio López de 
Haro y sargento mayor Felipe Fra- 
ga, que llegó más tarde ¿i la cate- 
goría do teniente general , y por los 
comandantes de escuadrón capita- 
nes Donato Ruiz Díaz, Marcelino 
Almada y Claudio Cardozo . 

El día anterior se hablan pasado 
dos entrerrianos . Hablaban con es- 
panto de las escaseces y penalida- 
des que sufrían los soldados en el 
campo enemigo . Ni podían siquiera 
desertar y volver íi su tierra, pues 



94 



IN'VAKIÓM riE ECHACÜS 



los vecinos les eran hostiles y hasta 
les daban muerte . Nada más que 
en nuestro Ejército veían su salva- 
ción y bienestar . — No eran solo 
ellos . Al día siguiente, habla de pa- 
sarse un pelotón ea masa; á cuyo I 
efecto ellos les harían señas desde . 
las avanzadas. 

Los hechos eran ciertos y presu- 
mible lo que anunciaban . Se les 
permitió ir j'i las avanzadas, pero 
sujetándolos £t una rigorosa obser- 
vación . 

Cuando se retiró el ejército ene- 
migo ,• los nuestros se confiaron , 
descuidando la ordenada vigilancia. 
No bien se desensilló y comenzó á 
voltearse las reses para carnear , 
los supuestos pasados se lanzaron 



BATALLA DE CAGANCHA 95 

ú la carrera llegando ilesos al cam- 
po enemigo . 

Habían cumplido una misión tan 
•expuesta como importante. 

Por ellos supo el enemigo el des- 
cuido en que se hallaban los nues- 
tros . Había éste conservado , en 
efecto, los caballos ensillados. Or- 
denóse montar y emprender la mar- 
cha, para intentar la gran sorpresa. 



VI 



A las diez de la mañana se tuvo 
el parte de que el enemigo se mo- 
vía trayendo decididamente el ata- 
que . 

El general Medina salía de la car- 
pa del general en jefe y había ga- 
lopado unas veinte cuadras en di- 
rección á su campamento, cuando 
recibe el chasque que le enviaba 
Juan Mesa. — Mandó dar el aviso al 
general Rivera y siguió á ponerse al 
frente de sus tropas. 



93 INVASIÓN DE ECHAGÜE, 

En nuestra linea se restableció la 
formación apresuradamanle , faltan- 
do, como hemos dicho, algunas di- 
visiones. Tomó el mando de la di- 
visión de Luna, con excepción del 
regimiento mencionado más arriba, 
el comandante Marcelino Sosa, que 
L llenó, con éxito, el vacio dejado por 

^L el destemido Luna en la linea de 

^^^^L vanguardia. 

^^^^B Se hizo el silencio precursor de la 

^^^^H batalla . Un sol de medio día dora- 

^^^H ba la cúpula celeste, alumbrando 

^^^^L aquellos rostros tranquilos y de mi- 

^^^^F rada atenta en la espectación de los 
^^^^1 grandes hechos 



El general Rivera montaba un ca- 
ballo overo rosado. Los paisanos. 




BATALLA DE CAGANCHA 



aún en aquellos momentos, recono- 
clan la marea de don Sandalio Gi- 
ménez , padre . Montaba Rivera con 
esa arrogancia soberana de los gran- 
des ginetes, que da á los nuestros, 
según d' Amicis, aire de pi'Incipes. 
Vestía chaquetilla de paño azul con 
alamares negros , pantalón de brin , 
color plomo, botas granaderas ar- 
madas de espolines, y en la cabeza, 
sombrero blanco de felpa, redondo, 
penacho punzó y divisa bordada de 
oro . Sable á la cintura , las riendas 
en la mano izquierda y en la dere- 
cha- -.el látigo de trenza. Era su 
arma de combate . Sabía vencer , 
pero no sabia matar. 



El enemigo liabía sido dcscubier- 



lOO INVASIÓN DE ECIIACÜE 



to por el capitán Juan Mesa, de la 
vanguardia, que estaba de avanza- 
da. AI verlo poner en movimiento, 
mandó el parte á Medina. Esto fué 
lo que motivó la formación de nues- 
tra línea 

En tanto, la guerrilla do avanza- 
da cumplía con su deber y se apres- 
taba á resistir el empuje de la po- 
derosa columna que , en aire de 
ataque , avanzaba por ese lado sobre 
nuestra debilitada izquierda. Era la 
vanguardia enemiga al mando del 
general Urquiza, compuesta de más 
de dos mil hombres . 

La heroica guerrilla resistió cuan- 
to era posible, pero es flanqueada 
por la izquierda, envuelta y corlada 
por el enemigo , perdiendo alU vein- 



BATALLA DE CAGANCHA 10 1 

tiocho hombres, entre ellos el alfé- 
rez Ladislao Sanguino. 

A pesar de todo, el bravo Juan 
Mesa consigue formar los restos de 
su escuadrón, penetra en nuestra lí- 
nea por la derecha, cruza por reta- 
guardia, incorporándose á nuestra 
izquierda, ya en plena batalla. 

De los ciento veinte ■ hombres de 
que se componía su escuadrón, ha- 
bía perdido sesenta, entre muertos 
y dispersos. 

■ >:< > ■ 

La resistencia y diversión de la 
guerrilla dio tiempo al general Me- 
dina para ordenar sus escasas fuer- 
zas y salir al encuentro de la dere- 
cha enemiga. 

El general Medina , que sabía ere- . 



t02 INVASIÓN DE ECIIAGÜB 



cerse ante la ilificultad, iniciú una 
serie de aquellas soberbias cargas 
que , ante propios y extraños , le 
dieron fama gigante en los campos 
de Ituzaingó. 

Vestia un traje elegante y llama- 
tivo, al modo paisano. Poncho ce- 
leste y blanco, chiripá de seda, 
también celeste , botas granaderas 
armadas de espuelas recias, som- 
brero blando, gacho, y gran divisa 
colorada. Montado sobre un caballo 
overo negro, blandía en la mano la 
imponente lanza. 

Se le veía coronar la ondulaciúii 
eii que muere la cuchilla, rehacer 
los escasos escuadrones y desplo- 
marse de la altura abriendo hondas 
brechas en la columna enemiga, sin 



BATALLA DE CAGANCITA 103 

ceder un palmo, hasta que la linea 
estuvo en orden á su retaguardia. 

El enemigo, rehecho, vuelve íl la 
carga, míis numeroso, míis irresis- 
tible . Sube como la marea amena- 
zando inundarlo todo. Pero Nilñez 
y Luna han olfateado el peligro . 
A caballol Al trote! Al galopel Lle- 
gan al campo en momentos que In 
división del coronel Constancio Quin- 
teros carga sobre el escuadrón del 
corontl Centurión. Caen sobre su 
flanco derecho y lo arrollan y des- 
hacen . El coronel Almada con sus 
entrerrianos , viene de refresco, con 
apariencia más formidable, y los 
carga sin darles tregua. Unidos ti 
Centurión , se vuelven y le hacen 
frente, terribles como leones acosa- 



I04 TTÍVASTÓN DE EOIAGOE 

(los en su guarida, y lo arrollan y 
lo lancean, persiguiíndolo más de 
media legua. Vuelven al campo. Su 
quehacer no ha terminado. 

Núñez tiene un aspecto feroz . La 
manga derecha ensangrentada; en 
el asta de la lanza, donde es empu- 
ñada por la mano, la sangre se 
ha hecho espuma y parece hervir; 
en la espiga-, corta y dentada co- 
mo una sierra, cuelgan 'girones de 
carne humana . Eran zarpazos de 
león . 

Nuestra izquierda estaba triunfan- 
te, y Urquiza deshecho y huyendo, 
espoleado por la derrota, después 
de haber sido rechazado tres veces ¡ 



Aunque enfermo ese dia, Luna 



BATALLA DE CAGANCHA IOS 



sin embargo se había puesto al fren- 
te de su división; pero, como se 
sabe, al comenzar la acción se ha- 
llaba ausente, lo mismo que Núñez, 
habiendo llevado con su regimiento 
los caballos á la aguada. Allí esta- 
ba cuando el estampido del cañón 
y 9l fragor de las descargas llegan 
á sus oídos . Era el llamado cari- 
ñoso é irresistible de sus viejos ami- 
gos, y á la cabeza de su famoso 
regimiento, precedió íi Núñez y se 
lanzó á la pelea. 

Ya en triunfo , cuando el oportuno 
concurso de estos jefes determinó la 
derrota de Urquiza, Luna se en- 
contró con aquellos de los suyos 
que se habían batido á las órdenes 
de Marcelino Sosa, y éstos le ro- 



I06 INVASIÓN DE ECHAGÜE 

deán con cariño y lo victorean con 
gritos de entusiasma . 

Por extraña coincidencia, la im- 
prudente resolución del bravo Luna 
al abandonar las ambulancias íi pe- 
sar de su estado , vino íí salvarle la 
vida, como va h verse. 

Parece que el general Lavalleja, 
jefe de la reserva enemiga, con una 
división de cerca de dos -mil hom- 
bres , tenía encargo de flanquear 
nuestra izquierda, relacionando ese 
movimiento con las cargas de frente 
que debiera llevar Urquiza . 

Sea que Lavalleja no se diese 
cuenta de la ¡mpoi:tancia de la ope- 
ración , sea que al ver nuestras 
escasas fuerzas y la superioridad nu- 



BATALLA DE CAG ANCHA I O/ 

mérica de Urquiza, la creyese inne- 
cesaria, el hecho es que, en vez de 
atacar de flanco, pasa por nuestra 
izquierda y va í\ caer sobre el con- 
voy de carretas, que, como se ha 
dicho, estaba una legua á retaguar- 
dia. 

En el convoy había ochenta y cin- 
co heridos que fueron degollados . 

Igual suerte corrieron tres practi- 
cantes que los asistían. Pudieron 
escapar y salvarse, el cirujano ma- 
yor, doctor Fermín Ferreira, y dos 
practicantes . 

A esa fuerza tenía que batir nues- 
tra vanguardia victoriosa. 



Pero antes veamos lo ocurrido en 
la derecha de nuestro ejí'Tcito, ala- 



IOS INVASIÓN DE ECHAGCe 



cada por tres mil hombres al mando 
del general Servando Gómez. 

Aquí la faena fuú más ruda y máa 
difícil la situación del ala derecha y 
la reserva , no solo porque luchaban 
uno contra tres, sino porque el jefe 
contrario era desgraciadamente un 
oriental y se llamaba Servando Gó- 
mez, todavía cubierto con la glorio- ■ 
sa aureola del Rincón . 

Entonces, como dice un testigo 
ocular, los hombres teman la sangre 
muy ardiente, y Fortunato Silva, ; 
olvidando las instrucciones del ge- 
neral Rivera y ganoso de irse íi las 
manos, no bien asomó la columna 
enemiga, carga a la cabeza de sus 
escuadrones y los precipita en los 
cañadones y zanjas que cubrían su 




BATALLA DE CAGANCHA 



fi-ente y que ia previsión de Rivera 
destinaba á desorganizar y amen- 
guar el Ímpetu del ataque enemigo . 

Rotas así y desorganizadas nues- 
tras filas antes del encuentro , fue- 
ron fácilmente arrolladas y llevadas 
hasta nuestra reserva, que por tal 
motivo entró en acción desde el pri- 
mer momento . 

El coronel Venancio Flores fué el 
primero que resistió el empuje ene- 
migo. 

Al generalizarse, la lucha fuf5 em- 
peñosa y con alternativas varias . 

La avalancha aplastadora arro- 
llaba nuestros bravos escuadrones; 
pero Cstos se reliaclan volviendo de- 
sesperadamente ÍL disputar el triun- 
fo, recuperando sus posiciones. A 



1 ro invasiSn de eciiagüe 



veces, pelotones deshechos y des- 
moralizados, como ramas que el 
huracíin arranca de cuajo, calan á 
retaguardia y aguijoneados por un 
comienzo de pánico intentaban huir; 
pero allí tropezaban con el general 
Rivera, que los reprendía primero, 
los alentaba después y llenos de 
nuevos bríos volvían á la lucha. 

Un oficial, — el único que se cita, 
— perdió un instante la cabeza y di6 
rienda al caballo . Rivera quiso de- j 
tenerlo y fu¿ llevado por delante. 

— ¡ Eso es una vergüenza , señor 
oficial! — le gritó Rivera, y ante 
aquella voz el oficial se detiene y 
queda inmóvil. Entonces Rivera, di- 
rigiéndose íi Mateo Tula, ayudante 
del general Martínez, le dice: 



BATALLA DE CAGANCHA, 



— Ayudante Tula! Hágase cargo 
de ese oñcial que está asustado. 

Al oir aquellcos palabras, el ofi- 
cial reacciona de pronto y s^ lanza 
en medio del combate. 

Los indios guaycurús, educados 
en la extrema izquierda enemiga, 
con un movimiento envolvente con- 
siguen rebasar nuestra derecha i> in- 
tentan atacar por retaguardia. 

Semi desnudo el bronceado cuer- 
po, huincha en la cabeza, tendÍLlos 
sobre el caballo, llegan á media 
rienda blandiendo sus lanzas, y pa- 
sando Cl pocas varas del mismo Ri- 
vera, atruenan los aires con sus 
gritos guturales, semejantes al bra- 
mido del huracím . 

El general Rivera ordena al co- 



i 




112 INVASIÓN DE ECHAGÜE 



ronel Agüero que haga fuego con su 
batallón , y ¿ste haciendo frente á 
retaguardia , con una descarga logra 
dispersar á los indios que desapa- 
recen como una visión. 

En tal punto, el ayudante Tula 
fué herido de un lanzazo en la pier- 
na, al querer salvar la vida de ■ 
un soldado , consiguiÉndolo á ese 
precio . 

Detalles son éstos que demuestran 
la violencia y el poder de las car- 
gas enemigas; pero en manera al- 
guna que Gómez haya podido con- 
siderarse vencedor en el ala dereclia. 

El mismo Oribe que lo afirma, 
dice que el general Gómez llevó ca- 
torce cargas brillantes . Quien tiene 
que llevar catorce cargas brillantes, 



BATALLA DE CAGANCHA II3 

es porquG ha siJo rechazado catorce 
veces con igual brillantez, — heroi- 
cidad en el caso, dada la increíble 
inferioridad nunicrica de nuestros 
bravos . 

Ni un escuadrón fué sacado del 
campo, ni un instante dejaron de 
disputarle la victoria, permanecien- 
do siempre allí, como barrera m- 
salvable» 

Eso, pues, no es victoria. Es es- 
tar en el fiel de la balanza que un 
peso cualquiera puede inclinar do un 
lado ó de otro . 

Y asi fué. 

De pronto, un brazo pujante in- 
tervino en la lucha y el enemigo 
vaciló . Era Ángel Núfiez ' acaudi- 
llando sus valientes. Entró como 



114 INVASIÓN DE ECHAGOB 

cuña de acero, soberbio é irresisti- 
ble como siempre . El enemigo va- 
ciló, perdió terreno y presintió la 
derrota . 

Al mismo tiempo y en completo 
desorden, aparecen en escena gru- 
pos de enemigos que desorganizan 
las desmoralizadas filas de Ser- 
vando Gómez y precipitan el de- 
senlace . Eran los dispersos de La- 
valleja, sableados por el incansable 
Medina. 

Y comenzó la retirada, la huida, 
la dispersión . 



En el centro , base de la resisten- 
cia de nuestro ejército , el drama se 
desarrollaba buscando el mismo de- 
senlace . 




Desde su comienzo, nuestra arti- 
llería molestó con eficacia el avan- 
ce de las columnas enemigas . 

Una voz formalizada la batalla en 
las dos alas, avanzó el centro ene- 
migo al mando del general Eugenio 
Garzón. 

Con tres piezas de artillería, con- 
venientemente situadas, empezó á 
molestar nuestro centro . 

De improviso llega la infantería 
«nemiga, que venia montada, echa 
pió ü tierra y encubierta por una 
cañada, logra ponerse á tiro, como 
A doscientos cincuenta metros de la 
nuestra, y se despliega en guerrilla 
al reparo de altos pajonales , lia- 
£Íendo un fuego vivo y sostenido . 
Tan bien dispuesta estaba que no 



Il6 INVASIÓN DE ECHAGÜE 



se vela ni un hombre, fusilando im- 
punemente á nuestros infantes y ar- 
tilleros. 

En esa ocasión fué herido el jefe- 
del 2.0 batallón, coronel Agüero . 

Nuestros artilleros en cambio,. 
apagaron los fuegos de la artillería 
enemiga . 

Se ha visto que nuestro centro- , 
sufrió una carga do caballería traída 
por los indios guaycurüs, que lie- 1 
garon hasta lancear á algunos in- 
fantes, y que obUgó al 2.° batallófi 
& hacer frente á retaguardia y con 
una descarga cerrada dispersar a 
los valientes Indios . 

Libre así nuestra retaguardia, or- 
denó el general Rivera que se de- 
salojase de sus posiciones, á todo , 




BATALLA DE CAGANCHA II7 



trance, la infantería enemiga. El jefe 
de la brigada dispuso que el bata- 
llón de voluntarios avanzase des- 
plegado en guerrilla para dar cum- 
plimiento á la orden . A pesar de 
su arrojo, ftieron rechazados, sien- 
do herido y muerto el teniente 1.'' 
Juan Soriano . Habla necesidad de 
desalojar al enemigo de su ventajo- 
sa posición, y el jefe de la bri- 
gada, poniéndose á la cabeza del 
2.0 batallón, emprendió el ataque 
decidido . 

En tal momento, el alférez Enri- 
que de Vedia soUcitó del coronel 
Piran la venia para colocar la pie- 
za que mandaba en situación de 
ametrallar aquellos infantes . 

— Manténgase en formación, al- 



Il8 INVASIÓN DE ECHAGÜE 



fí-rez , — le contestó Piran , — y no 
quiera ir íi comprometer su gente 
sin objeto . 

Pero habiendo oído el dialogo el 
general Martínez, rectificó: 

— Deje, coronel, á ese oficial que 
vaya donde dice. 

El alférez Vedia tenia razón . 

Aunque expuesto á ser fusilado^ 
avanzó, corriéndose algo á la dere- 
cha, para buscar altura, y colocán- 
dose en posición conveniente, em- 
pezó á disparar tiros de metralla 
sobro los infantes enemigos, obli- 
gímdolos íi desalojar en momentos 
en que el batallón 2.° cargaba d la 
bayoneta . 

El general Garzón dispuso en- 
tonces la retirada de la artillería 



BATALLA. DE CACANCHA 1 19 

y la infantería, veri flciin dolo en 
dos illas. 

Habla llegado la hora del desas- 
tre para el ejército invasor. 

En ese instante emprendía la re- 
tirada la división del general Gómez. 

Dos Ó tres tiros de cañón , cuyas 
balas, bien dirigidas, picaron á re- 
taguardia de la columna, bastaron 
para provocar el desbande, la huida, 
el pánico de la derrota . 

Y eran como las tres de la tarde 
cuando tal hecho se producía dando 
fin ñ la batalla. 

En tal punto la banda lisa del 
Ifi de cazadores hizo vibrar los 
aires con las alegres notas de la 
diana triunfal , que como un eco i-e- 



I20 INVASIÓN DE ECHAGÜE 

•pitieron en toda la linea los diferen- 
tes cuerpos del Ejército vencedor. 

Y nuestros héroes , saboreando 
con deleite las embriagueces de la 
victoria, gritaban en coro formida- 
ble: 

— ¡Viva la patria I ¡Viva el gene- 
ral Rivera! 



VII 

Rivera ordenó al general Aguiar 
y demás jefes disponibles, que reor- 
ganizasen los escuadrones que más 
sufrieron el choque del enemigo, y 
con ellos batiesen á retaguardia los 
grupos de dispersos que, tanto de 
la gente de Lavalleja como de Gó- 
mez, hablan quedado cortados. 

— ¡Que no se mate á nadie I — re- 
comendaba á todos. — ¡A tomar pri- 
sioneros ! . . . ¡ No se manche la vic- 
toria I 

Loable empeño el de Rivera y 



122 INVASIÓN DE ECHAGUE 



explicable recomendación, dada la 

* 6poca y el gínero de guerra que 

por sistema traía el invasor, y que 

era de temer provocase represalias. 

El mismo Rivera púsose á la ca- 
beza de dos escuadrones , uno de 
ellos el de Juan Mendoza, para ve- 
rificar personalmente la persecución 
del grupo enemigo que se retiraba 
más hecho . 

La llevó & cabo por espacio de 
ocho leguas, hasta el paso del Rey, 
en el rio San José. 

Allí se detuvo porque la mayor 
parte de los soldados que le acom- 
pañaban, habían quedado rezaga- 
dos , debido al cansancio de los ca- 
ballos, al punto que llegó á dicho 
paso solo con cuarenta hombres . 



BATALLA DE CAGANCIA I23 

Despachó algunos chasques ó. las 
milicias locales ó partidas que tenía 
diseminadas por toda la campaña, 
destinadas k impedir que el enemi- 
go prosperase en ella, conflándoles 
ahora la misión de hostilizar sin 
tregua los restos del ejército inva- 
8or, y por su parte emprendió, el 
regreso al campo de batalla. 

En esta ocasión le acompañaba, 
entre otros, el coronel Chilavert, 
que habla tenido á su lado durante 
la acción , pero sin mando . 

Se detuvieron un instante en la 
Azotea del arroyo de la Virgen , 
donde tomaron agua sin apearse, y 
conlinuando el regreso , ó. unas tres 
cuadras de la Azotea, vieron que 



124 INVASIÓN DE EaiAGÜE 



costeaba el monte una fuerza como 
de cuatrocientos hombres, que por 
lo desorganizados , se comprendía 
que eran dispersos del ejército de- 
rrotado. 

Entre los hombres de Rivera y 
los dispersos , corría im cañadón 
muy hondo y al parecer invadeable, 
Pero Rivera, dirigiéndose al teníen^ | 
te coronel Juan Mendoza, le dijo: 

— Mire, comandante. Por aquella 
altura , el - cañadón dá paso . Vaya 
con dos soldados , ataje á aquella 
gente y dígales que soy el general 
en jefe . Que si quieren entregarse , 
les garanto la vida y hasta el re^ 
greso á su patria , si lo desean . 

El comandante Mendoza cumplid I 
la orden . 



BATALLA DE CAGANCHA 125 



El que parecía jefe consultó con 
sus compañeros, y contestó que 
aceptaban, si se les garantía el re- 
greso á Entre-Ríos . 

Ratificó el general su promesa y 
dispuso que los prisioneros siguie- 
, pan su escolta hasta el campamento. 
Era un espectáculo extraño, por 
lo inusitado, ver á cuarenta hom- 
bres llevando cuatrocientos prisio- 
neros voluntarios y en libertad . Es- 
tos conservaban hasta sus divisas 
blancas . 

El que hacia do jefe mandó pedir 
que pusieran gente á retaguardia 
' para que no se extraviasen los re- 
gados.— Se le enviaron ocho hom- 
f bres al mando del mayor José An- 
tonio Reyes. 



126 INVASIÓN DE ECIIAGÜE 

Como don Juan Mendoza mani- 
festara, al general que el jefe pri- 
sionero parecía persona decente, lo 
mandó llamar, y resultó ser el se- 
cretario de EcliagQc. 

Al llegar al campamento pidióles 
Rivera que se quitaran las divisas 
para evitar conflictos, y así lo hi- 
cieron. (') 

Con tan singular acompañamiento 
volvió el general Rivera al campo 
de batalla, siendo recibido por los 
generales Aguiar y Martínez y de- ' 
míis jefes , con vítores de entusias- 
mo y grandes demostraciones de , 
afecto y regocijo. (') 



(') neBi>u¿>i loB onmpliú In pnlahm eini>e&iLdn, 
liánJiiloí ODüropny dfoeri) yman^iáiidolOB A, Bnlri 
en completn scgui'idacl. 

O VaraüadaleoneralJuaiiMeuJoztt. 



B.1 TALLA DE CAGANCHA. 12/ 



Cuandü el coronel Núiiez dio la 
nota fliial de la batalla con su so- 
berbia entrada, no abandonó la pre- 
sa todavía . Persiguió y deshizo uno 
de los grupos que se retiraban for- 
mados . 

Al volver aí campo, ya los gene- 
rales Rivera y Aguiar, con el mis- 
mo fin y en opuestos rumbos, lo 
hablan abandonado, 

Núüez formó su gente de un modo 
aparatoso, frente á la linca del cen- 
tro, y adelantándose unos pasos, so- 
bre el caballo de robusta alzada 
erguido con suprema arrogancia, 
llenas de sangre manos y ropas , 
tendiendo hacia sus soldados la 
diestra enrojecida, bajo un sol que 
derramaba torrentes de luz y pare- 



128 INVASIÓN DR ECHAGÜE 



Cía poner un nimbo de gloria sobre- 
aquella sangrienta aparición, — gritft 
con voz tonante: 

— ]Con estos cuatro indios hemos 
estado en todas partes y en todas 
partes hemos triunfado! 

Y aquellos indios^ electrizados j 
con tales palabras como ante la 4 
proclama más elocuente, le inte--'! 
rrumpieron gritando k su vez: 

— / Viea el general Núñes ! 

Y todo el Ejército, á una voz, en 
el colmo de un entusiasmo delirante, 
soldados, oficiales y jefes, atronaron 
el espacio repitiendo: 

— ¡Viva el general Núñes! 
Siendo asi proclamado el ascenso 
en el campo de batalla . 
— Ahora , — agregó Núñez enva- 




necido, — díganme: ¿dónde cetú el 
general Aguiar?... ¡Quiero recor- 
darle lo del CangDé! 

Parece que en tal paraje, ambas 
jefes cruzaron palabras agrias sobre 
cuestiones de valor personal, y Nü- 
fiez eligió tal momento para po- 
nerles punto con lan sublime bra- 
vata. 

El general Martínez, adelantándo- 
se & su vez, le dijo: 

— General Nüñezl el general 
Aguiar está cumpliendo con su de- 
ber y no merece reproche... Píense 
además que el general en jefe no 
está en el campo y que debemos 
velar por él... Por otra parte, mire 
hacia aquel lado: el enemigo se re- 
tira llevándonos las caballadas y nos 




deja (i piO.. Serla una vergüenza!.. 
Vaya á rescatarlas ! 

Y el bravo Núñez, desahogada el 
alma de una herida hecha li su 
amor propio, obedeció como un cor- 
dero lu orden que iba á cumplir 
como un león. 

En efecto cargó á media rienda 
con sus valientes , dio alcance ü. los 
fugitivos, rescató las propias y apre- 
só las agenas caballadas, hizo gran 
número de prisioneros y volvió al 
campo satisfecho, aquel infatigable 
Ayax de nuestra leyenda. ('} 



Las bajas de nuestro ejército as- 
cendieron á trescientos veinte muer- 
tos y ciento noventa heridos . Entre 

O VorBiún dtJ ooroiiBl Poliaínco GtlizMBa. 



BATALLA DE CAGANCHA 



'31 



los primeros , el teniente coronel 
Feliciano Rodríguez , ayudante de 
campo Isidro Fuentes y varios ofi- 
ciales . 

El enemigo dejó cuatrocientos 
ochenta muertos en el campo de 
batalla. Tomáronsele prisioneros va- 
rios jefes, ciento treinta y siete ofi- 
ciales y linos mil individuos de tro- 
pa. Se le tomaron también caballa- 
das, armas, municiones, bagaje y 
una imprenta de campaña. (*) 



No es exacto que el coronel José 
María Raña haya caldo prisionero. 

■a De-Mo- 
el eonaml vanoador.— El año *9. es 



tii6 TegaladiL i. don Isid 
De-Marln, un pnriecto 



don Juan Buels por aela patitoones. Diolio Beúorfnndó 
eoD bUu El Teléifrafo Xaritimo. Ezlata non la prensa 
m |iodei da lod h^oa del %«ñot Baela. 



t32 INVASIÓN DE ECHAGÜB ' 

En la ultima carga que dio nues- 
tra izquierda, según testigo ocular, 
Raña fué perseguido por Marcelino 
Sosa, quien lo alcanzó en las faldas 
del cerro y de un lanzazo le dio 
muerte. 



La señal convenida con don Pe- 
dro Palílo Sierra para anunciar la 
victoria, era la cadena del reloj de 
Rivera, rota en dos pedazos.— El 
día de la batalla le fué entregada 
por el teniente Chana. 

Tal fué la primer noticia llegada 
íi Montevideo . 

El Chana habla sido despachado 
por Rivera al pronunciarse la de- 
rrota del enemigo, antes de empe- 
zar la persecución, y para que 



BATALLA DE CAGANCHA 



133 



volase cou la fausta señal de la vio- 
tqria, le dló su propio caballo overo 
rosado . 



A las tres y media de la tarde, el 
general Martínez, haciendo mesa de 
un tambor, escribió dando detaJlee 
flel triunfo , y confió el parte á sd 
sargento de órdenes Feliciano Goo- 
zález, & quien se le dio el caballo 
del ayudante Tula, — \m alazán mar- 
ca también de don Sandalio Gime-- 
xiez , padre . 

Salió el mensajero á escape. An- 
tes de llegar al Santa Lucía, supo 
que el Chana habla dado agua al 
caballo en ese río y trató de alcan- 
zarlo . Imposible . A cada paso es 
detenido por hacendados y hasta 



134 INVASIÓN DE ECIIAGÜE 



personas de Montevideo, que an- 
siosas se acercaban al campo paya 
saber noticias. — «¿Quó Iiay? ¿Qué 
sucede ? á Cómo vamos ? » — « ¡ Ven- 
cedores I 1 Vencedores en toda la li- 
neal» — sintetizaba González. Y le 
daban onzas de oro , Asi , sembran- 
do la alegría con palabras tales, ft 
escape siempre, llegó á Montevideo 
muy entrada la noche . 

Parado frente al portón de San 
Pedro, hoy calle 25 de Mayo á la 
altura de Florida, á grandes voces 
se anunció así: 

— jViva la palrial... ¡Viva el go- 
bierno de la República 1. . . ¡Viva el 
general Rivera! 

Asomóse al muro el jefe político 
don Luis Lamas, y suponiendo con. 



BATALLA DE CAGANCHA 135 

razón que aquel era el portador do 
la buena nueva, lo dijo afectando 
gran aspereza: 

— CI16I ¿Qu¿ gritos son esos? De 
seguro que vienes disparando del 
enemigo ! 

— iNo, señor I... I Hemos triunfa- 
áo!... ¡Traigo el parte!... [Viva el 
general Rivera! 

RecUinarou los cerrojos, abrióse 
la gran puerta y entró el mensajero 
con el caballo do tiro . 

El jef& político lo recibió pistola 
ea mano, y después de preguntarle 
cómo se llamaba, de dónde venía, 
quién lo mnndaba y con quién ser- 
via, recibiendo contestación ;i todas 
sus preguntas, le dijo: 

— Trae esos papeles! 



I3S INVASIÓfí DE ECIIAGÜE 



— No, seüor, — contestó Goiizále» 
con firmezEi, — solo los entregaré al, 
vice-pre.=idente de la República. 

— No es tonto el morenitol — dijo 
ei señor Lamas. — Está bien. Vamos 
al Fuerte . Sigúeme I 

Por ei camino, que hicieron á 
pié, siempre Glonzález con el caba- 
llo de la rienda, iba engrosándose 
ei grupo con multitud de curiosos, 
hombres y hasta señoras. De boca 
en boca corrían los detalles que el 
mensajero daba, respondiendo á las 
preguntas de Lamas. Al llegar íi la 
casa de gobierno, hoy Plaza de Za- 
bala, todo un pueblo los acompaña- 
ba dando gritos de jilbilo y entu- 
siastas vivas. 

En el salón de la casa do gobier- 



BATALLA DE CAGANCTTA 



137 



no estaban don Gabriel Pereira, vi- 
ce-presidente de la República, el 
general Rondeau , ministro de la 
■guerra, don Manuel Herrera y Obes, 
don Santiago Vázquez, don Fran- 
cisco Muñoz y otras notabilidades 
de la época. 

— Pero si es un triunfo completo I 
— exclamó Pereira, leyendo luego 
en voz alta el parte recibido . 

Una explosión de entusiasmo y 
de vivas al general vencedor re- 
sonó en el vasto recinto , que oídos 
de la calle, fueron devueltos por el 
pueblo allí reunido, con tumultuosa 
alegría. 

El vlce-presideníe quiso que al 
sargento González se le extendieran 
los despachos de alférez; pero éste 



138 INVASIÓN DE ECHAGOE 

se obstinó on no aceptarlos, alegan- 
do que estaba al lado dt'l general 
Martínez y que, como oficial, no po- 
dría servirlo en la forma que lo 
hacía. Como oficial no podría ce- 
barle mate, ensillarle el caballo» 
lustrarle las bolas y limpiarle las 
armas! 

Vftzqaez inicio entre los pre- 
sentes una suscrición que ascen- 
dió á quinientos pesos , y se los 
dio de regalo al sargento Gon- 
zúlez . (') 



En la mañana del 30 llegó el co- 
cí Ea la VBTHicin .¡el mííoia Qonaáloz.-El Bpiaodlo 
pndo ser donludo on doa pnlnüran, y In toliciedail Jo la 

pero ea éat«, oomo aa otros, haoomoB ctAoIoa bíd se- 
looolonnr los lie olio» y uín mía propósito qno dar luía 
idea clu loa liombroa y da laa aasCumfaisa de Ja 6pocn. 
~Eii coBsBcneiioin, recoidnremoii a"", eunjudo i'oeo) 



BATALLA DE CAGANCIIA I39 

mandante Bernardino Báez con el 
parte del general en jefe, redactado 
en el campo de liatalla la noche del 
29. — El parte detallado tiene fecha 
4 de Enero de 1840 . 

El país entero recibió con expli- 
cable júbilo la noticia del triunfo, y 
cundió por todas partes gran profu- 
sión de canciones y décimas alusi- 
vas á la gran victoria, obra de poe- 
tas anónimos , y no hubo rancho 
donde no se cantaran al coAipás de 
la dulce guitarra . 

Muchos días duraron en Monte- 
video los ruidosos festejos, y al rc- 



— KítnB hombres do color, cnnndo salan fiólos, nniliB 
loa igiinln. Tnl vei ba hecho bien.... Tengo e.'^D iicbddu- 
paoün. AbI crn mi polire Yuon. El día qBO le obligué 
k aoeptai nn sruito, me lo muturoll! 



140 INVASIÓN DE ECHAGÜE 



greso de las tropas urbanas que 
tomaron parte en la batalla se ador- 
naron las calles por donde debie- 
ran pasar, con profusión de guir- 
naldas , flores y arcos triunfales . 
De todos los balcones y azoteas 
de las casas colgaban vistosas telas 
y las damas arrojaban una lluvia 
de rosas sobre los arrogantes ven- 
cedores . 

El mayor Quijano , que era ■ un 
alma de artista, y por consiguiente, 
un gran soñador, iba en el bata- 
llón Voluntarios de la Libertad, sin 
poder disimular la inmensa satis- 
facción que lo embargaba . Herido 
de bala en la cabeza, aunque leve- 
mente, se habla atado un gran pa- 
ñuelo ó, modo de bandaje , para lucir 



BATALLA DE CAG ANCHA I4I 

mejor aquella herida que daba tes- 
timonio de su gloria. 

Por hacer la misma ostentación^ 
muchos hubieran dado años de 
vida. 



VIII 

Volviendo al teatro de la guerra, 
la victoria fué completa. 

A los siete días ni un solo enemi- 
go en armas pisaba el territorio de 
la República. 

• Semejante resultado no condice 
con la reflexión corriente de que 
Rivera no supo aprovechar la victo- 
toria, reflexión que se apoya en el 
hecho de haber abandonado la per- 
secución á las ocho leguas y de no 
haber invadido á Entre-Ríos y dar- 
se la mano con Lavalle. 

En nuestro sentir, la reflexión no 



INVASIÓN DE ECHAGCE 



es motivada, pues en realidad supo 
sacar de la victoria cuanto de ella 
pudiera esperarse , y obró sagaz y 
patrióticamente al limitar su acción- 
á las fronteras de la patria. 



Sabia Rivera que aquí, como en 
todas partes y en todas las épocas ^ 
el hombre es más hombre defen- 
diendo lo suyo, que atacando lo age- 
no por cuenta de otro, sin que baste 
á, nivelar las fuerzas el incentivo del 
pillaje ni la ambición de gloria. 

Que es tanto más fuerte el estí- 
mulo eti la defensa, cuanto menoa 
complicado el organismo á que per- 
tenece y más de inmediato vincula- 
das sus partes á la misteriosa región 
de donde irradian nuestros afectos . 



BATALLA DE CAGANCHA 1 45 

Que, por lo mismo, esa forta-- 
leza va ei) progresión creciente, 
de la humanidad á la nación, de 
la nación al pago, del pago á. la 
familia . 

Las naciones grandes en extensión 
y en hombres, pueden distraer una 
parte de éstos y llevarlos á la guerra 
donde quiera, sin que al parecer su 
mecanismo regular se resienta; pero 
las pequeñas, como la nuestra, don- 
de en cada lucha intervienen todas 
sus fuerzas vivas, no es dable gas- 
tar esas fuerzas en tales aventuras 
sin cavar su ruina. 

En cambio, esas naciones peque- 
ñas, en razón de su misma peque- 
nez más en contacto y más avasalla- 
doras de nuestros afectos, son mucho 

10 



146 INVASIÓN DE ECHAGÜe 



míis fuertes y temibles al defender 
el propio suelo . 

Lo sabia Rivera y nada tiene de 
singular tal conocimiento . La sin- 
gularidad esta en haber elevado esa 
verdad á ^la categoría de un siste- 
ma invariable de conducta , sin de- 
jarse desviar por las poderosas 
exigencias de su vida accidentada, 
ni por las seducciones de admira- 
bles espejismos que halagaban su 
ambición . 

Asi se explican y se justifican co- 
mo sabias y patrióticas, sus obsti- 
nadas resistencias á invadir tierras 
extrañas . 

Esto no velan en él los políticos, 
ofuscados por las impaciencias de 
un éxito tan inmediato como iluso- 



BAT.\LIA DE CAGANaiA 



rio; pero lo adivinaba el iiif-tinfo 
popular al proclamarlo su caudillo . 



Adoptado el sistema , lo lleva- 
ba hasta sus últimas consecuencias, 
dentro de lo posible . 

Rara vez sacaba los soldados de 
sus respectivos pagos, y si lo hacía 
obligíido por las circunstancias, de- 
volvíalos en cuanto desaparecía la 
urgencia. Asi se explica que su 
ejército activo fuese siempre poco 
numeroso; pero tambión asi se ex- 
plica que siempre tuviera ejercito, 
y ejercito aguerrido, conocedor del 
terreno , valeroso , irresistible . 

Si estaba al Norte del rio Negro, 
por ejemplo, y deseaba pasar al 
Sur, licenciaba A los criollos del 



148 INTASIÓrí DE ECHAGOE 



Norte y solo pasaba con la plana 

mayor de jefes y oflciales, segurO' 
de que, como por obra de ensalmo, 
brotarían soldados veteranos, de re- 
solución indomable, que hablan de 
agruparse como un hombre en torno- 
de su cabo viejo. 

De ahí que, si ocurría ser derro- 
tado y deshecho, nadie dudaba de- 
su estrella, y al contrario, espera- 
ban todos verlo, al día siguiente, 
dar al enemigo er golpe de gracia 
con la más ruidosa victoiia . 

Por otra parte, sus hechos justi- 
ficaban fé tan grande . 

Tras del desastre de Mercedes , la 
batalla de Guayabos . Deshecho en- 
Coquimbo, va inmediatamente á cu- 
brirse de gloria en la jornada del 



BATALLA DE CAGANCHA 149 

Rincón . Desvanecido su ejército en 
la acción de Carpintería, consigue 
la ruidosa revanclia de Yucutujá. 
Batido en el Yl, aplasta y anonada 
al adversario en la sangrienta bata- 
lla del Palmar . 

Después de {;\, solo el general 
Florea supo aprovechar las ventajas 
do tales licénciamientos, y por con- 
siguiente , fué el único , después de 
Rivera , que supo ser caudillo . 



En confirmación de la sabia pre- 
ferencia que Rivera sabía dar á 
los elementos locales , recuérdese 
que en esta campaña, los de Pay- 
sandú sostienen la retirada hasta 
el Río Negro, y desde el Yi has- 
ta el Santa Lucía, ocupa el primer 



'SO 



INVASIÓN DE ECHAGÜE 



lugar en el peligro )a división de 
la Florida. 

El campamento del invasor, donde 
quiera que sentara sus reales, era 
objeto del más mortificante asedio 
llevado á cabo por las partidas lo- 
cales . Grupo que se desprendiera 
del ejército enemigo, era en el acto 
deshecho . 

Los invasores sufrían hambre y 
todas las estrecheces de un verda- 
dero sitio, cundiendo asi la desmo- 
ralización en sus filas. 

Ahora, después de la batalla, Ri- 
vera deja tranquilo su ejército, res- 
tituye cada cuerpo al lugar de su 
procedencia, y donde quiera que el 
enemigo se encamine, confía su per- 
secución á las partidas locales . 




Asi guerreaban los chuanes en la 
Bretaña, y asi especialmente, los 
indomables paisanos de la heroica 
Vendée, apenas vencida por el genio 
de Hoche, como tal genio proclama- 
do solo por haber comprendido é 
imitado la sencilla tilctica de los 
vendeanos . 

¿Pusiéronse nuestros criollos jX la 
altura de su caudillo? 

Lo repetimos: á los siete dfas de 
la bataHa, ni un solo enemigo en 
armas pisaba el territorio de la Re- 
pública ! 

Los restos del ejército invasor va- 
dearon el rio Negro por diferentes 
jiasos y en grupos desordenados. 



152 mVABIÓM DE ECIIAGCE 



robando y cometiendo loda clase de 
excesos ('). 

Pero hostilizados sin tregua por 
las partidas locales, se fraccionaban 
y dispersaban hasta azotarse al Uru- 
guay, y empujados todavía por el 
pánico de la derrota, cruzan la pro- 
vincia de Entre-Ríos en igual de- 
sorden , sin detenerse hasta el Pa- 
raná unos, y hasta Santa Fé otros. 

Urquiza pasó el Uruguay por la 
barra del arroyo Negro . No sabia 
nadar y estuvo ó punto de ahogar- 
se . En la precipitación diósele vuel- 
ta la pelota en que iba, y debió la 
vida á un montaraz que en tal opor- 
tunidad cruzaba, quien lo salvó y 
pasó en su chalana. 



BATALLA DE CAGANCHA 153 

Los generales Echagüe, Gómez y 
■Garzón, uno después de otro, llega- 
ron al departamento de Tacuarembó. 
Se les incorporó el comandante Juan 
Valdez con ciento veintiséis hom- 
bres y los condujo al Uruguay, que 
cruzaron por el paso de las Vacas, 
cerca de Belén . 



El gobernador de Santa Fé, gene- 
ral Juan P. López, alias Mascarilla, 
había pasado A Entre-Ríos por or- 
■den de Rosas y formaba el ejército 
de reserva, campado en el Ayul. 

López era considerado como un 
hombre sin altura moral, falto de 
'ideas, brutal y sanguinario. 

Tal concepto quedarla confirmado 
por la única resolución que adoptó 



T54 INVASIÓN IJE ECriAGÜE 

en presencia del desastre de Cagan- 
cha. 

Ordenó el saqueo y el incendio del 
pueblo de Belén , nuestra liltima po- 
blación sobre el alto Uruguay, y el 
exterminio de sus habitantes . 

Esa misión fue confiada al general 
Manuel Oribe, y preciso es decirlo, 
fué aceptada y cumplida por éste. 

Eji la noche víspera del 17 de 
Enero de 1840, pasaron el Uruguay, 
y antes de aclarar el día, hablan 
sorprendido 6 incendiado la escua- 
drilla oriental, — cuatro barquichue- 
los , inservibles ya , que se les de- 
nominaba la Lola^ la Eu/racia, la 
Estrella y el Airecido . — Entraron á 
saco en el pueblo de Belén, pasa- 
ron á cuchillo á sus moradores, an- 





DATALt,A DE CAGANCIIA. Ij; 

cíanos, mujeres y niños, y se reti- 
raron con los humildes despojos del 
saqueo, después de poner fuego al 
pobre rancherío ('). 

Realizado acto tan inhumano como 
estéril, López se internó con su 
ejército, alejándose precipitadamente 
del Uruguay á fin de evitar un ata- 
que posible de los nuestros . 

Por el camino se le incorpora 
Echagüe con algunos dispersos. 

El 25 de Enero el general Garzón 
con quinientos hombres, se incor- 
poraba a su vez á Oribe en su cam- 
pamento de Mandisoví Chico . 



Rosas sintió y valoró toda la ru- 



156 INVASIÚIÍ DE ECHAGÜe 

deza del golpe . Sg recogió como el 
tigre que le han cortado una garra , 
y fingiendo un conato de renuncia, 
se hizo otorgar [as extraordinarias 
por una cámara servil. Y comenzó 
el año 40, el año terrible, abrevan- 
do en sangre sus locos terrores . 

El éxito de Cagancha retempló 4 
los patriotas argentinos, que osaron 
luchar con el coloso cuerpo á cuer- 
po, y la campaña de Lavallc estuvo 
a punto de anonadar su poderlo. 

Todavía en Caseros alienta el es- 
píritu que animó á los hírocs de 
Cagancha . 

Esa victoria tuvo gran resonancia 

en Europa , tanto por haber sido ob- 
tenida contra Rosas , cuyo poder 



BATALLA DE CAGANCHA 15/ 

se consideraba incontrastable, como 
porque revelaba la existencia de un 
pueblo independiente, con la fuerza 
y la voluntad de serlo . 

Hasta entonces, eso se ignoraba 
por completo , considerándose á este 
país como la resultante arbitraria y 
efímera de un acuerdo entre dos na- 
ciones vecinas, que la voluntad ó el 
capricho de las partes contratantes 
pudiera anonadar de un soplo . 

La batalla de Cagancha demos- 
traba que la independencia de este 
país arraigaba profundamente en el 
corazón de sus hijos, cuando así lo 
consagraban en tan glorioso hecho 
de armas. 

Bajo tal punto de vista, Cagancha 
está á la altura, á más altura que 



IjS INV4SIÓS DE ECITAGCE 



cualquier batalla da la guerra de la 
independencia. 



1 



A la sombra de tal convencimien- 
to , se produjo un vigoroso movi- 
miento inmigratorio, que llegó á. la 
entonces asombrosa cifra de veinti- 
trés mil inmigrantes . 

El comercio , la industria , el espí- 
ritu de empresa, todos los factores 
de un rápido engrandecimiento, na- 
cieron e\ la vida con fuerza extraor- 
dinaria . 

El incremento de la población ma- 
terial de Montevideo se acrecentó al '' 
punto de brotar, como por encanto, 
tres mil edificios de construcción 
moderna. Los alquileres dieron un 
diez y ocho por ciento del valor de 



■A 



BATALLA DE CAGANCHA I 59 

las fincas , llegando al increíble má- 
ximum de un veinticuatro por ciento. 

Trabajaron en las cercanías de la 
<5apital veinticuatro saladeros en 
grande escala. 

La importación se elevó á siete mi- 
llones y la exportación á más de ocho 
millones de pesos, excediendo en más 
<ie dos millones al siguiente año . 

Las rentas de aduana, sin modifi- 
car la tarifa de los derechos, au- 
mentaron en más de tres veces los 
producidos anteriores . 

Atraídos por el sol de nuestra 
prosperidad naciente, novecientos 
buques do ultramar surcaron las 
aguas de nuestra bahía (O . 



Y- 



(') laidoro Do-Maria. 



l6o INVASIÓN DE ECHAGÜfí 

Tales fueron los frutos que dio la 
batalla de Cagancha y que se hu- 
bieran malogrado si Rivera obedece 
la sujestión de invadir la República 
Argentina . 

Tal faé la hermosa conquista rea- 
lizada por nuestros bravos en la 
campaña heroica. 

¡Gloria, pues, á los héroes de 
Cagancha ! 

¡Gloria á Rivera su inmortal cau- 
dillo ! 

Montevideo, Enero IS de 189C 

FIN 



APÉNDICE 



Hé aquí la comunicación que pa- 
só el general Echagüe al gobernador 
Rosas, á cuya comunicación aludi- 
mos en el testo: 

¡Viva la Federación! 

El General en Jefe del ejército do 

operaciones de la Confederación Ar- 

11 



102 APÉNDICE 



gentína contra el traidor unitario 
Rivera . 

Cuartel general en la costa 
oriental del Uruguay, á in- 
mediaciones del Salto , — 
Agosto 2 de 1839.— Año 30 
de la Libertad, 25 de la 
Federación Entrerriana, 24 
de la Independencia y 10 
de la Confederación Argen- 
tina . 
Al Excmo . Señor Gobernador y 
Capitán General de la Provincia de 
Buenos Aires , Encargado de las 
Relaciones Exteriores de la Confe- 
deración Argentina, ilustre restau- 
rador de las leyes. Brigadier Gene- 
ral don Juan Manuel de Rosas . 
Tengo el honor de poner en cono- 



BATALLA DE CAG ANCHA 1 63 

cimiento de V . E . que el ejército 
de mi mando se halla hoy en el 
territorio de la República Oriental, 
dando principio á sus operaciones 
militares para destruir el poder del 
anarquista unitario Rivera, quien no 
contento con haber derrocado las 
autoridades legalmente constituidas 
y anulado sus leyes, posteriormente 
tuvo la osadía de provocar una gue- 
rra con la República Argentina pro- 
tegiendo á los envilecidos unitarios 
en su inicuas empresas de ataque á 
la Confederación, y aliándose á los 
pórfidos agentes de la Francia para 
mejor conseguir el objeto de su abo- 
minable plan . 

Me es altamente satisfactorio 
anunciar á V . E . que desde los pri- 



104 APÉNDICE 



meros pasos que ha dado el ejército» 
de la Confederación Argentina sobre 
el territorio oriental, se han mar- 
cado muy terminantemente los efec- 
tos de la opinión pública que conde- 
na al caudillo y sus parciales , como 
la diferencia que media entre los 
soldados de la Independencia ame- 
ricana y los esclavos de un déspota 
aborrecido; porque de cierto, los- 
buenos orientales han recibido al 
ejército como al restaurador de sus- 
leyes y libertades públicas; y los- 
enemigos han huido en todas direc- 
ciones, abandonando el campo á los 
bravos que van á mis órdenes, aun 
cuando las partidas nuestras que se 
hayan encontrado con ellos les fue- 
sen inferiores en número . 



batalt:a de cagancha 165 

• El ejército vadeó el Uruguay por 
diferentes pasos sin que encontrase 
la menor resistencia en el río ni en 
la costa oriental y á la mayor bre- 
vedad se pondrá en movimiento lia- 
rla el Queguay, donde se hallan los 
enemigos para batirlos si osasen es- 
perarlo . 

Me asiste la confianza, Excmo. Se- 
ñor, de que muy pronto tendré el 
placer de anunciar á V . E . que la 
República Oriental se halla libre 
del malvado que la oprime y de- 
grada, y que con su existencia, 
concluyeron las esperanzas de los 
salvajes unitarios, y las ilusiones 
de conquista que temerariamente 
abrigaron los piratas ambiciosos 
franceses, enemigos miserables 



1 66 APÉNDICE 



de la libertad y dignidad de la 
América . 

Entre tanto me complazco eíi rei* 
terar á V. E. la expresión de mi 
consideración más distinguida. 

Dios guarde á V. E. muchos años 



Pascual EchagCe. 



Véase la última carta que el ge- 
neral Rivera escribió al general La- 
valleja y á que también nos referi- 
mos en el testo: 

Montevideo, Julio 10 de 1839. 

Señor General don Juan Antonio La- 
valleja. 

Mi compadre y amigo : 

Ya supongo á Vd. enterado de 



1 68 APÉNDICE 



mis cartas que le dirijí desde el Du- 

« 

razno, y de lo que le haya á Vd. 
instruido el señor coronel Latorre, 
conductor de ellas. Á mi arribo aquí 
hablé ¿i mi comadre, á Barreiro y 
otros amigos . Ella y Miguel le es- 
(3riben á Vd. por otra vía. Miguel 
está resuelto á ir á ver á Vd.;pero 
es preciso que Vd. le diga si puede 
ó no hacerlo, y adonde podrá tener 
con Vd. una entrevista. No marcha, 
porque ignoramos la posición de Vd. 
y no queremos aventurar un paso 
que pueda perjudicarlo, ignorando 
cuál es el estado de sus relaciones 
con esos jefes de Rosas. Sirva á 
Vd. de gobierno que nosotros no es- 
tamos distantes de entrar en nego- 
ciaciones de paz con el Gobernador 



BATALLA DE CAGANCHA 1 69 

Rosas, toda vez que ella sea en 
términos razonables y que tenga- 
mos unos y otros una positiva ga- 
rantía . 

El General Martínez sale para Ca- 
sapava con el carácter de agente 
confidencial cerca del Gobierno Re- 
publicano, con el objeto de hacer 
efectivo el tratado privado que tuvo 
• lugar, en Setiembre del año pasado, 
en mi Cuartel General al frente de 
Paysandú, cuando fué allí el coro- 
nel Matos, de lo que tiene Vd. noti- 
cia. Ya he dicho á Vd. que ese 
negocio está perfectamente arreglado 
y que ahora va á dársele la última 
mano para afianzarnos definitiva- 
mente . 

Mucho quisiera escribir á Vd., pe- 



I70 



APÉNDICE 



ro lo omito hasta que reciba su 
contestación, que espero sea satis- 
factoria y siempre interesada por el 
bien de la Patria. 

Van esos diarios de Buenos-Aires 
y de aquí. Por unos y otros verá 
Vd. lo ocurrido ültimamente en Bue- 
nos-Aires. Por allí, compadre, no 
se andan con cliicas, — se mata gen- 
te de todos modos . ¿ Qué dice Vd. 
del ñn de CuHén después de tanta 
hulla? Qué malo es meterse en tiei-- 
ra agena á querer flgurar! Mejor le 
habría estado á aquel pobre diablo 
haberse quedado en Lanzarote co- 
miendo papas, y no venirse íi Amé- 
rica á ser ejecutado . Una miseria 
somos los hombres. Creemos ir por 



BATALLA TE CAG ANCHA I /I 

un camino de flores, y al fln vamos 
á un precipicio. 

Lo saluda su compadre y amigo 
Q. B. S. M. 

Fructuoso Rivera. 
P. D. Expresiones á Servando. 

Se comprende que la ligereza con 
que Rivera habla del infeliz Cullén, 
solo tiene por objeto impresionar el 
ánimo de Lavalleja á fin de provo- 
car en 61 una reacción patriótica. 



o 



Primer parte de la Batalla de Cagancha 

El Presidente de la República y 
General en Jefe del Ejército. 

Tengo la satisfacción de comuni- 
car al Señor Ministro de la Guerra, 
para conocimiento del Gobierno de 
la República, que el ejército de mi 
mando ha conseguido un completo 
triunfo contra el ejército invasor. Su 
infantería va en fuga con dos pie- 
zas, pero el ejército la persigue y 
pronto catará en nuestro poder . To- 



174 APÉNDICE 



da su caballería ha sido deshecha 
completamente, quedando en poder 
del ejército sus bagajes, inmensas 
caballadas, porción no pequeña de 
prisioneros y muchos muertos . 

La pérdida del ejército de la Re- 
pública , no pasará de doscientos en- 
tre muertos y heridos . 

No ha muerto ningún jefe nuestro: 
algunos están heridos levemente. 

El señor comandante don Bernar- 
dino Báez instruirá al señor Minis- 
tro de los pormenores , mientras 
tenga la satisfacción de dar al Go- 
bierno el parte circunstanciado. — El 
mismo comandante Báez presentará 
á V . E . una bandera que tomó la 
brigada de infantería, á la enemiga 
•que huía á su frente . 



BATALLA DE CAG ANCHA 1 75 

Al cerrar este parte solo me res- 
ta felicitar al Gobierno y á la Re- 
pública en general , y felicitarme 
por tener el honor de mandar un 
ejército de valientes, á quienes re- 
comendaré como merecen á la con- 
sideración del Gobierno y de la 
República á que tan dignamente 
pertenecen . 

Campo en Cagancha, Diciembre 29 
de 1839. 

Fructuoso Rivera. 

Excmo. Señor Ministro de la Gue- 
rra, Brigadier General Don José 
Rondeau . 



1 76 APÉNDICE 



Parte circunstanciado 

Ejército de la República. 

Cuartel general en el arroyo de la 
Virgen , 

Excmo . señor : 

Ocupado en la persecución de los 
enemigos, y al mismo tiempo, en 
disponer la marcha de algunas di- 
visiones que han de ejecutar opera- 
ciones importantes al Norte del Río 
Negro, me veía privado, hasta este 
momento, de poder reunir los cono- 
cimientos que necesitaba para cum- 
plir con el deber que me impuse, 
cuando pasé al Sr. Ministro mi no- 




BATALLA DE CAGANCHA 



ta del 29 áe Diciembre; mas hoy 
voy íi llenarlo . 

Luego que puse e! Ejercito en mo- 
vimientu de la Calera, fué ya con 
la resolución de combatir; poro los 
enemigos, lo que nos abistamos, 
trataron de eludir el ataque . 

Asi permanecimos desde el 34 has- 
ta el 29, en que á las 10 de la ma- 
fíana, recibí parte que todo el ejér- 
cito enemigo montaba á, caballo. En 
el momento, di mis órdenes, y nues- 
,tra linea se foraió del modo que 
voy A, detallar . 

La dereclia era mandada por el 
señor coronel don Fortunato Silva, 
y éste tenia á sus órdenes á los 
jefes de cuerpos coroneles don Pe- 
dro Mendoza , don Faustino Ló- 

12 



1/8 



APÉN'DICE 



pez, don Victoriano Camacho, don 
Simón Bcngochea, y tenientes coro-I 
neles don José H. Mirabal y don 
Juan Mendoza. 

El centro se componía del bata- 
llón N.o 1 , coronel don Santiago 
Labandera, á la derecha de la ar- 
tillería . Esta estaba mandada por el 
teniente coronel Piran y el de igual 
clase Vedia. A la izquierda de la.i 
artillería estaba colocado el 2,° ba-^ 
tallón, coronel don Pedro J. Agüe- 
ro . Después seguía el 3." á las ór- 
denes del coronel Soriano . . 

La izquierda era mandada por el 
señor coronel don Ángel Núñcz, te- 
niendo íi sus órdenes íi los jefes de 
cuerpos coroneles don Hipólito Cua- 
dra, don Beiarmino Páez da Silva, 



BATALLA DE CAGANCHA 1 79 

9 



don Manuel Díaz, y tenientes coro- 
nelcs don Antonio Mendoza y don 
Bcrnardino Báez . 

A la izquierda de esta fuerza* se 
encontraba el señor general Medina, 
con el cuerpo de vanguardia, cuyos 
jefes eran los señores coroneles don 
Luciano Blanco y don José María 
Luna . 

La reserva que la mandaba el se- 
ñor general Aguiar, jefe del Estado 
Mayor, la componían los cuerpos 
del señor coronel don Manuel Freiré, 
don Venancio Flores , don Juan Ra- 
mos y el teniente coronel don Vicen- 
te Viñas. 

A más se hallaban allí todos los 
oficiales del Estado Mayor cuya re- 
lación se incluye por separado. 



1 8o 



APÉNDICE 



Dispuesta ya la linea, se avis- 
taron los enemigos, y venios, y \ 
cargar sobre nuestras alas, todo 
fué" instantáneo; pero nuestros je- 
fes , veteranos antiguos en la gue- ^ 
rra, les salieron al encuentro, y 
cruzando sus lanzas los hicieron 
tiuir. Nuestros cuerpos regresaron 
fi sus puestos , por que era la 
orden que tenían , y ellos , reliechos 
otra vez, volvieron al combate y 
fueron segunda vez rechazados . Sin 
embargo, tentaron un nuevo ata- 
que y tuvo igual resultado que los 
dos primeros. Mientras que la ca- 
ballería enemiga habla repetido la 
primera y segunda carga, — encu- 
bierta por una cañada se había 
aproximado la infantería y tres pie- 



BATALLA DE CAGATíCHA l8r 

zas de artillería, 'fi la artillería é 
infantería nuestra. 

Entonces destinó el jefe de la Bri- 
gada al batallón de Voluntarios para 
que marchase en guerrilla sobre los 
■enemigos; mas observando que no 
abandonaban el punto, se puso a la 
cabeza del batallón N.o 2 y al paso 
<Ie carga se fué sobre ellos, á la 
bayoneta, haciéndolos huir. 

Este era precisamente el momen- 
to en que tenia lugar el torcer en- 
cuentro de nuestra caballería. 

Asi fué que ya la derrota se hizo 
completa y general , y nuestra caba- 
llería continuó la persecución, ha- 
biendo sido preciso que se detuviera 
algún tiempo la infantería y artille- 
ría 011 el campo, para evitar que 



I82 



APÉNDICE 



t 



algún cuerpo extraviado pudiese vol- 
ver A él, y para recoger nuestros 
heridos y organizar algunos cuerpos 
üe caballería, Pero una hora des- 
pués continuó su marcha. 

Aquí me es forzoso hacer un pa- 
réntesis para decir £i V . E . que la 
artillería hizo sobre los enemigos 
un fuego sumamente vivísimo, quo 
acredita el buen estado en que se 
hallaba. También diri5 que el Coro- 
nel del cuerpo don Julián Martínez, 
(i pesar de su estado de inutilidad , 
se mantuvo al frente de él . 

La 'pérdida del enemigo , entre 
muertos y prisioneros, la calculo en 
mAs de mil hombres (entre ellos 
esta Raña), siendo el do los segun- 
dos pequeño en comparación de los 



^m 



B.^ TALLA DE CAGANCIIA 1 83 

primeros . Se les ha tomado tam- 
bién inmenso armamento, todo su 
parque, equipajes, una imprenta, dos 
esmeriles de bronce y toda su ca- 
ballada . 

Nuestra pérdida alcanza á dos- 
cientos hombres entre muertos y 
heridos. En los primeros se cuenta 
al teniente coronel don Feliciano 
Rodríguez y al ayudante de campo 
don Isidro Fuentes, y algunos otros 
oficiales más, cuya relación se dará 
por separado. En los segundos se 
halla el señor coronel del batallón 
N.o 3, don Pedro José Agüero, y 
otros oficiales subalternos. 

Al cerrar esta comunicacióíi no 
puedo decir á V. E. más sino que 



1 84 APÉNDICE 



los señores 'generales , jefes , oficía- 
les y tropa del Ejército de la Repú- 
blica, se* han hecho todos acreedores 
á las nnayores distinciones del go- 
bierno, como á la estimación públi- 
ca. Yo por mi parte suplico se haga 
por ellos todo cuanto justamente 
creo que merecen . 
Dios guarde á V. E. muchos años. 

Fructoso Rivera. 

Cuartel General, Enero 4 de 1840. 
— Excmo. señor brigadier general 
don José Rondeau, Ministro de 
Guerra y Marina. 



Parte del general Echagüe 

El General en Jefe del ejército de 
operaciones de la Confederación Ar- 
gentina. 

Cuartel general en la costa 
del Uruguay, Enero 14 de 
1840. — Año 31 de la Li- 
bertad, 26 de la Federa- 
ción Entre-Riana, 25 de la 
Independencia y 11 de la 
Confederación Argentina . 
Al Excmo. Señor Gobernador y 



1 86 APÉNDICE 



Capitán General de la Provincia de 
Buenos Aires, encargado de los ne- 
gocios de paz y guerra, y Relacio- 
nes Exteriores de la Confederación 
Argentina , Brigadier General don 
Juan Manuel de Rosas. 

El 29 de Diciembre último , en 
cumplimiento de las órdenes de 
V. E., entre -los arroyos de la Vir- 
gen y San José, tuvo lugar una ba- 
talla con el anarquista incendiario 
Rivera, sobre sus mismas trin- 
cheras . 

Repetidas veces tuve la confianza 
de asegurar á V. E., que ese trai- 
dor y su miserable ejército, tarda- 
rían en ser destruidos el tiempo 
que demorasen en admitirme el 
combate á que por más de tres me- 



BATALLA DE CACANCIIA 1 8/ 

ses lo provoqué. En esta vez, tengo 
el placer de ver realizado este anun- 
cio, aunque no en toda su estcnsión. 
— No obstante la posición ventajosa 
del enemigo , la superioridad nu- 
mérica de su infantería v su tren de 
10 piezas de artillería de calibre, 
el ejército de mi mando lo atacó 
denodadamente, y obtuvo cuantas 
ventajas podían apetecerse, para ase- 
gurar un triunfo decisivo . — Flan- 
queado el ejército del tirano por 
ambos costados, cargada por su re- 
taguardia y despedazada la mayor 
parte de su caballería por el ímpetu 
de nuestras lanzas, huían en todas 
direcciones . 

Por fln estuvo en nuestro poder 
su parque y todo el material de 



APÉNDICE 



guerra de su ejórcito, y el completo 
éxito pendiente de 500 caballos es- 
casos que le quedaban en formación 
defendidos por las fuerzas de su in- 
fantería y artillería; pero en el mo- 
mento decisivo todos mis esfuerzos 
fueron insuflcientes para restablecer 
nuestras columnas dispersas en e! 
calor de la persecución á muerte 
que liacfan á la caballería enemiga, 
y presentando por monumento del 
ardor y decisión de los soldados de 
la libertad, más de 1800 cadáveres 
enemigos tendidos en el campo, me 
conservé á su frente (') hasta que 
oscureció del todo, y á media legua 
de distancia dej campo durmió el 

(') El Qonaml Eohngüe dasap&recii) del aampo áa 
batalla en la diaperalón da las culi alleri as.— (Nota de 
don Antonio Diaz.] 



BATALLA DE CAGANCIIA I89 

ejército con el designio de cargar al 
día siguiente sobre las trincheras 
enemigas; pero advirtiendo haber- 
se consumido las municiones (^), en 
conformidad á las órdenes anticipa- 
das de V. E. emprendí mi retirada 
al Uruguay, después de haber dado 
una lecciün terrible al tirano que 
os6 declarar la guerra á la Confe- 
deración . 

V. E. formai'íi una idea del esta- 
do del enemigo después de la bata- 
lla, al advertir que d la noche cam- 
pé a distancia de media legua del ■ 
lugar del combate, y que el anar- 
quista- Rivera, tan lejos de per- 



(') Olvidó el señor general que h&bld diclio r 
nea autes que el parque eDamleD estaba su su 

■iu municioaen.— (Nota da don Antonio Dloi.) 



190 ATÉNDICE 



seguirme , abandonó su posición , 
dejando sus fogones encendidos y 
retirándose á Santa Lucía, y que en 
mi lenta marcha no ha osado se- 
guirme, respetándonos como á sus 
vencedores. Tan lejos de dejarle el 
más pequeño trofeo de guerra, con 
que pudiera alucinar á los salvajes 
unitarios, no le han quedado sino 
motivos para temblar del valor ar- 
gentino . 

Oportunamente remitiré á V. E. un 
parte circunstanciado de la jornada 
del 29, y recomendaré el ardor y la 
lealtad de los valientes que me han 
acompañado. Entre tanto puedo ase- 
gurar á V . E . que nuestra pérdida 
no pasa de 200 hombres. 

El ejército de mi mando ha traido 



BATALLA DE CAGANCHA IQI 



conmigo 28 mil caballos . Pronto es* 
taré equipado de los demás elemen- 
tos de guerra que le faltaban, que 
V. E. me ha remitido para marchar 
donde el honor y la libertad de 
nuestra patria nos llaman . 
Dios guarde á V. E. muchos años 

Pascual Echacüe. 



«Esta clase de documentos, — dice 
don Antonio Díaz, — en vez de cu- 
brir el espediente^ dañan la reputa- 
ción de un general, cuyos actos de- 
ben llevar siempre el sello de un 
proceder circunspecto y digno . » 

Por lo demás nos inclinamos á 
creer que Rosas haya recibido del 
general Echagüe noticias más exac- 



1 92 APÉNDICE 



tas, y que el parte trascrito sea la 
forma convenida para la publicidad. 
Es sabido que Rosas hacía feste- 
jar todo hecho de armas, favorable 
6 adverso, como si fuera un triunfo. 
Llegó á festejar hasta la batalla de 
Caseros, haciendo circular el parte 
de la pretendida victoria. Hubo cre- 
yentes de tan buena fé, que muchos 
años después de esa batalla, creían 
á Rosas triunfante y que si abando- 
nó el gobierno y se expatrió, fué 
por cansancio ó persiguiendo altos- 
ñnes políticos. 



Para completar esta inforiiíación , 
vamos á dar cabida á una carta del 
general Manuel Oribe, dando deta- 
lles y abriendo juicios sobre la ba- 
talla de Cagancha. 

Carta del general Oribe 

Campo en Mandisoví Chico, Enera 
25 de 1840. 

Mi querido Amigo: 



Aunque á la fecha creo á Vd. ya 
en posesión de todos los pormeno- 

13 



194 



APÉNDICE 



res del contraste de Cagancha, no I 
por eso quiero dejar de manifestarle 
los motivos que han tenido la par- 
te más activa en ese suceso que^ 
debió traer la absoluta tranquilidad'^ 
de nuestra patria; mas desgraciada- 
mente tantos esfuerzos se vieron 
malogrados allí y lo más sensible 
aún es que un general oriental, fué 
á juicio de todos el único causador 
de tal desastre . Este motivo , pues , 
me hace encargar á Vd . la mayor ! 
reserva acerca de lo que voy k ma-i 
nifestarle; mas puedo asegurarle qu&^ 
todo lo he obtenido de personas de 
la mayor imparcialidad y aún mu- 
chas de la amistad del general á 
que he hecho referencia y que es el 
general Lavalleja. Entre estas últi- 



BATALLA DE CAGANCHA I95 

mas se encuentra el señor general 
Urquiza quien tuvo que soportar su 
mala suerte, tan solo por el retar- 
do que hizo padecer aquel general 
ai movimiento que se le habla en- 
cargado, esto es, el flanqueo del 
ala izquierda enemiga para lo que el 
seflor general Urquiza le entregó la 
mayor parte y lo m;'is selecto de su 
división ('). Concluido esto último 
recibió orden de cargar y se lanzó 
sobre los enemigos quienes mfts 
fuertes en nilmer¿) lo rechazaron (*). 

(<J El gSDeral Oribe no -aetí bien entorndo i oros 
pradeute reviflmLr In 'Terdodern cíinan. Lnvallfijat ait- 
tBi qna retardarse, preolpit'j el moTimlento ana exceso 
de conflaDiin, DOsando i>or nuestrn izquierdiv y yendo 
fc apoderaras del oonvoy, J> ana legun i, tetagruaidia 
del EJ^roito Orlaatnt. 

O Tampoco es esBoto. En tul instaoto, por nníenela 

onr^»» de Urqnlia en nilmBro inreiiov k In niilad ds 



10 



APÉNDICB- 



Este golpe de ningún modo arredró- 
á tan intriípido general , quien rehe- 
cho en el momento y en el mismo 
campo, volvió sobre el enemigo y 
otra vez tuvo que sufrir ser deshe- 
cho . Organizado de nuevo y en la 
esperanza de que el general Lava- 
lleja llenaría el objeto a que hablan 
sido destinados, no vaciló un mo- 
mento y por tercera vez se fué so- 
bre los enemigos, pero flanqueado 
por un Escuadrón de Rivera no le 
fué posible resistir y tuvo que ceder- 
a pesar suyo lamentando la pérdida 
de una porción de bravos que á ha- 
ber hecho el general Lavalleja su 
movimiento no se hubieran sacrifi- 
cado sin fruto . Empero este con- 
traste fué reparado por nuestra iz- 



BATALLA DE CaGANCIIA 197 

<iuierda. Catorce cargas Ijiillantcs 
dadas por la legión « Fidelidad, i> i\ 
las órdenes del bravo general Gó- 
mez, lo habían decidido todo y los 
vándalos de Rivera lanceados en 
todas direcciones libraban su salva- 
ción d la fuga. Todas sus carretas, 
municiones, caballadas y dcrntis per- 
teneciente a su horda se encontraba 
■en nuestro poder . El general Gómez 
vencedor en todas partes ocupaba 
el campo y los semblantes do todos 
manifestaAjan el contento por tan 
completo triunfo ('). Rivera con 300 
<) 400 hombrea so habla refugiado 



Oiilifl dojulaado por . 



lomplBt» dorrot 
I pntda afirmni 



10 



ArÉNDICE 



denti'o del maí seguro cuadro for— I 
mado por los restos de su ya des-: I 
moralizada infantería, cuando la pre-- i 
sencia del general Lavalleja con. \ 
todas las fuerzas que tenía á 
disposición hizo cambiarlo todo. En ] 
el acto de llegar 61, ordenó al ge- 
neral Gómez formase columna y lo 
acompañase á buscar al Gobernador, 
Á esta orden se resistió por lo pron- 
to el general objetando que en esa 
comisión no se necesitaban sino en- 
viar dos escuadrones, mas reiterada 
la orden, el general Gómez obede- 
ció creyendo que el señor general 
en jefe estaría inmediato ('). 

(V ^1 geiiHTal LUiViLllaiB, sahordiiiiido del Baneral! 
Por slr-i pnrtr, vÍnirti:io tlerrotndo rio iraasira retn- 




BATALLA DE CAGANCHA I99 

Emprendida la marcha, hizo to- 
car trote el general Lavalleja, y 
entonces dos mil y tantos valientes 
que no habían cedido al empuje de 
las lanzas de los malvados anar- 
quistas , se vieron obligados , por 
una descabellada disposición, á 
aljandonar un campo donde pocos 
instantes antes hablan, denodados, 
obtenido el míis señalado triunfo, y 
con él, la libertad de la República. 
Tal paso hizo recuperar (i Rivera 
todo lo que había perdido y esto, 
unido a. la violencia del aire de la 
marcha, en la que el general Lava- 
lleja quiso abandonar un cañón que 



mUHonoU (te EchagUe, 7 ai Qámei 6 las buj-ob, AiLava- 
Uei». Gb la cierto, qao ya, estaba doblada por Iob 
naefltros la lequiorila enemiga, oaanda Iob dieperHov 
da LavitUeia 1» empajaron pruuipitando la derrota. 



se hnbfa volcado, y que so aaivd i 
por el general Gómez, y ívlgunos ^ 
tiros de líL artillería del caudillo, 
sembró en nuestro ejército la des- 
moralización. La legión, sola, siem- 
pre llena del más ardoi'oso entu- 
siasmo, é intacta, pues no perdió 
un solo hombre en hia diferentes 
cargas, fué la que resistió al desa- 
liento entonces casi general, y en 
gran parte contribuyó íi la salva^ 
ción del ejército. Eíectuada tan ines- 
perada retirada, el general Lavalle- 
ja se separó solo sobre un flanco 
de la fuerza, y desde entonces no 
ha hecho hasta hoy el menor es- 
fuerzo, pues se ha dado por enfer- 
mo. Tal conducta no podía de modo 
alguno quedar impune; en el día el 



BATALLA, DE CAOANCHA 20I 



seüo de la reprobación general lia 
caldo sobre ella, y los orientales 
todos no ven en 61 sino el hombre 
causador de sus actuales desgra- 
cias . Satisfactorio me es asegurar 
á Vd. que ellas no serán eternas y 
^ue dentro de poco espero, contan- 
do con el patriotismo y decisión de 
los patriotas que me rodean, llevar 
A cabo la empresa sagrada que nos 
ha cometido la República. 

En el momento que escribo á 
Vd. entra al campo el scfior gene- 
ral Garzón con quinientos hombres 
mAs, y esta fuerza unida a varios 
escuadrones orientales que con sus 
jefes y oficiales se hallan en la pro- 
vincia de Rio Grande, me pondrán 
»en breve en la más imponente ac- 



202 APÉNDICE 



titud. Nadie aquí duda un instante- 
del triunfo, y todos ansian el mo- 
mento que debe libertar la Patria 
y anodadar al caudillo para siem- 
pre. Él no está lejano. 

Manuel Oribe. 



Saqueo de Belén 

En confirmación de lo que aseve- 
ramos respecto á lo ocurrido en 
!Belén , después de la batalla , va- 
mos á entresacar algunos párrafos 
de las Memorias del teniente gene- 
ral BatUe. 

Dice así: 

«Cierto era que Rosas había re- 
forzado aquella provincia ( Entre - 
Ríos), con gente pasada de Santa 
Fé, al mando del gobernador don 



Juan P. López, quien se había alle- 
gado a la frontera de Corrientes por 
la parte del Uruguay . Mas sabedor 
allí de cuan importante era el ejér- 
cito que con todo afán estaba adoc- 
trinando el general Lavalle , y poco 
después el descalabro de EchagOe, 
se cree inseguro y solo piensa en 
retirarse . 

« Fronterizo a su campamento es- 
tá el pueblo de Belén, último en 
nuestra costa sobre aquel río , y 
piensa dejar séllales de su presen- 
cia en aquellos parajes, de que va 
á huir por miedo á, sus contrarios, 
con el saqueo y degüello de aque- 
llos inofensivos moradores y pobre 
rancherío ! 

«Vadea el Uruguay en una noche 



BATALLA DE C ACANCHA 205 

r 

del mes de Enero de 1840, sorpren- 
de el pueblo y le roba y pasa á cu- 
chillo á infelices mujeres, niños y 
ancianos! Hecho cuya parte san- 
grienta es atroz, por cuanto no ha-- 
bía protesto que lo autorizara; y 
que faltan en el idioma voces coa* 
que anatematizar, desde que se re- 
cuerde que fué ejecutado por don 
Manuel Oribe, el mismo que poco 
antes era Presidente en esta Re- 
pública . Juzgamos preciso decirlo 
así, para que los que no tengan an- 
tecedentes sobre estos hechos, no» 
entren á dudarlo: ¡tanto parece in- 
creíble ! » 



Rectificación del general Vázquez 

La narración de la batalla de 
Cagancha , publicada en El Día , 
dio motivo á la siguiente carta del 
general don Eduardo Vázquez. 

Señor Don José Batlle y Ordóñez. 

Presente . 

Mi amigo: Con el interés que 
despierta en nosotros la narración 
de las luchas homéricas en defen- 



2o8 



APÉNDICE 



sa de la causa de la libertad , he' 
leído el folletín publicado en su in- 
teresante diario El Día, debido á 
la pluma del inteligente publicista 
Dr. D. Anacleto Dufort y Álvarez, 
sobre la memorable acción de «Ca- 
gancha » , en que las fuerzas al 
mando del ínclito General Rivera 
se cubrieron de gloria el 29 de 
Diciembre de 1839. 

Tenia especial intertís en cono- 
cer todos los detalles de aquella - 
acción, creyendo siempre que ellos 
concordaran con los que , desde mi 
niñez, tenia grabados en mi me- 
moria por la narración que más de- 
una vez, habla escuchado de los 
labios de mi extinto padre , actor ^ 
no diré principal, pero cuando me- 




nos coadyuvante activo de aquella 
jornada . 

En nada difieren los datos que co- 
nocía en cuanto á la acción , asf 
como a la batalla, y digo que en 
nada difieren aún cuando el viejo 
soldado narraba fi su manera aqué- 
llos, con la naturalidad del lenguaje 
del hombre habituado á esos he- 
chos, no con la galanura de estilo 
y de dicción que es característica al 
Doctor Dufort y que hace míls inte- 
resante todo cuanto sale de su bien 
cortada pluma. 

Pero existe una omisión , invo- 
luntaria por parte de aquel amigo, 
que quiero rectificar por dos razo- 
nes: una, porque no puedo consen- 
tir que se despoje de una gloria que 




2IO APÉNDICE 



le cupo á mi infortunado padre en 
aquella acción; la segunda, porque 
es un error histórico que debe sub- 
sanarse, cual es el siguiente: 

Dice el Dr. Dufort: «En seguida 
(( y á las órdenes del coronel So- 
(( riano se colocó el batallón Volun- 
<( tarios de la Libertad , reforzado 
<( con las milicias de Canelones al 
«mando del capitán D. Tomás Ma- 
« driaga , que formaba la izquierda 
c( del Batallón . El teniente coronel 
« Lapuerta había sufrido una luxión 
<( en un pié y se vio obligado á asu- 
(( mir en la lucha una actitud pasi- 
<( va , quedando de hecho como se- 
« gundo jefe el sargento mayor don 
i( Fernando Quijano . » 

He aquí el error que deseo recti- 



BATALLA DE CAGANCHA 211 

ficar en la narración del Doctor 
Dufort . 

No fué el mayor Quijano el que 
se colocó al frente de los volunta- 
rios, pues cuando sufrió la luxión 
el comandante Lapuerta y abando- 
nó el mando del cuerpo, el mayor 
Quijano hallábase ausente, hacién- 
dose cargo de él, el entonces te- 
niente coronel don Juan F. Vázquez, 
que desempeñó los cargos de pri- 
mero y segundo jefe desde los albo- 
res de la batalla hasta su termina-^ 
ción. 

Esta afirmación se halla confir- 
mada por el coronel Soriano de cuya 
palabra no es posible dudar, pues 
tenía á sus órdenes aquel bizarro 
batallón . 



Y para que no suponga ni por uw I 
momento que es la pasión del hij<>i 
la que quiere conquistar un titulo á^l 
su progenitor, acompaño testimonia- 
do loa certificados que conservo en: 
mi poder y que comprueban acaba--" 
damente mi rectificación, certifica— ] 
dos que pongo desde ya ü. la dispo- 
sición del Dr. Dufort. 

Agradeciendo de antemano la pu— ^ 
blicación de estas líneas, lo saluda 
afectuosamente su amigo: 

Eduardo Vásques. 



Certifico: — Que el teniente coro-^ 
nel don Juan Feliciano Vázquez, se 
halló a mis órdenes en la Batalla 

de Cangancha, sirviendo en el Ba~ 



BATALLA DE CAGA^CII,\ 213 

■tollón de Voluntarios , habióndoae 
portado con el mayor honor, no 
solo el día del éombate , sino en 
todo el periodo que precedió íi él; y 
■A los fines que le pueda convenir, 
le doy éste en Montevideo íi veinti- 
cuatro de Abril de mil ochocientos 
cuarenta y seis. 

Enrique Martines. 



El coronel del extinguido Batallón 
de Voluntarios do la Libertad nú- 
mero 3, certifica, en cuanto puede: 
que el capitán graduado de teniente 
coronel , haciendo las funciones de 
mayor agregado, don Juan Felicia- 
no Vázquez, se ha comportado con 
.la mayor asiduidad, esmero y acti- 




vidad cu toilo el tiempo anterior & 
la célebre Batalla de Cagancha, y 
que el día que ella tuvo lugar, es- 
.tuvo a la cabeza del Batallón, ha- 
ciendo de comandante ^ y al mismo 
tiempo de mayor, por ausencia de 
los individuos que- desempeñaban 
estos cargos . 

Su comportación en la batalla, 
fuií marcada por la serenidad y el 
valor con que mantuvo su puesto en 
los momentos m£is difíciles, perma- 
neciendo firme hasta que no quedó 
al frente de las bayonetas del cuer- 
po de que era comandante, un sol» ' 
enemigo . 

Y para los fines que puedan con- 
venirle, le doy el presente, firmado i 
de mi mano, en Montevideo á caí-J 



BATALLA DE CAGANCHA 21$ 

torce de Febrero de mil ochocientos 
cuarenta . 

Santiago Soriano. 



Certifico: — Que el teniente co- 
ronel Don Juan Feliciano Vázquez 
tuvo una parte activa en el triunfo 
que se obtuvo en la Batalla de Ca- 
gancha, á órdenes del Sr. coronel 
Soriano, portándose en ese día con 
valor y serenidad; y para los fines 
que le convengan, le doy el presen- 
te certificado, en Montevideo á quin- 
ce de Marzo de mil ochocientos 
cuarenta . 

Jtuin José Aguiar. 



Señor director de El Día: 

'Nuestro amigo el general don 
Eduardo Vázquez, rectiflca en El 
Día de ayer, el error padecido en 
la narración de la batalla de Ca- 
gancha, al omitirse el nombre de 
su señor padre, el entonces teniente 
corono! don Juan Feliciano Vázquez. 

Desgraciadamente, serán muchas 
las omisiones de ese género, por 
más empeño que he puesto en ave- 
riguar y consignar el nombre de 
todos los actores de aquella heroica 
jornada, no ya solo de jefes de la 
importancia del señor Vázquez , sino 
hasta de los últimos soldados . 

Por eso agradezco al general Váz- 
quez el dato con que va á ilustrar 



BATALIJl DE CAGANCHA 21/ 



t 



mi narración, pues, con toda opor- 
tunidad, llega cuando la mencionada 
narración está en prensa para ser 
editada en forma da libro. 

Del mismo modo obligaría mi re- 
conocimiento toda persona que pu- 
'diera indicarmo, con tiempo, omi- 
siones semejantes, tanto de hechos 
como de nombres, sean éstos de 
personas fallecidas ó de las que so- 
brevivan , y hubieran tomado parte 
en la batalla de Cagancha, sin dis- 
linción de grados ni de clases . 

Me complace sobremanera que el 
general Vázquez halle que lo que 
narro, (fen cuanto h la acción asi 
como á la batalla,» en nada difiere 
de lo que oyó de labios de su señor 
padre . 



i 



21 8 APÉNDICE 



Eso me demuestra que es auténti- 
ca la fuente de mis informaciones, 
lo que me produce una gran satis- 
facción y me alienta en la prosecu- 
ción de mi humilde trabajo. 

Saluda al señor director, su ami— 
go afectísimo. — A. Dufort y Alvares^ 

S/c . Abril 12 de 1894 . 



Rectificación del mayor Cosió 

Por la misma causa, el sargenta 
mayor graduado, don Domingo Co- 
sió, nos dirijió desde las columnas 
de La Ra^ón^ la carta que va en 
seguida : 

Sr. Doctor D. Anací eto Dufort y 
Alvarez — Distinguido [señor: He leido 
con detención, y con el interés que 
naturalmente inspira en el ánimo 
de un patriota, la publicación hecha 
por Vd. en el diario El Dia^ de 



APÉNDICE 



uno de nuestros más gloriosos he- 
chos de armas, cual es la campa- 
ña y batalla de Cagancha; hechos 
que tuvieron lugar en la segunda 
mitad del año 1830, pero con un 
tesón, con un batallar incesante, 
por que de las escaramuzas diarias 
que tuvimos en ambas míirgenes 
del Santa Lucía Grande, no hay 
quien conserve memoria exacta; 
pero de cuyos resultados, ya po- 
día deducirse, que minaba el ger» 
men del desaliento las filas de 
aquel, relativamente, poderoso ejér- 
cito, que hasta allí nos había veni- 
do acosando sin darnos tregua ni 
descanso . 

Yo tuve la honra de pertenecer 
como ciudadano voluntario al es- 




B\TALLA DE CAGANCHA 221 



cuacirón del señor coronel don José 
MariíL Luna, ^ el Bayardo oriental 
por su valor y por su lealtad, — 
lanza terrible en la pelea, (i la que 
entraba montado en un caballo os- 
curo (lo mismo en Cagnticha que 
en Arroyo Grande), todo cubierto 
de plata, con un chapeado comple- 
to , grandes estribos y espuelas , que 
no bajaba todo ello del valor de 
ochocientos patacones, como para 
decir ol enemigo: «Vengan ft mfl» 
Escuadrón era aquel, con honores 
do regimiento, pues no bajaba de 
trescientas plazas, perteneciendo yo 
(i la primera compafífa {lanceros), 
mandada por el capítftn Donato Rufz 
Díaz ; mandando la segunda y terce- 
ra respectivamonte * loa capitanes 



APÉNDICE 



Marcelino Aliñada y Claudio Car- 
dozo . 

En la publicación que hice sobre 
la batalla de Cagancha, digo: que 
era segundo jefe de ese escuadrón 
el teniente coronel Mauricio . López 
de Haro, y terc?r jefe el sargento 
mayor Felipe Fraga. 

Dado es3 hecho, no había la ne- 
cesidad de que el general Rivera 
mandase ú Marcelino Sosa, ni á 
ningún otro jefe, ü ponerse al frente 
de aquel Cuerpo para conducirlo á 
la pelea, á falta del coronel Luna, 
que S3 halló en sj puesto de honor 
tanto cuando presentamos línea de 
batalla al enemigo en la alborada 
del 29, como cinco horas después, 
al empezar el combate . 



BATALLA. Dt: CAGANCH \ 223 

Me era imprescindible hacer esta 
aclaración, por ahora, para salvar, 
como suele decirse , el honor del pa- 
bellón^ dejando una vez «lás consta- 
tado, que en ese memorable día nos 
xjondujeron á la pelea y á la victo- 
ria, los tres jefes de nuestro escua- 
drón: Luna, López de Haro y Fraga. 



Tengo, con motivo de -la salvedad 
que hago antes, li honra de salu- 
dar al señor doctor Dufort y Alva- 
rez, con la expresión de mi mayor 
aprecio. 

Domingo Costo. 

Montevideo , Abril 12 de 1894. 

I Como la palabra del señor Cosió 



224 



APÉN'DICE 



tiene toda la autoridatl del que lia 
tomado parte en loa hechos glorio- 
sos que se narran , respetamos su 
referencia; pero nos obliga á mani- 
festar la fuente de donde tomamps 
la que liablamos adoptado, para no-- 
sotros no menos respetable . 

En las Memorias, aún inéditas, del 
teniente general don Lorenzo Batlle, 
en esta parte escritas á raíz de los 
sucesos, se lee lo siguiente: 

«Merecieron bien de la patria, ya 
durante la campaña y ya especial- 
Inente en aquel día,- el genial eñ 
jefe, los generales Martínez, Medina 
y Aguiar, y los coroneles al mando 
de fuerzas, Ndñez, Blanco, Flores, 
Bácz, Camacho, Freiré, Viñas, Sil- 
va, Labandera, Pifftn, y el braco 



I 



ÜATALLA DE CAGANIIIU 22; 

Luna, rjiie Judiándose enfermo en el 
hospital, quino en cano incor/xirarse 
á su diüieiún, cuyos soldados le reci- 
bieron después cictoreándole , pero 
díciéndole que no lo habían echado 
de menos en aquel día. AI coman- 
dante Sosa hablíi, cabido la honra 
de reemplazarlo dignamente en hue- 
co tan difícil de llenar.» 

Quien con tan alto y especial apre- 
cio habla de! coronel Luna, no pue- 
de ser sospechado de querer oscu- 
recer sus glorias; pero como el 
sefSor Cosío habla de lo que ha visto , 
y el general Batlle de lo que la tra- 
dición oral llevó á sus oidos, es 
juicioso suponer que éste haya su- 
frido alguna confusión en el orden 
cronológico, al exponer los hechos, 



i 



226 



APÉNDICE 



sin que aisladamente considerados 
dejen de ser exactos. 

Cünciliando ambas referencias, re- 
sultaría la versión que adoptamos 
ahora. El coronel Luna estaba efec- 
tivamente enfermo, pero se incpr-. 
poro á los suyos, no al comenzar I 
la batalla, sino al formarse la linea 
por primera vez . Luna no manda- 
ba solo un regimiento , — cuya de- 
nominación aceptamos, consideran- 
do como escuadrones las unidades 
orgánicas y tácticas comandadas por 
los capitanes Ruiz Díaz, Almada y 
Cardozo, — Luna mandaba una di- 
visión, ó más propiamente, una bri- 
gada. Al abandonarse la primera 
formación, ese jefe, como lo hizo 
Núñez , fué con el regimiento que 



BATALLA DE CAGANCHA 22/ 

lleva SU nombre á dar agua á las 
-caballadas. En su ausencia se pro- 
sduce el ataque de la vanguardia, y 
como el resto de su división ó bri- 
gada, quedaba sin jefe, el general 
Medina confió su mando al coman- 
dante Sosa. Luna entra luego en 
batalla, pero solo á la cabeza de 
su regimiento . Enseguida , triunfan- 
te nuestra ala izquierda, se encuen- 
tra con los demás soldados de su 
división, quienes le reciben victo- 
reándole, pero haciendo merecidos 
elogios de Marcelino Sosa, su jefe 
-accidental . 

Tal es lo que consideramos ver- 
dadero, después de la rectificación 
..del señor Cosió. 



# 



Por dónde pasó Urquiza el Uruguay 

El general Ventura Rodríguez nos 
ha dirijido la carta que publicó El 
Día y más abajo reproducimos , pre- 
cisando el lugar donde el general 
Urquiza pasó el río Uruguay, des- 
pués del contraste de Cagancha. 

Hay en ella detalles muy intere- 
santes y que agradecemos al gene- 
ral Rodríguez. 

La versión de que Urquiza bu»- 
biese vadeado el Uruguay por el 



230 APÉNDICE 



Rincón de las Gallinas, la había- 
mos tomado de don Antonio Díaz 



DEL GENERAL RODRÍGUEZ 



Sr . Dr . D . Anacleto Dufort y Al- 
varez . 

Señor Doctor: — En su importan- 
te trabajo histórico sobre la batalla 
de Cagancha, se refiere que Urqui- 
za, después de la derrota, hizo su 
pasaje del Uruguay por el Rincón 
de las Gallinas. 

Es esta una información equivo- 
cada que, por la verdad de su mis- 
ma narración, interesa rectificar. — 
Urquiza vadeó el Uruguay veinte 
leguas más arriba del Rincón, en 
la barra del Arroyo Negro • 



RATALLA DE CAGANCHA 23I 



El (lia 31 de Diciembre de 1839 
llego el general Urquiza á la es- 
tancia de don Cayetano Almagro, 
cuyo establecimiento, conocido con 
el nombre de «Casas blancas,» se 
hallaba situado á seis leguas de 
Paysandü y sobre las barrancas del 
Uruguay.^Urquiza se dirigió íi aquel 
punto contando con los servicios 
que podía prestarle la amistad de 
Almagro y con los elementos que 
allí encontrarla para vadear con fa- 
cilidad . 

No obstante, fi la llegada de Ur- 
quiza no fué posible hallar por 
aquellas inmediaciones una sola em- 
barcación . Los isleños que solían 
venir a la estancia de Almagro, 
teniendo sin duda noticias de los 



232 



Arí-NDICK 



sucesos que acababan de tener lu- 
gar en nuestro territorio ,' hablan 
buscado recelosos el refugio de las 
islas . 

Urquiza no sabia nadar, y en con- 
saCLicncia, no podía afrontar los pe- 
ligros de la corriente prendido á laa 
crines de su caballo. Pero el tiempo 
urgía, y era necesario salvar cuan- 
to antes aquellos malos momentos ■ 
— El señor Almagro le propuso ha- 
cer una pelota con un cuero de toro, 
dentro de la cual entrarla con sus 
armas y recado para ser pasado 
por su asistente, sin mojarse si- 
quiera . 

Los entrerrianos que escoltaban á 
Urquiza, vadearon ñ la punta. de la 
isla '(Almij-ón,» mientras aquél so 



BATALLA DE CAGANCHA 233 

disponía á entrar en la pelota pro- 
porcionada por Almagro, quien no 
calculó el peso de la persona de 
Urquiza, junto con su equipo y ar- 
mas, á más de las de su asistente, 
metido todo dentro del cuero de 
-toro . 

Benito Góngora, el asisteate y 
hombre de toda confianza de Ur- 
quiza, habiendo traido el caballo 
zaino de éste, llamado el Rabio- 
so^ y ya desnudo, le ató un ma- 
neador en la cola, para sujetar á 
ella la pelota, á una distancia de 
dos brazas. 

Urquiza, vestido, se sentó sobre 
las monturas . Góngora saltó sobre 
el caballo y arrastró la pelota hacia 
la hondura. 



234 



ATENDICE 



El ¡jinzo del Uruguay , entre la 
, isla y la costa, tiene dos cuadras de 
ancho, contando la canal cjue tendrá, 
una cuadra. 

Da principio al pasaje: En medio 
de la canal se empieza á hundir la 
pelota . Urquiza grita £i su hombre 
Góngora, desesperadamente, y Gún- 
gora, para levantar su íinimo, le 
contesta con una reprimenda . La 
pelota se hunde con Urquiza, y el 
zaino Rabioso pisa al fin el veril del 
banco de la isla y sale arrastrando 
la pelota del fondo de la canal, con 
el pasajero que, medio ahogado, no 
se desprendía de las garras del 
cuero . 

Urquiza, boca abajo, y auxihado 
por Góngora, lanza, ya fuera del 



í 



BATALLA DE CAGANCHA 23S 

agua, toda hi que Iialila, bebido con- 
tra su voluntad . 

Salvado este trance, se reúnen 
todos , y costeando la isla en circun- 
ferencia , con el fln de encontrar un 
bote , dan con el isleño que los pasa 
A la provincia entrerriana haciéndo- 
los vadear sobre seguro el otro bra- 
zo del Uruguay, entro la misma, isla 
y la costa vecina. 

Góngora pisa el territürio argen- 
tino y es ascendido por Urqulza íi 
sargento mayor. 

Tal es, contado por un testigo y 
un actor en este suceso, el episodio 
de la vida de Urquiza 6. que usted 
hace referencia en su interesante 
narración. El señor Almagro, me 
lo refirió en el puerlo de Paysandú 



A^^ 



236 



APÉNDICE 




y en presencia del mismo Góngora. 
Después, en Entre-Ríos, porción lie 
veces !e pedí A Góngora que me 
contase el suceso de la pelota, k lo 
cual él accedía, entusiasmándose de 
tal modo, que le parecía estar en el"! 
zaino Rabioso, arrastrando el cuero ! 
que tan funesto hubo de ser para el 
general Urquiza. 

Del Rincón de las Gallinas á la 
costa entrerriana, el rio Uruguay tie- 
ne una legua de ancho y en una _ 
pelota no se habría podido pasar. 

Es un error, pues, suponer que 
por allf se haya efectuado el pasfye 
del general Urquiza, y así queda 
confirmado por lo que acabo de 
narrar . 

El general Urquiza, con otros dis- ' 



BATALLA DE CAGANCHA 237 



persos, pasó el Uruguay por la ba- 
rra del Arroyo Negro, después de 
la gran- victoria de Rivera en los 
campos de Cagancha. 

Saludo á usted con toda conside- 
ración y estima 

Ventura Rodrigues. 

Montevideo, Abril de 1894. 



cr 

Aunque con datos muy incomple- 
tos, vamos á dar los nombres de 
los que sabemos que tomaron parte 
en la batalla de Cagancha y la cam- 
paña qne la precedió, con el grado 
que á la sazón tenían y el último á 
que alcanzaron posteriormente. 

BRIGADIER GENERAL 

Fructuoso Rivera, general en jefe. 

GENERALES 

Anacleto Medina, jefe de la van- 



240 APÉNDICE 



guardia. — Llegó á brigadier ge- 
neral . 

Enrique Martínez, jefe del centro. — 
Llegó á. brigadier general. 

Félix Aguiar, jefe de la reserva y 
del Estado Mayor. 

CORONELES 

Ángel Núñez, jefe del aJa izquierda. 
— Proclamado general en el cam- 
po de batalla y oficialmente poco 
después, en la costa del Uru- 
guay. 

Fortunato Silva , jefe del ala de- 
recha . 

José María Luna, jefe de división^ 

Luciano Blanco , jefe de división . 

Venancio Flores, jefe de regimien- 
to. — Llegó á brigadier general. 



BATALLA DE CAGANCHA 24 1 

Manuel Freiré , jefe de regimiento . 

— Llegó á general. 

Santiago Soriano, de la marina y 
entonces jefe del batallón Volun- 
tarios de la Libertad. 

Julián Martínez, jefe de la artillería. 

— Llegó á . general en Buenos 
Aires . 

Pedro José Agüero , jefe del 2.° de 
cazadores . 

Santiago Labandera, jefe del 1.^ de 
cazadores . 

Manuel Díaz , jefe de escuadrón . 

Faustino López , jefe de escuadrón . 

Victoriano Camacho, jefe de escua- 
drón. 

Domingo García, jefe de escuadrón. 

Hipólito Cuadra, jefe de escuadrón. 

Fortunato Mieres, jefe de escuadrón. 

16 



242 APÉNDICE 



Martiniano Chilabert , del Estado 
Mayor . 

Simón Bengochea, jefe de escua- 
drón. 

Pedro Mendoza , jefe de escuadrón . 

Rosendo Velazco, graduado. — Ob- 
tuvo la efectividad. 

Belarmino Páez da Silva, jefe de 
escuadrón . 

Juan Ramos , jefe de escuadrón . 

Calisto Centurión, alias Calengo^ jefe 
de escuadrón. 

Valentín Quintana , jefe del parque , 
ambulancias, etc. 

TENIENTES CORONELES 

Marcelino Sosa, 'en la batalla al 
frente de una brigada. — Llegó á 
coronel . 



BATALLA DE CAGANCHA 243 

Juan Feliciano Vázquez, al frente 
del batallón Voluntarios de la Li- 
bertad el día de la batalla. — Lle- 
gó á coronel . 

N. Lapuerta, del misnio batallón. 

José María Piran, de la artillería. — 
Llegó á general. 

José H. Mirabal, jefe de escuadrón J 

— Llegó á coronel. 

Juan Mendoza ^ jefe de escuadrón . — 
Sobreviviente, y hoy general de 
brigada . 

Antonio Mendoza, jefe de escuadrón. 

Bernardino Báez, jefe de escuadrón, 

— Llegó á coronel . 

Juan Bautista Santander, jefe de es- 
cuadrón. — Llegó íi coronel. 

Vicente Viñas , jefe de escuadrón . — 
Llegó á coronel. 



244 APÉNDICE 



Justo Soboredo, ayudante del gene- 
ral en jefe . 

Alejandro lUescas, ayudante del ge~ 
neral en jefe . 

Juan Pedro Goyeneche, ayudante del 
general en jefe. — Llegó á coronel. 

Doctor Fermín Ferreira , cirujano 

. mayor del Ejército. 

Mauricio López de Haro, del regi- 
miento del coronel Luna . 

Feliciano Rodríguez^ muerto en 
el campo de batalla. 

Mariano de Vedi a, de la artillería. 

José Joaquín de Vedia. 

Federico Báez, de la división de 
Núñez . — Llegó á coronel en el 
Paraguay . 

Jacinto Estivao, de la Colonia. 

Felipe López, de la Colonia. 



BATALLA DE CAGANCHA 245 

T'icente Carrión , de Maldonado . 

N. Cabral. 

Luis Masariego, del 2.o de caza- 
dores . 

Matías Torres, de las milicias de 
extramuros . 

N. Piroto . — En la batalla de Arro- 
yo Grande se atravesó con la es- 
pada para no ser degollado. 

José Antuña, segundo jefe del Es- 
tado Mayor. — Llegó á coronel. 

SARGENTOS MAYORES 

Felipe Fraga , del regimiento de 
Luna . — Llegó á teniente general . 

Justo Tavares , jefe de escuadrón . 

N. Marzola, ayudante del general 
Martínez . 

José Antonio Reyes, segundo jefe 



246 APÉNDICE 



del escuadrón de Juan Mendoza. 
— Llegó á general . 

Cipriano Martínez , ayudante del ge- 
neral en jefe. — Llegó á coronel- 
Fernando Quijano , tercer jefe del 
batallón Voluntarios de la Liber- 
tad. — «Ese día lo vi guapeando 
mucho » y dice el coronel Gon- 
zález . 

JTosé Flores^^ murió en el campo 
de batalla . 

N. Corrientes . 

Mariano Paunero, de la Colonia. 

Camilo Vega . — Llegó á coronel . 

IgnaeSo !¥• — De color. — Se en- 
contraba herido en las carretas y 
fué degollado. 

Doroteo Pérez. — Llegó, á teniente 
coronel . 



BATALLA DE CAGANCHA 247 

N. Alonzo, del l.o de cazadores. 

Juan José Cabral . — Llegó á tenien- 
te coronel. 

Adrián Díaz, jefe del detall el día 
de la batalla. — Era hermano del 
g-eneral César Díaz. — Llegó (\ 
coronel en la República Argen- 
tina. 

CAPITANES 

Claudio Cardozo , del regimiento de 

Luna . 
Marcelino Almada, del regimiento 

de Luna. 
Donato Ruíz Díaz, del regimiento 

de Luna. 
Juan Francisco Monsevat. 
Santiago Alemán . 
Juan Mesa , jefe de escuadrón . 



248 APÉNDICE 



Juan José Enciso, jefe de escuadrón. 

— Llegó á coronel . 

Pascual Bailón . — Llegó á sargento 
mayor . * 

Anacleto Dufort, ayudante del coro- 
nel Silva . — Llegó á teniente co- 
ronel . 

Tomás Madriaga, comandante de 
compañía, de las milicias de Ca- 
nelones y en el batallón Volunta- 
rios de la Libertad . 

Ramón Bermúdez, de la artillería. 

— Llegó á sargento mayor. 
Mateo Tula, ayudante del general 

Martínez. — Llegó á teniente co- 
ronel . 
Fausto Aguilar, comandante de es- 
cuadrón. — Liego á brigadier ge- 
neral . 



BATALLA DE CAGANCHA 249 

Tí. Allarde^ ayudante del general en 
jefe . 

Isidro Faeutes^^ murió en el cam- 
po de batalla. 

Pedro Sagrara, de la reserva. — 
Llegó á teniente coronel . 

Sixto Rulz Díaz . 

Pedro Obando. — Llegó á sargento 
mayor . 

Juan Bautista Santln. — Llegó á sar- 
gento mayor . 

Casimiro Pérez. — Llegó á teniente 
coronel . 

Julián Borches. — Llegó á teniente 
coronel . 

León Benltez, ayudante del coronel 
Núñez. — Llegó á coronel en la 
República Argentina. 

Vicente Viera. 



2SO APÉN'DICE 



Vicente Ávila . 

Santiago Avila. 

Benito Hubo. — Llegó á teniente co- 
ronel . 

José María Conde , de la artillería . 
— Llegó á sargento mayor. 

Josó Mora, comandante de escua- 
drón . — Llegó á coronel . 

Pedro Argañará, de la división de 
Silva. — Llegó á teniente coronel. 

«Ruciu Silva ^ de la división de Sil- 
va. — Cayó herido de tres lanza- 
zos . Salvado en aquel momento 
por el soldado Domingo Giménez, 
murió sin embargo la noche de la 
batalla . 

tRiian I3aniista VrujIUo • — Se 
encontraba herido en las carretas 
y fué bárbaramente degollado. 



BATALT.A DE CAGANCHA 251 

N. Castillo , del 2.^ de cazadores . 
Félix Casas. 

TENIENTE 

Pablo Ifrán. 

Nicolás Raña. 

Felipe Luna. 

Luciano Arrióla. 

N . Campólas y murió en la acción 
del paso de Severino . 

W • Zapada^ murió antes de la ba- 
talla en unas guerrillas . 

Anselmo Soboredo . 

«Vuafii jgorlauo^ teniente 1.^ de 
marina, agregado al batallón Vo- 
luntarios de la Libertad. — Murió 
en el campo de batalla. Era her~ 
mano del coronel Soriano. 

Bernabé Plá, sobreviviente y con- 



252 APÉNDICE 



serva el grado de teniente 2.o de 
guardias nacionales, que tenía en 
Cagancha. 

Manuel N. alias El Chana ^ porta- 
dor de la primer noticia del triun- 
fo á Montevideo. — Llegó á coronel. 

Juan Burgos. — Llegó á capitán. 

Gerónimo Pérez. — Llegó á capitán. 

Nicolás Pereira. 

Francisco Ruíz Díaz. — Murió en la 
batalla de Arroyo Grande como 

^ capitán . 

N. Salinas, alias El Retobao. — Llegó 
á capitán . 

Domingo Zambrana, — Llegó á ca- 
pitán . 

N. Guevara. 

Santiago Artigas. — Llegó á coro- 
nel en Entre-Ríos. 



BATALLA DE CAGANCHA 253 

Lino Cáceres . — Llegó á capitán . 

N. Cabera ^ del batallón Volunta- 
rios de la Libertad. — Vive actual- 
mente en la Florida y conserva 
el grado de teniente. 

José Gómez. 

Vicente Figueroa. 

Alejandro Álvarez, de La división de 
Núñcz. — Llegó á sargento mayor. 

N. Calatayud, del 2.o de cazadores. 
— Se hallaba preso en la guardia 
de prevención; pero habiéndose 
distinguido por su valor, 'fué espe- 
cialmente recomendado al general 
Martínez por el coronel Agüero, 
lo que le valió la libertad y un 
ascenso . 

Pedro Gallegos, del l.«> de caza- 
dores . 



254 APÉND CE 



Manuel Caraballo^ de la división de 
Luna. — Sobreviviente y hoy ge- 
neral . 

ALFÉRECES 

Martín Igarzábal, del regimiento de 
Freiré. — Llegó á teniente coronel. 

IVatalio Alberdl ^ murió en la ac- 
ción del paso de Severino . 

Enrique de Vedia, de la artillería. 
— Llegó á sargento mayor. 

N. Núñez ^ hijo del general Ángel 
Núñez. — Vive actualmente en Ce- 
rro-Largo y conserva el grado de 
alférez de guardias nacionales, que 
tenía en la batalla. 

Eiadls^lao ¡Sanguino^ del escua- 
drón de Juan Mesa. — Murió en el 
campo de batalla. 



BATALLA DE CAGAXCIIA 2$$ 

Silverio Mendoza. — Sobreviviente y 
hoy sargento mayor. 

Felipe Coscucta. 

Victoriano Cabral. — Llegó íi tenien- 
te 1.0. 

Salomé Fernández. — Murió en In- 
dia Muerta como teniente coronel. 

N. Chain, de la artillería. 

Juan de Dios Mendoza. — Llegó á 
coronel . 

Eusebio Miranda . — Llegó á tenien- 
te 1.0. — Era soldado de la Inde- 
pendencia . 

N. Lemi'ia, sub-tenicnte , del 2.^ do 
cazadores . 

Clases, soldados ó ignoramos 

su GERARQUÍA 

Feliciano Goiuále.^ , sargento de ór- 



V! 



2S6 APÉNDICE 



dcncs del general Martínez y porta- 

. dor (i Montevideo de la noticia del 
triunfo. — Es de los sobrevivientes 
y tiene la efectividad de coronel. 

Federico Bañas, sargento 1.^ dis- 
tinguido del escuadrón de Juan 
Mesa. — Sobreviviente y hoy te- 
niente coronel . 

Celedonio Miranda, soldado de la 
Independencia, sargento l.^ el día 
de la batalla. 

Juan Benavídez, sargento Ip en la 
artillería. 

Carmelo Maciel , sargento 2.^ . 

Santana Suárez. 

Domingo Cosió ^ del regimiento de 
Luna. — Sobreviviente y hoy ca- 
pitán de inválidos y sargento ma- 
yor graduado. 



i^' 



BATALLA DE CAGANCHA 25/ 

Juan Ojeda^ sargento iP del regi- 
miento de Luna. — Vive actual- 
mente en Cerro-Largo y es te- 
niente coronel. 

Floro Madriaga. — Sobreviviente y 
hoy sargento mayor. 

Santos Correa . — Sobreviviente y 
hoy teniente coronel, general en 
la República Argentina . 

Gregorio Castro. — Sobreviviente y 
hoy general de brigada. 

Mateo Funes . — Sobreviviente y hoy 
sargento mayor. 

Aniceto Graeeras . — Sobreviviente y 
hoy sargento mayor. 

Eugenio Amaro ^ de las milicias de 
Canelones . — Sobreviviente y hoy 
teniente coronel. 



17 



2S8 APÉNDICE 



Cornelio Méndez. — Sobreviviente, 
hoy en Montevideo. 

N. Ferreira . — Sobreviviente , hoy- 
en el departamento de la Flo- 
rida . 

Pedro Chaparro , sargento . 

Cándido Pereira, sargento. 

Pedro Porrúa, sargento. 

Rudecindo Sáeru. — Sobreviviente y 
hoy sargento mayor. 

Indalecio Farsón. — Sobreviviente y 
hoy sargento mayor. 

Nasario N. — Llegó á sargento 
mayor . 

N. Ortiz. — Llegó á capitán. 

Pedro Sanguino, cabo l.o 

Juan Sarlore. 

Juan de los Santos. 

Julián Rodríguez . 



BATALLA DE CAGANCHA 259 

Cándido Gonzálejs^ alias El Boyero.. 
— Sobreviviente y . hoy sargento 
mayor. 

Pascual Costa, proveedor. 

Antonio Masangano, proveedor. 

Francisco Vidal, proveedor. 

Gerónimo Silva, proveedor. 

José Mendoza. — Llegó á teniente 
coronel . 

Domingo Giménez , soldado distin- 
guido de la división del coronel 
Silva . Fué ' herido en la batalla 
cuando, después de echar pié á 
tierra, se precipitó en auxilio de 
su capitán Juan Silva, herido de 
tres lanzazos, consiguiendo impe- 
dir que lo ultimasen, — Llegó á 
capitán . Era hermano del actual 
general Sandalio Giménez. 



26o APÉNDICE 



Celedonio Miranda, de las milicias 
de Canelones. 

Francisco M. Acosta. — Llegó á ge- 
neral . 

José Antonio Costa, — Llegó á ge- 
neral . 

Rafael Gallegos , sargento , de la 
artillería . 

Cristóbal Peigallo, de las milicias 
de extramuros . 

Justo Pastor, de la artillería. 

Cipriano Cames, del escuadrón de 
Mora . 

tRoaqufa Bejas^ de la división de 
Núñez. — Murió en el campo de 
batalla . 

Pedro Bustamante, de la división 
de Núñez. — Llegó á sargento 
mayor. 



BATALLA DE CAGAKCHA 201 

Feliciano Rodríguez, cabo l.^.— 
Llegó á teniente l.<^ 

José M. Faría, sargento, de la ar- 
tillería . 

Francisco Caraballo. — Llegó á bri- 
gadier general. 



FIN DEL APÉNDICE 



ílSriDIOE 



Faginas 



Explicaciones 



Capitulo I 

Montevideo y Buenos Aires. — ^Espirita 
local.— Causas del prestigio de Rivera en 
el Estado Oriental. — Consecuencias de la 
batalla del Palmar. — Recelos de Rosas. — 
Aliento de los patriotas argentinos. — Pre* 
ponderancia de Rosas. — Dispone la inva- 
sión. — Importancia política de la batalla 
de Cagancha • 17 



264 ÍNDICE 



Fáffinas 



Capitalo II 

Invasión de Ecliagüe. — Su confianza en 
el éxito. — Medidas adoptadas por Rivera. 
— Su actividad prodigiosa. — Su pretendi- 
da indolencia. — La linea del Queguay. — 
Ángel Núñez y la división de Paysandú. 
— El general Lavalle en Corrientes. — 
Tentativas acerca de Lavalleja. — El co- 
ronel Latorre. — Desgraciado fin de varios 
jefes y oficiales correntines. — Fuerzas in- 
vasoras y fuerzas nacionales 27 



Capitalo III 

Avance del ejército invasor. — Paso de 
Andrés Pérez. — La retirada hasta el Rio 
Negro. — ^El coronel Núñez. — El pasaje del 
Yí disputado. — Refuerzos de Ecliagüe. — 
Lavalleja y Latorre. — Valor y astucia de 
un soldado. — Continúa la retirada. — El 
general Anacleto Medina. — Momentos di- 



ÍNDICE 265 

Fáglnai 

fícilesk — ^Paso de la Calera. — Cesa la re- 
tirada 48 



Capitulo XY 

Línea del Santa Lucía Grande.— Frutos 
de la retirada. — Intentos de Echagüe 
para romper la línea. — Sorpresa y acción 
del paso de Severlno. — ^El coronel Lucia- 
no Blanco. — Sorpresa ideada por Medina. 
— Tavares, López, García y Cuadra.— El 
coronel Faustino López y la división de 
la Florida. — Sorpresa de las Maulas y de- 
rrota de Vólez por el general Medina. — 
Acción entre Charatas y Arroyo Malo y 
derrota del coronel Ruedas por el coronel 
Fortunato Mieres. — ^Acción del Arroyo de 
la Virgen y derrota de la división de San 
José por el coronel Venancio Flores. — 
Sorpresa de la barra de Casupá y derrota 
del coronel Manuel Lavalleja por el coro- 
nel Domingo García. — Acción cerca de 
San Carlos y derrota del coronel Leonar- 
do Olivera por el coronel Fortunato Sil- 



266 ÍNDICE 



Fáglnat 



va. — Incorporación al Ejército do la arti- 
llería y tres batallones de . infantería. — 
Estado respectivo de ambos ejércitos. ... 55 



Capitulo V 

Composición numérica de uno y otro 
ejército. — E-ivera determina combatir y 
alza el campamento.-^ Retrocede Ecbagüe 
y elije campo en Cagancba. — Disposición 
de las líneas. — Espectativa. — 29 de Di- 
ciembre. — Cómo formó nuestro Ejército. 
— Centro, derecba, izquierda, vanguardia 
y reserva. — El general en jefe y sus ayu- 
dantes. — El convoy. — El enemigo se reti- 
ra. — Reunión de jefes en la carpa de Ri- 
vera. — Los pasados. — La sorpresa 76 



Capitulo VI 



El parte. — ^Restablecimiento de la for- 
mación.— 131 general Rivera. — El escua- 




drón de Juan Mesa.— Et general Uedma 
y Id vanguardia. — Núiiez y Luna. — Triun- 
fo de nuestra izquierila.— El coronel Ni- 
ñez. — El coronel Luna. — El general Lava- 
lleja. — El convoy y los heridos. — En 
nuestra dereclia. — El coronel Silva. — En- 
tra en rceiin H reaerva. — El coronel Plo- 
res.— Momentos diflcUea. — Los gaayou- 
rfis. — Intervención decisiva del coronel 
Núñez. — El general Medina derrota y dia- 
peisa la divisióa del general Lavalleja. — 
Trirmfo en nuestra derecha. — Retirada 
del g&neral fervando Gómez. — En nues- 
tro centro. — Acción de la artillería. — La 
infantería enemiga.— El batallón Volnnta- 
rioa de la Libertad. — El 2.° de cazadores. 
— íl alférez de artillería Enriqne de Ve- 
día. — Retirada del centro enemigo. — El 
desbande. — La diana de la victoria 



La peí secnclón.— Begreso del general 
Rívei-H.— Con caarenta ho ubres ouatro- 



268 Índice 



Páginas 



cientos prisioneros. — El comandante Juan 
Mendoza. — Proclama del coronel Núñez.— 
El Ejército lo aclama general en el cam- 
po de batalla.— Bescate de las caballadas. 
— Bajas en ambos ejércitos. — ^Pérd'das del . 
enemigo. — Maerte de Baña. — La cadena 
rota.— Don Pedro Pablo Sierra. — El Chana. 
—Parte del general Martínez. — El sar- 
gento Feliciano González. — El viaje. — Don 
Luis Lamas. — El Fuerte. — Cómo es reci- 
bida la noticia en Montevideo. — ^Partes 
del general en jefe.— La noticia del triun- 
fo en el País. — ^í'estejos y entrada triun- 
fal ¿ Montevideo • 121 



Capitulo yin 

Biveía supo ejecutar la v'ctoria. — Las 
naciones pequeñas son más aptas para la 
defensiva. — Cómo Bivera liizo práctica 
esa verdad.— Aplicación actual en la eje- 
cución do la victoria. — Las partidas loca- 
les.-r-Fraccionamiento y dispersión del 
enemigo.— TJrquiza pasa el Uruguay.— 



ÍNDICE 269 

Páginas 

Los generales Echagüe, Gómez y Garzón 
pasan el mismo río guiados por Valdez. — 
El gobernador López. — Incendio de la es- 
cuadrilla nacional. — Saqueo y degüello en 
Belén. — El general Manuel Oribe. — Eosas. 
— Frutos de la victoria. — Rápido engran- 
decimiento y prosperidad nacional 143 



Apéndice 

A. — Comunicación *de Ecbagüe al go- 
bernador Eosas 161 

B. — Carta de Rivera á Lavalleja. ..... 167 

C. — Partes de lá batalla de Cagancha 
pasados por el general Rivera. .......... 173 

D. — Parte del general Ecbagiie 185 

E. — Carta del general Oribe 193 

P. — Saqueo y degüello en Belén 203 

G.— Del general. Eduardo Vázquez so- 
bre la participación del comacdante Juan 

Feliciano Vázquez 207 

H. — ^Del sargento mayor Do mingo Co- 
sió sobre la participación del coronel Jo- 
sé María Luna 219 



270 ÍNDICE 



FáEinaa 



I. — Del general Yentura Rodríguez so- 
bre el pasaje del general Urquiza por la 
barra del Arroyo Kegro 229 

J. —Nómina do los que tomaron parte 
en la batalla de Caganclia 239 



FIN DEL Índice