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Full text of "Islas Baleares;"

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Islas Bale 





Islas :3a 






D. Pablo Piferrer'^í D. J 



FOTOGIIABADOS DE JOARIZT 

Dibujos de Obiols Delgado — 



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BARCEL 

ESTABLBCnOERTO TIPO6RÁFIOO - EdITORIí 

Calle de Pallar-s ( Saló 

1888 



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OüÉNTASK de aquel grande empera 
bando á Mallorca de paso para 
de Argel, como los naturales le acogie 
tras de regocijo, y viese él la pompa c 
de los adornos^ dijo entre la admiració 
centrado había un pueblo ignorado y i 
dijo el Emperador ; pues duraba aún € 
res el esplendor que el comercio levant 



VI 



INTRODUCCIÓN 



anteriores; su nobleza, no retirada todavía al fondo 

lacios, amaba los juegos del palenque y la bizarría ei 

y comerciantes y marinos de naciones diferentes ]]< 

plazas y sus lonjas. 

Si así desconocida entonces en su valor político — 

los grandes descubrimientos en el Océano y las círc 

de los tiempos le fueron quitando después, — eslo po 

ahora en su importancia artística y literaria, ya que n 

artistas ni nuestros literatos han extendido sus pereeii 

más allá de las orillas del Mediterráneo. Un solo espaf 

el claustro silencioso ó desde el sombrío castillo donde 

cono la envidia cortesana, alzó el primero una puntai 

que cubría los monumentos de la isla. Hombre educa 

rigor de la escuela antigua, no vaciló en evocar las somi 

ctosas y esbeltas de la Edad-media ; y dotado de un 

quisito y de saber profundo en las Bellas Artes tan * 

sólidos pasos dio por aquel nuevo sendero, que si ali 

recorrerlo después, anduvo sobre sus antiguas huella 

mos de Jovellanos — uno de los no menos aventaiad 

dores del buen gusto en España, y otra de las vivas lui 

que ya en el reinado de Carlos Oí nos mostraron el 

un verdadero progreso intelectual, que oi remotamenti 

siguiendo después, hasta estos últimos tiempos S i 

constancia suavizaron su cautiverio, v ureminf^^^ > i 
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de la isla los nombres de los autores de «nc ^^ 

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juicio hizo objeto de estudio á lo que sólo debía i 
y melancolía (a). 



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^ y San Francisco. los prin-ipsltí !r.^,«fS',~ t— ,-.; ct J^/°^^^^^^^ ^t ^a 
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a al fondo de sus pa- 

bi:sarría en las galas; 

¡ferentes llenaban sus 

>r político — valor que 
no y las circunstancias 

és, eslo poco menos 

ria, ya que ni nuestros 
io sus peregrinaciones 
Un solo español, desde 
castillo donde le arrin- 
íiero una punta del velo 
Hombre educado en el 
I evocar las sombras gra- 
dotado de un gusto ex- 
llas Artes, tan seguros y 
dero, que si alguno osó 
> antiguas huellas. Habla- 
nos aventajados restaura- 
ra de las vivas lumbreras, 
5 mostraron el camino de 
lue ni remotamente fuimos 
)s tiempos. Su aplicación y 
/ preguntaron álos archivos 
5 de sus monumentos ; y su 
)ló de visiones airosas y dul- 
cárcel, al paso que su sano 
le sólo debía serlo de horror 



ellver, los conventos de Santo Domin- 
ntos de Palma, el panorama de la isla 
a de la Cartuja de Valldemosa, han te- 
leí que más se adelantó á su época en 
ón moral y en importancia literaria. 



\v 



Mas — sea dicho con el respet 
profesamos — sus trabajos fueroi 
su triste posición, ni el estado de 
natos ; y cosa harto asombrosa eí 
tad y con solo aquel gran discerr 
tan excelentes como duraderos, < 
sistemas más adelantados. 

Los anticuarios del país no hs 
la senda ya trazada por aquel es< 
sin andarla toda, sin la imaginaci< 
la abundancia y firmeza de los co 
nombre esclarecido : más que á la 
mental y artística, han dedicado 5 
binaciones histórico-locales ; y c< 
suena en medio de las olas del 
producciones no han llegado al o 
recieron de la publicidad é imp< 
apreciables y conocidas (a). 

Bien podemos, pues, afirmar < 
literario es Mallorca un reino ocu 
españoles ; y que, si buenos inger 
concienzuda particularización de s 



(a) Dameto en el primer tercio del sigl 
Alemany á la entrada del xviii, dieron co 
Horca, más defectuosa en el criterio que er 
gran parte, que dejó Binimelis acumulad 
dedicaron luego el erudito D. Ventura Sen 
dignísimo apologista de Lull; mientras qu 
nos p. Cayetano de Mallorca y P. Luís de 
rrassa, y otros en época posterior, compila! 
en este siglo el que se ha resignado á dejai 
gran provecho, y ojalá hubiese tardado 
del P. Villanueva d la iglesia de Mallorcay 
caciones. Entre las innumerables de Bover 
servicio. En clase de apuntes manuscritos 
délo los del paborde Jaume. 

(i) Aludimos particularmente á los \6\ 



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í N T R a D U e o I ó M-í 




lia isla un tratado completo, que en las i 
pierte amor á sus glorias pasadas y vener 
tos y preciosidades presentes. 

Tal vez no son tantas las fábricas que' 
pueda parangonarse con las demás provine 
posición de las mismas es tal, tan pintaras 
ellas no abundan, que compensan amplían 
llezas naturales. ¿Cómo no admirar aquella i 
cuyo seno adormida Palma levanta a) cielo s 
dral y su lonja, ó se mira en el espejo de las 
la vecina cumbre vela el antiguo Bellver, % 
muros? Valldemosa asoma entre riscos, belfa; 
con la sencillez de sus habitantes; y en med/ 
salvaje y retirado destácase la Cartuja, hoy de 
ciosa. Andraig, Bañalbufar, toda aque/Za cosíb 
das pintorescas, y torres ó atalayas en las R¡tui 
rrámase por las laderas de una colina y por el f< 
á la sombra de escarpada eminencia, y al son fn 
corrientes que bullen bajando entre las hojas; a 
tafias Sóller cubre el llano con la innumerabilidat 
jos, que embalsaman el aire; y en Arta ía natural 
á los ojos del viajero un espectáculo, que la hace 
do los monumentos, y cuya impresión le acompaña 
desde el alcázar del buque dice adiós á ía isla que 
dose en una línea inmensa y azulada. 

Sobre aquellas fábricas, sobre estos sitios pintón 
las sombras de lo pasado, y la tradición que anima 1 
solitarios puebla también los rotos castillos. Aliíelct 



literario La Palma{a), D. José María Quat^f^do, D. ToiD4f A^uíb v D 
Montía, que en aquella produccLÓn hickron mtjtstra de tx^tJ 
punto á literatura y íilüSofia, de cxquisiirjf; conoí:imit.':3roSí:u /^ft^ 
tria, y de buen gusto y acit-rto en el modoctt iralarla. 



f«) Duró su publícadÓD dcAde pj-incipio* de Octubre úet^^o bsij f^^ de Abril á 



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demás provincias des- 
eración á sus monumen- 

je adornan su suelo que 
'incias españolas; masía 
)rescos los sitios donde 
Uamente su falta las be- 
ella espléndida bahía, en 
;ielo sus torres, su cate- 
de las aguas, mientras en 
Iver, ceñido de espesos 
;, bella con su aspereza y 
-n medio de aquel lugar 
., hoy despoblada y silen- 
ella costa ostenta ensena- 
1 las alturas; Deyádespa- 

y por el fondo de un valle, 
y al son fresquísimo de las 
is hojas ; cercada de mon- 
amerabilidad de sus naran- 
tá la naturaleza despliega 

que le hace echar en olvi- 
íi le acompaña aun cuando 
; á la isla, que va hundien- 
tes sitios pintorescos vuelan 
:ión que anima los peñascos 
astilles. Allí el celta sencillo 



o, D. Tomás Aguiló y D. Antonio de 
uestra de excelentes principios en 
nocimientos en la historia de su pa- 

iratarla. 



y desnudo amontonó sus túmu 
plantó sus águilas; el árabe vi 
llamó á sus pueblos; las hazañas 
llenan todas las comarcas; y tód 
fortalezas, que un tiempo resona 
en que una era la sangre de v 
grito de la sublevación y d¡sensi< 
gracia al esplendor de Mallorca. 
Constantes, pues, en nuestro 
lazaremos la historia con la de 
monumentos; mas perdónesenos i 
creemos no fuera inoportuno, ani 
de los recuerdos y bellezas de la 
más antiguas, y presentar reunid 
chos anteriores á su restauración 
mente encontrarían buen lugar e 
turales. Además, la osada exped 
neses al mando de D. Jaime y la 
para mentadas como incidentes; 
parte de las páginas y las más 
Horca, bien les corresponde ocup 
carse sobre el suelo en que el m 
tecimientos son los que valen im 
nos que principiemos por hacer 
despierte en el lector deseos de 
cione. Sabidos son los altos he 
dominadores del orbe; y hoy el 
tos de su tránsito sobre la tierra 
lo que leyó en la historia. La de 
armonía de los romanceros pe 
ancho Danubio y del Támesis n< 
entusiasmo ; y los hijos del norte 
sadora, atraviesan la Europa pai 
tusiasmo al pie de las mezquita 



¡40 hasta fin de Abril del »iguiente año. 



VI INTRODUCCIÓN 



anteriores; su nobleza, no retirada todavía al fondo de sus pa- 
lacios, amaba los juegos del palenque y la bizarría en las galas; 
y comerciantes y marinos de naciones diferentes llenaban sus 
plazas y sus lonjas. 

Si así desconocida entonces en su valor político — valor que 
los grandes descubrimientos en el Océano y las circunstancias y^\ 

de los tiempos le fueron quitando después, — eslo poco menos 
ahora en su importancia artística y literaria, ya que ni nuestros 
artistas ni nuestros literatos han extendido sus peregrinaciones 
más allá de las orillas del Mediterráneo. Un solo español, desde 
el claustro silencioso ó desde el sombrío castillo donde le arrin- 
conó la envidia cortesana, alzó el primero una punta del velo 
que cubría los monumentos de la isla. Hombre educado en el 
rigor.de la escuela antigua, no vaciló en evocar las sombras gra- 
ciosas y esbeltas de la Edad-media ; y dotado de un gusto ex- 
quisito y de saber profundo en las Bellas Artes, tan seguros y 
sólidos pasos dio por aquel nuevo sendero, que si alguno osó 
recorrerlo después, anduvo sobre sus antiguas huellas. Habla- 
mos de Jovellanos — uno de los no menos aventajados restaura- 
dores del buen gusto en España, y otra de las vivas lumbreras, 
que ya en el reinado de Carlos III nos mostraron el camino de 
un verdadero progreso intelectual, que ni remotamente fuimos 
siguiendo después, hasta estos últimos tiempos. Su aplicación y 
constancia suavizaron su cautiverio, y preguntaron á los archivos 
de la isla los nombres de los autores de sus monumentos ; y su 
imaginación poética y halagüeña pobló de visiones airosas y dul- 
ces por añejas los aposentos de su cárcel, al paso que su sano 
juicio hizo objeto de estudio á lo que sólo debía serlo de horror 
y melancolía {a). 



{a) La Catedral, la Lonja, el castillo de Bellver, los conventos de Santo Domin- 
go y San Francisco, los principales monumentos de Palma, el panorama de la isla 
observada desde el citado castillo, la historia de la Cartuja de Valldemosa, han te- 
nido la insigne honra de ocupar la pluma del que más se adelantó á su época en 
intuición artística, no menos que en elevación moral y en importancia literaria. 




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g^nadtnos, y seguir en todas %xk% fases el idealismo dtj 
pueblo á la par de su engrandecimiento y pujanza. En 
partes la historia ha dado un nuevo valor al monumenti 
ha animado las comarcas y ñjado tas miradas del viajero 
llanuras, donde algijn día corrió sangre humana por la 1 
ó por la servidumbre, por el interés común ó por la ambi 
uno solo. 

Abramos, pues, los anales ntallorquines, y apunta) 
épocas que más descuellen, ensayemos una relación de 
notablCí así en fábricas como en bellezas naturales, c 
Mallorca. Esta empresa acometemos, si con buena volunl 
la desconfianza que deben de inspirarnos los recursos | 
la dificultad del asunto, en que así hay que huir de exí 
alabanza como de crítica desordenada, ya que á vuelt:j 
perfección va en él la medianía, y sobre todo el habew 
más de sus partes tratadas por el gran Jovellanos, ^n^v 
con maestría, interés y conciencia, ^ 

Nuestra manera de ver en arte, bien consi^ 
el tomo de Cataluña : antes que la eje^jj>/^ 
la poesía y la filosofía ; consultamos las épod^. ^^'dij 
nada calificamos de insignificante, aunque ^ V k ¿j 
sea, si lleva consigo algo que caracterice \ik ^^^ la^ 
ú ofrezca interés para el estudio de traj^^ ^^ de] ^^. 
de estas consideraciones, admiramos la \ . ^^ ^^t^\\ 
en este particular tal vez sólo con cietV ^^ de 1^^ 
mos exclusivistas. Amamos el bizan^^ ^^''eros m 
za, en sus triples arcos cilindricos, ^ , ' ^ ^l ^r^v4^ ^ 



res ó cuadrados machones y capital 
encontrar su elegancia; el gótico ^3 . "^^^'''cJioso "^"^ 
si así puede decirse, y para nosotfo ^^J^^o ¿^ ' P^'^í 
filosófico, bello, y sobre todo ^I ,^ ^' ""^^espir- '^^^^'^^ 
respeto y atención ni al plater-»^ ^ *^'"'stiann '^'^"'^''Pr 



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ble greco romano, aunque ^n ,^ "'^ado y "^ «( 

nificación aplicado á los uj ^«tro ^^ ^ '•'enüdo, ^. 



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y fijado ,„:*;:',~™f 

nr^r^'x ^* Viajero en as 

reí interés común ó por la ambición de 

ometemos,s. con buena voluntad, con 

qué a?;r" '" '^^"'-^ P-P-. 

^so^enada ya que é vueltas de la 

'«n/a y sobre todo el haber sido las 
por e, g,.„ Rellanos, que esdec.V, 

^ en arte, bien consignada está en 
an es que la ejecuctón busca„,os 
.ultamoslasépocasyía historia, y 
Meante, aunque según las regJas lo 

■eca«cteríce una faz del arte„,/s„,o, 
udio de trajes ó de detalles. Fuera 
■niramos la belleza de Jas formas, y 
o con ciertos géneros modernos so- 
'l bizantino, y al través de su rude- 

ncos. anchos dinteles, gruesos pi/a- 
capiteles caprichosos, procuramos 
tico es el objeto de nuestro culto, 
osotros el más espiritual, profundo, 
el más cristiano; y no negamos 

•esco delicado y menudo, nial no- 
"uestro sentir carezca éste de sig- 
•eí'giosos, y sea como quien á los 



¡ N T RO DU 



dos mil años de sepultado resucita 
con el mismo traje, habla, pensar 
que vivía. 

Amantes de lo que es antiguo 
mos en lo posible la memoria de 
cuales debe España sus mejores e 
vos no nos arredra; y cuando con; 
bre ilustre al diente roedor del tíei 
tramos viva satisfacción y la mái 
persuasión de que, si nuestros ti 
aquel nombre se pronunciará al ha 
mayor gloria de la España habrá i 
man sus copiosos anales artisticoSj 

La palabra destructora de los 
revolución han pasado como un so 
monumentos, y numerosas ruinas 
á lo que fué, mengua cada día ; y 
lumbres y las tradiciones — rica y. 
nidad, — van desapareciendo hoja 
las reemplacen y embalsamen la v 
zada, nosotros abogamos por las ( 
ñas costumbres, y pedimos á las ti 
no hacemos más que lo que nos t 
mas, y nuestra convicción de que, 
los sentimientos, particularmente < 
de los individuos las ideas que hai 
tituciones y de vínculos á la sociec 
á los hombres en máquinas polític 
de la máquina, sin que para pon 
cuenta otra cosa que los abstracta 
imperfectas son las sociedades, y 
raderas. 



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Mar^ode 1842, 



J-^. 



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INTRODUCCI XIII 



los que alcanzaron á conocerle. ¡Es tan rápida la corriente del 
tiempo y tan corrosiva su acción! 

« La índole de las tareas y el carácter de Piferrer, impidie- 
ron á su celebridad tomar el rápido y dilatado vuelo que logró 
la de su compatricio. Cuando la juventud literaria evaporaba su 
numen en folletines, revistas y semanarios, á cual más efímeros 
y pasajeros, cuando enmudecían nuestras academia3 y corpora- 
ciones sabias, un joven apenas de veinte años, sólo conocido en 
Barcelona por algunas páginas, menos faltas de genio que de 
corrección, se asocia con un hombre emprendedor (Parcerisa), 
que aprende la litografía sólo para perpetuar en láminas los 
amenazados monumentos de su patria y consagra á la realiza- 
ción de este osado pensamiento todo su tiempo y su escasa for- 
tuna. De esta asociación nacieron en 1839 los Recuerdos y Be- 
llezas DE España: ensanchóse el plan en la ardiente cabeza 
del joven escritor; los monumentos le condujeron á la historia, 
la historia le despertó la ambición de esclarecerla con no cono- 
cidos datos y documentos. Viajaron por el Principado, que ar- 
día entonces en guerra civil, los dos intrépidos artistas, uno con 
el lápiz, otro con la pluma en la mano; arrancan su secreto á 
los archivos, su explicación á las ruinas, y ricos con su botín 
dan á luz el primer tomo de Cataluña con un lujo y esplendi- 
dez nada común entonces, y con una copia de investigaciones y 
un calor y belleza de estilo menos común todavía. Terminado 
su primer ensayo, con el cual se mostraba aflos después harto 
, riguroso y descontentadizo, emprendió Piferrer á los dos años 
el tomo de Mallorca, desarrollándose y mejorando sus facul- 
tades con tal rapidez, que asombró á los mismos que en él cifra- 
ban las más lisonjeras esperanzas. En 1844 emprendió el se- 
gundo tomo de Cataluña para llenar los huecos del primero; 
pero la extensión colosal dada á su idea, y otros obstáculos per- 

cnnalpQ nsirsilizamn tantn rii onhlicadAn. nii#* la muerte le en- 



vellanos, en que se admiten ya con sobriedad algunos s€\ 
adornos, es lo único que teníamos en este género* La obn 
Piferrer es un poema, es un Child Harold artístico; y si de ; 
puede tildársele^ es de cierta exuberancia de imaginación \ 
sentimiento. ¿En qué página no se ven brillar pensamie 
grandes, enérgicos, delicados? ¿Con qué maestría no pas¡ 
las regiones del idealismo á las de la historia, y de la men 
ca del arte al examen de una institución social ó á la aclara 
de un punto controvertido? El monumento se anima baje 
plumap lo acaricia, lo pone en movimiento; desentierra de 
vido el nombre de sus artífices, modestos como él é ignora 
Una arquitectura^ apenas conocida á la sazón, la bizantina 
debe, merced á largas observaciones, el descubrimiento de 
reglas, de su tecnología, de su distribución y místico se^^ 
Sí, las artes deben mucho á Piferrer, no temo decirlo 
continuador de su obra: cuanto doy á su parte inventivv 
tanto quito de la mía, y en este justo cuanto dulce V ^ 
experimento una complacencia superior cien veces áV^ ^^ 
propio, ^^1 

i«En 1844, ni sus achaques ni sus ocupaciones 
ya dar cima por sí solo á su grandiosa empres^ ^^ p^ff^ 
diente y sensible, aunque encerrada en robu^k ' ^^ a/fj| 
por fin á minarlo y á gastarlo con sus arrai\^^ ^^^po 
con el incesante estudio. Su actividad redaVí . ^^^U^U, 
partía sus horas entre la biblioteca y la (s¿. s/fj ^ . 

en 1846 produjo á la vez su metódica Cíí\^ . '"^ de (j*^ 
pañoles acompañada de biografías ^ y si^ j. ^ ^^ c)á * ' 
cusían^ basada sobre ideas altamente ^t-^ ^ ^'^^ladíi r 



^Of^ 



e^ 



y í^/i 



ada^ 



cusion^ basada sobre ideas altamente c^^, 
de la cual no aparecieron sino muy poea -^ 1 cí * 

tenía un lugar entre nuestros poetas A ^^^^2^$ Py ^^^ 
lira alternaban los sonidos más duU«_^ P^irner n»*j '^''c 



Os 



^á% 



enén 



■gjcos. 




Jig^nííico poema; éste era el objeto ideal, el amor constante de 
i fantasía; entreveíalo en el porvenir como un monumento de 
ioria, aplazábalo para una época de completa salud é indepen- 
dencia, y sin duda allá en sus últimos instantes le habrá dado 
in adiós tristísimo como á visión querida que se desvanece. 

»Lra imaginación de Piferrer tenía el carácter grave y me- 
lancólico de las del norte; pero la fe con su antorcha disipaba 
los nebulosos vapores que pudieran ofuscarla. Era su alma emi- 
nentemente cristiana, y no podía rendir culto á lo bello, á lo 
grande, sin remontarse luego hasta Dios. Su mirada apacible, 
su frente despejada, su rostro pálido é interesante : en su vida 
interior enérgico y firme, en el trato social harto tímido y mo- 
desto, prenda que le ganó el aprecio de cuantos le trataron en 
su único viaje á Madrid en el postrer otoño de su vida, descu- 
briendo en él un tipo casi inverosímil del hombre literato. Ins- 
piraba y sentía afectos vivos y constantes, y aunque se quejaba 
de desengaños y sequedad de corazón, revelábase éste natural- 
mente afectuoso : amante noblemente de la gloria, lo era toda- 
vía más de la de sus amigos, y no perdía ocasión de sobrepo- 
nerla á la suya. Consagrado desde su edad primera al sostén 
de una anciana madre y de unos hermanos, de cuya Emilia era 
único apoyo, y aguerrido en las tristes realidades de la vida, 
eximióse de los locos devaneos y de los dolores ficticios que 
agitan á tantas existencias juveniles, y conservaba un no sé qué 
de candoroso. Aunque retraído de la sociedad, su nombre era 
popular y querido en Barcelona, especialmente entre la juven- 
tud que le reconocía como á su jefe de escuela. Su entierro fué 
una ovación ; las autoridades y corporaciones principales, la flor 
de sus compatricios acompañaron su féretro, y eso que no en- 

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primer golpe de vista resalte la bella obra primitiva desli[|« 
de sus forzosas añadiduras. 

José María Qüadrado 



w 





•ITULO I 



A antigua de Mallorca. — Árabes, 
rovenzales é italianos.— Último período de la 
ilnación sarracena 



todos los pueblos abundan de historias 

de su origen y población primera ;* y á 

di excitado la severidad de la crítica, tal 

sele explicación volviendo los ojos á nues- 

la en el hombre un afán de abarcar lo más 



,«-^ ^ 1. 



.-.: J« 1-^^ 



^«^•w« w\r^c 



As». 



^^ 



**^* 



los siglos, en reparar, cuando no en forjar los anillos rot 

señalar á aquella el pilar de donde parte. Sentimiento 

que revela su destino perecedero, y cuadra perfectainen 

su condición. Aquella noche espantosa y profunda, que er 

los principios de los siglos y de las civilizaciones, respira 

inmensidad, y tan lejanos y confusos hace que aparezcan 

otras en su vislumbre, que achica y como anonada nuesti 

y si nos atrevemos á formar de él una idea, á volver 1< 

hacia nosotros mismos, sí así puede decirse, nos encon 

con estremecimiento y dolor perdidos en el mar in fin ice 

humanidad, como imperceptibles fracciones de un todoini 

rabie y continuo, destinados» como las generaciones que I 

á parecer, pasar y desaparecer. Así se place el hombre ( 

n¡r, bajo una ojeada fácil, los elementos históricos de sus 

pasados, quitando en lo posible lugar á la íncertiduir 

asiéndose á las tradiciones más oscuras, si ellas resuel 

puntos dudosos: forma, digámoslo así, una historia de fa 

con aquella reunión ficticia de todos sus miembros se en 

sí propio, y se consuela de su mortalidad. 

Mas, aquellas tinieblas que se ciernen sobre el hc\^ 

los tiempos primitivos, y por las cuales cruzan, ser^ ^ 

veces, ráfagas ardientes que dejan entrever los conV ^| 

objetos; aquellas tinieblas subliman el alma á n^'K xon 

funda, le abren las puertas de los espacios, y la ^d/tai 

tor de todo principio. En alas de la ciencia y A|^ ^^^íJdur 

vase ella adonde la lobreguez no alcanza, y d ^^tu^;. 

espléndida su mirada ve lo que no antes: el ^^ioi, i 

rrámase á una y otra parte; las razas se t^ ?^^ro k 

se chocan; las civilizaciones se suceden. % '^caíj 

*a'c ^ **^ 

pujan , los territorios se pueblan , y aqn_t. P°bíaci 

en las fuentes de una misma cumbre, tj_- ^ '"'Os, „ ^ 

ro, cada vez más crecidos, desbordan ai r ^ ^* e? ' 

olvidados de su común origen, se disn S&r á ^ ^^ 

límites. ^^*^« Con f..^ ^^^n 



""^^ fiír, 



or 



SUs 



Jj] 




ISLAS BALEARES 



timimo es este 
ictmente m 
f que ^nvuévt 
f€$p¡n fa/ita 
^e^canufjosy 
nuestro ser; 
^er ¡os ojos 
¡contr^mos 
nito de k 
¡nmeasü' 
€ fueron, 
en reu- 

bfc, y 
en los 
¡lk,y 
ñi i 



de 

}S 



I 



Así se pierden, en la noche de los tiempos, 
la historia mallorquína, y así quizás debió la ísl 
vaivén é invasiones sucesivas de las razas céltí* 
los vecinos países litorales del continente. Las ; 
nos y pelasgos percíbense confusamente al foncil 
dones {a) ; y Hércules, el tipo de los esfuerzos 
ros en la carrera de la civilización, también ap 
entonces, si graves autores no mienten, escuchs 
y memorias antiguas de los isleños, en que esta.1 
historia de su origen. Dando á semejantes noticz: 
ya el lector juzgará debérseles, ello es que exist: 
monumentos, que en sí llevan el sello de una ne- 
tísima. Masas enormes, toscamente labradas, so 
á otras, ya en forma circular, ya en triángulo, lia 
en varios puntos de la isla: ora se alzan en pira 
numerosas del distrito de Campos; ora algún; 
agrupan misteriosamente al rededor de otra mayí 
en Arta; ó bien blanquean en la punta de una le 
cerca de Manacor. Aunque desmoronadas hoy ^ 
tienen su puerta, formada de dos grandes pedru 
veces de jambas, y de otro que, á manera de di 
se apoya. ¿Fueron sepulcros de los primeros p^z^ 
tactones suyas, ó sagrada mansión de sussacerd^z 
rar esta cuestión, preciso sería saber qué relig- J 
Nada confirma que fuese la suya la delosdrúid^^^ 
ha pretendido; mas la historia nos dice que se ^^ 




V 



(dt) Abstúvo&e cuerdamente PSfcrrer de dar por averiguad ^ ^ 
oiittvoB pobladores de MaHorca, ni á la luz de las fábulas, eti t-^^^ ^^ t^a^a de i 
cias sacadaB de la clásica antigüedad por los historiadores de^ 5^^^Sías v 

de las modernas investigaciones etnográlícas, cuyos progre^ ""S^Io xvr* 
Jas cuales habría acertado ú discernir, como en todo lo prehis 1;--^ ^ ^ <í o alca ' ^ 
hay de ciencia de lo mucho que hay de hipótesis y sistema. F=» *"*<^o '- ^ 



trij 



lo 



poce 



sumo de llenar este vacíOi dado que lo sea, mientras no cmpr-«^ " **^t pa 

tu dio que reclamt, si hade formar parte de un trabajo general *^^a ^.i ^ ^ ^^ 

■='13 epoc 



ISLAS W ALEARES 



trucciones semejantes donde quiera que habitaron pueblos de 

r. A Af^ -sus grandes ramificaciones ibera, etrusca, 
raza europea o ae í»ua ^ 

céltica y gala, entre cuyas prácticas supersticiosas menciona j 



veces las que co 



nstitutan lo principal del druidismo. Adema 



aquel mismo 



arte con que están alineados los pedruscos y la 



grandes dificultades que para ello hubo que vencer, son nolevr 
indicios de que los erigió una civilización antiquísima; y si 
erto que el tipo etrusco se echa de ver en el recinto de la ' 
race bárbara, y que los tirrenos entablaron relaciones con 
habitantes de la costa oriental de España, tal vez habría I 
á atribuir á esos pueblos el origen de estas obras. Sea - 
fuere la posteridad las ha llamado con el nombre de con 
clones ciclópeas: y si la antigüedad fingió agigantada es 
en los primitivos pelasgos, y con el dictado de Titanes 
presentó escalando el cielo y hacinando montañas, traslí 
se en imaginación á aquellos tiempos apartados, calcula 
medios de que podía echar mano el ingenio del hom" 
favor del incierto crepúsculo de que la lejanía y la dud 
deán, no es difícil ahondar el sentido del símbolo, figí 
gantados los antiguos habitadores de Mallorca , y ^ 
fuerza espantosa, sin ningún auxilio mecánico, arran 
montes aquellas masas, moverlas con fácil mano, 
sobreponerlas unas á otras (a). 

Afortunadamente el orgullo romano, que se de 
tropear su lengua sonora con los nombres de los 
bares, privando de este modo á los venideros de i 
to exacto de las costumbres, leyes y situación d 
apuntó la memoria de las prendas en que sobres 
res, y alguno de sos usos guerreros. 



•^y. 



(3) Eo el cap. IV de la tercera partt 3t evt.rnH i 
...es u. e....o .an profundo .Z e^^sr ^r„?:;. 






ISLAS BALEARES 23 

Desnudos se abalanzaban al enemigo, bien que en la paz, y 
mayormente en invierno, se cubrían con sisirnes ó pieles, de las 
cuales se despojaron después, cuando los fenicios les enseftaron 
á vestir túnicas adornadas con anchas guarniciones. Aunque ar- 
mados con broquel y lanza corta, era su arma peculiar la honda, 
en cuyo manejo no conocieron rivales: ceftíanse tres al rededor 
de la cabeza, ó una en ésta y otra en la cintura á manera de 
faja; hacíanlas de mdancrania^ esto es, de crin ó de intestinos; 
y si no es infundada aquella tradición que asegura que los pa- 
dres negaban á los hijos el alimento, si primero no lo habían 
acertado con la honda, no es extrafto que sus pedradas fuesen 
tan certeras y atravesasen á veces las mismas armas defensi- 
vas. 

Así los conocieron los foceos, que en la isla se avecindaron 
en cinco poblaciones, á cuyo conjunto llamaron Pantaleu {a)^ 
denominando gimnesios á los naturales por su destreza en su 
arma favorita ; pero ni ellos ni los fenicios, que acudieron des- 
pués, se aprovecharon de aquella habilidad guerrera. Á los car- 
tagineses, que por los aftos de 550 hasta 480 antes de la era 
cristiana fueron extendiendo su dominio por el Mediterráneo, 
estaba reservado valerse de aquella arma, cuya utilidad, á su 
llegada á Mallorca, con tanto rigor y dafto suyo experimentaron. 
Aliados entonces con el imperio cartaginés, pasaron los baleares 
á batallar en el continente español y en Sicilia ; y cuando el 
grande Aníbal realizó su gigantesca marcha á Italia, ellos for- 
maron parte de la vanguardia española, y á la par del arrojo de 
la caballería ibérica y de la firmeza de los peones celtíberos, sus 
hondas no fueron las que menos contribuyeron á las victorias 
del Tesino, Trebía, Trasimeno y Canas. 

Ese ardor guerrero no se entibió en los mallorquines, ni 
cuando la estrella de Cartago empezó á palidecer: aventuraron- 



^4 



ISLAS BALEARES 



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'• ;> i- 



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se á los azares del mar, y de acuerdo con Jos isle 
diéronse á tan rigurosa piratería, que casi arruinaroi 
los establecimientos romanos en la cosu espafiola . 
Quinto Cecilio Mételo recibió el mando de la expec 
gada de sojuzgar la mayor de las Gimnesias- y log, 
hubo, trajo á ella gran número de ciudadanos de 
españolas, fundó Palma y PoUensa, y engrandeció c 
cones: lo cual le valió en Roma los honores del tri. 
nombre de Baleárico (a). Incorporada de entonces á 
cas del mundo romano, y formando al principio par 
pana ctenor corno la suerte de aquel grande imp« 
bien su posicrón en n.ed.o de los maresla alejó del 
de los sucesos, que acabaron primero con 1 * 
fueron minando el trono de Inc r¿ " * '"epúblic 

^ "'^ ^^sares, no la libert 



{«} De Floro y de Estrubún proceden 1, 
oión de Mételo, realizada, según com,-,„„"°''"" "«'<:'«» accrcíi 
fué el 6 j , de la tund.ci6„ de "oma y ,"■"""*"• *" "^' «"» de .u e 

dad, así el busto de mármol ffi.*„„; ^^^^® cíe Cristo r». 

de algúc flamen, como la, medall, ' „ """"^ ^- «"^''''ventirri 
simple reconocimiento de «ícrtn^ * "nonedas que '>■ „ "'"" * 
ca é Cneo. «^iio dei gra» p;',^; ^'J-^rega vl"^^^^^^^ 
recuerdos históricos de esta. ■ i ^ ^ ''"bo de cm..» '"" 

tlgio, del eireoinmediato, £"''''*'' '»<*ominS^^^^ 
locadas en nna pnerla de^M Íe r™' "*= ^l^nd a !/, ""'""^y* ' 

pasan de cuarenta la, scRund" ^' "«"wdas v \i^l "'*°"«'«:ni<J 
Mallorca, de veinte la¡ de « * '" '" «"'yor nJf'^"'** °° ''«HaJ 

lear: Oppiííahabet rt,,í„« i, ''í^'ente frase i. ""'*' P"bll 
«.Vi (Otros códiees clZ^T'"'""^ ^«'l^X'» ''*'""- 

cia ««cedería los limite, í''' ^''"' «^^cutir su" , ^"'""" ^' nui 
únic. de la isla de .„ C^- ^-Oonj y «,„,;»; ¡fo de ,os d J 
trar.a, s.n duda Forinente» 1 '"'''''' '''"""m en "" "^«"^í 
Cabrera, y enfrente de Uri.^ ^"^ "niUas de t. "'*"'"" "n ■ 
que otro. Icen í^W, d a'S' ."' "^"""^ 1-. ier*:"' ''^'*-| 
'Í-) Ha«a fine, del ^llT '""''» '^'^^¡^niTT'^^ '' '"- 
tjtu.r prov.nc,a aparte ifX' *""'* P°r ord ° '"'""inableJ 







vasiones de aquellas hordas vandálicas y godas, que el dedo de 
Dios lanzaba sobre el gangrenado cuerpo romano, á la par como 
instrumentos de exterminio y de purificación regeneradora {a). 

Pero la historia de aquellos varios dominadores, bien que 
interesante al literato y al anticuario, nada dice que pueda des- 
pertar nuestras simpatías y atención, al paso que frecuentemente 
la interrumpen vacíos, que abren la puerta á toda suposición y 
á la incertidumbre. Su período se consumó ya sobre la tierra; 
y el nuestro salido ha de los que fenecieron ayer, y con ellos 
está enlazado. 

La verdadera historia de Mallorca, pues, comienza entonces 
cuando los muslimes, dueños ya de España y poderosos por 
mar, en 798 atacaron y saquearon las islas (6). Aterrados con 



(a) Los vándalos fueron, y no los godos, los que, invadida la Bética, se apo- 
deraron de estas islas hacia el año 426, igualmente que de las de Córcega y Cer- 
deña, formando de todas ellas una de las provincias del reino que en África fun- 
daron. De esta suerte las diócesis de Mallorca y Menorca dependieron en adelante 
de la metropolitana de Cerdeña, é inútil es buscarlas entre las de España, pues la 
mención que de aquellas hace la supuesta división de obispados en el reinado de 
Wamba, bastaría para convencerla de apócrifa. Víctor Vítense nos ha transmitido 
1©8 nombres de Elias, Macario y Opilio, obispos de Mallorca el uno, de Menorca el 
otro y el último de Ibiza, llamados con sus compañeros para dar razón de su fe 
ante el perseguidor Hunnerico en el año 484. Dominaron los vándalos en las Ba- 
leares, hasta que con los demás estados de los vencidos las sometió Belisario 
en «5^4 al imperio de Oriente, al cual permanecieron incorporadas hasta la en- 
trada del siglo VIH, sin haber formado parte jamás de la monarquía goda. 

(b) Que no fué esta la vez primera que la ocuparon los sarracenos, lo demues- 
tra la noticia consignada en las historias arábigas (Al-Makkarí, Ibn-Kaldhun> de 
haberlas tomado ya Abdalla, hijo primogénito de Muza, pocos años antes de la in- 
vasión de España por su padre, no por dependencia que tuvieran del reino godo, 
sino como presa tentadora por su proximidad, tanto á las costas de África como á 
las de la península. Por esta razón es de creer que, cimentado una vez en España- 
el poder musulmán, se extendiese durante el siglo VIH á las Baleares, aparte de 
las pasajeras vicisitudes que en su destino ejercieran las expediciones cristianas, 
protegidas por Carlomagno. La expugnación de Mallorca por los infieles en 798, 
á mi juicio, no fué sino recobro, al cual no tardó en seguir su nueva expulsión, no 
por parte de los imperiales griegos más débiles de cada día, sino por las huestes 
francas, que guiaba por aquellos años á la reconquista de Cataluña y aun á la de 
Barcelona el príncipe Luís el piadoso. En el siglo ix continuaron las alternativas: 
cupo el señorío de estas islas con el reino de Italia á Bernardo, hijo de Pipino y 
nieto de Carlomagno, por quien acaso las tenía el conde de Ampurias citado en 
el texto; pero desposeído el joven r*;y por su tío Luís, quedaron probablemente 

4 




a6 



ISLAS BALEARES 



tan con ti naos salteamientos, acudieron los baleares á Cario- 
magno, que el afto siguiente les mandó poderosos auxilios: mas 
no pudieron éstos precaverles de caer debajo de la dominación 
sarracena^ y á poco Armengol, ó Irmingario según el latín de la 
baja edadf conde de Ampurias, ya derrotó en aquellas aguas 
una escuadra que regresaba de Córcega; al paso que en 838, 
cuando Abd-el-Rahmán II ordenó al walí de Zaragoza que, con- 
gregando las banderas de la Espafta Oriental, entrase por tierra 
de Afranc (Cataluña y Francia), las naves de Yebisat y Mayo- 
ricas (Ibiza y Mallorca) reforzaron la armada mora, que salió de 
Tarragona y saqueó las costas de Provenza. 

Dependiente del Emirato y después Califato de Córdoba, y 
gobernada por un walí {a), tomó la isla parte en casi todas \^. 

As 



sia defensa. Eín8i5 las asolaban los moros, señal de que eran aún ci>sv 
CQ 8 ^8 las poseerían otra vez, puesto que les servían de punto de parti<^ V^.. 
Ttgirse contra Marsella. Precisamente habían de influir en la pérdida li^^u ^^^'y 
trastornos del imperio carlovingio y la conquista de Sicilia por la^ \ ^j^"^^^ di- 
No obstante, de un texto de Aben-Adharí, traducido por el Sr. Fern^^J^ ^^^^ ^^ hs 
aáltíi, resultaría que de los años 848 á 50 los isleños habían ^^"^^V^^ldez ^^^^^• 
de los muslimes daños que el califa cordobés Abderramán II c^^\^Oá| ^ ^^H* 
por los cuales dieron satisfacción completa, pidiendo aceptacv^^X^ . ^^^Uc^ 
novítcitin de pacto. No son siquiera de mentar las patrañas ¿l^v^íy/»* ^^^^^é^^r ,. 



mal hora acoi^^ídas por Mut (lib. XI, cap. 1), acerca de las cscv\. -, 
viadas en 8i3 y 856 en socorro de los cristianos mallorqu^ ^cfr^j ^•""'^ 
siones de los normandos, de que habla el cronicón de Sck ^^s,- p Pf^ 
Ordoño I (8 s 0-866): Majoricam^ Fermentellam et Minoric^ ^^tiái^ en f^ 



Majoricam^ Fermentellam et Minoric^'^^li^^ 
dio uasí depoftiiluverunt; de lo cual, sin embargo, no se <^\^^ '**su/ 
blaran á la sazón, pues no hacían diferencia en sus «»cv ^"^ 



stptentrionalca entre los sectarios de .Mahoma y l(\j. ^'''agos jn v^'^es yo„ 



-C7r 



que muchos de ellos ya profesaban. 

(a) Una bula del papa Romano, citada por el F\ 
al obispo de Gerona en 898 entre otras posesiov 
Minoric^^ da qué pensar si estarían á la sazón t^». ^^ 
á menos que digamos que en ellas toleraban c^^ ' 
como más adelante, en el siglo xi, según ui^ ^ '^'^dad 
ditar la misma idea, de que hasta la entrada cJei - ^o^ 

mente en las Baleares la dominación sarrace ^^^^ ^ no 

Khaldun, no publicado en su Historia de ¡q^ ^^' ^n fraJ" ''^^^^^tci^jr''^^ ^"^^i- 
Slanc, y del cual tomó el Sr. Delgado interés ^'"*'^'^'^^, ou^^^^^ intditr^^'^^c. 
amigo Ü. Alvaro Campaner : el manuscrito o ^^^^S Wic' "^ ^^^du ^" " 



J c ero I '^r s.;.„ " 



»sc 



par, 



ect; 



aStrfi 



»as 



que 



del Sr, Gayanj^^os. De ellas resulta que el q ^^ ^a aj,^. - - , 

ctón á Mallorca, y el que la dirigió y llevó ¿^^ ^^«'rió al^^'^!'^^ 9íJ 
naturales^ tomándoles una tras otra 8,,., r ^^^0, n^ o- ^^''^^ * ^ 



^ío .'I b 



Ibn 



«''min,..!^''" "e 






"Omusu!'^^^'^n 



• ^n Pode 






P^ñolcí, 



ebajo de\ "^s-was 
'S^arío según l/?'"'"'^'=^<>ft 

le rrovenza. 

'espués Califato (/eCiír(/o6^ 

'a isla parte en casi fí?í&í^ ^ v 
^ V 

^s- seña} de que ersD aún ^ 

nqmti de Sicilia por I ^^ Hu T^' 
idacido P^relSr.FeA^^Tj,^^^^^^^^^ 

^^ isleños habían cau^nández y oon- 
Aháemm 11 e Aado á los buques 
pidiendo accpía(;\V\ió á castigar, y 
rías patrañas ^n de tributo y re- 
crea de las e8(\^^l P. Barrenas, en 
108 mallorqi\Y^uaclras imperiales en- 
nicón de S(^\^^^S; pero sí las inva- 
el Minon^^^^^m en el reinado de 
', no se w ^w í«su/as adgressi, gl^- 
\ sus ^^^Prende quiénes las po- 
a y lci^^'''3g08 los feroces piratas 
^ adeptos de la verdadera fe, 

^ * ^líJanueva, en que confirma 
rT- '"'"'^^' Majorica sciUcet el 
""^ 'sJas en poder de cristianos, 
^'^ndad y clero los musulmanes, 
^^^íe documento. Y parece acre- 
'¿T'o X no se estableció constante- 
' "n fragmento inédito de Ibn- 
^'''i^s, que tradujo el barón de 
s noticias que suministró á mi 
^ asegurado que para en poder 
^"ó al califa Abdalla la expedi- 
o sin obstinada defensa de los 
'••é un muslime español depro- 



l s I. A s Baleares 

expediciones, y se constituyó centro del coj 
que los mahometanos trajeron atemorízat 
También se hallaron sus naves y su gente 
ción de Barcelona, que por Julio de gSí 
Mahomed-ben-Abi'Ahmer el Mansur; y si 
crónicas catalanas refieren, el condado bar 
moros mallorquines la destrucción de algún 
ticularmente de San Cucuíate del Valles^ Si 
dro de las Fuellas, cuya abadesa se Uev 
Horca. 

Pero el astro de los Omíades iba ya d( 
zonte, y las guerras civiles comenzaban á c 
de los Califas cordobeses, cuando desgraci; 
los mismos soberanos esparcieron sin sabe 
división venidera. Ya el famoso batallador I 
para animar á los cabos de sus ejércitos, en 
señalándoles tierras, ó concediéndoles el \ 
de las comarcas donde sus posesiones est 
cuando Hescham II hubo salido de su encien 
enemigos en el año 1013, gracias á su hadj 
que revalidó muchos de aquellos, recompeí 
eslavos y alahmeríes, y de entonces dataroi 
les al principio é independientes á poco, c 
Cartagena, Lecant (Alicante), Schatibah (J; 



ccdcnci.i berherisicat Ilijíem el Jaulanj (quixá hijo dt: Juí 
puerto por ohst¡n;ida tempestad» habia teñid o ocasión d 
y los recursoií de la isla- En recompensa le confió el cal 
que ejerciú durante diez años, ocupado en edificar mere 
baños y otros estahiccimicntos de ntilidad pública hast 
mediatamente un Abdalla elegido por los b.ib3iantes. si 
se retiró después de muehos años embarcándose para 
aparecen lueiío como gohernadores, no sin intermediíjs 
del califa Abderramán 111 (047 á iíf><ííi Cu tsar liberto di 
y Mucaiil hechura deí hat^ih Almanzor. que falleció en 
en loiT-ltis ircs se disiin^^uieron por sus incesanUs 
tós dt Cataluña y Franela, y singulíirmcnlt: u\ ^^^iíuí\*^ 
lona. 






34/ 



-%v i. 






?r^ 






28 



ISLAS 



B > 



nia, cabiéndole la tenencia de es; 
Ahmery, que fué grande Simiga c 
man, hijo del guerrero el Mansur 

Corrían los aftos de 403 de h 
usurpador Soleimán por segunda 
los califas; el verdadero soberano 
cido en la toma de Córdoba por 1 
hadjeb Hhayrán, curado en secrete 
11a ocasión recibió, iba reuniendo ft 
mos de los walíes más pujantes, pt 
nos Aly-ben Hamud el Edrisita, de < 
de Algeciras, para echar del califato 
Hescham. Hierve en armas la Anc 
batallas en 1016 ponen á Soleimán e 
de Hescham, cuya desaparidón mist< 
ambición de sus parciales vencedores 

El walí de Denia Mudjehid-elDyi 
lo apurado y revuelto de las circunstai 
ques y gente que pudo, encomendó el ^ 
Abdalá, príncipe omíade, conocido por 
y en aquel mismo año se hizo á la vel^ 
Mallorca, de que se apoderó {a). Er\ \. 

(a) Mudjehid, por sobrenombre A bul-jiy^ 
hijo de Alí, mauli 6 liberto del infortunado l- ^P^í 
primero que de Denia, se posesionó de t^ ^^ A 
donde luego pasó, no tomó para sí el titm ^^i djc, 
refugiado Abdaiia el Moaytí por rcspctí^ / , ^^ rey 



venas. Era esto en Diciembre de 1014 



Moaytí, pasó Mudjehid desde Mallorca J''^ ¿^j^ 
velas en Setiembre de loi 5, sufriei^j ^'^^^ñac 
Denia, donde encontró ya fallecktlo») . ^ Un ¡,,. 



aigo Mudiehid á apoderarse de estas \J ''%2o h 
se sabe qué gobierno reconocían ei> ^^ '^'^^si/,/ 

Denia, donde encontró ya fallecktlo g|"*l"í Un r,. ^ ' 
gún otra versión menos favorable g ^^'^c¡pg ^^cí( 
á destierro, donde vivió el Moaytj , ^'^«líad ] ^^.^^^ 
añade Almakkarí, siempre Aisp^.^^^^ el ,q' ^^'vóc 
em barcos en las costas de Afra^: ^ ^Oa coqÍ ' ' " Acoj 
cristiano que osara surca-^las J^^^Antaj- .'^^'"^'^'c/ 
pirata de su tiempo y ^^'^«iasce/o^^^f/%|' '^' ^'^^^ 






L _ 



CARES 




. UyDe/. 

m. . 

delahéjirayioijííe/áafor ^ 
linda vez se sentaba en el troQ4k 
erano Hesdiam 11 había des^ ^ ^ 
w las armas de aquél,7 ^P"*" 
ífítóí/eiaslieridas^ue^ ^"^ 
fo/íieraasyí/á/w/iKníL^^Í''^ 
./wrlicipa/nientedeV '°«^''- 
íefo/ajKasens^*^"»;- 

ko í Solemin \y . ., * 
y restituirlo 



á 



'j \s sangnentas 

teriosaabt^^l^py^rtaála 

'7^'íí'fcVasí^uerras. 

^'^''^mery, como viese 

^^'^, reunió ios más bu- 

rot/er/io c/e su estado á 

e/ Afoa/í/ c/e Córdoba, 

ara /as /s/as de Ibíza y 

j¡/eA/cí varón de síngu- 



ieUjército)y hijo de Vusüf, 
nzor, ay /ju/r de Córdoba, 
i-Khaldun, y en Den ¡a, á 
que Jo hizo conferir al 
a que circulaba por sus 
líente año le llevó con- 
cias de sarracenos j no 
3ción. Enviado por ti 
lada de ciento veinte 
y hasta su vuelta á 
reinar, aunque se- 
franía y Je condenó 
a tener Mudjehid, 
la cual hacía des- 
no había buque 
/inca del mayor 



ISLAS BALEARES 



/ar discernimiento y grandeza de ánimo; y deseanc 

de sus fuerzas por el Mar Romano, que así Ilaj 

díterráneo los árabes, elafto siguiente 407 de lahéji 

del Sefior), partió de Mallorca para la /s/a grana 

tíanos, llamada Sardenia (Cerdefta), y tomó á fu( 

sus principales fortalezas: bien que las enfermedat 

cío y las murmuraciones de la tropa, y un ejército 

yado por una flota pisana, le precisaron á reei 

rico botín, no empero sin sufrir un gran naufragio 

á Mallorca con las reliquias de su armada. Así, co 

de las Baleares por el valor de su brazo, aquel i 

una vez llevó el terror á las playas italianas, domi 

fla, y su nombre quedó consignado en las cróni 

ca (i); y es evidente que buena parte de aquellai 

cabría á los mallorquines, ya que su misma posi^ 

núcleo de las fuerzas marítimas de aquel caudillo 

reunión, descanso y refugio de las embarcaciones. 

mos á Mudjehid en su vuelta al continente esps 

adquisiciones de territorio: baste indicar que muri 

fué el fundador del reino de Denia y de las Baleai 

La oscuridad, que reina en esta parte de la bis 

la, no permite que puntualicemos la serie de aquel 

ó fakihes, como los llaman los documentos que mi 

taremos; y aun recogiendo cuanto en las memorias 

encuentra, sólo podemos hacer una desnuda men 

del fundador Alí-ben-Mudjehid el Mowafek, qu 

en 1058 {a), de Mohammed-ben-Ganya, del hijo d< 



(i) Véase á Müratori, Rerum. liaU, Script. tomo VI, Crónica 
(a) Alí-btn-Mudjehid, cautivado cuando joven en la malogn 
Gerdena, y rescatado por su padre, heredó de éste la ciudad de D 
las Baleares, como dice Conde, y de una y otras se titulaba jefe i 
en 1058 al obispo de Barcelona Gislaberto aquel singular docun 
mete perpetuamente á su jurisdicción todas las iglesias y clero 
confirmando la concesión de Mudjehid (véase Marca, Diago, Flor 
num. 3 1 de esta primera parte), prueba irrefragable de la conscrv 



30 ISLASBALEAREi 



Abu-Ibrahim Abu-Mohammed, y de sus nietos Aly-ben-Ishak y 
Abu-Mohammed-Abdalá. 

Gobernaron las islas por los reyes de Denia Abu-elAbas- 
Ahmed-ben-Raschik, varón recto y docto, que las rigió hasta 
pasado el año de 1048, y después de él sus parientes los Beny- 
Schoeides de Murcia, que las mantuvieron en buena paz y jus- 
ticia (a). En buen hora las conquistó Mudjehid; pues como si 



tiandad en Mallorca bajo el señorío de los infíeles, que permite atribuir menos 
antigüedad á nombres y cosas referentes al culto católico. Cómo al poco tiempo 
cesó Alí de reinar en las islas no lo explican las historias arábigas, que unas le 
suponen desposeído directamente por Mubasher, y otras á éste le declaran suce- 
sor y antes liberto de un rey anterior, de Almurtadhi, tal vez sobrino de Mudjehid, 
tal vez alahmerí procedente de Andalucía, de cuya existencia no permiten dudar 
las monedas acuñadas con su nombre de 1087 á 1093. Lo cierto es que Alí, con- 
servando el reino de Denia perdió las Baleares, á pesar de su pomposo título de 
Ikbalud-daulah (prosperidad del Estado) y de sus estrechos vínculos con los más 
poderosos reyes, siendo por su hermana cuñado del de Sevilla Muhamad-ben-Abed- 
Almotaded, y por su esposa, de mucha discreción y hermosura, yerno de Muhamad- 
ben-Man, señor de Almería, aunque por otra parte lo era, si damos crédito á Ibn- 
Khaldun, de Yahya-Almukiadir-ben-Hud,rey de Zaragoza. Despojóle éste en 1075 
del estado de Denia en castigo de la noble hospitalidad dispensada á unos pros- 
critos, y se lo llevó prisionero á su corte, donde murió Alí en 1 08 1 , más que oc- 
togenario sin duda, si no hay confusión, como recelamos, en la identidad de la 
persona, no sin haber sobrevivido cuatro años á su hijo Abu-Amir-Serajud-dau- 
lah, que entendiéndose con el Conde de Barcelona trataba de recuperar sus do- 
minios; razón por la cual, dicen, se desembarazó de él con veneno el rey Almukta- 
dir, extinguiéndose en él según toda apariencia la estirpe de Mudjehid. 

(a) Residiendo comunmente en Denia así Mudjehid como Alí, tuvieron lugar- 
tenientes en las Baleares, y á los expresados en el texto hay que añadir Al-Aglab (el 
conquistador), á quien en 1037 nombró el primero para suceder ásu propio sobri- 
no Abdalla, el cual á mi juicio nada tiene que ver con Mubasher, como se afirma en 
una nota de Almakkarí, ni con otro Aglab nombrado en las monedas de Almortadhí. 
Tampoco hay razón para creer que empezara por gobernador para acabar por emir 
independiente este rey Almortadhi de quien nada más se sabe : antes parece que ai 
emprender Aglab la peregrinación santa, le reemplazó en el gobierno Suleymán- 
ben-Maxihen, se ignora si á nombre de Alí todavía ó de su sucesor en el trono. 
Este no pudo ser otro que el expresado Almortadhí, sean cuales fuesen los medios 
de que para ello se valiera; al cual heredó por vía de adopción Mubasher protegi- 
do suyo, si es que el simultáneo acuñamiento de monedas de ambos soberanos 
en 1 09 1 y 1092 no arguye acaso reñidas competencias. Era Mubasher un joven 
cautivo y eunuco, natural de Calah-Hymiar, en la comarca de Lérida, cuando en 
Barcelona, al parecer, se prendó de sus talentos y modales un embajador de Al-: 
mortadhí enviado al conde, y rescatándolo se lo presentó al soberano que depo- 
sitó en él su confianza. Debió corresponderá ella Mubasher, según las nobles y ge: 
nerosas inclinaciones é insignes cualidades que se le atribuyen, y reinó á su vez 
con moderación y justicia, tomando el dictado de Nasirud-daulah (preservador del 



ISLASBALEARES 3I 

hubiese previsto los acontecimientos, ellas vinieron á ser el asilo 
y los únicos estados primero de sus descendientes y después de 
toda una dinastía. 

Convertidos los almorávides de auxiliares en conquistado- 
res de los emires españoles, que en su auxilio y contra los cris- 
tianos los llamaran, y sojuzgados por ellos todos los reinos en 
que se había dividido el Califato de Córdoba, excepto el de Za- 
ragoza, el aflo 1095 ^1 general de los invasores Schyr-ben-Abu- 
Bekr envió una escuadra para que en nombre de su amo Yusuf- 
ben Taschfyn se apoderase de aquellas islas; y los habitantes, 
que supieron el vencimiento de toda España por las armas 
africanas, cedieron y juraron obediencia al príncipe de los al- 
morávides (a). 

Era, en ñn, llegado el tiempo en que Italia y Cataluña de- 
bían traer á Mallorca la guerra y la desolación, que tantas ve- 
ces ella llevó á sus costas: la sangre cristiana vertida en Pisa, 
Córcega, Cerdeña y Barcelona, no había de quedar sin vengan- 
za. La república pisana, que como tan comerciante y marítima 
cargaba con la mayor parte del daño, apeló á las armas la pri- 
mera; y acudiendo al sumo pontífice Pascual II con una solem- 
ne embajada, á cuya cabeza iba el arzobispo Pedro, obtuvo ésta 
los honores de cruzada, las insignias de la Iglesia é indulgencia 
plenaria para los presentes, con facultad otorgada á Pedro de 



Estado), que transformaron en Nazaredolo las crónicas pisanas. De estos reyes 
de Mallorca posteriores á Mudjehid nada dicen las historias arábigas sobre las 
cuales escribió Conde la suya, al paso que ponen su atención en los simples go- 
bernadores. 

;a) Esta ocupación de las Baleares por la escuadra almoravide, que trajo y 
debió traer la fuerza de los sucesos, no quebrantó al parecer el cetro de Mu- 
basher ni mermó siquiera su autoridad, aunque de seguro tributaría homenaje al 
emir africano. Respetóle, no se comprende cómo, el huracán que volcó los demás 
tronos muslimes de la península. Veinte años llevaba de pacífico reinado, al apare- 
cer en 1 1 14 la enemiga ilota italiana, contra la cual en el postrer apuro imploró 
Mubasher el socorro del je/e de los creyentes; y á juzgar sólo por la relación de 
Almakkarí, incompleta en mi concepto, se creería que aquel llamamiento había 
dado á los almorávides la primera ocasión para apoderarse de Mallorca con acha- 
que de defenderla. 



32 ISLASBALEARES 

aplicarla á cuantos participasen de la empresa (i). Cundió la 
noticia por aquellas comarcas, y avivó el entusiasmo guerrero 
y religioso: Roma, Luca, Florencia, Sena, Volterra, Pistoja, 
Lombardía, Córcega y Cerdefía enviaron sus gentes (2); y el 
son de las armas fué creciendo por toda la ribera del Amo, el 
cual se poblaba de embarcaciones. Apréstanse con grande ahínco 
naves, gatas^ drátnonas ó taridas^ galeras, gorabos, barcas, 
currabios y otras especies de buques (3) : Uénanse unas de ca- 
ballos, destíñanse otras para los comestibles ; suben á éstas los 
soldados, y aquellas cárganse con torres de madera, puentes, 
escalas, arietes, ballestas, trabucos, testúdines y demás máqui- 
nas de la tormentaria entonces en uso (4) ; y al ñn concluidos 
los preparativos, desemboca del Arno la escuadra compuesta 
de trescientos vasos (5), y da la vela á mediados de Agosto 
de 1 1 14 de la Encarnación (i 1 13 de la Natividad). 

Después de tocar en Cerdefla, en donde se detuvo catorce 
días, á los tres de haber salido de aquella isla, que fué del 29 
al 30 de aquel mes, movióse tan deshecha borrasca y tan densa 
cerró la noche, que sin más luz que los vacilantes fuegos encen- 
didos en las popas, y perdido el rumbo, torció la armada el ca- 
mino, y dividida y dispersa aportó á la costa oriental de Cata- 
luña. Mas al divisar la tierra con la claridad del día, creyeron 
los italianos era aquella Mallorca; y desembarcando armados, 
prendieron á los naturales que encontraron, con lo cual se des- 
vanecieron su error y alegría. Cobróla Cataluña con su llegada; 
y como no tenía menos ultrajes que vengar de parte de los mo- 



(1) No se nos oculta á cuantos pareceres y fábulas ha dado lugar esa expedi- 
ción; pero guiados por las indicaciones de Campmany, no hemos perdonado me- 
dio para sacar en claro el suceso y confirmarlo, y afortunadamente los documentos 
han venido en apoyo de los escritos coetáneos y de las crónicas, como se ve en 
los primeros números del Apéndice, 

(2) Véase el número 2 del Apéndice. 

(3) De todos estos, los tres primeros eran los mayores, las galeras hacían 
particularmente el servicio de batalla, y las demás eran de menor porte. 

(4) Véase el número i del Apéndice. 
(:?) Véase el número 3 del Apéndice. 



ISLASBALEARES 33 



ros baleares, alzóse un clamor general de guerra á Mallorca. 
Mediaron embajadas entre el conde de Barcelona, que era en- 
tonces D. Ramón Berenguer III el Grande^ y los recién venidos: 
los cuales, pues ya sabían de la prudencia y valor de aquel 
príncipe, le pidieron que, participando de la expedición, la capi- 
tanease; y cediendo gustoso el conde, fuese á San Felío de Guí- 
xoles, á donde abandonado el puerto de Blanes se había reco- 
gido la armada, acompañado de los obispos Raimundo de 
Barcelona y Berenguer de Gerona, de Nigelarío abad de San 
Rufo, del conde de Cerdeña Bernardo Guillelmo, de Guillelmo 
Arnaldo vizconde de Cardona, del noble Guillelmo Gaufredo 
de Cerviá, de Guillelmo Raimundo y de otros señores de su 
corte. Allí, á 9 de Setiembre, por mano de Bernardino cónsul 
canciller de los pisanos, en presencia de los demás cónsules, se- 
fiores, capitana y prelados, extendióse el acta del convenio, por 
el cual los coaliados conferían el mando al barcelonés, y él les 
prometía seguridad, protección y defensa en sus estados para 
sus personas y haberes, les eximía del pago de ciertos derechos, 
y á sus naves que naufragasen en sus costas las declaraba ex- 
ceptuadas de la ley de naufragio. 

Sin embargo, la soldadesca, que como voluntaria no había 
al alistarse tenido en cuenta las dificultades, ya murmuraba del 
retardo: los más avisados callaban cuánto les pesaba de la ex- 
pedición; pero los apocados decían sin rebozo sus deseos de 
volverse á Italia. En esto sobrevino peste en el campo, azote 
común de los ejércitos en aquellos siglos; y menester fué para 
distraerles de su arrepentimiento y tristeza que sucesivamente 
llegasen las tropas que conducían el señor de Montpeller, Aime- 
ric vizconde de Narbona, el conde de Ampurias, Raimundo 
Baucio señor de Arles, y otros potentados de aquellas partes 
de la Provenza y Cataluña, que también trajeron notable re- 
fuerzo de embarcaciones. Mandó entonces el prelado Pedro que 
zarpase la flota de San Felío; y enderezando el rumbo hacia 
Salou, llegó ella allá después de correr una tormenta : y como 



34 ISLASBALEARES 

venía entrando el invierno, é iba desvaneciéndose toda esperan- 
za de hacerse á la mar con buen éxito, otra vez reventó el des- 
contento con tanto grado, particularmente en los luqueses, que 
no se pudo recabar de muchos que no se volviesen á su tierra, 
como lo efectuaron. Con esto, la armada hubo de irse á invernar 
en Barcelona; y la mayor parte de las naves pisanas regresaron 
á Pisa á mediados de Enero de 1 1 14, quedando repartidas las 
tropas italianas por el Ampurdán y la Provenza, entreteniendo 
el ocio del alojamiento con ejercicios militares y con las ñestas 
guerreras de la caballería. 

No fué perdido aquel invierno para la empresa: los arma- 
mentos se continuaron con más ardor en Pisa y en Barcelona; y 
tanto manifestó interesarse por ella el sumo pontífice, que envió 
á aquellas ciudades el cardenal legado Bosón, para que dirigiese 
los esfuerzos, animase á los desalentados, y activase la ejecu- 
ción del proyecto (i). Por la primavera, ochenta naves pisanas 
botadas del Arno al mar probaron el celo con que la república 
abrazara la conquista de Mallorca; y Genova, su rival, bien pudo 
palidecer con sombrío presentimiento al verlas pasar pomposas 
y pintadas, y marchar á una acción de que se privó voluntaría- 
mente. No hay para qué referir la alegría de las tropas al re- 
unirse con los recién venidos: quinientos buques cubrieron las 
aguas de Cataluña, con novecientos caballos á bordo, amén de 
la gente y pertrechos; y la mar mansa, el aire próspero, trému- 
los los gallardetes y banderas de popa, y ellos favorecidos de 
los remos, aportaron á Salou el día de la Natividad de San 
Juan Bautista, pasaron en seguida á los Alfaques, y hecha agua- 
da en el Ebro, zarparon para las Baleares. Tras brevísima na- 



(i) El nombramiento y venida del legado pontificio, aunque indiquen lo con- 
trario los cronistas y Campmany, aconteció en este intermedio, como así resulta 
del contexto de los documentos de donde lo tomamos. El Gesta triumphalta, nú- 
mero 3 del Apéndice^ no menciona al cardenal hasta la segunda partida; el poema 
de Laurencio la marca con palabras explícitas, número i, y el convenio nada dice 
de Bosón, núm. 2. 



ISLASBALEARES 35 

vegación, dejando á un lado la Palomera, arribó la armada á 
Ibiza, sitió estrechamente la ciudad, y después de repetidos ata- 
ques por mar y tierra, en los cuales el conde de Barcelona hizo 
gran prueba de su valor, apoderáronse los cruzados del último 
fuerte á lo de Agosto, y arrasadas las fortificaciones y hecho 
reparto del botín, partieron para Mallorca. El 15 dieron vista á 
la bahía; y desembarcando en la fiesta de San Bartolomé, mar- 
charon al otro día hacia Palma, y resolvieron atacarla por el 
lado de oriente. 

El walí, que la gobernaba por los almorávides (a), no les 
dejó tiempo ni espacio para acercarse á las murallas; antes sa< 
liendo al campo raso, ordenó sus fuerzas en dos gruesas divi- 
siones, y presentóles batalla. Reñido anduvo el choque, y en 
todos los trances fueron buenos los catalanes, cuyo conde rom- 
pió su lanza en las primeras cargas, atravesando con ella al 
jefe de la vanguardia enemiga. Rechazados con gran pérdida, 
encerráronse los moros en la plaza; y si bien por segunda vez 
se presentaron á pelear, fué para dejar gran botín en caballos 
y armas á los cristianos, que comenzaron á sentar sus reales, 
estrechando más y más el cerco, sin que fuesen parte para re- 
traerles del empeño los parlamentarios, que á fin de ganar tiem- 
po el walí les enviaba. 

Continuaron las salidas de los sitiados, y con ellas las victo- 
rias de los sitiadores, que en una de las refriegas picaron su 
retaguardia hasta tocar las puertas de la ciudad; y como enton- 
ces pudieron ver de cerca su buena disposición y fortaleza, de- 
cayeron de ánimo no pocos, y desesperaron de conquistarla. — 
Estaba ella dividida de manera que formaba cuatro recintos, 
pues que el primero encerraba otros tres también fortificados. 
Apellidábase este Arabathalgidit (ciudad nueva) por los cronis- 
tas; era el segundo la llamada ciudad vieja; detrás asomaba la 



(a) No era walí, como he observado, sino emir, y es incierto que la gobernase 
por los almorávides. 



36 ISLA5BALEARES 

Almudayna; y el cuarto contenía la Zuda ó alcázar, que ya 
bien fortalecida con numerosas torres, era inexpugnable por 
mar por estar asentada sobre un precipicio que lo dominaba {a). 
Llamábanse con el común nombre de Mallorca, y por entre ellas 
corría el torrente Ezechín, que en tiempo de lluvias se pasaba 
por cinco puentes (i). 

Alentados empero los cruzados por el ejemplo de sus jefes, 
destacaron partidas que saqueasen los ganados de la isla y tra- 
jesen toda suerte de comestibles; y renaciendo con la abundan- 
cia y refresco la conñanza y la alegría, comenzaron á armar sus 
tornos, gatas, manganas y ballestas, fabricaron dos castillos de 
madera que vencían la altura de las murallas, cubriéndolos con 
cueros de buey para precaverlos de los tiros enemigos, y rom- 
pieron un vivo ataque contra la ciudad. Salieron los moros á 
estorbar que se allegasen los castillos á las fortiñcaciones, pero 
en vano: las máquinas del campo barrían los adarves y aporti- 
llaban los muros, los cuales eran socavados por los zapadores^ 
y reciamente batidos por dos grandes arietes que de los casti- 
llos salían. Abierta por ñn la brecha, dispúsose todo para el 
asalto, y se echaron dos puentes desde los castillos á las mura- 
llas; mas fué inútil aquella tentativa, y rechazados por el valor 
de los sitiados y por el estrago que en sus ñlas hacían las enor- 
mes moles que de dentro disparaba una máquina, replegáronse 
á los reales con grande algazara y contentamiento de la moris- 
ma. Volvieron al ataque el día siguiente al medio día: ya los 
peones habían echado á los defensores de la brecha, ya se inter- 
naban por la plaza conñados en el refuerzo de la caballería que 



(a) Un siglo más tarde, al tiempo de la conquista de Jaime I, había ya desapa- 
recido la segunda cerca que separaba la ciudad vieja de la nueva; y fundidos con 
el nombre de villa, para distinguirse del recinto de la Almudayna ó cindadela, los 
arrabales antiguos y modernos, toda la robustez de la fortificación se había tras- 
ladado al muro exterior que ceñía en su vasto ámbito á la ciudad entera con foso 
y barbacana. 

(i) Véanse los números i y 3 del Apéndice. 



ISLAS BALEARES 



iba detrás; cuando, no pudiendo los jinetes atravesar el foso en 
buen orden, é introducida la confusión por la angostura misma 
del paso, comenzaron algunos á volver riendas, y acarrearon la 
retirada de los demás caballeros, para lo cual no fueron tal vez 
poca parte ya la memoria de la derrota de la víspera, fresca 
todavía, ya el continuo y furioso disparar de las vecinas alba- 
rranás y albacaras. Al verlo los sitiados, alzaron grande es- 
truendo de añañles y atabales, y con horrenda vocería de ata* 
quebiras de todas las calles y plazas salieron revueltos jinetes 
con infantes y alancearon ñeramente á los cruzados. 

Sucedieron otros combates no menos infructuosos; y las 
enfermedades y el invierno vinieron á acrecentar el desaliento y 
la tristeza. Cubriéronse las tiendas lo mejor que se pudo, fabri- 
cáronse chozas, apartáronse un tanto de las murallas los casti- 
llos; y como después los moros les pegasen fuego por la noche, 
se llevaron á los reales, y se comenzó á repararlos y á construir 
otros dos: en esto y en hacer correrías por el interior de la isla 
para abastecerse, se pasaron los últimos días de Octubre y el 
mes siguiente. Acercábase Navidad; el hambre se encrudelecía 
ya en la plaza, y los rigores del frío hacían más sensibles los de 
aquella, cuando falleció el walí de Mallorca, á quien la crónica 
apellida el rey Nazaredolo ó Nazaredech, y le sucedió Bura- 
bé(^). 

Entretanto, impaciente el conde D. Ramón Berenguer, y 
ganoso de venir á las manos, salió al campo á esperar á los sa- 
rracenos, que echaron afuera muchas taifas de caballería y acu- 
dieron con grande esfuerzo. Mas sin darles lugar á tenderse 



(a) Abú-Rabí-Suleymán era el verdadero nombre del que ea situación tan 
desesperada sucedió á su pariente Mubasher, defendiendo tres ó cuatro meses la 
ciudad hasta donde alcanzaron sus fuerzas. Antes de morir de pura tristeza Nasi- 
rud-daulah, había llevado al África aviso del apuro de los sitiados un capitán de 
carabela llamado Abú-Abdalla-ben-Maymún, saliendo del arsenal á favor de las 
tinieblas y burlando á los sitiadores que le perseguían ; pero por más prisa que se 
dio el emir de Marruecos á enviar una escuadra de trescientas velas, llegó ya tar- 
de para el socorro. 



3^ ISLARBALEARES 

por la campaña, embistióles con su gente junto á la puerta que 
miraba á Portopí, con tanta furia, que arrancándolos con mucho 
destrozo, presentaron ellos las ancas de sus caballos á las armas 
de los cruzados; y ya á lanzadas los metían estos en la plaza, 
cuando un dardo arrojado de las almenas hirió al conde en el 
brazo derecho. Levantaron los de las murallas regocijada grite- 
ría, pues le creyeron muerto; y allí comenzó entre ellos y los 
del campo uno de aquellos combates de insultos groseros é in- 
jurias, con que en la baja edad se daba frecuentemente treguas 
á las armas, predisponiendo con los tiros de la lengua, si así 
puede decirse, el furor del brazo y la sed de venganza para otra 
refriega. 

Esto resultó entonces, pues enfurecidos los cruzados arri- 
maron los castillos á los muros; y tanto los batieron con las 
máquinas, que abierta la brecha á principios de Febrero de 1 1 1 5, 
ordenaron el asalto. Dióse por tres partes á un mismo tiempo: 
diez veces subieron los tercios, y otras tantas fueron rechaza- 
dos; hasta que entrando unos pocos, abrieron el paso á los 
demás, que se apoderaron del primer recinto, haciendo horrible 
estrago y alojándose por las casas y mezquitas saqueadas. Al 
punto arrasaron cuantos edificios era menester para que pasa- 
sen los castillos; y combatiendo la ciudad vieja, rompieron con 
las máquinas los muros, y empezaron á cegar los fosos con las 
ruinas y los cadáveres. Aterrados los de dentro, enviaron al 
conde de Barcelona quienes le participasen que se rendirían, si 
se salvaba las vidas y aseguraba la libertad á la gente de gue- 
rra. Convocó, pues, el barcelonés los cabos y prelados, y mien- 
tras contra el dictamen de los últimos procuraban él y el conde 
de Ampurias persuadirles que viniesen en aceptar la capitula- 
ción, entró armado Pedro Albithón, caballero pisano, quien con 
gritar que ya los de Pisa asaltaban los muros, disolvió el con- 
sejo, pues cada cual corrió á participar de los peligros de sus 
camaradas. El conde, empero, que tan desairado se veía, no 
quiso lidiar, y aun prohibió á los suyos que tomasen parte en el. 



ISLASBALEARES 39 

combate: sin embargo, la gritería de los combatientes que im- 
pávidos despreciaban los tiros de las algaradas y ballestería 
enemigas, el estruendo de las armas, la voz de los jefes que 
cada cual animaban á los suyos, el continuo redoblar de los 
atabales y el resonar de las trompas y chirimías, la impaciencia 
de los catalanes, y sobre todo su mismo ardor guerrero, sin 
duda le hicieron ceder de su primera resolución, ya que entrado 
el segundo recinto, mientras la espada de los italianos derra- 
maba la muerte por casas, calles y mezquitas, se le vio más hu- 
mano acoger bajo de su protección á la aljama entera de los 
judíos, que en sus manos se puso. Fué esta acción á 22 de Fe- 
brero; y como aquel recinto contenía lo principal y los más de 
los edificios de Mallorca, el saqueo dio un botín riquísimo, al 
paso que la mortandad corrió allí parejas con la grandeza de 
los tesoros recogidos. Tras de aquella escena de desolación y 
muerte, vióse otra toda enternecimiento y regocijo : rompiéronse 
las cadenas que aherrojaban á los cautivos cristianos, y más 
que los abrazos y las bendiciones, realzaban aquel cuadro el 
silencio y las lágrimas que de todos los ojos en abundancia co- 
rrían. 

Animados con aquel triunfo, avanzan los castillos contra la 
Almudayna; atácanla por un ángulo, toman la torre que lo de- 
fiende, huyen los más de los moros al último recinto: los que 
quedan, más animosos que discretos, piden seguro; y al ver que 
lejos de otorgárselo suben de todas partes los cristianos, enca- 
ramándose por las máquinas y asiéndose de sus cuerdas los que 
no entraron por la brecha, imitan al fin á sus compañeros y se 
encierran en la fortaleza superior. Mas nada puede detener el 
ímpetu de los cruzados : aportillan los muros, rompen las puer- 
tas herradas, y á primeros de Marzo toman aquel recinto, den- 
tro del cual encuentran grandes tesoros y la familia de un walí, 
que la crónica apellida el rey Mortada. Pero aquella parte esta- 
ba erizada de torres, que era preciso ir ganando á viva fuerza; y 
en tanto, viendo Burabé que sólo le quedaba el cuerpo principal 



40 ISLASBALEARE 



del alcázar, apeló al único medio que de salvarse le restaba, 
que fué descender por el precipicio, sobre el cual ya dijimos 
estaba asentada la fortaleza, y tentar la fuga embarcándose: 
mas cayó en manos de Docjón, que tenía á su cargo la custodia 
de toda la bahía. Cuentan que entonces los de dentro confirie- 
ron el mando á un moro español llamado Alanta, quien como 
conociese lo apurado del trance, más dichoso que su antecesor^ 
logró burlar la vigilancia de los marinos sitiadores. 

Al saber los cristianos la prisión de Burabé, acercaron dos 
castillos y dos manganas al alcázar; y como no pudiesen salvar 
de profundos los fosos y barbacanas, cegáronlos con maderos y 
escombros, hasta que sobre ellos pasasen aquellos ingenios. 
Desde los castillos, más altos que las torres del alcázar, rom- 
pieron un porfiado combate, y echaron dos puentes sobre la 
muralla, mientras no cesaban el batir de las manganas ni el dis- 
parar de la ballestería. Entran por los puentes espada en mano, 
no siendo el conde barcelonés de los postreros; derriban á 
cuantos á su paso encuentran, y se derraman por las cámaras 
del palacio, llenas de moros de ambos sexos y de todas edades. 
Á unos pasan por el filo de la espada; á otros precipitan de las 
ventanas y torres al foso y al mar; quien se ensaña en los va- 
rones, quien encadena y mata sin piedad á las mujeres; y mu- 
chos, más compasivos ó astutos, reservan á los que prenden 
para el cautiverio. Cae la techumbre artesonada, desprendida y 
rota por las llamas: mas aunque el incendio consumió gran 
parte de las riquezas que aquella regia morada contenía, salvá- 
ronse no pocas, y la iglesia de Pisa se llevó en donativo los más 
de los palios, cálices y otros preciosos ornamentos sagrados, 
que los moros debieron de recoger en sus correrías. Fué la 
toma del alcázar á primeros de Abril, y con ella quedó de todo 
punto rematada la conquista de Mallorca. 

Grande fué aquella expedición bajo todos aspectos, y mu- 
cho mayor si á las dificultades se atiende: el número de las em- 
barcaciones y la importancia de los aprestos no sin crecido coste 



[SLASBALEARES 4I 



debieron de efectuarse en aquellos siglos, en que las máquinas 
de batir abultaban tanto y dificultaban el transporte; hubo .que 
atravesar aguas casi desconocidas, ya que los pilotos pisanos 
tan buenamente creyeron que Cataluña era Mallorca; las enfer- 
medades y los retardos diezmaron los batallones ; las tempesta- 
des hicieron descaecer á los más intrépidos; y el rigor de las 
refriegas y duración del sitio pusieron á prueba el valor y toda 
la constancia de los soldados; tanto, que no sin fundamento pu- 
diera citarse esta empresa como uno de los más interesantes 
episodios de las cruzadas, pues que fué una cruzada verdadera. 
Pero el espíritu guerrero de aquellos siglos no era á propó- 
sito para retener lo que las armas conquistaban ; y á la costum- 
bre agregábanse entonces las circunstancias particulares del 
ejército aliado. Las tropas, como gente levantada voluntaria- 
mente, harto habían hecho con permanecer constantes hasta el 
fin : movidas por el celo religioso y por el entusiasmo caballe- 
resco iban en busca de peligros y aventuras, y querían regresar 
á su patria luego que aquel fervor se entibiaba; acostumbradas 
á hacer la guerra en países del continente no muy apartados y 
á retirarse á sus hogares durante la temporada de invierno, sin 
duda deseaban ya abrazar á sus deudos, esposas é hijos; y las 
mismas riquezas, más ó menos considerables, que cada cual ha- 
bía adquirido en el saco y reparto, les estimulaban á ponerlas 
en salvo y á gozar de ellas como gente aventurera, esto es, á 
disiparlas los más en el ocio de la populosa Pisa ó de Florencia 
la bella, y hacer sonar muy altas las hazañas propias y encuen- 
tros habidos en la expedición. No sabemos si hubieran acogido 
gustosas la propuesta de permanecer en las Baleares. Además 
componíase el ejército de soldados de varias naciones; variedad 
nada propia para retener lo conquistado, ya que faltaban el 
centro común y el común modo de pensar y objeto, que son el 
alma de los armamentos nacionales. Luqueses, romanos, lom- 
bardos y provenzales habían acudido en partidas sueltas, sin 
formar cuerpo compacto, cada una al mando de capitanes aven- 



42 ISLASBALEARES 

tureros ó de sus señores feudales: los písanos y los catalanes, 
bien como más organizados, más numerosos y puestos bajo las 
órdenes inmediatas de sus jefes soberanos á fuer de ejércitos 
nacionales, eran el núcleo de aquellas fuerzas; mas los prime 
ros, distraídos con su gran comercio con los pueblos de Levan- 
te, ya un tanto indispuestos con Genova cuyos progresos esta- 
ban celando, muy difícilmente hubieran podido atender á la 
posesión de las Baleares, harto distantes de su ciudad; y los 
segundos no tenían tan seguras de los ataques de los moros 
sus fronteras, ni tan dilatado su dominio, ni tan adelantada su 
naciente marina, que á su placer y sin riesgo pudiesen mantener 
ondeantes en el alcazaba de Mallorca las barras de sus condes. 
Sea como fuere, los cruzados, arrasadas primero todas las for- 
tificaciones, desampararon la isla á poco, llevándose los de Pisa 
preso á Burabé y á la esposa é hijo del difunto Nazaredech, que 
ambos recibieron el bautismo (i). 

Todas las consideraciones susodichas cobraron más peso 
entonces con las correrías que hacían los moros por tierras del 
conde de Barcelona, y que reclamaban su presencia, y sobre 
todo con la flota que aquel mismo año de 1 1 1 5 (509 de la 
hégira) aprestó el califa Yusuf, para ir en auxilio de aquellas 
islas: y si á los historiadores árabes creemos, de sola la fama 
de que se acercaban las naves de los muslimes huyeron los 
cristianos, que no osaron esperar los echaran por fuerza de ar- 
mas (2) (a). 



(i) Los escritores antiguos refieren que aquella dama mora había sido muy 
compasiva para con los cristianos, y que por lo mismo los cruzados le prodigaron 
honor y respeto. Asegúrase que el hijo tomó en el bautismo el nombre de Lam- 
berto, y llegó á obtener una dignidad eclesiástica en la catedral de Pisa, en la cual 
hay un cuadro, que por 1784 pintó en Turín Lorenzo Pecheux, y representa el 
bautizo del moro. En Florencia existe un monumento de aquella expedición: en 
la puerta meridional del Baptisterio de San Juan se ven á una y otra parte dos co- 
lumnas de pórfido, que son las mismas que los pisanos regalaron entre otros ob- 
jetos á los florentinos, por los servicios que durante su ausencia les prestaran 
tomando á su cargo la custodia de su patria. 

(2) Conde, Árabes en España^ tom. 2, página 206. 

(a) «Tan pronto como los cristianos, dice Almakkarí, se cercioraron de la par- 



ISLASBALEARES 43 

Mas no por esto se menoscabó la importancia de aquella 
empresa, ni quedó infructuosa: abatióse el orgullo moro, que 
poblaba el Mediterráneo de embarcaciones piratas; quitado el 
temor, renació la concurrencia en los puertos de Cataluña y 
Provenza; y con tan gran derrota aprendieron los sarracenos á 
temer por sí, y á admitir más estrechas relaciones comerciales 
con los cristianos, ya que á poco les veremos celebrar tratados 
con éstos, al paso que por mucho tiempo sus piraterías no lle- 
garon ni con mucho á lo que antes. No es para este lugar la 
enumeración de las ventajas que la conquista de Mallorca re- 
portó al condado de Barcelona, causando la organización de 
mayores fuerzas navales y el trabajo y actividad consecuentes 
á la grandeza de los armamentos: el conde sobre todo tanto 
ánimo cobró, que visitó Genova y Pisa para ajustar una alianza 
é ir con una segunda cruzada á libertar la Iglesia de España ; y 
á mediados de Setiembre de 1 1 20 ya pudo celebrar con el walí 
de Lérida un convenio que no podemos pasar en silencio. — 



tida de tan formidable armamento, desistieron de su empresa y se retiraron, lle- 
vándose empero consigo tanto botín y tantos cautivos, que partieron sumamente 
alegres y satisfechos. Al volver á su tierra, fueron asaltados por una tormenta que 
dispersó sus galeras, y á cuatro de ellas arrojó sobre la costa de Denia, cuyos ha- 
bitantes salieron á darles caza, logrando capturar á tres y escapándose la otra. 
Los muslimes, al llegar á Mallorca, hallaron arruinada la ciudad y desiertas sus 
calles : todo alrededor llevaba el aspecto de asolamiento y ruina. Viéndolo Ibn- 
Tafertas que mandaba la escuadra, ordenó que los almorávides y demás soldados 
y marineros que componían la expedición se quedasen á reedificar la ciudad : así 
se hizo luego que volvió el pueblo que había huido á las montañas; fué reedifica- 
da como antes y repoblada, agregándose á los vecinos muchos de los soldados 
expedicionarios.» Cuenta luego que el amir de Marruecos dio el gobierno de la 
isla, ya sometida á su poder, á uno de los más bravos oficiales de los de Lamtuna, 
Wathur lotros Guannur) ben-Abi-Bekr, confiriéndole el mando de una división de 
quinientos caballos, y que el nuevo gobernador se hizo excesivamente odioso á los 
habitantes por las innumerables vejaciones que les impuso, entre otras la de man- 
darles el abandono completo de la ciudad y fabricarse tierra adentro otra. Siguió- 
se de aquí un tumulto, cuyos jefes fueron presos y ajusticiados por orden de 
Wathur; con lo cual se exasperó hasta tal punto el pueblo de la isla, que se su- 
blevó de puevo contra el gobernador y le redujo á prisión. Entonces enviaron una 
embajada á Alí-ben-Jusuf, quien oídas sus querellas les perdonó, y les envió otro 
gobernador, que prendiendo á Wathur, le remitió á Marruecos cargado de cade- 
nas. El novísimo gobernador no era otro que Mohamed-aben-Ganiyah, jefe de una 
célebre dinastía que habrá de ocuparnos más adelante. 



44 ISLASBALEARES 



Después de jurarse en él mutua amistad, D. Ramón Berenguer 
prometió aprontarle al moro veinte galeras y tantos gorabs ó 
gorabos cuantos necesitase para transportar á Mallorca doscien- 
tos caballos entre cristianos y sarracenos; y el walí, que se 
denominaba Avifílel, convino en enviar al conde en rehenes sus 
hijos y cuantos el barcelonés designase, y en entregarle varios 
castillos y lugares, estipulando empero que todo quedase efec- 
tuado para el siguiente mes de Agosto (i). Masía historia nada 
dice de aquel tratado ni de sus efectos; y sólo por los afíos 
de 1 1 34 menciona en Lérida al walí AbuZakarya-ben-Ganya, 
famoso guerrero y capitán de las fuerzas almorávides en aque- 
llas tierras, el cual ganó á los cristianos la sangrienta batalla de 
Fraga (2). 

Entre tanto había aparecido en África la secta de los al- 
mohades, que obedeciendo el fanático impulso de su fundador 
El-Madhy y del sucesor de éste Abdel-Mumen, conmovía el 
poder de los almorávides de tal manera, que el emir de Marrue- 
cos y príncipe de estos Aly-ben-Yusuf hubo de mandar á su 
hijo Taschfyn, que dejando la España, donde andaba sometién- 
dolo todo al imperio de su dinastía, acudiese prontamente con 
la ñor de su caballería al África. Su partida fué en España la 
señal de la sublevación contra los almorávides; y encendiéndose 
las primeras centellas en el Algarbe, cundió el fuego por la 
Andalucía hasta Valencia. Al ver el ya nombrado Abu Zakarya- 
ben-Ganya, á quien Taschfyn al partir dejó de general de todas 
las tropas almorávides, que todos sus esfuerzos no bastaban 
para apagarlo, temió por la pérdida total del dominio de aque- 
llos en la península, y escribió á su hermano Mohamed-ben-Aly- 
EbnGanya que, saliendo de Sevilla con todas sus naves y gen- 



(i) Véase el número 4 del >l/)¿«£fíCÉ?. 

(2) Al lado de la firma del conde va en el documento la del walí en árabe; y 
como es bastante larga, tal vez traducida arrojaría alguna luz sobre el particular, 
si ya no es una alabanza de Dios ú otra fórmula religiosa de las que entre los mu- 
sulmanes solían hacer veces de firma. 



ISLAS BALEARES 4$ 

te, tomase al paso las que hubiese en Almería y fuese á fortín- 
carse en las Baleares: lo cual el hermano al punto puso por 
obra (a). Corrían entonces los afíos de 1144: el hijo de este 
Mohamed y sobrino del general Abu-Zakarya, llamado Abu- 
Mohamed-Abdala, tras una larga defensa había tenido que ca- 
pitular en Játiva y retirarse á Almería, en donde aún eran pode- 
rosos los de su bando; y si bien, mientras su tío pudo en 



(aj Según Almakkarí, como queda dicho, pasó Mohamed-ben-Álí-aben-Ganiyah 
á Mallorca mucho antes, en i 1 26, nombrado gobernador por el amir en reempla- 
zo de Wathur, y no enviado por su hermano Yahya, por otro nombre Abu-Zakaría, 
que es el mismo que hallándose de walí en Lérida derrotó al pie de los muros de 
Fraga á Alfonso el batalladora y que sostuvo en Andalucía la vacilante fortuna de 
los almorávides contra los insurgentes alentados desde África por los almohades. 
Verdad es que á la misma causa se consagró Mohamed desde este rincón con 
igual celo que su hermano, á quien ofreció dos de los seis hijos que consigo tenía, 
Abdalla é Ishak, á quienes su tío dio los gobiernos de Granada y de Carmona, y 
antes A bdalla se había señalado ya en el de Valencia de donde al fín lograron 
echarle los rebeldes. Llamólos de Andalucía su padre al ver acercarse la ruina del 
imperio Almoravidc que espiró con el famoso Aben-Ganiyah su intrépido defen- 
sor en la vega de Granada, y mandóles acudir con su escuadra ; pero cuando ro- 
deado de ellos se preparaba á salvar si podía del naufragio común su pequeño 
estado, vínole el daño de donde menos recelaba. Ofendido Ishak de la preferencia 
dada al primogénito Abdalla para heredar el reino, entrando en conspiración con 
algunos Lamtunies, no sólo dio muerte al antepuesto hermano, sino á su mismo 
anciano progenitor; y anticipándose luego á sus cómplices que trataban á su vez 
de derribarle, atacólos en sus propias casas y logró acabar con ellos. Empezó á 
reinar en 1 i 5 i , y dedicado á plantar y á fabricar, desmintió de pronto con el tem- 
plado y discreto ejercicio del poder el sangriento modo de adquirirlo; mas no 
tardó en cambiar, disgustando á los habitantes y hasta á su general de mar Lob- 
ben-Maymún (*), principal apoyo de su elevación, que se pasó entonces á los ene- 
migos almohades. No se descuidó Ishak, sin embargo, á pesar de la sangre almo- 
ravide que por sus venas corría, y de la hospitalidad dada al poderoso adversario 
de la nueva dominación, Aben-Said-ben-Mordanisch, dueño de la costa de enfren- 
te desde la embocadura del Ebro hasta Cartagena, el cual murió en Mallorca ha- 
cia 1 17a, no se descuidó, repito, de cultivar relaciones, y no de simple amistad 
sino de dependencia, con el califa almohadc Abu-Yacub, á quien tenía costumbre 
de enviar presentes de cristianos cautivados en sus anuales expediciones por las 
costas de Cataluña y de Provenza. Ganó á Tolón, prendió al vizconde de Marsella 
Hugo Gaufredo, celebró con Genova el tratado de que habla el texto, y acabó sus 
días en 1 184. Ha sido menester adelantar estas noticias para rectificar y aumen- 
tar las incompletas de que pudo disponer en su tiempo Piferrer, no publicadas 
todavía las historias arábigas que le hubieran ahorrado tantas conjeturas y re- 
suelto tantos problemas. 

(*) Hijo probablemente de Abdalla-ben-Maymiíii que durante el sitio de los písanos llevó al África el 
arriesgado mensaje. 



46 ISLASBALEARES 

Andalucía sostener un tanto el desquiciado dominio de los almo- 
rávides, hizo él frecuentes algaras por tierras de Valencia, al 
ñn desamparó para siempre la España, y pasó á Mallorca á 
reunirse con su padre. Ya era tiempo de que lo hiciera: pues 
venidos del África los almohades, habían comenzado á dar 
ayuda á los sublevados; y tomada luego Marruecos, corte de 
los almorávides, ñnó la dominación de éstos, y fueron vanos el 
saber y la constancia de aquel gran varón AbuZakarya-ben- 
Ganya, que después de defender la Andalucía á palmos falleció 
de sus heridas el año 543 de la hégira, ó 1 148 del Señor, llo- 
rado como el postrer almoravide por los suyos, que perdida 
Granada por 1157 á 1158 dieron la vela para las Baleares. 

Así vinieron estas á ser el único asilo de los almorávides: 
pero ¿aquellos jefes eran descendientes de Mudjehid, el conquis- 
tador de las islas? No podemos satisfacer de un modo termi- 
nante á esta cuestión, y harto á pesar nuestro hemos de caminar 
sobre cálculos y suposiciones. Los jeques ó emires de Denia, 
cuando el llamamiento de Yusuf-Taschfyn por los régulos ára- 
bes españoles y su consiguiente venida, si bien al principio en 
obsequio del africano vistieron el albornoz negro, color de los 
abasidas, también después fueron del número de los desconten- 
tos; y la historia en el año 1092 (484 de la hégira) trae la toma 
de Denia por las armas del general almoravide Dawdben- 
Aischa. Además, habían mediado relaciones de parentesco entre 
la familia de Mudjehid y varios jeques árabes; el de Valencia al 
parecer era cabeza de sus vecinos, los cuales, incluso el de 
Denia, vinieron á confundir sus estados con el de aquel y á for- 
mar un solo reino; y aunque un ahmerí, el cadhí Ahmed-el- 
Moafery, entregó traidoramente Valencia á aquel general y se 
alzó por entonces con el reino y el favor de Yusuf, no se halla 
ya mención de Aly hijo de Mudjehid después del año 1058. 
Hay pues que hacer dos suposiciones: que Mohamedben-Aly- 
EbnGanya era uno de los hijos de Aly, como lo indica su nom- 
bre, y nieto de Mudjehid; ó que arrojada de Denia la familia 



SLASBALEARES 47 



de éste, y sujetada después Mallorca en 1095 P^^ ^^^ fuerzas 
de Schyr-benAbu-Bekr, fundó el Ben-Ganya una nueva dinastía 
de reyes de las islas (a). Ni tampoco aclara las dudas la amistad 
que al parecer unió á los Beny-Ganyas con Abu-Abdalá- 
Mohamed-ben-Saíd-ben Mordanisch, rey de Valencia y de la 
España oriental, según le titulan los historiadores árabes, el 
cual, no siendo ni almoravide ni almohade, pero sí enemigo de 
este bando, organizó por algún tiempo un estado que se exten- 
día desde los confines de Cataluña hasta Cartagena, compren- 
diendo Murviedro, Játiva, Denia, Alicante, Lorca y Murcia, y 
falleció en Mallorca el año de 1172. 

Sin embargo, á Mohamed-benGanya le llaman los docu- 
mentos hijo de Aly, bien que no se particulariza fuese éste el 
hijo y sucesor de Mudjehid. Sea de esto lo que fuere, Mohamed 
tuvo dos hijos, Abu-Mohámed Abdalá y Abulbrahim^-Ishak: del 
primero, que en España tanto secundó los esfuerzos de sii tío 
Zakarya, y se distinguió con la defensa de Játiva, ninguna men* 
ción vuelve á hacer la historia; y en 1 181 ya había ascendido 
al tronó de las Baleares el segundo, su hermano Abu-Ibrahim, 
que por entonces firmó un tratado con la república de Genova, 
Pero en gracia de la claridad, désenos que retrocedamos un 
tanto; y tomando las cosas de su origen, veamos si se pueden 
traslucir los antecedentes que á aquella república la movían á 
tratar con los isleños (6). 



(a) Aunque hijos de un Alí (nombre tan común entre los árabes) los dos her- 
manos Aben-Ganiyah, Yahya y Mohamed, nada tenían que ver con la estirpe de 
Mudjehid, cuyo hijo Alí, señor de Denia, es bien distinto del AIí-ben-Yahya-Alma- 
sufí, padre de los dos célebres caudillos, con quien el califa Yusuf casó á una de 
sus parientas llamada Ganiyah. Nueva pues era en Mallorca la dinastía de los 
Aben-Ganiyahs, que contó tres generaciones de reyes, así como dos la de Mud- 
jehid. 

(b) Ninguna parte tomaron los genoveses en la expedición de los písanos 
de 1 1 14, á pesar de unir sus nombres Almakkarí; y este retraimiento no se prue- 
ba sólo por el silencio de nuestras crónicas y documentos, sino por la mención 
expresa que de él hacen. Esto no quita que en tiempos próximos al suceso se di- 
vulgara ya la hablilla de que á los genoveses había dado á guardar el conde de 



48 ISLAS BALEARES 

Como la famosa expedición de catalanes y pisanos no des- 
poseyó enteramente de las Baleares á los sarracenos, ardían 
aquellos en vivísimos deseos de segundarla, cuando otra jorna- 
da semejante hizo que salieran á plaza. Almería, guarida de pi- 
ratas, iba al fin á caer en manos de los cristianos: D. Alfonso, 
rey de León y de Castilla y emperador de las Espafias, era el 
alma de la empresa; y mientras las tropas de los condes y gran- 
des se ponían en marcha, Barcelona había aprontado una es- 
cuadra, y con sus naves se reunían las de Montpeller, Genova y 
Pisa. A la vista de los armamentos^ debió de recordar D. Ramón 
Berenguer IV las hazañas de su padre en Mallorca ; y queriendo 
concluir su obra comenzada, ajustó dos tratados, en que consig- 
nó sus proyectos de pasar á la toma de las islas. Fué el uno con 
D, Guillen Ramón de Moneada, y en él le donó la tenencia de 
la ciudad de Tortosa y de su zuda ó alcazaba en nombre suyo 
con la tercera parte de las rentas, la del castillo y distrito de 
Peftíscola, la de la ciudad y término de Mallorca con la tercera 
parte de los productos, y la de Menorca é Ibiza. Firmóse esta 
donación á primeros de Agosto de 1 146 por el conde y por los 
testigos Pedro Bertrán de Belloch, Bernardo de Belloch, Gui- 
llelmo de Castellvell, Otón y Raimundo de Puig-alt (i); y el 
Moneada en cambio se dispuso para acompañarle á Almería con 
la más gente que pudo. Celebró el conde el otro tratado con 
los de Genova, y en él se estipuló: que á la vuelta de Almería, 
sin regresar á Genova, marcharían ellos y el conde á tomar 
Tortosa y luego las Baleares, especificando Mallorca, Menorca, 



Barcelona su conquista al regresar á Cataluña, á cuya confianza habían corres- 
pondido aquellos tan mal, que entregaron la isla á los infieles. Anno MCXV^ dice 
un antiguo cronicón barcelonés, capia fuii civiias Majoricarum á comité Barcino- 
nensi cum Pisanis^ quam Januenses postea tradiderunt; y de semejante calumnia, 
sugerida por el odio nacional, se hace eco asimismo el cronista Desclot. Para des- 
mentirla, si fuera menester, bastaría el concierto que más adelante se cita, de Ra- 
món Berenguer IV con los de Genova, para emprender, á continuación de la con- 
quista de Almería, la de Mallorca. 

(i) Véase el número 5 del Apéndice. 



ISLAS BALEARES 49 

Ibiza y Formentera; que de lo que conquistasen juntos, las dos 
partes serían para el conde, y para los genoveses la restante; 
que en las ciudades y lugares, de que el conde se apoderase por 
sí solo, tendrían éstos una iglesia con las rentas y casas que 
cinco clérigos hubiesen menester, un horno, unos baños, una 
albóndiga, etc.; que ni los genoveses pagarían derecho alguno 
de portazgo, ni de peaje, ni de ribera en todos los estados del 
conde, desde el Ródano hasta las fronteras de poniente, ni á los 
vasallos del conde se les exigirían semejantes derechos en terri- 
torio y puertos de la república; que mientras anduviesen juntos 
ambos ejércitos, ninguna de las partes contratantes podría ñr- 
mar pacto ó convenio para restituir alguna plaza, sin consenti- 
miento de la otra; que los genoveses tendrían aprontados inge- 
nios y máquinas militares de toda especie ; y por último que los 
que de ellos obtuviesen posesiones en España, reconocerían el 
dominio del conde y de sus sucesores (i). 

Harto extraño es, á la verdad, que el barcelonés así des- 
continuase la amistad que reinó entre su padre y los pisanos, y 
con menoscabo del respeto que á la memoria del gran D. Ra- 
món Berenguer III debía, trabase alianza con quienes se habían 
negado á participar de la expedición pasada; mas sin duda las 
crecidas fuerzas, que para la toma de Almería envió la república 
genovesa, su pujanza que siempre iba en aumento, su no des- 
mentida fortuna y otras circunstancias del momento fueron parte 
para que él efectuase esa negociación. Los pisanos empero, di- 
vididos ya de Genova por aquella funesta rivalidad que al ñn 
acabó con su propio esplendor y poderío, debieron de sentir 
profundamente la preferencia otorgada á sus émulos ; y tal vez 
por aquella coyuntura enviaron al conde una carta, que por des- 
gracia carece de fecha. En ella, después de recordarle la amistad 
que con su antecesor les había unido, y las muchas veces que, 
muerto aquél, le habían escrito á él mismo sobre esto y sobre 



(i) Véase el número 6 del Apéndice, 
1 



50 ISLASBALEARES 



conservar ahora la suya, decíanle que ellos perseveraban en el 
primer propósito; que favoreciese á Pisa, como un tiempo la fa- 
voreció su padre; que trajese á la memoria que éste conquistó á 
Valencia, y juntos tomaron Mallorca; que, si bien al presente 
una y otra estaban en poder de sarracenos, con todo su defensa 
y amparo corrían de cuenta de Pisa y del conde, y sobre ellos, 
que no sobre los moros, recaería la infamia de los detrimentos 
que padeciesen ; que por tanto, si los genoveses, según se decía, 
intentasen acometer á Valencia ó á Mallorca é Ibiza, les negase 
su auxilio; que ellos ya se lo habían prohibido por escrito y de 
palabra, manifestándoles que no podrían realizar sus intentos 
sin que costase sangre á entrambas repúblicas (i). Mas no lle- 
garon las cosas á tal rompimiento, pues no se llevó á cabo el 
proyectado paso á las Baleares ; y harto ocupadas estuvieron 
las armas de Genova y del conde en la toma de Almería y en 
el cerco de Tortosa. 

Con el valor y la fe de su padre D. Ramón Berenguer IV, 
heredó también D. Alfonso el Casto la idea de conquistar las 
Baleares; y al parecer los mismos moros, no respetando el pa- 
bellón aragonés, despertaron sus deseos de ponerla por obra. 
£1 rey, que no estaba tan desembarazado de negocios que pu- 
diese abandonar sus estados y hacerse á la vela, ni aun mandar 
allá sus fuerzas, tentó las vías de una negociación ; y por Febrero 
de 1 1 76, Roberto, tal vez uno de la familia normanda de Agui- 
lón, el cual por su complicidad en el asesinato del arzobispo de 
Tarragona D. Hugo de Cervellón se habría refugiado á Ma- 
llorca, obtuvo de D. Alfonso y del electo arzobispo D. Guillen 
Tarroja salvo-conducto para regresar á Cataluña, prometiendo 
él, entre otras estipulaciones, que procuraría asentar treguas 
entre el aragonés y el walí mallorquín (2). Pero al siguiente afto 
ya resolvió el rey aprontar una armada y fiar la satisfacción á 



(i) Véase el número 7 del Apéndice. 
(2) Id. número 8 id. 



ISLASBALEARES $1 

las armas; y por Junio de 1 178 un capitán, que la historia de- 
signa con el solo nombre de D. Alonso, puso á su disposición 
las galeras de Guillelmo rey de Sicilia para aquel paso. Mas, 
sea . que sus disensiones con Castilla y Navarra le trajesen cui- 
dadoso, sea que los asuntos de Provenza no le dieran vagar, ó 
bien, como creemos y es lo más probable, que el balear vino á 
entr2í^k|| razón y pesó bien sus propios intereses, la empresa 
no pasó de proyecto. 

Sin embargo, la república de Genova, como tan sagaz y co- 
merciante, aprovechó aquella coyuntura para apropiarse en 
cierto modo el tranco de las islas : y haciendo valer el temor que 
la proyectada expedición debía de infundir á los moros mallor- 
quines, si ya no habían mediado mutuas ofensas entre embarca- 
ciones de una y otra parte, por medio de su embajador Rodoán 
de Moro ajustó con el rey de las Baleares el alfaquí Abu- 
Ibrahim Ishak , hijo de Mohamed-ben-Ganya , y hermano del 
famoso Abdala que tan valientemente se defendió en Játiva, un 
tratado de paz, en el cual se prometían ambas partes no hosti- 
lizarse ni favorecer de ningún modo á sus respectivos contrarios, 
estipulando que si algún bajel de una y otra naufragasen en las 
costas ya genovesas ya mallorquinas, nadie pudiese apoderarse 
de los despojos de la embarcación, y que aquella tregua y con- 
venio durasen diez años, contaderos desde el día de la fecha, 
esto es, desde el mes de safar de 577 de la hégira, ó Junio 
de 1 181 (i). 

Muy provechosa le fué al moro la tregua, pues le permitió 

entender con ahínco en reforzar su escuadra; y tal vez esto, 

más que otra consideración, fué lo que á ñrmarla le indujo. Y 

. bien se echó de ver entonces que eran los BenyGanyas dignos 

descendientes de aquel Zakarya, á quien se denominó el postrer 



(i) Historia de España^ por Carlos Romey, cap. III de la 3.* parte; este histo- 
riador, según él dice, copia el extracto que en 1805 M. Silvestre de Sacy sacó del 
original árabe, conservado en el archivo de Genova. 



$2 ISLASBALEARES 

almoravide, ya que ñeles á los sentimientos de su familia y secta 
mantuvieron odio constante á los almohades, y desde una roca 
del Mediterráneo espiaron la ocasión de turbar su imperio: la 
cual juzgaron se les ofrecía con la muerte del emir AbuYakub- 
Yusuf, acaecida el año 580 de la hégira, 1 184 del Señor. Había 
en tanto fallecido Abulbrahim-Ishak, y ocupaba el trono de las 
Baleares su hijo Aly-ben Ishak (aj^ y reuniendo grande armada 
hízose á la vela para el África, puso sitio á Bujía, combatióla 
furiosamente, y tomándola al ñn á viva fuerza, desalojó de allí 



(a) No fué Alí quien sucedió de pronto á su padre Ishak, sino Mohamed, el 
mayor de los trece hermanos, quien se apresuró, mediante embajada, á ofrecer 
sumisión al califa almohade; y para recibírsela vino de Marruecos Alí-Ar-Robertín, 
hijo de cristiano al parecer según el patronímico. Indignados de tamaña humilla- 
ción los hermanos, prendieron á Mohamed juntamente con el enviado del amir, y 
escogieron de entre ellos por rey á Alí, en el momento en que la nueva del falleci- 
miento de Abu-Yacub vino á despertar las esperanzas y los odios almorávides. 
Sediento de gloria Alí y sintiéndose estrecho en la isla, déjala al cuidado de su 
hermano Talha (de su iio Az-zobeir dice Ibn Khaldun), y con otros dos hermanos 
Yahya y Abdalla desembarca en África sus huestes, toma ciudades, subleva tribus, 
y emprende extinguir en su foco la pujanza almohade. Mientras tanto el astuto 
Ar-Robertín tramaba desde su cárcel una revuelta, y entrando en secreta nego- 
ciación con libertos cristianos que lo custodiaban, prometíales el regreso á su país 
nativo con hijos y familias, con tal que le ayudaran á recobrar la libertad; hecho 
que explica aquella misteriosa frase del cronicón de San Víctor de Marsella^ 
MCLXXXV—Chrisiiani ceperunt palaíium civitaiis Majoricarum, ei fuerunt liberati 
á capiivitaie, Hiciéronse fuertes en el alcázar, y libertado de su prisión Mohamed, 
volvió á cobrar el cetro. El primer uso que de él hizo fué despachar á Ar-Robertín 
hacia el nuevo sultán, reiterándole su homenaje, y poco se hizo aguardar la flota 
almohade al mando de Abu-1-ola-ben-Jamí, á fin de tomar posesión de la isla; re- 
sistióse empero al yugo el fluctuante Mohamed, y solicitó de los cristianos de 
Barcelona fuerzas que oponer á las de África. Fl escándalo de semejante alianza, á 
la vez que el temor al califa, sublevaron á los muslimes de Mallorca; Mohamed fué 
segunda vez depuesto, y elevado su hermano Tashefín. Llegaron á Alí en Trípoli 
(en Constantina según otros) estas abigarradas nuevas, y no sufriéndole el cora- 
zón abandonar su patria y reino bajo la servidumbre de la aborrecida raza que 
había jurado destruir, con las gentes de que se desprendió y con las que reclutó 
en Sicilia su hermano Abdalla, le envió á Mallorca en compañía de otro hermano 
Alghazí. Desembarcó la expedición libertadora en un puerto de la isla, y por ardid 
se apoderó de la capital, donde no faltaban generosos sentimientos de indepen- 
dencia, que, haciendo explosión, ahuyentaron á Tashefín y entronizaron á Abdalla. 
Ocurrían estos sucesos de 1 18$ á 1 187: el reinado de Abdalla hasta 1203 fué una 
continuada resistencia contra las escuadras almohades, que de vez en cuando se 
acercaban á tentar fortuna, y que vigorosamente repelía con muerte de muchos 
agresores el escandecido entusiasmo popular. 



ISLASBALEARES 53 

á los almohades é hizo rezar la kothba (i) por Nayr-Edyn-Alá 
califa de Bagdad, llamando á las armas á todas las kábilas ó 
tribus y pueblos comarcanos. 

Con su partida quedó reinando en Mallorca su hermano 
Abu Mohamed-Abdalá, el cual, aunque no había espirado aún el 
plazo de la tregua mencionada, y quizás sólo para rátiñcar el 
convenio de su padre, por Agosto de 1 1 88 ñrmó con el emba* 
jador genovés, Nicolás Lecanozze, otro tratado de paz durade- 
ro por diez años (2). 

Mientras tanto, Aly ó Yahya con varia fortuna seguía gue- 
rreando en África contra los almohades ; y bien pudiera ser que 
contribuyeran á sostenerle así los socorros que de las Baleares 
se le mandaban, como las tribus que se sublevaban en favor 
suyo. Fieles. á la memoria de los almorávides, los árabes san- 
hadjitas y zenetes, de los cuales eran oriundos los Beny-Ganyas, 
jamás abandonaron á su jefe Aly; y este intrépido descendiente 
de Zakarya, ya refugiándose y vagando por el desierto en la 
adversidad, ya fortificando las plazas amigas durante la suerte 
próspera, disputó por muchos años á los almohades el imperio 
de lo que hoy forma gran parte de los estados berberiscos. 

Mas el suceso no debía coronar tantos esfuerzos y tanto 
heroísmo. El emir almohade Mumenín-Mohamed-ben-Yakub, ó 
Nasredino Alá (^), el cual entonces por muerte de su padre 
acababa de ascender al califato, conoció que duraría la constan- 
cia de El Mayorki, que así apellidan á Aly ó Yahya {6) los his- 



(i) Oración pública por el príncipe. 

(3) RoMEY, en el lugar ya citado. 

(a) Es de extrañar que Piferrer confunda aquí y más abajo al amir de Marrue- 
cos con el califa de Bagdad, que pocas líneas más arriba ha distinguido cuidado- 
samente. 

(d; Toma Piferrer por una sola persona, con distintos nombres, á los dos her- 
manos que siempre unidos y con implacable ardor guerrearon en África contra 
los almohades. Toda la costa, desde Oran hasta las Sirtes, fué teatro de la más en- 
carnizada lucha, en que apenas hubo ciudad que no fuera tomada y perdida con 
estrago, ni llanura en que no se diera batalla. Breve aunque gloriosa fué la carre- 
ra de-Alí, pues á los cuatro años de inauditas proezas, murió herido de una saeta 



54 ISLASBALEARES 

toriadores árabes, cuanto durase la dominación almoravide en 
las Baleares ; y después de entrar en Argel, aprestó una escua- 
dra y pasó á Mallorca, de que se apoderó tras una porñada re- 
sistencia por Noviembre de 1 203 (a). Degollado el rey Abdalá, 
cuya cabeza se envió canforada á Marruecos, y colgado su cuer- 
po en los garfios de las murallas de Palma, acudieron temero- 
sos los isleños, y aclamaron emir á Nasredino, que los acogió 
con dulzura ; y rendidas por capitulación Menorca é Ibiza, dejó 
el almohade de cadí de aquellas islas al imán Abdalá-ben-Huta- 



en 1 188: su cadáver, se dice, fue traído á Mallorca. Cerca de medio siglo casi le 
sobrevivió Yahya, aliado del armeno Caracoch-al-Ghozzí con quien luego rompió, 
sostenedor á la vez que sostenido por la autoridad espiritual del califa abasida de 
Bagdad contra la cual mantenían cisma sus enemigos, y sobre todo caudillo ex- 
perimentado, infatigable, nunca adormecido por la prosperidad, ni abatido por 
los reveses. Con el auxilio de dos naves mallorquínas, que le envió su hermano 
Abdalla, rindió á Trípoli; pero no le desconcertó más tarde la caída del desgra- 
ciado rey ni el avasallamiento de la isla por los almohades, á quienes siguió com- 
batiendo sin reposo. Tan pronto en las fronteras de Marruecos como en las de 
Egipto, tan pronto dueño de ricos estados como fugitivo por desiertos arenales, 
tuvo más de aventurero que de conquistador: en Bugía, en Argel, en Constantina, 
en Trípoli, en Túnez, en Tremecén, en Oran, en todos los muros plantó su bande- 
ra, pero en ninguno pudo fijar su dominación. Mallorca había ya sacudido el yugo 
almohade, Mallorca era cristiana, cuando en el fondo del África fenecía septuage- 
nario en 1233, sin dejar aún las armas, Yahya el último almoravide, encomen- 
dando sus dos hijas solteras, que tales permanecieron por encargo suyo, á la ge- 
nerosidad de su adversario Abu-Zakaria, jefe de la dinastía de Beni-Hafs: guardóse 
secreto el lugar de su sepultura. Peleando á sus órdenes murió en 1205 su her- 
mano Djobara: en 1208 le abandonó otro hermano suyo, Seyr, pasándose á los 
almohades: con lo cual es conocida la suerte de nueve de los trece hermanos. 

(a) Del relato de Ibn-Khaldun no resulta que fuera en persona á la conquista 
de Mallorca el califa Muhamad, sino que la encomendó á su tío Cid Abu-1-ola. 
«Tomaron, dice, por asalto la ciudad, y con Abdalla fueron en su mayor parte pa- 
sados á degüello los habitantes;» prueba de su general adhesión á la dinastía ven- 
cida, aunque afirme otra historia que la población en masa salió á someterse y á 
saludar al amir, que á todos acogió con benevolencia. Ignórase la suerte del prín- 
cipe Tashefín : sábese únicamente que, comprometido con los almohades que le 
habían confiado el poder y guardando rencor al hermano que le depuso, contri- 
buyó con su defección á la derrota de Abdalla. Antes de retirarse Abu-1-ola con 
su armada, dio el gobierno de la isla á AbdalIa-ben-Ta-allah-Alkumí, nombrado 
luego almirante por el califa, que escogió por gobernadores de entre los de su 
linaje, primero á Cid-Abu-Zeyt su propio tío, y después á Abu-Abdalla, hijo de 
Abu-Hafs y nieto de Abdelmumen, el cual fué en breve trasladado á Valencia. No 
consta que fuese de la real estirpe el último walí Abu-Yahya, hijo de A.1Í, hijo de 
Abí-Amran de Tinmelet, que gobernaba desde i 208 en Mallorca, al emprender 
su conquista Jaime I. 



ISLASBALEARES 55 

lahy regresando al punto al África á completar el exterminio de 
los almorávides, cuyo caudillo Aly ó Yahya no pudo con todas 
sus hazañas vengar la muerte del hermano, y tuvo al fin que 
internarse con sus fieles árabes por el desierto (i). 

Mas también tocaba á su fin la dominación de los almoha- 
des : la tremenda derrota de las Navas de Tolosa trajo el des- 
aliento y la discordia entre ellos y los jeques andaluces ; y de- 
seosos éstos de vengar los ultrajes recibidos del califa de 
Marruecos, luego que pudieron, que fué presto, renovaron 
los levantamientos con que antes habían echado á los almo- 
rávides, mientras en África ardía asi mismo el fuego de la 
guerra. 

La espada de los reyes cristianos no estaba entretanto ocio- 
sa ; las coronas de Aragón y Cataluña habíanse reunido en don 
Alfonso el Casto^ y ya era dable poner por obra empresas, que 
quizás no hubieran convenido á las solas fuerzas del uno ó de la 
otra. Crecía el mozo Jaime en valor y en virtudes; la memoria 
de las expediciones de sus antepasados á las Baleares era viva 



(i) La dominación de los árabes en España es la parte más difícil y complica- 
da de nuestra historia, y mal pueden retenerse ni los nombres ni las cosas, si el 
escritor no pone á trechos resúmenes así genealógicos como cronológicos, que 
ofrezcan puntos de descanso á la memoria, para que con la clara inteligencia de 
lo que ha leído ya, vaya siguiendo con fruto el curso de los hechos posteriores. 
No le alcanza á la historia de Mallorca, ni con mucho, la complicación que reina 
en la de los varios estados árabes de la península; mas, como de suyo los nom- 
bres de sus walíes soberanos suenan tan extraños á nuestro oído, creemos muy 
conveniente presentarlos aquí, reunidos bajo de una ojeada : 

I."" Mudjehid el Dyn el Ahmery, primer walí de Denia; el año de loió tomó 
las Baleares, y murió en 104$. 

2.** Su hijo Aly-ben-Mudjehid el Mowafek; aún vivía en 1058. 

3.* Mohamed-ben-Aly-Ebn-Ganya; por 1144 pasó á fortificarse en Mallorca; 
tuvo dos hijos: Abu-Mohamed-Abdalá, y Abu-Ibrahim-lshak; y le sucedió 

4.* Abu-lbrahim-Ishak, que en 1181 firmó un tratado con Genova; tuvo dos 
hijos: Aly ó Yahya-ben-Ishak, y Abu-Mohamed-Abdalá. 

5.*^ Aly ó Yahya-ben-Ishak; por 1184 pasó al África á guerrear contra los 
almohades. 

ó."* Su hermano Abu-Mohamed-Abdalá quedó reinando en .Mallorca, y en 
1203 le degollaron los almohades, y se apoderaron de las Baleares. 



56 ISLASBALEARES 

aún; la fama de la fertilidad y riqueza de las islas, grandísima, 
y vehementes los deseos de estrenarse con semejante jornada: 
así que bastaron insultos dados y recibidos para plantar en Ma- 
llorca las barras aragonesas. 










CAPITULO II 



Motivó'^ áf* la f^x jif^rlicií^n df^ In^ CíitalíirieiF; \' aríiernní^-^f^s ^ 
Mallorca. — Cortes en Barcelona. — Aprestos. — Embarque 
de los cruzados. — Travesía. — Victorias. — Sitio y toma de 
Palma. — ^Repartimiento. — Reñexiones generales sobre la dominación ára- 
be en aquella isla. 



^Y^ESDE que el conde D. Ramón Berenguer e¿ Grande se 
'A^^ aventuró el primero al mar, y llevó sus valientes catala- 
nes á la conquista de las Baleares, la toma de éstas vino á ser 
la idea favorita y hereditaria de sus sucesores, que dieron todos 
claras muestras de quererla poner por obra. A ninguno le cupo 
la gloría de efectuar la jornada; pero sus tentativas no fueron 
infructuosas. La continua zozobra, en que las armas cristianas 
aragonesas les tenían, forzó á los moros isleños á ser más cau- 
tos y menos frecuentes en sus piraterías, y á asentar á menudo 



58 ISLASbALEARES 



con los monarcas de Aragón treguas, que abrían á los activos 
catalanes el tranco con las costas de África y aun con las mis- 
mas islas. 

Dueños de ellas los almohades, no aleccionados todavía 
como sus antiguos contrarios los almorávides por el rigor de 
las huestes cristianas, primero debieron de tener en poco el 
poder de Aragón ; y desgraciadamente para ellos, en los prin- 
cipios del reinado de D. Jaime I atrajeron sobre la isla la tem- 
pestad que por tanto tiempo la había amenazado. 

Poco escrupulosos en guardar los convenios celebrados con 
los vasallos de la corona aragonesa, según del contexto de las 
crónicas resulta, ya traían ellos resentido al comercio de Bar- 
celona, cuando éste recibió de los moros el ultraje que debía 
ser el postrero. Deshecha la corta armada que cooperó al inú- 
til cerco de Peftíscola, dos saetías, que á ella pertenecieran, sa- 
lieron de Tarragona á corso ; y como aportasen á la costa de 
Ibiza, encontráronse con una tarida mora, que cargaba madera 
de construcción, y una galera que iba en su custodia. Aconteció 
que las tripulaciones sarracenas denostaron á las catalanas, bien 
que no sabemos si dio lugar al insulto el proceder de los cris- 
tianos, que no creemos fuese el más amistoso y comedido si á la 
ojeriza que á los baleares profesaban se atiende, y á que llega- 
ban de una expedición frustrada : vinieron á las manos, huyó la 
galera como más desembarazada y pronta, y las saetías llevá- 
ronse presa la tarida. Furioso al saberlo el walí ó emir apresó 
á pocos días una nave barcelonesa, que con rica cargazón arri- 
baba de Bujía; y despachando algunas galeras, cúpole igual 
suerte en las aguas de Ibiza á otra nave de Barcelona, que con 
muchas riquezas hacía rumbo á Ceuta. 

Apenas se supieron en la capital de Cataluña estas dos pre- 
sas, que agravaban los daños recibidos de los baleares, alboro- 
tóse el comercio todo, y acudió al rey, á quien dio cuenta así 
de lo entonces sucedido como del perjuicio que ya antes causa- 
ban aquellos infieles á los intereses del condado. Sintiólo don 



ISLASBA.LEARES ^q 

Jaime, y mandando armar una fusta de cuarenta remos, envió 
en ella á Mallorca un caballero de su casa, para que obtuviese 
reparación del suceso, ó amenazase con las armas. Puesto el 
embajador en presencia del walí, á quien los cronistas cristianos 
apellidan Retabohihe ó Jeque Abohihe, y cuyo verdadero nom- 
bre veremos después, como al hacer su demanda mentase á su 
soberano, preguntóle el moro con desdén que de qué rey le ha- 
blaba. — «De D. Jaime, rey de Aragón, hijo de aquel D. Pedro 
que en la memorable batalla del Muradal destrozó un grande 
ejército de los vuestros», repuso el caballero, con tanto enojo 
del walí, que en poco estuvo de poner las manos en el enviado. 
Mas cediendo á lo que la prudencia y el derecho de gentes 
aconsejaban, mirólo el walí, y quiso tener acuerdo antes de dar 
una contestación; para lo cual llamó á los mercaderes genoveses, 
pisanos y provenzales, que á la sazón trancaban sobre seguro 
en Mallorca, y reunidos les dio razón del mensaje, pidiéndoles 
que pues eran cristianos y frecuentaban los puertos y tierras del 
aragonés, le dijesen del poderío de Jaime, si debía satisfacerle, 
y qué se podía temer de sus armas. En esto levantóse un ge- 
noves, y hablando por todos, dijo: « no hay que temer al de 
Aragón, que cierto es rey de flaco poderío ; y bien lo demues- 
tra que no há mucho sitió un mal castillejo, que Peñíscola ha 
por nombre, y hubo de alzar el campo sin rendirlo. Así, pues, 
nada se devuelva de lo que se les haya tomado á sus gen- 
tes (i).» Hízolo el moro como lo dijo el geno vés; y el mensajero 
volvióse para el rey, que entre tanto entendía en lo de restituir 
el condado de Urgel á D.* Aurembiax, y quedó resuelta la gue- 
rra contra el de Mallorca. 

Así motivan el paso de los catalanes y aragoneses á las Ba- 
leares los cronistas, siguiendo lo que dejó escrito el caballero 
Bernardo D*Esclot ; mas, en nuestro sentir, no se debe atribuir 
exclusivamente á aquel hecho la realización de la jornada. No 



( I > Véase el núm. 9 del Apéndice, 



6o ISLASBALEARES 

que el suceso referido no aconteciese entonces; pero las pirate- 
rías y los apresamientos fueron tan comunes durante aquellos 
siglos aun entre las potencias que estaban en plena paz, que los 
archivos rebosan en cartas, tratados, poderes y remisiones mu- 
tuas sobre daños y violencias al comercio sobrevenidos. Ni las 
preciosas memorias que de sus propios hechos escribió D. Jaime, 
ni la crónica de Marsilio mencionan ni señalan aquel motivo á la 
toma de las Baleares : y pues ellas son los principales documen- 
tos en que la historia de la expedición ha de fundarse (i), sin 
duda no se debió ésta á la sola altiva contestación que dio el 
walí al embajador. Bien á pesar nuestro, ponemos la mano va- 
cilante y respetuosa en esta bella página, ó llámese flor, que tal 
es para nosotros, de la crónica; pero creemos, y el concurso de 
los acontecimientos lo irá demostrando, que entre las causas de 
aquella jornada cúpole principal parte á la política, y que el in- 
sulto del balear sólo agravó los ya recibidos, y no fué cuando 
más sino un despertador de los deseos que de pasar el mar en 
demanda de las islas en todos los corazones dormitaban (a). 



(i) Aunque ya por lo que antecede se habrá echado de ver cuál es nuestro 
sistema en tratar la historia, permítasenos indicar aquí que, cuando faltan los do- 
cumentos diplomáticos, acudimos á las crónicas que más crédito merecen, y que 
por lo mismo clasificamos por este orden: i.° Crónica del rey D.Jaime; 2.° Crónica 
de fray Pedro Marsilio (latina y catalana); 3.' Crónica de D' Esclot, y 4." Zurita 3; 
demás cronistas. 

(a) Veamos acerca de dichas causas el relato de las historias arábigas, copian- 
do un pasaje de Almakkarí, que sobreponiéndose al espíritu nacional, reprende 
la presunción del walí sarraceno: «Hacia ñn del mes de Dylhagia del 623 (Diciem- 
bre de 1227) llegaron noticias de haber aparecido á vista de Ibiza un bajel de 
Barcelona y de haber salido también con él otro buque de Tortosa. Con esta nueva, 
Mohamcd (este nombre da al walí que en otra parte llama Abu-Yahia) despachó á 
su hijo al frente de algunos bajeles armados para dar caza al enemigo; y entrado 
en el puerto de Ibiza el hijo de Mohamed, encontró allí anclada una gran galera 
genovesa, á la cual atacó y tomó, y en seguida fué bn seguimiento de la nave bar- 
celonesa que fué abordada y tomada de la misma manera. El resultado de esta 
eíimera ventaja fué trastornar por completo la cabeza del gobernador de Mallorca, 
que desde aquel momento se figuró un conquistador y que ningún rey podría re- 
sistir sus armas victoriosas, olvidándose el malhadado de que ^ra como el came- 
llo herido con la maldición de esterilidad, y que los cristianos no dejarían de 
tomar con creces venganza de las injurias inferidas. Y así sucedió, porque el pue- 
blo de Barcelona, tan pronto como supo la aprensión de la nave, dijo á su rey, que 



ISLASBALEARES 6l 

Crecía más y más la discordia, que desde la muerte de El 
Nasr reinaba entre los almohades ; y una vez rotos los diques á 
la obediencia, el consejo de los jeques, que fué el principal vicio 
del gobierno de aquella secta, dispuso á su antojo del cetro, 
que arrancó y traspasó de unas manos á otras. Tras el falleci- 
miento de El Mostansir, hijo de El Nasr, salieron á plaza las 
ambiciones y los odios particulares; y á favor de la turbación co- 
mún, levantaron la cabeza en España los que se creían con de- 
recho al califazgo, los que tenían ofensas que vengar y reinos 
que recobrar, y los que sólo á la independencia de sus estados 
aspiraban. Acuden á las armas los partidos, pelean con varia 
fortuna, bien que al principio contraria á los defensores del nue- 
vo emir ó califa El Mamún ; y tanto prosperan los sublevados, 
que el walí de Valencia Cid-Abu-Mohamed-ben-el-Mansur ó Al- 
manzor, hermano de aquel príncipe, se procura la amistad del 
rey D. Jaime, y como luego veremos, en las fuerzas del cristiano 
cifra su propia conservación. 

Por aquel entonces el monarca aragonés, que con gran re- 
nombre de justiciero acababa de restituir á D.* Aurembiax el 
condado de Urgel, quitado por él mismo á viva fuerza á su ile- 
gítimo poseedor D. Guerao de Cabrera, vínose á Tarragona, á 
donde acudieron la mayor parte de los barones y nobles de Ca- 
taluña á la fama de la justicia del joven soberano, cuya activi- 
dad y ahínco en ejecutarla con sus propias armas tal vez temían 
al paso que los celebraban : y como á no pocos trajo el deseo 
de componer sus pleitos y diferencias, hubo allí tanta reunión 
de gente cortesana y de las villas, cual si se hubiese convocado 



era de la descendencia de Alfonso: «^Qué hace el rey al ver á sus subditos vejados 
de esta manera? Prontos estamos á asistiros con personas y bienes en vindicación 
de este insulto.» El rey, cogiéndolos de la palabra, levantó inmediatamente un 
ejército de veinte mil hombres en sus dominios, y habiendo equipado una consi- 
derable flota, hizose á la vela para Mallorca con unos diez y seis mil soldados. 
En el número de las tropas, no menos que de las naves expedicionarias, convienen 
coD nuestras historias las de los inñeles. 



62 ISLASBALEARES 

general parlamento. Convidó al rey y á todos los barones Pedro 
Martell, ciudadano de Barcelona, varón muy práctico en cosas 
de mar (i); y como desde la pieza en donde se celebraba el 
banquete se extendía la vista por el golfo, avino que de sobre- 
mesa y levantado y apartado ya D. Jaime, recayó la conversa- 
ción sobre las islas Baleares, y á Pedro Martell, que en ellas 
había estado más de una vez, le pidieron les dijese de su exten- 
sión, población y riqueza. Satisfízoles largamente el barcelonés; 
y con tanta copia y viveza de razones se las describió (2), que 
yéndose todos para el rey narráronle la plática habida, y po- 
niéndole por delante lo que á Dios y á su fe debían, procuraron 
mover su ánimo á la conquista de Mallorca con dos razones : el 
acrecentamiento de sus estados, y la fama que sus armas cobra- 
rían ganando un reino de en medio de las aguas. Y tanto y tan 
bien dijeron, que entusiasmado el joven monarca con lo glorio- 
so y arriesgado de la empresa, vino en ello, y para tratar del 
negocio llamó á los catalanes á cortes generales en Barcelona 
para el mes de Diciembre. 

Reunidos en el antiguo palacio condal los tres estamentos ó 
brazos, — el eclesiástico, el militar y el real ó de las ciudades y 
villas; como ya, sino se acertaba enteramente, se traslucía el 
asunto que motivaba aquella convocatoria, pues no todos los 
barones debieron de ser ñeles al secreto, era general la ansie- 
dad cuando entró el rey en la sala, y sentándose en su silla, 
después de invocar el favor del cielo, dijo: c Cierta y notoria 



(i) Las crónicas de D. Jaime y Marsilio le apellidan conde de Salses (a). 

Del contexto de la crónica del rey, impresa en Valencia en 1557, resulta que 
D. Jaime fué quien convidó á Martell y á los demás cortesanos ; pero esta es una 
de las varias equivocaciones que en aquella edición se padecieron, de lo cual nos 
cercioramos cotejándola coa el códice manuscrito del siglo xv, que se custodia en 
Barcelona, en la Biblioteca de San Juan. 

(2) Véase el núm. 10 del Afténdice. 

{a) CÓmii de gaitas y no camU de Salsee pone la crónica del rey D . Jaime, que leyeron mal los curiosos del 
siglo XVI sin reparar en la novedad é inverosimilitud del titulo, y copió mal la edición valenciana del >557, la 
cual comete otra equivocación más, haciendo á Martell ciudadano de Barcelona que lo era de Tarragona. 



ISLASBALEARES 63 

>cosa es que á la virtud de Dios se debió nuestro nacimiento, 
>pues en verdad voluntad suya fué que, cuando nuestro padre 
>no quería bien á nuestra madre, viniésemos al mundo; aunque 
» omitimos por prolijos los sucesos y maravillas en nuestro naci- 
» miento acaecidos. Pero bien por cierto sabéis que Nos somos 
> vuestro Señor natural, y solo, sin hermano ni hermana, que 
» otros hijos no hubo nuestro padre en nuestra madre: que vi- 
»nimos acá entre vosotros niño de seis años y medio: que halla- 
»mos á Cataluña y Aragón tan turbados, que enemigos unos de 
>otros en todo andaban discordes, sin que estos quisiesen lo 
>que aquellos querían: y que por las cosas pasadas teníais por 
>todo el mundo la fama perdida y la reputación mancillada. 
»Pues esto, os decimos ahora, sólo con dos medios podemos 
» remediarlo: pidiendo á Dios que enderece á buen fin nuestros 
» esfuerzos; y acometiendo empresa tal, que Nos y vosotros ha- 
» Hemos gracia en su presencia, y tan grande y tan buena, que 
»se borre de todo punto vuestra mala fama, porque con el res- 
>plandor de las buenas obras la obscuridad se desvanece. Así, 
>pues, por Dios y los vínculos de naturaleza que con vosotros 
»nos unen, encarecidamente os rogamos nos deis consejo y 
» ayuda en tres cosas: que podamos meter y asentar paz en 
» nuestras tierras; que sirvamos al Señor con el paso que al 
» reino de Mallorca y á sus islas queremos poner por obra; y 
>que, prestándome vosotros los auxilios que conceptuéis pro- 
»porcionados á vuestras fuerzas, juntos acordemos los medios 
>de realizarlo de manera que podamos á honor de Dios llevarlo 
>á cabo» (i). 

El arzobispo de Tarragona por la clerecía, D. Guillen de 
Moneada por la nobleza, y Berenguer Girard ciudadano barce- 
lonés por las ciudades, fueron respondiendo al rey; agradecié- 
ronle su buen propósito en tan tierna edad (2), y pidiéronle es- 



(i) Ya habrá conocido el lector que traducimos casi literalmente el razona- 
miento tal cual lo trae la crónica del rey. 
(3) Rayaba entonces en los veintiún año. 



04 ISLASBALEARES 

pació para pensarlo con madurez : y resolviéndose á propuesta 
del arzobispo que cada estamento deliberase por separado, di- 
vidióse el congreso. 

Los nobles, de quienes había salido la primera proposición 
de ir á Mallorca, temerosos de que ni los eclesiásticos ni los 
ciudadanos tal vez secundarían su fervor, valiéronse entonces 
de un ardid cortesano, bien disculpable en quienes la religión y 
el honor lo eran todo; y fué, que viniendo de allí á tres días á 
palacio de secreto y al anochecer, llevó la voz el conde de Am- 
purias, y con notable concisión y entereza de palabras, dijo: 
«Señor, primero que á vuestra plática los nobles respondan, oíd 
»\o que ahora os digo. Si hombres en el mundo han mala fama, 
*esta tenemos nosotros de buena que la solíamos tener. Ya 
»que acá entre nosotros venisteís como nuestro Señor natural, 
» menester es que con nuestra ayuda hagáis tales obras, que 
» recobremos la prez perdida; y bien entiendo la recobraremos, 
»si con nuestra ayuda conquistáis un reino de sarracenos que 
>en medio del mar esté: que esta será la mayor hazaña que en 
»cien años hicieron cristianos. Y como quiera que sea, vale más 
»que muramos recobrando la prez y bondad que solían haber 
» nuestras casas y nosotros, que vivir en el descrédito en que 
restamos: por lo cual sé deciros que i nuestro voto y nuestro 
» consejo son que la empresa se lleve á cabo por todos los me- 
» dios posibles.:» Hablaron también otros barones; y quedando 
acordado que se convocase el parlamento la mañana siguiente, 
se convino en que ellos darían su voto antes que el clero y los 
ciudadanos, á ñn de que su ejemplo fuese estímulo á los animo- 
sos, y vergüenza á los apocados que intentasen retraerse. 

Barcelona esperaba con impaciencia la resolución de las 
Cortes, pues mucho íbales en ella á su comercio y marina; y 
como cada brazo aquellos tres días mantuvo no interrumpidas 
deliberaciones, crecían la ansiedad y el interés, cuanto el miste- 
rio, las reuniones y las consultas de los diputados. Al ñn, cele- 
brados y oídos los oñcios divinos, reunióse el parlamento en 



ISLASBALEARES 65 

palacio: y poniéndose en pie Guillen de Moneada, aprobó la 
proposición del rey, y contestando á las tres cosas que éste les 
había pedido en la sesión pasada, manifestóle que debía pacifi- 
car primeramente sus tierras; dijo que se apuntasen los que 
quisiesen participar de las treguas y de la jornada; que si al- 
guien en Cataluña se negase á estar á las treguas, harían que 
estuviese á ellas de buen ó de mal grado; que tomase sobre 
sus estados el bovaje (i), que, si bien lo cobró á su advenimien- 
to al trono, ahora se lo daba como una gracia y donativo. En 
nombre de su linaje y suyo ofreció que le serviría con cuatro- 
cientos caballeros, y que no le abandonaría hasta que del todo 
hubiese conquistado Mallorca y las demás islas; y acabó pidien- 
do le concediese en lo que se ganase, así en bienes raíces como 
en muebles, parte proporcionada á sus servicios (2). El conde 
de Rosellón, D. Ñuño Sánchez, entró confirmando lo dicho por 
el Moneada acerca de la paz, y prometiendo treguas y el bova- 
je extraordinario por todos sus estados, puso á la disposición 
del soberano su persona y cien caballeros, y pidió ser á la parte 
de lo que se ganase. El conde de Ampurias refirióse á lo ex- 
puesto por su pariente el Moneada; ofreció pasar á la isla con 
mil peones y veinte ballesteros á caballo, y con setenta caballe- 
ros que entrarían en el número de los cuatrocientos, que don 
Guillen prometió aprontar por sí y por los de su linaje. 

Entonces mostró la clerecía cuanto deseaba la propagación 
de la fe cristiana y el acrecentamiento del rey y de su gloria; y 
bien se vio que también en esa ocasión fué quien dio mayor im- 



Ci) El bovaje^ dice Zurita, «era cierto servicio que se hizo en reconocimiento 
de señorío á los reyes al principio de su reinado, en el cual contribuían los ecle- 
siásticos, y las ciudades y villas del principado de Cataluña (también los nobles), 
y comprehendía todos los lugares desde Segre á Salsas. Pagábase este servicio 
por las juntas de bueyes, de donde tomó el nombre, y por las cabezas de ganado 
mayor y menor, y por los bienes muebles cierta suma, la cual se fué variando con- 
forme á los tiempos.il> cAnales de eArag^., lib. 2/ cap. 69. 

(2) D'Esclot difiere un tanto en las pláticas de Moneada y de D. Ñuño Sánchez; 
y como lo que pone en su boca nos parece muy oportuno y verosímil, lo continua- 
mos en él número 1 1 del Apéndice. 
9 



66 ISLAS BALEARES 

pulso á la empresa, como lo había dado á las pasadas. Movióse 
regocijado el anciano Aspargo, arzobispo de Tarragona: pro- 
rrumpiendo enternecido en las palabras con que Simeón tomó á 
Jesús en sus brazos, alabó el propósito del mozo D. Jaime; y 
bien que con su mucha edad é inexperiencia en las armas se 
excusó de asistir personalmente á la conquista, en su nombre y 
de su iglesia tarraconense dijo al rey que mandase y dispusiese 
en sus bienes y hombres como suyos, y dio licencia de que par- 
ticipasen de aquella cuantos eclesiásticos lo deseasen. Prometió 
con todo socorrerle con mil marcos de oro, quinientas cargas 
de trigo, den caballeros bien armados, y mil infantes lanceros y 
ballesteros, todos pagados y proveídos hasta que se acabase de 
conquistar la isla. El obispo de Barcelona, D. Berenguer de 
Palou, fué el primero que se aprovechó de la licencia concedida 
por Aspargo; y en un razonamiento tan notable por su breve- 
dad, fírmeza y celo religioso como propio del valor de que ya 
en lances de guerra había hecho prueba (i), ofreció su persona, 
cien caballeros, mil peones y socorros de mar. Este ofrecimiento 
fué como la señal para los demás eclesiásticos, que á porfía fue- 
ron prometiendo sus auxilios: el obispo de Gerona, que capita- 
nearía treinta caballeros; el abad de San Felío de Guíxoles, 
cinco; el paborde de Tarragona, cuatro y una galera; el arce- 
diano de Barcelona, diez y doscientos infantes; el sacrista de 
Gerona, diez y los peones que pudiese; y así otros abades, 
priores y dignidades, que además casi todos dijeron asistirían al 
rey con sus personas. 



(i) Este gran prelado, ya en el primer año de su obispado, se halló en la fa- 
mosa batalla de las Navas al frente de cuarenta caballeros y mil infantes ; en la 
empresa de Burriana sirvió á D. Jaime con setenta caballeros y setecientos de á 
pie; y en la de Peñíscola,el rey vino á darle el cargo de todas las fuerzas, y el 
obispo trajo de su cuenta sesenta jinetes y ochocientos peones. Ya veremos cuán- 
to contribuyó á la toma de Mallorca. Este ardor guerrero en nada disminuyó eu 
pureza de costumbres ni su religiosidad, como que de esta nacía: contribuyó á 
fundar la orden de la Merced y otros conventos religiosos ; y falleciendo por Se- 
tiembre de 1 34 1, le enterraron en la capilla de San Miguel en la Catedral de Bar- 
celona. 



ISLASBALEARES 67 



Si los razonamientos de tres ricos hombres habían precedido 
y en cierta manera motivado las generosas ofertas del estamen- 
to eclesiástico, no venció éste en largueza ni en fervor á los 
restantes individuos de la alta nobleza. Ramón de Moneada juró 
gastar en la demanda cuanto tenía y esperaba, y llevar consigo 
veinticinco caballeros; Francisco de Santmartí y GuíUelmo de 
Cervellón dijeron que serían con el rey con cien caballeros; 
Ramón Berenguer de Ager ofreció incorporar otros veinticinco 
á los de Ramón de Moneada; Berenguer de Santa Eugenia y 
Gilaberto de Cruilles se obligaron á mandar treinta caballeros; 
Hugo de Mataplana y Galcerán de. Pinos, cincuenta; treinta 
Raimundo de Alamany y Guillelmo de Claramunt; y ningunos 
desmintieron ni el valor heredado de sus mayores, ni lo que de 
su desprendimiento y devoción á las cosas de la fe y del rey se 
esperaba. 

Al fin cúpoles el turno á las ciudades, de las cuales sólo Bar- 
celona, Tarragona y Tortosa tenían diputados en aquellas Cor- 
tes. Levantóse el ciudadano Pedro Grony, y en nombre de la 
capital de Cataluña ofreció por entonces todas las corees^ naves 
y leños que hubiese en la ciudad, dejando para después la rela- 
ción de los demás socorros con que ésta quería cooperar á la 
expedición, que « serán tales, dijo, que por siempre nos lo agra- 
deceréis. > Tarragona y Tortosa atuviéronse á lo que el barcelo- 
nés expuso. Y cierto, fueron cuantiosos los socorros prometidos, 
pues la. ciudad levantó dos mil infantes y costeó casi todo el ar- 
mamento naval, que más abajo habremos de enumerar; y bien 
justificó el rey las palabras del Pedro Grony, ya que tomada 
Mallorca, por Enero de 1230 les concedió á los barceloneses 
por sus servicios el libre y franco comercio por mar y por tierra 
en las Baleares (i). Mas no fueron aquellos ciudadanos los úni- 
cos que aprestaron auxilios navales, que alguna parte les alcan- 
zó á los proverizales en los armamentos; y muchos de los pre- 



(i) Véase el número 1 2 del Apéndice. 



68 ISLASBALEARES 

lados y barones, bien que la historia no particulariza lo que en 
este punto prometieron, mentaron gente de mar en sus arengas, 
acabándolas con pedir que de lo conquistado se les repartiese 
según el número de caballeros, infantes, barcos y marineros que 
hubiesen traído á la expedición (i). 

Gozoso el rey, agradeció á los tres brazos el mucho amor 
que le mostraban y el interés que en sus cosas ponían ; ofreció 
llevar doscientos caballeros aragoneses, muy buenos y valientes, 
y gentilmente arreados de buenos caballos y ricas armas, qui- 
nientos donceles montados, cuanta infantería fuese menester, 
ingenios de batir, y muchos ingenieros ; dijo que, si Dios le alar- 
gaba la vida hasta entonces, antes de un año estaría en Ma- 
llorca; y finalizó con rogarles que allí mismo fijasen el plazo 
más corto posible, en que todos se reunirían para hacerse á la 
vela. 

Unánimes contestaron que estaban prontos á fijar el plazo; 
pero pidieron que el rey hiciese extender el acta, en que se les 
asegurase porción de la conquista según los servicios de cada 
uno. Parecióle bien á D. Jaime: hízose el convenio ; acordóse 
que en la última semana de Mayo estarían todos en Salou y 
Tarragona ; nombráronse quienes debían entender en el señala- 
miento de las porciones, que fueron el obispo de Barcelona, el 
conde Ñuño Sánchez, el de Ampurias, el vizconde de Bearne 
Guillen de Moneada, el de Cardona Ramón Folch, y Guíllelmo 
de Cervera ; reservóse el rey para sí, amén de la porción que le 
correspondiese y del dominio como soberano en todo, los alcá- 
zares, castillos y aposentos reales, que en los lugares conquis- 



(i) De ahí se deduce también que la mayor parte, aunque sólo especifícaron 
cuántos caballeros capitanearían en la empresa, alistaron infantería; y aunen lo de 
los caballeros, no olvide el lector que cada uno traía sus sirvientes, lo cual tripli- 
caba» á lo menos, el número de hombres armados. Ya así lo insinuaron algunos 
en las arengas y en las firmas del convenio, que en seguida se. menciona en el 
texto, pues al nombrar y escribir caballeros dijeron también y pusieron con sus 
sirvientes. El rey, que cargó con el mayor peso de la empresa, al afirmar el conve- 
nio sólo indicó que llevaría doscientos caballos. 



ISLAS BALEARES 69 

tados hubiese; prometió á todos los presentes indemnizarles de 
todos sus gastos, si él desistía de dar cima á la empresa; y se 
estableció que los que alcanzasen heredamientos en aquellas 
tierras, no pudiesen guerrear entre sí mientras allí habitasen (i). 

Entonces solemnemente, como dice Marsilio, con voz alegre, 
devoto el semblante, vueltos á Dios los ojos del corazón y los 
del cuerpo, en el nombre de Jesucristo y de su perdurable Ma- 
dre siempre Virgen, y por los Santos Evangelios que delante 
de sí tenía, juró el rey lo estipulado ; y acercándose los demás 
por su orden, fueron repitiendo el juramento en manos del an- 
ciano arzobispo Aspargo, descubiertos los prelados y muy hu- 
mildes los barones. Ya que hubieron jurado, reinó un profundo 
y devoto silencio, miráronse unos á otros; y la alegría, de que 
aquel voto les llenaba, salió por fín afuera con dulces lágrimas 
que de sus ojos corrían. 

Cunde entretanto por palacio la noticia de lo tratado, y 
pronto lleva el regocijo ¿ la muchedumbre que impaciente lo 
rodea. La ciudad se conmueve, las nuevas y los dichos se mul- 
tiplican, los que no estuvieron en palacio van por las calles pre- 
guntando qué resolvieron las Cortes, y los que de allí vienen, 
embargada la voz por el entusiasmo, no aciertan á referirlo, y 
supliendo las miradas y los ademanes lo que las palabras no al- 
canzan, todos gritan: ¡á Mallorca! ¡á Mallorca! (2). 

Era el 23 de Diciembre de 1228: Barcelona, famosa de muy 
antiguo por sus fiestas religiosas y cívicas, esperaba con rego- 
cijo y devoción la Natividad del Señor; y la resolución de las 
Cortes trajo nuevo contentamiento. — « Fuéronse todos á co- 
mer» — dice sencillamente D'Esclot; — y el día siguiente, apenas 
cerró la noche, acudieron á palacio, y acompañando al rey pa* 
saron á la iglesia mayor de Santa Cruz, que había encendido 



(i) Véase el número i 3 del Apéndice, 

(2) Véase el magnífico capitulo de Marsilio, que copiamos en el núm. 14 del 
Apéndice, 



ISLAS BALEARES 



sendas velas y rebosaba en gentío. Allí toda la noche subió al 
cielo el canto de los sacerdotes; allí velaron el rey, la corte y el 
pueblo, pidiendo á Dios les sacase con bien de la empresa; y 
oídos maitines y la misa matinal, los pálidos vislumbres del alba 
les sorprendieron aún en las plegarias. Cumplida aquella prime- 
ra obligación cristiana, y pagado á la religión el primer tributo, 
— que bien mostraron con esto no les movía menos su fe que 
su sed de gloria, — cúpoles el turno á los juegos y regocijos ca- 
ballerescos y populares, y abriólos D. Jaime con un banquete, á 
que convidó á cuantos en las Cortes se hallaron. Vinieron en 
seguida las justas y los torneos, que quienes á combatir se apres- 
taban, justo era que en las armas cifrasen su recreación y su 
fíesta; y despedidos del rey, fuese cada cual para sus tierras á 
entender en los preparativos. 

Estos se comenzaron en Barcelona con una actividad de que 
no había ejemplo en sus anales. Nombró el rey para que los di- 
rigiese á Ramón de Plegamans, rico barcelonés y muy práctico 
en la mar, quien al momento puso en astillero sendas galeras 
y otros buques de batalla, y comenzó á construir y reparar gran 
número de taridas, brises, leños y demás buques de transporte. 
Bien que el movimiento, que las cruzadas dieron á la navega- 
ción y marina de los estados del Mediterráneo, también en par- 
te alcanzó á Barcelona; y aunque las empresas de D. Ramón 
Berenguer III y de su hijo favorecieron el desarrollo de entram- 
bas en Cataluña ; esta de D. Jaime era, digámoslo así, la verda- 
dera aurora de la pujanza que les estaba reservada, y así debió 
de presentirlo Barcelona, pues que con tanto ardor se dio á 
activar los aprestos. Perdió sosiego la playa, y al estruendo de 
las herramientas añadíanse las voces de los marineros, que con 
su acompasada gritería se animaban á la tarea; batíanse y haci- 
nábanse las armas, almacenábanse los bastimentos, al son de 
trompetas y banderas desplegadas abría la ciudad el alistamien- 
to; aquí organizábanse las compañías de voluntarios, allí se nu- 
meraban las tripulaciones, y los cómitres entresacaban á los que 



ISLAS BALEARES 7I 

destinaban á atieres y á popa y proa, y apuntaban y examina- 
ban los arreos y armas de empavesados y ballesteros : las calles 
inmediatas al mar llenas de mujeres que cosían y aparejaban el 
velamen, pendones y vestidos ; los decires, las noticias, los can- 
tares en boca de todos ; en todos la alegría, la confianza; el te- 
mor y el desaliento, en ninguno (i). Así se daba á la construc- 
ción naval un impulso cual nunca lo había recibido ; y de entonces 
arrojándose á la mar con solas sus fuerzas, dató el encumbra- 
miento del poder marítimo de Catalufta. 

Entretanto, continuaba la división entre los árabes, y el im- 
perio de los almohades en todas partes era combatido, á pesar de 
los singulares esfuerzos del califa ó emir Cid Abu-el-Ola el Mamún. 
Un descendiente de los Beny-Hudes, antiguos reyes de Zaragoza 
á quienes los almorávides respetaron, allega sus parciales, y se 
hace proclamar en Escuriante : otro de los pretendientes, Yahya- 
ben Nasr, derrotado antes por el Mamún, aparece de nuevo en 
los últimos confines del imperio, y envía emisarios á España; y 
Abu-Djomail-Ebn Mordanisch, descendiente de los reyes de Va- 
lencia que tanto se opusieran al asiento de los almohades en 
España, toma las armas en aquel reino, de cuya mayor parte se 
apodera. El hermano de El Mamún, llamado, como ya se 
dijo (2), Cid-Abu-Mohamedben-el-Mansur, que gobierna allí, 
desamparado de los más de los suyos, viénese á Aragón, con cu- 
yos estados está en treguas, para ajustar con D. Jaime una alian- 
za contra Abu-Djomail. 

Aconteció que también entonces había llegado el legado pon- 
tificio cardenal de Santa Sabina, que entre otras cosas debía 
entender en el divorcio del rey y de su esposa D.* Leonor de 
Castilla que, pues á nuestro propósito no hace, omitiremos. El 
rey, como supo esta venida y además le llamaban á Aragón 
diligencias para la empresa, se fué por Abril á Calatayud y de 



(O Véase el número 14 del Apéndice, 
(a) Véase la pág. 30 



72 ISLASBALEARE8 



allí á Lérida, con buen acompaftamiento de personas eclesiásti- 
cas y caballeros. Hizo mucha honra al cardenal y al walí almo- 
hade de Valencia, que sin duda le expuso el estado de sus cosas 
y le rogó entrase con él en sus tierras. Pero D. Jaime, resuelto 
á no desistir de lo proyectado, dio cuenta de ello al carde- 
nal, que mirándole y admirando tanto brío en tan pocos años: 
< ¡Hijo, exclamó, la idea de semejante acción no de vos sino de 
Dios viene, el cual os la inspiró y os ha enviado su gracia: y ya 
que así es, pléguele que le deis cabo como vuestro corazón 
desea! > 

Los ricos hombres aragoneses, que habían venido á Lérida, y 
los vecinos de ésta, no acogieron con gusto la noticia del paso 
á las Baleares, y á decir verdad, la razón estaba de su parte. 
Casi diariamente les corrían las tierras los almugávares moros 
de Valencia, al paso que ningún daño de los baleares recibían: 
y como desahuciado Cid-AbuMohamed de aquella última espe- 
ranza de entrar en Valencia con las fuerzas del de Aragón en 
demanda de los rebeldes, tal vez se aprovechó de la mala dis- 
posición de los aragoneses y leridanos para insinuarles la idea 
de acometer á Valencia, acudieron ellos al legado para que in- 
tercediese con el rey y le hiciese mudar de resolución. Dióse 
aquel día orden de que al siguiente se convocasen los tres bra- 
zos de Lérida y los ricos hombres de Aragón ; y reunidos, ex- 
púsoles el rey los daños que del de Mallorca habían recibido 
sus tierras y vasallos, que despreciando todas sus embajadas y 
su poder tenía presos á sus mensajeros (i), que por esto había 
determinado pasar á Mallorca, confiando que, pues en servicio de 
Dios y de la cristiandad lo acometía, él habría victoria, y ellos 
no abandonarían á su soberano en tal coyuntura. El cardenal se 
levantó entonces, y le manifestó cuan poco dispuestos estaban 
los aragoneses y leridanos á seguirle en aquella jornada; que le 



(i) Si esto que dice D^ Esclot es cierto, confírma nuestra aserción de que no 
sólo á la respuesta del walí se debió el paso á Mallorca. 



ISLASBALEARES 73 

suplicaban fuese antes á Valencia, y ellos harían cuanto manda- 
se, y le servirían gustosos con sus personas, vasallos, caballos 
y armas; mas de ninguna manera en lo de Mallorca, de lo cual 
ni se curaban ni lo deseaban. — «Esa conquista de Mallorca no 
abandonaré yo, dijo el rey, que así lo juré, y jamás romperé mí 
juramento: quien quiera seguirme, demás que cumplirá con su 
deber, me tendrá muy mucho por su amigo ; quien no, piénselo 
antes con madurez.» Y cogiendo un pedazo de cordón, doblólo 
á manera de cruz, y dijo al cardenal que se lo cosiese al hom- 
bro. Hízolo el prelado^ dióle su bendición, y concedió grandes 
indulgencias á él y á cuantos á Mallorca le acompañasen; y en 
seguida la comitiva del rey, en que venían el obispo, el arce- 
diano y el sacrista de Barcelona, tomó la cruz de manos del 
legado, con no poca admiración y pesar de los aragoneses y 
leridanos, que no hicieron ninguno la menor oferta (i). 

No menos hubieron de sentirlo Cid-Abu-Mohamed y los su- 
yos, ya que casi otro recurso no les quedaba para echar del 
reino valenciano á Djomail ; pero el rey, que en aquella ocasión 
anduvo muy cuerdo y harto político para su corta edad, cerró 
con el moro una alianza ofensiva, para cuya seguridad se dieron 
mutuamente varias fortalezas y rehenes ; y aun con gran saga- 
cidad debió de insinuarle que sólo en favor suyo pasaba á Ma- 
llorca, donde sin duda tenía el moro enemigos sublevados, pues 
que así, dicen las crónicas árabes, Cid-Abu-Mohamed se lo per- 
suadió á sí propio cuando el aragonés puso por obra la jorna- 
da (2). Esa división que entre los árabes ardía fué quizá no poca 



(i) No olvide el lector que el rey en las Cortes de Barcelona prometió levan- 
tar de su cuenta una hueste de aragoneses; y por esto suenan en la conquista 
apellidos y ricos hombres de Aragón. Pero no se lee que ninguna ciudad ni villa 
de aquel reipo enviase á la expedición tropas suyas: sólo Lérida, aunque al prin- 
cipio se negó, se halla mencionada en el repartimiento, de que le cupo gran 
parte. 

(2) «En este año, con gran poder y aparato de naves fué el tirano Gaymis 
(Jaime) contra Mayorcas, entendiendo Cide-Muhamad y los suyos que iba en su 
favor y ayuda.» Conde, Árabes en España^ 4.* parte, cap. 2.° 



74 ISLAS BALEARES 



parte para que D. Jaime activase los aprestos; y á la verdad 
bien conoció lo favorable de la coyuntura, que no tan á su sal- 
vo hubiera intentado la expedición si las armas de los infieles 
no hubiesen estado felizmente ocupadas en su misma ruina, y 
si la voz del contrariado emir ó califa de Marruecos hubiese po- 
dido, como antes, poblar de embarcaciones suyas el Medite- 
rráneo. 

Mientras el rey acudía á Aragón para apercibir su gente , los 
barones y eclesiásticos catalanes fuéronse para sus estados, 
conmoviendo con su nuevo cruzamiento los lugares por donde 
pasaban, y enardeciendo más y más los corazones. El obispo don 
Berenguer de Palou, al llegar á un pueblo suyo llamado Querol, 
encontró á Guillen de Moneada que con gran séquito le espera- 
ba: al ver éste y los suyos la cruz que en el hombro ostentaban 
el prelado y sus caballeros, y como supiesen que también el 
monarca se había cruzado, quisieron imitar su ejemplo, y de ma- 
nos del obispo recibieron el signo de nuestra redención ; tras lo 
cual, se separaron para reunir sus hombres de guerra y estar á 
punto. 

La primavera serena en tanto el cielo y tifie de verdor las 
cumbres, y toda Catalufla redobla él movimiento. Los barones 
organizan sus huestes y sefialan capitanes á los tercios; las 
muestras se suceden, los castillos se pueblan de gente de armas; 
y en todas partes armamentos y son de guerra. Bótanse del 
astillero al mar las embarcaciones, que se reparten por la costa; 
cargan bastimentos, armas é ingenios; y forman tres divisiones, 
que anclan en Tarragona, Cambriis y Salou. La fama de la ex- 
pedición ha cundido por la Provenza y por la Italia, y buenas 
lanzas extranjeras van acudiendo al cebo de la gloria y del re- 
parto. Ya el rey llega con su hueste aragonesa, capitaneada 
por D. Pedro de Maza, el conde de Carroz, D. Jimén de Urrea, 
D. Pedro Cornel, D. Lope Jiménez de Luesia, y D. Pedro Po- 
mar : el obispo de Barcelona marcha al frente de sus tercios, que 
confió al valor y pericia de su primo hermano Guillen de Mon- 



ISLASBALEARES J^ 



cada, Ramón de Sobona, Ramón de Montanya y Arnaldo Des- 
vilar : con el eonde de Rosellón Ñuño Sancho vienen de caudi- 
llos Jofre ó Wífredo de Rocabertí, Olivier de Térmens, Ramón 
de Canet, Gisberto de Barbera, Pedro de Barbera, Ponce de 
Vernet, Castellán Ruiz y dos principales barones de Casti- 
lla ; el vizconde de Bearne Guillen de Moneada lleva por ca- 
pitanes y camaradas á Guillen de Cervelló, Ramón Alamany, 
Guillen de Claramunt, Hugo de Mata plana. Guillen de Santvi- 
cens, Ramón de Belloch, Berenguer de Centelles, Guillen de 
Pallafolls, y Berenguer de Santa Eugenia: el de Ampurias 
Ponce Hugo, el obispo de Gerona D. Guillermo Cabanellas, el 
arcediano de Barcelona Bernardo de Villagrana, el sacrista de la 
misma iglesia Pedro de Centelles, el sacrista gerundense Gui- 
llelmo de Montgrí, el paborde de Tarragona Ferrer de Sant- 
martí, las ciudades, las villas, los nobles, todos aprontan las 
fuerzas que prometieron ó cuantas pueden; y el simple caba- 
llero sin estado, que no pudo prometer ni traer grandes com- 
pañías, trae su buen corazón y su lanza. 

Cuanto más crecía la actividad, más se echaban de ver las 
dificultades de tan osada empresa, que iban retardando la par- 
tida. Pero ese mismo retardo dio lugar á que fuesen llegando 
cada día nuevos aventureros, y los preparativos y provisión se 
hiciesen con mayor acierto. Montañeses los más, y gente inex- 
perta en la mar, íbanse los soldados acostumbrando á la vista 
de aquel elemento y á los ejercicios militares que requiere; y el 
ejemplo del orden y disciplina naval, superiores entonces á los 
de tierra, debieron influir grandemente en el buen proceder de 
aquel ejército, compuesto de vasallos de diferentes señores, bien 
que unidos todos por el común vínculo de la lealtad á su sobe- 
rano. 

Corría ya el Agosto de 1 229, y á fines de este mes ratificóse 
en Tarragona el convenio celebrado en Barcelona, que ahora se 
modificó en una de sus cláusulas. Los caballeros templarios, con 
quienes no se contó al principio, como tan religiosos y enemi- 



yÓ ISLASBALEARES 

gos de la morisma quisieron ser de la jornada; y tanta honra les 
hizo el rey, qué al comendador de Mirabete, Fr. Bernardo de 
Champans, en la ratiñcación del convenio le nombró uno de los 
que debían de cuidar del repartimiento de la isla, á cuya con- 
quista envió la orden los más señalados caballeros. Y como tam- 
bién se nombró para lo mismo al obispo gerundense, vinieron á 
ser los comisionados ó arbitros de la partición futura el obispo 
de Barcelona, el gerundense, el templario Bernardo de Cham- 
pans, Nufto Sánchez, Hugo de Ampurias y Guillen de Mon- 
eada (i). 

Entonces, prontos los bajeles, reunidas las compañías, pása- 
se muestra general así de la gente de tierra, que ascendía á 
quince mil de á pie y mil quinientos jinetes, sin contar los aventu- 
reros provenzales é italianos, como de la flota compuesta de vein- 
ticinco naves gruesas, diez y ocho taridas ó drómonas, doce 
galeras y ciento entre brises y galeotas : en todo, ciento cincuen- 
ta y cinco navios mayores ó caudales^ según la expresión del 
rey en sus comentarios, amén de las barcas y demás vasos de 
menor porte. Comulga D. Jaime con devoción, la mayor parte 
le imitan, y comiénzase el embarque. Las grandes naves y tari- 
das reciben á bordo los caballos ; sube la gente á los bajeles, y 
bien que á muchos el mareamiento les fuerza á volverse á tierra, 
alegremente se acomodan los demás por las cámaras: cosa muy 
digna de notarse, que tantos caballeros, no avezados á la nave- 
gación, que por lo atrasada era entonces más temible, nacidos 
y venidos los más de las montañas, así con tanto ánimo, como 
si á fíesta y cierta victoria fuesen, se aventurasen á tan terrible 
elemento, cuya sola vista, extensión y continua mudanza debían 
de retraerles de su propósito. Habido consejo con los principa- 
les cabos de las embarcaciones, dispone el rey el orden con que 
ha de navegar la armada: que la nao del capitán, Nicolás Bo- 
net, en que va el vizconde de Bearne, abrirá la marcha, y de 



(i) Véase el núm. i 3 del Apéndice, 



ISLASBALEARES 77 

noche llevará un farol; que la que monta el conde de Carroz irá á 
retaguardia con otro farol ; que las taridas, brises, leños y de- 
más transportes se colocarán en el centro ; y que las galeras, 
como más sueltas y á punto de batalla, se repartirán por en- 
trambos lados, de manera que con ellas se tropiece toda embar- 
cación enemiga que haga rumbo hacia la escuadra. 

Ya los primeros albores del miércoles, 6 de Setiembre {a)^ 
rayan las aguas del golfo, que quietas y perezosas los reflejan 
en su unida superficie : las trompetas tocan á partir, y en aque- 
llas playas todo es movimiento. Los de Salou, donde está el 
rey, zarpan los primeros : izan velas y el pabellón barcelonés ; y 
los atieres y popeles, levantados los remos y en ellos puestas las 
forzudas manos, esperan para bogar la señal del cómitre. Nin- 
gún viento empero hincha el velamen, sólo sopla una débil bri- 
sa de tierra ; mas no consintiendo ya la impaciencia dilación al- 
guna, dase la señal, y comienzan á marchar las naves, entre las 
aclamaciones de los que parten, y las bendiciones y voces de 
despedida de los que en la playa se quedan. Al ver los de Ta- . 
rragona y Cambrils que la división de Salou ya dala vela, imitan 
su ejemplo; y entonces, dice el rey, es de ver para los de la 
playa cual blanquea la mar con la multitud de las velas, que tan 
gentil y tan grande es la flota. 

D. Jaime entretanto atendía en tierra al buen orden de la 
partida, y á esta precaución suya debióse el embarque de un 
crecido número de combatientes. Los buques aprontados para 
la expedición no pudieron cargar toda la gente, y mil aventure- 
ros veían con dolor frustradas sus esperanzas: movido de sus 
súplicas el joven monarca, parte los fué repartiendo como mejor 
se pudo por los transportes; y reuniendo cuantas barcas y otros 



(a) Miércoles fué el $ de Setiembre de 1 229, y primer viernes del mes el 7 se- 
gún la crónica real, notándose en el curso de este capítulo la equivocada antici- 
pación del día de la semana respecto del de mes, que hubiera podido evitar el 
autor atendiendo ala letra dominical del año. 



yS ISLASBALEARES 



vasos menores de particulares hubo á la mano, recogió en ellos 
á los restantes. Hecho esto, y el postrero de todos^ subió el rey 
á la galera de Montpeller, y se reunió á la flota, que con muy 
buen concierto iba haciéndose á la mar. 

Así navegaron veinte millas, cuando saltando de improviso 
el viento á leveche ó sudoeste, los cómitres y nocheros de la 
galera de D. Jaime Riéronse para él, y le dijeron: — cSeftor, 
vuestros somos y vuestros vasallos naturales, y por esto obli- 
gados á mirar por vuestra vida y aconsejaros buenamente como 
mejor sepamos. Este tiempo de leveche no es favorable á vos 
ni i vuestra escuadra, y sí tan contrario que no podréis eon él 
tomar puerto en toda la isla de Mallorca: por lo cual, en nues- 
tro sentir, convendría que volvieseis atrás y á tierra, que Dios 
en breve os dará tiempo más próspero para la jornada. — No 
haremos tal, contestó el rey, ni á tierra nos volveremos por todo 
lo del mundo : pues si antes de dar la vela muchos que se sin- 
tieron mareados prefirieron quedarse, lo mismo harían ahora 
cuantos sufren del mareamiento, y no persistieran sino los hom- 
bres de más pro, que sólo por vergüenza no seguirían el ejem- 
plo de aquellos. Cuanto más, que á esta jornada vamos por la 
fe de Dios y contra los infieles, para que éstos se conviertan, ó 
sino aniquilarlos y restituir ese reino á la fe de Cristo; y pues 
en su nombre vamos, él nos guiará : » animosa contestación, que 
así revelaba su confianza en Dios, como honraba su intrepidez 
y su buen discurso. Hubieron los cómitres de asentir á lo que don 
Jaime dijo, prometiéndole que no perdonarían esfuerzo alguno; 
y ya porque trabajaron con ahínco en cumplir su palabra, ya 
por la excelente marcha del bajel, al cerrar la noche la galera 
de Montpeller había pasado por entre toda la escuadra y alcan- 
zó á la nave de vanguardia, que montaba el Bearnés. No afloja- 
ba el furioso leveche, y como la oscuridad era densísima, los 
marineros de una y otra se preguntaron cuyas eran ; y al oir los 
del vizconde que en la recién llegada iba el rey, saludáronlos 
con grande regocijo, clamando que fuesen cien mü veces bien- 



ISLASBALEARES 79 

venidos. Pasó adelante la real; y de este modo, la que había 
partido la última de Salou se encontró desde entonces la prime- 
ra, y fué la guía de las demás. Navegaron aquella noche á orza: 
el viento arreciaba, y al día siguiente se embraveció tanto el 
mar, que las olas saltaban por encima de la tercera parte del 
buque, á proa (i). Ya el sol despedía sus últimos rayos, cuando 
cesó el leveche, y en aquel mismo punto dieron vista á la isla y 
distinguieron la Palomera, SoUer y Almalug. Entonces dijéronle 
á D. Jaime que convendría acortar velas, si no quería que de 
tierra los viesen; y acabada la maniobra, ya el mar había abo- 
nanzado considerablemente. Propúsose que se encendiese una 
linterna para que los demás bajeles acudiesen á donde la real se 
dirigía; y como se temió que la luz los descubriese á los de la 
isla, el rey soltó los reparos con indicarles que pusiesen la lin- 
terna en lo alto de la carroza ó alcázar, y que delante de ella, 
por la parte que á tierra miraba, tendiesen un gran pafto, bas- 
tante para ocultar su resplandor. Hiciéronlo, y los faroles y lu- 
ces, que en varias direcciones y á diferentes distancias fueron 
apareciendo, probaron que las embarcaciones habían visto la de 
la real, y á todos fueron motivo de aliento y alegría. Á poco ya 
llegaron junto á la real dos galeras, y como los de aquella les 
preguntasen por el resto de la nota, contestaron que iba vinien- 
do como mejor podía; y así era en efecto, que por el hilo de 
media noche hubo la real á la vista treinta ó cuarenta buques 
entre naves, taridas, galeras y lefios. 

Habíase serenado el cielo, y la luna esparcía su blanca cla- 
ridad sobre las aguas ; y soplando una fresca brisa de garbino, 
dijo el rey que, pues antes se había acordado que todos los na- 
vios aportasen á Pollensa, á favor de aquella brisa bien podían 



( I ) La crónica del rey, y en particular la de Marsilio, insisten mucho en lo del 
marcamiento de los embarcados; y al hablar de este temporal, dice el segundo de 
aquellos cronistas : «Mas entre hora nova é vespres cresqué lo vent, é fort horri- 
blement la mar sMnfla; muntenles ondes é complexen be le ter<;a part de la galea, 
é la mar prova é assatga los ventres deis novéis peregrins é encara deis antichs 
mariners; tots los peus los vacillen, els caps han torbats.» 



8o ISLASBALEARES 



enderezar el rumbo allá. Cambió la real la vela, y lo mismo hi- 
cieron cuantas naves pudieron verlo. Las marejadas aún batían 
de cuando en cuando las bandas del buque, pero la mansa brisa 
íbalo impeliendo suavemente: ya no tendía la tormenta sobre el 
mar sus tinieblas, y el astro de la noche iluminaba las blancas 
velas amigas, que á la señal de la linterna respondieran. Así 
navegaron algún tiempo con esa bonanza, cuando hacia el norte 
asomó á lo lejos una nube. Miróla un buen espacio el cómitre 
principal, Berenguer de Gayrán, ducho marinero; y meneando 
con aire sombrío la cabeza : <i no me agrada, dijo, la nube que 
allá veo, á la parte del viento de Provenza. ¡Ea, sus, estén to- 
dos prevenidos; á las jarcias!» Y apenas cada cual estuvo en su 
puesto, vino á deshora una tan furiosa ráfaga que ladeó el na- 
vio, mientras á los gritos de ccUa^ cala^ que daba el cómitre, 
arriaban las velas á toda prisa. Crecieron otra vez las ondas, y 
las demás embarcaciones, que no debieron de estar prevenidas 
como la real, viéronse á punto de naufragar, y con no poca fa- 
tiga y temor lograron quedarse á palo seco. La gritería de los 
marineros que se animaban á la maniobra, los bramidos del 
viento, el estrépito con que las olas reventaban, las nubes que 
de nuevo encapotaban el cielo, todo infundía pavor y trastorno: 
la horrible tempestad seguía embraveciéndose; los de la galera, 
sin ver más espacio que el que de ola á ola en los hondos y ne- 
gros surcos de la mar había, sólo de cuando en cuando por los 
lamentos é invocaciones que traía el viento colegían el riesgo 
de las demás naves, y con ellos aumentábanse su angustia y el 
temor del suyo propio. El viento, que hasta entonces había so- 
plado en una misma dirección como una continua ráfaga, trocó* 
se casi en torbellino, y perdido el uso del timón los buques 
giraron sobre sí mismos: espanto de muerte vino á todos los de 
la real, ni una voz en ella, y ese silencio terrible y profundo, claro 
decía cuánto de su salvación desesperaban (i). Cuando esto vio 



(i) Este sublime silencio está descrito en la crónica del rey con tal sencillez 



ISLAS BALEARES 8l 

el rey, arrodillado en la popa y al cielo vueltos los ojos, oró un 
buen espacio ; y acabado que hubo su plegaria, conociendo que 
con tal viento era imposible aportar á PoUensa como se había 
convenido, levantóse, y rompiendo aquel fúnebre silencio, dijo: 
— «¿Hay en esta galera alguno, que por sus viajes á Mallorca 
conozca bien la costa? — Yo, señor, respondió el cómitre Gayrán; 
yo he estado varias veces en Mallorca. — ¿No se encuentra nin- 
gún puerto cerca de la ciudad (Palma) y á la parte de Cataluña? 
— Un montecillo hay, que de la ciudad dista por mar veinte 
millas, y tres leguas por tierra: llámanlo la Dragonera, es isla, 
y tiene un pozo de agua dulce, en que hicimos aguada mis ma- 
rineros y yo una vez que allí estuvimos. Más inmediato á tierra 
(de Mallorca) hay otra colina, isla también, llamada Pantaleu, 
que sólo de la costa dista un buen tiro de ballesta. — Pues ¿qué 
más pedimos ni queremos sino buen puerto con agua dulce, en 
que puedan refrescar la gente y los caballos á despecho de 
sarracenos, y de donde podamos marchar á donde nos plazca? 
Poned, poned la vela al viento provenzal, que con ese allá ire- 
mos.» Hízose al punto, y pasando el aviso á las naves más cer- 
canas, fueron cambiando velas y siguiendo el rumbo de la real: 
caso notable y sobremanera honroso para D. Jaime, que en una 
flota donde tantos y tan experimentados marineros había, donde 
sobraban varones de intrepidez notoria, él solo jamás decayese 
de ánimo, y en los mayores apuros él, tan poco práctico en la 
mar, fuese quien sugirió y activó las disposiciones. De este 
modo, el mismo viento que estorbaba la ida á Pollensa, impelió 
los bajeles al nuevo puerto de la Palomera ó del Pantaleu, en 
donde entró la real el viernes 8 de Setiembre, y al cual fué 
arribando toda la escuadra, que sin pérdida alguna ya el sábado 
estuvo reunida. 

Pero su llegada no cogió desapercibidos á los moros que ya 



y fuerza^ que es imposible gozar de entrambas calidades sino en el mismo origi- 
nal. Véase el núm. i 5 del Apéndice, 



>^2 ISLASBALEARES 

guarnecían aquella costa y se pusieron en la Palomera en nú- 
mero de cinco mil peones y doscientos caballos, armadas las 
tiendas, y dispuestos á impedir el desembarco. Conoció el rey 
cuan temerario fuese tentar esa operación con tantos enemigos 
á la vista; y llamando á consejo al conde de Rosellón, al de 
Ampurias, al Bearnés y demás cabos, y á los cómítres de ma- 
yor autoridad, resolvióse que D. Nufto en una galera suya pro- 
pia, y D. Ramón de Moneada en la de Tortosa, fuesen cos- 
teando hacia la ciudad y escogiesen lugar bueno para tomar 
tierra. 

Volvieron los dos exploradores con la noticia de que cerca 
había un sitio á propósito, que llamaron Santa Ponza (a), y que 
no muy distante de la playa se levantaba un montectllo, en que 
apostados quinientos hombres podrían solos proteger el arribo 
de toda la flota y la salida de los soldados. El domingo des- 
embarcaron D. Jaime y algunos barones en el islote del Panta- 
leu, y como gente poco acostumbrada á la navegación, bien hu 
bieron menester de aquel descanso para reponerse Y no sólo 
descanso les fué aquel detenimiento; sino que, á cosa de medio 
día, vino nadando al Pantaleu un sarraceno, que la crónica ape- 
llida Alí, y en algarabía dijo al rey qué número de combatien- 
tes el walí contaba y qué ánimo la ciudad tenía (i). 

Resuelto á marchar al nuevo puerto de Santa Ponza, ya 
echó de ver el rey que no lograría desembarcar sin obstáculo si 



(a) El nombre de Sania Ponza^ consignado en la crónica del rey, remonta aca- 
so, como otros de santos que se hallan en el repartimiento, á los tiempos de la 
cristiandad primitiva, anteriores ó coetáneos á la dominación sarracena, pues que 
la de los pisanos fué sobrado pasajera para levantar templos 6 cambiar la deno- 
minación de los lugares. Los de Palomera y Dragonera pudieron ser impuestos 
á aquellas costas por los navegantes catalanes, y lo mismo digo del de Pantaleu. 
sin necesidad de andar á caza de griegas etimologías. Miedes, al fin del libro VI 
de su historia, habla de Ponlia como de colonia romana al igual áe Pollentia^ para 
lo cual no tuvo sin duda más razón que la índole del nombre. 

(i) D'Esclot escribe que el walí pasó revista á cuarenta y dos mil hombres: 
con que rebajando de este número un tercio, aún era muy considerable el ejército 
sarraceno que presentó después batalla al rey. Véase el núm. i 6 del Apéndice. 



ISLASBALEaRES • 8^ 



no burlaba la vigilancia de los sarracenos que ea la Palomera 
estaban; y para ello, mandó que á las doce de la noche todos 
zarpasen áncoras, y no gritasen como suelen marineros, sino 
que en vez de voces diesen con un palo en la popa de cada em- 
barcación, porque ya la leva era fácil por no haber echado más 
que una áncora, que tanta era la bondad del fondeadero. Hízose 
así con gran silencio: cada galera sacaba del puerto á remolque 
una tarida, y todos iban zarpando; mas sintiéronlo las escuchas 
moras, como estaban con harto cuidado, y dieron la alarma. Pa- 
raron las galeras, y todos pusiéronse á escuchar atentamente; 
viendo empero que se alborotaba el campo todo, y que los in- 
fieles ponían el grito en las nubes, volvieron á remar con mayor 
brío, gritando por no parecer acobardados: ¡Adelante^ adelante^ 
en buenaventura! Movióse entonces gran tumulto en la playa y 
en el mar : las trompetas y atabales tocaban á partir en el cam- 
po, y las voces y denuestos turbaban el silencio de la noche. 
Así fueron marchando los unos lo más cerca del agua que pu- 
dieron, y avanzando los otros á vela y remo ; mas como el te- 
rreno forzó á los moros á hacer algunos rodeos, y las galeras y 
taridas bogaban con gran brío, llegaron éstas ante que aquellos 
á Santa Ponza, y comenzaron el desembarco (i). 

Saltó en tierra el primero Bernardo de Riudemeya ó Argén 
tona, que con ambos apellidos le mientan las historias; y clavan- 
do un pendón blanco en la punta de su lanza, á todo correr 
trepó á la cumbre del collado de que hablaron los exploradores: 
animosa acción, que dio seguridad al desembarco y lo apresuró. 
Apenas estuvo en lo alto, vio que á rienda suelta asomaban ya 
los moros por la llanura {ci) : hizo sefias con el pendón á los de 



( I ) Véase el nüm. i 7 del Apéndice. 

(a) De los preparativos que en su defensa había hecho mientras tanto el walí, 
y de las violencias á que apeló contra los descontentos de su mando, nos sumi- 
nistra interesantes datos la dramática relación de Al-makzumi^ historiador pecu- 
liar de Mallorca, contemporáneo de su pérdida á la cual sobrevivió veintiún año 
refugiado en Túnez, y sumamente hostil según parece al jeque almohade. «Habien- 
do escogido, dice, unos mil caballeros, los distribuyo por la isla, y formó en se- 



84 ISLASBALEARES 



la playa, y formando éstos una división como de setecientos 
peones y ciento cincuenta de á caballo, capitaneados por don 
Ramón de Moneada, marcharon á ocupar la cumbre. Pero el 
intrépido Moneada, rivalizando en esfuerzo y generosidad con 
el de Argentona, quiso ir á reconocer los enemigos; dejó, pues, 
quienes custodiasen el collado, y bajando con un buen escuadrón; 



^uida otru cuerpo de rail caballos tumbicn entre el pueblo de fuera y los habitan- 
tes de la capital; la infantería ascendía á diez y ocho mil hombres. Todos estos 
reclutamientos estuvieron prontos por el mes de Rabié— primero del mismo año 
(febrero de i J39 de C). Desgraciadamente sin embargo fueron contrariados estos 
activos aprestos por las siguientes infaustas ocurrencias. Un día ordenó Mohamed 
al capitán de sus guardias traer á su presencia cuatro de los principales habitan- 
tes de la ciudad; y cuando en cumplimiento de su mandato hubieron comparecido 
delante de él, los condenó á ser degollados inmediatamente. Entre estas víctimas 
había dos hijos del hermano de su madre Abu-Hafs-ibn-Sheyrí, hombre de rango 
é influencia en la isla, al cual acudió el pueblo, y contándole lo-sucedido, excitá- 
ronle contra el tirano diciendo: «por Alá ! que ese estado de cosas no puede durar 
»más; ese amir no es á propósito ni para regirnos ni para defendernos, y mientras 
»quc gobierne, nuestras vidas están por completo á merced suya.» Después de se- 
mejante declaración, lanzáronse los ciudadanos á vengar por sí mismos la sangre 
p jr el tirano derramada, y habiendo consentido Ibn-Sheyrí en ponerse al frente 
de ellos, se resolvieron á deshacerse del amir á todo trance. Era un viernes a 
mediados del mes de Shawal (el mismo 7 de setiembre en que aportó a Mallorca 
Jaime I): temerosos á la vez de la venganza de Mohamed si eran descubiertos sus 
planes, y de la proximidad del enemigo que sabían no se hallaba lejos, los ciu- 
dadanos estaban temblando. Llamó Mohamed ásu presencia al jefe de su guardia, 
y le mandó que le trajese delante á cincuenta de los ciudadanos principales, los 
más distinguidos por su linaje, opulencia ó talento. Cumpliéronse desde luego las 
ordenes del tirano, y fucronles presentados los cincuenta individuos: todos aguar- 
daban el instante de marchar al inmediato suplicio, cuando he aquí un jinete en 
traje de correo, que introducido en presencia del amir, le entera de que la armada 
cristiana en número de unas cuarenta velas está á la vista y se dirige á la costa. 
No hubo el jinete concluido su relato, y llega ya por opuesto camino un segundo 
mensaje, que precipitándose sin aliento en la sala del consejo, exclama: descúbre- 
se la flota de los cristianos, y pueden contarse hasta setenta buques. Confirmóse 
en seguida el hecho y la veracidad de las noticias. Entonces Mohamed perdonó á 
los cincuenta ciudadanos condenados á muerte, y habiéndolos informado de la 
llegada del enemigo, los hizo marchar y prepararse para la defensa de la ciudad. 
Fueron ellos á sus casas, y recibiéronlos sus familias como si resucitaran del se- 
pulcro. Luego llegaron nuevas que los cristianos estaban al alcance de la mano, 
y que su escuadra se componía de unas ciento cincuenta embarcaciones.» Exactos 
por lo general en el cómputo de las fuerzas del enemigo, exageraban las suyas los 
infieles, aunque no tanto como Alí de la Palomera, según los informes que le atri- 
buye Desclot, más propios para arredrar de su empresa al conquistador, que para 
alentarle á seguirla de acuerdo con los vaticinios de su madre. En Alí, en Ben Abet 
y en otros personajes de nuestras crónicas aparecen confirmadas las hondas di- 
sensiones que trabajaban, según confesión propia, á los sarracenos mallorquines. 



ISLASBALEARES 85 

«nadie me siga, dijo, hasta que yo lo señale,» y echó á andar 
solo hacia los sarracenos. Ya que tan cerca de ellos estuvo que 
vio venir para él no pocos, fué retrocediendo, y llamando á los 
suyos dio la voz de arremetida. Cargaron los cristianos con 
tanta furia y denuedo, que espantada la vanguardia enemiga, 
cuando vio que estaban á cuatro lanzas de distancia, volvió las 
espaldas. Y como, formadas aceleradamente sus compañías, ya 
algunos barones habían ido acudiendo al combate, hirieron los 
nuestros cruelmente en la morisma, y sin dar cuartel, mataron 
á los contrarios más de mil quinientos hombres {c£). 

Entre tanto desembarcó el rey, que ya encontró ensillado y 
bardado su caballo, y apercibidos á muchos caballeros suyos de 
Aragón; y viendo que los nuestros llevaban á los moros la ven- 
taja : « Pésame, exclamó, que ganada sea la primera acción sin 
que en ella nos hayamos hallado. ¿Hay algunos caballeros que 
quieran seguirme ?i> Veinticinco estaban ya prontos, y pudieron 
contestarle; y al frente de aquel corto escuadrón partió don Jai 
me al galope adonde ya se acababa la refriega, pues los moros 
se amparaban de las alturas vecinas. Acometió el rey á una di- 
visión de trescientos peones infieles, que al verle corrían á ocu- 
par una eminencia, y los acuchilló con grande estrago. En medio 
de la dispersión del enemigo, y en el calor del alcance, yendo el 
rey con solos tres caballeros, encontró á un jefe moro desmon- 
tado, que llevaba escudo y lanza, ceñía espada, iba armado de 
perpunte, y se cubría con yelmo zaragozano. Hízoles frente el 
moro, sin contestar á las voces que de rendirse le daban; y para 
evitar la muerte de algún caballo, propuso el rey que le rodea- 



{<i) A esta prinieru acción se retíerc, cun admirable acuerdu en tijar el día, el 
siguiente pasaje del mencionado Al-makzumí: «Después de cruzar la bahía, los 
cristianos se dirigieron al puerto tratando de desembarcar; pero alguna infantería 
y caballería, que destacó contra ellos el amir con orden de estacionarse sobre la 
costa de día y de noche, les impidieron saltar á tierra. Por fin lograron su objeto 
los cristianos, y un lunes 18 de Shawal (10 Setiembre de 1239) se trabó un com- 
bate, del cual salieron completamente derrotados los muslimes.». 



86 ISLASBALE A-R E S 

sen, y mientras uno le acometería, otro le hiriese por la espalda. 
Embistióle don Pedro Lobera, y el valiente sarraceno asestó tal 
lanzazo á los pechos del caballo, que le metió por ellos buen 
trozo del asta, y vino al suelo con el choque del bridón. Probó 
de levantarse, y puso mano á la espada; y sin querer rendirse, 
espiró. Mataron los de don Jaime ochenta hombres, y regresa- 
roo á la playa. 

Ya el sol iba poniéndose, y reflexionando el rey, mientras 
caminaba, la acción que acababa de cometer, conoció cuan te- 
merario é inconsiderado anduvo; y como era bueno y tan mozo, 
temió no se la reprendiesen los magnates más avisados en la 
guerra, particularmente los Moneadas, á quienes miraba con 
gran respeto. Con este recelo se fué acercando á Santa Ponza, 
donde ya blanqueaban alzadas muchas tiendas, cuando vio que á 
su encuentro venían con mucha comitiva los Moneadas. Apeóse 
el rey, miró ansioso á don Guillen, y al encontrarse sus ojos, 
sonrióse el bearnés, con lo cual se alegró don Jaime y se le quitó 
buena parte del temor (i). No lo pudo sufrir Ramón de Mon- 
eada; antes con faz severa, dijo al rey: «¿Qué habéis hecho .^ 
Cuando de los peligros del mar acabáis de libraros, ¿queréis 
ahora causar vuestra propia muerte y la nuestra? que si por 
mala ventura os perdierais en ese reencuentro á que os expu- 
sisteis, perdiérase con vos la hueste toda, y ya nunca jamás 
cristianos osarían acometer otra vez esa conquista. » Más cuerdo 
don Guillen, si menos ardiente, «Ramón, contestó; cierto el rey 
ha hecho gran locura, mas en cambio probado nos ha que es 
bueno en armas y de todo pro, ya que de tal manera sintió no 
ser en la batalla. Pero, señor, prosiguió volviéndose al rey, re- 
frenad vuestro ardimiento de hoy en adelante, que en vos están 
nuestra vida y nuestra muerte: pensad que, pues los pies pusis- 
teis en esa tierra, rey sois de Mallorca; que si murieseis, mo- 
riríais como el mejor hombre del mundo, y aunque enfermedad 

(i) Véase el número 18 del -4 /)¿n¿//c«?. 



1 S L A S B A L E A r< E S 87 



OS postre en el lecho y de las armas os prive, habed por vues- 
tra esta tierra, que vuestra es.» Al punto propuso don Ramón 
que aquella noche se colocasen las escuchas bien lejos del cam- 
po, para que en caso de alarma pudiesen todos armarse antes 
que tuviesen el enemigo encima; y remitiéndose el rey, como 
menos experimentado, á lo que le propusiesen los Moneadas, 
dijeron ellos que, amén de las escuchas, estuviesen siempre ar- 
mados cien caballos, porque aquella noche más que nunca co- 
rrían peligro de ser asaltados. Gran modestia del monarca en 
temer y tolerar las amonestaciones de sus vasallos y ampararse 
de sus consejos; y admirable sencillez de todos, propia de aque- 
llos tiempos heroicos, en que, rehaciéndose los estados cristianos 
de España, las campañas y los ejércitos eran como expediciones 
y congregaciones de familia. 

Dejó el rey para después de la comida el enviar á cada ba- 
rón orden de que hiciese tomar las armas á la tercera parte de 
su gente, y de ella echase peones afuera del campo á ponerse 
en escucha. Acostóse, y llevaron los porteros el mensaje; mas 
los barones no pudieron armar el tercio que se les mandaba: 
tan postrados estaban hombres y caballos del mareamiento, 
desembarcación y refriega. 

Afortunadamente el walí ó jeque almohade Said-ben el 
Hakem-ben-Otman el Koraischy {a) harto tenía entonces en que 
entender con recoger los dispersos de la acción, y preparar su 
gente para una batalla decisiva ; y formado un lucido ejército, 
salió de la ciudad la tarde del martes 1 2 de Setiembre, y tomó 



(a) No era éste el verdadero nombre del walí de Mallorca, que como he dicho, 
siguiendo á Al-makkarí, se llamaba Abü Yahya, al que corresponde con leve alte- 
ración el de Xech AbcUiehye de nuestros cronistas; Mohamed-ibn-Alí-ibn-Musa le 
nombra por otro lado Al-makzumí citado por aquel; pero ninguno de ambos nom- 
bres tiene nada de común con el que trae Piferrer copiándolo de Conde, el cual, 
engañado quizá por otra historia arábiga sobre que escribió la suya, ó entendién- 
dola mal, confundió al gobernador de Mallorca con el que era en Menorca su de- 
legado al tiempo de invadirla y hacerla tributaria en 1232 Jaime 1; y así como los 
nombres, confundió igualmente las fechas. 



88 l S L A S B A L E A R E S 



el camino de ia sierra de Portopí. Al mudar de puerto las na- 
ves de la flota (i), sin duda porque no pudieron dar fondo en 
Santa Ponza, anclaron en la ensenada de la Porrasa con tres- 
cientos ó cuatrocientos caballeros á bordo. Feliz disposición fué 
esta, porque sin saltar en tierra vieron que el ejército moro iba 
viniendo por las alturas, que hoy se llaman Bellver, Bonanova 
y Calamayor, y desenvolvía su línea de batalla por las sierras 
de Bendinat y Burguesa, plantando tiendas los que primero á 
sus puestos habían llegado. Reuniéronse en una nave los princi- 
pales: y habida deliberación, como, aunque Santa Ponza distaba 
poco, ellos ignoraban el terreno, caía la tarde y los moros ya 
debían de establecer sus atajadores y avanzadas, á propuesta de 
D. Ladrón rico hombre aragonés, acordaron que á toda prisa 
una barca doblase el cabo, ahora de Cala Figuera, y fuese á 
participarlo al rey. 

Ya había espirado la última hora del martes, cuando llegó 
la barca á Santa Ponza; y recibido que hubo D. Jaime el men- 
saje, envió á noticiarlo á los ricos hombres, quienes, tanto era 
su cansancio, durmieron hasta el alba. Pero sus primeros res- 
plandores hallaron á todo el cattipo ya en movimiento: los mag- 
nates acudieron al pabellón real , y celebrados allí los divinos 
oficios, el obispo de Barcelona hizo esta breve plática: «Barc- 
ones, no es ahora ocasión de largo razonamiento, que ni la ma- 
»teria lo consiente, ni este hecho en que el rey y nosotros esta- 
»mos es nuestro, sino de Dios. Por esto haced cuenta que quie- 
>nes murieren, morirán por Nuestro Sefior y serán en el paraíso, 
»en donde alcanzarán gloria perdurable; y los que quedaren 
?> vivos, tendrán honra y prez en vida y buena fin en su muerte. 
>Por Dios, ánimo, barones; porque el rey, nuestro amo, y nos- 
potros ^que más queremos sino destruir á los gue reniegan de 
>^ la fe y del nombre de Jesucristo? Pensar puede y debe cada 
»cual que hoy no se partirán de nosotros Dios ni su Madre, 



(i) Adviértase que las naves eran los buques de mayor porte. 



ISLASBALEARES 89 

» antes nos darán victoria: ánimo, pues, que todo lo venceremos, 
»y hoy ha de ser la batalla: ánimo, que con nuestro bueno y 
» natural señor vamos, y Dios, superior á él y á nosotros, ayu- 
» darnos ha!» En seguida, en medio del silencio más religioso, 
llegóse al altar Guillen de Moneada, que no había comulgado 
con los demás al partir de Cataluña, y lo hizo entonces con lá- 
grimas de sus ojos; — bien como si una voz secreta le advirtiese 
de su destino, y le moviese á recibir el Santísimo Sacramento y 
á prepararse para la batalla con una triste alegría (i). 

Tratóse entonces de quién llevaría la vanguardia; y cum- 
pliendo Guillen de Moneada, como generoso que era, propuso 
que la llevase D. Ñuño, á quien, por ser primo del rey, compe- 
tía semejante honra. Excusóse el conde de Rosellón, y D. Ra* 
món de Moneada atribuyó su negativa á que deseaba hallarse 
el día siguiente en lo más expuesto del choque, cuando fuesen á 
tomar posición en la Porrasa: generosa competencia, en que 
cada cual se reservaba para los trances más apurados, por más 
gloriosos. Pero esa contienda probó que no andaban muy acor- 
des los ánimos de aquellos barones, y que no debía de estar 
apagado el encono que antes Ñuño y Guillen se profesaron (2); 
bien que el magnánimo Moneada ya en las cortes de Barcelona, 
al proponer que se hiciesen treguas por todos los estados de 
Aragón, dio el ejemplo ofreciéndose á ser para en adelante 
amigo del conde D. Ñuño. Quedó, pues, la vanguardia por los 
Moneadas, que se concertaron de no parar hasta dar con los 
sarracenos. 

En esto, entró uno, y dijo al rey que gran parte de los peo- 
nes se salían del campo contra el enemigo. Acudieron todos á 
sus compañías; D. Jaime, casi desarmado como estaba, subió en 



(i) « quays que degucs per martiri esser coronat,» dice Marsilio.— (Véase 

el número 1 8 del Apéndice. 

{2) Aquella discordia, nacida en 1222 de haber uno de la familia de los Mon- 
eadas negado un azor torzuelo á D. Ñuño, acarreó notables bandos en el reino, y 
hasta ocupó las armas del mismo D. Jaime. 



90 ISLA8BALEARES 

un caballo que á la mano hubo, mandando que entretanto le 
armasen el suyo, y acompañado de un tal Rocafort alcanzó á los 
peones, que en número de cinco mil marchaban á embestir á los 
sarracenos. Representóles con entereza que sin caballería iban 
á una muerte cierta, y los detuvo hasta que, viniendo los tercios* 
de los Moneadas, del de Ampurias y los Templarios, juntos pro- 
siguieron el avance. Quedóse con Rocafort el monarca, y cuando 
desvelado se volvía á dar órdenes para la marcha de las demás 
fuerzas, oyó grande estruendo de batalla, y dijo á un trotero que 
á toda brida corriese á participarlo á Nufto, y á darle orden de 
que al punto saliese al frente de sus reservas. Crecía el estruen- 
do, el trotero no volvía, y la congoja del rey se aumentaba por 
instantes; por lo cual dijo á Rocafort: «Id vos allá, daos prisa, 
y decidle á D. Nuflo que en mal hora se tarda hoy tanto, que 
por ventura tal dafto nos acarreará su tardanza que su comida 
nos hará mal provecho, porque no debe la vanguardia ir tan 
lejos de la retaguardia, ni ésta de aquella. — Señor, estáis aquí 
solo, y no os abandonaré por nada de este mundo, » contestó el 
buen Rocafort; y el rey, hablando consigo mismo, « — Santa 
María! exclamaba en su angustia: ¿cómo tarda tanto D. Ñuño? 
En verdad hace mal ! » Mientras traía en su pecho esta cruel ba- 
talla, redobló el estruendo, y oyendo los golpes y los gritos de 
los combatientes, dijo: «Santa María! ayuda álos nuestros, que 
cierto venido han á las manos!» 

Y así era, que formando la vanguardia dos gruesas divisio- 
nes al separarse del rey, embistieron el de Ampurias y los Tem- 
plarios con la una al campo moro, que venía á ser su izquierda, 
y por la parte de Santa Ponza con la otra cargaron los Monea- 
das á su derecha. Los primeros entraron á viva fuerza las tien- 
das y acuchillaron la izquierda enemiga, que se replegó sobre 
el centro; pero la suerte no así favoreció las armas de los Mon- 
eadas. Tres veces desalojaron á la morisma de un cerro que do- 
minaba el campo, y otras tantas recobraron los infieles la posi- 
ción. Las filas de éstos se engrosaban con tropas de refresco: 



ISLASBALEARES C)í 



los cristianos inferiores en número, rendidos de cansancio y mal 
heridos; y ninguna señal de que de Santa Ponza les viniese so- 
corro. En tan terrible trance, ya algo desordenada la gente, re- 
unieron los Moneadas los buenos en quienes aún duraba valor; 
y picando desesperados á sus corceles, lanzáronse por cuarta 
vez contra la altura tan tenazmente disputada, y rompieron los 
batallones enemigos. Pero su denuedo fué su ruina; porque tan 
adelante pasaron, y tanto tropel y muchedumbre cerró con ellos, 
que cercados por todas partes, sólo pudieron pensar en vender 
caras sus vidas. Perecieron D. Guillen y D. Ramón de Moneada, 
Hugo de Mataplana, Hugo Dezfar, y otros ocho de los más 
ilustres caballeros de aquella noble casa (i); y como perecieron 
casi en el seno de la victoria, cuando aunque pocos habían roto 
tres veces el ala derecha y parte del centro enemigo, combate 
necesariamente largo ya que tan reñido, la tardanza de don 
Ñuño fué más reprensible, y la historia sólo puede mencionarla, 
con dolor sí, mas con justas sospechas de que en ella hubo la 
mala voluntad parte no escasa (2}. 

Ya en esto, es decir, cuando el combate se decidía contra los 
Moneadas, habían acudido al rey D. Ñuño, Beltrán de Naya, 
D. Lope Jiménez de Luesia y D. Pedro de Pomar con toda su 
gente. Al verle montado en aquel caballo y casi desarmado, 
Beltrán de Naya le hizo apear, y desnudándose su coraza se la 
puso al rey, que además se vistió un perpunte y se cubrió con 
la capellina que entonces debieron de traerle. Siempre infatiga- 
ble, y lo mismo que en el mar el único en tierra que acudía con 
presteza á todas las disposiciones, despachó orden á D. Pedro 
Cornel, á D. Jimén de Urrea y Olivier de Térmens de que á 
toda prisa viniesen con sus compañías á la batalla; y entonces 
supo la división que de sus fuerzas hicieron los cristianos, los 



(O Véase el número iq del Apéndice. 

(2) El mi8mo rey se mostró de ella tan resentido, que, como ya vimos más 
arriba, la atribuyó á que el de Rosellón se detenía á comer cuando los demás li- 
diaban. 



92 tSL. AS^ALÉARfeS 

tres ataques de los Moneadas, y el lugar en que ahora se daba 
el cuarto. En esto halló á Guillen deMediona, reputado el mejor 
justador de toda Cataluña, el cual traía sangrienta la boca. Pre- 
guntóle D. Jaime que ¿por qué se salía del combate?, y el caba- 
llero se excusó con que estaba herido; mas al ver el rey que 
solamente de la boca: «sufridlo en buen hora,» le dijo, y asien- 
do de las riendas de su caballo : « volved al combate, añadió; 
que á buen caballero tal herida coraje debe darle, no hacerle 
salir del campo. » £1 Mediona, resentido, cumplió tan bien con 
lo que se le mandaba, que nunca más pareció. 

£1 rey andaba con gran rapidez, que no consentían más di- 
lación ni su impaciencia ni lo empeñado del choque; y como la 
infantería y aún no pocos caballeros con harta dificultad podían 
seguirle, al llegar á lo alto de un collado sólo tuvo junto á sí 
doce caballeros, bien que á poco se le adelantaron setenta con 
el pendón de D. Ñuño, llevado por Roldan Layn, con quien iba 
Sire Guillelmo, hijo bastardo del rey de Navarra. La infantería 
mora ocupaba en gran fuerza las alturas, y ondeaba un estan- 
darte blanco y colorado con una cabeza humana, tal vez de ma- 
dera, en la punta del asta. Al mirar D. Jaime que el pendón de 
D. Ñuño movía contra los infieles, con animosas palabras y pi- 
cando el caballo quiso seguir al escuadrón ; pero se precipitaron 
á su paso D. Ñuño, D. Pedro Pomar y Ruiz Jiménez de Luesia, y 
apoderándose de las riendas, detuviéronle con notables reflexio- 
nes (i), á las cuales él contestó: «No hay para qué tirar así 
»de las riendas, que no soy yo león ni leopardo, y ya que tanto 
»lo deseáis, me detendré; mas quiera Dios que esta detención 
»no sea nuestra desgracia.» £1 suceso infelizmente confirmó sus 
palabras, pues entonces caían los Moneadas al filo de la espada 
enemiga. Otra vez quiso el rey acometer y se lo impidieron los 
barones, cuando D. Ñuño mandó á Gisberto de Barberán que 
cargase. Avanzó el pendón de D. Ñuño con los setenta de á 



(i) La crónica del rey dice sofrenadles. 



idLÁSBALEARES 93 



caballo; y apenas comenzaron á trepar hacia la cumbre, levan- 
taron los moros tan horrenda gritería y tal nube de pedradas 
dispararon, que volvieron grupas. Moviéronse los moros en 
buena formación, siempre disparando; y sin duda hubieran ba- 
jado á acometer á los setenta que se retiraban, á no gritar al- 
gunos de los cristianos: ¡vergüenza, caballeros, vergüenza!, con 
lo cual pararon y dieron frente á la morisma. 

Entre tanto ya les había llegado reíuerzo á las dos van- 
guardias, y entraran en acción todas las fuerzas. Rehechos los 
restos de la división que mandaron los Moneadas, avanzaron á 
vengar la muerte de sus valientes capitanes ; y el de Ampurias 
y los intrépidos Templarios seguían desalojando al enemigo y 
empujándolo hacia la sierra de Bendinat. Fué el ataque general: 
cargó el rey á la cabeza de su hueste y de la gente de D. Ñuño, 
que ya se les había reunido; y en aquel collado, que aún hoy 
«n día conserva el nombre de Coll del Rey^ se trabó una refrie- 
ga encarnizada, mientras con no menos furia se combatía en to- 
das aquellas sierras. Los que defendían el cerro del Rey cejaron 
los primeros; y como casi sin lidiar se apartasen de la acción 
dos mil peones mahometanos, fué el rey con alguna caballería 
en su alcance, sin poder juntárseles empero, porque los fugiti- 
vos iban desembarazados, y los caballos estaban rendidos de la 
fatiga y del gran peso de las bardas. Hízose general la retirada 
de los moros, que la emprendieron hacia Burguesa; y clavado 
en el cerro del Rey el guión real, en todas las alturas ondearon 
los pendones de los caudillos. 

Al felicitarle D. Nufio, contestóle D. Jaime: c Vamos á la 
ciudad, porque el rey de Mallorca está en el monte y no podrá 
llegar allá antes que nosotros; y sino, miradle ahí, vestido de 
blanco, en medio de aquella hueste: cierto le estorbaremos la 
entrada en la ciudad.» Y sin atender al consejo que de pernoc- 
tar en el campo y de averiguar su propia pérdida le daba Ramón 
Alamany, fué bajando al camino de la población, cuando al cabo 
de una milla le alcanzó y detuvo el obispo de Barcelona. — tPor 



94 ISLASBALEARES 



qué nos detenéis, el obispo? dijo el rey. — Quiero hablaros á so- 
las, contestó Berenguer de Palou ; y apartándose con él, prosi- 
guió: « ah seAor ! más habéis perdido de lo que juzgáis; muertos 
son los Moneadas! — Muertos! exclamó el rey, y se puso á llorar, 
y con él Berenguer de Palou. Pero haciendo un esfuerzo sobre 
sí mismo: — «Obispo, dijo el monarca, no lloremos, que no es 
esta hora de llorar sino de recoger sus cadáveres.» Y partién- 
dose el prelado á hacerlo, el rey anduvo triste y despacio por 
aquellas sierras hasta descubrir la ciudad, que á todos pareció 
la más gentil villa de cuantas hubiesen visto. Pelegrín de Trocí- 
lio indicó dónde encontrarían una fuente, que tal vez sería la 
hoy llamada de las Ermitas, por lo cual asentaron allí las tien- 
das ; y diciéndole D. Nufto al rey, como estaba hambriento, que 
Olivier de Térmens ya había aderezado de qué comer, fue* 
ron entrambos á la tienda de éste, que con ellos partió su 
me.sa. La tradición, que conservó el nombre del collado en don- 
de peleó el joven monarca, también lo puso al lugar en que 
satisñzo su hambre, y todavía aquel término se llama Bendi- 
nat (i). Brillaban las estrellas cuando se levantaron de la mesa, 
y á la luz de las antorchas que en honor de los difuntos encen- 
dió todo el ejército, salieron para la tienda en que habían depo- 
sitado los cadáveres de los Moneadas. Allí, junto á aquellos 
infelices restos, derramó D. Jaime tan amargo llanto y. tales de- 
mostraciones hizo, que le hubieron de sacar afuera y reconducirle 
á su pabellón. 

Los sarracenos continuaban su retirada: parte, haciendo un 
rodeo hacia el camino de Calviá ó de Puig Pufient, regresando á 
la plaza ; y parte se quedaron en aquellas montañas de Espor- 
les, Valldemosa y Buflola (2). 

AI día siguiente, marchó el campo á ponerse más cerca de 



(i) Cuenta la tradición que, acabando de comer, dijo D. Jaime: Be hem dinai, 
« bien hemos comido». 

(2) D'EscIot dice que el walí entró mucho después en la plaza por medio de 
una estratagema. Véase el n."* 20 del Apéndice. 



SLASBAI-EARES 95 



la ciudad, y toda la escuadra debió de seguir costeando hasta 
Portopf. Atendaron orillas de la acequia, á un lado de ella los 
catalanes, y los aragoneses al otro ; y porque temían no les co- 
giesen desprevenidos los moros, andaban no pocos siempre 
armados, y tan estrecha hicieron la albergada, que no parecía 
hubiesen acampado allí más de cien caballeros, mientras traba- 
das las tiendas unas con otras, las cuerdas cerraban donde quie- 
ra el paso {a). Ocho días estuvieron con este cuidado, y entre- 
tanto los prelados y barones fuéronse una mañana para el rey, y 
proponiéndole que convenía sepultar á los Moneadas, determi- 



(a) Para mayor claridad convendrá resumir en un breve dietario los sucesos 
ocurridos desde el arribo del rey á la Palomera en viernes día 7 de Setiembre, 
tomándolo de mi Historia de la conquista de Mallorca, formada sobre los textos de 
Marsilio y Desclot. 

Sábado 8. Llegada sucesiva de la escuadra, exploración de Santa Ponsa. 

Domingo g. Descanso al abrigo del Pantaleu ; mensaje de Alí. 

Lunes 10. Después de media noche desembarco general ; primer choque con 
cinco mil sarracenos y muerte de mil quinientos; escaramuza del rey seguido de 
veinticinco caballeros aragoneses contra cuatrocientos infieles en un collado; re- 
prensión que sufre de los Moneadas. 

Martes 11. Se pasa tranquilamente; permanece el rey en sus tiendas de Santa 
Ponsa, la armada en la Porrasa: sale de la ciudad aquella tarde el grueso del ejér- 
cito moro, reforzado con las divisiones antes dispersas. 

Miércoles i 2. Combate general, muerte de los Moneadas y victoria alcanzada 
por los cristianos; acampa el ejército al píe de la sierra de Portopí, cena el rey en 
la tienda de Oliver de Térmens, y visita de noche los cadáveres de los malogrados 
campeones. 

Jueves I '^. Fortalece con trincheras el campamento ; trátase de dar sepultura 
á los difuntos, y desde la puesta del sol empiezan los preparativos. La armad.a, 
salida de la Porrasa, sigue la costa y penetra en Portopí, donde apresa las embar- 
caciones sarracenas, anclando parte de ella en dicho puerto y parte enfrente de la 
ciudad. 

Viernes 14. Entierro de los Moneadas al amanecer, en el sitio que la tradición 
designa al pie de un viejo y solitario pino, á unas dos millas del campo de batalla; 
y es probable que el mismo día siguiera el ejército su marcha hacia la ciudad 1 
como indica Desclot, pues en Bendinat no es regular que se detuviera el ejército 
ocho días perdiendo un tiempo tan precioso, ni hay que confundir las trincheras 
de aquel campamento provisional con las que al pie de los muros establecieron 
más adelante los sitiadores. La magnífica quinta y jardín del rey sarraceno, donde, 
según Desclot, hubo de cenar simplemente de fruta la hueste antes de ponerse 
sobre la capital, diría que es La-Real por su abundancia de aguas, no porque su 
etimología derive de real ó campamento, sino más bien de ar-riat, que es huerto 
en arábigo; pero si bien más tarde acampó en aquella llanura el ejército como 
está averiguado, no deja de ser extraño que procediendo de Bendinat pernoctara 
tan fuera de su camino. 



90 ISLASBALEARES 

naron hacerlo el otro día al amanecer, para que no lo viesen los 
de la plaza. Y á este fín^ al caer de la tarde, hicieron tender en 
alto grandes paños y lienzos, que impidiesen á los sarracenos la 
vista del entierro y de las luces. Al bajar á su última morada 
los despojos de aquellos campeones, prorrumpieron sus gentes, 
nobles y pecheros, en tales extremos de dolor, que á todos mo- 
vieron á llanto. Reprimió el rey el suyo, y consolándoles lo 
mejor que su natural bondad le inspiró, dijo que él haría las ve- 
ces de los buenos señores que habían perdido, de manera que 
en nada notasen su falta; ofrecióles proveerles de cuanto nece- 
sitasen, así de armas como de caballos, y poniéndoles por delan- 
te el desaliento que su llanto traía al ejército y la alegría que 
llevaba á los moros, concluyó con que el duelo que él y ellos 
debían hacer era vengar la muerte de sus señores, y servir á 
Dios dando cabo á lo que á la isla les había traído. Y dicho esto, 
acabaron de enterrar los cuerpos, que allí estuvieron hasta que, 
tomada la ciudad, es fama que se depositaron en la pequeña 
iglesia llamada El Sepulcroy antes mezquita, y se trasladaron 
después á Cataluña, al monasterio de Santas Cruces. 

Pensóse entonces en estrechar el cerco : fortificóse el campo, 
desembarcóse el maderaje que para máquinas traían las naves, 
armáronse de pronto un trabuco y un fundíbulo, que la crónica 
denomina almajanech; los comí tres de las cuatro ó cinco naves 
de Marsella ofrecieron que con entenas y tablas de sus barcos 
construirían un trabuco ; y así, por la parte que miraba á la 
puerta de Benalcofol, hoy Puerta Pintada, quedó sentado el cam- 
po, y fueron dando batería á la ciudad dos trabucos, un fundíbulo 
y un manganel (a). No se descuidaron los sitiados, antes como 



(a) «Marchó el enemigo contra la ciudad, sigue el texto de AUmakzumí trans- 
crito por Al-makkari, y acampó en el desierto é inculto llano junto á la puerta de 
Al-kahl, donde se dieron á la muralla muchos asaltos.» No cabe duda de que la 
puerta de Al-kahl es la misma que la de Alcohol (Beb-alcofol) nombrada en nues- 
tros documentos, es decir, la del Esvahidor^ la primitiva Pintada, la de Santa Mar- 
garita, que todos estos nombres sucesivamente ha llevado; pero no se comprende 



ISLASBALEARES 97 

viesen desembarcar el maderaje, ya comenzaron de armar sus 
ingenios: con los disparos de dos trabucos y catorce algarradas 
contestaron á los del campo ; y tan superior era una de éstas, 
que pasaban sus piedras más allá de los reparos de los cristia- 
nos, y aun se metían cinco tiendas adentro del campamento. En 
esto, Jasperto de Barbera mandó hacer un mantelete, ó gata^ 
como lo llamaron los antiguos, sobre ruedas muy recias, con 
tres tablas de grueso, la cubierta á dos aguas ó declives, y sobre 
ella ramas ú hornija y una buena capa de tierra, para que no la 
destrozasen los tiros de las algarradas enemigas. Hicieron otros 
dos manteletes el rey y el conde de Ampurias, y arrimados los 
tres al foso lo más que se pudo, comenzaron los cavadores, que 
de ellos se guarecían, á abrir tres cavas. Reinó en la hueste 
grande alegría cuando se vio el buen sesgo que las operaciones 
tomaban, y la actividad de todos sobrepujó las mismas esperan- 
zas del rey. Habían seguido la expedición dos frailes de la na- 
ciente orden de Predicadores, llamado fray Miguel Fabre el uno, 
natural de Castilla, y fray Berenguer de Castellbisbal el otro, 
catalán. £1 fray Miguel por todas partes discurría, á todos ani- 
maba; y como era notoria la santidad de sus costumbres, y los 
guerreros de entonces tal vez debían su valor más á su fe que á 
sus deseos de gloria, sus incesantes exhortaciones produjeron 
un efecto tal, que rayaría en increíble, á no habernos dejado de 



la calificación de desierta é inculta dada á la fértilísima llanura de regadío, que se 
extiende al norte desde los muros hasta más allá de La-Real, y que en el libro del 
repartimiento aparece ya como huerta, distribuida por cuarteradas. Las tiendas 
al principio se fijaron muy cerca de la ciudad, puesto que muchas de ellas, y en 
especial la de D. Ñuño, fueron destrozadas por los tiros de los sitiados, y por Ven- 
tura estos inconvenientes obligaron á situarlas más lejos en La-Real, aunque un 
ejército tan numeroso bien podía extenderse por todo el espacio intermedio, dán- 
dose la mano con la armada que bloqueaba la bahía. El sitio no se formalizó desde 
luego, pues cuatro días después de la batalla de Santa Ponsa, es decir, hacia el 16 
de Setiembre, pudo todavía el rey sarraceno, burlando la vigilancia de los sitia- 
dores, introducirse en la ciudad con ocho mil hombres recogidos por las monta- 
ñas. Desclot refiere el ardid con que en noche muy cerrada favorecieron dicha 
entrada los sitiadores llamando por el lado opuesto la atención con numerosos 
fuegos y atronadores alaridos. 
«3 



98 ISLASBALEARES 

ello un ojBp testimonio las crónicas del rey y de Marsilío (i). 
Cuando puesto en la estacada en alta voz concedía indulgencia 
de sus pecados á los que más se esforzasen, todos á porfía que- 
rían participar de los trabajos, y ni el noble se desdeñaba de 
alternar con el villano. En brevísimo espacio quedó abierta la 
zanja alrededor del campo, que además se cerró con palenque y 
dos puertas: los ingenios no añojaban en la furia del batir; los 
magnates dieron todos sus servidores para que ayudasen y obe- 
deciesen á los ingenieros; los caballeros traían para éstos pie- 
dras, que ponían delante de sí en las sillas de sus caballos; los 
de más ilustre casa tiraban de las cuerdas con que hacían andar 
los carretones, que ellos mismos compusieron para transportar 
las piedras, ó las llevaban en hombros; y cuando de noche se 
mandaba que fuesen cincuenta á guardar los ingenios y á poner- 
se de escucha, y de día á defender á los cavadores y á servir de 
atalayas, iban ciento; y si no eran menester tantos, á fuerza de 
súplicas alcanzaban que esto se les permitiese. 

No todos los enemigos, que escaparon de la batalla de San- 
ta Ponza, debieron de recogerse con el walí en la plaza; y á las 
tres semanas de haber puesto el cerco, ya no pudieron dudarlo 
los cristianos^ pues con cinco mil infantes y cien jinetes monta- 
ñeses se presentó en una altura vecina el moro llamado Infantilla 
por la crónica, y asentando sus tiendas, cortó el agua de la ace- 
quia que bajaba al campo de los sitiadores {a). Mas, acorriendo 
á remediar el daño, que no tanto de la falta de agua como de la 



(i) Dice Marsilio que los del ejército, después de Dios y de su Madre, invoca- 
ban el nombre de fray Miguel, y añade: que preguntando él mismo de aquella 
conquista á los moros cautivos ancianos, que había en Mallorca, y á los conversos 
ó cristianos nuevos, le solían responder que María y Miguel (aludiendo al fraile) 
ganaron á Mallorca. Véase el n.** 21 del Apéndice. 

(a) Dos expediciones del mismo género, aunque distintas, refiere Desclot, que 
la crónica del rey y la de Marsilio confunden tal vez en una sola por la semejanza 
del objeto y de las circunstancias : me remito á la citada Historia de la conquista 
de Mallorca que publique en 18 5 o, pues sería interminable trasladar aquí todas 
las observaciones conducentes a ilustrar el asunto y á conciliar las relaciones de 
los cronistas. 



ISLAS BALEARES QQ 

presencia de aquella hueste á sus espaldas podía venirles, man- 
dó el rey que D. Ñuño fuese con trescientos caballeros escogi- 
dos, así suyos como de la mesnada real, á desalojar á los infie- 
les: y con tan gentil cabalgada lo hizo el de Rosellón, que los 
echó de la cumbre, tal vez el cerro de Canet, les mató el gene- 
ral y quinientos hombres, y se apoderó de todo su campamento. 
Pusieron los cristianos en la honda del fundíbulo almajanech la 
cabeza de Infantilla, y la tiraron á la plaza. 

En esto, vino un mensajero árabe con letras de Ben-Abet, 
que era uno de los principales de la isla, y en ellas decía: que á 
gran gusto y -merced tendría el verse con D. Jaime; que si se 
concertaban, él haría que una de las doce partes de que consta- 
ba Mallorca se le diese, y trajese continuamente vituallas al 
campo cristiano; y que si esto se efectuaba y D. Jaime los reci- 
bía benignamente, él aseguraba que las once restantes pronto 
harían lo mismo (¿í). Y como el mensajero pidiese al rey que 
enviara gente de su corte á un lugar que de allí distaba una le- 
gua, adonde también acudiría Ben-Abet, pusiéronlo al punto por 
obra veinte caballeros, que volvieron acompañando al leal sarra- 
ceno. Traía Ben-Abet más de veinte acémilas cargadas de gra- 
nos, volatería, ganado menor y íruta; y tales eran las uvas, que 
venían en sacos sin quebrantarse ni corromperse. Acogido por 
D. Jaime con mucha honra, suplicóle el moro que le diese ense- 
ña suya para que no fuesen maltratados de las partidas sueltas 
y sí reconocidos sus mensajeros. Desde entonces no se pasó se- 
mana sin que enviase á la hueste víveres de refresco : á los 
quince días ya trajo al partido del rey á muchas de las demás 
partes de Mallorca ; y poco después pidió al monarca que nom- 



(a) El distrito, colocado bajo la autoridad ó al menos bajo la influencia de Ben- 
Abet, y poblado por ochocientas casas ó familias de montañeses, era acaso el de 
Pollensa, para donde convidó á D. Ñuño, extendiéndose su prestigio á los de Ca- 
narrosa é Inca, que son los que mediaban entre la ciudad y la costa fronteriza á 
Menorca. Nada nos dice la historia de la suerte que cupo á Ben-Abet, dejando an- 
cho campo á las fantásticas hipótesis de los genealogistas. 



100 ISLAS BALEARES 



brase dos sujetos, que con título de bailes rigiesen por él á los 
que se habían puesto bajo de su imperio, nombramiento que re- 
cayó en Berenguer Durfort barcelonés, y en Jaques Sans, ambos 
familiares del rey y hombres á propósito {a). Tanto lo vino aquel 
socorro de los infieles, que el mismo rey miró como un ángel 
al Ben-Abet, y nosotros no sin apuntar algunas brevísimas re- 
flexiones podemos referirlo. 

Después de la primera invasión de los árabes en España, fué 
muy de notar cómo poco á poco cobraron á su nueva patria el 
cariño que debieron de profesar á la antigua, y cuánto la tem- 
planza del clima, la fertilidad de la tierra y las comodidades de 
la abundancia suavizaron el humor fanático y belicoso de los 
descendientes de los primitivos conquistadores, mayormente de 
los que moraban lejos de las fronteras cristianas. Así fué menes- 
ter que las armas africanas viniesen en distintas ocasiones á sos- 
tener el imperio sarraceno, que las ya enflaquecidas manos de 
los moros españoles se dejaban arrebatar por los campeones de 
Cristo. Si esto en el continente acontecía, en donde apenas se 
daba treguas á la espada, y la guerra civil llenaba las tempora- 
das en que estaban ociosas las huestes de los cristianos; ¿cuán- 
to más en una isla, donde, apartados de toda comunicación fre- 
cuente, amansados por la sanidad y abundancia del país, perdida 
ya la memoria de las armas con una paz apenas interrumpida 
durante algunos siglos, debían los descendientes de los primeros 



(a) Es singular esa institución de autoridades cristianas en medio de un país 
todavía sarraceno y durante la furia de los combates; mas á pesar de la sinceridad 
que ella supone en los nuevos aliados y de los rehenes de hijos é hijas que en 
manos del conquistador habían puesto, tuvieron los dos bailes que refugiarse al 
campamento, luego que el inminente peligro de la capital renovó la mancomuni- 
dad de afectos c intereses entre los sitiados y sus compatricios isleños. Jaime Sans 
era natural de Montpeller, y la identidad del nombre persuade que fué el mismo 
embajador despachado al jeque de Mallorca antes de la expedición para reclamar 
las naves apresadas, y cuya digna y altiva respuesta contribuyó no poco á la rup- 
tura. Según el repartimiento, obtuvo en el término de Sineu la alquería Coloniaáe 
doce yugadas, y en 1242 sucedió en el cargo de baile general á su compañero 
Berenguer Durfort que lo había desempeñado por tres años. 



ISLAS BALEARES lOI 

conquistadores ser más pacíñcos y participar menos de la agita- 
ción y sucesos que solos pudieran mantener íntegros en sus áni- 
mos la osadía y el valor de sus progenitores? Por esto casi sin 
resistencia fueron obedeciendo al poder de los jeques de Denia 
y á las varias dominaciones que poseyeron el cetro de los cali- 
fas cordobeses : destino común á la mayor parte de las islas del 
Mediterráneo el de haber cambiado de amo según fué cambian- 
do la suerte de las armas. Y como ahora iba por todas partes 
espirando la pujanza almohade, y tal vez se introdujo la discor- 
dia entre aquellos extranjeros advenedizos, los más feroces de 
su secta, y los mallorquines que por su buen gobierno debían 
de amar la memoria de los Beni Ganyas, no fuera de extrañar 
que la gente campesina, amiga de conservar en buena paz lo 
que de tan antiguo estaba poseyendo, y destituida de aquellos 
sentimientos que forman el espíritu nacional, en una isla tantas 
veces dominada por distintos señores, se apresurase á arrimarse 
al más fuerte, y desamparase á los almohades, que sólo con 
gran derramamiento de sangre habían entrado á mandar en las 
islas, sin reportarles ningún provecho. 

Entretanto se trabajaba en las tres cavas, y desembocando 
en el foso, echaron los minadores á los sarracenos que lo defen- 
dían, y con grande intrepidez se acercaron á los muros, pusie- 
ron tres torres en cuentos, á los cuales pegado fuego, vinieron 
ellas al suelo con no poco ruido y mucha satisfacción de los 
del campo. Dos leridanos, Juan Rico (a) y otro que no se nom- 
bra en la crónica, se encargaron de cegar el foso con lefia y 
tierra, hasta que sin dificultad pudiese pasar la caballería; y 
como los moros incendiasen la leña, el rey mandó que fuesen 
cien hombres á desviar el agua de la acequia y á introducirla en 
el foso, con lo cual se apagó el fuego. Mas los sitiados, que ni 



(a) Xiquo ponen otros códices de la crónica real y la de Marsilio, así en este 
pasaje como en el de la toma de Ibiza donde entró el primero, y lo mismo se le 
nombra en el repartimiento por el cual fué heredado en Pollensa. 



102 ISLAS BALEARES 



en actividad ni en intrepidez iban en zaga á los sitiadores, cava- 
ron una contramina en dirección á una de las tres que estos 
estaban abriendo; y encontrándose al fín, vinieron ambas partes 
á las manos, y los moros lanzaron de la cava á los cristianos. 
El rey hubo, pues, de enviar refuerzo á los minadores y un ba- 
llestón de tornillo; el cual disparó tan gran golpe que atravesó 
á dos escuderos enemigos, y espantados los demás desampara- 
ron la cava. 

Por fín conocieron los de la ciudad que toda defensa era ya 
imposible, y movieron con los del campo pláticas de capitula- 
ción, á las cuales, bien que infructuosamente, acudió D. Ñuño 
con diez caballeros, llevando por truchimán un D. Bachiel, judío 
zaragozano, que sabía muy bien el árabe. Había en la plaza un 
renegado aragonés llamado Mahomet, que mientras fué cristia- 
no se apellidó Gil de Alagón (a); y avistándose con D. Pedro 
Cornel, propúsole que él haría que el jeque y los demás sarra- 
cenos indemnizasen á los cristianos las costas de la jornada, con 
que estos se partiesen. Mas al referírselo D. Pedro al rey, indig- 
nóse éste de semejante propuesta, y contestó á Cornel que aun 
cuando le llenasen de oro lo que del campo al monte había, no 
desistiría de la empresa ni saldría de Mallorca sino después de 
conquistada. En esto, vino otro mensaje del jeque, con que pe- 
día que se le enviase D. Ñuño á parlamentar, y el rey consintió. 



(a) He aquí uno de los más misteriosos personajes de esta épica historia. iQué 
aventuras habían traído á la isla sarracena como cautivo ó como refugiado á un 
noble de la esclarecida estirpe de Alagón? <qué peligros, que venganzas, qué crí- 
menes ó pasiones le precipitaron en vergonzosa apostasía, hollando su fe de cris- 
tiano y sus blasones de caballero ? Sus tratos con Pedro Cornel indican que no 
había olvidado del todo los recuerdos de su cuna y las amistades primeras; pero 
lo mezquino é inadmisible de las condiciones por él ofrecidas, á las cuales dio el 
rey tan digna y enérgica respuesta, muestran hasta qué punto había identificado 
su causa con la de su nueva ley y de su nueva patria. Después de tomada la ciu- 
dad reaparece para colmo de extrañeza Gil de Alagón, reconciliado sin duda con 
el rey y con la Iglesia, como uno de los barones más favorecidos en la distribución 
del botín, puesto que su casa fué saqueada ante todas por el pueblo y los caballe- 
ros quejosos de la desigualdad del reparto, é indignados tal vez de que se prodi- 
garan á un renegado semejantes recompensas. 



ISLAS BALEARES IO3 

Aderezaron para la conferencia los moros delante de la puerta 
de Portopí una rica tienda, y las máquinas y ballestería de la 
muralla y de las trincheras cesaron de disparar, aguardando el 
resultado de aquella entrevista. Fuese D. Ñuño con el intérpre 
te y lucida escolta para la tienda, á tiempo que el jeque salía 
por la puerta indicada; y quedándose afuera la comitiva de en- 
trambos, entraron en el pabellón el moro y el conde, con el 
judío éste, y aquél con dos de su consejo. Querellóse el almo- 
hade de que tan sin razón quisiese D. Jaime arrebatarle la isla; 
pidióle que se retirasen á Cataluña, y repitió la proposición del 
renegado Mahomet, añadiendo que en solos cinco días se les 
satisfarían todos los gastos ó la indemnización que pidiesen. 
«Y haced cuenta que no la escasez ó la flaqueza á esto nos 
mueve, que, gracias á Alá, sóbrannos armas, vituallas, y cuanto 
á la defensa de una población importa ; y para que mejor lo 
creáis, envíe vuestro rey á la ciudad dos ó tres hombres de su 
valía, que yo respondo de su seguridad, y les mostraremos los 
víveres y armas, para que si así como digo no fuere, no se con- 
cluya el pacto que proponemos. Ni menos nos curamos de que 
nos hayáis derribado tres torres, porque ciertamente no teme- 
mos, antes reputamos por imposible, que por allí entréis en la 
plaza.» Con mucha entereza contestó D. Ñuño recordando los 
agravios é insultos que al comercio catalán y al pabellón arago- 
nés había hecho el jeque, y en cuanto á lo de partirse de la 
isla: «Nuestro rey, dijo, no cuenta más que veinte y un año, y 
como esta es la hazaña con que se estrena, sabed que de aquí 
no se partirá sino después de tomada Mallorca, y aun cuando 
nosotros le aconsejásemos lo contrario, harto nos consta que 
desoiría nuestros consejos. Así pues, ved si de otra cosa queréis 
hablar, que de esto es en vano.» Espantado el moro, añadió 
que daría cinco besantes (i) por persona, así varones como mu- 



í I) Un besante ó bisando valía 3 sueldos y 4 dineros, moneda barcelonesa; y 
así ofrecía por cada persona unos ocho reales, cantidad crecidísima entonces. 



104 ISLAS BALEARES 

jeres é infantes, de los que hubiese en la plaza, con tal que el 
rey lealmente en sus embarcaciones pasase á Berbería á los que 
quisiesen, prometiendo no molestar á los que quedasen; y co- 
mo D. Ñuño no traía poderes para tanto , aquí paró la confe- 
rencia, y se fué para el rey, á quien dio cuenta de lo ofrecido 
por el jeque. 

Convocó D. Jaime á los prelados y ricos hombres, que to- 
dos acudieron menos el conde de Ampurías , que estaba con su 
gente de armas guardando una famosa cava (i), después muy 
fatal á los sitiados, y dijo que por nada del mundo saldría de 
allí hasta que la ciudad se entrase. Refirió D. Nufto á los convo- 
cados cuanto en la entrevista pasó: con que pidieron todos al 
obispo de Barcelona que expusiese su dictamen, el cual apro- 
bando la oferta del walí, se remitió con todo á lo que los baro- 
nes, como más prácticos en armas, dijesen; 'y hablando luego 
D. Nufto, opinó también que se aceptase el partido. Levantóse 
al oirlo D. Ramón Alamany; recordó al rey la muerte de los 
Moneadas y demás caballeros de aquella casa, y pidió fuese 
vengada; expuso que el jeque, hombre de edad y de experien- 
cia, sabría inducir á los berberiscos á volver sobre Mallorca con 
tanta gente, que pudiesen arrebatársela á los cristianos; «y pues 
tiempo tenéis para hacerlo, añadió, tomad venganza de los mo- 
ros, haceos dueño del país, y después no habrá que temer á los 
de Berbería. » Entonces Guerao de Cervelló, Guillen de Clara- 
munt y todos los restantes á una voz clamaron: «Señor, por 
Dios acuérdeseos de D. Guillen, que tanto os amaba y servía; 
acuérdeseos de D. Ramón, y de los caballeros que con ellos 
murieron en el campo. » El rey con gran prudencia dijo: que ya 
ninguna determinación humana podía deshacer lo que Dios ha- 
bía dispuesto, ni volver á la vida á los que perecieron; que logra- 
do estaba el objeto que á Mallorca les trajo, si la ciudad se les 
rendía, buena parte de los moros abandonaban la isla, y además 



(i) Véase el núm. 22 del Apéndice. 



ISLAS BALEARES I05 

se les daba por los habitantes una gruesa suma; que debían 
aceptar la propuesta del walí, porque los cristianos muertos en 
los pasados trances, más ricos eran ahora que los vivos, pues 
gozaban la gloria de Dios; pero indicó que, aunque era este su 
sentir, adoptaría la resolución que ellos acordasen. Segunda 
vez los parientes de los Moneadas, que eran casi todos los prin- 
cipales, y los prelados repitieron que se desoyese toda capitula- 
ción y la ciudad fuese entrada á viva fuerza: acuerdo temerario, 
cruel y arriesgadísimo, ya que, cuando buenamente, sin pérdida 
alguna y con tan honrosas condiciones adquirían lo que había 
motivado la jornada, preferían obtenerlo con derramamiento de 
sangre ajena y propia, y experimentar lo que puede la necesi- 
dad de la defensa en gente desesperada, que sabe no haber 
para ella lugar á capitulación, ni otro partido que alejar con su 
denuedo el día invitable de su total ruina. Así fué, que al notifi- 
cárselo al walí, con fuertes razones animó el infiel á los suyos, 
y se preparó para más obstinada defensa (i). Rechazaron casi 
diariamente los sitiados todos los ataques; acometieron á los de 
las trincheras mismas, y con tanto valor asistieron álos adarves, 
que á algunos barones les pesó del consejo que dieron al rey, y 
aun le hablaron para que se renovase la plática con el jeque: á 
lo cual D. Jaime no accedió, si primero los moros no volvían á 
entablar negociaciones. Pero una vez cegados en su propia de- 
fensa, ya no enviaron al campo los de la plaza mensaje alguno; 
y felizmente á la par de su obstinación y firmeza, creció el valor 
de las tropas cristianas. 

Pero acortemos la relación de aquel sitio, que ya no fué sino 
una serie no interrumpida de trabajos y de hazañas. Las cavas 
se multiplicaban ; los soldados con grande arrojo iban á poner 
en cuentos los muros y las torres; las máquinas no aflojaban en 
su furia; labrábanse castillos, y con no poca dificultad se. les 
acercaba al foso; y en todos los portillos y sobre los escombros 



( i) Véase el n." 22 del Apéndice, 



I06 ISLAS BALEARES 

de las fortifícaciones ejercitábanse cada día con valor las ar- 
mas {a). Entretanto venía entrando el invierno, el frío se hacía 



(a) Acerca de las últimas operaciones del sitio y de los asaltos que al definiti- 
vo precedieron, nos suministra Desclot noticias abundantes para seguir casi día 
por día los progresos de los sitiadores. Por el mes de Noviembre los aragoneses 
abren una mina, y otra el conde de Ampurias; la primera es abandonada de resul- 
tas de una terrible escaramuza, y vuelven aquellos á abrir otra, en la cual fueron 
más afortunados derribando basta treinta brazas de la barbacana; la del conde de 
Ampurias abre segunda brecha, y se intenta cubrir el foso de maderos, pero la 
lluvia, que antes del día de San Martin cayó sin interrupción durante siete sema- 
nas, destruye y paraliza los trabajos. 

De sus dos trabucos deshechos forman el reyy D. Ñuño dos castillos bien guar- 
necidos y escaleras para el asalto. Pero los sitiados con sus disparos logran rom- 
per un pie á la máquina principal llamada Arnaldas, y no pudiendo ser reempla- 
zada por el trabuco que habían construido al principio los marinos provenzalcs y 
marselleses, á causa de los lodos que impidieron su traslación, hubo el rey de 
deshacer su castillo para volverlo á la forma de trabuco, hasta tanto que la má- 
quina Arnaldas, reparadas sus averias, pudo funcionar nuevamente. Al amanecer 
el día de San Andrés aparecen derribadas por la mina del de Ampurias treinta 
brazas de la muralla, y apercíbense á entrar los sitiadores, como lo hubieran con- 
seguido á no acudir el rey sarraceno con todo su poder á la defensa de la brecha, 
y á no haberse levantado más adentro para cubrirla un grueso muro de tres varas 
de alto. 

Sábado i.*" de Diciembre. Húndese en el foso el muro y la torre de poniente 
minada por el conde de Ampurias. 

Domingo 2. Comulga el ejército y prepárase con santo ardor al asalto: pene- 
tran por la brecha trescientos soldados seguidos de otros muchos, pero los sarra- 
cenos concentrando sus fuerzas logran rechazarles y despeñarles en el foso, lan- 
zándoles encima cal y piedras y cal viva y estiércol. Duró la batalla de sol á sol, 
pereciendo trescientos sarracenos con doscientos heridos y sólo nueve cristianos, 
desnivel á la verdad increíble. El ataque se dio probablemente hacia la puerta de 
Bebalcofol (de Santa Margarita), cuya estrecha abertura, de solos siete palmos 
entonces, impidió aquel día la toma de la ciudad. 

Lunes 3. Cae de noche otra torre socavada también por el de Ampurias; y po- 
niéndose en celada muchos caballeros y peones al abrigo de su mina, Suben al 
muro hasta doscientos de los primeros; pero mal secundados por los demás, y 
volviendo en sí los sarracenos de su terror, los envuelven y derriban malamente 
y matan á treinta y tres. 

Martes 4. Redoblan sus disparos contra el muro las máquinas é ingenios de 
batir; desplómase el arco del portal, y sus puertas de hierro caen abrasadas al 
foso. Por aquellos tiías abre D. Ñuño otra mina por la parte oriental, confiando su 
dirección á Oliver de Térmens, y consigue derribar con ella catorce brazas de la 
barbacana; pero los sarracenos por medio de una contramina los obligan á aban- 
donarla. El paborde de Tarragona formanflo una gran mina derriba diez brazas 
del muro principal. 

Al cabo de ocho días, á mediados ya de Diciembre, serenado por fin el tiempo, 
el castillo de D. Ñuño, que por causa de las lluvias estaba como encallado en los 
lodazales, fué arrastrado hasta el foso por los marselleses, y empezó á maniobrar 
contra la ciudad con grave daño de los sitiados. Cólmase luego el foso con made- 



ISLAS BALEARES to7 

sentir cruelmente en el campo ; los ingenieros y los cavadores 
trabajaban en los lodazales mismos, en que atollaban como cla- 
vadas las máquinas; y con las grandes lluvias, destruyéronse las 
más de las obras y cavas comenzadas (i). 

Mas ya estaban harto estragados los muros de la furiosa 
batería, y cegados los fosos en muchas partes con los escom- 
bros; y los del campo pensaron en abreviar el cerco con el 
asalto. El mes de Diciembre tocaba á su fin; desde Navidad se 
trabajó en abrir cuantas minas y lo más cerca de la muralla que 
se pudo; y el 27, resueltos á rematar la empresa, acordó el con- 
sejo general que se asaltase Mallorca (a). En el calor de la 
deliberación decretóse que al tiempo del ataque, cuando viesen 
perecer á rico hombre, caballero ó peón, nadie se atreviese á 
llorarle ó á retirar su cadáver; que los heridos continuasen mar- 
chando, á no estarlo mortalmente; que aun así, ninguno, ni ex- 
traño ni pariente ni amigo, se detuviese á socorrerles ó á llevar- 
les á curar, sino que cuando más les arrimase á un lado; que 
nadie retrocediese por ningún motivo, ni volviese siquiera la cara 
á mirar el campamento ; que al que huyese todos debiesen áco- 



ros, y para apagar el fuego que los sitiados habían prendido por medio de una 
mina, manda torcer el rey el curso de la acequia precipitándola en el foso. Este 
incidente acaecido en domingo, debió ser á i6 ó á 23 del mes. 

c i) Véase el núm. 23 del Apéndice. 

(a) Siguiendo á Desclot, puede continuarse en esta forma el dietario: 

Martes día de Navidad. Oye misa el rey con sus barones, comulgando en se- 
guida, y arma caballero á Carroz; pásase el día en paz y alegremente sin la menor 
escaramuza. 

Miércoles 26 Diciembre. Derriban los sitiadores catorce brazas del muro con 
los tablados y garitas de encima, y minan los cimientos del muro mayor en una 
extensión de diez y seis brazas, hincándole maderos á modo de cuñas; mas á pesar 
de haberles metido fuego, el muro se. mantiene en pie, hasta que en mitad de la 
noche se desploma con estrépito por sí mismo. 

Jueves 27. Allanan los cristianos y hacen practicable la brecha defendida ya 
por otro muro que más adentro habían levantado los sarracenos ; y aunque los 
sitiadores también este lo tenían minado, lo dejan en pie para que íiado en su am- 
paro el enemigo no pensase en construir otro, y reservan su fácil derribo para el 
día del asalto. Este fué el día cuarto antes del asalto según la crónica real, en que 
se prestó el general y solemne juramento. Desde el 26 empezaron las rondas que 
se alargaban á una ó dos leguas del campamento, y que arrecidas de frío volvían 
á las barracas á calentarse, trayendo con sus descuidos inquieto al soberano. 



I08 ISLAS BALEARES 



meterle y matarle como si enemigo fuera; que, entrada la plaza, 
nadie se alojase, mientras durara la pelea; que ninguno usurpa- 
se el alojamiento que otro ya hubiese tomado ; y que quien lo 
contrario de lo dicho hiciese, se hubiese por traidor á Dios, á 
la patria y al rey, y como Bar a fuese castigado (i). Hicieron 
traer una cruz y los santos evangelios, sobre los cuales juraron 
cumplir todo lo convenido; y como también quisiese jurarlo 
D. Jaime, no lo consintieron los barones, bien que el rey les dijo 
que en su corazón y conciencia lo tenía cual si jurado hubiese: 
lo cual fué una clara muestra de la lealtad de aquellos varones 
intrépidos, que al comprometerse á arrostrar la muerte para 
poner una nueva corona en las sienes del joven monarca, no 
pudieron sufrir que éste corriese los peligros del asalto, antes 
con gran bondad y nobleza quisieron ahorrárselos. Observó 
entonces uno que, pues los sitiados no escaseaban de vituallas, 
prolongarían su obstinada defensa si les entraba refuerzo, que 
sí les entraría de los que antes se dieron al partido del rey, 
porque á ello les apretarían el riesgo de sus hermanos y los 
vínculos de la religión y quizás del parentesco; y propuso que 
guardasen todos los pasos que á la ciudad conducían. Y- como 
al siguiente día regresasen al campamento Jaques Sans y Be- 
renguer Durfort, porque ya no se fiaban de los isleños que con 
los apuros de la plaza debían de andar alborotados, conocióse 
cuan bueno era el consejo de aquel barón, cuyo nombre calla 
la crónica, y al momento se puso en efecto. Estableciéronse tres 
fuertes postas de cien caballos armados cada una, que se pusie- 
ron la primera en las trincheras^ otra delante la puerta de Bar- 
bolet ó Beb-Albelech, hoy del Campo (a), y la tercera delante 
la de Portopí, hoy de Sania Catalina, 



(i) Hara^ en catalán, sif^nifieó traidor en sumo grado, y con este nombre de- 
signaron las leyes al que lo fuese. 

(a) Aunque heled en árabe significa campo^ la puerta de Beb-al-bcled, con tan- 
tas modificaciones repetida en los documentos coetáneos á la conquista, no co- 
rresponde á la que hoy llamamos del Campo^ como supuse mal en mi Historia, al 



ISLAS BALEARES tO^ 



Entre tanto proseguíanse con ardor las cavas, de las cuales 
una, que dirigía el conde de Ampurias (i), atravesando el foso 
iba á terminar en los cimientos de la cortina mayor, mientras 
pegado fuego á los cuentos de las ya concluidas caían las torres, 
aportillábanse los muros y abrían el paso á los cristianos. Mas 
no sin gran fatiga se practicaban tantos trabajos, y bien fué me- 
nester la presencia del rey para dar calor á los soldados é im- 
pedir que se descontinuasen las operaciones. Tres días estuvo 
sin dormir : los de las postas, arrecidos de frío, abandonáronlas 
de noche para ir á calentarse en las tiendas, y D. Jaime hubo 
de acudir en persona á reprenderles y á relevarles con gente 
descansada y escogida de su mesnada misma y de los ricos 
hombres; cuanto habían menester los ingenieros y cavadores y 
los que allanaban el paso para que la caballería entrase por la 
brecha, venían á pedírselo al rey, sin cuyo consejo nada querían 
hacer, así de día como de noche; y los repetidos mensajes de 
los cabos y trabajadores tan desvelado y acucioso le traían, que 
si alguna vez probó de conciliar el sueño estorbábaselo el más 
leve rumor de pisadas, y nunca hubo que despertarle. En esto, 
faltó el sueldo á la tropa; y D. Jaime lo remedió con pedir pres- 
tadas sesenta mil libras á unos mercaderes, que con sus cauda- 
les habían venido á la expedición (2). 

Quince brazas del muro mayor vinieron al suelo con la cava 
del conde de Ampurias: ya la caballería podía sin mucha difi- 
cultad salvar el foso y subir á la brecha; y al verlo debieron de 



explicar la división de los barrios de la ciudad trazada en el Repartimiento: datos 
irrecusables me han convencido posteriormente de que dicha puerta no es otra 
que la actual de San Antonio, que con la de Beb-al kofol y de Portopí constituía 
una de las tres principales, vuelta á levante como las otras al norte y al oeste. La 
presente del Carneo no existía á la sazón, ó sería cuando más un portillo del re- 
cinto del Temple, entonces probablemente almudaina ó cindadela de la Gomera. 
Proj) del castell que nos donam al Temple^ dice la crónica real que estaba la puerta 
de Barbelec^ y esto contribuyó á inducirme en error; pero no dista tanto del Tem- 
ple la de San Antonio, que no pueda asimismo llamarse cercana. 

(i ) Véase el número 26 del Apéndice. 

(2) Véase el número 24 del Apéndice. 



lio ISLAS BALEARES 



descaecer los sitiados, que á la verdad harto hicieran con soste- 
nerse hasta entonces. Era el 30, y se señaló el día siguiente 
para el asalto general (a). En el primer tercio déla noche, acer- 
cóse al pabellón real D. Lope Jiménez de Luesia, y dijo al rey: 
€ Señor, yo vengo de las trincheras, y he mandado á dos escu- 
deros míos que se metiesen en la plaza. Hanlo hecho y visto 
cadáveres por todas partes, y que de la quinta torre á la sexta 
no velaba ninguna escucha: por lo cual os aconsejo que man- 
déis armar la gente, porque tomada está Mallorca, pues mil 
hombres podrán entrar en ella antes que lo echen de ver los sa- 
rracenos. — «Ah Don Viejo ^ contestó sonriéndose el rey: y eso 
nos aconsejáis? Oscura por demás está la noche; y si con la cla- 
ridad del día muchos no se avergüenzan de ser malos en las ar- 
mas, ¿qué harán ahora, que el uno no verá al otro? Y si cuando 
hayan los nuestros logrado entrar en la plaza, por malaventura 
fuesen rechazados, jamás después volverían al a.salto ni la to- 
marían (i)». 

Ya la primera luz del 31 de Diciembre despunta en el ho- 
rizonte, y las trompetas tocan á armarse. Celébranse con fervor 
los divinos oficios, y todos los guerreros se acercan á los altares 
á recibir el cuerpo de Jesucristo. Fórmanse las compañías, tre- 
molan los pendones, y vase llenando de aceradas puntas el es- 
pacio que media entre el campo y las murallas. Ya va esclare- 
ciendo más y más el día puro y sereno, y por última vez Ios- 
minaretes y las cúpulas se levantan sobre las mezquitas. El va- 
liente Said ben-el Hakem, promovedor de la tenaz defensa de la 
plaza, ordena su gente sobre la brecha, y cabalgando un caballo 
blanco, anima á los suyos á ser buenos en aquel trance. Da el 
rey la voz de arremetida; mas tan erizado de hierro aparece el 



(a) Otro asalto general pone Al-makzumí el viernes i i de safar, correspon- 
diente al 23 de Diciembre, y mal reducido por equivocación de la hégira en la 
edición inglesa del Al-makkarí; y fija en el domingo siguiente, 30, la toma de la 
ciudad, anticipándola un día. 

(i) Véase el número 24 del Apéndice, 



ISLASBALEARES III 

angosto paso, que vacila la infantería del primer cuerpo de 
asalto, y D. Jaime tiene que repetirla dos veces. Muévese en- 
tonces con buen orden la primera columna, á la cual siguen los 
caballeros y sus sirvientes de armas ; y llegados al foso, apelli- 
dan los peones «Santa María :> á grandes voces, y repitiendo sin 
cesar aquel sagrado nombre, que enciende su entusiasmo, esca- 
lan una torre un barcelonés y cinco camaradas suyos, trepan 
todos por la brecha, y fuerzan el paso como quinientos. Aparé- 
jase el foso para que suban los caballos, que con harto trabajo. 
y no tan aprisa como conviniera, comienzan de efectuarlo; mas 
entre tanto, de tal manera aprietan los moros á los quinientos 
infantes, que están á pique de ser rechazados ó muertos. Cú- 
brese la primera fila con los grandes escudos, formando como 
una muralla de bronce, y el anciano walí da á los suyos la voz 
y ejemplo de firmeza; cuando comienzan de entrar los caballos 
armados, siendo los primeros Juan Martínez Deslava, Bernardo 
de Gurb, uno apellidado con el apodo de Soyrot caballero de 
Sire Guillelmo, y Ferrán Peris 6 Pérez de Pina (i). Embisten á 
los sarracenos; pero tan cerradas están las filas enemigas y tal 
es la espesura de las lanzas que se inclinan á recibir la carga, 
que los corceles se asustan, y los jinetes tienen que retroceder 
á tomar campo. Por fin ascienden á cincuenta los caballeros; é 
invocando á la Virgen, al grito de «vergüenza, caballeros, ver- 
güenza, » se lanzan sobre los infieles, que en vano pugnan por 
contrarrestar el choque de aquellas masas de hierro, impenetra 
bles á sus golpes. 

Ya en esto entrara D. Jaime en la plaza, según la tradición 
que aún dura, por la puerta de Benalcofor, hoy Pintada, que 
debía estar inmediata á la brecha. El intrépido Said benel 
Hakem defendía á palmos el terreno, y en la calle vecina, que 
diz era la de San Miguel, andaba furiosísima la batalla. Pero el 
infeliz vecindario, aterrado por el largo sitio, como supo y vio 



(i) Véase el número 25 del Apéndice, 



112 ISLASBALEAREl 



que los cristianos estaban dentro de la plaza, no quiso aguardar 
la funesta suerte que le reservaban las espadas de quienes antes 
desoyeron la voz de la razón y de la conveniencia y desecharon 
toda oferta ventajosa por no privarse de la venganza. Treinta 
mil, que serían de los barrios apartados de la puerta de Benal- 
cofor, fugáronse por las de Barbolet y Portopí {a): lastimoso 
espectáculo el de tantos ancianos, mujeres y criaturas, cargados 
unos con los haberes que pudieron recoger, otros con los pa- 
dres 6 los pequefiitos privados de andar, todos desamparando 
tal vez para siempre la patria y los hogares paternos, todos 
consternados y clamando con desesperación á su profeta. Afor- 
tunadamente para ellos, tantos eran los despojos y riqueza que 
donde quiera encontraban los cristianos, que no se cuidaron de 
los que huían ; tan ocupados estaban en el saqueo. Los que con 
el walí se sostenían, perdida al fín toda esperanza, fueron vol- 
viendo las espaldas, y con gran vileza buscaron dónde escon- 
derse; y casi desamparado hubo de hacer lo mismo Said-ben-el 
Hakem. Veinte mil cadáveres atestiguaban la cruel venganza de 
los cristianos (¿): la Almudayna, que entonces era como la ciu- 
dadela de la plaza, fué el refugio de los que primero temieron 
la muerte; y tanto tropel de moros á ella acudía, que ó no ca- 
biendo ó porque se acercaban los cristianos, con bárbara cruel- 



(a; Habitarían en los barrios extremos del este y del oeste, que si bien incluí- 
dos dentro de los muros, se llamaban villa respecto de la primitiva ciudad ó al- 
mudaina. Dicha salida, según Al-makzumí, fue anterior al postrer asalto, lo cual y 
la circunstancia de estar capitaneada por Ibn Sheyrí, jefe como hemos visto de los 
descontentos, le dan visos de deserción. «Al ver Ibn Sheyrí que los cristianos 
eran dueños de los contornos y que la ciudad no podía sostenerse por más tiem- 
po, la abandonó ocultamente, y se metió en el interior de la isla con todos los ve- 
cinos que quisieron seguirle.» Más adelante veremos su resistencia en las monta- 
ñas. 

{b) No discrepa mucho Al-makzumí en el número de los muertos: «fenecieron, 
dice, en la matanza que se siguió, nada menos que veinticuatro mil habitantes, 
sacrificados por culpa de un solo individuo», es decir, de la temeridad del wali. 
Desclot hace subir a cincuenta mil los moros que murieron, incluyendo tal vez en 
esta suma á los fugitivos, y á treinta mil los que fueron reducidos á servidumbre: 
Carbonell afirma que entre muertos y cautivos ninguno escapó. 



ISLASBALEARES II3 

dad cerraron los de dentro las puertas, á las cuales perecían 
miserablemente á centenares los que no pudieron entrar con 
tiempo. 

En esto, mientras el rey traía pláticas de rendición con los 
que se amparaban de la Almudayna, llamáronle aparte dos sol- 
dados de Tortosa, y dijéronle que si se lo recompensaba, ellos 
le entregarían el walí. Ofrecióles el rey mil besantes, que ellos 
aceptaron ; dejó allí un rico hombre para que nadie combatiese 
á la Almudayna, y con D. Ñuño siguió á los dos de Tortosa á 
la casa que le designaron (a). En ella encontraron al anciano 
walí, que ahora tal vez sombrío y aguardando con calma que se 
cumpliese lo que de su destino estaba escrito, falsa y mezquina 
doctrina de su secta, sentárase envuelto en su blanco albornoz, 
acompañado de solos tres ñeles pajes, que delante de él empu- 
ñaban sendas azagayas. Al ver á los recién venidos, y sabiendo 
que uno de ellos era el rey, púsose en pie, y desembozándose 
dejó ver recia coraza debajo de la túnica ó sobrevesta blanca. 
El rey, como era bueno y generoso, hízole mucha cortesía (i), 
y por truchimán le dijo que no temiese, que él le daría para su 
seguridad dos principales caballeros, y que pues en poder suyo 
estaba, ya no moriría. Y dejándole con buena guarda, volvió á 
los del Almudayna, que le dieron en rehenes el hijo del walí, 



(a) El valiente anciano, habiéndose retirado del combate el postrero, no pudo 
ya encerrarse en la Almudaina ni volver á su palacio: Dcsclot dice que fué hallado 
en un corral, Carbonell en una calle sin salida. Al aserto de este último y al de 
Muntaner, que en siglos posteriores al hecho y fundados tal vez en hablillas vul- 
g^ares, cuentan que el conquistador asió de la barba al rey moro, hay que preferir 
bajo todos conceptos la relación misma del monarca, más conforme á su genero- 
sidad y nobleza. Menos es de creer lo que dice Al-makzumí, que «preso el amir 
fué sometido á todo género de torturas, de las cuales falleció cuarenta y cinco 
días después de su captura.» 

(i) Muntaner refiere que, conforme lo había jurado, D. Jaime cogió al walí 
por la barba: esta tradición enteramente falsa, fué copiada por muchos cronistas; 
y hasta en los azulejos que detíoran las paredes de la que fue portería de la Mer- 
ced, en Barcelona, cuya religión fundó D. Jaime, uno de los cuadros ó comparti- 
cioaes representa á éste en el acto de cometer aquella grosería tan indigna de su 
noble carácter.— Véase el número 26 del Apéndice, 

'S 



114 ISLASBALEAKES 



niño de trece afios (i), y le abrieron las puertas; y puso en el 
alcázar dos frailes Predicadores, quizás fray Miguel como ase 
gura Marsilio, y diez caballeros escogidos, con sus sirvientes, 
que custodiasen el palacio y los tesoros del jeque. 

Ya el sol había dejado de alumbrar aquella triste escena: el 
rey hallábase con la armadura puesta desde el amanecer, y de- 
seoso de descansar; mas ninguno de sus familiares y criados 
acudía, y D. Ladrón convidóle con decirle que él, merced á uno 
de los suyos, tenía preparadas casa y cena. Dábase entre tanto 
el saco, y tanta riqueza había en la ciudad que, cosa rara en 
semejantes lances de guerra, no sobrevino la menor alteración 
entre los vencedores, creyendo cada cual con lo que recogía que 
él era el más rico y afortunado. Aunque durante el combate 
habían huido á los montes treinta mil habitantes, no de todos 
los barrios pudieron tomar á tiempo las dos puertas susodichas, 
ni escapar de las tropas cristianas que en un momento inunda- 
ron la ciudad como un torrente. Las infelices moras, que no co- 
nocían sino el retiro de sus haremes, vieron á la soldadesca re- 
gistrar con avidez sus aposentos ; y temerosas de la muerte ó de 
la violación, matronas y doncellas arrancábanse sus alhaites y 
brazaletes, y puestos en el regazo dinero y joyas, amargamente 
llorando, en su lengua nativa á los soldados decían: « — Toma, 
cristiano, y déjame la vida (2);» palabras y acción de grande 
enternecimiento, si tras de los peligros del asalto, y cebadas ya 
las armas en la matanza y la codicia en el robo, pudiese haber 
lugar á la misericordia. Así tan rico fué el botín, aun hecha por 
cada uno restitución de lo que debía repartirse, que ni los cria- 
dos del rey volvieron á él en ocho días. 



(i) « después se hizo cristiano, y se llamó D. Jaime, y casólo (el rey) con 

una donzella principal, que se dezía Doña Eva, que era hija de D. Martín r<o1dán, 
y nieta de D. Roldan del linaje de Alagón, y fueron señores de Gotor; y confirmó- 
les el Rey la baronía de Huesca y Gotor : y huvieron á D. Blasco de Gotor, que fué 
padre de Miguel Pérez de Gotor.»— Zurita, Anal, de Arag,^ lib. 3, cap. 8, fol. 1 32. 

(2) Véase el número 2$ del Apéndice, 



ISLAS BALEARES 11$ 



Poco después, algunos barones, principalmente D. Nufio, 
Berenguer de Santa Eugenia, el obispo y el sacrista de Barce- 
lona, propusieron que se hiciese pública almoneda de los moros 
y de todo lo que se depositó para repartirse. Opúsose D. Jaime, 
atento á lo que más importaba, que era la destrucción de los 
sarracenos que de las montañas se amparaban, y á los cuales no 
se debía dar tiempo de rehacerse; y dijo que se hiciese enhora- 
buena el reparto tan sólo de cautivos y ropa por suertes, cosa 
que en ocho días podría efectuarse, y al punto regocijadas las 
tropas con esa primera partición, marcharían á desalojar de sus 
últimas posiciones al enemigo. Pero hubo de ceder, no sin indi- 
carles que traslucía su mala fe y augurando mal de aquella de- 
terminación (i); y así se comenzó la almoneda, que duró desde 
carnestolendas á Pascua. Creyeron, caballeros y plebeyos, que 
aquello se hacía para darles la parte que á cada uno tocaba, y 
por esto iban tomando de lo que se vendía cuanto en su con- 
ciencia correspondía á su porción ; mas como se les exigiese el 
precio de lo comprado, indignáronse, corrieron tumultuosos las 
calles, saquearon la casa de Gil de Alagón, y sólo la presencia 
del rey contuvo su furia. Pero á los dos días alborotáronse de 
nuevo, dieron á saco la casa del paborde de Tarragona, y tanto 
crecía el motín, que el rey, antes de salir á reprimirlo, trasladó 
por precaución todo su haber de la Almudayna al castillo que 
ocupaban los templarios, inmediato á la puerta de BebAlbe- 
lech ó Barbolet. Armóse, pues, y yéndose para los amotinados: 
« — Vosotros, les dijo, habéis cometido acción antes no vista 
entre nosotros, la de saquear las casas y mayormente de los que 
ningún tuerto os hacen; y sabed que no lo sufriremos, antes 
tantos haremos ahorcar de los que se desmanden, que hieda la 
villa. ¿A qué tanta confusión y trastorno.?* ¿no es nuestra volun- 
tad y ánimo que se os dé vuestra parte, así de lo recogido como 
de las tierras?» Aquietóse al oir estas últimas palabras el pue 



(i) Véase el número 35 del Apéndice, 



Il6 ISLAS BALEARES 



blo; y el obispo y el paborde, objeto particular del odio de los 
sediciosos, pudieron salir del alcázar en donde se refugiaran. 

La ciudad estaba llena de cadáveres; los recién entrados alo- 
jábanse como mejor podían, y aunque tantos sarracenos habían 
desocupado la plaza cuando el primer asalto, corrían los nuevos 
pobladores riesgo de ser atacados de peste, si no atendían á la 
sanidad y limpieza, cosa punto menos que imposible en el ardor 
de la entrada y para una soldadesca ya avezada á las privacio- 
nes de un campamento y á los malos hábitos que en él contrajo. 
No se les ocultó esto á los cabos, y convocando consejo, acor- 
dóse que los prelados concediesen á la gente mil días de perdón 
por cada cadáver que se sacase afuera; y tanto fué el celo del 
ejército por ganar las indulgencias, que en pocos días quedó la 
ciudad limpia y quemados en el campo los restos de cuantos 
perecieron en la entrada (i). 

Con la muerte de los Moneadas quedó incompleto el núme- 
ro de los que debían cuidar del reparto y señalamiento de las 
porciones; y en los primeros días del sitio, á los difuntos herma- 
nos les reemplazaron D. Ramón Alamany y D. Ramón Beren- 
guer de Ager, y al primer número se agregaron D. Jimén de 
Urrea y D. Pedro Cornel. Comenzaron, pues, ahora por esco- 
ger las treinta casas mayores de la ciudad, de las cuales quince 
pasaron al rey, que dio algunas á sus porcioneros los tem- 
plarios y el paborde de Tarragona. Al rededor del Alcázar, el 
recinto que llamaban Almudayna encerraba 178 edificios, amén 
de los que se computaban en los treinta primeros; é insiguiendo 
lo acordado en las cortes celebradas en Barcelona, diósele al 
rey la mitad, y lo mismo se practicó en lo demás que se fué re- 
partiendo. Dividióse entonces lo restante de la ciudad en ocho 
partes, y las cuatro que á D. Jaime le cupieron contenían mil 
cuatrocientas ochenta y dos casas habitadas, cuatrocientas no- 
venta y cuatro inhabitadas, veinticuatro hornos, diez y siete 



(i) Véase el número 2 «5 del Apéndice. 



ISLAS BALEARES II7 



huertos, trescientos veinte obradores 6 tiendas, y dos de los me- 
jores baños públicos: rica porción, si de ella no hubiese debido 
recompensar á los templarios, á varios caballeros, y á las ciu- 
dades y villas (i). Las restantes cuatro partes, si por lo que con 
los molinos se hizo hemos de juzgar, diéronse al conde D. Ñuño, 
al obispo de Barcelona, al conde de Ampurias, y á Guillen de 
Moneada, los cuales también tenían que satisfacer los servicios 
de sus principales caballeros y allegados. Lo mismo se practicó 
con las tierras regadías del distrito de Palma, que con los hom- 
bres buenos y peritos nombrados al intento, salió á medir en 
buena ley el agrimensor Pedro de Osea ó Huesca con una me- 
dida ó cuerda que alcanzaba veinte brazas del rey, equivalentes 
á veintidós de D. Ñuño ó de todo hombre regular ; noticia que 
confírma la descripción que de sus prendas físicas algunos cro- 
nistas nos han dejado (2). 

Mientras así iban adelantando la partición de lo conquistado, 
que aún se proseguía muchos meses después y nosotros pasa- 
remos por alto, un fatal acaecimiento vino á turbar la alegría de 
los cristianos, y confirmó cuan prudente anduvo el rey al acon- 
sejar que saliese sin demora el ejército en demanda de los mo- 
ros que de los montes se guarecían, y se dejase para después 
el reparto. Declaróse la peste en la ciudad, y con el desorden y 
agolpamiento de tanta gente de guerra se encendió tan terrible- 



(i) El libro del Repartimiento, del cual damos un extracto en el número 27 
del Apéndice^ trae la demarcación de cada una de aquellas cuatro partes, los nom- 
bres de las calles, de las casas, y hasta de las tiendas, todos árabes; pero hasta 
qué punto pudiera la planta moderna de Palma servir para la aclaración de aque- 
lla antigua, á los anticuarios del país, que hagan un particular estudio de las loca- 
lidades, toca decidirlo Kjol), Hállanse mencionadas en aquel libro seis mezquitas, 
cuyos nombres eran: de Abdolmele ibne asna; de Axaquctz; de Alhajezequí ; de 
Zegrí; la Mezquita Roja (Mezquita Rúbea, /oL $j), y de Aljeneví. Véase el número 
citado. 

(2) Véase el número 28 del Apéndice, 

ia) Algo de esto ensayé en el detenido estudio del repartimiento, puesto por apéndice á mi Conquista dé 
Mallorca, al cual me remito ; y todavía resta campo á un trabajo indefinido, no dejando por consultar ningún 
antiguo título ó traspaso de propiedad . 



ii8 ISLAS Baleares 



mente, que diezmó las compañías y llevó al sepulcro á los más 
intrépidos, á quienes respetara la muerte en los combates. Mu- 
rió á los ocho días de enfermar D. Guillen de Claramunt : apenas 
sepultado, siguiéronle á la tumba D. Ramón Alamany, D. Gar- 
cía Pérez de Meytats y D. Guerao de Cervelló, hijo de D. Gui- 
llelmo de Cervelló y sobrino de Alamany, todos del linaje de los 
Moneadas, excepto el D. García. Al verlo el conde de Ampu- 
rias, exclamó: « aquí feneceremos los que de este linaje queda- 
mos;» triste presentimiento, que se cumplió para él ocho días 
después (a). 

El contagio apresuró la partida de los que ya deseaban vol- 
ver á Cataluña, y quizás motivó la de quienes se proponían 
asistir hasta el fín de la conquista; y sin curarse de las tierras 
adquiridas, y contentos con el botín recogido en el saco ó con 
las casas que de la ciudad les cupieron, abandonaron no pocos, 
caballeros y villanos, á su rey y á la isla : consecuencia natural 
de un ejército colecticio, compuesto en su mayor parte de gente 
voluntaria y de tercios que obedecían á capitanes ó señores dife- 
rentes. El rey, pues, hubo de enviar á D. Pedro Cornel á Ara- 
gón con cíen mil sueldos, para que alistase cien caballeros y 
trajese los cincuenta, que como á feudatario del monarca le co- 
rrespondía ; al paso que escribió á D. Atho ó Artal de Foces y 
á D. Rodrigo de Lizana, también feudatarios suyos, que le acu- 
diesen, como lo pusieron en efecto. 

Mas entretanto no se daba vagar el grande ánimo de D. Jai- 
me. Al frente de las pocas fuerzas que le habían quedado, corría 
el interior de la isla; acogía y heredaba á los caballeros Hospi 
talarios, que vinieron á ofrecerle sus espadas; y en una segunda 
salida, en medio de los mayores peligros y padecimientos de 



(a) Murió á 23 de Febrero según el necrologio de la iglesia de Gerona, y sien- 
do el postrer acometido, demuéstrase que la peste se declaró antes de la Cuares- 
ma, que empezó el 30 de dicho mes, y no por Pascua como entendieron mal 
nuestros historiadores. 



ISLAS BALEARES IIQ 

calor y hambre (i), rendía en las montañas y cuevas de Arta dos 
mil sarracenos, y recogía diez mil cabezas de ganado mayor y 
treinta mil de menor (a). Atento á la conservación y aumento de 
su nueva conquista^ dictaba aquellas famosas franquicias, que 
debían ser un incentivo para que del continente viniesen pobla- 
dores, y el código que había de regir aquella naciente población 
militar (2). 

Pero ya era tiempo de regresar á sus estados, pues más de 
un año había transcurrido desde que dio la vela en Cataluña. 
Cometió, pues, el cargo de lugarteniente suyo á D. Berenguer 
de Santa Eugenia, con merced que del castillo de País le hizo, y 
con promesa solemne de aprobar y cubrir cuanto expendiese. 
Convocó á consejo general á los barones, caballeros y demás 
pobladores, y les habló en estos términos : c Catorce meses cum- 
plen que estamos en Mallorca, y durante este espacio de tiempo 
jamás quisimos abandonaros; mas ahora va entrando el invier- 
no, y pues por merced de Dios parece que queda segura esta 
tierra, nos partiremos. Mejor podremos mirar por vosotros des- 
de Cataluña que permaneciendo aquí, porque os enviaremos 
tales esfuerzos que bien podrá defenderse la isla de todo acome- 
timiento ; cuanto más que, si fuese menester, otra vez acudiría- 
mos personalmente. Habed por cierto que desde que nos parta- 



(i) Véase el núm. 29 del Apéndice. 

(a) Si esta segunda expedición del rey á Arta fué en la semana de Pasión (24 á 
3 1 Marzo) como expresa su crónica, la primera que emprendió por el valle de Bu- 
ñola, internándose por las montañas hasta dejar á la derecha el castillo de Alaró 
y torciendo luego hacia Inca, debió ser al principio de la Cuaresma, sin que la es- 
torbaran los estragos de la peste, ni la almoneda del botín, ni el otorgamiento de 
la carta-puebla que fué á 1.° de Marzo. La mayor fuerza de los refugiados sarrace- 
nos no estaba en los montes de Arta, sino en los de SóUer y Almaluig, donde pa- 
saban de tres mil peones escogidos con treinta caballeros al mando de Xuarp ó 
Xuaip, los cuales hubieron de cobrar bríos viendo que el rey en las dos jornadas 
desistia de atacarlos. Extraño es que en estas campañas no fígure Ben-Abet, quien, 
habiendo sometido al rey su distrito de PoUensa y toda la costa fronteriza á Me- 
norca, podía fácilmente cortar las comunicaciones entre los de Almaluig y los de 
Arta si permaneciera en el servicio del conquistador. Xuaip con los suyos se man- 
tuvo un año todavía en aquellas breñas. 

(2) Véase el número 30 del Apéndice, 



I20 ISLAS BALEARES 

mos, de día y de noche, lo más del tiempo estaremos pensando 
en vosotros. Y pues Dios nos hizo tanta merced que nos ha 
dado reino en medio del mar, cosa jamás alcanzada por ningún 
rey de España, y que hayamos podido edifícar iglesia á Nuestra 
Señora Santa María {a)\ creed que nunca os desampararemos, 
antes muy á menudo, sea 6 no necesario, me veréis en Mallor- 
ca. » Mas el llanto le embargó aquí la voz, que no pudo conte- 
nerlo al ver las lágrimas que como verdaderas muestras de sen- 
timiento todos derramaban. Reinó silencio un buen espacio, y 
rompiéndolo al fin el rey, despidióse afectuosamente de sus com- 
pañeros de armas, dióles á reconocer por lugarteniente suyo al 



(a) E tantas d'altres que ni haurá, añade cl rey en su crónica. Según estas pa- 
labras, hallábanse ya entonces abiertos los cimientos de la grandiosa catedral, 
alojada interinamente en la principal mezquita á la cual había de reemplazar; esta- 
ba designado el solar y acaso principiadas las obras de la iglesia de Santa Eulalia, 
puesto que se nombra en el repartimiento, y proyectadas otras muchas, no sólo 
de parroquias, sino también de conventos y hospitales. Y bien explican esta pre- 
mura la ardiente piedad del monarca y las necesidades religiosas de los morado- 
res, sin suponerla efecto de un voto hecho por aquél durante la borrasca que 
padeció á su venida, pues las crónicas no indican tal circunstancia. La dotación de 
la iglesia catedral correspondió á la majestad del edifício : en la concordia de las 
cortes de Barcelona anterior á la conquista, sólo se estipuló «que se asignasen á 
los clérigos y á ías iglesias los señoríos Cofomiwíca/i/ríe^ y rentas competentes;* 
pero el generoso rey, aunque dueño de los diezmos por concesión pontificia en 
las tierras que se conquistasen de sarracenos, cedió á la seo de Mallorca en 5 de 
Abril de 1232 desde Barcelona la décima parte de todas sus posesiones y dere- 
chos en la isla, y de todos los frutos y animales de sus tierras, inclusos los peces 
de sus riberas, imitando los magnates su liberalidad. Pero después de mediar va- 
rias transacciones, obtuvieron finalmente las parroquias la cuarta parte de los 
diezmos, la catedral el otro cuarto, quedando con la mitad restante los dueños 
directos de las tierras ó poseedores de caballerías. Para la creación del obispado 
atravesáronse algunas dificultades por parte de la iglesia de Barcelona, que pre- 
tendía tener jurisdicción sobre las de la isla por donación que en el siglo xi le 
otorgara Alí, señor de Denla y de Mallorca; pero interviniendo como arbitros los 
abades de Poblet y Santas Creus, acordóse la erección ó más bien restauración de 
la silla episcopal de Mallorca, dejando la elección del primer prelado al arbitrio 
del monarca y la de los sucesivos al obispo y cabildo de Barcelona, con obliga- 
ción de nombrarle del seno de aquella iglesia mientras fuese posible, condición 
que no llegó á cumplirse por sobrado exorbitante. El designado por el rey para la 
nueva mitra en 1232 fué Bernardo, abad de San Fclío de Guixols, y por renuncia 
acaso de éste, lo fué en 1235 el paborde de Tarragona Ferrcr de Sant-Martí, más 
adelante obispo de Valencia; sin embargo cl primero que en propiedad la obtuvo 
en 1238 fué don Raimundo de Torrella, de quien se asegura sin bastante funda- 
mento que fué religioso dominico y hermano de Bernardo de Santa Eugenia. 



ISLASBALEARES 121 

de Santa Eugenia, repartió sus armas y caballos á los más ne- 
cesitados, y reiteró á todos la promesa de volar á su socorro 
cuando se temiese que venía armada contra la isla. Y pasando 
á la Palomera, en donde le esperaban dos galeras^ una de Ra- 
món Canet y otra tarraconense, embarcóse en la primera el día 
de los santos Simón y Judas, y de aquel, que fué primer puerto 
cuando su venida á Mallorca, hizo vela para Cataluña, adonde 
arribó al tercer día. 

La fama de su expedición le valió allí un continuado triunfo 
en todas las ciudades y villas: y bien hacían todas en recibirle 
en procesión, y en desplegar para honrarle toda la pompa que 
podían las municipalidades y el clero; la grandeza y buen suce- 
so de la conquista disculpaban toda extraordinaria manifestación 
de contentamiento, y la gran parte que al rey le había cabido 
en ella justificaba el excesivo respeto de sus vasallos. 

Muerto su infeliz padre D. Pedro el Católico en el campo de 
batalla; necesitado él, niño, á valerse de la protección de unos 
caballeros religiosos y del arzobispo tarraconense para criarse 
como á su rango convenía; heredero de un reino combatido por 
los odios de familia y por la ambición de sus deudos, que á su 
misma persona pusieron en peligro ; insolentadas muchas villas 
contra la corona al amparo de los bandos; ociosas y desacredi- 
tadas las armas aragonesas, excepto en los daños propios: gran- 
de arrojo fué el suyo al acometer aquella empresa, para la cual 
no le convidaba el estado de sus reinos, y que parecía carga 
harto grave para las fuerzas de un rey que apenas rayaba en 
los veinte y un año. Es verdad que Cataluña, particularmente 
Barcelona, le secundó y aun excitó de una manera que ha for- 
mado época en sus anales; pero mucha parte tuvo D. Jaime en 
conciliar los ánimos de los más poderosos magnates, y toda en 
activar los preparativos y hacer que ni se entibiasen ni de ellos 
se levantase mano: cosa no bastantemente alabada, si miramos 
las dificultades que el solo transporte de máquinas, caballos y 

armas entonces traía. ¿Quién sino él entre tantos buenos duran- 

16 



122 ISLASbALEARES 



te la travesía alentó á los decaídos, aconsejó á los experimenta- 
dos, y conservó valor y serenidad cuando todos uno y otra per- 
dían? Muertos los Moneadas, sus mejores servidores y maestros, 
sobre él recayó todo el peso de la dirección, y sus avisos y 
consejos se siguieron en todas las operaciones, en un sitio largo, 
contra una plaza de las más fortalecidas del mundo, con tantos 
enemigos y tan desesperados en su defensa, y en medio de los 
rigores de la estación, de la escasez y de las armas. 

Pues cuanto á la importancia y á la trascendencia de la jor- 
nada, con no menos razón debían alegrarse los de Cataluña, 
aunque, experimentándolas en parte, sólo podían presentirlas. 
Si los armamentos de las cruzadas acumularon en las ciudades 
marítimas de Italia el oro de la Europa y acarrearon el aumento de 
su marina, la expedición de D. Jaime fué el principio del esplen- 
dor y poderío de Barcelona, de aquella marina que más tarde y 
muy pronto rivalizó con las de Italia. Cuanto con ella ganase la 
construcción naval, cuanto debiese de invertirse en la fabricación 
de armas, en vestidos y provisiones, cuanto movimiento se die- 
se al comercio, verálo quien tenga en cuenta el modo de gue- 
rrear de aquellos tiempos, que Barcelona era casi la única plaza 
capaz de subvenir á los abastos y aprestos, y que con llevar la 
guerra fuera de su territorio afianzaban los catalanes en él la 
paz y la seguridad de sus relaciones comerciales. Por esto, dado 
el impulso, fué creciendo de manera el poder marítimo de Cata- 
luña, que los mismos señores de Marruecos buscaron después la 
amistad de D. Jaime y de los sucesores suyos, y en vida del rey 
se plantearon casi todas las instituciones y establecimientos, que 
dieron estabilidad, regularidad y aseguración al comercio. En 
resolución, con esa empresa cobraron aliento todos los subditos 
de la corona aragonesa ; y reencendido el fuego guerrero, se 
preparó aquella serie de triunfos, que comenzó con la toma de 
Valencia y Murcia y siguió luego con las idas al África y con 
las campañas de Italia, en donde las espadas catalanas y arago- 
nesas abrieron ancho campo á las glorias españolas. 



ISLAS BALEARES I23 

Y ya que con estas leves consideraciones fínalizamos la re- 
lación de la toma de Palma (45), désenos que las presentemos aún 
más breves sobre la desventurada gente que la perdía, ó mejor, 
sobre su dominación en la isla. 

Aunque animados por aquel celo religioso, que siempre fué 
el móvil de las grandes empresas , los primeros muzlimes que á 
España pasaron en no pocas partes admitieron á los cristianos 
á capitulación, y les garantieron el libre ejercicio de su culto; y 
los que en Mallorca desembarcaron tan benignamente debieron 
de haberse con sus habitadores, que aun muchos años después 
quedaba en la isla población cristiana. El intrépido y sagaz 
Mudjehid concedió al obispo barcelonés Gislaberto que fuesen 
de su diócesis todas las iglesias de las Baleares y de Denia; que 
ninguno de sus vasallos cristianos recibiese las sagradas órde- 
nes sino del obispo de Barcelona; que sólo éste pudiese consa- 
grar el crisma, y dedicar los templos; y en 1058 su hijo y suce- 
sor Alí confirmó aquel extraordinario privilegio, ilustre prueba 
de la humanidad de aquellos primitivos conquistadores (i). 
Cuanta fuese ésta, claro lo dice la permanencia de cristianos en 
la isla, aun cuando las hostilidades que entre los moros baleares 
y los españoles reinaban habían de ensañar á los dueños de las 
islas contra los correligionarios de los que tan fieramente les 
hacían sentir el rigor de sus espadas. Pero, sea dicho en honor 



(a) Respetando el constante uso que hace en su relato Piferrer del moderno 
nombre de la capital de Mallorca, no puedo menos de consignar una vez por todas 
mi disentimiento en emplearlo, por lo que suena á anacronismo , siempre que se 
trata de tiempos anteriores á la época, no más allá del siglo pasado ó del xvii, en 
que la voz de Palma^ exhumada por los eruditos, comenzó á aplicarse, con fortuna 
rara vez obtenida en semejantes casos, á la ciudad que desde los siglos más re- 
motos nunca había llevado otro nombre que el de la isla. Sé que produce dificul- 
tades esta regla asi en trabajos históricos como en obras de imaginación, pero la 
conceptúo indispensable para conservar la propiedad y el colorido. 

(i) Este documento existe, junto con el acta de la consagración de la catedral, 
en el archivo de la Santa iglesia de Barcelona, libro i." de sus antigüedades; y 
como el Sr. D. Próspero de BofaruUya lo insertó en la página 8i , tomo 2.° de sus 
Condes Vindicados^ continuamos aquella esmerada copia en el núm. 3 i del Apén- 
dice, 



124 ISLAS BALEARES 

de la verdad, los cristianos, realizada la grande expedición de 
los písanos y catalanes, sin duda no sé atrevieron á probar has- 
ta dónde llegaría la tolerancia de los moros, sino que desampa- 
rarían la isla cuando se reembarcaron las tropas; y aunque el 
papa Alejandro III, en bula de 27 de Mayo de 1 169, confirmó 
al obispo de Barcelona D. Guillen de Torroja entre otras cosas 
la jurisdicción en las dos islas de Mallorca y Menorca, más que 
á la posesión real referíase quizás al derecho adquirido por la 
Iglesia barcelonesa, para que lo hiciese valer cuando la total 
expulsión de los sarracenos de las Baleares: empresa á que ja- 
más renunciaron los sucesores de D. Ramón Berenguer el 
Grande^ y que en vida de D. Guillen de Torroja estuvo á punto 
de llevar á cabo el rey D. Alfonso el Casto, 

Depuesta la fiereza de conquistadores, y aficionados á su 
patria adoptiva, diéronse los moros al cultivo de las tierras, y 
tal vez en sus manos cobraron las de Mallorca un valor que 
nunca tuvieron con las pasadas dominaciones. Sólo un docu- 
mento queda que pueda arrojar alguna luz sobre este punto, — 
el libro del Repartimiento; y pues con tanto afán los vencedores 
cuidaron de hacerse con porciones de terreno, mucho debía este 
de valer, y ricamente fecundado se presentaría á sus ojos. Las 
alquerías y rabales (i) salpicaban aquellas feraces campiñas: en 
el reparto de cada término no hay demarcación que no miente 
muchísimas de esas casas y cortijos desparramados por las tie- 
rras; y si aquellas haciendas son mejor cultivadas en medio de 



(i) « de los cuales queda muy en uso entre nosotros el de Rahal ó Raphal, 

que según la propiedad de la lengua arábiga es decir una casa ó heredad junto á 
la Ciudad ó Villa, como también Alquería, ó Caria, ó Cayr¡a,del vocablo Alquehir, 
que es lo mesmo que casa de fuera, al lugar de pocas casas, como al de muchas 
Belcd. De aquí es que muchas poblaciones, en que antes no había más de unas ca- 
serías ó majadas, retienen el nombre de Hahal, Rafal, ó Rafalet, de los cuales tam- 
bién quedan muchos en el Reyno de Valencia. Hase conservado entre nosotros 
otra dicción arábiga Beni, la cual se junta con los vocablos particulares de las Al- 
querías, como Beniatzar, Bcnicalvel, Beniforani, etc., que es decir Casa de Atzar, 
Calvel, etc.» Dameto, Historia general del reyno baleárico, libro 2, página 273 de 
la edición antigua. 



ISL ASBALEARES Í2<y 

las cuales moran sus mismos dueftos, bien de tan claro indicio 
puede colegirse cómo estarían las de Mallorca. Con gran dili- 
gencia aprovecharon los manantiales: en las cercanías de la ciu- 
dad, las humildes corrientes de Canet, de Xibar (ahora de mes 
tre Pere) y de Alemir (hoy de la Villa) hacían andar más de 
sesenta molinos, y en varias partes de la isla aun los labradores 
se aprovechan de los aljibes que cavó la industria de los sarra- 
cenos. Marsilio pondera cuánto se maravillaron los del ejército 
de D. Jaime al ver metidas en sacos las uvas, enteras y frescas; 
Desclot refiere cómo al aposentarse delante de la ciudad des- 
cansó la hueste en una grande huerta del walí, refrescándose y 
rehaciéndose con la fruta que de los numerosos árboles les brin- 
daba; en la segunda salida al interior, D. Jaime tomó á los mo- 
ros de las montañas de Arta gran cantidad de trigo, diez mil 
cabezas de ganado mayor y como treinta mil de menor; y cuan- 
do sus embajadores pasaron á Menorca, como veremos, á tratar 
de la rendición de aquella isla, los sarracenos menorquines les 
regalaron con diez bueyes, cien carneros y doscientas gallinas, 
y al cerrar el tratado prometieron dar al rey anualmente tres 
mil hanegas de trigo, cien cabezas de ganado mayor y quinien- 
tas de menor, dos quintales de manteca y doscientos besantes 
para los gastos del transporte de todo esto: tributo crecidísimo 
para la pobreza y esterilidad de aquella isla, el cual supone en 
ella esmerado cultivo, mayormente si se atiende á que los me- 
norquines ya lo consideraron arreglado á lo que daban de sí sus 
posesiones. 

De esta fertilidad naturalmente debía nacer el comercio: y 
se entenderá cuánto fuese si consideramos que era Mallorca es- 
cala de las embarcaciones que de Levante pasaban al África; 
que la codiciosa Genova procuró con todas veras ajustar con 
sus jeques tratados de alianza; que ella, los pisanos y los pro- 
venzales tenían sus barrios y sus lonjas en la capital; y que los 
mismos sucesores de D. Ramón Berenguer III cuidaron de reno- 
var continuamente las treguas con aquellos walíes para que las 



126 ISLASBALEARES 

naves catalanas no estuviesen privadas de esa concurrencia. 
Ningún hecho marca tan explícitamente en la historia el estado 
que allí tuviesen las artes : pero en las calles de la ciudad 
abríanse numerosísimas tiendas y obradores, de los cuales el 
rey llevó trescientos veinte; y bien que muchas de aquellas sir- 
vieren para el despacho de productos agrícolas, en no pocos de 
estos se labraba la plata y se perfeccionaba la joyería, ejercicio 
en que sobresalieron los sarracenos, se batía el hierro, y ha lu- 
gar á suponer que los telares del tejedor ocupaban los restan- 
tes (i). 

Si su posición hacía á propósito la isla para las relaciones 
comerciales y temible á los estados que en estas mayormente 
entendían, su poderío le valió gran papel é intervención en los 
acaecimientos y navegación de aquellos mares. A poco de inva- 
didas las Baleares por los sarracenos, Barcelopa y las costas 
catalanas tuvieron que llorar su mansión en ellas; y el valiente 
Mudjehid de Mallorca partió á llevar á Italia la guerra y la deso- 
lación. Los almorávides tanto acrecentaron la pujanza mallor- 
quína, que la misma altiva y fuerte república de Genova no se 
desdeñó de cerrar con los régulos insulares tratados de alianza: 
y ¿qué era en fin aquel reino, que cuando los postreros Beni 
Ganyas enviaba al África una escuadra, con sus refuerzos man- 



(i) Véase el núm. 27 del Apéndice. 

El Sr. D. Joaquín María Bovcr de Hosselló, que con grande asiduidad investiga 
las noticias y antigüedades más curiosas de la isla, en una breve memoria titula- 
da Del origen^ progreso y estado actual de la agricultura^ artes y comercio de la 
isla de Mallorca^ dice: «Sabemos también que tuvieron (los árabes) fábricas y ma- 
nufacturas, particularmente de jabón, y que entonces se tejía el sendat, el vori^ el 
Peluxell^ el robió y el savastre, telas que usaron después los cristianos para sus 
vestidos y para el ornato de sus casas.» Nosotros, al paso que le agradecemos la 
noticia y como buena la copiamos aquí, hemos con todo de indicar que es bien 
sensible se olvidase el estimable anticuario de apuntar los autores de donde la 
tomó. El Sr. Bover y el Sr. D. Antonio Furio, que con no menos constancia c infa- 
tigabilidad también procura ilustrar todos los puntos histórico-locales de Ma- 
llorca, son autores de un gran número de hojas sueltas, disertaciones y memorias 
muy curiosas é interesantes para el buen conocimiento de algunas antigüedades 
de la isla; y el segundo está dando á luz el Panorama Balear, en que se nota abun- 
dancia de noticias y gran minuciosidad en la relación de Palma. 



ISLAS BALEARES 12J 

tenía la guerra que Aly ó Yahya ben Yshak, denominado el 
Mayorki, hacía en los estados ahora berberiscos , y motivaba la 
venida del emir de los Almohades con grande ejército á tomar 
aquel último asilo de la proscrita dinastía almoravide ? Pero la 
tentativa de Yahya fué el postrer alarde que de sus fuerzas hizo 
Mallorca: los almohades ni tuvieron espacio para robustecerla, 
ni se lo permitieron las sublevaciones que por todas partes so- 
cavaron su imperio. 




CAPITULO 111 



Pedro, infante de Portugal, señor de Mallorca. — Segundo y tercer viaje 
del rey á la isla. — Rendición de Menorca. — Toma de Iblza. — Cambio de 
Mallorca por posesiones en Valencia y Cataluña, entre D. Pedro y el rey. 
— Jurados y Consejo auxiliar. — Cuarto viaje del rey á Mallorca. — Su tes- 
tamento, repartición de sus reinos entre sus dos hijos D. Pedro y D. Jai- 
me, y sus efectos. — D. Jaime II y demás reyes de Mallorca, hasta la incor- 
poración de las islas á la corona aragonesa. 



GUANDO, antes de partirse á la conquista de Mallorca, hizo 
D. Jaime justicia en el condado de Urgel, que, tomándolo á 
su ilegítimo poseedor D. Ponce de Cabrera, restituyó á doña 
Aurembiax, agradecida la noble condesa celebró con el monarca 
varios tratados, y vino á declarársele feudataria. De vuelta de 
la isla, encontró D. Jaime en Cataluña á un infante de Portugal, 
que en sentir de Zurita andaba desterrado de aquel reino; y 



»7 



130 ISLAS BALEARES 

habiendo ^1 rey en consideración el parentesco que con el infante 
D. Pedro le unía, pues fué madre de éste D.* Dulcía hija del 
conde D. Ramón Berenguer IV, hízole merced de algunas tie- 
rras en el campo de Tarragona, y últimamente le desposó con 
la rica condesa de Urgel, La política en esa ocasión debió de ser 
secundada por la buena voluntad; porque á 11 de Agosto 
de 1 23 1 (i) D.* Aurembiax, próxima á la muerte, instituyó ásu 
esposo D. Pedro heredero de sus estados, con facultad de dis- 
poner de ellos como le pluguiese. 

A poco, ya porque el excesivo acrecentamiento del infante 
en Cataluña le pareciese harto inconveniente, ya porque echase 
de ver el carácter descontentadizo y bullicioso de que con el 
tiempo hizo muestra el portugués, ó en fin porque temiese no 
se concertara con D. Ponce de Cabrera, que no renunció á sus 
pretensiones al condado ni amaba al rey, trató éste de cambiar, 
con D. Pedro, Urgel por Mallorca, y logrólo con tanta mayor 
facilidad cuanto que por la infeudación hecha por la difunta con- 
desa á la corona ya era señor directo de aquel estado. Cerróse 
el ajuste en Lérida á fines de Setiembre: el infante recibió en 
feudo las Baleares, y prestó homenaje al rey, que se reservó la 
Almudayna y las principales fuerzas. Mas nótase en aquel con- 
cambio cierto misterio, que la historia no ha aclarado; y si sola- 
mente es dable conjeturar las causas que pudieron producirlo, 
la conducta que muy luego observó el infante mueve á sospe- 
char que tal vez vino en él á más no poder. 

En lo más áspero de las montañas de la isla defendíanse con 
gran valor las reliquias de los moros: Menorca intacta aún, y la 
comunicación con ella y con África nada difícil. Era, pues, de 
temer que recibiesen socorros y bajasen al llano á tomar la 
ofensiva, cuando cundió la voz de que en Túnez se aprestaban 
grande armada y ejército para echar de Mallorca á los cristia- 
nos. Como acontece en semejantes ocasiones, tanto cuerpo fué 



(i) Archivo de la Corona de Aragón, pergaminos de D. Jaime I, núm. 431. 



ISLASBALEARES I3I 



cobrando la noticia, que se llegó á suponer navegaban ya los 
moros en demanda de Mallorca; y D. Jaime, dejada toda reser- 
va y espera, mandó á toda prisa armar navios y reunir como 
trescientos caballeros, señalando el plazo de su reunión de allí 
á tres semanas, y el punto en Salou. En vano reiteró mensajes 
al infante, que ningún apresto hizo, como más que nadie debie- 
ra: ya desoyendo las amonestaciones y las súplicas del arzobis- 
po de Tarragona, se había embarcado, y comenzaba á zarpar 
su galera á media noche; y sólo entonces acudió D. Pedro con 
no más de cuatro caballeros {a). El rey con claras razones hubo 
de expresarle su disgusto, y de cuan poca utilidad consideraba 
su venida. Arribado á Sóller, supo D. Jaime de unos genoveses 
que ninguna embarcación enemiga se había avistado; y recibido 
por los de la ciudad con grandes demostraciones de gratitud 
por la presteza con que venía en su auxilio, ordenó cuanto con- 
cernía á la buena defensa de las costas, y aun trazó el plan de 
ataque para vencer en su desembarcación al enemigo. Quince 
días estuvieron las atalayas alerta, y pronta la gente á marchar 
al punto que se viese amenazado ; y como entonces se supo con 
certeza que ningún preparativo para semejante jornada se había 
hecho ni se hacía en Túnez, movió el rey contra los moros de 
las montañas y sus tres fuertes castillos de Pollensa, Santueri y 
Alaró {6). Tenían ellos tres mil hombres de guerra, y ampara- 



(a) El segundo viaje del rey á Mallorca fue antes de la pascua de 1231, que 
cayó en 23 de Marzo, pues que para acudir á la isla faltó D. Jaime á la cita que 
para dichas fiestas tenía con el rey de Navarra Sancho VIH. Duró su estancia en la 
isla como dos meses hasta el fin de la primavera; su concesión á los Dominicos 
para fundar dentro de la A Imudaina su convento, lleva la fecha de 2 1 de Mayo. 
Á lasazón empero no estaba cerrado todavía con D. Pedro de Portugal, primo her- 
mano del rey D. Jaime, el cambio del condado de Urgel por la isla de Mallorca, 
que fué otorgado en 29 de Setiembre, ni había muerto siquiera la condesa Aurem- 
biax, que por su testamento de i i de Agosto legó al infante su marido dicho con- 
dado; datos harto difíciles de conciliar con la obligación contraída ya por D. Pe- 
dro, aunque tan flojamente cumplida, de atender á la defensa de Mallorca en razón 
de su señorío. 

(¿7) Existían según esto en tiempo de los sarracenos los tres castillos, bien que 
no todas las construcciones que en sus restos observamos; y el de Pollensa por 



132 ISLAS BALEARES 



dos de la aspereza del país podían disputar á los cristianos su 
vencimiento : pero su jefe, que la crónica real apellida Xuarp, 
entabló tratos de rendición, pidiendo que á él y á otros cuatro 
de su casa se les heredase y diesen caballos y armas, que los 
restantes sarracenos poblasen seguros en la tierra, y de los que 
no quisiesen ser en el trato dispusiese el rey como le agrada- 
se (a). Aceptólo D. Jaime; y cierto ya de que ninguna armada 



su inmediación á la colonia romana, y el de Santueri por su etimología de Sancii 
Iberii ú otra semejante, parecen aún muy anteriores á la invasión de aquellos. El 
conde Ñuño antes ya de la conquista tenía sobre el último ciertos derechos, que 
reservó al firmar la concordia de 28 de Agosto de i 229 con estas palabras: salvo 
jure meo de Santuerio; derechos que tal vez adquiriría alguno de sus antepasados 
en la expedición de los písanos ó en otra tentativa, tal vez se los habría conferido 
la anticipada donación del monarca, que distribuía lo que aún estaba por ganar, 
como se ve en numerosos ejemplos: lo cierto es que en la escritura de cambio 
entre el rey y el infante de Portugal no se menciona dicho castillo. Que Xuaip ocu- 
para los de Alaró y Pollensa no ofrece gran dificultad, estando situados ambos en 
la gran cordillera de montañas, á pesar de la prolongada línea que los separa, y 
del influjo y esfuerzo de Bcnabet que había sometido al rey el distrito donde se 
hallaba enclavado el segundo*, pero lo que parece singular es que sus gentes, en 
el ángulo opuesto de la isla, mantuvieran año y medio el de Santueri, privado de 
comunicación con los demás por el espacioso llano que aisla los no muy ásperos 
cerros de Felanig. 

{a) El espíritu de este convenio es que Xuaip y sus parientes fueran manteni- 
dos en el honor de caballeros y les fuese permitida la residencia en esta isla, bien 
que al parecer no usaron de semejante facultad. Al comprometerse por los demás 
debió existir en él autoridad ó título bastante, según asimismo demuestra la en- 
trega de los castillos: los que indóciles á su voz persistieron en la rebeldía, como 
abandonados ya de señor y jefe, se guarecieron más adentro en ásperas y casi in- 
cultas breñas, sin atreverse ya á desampararlas por temor á la guarnición de las 
fortalezas. Ni en el nombre, ni en las circunstancias, ni en la suerte que tuvo, con- 
viene dicho Xuaip, ó Joaib, como debe leerse en arábigo, con el Ibn Sheyrí, tío ma- 
terno del walí y caudillo de los descontentos, mencionado en la nota a de la pág. 8^ 
y la a de la i i a, de quien sigue diciendo Al-makzumí: «Refugióse á la región mon- 
tuosa de la isla, donde había muchos puntos admirablemente fortificados por 
la naturaleza, y habiendo reunido al rededor suyo una fuerza de hombres (quince 
mil personas pone la crónica real, contando mujeres y niños, y sólo tres mil com- 
batientes), se defendió bravamente por algún tiempo, hasta que fué muerto en 
viernes 10 de Rabié-segundo del año 628 (i 4 Febrero del 123 i de C): este Ibn 
Sheyrí descendía de los hijos de Jubalah Ibn Al-ahyam Al-ghossaní. Las restantes 
fortalezas de la isla lueron tomadas por los cristianos hacia fines de Rejeb (fin de 
Mayo) y por el mes de Shaban (Junio); todos los que lograron escaparse pasaron á 
los dominios del Islam.» No se habla aquí de convenio, sino de tomn: la fecha de 
la rendición de íes castillos coincide con la de nuestra historia; pero la de la muer- 
te de Ibn Sheyrí, exactísima en cuanto á la correspondencia de año y mes y día de 
la semana, es anterior en más de un mes á la segunda venida del monarca. 



ISLAS Baleares • 133 

venía de África, dejó el mando de la hueste al de Santa Eugenia 
y á D. Pedro Maza, y se fué la vuelta de Cataluña. 

Dos mil sarracenos no quisieron aprovecharse de la capitu- 
lación de Xuarp; antes con fiera obstinación se dejaron cercar 
por los cristianos en los riscos, rechazaron todos los ataques, y 
únicamente después de sufrir los horrores del invierno y del 
hambre consintieron en entregarse, pero á nadie sino al mismo 
rey. Era el mes de Mayo de 1232, y los dos caudillos cristianos 
partiéronse á Barcelona con la nueva, y persuadieron á D.Jaime 
á que de nuevo se embarcase para la isla {a). El tercer día de 
haber dado la vela, por la mañana entraron sus tres galeras en 
Portopí, y empavesadas y al son de trompetas fueron bogando 
hacia la playa de la ciudad, en donde ya toda la población es- 
peraba. Hecha la entrega de los moros, Ramón de Serra, co- 
mendador del Temple, propuso al rey que con las tres galeras 
enviase á Menorca quienes intimasen la rendición á los isleños; 
y D. Jaime lo consultó con el de Santa Eugenia, D. Assalit de 
Gudal y D. Pedro de Maza, que todos lo tuvieron por cosa loa- 
ble y provechosa, como pensaban valerse del espanto que á los 
menorquines infundiría la noticia del arribo de D. Jaime con un 
supuesto ejército á punto. Extendió, pues, la carta en árabe el 
judío zaragozano D. Salomón, hermano del D. Bachiel ó Bahiel 
que sirvió de intérprete cuando el pasado sitio, y se embarcaron 



(a> No es menos notable el fiero orgullo de los refugiados sarracenos que, re- 
ducidos al extremo apuro, no querían rendirse sino al mismo rey en persona, á 
quien por dos veces habían rehusado someterse, que la diligente y bondadosa so- 
licitud del conquistador en pasar nuevamente el mar para recibir el homenaje de 
aquellas hordas montañesas y pacificar completamente la isla. «Á los pocos días 
de su llegada obtuvo el rey cumplidamente su intento, dice Marsilio; y de los mo- 
ros, algunos dejó para poblar la tierra aunque en calidad de cautivos del sobera- 
no, dispersó á otros poniéndolos en pública venta, los otros los cedió su real mu- 
nificencia á*Ios que habían ganado su aprecio por servicios ó hechos de armas.» 
Estos y los que anteriormente se habían sometido, son los cautivos que se bauti- 
zaron y cuya descendencia se conservó más de un siglo, emancipándose lenta- 
mente y fundiéndose sus restos con las clases ínfimas del pueblo; pues los escla- 
vos que en el siglo xiv tanto se empleaban en el cultivo y en toda clase de oficios 
mecánicos, eran en su mayor parte advenedizos. 



131 ' ISLASBAI. EARES 



él, D. Berenguer, D. Assalit y el comendador; mientras el rey, 
según lo convenido, se disponía para marchar al cabo de Pera, 
á esperar el resultado de la embajada y cooperar á que fuese el 
mejor para sus cosas. Arribados el día siguiente á Ciutadella, 
con sinceras muestras de amistad suplicáronles el alcaide y su 
hermano, que la crónica llama el almojerife, que saliesen á tie- 
rra, como lo hicjeron ; y acomodados en los divanes y alfombras 
que los atentos menorquines en la playa misma habían apareja- 
do, leyóse la carta del rey en medio del silencio más profundo. 
Contestaron los moros que lo pensarían, para lo cual pidieron 
un día de plazo. Convidó el alcaide á los embajadores á que 
entrasen en la villa; y como ellos se excusasen, no insistió el 
sarraceno, sino que á fuer de cortés á breve rato les envió diez 
vacas, cien carneros y doscientas gallinas, y pan y vino cuanto 
hubieron menester las tripulaciones. Llegó la noche, y de re- 
pente rompió la obscuridad el resplandor de grandes hogueras, 
que en el cabo de Pera de la vecina isla de Mallorca se encen- 
dían. Extrañándolo los menorquines, despacharon á las galeras 
dos de sus ancianos que preguntasen á los embajadores si sa- 
bían de aquellos fuegos: á lo cual les fué respondido que el rey 
acampaba en el cabo con sus tropas y esperaba impaciente su 
resolución. Espantáronse, porque los fuegos confirmaban loque 
de la venida de un ejército decía la carta : no les quedaba sino 
escoger entre la rendición y la guerra; y la suerte desgraciada 
que en el asalto tuvieron sus hermanos de Mallorca, les hizo 
apresurar su deliberación. Aí día siguiente, después del primer 
rezo, salieron de la villa el alcaide (a), el almojarife, el consejo 



(a) Era cl alcaide de Menorca Said-bcn-Alhakcm Abu Otmán el Koraisí, nom- 
bre que Pifcrrcr por equivocación, como hemos visto en la nota a, página 87, 
atribuye al walí de Mallorca. De noble, recto y sabio le califican las historias 
arábigas , y como á gran protector de las letras se le dedicaban celebradas 
obras; era natural de Tavira de Algarbe. «Abu Otmán, que debía al amir Abu 
Yahya su empico, hizo paces con el enemigo y se obligó á pagarle un tributo 
anual con tal que no desembarcasen en la isla los cristianos: ratificóse el tratado, 
y quedó dueño de Menorca, gobernando con gran moderación y prudencia.» Con- 



ISLAS BALEARES 13$ 

y trescientos de los principales. Comenzaron por pintar la po- 
breza de la isla, reconocieron por su señor al rey y á sus suce- 
sores, y diciendo que lo poco que la tierra les daba lo partirían 
con él, prometieron aprontarle cada año tres mil cuarteras de 
trigo, cien cabezas de ganado mayor y quinientas de menor: á 
lo cual los embajadores lograron que se añadiese la entrega de 
la plaza y demás fuerzas siempre que el rey la pidiese. Exten- 
dióse el acta del convenio, en que D. Assalit hizo aumentar el 
tributo con dos quintales de manteca y doscientos besantes para 
el transporte del ganado ; y todos los moros principales la fue- 
ron jurando sobre el Alcorán aquel día y el siguiente, en que las 
tres galeras pasaron al cabo de Pera. 

Allí estaba D. Jaime con solos seis caballeros, cinco escude- 
ros, diez de su servidumbre y los troteros, corto ejército en ver- 
dad de que él mismo se chancea en sus comentarios: mas, ape- 
lando á la industria, y quizas ya convenido con los embajadores, 
al anochecer del día que llegó hizo pegar fuego en más de tres- 
cientos parajes á los matorrales, y continuó encendiendo hogue- 
ras, á gui^ de vasto campamento, las dos otras noches que tar- 
daron en volver las galeras. Al fin vinieron los enviados de los 
menorquines, y ratificado el concierto, prestaron homenaje al 
rey; el cual, ya acabada la conquista, regresó al continente. 



de, que confunde la rendición de una y otra isla, citando una fecha (martes 14 de 
Safar de 629. correspondiente al 10 de Diciembre de 1230 que á ninguna de las 
dos es aplicable, nombra cuatro jeques menorquines sahibs ó prefectos de los res- 
pectivos distritos de Hasn-al-fuda (Torre-llejuda), Benisaida, Benifabín y Alcayor 
(Alayor},los cuales otorgaron su vasallaje: en Ciudadela, población principal, 
cuyo nombre arábigo ignoramos, residían el alcaide ó gobernador y demás auto- 
ridades de la isla. Quedó por walí de ella Abu Otmán á petición de los muslimes, 
según Conde, «hasta que se levantó contra él por envidia el cadí Abu Abdala 
Muhamad-ben-Ahmed-ben-Hixem, y sus desavenencias fueron causa de que los 
cristianos les visitasen otra vez y agravasen su yugo.» Nada, sin embargo, se sabe 
de nuevas expediciones á Menorca, hasta que la conquistó en 1287 Alfonso III, 
sino que al expresado alcalde sustituyó luego Jaime I con el almojarife natural de 
Sevilla, de que habla el texto; y con el título de almojarifes continuaron los go- 
bernadores sarracenos, quizá porque las funciones de administrador de rentas 
reales eran las únicas qué se dejaban al jefe de Menorca, una vez reconocido el 
señorío del conquistador y entregados á él los castillos. 



136 ISLAS BALEARES 

Dos años después el sacrista de Gerona Guillelmode Mont 
grí electo arzobispo tarraconense, D. Berenguer de Santa Eu- 
genia, el infante de Portugal y D. Ñuño fueron sobre Ibiza: si- 
tiaron la ciudad que tenía tres recintos fortificados y con poca 
batería, prefiriendo probar los trances del asalto, entráronla, 
subiendo el primero el adalid leridano Juan Rico (a). 

Si en la segunda ida del rey á Mallorca el infante de Portu- 
gal anduvo sobrado remiso en acudir á la defensa de su nuevo 
dominio, no parece lo tuvo jamás en grande estimación, ya que 
á pocos años, en 1244, lo trocó con D.Jaime por pingües here- 
damientos en el continente, entre los cuales contábanse las villas 
y castillos de Morella, Segorbc, Murviedro, Castellón y Alme- 
nara (¿). Tal vez hubo el rey de proponerle ese cambio, movido 
de la flojedad y descuido con que diz gobernaba el infante la 
isla; tal vez la ambición del portugués no se satisfacía con un 
estado que le apartaba de todo influjo y participación de los ne- 
gocios cortesanos: ello es que D. Pedro pagó con desagradeci- 
miento el hospedaje y largueza del monarca, y dio muestra no 
escasa de su ánimo descontentadizo y turbulento. Apenas hecho 
el trueque, aprovechándose del descontento producido por la 



(a) Juan Xico se Ice en la crónica de Marsilio y en algún códice de la real. La 
conquista de Ibiza, como observó ya Zurita, no tuvo lugar hasta 123$, entrada ya 
la primavera; pero la propuesta de ganarla, que presentaron al rey el sacrista de 
Gerona y sus compañeros, pudo ser el año precedente ó tal vezantes, pues la per- 
manencia del monarca en Alcañiz, mentada por las crónicas, fué en el invierno de 
1232. La cesión de la isla llevaba por condición que dentro de diez meses fuese 
conquistada; y esta idea se hallaba tan fíja en el ánimo de Jaime I, que en cierta 
franquicia, concedida en 22 de Marzo de 1232a los habitantes de Mallorca, com> 
prende ya á los de Menorca é Ibiza, es decir, á los que por tiempo fueren, siendo 
empero de notar que Ibiza no se halla nombrada en la cesión de las islas al infan- 
te de Portugal. Así el feudo de Ibiza, juntamente con el señorío espiritual, quedó 
por la silla arzobispal de Tarragona, según lo convenido con Montgri, salvo el do- 
minio supremo del monarca; y sus tierras se dividieron por terceras partes entre 
el infante, el conde D. Ñuño y los primeros promovedores de la conquista. 

(/?) En dicho año á 3 de Junio, hallándose en Alcira, absolvió el infante del 
juramento de fídelidad á los habitantes de la isla, cuyo dominio renunciaba. Había 
estado en ella en Mayo de 1237, levantando una contribución por medio de pro- 
hombres. 



ISLAS BALEARES I37 

primera repartición que de sus estados hizo entre sus hijos don 
Jaime para después de su muerte, arrimóse al bando del primo- 
génito D. Alonso, y con grande escándalo fué quien principal- 
mente empuñó las armas á favor del hijo contra el padre. Con 
la publicación de otra disposición testamentaria, dada en Valen- 
cia á 19 de Enero de 1248, en que al primogénito se le dejaba 
sólo el reino de Aragón, y éste mermado del condado de Riba- 
gorza, atizóse el fuego de la discordia de manera, que pública- 
mente D. Alfonso y el de Portugal con los ricos hombres de su 
bando se favorecieron del rey de Castilla, y con grandes compa- 
ñías de guerra anduvieron conmoviendo y llamando á la sedición 
las ciudades y villas del reino. El infante D. Pedro descubierta- 
mente se apartó de la obediencia que al rey debía: no quiso re- 
cibir en sus castillos gente de D. Jaime, á lo cual por feudo era 
obligado, antes los entregó al rebelde príncipe; y de ellos salía 
con moros y cristianos á guerrear contra los que se mantenían 
leales. Aunque, quizás instigado por su segunda esposa D.^ Vio- 
lante de Hungría, siempre manifestó el rey que amaba poco á 
su primogénito, nacido de su primera mujer D.* Leonor de Cas- 
tilla, en aquella ocasión usó de mucha mesura, y procuró zanjar 
por medio de los tratos las desavenencias. Alcanzó, pues, que 
las cortes generales por Febrero de 1250 (a) nombrasen jueces 
que entendiesen en aquel arreglo, y enviasen á Sevilla, donde á 
la sazón estaba el príncipe con el portugués, embajada que lo 
pusiese en su noticia y les invitase á que, depuestas las armas, 
fiasen el negocio á las vías pacíficas de la justicia y á la pruden- 
cia é integridad de las mismas cortes. Vinieron en ello ambos 
infantes; y alborozado D. Jaime, concedió salvo conducto á cuan- 
tos quisieron regresar á sus estados, y devolvió al de Portugal 



(a) Tuviéronse en Alcañiz dichas cortes, en cuya sazón y no en 1256, según 
fecha que puede sospecharse equivocada repetidas veces, opino fueron añadidos 
dos capítulos á la carta-puebla de i ." de Marzo de 1230, con motivo de ser jurado 
heredero de Mallorca el infante D. Jaime, como de Cataluña su hermano mayor 
D. Pedro, que en calidad de tal confirmó el documento. 
18 



138 ISLASBALEARES 

SUS posesiones del campo de Tarragona, de Ibiza y demás, me- 
nos las cinco villas y fortalezas de Valencia arriba nombradas, 
de las cuales había hecho armas contra él y sus vasallos fíeles, 
y que se depositaron en poder de los jueces hasta la concordia. 
Éstos fallaron en suma que D. Alfonso volviese á la obediencia 
del rey, quien le daría la gobernación de Aragón y Valencia ; y 
el príncipe, á 23 de Setiembre de 1253, hubo de aprobaren 
Barcelona la disposición testamentaria susodicha, que le privaba 
de la porción más rica de la herencia. En esto, mientras al rey 
le traían ocupado las cosas de Navarra, levantáronse sus vasa- 
llos moros del reino de Valencia ; y acudiendo él, propuso se les 
echase de la tierra y se poblase toda de cristianos, mandando 
pregonar que con sus haberes saliesen todos de aquel reino den- 
tro de un mes. Causó esto grande alteración, porque muchos 
ricos hombres, heredados allí cuando la conquista, perdían su 
renta con los que cultivaban sus haciendas; pero los más de 
ellos, las ciudades y villas, y el brazo eclesiástico aprobaron 
aquella medida que afianzaba la seguridad y bien común. No ce- 
dió por esto el infante de Portugal, que fué quien más se había 
opuesto á ella: facilitó armas y alentó con su protección á sus 
subditos moros, que precisamente eran los más belicosos; y fué 
menester que la reina D.* Violante, á la cual se encomendó el 
arreglo del negocio, le prometiese cumplida indemnización de 
los daños que padeciese, y por de pronto una gruesa suma de 
dinero (a). Por fín, anciano, sin esperanza devolver á su patria, 
y habiéndose concitado con sus manejos é inquieto proceder el 



(a) Fuéle devuelto entonces el dominio de Mallorca; pues en 14 de Octubre 
de 1 3 <) 5, dentro de la iglesia de Santa Eulalia en presencia del pueblo, confirmó 
sus donaciones á los jurados; pero no lo conservó esta segunda vez largo tiempo, 
pues en 1 1 de Marzo y en 2 i de Agosto de i 2 $6, en la misma iglesia reiteró igual 
ceromonia el infante D. Jaime reintegrado en sus derechos. No está averiguado 
que sea este D. Pedro el infante de Portugal, cuyo cadáver, sepultado en la sacris- 
tía de San Francisco de la ciudad, fue, según tradición, consumido en el siglo xiv 
por las llamas de un incendio, que respetaron los contiguos restos del bienaven- 
turado Ramón Lull. 



ISLASBALEARES 1 39 



aborrecimiento en la tierra que le hospedaba, es fama que par- 
tió á visitar los Lugares Santos, y vino á morir á Mallorca. 

Cinco años después de su mando en la isla, á 7 de Julio 
de 1 249, había D. Jaime instituido en ella el gobierno municipal 
con decreto dado en Valencia : concedió á los mallorquines que 
eligiesen seis jurados vecinos de aquel reino ; que éstos rigiesen 
toda la isla y nombrasen un consejo auxiliar, compuesto de 
cuantos individuos tuviesen por conveniente ; y que cada año por 
Navidad, delante y con aprobación del general consejo y del 
baile, los seis cesantes escogiesen otros tantos que les reempla- 
zasen. 

La muerte del primogénito de Aragón, acaecida por el año 
de 1260, al parecer puso fin á las disensiones de familia, y mo- 
tivó otra disposición testamentaria del rey, que señaló para su 
hijo D. Pedro Aragón y Cataluña, y Valencia, las Baleares y el 
Rosellón para D. Jaime. Mas, como si el cielo quisiese castigar 
el aborrecimiento en que habían tenido al difunto D. Alonso, 
sus hermanos D. Pedro y D. Jaime anduvieron desde entonces 
apartados: la voz del interés y el temor de ser perjudicados en 
lo que cada uno esperaba heredar, pudieron más que los senti- 
mientos y la fuerza de la sangre. El mayor, D. Pedro, ya enton- 
ces sacó á plaza aquel su carácter ambicioso, constante, previsor 
y reservado, que después felizmente aplicó á grandes acciones; 
y á 15 de Octubre del mismo año 1260, ante personas muy au- 
torizadas, ocultamente protestó en Barcelona contra cualquier 
promesa que en público hiciese de cumplir lo que con daño suyo 
su padre dispusiese en testamento, expresando que toda conce- 
sión ó ratificación suya debía mirarse como arrancada por temor 
á su padre. 

Iba creciendo, la discordia, y el monarca, para atajarla, á 
21 de Agosto de 1262 nombró en Barcelona al iníante D. Pe- 
dro heredero de los reinos de Aragón y Valencia y del con- 
dado de Cataluña, y á D. Jaime de Mallorca, Menorca y por- 
ción que en Ibiza competía á la corona, baronía de Montpeller 



I_(0 ISLAS H ALEARES 



y Vallespir, y condados de Rosellón, Cerdaña, Conflent y Co- 
Uiure {a). 

Pocos años después, á fines de Julio de 1 269 hizo D. Jaime 
su último viaje á Mallorca, y ésta á él su postrer servicio. Re- 
suelto á poner en efecto la expedición á la Tierra Santa, quiso 
recoger cuantas naves se hallasen en las Baleares {6) ; y con 
tanto amor le recibieron los isleños, que le ofrecieron en donati- 
vo cincuenta mil sueldos y tres buques, y el almojarife de Me- 
norca le aprontó mil cabezas de ganado mayor. Pero la violen- 
cia de los elementos frustró aquella jornada; y vuelto á sus 
estados, á 26 de Agosto de 1272 otorgó en Montpeller su últi- 
mo testamento, en que ratificaba la anterior repartición de la 
herencia (i). Postrado por 1 276 en el lecho de muerte, ya se le 
representó el poco ó casi ningún amor que entre sus hijos rei- 
naba; pero, pudiendo más con él el cariño de padre que la con- 
veniencia de sus tierras, no revocó ni alteró su anterior disposi- 
ción, antes con graves palabras encargó al primogénito que 
amase y. honrase á su hermano, hubiese en cuenta que él era el 
mejor heredado, y se contentase con aquella parte principal que 
le dejaba de sus reinos : palabras dolorosas que vaticinaban la 
discordia venidera. 

D. Pedro e¿ Grande no las retuvo mucho tiempo en su me- 
moria ni en su corazón, ya que públicamente comenzó á preten- 
der que las donaciones hechas por su difunto padre á su hermano 
D. Jaime 11 de Mallorca eran excesivas y por lo tanto nulas; y 
éste, como conoció la suerte que necesariamente le cabría tenien- 
do tan repartidos sus pequeños estados, hubo de venir en tratar 



(a) Antes ya, en 1256 á 2 de Agosto, había mandado el rey desde Valencia 
jurar por sucesor á su hijo Jaime en el reino de Mallorca, lo cual se verificó en 
21 del propio mes dentro de la iglesia de Santa Eulalia. En 1268, por Marzo y 
Abril, residía en Mallorca el infante. 

(¿7) Tres naves recogió el monarca, con las cuales volvió á Barcelona en i.° de 
Agosto. De su cuarta y última estancia en Mallorca datan dos privilegios con fecha 
de 2 3 y 24 de Julio del expresado i 269. 

(i) Archivo de la corona de Aragón, núm. 2,1 26 de los pergaminos de D. Jai- 
me K 



ISLASBALEARÉS I4I 

de composición, que fué reconocerse en todos feudatario de la 
corona aragonesa á sí y á sus sucesores. Por aquel acto queda- 
ron obligados los reyes de Mallorca á prestar homenaje á los de 
Aragón, á entregarles, siempre que lo exigiesen, las principales 
plazas de las islas y condados, asistir cada año á las cortes de 
Cataluña, y en Rosellón observar las leyes y usajes de Barcelo- 
na y no admitir otra moneda que la barcelonesa. En cuánto á 
D. Jaime, acordóse que fuese por entonces exento de la presta- 
ción de homenaje y de ir á las cortes; pero se comprometió á 
valer á los reyes de Aragón contra cualesquiera enemigos. Sólo 
así quiso D. Pedro aprobar las disposiciones de su padre, dando 
bien á entender que en aquel hecho todo era fuerza y manifiesta 
contradicción de lo escrito en el testamento. Ni en el último 
otorgado en 1272 ni en los anteriores el difunto monarca habló 
de infeudacíón de los estados, que legaba á D. Jaime, á la coro- 
na aragonesa, y en un solo caso declaró que en feudo de ésta 
fuesen algunos de ellos tenidos: cuando los condados de Rose- 
llón y Cerdaña, por morir sin hijos D. Jaime ó sus descendien- 
tes, ó por cualquiera otra causa, pasasen á personas extrañas. Y 
tan explícito anduvo el rey en este particular, que al finalizar el 
testamento dispuso que, si D. Pedro en algo se oponía á la eje- 
cución de su voluntad postrera, perdiese este derecho de tener 
feudo sobre las personas extrañas á cuyo poder viniesen tal vez 
los condados: clara prueba de que sólo en este caso había de 
tener lugar la infeudación, ya que la consideró indemnización 
equitativa del menoscabo que sus descendientes padecerían con 
el traspaso de esas posesiones á gente extraña, é impuso la pér- 
dida de semejante derecho eventual como un justo castigo de 
inobediencia á su querer. 

Así entibiado el amor fraternal por la codicia del imperio y 
por esa ofensa, los acontecimientos no fueron sino el soplo que 
encendió la hoguera ya pronta (a). Dueño de Sicilia por las ar- 



ia) Reunidos en el claustro de Dominicos de Perpiñán los dos reyes herma- 



142 ISLAStíALEARÉá 



mas y con gloria el rey D. Pedro, cuando Roma con sus censu- 
ras le desterraba de la comunión de los fíeles y daba la investí* 
dura de sus estados á un hijo del rey de Francia, el de Mallorca 
se encontró en el compromiso más grave, harto. común á prínci- 
pes de flaco poderío, cuyos cortos dominios tienen dos grandes 
potencias rivales por vecinas. El monarca francés levantaba un 
ejército formidable para entrar en Cataluña : D. Jaime con reco- 
nocerse feudatario de la corona aragonesa se había comprome- 
tido á Valeria y á no contraer alianza con los enemigos de la 
misma; mas toda resistencia en Rosellón hubiera sido vana. La 
memoria de las ofensas recibidas y el resentimiento reprimido 
por tanto tiempo uníanse á la instancia y necesidad de su con- 
servación propia ; y no es de extrañar que se concertase con la 
Iglesia y la Francia, á cuya capital fueron sus dos hijos mayo- 
res. Si realmente hubo ese concierto, no estuvo tan oculto que 
no trasluciese algo el de Aragón, quien con buen golpe de ca- 
ballería por caminos excusados se puso de improviso en Perpi- 
ñán y sorprendió á D. Jaime, entonces doliente y en cama en el 
castillo. £1 cronista Muntaner, leal servidor y aficionado á la 
casa de Mallorca, intenta cohonestar la conducta de D. Jaime, 
diciendo que, para no verse de seguro despojado de los conda- 
dos, y para que no viniesen á poder del enemigo las Baleares, 
en unas vistas que tuvo con su hermano en Gerona ya quedó 
acordado que se aliase con la Francia. La enemistad de ambos 



nos en 19 de Enero de 1278(1279 dice Zurita), celebraron concordia bajo los 
pactos siguientes: i.** que los reyes de Mallorca, como feudatarios de honor del 
de Aragón, asistieran anualmente á cortes en Cataluña, eximiendo de esta obli- 
gación al mismo D. Jaime por toda su vida; 2.** que en los dominios de Rosellón 
y Cerdaña, pero no en las islas, rigieran los Usatjes de Barcelona y corriese la 
moneda barcelonesa; 3." que no pudiera apelar al soberano de Aragón ningún 
subdito mallorquín; 4." que siguiera el de Mallorca cobrando el bovaje en su rei- 
no, con facultad de imponer nueva leuda y peaje; 5.** que terminadas las recípro- 
cas querellas, se estableciera entre los dos alianza perpetua contra cualesquiera 
gentes. Á pesar de esta avenencia, hubieron de prestar homenaje al rey D. Pedro 
en Valencia, en 18 de Febrero de 1281, los síndicos de D. Jaime nombrados al 
efecto. {Documentos del códice de los Reyes en el Archivo histórico de Mallorca.) 



ISLAS BALEARES I43 

reyes desacredita esa relación, y todos los hechos posteriores la 
desmienten. Es verdad que, apenas llegado D. Pedro al castillo 
de Perpiñán y relevadas por él todas las guardas, no hizo caso 
del ruido que, según le avisaban los centinelas, en el cuarto de 
D. Jaime y como si aportillasen una pared resonó buen espacio 
de la noche; también es cierto que, fugado de allí D. Jaime por 
el albañal ó conducto, cuya existencia le descubrió el arquitecto 
de la fortaleza que, para entrar en él, tuvo que romper el pavi- 
mento de aquella cámara, se mantuvo en inacción en su castillo 
de Zarroca; pero la indiferencia de D. Pedro procedió de que 
no pudo oir el ruido, porque cesaba al dar las guardas la voz de 
alarma ; y la inacción de D. Jaime tal vez se debió á la apurada 
situación en que la venida de su hermano le puso. Dejaba en 
Perpifián á su esposa D.* Esclaramunda de Fox, que casi inme- 
diatamente se vio en libertad, y sus dos hijos menores, á quie- 
nes el aragonés llevó á Cataluña y encerró en Torruella de 
Montgrí; con lo cual veíase el infeliz padre vacilante entre el 
partido de un pontífice y un monarca poderoso, que tenía como 
en rehenes á dos hijos suyos, y la amistad de un hermano, si no 
tan pujante ni apercibido entonces, irritado, ambicioso, activo y 
emprendedor, en cuyo poder estaban sus otros dos hijos. Por 
esto, más que á la inclinación atribuiríamos á la necesidad la ida 
del rey de Mallorca al campo del francés y la entrega que de 
sus castillos le hizo, á no haber atentado á la vida de D. Pedro 
Arnaldo de Saga alcaide del castillo de Colibre por D. Jaime, 
y si éste no hubiese mostrado á los franceses el paso por donde 
sin riesgo podían entrar en Cataluña: hecho que ninguna consi- 
deración de su salud é interés bastarían á justificar, mayormente 
cuando ya la alianza con el francés le aseguraba sus posesiones, 
y él cumplía con sólo asistir á su campo. Con todo, siempre á 
D. Pedro hay que echar la primera culpa, y ciertamente otra 
cosa no había de esperar de su hermano, ya que tan injustamen- 
te atropello sus derechos y falseó la voluntad de su difunto pa- 
dre, que fué romper los vínculos de la sangre. El ejército francé 



144 I^LASBALEARES 

se derramó por el Ampurdán y campo de Gerona ; y no cabe 
calcular cuál hubiese sido el éxito de la campaña, á no encerrar- 
se en esta ciudad el valiente Ramón Folch de Cardona (i), que 
lo reclamó como un honor y un derecho suyo, cuando todos 
desesperaban, con ciento y treinta caballeros, dos mil y quinien 
tos almogávares y seiscientos ballesteros moros de Valencia. 
Delante de aquella reducida plaza perdieron las fuerzas del Papa 
y de Francia un tiempo precioso, que lo dio á D. Pedro de ar- 
mar escuadra y enviar por la de Sicilia, de derrotar las galeras 
enemigas, de reunir sus huestes y hostigar continuamente á los 
franceses ya sin víveres por falta de flota, de cerrarles poco á 
poco las comunicaciones ; y sobre todo dio lugar á que la peste 
se encrudeleciese en el inmenso campo contrario, que desbanda- 
do, disminuido terriblemente sin haberse dado acción campal, 
casi sin caballería y sin su rey, que murió del contagio, repasó 
los Pirineos, merced á la generosidad de D. Pedro. 

El desventurado D. Jaime vio perdido el fruto que podía 
esperar de su alianza con los enemigos de su hermano; y bien 
se entendió adonde alcanzaba en éste el deseo de la venganza, 
cuando su primer cuidado fué en aquel mismo año de 1 285 
mandar á Roger de Lauria que aparejase la flota para pasar á 
las Baleares. Á 26 de Octubre salió de Barcelona para Salou, y 
por el camino le asaltó la enfermedad, que bien conoció ser la 
postrera; mas nada bastó á refrenar sus ímpetus. Mandó á su 
primogénito D. Alfonso que al punto partiese al frente de la 
expedición, que hasta en sus últimos momentos no le abandona- 
ron su actividad y su constancia ; y después de hecho á la mar 
el infante, murió él á 2 de Noviembre (^), dejando á la edad de 
cuarenta y seis años fama de rey el más grande y caballero el 
mejor de su tiempo. 



(i) El sepulcro de este salvador de la patria y modelo de caballería fué tam- 
bién profanado por el furor popular, y desapareció para siempre con la ruina de 
Poblet. 

(a) Murió sábado lo de Noviembre, según Dcsclot, ó el i i según Muntancr. 



ISLASBALEARES I45 

En los pasados y recientes trances habíase visto que los 
vasallos de D. Jaime preferían caer en manos de la casa de 
Aragón, su antigua señora, que de los franceses; y cuando 
D. Pedro, al entrar en Rosellón las fuerzas enemigas, envió á 
Mallorca á Berenguer de Villalta, sólo el gobernador y algunos 
caballeros hicieron prueba de su fidelidad, inclinándose la demás 
gente al servicio del aragonés. Surgió, pues, la flota en la Po- 
rrasa, donde tomó tierra el ejército, y acampó D. Alfonso muy 
cerca de los muros, prohibiendo severamente que ninguno sa- 
liese á talar la vega. Pero los de dentro no dieron lugar ni oca- 
sión á las armas, sino que por medio del famoso Conrado Lan- 
za, uno de los expedicionarios, movieron tratos de entregarse: 
acción que sólo halla disculpa en el común origen y parentesco 
que con los de la hueste unía á los pobladores, los cuales, no 
borrada todavía la memoria de sus padres y de sus reyes ara- 
goneses, mal podían en semejante ocasión ejercitar las armas. 
Así á 1 9 de aquel mes rindióse la ciudad, y nombró quienes 
prestasen homenaje y reconociesen á D. Alfonso, ya rey de 
Aragón, por rey de Mallorca, enviando á lo mismo sus síndicos 
los demás lugares y parroquias. En breve siguióse la rendición 
del castillo del Temple, á donde se habían retraído el goberna- 
dor Ponce Zaguardia, los de su casa y muchos de la nobleza; y 
capitulando honrosamente, abandonaron la isla, y pasaron á 
Rosellón á reunirse con D. Jaime II. El aragonés por Enero del 
siguiente año juró á los mallorquines la conservación de sus 
fueros y franquicias (a), y públicamente se tituló rey de las Ba- 
leares. También se dieron á partido los tres castillos de Ala- 
ró (¿), Pollensa y Santueri; un simple mensaje y luego dos días 



(a) Á treinta y nueve ascienden las disposiciones, muy importantes algunas, 
que firmó en $ de Enero de 1286, y una en i •? del propio mes, en el curso del 
cual sometió de paso á Ibiza, y desembarcó con su escuadra en Alicante. 

(b) Mucho es que no mencione aquí Piferrer la legendaria resistencia que en 
dicho castillo de Alaró opusieron á las armas del invasor, á nombre de su legítimo 
rey Jaime II, los soldados de Guillermo Cabrit y Guillermo Bassa, no consignada 

»9 



146 ISLAS BALEARES 

de permanencia en Ibíza bastaron para que ésta siguiese el 
ejemplo de Mallorca. 

Dos veces en aquel año de 1 286 quiso D. Jaime II tentar la 
suerte de las armas, y aun la segunda avanzó por el Ampurdán 
con gente de guerra francesa y de sus estados: pero húbose de 
retirar á la llegada de su sobrino D. Alfonso III de Aragón, y 
sus tentativas precipitaron la jornada que contra Menorca éste 
traía entre manos. Si alguna duda podía caber acerca del rom- 
pimiento entre los dos hermanos el difunto D. Pedro y D. Jai- 
me, la toma y la retención de Mallorca ya la habían desvaneci- 
do, y después le quitó todo lugar la expedición á Menorca. La 
guerra acabada con pérdida para la Iglesia y la Francia, ningún 
temor había de que se reencendíese por entonces, ni se veía el 



á la verdad en crónicas ni documentos coetáneos, pero sí en las lecciones del rezo 
y memorias del culto que durante siglos enteros se tributó á estos mártires de la 
fe del juramento. Cuentan que ofendido el joven rey del irreverente chiste de Ca- 
brit, quien aludiendo á la identidad del soberano nombre con el de un pescado 
dijo que Am/ós se comía con salsa, juró asarle á guisa de cabrito con su compañero 
Bassa, y que rendida la guarnición, cumplió el inhumano voto, atrayéndose el 
anatema de la santa Sede. Algún anacronismo se observa en el texto, y además es 
imposible comprobarlo con los breviarios antiguos impresos, por haber desapare- 
cido la edición entera de 1488 hecha en Mallorca y aun la de Venecia de i 506, 
con excepción del único ejemplar conservado entre las reliquias de la beata Cata- 
lina Tomás; y serían hoy desconocidas por completo las referidas lecioncs, á no 
haberse estampado con referencia á dichas fuentes por apéndice aun sermón pre- 
dicado hacia 1625 en honor de aquellos mártires. Por los mismos años cobró gran 
incremento la devoción á éstos, tomando mucha parte en sus fíestas los jurados 
del reino, sin que lograran extinguirla los severos procedimientos del obispo 
Santander, reproducidos por su sucesor Guerra hacia 1776. Es fama que los calci- 
nados restos de los bravos defensores del castillo yacen en dos urnas de piedra 
sin inscripción alguna, colocadas en la catedral dentro la mesa del altar de la ca- 
pilla puesta debajo del órgano y dedicada antiguamente á los santos Simón y Ju- 
das, las cuales en 1805 y en 1832 fueron de oficio reconocidas. Del beneficio fun- 
dado en 1312 por el rey Sancho en sufragio de las almas de Cabrit y Bassa según 
las expresadas lecciones, si bien ha desaparecido con el cabreo de i 395 la prueba 
principal que cita Dameto, halló indicios casi seguros mi difunto ami.uo D. Tomás 
Aguiló en sus diligentes estudios consagrados, además de un precioso poema, á 
los mártires de Alaró {Museo Balear^ 167 5), con ocasión de un notable documento 
descubierto últimamente en el Archivo de la Audiencia, que deja vislumbrar en 
Guillermo Bassa, jurista y dueño de la Porrassa y condenado por su lealtad á 
muerte, de que se libraron por fortuna sus no menos leales hijos, algo más que 
un simple soldado puesto con Cabrit, también nombrado en el expediente, á las 
órdenes del alcaide Ramón de Palaldá. 



ISLAS BALEARES I47 

de Mallorca en la apuradísima situación en que al comenzarse 
aquella; no podía, pues, proceder de convenio entre ambos re- 
yes, para que no viniesen á poder de los enemigos los estados 
de D. Jaime, el que D. Pedro el Grande cuidase ante todas co- 
sas de apoderarse de Mallorca, y su hijo D. Alonso el Liberal 
de retenerla y coronarse rey de ella. Ahora, no tanto por tomar 
venganza de los avisos que el almojarife menorquín dio á los 
de África cuando la ida de D. Pedro el Grande^ como á la fama 
de que D. Jaime con las fuerzas del Rosellón y los auxiliares 
franceses pensaba pasar á Menorca para emprender el recobro 
de la mayor de las Baleares, mandaba D. Alfonso armar creci- 
da flota, aplazaba sus huestes y á sus barones para Salou, y, 
cosa desusada en aquellos tiempos, en lo más riguroso de No- 
viembre daba la vela. La crudeza del invierno y la violencia de 
los temporales mal su grado le detuvieron en Mallorca hasta 
pasada Navidad [a)\ al fin, abriendo un tanto el tiempo, entró en 
puerto Mahón el primero con parte de la flota, y sin esperar á 
sus demás tropas presentó batalla y venció al numeroso ejército 
de los infieles. Tras otra derrota, recogiéronse éstos al castillo 
de Agayz (después Santa Ágata), y desesperados de todo auxi- 
lio diéronse por capitulación á 21 de Enero de 1287. El arráez 
y los que pudieron pagar por su rescate las siete doblas y me- 
dia convenidas en los tratos, desampararon la isla, y perecie- 
ron la mayor parte en el viaje : los que quedaron, fueron es- 
clavos. 

Esta conquista dificultó más y más la conclusión de los dis- 
turbios: y como, al firmarse por mediación de Inglaterra treguas 
entre Aragón y Francia, se exceptuó de ellas á D. Jaime, entró 



(a) Quince días antes de dichas pascuas según Muntaner, ó en 2 de Diciem- 
bre según otros, llegó la armada á Mallorca; y en la vigilia de Navidad sucedió 
debajo del soportal de San Nicolás de Portopí el caso del almogávar de Segorbe, 
que en el acto de quebrantar la abstinencia perdió la vista cegado por un espec- 
tro, y después arrepentido la recobró milagrosamente dentro de la catedral en la 
fiesta de Reyes. Refiérelo con sabrosa ingenuidad como testigo pr^^sencial dicho 
cronista. 



I4S ISLAS BALEARES 



él en Cataluña á principios de 1 288, bien que tras del cerco in- 
fructuoso de un castillo tuvo que repasar el Pirineo. La Francia, 
en viendo al de Aragón ocupado en la guerra con Castilla, 
pronto rompió las treguas; y mientras que ella se apoderaba de 
Salvatierra, el rey de Mallorca, que fué instrumento para los 
planes de aquella potencia ambiciosa, juntaba en Rosellón fuer- 
zas considerables, publicando que su intento era pasar á las Ba- 
leares. No llegó á efectuarlo: mas las desavenencias eran tales, 
que se dio á la cristiandad el grave escándalo de retarse parti- 
cularmente tío y sobrino, y pedir al de Inglaterra que les ase- 
gurase el campo. Al fin, á principios de Febrero de 129 1 fírmóse 
en Tarascón la paz entre D. Alfonso, y la Iglesia y la Francia; 
y el de Mallorca entonces pudo conocer cuan errado anduvo en 
anteponer su justo resentimiento á lo que los vínculos de la 
sangre exigían y la prudencia aconsejaba, apartándose de su 
hermano D. Pedro el Grande^ que se hubiese contentado con 
tenerle feudatario de honor, y prestándose á los manejos de los 
enemigos de Aragón, cada vez más pérfidos y más temibles. El 
ejército de Felipe el Atrevido en 1285 se había alojado por el 
Rosellón y Cerdaña como en tierra amiga; la devastación, el sa- 
queo y las violencias atestiguaron allí la presencia de aquellos 
aliados: y ahora en la paz general se le reconocía á D. Jaime 
reo de haber quebrantado la fe jurada á su hermano D. Pedro 
el Grande^ y sin hablar de restitución, se acordaba que la coro- 
na aragonesa tuviese el señorío del reino de Mallorca. Pero esta 
paz dejaba no pocas dificultades que remediar, y pues nada en 
ella se estipulaba por lo tocante á Sicilia, no podía llamarse ge- 
neral en manera alguna. Por esto, á 7 de Abril de aquel 
afio 1 291 viéronse en los Pirineos cerca de Panizas Carlos de 
Ñapóles, D. Jaime y D. Alfonso : era de esperar que se com- 
pondrían todas las diferencias de una manera explícita y dura- 
ble, cuando la muerte del aragonés, acaecida en Barcelona 
en 18 de Junio en medio de los preparativos y torneos de su 
boda con Leonor de Inglaterra, y á los veinte y siete años de su 



ISLAS Baleares 149 



edad, suspendió la total conclusión de una paz general, y llenó 
de turbación á todas las gentes, que temieron quedasen infruc- 
tuosos cuantos trabajos para ella se habían comenzado. 

Su hermano y sucesor D. Jaime el yusto prosiguió las pláti- 
cas de la que debía tener por base su renuncia al reino de Sici- 
lia. Al cerrarse la concordia, tampoco se estipulaba en ella la 
restitución de las Baleares á D. Jaime II {a)\ pero el Papa lo 
remedió á 22 de Junio de aquel año 1295, y el aragonés vino 
en devolver á su tío las islas y demás posesiones que la pasada 
guerra hubiese puesto en manos de D. Pedro el Grande y de 
D. Alfonso el Liberal. Quedó empero en pie lo de la infeuda- 
ción y homenaje convenido entre D. Pedro y el de Mallorca; y 
á 29 de Junio, en el castillo de Argües, diócesis de EIna, lo ra- 
tificaron ambos reyes: de este modo, no quitando la verdadera 
causa de la discordia pasada, quedaba abierta la puerta á nue- 
vas disensiones, para cuando la ambición ó el descontento de 
uno de sus sucesores quisiese examinar la razón y justicia de 
aquel vasallaje y reconocimiento. 

Al fin, tras tantos años de ausencia, pudo D. Jaime volver 
á las Baleares [p) y darse todo entero á su buena administración 
y aumento. Animó la descaecida agricultura; fundó las once vi- 



(a) Apenas heredada por el nuevo rey de Aragón la corona de su hermano, 
cuya muerte le encontró en Sicilia, i^asó desde allí con Fiogcr de Lauria y gran 
comitiva de magnates á Mallorca, donde en 8 de Agosto de i 29 i confirmó en el 
altar de la Seo las franquicias del reino, y juró no separarlo jamás con las islas 
adyacentes de sus demás estados; tan lejos estaba de pensar en restituirlo á su 
despojado tío. 

(¿7) El primer documento que firmó á su regreso en Mallorca lleva la fecha 
de 30 de Enerro de 1299, y consiste en las numerosas enmiendas que hizo en la 
carta-puebla y demás franquicias otorgadas por su padre. De la data de sus privi- 
legios se desprende que residió en la isla Jaime 11 hasta Agosto de 1302, en 
que salió para conferenciar en Corona con su sobrino homónimo el rey de Aragón, 
con motivo de prestar homenaje á éste el infante Sancho, nombrado heredero 
del reino de Mallorca por renuncia del primogénito. Jaime. De Perpiñán y otros 
pueblos de Koscllón aparecen fechadas durante los años 1303, 1304 y 1305 las 
órdenes del soberano, que en los siguientes repartió su estancia entre unos y 
otros dominios: desde principios de i 3 i o hasta su muerte á fin de Mayo de i 3 i i 
tuvo su residencia en Mallorca. 



150 ISLAS Baleares 

lias de Felanitx, Santanyí, Lluchmayor, Algayda, Selva, Beni- 
salem, Porreras, San Juan de Sineu, Campos, La Puebla y Ma- 
nacor en los distritos que sólo estos nombres tenían (a)\ levantó 
el castillo de Bellver, echó los cimientos de San Francisco de 
Asís, contribuyó á la prosecución de otras fábricas, y trocó el 
sombrío alcázar moro de la Almudayna en suntuoso palacio; 
hizo batir aquella moneda mallorquina, tan estimada en el co- 
mercio de entonces; dio grande impulso á la navegación y al 
tráfico; protegió el saber, y ya en los primeros afios de su rei- 
nado había permitido que se fundase el colegio de Miramar para 
la enseñanza de las lenguas orientales ; compró muchas de las 
porciones que cuando el reparto se dieron á los principales ca- 
balleros, entre ellas la de D. Ñuño Sans: en una palabra, en- 
grandeció y asentó con sus desvelos y administración el reino, 
que las armas de su padre le habían entregado desierto en unas 
partes, sin cultivo en otras, y en todas con vivos rastros de la 
rigorosa conquista (i). Piadoso y benéfico, á 28 de Mayo 
de 131 1 bajó al sepulcro, tiernamente llorado de los mallorqui- 
nes, acreedor á sus bendiciones. Había nacido en 1 240, y casa- 
do por 1262 en Barcelona con D.* Esclaramunda de Moneada, 
hija de los condes de Fox, en la cual hubo á D. Jaime, D. San- 
cho, D. Felipe, D. Fernando, y dos hijas {ó). El mayor en 1278 



(a) Todas estas villas sin embargo, menos la de Felanig, San Juan y la Pue- 
bla, habían nombrado ya síndicos en 1285, del 2^ de Noviembre hasta mediados 
del siguiente mes, para rendir homenaje á Alfonso III al ocupar la capital, prue- 
ba de que ya existían. Ks muy curiosa la lista semanal que de estos síndicos 
trae Binimelis, nombrados por veinte y ocho poblaciones, en número de cinco á 
ocho generalmente, aunque algunas diputaron muchas más: v. g., Sóller 13, 
Campanct i 5, Rubines (Benisaiem) 17, Selva 20, Alcudia 23, Santa Margarita 2$, 
Muro 35 é Inca 38. 

(i) Tomamos este pensamiento del gran Jovellanos, que en uno de los apén- 
dices á las memorias sobre Mallorca dice: « tendió la vista por su nuevo domi- 
nio, halló que casi todo estaba por hacer en el, y que si su padre le había conquis- 
tado con las armas, á él quedaba el cuidado de fundarle con su prudencia.» 

(¿7) La mayor, llamada Isabel, casó en primeras nupcias con el infante de Cas- 
tilla D. Juan Manuel, nieto de san Fernando y primo de Sancho IV; Sancha, la me- 
nor, casó en segundas con Roberto rey de Ñapóles, cuya corte ilustró con sus 
eminentes prendas, muriendo en i 343 sin dejar sucesión. La madre de ellas, la 



ISLASBALEARES I5I 

trocó la corte por el recogimiento del claustro, y tomando el 
hábito de San Francisco dejó con el resto de su vida grande 
ejemplo de humildad y mansedumbre. 

^ Ascendió, pues, al solio el segundogénito D. Sancho, y á 9 
de Julio de 1 3 1 2 en las cortes de Barcelona reconoció el señorío 
del rey de Aragón y le prestó homenaje (a). Era de condición 
mansísima, misericordioso y bueno para con sus vasallos, amigo 
de la paz y de estarlo con todo el mundo: y su salud delicada 
y la afección asmática que le afligía, forzándole á la soledad de 
los montes en busca de aires puros, favorecían aquellas dispo- 
siciones de su ánimo. Con tan amables cualidades se concilio por 
algún tiempo la benevolencia de sus peligrosos vecinos, el de 
Aragón y el francés; cuando al cabo los amaflos de éste por 
poco le concitaron el enojo de D. Jaime ei yusío^ y recomenza- 
ron las desgracias que había padecido el difunto rey de Mallor- 
ca. Cuidó el francés de que alguien le persuadiese que no era 
obligado á rendir homenaje al de Aragón, porque la infeudación 
hecha por su padre á D. Pedro e¿ Grande fué forzada y por 



reina Esclaramunda, sobrevivió al marido, pues otorgó testamento á 24 de Marzo 
de I 3 I 3 en Perpiñán, nombrando heredero á su hijo el rey Sancho, con encargo 
de cuidar del otro fray Jaime, y con varios legados á los restantes, es decir, á 
Fernando mil quinientas libras barcelonesas sobre lo que por dote le debía Gastón 
de Foix su sobrino, á Sancha reina de Sicilia cinco mil sueldos, y mil á Felipe. 
Aún vivía en Agosto de i 3 i «5, al recibir en Perpiñán de manos del fiel Muntaner á 
su tierno nieto, Jaime el destronado, recién huérfano de madre para serlo de pa- 
dre también antes de un año. 

(a) Un año después de su solemne coronación en Mallorca á 4 de Julio 
de I 3 1 1 . Durante los años de i 3 1 4 y 1 5 residió cl rey Sancho en la isla, habi- 
tando alternativamente en su palacio de la Almudayna y en el castillo de Bellver; 
en Mayo de i 3 1 6 se hallaba ya en Perpiñán, y por Diciembre del mismo año pasó 
á visitaren Aviñón al papa Juan XXII. Seguía en el Hosellón por Abril y Diciem- 
bre de 1317, acaso sin intermisión hasta los postreros meses de i 3 1 9. En 26 de 
Febrero de 1321 le encontramos en Mallorca, en i -^ de Mayo en Perpiñán, en 26 
de Julio (Junio, dice Mut) en Gerona, prestando en cortes homenaje al rey de Ara- 
gón y ofreciéndole veinte galeras para la expedición de Cerdeña, en 10 y 24 de 
Diciembre otra vez en la isla, donde consta que pasó todo el i 322. En el siguiente 
tuvo en Tolosa una entrevista con el rey de Francia y Navarra, Carlos ti Hermoso, 
y con el de Bohemia cuñado de éste; en 14 de Octubre estaba en Perpiñán. Aco- 
sado del asma, se trasladó en el verano de i 324 desde Mallorca áCerdaña, donde 
acabó sus días. 



152 ISLASbALEARES 



consiguiente nula: aquella primera violencia debía ser siempre 
motivo y ocasión de enemistades. Afortunadamente el aragonés, 
que aun con menoscabo de su gloria se había manifestado muy 
amante de la paz cuando su composición con la Iglesia y la 
Francia, lo supo á tiempo para impedir la ruina de D. Sancho. 
Mandó á su tesorero Pedro March que escribiese al de Mallor- 
ca, dándole á entender que el rey le había comunicado cuanto 
de sus propósitos sabía, y le pusiese por delante las consecuen- 
cias: lo cual bastó para que el pacíñco D. Sancho al punto des- 
pachara embajadores á Valencia á sincerarle con el rey, y á 
prometer que sería en las cortes de Gerona (i). En ellas se 
trató de la expedición á Cerdeña, que debía capitanear el infan- 
te D. Alfonso: D. Sancho, como si quisiese alejar de sí toda 
sospecha, prometió al de Aragón valerle con veinte galeras, 
doscientos caballos y alguna infantería, y se ofreció á ir en per- 
sona con el infante. Cuéntase que tanto se lo agradeció D. Jai- 
me el Justo^ que sin aceptar lo último, le eximió de acudir per- 
sonalmente á las cortes para el resto de su vida (2). Fué esto á 
26 de Julio de 1321. A principios de Junio de 1323, reunióse en 
Mahón con la aragonesa la armada mallorquina mandada por 
D. Hugo Toco ó Totzo; y como toda se componía de galeras, 
embarcaciones las más á propósito para la batalla, fué de tanto 
peso su asistencia, que al moverse después contienda entre el 
almirante aragonés Carroz y el mallorquín por haberse apode- 
rado el infante del dinero destinado á la escuadra del segundo, 
todos los del ejército temieron que marchándose ésta se frustra- 
ría el penoso cerco de Villadeiglesias, y D. Alfonso hubo de re- 
mediarlo con grande instancia. Así estimado de todos y en paz 
con sus vecinos, no se la daba al buen D. Sancho la cruel do- 
lencia: la sanidad de las cumbres de Valldemosa no pudo miti- 



(1) Véase el número 32 del Apéndice. 

(2) Anales de Mallorca^ por el Paborde D. Guillelmo Tarrasa, tomo 2, copiados 
con gran diligencia del original del mismo autor por D. Joaquín María Bover, que 
generosamente los puso á nuestra disposición. 



ISLAS BALEARES I53 

gar la violencia del asma, que le forzó á pasar de Mallorca á 
Cerdaña en busca de frescura y alivio; y á 4 de Setiembre 
de 1324 la muerte puso fin á sus padecimientos en el lugar de 
Formigueres, en donde solía morar largas temporadas. 

Ningún hijo le dio su esposa D.* María de Ñapóles {a)\ y 
como su hermano D. Felipe también lo mismo que el primogé- 
nito había abrazado el estado eclesiástico, y á la sazón era ca- 
nónigo de Elna, arcediano de Conflent y abad y tesorero de 
Tours, la sucesión hubo de recaer en la familia del último de los 
hermanos, D. Fernando. La sangre generosa del abuelo e¿ Con- 
quistador con gloria de la casa mallorquina mostrábase en este 
infante, digno por sus altas cualidades de la corona. Las aguas 
de Grecia le vieron pasar resuelto á dar cima á la conquista co- 
menzada por un puñado de catalanes y aragoneses: en el cerco de 
Almería por las fuerzas de Aragón, su espada salvó el campa- 
mento, y ejecutó uno de los mejores hechos de caballería que 
en aquellos tiempos se mencionan (i): su ánimo levantado no se 
avenía con la obscuridad ni con la dependencia; y pues su naci- 
miento no le dio estados, con el valor de su brazo fué á con- 
quistar los de la Morea, que de derecho tocaban á su esposa 
D.* Isabel. La muerte le asaltó en medio de sus triunfos, pri- 
vándole no sólo de dar cabo á sus conquistas, sino también de 
ceñir años después la corona de Mallorca (¿). Por Abril de 13 15 



(a) De una dama, hija de Guillermo Puigbadró caballero de Osona, tuvo el rey 
Sancho, según Tomich, tres hijas naturales, una de las cuales casó con Galcerán 
de Pinos, otra con Gilaberto de Cruylles, y la tercera con Pedro de Talarn. 

(i) Véase el número 33 del Apéndice, 

(b) Fué la corta vida del infante una no interrumpida campaña. En 1 309 seña- 
lóse entre aragoneses y castellanos al pie de los muros de Almería, poseída por 
los sarracenos. En i 3 i 2, enviado á Grecia por su primo el rey Fadrique de Sicilia 
para tomar el mando y apaciguar las contiendas de los expedicionarios catalanes, 
no logró hacerse obedecer del indómito Rocafort, y cayendo prisionero de los 
franceses, fué entregado por éstos á Roberto rey de Ñapóles su cuñado, que le 
retuvo prisionero más de un año. Puesto en libertad D. Fernando, tomó parte por 
el de Sicilia en su reñida guerra con el de Ñapóles, y en iMesina por el mes de Fe- 
brero de I 3 14 se desposó con Isabel de Sabrán, á quien su madre Margarita, viu- 
da del conde de Adria é hija segunda del postrer Ville-hardouin príncipe de iMo- 



154 ISLASBALEARES 

D.^ Isabel le había dado un hijo, á quien pusieron nombre don 
Jaime, y treinta días después del alumbramiento ya no existía, 
niña de quince años, pura y gentil, idolatrada de su esposo, 
cuando éste hacía los aprestos para ir á recobrarle su principa- 
do de la Morea. El pequefto D. Jaime, ya tan pronto privado de 
los cuidados maternales, fué entregado por D. Fernando al leal 
Ramón Muntaner, el cual, perseguido por los enemigos duefios 
de la Morea, combatido por las tempestades, y siempre abraza- 



rea, puso bajo el amparo del valiente adalid, para que con su espada y su regio 
blasón hiciese valer el derecho que ella pretendía á los estados paternos por fa- 
llecimiento de su hermana mayor sin prole varonil. De este enlace nació en Cata- 
nia á $ de Abril de i 3 1 5 el desventurado Jaime III, siguiendo al cabo de un mes 
á su alumbramiento la muerte precoz de la gentil princesa, á cuya madre entre 
tanto habían preso en un castillo los barones de la Morea, de origen francés en su 
mayor parte, irritados de que hubiese franqueado paso en la península al temible 
poder catalán. Llegó el digno nieto de Jaime ei Conquistador con sus naves y tro- 
pas, en las que se contaban quinientos caballos, á Clarenza capital de su ducado, 
y apoderóse de ella por asalto, dominando buena parte del país; y con el intento 
tal vez de procurarse alianzas, pasó muy luego á segundas nupcias con una sobri- 
na del rey de Chipre, hija del senescal Felipe de Ibelín, llamada también Isabel» 
Pidió auxilio al rey Sancho su hermano, que le prometió diez galeras, y vino en 
su nombre á Mallorca Arnaldo de Ca9a á reclutar gente; pero esta ayuda llegó 
tarde, y hasta la que solicitó con mayor premura de los aventureros catalanes 
establecidos en el ducado de Atenas, no pudo por un día prevenir el fatal des- 
enlace. Desembarcó con Matilde, prima y competidora de Isabel, la hueste man- 
dada por Luís de Borgoña su segundo marido, y durante la primavera de i 3 16 
fué teatro de encarnizada lucha la Morea. Aún conservaba el infante, á más de la 
capital, los castillos de Belveder, Estamira, Clermont, Rhiolo, Nivelet, Chalan- 
dritza y otros; pero en las cercanías de Clarenza fué donde, lunes $ de Julio, se 
dio entre almogávares y borgoñones el combate decisivo. Arrastrado por su be- 
licoso ardor, envuelto por los enemigos, tal vez abandonado de los suyos, tan 
pronto cayó preso el bravo principe, fué allí mismo inhumanamente decapitado. 
La ciudad de pronto no se rindió, habiendo tardado menos de dos meses en se- 
guirle al sepulcro su contrincante el de Borgoña; pero al cabo se apoderó de todo 
cierto Orsini, conde de Cefalonia, entenado de la madre política del infante. De 
las indagaciones hechas acerca del desastroso fín de éste, y sacadas del archivo 
de Perpiñán por Mr. Buchón que las publicó en 1845, ^^ ^^^^ "^^y ^i^^ parada la 
fídelidad de sus seguidores y caballeros, ni hasta la buena fe del rey Sancho y 
del rey Fadrique que no debiera ser sospechosa respecto de su hermano y primo. 
Entre los que acompañaron á D. Fernando y los auxiliares avecindados en Grecia, 
que á la postre se movieron en favor suyo y que al parecer eran llamados almo^ 
gávares, hubo graves discordias y reyertas, que dieron acaso pie á recriminacio- 
nes apasionadas. Á principios de Noviembre próximo los restos del infante esta- 
ban en Perpiñán y fueron sepultados en la iglesia de dominicos, cuando su madre 
la reina viuda había ya cesado de existir. 



ISLASBALEARES I55 

do con el tierno niño mientras de día y de noche el peligro no 
aflojaba, vino á Rosellón á ponerle en manos de la abuela doña 
Esclaramunda y de sus tíos D. Sancho y D.* María de Ñapóles. 
Y muerto á poco también su padre D. Fernando, su tío el 
rey de Mallorca le nombró su heredero, bajo la tutoría de don 
Felipe el canónigo de Elna. 

Ya los comienzos del reinado de aquel inocente huérfano, 
borrascosos y contrastados, fueron como un presagio de su 
suerte miserable. Al repartir D. Jaime el Conquistador sus esta- 
dos entre sus hijos, no se acordó sino de que era padre: ésta, 
que en un rey bien puede llamarse flaqueza, había de costar 
males y sangre á sus biznietos; y de cada día resaltaba más lo 
desacertado de aquella disposición testamentaria, por la cual los 
no muy poderosos reyes de Mallorca quedaban, si no sujetos, 
expuestos á las ambiciosas miras de los aragoneses. Así se vio 
en esta ocasión : porque pretendiendo D. Jaime el Justo que los 
estados del mallorquín se le debían ahora como á más próximo 
pariente por las substituciones ordenadas en el testamento del 
Conquistador^ sin dar lugar á la contestación del derecho, man- 
dó al infante D. Alfonso que se apoderase de Perpiftán y otras 
fuerzas de los condados de Rosellón y Cerdaña. El arcediano 
D. Felipe, que desempeñó con rara diligencia la tutela del rey 
de Mallorca D. Jaime III {a)^ acudió á Zaragoza á hacer valer 



(a) Halló, sin embargo, grave resistencia dentro de Perpiñán la autoridad del 
tutor, á pesar de habérsele prestado ya juramento, ligándose con los vecinos 
Gastón conde de Foix primo de D. Felipe, acaso para disputarle la regencia, ayu- 
dado del conde de Cominges, de Bernardo Jordán señor de Illa, de Aimerico hijo 
del conde de Narbona, y de varios caballeros como Dalmacio de Castelnau y Pon- 
ce Caramán. Los ciudadanos tomaron las armas contra los naturales del condado 
de Cerdaña y otros vasallos del infante que habían tomado su defensa, y apodera- 
dos del rey menor le manejaron á su albedrío. Carlos e/ Hermoso rey de Francia 
mandó á los barones franceses apartarse de la liga, y permitió levantar gente en 
sus dominios á D. Felipe. También el de Aragón, zanjadas con éste sus pretensio- 
nes, mandó á sus tropas pasar los Pirineos en los últimos días del año 1325 á las 
órdenes del infante D. Alfonso y de Otón de Moneada para reducir á Perpiñán, 
que al cabo de pocos días fué sometida. Hubo en la ciudad castigos y escarmien- 
tos. 



156 ISLaSBALEARES 

los derechos de su pupilo; mas andaban los pareceres de los 
cortesanos tan discordes, y la ambición tan sorda se hacía á la 
voz de la justicia, que fué necesario convocar cortes en Lérida 
por Setiembre de aquel afto 1325, y someter á su deliberación 
el. negocio. La discusión en ellas fué vivísima, bien que los más 
opinaron no haber lugar á la substitución susodicha, sino cuando 
viniese á extinguirse completamente la línea masculina de don 
Jaime II de Mallorca; y el rey, habiendo en consideración la 
tierna edad del actual D. Jaime III y el parentesco que con él le 
unía, puso fin á los debates con una transacción, que fué como 
hacer merced de la justicia {a). El de Aragón renunció unos de- 
rechos que entonces no tenía, y la corona mallorquina le eximió 
del pago de veinticinco mil libras, que el difunto D. Sancho le 
prestara para la expedición de Cerdefta; y para mayor seguri- 
dad de la concordia, tratóse el casamiento del rey de Mallorca 
con D.* Constanza, que entonces contaba cinco aftos, hija del 
infante D. Alfonso. En 1327 vino á Barcelona D. Jaime III 
acompañado de su tío y tutor D. Felipe, y á i.® de Octubre en 
el palacio real prestó homenaje por sus estados al rey D. Jaime 
e/ yusio; y muerto éste de allí á un mes, ya fuera él de tutela, 



(a) Pretendía Jaime II de Aragón heredar del rey Sancho la corona de Mallor- 
ca, como si en éste se hubiese extinguido la descendencia varonil de la rama se- 
gunda, sin atenerse al testamento del Conquistador; así que, á los tres días de re- 
cibida la noticia del fallecimiento de su primo, en iq de Setiembre de i 324, cir- 
culó á las universidades y á los nobles, así de los dominios insulares como de los 
ultra-pirenaicos, orden de no reconocer por señor al pretendido sucesor Jaime III, 
á la cual ya día 2$ contestaron resueltamente los de Perpiñán, ponderando las 
excelencias de In fidelidad en general y protestando conservársela inviolable al 
rey niño. En el mismo sentido respondieron los jurados de Mallorca á Beltrán des 
Llor y á Francisco de Luna, enviados á la isla por la corte de Aragón, conferen- 
ciando con ellos en la casa de cierta viña de Guillermo Orcet, contigua á los mu- 
ros de la ciudad, mostrándose decididos á guardar las disposiciones del rey di* 
funto «tomadas con plena deliberación y consejo de los mejores clérigos y aboga- 
dos del mundo.« Intervinieron en favor del derecho del débil la reina Sancha de 
Ñapóles y el Papa, á quien contestó el rey de Aragón en Junio de i 32S no haber 
aspirado á apoderarse del reino á todo trance, sino á ilustrar meramente su con- 
ciencia. Llevadas á buen término las negociaciones, firmóse la concordia en la 
Aljafería de Zaragoza á 24 de Setiembre inmediato. Todo consta en el registro 
Majoricarum^ n.* 347, años 1318a 1327, archivo de la Corona de Aragón. 



ISLASBALEARES I57 

volvió á Barcelona por 1329, y á 25 de Octubre reconoció el 
feudo á su suegro D. Alfonso el Benigno, A principios de 1332 
pasó á Mallorca; el día 9 de Enero confirmó á los isleños todos 
los privilegios que les habían concedido sus antecesores, y desde 
entonces aprovechó el ocio de la paz para el buen arreglo de la 
administración (cC), Educado en el Languedoc, centro aún de 
cultura, dio una excelente muestra de su discreción en las céle- 
bres leyes palatinas, que por 1336 ordenó para el régimen, lus- 
tre y justicia de su casa (i): monumento tal vez único, que nos 
ha conservado la descripción extensa y circunstanciada de la 
etiqueta y usos de una casa real en la Edad -media. 

Pero esa paz fué pasajera, y entre tanto ascendió al trono 
de Aragón D. Pedro el Ceremonioso^ que en breve debía acabar 
con la dinastía de Mallorca. Era el aragonés, aunque muy mozo, 
ya harto colérico, diestro y pronto en resolver, activo en ejecu- 
tar, sagaz y ambicioso cual ninguno, implacable como juez; el 
de Mallorca sobradamente franco, confiado é imprudente, cuali- 
dades que le hacían en gran manera á propósito para secundar 
mal de su grado los planes y manejos de D. Pedro: y si es 
cierto que éste ya de infante profesó enemistad á D. Jaime III, 
no tardó en hacerse pública á la par de sus intenciones sinies- 
tras. 

A poco de empuñar el cetro de Aragón, como retardase don 
Jaime el prestamiento de homenaje, repetidas veces le citó para 
ello el Ceremonioso^ y finalmente alcanzó que por Julio de 1339 



(a) Eq los años sucesivos de I333á3<; pasó Jaime III lo más del tiempo en 
Perpinán; en i 3 de Agosto de 1336 llegó á Mallorca, donde permaneció hasta 22 
de Diciembre de i 337, y al siguiente volvió á la isla, constando que en ella estaba 
en II de Setiembre, al hacer jurar por heredero á su primogénito, que en 34 de 
Agosto anterior acababa de nacer en Pcrpiñán. Sus viajes á Barcelona en 1339 y 
I 340 por la cuestión del homenaje y sus querellas con Francia le obligaron á no 
alejarse del dominio continental; y en Agosto de i 342, al salir de la corte de su 
cuñado con estrepitoso rompimiento, volvió, probablemente por mar, á Rosellón, 
de donde ya no volvió á Mallorca sino para socorrerla precipitadamente en Mayo 
de 1343. 

(i) Véase el número 34 del i4^é»df ce. 



158 ISLASBALEARES 

se verifícase aquel acto en Barcelona. Allí salió á plaza laafíción 
desmedida de D. Pedro á la etiqueta en las ceremonias, y su 
celo por conservar las preeminencias reales, convirtiéndolas 
ahora en motivos de mortificación para el de Mallorca; y bien 
dio á entender que más quisiera se negase éste al reconocimiento 
del feudo, ya que con tanta malicia dispuso y previo los acci- 
dentes que en aquel acto pudiesen humillarle. Sabiendo que era 
costumbre en tales casos y derecho de los reyes mallorquines 
sentarse en almohada, había mandado labrarla para sí diferente 
de las de su cámara, mucho mayor y más rica; y, cosa inusitada 
antes, abriéronse los salones de palacio al pueblo de Barcelona 
que los llenó. D. Jaime hubo, pues, de suplicar al de Aragón 
que se hiciese el acto en la capilla real delante de su corte, como 
requería la costumbre, y allí con grave descortesía dejóle don 
Pedro estar en pie, sin mandar que le trajeran almohada. Recla- 
móla D. Jaime; y habida deliberación con los infantes y cortesa- 
nos, el Ceremonioso hizo darle una de las de su cámara, menor 
que la suya: con lo cual pudo el de Mallorca volverse á Rose- 
llón convencido de cuan poco le amaba el rey, y de que . no se- 
rían obstáculo á su ambición los vínculos de la sangre. 

Dado el primer paso, los hechos posteriores no fueron sino 
una demostración continua de los sentimientos que á D. Pedro 
animaban, y hasta los más leves incidentes redundaron en daño 
de D. Jaime. Pasaba el aragonés á Aviñón á prestar al papa 
reconocimiento y homenaje por Cerdefta y Córcega; y el de Ma- 
llorca, después de salirle al encuentro y agasajarle en sus esta- 
dos del Rosellón, fué acompañándole á la corte pontificia. Reci- 
bidos en ella debajo palio el primer día, como el siguiente se 
dirigiesen á caballo y con gran comitiva al lugar donde Bene- 
dicto les esperaba, aconteció que Gastón de Levis, caballero de 
la servidumbre de D. Jaime, el cual llevaba del diestro el caba- 
llo de su rey, viendo que el de D. Pedro se le adelantaba le dio 
algunos golpes, y aun al palafrenero que lo conducía. No era 
menester tanto desacato para encender la cólera del aragonés, 



ISLASBALEARES 1 59 

siempre pronta á despertarse: requirió con gran furia la espada 
para herir al de Mallorca; mas, aunque lo repitió con mayor ra- 
bia por tres veces, no pudo arrancarla de la vaina. Era la que 
estrenó en la ceremonia de su coronación, rica, cuajada de pe- 
drerías y perlas, estrecha de vaina, como únicamente destinada 
á los actos de etiqueta y corte. AI ver la acción del rey, turbá- 
ronse todos y movióse gran rumor, y afortunadamente acudie- 
ron varios á detenerle; entre ellos el infante D. Pedro, que le 
puso por delante cuan bien quisto era en la corte pontificia 
D. Jaime, y que si le matara corría él riesgo de perecer. No 
cedía empero el rey, antes con mayor ira contestó: que no sin- 
tiera perder la vida, si hubiese podido quitarla al de Mallor- 
ca (i). Hubo al fin de calmarse y de mirar por su dignidad; y 
de vuelta á Cataluña, fuéle también obsequiando D. Jaime. 

Nada veía, pues, éste en la conducta de su cuñado D. Pe- 
dro que le convidase á depositar en él una confianza ciega, an- 
tes bien claramente ella le decía que sólo podía contar con su 
propia circunspección y destreza, cuando otro acontecimiento 
probó que no era éste su dictamen. En vida del rey D. Pedro 
el Gratule de Aragón, la casa real de Francia adquirió la por- 
ción que en Montpeller tenía el obispo de Magalona, rompiendo 
los convenios que de no procurarlo por ningún término había 
hecho en las vistas de Panízas. D. Jaime II de Mallorca hubo 
de mandar á los ciudadanos de Montpeller que no prolongasen 
su resistencia, y dejasen al francés tomar libremente posesión 
de aquella parte del obispo; porque, como tenía crédito y favor 
en Francia, esperaba hallar justicia en aquella corte, y que se 
cumpliría lo tratado. La Francia fué alargando el negocio y evi- 
tando una respuesta decisiva; y ahora, 1340, requería á D. Jai- 
me III que por el feudo de su porción de Montpeller prestase 
homenaje y juramento de fidelidad como vasallo. Nególe uno y 



(i) Son palabras del mismo rey en su crónica: «E nos diguem li: que puix ab 
que haguessem mort lo rey de Mallorques, nons presavam guayre si moriam.» 



l6o ISLAS BALEARES 

Otro D. Jaime; no quiso recurrir por su derecho al parlamento 
de París, y dijo que con gusto pondría el negocio en manos del 
papa, del cardenal de Ñapóles, ó del de España. El francés^ 
logrado el fruto de su pretexto, apeló á las armas para hacerse 
con todo Montpeller, objeto de su codicia; y el imprudente 
D. Jaime, confiando que el de Aragón le acudiría á fuer de se- 
ñor directo á su feudatario, dispúsose á la resistencia, y en Di- 
ciembre de aquel año lo puso todo en conocimiento del Ceremo- 
nioso. Tras de alguna dilación, avistáronse entrambos, y en 
última resolución despacharon embajadores al francés, que por 
respeto á D. Pedro había ofrecido tratar de concordia. Mas 
como bajo la capa de los tratos sólo había doblez y mala fe, 
quiso el francés someter el negocio á la decisión de su parla- 
mento; y sin curarse de las reclamaciones de los embajadores, 
entró á mano armada en tierras de D. Jaime. Este no estaba 
desprevenido: sino que apenas advirtió que en las fronteras se 
formaban grandes compañías, y supo que capitanes franceses se 
acercaban, junta ya su gente, participólo al de Aragón, y le re- 
quirió que acudiese á defenderle. 

Mas D. Pedro tenía resuelto aprovechar esta ocasión para 
realizar sus planes ambiciosos. Ya antes había alargado cuanto 
pudo el contestar definitivamente á su cuñado: ahora, que á no 
dudarlo le veía próximo á sucumbir ante el poder de la Francia, 
desde Poblet le respondió que se maravillaba mucho de que el 
francés así rompiese las negociaciones, y sin previo desafío in- 
tentase correr tierras sujetas á la corona de Aragón, y reiterán- 
dole la promesa de valerle en caso necesario, concluía diciendo 
que sospechaba lo movían todo algunos barones del Rosellón 
ganosos de alborotar, de vengarse unos con el favor de los 
franceses, y otros de venir con ellos á las manos. Este fué el 
tenor de todas sus ulteriores respuestas: aconsejar la paz, cuan- 
do ya la gente de guerra del francés estaba repartida y muy á 
punto en la frontera, y en ocasión en que, enemistada la Francia 
con el inglés, con sólo declararse él resueltamente como debía 



ISLASBALEARES l6l 

á favor de D. Jaime, ponía fin á las diferencias. Harto impruden- 
te anduvo el de Mallorca en oponerse con tanta fuerza á los in- 
tentos de la Francia antes de haberse asegurado del ánimo de 
D. Pedro, cuya deslealtad vino á ponerle en el mayor conflicto. 
Tenía que persistir en sus proyectos de resistencia á los france- 
ses, y necesariamente vendrían á poder de éstos los vizconda- 
dos de Omelades y Carlades y la baronía de Montpeller; 6 
había de concertarse con ellos, y en este caso D. Pedro no 
dejaría de achacárselo á intenciones siniestras contra la corona 
aragonesa. Ya debió de conocerlo, pues que tan repetidos men- 
sajes envió á su cuñado, quien contestó por último que la razón 
estaba de parte de la Francia, y que por consiguiente él movía 
una guerra injusta. 

Declarados en parte sus intentos, fué acelerando más y más 
el de Aragón la ruina de D. Jaime. Acusóle de haber quebran- 
tado las conveniencias hechas entre los reyes aragoneses y los 
mallorquines, mayormente permitiendo que en sus tierras de 
Rosellón, Cerdaña y Conflent corriese moneda diferente de la 
barcelonesa, y acuñándola él mismo: extraño y pérfido modo de 
satisfacer á sus demandas el nK>verle pleito cuando los enemi- 
gos se le entraban en casa. Ignorante aún de esto, envió D. Jai- 
me á Valencia su mayordomo Pedro Ramón de Codolet, al cual 
el rey se excusó de oir por entonces pretextando una partida de 
caza. Bien pudo conocer Codolet que ninguna esperanza había 
para su amo, cuando á lo que no admitía dilación se anteponía 
un mero recreo: pero quiso cumplir con su encargo, y esperó la 
vuelta del rey. Díjole que, ya ocupados por el enemigo los viz- 
condados de Omelades y Carlades, iba su amo á encomendar 
su justicia á las armas, confiando concertarse con el de Inglate- 
rra; y por ello le requería que le auxiliase y estuviese en Perpiñán 
con su gente el 25 de Abril de aquel aña 1341. Convocó el rey 
los de su consejo; y viéndoles perplejos en decidir si debía ó no 
favorecer al de Mallorca, cortó la deliberación con echar mano 
de un ardid vergonzoso y contrario á su honor y á su buena fe. 



102 ISLASBALEARES 

Dijo que no convenía discutir si era ó no obligado á ayudar á 
D. Jaime, porque, según la resolución que se tomase, aún tenía 
tiempo su cuñado de concertarse con el francés, y juntos mover 
guerra á Aragón ; y para evadirse de responder á su requeri- 
miento, propuso que se convocasen cortes en Barcelona para el 
25 de Marzo, porque, no acudiendo á ellas el de Mallorca, el 
rey quedaba libre de todo compromiso. Es doloroso y da ver- 
güenza leer en su propia crónica tan sin rebozo declarada por 
él mismo su dañada intención contra su cuñado, un descendiente 
de D. Jaime el Conquistador^ un príncipe de la sangre aragone- 
sa, á quien, cuando no por deber y justicia, por sólo el pundo- 
nor debía valer en semejante caso. No compareció el de Mallor- 
ca á las cortes, ni le era posible cuando en sus mismos estados 
se alojaban las divisiones enemigas, ni, á serlo y á comparecer, 
hubiera dejado el de Aragón de llevar adelante lo que hizo. 
Dióse por libre de toda obligación para con D. Jaime; y no sa- 
tisfecho con tal perfidia y sin ninguna consideración al riesgo en 
que estaba, reiteró contra él todos los cargos de quebranta- 
miento de homenaje y acuñación de moneda, emplazóle para 
que diese sus descargos, y no • acudiendo el acusado, mandó 
procesarle en rebeldía. La ocasión era muy propicia ; mas en 
asirse de ella, ganaba tanto su ambición, cuanto su honor y su 
reputación de generoso perdían. La Francia entre tanto, teme- 
rosa del aragonés por ignorar sus fines, le mandaba embajado- 
res, y aparentaba suspender las hostilidades por su respeto; y 
D. Pedro, como vio que desesperado D. Jaime tal vez buscaría 
la alianza de aquella potencia en la cual contaba á los condes 
de Armañac y Foix por deudos y amigos, cerró con el francés 
un trato, por el cual éste se comprometía no sólo á negar todo 
auxilio al de Mallorca contra la corona de Aragón, sino también 
á prohibir á sus oficiales y barones que se lo diesen : concordia 
facilísima de ajustar, pues que por ella entrambas partes con- 
taban alzarse con nuevos estados. 

Acababa de sentarse en la silla de San Pedro el papa Cíe- 



ISLAS BALEARES I63 

mente VI, y movido del parentesco de los contendientes, y ce- 
diendo á las. instancias de los de Foix y ArmaAac, quiso hacer 
el bello papel de mediador, y envió á Cataluña de nuncio el 
arzobispo Armando. Á fuerza de súplicas alcanzó éste que se 
suspendiese el proceso y se concediese á D. Jaime salvoconduc- 
to para venir á sincerarse ante D. Pedro, prorrogándolo has- 
ta 8 de Agosto de aquel año 1342. Llegó D. Jaime con su 
esposa á Barcelona en cuatro galeras, y desembarcó por un 
puente y pasadizo de madera muy cerrado, que corría desde el 
mar hasta San Francisco de Asís, en donde se le preparara 
alojamiento. Hízole el rey mucha cortesía por respeto al papa; 
pero por más que trabajó el nuncio apostólico, jamás pudo 
traerles á concordia, antes bien las cosas se encaminaron de 
manera, que aquella venida fué para D. Jaime injusta ocasión 
de que se acelerase la pérdida de sus estados. 

Cuenta el mismo Ceremonioso en su crónica, sin ninguna 
duda ni escrúpulo, que no le trajo á D. Jaime el deseo de la 
paz, sino el de poner por obra una traición, imperdonable á ser 
cierta. Debíanse fingir enfermos D. Jaime y su esposa D.* Cons- 
tanza; y cuando acudiera el rey con los infantes, el ujier, que 
guardaba la puerta de la cámara de la reina, diría que á la sa- 
lud de su señora importaba que entrasen solos. Dentro de la 
cámara habían de echárseles encima doce hombres armados, 
con orden de matarlos si gritaran ó se resistieran, ó sino, de 
conducirlos por el pasadizo á las galeras, y hacer vela á Mallor- 
ca á encerrarlos en el castillo de Alaró, hasta que á D. Jaime se 
le eximiese del feudo, y se le aumentasen sus estados por la 
parte de Cataluña. La pluma se niega á reproducir esa conjura- 
ción, que la mala fe del aragonés ya induce á creer que es falsa, 
y que ni en el proceso mismo se ve probada. ¿Cómo creer que 
hubiese concebido D. Jaime semejante proyecto, cuando no po- 
día esperar ningún auxilio de la Francia ya concertada en daño 
suyo con el de Aragón, y cuando las gestiones de la Santa 
Sede eran lo único que impedía su ruina y le alentaba > Si así 



164 ISLAS BALEARES 

rompía toda negociación, ¿con qué contaba para sostener tan 
loca violencia? Sus estados del Rosellón á punto de caer ente- 
ramente en poder de la Francia, que aprovecharía con gusto 
ocasión tan favorable, sin marina, sin ejército, sin tesoro, mal 
hubiera podido contrarrestar las fuerzas de Aragón, que en un 
momento estarían sobre Mallorca. La ejecución debía ser en 
Barcelona, ciudad enemiga suya entonces y alborotada con 
sola su venida, en un puerto de los más concurridos, á la vista 
de cuatro galeras mandadas por el famoso corsario valenciano 
mossén Mateo Ferrer, que incesantemente y por encargo de 
D. Pedro celaba á las cuatro del mallorquín; y para ello, venía 
éste acompañado de su esposa, hermana de D. Pedro, en quien 
siempre había de obrar el cariAo de la sangre, y la cual traía 
todas sus doncellas y camareras : singular disposición y gentil 
comitiva para un lance, en que la sorpresa, la violencia, el sigi- 
lo y la prontitud más instantánea debían serlo todo. 

Pues si atendemos al modo cómo D. Pedro refiere que ello 
vino á su noticia, sube de punto la duda, y á par de ella el es- 
cándalo. Esparcida la voz de la enfermedad de D.^ Constanza, 
presentóse al rey un fraile de Santo Domingo, y le participó que 
uno de los conjurados en confesión le había encargado advirtie- 
se al monarca de que por ningún término visitase á su hermana, 
porque de lo contrario sería muerto. Era el fraile muy familiar 
suyo, y sin embargo dice el rey cronista que no se le acuerda 
el nombre : raro olvido en monarca tan diligente y suspicaz, en 
un hecho de tanta monta, y con quien venía á salvarle. Turbóse 
D. Pedro, y prometió que aquella noche no iría á ver á su her- 
mana; pero añadió que si el fraile no alcanzaba de su penitente 
entera revelación del plan, en otra lo efectuaría. Los infantes, su 
tío D. Pedro y sd hermano D. Jaime, como ignoraban el riesgo, 
con grande instancia le indujeron á resolver que pasaría á San 
Francisco la mañana siguiente, no empero sin tomar algunas 
precauciones. Proveyó que, entrado en la cámara de D.* Cons- 
tanza, cierto número de servidores suyos se quedaría á la puer- 



ISLAS BALEARES ib; 

ta, la cual no permitirían se cerrase, y que las cuatro galeras 
de Mateo Ferrer se arrimarían á las mallorquínas lo más que 
pudiesen; mas una indisposición suya estorbó esa visita, y le 
forzó á recogerse por algunos días. En esto volvió el fraile, y 
por su consejo mandó el rey al infante D. Jaime que fuese á San 
Francisco, y de grado ó á la fuerza le trajese su hermana doña 
Constanza: lo cual hizo el infante con grande oposición y pesar 
del de Mallorca, y con quebrantamiento del salvo-conducto con- 
cedido por el rey. Puesta D.^ Constanza en los aposentos bajos 
de palacio, dice D. Pedro que le reveló á él y al infante toda la 
traición proyectada; y como á poco viniese el tío del monarca á 
reprenderle aquella temeraria acción, el Ceremonioso volvió á 
bajar con él al cuarto de su hermana, que de nuevo lo refirió 
todo, con no poca sorpresa y espanto del tío. 

Fué caso el más escandaloso romper la palabra empeñada, 
separar dos consortes sin ningún derecho ni información y sólo 
á la fuerza, como si quisiera apartar del mallorquín cuanto pu- 
diera retraerle de realizar sus planes; y avergüenza más y más 
]a relación del rey á quien considere que no se probó después 
tal declaración de D.* Constanza, y cuan repugnante inverosimi- 
tud envuelve poner en boca de la hermana la acusación del es- 
poso. Si ella prefirió servir al primero á defender al segundo, 
¿por qué éste incesantemente la reclamó y puso su demanda á 
los pies del sumo pontífice? ¿por qué D. Pedro la retuvo tan 
recogida? ¿por qué ella misma importunó á su cruel hermano 
para que la dejase reunirse con su esposo? Su prontitud en ad- 
ministrar justicia le valió á D. Pedro el renombre de justicieros 
y su excesiva severidad y arrebatos el de Cruel: en Aviñón un 
desacato casual de un palafrenero le fué suficiente motivo para 
requerir la espada é intentar la muerte de su cuñado, en la calle, 
delante de aquel gentío, en medio de la nobleza de sus reinos y 
de los extraños ; ahora, como si de repente se hubiese amansado 
aquella su condición terrible y fiera, ni siquiera prendió á D. Jai- 
me, que otro día, mientras él estaba á la mesa, sin ningún temor 



1 66 ISLASBALEARES 

se le presentó y le dijo: c Señor, yo vine aquí en fe de vuestro 
salvoconducto; y sin embargo se me ha hecho violencia, man- 
dando vos se me quitase á la fuerza mi mujer, y sé que nada 
bueno se me prepara. Por esto vengo ahora á despedirme de 
vos, y pues que tan mal cumplís vuestra palabra, parto y os 
niego los feudos que por vos tenía.» Salió de palacio el mallor- 
quín entre los murmullos de los circunstantes, que extrañaban 
no castigara el rey con la prisión tanta arrogancia; metióse en 
sus galeras, y mandó que le siguiesen todas las damas y donce- 
llas que habían venido acompañando á D.*^ Constanza. Una sola 
se riego á obedecerle; y el Ceremonioso^ que no retuvo el inte- 
resante nombre del fraile que le salvó la vida, ni el del conju- 
rado que advirtió de su peligro al confesor, da buena prueba de 
su memoria diciendo que aquella camarera se llamaba Vicenta 
y era natural de Mallorca. A los cargos anteriores, pues, agre- 
góse el crimen de la traición supuesta, y de él, como del princi- 
pal pretexto, se motivó la ruina del desgraciado D. Jaime : c sí 
fué sospecha, dice el gran Zurita, se le dio más crédito del que 
debiera para justificar el rey su proceso; y si fué invención, no 
pudo ser cosa más infame y deshonesta de nuestra parte. » 

El rey de Mallorca mandó prender todos los subditos de 
Aragón que se hallaban en sus estados, tomándoles sus bienes, 
y se puso á punto de guerra; y el nuncio apostólico, como vio 
tanto rompimiento, se fué de Barcelona á principios de Agosto 
de aquel año 1342. Dispuso con ahínco D. Pedro cuanto para 
apoderarse de los estados de su enemigo le importaba: puso en 
la frontera del Rosellón al infante D. Jaime y á D. Lope de Luna 
con buen golpe de gente; aprestó grande armada, para lo cual 
envió por las galeras que D. Pedro de Moneada mandaba en el 
estrecho de Gibraltar; y tanto activó el proceso, que á 21 de 
Febrero de 1343 dio en Barcelona su sentencia definitiva, por la 
cual, hecho mérito del crimen de haber faltado el de Mallorca á 
la citación y de los demás cargos sobre quebrantamientos de 
homenaje y acuñación de moneda, declaró haber lugar á ocu- 



ISLAS BALEARES 167 

par por ahora sus estados, y sí no compareciese dentro un afto 
y no deshiciese todas las acusaciones, á incorporarlos á la coro- 
na aragonesa. 

Vióse entonces cuánto codiciaba la posesión de Mallorca, 
pues ni las mismas súplicas de D.^ Sancha, tía del mallorquín, 
viuda del rey de Ñapóles, bastaron á que suspendiese la jorna- 
da ; al paso que dio una no leve muestra de aquella profunda 
sagacidad y tacto político que le caracterizaron. Mientras á la 
embajada de la reina viuda contestaba que ya en la toma de 
Mallorca iba el honor de su corona, que tenía las tropas y la 
armada á punto, y que los gastos hechos eran crecidísimos, lo 
cual equivalía á decir que la ventaja de la fuerza sólo se cede á 
la indemnización más amplia y que él no quería levantar la ma- 
no del negocio; para conciliarse las simpatías de los subditos 
extraños, publicaba que principalmente le movía ver tiranizados 
y vejados con impuestos los estados del mallorquín, presos y 
aun muertos vasallos inocentes, y los del Rosellón tan misera- 
bles y oprimidos que no pocos venían á ampararse de él como 
de su señor directo: palabras^que siempre han sonado bien á los 
oídos de los pueblos. Si en la pasada expedición de D. Alfonso 
el Liberal los mallorquines no se señalaron por su resistencia y 
por su adhesión á su rey D. Jaime II, si entonces el aragonés 
fué quien primero les movió pláticas de entregarse ; ahora envia- 
ron ellos á Cataluña á Beltrán Roig á ofrecer al rey que, si pa- 
saba á la isla, le reconocerían por soberano en la primera ocasión 
que se les presentase. Hízose el convenio á i.® de Mayo: don 
Pedro prometió mantenerles en el goce de sus privilegios, les 
aseguró la posesión de sus bienes, y de antemano perdonó á 
cuantos harían armas contra él en las primeras peleas que tal 
vez no podrían excusarse, con otros capítulos concernientes al 
gobierno de aquel reino; y recompensó al enviado con seis mil 
sueldos de renta, franqueza de todos sus bienes, y facultad de 
hacerse armar caballero por cualquier noble. 

Entre tanto no se daba vagar D. Jaime III, sino que guarne- 



l68 ISLAS BALEARES 



cía los puertos de la isla, y aprontaba un ejército de trescientos 
caballeros y más de quince mil infantes: número bastante á im- 
pedir el desembarco, si les asistieran las dos circunstancias prin- 
cipales para la fuerza, — la fidelidad á su rey, y el valor que ella 
infunde {a). La flota del Ceretnonioso se componía de más de 
treinta galeras, siete de ellas gruesas ó ujeres y muchas sutiles, 
veinte naves de dos cubiertas, y varios buques menores: en suma 
ciento y diez y seis velas. Hízose á la mar á 1 8 de aquel mes de 
Mayo ; y con tiempo vario y pasada gran fatiga arribó á la Palo- 
mera el 23, y habido consejo, resolvióse ir á desembarcar en San- 



ia) Que en 24 de Abril de 1 343 se hallaba todavía en Perpiñán, y que se pre- 
paraba á acudir á la defensa de la isla, despréndese de la notable carta que entre- 
gó por credencial á los que en ella vaa nombrados. (Archivo general del reino de 
Mallorca, perg. n.* 87.) «Ais amats e feels nostres jurats e prohomens e á tota la 
universitat del regne nostre de Malorques.— A la vostra á nos molt cara feeltat los 
amats e feels nostre conceler e camarlench Johan de Sent Johan cavalerePere de 
Cardona nostre cambrer trametem, los quals per só avem elegits, cor leyals e fer- 
vens en nostra honor, axí com aquels que de bona térra procesint malvats fruyts 
esser no poden, los avem atrobats, e cor axí com part de vostra universitat serán 
pervosaltrcs mils receptats, e sen pora mils á las del regne provesirnecessitats; els 
quals la nostra justa e necessaria cxcusació, cor no us avem personalment visi- 
táis, vos dirán ; e la nostra bona e gran aíTecció, per la qual breument serem ab 
vosaltres ensemps ajustats, vos explicarán; e '1 prompte e fort adjutori qu' avem 
procurat, ab lo qual de nostres e vostres enemichs serets defensats, vos recomp- 
tarán ; e alscuns duptes, que nostres adversaris en fer lur poder e demérits a vos- 
altres se son esforsats, vos declararán ; e oltre nostre ciar dret, lo quals ja us avem 
manifestat, la rahó en que del feyt de la guerra nos som posats, vos recitarán. Per- 
qué axí com á amichs especiáis c cars vos pregam, e axí com feels nostres leals e 
purs vos requerim, e axí com á sotsmeses nostres obediens e humils vos manam, 
que ais demuntdits, en so que de nostra part vos dirán, cresats, e las amonesta- 
cions de nostre amat e feel camerlench e conceler e lochtinent nostre Roger de 
Roanach e deis demuntdits fer vulats, car esperanza avem en Nostre Senyor que la 
nostra justicia per eyl favorejada, e la injusticia de V altre part comdempnada, e 
la rahó en que 'ns posam acceptada, e la obstinacia de la contraria part airada, e la 
leyaltat qu' en vosaltres es gran apurada, no oblidant, e los apareyls que per nos 
se fan ajudant, nostre regne se defendrá, e victoriosament de nostres adversaris 
Deus nos gardará. Donchs ferms vulats estar e la defensió del regne procurar, 
per^o que an aquels qui menten e de enfeeltat aver envés nos vos difaman, pus- 
cats baronivolment contrastar, e que aijó que disen no es ver, axí com á nos es 
cert, á tot lo mon per obra feel e savia e vigorosa e ardida manifestar.» Es copia 
auténtica mandada sacar en el año siguiente por el rey D. Pedro, acompañada de 
la declaración de que el original era autógrafo del mismo Jaime 111 ; y en efecto, 
el rebuscado estilo y las transposiciones semi-Iatinas acusan las añciones litera- 
rias del malogrado príncipe. 



ISLAS BALEARES 169 

ta Ponza, donde acampaba D. Jaime. Llegados á aquel punto, 
híciéronse de la escuadra cuatro divisiones ; y al romper el alba 
del domingo, 25 de Mayo, puestos los almugávares y sirvientes 
en los botes, moviéronse todas con buen concierto. El rey con la 
primera, que constaba de cuatro galeras, arrimóse al monte que 
se levantaba á la izquierda de aquella bahía delante de Pague- 
ra, y espada en mano saltó de los primeros en la roca. Sostúvole 
la segunda, á las órdenes del almirante D. Pedro de Moneada, 
compuesta de catorce galeras, la cual echó las escalas más cerca 
de la playa, en donde tomó tierra la tercera, de diez y siete, 
mandada por el infante D. Pedro y por D. Pedro de Ejérica. La 
cuarta, de cuatro, debía amenazar directamente el puerto y cam- 
pamento de Santa Ponza para que acudiese allí el grueso de las 
tropas enemigas y entretenerlo. Estaba la ventaja por los de 
tierra: á su derecha ocupaban la colina, á cuyo pie desembarca- 
ban con harto trabajo las dos primeras divisiones; y protegidos 
por aquella posición, podían emplear en la playa contra la ter- 
cera del infante toda su caballería. Trepaban los del rey y del 
almirante por el monte con no poca fatiga: la subida era tan 
^S^^i qu6 poquísimos hombres con solas piedras y las armas 
arrojadizas bastaban á defenderla; y sin embargo, los mallorqui- 
nes desampararon la posición y se salieron de la batalla. En lo 
llano de la playa, donde tomó tierra la gente del infante, pare- 
ció que se empeñaría la refriega, porque aquella división era el 
grueso de las tropas aragonesas, y acudían á impedir su des- 
embarco casi toda la caballería y gran parte de los peones ma- 
llorquines. Si á la primera y segunda no consintió que sacasen 
caballos la aspereza de la costa y del cerro, á esta tercera le 
quitaban todo lugar de hacerlo los escuadrones enemigos, que 
ya muy á punto de batalla hubiéranse aprovechado del desorden 
que semejante operación debía introducir necesariamente. Casi 
sin caballería, pues, recibió la carga de los de D.Jaime: empero 
eran los desembarcados almugávares intrépidos y caballeros ex- 
perimentados en las armas, y los de tierra gente levantada al 



lyO ISLAS BALEARES 

son del peligro, no avezada en su mayor parte á los trances de 
la guerra, y tal vez falseada en la lealtad á su caudillo. La car- 
ga fué tan desordenada y floja, que los de Aragón, con sólo mo- 
verse para tomar la ofensiva, les hicieron volver las espaldas 
más que de paso. Fué gran vileza y deshonra así ceder el campo 
sin teñir las espadas, y abandonar á su rey desventurado: si lo 
hicieron no más que por cumplir lo que Beltrán Roig había con- 
venido con D. Pedro, á lá nota de cobardes añadieron la de 
pérfidos, porque bien pudieran antes excusarse con su rey de to- 
mar las armas, no ponerle en tan duro riesgo; y de todos modos, 
pues estaban á punto de guerra y acompañaban á D. Jaime para 
oponerse á la desembarcación, la orden de caballería que deshon- 
raron forzábales á sostener el empeño comenzado. De entonces 
pudo prever D. Jaime III cuan poco debía fiar en la firmeza de 
aquellos sus vasallos ; y temeroso de caer en manos de su ene- 
mijg^o, partióse de la isla. 

Detúvose en Paguera el rey todo el lunes para que descan- 
sase el ejército; y hacía el mediodía presentáronsele dos religio- 
sos dominicos mallorquines, que pidieron salvoconducto para 
los mensajeros que la ciudad quería enviar al campo. El martes, 
levantado éste, con muy buena formación y concierto pasó la 
hueste á Santa Ponza, indicando D. Pedro con esa lentitud tan 
ajena de su carácter que ya estaba seguro de que sin manejar 
las armas se le rendiría toda la isla; y mientras le ponían su 
tienda, vinieron los enviados de la ciudad á decirle que extraña- 
ban entrase en la tierra con tal rigor cuando ningún daño había 
recibido nunca de sus habitantes. D. Pedro reiteró las protestas 
de que sólo los desmanes de su cuñado le ponían las armas en 
la mano; y aunque ellos contestaron que no era suyo examinar 
la conducta de su príncipe, sino serle leales, todo no pasó de 
mera fórmula y apariencia ; y oídos los informes que sobre los 
supuestos crímenes de D. Jaime, les dio el vice canciller del de 
Aragón, el miércoles se volvieron á la ciudad. Púsose en mar- 
cha el campo el jueves, ya muy entrado el día; y á media legua 



ISLASBALEARES I7I 

de Portopí, segunda vez se presentaron los enviados, suplicando 
al rey que ahorrase á la vega de la ciudad la tala que de seme- 
jante ejército le vendría. Dióse, pues, la orden de hacer alto en 
Portopí^ y aun tuvieron que retroceder los que ya pasaran más 
allá de este punto; y aquel día y el siguiente se discutieron y 
firmaron los capítulos de la entrega. Al instante, pidiéndolo en- 
carecidamente los mallorquines, mandó el rey que se recogiesen 
á las embarcaciones los almugávares y demás infantería; porque 
era tanto el temor de los ciudadanos, que si vieran á aquella 
gente entrar en la plaza, nada del mundo pudiera disuadirles de 
que serían saqueadas sus casas y ellos destrozados. £1 día si- 
guiente, último de Mayo, pasaron á Portopí los jurados de 
Mallorca; y prestado homenaje á D. Pedro, juróles él sus privi- 
legios y libertades, como antes quedó convenido con Beltrán 
Roig. En seguida dio el pendón real á D. Blasco de Alagón, 
que armado de todas piezas con una compañía de á caballo lo 
metió en la ciudad, lo paseó por ella, y subiendo al alcázar de 
la Almudayna, lo tremoló y lo puso en la torre más alta, que 
es la del Ángel. Esta fué la única demostración guerrera de los 
vencedores, pues los jurados suplicaron que los demás entrasen 
sin armas para que no se atemorizara el pueblo; y así, depues- 
tas las cotas aceradas, y vestidos caballeros y pajes de gala y 
corte, fuéronse allegando á Mallorca como á una ciudad amiga. 
Vestía el rey un rico traje muy ajustado al cuerpo, mitad de 
terciopelo colorado y mitad de paño de oro á la usanza pinto- 
resca y elegante de aquella edad: y descubierta la cabeza, entró 
en Mallorca, se dirigió al alcázar, y hecha oración en la capilla, 
armó caballeros á varios señores de su corte. 

La traición y la cobardía habían hecho el principal papel en 
todo aquel suceso; y no es extraño que también saliese á plaza 
la adulación, si no la bajeza. Lejos de demostrar los mallorqui- 
nes que sólo el convencimiento de su inferioridad pudo hacerles 
ceder, el i .® de Junio asistieron al banquete que dio el Ceremo- 
niosOj al mismo tiempo que éste con público pregón se hacía in- 



172 ISLASBALEARE 



titular rey de Mallorca, y mandaba poner este título en su 
nuevo sello. Mas como en la enumeración de sus reinos y con- 
dados se pospusiese Mallorca á Valencia, desagradó la novedad 
á algunos de los barones isleños, que manifestaron al rey cuán- 
to lo extrañaban. Contestóles el aragonés que, si bien antigua- 
mente Mallorca se antepuso en los títulos del rey de Arag^ón á 
Valencia, este reino ahora se había ennoblecido y acrecentado 
sobremanera, y añadió con agudeza y riendo: «en aquel lugar 
preferente no le cupo á Mallorca la dicha de permanecer unida 
á la corona de Aragón, antes ha sido dada y cobrada dos ve- 
ces; por esto queremos probar si le cabrá ahora mejor suerte 
en el tercer lugar de nuestros títulos (i).» Dicho esto, redobló 
la risa, y todos tuvieron por conveniente acompañarle en ella. 

Sólo el castellano de Bellver Nicolás de Mari duraba en la 
ñdelidad á su monarca, y resuelto á defenderse, negábase á 
cuantas proposiciones se le hacían: pero su lealtad y su valor 
no animaban á su gente, que con la más negra traición aban- 
donó el castillo. Los de Alaró y Santueri también sin resistencia 
vinieron á poder de los aragoneses: el de Pollensa no les quiso 
abrir sus puertas, y fueron menester refuerzos y máquinas y 
largo sitio para vencer la tenacidad de los cercados {a). Manda- 
ban allí un aragonés y Guillen de Só, del Languedoc; y como 
aquella sola fortaleza burló por tanto espacio los esfuerzos de 
los sitiadores, fué mayor la infamia de los que con mayores 
fuerzas y mejores medios de defensa tan cobardemente se ha- 
bían rendido. Menorca é Ibiza se dieron á una mera intimación, 
y enviaron sus síndicos á Mallorca á prestar el homenaje á don 



(i) D. Jaime el Conquistador se intitulaba rey de Aragón, Mallorca, Valen- 
cia, etc. D. Pedro de Aragón, Valencia, Mallorca, etc. 

(a) Duró el sitio cerca de tres meses desde 8 de Junio hasta los últimos días 
de Agosto, terminando por honrosa capitulación que fué remitida para su apro- 
bación á Pedro IV. Declaró éste que no sirviera de precedente contra franquicias 
la forzosa campaña impuesta á los moradores de la isla para la reducción del cas- 
tillo, y que pagara sus cuantiosos gastos la procuración real. 



ISLAS BALEARES I73 

Pedro, que entonces lo iba recibiendo de los enviados de todas 
las parroquias, y aun de los particulares más notables. Nom- 
brados á su gusto todos los oficiales reales, puestos alcaides en 
todos los castillos y demás fortalezas, excepto el sitiado de Po- 
llensa, asentado cuanto á la gobernación de aquel reino conve- 
nía, pensó D. Pedro que ya era hora de dejar á un lado todo 
disimulo y hacer pública su voluntad ambiciosa. Sabida por los 
jurados mallorquines su resolución de coronarse rey de las Ba- 
leares con pública ceremonia, dispusieron grandes festejos y 
ordenaron gastos crecidos, como si se hubiese destruido el im- 
perio de la tiranía y de la usurpación, y se restituyera el cetro 
á la legitimidad y á la justicia. El rey, que como tan cuerdo no 
quiso que de su coronación se resintieran las haciendas de sus 
nuevos subditos, ni dejarles con esto motivos de queja, llamó á 
los jurados la víspera, que fué un sábado 2 1 de Junio, y se lo 
prohibió en términos los más lisonjeros para la ciudad, por cuyo 
bien tan ostensiblemente miraba. Aquella noche fué á velar en 
la catedral; y el domingo, llena la iglesia de las diputaciones 
de los pueblos, de la nobleza y ciudadanos» salió con gran 
pompa de la sacristía con las insignias reales (i), y en el pres- 
biterio oyó los divinos oficios. Acabados, tomó asiento, y en 
una breve arenga hizo mucha honra á Mallorca, cometiendo á 
su vice-canciller la explicación y fundamento de sus derechos á 
la corona mallorquina, y la enumeración de los tuertos y delitos 
por los cuales la había perdido su cuñado D. Jaime. Tras esto, 
púsose en pie su secretario Ramón Sicart, y con leer la capitu- 
lación acordada en cortes de Cataluña y Valencia de que los 
estados de D. Jaime para siempre se uniesen é incorporasen á 
la corona de Aragón, publicó el verdadero móvil de todos aque- 
llos pasos y el fin de tantas apariencias, y lanzó del trono á 
D. Jaime III. Entonces echó á andar el rey bajo palio de broca- 
do de oro, que habían aparejado los jurados, y llevaban ellos y 



( 1 ) Véase el número 3 $ del Apéndice, 



l74 ISLAS bilLEARES 

algunos barones; y á la puerta de la iglesia subió en un sober- 
bio caballo ricamente enjaezado de oro y perlas, adiestrado por 
algunos de la casa real por medio de unas largas riendas blan- 
cas. Así cobijado por el palio, coronado, con el cetro en la 
diestra y el globo en la izquierda, recorrió parte de la ciu- 
dad (¿^), que había engalanado las paredes con vistosas colga- 
duras, llenos miradores y ventanas de gentío; y de vuelta á pa- 
lacio, dio un suntuosísimo banquete, que honraron con su 
presencia las damas mallorquínas. Sucediéronse las justas y 
torneos, y no se escasearon corridas ni bohordos, galas ni divi- 
sas. De este modo, sin miedo ni rebozo, quebrantaba el de Ara- 
gón los decretos de su misma curia, pues que sin ser pasado el 
año de plazo, que en su sentencia definitiva concedió á D. Jaime 
para acudir y sincerarse, le tomaba las tierras y en ellas se co- 
ronaba. Tal fué la conclusión de aquella jornada, no sabemos 
si más vergonzosa para el rey que deshonrosa á los mallor- 
quines. 

Decidido á ocupar las demás posesiones de su cuñado, el 
jueves 26 de Junio se hizo á la vela para Barcelona, adonde 
llegó el domingo. Sin demora congregó las huestes para revol- 
ver sobre Rosellón, y comenzó la campaña. Notorias fueron en- 
tonces su ñereza y su ambición, pues que jamás quiso dar oídos 
ni á las súplicas del cardenal que le envió la Santa Sede, ni á 
las proposiciones de D. Jaime, que con grandes veras le pedía 
salvoconducto para ponerse en poder suyo. Las talas ejecutadas 
por su orden fueron tan crueles y rigurosas, que más parecía 



(a) Cavalcatn del portal de la Seu, dice en su crónica Pedro IV, girant drei al 
portal de Valldigne^ e puix per lo carrer dret gui va á la Portella tornam á lapiassa 
de Sant Andreu; puix entram per lo portal de la Almudayna, e tornamnosen dret al 
castell nostre. La carrera fué la misma que siguen aún hoy las procesiones ordina- 
rias de la catedral, es decir, desde la puerta de Almoyna^ probablemente aún no 
labrada, por la calle de San Pedro Nolasco en la cual estaba el arco ó volta den 
Oleza que es la que se llama aquí portal de Valldigne, por la calle de Morey, por 
la plaza de Cort, y por la calle de Palacio, á cuya entrada estaba atravesado el arco 
que la crónica denomina de la Almudayna, por otro nombre la volta Pintada^ entre 
el moderno edificio de la Diputación provincial y la acera de en frente. 



ISLAS BALEARES I75 

hacerse la guerra entre naciones bárbaras y de suyo enemigas 
que entre gentes casi de una misma provincia: mas pocas pla- 
zas de importancia se le rendían; y al fin, escaseándole los víve- 
res, fingió ceder á las gestiones del papa, y firmando una 
tregua sobreseyó en la ejecución de su proceso, ó dígase me- ' 
jor, de su venganza. Aquella tregua, empero, como hija de la 
necesidad y de la mala fe, sirvióle grandemente para preparar 
una segunda campaña más terrible que la antecedente. No ce- 
saba el infeliz D. Jaime de reiterar mensajes sumisos á cual 
más; y para quitarle toda esperanza, á 29 de Marzo de 1344, 
con gran solemnidad y asistencia de toda su familia, corte y en* 
viados de Mallorca, publicó D. Pedro en la capilla real de Bar- 
celona la unión é incorporación de los estados de aquél á la 
corona aragonesa, jurando que ni él ni sus sucesores los resti- 
tuirían por ningún título, ni aun en feudo, ni por motivo de paz^ 
y permitiendo que, caso de romper su juramento, dejasen de 
obedecerle los pueblos de Mallorca y de los condados de Rose- 
llón, Conflent y Cerdaña: lo cual ratificaron con juramento los 
síndicos de las Baleares y de algunas villas de Rosellón, los in- 
fantes y todos los ricoshombres. 

Triste suerte de D. Jaime fué mandar vasallos, que así se 
avenían á pasar al dominio de los reyes de Aragón: hasta los 
roselloneses, que tanto se defendieron, manifestaron después 
que sólo empuñaran las armas los más por no saber aún cuya 
sería la victoria, pocos por mantener ilesa su buena reputación 
de leales; y una vez rendidos y prestado homenaje á D. Pedro, 
prodigáronle vivas muestras de contentamiento, y no favorecie- 
ron cual podían las tentativas de D. Jaime. Quizás las exaccio- 
nes de éste fueron no poca parte para enagenarle las volunta- 
des; cosa bastante común á los pequeños príncipes de estados 
cortos, los cuales, sin atender más que á su calidad de príncipes 
y no á la de pequeños, mantienen las más veces el fausto y es- 
plendor de los grandes. Si así fué, no extrañamos que en el 
proceso insistiera tanto D. Pedro en las vejaciones y opresión 



176 ISLAS BALEARES 

de los subditos de su cuñado, ni que con tanto ahínco preg^o- 
nase que la suerte desventurada de ellos le movía á la guerra, 
ya que este pretexto le abría las puertas de las villas más que 
las mismas armas. 

En esto, ya á punto los ingenios de batir, la escuadra, los 
bastimentos y las tropas, desentendiéndose de las instancias de 
la Santa Sede que procuraba alargar la tregua ñrmada en la 
anterior campaña, abrió el Ceremonioso la segunda con fortuna 
más próspera cuanto eran mayores sus fuerzas. Una tras otra 
fueron cayendo en su poder las fortalezas; y reducido D. Jaime 
á casi la sola Perpiñán, cuya lealtad ya vacilaba, envió al rey 
Ramón de Codolet, quien por medio de D. Pedro de Ejérica 
alcanzó del Ceremonioso que permitiese al de Ejérica avistarse 
con D. Jaime para concertar su rendición absoluta. Fué la en- 
trevista cerca de Perpiñán: el de Ejérica juró á D. Jaime que, si 
se ponía en poder del rey con todos sus estados, se le salvaría 
la vida, y no se le detendría en prisión, antes bien D. Pedro 
usaría con él de clemencia; y el de Mallorca hizo juramento de 
ir á ponerse en manos de su cuñado y de entregarle los casti* 
líos y lugares de Rosellón y Cerdaña. Efectuólo el día siguiente, 
jueves 1 5 de Julio. Estaba el aragonés en su tienda, fuera de 
Elna, con todos los señores y caballeros de su ejército: entró el 
de Mallorca armado de todas piezas, bien que descubierta la 
cabeza; hincó en tierra una rodilla, y después de besar la mano 
á D. Pedro que le levantó y lé besó en la boca, habló en estos 
términos: «Señor, yo he errado para con vos, mas no por des- 
» lealtad, sí sólo por mi loco seso y mal consejo. Por esto vengo 
»ante vos á hacer enmienda de ello; que de vuestra casa soy, y 
» quiero serviros, porque siempre os amé cordialmente, y soy 
» cierto de que vos, señor, me habéis amado mucho y aún me 
» amáis ahora. Y tal servicio os quiero hacer, que de mí os ten- 
»gáis por bien servido; y en vuestro poder me pongo espon- 
»táneamente á mí mismo y toda mi tierra.» Palabras, dice Zu- 
rita, que pudieran mover á misericordia á cualquier príncipe por 



ISLAS BALEARES 



// 



cruel y bárbaro que fuera. Respondióle el rey prometiéndole 
clemencia, y hacerle tal merced que á todos fuese notoria; y al 
punto marchó el pendón real á ponerse en Perpiñán. El viernes, 
recibió la villa á D. Pedro con extraordinarias demostraciones 
de regocijo; y proveídos todos los cargos públicos y cuanto 
concernía al gobierno, convocó el aragonés parlamento de los 
tres brazos de aquellos estados. 

En D. Jaime, siempre imprevisor y harto conñado, duraba 
aún la esperanza de que todos le serían devueltos, y así lo pro- 
palaba y escribía á varios de los que se mantenían ñeles ; mas 
D. Pedro se la desvaneció bien pronto, publicando en el parla- 
mento, congregado á 22 de aquel mes de Julio en la iglesia de 
San Juan, la unión é incorporación perpetua de las tierras que 
formaban la corona mallorquina á la aragonesa, y haciéndola 
jurar á los prelados, barones, caballeros, jurados y demás per- 
sonas notables que habían venido en representación de Rosellón, 
Conflent y Cerdaña. No quiso con todo D. Jaime abrir los ojos 
á la verdad, y suplicó á D. Pedro que se viesen cerca de Perpi- 
ñán : como si la vista del ofendido y de su abatimiento pudieran 
hacer mella en quien no había respetado deudo ni justicia. Otor- 
góselo .el aragonés, bien que á caballo, en un campo, como de 
paso y aprisa ; y allí su cuñado entre otras cosas le pidió que 
echase de su consejo á sus enemigos, le oyese en justicia, y le 
diese copia del proceso : petición desacertada é importuna, ya 
que nada le hacía esperar que se le concediera. El título de ene- 
migo de D. Jaime éralo de valimiento para con el de Aragón, y 
mal había de echar de su consejo á quienes por tales eran re- 
conocidos; y tocante á la copia del proceso y atenderle en justi- 
cia, alargó D. Pedro el darle la una, y le negó lo otro con de- 
cirle que ya á su tiempo se le había citado. Aquellas fueron las 
postreras vistas de los dos cuñados: tanto procuró evitarlas el 
de Aragón, que después sin ningún miramiento refiere él mismo 
en su historia cómo, sabedor de que D. Jaime estaba en Monse- 
rrat y bajaría á esperarle en el llano para conferenciar, á 9 de 



33 



178 ISLAS BALEARES 

Setiembre muy de secreto, antes de amanecer y con gran prisa 
salió de Manresa por no encontrarle. Con esto, porque el rey 
había de tener en Barcelona parlamento para tratar de las cosas 
de D. Jaime, vínose éste á San Cucufate del Valles, á donde fué 
su esposa, que á los pocos días regresó á la ciudad, forzada del 
rigor de unas calenturas. Sea ó no cierto que el destronado hi- 
ciese alarde de sus esperanzas de recobrar la corona, D. Pedro 
con gran crueldad y mengua de su buena fama no dejó pasar 
aquella ocasión y pretexto de mortificarle, y le envió quienes le 
recordasen que jamás tal restitución tendría efecto. El infeliz 
D. Jaime negó que fuera suya la propalación de aquellos rumo- 
res de recobro, y con sobrada razón dijo que nadie podría qui- 
tarle la esperanza: palabras que, como revelaban lo que sostie- 
ne la humana naturaleza, eran una severa y durísima increpa- 
ción á la barbaridad de I). Pedro, que hasta tal extremo la des- 
conocía, deseando privar á un rey vencido de lo que no se niega 
al forzado sin ventura en su trabajo y cadena, ni al reo misera- 
ble en su proceso. 

Entre tanto habían ido juntándose los que debían aconsejar 
al rey en aquel negocio; y á 7 de Octubre lo hicieron cada cual 
por escrito con pliego cerrado. El parlamento falló en suma: 
que se diesen á D. Jaime diez mil libras de renta, mientras se le 
procuraba estado que otro tanto le produjera ; que el rey le de- 
jaría el pleno dominio de los vizcondados de Omelades y Carla- 
des y el señorío de Montpeller, obligándole empero á despojar- 
se de toda real insignia y á romper todos sus sellos en que como 
rey era representado; y que para siempre, por sí y por sus su- 
cesores renunciase á pleitear sobre los estados perdidos. Nada 
de esto aceptó D. Jaime, que entonces satisfizo á su dignidad y 
á lo que debía á sus hijos, á quienes no podía desheredar con 
ningún trato suyo ; retó de falso y traidor á D. Pedro de Ejéri- 
ca, que le había inducido á darse á D. Pedro; y tras acalorados 
debates y de pedir aseguración de campo, tuvo por más conve- 
niente salirse de Cataluña. En vano, de inteligencia con algunos 



ISLASBALEARES 1 79 

vecinos, se apoderó de Puigcerdá, pues volvió la plaza á los de 
Aragón, que le tomaron todo el equipaje y recámara (a); y des- 



ea) Ocupóla en la madrugada del 20 de Noviembre; y el 24, al volver recha- 
zado de Villafranca de Conflent sobre la cual había ensayado otra tentativa, halló 
cerradas las puertas de Puigcerdá, retirándose á Foix y desde allí á Montpeller y 
Aviñón. No perdió tiempo Pedro IV, y el 30 de Noviembre se hallaba ya en Pcr- 
piñán donde permaneció casi un año, esmerándose en afianzar su dominación en 
aquel estado, y sofocando y castigando varias conspiraciones, de que hace men- 
ción en su crónica. Tal fué la denunciada por la esposa del que la acaudillaba, ob- 
tenida antes indemnidad de la vida y bienes del culpable; y el plan consistía en 
disparar contra el rey saetas emponzoñadas por_ballesteros emboscados en casa 
de un tal Callo^, ó en abrir con llaves falsas las puertas del castillo de Perpiñán 
para entregarlo luego al príncipe destronado y exterminar al de Aragón con su 
familia: tramas inverosímiles en sus detalles, aunque positivas respecto de las 
simpatías subsistentes en muchos de los naturales hacia el vencido y de su odio 
al usurpador, á quien seguramente no se le ocultaban estos sentimientos. Como 
principales conspiradores nombra Zurita á Francisco de Olms, Juan de Sant-Johan, 
Riquelmo de Vernet y Guillot de Clayra, quienes, enviados á Barcelona y puestos 
en el castillo Nuevo, fenecieron sin duda por justicia. Entre los que sufrieron pena 
capital hubo algún tonsurado, por lo cual y por la tortura dada á varios clérigos 
y religiosos hubo de ser absuelto por el papa el gobernador Felipe de Boyl, impo" 
DÍéndosele fundar en la Seo de Mallorca una capellanía dotada con quince libras 
barcelonesas. 

Fecundo en alarmas, procesos y suplicios fué este mismo año de 134$ en Ma- 
llorca, donde, favorecidos los partidarios de Jaime III por la confianza y casi con- 
nivencia del gobernador Arnaldo de Erill, aunque instituido por el mismo Pe- 
dro IV, y de otras autoridades, al decir de los intransigentes adictos al nuevo ré- 
gimen, y sobre todo de la pandilla de Bcltrán Roig y del abogado Guillermo 
Miquel que se creía postergada, se entendían con el rey desposeído para levantar- 
se en favor suyo apenas le descubriesen á bordo de una escuadrilla. Llegó á 
Mallorca como reformador del reino el expresado Felipe de Boyl, y en 6 de Junio 
suspendió del empleo al sospechoso Erill. A la vista tengo la curiosísima acusación 
contra este, no menos que sus descargos acerca de su ponderada intimidad con 
los iacobitas: ojalá conociéramos tan bien la causa formada á los presos por Se- 
tiembre de aquel año sobre cartas escritas á su rey por conducto de Arnaldo Re- 
yas de Perpiñán, ofreciéndose á él sin reserva. Cierta pesquisa, hecha con motivo 
de un robo en la nave de un Pedro Vidal, hizo descubrir casualmente en las bra- 
gas de un tripulante una de dichas cartas, escrita por mano de Pedro de Fraga, á 
quien, en castigo, le fué cortada ésta delante de su casa, al ser arrastrado al patí- 
bulo á la cola de un mulo en compañía de Ferrarlo Aragonés, con el cual com- 
partió luego la horca. La misma sentencia, fechada en i.*" de Octubre, que se 
insertará con otr«s documentos adicionales, condena á morir decapitados á Ber- 
nardo de Buadella caballero y á Pedro de Puigdorfila privilegiado, diversidad de 
suplicio en los reos, que ignoro si ha de explicarse por la de clase. Hermano ó tal 
vez padre de Ferrarlo debió ser Francisco Aragonés, que acaso es el que figura 
como castellano del castillo de Pollensa en i 33 1» y que se hallaba preso con dos 
hijos poco antes de marchar al cadalso: Ferrario dejó un hijo de su nombre, que 
solicita más adelante restitución de bienes. Precedieron á estas ejecuciones, ó 
más bien siguieron, las de Bernardo de Enveig, Berenguer de Sant-Johan, Jaime 



l8o ISLAS BALEARES 

pechado, maldiciendo de su fortuna, hambriento, roto y lacerado^ 
hubo de ampararse del de Foix, y al fin se fué á Montpeller (i). 
Entonces acudió al papa para que le fuese devuelta su esposa, 
lo cual alcanzó tras de grandes instancias de la misma D.^ Cons- 
tanza; mas no por esto dio el aragonés oídos á ninguna propo- 
sición de concordia (a). 



de Santacilia, Gregorio de Sallambé, Berenguer de Tornamira y Jaime Duran, to- 
dos ellos degollados, como debió de morir regularmente el maestro Juan, llamada 
unas veces de Cremona y otras de Carmona, médico sin duda y cuñado de la dis- 
tinguida y leal familia Des-Veler. Asi en el patíbulo fenecieron doce de los trece 
conspiradores, á los cuales, decía Boyl con marcado énfasis, «no ora verosímil se 
redujese toda la cizaña de la tierra, que más hondas raíces tenía»; á pesar que de 
la nefandísima conjuración no aparecen más detalles ni más indicios que adhesio- 
nes, votos, y á lo más correspondencia con el rey destronado. Los jurados, á vuel- 
ta de su encarecido entusiasmo por el de Aragón, reclamaron con digna entereza 
contra las confíscaciones, como opuestas á las franquicias del reino, y Pedro IV 
hubo de cejar de su rigor revocándolas, aunque por simple gracia, por cédula 
dada en Poblet á 6 de Agosto de 1346, con excepción de la caballería de Puig- 
dorfíla. Por Marzo de dicho año fueron desterradas de la isla como desafectas 6 
sospechosas multitud de personas de toda condición y sexo á arbitrio del gober- 
nador. 

(i) Véase el número 36 del Apéndice, 

(a) Restituida á su esposo en 1345, yendo por mar, á fín de no atravesare) 
Rosellón, de Lanza á Leucata, donde la recibió el nuncio apostólico, murió Cons- 
tanza al año siguiente en Montpeller y fué sepultada en la iglesia de Franciscanos. 
Jaime casó en segundas nupcias con Violante, de cuya estirpe francesa ó italiana 
recuerdo vagamente haber visto algún dato, que después en sazón oportuna no 
me ha sido dable encontrar. De la niña que nació de este segundo enlace nada sa- 
bríamos, si no fuera por una carta de 29 de Julio de i 349, remitida desde Aviñón 
por un espía á los jurados de Mallorca, en que atribuye el retardo de la expedición, 
proyectada por Jaime III, al de la llegada de Juan, no rey todavía sino delfín de 
Francia, que se había ofrecido á ser padrino de la recién nacida, y á quien se 
aguardó por espacio de un mes en la corle pontificia. Violante con su tierna hija 
acompañó al esposo en la malograda empresa, y se hallaba en la retaguardia de 
las tropas que atacaron á Inca, y con ella y con sus hijastros Jaime é Isabel cay6 
prisionera en la fatal jornada de Luchmayor, según la importantísima correspon- 
dencia de Centelles. No se sabe más de la niña: la madre por Setiembre de 1 362 
residía en Montpeller, de cuya baronía quedaba á deber el rey de Francia ochenta 
mil escudos de oro, es decir, dos tercios de la suma de 1 20 mil en que la había 
comprado á Jaime III.— Tuvo éste además en una dama, quizá alguna de las que 
en 1 341 recibían del real patrimonio dones secretos (na Saura, na Estorina, na 
Nicola), una hija natural llamada Constanza, que parece casó con Umberto des 
Fonollar. 

Y metido ya en genealogías, no puedo menos de consagrar aquí dos líneas á 
los hermanos del postrer rey de Mallorca, así al legítimo como á los bastardos. 
Llamóse aquél Fernando como su padre, que le hubo en i 316 en su segunda es- 



ISLAS BALEARES l8l 

Vacías sus arcas, no pudo D. Jaime levantar tropas por de 
pronto, n¡ favorecerse de los disturbios que en Aragón y Valen- 
cia ocasionó el levantamiento de la Unión : puesto en frontera 
de su contrario^ hubo de contentarse con parciales acometidas, 
y las más veces con la amenaza y temor de los intentos y fuer- 
zas que le atribuía la fama ; y aunque, armando algunas galeras, 
se juntó con la flota francesa y se puso delante de Mallorca, los 
isleños ni le apellidaron ni tomaron por él las armas como espe- 
raba (a). Al fín, al comenzar el año 1 349, quiso desesperado 
tentar el último esfuerzo: vendió á la Francia la baronía de 
Montpeller, levantó gente, armó escuadra con ayuda del fran- 
cés y de Juana de Sicilia {b) ; y tan cuidadoso trajo á su enemi 



posa, la sobrina del rey de Chipre; y para evitar la opresión de su ayo, que se le 
hacía insufrible, hizo voto en su mocedad de observar la regla de San Francisco, 
de la cual absuelto por el papa en i 336, se casó el año siguiente con Chivia ó Es- 
quiva, hija de Hugo IV rey de Chipre y parienta de su madre: fué dueño de Mira- 
mar y vizconde de Omelades, conservando el título de infante hasta su muerte, 
anterior al año 1^47; y se cree es el sepultado en la iglesia de dominicos de 
Montpeller, á quien, y no á un hermano de ella, su sobrina Isabel hizo en 1358 
cantar un oficio. Tres fueron los hermanos naturales, Sancho, Fernando y Pagano, 
de más edad probablemente que los dos legítimos: el primero y el último perci- 
bían en 1341 ciento cincuenta libras cada uno del real tesoro, en cuya lista no 
figura el segundo quizá por haber muerto pupilo. De Sancho se añrma que fué 
yerno de Ferrario Roselló y padre de dos hijas, Saura y Esclaramunda, que enla- 
zaron con Berenguer de Vilaragut la una, y la otra con Artal de Foces; Pagano, 
casado con Blanca, hija del opulento mercader Ramón de Salellas. que á Pedro de 
Torrella dio en matrimonio otra hija, después de defender en la campaña de i 344 
contra Pedro IV el castillo de la Roca de la Albera en Rosellón, volvió, á pesar del 
homenaje rendido al vencedor, al lado del destronado rey su hermano, de quien 
obtuvo, antes de partir para la malhadada expedición postrera, la promesa del se- 
ñorío de Buñola, y cuya triste y gloriosa muerte compartió en Llucmajor. A los 
nombres de Pagano y Sancho agrega un bando, circulado por la isla en Junio 
de I 346, los de Juan y Vidal, titulando á los cuatro hermanos de Jaime de Mont- 
peller, y pregonando en mil florines de oro su cabeza, al paso que en diez mil la 
del proscrito soberano; pero sin más dato, y pudiendo haber error en el texto, no 
me atrevo á reconocer á los dos últimos. 

{a^ Fué esto en la primavera de 1147, y frustrada la tentativa, penetró por 
territorio de Conflent ocupando á Villafranca y otros lugares, que abandonó á la 
simple aproximación del rey Pedro, á excepción de Vinza y del castillo de Arria, 
que sufrieron breve sitio. En vez de secundarle, el rey de Francia, á solicitud del 
de Aragón, con quien entonces tenía alianza, prohibió á la nobleza del Languedoc 
que ayudara á D. Jaime, y aun amenazó confiscar á éste la baronía de Montpeller, 
que acabó luego por comprarle. 

(6) Si por Juana de Sicilia entiende aquí el autor la reina de Ñapóles, mal po- 



l82 ISLASBALEARES 

go, que éste dispuso considerables armamentos para resistirle. 
Pero antes que éstos estuviesen á punto, ya desembarcaba 
D. Jaime en Mallorca, en la marina de Campos, cuatrocientos 
caballos y tres mil peones; á tiempo que habían llegado á la 
capital de la isla algunas compañías de Aragón y Riambao de 
Corbera, que llevaba refuerzo á Cerdefta. Tres días estuvo sin 
tomar una resolución decisiva, cuando á cada momento podían 
arribar la escuadra y el ejército de D. Pedro: quizás, como se 
ha dicho, había venido llamado por alguno de los isleños y 
aguardaba que se alzasen ; mas ni un solo mallorquín se armó 
en su deíensa. Era gobernador de las Baleares Gilaberto de 
Centelles, varón de gran valor y apto para la guerra ; y como 
entendiese que D. Jaime se aparejaba para acercarse á la ciudad 
y darle batalla, el 25 de aquel mes de Agosto, mucho antes del 
amanecer, con gran sigilo salió al campo junto con Riambao de 
Corbera y las compañías destinadas á Cerdeña (a). Ya que fué 



día ésta ayudar al rey de Mallorca, teniendo invadido su reino por Luís de Hun- 
gría. En Sicilia reinaba á la sazón, menor de edad, Luís, hijo de Pedro y nieto de 
Fadrique. 

(a) Piferrer, que tan diligente y minucioso hasta aquí se ha mostrado en el re- 
lato de los infortunios de Jaime III, pasa casi de corrida sobre la catástrofe. Verdad 
es que no tuvo noticia de los preciosos partes del gobernador Centelles, registra- 
dos en el antiguo archivo de la Gobernación, que tanta luz arrojan acerca de los 
precedentes y circunstancias del gran suceso, y que se publicaron por primera 
vez y no completos en 1851 en el tomo XXI del Viaje del P. Villanueva á las igle- 
sias de España: pero, lejos de adelantar en sus investigaciones mi buen amigo, ni 
siquiera se aprovechó esta vez de lo ya conocido, y hasta con precipitación in- 
explicable equivocó la fecha de la batalla, prefiriendo ponerla con Bover en 2 5 de 
Agosto que fijarla acertadamente con Zurita y Mut en 25 de Octubre. La expedi- 
ción, que tanrinfeliz desenlace tuvo, venía ya preparadadesdcmuy atrás: en i 347 
tratóse ya, aunque inútilmente, de combinarla con las turbulencias de la Unión 
aragonesa; y en Noviembre de i 348, cuando devastaba aún á Mallorca la horrible 
peste negra, se tomaban ya precauciones contra un desembarco de Pagano y otros 
fautores del rey desposeído. Aviñón era el punto de residencia de éste; la media- 
ción del papa Clemente VI le reconcilió con Felipe de Valois, y arregló acaso la 
venta de Montpeller que debía facilitarle los recursos para su empresa. Demoróla 
por todo el Julio de i 349 el bautizo de una niña habida en Violante, de quien el 
delfín Juan debía ser padrino. En Marsella, en Niza, en Sicilia armábanse galeras, 
jinetes á centenares y peones á millares reclutábanse en Provenza; por jefe de la 
armada designábase á Carlos Grimaldi señor de Monaco, acompañado de Luciano, 
Aytón, Renato, Ambrosio y otros de su ilustre familia de almirantes, y de micer 



ISLASBALEARES 183 

bastante entrado el día, avistáronse los dos ejércitos; y formán- 
dose en batalla, en el llano de Lluchmayor la trabaron brava y 
encarnizada. La fortuna, como nunca había estado de parte de 
D. Jaime en las acciones pasadas de su vida, así tampoco quiso 
entonces darle la victoria: comenzó á cejar su gente, y prevale- 



Antonio Ros, Carlos Simón, Baqueto de Vintimilla, también al parecer genoveses, 
á quienes, lo mismo que á los suyos, hacía el pobre príncipe merced prematura, 
ya de Mabón, ya de Alcudia, ya del lugar de Sóller con su valle, ya de Buñola con 
titulo de condado, distribuyendo así su estado en señoríos antes de recobrarlo. 
Decían unos que los catalanes poblados en Sicilia, que hervía entonces en bandos, 
habían ofrecido entregarle el país; otros que mensajeros procedentes de Clarenza 
en la Morea prometían devolverle el dominio materno ; mas no se creyeron sino 
voces echadas para ocultar su designio. Tuvo el papa consistorio en 24 de Agosto. 
en que compareció O. Jaime, pidiendo los diezmos de Mallorca y Rosellón por dos 
años, á lo cual se dijo haberse negado su Santidad, recordándole lo mucho que 
por él había ya hecho, y rehuyendo de ponerse en pugna con el soberano de Ara- 
f^ón; y con este mal despacho salió el príncipe el 27 con su mujer y su hijo y sus 
dos hijas y toda su casa, deteniéndose cuatro días en Arles, donde pasó revista á 
tres mil hombres de á pie y cuatrocientos de á caballo, y fué á embarcarse en los 
graus del Rose^ cnlrt Marsella y Aigues-mortes, tan satisfecho como si hubiese 
logrado ya el triunfo. 

De estos movimientos informaba puntualmente á Gilaberto de Centelles un es- 
pía que al lado del que fué su rey tenían los jurados de Mallorca; y por espacio de 
tres meses no cesaba el gobernador de despachar carta sobre carta á Pedro IV 
residente á la sazón en Valencia, pidiendo naves y gentes para resistir el des- 
embarco, y denunciando el peligro de que la isla se perdiera desde luego, á excep- 
ción de la capital y de los castillos; tal era la adhesión, decía, que payeses y hasta 
ciudadanos, especialmente los de inferior condición, mantenían á su antiguo amo, 
el cual, á mayor abundamiento, ofrecía á todo el mundo indemnidad de bienes y 
personas. Ya en 12 de Octubre anuncia que la armada de D. Jaime, compuesta de 
22 velas, ha aparecido en el puerto de Alcudia, no en la marina de Campos como 
escribe Piferrer, y que hacia el cabo de Formentor han saltado á tierra hasta dos 
mil peones y ochenta de á caballo, no sin escaramuza con heridas y muertes. Dos 
días estuvo Jaime en Pollensa y dos en Alcudia, pasando por Muro banderas des- 
plegadas y en orden de batalla á Inca, que combatió por dos puntos durante un 
par de horas; y en una salida que hicieron sin aprobación de su jefe, los sitiados 
le mataron ó cogieron de 4$ á 50 hombres, entre ellos ocho jinetes. Mujeres, hijos 
y cautivos de los pobladores forenses con sus ganados y provisiones, todo lo ha- 
bía hecho meter el gobernador dentro de los muros de la ciudad; las campiñas 
quedaban abandonadas á la tala del enemigo, no sin dificultad de mantener inte- 
riormente el orden entre tantas gentes poco avezadas á la guerra y desesperadas 
de ver la destrucción de sus fincas. Nadie, sin embargo, se unió al invasor sino un 
griego y un moro de Pollensa y un pobre diablo de Muro, que trató de entregar á 
Inca y fué allí mismo ahorcado. Pero, desmentidos sus recelos, no sosegaba aún 
Centelles, y aunque abastado de infantería, le parecían pocos los doscientos caba- 
llos con que contaba y las siete galeras y seis naves y dos leños armados que tenía 
en Portopí, á vista de las cuales se retiraron á la desbandada ocho galeras de la 



184 ISLAS BALEARES 



ciendo los de Centelles y Corbera, con los pocos buenos que no 
le desamparaban sostuvo todo el peso y furia de la pelea, y 
alargó cuanto pudo su total desgracia. El número al cabo venció 
al valor: derribado del caballo, mal herido, desmayado, un sol- 
dado aragonés le cortó la cabeza; ¡triste y horrendo fin para 
el cuñado de D. Pedro, hijo de D. Fernando, biznieto del Con- 
quistador/ 

Fué D. Jaime III de Mallorca bueno, abierto y demasiada- 
mente conñado ; muy dado á la etiqueta y á los usos caballeres- 
cos, versado en los libros sagrados, no ignorante del derecho, y 
buen escritor latino para la época: mas á todas estas cualidades 
no acompañaron el tacto político, ni la sagacidad y destreza que 



flota enemiga que se dirigían sobre la ciudad, condoliéndose con el rey de Aragón 
de no haber podido disponer de más fuerzas para aniquilar aquella. 

En esto aportó aquí, de paso para Cerdeña, Riembaldo de Corberacon una nave 
cargada de gente de pie y caballería, con la cual formando una división Gilaberto 
y reservándose el mando de la restante hueste, salieron el viernes 23 por la ma- 
ñana, dejando la capital bien guarnecida y al abrigo üe la escuadra, en busca del 
adversario. Había pasado de noche y con gran lluvia de Inca á Sineu el infeliz 
príncipe, y de Sineu por Porreras á Llucmajor, donde pernoctó el sábado, median- 
do apenas una legua entre ambos ejércitos. A la mañana del domingo 2 5 desple- 
gáronse uno y otro en dos alas, embistiendo vigorosamente Corbera con la van- 
guardia y haciendo otro tanto con sus escuadrones Centelles, cuyo relato no da 
más pormenores sino que Jaime fué vencido y muerto con Pagano portador de la 
bandera y con gran número de caballeros é infantes, y que él persiguió á los fu- 
gitivos una legua larga en dirección á la costa, hallando á su vuelta prisioneros á 
D." Violante y á la infanta Isabel y al infante, muchacho de once años, herido en el 
rostro con espada. Los vencedores, que no perdieron sino cuatro jinetes y diez 
peones con quince caballos, durmieron en Llucmajor, y al día siguiente entraron 
en la ciudad acogidos con procesiones y gran regocijo. En seguida pidió el gober- 
nador instrucciones al rey D. Pedro acerca de lo que había de hacer de la viuda y 
de los hijos presos en el castillo de Bellver, y del cuerpo del monarca depositado 
en la iglesia de Llucmajor, insinuando la idea que'l pogués hom soterrar á la Seu 
honradamente que vuy mes no pot fer mal ne be; consejo que no fué escuchado por 
el receloso monarca, que exigió fuese trasladado á Valencia el cadáver y sepulta- 
do, según Zurita, en el coro de aquella catedral. También se le consultó acerca del 
destino de los restantes prisioneros, fo es deis strangers^ car d'aquests qui eran 
d'aquesla Ierra entén d/er aquella justicia quemereixen. Tardándose la respuesta, 
sometió Centelles á los hombres de á pie y á las hembras que con la expedición 
habían venido, á cinco años de servicio, tasándolo por sí ó por los procuradores 
reales en la cantidad que le pareciese, á lo cual se opusieron con apelación los ju- 
rados. No bajan de veinticuatro estas cartas, indispensables para rehacer la histo- 
ria, y algunas irán entre los apéndices añadidos al fín de esta primera parte. 



ISLAS BALEARES 185 

SU posición requería. En tiempos pacíficos y libre de contrarios 
ambiciosos, aquellas nobles prendas suyas hubiéranle granjeado 
gran renombre entre los príncipes ilustres por las letras: ahora 
ni supo prever ni conjurar con tiempo la tormenta, ni calcular 
cuánto daban de sí su situación y sus fuerzas, ni ceder con opor- 
tunidad disimuladamente. La desventura no le desamparó desde 
sus más tiernos años, y de su propia sangre recibió los golpes 
más rudos. Tuvo por contrario á un monarca tan suspicaz como 
profundo, tan artero y disimulado como activo; hasta en la ex- 
celencia de la educación hubo de rivalizar con D. Pedro, y qui- 
zás no fué ésta la menor causa del aborrecimiento que el arago- 
nés le profesó: la envidia literaria es siempre la más quisquillosa, 
y en un mal corazón la que últimamente se extingue. Por esto 
al despojarle del cetro, su rival, no menos ceremonioso, quiso 
despojarle de su gloria; y las ordenaciones de la casa real, pu- 
blicadas en catalán por D. Pedro como propias, cuando en su 
mayor parte no eran sino traducción de las que en latín escribió 
D. Jaime, serán un testimonio duradero de cuánto deslumbra la 
gloria de las letras, ya que reyes célebres por otros títulos no 
han dudado por conseguirla recurrir á un mezquino plagio. Al 
fin murió como buen caballero y príncipe de la sangre aragone- 
sa, defendiendo con las armas su corona; y su cadáver fué lle- 
vado á enterrar en Valencia. 

La estrella fatal, que había influido en la casa mallorquina 
desde sus principios, también la acompañaba cuando iba á des- 
aparecer para siempre. Preso en Lluchmayor D. Jaime IV, hijo 
del difunto, primeramente fué encerrado en la fortaleza de Játiva, 
y después en el castillo Nuevo de Barcelona (i) se le puso en 
prisión la más bárbara y dura. Tenían cargo de su persona al- 
gunos validos de la corte, que se mudaban cada semana: de día 



(i) Inmediato al Cali, donde aún subsisten sus ruinas sobre restos de fortifi- 
cación romana. 

24 



1^6 ISLAS li ALEARES 

los guardas no se apartaban de él un punto, y de noche tenía su 
cama dentro de una gran jaula de hierro, puesta en la cámara 
donde dormía el que entonces era alcaide. Más de doce años 
gimió en cruel encierro, sin que las instancias de la Santa Sede 
fuesen parte para doblegar la feroz condición de D. Pedro ; y al 
ñn los amigos de la casa mallorquina hubieron de apelar á la 
violencia. 

Fué cabeza de la conspiración Jaime de Santcliment, ca- 
piscol de la catedral barcelonesa, el cual, sobornados varios 
de los guardas del castillo Nueyo, logró sacar llaves falsas, y 
con ellas entraron él y sus compañeros en el fuerte la noche del 
1.° de Mayo de 1362. Sorprendieron y mataron en su propia 
cama á Nicolás Kovira, que aquella semana era el alcaide en- 
cargado de la custodia del preso; y sacaron de la jaula á don 
Jaime, que al punto se salió de Cataluña, y fué á refugiarse á 
Ñapóles (a). 

La fortuna, al parecer, se trocaba á favor del de Mallorca, 
y aun se dijera que las circunstancias se iban combinando de 
modo que el fugitivo pudiese hacer valer con las armas sus dere- 
chos. Viuda á poco la reina de Ñapóles, aficionóse á su deudo 
D. Jaime, y dándole su mano y con ella la participación del po- 
der, le puso en estado de ejecutar su venganza {b)\ á tiempo 



(a) En prueba de la alarma producida en Mallorca por la fuga del infante, pu- 
blicamos en su lugar correspondiente la respuesta por los jurados dada al parte 
de los consejeros de Barcelona, y las prevenciones tomadas de acuerdo con el go- 
bernador Bernardo de Thous para que no se veriñque en la isla un desembarco ó un 
alzamiento á favor del pretendiente. Consta, además, por noticias sacadas del ar- 
chivo del real Patrimonio, que en 3 i de Mayo recibieron Pedro Conangrell y Juan 
ümbert la comisión de visitar las escoltas y atalayas colocadas al rededor de la 
isla, y apercibir á la defensa sus puertos, y que el gobernador en persona pasó á 
Santanyí con motivo de hallarse en Calafiguera cuatro galeras castellanas, abordo 
de las cuales decíase que iba el infante de Mallorca. 

{Jb) Por quién y cómo y dónde se agenció este tercer enlace de Juana, celebra- 
do en Ñapóles día de Pentecostés (2 i de Mayo de i 363}, no consta con seguridad; 
lo que se sabe es que, á pesar de la intervención del papa Urbano V en el arreglo 
de los capítulos matrimoniales, dejó de obtener el infante de Mallorca, no sólo 



ISLAS BALEARES 187 



que, más que nunca encendida la guerra con Castilla y Navarra, 
llenas de gente desmandada las fronteras de la Francia, andaba 
el de Aragón sobremanera receloso de que los roselloneses ape- 
llidasen á D. Jaime. Pero aquel era el postrer resplandor que 
antes de morir lanzaba el astro de la casa mallorquina. Con una 
imprevisión y desacuerdo inexplicables, no se favoreció D. Jai- 
me IV de tan propicia coyuntura; y con su inacción dio lugar á 
que la Francia, en la cual, como en la más vecina y poderosa y 
enemiga del nombre catalán, había de poner su esperanza, se 
relacionase y concertara con D. Pedro, y tuviese que agrade- 
cerle el alistamiento que de la gente desmandada ó compañías 
de malandrines hizo el aragonés para auxiliar á D. Enrique de 
Trastamara. 

Su flaqueza, empero, debió de refrenarle mal de su gra- 
do; y sólo cuando D. Pedro de Castilla, echado antes de su 
reino por su hermano D. Enrique, en 1367 volvió por Navarra 
con grande hueste de bretones é ingleses, se decidió D. Jaime á 
entrar junto con él en campaña: inconsiderada resolución la de 
hacerse instrumento de la venganza ajena, que fué causa de frus- 
trarse sus intentos. Porque, lo mismo que en tiempo de su bisa 
huelo Jaime II, Francia y Aragón celebraban tratados sin tenerle 
en cuenta; derrotado el de Trastamara, ahora los dos Pedros 
de Aragón y de Castilla trataron de componer sus diferencias. 



todo, participación del poder, sino hasta cl título de rey, t^abícndo de contentarse 
con el de duque de Calabria. A impotencia pues, más que á inacción y desacuerdo, 
debe atribuirse la forzada quietud que al lado de su esposa guardó durante cuatro 
años el infante, hasta que á principios de 1367 pudo penetrar en España con D. Pe- 
dro de Castilla bajo la protección del Principe ne^rro Eduardo de Inglaterra, en 
cuyos brazos le lanzó su antagonismo con Erancia, estrechamente aliada entonces 
con Pedro de Aragón y con Enrique de Trastamara. En la batalla de Nájera, dada 
en 3 de Abril, peleó en unión con los vencedores; pero, sorprendido en Burgos 
seis meses después por la inesperada vuelta de Trastamara, pasó á ser prisionero 
de D. Felipe de Castro, ricohombre aragonés y cuñado del pretendiente de Casti- 
lla, puesto antes bajo su custodia. Del castillo de Burgos fué trasladado Jaime al 
de Curiel sobre el río Duero, donde sufrió más de dos años de encierro, ínterin se 
decidía entre D. Pedro y D. Enrique la fratricida contienda. 



l88 ISLAS BALEARES 



y al cabo fírmaron treguas, sin hacer en la suerte del mallorquín 
ninguna mudanza. 

Para colmo de infortunio, el de Trastamara, cuando to> 
dos le creían perdido, con ayuda de la Francia puso en píe 
un fuerte ejército; entró segunda vez en Castilla, sorprendió 
en Burgos á D. Jaime, y delante de Montiel se ciñó la coro- 
na manchada con la sangre de su hermano (1369). La reina de 
Ñapóles hubo, pues, de rescatar en setenta mil doblas á su ma- 
rido, el cual, luego que pudo, hecho también instrumento de 
D. Enrique y á costas de éste, comenzó á juntar gente para ir 
sobre los condados de Rosellón y Cerdaña (a). Estaban las co- 
sas de D. Pedro en grande aprieto: Cerdefta combatida por 
genoveses, Aragón amenazado por Castilla, y Rosellón á punto 
de ser invadido por el de Mallorca. Mas e¿ Ceremonioso^ siem- 
pre previsor y activo, guarneció fuertemente las plazas y fronte- 
ras, y puso en todo tan buen recaudo, que infundió temor y 
respeto á sus contrarios. Incitado y favorecido por D. Enrique 
y el francés^ D. Jaime IV entró con su hermana D.^ Isabel en 
Rosellón, á principios de Agosto de aquel año 1374, al frente 
de grandes fuerzas. Pero nada de provecho hizo: halló cerrado 
el paso de Panizas, entró por la Seo de Urgel, cruzó parte de 
Aragón ; y tras una campaña sin gloria se recogió á Castilla, y 
repartida su gente por las tierras rayanas, falleció en Soria el 
afio de 1375 (¿). Con él acabó la línea masculina de los reyes 



(a) Libre al fin de su prisión, pasó el hijo de Jaime III por Montpcllcr el i6 de 
Abril de i 370, como refiere el Thalamus ó cronicón de la ciudad, y desde este día 
hasta la tentativa de 1 374 ignórase á punto fijo los actos y hasta el domicilio del 
errante príncipe: lo que parece cierto es que no volvió á Ñapóles. Acaso residió 
algún tiempo en la corte pontificia de Aviñón, acaso en Montferrat al lado del mar- 
ques Juan Paleólogo, retoño de la imperial estirpe de Constantinopla, casado con 
Isabel hermana del infante y metido en continuas guerras con los Visconti de Mi- 
lán. Con probabilidades de novela, aunque diligentemente calcadas sobrédalos 
históricos, probé de llenar este vacío, al continuare/ Infante de Mallorca át m\ 
amigo Tomás Aguiló. 

(¿7) A esta opinión general de los cronistas é historiadores castellanos, que ni 



ISLAS BALEARES 189 

de Mallorca; y únicamente ahora, por cumplirse la condición 
prefijada en el testamento de D. Jaime el Conquistador^ con toda 
justicia se unía la corona de las Baleares á la aragonesa. 

Fatal fué esa unión á Mallorca. En el seno de la paz, los 



con documentos ni con vestigios puede ya comprobarse, toda vez que ha desapa- 
recido en Soria la antigua iglesia de Franciscanos donde se decía hallarse ente- 
rrado el infante, se contraponen con viso de decisivas las gravísimas palabras de 
Pedro IV en su crónica : misgué f)er la via de la valí d'Aran, e encontineni morí ab 
herbada que li fou dada.'») Excusado parece exigir otra prueba que la confesión 
del más que probable reo. En la citada novela me esfuerzo en conciliar, mediante 
la traslación del cadáver, ambas versiones. 

Respecto al derecho de su hermana Isabel á la corona de las Baleares, no acier- 
to cuál pudo ser, una vez extinguida, como observa muy bien el autor, la línea 
masculina de los reyes de Mallorca, ni que se le exigiese la renuncia de él antes de 
salir del reino de su tío, donde había experimentado mejor trato que el infante. 
Doncella de i 6 á 18 años, fué con beneplácito y mediación tal vez del rey de Ara- 
gón, visitando de paso en Montpeller el sepulcro de su madre, á desposarse con 
Juan Paleólogo marqués de Montferrat, á quien hizo padre de cuatro varones y 
una hembra, pues de Cecilia de Cominges su primera consorte no tenía sucesión. 
Fallecido el marqués en Marzo de i 37 i , no fué Isabel la encargada de la regencia 
de su primogénito Otón, por otro nombre Secondoiio, sino Otón de Brunswick, 
que pasó más adelante por muerte de Jaime á ser el cuarto marido de la reina 
Juana de Ñapóles. La infanta viuda dio á su hermano singulares muestras de ad- 
hesión hasta entonces no manifestadas, acompañándole en su aventurada empre- 
sa, y retirándose, después de frustrada ésta, desde Soria hasta la frontera al frente 
de las compañías bretonas y provenzales; pero sus ilusorios derechos, destruidos 
por el testamento del rey conquistador, dado que no los hubiera ya renunciado, 
no los transfirió á ninguno de sus hijos, sino que los vendió desde luego, no se 
sabe en cuánto, al ambicioso Luis duque de Anjou, que andaba ya á la pretensión 
de otra más insigne corona, haciéndose adoptar por la reina Juana. Pero, si las 
legítimas demandas de la propia y natural dinastía habían tenido tan poca efica- 
cia en I '^49 y en i 374 para despertar la lealtad y el entusiasmo de los mallorqui- 
nes y secundar proyectos de restauración, ^ qué acogida habían de encontrar las 
temerarias y absurdas de un comprador extranjero? Pudieron en 1376 suscitar 
alarmas, y hasta suministrar materia al preámbulo de las cortes de Monzón los 
aprestos del de Anjou para hacerlas efectivas; pero sirvieron quizá, más que de 
otra cosa, de pretexto á los gobernantes para mejor explotar y dominar el reino 
nuevamente incorporado. Isabel de Mallorca no volvió más á Monferrat, ni en vida 
de su hijo Otón que acabó en i 378, ni en la de sus otros hijos, Juan III y Teodo- 
ro II, sucesores en la soberanía de aquel estado; la madre no reaparece sino en 
Aleth, á la raya del Rosellón, casada en segundas nupcias, según documentos por 
Tourtoulon citados, con un Conrado de Reischach caballero alemán, de quien to- 
davía tuvo un hijo llamado Miguel, matrimonio que resulta se mantuvo secreto, 
no habiendo querido la infanta seguir á Alemania á su marido, para que no sufrie- 
sen perjuicio las negociaciones, ignoro cuáles, que tenía á la sazón entabladas con 
su tío el rey de Aragón. 



190 islasbaleahes 



labradores bendecían antes la memoria del benéfico D.Jaime II; 
y escala de todas las naciones levantinas en su comercio con las 
costas africanas, la isla se había engrandecido por un activo trá- 
fico. La abundancia y el contentamiento reinaban en ella : pros- 
peraban las artes; las letras se envanecían con el nombre de 
Raimundo Lulio; y la arquitectura levantaba en su capital los 
edificios que atestiguaban su riqueza. La dominación aragonesa 
vino á turbar tan feliz estado; y ya en los principios de la usur- 
pación, el rigor de las causas naturales fué como un vaticinio de 
la desgracia futura. En 1348 la peste se encrudeleció en ella, y 
le arrebató gran parte de sus moradores. La importancia de su 
situación no se ocultó á D. Pedro el Ceremonioso; y hecha uno 
de los tres departamentos navales de la corona, su astillero 
contribuyó poderosamente á la prepotencia marítima de Ara- 
gón. 

Sus galeras pelearon al lado de las catalanas en cuantas bata- 
llas hicieron entonces famosa nuestra marina; las aguas de Cons- 
tantinopla y de Cerdeña fueron teatro de la intrepidez de su gen- 
te de mar; y las costas africanas lloraron el rigor y fortaleza de 
sus armas. Compró, empero, esta gloria con su empobrecimien- 
to, que era superior á sus fuerzas el mantener tantas escuadras; 
y como las guerras se sucedieron casi sin interrupción en el rei- 
nado del Ceremonioso^ hubo de contribuir á sostenerlas con 
frecuentes y cuantiosos donativos. La pérdida de embarcaciones 
en combates ó por temporales hirió gravemente su marina; la 
precisión de anticipar donativos y costear armamentos fué arrui- 
nando su riqueza, y trajo la necesidad de empeñar todos los 
réditos y arbitrios públicos; los impuestos, las exacciones y la 
despoblación redujeron la agricultura á la mayor miseria; y tras 
ella vinieron las feroces revueltas de los campesinos. Así ya de 
cadente su comercio, vino á tierra el primero, cuando el deíscu- 
brimiento del Nuevo Mundo redujo á la nada tantas potencias 
marítimas del Mediterráneo, y en España hizo centro de la con- 
tratación á las plazas de allende el estrecho. 



I S L A S B A L E A R F: S I9I 



Mas esto cae debajo del dominio de la Historia general de 
Aragón, al cual permanecieron incorporadas las Baleares: la 
particular de Mallorca, que hemos bosquejado, acaba en la muer- 
te del postrer descendiente de D. Jaime II. 




CAPITULO IV 



Mallorca incorporada á Aragón 

bajo la rama primogénita de Jatme el Conquistador 

1349-1412 



QUEDÓLE á la isla, no obstante, título y hasta organismo 
de reino, suñcientes para asegurar á sus instituciones in- 
violable permanencia y conservar en los anales sus rasgos carac- 
terísticos: el mismo mar que la rodea, menos accesible entonces 
que ahora, parecía contribuir, sirviéndole como de marco, á que 
formara cuadro aparte del grupo de los dominios de Aragón. 



(*) Este capítulo y los dos históricos que siguen son obra exclusiva de 
D. José María Quadrado. 



194 ISLAS BALEARES 



Sus servicios, sus esfuerzos, sus donativos extraordinarios, no 
se confundían en acervo común con el contingente de los demás 
estados: no siempre participaba de las inquietudes y perturba- 
ciones del continente, antes á menudo hacía contraste con ellas 
su indiferencia, mientras del seno mismo de su habitual tranqui- 
lidad surgían y estallaban á la hora menos pensada violentas 
tempestades, producto de elementos indígenas comprimidos de- 
bajo del suelo ó difundidos por la atmósfera. Retuvo Mallorca 
su modo de ser y de vivir, sus artes y tipo arquitectónico, sus 
modismos de lenguaje progresivamente en aumento, sus cos- 
tumbres privativas, sus intereses generales y los peculiares de 
cada clase, sus cuestiones sociales consiguientes: exenta de emi- 
graciones de naturales en masa como de considerable inmigra- 
ción de forasteros, puede decirse por lo general que apenas, se- 
gún de los apellidos resulta, se han renovado las familias en el 
espacio de cinco siglos, ni siquiera cambiando vecinos con las 
inmediatas costas de Cataluña y Valencia. Funesta bajo otros 
aspectos la incorporación, poco tuvo de pronto, como en edad 
más reciente, de absorción centralizadora : ni en atribuciones, ni 
en formas políticas; judiciales y administrativas, ni aun en los 
nombres de los oficiales, ni en la representación de brazos, se 
experimentó la menor mudanza; y aun el vacío de la corte dejó 
sentirse menos en una capital, acostumbrada ya á la frecuente 
ausencia de sus monarcas propios que compartían entre ella y 
Perpiñán su residencia, y á ser gobernada por lugartenientes. 

Si esperaban los mallorquines, y en especial la clase mer- 
cantil fautora de la mudanza y adicta más que ninguna á la 
nueva dominación, sacar de ella su provecho, logrando en ma- 
yor escala y en más vasta esfera el desarrollo del comercio y 
de la marina, no tardarían en convencerse de que no siempre el 
medro de los subditos anda á par de la grandeza de la monar- 
quía. Los sacrificios que les había costado el socorro tributado 
por el rey Sancho, como feudatario del de Aragón, en las expe- 
diciones de éste á Cerdefia, volviéronse harto más gravosos, al 



ISLAS BALEARES 195 

convertirse de auxiliares en vasallos directos, de quienes todo 
podía exigirlo el común soberano. Al inmemorial antagonismo 
con los genoveses acababa de añadirse en el ánimo rencoroso 
de Pedro IV el reciente agravio del apoyo por aquella república 
dispensado al desposeído Jaime; y confederado con la de Vene- 
cia, decidióse en Perpifíán á declararles guerra nuevamente 
como á perpetuos apadrinadores de los rebeldes sardos. Al 
frente de una escuadra de veinticuatro galeras fué puesto Ponce 
de Santa Pau; siete había de Mallorca (i), con las cuales iba 
por vice-almirante Rodrigo de Sant Martí. En Mesina se reunió 
la flota con la veneciana, y en Constantinopla con la del empe- 
rador griego, formando un total de sesenta y ocho galeras, que 
con igual número casi de genovesas combatieron en las aguas 
de Pera, un día de los primeros de Febrero de 1352, por el 
dominio del Mediterráneo ; y la victoria se decidió por los alia- 
dos, aunque á costa de la vida del jefe catalán. 

Suspendida un momento por la paternal solicitud del pontí- 
fice, continuó con mayor empeño la lucha, trasladando su pa- 
lenque á la revuelta isla de Cerdeña, á donde acudió nuestro 
reino con un contingente superior á sus recursos, gracias al im- 
pulso irresistible de su gobernador Gilaberto de Centelles, lla- 
mado á propósito por el monarca para obtener de los nuevos 
subditos ayuda, que en su crónica reconoce haber recibido en 
grande. Triunfó otra vez en aquellas playas, en 27 de Agosto 
^^ ^353i ^1 pabellón aragonés en grupo con el veneciano, to- 
mando treinta y tres galeras al enemigo, y rindióse Alguer tras 
de obstinada resistencia; pero Bernardo de Cabrera, tan mal 
pagado luego de sus servicios por su maquiavélico amo, perdió 
con su rigor el fruto de la gloriosa jornada, provocando en la 



(i) Costó el armamento de ellas, según notas del archivo del Real Patrimo- 
nio, 1 7,818 libras, de las cuales se cubrió el tercio con un préstamo tomado á se- 
senta y cuatro vecinos, cuyos nombres y cuotas aparecen. Sobre esta campaña y 
la de Cerdeña se extiende Piferrer en la segunda parte en el capítulo que dedica 
á la Lonja. 



T06 ISLAS BALEARES 

isla un levantamiento general, ante el cual hubo de retirarse 
como vencida la armada victoriosa. Entonces Pedro IV, que si 
bien artero no pecaba de cobarde, quiso compartir con su ejér- 
cito, para más alentarlo, las fatigas y peligros de la guerra y la 
insalubridad del clima, y embarcóse para allá, escoltado de un 
enjambre de más de cuatrocientas velas: acompañóle Centellas 
con ocho galeras armadas por su cuenta, y la universidad en el 
flete de treinta y dos naves (i) gastó cérea de veinte mil libras. 
Quince meses, desde Junio de 1354 hasta Setiembre del 55, 
pisó el rey la mal domada tierra; y para abastecer, así la corte 
aunque en pie de campaña, como las numerosas huestes, no ce- 
saron envíos extraordinarios de Mallorca, á fuer de punto el más 
inmediato, que no menos que el erario real enjugaban las fortu- 
nas particulares, además de sus irreparables pérdidas en buques 
tragados por las olas, y de vidas segadas por malignas fiebres 
ó por el hierro de los combates. 

Seguía aún el recio conflicto, cuando en 1356 se suscitó otro 
más íntimo y encarnizado entre Aragón y Castilla por cuestio- 
nes de mercadería, cabalmente ocurridas en este puerto; y fué 
el caso que un patrón castellano, antes de fallarse el pleito que 
aquí traía, hízose á la vela, deteniendo por engaño y llevándose 
en rehenes cuatro acaudalados negociantes del país, para cuyo 
rescate despachóse en alcance suyo una nave armada, con la 
cual trabó pelea, y quedó muerto el secuestrador, y vendióse 
en almoneda su barco (2). Hubo entre una y otra corte cambio 



(i) No todas eran de mallorquines; habíalas/según los apellidos de sus due- 
ños que tengo á la vista, de Cataluña, de Castilla, de Provenza y de Italia. No se 
hace mención del cargamento: solo la galleta importó 10,524 libras. 
. (2) Anterior á ésta fué al parecer la reclamación de Ramón Frexenet, también 
mallorquín, por el cargamento de cueros que le había tomado el vizcaíno Jauny 
Pérez de Xuaga de la matrícula de Bermeo, de donde se originaron entre los 
nuestros y los vizcaínos interminables represalias. De la correspondencia que 
precedió entre ambos reyes al rompimiento, inserta en la crónica de Pedro IV, 
aparece reciprocidad de agravios y querellas, aunque la principal fuese la presa 
hecha por la escuadrilla de Francisco Perellós en los mares de Cádiz, á vista casi 
del rey de Castilla, de varias naves gcnovesas que iban ó venían de Sevilla, y 
fueron robadas y destruidas sin miramiento á la mediación del soberano. 



ISLAS BALEARES 1Q7 

de notas, de cada vez más altas de tono; y también esta vez 
fueron inútiles los esfuerzos del jefe de la cristiandad para hacer 
oir á los dos iracundos Pedros la voz de la concordia. Saltó el 
león de Castilla por el extremo norte la frontera, arrebatando 
del primer golpe á Tarazona; el zorro aragonés, entreteniendo 
las negociaciones y concentrando entretanto las fuerzas, redujo 
á la inacción á su impetuoso adversario con una urdimbre de 
dificultades y estorbos, que le obligaron á aceptar una tregua 
de quince meses. Espirado el tiempo, estallaron con calculada 
furia las hostilidades, que no por apartada respetaron á Mallor- 
ca, á la cual parece hubiera de bastar la enorme carga de im- 
puestos y fortificaciones y levas de gentes, sin sufrir directa- 
mente los estragos de la lucha peninsular. Una armada salida 
de Sevilla en la primavera de 1359 escogió la isla por blanco 
de sus ataques, presentándose antes en frente de Barcelona para 
retar al monarca de Aragón y destruir dentro del mismo puerto 
sus galeras. El acierto y bravura de la defensa decidieron al 
cuarto día la retirada, con lo cual alentado Pedro IV acudió con 
su flota en socorro de las amenazadas Baleares. Desdé el 3 de 
Julio hasta el 26 de Agosto permaneció en la capital de ellas, 
retenido por los nobles de su séquito de pasar á Ibiza en busca 
del enemigo que la estaba saqueando, y de aventurarlo todo al 
trance de una batalla; pero sin aguardar el choque, herida de 
no sé qué pánico, abandonó su presa y el sitio del castillo (i) la 
escuadra de Pedro el Cruel^ perseguida hasta Almería por una 
división de la aragonesa. 

Durante los diez años de intermitente guerra, extinguida en 
apariencia por solemne paz en Mayo de 1361 para retoñar en 
Junio del siguiente año con el improviso sitio de Calatayud, no 



(i) Sostúvolo bravamente el lugarteniente Guillermo de Lagostera, á quien 
mandó dar el rey en 25 de Agosto, la víspera de su partida de Mallorca, mil U- 
brí^s, la mitad contantes, y la otra mitad en censo perpetuo y transmisible á los 
suyos, de cincuenta cada año. Cobrólo durante muchos años una hija suya reli- 
giosa de Santa Clara. 



iqS islas baleares 

cesaron en Mallorca las alarmas y los acopios de trigos y vitua- 
llas al abrigo de los muros de la ciudad, y más cuando por tres 
veces bambolearon acometidas por las huestes castellanas 
acampadas en el Grao las tapias de Valencia, en cuyas hermo- 
sas llanuras cargó desde 1363 á 1365 el mayor encono de la 
pelea. Pero otra causa especial de inquietud para la isla se juntó 
entretanto á las generales de la monarquía ; y fué el quebranta- 
miento de la dura cárcel que encerraba en Barcelona al joven 
Jaime hijo del III, escapado de las garras del usurpador y de- 
vuelto á la luz y á la libertad por algunos decididos servidores. 
Hasta tal punto estaban olvidados en veinte años los naturales 
de la lealtad á su antigua dinastía, ó tan comprimida la tenían 
con las dádivas ó el terror los funcionarios y los aduladores de 
la nueva, que las almenadas torres y puertas de la capital y las 
atalayas de las costas y los castillos roqueros del interior se 
previnieron belicosamente en el mes de Mayo de 1362 para re- 
chazar, por si osara acercarse, como el más detestable y bárba- 
ro invasor, al inocente y desgraciado mancebo, heredero legíti- 
mo de la corona (i). Hasta corrió la voz, como sucede á menudo, 
suponiendo liga entre causas de bien distinta naturaleza cuando 
se trata de hacerlas odiosas á los ánimos excitados, de haber 
aportado á una cala de Santañí cuatro naves castellanas con el 
Infante á bordo; rumor bien distante entonces de la verdad, 
pues el fugitivo de pronto fué á parar en Provenza, y de allí en 
Ñapóles, llamado por la reina Juana á compartir su tálamo, mas 
no su trono; y sólo años adelante, al verse condenado á impo- 
tente inercia, con un palacio por prisión, encomendando á la 
fuerte Inglaterra el sostén de su derecho, vino á encontrarse 
bajo el común amparo del Príncipe Negro con D. Pedro de 
Castilla también echado de su reino, y entraron juntos en Es- 
paña, y en Nájera pelearon y vencieron juntos, sin alianza pre- 



(i) Véase en el capítulo anterior la nota -y entre los documentos el apéndice 
acerca de las disposiciones que con este motivo se tomaron. 



ISLASB ALEARES 1 99 

vía y sin identidad de resultados. Sorprendido Jaime por Enri- 
que de Trastamara que tomó muy luego el desquite de su 
derrota, halló en el castillo de Curiel otro prolijo cautiverio, 
llegando á extinguirse, no sólo los simpáticos recuerdos si algu- 
no en Mallorca conservaba, sino aun los temores de su reapari- 
ción. 

A las cortes generales de Monzón, terminadas en Abril 
de 1363 y abiertas en Noviembre anterior, concurrieron por pri- 
mera vez los mallorquines con los aragoneses, catalanes y valen- 
cianos, formando parte de la comisión de los treinta y tres, 
encargada de repartir entre los distintos reinos el cupo de las 
doscientas cincuenta mil libras por el rey pedidas, tres del brazo 
eclesiástico y tres del de las universidades de la isla (i), ala 
cual tocaron quince mil; mas á éstas hubo de añadir doble can- 
tidad por otro donativo extraordinario de quinientas mil, que con 
retóricos lamentos arrancó el real orador para los apuros de la 
guerra. Cara ya llevaban comprada esta honra en los veinte aftos 
de su glorioso vasallaje (2); y algo habían de anticipar para 
merecer las distinciones sucesivas. A par de las prerrogativas 
iban en aumento las cargas : y si para más decoro otorgó el 



(i) Mut nombra á los seis diputados mallorquines, es decir, por la Iglesia á 
Jaime Ribas (tal vez el precentor de la catedral que en i 390 tuvo cuatro votos 
para obispo de Mallorca en la vacante de Cima), á Bartolomé Pou y á fray Martín 
Meslre, acaso cisterciense por haber sido llamado á dichas cortes el abad de la 
Real; y por las universidades á Juan Mora doncel y Francisco Umbert jurados 
en 1 362 de la de Mallorca, y á Bernardo Dalmau delegado por Menorca. 

(2) Refiérome á lo dicho en mi obra Forenses y Ciudadanos 1847, cap. II, pá- 
gina 22 y siguientes, acerca de los empeños contraídos por la universidad en el 
período citado. Desde el 1356, año del rompimiento con Castilla, hasta el 1387 
en que finó Pedro IV, no dejó éste de percibir anualmente de su preciosa y fácil 
conquista un donativo de veinticinco á treinta mil libras. Eii i 362 la suma de va- 
rias tallas é imposiciones formaba muy cerca de un millón de libras, y de un 
millón pasaba el valor de 140 buques hundidos ó inutilizados en dicha guerra y 
en la de Cerdeña, á cual más estériles y desastrosas. En i 367 laaentradas propor- 
cionaban todavía un ahorro de veintisiete mil libras; en i 37 i se habían nivelado 
con las salidas; en 1375 se redujo el fuero de los censos; en 1377 se establecie- 
ron ocho imposiciones nuevas. Ya en 1 374 ascendía el número de éstas al increí- 
ble de treinta y ocho, que se propuso reducir, sin que tuviera eíecto, á las tres 
principales de pan, carne y vino. 



200 ISLAS BALEARES 

ceremonioso rey á los jurados ¡r precedidos de dos pertigueros 
con maza de plata; y si á cada jurado subió de veinte á cincuen- 
ta, y luego hasta sesenta libras, la consignación para vestuario 
ó gramalla (i); y si metió mano, no sin tino á veces, en mudan- 
zas de régimen y en la organización del grande y general con- 
sejo, cuyos brazos igualó en representación, quitando al de mer- 
caderes la preponderancia (2); y si protestando celo por alivio 
de gastos y por extirpación de abusos, á pesar de sus reiteradas 
promesas de no enviar á la isla comisarios especiales en detri- 
mento de la autonomía de ella, encargó en 1373 á mosén Beren 
guer de Abella la reforma del reino en unión con el gobernador 
ordinario Olfo de Prócida; lejos de rehusar los dones oficiosos 
que por las bodas de su primogénito se le ofrecían, pedía con 
cinco años de anticipo el morabatín que se pagaba cada siete, y 
siempre con salvedades hipócritas de franquicias é inmunidades 
en los labios, así imponía en reservadas listas los nombres de 
jurados y consejeros que habían de sonar sin embargo como de 
libre elección, como exigía con amenazas á cada momento tribu- 
tos ilegales. Su magnanimidad en autorizar á los jurados para 
crear censos, hacer derramas ó imponer gabelas desconocidas 
con objeto de llenar la insondable sima abierta por sus extor- 
siones, no tenía límites ; á esto tiende la mayor parte de sus mal 
llamados privilegios. 

La imparcialidad reclama añadir que tampoco se descuida- 
ban en coadyuvar por aquellos años al gravamen y empobreci- 
miento del país las públicas calamidades. Á buena hora vino 



(i) En razón del aumento les obliga el privile^^io de i ^70 á estrenar dos gra- 
mallas cada año, la una por Navidad aforrada de martas, la otra por San Juan 
Bautista con vueltas de tafetán. 

(2) Tenían antes los jurados facultad de llamar á los consejeros que quisieran, 
sin atenerse al número y á la clase \ mas por cédula de 3 de Agosto de i 3 5 i Pe- 
dro IV fijó en ciento los individuos que representaban la ciudad, es decir, veinti- 
cinco por cada uno de los cuatro brazos de caballeros, ciudadanos, mercaderes y 
artesanos, no haciendo mudanza en los consejeros forenses. En el consejo secreto 
y particular de los jurados, reducido á pocas personas, hallábase equilibrada ya 
la representación. 



18LASBALEARES 20I 



en Marzo de 1374 el noble Gilaberto de Cruylles á activar el 
armamento de una galera y la construcción de otras dos, con 
más una suma de diez mil florines, para acudir al peligro de 
Cerdefta cuyo gobierno le estaba encomendado, cuando se decla- 
raba ya en Mallorca la carestía que produjo una hambre horri- 
ble y una espantosa emigración, á la cual para remedio de la 
otra llegó á tratarse de aftadir el extrañamiento de los judíos y 
de los cautivos, acabando por imponer á los amos de éstos uno 
ó dos reales de oro, es decir una libra, por cabeza, según si los 
empleaban en servicio propio ó si los alquilaban por semanas. 
Ochocientas mil cuarteras de trigo, computadas á seis por boca 
al afto, necesitaba el abasto general; y para obtener de grado ó 
por fuerza cantidad tan enorme, despacháronse embarcaciones 
para todas costas y mares. Vendíase el trigo á noventa y á cien 
sueldos la cuartera, y á cincuenta la cebada ; y á pesar de las 
medidas tomadas para repartirlo á domicilio, muchachos y varo- 
nes se caían muertos por las calles (i). En esto volvió á sonar 
el nombre del Infante de Mallorca, con cuya esposa la reina de 
Ñapóles estaba en abierta hostilidad nuestra marina, á pesar de 
no haber intentado Juana cosa alguna para la restauración del 
marido: sospechábase si la entrada de D. Jaime en Rosellón an- 
daba de acuerdo con la rebelión del Juez de Arbórea en Cerde- 
ña y con el constante favor de los genoveses; y no creyó el 
gobernador Prócida indigno de su vigilancia el rumor que corría 
á fines de Setiembre, de haber aparecido el príncipe en Arta con 
hábito de franciscano, ó de ermitafto en cierta posada de Sóller. 
No sé si con esto se relaciona la conspiración tramada en los 
mismos días por esclavos tártaros y moros para incendiar la 
ciudad y entregarla al rey de los sarracenos, y castigada en 7 de 
Octubre inmediato con el suplicio de catorce de ellos; que todo 



(i) Dicto anno fuer uní piures fauferes, iam fuer i quam alii, in tanlum quod 
piures per vicos decebebanl hinc ei inde, ( Noticiario de Mateo Salzet, de 1372 
á 1408). 

06 



202 ISLAS BALEARES 

cabe en el trastorno á la sazón reinante, en la desesperación de 
los oprimidos, en el recelo de los opresores, en el impaciente 
afán por un lado, y por otro en la ciega credulidad de noveda- 
des (i). 

Del hambre nació á la entrada del 1375 la peste, si es que 
no vino importada de levante como la de 1 348, á la cual superó 
en estragos, según las víctimas que hace subir á treinta y cinco 
mil el analista coetáneo, así de dentro como de fuera de la ciu- 
dad, así de naturales como de forasteros de diversas naciones. 
Afortunadamente para los gobernantes, ya no venían á turbar 
su sosiego las poco formidables empresas del pretendiente legi- 
timo, que acababa de hallar en Castilla bajo extranjera losa su 
perpetuo descanso; mas no descansaba Pedro de Aragón ante 
la súbita demanda de quien con menos derecho, pero con más 
poder, reclamaba el reino de Mallorca por cesión de la infanta 
Isabel hermana del difunto, y sobre todo ante el aislamiento en 
que le había puesto respecto de los estados vecinos su versátil 
y desleal política, entre tenaces odios y recelosas amistades. 
Citó cortes generales para el 25 de Noviembre de dicho año, 
que no se abrieron hasta el 27 de Marzo del 1376 en Monzón: 
no constan los procuradores que á ellas asistieron en represen- 
tación de la sede vacante, del cabildo, del monasterio de la Real 
y de la Universidad de Mallorca, y de las de Ciudadela de Me- 
norca y de Ibiza, al efecto convocadas; sábese no más que al 
donativo general de 325,000 libras contribuyó la isla mayor 
con 19,500, y que la cuota de las otras dos se inglobó con la de 
Catalufta, que no bajaba de 1 58,600. Además por subsidio pagó 
Mallorca tres mil florines de oro, destinando parte de él á la 
conclusión de seis galeras principiadas por orden del rey en esta 



(i) Die sabbait, dice el citado noticiario, VII mensis ociobris, qualuordecim 
serví sarracenia et neophiti, ac lariari, fuerunt sus^ensi per f lateas civitaiis, ex eo 
quia voluerunt ignem poneré per diversa loca dicte civitatis, et terram ac regnum 
Majoricarum sibi ipsis retiñere^ ac Regí sarracenorum tradere, dominum Regem 
Aragonum inde penitus ab eodem removendo seu alias expoliando. 



ISLAS BALEARES 203 

atarazana, donde reconoce se construían tan bien y más barato 
que en cualquier otro punto de sus dominios. 

Sostenían á Luís duque de Anjou en su pretensión, por ab- 
surda que fuese, su hermano el rey de Francia con todo su 
prestigio, la reina de Ñapóles ya inclinada á adoptarlo por suce- 
sor, y el de Portugal con quien estaba aliado; disponía de fuerzas 
y caudales cuantiosos, y aguardábase por momentos el estallido, 
cuando se deshizo en vapor el nublado, y el monarca aragonés 
en medio de las cortes, que con pedigüeño sentimentalismo había 
inaugurado preguntando si había dolor comparable al suyo (i), 
pudo antes de tres meses felicitarse de verlo convertido en gozo 
con su incruenta victoria. Continuaron no obstante en las costas 
de Mallorca por todo aquel afto y el siguiente las prevenciones 
contra hostiles desembarcos, sin más resultado que la captura 
de dos frailes menores, emisarios del duque francés, tal vez re- 
clutados en Aviñón, sin duda naturales de la isla ó bastante rela- 
cionados en ella para lisonjearse de realizar el propósito que se 
les atribuyó de entregársela : todo se redujo á tomar noticias de 
la tierra y de sus medios de defensa. Prendiólos en Sóller un 
Berenguer Vanrell, baile que fué de la villa, remitiéndolos al 
gobernador Sa-garriga; y la justicia que de ellos hizo éste ó el 
soberano hubo de ser terrible, pues para obtener la absolución 
del atropello mandó Pedro IV á su procurador real entregar por 
penitencia doscientos florines y devolver el importe de lo ocupa- 
do á los infelices religiosos (2). 



(i } Ailendiie el videte si est dolor sicut dolor meus fué el tema escogido para su 
proposición, que el preápibulo de las cortes califíca de elegante, añadiendo que 
discurrió diserle el curióse et valde órnale^ y citó los actos estrenuos y recomenda- 
bles proezas así por sus predecesores como por él mismo llevadas á cabo. 

(2) Habíanse ya vendido efectos por cantidad de cincuenta y seis libras, y los 
entregados consistieron en un breviari de pergami^ un altre libre de penilencies^ 
un libre de Senl Gregori ab lancadures d'argent^ dues tasses d'argeni, redones^ blan- 
ques sens esmalts de pes de doize unses, un segell d'argent ab cadeneta d'argent ab 
senyal de Senl Francesch^ e un batrall de fusta ab sa tancadura e clau de ferré. 
Abundaban entonces por todas partes frailes andariegos, y los emplearon con fre- 
cuencia en sus negocios así Pedro IV como Jaime 111 en calidad de astutos expío- 



204 ISLAS BALEARES 



Á trueque de treinta mil florines de oro, que para el anun- 
ciado viaje del rey ó de alguno de los dos infantes á la indómita 
Cerdefta fué á ofrecerle en Liérida una diputación de jurados y 
consejeros (i), pidiendo porción de la conquista para los mallor- 
quines si llegaba un día á realizarse, obtuvieron en Octubre 
de 1380 la concesión de sesenta y cuatro capítulos ó de la ma- 
yor parte de ellos, en puntos judiciales, económicos y adminis- 
trativos, de cuya importancia puede juzgarse por lo caro que 
costaban. Desde tiempo atrás luchaban en el seno de la Univer- 
sidad dos bandos, que aspiraban á monopolizar el gobierno; el 
uno mediante el primitivo régimen de franqueza otorgado por 
el Conquistador, con un general consejo numerosísimo que no 
bajaba de cuarenta y seis representantes por cada uno de los 
cuatro brazos de la ciudad y de dos síndicos por cada cual de las 
treinta y tres villas, formando un total de doscientos cincuenta 
individuos; y el otro, más confiado en la suerte que en su intrín- 
seca fuerza, acaso por más débil, solicitando el establecimiento 
de la insaculación y sorteo por brazos para la elección así de los 
jurados como de los consejeros, y la reducción del consejo á 
cien personas por la ciudad y á treinta y nueve por las pobla- 
ciones de fuera. Esta reforma, ensayada en 1351 como queda 
dicho, y revocada en 1359 por pragmática sanción hallándose el 
rey en Mallorca, fué por éste restablecida en cédula de 15 de 
Diciembre de 1373, aftadiendo que en vez del baile de la ciudad 
presidiese las elecciones el gobernador, para ser cuatro años 
después derogada á 9 de Junio de 1377. ^^^ y venían á fines 
del año 1382 embajadas á la corte, no sé si en conformidad ó en 
oposición, cuando aportaron pocos días antes de Navidad Arnal- 



radores ó de hábiles medianeros ; raras eran las guerras, conspiraciones y aso- 
nadas en que no figuraban en primera línea en buen ó mal sentido. Aunque no 
siempre servía de salvaguardia el hábito, muchos intrigantes lo adoptaban con 
preferencia por disfraz en sus correrías. 

(i) Compuesta de dos jurados, Tomás Des Bach doncel y Juan Spinach mer- 
cader, y de cuatro consejeros, Jaime de Buadella, micer Juan Lobera, Luquino 
Cirera y Miguel Pachs. 



ISLAS BALEARES 20$ 

do Cerdo y sus compañeros con una nueva pragmática dada en 
Tortosa á 28 de Noviembre, que restauraba casi al pie de la 
letra la anterior reforma, con arreglo á la cual y al sistema de 
bolas (redolins) se hizo aquel año la renovación, excusándose 
por la primera vez el sorteo, pues jurados y consejeros venían 
en lista nominalmente designados. Vengáronse los caídos parti- 
darios de la franqueza fijando un pasquín en la Volta Pintada, 
que atravesaba entonces la calle de Palacio frente al moderno 
edificio de la Diputación, en el cual comparaban el nuevo régi- 
men al caos; los vencedores y gobernantes contestaron con otro, 
encareciendo las esperanzas y prosperidades de la inaugurada 
era (i). 

Trasladáronse á Tamarit y de allí á Fraga en Febrero 
de 1384 las cortes abiertas en Monzón por el mes de Junio del 
año anterior; y antes de disolverse á la entrada del verano, hu- 
yendo de los estragos de la peste, pidieron al rey los diputados 
mallorquines, que lo eran á la sazón fray Guillermo Desde por 
el monasterio de la Real, Juan Mora caballero y Nicolás de 
Pachs mercader (2), la observancia de las antiguas libertades y 
buenos usos y la derogación de cualesquiera cédulas en contra- 
rio, de las cuales exceptuó Pedro IV, manteniéndola en vigor. 



(i) Trae ambos pasquines el curioso noticiario de Salzet, aunque tan mal co- 
piados, especialmente el primero, que á duras penas se comprende su sentido : 

F/e, misera^ geme^ vita soriem, Balearis : 
Mistrum adest^ chaos insevtet, fies ei tuis exul. 

En lugar de vitam que no hace al caso, leo vüa en imperativo «evita la suerte 
6 el sorteo.» Mistrum según Ducange, como anota el propio manuscrito, significa 
«odio oculto, concentrado.» Véase ahora la respuesta : 

Si quem chaos conclusit et inde liberatus existitj 

Non est locus fleii, sed ieiitice et bone sfei.-^Finis denominaba^ 

como quien dice «el éxito lo declarará.» 

(a) Acaso tomó Mut esta noticia del libro de cortes de dicho año que cita 
como existente en los archivos de Barcelona, al tenor del cual asegura que los 
mallorquines se sentaban con los catalanes, el procurador del obispo de Mallorca 
antes que los procuradores de los de Barcelona, Gerona, Urgel y Tortosa, y los del 
brazo secuUr de la isla primero que los de Gerona, Tortosa y Vich. 



206 ISLAS BALEARES 

la reciente pragmática del sorteo, para cuyo planteamiento en 
las villas había dado ya instrucciones al gobernador á 3 de Fe- 
brero, estando en Monzón todavía. Con esto manifestó que no 
quería se volviese al régimen á^ franqueza. No era por enton- 
ces mejor que en Aragón la salud pública en Mallorca, si hemos 
de creer á Mut, que habla del contagio de aquel año y de va- 
rias procesiones de penitencia que se hicieron á varias iglesias 
de la capital, sin ocuparse en cambio del arriba referido de 1375, 
ni de la mortandad de niftos que reinó después en 1388 por el 
mes de Junio: el único dato que de la epidemia de 1384 he po- 
dido encontrar es un bando de franquicia concedida en 5 de Fe- 
brero á los forasteros, que estableciéndose con sus mujeres ó 
casándose en la isla, remediaran su lastimosa despoblación. Las 
prorrogadas cortes no llegaron á reunirse tampoco en 1385, á 
pesar de haber sido nombrados en general consejo para asistir 
á ellas Tomás Des Bach y Jorge Brondo; y ya no se juntaron 
sino bajo rey distinto, quien sacudiendo la opresión sufrida en 
los postreros años de su padre, revocó de pronto todas las 
mercedes y nombramientos de éste, y se declaró contra el par- 
tido que en la isla á la sazón dominaba, sostenido acaso por el 
favor de la reina Sibilia. 

No aguardó Juan I el plazo natural de la renovación de los 
jurados: en 15 de Agosto de 1387 entraron los nuevos, nom- 
brados de real orden lo mismo que los consejeros, promulgan- 
do nueva pragmática que disponía el sucesivo reemplazo de 
ellos por insaculación, aumentando desde 64 á 80 el número 
de los representantes de la ciudad y desde 26 á 31 el de los 
forenses. AI citar para el 3 de Noviembre de 1388 las cortes 
que habían de continuar en Monzón las tareas por cuatro años 
interrumpidas, excluyó nominalmente de la elección á Des Bach, 
á Mora, á Cerdo, á Jorge Brondo, á micer Juan Lobera, al nota- 
rio Antonio Castell, al mercader Jaime Cafiellas, principales 
manipuladores de la cosa pública durante el último período, 
«poco aceptos, dice, á nos, por lo que en grave daño i;)uestro y 



ISLAS BALEARES 207 

de nuestras regalías tratan.» Más trágica consecuencia del real 
desagrado alcanzó al caballero Berenguer de Tornamira, jurado 
mayor que había sido últimamente en 1385 y antes por cuatro 
veces en 1350, 1353, 1355 Y 1373» P"» quien la muerte de 
Pedro IV y la persecución suscitada á la reina viuda fueron oca- 
' sión de un proceso que se le sustanció fuera de la isla por Ae- 
cAüeréaSj venenos^ invocaciones diabólicus y obras tnatemáticas^ 
así contra el nuevo rey como contra su madrastra (i), y que 
tras de acusaciones y descargos dio con él en un patíbulo no se 
sabe dónde, tal vez en Barcelona, por Setiembre de 1387. No 
pasaron nueve meses sin que fuese rehabilitada jurídicamente 
la memoria del desgraciado, y devueltos sus bienes á su hija y 
heredera Magdalena, casada con Berenguer de Galiana; y así 
terminó el noble linaje del procer, homónimo de apellido y nom- 
bre, á quien el rey Conquistador en 1256 había confiado la 
lugartenencia de la isla, decapitados por mano del verdugo sus 
dos últimos descendientes, el padre por fiel á Jaime III, el hijo 
por sus peligrosas intimidades con la corte del usurpador. 

Por un lado los crecientes apuros de la universidad, y por 



(i) Contra el uno ó contra la otra debieron de ser los sortilegios, no contra 
ambos á la vez, atendido el mutuo encono de las respectivas partes. El manda- 
miento de prisión, expedido en GranoUers á los ocho días de finado el viejo rey, 
habla do invocacions diaboUcals, /atillerias^ imaiges e obras matemáticas^ metí^^i- 
nas^ sorcellerias e altres maleficis molt detestables e de mal eximpii en lesió de la 
persona del senyor Rey e de dona Sibilia muller del senyor Rey quondam, e en altras 
personas de consell e collaterals seus, e haja mes avánl Jetas lo dit cavaller mollas 
altras malas obras é crims enormes^ axi en illa de Mallorques com de Menorca, de 
las guals es stat condempnat e agüella condempnació no ha servada ne compiida. 
Es casi seguro que este Tornamira tuvo por padre al otro Berenguer ajusticiado 
en 134$ como jacobita, y el mismo que fué muchos años capitán de Alcudia y 
cinco veces jurado en cap de 1 3 $o á i 38^ ; tal vez le arrastró en su caída el jo- 
ven Berenguer de Abella, hijo del enviado á Mallorca como reformador del reino 
en 1 373, y tan ligado con la reina Sibilia, como lo estuvo su padre con el prin- 
cipe D. Juan de quien era mayordomo, pues por análogas inculpaciones padeció 
suplicio en Barcelona en 29 de Abril del mismo año 87. No era tan singular en 
las más ¡lustres cabezas semejante paradero, que antes de 1 380 no hubiese teni- 
do otro igual Arnaldo de Torrella, cuyo crimen debió de ser de lesa majestad, 
puesto que le fueron confiscados sus bienes, acaso por connivencia con las tenta- 
tivas del Infante de Mallorca ó con los proyectos del duque de Anjou, salvando de 
la confiscación el dote su consorte Ramona, 



2o8 ISLAS BALEARES 



Otra la ambición de mando, la creación de nuevas necesidades y 
el hábito de la intriga cortesana aprendida en más vasto teatro 
desde la incorporación de la isla á la corona aragonesa, trajeron 
con la alteración de costumbres la indispensable alteración de 
leyes, sencillas antes como la misma sociedad (i). Introdújose 
el desorden en la administración; acumuláronse empréstitos so- 
bre empréstitos para salir del día; convirtióse en objeto de es- 
peculación para muchos la miseria pública: la negligencia ó la 
mala fe adormecían á los gobernantes acerca de la inversión de 
caudales, y el mal ejemplo y la impunidad tentaban á los admi- 
nistradores. Por momentos iba creciendo la divergencia en inte- 
reses y voluntades de los moradores de la ciudad con los de las 
villas, y no alcanzaban ya á conciliarios las ordenaciones del rey 
Sancho datadas de 131 5, especialmente después que fué confir- 
mada por Pedro IV en 1358 la separación de fondos entre am- 
bas partes, y declarada en 1373 universidad y colegio la fo- 
rense; la cual á pesar de todo quejosa de los jurados, cuya 
autoridad superior acusaba de parcial, pronto halló en el seno 
mismo de la capital auxiliares decididos, para sacudir la común 
opresión, en el brazo artesano, abandonado y aun combatido en 
el consejo por el de mercaderes y el de ciudadanos, más afines 
por su manera de vivir y parentela con la aristocracia que con 
el pueblo. Á las embajadas oficiales votadas en consejo opusie- 
ron menestrales y payeses comisiones encargadas de presentar 
al rey sus especiales agravios, recursos que prolongaban los 
males y enconaban las disidencias en lugar de remediarlas. 
Cada cual de las partes en los litigios de ciudad á pueblos, de 
clase á clase, de particular á particular, solía enviar mensajes á 
la corte con crecidas dietas, y se procuraba favorables senten- 
cias con donativos y regalos. Expedíanse y revocábanse diaria- 



(i) Reproduzco estas y otras frases de los Forenses y Ciudadanos^ si e^ lícito 
á un autor copiarse á sí mismo por no perder el tiempo en cambiar de palabras, 
cuando aciertan por lo breves y expresivas á resumir una situación. 



ISLAS BALEARES 209 



mente reales provisiones, según alternaban distintas influencias, 
ó según inclinaban la balanza *las ofrendas por cuenta de los 
gobernados; vendíanse, no sólo los empleos y los privilegios 
individuales, sino las leyes reclamadas por necesidad urgente ó 
por común beneficio. 

De esta suerte fué intimada en Octubre de 1389 á los en- 
viados Lorenzo Máger tejedor, Eloy Rovira cuchillero y otros 
dos artesanos, antes de salir de la corte, la revocación de las 
facultades recién concedidas á los oficios, de reunirse y de cuo- 
tarse y de promover negocios del pro común y de revisar las 
cuentas de la universidad; pero ni los gremios ni las villas aflo- 
jaron en sus demandas. Antes que el caballero Juan de Mora y 
el mercader Miguel de Pachs, electos por el consejo de la ciu- 
dad, hallábanse ya otra vez en el continente por Pascua de 1 391 
Máger y Rovira (i), juntamente con micer Arnaldo Albertí y 
con Ramón Mosqueroles de Sóller y Pedro Seriol de Andraig 
en representación de los forenses. No sé si en las instrucciones 
de los comitentes sonaban quejas acerca de las usuras de los 
judíos y de la mole de censos que sobre las universidades y ve- 
cinos de los pueblos gravitaban, oprimiendo la riqueza agrícola 
harto más duramente que la mercantil ; pero sino consignadas 
en escrito, estaban en los labios de todos, y el odio contra los 
gobernantes que les abrumaban á impuestos, combinábase es- 
trechamente con el profesado á los acreedores que sus apuros 
les creaban. Por ominoso signo que al año aquel parecía presi- 
dir, más que por plan concertado para el simultáneo exterminio 
de la vilipendiada y abatida raza, avanzaba mugiendo sorda- 



(i) Máger había sido jurado por su respectivo brazo en i 388, al mismo tiem- 
po que Mora por el suyo ; Pachs lo fué en 1389; Rovira más tarde en 1393, en 
sustitución de Bernardo Oller fallecido, y tal vez en 1406 sino fué ya un hijo suyo 
del mismo nombre ; Tomás Romeu, otro de sus compañeros de embajada, en i 394, 
I 396 y 1403. Las listas de jurados y consejeros demuestran entre cuan pocas fa- 
milias é individuos giraban entonces, ni más ni menos que ahora, la representa- 
ción política y el manejo de los negocios públicos y las alternativas y combina- 
ciones de los partidos. 

«7 



210 ISLAS BALEARES 



ñ 



mente de reino en reino y de una ciudad en otra la tempestad, 
con más rapidez de lo que á la sazón permitía la lentitud de las 
comunicaciones ; y ya á mediados de Marzo el gobernador Fran- 
cisco Sa-garriga, que en quince años de mando había aprendido 
á contemporizar con las luchas de banderías y á sobrenadar á 
sus corrientes, encargaba á los bailes de Inca y Sineu, villas en- 
tonces principales, que durante la próxima semana santa, y so- 
bre todo en viernes santo, preservasen de pedradas y malos 
tratamientos á los judíos de su distrito. A principios del verano 
fué en aumento la efervescencia; y cabalmente en el día lO de 
Julio, cuya víspera alumbraba en Valencia la destrucción del 
Cali judaico, trabóse una riña á la entrada del de nuestra ciu- 
dad entre algunos jóvenes cristianos, que bastó para introducir 
en el barrio la inquietud, y para que se circulara aviso oñcial á 
los pueblos á ñn de que fuesen allí castigadas, no sólo las vías 
de hecho, sino hasta las injurias de palabra. Dos días después 
publicóse un edicto, á nombre del rey bajo cuya protección es- 



II i I pecial estaban puestas las aljamas, que imponía á los promove- 

^* dores de semejantes escándalos pena de decapitación si eran 

hombres de alcurnia, de horca si plebeyos, lo mismo que á todo 
el que riñera, cristiano ó judío, y de arrancar la lengua á todo 
el que insultara. 

Con estas animosidades de raza coincidían tales bandos de 
familia, ó acaso más bien de parroquias y barriadas entre sí, que, 
anticipando las célebres discordias de Canamunts y Canavalls en 
el siglo XVII, las dividía en dos campamentos enemigos el torren- 
te de la Riera, que no podían atravesar, so pena de cortarles el 
pie, los de la compañía de Gerardo Adarró y de Alberto de 
Roaix donceles, y de Pablo Sant-Martí, Jorge Brondo y Ramón 
Sa-vila de la parte de arriba, y de la de abajo los afiliados á 
Ramón y Ortiz de Sant-Martí y á Felipe Malferit (i). Menudea- 



( i) Lleva este pregón la fecha de 25 Julio. No consta si correspondían dichas 
parcialidades á las que se disputaban el gobierno local, al menos no suenan idén- 



ISLASBALEARE^ 211 



ban las prohibiciones de usar armas, á excepción de espada y 
puñal, como si no sobraran éstas para verter torrentes de san- 
gre: hasta á los tímidos hebreos se les pegaba la marcial cos- 
tumbre (i). Con noticia de los desastres acaecidos en Sevilla y 
en Valencia, y mencionados ya por Sagarriga en su orden 
de 1 7 del propio Julio expedida á Menorca á fin de prevenir aná- 
logos alborotos, trataron al parecer los que vivían diseminados 
en no escaso número por las villas, de guarecerse al amparo de 
lugar más fuerte bajo la directa custodia del gobernador, quien 
reprobando el encierro en que con achaque de seguridad los 
mantenían en Sóller, mandó que á éstos y á los de Alcudia se 
les facilitara el viaje á la capital con la conveniente salvaguar- 
dia (2) ; y quizá su benévola mira de reunirlos para mejor defen- 
sa no dio más resultado que presentar mayor copia de víctimas 
á la saña de sus enemigos. 

Desde la encrucijada de cinco calles que retiene aún hoy día 
el nombre de Call^ ocupaba el barrio de los judíos el ángulo 
sudeste de la ciudad, prolongándose entre líneas no muy diver- 
gentes y casi paralelas, cruzadas por diversas travesías, hasta 
las puertas del Temple, Santa Fe y Calatrava, abiertas ésta al 
sur y las otras á levante. Desmandadas turbas invadieron aquel 
recinto, ora hundiendo sus puertas, ora asaltando la valla, en 
las primeras horas del miércoles 2 de Agosto, día de afluencia 
de gentío á la contigua iglesia de Franciscanos con ocasión del 
jubileo de la Porciúncula; pero con objeto bien distinto había 
amanecido acampado en el camino de Inca un improvisado ejér- 
cito de payeses de distintos pueblos, al cual no pudo disolver 



ticos los jefes: entre ambas huestes figura dividida la noble estirpe de Sant- 
Martí. 

(i) En 28 de Noviembre del año anterior hubo de prohibirles el gobernador 
á instancia de los secretarios de la misma aljama que no usasen de armas vedadas 
desde el anochecer hasta la salida del sol, y que tocada la hora cuarta de la noche 
no saliesen de casa sin luz. 

(2) La carta del gobernador al baile de Sóller es de i 5 de Julio, y del 31 la di- 
rigida al de Alcudia. 



212 



ISLAS BALEARES 



m 



con amenazas ni sosegar con promesas el honorable gobernador 
en persona, acompañado de funcionarios y oficiales á pie y á 
caballo; antes atropellándole con golpes y heridas, maltratada 
su cabalgadura y muerta la de su consejero Llobera, fué la nube 
á descargar sobre la judería, si es que allí no la dirigieron, 
como se dijo, para desviarla de sus casas, los más amenazados 
por la ira popular. Pronto se reunió á los de fuera, sin necesidad 
de anterior concierto sí es que lo hubo, la plebe ciudadana, 
ávida de sangre y de botín : no hubo puerta ni mostrador ni arca 
que resistieran al hacha y al martillo; joyas y vajilla guardadas 
en depósito ó en garantía de cuantiosos préstamos, créditos y 
numerario, oro y plata labrada, preciosas telas y ricas alfombras 
destinadas á los regios palacios, todo desapareció en aquellas 
bramadoras oleadas, más destruido que aprovechado por los 
robadores. Desde el mirador de la portería de San Francisco se 
veían alzarse sobre la cerca de enfrente las siniestras llamas, á 
la vez que reflejaban otras en las tapias del Temple, y otras 
más abajo al rededor de Santa Fe en las inmediatas Torres La- 
vaneras^ mientras temblaban las monjas de Santa Clara de que 
las envolviera el incendio. En pocas horas quedó despoblado el 
recinto: de las calles, de los sombríos patios, de las angostas 
viviendas recogiéronse trescientos cadáveres entre varones y mu- 
jeres (i); salváronse los sobrevivientes según pudo cada cual; 
muchos hallaron en el real alcázar ó palacio hospitalario asilo, 



(i) a este número eleva la cifra de judíos muertos el noticiario de Salzet, y á 
tres el de cristianos que murieron, sea defendiendo á los acometidos, sea á manos 
de éstos en defensa propia, sea por venganza ó encono particular. Harto menor 
fué la matanza en Valencia, si no pasó de ochenta, como añrmael propio anotador 
coetáneo : Escolano pone casi doscientos. No sé con qué datos asegura Mut, en las 
dos únicas páginas que á este suceso dedica, haber empezado aquí la conmoción 
por provocaciones de muchachos y agravádose con la muerte de uno de éstos; y 
lo que dice de las cruces formadas con dos palos que hacían adorar los revoltosos 
á los perseguidos, dándoles luego con ellas en la cabeza, tal vez lo confunde con 
algo parecido que ocurrió en Valencia. Nada parece haber habido de eventual sino 
de muy preparado en el saco de los judíos de Mallorca. 



ISLAS BALEARES 2I3 

tanto más de agradecer, cuanto no bastó el respeto á la autori- 
dad á preservar aquellos muros de sediciosos conatos. 

Cuánto duró la anarquía no se sabe, ni hasta qué punto par- 
ticiparon del saqueo ciertas casas ricas y principales y aun las 
del consistorio. Hasta el quinto día permaneció aletargado el 
gobierno, cuya primera señal de vida fué circular orden á las 
marinas para que á toda nave y aun lancha se recogiesen timo- 
nes y velas, á fin de impedir la salida así á víctimas como á 
delincuentes, y la extracción de lo robado lo mismo que de lo 
puesto en salvo; verdad es que pronto hubo que aflojar el rigor 
en los puertos, principalmente en el de Alcudia, respecto de la 
pesca y de la comunicación con Menorca, concediendo previo 
registro de embarcaciones y pasajeros. Sin embargo Sa-garriga, 
obedeciendo á una indicación de los jurados, no compactos ni en 
ejercicio todos de sus funciones (i), y de los veinticuatro pro- 
hombres que les había asociado el consejo para restablecer el 
orden público, delegó sus veces el lunes 7 en Juan Umbert ciu- 
dadano y Jorge de Santjohan doncel, sin dejar por esto de 
despachar al siguiente día un laúd armado á Tarragona por 
veintidós florines de oro con secreto aviso para el monarca, resi- 
dente por aquellos días en Zaragoza: citó el 9 á los bailes foren- 
ses para que inmediatamente, y sin aguardar el uno al otro, 
pareciesen en la ciudad á tratar de graves asuntos tocantes al 
honor del rey y al bien de la república; pocos empero cuidaron 
de presentarse, puestos en rebelión más ó menos abierta, y soli- 
viantados por las excitaciones... ¿de quién se dirá?... del baile 
real de Mallorca, del turbulento Luís de Bellviure, que recorría 
los pueblos para empujar nuevamente las sediciosas huestes 
contra los muros de la ciudad y contra las humeantes ruinas del 



(i) Ñuño Uniz, jurado caballero, era á la vez alcaide de Bell ver donde residía; 
el jurado mercader Bartolomé Martí y el artesano Juan Serra fueron dados de baja 
como sospechosos á los descontentos; quedaban sólo Arnaldo Serra y Jorge Roig 
ciudadanos, y el otro mercader Guillermo Sacoma. 



214 ISLAS BALEARES 

Cali judaico, de cuyo estrago probablemente había sido promo- 
vedor y acaso caudillo (i). Dada la importancia del personaje, 
se comprende la prisa y empefto del gobernador en hacerle pre- 
gonar de villa en villa, particularmente en Andraig y en Sóller, 
puntos los más propicios á su fuga ; y en efecto, de Sóller escapó 
en un laúd para ser detenido luego en Menorca. 

Con las noticias llegadas de Barcelona, donde el motín del 
cinco de Agosto y saqueo del Cali, atribuido á gente castellana, 
acababa de repetirse el 7 en mayor escala con el asalto del Cas- 
tillo Nuevo, con el degüello de los refugiados y con la destruc- 
ción de la curia de la Veguería en él establecida, exacerbóse en 
Mallorca, tan pronto influida como influyente, la disposición de 
los ánimos. Para resguardo de su persona, no menos que de sus 
infelices protegidos, tomó el gobernador desde el día 1 1 una es- 
colta, de diez fíeles ballesteros, á las órdenes del bravo Antonio 
Matas pelaire de ofício, que sin soltar las armas guardasen día 
y noche el real palacio, cuyas entradas mandó tapiar á excepción 
de la principal: así estuvo veinte y dos días. Intimaba por otra 
parte á los nobles y pudientes, en nombre de la fidelidad debida 
al soberano, que entrasen desde luego en la ciudad los que de 
ella estaban fuera, sea eventualmente, sea por recelos ó compro- 
misos, ó por vía de protesta (2); algunos obedecieron, creyén- 
dose quizá más seguros al abrigo de las murallas que en sus 



t^n- 



(1) Aparece por primera vez como de la casa del rey D. Juan, obteniendo por 
merced del mismo la castellanía de Bellver desde ai de Febrero á 30 de Abril 
de I 387, en que fué devuelta á Ñuño Uniz que antes la poseía ; hallóle en toda la 
mitad primera de i 391 baile de la ciudad, oficio también de nombramiento real; 
el carácter, la conducta, los móviles que se la dictaron, fuerza es adivinarlos al 
trasluz de la fantasía. Ni antes ni después suena en Mallorca semejante apellido; 
sólo parece que tuvo en la isla un hermano, según el profuso salario con que pa- 
garon los dos una escritura de reciproca definición de bienes. ( Forenses y Ciuda- 
danos, pág. 37) 

(2) No bajan de treinta los citados, entre ellos Bernardo Febrer, Pedro Safor- 
tesa, los Santiscle, losRubert, los Valentí,losUmbert, los Rossinyol, losSantacilia, 
01ms,Torrella, Tagamanent, Montornés, Berga, Brondo, Sagranada y otros linajes 
no menos distinguidos. 



ISLAS BALEARES 21^ 

aisladas quintas en tiempo de general revuelca. Pero, sin estallar 
en nuevos desmanes, iba imponiéndose la revolución, y dio un 
paso de gigante cuando el día 24 fué pregonada por las esqui- 
nas la buena nueva de la absoluta franquicia de ayudas é im- 
puestos otorgada á los moradores así de la capital como de los 
pueblos, pasando á letra muerta el sexto del vino, la sisa-carnes, 
la molienda del trigo y demás derechos que pesaban sobre víve- 
res y ropas. De buen talante, por no decir con grave susto, 
debió de coger á los jurados y á su consejo, y al gobernador 
para confirmarla, la petición de los menestrales que tal obtu- 
vieron. 

Acaso desde entonces el consejo empeñó ya á los insurgen- 
tes la promesa, recordada más tarde con amenazas, de agenciar 
por buenos modos la conversión de los judíos, sin apelar á la 
horrible disyuntiva de bautismo ó muerte: todo quedó por de 
pronto en suspenso respecto de aquellos desgraciados, su reli- 
gión, su propiedad, su residencia, su ulterior destino, hasta im- 
pedirles otorgar escrituras de venta, quitación ó traspaso ni con 
extraños ni entre ellos mismos. Traía consigo cada día su alar- 
ma y su peligro: cuatro galeras castellanas, apresando á vista 
de la ciudad una nave mallorquina, y robando cautivos en el 
mismo puerto, daban lugar al bando del 25 para encerrar á éstos 
y conminar con la horca á todo extranjero que desembarcara; 
el domingo 27, no sé por qué reciente agravio ó con qué nueva 
demanda, reaparecieron hasta cuatro mil payeses al pie de las 
murallas, devastando huertas y viñas, particularmente la del 
odiado mercader Jaime Cañellas, atentados á que se refiere el 
pregón del martes 29, que prohibe con pena capital salir de la 
ciudad para reunirse con los alborotados ó procurarles vituallas, 
y encarga á los guardias y centinelas acudir á su puesto cada 
cual. Sin embargo, por esta vez pasó pronto la tormenta, y en 
dos de Setiembre creyó Sa-garriga poder ya prescindir de sus 
ballesteros, y vedar absolutamente la entrada en el Cali con 
graves penas. Por aquellos días á corta diferencia, según el orden 



2l6 ISLAS BALEARES 

de las partidas (i), pagaron al patíbulo las primicias, ahorcados 
en la plaza del Moll^ Bernardo Matheu y Juan Bofí, como re- 
volvedores de la ciudad y autores de heridas, que pudiendo ser 
las inferidas al mismo gobernador, explicarían bien la preferen- 
cia en el castigo. A este acto de energía siguió otro; y fué la 
solemne publicación, en i8 de Setiembre, de la real cédula ex- 
pedida en Zaragoza á 3 del mismo, por la cual tomando el rey 
bajo su salvaguardia á todos y cada uno de sus vasallos, cristia- 
nos y judíos, prohibía que recíprocamente se injuriasen y ofen- 
diesen, aunque estuviesen en bando ó guerra^ y declaraba ene- 
migo suyo y traidor y sujeto á las penas de tal al que tanto se 
atreviera. Protestaron los jurados, requeridos por los jefes de 
oñcios y por los síndicos forenses que comprendían bien el alcan- 
ce del mandato, ser éste contra franquicias del reino, según las 
cuales podían enmendarse los agravios con intervención de pro- 
hombres antes de acudir en queja al tribunal, lamentándose de 
que los delitos comunes se erigieran así en crímenes de lesa ma- 
jestad que producían confiscación de bienes; y el gobernador 
suspendió los efectos del edicto hasta nueva orden. 

Algo debió ocurrir á fin de Setiembre que volviera á poner 
en combuistión los pueblos, á juzgar por los capítulos que, por 
vía de intimación más que de súplica, presentaron los prohom- 
bres forenses á los jurados y al consejo, y que con leves en- 
miendas pasaron éstos á la autoridad superior para que los 
promulgara, como tuvo que hacerlo el día 30. Eocpulsión, con 
inhabilitación perpetua para cargos públicos, de cuantos se de- 
cía haber regido y administrado mal ; abolición de impuestos 
confirmada por el consejo general de dentro y fuera ; cancela- 



(i) Carece de fecha la de la procuración real, según la que no costó arriba de 
una libra siete sueldos cuatro dineros la ejecución, detallando hasta el importe 
de los dogales y de las cuerdas de cáñamo con que se ataron las manos á los reos. 
Opino serían payeses, siendo muy común en Inca y pueblos limítrofes el apellido 
de Mateu, y tal vez serían hermanos del Bernardo, como lo eran entre sí, Jaime y 
Juan pregonados en Junio del año siguiente, ofreciéndose por su entrega quinien- 
tos florines de oro. 



L 



islasbaleares 217 

ción de créditos de judíos y cristianos nuevos, como por prime- 
ra vez se les llama, y de contratos usurarios de cristianos; fa- 
cultad de redimir censos al mismo precio que en su creación 
tenían, reducción de los prestados en especie á dinero á razón 
de cien sueldos por morabatín, moratoria en el pago de atrasos; 
observancia de los estilos curiales de Mallorca en la abreviación 
de pleitos; remoción de Llobera, Sala y Castell de sus respecti- 
vos empleos de asesor, síndico y notario de la universidad; es- 
tricto turno anual en los oñcios de ésta; conformidad de las tres 
cuartas partes de votos necesaria para resultar acuerdo; ingre- 
so de los síndicos forenses en el consejo general, y d^ diez pro- 
hombres de fuera en el menor compuesto de treinta individuos, 
en el cual se necesitaran para resolución cuatro quintos de 
votantes; tal fué la fórmula dada á sus aspiraciones por los des- 
contentos. No se dio sin embargo por tranquilo con la satisfac- 
ción de ellas el gobernador, sino que se preparó como si fuera 
á resistir: que no saliesen á la calle los esclavos, que no entra- 
sen en la ciudad los tripulantes extranjeros, que se reuniesen 
armados los marinos con sus clavarios en la iglesia de San Juan, 
que los agremiados se pusiesen también con armas á las órdenes 
de su respectiva cabeza, que se cerrasen las tiendas excepto las 
de víveres, que en las plazas y á las puertas de la capital se vi- 
gilara, prevenciones oportunas eran contra el inminente desor- 
den; pero más bien parecían atraerlo el vedar á los conversos^ 
así el uso de armas y de picas ó dardos en defensa de sus 
personas y hogares (i), como su embarco para tierra de moros 
ó cualquier otra extranjera, so pena de quemar el buque que 
los admitiese y de castigar con la horca á los fugitivos y á los 
que protegieran su fuga. 



( 1 ) En unión con los conversos menciona el bando á los Sardos, que reducidos 
á esclavitud durante la prolongada guerra con Cerdeña, habían sido declarados 
libres con motivo de la paz desde Setiembre de i 389, bien que los que en Mallor- 
ca se quedaron continuarían siendo objeto de desconfíanza. Entre las armas son 
citadas las vergas sardescas. 

38 



2l8 ISLAS BALEARES 

Pasáronse en espectación angustiosa el sábado y el domin- 
go I .® de Octubre en que estas medidas se tomaron , y el lunes 
con precisión astronómica desencadenóse el anunciado huracán. 
De seis á siete mil hombres armados constaba la hueste que se 
desplegó al rededor de los muros, ora llegase unida y compac- 
ta, ora dividida en grupos según los distritos de su procedencia, 
convergiendo por caminos diferentes. Venganza^ no y^justicid^ 
era su grito, porque á sus demandas se sobrepuso instantánea- 
mente la indignación y la alarma por las vidas de sus enviados 
á la corte, que se dijo haber sido presos en Barcelona donde 
estaban en vía de regreso, y conducidos otra vez á presencia 
del rey que seguía en Zaragoza, con vivo recelo de que fuesen 
inmolados á las intrigas de los que habían arruinado la isla con 
su desgobierno. De Pedro Seriol , el intrépido vecino de An- 
draig que con tanto celo y energía había patrocinado los inte- 
reses de las villas, parece resultó positivo el asesinato, aunque 
no se sabe el modo, el lugar ni las circunstancias (i). Temían 
los forenses por Ramón Mosqueroles, el prohombre de SóUer, 
á la vez que los menestrales ciudadanos por sus enviados Máger 
y Rovira : con lo cual no hay que decir si mezclaron unos y 
otros sus clamores y sus fuerzas, y si se encontraba la ciudad 
mucho peor que sitiada, con sublevación dentro y fuera; é impo- 
tentes por lo mismo los gobernantes para poner freno á las 
tumultuarias exigencias, hubieron de contentarse con prevenir 
atentados. El primer cuidado de Sa-garriga fué poner al ampa- 
ro del fuerte castillo de Bellver y bajo la fe del noble Ñuño 
Uniz, alcaide de él á la vez que jurado en jefe, al venerable 
Pedro Sa-fortesa, á quien ni sus años ni su fortuna resguarda- 
ban de las iras de la muchedumbre, atizada acaso por sus ad- 
versarios de partido, y á diez compañeros ó parientes (2), con 



(i) No consta que formara parte de la última embajada, antes parecen referir- 
se á años anteriores sus servicios. 

(2) Eran estos Bartolomé Martí jurado mercader aquel año; Juan de Cunilleras 



ISLAS BALEARES 219 



achaque de impedir que á su responsabilidad se sustrajeran. 
Corrió la voz de que iban á ponerse en salvo aquella noche en 
una galiota provenzal que se había hecho venir expresamente, 
y acudieron las turbas desmandadas á Portopí. Á las atrevidas 
reclamaciones de un hijo y de un hermano de Rovira, llamado 
éste Marimundo y aquél Eloy, como su padre, y de un deudo 
de Máger, el tejedor Jaime Vallbona, contestó el gobernador 
dándoles para el alcaide una carta, de la cual los recelosos ar- 
tesanos no se sintieron con ánimo de ser portadores tan á des- 
hora, pero que el martes á la salida del sol presentaron, acom- 
pañados á requerimiento suyo por un escribano, que autenticó 
el homenaje de los egregios detenidos, de no tratar de huir ni 
ausentarse sino con superior licencia. 

No bastó empero esta seguridad á las cohortes de fuera, 
que incitadas por sus caudillos y especialmente por el joven 
Pedro Mosqueroles á impedir ó á vengar, si otra cosa no podía, 
la muerte de su padre, osaron la noche siguiente trepar el cerro 
y batir los muros del castillo; mas, careciendo de máquinas para 
abrir brecha y para tentar siquiera el asalto, aceptaron la vía 
de las negociaciones que se les ofrecían con tal de que se reti- 
rase la asoladora plaga, cuyos daños en talas y robos de gana- 
dos se estimaban ya en cincuenta mil libras. Intervino en la ave- 
nencia la autoridad eclesiástica que en ausencia del recién 
nombrado obispo D. Luís de Prades ejercía su vicario general 
doctor Pedro Solanes, quien en unión con el jurisperito Arnaldo 
Albertí consejero de los forenses y con el pelaire Pedro Duran 
cabeza de los menestrales, salió del palacio real en la mañana 
del 4 con poderes del gobernador para el cuartel general de los 
sitiadores puesto junto á la viña de Francisco Des-Pí en el ca- 



que lo había sido en i 383, 87 y 88; Bernardo Cerda por el brazo artesano en 1372 
y por el de mercaderes en i 377, 81, 86 y 87; Jaime Cañellas también del 87; Jor- 
ge Brondo y su hijo Jorge; los hermanos Jorge y Bernardo de Sant Johan, casado 
el primero con Leonor Burgués nieta de Sa-fortesa; Nicolás de Pachs hijo de Gui- 
llermo, y Luís de Pachs hijo de Miguel, ambos menores de 25 años. 



220 



ISLAS [¿ALEARES 



mino de Calviá (i). Allí después de varios coloquios se le agre- 
gó Pedro Mosqueroles, y subieron juntos al cercano castillo, 
donde el alcaide permitió solamente la entrada al reverendo 
eclesiástico; y como insistiesen Mosqueroles y los suyos en pe- 
netrar dentro y aun en registrar el recinto, pretendiendo que en 
él se ocultaban entre los demás el abogado Llobera y su hijo y 
el notario Antonio Castell (2), «no, respondió el noble Nufto, 
aunque sepa morir, no admitiré dentro de estos muros al inso- 
lente que vino esta pasada noche á rondarlos, y juro por Dios 
que no hay más personas que estas que el gobernador enco- 
mendó á mi custodia. » Tomando entonces la palabra por sus 
compañeros, dijo Pedro Sa-fortesa: «por demás parece cualquier 
otra garantía después de la que ayer dimos con juramento en 
manos de mosén Ñuño, mas á trueque de poner remedio á tan- 
tos males, prontos estamos á reiterarlos, aunque en nada nos 
conceptuamos culpables.» Las instancias del vicario general, 
reforzadas (menester es decirlo) por los murmullos y hasta ala- 
ridos que llegaban del otro lado de la barrera, recabaron al fin 
del altivo alcaide que se prestase á abrir la puerta á Mosquero* 
lesy llamándole por su nombre de entre la impaciente turba é 
introduciéndole solo y sin armas en el patio. Disculpaba la pie- 
dad filial los revoltosos humos en el animoso mancebo, y al 
doncel Jorge de Sant Johan que se le acercó con amistosas que- 
jas de tan hostil conducta, protestando que si allí se encontraba 
era solo para acompañar á Sa-fortesa abuelo materno de su es- 
posa, «así lo creo, contestó, por inocente os tengo á vos y á 
Bernardo, vuestro hermano; lo que hay es que, con el recelo en 
que estoy de la muerte de mi padre, no está en mi ánimo ni en 
facultad mía alterar las condiciones con que de la hueste vengo 



(i) Debió de corresponder al predio Son Dureta ó formar parte del mismo, 
pues á la familia Des-Pí sucedió la de Dureta. 

(2) Figura éste en i 384 como jurado menestral, aunque á fuer de notario per- 
teneciese al brazo mercader, como asiduo comisionado en la corte, como propie- 
tario de la Albufera, y como hombre listo á perder de vista. 



ISLAS BALEARES 221 



para que, averiguada la verdad y hecha justicia, se retire á su 
casa cada cual.» Anochecía ya, cuando en poder del notario 
Abeyar que extendió solemne acta de todo, se constituyeron los 
once rehenes recíprocos fiadores y carceleros los unos de los 
otros, con lo cual se apaciguó el alboroto, y al otro día se levan- 
tó el campamento. Con temores de asalto y saqueo no durmió 
muy tranquila la ciudad aquellas dos noches, ni menos el pala- 
cio real bajo la simple custodia del pelaire Matas y de sus diez 
ballesteros. 

No fué esta la única ventaja que con sutretirada compraron 
los sitiadores: al negociar por la indemnidad de sus mensajeros, 
no se olvidaron de sus comunes agravios é intereses, imponien- 
do satisfacción cumplida á ellos en cincuenta y seis capítulos, 
unos por complemento de los anteriores, otros como reclama- 
ciones que crecían al compás de la pasión y fuerza de los 
insurgentes, en lo judicial, en lo económico, en lo administrati- 
vo, en lo tocante así al régimen universal, como al de la comu- 
nidad forense y al de cada pueblo (i). Respecto de sus deudas 
con los judíos, pedían la anulación, dándolos ya por reintegra- 
dos del capital con diez años de intereses, y que se revocase la 
obligación impuesta bajo pena de excomunión por los párrocos 
de restituir á aquellos todo lo robado en dinero y alhajas ó 
usurpado en bienes: aún llegó á más la feroz insolencia; hacíase 
cargo al general consejo de contemporizar con los desgraciados 
por su propósito de atraerles á la fe cristiana con suaves me- 
dios, y no con violencias que la misma fe rechaza, y se le inti- 
maban ocho días perentorios para obligarles á salir de estas 
demoras y vacilaciones, entre bautizarse ó morir nada menos. 



(ij Los límites de esta obra no permiten transcribir ni extractar siquera di- 
chos capítulos, más propios para la historia particular cuya publicación más ade- 
lante me propongo. Reñérense muchos á los censos y á las usuras que abrumaban 
á la sazón la propiedad, á la curia del veguer de fuera, al restablecimiento de fran- 
quicias caídas en desuso, á anulación de privilegios especiales, como el de Anto- 
nio Castell de rifar ó jugar á dados el pescado de la Albufera, y el de mosén Juan 
de Mora de poseer á título de caballería los marjales de la Puebla. 



222 ISLAS BALEARES 



que traían en perturbación al pueblo (i). Hasta se exigía que 
mediaran con el rey los jurados para obtener la remisión de 
unos movimientos intentados, decían, en honor de la corona y 
en bien de la cosa pública, y que prohijando sus querellas, les 
apoyaran en alcanzar reformas sobre las cuales había de basar- 
se la paz y la concordia de entrambas universidades. Por todas 
estas exorbitancias pasaron consejeros y jurados y gobernador, 
aprobándolos en cuanto estaba de su parte, salva únicamente 
la obediencia al monarca; y con plena solemnidad se publicaron 
para su provisional observancia dichos capítulos á primera hora 
del propio 4 de Octubre en la plaza de Cort , ei^tonces de San 
Andrés: mas, apenas empezada su lectura por el notario de 
Inca, Dolcet (2) Vives, que iba con el tumulto, arrebatóselos de 
las manos el pelaire Duran, y no se los devolvió sino corregi- 
dos á gusto de los amotinados, y así mandó se promulgaran, 
repitiéndose luego el pregón á las diez del día fuera de las mu- 
rallas junto al expresado cuartel general á espaldas de Bell ver. 
Á Sa garriga para descargo de las forzosas enmiendas no le 
quedó más arbitrio que tomar al pregonero la confesión de que 
el miedo se las impuso, y hacer levantar acta á un notario, aso- 
mado con multitud de testigos á la barbacana del Temple, del 
belicoso y formidable aspecto que ofrecían aquella puerta y las 
torres Lavaneras y la llanura toda inundada de miles de paye- 
ses armados, á pie y á caballo, con su diversidad de banderas y 
pendones clavados en el suelo y en las cercas. Con vigor de 



(i) Es preciso copiar el texto mismo del cap. 43 en su espantosa crudeza: 
Ilem com fer los primers capUols sia stat demanai queUs jueus mortssen ó 's /essen 
xpians^ e en aguell capítol sia stat respostque nostra ley no voliaque mortssen, mes 
que shi tendrían bonas maneras per jerse xpians; e /ins assi lo dít general consell 
no's sia curat ó entremés en procurar e acabar que 'Is dits jueus venguen á nostra 
fe cristiana : en pertant are de nou demanan los dits pobles^ que 'Is dits jueus sian 
trets deis lochs /orts hon stan^ e aquells forsar de morir ó tornar á nostra fe eres- 
tiana^ Per tal que los dits pobles per ells e lur triga de crestianísme no sian en lo 
torbament en lo qual están, si donchs dins VlIIjorns primers vinents no's serán 
avenguts ab lo general consell. 

(2) Dolcet parece diminutivo de Alfonso, 



ISLAS BALEARES 22^ 

V 

ordenanzas fué comunicando directamente á cada villa en los 
días inmediatos estas propiamente capitulaciones de la auto- 
ridad. 

Como deudores á los fondos públicos y sospechosos del ho- 
micidio de Seriol, fueron llamados al real palacio en lo de Oc- 
tubre y obligados á presentar fianza siete personas más de 
varios estamentos (i), entre ellas el jurado menestral Juan Se- 
rra. En cambio dióse por libres de su arresto en Bellver á los 
hermanos Santjohan por reconocimiento explícito del hijo de 
Mosqueroles : mas ni ellos ni otros de su familia y de su cla- 
se (2) consintieron en formar parte del consejo, del cual y de 
todo régimen, afortunadamente para sosiego suyo, les excluía 
el 1 1,^ de los capítulos proclamados, asiéndose al privilegio mi- 
litar que de contribuir les eximía. Alivióse el encierro á los 
detenidos, permitiéndoseles la salida del castillo y el paseo por 
el recinto exterior de la empalizada ; y al fin se desvaneció la 
ansiedad con la vuelta de los mensajeros artesanos Máger y 
Rovira y del sollerense Ramón Mosqueroles (3), que salvos é 
incólumes se presentaron al gobernador en tres de Noviembre, 
declarando su pesar de que por ligeras ó calumniosas voces 
tales vejámenes se hubiesen ocasionado á aquellos prohombres, 
y requiriendo una y otra vez la absolución de ellos. Retardóse 
ésta no obstante hasta mediados de Diciembre, cuando ya no 
quedaban en Bellver sino el anciano Sa-fortesa y sus cinco com- 



(i) Eran mosén Arnaldo Cerdo caballero, Guillermo Robert doncel, Pedro Sala 
y Pedro Ravell ciudadanos, Simón Ravell mercader y Juan de Moya especiero, 
además del jurado Serra; casi todos habían fígurado en las jurarías anteriores. La 
fianza dada por los cuatro primeros fué de cinco mil libras, de tres mil la de Si- 
món Ravell y de Moya, y de mil la de Serra. 

(2) El recurso con fecha de 14 de Octubre va á nombre de Jorge, Bernardo, 
Galcerán y Guillermo de Sant-Johan, de Berenguerde Galiana, Guillermo de Olms, 
Arnaldo Santa Cilia y del notario Bernardo Taulari. Iguales miras tuvo acaso ya 
Jorge de Sant Johan para esquivar el mando que en 7 de Agosto le había delegado, 
como queda dicho, el gobernador Sagarriga, y que no llegaron á ejercer, según 
parece, ni él ni Juan Umbert su compañero. 

(3) Con ellos volvió de la corte el jurado ciudadano Arnaldo Serra, que no 
aparece en desacuerdo con los demás enviados. 



224 



ISLAS BALEARES 



pañeros mercaderes, á los cuales no se dejó más responsabilidad 
que la que resultara de las cuentas. 

Pero de cómo y en qué términos y con qué solemnidades se 
dio el gran paso, es decir, la conversión de tantas familias, el 
bautismo de tantos activos negociantes, diestros artífices, pro- 
vectos faquíes, madres y doncellas, niflos y mancebos, y el 
trueque de sus nombres hebreos y patronímicos ó gentilicios de 
tribu por nombres y linajes cristianos, ni he podido hallar docu- 
mentos ni recoger siquiera memorias fidedignas. Precisamente 
por los días inmediatos al levantamiento del sitio debió de veri- 
ficarse el hecho, facilitándolo con sus conciliadores propósitos 
. el vicario general Solanes, y para ello salieron de los lugares 
fuertes donde, al decir de los insurrectos, permanecían encasti- 
llados los judíos, y prestáronse unánimes, pues no se menciona 
oposición ni fuga de parte de ninguno, á abrazar una religión, si 
impuesta por el motín, enseñada con mejor espíritu poi* los ca- 
tequistas. Ya desde 21 de Octubre no se habla sino de conver- 
sos^ y en los días consecutivos parecen ante la curia de la go- 
bernación más de cien jefes de familia, sobrepuestos, por decirlo 
así, al nombre israelítico el de pila y el apellido mallorquín, 
tomados, si no propiamente de sus padrinos de bautismo, de 
las personas con quienes más ligados se hallaran por interés ó 
por afecto y que mejor pudieran protegerles, caballeros, ciuda- 
danos, mercaderes, sacerdotes, y hasta el mismo gobernador (i). 
Acuden á declarar, llamados por pregón, si quieren volver á 
sus albergues del Cali, cuyas arrancadas puertas se manda 
restituir, ó más bien alquilarlos ó venderlos; y á pesar del terror 
de lo pasado y de los peligros de lo futuro, más de una mitad 
se decide por habitarlos otra vez, mientras de los restantes sólo 
se prestan ocho á desprenderse de la vivienda de sus mayores. 



( 1 ) Refíérome en este punto al trabajo especial que acerca de la topografía del 
Cali y catálogo de sus pobladores llevo publicado en el Boletín de la Academia de 
la Historia^ tom. IX, y en el Museo Balear a.» época, tom. IV, núm. 8. 



ISLAS BALEARES 225 

dando así loable ejemplo de singular apego al país y aun al 
barrio, y desmintiendo los conatos de emigración que de ellos 
se recelaba. 

Más sosegados ya los pueblos con el feliz regreso de su de- 
legado Mosqueroles, citóse al consejo forense para oir el resul- 
tado de la embajada, no en Inca donde se reunía de costumbre, 
sino en la ciudad por orden superior; y si tuvo efecto en el anun- 
ciado 8 de Noviembre, surgió de él otra convocatoria de consejo 
general para el i6, llamando, además de los ordinarios repre- 
sentantes de fuera, á uno, dos ó tres más por cada villa según 
la importancia de ésta, elegibles por el pueblo, pero en forma 
legal y no en tumultuoso comicio. Trataba Sa-garriga de reunir 
en rededor suyo los escasos elementos de autoridad disponibles, 
y apremió al alcaide de Bell ver Ñuño Uniz para que, saliendo 
del castillo donde se mantenía en actitud indefinible, acudiera 
en la próxima sesión á su puesto de jurado en jefe: tal vez por 
desconocidos medios esperaba lograr de aquellas reuniones una 
reacción saludable, como la que prevaleció el 13 en Felanig, 
donde por aclamación unánime se renunció á votar adjuntos, 
protestando que no querían ^^x pueblo sino universidad^ ni apar- 
tarse en lo sucesivo de la fidelidad al rey y de la obediencia á 
su gobierno; escena que el 26 se reprodujo en Campos en junta 
especialmente autorizada por el gobernador. No así en Inca, 
que traían alborotada con sus demandas el notario Vives, Pablo 
Piquer y Ramón Malferit, logrando salir electos : grave tras- 
torno de intereses habían producido en la populosa villa, lo mis- 
mo que en las de Sineu, Alcudia y SóUer, los atentados contra 
la numerosa raza hebrea avecindada en ellas y su conversión 
simultánea con la de los que poblaban la capital, á pesar de que 
la autoridad, como mejor podía, amparaba las reclamaciones de 
los perseguidos. Prohibióse de nuevo, así en beneficio de los 
dueños como de sus acreedores, la sustracción de ropas y mue- 
bles del Cali, y se mandó denunciar los censos activos y pasi- 
vos; hasta se facultó á los conversos para seguir su interrumpido 



220 ISLAS BALEARES 

tranco con Berbería y otros puntos, eximiendo de embargo las 
mercancías que importaran, cuando de pronto circulóse aviso á 
Alcudia, Sóller, Andraig, la Palomera, Santaflí y Arta, que á 
nadie absolutamente, á excepción de las tripulaciones forasteras, 
se permitiese salir de la isla sin expreso salvoconducto, exigien- 
do juramento á los patronos de los buques. 

Acababa de recibir Sa-garriga una orden enérgica de Juan I, 
datada de Villafranca del Panadés en 22 de Noviembre, en que 
so pena de perder la cabeza le intimaba no hacer caso de los 
capítulos establecidos y jurados por impresión y no en legal y 
debida forma, á instancia de los payeses y otros desde el co- 
mienzo de los motines, anunciando su próximo viaje á la isla; 
pero como á dicha cédula acompañaba otra de igual fecha, que 
dejaba al criterio de aquél la oportunidad de publicar una dis- 
posición que pudiera dar creces al incendio en lugar de extin- 
guirlo, tuvo por prudente el gobernador guardarla secreta to- 
davía. Alentado con ella, sin embargo, emprendió devolver la 
enervada acción á la justicia, dirigiéndola desde luego contra el 
más terrible de los facinerosos, que en aquellas revueltas se 
había señalado, no se sabe si por audacias políticas ó por enor- 
mes crímenes, Antonio Cigar, conocido con el ridículo apodo 
de Brou de pella (i). Siete días se le anduvo buscando por di- 
versas comarcas, al cabo de los cuales fué conducido preso á la 
capital ; y no transcurrió un mes sin que marchase al patíbulo 
juntamente con Romeo Cifre, la antevíspera de Navidad, con la 
triste distinción de ser descuartizado su cadáver, mientras el de 
su compañero quedó colgado de la horca. De mediados de Di- 
ciembre á mediados de Enero del siguiente año no cesaron de 



(i) Con este apodo solamente le designa Mut, que no sé por dónde tuvo noti- 
cia de él, acaso por tradición ó memoria, pues no le nombran los documentos ofi- 
ciales que he visto, á excepción del libro de datas de la procuración real, ni tam- 
poco los apuntes ó trabajos históricos anteriores á Mut; equivoca éste empero su 
I nombre de pila llamándole Nicolás. Pongo el apellido tal como se lee en la par- 

% V tid& ele su prisión y suplicio, que con esta ortografía se escribía entonces el de 

^^^ Sitiar. 



ISLAS BALEARES 227 



acumularse dentro de la cárcel de la ciudad reos de los pasados 
alborotos, traídos de su respectivo pueblo; de Inca Bernardo 
Algaida tonelero, de Selva Gabriel Coch, de Sóller Pedro Pi- 
quer y un Rebassa, de Manacor un extranjero llamado Nicolás 
Brandiz, de Muro, de Sineu, de Montuiri, de Santaftí, de Alcu- 
dia otros, para cuya custodia se afladió á la ordinaria de los 
carceleros la vigilancia especial del marinero Antonio Torres. 
De la ejecución de los referidos no hay memoria, pero sí de la 
de Pedro Julia y de un hijo de Guyana, verificada en i6 de Ene- 
ro, los cuales fueron anegados sin expresar cómo ni dónde, y 
después durante la noche, que pasaron en vela los ministros en 
tan repugnante operación, púsose la cabeza de Julia en la puerta 
del castillo del Temple, y la del otro á la entrada del Gall en 
la plazuela llamada entonces de Montsó (i). En quince calcula 
el real indulto de i6 de Julio de 1392 el número de sentencias 
capitales, con diversos géneros de muerte cumplidas en los 
principales autores del movimiento. 

La más notable no tuvo efecto en Mallorca. Reclamaba el 
rey con señalado enojo la persona de su antes favorecido corte- 
sano, y desde Menorca, donde había sido preso, fué traído Luís 
de Bellviure en una galiota fletada al objeto, permaneciendo en 
el puerto un día y dos noches, guardado por centinelas de vis- 
ta; desde aquí, trasbordado á la nave del patrón Talamanca, 
salió para Barcelona, despachándose por tierra á Andraig el 
enorme proceso que había de acompasarle. Sucedía esto en los 
primeros días de Enero, y el 27 caía en la plaza de la Lonja de 
la capital del principado la cabeza del ex- castellano y ex-baile, 
para ser luego izada en la entena de la embarcación mallorqui- 
na (2). Saludable ejemplo de justicia exenta de acepción de ran- 



(i) Tomaba nombre de la antigua casa de Pedro Ramón de Montsó, conocida 
desde el siglo xvi hasta nuestros días por de Priam de Villalonga. 

(3) Bien ajeno estaría Piferrer de que en las adiciones á su tomo de Mallorca 
saliese un día á fígurar este dato, sacado de los estudios que en otra publicación 



^^ 



228 ISLAS BALEARES 



gos, repetido por el mismo tiempo con la proscripción del noble 
Arnaldo de Santacilia, aunque por delitos anteriores, pues en 1 2 
de Julio había ya prestado homenaje en manos del gobernador 
de no ausentarse de la isla, dando fianza por él sus hermanos 
Bernardo y Juan, hijos todos de Dalmacio, que vivían en el 
I predio Castell-damós término de Sancellas ; Arnaldo y Juan fue- 

I ron por su fuga declarados baras y traidores y confiscada su 

, I caballería, sin que del resultado de estos procedimientos haya 

^ podido hasta aquí saberse más, que de la naturaleza de las cul- 

' -I pas que dieron margen á ellos. 

5 Por fin día 3 de Febrero creyó Sagarriga llegada la ocasión 

^ de hacer pregonar á voz de trompas y atabales la soberana re- 

\j solución del 22 de Noviembre contra las que hoy se llamaría 

. :• conquistas revolucionarias, anulándolas de todo punto: intimóse, 

* 1 si bien con moratorias, en 2 2 de Febrero y i .® de Marzo, la de- 

( finitiva restitución de bienes á los judíos; dióse orden á éstos en 

22 y 23 de Marzo de manifestar cuanto se les debía en préstamos 
' i ó censos, en dinero ó en especie, no obstante cualesquiera cesio- 

1 nes ó arreglos convenidos desde el 1 5 de Enero. Repitiéronse las 

I comisiones á Alcudia, á Manacor, á Bellveer (San Lorenzo), á 

i Arta en averiguación de delitos y captura de criminales; y fué 

r registrado en la Porrassa un buque armado de Valencia, por no- 

ticias de haber acogido por un lado conversos y por otro mal- 
hechores, mescolanza apenas comprensible. Duró todo aquel 
'' } año la prohibición de embarcar á nadie no autorizado con supe- 

í rior licencia ; medida que respecto de los depredadores tenía el 

objeto de cerrarles la fuga, como respecto de los cristianos 
nuevos el de contener el despoblamiento y prevenir la aposta- 
sía. Á los ausentes se dio un plazo de treinta días para regre- 



imprimió sobre la matanza de los judíos en Barcelona, sin el cual se ignoraría el 
paradero del principal autor de nuestra sedición, tan relacionada con aquella. An- 
tes del suplicio de Bellviure y de otros dos, había ya presenciado Barcelona vein- 
te y tres por la misma causa en 14 y 16 de Diciembre anterior. 



ISLAS BALEARES 229 

sar, so pena de secuestro de bienes, en la cual incurrieron Ma- 
galuf y Ayón Natiar, Struch Benini y otros, á pesar de la 
vigorosa defensa á nombre de ellos presentada por sus procu- 
radores y correligionarios, quejosos de este linaje de servidum- 
bre impuesta á los que eran libres de derecho, y de la inseguri- 
dad, vejaciones y hasta muertes que les forzaban á abandonar 
la tierra. Pero en vez de mejorar la situación de los que queda- 
ban, cada pregón la hacía más molesta, citándolos ya á reunirse 
en el palacio real y á comparecer por apoderados las viudas, ya 
á responder de los alodios á que estaban afectas sus casas y 
huertos del Cali, ya á echar entre ellos un reparto para cubrir 
las deudas de la aljama, ya á pagar los cuatro sueldos por libra 
que al rey otorgaron sobre los créditos que cobrasen, mediante 
la intervención del escribano Mateo Lóseos en los recibos. Ver- 
dad es que también se conminaba con cortar el pie ó las orejas, 
según fuese siervo ú horro el delincuente, al que entrara sin 
título en el barrio desmantelado á llevarse piedras, tejas y ma- 
deros por vil codicia ó aumentar por malignidad su desolación, 
y con graves penas al que solo ó en cuadrilla acechara, persi- 
guiera ó despojara á sus moradores. 

No pareció exenta de censura en la corte de Juan I la con- 
ducta de las autoridades de Mallorca durante los tumultos, ni 
aun destituidas de fundamento las quejas que los habían provo- 
cado; y más oídas que las explicaciones del caballero Bernardo 
Febrer y de Guillermo Valentí enviados á nombre de la univer- 
sidad (i), fueron las de otra embajada, tal vez con poderes pos- 
teriores de la misma ó no sé con qué otros, compuesta del 
prudente mediador canónigo Solanes, de los ciudadanos Andrés 
Rossinyol y Jorge Roig uno de los jurados de 1391 aunque no 



(i) Partieron éstos, según el noticiario de Salzet, á 22 de Febrero, llevando 
por consejeros al caballero Arnaldo Cerdo, á Felipe Umbert ciudadano, á Guiller- 
mo Falgueras mercader, á Berenguer de Plegamans tendero, y á Arnaldo Sureda 
habitante de Manacor. No se habla más de dicha embajada, sustituida ó neutrali- 
zada por la otra. 



232 



ISLAS BALEARES 



D. Martín padre del rey muchacho. Corrían proyectos de expe- 
dición á Cerdefla á la orden del rey de Aragón en persona, y 
los bélicos aparatos distrajeron la atención pública del objeto 
de las pasadas alteraciones, al paso que servían de escarmiento 
sus consecuencias. De los edictos publicados en la primera mitad 
del 1393 aparece que no quedó prohibida en principio á los ju- 
díos la residencia en la isla: á los que hoy son y serán se 
prohibe hacerles daflo oculto ni manifiesto, como á puestos bajo 
amparo especial del monarca, so pena de degüello al noble y 
de horca á cualquier otro; tan sólo á los que después de con- 
vertidos se ausentaron á Berbería se ordena confiscarles los 
bienes en calidad de renegados. Repecto de los que siguieron 
aquí domiciliados, no se omitió medio para instruirlos y confir- 
marlos en la fe, á cuyo objeto formó provechosas ordenaciones 
el dominico fray Guillermo Carrera, siendo convocados todos, 
de siete años arriba, á oirías en la Seo el domingo de Ramos : 
al propio tiempo se manda respetar su propiedad, prohibiendo 
las ventas clandestinas y á bajo precio, y exigiendo á los com- 
pradores la exhibición de los títulos legales. Por temor é inse- 
guridad más que por ley expresa cesó de haber judíos en 
Mallorca por algún tiempo, hasta que fueron avecindándose 
paulatinamente en la isla nuevas familias extrañas (i). Los con- 
versos perseveraron fieles, con una ó dos excepciones que com- 
prueban la regla general. 

Convirtiósele á Mallorca en nueva calamidad lo que hubiera 






(i) á raíz casi de esta revolución nos hallamos ya con el notable hecho con- 
signado en la real cédula, que por su importancia no puedo menos de transcribir, 
dada en Valencia á 15 de Marzo de 1394: Entes havem que aquí en Mallorques 
han vengut de Portugal be cent cinquanta Juheus^ los quals son stats be per vos 
acullits e per la geni de la ierra covinentmeni tractaiSy de que havem haut gran 
piaer; perqué us manem expressament que 7s ditsjueus e tots altres que hi vingan 
mantengáis e defenats axi com si eran crestians^ e per res per algü no sofirais de 
Paraula ne de Jet aquells ó altres dells esser mallractats, e fets los assignar cerl 
loch covinent en la ciutal hon stian apartáis. Sin embargo no aparecen por enton- 
ces más indicios ni tampoco resultados de semejante inmigración, que hubo de 
ser pasajera, confirmándose con esto mismo la aseveración del texto. 



w 



ISLAS BALEARES 233 

servido á las otras de remedio, á haber sido diferentes las cua- 
lidades del soberano que hizo estancia en ella durante cuatro 
meses. Huyendo de la peste que cundía por la península, aportó 
á Sóller Juan I con su esposa y su hija y su hermana (i), y con 
multitud de barones y damas y caballeros que llenaban cuatro 
galeras, en la mañana del i8 de Julio de 1395; y el mismo día 
fueron á Buñola y al otro á Valldemosa, desde cuyo palacio, 
aún no trocado en Cartuja, trasladáronse al castillo de Bellver, 
dando una semana á la ciudad para prepararle la solemne en- 
trada. Verificóse ésta el 28 por la tarde, seguida de cuatro días 
de lucidas fiestas en que ostentaron sus danzas todos los oficios 
y clases, y de uno de espléndidas justas que ofrecieron los jura- 
dos, vistiendo á treinta personas de tela de oro y terciopelo 
partido con paño azul de Florencia. El gravamen de los apo- 
sentamientos, las extorsiones de los cortesanos, la venalidad de 
los oficiales, acrecentaron los vejámenes é injusticias que habían 
venido á reparar; fueron presos á causa de su protesta los jefes 
de varios gremios y los notarios que la extendieron; y por no 
oir tales querellas el indolente rey, volvióse á Bellver, sitio más 
favorable para sus cacerías y para los saraos de la reina, cuya 
desmedida afición á los placeres era aún menos funesta que su 
inmixtión perturbadora en el gobierno. Vendíanse los arbitra- 
mientos, las amnistías, las cédulas frecuentes sobre todo al final 
de la temporada, si es que el bando dominante con un donativo 
de cien mil florines no compró, más que estos públicos benefi- 
cios, su continuación en el poder (2): quien más, quien menos, 



(i) Era ésta la infanta Isabel, habida por el rey D. Pedro en su cuarta esposa 
Sibilia, y casada en 14Ó7 con Jaime conde de Urgel, cuyas pretensiones al trono 
fomentó ambiciosamente. De las dos hijas de Juan I sólo vino la menor, Violante 
como su madre, desposada ya á los catorce años con Luís duque de Anjou, pre- 
tendiente al reino de Ñapóles : la mayor, Juana, nacida del primer enlace del rey 
con Matha de Armagnac, había ya casado con Mateo conde de Foix. 

(a} Parece distinto este donativo de la multa de ciento veinte mil florines im- 
puesta en julio de i 392, y aun es de sospechar que, además del que dieron para 
sostenerse los gobernantes, se prometió otro de ciento y cuatro mil florines para 
30 



234 



ISLAS BALEARES 



era en aquella corte, en eso de hacer oro, alquimista más acre- 
ditado que el Jaime Lustrach, que por cuenta del monarca y 
luego de su sucesor trabajó años enteros dentro de la torre del 
Ángel en la obra mayor ^ es decir, en el descubrimiento de la 
piedra ñlosofal (i). Sin entrar ya en la ciudad, con visos más 
de fuga que de cortés despedida, bajó del castillo en 1 8 de No- 
viembre á embarcarse en Portopí el poco amado amador de 
gentileza^ dejándose por un par de meses su cancillería en el es- 
quilmado país. 

Luto oñcial, y nada más, acompañó pues á los funerales ce- 
lebrados en Mallorca por la desgraciada muerte del rey cazador 
en 29 y 30 de Mayo del año siguiente (2) ; pero algún temor 
hubo de infundir en Octubre á los nuevos regidores la llegada 
de un delegado á nombre de la reina María, regente en ausen- 
cia de D. Martín su esposo, á cuyas indagaciones se opusieron 
los jurados. Apenas sabida la vuelta del nuevo soberano á su 
reino desde el de Sicilia, embarcáronse para Barcelona en 6 de 
Abril de 1397 hasta cincuenta personas de todos estamen- 
tos (3) so color de felicitarle, y con el positivo objeto de obte- 
ner el restablecimiento del buen régimen^ que no era otro que 
el que había ejercido su bando sobre la isla hasta las últimas 






obtener la remisión general otorgada en 2 de Noviembre del 9$. Asi se despren- 
de del texto de Salzet, que añade : la ierra havia final tol ab lo dó dessus dit. 

(i) De este alquimista francés y del coste de sus experimentos existen curio- 
sas noticias en las cuentas de la procuración real de i 395 y i 3991 según las cua- 
les tuvo la confianza, no sólo de Juan 1, sino del rey Martín que acabó por hacerle 
prender. 

(3) No se explica cómo pudo el diligente Zurita equivocar de un año el falle- 
cimiento de Juan 1, ocurrido en 19 de Mayo de i 396, y suponerlo en i 395, des- 
quiciando para ello el orden de los sucesos y el curso de sus anales, é induciendo 
en error á los escritores de Mallorca, que contra la fe de innumerables documen- 
tos adelantan al 1 394 la venida del monarca. 

(3) Nombra entre ellos Salzet, inclinado al parecer á aquel partido, á Tomás 
Des Bach, á Bernardo Febrer, á Berenguer de Tagamanent, á Jorge y á Guillermo 
de Sant Johan, á Gregorio Burgués, todos caballeros ó donceles, indicando los ha- 
bía también mercaderes, notarios y menestrales. Acaso luchaban estas influencias 
con las de Ortiz de Sant Martí, Pedro Valcntí y Galcerán Malferit, enviados con 
esta ocasión por parte de la universidad. 



ISLAS BALEARES 2^5 

revueltas. Favorable á estas pretensiones, llegó el 3 1 de Agos- 
to con no usado título de virrey y amplísimos poderes el noble 
Hugo de Anglesola, quien sin perder de vista por un instante 
el proyecto de una formidable expedición á Berbería á fin de 
castigar los insolentes desembarcos de la morisma, halló tiempo 
para trazar y expedir su famosa pragmática de 10 de Junio 
de 1398, dando al gobierno más estabilidad que todas las dicta- 
das hasta entonces por los reyes, mediante la creación de con- 
sejos parroquiales y un sistema mixto de votación y sorteo (i), 
y poniéndolo de pronto en manos de los amigos de Sa-garriga. 
Otra muy importante sobre administración de justicia firmó 
todavía en 3 1 de Julio, dos días antes de hacerse á la vela con 
cinco galeras mallorquínas para juntarse con las nueve de Va- 
lencia mandadas por Jofre de Rocaberti su cuñado, formando 
aquella armada sania que tuvo en las costas africanas tan des- 
dichada suerte. Iba fletada una de las cinco por los menestrales 
de la capital, otra por los payeses al mando del joven Pedro 
Moscaroles; patrón de la capitana era Juan Des Bach jurado 
militar aquel año (2). Tomaron en 27 de Agosto é incendiaron 
á Tedeliz (Tedies)^ cautivando á sus habitantes; pero, sorpren- 
didos al otro día en corto número con algunos principales el vi- 
rrey y Des Bach por innumerable muchedumbre, quedaron ten- 
didos en el campo de batalla. Todo aquel ejército de siete mil 
quinientos combatientes en que no se contaban sino cuatrocien- 
tos hombres de armas, toda aquella escuadra de setenta velas, 
se dispersó, faltándole tiempo para volver á sus puertos; y sin 
embargo, al tornar al año siguiente el mes de Agosto, púsose 
el lugarteniente Montagut al frente de una nueva flota, que 
unida con la valenciana, dio un total de noventa y cuatro em- 



( 1 ) Para dar á conocer mejor ésta que rigió casi por medio siglo como ley fun- 
damental del estado, remítome al detallado examen que hice de ella en el cap. IV 
de Forenses y Ciudadanos, Complemento de esta pragmática fué la dada por el 
mismo Anglesola en 2 a de Junio sobre reforma de salarios. 

(2) Hijo de Tomás que había muerto á fines de Marzo, y casado con otra nieta 
de Pedro Safortesa, Johaneta Burgués, hermana de Gregorio. 



I 



236 



ISLAS BALEARES 



barcaciones entre grandes y pequeñas, correspondiendo á este 
número el de la gente que contenían. No presidió mejor orden 
á ésta que á la anterior jornada en el combate del 2 de Setiem- 
bre junto á Bona: en la confusión de la retirada ante el poder 
de tres reyes moros que creyeron se les caía encima (1), per- 
dieron cien hombres los mallorquines y el capitán Ramón de 
Sant Martí al bravo Ortiz su hermano hallado sin cabeza entre 
los cadáveres, y desavenidos con los de Valencia y entre ellos 
mismos, regresaron sin hacer cosa de provecho en los ataques 
de Alcoll y Gíger. 

No eran á propósito para calmar discordias y recriminacio- 
nes de partido y acallar el descontento general tan continuas 
derrotas y quebrantos, que en vez de gloriosos triunfos y ricas 
presas retribuían aquellos enormes sacriñcios: llegó entonces á 
su colmo la división lamentada por el andariego fray Turmeda 
en las coplas que nos dejó como histórico á la vez que como 
literario monumento (2). A Montagut, ó más bien á su princí- 



(i) Así lo cuenta Salzet, que hace subir los moros á treinta mil, entre ellos 
seis ó siete mil de á caballo. 

(2) Impresas bellamente en letra gótica años pasados por el distinguido bi- 
bliófilo D. Mariano Aguiló, suministran copiosos detalles sobre la sociedad y cul- 
tura mallorquinas. Mallorca, personificada en una regia matrona, habla al discreto 
fraile y le encarga un mensaje de conciliación: 



Mos fiyls desobedients 
Ais estranys m' an subjugada. 
Per los lurs mals regiments 
Concordia han gitada, 
E fortment V an avilada 
Del regne ab desonor, 
E sa germana amor 
Ab trompas V an bandejada. 

Deus beneyt omnipotent 
Ordena que fos regina, 
Feume cap de molta gent 
E de valor fuy garnida : 
E are pobre mesquina 
A tot hom só en desalt. 
De ma gloria sus alt 



Cayguda so en sentina. 
No se per quina rahó 
Los meus fiyls m' an avorrida, 
Xe perqué divisió 
Entre ells es establida. 

Vullats los amonestar 
Que amor entre ells haja; 
L' enveja del popular 
E deis grans defora vaja; 
E ccyll qui es de gran paratje 
Port al pobre gran amor. 
No íaent may desonor 
A nuil hom de son linatje. 



Citando á Salomón y á Aristóteles, parece inclinarse Turmeda al régimen aris- 
tocrático : sin embargo observa sensatamente: 



ir 



ISLAS BALEARES 237 

pal Ramón de Abella, sucedió en el gobierno de la isla Roger 
de Moneada, á quien se dio por siete años, y que tuvo reñidas 
competencias con la jurisdicción eclesiástica, hasta llegar á un 
entredicho. Á la mitad del 1401 fueron suspendidos de real 
orden los jurados á cuyo frente estaba Bernardo Febrer, y sub- 
rogados otros, con Ramón de Sant Martí por cabeza, que ri- 
gieron todo el 1402; los de 1403 entraron por nombramiento 
de la corte, no al tenor de lo establecido por la pragmática de 
Anglesola. En esto sobrevino en la siniestra noche del 14 de Oc- 
tubre de este último año la espantosa avenida de la Riera, que 
derribando la muralla y derramándose por la Rambla, Merca- 
do y Borne y por las calles confluyentes á derecha é izquier- 
da, inundó la parte baja de las parroquias de San Jaime, San 
Miguel, San Nicolás y Santa Cruz, y llevóse al mar, mezclados 
con escombros, muebles y toda suerte de riquezas, miles de ca- 
dáveres que se recogieron por las costas de levante y de po- 
niente. Ante aquel espectáculo aterrador de cinco mil víctimas 
y de más de mil quinientas casas hundidas, recordóse el oráculo 
del Evangelio omne regnum in se divisum desolabiiur; y en un 
arranque de patriotismo acudieron al consistorio en la tarde 
del 6 de Diciembre á reconciliarse gobernantes presentes y pa- 
sados, acordando consultar al rey mediante una embajada si 
habían de regirse por la reciente pragmática ó por la antigua 
franqueza (i). Decidióse el monarca por lo segundo, reserván- 
dose empero por aquella vez, como de costumbre, la designa- 
ción de los jurados, entre los cuales no podía menos de figurar 



Los grossos que han á tractar Per ells sia comportada 

La gent que 'Is es comanada, La Uur possibilitat; 

No la vuUen carregar Axí faent T amistat 

Tant, que cayga la somada : Entre ells haurá durada. 

(1) Con este objeto partieron á Valencia el 33 de Diciembre los caballeros 
Ramón de Sant Marti y Berenguer Tagamanent, y Guillermo Malferit de Inca, con 
el notario Pedro de Sant Pere. Hijo del primero era Ramón de Sant Martí el joven, 
jurado en cap el siguiente año. 



238 



ISLAS RALEARES 



el mercader Juan Sallambé, incesante urdidor de intrigas y ór- 
gano imprescindible de mensajes. 

Quedó reducida la concordia á las funciones con que se ce- 
lebró en la Seo ; y aunque pareció inspirado por ella el famoso 
contrato santo, estipulado en pleno consejo á 27 de Mayo 
de 1405, por el cual se consignaron á los acreedores así cata- 
lanes como del país, para el pago de sus censos y gradual 
amortización de capitales, todos los impuestos, gabelas y dere- 
chos, de donde vino la consignación^ carcoma inextinguible de 
la tierra que se devoró durante cuatro siglos á sí misma, ni si- 
quiera pudo avenirse consigo la juraría de aquel año. En mar- 
cada disidencia con sus cuatro compañeros andaban el ciudada- 
no Juan Sa-flor médico y el artesano Francisco Vives (i); y por 
éstos ó por su fracción, si á alguna pertenecían, hubo de llegar 
el desorden administrativo á noticia del primogénito de Aragón 
rey de Sicilia, al aportar en 8 de Agosto á estas playas de 
vuelta á su reino desde Barcelona donde había visitado á su 
padre. Después de descansar el domingo en su palacio por 
cuya puerta secreta se introdujo, hizo el lunes 10 su entrada 
pública, saltando á tierra frente á Santa Catalina, en cuya capi- 
lla oró un rato, y desde allí precedido por los pendones de los 
gremios y del regio estandarte puesto en manos del jurado Sa- 
flor, y cabalgando debajo de palio que sostenían caballeros y 
ciudadanos, penetró por la puerta Pintada en la ciudad, cuyas 
leyes y franquicias se detuvo antes á jurar en el huerto de Pa- 
rellada. Solícito del buen gobierno mostróse el joven Martín, 
pues no bastaron las tres justas con que fué obsequiado delante 
del alcázar, la primera y tercera con escudo redondo y con es- 
cudo largo la segunda, ni las danzas y conciertos á que estaban 






(i) Eran los otros Raimundo Sa-fortesa jurado militar que siendo Burgués de 
linaje tomó el de su abuelo materno Pedro Sa-fortesa, Juan Vivot ciudadano muy 
metido en negocios y especulaciones, y Juan Cunilleras (quizá el detenido en 
Bellver con Sa-fortesa en 1391) y Juan Des-Pí, ambos por el brazo de merca- 
deres. 



ISLAS BALEARES 239 



convocados muy anticipadamente todos los juglares de la isla^ 
para distraerle del remedio de la cosa pública, suspendiendo al 
gobernador Moneada, excluyendo del consejo á la reciente hor- 
nada de personas metida en él arbitrariamente, y reduciendo á 
treinta y dos mil florines los cuarenta y nueve mil de la talla 
por haberse cargado indebidamente el resto en provecho de la 
bandería llamada de Bernardo Febrer, enredos que acabaron 
de patentizarse con la muerte repentina de Sallambé. 

Antes de los tres meses volvió de Barcelona Moneada re- 
puesto en su destino; y mezcladas con recelos de invasiones 
berberiscas y con prevenciones de fortificar á Andraig y de 
reparar los muros de la capital y los castillos de la isla, conti- 
nuaron las reyertas de costumbre, acrecentadas con los enor- 
mes gastos de defensa y de carestías y de galeras al rey pres- 
tadas para la interminable reducción de Cerdefla. Viva oposición 
en el consejo halló el subsidio propuesto por el gobernador, de 
poco más de medio por ciento sobre los bienes (i), por parte 
de poderosos caballeros y hábiles jurisperitos, que en número 
de treinta tuvieron por cárcel el consistorio algunos días; y tal 
inquietud acompañaba á la renovación de oficios que á fin 
del 1407 debía verificarse, que por dos veces se plantaron en 
la plaza de Cort las horcas y el tajo y la segur para terror de 
los que amenazaban perturbar las elecciones. No reinaba en las 
villas mayor sosiego, pues por concitador de alborotos, median- 
te un pasquín fijado en un pilar de la cuartera de Inca,, murió 
ahorcado en 1 408 Francisco Nicolau ; escarmiento que se repi* 
tió allí mismo más adelante por análogo delito, de orden del im- 
placable Pelayo Uniz, en Berenguer Malferit respetable vecino. A 
Manacor traían revuelta las falsedades del notario Francisco Sa- 
bater. En esto llegaron noticias, una tras otra con breve intervalo, 
del fallecimiento de los dos Martines, hijo y padre, que acabando 



(ij Un sueldo dos dineros por cada diez libras, ó sea once sueldos ocho dine- 
ros por centenar. 



240 ISLAS BALEARES 



con la dinastía de Jaime I abría espantoso vacío, á cuyo alrede- 
dor se formó un hervidero de ambiciones. Suspendióse durante 
el interregno la elección de jurados, síndicos y oficiales así de 
la ciudad como de la isla, y en Alcudia como en otros pueblos 
levantó tumultos la impaciencia de mudanza. Llenaba las veces 
de Rogerio de Moneada, que había cumplido su setenio, Pelayo 
Uniz, hijo de Ñuño por tantos años alcaide de Bellver, mozo 
apasionado y violento, que ejercía sobre el consejo una presión 
despótica, deteniéndolo en sesiones permanentes toda la noche, 
y declarando crímenes de lesa majestad las querellas presenta- 
das contra sus actos. Sin embargo, tan enconadas rencillas no 
transpiraron en la cuestión dinástica, gracias al juramento que 
el respetable Arnaldo Des-Mur, sabida apenas la vacante del 
trono, propuso exigir á las autoridades, de mantener el reino á 
disposición del monarca que resultase elegido en justicia, com- 
prometiéndose á reconocer su derecho. Al tratarse de nombrar 
representantes por Mallorca con objeto de concurrir al solemne 
fallo, fijáronse naturalmente las miradas en el íntegro juriscon- 
sulto, designado ya en vida del difunto rey para formar parte 
del consejo que había éste reclamado en el arduo negocio de la 
sucesión á la corona; y mientras pudo aplazarse la honrosa co- 
misión, negóse á admitirla, saliendo al fin nombrado en 3 de 
Abril de 141 1, por el método de la restablecida pragmática de 
Anglesola, juntamente con el caballero Berenguer de Tagama- 
nent y con el forense Jaime Albertí de Inca. Tanto pudo la legal 
actitud de un hombre solo para preservar la isla de sus intrín- 
secos elementos de desorden y de las influencias agitadoras del 
continente durante aquella peligrosa crisis! 




CAPITULO V 



Mallorca bajo la dinastía castellana de los dos Fernandos 
1412-1516 



O, ABADO 2 de Julio de 141 2 se pregonó ya en la ciudad y 
J^^ celebróse con luminarias la proclamación, hecha el martes 
anterior en Caspe, de D. Fernando infante de Castilla por rey 
de Aragón, como nieto por su madre de Pedro IV; y aunque 
no fuese á gusto de todos la sentencia arbitral, tomáronse me- 
didas desde el día siguiente para cerrar la salida é impedir la 
resistencia á los descontentos (1). El orden material no se 



(i) Dato notable suninistran de que los hubo las siguientes noticias tomadas 
del archivo de la Procuración real : A lll juriol MCCCCXII el lochtinent de gover- 
nador trames letras á Soller ab aecret e des/ressada per escorcollar los homens gui 
sen anavan del port en Catalunya, com /os denunciai al dit lochtinent que sen por- 
lavan alguns algunas escripturas contrarias d la determinado fahedora del rey e 
senyor^ e de metre divis entre los oficiáis e lo poblé,— ítem dit dia el dit governador 
trames i Soller un correu cuytat, perqué sabuda la bona nova de la determinado de 
rey^ fossen detengudas algunas fustas que hi havia, perqué alguns d qui despieya 

3« 



242 ISLAS BALEARES 



turbó, y para restablecer el moral, quebrantado por tan pro- 
fundas discordias y estragadas costumbres, tratóse por especial 
negociación del obispo de llamar al insigne apóstol, que en 
extinguir las unas y reformar las otras , no menos que en la 
misión suprema de dar un rey á la nación, acreditaba entonces 
irresistible eficacia. Llegó el maestro Vicente Ferrer en i .° de 
Setiembre de 141 3, acogido más que con alborozo con verda- 
dero culto, y la lluvia que al tercer día de su predicación atrajo 
sobre la agostada tierra fué prenda del efecto que iba á obrar 
en los corazones el rocío de su palabra: no cesaron en un mes 
dentro de la ciudad los sermones, las rogativas, las procesiones 
nocturnas, las flagelaciones generales, y recorriendo enseguida 
el llano y la montaña, no quedó villa ni aldea donde no resonase 
su voz apocalíptica , ni iglesia que aún no ostente entre sus an- 
tigüedades el carcomido pulpito bendecido por el santo. Tem- 
plos y calles y campiñas están llenos de tradiciones milagrosas 
relativas al taumaturgo valenciano, que no se despidió de Ma- 
llorca hasta el 22 de Febrero siguiente, reclamado con urgencia 
por el monarca. 

Memoria de conversiones en masa no la dejó, á no ser 
tocante á siervos emancipados que ejercían los más rudos 
oficios (i), y aun á esclavos cuyo desenfreno solía correr pa- 



dita determinación no sen poguessen anar. Qué escrituras fuesen estas y quién y 
cómo pretendiese utilizarlas, no se adivina. Mut indica sin fundarlo que los fo- 
renses en el consejo se recelaban de los amigos del gobernador Moneada, quien 
se había declarado en Barcelona parcial del conde de Urgel ; pero ausente 
desde 1408, no debía conservar grande influjo en la isla, fuera de la cual murió 
en 7 de Noviembre de 141 3. Es también verosímil que el obispo D, Luís de 
Prades, defendiendo las pretensiones de su tío Alfonso duque de Gandía, y luego 
las de su padre Juan conde de Prades que por muerte de su hermano las hizo 
valer en el congreso con muy poca fortuna, incurriese en desagrado de la nueva 
dinastía, bien que después de la proclamación de Fernando I volvió á su diócesis 
en 141? acompañando asan Vicente Ferrer. No continuó en ella muchos años, 
pasando los últimos en Roma donde murió en 1429, mientras tanto que la admi- 
nistraba desde Valencia por medio de vicarios generales D. Alfonso de Borja, más 
adelante papa con el nombre de Calixto III. Era tío D. Luís de la segunda esposa 
del rey Martín de Aragón, Margarita de Prades. 

(1) El de ganapanes expresa fray Diago, á quien objeta Mut no era costumbre 



ISLAS BALEARES 243 

rejas con su rigurosa y abyecta sujeción : de judíos nada se 
dice, y no porque en los veinte y más años transcurridos desde 
el saqueo del Cali y casi total extinción de su aljama no hu- 
biesen venido de fuera bastantes elementos, atraídos por el trá- 
fico ó echados de otras costas, para constituir otra nueva al- 
jama, como se desprende de las ordenanzas expedidas por 
Fernando I en Barcelona á 20 de Marzo de aquel mismo 
año 141 3. Mándase en ellas, á los judíos de Mallorca expresa- 
mente, distinguirse en el traje y vivir apartados en barrio, donde 
no puedan penetrar las mujeres cristianas ni menos servirles ó 
lactar á sus hijos; y se les prohibe tener fuera de él tiendas ó 
posadas, y el uso de armas y de alhajas y vestiduras preciosas, 
y el título de Don^ y el oficio de barberos y de sastres, y la 
procuración y arriendo de bienes y rentas así públicas como 
particulares, y el asistir á las bodas, exequias y convites de los 
fieles, y trocar con ellos obsequios y presentes, y visitarles y 
medicarles , y pronunciar las maldiciones prescritas por el 
Talmud, y poner estorbo á la conversión de sus familias, y 
hacer prosélitos entre los rudos tártaros y otros esclavos, 
y sobre todo inducir á los conversos á sabaiizar y reincidir, 
que era lo más temible , pues se habla de mujeres bautizadas 
que iban á Berbería á renegar de la fe y volvían cual si jamás 
la hubieren profesado (i). De todas maneras debía de haber 
separación marcada entre los nuevos y los antiguos y parsi- 
monia de relaciones, á fin de evitar sospechas y hasta escar- 
mientos que no hubieran escaseado á haber sido frecuentes y 
probadas tales apostasías. 

Aparte de las prevenciones tomadas en la isla de 141 4 



quedarse en el país los que se rescataban, y lleva razón por lo tocante á los que 
permanecían en el mahometismo, pero no á los que se habían bautizado durante 
la esclavitud, ó procedían de naciones cristianas. Hállase mención frecuente en 
las pasadas edades de libertos y de boris ó hijos de esclavo. 

(i) Trae estas ordenanzas Villanueva, tom. XXII apénd. IV: habíalas dado ya 
á conocer por extracto el paborde Terrassa. 



244 ISLAS BALEARES 

á 1415 contra una armada portuguesa, puesta en movimiento, 
se decía, por la desesperada madre del desheredado conde de 
Urge! , Margarita de Montferrat, que mezclaba sus livianos 
planes de venganza con los recuerdos de ser hija de Isabel de 
Mallorca y nieta del infortunado Jaime III, no llegó aquí la cam- 
paña que costó el afianzamiento de la castellana dinastía sobre las 
ruinas de la catalana su competidora. Á caza ya de coronas á la 
edad de 16 años, ancló por el mes de octubre anterior en Por- 
topí el infante D. Juan, hijo segundo del rey Fernando, pasando 
á Sicilia á solicitar la de Ñapóles que no consiguió de Juana II, 
y en cambio de la cual estábale reservada la de Navarra con la 
mano de Blanca viuda de don Martín el joven: al padre empero 
impidieron sus dolencias la visita á este reino insular, de donde 
llamó cinco meses antes de su muerte al cirujano francés Este- 
ban Boyer natural de Tolosa con grande confianza de que le 
curase. El gobierno local seguía entregado á Pelayo Uniz, 
aunque conferido en propiedad á Olfo de Prócida, sobrino ó 
nieto del barón del mismo nombre que lo había ejercido 
de 1366 á 1375; para poner remora á la llegada del goberna- 
dor halló mil medios el lugarteniente en su estrecha liga con 
los jurados y oficiales de la universidad, cuya renovación, fal- 
seado el sistema de Anglesola así en las insaculaciones como 
en la lectura de nombres sorteados, no era sino aparente, ence- 
rrando los cargos públicos en angosto círculo de pandilla. Jus- 
ticia, administración, abastos de trigo, empleos, todo era de 
bandería: manteníase y graduábase el hambre con sórdidas 
especulaciones, la tierra se despoblaba, el mar pululaba de cor- 
sarios, dejábase á los genoveses, sin permitir resistencia en los 
naturales, destrozar é incendiar á mansalva el puerto (i). No 



(i) Turbó este desembarco á mediados de Julio de 141 2 las fíestas que se 
celebraban por la elección del rey Fernando, y que por razón del alboroto hubie- 
ron de prorrogarse para Setiembre. Indícalo un edicto del gobernador en estos tér- 
minos: E la dita solemnitat no 's sia fuscuda fer ladonchs per lo adveniment dolores 
de las naus de Jenoveses, gui ladonchs vengueren e affogaren lo j>ort de Poriopi. 



ISLAS BALEARES 245 

había privilegio incólume ni jurisdicción acatada: donde no 
cabía el soborno, se allanaba paso la violencia; y la impunidad 
y el terror brindaban con bien diversa perspectiva á amigos y á 
contrarios. Suplicios, tan espantosos en la oscuridad de la noche 
y en el secreto de las cárceles, como á la luz del día y en la 
plaza ó en el campo, sirviendo para horcas los árboles, y para 
anegar un estanque ó un pilón, y para ayuda de ejecutor la 
misma autoridad, presentábanse en variado espectáculo á la 
ciudad y á las villas, no menos que á la maledicencia por pábulo 
el honor de viudas y casadas y hasta de vírgenes del claustro, 
que hacían alarde de no respetar los prepotentes libertinos. Tal 
es el resultado de la información tomada en Barcelona á ñnes 
del 1 416, reinando ya Alfonso V, de los emigrados ó descon- 
tentos mallorquines (i), la cual no tuvo otro que se sepa para 
el aborrecido sustituto que su simple cesación en el poder, al 
presentarse á relevarle el principal, entrado ya otoño de 141 8. 

Halló Olfo de Prócida los pueblos de la isla llegados casi á 
rompimiento con la capital de resultas de los nueve dineros por 
cuartera añadidos al derecho de molienda, hasta el punto de no 
presentarse licitadores al nuevo impuesto en las plazas, ni en el 
consejo general alguno de los representantes forenses, que en 
Sineu se reunieron aparte en tumultuosa asamblea , donde no 
logró reducirlos el jurado en jefe, que fué en busca de ellos, 
sino mediante la supresión del recargo. Lo mismo hubo de ha- 
cerse con los cuatro sueldos por libra recién impuestos sobre el 
paño. El nuevo gobernador cuidó de reproducir edictos suntua- 
rios y de poner coto al número de esclavos, haciendo entre los 
dueños una derrama de ocho sueldos por cabeza para indem- 
nizar al que los perdiera, inutilizados por castigo doméstico ó 
condenados á mutilación ó muerte por sus delitos; pero su 
atención preferente se dirigía á poner en buen pie de defensa el 



(t) Consta en el archivo del reino esta información de 72 hojas, recibida á 
diez y siete declarantes. 



246 ISLAS BALEARES 

reino, y á tener á disposición del rey Alfonso las galeras ma- 
llorquínas para los vastos designios que respecto de Italia de- 
jaba éste entrever, muy superiores á todo lo imaginado hasta 
entonces. De paso para Cerdefta, aportó el joven soberano con 
su flota en 17 de Mayo de 1420 á la ciudad, donde después de 
dos días de detención en el castillo de Bellver hizo su solemne 
entrada, permaneciendo hasta el 3 de Junio; y estos días, de 
pacífica tregua en los crónicos disturbios, como que se vedó 
expresamente usar armas y promover riñas por las calles du- 
rante la real estancia, no fueron además perdidos para Mallorca 
por la remisión general é importantes privilegios (i), firmados 
á vuelta de sendas apocas por cuantiosos donativos. 

Pero la reducción de Cerdeña , la expectativa de la corona 
de Ñapóles adquirida por Alfonso en recompensa del socorro 
dado á la sitiada reina, los triunfos que más que nunca enalte- 
cían el nombre aragonés en Italia, cuyos ecos regocijaban á Ma- 
llorca, compensábanse sobrado con la incesante alarma soste- 
nida por los genoveses, por su liga con el duque de Milán , por 
sus estragos en las costas de Cataluña. En ausencia de Prócida, 
seguidor tal vez de las expediciones del monarca, gobernó más 
de dos años Jorge de Sant Johan apellidado Serra por gravamen 
de herencia, y desde Mayo de 1423 Berenguer de Olms, ambos 
como lugartenientes; y las tenaces carestías de aquellos años, 
los recursos de los impuestos absorbidos por la consignación, 
las alteraciones de pésimo ejemplo introducidas en el contrato 
santo^ las diferencias sobre cubrir el déficit por nuevas gabelas 
ó por talla (2), perturbaban el sosiego interior indispensable 



(i) Es muy notable el de 3 i de Mayo, otorgando que no puedan ser citados 
fuera de la isla los naturales, que recaiga exclusivamente en ellos la provisión de 
los benefícios eclesiásticos, cargos, jurisdicciones y empleos, que sean francos de 
laudemios en su primera venta los edificios reparados después de los estragos 
de la Riera, que sin licencia de la autoridad puedan los abogados defender á los 
reos, y varios curiosos capítulos concernientes al ejercicio de la medicina. 

(2) Acerca de esto tenía sus planes, ó al decir de los adversarios sus inte- 
reses, el jurado militar Antonio Castell, que debió ser hijo del que tanto figuró 



ISLAS BALEARES 247 

contra los enemigos de fuera. Marcábase profundamente la di- 
visión entre los consejeros de la ciudad y los de las villas que 
entraban por un tercio, no sólo en la asamblea general de la 
cual rehuían los segundos hasta el punto de haberles de intimar 
la asistencia bajo pena de muerte, sino en el consejo menor de 
treinta donde reclamaban garantías bastantes para impedir da- 
ñosos acuerdos: de la interpretación judicial del capítulo de la 
pragmática apelaron los síndicos forenses á la reina regente, y 
denegada la apelación, temíanse grandes conflictos por el mes 
de Junio de aquel año, en ocasión de llegar noticia del inmi- 
nente riesgo que corría en Ñapóles el rey Alfonso, revocada su 
adopción por Juana II, y obligado á abandonar su presa. Afta- 
dióse la voz del próximo arribo de la escuadra genovesa com- 
puesta de veinte galeras y diez y ocho naves ; y fueron convo- 
cados á general defensa los habitantes de la isla, y se levantó 
en cada villa un empréstito, y se nombró por caudillo un vecino 
principal y por capitán de Alcudia en razón de su fortaleza al 
caballero Guillermo de Sant-Johan, y se impuso tregua por seis 
meses á los bandos y discordias locales declarando traidores á 
los que la infringieran, y mandóse á los moradores de la ciudad 
y de su término meterse con sus familias dentro de las murallas 
para resistir á todo trance. 

Llamado quizá por el peligro, acudió en persona á media- 
dos de Noviembre el gobernador Olfo, que en vez de repeler 
invasiones, hubo de presidir acalorados debates y domar en los 
consejeros forenses tenaces resistencias á pagar otras cuotas 
que el tercio de costumbre, mediante un riguroso arresto den- 



de 1 384 á 91, no precisamente por el cambio de estamento, vista la facilidad con 
que pasaba del uno al otro, sino por el período de años transcurridos. Dos antes 
este último Antonio Castell sufría una especie de ostracismo, pues se le autorizó 
para guardar el arresto en su casa, que la tenía en la plaza de Cort frente á la 
puerta de la Sala, señalándole la puerta de la ciudad por donde había de entrar 
indefectiblemente y el itinerario que había de seguir, por la puerta de Santa Fe, 
por el Temple, calle de S. Francisco (hoy de Lulio), y calle de Des-bach (hoy de 
San Francisco). 



248 ISLAS BALEARES 

tro de la sala en una cruda noche de Febrero. Todo el afto 1424 
residió en Mallorca, hasta acabar allí sus días en 25 de Febrero 
del siguiente, por cuya vacante vino nombrado en propiedad 
Berenguer de Olms, quien aún con más frecuencia que su ante- 
cesor ejerció por sustitutos el cargo. Las disensiones no cejaban, 
y en 1426 aparece reemplazada pasajeramente por el antiguo 
régimen de franqueza la venerada pragmática de Anglesola. La 
suspensión de pagos á los censalistas catalanes, ocasionó fuer- 
tes reclamaciones, que lejos de dirimirse por la concordia de 
Barcelona cinco años adelante, suscitaron nuevos pleitos por 
parte de los acreedores mallorquines, lastimados con la prefe- 
rencia á los extraños concedida. Y como si no bastase la des- 
avenencia en lo civil, surgió más grave en lo eclesiástico á la 
muerte del obispo Prades, cuando proveída la silla de Mallorca 
por el papa Martín V en su dimisionario contrincante á la tiara, 
Gil Sánchez Muñoz, el cisma extinguido en la iglesia universal 
pasó en cierto modo á esta isla con el nombramiento casi simul- 
táneo para la mitra, de que hizo gracia el legado pontificio Pedro 
de Fox á fray Galcerán Albert benedictino de Rípoll (i). Apo- 
yado por la autoridad del rey, que no andaba entonces muy ave- 
nido con el pontífice, y haciéndose sordo á las repetidas bulas 
de Roma, tomó el monje posesión de la dignidad y del palacio 
episcopal, donde permaneció hasta Abril de 1431 con la ayuda 
de sus secuaces, que trataron aún de oponer resistencia armada 
al cumplimiento de los mandatos reales expedidos al cabo en 
favor del candidato legítimo. Todavía se retardó dos años la 
llegada de Gil Sánchez Muñoz que ocupó la sede hasta 1447. 



(i) La primera bula del papa en favor de Sánchez Muñoz data de 26 de Agosto 
de 1429, doce días después de la renuncia del antipapa á que no hace la menor 
referencia: poco posterior debió de ser el nombramiento de fray Albert por el le- 
gado, pues en 1 6 de Octubre siguiente ya lo indica y aprueba el monarca. De i .** de 
Noviembre de 1430 es la segunda bula declarando intruso al monje, en virtud de 
la cual mandó el rey en 4 de Abril de 143 1 al gobernador dar posesorio á D. Gil, 
aludiendo á resistencias sin especificarlas. Pone en claro el P. Villanueva estos he«- 
chos de que tuvo por Bzovio confusa noticia el paborde Terrassa, llamando Bel- 
trán Albertí á Galcerán Albert. 



ISLAS BALEARES 249 

Por segunda vez visitó á Mallorca en 1432 Alfonso V^ de 
camino nuevamente con veinte y una galeras para Italia, detenién- 
dose solos siete días, desde 3 1 de Mayo á 6 de Junio, que em- 
pleó en reformar varios puntos de la mal recibida concordia del 
año anterior sobre reducción de censos. Gravámenes traían 
siempre á la isla sus viajes y los de sus hermanos los inquietos 
infantes de Aragón, así en 1426 el de don Pedro procedente de 
Cerdeña para dirigir por encargo especial del rey una expedi- 
ción contra Berbería, como en 1434 el de D. Juan, quien baña- 
do todavía con la sangre del cautivo de Játiva, el desheredado 
conde de Urgel (i), terció en las querellas locales sobre el cía- 
variato de la consignación, y no se descuidó al partir para Sici- 
lia de reclamar el donativo de costumbre. Al año siguiente el 
descalabro naval de Ponza y la prisión de los dos reyes de Ara- 
gón y de Navarra en poder de los genoveses, motivaron con 
mayor premura levas de gente, armamentos de galeras, reparos 
de fortalezas y envío de caudales con exclusión de cualesquiera 
otras atenciones; y más todavía que Mallorca hizo un solo ma- 
llorquín, el bravo Salvador Stelrich, dando en reñido combate 
su vida por la del monarca, que recompensó su heroísmo con 
espléndidos funerales (2). 

Señalado bajo más feliz concepto fué aquel año de 1435 P^^ 
la definitiva extirpación de la sinagoga, que en el transcurso 
casi de medio siglo había retoñado, bien que no con la lozanía 
de antes, en el mismo barrio probablemente del Cali, no de se- 
guro en las familias más ó menos espontáneamente cristianiza- 
das en 1 39 1. De fuera procedían los nuevos judíos á que se re- 



(i) Sobre este cobarde y apenas creíble asesinato, cometido en i.° de Junio 
de 143^ por los tres hermanos Juan, Enrique y Pedro, véase la historia de los 
condes de Urgel por Monfar. 

(2) En virtud de real cédula dada en Portvendres á 1 2 de Enero de 1436, ce- 
lebráronse en la Seo á 2 $ de Febrero dichas exequias, que costaron más de 7 1 li- 
bras en el túmulo y aparato fúnebre, en un paño de oro prestado, en pintar los 
blasones del difunto, en vestir á sus parientes, en distribuciones al clero y limos- 
Das á los pobres, y 23 libras 1 1 sueldos solamente en cera. 

3« 



2^0 ISLAS BALEARES 

fíeren las ordenanzas de 141 3, y á los cuales se atribuyeron, en 
la época que historiamos, ciertos escarnios inferidos por semana 
santa á un esclavo moro en vilipendio de la pasión del Salva- 
dor. Fueron presos después de pascua dos de los acusados con 
la maltratada víctima por la curia del obispo, que á los ocho 
días los soltó, y aunque fué para caer en manos del tribunal 
civil que los reclamaba, cundieron murmullos de que, soborna- 
dos los oficiales, se platearía ó doraría la justicia; y no faltaban 
predicadores que desde el pulpito atizasen la indignación del 
pueblo. Los reos denunciaron á otros encarcelados por distinta 
causa, y alguno providencialmente á sí mismo en el acto de 
protestarse inocente; y recayó sentencia de muerte, de que se 
retrajeron los eclesiásticos, sobre los cuatro principales, que 
fueron un rabino, Struch Sibilí (el sevillano)^ Farig el giboso^ y 
Stellate cabeza de la judería. Pidieron bautismo los cuatro, para 
trocar quizá el suplicio de la hoguera, por el menos terrible de 
la horca, tomando el nombre de sus padrinos, Struch por ejem- 
plo el de Gil Catlar, y el giboso el del prelado Gil Muñoz; pi- 
diéronlo los demás presos hasta dos docenas; pidiéronlo los que 
en sus casas quedaban libres, jóvenes y viejos, hombres y mu- 
jeres, tanto que en dos días, 1 2 y 1 3 de Mayo, fueron regene- 
radas en la pila de la Seo y en la de Santa Eulalia más de dos- 
cientas personas. Trocóse con esto en lástima la furia popular 
que ya amenazaba allanar la cerca : administróse la comunión á 
los sentenciados, de la cual tomó pie el obispo con piadosa es- 
tratagema para recabar del lugarteniente, que era á la sazón 
Juan Des Par, que se retardase la ejecución siquiera tres días; 
y á la mañana siguiente las lágrimas de las recién convertidas 
con sus hijos en los brazos, acompañadas de mujeres de todos 
estamentos, y los gritos de misericordia que interrumpían la 
misa y el sermón del pastor venerable, no cesaron hasta obte- 
ner gracia general y completa. Desde la sala del consejo tenido 
en el alcázar, jueces y reos é intercesores, canónigos y frailes, 
caballeros y artesanos, en procesión ó en tropel, volvieron á la 



ISLASBALEARES 251 

catedral^ en cuyas bóvedas jamás resonó más alborozado Te 
Deum. Los que residían fuera de la ciudad, los que se halla- 
ron ausentes de la isla á medida que desembarcaban, todos re- 
cibían el agua bautismal. Con tan pacífica y conmovedora esce- 
na acabó en Mallorca el judaismo, que medio siglo atrás no 
habían podido extinguir horribles matanzas y violencias: cesa- 
ron de una vez los ritos hebraicos, fueron reducidos á cenizas 
de orden del gobernador los talmudes y thoras (i), y mezclá- 
ronse sin notoria diferencia social los nuevos conversos con los 
anteriores y con otros que fueron llegando principalmente de 
Valencia, hasta el reinado de los reyes Católicos. 

Agotadas en Mallorca las rentas del real patrimonio con las 
incesantes demandas de Alfonso V (2), hubieron de suplirlas la 
universidad y los particulares, señalados muchos de ellos en 
servicio de aquel monarca. En su corte figuraban, revestidos de 
altos empleos y comisiones, Francisco Axaló, Gabriel Miralles, 
Juan Valero, y más adelante Pedro Pardo caballero aunque de 
linaje de conversos; y para las guerras de Ñapóles armaban 
galeras Pablo Sureda, Juan Catlar, Tomás Thomas y otros no 
menos distinguidos. Tales anticipos al rey había hecho mosén 



(1) En el libro de actas del real patrimonio en dicho año consta esta partida: 
Á XI de maig pagut d un basiat'x qui aporid alguns arneses de la scolajudayca den 
Struch Xibili apellat Gil Callar, un sou quaire diners. Es la única referencia á tan 
notable suceso, que he encontrado hasta aquí en los documentos coetáneos, pues 
los detalles que de él poseemos son debidos á una memoria de la época, que se 
guardaba en la curia episcopal, de donde la copió más tarde hacia i S4^ ^1 maes- 
tro Benito Espanyol, conservando el texto mallorquín, en un libro titulado lít'slo- 
ria defide catholica, que legó al oratorio de Santa Fe y al gremio de curtidores. 
Acogióla Mut vertiéndola al castellano, y por la puntualidad de las fechas y de los 
nombres de las autoridades que á la sazón gobernaban, tiene el carácter de legíti- 
ma, contra los escrúpulos que de pronto se me habían ofrecido. Lo que no admite 
duda es que la sinagoga se cerró definitivamente en 14351 como que la reina doña 
María eh el cap. 1 5.* de su privilegio dado en Monzón á i o de Marzo del año inme- 
diato, otorga que d'act avant no fuga haver en la illa cali ne sinagoga de jueus ne 
habitar algún jueu mes de XV dias sots pena de confiscado de bens. 

(2) Diez mil ducados pedía desde Milán y luego desde Gaeta á su procurador 
real, que sólo pudo mandarle cinco mil florines, empleándolos de orden del rey 
en compra de 2*; o paños (draps) de diversos colores, á 14 libras la pieza, que le 
remitió con destino al reino de Ñapóles. 



252 ISLAS BALEARES 

Pedro Catlar, jefe de la poderosa familia domiciliada todavía cin- 
cuenta años antes en Massanella, que en premio pidió, si no el títu- 
lo de marquesado que los documentos no mencionan y que era 
punto menos que desconocido en aquel tiempo, al menos las 
rentas y prerrogativas correspondientes sobre la importante villa 
y dilatado término de Llucmayor. Resistiéronse en virtud de 
los antiguos privilegios y aun á viva fuerza los vecinos á reco- 
nocer otra jurisdicción que la real y á doblar la cerviz á un feu- 
dalismo hasta allí desconocido en Mallorca, y alcanzaron, no 
sólo el sobreseimiento, sino la anulación de la merced, pagando 
por talla un donativo igual al que ofrecía el agraciado. Por más 
que como nunca ardieran en bandos los pueblos, hasta el punto 
de abolirse por pregón la nota de bandolero por la generalidad 
misma de su aplicación (i), por más que en las parroquias de 
Alaró, Muro y Petra luchara desde años atrás con la influencia 
de los Sant-Johan la de los Catlars mismos, y en Petra y en 
Sineu igualmente que en Binisalem se riñieran batallas campa- 
les, no llegaban al extremo de aceptar por señor al que admi- 
tían y solicitaban en la capital por patrono de partido. 

Frustrada su ambición en este punto, la enderezó Catlar á 
procurarse el gobierno puesto en manos de sus adversarios, 
mediante un sistema mixto que vino á plantear en 1439 el se- 
cretario regio Juan Olzina; pero estrellóse la tentativa en el em- 
peño por la universidad contraído de defender á todo trance la 
santa pragmática y de sostenerla en su integridad. Insistió el 
rey á instancia de los descontentos en que se procediera á la 
formación de un nuevo régimen pacifico y justo^ comisión que 
por encargo de los jurados hubo de desempeñar el gobernador 
propietario Berenguer de Olms, publicando en 1440 a 13 de 
Diciembre el que se llamó de concordia más bien por su objeto 
que por su resultado. La idea capital del legislador fué descon- 
certar con la intervención de la suerte las ambiciones é intrigas 



(i) Pregón de 9 de Junio de 1435. 



ISLAS BALEARES 253 

de los electores, y neutralizar con la prudente consulta de los 
votos el capricho de la suerte ; para lo cual declaró elegibles á 
todos los vecinos de la isla, de 25 años arriba, que conceptua- 
ran hábiles el gobernador y los jurados, inscribiendo sus nom- 
bres en un gran registro, patente siempre al público y aumenta- 
ble y reformable cada trienio. De estas listas debían extraerse 
por sorteo sesenta y tres plazas de consejeros, seis por el brazo 
militar, doce por cada uno de los restantes de la ciudad, y vein- 
te y uno por la parte forense; cada consejero proponía en terna 
los seis jurados, sorteándose luego entre los que reunían mayor 
número de votos, fueran ó no miembros de la asamblea. Los 
oñcios generales, reales y de la ciudad habían de proveerse por 
votación casi todos, lo mismo que las embajadas y comisio- 
nes. 

Á pesar de la concordia disponíanse á la lucha , más diver- 
gentes cada día y más compactos, los partidos llamados de la 
Almudaina y del Cali según el barrio que habitaban sus je- 
fes (i); de aquel lado los Suredas y Dametos, de éste los Des- 
Catlar, Albertí y Puigdorfila ; los numerosos vastagos de Pachs 
y de Sant Johan contaban individuos militantes en los dos ban- 
dos, y bajo su respectiva bandera se añliaban no sólo casi todas 
las familias notables, sino los mismos artesanos, hallando eco 
estas rivalidades en los habitantes de los pueblos y campiñas. 
En el nuevo régimen ambas fracciones hallaban cabida, pero no 
tanto para concillarse como para hostilizarse: los amigos de 
Catlar hacían renovar la compra que del subsidio y gabela de 
la sal habían hecho por catorce años Arnaldo Sureda, Hugo 
de Pachs y Albertín Dameto, picando en lo más vivo su honra; y 
á su vez el consejo por veinte y siete votos contra veinte negaba 
á Catlar el pago de la suma que por bien de la concordia ha- 



(i) Catlar en su casa solariega de la calle del So/, poseída por el marqués de 
Palmer, su descendiente directo ; Pablo Sureda hijo de Arnaldo, que es el que 
trasladó su domicilio desde Manacor á la ciudad, en la casa que hoy pertenece á 
la familia de Bastart, calle de la Almudaina. 



254 ISLAS BALEARES 



bía adelantado al secretario Olzina, de la cual por su parte es- 
taban reintegrados ya sus rivales. En Febrero de 1444 el jura- 
do Francisco Axaló con alusión poco rebozada logró que se 
aprobase por la asamblea una proposición contra todo el que 
procurara variación de sistema , declarándole excluido para 
siempre de los cargos públicos como á destructor del reino; mas 
Catlar, arrostrando el anatema y fuerte con una provisión real 
que ponía en sus manos el gobierno universal de la isla, se pre- 
sentó en 19 de Junio inmediato, seguido de sus más ardientes 
partidarios, á intimar á los jurados su remoción y la caída del 
efímero régimen de concordia suplantado por el de franqueza. 

Día de humillación debió ser aquel día para el caballero 
Pablo Sureda, cabalmente jurado en cap^ cuando sin aguardar á 
la conclusión del año hubo de ceder el puesto á su victorioso 
antagonista, no menos que para el lugarteniente Hugo de Sant- 
Johan también hostil á los nuevos gobernantes, cuyo juramento 
hubo de tomar. Hizo Catlar elegir á los jurados de su devoción, 
y formó á corta diferencia el general consejo con las personas 
designadas á instancia suya en una cédula que acompañaba al 
privilegio: por lo tocante á los jurados de las villas, pues á tan- 
to se extendía su jurisdicción, tuvo que elegirlos de acuerdo con 
su adversario, el procurador real Lázaro de Lóseos, tal vez por 
contrapeso de su excesiva autoridad. Tres aftos duró esta espe- 
cie de dictadura, nombrando los jurados al fin del año á sus su- 
cesores y éstos al consejo con que habían de gobernar ; pero 
sea por falta de cumplimiento de la principal condición á que se 
comprometió la bandería dominante, de añadir anualmente cinco 
mil florines á los diez mil que se invertían en quitación de cen- 
sos sin nuevos gravámenes del pueblo y á beneficio de una recta 
administración, sea efecto de la liga combinada entre tan ofen- 
didos y tan poderosos enemigos, cuyas filas al parecer se refor- 
zaron con algunos desertores de las otras por buena fe engañada 
ó por ambición no satisfecha, á instancia de Jorge de Sant-Johan 
representante de todos los descontentos, se vio el rey en la ne- 



ISLAS BALEARES 2^5 

cesidad de confeccionar otro régimen , que se llamó de saco y 
suerte^ porque el sorteo era su elemento constitutivo. Atravesá- 
ronse entonces las reclamaciones de los obtentores de la fran- 
queza: Alfonso no se hallaba entonces en posición de devolver 
á éstos los donativos y regalos con que habían impetrado el 
gobierno, ni de rescindir por lo mismo aquella especie de con- 
trato; y considerando que á nadie como á los pueblos interesaba 
remover los obstáculos para el planteamiento del nuevo régi- 
men, encargó á la universidad el reintegro de las cantidades que 
él había percibido y de las demás sumas invertidas por las par- 
cialidades en su ambicioso litigio, reduciendo los censos del seis 
al cuatro por ciento, para que así, zanjados los compromisos, 
pudiera inaugurarse la era de paz que la suspendida ley prome- 
tía. Nadie halló extraña la franca y oficial manifestación del 
hecho, nadie protestó contra el remedio todavía más singular: 
falto siempre de dinero por sus ruinosas guerras y por el 
contagioso fausto de Italia, explotaba con menos escrúpulo 
aquel príncipe, por otra parte magnánimo, una mina legitimada 
casi por la costumbre, ahorrándose la necesidad de acudir con 
tanta frecuencia á las cortes y de oir los lamentos, aunque dis* 
tantes, de sus pueblos. 

Tres siglos casi, hasta la abolición de los gobiernos provin- 
ciales por Felipe V, vivió á pesar de su enfermizo nacimiento el 
régimen de saco y suerte^ otorgado en 14 de Agosto de 1447 y 
establecido al abrirse el año nuevo, reservándose por aquella 
vez el soberano la designación de jurados y consejeros para 
contentar á entrambos partidos. La suerte era en este sistema 
el arbitro exclusivo que daba el gobierno y confería los oficios: 
las insaculaciones ó catálogos de elegibles, que se remitieron 
selladas de la corte, podían aumentarse por el gobernador y 
jurados conforme iba creciendo la nueva generación, así como 
la rebaja de los inhábiles se hacía por acuerdo del consejo. El 
que había desempeñado un cargo ú oficio no podía entrar de 
nuevo en sorteo, hasta que se agotara el saco, para que todos 



256 ISLASBALEARES 

por su turno participaran de los cuidados del mando y del pro- 
vecho de los empleos. La extracción de los consejeros, cuyo 
número se fijó en ochenta y cuatro, ocho caballeros, diez y seis 
de cada uno de los tres brazos restantes (i) y veinte y ocho 
forenses, se verificaba el 20 de Diciembre en presencia del go- 
bernador; la de los jurados en presencia de éste y del nuevo 
consejo. En los que vestían la gramalla municipal se requería 
una edad de 29 años por lo menos; y dos de ellos siquiera, 
cuando no todos, debían asistir diariamente en la sala consisto- 
rial dos horas por la mañana y dos por la tarde: durante el año 
dé su cargo se les vedaba entablar demanda alguna contra la 
universidad ó seguir las entabladas. La convocación para el ge- 
neral consejo se hacía de orden de los jurados, á son de trom- 
peta en la ciudad, por cartas en las villas; la campana del reloj 
(hoy den Ftguera)^ por espacio de una hora llamaba á la sesión, 
la cual sin licencia de los jurados no podía abandonar ningún 
consejero. Respecto de las deliberaciones se conformaba la nue- 
va ley con la pragmática de Anglesola. 

Mal estreno tuvo sin embargo, no que de ella derivaran las 
grandes turbaciones, muy de antemano preparadas, que coinci- 
dieron con su planteamiento. Seguían los recelos de enemigos 
exteriores y las prevenciones de guerra, no suspendida por mi- 
lagro con los irreconciliables genoveses, sino para declararla á 
los venecianos, contra cuyas galeras ancladas frente á la torre 
den Carrafa tuvo que aparejar el castillo de Bellver sus bom- 
bardas (2): renovábanse á menudo las competencias entre la 
autoridad civil y la eclesiástica, estallando por un lado en entre- 



(i) Por la real pragmática de 1614 se redujo á setenta y dos el número de 
consejeros, conservando los veinte y ocho á la parte forense, y distribuyéndose 
los de la ciudad en la siguiente forma, que indica la mudanza social obrada en si- 
glo y medio y el acrecentamiento de influencia en las clases principales : doce ca- 
balleros, doce ciudadanos, ocho mercaderes ó notarios, y ocho artesanos. 

(3) En Setiembre de 1448. Otras naves armadas de Venecia habían tomado 
en Mayo de 1446 dentro de Portopí otra de Galicia, dando muerte á varios tripu- 
lantes que fueron enterrados en Santo Domingo. 



ISLAS BALEARES 257 

dichos y en ocupación de temporalidades por el otro, no sin 
cierta analogía con la lucha empeflada entre el rey Alfonso y el 
papa Eugenio: iban en aumento los murmullos de malas admi- 
nistraciones y las quejas de cargas insoportables : encrudecían 
de bando á bando y de clase á clase los odios, hasta el punto 
de haberse de prohibir por edicto las recíprocas ofensas sin pre- 
vio rompimiento y de publicar treguas reales por seis meses con 
pena de muerte á los infractores, como si hubiera vuelto al es- 
tado salvaje la sociedad (i). Pero, sin perjuicio de las sangrien- 
tas discordias peculiares en cada villa, toda la universidad foren- 
se, acumulando á los añejos agravios las opresiones y abusos 
inherentes á tanta instabilidad de gobiernos, formaba un solo 
cuerpo contra la capital, cuya prepotencia ya no cabía sufrir 
por más tiempo: un litigio sin descanso y sin moderador man- 
tenía vivos los recuerdos del alzamiento de 1391 con tendencia 
á reproducirlo. De los veinte y cinco afíos de mando que, lleva- 
ba Berenguer de Olms, había estado ausente los quince por lo 
menos, ocupado en negocios ajenos á su destino, y acababa de 
regresar de Perpifíán, absuelto, aunque tal vez quebrantado, 
del proceso que había venido á instruir contra sus actos micer 
Rodrigo Falcó por comisión del soberano. Carecía de fuerza 
moral la autoridad, y de prestigio la magistratura manchada 
con violencias y corrompida con sobornos; y para mantener en 
paz el reino se necesitaba algo más que el verdugo, bajo cuya 
hacha se multiplicaban los crímenes como la mala yerba. 

De la intimación de censuras por razón de un subsidio exi- 
gido al clero, y de las vejaciones de los comisionados para for- 
mar un cabreo en vista de los documentos primordiales, nacie- 
ron por la isla en el verano de 1450 leves alteraciones, aisladas 
primero, y luego agrupadas al discurrir de población en población 
los descontentos, hasta concentrarse en Inca, donde en 25 de 
Julio dio terrible muestra de sus propósitos con la tala de las 



(i) Pregones de i.° de Octubre de 1446 y de i 5 del propio mes en 1449. 
33 



258 ISLAS BALEARES 



viñas del viceasesor Bartolomé Albertí y con el saqueo de su 
casa una hueste que no bajaba ya de seis mil hombres (i). Con- 
vocados por una carta anónima, que firmaban con el altivo dic- 
tado de capitanes del rey y no con su oscuro nombre los más 
audaces, se le juntaron los somatenes de los pueblos más dis- 
tantes ó rezagados y refuerzos de los que andaban ya en moví- 
miento, unos en el camino de la ciudad, otros al pie mismo de 
las murallas, á las cuales pusieron bloqueo, más bien que estre- 
cho sitio, vivaqueando el grueso de sus fuerzas en la feraz lla- 
nura del monasterio de la Real y cortando las aguas que á los 
bloqueados abastecían. Una semana vivió á expensas de los aso- 
lados alrededores aquel desmandado ejército, con el que se 
apresuró á entrar en negociaciones el gobernador atrancado en 
su palacio; y con la mediación del obispo de Urgel, que se ha- 
llaba aquí de paso, y de algunos payeses influyentes y sensatos, 
lograron entenderse. No dominaba los sediciosos grupos otra 
bandera que la real sacada del respectivo consistorio, por más 
que se dijo haberse soltado un indiscreto viva á Renato de An- 
jou, heredero de pretendidos derechos al trono de Mallorca y 
competidor de Alfonso respecto del de Ñapóles, á donde y al 
rey legítimo delegó la universidad forense para decisión de sus 
querellas á Antonio Olives de Llucmayor y á Pedro Fábregues 
de Petra, mientras los jurados del reino diputaban secretamente 
á Luís Lull Bacó para info/mar á la reina en Barcelona. Con esto 
y con juramento de valerse hasta morir, retiráronse á i.° de 
Agosto en son de triunfo los amotinados. 

Continuó bajo aparente calma el espanto en la ciudad y la 
insurrección en los pueblos tomando la voz de concordia^ en la 
que la mayoría alborotada obligó á entrar con amenazas á los 
más pacíficos y leales. Salir de los muros á visitar sus lejanas 



(i) Este número parecerá exagerado, si se le compara con el de los que con- 
currieron en seguida al sitio de la ciudad, los cuales, según otros documentos, no 
pasaron de dos mil. 



ISLAS BALEARES 259 



posesiones y recoger sus cosechas era arriesgada empresa para 
los propietarios ciudadanos; reclamar los censos adeudados hu- 
biera podido costarles la vida. La avenencia con el gobernador 
pactada sin intervención de los jurados, que no obstante hubie- 
ron de ratificarla, sufría diariamente alteraciones y añadiduras 
con las crecientes exigencias que traían numerosas comisiones. 
Medios más expeditos se usaron en Manacor para vender la 
carne sin sisa y proclamar libre de derecho el vino; intimólo así 
á despecho del baile un Guillermo Nadal, y en seguida por 
Arta, por Petra, Sineu é Inca, por Felanig y Campos, cundió 
y adoptóse la recién forjada franquicia. Así por casi toda la isla 
dejaron de cubrirse las cargas públicas; y si no anduvieron ade- 
lante las resoluciones extremas sugeridas por acalorados tribu- 
nos, debióse á la influencia de los síndicos solicitada por el 
gobernador. Pasó la estación de las romerías: el invierno con 
sus inclemencias, aislando nuevamente á los labradores á más 
trabajosas faenas, hizo menos frecuentes los tumultuosos atro- 
pellos y excursiones propagandistas, y pareció comunicar á las 
poblaciones algo del inerte sosiego de los campos. Pero con el 
sol de Febrero volvieron á germinar las semillas de sedición, y 
á agruparse en los días festivos la muchedumbre bajo los olmos 
de las plazas al rededor de algún paisano locuaz ó revoltoso, 
espantada al principio y entusiasmada más tarde con sus auda- 
ces retos y violentas amenazas. Lisonjeóse Berenguer de Olms 
de apaciguar la renaciente efervescencia, recorriendo con respe- 
table escolta las villas principales; la cuestión era ganar tiempo 
hasta la vuelta de los mensajeros forenses, con uno de los cua- 
les, con Pedro Fábregues acabado de llegar, tuvo en Muro una 
larga y misteriosa conferencia, y otra en Manacor con el osado 
Simón Tort Ballester (i) ya reconocido jefe de la rebelión, cre- 
yendo quizá los dos engañarse mutuamente. 



(i) Siempre que se le nombra, precede al apellido la palabra /m^^^o, no se sabe 
si por defecto real ó por apodo : era hijo de un oscuro labrador de Manacor. 



200 ISLAS BALEARE! 

Con los enviados payeses había partido y regresó el calero 
Pedro Granyana, portador de importantes capítulos en favor de 
los gremios ciudadanos, cuya ñrme y legal actitud, elogiada por 
el rey al acceder á sus razonables peticiones tocante á corregir 
las dilapidaciones escandalosas de los partidos, y agradecida en 
expresivos términos por los jurados, contrastaba con la desbor- 
dada furia de las masas campesinas. Por su parte el goberna- 
dor, provisto de facultades extraordinarias traídas de la corte, 
ora fuese por el nuncio secreto Lull Bacó que de la de Barcelo- 
na había pasado á la de Ñapóles, ora por el forense Fábregues 
con quien parece haberse puesto de inteligencia, se preparaba 
á pronunciar su fallo, no sólo como autoridad, sino como arbi- 
tro inapelable; y para justificar la severidad de él con el recuer- 
do de lo grave de las pasadas culpas, se organizó una penitente 
procesión de un centenar y medio de forenses, que descalzos y 
en camisa y con dogal al cuello, precedidos de un crucifijo 
y con el venerable franciscano fray Bartolomé Catany al fren- 
te (i), se dirigieron al palacio de la Almudaina en 23 de Marzo 
de 1 45 1, implorando á grandes gritos misericordia. Echóla 
Olms de clemente prometiéndola, con lo cual y con los encare- 
cimientos de Fábregues acerca de los favorables despachos que 
traía, se comprometieron los prohombres de las villas, comisio- 
nados en número de dos ó tres por parroquia, á someterse por 
completo á la sentencia, con expresa renuncia á cualquier privi- 
legio ó protesta. Al acto solemne de la promulgación fijado 
para el 9 de Abril, precedió una sesión del general consejo, y 
sus acaloradas discusiones entre caballeros, ciudadanos y mer- 
caderes de un lado, y artesanos y forenses del otro, dejaron 
ya entrever el terrible desengaño, que no tuvo límites al oír de 
boca del indulgente componedor trocado en formidable juez, 



(i) VaróQ que en vida gozaba ya de opinión de santidad, natural de Llucma- 
yor ó de Felanig, y fundador del convento de Jesús extramuros de la ciudad, del 
de Sóller y del de Mahón. 



ISLASBALEARES 261 

después de revocar toda condonación ó sobreseimiento anterior, 
las dos condiciones impuestas á la universidad de los pueblos 
para volver á la real gracia: renuncia á cuantos créditos y res- 
tituciones pudiera reclamar sobre fondos públicos, y prestación 
irredimible de dos mil libras anuales en expiación de tamaño 
crimen y en señal de perpetua servidumbre. 

Anonadadas por el estupor habríanse sometido tal vez las 
castigadas villas, si el gobernador imprudentemente, metiendo 
la cabeza en las fauces del lobo, no las citara para el próximo 
domingo 1 1 de Abril en Binisalem á fin de hacer segunda pro- 
mulgación de su decreto ante los concejos reunidos. Acudieron 
éstos en verdad á la cita, pero en tanto número y con tales dis- 
posiciones se aproximaban, que Olms no tuvo ya por conve- 
niente aguardarlos, y se retiró al otro día más que de prisa á la 
ciudad con su lucida aunque poco belicosa comitiva, y con un 
puñado de payeses leales bien necesitados de asilo. Fuera de 
los muros dominaba de un confín á otro la rebelión, y probando 
mosén Berenguer de suplir la fuerza con el terror y en la impo- 
sibilidad de prender los reos del nuevo crimen, buscó en las 
cárceles á los acusados de otro añejo. Guillermo Nadal, el pro- 
clamador de franquicias en Manacor, y Miguel Renovard jefe de 
bando en Alcudia, sometidos al tormento del agua sal, coníesa- 
ron según el proceso, no ya sus notorias culpas, sino una cons- 
piración horrenda é inverosímil para el degüello de los oficiales 
regios, exterminio de los varones, desfloramiento de las muje- 
res, saqueo de las casas, repartimiento de haciendas y procla- 
mación del rey Renato; tendidos sobre el cadalso, protestaron 
una y mil veces de su inocencia, y la cuchilla truncó los clamo- 
res en sus gargantas. Sucedía esto el 14 de Abril, y el 16 espi- 
raban en el patíbulo cinco prisioneros (i) cogidos el día ante- 
rior en una refriega que con los rebeldes tuvo en el llano de 



(i) Antonio Prats de PoUensa, Bernardo Gomila de Menorca, Julián Jover de 
Sineu, y Martín y Miguel Roselló hermanos de Inca. 



202 ISLAS BALEARES 

San Jorge un grupo de ciudadanos distinguidos, sin que las he- 
ridas les excusaran de la tortura. El pregón que acompañó á 
éstos y á los anteriores suplicios, dando por averiguados y ex- 
tendiendo á todos los insurgentes los crímenes confesados en el 
potro, y el poner á precio de doscientos florines las cabezas de 
veinte caudillos y al de quinientos la de Tort Ballester, sacaron 
de quicios á las huestes, organizadas ya y acampadas en térmi- 
no de Lluchmayor; y el domingo de Ramos, i8 del mes, apare- 
cieron por segunda vez á vista de los muros, desñlando bande- 
ras desplegadas y con alarde de peones y caballos por bajo de 
las torres coronadas de azorados espectadores, y repitiendo en 
las huertas de la Real los estragos del primer sitio y el rompi- 
miento de la acequia. 

Todavía la santidad de aquellos días y el celo de los media- 
dores empleados por la autoridad, sacerdotes y prohombres me- 
nestrales con preferencia á caballeros ó funcionarios, conjuraron 
las hostilidades, que estuvieron á pique de romperse el viernes 
santo por el lado de sudeste hacia las torres Lavaneras, como 
antes en 1391, con el falso rumor de haber sido ahorcados den- 
tro de la ciudad los comisionados por el campamento. Merced á 
un salvo conducto general hasta el 1 5 de Agosto, y á un sobre- 
seimiento en materia de indemnización de daños, volvieron á 
sus casas no muy pacíficos los somatenes la víspera de Pascua; 
y no habiendo podido reunirse al segundo día el consejo extra- 
ordinario permitido por la avenencia á los forenses para nom- 
bramiento de síndico que en la corte les vindicara, prolongábase 
la anarquía y se acumulaban nuevos desmanes á los pasados. 
De ellos iba tomando nota el gobernador sin levantar mano del 
proceso, y con el afán de ponerles coto y de prender á sus auto- 
res, sea que lo presumiese fácil, sea que se lo pintaran así los 
escapados de las revueltas villas, confió á éstos la pacificación 
de la isla con la gente que al paso reclutaran, declinando en su 
lugarteniente Jaime Cadell la honra de mandarlos. Salieron el 29 
déla ciudad no más de quince jinetes: en Llucmayor de pronto 



ISLAS BALEARES 263 

hallaron sumisión y cien hombres para seguirles ; no así en Po- 
rreras^ sino rehacio al baile y mal dispuestos los ánimos y un 
inseguro refuerzo, que con los de Montuiri y San Juan aumen- 
taba más el número que la confianza. En Manacor obsequioso 
recibimiento, gracias al desvelo del fiel baile y de dos jurados: 
su contingente de doscientos hombres, al cual allí se agregaron 
los de Arta, Felanig, Santanyí y Campos, y los de Petra y Al- 
gaida en el camino, convirtió ya la escolta en ejército de 736 
peones y 1 70 caballos antes de entrar en Sineu, donde apenas 
habían quedado sino mujeres, pues los varones andaban con la 
hueste sediciosa. Súpose allí que ésta marchaba desde la Pue- 
bla sobre Muro, y allí comenzó la desbandada y el rezagamien- 
to de tropas, resultando todavía superiores á las del enemigo al 
trabarse en las eras de Muro el combate. Arengó á las suyas 
Cadell y arremetió, mas no pudo ya salvar á un escudero suyo 
de manos del terrible Ballester, á quien vanamente provocó á 
singular pelea. Mezcláronse en un momento las ñlas, confundié- 
ronse amigos y adversarios, penetrando en la villa por diferen- 
tes puntos; y abandonado de sus reclutas, parte fugitivos, parte 
declarados por los rebeldes, hallóse el lugarteniente acorralado 
en la plaza casi solo, sufriendo los insultos de las turbas y los 
cumplidos aún más acerbos de su adalid, que le dio por posada 
á la vez que por prisión el antiguo palacio de los condes de Am- 
purias. Á la mañana siguiente, 2 de Mayo, cediendo Ballester, 
á ruegos de un antiguo camarada suyo, del propósito de humi- 
llar al ilustre prisionero con escoltarle hasta la ciudad, dejóle ir 
solo por caminos extraviados, y á los contados forenses que le 
habían permanecido leales, amenazó de muerte si volvían á pre- 
sentarse fuera de los muros. 

La fracasada expedición de Cadell produjo un tercer sitio, 
como la de Olms había ocasionado el segundo; y antes de poder 
averiguar el tribunal lo que hubo de traición ó de imprudencia 
y luego de pánico en el suceso, ceftían otra vez la execrada ciu- 
dad las campesinas algaras más amenazadoras que nunca, deci- 



204 ISLAS BALEARES 

dídas á no limitarse ya á vanos clamoreos ni á devastaciones de 
huertas y viñas. £1 5 y el 6 lo pasaron en alardes militares y 
en levantamiento de tiendas los sitiadores, en provisión de ví- 
veres y en armamento general los sitiados: en los siguientes 
días hubo ataques, y no incruentos, á las puertas Pintada y Ple- 
gadissa, y una salida por el portillo del Sitjar para recobrar los 
paños y bayetas de los pelaires, tendidas en el punto de Tira- 
dor. Sin embargo, el común peligro distaba de obrar en los de 
dentro concordia de voluntades: el dominico fray Juan Tey, que 
había viajado por Italia, lanzaba desde el pulpito de la parroquia 
de San Miguel excitaciones de fuego contra los nobles y ricos 
que cobijaba la corrompida capital, ensalzando la vida pastoril 
y labriega y sus patriarcales costumbres; ardía multitud de ple- 
beyos en codiciosos deseos, manifestados ya en los sitios ante- 
riores, de compartir el botín con los de fuera, de cuyos rencores 
y agravios participaban. Formóse una conspiración tenebrosa 
para abrirles entrada en la noche del 1 2 por encima de los 
guardias degollados y derramarse juntos por la dormida ciudad, 
esparciendo la matanza y el saqueo; y denunciada por uno de 
los cómplices (i) al gobernador, le dejó anonadado. Más sereno 
por fortuna, tomó el mando el procurador real Juan Albertí, y 
montando á caballo, seguido de quince jinetes armados, reco- 
rrió las puertas: en la de San Antonio fué cogido el sastre £n«^ 
rique Anfós, degollado al día siguiente con Pedro Ripoll en la 
plaza del Muelle; Antonio March fué ahorcado. Guillermo Juan 
y Arnaldo Genovard mesonero lograron escapar nueve meses 
más tarde, rompiendo sus cadenas, y lo mismo Jaime Roma- 
guera tejedor, sin evitar por fin el patíbulo. Salvado también el 
pelaire Pedro Mascaró, de jefe de los conjurados pasó á serlo 
de los insurrectos compartiendo con Simón Ballester la prima- 
cía, y antes de sufrir la pena de su trama, mucho dio que ha- 



(i) Llamábase Nicolás Torres, y le disputaron el mérito y la recompensa de la 
revelación sus compañeros Juan Ros y Nicolás Sala. 



ISLAS BALEARES 265 

cer todavía en abierta iucha á sus compatricios de la ciudad. 
Repudiaron los honrados prohombres de los gremios á los 
traidores como gente perdida y enemiga del trabajo, y no pasa- 
ron adelante las inteligencias entre menestrales y payeses sino 
para combatirse con recriminaciones y denuestos, á la vez que 
con armas, desde el pie á lo alto de los muros. Para abrir bre- 
cha en sus torres y lienzos no servía la tosca máquina de 
batir construida con el nombre de cuca^ ni las bombardas y pe- 
dreros traídos de las villas hacían sino maltratar con las enor- 
mes piedras de sus disparos los edificios y templos del interior: 
el enemigo más terrible de los sitiados era el hambre consiguien- 
te al riguroso bloqueo que impedía la entrada á todo alimento 
y la salida á todo consumidor: fueron inutilizados ó reservados 
para uso exclusivo de la hueste los molinos de las cercanías, y 
la mayor viveza del ataque como de la defensa se concentraba 
en el foso del Temple donde pacía el escaso depósito de carne* 
ros y bueyes con que contaban los de dentro. El sol de Mayo 
doraba ya las mieses; y los insurgentes, dejando la ballesta y la 
pica por la hoz, ahorraban á los dueños el trabajo de la siega, 
y las espigas caían precozmente no tanto en provecho de los 
robadores como en detrimento de los propietarios. Grave riesgo 
corrían los cautivos y semaneros que, al verlos distantes, salían 
aventuradamente á recoger las reliquias del saqueo ó á preve- 
nirlo con una recolección prematura, y los que desembarcando 
de noche en las lejanas marinas segaban todo el grano que po- 
dían sin ser sentidos, trayéndolo en sus barcas al Muelle ó á la 
Portella para ser trillado de cualquier modo. Y no era lo peor 
contemplar vuelts^s al suelo las copas de los árboles , cortados 
los plantíos, derrocadas las cercas, degolladas las reses á cen- 
tenares, saqueadas las deleitosas quintas, sino el susto atroz de 
los vecinos principales por los tiernos niños que en sus alquerías 
se criaban, y de los refugiados que habían dejado en rehenes á 
sus familias sometidas á costoso rescate ó expuestas á crueles 

venganzas. 

34 



266 ISLAS BALEARES 

Delegados por la reina María y por las cortes de Catalufia, 
desembarcaron en el puerto de la capital para apaciguar tama- 
ños disturbios el egregio conde de Prades (i) y Juan Marimón 
simple ciudadano de Barcelona : su primera visita fué al palacio 
del gobernador, la segunda al campamento de los forenses. 
Convocó Ballester en seguida un numerosísimo consejo, de cuyo 
seno hubieron de salir nombrados ocho individuos, que á la con- 
fianza de los sublevados unieran garantías de moderación y sen- 
satez para entenderse con los comisarios regios; y de ocho días 
de mensajes desde el alcázar de la Almudaina al monasterio de 
la Real resultó acordado un amplio y general salvoconducto, 
reduciendo temporalmente á lo más indispensable las relaciones 
entre uno y otro vecindario á fin de evitar conflagraciones con 
el roce. El 3 de Junio, día de la Ascensión del Señor, después 
de casi un mes de sitio, verificóse la tercera retirada, ninguna 
con más ventaja de los sediciosos, admitidos ya á ventilar como 
legítimas sus querellas y á repeler como calumniosas las acusa- 
ciones de sus contrincantes. Olms quedaba desautorizado, y has- 
ta se esparció la voz de que los comisarios traían orden de 
prenderle. Temieron los jurados y el general consejo, donde 
carecían ya de representación las villas, tener que abandonar la 
ciudad, y reclamaron del monarca por su colega Rafael de Ole- 
za el urgente envío de tropas, á saber dos mil peones y dos- 
cientos jinetes por lo menos, para enfrenar á los revoltosos, 
quienes por su parte no se iban á la mano en sus tropelías y 
atentados por toda la isla, sin respetar ya el prestigio del de 
Prades: seguían, no obstante, las negociaciones de los comisa- 
rios con los ocho diputados forenses, cinco de los cuales les 
acompañaron en su regreso á la corte de Barcelona á fines de 
Julio, al mismo tiempo que por parte de la ciudad el jurado Ma- 



(i) Por extinción de la línea segunda del infante D. Pedro de Aragón tío de 
Pedro IV, pasó el condado de Prades á Juan Ramón Folch de Cardona, poderoso 
magnate catalán. 



ISLAS BALEARES 267 

teo Zanglada, y por llamamiento especial de la reina el venera- 
ble fray Catany. 

Fácil y prontamente se obtuvo la destitución del aborrecido 
y débil mosén Berenguer, y con el título de regente la goberna- 
ción presentó sus poderes en 1 7 de Agosto el noble Arnaldo de 
Vilademany, llevando consigo por asesor á micer Jaime Pau en 
reemplazo del no bien opinado Bartolomé Albertí. Su primer 
acto fué visitar sin aparato los pueblos para calmar los inquie- 
tos ánimos y poner algún orden en la administración municipal, 
nombrando bailes y almotacenes; pero seguían como antes los 
robos y los desmanes, y no pudo impedir ni castigar siquiera el 
asesinato de Juan de Montpeller víctima de su fidelidad en el 
camino de Inca. Una segunda embajada de los forenses alcanzó 
de la reina el solemne desmentímiento de los aleves tratos con 
Renato de Anjou que se les imputaban: y dada cuenta de él en 
el consejo de Sineu y aceptadas las condiciones con que se les 
otorgaba, mandólo publicar el regente por edicto en las esqui- 
nas de la capital, rehabilitando el calumniado honor y fidelidad 
de los campesinos. Pero los recién absueltos no supieron dejar 
de ser criminales, y el ímpetu de la indignación fué continuado 
por el libertinaje y la anarquía. Simón Ballester con su escua- 
drón cruzaba en todas direcciones la isla, estorbando el resta- 
blecimiento de los impuestos y la restitución de los robos, dia- 
riamente engrosados por las rapaces gavillas de Moner de 
Campos, del jorobado Moragues de Buñola, de Nicolau alias 
Rey de Inca; el tránsfuga ciudadano Pedro Mascaró activaba la 
construcción de una galera en el puerto de Pollensa, por derra- 
ma entre los pueblos, bajo motivos especiosos que encubrían el 
único verdadero de interceptar las comunicaciones marítimas de 
los bloqueados. Probaron los ocho diputados payeses, que á tan 
buen punto habían llevado el arreglo (i), de organizar unparti- 



(i) Fué el más señalado Guillermo Palou de Comasema, que en unión con An- 
tonio Font, notario de Sóller, y con el prior de la Cartuja, generoso pacificador, 



268 ISLAS BALEARES 

do sensato y conciliador que sirviera de dique á los rebeldes con 
el apoyo de fuerzas contrarevolucionarias reunidas en Buflola; 
pero no lograron sino atraer sobre sus personas y haciendas la 
furia de la tempestad, y á medio camino de Llucmayor, ante el 
recuerdo de Cadell, retrocedió Vilademany de la pacífica cruza- 
da con dicho apoyo emprendida. 

Así terminó el siniestro año de 1 45 1 , así principió el no 
menos fatal de 1452. El mal iba haciéndose crónico y perma- 
nente la insurrección: la penuria de los propietarios, el descon- 
tento de los menestrales, la paralización de los negocios, el can- 
sancio de las vigilias y la custodia de los muros en que turnaban 
los vecinos, todas las molestias en fin inherentes á aquella situa- 
ción, se agravaban lenta pero constantemente con el transcurso 
de cada día. Previniendo una agonía prolongada ó una catas* 
trofe espantosa, trataban de abandonar la isla muchos de los 
principales ciudadanos; los proletarios buscaban unos en tierra 
extraña pacífico trabajo, otros botín y merodeo entre los revol- 
tosos, y en cambio discurrían por las calles rostros desconoci- 
dos y gentes de fuera, explotadores de la miseria pública y 
espías de los apuros de la capital, más bien que proveedores de 
vituallas. En todo el invierno no cesaron de maniobrar á vista 
de los muros bandadas de peones y jinetes con el objeto, se 
aseguraba, de renovar el sitio. Fijas entretanto las miradas en 
Ñapóles y en Barcelona, de donde se aguardaba el remedio, no 
se ocupaba el general consejo sino de reiterar mensajes á en- 
trambas cortes, en las cuales traían lucha con los de las villas 
cuyos intereses legítimos defendían al par que el restablecimien- 
to del orden. Por indicación de éstos tal vez puso Alfonso V los 
ojos en su cirujano, el maestro Gerardo Ferrer, mallorquín y 
natural de Inca, confiriéndole plenos poderes para el arreglo de 



formó parte de ambos mensajes á la reina. En la misma fracción se distinguieron 
también Jaime Colom de Sóller, Bartolomé Desmás de Valldemosa, Sellera y An- 
tonio Mora de Porreras. 



ISLAS BALEARES 269 

tan tenaces disidencias; pero al desembarcar en Alcudia á me- 
diados de Abril, apoderáronse de su paisano los forenses, con- 
dujéronle á PoUensa á fin de mostrarle en la galera una prueba 
de su ánimo emprendedor, y se ofrecieron en el consejo de Inca 
á cumplir lo que el rey les mandaba en orden á deponer las 
armas y devolver sus presas, y aun á comparecer ante el mo- 
narca setenta de los principales, asegurados por salvoconducto. 
Tres semanas habían pasado desde la llegada de Ferrer, y aún 
no se había dignado el ilustre cirujano avistarse con el regente 
Vilademany ni presentarle sus credenciales é instrucciones. 
Acercóse por fin un día hasta el monasterio de la Real, en me- 
dio de Ballester y Nicolau que eran sombra de su cuerpo, y 
seguido de trescientos payeses á caballo : su conferencia con el 
regente y su asesor, salidos de la ciudad al efecto, no duró más 
de una hora, sin el secreto y decoro conveniente; y ya no fué 
posible tener otra á pesar de las instancias de Vilademany, por 
no acertar el comisario á desprenderse de sus asistentes per- 
petuos. Más bien que un arbitro conciliador, parecía un nuevo 
adalid venido á los insurgentes. 

Era aquella la tercera cosecha que se malograba, y los pro- 
pietarios no confiaban recoger una espiga. Con la miseria crecía 
la agitación de la plebe, impaciente de libertad y sometida á 
duras privaciones y riesgos por intereses que no miraba como 
suyos ; murmurábase contra la temeridad del regente y de los 
jurados, y se les acusaba de ocultar y eludir las franquicias y 
abolición de impuestos traídas de la corte por el maestro Fe- 
rrer. Hasta las quejas y demandas de socorro estaban vedadas 
al gobierno de la capital, si no quería que interceptados ó ven- 
didos sus pliegos pararan en manos del enemigo. Prevalecidos 
de una protección arrancada por sorpresa, trataban los forenses 
de trocar de posición con sus adversarios y de empujarles á la 
desobediencia, dispensándose con especiosos subterfugios de 
cumplir por su parte las regias prescripciones, tarde y mal eje- 
cutadas. Al fin , desengañado Alfonso por su antiguo secretario 



270 ISLAS BALEARES 

Francisco Axaló, que con el jurado militar Burgués y el arte- 
sano Massot fué enviado á Ñapóles, mandó en vez de un comi- 
sario un capitán general y en vez de providencias soldados. 
Cuatro naves, preñadas de armas, de caballos, de tropas aven- 
tureras conocidas en Italia por sacomanos^ lanzaron á la orilla 
su formidable carga en i .° de Agosto, y al otro día su caudillo 
Francisco de Erill virrey de Cerdefla tomó posesión del gobier- 
no, asociado á Vilademany, aunque con la preponderancia de- 
bida en tal ocasión al elemento militar. Para mantenimiento de 
su gente tan propensa á desbandarse con la falta de sueldo, 
aseguróse á despecho de obstáculos y protestas dos mil libras 
al mes sobre los fondos de la consignación, y las percibió sin 
réplica por espacio de dos años. Acopió cuantiosa pólvora para 
los arcabuces y espingardas, y alentando á los tímidos y repri- 
miendo á los mal dispuestos, triplicados con el refuerzo los mil 
peones y duplicados los doscientos jinetes que había traído, 
salió á campaña desplegando el pendón real. 

Andada por el ejército sinuosa ruta todo un día y una noche 
sin detenerse en pueblo alguno, en la mañana del 3 1 de Agosto 
dio vista á Inca, donde se encerraran tras de fuertes barricadas 
los más comprometidos insurrectos. Intimóseles la rendición por 
medio de un alguacil, y la respuesta fué meterle de cabeza en 
un silo. Mandó torcer Erill hacia Sancellas para abrevar los ca- 
ballos, y tomando los rebeldes por fuga la retirada, salieron en 
su persecución con insultante gritería, hasta que una vez en 
campo raso, volvieron de pronto la cara las aguerridas tropas, 
rompiendo, destrozando los tumultuosos pelotones. Aquello fué 
carnicería y no combate: en un momento cubrieron el llano 
ochenta de los cadáveres; ochenta prisioneros fueron destinados 
á improvisados suplicios, pendientes de los árboles por funeral 
trofeo , ó reservados para más solemne expiación en los cadal- 
sos de la ciudad. Sancellas, casi desierta por haber acudido al 
socorro de Inca sus moradores, fué puesta á saco por la solda- 
desca sin discernir amigos de adversarios. Aquel día, sin nece- 



ISLAS BALEARES 27I 



sidad de segundo golpe, vino á tierra el alzamiento. Replegá- 
ronse sobre Pollensa las ya deshechas partidas: embarcóse 
Simón Ballester en la recién concluida galera con rumbo á Ña- 
póles, acompañado de Moner y de trescientos de sus secuaces; 
con otros trescientos se internaron en las montañas Mascaró y 
Nicoiau , tan lejos de abandonar su madriguera como de aco- 
sarlos en ella los soldados. Por lo tocante al litigio cuya deci- 
sión pendía del soberano, á ninguna fracción quiso cerrar Erill 
el acceso á la corte, así á los afiliados en las pasadas banderías 
de gobierno como á los neutrales, á los artesanos así como á los 
forenses; y volvieron á sus opuestas gestiones los delegados de 
las villas y los de la ciudad , animada por la vengativa có- 
lera que pasado el riesgo suele reemplazar al terror, y recla- 
mando un código de proscripción é ilotismo perpetuo contra 
aquellas (i). Entretanto bastaba el regente, con poca más 
comitiva que la ordinaria, para recorrer en la segunda mitad 
de Octubre á Sineu, Petra, Manacor, Arta y Muro, y á fin de 
Noviembre á Binisalem é Inca, dejando huellas de su justicia 
sumaria en cada pueblo, además de los reos que con frecuencia 
suministraba Inca á la ciudad para abastecer el patíbulo de la 
puerta de San Antonio. 

Del fondo de las vacías arcas del erario había de salir el 
sueldo de las compañías italianas, y para cubrir los atrasos em- 
prendió por laá villas un paseo á la entrada de 1453 el clavario 
Domingo Miró con algunos exactores, hasta parar en Pollensa, 
donde se hizo más peligroso el desempeño de su comisión. 
Estallaron en motín los murmullos, entraron á mezclarse con 
los descontentos los foragidos; y el honorable Miró, después de 
haber visto teñidas en la sangre de cuatro dependientes suyos 
las losas de la plaza, no halló asilo en su posada, de la cual 



(i) Espantan las instrucciones dadas en 30 de Setiembre por los jurados, 
presa de vértigo reaccionario, y aspirando nada menos que á establecer una 
monstruosa é insostenible oligarquía. 



27a ISLAS BALEARES 

sácesele arrastrando y se le destrozó á hachazos en la calle. 
Este frenético atentado no sirvió sino para acabar más pronto 
con los restos de la sublevación, sobre los cuales se echó con 
todas sus fuerzas el decidido Eríll, sin dejarles volver á sus 
guaridas. Jefe de ellos había quedado el pelaire Mascaró, y su 
captura fué contada por proeza y timbre al noble Gil de Sant 
Martí: como jefe mereció la prerrogativa de ser decapitado en el 
indicado patíbulo y hecho cuartos. No así Pedro Font de Muro, 
quien á pesar de su más distinguida alcurnia sufrió en su pueblo 
la pena de horca. La misma padecieron al rededor de la ciudad, 
á la entrada de los caminos de Sóller, Inca, Sineu y Llucmayor, 
sendas parejas de reos pollensines, y entre ellos un vecino de 
Inca, el famoso Jaime Nicolau Rey^ de papel más alto que el su- 
plicio. Ignórase si van comprendidos estos y los ajusticiados en 
Pollensa en el número de los veinticuatro moradores de la villa 
que juntos aparecen en la cuenta del verdugo, aunque de algu- 
nos se sabe que lo fueron por el camino, marcando en dirección 
á la capital un aterrador itinerario. Petra, Sineu, Manacor pre- 
senciaron también ejecuciones de muerte. Algunas recaían en 
prófugos que, cansados de correr aventuras por el extranjero, 
volvieron en mal punto á su país , mientras otros compañeros 
más animosos se rehabilitaban empleando la galera forense y 
sus personas en servicio del monarca y en gloriosa pelea con 
los florentines. 

Corría promediado ya el 1454, cuando volvieron de Ñapóles 
los mensajeros ciudadanos, Burgués, Axaló y Berard, con las 
soberanas resoluciones fechadas el 20 de Mayo en una serie de 
decretos: amnistía general salvo en delitos de lesa majestad y 
de homicidio premeditado, confirmación de franquicias, promesa 
de no enviar á la isla comisarios hasta nueva convocación de 
cortes, sobreseimiento en la anual quitación de censos á los 
acreedores de Barcelona mientras no quedaran cubiertos de sus 
pensiones atrasadas los de la isla, revisión de las pasadas admi- 
nistraciones así de la universidad del reino como del sindicado 



ISLAS BALEARES 273 

forense, expurgo de las insaculaciones para cargos y oficios pú- 
blicos con conocimiento de la clase respectiva, fueron las provi- 
dencias más importantes. Sobre la comunidad de las villas se 
acumuló la enorme carga de antiguas deudas, de impuestos no 
satisfechos en tres afios, de indemnizaciones de daftos á los ve- 
cinos de la ciudad, y hasta de la mitad de los gastos de ésta en 
defensa propia, y además la multa de ciento cincuenta mil li- 
bras; á la ciudad no se impusieron sino veinte mil ducados por 
el envío de las tropas, de donde se originó el derecho del ge- 
neral. Vilademany destituido dejó á Erill en íntegra posesión 
del mando; los sacomanos^ mandados retirar, se embarcaron en 
su mayor parte, dejando en la isla un nombre inolvidable por 
largo tiempo, y partidos otros ciento cincuenta un año después, 
quedaron sólo cuarenta caballos armados, cu3ra permanencia, 
por más que gravosa á los forenses, consideraban sus adversa- 
rios indispensable todavía en 1457 para represión de nuevos 
alborotos. Á las. confiscaciones sucedieron entonces los secues- 
tros y embargos; las deudas completaron los resultados de los 
crímenes; y la pobreza y el miedo lanzaron á Córcega y á otras 
vecinas riberas bandadas de labradores. Por falta de brazos y 
de recursos, por falta también de seguridad, yacía abandonado 
el cultivo; la algarroba y el lentisco, y á lo más la cebada y la 
avena, eran el sustento de los pobres, de los cuales expiraron 
muchos al rigor del hambre. Los más acomodados, para exi- 
mirse de los abrumadores repartos, alegaban testimonios más 
ó menos fidedignos de leal conducta y aun de vejaciones sufri- 
das durante los trastornos ; de aquí los pleitos, las recrimina- 
ciones, las envidias alimentadas en el seno de la común miseria. 
Sólo quedaba de pie en medio de este anonadamiento el sindi- 
cado forense, siempre enérgico, siempre independiente y com- 
pacto, en cualesquiera circunstancias y cualesquiera personas lo 
desempeñasen, trazando en la general asamblea cuadros desola- 
dores que estremecían á los propios ciudadanos, ó haciendo pene- 
trar gritos de dolor é indignación hasta los oídos del monarca. 
35 



274 ISLAS BALEARES 

¿Qué se había hecho Simón Ballester? Osó, llegado á Ña- 
póles, parecer ante el trono? Encontró indulgente acogida, ó 
duro encierro, ó ancho palenque donde desplegar mejor sus 
aventureros bríos? ó anduvo errante y oculto cuatro aftos por 
apartadas tierras, manteniéndose fuera de alcance del castigo? 
Como si á él antes que á otro alguno no cerrara la vuelta al 
país el decreto de 1454, declarándole, sin necesidad de nom- 
brarle, incapaz de salvo-conducto, reaparece en la isla el temi- 
ble emigrado por el mes de Agosto de 1456, arrostrando la 
muerte, con la esperanza sin duda de reproducir un alzamiento. 
Es sentido, y huye á Menorca: envían allá los jurados con gran 
recato al comisionado Pedro des Portell, quien recaba del go- 
bernador Jofre de Ortafá que prenda al fugitivo; pero los jura- 
dos de Ciudadela y generales de aquella isla dificultan la extra- 
dición por guardar incólumes sus preciosas franquicias. Insisten 
los de Mallorca, pero no con amenazas ni con intervención si- 
quiera del virrey Erill; y al cabo de cuatro meses, sea por efecto 
de negociaciones, sea por mandato del rey á quien acuden en 
súplica, reciben aherrojado al gran criminal. Doce días, que 
pasa éste bien guardado en la torre del Ángel por cuatro escu- 
deros del lugarteniente real, del 25 de Diciembre al 5 de Enero 
de 1457, median entre la llegada y el suplicio, que se ejecutó 
en la bulliciosa noche de Reyes, siendo arrastrado y descuarti- 
zado á la luz de las antorchas (i). Pena menos ordinaria que la 
de horca correspondía á aquel caudillo improvisado, de cualida- 
des inferiores á su delirante ambición, pero superiores á su os- 
curo y vulgar destino. 

Ocasión era poco oportuna para devolver á los forenses el uso 



(i) Fahentlo rossegar escorterar la nit cT Aparicio escriben en q de Enero los 
jurados al caballero Bernardo de Pachs gerente de la universidad en Ñapóles. 
En la partida consignada el 8 en el libro de datas de la procuración real acerca 
de la prisión y custodia de Tort Ballester, no se mencionan sino genéricamente 
«los diversos crímenes y malos hechos que cometió en las pasadas sediciones y 
tumultos.» 



ISLAS BALEARES 275 

de armas, y más quedando entre ellos todavía agitadores seña- 
lados al decir de la ciudad, que vio con inquietud el embarque 
de los cuarenta caballos últimos de la escolta del virrey, aunque 
no bien quistos de los censalistas, á quienes tantas pensiones 
habían devorado. Temían por otra parte los jurados que recru- 
decieran los ominosos bandos de gobierno con los manejos 
traídos en la corte por el ex jurado mercader Antonio Sala y 
con las mudanzas que al rey sugería, calificadas por ellos de 
peligrosas novedades ; pero estos cuidados y el de preservar la 
isla del contagio derramado entonces por la península, cedían 
todas al supremo de proveer de subsistencias el vecindario en 
aquellos años de carestía excepcional, en medio de la habitual 
escasez de cosechas que hacía casi permanente en Mallorca la 
lucha par la vida. Por fortuna á mosén Erill, que se había 
hecho tener por justiciero y por sus facultades extraordina- 
rías (i), sin obtener á pesar de esto franquicia de la universidad, 
sucedió en Abril de 1458 Vidal Castelladoríz y de Blanes, prece- 
dido de buena fama y estimable por sus prendas, cuya confirma- 
ción y la de su asesor (^aburgada fué lo primero que pidiéronlos 
jurados al nuevo rey Juan II luego de sabido en Julio siguiente 
el fallecimiento de Alfonso V. En el trueque de soberano sí que 
anduvo más desgraciado el reino» pues algo iba, aunque her- 
manos, de aquel glorioso conquistador de Ñapóles, por más 
que gobernase desde lejos y distraído en conquistas, alianzas y 
academias, al turbulento rey de Navarra, si tal podía legal- 
mente titularse, que nunca supo sino revolver con sus intrigas 
y escaramuzas los tres reinos de España, y distinta atmósfera 
formaba al rededor de ellos su respectiva corte, á pesar de 
tener comunes muchos vicios, unos de siempre y otros peculia- 
res del tiempo. 



(i) Dejó vacias de presos las cárceles, pues visitándolas en 2^? de Febrero 
de 1458 pocos días antes de marcharse, ningún detenido en ellas se encontró, lo 
cual, según nota puesta en un códice, jamás acaso se habrá visto. 



276 ISLAS BALEARES 

El primer acto del monarca entrante fué reclamar de los 
mallorquines por su coronación y advenimiento al trono el do* 
nativo de costumbre, que negó con vigor desusado la universi- 
dad, fuerte con sus franquicias y todavía más con sus apuros, en 
cuya difícil embajada estrenó sus talentos un joven notario, que 
treinta años adelante seguía como hábil negociador las gloriosas 
campañas de los Reyes Católicos. Por esta vez no logró Pedro 
Litrá que cediese de su exigencia Juan II, como tampoco ante 
las intimaciones del lugarteniente y del procurador real desistió 
de su resistencia el general consejo; y hubo que diputar al abo- 
gado Bartolomé de Veri con facultad de soltar tres mil y hasta 
cuatro mil florines á trueque de alcanzar muchas y diversas pe- 
ticiones de circunstancias (i). Presentábanse mientras tanto 
harto más graves complicaciones: atraído de Ñapóles á Sicilia, 
y de Sicilia á Mallorca, había ido acercándose el desgraciado 
príncipe de Viana sin mediador ni amparo, no ya á los amantes 
brazos, sino á la recelosa potestad de su desnaturalizado padre, 
quien desde principio del 1459 le brindaba con obsequiosa re- 
sidencia en la isla, tan bien situada para negociar y concluir la 
apetecida concordia. Ya en Mayo una comisión nombrada por 
clases empezó á disponer en la ciudad digno recibimiento al 
primogénito real; hiciéronse obras en el alcázar destinado á hos- 
pedarle, lo mismo que en el castillo de Bellver, ofrecido de 
pronto á su disposición, aunque luego por reservadas órdenes 
no entregado. La armada, que fué á recibirle en Palermo, to- 
cando en Cerdefla y luego en el puerto de Salou para avisar al 
rey de su venida, le condujo al muelle de esta capital en 28 de 
Agosto: púsole en tierra un ancho puente de madera enramado 
de mirto y salpicado de flores ; precedíale un pendón nuevo ri- 
camente bordado; palio magnífico de damasco carmesí, digno 



( I ) Compréndelas en número de diez y ocho el privilegio dado en Fraga á 20 de 
Setiembre de 1460, y otras tantas próximamente se encargaron en las instruccio" 
nes al enviado. 



ISLAS BALEARES 277 

de ser regalado después á la catedral para las solemnidades 
del Corpus, le acogió bajo su sombra, alumbrándole delante y 
al rededor treinta cirios de cera encarnada y otras tantas antor- 
chas por mano de altos funcionarios y escogidos representantes 
de la ciudad. Hízosele un copioso y escogido presente de provi- 
siones (i); celebráronse en su honor pomposas justas: nada le 
faltaba para considerarse ya rey sino poder y hasta libertad. 

Cautivo más que huésped, vigilado por los que sólo aparen- 
taban servirle, sustraídos á su obediencia los castillos, vivió 
siete meses el buen Carlos en el palacio de una dinastía destro- 
nada por la usurpación, repasando la historia de la que él venía 
á terminar, víctima de otra usurpación más monstruosa todavía; 
oró el día de Difuntos, bien que tataranieto de Pedro IV, sobre 
la tumba de Jaime II; escribió en 22 de Noviembre á su padre 
aquella carta tan tierna y obediente, sometiéndose á entregar la 
parte de Navarra que por él estaba, y á no habitar en ella ni 
en Sicilia, á trueque de que los suyos y su querida hermana 
Blanca no fueran oprimidos, y contentándose con salvar su he- 
redamiento y sucesión (2). Al embajador de Portugal recibió, 
dando oído á tratos de casamiento con Catalina hermana de 
aquel rey, renunciando al de Isabel de Castilla hermana de En- 
rique IV por no irritar al envidioso progenitor que la tenía ya 
destinada para Fernando el hijo predilecto de su segundo enla- 
ce. Llegó el atribulado príncipe á recelar asechanzas , y para el 
caso de que se intentara detenerle, trató con algunas naves 
vizcaínas de asegurarse la retirada; hasta solicitó como estancia 
más cómoda el castillo de Perpiñán ó algún otro con puerto de 



(i) Consistió en seis gruesas terneras, treinta pares de gallinas, treinta de 
pollos, diez de pavos, y cien quesos, en lo cual y en los preparativos se gastaron 
trescientas libras. El mencionado palio, para poderlo regalar á la Seo, hubo de ser 
rescatado por veinte y cinco florines de manos de los sirvientes ó porteros (uxers) 
del príncipe, que pretendían pertenecerles en razón de gajes. 

(2) oNon tema V. S. ya de mí, dice en esta carta que trae Zurita lib. XVI, capí- 
tulo LX de sus Anales, ca dexadas las razones que Dios y naturaleza quieren, ya 
estoy tan farto de males y ansadas de mar, que me podéis bien creer.» 



278 ISLAS BALEARES 

mar en Rosellón ó en Cataluña: mas á fines de Enero logró ver 
aprobadas por el monarca en Barcelona las condiciones de la 
avenencia, que repelieran por intolerables los adictos sicilianos 
y navarros, si no se hubiese esforzado en sosegarles el que más 
perjuicios sufría, inculcándoles la paz como bien supremo. No 
fueron todas, sin embargo, de ansiedad y desaliento las horas 
que allí se le deslizaron ; muchas de serios estudios le distraje- 
ron de sus penas (i); y si hemos de juzgar por lo espontáneo y 
copioso del donativo que le concedió la universidad, primero de 
mil doscientas libras y luego generosamente duplicado, cuando 
con tal tesón se le regateaba al temido soberano, patente y con- 
soladora muestra de la adhesión de estos isleños recibió sin 
duda el augusto prisionero, reducido á la mayor penuria, sin 
más pensión de su opresor que la mensual de doscientos flori- 
nes (2) para el gasto de su mesa. 

No sin negros presentimientos se despidió de su apacible 
retiro Carlos de Viana en 26 de Marzo de 1460, no obstante 
de acudir á un llamamiento de reconciliación y gracia ; el éxito 
los justificó demasiado. Llegado á los dos días de viaje, evitó 
los alborozados homenajes de Barcelona, aposentándose fuera 
en el monasterio de Valdonzellas; pidió desde luego una confe- 
rencia con su pérfida madrastra, que la esquivó; salió al encuen- 
tro de su avieso padre hasta Igualada, besándole la mano 



(i) Por un recibo otorgado en poder del notario Litrá reconoce el principe en 
2 5 de Marzo, el día antes de su embarque, haber recibido en depósito del cabildo 
de Mallorca los libros de la Suma de Sto. Tomás, legados por el obispo recién di- 
funto, fray Juan García, prometiendo restituirlos dentro de un año ó satisfacer por 
ellos veinte florines de Aragón. Entre los arreglos que para recibirle se hicieron 
en el palacio, suenan los encerados puestos en la ventana de la librería, y un es- 
critorio nuevo de madera, y en él cuatro tablas apoyadas en la pared para tener 
sus libros el señor principe. Cuan numerosa y variada fuese la colección de sus 
manuscritos, despréndese del catálogo publicado en el tomo XXVI de los Docu- 
mentos de la corona de Aragón. 

(2} Valia el florín en Valencia 17 sueldos 4 dineros, correspondiendo aproxi- 
madamente á siete octavos de la libra mallorquína. Algunos pequeños gastos has- 
ta la suma de 250 libras hubo de pagar el procurador real al partir el príncipe 
per la gran necessitai en que sia al preseni constituiL 



ISLAS BALEARES 27Q 

humildemente: nada bastó para que Juan II desistiera de encru- 
decer contra su propia sangre, y en vez de hacer jurar por 
sucesor á su primogénito, como esperaban las cortes de Aragón 
en Fraga y las de Cataluña en Lérida, mandóle prender, termi- 
nadas éstas en 2 de Diciembre. Levantóse de los diversos reinos 
de la monarquía un grito de indignación y espanto; púsose en 
armas el principado catalán; y ya en 8 de Enero de. 146 1, dada 
cuenta al general consejo de Mallorca de que no había pobla- 
ción de doscientos hogares arriba, tanto en aquél como en Ara- 
gón y Valencia, que sobre tan inexplicable prisión no enviara á 
la corte su mensaje, se propuso si haría otro tanto la isla, salva 
la fe debida al soberano, para que en ningún tiempo ni por na- 
die pudiese ser notada de negligencia. Altercóse sobre el asun- 
to, y aunque en razón de las escaseces del país se difirió la em- 
bajada hasta obtener respuesta de la consulta hecha á los 
estados vecinos, protestaron nominalmente hasta trece conseje- 
ros, los cuales no sería temeridad considerar afectos á la ilustre 
victima, contra una indiferencia que argüía poco menos que pa- 
rálisis en miembro tan principal de la corona (i). Verdad es 
que en la siguiente sesión de 10 de Marzo, oída la carta que les 
escribía desde Caspe el desconcertado rey en 1 2 de Febrero 
quejándose amargamente del alzamiento de los catalanes, la 
asamblea unánime dio testimonio por lo pasado y prendas para 
lo sucesivo de la buena é integra fidelidad de estos naturales á 
sus monarcas. 

La efímera dominación, que con delirante entusiasmo del 
pueblo mantuvo en Cataluña el de Viana desde el recobro de 
su libertad hasta su llorado fin, de 2 de Marzo á 23 de Setiem- 



( o «Qtt« lo preseni regne no era encare memhre ian paraltiich^que de semblani 
e ian ardua Jeyna no *$ degués rahonablement e deguda sentir.» (Actas del gen. 
cons.) Fueron los trece indicados: mosén Juan Dameto, Jaime de Galiana, mi- 
cer Bartolomé de Veri, mos. Pedro Unís, mos. Juan Fuster, Rodrigo Torrella, 
mos. Nicolás de Pachs, Andrés Net, Francisco Pardo, Nicolás Spanyol (caballeros 
y ciudadanos) y Antonio Canyellas, Andrés Boix y Juan Mir (notarios). Mencióna- 
los Mut á casi todo&, aunque comprendiendo al revés el espíritu de la protesta. 



28o ISLAS BALEARES 

bre, se extendió hasta cierto punto á Mallorca, donde eran cum- 
plimentadas sus órdenes (i); mas no envolvieron la isla las tur- 
bulencias del principado, al estallar en insurrección contra el 
padre el desconsuelo por la pérdida del hijo. Apenas declarado 
en Barcelona el rompimiento con la reina, á quien no valieron 
sus artes ni el juramento obtenido á favor del niño Fernando 
como sucesor para no tener que salir escapada, apresuráronse 
los diputados y su consejo en 28 de Mayo de 1462 á dirigir á 
sus hermanos de Mallorca, como los llaman, un prolijo mani- 
fiesto, enterándoles de los rigores y vejámenes de la corte, de 
la negra conjuración por ella protegida en el seno de la misma 
diputación para exterminarla y que había tenido ésta que casti- 
gar con el suplicio de seis de sus colegas ó dependientes, de los 
excesos y desmanes de los payeses de remensa en el Ampurdán 
insurreccionados con el apoyo de la autoridad real contra sus 
señores, del abandono del Rosellón y CerdaAa á los franceses 
en prenda de la nefanda liga contraída con el extranjero; y exhor- 
taban á los de acá á abrazar su santa causa en defensa de sus 
privilegios y franquicias, de la integridad del territorio y hasta 
de sus bien entendidos deberes de vasallos. Todavía en esta 
carta se vela con ciertas salvedades la rebelión; á otra de 27 de 
Junio acompañan ya los edictos contra el rey y contra su con- 
sorte, renunciando á su obediencia por la cruel entrega de la 
princesa doña Blanca y por ultrajes sin cuento á la naturaleza, 
á las leyes y á la nación. Ninguno de estos pliegos llegaron á 
su destino: interceptólos el gobernador Castelladoriz, pero al 
presentarse como especial mensajero Juan de Olivella, hubo 
aquél de autorizar la lectura del nuevo despacho que traía y la 
de los anteriores en plena sesión de 1 6 de Julio, en cuya permi- 
sión y en respetar la persona del enviado influiría probablemen- 



(i) Pruébase por un mandato de embargo de bienes contra el barcelonés 
Pedro Rodas curtidor, expedido por el príncipe en i o de Setiembre, y ejecutado 
aquí en 2 5 del propio mes, cuando había éste cesado de vivir. 



ISLAS BALE \R E S 



te la necesidad de mantener con los catalanes buenas relaciones 
mercantiles, como así se encargó después al notario Litrá la 
comisión de hacerlo presente al soberano. Cualesquiera fuesen, 
más ó menos hostiles y más ó menos unánimes, los sentimientos 
despertados en el general consejo por la subversiva excitación, 
acordóse darle cortés y mesurada respuesta, digna de la numero- 
sa y grave comisión escogida para redactarla (i), pero bien explí- 
cita en exhortar sumisión y paz á los insurgentes, á cuyos recuer- 
dos de fraternal unión y común origen nada mejor, dicen, podían 
ofrecer en correspondencia los mallorquines que su más entra- 
ñable mediación para restituirlos á la real gracia. 

Pero esta actitud conciliadora no era sostenible por largo 
tiempo: puesto Juan II en Setiembre sobre la rebelde Barcelona, 
empeñó á la isla en desapiadada guerra contra el principado, 
reclamando levas de gente y donativos extraordinarios ; y cesó 
el tráfico entre los dos países amigos, rompiéronse por mar las 
hostilidades, y las costas se vieron sin cesar amenazadas de 
piráticas correrías. Sólo este azote faltaba que añadir á las divi- 
siones intestinas y á los atentados de toda clase, que pululaban 
con salvaje vigor en el inculto y agotado suelo. Andaba como 
siempre, por no decir en aumento, desencadenado en los pue- 
blos, á ejemplo de la ciudad, el espíritu de bandería. Sineu, San 
Juan, Binisalem, Muro, se entregaban á diarias pendencias, más 
funestas por los enconos que por las heridas que producían ; y 
los que no en lucha abierta, caían víctimas de traidoras ase- 
chanzas. No cesaron durante el otoño los lugartenientes del go- 
bernador á la sazón enfermo, Juan de Galiana y Hugo de Sant- 
Johán , de acudir de villa en villa al apaciguamiento de las 



(i) Á los diez individuos nombrados de los cuatro brazos de la ciudad y del 
de forenses, añadiéronse como hombres de ciencia nueve jurisperitos, á saber; 
Bonifacio Morro, Juan Berard, Mateo Malferit, Gabriel de Veri, Fernando Valcntí, 
Rafael Ferrer, Bartolomé de Veri, Nicolás Berard y Rafael de Oleza. Mut trae dicha 
contestación, concisa por cierto. 
3í 



282 ISLAS BALEARE 



reyertas y á la averiguación de los delincuentes con un dispen- 
dioso séquito de capdeguaitas y escuderos y hasta de gentiles 
hombres; mas á la entrada de 1463 declaróse en Inca y Binisa- 
lem un movimiento de índole más grave, como que al frente de 
los agavillados payeses se puso un mosén Pedro Juan Albertí, 
hermano al parecer ó al menos deudo inmediato del ex-procura- 
dor real Juan Albertí, favorecido dos veces por el rey Alfonso 
con la provisión vitalicia del empleo en 1448 y 1457, y separa- 
do luego por el nuevo rey no sin expresivas reticencias para co- 
locar á Francisco Burgués; y con aquél andaba en el alboroto 
el joven Bernardo Albertí hijo del depuesto funcionario. Como 
se entendieran en sus agravios y proyectos los forenses con los 
de familia tan ominosa á su pasado alzamiento, aun cuando 
no mediara sino la pésima memoria del vice-asesor mícer Harto- 
lomé, es cosa que no se comprende. Tres días bastaron para 
dispersar las partidas; el jefe se eclipsó escapado tal vez á Bar- 
celona: pero de allí vino meses después en una nave barcelone- 
sa el mismísimo ex-procurador con más ánimos y medios, como 
hombre de influencia y empuje, para reanudar la interrumpida 
trama (i). Tratábase de encadenar la isla al movimiento de 
Cataluña, en sentido análogo al que se procuraba por los mis- 
mos días en Menorca; pues á haber sido menos graves el 
atentado y el peligro, no fuera pregonada por las villas la 
cabeza del sedicioso caballero, ofreciendo quinientos florines 



(i) No es fácil desenredar la complicada madeja de las numerosas ramas de 
Albertí. Ora fuesen hermanos^ ora nada más que primos el procurador real mosén 
Juan y el viceasesor de Olms micer Bartolomé, quien vivía á la sazón retirado en 
Inca administrando los bienes de su esposa Leonor de Bordils, además de los va- 
rios hijos de uno y otro funcionario, figura Pedro Juan, el excitador de la revuel- 
ta en Enero de 1463, que desaparece luego para hacer lugar desde la siguiente 
primavera á mosén Juan, lo qual^ dice una partida de las obras hechas en su pri- 
sión, era vengut de Barcelona ab una fusta de Barcelona; y éste es el que fué pre- 
gonado por la isla y que entró preso con sus hijos en la torre del Ángel. De Pedro 
Juan es de presumir que se salvase en Barcelona, donde se hallaba aún en Setiem- 
bre de [ 469 con Galcerán Des-mas y otros fugitivos de la conspiración posterior. 
Era al mismo tiempo alcaide del castillo de Pollensa un Arnaldo Albertí. 



ISLAS BALEARES 283 

de oro al que le entregara á la justicia, é imponiendo pena 
de muerte al que le ocultara. De su captura dio parte el bai- 
le de Muro, y en los últimos días de Junio ó primeros de Ju- 
lio fué conducido á la torre del Ángel, cuyo encierro compar- 
tió, no sólo con su hijo Bernardo, sino con otro hijo Pedro 
acaso su primogénito, con Pedro Sánchez Muñoz yerno suyo 
probablemente, oriundo de Teruel y sobrino del difunto obispo 
don Gil el antipapa, y con Fortuny de Ruesta, sin duda com- 
prometido por su cuñado ó tío micer Copons hecho el oráculo 
de los insurgentes catalanes (i). En Febrero de 1465 piérdese 
la huella de estos presos , y el silencio hace presumir que no 
tuvo su proceso el trágico desenlace que al principio anun- 
ciaba. 

Mallorca se ponía en formidable píe de guerra, y el general 
consejo no atendía sino á prevenirse y votar tallas, tres mil 
libras de socorro al soberano, dos mil para adquisición de 
armas ofensivas y defensivas, doscientas para proveer de salitre 
las bombardas, mil en reparos del muelle y de los aportillados 
muros de la ciudad, mil en fortalecer los de Alcudia que por la 
fermentación declarada en, la vecina Menorca competían en im- 
portancia y en peligro con los de la capital. De aquel puerto, 
del de Andraig, del de Sóller, de las demás villas marítimas, 
alcanzábanse unos á otros los avisos de buques sospechosos ó 
enemigos, catalanes, vizcaínos, portugueses, de hostiles desem- 
barcos y presas, y acompañaban hombres aprendidos naturales 



(i) Conservó micer Copons, aunque ausente desde 1444, la propiedad de la 
asesoría de la gobernación rigiéndola por sustituto, y de consiguiente su habi- 
tación en el real palacio, que ocupó su sobrino Fortuny hasta 1460, en que tuvo 
que cederla á Sa-burgada su sucesor, y sus muebles metidos en cajas fueron remi- 
tidos en 1464 á micer Juan Pagés vice-canciller del rey, de quien había obtenido 
los bienes confiscados á Copons. Fortuny pasó lo más del tiempo de su detención 
en compañía de mossen Juan Alberti y de su hijo Bernardo, al paso que su otro 
hijo Pedro, que á principios de 1458 desempeñaba por él la procuración real, es- 
taba en otro encierro con su cuñado Sánchez Muñoz, que además de su enlace con 
una Alberti, tenía en contra suya un duelo pendiente con Miguel de Pachs tan 
decidido servidor del rey en la reducción de Menorca. 



284 ISLAS BALEARE 



Ó forasteros, y partían en todas direcciones pliegos del gober- 
nador: cuatro naves al servicio del rey apostadas en las aguas 
de Cabrera guardaban la bahía; rondaba las riberas un escua- 
drón de caballos mandado por Bernardo de Pachs. En esto, un 
día de Mayo de 1463 levántase en Ciudadela el grito de viva 
Barcelona, tal vez por influencia que conservaba sobre sus nu- 
merosos adictos el ex-gobernador Pedro de Belloch, muy me- 
tido á la sazón en el alzamiento del principado, tal vez por 
simpatía de los muchos catalanes allí domiciliados con sus her- 
manos del continente; mas no pudiendo sostenerse dentro del 
murado recinto los sublevados, derrámanse por el suelo me- 
norquín, insurreccionando las restantes poblaciones, y contando 
con el prometido socorro de Barcelona para rendir la capital. 
Reúne Mallorca, con el esfuerzo y celeridad que consiente el 
riesgo propio, gentes y naves, víveres y municiones, en auxilio 
dé su vecina y de la común causa que sostienen; recluta ciento 
sesenta voluntarios así de la ciudad como payeses, cuales á 
cinco, cuales á siete, cuales á diez libras de sueldo mensual 
según su categoría (i); arma dos galeras al mando del procura- 
dor real Francisco Burgués tan protegido del monarca, y de 
Hugo de Pachs caudillo de la expedición, además de varios 
bergantines y laúdes; y en esta enormidad de gastos entra en 
parte con el real patrimonio la universidad antes de fijar su 
respectivo contingente. Por prisa que se dieron los auxiliares, 
embarcados en Alcudia, en Arta y los más en la ciudad á prin- 
cipios de Junio, no pudieron evitar la entrega de Mahón, al apa- 
recer en su puerto cuatro galeras catalanas conducidas por el 



( I ) Parece no eran voluntarios todos los que se alistaban (acordáis); los había 
también elegidos de diversas villas por el gobernador, ó tomados á partido como 
delincuentes. Algunos, según el apellido y según el sueldo, eran de familias dis- 
tinguidas ó acomodadas, uno de ellos Francisco Alberti hijo del famoso micer 
Bartolomé, el cual parece se guardó mucho de comprometerse en aquella ocasión 
con su pariente mosén Juan, pues como padre y heredero de aquél cobró en 1468 
sesenta libras de sueldos atrasados. 



ISLAS BALEARES 285 

noble Francisco Pinos, las cuales pasaron luego al de Ciudadela 
con la misma confianza, cuando por fortuna se habían ya intro- 
ducido en la plaza los mallorquines. Cien hombres más refor- 
zaron á los primeros hacia fin de Julio, mientras el sitio no se 
formalizó; y trescientos siguieron á últimos de Agosto, acudien- 
do al clamor de los cercados, á quienes estrechaban ya dentro 
de los batidos muros los buques por mar y los desmandados 
de Mahón y del resto de la isla por la parte del campo (i). Fué 
enviado Miguel de Pachs á compartir ó á continuar las glorio- 
sas fatigas de su hermano Hugo; marcharon albañiles á reparar 
las brechas bajo el alcance de los tiros que las abrían ; contra- 
táronse por un mes dos naves armadas y una carabela, france- 
sas ó valencianas (2), y para sufragar á tales dispendios se 
contaba con los bienes y censos confiscados en la isla á los re- 
beldes catalanes. No se descuidó Barcelona por su parte en 
aumentar las fuerzas sitiadoras, pero con tan poca ventura que 
sobrecogidas de pánico las galeras de Pinos con exageradas no- 
ticias de las fuerzas enemigas que se aproximaban, abandona- 
ron el sitio de Ciudadela para asegurarse en el puerto de 
Mahón , dando vuelta por la costa del norte, mientras que la 
galera de Esplugues y un ballener, que en ayuda de aquellas 
acababan de llegar, caían en poder de la flotilla mallorquina, 
victoria comunicada al rey por extraordinario y que decidió la 
libertad de Ciudadela. 

Á 15 de Setiembre los prisioneros á la sazón cogidos en- 
traron en las torres y dependencias del real palacio convertidas 



(i) Hay alguna confusión acerca de estos sucosos así en las historias como en 
los documentos. En algunos que no he logrado ver fundaría Mut los detalles de 
8u relato; por mi parte prefiero atenerme á los de la procuración real. 

(3) Juan de la Mota alias Lamer, y Juan Peris eran los patrones de las naves 
armadas, y Antonio de la Bruna el de la carabela; los bergantines, en su mayor 
parte de Mallorca, estaban á cargo de Salvador Sanceloni, Ramón Desbrull, Martín 
Ramis, Martín Gonsalvo, Antonio Marqués, Gabriel de Ampurdá, Pedro Bres, etc., 
y asi como estos en el libro de gastos de la guerra, aparecerían con más razón, si 
hubieran prestado en ella servicios, otros navios y galeras que cita Mut con des- 
conocido fundamento. 



286 ISLAS BALEARES 

en cárceles, donde juntos ó separados, con más ó menos liber- 
tad, enfrente de las que albergaban á mosén Juan Albertí y á 
los suyos, atravesaron largo cautiverio, cuya duración consta 
por la del sueldo de sus guardias (i). Con el capitán Pedro 
Benito Esplugues, uno de los veinte y siete de la rebelde junta 
catalana, iban los nobles barceloneses Pedro AIós y Miguel 
Gualbes con sus respectivos hermanos, Pedro y Bernardo Bosch 
patrones del ballener, y fray Pedro Martínez dominico, cuyos 
actos y relaciones con el difunto príncipe se ignoran, aunque 
bastase el entusiasta culto á su memoria para ser calificado de 
altamente sedicioso (2). Á los heridos recibió el hospital de 
Santa Magdalena (3); al cómitre de la galera Pedro Dolí, á un 



(i) Estos gastos y el de la manutención de los presos se prolongan en varias 
partidas desde el Setiembre de 1463 hasta fin de Febrero de 146^, mas no puede 
aceptarse esta fecha como prueba decisiva de que hasta ella se prorrogara el su- 
plicio ó la libertad de cada uno de los prisioneros nombrados por junto, pues no 
habiéndose fallado á la vez su respectivo proceso, puede el gasto referirse á los 
que quedaban. 

(2) Por el apellido y por nombrársele á veces Pero, creóle aragonés más bien 
que catalán, en cuyo idioma sin embargo escribía perfectamente en verso y en 
prosa, sin resabios aragoneses. Cuéntale Latasa entre los escritores de Aragón, 
añadiendo que fué librero^ es decir bibliotecario, del príncipe de Viana, sobre 
cuya muerte escribió una complayuta y lamentaciones en verso y prosa; nada 
empero he podido descubrir acerca del papel que desempeñó fray Martínez en 
aquellas revueltas, ni del motivo de ir á bordo de la galera de Esplugues, nada 
que justifique el horrible fin consignado por primera vez en mis Forenses y Ciu- 
dadanos^ que perpetuará la interesante memoria de la víctima con la atroz real 
venganza. Personaje es bien acreedor á una monografía, reservada de derecho á 
mi amigo y paisano D. Gabriel Llabrés, ya que tuvo la dicha de descubrir en 
Teruel y la diligencia de copiar el tratado en prosa Miratl de divináis assots y diez 
notabilísimas poesías de un códice procedente de la familia terolana de Pero Sán- 
chez Muñoz, compañero de prisión del infortunado fraile. 

Poco antes de fray Pedro Martínez, de i o de Julio á 2 de Setiembre, había es- 
tado preso en el castillo real fray Justo de San Francisco, de quien ni de su delito y 
paradero nada más se sabe. Si la duplicidad no depende de equivocación de nom- 
bres, con Miguel Gualbes estaba detenido un hermano llamado Jaime, y con Pedro 
Alós un Gabriel á quien se costeó á fin de Octubre un jubón negro. En dichas par- 
tidas los prisioneros barceloneses figuran aparte de los mallorquines, á excepción 
de alguna en que se nombra con aquellos á Pedro Albertí doncel, á mosén Saura 
de Menorca y Andrés Sala de Alcudia. 

(3) Continuaba situado dicho hospital, aun después de fundado á mediados 
del siglo XIV el convento de religiosas de este nombre, en el mismo edificio, por 
no haberse ultimado todavía la unión de hospitales de que por aquellos años se 
trataba. 



ISLASBALEARES 287 

tal Bergueta y á la tripulación de ambos buques la cárcel ordi- 
naria. Para el cange establecido en estas campaftas con los 
insurrectos á fuer de beligerantes, consultaríase al soberano 
atendida la importancia excepcional de los detenidos, y aun así 
se hace mucha la tardanza que hubo en la decisión de su suerte. 
Pasaron meses, turnaron las estaciones, y en ansiedad intermi- 
nable vivieron los infelices, antes de salir de su encierro, no 
todos á un tiempo ni con igual destino, el cómitre Dolí para 
morir en la horca del muelle y desde ella pasar cadáver á la de 
Portopí, algunos más para el cadalso (i), otros condenados á 
galeras, otros puestos en libertad. Consiguiéronla por cange 
con diez mallorquines los hermanos Bosch, y también, no sabe- 
mos con qué condiciones, pues de pena no se habla, los distin- 
guidos Alós y Gualbes: el escarmiento se concentró sobre la 
cabeza del noble Esplugues, haciéndola saltar en la plaza de 
Cort sobre un cadalso y dando por ignominiosa sepultura á sus 
divididos miembros el polvo de los caminos (2). Mas tardía 
quizá por más refinada alcanzó la cólera de Juan II al enérgico 
dominico, que encarcelado en la botüleria del palacio, y confor- 
tado con la contemplación de los divinos azotes y con los con- 
suelos de la piadosa consorte del gobernador D.^ Juana Beren- 
guer, á quien dedicó el precioso tratado, tuvo tiempo entre 
humildes confesiones de sus culpas y firme desprecio de la 
muerte, no sin un resto de confianza en su sagrado carácter, de 
invocar en métricas plegarias la asistencia del Crucificado, de la 



(i) De uno sabemos, de Antelmo Jovera mallorquín, que después de enormes 
crímenes cometidos en su villa de Andraig, se había acogido á los rebeldes y con- 
currido en la galera de Esplugues al sitio de Ciudadela; fué degollado en la plaza 
de Cort y descuartizado. 

(2) Añrma Mut, corrigiendo á Zurita que no fíja fecha, que el suplicio de Es- 
plugues fué por Julio de 1464. No lo expresa la partida del libro de datas aunque 
bastante circunstanciada, antes bien otras hablan de él y de fray Martínez como 
custodiados todavía en Setiembre de dicho año y aun en Febrero del siguiente. 
Es difícil, por no decir imposible, fundar sobre tales partidas, que no siempre se 
pagaban por orden de tiempo y hasta con retraso de años á veces, una rigurosa 
cronología. 



288 ISLAS BALEARES 

Virgen, de los santos de su orden, para el día horrible en que, 
traído al Muelle , colocado en su ungida cabeza un casco de 
hierro candente y metido en un esquife, había de ser sumergido 
en el mar con una piedra al cuello, sobrenadando empero en la 
historia la lástima al reo, la execración al odioso monarca (i). 
Eran días aquellos, en la ciudad y en la isla entera, de san- 
gre y de terror: en cada plaza un patíbulo, en cada encrucijada 
truncadas cabezas y miembros palpitantes. Á la guerra civil en- 
tre estados de un mismo reino, entre islas hermanas y entre 
poblaciones de una misma isla, juntóse una conspiración social 
que minaba hondamente el suelo y que había de estallar en daño 
y ruina de la metrópoli. Del plan y objeto de ella no quedan 
sino vagas y misteriosas indicaciones ; en los documentos se la 
califica de crimen de lesa majestad, de nefanda traición, de 
conmoción de pueblos, de quebrantamiento del vasallaje, lo 
cual hace presumir si tendría ramificaciones submarinas con los 
trastornos de Menorca ó con la sublevación de Cataluña. De 
inteligencias empero con ninguno de los dos puntos no aparece 
rastro; de complicidad con elementos ciudadanos, tampoco: era 
al parecer la misma insurrección forense de doce años atrás, 
retoñada de permanentes odios y agravios al calor de la efer- 
vescencia general, tan favorable para entenderse los desconten- 
tos con los oprimidos, los ambiciosos con los criminales. A Po- 
Uensa como punto de reunión acudían de distintos pueblos los 
conjurados, y un vecino de ella, Bartolomé Comes, puso en 
manos del gobernador el hilo de la espantosa trama. Á 23 de 
Octubre de 1463, al siguiente mes de llegados los prisioneros 



(i) a las palabras de manameni del magni/ich lochtinenireyal^ añade el ex- 
tracto de la sentencia />er manament del molt all senyor rey ^ y luego más abajo, 
después de los horribles detalles , repite e agó per manament del dit senyor rey^ 
como si quisiera mosén Vidal sustraerse á la tremenda responsabilidad de tal 
barbarie, y tal vez al grito de su conciencia y á las lágrimas y reconvenciones de 
su buena esposa, que intercedería con él, como con Pilatos la suya. De las vigo- 
rosas poesías de fray Martínez se dará en los apéndices una muestra. 



ISLAS BALEARES 289 

de la galera de Esplugues, salió de la ciudad Castelladoriz con 
gran compañía de escuderos, de gentiles hombres y hasta de 
payeses, á quienes llamó en su seguimiento; escribió á Llucma- 
yor al caballero Pablo Sureda para que se aprestara á marchar 
con los jinetes que pudiese, á Hugo de Sant Johan en Alaró 
para que acudiera á sustituirle durante su ausencia, y él tiró 
hacia Inca, con intento de pasar á Manacor y de allí á Pollensa. 
Sorprendida en su principio ó cortada desde luego la destruc- 
tora mina, dispersáronse sus directores por montañas y despo- 
blados, otros fueron cogidos en sus mismas casas sin ensayar 
asechanza ó resistencia contra la autoridad. Fué puesta á precio 
de cien libras la cabeza de veinte reos principales, y pocos se 
sustrajeron á la activa persecución de Gil de Sant Martí, tan 
acreditado desde 1453 ^" cacerías semejantes; á Rodrigo de 
Sant Martí su hermano y á Matías Desclapés se les nombró 
capitanes de la atribulada Alcudia. 

En Inca se estrenó el verdugo con Jaime Alzina y Jaime 
Tortrella, degollando y haciendo cuartos al primero y ahor- 
cando al segundo; los hijos de entrambos fueron echados á ga- 
leras. En Manacor la cuchilla ó la horca dieron cuenta de trece 
hombres, no todos vecinos de la villa (i); maquinaciones de un 
rico propietario de aquel término, aunque avecindado en la ciu- 
dad y varias veces consejero por el segundo brazo, Galcerán 
Desmás, traían revuelta la villa por móviles tan problemáticos 
como los de Pedro Juan Albertí nueve meses antes, y no habien- 
do acudido al llamamiento del gobernador, se le confiscaron los 
bienes (2). Poco menor fué el número de suplicios que trajo á 



(i) D08 fueron degollados en la plaza de Manacor, Lucas Febrer y Pedro Soler 
alias Menorca ; tres descuartizados (después de muertos se entiende), Francisco 
Flaquer, Juan Ballester alias Torrent y Francisco Corro; ocho ahorcados, á saber, 
Bartolomé Puig, Juan Cladera, Jaime Rubí, Jorge Metje, Lorenzo Mora, Jaime Cla- 
dera, Simón Jaume y Jaime Llorens, este último de la Puebla y el penúltimo de 
Santa nyí. 

(2) Consta la libranza hecha á Rafael Moger para pintar las armas reales en 
los sellos puestos en las casas de Juan Ramón y de Galcerán Desmás. Prendióse 
37 



290 ISLAS BALEARES 

Pol tensa la visita oficial, y entre los habitantes que perecieron 
campeaba como jefe Gabriel Pont (i); los restantes eran de 
Alcudia, que dio buen contingente á las horcas expresamente 
levantadas al lado de un molino de viento, para colgar así vivos 
como destrozos humanos. En lo de Diciembre regresó á la 
ciudad Castelladoriz con su comitiva curialesca militar, gastadas 
en los cincuenta días de expedición más de dos mil quinientas 
libras, gran porción en los premios ofrecidos á los aprensores 
de los delincuentes, en cuyo seguimiento al través de breñas y 
riscos se habían destinado cien hombres; quinientas por su parte 
ganó Gil de Sant Martí. Reinaba el espanto en la capital: el 
gran consejo, en tres sesiones tenidas en 2 y 8 de Noviembre y 
i.^ de Diciembre durante la ausencia del gobernador, había 
convenido á nombre de la ciudad, pues faltaba en ellas repre- 
sentación á los forenses, en cargar con un tercio de la enorme 
suma con que ya no podía el real patrimonio, en atención al 
general peligro y aun así con las debidas protestas, ínterin pro- 
porcionaban recursos las confiscaciones; y lo primero que hizo 
en la de 13 de Diciembre á propuesta del lugarteniente real, 
presentes ya veinte y dos consejeros de las villas, fué conceder por 
unanimidad franquicia absoluta y hereditaria á favor del pollen- 
sín Bartolomé Comes, el descubridor de la detestable conspira- 
ción, el salvador de la patria (2). Iban llegando presos todos 



á Labia Desmas, hijo ó hermano de Galcerán, y del producto de las tierras de su 
caballería fueron costeadas las cadenas de que colgaban á la embocadura de los 
caminos de Manacor los miembros de los ajusticiados. 

(i) De la misma familia debieron de ser Guillermo, Juan y Gerardo Pont, que 
figuran presos y el primero ejecutado en la capital. De Pollensa eran también ve- 
cinos los allí sentenciados Lorenzo Campamar, Jaime Seguí y Esteban Malonda, 
de Manacor Bartolomé Juan, de Alcudia Guillermo Socías y Juan Bonet descuar- 
tizados, y Andrés Pujáis, Salvador Totosaus, Juan Fe hijo del médico y Antonio 
Lampayes ahorcados. 

(2) Véanse los términos expresivos pero vagos con que se expresa el acuerdo: 
Com per alguns malvats e scelerats hornens de la fresent illa fos stada excogitada 
e traciada certa detestable e maligna conspirado y prodició contra lapresent ciutat 
e illa e habitadors de aquella^ en gran detracció de la honor ^ fe e naturalesa degu- 
das al senyor rey e en total destrucció é desolado de la dita ciutat e illa ; e de fet 



ISLASBALEARES 29I 

los días; algunos restaban todavía por prender á la entrada 
del 1464, cuando en consejo de 8 de Enero reconocieron los 
forenses la obligación de pagar su tercio en los gastos de la 
batida; eran procesadas hasta las mujeres por haber dado pan 
á los fugitivos. Tocóle á la ciudad el turno de los sangrientos 
castigos, tomando la plaza del Muelle por teatro: principióse 
por Simón Forner de Manacor descuartizado, mientras pendían 
de la horca á cada lado su paisano Antonio Monserrat y Mar- 
tín Pujáis de Alcudia. Siguieron Guillermo Batle de Selva y 
Antonio Tortrella de Campanet, cuyos miembros aguardaban 
las horcas erigidas en la finca de Batle; luego Pedro Vicens dé 
Santa Eugenia, en cuyo Puig fueron colgados sus despojos; 
por último Guillermo Pont de PoUensa, hijo ó hermano de Ga- 
briel, todos principales en la conjuración. Dentro del año se 
sucedieron estos suplicios, y todavía en el de 1465 sufrió allí 
mismo el de los demás jefes Martín Capdebou de Alcudia: en- 
tre todos completaron el centenar los ajusticiados en Mallorca. 
Sólo escapó impune Galcerán Desmás, gracias al amparo de 
altos personajes que allende el mar le acogieron, con escándalo 
de los ciudadanos y clamor de los seducidos payeses (i), á que 



aquella Jora stada deduhida en execució^ sino com^ Deu obrante es siada descuberta 
e denunciada ab certa deguda manera á ell dit lochtinent e ais honorables jurats.... 
e attés lo tan gran bene/ici digne de perdurable memoria, etc. Sin embargo, ningu- 
na memoria de Bartolomé Comes y de su descendencia conservan documentos 
ni tradiciones. 

(i) En las instrucciones comunicadas en sesión de 28 de Junio de 1464 á los 
embajadores mosén Pablo Sureda y Pedro Truyol se nota el siguiente capítulo: 
ítem hajan á memoria lo fet den Galcerán Des-mas, del qual son stats aci justiciáis 
tants homens de la fart forana, com ell sia stat cap de la scelerada facción e axi ho 
han tots los condempnats e executats conjessat, e es notori en lo dit regne e ^s diga 
que alguns grans homens lo amparan^ e sia molí necessari per repós de aquest reg- 
ne aquell esser punit^ e seria cosa molt periliosa e de molt mal exempli^ aquelltsser 
remes e tornat en lo dit regne^ attés majorment que los de la part forana restan molt 
agreujats e '5 claman molt de assó^ que los adherents del dit ^fas e suscitáis per 
aquell sian stats executats^ e 7 dit Mas rest impunit. Des- mas se fíjó en Barcelona 
sirviendo á los rebeldes, y aunque no se hacía gran caso de sus jactancias, logró 
en 1469 del duque Juan de Lorena que se le enviase de capitán á Mahón, median- 
te la promesa harto mal cumplida de someterles bien pronto, no sólo Menorca en- 
tera, sino el mismo reino de Mallorca. Con él andaban por aquel tiempo mosén 



292 ISLAS BALEARES 

el rey prometió atender y no perdonarle en ningún tiempo; y 
su paradero como su plan permanecen ocultos en impenetrables 
sombras. 

Prolongábase en Menorca mientras tanto la enojosa guerra, 
retándose frente á frente á las extremidades Ciudadela por 
el rey guarnecida de mallorquines, Mahón por los insurrectos 
catalanes que la habían tomado por colonia, y en las costas ba- 
leáricas y en alta mar menudeaban entre los buques de una y 
otra bandera reñidos choques y presas recíprocas que ponían 
las aguas innavegables é imposibilitaban el comercio. Como si 
ya se le ofreciesen las llaves de la rebelde villa, echó la voz 
Castelladoriz de que iba á rendir á Mahón, á cuyo objeto fletó 
una galera del conde de Concentaina y una galiota del de Pra- 
des; y con las dos de Pachs y otros barcos menores, en compa- 
ñía de dos jurados, el militar y el artesano, de dos síndicos 
forenses, de diez y ocho hombres de honor y de ochenta y dos 
mozos (mactps)y emprendió una campaña de quince días, de 26 
de Abril á 9 de Mayo de 1464, que se redujo á un viaje de 
placer ó estéril derroche. Sobraba para arruinar á Mallorca el 
gasto de los refuerzos sin cesar reclamados desde Ciudadela 
por su capitán Miguel de Pachs, á quien se le enviaron en Agos- 
to más de cien hombres y en Noviembre una galiota á fin de 
impedir el bloqueo que al pequeño puerto de la leal población 
intentaban poner tres buques catalanes al mando de un Copons; 
pero al apurado rey no le bastaban los sacrificios de sus vasa- 
llos. Necesitaba diez galeras en las islas, y no tenía con qué 
pagarlas; negoció pues en Tarragona con los enviados de Ma- 
llorca, Pablo Sureda jurado en cap y Pedro Truyol de Felanig, 
que corriese la universidad con el sueldo de aquellas durante un 



Pedro Juan Albertí, el clérigo Servia, el convecino de Manacor Juan Ramón, y 
ocho ó diez más de corta valía entre payeses y artesanos: no se sabe qué fínal tu- 
vieron. La casa de Galcerán Des-mas daba nombre en 1478 á la manzana puesta 
en frente de la iglesia de Montesión, y en 1562 sonaba como heredera de la fami- 
lia la esposa de mosén Miguel Truyol avecindada en Manacor. 



ISLAS BALEARES 293 

año á razón de 2,400 ducados por galera (i), cediéndoles en 
cambio censos de la enorme masa confiscada á los acreedores 
catalanes incurridos en rebelión, que no importaba menos de 
ocho mil libras, de las cuales empero había ya hecho gracia á 
varios servidores ó favorecidos, y de lo restante les ofrecía por 
valor de tres mil redimibles al ocho y medio por ciento. Por más 
ventajoso que fuese este partido, esforzado por el caballero Su- 
reda á quien tenía Juan II como fascinado, vióse el consejo en 
la imposibilidad de aceptarlo, siendo lejano el provecho respec- 
to de lo grave y perentorio de la obligación, tanto más cuanto 
al igual de los demás perceptores de censos reclamaba el rey, 
por los que se había incorporado, los atrasos de seis pensiones 
y diez mil florines por la quitación anual que desde muchos 
años atrás habían hecho caer como en desuso las públicas cala- 
midades. Ante las reconvenciones de mosén Pablo, que termi- 
nada á la vez su juraría y su embajada, se presentó á dar cuen- 
ta de ésta en 23 de Enero de 1465, trató el consejo de apro- 
vechar las reales ofertas, pero ¿con qué medios? Apelar á los 
fondos de la consignación, era empeorar el mal para curarlo; 
añadir una tercera talla á las dos ya reconocidas casi por inco- 
brables, cuando se hundía por sus dos extremos de la Calatrava 
y de la puerta de Santa Catalina la muralla marítima de la ciu- 
dad, y las casas gravadas á más no poder eran abandonadas á 
la ruina por sus dueños, y no cobraban su mezquino sueldo los 
vigías de las atalayas, y se paralizaban los más importantes 
servicios, y la miseria hacía impotentes las órdenes é imposibles 
los pagos, era completamente ilusorio ; y así parece quedó el 
trato sin cerrar. 

Había sucedido á Pablo Sureda en la juraría á principio 
de 1465 Rodrigo de Sant- Martí, quien como ejercitado en la 
capitanía de Alcudia contribuiría á dar empuje á la guerra, y 



( 1 ) Era entonces de veinte y seis sueldos el valor del ducado, pues 24,000 du- 
cados correspondían á 3 1,200 libras. 



294 ISLAS BALEARES 

tal vez á que su hermano Gil , terminada la misión de capturar 
facciosos y reemplazando en el mando de Ciudadela á Miguel 
de Pachs, reclutara trescientos hombres más para Menorca, ta- 
rea en que no se desdeñó de auxiliarle el gobernador recorrien- 
do los pueblos en persona. El pregón de 2 de Setiembre daba 
por ganado en buena lid todo lo que se cogiera á los habitan- 
tes de Mahón. Sitiadores y sitiados hacíanse mutuamente prisio- 
neros, para cuyo rescate ó cambio tenía libre entrada el domi- 
nico fray Pedro Andreu. Vigilaba á la boca del excelente puerto 
para interceptar los víveres procedentes de Barcelona una res- 
petable escuadra (i), que en la primavera de 1466 se reforzó 
considerablemente, y más con la noticia de haber salido de la 
capital del principado una poderosa escuadra enemiga. Parecía 
inminente un decisivo combate naval; y Pollensa, Alcudia, Arta, 
que miraban destilar con rumbo á levante los amenazadores 
buques, se prevenían contra el evento de un desembarco, con 
ayuda de los caballos armados puestos al mando de los lugar- 
tenientes del gobernador, á quien suplicaba el consejo no dejara 
la ciudad abandonada al peligro, con intención tal vez de evitar 
sus dispendiosas correrías, cuyo tercio pesaba sobre la universi- 
dad. Mil quinientas libras al mes contaba el sostenimiento de la 
flota y pasóse un año en evoluciones náuticas y en bélicos apa- 
ratos que se desvanecían en humo; y Mahón seguía resistiendo, 
así á los disparos de las bombardas y aun á los de la tremenda 
Agustina (2), como á los rigores del hambre, gracias á los so- 



(i) Componíase de una galera y una galiota del conde de Quirra siciliano, de 
tres baleneros conducidos por Juan de Mena, Cristóbal Zafra y Pedro de la Plachi- 
na, y de una nave de Leonardo Sande, á las cuales se añadieron más tarde otra 
genovesa de Benedicto Catany, otra lombarda de Tadeo Vismala, y cuatro más de 
Francisco Vidal, de Nicolás Oliva, de Manuel Pardo mallorquines y de Pedro 
íbáñez vizcaíno. Los baleneros iban contratados por cien libras al mes, y las naves 
por seiscientas cincuenta á setecientas cincuenta libras las grandes y por tres- 
cientas las menores. 

(2) Bombarda de gran calibre traída de Tarragona, que empezó á batir la villa 
en Julio de 1466. El que las dirigía, Juan Domenech mallorquín, tenía de ingenie- 
ro más que de herrero, pues acababa de presentar á la universidad un ingenio^ 



ISLAS BALEARES 29$ 

corros que al través de las naves sitiadoras lograba, no sé cómo, 
hacer penetrar la solicitud de los barceloneses. En Abril de 1467 
reclamaba el rey á los jurados la nave de Tolrá, para dar un 
golpe de mano con las cuatro ó cinco galeras de su real servi- 
cio á las de Plá y Setantí, que de conserva con el balener de 
Bosch volvían de abastecer á su aliada, destruyendo así la esca- 
sa marina rebelde ; pero todavía á fin de Agosto los sitiados, 
tomando la ofensiva, armaban una embarcación que acosaba las 
leales hasta la costa mallorquína (i). Prueba son estos detalles 
de que Mahón se sostuvo quizá por doble tiempo del que añr* 
man Mut y Zurita (2): sábese únicamente que en el verano 
de 1468 estuvieron aún apostados cincuenta ballesteros para 
proteger la recolección de las mieses en el término de Cinda- 
dela, y que á custodiar la fiel población fueron destinados, de 
Agosto á Octubre, al mando del doncel Guillermo de Bordils, 
treinta bandoleros de Sineu y Binisalem, avenidos á dejar su 
vida errante por el perdón y un mes de paga, debiendo en el 
segundo vivir por su cuenta. 

Ni domaban castigos, ni abatían calamidades, ni hasta el 
secreto y peligro de las conspiraciones, enderezadas como sue- 
len ir á una idea general y á un común provecho, habían acos- 
tumbrado á la unión los ánimos bravios de aquellos payeses, 



que en vigor y en celeridad de tiros como en baratura, superaba á los entonces 
conocidos. 

(i) Los rebetles de Mahó^ dicen las actas del consejo, havian armada una ñau 
apellada la ñau Marrana, e que havian dada cassa á la ñau de mossen Castellvi e 
á una altra gui era en sa comf>anyia, e aquellas tenia asetiadas al port de Porto- 
Petro. 

(2) Mut refiere la rendición á fin de 1465, Zurita á los primeros meses de 1466 
ligándola con la del castillo de Amposta, cuya toma supone en 31 de Junio, y á 
cuyo sitio, dice, concurrieron con siete naves muy bien en orden los mallorqui- 
nes, después de haber cobrado á Mahón, señalándose de mHy diestros y valientes 
soldados bajo la capitanía de Francisco Burgués. Pudo éste en dicha época estre- 
char la villa menorquina, pero no tomarla definitivamente, puesto que resistía aún 
cinco ó seis años más tarde. En la citada fecha y en otras del mismo año anda des- 
concertado el analista de Aragón, errando la correspondencia de los días del mes 
con los de la semana. 



296 ISLAS BALEARES 

que iban de pueblo en pueblo buscando riñas, ó con achaque de 
despartirlas salían ballesta parada á engrescarlas, desesperando 
hasta tal punto al viejo Castelladoriz, que propuso en el consejo 
establecer pena de horca para todos los cogidos en estos lan- 
ces (i). Abrumábanle ya los achaques y los años, y vino á des- 
cargarle del gobierno en Abril de 1468 su hijo Francisco Be- 
renguer de Blanes, así llamado por el apellido materno ante- 
puesto al segundo del padre, quien se retiró á Valencia, no sin 
dejar á muchos buen recuerdo á pesar de sus sentencias riguro- 
sas. Desde el año anterior pedía el rey fuerzas navales para 
poner sitio á la rebelde capital del principado: acordóse servirle 
con una nave de mil botas tripulada por doscientos cincuenta 
hombres durante medio año, siempre que ayudaran con su con- 
tingente las islas de Sicilia y Cerdefta ; sin embargo, al presen- 
tarse en el puerto cuatro naves castellanas, contratadas de real 
orden para salir juntas con la mallorquina, parecieron tan ruines 
é inseguras, que previniendo un fracaso, opuso resistencia la 
universidad á una expedición harto aventurada, y al cabo con- 
sintió en ofrecer dos buques, doblando la tripulación con tal que 
se rebajase á tres meses el empeño (2). 

Al nuevo gobernador tocaron circunstancias no menos difí- 
ciles que al padre: tan pronto en marcha por los pueblos de la 
isla para castigar delitos y prevenir alborotos, tan pronto em- 
barcado con multitud de caballeros y mil hombres bien dispues- 
tos en la escuadra que se armó de improviso para ir al encuen- 
tro de la rebelde que amenazaba estas costas, apenas paró 



(i) Sesión del consejo de 8 de Enero de 1467. Respondió el consejo lo natu- 
ral, que no era asunto de su competencia. 

(2) En estas discusiones (sesión de i 3 Diciembre del 67) lució su erudición 
sagrada y profana, jurídica y literaria, micer Ferrando Valcntí en una revesada y 
ampulosa arenga, inapreciable tipo de la oratoria de aquel tiempo, transcrita lite- 
ralmente en el acta, cuya lectura ocuparía media hora larga. En medio de sus hi- 
perbólicas alabanzas á Juan II se le ocurre con inconsciente exactitud compararle 
al emperador Tiberio, á quien nada menos atribuye aquel hermoso dicho de Tito 
por haber pasado un día sin hacer beneficio alguno: diem perdidi. No consta que 
nadie en el senado mallorquín pidiera la palabra para rectificar. 



ISLAS BALEARES 2Q7 

dentro de la ciudad en todo el año 1469. Nunca acababa de 
pedir nuevos subsidios el soberano por medio de Miguel de 
Pachs, primero enviado, después único representante de Mallor- 
ca en las cortes de Monzón, á quien concedieron los jurados ple- 
nas facultades, menos la de otorgarlos; pero -el procurador real 
Francisco Burgués allí presente, formando cuerpo con los dipu- 
tados catalanes, según pretendía acostumbraban hacerlo los 
isleños, se comprometió á ofrecer cien caballos, oferta que des- 
autorizó la universidad. Había llegado la penuria al extremo de 
estrellarse en la impotencia de estos vecinos las excitaciones á 
su innata fidelidad, las lisonjas, las amenazas regias: malograda 
la cosecha de 1470 tras de otras escasas, veíanse reducidos á 
alimentarse de algarrobas y hasta de yerbas muchos campesi- 
nos, mientras en competencia con los piratas de siempre salían 
de Mahón los rebeldes, que no sólo la aguantaban todavía sino 
que al parecer habían sacudido el bloqueo, á hacer presa de los 
cargamentos de trigo á tanta costa procurados. No obstante, á 
ñn de año por un decidido esfuerzo partieron de la isla cien 
hombres á socorrer á Cadaqués, que pudo sostener gracias á 
ellos el denodado Juan de Vilamarí con gran ventaja de la 
causa realista. 

Necesitaba la corte en sus apuros atraerse aquí distintos 
elementos, satisfaciendo desde los intereses más legítimos hasta 
las mismas fantasías populares; y á la vez que halagaba á los 
forenses con suprimir la gravosa capitación de la molienda sus- 
tituyéndola por tallas, y á los artesanos con una rígida y gene- 
ral revisión de cuentas desde muy arriba, brindaba á los parti- 
darios ambiciosos de mando con modificaciones especiosas en el 
régimen vigente, con cuyo objeto encargó á Berenguer de Bla- 
nes citar hasta cincuenta personas de los dos antiguos bandos 
del Cali y de la Almudaina por vía de exploración : fortuna que 
el uno, quizá por menos pujante, desistió de su querella, y ne- 
garon su cooperación á las contiendas los jefes de los gremios; 
y jurados y consejeros, más sensatos todos que el gobernador, 
3» 



298 ISLAS BALEARES 



á fuerza de proclamar inviolable y santo el sistema de saco y 
suerte, cuidaron de cerrar la puerta á la menor mudanza para 
que no se infiltrara otra vez por ella aquel no olvidado aluvión 
de males (i). Los Pachs y Suredas, á pesar del favor de que 
con el soberano gozaban, no osaron, al menos ostensiblemente, 
abrir brecha en la reciente constitución, y Miguel de Pachs 
puesto en 1472 al frente de la juraría rechazó ni más ni menos 
que sus antecesores toda idea de reforma. Lo que la universidad 
reclamaba del soberano era alivio, particularmente indemnidad 
de los enormes gastos pendientes de la prolija guerra de Me- 
norca (2), y á trueque de obtenerla no dudó ofrecer un nuevo 
donativo de diez mil libras. La caída de Mahón, si fué otra cosa 
ya que un simple abandono de las fuerzas catalanas y un alla- 
namiento sin resistencia, debió de preceder muy poco tiempo á 
la de Barcelona, rendida por fin al execrado rey en Octubre de 
dicho año; por esto pasó la primera casi desapercibida , sin las 
luminarias y regocijos con que solían celebrarse los menores 
triunfos del monarca y las prosperidades del príncipe su hijo. 



(i) Es notable la relación de estos sucesos escrita por los jurados á su síndico 
en 8 de Agosto de 147 1: Lo lochiinent haviajets ajustar XXV homens de cascuna 
parcialiiat per trac tur de alguna concordia sobre las diferencias del regiment ó/er 
fer elecció de certas personas de cascuna parcialitai per anar al senyor rey; e de 
fet iots ajustáis, lo dit lochtinent feu la proposició segons la continencia de ditas 
letras^ e los de la parcialilat de VAlmudayna ojfcriren de fer totas cesas j e los de ¡a 
parcialitat del Cali digueren que no havian diferencia ab algü de regiment, queja 
tenim bon regimenté e que no tocava á ells eniremetre's res d'aquelL E axi los de 
VAlmudayna f eren elecció de dos homenSy go es de mossen Btrnat de Pachs edén 
Mateu Anglada, e los del Cali sen anar en sens fer elecció ne altres actes. Es ver que 
nosaltres hifem certa oposició en escrits ab molí fundament de justicia^ de que ven- 
guda aquesta fahena en oyda del poblé los caps deis officis s' ajustaren^ mostrant 
molta congoixa d* agó qu'els paria principi de molt mal^ axi com fou V altra conten- 
ció del regiment. Nueve meses después, á 28 de Abril siguiente, presentóse en el 
consejo el vice-almirante Bernardo de Pachs, hermano de Hugo y de Miguel, con 
carta del rey desmintiendo que jamás hubiese solicitado variación de régimen ó 
puesto estorbo á la revisión de cuentas, pues no pedia sino remedio á los desórde- 
nes y males que en el reino se cometen. 

(3) Exceden de 47 mil libras los anotados en el registro de la guerra des- 
de 1463 hasta 1468 sin contar los causados en años posteriores, á los cuales 
desde el principio contribuyó la universidad. 



ISLAS BALEARES 299 

no digo yo el anhelado término de la desastrosa lucha dece- 
nal (i). 

Mas no cesaron desgraciadamente para los mallorquines 
ocasiones de continuar sus servicios bajo tan azaroso reinado: 
tratóse de recobrar el Rosellón de poder de los franceses, y no 
se representó menos patriótico echar á los extranjeros que sose- 
gar á los naturales. Resolvióse enviar á Perpiñán trescientos 
ballesteros mantenidos por tres meses á dos y tercio entre la 
ciudad y las villas, y después de discutir si serían de mayor pro- 
vecho caballos, vínose á fijar el socorro en las diez mil libras de 
costumbre, que podían convertirse en soldados y de consiguien- 
te en gloriosas proezas, además de la gente desesperada que se 
acogía al banderín de indulto. Más difícil que los hombres era 
de encontrar el dinero, y así costó mucho decidir sobre qué im- 
puesto se recaudaría, tan obstruido se hallaba todo el organis- 
mo económico, mayormente guardada á las franquicias y liber- 
tades del país la observancia que exigía el sobreexcitado recelo. 
Calmáronlo en parte con su presencia el benemérito prior de la 
Cartuja fray Berenguer Roig y el confesor de S. M. Gaspar 
Perreras, comisionados por la corte, así para agenciar más co- 
pioso auxilio, como para cerrar las cicatrices consiguientes á la 
misma extirpación de abusos y dirimir ciertos pleitos entre la 
universidad y algunas casas poderosas : hasta acometieron con 
beneplácito del consejo hacer enmiendas y adiciones en el vene- 
rado régimen sin afectar la substancia (2). El celo de losgober- 



(i) Hablan los libros de data con este motivo de teya, lantons, pólvora de bom- 
barda^ cohueis tronadors^ ioguers de lanternas^ candelas de cera^f>aper^ sopar ais 
trompeters e altras cosas necesarias. Poco antes de estas alegrías con que se so- 
lemnizó diez noches seguidas desde la de i6 de Noviembre la reducción de Bar- 
celona, se había festejado, aunque no consta cómo, la venida del legado pontiñcio 
el famoso D. Rodrigo de Borja, más tarde obispo de Mallorca sin volver á ella, 
y por fin papa con el nombre de Alejandro VI, que l^gó á Portopí el i 3 de Ju- 
nio y salió el 18 para Valencia con objeto de pacificar á Castilla: hospedaríale 
en su palacio el obispo Francisco Ferrer presente á la sazón. 

(2) Este trabajo , que terminaron en el edificio del Temple á i a de Diciem- 
bre de 1474, se conserva en el Archivo histórico de Mallorca, ocupando quince 
hojas del libro de Corts generáis. 



300 ISLAS BALEARES 

nantes en guardar su paladión lo más intacto que pudieron, 
impidió que retoñaran las antiguas disidencias oñciales con sus 
funestas vicisitudes de sistema, pero no que se embravecieran 
privadamente las pasiones estallando en conflictos. De las pala- 
bras se llegaba á las manos y de las manos á las armas : hubo 
heridas, muertes, parentelas agavilladas buscándose para reñir, 
vecinos obligados á mudar de domicilio para que no riñieran. 
Los Pachs toman por propia la ofensa de un Sant Johan á 
Nicolás de Quint; niéganse á ñrmar la paz y aun tregua en 
manos del gobernador; préndese á los desmandados, é insultan 
á los transeúntes desde las ventanas de la cárcel; profánase con 
escándalos la solemnidad del jueves santo. Más adelante, un 
día de verano, Bernardino Anglada hijo de Mateo mata en la 
calle de San Jaime á Andrés Fortuny, y halla asilo en la galera 
de Hugo de Pachs ; Miguel de Pachs quebranta la prisión, no 
reconociendo más justicia que la del rey directamente. Ningún 
respeto á la autoridad, ni aun en los habituados á ejercerla; las 
milicias del orden hay que buscarlas en las filas de los artesa- 
nos contra las facciones aristocráticas : presiéntense ya las ger- 
manías (i). 

Para enfrenar el revoltoso humor de la gente mandóse por 
pregón que las espadas en lo sucesivo pasasen de las manos al 
cinto (2), é hízose en Alaró un escarmiento con quien había 
hecho írente al gobernador en persona hiriéndole el caballo (3). 
Debiera bastar á amansarla la cuestión de subsistencias que re- 
aparecía amenazadora con la escasez de aquellos años, y toda- 
vía más en el 1475 ^^ contagio, que después de invadidos 
en 1467 sin ulteriores progresos los amenos valles de Miramar 



(i) Forman parte estos sucesos del 1473,7108 que se indicarán luego en 1478, 
de la serie quizá no interr#npida de parcialidades hereditarias, que dividían las 
familias principales de la ciudad sobreviviendo á la renovación de ellas, y cuyo 
enlace no sería acaso imposible encontrar desde el siglo xiv hasta el xvii. 

(2) Publicóse en 12 de Julio de 1474, sin distinguir de condiciones. 

(3) Por esto y por haber muerto al jurado de la villa Arnaldo Sbert y á Gui- 
llermo Penyaílor fué descuartizado Juan Roselló en Abril de 1474. 



ISLASBALEARES 3OI 

y Sóller, y de haber rondado desde entonces al rededor de la 
isla, contenido por un cordón que había pena de muerte en tras- 
pasar (i), penetró por. ñn en la ciudad al empezarla primavera, 
no obstante las medidas tomadas para atajarlo, con tal rigor 
que en el continente era tildado de berberisca crueldad. De 
glándulas se caliñca el mal, y de él morían diariamente á fines 
de Mayo cuarenta víctimas, principiando á cundir por Sineu y 
Muro, mientras Berenguer de Blanes recorría los pueblos toda- 
vía sanos de Llucmajor y Porreras, que con terror igual al de 
los ciudadanos pretendían á su vez aislarse, á fin de organizar 
el aprovisionamiento de víveres y facilitar la entrada, previa una 
observación de cinco ó seis días. No es posible seguir las hue- 
llas ni detallar los estragos del siniestro huésped, que casi por 
espacio de un siglo había respetado el suelo mallorquín. De 
quince á diez y seis mil personas calculan los coetáneos la mor- 
tandad, comprendida la de las villas, que no pagaron todas 
igual tributo. La turbación y la inseguridad impelían al jorna- 
lero ó al esclavo á esconder sus pequeños ahorros, como al rico 
su caudal y á las familias sus alhajas y ropas y hasta los docu- 
mentos de sus bienes, á riesgo de perderse la noticia con la vida 
del poseedor; y en 1 6 de Setiembre del siguiente año se echó 
un bando con orden de denunciar á los tribunales estas oculta- 
ciones, que transcurrido el plazo de diez días se declararían 
robos. 

Dejáronse sentir las quiebras, lo mismo que en la población, 
en la agricultura y en el comercio; los acomodados se volvieron 



(i) Hacia 1468 conmutósele en azotes á cierto Miguel Carbonell, por media- 
ción de notables personas, la pena capital en que había incurrido por haber salta- 
do á tierra, procedente de lugar infestado. No empezó pues la morbería ó junta de 
sanidad en 1475, como supone Dameto; antes tenía ya vocales y facultativos y 
rígidas leyes penales; lo que en dicho año se hizo, ó más bien en el 76, fueron las 
ordenanzas para preservación del contagio y visita de las almonedas, á cuya for- 
mación concurrieron el baile y el veguer de la ciudad, dos ciudadanos, dos me- 
nestrales y el médico Luciano Colominas. Más adelante se compuso la junta de un 
caballero, un ciudadano y un mercader, además de médico y cirujano. 



302 ISLAS BALEARES 

pobres, y los pobres miserables. Faltaron á los propietarios las 
cosechas, la moneda á los mercaderes, á los menestrales el tra- 
bajo, á los censalistas las pensiones que se rezagaron seis anua- 
lidades; bajó una tercera parte de su valor el remate de los im- 
puestos. Más notable aún que en la ciudad era la decadencia en 
la comunidad forense, á la cual se hacía ya insostenible la pro- 
porción del tercio que en las cargas generales venía pagando, á 
medida que en las municipales cesaban de hacerlo sus tierras 
transferidas á ciudadanos: ventilóse en 1477 por ambas partes 
la diminución respectiva en juicio contradictorio (i). Verdadera- 
mente el gravamen, más que en su intrínseco peso, estaba en lo 
agotado de las fuerzas contribuyentes: por un reparto de tres 
mil libras ponía el grito en el cielo la desdichada plebe (lo mise- 
rable popular)^ á la sazón que al rey se le antojó pedir nueve 
mil florines por el matrimonio y coronación de su hija Juana 
destinada al trono de Ñapóles. Por este y otros negocios fué de 
embajador en la primavera de 1478 el jurista Jaime Muntanyans, 
logrando que se rebajara á seis mil florines el pedido, y que 
siguiera la gracia de satisfacer aquí y no en Barcelona los cen- 
sos de la consignación á los exigentes catalanes; pero la tran- 
quilidad del país andaba ya por bajo de sus apuros económicos. 
Recrudecieron las pendencias de 1473; y ^ homicidio de Pedro 
Albertí á manos de Juanote Sureda (2) fué no se sabe si motivo, 
incidente ó resultado de la tremenda que se dio en la. misma 
calle de San Jaime, al parecer en la fiesta del Ángel lunes de 
Quastmodo, entre los de la Almudayna y Mercado de una parte 
y Cali y Borne de la otra. Agravóse el hecho con la reclama- 
ción del reo como tonsurado por el tribunal del recién llegado 
obispo Diego de Avellaneda, y mediaron de un lado entredicho 



(i) VédiTíSQ Forenses y ciudadanos^ cap. III. 

(2) Es en mi concepto dicho Pedro Albertí el primogénito del ex-procurador 
real mosén Juan, con quien compartió la prisión del real castillo desde 1463 á 65. 
Parece dejó sucesión de su esposa Tomasa Burgués, la cual volvió á casarse. 



ISLAS BALEARES 303 

y de otro destierro y ocupación de temporalidades. Exasperado 
el gobernador, y escogidos á su gusto los prohombres caballe- 
ros para dar su fallo, mientras entretenía las instancias de los 
jurados, hizo dar muerte en la noche del lo de Junio á Sureda, 
manteniendo preso á su padre mosén Miguel, y procediendo 
rigurosamente contra las autoridades de Pollensa por no sé qué 
complicación de reyerta con la referida, hasta el extremo de se- 
cuestrarles las casas. Con lá instrucción del proceso, que pronto 
pasó de 600 hojas, creció la efervescencia tanto que no hubo 
en las calles hora de paz segura: cayó enfermo Berenguer de 
Blanés, y llegó á la corte la inquietud, exagerada con los clamo- 
res de los quejosos y con las recriminaciones y discordias allí 
recordadas por Hugo de Pachs y Francisco Burgués (i). Expi- 
diéronse reales edictos, cuyo remedio mostraron sentir los jura- 
dos y el consejo más que el daño á que se aplicaba, deplorando, 
con criterio distinto de el del sensato embajador, que se estable- 
cieran penas harto graves por injurias y heridas, y confiscación 
de bienes por delitos que no fuesen de lesa majestad, que á las 
ofensas hubiera de preceder rompimiento, que á las sentencias 
de caballeros no concurrieran sus pares, que se les sometiese á 
la tortura, que caducaran en ñn los bárbaros usos y multas pe- 
cuniarias de los Usatjes de Cataluña y las viejas franquicias tan 
favorables á la preciosa libertad de matarse. 

Este fué el último y no el peor acto de poder ejercido en la 
isla por Juan II: á las antorchas funerarias que por él ardieron 
en el patio de la Almudaina á 4 de Febrero de 1479, transcu- 
rridos apenas quince días después de su fallecimiento, sucedie- 
ron el 4 de Marzo festivas luminarias, no por un nuevo rey, 
sino por la unión de los reinos. No sonaba por primera vez en 
la ciudad el nombre del ilustre primogénito de Aragón, rey de 
Sicilia luego, más tarde de Castilla; había de él recibido órde- 



(i) Lo rey, escribe Muntanyans á los jurados, sta tan mal edificat de la gent 
d'aqui, que creu que tots stan en armas e en sanch de continuu. 



304 ISLAS BALEARES 

nes esta universidad y acudídole con donativos, había seguido 
con la atención desde lejos los gloriosos pasos de su carrera, 
celebrando su fausto enlace con la heredera castellana, su recon- 
ciliación con el cuñado reinante, la proclamación de la católica 
pareja, el nacimiento de sus hijos, sus victorias en Zamora y 
Toro, como si presintiese la trascendencia de cada uno de estos 
hechos en los destinos generales de la nación y un horizonte de 
más plausibles guerras y de más vastos y grandiosos intereses. 
La espléndida historia del más insigne de los reinados, sus triun- 
fos, sus paces, sus conquistas dentro y fuera de la península, 
habían de llegar á este apartado dominio, despertando vítores 
en las plazas é himnos de gracias en los templos, reflejándose 
en nocturnos fuegos y pomposos regocijos. Excusóse sin em- 
bargo la prestación del homenaje por no llevar la solemne em- 
bajada al remoto país de Extremadura, donde se hallaba de 
pronto Fernando; y al acercarse en Setiembre el rey hasta Bar- 
celona, se recordó que de príncipe había sido ya jurado quince 
años atrás en Zaragoza por los enviados del reino, y pareció 
poderse dispensar el gasto, cumpliendo por todos el goberna- 
dor, cuyas relaciones con los jurados y consejo de aquel año 
eran tan íntimas, como hostiles con el prelado, que al uno y á 
los otros excomulgaba por no permitirle extraer el trigo de los 
diezmos. Por lo demás habría mejorado, así lo creo, la situación 
general desde el año anterior; mas para presentar tan pacíñcas 
en el corriente la ciudad y las villas, y las banderías reducidas 
ya á lo civil ^ y tan temida la justicia y tan manos limpias y sin 
acepción de personas administrada, compréndese que la discre- 
pancia estuviera, mas que en el cambio intrínseco de las cosas, 
en el de juicios y aficiones. Encarecen al soberano los nuevos 
elegidos las dotes de mosén de Blanes para el gobierno, pidién* 
dolé que en él le confirme y aliente para extirpación de los par- 
tidos y represión de los que con ínfulas de capitanearlos aspiran 
á políticas mudanzas. 

Que no fué tan súbita la transformación lo indican los anales 



ISLAS BALEARES 30<) 

inmediatos. Todavía quedaba pendiente de pago un residuo 
por la coronación del rey difunto, y ya reclamaba el nuevo por 
la suya doce mil florines, otros tantos que los hogares que en 
el reino calculaba, reducido á la mitad el cupo en razón de las 
recientes calamidades, y luego á seis ó cinco mil mediante ave- 
nencia con los ofíciales regios; aun así se hacía insoportable. 
Tomaban las facciones desarrollo según los multiplicados 
vínculos y juramentos con que se ligaban tanto para ayudarse 
como para embestir, si es que ya no se empleaban como medios 
de herir más sobre seguro, encubriendo alevosías. Con los me- 
norquines, á quienes no se guardaba en Mallorca hospitalidad 
prendiéndoles por deudas de censos, corrían interminables re- 
presalias. En los tribunales seguían los abusos por lo tocante á 
juzgar sin asistencia de prohombres y á dar tormento sin la de 
los jurados; en prueba de lo cual hubo de lograr micer Mun- 
tanyans en su segunda ida á la corte nuevas órdenes para co- 
rregirlos, y mantener ¡lesa la gran libertad de no ser citados los 
mallorquines fuera de la isla en causas criminales ni civiles. Pero 
á la vez que se trataba de suavizar los procedimientos, pedíase 
para represión de los homicidios premeditados que no les valie- 
ra gracia ni guiaje. Por no sé qué proceso que allá se le suscitó, 
Berenguer de Blanes no volvió tan pronto de su visita al sobe- 
rano, y vino á reemplazarle en Mayo de 1481 el vice canciller 
Juan Pagés, hombre de antes conocido y estimado en la isla, 
con la ingrata comisión de hacer transferir á Barcelona el pago 
de los censos debidos por la universidad á los catalanes; mas, 
al ausentarse á los dos meses, no quisieron los jurados aconse- 
jarle, como él les pedía y le estaba prescrito, en la desijgnación 
de lugarteniente, con la discretísima intención de no comunicar- 
le ellos ni de contraer á su vez sombra alguna de parcialidad. 
Mandaba en calidad de tal Pedro de Sant Johan caballero, cuan- 
do el domingo 19 de Agosto trabóse tal alboroto entre el 
pueblo y la chusma de la armada de Castilla, detenida en el 
puerto de paso para Otranto, sobre sacar violentamente del 



306 ISLAS BALEARES 

burdel una hembra, que pareció hundirse el mundo, no resul- 
tando al ñn nada serio sino la muerte de dos vizcaínos y el 
enojo del jefe de la escuadra D. Francisco Enríquez primo ma- 
terno del monarca. 

Todo callaba entonces ante la cuestión al parecer de vida 
ó muerte para Mallorca, sobre si las pensiones de la consigna- 
ción habían de seguir pagándose aquí á los censalistas barcelo- 
neses, como durante la guerra, ó si se les habían de abonar en 
su residencia propia á tenor de lo estipulado desde el principio. 
Años había que se agitaba con empeflo ante el infante D. En- 
rique lugarteniente del principado y ante el mismo rey, que la 
falló en diversos sentidos y por último desfavorablemente. Para 
desquitarse de la derrota echó mano la universidad, no de un 
ilustre procer ó de un sabio jurisconsulto, sino de un simple no- 
tario, de un hombre portátil^ como solía llamarse á los envia- 
dos de escasa representación, mostrando el alto aprecio que 
hacía de las cualidades de Pedro Litrá. Puesto en relación con 
altos funcionarios y con patricios de gran crédito en la corte (i), 
siguióla á Valencia á fines del año el hábil mensajero, después 
de cerradas en Barcelona las cortes, y no dejó piedra por mo- 
ver en apoyo de los sentidos clamores que no cesaba de elevar 
al trono el desolado reino. Nadie era capaz de arrancar á los 
mallorquines la idea de que no fuese obra de malicia y ven- 
ganza el propósito de sus adversarios, y que después de haber- 
los lanzado estos en una larga y desastrosa guerra cuyos sacri- 
ficios subían de 162,000 libras, no les suscitaran otra de 
intrigas y querellas en odio de su fidelidad pasada, prevale- 
cidos del mismo poder real á cuyo sostenimiento se habían 
inmolado. Lamentábanse de que por la dura y cruel instancia 



(1) Tales eran Hugo y Miguel de Pachs, de los cuales el primero murió aque- 
llos días, Salvador Sureda, Gregorio Burgués que en el cargo de procurador real 
y en la influencia sucedía ya á su padre Francisco, y algún otro, con quienes con- 
curría el gobernador en propiedad Berenguer de Blanes. 



ISLAS BALEARES 307 

de cinco ó seis acreedores, que no eran más los que traían de 
remolque á los otros, viniera á total ruina este desventurado 
país, el cual en vez de la restauración que de tan bendito rei- 
nado se prometía, hallábase sin moneda reducido á permutas de 
efectos como los pueblos primitivos ó salvajes, sin compradores 
para sus fincas ó censos , y á punto de despoblarse con la emi- 
gración de sus tristes hijos y con el abandono de los cargos 
públicos (i). Confortábalos con esperanzas el buen Litrá, ase- 
gurándoles que € rey y seflor tenían que les amaba y que no 
querría la perdición de sus leales subditos; » pero los jurados le 
escribieron, juntamente con una carta reservada, otra para ense- 
ñarla al rey y á cualquiera, mandándole desamparar la demanda 
con la calma estoica de los insolventes, pues por semejante vía 
tan incobrables se harían los censos en Mallorca como en Bar- 
celona. Excusábase Fernando con el juramento prestado en 
cortes; apremiaba como lugarteniente de Cataluña el infante; 
el mismo Blanes, restituido á su gobierno desde principios 
de 1482, hubo de trabar violenta ejecución contra el clavario. 
Más tarde veremos llegar á arreglo esta tenaz contienda. 

No sé qué muertes se relacionaron ó simplemente coincidie- 
ron con la vuelta del gobernador, que movieron al infante don 



(i) En una de las exposiciones de los jurados á S. M., la del 26 de Octubre 
de 1 48 1, léense frases como estas: Primerament en vosiras letras som noiats de 
inobedients e que per inobediencia siam rigurosament executats; á tal parlar^ si 
erafetper iot attre que per V\ Exc. per nosalires hi seria feia condigna resposta... 
Nosaltres, senyor, per fidelitat e obediencia^ no sois havem gosada perdre sanch 
e de aquella banyar los inimichs e no obedients, e perdre cossos de filis ^ germans 
e molts propinques, e aquells lexar menjiír per los bruts animáis en los camps hon 
tais cosas ab nostras armas deffeniam; havem gosats perdre e consumir no sois los 
bens que teniam, mes encare vendré e encarregar sobre nosalires e successors nos- 
tres per reduhir á vostra obediencia ais qui contra aquella havian fet e ab potencia 
d' armas volian que los altresvassals vostres fessen semblant: e pera tais mesters, 
tos temps que ocorreguessen^ la resta de nostres in/ants, germans, amichs eparents 
e Pocadura de bens reservam en aquest vosire regne, en lo qual habitar em e viurem 
tan quant á vostra clemencia piaurá... E quant mes nos irem tots ais peus de K. A/., 
6 si aquella voldrá que nosaltres e los altr^s habitadors anem mendigant per lo mon 
eaxivergonyosament kajam desamparar aquest regne, pendrem ab humil paciencia 
toia determinado d* aquella. 



308 ISLAS BALEARBS 

Enrique á recomendar desde Barcelona el orden ; al menos las 
villas con sus sangrientas excisiones no tardaron á poner en 
movimiento la justicia. Tan poco segura en las relaciones ex- 
tranjeras como en el interior , alteróse por aquellos días la paz 
con Genova, cuyo comercio, en medio de los frecuentes desma- 
nes y violencias que se permitían aquellos orgullosos republi- 
canos, mantenía animado el puerto; por fortuna una tregua de 
cinco años le dio al propio tiempo salida para Túnez. Con lo 
poco de costa que en la península quedaba á los infieles no 
podía contar la mercadería^ pues ya el rey Católico había em- 
prendido desalojarlos del suelo de Granada, y asociaba los is- 
leños á la celebración de los primeros triunfos de la reconquista. 
En Córdoba á 31 de Agosto de 1483, en prueba de que no los 
olvidaba, firmó la erección de la universidad de estudios de 
Mallorca, modelada sobre la de Lérida, al mismo tiempo que 
dos damas, singularmente enamoradas de la recóndita ciencia 
de LuU, se ocupaban en análogas fundaciones. Beatriz apelli- 
dada de Pinos así por su padre Ramón como por su marido 
Francisco, que fué, si no me equivoco, el camarlengo del prín- 
cipe Carlos y el gran sustentador de la insurrección catalana 
que acabó por inmolarle (i), concibió en su viudez, aun antes 
de haber pisado la isla, establecer por su primer testamento 
de 1478 un colegio de trece estudiantes en el Monte de Randa 
santificado por el penitente doctor, y luego, al venir á acabar 
sus días en Mallorca, instituyó en 1484 un beneficio en la ca- 
pilla de Montesión, antes Sinagoga, restaurando las enseñanzas 
que al lado de ella había. En competencia sin duda con la se- 
ñora de paratje, Inés viuda de Nicolás de Quint, y hermana de 
los tres caballeros Pachs, dotó en 1481 una cátedra Lulista, 



(i) Sino propiamente la insurrección, fué el rey elegido por ella, es decir don 
Pedro de Portugal, quien según Zurita mandó dar cruel tormento á Francisco de 
Pinos, ó ajusticiarle dentro de la prisión por Agosto de 1464, si hemos de creer 
ciertas cartas coetáneas procedentes de Barcelona. 



ISLAS BALEARES 309 

frecuentada mientras la ocupó el maestro Pedro Daguf, salvada 
luego de la supresión por el celo de los jurados. Con esto y con 
la soberana aprobación de la doctrina del gran Raimundo obte- 
nida en 1 503 del mismo Fernando por el mallorquín Cabaspre, 
como la había obtenido en 1449 de Alfonso V el barcelonés 
Juan Llobet, remontando por una cadena de augustos testimo- 
nios hasta la época del doctor iluminado, hízose la universidad 
toda Luliana, mientras alrededor brotaban como por encanto 
sabios profesores y eruditos humanistas, y se abrían certámenes 
poéticos en honra del autor del Blanqiurna^ y alumbraban los 
albores de la imprenta las ruinas del colegio orientalista de 
Miramar (i). 

Señalóse el católico Femando en solicitud por este aislado 
reino , que nunca sin embargo visitó ; muchas é importantes 
disposiciones le debieron los mallorquines. Llamólos á las 
cortes de Tarazona para Enero de 1 484 , y pidieron se les 
exonerara de los dispendios del viaje, sin cesar por esto el 
voluminoso proceso que por fallo arbitral más bien que por 
juicio ordinario se había propuesto terminar sobre revisión 
de censos y encontradas pretensiones de los tenedores y de la 
universidad , cometiéndolo al obispo Avellaneda y á dos comi- 
sionados especiales , el escribano* Maymó y micer Azamar , y 
ratificándolo en Córdoba á 30 de Agosto: sentencia llamada 
de/s referiments ^ por la cual se tachó la corte once mil florines 
de salario en dos pagas. En una misma sesión, á 5 de Noviem- 
bre, dióse al consejo cuenta de este ansiado arreglo y de la 
definitiva concordia en que vino á parar la acerba lucha entre 
Mallorca y Barcelona, cediendo aquella á las reclamaciones de 
esta acerca del lugar donde habían de realizarse los pagos en 



(1) En 148 s, á los once años de introducida en España la imprenta, imprimió 
en Miramar maese Nicolás Calafat un tratado de Gerson, en 1487 la Devota con- 
templado de Francisco Prats, y al siguiente año el Breviarium Majoricense, El fa- 
moso certamen poético es de i 502. 



310 ISLAS BALEARES 

observancia de los capítulos de 1 43 1 , gracias á los desvelos de 
un mosén Juan Berenguer de Aguilar que se le premiaron con 
el nombramiento de pagador ; y con esto renació entre madre 
é hija, puede decirse, la primitiva cordialidad demostrada por 
la segunda en sentidos ofrecimientos á la metrópoli durante sus 
conflictos del 1485 con los payeses de remensa. Respiró con 
dichas avenencias la universidad, atenta no obstante á transferir 
los censos de los catalanes á hijos del país con quienes sería 
más fácil entenderse, y cortó gravosos y prolijos pleitos con 
particulares, dirigiendo su cuidado á conjurar la carestía poco 
menos que incesante, igualmente que á reprimir el intempestivo 
lujo que ya entonces, nivelando clases y afeminando costum- 
bres, desmentía procaz la notoria miseria (i). En cuatro ó cinco 
mil libras excedían los gastos y obligaciones del reino compu- 
tadas en 45,000 á los ingresos que á 41,000 no llegaban; y el 
rey, aduciendo este dato en prueba de lo insostenible de la si- 
tuación, mayormente en días de crisis, mandó crear una junta 
reformadora agregada á los jurados y síndicos forenses, que 
bajo los auspicios del lugarteniente real y de su asesor, reunida 
en una sala del palacio, entendiese qn el alivio y mejora de la 
cosa pública, reservándose sino aplicar el remedio por sí mismo. 
Procedieron los jurados en 28 de Abril de 1486 al nombra- 
miento de seis personas, que representando en la misma pro- 
porción los estamentos se renovaban también anualmente, y 
entró á funcionar la junta, principiando por ocuparse de la 
fabricación de lana, no sin que hubieran de someterse sus esta- 



(i) «Más cadenas de oro hay en Mallorca que en Barcelona,» decían los cata- 
lanes dando por fingidos los apuros de sus competidores. Acordóse prohibirlas 
por ordenanza en i8 de Marzo de 1485, lo mismo que el vestir de seda y el 
cabalgar en muía, que se permitía sólo á los que tuviesen por otra parte caballo y 
armas, ó cuya edad excediese de sesenta años. «En caso de necesidad, decían, no 
se hallarán caballos ni quien sepa montarlos. » Al año siguiente por Agosto limi- 
tóse el gasto de las faldas (gonellas) ab mernets, las quals sois de fer cosían V ó 
VI Iliuras, e aprés lo draf no val res, ne duran lanl, y la profusión con que en los 
desposorios y bodas se repartían confites , ocasionando además graves dis- 
gustos. 



ISLASBALEARES ^11 

tutos al consejo, al cual no acababa de parecer conforme á 
franquicias la demasiada intervención de los oficiales regios. 

Había espirado cristianamente en 1 6 de Febrero anterior 
Francisco Berenguer de Blanes naturalizado casi en el país con 
diez y ocho años de gobierno, y para reemplazarle fué traslada- 
do del de Cerdefía Jimeno Pérez Scrivá de Romaní, rigiendo in- 
terinamente hasta Junio de 1487 Alvaro Uniz caballero mallor- 
quín, mejor opinado que su abuelo Pelayo. Seguía adelante el 
redrés ó reforma, y tomóse con ahínco la extirpación del mono- 
polio de los tintoreros, asegurado hasta entonces mediante un 
donativo anual que á la corte pagaban, y perjudicial hasta lo 
sumo al crédito de los paños mallorquines: alcanzóla Litrá 
asiduo é incomparable ájente de la universidad, á la vez que 
seguidor y diligente cronista del sitio y toma de Málaga y de 
las triunfales campañas del soberano, quien por su parte no se 
desdeñaba de enterar de sus victorias en minuciosos partes á 
los atónitos vasallos, á cuyos ojos crecía inconmensurablemente 
con tantas glorias el poder real en algún menoscabo de las an* 
tiguas libertades. El mundo se renueva (i), exclamaba el pers- 
picaz mensajero al observar en Zaragoza que en manos del rey 
se concentraba todo el gobierno municipal con la prórroga de la 
juraría á su soberano placer; nada fácil sin embargo en dejarse 
sorprender por novedades, oponía juiciosa resistencia á ciertos 
utópicos planes, acogidos en la corte con sobrada credulidad 
para curación radical de los males de su tierra. Siguiendo las 
corrientes reformistas, un Onofre Canet, notario como Litrá, 
había propuesto al consejo general un partido para desquitar 
en diez años la universidad de todas sus cargas y censos y su- 
primir en consecuencia los impuestos consignados; y rechazado 
á una voz por impracticable, dióse maña para elevarlo al trono, 



(i) Mon sefa nou del iot. Y en otra carta dice refiriéndose á lo mismo: Ha ob- 
tingut cT aquest regne (Aragó) que n' es senyor á sas voluntáis e 'n dispon d son 
pler. 



312 ISLAS BALEARES 

donde se hizo de él más cuenta de lo que su índole prometía. 
Quien inspirara al audaz arbitrista, quien le sostuviera en eleva- 
das regiones, dados sus rudos golpes á la nobleza en masa, 
cuyas ambiciones hacía responsables del desgobierno y postración 
del país, jamás pudo atinarlo su hábil contrincante, que se guar- 
dó de hostilizar harto de frente el proyecto, remitiendo á la 
experiencia el desengaño (i). 

Provisto de recomendaciones del monarca que equivalían 
casi á mandatos, y acompañado del gobernador, presentóse Ca- 
net en la sesión de 6 de Febrero de 1488 á dar lectura á un 
magnífico exordio, tejido de grandiosos recuerdos de las tres- 
cientas naves de gabia, de las cinco mil casas de marinos, de 
las treinta y tantas galeras contrapuestas en dos días á las de 
Genova, y demás tradiciones de la marítima pujanza de Mallor- 
ca, de crudas verdades acerca de los inmorales manejos de las 
banderías, de sentidos llamamientos á las diversas clases del 
estado para cooperar á la común salvación, y seguido de escue- 
tas bases, que no guardaban con las premisas ilación alguna, á 
ñn de obrar la milagrosa redención ofrecida, mediante un evalúo 
general de las casas y bienes de la isla entera que se reservaba 
inspeccionar el autor, y según el cual debían contribuir directa- 
mente por semanas las familias, prestando á trueque de la ce- 
sión de los productos del decenio y de los rezagos de la consig- 
nación una fianza de cien mil libras por año. Seis días después, 
habidas por los jurados y una comisión nombrada al efecto 
varias conferencias con el proponente, conforme pedía la grave- 



(i) Como buen diplomático parecía atenerse Litrá al f>oint de zéle de Talley- 
rand y á evitar la nota de apasionamiento, de que que á su vez se quejaba de ser 
objeto por parte de algunos paisanos suyos: No cregau nació al mon sia tant nota- 
da d' esser apassionada com mallorquins, queja som en assó^ que i>er honesta de- 
manda que fassan^ tots ios ohints stan ab recel de passions. Á propósito de lo cual 
véase cómo se explicaba un jurado sobre la proposición de Canet: Se ha moguda 
una spurna de foch molt terrible, la qual si abans de ser augmentada no será pro- 
vehit en offegar, es per aportar totalment aquest miserable de regne á total ruina e 
ultimada depauperado y extermini. 



ISLAS BALEARES 3I3 

dad del asunto, fué llamado aquél á dar explicaciones, á que se 
negó rotundamente, refiriéndose á lo escrito y nada más, sin 
cuidarse de deshacer reparos, con lo cual fué desechado el par- 
tido por más de cinco sextas partes de votantes no ya como 
imposible sino como trastornador; y diputóse enseguida al sabio 
teólogo el maestro Bartolomé Caldentey para informar al rey 
del resultado del examen. Volvió de Valencia en Abril el vir- 
tuoso sacerdote, cumplida su misión (i); pero Fernando no se 
resolvió á abdicar las esperanzas en tan flaco cimiento pues- 
tas, sino para transferirlas á las instrucciones entregadas al pro- 
pio tiempo á su procurador real Gregorio Burgués sobre el 
modo de exigir severamente la responsabilidad á los clavarios 
y arrendadores de impuestos. De ellas no se dio cuenta hasta 
la sesión del 6 de Agosto, que terminó por cierto tumultuosa- 
mente, aunque por causas según parece extrañas á los proyec- 
tos de Canet, los cuales tan muertos se quedaron, que sin ren- 
cores por lo pasado, sin peligros por el porvenir, á pesar de 
sus tendencias subversivas, pudo ser admitido el inofensivo no- 
tario por escribano de la universidad durante dos trienios con- 
secutivos, desde 1499 á 1504. 

Una grave cuestión social vino mientras tanto á perturbar 
más hondamente los intereses y las conciencias, el estableció 
miento de la Inquisición creada por los reyes Católicos. Medio 
siglo corría desde la extinción del judaismo en Mallorca: queda- 
ban conversos del 1435, conversos del 13*91, más bien multi- 
plicados que venidos á menos, fundidos entre sf y hasta cierto 
punto con el resto de la población, no en barrio separado, pero 
sí avecindados por lo común aunque no exclusivamente en las 



( I ) Aléganla como uno de los insignes méritos del maestro Caldentey sus ami- 
gos y admiradores, al pedir que se prohiba la introducción de breviarios que pue- 
dan hacer competencia al suyo mayoricense^ ponderando así el riesgo de que ha- 
bía salvado la república: Ab aquesta /erventa amor d la cosa pública la ha desliu- 
rada de total destrucción y ha levat lo colieil de la má de aquell qui al coll de ella lo 
tenia^ ab molt millor manera que ningü no fensava esser posible. 
40 



314 ISLAS BALEARES 

calles de costumbre, dados los más al comercio en mayor ó me- 
nor escala, muchos á diversos oficios especialmente al de sas- 
trería (i), algunos, como Pardo, Beltrán, Vidal, por capitales y 
fortuna poderosos y honrados. Iban y venían libremente de la 
península y del extranjero; y tan reconocida era la industriosa 
actividad que les distinguía, que para sacar la isla de su postra- 
ción se propuso en los aciagos días del 1 463 invitar á fijarse en 
ésta cincuenta familias salidas de Valencia para Sicilia, ofrecién- 
doles franquicia como á nuevos pobladores : más aún, judíos no 
bautizados mostró voluntad de hacer admitir en utilidad del 
reino, á pesar del decreto que lo prohibía, el rey Juan II gran 
favorecedor de ellos, como todos los reyes codiciosos ó apura- 
dos, á lo cual accedió en 1 465 el consejo para fomento de la 
mercadería, con tal que viviesen aparte de los cristianos. Sin que 
llegase esto á realizarse, vivían los descendientes de la raza no 
sólo tranquilos, sino prosperados, con influencia en la sociedad 
y con participación en los cargos públicos incluso en la juraría, 
cuando ciertas acusaciones, partidas no se sabe de dónde, con- 
tra los inquisidores ordinarios, como los había desde antes en 
el reino de Aragón, el vicario general Santacilia y fray Casellas 
dominico (2), les obligaron á comparecer en la corte á dar sus 
descargos, y aunque lograron justificarse, tomó de aquí pie la 
instalación en Mallorca del nuevo tribunal que con rapidez se 



(i) En 1425 formaban gremio y no corto los sastres conversos, asistiendo con 
su rico pendón á las procesiones del Corpus y del estandarte, de las cuales pre- 
tendían excluirlos sus competidores, los sastres catalanes, resultando de aquí un 
conflicto en que mostraron, á la vez que éstos su fanática intransigencia, el obis- 
po D. Luís de Prades su cristiana firmeza, y los excluidos su prudencia y abnega- 
ción. 

(2) Grandes disputas con los Lulistas suscitaron, hasta poner en peligro el 
orden público á fines del 1483 y luego en 1493 con motivo de la peste, tres ver- 
sos de este religioso puestos al pie de una efigie de Nuestra Señora, á pesar de ab- 
sueltos en Roma de toda censura: 

Non abhorres peccatores^ 
Sine quibus numquam /ores 
Tanto. digna Filio. 



ISLAS BALEARES 315 

^generalizaba. Espantáronse con tal anuncio, no sólo los que te- 
nían motivo especial de temer, sino las clases todas indistinta* 
mente, como prueba la enérgica representación de los jurados 
en 29 de Julio de 1487, recelosos del secreto de las acusacio- 
nes y pesquisas, del perjurio de anónimos testigos, del fallo 
sorprendible de jueces forasteros, pidiendo que al menos se 
asesoraran con alguna grave persona del país, é indicando no . 
obstante ¡rara anomalía! al gobernador Pérez Scrivá. La emi- 
gración que ya empieza, la parálisis de los negocios, la inquie* 
tud de que recaiga en mayor soledad la tierra apenas algo re- 
poblada, forman el tema constante de las sesiones de aquel año 
y de las excitaciones al enviado Litrá, quien previene con su 
habitual aplomo que no se apresure con sobrada resistencia la 
venida de lo que se intenta conjurar (i). Igual resultado produ- 
jeron en Aragón parecidas dificultades opuestas por los diputa- 
dos del reino á la introducción del Santo Oficio. 

No hubo medio: vinieron, enviados por Torquemada, inqui- 
sidores aragoneses ó castellanos, Pérez de Munébrega, Martín, 
Astorga, Cienfuegos, Villalobos, uno tras otro en menos de 
trece años, intercalados con alguno mallorquín, y empezaron los 
procesos de que tenían hecho ya regular acopio los ordinarios. 
A mediados de 1489 comprendía la confiscación unas cien casas 
entre grandes y pequeñas, bastantes huertos y gran riqueza en 
censos, por los cuales percibía más de quinientas libras al año 
uno solo de los reos. A todos se les acusaba de judaizar (2): 



(i) Aquestas acusacions^ dice aquel hombre con serenidad admirable, serán 
stadas causa de mes promptameut e ah mes ardor introduhir aquí la Inquisición e 
crech no passará molt la haureu aqui... Suplicar Sa Altesa que Inquisició no hi 
anás^ sembla á mi no sia pus sino cuytar. Pero a^ó son cosas que havem á dir^ ejó 
axiho crech, que saltem permissive devallan ab alto, e axi sia remes á Deu; jo ni 
en cessar ni en cuytar no entench fer part alguna, 

(2) Media plana de una hoja suelta es cuanto he alcanzado á ver de estos pro- 
cesos, y versa sobre la observancia de ritos judaicos y sobre la tibieza manifesta- 
da por los conversos en las prácticas religiosas de la Iglesia: stants mollas 

donas entorn del eos, de las quals no 's recorda sino que eran párenlas ó ve hiñas 



3l6 ISLAS BALEARES 

muchos salieron penitenciados. Las indagaciones se remontaron 
á los difuntos, y pareció probado que no habían muerto cristia- 
nos sino en apariencia: de los vivientes un gran número no 
quiso someter á prueba su fe, y huyeron á tiempo, entre los 
principales un médico famoso, el maestro Juan Alejandro Adrets, 
que pasó á Ñapóles dejando aquí gran vacío. Exhumáronse 
huesos, forjáronse efigies de los fugitivos, y en los tres autos de 
fe de 1 490, año en que se estrenaron estas funciones, no pere- 
cieron sino cinco personas (i); las otras hasta cuarenta y siete 
figuraban en representación. No así en 1491: cuatro fueron re- 
lajados al brazo seglar en 30 de Mayo, veinte en 4 de Setiem- 
bre que no ardieron en la hoguera sino después de ahogados, en 
el siniestro quemadero de la puerta Plegadissa, encendido hartas 
veces en aquella centuria para expiar crímenes contra naturale- 
za y una que otra vez herejías ó mejor dicho sacrilegios. En el 



qui eranyengudas alli^ anava la dita Berarda en torn de las ditas donas e cos^ lo- 
cani palmas^ aturantse un poch ab cascuna de las ditas donas cantante no entenia 
que deya^ e las altras responian plorant e dolorejaní no iocant palmas, e no entenia 
ella testis que deyan com stigués luny al cap d' una gran sala. E mes dix que quasi 
en lo dit temps, aprés que f oren passadas las mortaldats^ ella testis dix á na Joana- 
muller den Jacme Viabrera pelleter^ que tra vehina sua, un dia de /esta anyal^ que 
anassen d vespres^ e aquella respós que anaria á pexer la vista e veure las bellas 
donas^ e ella testis dix: ay mesquina de mi! e no ohirem las vespres! e la dita Joha- 
na dix fluxament , anem , anem ; e axi anaren abduys d la Seu e ohiren las ves- 
pres. 

(i) En el primero un hombre y una mujer, Pereta esposa de Martín Ven^on, 
en el tercero tres mujeres; y aunque la proporción entre los dos sexos se equili- 
bra más adelante, resulta en conjunto mayoría en el débil. Respecto de las conde- 
naciones postumas ó en ausencia constan nominalmente 69 hombres y 48 muje- 
res, dejando aparte la estadística de los reconciliados y de los sentenciados á 
cárcel perpetua, á los cuales comprendía indistintamente la confiscación de bie- 
nes. Nótase algún apellido extranjero, Ven9on, Adrets : bastantes castellanos 6 
aragoneses, como López, Martínez, Sánchez, Ruiz, Montearagón, Santa Cruz, Na- 
vas ó Naves, Aranoz, Pinilla; otros catalanes ó valencianos no conocidos en la 
isla, y aun cuando iguales á los nuestros, tal vez de aquella procedencia; muchos^ 
en fin, de familias siglos hace extinguidas, ó recibidos por los bautizados en i jgi 
de casas más ó menos notables que también acabaron, como los hay de otras que 
permanecen. Investigación más ardua que importante en sí, que requiere gran 
conocimiento y estudio, y principalmente superioridad á toda idea y aun más á 
toda intención preconcebida, que pudiera en sí misma llevar el castigo de su ma- 
lignidad. 



ISLAS BALEARES 3I7 

auto de 1 493 por Junio ya no aparecieron sino estatuas, aunque 
no bajaron como la otra vez de cuarenta y siete. Desde enton- 
ces casi cada año, y en alguno más de una vez, hasta muy en- 
trado el siglo XVI, se repitieron los imponentes espectáculos (i), 
resultando de ellos unas ochenta ejecuciones con las ya referi- 
das, que recaían en tenderos y artesanos la mayor parte y en 
uno que otro mercader con sus mujeres y familia, y algún 
escribiente ó notario en rebeldía. No es decible sin embargo 
cuan adentro penetró en las entrañas de la sociedad esta extir- 
pación dolorosa ; y en las quejas de los jurados dirigidas sin 
cesar al rey Católico contra el formidable tribunal, aunque en- 
vueltas en frases de adhesión y respeto, y sobre todo en la 
dilatada lista de agravios entregada á micer Juan Duzay para 
hacerla valer en la corte, se advierte otra cosa que cuestión de 
precedencias en las procesiones de la fe, que las franquicias que 
se arrogaban sus familiares, que el quebrantamiento de juris- 
dicciones, de derechos alodiales, de toda suerte de contratos 
anteriores á las confiscaciones decretadas : percíbese el gemido 
que arrancan á la ciudad la pérdida de más de un tercio de su 
sustancia, y los tesoros extraídos por los que escapan, y la mi- 
sería desgarradora de los que se quedan (2), y la desaparición 
de tantas familias más ramificadas de lo que se cree entre el 
vecindario, algunas tan poderosas que mediante enlaces habían 
restaurado con su fortuna abatidas noblezas, al par que hecho 
sospechosa la ortodoxia de la más limpia sangre (3). 



(i) Los hubo en 1498 y 99 con diez suplicios, en i ^01 con dos á nombre del 
obispo y no de los inquisidores, y nueve autos más hasta i $ i $, cuya fecha es di- 
fícil de fijar por años, mientras no se logre poner acordes los pocos datos que nos 
restan. 

(2) Compruébanse ambas cosas, la primera por el aviso del baile de Santany 
en Noviembre de 1494 de no haber podido detener en el puerto, como se le man- 
daba, una nave en la qual se deya hi havta molts dejuheus ab molt or y argent que 
portavan; la segunda por una exposición de los jurados de Enero de 1493 á favor 
de los conversos reconciliados, posáis en lo derrer grau de penuria^ tal que para 
exigirles el pago de los tres mil ducados ofrecidos á la corte por las gracias dis- 
pensadas habrán de quedarse sin vestidos y sin ropa de cama. 

(3) En abono de un caballero para preservar de la confiscación los cuantiosos 



3l8 ISLAS BALEARES 

La autoridad episcopal, que hubiera podido como ninguna 
prevenir conflictos y suavizar asperezas al plantearse la nueva 
institución, residía en un simple vicario del famoso cardenal 
Borja, quien desde principios de 1490 por fallecimiento del 
obispo Avellaneda poseía el título y las rentas de la mitra, que 
no depuso sino para ceñir la tiara con el nombre de Alejandro VI 
en Agosto de 1492, sin dejar en la diócesis, no ya huellas ma- 
teriales, pero ni aun muestras de atender á las instancias de 
los jurados en favor del recién centralizado hospital, abrigo 
único á la sazón de toda suerte de necesidades (i). Por suerte 
la universidad no se hallaba mal con el gobernador Scrivá, sa- 
tisfecha de la rectitud y prudencia de éste en la represión de los 
bandos, que habían llegado al exceso inaudito de ensangrentar 
iglesias, pues en medio de los funerales del día de Difuntos 
de 1490 pasó en la de San Francisco la terrible escena, moder- 
namente poetizada, continuación sacrilega de los rencores sem- 
brados en el carnaval del año anterior por el nocturno asalto 
de los Spanyol á la casa de Armadans, y sostenidos por sus 
respectivos adherentes (2). Trabajaron para unirlos en manos 
del gobernador el cabildo y los jurados, esquivando éstos la 
venida del regente Albanell por temor de enconar con el proce- 
so las discordias, que trascendieron no sé cómo á las autorida- 



bienes de su mujer, y de una ilustre viuda para vindicarla de las imputaciones 
que pesaban sobre la memoria del marido y darle lugar á defensa, recurrieron al 
rey los jurados en 1490 y 1493, y fueron al parecer atendidos, pues no aparece 
más rastro de tales procesos. 

(i) Así se desprende de la petición que le dirigen en 18 de Mayo de 149I1 
solicitando la aprobación pontificia para la nueva cofradía de Nuestra Señora y 
Santa Ana, donde no se habla sólo de enfermos, sí que también de sanos, pobres^ 
/oís, contrets e infants peiits, para los cuales, dice otro documento, había treinta 
nodrizas. 

(2) De este primer atentado y del caso perpetrado en las personas de Jaime y 
de Francisco Armadans había proceso ya formado en Marzo de 1489. Después del 
segundo pagáronse al pintor Moger dotze senyals reyals que /oren posáis en loca- 
rrer deis Armadans e del Mercal per assignar los limiis de llurarrest. El proceso no 
terminó en 1495 con las multas impuestas á Perole Spanyol yerno de Rodrigo de 
Sant Martí, y á sus seguidores Pedro de $ant-Johan menor, juanote de Pacha y 
Juan Desmás. 



ISLAS BALEARES 319 

des, metiéndose cizaña entre Scrivá y el procurador real Gre- 
gorio Burgués, llegado aquellos días en apoyo de su olvidada 
parcialidad, más bien que para agenciar el otorgamiento de cua- 
tro mil florines al soberano por el matrimonio de su primogéni- 
ta Isabel con el rey de Portugal. Tomadas averiguaciones sobre 
los dos funcionarios, preponderó Burgués, haciendo suspender 
del gobierno al competidor en Agosto de 1491, cosa que sin- 
tieron sobre manera los jurados, sincerando á Scrivá del cargo 
de haber promovido tumultuosas reuniones y cabalgatas; y para 
lugarteniente de micer Albanell, que ejerció temporalmente el 
mando, llamado sin tregua de un pueblo á otro por riñas y deli- 
tos, presentaban al rey el ya experimentado Alvaro Uniz, no 
precisamente como imparcial, sino como emparentado con unos 
y otros jefes de partido. Al mismo tiempo suplicaban que en las 
insaculaciones para los oficios públicos ó en otro punto de régi- 
men nada se innovase, y atribuían todo clamor en contra á pa- 
sión personal ó apetito de mando. 

Vino en esto la más alegre de las cédulas hasta allí recibi- 
das del victorioso monarca, fechada del mismo día que entró en 
Granada, del glorioso 2 de Enero de 1492; y en sesión del 23 
embriagóse de júbilo el consejo, votando sin más discrepancia 
que de seiscientas á ochocientas libras (y prevaleció la mayor 
suma) para solemnizar la fausta nueva con procesiones de gra- 
cias y regocijos, cuya demostración más espléndida consistió en 
una justa y un certamen poético (i). La unión de voluntades 
empero duró lo que las fiestas, y al apagarse la llama fugaz del 



(i) La noticia de este certamen y de su promovedor nos la conserva única- 
mente el gasto de un carpintero en adobar e Jer en la sala del castell real las guar- 
nicions j>er teñir draps de ras^ á ops y servey de certa joya posada per lo venerable 
micer Speraneu Spanyol canonje de la Seu de Mallorques^ contenent quimillor diria 
en coblas en lahor e gloria de las majestats deis senyors rey en Ferrando e reyna 
Isabel. Para la justa se dispuso parar un rench qui en aquell sia pegata canyas^ 
lansas eun farament de seda^ e los aventurers gui exirán á llurs despesas no pu- 
xen traure sino parament de drap; e se dega donar un pris de dos ó tres marchs 
d'argent per los aventurers d aquell qui millor ho fará en lo lustrar. 



320 ISLAS BALEARES 

entusiasmo dejó ver la brasa de las enemistades viva debajo 
del rescoldo. Por necesidad tal vez hubo de restablecerse la 
costumbre, suprimida años pasados por la reducción de dietas, 
de las expediciones judiciales á las villas, pareciendo más expe- 
dita y más barata aún para los mismos acusados la justicia que 
iba al encuentro de ellos que la que los citaba ante su tribunal, 
además de lo que producían al erario las composiciones; y por 
el número de poblaciones que visitó el expresado regente du- 
rante el año de su gobierno, Inca cuatro veces, Sineu, Llucma- 
yor, Valldemosa, Felanig, la Puebla, Pollensa, Binisaiem, SóUer, 
muéstrase cuan alborotada andaba la isla entera, desde cuyos 
confines reclamaban su presencia en la ciudad desórdenes aún 
más graves. Más parte de la que á su posición convenía tomó 
Albanell en estas disensiones entregándose á uno de los bandos, 
y al marcharse con el designio de aconsejar al rey que acabase 
con las eternas disensiones del municipio apropiándose como 
en Zaragoza y Barcelona el nombramiento de jurados, cuidaron 
éstos de desautorizarle ante el monarca, de cuya munificencia, 
le dicen, esperan ampliación más bien que menoscabo de sus 
franquicias. Interesábase sinceramente Fernando por la recta 
administración de justicia, pacificación del reino y reforma de 
los abusos, á la vez que por la navegación y comercio de las 
islas, destruido casi por los piratas; y al formar la lista de agra- 
vios recibidos de genoveses y nisardos por sus subditos, citó 
para la junta de Zaragoza á los mallorquines, tal vez los más 
perjudicados. Desde años atrás promovía, para limpiar los in- 
festados mares, el armamento de una escuadrilla, á que contri- 
buyesen con una galera y una cuarta parte del gasto total de 
dos mil quinientos florines Cataluña, Valencia, Cerdefla y Ma- 
llorca, y oponía ésta su falta de recursos. Hallábanlos no obs- 
tante los defensores de la mercaderia^ empleando el derecho de 
mollaje en llevar adelante aquellos días las obras del muelle 
para naves de gran porte, resguardado de vientos y de enemi- 
gos, al pie de la ciudad, bajo un magnífico plan de faro y de 



ISLAS BALEARES 321 

torre que alcanzase con su artillería á defender las de 'n Carros 
y de Portopí, joyel hermoso del país al decir de ellos, que había 
de darle renombre universal. 

Tiempo había que se tomaban prevenciones contra la peste 
divagante por las costas del Mediterráneo, y ya en 1490 eran 
sometidos á observación en Portopí los buques procedentes de 
Valencia y Barcelona, donde se ocultaba la dolencia y eran mal 
cumplidas las leyes de sanidad, según las reconvenciones desde 
aquí dirigidas al infante lugarteniente de Cataluña. Atendióse 
al sustento de los cuarentenarios, al reparo del oratorio de San 
Nicolás, al refuerzo de la junta sanitaria y á los empleos de físi- 
co y cirujano del morbo, en los cuales se acordó que turnaran 
anualmente los facultativos de la tierra. Tres años pasaron sin 
novedad mientras estuvo cerca el enemigo; cuando parecía ale- 
jarse hacia Genova y Ñapóles, en los primeros días de Junio 
de 1493 apareció aquí de improviso. Era el mismo probable- 
mente que el de 1475, ^^^ ^^ pronto no se le quiso reconocer. 
Atribuyéronse las primeras muertes á males de costado, efecto 
de las tardías lluvias que después de medio año de sequía vi- 
nieron á enfriar la atmósfera, y el vulgo impresionable regresó 
á la ciudad que había ya abandonado : bastaron empero pocos 
días, del 1 2 al 18, para confirmar la alarma, y tres cuartas par- 
tes de la población, ricos y pobres, grandes y pequeños, se 
esparcieron por la isla. Al nuevo gobernador, mossén Juan 
Aymerich, llegado quince días atrás con su asesor Bofíll, se le 
suplicó quedase fuera para acudir á caballo á donde fuese me- 
nester; el obispo Guillermo Ramón de Moneada, felicitado me- 
ses atrás por su nombramiento, no se había presentado: para la 
asistencia espiritual fué llamado de Barcelona un virtuoso fraile, 
fray Francisco de Aragón observante, que no se sabe si vino. 
Dentro de la iglesia de Alaró convocó Aymerich en 24 de Julio 
un consejo de notables para atender principalmente á la provi- 
sión de víveres, que facilitaba introducir la feliz circunstancia de 
hallarse limpio casi todo el circuito del litoral : de Inca y Muro, 
41 



322 ISLAS BALEARES 

que eran las villas más castigadas, ofreció cuidar la parte foren- 
se por no entrar á su vez en los gastos de la ciudad. Muchos 
viajes desde Sóller y Pollensa, donde lo más del tiempo residía, 
costó al gobernador el orden perturbado por inobediencias y 
ruidos; todo aquel verano y otoño, sumamente secos, anduvie- 
ron dispersas las autoridades ínterin se cebaba el contagio en 
la capital, pero en 2 de Diciembre pudieron al fin reunirse den- 
tro de ella en consejo ordinario á darse cuenta de los quebran- 
tos padecidos. Grandes fueron, aunque no se reducen á cifras (i). 
Á últimos de Febrero siguiente aún duraba el mal en algún 
punto de la isla, y con él los dispendios de guardarse; á medía- 
dos de Marzo había desaparecido por completo, aunque algún 
recrudecimiento en el verano produjo nueva emigración. 

Complicóse con la peste la carestía originada de la pérdida 
de dos cosechas, que también la de 1494 se malogró por más 
lozanía que grano en las mieses; y los resultados dejaban sen- 
tirse aún en la primavera del tercer año, en que morían de 
hambre por la ciudad los mendigos forenses que entraban en 
busca de amparo. ¡Qué ocasión aquella para hostiles alardes 
y cabalgatas de bandería que hubieron de prohibirse por pregón, 
y para crímenes atroces de reos , cuya nobleza no les preser- 
vaba al menos de la cuchilla de la ley (2) ! Poco al parecer 
habían mejorado las costumbres con el azote que pudiera pasar 
por castigo de las blasfemias, del desenfrenado juego , de las 
fieras venganzas, contra cuya propagación dirigía meses antes 



(i) De una tradición más ó menos fundada debió de tomar Mut el dato que al 
salir de esta peste cabía en el muelle toda la gente útil de armas de la ciudad, 
pretendiendo sobre él establecer el cálculo de las defunciones, como también la 
noticia de que dicha peste tomó el nombre den Boga de cierto marino que )a in- 
trodujo mediante un bolsillo apestado y fué la primera víctima. Lo que hay es que 
después de introducido el mal, tomó incremento con la llegada de nuevas embar- 
caciones infectas. 

(2) Dentro de las prisiones de palacio sufrió garrote la dama Inés, esposa del 
caballero Hugo de Sant Johan por haber envenenado á su marido, siendo en segui- 
da expuesto en el patio su cadáver. Hay también noticia de un horrible y doble in- 
cesto: la estadística de aquellos tiempos no da menos de veinte suplicios por año. 



ISLAS BALEARES 323 

un enérgico memorial al rey cierto celoso sacerdote. Traían 
desvelado por entonces al Católico la entrada del francés en 
Italia y el temor más ó menos fundado de que se aliaran con 
éste los turcos, peligro que el lugarteniente tuvo el encargo de 
esforzar ante el consejo á principios de 1495 á fin de poner en 
estado de defensa la ciudad y de proveerla de armas y artille- 
ría. Destináronse al efecto tres mil quinientas libras ; pero más 
adelante, declarada ya la guerra á Francia, se reclamó un dona- 
tivo que fué de seis mil; se insistió en el fomento y uso de ca- 
ballos para que no decayera el militar ejercicio, y en la repre» 
sión del lujo prohibiendo los brocados; y exigióse con tanto 
ahínco el cumplimiento de lo ofrecido tocante al común resguar* 
do de este archipiélago , que al avío de su respectiva galera 
hubo de aplicar la universidad el impuesto del muelle suspen- 
diendo las obras. Por contraria á las franquicias del país y al 
régimen vigente resolvió el consejo en 1 3 de Julio á propuesta 
de un jurado, no sólo suspender, sino deshacer la reforma 
nueve años antes emprendida, y cuyos trabajos no cesaba el 
rey de estimular ; y no sé si en contestación á tan aventurado 
acuerdo ó sin tener de él noticia, presentóse tres meses después 
en compañía del gobernador el provincial de observantes fray 
Segarra, portador de un real mensaje, encareciendo el singular 
amor profesado por S. M. á este reino, y el sentimiento que de 
sus discordias tenía , y el deseo de que hermanados todos cons- 
pirasen al común bien y prosperidad , á cuyo efecto mandaba 
elegir una junta, cuanto más reducida mejor, que en unión con 
su lugarteniente y con dicho religioso y con dos de los jurados, 
tomara, aun cuando no fuese por unanimidad, las determinacio- 
nes convenientes. No pudo dispensarse el consejo, reunido tres 
días consecutivos, del nombramiento de cuatro personas, tres 
de la ciudad por los jurados y una de los forenses por estos 
mismos (i), protestando cada cual un sincero abandono de sus 



(O Eran consejeros los cuatro, los de la ciudad mosén Juan de Puigdorfila, 



324 ISLAS BALEARES 

intereses y pasiones privadas y un absoluto respeto, no siempre 
fácil de conciliar en la práctica, por un lado á las libertades 
patrias, por otro á las preeminencias de la corona. 

Estrellaríase en los inveterados abusos la solicitud del mo- 
narca, ya que ni de la nueva junta ni de fray Segarra vuelve á 
hablarse en los siguientes años, porque acaso más cuesta arriba 
venían aún las reformas que el segundo maridaje de otros cua- 
tro mil florines votado en 1496 por el enlace de la infanta 
Juana con el archiduque hijo del emperador, y que la inversión 
de grandes sumas en acopio de armas y en reparo de murallas 
así de la capital como de Alcudia y hasta del castillo de Ca- 
brera. Continuaban en 1497 los aprestos de lanzas y corazas y 
de tres bombardas más, para añadir á la ya hecha, en honor de 
los cuatro evangelistas (i): pero los aparatos de guerra cedie- 
ron á desalentadores funerales por aquel príncipe D. Juan que 
en edad tan temprana se llevaba consigo el porvenir de la glo- 
riosa dinastía (2), y por el lado de Italia al menos suspendió 
por entonces lisonjeros anuncios de conquistas la publicación de 
las treguas convenidas con Carlos de Francia, y más todavía en 
Setiembre de 1 498 la de las paces con el nuevo rey Luís, hecha 
por primera vez para oídos mallorquines en idioma castellano. 
Graves estragos al propio tiempo amenazaba el mar, embis- 
tiendo al mirador, pedestal gigantesco de la sublime catedral 
que ya acababa de desplegar sus naves, con furia cual jamás 
había acostumbrado antes de construirse el formidable dique 
del muelle, cual si este con desalojarlo la aumentara; y aunque 



micer Jaime de Muntanyans y mosén Jaime Juan Qaforteza, el forense Rafael Ba- 
Uester de Manacor. De la juraría resultaron designados para la junta Bernardo 
Cotoner ciudadano y Antonio Martí mercader. 

(i) Ab certas carretas^ dicen las actas, qui aportan las ditas bombardas ó pas- 
samur per los lochs necessarts de la ribera. Adquiriéronse cien docenas de lan- 
zas á veintinueve sueldos la docena, pero subido luego el coste, suspendióse la 
compra de ellas y de corazas, y se acordó llamar maestros de fuera que las fabri- 
casen. 

(2) Celebráronse en 3 de Noviembre, un mes no cabal desde el 4 de Octubre 
que falleció el príncipe en Salamanca, y costaron más de 160 libras. 



ISLAS BALEARES ^25 



se logró mediante obras análogas á las primeras prolongar la 
línea de resistencia al empuje de las olas, estaba ya decidido sal- 
var, con preferencia á la reciente y costosa maravilla del puerto, 
la augusta basílica y el contiguo palacio episcopal , dónde resi- 
día desde un año escaso el prelado Antonio de Rojas sucesor 
de Moneada, el cual no había venido quedándose en Tarazona. 
Necesitábase habilitar para lazareto la iglesia de Portopí, se 
desperdiciaba por la rota acequia un caudal de agua, veníase 
abajo la torre de las horas, la ruina daba la vuelta al recinto 
de la ciudad abriendo, ya una ya otra brecha, ya varias junta- 
mente; y todavía, elevándose por cima de los cuidados y urgen- 
cias materiales, atendía aquella generación al sustento del espí- 
ritu, para el cual ninguno consideraba mejor que la ciencia del 
inmortal patricio á quien acababa de erigir tan bello como de- 
voto sepulcro, añadiendo una casa á las escuelas del maestro 
Daguí, ó procurándolas junto á la Riera á su sucesor Cabaspre 
más obvias á los discípulos; hasta se trató de extenderlas á es- 
tudios de teología y de leyes. 

Tuvo noticia Fernando el Católico que todo seguía en Ma- 
llorca asimismo, que se debían de la consignación más de no- 
venta mil libras, que se ponían estorbos al lugarteniente en su 
jurisdicción sobre todo en asuntos criminales; y avezado á tro- 
pezar á cada paso con franquezas, preguntaba qué franquezas 
eran estas en continua oposición con sus saludables disposicio- 
nes, y mandaba fuesen á explicárselas seis enviados, de los 
cuales hubiese dos juristas. Llegada esta cédula en los primeros 
días de 1499, rechazóla el consejo poco menos que por subrep- 
ticia, y si pasó en otras sesiones á elegir tres personas y luego 
las seis reclamadas, fué que cada vez bajaban más apremiantes 
órdenes, irritadas de su resistencia. Entonces, recobrado en las 
instrucciones el nervio, los jurados y sus adjuntos explicaron lo 
que eran dichas franquezas, las mismas que habían otorgado 
los antiguos reyes, confirmado los de la dinastía y jurado el 
propio reinante, que no se habían acumulado en veinte ni 



326 ISLAS BALEARES 



treinta años sino en un siglo las deudas de la consignación, que 
las vicisitudes y la experiencia habían dictado leyes y pactos 
que no podían sin temeridad transgredirse, que ofrecían peligro 
ciertas reformas que se intentara introducir, que con las prodi- 
gadas exenciones de derechos venía aumentando el gravamen^ 
que el gobernador era quien usurpaba al baile y á los veg'ueres 
la jurisdicción de su oñcio, y enseguida rasgando el velo, le 
acusan de parcialidad, de favoritismo, de poner mal á los sub- 
ditos con el soberano, tratándoles de díscolos y sediciosos, y á 
sí mismo haciéndose pasar por celoso y leal en la corte y por 
deseoso del público alivio con artesanos y payeses. Hasta exigía 
una fracción acalorada que se pidiera la destitución de Aymerích 
y del regente Hornos y que se les formase proceso. La comi- 
sión cumplió en Granada, donde estaba el rey, con actividad y 
prudencia (i), y trajo de allí una pragmática fechada del 26 de 
Agosto, referente á la administración de caudales consig^nados 
y quitación de censos, y dos de 1 6 de Setiembre, suprimiendo 
una la junta de reforma, otra regulando las apelaciones de los 
jueces ordinarios al lugarteniente en causas criminales. Fueron 
recibidas por la mitad del consejo con ciertas salvedades, por 
la otra mitad de menor estamento con sumisión incondicional. 
Los más altos adolecían de susceptibles, como se vio un día de 
Enero de 1501 á propósito de un pliego cerrado del rey, que 
alborotó por lo inusitado de la forma y tal vez más por su 
tenor, dirigido á promover la redención de censos con tomar 
otros á menor interés, es decir al cinco por ciento ; y ya había 
quien entonaba á su patria las exequias por tener que pres- 
tarle á precio más bajo en competencia con el extranjero, 
cuando el autorizado Muntanyans, mostrando cuan de agrade- 
cer era el beneficio y cuánto mejor empleo podrían hallar los 



(i) Componíase del venerable Muntanyans y de micer Mateo Sa-fortesa como 
juristast de los nobles Ramón de Sant Martí y Berenguer de Santacilia, del citado 
Balleeterde Manacor y Jaime Pons de Sóller. 



ISLAS BALEARES '^2J 

capitales del país, rectificó la opinión y arrastró tras sí los votos. 
Entre sus buenas cualidades el gobierno de Fernando no 
tenía la de barato, por las muchas hijas que colocó en matri- 
monio : cuatro mil florines costó á Mallorca en el año 1 500 el 
de María con Manuel de Portugal viudo de su hermana Isabel, 
y apenas había empezado á correr la recaudación en 1501, 
asignóse otra tal cantidad por el de Catalina con el príncipe de 
Inglaterra: hasta para una hija no legítima, Juana condesa de 
Haro, se pidieron mil libras de maridaje. El 1502 comenzó 
sombrío con procesiones de rogativas por agua, con cien mil 
cuarteras de déficit para la provisión del año, con la anterior 
cosecha abolida y errada la naciente: despacháronse á Anda- 
lucía un caballero y un mercader, Salvador Sureda y Antonio 
Moría, para el supremo negocio. Á los pobres de la ciudad y de 
fuera hacían terrible competencia los receptores de la Cruza- 
da, absorbiendo limosnas, aplicándose legados y componiendo 
usuras, no ya en el fuero de la conciencia sino en el terreno ju- 
dicial; y apenas parecen creíbles las quejas que contra sus fa- 
miliares y los de la Inquisición levantan de continuo los jurados, 
presentándoles como hombres pendencieros y de mala vida, 
cuyo sostén no honra por cierto semejantes instituciones. Por 
otra parte con sus confiscaciones el santo Oficio había sustituido 
á los conversos en sus créditos contra la universidad, y hacía 
valer sobre censos y bienes los derechos de sus desposeídos. 
En defender las prescripciones de sanidad y los morberos de los 
descomedimientos y rebeldías del barcelonés Jaime Riera, y re- 
chazar la libre plática que exigía la infecta metrópoli, usaron de 
singular energía los jurados, á pesar de sucumbir al cabo en la 
demanda: de un famoso corsario turco recelaban, de cierto Ca- 
mellí, que con veinte y cinco galeras nada menos y con ayuda de 
un pirata ibicenco rondaba estos mares, amenazando especial- 
mente á Pollensa, donde años pasados en un desembarco le 
habían muerto mucha gente; echábanse de menos corazas y ce- 
ladas, que se hicieron venir de Genova unas y otras^ y sobre 



328 ISLAS BALEARES 

todo la antigua pericia de los ballesteros ya no tan ejercitada en 
los juegos. Todos estos cuidados empero desaparecían ante el 
abasto de un vecindario hambriento, entre el cual había de 
repartirse casa por casa tachado por raciones el trigo mistu- 
rado, reservando el candeal no para pudientes sino para enfer- 
mos y ancianos, con frecuentes ocasiones de bendecir la provi* 
dencia en el mayor apuro ó de agradecer la invocación de algún 
santo (i). Sobre un fondo de carestía, por decirlo así, campean 
de continuo sucesos é intereses durante aquel año y muchos si* 
g'uientes; áñ grano tratan casi exclusivamente los acuerdos, de 
grano las comisiones, de grano la correspondencia oñcíal. 

Faltaba desde mediados de Agosto de 1502 mossén Juan 
Aymerich, suspendido del gobierno por el rey; mas no eran 
aquellos jurados del partido de los que tres años antes le im- 
pugnaban, sino al revés le defendían de los cargos de sus ene- 
migos, escribíanle confidencialmente cuanto pasaba en el conse- 
jo, se congratulaban con él del buen porte de su hermano mosén 
Jorge Miguel, que rigió más de tres años hasta su vuelta como 
lugarteniente suyo, prueba de que no habría incurrido en muy 
grave desgracia el propietario. Sus émulos no obstante se ha- 
bían procurado apoyo en el confesor del monarca, fray Diego 
Deza obispo de Patencia, tal vez por medio del de Mallorca 
Antonio de Rojas palentino, también ocupado en la corte; y 
favorecidos por la suerte con la juraría á principios del 1504, 
lograron viniera á encargarse del mando el regente micer Jeró- 
nimo des Coll y á averiguar excesos bastantes á juicio de ellos 
para que, al retirarse el investigador, no volviera el reino á re- 
caer en la pasada opresión y tiranía. Quejábanse de las enor- 
mes deudas con que en el ingreso de su oficio habían tropezado. 



(1) Refiere Mut que un día de Ramos de i $03 (cayó en g de Abril) en que se 
había acabado el pan, parecieron por levante seis navios cargados de trigo de Si- 
cilia; los documentos no se prestan á comprobarlo. En 2 2 5,000 cuarteras de trigo 
y 50,000 de cebada se computaba la provisión anual para la isla entera. 



ISLAS BALEARES 329 

y de que durante el último trienio hubiese aumentado en veinte 
mil libras el gravamen de la universidad. Por aquellos días vino 
orden de reponer en el grandioso convento de San Francisco á 
los observantes lanzando á su vez á los claustrales, y de que 
comparecieran ante el rey siete canónigos comprometidos en 
apoyo de éstos y contra Aymerich, á quien en el decurso de la 
causa habían hecho excomulgar en Roma; y pudo más el odio 
común ál gobernador que el temor de malquistarse con sus ma- 
jestades tan favorecedoras de los reformados, para que los 
jurados de 1505, salidos eventualmente de color análogo al de 
sus antecesores, presentaran disculpas por el cabildo, y eso que 
también se hallaban amagados de entredicho por parte de un 
canónigo, micer Arnaldo Santacilia, con quien disputaban una 
capellanía como patronos del hospital. Por otra parte había 
desaparecido de los pueblos toda sombra de orden, y de los 
campos toda seguridad; por bosques y por caminos no discurrían 
sino bandoleros con sus perros de presa; y por si no bastaban 
las contiendas de los payeses, allí acudían alguna vez á ventilar 
las suyas los caballeros (i). 

Un despierto forense, Ensebio Santandreu de Petra, osó 
poner en la llaga el dedo en la sesión inaugural de dicho año, 
presentando un memorial para que se gestionase con urgencia 
el regreso de Aymerich sin cuya autoridad no había sosiego 
posible. Al principiar la segunda lectura, saltó del asiento el 
jurado en jefe Miguel de Santjohan y desapareció con tres ó 
cuatro consejeros; gritóse que se cerraran las puertas, entraron 
á sosegar el escándalo el hermano y lugarteniente de mosén 
Juan y el regente Pedro Juan Sa*fortesa, doctor novel é inexper- 
to al decir de sus contrarios, volviendo á salir en seguida, y 



(i) Entre las riñas de aquellos años llama la atención la qué tuvieron en Muro 
á8 de Setiembre de 1503, por un lado Pedro Ramón de Sant Martí y Juan deSant 
Johan, y por otro Miguel y Ramón Puigdorfila y Luís Soldevila, relacionada acaso 
con las posteriores de la ciudad. 



330 ISLAS BALEARES 

hecho el recuento de los que permanecían, todos menos ocho, 
hubo que proceder á votación nominal, de la cual resultó, con 
más ó menos abstracción de la persona, que se necesitaba quien 
mandase. Pasóse por el trance de pedir al rey la venida del tan 
combatido gobernador, fundándose en la plena vindicación que 
había obtenido del proceso; mas no volvió tan pronto que no 
hiciera sentirse más su ausencia. Á la salida de la puerta de 
Santa Margarita echaba á la sazón fray Axarch agustino los 
cimientos de una humilde capilla del Socorro, á la cual la devo- 
ta novedad atraía los paseantes ; y una tarde de Junio ciertos 
mozos de más honor que honra, embistiendo á estocadas á un 
maduro caballero acompañado de su esposa y de otras damas, 
las obligaron á retraerse en el burdel, que se ofrecía allí á la 
izquierda entrando, bajo el amparo de aquellas desdichadas. En 
represalias, como de costumbre, los deudos de la familia ofen- 
dida dieron de palos á un pariente inofensivo de los agresores. 
Los bandos conservaban los antiguos nombres del Borne y de 
la Almudayna (i), y á pesar de habérseles impuesto lindes de 
arresto, se buscaban como nubes preñadas de electricidad. Hubo 
choque al anochecer del 26 de Junio hacia la cuesta de la Seo: 
salió del palacio sin armas el lugarteniente con su asesor Sa- 
fortesa, y todo lo que él y el veguer lograron fué salir heridos, 
como otros, de las piedras y tejas que desde las azoteas arro- 
jaban las mujeres. Al almotacén Pedro Juan Santacilia, que 
estaba en casa de su hermano al extremo de la cuesta, le entró 
por el ojo izquierdo el hierro de una lanza, y murió : entre los 



(i) Veo en cierta nota que al bando del Borne daba también nombre la fami- 
lia Sala, que parece fué la más mezclada en el hecho, pues figuran entre los mul- 
tados tres individuos de ella Mateo, Baltasar y Pedro Benito ; y sin embargo 
diriase que pertenecían al otro de la Almudayna, sabiendo que vivían en las dos 
manzanas situadas entre el Estudio general y el convento de Santo Domingo. 
Nómbrase además entre los complicados á mosén Gaspar Tomás doncel, jurado 
.en cap que había sido en i 504, quien tenía su casa en la calle de San Felío esqui- 
na al Borne, á Bartolomé Fuster, á Luís Anglada, al notario Martín Terrers, á Ma- 
tías Nadal, condenados á crecidas multas de 1 00 y 200 florines, que en i 5 i o les 
fueron devueltas de real orden. 



SLAS BALEARES 33I 



combatientes no hubo desgracias, tan armados iban. Aquella 
noche el asesor y el jurado Carlos Despuig recorrieron la ciu- 
dad para calmarla. Todo, con vivas instancias de que viniera, se 
comunicó de oficio á mosén Juan Aymerich, que no se apresura- 
ba, sea que se hiciese de rogar, sea que aguardase el real man- 
dato; y su llegada á fines de octubre, después de un verano el 
más angustioso de escasez en que todo el mundo se echaba ya 
á mendigar como si estuviesen en el corazón del invierno, pro- 
dujo ovación tan general que, si valen documentos, no hubo 
grande ó pequeño, amigo ó adversario, que no saliera á reci- 
birle. 

Bien quisiera trazar una historia más análoga á la era glo- 
riosa que recorremos, y que participara algo más nuestro insu- 
lar diminuto reino de las grandezas de la española monarquía; 
quisiera no haber de limitarme ,á decir que más de una vez en- 
traron en este puerto de paso para Italia los galeones expedi- 
cionarios; que holló este suelo la planta victoriosa del Gran 
Capitán en 1495 y en 1500, y que la segunda vez en la proce- 
sión del Corpus se tindió al Rey de reyes su ínclita espada (i); 
que se tembló aquí durante la empeñada lucha por Ñapóles de 
ver aparecer á cada momento una armada francesa, y que la 
menor alarma hacía trocar por municiones el dinero no bastante 
para pan; que para mostrar la lealtad con sus alegrías, ya que 
no podían con sus facultades, se festejaron espléndidamente los 
triunfos de Cerinola y del Careliano y lo que de ellos se espera- 
da. Por desgracia constan mejor esas desavenencias, necesida- 
des, conflictos, miserias que tejen el presente relato, que los 
armamentos, levas de gente, compañías y servicios individuales 
de que habla Mut tan á menudo, y que hartas veces eran cam- 



(i) Así dice una relación coetánea impresa en Valencia, que señalando las 
fechas del itinerario de Gonzalo de Córdoba marca dicho día por 7 de Junio; pero 
ca aquel año de 1 500 fué fiesta de Pentecostés y no de Corpus, que cayó en 18 
de Junio. 



332 ISLAS BALEARES 

pañas penales en expiación de delitos. Tan frecuentes como las 
victorias y las paces fueron los lutos á que hubo de asociarse 
Mallorca en aquel reinado de continuas sorpresas y mudanzas. 
En los mismos dfas en que se congratulaba con el soberano por 
su restablecimiento y por la mejoría de la reina, por cuya salud 
con tantas rogativas y procesiones había instado al cielo en 
aquel estío de 1504 (i), moría la católica Isabel, y á los dos 
meses cabales, en 25 de Enero siguiente, se le celebraron aquí 
las exequias en la misma forma que las de su malogrado hijo: 
en 26 de Octubre de 1506 fueron los de su yerno Felipe el 
HermosOy un mes antes ñnado en Burgos. Pero ya por el mes 
de Enero de este año se habían hecho tres días de luminarias á 
causa del inesperado casamiento convenido por el rey Fernando 
con su sobrina Germana de Foix y de la consiguiente paz con 
Francia; y muy recomendadas debieron venir las manifestacio- 
nes de regocijo, cuando de la satisfacción del monarca quiso 
tomarse pie en el consejo para graduar la importancia de las 
ñestas respecto de las que se había celebrado en 1492 por la 
toma de Granada, en que nada se había prevenido de real 
orden: el recto é independiente criterio de la asamblea com- 
prendió la diferencia que entre unas y otras debía hacerse, cre- 
yendo bastante tachar en trescientas libras el gasto que la otra 
vez ni en ochocientas. Maravillas habríanse improvisado, si en 
su viaje á Ñapóles se detuviera Fernando, según se anunciaba, 
en este apartado dominio; pero, desmentida la voz, acordósele 
espontáneamente un donativo de ocho mil libras, que llevó á 
Barcelona el jurado en jefe Pedro des Catlar para serle pre- 



(i) Además de las tres procesiones generales que se hicieron, una con el 
cuerpo de Sta. Práxedes, otra con la reliquia de la túnica de Cristo y la tercera 
con la de las tres sagradas espinas, rezábanse en misa mayor y en vísperas cier- 
tas oraciones, á las cuales, oído el toque de campana, se asociaban los fieles arro- 
dillándose por las calles y en sus casas. Celebráronse en las iglesias los siete go- 
zos de la Virgen, y al segundo día del devoto ejercicio ya se tuvo noticia de la 
convalescencia del rey. Esto era á fin de Agosto, y las plegarias por la reina con- 
tinuaban, no obstante las favorables nuevas, en 22 de Noviembre. 



ISLAS BALEARES 333 

sentado al embarcarse en 4 de Setiembre. Acompañaron al rey 
en su expedición, dice Mut, hasta veinte caballeros que mencio- 
na ; de espeeial mandato ó determinado servicio no consta indi- 
cación alguna. La noticia del arribo á Ñapóles se festejó en 10 
de Diciembre, y en Julio inmediato la del regreso á Valencia. 

Gobernaba Aymerich en difíciles circunstancias, y su primer 
acto á la vuelta había sido sustanciar el proceso de los Sala, el 
segundo recorrer la isla en diez y seis días, tanto para admi- 
nistrar justicia, como para averiguar la existencia de granos de 
que sufría tanta penuria la capital. Grandes esperanzas en su 
rectitud, en su energía, en su celo por la buena inversión délos 
caudales y alivio de la universidad, habían acabado por poner 
sus mismos contrarios, escarmentados por los efectos de su 
ausencia; y si acaso llegó á defraudarlas, no parece al menos 
que se reprodujeran en algún tiempo los pasados clamores. Ver- 
dad es que el sorteo de jurados para el año 1506 se los deparó 
al gobernador tan á su gusto, que tres de ellos eran los mismos 
casualmente que en 1502 habían regido con él en completo 
acuerdo; y ocurrió que, accediendo el rey á la petición de que 
en adelante se trasladara la extracción de los ofícios desde la 
fiesta de Santa Lucía á la de San Jorge, por la mayor utilidad 
que creían ver en empezar las jurarías por Mayo que por Ene- 
ro, fué prorrogado el cargo á los referidos hasta fin de Abril 
de 1507. La experiencia, mostrando en la mudanza más incon- 
venientes que ventajas, hizo volver las cosas al primer arreglo, 
continuando los elegidos de 1507 todo el 1508 por espacio de 
veinte meses, como por diez y seis lo habían hecho sus antece- 
sores. Otro tanto duró la esterilidad de las cosechas, pudiendo 
la de 1 507 llamarse nula, y para sustituirla totalmente, no para 
completarla en parte, hubo que acudir á Cataluña y Sicilia, y 
aun á Ñapóles y á Francia con recomendación de la reina Ger- 
mana. Urgentes hubieron de ser en tiempo de tanta estrechez 
las obras que se hicieron en la casa consistorial, bien diversas 
seguramente de las que hoy subsisten, aunque en el propio 



334 ISLAS BALEARES 

sitio del antiquísimo hospital de San Andrés, mejorando su rui- 
noso aspecto y adornando con pinturas alguna de 'sus techum- 
bres (i). Obtúvose del soberano la acuñación de moneda por 
largo tiempo abandonada en nuestra ceca^ que era ya un mon- 
tón de escombros, acudiendo á la de ducados de oro y cruzados 
de plata, y bajando la liga de la menuda destinada para limos- 
nas en la cuaresma. La creación de nuevos censos se limitó á 
veinte y cinco mil libras, por no legar sobrado gravamen á las 
generaciones venideras, equilibrándolo con el de las tallas sobre 
la coetánea. 

Siéntese en la vida social mallorquina de entonces y en sus 
agitaciones más ó menos latentes la ausencia de los prelados, la 
falta del benéfico calor pastoral que templara con suave influen- 
cia la acción harto dura del poder civil. En el siglo xv, todavía 
menos que en el anterior, residiendo apenas los obispos en la 
diócesis una tercera parte del tiempo, no tenían ocasión de des- 
plegar en los templos su esplendidez, en el clero su vigilancia, 
en las calamidades su largueza, en los trastornos su mediación 
pacificadora : solamente en conferir órdenes podía suplirles al- 
gún prelado titular de los que á la sazón abundaban, llamados 
^(^ ^r^/^ generalmente. Desde 1499 hallábase en la corte el 
ilustrísimo Antonio de Rojas, empleado de vez en cuando en 
algún negocio por sus feligreses, é instado á regresar; trasla- 
dado empero á Granada, no fueron más dichosos con su suce- 
sor Diego de Ribera, que envió en 1509 á tomar posesión 
I 'j de la sede, y sin presentarse pasó al cabo de tres años á la 

de Segovia. Sin morador y sin reparos el palacio episcopal, 

más bien mancha que ornamento de la ciudad, se caía desmoro 

' .^ '"11 

!l 

Tj!' (i) Quizá la del actual archivo general histórico, pintada con escudos de 

í. Ñuño Sánchez fundador del citado hospital. Hizo las obras de albañileria el maes- 

'j tro Bernardo Armengol, á quien se dio de regalo una subvención de cinco duca- 

dos de oro venecianos. Ya en 1407 se había tratado de ampliar el edificio primiti- 
tivo, adquiriendo la contigua casa de los nobles Buadella fer fer sala e casa de 
consell ealtres edificis, la misma acaso que más tarde fué de los Vivot; pero si 
llegó á realizarse la incorporación, las obras no debieron de ser de importancia. 



ISLASBALEARES 335 

nado; y no se concibe cómo tratándose en 1 5 1 1 de la venida 
del rey Católico, escribiese Ribera que en él se le preparara 
alojamiento. Por fortuna, aparte de las frecuentes competencias 
que suscitaba entre autoridades eclesiásticas y seglares el sos- 
tén del fuero respectivo , tenía el sentimiento religioso en las 
clases todas hondas raíces; y si por un lado frailes y monjas, 
nuevos y antiguos conventos, nunca solían acudir vanamente en 
sus obras y necesidades á la piedad de los jurados y del conse- 
jo, como vemos por aquellos años, mejoradas un tanto las co- 
sechas, de parte de mercenarios, agustinos, carmelitas, jeróni- 
mas, por otro se interesaban los gobernantes, tal vez con harta 
oficiosidad, en el buen orden y sosiego de las comunidades, en 
pro ó en contra de uno ú otro miembro, con recomendaciones ó 
denuncias á sus prelados del continente, atendiendo al fruto de 
las predicaciones, censurando así los escándalos de la relajación 
como la violencia de las reformas, y llevando con su discreción 
á tan buen término la fusión entre claustrales y observantes, 
después de las alternadas expulsiones y destierros que estreme- 
cieron en corto tiempo los muros de San Francisco, que en ade- 
lante no hubo sino franciscanos, y se remediaron con las exci- 
siones de la regla los quebrantos del edificio. 

Con gloriosos auspicios se inauguró el 15 10. £1 i.^ de Ene- 
ro hízose á la vela desde Ibiza la armada que iba sobre Bugía al 
mando de Pedro Navarro, y en 1 5 escribía ya el valiente conde 
á los jurados de Mallorca la toma de la ciudad sarracena, pi- 
diéndoles vituallas y trescientos hombres para trabajar en la 
fortificación, que le fueron mandados á la vuelta con harina, 
bizcochos y carnes por medio del ciudadano Bernardo de Juny, 
y hasta una campana para la nueva catedral (i), y hasta un 



(i) Era una de las dos que tenía el hospital de San Andrés y de consiguiente 
pequeña, entregada al ya titulado in partibus obispo de Bugía, D. Miguel Morro, 
mallorquín de Inca, ya de años atrás residente en Mallorca, á quien se la presta- 
ron los jurados, como el cabildo varios cálices y ornamentos. 



3^6 ISLAS BALEARES 

trinitario, fray Antonio Muñoz, en quien la conquista había des- 
pertado la vocación de imitar con algo menor riesgo la predica- 
ción de Raimundo Lull en aquella bárbara tierra. La invita- 
ción empero del conquistador á que fueran á poblarla los 
mallorquines en número de mil, no creyó prudente aceptarla el 
consejo por la gran mengua de vecindario sufrida con tantos 
azotes; y aun obligó el general abatimiento á renunciar á las 
danzas que en la plaza de Cort y á las justas que en el Borne 
se preparaban para la próxima pascua, limitándose á las senci 
lias luminarias con que en Julio anterior se había celebrado la 
presa de Oran y se celebró después en Setiembre la de Trípoli, 
debidas todas al mismo adalid. Estos triunfos de Navarro y la 
obediencia que le rendían Argel, Túnez y Tremecén, aniquila- 
ran en vez de fomentar el comercio de la isla, que antes por 
privilegio de los pontífices se ejercía directamente con los ber- 
beríes de la costa sin traba alguna ni derechos del ñsco, si no 
lo hubiese declarado franco el rey, como acababa de hacer en 
las cortes generales de Monzón con el de Cataluña. Más inme- 
diata y fatal consecuencia derivó de este hecho de armas para 
la ciudad; y fué, además de alguna nave cargada de soldadesca 
que con sus exacciones dilapidaba lo que prescribía reservar la 
escasez inminente, el contagio importado de África, cuando las 
circunstancias no permitían someter á cuarentena los buques 
atestados en el puerto, Emigró desde principios de Mayo la 
gente principal, y no quedaron dentro de los muros durante el 

i^ifl verano sino los proletarios, cuyas subvenciones en pan y dinero 

no costaban menos que el cuidado de los enfermos y sospecho- 
sos repartidos entre Portopí, hospital de Santa Catalina y viña 
de mosén Cotoner, junto con el salario de facultativos, capellán, 
guardas y enterradores. 

Tan válida corría por el mes de Febrero de 1 5 1 1 la fama 
de que, puesto en persona al frente de una decisiva expedición 
al África, visitaría de paso el augusto monarca su posesión des- 

.*^' conocida, que osaron preguntarle su intención los jurados; y 

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ISLAS BALEARES 337 

entretanto vacilaba el consejo entre el temor de una improvisa 
llegfada y el de cargar con inútiles y dispendiosos preparativos. 
Pareció mayor inconveniente el primero, con el deseo de dejar 
bien puestas á los ojos de la comitiva castellana la lealtad é hi- 
dalguía de los islefios, y llegaron á nombrarse mantenedores 
del torneo proyectado: hasta Junio no se desvaneció por com- 
pleto la esperanza, y la talla de seis mil libras destinada á cos- 
tear el solemne recibimiento se invirtió en las corrientes urgen- 
cias, una de ellas el coronaje de la reina Germana, acerca del 
cual había regateado largamente la universidad con el procura- 
dor real. Parte de lo recaudado se aplicó al hospital general y 
al de leprosos cuyo número crecía, á obras públicas principal- 
mente de fortificación, á la casa de artillería, á la reparación de 
las murallas, no sé si por ruinas nuevas ó por las ya denuncia- 
das desde muchos afios; y por si no bastaba para advertir á las 
autoridades de cuan desprevenida de armas y defensa se halla- 
ba la ciudad el atrevimiento de tres naves infieles que aquel 
verano piratearon impunemente en la bahía, no cesaba el rey 
de avisarles de la formidable flota de cuarenta galeras que ar- 
maba el gran Turco para recuperar á Túnez, y de las complica- 
ciones que pudieran traer en daño de la isla los renovados mo- 
vimientos de Italia. En ausencia del gobernador reunió su 
hermano en palacio á la nobleza, y en 3 de Marzo de 151 2 se 
presentó en el consejo exponiendo el peligro é indagando re- 
medios, cuando lo que faltaba eran recursos. 

Había recrudecido con saña el litigio del 1477 entre ciuda- 
danos y forenses sobre la rebaja por éstos solicitada en la ter- 
cera parte de la cuota total con que habían siempre contribuido, 
por haber bajado á menos de un tercio su riqueza ; á lo cual 
reponían los otros que en proporción igual á la de las cargas 
había de disminuírseles la representación, y pedían la supresión 
del sindicato forense como eterno promovedor de trastornos y 
rebeliones, proponiendo suplirlo con la creación de un jurado 
á nombre de las villas para mejor compañerismo con la seisena 



33^^ ISLAS BALEARES 



que resumía los diversos estamentos de la capital. Diputó la 
ciudad á la corte dos notables, micer Juanote Gual y Nicolás 
Quint menor, dispuestos al parecer, como recomendaba eficaz 
mente el soberano, á entrar en arreglo con los enviados paye- 
ses, nuestro ya conocido Santandreu (i) y Pablo Casasnovas de 
Inca: pero los jurados, nada equitativos por cierto, no reclama- 
ban sino cumplida victoria á todo trance, quejábanse del des- 
medido favor que siempre habían hallado sus adversarios en los 
jueces, y desconfiaban de Aymerich, de su amigo Calcena secre- 
tario del rey, y de este mismo, si á expresarlo se atrevieran, 
viéndole empeñado en que firmaran compromiso para dirimir 
tan obstinadas disidencias. Así tuvieron que hacerlo, y nombrar 
seis personas de varias clases para proceder á la estimación 
general de bienes, sobre que había de fundarse la avenencia, 
descargando mientras tanto su antigua animosidad contra el 
gobernador (2), á quien acusan, no sólo por parcial, sino por 
enfermo de la vista, como si llegara su dolencia á incapacitarle 
para regir. Los que en 1512 sucedieron, no mucho más afectos 
á Aymerich, sin embargo de entrar dándose el parabién de la 
pública tranquilidad, no menos que del favorable temporal de 
lluvias que se inauguraba, saludan con transporte la primera 
noticia de que trasladado aquel á baile general de Cataluña, 
viene á mandarles un aragonés, D. Miguel de Gurrea, de cuya 
sensatez y virtudes se cuentan grandes cosas, y dan gracias por 
tal nombramiento al rey y al canciller, y llueven felicitaciones 
sobre el nombrado, instándole á presentarse antes de partir su 
antecesor que deja ya vacante el palacio: piden al mismo tiem- 
po ser librados del regente micer Federico Gualbes catalán, y 
que le reemplace otro más adoctrinado y temeroso de Dios^ que 



(i) Véase atrás año i 5 os. 

(2) Volvía á ser jefe de la juraría en dicho año i s 1 1 el mismo Juan Miró que 
lo había sido en 1499, mostrándose acérrimo adversario de Aymerich; esta sin- 
gular acusación es del 26 de Junio. 



ISLAS BALEARES 339 

respete más las franquicias y codicie menos los salarios. Pasóse» 
medio año en esta situación violenta, ausente con frecuencia 
Aymerich y sustituido por su hermano, en lucha con los jurados 
á quienes formó proceso por no sé qué palabras, cediendo hu- 
millado el puesto, aunque á trueque de otro mejor, al cabo de 
veinte años de singulares vicisitudes, al vitoreado aragonés (i), 
de cuya llegada en 22 de Setiembre se pretendía datar, y dató 
con efecto, una nueva era, aunque bien distinta de la que se es- 
peraba. 

Cúpole á la isla aquel verano cabalmente un beneficio del 
cielo desde tiempo inmemorial no recordado , un sobrante de 
cosecha muy por cima del consumo ordinario; y aunque en los 
años consecutivos volvió el déficit, fué con leves diferencias, y 
no en la espantosa proporción que solía absorber en el acopio 
de trigos atenciones y caudales. Pudo así tratarse con más 
desahogo en 1 5 1 3 de plantear la nueva forma de contribuir 
entre la ciudad y los pueblos establecida por el real arbitra- 
miento de 9 de Febrero del anterior, sustituyendo á la propor- 
ción del dos y tercio lo que procediera del avalúo de inmuebles 
que se estaba practicando; pero no bastaron los más respeta- 
bles compromisarios para traer las partes á un arreglo sobre 
si había de fijarse en un cuarto ó en algo menos de un tercio lo 
que pagaran los forenses, deducidas las posesiones recién ad- 
quiridas por los ciudadanos. Transigióse el interminable pleito 
con una heredera é hija de la Pinos, encomendado desde largos 
años al celoso lulista Gaspar Calaf: al hospital se le dio nueva 
organización y ordenanzas en 12 de Diciembre de 15 14 (2). 



(i) Los aragoneses estaban excluidos de gobernar en Mallorca por un privile- 
gio de Pedro IV dado en i8 de Diciembre de i 344, del cual sacóse copia oculta- 
mente antes de la llegada de Gurrea como título de incapacitación, de lo cual se 
enojaron los jurados grandemente, no sabiendo ¿ quien atribuirlo: más tarde se 
apoyaron en dicha orden los agermanados para suspender al virrey. 

(2) Hablase en ellas ya de senyoras fent acapte per la ciutal per la vida deis 
'pobreSj de un baciner por cada una de las seis parroquias, de un presbítero insti- 
tuido por moséa Jaime Juan Sa-fortesa per üegir las pastas (pasión de Cristo 1 



^4Ü ISLAS uaLéaréS 

«Insistía el rey en proceder á una cabrevación completa de sus 
caballerías, feudos y alodios; y temerosa la universidad del 
rigor en la investigación y examen de títulos que se exigieran, 
cuidó de estipular en la corte por medio del distinguido canó- 
nigo Gregorio Genovard la forma de hacerlo al tenor de los 
capítulos que en Burgos se publicaron á 30 de Junio de 15 15, 
ofreciendo un regalo de mil quinientos ducados de oro para 
compensar al patrimonio real sus quebrantos. Apurada por las 
vejaciones marítimas de los corsarios, no sólo inñeles y turcos, 
sino también franceses, cuyos daños en breve período subieron 
á veinte mil libras, decidióse á fabricar una galera, en vista de 
la gran nave que, con honores de galera casi, se habían ani- 
mado á improvisar con sus humildes medios los pescadores, 
siendo por otra parte tan inferior el coste de ella cuanto supe- 
rior su utilidad é importancia á la de dos embarcaciones regu- 
lares. El soberano, que no cesaba de promover y recomendar 
tales armamentos, se proponía más, á saber, que en la some- 
tida tierra de Argel emprendiera Mallorca la erección y soste- 
nimiento de una fortaleza que resguardara los mares y acabara 
con la piratería: pero el caballero Nicolás de Quint, ejercitado 
en aquellas campañas y encargado de exponer el proyecto, 
hubo de confesar en pleno consejo, reunido contra su dictamen, 
que era ruinoso é impracticable para las extenuadas fuerzas del 
reino. -^ 

Sin embargo, en la hora del peligro no faltaron al llama- 
miento los mallorquines. £1 temible Aroudj Barbaroja, no tanto 
como después su hermano, ocupó por sorpresa en el verano 
de 1 5 1 5 uno de los dos castillos de Bugía y tenía el otro sitia- 
do, mientras se hacía desde aquí á la vela en 15 de Agosto 



quizá en cl sentido de preces piadosas) e recordar lAs cosas de /' anima ais malalls 
guaní stan al pas da la mort^ de una mujer nombrada mare deis tn/unts y otra 
mare de las oradas ó locas. En 7 del propio mes y año aprobó el rey en León la 
incorporación de los productos y rentas de todos los hospitales unidos. 



tSLASfi/LLEARES 34! 

una flota con gran número de caballeros y de hombres de todos 
estamentos hasta número de tres mil, equipados á expensas 
propias, con el virrey Gurrea al frente; cuya aparición de 
pronto dio aliento á los sitiados y suspendió las hostilidades 
del enemigo. Volvió éste al ataque con aumento de morisma, 
y prolongóse tres meses el cerco, habiendo logrado meterse 
dentro los auxiliares y desbaratar con sus salidas las trincheras 
de los turcos y enclavarles la artillería. Barbaroja abandonó su 
conquista, y regresaron, no todos, á la isla nuestros expedicio- 
narios, dejando asegurado por entonces con su esfuerzo y su 
sangre sobre la costa berberisca aquel glorioso mojón de Es- 
paña, punto de partida para dilatarse sobre el continente afri- 
cano. Su mantenimiento y el de Argel, donde en la isla frontera 
á la población se llevó á efecto aquella fortaleza de cuya reali- 
zación desconfiaba Quint y de la cual fué en seguida capitán, 
costó á Mallorca increíbles privaciones y sacrificios, como que 
para abastecer de víveres ambos puntos vivían á veces los 
naturales de lo que á bestias apenas cuadra: armas y municiones 
y recursos se les habían agotado, expuestos á la venganza del 
que viniera á buscarles en su casa propia, hasta el punto de 
que á los incesantes clamores y demandas de la guarnición de 
Argel, que sometida á estrecha incomunicación y diarias escara- 
muzas, pedía hombres, espingardas, aceite y aun agua, no podía 
ya atender la madre patria conforme á sus entrañables senti- 
mientos. Retiróse el alcaide Quint de aquella lucha, insostenible 
cual ya predijo, en Octubre de 1516 con gran tropa de judíos, 
que caída Argel en poder de Barbaroja, hubieron de refugiarse 
á dicha fuerza del Peñón donde no les permitía detenerse la es- 
trechez, y para darles aquí temporal asilo, salvándoles del pe- 
ligro en que su adhesión á España les había puesto, hubo que 
solicitar dispensa del decreto referente á la general y perpetua 
expulsión de su raza (i). 



(i) La representación de los jurados al Deán de Lovaina miccr Adriano se H- 



342 



ISLAS BALEARES 






Había fenecido sus gloriosos días Fernando el Católico^ 
coincidiendo su muerte en Enero de 1 5 1 6 con la vuelta triunfal 
de los salvadores de Bugía, cuyo regocijo turbaron sinceramente 
los pomposos funerales (i) tributados al postrer retoño varonil 
de una dinastía de origen castellano, pero al fin española. En 
tendióse Mallorca, no sin obstáculos y demoras por los nego- 
cios del orbe entero que ya en el centro de Castilla se acumu- 
laban, con el regente Cisneros, cuyo entusiasmo se procuraba 
lisonjear con los inmortales recuerdos de Lull, y más difícilmen- 
te todavía con el rey Carlos en Gante, adonde sin aguardar su 
indeterminada venida á España, envió para menor dispendio un 
mensajero portátil^ el notario Juan Crespí, tanto para rendirle 
vasallaje como para agenciar los intereses de la universidad. 
Parecía el preferente, según el empeño con que se agitaba, la 
querella iniciada ya desde 1 5 1 2 con el regente Federico Gual- 
bes, cuyo proceso había venido á instruir por comisión real 
micer Francisco Ros, recibiendo testimonios á centenares, y 
aunque suspendido á la muerte del rey Católico, pasó luego 
por no sé. qué razón de fuero al inquisidor íray Juan Navardú, 
quien con motivo del decidido íavor que se creyó prestaba al 
acusador, aparte de otras quejas, participó luego de la general 
animadversión. Porque no era un partido ni una clase, sino el 
país en masa, como se hizo constar más de una vez, el que 
seguía la causa contra el prevaricador magistrado , que no 
temía insultar con su presencia y la de su familia el odio de los 
mallorquines. En Madrid, en Gante, ante el supremo real con- 



% 

':ÍH 



mita á pedir plazo para los fugitivos ínterin resuelven á donde dirigirse, hallán- 
dose á la entrada del invierno, com m:ijorment^ añaden, sii^ruen /ora de la ciutat y 
apartáis de la comunicado de las genis. De estos sucesos referentes al socorro de 
Bugía y de Argel por los mallorquines trae larga mención Zurita, de quien tomó 
su relación Mut con extraña confusión, entendiendo de Mallorca y del castillo de 
Bellver cuanto dice aquel de la isla y fortaleza puestas en frente de Argel, de 
donde y no de Bellver fué capitán mosén Quint. 

(i) Celebrarónsele en 28 de Febrero y costaron 184 libras, 24 más que los 
de su hijo. 



S« '1 



ISLAS BALEARES 343 

sejo, debatiéronse personalmente estas contiendas entre el ani- 
moso Crespí y el detestado Gualbes, censurando aquél á éste 
la loca pretensión de volver á regir en discordia con todo un 
pueblo y sus autoridades, y recordando los mandos anteriores, 
con mala nota para los catalanes respecto de los valencianos y 
aragoneses, y con desfavorables referencias al de Aymérich (i). 
Había cobrado Gurrea fama de valiente en el socorro de Bugía, 
y cuan bien quisto era entonces por lo general hubo ocasión de 
conocerlo á principios de 1 5 1 7 , cuando en razón de los bandos 
que en Aragón traían sus vasallos con los de Urries barón de 
Ayerbe por cuestiones de aguas, cuyos resultados eran muy de 
temer para la quietud de aquel reino en ausencia del soberano, 
vínole orden reservada de mandarlos inmediatamente sosegar, 
ó de presentarse desde luego en la corte, despojado del go- 
bierno de Mallorca, á responder de su conducta. Obedeció leal 
y prontamente el magnate aragonés, haciendo cesar los feudales 
disturbios en sus estados; pero el joven procurador real Juan 
Burgués, que tenía la comisión ejecutiva, trocando ligeramente 
en disposiciones absolutas las que no eran sino condicionales, 
había hecho venir de Menorca al gobernador de ella Federico 
de Sant Climent, para encargarse del mando que no venía el 
caso de abandonar Gurrea; y pudo nacer un grave conflicto del 
inoportuno misterio, que se rasgó en plena sesión del 5 de 



(i) En carta fechada de Gante á 8 de Junio de i <> i 7, refiere algo de este nota- 
ble coloquio el referido notario: que james, dijo este, lo reone de Malorque havia 
Processat sí?to d eyl; bé es ver son stats frocessats dos altres catalans qui han pre- 
sidit en lo regne e desirohit aquella e que puys no convenen ab nosaltres no^ls volem 
en nosira com-panyia^ e que araí^onesos^ valencians ni altra nació no *s troba sian 
Mats processais.., E augmeniantli la oradura, dix que los catalans nos havian con- 
quistáis e que los qui havian governat nos havian castigáis. Jo resfongui que deya 
veritat, que havian destrohit lo regne eyl y don Johan Aymérich, pero que los con- 
quistadors del regne som stats nosaltres mateixos qui romanguerem en aquell. 
Conviene sin embargo observar que no era constante esta antipatía de los isleños 
á los naturales del principado, y que las relaciones que entre unos y otros 
existían de origen y parentesco se estrechaban ó' se ponían de punta según la 
utilidad ó la disposición del momento. Hasta 15 18 no logró Mallorca sacudirse 
de encima á Gualbes. 



^44 



ISLAS BALEARES 



Marzo con la lectura de los pliegos y con gran, alabanza del 
virrey (i), á quien se prodigaron toda suerte de homenajes. 

Nada presagiaba, por más prevención con que se observe, 
la próxima tempestad. No eran tan rigurosas, ya lo hemos 
visto, las carestías; la población iba en aumento por la gracia 
de Dios; crecía en el puerto el movimiento de embarcaciones 
nacionales y extranjeras, y para reemplazar á la capitana de la 
armada real, maltratada junto á Alicante en refriega con los 
turcos, fué tomada en préstamo lá nueva galera mallorquína. 
El orden parecía asegurado, no obstante alguna inquietud en 
los esclavos moros que á favor de tanta expedición á Berbería 
hallaban más facilidad de escaparse en lanchas, para cuya re- 
presión se acordó aplicar más á menudo los suplicios á los ca- 
becillas de los prófugos, indemnizando á sus dueños á escote 
de los restantes; las ejecuciones capitales por rifias y homi- 
cidios disminuían, y en las calles de la ciudad no aparece por 
entonces más alboroto que alguno por parte de los que se 
acogían al flamante fuero de la Inquisición, ni fuera de los 
muros otro atentado enorme sino el horrible asesinato en Sóller 
de Andrés Camos, teniente de baile, por los hijos de Bartolomé 
Arbona y sus adictos, cuya extradición se reclamó á Me- 
norca (2). Tendía á mejorarse la administración con impedir la 
salida anual de veinte mil libras de pensiones que á Barcelona 
se pagaban por censos, transfiriéndolos á compradores del país: 
verdad es que más que al desahogo de la universidad se atendía 
al boato de la casa, acabada de recomponer como vimos, tra- 



(i) Así, de cada vez con más frecuencia desde mediados del siglo anterior, 
solían llamarse también los gobernadores, empezando por Francisco de Erill. 
Kntre los testimonios tributados con este motivo á Gurrea, es de notar el suscrito 
por los jefes de los gremios, que autoriza como mayordomo del de pelaires, sin 
firmarlo por no saber, el famoso Juan Crespí caudillo de la germanía, extendién- 
dose en encomios del funcionario á quien luego depuso. 

(2) En carta de 38 de Enero de i «> i 7 al gobernador de Menorca califican los 
jurados este caso de crimen de lesa majestad, pidiéndole que remita al preso Sa 
Ganáis, pues si no son castigados condignamente los malhechores, no habrá se- 
guridad para el más preeminente funcionario. 



m 



ISLAS BALEARES 34$ 

íándose de colgar nada menos que de tapicería de Flandes, 
que representara la gloriosa conquista del rey Jaime, la sala 
baja de sesiones (i). Y si al soplo del renacimiento se desple- 
gaba el lujo, con las guerras europeas y de conquista se exten- 
dían los humos belicosos, y singularmente en Mallorca con las 
empresas de los últimos afios y con el acopio incesante de ar- 
mas recomendado por el rey Católico. En las revistas generales 
de 1 5 15 que precedieron al embarque para Bugía, organizá- 
ronse por estamentos los habitantes de la ciudad : en falange 
de 400 individuos, con título común de hombres de honor ^ caba- 
lleros y ciudadanos con 1 50 caballos ; en cincuentenas y dece- 
nas los notarios, los mercaderes, los gremios todos por sepa- 
rado cada uno, y los labradores del término por parroquias, 
sumando todos cerca de 2,400 hombres. Los alistados de las 
villas pasaron de 6,500 y los caballos de 250 (2), y entre esta 
fuerza total de cerca de 10,000 isleños, distribuyéronse espadas 
y lanzas y ballestas á millares, y corazas, rodelas y paveses en 
no menor número. Mallorca era un vasto campamento: coin- 
cidía con esta situación el plan que respecto de Castilla alimen- 
^ba Cisneros sobre organización de permanentes milicias ciuda- 
danas ; é ignorante acaso de la de este remoto dominio el pre- 
visor regente, y de todas maneras bien ajeno del resultado, 
preparábase en ambos países la desastrosa germanía. 



(i) Propúsose en 9 de Enero de 15183! general consejo que remitió el asunto 
á los jurados. No hay memoria de que llegaran á adquirirse ni aun á encargarse 
dichos tapices. 

(2) En las de la montaña no fíguran caballos, y aun entre las del llano no es 
igual la proporción, pues mientras no presenta Inca sino 6 y Felanig ninguno, 
cuenta Manacor 40 y Lluchmayor 5 i . 




CAPÍTULO VI 

La germanía en Mallorca 
1521 á 1523 



/^N Barcelona por Abril de 15 19 rindió Mallorca solemne- 
^^ mente su primer homenaje á Carlos I por medio de dos de 
sus jurados, Pedro des Catlar y Juanote Berard, y de un síndico 
forense, encargados además de negociar los asuntos del reino, 
que nada ofrecían de extraordinario. Recelos de escuadras tur- 
cas abultados por el miedo; quejas de daños peores que los de 
los infieles que trataba de prevenir algún buque castellano de la 
real armada ; rencillas con el nuevo regente micer Jaime Roca, 
catalán al parecer como Gualbes, que envidiando al fiscal Sa for- 
tesa la lugartenencia que el virrey al marcharse le había confia- 
do, trataba ya de crearse un partido : tales eran los temas pre- 
ferentes de la correspondencia entre los cuatro jurados que en 
el gobierno quedaban y los dos de comisión en la corte. Acordes 
andaban en esquivar que viniera flota en defensa de la isla, cual- 
quiera que fuese el poder otomano que la amenazara, sintiendo- 



34^ ISLAS BALEARES 

se con fuerzas para rechazar hasta cincuenta naves infieles; que 
no eran defensores, decían, lo que á Mallorca faltaba, sino pól- 
vora y espingardas, de que se envió una considerable remesa. 
Hacíase punto de honra, no menos que cuestión de orden, el no 
traer de fuera una soldadesca indisciplinada que consumiese la 
sustancia del país ; y á micer Juanote Gual, que como jefe de la 
oposición y tal vez de los secuaces del regente Roca, gestiona- 
ba para que acudieran refuerzos con cuatro capitanes, se le acu- 
saba de rebajar el buen nombre de la patria. Únicamente para 
Andraig, abierta á las piraterías de los moros y saqueada aque- 
llos días, se pedía fuese amurallada ó fortalecida. 

A la embajada de los dos jurados, que regresaron á fin de 
verano, reemplazó la del canónigo Genovard, que á la procu- 
ración especial de la causa de la Pinos añadió la de otras más 
políticas, y por su medio fué ofrecido al joven rey, recién elegido 
en Alemania emperador, el donativo de cinco mil ducados ú ocho 
mil libras, otorgado por el general consejo en cambio de ciertas 
•mercedes determinables por los jurados. La primera en que se 
fijaron éstos fiíé la remoción del inepto Roca y su reemplazo 
en adelante por mallorquines; hasta tal punto traía cansado al 
país la petulancia de los regentes forasteros, no menos que de 
inquisidores extraños, sobre todo frailes, los abusos, los excesos 
y (si no exagera la pasión) los nefandos delitos en toda línea de 
fray Navardú, cuyo remedio no se esperaba de la comisión dada 
por el cardenal Adriano inquisidor general al prior de la Cartu- 
ja, harto amigo si no cómplice del acusado, para averiguar y 
castigar sus prevaricaciones. Si no era pues inculpable en sus 
funcionarios el Santo Oficio, no se dirá tampoco que el terror 
pusiese al abrigo de la general censura y de reclamaciones tre- 
mendas su invasora jurisdicción, sus irregulares procedimientos 
y los perturbadores privilegios de sus familiares. Y lo mismo 
sucedía con los ministros y recaudadores de la cruzada, los cua- 
les, si hubiéramos de atender á las quejas oficiales de cuarenta 
Vv años seguidos, no eran sino bandadas de buitres que venían á 



i 



1 J.-l'í. 



ISLAS BALEARES 349 

cebarse en el pueblo y más en la indefensa payesía, gentes sin 
superior y sin temor á Dios ni al rey, que c hasta se atreven, 
decían los jurados, á ponernos entredicho.» Recibieron de sus 
antecesores en legado los del 1 5 20 estas tenaces instancias, para 
cuya prosecución nombró el general consejo un síndico expresa- 
mente, el notario Pedro Mas, que corrió persiguiendo al cesar 
con sus clamores contra el infamado Navardú hasta la costa de 
Galicia. Con tan violenta lucha y desapiadada fiscalización de 
autoridades no podía menos de sufrir el prestigio de ellas en ge- 
neral, como hoy con el desbordamiento de la prensa, y no se 
hicieron esperar los resultados. Gurrea, ausente hacía más de un 
afio, triunfaba de sus personales enemigos micer Gual y micer 
Álber por sentencia dada en Valladolid (i); y para regresar á 
su gobierno, como se lo pedían sus adictos que parece formaban 
á la sazón la mayoría del país, sólo aguardaba el embarque del 
soberano. Aguardábanlo también para estallar en Castilla los 
alzamientos burgueses de Valladolid, de Toledo y de Salaman- 
ca, en Valencia los tumultos populares de los gremios, y hasta 
en Barcelona el antifeudal descontento de los payeses (2): y 
Mallorca, no exenta de alarmas é inquietudes con estas noticias 
de que la tenían al corriente sus enviados, y defendiéndose con 
un riguroso cordón sanitario de la peste circunvecina, gozaba 



(i) De qué naturaleza fuese el aludido proceso y en qué concepto tomara par- 
te en él micer Gual, no se averigua. En 19 de Febrero de 1 520 desmienten los 
jurados las pretensiones que se arrogaba Gual de representar ante la corte no sé 
qué brazos ó colegios, diciendo que no hay más conducto legítimo de la opinión 
pública ni más representantes del reino que los jurados, y que ellos deponen del 
merecido crédito y general aceptación de que goza en la isla Gurrea. Conservábala 
éste igualmente en la corte, según las voces que corrieron de que sería nombrado 
virrey de Cataluña, como pensó hacerlo ya el rey Católico. 

(2) Son poco conocidos los alborotos que empezaron en Barcelona el 8 de 
Mayo de 1520 con la entrada de doscientos hombres de Cambrils que clamaban 
justicia contra el duque de Cardona, á los cuales se unió el pueblo con atabales y 
banderas al grito de viva el rey y muera el mal consejo^ nombrando dos cap de 
^uayíosde cada oficio, tomándose participación en los consejos y exigiendo cuen- 
tas aciertos clavarios de responsabilidad. Con la prisión de algunos hombres, si 
ya no fué más bien con el'incremento que tomó la peste y la consiguiente emigra- 
ción de vecindario, bajó á los pocos días la efervescencia. 



,1 

m 
'I 



350 ISLAS BALEARES 

aún de relativo sosiego, y atenta la ciudad á pacíficas mejoras, 
convertía en p/aza nueva el antiguo osario de Santa Eulalia, 
reglamentando los puestos de su más céntrico mercado. 

Pero no daban tregua los apuros. Aún no se había cobrado 
la mitad del donativo de los cinco mil ducados, y ya se reclama- 
ban desde Bruselas la coronación de la reina madre D.^ Juana y 
los maridajes de las hermanas del emperador, reinas de Portu- 
gal, de Dinamarca y de Hungría, es decir, un florín de oro por 
hogar en razón de la primera, y otro de pronto por el casamien- 
to de la mayor, cuotas que tasaba cada vez á su voluntad el 
soberano. Esperaron substraerse al nuevo gravamen los isleños, 
alegando antiguos y recientes servicios y extremas necesidades 
hijas de peculiares azotes y riesgos; pero mayores parecían al 
gobierno imperial las que le creaban sus vastas atenciones, y no 
hubo gracia. Empezaba el año 1 5 2 1 , y con las cargas económi- 
cas no parecían por fortuna complicarse las pasiones políticas: 
tanta aversión á la mudanza de régimen dominaba, que la con- 
cedida por el rey en la elección de jurados, estableciéndola en la 
misma forma que la de los depositarios de la tabla, la había re- 
chazado el general consejo ; pedíase únicamente facultad para un 
reconocimiento radical de las urnas, que no había sufrido en mu- 
chos años sino individuales habilitaciones, á fín de que fuese cada 
uno insaculado en el oficio más congruo á su edad y á la índole 
de su persona. En los jurados que regían juntos ó se sucedían, 
apenas se advierten disidencias; y los entrantes, acordes con los 
pasados en su adhesión á Gurrea, se congratulaban en 9 de Ene- 
ro por la reciente vuelta del virrey, t que ahuyenta á los malhe- 
chores y administra recta justicia sin acepción de personas (i): > 



( I ) «De modo que avuy^ añade la carta, stam ab gran repos y tranquüitai, y Jos 
:^í^ siat plaseni á Deu que mes prest hagués iornat, per los mals^ essent ell absenta se 

^t¡|j son perpeirais.i» Los jurados de dicho año, en que la revolución no introdujo ni 

M causó mudanza, fueron Juanote de Puigdorfíla doncel, Guillermo des Mas y Jaime 

.■jl;; Marti ciudadanos, Miguel Sunyery Jorge Arquer mercaderes y Rafael Arnau man- 

í;*¿5i tero. 



ISLAS BALEARES 



351 



tan inseguro es el barómetro de la opinión y tan falibles sus 
indicaciones! 

Ya entonces, y un mes atrás desde primeros de Diciembre, 
si no exigimos á la tradición documentos, tenían reuniones secre- 
tas varios menestrales en una casa junto á San Nicolás (i): que 
estaban en comunicación con los de Valencia, los cuales llevaban 
más de un año ya de alzamiento y de propaganda, es más que 
probable según eran de sabidos aquí los hechos y de parecidos 
los agravios. Las causas de malestar y descontento no habían 
aumentado para los nuestros gran cosa: mayor representación 
en jurarías, en el general consejo, en embajadas, en la gestión 
de negocios políticos y económicos, no podía apetecerla el brazo 
artesano desde los primeros tiempos de la reconquista, ni se la 
adjudicó en el desvanecimiento de su triunfo; y en cuanto á las 
cargas públicas, cuyo progreso es naturalmente tan indefectible 
como cualquier otro, mayores calamidades y penurias y gabelas 
habían pesado en otras ocasiones sobre las clases populares, que 
sobrellevaban mejor las tallas á la sazón corrientes, con prefe- 
rencia á los derechos; y á la enorme masa de éstos conocida con 
el nombre de consignación, acostumbrados pudieran hallarse en 
más de un siglo, por poco que la hubiesen sentido aligerarse 
mediante la quitación de censos, á que debía aplicarse según ley, 
pagadas las pensiones anuales, el remanente producto de los 
impuestos. Se acababa empero de mandar que antes que á la 
quitación se atendiera á las anualidades atrasadas, á los intere- 
ses antes que á la extinción del capital, lo cual unido á adminis- 
traciones é insolvencias murmurables, como las ha habido y las 
habrá siempre, prestaría campo á declamaciones, á arbitrios, á 
resistencias, que así podían espontáneamente brotar en taller ó 
tienda, como remontar de los labios del plebeyo orador al con- 



(i) La de Crespí si se habla de la actual parroquia de San Nicolás, la de Colom 
si la referencia es al oratorio de San Nicolás el viejo demolido en 1833. Inclinóme 
á lo primero. 



352 ISLAS BALEARES 

sejo del sagaz notario ó á la inspiración del ambicioso juriscon- 
^ I sulto. Ejemplo y ánimos y facilidad de medios, más que incre- 

mento intrínseco de mal, produjeron en Mallorca el estallido: de 
\l algún díscolo leguleyo nació el lema /us est in armis, y efectiva- 

, I mente, hasta que al derecho se le vinieron las armas á las manos, 

n no se consideró tal. 

Informado exactamente del plan estaba Gurrea, y no se equi- 
j| vocó respecto de los caudillos, aunque no aparentasen importan- 

cia de tales, al mandar prender en 6 de Febrero al pelaire Juan 
Crespí, al zapatero Pedro Bagur, al espadero Guillermo Vich, á 
Pascual Rosselló bonetero, á Juanote y Francisco Colom herma- 
nos y boneteros también (i), y á Rafael Ripoll sombrerero; lo 
que equivocó fué el remedio de prenderlos, aunque en Barcelona 
había aprovechado. Sea que estuviese preparado ya el movi- 
miento, sea que lo precipitara la indignación, á las once de la ma- 
ñana del 7, día de holganza como jueves de Carnaval, publicán- 
dose un bando en la plaza de Cort, á un grito de viva el rey y 
al levantarse de una espada (2) afluyó gente armada de todas 
partes, y por presto que acudieron el virrey y los jurados desde 
el Borne, encontraron allá un bosque de lanzas y un mar de ca- 
bezas. La libertad de los siete presos, que se suponía amenaza- 
dos en sus vidas, era el clamor unísono de la muchedumbre 






■ 3 



(i) Al afirmar en la memoria que sobre Juanol Colom publiqué en 1871 que 
no constaba fuese uno de los siete presos, no había visto los apuntes de un cabreo 
viejo de Santo Domingo hechos por un coetáneo fray Llambías, en los cuales figu- 
ran entre aquéllos los dos Colom hermanos. De los antecedentes de ambos no 
encuentro sino uno muy curioso, y es que allá por el carnaval de i 5 i 3 se ensar- 
zaron en cierto baile con un joven doncel resultando heridas, y en prueba de que 
no fué intencionada la riña declara un tío del agraviado, el noble Gaspar Thomás, 
que sin duda no conocieron á su sobrino, pues á saber quién era, le habrían res- 
petado. Es un rasgo muy expresivo del carácter que se les atribuía, acorde con el 
común de las gentes de su clase, tan diverso del que revelaron bien pronto las 
obras. De Crespí se ha visto también cuan adicto á Gurrea se mostraba en 1517- 

(2) Del proceso de informaciones resulta que fué un Pedro Rosselló hermano 
del preso Pascual y de su mismo oficio el que dio esta seña, aunque le disputa la 
gloria el sastre Miguel Seguí que levantó espada y bandera ó con una pica punzó 
al virrey por la espalda. 



ISLAS BALEARES 



353 



dominando el toque de rebato, y embraveció á medida de la 
resistencia del lugarteniente real, que al cabo hubo de ceder á 
instancia de los jurados conocedores de la gravedad del peligró. 
Los mismos desmandados se encargaron de cumplir la orden, 
rompiendo las cadenas de sus jefes y de algún otro delincuente 
ordinario. Entraron luego, rotas las puertas, en el consistorio, 
llevándose escopetas, picas y paveses, con las cuales, tambor 
batiente y banderas desplegadas, pasearon todo el día por la 
ciudad: á los libros de cuentas ó del clavario pusieron guardas 
de vista, recelosos de que fueran sustraídos, y al día siguiente, 
estando en deliberación los jurados, volvieron en espantoso tro- 
pel clamando quien debe que pague; pero nada por entonces se 
averiguó que justificara sus sospechas. Convertida aquella tarde 
la sedición en legal demanda, sin cuidar de disfrazarla mucho, 
medíante el forzado perdón y aun consentimiento del virrey en 
una sala de su palacio, púsose Juan Crespí con el modesto nom- 
bre de instador al frente de los electos del pueblo, uno por cada 
ofício (i), á los cuales se mandaron franquear los documentos 
de la consignación y se autorizó para nombrar procurador y 
abogado (2). Cada día tuvo sin embargo su alboroto, el 9, el 10, 
el 1 3 miércoles de Ceniza, éste para arrancar al gobernador el 



(i) Algunos trae el referido cabreo : Antonio Coll por los pelaires, Juan Quin- 
tana por los curtidores, Lucas Enrich por los sastres, Pedro Puig por los calcete- 
ros, Pedro Bagur por los zapateros, Lorenzo Massaguer por los tejedores de lana, 
Rafael Ripoll por los sombrereros, Juanote Colom por los boneteros, Juan Entena 
por los albañiles, Guillermo Vich por los espaderos, Juan Carbonell por los albar- 
deros, Juan Oliver por los boticarios, Juan Danús por los tenderos, el maestro 
Pedro Martí por los cirujanos. No deben confundirse los electos con los trece con- 
servadores, de los cuales pasaron luego algunos á formar parte. 

{2) Tras del nombramiento de los electos hecho al tercer día en el convento 
de San Francisco, que tomaron por cuartel general los amotinados, pone dicho 
noticiario que por abogado escogieron á micer Juanote Gual y por procurador al 
notario Jaime Romaguera, confirmándolos el virrey; no obstante, aparece un man- 
dato de éste con fecha de i 5 de Febrero encargando la defensa de ellos al respe- 
table micer Bartolomé de Veri y á micer Francisco Miliá y otro al notario Pedro 
Prats para que estipule las actas y deliberaciones del instador y electos, y hasta 
el 18 no constan los respectivos nombramientos de Gual y Romaguera, por haber 
declinado sin duda semejante encargo los anteriores. 
45 



'.\ 



354 ISLAS BALEARES 

proceso formado á los siete, aunque al ofrecimiento de revocarlo 

respondían arrogantemente que estaba por demás la gracia 

donde no había delito. Digna al par que prudente fué aquellos 

i días y durante el año de su arduo cometido la conducta de los 

r jurados, evitando así la complicidad como las violencias de los 

revoltosos, aunque con éstos simpatizase naturalmente el del 

\ brazo menestral; y al comunicar al emperador los primeros su- 

I cesos con fecha del 14, elogian por su parte la diligencia y 

\ esfuerzo de Gurrea, « y más haría, añaden aludiendo al regente 

Roca, si tuviera mejor consejero» (i). 

Bajo pena de muerte se había prohibido á los patrones ha- 
cerse á la vela sin licencia del nuevo poder, y sin embargo llevó 
á Barcelona oculto aviso de cuanto pasaba con pliegos para la 
corte imperial el guarda de mar Jorge Botí, mientras para Va- 
lencia salían ostentosamente el 1 5 Juanote Colom y Rafael Ri* 
poli, con ociosa comitiva para tomar instrucciones de Sorolla y 
ponerse acordes con aquellos insurrectos acerca de la marcha de 
la revolución. Fácil es concebir con qué transporte sería allí aco- 
gido el inesperado refuerzo, y como no se escasearían consejos 
y exhortaciones. La vuelta de los comisionados no se retardó 
por lo mucho que urgía arreglar al modelo de la matriz la na- 
ciente sucursal ; y aunque no se sabe precisamente el día, debió 
ser hacia mediados de Marzo. Todos los expedicionarios sacaron 
de su viaje el partido adecuado á sus intereses ó tendencias: 
quien trajo alabardas y tambores; quien (sastrecillo había de 
ser) jubones de brocado falso y calzas entreteladas de lo mismo 
á fin de propagar á la vez, mediante el figurín, su parroquia y 
sus ideas; quien gérmenes de trastorno, meneando la cabeza y 
apostrofando así la bandera real ondulante en el castillo de 
Bellver: «¿siempre habéis de estaros ahí, la bandera? voto á tal, 
que no estaréis mucho tiempo!»; y algún otro explanando más 
el sentido: «á ver qué sabréis hacer, que los de Valencia han 



( I ) Véase en los apéndices la expresada comunicación. 



ISLAS BAl-EARES 355 



degollado en el castillo de Murviedro más de veinte caballeros 
y se han repartido sus haberes! á ver, á ver vosotros!» YColom, 
que á la cuenta durante su breve misión había observado y 
aprendido mucho y medido sus fuerzas, trajo de allá la impor- 
tancia y el arrojo que le constituyó muy en breve dictador de la 
germanía de Mallorca. 

Por entonces nadie soñaba en disputar á Crespí la jefatura. 
Una circular expedida á nombre suyo, no con su firma, pues ya 
^e dicho no sabía escribir, conhiovió los municipios todos de la 
*sla, surgiendo del voto popular en cada villa, á desgrado del 
virrey, un instador y unos electos, con los cuales, lo mismo que 
^^ la ciudad, estaban casi de sobra el baile y los jurados. Em- 
pezaron las mutuas visitas y ofrecimientos; y de cada pueblo, 
tomando Binisalem la delantera, fueron llegando comisiones, ó 
^ás bien grupos armados á pie y á caballo, con más ó menos 
orden y arreo, y recibíanlos á las puertas de la ciudad los me- 
"cstra,les con el instador en persona, y acompañábanlos al con- 
vento de franciscanos donde recibían hospedaje y mesa, aunque 
"^ viniesen con las manos vacías. El gusto tomado por los ciu- 
^^d^nos á las armas y sobre todo á las banderas, que cada 
gr^rnio se dio á hacer de damasco ó tafetán de colores vivísimos 
^^^ clibujos y figuras de oro y plata, se pegó á los payeses que 
^^ vieron el momento de mezclarse con ellos en formaciones y 
^^vistas, desfilando y caracoleando por calles y plazas ; menos 
^^1 si no se llevaran á sus pueblos más que estas belicosas ins- 
trucciones. Harto más importaban las que principalmente habían 
sido llamados á recibir para acabar de una vez con el desorden 
stdministrativo, contra el cual desde casi dos siglos hacían causa 
común con los artesanos y venían clamando sin reposo los sín- 
dicos forenses. Crespí, aconsejado por otros, había puesto el 
dedo en la. llaga de la consignación: llovían súplicas y protestas 
sobre los jurados, á cuyo abogado Juan Andreu, escamado por 
los malos tratamientos del segundo motín, no había forma de 
hacer volver á su puesto, al paso que dirigía hábilmente micer 



356 ISLAS BALEARES 



Gual á los sublevados, á quienes se lo había dado por defensor 
SU enemigo personal Gurrea, no sabemos si á pesar suyo, ó con 
la mira de que su noble alcurnia conjurara los excesos demagó- 
gicos, y hasta hubiera podido una maquiavélica venganza inspi- 
rarle el tal nombramiento, si alcanzara á prever los compromi- 
sos de semejante clientela. Proclamóse el advenimiento de la 
justicia; echáronse á volar con más ó menos exageración los es- 
cándalos de las administraciones pasadas; y se creó en el bajo 
pueblo un encono contra ciertas clases ó familias, capaz de 
arrastrarle á los mayores atentados. Sacrilego, aunque todavía 
incruento, fué el que ocurrió domingo 10 de Marzo con el cadá- 
ver de Agustín Serralta, fallecido el año anterior, siendo jurado 
por el brazo de ciudadanos; y no sé qué causa de odio se ex- 
plotó ó qué calumnia se levantó á su memoria para ir en tropel 
á desenterrarle de la sepultura donde yacía en el templo de 
Santo Domingo, y llevarlo con gran algazara de muchachos á 
quemar en el antiguo cementerio de judíos fuera de la puerta de 
Santa Fe, presidiendo á la horrible profanación un cruciñjo que 
tomaron de la iglesia de monjas Jerónimas, y al cual clamaban 
misericordia y pedían la ansiada lluvia con tan absurdo des- 
agravio. 

Era insostenible la actitud que había tomado Gurrea encas- 
tillado en su palacio, enérgico en mandar, sin fuerzas para ha- 
cerse obedecer. Expedía órdenes á los bailes de las villas de no 
dar lugar al nombramiento y reunión de los delegados para el 
congreso en que había de tratarse de la reforma del reino, y 
cada día entraban electos de todas partes: de aquí incesantes 
conflictos, y bien pronto resultara la guerra civil. Cundía voz de 
que á nombre del rey reclutaba gente por la isla algún caballero, 
y se cerraron las puertas menos dos, y dobláronse los guardas; 
divulgóse la comisión secreta de Botí, y por este delito más que 
por recelo del contagio, al regresar de Barcelona, se le incendió 
el buque en Portopí y se echó sobre él la furiosa muchedumbre, 
teniendo que acudir á ampararle el virrey en persona y tomarlo 



ISLAS BALEARES 357 

á su servicio. Todo eran amonestaciones á que se retirara antes 
de ser echado, como llegó el caso el 1 6 de Marzo por la mañana, 
en que invadieron el consistorio más de cuatrocientos hombres 
capitaneados por el zapatero Bagur, cuyo intérprete se consti- 
tuyó el procurador del pueblo Romaguera, reclamando de los 
jurados la suspensión del virrey, y sin dejarles más tiempo que 
el de la comida para deliberar sobre tan grave exigencia, vol- 
vieron con mayor tumulto por la tarde. Envueltos aquellos en 
la desbordada corriente, llegaron con dificultad al real castillo, 
donde, acompañado del regente y de varios caballeros, aguar- 
daba Gurrea el estallido de la tempestad. Creyóla de pronto 
disipada con otorgar, por mediación de los jurados, la libertad 
de juntarse, negada hasta entonces á las villas; pero ya no pe- 
dían menos las turbas del patio que la inhabilitación de su se- 
ftoría, en virtud de una vieja franquicia que vedaba gobernar en 
Mallorca á todo aragonés ó habitante del Rosellón. El síndico 
popular la alegaba, pero de más arriba partía el tiro, sin duda 
del vengativo Gual, que acaso no había sido ajeno en 1 5 1 2 á la 
copia sacada misteriosamente de aquel privilegio á la llegada de 
Gurrea (i). Nadie se atrevió á contradecir: los mismos jurados 
suplicaron al virrey que cediera á la exclusión legal por no decir 
á la intimación revolucionaria, y ya no se trató más que de sal- 
var las apariencias. El mando recayó, según ley, en el baile ge- 
neral, que lo era entonces mosén Pedro de Pachs, á la vez al- 
caide del castillo de Bellver, donde residía; y allí fué á conferír- 
selo el pueblo al otro día domingo, y le acompañó á la catedral 
á prestar el solemne juramento. Quedóse más de un mes en pa- 
lacio el depuesto aragonés, impotente y desairado ; y no sé si 
por seguridad se le aconsejó, ó por desconfianza se le impuso, ó 



(i) Véase la nota i.«dc la pág. 339. Dicha cédula, hasta allí observada siempre 
aunque poco conocida, la expidió Pedro IV, más que en beneficio de Mallorca, por 
la exclusiva confianza que en los catalanes tenía para mantenerla incorporada á 
su corona. 



358 ISLAS BALEARES 

arbitró él mismo por temor 6 por decoro retirarse á Ibiza, por 
no abandonar el reino que S. M. le había conñado, obligándose, 
antes de embarcarse á fines de Abril, á satisfacer las deudas 
contraídas en la expedición de Bugía, siempre que se acreditara 
que del real erario las hubiese percibido. 

Importada notoriamente de Valencia, establecióse á la vuelta 
de los mensajeros la trecena ó consejo de doce con su jefe el 
instador, en reemplazo de los veinte y siete electos de los gremios, 
de los cuales pasaron al nuevo cargo Coll, Quintana, Vich y 
Bagur; agregáronseles por parte de la ciudad un Bartolomé 
Coll, pelaire como el otro, Miguel Obrador hornero, Perote Fiol 
y Cosme Molins boticarios ; las cuatro plazas restantes se dieron 
á Antonio Splugues de Arta, á Antonio Bestard de Binisalem, y 
á otros dos forenses. Puede ser que el título que se les daba de 
conservadores se relacionase un tanto con determinado color po- 
lítico, y quizá aspiraban á representar un matiz más subido en 
esta línea dos pelaires, Rafael Torrella y Jaime Ribas, que, ex- 
cluidos de la candidatura, intrigaron para formar otra nueva, 
dando lugar á un alboroto en día de jueves santo (28 de Marzo), 
del cual resultó que fueron presos y más adelante emigraron. 
Ejercían los trece autoridad, y prendían y libertaban; pero los 
que no podían llegar á la codiciada participación del poder, 
creyéndose quizá con más talentos y servicios que otro cual- 
quiera, contentábanse con desahogar sus pulmones en las juntas 
particulares de su respectivo gremio, ó en las asambleas pro- 
miscuas de oficios, aunque exclusivamente compuestas de me- 
nestrales en número ilimitado, que se tenían en San Francisco, 
aparte del grande y general consejo que seguía reuniéndose en 
la forma de siempre, bien que lo menos posible, y de hecho re- 
ducido casi al estamento popular. Muchos con más provecho 
andaban metidos en oficinas de secuestros ó composiciones, ó se 
acomodaban con cualquier suerte de empleos, ó se introducían 
en el banco de la quitación^ donde ingresaba el producto de los 
derechos consignados, á fin de aplicar á la redención de censos. 



ISLAS BALEARES 



3S9 



no el sobrante ó una cantidad determinada^ sino el importe des- 
tinado á cubrir las ánnuas pensiones rezagadas, ya que no las 
corrientes. Erigíase en principio el absurdo de que con el cobro 
de intereses se extinguía dentro cierto plazo el capital, y que 
estaban pagados ya de sobra los acreedores con la renta tantos 
años percibida (i). Proclamóse la quitación á todo trance, sus* 
pendidas las demás atenciones; al boticario Juan Oliver se atri- 
buyó la gloria de la idea, y los entusiastas celebraron su inau- 
guración plantando laureles á las puertas de sus casas. Desde 
7 de Marzo en que se empezó, hasta fin de Agosto, expidieron- 
se'descargos por veinticinco mil libras: en 23 de Mayo se decretó 
que los censalistas perdieran sus atrasos. Las tablas donde se 
hacían constar estas bajas de la deuda pública, eran paseadas 
por las calles al son de atabales y trompetas, precedidas de 
danzas y frenéticas ovaciones. Andaba en lenguas de todos la 
santa quitación, todos la predicaban : que procedía de Dios, de- 
cían, que era hereje quien la contradijera, que no podía echar 
raíces sin derramamiento de sangre, que por ella habían de dar 
el postrer suspiro. Fe en el ídolo había, pero se explica que tu- 
viera tantos sacerdotes, pues vivían de su culto. 

Contemporizaba el lugarteniente Pachs, sabiendo que con 
la bailía iba á expirar bien pronto su espinoso gobierno; y hubo 
de asumirlo con efecto en 18 de Mayo, víspera de Pentecostés, 
Juanote Uniz de Sant Johan al salir designado baile. Las extrac- 
ciones para los oficios públicos que tocaba proveer aquel día, 
se hicieron con regularidad: pero en el sorteo de mayordomos 
de gremio que se practicaba la segunda fiesta y cuya habilita- 
ción pertenecía al regente, movióse un escándalo con objeto de 
que la representación de los albañíles pasase de un desafecto á 



(1) Mirau el mascarat iraydor! decía una mujer; ¿no sabeu que ja son quitáis 
tots los censáis? tañí ha que Is reben! Y un hortelano asentaba que tots los censáis, 
^i univer sais com particular s, serian quitáis per si maiexos^ per quant los credi- 
tors censalistas havian de pendre á conta en Paga de lapropietat totas las pensions 
que havian rebut. 



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360 ISLASBALEARES 

un entusiasta de la germanía, y vio apuntada una lanza al pe- 
cho micer Roca, que enfermó del susto y salió de la ciudad, 
hasta parar en Ibiza al lado del virrey, reconciliándolos la común 
desgracia. Iban quedando solos los jurados, sin tener apenas 
con quien compartir los cuidados y peligros de tan crítica situa- 
ción, y menudeaban severas y aun acerbas cartas al obispo Ro- 
drigo Sánchez del Mercado, que en nueve años de llevar el 
título y gozar las rentas de tal, no había pisado la diócesis sino 
poco tiempo durante los primeros, dejando escasas huellas de 
su paso (i): deteníanle en Valencia sus malecillos y su reposo, 
pues aunque por allí corrían no menores trastornos, no afecta- 
ban ni comprometían tan directamente su persona. Á los cum- 
plidos un tanto irónicos, lo mismo que á las amenazas de acudir 
al pontífice, hacía pago el negligente pastor con buenas pala- 
bras y aplazamientos, que no sólo se alargaron hasta después 
de pacificada la isla, sino ¡cosa increíble! hasta su traslación 
en 1530; y mal podía suplir la bienhechora influencia del prela- 
do propio un mitrado sin jurisdicción, como el trinitario mallor- 
quín fray Pedro Pont titulado de Cluensa (3). Agravóse la res- 
ponsabilidad de los gobernantes con la cédula imperial datada 
en Worms de 30 de Marzo, anunciando ejemplar castigo de los 



(i) Tomada posesión del obispado por medio del magnifico Juanote Gual en 
Abril de i 5 12, estaba aquí el siguiente año, y no se sabe si fué continua ó inte- 
rrumpida, corta ó larga su permanencia, pues en Junio de i s 19 se hallaba otra 
vez ausente, y no se sabe que volviera ya, á pesar de haber retenido hasta i 5 30 
esta silla. Es cuanto logró averiguar del obispo Sánchez Mercado el P. Villanueva, 
que no estuvo afortunado en este período. Teníaf aquí D. Rodrigo en 1521 de pro- 
curador de la mitra un hermano llamado Sancho. Sosegadas las germanías pasó á 
Alfaro, desde donde escribe en 1524. Anciano no debía de ser, pues de 1530 
á 48 episcopó en Avila. Apasionado de Cisneros, fundó en Oñate su patria un co- 
legio-universidad. 

(2} Hallábase aquí desde antes de i 5 19, se ignora con qué motivo, y por au- 
sencia del sabio canónigo Arnaldo de Albertí hizo luego las veces de inquisidor, 
'jjl Más á menudo que por su título, de no conocida correspondencia, se le nombra 



por el genérico de Gracia, que se ha pretendido interpretar por propio de locali- 
dad, refiriéndolo al de Grasse, obispado francés rayano de Italia cerca de Niza, y 
perdiéndose en conjeturas los autores del tomo LI de ia España Sagrada por no 
haber tenido presente que algunas veces son llamados en general obispos de gra- 
cia los titulares, sin especificar las iglesias representadas. 



ISLAS BALEARES 



361 



desmanes y movimientos populares, y exhortando á los fíeles á 
proceder en todo acordes con el lugarteniente general, que en 
carta de 3 1 de Mayo desde Ibiza recomendaba la pronta y com- 
pleta sumisión, no sin recordar lo que en Castilla acababa de 
seguirse, y lo que en Valencia se esperaba. La irritación del 
pueblo no tuvo límites, al divulgarse en los primeros días de 
Junio el contenido de las cartas : los más avisados, por no incu- 
rrir en sublevación abierta, las daban por apócrifas y dirigían 
contra determinadas personas, dándolos por forjadores de ellas, 
el ciego furor de la crédula muchedumbre; otros echaban la cul- 
pa á Gurrea, que interpuesto entre los subditos y el soberano 
ignorante de todo, falseaba noticias y órdenes á su sabor; los 
más descabezados, sin curarse de si. eran ó no auténticas, voci- 
feraban á lo salvaje que el rey no era sino un hombre y Mallorca 
algo más que aldea, que habría de venir en persona á conquis- 
tarla, que de otros reyes habían ya dado cuenta los mallorqui- 
nes, y retos por el estilo. En las villas donde se mandaron 
notarios á presentar estos edictos, no tuvieron mucho mejor 
acogida, y en Manacor el comisionado no evitó la muerte sino 
con la fuga. 

Desde entonces se declaró con más viveza la división de 
ánimos y se deslindaron los campamentos : los rebeldes, obliga- 
dos á soltar la máscara, se endurecieron en su rebeldía ; los 
leales, cobrando certidumbre y aliento, se afírmaron en su leal- 
tad: la neutralidad se hizo imposible. Por piedra de toque para 
discernir de partidos tomóse la quitación^ la inocente y aun 
plausible quitación, que recta y legalmente establecida debiera 
redimir de su opresión la universidad, y que por los desórdenes 
y violencias y despojos á que daba margen, oían sus adoradores 
con escándalo califícar de diabólica y abominable á miles de tiz- 
nados (i), cuyas viviendas se marcaban con tizne para indicar 



(i) Así es de traducir la palabra mascarais derivada de mascara ó tizne, y no 
enmascarados^ que procede de bien distinta idea. El mote vino de Valencia. 
46 



362 ISLAS BALEARES 



SU resistencia á pagar las cuotas exigidas. Pronto el mote se 
generalizó á los caballeros ú hombres de bienes (i), que forma- 
ban gran parte de los censalistas de la consignación y á cuyas 
administraciones se imputaban los crecientes gravámenes, á res- 
petables eclesiásticos y procuradores de comunidades interesa- 
dos como perceptores en los aludidos censos, á acaudalados 
mercaderes enriquecidos bien ó mal en acopios de trigo, á juris- 
peritos de impopulares antecedentes ó esquivos en dar arries- 
gados consejos, á notarios ó curiales tildados de amañadores de 
enredos ó encariñados con añejos abusos. Los más no aguarda- 
ron á que el insulto se convirtiese en proscripción y la proscrip- 
ción en matanza: retiráronse unos á sus haciendas, otros se me- 
tieron en sus iglesias ó en sus casaa, muchos por más recelosos 
ó amenazados pusieron la mar de por medio, emigrando á Me- 
norca, á Ibiza, á Barcelona. No iban empero tan compactas en 
ideas é intereses las clases, que siguieran unánimes un mismo 
bando y que en todas no existiesen divergencias: más de un no- 
ble ó ciudadano se prestaba á admitir cargos y ofícios de la re- 
volución por buena intención de amansarla ó por temor de mal- 
quistarse con ella, cuando no por afán de figurar ó de saldar 
atrasadas cuentas; más de un letrado tiraba adelante por celo 
del bien público según decía, ó por complicidad según sus ému- 
los; más de un procurador sin clientela se arrogaba la del pue- 
blo para ahuyentar á sus compañeros y apoderarse del botín. 
Entre los artesanos, por otra parte, en cada oficio, había hom- 
bres denodados que resistían á la desbordada corriente, voces 
animosas que protestaban de su fidelidad, arrostrando la indig- 
nación de los que les acusaban de vender insensatamente su 
propia causa. Qué más! en el seno de la familia, en el hogar 
doméstico reñían, embestíanse, se delataban, hermanos con her- 
manos, hijos con padres, padres con hijos, las mujeres azuzaban 
á éstos y á sus esposos, sobreponíase á la voz de la sangre el 



(i) E8 la verdadera traducción de homts de be. 



ISLAS BALEARES 



363 



odio de partido. La moderación y la prudencia eran desconoci- 
das, á no ser en el clero, donde no vemos surgir en éste, como 
en otros alzamientos, ni democráticos tribunos ni fuertes pro- 
pugnáculos del trono; sino discretos y piadosos mediadores que 
con caridad igual hacia todos reservaban para extremos trances 
su influencia. 

La efervescencia política fué subiendo con el calor estacio- 
nal. En cada esquina se hacía corro un orador con ademanes y 
tono de fraile, inflamando la pasión y excitando al desorden; al- 
ternaban las blasfemias con fanáticos desvarios, corrían coplas 
de circunstancias, comentábanse misteriosas profecías de tras- 
tornos y matanzas (i), presentíase inmediata una era en que 
había de desaparecer del mundo la nobleza para señorearlo 
todo los menestrales. Ya se antojaban paliativos todo lo que no 
fuese un degüello general y un repartimiento de bienes (2). Las 
armas, cada día revistadas en alardes, y á menudo ejercitadas 
en el Borne caballerescamente en juegos de sortija, no podían 



(i) La más famosa entre las profecías era la del conocido fray Anselmo de 
Turmeda, que llamaban de la trescay la verdesca por unos versos que dicen: So- 
bre la torre^en la verdesca será la tresca^de la batalla. Aplicábanse á los tumul- 
tos contemporáneos de la isla los vagos y grandiosos rasgos por el errante fran- 
ciscano referidos al gran cisma de Occidente y á las conmociones europeas de 
fines del siglo xiv y principios del xv: fijábanse principalmente en aquellos: cové 
se spanda^al Puig de Randa — la sanch beneyta—per la maleyta— furor del poblé; y 
mezclando recuerdos de la derrota de Jaime III en Lluchmajor con no sé qué pér- 
dida anunciada de un rico-hombre aragonés, se aventuraban á pronosticar á Gu- 
rrea un desastre: en celia terraje 7 poch linatje—lo gran paratj'e—rebrá ofensa. 
Otras enérgicas frases añadían por el estilo: toca n' Aloy sobre la sanch deis peca' 
dors^ y que havian de venir mollas velas, y que la costa de la Seu havia de correr 
de sancho y que las donas de bé s' havian de embarcar y metre's en aigua fins á las 
mamellas, procedentes acaso de otras profecías como la de Santa Brígida y de Ber- 
nardo de Mogoda, que tal cual hoy existe es más bien de aquel tiempo que del si<* 
glo XIII según se supone. Habían llegado aquí también los rumores del rey Encu- 
beri de Valencia. Coplas empero no se han hallado hasta aquí ninguna de las que 
se sabe leían y vendían por la ciudad el sombrerero Rafael Crespí ó el jabonero 
Dionisio Silvestre. 

(a) Una nit assegut ab altres á la siquia de Sant Miquel^ cuenta de cierto teje- 
dor de lana un testigo, deya: ^vuy mal, demd mal, ¿ no valdria mes degollar ho tot 
tostinas y que 'ns partissem los bens ? pero jo '« voldria ma parí que no anassen á 
germd major. 



364 ISLAS BALEARES 



estar por mucho tiempo reducidas á vano lucimiento en manos 
que nunca las soltaban y cuyos furores y apetitos se brindaban 
á secundar. El orden estaba á merced de una reyerta, de una 
corrida, de un grito: una chispa sobraba para inflamar los com- 
bustibles acumulados. Díjose que se conspiraba en el castillo de 
Bellver, y que con algunos caballeros allí acogidos por el alcai- 
de Pachs habían penetrado ciertos malhechores ó bandidos con 
objeto de formar contra el movimiento un núcleo de resistencia: 
esto bastó para intimar al ex lugarteniente que fuesen entrega- 
dos. Negóse el pundonoroso castellano, y no tardó en ver tu- 
multuosos grupos trepar por el cerro en actitud bien diversa de 
la de cuatro meses atrás, cuando iban á rogarle con el mando. 
Guiábalos el bonetero Pascual Rosselló, uno de los siete capa- 
taces, y hasta las mujeres tiraban de las bombardas, que em- 
pezaron á disparar certeramente contra los muros circulares, y 
no fué menester apelar á la tortuga que alguno proyectaba arri- 
mar: no se prestaba al asalto la fortaleza, y heridas y aun muer- 
tes costó á los sitiadores el intentarlo; pero ardieron las puertas, 
y derramándose por el recinto ensañóse la sedienta turba con 
aquellos pocos defensores. Cayó Pedro de Pachs, y envanecióse 
más de un miserable de haber sido su matador; á Nicolás su 
hermano, entonces almotacén, inmoló un malvado zapatero; 
murieron Mateo Net, Pedro Spanyol favila con su hijo, un li- 
berto de éste llamado Juan Peix en cuyo cadáver se probaba la 
punta de los aceros, y varios escuderos y siervos , que era toda 
la banda negra reclutada por los infelices refugiados. Algunos 
furiosos empapaban en sangre sus paftuelos; los más se entre- 
garon al saqueo, robando víveres y ropas de que iban una y 
otra vez cargados á la ciudad, ó descubriendo escondrijos donde 
habían guardado aquellos sus alhajas y caudales, con que en 
breve tiempo se hicieron ricos y engalanaron á sus mujeres. 
Quedóse de alcaide como por derecho de conquista el Pascual 
Rosselló con algunos guardas á nombre del pueblo, que como se- 
ñor de la tierra, decían, había de serlo también de las fortalezas. 



ISLAS BALEARES 36$ 

Al anochecer de aquel sangriento día, 29 de Julio, el popu- 
lacho ebrio, sudoroso, sin poder más con el botín, tropezó en 
las calles con una procesión de fíeles ordenada por virtuosos 
sacerdotes, tales como el capiscol, el canónigo Abrines y el 
fraile que llamaban de Alcudia fray Antonio de Ávila, fundador 
del eremitorio de la Victoria más adelante, implorando miseri- 
cordia más de Dios que de los hombres; rempujáronla brutal- 
mente los expedicionarios y la. disolvieron con roncos gritos de 
que no era tiempo de misericordia. Alguno murió del sofocón: de 
pesar y de vergüenza debía haber muerto entonces el instador 
Crespí,* como en caso análogo el valenciano Juan Lorenzo, mos- 
trando que si bien imprevisor era honrado, y que no le costaban 
menos que la vida los atentados que ya no podía refrenar, me- 
jor que consentirlos sin lograr con esto salvarla. No consta me- 
dida alguna de represión, ni aun de parte de los jurados; antes 
al contrario requieren éstos en 3 de Agosto al procurador real 
Francisco Burgués á desocupar el castillo de Santueri, único de 
ios tres roqueros de la isla que se mantenía por el rey, y á pre- 
cintarse desde luego á calmar los recelos de que se forme allí 
^js^n concierto contra la germanía, antes de que acudan á ba- 
tirJo la ciudad y las villas en masa con estrago parecido al de 
*'Iver. No hizo caso el noble alcaide, y el castillo enclavado 
^^ término de Felanig se mantuvo bajo fiel custodia, no tan es- 
^^^chamente bloqueado que no se proveyera de víveres y muni- 
cíon^s durante muchos meses (i), hasta que acordaron los re- 
^^^^^sos ciudadanos con los del vecino pueblo poner á prueba 
\^ tobustez de aquellos muros. 

Si mayores empresas no acometieron las huestes gremiales, 
no fué por falta de organización ni de ejercicio. Cada decena 
tenía su cabo, y cada diez formaban cincuentena al mando de 



(i) Curiosas notas transcribe el paborde Jaume del gasto diario que traía el 
presbítero Pedro Isern para la guarnición de Santueri, compuesta de once hom- 
bres y tres sirvientas, cuya totalidad, inclusos salarios, obras y pertrechos, no 
bajó de 1268 libras. 



366 ISLAS BALEARES 



Otro superior que en adhesión había de ser á toda prueba : las 
compañías^ por ofícios y por parroquias, seguían á su alférez y 
á su capitán, que en la defensa de las puertas y torres de los 
muros tenía asignado su sitio, y á cuyas órdenes se pusieron 
más tarde para mayor seguridad los contingentes de las villas, 
ora acudiesen estos á la ciudad, ora fuesen allá dichos jefes á 
levantarlos y aguerridos. Dolíanse los sublevados de hallarse 
reducidos á la menestralía, sin apoyo de los colegios de nota- 
; ríos y mercaderes, principales elementos de la clase media, que 

reglamentados lo mismo que los gremios desde el armamento 
de 15 15, dejaron después de la insurrección de parecer en las 
( revistas, y aun obtuvieron mandato de que nadie con ellos se 

entrometiera: y un día, no se sabe con qué ocasión, reunidos en 
] gran número dentro de la magníñca Lonja los de ambas profe- 

siones, se alborotaron las oleadas de la muchedumbre al rede- 
ji dor del monumento, no secular todavía, para obligarles á salir 

con banderas y tambores de su retraída conducta. Descargaban 
1 las hachas sobre las rejas de portales y ventanas, y algunos 

i barrotes hicieron saltar, faltando poco para emprender allí á 

i escopetazos una cacería sobre los acorralados junteros, derrí- 

I bado ya cadáver Perote Armengol y heridos otros. Gracias á 

' que conjuró una general matanza la aparición del lugarteniente 

« Santjohan y del viceregente Berenguer Sbert, á quien como 

bueno y virtuoso había indicado micer Roca por suplente al 
ausentarse, si no fué más bien la del consabido abogado del pue* 
; blo, el cual penetrando en el ediñcio al lado del segundo, mientras 

\ en la plaza el primero no bastaba á contener el tropel armado, 

logró hacer oir sensatos consejos á sus difíciles clientes, que 
para apaciguarse exigían recoger las armas á entrambas clases 
sospechosas. Quebrantado con el esfuerzo debió de conocer 
micer Gual su prestigio, ó serios y próximos peligros entrever, 
pues en 30 del mismo Agosto acude á descargarse de la forzosa 
comisión que le impuso el virrey Gurrea de aconsejar y defen- 
der al instador y electos populares, y que con ñrmeza y lealtad 



ISLAS BALEARES 



367 



dice haber venido cumpliendo, no permitiéndole ya continuar 
los excesos que sin consultarle y aun á pesar suyo cada día se 
cometen, y obligándole á marcharse por vía de protesta. Nié- 
gase el lugarteniente por consejo de Sbert á admitirle la renun- 
cia, ya ofrecida durante la regencia de Roca, considerándola 
funesta al sosiego público y al servicio de S. M. que mantiene 
tan á riesgo de su vida el animoso consejero. 

Apresurábanse los sucesos. Seis días más tarde, á 5 de Se- 
tiembre, reunida la trecena, escuchaba el postrer consejo de 
micer Juanote, que se dejasen de fantasias de comparecer en la 
corte por procurador, sino que fuesen en persona, ya que tan 
benignamente eran llamados, como trataba de hacerlo él mismo, 
á dar cuenta de sí ante el cardenal Adriano ó el condestable de 
Castilla ó D. Miguel de Gurrea ó quien quiera fuese el encar- 
gado de recibir sus homenajes, mostrando no haberse apartado, 
á pesar de sus pasajeras conmociones, de la obediencia al sobe- 
rano: y este consejo, que equivalía á la abdicación y someti- 
miento absoluto, llegaron á aceptarlo, no sólo Juan Crespí, sino 
Bartolomé Coll, Jorge Moranta, Juan Carbonell albardero, Pe- 
dro Cardils de Buñola, el mismísimo Juanote Colom, trecenero 
ya como los anteriores. El asombro, la violencia, la desespera- 
ción de las masas, luego de divulgado el acuerdo, y más al si- 
guiente día después que la noche dio lugar á soliviantarlas, son 
más de concebir quede pintar faltando los detalles: cundió el 
grito que el instador y el pérfido abogado trataban de vender 
el pueblo, y ni al uno ni al otro hubiera sido muy seguro dejar- 
se ver por la calle. De micer Gual, que el día 7 insistía aún en 
dimitir á fin de poder acudir al real llamamiento, consta haberse 
contentado con la licencia que se le otorgó para embarcarse, 
abandonando la clientela de que no se le quiso exonerar: del 
infortunado Crespí no se sabe si continuó todavía por algún 
tiempo en el ejercicio de su vacilante autoridad, por qué grados 
la fué perdiendo ó por qué brusca crisis fué arrojado de ella, y 
cómo se la hizo suya por preparado manejo ó por temerario 



368 ISLAS BALEARES 

arranque el audaz bonetero, conforme de pronto al parecer en 
el desarme y disolución de la germanía, y luego saltando por 
encima de su impopular compañero para recoger la bandera 
que se le escapaba de la mano. 

Atravesamos un período de cuarenta días ó poco más, hasta 
entrada la segunda mitad de Octubre, oscuro por falta de actos 
oficiales y documentos, pero fecundo seguramente en hechos y 
peripecias, durante el cual se obró el tránsito que tienen las re- 
voluciones todas de su primera á su segunda parte, de las teo- 
rías á la práctica, de la siembra á la cosecha, de las reformas 
pacíficas á las medidas de terror. Crespí fué preso, ignorándose 
si á este paso precedió su destitución ó su renuncia, su conato 
de fuga ó su ocultación, y de igual suerte participaron algunos 
camaradas suyos de oficio ó de trecena. «Á él le pasaron al 
castillo real, donde oprimido de grillos y cadenas estuvo mu- 
chos días, hasta que llegó el último en que alevosa, aunque no 
indebidamente, le degollaron sus mismos parciales los Co- 
loms (i).» Francisco, el sanguinario hermano de Juanote, fué 
quien penetró en la torre del Ángel para inmolarle; ayudóle el 
curtidor Antonio Binimelis. El día, no recuerdo por dónde, se 
me antoja que hubo de ser el 16 de Octubre: la fantasía queda 
por desgracia en libertad de trazar las circunstancias de la es- 
cena. Asesinato ó ejecución, no se sabe que la acompañasen 
otras: aquel moderador y si se quiere honrado grupo, el trece- 
nero Miguel Obrador, los pelaires Pedro Font, Antonio Juan y 
Bartolomé Osona, Antonio Amer hijastro ó yerno de Crespí y 
el amigo íntimo de éste, el maestro Steva, ambos plateros, des- 



eo Es singular que á un escritor forastero, al cronista Sayas en sus anales de 
Aragón, debamos acerca de este importantísimo hecho más luz que á ninguna de 
nuestras historias, noticiarios ó documentos. He reunido no obstante suficientes 
datos para poderlo aseverar, ya que no para referirlo cómo fué, quedando indis- 
cutiblemente sentado que Crespí sucumbió víctima de Colom, y que en las res- 
pectivas apoteosis que les dedicaron nuestros modernos partidos locales, troca- 
ron los frenos lastimosamente. 



ISLAS BALEARES 



369 



aparecieron temblando para escapar de riesgos no menores que 
los que corrían los leales de siempre. 

En 25 de Octubre aparece ya como instador nuevamente 
creado por todo el pueblo mosén Juanote Colom, rodeado en el 
vasto refectorio franciscano de los electos y cabezas de gremios 
(no se habla ya de trecena) y de los de la parte forense, man- 
dando proceder desde luego á una derrama general entre los 
habitantes de la isla, cuyo producto cada lunes debían centrali- 
zar en la ciudad los clavarios de las villas, ínterin se arreglaban 
las cuotas á la estimación de bienes pendiente á las horas. Ha- 
llábanse suprimidos desde 1 2 de aquel mes los derechos esta- 
blecidos sobre vino, carne, sal y ante todo sobre la molienda, 
habiéndose roto con grande algazara las medidas, y salido á 
pregonar la buena nueva por los pueblos el mismo Colom en 
persona seguido de oñciosa cabalgata; y no podía quedar des- 
atendida y sin recursos la santa quitación, mayormente cuando 
se trataba de efectuarla, no ya por grados y con el residuo de 
los censos, sino de golpe y de raíz mediante la devolución de 
las cantidades oneradas. Adhiriéronse con transporte á la idea 
las villas todas, menos Alcudia, cabalmente la única por conti- 
gua al mar fortificada, cuya excepcional actitud mal se com- 
prendiera, y más teniendo en cuenta el carácter y antecedentes 
de sus vecinos que en los disturbios de 1450 y 1463 habían 
tomado bien señalada parte, á no hallarse entonces enseñorea- 
dos de sus voluntades como de sus murallas los caballeros, que 
allí afluían acosados por todas partes y hasta inseguros en el 
retiro de sus quintas. Esparcióse voz de que la población disi- 
dente hacía gala de subastar los impuestos abolidos, y tapiaba 
sus portales apercibiéndose á la resistencia ; y en el momento se 
le cerraron por tierra los pasos, y por mar las comunicaciones 
con Menorca, y á los refugiados toda esperanza de socorro ó 
de reunión con la familia: hombres apostados en la torre de 
Vernissa ó salidos de Pollensa prendían sin distinción de sexo 
ni clase al viajero que allá se dirigiera. Grande al par de la sor- 



47 



370 ISLAS BALEARES 



presa fué en la ciudad la cólera de los agermanados ; y el nuevo 
procurador del pueblo Jerónimo Ferrer, que desde este mo- 
mento eclipsa á Romaguera, reclamó inmediato remedio contra 
los rebeldes temerarios, acusando sin rebozo de connivencia 
con ellos la lenidad del lugarteniente, y en la puerta de San 
Antonio se dispusieron á marchar las bombardas: pero dejóse 
antes tentar la vía de la negociación al jurado menestral Rafael 
¡ Arnau, quien presentándose con tres electos (i) á las puertas 

de Alcudia el 4 de Noviembre, obtuvo al otro día cortés pero 
sentida respuesta de que ningún interés ni propósito tenían de 
estorbar la quitación, en cuanto no hubieran de apartarse de la 
' obediencia y fidelidad á su rey y señor en cuyo servicio protes- 

taban morir, y que no pedían sino que se retirase aquel cordón 
: con el cual se les ahogaba más inhumanamente que pudiera ha- 

; cerlo Barbarroja. Replicó el jurado que no se extendían á tanto 

sus poderes, y á instancia del implacable Ferrer vino otra orden 
de que so pena de mil libras evacuasen dentro de tres días la 
I plaza los hombres así de honor como de otros estamentos, que 

! la habían tomado por asilo; á lo cual, aparte de la contestación 

\ personal de micer Pedro Juan Safortesa «que llamamiento tenía 

1 del emperador, al cual solamente la salud le había impedido 

' acudir aún, sin reconocer en nadie facultad de estorbárselo,» 

; repuso en cuanto á los restantes el hidalgo municipio que no le 

j permitían entregarlos las sagradas leyes de la hospitalidad ni 

] el fraternal amor de paisanos y subditos comunes, por cuya sal- 

j vación tenía deber de mirar todo legítimo representante de S, M., 

en lugar de abandonarlos al ciego furor de sus enemigos. 

Seis mil hombres á pie y á caballo, entre ciudadanos y de 
varios pueblos, amenazaban convertir en día de estrago para 
Alcudia la fiesta de San Martín, venerado en legendaria cueva 
dentro de su término ; y para asestar á loa adarves cuatro sa- 



(i) Eran éstos el ex-trecenero Bartolomé CoU pelaire, Pedro Prexana jefe ó 
mayordomo de los cortantes y Guillermo Seguer de los cinteros. 



ISLAS BALEARES 37I 

eres, una culebrina y una gran bombarda que consigo traían, 
sólo faltaba la intimación definitiva de mosén Pedro Juan Albertí 
y micer Antonio de Veri, sustituto aquél del lugarteniente y del 
regente el segundo, los cuales, si bien en unión con mosén Gui- 
llermo des Mas jurado ciudadano y con los canónigos Gual 
(Miguel) y Salom tomaban el carácter de medianeros, mandaron 
al baile y jurados de la villa con tono de autoridades, en la con- 
ferencia tenida fuera del portal de Mallorca^ firmar la quitación, 
echar á sus huéspedes y admitir guarnición de doscientos ager- 
manados. Rechazadas no sin desdén las dos últimas condiciones, 
rompieron el día 1 2 las hostilidades, talando campos, derribando 
cercas, incendiando seis molinos de viento, pasando á degüello 
reses mayores y menores, y disparando hasta de noche la arti- 
llería. Por no autorizar con su presencia tamaños excesos, alejá- 
ronse del sitio los gobernantes, expidiendo órdenes desde Inca 
á uno y otro bando para suspender la lucha, ínterin pronunciaba 
el fallo mosén Albertí, que fué el 14, en términos que, si bien 
especiosos en cuanto á las razones que alegaba para disponer la 
vuelta de los refugiados á la ciudad, y abundantes en promesas 
de indemnidad más que en sólidas garantías, daban sobrado por 
el gusto á los sublevados tocante á la entrega de las llaves y al 
pago de las costas que á los alcudianos se exigía. « Setecientos 
ó más hombres nos sobran, dijeron éstos, para guardar la villa 
por nuestro soberano, de quien ó del capitán por él nombrado, 
como de plaza de guerra, son las llaves que reclama su señoría, 
y puede excusarse de meternos esos doscientos escogidos defen- 
sores que en vez de custodia servirían para sangrienta división 
y ruina. » Protestaron de nulidad contra la inicua sentencia, y sin 
llegar ya el caso de que vinieran de Llucmajor los diez y seis 
prohombres elegidos en consejo de la misma para ver de procu- 
rar entre las dos partes algún medio de avenencia, agradeciendo 
la sana intención de ésta y cualquier otra tentativa, todo lo es- 
peraron en adelante de su aliento y su constancia. 

Buena sazón ésta en verdad para restablecer en Mallorca el 



372 ISLAS BALEARES 



orden, como á la débil sombra de gobierno acá subsistente per- 
suadían é instaban desde Valencia aún no bien reducida su virrey 
D. Diego Hurtado de Mendoza, y desde Ibiza el destituido Gu- 
rrea. Aquél en carta á los jurados fecha en Murviedro á 1 3 de 
Octubre, éste en otra del 20 al lugarteniente Uniz de Sant-Jo- 
han, manifiestan estar prevenido ya el ejército encargado de 
apaciguar la isla, y para evitar deplorables conflictos exhortan 
á procurar que se le anticipe el desarme y sumisión voluntaria, 
no sin acudir, inculca el segundo, á la intervención de los ecle- 
siásticos y á piadosas rogativas en los templos. Ambos escriben 
por informes y al parecer á ruego de micer Gual, quien estuvo 
con ellos sucesivamente, y se ofreció á ser portador de las car- 
tas, tan deseoso andaba de ponerse bien, no solamente con el 
monarca, sino con su propio adversario aunque momentáneamen- 
te caído; y con efecto las entregó, si bien se guardaría tanto de 
exhibirse como de dar publicidad á ellas las autoridades, siendo 
éste el único dato por el cual consta su regreso. ¿Qué habían de 
reponer á tan escabrosa comisión los tristes jurados? Disculpan- 
do la demora con la ausencia de sus consejeros, contestan por 
separado á los dos virreyes en 10 de Noviembre casi lo mismo, 
que requiere tiempo el sosiego del país, que ellos no pierden 
por su parte ocasión ni diligencia en procurarlo, que si no se 
procede con madurez y mutuo acuerdo será universal la ruina; 
y al mismo tiempo departen en buena armonía con los jurados 
de Ibiza acerca de sus recíprocas necesidades de trigo, carnes y 
aceite. Cruzáronse estas cartas con otras de Valencia de igual 
data; muy enojada la del virrey D. Diego, refiriéndose á una 
que tomó por respuesta de los jurados y hubo de ser de los 
oficios y pueblo á los cuales había escrito también, en la cual se 
afectaba tomar la suya por apócrifa y forjada acaso por Gurrea, 
y en confirmación de su primera avisa la llegada del maestro 
Gaspar (i) para entender cuanto antes en la pacificación del rei* 



(i) Fray Gaspar Steva dominico, valenciano al parecer aunque el apellido sea 



ISLAS BALEARES 373 

no mientras hay lugar á clemencia: acompañábanla dos más, una 
muy concisa del obispo de Mallorca encareciendo el poder y la 
humanidad de aquél y las ventajas que el mensaje les ofrecía, 
otra de los jurados de Valencia explanando dicho tema con la 
historia de lo allá sucedido, á la vez que reclamando la devolu- 
ción de un cargamento de trigo que se les había aquí tomado. 
Del 2 de Diciembre son las réplicas de los nuestros; al noble 
Hurtado de Mendoza indicando, no sé con qué veras, que las 
cosas tomaban vía de sosiego, al ilustrísimo Sánchez Mercado 
pidiéndole su intercesión con el virrey valenciano y sobre todo 
su venida á la diócesis en volandas, á los de Valencia alegando 
la carestía que á la ocupación del grano les autorizaba por pri- 
vilegio: ai espectable refugiado en Ibiza participan igualmente la 
llegada del fraile, remitiéndose acerca de los resultados de su 
misión, como en todo lo demás, al tiempo. 

Y el tiempo iba empeorándolo. La guerra civil se cernía so- 
bre Alcudia, y se había estacionado en sus alrededores el cam- 
pamento. La artillería, impotente contra sus fuertes muros, se 
cebaba en las casas que sobresalían, y no asomaba la cabeza 
nadie sin exponerse á un tiro de ballesta ó á un escopetazo. Fué 
allá fray Gaspar, y á los de fuera y de dentro escuchó atenta- 
mente é hizo oir su voz persuasiva ; en aceptar la quitación no 
había dificultad por parte de los últimos, mas no siendo esto la 
verdadera mira de los primeros, el sitio continuó. Las salidas de 
los cercados eran frecuentes y afortunadas, y en la de 9 de Di- 
ciembre cogieron bagajes y armas y tres banderas de Muro, 
Sancellas y Campanet, con lo cual animándose á ir más lejos, en 
número de doscientos y con solos siete caballos, embistieron de 
fi'ente la artillería, y una parte tomaron. Irritáronse más los 
sitiadores, aunque tuvieron por prudente retirar media legua sus 
trincheras, y vieron diez días después, llegando ya tarde para 



también mallorquín, pues no fígura como otros del mismo en el libro de profesio- 
nes del convento de Palma. 



374 ISLAS BALEARES 



impedirlo, deshacer un reducto que contra la villa habían levan- 
tado en el molino den Barrera: muchos en el ímpetu de la per- 
secución murieron al pie mismo del portal de Xara revueltos 
con los de dentro, á pesar del caritativo cuidado que éstos ase- 
guraban poner en herir á sus enemigos sin matarlos. Hn esto 
los jurados del reino, de nuevo extraídos de las urnas, creyendo 
no poder inaugurar mejor sus funciones que con un ensayo más 
de conciliación, se valieron del notario Miguel Santpol, mensaje 
oportunísimo para el caso, á quien repitieron una vez más los 
alcudianos su disposición pronta á todo, y aun la de sus huéspe- 
des á volver á la ciudad, como lo hubieran hecho algunos á no 
cerrárseles con amenazas el paso; respecto de los daños, dejan- 
do á arbitrio del rey los sufridos, sólo pedían que cesaran con 
levantar en seguida el campamento. El día anterior habfa lle- 
gado de Menorca el joven Pedro Pachs, como para recoger á la 
vez el cargo de vengar á su inmolado padre y la capitanía de la 
plaza, que éste y su abuelo Hugo tuvieran de antiguo por el 
rey, y al otro día se la confirieron solemnemente en la iglesia 
como por título hereditario, ínterin lo sancionase S. M. Como á 
las negociaciones no acompañaba tregua, á pesar de haber salí- 
do el día de Navidad con cartas de los jurados para unos y otros 
beligerantes el reverendo obispo de Cluensa (i), avisados en 
secreto los de la villa del abandono del campo durante las fies- 
tas por multitud de artesanos y payeses, sorprendiéronlo en la 
mañana del 26 quinientos hombres escasos al grito de viva el 
emperador^ no sin tropezar todavía con mil quinientos peones y 
sesenta jinetes, á los cuales desbarataron con muerte de ochen- 
ta y rendición de algunos, quemando las tiendas ó barracas y la 
formidable máquina y escalas al asalto preparadas para el día 
de año nuevo (2). Gloriosa y sin pérdida alguna por su lado fué 



(i) En los documentos se ]e llama de Gracia y sólo una vez de C/uensa, en 
confirmación de la identidad de la persona y de las observaciones emitidas en la 
nota 2.* de la pág. 360. 

(a) He aquí cómo la describe el notario Miguel Sabater en una relación coeté- 



ISLAS BALEARES 



375 



la victoria, y gran botín les valió de víveres, armas y banderas, 
además del levantamiento del sitio ; pues no tendría ya que es- 
forzarse para lograrlo el venerable amedidor, quizá testigo pre- 
sencial de aquella, en cuyas manos depusieron día 28 una escri- 
tura de sumisión á cuanto no fuese en daño de la fidelidad 
debida al monarca, á fin de prevenir todo pretexto á la renova- 
ción de hostilidades. 

Hasta allí había imperado en la renovación de oficios públi- 
cos la legalidad, ó se guardaban por lo menos las formas ; pero 
no acabó en paz, día de Santa Lucía, la extracción de jurados 
para 1522, aunque por milagro se hallaron todavía en las clases 
superiores quienes aceptaran y fueran aceptados. Hecho el sor- 
teo, y declarado inhábil para regir como deudor á la universidad 
el pelaire Guillermo Colom, si no pariente del dictador, de segu- 
ro muy adicto, sacó la espada el terrible Jerónimo Ferrer, y 
encarándose con los nuevos elegidos uno á uno, gritó : « á vos, 
mosén Pelayo Fuster, yo os he hecho jurado, y á vos también, 
mosén Salas; y os he hecho jurados á vosotros, mosén Pagés y 
mosén Paretó ; y he tratado de que lo fuera Colom, y le habéis 
impedido... ¡voto á Dios! que lo será, ó ha de hundirse hoy Ma- 
llorca!» y revistió á su protegido las insignias, recogiéndolas al 
legítimo subrogado (i). Si no á sabor del que se jactaba de ha- 
cerlos, no pudieron menos de gobernar bajo presión suya los 
recientes jurados, expuestos á peligros cada vez mayores: la in- 



nea del sitio de Alcudia : un enginy molí superbo fet sobre quaire carretas^ ab dos 
arbres de naus arborats e duas entenas posadas per través d modo de scala^ forrat 
tot de lenyam molt gros, y ab dit enginy podían passar sobre la mes alta torre de 
dita vila cinquanta homens. Hablase también de magranas de foch y de trompas per 
lansarjoch dins la vila^ y en la información contra los agermanados constan los 
nombres de hábiles herreros y carpinteros que en dichos ingenios trabajaban con 
entusiasmo. Lo que por ella no se averigua es quiénes fueron los castellanos que, 
según la relación citada, ponían en orden y concierto las huestes sitiadoras. 

(i) Era este Bartolomé Ozona, el amigo del infortunado Crespí ; completaba el 
número de los jurados mosén Sebastián Armadans, que con Juanote de Salas de- 
bía representar el brazo ciudadano, y por causas desconocidas no llegó á tomar 
posesión. 



376 ISLAS BALEARES 



solencia y el desenfreno del perverso notario no tenía más lími- 
tes en respetar la vida de los hombres que la honestidad de las 
mujeres, y obra suya es probable que fueran, dados sus ávidos 
propósitos de acumular en su persona los empleos de la profe- 
sión, los asesinatos de Gaspar Babiloni en la escribanía del baile 
que por poco no fué teatro de un degüello general de curiales, 
de Perote Prats arrancado del inhospitalario refugio que implo- 
raba, de Bartolomé Pagés y de Bernardo Perera mal pagados 
de sus primeras simpatías por el alzamiento, de Lucas Almena- 
ra, y otros de notarios, cuyas circunstancias y fecha no es fácil 
determinar; acaso también el de la Abelló en cuya sangre se 
tíñieron las espadas, viuda del que legó su nombre á un códice 
de principios de aquel siglo (i). Anunciábase una víctima de an- 
temano; cuál fuese ésta no lo sabía sino Ferrer que tenía la 
cédula de los que habían de ser degollados. Seguíale noche y 
día una caterva de facinerosos y violadores, en competencia con 
las que acaudillaban por su cuenta el marinero Cosme Bonet, el 
rabioso perro Botifoch temido como secuestrador por la isla en- 
tera, Gallur, Nebot, Rexach, y sobre todo Francisco Colom á 
quien parece dejaba obrar su hermano no dándose por enten- 
dido. 

No sé si referir precisamente á aquella temporada el mayor 
acceso de la fiebre y el apogeo del terror; creo que fué más 
adelante cuando con las derrotas y los temores de sucumbir en 
corto plazo llegó la desesperación á su colmo: lo cierto es que 
por el mes de Enero de 1522 no se podía vivir en la ciudad, 
que se cruzaban por las calles las cuadrillas de matadores en- 
tregados á sus orgías , que estaban á la orden del día los sa- 
queos, las muertes, los forzamientos, el despojo y ocupación de 
moradas. Había desaparecido en Noviembre Uniz de Sant Johan 
abandonando lugartenencia y baílía , y el regente la goberna- 



(i) Conservase en el archivo general de Mallorca dicho códice, una de las re- 
copilaciones de antiguos privilegios. 



ISLAS BALEARES 



377 



ción micer Sbert, que reunió la plenitud del supremo mando, 
desengañado de la germanía ó indignado más bien de verla 
deshonrada, quiso atajar el desbordamiento: para esto hizo 
entrar en sus miras algunos curtidores y quizá algún elemento 
más importante. Sea que adivinaran y previnieran el intento los 
desmandados, sea por anterior desconfianza, el 25 de Enero 
por la mañana presentóse en sesión magna del consistorio, 
donde apenas faltaba representación alguna legal ni revolucio- 
naria, desde el reverendo inquisidor Arnaldo Albertí hasta eL 
más ruin oficio, una proposición para dividir los poderes que 
siendo tan altos mal podían avenirse en una persona, y para 
que, conservando á Sbert la regencia, se confiriese el cargo de 
lugarteniente á mosén Pedro Juan Albertí que ya en ocasiones 
lo había ejercido, alegando, para obrar así, necesidades nuevas 
y antiguos precedentes. Comunicóse la resolución al regente, 
que se mostró de ella muy complacido y dispuesto á cumplirla, 
como parece la cumplió, pues junto con él firma Albertí desde 
aquel día; pero, no diré si estaba ya preparado el golpe, ó si lo 
apresuró la extremidad del riesgo ó el afán del desquite, lo 
cierto es que á las pocas horas improvisó Sbert una tremenda 
justicia que hizo famosa la noche de los siete. Siete cabezas se 
designaron á la espada de la ley; por qué trámites, con qué 
fuerzas se prendió á los delincuentes en el momento de salir 
quebrantada y dividida la autoridad y triunfantes los patrocina- 
dores de la anarquía, es cosa que no se comprende (i). Dos de 
los reos, los hermanos Burgueras, tal vez avisados, tal vez aje- 
nos de la suerte que les amenazaba, iban con sus secuaces, y no 
de paz seguramente, desde la sala de los jurados á casa de 
micer Berenguer (2), y tropezando con él en la plaza de Santa 



(i) Procedentes de origen diverso aunque igualmente seguro estas noticias y 
no bastante completas, hay que admitirlas todas asi como son, á pesar de las 
dudas en que ponen y de la dificultad de conciliarias. Indico la explicación sin 
esforzarla demasiado y sin harto afán de suplir los huecos. 

(2) Teníala, según datos, en la manzana situada entre las calles de Morey y de 
48 



37^ ISLAS BALEARES 

Eulalia, intentaron matarle; repelidos empero y acosados á su 
vez por los de la Calatrava (i), huyeron por el interior de la 
iglesia, y hasta el Peso de la Paja no pudieron ser habidos. 
A la vez fueron presos el zapatero Francisco Llunas, matador 
del noble Nicolás de Pachs en Bellver, el Botifoch (Pedro Oliver 
de Sóller) en casa quizá de su amiga Jaimeta, otro zapatero 
Andrés Sard, un hijo de Martín el frenero, y ¡lo más grave! el 
] síndico del pueblo en persona, el diabólico Ferrer. Los siete pa- 

i Mecieron suplicio aquella noche, y no en un rincón de calabozo, 

I sino en la plaza de Cort; por lo menos así consta de Jerónimo 

1 que fué ahogado, y de Llunas degollado y descuartizado á la 

1 puerta de la cárcel, al solemne tañido de la gran campana 

n'Eloy^ desplegada gran vigilancia y fuerza por parte de la jus- 
ticia, con regocijo y aun ayuda de los leales, y con no poco 
susto de los malos que se escondían. 

¿Qué se hacía entretanto el lugarteniente Albertí.? se enten- 
día con el colega á quien se acababa de imponer? abandonaba 
á los suyos en el momento de levantarse sobre sus hombros.^ 
! era pactado equilibrio ó recíproca impotencia de las dos autori- 

{] dades velada con apariencias de mutuo respeto? por cuál de 

i ellas se declaraban los jurados y demás que en la disgregación 

de empleos habían intervenido? se decidían por la causa del 
orden, ó trataban de poner cortapisas al empuje de la reacción? 
Dícese que aquella noche no durmieron en su casa los hermanos 
\ Colom, y que no fueron presos gracias á la flojedad ó más bien 

i al favor decidido de micer Alber abogado fiscal del pueblo, á 

; quien los curtidores requerían á hacerlo: no vemos sin embargo 

que el instador dejara de presentarse en la curia ningún día. 
Tres nada más tardaron en rehacerse de su estupor los amoti- 
; nados, doliéndose amargamente de la pérdida de sus siete cuba- 



Zanglada. Se levaren ios Burgueras del banch deis juráis ahoni seyan^ dice el texto 
de la información núm. 440 : ^en qué concepto? no lo explica. 
(i) Barrio de los curtidores. 



ISLAS BALEARES 379 

líos y y declarando sus propósitos de sangprienta venganza (i). 
Faltáronle á Sbert la decisión ó el apoyo ó ambas cosas á la 
vez para consumar su difícil obra, y antes de sufrir la suerte de 
Crespí, hubo de escapar en la noche del 29, embarcándose pro- 
bablemente, buscado por las turbas á la luz de los tederos. A la 
mañana siguiente, ante una junta tenida en casa de Albertí, y 
poco menos autorizada que la del 25, denunciada por el mismo 
Colom la huida del regente y resuelta la provisión de su va- 
cante, constituyéronse los jurados en la morada del fugitivo, 
donde nadie sino un esclavo supo dar razón de cierta esquela 
en que indicaba por sustituto á micer Antonio de Veri (2); y 
esta designación extraña, más bien que las simpatías de los se- 
diciosos, acordes sin duda con aquella, pareció decidir la instala- 
ción del complaciente letrado en las funciones que había estre- 
nado ya, lo mismo que Albertí, á las puertas de Alcudia. 

Guardar intacta su popularidad , á trueque de prestarse á 
todo, fué la norma del nuevo gobernador y del nuevo regente; 
pero cuidando á la vez de que la revolución no se declarara re- 
beldía, mandaban celebrar con afectados extremos de júbilo por 
toda la isla los triunfos del emperador en Flandes y en Italia (3). 



;¡ i 



!:| 



(i) Trató de vengar á los Burgueras un pariente suyo hornero de su mismo 
apellido, por nombre Bernardino, y formó al efecto compañía de gente armada; \ 

pero herido de muerte, no se sabe por quién (por los agermanados, dicen las in- 
formaciones), protestó que se lo llevase el diablo si jamás había sido infíel á la 
causa. 

(2) Curiosísima es el acta que se extendió, y en particular el contenido de la 
lacónica cédula depositada en'manos de un clérigo, de quien fué á recogerla el es- 
clavo; no se abrió sino solemnemente en la casa de la universidad. Afolt magnifichs 
senyors, escribía á los jurados, /)ér ceris respectes me so un poch apartai; avise 
vostras magnificencias com entretant leixe lochtinent misser Antonide Veri^eguard 
nostre Senyor Deu á tols. A dónde huyó de pronto no se sabe ; pero terminada la 
rebelión, fué rehabilitado y admitido al oficio de juez del pariaje. Su padre Jaime, 
consejero en i $ 2 1 por el brazo de mercaderes, no se hizo tan sospechoso á la ger- 
manía después de la íuga de su hijo que no formase parte de la embajada al sobe- 
rano, pero acabó por ser perseguido, y continuó ausente con posterioridad á la 
reducción. 

(3) La toma de la insigne ciudad de Tornay y la ocupación de Milán en 19 de 
Noviembre anterior son los especificados en la circular del 30 de Enero, que pres- 
cribe cuatro días de fiesta como si fueran de guardar y procesión general el do- 
mingo 2 de Febrero. 



^1^ 



3^0 ISLAS BALEARES 



Rechazábanse con indignación á principios de Febrero, en cartas 
á los diputados de Aragón y de Cataluña, á los jurados de Va- 
lencia, al obispo Sánchez Mercado, al cardenal Adriano, al se- 
cretario mismo de S. M., las imputaciones de inteligencias con 
Francia, del saqueo de la tabla, y otras que llamaban calum- 
nias de los prófugos y emigrados mallorquines ; y se inculcaba 
sobre todo que sería inoportuna y funesta la venida de una ar- 
mada donde era unánime la ñdelidad y respetada la justicia, 
hasta que lo mandara expresamente el soberano, oída la emba- 
jada que se había acordado enviarle. Quizá no tenía más funda- 
mento la supuesta trama que las charlas de un sastre francés en 
elogio de su rey y menosprecio del nuestro (i); mas no eran 
tan aventuradas desgraciadamente las acusaciones que contra la 
germanía figuran en el preámbulo del poder otorgado en Va- 
lencia por los refugiados isleños á favor del procurador real 
Francisco Burgués para reunir veinte mil ducados con que re- 
clutar tropas á pie y á caballo en defensa de Alcudia y con que 
facilitarse la vuelta á sus hogares (2) ; á los atentados ya cono- 
cidos hay que añadir la violación de templos y los sacrilegos 
atropellos del asilo, que parece habían ya principiado. Los ins- 
tadores por otra parte, pues en lo sucesivo hallamos asociado 
en el supremo cargo con Juanete Colom á Pablo Casasnovas de 
Inca (3) como representante de la parte forense, no tomaban 
gran empeño en desmentir á los enemigos con la prudencia de 
su conducta; pues en 1 1 de Febrero hacen desechar por escan- 
dalosa é incitativa á grandes conmociones la avenencia que se 



( i) Pedro Bonet núm. 376 de la información. Entre los matadores figuraba un 
Jorge Nadal francés que en i 523 fué descuartizado. 

(2> Lleva el poder la fecha de 8 Febrero y veinticuatro firmas, cuyos dos ter- 
cios son de donceles y ciudadanos, y las restantes de mercaderes, notarios y un 
labrador, figurando entre las primeras las de micer Gual y su hijo. Al procurador 
Burgués van asociados en el poder Antonio Gual y el doctor Juan García. 

(3) Maestro cirujano, muy conocido en la vida pública desde su embajada á la 
corte en I <; 1 2 en compañía de Eusebio Santandreu. Tenía en la ciudad tres her- 
manos, Andrés pelaire, y Miguel y Antonio revendedores, empleados los dos pri- 
meros en la tabla de la quitación, y muerto el último en batalla. 



ISLAS BALEARES 



381 



tt presentada por fray Gaspar^ prohibiendo á las villas su 
lisión bajo graves penas, y reiterarles la orden de enviar su 
activo contingente de caballos al campo de Alcudia, mos- 
do sus intenciones de reponerlo. Algo sospechaban los mo- 
>res y los huéspedes de ella, cuando en 22 del mes anterior 
amaban á los gobernantes la seguridad pedida tantas veces 
jue no se renovaría el sitio, no cesando mientras tanto la 
L emprendida contra los buques procedentes de Menorca y 
>ersecución de los que saltaban en tierra (i). Volvió allá á 
\ Febrero el obispo de Cluensa, acompañando al jurado Salas, 
>nvidarles con la quitación y la paz y la remisión de los 
os á juicio de los oñciales regios de la ciudad; y ratificáronse 
alcudianos en aceptarlas, protestando por lo tocante á la 
no tener guerra con nadie y menos con vasallos de S. M.^ 
lien confiaban el remedio de los males recibidos. 
Salva la respetable mediación, lo que en la ciudad se de- 
>a era provocar un nuevo rompimiento en lugar de conju- 
3, y no pasó una semana sin estallar. A media legua de la 
veinte y cinco hombres que trabajaban dispersos por sus 
s, fueron de súbito acometidos por quinientos poUensínes, y 
seguro su exterminio á pesar de la resistencia que inermes 
eron á pedradas, si á sus gritos de vía f ora no hubieran 
lido los caballeros que recogían forraje para sus monturas 
ros salidos de la población, y puesto en fuga á los agreso- 
dejando á nueve tendidos en el campo. Aparte la cifra de 
nigos que bastaba el temor para ponderar, y la jactancia de 
3rse ganado á costa no más de tres heridos y un caballo 
siña victoria, no es dudoso de qué parte procedió la acome- 



ilü 



) Corrió graves riesgos acosado largo tiempo por los montes Jorge Botí, el 
lensajero de Gurrea, amenazado ya de muerte en Marzo anterior (v. atrás 
554), después de introducir municiones y socorros en Alcudia, y fué presa ó 
ta la tripulación salvándose con él unos pocos: su mujer é hijos padecieron 
ciudad grandes trabajos y exacciones, como todo consta por un memorial al 
rador que en favor de aquél hizo el virrey desde Ibiza en i s de Marzo de 
año para que se le restituyera á su tiempo el oficio de guardián de mar. 



"^ 



382 



ISLAS BALEARES 



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tida, y pasma ver firmadas por Albertí y por Veri la dura incre- 
pación de homicidas y salteadores que á los alcudianos dirigen, 
y la prevención de no agraviar en lo más mínimo bajo pena de 
cinco mil florines á sus limítrofes de PoUensa, Muro, la Puebla, 
ó cualesquiera otros forenses, y de restituir la artillería que to- 
maron y que urge á la capital recobrar, atendidos los imponen- 
tes armamentos de Barbarroja. Á los tres días del choque, i8 de 
Febrero, presentó el noble Jaime Bernardino de Togores esta 
cédula, á la cual contestaron con discreta mesura los reconve- 
nidos, previa reunión de consejo, que no habían hecho sino 
obrar en defensa propia, siendo 6u término el invadido, como 
se probaba por la inspección del sitio del combate, y que si 
amenazaba invasión del formidable pirata, en vez de reclamár- 
seles la artillería, razón era proveerles de pólvora, escopetas y 
ballestas para defensa de la importante plaza. La cosa quedó 
así por entonces, pues absorbía el cuidado por aquellos días el 
alzamiento de los leales de Manacor, que eran pudientes y de* 
cididos, á pesar de lo mucho que desde el principio padecieron, 
sellando algunos con su $angre la firmeza de sus honrados pro- 
pósitos (i). Apurados por las fechorías del instador Mateo 
Armengol Sarria erigido allí en tiranuelo, agregáronse á los 
mascarados primitivos muchos que se habían mostrado de pron- 
to adictos á la germanía, y unidos se hicieron dueños de la po- 
blación: pero acudieron en tropel las cohortes ciudadanas en 
apoyo de su bando, y á la autoridad del citado mosén Togores 
que al frente de ellas iba con el mismo carácter que á Alcudia 
en calidad de lugarteniente, debióse acaso que no fuera más 
violento el conflicto y más desastrosos los excesos de los ven- 



(i) Al principio de la germanía fué muerto ya Antonio Stcva, y traídos á la 
ciudad encadenados Antonio Nadal y Gabriel Domenge que fueron luego los prin- 
cipales autores del levantamiento reaccionario. Por las fíestas de Navidad habían 
perecido asesinados Miguel Vaquer, Antonio Badía y un Reus, Pedro Binimelis en 
el Carritxar^ Pedro Vallcspir en la misma insurrección, dos Ballester en distintas 
ocasiones, y otros naturales de Manacor en Petra, en Felanig, en Arta. 



ISLAS BALEARES 



383 



es. Sin embargo, no se excusaron muertes por ambas par- 
' arrollados los amigos del orden, replegáronse cuantos 
ron, salvando distancias, al abrigo de aquellos muros que, 
lantenidos á la defensiva, eran para los rebeldes una pe- 
amenaza. 

nunciábase próxima, como pesadilla de los unos y espe- 
de los otros, la venida de la escuadra destinada á so- 
la isla, á pesar de que en la suspensión de su envío se 
an á terciar los diputados de Cataluña y los concelleres y 
3Íldo de Barcelona y el mismo arzobispo tarraconense 
o Folch de Cardona) lugarteniente del principado, mien- 

se provocase con nuevos desórdenes la indignación del 
sino. De la comisión recibida y cortésmente participada por 
isejero real micer Francisco Ubach para poner orden en 
s, mostraban menor recelo y hasta satisfacción los jurados, 
ndiéndole de la obediencia del pueblo más de lo que esta- 

su mano, pero quejándose á la vez con las autoridades 
lonesas, cuyos buenos oficios agradecían, de la detención 
a por sus enviados y singularmente por el franciscano 
ral fray Barceló, alma de los consejos de Colom tenidos 
convento, á quien impedían los superiores de Barcelona 
á cabo la misión de que iba encargado para el pontífice. 
)rtuna aún se les reconocía allí cierto carácter oficial que 
negaban los de Menorca, irritados por muertes y presas 
abían mediado entre buques de ambas islas, é influidos 
>s escrúpulos legales de los emigrados que allá acudían; y 
icepto de país sublevado suscitábanse dificultades en Sici- 
)tros puntos para abastecer de trigo á Mallorca al agente 
te de Moya, el cual por omiso ó quizá por harto sincero 
vocado. De cada vez se aislaba más por fuera y por den- 
situación revolucionaria, no sirviendo ya desvanecer ru- 
; de supuestos atentados, cuando sobraba la triste realidad 

1 innegables; y con el aislamiento crecían la suspicacia y la 
icia contra los enemigos que brotaban por todas partes. 



i 



i 




384 ISLAS BALEARES 



i Temióse ver reproducido en cada villa el sacudimiento de Mí 

nacor; y no se tuvieron por seguros, mientras ondease la bai 
! dera real, que en el castillejo de Santueri había legrado e 

! guarda Burgués á un puñado de defensores, y que á prueba ci 

riguroso bloqueo se mantenía en Alcudia. Fueron por dem¿ 
; las intimaciones judiciales para amainarla, y el castillo coi 

tinuó con más ó menos apuros, socorrido de un lado y estn 
j chado del otro según el partido, por los moradores de la vecín 

{ Felanig, y compactos y vigilantes los alcudianos y sus proteg 

i dos contra las inopinadas embestidas del adversario. Todo 1 

i que éste logró en las del 1 4 y 1 6 de Abril, días de seman; 

santa, fué en la primera robar dos bueyes y acribillar de herida 
! á su dueño (i), y talar las viñas en la segunda y armar inútil 

mente una celada: más importante fruto reportaron del comba 
' te del 23 los sitiados, agradeciéndoselo á San Jorge y al piado 

so entusiasmo de que supo inflamarles el carmelita fray Antonic 
de Ávila (2), no tanto por la dispersión general y pérdida de 
; veinte y cinco hombres causada al enemigo, como por la salva- 

ción de las cebadas que pudieron segar y distribuir tranquila- 
mente, remediando así la inminente carestía. Ya en días pasa- 
dos, rompiendo el cordón marítimo, habían logrado aportar á 
i Ibiza Berenguer Serralta á nombre de los refugiados y un sín- 

I dico de la villa para obtener del virrey Gurrea, en vista de la 

apremiante necesidad de socorro, que á procurarlo se destina- 
I ran con preferencia todos los recursos allegados por D. Fran- 



co Llamábase Jaime Boaet Gen/fV-^om, y curó de quince heridas de laaza y 
tres de cuchilla. 

(2) Habitaba á la sazóa este ferviente religioso, forastero sin duda, el santua- 
rio que de ahí tomó el nombre de la Victoria, donde predijo desde la mañana de 
aquel día el gran triunfo que por la tarde habían de obtener los alcudianos. De 
este maravilloso suceso y de la sumaria declaración de martirio hecha por el pue- 
blo á favor de un inerme vecino y de dos hijos suyos menores inhumanamente 
destrozados á sangre fría por los de Pollensa, con la manera de obtener el rescate 
de la prisionera esposa y madre mediante represalias, tomóse en seguida infor- 
mación notabilísima publicada en el Cronicón Mayoricense, página 289 y si- 
guientes. 



ISLAS BALEARES 



385 



O Burgués con poderes de los emigrados en Barcelona y 
/alencia, á fin de fletar buques y proveerlos de municiones 
veres, con facultad de hacer presa en cualesquiera embarca- 
es que pretendieran oponerles estorbo ó resistencia. Firma- 
n 13 de Abril esta disposición (i), y comisionado para en- 
erse con los de la península Juanote Uniz de Sant Johan, el 
ivo lugarteniente que había ido á reunirse con su principal 
esto, apareció en la bahía de Alcudia en los primeros días 
layo una galera tripulada de caballeros con dos berganti- 
le convoy, precursores de otros á lo que se decía, cuyo 
io determinó á los sitiados á tomar la ofensiva, difundiendo 
panto en las villas comarcanas y llevando la consternación 
ciudad. 

Realizábanse al fin las alarmas, para cuya averiguación 
iba de pasar á Barcelona el notario Miguel Santpol, que 
o y aun optimista como era, cambiaba de buena fe seguri- 
s de recíproca armonía con los gobernantes del principado. 
>uían éstos á gestiones particulares de mallorquines la ex- 
:ión, simplemente cargada, decían, de bastimentos y no de 
LS, al paso que Burgués, desdeñando dar más explicaciones 
mensajero de jurados intrusos, declaraba obrar por comi- 
del virrey legítimo de Mallorca y de acuerdo con el de 
luAa, quien por su parte no ocultaba, al insinuar algo de 
eales instrucciones recibidas, que de proceder según ellas 
más en grande. Para colmo de desdicha tenía agraviados 
írmanía de Mallorca á diputados, concelleres y arzobispo 
laber interceptado á Barcelona dos carabelas, apoderándose 
rigo en virtud del pirático privilegio otorgado, por decirlo 
il hambre; pero con las reclamaciones de las autoridades 



:l 



1; 









1t 



Va precedida de la súplica de dos docenas de caballeros que formaban en 
a comitiva del virrey, distintos casi todos de los firmantes del poder otor* 
ín Barcelona á 8 de Febrero. Este documento y el memorial de Gurrca á fa- 
Botí existen en el archivo de la real Academia de la Historia procedentes 
)iblioteca Salazar. 
49 



i 



386 ISLAS BALEARES 

catalanas no cesaban de alternar afectuosos y casi paternales 
consejos de abstenerse de excesos y desórdenes por no empeo- 
rar la causa y echarse encima un tremendo castigo. Aún se les 
adelantaba en solicitud el prudente Ubach, en busca del cual 
iba á llegar de día en día la nave de remos llamada de veinte y 
dos con otros dos buques, mostrándose tan deseoso como la 
isla de entrar á ejercer su justo y pacificador ministerio, y pre- 
parándolo con benévolas exhortaciones; pero los jurados alega- 
ban no poder desprenderse de sus embarcaciones en el momento 
de más necesidad para repeler la desatentada agresión de algu- 
nos malos patricios, ni restituir de pronto la presa á que les 
había obligado la extrema penuria que reducía ya á mucha g'en- 
te á vivir de algarrobas y verduras. Andaban descompuestos 
con semejantes contestaciones los humores de paz, y no acaba- 
ba de despacharse la embajada para la corte del emperador, 
elegida desde meses atrás en general consejo, que habían .de 
llevar á la península las naves encargadas de traer á Ubach: 
hasta el 16 de Junio no prestaron juramentólos cinco enviados, 
de importancia personal inferior á la de su malogrado cometi- 
do (i). Agregóseles el instador forense Casasnovas, y embar- 
cáronse el 20 en Sóller, metiéndoles gran prisa los jurados de 
parte de Colom y hasta de su hermano Francisco, como decla- 
ran, para que llegasen á tiempo de verse con Adriano VI en 
Tortosa, donde le había encontrado la nueva de su elevación 
al pontificado: tales eran de encumbradas las recomendaciones 
y salvoconductos que se les procuraba para abrirles paso hasta 
el pie del trono. Pero en Barcelona se desconfiaba ya de los 
agentes de Mallorca á pesar de sus protestas y de sus premu- 



(1) Fueron Jaime Moix consejero por el brazo militar, el jurado menestral 
Guillermo Colom, Jaime Sbert padre del prófugo regente, Pedro Ozona notario y 
Antonio Tomás cabeza de la germanía de Llucmayor. En Barcelona estaban aún á 
mediados de Julio, cuando á Moix, Sbert y Ozona, probablemente por sospecho- 
sos, alcanzó la revocación del consejo, y allí se quedaron, volviendo á Mallorca los 
otros tres, Colom, Tomás y Casasnovas, confirmados en la embajada, para recibir 
acaso nuevas instrucciones. 



ISLAS BALEARES 



387 



3 instancias á Ubach, y lo mismo que fray Barceló era preso 
esbítero Saurina encargado de análogas gestiones ; á otros 
s mandaba salir por pregón como fautores de trastorno, y 
[pilaban los desmanes que de los de acá se referían (i), 
tras los sacaba más de quicio la confirmación de los bélico- 
iprestos encaminados á su exterminio. 
De cuantas quiebras sufrieron por mar los agermanados tan- 
I el bloqueo de Alcudia como en el corso emprendido para 
tecimiento de la isla, ninguna les dolió más que la de esca- 
bies del mismo puerto su nave principal de veinte y dos (2), 
Dtro nombre de los pescadores, que al mando del zapatero 
o Bagur se había señalado en interceptar socorros á los 
; muros ; y preparábase á más decisiva campaña, cuando 
idose con ella por secreto trato la mayoría de la tripulación y 
ndo al agua al intruso capitán, la condujo á Ibiza para en- 
irla al virrey destituido. Conmovióse el pueblo, reuniéronse 
Lonja los prohombres, y aprestóse una flotilla de cinco 
5 {cayres ó de vela cuadrada) y cuatro embarcaciones lati- 
le remos, no todas confiadas á marinos, sino á artesanos 
os en la navegación, como de cualquier oficio los había en- 
ís, aunque más por audacia que por pericia se tomó Fran- 
Colom el supremo mando. De cada cincuentena escogieron 
hombres los jefes, con lo cual no bajaría mucho de mil, 
sos cincuenta payeses y cuarenta forasteros que iban con su 
ón aparte, el número de los expedicionarios: dispuestos al 
»ate, se previnieron de cirujanos. Hasta entonces habían co- 



Que había sido muerto un jurado y uno ó dos canónigos y robada y sa- 
I la Seo, tales eran las voces que corrían por Barcelona al regresar Santpol 
)rimer sindicato, y que los jurados en 6 de Junio se apresuraban á desmcn- 
^ún enorme escándalo daría margen á estos rumores. 

No debió de tomar este título del número de marinos que la montaban, 
¡ntendió malamente Mut, sino del de bancos de remeros por el cual se cal- 
la importancia de las galeras, y era mucha la de ésta, costeada en i S 14 Por 
aio de pescadores (véase atrás, pág. 340), si se compara con otra denomi- 
e trece. 



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388 ISLAS BALEARES 

rrído en paz con Ibiza los agermanados, á pesar del asilo dado 
allí á las autoridades fugitivas, y en ocasión reciente les habían 
prestado auxilio de granos y dinero contra ciertas galeotas tur- 
cas; pero hallábase en Mallorca un grupo de menestrales ibicen- 
eos que simpatizaba con los mallorquines (i),y empujaba á ten- 
tar la empresa, contando con los payeses de su isla. Algunos 
desembarcaron al pasar por frente de Santa Eulalia, donde un 
cañonazo dio la señal de mutua inteligencia: pocas horas después 
en la tarde del 5 de Junio, jueves anterior á Pentescostés, pre- 
sentóse la armada ante el puerto de la capital, intimando al go- 
bernador y jurados la entrega del reclamado buque, y á las 
naves allí surtas que se alejaran, con apercibimiento de echarlas 
á pique. Sin aguardar respuesta, que era en efecto por demás, 
empezó desde el amanecer del viernes el bombardeo contra la 
villa, iglesia y castillo con dos medias culebrinas y tres sacres 
apostados en la isla Plana, á cuyos fuegos contestaron los de la 
plaza ; y el sábado á punta de día saltó á tierra y púsose en or- 
denanza el grueso de la fuerza, no menor de quinientos hombres, 
con ballestas, picas, escopetas, espadas sencillas y de dos ma- 
nos, y echado pregón de que nadie retrocediese so pena de la 
vida cuya exacción se encargaba al inmediato compañero, avan- 
zaron hacia las torres deis Andreus^ hasta que vieron venir enci- 
ma al enemigo con alguna caballería. Vacilaba éste, escaso en 
número para acometer; pero alentado con una arenga del gober- 
nador que se puso á su frente, arremetió con la allegadiza hues- 
te mallorquina, peleando por el invadido suelo y por generoso 
sentimiento de hospitalidad, y la empujó en desorden hacia la 



(i) Eran éstos un Bernardo Isern pelaire, un Tomás Genis pintor, un Francis- 
co Torres de Montserrat, un Antonio Torres, un Francisco Bofí sastre, un Pedro 
Rosselió tejedor, un Juan Serra albañil y algún otro, prometiéndose mucho de sus 
amigos y parientes campesinos, á nombre de los cuales fué á conferenciar una 
noche con los expedicionarios un Torres de Calallonga. Los que no murieron en 
la refriega como Genis é Isern, se volvieron á Mallorca con la armada, dando atroz 
muerte en la travesia á un mancebo de la nave que cogieron. 



ISLAS BALEARES 



389 



mientras el virrey con algunos caballeros emigrados aten- 
a defensa del puerto. Maltratadas por el tiroteo retíra- 
las naves, con lo cual acabaron de desbandarse los que en 
se quedaban, desamparando una pieza de artillería y has- 
>jando las armas para echarse al mar donde perecieron 
s miserablemente, ó rendirse á discreción, ó buscar en 
j^arida por los pinares. 

'ande fué el destrozo en aquel desconcertado ataque, don- 
se puso á riesgo de morir el almirante bonetero como su 
io Ramón Arguimbau, como los jefes de cincuentena Re- 
y Genis, como el joven Domenech y otros varios decidi- 
), pues no abandonó la isla Plana ni la sombra de la ban- 
oja que allí había enarbolado, y partió en seguida con sus 
abrados buques, muy ufano con el que apresó del ibicenco 
egra, en escasa indemnización del que había ido á revindi- 
ío se consolarían tan fácilmente las familias de los que no 
ron : en el desquite no se pensó más, y todo se redujo á 
aclamación con reserva de derechos, no muy alta de tono, 
a en 9 de Junio por los jurados del reino á los de Ibiza. 
& allá una docena de prisioneros, cuyo proceso descubrió 
is y graves culpas ajenas á la expedición, y dio por fruto 
liados de Agosto cinco sentencias capitales contra Rodrigo 
cial real, Jaime Ribas pelaire, Bartolomé Caldés Casado^ 
sar Bou y Pedro Planes Botana de Binisalem, los tres últi- 
aunque muy jóvenes, matadores de oficio de la guardia de 
isco Colom ; de mejores antecedentes era Ribas, preso al 



Si la informacióa general contraída á los principales agermanados nombra 
veinte muertos en batalla, £ cuántos no morirían del vulgo? Juzgo no obs- 
xagerada la pérdida que les atribuye Mut, de 250 hombres. De parte de l.os 
\ no se menciona otra muerte que la de mosén Antonio Vidal que iba á ca- 
tupie por crónica del suceso la información referida, tan expresiva está en 
3 de sus rápidas indicaciones. ^Cabe pintar con menos palabras el desastro- 
le Antonio Domenech > morí devall una olivera anantsen náfrate e cans men- 
. Su padre al saberlo exclamaba : corregan los carrera de sanch de aquests 
s mascarais^ e lavors seré contení. 



390 ISLAS BALEARES 



principio por Crespí como disidente en la formación de la trece 
na con tendencia al parecer aún más templada (i). Del 1 1 al 2< 
presenció la isla Plana los suplicios de horca y descuartizamien 
to, ejecutándolos en defecto de verdugo un Vergara vizcaíno, i 
quien se le conmutó por el infamante oñcio la pena incurrida 
Botana en el acto de morir confesó delitos ignorados. Los res 
tantes fueron condenados á galeras: en el sustento de los preso 
y en la cura de sus heridas se gastaron 1 45 libras de 7 de Junic 
á 5 de Setiembre. En los ibicencos no consta se hiciera castigc 
alguno, á pesar de los indicios de conspiración descubiertos 
Desde Valladolid á 1 1 de Setiembre dio gracias á Ibiza por si 
esforzada resistencia el emperador, que pisaba el suelo espafiol 
desde 15 de Julio. 

Exacerbado con este desastre y con los bríos cobrados por 
los de Alcudia, contra quienes levantaba gente para resguardo 
de Pollensa el baile de la ciudad Bernardo de Brossa, mientras 
no desistían aún de proseguir negociaciones los jurados Pagés y 
Paretó con algunos eclesiásticos, fulminó el gobierno revolucio- 
nario secuestro de bienes por toda la isla á los refugiados en la 
fiel villa ó promovedores de la armada; con lo cual llovieron 
innumerables reclamaciones y testimonios de no ser de este nú- 
mero los ausentes dueños, pero no se consiguió la vuelta de 
ninguno. Estaba embargada de un confín á otro la mayor parte 
de la propiedad, ya bajo dicho concepto, ya bajo el de refracta- 
rios á la quitación, que seguía rigurosamente, sin aguardar á 
que concluyera el avalúo general puesto á cargo de estimadores 
de diversos brazos (2). Con esto eran ocupadas en la ciudad con 
pretexto de guardarlas las vacías casas y palacios de la noble- 
za, y se instalaban en ellas vanidosos ó rapaces proletarios, y 



(i) Véase atrás, pág. 358. Habla Ribas en su declaracióa de los parientes de 
su propio linaje perseguidos como mascarados, y del decidido apoyo que al re- 
gente Sbert prestó en la noche de los siete. 

(3) Eran en número de nueve, y por el de ciudadanos mosén Nicolás de Berga 
reputado como adicto á la germania. 



ISLAS BALEARES 



391 



xí SUS arcas, y registraban sus secretos, y se regalaban 
despensas ó bodegas, y saqueaban sus armerías, y saca- 
3aseo ó á campaña sus caballos, ó cargaban los mulos con 
smos robos ; los más violentos se ensañaban con los ediñ- 
hacían alarde de desprendido celo proponiendo demoler- 
no de enemigos de la patria. Rebosaban las almonedas 
as, muebles y alhajas de mascarados, recogidas por com- 
nes, embargos ó despojos, donde los escrupulosos de 
se proveían á cómodo precio de todo lo apetecible. Mu- 
or, cuando en el hogar había quedado porción de la fami- 
)otentes ancianos, tímida esposa, tiernos hijos, objeto de 
s y malos tratamientos, y que con sus vidas á menudo 
que responder del emigrado jefe de ella, incurriendo, si 
ituraban á reunírsele ó á ponerse en salvo con la fuga, en 
sos peligros ó en acerba y trágica muerte. Más riesgo aún 
vida corría el honor de las mujeres en medio de aquellas 
1 de forzadores profesionales, cuyos odios y apetitos ten- 
las damas doblemente que las otras; y tan expuesto era 
t las murallas sometiéndose á las mortificaciones de un 
o, como ser conducidas desde sus apartados predios á la 
en clase de rehenes bajo brutal escolta. Dentro y fuera 
n víctimas en abundancia: la esposa de micer Safortesa 
:apaba vestida de hombre, la de mosén Pedro Gual dis- 
el abogado del pueblo, la de mosén Juanote Barthomeu, 
darlos des Puig y sus hijas en Andraig, la señora Maxella 
urió de espanto, otra abrasada en Valldemosa con su 
dentro de una cueva, las de Tomás, Bonapart, Spanyol... 
t catálogo que sería prolijo completar (i). 
n perturbación semejante, agravada por el hambre ó poco 



idícansef además de los casos particulares, mortandades colectivas: /s^u^ 
I, dice la Información á propósito de Juan Pujol núm. 450, ad en Cosme 
ra degollar las donas d'honor^ y degollarenne cinch ó sis; y del núm. 63a 
^erdá Margo y dice : ha morías mollas donas de bé del Ciljar y allras forsa- 
anli ca gros iots los matadors per causa que matava sens pietai. 



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392 ISLAS BALEARES 

menos, que convertía diariamente en batalla el repartimiento 
del pan distribuido con iniquidad y arrebatado con violencia, y 
por los recelos de peste de que cundían rumores en Manacor (i), 
no es mucho que se hiciese intolerable la estancia en la capital, 
no diré á los mascaradcs, blanco de toda suerte de oprobios y 
vejámenes, sino á cuantos no formasen en primera fíla de los 
tumultos: el verano de 1522 hacía echar de menos el pasado de 
tan horrible recuerdo. Ni se conocía mayor quietud y seguridad 
en las villas y en los campos, donde quiera hubiese casas que 
saquear, y haciendas que destruir, y traidores que prender, como 
eran llamados los leales ó los ricos, ora fuesen ciudadanos, ora 
del mismo pueblo, más aborrecidos que los forasteros; robábase 
por cuenta particular ú oficialmente para hacer públicos acopios 
de granos y de carne, se cogían á centenares las cabezas de ga- 
nado, eran taladas vifias y huertos, extraídos á cargas el vino y 
el aceite, arrendadas las cosechas, vendidas las propias fincas, 
seducidos ó declarados libres los esclavos para volverlos contra 
sus señores. Á cada población y comarca le bastaban sus des- 
mandados indígenas, aun sin necesidad de las comisiones y ga- 
villas procedentes de la metrópoli, para reproducir donde quiera 
escenas de estrago y muerte ; y no á la vez ni de uniforme ma- 
nera, sino en diferentes tiempos y ocasiones, aisladamente ó en 
grupo, en riña ó en motín, en su casa ó en la vía pública, alevo- 
samente ó resistiendo ó escapando, con relevantes pormenores 
de horror ó lástima en algunos casos, no hubo suelo que no re- 
garan con su sangre personas de toda condición, edad y sexo, 
denodados bailes en el cumplimiento de su deber como los de 
Sineu y Felanig, pacíficos propietarios asaltados en sus granjas, 
familias hechas testigo del asesinato del padre ó envueltos con 
él en la matanza. A tres ó cuatro centenares ascienden según 



(i) Para indagar si lo era, fué enviado allí en 2 de Agosto en compañía del 
jurado Paretó el conocido cirujano Damián Carbó, autor del libro del Arte de co- 
madres impreso en Mallorca en i 541. 



ISLAS B AL E A R E S 



393 



(lentos la lista nominal de los inmolados en toda la isla, á 
as decenas de millares de libras el importe de las depreda- 
í legalmente reclamado (i). 

izguese cuál sería con la resonancia de tantos y tales aten- 
, que en Alcudia, en Ibiza, en Barcelona, en la corte había 
¡e interés en abultar el resultado de los esfuerzos del hon- 
Santpol que por segunda vez había tomado sobre sí la 
ible misión de abonar la marcha legal de aquel despefia- 
y la sensatez de aquellos furiosos, y cuáles serían sus 
os en la capital del principado, en Tarragona, en Tortosa, 
regente designado, con el virrey arzobispo, con Su San- 
para responder por tan perdida causa. Por poco no jugó 
al en la peligrosa defensa, tratado por cómplice de los que 
tenían, en medio de las insistentes nuevas de atropellos y 
zas y conjuraciones (2), y requería con angustia, no sólo 
jurados, sino al instador y cabezas de gremio que no lo 
de muy buen talante, que cuanto antes se sinceraran y se 
rieran de actos violentos, limitándose á la santa obra de la 
ion, pues de otra manera, así por conservación propia 
por espíritu de rectitud, habría de trocarse de campeón 



Más de setecientos expedientes de indemnización existen , instruidos 
7, que se pagaron del cúmulo de las confiscaciones y multas impuestas á 
manados, cuyo importe fué de 33,000 libras ; y aplicado á la satisfacción 
perjuicios á razón de veinte y nueve y medio por centenar, resulta que el 
éstos excedía mucho de cien mil. 

Véanse algunas de las que refiere en su interesantísima carta de 26 de 
)ntinuada en los apéndices: Esseni en Tarragona trobi una gran mar, so es 
\anciedaiera informada com havian morts lo capiscol y lo canongc Net y vint 
ñire homens y donas ^ y que part ne havian talladas á la carnisseria y que 
idavan cam /rancha, y que anava un capitá per la illa maianty venent molts 
mascarais^ y que havian capolat y cremal en Renovart (debía de ser algún 
10], >' que havian donada sentencia que tots los bens deis mascarais qui eran 
la Ierra fossen confiscáis a la sánela quitado, y que en lo iiltim agermana- 
-en uns capitols los quals volian que micer Ubach juras abans de entrar en 
\ies. Susurrábase algo también, según la referida carta, del asesinato de los 
3S Salas, que refugiándose en la casa de la Inquisición, fueron muertos en 
is del obispo, y de la fuga y reclusión de éste en la Seo, tomando pie de 
mientos no bastante averiguados. 



394 



ISLAS BALEARES 



en adversario de la patriótica querella que sustentaba. Algo 
hubieron de conceder á la voz de la conciencia pública indig- 
nada, haciendo justicia expedita de algunos facinerosos, aunque 
vulgares y oscuros, con bra¿o y asistencia del pueblo, á vista de 
dos comisionados por el doctor Ubach á fin de inspeccionar la 
situación del país (i); y de estos escarmientos tomaban píe los 
gobernantes de Mallorca en 1 1 de Julio para instar con más 
eficacia por la venida del suspirado restaurador del orden. Re- 
sultó falsa la muerte del canónigo Net y del capiscol, cuyas va- 
cantes se habían ya solicitado, no menos que la de los her- 
manos Salas, cuya sangre se decía haber manchado las vesti- 
duras del obispo auxiliar que los amparaba, viéndose obligado 
á refugiarse en la catedral ; antes bien, si guarda relación el 
suceso, según parece, con el allanamiento en nuestras historias 
referido de la casa del inquisidor, cuyas funciones en ausencia 
del insigne Arnaldo Albertí ejercía el ilustrísimo fray Pedro 
Pont, triunfó esta vez de la insolencia de los rebeldes el pres- 
tigio autoritario, cayendo de rodillas los hermanos Colom á las 
plantas del mitrado fraile, puesto en el caso, no de escudar ame- 
nazadas vidas, sino de sostener su jurisdicción contra un reo, á 
quien por su mano prendió á despecho de los alborotados (2). 



( I ) Eran estos mosén Antonio Ferrer presbítero y Cristóbal Serra, como á la 
Diputación de Cataluña escriben los jurados, añadiendo estas significativas frases: 
E axi es vist que las justicias e sentencias crimináis que son fetas durant aquesta 
concorrensa, son sladas executadas ab instigación auxili y asistencia del poblé. 
Prueba de que alguna represión se intentó por parte de las mismas autoridades 
revolucionarias con posterioridad á la de Sbert, y que no sólo fué aplaudida sino 
reclamada acaso por la multitud, á tal punto habrían llegado la inseguridad y el 
desorden, á la cual responde tal vez la ejecución de un tal Meliá y de un Rafael 
Pons arriero, ahorcados en aquel tiempo por delitos comunes. Querrían alguna 
vez echarla de justicieros el lugarteniente Albertí y el regente Veri, que no habían 
vacilado en herir judicialmente con sentencia capital al noble Salvador Sureda, 
hijo de mosén Pablo, por causa desconocida. 

(3) Refieren el hecho detalladamente Binimelisy Mut, indicando que el reo era 
de la trecena y acaso de raza converso, y que llevaba la intención de quemar los 
procesos del Santo Oficio : ninguna alusión á esto hallo en los documentos, sino 
únicamente alguna analogía con lo que en Barcelona se contaba de la invasión del 
tribunal por los sediciosos. 



ISLAS BALEARES 



395 



ino al ñn el paciñcador, objeto durante cinco meses de tan 
ites votos y esperanzas por ambas partes; y á bordo del 
mtín fletado por cuenta de los jurados, escribe á estos y á 
aderes revolucionarios el entusiasta Santpol el 4 de Agosto, 
:iando con las palabras de Simeón el advenimiento del de- 

> de las gentes, que llega inerme y solo, y que previa una 
í detención en Alcudia, debe entrar en la capital, exhor- 

> á que se celebre con luminarias, lo mismo que el del em- 
lor á la península. Acude el acompañamiento á Sóller en 
costa se ha descubierto el buque, pero no desembarca allí 
ctor Ubach; aporta á Alcudia con gran disgusto de la ciu- 

mostrado ya en carta del 5 y más acentuado en la del 7, 
dándole que en ella ha de jurar las franquicias y leyes del 
, antes de entrar en el ejercicio de sus altas funciones, 
arables de su residencia en la cabeza de la isla, y que toda 
ón en presentarse entraña para ésta graves riesgos y para 
ormes responsabilidades. Pasa á Inca el 8 la numerosa co- 
n designada para recibirle, compuesta del jurado Pagés, 
abío capitular Juan de Menorca, del clavario ciudadano 
ir do de Juny y del forense Antonio Colom de Felanig her- 

> mayor de los dos célebres demagogos , del instador 
snovas, del embajador Antonio Tomás, y de mercaderes, 
strales y payeses harto comprometidos, hasta el número 
einta; y estacionada á medio camino, transmite la corres- 
encia seguida activamente hasta el 1 2 entre el gobierno 
nanado y el comisario regio, en términos corteses pero 
cionados, preñada de mutuas reconvenciones, de un lado 
a demora que mantiene vivas inquietudes, del otro por las 
etudes y aun homicidios que preparan mal un digno recibi- 
to. A su carta del 1 1 acompaña el regente, confíándolo á 
>s de Santpol, un edicto imperial fechado con retraso de 
meses en Valenciennes á 1 3 de Octubre del año anterior, 
terminante en reprobar sin excepción los actos de la ger- 
a y en declararlos crímenes de lesa majestad; y sobre tan 



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n 


1 


i 



3q6 islas baleares 

ineludible mandato, no conocido al parecer hasta entonces, se 
reservan no obstante deliberar con maduro consejo los preten- 
didos fieles para cuando se presente el delegado, quejándosele 
mientras tanto de que se circulen desde Alcudia á las otras 
villas intimaciones con terribles amenazas para acudir allí con 
armas y caballos, y recelando que con los ya guarecidos y los 
que cada día llegan ávidos de venganza en pos de su señoría, 
no le formen escolta más propia de un caudillo que de un me- 
diador. Sin responder éste de actos ajenos y privados, y atenido 
á lo imparcial y rígido de su papel, insiste en la imposibilidad 
de asentarse como ministro de paz y justicia en medio de armas 
y tumultos, y en las instrucciones recibidas del monarca hasta 
obtener sumisión cumplida, tan plena como desea de ciudad tan 
principal y tan querida para él como su nativa Barcelona. 

No sé si estarían de este ánimo los jurados, y menos aún el 
lugarteniente de gobernador y el de regente, de cada vez más 
identificados con el alzamiento ; pero de seguro no lo estaban 
Colom ni sus secuaces, ni aun dado que lo quisieran, les habrían 
permitido retirarse las desenfrenadas turbas que ya en vez de 
seguirles les empujaban. Hacíase imposible mantenerlas por 
más tiempo en el error de que el rey aceptara en servicio 
propio y en reforma y beneficio del reino las novedades hasta 
allí intentadas, de que no tuviera más enemigos la sania quita- 
ción sino los que vivían de opresiones y abusos y cuya mala 
voluntad le suscitaba efímeros tropiezos: de nada servía ya 
forjar cédulas, como las que supuso al principio el notario 
Miguel Nebot, saludadas por delirantes vítores y por las so- 
lemnes campanadas de n'Eloy^ para persuadir que fuese pre- 
ceptiva bajo graves penas la adhesión á la germanía; pues no 
era dable ocultar la desaprobación soberana que atraían tama- 
ñas desobediencias y atentados y lo formidable é inminente 
del castigo. De puro inevitable y merecido por los delitos pa- 
sados, temíase menos el provocarlo con otros mayores: al su- 
ceder á la ciega ^ credulidad la desesperada evidencia, hacía al 



ISLAS BALEARES 



397 



íblo más incorregible. A las dos primeras víctimas , ignoro 
les y con qué motivo fuesen, que retrajeron á Ubach de 
er su entrada, siguieron diariamente otras, no diré de cali- 
I, porque caballeros quedaban ya pocos en el recinto de los 
ros, á excepción de los refugiados dentro de la Seo cuyo 
o se respetaba, pero sí de mediana y aun humilde condición, 
nestrales de todo oficio, por una palabra de censura, por un 
eo de justicia, por odio tal vez ó venganza particular, acu- 
los, perseguidos, tumbados por arma alevosa en mitad de la 
le. Las lanzas con fuerza arrojadas detenían al fugitivo, 
irábanse con deleite humeantes y grasientas las espadas, 
orbaban el paso los cadáveres desnudados y tendidos sobre 
ladares; escenas de canibalismo que deshonraban la capital, 
sconocíase toda autoridad: al jurado mayor Pelayo Fuster 
le apuntaba el puftal al pecho para obligarle á suplir de 
)pio los exhaustos recursos; al otro Paretó buscábale Colom 
ra matarle por no sé qué aspiración al restablecimiento del 
ien; el clavario Bernardo de Juny acogióse á lugar sagrado, 
ísinado en el camino de Portopí su hermano Blas contador; 
mosén Togores no le valieron los cargos admitidos de la 
solución para no destrozarle la casa y tener que ocultarse; 
mismo Pedro Juan Albertí, un día que trató de salvar á los 
rmanos Burgués, vio acogidas con insultante sorna en medio 
la plaza de Santa Eulalia sus voces de ¡favor al rey! sin 
peto á su real sobrevesta, y no se libró otro día de ser regis- 
do á la puerta de la catedral por sospechas de introducir co- 
la para los reclusos. 

Alcudia triunfaba moralmente á la sombra del pendón real, 
to que con los refuerzos traídos de la península por D. Fran- 
:o Burgués y de Menorca por su gobernador San Climente, 
aventuró á salir de sus parapetos para romper el cordón en 
Puebla atravesado á los que de diversos puntos trataran de 
idir al llamamiento de los leales ; y cogiendo quizá, por ser 
día de la Asunción de Nuestra Señora, desprevenidos á los 



398 ISLAS BALEARES 

rebeldes, en su mayoría payeses, se les puso en derrota, bien 
que sufriendo alguna pérdida en la retirada (i). Con no menos 
de tres mil peones y doscientos jinetes apréstesela ciudad, con- 
tra su enemiga convertida en agresora, á renovar desde el i .** de 
Setiembre los combates interrumpidos por cuatro meses al re- 
dedor de los muros alcudianos, y el primer blanco de la gruesa 
artillería fué una torre más flaca al parecer que sus compañe- 
ras; pero hallándola los sitiadores más fuerte y mejor defendida 
de lo que esperaban, dirigieron sus baterías á la parte del Puer- 
to Mayor, á cuya muralla más accesible se acercaron, protegi- 
dos por una trinchera de tierra y rama, hasta un tiro de piedra. 
Condolido de tantos males, asomóse al adarve el conciliador 
Ubach, y levantada por ambas partes la bandera de seguro, 
entregó á los jefes sublevados la carta de S. M., que arrojaron 
al suelo dándola por fingida, y tirando por respuesta escopeta- 
zos á los espectadores. Mientras preparaban á cubierto escale- 
ras é ingenios para el asalto, cinco hombres de dentro inquietos 
del resultado, se decidieron á escurrirse por el foso con teas y 
alquitrán para incendiar la trinchera, que pronto fué una inmen- 
sa llama; y si con la confusión que produjo en el campo hubiese 
coincidido una salida de los sitiados, veriíicárase una carnicería 
que el benigno regente quiso excusar. Avanzó por fin sobre ca- 
rretas la gran máquina, por estilo de la ensayada en el primer 
sitio (2), como casa de dos vertientes, terminada en una gabia 
superior á la altura del muro y capaz de diez tiradores, colocán- 
dola al amanecer del 1 7 frente á la torre que combatieron el 



(i) Contradícense en este punto notablemente Mut y Escolano; el primero 
atribuyendo la victoria á los alcudianos, gracias al socorro que recibieron de los 
obedientes de Muro y de la misma Puebla; el segundo por el contrario suponién- 
dolos derrotados, cabalmente por acometida de los de Muro. Uno y otro calculan 
grande la pérdida de los vencidos, de 400 hombres la de los agermanados según 
Mut, de 45 o la de los leales según Escolano; y es de extrañar que, siendo tan im- 
portante la jornada, la pasen en silencio los documentos y relaciones coetáneas, 
sabiéndose solamente por la información referente á los vecinos de Muro que los 
hubo entre ellos que pelearon y murieron en ambas fílas. 

(2) Véase atrás pág. 374, nota 2." 



ISLAS BALEARES 



399 



r día, con la mira de atraer allí la mayor fuerza de los de- 
'es y de atacar los puntos descuidados; pero no se dejaron 
lar los vigilantes alcudianos y no abandonaron al enemigo 
3 alguno por donde penetrar. Nada se decidió aquel día, 
s noticias sobrevinieron que el sitio muy pronto se levantó 
liada, próximos á cambiarse los papeles, replegándose so- 
j centro la rebelión en defensa propia, y lanzándose fuera 

asilo la legalidad para reconquistar la isla, 
avegaban con rumbo á Mallorca cuatro galeras reales al 
o del general D. Juan de Velasco en compañía de trece 

y otras velas menores; y su gente de armas, y la que 
iillaba el valenciano Carroz levantada para socorro de Bu- 
Drmarían un ejército de dos mil hombres (i), aparte de los 
os emigrados del país recogidos del continente. No menor 
ro debía agregárseles en Ibiza, donde hicieron escala, y en 
ira línea el virrey, cuya plena reposición simbolizaba el 
¡mo triunfo de la realeza. Allá iba la armada, objeto de 
s esfuerzos y sacrificios por parte de los que en ella veían 
ídio único de recobrar patria, familia, fortuna, y para rea- 
i obligaban haciendas y vidas (2): habíanla arrancado á la 

imperial, llegada apenas á la península, la infatigable so- 
i del ñscal Pedro Juan Sa-fortesa y de Miguel Sureda ^an- 
L y los graves consejos del almirante Enríquez (3). En 



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Á 1 ,300 hace subir Escolano los de Carroz, á quien llama Francisco y las 
aciones coetáneas Ramón; á 800 los reduce Binimclis; cuántos eran los sol- 
de Velasco no se dice. Antes de entrar en campaña, hecha reseña, hallóse 
Escolano que entre los extranjeros y los de la isla llegaban á 2,$ 00. 

En Valencia por última vez acababan de reunirse á 4 de Setiembre hasta 
a, en mayor número que en 8 de Febrero y predominando como entonces la 
principal, á íin de proveer de trigo, vino y otros víveres la armada que se 
aba contra la gran Babilonia posesionada de la capital de la isla, para lo 
>nfieren poder de invertir en compra de diez mil cuarteras de grano hasta 
lil ducados de oro á Ramón Sa-tortesa doncel, Miguel Termens ciudadano y 
í<ibas mercader, quienes lo delegan en 14 de Octubre á Juan Antonio Bar- 
u. 

«Si se pierde Mallorca, escribía al cesar el sesudo magnate, más perdido 
1 paso de la mar que el de la tierra para lo de Levante. Ofensa es de la real 



400 ISLAS BALEARES 

Ibiza la detuvo el tiempo hasta los primeros días de Octubre; y 
no se embarcaron los refugiados mallorquínes, á quienes en tan 
crítico lance debieran hermanar la común desgracia y el acorde 
propósito, sin que de los mutuos odios y rencillas pendientes 
les obligase Gurrea á firmar tregua por un año, y no sólo á los 
caballeros (i) sino á personas de menor rango; tan arraigado 
estaba en aquellas generaciones, á prueba de calamidades y 
apuros, el espíritu de bandería. Antes de lanzarse en brazos de 
los de Alcudia, evitando nota de parcialidad hasta con los ser- 
vidores, cumplió dignamente con su alto encargo el lugartenien- 
te real, presentándose el 13 de Octubre en el puerto de la ciu- 
dad, después de estar dos días á la vista, á intimar las órdenes 
del soberano: hervían en gentío armado la ribera del muelle, 
muralla y torres, en que ondeaban banderas y redoblaban tam- 
bores, y tremolaba el pendón del reino sobre el puente de ma- 
dera (2), cuando de éste salió un esquife para la galera capitana 
con objeto de preguntar al general, hecha desdeñosa omisión 
del virrey que estaba al lado de éste y llevaba la voz, á qué 
venía, obteniendo por respuesta del uno y del otro que parecie- 
sen á conferenciar allí los que se supusieran con autoridad bas- 
tante. Tres veces se repitió el mensaje, cada vez más insolente 
y por vulgar conducto (3), hasta que fué menester, á fin de ex- 
tremar la condescendencia, enviar á tierra al veedor de la es- 



autoridad de V. M. lo que allí pasa; y aunque sois muy grande, no es ejemplo de 
esta cuenta, pues cuanto mayor es V. M. más grande la ha de dar. No deje V. M. to- 
das las cosas encomendadas á la fortuna; con poco lo puede remediar: hágalo con 
toda brevedad.» Hállase la carta en el tomo XVIII del Semanario de Valladares. 

(i) Constan de 29 de Setiembre á 6 de Octubre los homenajes firmados por 
querellas de los Cavallerías con los Des-clapés y Campfullós, de los Torrellas y 
Valentins con los Puigdorfílas, de los Tornamiras y Fortunys con los Nicholau, 
de los Sant Johan, Sant Martí, Santacilia, etc. 

(a) Estaba á hi desembocadura de la Riera, en la misma plaza del Muelle, an- 
tes de construirse en 1620 la suntuosa puerta que hemos conocido en su puesto 
y se conserva en el jardín de la Lonja. 

(3) Portadores del primero fueron Pedro Alvarado marino, y Nicolás Ripoll 
pelaire; del segundo Miguel Garau que fué descuartizado más adelante, del terce- 
ro el boticario Juan Oliver, el mercader Venteyol, el maestro herrero Juanote Qa- 
rago<;a y el pelaire Reyas. 



ISLAS BALEARES 



401 



ra para entenderse con los jurados y el gobernador Albertí, 
te lialló revestido de sus insignias, acompañado del instador 
m y de su loco hermano, quienes gritaron desaforadamente 
aintes de admitir á Gurrea se dejarían hacer pedazos, sin 
contradecirlo aquellos por miedo de perder sus vidas á 
3s de la airada plebe. Mediaron protestas por ambas par- 
y mucho fué que no pasaran aquel día de clamores y ame- 
s las hostilidades de los de tierra. 

Bullía de fiebre revolucionaria la ciudad, atraídos á la cabe- 
)dos los malos humores del cuerpo por el llamamiento que 
ce días antes, en 27 de Setiembre, había circulado Colom á 
)ueblos para que acudieran sin demora contra la multitud 
raidores que surgían dentro y fuera , doliéndose del rompi- 
ito de la paz hecho con crueldad más que de moros, y de 
lincuenta hermanos suyos que yacían degollados y desnu- 
(i): con esto, perdido el temor á la peste que ya picaba, se 
a colado en la capital la escoria de los forenses. No obstan- 
1 otro día de su llegada, desmintiendo insultos y rencores, 
) el lugarteniente de exhortar al pueblo en prolija carta á 
dir la opresión que le tenía supeditado y á mirar con tiem- 
^or sí, acogiéndose á la real clemencia: la respuesta fué dis- 
T á hora de vísperas desde el muelle y desde Portopí á la 
adra, y á la capitana con preferencia, unos veinte tiros de 
barda, que con muerte de un hombre y heridas de varios y 
) de los buques les obligaron á hacerse afuera. Cerrada la 
ta de la negociación, franqueóseles entusiasta desembarco 
Ucudia, donde unido al virrey el regente que le aguardaba é 
rporadas las respectivas fuerzas, abrióse desde el 24 la cam- 
al de reducción, empezando por enviar á Pollensa dos natu- 
s de la villa, el notario Martorell y el presbítero Malonda, 
adores del real edicto, que no era otro que el expedido un 



) Alude sin duda á alguna salida de los alcudianos ó á otra agresión desco- 
la, si no inventada para inflamar las pasiones. 

5X 



402 ISLAS BALEARES 



afío atrás en Flandes. Fueron por mar los parlamentarios, pues 
estaba guardado desde un mes antes el paso de tierra por 
cuarenta hombres (i), y en el puerto dieron cuenta de su men- 
saje al instador Suau, quien pretextando necesidad de consultar 
con los demás regidores, y no admitiendo el pliego, difirió la 
contestación: todo aquel día y el siguiente en balde la aguarda- 
ron en la solitaria orilla los enviados (2). Adelantóse el virrey 
hacia el pueblo con ochenta caballos, y no sirvió la bandera 
blanca que enarboló para que cesaran los disparos del sacre y 
el fuego de las escopetas; fué preciso retroceder en busca de 
más fuerza, y en particular de los doscientos coseletes venidos 
en las galeras, á fin de barrer por delante á los sediciosos hasta 
la misma plaza. Entróse á saco la villa; mujeres y niños toma- 
ron la iglesia por asilo, á la vez que los hombres por guarida, 
lanzando flechas envenenadas desde la torre, y las llamas pren- 
didas á las puertas por los soldados sofocaron más de doscien- 
tas vidas. El premio de cien ducados ofrecido al primero que 
subiera al asalto, hubo de repartirse entre el valiente notario 
Nicolás Panadés y el capitán Miguel Domingo. De los caballe- 
ros murieron en la pelea Nicolás Quint y su hijo Francisco. Con 
el combate se mezclaron sumarias ejecuciones de prisioneros; 
salváronse algunos por las montañas. Para completar la san- 
grienta jornada, á las dos horas apareció un tardío socorro de 
milicia ciudadana, á cuyo encuentro salieron los vencedores po- 
niéndola en derrota y dejando tendidos en el campo unos se- 
tenta (3). 



(i) Dala del 2 B de Setiembre la determinación del consejo de la villa, fun- 
dándose en que ios homens de Alcudia son fets inimichs de la patria de dita vila y 
venen contra la patria de S. M.^y de cascun dia veilan contra nosaltres^ e estam á 
Perill de ser saquetjats: á cada uno de los cuarenta se le señalan por un mes dos 
florines de oro de fondos públicos. 

(2} En el libro de actas de Pollensa se consigna la respuesta dada, á saber que 
si mandato real tienen el virrey y el regente, sea presentado en la ciudad, á la 
cual toca como cabeza de la isla admitirlo y reconocerlo, y lo que haga la ciudad, 
eso hará la villa. 

(3) Mut toma de Escolano los detalles de la reducción de las germanías de Ma- 



ISLAS BALEARES 



403 



/íás dócilmente, oyeron el edicto intimado en la Puebla el 
s Octubre dos vicarios de la parroquia y un jurado y algún 
vecino, ofreciendo sumisión é implorando misericordia; y 
Sidado allí el virrey con su ejército al otro día del de Difun- 
schó mano del vicario Bernardo Caldés para notificarlo á 
). Detuvieron al enviado unos jinetes antes de su llegada, 
ido á presencia de Juanote Colom, que estacionaba en la 
con tres mil peones y multitud de caballos y cinco piezas 
-tillería, de cuya tropa formaba parte sin duda la rechazada 
ollensa, como le preguntase el instador por las fuerzas del 
ligo, abultóselas de intento hasta cinco mil el leal clérigo, 
n atraerse el enojo y las amenazas de los rebeldes. Viólos 
e el templo, que escogió por prisión, marchar gente y ba- 
; hacia la Marjal á cortar al virrey la retirada, y á poco 
irse los fuegos y huir los sediciosos, hasta que al anochecer 
evadirse de la población abandonada, y los campos que de 
;so á la Puebla atravesó cubiertos de cadáveres, pregona- 
:uál había sido el destrozo de los agermanados. Mil se dice 
nurieron, muchos de Inca y otras villas del centro, que pre- 
Ton aquella noche al lugarteniente real sus homenajes y 
garon sus banderas : á Muro libró del saqueo el temor á la 
: que la invadía, si es que ni aun apestados habían quedado 
la. Señalaron la marcha á Inca los árboles que al paso ser- 
de horca á los presos ; á la entrada desarmaron á Gurrea 
aplicas del clero, y alborozáronse las campanas y las sagra- 
óvedas con el Te-Deum, Allí y en Binisalem descansó unos 
pero noticioso de que se rehacían en Manacor y Petra los 
dos, apresuróse á ganarles la mano ocupando á Sineu, don- 
i 14 de Noviembre publicó un bando de perdón y salvo- 
jcto general, que se pregonó sucesivamente, como repetido 



I 
I 



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de la cual éste se mostró singularmente enterado en el libro X, cap. 24 de 
toria; y notables documentos me han venido á confirmar el relato del autor 
;iano. 






'.NI 



404 ISLAS BALEARES 

por el eco, de una en otra villa del llano y de una en otra de las 
de la raíz de las montañas (i). 

Precedieron en unos puntos á estas pacíficas invitaciones y 
siguieron en otros tumultuosas entradas y devastaciones de su- 
blevados, que á fin de evitar en Sineu el encuentro, torcieron 
hacia Montuiri saqueándola, y no pararon hasta Llucmajor, aco- 
sados de cerca por las tropas reales. En Llucmajor el 1 9 repar- 
tió el virrey sus facultades con el procurador real Burgués, sin 
duda para restablecer el orden en Felanig presa de horrible 
anarquía: habían engañado á Onofre Ferrandell los alientos con 
que el día 2 se presentó en Alcudia á recibir por el rey la vara 
de baile y con que se lisonjeaba luego por escrito de haber lle- 
vado á cabo la reducción ; unidos los desmandados del pueblo 
con los de Campos sitiáronle en su casa, y derribando el caracol 
en que se había metido, le mataron con un hijo suyo, sin que 
los numerosos amigos que en su auxilio acudieron lograsen sino 
participar bastantes de su sangriento destino. El espanto pro- 
dujo reacción, y muchos hasta entonces agermanados subieron 
á engrosar la siempre leal guarnición del castillo de Santueri 
que tanto habían combatido, sin aguardar en la villa la llegada 
de Burgués ni oponérsele formal resistencia. Huían las huestes 
de Colom de habérselas en campo abierto, ni aun dentro de los 
lugares, con los aguerridos coseletes y soldados de las galeras; 
pero supliendo con la rapidez de los movimientos lo que de se- 
renidad les faltaba, corrían las tierras y saqueaban las pobla- 
ciones y engrosábanse con la gente que de grado ó por fuerza 
reclutaban. En término de Manacor dieron muerte á mosén Hugo 
de Palou, oficial y sustituto de Gurrea, hecho atroz que se de- 
claró exceptuado de indulto. Los resultados conseguidos en 



( I ) Publicóse en Algaida el i $ de Noviembre; en Porreras y Llucmajor el 1 6, y 
el mismo día en Inca, Selva y Binisalem ; en San Juan, Santa Margarita, la Puebla, 
Campanet y Pollensa el i8; en Felanig, Santañí y Campos el 30; en Alaró el 21; 
en Petra y Manacor se retardó su publicación hasta el i '^ de Diciembre. 



ISLAS BALEARES 



405 



em y Alaró y aun en Sineu, sorprendida desde Sancellas 

escaso terror del ya sometido vecindario que se encerró 
parroquia y con muerte del baile Rebassa y de un par de 
engrieron su petulancia hasta el punto de acometer á Inca 
batirla, causando en su guarnición algunas bajas. Voló el 

con su ejército ordenado, y en los campos del Rafel 
í consiguió hacerlas entrar en batalla, que pronto se con- 
)ara ellas en carnicería, confundidos por el suelo capata- 
»eguidores y forzados, de la ciudad y de todo pueblo, fac- 
y neutrales, malhechores é inofensivos; mezcla que, si 
ece respecto de los quinientos fenecidos en combate, ate- 
cho más el que pudiese haberla en los cuarenta ahorcados 
ínuación en la plaza de Inca, y en los setenta colgados á 

luego en los contornos de Binisalem. 
^rrible como aquel mes de Noviembre quizá no había pasa- 
D por Mallorca, y las escenas que en la isla entera se atro- 
m harán comprender las impresiones y efectos que habían 
ducir en la capital. Todo lo más atroz á que todavía no 
lido determinarse fecha, el emparedamiento de Burgués 

de su casa, el exterminio de la familia de Pedro Juan Sa- 
i, el degüello de niños cogidos en rehenes, el de ancianos 
s en su lecho, muchas de las muertes sin distinción reco- 
*n una flébil y monótona codolada (i), se explican y caben 
lel período de extrema desesperación y furiosas represa- 
uspendidas en la catedral las solemnidades y tal vez el 
apenas bastaba ya la invisible espada del anatema, que 

á sus puertas, para detener á los asesinos ávidos de la 
\ de los refugiados, cuyas vidas amparadas por las sagra- 



Rimado popular de la Edad media, conocido en Cataluña y Provenza y con- 
hasta nuestros tiempos en Mallorca, de metro característico que consiste 
erso de nueve ú ocho sílabas alternado con otro de cinco, de consonantes 
8, correspondiendo el del verso corto con el del largo que sigue, de ma- 
e se eslabonan los consonantes. Entre los apéndices merece figurar como 
i coetánea dicha codolada. 



i 



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í 



4^^ ISLAS BALEARES 

; das leyes del asilo se trataba de extinguir por hambre; y déjan- 

se concebir cuáles serían las piadosas tretas de servidores y 

i deudos á fin de proveer al sustento de los que vivían allí en re- 

: clusión indefinida, á proporción de las pesquisas y vejámenes 

empleados por los guardas para impedirlo : alguno que á la to- 

i rre se asomó fué cazado con escopeta, otros murieron dentro del 

* augusto recinto al rigor de las privaciones, de las dolencias ó 
í del continuo susto. Guardas también había en las iglesias parro- 
quiales y en otras, San Nicolás, Santa Cruz, Santa Magdalena, 
para prevenir que las tomaran por nido los mascarados, quienes 
para entrar en la última, decíase, trataban de abrir una mina: 

* la fuerte torre de San Miguel, que hubo de servir de amparo al 
. obispo trinitario en momentos que era desconocida por los furio- 
sos hasta su mediación conciliadora, fué escogida más adelante 
para atalaya y defensa de la ciudad por el lado del norte. Mal 
habían de ser respetados, mejor que las personas, los depósitos 
de alhajas, caudales y escrituras, confiados á comunidades de 
uno y otro sexo por las víctimas y perseguidos. Cayeron sucesi- 
vamente por denuncia ó por registro en poder de los codiciosos 
escudriñadores; y el que en Santo Domingo se ocultaba, el más 
copioso é importante acaso, fué descubierto á consecuencia del 
alboroto levantado en el magnífico templo el día de Difuntos, en 
cuyo sufragio se repartían panes de limosna. No sé qué predica- 
ría referente á paz ó sumisión el valenciano fray Gaspar Steva, 
no renunciando por lo visto después de un año de inútiles esfuer- 
zos al apaciguador objeto de su venida (i); ello es que se infla- 
mó en ira el mal dispuesto auditorio, que al rededor del pulpito 

; se asestaron ballestas contra el fraile, que se derramaron las 

turbas por el convento, y destabicando por presunciones ó por 

; aviso cierto un escondrijo, no sólo de riquezas sino de personas 



(i) Véase el encargo que trajo del virrey Mendoza en Noviembre de 1521 
(pág. 37 3), y cómo fué rechazada en Febrero siguiente la avenencia que propuso 
con Alcudia (pág. 380). 



ISLAS BALEARES 



407 



é inermes, la emprendieron con ellas, y allí mismo ó en 
í dejaron tendidos once ó trece cadáveres, que aún no se 
n de soeces mofas y villanos golpes (i). 
zclados en tropel confuso tras de cada derrota, especial- 
después de la postrera del Rafal Garcés, metiéronse á 
las en la ciudad artesanos y payeses, resueltos á defen- 
lasta el último extremo. Con la peste que ya dejaba sen- 
dentro sus estragos, asociada al hambre su precursora, 
ronse ebrios de entusiasmo digno de mejor causa más 
mil hombres de fuera, abandonando sus casas y familias, 
>razar la querella y compartir la suerte de los ciudada- 
quienes setenta años atrás tan rudamente habían comba- 
aliábanse de embajada en la corte el instador forense 
i^asanovas colega de Colom y el clavario Antonio Tomás 
:mayor(2); pero suplíanlos en representación é influencia 
o de la payesía Miguel Torrent de Llubí, Juan Gili nota- 
5ineu, el famoso Sarria de Manacor, Bartolomé Bastart 
»alem, el mismo hermano del dictador Antonio Colom de 
y su hijo Juan que no tardaron en morir uno tras otro, 
sclusos en la ciudad, proveyendo en unión con los jefes 
rremios á las gravísimas necesidades del inminente sitio, 
vastaban las confiscaciones y despojos de los mascara- 
i menester tomar prestados de la universidad, con auto- 
del lugarteniente Albertí y asentimiento de cuatro de los 
, dos mil ducados de oro en 1 2 de Noviembre y cinco 
i\. No se hizo aguardar el previsto trance, y desde el 
)¡ciembre apareció la capital cercada de ejército en semi- 
por tres lados de tierra, y por el de mar cerrado todo 



,f 



i 



inque de las informaciones resulta que los muertos eran gente de cali- 

; nombra mas que á un Jorge Salamanya y á otro Jorge Sitjes hermano 

ario. 

rtirían, juntamente con el jurado menestral Guillermo Colom, después 

gosto en que todavía formaron parte de la comisión nombrada para 

regente Ubach. 



I 



tiii 



408 ISLAS BALEARES 

auxilio por las galeras reales. £1 5, antes de dar principio á las 
hostilidades, delante de la puerta Pintada y de la del Citjar, al 
norte y al poniente, mandó el virrey pregonar un edicto, admi- 
tiendo á merced con seguridad completa á todos y cualesquiera 
sublevados, sin más excepción que la de los hermanos Colom 
principales rebeldes, de Cosme Bonet gran matador, de Blas 
Rexach de Inca, de Antonio Bastart de Binisalem, y del antedi- 
cho Armengol Sarria; de los muros y torres coronadas de gente 
no salieron sino temerarios retos y un torrente de dicterios con- 
tra Gurrea y uno que otro tiro al notario requirente, que no por 
esto cesó de fijar copias del documento en las tapias y de lanzar 
otras dentro por medio de ballestas, extendiendo acta de sus 
diligencias muy cerca ya de media noche. 

Locura debía parecer á cuantos no estuviesen poseídos del 
vértigo revolucionario atraer sobre la población entera los rigo- 
res de un obstinado sitio con todo el acompañamiento de cala- 
midades y desgracias concebibles; y obra de salvación pública 
por consiguiente libertarla de la presión tiránica de los frenéti- 
cos caudillos que en su ruina y castigo pretendían envolverla. 
Quitados de enmedio los dos Colom, caía por su base la resis- 
tencia: habíase oído decir en Barcelona al solícito negociador 
Miguel Santpol, que con dos personas de confianza que tuviera 
para deshacerse del instador daba por restablecido el orden ; y 
en derredor del íntegro notario se entendieron unos cuantos 
animosos mascarados con algunos desengañados de la germa- 
nía, quizá restos de la fi-acción de Crespí. Apenas se comprende 
que por otra mira que no fuese altamente pacificadora hubiese 
consentido en separarse del regente Ubach su compañero, que- 
dándose en la ciudad sin él, arrostrando diariamente sospechas 
y amenazas con su noble y veraz lenguaje: su vida, y otras mil 
si las tuviera, habíala ofrecido, decía, á trueque de volver á su 
patria el sosiego ; ¡ heroico sacrificio, si en los medios de lograr 
su empresa no entraran los de conjuración y tiranicidio, plausi- 
bles y aun gloriosos en los anales de la antigüedad pagana, 



ISLAS BALEARES 



409 



no admitidos por la moral divina! No consta por qué vía 
i qué sazón de madurez ni con qué grado de probanza fue- 
iescubiertos estos tratos, y es probable que por expedita 
■te más que judicial aparato se castigaran en el generoso 
pol y en varios de sus compañeros (i), salvándose como 
eron los restantes. 

acamparon á media legua, en la llanura del monasterio cis- 
snse de la Real, las fuerzas sitiadoras, para excusar estéri- 
ombates y fiar á las disidencias y plagas desastrosas, con 

interno auxilio contaban, la reducción de aquellos desespe- 
5; y allá acudían millares de payeses á presentarse desde 
[uier punto de la isla, acto de sumisión prescrito á todo el 
io, sin reserva de categorías ni antecedentes, y á cuyo cum- 
ento se substraían bien pocos, manteniéndose en rebeldía 
3s despoblados, aparte de los recluidos en la ciudad. No sé 
ísta obligación andaba unida la de incorporarse al ejército; 
irto que en 2 1 de Diciembre intimó el virrey que sin licen- 
jya nadie se partiera del campamento so pena de la vida. 
)s no presentados y ausentes reclamó nota á los bailes, y 
ló secuestrar los bienes, al igual que á los reos de muerte 
galera. Tan sosegada estaba ya la tierra, que á fin de ha- 
egar á las tropas los víveres traídos de Cerdefia por buques 
[nos, aun contando con las galeras para facilitar el desem- 
>, más fácil y despejado se presentaba el camino desde el 
o de Sóller que desde el de Portopí, y allí descargaban. El 



Hay que buscar sus nombres entre los que suenan en las informaciones 
inmolados por sospechosos, habiendo sido afectos en un principio y aun 
3 particulares de Colom, tales' como el tendero Juan Conrador, el bonetero 
Verdú, el molinero Antonio Salom, el zapatero Mateo Piquer y un hermano 
ito Panadés cuñado del instador; y por la misma causa quizá murieron Juan 
hornero y Vicente Tremolet, además de los notarios Pagés y Perera que 

sufrido antes igual suerte. Mejor librados salieron el zapatero Pedro Borras, 
:ader Lpdrá y el albañiT Sancho, los dos últimos acérrimos mascarados que 

homenaje á la buena memoria de Santpol. Descubrió la conspiración Anto- 
lells pelaire, y fué causa, dice la información, de que mataran á muchos. 



I 



4IO ISLAS BALEARES 

nervio y el calor de la rebelión estaba concentrado todo en el 
recinto de las murallas; y no había de ser la primera clase de 
sitiados, á quienes hiciera sentirse la escasez, aquellos bravos 
defensores venidos de fuera tan resueltamente á mantenerla en 
su postrer reducto : si al peculiar objeto de sustentarlos habían 
de destinarse en la vigiha de Navidad seiscientas libras (i), en 
14 de Enero inmediato fué menester abrir á la tabla una san- 
gría de cuatro mil ducados de oro para satisfacer á cada payés 
su diario de doce dineros y dos panes, cuando cesaba el traba- 
jo, y se recogía por la calle gente muerta de necesidad, y hasta 
en el hospital de necesidad se perecía. Tampoco eran los últi- 
mos, como enseñoreados de la población, en vejar y perseguir 
las familias de los leales, sometiéndolas á torturas y singular- 
mente al hambre la más obvia y cruel de todas: de lo cual es- 
candecidos éstos, les dirigieron desde fuera un notable cartel, 
anunciándoles la determinación, prohijada por el virrey, de traer 
de los respectivos pueblos á los reales las mujeres é hijos de 
los reclusos, y puestas allí en decente y segura custodia, tratar- 
las de igual manera ni más ni menos y hacer de ellas lo mismo 
que lo que se hiciese dentro con las de los subditos del rey (2). 



(i) Pro succurrendis hominibus partís /oranee, dice el acta de 24 de Diciem- 
bre, in wo» parvo numero commoranlibus. La de 14 de Enero expresa que eran 
hasta dos mil. 

(2) Merece ser conocido por lo mesurado y expresivo su contexto: Ais hono- 
rables pagesos residents dins la ciutat del present regne de Mallorques. ^Honorables 
señyors, per quant tenim relació de moltes persones dignes de /e, y per experiencia 
es stat visi^ que apres de haver mor tes moltes persones de bey altres homenst dones 
y minyons, teniu affamats molts altres que restan en aqueixa ciutat mullers y filis 
nostreSt matantlos de purajam^ per só havem obtés del Sr. visrey que ha manat que 
totes les mullers e filis de vosaltrts qui sou en la ciutat y altres persones conjuncies 
vostres que son en la part sian aportáis assi en lo camp y posáis ab tota honestat 
en una casa segura^ per só que si voleu treure de la ciutat e posar en lur libertat 
tots los homens^ dones, mullers, filis e familia deis qui assi son^ vos liurarem aqui 
en la ciutat tots los dits vostres parents mullers y filis y familia^ ó liberament de- 
xarlos viure en lurs viles á lur volúntate persó que cada hu tingue los seus; e si ho 
recusau y perseverau en afamar y maltractar y detindre aquells^ farem ab les vos- 
tres segons fareu ab ells, Esculliu lo que us apparrá, y sapiau elegir la milor part, 
y feu de donarnos prest la r esposta ab lo mateix missatjer. De la Real á V dejaner 
de i$2j,~^Los mallorquins residents en servey del rey nostre senyor en le camp. 



í S L A S B \ I. F. A K E S 



411 



yo de esto se llevó á cabo, no constan los efectos, pero sí 
10 quedó medida por dictar para poner en cada villa bajo 
oso secuestro las propiedades de los acogidos á la capital. 
i fin de año no se pensó en la renovación de ofícios públi- 
para lo que habían de durar! Los comienzos del nuevo no 
sino apéndices del que expiraba, mientras no llegara el 
úo radical aguardado por momentos. A los cuatro jurados, 
tr y Salas, Pagés y Paretó, no cabía hallar reemplazo en 
comprensible situación y ambigüedad de víctimas y cómpli- 
Albertí seguía con su girón de sobrevesta, pero suplía á 
ido por Veri Jaime Litrá hijo al parecer del discretísimo 
Jico (i); los forenses de más empuje iban faltando del con- 
no quedando apenas sino Torrent y Gili que en deforme 
[uítico cuerpo encerraba dotes de inteligencia y facundia; 
L venían á menos, ora uno, ora otro de los tremendos mas- 
que se arrogaban desde tiempo atrás la voz y jefatura de 
emio. Estos claros no los abría el desaliento ó la huida; 
i asoladora peste, huéspeda de la ciudad en la cual se ce- 
como atroz enemiga, sin acepción de clases ni partidos, y 
Ividar tampoco en su austera imparcialidad ni el inmediato 
«amento ni los pueblos ya reducidos. Funcionaron bien que 
in el suburbio de Santa Catalina morberos y enterradores, 
mdo dos sueldos por cadáver; proveía de sábanas la uni- 
dad para amortajar á los difuntos. Las casas heridas del 
igio se marcaban con señales, que alguien titulaba irónica- 
e salvaguardias de Gurrea. El escaso y mal alimento, el 
ual descuido aumentado por las circunstancias hasta la con- 
f), las emociones y alarmas del sitio, las escenas repugnan- 
desgarradoras que al encuentro se ofrecían, eran á pesar 
ivierno propicios conductores para el mal, inoculándolo ins- 
neamente. Datos siquiera aproximados de la mortandad 
nte aquellos tres meses, no los hay; dícese que fué grande, 



Sobre Pedro Litrá véanse atrás sus embajadas al rey Católico. 



iL i: 



412 ISLAS BALEARES 



y se comprende que lo fuera. No era entonces, bien mirado, muy 
risueña ni aun apetecible la vida ; y las bajas epidémicas, á la 
vez que disminuyendo consumidores economizaban subsistencias, 
ahorraban también por de pronto excesos y atentados y para 
más adelante castigos. Sesenta hallamos en una lista de mil dos- 
cientos culpables, es decir, uno por veinte, cuyas cuentas con la 
justicia previno por más cortos trámites la peste; y al frente de 
ellos hay que poner indudablemente, dado que no se explica de 
otra manera su desaparición en tan críticos momentos, aunque 
por otra parte tampoco se explique la omisión de consignarlo, 
el archi-matador y archi-camorrista Francisco Colom, á cuyo fin 
relativamente tranquilo y oscuro faltó por dicha suya el esplen- 
dor siniestro del suplicio (i). 

Si en los trances del sitio le echaron de menos sus seides, no 
sería por la atinada dirección ni siquiera por el valor personal 
de que nunca dio grandes pruebas, y tocante á baladronadas y 
retos podían suplirle hartos alumnos aprovechados. Antes co- 
merse el último caballo, antes volverse moros, antes morir todos 
mil veces, protestaban, que entregarse á Gurrea; reconveníanse 
de bastardos con dar tan sólo oídos á tal propuesta, pues más 
valía acabar espada en mano que en la horca ; y no faltaba quien 
propusiera en último extremo echar fuera mujeres y niños y 
prender fuego por sus cuatro ángulos á la ciudad, pereciendo 
juntos en la inmensa hoguera. Taláronse los huertos y derribá- 
ronse las cercas y casas del contorno, á cuyo amparo pudiese 
arrimarse el enemigo ; arreglóse para abasto de los sitiados un 
molino sobre la Riera; trató el boticario Oliver con otros de en- 
venenar las aguas que bebía el ejército, daño que previno un 
aviso secreto del vice-inquisidor; afirmóse la resistencia de las 
murallas, y se lisonjearon de prolongar hasta la distancia del 



(i) La última mención que de Francisco se halla es como exceptuado del per- 
dón en el bando del virrey de <> de Diciembre. El silencio de los documentos pos- 
teriores tocante ásu género de muerte no suministra sino pruebas negativas pero 
muy verosímiles de que hubo de ser de peste ó por lo menos de enfermedad. 



ISLAS BALEARE: 



4n 



nto de Jesús el alcance de las espingardas. Por defecto de 
ncia no habían de perderse los guardas que noche y día 
aban los adarves y las torres, pues al más leve rumor se 
naban los alarmistas, llamando por las puertas, haciendo 
luz á las ventanas, despertando con lamentables gritos á 
le dormían mientras eran degollados sus hermanos, ó de- 
mdo á los ocultos traidores. Cada disparo que estallaba 
la población era saludado con imprecaciones al odiado vi- 
lecho objeto de cien ridículos apodos, que tampoco se 
íaban á sus gentes al apuntar desde el muro las bombar- 
ándoles con otros motes el de moros y quemadores de 

LS (1). 

5 las frecuentes salidas reportaban más daño que prove- 
\lguna intentaron por la puerta de Santa Fe hasta el 
xol^ sucumbiendo algunos de retirada junto á la cruz de 
ert^ y en las Set Ayguas con más fortuna aprehendieron 
irros de trigo con muerte de algunos caballeros (2) : las 
artían de las puertas del Sitjar y Plegadissa hacia nordo- 
n dirección al campamento, trabando escaramuzas en los 
, en el campo deis Ametlers y principalmente al rededor 
ús, donde tuvieron un sangriento descalabro. No todos al 
risioneros sufrían aplicación inmediata de la pena capital 
t incurrían: una que otra función de horca dábase en es- 
ulo á los soldados (3); bastantes empero lograban volver 
o, facilitándoseles la escapatoria ó la libertad tal vez para 



Lo de moros se refiere sin duda á la parte decidida que los de Valencia 
1 en defensa de sus señores contra los agermanados de aquel reino ; lo de 
ores de iglesias acaso al fuego prendido por los soldados á la de Pollensa. 
Entre ellos Pedro Juan de Sant Johan, yerno de mosén Príamo de Villa- 
atro mosén Quint diferente del que murió en Pollensa, y un sobrino del 
e Oliva valenciano de la ilustre familia de Centelles, el cual sin embargo 
rende de otras noticias que fué muerto en la primavera anterior, tal vez en 
tentativa para socorrer á Alcudia. 

Figuran ahorcados en la Real, Mateo Vaquer Barceló y Pedro Pons meso- 
)gido ya en la refriega de Pollensa, además de varios forenses, como An- 
inyas de Felanig, Bartolomé Melis, Miguel Pont y otros dos de Manacor. 



f!f. 



I|ÍP 



I 



>J 



41 I I S L A S B A L E A R E S 



atraer los ánimos á una sumisión inevitable, si es que no la 
aprovechaban para introducir engañosos bríos con suponer sin 
recurso y sin concierto á los sitiadores. Avanzó el virrey desde 
la Real hasta Jesús, estrechando el bloqueo y apretando á la 
vez la fuerza y vigor de los combates : cada día se demostraba 
más insostenible la defensa á los que más entendían y cuidaban 
de sostenerla; y los primeros que con su señoría vinieron á 
tratos, procurándose un amplio salvoconducto, fueron á pesar 
de su ciego entusiasmo por el alzamiento, del cual hasta cierto 
punto se habían constituido ingenieros, los numerosos y hábiles 
herreros Bogellas, cuyo jefe y patriarca el viejo Damián y los 
maestros Eloy y Juan sus hijos habían fenecido ya en servicio 
de la germanía, y los restantes hijos y nietos, Jaime Agustín, 
Eloy, Andrés y Rafael obtuvieron á mediados de Enero perdón 
por lo pasado á trueque de favorecer con toda su influencia la 
reducción, empezando por ñjar de noche en los sitios más pú- 
blicos seis copias del clemente edicto. Dice Escolano, y lo copia 
Mut, que fueron admitidos en la ciudad á tratar de concordia el 
regente Ubach y el gobernador de Menorca, y que nada deco- 
roso á la autoridad real pudo asentarse ; y si no obraron direc- 
tamente tan insignes mediadores, algo intentó por el estilo, en- 
trando después de conferenciar en el convento de Jesús con 
Gurrea, el prior de la Cartuja P. Miguel Oliver, no bien opi- 
nado años atrás por su intimidad con el inquisidor Navardú, y 
que tampoco salió de estas negociaciones airoso á los ojos de 
los menestrales, que se dieron por vendidos, burlada la con- 
fianza puesta en él como hijo de menestral (i). 

Hosco y enojado desde su llegada mostrábase el emperador 
en su corte de Valladolid á los mensajeros de la germanía, pues 
aun dado que fueran hombres de más talento é importancia que 



(i) Debemos esta noticia á Jerónimo Pont des Mur, que en 1606 escribía co- 
mentarios á la famosa profecía de Mogoda aplicada punto por punto á las germa- 
nías, valiéndose de tradiciones todavía conservadas en su tiempo y de manuscri- 
tos que dejó dicho prior acerca de sus veinte años de gobierno. 



ISLAS BALEARES 



^115 



do Guillermo Colom y los forenses Thomás y Casasno- 
lal podían rehabilitar una causa derrotada y proscrita en 
1 reino, ni prolongar so color alguno la tenaz desobedien- 
;í que, mandándolos prender como reos en lugar de reci- 
como enviados, ya en 13 de Noviembre había intimado á 
diciosos comitentes que sin condiciones ni excusas se so- 
an desde luego, si ya no lo habían hecho, á su represen- 
y á la fuerza que con él iba, con orden de c poner las 
necesarias y de no cesar el castigo mientras fuere me- 
para los culpados. » No consta ni es probable que lle* 
su destino la fulminante cédula, por lo menos antes de 
s sublevados despacharan nueva .embajada al soberano 
icargo de entregarle en muestra de leal homenaje unas 
de oro mandadas hacer de la ciudad, pues no hubieran 
ito al segundo síndico, que fué el mercader Bartolomé 
^ol, á sufrir la suerte de los anteriores, ni éste arrostrado 
g[ro; aunque contra toda previsión favorecióle tanto la for- 
jue logró no sólo ser oído en el real consejo, sino retirar 
a cabeza de las fauces del león, para poder notiñcar aáí 
>ertinaces con más viveza el escarmiento que les aguar- 
Ello sí, la respuesta dictada por S. M. á la atrevida con- 
;n 24 de Enero de 1523 rechazando con desdén las llaves 
> quería sino de pura y legítima adhesión, desmintiendo 
»sa patraña de que para sujetar la isla se echase mano de 
cuando tan buenos cristianos y fíeles servidores eran los 
ados de reducirla á su deber, y amenazando, si en su ter- 
1 persistían, con mandar refuerzo de tropas y aun con 
)ersonalmente á hacer tal castigo que jamás se borrase 
mdo su recuerdo, era para helar de espanto los más inso- 
brios: escrita en idioma del país para mayor claridad, 
aba con grave conminación al honor y fama, á las vidas y 
de todos. Acompañábala otra más breve de igual fecha, 
iba por conseguida la reducción y por ella se felicitaba de 
dispensar misericordia, á fín de que hiciera uso de una ó 






itiii 



lilil 



4l6 ISLASBALEARES 

de otra su lugarteniente según se presentase al arribo de ellas 
el estado de las cosas. Con celeridad no acostumbrada llegaron 
ambas á manos del virrey, quien á lo de Febrero hizo prego 
nar la primera en sus reales y en las plazas de Inca, Sineu, Ma- 
nacor, Llucmajor y Sóller; y no desperdiciaría medio para que 
se propagara entre los sitiados su contenido. Coincidieron con es 
tas amonestaciones cartas de Barcelona traídas por Venteyol á su 
regreso, que á vuelta de encarecer los trabajos del mensajero, 
conjuraban á los gobernantes y pueblo de la ciudad á no per- 
manecer por más tiempo sordos al real llamamiento (i); pero 
no le valió ya al osado mercader la indemnidad otorgada en la 
corte, para escapar de galeras á los pocos días de restablecido 
el orden. Las llaves de oro pararon en poder de Gurrea, y en 
recompensa de sus servicios guardólas largo tiempo su familia, 
hasta que modernamente por no sé qué vicisitudes se asegura 
haber aparecido en un museo extranjero. 

Sea que no creyesen, sea que afectasen no creer en la au- 
tenticidad de tales mandatos, ajena parecía aún de cumplirlos 
I la plana mayor de los desmandados y sobre todo la de los fo- 

i renses, puesto que en 1 8 de Febrero, miércoles de ceniza, se 

} presentan á levantar de la tabla diez mil ducados, y entre las 

i necesidades que al mísero pueblo afligen, alegan como principal 

la subvención debida á tantos payeses que, dejadas sus comodi- 
i dades y riquezas, han acudido á la defensa de la capital y madre 

! del reino, á fin de guardarla^ decían, por el invictísimo empe- 

\ rador y rey D. Carlos^ clavados día y noche en la muralla para 

\ ayuda de sus hermanos, expuestos no menos que á las armas á 

I los mortíferos dardos de la peste. Concedióseles la mitad de la 

suma pedida; pero la otra mitad, ó cuatro mil ducados al menos, 
hubo que aflojarla tres días más tarde para compra de trigo, 



(i) Es curiosa la carta escrita á los jurados en este sentido conciliador á lO dcr 
Febrero por el carmelita fray Cfalcerán Cassanyach en nombre del afecto que pro- 
fesaba á Mallorca donde había estado de prior. 



SLAS BALEARES 



417 



ya provisión estaba encargado el pelaire Antonio Pons 
^oní, á quien se entregó la cantidad en 3 de Marzo. De la 
-a reservaba el instador mil ducados para el capitán de 
leras surtas en Portopí, á quien los ofreció el obispo ti- 
persuadiéndole que los aceptara (i) y entregándolos á 
idor; porción de los restantes destinábalos el infeliz para 
mensaje que se proponía llevar en persona á la cesárea 
:ad, presumiendo haberse hombreado ya con ella lo bas- 
para obtener gracia si no premio. Menudeaban las visitas 
istrísimo fray Pont á Portopí y á Jesús, y con la gente 
ácinerosa alternaban en actos públicos acérrimos masca- 
que días antes no se atrevieran á mostrar cara: susurrá- 
desde los primeros de Marzo convenios de guiaje provi- 
á todo el mundo y entrada del ejército por la puerta 
a, cuyas llaves se darían en depósito al platero Jerónimo 
ís (2). Á la extremidad opuesta, en la plaza del Muelle,' 
Tiaese Eloy replegados á sus bombarderos á íin de que no 
zasen las tropas: un crucifijo cubierto con velo negro y la 
ra de la cruzada al lado atraían al rededor una gran mu- 
ubre que clamaba ¡abajo los enemigos de la paz! todo 
sposición del infatigable Martín Roig, alma de aquellos 
rtos, cuando apareció con escaso séquito Juanote Colom, 
a remitente en admitirlos, y asustándose de verse casi 
) contra tan decidida corriente, tuvo por bien retirarse tan 
lada como supo. 

)lvió en seguida con tropel de gente armada á pie y á ca- 
y uno de sus satélites, Gabriel Babiloni labrador de las 



I 



¡r 



íMcjor estarán en poder de V. S. que de estos traidores, decía el obispo á 
, y podrá restituirlos siempre que quiera,» y así lo hizo en sus últimos 
luán por cargo de conciencia, instruyéndose proceso en i 527 para reinte- 
á la tabla, en el cual eo de notar la declaración de dicho prelado. 
[Cuéntalo el comentador de la profecía de Mogoda, y que el primero en pe- 
caballo dentro de la ciudad fué el valiente Francisco Hiera, que en la re- 
de Sineu había prestado ya grandes servicios, impaciente por visitar á su 
' á su esposa enfermas del contagio, abriéndole calle los enemigos. 
;3 



i 



4l8 ISLAS BALEARES 

cercanías, arrimándose á Roig le dijo: c ¡También andáis en eso, 
eh! Y obtenida respuesta afirmativa, siguió preguntando: ¿quién 
os ha dado licencia para tanto? — Y á vosotros, ¿quién os la ha 
dado, repuso el intrépido mercader, de sacar banderas y tam- 
bores? — El pueblo, contestó gravemente el agermanado. — Y á 
mí Dios y el rey y el pueblo que quiere paz. > Arremetió Babi- 
j loni á Roig con la espada desnuda, gritando: c Mirad, sobrado 

i habéis vivido. — Mirad, replicó Martín con serenidad, no me 

! quitaréis la vida sin que antes yo la defienda. > AI faccioso la- 

I briego juntáronse Cosme Bonet y otros matadores, y arrancando 

con furia la bandera se la llevaron; dispersadas entonces por 
miedo ó por veleidad las fluctuantes masas, hallóse en peligro 
] el leal Roig, y se puso en la Inquisición (i) al amparo del obispo 

viceinquisidor : tan inseguras marchaban las capitulaciones en 
< la misma víspera del desenlace! Amaneció no obstante el 7 de 

; Marzo, y entró el ejército, y fueron guarnecidas las puertas de 

j la ciudad y la torre del muelle y la Seo y el palacio episcopal y 

: la Almudaina (2); hízose entrega de la artillería y armas á ex- 

í cepción de espadas y broqueles ; cesó toda autoridad de origen 

; y aun de época revolucionaria, sin distinción de clase ó jerar- 

\ quía, sin exigírseles tampoco harto severa responsabilidad (3), y 



(i) En una casa de la Almudaina tenía entonces el inquisidor su vivienda y 
probablemente también su tribunal, que más adelante en el mismo siglo xvi se 
instaló en el Temple, antes de tener edificio propio en el local hoy convertido en 
plaza Mayor. 

(2) Una libra diez sueldos costó el barrer las habitaciones del real alcázar, 
mmoli brut e infecte per la ocupado de aquell feta per los agermanaís;n el pago es 
de 9 de Marzo. 

(-?) No consta que á mosén Pedro Juan Albertí que fué procesado, ni á miccr 
Antonio de Veri que en breve murió, se impusiera ningún castigo, aunque en las 
informaciones se les califica con dureza, lo mismo que á micer Juanote Gual, á 
quien no bastaron al parecer las zozobras y amarguras sufridas para hacer olvidar 
por completo á Gurrea la oposición que con micer Alber le había hecho; los dos 
hubieron de ausentarse. Jaime Bernardino Togores, yerno de mosén Cavallería, 
aparte de los daños recibidos de los sediciosos que hubieran podido servir de cas- 
tigo á sus connivencias, fué condenado á una multa de 6 so libras; á otra de 1 5<^ 
Antonio Ferrer de Sant Jordi por sus obsequios al instador Colom, á quien dio en 
su predio una espléndida cacería de ciervos ; á Bernardo de Brossa se le formó 
proceso por sus expediciones á Pollensa y á la Puebla, no empero á Arnaldo bur- 






SLAS BALEARES 



419 



6 el virrey en uso de sus supremas facultades jurados y 
^ros, poniendo al frente de la juraría á mosén Príamo 
lalonga, hombre de nervio y de toda su conñanza. Su 
n desde el día anterior comunicáronla al rey los mismos 
ados, reclamando pronta y severa justicia de tantos crí- 
(i). Suspendidos nada más los procedimientos ínterin 
'. la decisión soberana, nadie se tenía por seguro: muchos 
os, trocando los papeles, tomaron asilo en iglesias y con- 
; muchos trataron de embarcarse sin pasaporte, y no fué 
últimos en intentarlo el temeroso ex-instador, renuncian- 
imbicioso pensamiento de dar razón de sus actos en pre- 
de Carlos V. Con menos motivo murieron otros de es- 
el día que se revocó el salvoconducto general; y no 
laría en su casa la orden de prisión el desventurado Jua- 
lino en algún oculto escondrijo, desde donde fué trasla- 
:on otros reos principales al castillo de Bellver. La misión 
ada en el convenio, y que acaso se había reservado de 
», de dar explicaciones y negociar el indulto de los ager- 
os en la corte, se encargó á cuatro, payeses todos, pero 
menos listos y elocuentes, al notario Gili de Sineu, To- 
le Llubí, Bastart de Binisalem y Morey de Muro, tal vez 
inda de ellos mismos, aunque tan escoltados á la ida y á 
ita, que más parecían presos que embajadores. 
1 vez por lisonja corrió voz de que con la reducción había 



II 



' haber ejercido la bailia de la ciudad, ni á Nicolás de Berga por la parte 
en la estimación general de bienes. Tampoco fueron perseguidos como 
jurados de i <^ 2 1 , ni aun los de 1^22 más comprometidos que los prime- 
s si fué ajusticiado el jurado menestral Guillermo Colom, fué más bien 
:r formado parte de la embajada de los rebeldes. 

'írmanla, además de Villalonga, jurado en cap, Baltasar Serralta y micer 
: Muntanyans ciudadanos, Bautista Benet y Gabriel Mir mercaderes, y 
Qé Palou artesano, rindiendo testimonio á las grandes dotes del virrey y 
nte Ubach y á la leal cooperación de los caballeros y otros pobladores, 
do para que en la corte, ni más ni menos que en la isla, no se dilate ni se 
castigo con los que allí van y con los ya detenidos, á fin de que ni en la 
id ni en el vigor se observe discrepancia de conducta que pueda dar atre- 
para reproducir los disturbios. 



^20 ISLASBALEARES 

cesado de improviso la peste; mas no fué Gurrea de este dicta- 
men, pues sin parar apenas en la desolada población, dejando 
en ella por lugarteniente al jurado Viilalonga, salió en seguida 
á respirar aires más puros en el castillo de Bellver, donde se 
aisló escrupulosamente con su respetable guardia y sus impor- 
tantes prisioneros. Sombrío entonces aquel gentil monumento 
; y tétricos aquellos dos meses y medio de primavera debieron 

^ de parecer por las azarosas circunstancias é inquieta situación 

;. de sus moradores, especialmente de los que en negro calabozo 

'i aguardaban el no dudoso resultado de su proceso, que llegó 

con el mes de Junio; y sin embargo, no fué el caudillo de la 
; germanía el que abrió la marcha de los suplicios, sino el marino 

• Cosme Bonet el más atroz de los asesinos, en compañía de Gui- 
llermo Gallur curtidor de Selva y de otros cuatro, dos de la 
ciudad y dos de fuera (i). Juanote Colom no apareció sino al 
siguiente día 3, víspera de Corpus, siguiendo una carrera bien 

I distinta de la que para la próxima festividad se adornaba, ate- 

. naceado encima de un carro hasta la puerta Pintada, y allí de- 

j gollado y puesta su cabeza en un nicho que sobre el exterior 

¡ del arco aún se denota, y sus miembros en los cuatro pilares á 

) que se destinó la excelente piedra por los agustinos aparejada 

.' para construir su iglesia de Itria (2): no se ocurrió construirlos 
con los sillares de la humilde vivienda del bonetero, mandada 

• demoler por la sentencia (3). En el mismo día, y no sé si en el 



(i) Fueron los dos últimos un sobrino del heredero Danús de Santañí y Pedro 
Pujol de Felanig que había concebido resucitar el alzamiento; los de la ciudad, 
Andrés Rebassa curtidor y Antonio ó Bartolomé Canycllas Gaiia-roija espadero: 
todos arrastrados al patíbulo y descuartizados después de muertos, y Bonet ade- 
más atenaceado. 

(2} Por ella y por la madera que perdieron durante el sitio, se les indemnizó 
con la cantidad de 92 libras. En 1606, cuando se comentaban los versos atribuí- 
dos á Mogoda, ya no existía entero el cráneo de Colom, y puede juzgarse cuál se- 
ria su estado en 1822 cuando no sé por qué logia fueron recogidos sus fragmen- 
tos. El teatro del suplicio donde se levantaron los pilares corresponde al sitio que 
hoy ocupa el baluarte, donde continuaba el camino la línea de la calle de San Mi- 
guel, bifurcándose luego en los de Sóller y Buñola. 

(3) Su solar, diga lo que quiera la reciente lápida que la supone casa de Cres- 



ISLAS BALEARES 



421 



O sitio y hora, murieron para ser también descuartizados 
idero Francisco Blanch, el hornero Miguel Garau, y maese 
) catalán de naturaleza y Ballester de linaje ó de oficio; 

fué distinción por sus delitos asociarlos en la pena á Co- 
Siete el sábado inmediato y tres al otro miércoles la su- 
n, unos idéntica, otros simplemente la de horca (i): los 
siguientes, á fin de diseminar por las villas el escarmiento, 
n conducidos á Sineu Mateo Falques de Bañalbufar, á 
)os un Nadal, á Inca su gran perturbador Blas Rexach, á 
i Margarita, á Llucmajor, á Porreras sus respectivos ins- 
es Bernardo Nadal, Antonio Capmar y Jaime Darder, 
trados al patíbulo y hechos cuartos después de muertos, 
iterrumpirse por esto los espectáculos en la ciudad que 
inció aún dos ó tres ejecuciones el 1 7 y cinco el 20 (2). 

terminó con el Junio la pavorosa siega, sino que se pro- 
> muy adentro de Julio, tanto que á 1 7 del mes pasaba ya 
icuenta la lista de ciudadanos ajusticiados y de ciento la 
lyeses de casi todos los pueblos, formada con el objeto de 
porar al fisco sus bienes (3). 



it 



nuestra todavía en la plazuela de San Nicolauet^ hoy del Rosario, que hu- 
>odido tomar el nombre de Colom con más propiedad que la vía moderna- 
abierta entre la plaza de Cort y la de Abastos, á cuya imposición no presidió 
sensato criterio histórico. Fué estimada la casa en so libras, y prestaba 
de censo anual á mosén Pachs el asesinado alcaide de Bellver. 
De la primera clase fueron día 6 Rafael Maura pelaire, Pedro Juan Matas 
o, Perote Pasqual tintorero y Miguel Verger oficial de vara; de la segunda 
no día los sastres Juan Busa y Juan Sard y el molinero Jaime Marrano (sin 
podo), y día 9 Pedro Frau el viejo, Juan Servera atunero y Juan Entens 

Entre los reos hay un Perucho vizcaíno ballestero, un guarda de mar, un 
y dos libertos ó hijos de esclavo. 

Debe advertirse no obstante que la lista arranca del 3 de Noviembre ante- 
} decir, desde la serie de batallas al ñnal de las cuales eran ajusticiados 
s prisioneros. Entre sueldos de capitanes y soldados y atenciones de la 
ción, que se pagaron del fondo de dichas confiscaciones y multas, y cuyo 
:e se aproxima á catorce mil libras, figuran las partidas siguientes: Á la dona 
eta víduaper dogals de canyem per penjar alguns deis crimináis^ i 3 Iliures, 
is.— P«r las despesas de varias execucions d mori, i o WiurQS.—Per /er un eos- 
apiassaNova, 3 Iliures, i sou, 6 diners.— /I Gabriel Puigderós per cordas 



•s; 



422 ISLAS BALEARES 

Junto al faro de Portopí, en la contrapuesta torre den Ca- 
rrósy en el llano de la Real, en el puente de Barbera, en el 
Portitxol, en el campo de mosén Brossa (i), se construyeron 
aquellos dos meses nuevas horcas; y todavía hubieron de levan- 
tarse otras en el cerro de Bellver contiguas al castillo, expresa- 
mente para los cuatro embajadores forenses, que al cabo de 
tres meses regresaron de la corte tan bien acompañados como 
habían ido, remitidos por S. M. al lugarteniente para que hicie- 
•' se de ellos justicia (2). Harto pudieron vislumbrar su destino al 

V saber y acaso presenciar en Valladolid la pena capital por sen- 

' tencia del real consejo aplicada á sus compañeros Antonio Tho- 

. más y Pablo Casasnovas, á quienes no valió la inmunidad de su 

f anterior mensaje; y poco tardarían en ver conñrmados sus te- 

mores los desgraciados Juan Gili, Miguel Torrent, Antonio Bas- 
\ tart y Bernardo Morey, presos también en Bellver, con la ven- 

! taja de no tener que bajar á la ciudad para satisfacer al cadalso 

I su deuda, puesto que subía á su encuentro la horca, honrándose 

con el distintivo de horca de los embajadores (3). Sucedía esto 
en Agosto ó Setiembre, y á la entrada de Octubre había creci- 
do desde mediados de Julio en treinta y nueve nombres el ca- 
tálogo de ajusticiados, casi la mitad ciudadanos (4), y al frente 



pe>- rossegar homens scorterats^ 6 Iliures, i8 sous.— ¿4/ /rare Antoni Oilery altres 
frares de Sant Domingo per 22 dias han stats en las vitas per con/essar els homens 
condemnais á mort per el crim de la germania, 6 Iliures, 8 sous. 

(i) Se ignora la situación de este campo, pero si estaba como opino á la sa- 
lida de la puerta Pintada, las horcas en él plantadas se re6eren á los pilares de 
Colom. 

(3) No los perdieron de vista á la ida y á la vuelta el celosísimo notario Nico- 
lás Panadés y los no menos adictos Francisco Pons de Sóller y Bartolomé Thomás 
Taxaquet de Llucmajor, quienes en recompensa recibieron 100 ducados el pri- 
mero, 62 y medio el segundo, y 50 el tercero. Desde aquí se envió al continente 
un bergantín armado para traerlos. 

(3) De ellas y de las del campo den Brossa se habla con motivo de haberlas 
maltratado un recio temporal, derribando los miembros en ellas colgados. Para 
la cabeza de Gili se hizo una jaula de hierro igual á la que guardaba la de Colom 
y otra para la de un Jaime Andreua, ejecutado en años posteriores no sé por qué 
crimen, pues no figura su nombre entre los de la germanía. 

(4) Los más señalados fueron el tintorero ó pelaire Antonio Pons Tarragoní, 



ISLAS BALEARES 



423 



!los el ex-jurado y ex-mensajero Guillermo Colom, el cual 
:e haber hallado de regreso en su país el acerbo fin que 
¡ron en la corte sus camaradas. Todavía en Noviembre in- 
ato, y en Abril, Agosto y Diciembre de 1524 recibió au- 
:os la fúnebre lista, hasta un par de docenas de reos de 
•te, procedentes en su mayor parte de la capital: los de las 
5 fueron quizá resultado de las pesquisas del virrey en la 
ral visita que giró durante aquel invierno y la siguiente 
a vera, sin omitir apenas población alguna (i). Mejor satis- 
) que la vindicta pública dejó aún de sus quiebras el erario 
las fuertes sumas que de cada villa extrajo por composicio- 
/oluntarias ó forzosas, no ascendiendo el total á menos que 
7,400 libras, con lo cual, aparte de otra cantidad segura- 
te no menor, obtenida del vecindario de la ciudad mediante 
as ú ofertas individuales y derramas colectivas sobre los 
lios á fin de borrar culpas 6 sospechas y evitar procedi- 
itos del fisco, pudieron cubrirse hasta cierto punto los enor- 
dispendios de la armada y los vacíos abiertos en la tabla 
i universidad. Á la indemnización de daños particulares se 
eyó más adelante en 1527, satisfaciendo del residuo de 
iscaciones un tercio escaso á los perjudicados. 
Fodo se repuso más ó menos pronto y á más ó menos costa 
la acción reparadora del tiempo: habíase restablecido en la 
la salud desde el otoño de 1523, antes y con más seguri- 



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latero Pedro Pons primer agermanado que se cruzó, el tejedor Bartolomé 
la jefe de cincuentena, el mayordomo de los caldereros Antonio Castelló, los 
;s Mateo Coll y Pedro Mas, los calceteros Perotc Puig y Bartolomé Forteza, 
pdeguaita Antonio Salom , Pedro del Fierro castellano, etc., todos ahor- 

Constan las sucesivas expediciones que sin tomar descanso emprendió, 
1 fecha de sus salidas y entradas. El 8 de Noviembre de 1523 partió para 
r, Buñola, Valldemosa y Esporlas, y regresó el 6 de Diciembre; el 25 deEne- 
1524 para Algaida, Montuiri y Llucmajor, volviendo en 1 3 de Febrero; 
para Porreras, Campos, Santañí, Felanig, Manacor, Arta, Petra, Sineu y San 
y se retiró en 18 de Marzo; el 16 de Mayo para Sancellas, Santa Margarita, 
, Alcudia, Pollensa, la Puebla, Campanet, Selva, Escorca, Inca, Binisalem y 
, terminando en 23 de Junio. 



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424 ISLAS BALEARES 

dad que en Barcelona, gracia atribuida piadosamente á la inter- 
cesión de San Sebastián, cuyo brazo sacado de Rodas al hun- 
dirse bajo el poder otomano, valió al que lo trajo una prebenda 
del cabildo (i). Extinguíanse los odios, los sermones de viernes 
santo arrancaban recíprocos perdones de homicidio: sólo persis- 
I tían, erigidos en acusadores fiscales, los jurados, reclamando 

escarmientos con más acritud tal vez que el mismo Gurrea, á 
'; quien les inculcaba el soberano prestar plena confianza, disua- 

i diéndoles de presentarse al pie del trono con mensajes, no sólo 

V excusados y dispendiosos, sino inconvenientes. No por esto se 

abstuvieron de mandar á la corte por delegados á mosén Pedro 
¡ Villalonga y al notario Juan Crespí, que en unión con micer Sa- 

fortesay Tomás Andreu gestionasen por un arreglo radical, á 
' que no permitieron atender los preparativos de guerra; así como 

en 1524 sus sucesores enviaron á Cataluña, para cazar prófugos 
agermanados, á Jerónimo Rossinyol , que al esforzar sus clamé- 
is res acerca de la deplorable impunidad á cuya sombra se prepa- 
raban acaso nuevos desórdenes, tropezaba en las leyes del 
¿ principado y en la rectitud de sus autoridades con un estorbo 
í para impetrar detenciones arbitrarias y sin proceso (2). Para 
inquirir sobre los eclesiásticos comprometidos en las revueltas, 
pocos y no de gravedad por cierto, pidióse á la Santa Sede el 



(1) Acusó al arcediano Manuel Suriavisqui de haber sustraído por robo la sa- 
grada reliquia el gran maestre, quien al fín en i $2Q aprobó solemnemente la en- 
trega; y la concordia hecha por el donador con el cabildo de Mallorca, fué conñr- 
mada desde Alfaro en 4 de Noviembre de 1 5 24 por el obispo Sánchez Mercado, 
confiriéndole un benefício vacante por fallecimiento de mosén Miguel Nadal, único 
extremo sobre el cual contesta á la carta de los jurados de 22 de Enero anterior, 
haciendo caso omiso de las sentidas reconvenciones que le dirigen por su inter- 
minable ausencia de la diócesis y por los males emanados de ella. La caída de 
Rodas sugirió á nuestra universidad la idea, que llegó á proponerse á S. M., de 
ofrecer en cambio á la orden de San Juan para residencia suya la isla de Me- 
norca. 

(2) A cinco solamente de los que traía en lista logró hacer prender, según 
carta suya de 7 de Agosto, y son curiosos los detalles que da de sus gestiones y 
del cambio de vida de los refugiados, cuál recién casado, cuál metido á donado 
en Monserrat, cuáles avecindados en poblaciones cortas con nombre supuesto. 



I ^ 



ISLAS BALEARES 



42S 



>raniiento del arcediano Luís de Villalonga y del sacrista 
ás de Montanyans como jueces especiales. Otorgáronse 
tos á los convertidos, galardones á los leales : por premio 

parte tan principal que en la rendición de la ciudad y en 
ptura de Colom y otros reos había cabido á Martín Roig, 
5 juzgó bastante darle empleo de sotaveguer, sino que se 
tó de S. M. el primero que vacara, con sueldo por lo menos 
ncuenta ducados, en compensación de lo sacrificado de cau- 
>ropio: de Alcudia no se olvidó la capital, gozándose en que 

asociara á su categoría de ciudad, y negociando en favor 
la mercedes y privilegios á fin de que sirviera de ejemplo 
jelidad á los demás pueblos (i). Celosa empero de las gra- 
directas del monarca, como la que otorgó á su físico Ver- 

á su secretario Alonso de Soria de la herencia de Barto- 
: Ripoll de Sóller ajusticiado, trató la universidad de que 
DÜgara á no hacer ninguna mientras no fuesen restaurados 
US pérdidas los naturales. No bastaron para ello, ni con 
lo, los tres años que todavía gobernó Gurrea hasta el 
e Abril de 1526, harto desprestigiado de cuando vino ca- 
i años atrás, y sin dejar fama de previsor ni de clemente: 
10 que hacer quedó durante otros siete años á su sucesor 
os de Pomar también aragonés, y en todo el resto de la 
iría no acabó de llenarse la sima ni de desaparecer el es- 
o de la condenada y diabólica germanía. 



Del 1 8 de Julio de 1523 data la real cédula en que se le expidió el título 
idad, y del 6 de Agosto siguiente la representación de los jurados del reino, 
gnorando ó no la reciente prerrogativa, interceden para que se concedan 
á los alcudianos en reparación de los males sufridos, á consecuencia de la 
icaso se les otorgó en 14 de Octubre franquicia absoluta de derechos y ga- 



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CAPITULO VII 



MaUoroa formando psHé de la EDonarquía española 
en los siglos XVI y XVII 



L pasar el reino de Mallorca de sub- 
dito de Aragón á subdito de Espa- 
ña, no variaron sustancialmente en bien ni 
al las condiciones de su dependencia. No por tener más lejos 
berano, ni por repartir éste sus cuidados entre más exten- 
lominios y más colosales y múltiples empresas, ni por dis- 
r de más poderosos recursos, experimentaron por punto 
ral las apartadas islas aumento de protección ó de abando- 
le beneficios 6 de vejámenes, de prosperidad ó de abati- 
to, cual pudiera resultarles de estas contrapuestas circuns- 
as; compensáronse daños con ventajas hasta el punto de 
parecieran transcurrir estérilmente los siglos y renovarse 
inastías. Á ruinosas guerras de conquista las tenía acos- 




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; 4^^ ISLAS BALEARES 

lumbradas desde el xiv la aragonesa, y todavía más en el xv la 
castellana, transfiriendo la corte al suelo italiano, y devolviendo- 
« les en pro de su defensa nada más que una porción insignifican- 

te de los esfuerzos y sacrificios que en servicio de ajenos inte- 
reses y de ambiciosos planes les reclamaban ; y al abismarse, 
'; por decirlo así, en el imperio sin orillas de Carlos V, venían ya 

preparadas durante cuarenta años á que en el despacho de sus 
^ sencillos negocios y humildes querellas les hiciesen competen- 

I cia, como en los consejos del rey Católico, las atenciones de dos 

.1 mundos. No les cogía de nuevo pues la indiferencia de los go- 

i bernantes, ni la lentitud de los remedios, ni la enormidad de los 

I subsidios, ni la necesidad de continuos y dispendiosos mensajes 

al trono para cada asunto; sólo que bajo la dinastía austriaca 
[ perdió Mallorca el honor, que no había ya obtenido del gran 

Fernando, de conocer personalmente, como solía suceder con 
los pasados, de infantes cuando no de reyes, mediante una ó 
.1 dos fugaces visitas, á aquella serie de monarcas avara de viajes 

'. y expediciones, excepción hecha del glorioso cesar; tanto en 

;j España se connaturalizaron á pesar de su alemana procedencia. 

¡I Continuaron, aunque modificadas según el espíritu y mudan- 

i zas de los tiempos, las tres plagas endémicas del país, á saber: 

I las carestías originadas del déficit de las cosechas que las más 

veces no llegaban á los dos tercios y muchas á la mitad del 
j consumo necesario, acrecentando anualmente con la provisión 

de trigo forastero la masa de la deuda pública, y con el repartí- 
i miento de él las quejas y los escándalos; las parcialidades, más 

de familia que políticas ó sociales, que disputándose los cargos 
de gobierno y organizando ambiciones y venganzas, irradiaban 
desde la capital hasta la última aldea, sembraban de asesinatos 
caminos y calles, y poblaban riscos y cuevas de bandidos ; y las 
incursiones de corsarios, infieles ó cristianos, extranjeros ó na- 
cionales, tanto castellanos y vizcaínos como de la misma coroni- 
lla y aun paisanos alguna vez, pesadilla eterna de navegantes y 
mercaderes en el mar, asidua amenaza de hostiles desembarcos 



ISLAS BALEARES 



429 



costa desde la más desierta cala hasta el vigilado Portopí, 
tentativa de audaz galiota hasta el amago de formidable 
Ira, para llevar tierra adentro la desolación y el estrago, 
nación se hizo intolerable con la pujanza adquirida en el 
erráneo por el famoso Barbarroja, que mantenía en conti- 
>zobra, bloqueadas por levante y poniente, las mal pertre- 
s Baleares : no daban tregua las alarmas, y la situación de 
las, edificadas ya preventivamente á gran distancia del 
no las preservaba de piráticas invasiones. Si Pollensa 
3 1 mandó á la capital algunas cabezas de turcos de veinte 
;s mataron rechazando seis buques denodadamente, Santa- 
Indraig veían arrebatar de su propio seno á sus vecinos 
/ez que no se les daba tiempo de guarecerse en las torres, 
incesantes y lastimeros clamores acudió alguna vez con 
3s el generalísimo Andrés Doria, y el mismo emperador 
íéndolos acometió en 1535 su afortunada expedición con- 
únez, honrando á la ida con su visita en los primeros días 
lio á la fiel Alcudia, cuyos sacrificios pagó con minutos de 
ncia (i); pero echado de su reciente conquista Barbarroja, 
echó su derrota misma para sorprender, cuando menos se 
lía, la plaza de Mahón con veinte y dos galeras y otras 
í embarcaciones (2). Puso cerco á la villa, y por mucho que 
resuraron en acudir al socorro los demás pueblos de Me- 
y en desembarcar por Cindadela trescientos mallorquines 



I 



III 



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Si no lo aseverara algún cronista y no se designase aún la casa donde se 
arlos V, que fué la del sacerdote Jerónimo Moragues, sería casi controver- 
1 detención en Alcudia; tal silencio guardan acerca de ella los documentos, 
ición de una determinación de consejo en ro de Mayo, que anunciándola 
robable se ocupa del ob'^equio que ha de hacérsele. La fecha de aquella se 
con la salida de la real armada del puerto de Barcelona en 30 de Mayo. 
Mut, no sé con qué fundamento, habla del engaño que sufrieron los ma- 
nes tomando la escuadra de Barbarroja por la imperial, á cuya vista redo- 
los regocijos con que celebraban la expugnación de Túnez, y del que á la 
icrimentó con tantos fuegos el pirata creyéndolos avisos de prevención 
BUS ataques, con lo cual enderezó á Menorca el rumbo. Se non é vero, é ten 



ííi 



430 ISLAS BALEARES 

al mando de Juan Miguel de Sant-Martí (i), encontraron rendi- 
da ya y saqueada la población, y cautivos en masa sin distinción 
de edad ni sexo sus habitantes por pacto de algunos que, mi- 
rando cobardemente por su indemnidad privada, perdieron el 
honor y después la vida en afrentoso suplicio. Ya no se fabrica- 
ban galeras en Mallorca, y lo que más se podía era ayudar 
para la construcción de una ó dos con dos mil ducados. En los 
muros de la ciudad siempre reparados y siempre débiles, en el 
fortín de la extremidad del muelle para el cual se presupuesta- 
ban tres mil jornales, en la artillería indispensable para defensa 
de Bellver, en la reedificación del castillo de Cabrera, en el suel- 
do de compañías estacionadas, se invertían abrumadoras sumas, 
hasta recargar con seis mil libras la mole de censos adeudados. 
Tan poco influyó en limpiar los mares la gloriosa presa de 
Túnez para los desgraciados isleños, que ni á pescar se atrevían 
y desamparaban anchamente sin cultivo su marítima zona, que- 
jándose de que no les resguardaran de cerca las águilas impe- 
riales que dilataban sus triunfos por el orbe entero. 

Todavía más funesto al país era el espíritu de bandería que 
en él se perpetuaba. Suelen las violentas crisis, una vez pasa- 
das, llevarse de carrera los achaques crónicos y purificar la 
viciada sangre: no sucedió así con la germanía respecto de las 
hondas divisiones que trabajaban la alta y las inferiores clases, 
la ciudad y las campiñas. Si no alcanzaron á sofocarlas el su- 
premo trastorno y el común peligro que imponían á todo tran- 
ce unidad y concordia, ¿cómo no habían de retoñar ó más bien 
seguir después de restablecido el orden, si tal puede llamarse el 
desorden normal de aquellos tiempos? Ni más ni menos que en 



(i) Tenía además contratados la universidad unos ciento y veinte castellanos 
de la armada del marqués de Mondéjar, que hizo innecesarios la caída de Mahón; 
enviáronse igualmente municiones y artillería, y fueron á sus particulares expen- 
sas algunos caballeros, y por jefe en lugar del virrey Pérez Figuerola su hijo don 
Pedro, quien más que de la defensa de la villa, hubo de cuidar del castigo de su 
entrega. 



ISLAS BALEARES 



431 



Ddo de las revueltas, cruzaban la isla en años posteriores 
las de desmandados, en cuya persecución, que no en la 
irrectos, pereció hacia el 1527 mosén Bernardo Albertí, 
no del ilustre Arnaldo inquisidor y obispo de Pati. Era el 
no una campaña permanente, una batida sin tregua á las 
las de bandoleros, en la cual se distinguió, hasta agotar 
rzas y la salud, el virrey Pomar, acosando de comarca en 
:a atentados y crímenes, cuya enormidad y frecuencia se 
en la de los castigos. De su actividad y justicia hácense 
,s los jurados en la cuenta que de las cosas públicas dan 
srano anualmente al entrar en su oficio; sino que á propó- 
: la pena capital aplicada al caballero Bernardo Morey en 
-o de 1531 (i) echaban de menos mayor observancia de 
nquicias, que el celoso lugarteniente no comprendía hu- 
de servir de remora á las órdenes del monarca. Acabó 
la enfermedad en 1533 á 8 de Setiembre, y durante los 
neses que tardó en presentarse su sucesor Jimén Pérez de 
-ola, no pudo darse de vagar en la represión de los mal- 
ees Gregorio Burgués, que en calidad de procurador real 
nterinamente. Figuerola á sus dotes de letrado reunía 
iones militares, que acreditó en cuatro años de mando 
is diligentes aprestos; y tan extensiva se hizo á su familia 
fianza general en él puesta, y tal era por otro lado la re- 
ncia de los nobles indígenas en someterse á un igual suyo, 
I solicitó le sustituyera en ausencias é incapacidades su 
^ro con preferencia á cualquier otro. No obstante, al 
con la vida su gobierno en 22 de Enero de 1538, no dejó 
segurado el sosiego ni más descansada tarea al nuevo 
o Felipe de Cervellón, y aunque no derivase de causas 
as la perenne inquietud, y surgieran de las costumbres 



Dio nombre á la calle la casa de esta familia, en la cual le sucedió la de 
■uster, y es hoy la del conde de Ayamans. No se ha averiguado hasta aquí 
i de tan rigurosa sentencia. 




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43^ ISL. AS BALEARES 

I 

más que de las ideas los delitos reproducidos en venganzas, es 

imposible no reconocer con los jurados de 1539 «cuanto se 

* había perdido desde el tiempo de la germanía el respeto de los 

hombres populares á Dios y á S. M., y la mayor dificultad de 

; enfrenar sus maldades. » 

Tal era precisamente la situación en que encontró al oculto 
é ignorado reino el más poderoso de sus monarcas, al tomarlo 
] por punto de partida para su descomunal expedición contra 

Argel en Octubre de 1541. Para él había citado las escuadras 
de sus varios dominios; y precedido de príncipes y magnates, 
subditos todos suyos aunque de naciones diversas, un mes más 
j tarde de lo anunciado por Doria, llegó el 1 3 á Mallorca capital, 

cuyo antiguo nombre de Palma recordaron entonces por prime- 
\ ra vez en sus inscripciones los eruditos. Admiróle desde la bahía 

su aspecto, preguntando á su almirante si era tan buena como 
; parecía. Mejor le pareció, cuando disipado el humo de las sal- 

'{ vas de los baluartes y de las galeras que le aguardaban y de 

las cuarenta que le seguían, dejaron verse de cerca las mura- 
t lias, las torres, los más insignes edificios empavesados de flámu- 

rj las y banderas. Recibido á bordo el homenaje de los jurados 

\ que vestían sus purpúreas gramallas de raso forradas de tercio- 

;' pelo, saltó á tierra Carlos V, esquivando á causa del luto que 

\ por muerte de la emperatriz guardaba, atravesar el soberbio 

] puente en mitad del muelle construido y cubierto de emblemas 

I y divisas, y aceptar el caballo enjaezado de grana y oro, que 

! entregó á su caballerizo mayor, montando en otro enlutado. 

Cuatro de los jurados y ocho caballeros sostenían las varas del 
riquísimo pabellón de tela de oro, debajo del cual se colocó, 
seguido de la más ilustre comitiva de sus proceres y capitanes 
y del patriciado de la tierra con ellos confundido. Á la entrada 
¡ de la puerta del Muelle felicitáronle desde lujoso catafalco en 

versos latinos el inmortal Raimundo Lull y Santa Práxedes y la 
ciudad personificados en un mancebo y dos doncellas; y agrade- 
cido á las aclamaciones que partían de calles, ventanas y azo* 



ISLAS BALEARE 



433 



solvióse á todos lados para ver y ser visto. Admiróle la 
i de la Lonja, preguntando si era iglesia, y entró en la 
le San Juan por debajo de un magníñco arco, sembrado 
atuas y alegorías con que expresaba el decaído comercio 
tnentos y sus esperanzas. Al desembocar en el Borne por 
e de San Felío, «oh! qué buenas calles y paredes! excla- 
)mo parecen bien! ¿Son tan buenas dentro como fuera?» 
tendiéndole que mejores, añadió: «será tan grande esta 
1 como Barcelona.» Sorprendióle el aparato y bullicioso 
ito de la casa del oñcio de pelaires, alabó la fachada del 
rado templo de Santo Domingo, detúvose ante la plaza 
rt llena de damas como el Borne, y otorgó gracia á los 
\ que agitaban sus cadenas implorando misericordia. Pasa- 
o excelente arco de dórica arquitectura, siguió por la pía- 
Santa Eulalia y calles de Morey, San Pedro Nolasco, An- 
y Almudaina, hasta encontrar á espaldas de Santo Domin- 
procesión del clero, á la cual se incorporó, adorado el 
m Cructs que le presentó el obispo, continuando á caballo 
mor de la gota. En la Seo, á cuyas puertas de la Almoyna 
Mar se habían erigido también suntuosos arcos, viéronse 
las lágrimas de sus ojos al cantar las devotas preces; y 
en el alcázar, despedida en el patio la brillante comitiva, 
\o salir ya de él, sino á misa en la catedral el domingo i6, 
cinco días de su permanencia (i). 

Ls atenciones y cuidados de la ardua empresa que acome- 
le permitieron recibir más que una sola vez á los jura- 
Liyas peticiones en beneficio del país escuchó benigtlamen- 
stl conocer los apuros interiores de la isla y la carestía de 



\ 



Paso á paso pueden seguirse las huellas de esta triunfal entrada, gracias 
ción escrita por el notario Juanoce Gomis y publicada al año siguiente 
ítulo de /a beneventurada vinguda^ etc., con toscos grabados en madera 
\ y diseños y gran copia de dísticos y hexámetros, sin mezcla ninguna de 
ndígena, aunque sí de cristianismo y mitología á estilo del renacimiento, 
Juan Genovart, Jaime Romanyá, Juan Andreu y otros, que dan curiosa 
no muy alta idea del estado de las artes y de Ira literatura en aquel tiempo. 



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434 ISLAS BALEARES 

aquelaño, admiró seguramente más la abundancia y baratura 
de víveres en que rebosaban los mercados como en agua las 
fuentes, la hidalguía con que se proveyó al mantenimiento de 
tan copiosa armada y de tan espléndida corte, y las apariencias 
de bienestar y aun de grandeza que en opinión de sus gentes 
daban á Mallorca la preferencia sobre las capitales de Italia. 
Solicitó el jurado en jefe Caulellas extraer libremente de Sici- 
lia doce mil salmas de trigo, que se limitaron á cuatro mil me- 
diante empréstito otorgado al virrey de aquella isla por igual 
suma de ducados; y para poner orden en la tierra devastada 
por partidas de bandoleros que no dejaban rebaño con vida, pe* 
2 día el restablecimiento del antiguo veguer forense, en quien des- 

cargara el gobernador tan ímproba tarea. En cambio fué acep- 
j tado el donativo ofrecido por refresco al soberano (i): cien ca- 

' balleros se brindaron á seguirle tanto á pie como á caballo en 

; la jornada. Con esto, recibidos en la capilla de palacio los san- 

c tos sacramentos, y oída misa por segunda vez en la Seo, bajó 

i al puerto el emperador en la mañana del i8 cabalgando en 

{ muía; y en medio de las bendiciones y votos de los mallorqui- 

'; nes hízose á la vela aquella poderosa armada, seguida de cien- 

j to cincuenta velas de mayor porte (2), que las borrascas de pre- 

coz invierno llevaron á estrellar en las costas argelinas, de 
j donde, dadas allí menos pruebas de sabia previsión que de mag* 

j nánima fortaleza y de cristiana conformidad, regresó no más 

I con treinta y siete galeras en 26 de Noviembre inmediato, ocul- 

! tando su arribo al muelle, como por respeto á su desgracia/ un 



(1) Consistió el presente en cien vacas, doscientos carneros, doscientos pares 
de gallinas y siete de pavos, quinientos cuartanes de aceite, cuatrocientas medi- 
das de vino, treinta cuarteras de harina candeal, veinte y cinco quintales de que- 
so, cuatro de cera blanca, veinte barriles de alcaparras, veinte de aceitunas y 
otros tantos de agua de mirto. 

(2) En ciento las computa el relato de la Benaventurada vinguda y en cin- 
cuenta las galeras, sin contar la flota de España que se quedó en Ibiza, compuesta 
de ciento veinte y cuatro naves de gavia y de diez y seis galeras, formando las 
dos escuadras reunidas trescientas velas. Iban en la armada de diez y ocho á vein- 
te mil infantes, entre tudescos, italianos y españoles, y considerable artillería. 



ISLAS BALEARES 



435 



de oscura niebla. Apenas visto de nadie, sin turbar su do- 
i ciudad con importunos festejos, marchó al segundo día 
le incógnito, que logró hacer olvidar á la historia el penoso 
aste de entrambas visitas. 

.a inquietud fué creciendo en años posteriores : todo el po- 
te Carlos V no pudo asegurar á la isla una temporada de 
go. La escuadra turca era la eterna pesadilla de los ma- 
llines, y cada momento se temía verla aparecer, combinada 
^fanda liga con la del rey de Francia, para llevar en gran- 
;cala al interior de la mal guardada capital la devastación 
:autiverío que derramaban al por menor en las indefensas 
s las galeotas berberiscas. No gente de guerra, no, que la 
itud del país, decían los jurados, era animosa y decidida, y 
í la llegada de soldados de fuera no traería, además de dis- 
ios y vejámenes, sino pendencias con los mal sufridos mo- 
es; artillería y municiones reclamaban sobre todo, y dado 
io les faltaba bronce, pues contaban con el de las campa- 
mas sí fundidores y aparejo para fabricar la pólvora, pe- 
siquiera los cañones de los buques inñeles, náufragos ó 
lados, que ocupaba el real patrimonio, ú ofrecían por tres 
s procedentes de Palermo seiscientos ducados. En reparar 
jtillo de Bellver y los tres roqueros de Santueri, Pollensa 
iró gastáronse cerca de mil libras, la mayor parte de ellas 
primero : del examen del lugarteniente Cervellón resultó 
la fortificación de Alcudia, pero más apremiaba remediar 
la antigua metrópoli, tan mal acomodada á las progresi« 
xigencias del arte militar, que se concibió levantarla toda 
leva planta. Á realizar tan colosal empresa no alcanzaba la 
na del vecindario, y se trató de hacer extensivo el subsidio 
IZO eclesiástico, excitando al cabildo y motivando más con 
[a provisión de beneficios en los naturales, pues al obispo 
no que nunca había pisado la diócesis (i) y á sus paisanos 



Juan Bautista Campegío, que lo fué de Mallorca desde 1533 hasta i5«)9. 



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436 ISLAS BALEARKS 

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por él favorecidos con las prebendas, lo mismo se les daba del 
emperador que del francés. Principióse en 1544 á demoler casas 
; y edificios contiguos á la muralla, y el más notable fué el recien- 

te convento de Itria, cuyas piedras, ya una vez destinadas á eri- 
gir el patibulario rollo de Colom» sirvieron esta segunda para 
la cortina del nuevo baluarte, estableciéndose muros adentro los 
frailes agustinos en la iglesia de Nuestra Señora de Gracia (i) 
á la que adosaron más tarde la del Socorro. Tocante á las obras 
de Alcudia se acordó que, puesto que gozaban de franquicia sus 
' habitantes, pagasen la mitad de ellas, corriendo la otra mitad 

i subdividida entre la ciudad y la parte forense. Reparábase por 

f el mismo tiempo la fortaleza del puerto de SóUer, que recordaba 

con sus quiebras el triunfo en 1523 obtenido contra diez y seis 

* galeras de Francia. 

i Sin descuidar no obstante los aparatos de defensa, y á pe- 

sar de la jactanciosa seguridad de bastarse á sí propios los de- 

j fensores indígenas, no creyó por demás el gobierno imperial, y 

tal vez el virrey mismo, atender al aumento de guarnición ; y á 

* los trescientos cincuenta soldados traídos el afto anterior por 
Andrés Doria, añadiéronse trescientos más, no todos españoles, 
cuyo salario y alojamiento se obligó la universidad á cubrir por 

* talla, aunque consideraba poco menos que inútiles á los extran- 
; jeros. Si no llegó el caso de utilizar sus servicios, tampoco cons- 
j ta que hicieran sentir al país los excesos y desmanes que eran 
's de temer de su indisciplina, y casi por milagro debe reputarse 
I que no menudearan colisiones y reyertas entre ellos y los veci- 



sin visitarla en los veinte y siete años, durante los cuales residieron en la isla 
como sufragáneos suyos, ejerciendo casi sin interrupción los pontificales y confi- 
riendo órdenes, fray Galcerán Cassanyach y fray Rafael Llinás, ambos carmelitas 
y obispos in pariibus de Crisópolis, y últimamente el de Salamina, D. Francisco 
Salazar, con quien se desavino. 

(1) Hoy de los Desamparados, en la cual es fama se daba antiguamente sepul- 
tura á los reos de muerte. Ignórase si con ella coexistió, ó si la precedió en el mis- 
mo sitio á corta diferencia cambiando de advocación, un pequeño oratorio de San 
Miguel, del cual se halla noticia en un documento de 14T9. 



ISLAS BALEARES 



437 



y que consigo mismos en la ciudad y en los pueblos andaban 
:ontinua lucha: de agradecer fué sin duda esto á la cordura y 
cita diligencia del egregio Felipe de Cervellón, en cuya pru- 
te y ñrme autoridad descansaban las locales. Dábale que 
sr, más que la vigilancia militar y el cuidado sobre la tropa, 
opresión de los alborotos y averiguación de los delitos que 
amaban sin reposo á Inca, Selva, Mancor, SóUer, Buñola, 
Idemosa y Alaró, de 1542 á 1546, ya para disolver arma- 
partidas, ya para castigar alevosos homicidios; y á tal punto 
aron los crímenes de ciertos mozalbetes de familias nobles y 
mrados por añadidura, que sacándolos de la capilla de la 
lidad colocada en alto detrás del altar mayor de la Seo, los 
ó al real castillo é hizo dar garrote á cuatro por facinerosos 
lemigos de S. M. (i). Tanto como justiciero sin acepción 
:lases, mostróse compasivo y generoso con los cautivos, que 
número de cincuenta se llevaron de Santanyí los moros, 
límente que de Estallenchs y Banyalbufar, empeñando para 
atarlos todo su oro y plata, ejemplo que consiguió bien 
íito reunir dos mil escudos. No estaba reintegrado de su an- 
K) el piadoso virrey, cuando en 1547 á 24 de Setiembre ter- 
6 sus días (2), supliéndole durante afto y medio, hasta que se 
mentara el sucesor, el caballero Miguel Sureda Sanglada, tan 
iditado en la reducción de la germanía, á quien tal vez no costó 
os que ésta su gobierno interino en circunstancias normales, 
ín lo afanado que le trajo de villa en villa todo el 1548 el 
tenimiento del orden. En Pelan ig se había asesinado al bal- 
ín el monte de Randa acudían á juntarse los bandidos de la 
entera, en Campos, en San Juan, en Escorca se habían per- 
ado muertes, en Selva ocurrían embestidas, en Campanet 



) Prendióseles en 5 de Enero de 154$, según expresa un noticiario coetáneo 
lombra á las personas, y no he podido averiguar más. 

) Se le enterró en el convento de Jesús extramuros de Palma, donde tres- 
os años más tarde, en nuestros días, fué descubierta entera y acartonada su 
ia y trasladada á la capilla de la Catedral, hoy dedicada á San José. 



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438 ISLAS BALEARES 

gran choque y resistencia á la autoridad; y todavía los jurados 
se felicitaban de que se hubiese arbitrado un medio para corre- 
, gir la frecuencia de los atentados, cual era cargar sobre los de- 

lincuentes el gasto de las expediciones judiciales, además del de 
las composiciones ordinarias, desahogando así al real patrimo- 
nio sobre el cual pesaba. 

Mejor aún se dieron la enhorabuena, al llegar el lugarte- 
niente en propiedad D. Gaspar Marrades valenciano, que en 
Abril de 1549 prestó juramento ; y dos años después, en Abril 
de 1 55 1, escribían no haber en el reino memoria de paz tan 
completa como la que gozaba desde la entrada del nuevo virrey, 
gracias á su prudencia y opinión adquirida sin derramamiento 
] de sangre, no habiéndose presentado en todo aquel bienio caso 

alguno de muerte premeditada, y hasta desapareciendo los sim- 
I pies hurtos. Como á pesar de lo dicho consta que en 1 9 de 

abril de 1550 fueron ahorcados y descuartizados luego cuatro 
;j malhechores, dos de ellos de Pollensa, y al año siguiente ajus- 

I ticiados en un mismo día nueve reos de graves delitos, habre- 

I mos de suponer que estas sentencias recaían sobre añejas fe- 

'» chorías y rezagados procesos, y que los edictos que prohibían 

i en carnaval los disfraces eran prevenciones de costumbre y no 

I indicios de intranquilidad. Bien era menester en lo interior algo 

; de sosiego y concordia para hacer frente á la piratería que ace- 

Á chaba sin cesar la costa, y prevenir si era posible sus ataques, ó 

^ reparar por lo menos sus estragos. Á pesar de la tregua acor- 

j dada por el soberano con los argelinos, cuatro galeras ancladas 

I delante del puerto prendieron otros tantos bergantines de Va- 

lencia con su tripulación y rico cargamento; y con el fin de ce- 
rrarles el abrigo de la Dragonera, se negoció con el obispo de 
Barcelona, de cuya pertenencia era el islote, la construcción de 
una torre en su cima. Pedíase á favor de Santanyí la condona- 
ción del diezmo, aplicando su importe á la terminación de la 
cerca que debía preservarla de otra catástrofe como la reciente: 
subvencionábase con cincuenta ducados al afío una nave capi- 



ISLAS BALEARES 



439 



con tres ó cuatro menores, dispuestas á rechazar el enemi- 
Pero la atención preferente, de común acuerdo de Marrades 
los jurados, era la fortificación de la capital, que con gene- 
•egocijo vino á trazar á principios de 1551 de orden de 
[. el conde Hugo de Contray flamenco, á punto en que lie- 
in nuevas de una armada de ciento cincuenta velas que 
araba en Constantinopla el gran turco para indemnizarse 
la conquista de las Baleares de sus pérdidas en la costa de 
:a. Á inspeccionar las obras hechas y las proyectadas envió 
•íncipe D. Felipe, por cuyo feliz regreso á la península se 
in gracias al Señor en los templos, al comendador Girón y 
sneral de las galeras de España D. Bernardino de Mendoza, 
vasto el recinto de la población, y por el lado de tierra se 
ibuyeron ocho baluartes, los mismos que andando el tiempo 
ibricaron en la forma que hoy guardan: faltaba empero para 
necerlos artillería, apenas suficiente á defender la muralla 
lar que tenía también los suyos, á pesar de las modificacio- 
importantes que posteriormente ha sufrido; de la construc- 
del angular de sudeste se hizo cargo el clero, de donde to- 
el nombre de bastión de los Capellanes y asimismo del 
utpe en memoria del que reinó más tarde con el de Feli- 
[. Pero no se trataba solamente de proveerse de cincuenta 
\s^ sino también de cinco mil picas y de mil arcabuces, con 
lal venía al fin á reconocerse la necesidad de brazos que 
a entonces se habían empeñado en negar nuestros jurados, 
n confesaban explícitamente en sentidas frases que si no 
an soldados era por carecer de recursos para mantener- 

o- 



Si teniam manera depagary sustentar soldats, escriben al príncipe en 28 de 
, sufilicariam á V. A. nos fes mercé de trameire'ns la geni de guerra que apa- 
s convenir á la necessitat; empero puys á Nosire Senyor plau per nostr es pecáis 
lim ial disposición remeiem aquesi pensameni á la benigniiai de S. Ai, y de V.A., 
aconoriais que ab nosira mori suplirem lo que devem á S, M, é imposarem fi á 
ps iraballs. 



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440 ISLAS BALEARES 

Cuéntanse por años las sorpresas en que las villas maríti- 
mas por turno reportaban, á la vez que enormes daños, glorio- 
sas jornadas. Á Pollensa cogieron vacía de una mitad de gente 
por razón de la siega y la otra mitad dormida, en la madrugada 
del postrer día de 1550, vigilia de la Trinidad, mil quinientos 
corsarios, y á pesar de guiarlos un renegado indígena y de ir 
divididos en tres escuadrones, no lograron acorralar la pobla- 
ción de suerte que no se les escaparan treinta bravos, quienes 
acaudillados por Juan Mas, recobraron sus familias y riquezas 
encerradas en el oratorio de San Jorge, y persiguieron hasta el 
puerto á los invasores, matando más de cincuenta, antes que 
éstos se dieran cuenta de su pánico; verdad es que entre muer- 
tos y cautivos no bajó de ciento treinta la pérdida de los natu- 
rales, pero eclipsóla el brillo de la victoria (i). Dragut, jefe de 
aquella expedición, fué á descargar su enojo contra Cabrera, 
cuyo castillo arrasó. En 155 1, á 27 de Octubre, tocóles á los 
alcudianos, reunidos hasta ciento cincuenta á las órdenes de 
Bartolomé Maura, rechazar á los moros en las calas del Pinar, 
obligándoles á reembarcarse en sus cinco bajeles; pero vuelto 
á tierra el enemigo , al observar que habían agotado en vanos 
alardes la pólvora, encerrólos en un mo