(navigation image)
Home American Libraries | Canadian Libraries | Universal Library | Community Texts | Project Gutenberg | Children's Library | Biodiversity Heritage Library | Additional Collections
Search: Advanced Search
Anonymous User (login or join us)
Upload
See other formats

Full text of "Jovellanos, nuevos datos para su biografía"

GRAN CARTA GEOGRAFICO -ENCICLOPÉDICA^ 

DE LA ISLA DE CUBA 

DEDICADA Á SUS DIPUTACIONES PROVINCIALES 

COMPILADA POR D. GERMAN G. DE LAS PEÑAS 
Y EDITADA POR LA PROPAGANDA LITERARIA EN 1881 • 

MIDE I,8o METROS DE LARGO, POR I.20DE ALTURA 

PRECIO EjST ESPAÑA 
El ejemplar, con el mar y las divisorias provinciales, en color, papel cartulina. 8 duros. 

El mismo, forrado en tela, barnizado, ribeteado y con ojetes .10 id. 

Id. Id. Id. Id. Id. y medias cañas. 12 id. 

La más completa y más perfecta de las cartas hoy publicadas de la isla de Cuba, es 
la que ha editado La Propaganda Literaria de la Habana en gran formato: i'8o rae- 
tros largo por i'2o de altura. Sólo ella podrá satisfacer en sus consultas al comercian- 
te y al militar, al profesor y al viajero, y servir de adorno en los escritorios, colegios, bi- 
bliotecas, los salones de las personas cultas y las oficinas públicas. 

Contiene, además del plano de la Isla en la escala de i por 775.000, otros que com- 
pletan el conocimiento de aquel privilegiado suelo; un croquis geológico enteramente 
nuevo, la representación gráfica de las principales montañas y el curso de sus rios más 
notables, el plano de la ciudad y del puerto de la Habana. Y para que á simple vista se 
conozca la situación que la Isla ocupa en el gran seno mejicano, se presenta también la 
carta de esta parte del globo con las líneas que recorren los vapores- correos y sus cables 
telegráficos. 

Todos estos trabajos han sido hechos con los datos más recientes y autorizados. La 
carta de Cuba, no sólo está arreglada á la última división administrativa é indica sus 
ferro-carriles y estaciones telegráficas, sino también cuantos faros alumbran sus eos 
tas, con el círculo de alcance de su luz; resaltando todo admirablemente sobre el azul- 
mar del fondo general que la rodea. 

Como ampliación y resumen, la acompañan, en estados, el cuadro de la división po- 
lítico-administrativa de 1880, el del censo de la población, el de estaciones telegráficas 
y administraciones de correos por orden alfabético, el de los cambios postales inter- 
nacionales, y el de las líneas de vapor que sostienen el movimiento comercial entre 
ambos continentes. 

Tratándose de un país cuyos productos se extienden por todo el mundo, no sería per- 
fecta nuestra obra si no la acompañasen las noticias estadísticas que justifican su reco- 
nocida importancia: el cuadro de sus fincas rústicas y urbanas, el de su riqueza agríco- 
la, industrial, etc , el de la exportación de sus principales producciones, con los particu- 
lares de la del tabaco y el azúcar. Bastan estos datos para conocer que aquella isla, por 
su suelo, su clima y su posición, está llamada á ser el emporio del mundo moderno. 

Como también signo de la importancia mercantil y de la cultura del país, se ha inclui- 
do la lista de los periódicos que hoy se publican en la Isla, con la fecha de su fundación, 
carácter, etc. 

No creeríamos haber satisfecho cumplidamente nuestro objeto al acometer esta vasta 
empresa, que á tantos ha arredrado hasta ahora, si al bosquejo histórico de la Isla, nu 
hubiésemos unido los grandes actos de nuestra época que á ella se refieren: la ley de la 
esclavitud, la capitulación del Zanjón, que puso término á la prolongada insurrección 
de Yara, la lista de los primeros representan tes del país, senadores, diputados á Cortes, 
diputados provinciales y miembros del ayuntamiento de la Habana por elección popular. 

La ley de extranjería y el indicador comercial y profesional de las casas, estable- 
cimientos y profesores más notables de la Isla, que ocupa su orla exterior, servirán de 
guía en el extranjero para las frecuentes exigencias del comercio y la industria. 

Per último, merece que hagamos mención, por su mérito artístico, déla cabecera ale- 
górica que adorna esta gran carta, concepción del distinguido Sr. Vallejo; del retrato del 
inmortal Cristóbal Colon, que trajo á la luz de la civilización el Nuevo Mundo, copia del 
único que consideran verdadero nuestras Academias y escritores más ilustrados; y de la 
ejecución material de todas las cartas, debida al hábil y concienzudo buril del Sr. Pfeif- 
fer. De cuantos trabajos han salido hasta hoy de su acreditado establecimiento, éste es 
sin duda el más acabado. 



PUNTOS DE VENTA 

Madrid: calle de Recoletos, 13, principal, y principales librerías. — Barcelona : don 
Eusebio Vila, Regomir, 37. — Bilbao: Sra. Viuda de Delmas. — Cádiz: D.José Verdugo. — 
Sevilla: D. Manuel Jiménez, plaza Nueva, núm. 2.— Santander: D. Luciano Gutiér- 
rez, calle" de San Francisco. — Coruñ\a:D. Andrés Martínez. — Mílaga : D. Francisco 
Moya. — Oviedo: D. Francisco Antonio Galán, calle de San Juan. — Gijon: Sres. Crespo 
y Cruz.— Valencia* D. Pascual Aguilar. — Vigo: D. Pedro M. Molins. 



DATOS PARA LA BIOGRAFÍA DE JOVELLANOS 




JOVELLANOS. 




Biblioteca de «La Propaganda Literaria» de la Habana. 



JOVELLANOS 



Adornados con la genealogía de Jovellanos, su retrato hecho por Goya, el facsímil de su firma, 
su escudo, escribanía y sillón, y su sepulcro 



JOVELLANOS Y LA CRÍTICA MODERNA: 
MEMORIAS FAMILIARES: 
APÉNDICE Á LAS MEMORIAS, POR CEAN BERMUDEZ: 
EXTRACTO DE LOS DIARIOS, 
DESDE 20 DE AGOSTO DE I79O HASTA 20 DE ENERO DE l8oi, HECHO POR EL MISMO: 
TESTAMENTO POR COMISARIO, 
OTORGADO EN EL CASTILLO DE BELL VER, DE PALMA DE MALLORCA: 
CARTA Á PONZ SOBRE ASTURIAS: 
EL QUIJOTE DE CANTABRIA: 
REFLEXIONES SOBRE UN BOCETO DE VELAZQUEZ: 
DOCUMENTOS RESERVADOS DEL ARCHIVO DE GRACIA Y JUSTICIA: 
EFEMÉRIDES. — RECUERDOS Y MONUMENTOS: 
NOTICIAS DE VARIOS RETRATOS. 



NUEVOS DATOS PARA Sü BIOGRAFÍA 



Recopilados por 



DON 




Y 



contiene: 




DE VENTA 



HABANA 



MADRID 



LA PROPAGANDA LITERARIA 



LIBRERIA DE FERNANDO FB 



Calle de O'Reilly, 54. 



Carrera de San Jerónimo, 6. 



1885 



La Propaganda Literaria (Isla de 
Cuba), propietaria de esta obra, adqui- 
rida por escritura pública, se reserva to- 
dos los derechos que concede la ley vi- 
gente en la Península y Ultramar. 



Rubiños, impresor, plaza de la Paja, 7, duplicado, Madrid. 



AL EXCELENTÍSIMO SEÑOR 

Don Leopoldo Carvajal, 

Benemérito Presidente de la Sociedad 

DE 

NATURALES DE ASTÚRIAS 

EN LA HABANA, 

dedica, la presente obra, en testimonio de la admiración que siente 
por los hijos ilustres del Principado, 

El Editor. 



HA3ANA, 1884 



PRELIMINAR 



Los pueblos que olvidan á sus grandes 
hombres, á sus glorias nacionales, á sus- 
ilustraciones científicas , literarias , políti- 
cas, decaen miserablemente, porque pier- 
den, con la gratitud, la memoria, y con la 
memoria la ciencia. 

(Preámbulo al decreto de la República 
Española, de 7 de Noviembre de 1873.) 

La posteridad , solamente hace pública 
justicia al talento que no domina por las 
armas. 

(Ros de Olano: Prólogo al Diablo Mundo. 

Cuando después de fatigosa excursión por los anales de la historia 
patria, llegamos á la segunda mitad del siglo xvm, y vemos destacarse, 
brillante y luminosa, entre la pléyade de sus hombres ilustres, la majes- 
tuosa figura de Jove Llanos , en quien la virtud y el talento logran su 
más alta personificación, una satisfacción purísima embarga nuestro es- 
píritu, pues el aplauso universal resuena en torno suyo, como galardón 
el más preciado que á hombre ninguno pudiera tributarse. No ha dejado 
en pos de sí huellas de lágrimas ni rastro de venganzas : modelo de 
honradez y de grandeza, reflejan sus libros la ejemplaridad de su vida. 
Si, como dice uno de sus biógrafos, desfallece el ánimo más atrevido al 
terminar la lectura de la Memoria en defensa de la Junta Central, nada 
habrá comparable á la impresión que deja la de su Testamento, donde 
la caridad y el amor, la bondad de corazón y la gratitud más tierna,, 
han trazado páginas inmortales, dictadas en sombría prisión al declinar 
de la vida, ausente de la patria, separado de su familia y víctima de la 
más injusta y cruel de las persecuciones. No pudo la saña invadir su 
pecho, ni la iniquidad trocar en escepticismo sus creencias, ni dar al- 



X BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

bergue en su corazón á la venganza, ni abatirle la adversidad en su 
tenaz asedio, j Cuán imponente su figura en medio de la depravación 
de la Corte! ¡Cuán grandiosa en la soledad de Bellver! ¡Cuán majes- 
tuosa ante el severo fallo de la Historia! 

Mas, para conocerle íntimamente, para seguirle paso á paso en todas 
las vicisitudes de la vida , para saber la causa de sus persecuciones, 
para juzgarle con acierto é imparcialidad, no es suficiente lo que de él 
se conoce y lo que de él se ha dicho. Numerosa serie de documentos, 
públicos y privados, yacen todavía ignorados ; trabajos de gran mérito, 
artísticos, literarios, políticos y de carácter familiar, siguen inéditos, 
esperando una mano generosa que los saque á la luz de la historia. 
Recelos inexplicables, temores absurdos é imperdonables, olvidos injus- 
tificados, han retardado y retardarán quizá su publicación, y en tanto 
sus panegiristas como sus impugnadores, seguirán juzgándole deficien- 
temente; que no es fácil abarcar de una ojeada, ni en breve espacio, 
una existencia tan laboriosa, una vida tan accidentada, un carácter tan 
emprendedor, un espíritu tan activo , en quien la inteligencia y la vo- 
luntad más poderosas se condensaban para irradiarse después en escri- 
tos luminosísimos y rasgos magnánimos, que así llevaban la gratitud á 
los corazones como la luz á las inteligencias. 

Al común esfuerzo de varios admiradores paisanos suyos, se debe 
la colección que con loable perseverancia han logrado reunir los socios 
de «La Quintana,» vasto arsenal de documentos importantísimos. Plugo 
más tarde á la casualidad favorecer al que estas líneas traza, deparán- 
dole en la sección de Manuscritos del Instituto de Gijon, poco ménos 
que inexplorada hasta entónces, abundante copia de autógrafos de don 
Gaspar, inéditos muchos de ellos; y por la misma fecha, el diligente 
editor de este libro adquiría un manuscrito de inestimable precio, que 
contenía el Apéndice á la biografía de Jovellanos, escrita por Cean Ber- 
mudez, y un extracto más extenso de los Diarios de aquél , que si án- 
tes les hacían apreciables, ahora lo serán mucho más para todo linaje 
de escritores, por la multiplicidad de los asuntos que informan y la 
autoridad de la persona á quien se deben. 

Como documento capital ha de estimarse también el Diario que 
hoy poseen original, y en copia, los Sres. Menendez Luarca, Nocedal 
y Menendez Pelayo, quienes disfrutan, además, valiosos papeles del 
preclaro escritor. Y á éstos se deben añadir otros, de que son dueños, 
según noticias que adquirimos, los señores marqués de Pidal, Elduáyen, 
Canga Arguelles, F. Selgas (Cudillero), Fernandez Quirós (Cardiff), 
Rodríguez San Pedro (Gijon), Buylla (Mieres), los herederos de fray 



PRELIMINAR 



XI 



Rafael Vélez, arzobispo de Santiago, y los de lord Holland. Riqueza 
tal, demuestra bien lo que debe andar todavía la crítica para fundar en 
más amplia base sus juicios, y cuán ligeros son los de aquéllos que 
han intentado, al juzgar la política é ideales de Jove Llanos, afiliarle á 
determinada escuela ; a él , que llevando por norte el bien y la prospe- 
ridad de Fspaña, supo sobreponerse á las fugaces impresiones de cada 
dia, adelantarse á su época y trazar en admirables escritos más amplios 
horizontes para el porvenir y la felicidad de su pueblo. 

No existe, que sepamos, á pesar de las siete ediciones de sus Obras 
y de los numerosos y variados artículos que á su persona, vida y hechos 
hacen referencia, una biografía ó estudio tal, que nos dé á conocer el 
hombre en todas las fases de sn vida, y nos le presente como escritor 
y estadista con relación á su tiempo. 

Cean, el primero de sus biógrafos, gijonés como él, amigo desde su 
infancia y educado á su lado, acumuló en sus Memorias cuantos datos 
hubo á mano sobre la vida de su protector. Mas, á pesar de su buen 
deseo y de no haber editado el libro hasta tres años después del falle- 
cimiento de D. Gaspar, su obra aparece deficiente, no sólo por falta de 
datos y documentos , y por la escasa luz que arroja sobre los períodos 
más críticos de su vida, sino por el escaso é imperfecto análisis que 
hace de sus obras y escritos, pues la gratitud por un lado, y por otro la 
veneración que su recuerdo le inspiraba, llevábanle á aplaudir sin tasa 
ni medida cuanto brotaba de su pluma. Cierto es que titula modesta- 
mente su obra Memorias para la vida de Jove Llanos , bien persuadido 
de que sus conocimientos sobre política, jurisprudencia, filosofía, etc., 
no alcanzaban la altura necesaria para contemplar desde ella y juzgar 
con acierto la obra de aquel genio superior. Mas , si no le era dable 
acreditar su juicio en todas las manifestaciones del saber, pudo, á lo 
ménos, analizarle como artista y arqueólogo, ya que en sus escritos 
como en sus conversaciones, habíale dado sobrados elementos de jui- 
cio. Intentando remediar en parte la carencia de datos, amplió su obra 
después de publicada, dando triples dimensiones á su capítulo sobre 
los Diarios, aumentando otro sobre La Inquisición y causas que moti- 
varon la exoneración y destierro de su amigo en 1798, y trascribiendo 
tres fragmentos de los Diálogos que aquél compuso sobre El Lujo y El 
trabajo del hombre y la Ley agraria, que no por estar incompletos son 
ménos apreciables, y añadiendo, finalmente, en forma de Apéndice, nue- 
vos párrafos sobre diversas materias. Este manuscrito, que ahora ve la 
luz por primera vez , realza mucho el libro de Cean, y siempre se con- 
sultará con gusto, aunque falto de tabla cronológica é índice de perso- 



XII BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

ñas, materias y escritos que abrevien su consulta. Mas el pensador y el 
estudioso siempre lamentarán la carencia de las particulares opiniones 
del colector, como también el juicio que mereciera á los contempo- 
ráneos. 

Por tal motivo, cuando, después del intento de varios apreciables 
escritores, se anunció que el benemérito Rivadeneira iba á incluir en la 
Biblioteca de autores españoles las obras de Jove Llanos, precedidas de 
erudita introducción biográfica por D. Cándido Nocedal, grande fué el 
contentamiento de los jovellanistas , creyendo que después del tiempo 
trascurrido, y con la suma de documentos que tan renombrado escritor 
podía tener á su alcance, como por los inapreciables Diarios que po- 
seía; ya por ser socio de distinguidas Academias, como por el fácil ac- 
ceso que su posición le daba en las dependencias y archivos del Esta- 
do, y por su reconocida competencia en el campo de la literatura, de la 
jurisprudencia y de la historia, iban á alcanzar, al fin, una biografía de 
Jove Llanos, digna de los merecimientos de tan distinguido repúblico, 
base firme de más completos estudios, donde la crítica moderna en- 
contrase condensada, apreciadas con la imparcialidad debida, así las 
censuras de los adversarios de la doctrina, como las exageradas ala- 
banzas. 

Mas, apénas comenzada su lectura, la sorpresa abrió paso á la con- 
vicción de que, sino es dado al hombre acertar siempre en la indagación 
de la verdad histórica, áun poniendo lealmente en el empeño toda su 
voluntad y su saber, ménos la hallará quien intente buscarla sin despo- 
jarse de la pasión política , levantando la razón á más puros y serenos 
horizontes. jSi al ménos la novedad de los datos y de los juicios com- 
pensara de aquel espíritu de parcialidad que flota en todo el Prólogo! 

Pero ya desde el principio los conceptos erróneos y las especies 
infundadas atestiguan no haber sido estudiado el asunto con la madu- 
rez que su índole pedía, y que exigirse debía á quien tan á satisfacción 
pudo disponer de tiempo y de recursos. 

Afirmar que Jove Llanos conoció á Cean Bermudez en Sevilla, y 
que allí le inspiró el gusto por las artes, es revelar á los más indoctos 
que se ignora completamente la vida de ambos escritores. Gijoneses 
eran los dos, y amigos de la infancia; mayor en edad Jove Llanos, y 
superior en aptitudes. Acaso no fuera Cean lo que llegó á ser, sin la 
protección y auxilios de su paisano, y cuando en 1768 fué á Sevilla 
por primera vez, llevóle D. Gaspar en su compañía. Bien claro lo dice 
el mismo Cean, y áun trascribe en la pág. 257 de su obra, el texto 
de una cláusula del primer testamento de D. Gaspar, que á la letra 



PRELIMINAR 



XIIÍ 



dice: «Todas mis alhajas, etc., serán para mi querido D. J. A. Cean 
Bermudez, educado á mi lado en mi casa. » 

Más adelante, en el análisis de las obras del insigne escritor, nos 
encontramos con la peregrina especie de que «el fin de la obra dramá- 
tica El Delincuente Honrado es político, » sin detenerse ante la opinión 
de Sempere, que con mejor juicio había dicho: «El objeto del autor fué 
demostrar la dureza de las leyes, que, sin distinción de provocados y 
provocantes , castigaban á los duelistas con pena capital. » Más justo 
hubiera sido decir que, adelantándose á la crítica moderna, intentó ele- 
var la misión del arte dramático, llevando al teatro los más arduos pro- 
blemas jurídico-sociales. 

Como sobre áscuas pasa el biógrafo por el ruidoso incidente de la 
expulsión de los jesuítas, y es bien extraño que, al mencionarle, haga 
constar que Jove Llanos guardó silencio en aquellas circunstancias ; si- 
lencio que él traduce por tácita desaprobación. Un erudito moderno, el 
padre Miguel Mir, averiguó que durante el ministerio Jove Llanos, se 
formó el proyecto de llamar á España á buena parte de los jesuitas ex- 
pulsos, aquellos que cultivaron los estudios históricos y literarios ; pero 
ningún documento conocido comprueba que Jove Llanos le prestase su 
aquiescencia. Por el contrario , el que ahora aparece por primera vez 
sobre la Inquisición, y la censura literaria de la obra Vida del marqués 
de Pombal, muestran cuánto dista de la verdad aquel aserto. Uno de los 
puntos capitales del Informe que el prudente ministro expone al Mo- 
narca, es que no debían permitirse por manera alguna en la nación in- 
dividuos ó congregaciones religiosas exentos de la jurisdicción de los 
obispos; afirmación irrebatible, causa segura de su exoneración y des- 
tierro en 1798, que desautoriza toda suposición sobre las ideas de Jove- 
llanos en este punto. 

Los párrafos consagrados á tratar del Informe sobre la ley Agraria, 
más tienen de declamatorio que de fundamentado. La desvinculacion 
y la desamortización eclesiástica, vinieron como ineludible consecuen- 
cia de las necesidades de la época, presentidas y vaticinadas en aquella 
obra magistral, agradárele ó no á ciertas escuelas. De todos modos, el 
examen de estas materias requería gran serenidad de espíritu para no 
decir en destemplado tono que el firmísimo cimiento de la sociedad 
es el respeto debido á todo linaje de propietarios ; afirmación absoluta 
contra la cual ha protestado la conciencia de todos los siglos y de todos 
los pueblos. 

Breves son las líneas consagradas al Instituto Asturiano, precisa- 
mente un punto que merecía ser tratado con detenimiento , ya porque 



XIV BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

en él se encuentra la base de una reforma radicalísima en la enseñan- 
za, ya porque, como acertadamente indica Cean (i), los escritos de 
Jove Llanos sobre instrucción pública son tan numerosos, que parece 
no tuvo otro estudio ni otra ocupación durante su vida. Tan profundo 
y radical era el cambio á que aspiraba, que en el proceso secreto que 
se le formó por el odioso ministro Caballero, á consecuencia y coinci- 
diendo con una anónima delación, uno de los puntos en que se hacía 
hincapié era la enseñanza que se daba en aquel centro. Quiso dedicarle 
Jove Llanos al estudio de las ciencias exactas y naturales, suprimiendo 
las indagaciones metafísicas de la pedantesca y huera filosofía de los 
pasados siglos. Quiso, y así lo consignó, desterrar de él el penoso es- 
tudio de las lenguas muertas, sustituyéndolo con el de las vivas, sobre 
todo la española. Uno de los cursos que él deseaba implantar era el 
de Humanidades castellanas, y así se lo hizo entender bien claramente 
al canónigo Posada, al comunicarle sus ideas sobre el carácter práctico 
nue debía tener el Instituto, que, según sus frases, debía ser una 
Escuela de matemáticas , física } química, mineralogía y náutica , erigida 
para crear buenos pilotos y buenos mineros. 

« Conservándose sólo lo hecho ya en él (escribía á Vargas Ponce), 
será un semillero de jóvenes bien educados, cual hasta ahora no podrá 
presentar ningún otro establecimiento, incluso el Seminario de nobles 
de la época inquisitorial... Mis nuevas cátedras completarán la más 
granada educación que pueda prometer España. » 

Claramente se ve por estas palabras , cómo largas y concienzudas 
meditaciones sobre pedagogía habían hecho presentir á Jove Llanos el 
advenimiento de una nueva era, que él inauguraba en aquel porten- 
toso edificio, debido sólo á su poderosa iniciativa y á su inquebranta- 
ble voluntad. 

A cada renglón, á cada nueva página nos encontramos con el itine- 
rario de Cean , y cuando el autor del Discurso preliminar se aventura 
en suposiciones, ó las deduce de los escritos y los sucesos de la época, 
no presta, á nuestro entender, toda la debida atención á sus afirmacio- 
nes. Al mencionar las Memorias de Godoy, afirma que tenía razón el 
valido cuando aseguraba que «ni con Cabarrús ni con Jove Llanos le 
ligaba de antemano lazo ninguno de amistad;» y en verdad, nos parece 
algo temerario sostenerlo casi á renglón seguido de las conversaciones 
de carácter confidencial que mediaron entre Godoy y Cabarrús, para 
el advenimiento al ministerio de Jove Llanos y Saavedra. Añádase que 

(i) Cean, Memorias^ segunda parte, capítulo x. 



PRELIMINAR 



XV 



el secretario particular del príncipe de la Paz, redactor de sus Memo- 
rias, D. J. V. Fernandez San Miguel, gijonés, y conocedor, por lo tan- 
to, de todos los pormenores de este incidente, no podía ignorar que en 
Noviembre de 1797 había escrito su protector á Jo ve Llanos, ofrecién- 
dole una eterna amistad y la consecuencia más sólida. Si después de esto 
y la tentativa de envenenamiento en El Escorial, todavía encuentra 
aquel escritor atenuación á la falacia y perfidia del valido, cuando in- 
tenta descargar sobre otros la persecución de que fué víctima el prisio- 
nero de Bellver, hay que convenir en que había predisposición á de- 
jarse persuadir fácilmente. 

Trazar el período breve , pero importante , de la permanencia de 
Jove Llanos en el ministerio de Gracia y Justicia, hubiera sido asunto 
propio de la pluma del escritor que nos ocupa, y no lo hizo, alegando 
la especiosa razón de que aquel preclaro varón nunca habló ni hizo re- 
ferencia de tales sucesos. Pues en el archivo de Gracia y Justicia hu- 
biera encontrado documentos de inestimable precio para su historia. Su 
llegada á la corte, y estado en que la encontró, escritos están en el Dia- 
rio que posee : los decretos y disposiciones que dictó desde el ministe- 
rio, algún exámen merecían; y á poco que buscara, daría con la clave 
de su exoneración y destierro. Entónces sí que no hubiera estampado 
la nota primera de la página xvi de su Discurso, al leer el Informe ele- 
vado al Monarca sobre la Inquisición. Mas no por esto le haremos cargo; 
pues no habiendo leido la carta de Jove Llanos á Campomanes sobre 
el proceso Cabarrús, ni enterádose á fondo del asunto del Banco de. 
San Cárlos, cuya historia guarda el Instituto Asturiano, mal podía ati> 
nar con las causas del simulado destierro á Gijon en 1790: no habiendo 
leido el notabilísimo I?iforme ántes citado, difícilmente se le alcanza- 
ría el por qué de su extrañamiento de la corte en 1798: y sin tener no- 
ticia de los importantes documentos custodiados en el archivo de Gra- 
cia y Justicia, imposible le fuera acertar con la verdadera causa de su 
conducción á Mallorca en 1801. Pero, si á su noticia no llegaron tan 
importantes datos, ;por qué no registró aquel archivo? ¿qué causas le 
retrajeron de venir á Gijon y repasar los manuscritos de su Instituto? 
¿Cómo, poseyendo con envidia de todos, los Diarios de D. Gaspar, no 
menciona la respuesta del cardenal Lorenzana sobre los libros prohibi- 
dos, que allá se va en ignorancia con la no ménos bochornosa del 
obispo Pelaez Caunedo? 

Retratar á un personaje con todas aquellas cualidades que nos le 
hacen simpático, y descartar, sin motivo bastante que lo justifique, aque- 
llas otras que pugnan con nuestros ideales, es comunicarle un aspecto 



XVI BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

que le falsea momentáneamente, pues al fin los hechos vienen luego, 
como inesperados testigos, á deponer con irrefutables datos en el pro- 
ceso de su vida. 

Considerar á Jovellanos por sus obras como hombre eminente en 
virtud y saber, y derivar de aquí el juicio de su vida, hubiera sido el 
más seguro sendero para el historiador imparcial. Jamas la duda alteró 
un momento sus creencias religiosas : católico fué hasta el último mo- 
mento de su vida; mas sus ideas científicas y filosóficas llevábanle á 
aceptar todas aquellas conquistas que, así en la enseñanza como en la 
ciencia económica, en la jurisprudencia como en la política, traía á la 
vida el progreso humano con el eterno mote de revolucionarias. Y por 
no hacer esta distinción forzosa, que sin violencia alguna se desprende 
de la lectura de todos sus escritos, han preferido sus comentadores ha- 
cer de ellos bandera de las sectas políticas que en enconada lucha se 
destrozan, mixtificando sus ideas, dando á otras alcance que nunca tu- 
vieron, y ocultando mañosamente todas aquellas que pudieran volverse 
en contra de los mismos que le aclamaban con bélicos apóstrofes. ¿Qué 
mucho que así no fuera, si los más de ellos no leyeron sus obras? Su 
lectura no puede jamás inspirar á nadie ideas de combate; ni de ellas 
se puede decir que enardecen la sangre, perturban los sentimientos ó 
exaltan los ánimos. Fluyen de sus páginas ideas consoladoras, gérme- 
nes bienhechores que llevan la paz al corazón, la serenidad al espíritu 
y el saber á la mente. Estimulan sus obras al estudio, á la meditación, 
á la investigación de las verdades útiles. Su estilo, claro y hermoso, 
gana las almas sin esfuerzo, y el encanto de su dicción es tal, que vo- 
luntariamente se le toma por modelo. En la amenidad con que trata 
sus asuntos, y en la prodigiosa variedad de ellos, ningún escritor patrio 
le supera. Sólo admiración y respeto puede inspirar la tranquila lec- 
tura de sus obras. 

Y sin embargo de tantos y tan preciados títulos á la consideración 
pública, hoy sólo le veneran unos por sus ideas religiosas, y sólo le 
aplauden otros por la trascendencia de algunos de sus escritos; siendo 
de notar, por una parte, que sus perseguidores y los que le mostraron 
más desafección, fueron precisamente los que más alardearon de cato- 
licismo en aquella época, entre los cuales asignaremos el primer puesto 
al ministro Caballero y á los familiares del Tribunal de la Inquisición; 
y por otra, que jamás por la violencia, ni por la imposición, ni por la 
fuerza, quiso el advenimiento de las ideas civilizadoras. Eran sus me- 
dios eficaces, pero lentos, persuasivos, instructivos; su respeto á las pre- 
rogativas de la corona palpable está en todos sus discursos, informes y 



PRELIMINAR 



XVII 



representaciones. Sus teorías sobre soberanía nacional, libertad de im- 
prenta, etc., y demás puntos capitales que abarca el dogma de la de- 
mocracia, todavía son desconocidas, pues estos principios sólo los ana- 
lizó en su correspondencia con lord Holland, de la cual únicamente 
poseemos las respuestas de este respetuoso admirador suyo. Sólo en 
algún pasaje de sus Obras (Rivadeneira, tomo n, pág. 377) dice bien 
explícitamente: «Lo primero (la soberanía nacional), no sólo degrada 
el carácter del Rey- en demasía, sino que realza en demasía el de la 
nación, y quitando á aquél tanto de poder y vigor como se añade á 
ésta, es claro que, en cualquiera lucha de autoridad, vencerá la nación 
al Rey, y venciendo, será conducida poco á poco é infaliblemente á 
una constitución democrática. » Esta declaración no impidió que en 
momentos críticos hiciera otra mucho más categórica, cuando el Sobe- 
rano faltase á sus deberes. Luégo la trascribiremos. 

Mídase, por lo tanto, el abismo que media entre sus panegiristas y 
sus detractores cuando ni los unos ni los otros derivan de su verdadera 
fuente la causa de sus persecuciones y el origen de su grandeza, y dí- 
gasenos después si el colector de las Obras de Jove Llanos, lo mismo 
al bosquejar la época de Cárlos IV que al retratar al ilustre patricio, 
ha abdicado por completo de sus personales ideas, así en el relato de 
aquellos sucesos, como cuando prodiga juicios apasionados sobre los 
males que aquejan á la generación presente. 

Nos eternizaríamos siguiendo el Discurso del autor en todos sus 
detalles, sintiendo que en aquello que se separa del texto de Cean hu- 
biese dejado de apuntar la referencia. Así, cuando alude á la prisión 
de D. Gaspar en Palma y á la visita que allí le hizo el canónigo Posa- 
da, disfrazado de religioso, no hubimos de encontrar confirmación al 
hecho en la vastísima correspondencia de Mallorca que inédita po- 
seemos. 

Además de la biografía de Cean, utiliza también el prologuista, 
para la Vida de Jove Llanos, las noticias de la segunda parte de la Me- 
moria en defensa de la Junta central, que versan sobre la conducta y 
opiniones de su autor en el agitado período de 1808 á 18 10, y puede 
decirse que todo el Discurso es una glosa de ambos escritos, aderezado 
con larguísimos paréntesis sobre la corrupción del siglo y teorías de 
bella forma retórica, aunque muy discutibles (por no decir inaceptables) 
si se las analizara á la luz de los nuevos documentos que todavía han 
de modificar el concepto de tan benemérito escritor. Una de estas últi- 
mas, que sustenta el Sr. Nocedal, es la de adjudicar á Jove Llanos el 
título de verdadero fundador del partido conservador ó moderado, pági- 

b 



XVIII BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

na xli, á reserva de cambiárselo después (segunda prólogo, pág. xvi) 
por el de liberal d la inglesa. Palpablemente se muestra en esto el de- 
seo de patrocinar las doctrinas políticas de un partido con el alto re - 
nombre de tan esclarecido magistrado, haciéndole aparecer como pre- 
cursor de una secta con la que estaba muy lejos de armonizar ni por 
sus tendencias, ni por sus móviles, ni por sus procedimientos. Su polí- 
tica tenía un fin más elevado; su ideal no podía sujetarse á tan estre- 
cho molde, ni servir de bandera para destrozar otros partidos que para 
él simbolizaran fuerzas de la patria y elementos de progreso. Si así no- 
se creyere, dígase si jamás el partido conservador ó moderado pudo fun- 
dar un establecimiento como el Instituto Asturiano, y si el criterio re- 
formador que inspiraba los escritos de Jove Llanos sobre instrucción 
pública pudo amoldarse á la censura á que aquél los sujetó. Ciertos es- 
tamos que ninguno de sus individuos hubiera empleado entónces ni 
ahora el lenguaje en que con frase levantada y valiente apostrofa á 
Cabarrús, cuando éste le inducía á abandonar la causa de la patria. Hé 
aquí un fragmento de él: 

«Pero no: España no lidia por los Borbones, ni por Fernando; lidia 
por sus propios derechos, derechos originales, sagrados, imprescripti- 
bles, superiores é independientes de toda familia ó dinastía. España 
lidia por su religión, por su Constitución, por sus leyes, sus costum- 
bres, sus usos; en una palabra, por su libertad, que es la hipoteca de 
tantos y tan sagrados derechos. España juró reconocer á Fernando de 
Borbon; España le reconoce y reconocerá por su Rey miéntras respire; 
pero, si la fuerza le detiene, ó si la priva de su príncipe, ¿no sabrá bus- 
car otro que la gobierne? Y cuando tema que la ambición ó la flaqueza 
de un Rey la exponga á males tamaños como los que ahora sufre, ¿no 
sabrá vivir sin Rey y gobernarse por sí misma?» 

Así, respetuoso con las leyes y amante de la grandeza nacional 
como ninguno, basaba sus procedimientos, no en principios autorita- 
rios, sino en principios de libertad. Prescindir de esta cualidad nobilí- 
sima que tanto le enaltecía y fué norma de todos sus actos, es falsear- 
le; y adjudicar á un partido tan bella figura, ornamento y emblema del 
espíritu patrio en lo que tiene de más generoso y sublime, es descu- 
brir la mezquindad de los que, aconsejados por mal entendido egoís- 
mo y sin el respeto debido á las ajenas opiniones, creen asumir ellos 
solos la voluntad de un pueblo. 

El deplorable tono empleado al final de la primera parte del Dis- 
curso, denostando á los volterianos y á los espíritus fuertes, que no sa- 
bemos cuándo ni dónde recibieron los escritos de Jove Llanos con hv 



PRELIMINAR 



XIX 



solentes carcajadas, discrepa en verdad mucho de quien, manejando 
con maestría el idioma castellano, no debió inficionarle con términos 
que, si desdicen de la moderación con que debe tratarse á los adver- 
sarios, disuenan más aún de la majestad á que debe aspirarse al histo- 
riar la vida de tan incorruptible patricio en el punto capitalísimo de 
sus doctrinas políticas y filosóficas. 

Si para la primera parte del Prólogo pudimos apuntar algunas obje- 
ciones, son tantas las que la segunda nos depara, que estimamos por 
más prudente suprimirlas. Exclamaciones de terror, mezcladas á impre- 
caciones contra los impíos; superabundantes períodos elegiacos, donde 
se ven zozobrar todos los fundamentos de la sociedad, intercalados con 
algunos párrafos sobre puntos ya de todos conocidos respecto á la vida 
del escritor asturiano, es todo lo que se ofrece á la ávida curiosidad 
del lector. Parecía verosímil que en este segundo prólogo nos diera á 
conocer el Sr. Nocedal las distintas opiniones que como literato, juris- 
consulto, economista, etc., mereció á españoles y extranjeros el gran 
magistrado, siquiera este trabajo no alcanzara las dimensiones de un 
acabado estudio crítico. Mencionar debiera también algo que se refi- 
riese á bibliografía jovellanista, así como los manuscritos inéditos exis- 
tentes, y lo que debiera consultarse para estudiar con fruto y conocerle 
más á fondo. Y ya que por rara fortuna disfruta de los Diarios, pudie- 
ra no escasear á sus lectores el gusto de hacerles saborear algunas de 
sus bellezas, ó darles, aunque fuera á vuela-pluma, idea de lo que sus 
amenísimas páginas contienen. 

Porque es lo cierto que tocar como por incidencia los puntos capi- 
tales de su vida, y no hacer en cualquiera de ellos alguna disertación 
juiciosa, es defraudar las esperanzas del público, que para lo ya cono- 
cido, tiene la biografía de Cean, y para elucubraciones sobre la mez- 
quindad de los tiempos, de sobra se lo facilitan los periódicos quejum- 
brones en prosa interminable; y si más selecta la quisiere, á discreción 
la encuentra en 1 os innúmeros folletos que á diestro y siniestro le 
reparten. 

A estos Prólogos, que después se imprimieron aparte con el epígra- 
fe de Vida de Jovellanos, siguieron tres juicios críticos de los Sres. Fer- 
nandez-Guerra, Cañete y S. Catalina, cuyo exclusivo fin es elogiar in- 
condicionalmente el escrito del Sr. Nocedal. Y así como de este últi- 
mo dijimos que era una glosa del Cean, exornada con ditirambos al 
progreso moderno, de igual manera podemos afirmar que los de aque- 
llos escritores son variantes de los prólogos del Sr. Nocedal, aderezados 
con la misma salsa. Artículos de periódico escritos sin pretensiones, 



XX BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

sólo para aplaudir al amigo ó correligionario, no merecen, en verdad f 
refutación extensa. Sólo una especie vertida por el Sr. Cañete, afirman- 
do que «la memoria del preso de Bell ver tendrá que estar siempre 
»agradecida al Sr. Nocedal, por haber echado por tierra muchas pre- 
ocupaciones concernientes á la índole y tendencias de sus escritos,» 
parécenos tan desprovista de fundamento como sobrada de presunción. 
Tocábale al Sr. Cañete, para hacerla valer, sacar á la palestra á los 
mantenedores de esas preocupaciones, y desbaratarlos en buena y hon- 
rosa lid. Y áun en este caso, nada tendría que agradecerle la memoria 
de Jove Llanos, que, veneranda y augusta, álzase por encima de las 
miserias humanas, sin que á ella lleguen las imprecaciones de los unos 
ilas adulaciones de los otros. 

Tratar nos toca ahora de un folleto que, si bajo el punto de vista de 
la polémica tuvo gran resonancia, la insidiosa manera con que está es- 
crito y el personalismo que rebosa por todas sus páginas, parecen ale- 
jarle, y áun excluirle, de las discusiones pacíficas, á donde llegar no 
debe la descompuesta voz de la pasión. Inténtase en él examinar, bajo 
el aspecto teológico, la Vida de Jovellaiios ántes mencionada; y como 
ni Jove Llanos ni su biógrafo pertenecieron al estado sacerdotal, ni es- 
cribieron obras teológicas, ni bajo el dominio de la teología cae la 
narración de las vicisitudes por que pasó aquel esclarecido genio, pare- 
ce que ya semejante título huelga. A trechos ágria, á trechos insidiosa, 
y siempre exagerada, mal encubre la crítica de este autor que no es su 
tendencia rebatir el libro, sino mortificar al hombre. Despojada de sin- 
ceridad y atenta siempre á atisbar en lo más recóndito, la más insigni- 
ficante palabra de dudosa interpretación, para levantar sobre ella apa- 
ratoso fallo, no merece serio ni detenido exámen. 

Valiérale más tomar ejemplo de la resignación cristiana y del va- 
lor heróico con que un hombre tan superior afrontó las miserias y tri- 
bulaciones de la vida, y despojándose de la vana arrogancia con que 
intenta sojuzgarle, romper su pluma y callar para siempre lo que el 
más rudo adivina en las presuntuosas páginas de su libro. 

No bastaba á la amarga historia del prisionero de Valldemoza ha- 
ber visto desaparecer, uno tras otro, todos los individuos de su familia; 
no bastaba que uno de sus servidores intentara abreviar sus dias por 
medio del veneno, y que él tuviera la grandeza de alma de no perse- 
guirle. Aún era poco que, con pérfida astucia, celaran sus pasos los es- 
birros de la Inquisición en las mismas aulas que él consagrara al saber; 
y que los que él tuviera por amigos le vendieran y negaran en supre- 
mos momentos de angustia, con altanera soberbia Campomanes, con 



PRELIMINAR 



XXI 



solapada astucia Godoy, y con villana bajeza Lerena y Caballero. Sus 
mismos paisanos le delataban en cobardes anónimos, parto de rencoro- 
sa envidia; y abatido, enfermo y aherrojado, seguíale en la sombra el 
vil espionaje de Saravia. Mortificárale con injustas exigencias su cuña- 
da, y asediárale Inguanzo con peticiones indignas en la trabajosa tu- 
toría de la hue'rfana. Todavía tenía que pasar por el sonrojo de volver 
dos veces desterrado á su patria, llegar proscrito á las playas de Ma- 
llorca, y huir calumniado de la opulenta Cádiz. A su probidad inm acu- 
lada intenta asestar la envidia sus venenosos tiros, y cuanto él procura 
por el progreso de su patria, es combatido por la rivalidad de Oviedo, 
que, una vez y otra, le mueve cruda guerra, y por los pueblos de la 
costa asturiana, que intentan en vano disputarle la prioridad marítima. 
Su llegada á la corte es como la del justo en medio de la depravación: 
ofende su virtud y duele su honradez. En el oleaje de su combatida 
existencia ve perecer sus libros y papeles, en los que vertiera su pro- 
fundo saber, y su correspondencia, donde amigos y adversarios testimo- 
niaban la alteza y magnanimidad de su corazón. El mismo aplauso de 
sus admiradores hiérele á mansalva, y la Junta de Santiago, sin mira, 
miento alguno, le atropella. Sus amigos queridos, Cabarrús, Melendez, 
Moratin, pásanse al bando del usurpador, y el primero, por quien todo 
lo dejara para defenderle, bríndale á que abandone la causa de la pa- 
tria. A do quiera que vaya sigúele la desgracia con pertinaz encono; y 
anciano, sin familia, enfermo, va á morir con resignación ejemplar lé- 
jos del hogar querido, teniendo al lado el cadáver de Valdés Llanos, 
á quien él amara con ternura sin límites. 

jY tanto no bastó para que la piedad le absolviera de la injusticia 
de los contemporáneos, y de la parcialidad de sus impugnadores! 

La Caridad y la Religión, ¿pudieran pasar por alto que cumplía sus 
deberes religiosos como el de más ejemplar conducta? Pero léase su 
Testamento, y toda duda se desvanecerá; léase la paráfrasis del salmo 
Judica me, JDeus, por él compuesta en los dias de su mayor opresión, y 
confiésese con lealtad y nobleza si el hombre que acude á la mesa sagra- 
da cada quince dias; si el que tiene por lectura piadosa el Kémpis y la 
Biblia; si el que sujeta todos los actos de su vida á la virtud y al tra- 
bajo; si el que invierte sus facultades y recursos en obras de caridad, y 
en proporcionar instrucción y bienestar á sus semejantes, puede ta- 
chársele ni de impío ni de falso filósofo. Esa persecución mezquina, 
que busca á todas horas flaco por donde herir; esa vigilancia odiosa, 
siempre alerta, que invoca, para encubrir toda la antipatía que inspira, 
los nombres de celo religioso y persecución de los impíos, propia es de 



XXII BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

gente incapaz de comprender la grandeza del perdón y la generosidad 
del olvido. Su incurable ceguera no les permite ver las propias faltas. 

Nadie ha tomado en serio la refutación del Sr. D. Miguel Sánchez, 
presbítero, no por lo que hubiese en ella de erróneo ó exagerado, ni 
por el tono que emplea, recuerdo vivo de cierto personaje satirizado 
por la incomparable pluma del P. Isla, ni tampoco por el espíritu de 
parcialidad que reviste, sino porque el intento de mortificar á determi- 
nada persona parece haber sido su exclusivo fin, más bien que el de 
notar los defectos que en sus escritos se contuvieren. Hay en este Exa- 
men plétora de citas y de autores, superabundancia de vocativos y una 
elasticidad y alcance tal, áun para las frases más inocentes de Jove 
Llanos, que, supuesto que no fuera afán de singularizarse, quedárase 
atónito el más suspicaz y caviloso al contemplar de qué fácil manera 
se traspasaba los límites de lo razonable. 

Y esto, sin esfuerzo alguno, se desprende del análisis que dicho es- 
critor hace de la carta dirigida á desconocida persona, patentizando de 
una vez por todas que el escribir fantaseando, no sólo puede dar resul- 
tados contradictorios, sino también desautorizar para siempre á los que 
tal procedimiento emplean. Afirma con envidiable seguridad el señor 
Sánchez que dicha carta está dirigida al conde de Cabarrús, estándolo 
á D. Alejandro Hardings, cónsul inglés residente en Oviedo, á quien 
conoció D. Gaspar el 10 de Noviembre de 1793, manteniendo desde 
entónces correspondencia con él por algún tiempo; dato fijado en sus 
Diarios y comprobado después por un borrador de dicha carta, existen- 
te en el archivo de «La Quintana.» El segundo desliz es suponer el señor 
Sánchez que los nombres de Hermida y Cornide son nombres misterio- 
sos, y sacar con este motivo á colación el lenguaje de los conspirado- 
res, sólo inteligible para los iniciados. Con decir que el primero era 
D. José Hermida, profesor de Náutica del Instituto de Gijon, que trajo 
de Oviedo las cartas para D. Gaspar, y que el segundo era D. José 
Cornide Saavedra, célebre escritor y erudito gallego, académico de la 
Historia y amigo de Hardings y Jove Llanos, queda roto el abomina- 
ble misterio. Los alumnos por quienes pregunta con tanto sigilo el señor 
Sánchez, creyéndolos afiliados de alguna secta secreta, eran los alum- 
nos del Instituto, y la traducción que tanto parece alarmarle, vacilando 
acaso si sería de Jansenio ó de Pascal, era... la de los rudimentos de 
la lengua inglesa. Consecuencias son éstas de no haber leido á Jove 
Llanos con buena fe, de no haber puesto los piés en Gijon, y de que- 
rer pasarse de agudo, con lo cual se expone uno con frecuencia á caer 
en el ridículo. La licencia para los libros prohibidos (y esto probará al 



PRELIMINAR 



XXIII 



Sr. Sánchez, á pesar de su estilo aspaventoso, que Jove Llanos acataba 
jas disposiciones de la Iglesia), se refería únicamente á libros científi- 
cos de Física, Mineralogía, Náutica y Matemáticas, y fué solicitada 
en 1795 del cardenal Lorenzana, quien la negó diciendo que bastaban 
para la enseñanza las obras escritas en castellano. La prudencia de 
Jove Llanos da pié al Sr. Sánchez para calificarle de Ulíses de los enci- 
clopedistas españoles... No le seguiremos por este camino. Quien descono- 
ce por completo á aquel dignísimo magistrado, cuyos escritos son todos 
dechados de nobleza y lealtad; quien le hace blanco de suposiciones 
tan indignas como falsas, barajando las disputas escolásticas de janse- 
nistas y molinistas con la novísima teoría política del regalismo, sólo 
porque en aquéllas se combatía á los jesuitas y en ésta se obligaba á 
*odas las congregaciones exentas á caer bajo la jurisdicción episcopal; 
quien, dislocando el texto y violentando su sentido, aspira á erigirse en 
infalible dogmático... no merece ni merecer debe de los juicios honra- 
dos más que una mirada compasiva. Sacerdotes y prelados venerables 
vanagloriábanse en vida de poseer la amistad de un hombre tan bueno 
como sabio; y muerto, le lloraban y proclamaban sus virtudes en el tem- 
plo y en el libro. Los dos obispos Abad y La Sierra; el célebre obispo de 
Orense, presidente de la Junta Central; el arcediano de Villaviciosa, Ál- 
varez Caballero; el presbítero mallorquín Basy Bauzá; los monjes de Vall- 
demoza; Carrasco, el prebendado deSigüenza; el racionero Delgado; sus 
paisanos, el canónigo Posada, el obispo de Barcelona, que escribió bajo 
el seudónimo de Zaldivaldés; los obispos de Oviedo, Pisador y Llano 
Ponte; Ibarra y Martinez Marina, canónigos de San Isidro; los literatos 
salamanquinos Myreo, Delio y Liseno; Larraza, conventual de León; el 
reverendo Muntaner, prior de Valldemoza; el venerable Palafox; San- 
tander, obispo de Huesca; Ahuja Manuel, bachiller en teología; el eru- 
dito Barben; Bayeu, conventual de Mallorca; Cañedo y Vigil, arzobis- 
po de Búrgos; el canónigo Castañedo, individuo de la Central... ¿á qué 
seguir? Ninguno que le tratara, ninguno que le leyera, ninguno que le 
viese soportar con resignación sublime las afrentas y trabajos con que 
le mortificaban su insidiosos enemigos, pudo dudar un punto de su vir- 
tud, de sus sentimientos religiosos y de su noble caballerosidad. ¿Por 
qué no poner todos éstos en el capítulo iv de los amigos de Jove Lla- 
nos? ¿Qué? ¿No hubo para él más amigos que Aranda, Olavide, Campo - 
manes, Cabarrús, Urquijo y Ta vira? Antes que todos ellos estaba Arias 
de Saavedra, padre cariñoso, y Cean Bermudez, su amigo de la infan- 
cia; su sobrino Cienfuegos y su fiel Lafuente: á ninguno de ellos men . 
•ciona el Sr. Sánchez; ¿puede darse más mezquina parcialidad? Y recor- 



XXIV BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

riendo toda la sociedad de aquella época, veremos que, no sólo el cle- 
ro y el episcopado, la nobleza y la milicia, los literatos y los filósofos, 
sino las clases humildes, los desvalidos, los menesterosos, todos acudían 
á él, y á porfía le tributaban alabanzas. Porque los consejos por él da- 
dos y los beneficios de él recibidos, fueron tantos y de tal cuantía, que 
sólo podría dar de ellos alguna idea su correspondencia inédita. Las 
cartas de Godoy y de la infanta Carlota; los ofrecimientos de Holland, 
Nélson, Liverpool, Churruca; la gratitud de Osuna y de Veragua-, los 
plácemes de los ministros Valdés, Lángara, Saavedra y Llaguno; los tes- 
timonios de admiración de La Romana, Arguelles, Quintana y Palafox* 
las muestras de cariño y respeto de los alumnos y profesores del Insti- 
tuto; la fidelidad sin límites de sus deudos; el justo renombre que al- 
canzó en la literatura; todo esto, por mucho que diga en su elogio, por 
alto que hable en su favor, es ménos elocuente que la carta de la po- 
bre viuda de Aparicio, que llora de agradecimiento su dádiva generosa; 
ni dice tanto, como el ruego del oficial Cabanes, pidiéndole que inter- 
ceda en su desgracia; ó la súplica del grabador francés, prisionero en 
Mallorca; ó la gratitud del cocinero Le Roy, enviándole peces de colores 
para hacer ménos a7narga su soledad. Incansable en el bien, facilita re- 
cursos á los pintores Angel Pérez y Zacarías Velazquez; abrázale lio - 
rando, al despedirse de él, el regente La Saúca, más convencido que 
ninguno de su inocencia; y rezan con fervorosa piedad por su libera- 
ción las comunidades de los monjes de Valldemoza y las agustinas de 
Gijon... ¡himno hermoso que le entona la humilde voz del pueblo; coro- 
na inmarcesible que para él tejen en el silencio del hogar los limpios 
de corazón! 

Damos de lado, por lo mismo, las doctrinas de este nuevo impug - 
nador, á quien, como dijimos en un principio, no es posible tomar en 
serio, pues ni la veracidad informa sus producciones, ni la imparciali- 
dad las dicta. Ponerse en evidencia, alambicando y sutilizando las fra- 
ses más sencillas para formular opinión nueva, y proclamarla después 
en socarrón estilo, velado de falsa mansedumbre, parécenos tan opues- 
to á la humildad de su estado, como ajeno al respeto que se merece 
aquel varón ilustre, ornamento de su patria y orgullo de sus paisanos, 

Otro literato apareció en Noviembre de 1881, suscribiendo un ex- 
tenso artículo bajo el pomposo epígrafe de Vindicación de /ove Llanos. 
Imaginábamos nosotros, al leerle, que, para vindicar la memoria de ál- 
guien, era menester que la ofensa ó el agravio que se le hubiese inferi- 
do fuese de tal magnitud, que lastimara su memoria; y en tal caso, cum- 
plía al que la rehabilitara, señalar los verdaderos culpables, mostrando 



PRELIMINAR 



XXV 



al propio tiempo toda la intensidad de su falta. Definir, pues, clara- 
mente la gravedad del ultraje, probar de seguida quiénes lo infirieron, 
y por qué, y sentenciarles en definitiva, dando á este fallo mayor fir- 
meza con el juicio de la posteridad, era lo que debía esperarse de aquel 
título. Pero el Sr. Menendez Pelayo, que es el escritor á quien aludi- 
mos, empieza por aplaudir las opiniones de los Sres. Nocedal y Laver- 
de; califica de error grave, aunque no dogmático, lo que en la Ley 
Agraria hace relación á los bienes del clero, y concluye por afirmar que 
la ortodoxia de Jove Llanos resulta acendrada y sin mácula. Entónces, 
¿de qué iba á vindicar el Sr. Menendez á Jove Llanos? Del cargo de re- 
volucionario. Pero esto, ¿es un ultraje, un agravio ó una ofensa? ¿No pue- 
de un hombre ser religioso en su conducta moral, y revolucionario en 
su vida política? Dejemos hablar al Sr. Menendez Pelayo, quien, á gui- 
sa de preámbulo, la emprende en larga nota con los Sres. Azcárate y 
Baumgarten. Verle quisiéramos, ciertamente, más comedido, porque si 
su desenfado hace gracia, no es, en los términos que emplea, como 
debe tratarse á gente que goza merecida reputación literaria. El señor 
Baumgarten, catedrático de Historia en la Universidad de Strasburgo, 
muchos años ántes de haber nacido á la vida literaria el Sr. Menendez, 
podrá ó nó, escribir con acierto sobre Jove Llanos; mas por el mero he- 
cho de ocuparse de nuestras glorias nacionales, y de no hacerlo en los 
términos exagerados ó falsos que emplean otros literatos extranjeros, 
acreedor era á ser tratado con más miramiento que el empleado por el 
Sr. Menendez. De un estudio sobre Jove Llanos, sólo nos dió su tra- 
ductor, D. Eliano de ligarte, el principio. Quedando, por consiguiente, 
incompleto este trabajo, parece aventurado juzgar del resto sin cono- 
cerle; no obstante lo cual, el Sr. Menendez Pelayo no vacila en califi- 
carle de embolismo. 

A cuento vendría aquí el mencionar lo que en elogio de los críti- 
cos alemanes escribe el Sr. Amador de los Rios en su Introducción á la 
Historia crítica de la literatura española. Los nombres de Bouterwek, 
Buchholtz, Grimm, Schlegel, Dieze, Arend, Hüber, Clarus, Lessing, 
Schack y Volf, y sus trabajos por la propagación de nuestra literatura, 
son por él señalados á la estimación pública. Pues si Baumgarten tra- 
duce y elogia á Jove Llanos, como Keil á Calderón, ¿nada valdrá esto, 
por el mero hecho de que un profesor de la Institución Libre se felicite 
de ello? De erigir este procedimiento en sistema, concluiríamos por 
aplicarnos á cada paso la moraleja de la fábula El ratón y el gato, he- 
cha como de encargo para estos lances. Mas no porque su deseo le lle- 
vara á meter á barato el artículo del Sr. Baumgarten debiera faltar por 



XXVI BIBLIOTECA DE LA. PROPAGANDA LITERARIA 

ello á los fueros de la verdad. Porque el Sr. Menendez afirma que el 
escritor alemán no conoce el segundo tomo de las Obras de Jove Lla- 
nos, y prescinde, por consiguiente, de la Ley Agraria y la Correspon- 
dencia particular. Aserción semejante prueba que el Sr. Menendez Pe- 
layo no ha leido ni remotamente el artículo que tanto censura, porque 
en él, con rer un fragmento del estudio general, se ocupa, y bien ex- 
tensamente, de la Ley Agraria, y áun trascribe alguno de sus párrafos- 
y señala el lugar que á Jove Llanos corresponde en la literatura nacio- 
nal económica de su tiempo; y para mayor precisión cita la página en 
que se encuentra en el tomo segundo, y señala al Sr. Beguelin por su 
primer traductor alemán en 1816. Vea, pues, el Sr. Menendez Pelayo 
cómo el Sr. Azcárate, sin necesidad de valerse de conceptos vulgares» 
ni de chanzonetas que mortifiquen á sus adversarios, ha recomendado 
á la atención de los estudiosos una disertación biográfica de gran valía, 
que, cuando se publique por entero, será para el juicio de los contem- 
poráneos trabajo tan meritorio como bien pensado. 

Después de este paréntesis, sigue el vindicador de Jove Llanos li- 
brándole de la nota de incrédulo y revolucionario, sin decirnos quiénes 
por tal le tildaban. Nosotros vamos á decirlo, para que se vea que, si 
mucha era la culpa del ministro Caballero, otros poderes había más al- 
tos que tiraban la piedra y escondían la mano. Estos poderes ocultos 
eran las congregaciones religiosas y los representantes de Roma, ame- 
nazadas de extinción las unas, y mermados los otros en su jurisdicción. 
Jove Llanos era católico: nada había en sus escritos ni en su conducta 
que indujera á afirmar lo contrario; pero previendo la ruina del poder 
temporal del Papa, y sospechando que se avecinaba el cisma, tendía, 
por medio del regalismo, á fortalecer el poder de los obispos. Y natural- 
mente, no pudiendo perseguirle por esto, se le tendió la celada del In- 
forme sobre la Inquisición, y como, áun así, saliera ileso del ministerio, 
fraguóse en la sombra cobarde anónimo, temerosos los congregacionis- 
tas de su vuelta al poder. Depositado aquél en manos de Caballero, 
apremiaba éste al Regente de Oviedo para que urdiese un proceso im- 
posible; y concurriendo á un fin el temor de los jesuítas, la envidia de 
los cortesanos, el odio de la Reina y la cobardía del Rey, se consiguió 
el confinamiento á Mallorca. Reconstruyendo, por lo tanto, la historia 
de sus persecuciones políticas, podemos afirmar: Primero, que su des- 
tierro simulado á Asturias en 1790 se originó de la rivalidad surgida 
entre Cabarrús y Lerena sobre asuntos del Banco de San Cárlos, com- 
plicada más tarde con la ruptura de sus relaciones con Campomanes, 
y acaso no caería en saco roto la censura de las Memorias del marqués 



PRELIMINAR 



XXVII 



de Pombal, remitida al Consejo de Estado en 13 de Marzo de 1785. 
Segundo, que su exoneración y segundo destierro de la corte en 1798, 
reconoce por causa principal la aversión que le profesaban los palacie- 
gos, quienes llegaron al extremo de apelar al veneno para deshacerse 
de él. En vano el Sr. Nocedal, en nota puesta á otra del canónigo Po- 
sada (t. II, pág. 199) prescinde de hablar de esto, por razones de pru- 
dencia. El hecho es tan cierto y, á mayor abundamiento, tan numerosas 
las deposiciones, que fuera inútil empeño el ocultarlo. Primeramente, 
Cean, en su Biografía (edic. 18 14, pág. 69) lo indicó bien explícita- 
mente, y ahora, en el adjunto Apéndice, lo detalla mejor; luego el se- 
ñor Posada, apostillando una carta de Jo ve Llanos, en la que le habla- 
ba de su mano medio baldada, dice: efecto de cierta confección que se 
le había propinado poco antes en Madrid, preparada por sus enemigos- 
Más tarde, el biógrafo Sr. Cañedo, que escribía en 1830 (t. VII, pági- 
na 300), al hablar de este grave suceso anota lo siguiente: La causa de 
estos cólicos ya puede inferirse cuál haya sido. Para hacer el milagro, se 
sobornó con diez onzas de oro á uno de los lacayos de D. Gaspar, según 
averiguó de él mismo poco después; y tuvo la grandeza de alma de no per- 
seguirle por este atentado, contentándose con echarle de casa. Por último, 
Cean, en su correspondencia inédita (MS. de La Quintana, leg. L), 
también alude á estos sucesos. Mas, áun concediendo á este accidente 
toda su importancia, y por sustancioso que sea el párrafo extractado de 
las Cartas sobre España acerca de los amores de María Luisa, en el que 
ve el Sr. Menendez 1 Pelayo la clave del misterioso destierro de Jove 
Llanos, más en lo firme estaba Llórente, como contemporáneo que era, 
y conocedor de los hombres y sucesos de su tiempo, al atribuir á ma- 
nejos de la Inquisición la causa fundamental que determinó la caida de 
su protector. Llórente, citado en este pasaje por los Sres. Sánchez (pá- 
gina 55), y Menendez Pelayo, señala los planes del ministro como 
blanco del odio de aquella secta: y ¿cómo no, si la representación ele- 
vada al monarca por el severo magistrado pedía la abolición de todos 
sus inicuos privilegios? Vano intento el del Sr. Menendez en buscar un 
detalle semi- novelesco de la vida de palacio para explicar aquella glo- 
riosa caida. Pero dolíale, sin duda, á este escritor, confesar que hombre 
de virtud tan austera y tan perfecto católico había sido perseguido por 
las mismas potestades del catolicismo, por los que se decían sus más 
puros y genuinos representantes, sus más acérrimos defensores. Los hu- 
manitarios sentimientos de Jove Llanos y su amor al progreso, choca- 
ban con los procedimientos violentos de aquella tenebrosa asociación, 
y con la intransigencia que llevaba á todas las esferas de la vida inte- 



XXVIII BIBLIOTEGA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

lectual. Siguiendo el sistema del Sr. Nocedal, tampoco el Sr. Menendez 
Pelayo quiso hacer distinción alguna, y creyó más fácil, condenando á 
Llórente y renegando de los revolucionarios, buscar para la resolución 
de este problema un factor único y original. 

La tercera persecución se fraguó durante su estancia en la villa na- 
tal en el período de 1798 á 1801; y, á pesar de la arrogancia con que 
el Sr. Menendez afirma que en aquel acto no intervino proceso inquisi- 
torial ni de otra especie alguna, los datos que se poseían y la opinión 
general le obligaban á mayor circunspección, viniendo á la postre nue- 
vos documentos á probar que sí lo hubo, y de tal carácter, que acen- 
túa cada vez más las sospechas concebidas. Ya en 1795, en su anterior 
estancia en Gijon (1790- 1797), hubo de chocar abiertamente con el 
cardenal Lorenzana, inquisidor general, respecto á la libertad de los li- 
bros de enseñanza; y posteriormente concibió temores de que le dela- 
tasen al Santo Oficio, al averiguar que el cura de So mió, comisario de 
la Inquisición, indagaba cautelosamente de los particulares qué ciase 
de libros se custodiaban en el Instituto, sorprendiéndole más tarde en 
la biblioteca con las obras de Locke. Después de estos sucesos sobrevi- 
no la delación anónima, acusando á Jove Llanos, entre otras cosas, de 
profesar ideas anticatólicas. Quién fuera el autor de tal hazaña, aún no 
lo declararemos; pero entre el cura de Somió y cierto personaje gijonés 
llamado D. R. de J. debe hallarse el causante. Su estilo, sus insidiosas 
frases y las averiguaciones que hemos practicado en este asunto, nos 
llevarían, cotejando los escritos, á designarle con gran seguridad. En 
tanto, lean nuestros lectores el proceso, y vean cómo se acumulaba la 
tormenta sobre el ilustre promotor del Instituto. Si procedía ó no por 
medios inquisitoriales Caballero, puede averiguarlo el Sr. Menendez Pe- 
layo en la causa que se formó en 1798 sobre la impresión y demás in- 
cidentes del libro intitulado Las Ruinas de Palmira, que corrió á car- 
go del marqués de Casa García Postigo. Por último, en 26 de Marzo 
de 1800 Jove Llanos elevaba una Representación al monarca, diciendo: 
que un extranjero arribado á las playas de Gijon aseguró que acababa 
de imprimirse en Francia una traducción castellana del libro El con- 
trato social, y en él algunas notas, en las que se censuraban los actos 
del Gobierno español, elogiándole á él y al ministro interino de Esta- 
do. Protestaba al mismo tiempo de su inocencia y de lo contenido en 
el libro. Urquijo le contestó de oficio, acompañado de amistosa carta, 
fechada en 2 de Abril, en la que le prevenía que estuviese tranquilo, 
«pues tan segura estaba su vida como lo estaba su conciencia.» Tras 
breve pausa, siguióse la horrible sorpresa del 13 de Marzo de 1801. 



PRELIMINAR 



XXIX 



Nuestros esfuerzos por encontrar la orden de prisión comunicada á La 
Saúca, han sido estériles hasta el presente, aunque no desistimos de la 
empresa. En ella, según Domínguez, estaba consignada la afrentosa 
cláusula de ir confinado á Valldemoza para que aprendiese el Catecismo; 
y esta especie, hasta ahora problemática, halla nueva confirmación en 
las frases que Cean Bermudez consagra, al hablar en el Extracto de los 
Diarios, del episodio Lorenzana. 

El misterio se desvanece; y así como las prisiones de Cabarrús en 
Bátres, del inocente Malespina y del duque de Veragua en el castillo de 
San Antón, deben atribuirse á motivos puramente políticos y á intrigas 
palaciegas, en las persecuciones de Jove Llanos se percibe claramente 
la silueta de los inquisidores, confundida con la de los envidiosos. 

Bien puede afirmarse ahora que tan regalista como Campomanes 
fué el ministro gijonés. Su vaticinio sobre la próxima ruina del poder 
temporal del Papa quedará de hoy más consignado en la Historia como 
muestra de su profunda sagacidad; pues ni la integridad de sus creen- 
cias, ni el respeto debido al Pontífice, fueron parte á ocultarle los males 
que debía acarrear aquella absorbente política. 

Las ideas filosóficas de Jove Llanos júzgalas el Sr. Menendez de 
conformidad con el parecer del P. Ceferino González. En el compendio 
de Historia de la Filosofía publicada por este sabio prelado en 1879, de- 
dica á su ilustre paisano breves renglones, y en verdad que es lástima 
que en tan reducido espacio presuma juzgarle. Asentar que el sensua- 
lismo de Jove Llanos tiene más afinidad con el moderado de Locke 
que con el exagerado y absoluto de Condillac; aducir una cita en com- 
probación de ello, y dar el asunto por terminado, será, en verdad, muy 
expedito, mas lo tenemos por insuficiente. Lo lógico hubiera sido estu- 
diar la influencia que en sus ideas sobre jurisprudencia, instrucción pú- 
blica, moral, política, economía, etc., había ejercido la filosofía reinan- 
te. Antes de ahora hemos dicho que su correspondencia con Holland, 
y la que después sostuvo con Bentham y Hardings, nos le darían á co- 
nocer como político y economista. Aquí añadiremos que, sin leer des- 
apasionadamente sus escritos sobre instrucción pública, y palpar el ca- 
rácter esencialmente práctico que quiso imprimirles, fundando para 
ello el Instituto Asturiano (punto hasta ahora poco y mal tratado), no 
es posible vislumbrar todo el alcance de sus ideas en esta esfera. Nin- 
gún estudio existe en que se le examine como jurisconsulto, y sus tra- 
bajos forenses, así como sus informes ante la Audiencia de Sevilla, 
puede decirse que son desconocidos; y eso que en las páginas 15 y 16 
de la obra de Cean hay datos de gran valía, que, si se coleccionaran, 



XXX BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

nos le darían á conocer bajo nuevo aspecto. Sólo un artículo del señor 
Azcárate, publicado en 1877, nace mérito de él como jurisconsulto; 
pero su misma brevedad hace más sensible la falta de un buen estudio. 

El trabajo del Sr. Menendez Pelayo en esta materia se reduce á 
mostrarnos á Jove Llanos como execrador de la Revolución francesa y 
enemigo jurado de los enciclopedistas. Faltábale, para complemento, 
estampar el juicio que le merecían los buenos filósofos, y extractar de 
la carta al obispo Pelaez Caunedo estas sinceras y elocuentes frases: «Y 
de aquí es, que si los obispos deben aversión á los filósofos que des- 
slumbran y á las malas costumbres que corrompen los pueblos, deben 
» también aprecio á los sabios modestos, y protección á la enseñanza 
»provechosa que los ilustra.» 

Un exámen detenido de las acotaciones puestas por Jove Llanos á 
los libros de su biblioteca, existentes en la del Instituto de Gijon, y 
otro de las censuras que remitía al Consejo de Estado sobre los libros 
nuevos y reimpresos que aparecieron en su tiempo, modificaría de un 
modo radical las ideas de muchos escritores, que, juzgando del catoli. 
cismo de Jove Llanos por el suyo propio, entienden que su dictámen 
no se extralimitaría un punto más allá de las censuras eclesiásticas. 
Nada más erróneo. La escrupulosidad del censor en esta materia, aqui- 
latada está en razonados y bellos informes, que bien pudieran servir de 
norma á los Boletines bibliográficos del dia. Y si dejaba ancho campo 
á publicaciones como el tomo IV de las Poesías castellanas, compila- 
das por D. Tomás Sánchez (V. Amad, de los Rios: Hist. crít., tom. IV, 
página 581), en el que se insertaban las poesías del Arcipreste de Hita, 
tampoco lo negaba á la traducción española de la Historia filosófica y 
política de los establecimientos ultramarinos, del abate Raynal (Obras 
de J. Ll.,tom. II, pág. 534). En general, nada rechaza, como no sea 
atentatorio al dogma, á la moral ó á las regalías de la coro fia . Cuando 
el mérito de una obra estriba en su forma literaria, en la bondad de sus 
conceptos, en su utilidad ó en su belleza, prodígala sus aplausos, ora 
se trate del Viaje por España, de Ponz, de las Fábulas de Iriarte, ó de 
las Obras postumas de Ldo. Diego de Contreras; mas si, por desgracia, 
cae en sus manos alguna de esas obras dramáticas, más semejantes á 
fabulosos engendros que á partos del ingenio, dales tan soberana zur- 
ribanda, y de tan buena ley, que los mismos delincuentes la celebraran 
si capaces fueran de aprovechar la lección. 

En 28 de Diciembre de 1784 se sometió á su informe la primera par- 
te de la Enciclopedia metódica, censura aún inédita; mas presumimos 
que no debió ser desfavorable, por cuanto en Mayo de 1787 remite al 



PRELIMINAR XXXI 

Consejo la censura de la segunda parte de aquella publicación. El co- 
nocerla fuera útil, pues evidenciaría, de una vez por todas, hasta qué 
extremo eran compatibles sus ideas con las délos reformadores del pa- 
sado siglo. Porque pensar que Jove Llanos no fué revolucionario poí- 
no serlo á la moda thermidoriana, é imaginar que un partidario acér- 
rimo de las instituciones seculares de la patria, no daría, por el mero 
hecho de serlo, un paso adelante en las vías del progreso humano, re- 
futado queda con sus obras; refutado, cuando crea con su propio es 
fuerzo un establecimiento consagrado á las ciencias titiles; cuando pro- 
yecta y lleva á cabo una reforma capital en la agricultura; cuando for- 
tifica el poder episcopal contra las invasiones de Roma; cuando huma- 
niza los bárbaros procedimientos de los tribunales de justicia, abogan- 
do un dia y ofro por la abolición de la pena del tormento; cuando di- 
funde el gusto de las bellas artes, y trata de elevar la condición social 
de la mujer, esfuerzo nobilísimo que hizo famosa la Memoria de 4 de 
Febrero de 1786, mereciendo por ello el entusiasta elogio de una ilus- 
tre dama gallega: y, por último, cuando señala para la industria nue- 
vos é innumerables derroteros. El mismo Sr. Menendez, que tanto se 
afana por poner en evidencia la animadversión que Jove Llanos siente 
hacia los procedimientos revolucionarios, olvida que él mismo ha tras- 
crito de los Diarios esta frase: es bueno todo Gobierno que asegure la paz 
y el orden internacional. Repugnaba ¿cómo no? los procedimientos de 
fuerza, de sangre, de violencia. El hombre de los sentimientos humani- 
tarios no podía autorizar ni dar por bueno lo que se erigía sobre ruinas 
humeantes y se regaba con amargas lágrimas. Y por muy cierto se ha de 
tener que, si nuestro héroe execraba á los autores de aquella sangrienta 
catástrofe, con mayor indignación y más severo acento hubiera increpado 
á los que, diciéndose ministros de un Dios de paz y mansedumbre, tre- 
molaron una bandera aborrecida y odiosa en el mismo suelo que un dia 
les viera á todos congregados bajo el augusto símbolo de la Redención. 

No ha de entenderse, sin embargo, de las observaciones aducidas 
por el Sr. Menendez Pelayo, que Blanco White y los reformistas de la 
época le tenían en poco y le mencionaban con lástima. Este mismo es- 
critor, ya que á sus escritos se apela, preparaba un artículo en elogio 
de su benemérito paisano, y cuando le comunicaron la noticia de su 
muerte, expresábase en estos términos: «El amargo fin de tan sabio y 
»tan excelente hombre debe causar una impresión profunda en el co- 
razón de todos los españoles; de desconsuelo en los que le amaban, y 
»de cruel remordimiento entre los que causaron la infelicidad de sus 
surtimos dias. > 



XXXII BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

Entre las múltiples citas y referencias que se mencionan en la Vin- 
dicación, una, por lo ménos, ha de merecer unánime aplauso de todos 
los amantes de las letras, y es la que recomienda la urgencia en la pu- 
blicación de los Diarios de Jove Llanos, «que son de amenísima lec- 
»tura, y están sembrados de noticias topográficas, históricas, descripti- 
vas, arqueológicas y de costumbres de todas las regiones de España 
»que visitó,» pues en tales términos informa el Sr. Menendez al públi- 
co de su contenido. A nuestra vez agregaremos que el segundo extrac- 
to de ellas, hecho por Cean, y ahora por primera vez impreso, excitará 
más vivamente aquel deseo. Debemos, por tal concepto, esperar que, 
si llegaren á ver la luz pública, nadie se tomará libertades ni de supre- 
sión ni de alteración, que acarrearían, al que tal irreverencia se permi- 
tiese, no pequeño descrédito, ya por lo fácil que sería cogerle en con- 
tradiccion, como por hallarse entre los papeles de «La Quintana» frag- 
mentos de aquel interesante manuscrito. No le dañaría, en cambio, la 
abundancia de notas y comentarios, pues así lo pide la índole del es- 
crito, y áun la distancia que media entre nuestros dias y aquellos de tan 
revuelta historia. En otra ocasión dilucidaremos más extensamente este 
punto, confiados en que no será largo el trecho que medie entre la pu- 
blicación del presente volumen y la de aquel libro, llamado á grande 
y merecida celebridad. 

Entre tanto, hemos creido que no debíamos desaprovechar la oca- 
sión de rectificar hechos mal conocidos y juicios mal formados, por 
prematuros los unos, por sugestivos de espíritus preocupados otros. 
Nuestras breves indicaciones habrán demostrado al lector desapasiona- 
do que no están aún sobre la mesa del crítico todos los elementos de 
criterio; que no ha llegado el dia de formar cabal juicio de Jove Llanos 
y su obra, con la cual se inaugura una de las crisis más interesantes de 
nuestra historia. 



Julio Somoza. 



MEMORIAS FAMILIARES 



DE 



D. GASPAR DE JO VE LLANOS 



(fragmentos) 




oy á escribir mis Memorias, no para recordar á la posteridad 
hechos grandes ni virtudes heróicas, sino porque algunos de los 
sucesos de mi vida podrán servir á mis compatriotas, ó de enseñanza, ó 
de escarmiento. 

Si alguno pensare que á esto me mueve el orgullo ó el deseo de alta 
fama, se engaña: porque ni conozco el primero, ni tengo en qué fun- 
dar el segundo. Y aunque es para mí muy dulce la esperanza de que 
mi nombre no quedará enteramente sepultado en olvido, no es por- 
que crea que será celebrado con aplauso, sino recordado con lástima y 
ternura. Habiendo deseado llenar las obligaciones de mi estado en to- 
dos los puntos de mi vida, y habiendo procurado contribuir al bien de 
mi patria con todas las fuerzas de mis cortos talentos (i),... que desee á 
lo ménos la buena memoria de mis compatriotas, y aunque cual la so- 
licito, ni puede ser atribuido á vanidad, ni ser condenado como ligere- 
za. Porque si nos está recomendado el cuidado de nuestro buen nom- 
bre y fama, el deseo de alcanzarla por honestos medios, no puede no 
ser contado en el número de las virtudes. 

Escribiendo estas Memorias, no dejaré de incluir en ellas lo que, 
por tocar á mi familia ó á mis amigos, pueda conducir á ilustrarlas, y 
áun algo de lo que parezca ménos necesario en ellas, y en esto el amor 
y la amistad podrán disculparme, cuando no lo haga la naturaleza 
misma de los hechos. Mi alma está llena de estos sentimientos, y en la 

(i) Parece falta una frase. 



2 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



abundancia del corazón ninguno deberá culparme, no sólo de que los 
descubra, mas ni siquiera de que procure inspirarlos á mis lectores. 

Mi familia era contada entre las nobles y distinguidas de la villa 
de Gijon, desde los fines del siglo xv. Vivía entónces en esta villa Juan 
García de Jove, que se puede mirar como su fundador, porque edificó 
allí la casa solar, de la cual existe todavía una de sus torres, y porque 
suyo era lo mejor de los bienes de nuestro pequeño mayorazgo. Era 
harto rico á la manera del tiempo y el país en que vivió; pero habien- 
do tenido dos matrimonios, con Aldonza Fernandez de la Bandera el 
primero, de que se derivó mi familia, y el segundo con doña Isabel 
Ramírez de las Alas, del cual la de los Jove-Ramirez, Marqueses de 
San Esteban, su patrimonio dividido, sólo pudo formar dos, que no 
pasaron de mediana fortuna, áun atendida la moderación de los del 
país de Asturias. 

Fernando, mayorazgo del que cupo á mi familia, y distinguidos 
padres, poseedores con el título de Alférez mayor de la villa y concejo 
de Gijon; y con el primer asiento y voto en su Ayuntamiento, que en 
la enajenación de los oficios municipales fué comprado á Felipe II, 
continuó la descendencia de mis antepasados, enlazándose con las fa- 
milias distinguidas del Principado hasta doña Lucía de Jove, mi cuarta 
abuela, que acabada la línea varonil, sucedió en el mayorazgo, y ca- 
sando con Francisco de Llanos Tejera, caballero de la misma villa, dió 
origen á la línea que, adoptando con preferencia el apellido materno, 
empezó á distinguirse con el apellido de Jove Llanos, de la cual existo 
yo solo. 

Don Gregorio, nieto de esta señora, y mi bisabuelo, aspiró á ser el 
coronista de su familia, y dió principio á un tratado en que, recogiendo 
las antiguas tradiciones de su origen, y las Memorias más auténticas de 
su derivación, escribió nuestra historia doméstica, si no con mucha crí- 
tica en cuanto á los primeros tiempos, con mucha imparcialidad y exac- 
titud en cuanto á los últimos, dejando encargado á sus sucesores que 
continuasen este trabajo; cuidado loable y digno de imitarse en todas 
las familias, si se redujese á conservar la memoria de los destinos, ser- 
vicios y virtudes de sus individuos, y las noticias y títulos en que se 
apoyan su propiedad y sus derechos. 

No pudo seguir su ejemplo mi abuelo D. Andrés Jove Llanos, por- 
que habiendo premuerto á su padre, no llegó á poseer su casa. Casó 
este señor con doña Serafina Carreño, de la ilustre casa de este apelli- 
do, que tiene su solar en Valdesoto, concejo de Siero, y como vivo su 
padre, los cortos alimentos que pudo señalarle, le obligaron á la más 
exacta economía, se retiró á vivir en la parroquia de Peón, y en la casa 
y hacienda que le fueran señaladas allí para alimentar su familia. Allí 
tuvo siempre su residencia, y allí falleció en el vigor de su edad, dejan- 
do una numerosa prole, cuya educación y fortuna quedó á cargo de su 
padre y de su hijo primogénito. 

Fué éste D. Francisco Gregorio, á quien yo debí el sér, y de quien 
diré algo después, así por desahogar mi tierna gratitud, como para 
hacer justicia á su mérito. Tuvo además otros hijos, tres varones y dos 
hembras. Don Josef, que destinado al sacerdocio, fué nombrado cape- 



MEMORIAS FAMILIARES 



3 



lian mayor de la Colegiata de Gijon, pasó allí su larga y virtuosa vida, 
y falleció casi nonagenario. Don Pedro, que habiendo tomado el ro- 
quete en los canónigos reglares de San Isidro de León, falleció allí 
muy jóven, á poco de haber hecho su profesión, y D. Miguel, Abad de 
Villoría, que enviado á Roma bajo la protección del Cardenal Alva- 
ro (i), habiendo recibido su educación en Roma, y residido en Ita- 
lia por más de veinte años, volvió á su patria, donde vivió hasta el año 
de 1792, y de cuyas excelentes cualidades tendré ocasión de dar des- 
pués alguna noticia. 

De las hembras nacidas del matrimonio de mis abuelos D. Andrés 
y doña Serafina, la mayor, llamada doña Teresa, tomó el velo en el 
•convento de Santa María de la Vega, del órden de San Benito, extra- 
muros de la ciudad de Oviedo: la última, doña Luisa, tan distinguida 
por su rara belleza como por su ejemplar virtud, falleció sin estado, 
antes de tocar en los cuarenta años, y la segunda, doña Eulalia, siendo 
ya de igual edad, casó en segundo lecho con D. Alonso Ramirez, Mar- 
qués de San Esteban, y su concuñado, en quien no tuvo hijos. 

Toda esta familia, por muerte de su padre y mi abuelo, quedó al 
cargo de mi anciano bisabuelo, que como discreto y instruido que era, 
según sus escritos muestran, cuidó muy particularmente de su educa- 
ción. Pero puso más particular esmero en la de su nieto primogénito, 
■que por su muerte debía ser el protector de sus hermanos, y conservar 
la propiedad y mantener el lustre y honor de la familia. Amábale ade- 
más tiernamente, por las sobresalientes dotes que adornaban su alma 
de talento y docilidad. Cuidó de que aprendiese bien la lengua latina, 
única enseñanza literaria que podía proporcionarle en Gijon; pero cui- 
dó también de suplir la falta de otras por medio de la lectura de bue- 
nos libros, aficionándole á los de elocuencia, poesía, geografía y histo- 
ria, en que él era versado, á que le inspiró grande afición, no sin gran 
provecho de su querido nieto. Ya se ve que entre estos objetos, tendría 
un distinguido lugar la parte moral de la educación, la cual fué tan 
cumplida, que ninguno de los caballeros de su tiempo fué más distin- » 
guido en la villa, así como por sus talentos, por su piedad, su modes- 
tia y su beneficencia. Cuidó también muy particularmente mi bisabuelo 
de establecer á mi padre en matrimonio, objeto que en las familias no- 
bles suele arrebatar toda la atención. Pero mi bisabuelo, lejos de bus- 
car, como otros, altos enlaces ó grandes riquezas, consultó sólo á la fe- 
licidad de su nieto, y al sólido bien de su familia. Un muy antiguo y 
reñidísimo pleito había dividido á las dos familias de Jove Llanos, y 
Jove Ramirez, aunque derivadas de un mismo tronco. El padre común, 
Juan García de Jove, después de haber concurrido con gran largueza á 
la reedificación de la iglesia parroquial de Gijon, fundó en ella una ca- 
pilla, y obtuvo su patronato, con las preeminencias de silla distinguida 
para el poseedor de la casa, estrado para las señoras de ella, banco y 
sepultura para toda la familia, y, en fin, todas aquellas distinciones á 
que suele aspirar la vanidad, mal disfrazada en devoción. Una cláusula 
ambigua de su testamento, dió ocasión á que ambas familias pretendie- 

(1) Diaz de Cienfuegos. 



4 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



sen para sí este patronato. Instaurado el pleito, las familias hermanas 
se convirtieron en enemigas, y se hicieron aquella especie de guerra 
litigiosa en que se arruinan á nn tiempo el vencido y el vencedor, si 
ya la astucia de los curiales no logra prolongarla para que la lucha se 
acabe más bien por falta de fuerzas, que por falta de cólera en los 
combatientes. En varios tiempos se había tratado de transigir, y en 
efecto, se había transigido, y por decirlo así, dividido el derecho de 
patronato entre las dos familias; pero la rivalidad quedaba en pié, y la 
vanidad, no dándose á partido, buscaba pretexto para volver á la lucha. 

Era, pues, necesario cortar este mal en su raíz, y ésta fué la mira. 
principal de mi bisabuelo D. Francisco Gregorio en el matrimonio que 
solicitó para su querido nieto, mi padre. 

Mas aunque éste fué el principal objeto del abuelo, no por eso ol- 
vidó el que debía llamar la primera atención del nieto, que eran las 
calidades de la esposa que se le destinaba. La elegida para su compa-. 
ñera fué doña Francisca Apolinaria, hija de D. Cárlos Jo ve Ramí- 
rez y doña Francisca Fernandez de Miranda, Marqueses de San Es- 
teban de Nataoyo. Era este caballero del órden de Calatrava y herma- 
no del célebre Mariscal de Campo D. Francisco Jove Ramírez, que en 
la guerra de Sucesión murió con la espada en la mano defendiendo la 
fortaleza de Tortona; y ambos derivados de la segunda rama descendi- 
da de Juan García de Jove. La Marquesa doña Francisca era hija del 
Marqués viejo de Valdecarzana, D. Lope Fernandez de Miranda, y 
prima de D. Sancho Fernandez de Miranda, que sucedió en su casa, y 
que casado con la heredera del condado de Amayuelas, trajo á ella este 
estado, y obtuvo después la grandeza de España de primera clase; y 
de D. José Fernandez de Miranda, el grande amigo de Cárlos III, á 
quien, siendo Capitán de Reales Guardias Españolas, acompañó en 
su viaje á Nápoles y por quien fué allí creado Duque de Losada; cuyos 
empleos le fueron confirmados en España, donde también se le 
nombró Teniente general, se le decoró con la grandeza y el Toisón 
de Oro, y aunque amigo y privado, fué por sus caballerosas prendas y 
sus nobles virtudes, uno de los mejores ornamentos de la Córte de 
aquel buen Rey. 

Fué celebrado este matrimonio en... de... de 17... y de él se derivó 
una muy numerosa prole. De trece hijos que vieron la luz, cuatro mu- 
rieron en la infancia. De los nueve restantes, D. Miguel, que era el pri- 
mogénito, falleció á los diez y ocho años, de dolencia no conocida por 
los médicos, y no sin sospecha de que naciera de una pasión amorosa, 
ni satisfecha ni reprimida. Los demás fueron cuatro hembras y cuatro 
varones. La primera de aquéllas, doña Benita, señora de raro talento 
y virtud, y de una instrucción no ménos rara en su sexo, casó en 1758 
con D. Baltasar González de Cienfuegos, Conde de Peñalva, que ya 
tuviera otras dos mujeres, y en todas sucesión. De este matrimonio na- 
cieron, D. Baltasar, que dedicado por sus padres á la carrera eclesiás- 
tica y nombrado Canónigo y dignidad de Arcediano de la Iglesia ca- 
tedral de Oviedo, sintiéndose repugnante al sacerdocio, renunció sus 
prebendas, permutándolas con un beneficio simple, que hoy es mi su- 
cesor y vive conmigo; D. Josef, ántes Coronel de Artillería, hoy Te- 



MEMORIAS FAMILIARES 



5 



/niente general délos Reales Ejércitos, yD. Francisco Javier, Canónigo 
•de la Santa Iglesia de Sevilla; todos los cuales se mostraron celosos 
patriotas, y hacen grandes servicios á la nación en la presente guerra, 
■sacrificando toda su fortuna, y consagrando todos sus talentos á la de- 
fensa y bien de su patria. Tuvo ademas doña Benita dos hijas, doña 
Escolástica, que casó con D. Antonio Arguelles Peñerües, en quien 
tuvo larga sucesión, y doña María, que hoy es religiosa del órden de 
San Benito en el monasterio de San Pelayo de Oviedo. La segunda de 
mis hermanas, doña Juana Jacinta, había casado en 1757 con D. Juan 
Antonio López Pandiello, en cuyo matrimonio vivió hasta 1765. Muer- 
to entónces su marido, sin dejar sucesión, y habiendo sido instituida 
heredera de todos sus bienes libres, quedando viuda, jóven y rica, y 
siendo mucho más recomendable por su hermosura, gracia y talento, 
fué de muchos caballeros pretendida. Prefirió entre todos á D. Sebas- 
tian de Posada y Soto, el ménos rico, pero el más digno de los que 
aspiraban á su mano. De este matrimonio nacieron, doña María, que 
casó con el heredero de la casa de Nava Alvarez de las Asturias, lla- 
mada de La Cogolla: doña Lorenza, que casó con D. Pedro de Soto y 
Posada, y D. Joaquín, de resultas de cuyo parto murió su madre ántes 
de llegar á los cuarenta años, y que habiendo servido en la marina 
hasta el grado de Alférez de Navio, se retiró, y hoy vive sin estado, y 
según dicen, sin uso de su juicio, en Asturias. La tercera, doña Catalina 
de Sena, casada también, con D. Josef Alonso de Faes, Caballero del 
Comercio de Nava, y que entónces estaba viudo y sin hijos, fué poco 
feliz en su enlace. La rusticidad de su marido, y la falta de sucesión, 
la hicieron pasar una vida oscura y triste en el pequeño lugar de Nava, 
Á. cuya residencia acostumbrada, prefirió después de viuda continuar en 
ella, hasta que á ruegos de sus hermanos se trasladó á vivir en la casa 
paterna, donde falleció en Diciembre de 1808. La última hermana fué 
doña Josefa, distinguida en su juventud por su extraordinario talento, 
y gracias, y en el resto de su vida, por su caridad y virtud ejemplar. 
Había nacido después que yo, y dada en matrimonio á D. Domingo 
González de Argandona, Procurador general en Córte del Principado 
de Astúrias, sin la aprobación de los parientes, que desdeñaban este 
enlace como poco correspondiente al lustre de la familia, pero con jui- 
cioso acuerdo de mis padres, que prefirieron á esta consideración de 
vanidad, el aprecio de las recomendables cualidades con que Argan- 
dona realzaba su noble, aunque ménos ilustre nacimiento. Trasladada 
á vivir en la Córte, fué allí tan amada de su marido, como general- 
mente estimada, así por su agradable trato, del cual estaba encantado 
el sabio Conde de Campomanes, cuya casa más frecuentaba, como por 
su recomendable conducta, hallando por uno y otro el más distinguido 
lugar en todas las sociedades de la Córte. Tuvo mi hermana en este 
matrimonio tres hijos, dos hembras, doña Vicenta y doña Isabel, que 
fallecieron ántes de llegar á pubertad, y un póstumo, que nació y mu- 
rió á pocos dias de la muerte de su padre. Tantas y tan graves pérdi- 
das, hicieron en su ánimo la más viva impresión. Después de pasar al. 
gunos años en la casa paterna cuidando de la administración de sus 
fincas, que por la muerte de nuestro padre, y por la ausencia de todos 



6 BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

sus hijos varones, empleados en el real servicio, estaba abandonada, se 
retiró á vivir en Oviedo, y gozar allí la compañía de nuestra hermana 
la Condesa de Peñalva. Allí no sólo estableció una vida retirada y de- 
vota, sino que fué el ejemplo y se hizo como la directora de todas las 
señoras del pueblo que estaban animadas del mismo espíritu. Ardiendo 
en la más pura y activa caridad, después de pasar en el templo la pri- 
mera parte del dia, destinaba todo el resto á asistir y consolar á las in- 
felices de su sexo, que por reclusas en la cárcel y en la galera, ó por 
dolientes en el hospital, excitaban más vivamente su compasión. Su 
caridad era tan discreta, como su virtud ilustrada y sólida. No se con- 
tentaba con socorrer á estas infelices, sino que las instruía enseñándo- 
les y explicándoles la Doctrina cristiana, las aconsejaba dándoles opor- 
tunos documentos de virtud y conducta, y las consolaba con amigables 
exhortaciones á la paciencia y resignación. ' Pero, sobre todo, cuidaba 
de inspirarles amor al trabajo, y conociendo que la ignorancia y la 
ociosidad eran el primer origen de sus desgracias, no sólo les repre- 
sentaba los bienes del honesto trabajo, sino que enseñaba á hilar, hacer 
calceta, y coser, á las que no sabían estas labores, y buscaba y propor- 
cionaba á todas trabajo, para estimularlas más y más con el aliciente 
de la ganancia. A su ejemplo, se dedicaron otras señoras á ayudarla en 
tan piadoso ejercicio, y cuando pudo concebir la esperanza de dar al- 
guna consistencia á este establecimiento de caridad, buscó para su 
apoyo la autoridad pública. Valióse á este fin de D. Cárlos de Simón 
Pontero, que como Gobernador del Principado y Regente de su Real 
Audiencia, no sólo abrigó el pensamiento, sino que aprobó una espe- 
cie de Reglamento, que mi hermana formara, y encargó la dirección 
espiritual de esta institución al doctor D. Félix de Bobes, Cura rector 
de la parroquial de Santullano, extramuros de Oviedo. Así siguió por 
algunos años mi hermana dirigiendo esta piadosa y útil asociación, 
animando á las demás asociadas en este piadoso ejercicio, y aumen- 
tando cada dia su número, sus medios y su fruto, con gran provecho y 
edificación del público, cuando su particular director, el Canónigo dig- 
nidad de Oviedo D. Lúeas Zarzuelo, sugeto de más celo y virtud que 
ilustración, hallando los progresos que su hija de confesión hacía en la 
virtud, y creyendo conducirla á mayor perfección en el claustro, le 
inspiró, ó, si nació de ella, le fomentó el deseo de retirarse á el; y como 
si no hubiera abandonado el mundo la que sólo veía en él las miserias 
y aflicciones de sus prójimos para socorrerlas y consolarlas, ó como si 
pudiese haber una virtud más sublime que la caridad, que es la mayor, 
y la fuente y apoyo de todas las virtudes cristianas, acordaron que to- 
mase el velo en el convento de religiosas recoletas de San Agustín de 
Gijon, situado en terreno de rni casa y contiguo á ella. Poco tiempo 
antes, esta buena hermana, que siempre me distinguió en su amor de 
todos los hermanos, me había descubierto su deseo de retirarse al 
claustro, y yo le había representado tan fuertemente mi desaprobación, 
que me pareció rendida á mis razones. Díjela, que retirada ya de todo 
trato, enteramente dedicada al ejercicio de la caridad, y cuando cono- 
cía el copioso fruto que de ella y de su ejemplo resultaba en favor de 
tantas infelices, privarlas de su auxilio y consuelo para sepultarse en 



MEMORIAS FAMILIARES 



7 



un claustro, no podía nacer de alta inspiración, y lo debía mirar como 
efecto de su extraviada imaginación. Pero, pasado algún tiempo, fuese 
que no pudo reprimir la vehemencia de su deseo, ó que su director la 
indujo á ejecutarle, ello es que lo verificó súbitamente y con tanto se- 
creto, que aunque avisado en el mismo dia, procuré estorbarlo por 
medio de una ene'rgica carta á su director, ya, cuando yo la escribía es 
taba mi hermana cubierta con el velo á pocos pasos de mi casa. Tan 
decidida fue' su resolución, que antes de venir al convento, había ya 
distribuido todos sus bienes entre sus parientes más necesitados, salvo 
los que destinó: para la dotación de una escuela parala enseñanza 
de veinticuatro niñas huérfanas, que ántes había fundado y fomenta- 
do; 2. , para la de un Penitenciario en el mismo convento, y 3. , la 
casa y hacienda llamada de Las Figares, que nos dejó á nuestro her- 
mano Francisco de Paula y á mí, y al que de los dos sobreviviese. Su 
vida en el convento fué ejemplarísima. Falleció en él en 1807 en olor 
de santidad, y su sólida virtud unida á su extraordinario talento, des- 
pués de haberle conciliado la veneración de sus hermanas y de todo el 
pueblo, dejaron en pos de sí una memoria que durará entre los mora- 
dores de Gijon, mientras fuere en él apreciada la virtud. En sus últi- 
mos dias fué afligida de una agudísima enfermedad, á que pudo dar 
causa la pena que le causó mi arresto y traslación á Mallorca, porque el 
amor que nos habíamos profesado, había crecido y fortificádose con el 
trato, siendo yo la única persona de quien recibía visitas en el conven- 
to y á quien recurría diariamente para ejercitar su ardiente caridad; y 
sería yo muy ingrato á su tierno cariño, si escribiendo las Memorias de 
mi vida, no consagrase á la suya estas pocas líneas, regadas con mis 
lágrimas. 

Los cuatro hijos varones que mis padres vieron llegar á edad adul- 
ta, fueron: D. Alonso, D. Francisco de Paula, D. Gregorio, y yo: aque- 
llos mayores, éste menor que yo, y último de toda la familia. Don 
Alonso, ántes de la muerte de mi hermano Miguel, fué destinado á la 
iglesia, y provisto en el beneficio de San Bartolomé de Nava, que le 
presentó nuestra tia doña Isabel de Jove Ramírez, Abadesa del Monas- 
terio de San Pelayo de Oviedo. Pero muerto el hermano primogénito 
y recayendo en él el derecho de sucesión, renunció el beneficio. Ofre- 
cióse después á nuestro hermano Francisco de Paula, que ya destinado 
á la marina, no le quiso admitir. Vino, por lo tanto, á recaer la presen- 
tación en mí, que entónces acababa de cumplir trece años. Alonso, de- 
bía quedar en casa, como heredero, al lado de nuestro padre, pero su 
espíritu le llamaba á más alto destino. Declaró su deseo de servir en la 
marina, y nuestro padre, condescendiendo á tan noble propósito, des- 
tinó á ella á sus dos... hijos, y los envió á Cádiz en 1760 con patente 
de Guardias marinas. Habían ambos estudiado la latinidad y la filoso- 
fía con grande aprovechamiento, y como al llegar al Departamento, 
por estar adelantado el curso de Matemáticas, no se les admitiese á él, 
solicitaron con gran calor su admisión, ofreciendo hacer separada- 
mente el estudio que habían hecho sus compañeros, hasta ponerse á la 
par de ellos. Admitidos con esta condición, no sólo la cumplieron, 
sino que hicieron ademas el estudio del Algebra, que era entónces vo- 



8 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



luntario. Concluido el curso matemático y hecho un exámen general 
para elegir los seis más sobresalientes para un certámen público, fue- 
ron los dos escogidos en este número. Celebróse después el certámen 
con gran solemnidad, y fué el primero que se tuvo en la marina des- 
pués de establecidos sus estudios. Habíase señalado para premiar al 
más sobresaliente de los seis una patente de Alférez. Fué disputado 
este premio entre el inglés D. Patricio Sarsfield, y los dos hermanos: 
vacilaron entre éstos los jueces: pero habiendo estudiado Alonso ex- 
traordinariamente un tratado de navegación, y manifestado grande 
aprovechamiento en él, fué declarado el más sobresaliente de todos y 
promovido á Alférez de fragata con general aprobación y aplauso del 
concurso. Era D. Alonso de corta estatura, pero fornido, color more- 
no, ojos grandes, y vivos, y de tan extraordinaria aplicación, como 
raro y general talento. Era diestro en la música y danza: hablaba con 
gran propiedad las lenguas latina, inglesa, francesa y italiana- se delei- 
taba en la lectura de los autores de la edad de Augusto, y en la de los 
poetas clásicos de España y Italia: tenía grande afición á la medicina, 
y había estudiado sus elementos en el célebre Boerhaave, y sobre todo 
mostraba tal inclinación á las ciencias exactas, tanto aprovechamiento 
en ellas, y tan feliz disposición de talento para sus estudios, que ha- 
biendo tenido yo ocasión de tratar á su maestro en uno de mis viajes 
de Sevilla á Cádiz, me dijo que esperaba que tendríamos en él un se- 
gundo Newton. Promovido á Oficial, fué íuégo embarcado en la fra- 
gata Soledad, que iba á Cartagena de Indias, y allí, encargado del 
mando de un jabeque guarda-costas, en el cual navegó algún tiempo, 
cruzando desde Cartagena á Portobelo. Mas como en las ocasiones de 
arribada y estadía se diese á los placeres con el mismo ardor que al 
estudio, contrajo luégo la fiebre endémica de aquellos malsanos países, 
llamada vómito-negro, de la cual falleció ántes de cumplir los veinti- 
cinco años. 

Sucedió en sus derechos Francisco de Paula, que aunque no obtu- 
vo la palma en certámen de que ya hablé, quedó señalado en la opi- 
nión de su cuerpo, como sobresaliente en sus estudios. Nombrado Al- 
férez de fragata en la primera promoción, fué embarcado y destinado 
á la Habana, donde residió algunos años, muy estimado por sus talen- 
tos en la Marina, y muy amado en la sociedad por la viveza de su in- 
genio, las gracias, el chiste de su conversación, y la facilidad de im- 
provisar en las ocasiones de placer y desahogo. Desde allí hizo dos 
viajes á Veracruz, y en uno de ellos una excursión á México, para ver 
aquella gran capital del Nuevo-Mundo. Halló en ella á D. Francisco 
Jove-Llanos, nuestro hermano natural, que mi padre había tenido án- 
tes de su matrimonio en una moza soltera, cuyo nombre jamás se supo 
en la familia. Aunque constituido en escasa fortuna, fué Francisco de 
Paula hospedado por él con entrañable amor, al cual correspondió con 
el cariño y cordialidad más sincera, trayendo su retrato, que se con- 
serva en nuestra casa. Vuelto á España, continuó Francisco de Paula 
sus servicios en la Armada con la distinción que le granjeaban y au- 
mentaban sus talentos. En 1773 fué nombrado Comendador de Agui- 
larejo, en la órden de Santiago, distinción, si poco apreciable por su 



MEMORIAS FAMILIARES 



9 



valor, mucho, como recompensa de su me'rito. Su destino le llevó al 
Rio de la Plata en la expedición que mandó D. Pedro Cevallos, y allí 
concurrió á las fáciles conquistas de la isla de Santa Catalina, y colo- 
nia del Sacramento. Hecha la paz, fué nombrado para tirar la línea di- 
visoria entre los dominios de España y Portugal, de cuya comisión 
que... de gran pena y embarazo, pudo librarse por la interposición del 
General D. Victorio de Navia, que expuso y esforzó ante el General en 
jefe Cevallos la razón que le obligaba á rehusarla, y era ésta: Había 
nuestro buen padre tratado de establecer á su primogénito, casándole con 
doña Gertrudis del Busto y Miranda, heredera de la casa del Busto, de 
Pravia, y comunicado este pensamiento á su hijo, condescendido éste 
á su deseo. Hallábase entónces navegando de Ferrol á Cartagena, y 
como debiese volver en buque al Departamento, se acordó que llegado 
allí pediría una licencia para pasar á Gijon á celebrar su matrimonio. 
Pero habiendo arribado á Cádiz el navio en su vuelta, llegado que 
hubo allí, se halló con la órden aparente de partir á Veracruz, aunque 
con pliego que debía abrir á la altura de las Canarias. La delicadeza 
de mi hermano, no le permitió rehusar esta expedición, que por otra 
parte no parecía de larga duración. Resolvió, pues, otorgar un poder 
para que se celebrase su matrimonio, y esto se verificó entretanto que 
el novio iba navegando, no ya á Veracruz, sino al Rio de la Plata, se- 
gún la órden contenida en el pliego cerrado. Tres años habían pasado 
ya, cuando se halló nombrado para tirar aquella línea divisoria, comi- 
sión eterna, objeto siempre prolongado y frustrado, así por la política 
portuguesa, como por la astucia y manejos de los ingleses, sus aliados 
y dominadores. De esta comisión, que aunque honrosa, trastornaba 
todas las ideas de familia formadas por nuestro padre, pudo excusarse 
mi hermano, y libre al fin de ella, se embarcó en el correo Tucuman, 
entrado ya el año de 1779, P ero arribando á la costa de Galicia, cuan- 
do los ingleses, ántes de declarar la guerra de aquel año, habían em- 
pezado ya las hostilidades contra nosotros, se halló de repente ataca- 
do por un corsario de aquella nación. Venía el Tucuman sin defensa, 
con un solo cañoncito, pocas municiones y ningún soldado ni artillero 
de mar. El capitán, pues, y la tripulación, cayeron de ánimo: pero mi 
hermano los esforzó, y al mismo tiempo que se aprovechó del cañón 
para batirse en retirada en vez de buscar la Coruña, hizo maniobra para 
tomar algún puerto á la vuelta de Finesterre, y logró salvar el correo 
en el de Corcubion. El Ministro de Marina, Marqués González de Cas- 
tejon, después de darle gracias por la libertad del correo, le nombró 
para la tenencia de la Compañía de Guardias-marinas de Ferrol (era 
ya entónces Capitán de fragata), porque ausente en comisión el Baylio 
D. Francisco Gil de Lémus, capitán de aquella compañía, quiso el Mi- 
nistro confiarla á oficial de igual confianza. Obtenida después una licen- 
cia, pasó á celebrar su matrimonio, ó por mejor decir, á ratificarle. Su 
esposa, ántes de firme y robusta complexión, había adolecido en los 
tres años de ausencia de varios achaques, que tratados por un empírico, 
acabaron con su salud. Trasladados á Ferrol, vivieron allí en perfecta 
unión, pero sin tener familia. Lo que mi hermano trabajó en el mando 
de la compañía, el celo y vigilancia con que cuidó de la aplicación y 



IO BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

la conducta de la noble juventud destinada á la Marina Real, el esme- 
ro y tino con que procuró aficionarla á la buena literatura, instruirlos 
en las sólidas máximas de honor, de probidad y de cortesanía, y per- 
feccionar su educación, cuando no durasen aún en la memoria de 
aquel Departamento, quedarían acreditados en la alta reputación de 
tantos sobresalientes oficiales como salieron de él en su tiempo. Duran- 
te la guerra del 79, estuvo impaciente porque no se le empleaba en el 
servicio de ella: representó una y otra vez á la córte: el Ministro le 
aseguró que era más importante el servicio en que estaba empleado: 
pero al fin, cediendo á sus instancias, fué destinado al mando del na- 
vio La España, en que no pudo distinguirse, porque hecha la paz 
cuando se hallaba en Cádiz, hubo de volver á mandar su compañía. 
Olvidado en la promoción que se hizo con motivo de la paz, hizo una 
vehemente representación á la Córte, que convencida de su justicia, le 
promovió á Capitán de navio, y para que ninguno más moderno le 
fuese antepuesto, se le expidió el despacho con la fecha de la promo- 
ción. Aunque reparado así su desaire, no por eso quedó satisfecho su 
pundonor, y ya fuese por esto, ya porque los achaques de su mujer le 
hacían necesarios los aires del país, ya porque muertos nuestro padre 
y hermano mayor, le llamaba á Gijon el cuidado de su casa, solicitó 
su retiro y fué á establecerse á Gijon, donde vivió después. En esta 
villa, admitido al ejercicio de su título de Alférez mayor, se dedicó 
con el más ardiente celo á promover su felicidad. Efecto fueron de 
este celo, y del talento con que le dirigía á los más útiles objetos: 
i.° El paredón, que partiendo desde la parte de la iglesia en una gran 
curva de más de mil varas, hasta fuera de la población, para defender 
su extremo oriental de las arenas que acumulaban en ella los furio- 
sos N. E. que reinan allí en Primavera. 2. El pequeño paredón de la 
Garita, que defiende el extremo occidental de los embates del mar, 
que empezaban ya á arruinarle, y amenazaban sus edificios. 3. El her- 
moso empedrado de la mayor parte de la villa. 4. El cerramiento 
del llamado Humedal, ántes un lago, después desecado por el me- 
dio de que hablaré adelante, y á su llegada egido y campo abandona- 
do y sin cultivo. Obtenida del Consejo la facultad de cercarle y repar- 
tirle entre los vecinos, bajo de un cánon moderado (cuya facultad so- 
licité y obtuve yo en Madrid), se dividió en suertes, se cerraron todas 
con buenas cercas, se repartieron con equidad, y hoy es el campo más 
hermoso y fructífero que rodea á Gijon. 5. El proyecto de una nueva 
fuente que se debía traer desde Tremañes. Hizo recoger sus manantia- 
les, construir su matriz, y en ella, una fuente de dos caños, con alberca 
y lavadero para los vecinos de aquella parroquia, un pequeño puente 
acueducto para pasar las aguas sobre el rio Cuti, y como trescientas 
varas de acueducto, en cuyo estado los enredos de algunos concejales 
mozos y necios, le aburrieron y forzaron á abandonar tan provechoso 
designio. 6.° El aumento y extensión de la población á la parte del 
E. y del O. por el celo con que promovió en el Ayuntamiento la con- 
cesión (gratuita ó muy equitativa) de terrenos para edificar. 7. Los pa- 
seos y plantíos de la villa, cuya actual hermosura es el mejor testimo- 
nio de su celo y buen gusto. No negaré á los demás concejales la parte 



MEMORIAS FAMILIARES 



II 



de gloria que les cabe en estas obras, que ellos acordaron. Pero de mi 
hermano fué la idea, y de mi hermano la ejecución, la cual le fué en- 
cargada por el Ayuntamiento; y áun puedo decir que en muchas tuvo 
que sufrir grandes contradicciones y que reñir pesadas disputas para 
obtener los acuerdos y remover los estorbos que (especialmente en los 
últimos tiempos) oponían á su ejecución algunos regidores envidiosos 
de su gloria, y del influjo que tenía en el Ayuntamiento su dictámen. 

De otros grandes servicios suyos, y en los cuales fui su auxiliar y 
compañero, tendré ocasión de hablar más adelante. Era este buen her- 
mano, de un talento clarísimo, muy instruido en las Humanidades la- 
tinas y castellanas, y buen matemático. Hacía muy buenos versos, es- 
cribía con facilidad y pureza, hablaba con gran propiedad y facundia 
su lengua, y con bastante facilidad la inglesa, francesa y italiana. Era 
festivo y gracioso en la conversación. Su carácter firme, tocando algu- 
na vez en acre, su virtud sólida y sin hazañería. El trabajo y los dis- 
gustos que sufrió en los últimos años de su vida le destemplaron extra- 
ordinariamente la cabeza y ocasionaron una fluxión tan acre y tenaz, 
que, cargándole por la noche, le fatigaba extraordinariamente hasta ha- 
cerle romper en abundante sudor. Una fuerte erupción de sarna le vol- 
vió la salud. Durante ella se conservó robusto, y sin el síntoma de tos 
por más de un año. Curado de la sarna, volvió aquélla á aparecer, se 
aumentó, y al cabo declinó en una hidropesía de pecho, que le privó 
de la vida en 1798 (1) 



. . . Después de muchas impertinencias pasadas para sacar las ór- 
denes de mis sueldos, resolvimos nuestra salida de la Isla de León, el 
Sr. D. Sebastian Jocano y yo; y siendo como las diez de la mañana, 
pasando por casa de D. Antonio Escaño, de quien, y del nuevo Con- 
sejero de Regencia (2) nos despedimos, seguimos á pié hasta el embar- 
cadero de La Carraca, acompañándonos el rei D. Juan (D. Juan de 
Arce y Moris), el mangolin (D. Manuel Alvarez) y mi D. Domingo 
(García de la Fuente) (3), de quienes separado, con no pequeña pena, 
tomamos la falúa del Sr. Intendente, viniendo conmigo D. José Ace- 
vedo Villarroel, el cocinero Ramón de la Huerta, y el lacayo Juan Ma- 
lleu. Al paso hallamos el bergantin BegoTia, su capitán D. Juan Cuen- 
11o, donde subimos á hablar con la sobrina Antonia Argüelles, la pupi- 
lita Manolina Blanco, y su aya doña Ana Alvarez, que pasan en él á 
Gijon; y después de media hora de conversación seguimos á la fraga- 
ta Cornelia, do subimos ántes de medio dia. Hallamos en ella á los si- 
guientes compañeros: Marqués de Campo-Sagrado con su esposa, su 
capellán D. Antonio Arango, y un ayuda de cámara, casado, y otra 
criada. Con esta familia vienen, D. Ramón Valdés, tio, y D. Juan Val- 
dés, hermano de la Marquesa, con un voluntario de Cataluña de Or- 
denanza ó asistente. Segundo: Vizconde de Quintanilla y su esposa, 

(1) Interrumpido: sigue una hoja que pertenece á 1810. 

(2) Regencia: Obispo Orense, Saavedra, Castaños, Escaño, Fernandez de León. 

(3) V. pág. 562, i.°, Rivadeneira. 



12 BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

con hijos, hijas, sobrinos, allegados y criados, hasta el número de diez 
y seis personas. D. José García de la Torre, con su mujer, suegros, cuña- 
da, hijos y criados: y los Sres. Conde de Gimonde, D. Lorenzo Bonifaz 
• D. Francisco Castañedo, con sus respectivos criados. Ademas una 

enienta coronela que hasta ahora no conocemos (i) 

(VERSOS ENMENDADOS POR JOVE LLANOS) 

¡Oh! qué amargos penosos momentos 
pasa el triste viajero en el mar, 
cuando baten su nave los vientos, 
y en la costa la van á estrellar. 

Cuando envuelto en medrosas tinieblas 
oye airadas las olas bramar, 
y crujir oprimidas las gavias 
al impulso del recio huracán. 

¡Oh! qué gritos, qué susto, qué llanto, 
causa el riesgo en tan dura ocasión: 
ni el piloto conoce su rumbo, 
ni la gente obedece su voz. 

Se acrecienta en extremo el peligro, 
y se hace común el terror, 
al oir que se rasgan las velas, 
azotadas del fiero Aquilón. 

Ya los fuertes vaivenes el casco 
de babor van volcando á estribor, 
y ya sube la proa á las nubes, 
ya al abismo se acerca el timón. 

Mas si el cielo aplacado y propicio, 
del naufragio la nave libró, 
; Oh qué dulces preciosos momentos 
cuando á puerto seguro arribó! 



(i) Interrumpido. 



APENDICE 

Á LAS 

MEMORIAS PARA LA VIDA 

DEL 

EXCMO. SR. D. GASPAR MELCHOR DE JOVE LLANOS 

DE LO QUE DEJÓ DE PUBLICARSE 

POR D. JUM AGUSTIN CEM BERMUDEZ 

EN LAS IMPRESAS EN MADRID 



AÑO DE 1814 
COPIADO POR SU HIJO D. JOAQUIN EN EL DE 1831 
ÚNICO EJEMPLAR MANUSCRITO 



ADVERTENCIA 



Cuando en el año de 1 8 14 se anunció al público la impresión de es- 
tas Memorias, se opuso á ella D. Baltasar Cienfuegos, sobrino y here- 
dero del Sr. Jo ve Llanos, porque creía usurpada su propiedad, intimidan- 
do al benemérito, perseguido y honrado redactor de ellas el Sr. D. Juan 
Agustín Cean Bermudez, con una demanda judicial, impidiendo su pu- 
blicación y entrega de ejemplares á los suscritores á la obra, la que es- 
tuvo sin salir á luz pública hasta el año de 1820, en el que, conven- 
ciéndose Cienfuegos de su sinrazón, la permitió por la persuasión de 
otro más digno sobrino del celebérrimo Sr. D. Gaspar. 

Estos estorbos á la publicación de la Vida y de las noticias de las 
obras escritas por un hombre tan sabio, como también la diversidad de 
épocas y circunstancias que mediaron desde que se escribieron las Me- 
morias hasta que se puso la obra venal, obligaron al autor á suprimir 
muchos trozos de lo que tenía escrito, privando á las personas ilustra- 
das y á los apasionados al Sr. Jo ve Llanos de la relación de varios tra- 
bajos que hizo muy importantes. Mas como ésta se conserva todavía 
manuscrita del puño del Sr. Cean, quiere su hijo copiarla aquí en Apén- 
dice á dichas Memorias, refiriéndose á las páginas de la obra donde de- 
ben intercalarse para su lectura, á fin de que no queden en olvido los 
escritos del Sr. D. Gaspar, de que dan noticia, por si dejasen de publi- 
carse. 

Madrid 31 de Mayo de 1831. 



Joaquín Cean Bermudez. 



i6 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



APÉNDICE 



Comienza por la página 10 de las Memorias, línea 4, donde dice: 
No era fácil. Dígase: 

No era tan fácil en aquel tiempo conseguir una toga, como en el 
segundo reinado de Cárlos IV, que se daba en dote á los que se casa- 
ban con camaristas de la reina, y se proveían á los débiles aduladores 
del privado. Sígase en la línea 8, Consultábanlas ; etc. 

Página 6<?, línea 1. a , dice: Entusiasmado S. Af., léase: 

Entusiasmado S. M., corría á contar á la reina todo lo que le refe- 
rían, y la reina, con su sagacidad, todo lo apoyaba y celebraba, al paso 
que se destrozaba su corazón, pues veía que el término á donde se di- 
rigían aquellas oposiciones era la ruina de su favorito, como causa prin- 
cipal de los males que intentaban cortar. No hubiera tenido reparo en- 
tonces en sacrificarle, á pesar del indecente amor que todavía le profesa- 
ba; pero le interesaba demasiado suconservacion por el temo r de que 
en su caida manifestase los arcanos que le había confiado. Calla: obser- 
va los progresos de aquellas sesiones, y cuando nota que el rey princi- 
pia á conocer la ignorancia y absurdos de Godoy, le llama, le instruye 
de todo lo que pasa, y determinan la perdición de los dos ministros. 

Se ignoran los medios; pero lo cierto es que, desde entonces, y án- 
tes de salir Jove Llanos del Escorial para Madrid, fué acometido de có- 
licos, que jamas había padecido; que aquí le prosiguieron, sin haberle 
dejado salir cuando el rey para Aranjuez; que en este real sitio llegaron 
á ser convulsivos, y que el médico Sobral, sospechoso de la causa de su 
enfermedad, le obligó á beber todos los dias grandes porciones de acei- 
te de olivas, hasta la de un cuartillo en cada vez, con lo que logró al- 
gún alivio; y que Saavedra llegó hasta los umbrales del sepulcro en San 
Ildefonso, esperándose por momentos los últimos de su vida. Antes que 
éste cayese malo, se vió Godoy en la precisión de renunciar la secreta- 
ría de Estado, que ya hacía tiempo despachaba, viendo el descontento 
del rey y el horror con que le miraba. Esta era la ocasión, decían algu- 
nos, de haber acabado con él, desterrándole, á lo ménos, del reino, 
cuando debían conocer que Godoy dominaba á la reina, y la reina al 
rey, como lo confirmó el decreto que al mismo tiempo que le separaba 
de los negocios le llenaba de honores y distinciones. 

No contentos con esto, insistieron en perseguir con mayor encarni- 
zamiento á los que suponían sus enemigos. Saavedra fué la primera 
víctima, pues su aguda enfermedad le dejó en estado de no poder se- 
guir en el ministerio. Cuando éste se hallaba en lo más crítico de ella, 



APÉNDICE Á LAS MEMORIAS DE CEAN 



17 



•sin esperanzas de vida, acusaron á Jove-Llanos de ateísta, hereje y ene- 
migo declarado de la Inquisición, comprobándolo con un expediente 
promovido por el gobernador del arzobispado de Granada en la secre- 
taría de Gracia y Justicia pocos dias después de haber entrado D. Gas- 
par en ella. Aunque el rey estaba bien enterado de él, del informe res- 
petable que le acompañaba y de la última exposición que el mismo 
Jove-Llanos le había hecho en el asunto, comenzó á titubear con la acu- 
sación de sus enemigos, y aprovechándose éstos de la pusilanimidad y 
preocupaciones del monarca, le amedrentaron de tal manera, que le obli- 
garon á que firmase inmediatamente el decreto de exoneración del mi- 
nisterio, como lo ejecutó en 15 de Agosto de 1798 (1). 

Sígase leyendo en la página jo, línea 26: Esta es la brevísima y com- 
pendiada historia del efímero ministerio de D. Gaspar de Jove-Llanos, 
que duró nueve meses y siete dias, á manera de preñado, omitiendo mil 
anécdotas que la decencia no permite referir. En este tiempo, y en me- 
dio de sus angustias, enfermedad y persecuciones, procuró Jove-Llanos 
la seguridad de los vasallos que habían vivido hasta entónces persegui- 
dos y asustados con destierros y continuas prisiones; el pronto despa 
cho de sus solicitudes; la libertad de poder los dueños disponer de süs 
casas; la instrucción pública, como se verá en la exposición que hizo al 
rey sobre este punto; la protección de las artes y de la industria; el pre- 
mio de los que le merecían, y, en fin, intentó con sana intención refor- 
mar ó extinguir un tribunal que creía coartaba el progreso de las cien- 
cias y la primitiva autoridad de los obispos. 

Debe seguir leyéndose página 77, línea 24, que dice: Capítulo XIV. 

Página 7 '8, línea 4, donde dice: No quiero recordar, léase: 
No es tiempo ahora de recordar la ingratitud é infame conducta de 
los malsines que maquinaban la ruina del Instituto, y del inocente y 
benéfico D. Gaspar de Jove-Llanos, miéntras se desvivía por hacer ta 
felicidad de su país. Algunos yacen en el olvido de sus sepulcros, y 
otros vagan en países extraños arrastrando la cadena de sus remor- 
dimientos. Jamás fueron tan bien apoyadas ningunas calumnias como 
las que estos miserables elevaron al solio del vengativo Godoy. Se las 
dirigieron por el inmundo conducto de un confidente suyo, á quien in- 
censaban con bajas y torpes adulaciones, haciéndole creer que él solo 
era capaz de purificar el sencillo país que Jove-Llanos corrompía con 
las erróneas doctrinas que sembraba en el Instituto. Poco tenía que es- 
forzarse el ignorante confidente para persuadir la inmolación de la ino- 
cente víctima, cuando el inmolador oía con gusto sus acusaciones; pero 
ántes de consumar el sacrificio hubo de consultarlas con el tremendo 
tribunal para hacerle más cruento. Este, que estaba tranquilo y contento 
con haberle separado del ministerio y alejado de la corte, no tuvo por 
conveniente tomar cartas en el asunto, ya fuese por temor de entrar en 
contestaciones con tan aguerrido enemigo, ó ya porque habiendo practi • 
cado ántes algunas diligencias acerca de la doctrina que se enseñaba 

(1) Más adelante se extracta el citado expediente, y se copia la exposición que 
el Sr. Jove-Llanos hizo al rey. 

2 



l8 BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

en el Instituto, y de los libros que tenía en su biblioteca, no había ha- 
llado delito suficiente para acusarle, con lo que se disculpó. 

El caso fué, que habiendo comenzado á indagar en Gijon un Comi- 
sario eclesiástico sobre dichos puntos, le halló Jove-Llanos una siesta en 
la librería del Instituto, leyendo en Locke. No pudo el Sr. D. Gaspar 
esconder su disgusto, pero le reprimió hasta la hora de estar allí. Da- 
das las tres, salió con él, y le dijo que no le había gustado verle en aquel 
sitio y en hora tan desusada, pues cierto carácter que tenía le hacía mi- 
rar con desconfianza, y áun tomar un partido muy repugnante á su ge- 
nio, que era prevenirle, que sin su licencia, no volviese á entrar en la 
biblioteca. El Comisario protestó que sólo le había llevado la curiosidad, 
que no tenía ningún encargo, y que le era muy sensible privarse de 
aquel gusto. — No quedará frustrada la aplicación de usted, — le respon- 
dió ofreciéndole los libros que pidiese para leer; le pidió uno, mandó dár- 
sele, y se despidieron. No quedó muy satisfecho Jove-Llanos de la res 
puesta del eclesiástico, y dijo: 

«¿Qué será esto? ¿Por ventura empieza alguna sorda persecución 
»del Instituto? ¿De este nuevo Instituto consagrado á la ilustración y 
»albien público? ¿Y seremos tan desgraciados que nadie pueda ase- 
gurar semejantes instituciones contra semejantes ataques? ¿Y qué 
«ataques? ¡Dirigidos por la perfidia; dados en las tinieblas; sosteni- 
»dos por la hipocresía y por la infidelidad á todos los sentimientos 
» de la virtud y la humanidad! Pero guárdense... Yo sostendré mi 
«causa... Ella es santa... Nada hay, ni en mi institución, ni en la 
» biblioteca, ni en mis consejos, ni en mis designios, que no sea di- 
rigido al único objeto de descubrir las verdades útiles. Yo rechaza- 
ré los ataques, sean los que fueren, y si es preciso moriré en la 
> brecha. » 

Dijo esto para que lo contasen al Comisario, y el Comisario no dejaría 
de escribirlo al que le había dado la comisión. Lo cierto es que no vol- 
vió á la biblioteca, ni el Tribunal prosiguió en sus indagaciones, por lo 
que no hubo de querer meterse después con un sujeto que estaba tan 
bien preparado á rebatir sus ataques. 

Sígase leyendo página 79, línea jo, «Hasta ahora,» etc. 

Página 99, línea 7, donde dice: Y teniendo presente, léase: 
Y como se tratase en él de la necesidad de anunciar á la nación que 
sería convocada á Cortes, excitó D. Gaspar de antemano al sabio ca- 
nónigo D. Francisco Martinez Marina á que escribiese la historia de 
estas augustas Asambleas del reino, quien, dócil á sus persuasiones 
y penetrado de un ardiente celo patriótico, emprendió la gran obra 
que se acaba de imprimir en Madrid y de publicar con general acep- 
tación. 

Sígase leyendo en la misma página 99, línea 16, el párrafo que 
dice: Paso en silencio. 

Página IJ2, después de la línea 22 y última, léase lo siguiente: 
Para fin y postre de este presente capítulo, copio parte de unas con- 



APÉNDICE Á LAS MEMORIAS DE CEAN 



19 



versaciones filosóficas y económicas que principió el Sr. D. Gaspar á 
formar en borrador, con el fin de entretener y divertir al lector, á quien 
me lisonjeo no desagradará. 

CONVERSACION SOBRE EL TRABAJO DEL HOMBRE 

D. Teodoro.— D. Hemeterio. 
D. Hemeterio. 

La araña. ¡Mire usted (1) dónde fué elhombre á buscar su ejemplo! 
D. Teodoro. 

Mejor para vos. Pudiera haberle buscado en la astucia de la zor- 
ra, en la ingeniosidad del simio, en la grave penetración del elefan- 
te: pudiera en alguna de estas admirables repúblicas de animales, de 
insectos, en que el Autor de la naturaleza ha querido presentar para 
admiración, y acaso para enseñanza del hombre, unos perfectos de- 
chados de laboriosidad, de frugalidad, de igualdad, de unión y or- 
den social; en los castores, abejas, en las hormigas; pero cita un in- 
secto conocido de todos, porque así anida en las rendijas y escondri- 
jos de nuestras moradas, como en las aberturas de los campos, y así 
tiende sus redes en los ángulos de una alcoba, como en la alta copa 
de un roble, ó sobre los granos de la deleznable arena. No es la ara- 
ña sola la que presenta á nuestra reflexión estas maravillas: no hay 
insecto, no hay viviente, por despreciable que sea, que no pueda pre- 
sentar otras tantas, y esto que el orgullo del hombre, remontado 
siempre á regiones desconocidas, ó corriendo en pos de lo raro y lo 
remoto, apénas empieza á volver los ojos en torno de sí y á estudiar 
los entes que le rodean: ¡qué de maravillas no le quedan aún por des- 
cubrir, cuando, convertido al estudio de la naturaleza, se ocupa en 
investigar la altísima y sapientísima inteligencia, que brilla en la mas 
pequeña de sus obras! 

D. Hemeterio. 

Todo esto es muy bueno; pero me parece que la araña nos ha sa- 
cado del camino, y nos ha llevado muy léjos de nuestro asunto. Vol- 
vamos á él cuanto ántes, no sea que demos en algún derrumbadero. 

D. Teodoro. 

Tened paciencia, D. Hemeterio, que no es extraño lo que os pa- 
rece serlo, sino una serie de observaciones tan exactas como opor- 
tunas, para distinguir la esencia del principio activo, que reside en 
los brutos y en los hombres. Sin duda que, comparado el hombre 
rudo y salvaje con cualquiera de estos vivientes... 

D. Hemeterio. 

Decid con la araña; que pues el Señor la escogió para caballo de 
batalla, y no la soltará, si algún San Jorge no le mata entre las pier- 
nas, en ella le seguiremos hasta el fin de la jornada. 

D. Teodoro. 

En hora buena. 

(1) En el original se emplea la abreviatura Vm. 



20 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



CONVERSACION SOBRE EL ORIGEN DEL LUJO 

D. Teodoro. — D. Hemeterio. — La marquesa de... 
D. Teodoro. 

A fe, D. Hemeterio, que hoy no esconderá usted su curiosidad, 
pues ella sola le puede hacer venir tan temprano. 

D. Hemeterio. 

Os engañáis. Vengo temprano á consultar una duda, para partir al 
punto. 

D. Teodoro. 

¿Cómo? 

D. Hemeterio. 

No seréis vos, á fe mia, quien la decida, como de ordinario. La 
consulta habla con nuestra Marquesa. Tentóme el diablo á decir á 
mi mujer cuál era el asunto señalado para nuestra conversación, y 
tentóla á ella á ser de la partida, especialmente cuando supo que ha- 
bía de presenciarla la Marquesa. ¿Detenerla? Ya sabéis la vehemen- 
cia de su genio; pero al fin me formalicé, y lo único que pude reca- 
bar de ella es que vendría á consultarlo, y que lo que la Marquesa 
dijese, eso se haría. 

Marquesa. 

¡Qué bello modo de soltar la carga! Si mi dictámen no le agrada- 
re, ¿sobre quién caerá la culpa? 

D. Teodoro. 

Amiga, esa es la pensión de quien aconseja; mas cuando este es 
un oficio debido á la amistad, es preciso sufrirla por ella. Decid, 
pues, libremente. 

Marquesa. 

Pues que no venga. 

D. Hemeterio. 
;Rayo y qué pronto! Voy á decírselo; pero temo... 

Marquesa. 

No; yo os ahorraré el trabajo. (Tocando la campanilla.) 

D. Hemeterio. 
¿Cómo? (Entra un paje,) 

Marquesa. 

Recado de escribir. Yo respondo que no se enojará. (Vuelve 7 

paje con la escribanía, y escribe la Marquesa.) 

D. Hemeterio. 

A fe que si vos resolviérais tan prontamente nuestras dudas, du- 
raran ménos nuestras conversaciones. 

D. Teodoro. 

La irresolución no es ciertamente el vicio de las mujeres. 



APÉNDICE Á LAS MEMORIAS DE CEAN 



2 1 



Marquesa. 

Veamos si lo es la imprudencia. (Lee.) «Querida mia: Si no quie- 
»res fastidiarte, no caigas en la tentación de oir á nuestros diserta - 
adores. La materia puede interesar á nuestro sexo; pero por si tu 
«marido fuese parcial con el suyo, yo te contaré cuanto se dijere 
»sobre ella. Adiós; hasta mañana.» Toma, Juanito; lleva este papel 
á mi señora doña... 

D. Hemeterio. 
¡Lindo! ¿Así queréis comprometerme? Yo cerraré mis labios. 

D. Teodoro. 

Nuestra conversación no tendrá por objeto la censura del lujo, 
sino la averiguación de su raíz. Conocerla será dar un gran paso ha- 
cia su remedio. 

Marquesa. 

Así lo creo; por lo ménos yo puedo aseguraros que, si hay algu- 
no, no se hallará ni en los sermones délos moralistas, ni en las de- 
clamaciones de los filósofos, ni áun, lo que es más, en las invectivas 
y las burlas de los poetas. 

D. Hemeterio. 
¿Conque será un mal incurable? 

Marquesa. 

No lo sé; pero en cuanto á nuestro sexo, sé que se pierde el tiem- 
po en combatirle. Somos como los niños indóciles. La contradic- 
ción nos irrita y exaspera. 

D. Hemeterio. 

Pues yo respondo también que la exhortación y el consejo, por 
más suaves que sean, tampoco alcanzan. 

D. Teodoro. 

Ved ahí por qué importa mucho descubrir su raíz y dar sólo en 
ella. No hay otro medio de mejorar los hombres. Las pasiones nacen 
de su propia constitución. El exceso las convierte en vicios. Si pues, 
en vez de atacar la raíz, atacáis al tronco de estos excesos, trabajareis 
en vano. ¿Conocéis algún crimen á que no se haya opuesto una ley 
represiva? Sin embargo, los delitos se multiplican. Exacerbad sus pe- 
nas: nada habréis hecho. Es preciso buscar la raíz, y trabajar en 
ella. Vamos, pues, á nuestro asunto, y veamos cuál puede serla raíz 
del lujo. ¿Qué pensáis de esto, Mariquita? 

Marquesa. 

Nada. Yo no soy capaz de subir á tales especulaciones. Conozco 
el lujo de mi sexo: veo algunas de sus causas inmediatas, tales como 
el deseo natural de distinguirse; el ejemplo que se propaga desde la 
opulencia á la medianía; la estimación que da el vulgo á todos los 
signos de la riqueza y poder; el sincero aprecio que hacen las gentes 
frivolas de lo que es magnífico, pomposo, exquisito, y finalmente, la 
afectación con que otras, que no lo son, aplauden, ó, por lo ménos, 
lo toleran... Pero ¿cómo puedo yo conocer el origen de las causas? 



22 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



D. Teodoro. 

Sin duda cada una de estas causas será efecto de otra, y tal vez lo 
será de otra más alta; porque si en el órden físico el nombre no 
ve más que efectos, y siguiendo la cadena de las causas jamás pue- 
de tocar á los elementos, ó primeros principios, ¿cómo lo conseguirá 
en el órden moral, que ha observado tan poco, y cuya cadena es 
tanto más larga cuanto él es más sublime? 

Marquesa. 

Según eso, ¿no podremos dar con la primera raíz del lujo? 
D. Teodoro. 

No por cierto; ni de eso se trata. Pero podremos tal vez hallar en- 
tre sus causas alguna más alta y general que influya en todas, ó las 
más, que conocemos, y ésta, como ya indiqué, podrá ser la igno- 
rancia. 

Marquesa. 

Pero ¿qué relación pueden tener con la ignorancia estas causas, 
cuando vemos que el lujo es principalmente un vicio de las clases 
más instruidas? Porque, sea la que fuere nuestra educación, no nega- 
reis que las gentes más ricas son las mejor educadas. 

D. Teodoro. 

Puede ser que os lo niegue otro dia; pero por este instante lo per- 
mito. ¿Y no podrá contribuir al lujo esa que llamáis mejor educa- 
ción? Prescindamos por ahora de si el lujo puede nacer de ella, y 
decidme si ella no opone ningún freno, ningún límite, ningún reme- 
dio al lujo; esas clases que decís bien educadas, ¿por lo ménos no será 
en esta parte negativamente mala? 

Marquesa. 

Por cierto que sí; y yo no os negaré que en esta parte lo es po- 
sitivamente viciosa. 

D. Teodoro. 

Tiénese por una obligación de decencia en la nobleza ataviar y en- 
galanar á los niños, y desde la edad más corta se les carga de dijes 
y joyas, y se les viste de ropas gayas y ricas. Se adoptan para vestir- 
los las formas de estilo, y no hay adorno de un petimetre que no se 
vea también en un niño. No há mucho tiempo que yo vi rapar la 
hermosa cabellera de uno para ponerle un peluquin. Esto, sin duda, 
es dar cebo al amor propio, léjos de reprimirle. 

Marquesa. 

Vuestra objeción es muy justa. Pero ¿sabéis que con respecto á mi 
sexo lo es mucho más? Los hombres, por fin, saliendo al mundo, ha- 
llan en sus estudios, en sus destinos, en sus mismos entretenimientos, 
siempre varios y activos, la necesidad de despreciar, ó la ocasión de 
moderar la afición del ornato. Pero ¿qué hará una jóven acostumbra- 
da desde niña á estimarse y sobresalir por su adorno y vestido? ¿Qué 
hará cuando, al entrar en el mundo, ve que este cuidado ocupa todo 
su sexo, y es materia á la estimación ó desprecio de los hombres? 



ArÉNDICE Á LAS MEMORIAS DE CEAN 



23 



D. Teodoro. 

Ved, pues, ahí el origen y el fomento de una pasión que arruina 
tantas familias. 

D. Hemeterio. 

Yo lo veo sin duda; pero esto parece poco remediable. ¿Queréis 
-que descuidemos el aseo de los niños? ¿O pretendéis que los hijos de 
un caballero, ó un rico comerciante, vayan vestidos como los de un 
plebeyo? 

Marquesa. 

Ved ahí dos cosas á que no se puede responder de una vez. El 
aseo es un objeto esencial á la educación; acostumbrad á los niños 
á la limpieza y al aseo, y los amarán toda su vida. Pero en la segun- 
da yo no veo la necesidad de distinguir las clases por el color ó la 
forma del vestido. Harto distinguidas están en la sociedad por las le- 
yes y las costumbres, y harto lo serán por su materia; pues miéntras 
usted renueva el vestido de sus hijos, el pobre remendará y zurcirá las 
¿roseras ropas de los suyos. 

D. Teodoro. 

Añadid á esto que la forma, debiendo ser determinada por la na- 
turaleza, ni puede ser indiferente, ni sufrir distinciones que ella des- 
conoce. La niñez es la edad de la acción y del desenvolvimiento: el 
mucho abrigo la disipa, las ropas largas la embarazan, las muy ajus- 
tadas la enflaquecen. Todo esto tiene relación con la salud y la ro- 
bustez; todo, por consiguiente, debe ser igual. 

Marquesa. 

Veo que tenéis razón; pero pues que la elección de estas formas 
debe ser libre, y ellas pueden variarse sin salir de vuestros principios, 
.¿por qué reprobareis que un caballero vista los suyos como le aco- 
mode? 

D. Teodoro. 

Tal no pretendo. Veo que la forma del vestido admite mucha va- 
riedad; pero ¿no habrá alguna que sea precisamente la mejor? Pues 
esa quería yo: esa adoptará la educación cuando la instrucción, y no 
-el capricho, la dirija. Aun el color no me parece indiferente en este 
punto. Vestid á un niño de blanco, y una de dos: ó le dejareis puer- 
co, ó le haréis mudar veinte veces al dia. Su ocupación será correr, 
saltar, jugar con cuanto encuentre. Hacedle amar la limpieza, mirar 
con disgusto el desaliño; pero vestidle de un color que no le embara- 
ce á sus acciones y á sus juegos. 

Marquesa. 

Esta observación es también muy fuerte en las niñas. ¿Creeréis que 
he estado siempre persuadida á que la esterilidad de Marianita tiene 
su origen en el uso de la cotilla? Yo me crié con ella: sé que la acos- 
tumbraron á ajustarse desde muy niña, y por más que la predico, no 
puedo quitarla esa costumbre. Dice que sin la cotilla no sabe tener- 
se; que si la afloja siente debilidades de estómago, y yo tengo para 
mí que estas debilidades, estos vapores y estas continuas indisposi- 
ciones que la afligen, tienen allí su origen. 



2 4 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



D. Hemeterio. 

La cosa es posible; pero ved la niña de la vizcondesa tan llena de 
males, y dice Marianita que es por haber adoptado la moda de an- 
dar floja. 

Marquesa. 

Y tiene razón. El mal está siempre en los extremos. Llevaba án- 
tes cotilla; ahora ni corsé. Iba ántes abrigada, ahora sin ropas, por- 
que el vestido á la griega no las permite: los brazos hasta el hombro; 
se ha descubierto el pecho, parte de la espalda... ¿Qué queréis?.. 
Noches pasadas se resfrió al salir del baile; el tiempo estaba cruel: 
¿cómo queréis que tales usos sean indiferentes á la salud? 

D. Teodoro. 

¿Y cómo lo serán á la moral? Sin meternos á declamadores, no 
deberemos olvidar que toda educación tiene un fin primario, que es 
hacer los hombres buenos y robustos. Sin hablar, pues, de otros ar- 
tículos, ¿pretendereis que el vestido sea indiferente para uno y otro? 



Así queda este diálogo, sin concluir. 

Página ISS) donde concluye el Capítulo IV, sobre el informe de 
la Ley agraria, deben leerse los dos siguientes Diálogos, cuyos borrado- 
res, de letrilla muy menuda, halló el Sr. Cean entre ¿os papeles del se- 
ñor Jove Llanos; y aunque están sin limar ni corregir, quiere copiar- 
los aquí para finalizar con sainete este capítulo. 

DIÁLOGO PRIMERO 
D. Lope.— D. Julián. 
D. Julián. 
Conque ¿no le ha leido usted? 

D. Lope. 

Nc quiera Dios que le lea. 

D. Julián. 

Pues mire usted que, á fe mia, es buen libro. 

D. Lope. 

Por tales se ponderan cuantos hoy se escriben, y lo que es más? 
cuantos se traducen de otras lenguas; y por vida mia que, entre mu- 
chos pestilentes y pésimos, no he visto uno solo que toque en media- 
no. No, Sr. D. Julián, estoy desengañado; he cerrado ya mi propósi- 
to. No quiero leer nada, nada, sino el libro de las verdades. 

D. Julián. ^ ' , 

La Biblia, ¿eh? 



APÉNDICE Á LAS MEMORIAS DE CEAN 



2 5 



D. Lope. 

Gracias á Dios que la tengo bien leida; y aunque, gracias á su mi- 
sericordia, que su lectura nunca me cansa, todavía en ese santo libro 
quiero más bien meditar. 

D. Julián. 
Pues ¿á cuál llamáis libro de verdades? 

D. Lope. 

A la Guía de forasteros. 

D. Julián. 
A fe que contiene muchas. 

D. Lope. 

Y todas indispensables. Los dema? sean para usted, que gusta de 
mantener con su dinero este frenético cacohetes, que aflige nuestras 
prensas y infesta la razón de nuestro público, sólo en bien y prove- 
cho de escritores zurdos y traductores hambrientos. Quémese en hora 
buena las cejas leyendo pedanterías y vaciedades; y, si lo es, déjeme 
con mi manía. 

D. Julián. 

¡A Dios no plegué que quiera yo en tal materia importunar á na- 
die! pero manía fuera si no tuviese alguna excepción, siquiera en fa- 
vor de los libros cuyo objeto es el bien nacional. 

D. Lope. 

¡Lindo! Hé aquí la añagaza que han inventado de nuevo las plu- 
mas aventureras para hacer sudar. ¡Pobre D. Julián! Por fin usted, con 
todo su despejo, cayó también en el garlito. ¡Ya se ve! ¿qué habían de 
hacer? Antes se escribían libros de devoción, y por la miseria de los 
tiempos ya son poco leídos. ¡Teología, leyes!... ¡Dios nos libre! apes- 
tan de cien leguas; y áun en las universidades, hasta los escolares 
barbilampiños quieren estudiar el dogma en ensayos, el derecho en 
compendios, y las facultades mayores en Memorias y Diccionarios. 
¿Quién no mira ya como cuentos de viejas á nuestros venerables cro- 
nicones, y tiene la historia por una sarta de patrañas? Y desde que 
á mi tocayo el gran Lope de Vega se le hizo pasar por un poetrasto, 
y á las comedias de Calderón por una bazofia, ¿quién podrá hacer 
caso de la poesía? Así que otro tiempo, otros gustos. Los escribido- 
res olieron el del dia, y se dieron á proyectistas. Los españoles dije- 
ron amar mucho á su patria: démosles por aquí, y correrá el oficio; 
y cátate qué, lo que ellos llaman economía política, se hizo la cien- 
cia de moda. ¡Qué de planes, proyectos, reformas, ideas y tratados 
no escriben y traducen! Mostradme uno que nos haya dado sal para 
echar al puchero. ¡Pobre nación, si no le ha de venir el bien de otra 
mano! 

D. Julián. 

Pero ¡pobre nación si cierra los ojos á esta luz! Yo no soy abona- 
dor de cuanto se escribe en economía; pero si lo que es bueno de esta 
especie se desprecia, os digo... 



26 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



D. Lope. 

¡Oiga! ¿Conque vuestro libro es de economía? Otra cosa me anun- 
ciaba su título. Al oir Ley Agraria, me figuraba yo que era un trata - 
do completo de agricultura, en el cual, enseñándose cómo se había 
de sembrar el trigo y el centeno, plantar los olivares y las viñas, y 
cultivar los pepinos y las calabazas, se pretendía mandar á los labra- 
dores que hiciesen bien su oficio. ¿De qué trata, pues, si no es de 
esto? 

D. JULIAN. 

Esto que nos decís, no pertenece á las leyes; el oficio de éstas no 
es enseñar, sino proteger. De esto trata el libro: de las leyes relati- 
vas á la protección de la agricultura. 

D. Lope. 

¿Más leyes todavía? Ve ahí otra razón para que no le lea. Estamos 
plagados de ellas: no damos un paso sin que nos salgan al encuen- 
tro: ¡y se quiere todavía que tengamos más leyes! 

D. Julián. 

No, señor; lo contrario. Se quiere reducir á ménos esas leyes, ó, 
por mejor decir, se quiere que tengamos pocas, y si usted me apura, 
ninguna. 

D. Lope. 

¡Graciosa extravagancia! Cada vez empeoráis vuestra causa; pero 
casi estoy tentado á complaceros, sólo por ver cómo el autor des- 
empeña tan nunca oida paradoja. 

D. Julián. 

Hacedlo, y veréis que no lo es, sino una obra dictada por el más 
puro patriotismo, reverentemente dirigida al primer Tribunal del rei- 
no, y que sólo respira el más ardiente deseo de su bien y prosperidad. 

D. Lope. 

Como soy cristiano, que me vais poniendo en mayor tentación. 
Pero ¿quién es el autor que se atreve á proponer cara á cara á todo 

un Consejo de Castilla tan escandaloso sistema? 

D. Julián. 

Hasta eso habla en mi abono. La obra no tiene autor, pues tiene 
tantos, que no se le puede señalar ninguno. La Sociedad Patriótica 
de Madrid, que es decir una congregación de personas respetables 
por su instrucción y por su celo, consultada por el Consejo sobre un 
famoso expediente, en que está cifrado el mayor interés público, ex- 
pone su dictámen en este informe. 

D. Lope. 

Basta. La obra tiene, sin duda, toda la autoridad extrínseca que 
puede desearse. Sin embargo, como los cuerpos colegiados no escri- 
ben; como de ordinario dan este encargo á algún individuo, y por 
exceso de urbanidad ó de confianza suscriben á su trabajo, no me pe- 
saría saber quién fué el autor de este escrito. 



APÉNDICE Á LAS MEMORIAS DE CEAN 



2 7 



D. Julián. 

De saberlo tendréis, porque lo dice el prólogo. Básteos por ahora 
saber que la Sociedad ha prohijado todo su escrito. 

D. Lope. 

Pues bien, le leeremos. Pero ya es tarde. Otro dia... 

D. Julián. 

¿Mañana? 

D. Lope. 

Está bien. Es dia festivo y libre de negocios; pero no me le em- 
boquéis por Dios de una sentada. 

D. Julián. 

No por cierto. Yo sé bien que, en empezando, no le querréis de- 
jar de la mano; pero yo os iré á ella, porque es de la especie de li- 
bros que, no sólo son para leídos, sino rumiados. 

D. Lope. 

Pues á la buena de Dios, y hasta mañana... ¡Ah! Cuidado que no 
hemos de perder el paseo. 

D. Julián. 

El libro no es pesado. Si queréis le llevaremos á la playa... 
D. Lope. 

Y leyendo, y paseando, y charlando... Eso me place. Hasta ma- 
ñana. 

Determinado al fin D. Lope á oir leer el consabido informe, en fuer- 
za de las razones que le expuso D. Julián, quedan de acuerdo en que 
éste le lleve el dia siguiente y se lea paseando y disputando en la pla- 
ya, á la orilla del mar, con lo que se finaliza el primer diálogo. 

En el segundo se agrega L>. Pedro, tercer interlocutor, convidado 
por D. Julián para asistir á la lectura del libro. Llegan los dos al si- 
tio señalado antes que D. Lope, y mientras tanto murmuran de su ex- 
travagancia en no querer leer ningún libro moderno, y describen la de- 
liciosa escena de la playa. 

DIÁLOGO SEGUNDO 
D. Julián, D. Pedro y hicgo D. Lope. 

D. Pedro. 
¡Cómo! ¿No ha venido todavía Lope? 

D. Julián. 

No sé qué le detiene; pero no importa, es aún temprano. Dare- 
mos una vuelta por esta playa, que está ciertamente deliciosa. 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



D. Pedro. 

Ya sabéis que es mi paseo favorito. El mar es un espectáculo su- 
blime, que jamas cansa. La vista, tendida por su inmensidad, halla 
siempre que admirar en él: ora esté tranquilo y deje ver en el lejano 
horizonte las naves que le cruzan, llevadas por el viento al Este ó al 
Sudoeste, ora agitado venga á quebrantar sus olas sobre las altas pe- 
ñas de nuestra costa. 

D. Julián. 

Añadid á esto la frescura de la playa, así agradable en las siestas 
de los serenos dias del invierno, como al caer de la tarde los del es- 
tío. La limpieza de las rojas arenas que el mar barre y nivela en las 
alternadas crecientes, dejando un piso, ni tan blando que fatigue la 
planta, ni tan duro que resista la huella. De otra parte, ved cuán ad- 
mirable contraste hace el opuesto horizonte, cortado á lo léjos al ho- 
rizonte por los altos Picos de Europa, y por el Mediodía y Poniente 
por las deliciosas colinas que ciñen nuestro concejo, y en cuya suave 
falda se asientan acá y allá tantas aldeas pobladas de numerosos ca- 
seríos, donde los espesos montezuelos, las ricas pederías, cubiertas 
de ganados y floreciente cultivo, ofrecen á los ojos una escena bellí- 
sima, y en ella la imágen de la abundancia. Yo no sé... pero allí 
viene Lope... ¡Qué prisa trae! ¿Si creerá que nos ha dado chasco? 

D. Julián. 

No por cierto. No dijo á qué hora vendría, y nosotros hemos an- 
ticipado la del paseo. Harto tiempo nos queda para leer un buen 
rato. 

D. Pedro 

¡Quiera Dios que nos deje! No hay que apearle del empeño en que 
ha dado, ni forma de hacerle leer un libro nuevo... Pero ya se acer- 
ca. Veamos qué le ha detenido. 

D. Lope. 

¡Qué carrera me ha hecho usted tomar! Pero la doy por bien em- 
pleada. 

D. Julián. 

¿Pues qué hay de nuevo? 

D. Lope. 

Lo diré. Pero ¿quién ha hecho de nuestra partida á este máula, 
que anda siempre por su lado? 

D. Pedro. 

Supe cuál era el objeto de vuestra cita, y vine á oiros un poco, 
que también tengo yo mi cacho de curiosidad. 

D. Lope. 

Y á fe que en demasía. Por leer, leerás hasta las coplas de Calaí- 
nos. ¿Pero sabéis (á D. Julián) que he hecho un grande hallazgo? 
¡Venidme ahora con libros de economía! 

D. Julián. 
Pues ¿qué tene's de nuevo contra ellos? 



APÉNDICE Á LAS MEMORIAS DE CEAN 



29 



D. Lope. 

Nada y mucho. 

D. Pedro. 

Quisicosa. 

D. Lope. 

Nada, porque contra tales libros tengo hoy lo que ayer: mucho; 
porque traigo ya calificado el que tenéis entre las manos. 

D. Julián. 

Vaya qué venís para enigmas. ¿Calificado sin leerle? 

D. Lope. 

Mucho que sí. Otro le ha leido, y aún apostillado muy de pro- 
pósito, me ha dicho á qué se reduce, y de su autor, de sus principios 
y de su doctrina me ha dado tal idea, que Dios me lo perdone. 

D. Julián. 

Conque según la cuenta, ¿ya nos ahorraremos el trabajo de leerle? 
D. Lope. 

Todo lo contrario; mi curiosidad es ya furiosa. 

D. Julián. 

Vaya, pues no se haga usted el misterioso. Explíquenos lo que 
ha pasado acerca de nuestro libro. 

D. Lope. 

De mil amores. No poco picado de curiosidad venía yo á las cua- 
tro de mi casa, cuando á la vuelta de la esquina di de hocicos con 
D.... Ya veis que no se trata de un cualquiera, sino de un sujeto tan 
conocido por su profunda erudición y general literatura, como por su 
celo y noble franqueza. Preguntóme dónde iba. Díjeselo, con todo 
lo que pasó en nuestra conversación de ayer. Arqueó las cejas, son- 
rióse después, y sin detenerme: — No te arriendo la ganancia, me dijo; 
y se iba. Detúvele, roguéle que me explicase lo que quería decirme . 
Dudó; pero al fin tomóme de la mano, llevóme á su casa, y sacando 
de su librería un ejemplar del informe sobre el expediente de la Ley 
Agraria, le abrió, y dijo: — Mire usted. Miré, y vi, en efecto, que esta- 
ba todo escrito de mano por las márgenes, pié y cabeza de las hojas, 
entre renglones, y áun al fin en no sé cuántos pliegos añadidos de 
propósito y escritos en letra menuda. Santigüéme á vista de tan in- 
menso comentario. ¿Y qué es esto? exclamé: ¿con qué fin se ha es- 
crito aquí tanto? — La materia de este libro, me dijo, es demasiado 
importante para que un buen español la pueda leer sin interés, y me- 
nos sin tomar partido en sus opiniones. Esto me sucedió. Cada ren- 
glón, cada palabra me sugería un millón de reflexiones; quise apun- 
tarlas, y es lo que tenéis delante. — Supongo, le dije, que serán repa- 
ros. — Algo de eso hay; pero hay también impugnaciones, invectivas, 
paráfrasis y escolios y alabanzas; porque no os puedo negar que, en- 
tre tanto malo, tiene este libro algo de bueno. — Dádmele por nuestra 
vida, le dije, y acabaré de confundir á D. Julián, para que acabe 
de escarmentar en materia de libros nuevos. — No daré tal, respondió. 



3o 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



Yo escribo para mí y no para otros. He satisfecho vuestra curiosidad, 
y basta... — ¿Satisfecho?... Antes la habéis exaltado furiosamente. Dí- 
goos que no le soltaré de la mano... ¿Creéis que abusaré de vuestra 
confianza? Dádmele, y no le verá sino D. Julián, y si queréis algún 
otro amigo. — ¿Y que de uno en otro se vaya evaporando el secreto? 
No, señor, no por mi vida. Pero mire usted: yo he creido siempre 
que discurrir sobre tales materias es una cosa muy importante, y muy 
digna de los que aman al público; por tanto, yo consentiré en que us- 
ted y su amigo vean mis observaciones y hablemos sobre ellas, mas 
con dos condiciones: primera, que el libro no ha de salir de mis ma- 
nos; segunda, que lo que dijéremos ha de quedar secreto entre nos- 
otros, no sea que el diablo... — Entiendo, le dije; acepto el partido con 
sus condiciones. Venid conmigo, y traed el libro. D. Julián nos espe- 
ra en la playa. — Cachaza, compadre; hoy no puede ser, porque me 
espera el Dr... para pasear y refrescar. — ¿Pues cuándo? — Avisándome 
la tarde que quisiéreis, y adiós; y se fué. ¿Eh? ¿Veis ahora cómo mi 
desconfianza era justa?... ¡Ya se ve! No se trata sino de reformarlo 
todo. Para reformar se quiere destruir: se da al traste con cuanto han 
dicho los nuestros, y todo el mundo se echa á adivinar y pregun- 
tar. ¡Ah, buenos viejos! ¡Ya me espantaba yo de que el autor no 
fuese de la secta modernista! 

D. Julián. 

¿Con que os dijo quién era el autor del papel? 

D. Lope. 

Lo vi en el frontispicio con letras gordas. 

D. Julián. 
¿Y le conocéis por ventura? 

D. Lope. 

En mi vida le vi; pero vi mucho de él, y leí alguna cosa. En fin, 
le conozco por una comedia que anda por ahí. Ved lo que esperaré 
de su papel. 

D. Julián. 

Si la comedia es buena, no sé por qué esperareis un papel malo. 
D. Lope. 

Buena ó mala, escribir una comedia me parece cosa, no ya impro- 
pia, sino muy reprensible, en un magistrado que debe consagrar to- 
dos sus instantes al foro. Pero los magistrados de hoy creen que pue- 
den leer y saber de todo. Unos se meten á eruditos, otros á filósofos, 
y otros á economistas. « ¡Ah, buenos viejos!» digo otra vez, y otras mil. 

D. Julián. 

Injusticias habéis hecho en lo que acabáis de decir al autor de 
nuestro papel (La Ley Agraria). Primera, tacharle por haber escrito 
una comedia sin examinar si era mozo ó viejo cuando la compuso; 
si el asunto de ella era frivolo ó grave; si en ella descubrió ingenio 
y buenos principios ó no; y sobre todo, si por escribirla faltó ó no 
á su principal obligación, y segunda, en creer que escribiéndola fal- 



APÉNDICE Á LAS MEMORIAS DE CEAN 



3s 



tase á su obligación; cuando nadie le tachó en ella. Si en vez de fal- 
tar con sus estudios privados al desempeño de su público ministerio, 
no los sigue y cultiva sino después de haberle consagrado todo el 
trabajo que aquél puede exigir, ¿quién se atreverá á reprender sus 
ocios, y más si miéntras otros se abandonan en los suyos á la desidia, 
él trata de instruirse para ser más útil? 

D. Lope. 

Pero dado por sentado todo eso, ¿creéis que el ingenio de los ma- 
gistrados estará bien empleado en hacer versos? No, amigo mió; el 
ministerio ^público no lo permite. Suyos son el talento, la instrucción , 
el tiempo y la vida del magistrado. Consagrarlos á otros objetos, es 
defraudar al público de su sociedad. Es un robo verdadero. 

D. Julián. 

A fe que estáis muy riguroso; y aunque no quisiera que saliésemos 
del asunto, pues hoy lo que veo, ya no leeremos por este papel, y por 
otra parte se trata de calificar á su autor, veré si puedo desengañaros. 
Y para que no creáis que estoy preocupado en favor de este escritor, 
quiero dar este encargo al amigo D. Pedro. 

D. Pedro. 

¿A mí? No, amigo mió; ya que os habéis metido en el empeño, 
ved cómo salís de él, que yo... 

D. Julián. 

No, no os asustéis, que sólo quiero que me respondáis á algunas 
preguntas, que pues no tenéis partido en la disputa, lo haréis con 
imparcialidad. Decidme: ¿podrá un magistrado, después de haber 
llenado sus obligaciones, salir un rato á dar un paseo, jugar una 
partida de tresillo, ó asistir á una tertulia? 

D. Pedro. 

Sí por cierto. Ellos son, como decía Sancho Panza, hombres de 
carne y hueso, y por lo mismo que trabajan para el público, son tam- 
bién acreedores á su descanso. 

D. Julián. 

Está bien, y echemos adelante un paso, pues que restituís una par- 
te de la propiedad de su tiempo que usted le quería robar. Deduzca 
ahora si ellos son acreedores á algunos ratos de ocio: ¿quién les po- 
drá disputar su uso? Nadie, si ya bajo el nombre de uso no compren- 
déis el abuso de ellos. 

D. Pedro. 

Estoy muy léjos de eso. 

D. Julián. 

Suponed que no consagra estos instantes al sueño, al paseo, á la 
conversación ó á algún honesto pasatiempo; y que otro, aficionado 
al estudio, los dedica á la lectura de materia agradable, aunque aje- 
na á su profesión: ¿cuál de estos dos será más recomendable á vues- 
tros ojos? 



32 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



D. Pedro. 

El último; porque al fin cultiva su ingenio, y, como decía el otro, 
el saber no ocupa lugar. 

D. Julián. 

¿Y por ventura le negareis el derecho de leer á Homero y á Vir- 
gilio, á Garcilaso ó á Fray Luis de León? 

D. Pedro. 

Tampoco. 

D. Julián. 

Muy bien. Suponed, pues, que el Altísimo le haya dado un poco 
de genio para la poesía: ¿no le permitiréis siquiera que escriba unas 

endechas? 

, D. Pedro. 

Mucho vais apurando; pero en fin, os es concedido, que es dueño 
de estos instantes; y como las endechas no sean malas, tanto vale 
que pierda el tiempo en escribirlas, como que pierda el dinero al me- 
diator. Yo creo que vale más; pero me basta lo dicho. 

D. Julián. 

Ahora bien: supongamos que el diablo le tentó de hacer una co- 
media, y que la hizo: ¿tendréis derecho para culparle? 

D. Pedro. 

Esta respuesta á lo ménos debe ser de cargo de D. Lope. 
D. Lope. 

Pues yo digo que ese hombre no habrá cometido culpa, pero ha- 
brá caido en un defecto. Hay cosas que pueden ser en sí graves ó in- 
diferentes, pero de que se debe abstener un magistrado, porque des- 
dicen de la gravedad de su profesión. 

D. Julián. 

Usted es muy injusto, ó muy preocupado. Habéis oido que un ma- 
gistrado puede ocupar el tiempo, y áun perderle, en pasear, jugar 6 
dormir; que es loable el que dedica sus ocios á la lectura, aunque sea 
de los poetas; si pues tiene ingenio para hacer versos, ¿por qué será 
más culpable en escribirlos que en leerlos? Magistrado era Plinio el 
Mozo, y confiesa que se entretenía en hacer endecasílabos; lo era 
Cicerón, y escribía versos, y harto mejores de los que cree el vulgo. 
Este gran filósofo, satisfaciendo á los que censuraban sus estudios, 
como ajenos de su profesión, — si yo, decía, consagro al foro todos los 
instantes que mi obligación requiere; si cuando los negocios lo piden 
no distraigo uno solo á otros estudios, ¿quién me culpará de que de- 
dique los que me deje libres á estudios que me instruyan y me ha- 
gan más útil á mis ciudadanos? 

¡Qué lástima! Así acaba el borrador de este Diálogo, sin concluirse, 
dejándonos, como se suele decir, á media miel. Pero dice lo sufi- 
ciente para tapar la boca á los necios, sectarios de las antiguas preocu- 



APÉNDICE Á LAS MEMORIAS DE CEAN 



paciones, fundadas sobre fórmulas y apariencias farisáicas. Lo que im- 
porta es que el lector se persuada, primero: de que el joven D. Gaspar, 
cuando se dedicó á componer El delincuente honrado, no faltó un pun- 
to á las principales obligaciones de su empleo, como yo y todos los que 
entónces le tratamos lo hemos visto, pues ya era un ejemplo de aplica- 
ción, de pureza y de rectitud; segundo: de que eso mismo lo confirma 
el argumento de su comedia, pues no pudiera concebirle ni desempe- 
ñarle si no estuviera ya adornado con estas virtudes, é imbuido en las 
grandes máximas que contiene, y tercero, de que Jove Llanos, pudien- 
do disfrutar del ocio/del juego y de otros desahogos que gozan impu- 
nemente los magistrados más austeros, aprovechó el tiempo que hubie- 
ra de emplear en ellos y en el sueño en aquellos estudios privados, no 
tan ajenos, como se piensa, de la magistratura, que tanto le instruyeron 
é ilustraron, para poder escribir una obra tan singular como el Infor- 
me sobre la ley agraria, que le confirma de gran economista; y una co- 
media tan moral y celebrada como El delincuente honrado, que le acre- 
dita de buen juez y de buen poeta cómico. 

Algo de lo mucho que sigue en este Diálogo se copiará más ade- 
lante en el capítulo que trata de la tragedia El Pelayo y de la comedia 
El delincuente honrado, que el mismo Jove Llanos compuso, por venir 
allí más al caso y para concluirle con fin de fiesta. 

(Véase en este Apéndice.) 

Se continuará leyendo en las Memorias á la página ijó, Capitulo V. 

Página iji, linea 26, que dice: Tal era la arbitrariedad, etc. Le'ase: 
Tal era la arbitrariedad con que el promotor del despotismo en Es- 
paña intentaba, etc., y sígase leyendo en la pág. 27. 

Página 185, linea 31, dice: De la navegación del Nalon. Léase en- 
tre esta voz y principio de la oración siguiente: «No es mi ánimo,» los 
siguientes renglones: 

Empresa proyectada y propuesta más bien por espíritu de partido y 
de interés particular, sin contar con el encargado principal de esta Co- 
misión, aprovechándose de su ausencia, que por un deseo del bien ge- 
neral de la provincia. 

Página 224, línea 26, donde dice: Cuando un sujeto mal aconseja- 
do, etc. Léase: 

Cuando un sujeto mal aconsejado de bajos aduladores, á quienes el 
favor del déspota había elevado del polvo á un empleo de la mayor 
confianza del público, premio en otro tiempo de altas virtudes y de 
grandes servicios á la patria, y á quien tributaban bajas adulaciones y 
viles obsequios los mismos que sin este favor ni le mirarían á la cara 
ni le contarían en el número de sus paisanos, intentó averiguar el esta- 
do de las cuentas de aquel camino. Si no fuese por ofender demasiado 
la memoria del miserable, que ya no existe, copiaría aquí la contesta- 

3 



34 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



cion de Jove Llanos al oficio que le pasó el día 20 de Diciembre de 
aquel año. En ninguno de los escritos se nota haber pasado los lími- 
tes de su prudencia y moderación característica sino en éste, al ver 
ofendidos su pureza, desinterés é integridad, que conservó inviolables 
toda su vida, hasta el extremo de supersticioso y ridículo. 
Sígase leyendo en la página 225, párrafo, línea cuarta. 

Página 237, después de la última línea, le'ase el borrador de la es- 
critura. 



«Digo (el Excmo. Sr. D. Gaspar Melchor de Jove Llanos, etc ): 
que por cuanto le consta que el ilustre Ayuntamiento de esta villa, 
consultando á la salud de su común y al remedio de la epidemia de 
fiebres que padece de algún tiempo á esta parte, tiene acordado la 
construcción de un cementerio, para lo cual se practican actualmen- 
te las más convenientes diligencias, teniendo presente que la estre- 
chez y poca ventilación de la única iglesia parroquial de esta villa, y 
el gran número de cadáveres que se sepultan en ella, no sólo en 
tiempo de mortandad extraordinaria, sino también en los ordinarios, 
á causa del aumento que ha tomado esta población, hace más ur- 
gente é indispensable esta providencia; que, por otra parte, es tan 
conforme á los antiguos cánones, disciplina de la Iglesia y costum- 
bres del reino, y señaladamente á la real cédula de 3 de Abril 
de 1787. Y considerando que una de las dificultades que puede ha- 
llar esta providencia en su ejecución del derecho de sepultura, que la 
citada real cédula preserva á los que la gozaban con título de pro- 
piedad ántes de su publicación, y deseando concurrir por su parte á 
facilitar tan santa obra, á remover los inconvenientes que pueden 
oponerse á ella, y á animar con su ejemplo á otros, desde luégo por 
la presente renunciaba y renuncia libre y espontáneamente, y sin gra- 
vámen ni condición alguna, así el derecho de sepultura y enterra- 
miento que le pertenece en la Capilla de los Reyes, que es de su pa- 
tronato, sino también el que le pertenece á otras sepulturas en la 
iglesia parroquial, por la adjudicación hecha de ellas á sus ascendien- 
tes y causantes, asi al tiempo de la construcción de la iglesia, como 
en los cupos arreglados por sentencia de los Ordinarios eclesiásticos 
de este obispado, declarando, como solemnemente declara por la 
presente escritura, que su voluntad es que, cuando quiera que se ve- 
rificare su fallecimiento, se le entierre en el cementerio que ahora se 
construyere, ó en el que tuviere el mismo destino al tiempo de su fa- 
llecimiento, y no en la iglesia, á no ser que á la sazón no hubiere 
todavía cementerio. Y asimismo declara esta renuncia del derecho de 
enterramiento y sepulturas particulares en cuanto está de parte de la 
voluntad del otorgante, debe ser extensivo á todos los individuos de 
su familia presentes y futuros, y entenderse absoluta y perpetua, por- 
que en ella nada reserva de cuanto le sea permitido por derecho ce- 
der y renunciar, pues otro tanto lo cede y renuncia en beneficio de la 
libertad de la Iglesia y del importante establecimiento que da ocasión 
á ello. Y por cuanto podrá darse si esta renuncia es compatible con la 
reserva del patronato de dicha Capilla de los Reyes y de los demás 
derechos á él anejos, para remover de una vez esta duda, y también 
para remover cuanto está de su parte del templo del Señor unas dis- 
tinciones que suelen ser incentivo de orgullo y vanidad, más bien qiu* 



APÉNDICE Á LAS MEMORIAS DE CEAN 



35 



de piedad y verdadera devoción, y que por lo mismo fueron descono- 
cidas en los antiguos y venerables siglos de la más pura disciplina 
eclesiástica, y parecen ménos conformes al espíritu de simpHcidad y 
humildad con que debe presentarse el hombre en el templo ante el 
acatamiento de su divino Criador, desde luégo, por la presente escri- 
tura c de y renuncia: Primero, el derecho de asiento que tiene en di- 
cha iglesia parroquial y su capilla, y la silla que en ella tiene, dis- 
tinguida con el blasón de su casa; segundo, el estrado de su casa, co- 
locado en la dicha capilla para uso de las señoras de la familia; y 
tercero, el patronato ¿e la misma capilla con todos y cualesquiera 
derechos y distinciones á él anejos. Y desde luégo consiente y quiere 
que se remuevan de dicha capilla los citados silla y estrado, para lo 
que autoriza al señor cura párroco de esta villa para que lo verifiqu- 
en la forma que mejor le pareciere, quedando desde ahora la dicha cae 
pilla libre y común en su uso, sin sujeción á derecho de patronato ni 
otro alguno. Y por cuanto en la citada capilla está fundado un ani- 
versario, declara asimismo no ser su ánimo alterar en manera alguna 
el cumplimiento de esta piadosa obligación; ántes bien, está pronto á 
cumplirla en lo sucesivo con la misma exactitud que hasta aquí, y en 
caso necesario la ratifica de nuevo por esta escritura; pero sin que 
por eso se entienda que la quiere extender á más de lo que es en sí, 
y conforme á la fundación del dicho aniversario, pues que su ánimo 
es continuar cumpliéndole, ni más ni ménos. Y por cuanto para ve- 
rificar la ejecución de dicho nuevo cementerio podrá estimarse nece- 
sario colocarle en el recinto de la misma iglesia parroquial, y á este 
fin tomar alguna porción del prado llamado de la Atalaya, propio de su 
casa, si así sucediese y se estimase, desde luégo cede por la presente 
escritura, en beneficio de dicha obra y sin gravámen ni condición al- 
guna, la parte del referido prado que se estimase necesaria. Y últi- 
mamente, teniendo entendido que por falta de fondos en la villa y 
de otros medios para construir el dicho cementerio se trata de cos- 
tearle por medio de una suscricion general, si ésta se verificase, 
desde luégo ofrece para ella la cantidad de mil y quinientos reales ve- 
llón, para concurrir por cuantos medios están en su arbitrio á una 
obra tan piadosa y de tan urgente necesidad en esta población, y 
para dar al ilustre Ayuntamiento y á todo el vecindario una prueba 
más del amor que les profesa y del ardiente interés que toma por su 
felicidad. Y para que estas cesiones y renuncias tengan el más debi- 
do cumplimiento, desde luégo dicho señor otorgante quiere que, sa- 
cándose dos copias auténticas de esta escritura por el presente escri- 
bano, se entregue la una al señor juez primero y noble de esta villa, 
para que, dando cuenta de ella respectivamente al ilustre Ayunta- 
miento y al venerable clero de ella, la mande archivar, y la segun- 
da, etc. > 



Monumento digno de eterna memoria y de grabarse en las paredes 
del cementerio, ó más bien en los corazones de los vecinos y naturales 
de aquella villa, por serlo del pundonor, de la piedad y de la religión 
de quien le dictó, y de un excesivo amor á sns compatriotas. 

Sígase al Capítulo XII ] página 238. 

Página 242 , línea 18, donde dice: Le representó \ léase:... le represen- 
tó lo siguiente: 



36 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



«Para fijarla en favor de este importante objeto, pudiera bastarla 
absoluta necesidad en que se halla de este camino el principado de 
Asturias; pues aunque la naturaleza, dándole una costa tan extendida 
y bien situada, le convida á un poderoso comercio con nuestras pro- 
vincias litorales, nuestras colonias y de América y con los pueblos del 
Norte, no teniendo ninguna comunicación con las provincias interio- 
res de la Península, ni un solo camino abierto al paso de carruajes, 
su industria y su comercio se hallan en el mayor desaliento, y forzo- 
samente reducidos á la corta esfera de su consumo. 

»Pero cuando yo expongo á V. E. sobre la necesidad de este ca- 
mino, no trato solamente del bien de Asturias, sino también del de 
todas las provincias que están al Mediodía de sus montes. Trato de 
abrir una comunicación, sin la cual jamas podrán prosperar las pro- 
vincias de León y Ponferrada, de Zamora, Salamanca y Ciudad-Ro- 
drigo, y áun el extremo oriental de Extremadura. Porque ¿dónde lle- 
varán estas provincias los sobrantes de sus granos, sus vinos, sus li- 
nos, sus aceites y manufacturas? ¿Ni de dónde recibirán los pre- 
ciosos frutos de Andalucía y Valencia, los azúcares, cacaos y tintes 
de nuestras colonias, el bacalao, la sal y todos los efectos ultramari- 
nos que necesitan para su consumo? Los puertos del Mediodía y Le - 
vante están á inmensa distancia de ellas, y poco ménos los de Gali- 
eia, que distan más de cincuenta leguas del punto más cercano. Aun- 
que los de Cantabria estén más inmediatos, todavía se hallan á do- 
ble distancia que los de la costa de Astúrias: situados á veintidós le- 
guas de la capital de León. Es, pues, claro que todas estas provin- 
cias necesitan una comunicación directa con Astúrias, tanto más que 
el mismo principado. 

» Acaso se dirá que estas provincias no tienen en el dia grandes so- 
brantes que extraer; pero el objeto del camino es que los tengan, como 
seguramente los tendrán, cuando por una parte se abarate la conduc - 
cion de los géneros que reciben y de los que pueden extraer,y por otra 
se abra á su tráfico una esfera de consumo y provisión más dilatada. 

«Esta sola ventaja animará su agricultura, principalmente desma- 
yada por falta de comunicación con el mar. Al aumento de la agri- 
cultura se seguirá naturalmente el de brazos y mantenimientos, que 
son las basas principales de la industria, y creciendo ésta, crecerá 
también el comercio, que al mismo tiempo que se alimenta de una y 
otra, las anima y enriquece. 

»Cuál sea el estado de estas provincias, no puede esconderse á V. E. 
Aunque tan fértiles y dilatadas, es constante que su población es re- 
ducida, su cultivo débil y su industria y comercio ningunos. Sin duda 
que son varias las causas de este atraso; pero la mayor y más cono- 
cida es la falta de comunicación con el mar; y siendo el de Astúrias 
el más cercano, la justicia y el bien público claman á una porque se 
abra este paso á su costa. Abierto que sea, la nación recibirá otro be- 
neficio de mayor extensión é importancia, aunque hasta ahora desco- 
nocido. Tal será un ahorro incalculable en la extracción de las lanas. 

>V. E. sabe que udo de los extremos de la trashumacion de las 
merinas son las montañas de León, donde vienen todas á veranear 
de los invernaderos de Extremadura. La falta de comunicación con 
la costa de Astúrias fijó los esquileos y lavaderos en las faldas de 
Guadarrama, esto es, en un país frió y falto de pastos, y tan distan- 
te de los pastos veraniegos, como de los puertos de mar. Pero supón- 
gase abierta la comunicación de Astúrias, y se verá que los esquileos 
y lavaderos se sitúan á la orilla del Beruesga y del Luna, esto es, á 



APÉNDICE Á LAS MEMORIAS DE CEAN 



37 



los piés de las montañas de León. Esta profecía es tanto ménos aven- 
turada, cuanto se apoya sobre el interés de los mismos ganaderos. Las 
ventajas de la situación indicada serán: primera, que las ovejas con- 
duzcan sus lanas hasta el pié de las mismas montañas en que han de 
veranear; segunda, que no tengan que atravesar desnudas cincuenta 
leguas de un país frió y desamparado en una estación expuesta á he- 
ladas, lluvias y ventisca; tercera, que la tonsura se haga en un país 
más templado y más abundante de pastos; cuarta, que los lavaderos 
tengan á. la mano abundantes y regaladas aguas; y quinta, que las 
lanas cortadas y empacadas allí, sólo tengan que andar veintidós le- 
guas hasta el puerto de extracción, en lugar de cincuenta ó sesenta 
que ahora hacen con enorme dispendio. 

»Para conseguir tan grandes ventajas no se piden fondos exorbi- 
tantes. Las provincias de Asturias y León están prontas á concurrir 
á esta empresa; pero no teniendo bastantes fuerzas para costearla del 
todo, piden que se les ceda el producto del arbitrio de dos reales en 
fanega de sal, que contribuyen al fondo general de caminos, quedan- 
do á cargo de cada una suplir lo que falte para construir la parte del 
que les corresponde. Instancia que parece también apoyada en rigu- 
rosa justicia, porque sólo reclaman lo que contribuyen, y para el 
mismo destino de esta contribución. 

«Tampoco se trata de un camino de inmensa extensión. La dis- 
tancia de León al mar es de veinticinco leguas comunes, que por la 
nueva medida itineraria pasarán poco de veintidós. Están ya cons- 
truidas ocho leguas y media de las veinticinco, con los dos puentes 
más costosos de toda la travesía. De las diez y seis y media que res- 
tan por construir, las tres y media costarán poquísimo, por la igual- 
dad y firmeza del suelo. Por consiguiente, se trata sólo de un cami- 
no de trece leguas de medida común, que están por mitad á la parte 
de Asturias y á la de León, y que con buenos auxilios podrían fran- 
quearse en tres ó cuatro años. 

» Todos los medios de verificar esta empresa y todas las econo- 
mías que puede recibir están propuestas en mi citado informe de 2 1 
de Junio de 1794. Ruego, por tanto, á V. E. que se digne tomar- 
los en consideración, y concurrir con la favorable resolución de este 
expediente, no sólo al bien y consuelo de tantas provincias, sino 
también á la prosperidad nacional.» 

El resultado de esta representación, en que se demostraba la nece- 
sidad de la pronta construcción de la carretera y las grandes utilidades 
que produciría á muchas provincias del reino, fué que la dirección de 
Caminos propuso al Superintendente la consignación de ocho mil rea- 
les mensuales, el sobrante del arbitrio de la espala, portazgos y pon- 
tazgos, y algún auxilio del fondo pío beneficial, y que se nombrase á 
Jove Llanos por director de la obra, encargándole que con la Junta del 
Principado propusiese otros arbitrios. El Superintendente aprobó el nom- 
bramiento del Sr. D. Gaspar; pero no la consignación, por insuficiente, 
y mandó que se buscasen otros recursos. Fué muy celebrada en Astu- 
rias esta resolución; pero Jove Llanos decía: 

«Todo el mundo cuenta con la carretera, y yo no. ¡ Ah! ¡Si logra- 
se dar este auxilio á mi país y á las provincias vecinas! De él 
pende la felicidad de unas y otras.» 



38 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



Después del Capítulo XII, que concluye página 247, le'ase otro ca- 
pítulo suprimido sobre el 

TRIBUNAL DE LA INQUISICION 

A muy pocos dias de estar despachando el Sr. D. Gaspar de Jove 
Llanos el ministerio de Gracia y Justicia, se le presentó el asunto que 
había de servir de pretexto en adelante para arrojarle de aquel empleo. 

D. Francisco Pérez de Quiñones, deán de la santa iglesia metropo- 
litana de Granada, y gobernador de aquella diócesis en ausencia del 
muy reverendo arzobispo, por estar en santa visita, dirigió al ministro 
Jove Llanos, en 2 de Diciembre de 1797 una representación quejándo- 
se de la conducta y procedimiento de la Inquisición de aquella ciudad, 
porque sin contar con la legítima autoridad del diocesano, había dis- 
puesto cerrar y tabicar, en 7 del anterior Octubre, un confesonario que 
hacía más de diez y ocho años estaba en uso en el monasterio de las re- 
ligiosas de Santa Paula de la misma ciudad, sujeto á la inmediata juris- 
dicción del Arzobispo, que por haber considerado el deán que el Tri- 
bunal se había excedido y usurpado al prelado su jurisdicción, había 
mandado abrirle. En esta atención, y á las razones que exponía en su fa- 
vor, suplicaba inclinase el ánimo del Rey á que sostuviese la resolución 
que había tomado, y á que protegiese la autoridad episcopal, como pro- 
tector general de la Iglesia y de sus vasallos. 

El ministro dió cuenta al Soberano de lo contenido en la represen- 
tación, y enterado S. M. de todo y de los principios y máximas sobre 
que obraba la Inquisición, y de los libros por donde se dirigía contra la 
jurisdicción de los Obispos, y contra la soberanía de los Reyes, mandó 
que se remitiese al reverendo obispo de Osma, D. Antonio Tavira, una 
copia de la citada representación, y otra del testimonio con que la ha- 
bía acompañado el deán, para que, examinando "uno y otro, y enterado 
de que, deseando S. M. conservar ilesos los derechos del Trono y del 
Episcopado, no consentiría los usurpase ni menoscabase el Tribunal de 
ía Inquisición, propusiese la providencia que en aquel caso estimase 
más conveniente. Lo que así se ejecutó por una real órden firmada de 
Jove Llanos en Aranjuez á 15 de Febrero de 1798. 

Contestó el reverendo obispo en 2 del siguiente Marzo con aque- 
lla sabiduría, celo y prudencia que le caracterizaban, apoyando cuanto 
exponía el Gobernador del arzobispado de Granada en su representa- 
ción, á quien declaraba digno por su firmeza de los mayores elogios, 
y confirmando con hechos los excesos de la Inquisición en los estre- 
chos límites de su autoridad contra la venerable y legítima de los obis- 
pos, pues no había ninguno en España á quien no hubiese atentado, y 
áun á él mismo, siendo obispo de Canaria, por haberse resistido á que se 
calificase su provisor ántes de pasar á votar en aquel tribunal, acom- 
pañando una copia de la representación que entónces había hecho con 
aquel motivo, y de la cual no había tenido aún respuesta ni resolución 
alguna. En fin, después de haber satisfecho el reverendo obispo de 
Osma á todos los puntos contenidos en la exposición del deán, y á los 



APÉNDICE Á LAS MEMORIAS DE CEAN 



39 



que S. S. añadía en la suya, fué de dictamen: que se desaprobase la 
conducta de la Inquisición de Granada, declarando que no debió en- 
trometerse á turbar la jurisdicción del arzobispo, y que así éste como 
los demás ordinarios del reino pudiesen hacer las declaraciones que es- 
timasen convenientes sobre las bulas y el derecho que les suponían 
para entender en el delito de los solicitantes en el sacramento de la Pe- 
nitencia; que convendría pasar á otras manos la autoridad de prohibir 
libros; que se siguiesen las causas del Santo Oficio conforme al dere- 
cho común; que quedase expedita la soberana prerrogativa del recurso 
al Rey, puesto que ni la Inquisición ni otro tribunal puede sustraerse á 
esta superior inspección; y que debería abolirse enteramente en la In- 
quisición la cruel é inhumana prueba del tormento, como un oprobio 
de la mansedumbre sacerdotal. Esto es, en resumen, lo que contenía el 
dictámen del reverendo obispo, que he querido abreviar; porque ha- 
biéndose impreso todo él en Sevilla poco tiempo hace, podrán leerle á 
su sabor los que se interesen en un asunto de tanta importancia. 

El Rey no pudo oir con indiferencia lo que informaba y proponía el 
sabio obispo de Osma, á quien respetaba mucho tiempo había por su 
doctrina y predicación, que tantas veces había oido siendo príncipe; y 
deseoso de poner en ejecución su dictámen, encargó á Jo ve Llanos to- 
mase las medidas conducentes al efecto, y que le hiciese una sencilla 
exposición de lo que era el Tribunal del Santo Oficio, para que, con 
un completo conocimiento, pudiese resolver lo más conveniente y 
acertado en el asunto. El ingenuo ministro, abrasado del celo de la jus- 
ticia, del órden y del bien de la humanidad, sin temer á los malsines 
que rodeaban al imbécil monarca, ni la conjuración que se levantaría 
con él, reunió antecedentes, practicó activas y secretas diligencias, y 
con el resultado de ellos y de ellas, formó y leyó á S. M. el manifiesto 
siguiente: 

«Señor: La jurisdicción del Tribunal de la Inquisición no es pri- 
vativa, sino acumulativa. No es propia, sino delegada. No es abso- 
luta, sino limitada: en su ejercicio, porque debe ejercerse juntamen- 
te con el Ordinario ó persona que nombrare; y en su objeto, porque 
está reducida á las causas de fe. 

»Aun en éstas lo está al conocimiento de los delitos de herejía y 
apostasía. Sólo puede proceder previas dos delaciones: prender cuan- 
do estén bien averiguados, y castigar cuando el reo estuviese confe- 
so, ó fuese plenamente convicto. 

»Que en la materia de la disputa el derecho de conocer que se le 
dió, dejó salvo el derecho original de los obispos por las Bulas de 
Pió IV y Gregorio XV; que aunque se dice revocado, esta revoca- 
ción no se publicó, ni consta á los prelados ni á nadie, pues que los 
documentos citados por el inquisidor general prueban sólo que se 
trató en revocar; y pues que no se hizo, prueba también que no se 
tuvo ni por justo ni por conveniente; que ademas la Bula del gran 
Benedicto XIV renovó las antiguas y preservó los derechos episco- 
pales. 

>Que ademas de esto, la Inquisición nunca pudo proceder por sí 
sola á la publicación de tales edictos: primero, porque su jurisdic- 
ción no es para disponer ni declarar, sino para castigar y corregir, 



40 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



pues que puede castigar los herejes, mas no declarar las herejías; 
segundo, porque si no puede juzgar sin la concurrencia del Ordinario 7 
ménos podrá mandar y disponer sin ella; tercero, porque no se trata 
del delito perteneciente á su jurisdicción primitiva, esto es, de delito 
contra ia fe, sino de uno que puede cometerse, salva la buena creen- 
cia; cuarto, porque la solicitación sólo supone lujuria, y si la luju- 
ria hiciese sospechosos en la fe ¡Dios mió! ¿cuántos no caerían en las 
garras del Santo Tribunal? quinto, porque su fundación, ó por mejor 
decir su fuero, no es real ni local, sino personal, y por tanto sus 
providencias no deben recaer sobre cosas ni lugares, sino sobre per- 
sonas. 

»Que fué fundada á los fines del siglo xv, y coetánea á la expul- 
sión de los judíos. Su objeto, proceder contra los que, habiendo ab- 
jurado el judaismo en público, le profesaban en secreto. Sus fórmu- 
las se acomodaron á este objeto, y de ahí el misterio de sus proce- 
dimientos. De aquí la infamia que cubrió á los descendientes de es- 
tos conversos, reputados por infames en la opinión pública. Las le- 
yes la confirmaron, aprobando los estatutos de limpieza de sangre, 
que separó á tantos inocentes, no sólo de los empleos de honor y 
confianza, sino de entrar en las iglesias, colegios, conventos, y hasta 
en las cofradías y gremios de artesanos. De aquí la perpetuación del 
odio, no sólo contra la Inquisición, sino contra la religión misma, y 
la obstinación en su antigua creencia, bien descubierta cuando la ex- 
pulsión de los moriscos á la entrada del siglo pasado, y eternizada 
irremediablemente después. 

»Que la fe ya tiene poco que temer de los herejes, y nada de los 
judíos, pero mucho y todo de los impíos. Que no sólo tiene que te- 
mer de los que hay en el seno de la nación, que, por la misericordia 
de Dios, serán muy contados, sino de los que no pertenecen á ella, 
pues en las gacetas, los diarios, los libros y folletos extranjeros cun- 
den sin remedio las doctrinas impías, y entre las varias gentes que 
vienen á correr por España, y los empleados en destinos diplomáti- 
cos y objetos de comercio é industria, hay y puede haber muchos de 
estos propagandistas. 

» Que contra tamaño mal es corto dique la Inquisición: primero, 
porque sus individuos son ignorantes y no pueden juzgar sin los ca- 
lificadores; segundo, porque lo son éstos también, pues no estando 
dotados, los empleos vienen á recaer en frailes, que lo toman sólo 
para lograr el platillo y la exención de coro; que ignoran las lenguas 
extrañas; que sólo saben un poco de teología escolástica y de moral 
causista, y áun en esto siguen las encontradas opiniones de su escue- 
la; tercero, porque esto hace necesariamente lentos y vacilantes unos 
juicios que exigen resolución y celeridad; cuarto, que sólo podría 
oponer un remedio eficaz la jurisdicción de los Obispos, más natural, 
más autorizada, más grata y respetable al pueblo, y más llena de hu- 
manidad y mansedumbre, como emanada del poder que les ha dado 
el Espíritu Santo; quinto, que los Obispos, ayudados de sus vicarios 
generales, de sus cabildos y del respetable cuerpo de sus párrocos, 
podrían extender la vigilancia hasta los últimos rincones de sus dió- 
cesis, perseguir la impiedad en sus guaridas y aplicar los remedios 
más prontos y eficaces; sexto, que esto es todavía más necesario en 
cuanto á la prohibición de libros, porque requiere providencias prontas 
para que no cundan, y el método de la Inquisición no las permite; sép- 
timo, que esto lo conoce el mismo Inquisidor general en la carta diri- 
gida al ministro de Estado, que se me ha pasado en oficio de... del 



APÉNDICE Á LAS MEMORIAS DE CEAN 



41 



corriente, en que propone el establecimiento de una mesa censoria- 

;>Todo clama por la reintegración de los obispos en sus derechos 
perdidos y su jurisdicción usurpada, y más que todo las circunstan- 
cias del dia, en que la conservación de la fe va á estar librada sobre 
su celo y autoridad. A la muerte del Santo Padre un horrendo cisma 
amenazará á la Iglesia. Si se verificare, el rebaño de cada nación 
tendrá que acogerse y reunirse bajo sus pastores, y moverse y apacen- 
tarse al sonido de su silbo. 

»Aun evitado el cisma, existirá la misma necesidad. Los Papas 
ya no tendrán dominios temporales, y con todo pugnarán por con- 
servar sus cardenales, su curia, sus congregaciones, su autoridad, sus 
bulas, sus dispensas, y áun pugnarán por extender sus facultades, 
para sacar más lucro de ellas, porque este está en la condición y en 
el órden natural de las cosas humanas. 

«¿Cuál es, pues, la necesidad de los Estados en tal situación? Redu- 
cirlos al ejercicio de las funciones esenciales de la primacía de la 
Iglesia, aquéllas que ejercieron por espacio de ocho siglos; reintegrar 
en su autoridad á los obispos; reducir á su jurisdicción los frailes, y 
los que con nombre de exentos no reconocen ningún superior en la 
nación. En una palabra: no buscar fuera nada de lo que, según la 
religión de Jesucristo, los cánones reconocidos por la Iglesia y anti- 
gua y venerable disciplina, se puede hallar dentro, esto es, en los 
Obispos y pastores depositarios de la fe, y en V. M., que es el pro- 
tector nato de la Iglesia, defensor de los cánones, y padre y consue- 
lo de sus pueblos. 

»Por tanto, reduciendo mi dictámen, propondré á V. M. el plan 
de diferentes decretos, para que, viéndolos, examinándolos y medi- 
tándolos, elija el que fuere más conforme á sus reales y piadosas in- 
tenciones.» (1798) 

No llegó el caso de que el Rey mandase á Jo ve Llanos extender los 
decretos, por los motivos que se han expuesto en este Apéndice, que 
corresponde al Capítulo XIII de la primera parte. El resultado fué la 
deposición del Ministerio, y el sacrificio por haber sostenido los dere- 
chos de los Obispos. 



EXTRACTO DE UEOS DIARIOS 

EN QUE ESCRIBIÓ 

JOVE LLANOS 

desde 20 de Agosto de 1790, hasta, 20 de Enero de 1801 

HECHO 

POR DON JUAN AGUSTIN GEAN BERMUDEZ 

EN MADRID AÑO DE 1813 



COPIADO POR SU HIJO D. JOAQUIN EN EL DE 1831 
ÚNICO EJEMPLAR MANUSCRITO 



ADVERTENCIA DEL SR. CEAN 



Es una preciosísima colección de papeles escritos de su puño, divi- 
dida en nueve legajos, en que apuntaba todo lo que leía, escribía y 
ejecutaba cada dia desde que se levantaba hasta que se acostaba, dan- 
do razón en cada uno del temperamento y de las novedades que en él 
ocurrían. Y como durante el tiempo en que la escribió hubiese esta- 
blecido el Instituto asturiano, proyectado las obras de Gijon, evacua- 
do muchas y graves comisiones de órden del Gobierno, y hecho va- 
rios viajes por el Principado de Asturias, la Rioja, Vizcaya, Castilla y 
León, es un semillero de noticias muy interesantes, no solamente de su 
vida, sino también de todos los parajes por donde anduvo, pues descri- 
be con puntualidad y maestría todo lo que en ellos encontró, con rela- 
ción á su geografía física, civil y eclesiástica, á su agricultura, pobla- 
ción, industria, comercio y bellas artes. 

Intento el extractarla, á pesar de ser empresa ardua y prolija, sin 
omitir alguna otra descripción y relación de las muchas que contiene, 
para muestra de su importancia y para recreo y satisfacción de los que 
aprecian sus obras. 



DIARIO PRIMERO 



Empieza en 20 de Agosto de 1790, en que volvió de Salamanca á 
Madrid con motivo de la prisión de su amigo el conde de Cabarrús; 
refiere lo que le aconteció los cuatro dias que permaneció en la corte, 
su viaje á Gijon, los tres que inmediatamente hizo en Astúrias á exa- 
minar las minas de carbón de piedra que el Gobierno le había encarga- 
do, y finaliza en su casa de Gijon el dia 28 de Octubre del mismo año. 
Ademas de las descripciones qua hace de las minas, de las circunstan- 
cias de los pueblos por donde pasó, y del estado en que halló la obra 
de la Colegiata de Covadonga, dice: 

«En la jornada de Rivadesella, por Collia Telas de araña, her- 
moseadas con el rocío; así (las diseña): Cada gota un brillante re- 
dondo, igual, de vista muy encantadora. Marañas entre las árgomas 
(aulagas), no tejidas vertical, sino horizontalmente; muy enredadas, 
sin plan ni dibujo. ¡Cosa admirable! Hilos que atraviesan de un ár- 
bol á otro á gran distancia, y que suben del suelo á las ramas sin to- 
car el tronco, metiéndose en un callejón. ¿Por dónde pasaron estas 
hilanderas y tejedoras, que sin trama ni urdimbre, ni sin lanzadera, 
peine ni enjullo tejen tan admirables obras? ¿Y cómo no las abate el 
rocío? El peso del agua que hay sobre ellas excede, sin duda, en un 
duplo al de los hilos. Todo se trabaja en una noche; el sol del si- 
guiente dia deshace las obras, y obliga á renovar la tarea. > 

Hablando de Valdesoto, describe las operaciones del maíz con exac- 
titud y detención, desde su siembra hasta enriestrarle, y entre las cos- 
tumbres de aquel concejo, refiere: 

« Cuando hay boda, va la novia con la madre por casa de los ve- 
cinos, y se les regala por cada uno un piñón, ó riastra pequeña de 
maíz. La mitad del resultado es para la madre, y si la cede á la hija, 
la lleva á colación y se le imputa en su legítima materna; la otra 
mitad le pertenece de derecho; así esta nueva familia junta el capi- 
tal de su fortuna ganando para sembrar y comer el primer año, y li- 
brando su subsistencia del resto en su trabajo. » « Otra costumbre (aña- 
de), hace honor á este país. Cuando algún labrador está enfermo, el 
cura dispensa el trabajo de un dia festivo para que sus convecinos 
vayan á hacer por él las operaciones de la cueya (recolección) y de- 
mas: tributo de confraternidad tan propio de la caridad, como bien 
conciliado con el interés de cada uno.» 



4 8 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



DIARIO SEGUNDO 

Comienza el dia 6 de Agosto de 1791, en que sale de Gijon, y atra- 
vesando los concejos orientales de Astúrias, que describe, pasa por Ce- 
lorio, monasterio de Benedictinos, cuyo archivo examina; por Llanes, San 
Vicente de la Barquera, donde halla el sepulcro de mármol de Antonio 
del Corro, canónigo de Sevilla, que falleció el año de 1556, de excelente 
escultura, que describe artística y magistralmente; Santillana, cuya Co- 
legiata y claustro también describe, y no halla en su archivo el privile- 
gio que el P. Sota atribuye á D. Pelayo, y dió motivo á que Jove Lla- 
nos llamase Dos inda á la hermana de este rey en su tragedia El Pela- 
yo; Guarnizo, y llega á La Cebada el 1 2 del propio mes, donde exami- 
na aquellas obras, que también describe. Se embarca el 13 en Pedraña- 
y llega el mismo dia á Santander; refiere lo que son la catedral, mue- 
lle y demás edificios nuevos; su situación local; sus fábricas, etc. Cele- 
bra el colegio é iglesia que fué de los jesuitas, convertidos en palacio 
episcopal y parroquia, pues sospecha sean obra de Herrera ó de Mora. 
Pasa á Laredo el 15, cuyo puerto describe; á Castro- Urdíales, que tam- 
bién describe; á Somorrostro, y entra en Bilbao; el 16 refiere con pun- 
tualidad y rapidez todo lo que es digno de contar de esta villa, y des- 
pués de haber pasado por agua á Portugalete , que también describe, 
sale de Bilbao el 20. Reflexiones sobre el cultivo, comercio é industria, 
caminos de aquel país, y llega el mismo dia á Durango, donde se cons- 
truía un magnífico juego de pelota. Dice lo que es la iglesia de Eibar, 
donde oyó misa el 21, y refiere sus alhajas, los edificios del pueblo y lo 
que llaman su fábrica de armas. Sigue la jornada por Algoivar, duerme 
en Azcoitia, y el dia siguiente pasa á Boyóla de madrugada, y describe 
menudamente el que fué colegio imperial de los jesuitas. Habla del 
cultivo de Guipúzcoa y de su situación y arbolado, de un edificio de 
D. Ventura Rodríguez, en Azpeitia\ pasa por Tolosa; celebra mucho la 
escultura de la iglesia del convento de San Francisco, y habla de la fá- 
brica de bayonetas, de la sidra; por Villabona y su fábrica de anclas, 
donde habla del carbón de piedra de Astúrias, y duerme en San Sebas- 
tian. Refiere todo lo que hay en aquella ciudad; se sale por agua á Pa- 
sajes y Bentería , que también describe y sus fábricas de clavazón. Sale 
de San Sebastian el 26 y vuelve por Efemani: su iglesia, sepulcro en 
ella de Juan de Urbieta, que prendió en Pavía á Francisco I y privile- 
gios de Cárlos V á Urbieta; gran juego de pelota, gran edificio consis- 
torial, buena plaza, fábrica de anclas y una vega bien cultivada. Noche 
en Tolosa, de donde sale el 27; describe el buen camino y el traje de 
aquella gente, sus habitaciones, usos y costumbres y fábricas de An- 
zola. Entra en Vergara: descripción de su Seminario, en cuya vista ocu- 
pó todo el dia 28, y en ver la parroquia. El 29 sale para Vitoria: pasa 
por Mondragon, que describe, y todo el país y terreno que se le pre- 
senta, así con respecto á su físico, como á su cultivo y demás ramos. 
Concluida la provincia guipuzcoana, entra en la alavesa, donde todo es 
distinto: 

«Tierra más llana, más árida, más rasa y batida de los vientos, y 

por lo mismo menos cultivada y peor. » 



EXTRACTO DE UNOS DIARIOS 



49 



Pinta á Vitoria cual es en sus edificios, plaza, población y policía; 
su Colegiata gótica, adorno de bellas artes y epitafios, etc.; conventos 
de ambos sexos, fábricas y manufacturas. Refiere las preciosidades de 
la casa de Montehermoso, Legarda y otras; la fachada de San Pruden- 
cio y su pórtico, y dice lo que es el Hospicio, las fábricas de chapería 
de hierro, de sillas, la sociedad y escuelas de dibujo. El 3 1 toma la pos- 
ta y sale de Vitoria por el camino; sin embargo de venir corriendo, 
todo lo describe, tocio lo señala, y al acabar la provincia de Alava, 

«Enormes peñas de Pancorbo (dice) de sublime y hórrida vista. Pa- 
sadas, aparecen los inmensos llanos de Castilla, á que sirve de llave y 
entrada á aquel paso. Procediendo adelante, se encuentran los luga- 
res de... etc.; ya otra tierra, otro cielo; sol despejado; aire fresco que 
le templa; todo cultivado, todo abierto; ninguna cosecha, sino trigo, 
que se esta trillando; lugares viejos, sucios y malos edificios. Se ve 
la espalda de los montes divisorios de Castilla, que describen lo ex- 
terior de los círculos que se ven en las provincias del Norte español. 
Ninguna peña ni piedra, sino guijo, mineral antiguo, lecho de rios y 
torrentes...» 

Se detiene á comer en Briviesca, doce leguas distante de Vitoria, lu- 
gar grande y derrotado; describe su Colegiata y la iglesia de las monjas 
Claras. Vuelca el coche á una legua de Briviesca: contusiones y rotura 
del viejo coche; se le bizma, con lo que puede llegar al próximo pueblo, 
donde se acabó de fajarle, y pudo llegar á las nueve de la noche á Bur- 
gos. Sin ver nada de la ciudad, arranca de ella á las tres y media de la 
mañana el dia i.° de Setiembre; grandes y bellas alamedas en sus alrede- 
dores y orilla de los rios que siguen el camino de Castilla; primera pa- 
rada en Estepar, segunda en Viladri^o; se camina después á la vista del 
Duero: buen cultivo, linos, puentes, y uno magnífico y recompuesto en 
Tot requemada, pueblo grande, pero sin nada notable, á doce leguas de 
Burgos. A la izquierda el monasterio de San Isidro de Dueñas, obra re- 
modernada de mal gusto; más adelante el de Palazuelos, de Bernardos. 
Encuentra al conde del Pinar, D. Juan Melendez Valdés, y otros dos 
amigos que le esperaban, y le llevan á casa de Pinar, en Valladolid. 
Descansa aquí hasta el dia 21: visita á los amigos y los templos, y des- 
cribe con tino y conocimiento el extravagante estilo del escultor Juan 
de Juni y las obras que tiene en la iglesia de la Antigua. El dicho dia 
21 sale á visitar el canal de Campos con D. Carlos Altamirano, electo 
alcalde del crimen de Sevilla, y otros amigos. Le describe exactamen- 
te, y da razón de sus obras, de los pueblos por donde transita y de to- 
das sus circunstancias, etc., que no extracto por ser muy larga su nar- 
ración, aunque muy interesante por las noticias que da de sus cultivos, 
poblaciones, fábricas é industria, de las iglesias y monasterios, de sus 
adornos, etc., y especialmente de Patencia, donde se detiene y refiere 
todo lo que contiene. Duró esta expedición hasta el 27, que se restitu- 
yó á Valladolid, donde descansó hasta el 30. Y el i.° de Octubre salió 
para Salamanca á evacuar una comisión de que ya hemos hablado en 
el capítulo del Consejo de las Ordenes. Pasó por Simancas, cuya igle- 
sia describe, y más particularmente la colocación y distribución del fa- 

4 



50 BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

moso real archivo del reino; después por Tordesillas, cuyos templos 
también describe con lo demás que encierra, y de sus inmediaciones. 
Partió de aquí el 2 por el puente de diez arcos sobre el Duero, y refi- 
riendo como acostumbra todo lo que halla en el camino, pasa por Alae- 
jos, cuyas dos parroquias examina, y habla de las cosechas que hubo 
allí aquel año, y después por Cañizares, donde vuelcan el coche y se 
lastima una pierna y cadera. Duerme incomodado en una venta, y á las 
nueve de la mañana siguiente, 23 de Octubre, entra en Salamanca. Le 
visitan todos los amigos, y empieza la visita del colegio de Alcán- 
tara el dia 5 . El 9 muere allí el marqués de Tolosa, que había ido á 
tomar los baños de Ledesma, y es preciso acompañar á su hijo D. Mi- 
guel Fernandez Duran, que había ido con su padre. El 20 comenzó la 
otra visita del colegio del Rey, órden de Santiago. Trabaja en las dos vi- 
sitas, á regañadientes de los colegiales, especialmente de los del Rey, 
que la protestaron. Concluidas que fueron, salió de Salamanca el dia 14 
de Noviembre del propio año para Zamora á visitar á los sobrinos mar- 
queses de Valdegema. Comió en Cubo, y no pudo pasar de Corrales, 
donde durmió aquella noche. El dia siguiente llegó á Zamora, y se alo- 
jó en casa de los sobrinos. El 16 arrancó de allí, y pasando por Cubi- 
llas, Piedr -ahita y Riego, durmió en Santovenia. El 17 fué por Villavi- 
ciosa, con mal tiempo, á Villamañan, donde hizo noche. Entró en León 
el 18, y allí se detuvo hasta el 27, que partió para Astúrias, y durmió 
en Buiza. Comió en Pajares el 28, y hace noche en La Freeha; y por 
último, llega á Oviedo el dia 29 de Noviembre de 17 91. 



DIARIO TERCERO 

Refiere lo que vió y examinó en un corto viaje que hizo á León. Sa- 
lió de su casa de Gijon el dia 3 de Mayo de 1792 á las cuatro déla 
tarde, y llegó á Oviedo á las nueve de la noche: en el siguiente prosi- 
guió la jornada por el lugar de Las Caldas, célebre por sus aguas ter- 
males. Pasó en una barca el Nalon, ya caudaloso con las de los rios de 
Langreo, Allcr y Lena, y va describiendo topográficamente los pueblos 
y concejos que encuentra á una y otra parte, con sus producciones, 
iglesias, montes, valles y cultura. Describe las casas de los Leivas, si- 
tuadas á tres y media leguas de Oviedo, los retratos de los antecesores 
y otros adornos y blasones, donde comió. Pasa más adelante por el lu- 
gar de Arroyo: casa-solar de Quirós, moderno edificio, con un escudo, 
y en él el lema: « Después de Dios, la casa de Quirós.» Más adelante el 
castillo de Alava sobre una alta roca. Continuando Barzana, capital 
de concejo, se vuelve á subir por la derecha, dejando el camino real á 
la izquierda, y se pasa el rio por un puente de madera, subida alta y 
agria á Villa Marcel, y en lo más alto la casa de Terreros, donde dur- 
mió. Salió de ella el 5 de madrugada, y caminando siempre á Ponien- 
te, se le presentan varios lugarcitos con prados bien cultivados, y al 
frente, y como cerrando la salida occidental, la alta escarpada peña de 
Parada, arenisca como todas las alturas de este camino. La parroquia 
de Cienfuegos está en el seno que corre N. S., y en su alto nacen las 



EXTRACTO DE UNOS DIARIOS 



51 



aguas principales del rio que baña el centro. Famosas é intrincadas re- 
vueltas del camino, con una subida penosísima. En lo alto se descubre 
la gran cañada y montes del concejo de Teberga. A fuerza de subir y 
dar vueltas, se dobla la peña de Parada y sigue buen camino hasta en- 
contrar el de Teberga, que se une en la misma garganta que hacen las 
alturas y una bajada, donde, tomando el nombre de Venta?ia, acaba As- 
turias. Se conoce después otro clima, sin árboles y sin cultivo, poca 
hierba de siega, pero pasto fresco y corto, donde había un gran rebaño 
de merinas de la cabaña de Béjar, entónces de Pernan-iVuñez. Se señala 
la unión de los dos caminos de Ventana y Torrcstia para el puerto de La 
Mesa, que va á Grado y Salas. Tor rebarrio, lugar al pié de una gran pe- 
ña, y en ella la iglesia y las ruinas de un gran castillo con tres ó cuatro 
torres. Ninguna posada, ni otra comodidad que la taberna, donde comió 
lo que llevaba. Más adelante Candamudela y Villasecino, donde tiene 
su casa D. Ignacio Lorenzana, que es buen edificio, donde durmió. 
Llegó en ocasión de una boda, y cuenta un estilo de aquel pueblo que 
es digno de copiarse: 

«Llaman correr la Guerreyfa. Dase este nombre á un pan hecho 
de harina de trigo, leche y huevos; le hace la madrina, y alguna vez 
llega á arroba de peso. Se pone este pan en manos del padrino, sen- 
tado en campo abierto, y á su lado dos mozos, para lo que se dirá. 
Hecho esto, todos los mozos del pueblo y de la redonda que vienen 
á la boda, se ponen ó presentan en fila de frente asidos de las manos, 
y á la voz ó seña del padrino se arrojan todos á correr, y el primero 
que llega gana el primer bocado de la Guerreyfa por premio, y el 
resto se reparte sin distinción entre los concurrentes; esto en medio y 
á vista de todo el pueblo. Cuando es el matrimonio de viudos, no 
hay esta fiesta.» 

Pertenece aquel pueblo al concejo de la Babia de Yuso, y éste y el 
de la Babia de Suso corresponden al reino de León. Se apacientan en 
ambos concejos y en cada un año como unas trescientas mil cabezas de 
ganado merino, y son (ó eran) del Paular, Guadalupe, Per ella, Esco- 
rial, Salazar, Sesmas y Dusmet, Albas de Salamanca, Muro, Ondáte- 
gui, etc. El 6 salió de Villasecino, y por entre valles y cuestas asperísi- 
mas, sotos, rios, puentes y derrumbaderos, que describe detenidamen- 
te, llega á medio día á Otero, donde le esperaba el mayordomo del 
convento de San Marcos de León con comida y coche. La parte con 
las monjas de aquel monasterio, y come con ellas en la sala común. Se 
despide de la abadesa y comunidad, y subiendo una cuesta penosísima, 
baja á la hoya, más ancha que la otra de La Robla, y pasa por los pue- 
blos de Camposagrado, Lorenza?ia, Sariegos y Hazadenos, donde en- 
cuentra otro coche con los comisarios del convento de San Márcos, que 
salieron á recibirle en una casa de recreación propia del mismo con- 
vento, llamada hacienda de Aradinos. Desde aquí se encuentran bellos 
prados cercados de altos chopos, muchas acequias de riego y grandes 
plantíos, y pasando el puente de San Márcos llegó de noche á León. 
El dia siguiente, Corpus Christi, descansó, y el 8 comenzó á tratar de la 
elección de prior del convento, á que había ido de órden de su Conse- 



52 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



jo. Siguieron los preparativos el 9; el 10 se eligió prior á D. José Fer- 
nandez Salamanca por unánime consentimiento, y el 1 1 los demás ofi- 
cios de la casa. Permaneció en León hasta el 15, que salió muy de ma- 
ñana para Astorga, durante siete leguas. Describe todo lo que encontró 
en aquel camino, incluso el puente de Orbigo, donde se acuerda del 
paso honroso que allí tuvo Suero de Quiñones; el buen cultivo de aque- 
llos campos, especialmente el del lino, que da dos cosechas al año; ha- 
bla de los rios, sus nacimientos y giros; de las montañas de Lara, de 
la situación y demás circunstancias de Astorga, donde come á medio 
dia. Después de una corta siesta examina la catedral y su célebre reta- 
blo mayor de Becerra, el principiado seminario, el castillo y otras obras. 
Bebe con el Obispo, y después de escribirlo todo, sigue el dia siguien- 
te 16 el camino de Bembibre, que pasa por el que construyó D. Cárlos 
Lemeaur, bien dispuesto y bien conservado. Refiere todo lo que en él 
hay, y otras cosas topográficas curiosas é instructivas. Come en Bembi- 
bre, y duerme en Molina Seea\ pero ántes pasa por San Román de Bem- 
bibre, Almazcara, San Miguel de las Dueñas, donde hay un monasterio 
de monjas Bernardas, el puerto de Foncebadon, y describe el origen y 
giro del Sil y de otros rios que encuentra. Sale de Molina Seca el dia 17 
por el puente que da nombre al pueblo sobre el Sil, que pasa allí por 
una honda y estrecha garganta entre peñas; atraviesa bellas y fértiles 
huertas, y en ellas gran cantidad de almendros, que es la cosecha más 
preciosa de aquel término. Vuelve á aparecérsele la vía militar romana 
que se le presentó poco después de Astorga; pasa por San Juan de 
Navedos, campo de Laraya y Carracedo. Llegó temprano á este mo- 
nasterio de Bernardos, donde se detuvo dos dias con aquellos mon- 
jes anticuarios en copiar algunos preciosos documentos de su archivo. 
Refiere largamente todo lo que allí encontró acerca de las bellas artes 
y de las antigüedades romanas. Es muy interesante esta relación; por- 
que ademas describe aquel país, sus muchos rios y nacimientos, su cul- 
tura y policía, y hace sabias reflexiones sobre todo. Se despide el 19, y 
camina hacia Cacabelos por un país frondoso y fértil en trigo, que se 
siembra á fin de Abril y principios de Mayo, y se coge al tiempo regu- 
lar. Cacabelos es pueblo grande, con buena iglesia, un gran puente y 
buena carretera. Se pasa por el bellísimo y fértilísimo valle de Villcla, 
dividido en caseríos y cultivado con mucho esmero, y en una cima el 
castillo de Curullon. Entra en Villafranca: describe su Colegiata, con- 
vento de San Francisco, otros edificios y castillos, el puente sobre el 
Burbia, la casa del Marqués, señor del pueblo, y la del señor de Noceda; 
otro puente sobre el Valcárcel, que se une con el Burbia, y este des- 
pués con el Sil. Discurre acerca del poco aprovechamiento de las aguas 
del Vierzo, y explica las ventajas que se pudieran sacar de ella. Sale de 
allí el 20, y sube al sitio de Castroventosa, llamado ahora Monte de la 
Mesa, donde se ven los cimientos de una muralla al parecer romana, 
cuyos ladrillos tienen dos pulgadas de grueso. Se dice que sobre la lla- 
nura de aquella meseta estuvo la antigua ciudad de Bergido\ pero los 
documentos de Carracedo le ponen en duda y lo explica. Vuelve á Ca- 
cabelos, al campo Laraya; toma otro camino por unas bellísimas huer- 
tas sobre la ribera del Sil, y entra en Pon/errada por el puente. Exami- 



EXTRACTO DE UNOS DIARIOS 



53 



na su grande iglesia, excelente retablo mayor de escultura, gracioso ca- 
marín de Nuestra Señora de la Encina, y gran sacristía y el magnífico 
castillo del tiempo de los Templarios, con columnas en un patio gran- 
de y espaciosos salones, sobre cuyas puertas está grabado el Tao. Se ve 
desde este castillo la confluencia de los rios Sil y Buera, que se une á 
aquél y rodean la villa. Vuelve á pasar por Molina Seca, y baja á San 
Miguel de Dueñas, de donde no puede salir por haber debordado el 
pueblo el arroyo que !e cruza, y se queda á hacer noche acogido por los 
monjes de Carracedo, que suelen estar allí de continuo. Sigue su ruta 
el 2 1 el mismo camino que había llevado á la ida; vuelve á admirar el 
camino de Lemaur, y hace medio dia en Mancanal, en un mesón nue- 
vo de mal hospedaje, por lo que sale temprano de él. Rómpese el eje 
del coche; monta á caballo; llega de noche á Astorga, y no sale de casa. 
Permaneció en aquella ciudad el dia 22 examinando el archivo de la 
catedral, y copiando algunos preciosos documentos antiguos. Arranca 
el 23 de madrugada por una bella vega y el lugar de San Justo, donde 
hilan los hombres y tejen sayales de San Francisco. Se pasa el rio Tuer- 
to-, mas adelante Requejo y el puente de Orbigo, que es larguísimo y 
se divide en dos brazos como el rio. Por todo este camino hasta Villa- 
franca se aparece en trozos la vía militar romana, bien conservada en 
algunas partes. Llega á las once del dia á León, y descansa el dia si- 
guiente. Sale de León el 25 para Asturias por el mismo camino que 
trajo, y describe los montes del Principado. Llega á Camposagrado, en 
donde apénas hay mas que el santuario de Nuestra Señora, en que hay 
romería el 8 de Setiembre. Discurre sobre el nombre de este sitio, y le 
halla fundado sobre la superstición de aquellos naturales, que cuentan 
varias fábulas, y al monasterio de Otero á las doce: las monjas miste- 
riosas se resisten á manifestarle el archivo, creyendo que quiere hacer 
alguna inquisición fiscal; pero después se arrepienten, y D. Gaspar ya 
no quiere verle. Come allí, y dice que en el camino de la mañana en- 
contró veinticinco cráteres, que duda lo hubiesen sido, porque pare- 
cían pequeños para volcanes, y pocos los escombros amontonados en 
derredor. Por la tarde, pues permaneció allí todo el dia, encontró dos 
cosas notables, á saber: un filón de carbón de piedra y varias piedras, 
impresas en ellas las plantas de helécho, manifestando algunas las im- 
presiones de varias capas que las materias volcánicas aplastaron unas 
sobre otras. Describe el rio Luna y su giro. Cena con las monjas, y las 
deja el 26 por la mañana. A poco trecho se empieza á caminar sobre 
la derecha por la orilla del Luna, que viene corriendo de O. P. por la 
izquierda, y sigue refiriendo las calidades de piedras y los pueblos que 
encuentra, con el castillo de Lwia en lo alto, que conserva la puerta, 
dos cubos, un aljibe y un pozo, que tomaba agua del rio, sobre el enor- 
me tajo que abrió el rio de este nombre. Antes y después del tajo, dice 
que las montañas forman unos como anfiteatros, que los varios y mu- 
chos rumbos del rio en tiempos remotísimos hubo de hacer. Se pre- 
sentan después los rios Araya y Sobrecueva, que se unen al Luna. Pasa 
á la vista de varios pueblos y de Sena. Comida rústica y agradable. Si- 
gue por la tarde aquellos derrumbaderos. Duerme en Villaseciuo, don- 
de le dicen que allí cerca hay una antigua y pequeña iglesia de tres 



54 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



naves con el sepulcro del conde de Saldaña. Sale el 27 y ve el lugar de 
La Maxúa, donde tiene Valdecarzana rentas. Ermita del Santo Cristo de 
Polvorosa, ántes Polvordica; rio Oruxio, que trae las aguas de Ventana 
y Torresiio y Babia á formar el Luna. A la derecha del camino real 
está la famosa peña de Urbina, que se cree ser la más alta de España, 
pues se descubre desde tierra de Segovia y desde muy adentro del 
mar, á la que los marineros de Cudillero llaman la Becerra A la iz- 
quierda Genestosa, con señales de un castillo que corona un pico más 
alto. Torrestio, lugar de más de cien vecinos, todos ganaderos, que 
transmigan con sus ganados á los concejos de la costa. Bella y abun- 
dante cascada que se despeña al rio. La Mesa, de quien ya se habló á 
la ida á León, está el divisorio de esta provincia y de la de Asturias, 
Comienza el concejo de So?niedo con mucho ganado. Dicen que un 
cura mejoró la casta de los puercos, que se parecen á los teberganos, 
trayendo padres de Extremadura. Venta de la Mesa, donde comió con 
incomodidad, pues es sólo para arrieros . Sale de ella siguiendo la cor- 
dillera, dejando á la izquierda el concejo de So?niedo, y se encuentra 
el de Teberga. Se empieza á bajar el peor camino que, dice, pasó en 
su vida: bajada cruel y peligrosa por peña viva al lugar de Barrio; des- 
pués San Salvador de Alesga, con su castillo y otro en Fresneda\ la 
parroquia de Carrea, que es del lugar de Sobrevilla, y el barrio de Ore- 
llano\ luego las de Rielco, CoaTiana, Ber rueño y Monteciclco . En Coa- 
nana hay Colegiata, situada en el valle de Valdecarzana: es muy estre- 
cha y antigua, y tiene en el medio el sepulcro de Valdecarzana levanta- 
do y sin inscripción. Copia otras que hay en esta iglesia, y registra su 
archivo, en que encuentra noticias curiosas que principian en 1162. 
Dice que esta iglesia no es parroquia, y refiere otras de aquel partido 
de Teberga, y da razón de sus vecindarios. Describe también este con- 
cejo y otros inmediatos, su jurisdicción común y sus relaciones civiles. 
Del de Teberga dice que toma tres rios, y señala sus orígenes y cursos; 
también los caminos y valles que contiene; afirma que es rico por sus 
frutos y ganados, y que se calcula la cosecha de todo grano mayor de 
doce á quince mil fanegas. Enormes montañas caliares, siempre buscán- 
dose en círculo. Come rústicamente en Linares, rica leche, manteca 
fresquísima, cuajada, truchas deliciosas de Teberga. Sale á las cuatro de 
la tarde hasta el lugar de Castañedo, con enorme bajada. Aquí se unen 
las aguas de Teberga, Quirós y Proaza al Nalon; gran calor; descansa 
á la orilla de arroyo abundantísimo, que baja de lo alto á entrar en el 
rio. Es sitio deliciosísimo á la márgen de las sonoras aguas y á la som- 
bra de un avellano. Todo poético si la imaginación le ayudara; pero 
(dice) que le pasó la edad de esta especie de ilusiones. Sin embargo, 
exclama: 

«¡Oh Naturaleza! ¡Qué desdichados son los que no pueden disfru- 
tarte en estas augustísimas escenas, donde despliegas tan magnífica- 
mente tus bellezas y ostentas toda tu majestad \» 

Pasa después por Trubia, y luégó se le presenta la reunión del JSla- 
lon, que desde allí lleva las aguas de Langreo, Aller, Lena, Pinsa, Mor- 
an, Quirós, Teberga y Proaza. La vega de Trubia es estrecha, pero 



EXTRACTO DE UNOS DIARIOS 



55 



muy fértil. Lugar de Nalon: vestigios de grande y antiguo puente so- 
bre el rio de este nombre. Barrio de Godos un poco más arriba: cuesta 
penosa y mal camino. Desde ella se ve una vega bellísima y uno de los 
más graciosos lugares que puede tener Asturias, Sagrandio: á la dere- 
cha el camino, por el sitio de las Caldas, Santa Marina, Olivares, 
Oviedo, donde entra ya de noche. Come en esta ciudad el dia 29, y 
pasa á Gijon por la tarde. 

DIARIO CUARTO 

Contiene un viaje á Pravia, en el mismo Principado. Sale de Gijon 
á las cuatro de la tarde el dia 14 de Julio del citado año 1792 por Jove 
á Puago y su puente sobre el rio Abono, y por una vega ancha, 
que puede muy bien ser el ALstuarium magnum de Pomponio Mela, 
pues comunícase por una garganta con el estero de aquel rio. Divide 
este los concejos de Gijon y Carreño; suben por el monte de San Pa- 
blo, y corriendo por él se baja al valle de Carreño por la parroquia de 
Guimardn: terreno fértil y bien cultivado. Sigúese por la de Taynon, la 
de Tresona y la de Villalegre, y se entra en una nueva carretera ancha 
y bien trabajada, y por ser de noche no prosigue la narración, y llega 
á Aviles ya tarde. — El domingo 1 5 fue á misa á la parroquia de San 
Nicolás, y halla en la parte de afuera, sirviendo de pilar de agua ben- 
dita, un capitel corintio, que, sin el cimacio que tiene, consta de una 
vara de alto. ¿A qué columna y edificio pertenecería de tan gran tama- 
ño? Ex unquc leonem. Describe la iglesia con dos capillas contiguas, 
pertenecientes la una á la familia de Solís, y la otra á la de Alas, y co- 
pia varias lápidas. Ve de paso la casa de Valdecarzana, que es de mu- 
cha antigüedad, como lo manifiestan los arquitos dobles y las colum- 
nas que los sostienen en las ventanas, y pertenece al siglo xn; después 
de la de Almodóvar, por Menendez de Avilés, y por último al hospital 
que fundó D. Pedro de Solís, fundador también de la anterior capilla 
de Solís, y copia la inscripción que está sobre la puerta. Fué por la 
tarde al puente de la Merced; á la derecha las aceñas de Campo-Sa- 
grado. El convento de la Merced está en la parroquia de Sabugo; si- 
gue la de San Cristóbal, sobre el mar, y luégo San Miguel Quiloño, y 
al lado derecho la de San Martin de los Pimientos. Copia una inscrip- 
ción que hay en Quiloño. Más adelante los lugares de Llodares y Las 
Barcenas, todos de Quiloño. Entra luégo la parroquia de La Corrada, 
en el lugar de La Ferresda, con que acaba el concejo de Castrillo?i y co- 
mienza el de Pravia. Piñar nuevo y nuevas caserías de Ponte; luégo el 
lugar de Ponte, solar de esta familia. Arenas, que pertenece á la parro- 
quia de Las Riveras. Al doblar la cuesta, la deliciosa vega de Pravia, 
y de la otra parte del rio la villa en un alto, y corriendo la orilla San 
Estéban de Muros sobre la ria navegable. De la parte de acá el lugar 
de Soto. Peña Ullan tiene mala bajada al embarcadero; pásase el barco, 
y por un pedazo de buena carretera se sube á Pravia, á donde llega de 
noche. — Sale el dia 16 por la tarde á paseo al puente de Agones, sobre 
el rio Arango: bellísimo país y muy fértil; excelentes prados; montes 
de roble, y buenos trozos de carretera antigua. Ermita de la Magdale- 



56 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



na. Parroquia de Santianes: examina la iglesia y copia una inscripción, 
y no halla nada del rey D. Silo. El 1 7 salió de Pravia por la tarde para 
Cornellana por un hermoso castañedo, subiendo una alta cuesta, desde 
cuya cima se descubre el concejo de Salas, y al doblarla se ve abajo el 
rio Narcea: le sale al encuentro el Nalon; más arriba San Romano: á la 
orilla del Narcea el lugar y coto de Qtiinzanes: uno y otro términos 
del concejo de Grado. Continúa la parroquia de Pravia: sigue la de 
Cortas Repollas y luego la de Huerces, dentro del concejo de Pravia. 
Vega estrecha, fértil y deliciosa del Narcea; más adelante el coto de 
Cornellana, ya en el concejo de Salas: entrada al monasterio de bene- 
dictinos por un puente de madera sobre el rio Nonaya. Está el monas- 
terio en la confluencia de éste y el Narcea, que unidos corren hacia el 
Norte. Edificio nuevo, sólido, cómodo, pero sin ningún ornato de gus- 
to; llega á él por la noche. Madruga el 18 y examina la iglesia, que es- 
taban enlosando. Dice que entre las piedras con que se hacía esta obra, 
blancas, negras y rojas, merecen éstas muy particular atención por es- 
tar formadas de una aglomeración de muchos y pequeños mariscos, que 
presentan en sus cortes las más graciosas y extrañas figuras de color 
blanco sobre el fondo rojo, y añade que de esta piedra hay por allí 
canteras que pueden dar trozos de cualquier tamaño para mesas. Copia 
dos pergaminos que coniienen los epitafios que hubo de haber ántes en 
el presbiterio, cuyas fechas corresponden al siglo xn; copia también, 
otras inscripciones, y discurre sobre ellas. Pasa el resto de la mañana 
en el archivo, que es buena pieza, y están arreglados los papeles con 
índice. Volvió por la tarde á él, y emprendió á sacar copias de lo más 
interesante. Pasea después al otro lado del Narcea, por el camino de 
Grado, donde lucha el rio por acostarse á la montaña de la izquierda 
en busca de su antiguo lecho, como luchan también la casa de Doriga 
y el monasterio por librarse de sus invasiones, origen de continuos 
pleitos, que renacen á cada paso. Hay allí posesiones de los Sres. He- 
redia y Peñalva, y el lugar de Marcel, en que éste tituló. Descanso; 
vuelta al monasterio; refresco; mediator, cena y á la cama. Toda la ma- 
ñana del 19 en el archivo, y por la tarde paseo por el camino de Salas, 
del otro lado del Narcea. Se encuentra la fuente Hinchona, singular 
por su flujo y reflujo, aunque sin período cierto, mayor en invierno que 
en verano, y en tiempo de aguas que en el seco, y lo más común á me- 
dio dia y entrada de la noche. Reflexiones sobre ella. El agua es pura, 
fresca y sin sabor. Cerca de ella una venta, y enfrente una capilla y 
juego de bolos. Vuelta al monasterio, á donde trajo una piedra que 
sacó del fondo de la fuente con unas impresiones extrañas, que figuran 
como unas estrellitas, y parece una madregera petrificada. También 
pasó la mañana del 20 copiando y extractando documentos antiguos, y 
por la tarde emprendió otro viaje al monasterio de Belmotite, que es de 
bernardos. Pasa el puente sobre el Narcea; sigue el camino de Grado, 
y dejándole á la izquierda continúa por Barcena, Santiago de la Yarca, 
Reguero, Pontiga, El Foxo, casa de Fontoria, venta de Inclán, Servie- 
lla, capital del concejo de Miranda; más adelante se halla un buen 
machuco metido en las aguas del arroyo Pascual, y sirve para estirar el 
hierro para varios usos de flejes, clavazón, etc. Los herreros del país 



EXTRACTO DE UNOS DIARIOS 



57 



pagan al dueño del machuco seis ducados al año por el uso de e'l para 
sus obras. Cerca una ferrería del monasterio, con casa para un religio- 
so residente siempre en ella. La describe. Al frente el lugar de Corzas 
de abajo, y en lo alto Corias de arriba, y poco más adelante El Esco- 
bio. Se estrecha mucho el rio hasta cerrar una peña con otra, quedan- 
do sólo una estrechísima garganta, por donde pasan todas las aguas y 
con mucha profundidad. Sobre el cual punto hay un puentecito para 
pasar al camino á pié 'que va á las Corias. Arriba tajo altísimo, horridí- 
simo, pero magnífico y sublime cuanto puede presentar la naturaleza. 
El camino en. este paso es estrechísimo y abierto en la misma peña por 
bajo' de ella, que dura un buen trecho con la peña sobre el sombrero y 
el rio bajo los pies: la imaginación se sorprende y el pecho se asusta. 
Lo restante del camino hasta el convento también es malo, estrecho y 
pedregoso, y ántes de llegar se pasa un puente de madera. Llegó por fin 
muy mojado, pues dice que jamas le llovió tanto en ningún viaje. El dia 
2 1 describe la iglesia, de una hermosa nave, y ántes lo había hecho de 
un índice de los abades que extractó y es harto curioso. Al archivo, y en 
él toda la mañana, donde, dice, hay buenas cosas, que copiará. Descri- 
be el monasterio. Corrió por la tarde toda la orilla del Pigueña hasta 
el lugarcito de Behnonte: pásase luégo un puente y se sigue por un ma- 
lísimo camino. La garganta por donde corre el rio es estrecha. Se pre- 
senta el Pico del Diamante y otros de increible elevación; escenas au- 
gustas y sublimes bellamente adornadas. A la vuelta, el lugar de Royon 
y el arroyo de su nombre con que muele un molino. El Sr. D. Gaspar 
de Jove Llanos, caballero de Alcántara, consagró el dia siguiente do- 
mingo 22 de Julio de 1792 á celebrar en este monasterio de Behnonte 
la profesión solemne de su órden, que hizo en la iglesia, después de la 
misa del pueblo, en manos del Abad el Reverendísimo Padre Maestro 
Fray Alberico Saín zar, vestido de pontifical, y D. Gaspar con el manto 
capitular de su órden, acompañado de toda la comunidad, de varios 
sujetos que fueron testigos, habiendo concurrido á este acto muchas 
gentes de la tierra, que presenció y dió fe el escribano del coto y del 
concejo de Miranda, Andrés Puente, quien extendió el acto á continua- 
ción del real despacho. Después trabajó hasta la hora de comer. Por 
haber llovido por la tarde no se pudo pasear, y se ocupó el tiempo en 
el archivo, donde dice que es mucho lo que hay que copiar y corto el 
tiempo. Dia 23 ocupa la mañana en comprobar la inscripción de una 
lápida que explica, y vuelve al archivo, donde concluye lo que pudo. 
Sale á las tres y media de la tarde para Cornellana, á pié, hasta la ya 
dicha ferrería. 

¡Qué espectáculo, dice, el que ofrecen las peñas de Escobio mira- 
das de la parte de Belmonte! 

Todas las montañas son de cuarzo; el paso de la estrechura penosí- 
simo; se trabajaba en la ferrería, y el que tenía arrendado el machuco 
se llamaba por mote Catapias, y su padre Mata-osos, porque era su or- 
dinario entretenimiento, y añade: 

«Buscábalos en el monte, los provocaba y dejaba venir hacia él, y 
cuando se erguían sobre los piés para acometerle, se metía por ellos. 



58 BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

El oso no tiene juego en las manos y entonces le metía su gran cu- 
chillo de monte por las entrañas, y los rendía y acababa.» 

Sigue el mismo camino que llevó, hasta la unión de los rios Pigiie- 
ña y Narcea. Se apea para examinarla, y describe el nacimiento y giro 
de ambos rios hasta esta unión; sigue el camino y llega á Cornellana, 
donde duerme. Ocupa la mañana del 24 en acabar de examinar el ar- 
chivo, y dice hablando de lo mucho que encontró en él: 

«De esto podemos creer y asegurar que nadie podrá sacar tantos 
documentos ó noticias históricas como nosotros, y aunque nada he- 
mos dejado de apuntar que pueda ser de algún provecho.» 

Con motivo de haberle presentado otra piedra como la que recogió 
á la ida de las que servían para el enlosado del presbiterio de la igle- 
sia, vuelve á describirla y admirarla, y dice que la cantera es abundan- 
te y capaz de dar grandes columnas; que está situada á un cuarto de 
legua de aquel monasterio, entre SN. y Or., en una heredad llamada La 
Estremera, término del lugar de Bulsi, parroquia de San Estéban de 
los Dorigas, concejo de Salas, y cerca del iugar de Moratin, y por úl- 
timo acaba de referir la situación del monasterio, su coto, jurisdicción 
y límites, y los rios que le bañan. Parte de allí á las cinco de la tarde, 
y vuelve á Pravia por el mismo camino que llevó. Pasó el 25 en el 
exámen de la colegiata, que es una iglesia de tres naves, de buena y 
sencilla arquitectura, grande y aseada, y en el de la iglesia parroquial 
de Sa?i Andrés, que muestra bastante antigüedad; no hay en ella cosa 
más notable que un sepulcro, que describe, y copia su epitafiio y va- 
rias inscripciones sepulcrales que le presentó D. José de Salas. Después 
de siesta, un largo paseo á la Vega, donde se ve la orilla opuesta: 
la peña de San Fabián; 2. , la de Peñaullan, donde está el embarcade- 
ro; 3. , la Peñallonga, entre estas dos el pico de Berabechc, sobre el 
cual hubo en lo antiguo un castillo; y 4. , Peña la traviesa. Frente de 
ésta tomó el barco para pasar al otro lado, y siguió la orilla septentrio- 
nal del Nalon para ver su unión con el Narcea, y vuelve aquí á descri- 
bir estos dos rios. A la vuelta se ve en la otra orilla la peña de la Ma- 
lata, y más adelante otro cerro con la ermita de Santa Marina. Torna 
á tomar el barco, y atravesando la vega, á casa. El 26 sale de Pravia 
por el puente y lugar de Agones, hijuela de Pravia. El Ara?iguin corre 
un corto trecho y entra en el Nalon, y vuelve á referir el giro de este 
rio desde aquí. Sigue la jornada por el valle de Arango, el de Agones, 
lugar de Escaredo, villa fría, y las poblaciones á alguna distancia de 
Villamafian, Villa Muñin y otras, que no pudo ver por la densa niebla, 
ni las alturas de la izquierda que corren hasta el mar. Al extremo, y 
hacia al mar de Artedo, están Las Luiñas. Santa María de Pina ra, 
San Juan de Piñera, lugar y casa de Belandres, punto de aquel viaje y 
situado sobre el mar de Cudillero. Se ven desde un balcón de esta casa 
algunas casas de la población, y de este puerto el cabo del Espíritu- 
Santo, por entre el cual y el de la Arena sale al mar el rio Nalon. Vese 
también el cabo que forma con el de Peñas la ensenada de Llu/nercs, 
ó Bañugucs, y el cabo de Peñas, muy avanzado en el mar, y su gran 
castillo. A la parte del Norte se ve el bellísimo lugar de Villademar. 



EXTRACTO DE UNOS DIARIOS 



59 



Estando en esta casa de Belandres, salió á ver una panera ú hórreo, que 
se acababa de construir, y á la vista y voz del carpintero que le hizo, 
escribe su descripción con los nombres propios de cada pieza y de sus 
oficios. Es una relación muy curiosa y muy interesante para el Diccio- 
nario asturiano. Después de comer y de la siesta, baja á Cudillero por 
una penosísima cuesta, á una gran barí anca, donde se unen las aguas 
que bajan de las dos Pineras, y unidas abastecen diez ó doce molinos. 
La población está en las laderas de este barranco, que termina en el 
puerto; es de trescientos vecinos, y la iglesia principal es gótica y de 
una nave grande. Pasó luégo á ver la concha de Artedo, que se halla 
cerca de un barrio de tres ó cuatro casas, llamado de la Magdalena. El 
lugar de Artedo es una aldeita de la parroquia de San Martin de Lui- 
ña. La concha es ancha y profunda, con las puntas que salen muy 
afuera. De la otra punta occidental está la ensenadita de Salamir y 
Candiales, y en ésta de acá las ensenadas de San Pedro, Oviñana, Al- 
óneme y Novellana. En esta última acaba de establecerse parroquiali- 
dad separada, con la advocación de Santiago; pero dice que hay' un 
pleito escandaloso con los vaqueros, á quienes no se quiere dar la sagra- 
da comunión sino á la puerta de la iglesia, ni dejarlos internarse en ella 
á los oficios divinos. Parece que los hidalgos tienen lugar preferente en 
la iglesia para toda concurrencia; los plebeyos, conformes con esto, 
pretenden lugar preferente á los vaqueros, y éstos luchan por no ser 
ménos que los plebeyos. 

«¡Cuándo querrá el cielo (exclama) vengar á la mayor parte del 
género humano de tan escandalosas y ridíc^as distinciones! Me 
avergüenzo de vivir en un país que las ha criado y las fomenta. Pero 
al cabo la razón vengaiá algún día las injurias que hoy recibe de la 
ignorancia.» 

A cenar. — Dia 27. Desde esta casa de Belandres, que va á dejar, y 
cuya situación es de las más agradables de Asturias, se descubre un 
gran trecho del mar Cantábrico, desde Lastres hasta cerca de Galicia, 
viendo las naves que navegan de Oriente á Poniente, y montar al cabo 
de Peñas, que está muy cerca; domina á Cudillero y la hermosa cam- 
piña de las parroquias de Pinera. Salió de ella á las ocho de la maña- 
ña, y pasó por la iglesia de Santa Marta, en que examinó y describió 
un cáliz, una cruz y una bandeja, que pertenecen por su forma é ins- 
cripciones al siglo xv, caminando después cerca del rio Picado, que 
baja al mar, y ántes divide las parroquias de Pinera de la de Muros. 
Cerca de ésta la casa fuerte de Valdecarzana, con dos torreoncillos mer- 
lonados al lado de la puerta, sobre la que hay tres escudos, y ninguno 
de Miranda. Se baja mucho y mal camino para llegar al puerto de San 
Esteban de boca de mar, lugar de la misma parroquia; está en la orilla 
occidental de la ria, y escondido en un recodo que hace el cabo del 
Espíritu Santo. Enfrente está el lugar de Arena de Pravia. Más inter- 
nado en la ria está el castillo llamado de Muros, con su torre entera y 
parte de las cortinas; es de la casa de Valdecarzana, que le tiene aban- 
donado. Los marineros de aquel puerto dieron los nombres de los ca- 
bop ó puntas que hay desde allí á Gijon, y los explica. Volviendo de 



6o 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



San Estéban á Pravia se ve desde lo alto la hermosa parroquia de 
Soto. Entre Soto y el castillo hay una población que forma un lugar, 
llamado también El Castillo. En lo alto se ve la parroquia de San Pe- 
dro de la Corrada, y al pié la de Ribera; el rio Pontigo, alindario de las 
parroquias de Muros y Santianes. Se va al lugar de los Cobos, y ántes 
de llegar á él se halla uña veguecita fértilísima, por la que corre un 
torrente llamado el Vecix, y corriendo después por la fecunda parro- 
quia de Santiañes y por la incomparable vega de Agones, llegó á comer 
á Pravia. Salió de aquí el 28 para San Romano, y pasando el barco de 
Forcinas, entró en el coto de Pronga, que es redimido. A él pertenece 
Quinzanes de Arriba, la cual, con Quinzanes de Abajo, que es coto de 
Valdecarzana, forma otra parroquia diferente, y este coto está en el 
concejo de Pravia. La Reguerina de Buifar es el divisorio de Pravia 
y Pronga con Grado, pues en él, caminando entre Mediodía y Oriente, 
empieza la jurisdicción de Candamo. Se ve desde lo alto el lugar de 
San Tirso de Candamo, que está muy poblado, plantado y cultivado, y 
por la izquierda el de Espinosa, perteneciente á la parroquia de Feno- 
lleda. Del otro lado se ven los términos del lugar de Aces, y más alto 
los de Gorullos. San Romano es una excelente casa de campo, situada 
en alto al N. del Nalon y como á un tiro de fusil de su orilla, amplia- 
da por D. Fernando de Valdés Quirós, Asistente que fué de Sevilla, pa- 
dre del Ministro de Marina D. Antonio de Valdés Bazan, y abuelo del 
actual poseedor D. José Valdés Florez. La describe, y una posesión ad- 
yacente. A la parte de Mediodía se ve un viejo torreón de la casa de 
Benavides, con su pedrero, lanceras y saeteras, señales de casa fuerte. 
Hay mucho arbolado, viñedos y heredades de sembradura, con prados, 
una fuente y un molino. Comió en la casa de San Romano, y después 
de siesta bajó á la orilla del Nalon, corrió su vega, vio el lugar de Can- 
damin y la hacienda de los Cañedos y Vigil; más adelante Gorullos. 
De vuelta pasó por la torre de Benavides y el barco, y llegó de noche á 
Pravia. Ocupó la mañana del siguiente dia 29 en casa extractando va- 
rias memorias relativas á las obras modernas de la iglesia de Santiañes, 
y la grande ejecutoria de concejo de Pravia sobre la pesca del Nalon, 
en que hay varios albaláes de los reyes D. Juan I y D. Enrique III, su 
hijo. Por la tarde salió á pasear, tomando el camino de Cañedo, y fué á 
la hacienda de la Retuerta, que describe y proyecta mejoras, y se vol- 
vió á casa. Toda la mañana del 30 empleó en concluir los extractos de 
la dicha ejecutoria y de los papeles de Santiañes, y por la tarde paseó 
en la hacienda de Balma, inmediata á la Retuerta, y casi de igual fe- 
cundidad, que también describe, y á casa de vuelta. Despedidas en la 
mañana del 31, y refiere las pinturas que halló en las casas de los ca- 
balleros de Pravia; y por la tarde sale de esta villa por el mismo ca- 
mino que llevó, por lo que no le describe. Le anocheció en Quiloño, y 
llegó áAvilés ya tarde. — Miércoles i.° de Agosto: la mañana en visitas, 
y la tarde en el archivo de las monjas Bernardas, donde extractó cosas 
útiles; paseo después al camino nuevo, y tertulia por la noche, y refie- 
re la historia del establecimiento del convento de los Mercenarios en 
Avilés. Por la tarde del 2 salió con el reverendo Obispo de Oviedo,. 
D. Juan Ponte, á una expedición proyectada. Vieron primero la iglesia 



EXTRACTO DE UNOS DIARIOS 



61 



parroquial de la Magdalena, antigua malatería, edificio de arquitectura 
asturiana, sin cosa notable: subieron por la iglesia de Villa, y dando 
una gran vuelta vieron á la izquierda el concejo de Corvera, y por el 
frente casi tocaron en la Laguna, límite del de Illas; se cayeron des- 
pués á Miranda, lugar grande. En una de sus barriadas vieron los hor- 
nos y fábricas del barro común que allí se trabaja. Describe menuda- 
mente estas fábricas antiguas y útiles, cuyas ollas, jarras, etc., se venden 
en todo Asturias. Miranda es de la parroquia de Avilés, y merece por 
su población, industria y proporciones tener parroquialidad separada. — 
Emplea la mañana del 3 en extractar papeles de la fundación del con- 
vento de la Merced, y en despedidas. Sale á las cuatro y media de la 
tarde: pasa por Vidriero, y describe esta posesión situada en la parro- 
quia de Molleda; baja á Villalegre, y en Tamon sigue á Candas, cuyo 
camino pierde, cruzando todo el valle de Carrefw, que describe; se de- 
tiene media hora en Candas, en cuya salida se construía un buen peda- 
zo de carretera para evitar la enorme bajada al puentecillo. Le anoche- 
ce en Verlora, y pasa el rio AboTw en la barca. Notable fenómeno al pa- 
sar El Estero, que acababan de abandonar las aguas de la marea. Al 
poner el pié en él los hombres y las bestias salían llamas ó luces fosfóri- 
cas por todas partes, de un amarillo más brillante que el de las luciér- 
nagas, ó gusanos de luz. Llega á las diez de la noche á Gijon, y se aca- 
ba con la descripción del rio Abono. 

DIARIO QUINTO 

Comienza en 10 de Noviembre de 1793, y acaba en 12 de Marzo 
de 1795, y ántes de empezar á extractarle, quiero copiar á la letra una 
descripción que hizo Jove Llanos del concejo de Gijon á su vista. 

«2 de Junio de 1793. — Día de campo en Contrueces, dado por mí 
á la tertulia de casa. Salimos á las ocho y media de ella, y pasando 
la mañana en la distribución de Misa (era domingo) y juego, comi- 
mos muy bien y alegremente. Eramos diez y nueve de primera mesa. 
Por la tarde montamos á caballo, Carreño, Llanos, Terrero, D. Lo- 
renzo Sánchez, Reconco, Blanco y yo. Fuimos á San Martin de 
Huerses, y subimos á lo más alto de la cuesta de San Martin, ó 
Pangran, para registrar de allí lo más del concejo de Gijon. Vista 
magnífica de un país el más frondoso y risueño que puede concebir- 
se. El mar al frente; descúbrese todo el que corre como desde Cudi- 
llero á Lastres. Gijon en medio, representando como una Península 
situada en la falda de su montaña, y está como deteniendo el mar, 
para que no inunde las llanuras del concej o . A la derecha de esta 
visual se descubre las bellísimas parroquias de Granda, Vega y San 
Martin, por todas partes cultivadas y llenas de hermosos árboles; 
algo de la de Ciares, y el agradable sitio de Contrueces, visto por la 
espalda. Con las dos primeras confina hácia el Mediodía la parro- 
quia de San Juan de la Pedrera y sus bellísimos lugares de Marco, 
de Santa María de Lleorio, que es su anejo, y de Llantones, lugar 
perteneciente á él. A la izquierda se ve la foz de Ptiago, por donde 
salen las aguas al estero de Abono; el monte de San Pablo, que se- 



62 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



para los concejos de Gijon y Carreña; la abadía de Cenero, y más 
allá el lugar de Serin. Más cerca de nosotros Porceyo y el monte de 
Curiel, en lo que llaman La Carrial. Vueltos de espaldas se ve una 
parte del concejo de Siero, una colina al frente perteneciente á Pue- 
des, todo de Gijon, en una y otra vertiente. Más allá lo de San Mar- 
tin de Anes, que ocupa otra colina fértilísima que corre casi de Po- 
niente á Oriente, y buscando las vertientes meridionales de la que 
tiene acá, extiende el concejo de Siero por medio del de Gijon en el 
confín de Ruedes. Lo de la Pedrera, que es acaso lo más hermoso de 
todo por su arbolado y población, y por las casas de D. Luis Moran 
y el Duque del Parque en Marco, tiene ménos cultivo, habiendo mu- 
chas tierras destinadas á la producción de pasto y rozo. San Martin 
dista casi una legua de Contrueces: tiene sobre su iglesia el gran pico 
de su nombre, con una tremenda argayada que se presenta á la vista 
frente de Gijon. Bien observada su espalda y el gran puente de tier- 
ra y peña que le une con el monte que tiene detrás, y corre de Orien- 
te á Poniente, se presenta como un enorme derrumbamiento de la 
alta cima del último, caido sobre la parroquia de San Martin, y des- 
moronado á derecha é izquierda sobre los límites de Galdones y la 
Pedrera. Hecha la observación, volvimos á Contrueces á buen paso. 
Hubo refresco y merienda; y ya bien de noche volvimos á casa. El 
dia fué delicioso: sin calor, ni frió, ni sol, ni viento. Todo el mundo 
estuvo de buen humor; reinó en todos por todo el dia la paz y la 
alegría, y aquella honesta y cordial confianza que es madre del pla- 
cer sencillo é inocente. » 

Advertencia. Todos los Diarios que hemos extractado tienen por 
objeto principal algún viaje, y los viajes algún encargo ó comisión del 
Gobierno, ó algún asunto de instrucción, como antigüedades, geogra- 
fía, población, agricultura, etc. El que vamos ahora á reasumir comien- 
za por la ejecución de una real orden sobre planos para la carretera ge- 
neral de Asturias... 

COMIENZA EL DIARIO 

Salió D. Gaspar de Jove Llanos, de Gijon, la tarde del 10 de No- 
viembre de 1793. El 11 conferencia en Oviedo con el arquitecto Re- 
guera sobre el asunto de su comisión; se acuerdan los instrumentos que 
debe llevar á ella, y le manda que lleve por su ayudante D. Emeterio 
Díaz. Otra conferencia con el Regente de la Audiencia sobre este asun- 
to. Encuentra en Oviedo á Alejandro Hardings, cónsul inglés, natural 
de Gibraltar y casado en Inglaterra. Sirvió en aquella plaza y en Amé- 
rica, donde perdió el brazo izquierdo en la guerra de 1779. Es muy 
instruido; viajó por España y Europa; escribió observaciones sobre paí- 
ses y gobiernos que le ofreció, le regaló otro inédito y en todo original. 
Es miembro de un club de filósofos, del que lo fué en otro tiempo 
Danton. Sus principios son humanos, enemigos de guerra y sangre y 
violencia; su plan parece inverificable; tuvo Jove Llanos largas conver- 
saciones filosóficas con él y acerca de Blair, á quien critica el cónsul 
por poco fundado y muy apasionado del ornato; le agrada el país de 
Asturias, y determina pasar á Gijon, y se separaron. Esta digresión po- 



EXTRACTA) de unos diarios 



63 



drá ser interesante en adelante, por las referencias que se hagan á este 
sabio y amigo de D. Gaspar. Sigue éste el 12 y 13 en Oviedo, dispo- 
niendo el viaje, en repetidas conferencias con el Regente y Reguera. 
Llega D. Emeterio, y salen de aquella ciudad el 14 para el puerto de 
Pajares. Sube la cuesta de San Lorenzo, la de Manzanéela; pasa el 
puente de Olloniego, magnífico y bien construido, pero mal situado. 
Subida del Vadrun molesta-, montaña de Santa Lucía, toda de guijar- 
ros; vetas de carbón de piedra en grandes tongadas, y algunas de bue- 
na calidad. Mieres á las tres leguas, donde llega á las doce y media y 
come; sale á las dos y media y pasa el puente de Santullano, que se 
estaba construyendo: magnífico, y cerrados ya sus cinco arcos. Comien- 
za el mal camino. Pola de L.ena á las dos leguas. Campomanes, á donde 
llegó de noche; mala posada. Sale de aquí el 15 por un perverso cami- 
no á Puefite los Fierros, y el más difícil de ejecutar; llegada á Pajares 
ántes de las doce. Preparaciones para trabajar aquella tarde; el juez en el 
monte; no obstante se hacen estacas, sin él se arreglan los niveles y se 
colocan solas tres estacas con mil trabajos por el viento frió que sopla- 
ba. Duró el viento toda la noche; cayó nieve en las alturas, y sin em- 
bargo salen el 16 Reguera y D. Emeterio con la gente á la nivelación 
del camino, y llevan una tabla para fijar en la Perruca con esta ins- 
cripción: Divisorio del camino y vertientes al principado de Asturias y 
reino de León, señalado el 16 de Noviembre de 1793. Miéntras tanto el 
párroco le da noticias de aquel terreno, que refiere. Volvió la gente á 
las cinco de la tarde con las medidas tomadas exactamente hasta cerca 
de Pajares, y comieron á las seis. Amaneció bellísimo el dia 1 7, y á 
pesar de ser domingo, después de oir Misa y almorzar salió con la gen- 
te á continuar las operaciones. Siguen las medidas por detras del pue- 
blo; dificultades sobre bajar el camino; necesidad de nuevas medidas, 
en que se ocupa la mañana; se come, y después se dispone llevar el ca- 
mino por el pueblo; enorme desnivel que resulta desde el sitio en que 
se señaló el puente; resuelven bajar éste y caer en línea recta al cami- 
no del lugar, y todo se allana. Describe todo lo que ve desde una heria 
que está detras y sobre Pajares; describe las calidades de piedras de 
aquellas montañas, su situación, y su dictámen es que los volcanes des- 
barataron la primera forma de aquellos terrenos, y que después los cul- 
tivaron las aguas. Habla después de la cultura de las tierras y sus abo- 
nos, y acaba refiriendo la lucha de los vientos en aquellas alturas, y de 
aquí la alteración repentina de nieve, lluvia, viento, calma y serenidad, 
en un sitio tan señalado, donde la naturaleza es tan grande y vigorosa, 
que todo contribuye á aumentar la sublimidad de las escenas. El 18 
dia cubierto, frió y ventoso. Continúase, sin embargo la operación, ti- 
rando las cordeladas. Pinta aquí una hermosa ladera que está al frente 
del camino, llena de hermosos prados, regados por la dirección de las 
vertientes, y adornada con bellos árboles, innumerables vacas, ovejas 
y cabras que pastan en ella, y refiere con elegancia y entusiasmo todo 
lo que la rodea. De Pajares á Posadoiro dice que se puede hacer fácil- 
mente el camino, pero de allí adelante con mucha dificultad, y propo- 
ne el medio de vencerla. Refiere la calidad del terreno y el de las pe- 
ñas, y la precisión de meterse bien en la montaña al tomar los ángu- 



64 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



los entrantes para desmentir el nivel. Puente de los Fierros; cruel posa- 
da. Llega la gente cansada á este pueblo á las tres de la tarde, pero 
concluida la operación, y se come y se cena á un mismo tiempo. Apa- 
rece un buen dia el 19, aunque con un poco de aire; á la salida del lu- 
gar se examina y discurre si convendrá continuar el camino por fuera 
del mismo pueblo, cortando el peñón que está sobre el puente y bus- 
cando un ángulo saliente que hace otra peña más arriba, para colocar 
allí un nuevo puente y ganar de cincuenta á sesenta pies de altura. 
Examinado el camino, se resuelve colocar el nuevo puente del lado 
de acá de la confluencia de los rios Valgrando y Fierros, y construir 
otro sobre este último rio; y sigue la observación del camino actual y 
terrenos que están encima y bajo de él, y las medidas con su nivela- 
ción. Acompaña á la gente á pie' hasta el lugar de La Frecha, y descri- 
be el terreno y la calidad de las montañas, y llega á Campomanes, don- 
de llega después la gente, habiendo almorzado en La Frecha, y conti- 
nuando sus medidas. El pueblo está situado en un rellano, y empieza 
el terreno á ser más abierto y las alturas ménos elevadas. Describe el 
origen y giro de un rio que corre por allí, cuyo nombre ignora, pero tie- 
ne encargada la averiguación. Comida; cena, lue'go malilla con los ar- 
quitectos, y á la cama. El 20 amanece muy lluvioso, y es señal, dice, 
de que el Sur triunfó del Nordeste. Le afeita un Escribano de la Pola de 
Lena sus barbas octiduas, y escribe á los Directores de Caminos todo lo 
acaecido hasta aquel dia en el desempeño de su comisión, que piensa 
concluir sin desgracia. Con motivo del mal tiempo no sale de la posa- 
da, que describe, y proyecta mejorar las de esta ruta interinamente, 
mientras se hace el camino, y piensa tratarlo con el Regente de la Au- 
diencia de Oviedo. Dispone que D. Emeterio vuelva á nivelar desde la 
Coaña hasta Fuente los Fierros. Llueve muchísimo el 21, y se trastorna 
la expedición proyectada; se emprende, y D. Gaspar examina con Re- 
guera el puente del rio que viene de Sotiello; señala la entrada y salida 
del camino en este pueblo, y fija las estacas. Describe el rio que pasa 
por Sotiello; su giro, y los orígenes y cursos de otros varios que se le 
unen. Serena el tiempo, y va á ver la ermita de Santa Cristina á pié. 
Pasa un pontón compuesto de dos vigas, y sube la cuesta harto empina- 
da, llena de barro y muy resbaladiza. Arriba en un rellano está la igle- 
sita, de forma bien singular y digna de conocerse: forma un rasguño de 
su planta y alzado, que manifiesta lo que es, y la describe menudamen- 
te, comparando su adorno y algunas otras cosas al que tienen las de 
Sa?itullano y Naranco, por lo que puede pertenecer la época de su cons- 
trucción á la de aquéllas. Lo cierto es que la iglesia es muy singular 
por su forma, pequeño tamaño, distribución, adorno y construcción. 
D. Emeterio sale para su proyectada nivelación. El 22 amanece bellí- 
simo dia, y va á la Pola de Lena á visitar á la familia de Benavides, 
donde come, y en el camino observa que se ven en aquel concejo mu- 
chas parras silvestres en los setos á la orilla del camino, y en las lade- 
ras enlazándose con los alisos, fresnos y castaños y formando bellísi- 
mos festones, y deduce de que en lo antiguo hubo allí viñas. Halló á 
la vuelta las gentes que habían acabado la nivelación. Recibe el correo, 
y se alegra mucho con la noticia de estar aprobada la ordenanza del 



EXTRACTO DE UNOS DIARIOS 



65 



Instituto Asturiano. Súmase el desnivel que resultó de la operación de 
aquel dia, y arroja quince pies, que pueden repartirse en el espacio de 
Puente los Fierros á Coaña. Reguera reconoció aquella tarde parte del 
camino que va á Vega del Rey. Viento recio que sopla del Sur. Se apla- 
có, pero amanece el 23 lluvioso y oscuro; no obstante, la gente sale á 
reconocer y medir el terreno hacia adelante, y se queda D. Gaspar es- 
cribiendo las gracias al Ministro de Marina por la aprobación de la or- 
denanza del Instituto, y otras nueve cartas. Come acompañado de don 
Francisco Balsinde. Vuelve la gente mojada después de haber medido 
hasta Vega del Rey, donde comió, y después hasta Vega del Ciego, des- 
de donde se volvió. Nebuloso dia el 24: oida Misa, dejó á Sotiello, y 
pasa por camino pésimo á Riondo, Vega del Rey y Vega del Ciego, don- 
de previene alojamiento para la gente, y va á buscarle para sí á Lefia, 
en casa de los Sres. Benavides, donde come. Noticia de haber llegado 
la gente. Se pasó la tarde en buena conversación, y desde allí recono- 
ció el valle de Buerna, que describe. Buena cena en demasía y regala- 
dísima cama. El 25 se une con su gente y reconoce las entradas y sali- 
das de aquella villa. Mide después desde el puente de Naredo dos lí- 
neas: una viene por entre la casa y torreón de Benavides, y otra que se 
dirige hasta encontrar el camino actual; reconoció, sin embargo, si se 
podría tirar otra línea recta desde el mismo puente, y se halló muy di- 
fícil. Por la tarde sigue á la gente, que halla poniendo las miras en la 
línea señalada por la mañana, y llegó hasta Villayana con el recono- 
cimiento y medida, que es media legua corta, y vuelve á casa de Be- 
navides. Bella y deliciosa mañana del 26. Fijan las estacas entre la 
Vega y Villayana, y seguirán midiendo hasta Ujo. Descripción del 
concejo de Lena. Despedida á las dos después de haber comido. Rui- 
nas de un castillo más adelante de Fresneda, sobre el rio, en una peña 
escarpada; enfrente, á la derecha, el lugarcito de Caravanzo. Ujo, arro- 
yo de la alberguería; malos sitios; terrenos deleznables, que bate el rio 
continuamente. Farnelo á la derecha; más adelante la casa de Figare- 
do; también á la derecha la de Villarejo, que casi domina el puente vie- 
jo de Santullano. Aquí encuentra la gente que sigue midiendo hasta 



Mieres, donde llega con dia. 

VARAS 

RESULTADO DE LA OPERACION castellanas 



De la Perruca á Pajares 5-555 

De Pajares á Flor de Acebos 1 . 944 

De Flor de Acebos á la Coaña délas Cuevas 764 

De la Coaña á Pue?üe de los Fierros 7-326 

De Puente de los Fierros á Campomanes 6.175 

De Campomanes á la Pola de Lefia 8.325 

De la Pola á Villayana 3-955 

De Villayana á la Venta de Santullano 6 . 896 



Total 40.942 

De allí al puente y salida del camino 670 

Del lugar á Mieres 2 . 940 

Total 44 .55 2 

5 



66 BIBLIOTECA DE LA. PROPAGANDA LITERARIA 

Ancho del rio de "Los Fierros, donde se ha de hacer un nuevo puen- 
te, 58 y medio pies de peña á peña. Desnivel del camino desde la Coa- 
ña á Puente los Fierros, 1.5 12 pies de longitud, en que se ha de repar- 
tir 21.978; corresponde á un pié de desnivel en cada 18 y medio pies. 
Dia 27; descripción de la situación de Mieres y de sus inmediaciones, 
y del puente nuevo de Santullano. Se hizo con carbón de piedra toda 
la cal consumida en esta grande obra, y se sacó de dos minas que hay 
sobre el actual camino entre Santullano y Mieres, llamadas de Braña- 
nocedo. Se cena y duerme en Mieres. El dia 28 recibió Jo ve Llanos 
un recado de Casado de Torres para ir á San Julián, y se resuelve 
á ir. D. Emeterio salió temprano á medir el camino nuevo; por la tar- 
de se nivelará la cuesta de Afa?izatieda. Salió de Mieres á las nueve. So- 
bre la derecha el arroyo de Soliar, y sigue describiendo lo que encuen- 
tra hasta Olloniego, donde llega á las once: la iglesia parroquial á la 
derecha, y á la izquierda el puente antiguo que dejó el rio, y ántes de 
él la casa de Benavides, donde descansa. Se midió todo este camino, y 
su longitud es la siguiente: 

CORDELADAS 

Desde la plazuela de Camposagrado en Mieres hasta 



La Rehollada 92 

Hasta el Padrun 78 

Hasta el principio del Puente de Olloniego 107 

Que hacen cordeladas de á 49 V3 varas por uno. ... 277 

Las que reducidas á varas hacen 13 .856 '/s 

A Oviedo 10.628 



Sigue hasta el Campo del Obispo; deja la carretera, y tomando so 
bre la derecha, se endereza á San Julián. Pésimo camino. Buena aco- 
gida de Casado de Torres; buena conversación, buena cena y buena 
cama. Dia 29 salen por la mañana á ver el horno de carbonización; pa- 
san el Nalon por un puente de madera, y suben por camino provisio- 
nal; después de un cuarto de legua llegan al horno, que es un cilind 10 
como de 40 piés de alto, y de 15 á 20 de diámetro, todo de sillería, 
por dentro y fuera bien trabajado. Sigue describiéndole, y lo que falta 
por hacer para su uso; todo obra de muy gran mérito. Vieron después 
la mina del nivel, cuya galería tendrá como unos seis piés de ancho, y 
su longitud será como de 600. Entraron hasta el fondo con dos velas, 
y hacia al fin va volviendo sobre la izquierda, tomando dirección se- 
micircular, y dicen que hay minas mucho más profundas. Luégo que 
volvieron á casa de Casado, vieron el segundo viaje de las chalanas, 
que seguían con la mayor rapidez y facilidad y sin el menoi tropiezo. 
Las obras del canal están subsistentes, sólo donde pierde la dirección 
recta y toman algunas vueltas han padecido alguna alteración los mo- 
rillos, pero tan poca, que no se pierde el agua, ni el curso de las chala- 
nas, que bajan en dos dias; las pequeñas llevan cuatro hombres, y las 
grandes seis. Según Casado, sale la conducción de cada quintal de car- 
bón de piedra á 1 7, real. Casado le acompañó hasta Oviedo. Dia 30. 
Misa, visita al Regente de la Audiencia: paseo al campo délos Reyes, 



EXTRACTO DE UNOS DIARIOS 



67 



y la noche en casa. Dia i.° de Diciembre: se arregla el aviso impreso que 
se debe circular por el Principado. Conferencia con Reguera sobre pla- 
no, informe y cálc alo. Paseo por la tarde como el dia anterior, y se pasa 
la noche leyendo y en tertulia. Dia 2: sale de Oviedo para Gijon á las 
doce; camino y país agradable. Se detiene en la Venta de Puga á ver 
una casa construida á su espalda. Continúa el camino sin novedad 
hasta Gijon, donde llega felizmente, y se concluye la comisión y el ob- 
jeto de este Diario. 

Sigue éste sin interrupción, refiriendo el Sr. D. Gaspar todo lo que 
hace, lee y escribe cada dia. Y como sea su principal ocupación el es- 
tablecimiento asturiano, después de aprobada por el Rey su ordenanza, 
como queda dicho, trata de participarlo á todas las autoridades del 
Principado, de arreglar las salas de enseñanza, los maestros y los alum- 
nos, y de preparar fiestas y regocijos públicos para su instalación. Este 
es el objeto del Diario en los dias que restan de este año de 1793. Re- 
fiere ademas las novedades del pueblo, las que le avisan de la corte, y 
señala las personas que concurren á su casa, especialmente por la no- 
che, donde concurren personas instruidas. Copiaré aquí lo que contie- 
ne un dia, para muestra de los demás. 

«Sábado 21 de Diciembre de 1793. — Amanece lloviendo. Correo. 
Por la tarde visita al buen D. Tomás Menendez, que, viejo, enfer- 
mo y postrado, celebra todavía las ventajas del pueblo y se enterne- 
ce hablando de ellas. La noche en casa. Cienfuegos refiere algunas 
observaciones acerca de los salmones, dignas de apuntarse: 1. a , que 
cada uno, volviendo del mar, sube á su patria, esto es, al rio en que 
nació, tan seguro de hallarle, que no vacila un punto en la con- 
fluencia; pues se ve que, viniendo todos juntos por el Nalon hasta 
Ambás, siguen unos el mismo rio, y otros doblan el Narcea, y estos 
úlrimos se dividen después en la confluencia del Pigüeua; 2. a , que 
esto se comprueba por la misma forma de ellos, pues los del Nalon 
son más cortos y anchos, los otros más largos y estrechos, aquéllos 
más claros, y éstos de color más oscuro; 3. a , que cuando desovan 
las hembras, se las ve refregarse contra alguna peña, y lo hacen con 
tal fuerza, que se distinguen estos lugares después con el nombre de 
Fregones; que entre tanto se observa que el macho está siempre de- 
tras de la hembra, y que si otro salmón, trucha ó pez, cualquiera que 
sea, se acerca á comer los huevos, los defiende ahuyentándolos; 4. a , 
que con esto los huevos caen en el cieno, y se empollan y nacen .los 
salmoncillos ó esguines; 5. a , que aunque éstos al nacer son pequeñí- 
simos, con proporción al tamaño de sus huevos, es muy pronto su 
crecimiento, pues cuando bajan al mar, por Setiembre ú Octubre, 
esto es, dos meses después de su nacimiento, van ya de tamaño de 
medio palmo hasta uno, y que cuando vuelven otro año son ya sal- 
mones hechos; 6. a , que es muy raro el salmón que baja, porque en 
todas paites los persiguen los pescadores; pero si alguno se escapa 
vuelvetambien con los jóvenes; seconoceen una excrescencia que tiene 
en el labio superior, y en su tamaño, pues hay alguno del peso de 40 
libras; 7. a , que, por consiguiente, la subsistencia de esta pesca pende 
de la libertad de los esguines; pues si permitieran pescarlos cuando 
vuelven al mar pudiera verificarse su total extinción; por esto se prohibe 
esta pesca, y áun se destruyen sus artes, y se reconocen y franquean 
los rios por los regidores de Pravia. Todo el dia y noche de agua » 



68 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



Comienza el año de 1794, y el Diario sigue refiriendo las disposi- 
ciones para las fiestas de la apertura del Instituto que se celebran en 
Gijon el 6 y 7 de Enero, según refiere el libro intitulado Noticias del 
Real Instituto asturiano, impreso en Oviedo el año de 1795, por lo 
que me abstengo de extractar su exposición, y porque todo lo hago en 
el cap. IX de esta segunda parte, que trata del dicho Instituto. Cele- 
brada su instalación el dia 7 del propio mes, refiere el Diario que co- 
menzaron las sesiones en la misma casa del Instituto el 8, leyendo la 
ordenanza, y que siguieron hasta el lunes 13, dando lugar á que se jun- 
tasen los alumnos. Y como todavía no hubiese los competentes maes- 
tros para la enseñanza de las matemáticas y de la Gramática general, 
empezó en este mismo dia D. Francisco de Paula Jovellanos á dar lec- 
ciones de Aritmética, y su hermano D. Gaspar, de Geometría. Dict6 
éste el dia siguiente la primera lección en estos términos: 

«Lecciones preliminares de Gramática general, ó introducción al 
estudio de las lenguas. — Entre todas las criaturas, sólo el hombre re- 
cibió de su Criador el dón de la palabra, esto es, la facultad de ha- 
blar, de la cual trataremos en la lección de mañana. En las dos si- 
guientes explicaremos lo que debéis entender por las palabras Len- 
gua y Gramática, y de esta explicación deduciremos lo que se en- 
tiende por Gramática general, que es el objeto de nuestras lecciones.» 

Así siguió una temporada explicando estos principios, que merecen 
estar impresos. El dia 7 de Marzo pasa á Oviedo á armar caballero de 
la órden de Cárlos III á D. Juan de Dios Bernardo de Quirós. Le acom- 
pañó Reguera, que había ido á Gijon á tratar sobre cálculos del cami- 
no, y se acuerdan en que se podrá construir con seis millones de rea- 
les desde la Ferruca. Refiere lo que halla en el camino, las nuevas 
obras que Puga emprendió en su Venta, y los pocos progresos que en 
ella hace; rompimientos en los Embelgas; una nueva casería, principio 
de otra, y plantíos en ambas. Celebra el 8 la armadura de caballero en 
la iglesia de Santa Clara, con gran acompañamiento y refresco por la 
noche en casa del armado. Casado de Torres habla de horno de car- 
bón de piedra; ofrece cantidad de humo negro, pero los tubos no están 
hechos; va de tercera. El 9 oye Misa en la catedral, y describe la capi- 
lla y retablo de Santa Bardara, y sale para Gijon á las siete y inedia. 
Encuentra á Puga en el camino, que se queja de los venteros, y que 
no encuentra quien desempeñe sus ideas, y hablan de mejoras en su po- 
sesión; llega á Gijon á las doce. Trabaja los dias siguientes en la con- 
clusión de las notas del informe sobre la Ley Agraria. El dia i.° de 
Abril recibe la noticia de la muerte del conde D. Alejandro O'Reilly, 
y á continuación extiende cálamo ocurrente una larga relación de su 
vida, que dice así: 

«Murió el pobre D. Alejandro O'Reilty: iba á mandar el ejército 
del Rosellon; llegó á Bonet, junto á A/mansa,- se sintió malo: era un 
tabardillo, de que falleció el 23 de Marzo, á la una y cuarto de la 
tarde. Monstruo de fortuna, de quien recibió tantos favores como 
agravios; su talento, su actividad, sus intrigas le habían hecho ya te- 
niente general en 1767. Murió el segundo de esta clase; ambicioso 
siempre de mando, desempeñó varias comisiones en América. La de 



EXTRACTO DE UNOS DIARIOS 



09 



Luisiana, ó Niuva-Orleans, le hizo abominable á los franceses. 
En 1775 tomó el mando de la expedición de Argel, dispuesta y, se- 
gún dicen, facilitada por él. Tentó un desembarco sin conocimiento 
del país, y no le pudo verificar; otro, y después de sacrificar la flor 
del ejército, hubo de reembarcarle en el mismo dia; este mal su- 
ceso desgració á su protector Grimaldi, y le suscitó un odio pú- 
blico jamas olvidado; pero Cárlos III le protegía, y en la desgra- 
cia halló nuevas ventajas. No sólo retuvo la inspección general de 
infantería, que ponía á su devoción lo mejor del ejército, sino que fué 
nombrado capitán general de Andalucía. Deseoso de mejorar su re- 
putación, emprendió un famoso puente en el Puerto de Santa María; 
concluyóle, y el dia de su estreno se vino á tierra, y arrastró al rio 
gran número de personas, que perecieron en sus aguas. Nuevas exe- 
craciones y clamores; pero mantuvo, sin embargo, su estado, y áun 
le mejoró, nombrado gobernador de Cádiz. Nada se le encargó en la 
guerra del 79; pero en Cádiz juntaba inmenso caudal, y al fin de la 
guerra pilló una encomienda mayor, sobre otra grande que ya tenía; 
al fin vino á residir á Madrid, y hecho sospechoso á Floridablanca, 
fué, puesto en la lista de los generales proscriptos, Ricardos, Rubí, 
Borguesc, echados de la corte con varios pretextos. Para convencer al 
rey fué preciso hacerle creer que era necesario reconocer y fortificar 
la costa de Cantabria, y que sólo O'Reilly era digno de esta empre- 
sa. Ligero como un rayo hizo el reconocimiento, y cuando el encar- 
go, en la opinión de sus enemigos, debía durar años, á pocos meses 
venía ya O'Reilly á presentarse en Madrid, donde Cárlos III le hu- 
biera acogido y premiado; pero en el camino supo su muerte. Sin 
embargo, continuó su viaje, y se presentó como aparecido en la cor- 
te: toda le era adversa. Se le vió con escándalo, y ántes de subir á 
Palacio tuvo la órden de regresar á la Cortina, de donde fué trasla- 
dado á Valencia. Allí yacía olvidado, sin que se acordasen de él en 
la guerra actual; pero tomada Tolón y congregadas allí tropas de 
diferentes naciones, fué preciso buscar un general respetado de los 
ingleses y bien avenido con ellos. Nombróse á O'Reilly; embarcóse; 
á pocas horas llegó á Cádiz un expreso para llamarle. Tolón fuera 
recobrada por los franceses. O'Reilly estuvo á pique de caer en sus 
garras, pero el aviso le halló en el mar. Vuelve á Madrid; hace gran 
figura en la Junta de generales y Consejo de Estado; enferma Ri- 
cardos; se le da el mando interino del Rosellon, y el dia mismo de 
su salida de Aranjuez salió también el Conde de Aranda, que, de 
grande enemigo suyo, se hiciera su aliado y amigo. Muere Ricardos. 
Es confirmado en el mando; pero la muerte le sobrecoge en el cami- 
no. Esta noticia llegó á Madrid el 25 por la mañana; el mismo dia, 
comiendo el Duque de la Alcudia con varios personajes, «brindemos, 
dijo, señores, por la buena elección que tuvo S. M. de general para 
el Rosellon. » Miró al Conde de la Union, y se celebró el nombramien- 
to. General mozo, acreditado en la última campaña, estimado y que- 
rido de las tropas; pero que, levantado al mando, no será perdona- 
do por la envidia. A su elevación seguirá mucha amargura, fruto or- 
dinario de las fortunas rápidas.» 

Vaya una copia de lo que apuntó el dia 10 del propio mes: 

«Juéves 10. — Agua, viento, nieve. Habrá menguado mucho la es- 
peranza de la fruta, que pintaba maravillosamente. A corregir el 5 
cuadernillo de la Ley Agraria. A la torre. Continúa la versión de 
Saint-Pierre. A la huerta, que está bellísima; no parece que el tem- 



7 o 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



poral hiciese estrago. Por la tarde (aunque de asueto) al Instituto; 
fueron todos citados. Pienso ejercitarlos en decorar y decir algunos 
trozos de poesía escogida. Los dividí en tandas; señalé á los más 
crecidos la Noche serena y La profecía del Tajo, de Fray Luis de 
León; á otros el romance de La Mañana y la oda de La A r oc/ie, de 
Melendez; y á otros más pequeños el soneto á La Paloma, y otras 
cosillas del mismo. Entran en ello con gusto. Mi objeto es: en- 
señarles á pronunciar clara y distintamente; 2. , fijar en su oido y 
memoria la idea de nuestros varios metros; 3. , imprimir en ellos 
algunos buenos modelos de poesía castellana; 4. , idem del estilo su- 
blime y levantado, aplicable así á la poesía como á la elocuencia; 
5. , enseñarles á sentir y á expresar con fuerza y calor las ideas; y 
6.°, darles alguna idea de la acción y del gesto, etc.» 

Vaya el principio de otro: 

«Mártes Santo 15 de Abril. — Madrugada para ir á la iglesia. 
Confesión con D. Rodrigo Cardin; la Comunión el viejo D. Antonio 
Menendez.» 

Esto quiere decir que cumplía con la Iglesia. Lo copio para que no 
lo duden algunos embusteros. En 9 de Junio recibe órden del ministe- 
rio de Marina para que informe sobre una queja del marqués de Cam- 
po-Sagrado, en razón de daños hechos en sus tierras por el beneficio 
de las minas de carbón de piedra, y otro con asistencia de D. Jerónimo 
Tabern y D. Pedro Delgado, sobre queja de Angulo en un molino so- 
bre el Nalon. En 16 del propio mes informa á la dirección general de 
Caminos en virtud de órdenes de 17 y 3 de Mayo anterior, sobre la 
queja que dieron los vecinos de Villaviciosa contra la prorrogación de 
D. Antonio Lorenzo de Hévia y Saqueros por tiempo de seis años. El 
dia siguiente 17 remite una representación al duque de la Alcudia, 
acompañándole un plano topográfico de la parte del Principado que 
atraviesa el camino nivelado, y un estado de las medidas, recomen- 
dándole la importancia de estas obras. Otro pliego al Sr. Llaguno, mi- 
nistro de Gracia y Justicia, dándole cuenta de las comisiones que des- 
empeñó desde 1790 hasta aquel dia, y otro al Sr. Valde's, ministro de 
Marina, con la Noticia del Instituto Asturiano (es la misma que des- 
pués se imprimió), y el estado del Instituto, manifestando en cartas con- 
fidenciales á los dichos tres ministros el deseo que tiene de permane- 
cer en Gijon para mejorar la ordenanza del Instituto, pero con alguna 
reparación del desaire conque al parecer se le trata. Y por último, di- 
rigió con la misma fecha otro pliego á la Dirección, que contiene el in- 
forme general sobre: la distancia del camino; 2. , su desnivel; 3. , 
la calidad del terreno; 4. , medios de superarle; 5. , prevenciones para 
ello; y ó. 5 , fondos en esta forma: el arbitrio de 2 reales que se paga 
al fondo general, y 2. , el sobrante del de Gijon, pidiendo una recom- 
pensa á los empleados y el pago de la siguiente cuenta: 



Al arquitecto 6 . 000 rs. 

Al ayudante 3 . 000 

Al amanuense 1 . 500 

Del gasto causado en la operación 5- 22 5 

Suma 15 .725 rs. vn. 



EXTRACTO DÉ ÜÑOS DIARIOS 



71 



Dice el Diario que salió el Sr. D. Gaspar de Gijon el dia 13 de Ju- 
lio para Avilés, y refiere el estado del terreno por donde pasó. Llegó á 
las once y media de la mañana; celebra una galería que tiene el mar- 
qués de Campo-Sagrado sobre sus aceñas y sobre la muralla, y des- 
cribe los alrededores de Avilés, por donde paseó las tardes. Reconoce 
y examina el cerro llamado El Castillo, donde sospecha haya estado el 
antiguo y famoso castillo de Gozon, ya por las ruinas que halló en el 
mismo cerro, y ya por las razones que largamente expone, deducidas 
de su situación y de otras muchas cosas, que refiere y demuestra sobre 
el propio terreno, con reflexiones físicas y mineralógicas. Observa el 
sitio llamado el Monumento, y vulgarmente el Molimentu, La etica, y 
describe las aceñas de Campo-Sagrado. Después el sepulcro de Pero 
Menendez de Avilés, adelantado de la Florida, que está en la iglesia 
de San Nicolás, y copia su lápida; enfrente otro enterramiento del doc- 
tor Lope de Miranda, oidor de Méjico, con su epitafio y la capilla de 
la casa de Alas, con los túmulos de Fernando de Alas, que falleció en 
26 de Julio de 1545, y de su mujer, que tiene comunicación con la 
misma iglesia. Sale de Avilés el 15, después de comer, y llega por la 
noche á Gijon. En 13 de Agosto dirige á la Dirección de Caminos el 
informe sobre la representación de D. Sebastian de Argüelles; otro so- 
bre el estado del arbitrio del camino de Gijon, y otro sobre el parade- 
ro del sobrante de las consignaciones hechas al antiguo camino. El 14 
va á Oviedo á un convite de Campo-Sagrado, y vuelve á Gijon el 16. 
En 23 remite al Ministro de Marina un informe general sobre pre- 
sas, con el dictámen de Tabern y Delgado; otro particular sobre la 
queja de Angulo, y otro sobre la del juez noble de Grado, D. Ramón 
Menendez Valdés. En 3 de Setiembre informa á Marina sobre la ins- 
trucción del Regente, y en 6 sobre la representación de Casado de Tor- 
res, acerca de que se plantifique en el terreno en que ejecuta las obras^ 
para el carbón de piedra la ordenanza de Arsenales, por los perjuicios- 
que le causa la jurisdicción ordinaria. Volvió á Oviedo en 5 de No- 
viembre, hasta el 16, que se restituyó á Gijon. Vuelve á Oviedo en 14 
de Diciembre, y torna á Gijon en 19 del mismo. Acabó de escribir el 
artículo Oviedo para el Diccionario geográjico de Asturias en 8 de Ene- 
ro de 1795, y seguía trabajando el artículo Asturias. En 10 acepta el 
encargo que le hizo el ministro de Marina de hacer las pruebas de ca- 
ballero de Alcántara á su hermano D. Fernando Valdés, y le propone 
el modo de hacerlas. Por este tiempo hizo muchos extractos de la obra 
de Condillac, y trabajó muchísimo en el adelantamiento del Instituto, y 
en la testamentaría del abad de Santa Doradia, D. Fernando Moran,, 
que falleció el dia 14 de Febrero de aquel año, dejándole por testa- 
mentario fideicomiso, Acercándose el tiempo de salir á las pruebas de 
D. Fernando de Valdés, escribió en el Diario lo siguiente, que debo co- 
piar: 

«Miércoles 11 de Marzo de 1795. — Pensaba hacer mi testamento 
antes de partir; pero no hay tiempo, á bien que le puedo hacer aquí. 
Estoy bien seguro de que se cumplirá mi voluntad. El primer objeto- 
que se me presenta es mi buen hermano, si amado por este dulce tí- 
tulo, mucho más respetado por su virtud y su ardiente celo público^ 



72 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



Sea éste dueño de todo aquello de que yo no dispusiere aquí, y él 
señale á nuestras tres hermanas (la condesa de Peña/va, viuda, doña 
Catalina de Jove Llanos, casada, y doña Josefa Jove Llanos, que 
después de viuda profesó en el convento de agustinas recoletas de 
Gijon con el nombre de San Juan Bautista), la alhaja que le pare - 
ciere por prenda de mi cariño. Mis libros sean para el Instituto que 
él y yo fundamos; y que si la Providencia protege nuestras buenas 
ideas, derramará un dia la luz y las ciencias útiles por esta provin- 
cia, y acaso por toda la nación. Estén siempre en él sólo aquéllos 
que puedan serle útiles, y todos los demás se vendan en beneficio 
suyo. Fué siempre mi gran deseo completar el plan de su enseñanza, 
con respecto á la educación útil y liberal. Fundaremos una buena es- 
cuela de primeras letras, pues que hay fondos para ello, debidos á los 
buenos principios del difunto abad de Santa Doradia. Falta una cá- 
tedra de Humanidades castellanas. En el plan de ésta debieran en- 
trar Historia y Ceografía, y si yo tuviese tiempo para extenderle, la 
lógica enlazada con la cátedra de Filosofía moral, y enlazar en su 
plan de enseñanza la del Derecho público universal. Algo tengo 
adelantado en mi última propuesta al Gobierno; pero poco se puede 
esperar sin fondos. Los que le ocupan quisieran alejar tales estudios, 
sin conocer el daño que hacen á la nación. En estas ideas deseo que 
suceda mi hermano, y me contento con ello. Al conde Cabarrús, con 
quien estoy tan unido en amistad, y cuyos vínculos de fidelidad y ter- 
nura tanto han estrechado sus injustas persecuciones, el conocimiento 
de su inocencia y los sacrificios mismos que hice por salvarle, dejo mi 
retrato, y además el cuadro que eligiere de mi colección, como no 
sea de aquéllos de que aquí dispondré. Quiero que sea para el in- 
quisidor Diaz Valdés el célebre borrón de D. Diego Velazquez, del 
célebre cuadro de la Familia de Felipe 7F y pues que le recibí en pre- 
sente, y ahora servirá de retorno de esta memoria y testimonio de mi 
cariño. Todas mis pobres alhajas de oro, plata y piedras serán para 
mi querido amigo D. Juan Cean Bermudez, educado á mi lado en 
mi casa, de cuyo amor y fidelidad tengo las más relevantes pruebas, 
y al cual profeso una ternura verdaderamente paternal, y un alto 
aprecio de su virtud y buenos talentos. Por último hablaré del incom- 
parable Sr. D. Juan Arias de Saavedra, que se ha dignado de reci- 
bir de mí el nombre de padre, y darme el de hijo por un principio de 
mera costumbre, y que le ha desempeñado con un amor y una cari- 
dad tan raros como lo son su amistad, su fidelidad y su virtud. ¿Qué 
le dejaré que iguale á su mérito y á la ilimitada extensión de mi 
cariño? Pero ¿qué es lo que podrá recibir sin enojo su heróico desin- 
terés? Ruégole que me reciba una bellísima pintura de la Virgen Ma- 
ría con el Niño, de mano del célebre Murillo, que tengo en mi cuar- 
to de la torre, y otra del mismo asunto, pero diferente misterio, de ma- 
no del divino Morales, ambas originales,- y le ruego que no mire esta 
memoria sino como una prueba de mi respeto y ternura, y un desaho- 
go de la pena que me causa el no poderle manifestar con otra especie 
de testimonio mi amor y gratitud y mi veneración. ¡Ah! Por él entré en 
la carrera de la toga, á que me animó, acaso con esperanza de mayo- 
res adelantamientos en ciencia y virtud, de las que hice en ella. El, 
abandonándome, al parecer, miéntras la seguí en prosperidad, vol- 
vió hacia mí desde que empezó á sentir sobre mi suerte la sombra 
de la desgracia. Lo ménos que hizo en ella, aunque tanto, fué poner 
en órden mis intereses, ántes desarreglados. Pagó mis deudas, cuidó 
de mi casa, sufrió mis impertinencias. Contuvo mis extravíos; pe r o 



EXTRACTO DE UNOS DIARIOS 



73 



hizo además la caridad de aconsejarme como amigo, y de regirme 
como padre. ¡Qué no daría yo por una voz de ángel que publicase 
en todo el mundo este débil testimonio de mi gratitud y veneración! 
Pero estoy seguro de que él y los que conocen mi corazón sabrán 
apreciarle. A él y á mi flaqueza pertenece lo que voy á decir. (Si- 
gue declarando unas cortas deudas antiguas .) Se me preguntará poi- 
qué no he comunicado esto á mi buen padre Arias. Dígolo con fran- 
queza: por miedo á la severidad de sus principios; que me perdona- 
rá, pero no le tendría, si no esperase ya cumplir por mí mismo. Bas- 
ta; no necesito profesión de fe: está hecha con mis principios y mi 
conducta, que todo el mundo conoce. En cuanto á entierro, y si du- 
rase la bárbara y nociva costumbre de hacerle en las iglesias, vaya 
mi cuerpo á la parroquia; pero quiero que, si es posible, se obtenga 
licencia del Ordinario y la justicia real para un cementerio particular. 
Si se consiguiere, cómprese el hórreo de D. Cosme Sánchez, y se me 
ponga en aquel sitio, contiguo al Instituto, después de bendito y cer- 
rado. Estará descansando mi corazón cerca de la substitución que le 
ocupa, y los frutos de la enseñanza serán mi mejor sufragio. Gijon 
miércoles 1 1 de Marzo de 1795, sonando la una del dia. Sentiré mu- 
cho no poder colocar á mi secretario D. y osé Acebedo como quisiera. 
Téngole recomendado eficazmente al Sr. Valdés. Harélo de nuevo 
con ocasión de las pruebas Si á mi muerte nada hubiese consegui- 
do, ruego á mi hermano que, á mi nombre y al suyo, promueva la 
colocación de este mozo, y emplee á este fin el valimiento de mis 
buenos amigos los Sres. Sesma y Areales, á quienes espero deber en 
muerte la buena memoria que de mí tuvieron en ausencia (1).» 

Dice el dia siguiente: 

«Juéves 12. — Nubes, alguna agua. Si no empeora se emprenderá 
el viaje después de comer. Para él se formará un Diario particular 
en diferente cuaderno.» 



DIARIO SEXTO 

Comprende desde el dia 12 de Marzo de 1795 hasta 31 de Diciem- 
qre de 1796. Resumiré lo que convenga, y omitiré lo que no sea ne- 
cesario. 

Salió á las dos de la tarde de Gijon, y llegó al anochecer á Oviedo, 
donde permaneció por el mal tiempo, y esperando al freile que le ha- 
bía de ayudar en las pruebas, hasta el 20 del propio mes, que arrancó 
loviendo por la mañana y por detrás del Hospicio. Encuentra por 
aquel lado varios arroyos y el rio Nora, que lleva muchas aguas de los 
concejos de Siero, Oviedo y Llanera, bajo el puente de Gallegos, y va 
á morir en el Nalon, ántes de Peñafior. Come en este lugar, y dejando 
más arriba á Grado, á la izquierda, pasa en barco el Nalon y le pone 
en la casa de Valdés, donde encuentra al freile Liaño, con quien trata 
de preparativos para el viaje y pruebas, y de los estudios de Salaman- 

(1) Este testamento no tuvo valor ni efecto por no haberse realizado en forma, 
y haber hecho otro el Sr. D. Gaspar pocas horas ántes de morir, dejando por he- 
redero á su sobrino D. Baltasar Cienfuegos, quien hizo después lo que quiso con 
especto á varios legados. (Nota de Cean Bermudez.) 



74 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



ca, de donde venía. El 21 comienzan aquí las deposiciones de los tes- 
tigos que nombra. El 22 se examina la iglesia, en la que los Valdeses 
tienen banco y estrado con escudo de armas; todo se extiende; y el 23 
sale de madrugada para Grado. Pasa por Aces, por cuestas y malos ca- 
minos: más adelante un trozo de carretera ántes de llegar al puente de 
San Pelayo y hasta la villa. Aquí se establecen barrenos para los nue- 
vos fusileros, de los cuales siete familias están ya en Grado, y las hay 
en Trubla, distante una legua, donde, decían entonces, se abrían los ci- 
mientos para la nueva fundición. Con este motivo reflexiona sobre 
cuánto mejor sería establecerla en Siero. En Grado sigue el exámen 
de testigos para las pruebas de los padrones, libros bautismales y otras 
diligencias. Describe la casa-posesion y capilla que tiene aquí Valde- 
carzana; come, y sale por la tarde; el mismo camino; llega al Barco,. 
donde pasa la noche y el dia siguiente, extendiendo las diligencias he- 
chas en Grado. Describe el concejo de Candamo con sus once parro- 
quias, y despacha el correo. Sale el 25 temprano por calzadas y mal 
camino; pasa por la parroquia de San Tirso, por el lugar de Reconco, 
Comellana, y llega á Salas, en cuya Colegiata oye Misa. Aquí el mag- 
nífico sepulcro del arzobispo de Sevilla, D. Fernando de Valdés, su 
fundador, que describe, con el templo y retablo mayor de Luis de 
Vega. Sigue adelante; come fiambre en la venta de La Espi?ia, y llega 
al anochecer á Tinco, donde duerme; camino por calzadas y barrancos 
con niebla muy espesa. Marcha el 26 por una malísima bajada; pasa 
por Piedrafita, tierra alta y abundantísima de aguas, que forman gran- 
des torrentes, y por San Estéban. Sigue una bajada penosa y dilatada 
por grandes precipicios; encuentra los rios Geon y Mirayo; en su con- 
fluencia un puente de madera; y el Arganza, llamado Grande, ó de la 
Pola, y por un mal camino llega á Corlas; monasterio de benedicti- 
nos, que describe de paso, y descansa en Cangas á la una del dia. Ha- 
bla del cultivo de Tineo y de su mucho ganado. Come, y pasa luego á 
ver la casa del conde de Toreno, en la que halla buenas pinturas, lá • 
minas flamencas, librería, gabinete de Historia natural con buenos már- 
moles del país. Lo restante de la tarde y noche lo pasa en trabajar y 
en conversación de las cosas de aquel terreno. Sigue allí el 28 exami- 
nando testigos; celebra la Colegiata de la Magdalena, que describe; los 
bultos de los padres y de D. Fernando de Valdés y Llano, arzobispo 
de Granada, su fundador, cuyos epitafios copia, y prosigue en las dili- 
gencias de las pruebas. Ve la nueva fábrica de curtidos, que tiene cin- 
cuenta y cuatro noques y diez y seis oficiales. Se trabajan y despachan 
2.300 cueros en cada un año, y 2.000 pieles de becerro. Sale de Cangas 
el dia 28 y por bellísimas laderas cubiertas de viñedo, y por fértilísimos 
y bien regados prados vuelve á Corlas, que está á la otra banda del 
rio, y emprende una gran subida cortada en grandes peñascos de pu- 
dor que hacen el camino firme. De la altura se ve correr precipitado el 
Narcea; buen cultivo de viñas y sembradío de panizo, que alterna con 
el centeno, y sobre todo prados y más prados bien regados por los rios 
Mirayo, Gera, que entran en el Arganza, y todos en el Narcea. Vuel- 
ve á pasar por Tineo, donde se detiene á ver el pobre convento de 
franciscanos que nada bueno tiene, y sí treinta frailes que consumen 



EXTRACTO DE UNOS DIARIOS 



75 



el pueblo, y sigue á la venta de La Espina, donde come mal, y entra 
en Salas á la oración. Dia 29: Misa á las seis en la Colegiata; describe 
el retablo de la capilla de los Mallezas, el mejor de Asturias, con toda 
su escultura, y copia una lápida, que dice estar allí sepultados los se- 
ñores D. Fernando de Malleza y D. Fernando de Malleza y Doriga, 
señores de la casa de Malleza: asentáronse año 1681; y parten á las sie- 
te y media por una montaña y malísima subida después de Villazon, 
donde acaba esta parroquia^ y entra el concejo de Pravia, cuya vega 
se descubre, y llega á medio dia á la villa, y descansa aquella noche 
y el siguiente dia 30 hasta después de comer, que sale para Avilés, 
adonde llega á las seis. Trabaja el 31 en las pruebas. El i.° de Abril 
sale á medio dia, y llega á Gijon á las cuatro de la tarde. El dia si- 
guiente era Juéves Santo, en que nada se hizo, y el Viernes se empezó 
á ordenar el trabajo de las pruebas, y despacha el correo en este dia y 
el siguiente. Cumple con la Iglesia el Domingo de Pascua, y por la 
noche acaba de arreglar el trabajo de las pruebas. Sigue trabajando en 
Gijon sobre el Instituto y almoneda, ó testamentaría, del abad de San- 
ta Doradia; informa al ministerio de Marina sobre navegación y pesca 
del Nalon, sobre los apóstales de este rio y sobre asuntos del Institu- 
to. Y vuelve á salir de Gijon el domingo 1 2 de Abril con el freile Lia- 
ño para Oviedo, donde llega de noche, y permanece hasta el 14, que, 
siguiendo el camino real, comen en Mieres en la casa de Campo Sa- 
grado, y duermen en Qampomanes. A caballo el 1 5 á las seis de la ma- 
ñana; almuerzo en Pajares á las diez; descripción mineralógica de 
aquel terreno; llega á la una á Busdongo; sale á las tres, y sigue des- 
cribiendo aquel país y aquellos anfiteatros de montañas inaccesibles, y 
llega á la oración á Buiza. Mañana deliciosa el 16; se pasa un rio por 
un puentecillo y un anfiteatro de rocas; otro rio mayor que el Buiza, 
al que se une. Beberinos, puente sobre el Bernesga, y describe el cur- 
so y origen de estos rios. Pola de Gordon con buenas casas de teja, 
buenas vegas y bien cultivadas; Peradilla, puente de Alba, todo buen 
camino; gran malecón sobre las tierras del otro lado. A las diez en La 
Robla: posada nueva, y en ella esperando el coche del convento de 
San Múreos de León. Se come; se sale á las dos y media, y por buen 
camino se llega á León á buena hora. Descansa y visita aquí los dias 
17 y 18, y el 19, después de oir Misa en la catedral, sublime templo, 
sale de León á las seis y media de la mañana, lloviendo. A las dos le- 
guas el puente de Villavente, desempedrado y sin manguardias, sobre 
el rio Onza, ó Porma, que nace en los montes de Asturias, hacia Lllo 
y llega á las ocho y media á Mansilla de las Muías, pueblo murado y 
derrotado, con un gran puente á la entrada sobre el Ezla, que está en 
el mismo estado que el de Villavente. Esta villa tuvo en lo antiguo sie- 
te mil vecinos, y ahora ciento veinte, y los dos tercios jornaleros y po- 
bres. Todavía hay riego con buena tierra para centeno y lino; cría de 
potros, muías y ganado lanar. 

«¿Cómo, pues, tanta pobreza? exclama. Porque hay baldíos; por- 
que las tierras están abiertas; porqne el lugar es de señorío del du- 
que de Alba; porque hay mayorazgos, vínculos, capellanías... ¡Oh 
suspirada Ley agraria!» 

i. ' -A ,M 



76 BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

Después de almorzar monta á caballo á las diez; lloviendo toda la 
mañana, sin amparo alguno. A la legua Villa de Moros, y las dos El 
Burgo, tierra fria y desolada, sin ningún viviente, sin más cultivo que 
algún centeno. Come en el Burgo; pasa por Bercianos, y llega al fin de 
la tarde á Sahagun, distante dos leguas y media de El Burgo. Se hos- 
peda en el célebre monasterio de benedictinos. Madruga el 20; exami- 
na la iglesia, su buen retablo de Gregorio Hernández, y demás ador- 
nos del templo, que describe; se despide, ofreciendo volver, y sale con 
buena mañana, aunque fresca. Pasa por San Nicolás y por el hospital 
de Las Tiendas, fundación del venerable Bernardo Martin, que perte- 
nece al convento de Uclés, de la orden militar de Santiago; y ántes el 
rio Vabdeladue, que nace á tres leguas de Sahagun, entra en Grajal y 
muere en el Duero. Toda tierra muy pingüe de trigo y cebada. Al 
tiempo de salir de esta casa empeora el tiempo, y es preciso ceder á 
las instancias del administrador para quedarse. Registra la iglesia, cuyo 
retablito es de buena escultura, y parece de Juan de Juni, y donde co- 
pió algunos privilegios. Salió después de comer, y pasó por el Hospital 
blanco, sobre la vía militar romana perfectamente conservada; se ve á 
la izquierda el monasterio de Benevivere, de canónigos reglares de San 
Agustín; por una pésima calzada que pasó á pié llega á Carrion. Des- 
cribe el nombrado monasterio de San Zoil, de benedictinos; su insigne 
claustro bajo, de Juan de Badajoz, por su escultura; la grande y bella 
iglesia, buen retablo mayor y otras cosas que la adornan. Tiene el pue- 
blo como unos seiscientos vecinos y cinco conventos, y aunque fué mu- 
rado, apenas se conservan sus ruinas. No tiene fábrica alguna; pero se te- 
jen lienzos y cordellates para el uso doméstico. Su cultivo, trigo y ceba- 
da, y mucho lino en su vega, que es fértil y de riego. Salió de aquí el 2 1, 
y perdió la ruta que debía llevarpor la mucha agua y viento, pues en vez 
de tirar á Arcoñada va á Villahierro. Se acoge á una ermita que está 
á la salida, donde almuerza alegremente. Sigue á Villadiezma, camino 
de grandes barros; después Osorno; no se puede pasar el Pisuerga, ni 
hay puente para ir á Melgar, sino rodeando á Lantadilla; restan tres 
leguas con mal tiempo y mal camino; á comer/ Se estableció en Ven- 
tosa una fábrica de curtidos, en que se trabajan ántes gruesos para for- 
nituras, becerros y suela por cuenta del Rey; así irá ello. Se han hecho 
almacenes de trigo en Villaumbrales, y se trabaja hacia Grijota sobre 
el canal de Campos. Si embargo del mal tiempo, emprende el camino 
por su malecón de la izquierda, y después por un trozo de camino á su 
orilla, por el puente de Abarades, y á pié por la Cabanguata. Sigue el 
canal por el puente de comunicación, el camino de Melgar y entró en 
la fábrica de curtidos de D. Santiago Tomé de Burgos. Parece de léjos 
un palacio. Tiene setenta y dos noque s, sin los diez de cal para pelar, 
y trabajan veinticuatro oficiales, y el maestro es francés. Duerme en 
Melgar, que describe. Sale á las seis el dia 2 2 con buen tiempo; pasa 
por Padilla, que tiene buena campiña. Almuerza en Olmillos y come 
en Villamediana, lugar pequeño de cincuenta vecinos. Describe menu- 
damente la situación de otros pueblos que se ven en este camino, y sus 
producciones, y un tocado muy particular que usan las mujeres de Vi- 
llamediana y de los otros pueblos inmediatos hasta Burgos. Llegó á esta 



EXTRACTO DE UNOS DIARIOS 



77 



ciudad de noche por su bella vega, y por el Arlanzon, con nueva carretera 
adornada con árboles; se detiene aquí hasta el 25. Describe ligeramen- 
te lo que vió en la catedral, en los conventos de San Pablo, San Agus- 
tín y Trinitarios, en las Calatravas, el arco de Fernán González, la 
iglesia de las Huelgas, el Hospital real, la cartuja de Miraflores y otras 
cosas que dice Ponz en su viaje. Sale el mismo dia 25 por el camino 
nuevo de Francia, como de treinta á cuarenta pasos de ancho, con ár- 
boles á los lados. Se descubre en algunas partes la vía militar romana. 
Gamonal á la media legua. Camínase viendo á la izquierda una serie 
de colinas de tierra blanquecina, y más lejos, á la derecha, las sierras 
de Oca y Cobarrubias. A ]a legua Villafria, lue'go Rubena, después 
Qui?ita?iapalla. y otra legua más allá Monasterio. Aquí come. Salida á 
las dos y media: á la izquierda Santa Olalla, luego Quintanavides, 
Castrillopeones, Prádanos y Briviesca. Describe todo este terreno. Bue- 
na posadá, y va luego á examinar la Colegiata, que tiene buen frontis- 
picio corintio de sillería, dos torres, y por dentro renovada la iglesia, 
de tres naves, con altar mayor aislado y detras el coro; buena escultu- 
ra, etc., que también describe, como otros adornos que contiene. Sale 
de allí el 26, y llega á comer á Pancorbo ántes de las doce, pasando á 
la vista de una linda vega, que está á la izquierda del camino de Quin- 
tanilla del Albor, Busto, Cascajares y Miraveche; acá. Berzosa, Camero 
y su venta en el camino; después Cubo y Santa María, todo buen ca- 
mino, mejor arbolado, nogales y chopos. Vista de las obras en las al- 
turas de Briviesca. Castillo de Santa Engracia, baterías, minas para al- 
macenes. Come, y después de ver otras obras nuevas de fortificación, 
que, dice, no son objeto de su jurisdicción, sale para Haro por un ca- 
mino pedregoso, por Altable y Fonzalecha; á la izquierda Fo?icea, y en 
lo alto Cellorigo, Galbarroli y Castilseco; á la derecha Villaseca, Cuzcur- 
rita, Tirgo, Cigurí, Casalareina y Agenciana. Describe todo este terre- 
no, con una vega fértilísima para viñas; rio Tirón ántes de Agenciana, 
y en ella un castillo bien conservado. Cerca de Haro buenas huertas, 
bella entrada en un derrumbadero, gracioso paseo con fuente y otras 
cosas nuevas. Dice que el mercado franco de Haro, todos los mártes, 
es de los primeros de España, singularmente para pescados. Concur- 
ren á él todos los de la costa de Cantabria, desde las cuatro villas has- 
ta Guipúzcoa, y vienen á buscarlos los arrieros de Andalucía, Castilla 
la Nueva y Vieja, Soria, etc. Tráenle aquí los del país en retorno de 
sus vinos ó de aceite que compran á los que vienen á buscarle. Tiene 
también una feria muy concurrida desde 8 á 16 de Setiembre, y la po- 
blación consta de mil vecinos, con una parroquia, un convento de 
agustinos, un hospital, una casa de trabajos y una junta de caridad. En 
Altable empieza la Rioja, y se presenta como en una gran llanura, con- 
tenida de una parte entre las sierras que desde la garganta de Pancor- 
bo sigue O. E., cerrándola por el N., y de otra por las altas montañas de 
Oca, con los nombres de San Afitonio y San Lorenzo, en curva más dis- 
tante. La primera llanura es la vega de Tirón, dividida en dos planos, 
y el más inferior de ellos es de grande hermosura y fertilidad; al otro, 
por lo general ocupado de viñas y centenares, le falta arbolado. Las 
orillas de Tirón, que corre por Casa de la Reina, ya enriquecido con 



78 BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

el Oja desde Domingo (el que dicen haber dado nombre á la 

provincia), tienen mucho chopo y negrillo. Estas montañas del N. tie- 
nen una garganta, por donde el Ebro entra en la Rioja. Cena y dormir. 
Arranca de aquí el 27 á las cuatro y media de la mañana por un puen- 
te de ocho arcos y por entre huertas fecundísimas de riego, fruta y hor- 
taliza, y va á la ermita de Nuestra Señora de la Vega, que es nueva y 
grande. La describe, como también la parroquia, que es mejor, y la 
del convento de agustinos; deja á Ximilio, y á la derecha Cuzcurreti- 
lla y Ollauri, y llega á Br iones, situado en alto, con un buen castillo 
ya derrotado. Refiere lo que son la iglesia parroquial, con su capilla 
de la familia Bicio, otra de los Tenorios, la de los Ircios y la ocha- 
vada del Santo Cristo, separada de la parroquia; la fábrica de aguar- 
dientes y mistelas. Desde esta villa vió por la primera vez en este via- 
je el Ebro, que pasando por entre Haro y la Bastida, viene con un 
gran torno á besar el pié de la montaña de Briones. Magnífica vista; 
vega deliciosa, llena de grandes viñedos. Sigue el camino San Vicente 
al otro lado del Ebro: Abalos, La Guardia, al frente el castillo Davali- 
llos; convento de la Estrella, de jerónimos; San Ascencio, y describe 
todo este terreno mineralógicamente, y su cultivo. A las once y media 
en Montalvo: á ver el puente nuevo de siete arcos grandes y su inscrip- 
ción, que también describe, con sus inmediaciones. Come, y sale á las 
cinco de la tarde. Vuelve á encontrar el Ebro, ya enriquecido con el 
Najerilla, y refiere todo lo que halló hasta Fiíenmayor, á donde llega 
al anochecer. A este pueblo corresponden algunas diligencias del ape- 
llido materno Bazan, del pretendiente, por lo que se detiene en él al- 
gunos dias. Las comienza el día 28, y examina la iglesia parroquial, 
que describe, y su adorno. Halla gentes racionales que le dan cuenta 
del estado del pueblo, que refiere. Sigue en las pruebas el 29, y ñor 
la tarde se pasea en la vega, feracísima de trigo, cebada y centeno. Se 
extienden las declaraciones de los testigos el 30, y se reconocen los li- 
bros parroquiales, que celebra mucho por su limpieza, órden, claridad 
é índice. Va por la tarde á la famosa vega del Buizo, terminada por el 
Ebro al N., y regada con agua traida de la /ruega. Ve la bodega de 
vinos de D. José Fernandez, que describe, y el modo de hacer allí el 
vino. Comienza el i.° de Mayo escribiendo el correo, que es largo; 
pasa después á examinar el archivo de la villa; come, y por la tarde va 
á Navarrete por una soberbia campiña, bien regada y cultivada, bien 
plantada de olivos. Describe la excelente portada de la iglesia, atribui- 
da á Juan de Herrera, siendo el templo por dentro gótico moderno, 
con tres naves, el retablo mayor y demás adorno. Alfarerías en el cer- 
ro, en que se trabajan tinajas y ollería vidriado, cuyos hornos se ali- 
mentan con tomillo, romero, espliego y cantueso. Desde la altura del 
cerro, mirando á Mediodía, se ve la degradación de la sierra de Mo?i- 
calvillo, la varga de Viguera hasta el lugar de Entreva, que ya es del 
partido de Soria; el cerro de Clavijo, famoso por sus fábulas. Entre 
ambos corre la /ruega por los términos de Ñ&ldez y Albelda, célebre 
por su antiguo monasterio. Vuelta á Fuenmayor á la oración. El dia 2 
extendió las diligencias de los padrones. Por la tarde á los testamen- 
tos y al cerro de San Cristóbal. Sale el 3 después de oir misa para Lo - 



EXTRACTO DE UNOS DIARIOS 



79 



groño: gran subida, cerro de Morillo, vista de la campiña de Logroño, 
Villamediana, Alvertíte y La Cañada, por donde va el Lruegas; á la 
izquierda Oyon, pueblo del obispado de Pamplona y de la provincia de 
Alava; enfrente la garganta, que va á aquel reino y capital entre dos 
alturas que caen hacia Estella. Logroño en medio, bañado del Ebro por 
el N. Puente, y al otro Jado el cerro de Cantabria; á la media legua los 
términos de Navarra. Logroño está bien situado, y á la entrada las 
causas de su miseria. El convento de la Trinidad; un tiro de bala la 
Inquisición; gran trozo de antigua muralla; puerta; otra muralla inte- 
rior; convento de mercenarios, dominicos, franciscos, carmelitas descal- 
zos; monjas carmelitas, agustinas y de la Concepción; cinco parroquias 
■con la Redonda, que es la Colegiata; población de dos mil vecinos, hos- 
pital, casa de Misericordia y Seminario conciliar. Todo lo describe por 
menor, y el adorno de los templos; el paseo del Espolón, con el mag- 
nífico palacio de la Inquisición para alojar á tres clérigos y oprimir á 
algunos infelices. Permanece en Logroño el 4 y 5 concluyendo las prue- 
bas, y sale el 6 á la madrugada. Pasa por Ce?iiceros, y llega al monas- 
terio de la Estrella, donde examina todo lo que en él hay pertenecien- 
te á las bellas artes, y celebra las obras del pintor mudo Juan Fernan- 
dez Navarrete. Briofies: no entra; pasa de largo á Gunileo, á la izquier- 
da Cerraton, y más cerca Ollaicri. Llega á Haro, donde se vuelve á 
detener. Sale de allí el dia 7, y va á Ollauri á evacuar diligencias de 
las pruebas acerca de la familia de Ocio, que desempeña, y vuelve á co- 
mer á Haro. El 8 registra el archivo de la villa, y sigue trabajando 
el 9. Por la tarde va á Casalareina, y ve la unión y entrada del rio Ee- 
ron en el Ebro: allí bellas huertas y mal sujeto el rio por falta de cui- 
dado. Domingo 10, á Misa á la parroquia, cuyos retablos refiere, como 
también otras alfarerías que hay en Navarrete, Fuenmayor y Haro, y lo 
que en ellas se trabaja. Dice que la noche anterior hizo frió y que to- 
caron á hielo, por lo que se cree que las campanas mandan sobre los 
accidentes naturales del clima de la estación. Visitas á los caballeros del 
pueblo, de cuyas familias hace una breve relación, como la hizo tam- 
bién de las de otros pueblos en donde estuvo. El 1 1 salió por la maña- 
na á Casa de la reina, y vió la iglesia de las monjas, que es gótica, y 
buena la arquitectura de su retablo, con una inscripción al lado que 
refiere que doña Isabel de Velasco y Guzman, hija de los duques de 
Medina -Sidonia y primera priora de aquel convento, le fundó y dotó 
el año de 1524. Al pié del presbiterio su sepulcro con su epitafio, que 
comienza: Oye, sus, no mires mis males, porque no olvides tu nombre; y 
al pié, que yace allí D. Juan de Velasco, obispo de Palencia. La parro- 
quia es de una nave, con crucero y con buenos retablos. Comió en casa 
de Gayangos. Por la tarde exámen de testamentos para las pruebas; 
después á ver el puente de Ojaroto, que estaban componiendo, la bo- 
dega de vinos de Gayangos, cuyas cubas describe, y vuelve á dormir á 
Haro. — Mártes 12: soberbio mercado; á ver la bodega de Juan de Be- 
leoqui, y después la casa de Ollauri, donde halla entre varios retratos 
uno de Luis I, muchacho, pintado por Vanlóo, donde le dejó su madre 
la Saboyana, que estuvo hospedada en aquella casa el año 17 10. Tam- 
bién vió una fábrica de sillas, y catequizó á un aprendiz para que fue- 



8o 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



se á establecerse á Gijon. Trabajó toda la mañana del 13 en el infor- 
me de las pruebas. Por la tarde al puente de Haro, ó de Brutas, sobre 
el Ebro, que tiene cuatro arcos. Dia 14: pasó á Alba, y vió lo que lla- 
man las conchas, la garganta por donde sale el Ebro, el nuevo camino 
de Rioja á Alava; enormes vueltas del rio, señalando desde las alturas 
su antiguo curso . El 15 sigue trabajando en el informe; por la tarde 
paseo á las huertas y á la fuente. Sale el 16 para Herrera\ buen cami- 
no. Nada de obras antiguas en la iglesia ni en el monasterio, y menos 
el claustro bajo; el archivo muy bien cuidado; extractó algunos privile- 
gios; sitio delicioso por su frescura y fecundidad, con gran abundancia 
de agua. Come allí. Salida á pié á Las Salinas, que ahora son del Rey 
y ántes de convento. Hay otra salina en Salinilla de Buradon. Se la- 
bran aquí al año 3.500 fanegas, y en la otra 5.000. Al priorato de La 
Serna: soberbia posesión entre la orilla del Ebro y la altura. A casa, 
mojado por un gran aguacero. Acabó el borrador del informe. 

«¡Gracias á Dios! dice. Pocos escritos me han costado tanto traba- 
jo; y al cabo no sé qué dirán mis compañeros del Consejo. Hé aquí 
lo que somos. Cualquiera freile hace con facilidad lo que á mí me 
cuesta tanto . » 

Domingo 17: Misa y visitas; disposiciones para el viaje de mañana, 
y paseo por la tarde á las deliciosas huertas. Sale el 18 temprano: á 
Ollauri; desaparecen las viñas; excelentes sembrados de todo grano. 
Hormillas, más adelante Hormillejas. A la derecha un hermoso país 
perfectamente cultivado y poblado con siete ú ocho poblaciones que 
contó; enfrente la montaña de Nájera: se entra por la derecha, el rio 
á la izquierda; al monasterio de Santa María. Le describe: iglesia de 
antiguo gótico, con tres naves estrechas y malos retablos; una preciosa 
cruz en la sacristía y unos retablitos muy bellos en la capilla del Cris- 
to. La cruz es donación del rey D. García y de su mujer doña Urraca. 
El panteón de los reyes está á los pies de la iglesia, con sepulcros, y el 
de la reina doña Blanca con sus inscripciones modernas: en él los bul- 
tos de los fundadores D. García y doña Estefanía. En el claustro está 
el sepulcro de D. Diego López de Haro, con su bulto, y ante él se pu- 
blica todos los años el nombramiento de las justicias, A cenar. Dia 19: 
exámen del archivo del monasterio, que es de benedictinos: hay en él 
un excelente becerro, que contiene las escrituras hasta el año de 1500. 
Señala los fueros de Nájera y Cimeña, que copiará; una excelente prag- 
mática de Alonso II con tasas y prohibiciones suntuarias, que también 
copiará. Celebra los cuadros que están en el Capítulo. Copia la ins- 
cripción de la cruz de D. García. Apuntes que le dieron sobre el tiem- 
po del retablo mayor y sillería del coro. Por la tarde paseo á las huer- 
tas del otro lado del rio, bellas cuanto cabe. Dia 20, á reconocer los ín- 
dices del becerro. Lee las cartas de Cárlos V al abad de Nájera, su 
comisario en el ejército de Lombardía, y copia una muy notable, y re- 
coge otras copias curiosas que le regalan los monjes de instrumentos 
góticos del archivo de Santillana.A paseo, del puente allá, por las huer- 
tas de la derecha, deliciosas y fértiles. Fuen de Orive en una de ellas, 
y llega al famoso Tricio, situado un cuarto de legua al E. de Nájera: 



EXTRACTO DE UNOS DIARIOS 



Si 



ocupa la altura de un cerrillo que domina las llanuras del contorno; 
después la montaña de San Lorenzo, y á su pié Arenzana de Abajo y 
de Arriba, y al E. Aleson, Majares, Huér canos, y á su espalda, léjos, 
Bezares, Sania Coloma, Uriñuela, Soma/o; al otro lado del rio Hormi- 
lleja; por este lado otra inmensa porción de país regado con las aguas 
del Yalda. Al monasterio. Dia 21 extracta á Yepes. En Nájera hay tre- 
ce fábricas, y el cáñamo' es producto de aquellas huertas, y mucha in- 
dustria de cordeleros bastante extendida, y trabajan para el ejército. 
Por la tarde á Somato, priorato de aquel monasterio, y describe aquel 
terreno y !a casa grande, que sirve de recreación á los monjes en cuatro 
temporadas. Corre aquel delicioso país, que pinta, y la fuente de Cha- 
faril, que retrata con su frondosidad en torno; era entónces el cre- 
púsculo de la tarde, el cielo claro y sereno, la luna nueva brillaba dul- 
cemente en lo alto; el canto de los ruiseñores, el ruido del agua, la som- 
bra de los altos árboles, y extático exclama: 

«¡Oh naturaleza! ¡Oh deliciosa vida rústica! ¡Y que hnya locos que 
prefieran otros espectáculos á éstos cuya sublime magnificencia está 
preparada por la sabia y generosa mano de la naturaleza! 

Dia 22 sigue en Somato escribiendo el correo, y sale á ver su huer- 
ta, que describe, como también el vecindario, parroquias, templos y fá- 
bricas de Nájera, adonde va á dormir. El 23 se despide del P. Abad 
y comunidad, y sale á las cinco para San Millan, adonde llega á las 
nueve y media después de dos paradas en los sitios que describe. Mag- 
nífica entrada por una plaza sostenida de altos paredones con fuertes 
estribos y buenos remates. Pasó ántes por un camino estrecho y malo, 
como un cuarto de legua, dejando la Najcrilla. Tomó por la derecha: 
campiña bien fértil, pero sin viñas; mucho trigo, cebada y centeno. 
Descubrió luego el rio Cárdenas, que viene de los montes de San Loren- 
zo, y después de bañar el cimiento del monasterio baja á dar su nom- 
bre á una hermosa villa asentada en su margen. Badaró á dos leguas, 
con iglesia propia de San Millan y una capilla al lado del Evangelio, 
de los Torrecillas, y un monumento y bultos que describe. Antes se ve 
la Peña de Tovia, detras el lugar de este nombre, rio con el mismo. 
Más á la izquierda de él se descubre la garganta por donde baja el 
Najerilla, que, después de unido con el Tovia, recibe las aguas del 
Cárdenas. La portada de San Afilian es malísima por sus enormes ca- 
piteles sobre columnas raquíticas, adornada con escultura también 
mala; excelente vestíbulo é igual escalera; iglesia gótico-moderna, con 
buen retablo, que contiene pinturas de Fr. Juan Rizi; buenos claus- 
tros, mejor librería; todo explicado. Pasó después al otro monasterio, 
también de benedictinos, de San Millan de Suso, ó de Arriba: nota- 
bles tongadas de peña en la altura; su composición, pedazos de varios 
tamaños angulosos de piedra grano, pizarra, caliar y cuarzo; todo aglo- 
merado con un lecho de tierra roja. Estas tongadas son arriba de un 
grueso inmenso. Desde la entrada de este segundo convento se ven los 
sepulcros, que dicen ser de los siete infantes de Lara y de su ayo don 
Pablo; y á la de la iglesia una lápida, que refiere estar allí sepultadas 
tres reinas. La iglesia es de dos naves, divididas por una série de arcos, 



82 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



que disefia; el retablo mayor contiene tablas doradas y pintadas, que 
representan los milagros del santo. La segunda nave es la principal: 
al lado del Evangelio hay dos capillitas, y dentro de la primera el se: 
pulcro del santo, que describe. En la pared que media entre estas do- 
capillitas hay un buen monumento, en que está el corazón del carde- 
nal de Agnirre con su inscripción, que copia, y sigue refiriendo todo lo 
particular que hay en este monasterio. Bajó por otro ea-r.ino ciñendo 
las cuestas, desde donde se ve el rio Cárdenas correr por una estrecha 
y frondosa vega. El monasterio primero, ó de Yuso, se ve también aba- 
jo á Ja izquierda, y á la derecha la montaña de San Lorenzo, cubierta 
todavía de nieve. Cena y duerme en este convento. Domingo 24, Misa 
y al archivo. Con motivo de asistir á la misa mayor, vuelve á hablar 
del adorno de la iglesia, y refiere lo que tienen dos preciosas arcas de 
oro, plata, marfil y piedras preciosas, en que están los cuerpos de San 
Millan y San Felices. Paseo por la tarde con los monjes. — Dia 25 al 
archivo, donde copió nueve documentos y extractó algunas noticiasdei 
excelente índice, trabajado por el P. Fray Plácido Romero, sujeto de 
gran inteligencia en la paleografía y que conoce todo lo que hay en el 
archivo. Extractó también de los libros de depósitos y protocolos de es- 
crituras, y otras cosas relativas á los artistas. Vuelve á repasar la igle- 
sia y á referir algunas obras que hay en ella. Va después á las celdas de 
los Padres Maestros, donde también halla pinturas que celebrar, y des- 
cribe el refectorio, pieza recomendable. Por la tarde salió á la villa de 
San Millan, de ciento treinta vecinos, comprendida en el término del 
Valle de San Afilian, con el lugar de Berceo, con San Andrés y su bar- 
rio La Inicia, á la parte de acá del rio; y á la otra, en lo alto del mon- 
te, el Rio, poblado por la mayor parte de carboneros, y en todo com- 
ponen trescientos vecinos contribuyentes. Gobiérnase por un alcalde y 
ocho regidores, mitad de la villa y la otra del valle. Entró en la iglesia 
de Berceo, y no halló nada de nuevo, sino á San Millan representado 
como cura, que fué del pueblo. Vuelve al archivo, donde, dice, hay 
treinta y seis códices góticos y ochenta de diferentes edades; desea á 
lo ménos una lista de todos. — Dia 26 vuelve al archivo y consigue una 
lista con apuntamientos de algunas fechas y singularidades. A la boti- 
ca, Jardin botánico, invernáculo, herbario y vivero, que describe y 
celebra. Despedida, y á las cuatro de la tarde á caballo. Pasa por 
Berceo, por un bello monte, por Villar de Torre, pueblo muy gracio>o; 
por camino lleno de altibajos, pero muy bien cultivado; por Villa- 
rejo, á la izquierda montes, á la derecha una magnífica vallada, en la 
que se ven di ft rentes lugares, Cañas, Canillas; más a.lá Her7nosilla, al 
cabo de media ltgua Amanzanares, y de otra Cirueña, y por fin se des- 
cubre la ciudad de La Calzada, dominando una ancha vega. Se hospe- 
da en la posada fuera de la ciudad, y después entra en ella. A la cate- 
dral, que tiene una mala torre pegada á una casilla, intermediando una 
calle. Sigue la calle Mayor, vuelve fuera de la ciudad y atraviesa un 
nuevo y frondoso paseo que va al convento de San Francisco. Refres- 
co, cena y á la cama.— Dia 27 á la catedral, obra de dos tiempos: el 
primero con la catedral vieja de Salamanca, y el segundo gótico mo- 
derno, y se puede decir el tercero por una mala fachada del tiempo de 



EXTRACTO DE UNOS DIARIOS 



83 



la torre, de la mitad de este siglo. Buen retablo mayor con escultura, 
y buena sillería del coro; no así la cajonería de la sacristía, que es mo- 
derna y algo pesada. El gallo y la gallina blancos en su jaula; hay siem- 
pre con que renovar; la famosa rueda de un carro muy encintada y 
adornada. El sepulcro del Santo de mármol blanco, obra gótica mal 
colocada; otros dos sepulcros á los costados, etc., todo lo describe. La 
iglesia de San Francisco, aunque de una sola nave con crucero, es mag- 
nífica; dicen ser de Herrera (lo es seguramente, y el extractador lo tiene 
averiguado con documentos), también lo es el retablo mayor, otros más 
pequeño, el sepulcro del fundador (D. Fray Bernardino de Fresneda, 
confesor de Felipe II), y otras cosas, que también refiere. Copia en el 
archivo de la catedral el fuero de Santo Domingo, que es el de Logro- 
fio, y después pasó á la fábrica de paños de Pérez Iñigo, que es un edi- 
ficio grande, nuevo y cómodo, con todos sus menesteres y diez y siete 
telares. Se trabaja en ella todos los años por el valor de 500.000 reales, 
con conocida utilidad. Paseo á las huertas. Antes en la iglesia de las 
monjas bernardas, donde hay tres excelentes sepulcros de mármol de 
tres Obispos, con bultos de alabastros. — Dia 28: salida; á Grañon, una 
legua, en alto, con iglesia y pórtico grande del medio tiempo góticos; 
buen retablo y colaterales con escultura de gran mérito: á la media le- 
gua Redecilla del Camino: á la izquierda Bascuñana y Ervillos, á la de- 
recha Buradon, casa con dos campanas, encomienda de San Juan. 
Villamayor con Quintanilla. Belorado á las cuatro leguas, pueblo de 
cuatrocientos vecinos, tres parroquias y conventos de franciscos y cla- 
risas. Las iglesias son góticas, y tienen buenos retablos. Después de co- 
mer pasó el puente sobre el Tirón, que nace por la izquierda de la mon- 
taña de San Antonio; buena vega, mucho arbolado y camino muy bar- 
roso. Folsantos, Vil/aemistia, ermita en lo alto, pegada á la peña escarpa- 
da; Espinosilla, Villa/ranea, lugar situado en la falda de un monte entre 
árboles, con la iglesia en lo más alto y tendido á lo largo de un rio, 
que nace más arriba, aunque cerca, en la ermita de Nuestra Señora de 
Montes de Oca. A la posada, desabrigada, pues hacía frió, donde duer- 
me. — Dia 29: á caballo á las seis; mala subida, llena de guijo suelto; 
Montes de Oca, subida lenta; el monte de San Antonio á la izquierda, 
con su raíz en los de Oca y su término en el de San Lorenzo; gran 
porción de camino sin población; al fin se ve á la izquierda el lugarcito 
de Talarte, y luégo, á ambas manos, muchas casas de ganado vacuno: 
á la izquierda Villamorico, y á la derecha Santobeña, y más allá Ta- 
puerca con otros, y á lo lejos Quintanapalla abre el camino de Francia 
y primer lugar de La Bureba. Al fin Zalduendo á las tres leguas; des- 
canso y almuerzo. Otra vez á caballo. Burgos á lo léjos, coronado de su 
gran castillo; abajo muchas poblaciones, y más cercana la de Lbeas, 
pueblo de cuarenta y tres vecinos, donde come, y le refieren todo lo 
que escribe de aquel pueblo y sus inmediaciones, con fábrica de papel. 
Sale de allí á las siete de la tarde por una llanura guijosa con sembra- 
dos á una y otra parte, y el Arlanzon con sus alamedas; junto á él San 
Madel; en el camino Castañares, donde encuentra á su amigo Ibañez, 
que sale á recibirle con coche y le lleva á su casa de Burgos, donde en- 
cuentra mucho correo. — Dia 30: le despacha, y el freile pone en lim- 



8 4 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



pió el informe de las pruebas. Visitas á caballeros particulares, á las 
monjas calatravas; á Misa en la parroquia de San Cosme y San Da- 
mián, que describe, y después á comer. Por la tarde al archivo de la 
ciudad, que halla desordenado; recorre el índice, nada anterior á D. Al- 
fonso el Emperador, pero hay copias de privilegios, cuadernos de artes, 
ordenanzas, cartas y testamentos de reyes, aunque no tanto como espe- 
raba. A la Trinidad, á San Francisco y á San Pablo, y describe lo que 
halló en estos tres conventos relativo á las bellas artes, y después de 
algunas visitas, á cenar. — Dia 31: á las seis á caballo para Cárdena, dos 
leguas cortas en una hondonada harto frondosa. Tiene el monasterio 
un nuevo y decente claustro, lo demás malo; librería larga y angosta y 
bien surtida de libros. La iglesia gótica, de tres naves, retablo de es- 
cultura. Copia una inscripción que está en las últimas sillas del coro, y 
vuelve por la tarde á Burgos, calado de un fuerte aguacero.— Lunes 
i.° de Junio. Escribe el correo; despedidas; come en casa de Colonilla; 
por la tarde al archivo de la catedral; dos tomos de Becerro antiguo 
con muchos y buenos privilegios, algunos códices modernos; pero por 
falta de índices nada se pudo apuntar. Sin embargo, vió y señaló la 
carta de arras del Cid en gótico, y el fuero de Covarrubias; visitas y á 
cenar.— Dia 2: á caballo á las seis; tierna despedida de Ibañez; por el 
camino real, con el Arlanzon á la derecha, y Villalvilla; se despide el 
freile Lian o, y sigue triste por Tardajos. A Rave: buen palacio con dos 
torrecillas y buena arquitectura. Comienzan las piedras harto molestas; 
Hornillos tres leguas; almuerzo; un despoblado; á Hontanas, de sesen- 
ta y ocho vecinos, en una hondonada. Castellanos medio cuarto de le- 
gua al N. por una parte, y por otra, al S., Iglesias, tres cuartos de le- 
gua, y al Relación, término de San Antón Abad, que está refundido en 
Castrojeriz. Se copió el fuero de población de Hontanas, compuesto de 
tres antiguos despoblados, Valdenioro, Quintanilla y Samanes. Comida, 
y á caballo á las cuatro. A San Antón de Castro, fundación de religio- 
sos de aquel título ya suprimida; aún se conservan dos sacerdotes con 
dos legos con cuatro reales diarios. Vista del castillo en la cima de una 
montaña cónica; restos de muralla que baja por la ladera. A la Colegia- 
ta de Castrojeriz. Describe el retablo mayor, que contiene el cuadro 
principal de la Anunciación de Me?igs, y otros de mediano mérito. La 
iglesia es gótica, y en la capilla del lado del Evangelio hay una lápida 
sepulcral, que copia. Es parroquia, y hay otras cuatro. Compondrá con 
toda su jurisdicción de dos barrios, Talavera y Ventosilla, quinientos 
vecinos; tiene gran término y una vega de regular fertilidad, y en las 
alturas que la ciñen viñedos. En año abundante se cogen diez mil cán- 
taros de vino agrete, como el de Burdeos. Hay además un convento de 
franciscos y otros de clarisas. Durmió aquí, y el 3 salió á las seis de la 
mañana por un puente muy prolongado sobre un rio sin nombre. A la 
izquierda, en la vega, Hinestrosa y Pcdroso del Principe; se pasa una 
cuesta pendiente de tierra yesosa y piedra caliza. A un largo trecho la 
vega del Pisuerga, puente sobre él; los dos Hileros del Castillo y la 
vega en una y otra orilla á la derecha. A la izquierda Melgar de Yuso, 
Bobadilla; vuelven á aparecer los palomares. Almuerzo. A la izquierda 
Santoyo, más retirado Asttidillo, lugar grande. El Canal de Castilla: pasa 



EXTRACTO DE UNOS DIARIOS 



8 5 



por su banqueta tres cuartos de legua por el acueducto; casetas de rie- 
go, pocos árboles, panera nueva: Frómista. Ve las cuatro famosas es- 
clusas, los dos molinos harineros, que producen doscientas cuarenta fa- 
negas de renta; los dos batanes: sirven para los paños de Astudillo, y 
ganan 17.000 reales. Nuestra Señora de Otero: á la izquierda la iglesia 
de Nuestra Señora del Castillo, parroquia gótica; nada notable. Otra de 
San Pedro: pórtico y portada jónicos buenos, del principio del siglo xvi, 
con retablos modernos de buena arquitectura. Otra de San Martin. Allí 
El Milagro, priorato del monasterio de Carrion. Convento de Nuestra 
Señora de la Misericordia de benedictinos, con ocho ó nueve monjes. 
Tiene Frómista doscientos sesenta vecinos. Cinco leguas á Palma. 
Describe el canal. Comer, y á las cuatro á caballo. A Población, á Re- 
benga: se detiene aquí; iglesia pequeña y muy antigua; vecindario, 
ciento sesenta vecinos. Otra vez á caballo. A la derecha Villaovieco, 
en el camino Villamentero; también á la derecha y léjos Arconada, y 
más cerca Villasirga. Vista de Carrion, de grande apariencia por 
el resto de sus muros y edificios. Llega á la oración, donde cena y 
duerme en el monasterio de benedictinos. — Dia 4: el Corpus, asiste 
á la procesión y lleva el estandarte; conversación con el Padre Lec- 
tor de la casa, que no aprueba la reforma de estudios, y discurre so- 
bre este punto. Se come con buen humor. Siesta; á la biblioteca; 
pequeña y mal provista. A ver cuadros en la sacristía, que descri- 
be, y la capilla contigua de San Juan. Al archivo: se extractan noti- 
cias de artistas que trabajaron en el claustro: hay una Kalenda del 
siglo xjii y otras curiosidades que se extractarán el dia siguiente. A 
pasear á la huerta: grande y de buen terreno, con un gran brazo de 
agua por el centro y dos molinos. Correo, cenar, conversación y á la 
cama. — Dia 5: al archivo, donde copia los privilegios y las inscripcio- 
nes: á la iglesia, de una nave, grande y espaciosa, bello retablo mayor 
de buena arquitectura, que describe. Es parroquia del barrio de San 
Zoil. Por la tarde, al archivo: curiosa descripción de las virtudes del 
Agnus Deien versos leoninos, sacada de un códice del siglo xnr. Se co- 
pia, con un millón de cosas de artes y antigüedades. A paseo á la Vega, 
que describe. Cena y despedida. — Dia 6: sale á las seis y media de la 
mañana por buen camino, siguiendo el curso del rio Carrion: á la le- 
gua, los molinos; luégo un gran páramo por falta de población. A la 
derecha, la Calzada; á la izquierda, y del rio allá, Filiado; luégo, Fuente 
Perales. Aquí almuerzo. Luégo, á caballo: á la derecha, Villalvadin* 
Cañada real y merinas que van á veranear á los montes cercanos. Vista 
de la Calahorra, y el canal de Campos á la izquierda y léjos: al fin, le 
tropieza, se apea y le sigue por su gran cuesta. Panera para granos del 
Rey: puente de comunicación, obra del buen Lemeaur, como esta 
parte del canal. Venta nueva. Comer. A caballo á las dos y media de 
la tarde. Observación de las obras del nuevo ramo del canal. Grijota» 
su iglesia, de una nave, con un buen retablo. A Patencia por el camino 
de las Huertas, que son como unas cuarenta y producen un tesoro de 
frutos: á casa del Sr. Sierra, que salió á recibirle en su coche. Tertulia 
y exquisita cena. — Domingo 7: á misa en San Francisco: nada digno 
de observación. A la catedral: trozos de arquitectura, unos de la píate- 



86 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



resca y otros de la del buen tiempo. Es lo de los últimos el de la capi- 
lla fundada por el canónigo Cutiller: buen claustro gótico, etc. A comer 
con el administrador D. Manuel de Arce Isla. A caballo á las cinco: 
mala tarde, sigue hasta frente de San Isidro', se moja hasta la posada: 
á poco rato llega D. Juan Melendez Valdés más mojado: se muda y se 
mete en cama. Alegre y dulce conversación, con noticias y ane'cdotas 
de la corte. Cena, más conversación, y á la cama. — Dia 8: tiempo de 
mal aparato: dudas sobre estar ó volver. Sigue la conversación: ¡cuán- 
tas anécdotas curiosas acerca del actual desórden, gastos, disolución y 
desprecio de la opinión pública! ¡Cuántas discusiones de política, mo- 
ral y literatura! Comieron y salieron después; volvimos á Falencia, 
unión de los dos rios Carrion y el Pisuerga al salir de Dueñas sobre la 
derecha: puente sobre el primero y buenas huertas en su orilla. San Isi- 
dro de Dueñas , monasterio de Benedictinos sobre la derecha: camino 
real de Burgos, como á media legua corta, á otra legua Calabazanos, 
en el camino y Villamuriel más distante, el rio entre los dos, todo á la 
izquierda: á la derecha, más léjos, Tariego, luego Baños, y en lo alto el 
castillo de Magaz, sobre la carrera de Búrgos. A las dos leguas y media, 
Falencia: Jovellanos á casa de Sierra, y Melendez á la de Arce Isla. A 
paseo al soto; bello palacio nuevo episcopal; describe el soto. Cenan 
juntos, y se separa Melendez. — Dia 9: á la iglesia de Carmelitas: bellí- 
simos retablos de buena arquitectura y escultura, al parecer de Gregorio 
Hernández. Iglesia que fué de los Jesuítas, hoy del cabildo; buena 
fachada por el gusto de Mora, y buen templo por dentro, con buen 
adorno de pinturas en los retablos. Fábrica de mantas de Pastor: las 
hay de ciento setenta reales grandes y finas. A comer en casa de Sier- 
ra, y después, en el coche, á Baños sobre el Pisuerga. Jglesia de San 
Juan, verdaderamente gótica, La describe detenidamente y con acierto, 
y copia con exactitud la inscripción que está sobre el arco toral. Baños 
tendrá como sesenta vecinos. A beber en casa de Arce; después á cenar 
y dormir: despedida tierna de Melendez.— Dia 10: á una legua corta 
el puente de Guarin: tiene dovelas dobles. Nuevo canal. Grijota'. bode- 
gas de Grijota. Villaumbrosa, lugaron con resto de murallas de tierra: 
está á dos leguas de Pale?icia\ allí otra vez el canal de Campos: se pasa, 
y camina siguiéndole á la izquierda. A la legua, Becerril de Canijos: 
tiene mil vecinos y seis parroquias, que describe detenidamente sus 
buenos retablos. A la izquierda, Paredes de Nava, patria de Berru- 
guete, tiene setecientos vecinos y cuatro parroquias, conventos de San 
Francisco y Santa Brígida, que también describe. A Villaumbrosa otra 
legua, otra mortal á Cisneros, poblachon con tres parroquias y un con- 
vento de Mercenarios; otra legua á Filiada, de dos parroquias y de 
quinientos treinta y tres vecinos. Refiere mil circunstancias de este 
pueblo, que le contó un vecino asturiano. A la cama, donde cena sal- 
món fresquísimo y menestra de habas verdes. — Dia n: pierde el cami- 
no ántes de llegar á Pozuelo, y vuelve á él después de mucha deten- 
ción. Grajal, lugar grande: convento de Franciscos en el camino Sa- 
hagumal á la derecha, á distancia de un cuarto de legua. Beta danos: 
vía militar: el Burgo, cinco leguas, adonde llega á las doce, donde 
come. A caballo después, lloviendo: á Rielegos una legua: á Mansilla 



EXTRACTO DE UNOS DIARIOS 



S 7 



otra. Aquí duerme y le dan otras noticias de esta villa, que se deben 
agregar á las que tomó cuando á la ida pasó por aquí. — Dia 12: depo- 
ne el proyecto de ir á Eslonza, y sigue á León. Puente y vega de Man- 
silla, en ella Sandoval, de Cistercienses. Villamóro, Vilarente, con su 
puente sobre el Forma', vega frondosa: vía militar: dos leguas al llegar 
á la cruz del Portillo, que está en lo alto de una cuesta, y desde allí 
aparece la magnífica vega de León, y más adelante, bajando por entre 
dos montes, la ciudad, y describe su pintoresca vista. Llega á ella á las 
diez de la mañana, y encuentra un crecido número de cartas y de no- 
ticias Come y pasea por la tarde, después de haber llovido mucho: visita 
y tertulia. — Dia 13: á Misa mayor á San Isidro, y describe esta antigua 
iglesia. Visitas á sus amigos, y por la tarde á la nueva calzada de Puerta 
Obispo: después al paseo de Portillo: á casa: tertulia y cena. — Domin- 
go 14: Misa á San Isidro, y vuelve á hablar de esta iglesia. Por la tarde 
á San Márcos, luégo al Portillo: buena y sencilla portada del hospicio, 
pero reprueba las altas y estrechas claraboyas de los costados. A casa, 
y tertulia. — Dia 15: escribe el correo, y después á las monjas Catalinas, 
en solicitud del testamento de doña Leonor Ponce, amiga de Enri- 
que II. Le copia: es curioso, pero está incompleto. Come con el Obispo, 
y por la tarde al Portillo. Tertulia y cena. — Dia 16; no se muda el 
tiempo: por la tarde al hospicio, y después á la nueva calzada. — Dia 17: 
correo de Madrid, y á comer con el Intendente, y á beber á San Már- 
cos. — Dia 18: despacha el correo y examina la iglesia de San Claudio 
y Cloyo, de benedictinos: bella sacristía de Francisco de Villaverde, 
de quien puede ser también el claustro bajo, y describe lo demás de la 
casa. Sigue en León así hasta el dia 22, que sale á visitar los monaste- 
rios de Sandoval y Eslonza. En pié á las cinco y media, y á las siete 
está en la Scisa. Al puente de Villasantc; se pasa á la derecha, siguien- 
do el curso del Forma', un poco apartado, Sandoval, en un terreno llano 
y húmedo, pero frondoso y fértil; iglesia antigua con tres naves: retablo 
mayor de buena arquitectura, pero de mala escultura. Todo lo refiere, 
y lo que copió en el archivo. A comer, y á las cinco á caballo, y por 
un camino largo y malo, por el cerro de Sollanzo y por el sitio de la 
antigua Lancia. A las siete y media en San Pedro de Eslonza. A la 
celda abacial : conversaciones sobre estudios y métodos, buena cena, y 
á dormir. — Dia 23: A la iglesia moderna, pesada, de una nave y estre- 
cha: ruin sacristía: cuadros que encuentra en ella: buen claustro: todo 
lo refiere, y lo que halló en el archivo. Come, siesta, y á las cinco en la 
Seisa. Eslonza está en un vallecito que forman dos pequeñas alturas, 
tras de las cuales corren á la derecha el Porma y á la izquierda el Ezia. 
Vese á este lado el lugar de Mellamos, más cerca, Santa Olaya y 
otros lugarcillos vecinos y bien explicados en esta copla vulgar: 
Santolaya y Villarbun, 

Mellanzos y Palazuelo, 

Hacen los hijos á medias 

Con los frailes de San Pedro. 

A las siete y media en León. — Dia 24: refiere la descripción de una 
fiesta, llamada de las cantaderas , ó triunfo glorioso de España, que 
antes se celebraba en aquella ciudad, y que hace Lobera, en su Historia- 



88 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



de Leo?i, cap. n, pág. 216, y que vió el año 1591. Es muy extraña y 
curiosa. Misa, dias de San Juan y visitas; después á las Descalzas: iglesia 
de una nave y buen retablo mayor y colaterales. Por la tarde, paseo á 
Puerta Castillo , y camino de la Vega, Tertulia. — Dia 25: instado por 
sus sobrinos, se detiene en esta ciudad con el pretexto de ver la feria. 
En este intervalo repasa algunos templos y edificios , con el pormenor 
de sus obras de Bellas Artes, que refiere. Y sale el dia 30 para Asturias 
á las seis y media de la mañana. A la media legua falta de todo punto 
el cultivo y empiezan á aparecer los retoños de roble, y discurre el 
modo de poblar aquel desierto. &\& Robla: almuerzo ligero: Alcedo ála 
derecha: Peredilla del Camino', ermita nueva del Buen Suceso', el rio siem- 
pre á la izquierda: al otro lado Nocedo. Primeras montañas bajas, en 
descomposición: sus productos, en parte jaspe y en parte piedra areni- 
za: el camino cascajoso: el Millar: la Pola de Gordon: no hay posada: 
se halla en casa de un vecino, en que se comen buenas truchas, man- 
teca y otras cosas que se llevaban. A las cinco á caballo: peñas cerran- 
do el paso del rio, luégo abriendo: puente de Beber inos. El Bernesga 
por la derecha: Beberinos: Buiza: Collada: harto accesible á la subida, 
menos á la bajada: lo peor en el pueblo de Villasempliz: puente Tuero 
ó del Tornero (véase otro viaje). Garganta guarnecida de altísimas y 
sublimes peñas de uno y otro lado. Siguen por un rato: este trozo es 
el más difícil del camino. Cuesta de Villamanin: algo agria, fácil de 
tomai. Villamanin después de las siete: adelante: camino llano: algunos 
trozos sobre peña y mala calzada, pero fácil de hacer. Anochece: luna 
clara: á las nueve en Busdongo: mala posada. — Miércoles i.° de Julio: 
á las cinco y media á caballo. Montes de Arvas, fértiles en hierbas, 
pero sin árboles. Penosísimo y costosísimo camino hasta Puente los 
Fierros: á Campomanes á las once. Comida y siesta. A la Pola de Lena: 
pésimo camino, donde duerme y cena. — Dia 2 : á las cinco á caballo: 
país delicioso: abajo prados de riego: poco y buen cultivo: arriba mé- 
nos, pero con mucho arbolado. Se ensancha la vega. Santullano: Mié- 
res: Olloniego: almuerzo. A las once en Oviedo. Comida alegre, siesta 
y después paseo al Campo de San Francisco. A beber, y, por último, á 
casa, donde le hacen instancias para que no se vaya de madrugada á 
Gijon. — Dia 3 : en efecto, no sale hasta la tarde, y llega á su casa de 
noche, con hinchazón de piernas. — El 4 descansa y comienza á despa- 
char los correos que encontró, y á las muchas gentes que le obsequia- 
ron en el viaje: mil asuntos pendientes, así suyos como ajenos, y sobre 
todo, los del Instituto. Se mejoró de las piernas, y siguió su diario, sin 
interrupción, dia por dia, escribiendo todo lo que hacía y le acaecía, 
como si viajase. El dia 9 escribe el siguiente resúmen del viaje úl- 
timo: 



LEGUAS 



De Gijon á Oviedo. 
A San Romano. . . . 

A Tineo 

A Cangas de Tineo 



4 
4 
7 

3 



18 



EXTRACTO DE UNOS DIARIOS 89 

LEGUAS 

Suma anterior 1 8 

A Salas 7 

A Pravia 2 

A Aviles 3 

A Gijon 4 

A Oviedo 4 

A Camponianes 6 

A Bniza 7 

A León 7 

A Sahagun ... 9 

A Carrió 6 

A Melgar de Fernanmental 7 

A Burgos 8 

A Bribiesca. 6 

A Haro por Pancorbo 9 

A Fuenmayor 5 

A Navarrete y vuelta 1 

A Logroño y vuelta 4 

A Haro 5 

A Ollauri y vuelta 1 

A Casa la Reina y vuelta 2 

A Herrera y vuelta 3 

A Nájera 4 

A San Millan de la Cogolla 4 

A Santo Domingo de !a Calzada 4 

A Belorado y Villafranca de Montes de Oca. 7 

A Castrojeriz 6 

A Búrgos por Ibeas 6 

A Palencia 7 

A Dueñas y vuelta 5 

A Villada 7 

A Mansilla 7 

A León 3 

A Sandoval y Eslonza y vuelta 5 

A Busdongo 9 

A la Pola de Lena 6 \ 

A Oviedo 4 l 

A Gijon 4 



Total 213 



El dia 20 del propio mes de Julio escribe una carta á D. Juan Agus- 
tín Cean Bermudez, comisionado regio en Sevilla, para el arreglo del 
archivo general de Indias, enviándole una recopilación de las noticias 
artísticas que había adquirido en este último viaje, para la obra que 
estaba trabajando sobre los profesores de las bellas artes, y que des- 
pués adoptó é imprimió la Real Academia de San Fernando el año 
de 1800. En el mismo dia da disposiciones para un viaje á Covadonga 



JO BIBLIOTECA. DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

con su cuñada. Se verifica el viaje el dia 22, después de comer, por 
Contrueces, Granda, Vega, San Martin, todo camino de cascajo, y desde 
lo alto se descubre la magnífica vista de Gijon y su concejo, que vuel- 
ve á describirla como en el dia 2 de Junio de 1793, que queda copiada 
en su lugar. Adelante: parroquia de Muñó, de la Peral: malísima baja- 
da: así todo el camino hasta Callos , que queda á la derecha. Casa de 
Santa Cruz, grande y bien fabricada, con cuatro pabellones ó peque- 
ñas torres en los ángulos: país fértil. Norcña más allá: al frente la Pola 
de Siero, donde llegaron á las seis y media. — Dia 23: salida á las seis 
dadas: legua y media al Remedio', á Nava', almuerzo aquí con la her- 
mana doña Catalina Jove Llanos, alias la Monserrata'. país fértil. Cece- 
da', peñas y praderas de cultivo. El Infiesto, donde llegaron á las doce 
y media. Buena comida y larga siesta. Salida á las cuatro y media. 
Camino, parte excelente y parte malísimo: el piís singularmente agra- 
dable Se pasa y repasa el rio: muchísimo arbolado. Villamayor: su an- 
tigua iglesia perfectamente conservada por dentro y fuera, y digna de 
dibujarse su portada y presbiterio. Sorribas al otro lado: malísima cuesta 
de malísima calzada: otra malísima calleja para subir á Llanes, donde 
llegaron á la oración. — Dia 24: á caballo á las siete: muchas composi- 
ciones en el camino: bien tomado el paso del Golondron por abajo: vista 
de Villanueva y de Cobiella, todo fresco y hermoso por su arbolado. 
Vista del monte de Llueves, donde dicen que murió Favila', hay una 
cruz en el lugar señalado por la tradición, que renuevan los vecinos. 
Al otro lado el rio, ya sobre Cangas ó casi enfrente, donde llegaron, 
comieron y recibieron el correo. Visita de Ruenes, que le ofrece una 
inscripción romana. Describe aquel terreno y sus rios. Colación, y á la 
cama. — Dia 25: á caballo á las siete para ir á Covadonga: excelente 
camino, mucho arbolado y el rio á la izquierda. El lugar de Solo, des- 
pués la Riera, donde está la casa del Abad. Las montañas en descom- 
posición y en cuarzo grosero: las faldas formadas de los escombros, y 
áun toda la corteza de la pendiente, menos los espinazos desnudos: 
grandes peñascos derrumbados de las cimas: algunos están á la parte 
opuesta del rio: alguno en su lecho: otros al pié de la cima matriz. 
Crecen los montes cubiertos de árboles hasta la cima. Gran montaña 
de Covadonga. Todos los árboles espesos y hermosos: lo demás escar- 
pado. Vése á una y otra parte del rio algún peñasco de estos enormes. 
En la lengua que quedó entre la roca matriz y la desprendida, están 
fundadas las casas de los canónigos. Al rio, llamado Peinazo por el 
nombre de las praderas que están en la cima, donde nace y se sume, 
se le une por su derecha el de La Gusana, dicen que así llamado por 
los que manó después de la ruina de los moios. Allí se enseña el monte 
que los oprimió, y es sin duda un gran peñasco desprendido. Otro ar- 
royuelo perenne viene más al lado, á la misma mano, y se le une tam- 
bién. Comida en casa del sochantre de la Colegiata. Siesta. Llueve á 
la vuelta casi todo el camino, y entran en Soto, donde duermen. — 
Dia 26: Miba: á la feria que se celebra en el campo de la iglesia: mu- 
cha concurrencia y mucho tráfico de géneros bastos: monteras, que se 
venderán de trescientas é trescientas cincuenta, pues las gastan las mu- 
jeres: paños ordinarios, bayetones, bayetas, droguetes, lienzos pintados, 



EXTRACTO DE UNOS DIARIOS 



91 



guadañas y otros instrumentos rústicos, ollería, tiendas del aire, pla- 
teros, latoneros, cedazos, etc., danzas de hombres y mujeres: éstas can- 
taban varias invectivas contra la Junta del Principado. Vaya una por 
ejemplo: 

«¡Viva el Rey, viva la Reina, 
Vivan todos los mandones, 
Que ofrecieron los soldados 
Y se guardan los doblones!» 

Pero esto no supone lo que suena: á la oración todo desaparece, 
y no hay nada. Puenes trae la copia de la inscripción romana hallada 
en Santa Marina: mal copiada, y discurre sobre ella. Más que esto vale 
un MS. de Lázaro Diaz del Valle, con noticias de pintores españoles, 
trabajado desde 1657 á 1659. ¡Qué tesoro, dice, para Ceanl En efecto, 
ie copió, y re le envió á Sevilla. Cena y despedida. — Dia 27: á caballo 
á las ocho: describe el terreno y vi-tas hasta Llanes , á donde llegan á 
las diez. Deliciosa situación: todo plantado de roble, castaño, fresno, 
haya y tilo. Paseo á la sombra de los árboles, que no puede penetrar 
el sol, donde comen. A caballo á las cinco: se toma la orilla del Piaña: 
á su izquierda, de la otra banda, se ve el sitio donde estuvo el monas- 
terio de Benedictinos de Soto de Dueñas, incorporado á los de San 
Bartolomé de Nava. A esta parte, y á la izquierda del camino, una alta 
peña llamada el Castillo de Dueñas. Grandes peñascos derrumbados de 
la altura: paso estrecho por entre dos, que parecen cortados al propó- 
sito. Sor ribas', todo el camino de deliciosas vistas. Llegaron á las ocho 
al Infiesto: la parroquia y su hijuela, Santa María de las Nieves de Es- 
pinardo, consta de cuatrocientos cincuenta vecinos. Descripción de todo 
aquello y de sus diezmos y pertenencias. Cena, malas camas y poca 
limpieza. — Dia 28: otra descripción de tres rios que encuentra en el 
camino. Huye de Nava y van por otro camino al Remedio, donde debe 
estar la comida. Llegaron á las once rendidos y chasqueados, porque 
la comida siguió á la Venta de la Secada. Paciencia, y adelante. Lle- 
garon á las doce: comer: á caballo á las cinco, y en la Pola á las seis, 
pudiendo dormir en Gijon, distante tres leguas, por libertarse de tantas 
incomodidades. 

c ¡Hé aquí lo que se gana en seguir el capricho de las mujeres! 
¿Y cuál es su objeto? Ninguno, sino llevar la contraria. Díxolo? Pos 
f áralo.» 

(Sin duda que por esto no se casó, é hizo bien por cierto.) En la 
Pola á las seis: mucho sol: gran mercado. Recibe allí el correo con no- 
ticias políticas de paz, de quedar república libre la Guipúzcoa, la capi- 
tulación de Bilbao y anuncios de la enirega de la Navarra á los fran- 
ceses. Discurre tristemente sobre ellas, y acaba diciendo: 

« Vamos observando desde nuestra atalaya este cáncer político, 
que va corroyendo tan rápidamente todo el sistema social, religioso 
y moral de Europa.» 

Cena, y chacun a son gite. — Dia 29: á las siete, con sol picante y 
alguna sombra por los castañedos del camino. En la Venta de Puga 9 



92 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



camino de Gijon á Oviedo, á las nueve y media, donde come, y á las 
siete y media de la tarde en Gijon. 

Sigue como hasta aquí con su Diario, sin alteración, trabajando por 
el bien del país y de sus amigos y convecinos. El dia 6 de Agosto re- 
cibe por el correo unos apuntamientos del Sr. Pérez Sedaño, abad de 
Santa Leocadia, sobre los artistas de Toledo, y lo que trabajaron en 
aquella catedral, escritos como por notas al viaje de Ponz. Otro tesoro 
para mi querido Cean. Así fué, y se lo envió inmediatamente, del que 
sacó muchas é interesantes noticias para su diccionario. 

Hacía algún tiempo que el Sr. Jove Llanos tenía hecha solicitud 
al señor cardenal Lorenzana, inquisidor general, por medio de don 
Jacinto Lorenzana, su sobrino, que también lo era de Jove Llanos, 
para que permitiese custodiar en la Biblioteca del Iustituto Asturia- 
no algunos libros prohibidos, que solamente pudiesen leer los jefes y 
maestros de aquel establecimiento, cuando en el mismo correo de 6 de 
Agosto se halla con carta del mismo cardenal, que insiste en negar la 
tal licencia, diciendo que hay en castellano muy buenas obras para la 
instrucción particular y enseñanza pública, citando el curso de Lúculo, 
el de Bails y la náutica de D. Jorge Juan, y añadiendo en postdata de 
su puño que los libros prohibidos corrompieron á jóvenes y maestros 
en Vergara, Ocaña y Avila. 

«¿Pero serían (dice el Diario en el mismo dia) los libros de física 
y mineralogía para que pedíamos la licencia? ¿Y se hará sistema de 
perpetuar nuestra ignorancia?... Este monumento de barbarie debe 
quedar unido al Diario (como lo está). ¿Qué dirá de él la generación 
que nos aguarda, y que á pesar del despotismo y la ignorancia que 
la oprimen, será más ilustrada, más libre y feliz que la presente? 
¿Qué barreras podrán cerrar las avenidas de la luz y la ilustración? > 

Pues esta solicitud dicen que fué uno de los motivos que se pretex- 
taron más adelante para enviarle á aprender la doctrina cristiana en la 
Cartuja de Mallorca. 

El dia 12 del propio mes de Agosto fué á Oviedo, donde estuvo 
hasta el 17 inclusive evacuando negocios del Instituto y de otros 
amigos. 

Refiere el Diario en 4 de Setiembre que el cura de Somió, comisario 
de la Inquisición, había hecho varias preguntas á Mr. Du Gradier, ave- 
cindado en Gijon, acerca de los libros de la Biblioteca del Instituto, en 
tono de dar cuidado; y yendo el dia siguiente por la siesta el señor don 
Gaspar al Instituto, dice lo siguiente en el mismo Diario: 

«Allí el cura de Somió, leyendo en Locke. No pude esconder mi 
disgusto: le reprimí hasta la hora. Dadas las tres, salí con él: díjele 
que no me había gustado verle allí; que cierto carácter que tenía me 
hacía mirarle con desconfianza, y áun tomar un partido muy repug- 
nante á mi genio, y era prevenirle que sin licencia mia no volviese á 
entrar en la Biblioteca. Se sorprendió ; protestó que sólo le había 
llevado la curiosidad; que no tenía ningún encargo; que otras veces 
había venido y se proponía volver, y le era muy sensible privarse de 
aquel gusto, aunque cedería por mi respeto. Díjele que su aplicación 
mo sería frustrada, que le proporcionaría los libros que quisiere. Pi- 



EXTRACTO DE UNOS DIARIOS 



9.3 



dióme la Vida de Cicerón, y se la ofrecí , y nos separamos sin dis- 
gusto. ¿ Qué será esto ? ¿Por ventura empieza alguna sorda persecu- 
ción contra el Instituto? ¿De este nuevo Instituto, consagrado á la 
ilustración y ni bien público? ¿Y seremos tan desgraciados que nadie 
pueda asegurar semejantes instituciones contra semejantes ataques^ 
¡Y qué ataques! Dirigidos por la perfidia, dados en las tinieblas, sos- 
tenidos por la hipocresía y por la infidelidad á todos los sentimien- 
tos de la virtud y la humanidad. Pero guárdense... Yo sostendré mi 
causa... Ella es santa... Nada hay, ni en mi institución, ni en la Bi- 
blioteca y ni en mis consejos, ni en mis designios, que no sea dirigido 
al único objeto de descubrir las verdades útiles. Yo rechazaré los 
ataques, sean los que fueren, y si es preciso, moriré en la brecha. > 

En 24 de Setiembre dice el Diario: 

«La Gaceta publica un folleto, La corneja sin ¿turnas, obra de 
Forner contra Vargas, autor de la Declamación contra los abusos de 
la lengua castellana, parto de la envidia, como todos los de aquella 
pluma. El título prueba su descaro. ¿Cómo culpa de plagio el que se 
dijo y se dice autor de los Romances contra Huerta, que trabajó ésta? 
Viólos hacer Cean; viólos el viejo Ibarra, impresor, que primero se 
ofreció á imprimirlos en la forma de coplas de ciego (era la idea re- 
partirlos en una mañana por los vendedores de Gacelas) y luégo no 
se atrevió. El conde de Cabarrús, Balito, ó Melendez, todos mis ami- 
gos lo supieron... etc.» (Esta nota debe copiarse en el capítulo Poesía.) 

En 4 de Noviembre celebra el Instituto un certamen que duró 
cuatro dias, en los que lucieron los alumnos su estudio, aplicación y 
progresos. Hubo mucho y distinguido concurso de los principales ca- 
balleros del Principado, que los aplaudieron y celebraron, satisfechos 
de los bienes y ventajas que produciría aquel establecimiento á la pro- 
vincia y á todo el reino. — El 12, los mismos alumnos representaron un 
drama y ejecutaron un baile, con otras diversiones que atrajeron aún 
más gente á la villa, llenándose el teatro que se formó para el efecto, 
con más de quinientas personas. Se repitió otra noche, y otras dos hubo 
bailes en el mismo teatro : duraron estas diversiones y otro certámen 
sobre las lenguas francesa é inglesa, hasta el 17 del mismo mes. — En 
19 de Noviembre se recibe la noticia de que D. Antonio Valdés dejó 
el ministerio de Marina: triste anuncio para el Instituto y para Jove 
Llanos. En su lugar Várela, que no hará nada. 

Se concluye el año de 1795 sin otras noticias particulares y relati- 
vas á la vida y operaciones del Sr. D. Gaspar, y comienza el de 1796, 
siguiendo el Diario en el propio legajo. 

El dia 7 de Febrero salió para Oviedo, donde permaneció hasta 
el 11, que volvió á su casa. En casa del conde de Peñalva, donde siem- 
pre se alojaba, porque la condesa viuda era su hermana, hubo repre- 
sentación de una comedia de Goldoni, ejecutada por el conde y otros 
caballeros aficionados, que lo hicieron muy bien. Se divirtió y evacuó 
asuntos del Instituto que tenía pendientes en la Audiencia. 

En 7 de Marzo despacha el informe que le había pedido la Junta 
de Comercio acerca de la perpetuidad que solicitaba la Compañía de 
Seguros terrestres, establecimiento quimérico del duque de Osuna. 



94 



BIBLIOTECA DE LA. PROPAGANDA LITERARIA 



En 12 del mismo vuelve á Oviedo, con motivo de la muerte de su 
tía la condesa de Nava. Hace el cumplido del duelo: visita los amigos: 
despacha algunos negocios, y vuelve á Gijon el 23. 

D. Leandro Fernandez Moratin le había escrito desde Italia una 
epístola en verso blanco: la celebró mucho por su mérito, con mucho 
placer, por la parte que tenía en haber fomentado á aquel joven. Trató 
de responderle con otra que escribió; pero desconfiado de su trabajo, 
teniendo la consideración debida á la de Moratin, después de haberla 
leído á varios sujetos inteligentes, remite una copia á Batilo, para ver 
su parecer: leido éste, remite la epístola á Moratin en 30 de Abril, por 
mano de D. Juan Tineo, su sobrino y colegial en Bolonia, para que se 
la entregue, si está allí, y si no, para que se la dirija á donde estuviere. 
(Al capítulo Poesía.) 

Vuelve á Oviedo en 7 de Mayo, y vuelve el 10 á su casa, después 
de concluida una conversación con un comisionado que vino allí de 
Madrid. 

Torna á Oviedo en 24 de Julio, y allí acuerda con la Junta del 
Principado representar al Rey acerca de la carretera principal á León: 
se proponen los arbitrios y extiende la representación. Vuelve á Gijon 
el dia 6 de Agosto. 

Vuelve á Oviedo en 30 de Setiembre, de donde sale el 2 de Octu- 
bre con la f.imilia de Penal va á una vendimia á Tineo: y aquí es pre- 
ciso volver á seguir el órden del Diario. 

Pasaron por Grado aquel mismo dia y hallaron mucho gentío en 
el mercado, y fueron á comer á la venta de la Posada, que está á la 
salida de la villa: á las dos y media á caballo: malísimo camino: Dori- 
ga, posesión de D. Antonio de Heredi 1: sigue el mal camino rnsta Cor- 
nellana: aquí el convento, cuya iglesia ven las señoras: de noche en 
Salas. Un hijo del conde de Peñalva los divierte con juegos de manos, 
que los hace muy bien. Cena, y á la cama. — Dia 3: se pasa en Salas. 
Se observa despacio la Colegiata y todo lo que hay en ella, ya referido 
en otro viaje. Por la tarde á la parroquia de San Martin, que esta en 
un alto, y copia diez inscripciones que comerva. — Dia 4: aún perma- 
necen allí, pues hay feria y gran mercado de muías. Por la tarde á Santa 
Ana de Villamar, en cuya iglesia hay otra inscripción, que, aunque 
manca la copia. — Dia 5: á la venta de la Espina\ después á Tineo, don- 
de dejan un gran mercado: suben la cuesta de Gera, y comen en la 
venta de Arganza. Al volver la altura, ven la garganta del Narcea, que 
viene por la izquierda, y llegan á dormir á Cangas, donde se detienen 
hasta el 21 del propio mes. Durante este intervalo va dos veces á Ca- 
rias, y copia y extracta todo lo bueno que allí encuentra: además refie- 
re cuantas noticias pudo adquirir de aquel terreno y país Y hace una 
larga y exacta descripción de la real jurisdicción de Leita riegos ó La- 
zar -legos, que es muy curiosa é interesante á la historia de España, y 
particularmente á aquel Principado. No se olvida por esto de referir 
la vendimia y el estado en que se halla allí este ramo de agricultura. 
Todo muy recomendable y digno de copiarse, si lo permi iese este ex- 
tracto. Vuelven á Oviedo por muchos pueblos que nombra, y llegan á 
la ciudad el 24 por la tarde. Se detiene aquí el 25, y el 26 entra en 



EXTRACTO DE UNOS DIARIOS 



95 



Gijon. Sigue trabajando todos los dias en el adelantamiento de los es- 
tudios de su Instituto, y refiere, como siempre, todo lo que le acaece y 
ejecuta, y las noticias que le escriben de Madrid y de otras partes. Con- 
cluye este sexto legajo con lo que sigue, y quiero copiar al pié de la 
letra: 

«Acabo el año de 96: para el que mañana entra me ocuparán pro- 
bablemente: i.° El nuevo pleito con los parientes de Santa Doradia. 
2. La organización de su Escuela. 3. El certámen general de los 
alumnos, colocación del retrato del Príncipe de Asturias, y con este 
motivo alguna celebridad. 4. ¡Quiera Dios que pueda colocar la pri- 
mera piedra del nuevo edificio para Instituto y Escuela!... 5. ¿Quer- 
rá que se acuerde la continuación de la carretera de León? ¡ Ah! ¡Si 
pudiere yo dar por medio de ella el último impulso á la prosperidad 
de Asturias! Comunicaciones y luces: hé aquí lo que le falta. Si no 
tiene buenas leyes, las tendrá, porque este debe ser un efecto infali- 
ble de la propagación de las luces: cuando la opinión pública las 
dicte, la autoridad tendrá que establecerlas, quiera que no. 

»En este año debo formalizar mi testamento , ya escrito en este 
Diario y que se hallará ántes del viaje emprendido á las pruebas de 
D. Fernando de Valdés. Voy á entrar en los cincuenta y tres años, y 
no deben esperarse las últimas señales de disolución para pensar en 
la posteridad. 

«Según Arias, es tiempo de pensar en volver á Madrid: no lo de- 
seo: lo repugno: concibo que allí no gozaré la más pequeña parte de 
felicidad que aquí gusto. No negaré que de>eo alguna pública señal 
del aprecio del Gobierno, para ganar en ella aquella especie de san- 
ción que necesita el mérito de la opinión de algunos necios. Veo que 
esto es sugestión del amor propio, y que la prosperidad no me juz- 
gará por mis títulos sino por mis obras. Mi conducta ha sido pura, 
honesta y sin mancha, y espero que tal sea generalmente reputada. 
Si es así, este testimonio me debe consolar de cualquiera desaire de 
la fortuna Si no, debo contentarme con el testimonio de mi con- 
ciencia, que sólo me acusa de aquellas flaquezas que son tan propias 
de la condición humana. 

»Si por suerte viniese de América para el Instituto algún conside- 
rable fondo, emprenderé su nueva casa y procuraré construirla con 
el mayor ca'or. Los nuevos establecimientos se cimentan con la opi - 
nion, y la opinión se alimenta por los ojos. Además, estamos muy 
estrechos para la enseñanza, y la comodidad contribuye á ella. Nos 
falta el juego de pelota y la mesa de trucos, tan convenientes para 
el entretenimiento, para el ejeicicio y para la educación de los niños. 
Nos falta una pieza para juntas públicas, que sirva de teatro para los 
certámenes y áun para representaciones, que deben formar una parte 
de la educación, y que, bien dirigidas, concurrirán en gran manera 
á su perfección y progreso. 

»¡Ah! ¡Si Llaguno hiciese lo que le tengo tan encarecidamente 
pedido! ¡Si agregase la abadía de Santa Doradia al Instituto! ¡Si yo 
pudiese dotar bien: i.°La enseñanza de buenas letras. 2. La de 
lógica, metafísica y ética, nada nos faltaría. 3. Un buen músico me- 
dianamente dotado, y al cual pagasen los niños alguna cosa!... Pero 
Llaguno, tan tímido y detenido y con tan poca libertad para obrar, 
¿querrá ó podiá darnos este auxilio? 

«Revuelvo en mi ánimo una obrita sobre la instrucción pública, 
para la cual tengo hechos algunos apuntamientos y observaciones. 



96 BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

He meditado mucho sobre e*ta importante ma'eria, y pienso empe- 
zar á escribir este año, si la salud y el tiempo lo permitieren. Pero si 
volviese á Madiid, rebo renunciar á elk. Allí ni habrá gusto, ni 
vagar, y cuando ningún encargo extraordinario lo estorbase, los or- 
dinarios del Conseio de Ordenes y Junta de Comercio, los que no 
podría evitar de academias y juntas, ¿cuánto no estorbarían? Todo 
bien combinado, ¿no debo concluir que. continuando aquí, puedo ser 
más útil al público, que allá? A>í Jo haié sin importunar á nadie, 
aunque tampoco puedo atar las manos á mi buen amigo Arias, por- 
que desde el principio me íesigré en las suyas. Favor, influjo, amis- 
tad, opinión, si algo tuviere, quiero consagrarlo todo al bieu de este 
nuevo establecim ento, que está á mi cargo, á la mejora de esta pro- 
vincia en que nací y cuento morir, y al consuelo de los infelices y de 
los hombres de bien.» 



DIARIO SÉPTIMO 

Entramos en el séptimo legajo, que comienza en i.° de Enero 
de 1797 y acaba en 16 de Octubre del mismo año. Sigue el propio ré- 
gimen de vida, la propia constancia y distribución de trabajo y el pro- 
pio celo en servir al público y á cualquiera que iba á buscarle y con- 
sultarle. Pasó á Oviedo el 13 de Enero á asuntos del Instituto, y eva- 
cuados, vuelve á Gijon el 20. Escribe la enhorabuena á Lángara, nom- 
brado ministro de Marina. El 24 tiene la noticia de que los directores 
de Caminos conocen la necesidad de la carretera general de Asturias, 
y propuso al superintendente la consignación de ocho mil reales men- 
suales, el sobrante del arbitrio de la espala, los pontazgos y portazgos 
y algo del fondo pío, y que sea el Sr. Jove Llanos el director, propo- 
niendo el Principado los demás arbitrios. El Príncipe de la Paz los ha- 
lla insuficientes: aprueba el plan y pide otros. La misma Dirección se 
lo avisa, y también al regente de Oviedo y á la diputación del Princi- 
pado, para que lo hagan de acuerdo. 

«Todo el mundo cuenta con la carretera, dice; yo aún no. ;Ah! 
¡Si lograse dar este auxilio á mi país y á las provincias vecinas! De 
él depende la felicidad de unas y otras.» 

; 

El 25 escribe á la dirección de Caminos y al Regente. Vuelve á 
Oviedo el 5 de Febrero á tratar de arbitrios para la carretera, á cuyo I 
fin llevaba ya trabajado su parecer sobre el arbitrio de la sal. El 7 va á 
buscarle el procurador general y le lleva á la Junta, en la que le colo- 
can á la izquierda del Regente (no rehusa aquel lugar, sin embargo de 
ser consejero de las Ordenes). Conferencia. Se lee su papel, y el Re- 
gente indica que se deje la resolución para otro dia. Ni asienten ni 
contradicen. Heredia es de opinión de un impuesto sobre los ganados 
exportados, y de que el arbitrio debe ser pagado por los consumidores; 
D. Gaspar, que por el vendedor; y se queda la cosa sin resolver. — 
Dia 8: habiendo dormido, sobre la especie de los ganados escribe otro 
papel de reflexiones, que demuestran la injusticia é insuficiencia de este 
arbitrio; y con él, y una nota del producto de la sal en los últimos 
años, va á la Junta. Empieza Heredia con su tema, y disminuyendo el 



EXTRACTO DE UNOS DIARIOS 97 

producto de la sal, Jove Llanos demuestra lo contrario. Propone aquél 
añadir nuevos arbitrios sobre azúcar y cacao. Pero D. Gaspar pide que 
ántes de pasar á ellos se declare acordada su proposición de la proro- 
gacion de dos reales sobre cada fanega de sal. Después de una terrible 
pelea con Heredia, declara el Regente la exclusión de los nuevos arbi- 
trios, pero que se indique que cuando el de la sal no sea suficiente, el 
Principado propondrá alguno de los indicados. Todos asienten, y al fin 
Heredia, aunque ménos dócil, y queda el Sr. Jove Llanos encargado de 
extender la propuesta á los directores generales, y al dia siguiente se 
restituye á Gijon. El dia 22 envía al Regente la dicha propuesta ya en 
limpio. Torna á Oviedo el 9 de Marzo. El 1 1 se firma la propuesta, y 
se remite á la Dirección general de Caminos, y una representación que 
va al Príncipe de la Paz*, y el 22 á Gijon. Preparativos para un certa- 
men general y público de los alumnos del Instituto, y se convida á 
muchos profesores y sujetos distinguidos del Principado. Comienza el 
dia 24 de Abril: mucha concurrencia y mucho lucimiento en el desem- 
peño de los alumnos. Se concluyó el dia 6 de Mayo siguiente. El 7 se 
votaron los premios, etc., etc. Todo relativo al capítulo Instituto. Y en 
este mismo dia comenzó D. Gaspar las diligencias para la obra de la 
nueva casa del Instituto, pidiendo al Ayuntamiento sitio para cons- 
truirla, quien le acordó el n. El 16 se dió un dia de campo en Con- 
trueces á los alumnos premiados en el certamen, al que asistieron los 
maestros, varios sujetos distinguidos y el mismo D. Gaspar, quien des- 
cribe la alegría y buen órden de este regocijo y estímulo de los jóve- 
nes. El 2 2 se señala y fija el terreno que debe ocupar la nueva casa del 
Instituto. En 1 1 de Junio fué á Valdedios, monasterio eisterciense, á vi- 
sitar al general de la Orden, que estaba allí. Descripción del carácter 
y figura de este religioso , de sus compañeros , de aquel terreno y del 
que media en el camino. Vuelve el dia siguiente á Gijon. El dia 30 
salió para Pravia con su cuñada, de donde es natural. A las ocho y 
media en Avilés, y en Pravia á dormir el dia siguiente. Refiere el esta- 
do en que encontró el cultivo del terreno por donde pasó, y de la co- 
secha del maíz. El 2 de Julio visitas, y por la tarde paseo en Agones. 
El 3 va á ver unas chalanas que bajan por el rio con carbón de piedra: 
descripción de lo que traen y de lo que tardan en ida y vuelta, y por 
consiguiente, de la utilidad que de ellas resulta. Por la tarde paseo. 
Permanece en aquella villa hasta el 12, que entró en Avilés. El Diario 
refiere todo lo que hizo y trató en estos dias acerca de la situación, cul- 
tivo, industria, etc., de aquella villa, y de las ventajas que se pudieran 
sacar si se verificase el proyecto de un puente y camino que propone . 
El 13 sale de Avilés, después de comer, y llega á Gijon á la oración. 
El 24 recibe la noticia de haberse concedido cuanto se propuso para 
la carretera general y cuanto para el Instituto, que se celebra con ale- 
gría é iluminación. Escribe las gracias á todos los que contribuyeron á 
tan buena obra. En 3 1 recibe una carta reservada del Príncipe de la 
Paz, pidiéndole informe sobre varios puntos: sobre las causas del atraso 
de nuestras artes útiles , y mejoras de estudios: contestación en i.° de 
Agosto, que se prepara para el desempeño, lo que no podrá hacer lué- 
go,ni concisión por la importancia del objeto. El 5 de Agosto sale para 



I 



9 8 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



Oviedo, y trata de fondos para el desempeño de la comisión muy secre- 
ta, que no puede decir. El 7 recibe carta de Valdés, que está en el secre- 
tode la nueva comisión, é indica su objeto. Arregla con el regente y los 
diputados del Principado lo conveniente acerca del asunto de la carre- 
tera, y el 9 va á Trubia y examina con D. Ignacio Muñoz las obras 
nuevas, el horno en fundición y todo lo demás, y vuelve á la oración á 
Oviedo, y el 10 á Gijon. Escribe el 11 á los directores de Caminos so- 
bre carretera. El 12, lectura en los expedientes reservados. Fiesta de 
iluminación y fuegos artificiales para la colocación en el Instituto del 
retrato del Príncipe de Astúrias. Sigue el 13 en la lectura de los expe- 
dientes reservados, que concluye el 15. ¡Cuánta contradicción! ¡Qué em- 
brollo! Sábado 19 de Agosto: viaje á León. Sale de Gijon después de 
comer, y llega á Oviedo de noche. Arranca de áquí el 2 1 temprano. 
Come en Santullano, y llega por la tarde á la Pola de Lena, después de 
referir el estado en que encontró aquel camino. — Dia 22: al camino 
Cayon y D. Emeterio, junto á Ujo, y sigue bien su reconocimiento 
primitivo y general. Come en casa de Benavides, y después de paseo 
por la línea, duerme allí, donde se detiene el 23, dando todas las dis- 
posiciones necesarias para el acierto en las operaciones. Sale el 24 muy 
de mañana, y llega á Pajares á las diez, donde come, y cena y duerme 
en Arbas. Reconocimiento de la Colegiata y habitaciones del abad y 
canónigos, y á vista del plan de la obra que se trata de hacer y del ar- 
quitecto, le pone cinco reparos que convencen al abad y al arquitecto. 
Parte á las cuatro y media de la mañana de Arbas: describe el camino: 
pasa por Busdongo y Camplongo ; pinta el anfiteatro de montañas y pe- 
ñas; deja á la izquierda á Villanueva del Camino y Ventosilla á la dere- 
cha, y termina el anfiteatro en Villamanin, y llega á Buiza á las ocho 
y media: aquí se detiene por el sol picante, y hace medio dia. Describe 
aquella situación, y parte á las cuatro y media de la tarde, y llega á 
una pésima posada, sucia y exhausta de todo, sin cama, que forma con 
las mantas de los caballos. Despierta el 26, sin haber dormido, á las 
dos y media; y luégo inmediatamente á caballo y á oscuras, y llega á 
las ocho á León, donde encuentra el correo. Trata de que allí se tomen 
disposiciones para el camino que aquella provincia debe hacer hasta 
Pajares, y refiere otras cosas curiosas. Se detiene en León hasta el 29, 
preparando la ruta que debe tomar y lo conveniente para el camino. 
Sale á las cinco de la mañana, pasa el puente de Villarente á Eslonza, 
donde almuerza, y llega á las once á Grade/es, donde no hay mesón; 
una vecina le recoge, donde come. Dice el vecindario del pueblo y 
demás circunstancias, y las del alcalde mayor. Hay aquí un convento 
de monjas: visita á la abadesa, que le hace muchos ofrecimientos. A 
caballo á las cuatro de la tarde, y llega de noche á Almansa por un 
camino variado con cuestas y valles, que también describe. Cena y 
duerme muy bien. — Dia 30: sale á las cinco y media, y va á comer á 
Guardo, lugar grande, situado á la orilla del Car r ion, con un puente 
de cinco arcos. Describe el mesón y su ridículo adorno, donde come; 
y después de referir todo el terreno por donde anduvo aquella mañana, 
sale á las cuatro y media de la tarde, viendo las montañas peladas del 
Bierzo, que corren de O. á P. sin vegetal alguno, al parecer. Muñeca, 



EXTRACTO DE UNOS DIARIOS 



99 



Villamedina, Las Heras, santuario muy frecuentado, San Trivandes: 
aquí le acoge un labrador. Envía recado al prior de Sa?i Román de En- 
trepeñas, del monasterio de Car r ion, pidiéndole cama, que ofrece ge- 
nerosamente: va al priorato, que describe, metido en la peña. Cerca de 
este priorato están las ruinas del antiguo castillo de Luna, en el que 
dicen estuvo, si estuvo, el conde de Saldaña, amante de Jimena, her- 
mana de Alfonso Casto, y padre del famoso Bernardo del Carpió. Una 
fuente digna del nombre del rio nace junto al priorato y baja por una 
hondonada. Dice el prior que hay allí cerca una mina de carbón de 
piedra, y que algo se beneficia. Duerme y cena en la venta. — Dia 31: 
monta á caballo á las cinco y emprende el camino por enormes ban- 
cales de piedra. Pisón, cuya iglesia es muy antigua, con capilla mayor 
circular y gracioso pórtico. Sigue Castejon, cabeza de un partido de 
nueve lugares, que nombra. Deja á la derecha otro partido, llamado de 
Maldavia, compuesto de nueve villas, que son: Congosto, La Puebla, 
Polvorosa, Buenavista , Renedo, Villaeles, Villasila, Arenillas y Villa- 
basta. Describe mineralógica y geográficamente todas aquellas monta- 
ñas y peñas, de las que bajan aguas invernizas que van á buscar el P¿- 
suerga S. N. que nace de las fuentes de Ruesga y de las de la Pernia, 
y corriendo ambas por Cervera, se juntan por bajo del lugar de Bado, 
que pertenece á la jurisdicción de Cervera, y ésta se compone de 
veintiocho pueblos, que nombra: describe el terreno y su cultura, y dice 
que vienen á él merinas trashumantes que abrazan desde Reinosa al 
Bierzo todas las faldas meridionales de aquellas montañas. Reconoce 
y explica lo que es una gran peña que está á la entrada de Bado. Come 
aquí, y sale para Salinas á las cinco. Refiere por donde pasa á la vista 
del Pisuerga, y llega á dormir á aquel pueblo de sesenta vecino s f sin 
posada ni mesón, donde pasa una mala noche. — Dia i.° de Setiembre: 
á caballo á las cinco, y todo el camino sobre una loma en rellano de 
la piedra, ya descompuesta en guijo de varios tamaños. A la izquierda 
y derecha los lugares Matabuena y Matomorisca, Villavega y Car de villa-, 
Mer cadillo es una especie de aduana ó portazgo. Se sube el puerto de 
Villaescusa y Vista de Reinosa y del sitio en que está Fontibre'. luégo, 
en una vega, Matamorosa, y ántes la calzada de Madrid á Reitiosa. 
Aquí á las once de la mañana. Buena posada y buena comida. Incerti- 
dumbre sobre la ruta que debe tomar en adelante, y después de inda- 
gaciones , se resuelve ir á Villarcayo: busca un práctico, y tiene ya el 
itinerario-, pero no puede seguir, porque se puso mala una caballería, y 
no tiene otro remedio que detenerse allí un dia. El 2 recibe el correo: 
trata con sujetos instruidos en el pueblo, que sólo es de trescientos 
treinta y cuatro vecinos; le describe, y da razón de una mina de carbón 
de piedra excelente en Las Rozas, de aquella jurisdicción. Finalmente, 
como estaba despacio y no tenía que hacer, escribe mucho en su Dia- 
rio acerca de esta villa.— Dia 3, á caballo-, á las cinco pasa por Media- 
nedo, donde oye Misa, y por otros varios pueblos que nombra: luégo, 
por una dehesa que en invierno dice el práctico ser intransitable, y más 
adelante un anfiteatro de legua de diámetro, de peñas, terminando al 
frente por el cerro y castillo de Cilleruelo. Está la capital del valle de 
Arreva, de cuarenta vecinos. El castillo está bien conservado en sus 



IOO BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

muros, pero abandonado por dentro. Es del tiempo de Cárlos V, pues 
hay armas con el toisón. Sólo se pudo leer de una inscripción corroida 
de la casa de Tobar. Después de almorzar bien , siguió á Sor cilio , á 
donde llegó á las doce y media, pueblo de veinte vecinos y capital del 
valle de Vecana, que comprende once lugares. Comió, descansó, y á las 
cuatro siguió por un malísimo é incómodo camino y por una penosísi- 
ma bajada que está sobre Brizitela, y por otros pueblos que largamente 
refiere. Llegó á las ocho á Villarcayo, habiéndole anochecido en Esca- 
ño. Describe con mucha prolijidad toda esta jornada, que es curiosa é 
interesante. Se aloja en casa de D. José Linares, en donde halla gentes 
instruidas que le dan noticias de aquel país, de sus montes y del escur- 
ridero de las maderas, y decente y cómoda habitación. Se detiene aquí 
el 4, visita y examina la iglesia, que tiene un buen retablo de escultu- 
ra, con bajo -relieves y estatuas: ve las buenas salidas del pueblo y el 
nuevo empedrado de la plaza, que está suspenso por quejas y disputas 
de los vecinos: trata de avenirlos, para que siga. Los jóvenes caballeros 
del pueblo, que habían representado El delincuente honrado, sabiendo 
que estaba allí su autor, trataron de repetirle en la sala de las audien- 
cias públicas, y lo hicieron muy bien. Sale el 5 á las nueve de la ma- , 
fiana con unos caballeros que le acompañaron para Medina, que está 
distante de Villarcayo una legua larga por buen camino, aunque pedra- 
goso. Medina está situado en lo alto y tiene grande aspecto, sobre una 
hermosa vega, regada por el rio Solón, á quien se une el Trueva, y am- 
bos al Nela. Visita el convento de Santa Clara, fundación del condes- 
table D. Iñigo Fernandez de Velasco, y el hospital de la Veracruz, á él 
incorporado. La iglesia del convento es grande, gótica y bella: también 
lo es el retablo mayor ; pero mucho más el de la capilla de la Concep- 
cio?i, adornado con excelente escultura, al parecer de Juan de Juni\ 
todo lo describe menudamente. Al archivo de la villa, donde halló una 
confirmación original del fuero de esta villa, hecha por Alfonso X en 
la Era 1292. Es de Alfonso VIII. A las monjas agustinas: iglesia y 
altares modernos, pero decentes y arreglados: un convento de frailes 
franciscos y una congregación de San Felipe JVeri, y otras fundacio- 
nes de obras pías del propio condestable. El castillo está bien conser- 
vado en lo exterior: tiene dos hermosas y altas torres, que dominan 
todo el país. Todo el pueblo, iglesias y obras, plagadas con las armas 
de Velasco. Se come, y vuelve á Villarcayo. Se piensa en reconciliar á 
los caballeros divididos sobre la nueva obra de la plaza. Se avienen en 
conferir con Jove Llanos. Forma una Junta en que hay varios debates, , 
y se acuerda que se presente un pedimento, pidiendo la continuación 
de la obra, hasta la conclusión del tercio empezado, y que después se 
acuerde lo conveniente para la continuación de los otros, sin excluir 
ni sostener para ellos al maestro actual , que era la piedra de toque. 
Despedida en amistad, tertulia y cena. — Dia 6: á caballo á las siete de 
la mañana : buen camino hasta la subida de los montes , pero pésima 
bajada á Espinosa. En el camino, Bcdin. Le recibe el padre Prior de 
Berrueza, asturiano, barrio de Espinosa. Se apea en el priorato: exa- 
mina su iglesia, y al lado del Evangelio, en una capilla del marqués de 
Mortara, abandonada al polvo y á las arañas, halla en su gracioso re- 



EXTRACTO DE UNOS DIARIOS 



IOI 



tablo un excelente cuadro grande de la Sacra Familia, que parece de 
mano de Peregrino Tibaldi. Escribe el correo, come, cena y duerme. — 
Dia 7 : sale á las cinco por penoso camino: á la izquierda, los montes 
de Bárcena, muy dilatados y poblados de quejijo. Pasa por Barcena: sus 
casas de piedra y cal, cubiertas de piedra con losas de grano en forma 
de pizarrosa: abajo, corral para el ganado, y con escalera por de fuera 
para subir á las habitaciones y pajar : cada una tiene su prado , y está 
cerca del rio Trueva, donde hay algún cultivo. En la subida, cráteres 
de varios tamaños, etc., etc., pues todo lo refiere. Halló muchas pilas 
de madera en un llano ántes de subir , muy deterioradas y casi todas 
sin corteza. Pasiegos que se ocupan en conducir carbón en sus cuéva- 
nos: les pagan á doce reales la carga, á diez según los sitios. Vista del 
Resbaladero: pié á tierra: todo lo examina y describe con la más pro- 
lija detención, y convendría copiarse, pero no lo permite este extracto. 
Después pone varias reflexiones sobre estas obras, que también deben 
copiarse. Después de haber comido, subió á caballo por la ladera que 
está á la izquierda del Escurridero: no es ponderable su altura, aspe- 
reza y fragosidad. A pié, pues llegó á perder el aliento, y volvió á des- 
andar lo andado : describe su calidad, y vino á parar al sitio del árbol 
tenido por fresno, que es la hembra del mostajo. El rio Miera dice que 
nace en las breñas de Bustalmentero, va por los sitios de Rumiera á la 
Cavada, y desagua en la ria de Santander, y refiere el origen y curso 
del Vega, Trueva y Solón, que, como ya se dijo, se unen estos dos al 
Nela, y todos después al Ebro. La tierra de Pas se compone de cuatro 
villas, Espinosa, San Pedro de Romeral, la Vega de Pas y Jado, con 
San Roque de Rumiera. La jurisdicción de Soba, veinticinco parroquias 
y como dos leguas de extensión en cuadro. También refiere el origen 
y curso del rio Gándara y del Ason. Llega á Espinosa de los Monte- 
ros, donde descansa, cena, y á la cama temprano. — Dia 8 : salida por 
el pueblo: antigua torre de Bibanco, perteneciente al abad, lego comen- 
datario de este título : casa de Ortiz de Bibanco : su portada con dos 
cubos ó torreones de buen gusto : la casa fuerte , con cuatro pequeños 
cubos en los ángulos y saeteras : parece la arquitectura del tiempo de 
Carlos V. Casa de los azulejos de los Ortices de Bibanco: buena, y del 
mismo tiempo: sobre el dintel, este verso: 

«Do se alcanza tal victoria 
Debe osar morir el hombre. 
Muera él, y viva el nombre.» 

Se ven otras casas solariegas , como la del marqués de las Cuevas 
de Velasco, en cuya capillita hay. algunas buenas pinturas. Por todas 
partes torres y blasones, por lo que dice el refrán: Espinosa de los Mon- 
teros, muchas torres y pocos dineros. Reconoció el archivo de la villa, y 
copió el privilegio original que declara los solares de los Monteros y 
extractó otros dos. Fué después á ver el monte de Edilla, del concejo 
de Berrueza, que describe, y la fábrica de lienzos fundada por Isla. — 
Dia 9: salió á las cinco y media por la falda del Edilla, que está sobre 
el rio: todo el país labrado : grandes piedras desprendidas de sus altu- 



102 BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

ras: Villalazana, El Ribero, Villaaras, Castr óleos, Tr osaría: aquí el al- 
muerzo. Después Quincoces, merindad de Villar cay o, que comprende 
diez y siete lugares con mucho cultivo. El suelo de lastra descubierta: 
llegó á las once y media, y comió. A caballo á las tres y media de la 
tarde. Se ve á la derecha del pueblo una ancha abertura, por donde 
sale el rio Lora, y por ella se ven las cinco gargantas , que forman los 
extremos encontrados de otras montañas más bajas y distantes, y que 
dieron nombre á Quincoces. Por allí sale el Lora al valle Tobalina con 
el Salón, y el Trueva al Nela, y después al Ebro en Transpaderna. 
Caminó dos leguas sobre la lastra caliza: á la derecha, la alta cresta de 
la peña que corre O. E.: á media legua Teza, luego á la derecha San 
Martin de Losa, á la legua y cuarto la venta de Mambliga : el lugar de 
su nombre más arriba, más adelante Villalva de Losa. La jurisdicción 
de Villar cay o acaba en la venta . Vése el camino que va á Bilbao. Ber- 
berana á la izquierda, vista de Osuna, donde ha de hacer noche: ruin 
lugar: llegó cansado, pues anduvo aquel dia nueve leguas y media: 
puente á la entrada sobre el rio O?necillo, que corre á buscar el Ebro: 
posada limpia. Treinta vecinos , y pertenece á la provincia de Alava. 
Cena, y á la cama. — Dia 10: Misa en la parroquia, que tiene un bellí- 
simo retablo, y á caballo á las seis, todo el camino sobre lastra descu- 
bierta. Se pasa por Erestieda, Car r ¿cano, Quinca, después un monte, 
Barron, Artasa, Escota, siguen Las Encinas, y ántes de llegar á este 
pueblo, va el camino por una profunda cortadura hecha en la peña y 
de mucha extensión: obra de grande espíritu, y precisamente de roma- 
nos. Ormisana, Subisana y otros pueblos hasta JVanelares, y aquí el 
almuerzo. A un cuarto de legua la carretera bastante bien conservada. 
A la una en la posada de la plaza de Vitoria: lava los piés, ropa lim- 
pia, comida, etc. Visita á varios caballeros amigos suyos, con quienes 
trata y conversa sobre los objetos aparentes de este viaje y sobre el 
Instituto Asturiano, que ya tiene allí opinión. Se despide de todos, á 
quienes pinta y describe así en sus figuras como en sus caracte'res . — 
Dia 1 1 : despierta á las cuatro con ánimo de partir, pero le dicen que 
no puede ser por un fuerte huracán que bramaba al medio dia. Se pro- 
pone emplear el dia en ver el cuarto de D. Ortuño Aguirre, su antiguo 
amigo, y que estaba ausente en una hacienda, y el museo de D. Lo- 
renzo... Breve sueño: á las cinco y media había cesado el viento, y á las 
seis y media monta á caballo, y va por la carrera de Francia: camino 
bien hecho, pero adelante mal reparado. Cuesta de salinas, difícil, larga 
y pendiente para bajar al pueblo, lo demás llano: varias ferrerías y rios: 
montes bien cuidados: algunos muy frondosos: otros muy espesos sin 
grande arbolado: las presas para tomar las aguas, aunque de madera, 
bien hechas. En Vcrgara temprano. Todo el pueblo rebosa en alegría: 
hay fiesta de San Martin .-baile público en la plaza. ¡Qué bulla! ¡Qué 
alegría] Su vista me llena de placer. A la posada, donde lee y escribe, 
y vienen á visitarle los Lardizabales, con su primo D. Miguel y Gaitan: 
abrazos. Le convida Gaitan para comer en su compañía: se habla, se 
ríe, y adiós hasta mañana. — Dia 12: entra D. Miguel Lardizábal, y le 
cuenta la historia de su caida, que ignoraba. Juntos á ver el famoso 
crucifijo (vide Ponz) y la obra nueva de Santa Marina, añadida la igle- 



EXTRACTO DE UNOS DIARIOS 



103 



sia bien: la fachada majestuosa: á comer en casa de D. Manuel Gaitan, 
que tiene doce hijos vivos, y la mujer parece hermana de sus hijas. 
Los describe: paseo todos juntos, y después á beber allí: baile la gente 
moza, y largas conversaciones con los Lardizabales. — Dia 13: á caba- 
llo después de las seis: enorme subida del Elosna, que le hacen fasti- 
diosa las peñas y las piedras sueltas, y más la bajada, menos á pié por 
el atajo. Azcoitia: iglesia- grande, tres naves sobre pilares colosales: dos 
bellos retablos en el frente de las naves, que describe y celebra. A 
Loyola, todo de mezquino gusto. A Azpeitia, y dejándole á la izquierda, 
á Urr estillo. Llegó á las doce á la ferrería de Narros, que describe, y 
también un martinete. Come, y después á la otra ferrería de Arizu- 
riaga, que también describe. Hay siete ferrerías desde Azpeitia. A ca- 
ballo á las tres y media para esta villa : la fachada de San Sebastian 
con frontis de mármol melado, cuatro columnas, etc., de D. Ventura 
Rodríguez ; así lo dice la inscripción, que copia : en la iglesia nada del 
frontispicio: vuelta á montar, y á desmontar en Lasao : la ferrería del 
marqués de San Millan: su descripción. Puente de Cestona'. desde él ve 
los célebres baños: á ellos: su descripción. Son de D. Manuel Lili, y es- 
tán arrendados: llegada á casa de éste, donde cena y duerme. — Dia 14: 
otras seis ferrerías, dice, que hay en este término, todas sobre el rio 
Uraola. A caballo á las nueve para ir á Traeta. Encuentra al duque de 
Granada de Ega, que se empeña en volver á enseñarle sus tres ferrerías, 
y los nuevos barquines de piedra. Así lo hace, y descríbelos menuda- 
mente, y tiene largas conversaciones con el duque sobre estas mate- 
rias de ferrerías y de carbón de piedra. Visto todo, le acompaña el du- 
que hasta la mitad del camino, y vuelve á casa de Lili, donde come 
alegremente. Escribe el correo, y viene el duque á visitarle, y hablan 
de las novedades de Francia. Baile público delante de la casa. Se va: el 
duque le acompaña. Vuelta á casa, donde tiene larga conversación de 
guerra, montes y ferrerías, y del camino proyectado de Guetaria á Ver- 
gara: un indiano que está allí se ofrece á hacer á su costa la parte de 
su jurisdicción, y á los que no tengan fondos darles los necesarios á un 
rédito muy corto. Hizo una fuente en el pueblo y otra en el puerto 
para aguadas, y dice que quiere disponer en vida de todo su caudal en 
bien del público. Cena. — Dia 15: sale á las cinco y media: enorme su- 
bida del monte Azcárate, é igual bajada. Elgoibar'. magnífico retablo 
de estuco en la parroquia: le describe. Aquí muchas casas incendiadas 
por los franceses : Hermúa lo mismo : la posada fuera del lugar: aquí 
come en casa del organista, pero muy mal. A caballo á las tres: mal 
camino, y después una ruin y estrecha calzada. A Durango dos leguas: 
á Zornoza otras dos, donde no cena más que calabaza y huevos. — 
Dia 16: sale de aquí á las seis por un mediano camino, malo unas ve- 
ces, otras estrecho, pero de buen suelo. Entra en el de Orduña, que es 
ancho, bien construido y reparado, y llega á Bilbao ántes de las diez, y 
se hospeda en la posada de San Nicolás. Recibe y lee el correo. Sale 
á hacer visitas con su amigo y colegial D. Juan Pedro Urdaivay, y el 
nuevo puente de madera, obra grande y atrevida. A la posada, donde 
come en mesa redonda con españoles , franceses é ingleses, con nom- 
bre de americanos. Paseo después con Urdaivay á ver los molinos, 6 



104 BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

sean panaderías, pues todo se trabaja en ellos. Por la noche, tertulia en 
casa de la mujer de Samaniego. — Dia 17: Misa en San Antón: bello 
retablo de arquitectura y escultura en el lado del Evangelio. Paseo en 
el arenal: á comer á casa de Piles: gran comida con helados y muchos 
convidados de ambos sexos. Paseo por la tarde en el arenal y en el ca- 
mino de Olaviaga. Tertulia por la noche en casa de la viuda de Molli- 
nedo: gran concurrencia: mesas de juego. Refiere la gente que había 
en ella, y describe la casa. — Dia 1 8 : evacúa varias diligencias y come 
en casa de Urdaivay. Después á paseo á caballo con los amigos que 
nombra. En Portugalete al anochecer. A casa de D. José Salcedo, que 
está muy cascado y débil de la vista y oido, pero siempre aficionadoá 
ias buenas empresas, amigo de D. Wolfango Mucha, cuyos talentos en- 
salza. Se trata de ver el dia siguiente las minas: se ofrece á acompa- 
ñarle , y lo resiste : no cede Salcedo , y siente que esté cerrada la del' 
Rey. no obstante, escribe á D. Juan Adam Penset, encargado de ella, 
para que le franquee, y que él mismo acompañará al amigo viajante 
que la desea ver, y á Mucha. Plan de viaje para mañana, y se despide. — 
Dia 19: á las cinco y media en casa de D. José Salcedo, y á caballo á 
las seis y media. Se camina por sendas de cabras, y al fin fué preciso 
dejarlos caballos: subida al monte del Espinal', enorme excavación: 
está cortado el frente de la peña, en una curva que se interna suave- 
mente hacia dentro. Sigue así una larga y puntual descripción de todas 
las minas de vena de hierro, que debiera copiarse, pues según la pun- 
tualidad y exámen, parece ser su indagación el objeto de este viaje y 
de la comisión secreta. Pero nos detendríamos demasiado, y no lo per- 
mite un rápido extracto. Lo cierto es, que con las luces de Salcedo y 
los conocimientos de los prácticos que allí se presentaron , pudo Jove 
Llanos formar una relación exactísima de la forma, calidad, situación 
y producto de cada mina, como también del estado en que las encon- 
tró y de las mejoras y ahorros que pudieran tener. Evacuado todo, vol- 
vió bien mojado con el anciano Salcedo á su casa, donde refrescaron. 
Lectura del fuero de población de Portugalete , que copiará. A casa: 
cena, y á la cama. — Dia 20: á ver la casa de Jarrezuela, distante de 
Bilbao cinco cuartos de legua: envió las llaves Adam, y le acompañó 
Salcedo por un malísimo camino de cabras , venciendo mayores aspe- 
rezas y precipicios, cayendo y levantando, y lo que es de admirar es la 
fortaleza de Salcedo, anciano de setenta y siete años. Describe la casa, 
con huerta, gabinete de muestras de venas de hierro, cristalizaciones. 
Galerías de minas, explicadas por los facultativos que allí había. Des- 
pués á la huerta de Salcedo, con muchos y buenos frutales, fuentes y 
estanques. Despedida de D. José Salcedo, y después de copiados los 
fueros de población de Portugalete y Bilbao, forma un resumen de lo 
que vió, señala los montes que producen la vena , los puertos adonde 
se conducen, los gastos de conducción y otras noticias muy interesan- 
tes á este objeto. Comida muy delicada, y sale á las tres y media de la 
tarde por la soberbia posesión de los carmelitas, que describe: pasa 
por Olaviaga, situación deliciosa en que las vegas bien cultivadas, los 
montes llenos de verdor, los edificios, los buques, la ancha ria, la gente 
y general movimiento, hacen un singular contraste y parece un país 



EXTRACTO DE UNOS DIARIOS 



105 



encantado. A pié hasta Bilbao t donde encuentra otros amigos. — Dia 21: 
vista de D. Juan Adam Penset y de otras gentes. Misa en San Antón: 
vuelve á celebrar el retablo del lado del Evangelio, y dice que el ma- 
yor contiene obras de las tres artes. Encarga averiguar sus autores, vi- 
sitas y comida en casa de Urdaivay. Paseo por la tarde á los molinos: 
son tres edificios, y los describe: su autor, D. Alejo Miranda. Se despide 
por la noche de casa de Piles y de otros amigos, y á casa. — Dia 22: á 
las cinco en pié: escribe el correo, y sale para Somorrostro, donde llega 
á las once, y describe aquellos alrededores y sus vistas : iglesia moder- 
na de una nave y crucero : en una capilla el monumento de D. Sebas- 
tian de la Cuadra, primer marqués de Villar ias y ministro de Felipe V. 
Buena asistencia en la posada. A caballo á las tres: mal camino por la 
mañana y peor por la tarde: calzadas estrechas y mal construidas : On- 
ton y su iglesita en lo alto : á ver las veneras de Onton : están en el tér- 
mino del lugar áeMiono: éste las saca á remate, y un empresario las 
beneficia por su cuenta. Las describe: llega á Castro á las seis y media: 
examina la dársena, bastante capaz y siempre con agua al parecer. 
Cena, y á la cama. — Dia 23: á caballo á las seis: camino diabólico, 
aunque no tan pedregoso como ayer: magnífica vista del valle de Lien- 
do desde la altura, rodeado de montes : abajo una vega bien cultivada: 
las viñas empalizadas en todas las heredades: en medio el maíz: muchos 
caseríos : todo frondoso y risueño. Alta y dilatada sierra para pasar á 
Limpias. Este y Colindres pertenecen al señorío : á comer á las ventas 
de... á pié á Marrón: barco sobre la ria : á ver establecimientos, todos 
por la gran cabeza del viejo D. Juan de Isla. Grande edificio para fá- 
brica de jabón ; hoy almacén. Proyectó también fábrica y molinos de 
papel : no se levantó el edificio. Todo lo explica, y las fábricas de an- 
clas: á ver otra grande de D. Miguel Valandia, que también describe. 
Despedidas , y pasado el barco , á comer á la venta de Collado, donde 
nada se halló: malísima comida. Pasa por casa de D. Roque Fermín 
del Ribero, por la de Gibaja, que es grande y de apariencia señoril. 
Al salir de la Vega de Laredo sorprenden unas altas peñas cortadas 
hasta el pié : bella alameda : visita del gobernador : conversaciones , y 
buena cena y cama. — Dia 24: Misa en San Francisco: después á San- 
toña: gran fondo de ria y buen puerto. Descríbele, y sus alrededores: 
grande y dilatado monte de encina: mucho madroño: algún roble: uno 
viejo y quemado de portentoso diámetro, y dice que el dia anterior 
vió, al salir de Limpias, junto á una ermita, una encina que podía co- 
bijar un batallón. Venta á las tres leguas: valle de Lsla hermoso y bien 
cultivado: muchos cráteres de varios tamaños, y son frecuentes desde 
Somorrostro. Venta de Langre, donde llegó estropeado á las tres de la 
tarde: come de prisa: llega á las cinco á la ria con un recio viento: 
no puede pasar á Santa?ider porque no parece el barco, y se queda 
aquella noche en una ventuca, sin otro recurso que leer en Cóndor cet 
cosas buenas y sensatas sobre instrucción pública. Mala cena y peor 
cama — Dia 25: en pié á las cuatro y media, devorado por las pulgas, 
pero sin poder salir porque no parecía el barco : llegó á las nueve, y á 
las diez en el muelle de Santander. Padeció mucho su espíritu en la 
detención de la venta. Decía : 



lOÓ BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

«Héaquí loshombres: piensan en obras de ostentación y curiosidad, 
y dejan abandonadas las más necesarias. Iré á Santander ', y hallaré 
se acometen obras magníficas en su puerto, su plaza y sus calles, 
miéntras no han provisto al amparo de los que vienen á su ria, y los 
dejan sin barco ni recurso de esta banda, entregados á la miseria é 
inmundicia de esta ventuca.» 

Entra en la posada de Pacho al correo viejo. Se lava los pie's, se 
limpia, y envía aviso á D. Ramón Vial. Este le ofrece su casa; no la 
acepta, pero ofrece disfrutar su compañía y la de otros amigos, que tam- 
bién le visitan. Encuentra mucho correo: le lee, y después sale á paseo 
con ellos. A ver el nuevo hospital, que describe-, la obra de Gutiérrez 
sobre el mar, en un despeñadero, con un muelle delante, que también 
explica; á casa de Colosia, á la de Vial. — Dia 26. Visitas y ofertas de 
otros amigos, y recado del Obispo ofreciendo su palacio. A comer en 
casa de Vial, cuya familia retrata. Tarde: á ver el refino de azúcar de 
Vial, que describe; después al muelle. Con motivo de haber venido á la 
ciudad un criado de Casado de Torres, le pone dos letras, diciéndole 
que, después de las vueltas que ha dado por las provincias, había llega- 
do allí, de donde no se iría sin ver despacio algunos establecimientos, 
por lo que se detendrá mañana; y que pues le dicen que va mejor des- 
de allí á Carriedo, irá otro dia á La Cavada y saldrá á Torre la Vega. 
Por la noche en casa de Vial. — Dia 27. A las siete á caballo para Cam- 
pogiro, que está un cuarto de legua sobre el camino de Reinosa. Com- 
prende una extensión de dos mil cuatrocientos carros de tierra de á 
cuarenta y cuatro pies en cuadro cada uno; la fachada principal dos 
mil cuatrocientos, y está dibujada por Mucha; casa de cien piés en cua- 
dro; estanque de agua dulce de trescientos sesenta de diámetro, para 
peces; un muelle, y sobre él edificios para fábricas de cerveza, botellas 
y sidra, etc.; visitas después; comida en casa de D. Francisco Durango. 
Paseo por la tarde á la cordelería fabricada por Isla, que describe; á 
ver la tahona de Zuloaga y su cervecería, y después á casa; por la no- 
che concierto de música en casa de Durango, de quien se despide, y 
éste le da cartas de recomendación para Zayas, Villacarriedo y Bur- 
gos. — Dia 28. Sale en la falúa del resguardo: á Pedreña; allí los caba- 
llos: á la izquierda el lugar de Setien y el sitio de Rabago, con sus es- 
tacas, que señalan el curso que se quiere dar al rio Miera. A Tivero, y 
después á La Cavada. Le reciben á la puerta el comandante y un oficial 
de artillería; la tropa tendida; á su casa, donde le tienen preparada 
habitación. Visita de la mujer y cuñada de Casado, del comisario y el 
contador, con quienes, y el artillero, come espléndidamente. Conversa- 
ción después, y á ver el reten y demás obras, que describe detenida- 
mente. Se hizo una colada, echada á la salud de D. Gaspar, y se fun- 
dió un piñón. A casa; correo, al que responde muy deprisa. Conversa- 
ción después con el ministro y contador sobre montes, y refiere el 
coste de cada carro de carbón, etc., etc., y también del carbón de 
piedra, con una razón del consumo anual de cada especie de carbón. 
Cena, y á la cama. Dia 29: á las seis á escribir parte de este Diario, y 
después á ver el horno en que se renueva la caldera: explicación de 
todo esto; luego á ver la obra en que se despuntan los cañones: otra lar- 



EXTRACTO DE UNOS DIARIOS 



107 



ga, explicación; á las barrenas: gran tinglado y otras varias obras, que 
también explica con claridad. A Misa en la capilla nueva, que des- 
cribe, y luego á paseo. Sigue después refiriendo otras obras que se 
estaban ejecutando, y sus ventajas. Por la tarde á Liérganes, cuya ca- 
pilla tiene un frontispicio con columnas y pedestales de hierro co- 
lado, y describe los demás adornos, diez cilindros y dos hornos que 
hay allí, todo cerrado y abandonado por falta de carbones. De vuelta, 
conversaciones varias, y una muy viva por parte de Casado de Tor- 
res acerca de haberle sucedido Valdés en las obras de Astúrias, y 
de haberle obligado á ir á La Cavada. Cena, y despedida amistosa. — 
Dia 30: salida á las seis por Liérganes: maderas sembradas á las orillas 
del rio; paredones acá y allá para estrecharle; todo embarazado con 
gruesos morrillos. Aspereza del camino y despoblación. Se empeora; 
pendiente, peñascoso y quebrado. Por aquí el de Rioja, y al fin llega á 
San Roque, después de siete horas de andar, y dicen que no hay más 
que tres leguas, y algunos dos. Comida fiambre por no detenerse á ca- 
lentar la olla, y á pié á La Concha: una hora; es una presa de reten. Si- 
gue refiriendo todo aquel camino y sus obras, y llega á Celaya estropea- 
do y cansado. Al Seminario: cena y conversación con los maestros so- 
bre humanidades y métodos de estudios, y refiere la enseñanza del Se- 
minario y la distribución del tiempo. — Domingo i.° de Octubre: reco- 
nocimiento del Seminario; luégo á Misa, y después á ver la casa del 
Romano, allí muy ponderada: mala, y la describe. Es de enseñanza 
también, y parece ser de escolapios, pero no lo dice. A caballo á las 
doce y media. El rio Fas, que atraviesa el valle de Carriedo, y por el 
de Toranzo va al mar entre la Requejada y Santander. La vega Santi- 
bañez, La Canal y otros pueblos. Iruz: aquí el Obispo en visita; se apeó, 
y está con él tres cuartos de hora. Sigue el camino, á trechos bueno y 
malo: tal en Riesgo, donde hay unos baños calientes y un puente anti- 
guo. Le anochece, y pierde el camino; llega tarde á la Venta de Santia- 
go: buena posada, pero desaseada y mal cuidada; con todo cenó bien y 
tuvo buena cama. — Dia 2: por estar malo el caballo se detiene medio 
dia, y se resuelve ir á Santillana, y á dormir á Barcena. Ocupa mién - 
tras tanto la mañana en ver y examinar una fábrica de harinas que está 
allí cerca, junto al puente de Caries, sobre el rio Resaya. La describe, y 
refiere otras cosas muy curiosas de aquel terreno y del camino que me- 
dia hasta Barcena. Encuentra en él á su íntimo amigo D. Frey Francis- 
co Ibañez, que va á hacer pruebas de la órden de Calatrava con el ca- 
ballero Villegas á un tal Velasco. Se juntan y llegan á Barcena muy de 
noche. — Dia 3: en pié á las cinco, y á caballo á las seis con la comiti- 
va de los informantes. Empieza el camino subiendo y bien tomado en 
la montaña, pero mal reparado y sin pretiles. Fer rerías de Bierna: los 
montes agotados; fábrica de harinas en Lantueno de los Machos; Cañe- 
da: aquí la división de las aguas; el nacimiento del Besarga más alto á 
la izquierda. A las diez en Reinosa. Después de comer, á pié á ver las 
fuentes del Foro: su descripción. Llega al anochecer estropeado y bebe 
en casa de D. Rafael Villegas; aquí varios conocidos y conversación ins- 
tructiva. Noticias políticas y correo. Cena con Ibañez y los Vélaseos. — 
Dia 4: se levanta á las cuatro. Despedida de todos y de Ibañez, que 



108 BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

le ofrece ir á verle á Gijon. A caballo á las seis; camino algo más cui- 
dado. Cervatos', su iglesia- colegiata, al parecer del siglo xi ó xn. Pozo- 
cel, á dos leguas de Reinosa, que es un antiguo abrevadero, acaso del 
tiempo de los romanos, y un lago de unos ciento cincuenta pies de diá- 
metro; cerca de él una venta, y léjos se descubre Montes; cerca Los 
Caravedos, célebres por su gran arbolado; cuestas asperísimas en Ma- 
taporquera: son tres ó cuatro no muy largas. Canduela: poco más ade- 
lante acaba el camino nuevo de Santander, no sigue á Burgos , porque 
el de Somosierra tira á Villarcayo. Aguila? con su castillo en lo alto, 
bastante conservado; quinientos vecinos; á la Colegiata: buen retablo 
mayor, que describe, y copia los epitafios de los fundadores; algunas bue- 
nas casas nobles; antigua y fuerte la de los señores del pueblo, del tiem- 
po de Cárlos V; lo demás muy derrotado; todo con soportales; muchas 
tiendas. Se celebran aquí tres ferias, por San Miguel, San Martin y San 
Andrés. Aquí comió en una posada poco limpia. Describe el terreno 
desde Reinosa á Aguilar. Montó á caballo á las tres; se dobla la alta 
peña que veía toda la mañana. Corre el Pisucrga por fuera de Aguilar, 
y se traga luégo el Camesa, que se halló junto á Canduela. La villa está 
en la confluencia, y tiene dos vegas; más pasto que cultivo. Gran rotu- 
ra que hace el Pisuerga en la peña; doblada, se le ve salir á otra ancha 
vega; montañal de guijo mineral; grandes peñas formadas de lo mismo, 
todo á la derecha. Rara alternativa de montañas calizas y arenizas; 
aguas alguna vez de morrillos aglomerados; mucha piedra en el cami- 
no; algunos pasos estrechos. Alar, principio del canal de Castilla; ya 
noche, pero alumbra la luna; crece el arbolado; una campana le hace 
creer que está cerca del lugar; pié á tierra; se estropea, y no llega á 
Herrera hasta las ocho. La posada muy ocupada; le toca el peor alo- 
jamiento; temprano se acuesta. — Dia 5. A caballo á las ocho; deja el 
canal á la izquierda. Calahorra: empieza luégo un monte bajo de ro- 
bles espesísimo; dicen que se extiende desde Guardo á Osorno, N. S., y 
de Calahorra á Carrion, E. O.; ningún cultivo, y muchos colmenares: 
ninguna población, pero se ve á lo largo tal cual lugarcillo; aparecen 
señales de camino romano. Subida una corta altura, se ve la Ribera de 
Avia con bastante cultivo. En el camino el lugar de Castillo de Villa - 
vega, alta torre de piedra; todo lo demás tapial, debajo algo de adobes; 
la iglesia de sillería y ladrillo. Desde aquí á Sarracino, una legua; el 
camino sobre arcilla; muchos chopos á la entrada de Castillo, muchos 
más á la de Sarracino, donde llegó á las doce y media con mucho ca- 
lor. Ruin posada; lugar de mucho cultivo de viñas, donde comió. Si- 
guió después por buen camino; inmensas llanuras, todas cultivadas. San 
Mamés; luégo la vega de Carrion: el pueblo la ocupa; parece una ciu- 
dad; de cerca es un aldeorro. Se hospeda en el monasterio, en que no 
estaba el abad; mediator por la noche con los monjes, porque estaban 
en recreación; cena, y á la cama. — Dia 6: á las seis á caballo; calzada y 
luégo el camino romano. Calzadilla, y aún sigue el camino. Al hospi- 
tal de Las Tiendas, donde comió bien para de pronto. Describe este 
terreno, y habla de lo que sobre él se tiene proyectado. Monte bajo 
después de más de cuatro leguas. A caballo á las tres; aún se presenta 
la vía militar; Mor a tinos, San Nicolás del Camino, Lia ni era y Sahagun, 



EXTRACTO DE UNOS DIARIOS 



109 



á donde llega á la oración, y se hospeda en la posada de la plaza. — 
Día 7. Llovió mucho por la noche; á caballo á las cinco y media; bue- 
na mañana; gran monte de encinas entre Sahagun y El Burgo. Aquí 
almuerzo; á Reliegos, dos leguas crueles; á Mansilla una, y en todo seis. 
Llega á las doce y cuarto; al mesón nuevo, estrenado en 1796: todo á 
lamalicia; decente cuarto; la asistencia, ello dirá. No es del todo mala. 
Acaballo á las tres; lloviendo. En León á las seis. Le anuncia su sobri- 
no D. Jacinto Roque Lorenzana, en cuya casa siempre se hospeda, que 
había llegado á casa del Obispo el duque de Veragua, D. Mariano Co- 
lon. Sorpresa agradable; vela allá; tiernos y deliciosos abrazos; allí toda 
la noche con mil gentes que el Obispo convidara á beber. Conversación, 
y á casa. — Dia 8. A las siete en pié; correo despachado; lavatorio de 
pies. Misa en San Isidro; allí Colon; pasean juntos en las calzadas; gran 
comida en casa del Obispo; á reposar un poco en casa, y después allá; 
paseo por el jardin y en coche con el Obispo, el duque y Lorenzana; 
correo después de oscurecer, y concluido de escribir otra vez, en casa 
del Obispo. Conversación con el corregidor sobre el camino de Astu- 
rias, reducida á disputar por las formalidades que supone. Ve que nada 
se hará con aquella gente. — Dia 3. La mañana gastada en visitas. Co- 
mida en Palacio con Colon y los canónigos del partido del Obispo. Pa- 
seo después con Colon y Lorenzana; á San Márcos, y ven la iglesia, la 
sacristía y la biblioteca. Vuelta á paseo, y á Palacio: refresco con sor- 
betes, y larga conversación con el arcediano de Valderas. A casa. — 
Dia 10: vienen citados á conferencia el procurador síndico Nava y el 
fiscal del reino Reyero; tiénese larga y sosegada sobre el camino. Se 
acuerda: que se pidan las descripciones de Vierna y Cosió; 2. , que 
es importante el camino; 3. , que se deben proponer arbitrios suficien- 
tes; 4. , que á ellos deben contribuir las provincias del reino de León, 
pero se duda si gravar la sal ó el vino, no insiste Jove-Llanos sobre este 
punto, que queda al arbitrio de los otros. Andaba la especie de que 
la regulación de Ochoa era de veintiún millones por lo tocante á 
León. — Les asegura que sólo de diez y siete el todo, y concluyó con 
que de cinco á seis era lo que corresponderá, á lo más, á León. Di- 
suelta y amigablemente. Visitas por la tarde con Colon á ver algu- 
nas obras de calzadas, y después con el Obispo y Lorenzana; á casa; 
correo á D. Antonio Heredia pidiéndole las descripciones de Vierna y 
Cosió, y al abad de Arbas. Visita á Palacio y despedida de Colon, que 
sale mañana de aquí; á casa. — Dia 1 1 : correo de Madrid, á que contes- 
ta; visitas de despedida. Envía los caballos y criados á dormir á La 
Robla, á donde le llevará mañana el coche de San Márcos. — Dia 12: á 
las seis en el dicho coche; á las nueve y cuarto en La Robla: almuerzo; 
á caballo á las diez. El abad de Arbas le recibe en la Puebla de Gor- 
don, y siguen por el camino de la vid. Se sube y baja bastante; muchas 
estrechuras, que piden enormes desmontes; el paso de Peñagotera al pa- 
recer insuperable; estrechísimo por más de ciento setenta pasos; de nue- 
vo se vadea dos veces el rio, y aún otras dos . Villasempliz; en Villama- 
nin á la una y media: se come así así; á caballo á las cuatro y media; 
viento frió, luego más frió; anochece en Busdo?igo; más y más frió; lle- 
gan por fin helados; buen cuarto del abad; ve sus libros; conversación, 



IIO BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

cena y cama regalada. — Dia 13. En pié á las ocho; á las nueve á ver la 
garganta que hay desde la casa de Tibigracia; sale á Arbas; le acompa- 
ñan el abad y el arquitecto Prunedita; es de grande atajo, pero no con- 
cibe cómo se puede hacer por allí el camino; la subida es en extremo 
agria; las laderas en extremo pendientes; el valle intermedio en extre- 
mo profundo, respecto de ellas, y lleno de aguas; el terreno áspero, pe- 
dregoso y deleznable; cree que se debe renunciar á tal pensamiento. A 
ver la iglesia colegial; antigua, oscura, húmeda, fria, insufrible. 

» ¿De qué sirve (dice) en este desierto tal congregación de clérigos 
segregados del trato humano? ¿De qué las limosnas dadas á los hol- 
gazanes ó vagabundos? (De qué el llamado hospital, que sólo sirve 
para alojarlos y atraerlos? ¿No estaría mejor trasladada á un lugar 
poblado del camino?» 

Comida muy aseada. A caballo á las tres con el abad y otro canó- 
nigo. Doblado el puerto, otro temple; le acompañaron hasta más allá 
de Flordacebo. En Puente los Fierros al anochecer. ¡Cuánto le asusta el 
camino! Hay precipicios y pendientes que parecen invencibles; pero 
haya dinero, y se hará lo mejor posible; mala posada; conversación, cena 
y á la cama. — Dia 14 y siguientes. Voy á copiar el final de este legajo: 

«Gran suspensión en este Diario, que llenaré como mi memoria y 
Dios me ayuden. En este dia salimos á buena hora de Puente los 
Fierros, y fuimos sin azar y con buen tiempo á la Pola de Lena, y 
alojamos en casa de los Benavides, mis favorecedores. Ya mi colonia 
de galápagos había resuelto trasladarse al mismo punto, sin duda 
sabiendo mi cercanía. Llamé, sin embargo, á Cayon, y los hice jun- 
tar por la tarde. Toda se consumió en la observación de la línea, 
singularmene por la Pola: dificultades al paso de la iglesia, por la 
dirección, por la estrechura y por la traviesa de la presa de los moli- 
nos bajos. El domingo 15 examinamos este paso con la idea de ase- 
gurar la presa por detras de la iglesia: abandonado. Se fijaron dos 
líneas, una por sobre la torre de Benavides y otra por bajo. La seño- 
ra, vacilante entre una y otra: yo, deseoso de complacerla. En esta 
noche empecé á escribir la relación de mi viaje al Sr. Lángara, para 
la explicación de mi informe reservado. El lunes 16 se trabajó en la 
corrección de la línea, que á mi ver ganó mucho; y pasado el dia en 
esta faena, llegó la noche con el nuevo órden de cosas que se abrirá 
en otro cuaderno.* 

DIARIO OCTAVO 

Sigue el octavo legajo, que, aunque corto de dias, es muy interesan- 
te, y será más largo de lo que se debería esperar, porque poco se po- 
drá extractar: comienza en el mismo dia 16 de Octubre de 1797, en 
que acabó el anterior, y concluye en 23 de Noviembre del propio año. 

Dia 16 de Octubre: sigo copiando la relación original que el señor 
D. Gaspar dejó arriba pendiente: 

«Me había yo retirado á escribir en el informe al Sr. Lángara, 
cuando oí que acababan de llegar de Oviedo mi sobrino Baltasar y 
el oficial Linares. Iba á salir cuando éste entró, ofreciéndome sus 
abrazos y dándome la enhorabuena. — ¿Cómo?... — Está usted hecho 



EXTRACTO DE UNOS DIARIOS 



III 



embajador de Rusia. — Lo tengo á burla. Se afirma en ello. — Hom- 
bre, me da usted un pistoletazo... ¡Yo á Rusia! ¡Oh mi Dios! Se 
sorprende. Cuida de sosegarme. Entramos al cuarto de la señora. 
Baltasar confirma la triste noticia. Me da las cartas. Abro temblando: 
dos con sello, una de Lángara: otra de Cifuentes: ambas enhora- 
buena, con otras mil : nada de oficio : mil otras. Luégo un propio, 
enviado por el administrador Faes: varias cartas, entre ellas el nom- 
bramiento de oficio. Cuanto más lo pienso, más crece mi desolación. 
De un lado lo que dejo: de otro el destino á que voy... Mi edad... 
Mi pobreza... Mi inexperiencia en negocios políticos... Mis hábitos 
de vida dulce y tranquila... La noche cruel.» 

El 17, despedida: á caballo á las siete, á examinar la línea de Villa- 
y ana. En Ujo: á la entrada del Puente de Santullano, Reguera, Cayon, 
D. Emeterio, D. Baltasar Cienfuegos, el oficial Linares, y después Ce- 
nero. A comer en Olloniego'. después á Oviedo. Pocos salen á recibirle, 
y pocos le visitan aquella noche en casa de Peñalva. — Dia 18: correo 
larguísimo: de oficio, exponiendo su resignación y también la despro- 
porción del destino con... etc. Le visitan el Regente, el Obispo y otras 
mil personas: visitas por la tarde y noche á aquéllos. — Dia 19: sale 
para Gijon, donde le reciben diputados de la villa, del clero y del co- 
mercio, Peñalva y Llanos, muchos alumnos del Instituto y todo el 
pueblo. Se dispara la artillería; hay cohetes, visitas y general alegría. 
Sólo el agraciado es el que llora del sentimiento de tener que separarse 
de un pueblo que tanto le ama, y de alegría por verse amado de él. 
Comida á los que le acompañaron desde Oviedo y otros amigos. Mucho 
correo. — Dias 20 y 21: cumplidos, comida y refresco con los amigos, y 
más correo de cincuenta y cuatro cartas. Se preparan fiestas : resuelve 
dejar colocada la primera piedra de la nueva casa del Instituto ántes 
de irse: el 22, la misma distribución: el 23 y siguientes, preparativos 
para la colocación de la primera piedra, sin dejar en esta y en las ante- 
riores tardes de asistir al Instituto, donde todo iba bien. La villa de 
Candás le envía la enhorabuena por una diputación. Muchos preten- 
dientes para ir con él á Rusia. 

<Todo prueba (dice) la falsa idea que tienen de la fortuna. ¿Qué 
harán á setecientas leguas del país nativo , á merced de un hombre 
solo y expuestos al riesgo de su muerte al mayor desamparo? j 

Se preparan fiestas. Villa y comercio de acuerdo á costearlas. El 
clero señala mil quinientos reales para su destino. La respuesta del se- 
ñor embajador, que se destinen al socorro de necesidades, con otros 
mil quinientos que él mismo entregará á sus diputados. En los dias si- 
guientes vienen de otros pueblos muchos amigos á cumplimentarle. — 
Dia 29 y siguientes, trabaja en el informe reservado. Recibe carta con- 
fidencial del Príncipe de la Paz en términos muy honrosos y humanos, 
que cautivó de nuevo su reconocimiento é hizo inevitable su desgracia. 
Sin embargo, tratando de responderle, quiere insistir en una colocación 
más tranquila y conforme á sus conocimientos. Pero su hermano don 
Francisco de Paula se opone, y le obliga á obedecer y dar gracias. Don 
Juan Arias le escribe que no necesita empeñarse para el viaje, y le res- 



112 BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

ponde poniéndose en sus manos. Cabarrús se queja amargamente de 
las reconvenciones de D. Gaspar, de ser él el autor de su desgracia. 
Nada en los siguientes dias. — El 7 de Noviembre llegaron á Gijon los 
diputados de la Sociedad asturiana con toda ceremonia, y con la mis- 
ma los recibió y respondió á su arenga. Después, los de la universidad 
de Oviedo. Los recibe el 8 en la casa del Instituto ; recibidos por los 
alumnos, le presentan la borla de doctor in utroque y el testimonio del 
acuerdo del claustro. Lo recibe y responde con decoro y suma gratitud, 
y los acompañan los alumnos y maestros del Instituto. En la respuesta 
que dió á los diputados les manifestó las razones que había tenidopara 
recibirlos en el Instituto: i. a Para perpetuar en sus individuos la me- 
moria del beneficio hecho á su promotor, y extender hasta ellos la obli- 
gación del reconocimiento. 2. a Para dar á la Universidad y sus repre- 
sentantes la mayor prueba de aprecio que estaba en su mano. Y por 
último, sellar con este acto solemne la unión de dos cuerpos que están 
consagrados á la instrucción pública. Los despidió hasta la puerta y los 
visitó después. — Dia 9: trabaja en el informe reservado y da disposi- 
ciones para la colocación de la piedra. Tertulia numerosa: correo: no- 
ticias políticas que anuncian la paz de Francia con el emperador de 
Alemania. — El 10, nada particular.— El n, el comisario de Marina de 
Aviles viene é indica el deseo de cumplimentar á nombre de la matrí- 
cula. Por la noche comienzan las fiestas con fuegos artificiales y música 
de Oviedo delante de la casa, costeado por D. José Diaz Valdés, co- 
merciante de Gijon, y acabaron con una inscripción de fuego que de- 
cía: ¡Viva J ove Llano si — Dia 12: por la mañana el cumplido de la ma- 
trícula por el comisario, que arengó por escrito. Por la tarde el cere- 
monial de la colocación de la primera piedra, que no se refiere porque 
se imprimirá la relación. Por la noche, iluminación con trasparentes, 
en el Instituto, en casa de D. Manuel Sánchez y en otras de los vecinos 
acomodados y más afectos al embajador, y bailes. — Dia 13: diputación 
de Villaviciosa, otra de Avilés, cuyos diputados comieron aquel dia en 
casa con otros amigos. 

Oyéronse cascabeles por la tarde anunciando una posta de Madrid, 
y el administrador de correos, Faes, entrega al Sr. D. Gaspar el nombra- 
miento de ministro de Gracia y Justicia: empieza la bulla, la venida de 
amigos: gritos, abrazos... 

«Miéntras yo (dice) abatido voy á entrar á una carrera difícil, 
turbulenta, peligrosa... mi consuelo... la esperanza de comprar con 
ella la restauración del dulce retiro en que escribo esto... Haré el 
bien... evitaré el mal que pueda... ¡Dichoso yo si vuelvo inocente! 
¡Dichoso si conservo el amor y opinión del público, que pude ganar 
en la vida oscura y privada!» 

A la iglesia; se cantó el Te Deiun. Por la noche, luminarias, fue- 
gos, baile y demás preparado. Preparativos de viaje, y abatimiento y 
confusión consiguientes. — Dias 14 y 15: correo: al Príncipe de la Paz, 
de oficio, y confidencial á Arias y á otros. A la fiesta de iglesia con el 
Ayuntamiento. Despedida, y visitas á amigos. Vuelven diputados de la 
Universidad y del cabildo de Oviedo: los primeros sin ceremonia, y los 



EXTRACTO DE UNOS DIARIOS 



segundos con ella. ¡Qué prisa les corre el ser atentos! Se niega á reci- 
birlos en ceremonia; ni por esas: se echan encima con sus antorchas, 
comitiva, bonetes, etc. Se despachurró la arenga escolástica y el trata- 
miento: al fin les respondió en ceremonia y dando mil satisfacciones á 
los doctores. Empezó la representación de una tragedia ejecutada por 
los alumnos del Instituto, y á casa. Se concluye el trasiego de papeles 
y se arregla todo para el-viage. — El 15 en pié á las cuatro de la ma- 
drugada: á caballo de noche cerrada : lesiguen los amigos y les ama- 
nece en Porceyo. A la Corredoria, y tomando el camino de Castilla, á 
Olloniego. Comida aquí, y cena en Mieres en casa de Campo-Sagrado. — 
Dia 16 : á caballo al romper el dia: en la Pola á las ocho y media: se 
almuerza y sigue á Puente los Fierros. Se pasa el Puerto con algún 
fresco, pero sin molestia. Le reciben el abad y cabildo de Ardas, toda- 
vía de dia: escribe en el expediente reservado: recibe correo, escribe, y 
en cama á las once. — Dia 17: salida al rayar ei dia, y toma por Peñago- 
tera, para evitar la collada: el rio crecido le obliga á tomar el camino 
alto. Es malísimo: parada breve en la Pola, y luego á comer en La Ro- 
bla', aquí Cayon, Lorenzana y Melendez, que vino desde Valladolid: 
¿cómo había de faltar? Salida á las cuatro: anochece en medio del ca- 
mino, y á las ocho y media en León. Visita del Obispo, Daniel y de 
otras mil gentes. Conversación, etc. — Dia 18: mañana de agua y de 
lágrimas al despedirse. En Matallana, á las dos, comida. A las seis se 
hace noche, y con hachas se llega á Mayorga á las nueve, y á la cama, 
después de cenar con gran frió. — Dia 19: Misa á las cinco en la parro- 
quia: salida á las seis y cuarto por Ber nueces', en Rioseco á las doce y 
cuarto. Comida, y no se puede salir hasta las cuatro de la tarde por 
causa del mayoral: anochece á la legua y media, y con mucho frió llega 
á Valladolid á las doce y media de la noche. Se hospeda en casade 
Melendez, y á aquella hora amigos y literatos: cena, y doña Mariana 
Andrea tan contenta... — Dia 20: en pié á las siete: el tiro, que debió 
dormir en Villaniebla, no parece: se pasa el tiempo y dia con mucho 
disgusto. Virita del presidente y demás golillas de la cnancillería y mil 
gentes. Le ofrecen un tiro, que acepta, y entre tanto se acerca el medio 
dia. Arranca y entra en Olmedo con sol. Llega el conde del Carpió con 
su hija Cherita: él desfigurado y flaco: ella graciosa. Cenan juntos, y 
Carpió le entera de varios asuntos. — Dia 2 1 : despedida de Carpió, que 
pasa á Valladolid. A las ocho luégo en coche de Pedro del Rio, que le 
buscaba: iba á apostarse en Hornillos', le toma y le pone en un vuelo 
en San Cristóbal, y siguió á comer en San Chidrian'. después en Villa- 
castin'. anochece en las Navas de San Antonio y llega al puerto á las 
. nueve. A poco rato Cabarrús, que no contando conmigo habia salido 
de Madrid á la oración. 

«No pintaré la ternura (dice) de nuestra entrevista, ni el abati- 
miento que causó en mi ánimo la pintura del estado interior de la 
corte...» 

que le contó. — Dia 22: Cabarrús y Jovellanos á las diez en el Escorial. 
Sin vestir á la casa del Ministerio: no se puede evitar el ver algunas 
gentes, y le apura la indecencia del traje: entre otras Lángara: luégo su 
mujer: conversación. 



H4 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



«Todo amenaza (dice) una ruina próxima, que nos envuelve á to- 
dos. Crece mi confusión y aflicción de espíritu. El Príncipe de la Paz 
nos llama á comer á su casa: vamos mal vestidos. A su lado dere- 
cho la Princesa; á su izquierdo, en el costado, la Pepita Tudó... Este 
espectáculo acaba mi desconcierto... mi alma no pudo sufrirle. Ni 
comí, ni hablé, ni pudo sosegar mi espíritu. Huí de allí: en casa 
toda la tarde inquieto y abatido, queriendo hacer algo y perdiendo 
el tiempo y la cabeza. » 

Carta á su hermano. Por la noche á la secretaría de Estado. 

«Con C. (prosigue) S. conversación acalorada sobre mi repug- 
nancia. No hay remedio: el sacrificio es forzoso... más aún sobre la 
rendición del objeto de la ira y persecución... Nada basta... A casa 
en el colmo del abatimiento. La presentación será mañana á las 
once.» 

Dia 23: en pié á las siete... Así acaba este legajo ó cuaderno, cuan- 
do principia el ministerio; y no es de extrañar que no siga, porque los 
ministros no tienen Diarios, á pesar de que nadie debía estar tan obli- 
gado á tenerlos como ellos. 

DIARIO NOVENO 

Resta el noveno legajo, que comienza el dia 15 de Agosto de 1798, 
en que fué exonerado del ministerio de Gracia y Justicia, y acaba en 2 1 
de Enero de 1801 , con algunas interrupciones, porque ni la vista ni la 
mano le dejaron escribir con la asiduidad de ántes. Comienza así: 

«Continuación de mi Diario, suspendido por tan largo tiempo. — 
Introducción. — Escribo con anteojos: ¡Qué tal se ha degradado mi 
vista en este intermedio! ¡Qué de cosas no han pasado en él! Pero 
serán omitidas, ó dichas separadamente. Exonerado del ministerio de 
Gracia y Justicia por papel del 1 5 , y despedido el 1 6 de Agosto, 
volví el 17 á mi casa de Madrid: estuve en ella el 18 y el 19; y el 
20, á las cuatro de la tarde, salí para Trillo, y llegué después á las 9 
á Alcalá. Visitáronme luégo los pobres Lardizábales, muy consola- 
dos con mi vista, muy abatidos con la prolongación de su mala 
suerte y restitución á su honor, y algún destino. Piensa retirarse á su 
país de Guipúzcoa en busca de más baratura, más sociedad y en 
país más agradable: luégo el Rector del mayor, de manto, y dos com- 
pañeros de hábitos con mil ofertas de casa y cuanto había en ella.» 

Al salir de Madrid por la puerta de Alcalá, vió desde el coche los 
aumentos de la quinta de la Alameda de la duquesa de Osuna, que queda 
á la izquierda del camino. Pasó el Jai-ama, que corre desde Uceda á 
recibir el Manzanares y á buscar el Tajo, junto á Aran juez, Tor rejón, 
y presentada á la derecha la orilla del Henares, que busca también el 
Jarama. Quedan también á la derecha San Fernando, y luégo el her- 
moso y descuidado sitio de Aldovea. — Dia 2 1 : á las seis en coche : á 
San Torcaz, situado en alto: ningún vestigio de su célebre castillo. La 
vega de Alcalá, dilatada y fresca. Pasado el Henares, se vencen los 
cerros que un dia señoreó y que todavía lame y desmorona por el pié. 



EXTRACTO DE UNOS DIARIOS 



1 1 5 



La subida á San Torcaz alta y pedragosa. Al Pozo : posada tolerable, 
nueva y no demasiado sucia. Lectura en la Historia de los Trovadores. 
Comida agradable: larga siesta. El Pozo, lugar de labranza, tiene treinta 
y seis vecinos, con iglesia bien reparada, campiña pingüe. Salió á las 
cuatro: buen camino, ménos lo que llaman el Barranco. Aranzueque: 
posada cómoda, pero mala asistencia. Aquí el Tajuña: sesenta vecinos, 
iglesia capaz, bien construida, como del siglo xvi. Noche incómoda, 
por haberse inundado la posada de resultas de una tempestad, con 
mucha bulla. — Dia 22: salida á las cuatro y media, y pasado el puente, 
siguió la vega, dejando el Tajuña á la derecha. Todo inundado por la 
anterior tormenta, y entre la busca muchos peces á distancia del rio, 
y gente buscándolos. Ro?nanones\ buenos montes á la izquierda: en el 
llano, cultivo de huertas, cáñamo, patatas, judías y las cosechas ordina- 
rias: cien vecinos. Ege?iela en lo alto de un cerrillo. La inundación fué 
aquí mayor : mucha y gruesa piedra : el camino pedregoso : desde aquí 
mucho arbolado de encina en los montes: abajo negrillos, nogales: país 
hermoso, bien cultivado: Yélamos de Abajo: luego el de Arriba, siempre 
mejorando el país alto y bajo. Llegó á Yélamos de Abajo á las once y 
tres cuartos. Ruin comida: poco descanso. Salió á las tres y media. Yé- 
lamos tiene ciento sesenta vecinos y decente iglesia. Sigue el camino 
bien poblados los cerros de encinas, algunas viñas y sobre todo la vega. 
A ElcJie dos leguas largas, adonde llegó á las seis y media , pero pasó 
adelante subiendo una cuesta cruel, pendiente, pedregosa y casi intran- 
sitable: después grandes bajadas para llegar al hondo valle, formado 
por el rio de Cifuentes, en el cual se confunde otro formado por el Tajo, 
que sorbe allí sus aguas. Llega á las nueve á Trillo, y halla un franco 
y agradable hospedaje en casa de D. Narciso Carrasco, prebendado de 
Sigüenza, que pasa aquí los meses de Julio y Agosto, por la comisión 
de cuidar del hospital á encargo del Consejo. Recado de la señora de 
Vera. — Dia 23: visita á ésta, y despachar el correo. Comida con don 
Juan Manuel Gil, médico de Cifuentes, y comisionado por Arias con 
carta blanca para todo lo que se ofreciese á Jove Llanos, y con el 
dicho prebendado. A la tarde, paseo á los baños con la de Vera y el 
barón de Les. El camino bueno: desde la mitad frondoso, allá en ex- 
tremo. Distará de la villa como unas tres mil varas, con el Tajo á la 
izquierda, que baja entre dos alturas, y entre Oriente y Mediodía. Hay 
tres casitas de baños: la primera tiene tres; la segunda, cuatro en los 
ángulos; y más adelante la tercera, con uno solo, que llaman de la 
lepra, para erupciones cutáneas: un pobre y mal dotado hospital, y 
cuatrocientos ducados que da el bañero por el arriendo, y cobra de los 
que entran en ellos los derechos que están arreglados por arancel. A 
casa: lectura en Los Trovadores y en la primera parte de Las Brujas, 
de Trigueros. Buen prólogo: lo demás interesa muy poco. Cena, y reco- 
gimiento temprano. — Dia 24: á las cinco y media en coche: no se per- 
mite pasar por el puente, sin embargo de estar bien conservado. Es de 
un grande y solo arco, bien construido, y parece del siglo xvi: tiene en 
la clave del antepecho las armas de los condes de Cifuentes, y unos 
marmolillos que cierran el paso á toda especie de carruajes : se vence 
este estorbo, pasándolos en volandas al otro lado: allí se han cons- 



Il6 BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

truido cocheras, y en ellas queda para ir y venir al baño. A las aguas: 
ante la puerta de cada baño un piloncillo ó pozo con su brocal y al 
descubierto, lleno de guijarros limpísimos en el fondo y con un temple 
que aun dista mucho de tibias, y por la tarde se acerca al natural: con- 
tiene el agua mineral. Allí la toma cada uno con su vaso, y se pasea 
de uno á otro lado. El sitio umbrío, porque tarda el sol en levantarse 
sobre las alturas contiguas. Tomó dos vasos: no tiene gusto alguno: dio 
su paseo y se volvió. La iglesia del pueblo es de una nave, con arteso- 
nado en el cuerpo y bóveda en la capilla mayor, capaz, limpia y bien 
enlosada. El retablo mayor fué bellísimo por su delicada escultura. Le 
describe despacio, porque lo estaba y tenía poco ó nada que hacer: cor- 
reo con malas noticias de la salud del ministro Saavedra. Paseo con ma- 
dama Vera, el barón de Les y Pantoja, capellán de honor: á casa á escri- 
bir y leer. El pueblo tiene ciento ochenta vecinos útiles: buen cultivo de 
viñas, algo de trigo y algunos frutos en la vega. — Dia 25: bebió el agua 
mineral en casa: tres vasos: distribución ordinaria; paseo por la tarde; 
y así estuvo allí hasta el 13 de Setiembre, con alguna variedad en el 
modo de tomar las aguas, que le aprovecharon, pero siempre divirtién- 
dose y sacando partido de todas las personas decentes que allí concur- 
rieron para su trato y compañía. Pensó el mismo dia 2 5 pasar á ver el 
monasterio cisterciense de Oliva , que está distante de allí un cuarto 
de legua; no lo ejecutó porque el abad le envió el libro Becerro, con 
lo que se contentó, extractando algunas de las cosas que contenía. 
Escribió en el Diario bellas descripciones de aquellos alrededores, de 
sus terrenos, de sus cultivos, arbolados é industria. El dia 30 estuvo 
á ver y examinar la fábrica de papel de Gárgoles, propia del hospital 
de San Mateo, de Sigüenza, y arrendada en 20.000 reales por D. San- 
tiago Grimaud, que la dirige. Todo lo escudriñó y describió, y después 
pasó á Cifuentes, donde copió y pasó la mayor parte del dia. Da razón 
del convento de San Francisco, de su estrecha iglesia, sin cosa notable: 
de la parroquia, que es gótica, grande y de una nave, con sus capillas, 
que tienen buenos relablitos: del convento de Santo Domingo y de su 
iglesia, que nada tiene de particular: del de monjas franciscanas, suje- 
tas á los frailes, y de una casa de educandas que dirigen las monjas 
por torno, sin ninguna educación, pues algunas ni saben escribir: de la 
casa de D. Juan Caballero, venerable anciano, rico y de noventa y cua- 
tro años, en la que se hallan muchas pinturas que refiere; de las ruinas 
de un castillo grande y murado, situado sobre una peña, y del origen 
del rio que nace al pié de esta peña , cuyas aguas cristalinas , recogidas 
luégo en una gran presa, abastecen un molino de cuatro piedras, si- 
guiendo después en forma de rio y regando algunas huertas hasta Tri- 
llo, donde desemboca en la orilla septentrional del Tajo. Habla de la 
fertilidad del término de Cifuentes y de su cultivo. El 9 de Setiembre 
empezó á tomar la leche de burra, que le templó los dolores y la debi- 
lidad de la mano derecha, cediendo las obstrucciones. — El 12, pasado 
el puente de Trillo, subió á la cumbre de la montaña de Mediodía, y 
descubrió el Tajo, que vuelve frente á su origen, y la gran vuelta que 
hace por bajo las peñas de Viana (no tetas de Diana, como dicen al- 
gunos), para seguir E. O. Y el 13 salió de Trillo á las seis de la ma- 



EXTRACTO DE UNOS DIARIOS 



117 



ñaña sin haber tomado la leche de burra, pero sí cuatro vasos del agua 
mineral y chocolate. Mucho y buen terreno, y bien cultivado. Inche, 
Enche ó Elche, que de todos modos se llama : á Yélamos: la mañana 
hermosa: aquí medio dia. Un arroyo que nace frente de la posada riega 
su hermosa vega, y sigue sin interrupción hasta entrar en el Tajuña. 
Siesta: salida á las dos por Yélamos de Abajo. Romanones , que tiene 
bellísimas y bien cultivadas vegas: aparece el Tajuña por la derecha y 
con ancha vega bien cultivada, sin un solo árbol en toda ella, ni en la 
orilla ni en los cerros. Se ve á Holche ó Horce más retirado en lo alto. 
Armucha, y ántes encuentra al conde de la Cañada, que va estropeadí- 
simo á Trillo. En Aranzueque á las seis. Así acaba este trozo de Dia- 
rio. Empieza otro en estos términos: 

«Primero de Noviembre de 1798. — Después de tantas interrupcio- 
nes, voy á seguir mis Diarios, si acaso lo permitieren el nuevo géne- 
ro de vida y las distribuciones que voy á establecer. La debilidad de 
mi mano, resulta de mis cólicos, empezada á sentir en San Ildefon- 
so y á conocer en Trillo, no me permitirá el alivio de hacerlo de mi 
puño, que sería siempre lo más pronto y agradable. Salí de Madrid 
el 11 de Octubre en compañía de mi sobrino Baltasar (Cienfuegos), 
y de D. José Sampil, presbítero, natural de Mieres, á quien ántes 
había elegido por mayordomo, así por su talento, buen juicio y con- 
ducta, como por sus conocimientos y afición á la agricultura. Traje 
de familia al ayuda de cámara D. Domingo García de la Fuente, al 
cochero Pedro, á los lacayos Manuel y Colás, y á un cocinero nuevo 
llamado Andrés; vino también el paje alumno Periquin y el conser- 
je Francisco, el cual se encargó de conducir mi berlina de calle, ade- 
mas de una silla de posta nueva que compré en la dirección de Cor- 
reos, etc. El tiempo fué bueno, y el viaje entretenido. Llegamos 
felizmente á León en cinco dias. Detuvímonos ocho (con motivo 
de unas fiestas y regocijos que allí se celebraron)... Salimos el dia 
siguiente con buen tiempo á dormir en Pajares, y al otro á almor- 
zar en Campomanes, comimos en la Pola de Lena, llegamos á las 
siete á Mieres, y estando pronta la silla... yá poco más de las 
diez estábamos en Oviedo abrazando á mi buena hermana Benita. 
Al siguiente dia 27 salimos de madrugada, y estábamos á las diez 
en Gijon felizmente, cerrada tan borrascosa época de once me- 
ses y medio... Nada me ocupa de cuanto dejo atrás; pero á su en- 
trada me llenó de amargura la falta de mi hermano (D. Francisco de 
Paula, que había fallecido el 4 de Agosto de aquel año), que tanto 
contribuía á la felicidad y dulzura de mi vida en el tiempo más ven- 
turoso. Su sombra virtuosa se me presenta en todas partes, y empe- 
zando á venerarle como el espíritu de un justo que descansa, casi tvo 
me atrevo á llorar sobre sus cenizas. > 

Sigue diciendo que, llegado allí, fué su primer deseo ver las obras 
-emprendidas en su ausencia: le pareció bien la de la casa nueva del 
Instituto y la del paseo nuevo. En los primeros dias nada se pudo ha- 
cer con desliar cofres, y recibir gentes y escribir correos. Le cumpli- 
mentaron de ceremonia diputados del ayuntamiento de Gijon, del de 
Oviedo, del de Villaviciosa, del Principado, de la Real Sociedad de 
Astúrias, y el Regente interino y el oidor Cabanilles de la Audiencia 
-de Oviedo como particulares; á todos recibió como correspondía, y con- 
vidó á comer. Arregló la familia de la casa; cumplió el testamento de 



I 1 8 BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

su hermano; suspendió los trabajos de la obra nueva del Instituto hasta 
la Primavera, disponiendo entre tanto los necesarios materiales para 
entonces; dió apuntamientos á D. Juan Lespardat para el elogio de su 
hermano, que estaba encargado de hacer; y una breve idea del curso de 
buenas letras castellanas que debía empezar el año inmediato, y llega- 
ron de Madrid las máquinas ele'ctrica y neumática con varios aparatos 
para la enseñanza de la física, que también comenzará el año próximo 
en el Instituto. 

Aquí otra interrupción del Diario. 

«Doce de Abril de 1799. — Otra embestida (dice), á ver si puedo 
restablecer mi Diario. (Esto de su puño, cuya letra está ya muy can- 
sada.) ¡Cuántas lagunas! ¡Y de qué tiempos tan tristes é interesan- 
tes! Pero no hubo remedio. Mi salud en su tono antiguo; mi mano 
no buena aún del todo, pero sirve.» 

Sigue hablando de las grandes novedades políticas de Europa, y 
del estado en que estaba España; de la necesidad de señalar alimentos 
á su cuñada la viuda, y de los qué y cómo se los propone; y, por últi- 
mo, de lo que más le agrada é interesa, como él mismo dice, del Insti- 
tuto; y refiere el estado en que se hallan sus estudios, y lo que piensa 
hacer para su adelantamiento: el certámen público, que empezó en i.° 
de aquel mes, y de todo lo acaecido en él.— Dia 13: convite á varios 
amigos que llegaron de Oviedo; correo á Madrid. — Dia 14: nada extra- 
ordinario.— Dia 15: escribe un diálogo entre Vargas Ponce y el canó- 
nigo Posada, que escribieron desde Tarragona, donde estaban, y unas 
observaciones que Cean trabajara para su Diccionario de los profesores 
de las bellas artes que le había enviado para su aprobación. Por la tar- 
de al Instituto; paseo; lectura por la noche y gran tertulia. Sigue ésta 
con sus altos y bajos, y el Diario con sus vacíos, refiriendo cosas no de 
la mayor importancia, por lo que me abstengo de seguir en el extracto, 
y todas relativas al Instituto, al estado de la casa del mismo Jove Lla- 
nos y del pueblo de Gijon. 

Primero de Enero, miércoles, (y dice): 

«Otra embestida, por si puedo continuar seguidamente este Diario, 
distraído á mil pequeños objetos; no tuve bastante constancia para 
hacerlo desde mi vuelta, como pensaba, y varios accidentes lo inter- 
rumpieron. Veremos si de ésta sigue. Dia bellísimo y templado...» 

Sigue, y nada arroja interesante para el extracto. En 16 de Febrero 
se abrió el tercer certámen público del Instituto, y sobre esto me refie- 
ro al capítulo que trata de este establecimiento. En 20 de Noviembre 
dispuso que todos los juéves de la semana se juntasen desde las siete 
hasta las nueve de la noche, para tener conferencias literarias, D. Juan 
Lespardat, D. Juan Nepomuceno San Miguel y otros pocos del pueblo, 
con el ánimo de verificar la idea de formar una Academia, que empe- 
zando: por formar un Diccionario del dialecto de Astúrias; 2. , otro 
de la Geografía, pudiese pasar á cultivar sus antigüedades históricas, y 
al fin su historia natural y económica. Todo esto para más adelante, y 



EXTRACTO DE UNOS DIARIOS 



119 



después de ver los productos de las conferencias. Se convino en ello; y 
no constan las resultas, pero sí que se llevó á efecto la asistencia á 
ellas, y que D. Gaspar trabajó mucho en el primer Diccionario. 
Año de 1801, i.° de Enero. 

«¿Abrimos el siglo xix (dice) con bueno ó mal agüero? Pero al 
hombre le toca obrar bien y confiar en la providencia de su grande 
y piadoso Criador. La desgracia parece conjurada contra el Instituto: 
este precioso establecimiento, tan identificado ya con mi existen- 
cia, etc.» 

Y sigue diciendo el estado en que se halla, y las persecuciones que 
de nuevo comienza á padecer. Piensa en otro certámen público; pero 
el Diario acaba ántes que se verifique, en 20 del propio Enero, dos me- 
ses ántes de su sorpresa y conducción á Mallorca. 




TESTAMENTO POR COMISARIO 

DEL 

Excmo. Sr. D. (Jaspar Heloíior de JoYe-Llanos 

OTORGADO EN EL CASTILLO OE BELLVER, DE PALMA DE MALLORCA 

EN 2 DE JULIO DE 1807 (i) 



Iuestro apreciable amigo 1). J. S. nos ha facilitado para su pu- 

I blicacion el presente documento, que hoy se imprime por 

primera vez, y que dicho señor debe á la amabilidad de doña Purifi- 
cación Alvar-Gonzalez, esposa del antiguo y celoso director del Institu- 
to de Gijon D. Victoriano Sánchez. 

Es de estimar, y así lo consignamos, el afecto especial que dicha 
señora consagra á la memoria del integérrimo magistrado, gloria de 

(i) En las Memorias á que se contrae este digno señor, brillan todas las vir- 
tudes, toda la previsión, claridad y ternura que se echan de ver en su poder para 
testar. La que se refiere á las modificaciones que tuvo por conveniente hacer en el 
establecimiento de la escuela gratuita, se dirige á asegurar los beneficios públicos 
con cuyo objeto se fundó, separándola, si necesario fuere, del Instituto, perseguido 
en odio á su protector. Con sobrado y justos temores de que desaparecies eeste mo- 
numento de su virtuosa ilustración, tuvo cuidado de prevenir, al dejarle como últi- 
ma prueba de su amor la preciosa y rica Biblioteca suya, que, en el caso de extin- 
guirse el Instituto, ó de no poderse establecer en él esta librería para uso del pue- 
blo, á cuyo único objeto la destinaba, se situase en la casa que ya ántes habían re- 
galado él y su digno hermano D. Francisco de Paula á aquel establecimiento. Al 
repartir todos los artículos que poseía en su destierro entre sus parientes, amigos y 
buenos criados, se acuerda del conde de Cabarrús, con una pintura; del Sr. Posada, 
con el boceto de la Ascensión; de Menendez Valdés, con un cuchillito de marfil; y 
encarga á los que bien le quieran que justifiquen su memoria de la mala impresión 
que pudieran dejar las oscuras y malignas persecuciones con que injustamente le ha- 
bían mortificado. El Sr. D. Baltasar, su sobrino, en virtud de haber muerto ántes 
que S. E. su tierno amigo el Sr. Arias Saavedra, otorgó el testamento con exacta 
sujeción á la voluntad del Sr. Jove-Llanos, su rio, á excepción de varias mandas 
de memorias, que no se verificaron por haberle precedido á la mansión de la eterna 
justicia las personas á quienes estaban destinadas. 

V. S. 

8 de Marzo. 

(Nota de D. Victoriano Sánchez, director que fué del Instituto Asturiano, acerca del testa 
mentó de D. Gaspar de Jove-Llanos .) 



122 BIBLIOTECA DE VTPROPAGANDA LITERARIA 

Astúrias, y la espontaneidad con que se ha brindado á dar á la prensa 
la obra íntima del sabio prisionero, de quien conserva otros estimables 
recuerdos. 

Después de consignar nuestra gratitud á la generosa señora y al se- 
ñor S., indicaremos también que existe otra copia del mismo docu- 
mento en el archivo de la Audiencia de la ciudad de Oviedo, en el 
legajo: Diligencias instruidas á instancia de D. Baltasar Cie?ifuegos y 
Jove-Llanos sobre la posesión de la herencia de sutio el Excmo. Sr. D. Gas- 
par Melchor de Jove-Llanos. 

§w6 ' ' Á '•' •' " vifilfNr ir- <1 

TESTAMENTO 

En el Nombre de Dios Nuestro Señor Trino y Uno, Amén. 

Sepan cuantos esta carta de poder para testar vieren, como yo, don 
Gaspar Melchor de Jove-Llanos, caballero profeso en la órden de Al- 
cántara, del Consejo de Estado de S. M. (Q. D. G.), y residente en el 
castillo de Bellver de la isla de Mallorca, habiendo cumplido ya la edad 
de sesenta y tres años, y sintiendo que mi vista y salud se van degra- 
dando, así por un efecto natural del tiempo, como por los grandes tra- 
bajos que he sufrido y por la estrecha situación en que he vivido y vivo 
de más de seis años á esta parte; considerando, por lo mismo, que el 
tiempo de mi muerte no puede estar distante, y deseando aclarar y ar- 
reglar para después de mis dias los negocios propios y ajenos que es- 
tán á mi cargo, y que por mi ausencia y reclusión deben hallarse en 
bastante oscuridad y desorden; y finalmente, teniendo presente que no 
me es posible otorgar por mí mismo clara y cumplidamente mi testa- 
mento y última disposición, así por no tener noticia del estado actual 
de mis intereses, de cuya administración estoy privado de hecho, aun- 
que no de derecho, como por hallarme ausente de ellos y de mi casa y 
familia desde tan largo tiempo; estando, como lo estoy, por la infinita 
misericordia de Dios, en sana razón, temeroso de la muerte, deuda tan 
forzosa de todos los nombres como incierta la hora de satisfacerla, para 
que cuando llegue no me halle desprevenido sin disposición testamen- 
taria, he resuelto otorgar, como por la presente carta otorgo, y dar el 
poder más amplio y cumplido que de derecho puedo dar y otorgar al 
Sr. D. Juan José Arias de Saavedra Verdugo y Oquende, caballero de 
la órden de Santiago, del Consejo de S. M. en el Supremo de Hacien- 
da y actualmente residente en su casa de la villa de Jadraque, para 
que á mi nombre, y representando mi persona después de mi falleci- 
miento, haga y pueda hacer, y otorgar mi testamento y última disposi- 
ción, á cuyo fin le tengo comunicado mi voluntad de mucho tiempo á 
esta parte, así de palabra como por escrito, y señaladamente en una 
Memoria escrita y firmada de mi mano que le remití ántes de venir á 
este castillo, y ademas y con el mismo objeto le comunicaré las que 
crea necesarias ántes de mi fallecimiento: bien entendido que dichas 
Memorias servirán solamente para instrucción y gobierno del dicho se- 
ñor en el citado otorgamiento, pues que mi voluntad es, y así lo decla- 
ro aquí, que en todo y por todo se esté y pase por lo que el mismo se- 
ñor ordenare y declarare, sin que persona alguna le pueda pedir la ex- \ 



TESTAMENTO POR COMISARIO 



123 



hibicion de dicha Memoria, ó Memorias, ni demandárselas en juicio ni 
fuera de él, sino que libremente otorgue y ordene mi testamento según 
la intención que le tengo comunicado; pues que en su notoria honra- 
dez y virtud, y en la tierna y constante amistad que siempre me ha 
profesado y profesa, tengo la más ilimitada confianza, y también por- 
que en dicha Memoria, ó Memorias, se contendrán las noticias necesa- 
rias para el descargo de mi conciencia, sin que de ellas se pueda hacer 
otro uso que el que á dicho señor parezca conveniente á este mismo 
fin. En consecuencia de lo cual, por la presente escritura autorizo y 
apodero al referido Sr. D. Juan José' Arias de Saavedra para que des- 
pués de mi muerte, otorgando el dicho mi testamento, disponga y de- 
clare cuanto á mi última voluntad conviniere, señalando las mandas y 
legados de que está entendido, pidiendo y aprobando cuentas, hacien- 
do quitas y remisiones, dando recibos y finiquitos, cobrando y recau- 
dando ó pagando cuanto á mis derechos y obligaciones perteneciere. 

Y aunque estoy cierto de no haber otorgado ántes de ahora testa- 
mento alguno, autorizo por lo mismo á dicho señor para que contradi- 
ga cualquiera que á mi nombre pareciere y le revoque, como yo desde 
ahora le revoco. Siendo mi voluntad que lo que yo declarare en esta 
carta de poder y lo que el mismo señor en su virtud ordenare, se ten- 
ga por mi testamento y última disposición; el cual, dicho señor, puede 
hacerle y otorgarle dentro del te'rmino del derecho ó fuera de él, pues 
cuanto en mí está, le dispenso de este plazo para que, atendidas las 
circunstancias de los negocios que son de mi cargo, pueda arreglarlos 
con toda la reflexión, madurez y prudencia que son propias de su ca- 
rácter. Y por cuanto, siendo mortales, pudiera suceder que el señor don 
Juan Arias premuriese, y sobre el grave sentimiento que yo tendría por 
la falta de tan digno y amado amigo, me quedase el desconsuelo de 
que mis negocios no pudiesen ser arreglados y aclarados, ni mi último 
voluntad cumplida por un sujeto de tanta prudencia y virtud, y afecta 
á mi persona, declaro que en caso que así sucediere, se entienda este 
poder para testar con mi sobrino D. Baltasar, abajo citado, al cual 
nombro desde ahora y para entónces, y en lugar del referido Sr. Arias, 
para que otorgue mi testamento con arreglo á las prevenciones en el 
presente poder hechas, y también á la Memoria, ó Memorias, que exis- 
tan en poder de aquel señor, que no dudo dejará encargado se le en- 
treguen si tal sucediere. Y respecto á que la varia naturaleza de dichos 
negocios y la distancia de mi casa en que vive dicho señor no le per- 
mitirían ordenarlos con la claridad conveniente, sin tener de ellos más 
amplia instrucción y noticia, y á que no es fácil comunicársela por me- 
dio de Memorias, ni yo me hallo en estado de hacerlo por otra vía, 
haré aquí, no sólo las disposiciones que la naturaleza de esta escritura 
requiere, sino las demás que puedan conducir al referido fin. En conse- 
cuencia de esto, y invocando ante todas cosas el santo nombre de Dios 
Trino y Uno mi Creador y misericordioso Salvador, en cuya santa 
Providencia estoy confiado, y cuya infinita bondad y asistencia imploro 
para mi último fin, declaro que desde mi primera edad y por todo el 
curso de mi vida he profesado y actualmente profeso con sincera y cons- 
tante fe la santa religión católica, apostólica, romana, creyendo, coma 



124 BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

firmemente creo y confieso, todos los dogmas y artículos que su santa 
Iglesia tiene y confiesa; y que es mi deseo, así como he nacido y vivido, 
permanecer y morir en su santo gremio y en la comunión de los fieles 
que la profesan, á cuyo fin imploro también la protección é intercesión 
de la bendita Virgen María, Madre de Dios y protectora de los hombres 
para con su Hijo Santísimo Jesucristo, mi Señor piadoso Redentor, en 
cuya intercesión confío que, por el mérito e' infinito valor de su preciosa 
sangre, lavando las manchas de mi alma, le abrirá las puertas del cie- 
lo, para que goce de la presencia divina en la eterna bienaventuranza: 
item, declaro que si falleciere en este castillo, ó en cualquier otra parte 
de esta isla, sea mi cuerpo enterrado en el cementerio de la Cartuja de 
Jesús Nazareno, sin otro hábito que el de mi órden de Alcántara, sin 
distinción, pompa ni asistencia alguna, sino solamente en el modo y en 
el lugar que fuere acostumbrado para el entierro de los individuos le- 
gos de aquella religiosa comunidad, cuyo consentimiento se pedirá pre- 
viamente, y espero obtener de su caridad por el singular afecto que me 
ha profesado miéntras tuve la dicha de vivir en medio de ella. 

Y pues que fué siempre mi deseo el que mis huesos reposasen en el 
cementerio de la iglesia parroquial de Gijon, en la cual fué bautizado, 
con el fin de que su existencia allí sirviese de estímulo á mis parientes 
y amigos para que rogasen á Dios por el descanso de mi alma, pido 
desde ahora á la referida comunidad permita que á su debido tiempo 
sean dichos mis huesos sacados del lugar en que se hubiesen deposita- 
do, dejando á su arbitrio y el de mis albaceas acordar el modo y tiem- 
po en que esto se deba hacer. Y pues que debe esperarse á que mis 
carnes sean consumidas para que quede allí el polvo de ellas, no sólo 
prohibo que se trate de embalsamar mi cuerpo, sino que deseo se use 
de cal viva ú otro cualquier medio que señalen los físicos para abreviar 
el plazo de esta traslación. En consecuencia de lo cual, y precedida la 
licencia del ordinario eclesiástico, verificada que sea la exhumación de 
dichos mis huesos, y colocados en una caja de madera, se entregarán 
á mis albaceas para que cuiden de trasladarlos á la villa de Gijon, y de 
que allí los entierren en el referido cementerio sin pompa ni distinción 
alguna. Pero si mi fallecimiento se verificase fuera de esta isla y de la 
citada villa, es mi voluntad que mi cuerpo sea enterrado en el cemen- 
terio de la iglesia parroquial del lugar en que falleciere, sin pompa ni 
distinción alguna, ni otra precaución que la de señalar el lugar de mi 
sepultura con permiso y acuerdo de su cura párroco, para hacer á su 
tiempo, si fuere posible, la traslación de mis huesos en la misma forma 
que llevo prevenida. Y, en fin, si yo falleciese en Gijon, mando que se 
me dé sepultura en el nuevo cementerio, á cuya construcción he con- 
currido con mis continuos ruegos y solicitud; previniendo que, si no 
hubiere inconveniente, se me dé sepultura cerca de su puerta, para que 
huesos reposen al lado de los de mis padres y hermanos, que yacen en 
la capilla de nuestra familia, contigua á la citada puerta, que con con- 
sentimiento mió se abrió desde ella. 

Item: es mi voluntad que, ademas del oficio que cantará la dicha 
comunidad de Jesús Nazareno para mi entierro, y por el cual se le dará 
la limosna de cien libras de moneda mallorquína, se canten otros dos 



I 



TESTAMENTO POR COMISARIO 



en Gijon, luégo que allí sea sabida mi muerte, uno en su iglesia parro- 
quial y otro en el convento de las religiosas Recoletas, y ambos sin 
convite ni distinción alguna, dejando á cargo de mis albaceas, así el se- 
ñalar el número de sacerdotes que hubieren de asistir, como la limosna 
que por uno y otro se haya de dar. Y si yo falleciere y fuere enterrado 
en otro pueblo del continente, allí se dará por el oficio que se deberá 
celebrar, y por los demás derechos de entierro, la cantidad de cien du- 
cados de vellón; y finalmente, otro igual oficio se celebrará en la par- 
roquial de Gijon el dia en que se verificare la traslación de mis huesos 
á su cementerio á disposición de mis albaceas, y previniendo también 
que estos oficios se hagan sin pompa, ni distinción, ni convite alguno. 

Item: es mi voluntad que ademas de los dichos oficios se digan por 
mi alma algunas misas, para lo cual dejo en Mallorca cincuenta libras 
del país, y en Gijon cincuenta ducados de vellón, que se entregarán, 
las primeras al Dr. D. Ignacio Bas y Bausá, y los segundos al párroco 
de aquella villa; y al arbitrio de uno y otro dejo determinar el número 
de misas que se deban decir y la limosna de cada una, encargándose 
solamente que nombren para decirlas á los sacerdotes que crean más 
necesitados de este socorro. 

Item: es también mi voluntad que ya sabida que sea mi muerte en 
dicha villa de Gijon, se destine por mis albaceas la cantidad de ocho- 
cientos ducados para el socorro de niños pobres, cuya distribución se 
hará en esta forma: de la mitad de dicha cantidad, se formarán cuatro 
dotes de cien ducados cada una, y se adjudicarán dos de ellas para 
dos discípulas de la escuela de niñas que fundó en Gijon mi hermana 
Sor Josefa de San Juan Bautista, y las otras dos para una niña natural 
de la misma villa, y para otra de la parroquia de Ceares. La mitad res- 
tante se distribuirá en cuatro socorros para niños pobres, de los cuales 
se distribuirán dos á dos discípulos de la escuela gratuita de primeras 
letras que yo establecí en Gijon como heredero fiduciario del señor 
D. Fernando Moran Lavandera, su fundador, y los otros dos, á un niño 
natural de la misma villa y á otro de la citada parroquia de Ceares; y 
quiero que el señalamiento de unos y otros niños pobres se haga por 
mis albaceas en aquella villa, junto con el primer juez noble y el cura 
párroco de ella; y al arbitrio de todos dejo también la determinación 
del tiempo en que se deba hacer la entrega de dichas dotes y socorros;, 
previniendo sólo ser mi voluntad que los de las niñas sirvan para que 
se establezcan en matrimonio, y los de los niños para que aprendan ofi- 
cio ó emprendan carrera conforme á su condición; encargando, como 
encargo y recomiendo á dichos señores, que en hacer dicha adjudica- 
ción, ademas de la pobreza y necesidad de dichos niños y niñas, ten- 
gan en consideración su aplicación y conducta. Y ahora, procediendo 
á las demás declaraciones que creo necesarias, así para instrucción de 
dicho señor mi apoderado, como para el mejor cumplimiento del tes- 
tamento que en virtud de este poder otorgare, declaro ante todas cosas 
que soy hijo legítimo, nacido del legítimo matrimonio que contrajeron 
los Sres. D. Francisco Gregorio de Jove-Llanos y Carreño y doña 
Francisca Apolinaria Jove Ramírez de Miranda: que por haber falleci- 
do ya adultos y sin sucesión mis tres hermanos mayores, D. Miguel, 



I2Ó BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

D. Alonso y D. Francisco de Paula, he venido á ser y actualmente soy 
legítimo poseedor de los vínculos de mi casa. Que habiendo fallecido 
también sin sucesión mi hermano menor D. Gregorio, viene á acabar 
en mí y á extinguirse del todo la varonía de mi casa. Que de mis cua- 
tro hermanas doña Benita, doña Juana, doña Catalina y doña Josefa, 
han fallecido las dos primeras dejando sucesión legítima; doña Catali- 
na vive en estado de viuda y sin hijos, y doña Josefa, que también 
quedó viuda, habiendo fallecido los hijos que tuvo de su difunto mari- 
do el Sr. D. Domingo González de Argandona, murió poco hace reli- 
giosa en el convento de Recoletas de la villa de Gijon. Que, en conse- 
cuencia, la sucesión de los vínculos de mi casa toca de derecho al 
licenciado D. Baltasar González de Cienfuegos de Jove-Llanos, mi 
sobrino, como hijo primogénito que es de mi difunta hermana mayor 
doña Benita de Jove-Llanos y del Sr. D. Baltasar González de Cienfue- 
gos, conde de Marcel de Peñalva, vecino de la ciudad de Oviedo, tam- 
bién difunto. Por lo cual declaro al referido D. Baltasar mi sobrino, 
como único, inmediato y legítimo sucesor en los vínculos que actual- 
mente poseo, así como en todos los derechos, acciones y preminencias 
que á ellos pertenecen. 

Item: declaro que, con motivo de las diferentes comisiones que el I 
Rey Nuestro Señor se dignó poner á mi cuidado desde el año 1789, 
así para visitar los colegios de las Ordenes Militares, de la Universidad v 
de Salamanca, y formar el plan de estudios, como para promover la 
explotación de las minas de carbón de piedra en el Principado de As- 
turias, y el comercio y navegación de sus carbones, y posteriormente 
para fundar en Gijon el Real Instituto Asturiano, en que establecí los 
estudios de matemáticas, náutica y ciencias físicas, y para dirigir el ca- 
mino real de comunicación desde Asturias al reino de León; y en fin, 
para reconocer el estado de las reales fábricas de la Cavada, de las mi- 
nas de hierro de su consumo, y de los montes de Espinosa, destinados 
para el surtido de sus carbones, y otros varios encargos que debí á la con- 
fianza de S. M., y que cumplí, y á cuyo desempeño apliqué la atención y 
cuidados que constan en las secretarías del Despacho respectivas; con 
este motivo, repito, anduve ausente de mi casa de Madrid por espacio 
de siete años, y no teniendo allí quien cuidase de mis intereses y ne- 
gocios, se encargó de ello, por un efecto de su gran bondad y de la 
constante amistad con que siempre me honró, el referido Sr. D. Juan 
José Arias de Saavedra; y sin embargo de que al tiempo de mi ausen- 
cia me hallaba yo con un fuerte empeño en favor de la casa de la se- 
ñora condesa viuda de Campo Alange, que generosamente me había 
anticipado los fondos necesarios para mi establecimiento en Sevilla 
en 1768, y después en Madrid en 1778, y al fin para tomar el hábito de I 
caballero de Alcántara al pasar al Real Consejo de Ordenes, dicho se- I 
ñor Arias, con su celo y buena economía, no sólo satisfizo completa- I 
mente mis empeños, cuyo objeto fué el primero de su amistad y cuida- I 
<io, sino que se hallaba con algún corto ahorro de mis sueldos en el año I 
de 1797, en que S. M. se dignó nombrarme para la embajada de Ru- I 
sia y sucesivamente para el ministerio de Gracia y Justicia. Que poste- I 
nórmente, y cuando en el siguiente año, exonerado del citado ministe- I 



TESTAMENTO POR COMISARIO 



127 



rio, volví á mi casa de Gijon, el citado Sr. Arias se encargó de nuevo 
de mis negocios con el mismo caritativo fin de satisfacer el nuevo y 
más crecido empeño que hube de contraer para establecerme en aquel 
distinguido destino; el cual empeño quedó entero y vivo al tiempo de 
mi ausencia, así por no haber ocupado el ministerio sino ocho meses, 
como por haber cedido en favor del real Erario y para gastos de guer- 
ra, la cuarta parte de mi sueldo. 

Que en todas estas ocasiones, el citado señor manifestó el mayor 
celo y desinterés en el cuidado de mis negocios, y más todavía desde 
el año de 1801, en que fui sacado de mi casa y traido á esta isla, que- 
dando entónces mis intereses 'abandonados á su sola confianza y cui- 
dado, dirigiéndolos desde aquel punto con tanto desvelo y tan rara y 
generosa amistad, que no puedo dejar de manifestarlo aquí, lleno de 
admiración y tierno reconocimiento. 

Y respecto de que á tantos testimonios de celo y amor he corres- 
pondido siempre como debía, con una confianza absolutamente ilimi- 
tada, no queriendo jamas ver, sino aprobar llana y francamente sus 
cuentas, y á que, á vista de mi resistencia, se empeñó dicho señor en 
que las viesen personas de mi confianza y cariño, que en efecto lo hi- 
cieron, y admiraron en ellas el orden, exactitud y claridad con que las 
había constantemente llevado; ahora, en continuación y prueba de la 
misma íntima confianza, mando aquí, no sólo que ámi muerte no se pida 
cuenta alguna á dicho señor de los fondos que hubiesen entrado en su 
poder, sino que. se resista el recibir las que quisiere dar, y que si abso- 
lutamente se empeñare en hacerlo, se esté y pase desde luégo por el 
resultado que manifestase en ellas de su administración y encargo, sin 
1 >edirle razón, documento ni prueba alguna de la inversión de dichos 
fondos. 

Mando asimismo que, si dicho señor falleciere ántes que yo, tam- 
poco se pida cuenta alguna á sus herederos, sino que se esté y pase por 
lo que acerca de mis intereses dejase dispuesto y declarado. 

Finalmente: quiero y es mi voluntad que si mi heredero, ó cual- 
quiera otra persona que tuviere parte ó interés en esta disposición, con- 
traviniendo á lo prevenido en esta cláusula, pidiese cuentas á dicho se- 
ñor ó sus herederos, ó bien contradijese ó impugnare las que quisieren 
dar, ó alguna de sus partidas de carga ó data, desde luégo, y por este 
solo hecho, sean privados de cualquiera derecho ó beneficio que en vir- 
tud de ella pudieran esperar, y que la citada mi herencia, legado ó 
manda de las que yo señalare, pase y ceda en favor de la citada escue- 
la gratuita de primeras letras de Gijon, á quien, para en tal caso, ins- 
tituyo y nombro por mi heredero ó legatario, en lugar del que á esta 
cláusula contraviniere. 

En fin: es mi voluntad que los referidos, así en este como en los 
demás puntos relativos al cumplimiento del testamento que en virtud 
de este poder otorgare, manifiesten á dicho señor la misma confianza 
y reverencia que yo le he profesado y profeso, no sólo en reconocimien- 
to de los grandes beneficios que de su bondad tengo recibidos, sino por 
la íntima convicción que tengo y ellos deben tener de su virtud, desin- 
terés y religiosa veracidad, acreditadas en negocios de mayor importan- 



128 BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

cia, y que son tan notorias y están confirmadas con tantos ejemplos de 
fidelidad y constancia hacia sus amigos, y de rigorosa probidad y exac- 
titud en su conducta. 

Item: declaro que en tiempo de mi padre y señor, y de mi herma- 
no D. Francisco de Paula, y áun ántes, se acostumbró á celebrar por el 
poseedor de nuestra casa cierta fiesta en la vigilia de la Natividad de 
Nuestro Señor, en ia cual se llevaba á la iglesia parroquial y á la capi- 
lla propia de nuestra familia, cierta ofrenda de vaca, trigo y vino al 
tiempo de la Misa que llaman del Gallo; y aunque yo, por considera- 
ción á la piedad del objeto, no quise alterar en lo sustancial esta cos- 
tumbre, advirtiendo que se le daba ya el nombre de aniversario y se 
quería convertir en obligación lo que era meramente un acto volunta- 
rio, y sólo una devoción de familia, suprimí la citada ofrenda, dando 
al cura párroco una limosna gratuita en su lugar. 

Y ahora, seguro yo, así por las diligencias practicadas por mi di- 
funto hermano, como por las que yo hice de acuerdo con el Dr. D. Ni- 
colás de Sama, párroco de la misma villa, de que no existe escritura ni 
Memoria alguna de fundación ni en los testamentos de mis ascendien- 
tes, ni en los libros parroquiales y tablas de aniversarios relativos á di- 
cha fiesta, y sólo sí un apuntamiento reciente de mano del Dr. Bánces. 
antecesor inmediato al citado Dr. Sama, en que á dicha fiesta le da este 
nombre; el cual apuntamiento fué de su parte oficioso y arbitrario, por 
no referirse á documento alguno, y ademas de ningún valor, como he- 
cho en tiempo en que mi difunto hermano, á consecuencia de las ave- 
riguaciones que había hecho, había manifestado ya que continuaba di- 
cha fiesta por mera devoción; declaro aquí no reconocer que exista en 
mí, como poseedor de los vínculos de mi casa, ni en los que en ellos 
sucedieren, obligación alguna relativa á dicha fiesta, y en consecuencia 
les encargo que no la continúen como carga precisa, y que más bien 
conviertan el gasto de ella en cualquier otra devoción ú obra piadosa; 
y que, caso que quieran continuarla, sea haciendo protesta ó tomando 
laprecaucion que les pareciese conveniente para que en dicho acto no- 
se pueda fundar prescripción ni costumbre, y prohibiendo, como ex- 
presamente prohibo en cuanto puedo, que en este caso supriman la re- 
ferida ofrenda, la cual, llevada con ostentación por los criados de la 
casa y en hora en que la iglesia suele estar llena de gente y algazara 
para oir la citada Misa, ha sido ocasión de muchas distracciones, y áun 
de escándalos impropios del recogimiento y devoción que requiere la 
santidad del culto. 

Item: declaro que de resultas de algunas diferencias sobrevenidas 
en razón de lo que mi difunto hermano D. Francisco de Paula dispuso 
en su testamento á favor de la señora doña Gertrudis del Busto y Mi- 
randa, su esposa y mi hermana política, se celebró por mí con dicha 
señora cierto convenio, por virtud del cual, además de la partición con- 
vencional que se hizo de los bienes y muebles que quedaron, por muerte 
del referido mi hermano, me obligué á contribuir á dicha señora, por 
todo el tiempo de su vida, y á título de viudedad, la cantidad de ocho- 
cientos ducados de vellón cada año, bajo de cierta forma, condiciones 
y restricciones que en él se expresan y fueron acordados con interven 



TESTAMENTO POR COMÜSARIO 



129 



cion del ilustrísimo señor D. Juan de Llano Ponte, obispo de Oviedo, 
ya difunto. Y aunque el documento privado que entónces se otorgó ha 
de existir entre los papeles que me fueron ocupados, como existirá su 
duplicado en poder de la dicha señora, es mi voluntad, que después de 
mi muerte, se cumpla lo en él dispuesto, por mi sobrino don Baltasar en 
calidad de mi heredero y sucesor en mis vínculos, conforme al espíritu 
y tenor del mismo convenio. Y si, lo que no creo, se negase á hacerlo 
por creerse perjudicado, es mi voluntad que se entregue á dicha señora 
por todo el tiempo de su vida, y á título de viuda de mi difunto her- 
mano, la sexta parte líquida que quedase anualmente de las rentas de 
mis mayorazgos, y que, si necesario fuese, mis albaceas acudan á la 
Real Cámara de S. M., cuya justicia imploro, á fin de que se digne 
aprobar esta disposición, dictada así por el buen afecto que siempre he 
profesado y profeso á dicha mi señora hermana política, como por la 
tierna memoria que conservo de mi difunto hermano, su marido; y 
también para evitar las disputas ó pleitos que la falta de cumplimiento 
de dicho convenio pudiera producir. 

Item: declaro que respecto á que por resultas de la muerte de mi 
tío y señor D. Miguel de Jovellanos, abad que fué de Villoria , al cual, 
por haber fallecido abintestato, sucedió su hermano y mi tio D. José 
de Jovellanos, presbítero y capellán mayor de la Colegiata de Gijon, 
heredando una mitad de sus bienes junto conmigo y con mis herma- 
nos , entónces vivos , que heredamos la otra mitad , y á que , por la 
muerte del mismo Sr. D. José quedaron algunos artículos que arreglar 
acerca de dichas herencias, y particularmente de la última; y mediante 
á que en carta que escribí á mi hermana sor Josefa de San Juan Bau- 
tista, con fecha de 14 de Octubre de 1784, le encargué que para redon- 
dear este asunto hiciese desde luégo depositar la cantidad de 1.898 rea- 
les vellón en la prelada de su convento, ú otra persona que eligiese, 
con cargo de invertirlos conforme á la última disposición de dicho se- 
ñor D. José, mi tio, con conocimiento de los interesados en ella y bajo 
de recibo; que verificado este depósito, se otorgase por los demás inte- 
resados escritura de adjudicación en mi favor de los bienes del Corviello 
y Arroes, pertenecientes en parte á la testamentaría de dicho señor, pues 
que satisfecho por mí solo el cargo que en favor de ellos resultaba, 
debía quedar en mi favor el derecho al libre y total dominio de los 
bienes, es mi voluntad que si lo que va referido se hubiese ejecutado á 
diligencia de la referida mi hermana sor Josefa, se esté y pase por lo 
que con arreglo á dicho encargo hubiese dispuesto y ejecutado ; y si 
nada hubiese dispuesto, en virtud de él se verifique por mis albaceas 
todo lo que va referido, á cuyo fin se tendrá presente la dicha mi carta, 
cuya copia existe aquí con las demás de nuestra correspondencia. 

Item: declaro que por cuanto por escritura separada, otorgada en 
este mismo dia y ante el presente escribano infrascrito, tengo hechas 
diferentes disposiciones y declaraciones acerca del cumplimiento del 
testamento que como heredero fiduciario del señor abad de Santa Do- 
radia otorgué en la villa de Gijon, en 9 de Marzo de 1795, ante e * es ~ 
cribano público de dicha villa D. Francisco Santurio; y asimismo acer- 
ca de la fundación de la escuela gratuita de primeras letras que como 

9 



I30 BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

tal heredero fiduciario formalicé por otra escritura otorgada en la mis- 
ma villa y ante el mismo escribano público en 12 de Noviembre 
de 1797, uno y otro en virtud de las reservas hechas en dichos instru- 
mentos y de las facultades que como testamentario de dicho señor y 
como primer patrono de la referida escuela me pertenecen, es mi vo- 
luntad que se cumpla en todo y por todo cuanto en dicha escritura 
tengo dispuesto; lo cual confirmo y ratifico aquí, y además, quiero que 
se tenga como parte de mi testamento, y que para ello sea unida y pro- 
tocolada juntamente con el que mi señor apoderado otorgare en virtud 
de este poder. 

Item : declaro que la citada mi hermana sor Josefa de San Juan 
Bautista, al tiempo de entrar en religión en la villa de Gijon, por escri- 
tura pública que otorgó ante el escribano público D. Gregorio Fernan- 
dez en 2 de Marzo de 1794, cedió y renunció en favor de mi hermano 
D. Francisco de Paula y mió la hacienda llamada de las Figares, situa- 
da á orilla de la misma villa y compuesta de casa, hórreo, huerta, tier- 
ras y prados cuyo dominio directo pertenecía al hospital de Gijon y el 
útil á la dicha mi hermana, con la pensión correspondiente al foro: y 
mediante á que dicha cesión fué con calidad de que el que sobreviviese 
de los dos hermanos hubiese de dejar la dicha hacienda después de sus 
dias para algún establecimiento ú objeto de pública utilidad de la misma 
villa, ahora, usando yo de las facultades que como único dueño me 
competen por haber premuerto el referido mi hermano, y cumpliendo 
con la citada condición y con lo que el dicho mi hermano tenía comu- 
nicado conmigo, declaro ser mi voluntad que la referida hacienda de 
las Figares, con todas sus pertenencias, sea y pase al dominio y propie- 
dad de la ya mencionada escuela de primeras letras que yo fundé en 
lamencionada villa, como que es uno de los establecimientos más be- 
néficos y provechosos á su común, para que la referida escuela le goce 
perpetua y libremente, sin otra carga que la pensión del foro que sobre 
sí tiene; y que si la dicha pensión se redimiere de mis bienes, de lo cual 
actualmente se trata, sea y le pertenezca en la misma manera en plena 
y libre propiedad. Asimismo declaro como condición precisa de este 
legado, que la administración de esta hacienda haya de correr perpe- 
tuamente á cargo del maestro de primeras letras que por tiempo fuere, 
verifiqúese ó no la separación de los demás bienes de la escuela de los 
del Instituto ó Escuela náutica de la misma villa, de que se trata en la 
escritura mencionada en la cláusula antecedente; y por fin, declaro 
que si en alguna de las memorias testamentarias, ó bien por otro ins- 
trumento separado, declarase yo alguna cosa conforme ó contraria á 
esta disposición, se esté á lo que en la citada memoria ó instrumento 
explicare. 

Y por cuanto además de la memoria que tengo remitida al señor 
D. Juan Arias de Saavedra, y de las mandas en ellas señaladas, he for- 
mado otra en que dispongo de los bienes y efectos que poseo en este 
castillo, la cual, escrita y firmada de mi mano, se hallará entre mis pa- 
peles, ó bien en poder de mi mayordomo D. Domingo García de la 
Fuente , es mi voluntad que dicha memoria sea tenida por parte de este 
poder y que su contenido se comunique por los albaceas que nombrase 



TESTAMENTO POR COMISARIO 



y aquí residieren, al referido Sr. D. Juan Arias, para que la confirme y 
ratifique en el testamento que otorgará á mi nombre y en virtud del 
presente poder. Y atendido á que actualmente no está formado inven- 
tario de los citados bienes y efectos que aquí poseo, es mi voluntad 
que si al tiempo de mi muerte no lo estuviere, se forme por el citado 
D. Domingo, de acuerdo con los citados albaceas que aquí nombrase, 
y que se. esté y pase por él que formare, pues que no dudo que será 
exacto por la justa confianza que tengo en el referido D. Domingo. 

Item: declaro que por cuanto en la citada escritura otorgada en el 
presente dia y ante el infrascrito escribano, tengo hechas algunas de- 
claraciones, explicaciones y modificaciones relativas á diferentes artícu- 
los de la escritura de fundación de la ántes dicha escuela de primeras 
letras, con el fin de acomodarla al presente estado del Real Instituto 
Asturiano, con cuya enseñanza se deseó combinarla, revocando cuanto 
no creía conforme á él, y explicando, confirmando y ratificando cuanto 
me pareció conciliable con las ocurrencias y novedades que después 
han sobrevenido; para asegurar así el mayor bien de dicha escuela, y 
desempeñar más cumplidamente las obligaciones de justicia y concien- 
cia que me impusieron la confianza y encargos de su fundador, declaro 
ahora ser mi voluntad que las dichas declaraciones y explicaciones 
contenidas en la citada escritura á que me refiero, sean y se tengan 
como parte de este poder para testar y de mi última voluntad : y en- 
cargo al Sr. D. Juan Arias que lo declare así en el testamento que otor- 
gare á mi nombre, y en él las confirme y ratifique de nuevo rogándole 
que recomiende á los albaceas que en dicho testamento nombrará, y á 
los que yo aquí nombrare, como yo desde ahora encargo y recomiendo 
á unos y á otros, que cuiden de que su contenido tenga y sea llevado 
á pleno y debido cumplimiento. Y respecto á que por no tener here- 
deros forzosos soy libre de disponer de mis bienes á mi plena volun- 
tad, y á que el heredero que aquí nombrase es de mayor edad y goza 
del derecho de seguir y promover por sí mismo todas sus acciones , de- 
claro ser mi voluntad que el cumplimiento de lo dispuesto en esta es- 
critura de poder para testar, así como lo que, en virtud de él, dispusie- 
re y ordenare el dicho D . Juan Arias en el testamento que á mi nom- 
bre otorgare, se haga y verifique y cumpla sin intervención de justicia 
ni de autoridad alguna civil, de otra clase, ni tampoco de otra persona 
que los citados albaceas por mí nombrados y que dicho señor mi apo- 
derado nombrare, así por lo que toca á esta isla, como al principado 
de Asturias, á los cuales doy plena y absoluta facultad, y tanta cuanta 
el derecho permite para dicho efecto; y no sólo para que cumplan lite- 
ralmente cuanto llevo aquí dispuesto y declarado, sino también para 
que si en alguno de los artículos de mi testamento ocurriese embarazo 
ó impedimento grave, y tal que estorbe su cumplimiento, le arreglen y 
cumplan según su buen arbitrio , acordándose entre sí y ordenando 
cuanto crean sea más conforme con el espíritu de las disposiciones que 
dejo declaradas y las demás que dicho mi señor apoderado declarare. 

Y para cumplir y pagar el testamento que en virtud de este poder 
otorgare el citado señor D. Juan Arias de Saavedra, nombro por mis 
albaceas y además de los que dicho señor nombrare en sus facultades, 



132 BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

en primer lugar al referido Sr. Arias, y después, y por lo que toca 
á la villa de Gijon, á mis sobrinos D. Baltasar y D. José González de 
Cienfuegos, y á los señores conde de Peñalba y marqués de Campo - 
Sagrado, vecinos de Oviedo, y D. Pedro Manuel Valdés Llanos, vecino 
de Gijon, y al referido D. Domingo García de la Fuente, mi mayordo- 
mo; y por lo que toca á esta isla, al señor doctor D. Ignacio Bas y 
Bauza, presbítero beneficiado en la Santa Iglesia Catedral y capellán 
del ilustrísimo señor Obispo de Mallorca, y al referido D. Domingo. Y 
cumplido y pagado que sea mi testamento, para suceder en el remanen- 
te de mis bienes, instituyo y nombro por mi único y universal heredero 
al referido mi sobrino D. Baltasar González de Cienfuegos, inmediato 
sucesor de mi mayorazgo, para que los haya y disfrute con la bendi- 
ción de Dios y la mia. Y si acaso falleciere ántes que yo, nombro y 
sustituyo en su lugar como mi heredero al dicho D. José González de 
Cienfuegos, su hermano. Y al referido mi sobrino D. Baltasar, y á cual- 
quiera de los que ahora ó en adelante sucedieren en el mayorazgo de 
mi casa, ruego muy encarecidamente que usen del apellido de Jovella- 
nos, sin que sea visto que sobre esto quiero imponerles obligación algu- 
na; cuya súplica les hago, no con respecto á mi persona, sino para que 
se conserve en la villa de Gijon la memoria de una familia cuyos indi- 
viduos han promovido siempre con tanto celo y desinterés su bien y 
prosperidad, y dado en ella muchos buenos ejemplos de honor y de 
virtud, y de amor á su Rey y al bien de su patria. 

Y valiéndome del privilegio concedido á esta isla, en órden á últi • 
mas disposiciones, quiero y pido al infrascrito escribano que todo lo 
contenido en esta escritura de poder para testar, quede reservado y se- 
creto hasta que Dios nuestro señor sea servido disponer de mi vida. En 
cuyo testimonio , así lo otorga y firma de su mano el referido señor 
otorgante (á quien yo el escribano conozco) en el castillo de Bellver 
del distrito de la ciudad de Palma, capital del reino de Mallorca, á los 
dos dias del mes de Julio del año mil ochocientos y siete, siendo presen- 
tes por testigos rogados y requeridos por el dicho señor otorgante , el 
doctor D. Ignacio Bas y Bauzá, presbítero beneficiado en la Santa Igle- 
sia Catedral, D. Ignacio García, gobernador de este castillo, D. Luis 
Kenel, capitán del regimiento suizo de Bistchart, D. Domingo García 
de la Fuente, D. Manuel Martínez Marina, Ramón de la Huerta y Juan 
Malleu, de la familia del antedicho señor otorgante; de todo lo cual 
doy fé. — Gaspar Melchor de Jovellanos. — Ante mí, Bartolomé Socías, 
notario escribano público. 




FRAGMENTO DE UNA CARTA 



F.SCKITA POR 



El Excmo. Sr. D. Gaspar Melchor de Joye Llanos 

Sobre el origen é introducción de la agricultura en Asturias 
DIRIGIDA, SEGUN ES DE CREER, A DON ANTONIO PONZ 

aunque no consta la fecha 
del borrador original del mismo fragmento que tuvo a la vista J). Zoilo García Sala 
para sacar fíelmente esta copia en Gijon por el mes de Diciembre de 1851. 




ues que en mi carta anterior hablé á V. de la agricultura ele 
este país, razón será que hoy le diga alguna cosa acerca de su 
origen y introducción en él. Ni crea que este es un objeto de mera cu- 
riosidad; ántes, si no me engañan mis conjeturas, será de gran prove- 
cho, pues servirá para ilustrar la Historia y antigüedades de esta pro- 
vincia, en que, como V. sabe, hay tanta ambigüedad y tantas dudas. 
Es verdad que éstas nacen, ya de la escasez de documentos y Memo- 
rias, y ya de la incuria que hemos tenido en recoger y publicar los po- 
cos que existen; pero esta falta se suplirá suficientemente por otro me- 
dio, no ménos descuidado hasta ahora, aunque por fortuna fácil de 
aprovechar si hubiese bastante celo y aplicación. 

Este medio es el dialecto mismo del país. No pudiendo dudarse que 
con sus palabras entraron en él la mayor parte de las cosas que repre- 
sentan, es claro que, averiguadas las raíces de aquéllas, podremos atinar 
con los orígenes de éstas, ó por lo ménos columbrarlos. 

Veo á V. recibir con lástima, si ya no con risa, esta aserción; no 
por falsa, sino porque crea imposible de verificar el supuesto en que 
se funda. Ya se ve que, no teniendo otro apoyo que la etimología, y 
creyéndole sumamente frágil y expuesto á error, por mucho favor que 
me haga, se lastimará V. de verme empeñado, sin otra luz, en tan peli- 
groso camino; y hé aquí por dónde debo empezar justificando mis me- 
dios, ántes de presentar á V. sus resultados. 

Nada es tan frecuente entre los hombres como condenar las cosas 
por el abuso que de ellas se hace; y esta nota, de que no se libran áun 
las más buenas y santas, ha bastado para poner en descrédito el estu- 
dio de la etimología, que, por otra parte, pudiera ser tan provechoso. 
Desde Varron á San Isidoro, y desde este santo y sabio doctor hasta 



134 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



Vossio y Covarrubias, se han determinado las raíces de las palabras por 
principios inciertos y falibles. Unas veces se ha seguido solamente la 
analogía del sonido, y buscado una alusión remotísima de su signifi- 
cación para referirla á otra lengua; y otras se ha atormentado, y diseca- 
do y forzado este sonido para acomodarle á la significación que se que- 
ría. Si tuviera libros á la mano, citaría una muchedumbre de ejemplos 
en mi apoyo. Pero ¿son necesarios? ¿No hormiguean en nuestros libros 
y se hallan á cada paso? Hé aquí, pues, por qué la etimología está en 
descrédito. Ademas, no está todavía bien conocido el fruto que se pu - 
diera sacar de ella, y de una y otra causa ha venido el abandono de su 
estudio. 

Con todo, para recomendar semejante estudio bastaba saber que él 
solo puede dar alguna luz acerca de aquellas épocas remotísimas 
adonde no alcanzan las Memorias escritas, y mucho más de aquéllas en 
que estas Memorias son escasas, ú oscuras ó de incierta fe. 

Sé muy bien que la luz que se deriva de las medallas, de las ins- 
cripciones y de otros monumentos escritos es más clara, pero también 
más estéril. Puede por ella determinarse un lugar, una fecha, un he- 
cho, y esto sin duda las hace muy estimables; pero ¿qué más ancho 
campo pueden descubrir, ni á cuánto mayor número de inducciones 
pueden dar lugar las inducciones etimológicas? 

Reflexione V. un momento si no sería posible descubrir por su me- 
dio el origen de los pueblos, de las artes, de los usos y costumbres pri- 
mitivos, de cuanto merece más aprecio en las investigaciones histó- 
ricas. Si no podría fijar la edad de muchas épocas, determinar la posición 
de muchos pueblos y ilustrar así los dos ojos de la Historia: la crono- 
logía y la geografía. Reflexione V., en fin, si por este medio no se po- 
dría atinar con el principio de muchas opiniones, y dar mucha luz á los 
anales de la filosofía y la literatura. 

No negaré yo que en la aplicación que hasta aquí se hizo de la eti- 
mología á estos objetos, dió ocasión á muchas opiniones ridiculas, y, 
si se quiere, á muchos delirios; pero esto no fué obra de la etimología, 
sino del abuso de ella. ¿Condenaré yo la luz que alumbra porque tam- 
bién quema, ó la lengua, que enseña y loa, porque alguna vez blasfema 
y baldona? 

El mal está en que hasta ahora la etimología no es una ciencia, ó, 
por mejor decir, un arte como la diplomática, la litológica, la numis- 
mática. Todavía en teoría no está descubierta, ni sus principios es- 
tablecidos, ni su método organizado. Cuando lo estuvieren... Pero dirá 
usted: ¿pueden estarlo? ¿Y por qué no? Los archivos están llenos de di- 
plomas falsos; los monetarios de medallas contrahechas, y en los teso- 
ros de inscripciones halla V. muchas apócrifas. Y bien; la crítica ha 
determinado los principios, ó sean las reglas más seguras para discer- 
nir en estas materias la legitimidad de la superchería. Pero ¿qué digo? 
¿No ha fijado la crítica reglas á la elocuencia, á la poesía y áun á la 
hermenéutica? ¿No se las ha fijado á sí misma? Pues ¿por qué no po- 
drá darlas á la etimología? Trátase sólo de discernir las verdaderas de 
las falsas raíces. ¿Quién dudará que para esto se podrán determinar re- 
glas que, cuando no infalibles, podrán ser muy seguras? 



FRAGMENTO DE UNA CARTA 



135 



La empresa no es ni nueva, ni, á mi parecer, imposible. Ya sabe V. 
que el laborioso Mayans, en sus Orígenes de la lengua castellana, deter- 
minó ciertos cánones etimológicos, incompletos y defectuosos á la ver- 
dad, mas no por eso despreciables. Acuerdóme también de haber leido 
en Sevilla un catálogo de las obras MS. del Padre Sarmiento, en que 
había una con este título: Eleme7itos etimológicos por el método de los ele- 
mentos de Euclídes. El título es sin duda arrogante, y no es creible que 
esté completamente desempeñado; pero Sarmiento conocía muchas 
lenguas, tenía gran tino para descubrir las raíces de muchas palabras, 
y una grandísima afición y una grandísima experiencia á este estudio. 
¿Por qué, pues, no se esperarán de él grandes luces en esta materia? 

Pero supongamos que en ella está todo por hacer, y dígame V. de 
buena fe: ¿por qué, pues, un estudio muy reflexivo del órgano vocal y 
sus instrumentos, del valor de cada uno de éstos y sus combinaciones 
en la articulación de los sonidos; por qué una tenaz y profunda obser- 
vación de éstos y la determinación del lugar que pertenece á cada uno 
en su diapasón ó escala; por qué, pasando de este conocimiento al de 
la alteración gradual de los mismos sonidos, ya subiendo del bajo al 
medio y alto, ó del remiso al suave y fuerte, ó bien, por el contrario, 
degradándose para descender; por qué, en fin, una atenta comparación 
de las modificaciones que admite este órgano vocal, así en su material 
construcción como en sus movimientos, según los climas y regiones 
que habitan los pueblos, no se pudieran determinar los principios de 
este arte, por lo ménos hasta un grado de probabilidad igual á los de 
las demás artes? 

Yo bien sé que esto no bastaría para hacer de la etimología una 
ciencia; pero sí para hacer un arte de conjeturar de grande uso. Bien sé 
también que, ademas, este uso sería ninguno sin el conocimiento de 
muchas lenguas que ya no viven sobre la tierra, ni son conocidas tam- 
poco como muertas. Esto quiere decir que la etimología no puede ser 
un arte de tanta extensión como sería si todas las lenguas que son y 
fueron, fuesen conocidas. Pero siempre no por eso dejaré de creer que 
la etimología sería un arte de grande y muy extendida utilidad. 

Muévome principalmente á creerlo: porque es muy probable la 
opinión de que los primeros pobladores de la tierra tuvieron una sola 
lengua, ó por lo ménos dialectos derivados de una sola, y que la con- 
fusión de las lenguas de que habla el Génesis no fué en las palabras y so- 
nidos, sino en la inteligencia de los que los pronunciaban y oían. Aun 
esto parece más conforme al designio del Criador, que, si es lícito con- 
jeturar en materia tan alta, sólo se propuso castigarlos y confundirlos 
para separarlos; 2.°,que la analogía de muchas antiguas lenguas entre sí 
y con la hebrea, parece indicar la comunidad de origen: ¿y quién le po- 
drá negar en la hebrea, caldea, siriaca, fenicia, árabe, persiana y acaso 
otras muchas? 3. , porque si esto es así, el conocimiento de las lenguas 
existentes, ora vivas ó muertas, bastaría para dar una increible exten- 
sión al arte etimológico; 4. , y, en fin, porque aunque es casi imposible 
que un hombre reúna el conocimiento de tantas lenguas, no lo es que 
una colección de hombres dedicados á este estudio, por ejemplo, una 
academia de etimología, le reuniese, ó por lo ménos el de aquéllas que 



13^ BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

se llaman matrices entre las orientales y septentrionales. La formación 
de esta academia podría hacer la gloria de una nación, de un siglo, y 
más si junto con ella se estableciese la enseñanza permanente de su 
estudio, y se animase con los premios y estímulos, sin los cuales nada 1 
prospera. 

Parecerá esta introducción muy inútil para lo que voy á tratar. Sea 
así, que yo tampoco he acumulado estas reflexiones para ese fin, sino 
porque habiéndolas hecho algún dia, quiero consignarlas aquí, por si 
fueren de algún provecho. Desde luégo no concederé que sean fuera 
de mi propósito porque siendo éste decir alguna cosa ménos aventu- 
rada acerca del dialecto de Asturias, ¿quién duda sino que sólo la etimo- 
logía nos podrá descubrir sus verdaderos orígenes? Ni quién dudará que 
el que tuviese el conocimiento necesario de las lenguas, de que hablé 
poco há, no sólo podría descubrir los orígenes de este dialecto, sino 
también, y por una consecuencia natural, cuál fué el pueblo que pri- 
mero se estableció en Asturias, y cuáles los que en varios tiempos se 
establecieron allí, y introdujeron sus artes y sus usos? 

Es una observación muy importante en la materia el que los nom- 
bres geográficos de toda región vienen, por una parte, desde su pobla- 
ción primitiva, y por otra ceden ménos que otros algunos á las vicisi- 
tudes ordinarias del lenguaje; y otra observación no ménos importante, 
que estos nombres tenían alguna significación en la lengua de los que 
los pusieron. ¿Quién duda, pues, que el conocimiento de las antiguas 
lenguas nos ayudaría, de una parte á descifrar la significación de estos 
nombres, y de otra que por este descubrimiento podríamos conjeturar 
cuál ó cuáles fueron los pueblos que los impusieron? 

Es una cosa harto notable que el nombre de la mayor parte de los 
rios de Asturias empiece con la sílaba Na ó No: Nalon, Nara?ico, Na- 
redo t Nataoyo, Navia, Naviego, Nonaya, Nora. ¿Quién, pues, dudará 
que en esto hay algún misterio, y que en cualquiera lengua antigua 
Alar ó Ñor tendría la significación de rio ó agua corriente? Si pues se 
recogiesen estos nombres geográficos de origen desconocido; si se agre- 
gasen los nombres de puertos y montes, Foncevadon, Ley lar legos, Mesa, 
Solua, Ardas, Tama, Beza, Artenorío, y los de distritos como Sella, 
Lastres, Tazones, Gijo?i, Candas, Luanco, Pravia, Lúa rea y otros, cuyo 
origen no es latino; si, en fin, se reuniesen las palabras del dialecto de 
incierto origen, y todas se comparasen en aquellas lenguas, ¿quién duda 
que se podría rastrear cuál ó cuáles fueron los pueblos que los impusieron? 

Pero quédese en hora buena tan alta empresa para otro conocedor 
de las antiguas lenguas, que yo no conozco, que mi objeto es más re- 
ducido y humilde. Es sólo de hacer ver que la lengua latina es, si no la 
primera, por lo ménos la más abundante fuente del dialecto asturiano, 
y deducir de aquí una consecuencia muy importante, á saber, que los 
romanos no sólo dominaron en Astúrias y no sólo introdujeron allí su 
lengua, sino que de ellos aprendió aquel pueblo la agricultura y las ar- 
tes domésticas. Es decir, que los antiguos trasmontanos se hallaban en 
estado de barbarie cuando los romanos se establecieron entre ellos. Este 
punto es bastante importante en la Historia para que no merezca al- 
guna investigación. 



FRAGMENTO DE UNA CARTA 



137 



Aunque los nombres geográficos sean los que menos se refieran al 
origen latino, hay, empero, muchos derivados de él, y en ellos una par- 
ticularidad digna de notarse, á saber: que son nombres de poblaciones 
y de caseríos. Muchos se podrán señalar á presencia del catálogo que 
se ha informado para el Diccionario geográfico de Asturias; pero los po- 
cos que yo conservo en mi memoria bastarán para ejemplo y compro- 
bación de lo dicho... 

Pero, si de estos nomSres geográficos se puede colegir que los pri- 
meros establecimientos de agricultura y la población rústica del inte- 
rior fueron obra de los romanos, los nombres de instrumentos y de todo 
lo demás que se refiere al predio rústico y su cultivo, dan á esta conje- 
tura un alto grado de certidumbre. Pondremos por ejemplo algunos, 
ya que mi memoria, destituida de apuntamientos y áun del auxilio de 
Diccionarios, no puede aspirar á completar su lista. 

Pero ántes haré algunas observaciones sobre ciertos objetos que, 
por su singularidad, pueden merecerlas. Hablaré primero del orrio, 
edificio que no conozco sino en Astúrias. Su nombre es, sin duda, de 
origen latino, y de la raíz horreum, y lo son también los de muchas de 
sus partes. Pegollos se llaman las columnas ó piés derechos sobre que 
se levanta este edificio. ¿No vendrá este nombre de Pegulus ó Pedicu- 
lus? Las grandes vigas que se apoyan sobre estos piés se llaman trabes, 
como en latin, y las viguetas que cubren sus paredes de tabla, liños, de 
lignum. Lo mismo se puede decir de los gatos, aguileras y otros nom- 
bres del mismo origen. No me atrevo á referir á él el de las colondras, 
ó tablas, que forman sus paredes, aunque sin gran violencia se podría 
derivar de la raíz columna, y ménos del nombre tenovia, que es la ta- 
bla que sirve de meseta para llegar á su puerta, aunque tampoco se ale- 
ja mucho de la índole latina. Pero veamos si todo esto basta para atri- 
buirle á origen romano. 

La duda que siempre he tenido acerca de ello nace de una singula- 
ridad de este edificio, y es que no entra el hierro en su construcción. 
¿Querrá esto decir que sus inventores no hacían aún uso del hierro? ¿A 
qué antigüedad no llegaría entónces su origen, pues de todos los pue- 
blos que, según la Historia, vinieron á España, se sabe que le conocían 
y usaban? Lo más singular es que la forma de este edificio supone 
grandes progresos en las artes, ya sea en los que le inventaron, ó en los 
que le perfeccionaron. Diremos algo acerca de él, para que se conozca 
que no adivinamos. 

Los pegollos son de forma piramidal, esto es, cada uno es una pirá- 
mide de cuatro frentes, cortada en su cúspide, de gran diámetro en su 
base, que disminuye rápidamente, formando por lo común un ángulo 
de... grados. Estas pirámides son por lo común de piedra labrada á pi- 
cón y escuadra, de una sola pieza, y alguna vez de madera, pero su 
forma siempre la misma, y es precisamente la que puede dar más soli- 
dez al edificio; pues que supuesto su buen nivel, léjos de ceder á peso 
alguno, su firmeza contra el impulso horizontal de los vientos aumenta 
en razón de él. 

Sobre cada uno de estos piés se coloca una losa cuadrada (creo que 
la llaman presa), y de más diámetro que la base del pegollo, sin duda 



138 BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

para preservarle de toda humedad, pues le sirve como de tejado contra 
las aguas que pudiese arrojar trasversalmente el viento. Por eso en los 
horréos bien construidos tiene también la forma piramidal, es decir, 
que su superficie superior está labrada en disminución desde el centro 
á los cuatro frentes, formando cuatro lomos que terminan en los extre- 
mos del cuadrado, formando de su degradación un ángulo de... grados. 
Así que las aguas que caigan encima deben verter rápidamente á las 
orillas. 

Sobre cada una de estas presas se colocan unos trozos cuadrados de 
piedra, ó de madera, de tres á cuatro pulgadas de grueso, y un... (á que 
creo llaman foca), cuyo uso es recibir las trabes, puesto que acabando 
aquéllas en punta, no podrían descansar bien en ellas. Sirven también 
para preservar los trabes de cualquiera humedad que pudiera conser- 
var la piedra de las presas, y hacen ver hasta qué extremo se llevó la 
perfección en este punto. 

Sobre estas tocas se colocan los cuatro trabes, cuyas cabezas se em- 
palman una con otra por medio de dos grandes muescas abiertas hasta 
su mitad, de forma que quedan todas á un mismo nivel. 

A lo largo de estos cuatro trabes se levantan perpendicularmente 
las colondras. Llámanse así unas fuertes tablas de castaño, bien labra- 
das, las cuales tienen arriba y abajo su grande espigón para introducir- 
se en las trabes y en los liños, y al lado alternativamente su canal ó 
muesca, y su espiga corrida para ensamblarse una en otra y formar las 
paredes del órrio. 

Recibidas y cubiertas estas colondras por los liños ó viguetas supe- 
riores, se enlazan éstas y asegura todo el edificio por medio de otras 
cuatro, que, siendo curvas, sirven también para formar el cumbral, y 
hacen que todo el peso superior descanse y cargue sobre los pegollos. 
Creo que á estas viguetas llaman gatos, nombre también latino. A éstos 
se asegura la techumbre, bien defendida con gruesas tablas en lo inte- 
rior, y prolongada por medio de las que, si no me engaño, llaman 
aguileras, no sólo hasta cubrir el edificio, sino también sus partes más 
prominentes, cuales son las presas ó cubiertas de los pegollos, la teno- 
via, ó talanquera, y la escalera por do se sube á ella. De forma que, 
divididas las vertientes de esta techumbre á todos cuatro vientos, no 
sólo defienden el todo de las aguas, sino que las arrojan á alguna dis- 
tancia y preservan de la humedad todo el suelo adyacente. Los gatos 
se traban y enlazan entre sí empalmándose sus cabezas en la cumbre y 
sus colas en los ángulos exteriores de los liños, y las aguileras se ase- 
guran por medio de pinas ó tornos de palo, sin que éntre nada de hier- 
ro en toda la obra, si ya no es en la llave y cerradura, que yo creo de 
reciente introducción. La razón que para ello tengo, es que hay toda- 
vía muchas casas de nuestros labradores sin llave alguna en sus puer- 
tas, y sin otra cerradura que una tortuga (ó tarabica), ó bien un pasador 
de madera, y aún me acuerdo de haber visto en poblado algunas ca- 
sas humildes sin otra defensa. Pero la malicia humana creciendo, ha 
hecho necesarias, no digo ya las llaves, sino los gruesos cerrojos y mis- 
teriosos candados. 

A este edificio aislado, y en el aire, se sube por medio de una esca- 



FRAGMENTO DE UNA CARTA 



139 



lera también aislada, colocada bajo la techumbre hasta la altura sufi- 
ciente para tomar con algún trabajo á la talanquera, y también para que 
ninguna especie de animal pueda subir á ella. No hay en todo él venta- 
na alguna, ni otra abertura que la puerta y tres ó cuatro respiraderos en 
una de las colondras que miran al Norte, abiertos perpendicularmente á 
una y media pulgada uno de otro, y cada uno de los cuales tendrá otro 
tanto de luz, sobre un pié de altura. El suelo inferior es de gruesos ta- 
blones (1), y su piso ó huello de tablas bien unidas, aunque ya es co- 
mún hacerle de buenas losas, porque empezaban á serlo los hurtos de 
granos, hechos taladrándole por debajo. 

Otra de las singularidades de este edificio es su movilidad. Los 
hórreos no sólo se venden y cambian y mudan de dueño, sino que se 
trasportan de una parte á otra y mudan también de lugar. El que hoy 
se vió aquí, se ve mañana á tres, cuatro y más leguas de distancia. 
Como en ellos no entra hierro, mortero ni otra especie alguna de liga- 
zón, se desarman con la mayor presteza y facilidad, y con las mismas 
se arman, sin que en esta operación pierdan cosa alguna sus piezas, ni 
tampoco el edificio. Hé aquí, pues, uno que sería difícil á un juriscon- 
sulto atinar si pertenece á los muebles ó inmuebles, y si es parte del 
feudo ó de sus instrumentos. 

Otra es la muchedumbre de sus usos, pues el órrio no sólo sirve al 
labrador de granero para conservar sus frutos y semillas, sino también 
de despensa para sus comestibles, de guarda-ropa para sus vestidos de 
fiesta, y áun de dormitorio, que reúne las dos excelentes calidades de 
seco y abrigado. Es verdad que este uso no es ordinario, porque lo más 
común es que el labrador tenga su cama en un apartadijo de tablas, en 
lo que llaman la casa. Mas como esto sea reducido, no bien se aumenta 
la familia cuando el matrimonio principal se traslada al órrio, y los hi- 
jos quedan en la casa. Es verdad que á este fin se hace una división en 
su interior, sin duda para que el vapor respirado no dañe á la conser- 
vación de los frutos. 

Sirve ademas el órrio de colmenar, colocándose los caxellos, ó cu- 
bos de las colmenas, á lo largo de la tenovia, donde están perfecta- 
mente defendidos del frió, de la humedad y de toda especie de ani- 
males. 

En muchas partes he visto también en los hórreos muy buenos pa- 
lomares, á cuyo uso pudo dar lugar otro objeto muy diferente. A pesar 
de todos los reparos que tiene el órrio en su forma contra la humedad, 
sucede que en las rasas y lugares expuestos al ímpetu de los fuertes 
vientos, la lluvia arrojada por éstos casi horizontalmente hiera en los 
costados exteriores, y humedeciendo las colondras, las exponga á podre- 
dumbre. Contra este mal se ha inventado una defensa de tablas, apo- 
yadas por arriba, en la parte inferior, pero más avanzada del tejado, y 
por abajo contra las colondras. Las aguas, pues, hiriendo en estas tablas, 
corren á caer sobre la tenovia y dejan las colondras sin humedad algu- 
na. Los inventores de este reparo vieron luégo que esta defensa de ta- 
blas dejaba en lo interior un hueco que podía ser de algún uso, y des- 

(1) Estos tablones se llaman puentes, y el conjunto de ellos pontao. 



140 BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

de luego le destinaron á palomar, para lo cual sirve admirablemente. 

Dígame V. ahora si conoce sobre la tierra un edificio tan sencillo, ' 
tan barato y tan bien ideado; un edificio que sirva á un mismo tiempo 
de granero, despensa, dormitorio, colmenar y palomar, sin embargo de 
ser tan pequeño; un edificio que reúne las mejores cualidades que pue- 
den apetecerse para cada uno de estos usos, y, en fin, un edificio en 
que la forma, la materia, la composición y descomposición, la firmeza, 
la movilidad, sean tan admirables como sus usos; y entónces me discul- 
pará de que haya empleado en un objeto tan sencillo, tantas reflexiones. 

Y no crea V. que este edificio sea tan poco durable, como al pare- 
cer promete la liviandad de la materia. No, señor; ántes se puede decir 
de él que dura por las piedras. Hórreo hay que, a juzgar por su apa- 
riencia exterior, se pudiera atribuir á siglos muy remotos. Por documen- 
tos escritos se pudiera determinar la duración de algunos, y acaso en- 
tónces pudiéramos ofrecer un resultado no menos admirable que las 
demás circunstancias de este edificio. A falta de este recurso, sólo cita- 
ré á V. un ejemplar, que no dejará de serlo, y puede bastar para ejem- 
plo. En un vínculo fundado en 1548, se trata de una panera (1) ya 
existente (sin que conste desde cuándo), y esta panera, aunque indican- 
do en su exterior su antigüedad, está en lo interior tan entera y firme 
como el primer dia. Jamas en ella se han hecho otras reparaciones que 
la del retejo. Los edificios de piedra de su tiempo han perecido todos; 
y éste, después de dos centurias y media, no sólo promete durar por 
las piedras, sino también por los siglos. 

Ahora bien, ya se considere por sí sola la forma de este edificio, ya 
se compare con su destino, se hallará que supone la reunión de mu- 
chos conocimientos. Supóngase primero que su primer objeto es la pre- 
servación de los granos, frutos y comestibles, y que su mayor enemigo 
en un país donde llueve todos los meses del año, es la humedad. Era 
imposible preservarlos mejor que un edificio colgado, por decirlo así, 
en el aire, que no toca á la tierra sino por medio de sus cuatro piés, 
de tal manera dispuestos, que ni tengan comunicación alguna con el in- 
terior, ni tampoco puedan recibir la humedad ni del cielo, ni de la tier- 
ra, ni del aire. Ademas, estando ventilado en todos sentidos, esto es, en 
lo alto, en lo bajo y á todos cuatro vientos, es claro que jamas puede 
entrar en ellos corrupción alguna derivada de aquel principio. 

Otro enemigo grande de los frutos son, ya los ratones, ya los insec- 
tos. A los primeros es inaccesible, porque la mesa de la subidoria dista 
bastante de la tenovia, para que no puedan saltar á ella, y la proyectu- 
ra horizontal de las presas que cubren los pegollos hace insuperable lo 
alto del edificio. En cuanto á los insectos, ya se vé que, libre del grado 
de humedad y calor que son necesarios para su generación, no pueden 
nacer en ellos. Así se ve que jamas se pierden por corrupción los fru • 
tos conservados en el hórreo, ni tampoco los entra el gorgojo, á no ser 
que haya el descuido de introducir los granos húmedos ó infestados. 

¿Atribuiremos el origen de nuestros hórreos á los romanos? No sé 

(1) Llámase panera un hórreo grande que tenga más de cuatro pegollos, ó piés, 
sirviendo de base á los trabes. 



FRAGMENTO DE UNA CARTA 



141 



qué diga; pero me inclino á que sean más antiguos. He leido con el ma- 
yor cuidado todos los geopónicos latinos, los castellanos y lo que hay 
de los árabes en nuestra lengua, y en ninguno he hallado rastro de que 
conociesen nuestros hórreos. Se habla mucho en ellos de graneros, pero 
de manera que se conozca que su forma era la común y conocida en 
todos los países. Hablan de los silos, conocidos también por los grie- 
gos, que les dieron nombre, y también en España, y son muy á propó- 
sito para eternizar, por decirlo así, los granos en países secos y de fon- 
do arcilloso. ¿Es, pues, creible que si conociesen una especie de gra- 
nero tan excelente y acomodado para preservar los frutos en climas fres- 
cos y lluviosos y en terrenos húmedos, no hubiesen hablado particular- 
mente de ellos? 

Ademas, en la construcción de este edificio no entra el hierro, ni 
tampoco especie alguna de mortero. Se puede decir que tampoco pie- 
dra, barro ni otra materia que la madera, pues que de ella se pueden 
hacer los pegollos, y para cubrir la parte exterior de la techumbre pue- 
de suplir la paja, y áun se ve uno y otro en algunos del país montaño- 
so. Es, pues, muy probable que su origen suba á una época en que no 
se conociese la arquitectura ni el uso del hierro, y que sus inventores 
hubiesen sido los primitivos astures, ó bien alguno de los muchos pue- 
blos que se establecieron en su región. 

Se nos argüirá con nuestras mismas reflexiones acerca de la exce- 
lencia del edificio, de su proporción con su objeto y de los muchos co- 
nocimientos y progresos en las artes que el mismo supone. Sobre todo, 
se argüirá con su nombre y el de sus partes, que son, sin disputa, de 
de origen romano. Todo hace, en verdad, mucha fuerza; pero todo se 
puede conciliar. 

La necesidad, madre de todas las artes, debió mover estos pueblos 
á buscar algún modo de preservar la materia de su subsistencia, cual- 
quiera que ella fuese; y la experiencia les haría conocer que sólo lo po- 
drían conservar en un edificio suspenso en el aire . Los primeros hór- 
reos pudieron reducirse á cuatro pequeños troncos levantados perpen- 
dicularmente; otros cuatro más largos colocados horizontalmente sobre 
ellos; las paredes á ramas atadas ó unidas entre sí, y lo mismo el resto 
de su forma. ¿Qué importa que hoy los hallemos tan perfeccionados y 
pulidos? La primera ruda cabaña, ¿no contiene ya los tipos primitivos 
de la maravilla del Escorial? 

Los romanos, diestros ya en las artes cuando vinieron á España, pu- 
dieron columbrar la excelencia de la idea por entre la grosería de la 
ejecución, y tratar de perfeccionar sus partes. Si así fué, nada tiene de 
extraño que las raíces de sus nombres sean latinas. Por lo mismo que 
era un edificio tan necesario y de uso tan común, habrían de emplear 
en él frecuentemente su lengua y comunicar sus palabras á aquel pue- 
blo incipiente, que las adoptó áun en las cosas más... 



C Interrumpido.) 



JUICIO CRÍTICO DE UI IÜEY0 QUIJOTE 



Copia deJ manuscrito existente en el Instituto de Gijon (1). 




uy señor mió y mi estimado paisano: Después de haber leido 
primera y segunda vez la Historia del distinguido y noble caba- 
llero asturiano D. Pelayo Infanzón de la Vega, que usted ha remitido á 
mis manos, voy á decirle sencillamente el juicio que he formado acerca 
de su mérito , exponiendo, con el órden que puede permitir una carta, 
mi dictámen sobre cada una de sus partes y deduciendo de aquí la 
utilidad ó perjuicio que puede traer su publicación, tanto á usted como 
al público. 

Así como en el exámen de esta obra he procedido con aquella 
buena fe que debían inspirarme la amistad y el aprecio que profeso á 
su autor, diré con la misma mi parecer, bien seguro de que cuando 
usted le ha solicitado, no tanto habrá confiado en mis luces, cuanto en 
mi sinceridad. 

Usted dice y repite que ha procurado imitar á Cervantes, y da 
también á entender que ha leido y conoce el análisis que formó de su 
Don Quijote el sabio D. Vicente de los Rios; de donde infiero que juz- 
gando á su Don Pelayo sobre el modelo del Don Quijote de Cervantes, 
y analizándole con arreglo á los principios del Sr. Rios, sólo tendrá 
derecho á quejarse de mi dictámen, en cuanto no haya tenido á la vista 
aquel modelo ó me haya separado de aquellos principios. 

(i) Sección de MS., vol. III, págs. I á 15. Es un fragmento de la carta escrita 
por Jove Llanos al autor de la Historia fabulosa del distinguido y noble caballero 
D. Pelayo Infanzón de la Vega , Quijote de la Cantabria. Publicóse esta obra en 
Madrid en 1792 (dos tomos en 8.°) y fué parto del ingenio de D. Bernardo Alonso, 
que, según conjeturamos, no es otro que D. Bernardo Alonso Ablanedo, cura de 
San Cucao y autor también por aquellas fechas de la Descripción del Concejo de 
Llanera, existente en la Academia de la Historia (véase Bibliogr. astur., por Fuer- 
tes Acevedo.) 



144 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



Y vea usted aquí dónde encuentro yo el origen de todos los defec- 
tos en que ha incurrido en su poema. 

En lugar de emprender una obra original en que, dejando correr 
libremente sus propias ideas, hubiera acreditado la mayor ó menor pro- 
porción de su talento para la invención, usted se ha propuesto un mo- 
delo, y constituyéndose en la necesidad de seguirle, ha esclavizado su 
imaginación : con lo que no sólo ha sacrificado la gloria que pudiera 
tener en ser medianamente original , sino que se ha expuesto al riesgo 
que resulta de no pasar de mediano imitador. 

Este riesgo era para usted tanto mayor, cuanto era ménos fácil de 
igualar el modelo que se propuso. Sea lo que fuere del mérito de Cer- 
vantes, es preciso reconocer que su modelo es inimitable. La acción 
del Quijote reúne en sí circunstancias tan precisas, tan oportunas, tan 
convenientes á la nueva especie de poemas con que él enriqueció la 
literatura, que no es fácil, ni acaso posible, hallar otra tan acomodada. 
Así, Avellaneda, con talento muy inferior á Cervantes, escribió una 
parte del Quijote con un aplauso que duraría todavía si el sublime ta- 
lento de Cervantes, desenvuelto asombrosamente en la continuación 
de su obra, no la hubiera ofuscado y deslucido: y así también el mismo 
Cervantes, á pesar de la superioridad de sus luces, no hubiera podido 
alcanzar con sus novelas, aunque excelentes, la mitad de la reputación 
y gloria que debió á su Don Quijote. Fué, pues, poco acertado en usted 
la elección de modelo, y árduo y peligroso el empeño de imitar lo que 
no es imitable. 

Acercándonos , pues , al juicio de su obra , vea usted desde luégo 
uno de los primeros inconvenientes de este empeño. Cervantes supuso 
á Don Quijote como existente en la misma época en que escribió su 
acción, y éste, que ciertamente es un gravísimo defecto de su poema, y 
que le hizo caer á Cervantes en otros muchos , fué puntualmente imi- 
tado por usted hasta en sus consecuencias. Dejemos á un lado las re- 
sultas de este defecto en Cervantes, y vamos á Don Pelayo. 

Usted supone que este caballero salió de su casa uno de los dias de 
Mayo de 1785, y con esto sólo, destruye enteramente la ilusión de su 
poema. Los que vivimos, sabemos que no había entónces en Asturias 
tal D. Pelayo, tal D. Arias Infanzón de la Vega, tal D. Gaspar Baha- 
monde, nombrado canónigo de Oviedo, muerto en el camino y llevado 
á enterrar á la Catedral; y sobre todo, que unos hechos tan públicos, 
tan notorios, tan dignos de ocupar la curiosidad y la conversación del 
público, ni pasaron ni pudieron pasar en 85. Falta, pues, la verosimili- 
tud, y con la verosimilitud, la ilusión. Los hechos pueden ser creibles en 
sí, pero ciertamente no lo son por el tiempo en que se suponen, y esto 
basta para que sean inverosímiles. Acaso los contemporáneos de Cer- 
vantes extrañarían igualmente que yo que se colocase á Don Quijote en 
su época; pero como nosotros no somos de ella, ya no lo advertimos. 
Mas no así en Don Pelayo, cuyos contemporáneos somos. Cervantes, 
para dar algún aire de antigüedad á la historia de su héroe, supuso que 
la había extractado de los escritos de Cide Ahmet, y usted, con la 
misma idea, supone que se valió de varios documentos originales que 
recogió y compiló. 



JUICIO CRÍTICO 



H5 



Pero ¿quién no ve el error en que ambos han incurrido? Un árabe 
.no podía haber escrito los sucesos acaecidos en los principios del si- 
glo xvi, ni Cervantes había menester recurrir á ellos cuando se escribía 
en el mismo tiempo en que pasaron, así como usted ni podía ni nece- 
sitaba recopilar en 1785 hechos y noticias que pasaban al mismo tiem- 
po que se escribían. Otro inconveniente de este error son las aplicacio- 
nes á que da lugar. Dice usted, por ejemplo, en boca del venerable 
Quiñones, que el cura' de Campomanes apénas sabía deletrear, que 
confesaba á la ligera, y de ahí una zurribanda terrible sobre los curas 
de Asturias. 

Desde lue'go, el cura actual de Campomanes, que acaso será algún 
sujeto de carrera, colocado por concurso y poco digno de tan grave 
censura, el cura, digo, podría querellarse de la enorme injuria que se 
le hace en ella, pues si, como es creible, es el mismo que estaba de cura 
en Campomanes en Mayo de 1785, ciertamente que á él sólo se le 
puede aplicar el anatema. 

Ni más, ni menos, cuanto se dice de los caballeros de Asturias y 
de Alcarria, de los Beneficiados y Visitadores, y de las demás clases 
censuradas en la obra. De lo cual se deduce que para tales poemas es 
preciso buscar una época remota, ya sea determinada ó incierta. Así lo 
hicieron Homero, Virgilio y el Tasso; y si no los imitaron Ercilla y Ca- 
móens, tienen la disculpa de que cantaron acciones acaecidas en otro 
mundo y más allá de los mares, donde la distancia de lugar suple por 
la de tiempo y queda siempre salva la verosimilitud, facilitada la ilu- 
sión y observado aquel sabio precepto del poeta : Aut famam sequere, 
aut sibi conveniencia, finge. 

En otro error indujo á usted el deseo de imitar á Cervantes. Vió 
usted que á Don Quijote se le había vuelto el juicio á fuerza de leer 
libros de caballerías, y quiso por lo mismo ensandecer á Don Pelayo á 
fuerza de leer historias, particularmente de su patria, y reconocer pape- 
les. Paso de gracia que no es lo mismo uno que otro para esto de vol- 
ver el juicio; paso, y también de gracia, que usted no se atreve á vol- 
ver loco á Don Pelayo, ni sabría qué hacer de él si se hubiese atrevido; 
paso, en fin, con el mismo indulto, que en lugar de las historias patrias 
y papeles antiguos, hubiera sido mejor hacerle leer libros herál- 
dicos é historias genealógicas, y voy á lo que no puedo pasar ni de 
gracia. 

Cervantes quería presentar al mundo un caballero andante, y que, 
amén de su manía, tuviese una instrucción bastante para hacerle bri- 
llar en las escenas que le preparaba. Debió ciertamente Cervantes ha- 
berle dado otra educación, porque un hidalgo de la Mancha, sin otra 
lectura que los libros de caballerías, mal podía tener las ideas que des- 
envuelve en sus discursos. Pero sea como fuere, la instrucción de Don 
Quijote no desdecía de un caballero, y ora fuese adquirida, ora infusa 
y gratis data, no hay duda que era conveniente á su persona. 

Por el contrario, nada más extraño, nada ménos conveniente á un 
noble encasquetado de la alteza y preeminencias de su clase, que la 
instrucción con que usted ha adornado á su Don Pelayo. Prescindiendo 
ahora del valor de esta instrucción, de que acaso hablaré después, hablo 

lo 



146 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



sólo de su conveniencia con el sujeto. Filosofía, escritura, dogma, dis- 
ciplina, derecho canónico, astronomía... ¿á que' tanto fárrago de cono- 
cimientos y noticias para formar el carácter de un noble extravagante? 
Dirá usted que para hacerle tratar materias útiles y brillar en las con- 
versaciones. Pase por ahora la respuesta. Luego verá usted el error en 
que le ha inducido esta idea; pero para que le vea más de lleno, voy á 
poner en claro otro descuido. 

Usted se propuso, sin duda, corregir los vicios de la nobleza-, debió, 
pues, elegir un personaje que los tuviese todos, ó al ménos los que 
suelen reunirse en un sujeto. 

El más común es el de aquellos nobles que creyendo que el serlo 
los dispensa de toda obligación, ni se aplican, ni se instruyen, ni se 
hacen en manera alguna útiles á la sociedad: que creen que todos han 
nacido para servirlos y adorarlos: que las leyes no se han formado para 
ellos: que los ministros de la religión y la justicia no tienen derecho á 
castigarlos ó reprenderlos: que sus casas deben ser un asilo de cuantos 
se acogen á su sombra: que el lujo y la ociosidad deben vivir con ellos: 
que la frugalidad y el trabajo son virtudes de la plebe : que son orgu- 
llosos, opresores, descorteses, tramposos, etc., y, en fin, que el lustre de 
su familia y de su nombre los autoriza para ser orgullosos, insolentes, 
opresores, tramposos y desarreglados. Vea usted aquí los vicios de la 
nobleza y los que usted quería zaherir en Don Pelayo. 

De dos modos se podía hacer la guerra á estos vicios. Uno, pintan- 
do un noble libre de ellos y dotado de todas las virtudes más dignas 
de su clase, instruido, humano, popular, compasivo, modesto, y que, sin 
faltar al decoro de su clase, reconociese aquella igualdad original que 
establecen la naturaleza y la religión entre los hombres, y hace que se 
mire á todos los demás como á sus hermanos. Entónces este poema, ó 
sea esta historia, debía ser de otro ge'nero. Nada admitiría ridículo, 
chocarrero, burlesco; nada que no fuese grave, decoroso y conveniente 
á la seriedad del héroe y sus acciones. De esta clase se puede reputar 
el poema de El Hombre Feliz, aunque escrito con otro objeto. 

No es éste el camino que usted siguió: vamos al otro. 

Pudo usted hacer la guerra á los vicios de los nobles, pintando un 
noble revestido de ellos, sacándolos á plaza en los varios incidentes 
de su acción y haciendo siempre que el éxito desgraciado ó contrario á 
sus designios volviese en ridículo sus máximas, entretuviese á los lec- 
tores, y sobre todo, corrigiese con la burla á los que se le pareciesen. 

Este, sin duda, fué el camino que usted quiso seguir; pero ¿es éste 
el carácter de su D071 Pelayo? No por cierto. Do?i Pelayo no tiene ni las 
virtudes ni los vicios de su clase. Aparece virtuoso casi siempre, pero 
no con una virtud característica, ni proporcionada á su esfera , pues 
aunque cada virtud sea una misma en todos los estados, como derivada 
de un mismo principio, sin embargo, se presenta bajo diferente aspec- 
to; con todo, hay virtudes propias de cada estado. La humildad, por 
ejemplo, tiene muy diversa apariencia en un monje que en un magis- 
trado ; la castidad en un sacerdote, que en un caballero ; y aunque no 
hay estado que no sea capaz de todas las virtudes, los actos que las ca- 
lifican aparecen en cada uno como diferentes. 



JUICIO CRÍTICO 



147 



No es fuera del caso lo que se dice á este propósito en las célebres 
coplas de Jorge Manrique, hechas á la muerte del maestre de Santia- 
go D... (1). Háblase allí de los varios caminos por donde los hombres 
colocados en diferentes estados y carreras ganan la vida eterna, y dice: 

El vivir que es perdurable 
No se gana con estados 

- Mundanales, 
Ni con vida deleitable 
En que moran los pecados 

Eternales. 
Mas los buenos religiosos 
Gánanla con oraciones 

Y con lloros: 
Los caballeros famosos, 
Con trabajos y aflicciones 
Contra moros. 

Usted, sin embargo, pintó en Don Pelayo más bien el celo de un 
misionero ó de un catequista que de un caballero virtuoso. Siempre 
predicando, siempre moralizando, parece que no es él el que habla, 
sino algún maestro de la religión, ó algún doctor de la Iglesia. Censura 
los excesos de las fiestas de iglesia en los abusos de las visitas en Tor- 
desillas, la ambición de las familias episcopales en Guadarrama, repren- 
de á un desertor en... (2) á unos guardas en Labajas, y... (3) aquí con- 
vierte á una comedianta, allá á una (4) cortesana, y en fin, es en todas 
partes... (5). 



La Nueva historia del distinguido y noble caballero asturiano Do?i 
Pelayo Infanzón de la Vega es una de aquellas producciones que ates- 
tiguan á la república literaria cuánto es peligroso el empeño de imitar 
los grandes modelos. El mérito que concurre en ellos, encarecido más 
y más por la opinión pública, y canonizado por el tiempo, se coloca en 
una altura á que difícilmente puede subir el de los imitadores ; y los 
mismos esfuerzos dirigidos á igualarlos concurren á descubrir la debi- 
lidad de quien los hace. No se juzgan entónces las obras de imitación 
sino comparativamente. El original tiene en su favor una opinión ge- 
neral, y la copia una gran desconfianza; y el juicio que sólo examina 
comparando, halla fácilmente desemejanza. 

Esto debía suceder más bien en la Nueva historia del distinguido 
Don Pelayo, por la enorme desemejanza de su héroe, su objeto y su 
materia con la de Cervantes. Si Don Quijote fuese un simple hidalgo 
de la Mancha metido á caballero andante, su historia hubiera parecido 

(1) Rodrigo. El original está en blanco. 
(2 y 3) Está en blanco. 

(4) El original dice puta. 

(5) Hay otro espacio en blanco, y queda suspendido el discurso y vuelto á em- 
pezar nuevamente. 



I48 BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

fria y sin sustancia, sus incidentes comunes y triviales, y su doctrina 
nútii y sin provecho. Pero Cervantes le presenta al público como un 
paladin empeñado en restablecer la muerta gloria de la andante caba- 
llería, dirigido á conquistar imperios y provincias, á socorrer princesas 
y grandes señoras, y á ocuparse continuamente en hechos gloriosos y 
dignos de gran renombre. Opone la fuerza de los encantadores á sus 
esfuerzos, y siendo la locura el agente principal de la máquina, mezcla 
de tal manera la ridiculez con la grandeza del asunto, que no hay quien 
lea esta obra sin llenarse de admiración y gusto. 
Al contrario, Don Pelayo... (1) 

(1) Desgraciadamente, este magnífico escrito está por terminar. 



«LAS MENINAS» DE VELAZQUEZ 



caba de publicarse en Lóndres un interesante libro del señor 
Charles B. Curtís, Velazquez and Murillo, catálogo descriptivo 
é histórico de las obras de estos dos célebres artistas, con los nombres 
de los poseedores, ventas en que han figurado , grabados que de ellas 
se conocen, listas de las que se han perdido y de las que no han po- 
dido identificarse ; breves noticias biográficas de los discípulos de tan 
reputados pintores, y una bibliografía artística. 

(Un volúmen en 4. elegantemente impreso, de 28 páginas de preli- 
minares y 424 de texto, etc., con retratos y grabados al agua fuerte.) 

Al hablar el Sr. Curtis, en el artículo consagrado al admirable 
lienzo de las Meninas, del boceto que de este cuadro poseyó hasta su 
muerte el ilustre D. Gaspar Melchor de Jovellanos, asegura que es ori- 
ginal, con variantes en la composición (de 56 pulgadas de alto por 48 
de ancho), el que fué comprado á sus herederos en principios de este 
siglo por el señor J. W. Bankes, y que en la actualidad lo conserva el 
Sr. Walter Ralph Bankes, en Kinston Lacy, Dorset. 

Jovellanos escribió unas Reflexiones y conjeturas sobre el boceto ori- 
ginal del cuadro llamado de La Familia, pintado por Velazquez, que no 
menciona el escritor norte-americano; que no han sido comprendidas 
en la Biblioteca de autores españoles, de Rivadeneira , y de la que sólo 
han visto la luz pública algunos párrafos en las Joyas del arte en Es- 
paña. 

Integras aparecen hoy á continuación, según el original que perte- 
neció al curioso y entendido coleccionista D. Valentín Carderera. 



150 BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



REFLEXIONES Y CONJETURAS 

sobre el boceto original del cuadro llamado «La Familia» . 

Es un privilegio de los hombres célebres el que no sólo se interesen 
por aquellas dotes que los distinguieron en su vida, sino también por 
las más pequeñas circunstancias de ella. Parécenos, sin duda, que el 
genio debe brillar en todos los momentos de su existencia , y que do 
quiera que le sigamos hallaremos sus huellas. Del mismo principio 
viene el ansia con que se buscan y el entusiasmo con que se poseen las 
prendas y memorias que les pertenecieron, especie de superstición que 
fuera ménos culpable si fuera más imparcial. Mas, por desgracia, su 
fervor no cree tanto y se agita en razón del mérito cuanto del tiempo 
y de la distancia de sus objetos y como si el genio hubiese sido vincu- 
lado á ciertos siglos y regiones, miéntras mira con entusiasmo lo extra- 
ño y colocado á grandes distancias, desdeña ó ve con indiferencia lo 
propio y cercano á su época. 

Yo no me empeñaré en combatir éste que parece extravío de la ra- 
zón, pero sí diré que es útil darle á conocer: tenga enhorabuena la ra- 
reza su mérito á los ojos del hombre ; pero cuando se trata de conde- 
nar, si no poner al descubierto algunas de sus manías, la razón que las 
tolere jamas deberá de ser parcial con ellas. 

Sirva esta advertencia para que mis lectores reciban sin desagrado 
las reflexiones que voy á hacer, acerca de uno de aquellos hombres á 
quienes esta idolatría de la antigüedad puede ser imperiosa, y cuya 
gloria nos debe ser más cara, por lo mismo que está más cercana á 
nuestra edad y pertenece á nuestra patria. 

Sirva para llamar por un rato su atención hacia nuestro célebre 
pintor Velazquez. Ninguno más digno de ella, ninguno más meneste- 
roso; si no por olvidado, al ménos por poco conocido. No es mi ánimo 
tratar de todas sus obras, sino de una muy distinguida entre ellas; y 
para no hablar sino de lo que tengo á la vista, hablaré de una que po- 
seo, bien cierto que no se culpará mi elección. 

En la historia de nuestra pintura hay dos verdades en que parece 
que están de acuerdo profesores y aficionados: primera, que D. Diego 
Velazquez de Silva fué el mejor de nuestros pintores; segunda, que el 
cuadro llamado déla Familia, que existe en el Real Palacio, es la me- 
jor de sus obras, ó por lo ménos la más distinguida. Jordán, para enca- 
recer su excelencia, la llamaba la teología de la pintura, título con que 
creía expresar fuertemente la sublimidad de género que en él se des- 
cubría. Palomino y Ponz no hallan expresiones bastante enérgicas para 
elogiarle. Y lo que vale más todavía, el sabio Mengs, tan entendido en 
la materia como escaso en alabanzas, sin tener esta obra por la mejor 
de Velazquez, no podía contemplarla sin cierta especie de sorpresa. 

Es, por lo mismo, muy extraño que ninguno de nuestros artistas ni 
aficionados hayan emprendido hasta ahora la descripción científica de 
este cuadro. Es verdad que se ha escrito y hablado mucho acerca de 
él; que se ha tratado de su época, su objeto, su significación, sus más 



LAS MENINAS» DE VELAZQUEZ 



pequeñas circunstancias; que se han averiguado los nombres de los 
personajes que representa, sin olvidar los enanos Nicolasio y Maridar- 
bola, que están al pié de la señora infanta, objeto principal del cuadro. 
Pero ¿quién ha analizado hasta ahora su composición, su dibujo, su co- 
lorido, su claro oscuro, etc., sobre que tanto y tan bueno hay que de- 
cir, y en que tanta enseñanza se pudiera ofrecer á nuestros jóvenes pin- 
tores? 

De buena gana ocurriría yo á esta falta, si tuviese talento para su- 
plirla, como celo para desearlo. Fáltame, ademas, el conocimiento de 
la obra, que sólo he visto una que otra vez y muy de paso; y me falta 
también la proporción de estudiarla despacio, como deberá hacer cual- 
quiera que lo emprenda. Pero, pues tengo en mi favor una ventaja, 
que tal vez no logrará el analizador, esto es, la de poseer su boceto ori- 
ginal, voy á aprovecharla en su ayuda, haciendo sobre él algunas refle- 
xiones que no serán inútiles á la historia del cuadro principal, y áun á 
la de nuestras artes. 

Velazquez, encargado por el Sr. D. Felipe IV de hacer un retrato 
de la señora infanta doña Margarita, entónces niña y después empera- 
triz de Alemania, se propuso trabajar primero un boceto para asegurar, 
no sólo el acierto de la obra, sino también la aprobación del monarca. 
Erale bien conocida la afición y buen gusto de este soberano y su inte- 
ligencia en la pintura y el particular interés con que deseaba aquella 
obra. ¿ Quién, pues , desdeñará que Velazquez dedicó á ella toda la 
fuerza de su genio y habilidad? 

Y esta fuerza, si puede explicarse así, se podrá descubrir mejor en 
el boceto que en el cuadro. Sin duda que en éste será todo más dili- 
gente, más detenido, más delicado, y podrá brillar mejor por aquel 
grado de facilidad y destreza que el artista había adquirido para la eje- 
cución de sus obras. Pero el conocimiento de la naturaleza y del arte, 
consagrado á imitarla; el genio para imitar y componer; el vigor é ima- 
ginación para concebir y ejecutar; en una palabra, la flor del talento 
de Velazquez, ¿no brillarán más originalmente en el boceto que en el 
cuadro, que es copia suya? 

Sé muy bien que el argumento de esta obra no es tan sublime que 
por ella podamos calificar el grado de elevación á que el ingenio del 
autor pudo subir. Porque al fin se reduce á un retrato historiado, ó más 
bien, á una colección combinada de retratos puestos en acción, y en 
semejante idea, la composición podía tener mucho, pero la invención 
tenía muy poco que hacer. Mas esta circunstancia, que en otro autor 
fuera importante, no lo es mucho si se atiende á la especie de genio 
en que se distinguió Velazquez , y mucho menos para calificar él boceto, 
al cual es, por el contrario, muy favorable. 

Todos convienen en que la excelencia de Velazquez no pertenece 
al genio filosófico é ideal de la pintura, sino al natural imitativo. Por 
eso, en la clasificación de los pintores es colocado entre los naturalistas, 
nombre que se da á los que, sin levantarse á la región ideal de la be- 
lleza, la buscan en la naturaleza, tal cual está en ella, y aspiran sólo á 
pasarla á sus cuadros entera. Esta especie de excelencia puede ser más 
común y más fácil, y por lo mismo, tanto ménos apreciable que la otra 



I5 2 BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

cuanto aquella es más rara y difícil. Pero concédase también que si la 
primera causa más admiración, la segunda causa más deleite; que áun 
aquella admiración es para muy pocos, pero este deleite para muchos 
ó para todos; y, en fin, que si sólo á la reunión de entrambas es dado 
producir obras perfectas, aquellas en que la belleza ideal sobresalga 
todavía, si son débiles en la imitación, serán oscurecidas por aquellos 
en que el genio de la imitación se haya puesto al nivel de la naturale- 
za, aunque sin levantarse sobre ella. 

Ni por esto diremos que Velazquez no alcanzó aquel dón de expre- 
sión que pertenece á la parte sublime y filosófica del arte. ¿Cómo sin 
él hubiera dado á sus cuadros tanto movimiento y tanta viveza? No 
hay en ellos cosa insignificante, cosa muerta: todo en ellos vive, res- 
pira, siente, y sobre todo en sus cabezas. Es verdad que no osó enca- 
ramarse hasta aquella belleza abstracta que nos dicen haber alcanzado 
los antiguos, y de que hay tan pocos ejemplos modernos; pero tampoco 
ignoro que las afecciones y sentimientos del alma pertenecen á la na- 
turaleza; y si no prefirió los asuntos en que podía expresarse más fuer- 
temente, debe atribuirse á que pocas veces fué la elección suya. ¿No 
probará esto el célebre cuadro de Jacob , en que la tuvo , y donde la 
expresión nada deja que desear? 

Como quiera que sea, en esta clase de los naturalistas, de que no 
pretendemos sacarle, pero que nos debe interesar mucho por lo mismo 
que están en ella nuestros más célebres pintores, ¿quién se ha elevado 
tanto como Velazquez? Puede ser Juanes más dulce, Morales más paté- 
tico, Murillo más gracioso y Cano más exacto. 

Pero ¿qué pincel, aunque entren en la lid los de Ticiano y Tinto - 
reto, ha sido tan fuerte, tan expresivo, tan veraz como el de Velazquez? 
¿Quién graduó con más inteligencia las luces y las sombras? ¿Quién 
marcó más fuertemente las distancias y los términos? ¿Quién entonó 
con más armonía, quién combinó con más tino, con los fondos, los co- 
lores y tintas? De él se dice que llegó á pintar hasta lo que no se ve: 
esto es, hasta lo que se ve más bien con el espíritu que con los ojos. 
¿Y no es esto una hipérbole para el que observa atentamente sus obras? 
¿Quién ve su cuadro de la Entrega de una plaza al general Espinóla, 
colocado en el cuarto de S. M., que no pueda medir con la idea las 
distancias en que están colocados sus varios personajes, figurarse que 
aquellos espacios existen realmente, y creer que puede pasar su brazo 
por entre las picas de los soldados? La ilusión es en este cuadro tan 
completa como ser puede; y si hay magia en la pintura, sin duda que 
ningún pincel fué más mágico que el de Velazquez. 

He dicho todo esto, no para definir el carácter de este autor, cosa de 
que no me siento capaz, ni lo puede ser un mero aficionado, sino para 
que por ello se forme alguna idea del mérito de la obra de que se trata. 
Considérese, pues, que por su objeto es de pura imitación. Considérese 
el tino y extraordinario acierto del autor para los retratos, no desmen- 
tido en ninguno de los que hizo, y fueron y son todavía tan altamente 
estimados. Considérese que entónces Velazquez, no sólo se propuso re- 
tratar á todos los personajes que entraban en la composición, sino que 
también á sí mismo, entrando en ella, y dándose así un lugar distin- 



« LAS MENINAS» DE VELAZQUEZ 



153 



guido, sin mengua del respeto que debía al objeto principal. Considé- 
rese, en fin, por consecuencia de esta idea tan original cuanto difícil é 
ingeniosa, que se propuso copiar su caballete y aparato, los muebles de 
la sala, la sala misma, y en una palabra, toda la escena en que traba- 
jaba; y poniendo de una parte el grande empeño que tenía en esta 
obra, y de otra su extraordinaria capacidad para desempeñarla, júzgue- 
se hasta dónde habrán subido su excelencia y su mérito. 

Y no se diga que esto servirá sólo para recomendar el cuadro prin- 
cipal, y no el boceto. Yo creo que deberá servir para recomendar á en- 
trambos, pero más particularmente al último, y esto por muchas ra- 
zones. 

1. a Porque la aprobación del Rey debía caer sobre el boceto, y no 
sobre el cuadro. Obtenida aquélla, si se atiende á la extraordinaria fa- 
cilidad de Velazquez, tan seguro debía estar éste como el Monarca de 
su buena ejecución. 

2. a Porque el boceto de una obra de tal carácter, f sto es, de pura 
imitación, no podía dejar de ser completa en esta parte. En otras obras 
de invención, ó de imitación ideal y abstracta, pudiera bastar un ras- 
guño, un dibujo, un borrón; pero ésta requería un boceto muy traba- 
jado. 

3. a Porque éste no sólo se pinta en Palacio en el cuarto del prínci- 
pe, como dice Palomino, y ante personas de la real familia, como era 
indispensable, sino también á la vista del mismo Rey, que bajaba fre- 
cuentemente á verle pintar, así como también la Reina y las infantas 
con sus damas. 

Es verdad que Palomino dice todo esto de la pintura del cuadro 
principal; pero lo dice así porque no conoció el boceto; lo que es claro 
pues que no hizo mención de él, como hubiera hecho á haberle cono- 
cido. Pero sabida la existencia de éste, no se puede dudar que tales 
hechos pertenecen al boceto y no al cuadro, según veremos después. 

4. a Porque el mismo boceto existente prueba el extremo cuidado 
con que se trabajó, y la excelencia de su ejecución. 

No diré yo por eso que el boceto esté tan acabado ni tan diligen- 
temente pintado como el cuadro. Esto sería una extravagancia teme- 
raria; porque, ¿quién se atrevería á negar que á la ejecución de éste 
aplicó Velazquez un más alto grado de atención, de cuidado y de exac- 
titud? Ni ménos se pueden buscar en el boceto aquellos accidentes que 
tanto recomiendan el mérito del cuadro : por ejemplo , los retratos de 
los reyes reflejados en un espejo, el estilo de Rubens, imitado en los 
cuadros de la galería y otros accesorios que prueban, no sólo el talento, 
sino también la osadía del genio de Velazquez. En fin, el menor tama- 
ño del boceto debe establecer entre los dos, diferencias notables. Pero 
reflexiónese que si esta diferencia en otro pintor y en otra obra sería 
muy grande, en la obra y autor de que se habla no lo puede ser. La 
mayor parte de los pintores acababan, algunos definían, ó como se ex- 
plican los profesores, concluían sus obras, puliéndolas prolija y deteni- 
damente ; pero Velazquez no sólo desdeñaba esta menuda prolijidad, 
sino que pintaba, y por decirlo así, acababa las suyas con sólo tocar los 
objetos. Es, pues, claro, que para estudiar á Velazquez y para conocer 



154 BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

la fuerza de su genio (que es de lo que tratamos ahora), sin negar ai 
cuadro la superioridad de mérito, se debe confesar que es más á propó- 
sito el boceto. 

Para comprender esto , es necesario tener alguna idea del carácter 
del autor. Su estilo es de los más abreviados y expresivos que se cono- 
cen, como todos los inteligentes confiesan, y como confesaba también, 
lleno de admiración, el sabio Mengs á vista de su cuadro de Las Hilan- 
deras. En cualquiera de sus obras, aunque sea la de más empeño, brilla 
aquella manera rápida, aquel laconismo de expresión con que sólo de 
un rasgo tirado con valentía (según la frase de Palomino), representaba 
lo que otros pintores, con muy estudiados y prolijos toques, no podían 
expresar. 

Prueba bien clara del profundo conocimiento que tenía de la natu- 
raleza y del poder del arte para sorprenderla. Pudiera en esta parte 
comparársele á Tácito y decir de sus obras lo que Quintiliano de las de 
aquel profundo historiador: que brilla en ellas la elevación de espíritu, 
junto con la osadía de la expresión. Pues así como Tácito con una de 
sus frases enérgicas caracterizaba un personaje ó calificaba un gran su- 
ceso, una pincelada de Velazquez daba á un rostro el rasgo de seme- 
janza; y á una acción entera, todo su sentido. 

Y es de notar que esta concisión es más notable y visible en las 
cabezas, que, por confesión de sus émulos mismos, era lo mejor que 
pintaba. Así se advierte en todos sus retratos , sin exceptuar los que le 
merecían mayor cuidado, como es de ver en el de Felipe IV en la libre- 
ría del Escorial, aunque colocado fuera de su punto de vista. ¿Quién, 
pues, dudará que el boceto de un cuadro lleno de cabezas, y donde 
éstas exigían la principal atención, pintado por tal mano, será un ob- 
jeto de observación y estudio, igual acaso ó mayor que el mismo 
cuadro? 

Pero al fin esta es una cuestión de hecho, en la cual no insisto, por- 
que sólo la podrían decidir los inteligentes, y eso á vista de las dos 
obras y confrontándolas muy cuidadosamente. Mas cuenta que para 
esto no basta cualquier profesor: la debe hacer uno que conozca bien á 
Velazquez, que haya estudiado y analizado mucho sus obras y que haya 
penetrado aquellos pormenores recónditos que su estilo enfático no 
descubre á los ojos vulgares. Tal sería, por ejemplo, D. Francisco Go- 
ya, que dibujando y grabando las obras de Velazquez, ha llegado á 
beber su espíritu y á ser el émulo más distinguido de su manera. En 
conclusión, séame lícito decir que á cualquiera que lo hiciere, no le 
serán inútiles mis reflexiones, áun cuando desprecie mis conjeturas. Y 
con esto, vamos á otra relativa al boceto. 

Si fuese cierta una anécdota que la tradición ha conservado hasta 
nuestros dias, y corre muy válida con relación al cuadro de La Familia, 
¡cuánto no crecerá el mérito, ó por lo ménos la rareza del boceto, al 
cual la creo yo aplicable! Cuéntase que viendo el señor Felipe IV esta 
obra á presencia de algunas personas de la corte, y miéntras todos ala- 
baban su excelencia , prorumpió diciendo que aún tenía una falta , y 
que tomando al punto la tabla y los pinceles,t pintó sobre el pecho de 
la figura de Velazquez la cruz de Santiago, honrando en tan discreta y 



«LAS MENINAS » DE VELAZQUEZ 



iS5 



generosa manera, no sólo al artista, sino también al arte que profe- 
saba. 

Esta tradición, aunque desnuda de toda autoridad, tiene grande 
apoyo en su misma verosimilitud. Porque ¿ quién ignora la afición de 
aquel monarca á la pintura ; la preferencia que dió á Velazquez entre 
todos los profesores de su tiempo ; la generosidad con que le premió, 
bien acreditada en el gran número de gracias que le hizo y honores 
con que le distinguió, y que se pueden ver en Palomino? Y sobre todo, 
¿quién ignora que las selló todas con la merced del hábito de Santiago, 
que efectivamente vistió? Contándose, pues, con la afición del sobera- 
no, y áun con su habilidad en la pintura y con el mérito del profesor, 
¿qué falta al hecho para ser creible, sino alguna oportunidad que con- 
firme su verosimilitud? Si se tratase de un general, de un embajador, 
de un magistrado, buscaríamos esta oportunidad en alguna victoria, 
una negociación, un servicio importante al Estado; pero en un artista, 
en un pintor de cámara , la buscaremos en una obra distinguida de su 
arte. ¿Y hay otra acaso, entre las de Velazquez, deseada con más entu- 
siasmo que el cuadro de La Familia} 

Es verdad que Palomino (cuya autoridad por historiador, por pro- 
fesor, y, si no contemporáneo, á lo ménos muy cercano á la época), no 
es favorable á la tradición, y que, áun del modo que la refiere, la hace 
improbable. Me haré cargo de dos argumentos que se pueden deducir 
de su relación, y veré si puedo disolverlos en favor de un hecho que, 
sobre añadir mérito al cuadro y honor á Velazquez, se lee con placer 
en la historia, por lo que realza el mérito del arte y la generosidad del 
monarca que no se desdeñó de profesarla. 

El primer argumento es que Palomino supone el cuadro pintado 
en 1656, y la merced hecha en 1658; y si estos datos son ciertos, pa- 
rece que el hecho no lo puede ser. No era imposible, en rigor, que la 
indicación ingeniosa de la gracia por medio de la pintura de la cruz, 
fuese muy anterior, y que su despacho auténtico se hubiese retardado 
por intrigas de los émulos de Velazquez (pues Palomino dice que los 
tuvo en aquella época), ó por otras razones ahora ignoradas. Pero con- 
fesamos que si esto no era imposible, era, á lo ménos, poco verosímil. 
Más óbvia y concluyente es la respuesta de que Palomino era poco es- 
crupuloso y nada exacto en materia de fechas, y áun en cosas muy cer- 
canas á su tiempo. ¿No es posible, pues, que colocase una obra en 56, 
trabajada en 58? Desde luégo tenemos averiguado, por documentos au- 
ténticos é irrefragables, que no fué exacto ni en la fecha de la gracia, 
ni en la de su efectiva ejecución. ¿Por qué, pues, no podría equivocarse 
también en la del cuadro, que era ménos importante, que merecía mé- 
nos atención, y en la cual sólo pudo hablar de oidas? 

El otro argumento, es que el mismo Palomino supone que el hecho 
sucedió después de muerto Velazquez. Pero permítasenos decir que esto 
es increible. Porque si Velazquez en los dos últimos años de su vida 
había gozado ya de aquella decoración, ¿quién creerá que cuando ya 
no existía hubiese ocurrido al Monarca que le había honrado con ella, 
y que le honraba de nuevo mandándola pintar en un retrato donde su 
figura era un poco accesoria? ¿Ni quién no echa de ver que este honor 



i 5 6 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



póstumo y pintado era del todo inútil, cuando por una parte la distin- 
ción real era notoria á los que vivían, y por otra se conservaba para la 
posteridad en documentos más públicos y auténticos? Sobre todo, ¿quién 
asentará este hecho, colocándolo cuatro años, por lo ménos, después de 
pintado el cuadro, porque esto, según Palomino, sucedió en 56, y Ve- 
lazquez, según el mismo, murió en 1660? 

Lo que yo sospecho,, y no sin fundamento, es que Palomino, usando 
de una licencia harto común y algunas veces necesaria en los historia- 
dores, quiso corregir, ó á lo ménos interpretar la tradición. Infiérolo 
de su contexto. Sabía que Velazquez había pintado el cuadro ántes de 
obtener aquella gracia, y no ocurriéndole que ella pueda ser causa ú 
ocasión de obtenerla, y ménos por una generosidad tan delicada, adopt6 
y re finó la tradición, no como corría y se conservó hasta nuestros 
dias, sino como le pareció más probable. Pondré sus palabras, para que 
no se tachen de temeridad mis sospechas. Describiendo el cuadro de 
La Familia , y hablando de la figura de Velazquez: «Tiene, dice, la ta- 
bla de los colores... y en el pecho el hábito de Santiago que después 
de muerto le mandó S. M. se lo pintasen, y algunos dicen que S. M. mis- 
mo lo pintó... Porque cuando pintó Velazquez este cuadro no le había he- 
cho el Rey esta merced. » 

¿Quién verá en estas últimas palabras la razón que movió á Palo- 
mino á corregir la tradición? 

Con todo, pase ésta, si se quiere, por dudosa, y la que digo por una 
simple sospecha; pero lo que casi me atrevo á asegurar es que si la tra- 
dición es cierta, el hecho de que trata pertenece más bien al boceto 
que al cuadro. Y suponiendo, como es constante, que la cruz de San- 
tiago existe en uno y en otro, tengo para ello las razones siguientes: 

Primera. Que el boceto acreditó primero el talento de Velazquez: 
que obtuvo primero la aprobación general y excitó primero el entusias- 
mo y generosidad del Monarca. Y como el hecho supone una resolución 
repentina, tomada en la exaltación de la complacencia y el aprecio, 
que es más propio de la conclusión del boceto que de la del cuadro. 
Esta pudo confirmar y áun realzar el aprecio ; pero el entusiasmo ha- 
bía pasado con la novedad , y nunca anda sin ella. 

Segunda. Porque el hecho parece más propio del momento en 
que la curiosidad del Rey, de la Reina, de las Infantas y otras perso- 
nas de la servidumbre de Palacio (que según el mismo Palomino baja- 
ban frecuentemente á ver pintar á Velazquez), estaba en el mayor mo- 
vimiento de expectación, el cual era sin duda el de la conclusión del 
boceto. 

Tercera. Porque el mayor gusto y complacencia de esta obra sólo 
puede verificarse en su confrontación con la escena natural y completa 
que representaba, y esto supone que se verificaba al boceto, para cuya 
ejecución era necesaria la presencia de la escena; y supuesto él, no lo 
era para el cuadro, que Velazquez podía pintar solo y en su obrador. 

Cuarta. A esta reflexión da mayor peso la misma relación de Palo- 
mino, pues dice que el cuadro se pintó en Palacio, en el cuarto del 
Príncipe y en la escena misma que representa al vivo. Y como Palo- 
mino no tuvo noticia del boceto, es claro que de él se debe entender 



LAS MENINAS» DE VELAZQUEZ 



157 



lo que dice, como hemos ya indicado. Porque, en efecto, supuesto el 
boceto, ¿quién creyera que Velazquez diese á la señora Infanta y servi- 
dumbre la fatiga de estar tan largo tiempo en formación , para pintar 
un cuadro que podría pintar por el boceto? Ni creo tampoco que se 
privaría de la ventaja de pintar solo en su obrador, sin testigos ni dis- 
tracciones, una obra de tanto empeño, cuando esta ventaja sería uno 
de los principales motivos para que se pintase el boceto. Ni se diga 
que los retratos requerían la presencia de los objetos, lo que no nega- 
remos- pero los inteligentes saben que estando ya hecho el boceto, lo 
era sólo para tal cual retoque, y áun para esto, los personajes de menos 
monta irían al obrador, y áun tal vez algunos de mayor nota, pues que 
el obrador de Velazquez estaba también en Palacio. 

Quinta. Porque suponiendo, como es constante, que la insignia de 
Santiago está en ambas obras, y si el hecho es cierto, parece más vero- 
símil que la pintura de la insignia pasase del boceto al cuadro, que no 
de éste al boceto. Lo primero era absolutamente necesario; lo segundo, 
no; pues que en aquél, y no en éste, debía existir el testimonio de ho- 
nor hecho por el Monarca. Y no se olvide que esto ofrece otra conje- 
tura contra la relación de Palomino; porque, muerto ya Velazquez, 
¿quién se detendría á añadir la cruz de Santiago en un boceto, que 
Dios sabe en qué manos andaría entónces? 

Veo que todo esto es conjeturas, y acaso conjeturas en vano. Con 
todo , aún queda á la verdad un resquicio por donde asomarse : bús- 
quesela por él, si se quiere, que si ella dice otra cosa, nadie le negará 
lo que es suyo, y ménos yo. ¿Y cual es? Héle aquí. Confróntense las dos 
pinturas; compárense las dos insignias de Santiago pintadas en ambos, 
y decídase luégo. Si es cierta la tradición, tal cual corre, la mano del 
Rey se reconoce en la del cuadro, y entónces la de Velazquez se verá 
probablemente en el boceto. Si lo son mis conjeturas, se verá, por el 
contrario, la del Rey en el boceto y la de Velazquez en el cuadro. Pero 
si todo pasó como y cuando cuenta Palomino, la mano de Velazquez 
no se reconocerá ni en el boceto ni en el cuadro; pero en éste se reco- 
nocerá la mano del Rey, si, como decían algunos, pintó por sí mismo 
la insignia, y si no, la mano de alguno de los pintores de cámara de 
aquel tiempo, á quien la mandase pintar. 

¿Y á qué este exámen? ¿A qué tanta impertinencia, dirá alguno, tan- 
tas conjeturas desperdiciadas sobre un cuadro? ¿Qué importan á la His- 
toria ni al bien nacional esta discusión, ni los resultados de ella? Nada 
en verdad, si se pone tan alta la mira. Pero si los objetos de gusto y de 
honesta curiosidad merecen algún aprecio , como juzgan personas de 
buen sentido y espíritus bien templados, no dejarán de importar. ¿Pero 
qué, y á quién? Si al público poco ó nada, á los profesores y aficiona- 
dos, y á las bellas artes, algo; y á mí, que poseo el boceto, mucho. Por- 
que, al fin, valgan ellas lo que valieren, siempre se podrá concluir que 
este boceto es la pieza más preciosa y rara que puede contener una co- 
lección particular de pinturas españolas. 

Madrid 14 de Diciembre de 1789. 




DOCUMENTOS RESERVADOS DEL ARCHIVO DE GRACIA Y JUSTICIA 

MINISTERIO DE GRACIA Y JUSTICIA. -Archivo 
Reservadísimo á los Reyes Nuestros Señores. 



Gaspar Melchor de Llanos (pero no Jove, porque dicen que se 
ha usurpado este distinguido apellido), hombre de imaginación 
suspicaz, siguió con toda felicidad y aprovechamiento la carrera de sus 
estudios; mas entregado con tesón á la varia lectura de los libros de nue- 
va mala doctrina, y de esta pésima filosofía del dia, hizo tan agiganta- 
dos progresos, que casi se le puede tener por uno de los corifeos ó 
cabezas del partido de esos que llaman Novatores, de los que, por des- 
gracia y tal vez castigo común nuestro, abunda en estos tiempos nues- 
tra España, que ántes era un emporio del catolicismo. Con estos prin- 
cipios consiguió una encantadora retórica y elocuencia, que se funda 
más en la verbosidad y ornato de voces y expresiones, que en la soli- 
dez de argumentos, capaz de atraer con mucha facilidad á los incautos 
á sus opiniones, y de la que han usado frecuentemente los que se han 
separado de las máximas sagradas de nuestra adorable religión. Todo 
esto unido produce en el corazón del hombre un sinnúmero de pasio- 
nes, que le hacen odioso á la sociedad y abominable á todos, si se ex- 
ceptúan aquéllos á quienes ha arrastrado su sistema y opinión, que por 
lo regular no son pocos; porque, por lo común, su modo de pensar va 
acompañado con el halago de las pasiones todas y de la libertad, su 
soberbia los ciega hasta tal grado, que están firmemente persuadidos 
que todos son unos ignorantes á par de ellos. Su ambición en nada se 
sacia: todo quieren que sea suyo. Se irritan al contradecirles; no pue- 
den sufrir la prosperidad de los demás. Estos hombres llenos de este 
orgullo y de estas vanas perniciosas opiniones, para quedarse exentos 
de las razones con que la Iglesia destruye sus malignas máximas, ases - 
tan sus tiros contra la cabeza de la Iglesia, procurándola destruir, ha- 
ciendo ridículo lo más sagrado de nuestra religión católica, y conclu- 
yen echando por tierra, y hollando los tronos, los cetros y las coronas; 



IÓO BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

porque conocen que, unidas las dos potestades, son absolutamente in- 
vencibles; mas separadas, ni una ni otra puede resistirles. ¡Ojalá no tu- 
viéramos tan á la vista un abominable y sacrilego ejemplo producido 
de estos miserables principios! Para no molestar mucho la atención de 
Vuestras Majestades, se pondrán pocos hechos, no obstante que pudie- 
ran decirse muchísimos que prueban hasta la demostración el carácter 
de D. Gaspar Melchor de Jove-Llanos. 

Este hombre, después de experimentar una varia fortuna, llegó por 
último á lograr, no sé por qué ó cómo, el Ministerio de Gracia y 
Justicia, en cuya elevación se echó de ver mejor, y Vuestras Majestades 
mismas conocerían más de cerca quién era un Jove-Llanos; porque 
para conocer los hombres no hay mejor medio de encumbrarlos. Arbi- 
tro en este tiempo de alguna manera en dispensar gracias y aplicar la 
justicia, sólo se advirtió en ambas cosas un no disimulado espíritu da 
partido y afición hacia sus paisanos y secuaces de su opinión; un enfa- 
doso orgullo que le hacía falsamente creer que él solo era el sabio, y 
los que le seguían, y los demás unos ignorantes de primer órden. Con- 
sultor de un compañero suyo en el ministerio, cooperaban ambos á de- 
formar el sistema presente de los negocios, para introducir otro fragua- 
do en su capricho. Aranjuez fué principalmente donde todas las tardes 
se juntaban, pasado el puente de Barcas, á ajustar sus proyectos y á 
uniformar sus ideas. Pero ¿qué se puede decir en esta época que igno- 
ren Vuestras Majestades? Le separaron, por lo tanto, de sí, usando de 
mucha prudencia y compasión, como lo hacen siempre en iguales ca- 
sos. Y habiendo fijado su residencia en Gijon, su patria, comenzó aquí 
desde los principios á colocarse en un verdadero despotismo, indepen- 
dencia y libertad, arrollándolo todo y cerrando los ojos y oidos á toda 
ley. Prueba bien convincente de esto es el magnífico monumento, ri- 
quísimamente construido que le erigió el mismo Principado de Oviedo, 
fijado en las mismas murallas de la ciudad, no habiéndose dedicado 
otro igual con tal publicidad á ningún héroe, conquistador y soberano 
españoles. Dice en sustancia así: «A Gaspar Melchor de Jove-Llanos, 
nacido en Gijon, de esclarecida familia, caballero del órden de Alcán- 
tara, ministro en la Audiencia de Sevilla, donde fué aplaudido de mu- 
chos; elegido embajador á la corte de Rusia, consejero de Estado y Se- 
cretario del Rey Católico para el despacho de los negocios de Gracia y 
Justicia; hecho árbitro y dueño de todos los bienes con el mayor y ge- 
ral aplauso, y el más benemérito entre los asturianos; habiendo abierto 
un camino en Gijon para conducir con ménos trabajo el carbón de pie- 
dra, y erigido un Instituto, ó escuela pública, donde con un nuevo mé- 
todo se enseñasen las ciencias: la diputación de la República Asturiana 
tuvo el cuidado de elevar este monumento, debido á su superior virtud, 
viviendo aún, á expensas de los fondos públicos, reinando Cárlos IV, 
el año de la salud 1798.» — Dicen que el autor de esta inscripción llena 
de orgullo fué el mismo Jove-Llanos, así como de muchas cantinelas 
que en alabanza suya, levantándole hasta el ultimo cielo, cantaban pú- 
blicamente á la sazón y después, mujeres y muchachos. 

Examinaremos ahora los puntos más esenciales de la tal inscripción: 
es falso que abriese el camino para conducir el carbón de piedra, por- 



DOCUMENTOS RESERVADOS 



que ésta toda fué acción de la Diputación. Arbitro y dueño de los cau- 
dales de todos, pero violentamente y por pura fuerza: díganlo los fon- 
dos del consulado, del hospital y del rio Nalon. Arbitro también de los 
testamentos y últimas voluntades, como entre otros casos lo prueba el 
de la sobrina del canónigo doctoral de Oviedo, que vulgarmente lla- 
man allí la del Millón. Con sumo aplauso de los asturianos, esto es, de 
los de su condición, ó sus sectarios, que le llamaban públicamente el 
Jovino, esto es, el Dios, el apoyo, la felicidad, el único bien de las As- 
turias. Habiendo erigido un Instituto, ó escuela. Pero ¿qué escuela ó 
Instituto? De disolución, de vicios, de libertad é independencia, á la 
que sólo concurren los niños y jóvenes más despreciables, y muy pocos 
de calidad; donde nada se enseña de lo que tanto se vocifera, y en el 
que expenden Vuestras Majestades caudales harto crecidos, de los que 
no ha sido posible hacer que ni Jove-Llanos, ni el Director, pariente de 
D. Antonio Valdés, segunda parte del primero en máximas y opinio- 
nes hayan querido dar cuenta y razón, sostenidos de algunos de los ac- 
tuales ministros y oficiales de las secretarías. De la República Asturia- 
na. Aunque la voz República se usa en las inscripciones lapidarias, áun 
donde el Gobierno es monárquico, puede ser sospechosa en el dia, 
atendiendo á los antecedentes dichos y á los consiguientes que se di- 
rán. Este monumento, cuya copia va aquí inserta, tiene en medio y á 
la cabeza las armas reales, á la izquierda las del Principado y á la de- 
recha las del mismo Jove-Llanos. No puedo entender cómo puedan ca- 
ber otras armas donde están las del Rey, ni cómo puedan tener lugar 
preferente las armas de un particular á las de un Principado, que da el 
título al sucesor de un rey de España. 

¡Qué prueba más convincente del orgullo, soberanía y despotismo 
de D. Gaspar Melchor de Jove-Llanos que el permitir, ó tal vez exigir 
ser preferido á la misma Justicia del Pueblo en los actos públicos, en 
los que con particularidad representa la persona del Rey! Ocupa dicho 
caballero la derecha de la Justicia en toda función solemne eclesiásti- 
ca; se le da la paz primero que á ella, y pocos le ven sin indignación 
presidir en la solemnidad del Corpus en la procesión pública, vestido 
con el uniforme de ministro, y algunos dicen con bastón, llevando de- 
tras pajes y lacayos con su gran gala. Ninguno se atreve á oponerse á 
estos y otros hechos suyos, porque cuando alguno quiere contradecirle, 
ó le quiere hacer cargo de que hay ley en contrario, ó que el Rey lo tie- 
ne así mandado, su frecuente respuesta es: «Aquí no hay más ley ni 
más Rey que yo. » Muchos hechos más se pudieran alegar bue conven- 
cen el disparatado carácter de Jove-Llanos; pero son suficientes los di- 
chos para conocerle. 

Y no obstante que todos son hechos constantes y públicos, que ha 
visto y presenciado, y tiene cierta ciencia todo el Principado de Astú- 
rias, deberán Vuestras Majestades usar de mucha precaución, caso que 
quieran poner freno á tan enfadosa y desvergonzada libertad; porque 
son muchos sus partidarios, y al presente poderosísimos, con quienes 
tiene reservadísima correspondencia, asegurando muchos que no hay 
negocio importante en la Monarquía que no se le comunique, y se es- 
pere y abrace su dictámen como el de un oráculo. Parece que el mejor 

n 



IÓ2 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



medio sería separarle, sin que nadie lo pudiese penetrar, muy léjos de 
su tierra, privándole toda comunicación y correspondencia; examinar 
en Asturias, y principalmente en su patria, la certeza de estos hechos 
por medio de hombres hábiles, justos é imparciales, y verificado todo, 
usar de la soberana autoridad y poder con la prudencia, humanidad y 
misericordia que acostumbran Vuestras Majestades; pero en una situa- 
ción y estado que sea el escarmiento de él y de los infinitos libertinos 
que abrazan su perniciosa doctrina y máximas corrompidas, que apes- 
tan más que la misma peste á toda nuestra España, que ha fiado Dios 
á Vuestras Majestades para que procuren conservársela al menos católi- 
ca y religiosa. 

Véase a.° t., pág. 324 — 460. 



ARCHIVO DEL MINISTERIO DE GRACIA Y JUSTICIA 

Copia de la inscripción (de la misma 
letra que la denuncia reservadísima dirigi- 
da al Rey contra Jove-Llanos.) 

La inscripción se dice haber sido remitida tal cual es de puño y le- 
tra del Sr. D. Gaspar desde Aranjuez con aviso de haberla acordado la 
Diputación del Principado, á quien en medio de sus estrecheces ha cos- 
tado sesenta mil reales; se dice también haber remitido la inscripción 
en latin, porque sería el idioma más subsistente. 

La carretera de Oviedo á Gijon ha sido empresa de la Junta del 
Principado y de su procurador general entónces D. José Vicente de 
Omaña, y la del carbón de piedra de otro particular. El Instituto se 
coge para formarlo cincuenta mil reales al año de la renta pía del Hos- 
picio de Oviedo, con poca ó ninguna utilidad. 

Gaspari. Melchori. A. Jove. Llanos. 
Claro. Genere, Gegione. Nato. Norbae. 
Caesar. Ordin (i). 

Equit. | munit. Plurib. Hispali. urvi. espectat. omnium. absolute. 
functo. Oratori. Moscoviam. Design. | Reg. Catol. Consiliar. intimo, 
super Instit. et. Gratt. negot. Bonor. omnium. simul. pía | usu. summo. 
pract. constit. De Asturica. Gente. Optume. mérito. Gegione. via. Car- 
bonar. | que. fodinis. a. pert. Nobo Scientiar. Instit. invento, erecto. 
Astur. Rei. public. Curator ordo. | hoc monument eximiae. virtuti. 
Debit D. P. P. viventi. erigend. Curavit. Rege Carolo. MI. | A. Sal. 
Cío lo CCXCVIII. 

(1) A la cabeza de esta inscripción se hallan: encima, un escudo de armas rea- 
les; á la derecha, el del Principado, y á la izquierda, el de Jovellanos, cuyos dibujos 
figuran en otro lugai de esta obra. 



DOCUMENTOS RESERVADOS 



I6 3 



Aquí trofeos, canapés con ocho pies de salida hasta cuatro, y la ins- 
cripción se halla como á la altura de vara y media de la tierra, para 
que sea más generalmente leida; toda la obra, que es como de cinco á 
seis varas de alto, cuatro de ancho, la componen jaspes de diversos co- 
lores, mármol y bronce, de cuya especie, y bien dorado á fuego, son 
las letras de la inscripción. * 

ARCHIVO DEL MINISTERIO DE GRACIA Y JUSTICIA 

1801 -1808. — Confinación de D. Gas- 
par Melchor de Jovellanos . {Minuta.) 

El Rey quiere que con absoluta reserva sepa V. S. si es cierta la 
inscripción que en Oviedo se ha puesto al Sr. Jovellanos en la forma 
que demuestra la copia que incluyo á V. S., y quién la dirigió y dispuso 
su colocación. 

También es su Real voluntad me diga V. S. el estado del Instituto 
Asturiano en Gijon, qué jóvenes asisten á él, si se enseña alguna de las 
máximas perniciosas del dia, bajo el pretexto ó so color de erudición é 
ilustración, qué influjo ó gobierno tiene en él dicho Sr. Jovellanos, y 
todo lo demás que pueda conducir al intento de saber lo que hay de 
este punto, como también las rentas que tiene, sobre qué fondos, y si 
para esto ó demás cosas se ha hecho... cobino... dicho de los del Hospi- 
tal, de los del Consulado y del rio Nalon, y qué es lo que ha ocurrido 
con la sobrina del canónigo doctoral de esa Santa Iglesia acerca de in- 
tereses', si ha percibido ó exigido de la Justicia de Gijon preferirla en los 
actos públicos, ocupando la derecha en toda función solemne eclesiás- 
tica, y dándole primero la paz y presidiendo en la procesión pública 
del Corpus', si cuando alguno, sobre estos ó semejantes hechos, se le 
opone ó quiere reconvenirle con la ley, ó con que el Rey lo tiene man- 
dado, es su frecuente respuesta que allí no hay más ley ni más Rey 
que él. 

Ultimamente, es preciso que V. S. diga cuanto sepa ó pueda saber 
de la conducta, sentimientos y opiniones del expresado Sr. Jovellanos, 
procediendo con la mayor cautela, y en el supuesto de que son muchos 
los partidarios que tiene en ese Principado, á quienes se les debeocul- 
tar cualquiera indagación que se haga sobre el caso, en el cual debe 
ser toda suma prudencia. 

Repito que el asunto, ya por su importancia, ya porque S. M. así 
lo manda, es de la mayor reserva, y que será V. S. responsable con su 
persona á la menor contravención que se note, etc. 

Deberá V. S. darme parte de lo que vaya sabiendo, ó sepa, sin de- 
tenerse á que no lo haga en cuando todo, y poniéndome doble cubierta, 
así como le dirijo ésta á V. S., de cuyo recibo espero aviso para poner 
lo en" noticia de S. M. 

Dios Nuestro Señor, etc. — San Lorenzo Noviembre 19 de 1800. — 
{Minuta borrosa.) — J. A. Caballero. 

En 7 de Febrero se le hizo un recuerdo al regente de Oviedo. 



i6 4 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



AUTÓGRAFO 

Excmo. Señor: 

Para evacuar más cumplidamente el informe reservado que de or- 
den de S. M. me pide V. E., me ha parecido conveniente sacar, como 
lo he hecho por mi mano, un traslado literal de todos los acuerdos de 
las Juntas de Diputación de este Principado, en que se trató de celebrar 
con demostraciones públicas el ascenso del Sr. Jovellanos al Ministerio 
de Gracia y Justicia. 

La inscripción cuya copia me remite V. E. se halla en esta ciudad, 
á la salida de ella, junto al arco de la puerta llamada de la Noceda, 
desde donde toma su principio la carretera que guía á Gijon. La leí 
una vez luego que llegué á esta ciudad; ahora, por la intemperie de las 
lluvias, y no ser fácil detenerme á comprobarla sin ser notado de las 
gentes, no he podido volver á leerla, como lo haré , y áun sacaré un 
diseño, pues me parece que los dos escudos colaterales no están en la 
forma que aparecen de la copia. 

Ignoro si se ha colocado alguna otra inscripción igual ó semejante 
en la villa de Gijon. 

El costo de la que se colocó en esta ciudad resulta por el traslado 
que acompaño á los Acuerdos de la Diputación. 

Sobre los demás particulares de que V. E. me manda informar, no 
puedo dar razón fija por ahora, pues aunque he oido á algunas perso- 
nas timoratas lamentarse de que en las escuelas del Instituto no se 
procure instruir en las máximas cristianas á los jóvenes que concurren 
á ellas, doliéndose de que éstos, al paso que se hallan adelantados en 
las ciencias, que forman el objeto de aquéllas, se hallen atrasados en la 
de la religión; con todo, no he oido en particular que se les enseñe 
máxima alguna perniciosa. 

Me consta que parte de las rentas del Instituto consisten en 50.000 
reales anuales que se aplicaron á este objeto, en virtud de órden supe- 
rior, de las que disfruta el Real Hospicio de esta ciudad; lo que se ve- 
rificó por los años de 90 al 94 , hallándome yo fiscal de esta misma 
Real Audiencia. 

Es lo único que en el dia puedo informar sobre los particulares que 
comprende la de V. E , de los que procuraré instruirme más por me- 
nor con la debida reserva, avisando á V. E. de todo lo que llegue á 
averiguar. 

Dios guarde á V. E. muchos años. — Oviedo y Noviembre 26 
de 1800. 

Excmo. Señor: 

Andrés Lasauca. 
Excmo. Sr. D. Joseph Antonio Caballero. 



DOCUMENTOS RESERVADOS 



I6 5 



AUTÓGRAFO 

Excmo. Señor: He suspendido en los dos correos anteriores conti- 
nuar el Informe que de órden de S. M. me mandaba dar V. E. en 19 
del pasado, y al que en parte contesté en 26 del mismo, porque á fin 
de nacerlo con mayor conocimiento é instrucción, determiné trasla- 
darme (pretextando distinto motivo) á la villa de Avilés, donde presu- 
míhallar personas que, sin que llegasen á penetrar el fin de mis pre- 
guntas en conversaciones movidas como por casualidad, pudieran faci- 
litarme algunas noticias, siendo las que hasta de ahora he podido ad- 
quirir, las siguientes: 

Cuando el Sr. Jovellanos pasó á Madrid á servir el ministerio de 
Gracia y Justicia, encontró en la ciudad de León á D. Nicolás de Llano 
Ponte, individuo de la Junta de Diputación de este Principado, que re- 
gresaba entónces á Oviedo. Se presume con algún fundamento que 
ambos trataron en aquella ocasión de las funciones públicas que de- 
berían hacerse con aquel motivo, y particularmente de la inscripción, 
que, como dije en mi anterior, se colocó después á la salida de esta 
ciudad, frente á la carretera de Gijon. Con efecto, reconocido el libro 
de Acuerdos de la Junta, se ve que á la de 9 de Noviembre no asistió 
el referido D. Nicolás de Ponte, y áun se dice en ella no haber noticia 
cierta de cuándo hubiese de venir, y que se halló ya presente á la in- 
mediata de 5 de Diciembre, en que se trató de dichas funciones, y quedó 
acordado se pusiese la inscripción, dándose la comisión al mismo, para 
que dispusiera y presentara el plan , sitio , forma y modo de su colo- 
cación. 

Por los mismos Acuerdos de la Junta se reconoce que dicho D. Ni- 
colás de Llano Ponte trajo los planos de Madrid ; de lo que presumen 
algunos que pudo haber tenido en ello alguna intervención el Sr. Jove- 
llanos , aunque á nadie he oido asegurar hasta de ahora que se hubiese 
hecho con su acuerdo, ni ménos que hubiese sido el autor. 

He oido decir que al principio se trató de colocar la inscripción en 
la carretera de Gijon, frente á una fuente que se construyó á un lado 
de ella, á distancia de un cuarto de hora de esta ciudad ; y que no ha- 
biendo parecido bien á algunas personas el fijarse en este sitio, él de- 
terminó después colocarla á la salida de esta ciudad, donde hoy se 
halla. Conviene con la copia que V. E. me remitió ; pero los dos escu- 
dos colaterales están al contrario; de modo que las armas del Sr. Jove- 
llanos ocupan el de la izquierda, y las del Principado el de la derecha. 
Debajo no hay trofeos ni adorno alguno; sólo sí los canapés, y sobre 
sus respaldos cuatro jarrones ó floreros. En la fábrica del Instituto que 
en el dia se está construyendo en Gijon , no sé que hasta de ahora se 
haya colocado inscripción alguna. 

El edificio, comparado con la cortedad del pueblo, es bastante sun- 
tuoso y de buen gusto, y he oido asegurar que se ha costeado parte con 
las rentas aplicadas para su dotación, y parte con varias cantidades con 
que han contribuido diferentes paisanos, algunas de ellas remitidas de 
América. 



i66 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



Es constante, como manifesté ya en mi anterior de 26 del pasado, 
que para dotación de sus escuelas se aplicaron 50.000 reales anuales 
de las rentas del Hospicio. Precedió para ello un informe que en 9 de 
Agosto de 1792 se pidió á esta Real Audiencia, de órden de S. M., por 
elseñor ministro de M arina, acerca de si podría tener cabimientola 
separación de aquella cantidad de las rentas de este Real Hospicio, 
para dotar el establecimiento de una Escuela de matemáticas, física, 
química, mineralogía y náutica, sin que hiciesen falta á los fines esen- 
ciales á que aquéllas se destinaron. Y aunque la Audiencia, conformán- 
dose con la respuesta que puse hallándome fiscal de la misma , fué de 
sentir que no podría verificarse la separación de dicha suma sin que 
hiciese falta á las obligaciones y cargas que tenía sobre sí el RealHos- 
picio, en órden que se dirigió al regente de ella por el mismo señor 
ministro de Marina, en 1 2 de Diciembre de dicho año, y se comunicó 
igualmente al Sr. Jovellanos, se le manifestó ser la voluntad de S. M. se 
tomase dicha cantidad de las rentas del Hospicio, para dotación de 
maestros, libros, instrumentos y demás gastos precisos á dicha Escue- 
la, la que hubiera de establecerse en la villa de Gijon, admitiendo la 
oferta que tenía hecha el capitán de navio reformado, D. Francisco de 
Paula Jovellanos , de ceder para ello una casa propia suya, y de encar- 
garse de alguna parte de su enseñanza, dándole gracias por su genero- 
sidad y patriotismo. 

Se me ha dicho posteriormente que con el mismo objeto se han 
aplicado 5.000 reales mensuales, que se pagan de la asignación hecha 
para las obras del rio Nalon, lo que resultará más bien del expediente 
obrado en su razón, que pediré con algún otro pretexto, para instruirme 
más puntualmente así de la cantidad, tiempo y modo de su concesión, 
como de las órdenes superiores en virtud de las cuales se hubiese he- 
cho dicha aplicación. 

En las escuelas del Institutose enseñan diferentes partes de las 
matemáticas, á que se redujo su primitivo establecimiento. Hay una 
cátedra separada de propiedad del idioma español , y tengo entendido 
se ha pensado en añadir otras de lenguas extranjeras y de historia, y de 
agregar la de primeras letras que había ya en el pueblo. Pero la ense- 
ñanza se reduce puramente á estas facultades, sin que haya estableci- 
miento ni práctica que obligue á los alumnos á ejercicio ninguno de 
devoción, y sin que los maestros tengan el menor cuidado de sus cos- 
tumbres; motivo por el que no han faltado padres que sacasen á sus 
hijos de dichas escuelas, y por el que otros han resistido enviar á ellas 
á los suyos, aunque á nadie he oido referir en particular máxima alguna 
perniciosa, que se enseñase en las mismas á la juventud. 

Para el uso de las mismas escuelas hay una pequeña biblioteca de 
libros selectos, entre los cuales se ha sospechado que haya algunos pro- 
hibidos, bien que para ello no he llegado á saber hubiese más funda- 
mento que el lance particular de haber entrado casualmente un ecle- 
siástico, familiar del Santo Oficio, á quien se le hizo salir inmediata- 
mente que comenzó á recorrerlos, diciéndole que allí ningún quehacer 
tenía. 

Es positivo que así como el Sr. Jovellanos tuvo el mayor influjo 



DOCUMENTOS RESERVADOS 



167 



para el establecimiento del Instituto, lo tiene igualmente en el dia en 
su dirección y manejo, siendo e'l mismo quien promueve el adelanta- 
miento de la nueva fábrica, asistiendo á ella personalmente con bas- 
tante frecuencia, y el que asimismo contribuye á facilitar los instru- 
mentos y demás auxilios necesarios para el uso de las escuelas. 

Por lo que respecta á lo ocurrido con la sobrina del canónigo doc- 
toral de esta Santa Iglesia, aeerca de intereses, he sabido que el señor 
Jovellanos y el referido canónigo han tenido entre sí varias contesta- 
ciones por causa de la libertad con que aquél disponía de los caudales 
de dicha sobrina, á la que tiene en su casa; pero individualmente nada 
puedo afirmar en este punto, del que necesito instruirme más por me- 
nor, como lo haré por medio de un escribano que ha entendido en este 
negocio, buscando algún pretexto para pedirle el expediente, si acaso 
le hubiere, ó haciendo, con igual cautela, que me informe de lo acae- 
cido. 

En órden á las máximas del Sr. Jovellanos, aunque con una vaga 
generalidad, he oido á algunos tenerle en concepto de poco piadoso, y 
á otros graduar su génio y carácter de sobrado dominante ; sin embar- 
go, en conversaciones que he trabado con varios sujetos, los que nunca 
se han manifestado inclinados á sus opiniones en ninguna materia, y 
pudieran tener noticias bastante puntuales de su modo de pensar, nada 
les he oido referir en particular que pueda parecer digno de especial 
censura-, ántes bien, significándoles yo haber oido que en el pueblo de 
Gijon se conducía con un cierto aire de demasiada arrogancia y supe- 
rioridad, queriendo anteponerse áun á la misma Justicia en los actos 
públicos, y que cuando sobre éstos ó semejantes hechos se le contra- 
decía, reconviniéndole con la ley ó con las órdenes de S. M., acostum- 
braba responder: «Aquí no hay más ley ni más Rey que yo,» todos me 
han asegurado que no podían persuadirse hubiera proferido semejantes 
expresiones, aunque de ello no les era fácil dar una razón positiva, por 
no haber oido lance alguno sobre que pudieran recaer. 

Su conducta particular en Gijon no he sabido que dé ocasión por 
ningún capítulo á hacerse reprensible. Se mantiene sin fausto alguno, 
con muy poca familia, que todavía ha disminuido últimamente, y no 
deja de extrañarse que, á lo menos por decoro, no sostenga alguna ma- 
yor ostentación. Entregado al estudio, reduce su diversión á algunos 
ratos de paseo, dedicando otros á procurar el adelantamiento de la fá- 
brica de la nueva casa del Instituto, á mejorar el aspecto público de la 
villa y hermosear sus inmediaciones, en que por su influjo y dirección 
se ha plantado de pocos años á esta parte un crecido número de árbo- 
les, habiendo facilitado la salida de las aguas en un terreno pantanoso 
próximo á la villa, en el que en el dia se cogen abundantes cosechas 
de maíz. 

Trata poco con las gentes del pueblo, y en las conversaciones fa- 
miliares con las que diariamente concurren á su casa, no sé que se 
mezcle al descubierto en los asuntos del público, aunque se cree, con 
no poco fundamento, que secretamente se le consultan los más, y que 
se manejan con su dirección, pues no puede disimular la extremada 
pasión á su patria y el ánsia desmedida de engrandecerla por cuantos 



i6S 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



caminos le sea posible, sin reconocer que la esterilidad de su suelo, la 
mala disposición de su puerto, que sólo admite embarcaciones meno- 
res, con una entrada harto peligrosa, y todas las demás circunstancias 
que la acompañan, la hacen incapaz de grandes incrementos; debilidad 
común á casi todos los naturales de aquella villa, y por la que el s eñor 
Jovellanos se ha acarreado la emulación, no sólo de los forasteros,s ino 
también de algunos de sus mismos paisanos, ó porque juzgan de su pa- 
tria con ménos preocupación, ó porque han experimentado los perjui- 
cios que ha producido en algunas ocasiones el figurarla más opulenta 
ó el quererla engrandecer más de lo que permite su constitución. 

Es cuanto puedo informar por ahora á V. E., quedando con el cui- 
dado de averiguar cuanto pueda, así sobre éstos como sobre los demás 
puntos en que nada más he podido adelantar hasta de aquí, por la cau- 
tela y reserva con que debo conducirme para adquirir estas noticias, 
conforme á lo que V. E. me tiene encargado. 

Dios guarde á V. E. muchos años. — Oviedo y Diciembre 6 de 1800 

Excmo. Señor: 

Andrés Lasauca. 

Excmo. Sr. D. Joseph Antonio Caballero. 

ORIGINAL 

Excmo. Señor: El disimulo y reserva con que, en conformidad de 
lo que V. E. me tiene prevenido, procuro tomar las noticias conve- 
nientes de los puntos sobre que, de órden de S. M., me mandó infor- 
mar en 19 del pasado, no me permite instruirme de ellos tan pronto 
como quisiera, para poderlas comunicar á V. E. con mayor celeridad. 
Son muchas las personas que, como V. E. me previno, demuestran ser 
apasionadas del Sr. Jovellanos, y de quienes, por lo mismo, debo y pro- 
curo cautelarme, para que no lleguen á penetrar el fin á que se dirigen 
mis preguntas; y otras, por el contrario, opuestas y enemigas suyas por 
resentimientos particulares, sobre cuyos dichos y aserciones no se pue- 
de descansar con seguridad, por descubrirse que sus explicaciones son 
en mucha parte hijas de la emulación con que lo miran. 

Sin embargo, en las muchas conversaciones particulares que he 
procurado mover sobre el asunto, he llegado á averiguar que, no obs- 
tante lo que llevo dicho en mis anteriores, no carece de fundamento la 
especie de haber pretendido el Sr. Jovellanos alguna distinción y pre- 
ferencia que no le correspondía en los actos públicos de procesiones y 
funciones eclesiásticas, pues en general se me ha asegurado que los clé- 
rigos de la villa de Gijon estaban quejosos de ello , y por este motivo 
le miraban con bastante desafecto, y en particular se me ha significado 
también que en una procesión tuvo cierto encuentro con uno de los 
diputados de la villa, sobre el lugar que en ella debía ocupar, habiendo 
cruzado el Sr. Jovellanos por medio de las dos filas, sin que se atrevie- 
ran á oponérsele, por prudencia y por la seriedad del acto, el referido 
diputado y otros que tuvieron parte en aquella ocasión. 



DOCUMENTOS RESERVADOS 



169 



No me especificó más el sujeto que me refirió esta especie, por no 
haber presenciado el acto, ni yo me determiné á examinarlo más por 
menor, porque es demasiada su penetración, y pudiera tal vez com- 
prender ó sospechar el fin á que se dirigían mis indagaciones. Sin em- 
bargo, no dejo de inferir de ello que tenga alguna probabilidad la noti- 
cia de haber pretendido el Sr. Jovellanos en aquel acto distinciones 
que no le correspondiesen, pues el altercado que tuvo con el diputado 
da á entender que quiso preceder al Ayuntamiento. 

En órden á los caudales de la sobrina del canónigo doctoral de 
esta Santa Iglesia, me manifestó el escribano que entendió en las dili- 
gencias practicadas sobre ellos, que el referido canónigo estaba muy 
resentido contra el Sr. Jovellanos, por la libertad con que había co- 
menzado á disponer de ellos, reduciendo una porción á Vales Reales, 
dando á censo crecidas sumas, entre otras una (según le parecía á ley 
de memoria) de cinco mil ducados al regidor alférez mayor de esta 
ciudad, D. Antonio Carreño, y distrayendo otras crecidas cantidades 
en diversos fines poco útiles á la principal interesada , todo como tes- 
tamentario de la madre de ésta, y sin contar con dicho canónigo, que 
tenía igual cualidad ; con cuyo motivo se habían cruzado entre ambos 
diferentes oficios harto pesados, de los que no podía dar razón el es- 
cribano, porque no obraban en el expediente. 

Nada más he podido adelantar hasta de aquí sobre los puntos que 
comprendía la órden de V. E., cuya inquisición continuaré por cuan- 
tos medios me sean posibles, dando parte inmediatamente á V. E. de 
cuanto llegue á averiguar. 

Dios guarde á V. E. muchos años. — Oviedo y Diciembre 20 de 1800. 

Excmo. Señor: 

Andrés Lasauca. 
Excmo. Sr. D. Joseph Antonio Caballero. 



ARCHIVO DEL MINISTERIO DE GRACIA Y JUSTICIA 

Impreso (aunque con variantes) en los 
apéndices (números III, 1 1 1) á la Memo- 
ria en defensa de la Junta central. 

{Obras: edic. Rivadeneira, páginas 579 
y siguientes.) 

REPRESENTACION" DE D. GASPAR JOVELLANOS AL REY 

Señor: Sorprendido en mi casa al rayar el dia 13 de Marzo último 
por el regente de la Audiencia de Asturias, que á nombre de V. M. se 
apoderó absolutamente de mi persona y de todos mis papeles: sacado 
de mi casa ántes de amanecer al siguiente dia, y entre la escolta de 
soldados que la tenían cercada, conducido por medio de la capital y 
pueblos de aquel Principado hasta la ciudad de León: detenido allí 
recluso en el convento de franciscos descalzos por espacio de diez 



170 BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

dias, sin trato ni comunicación alguna : llevado después entre otra es- 
colta de caballería, y en los dias más santos de nuestra religión, por las 
provincias de Castilla, Rioja, Navarra, Aragón y Cataluña, hasta el 
puerto de Barcelona: entregado allí al capitán general, y de su órden 
nuevamente recluso en el convento de Nuestra Señora de la Merced: 
finalmente, como si se quisiera dar en mí un nuevo ejemplo de rigor y 
de ignominia, ó como si yo no fuese digno de pisar el continente es- 
pañol, embarcado en un correo, trasladado á Palma, presentado á su 
capitán general y conducido al destierro y confinación de su Cartuja, 
he sufrido con resignación y silencio por espacio de cuarenta dias toda 
la fatiga, vejaciones y humillaciones que pueden oprimir á un hombre 
de honor; he pasado el bochorno de aparecer como reo de Estado en 
medio de la nación que me vió arrastrar con escándalo á más de dos- 
cientas leguas de mi domicilio, y arrojar hasta la otra parte de los ma- 
res; y por fin, estoy padeciendo en esta vergonzosa reclusión las más 
crueles privaciones, sin que hasta ahora se me haya notificado órden 
alguna, ni hecho saber cuál puede ser la causa de tan duro é ignomi- 
nioso tratamiento. 

Pero, en medio de esta amargura, lo que más pone en colmo mi 
desgracia y hiere más vivamente mi corazón es la dolorosa idea de que 
me hayan robado la gracia de V. M. y el concepto de fiel y recono- 
cido vasallo suyo. Porque, señor, ¿cómo será posible que á nombre 
de V. M. se hayan cometido en mi persona tan rigurosos y no vistos 
atropellamientos, si ántes no se hubiere preocupado su Real ánimo con 
la imputación de algún delito que me hiciese digno de ellos: ¿Ni cómo 
cabría en la suprema justicia de V. M., ni en la rectitud de su piadoso 
corazón, mandar tratar tan ignominiosamente á un vasallo que algún 
dia poseyó su augusta confianza, si no hubiese sido representado á sus 
ojos como reo de gravísima culpa, y tal que la expusiese á los extremos 
de su Real indignación? Mas ¿cuál, señor, puede ser este delito de que 
se pretende acusarme? Si es conocido, si está probado, ¿cómo es que 
no se empezó interrogándome acerca de él, haciéndome los cargos que 
se creía resultar contra mí , oyendo mis satisfacciones y admitiéndome 
aquella defensa que el derecho natural positivo concede, y que V. M. no 
niega al más infeliz de sus vasallos? Y si no hay todavía pruebas de tal 
delito, si ha sido concebido por algún delator calumnioso, ¿ cómo no 
pudo dejar de temer? ¿Por qué, en vez de averiguarlo, se ha empezado 
desposeyéndome de mi libertad, de mi estado y de todos mis derechos? 
¿Por qué, arrojándome del suelo de mi patria, desterrándome á una isla 
remota, confinándome á una triste reclusión, condenándome á tanta 
urgencia y á tantas privaciones, al mismo tiempo que se me da el con- 
cepto de delincuente, se me pone á tanta distancia y á tan absoluta 
imposibilidad de ser acusado y defendido? ¿Por qué, en fin, á toda in- 
dignación, á toda acusación, á todo juicio, se ha hecho preceder una 
pena tan acerba é infamatoria? 

Porque, señor, cuando yo, olvidado de los nobles principios de mi 
educación, de las altas obligaciones de mi estado, y lo que es más, de 
los íntimos sentimientos de amor que profeso á V. M. y de gratitud so- 
bre las bondades que ha derramado sobre mí, hubiese tenido la desgra- 



DOCUMENTOS RESERVADOS 



171 



cia de incurrir en alguna culpa... (1) ¿Cuál debería ser la enormidad 
para corresponder á tan acerba pena, como la que se ha ejecutado en 
mi persona? A una pena que, robándome mi honor, me ha puesto en 
una verdadera muerte civil, que me hubiera quitado mil veces la vida 
natural, si el valor que me inspiran mi inocencia y mi confianza en la 
justicia de V. M. no me hubiese confortado y hecho superior á ella. 

Acaso para justificar tan rigurosos procedimientos se habrá creido 
que mis delitos y su prueba se hallarían en mis papeles , y tal vez con 
este solo fin se ocuparon súbitamente, y sin excepción alguna; pero, 
señor, si ántes de esta ocupación no existían contra mí pruebas de al- 
gún delito, ¿cómo es que por alguna aparente sospecha, ó por alguna 
delación calumniosa, se ha tomado conmigo tan violenta y extraña 
providencia? ¡Pues qué! allanar la casa de un hombre que está en pose- 
sión de su inocencia, escudriñar hasta sus últimos retretes, invadir y 
ocupar sin distinción alguna todos sus papeles, en que debían estar con- 
signados, no sólo sus intereses, sus derechos, sus escritos y el fruto de 
sus estudios y trabajos, sino también sus pensamientos, sus aflicciones, 
sus flaquezas, las confidencias de sus amigos y parientes, y, en una pa- 
labra, los más íntimos secretos de su conciencia y de su vida, ¿no habrá 
sido lo mismo que invadir y violar el más sagrado de todos los depó- 
sitos? ¿No habrá sido profanar, atropellary hollar lo más precioso de 
todas las propiedades, la más íntima, la más religiosa, la más identifi- 
cada con la vida y existencia del hombre? Y cuando el más glorioso 
título de V. M., como soberano y padre de sus vasallos, es el de pro- 
tector de esta propiedad sagrada que las leyes de todas las naciones y 
la máxima de todos los Gobiernos han mirado siempre como libre y 
exenta de toda jurisdicción, de toda inspección y de todo insulto, ¿cómo 
se pudo interponer su augusto nombre para autorizar, en quien ménos lo 
merecía, una violación tan escandalosa? No me quejo yo, señor, tan amar- 
gamente de esta violación porque tema el escrutinio de mis papeles, pues 
la celebraría, si celebrar pudiese que bajo el piadoso nombre de V. M. se 
ofreciese á los ojos de la nación un ejemplo que habrá llenado de aflic- 
ción á todos sus fieles vasallos, cuya libertad, cuya seguridad, cuya pro- 
piedad personal y doméstica han sido violadas en la mia; y digo, señor, 
que la celebraría, porque ¿qué se hallaría en mis papeles, sino una in- 
terrumpida serie de testimonios que acrediten mi inocencia y la inte- 
gridad de mi vida, consagrada por espacio de treinta y cuatro años al 
servicio de V. M. y al bien común? ¿Qué se hallará sino los continuos 
esfuerzos de mi celo, siempre y constantemente dirigidos al bien y á la 
gloria de mi nación? ¿Qué se hallará, sino que mis estudios, mis medi- 
taciones, mis escritos, mis viajes y todos los pasos y acciones de mi 
vida, han sido siempre regulados por tan dignos objetos? Y pues me 
debe ser lícito el gloriarme de ello, cuando tan cruelmente se trata 
de ennegrecer mi reputación , que ha sido siempre el ídolo de mi vida 
y es hoy el único patrimonio que deseo conservar. ¿Qué se hallará en 
mis papeles sino que, desempeñando con exactitud é integridad los 
distinguidos cargos y comisiones que la real piedad de V. M. y de su 

(1) Sigue tachado un renglón y parte de otro. 



172 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



augusto padre se dignaron confiarme y consagrando mis pobres talen- 
tos al bien de mi patria, he logrado labrarme esta reputación pura, sin 
mancha, que hoy hace mi único consuelo y que jamás me robará ni 
amancillará la calumnia, si la protección y justicia de V. M. no me 
abandonaren? No quiera Dios que V. M. atribuya á orgullo esta segu- 
ridad: en medio de la ignorancia y abatimiento en que me hallo sumi- 
do, mal pudiera caber en mi alma tan liviano pensamiento; no, señor, 
estoy muy léjos de creerme libre de imperfecciones, flaquezas y defec- 
tos, y ántes reconozco que mi natural franqueza y docilidad me pue- 
den haber hecho incurrir en ellos más frecuentemente que á otro al- 
guno: mi razón y mi conciencia me autorizan para asegurar á V. M. que 
el más riguroso exámen de mi conducta y mis escritos, nunca podrá 
acreditar que yo, ni como magistrado, ni como hombre público, ni como 
hombre religioso, ni como ciudadano, haya cometido jamás advertida- 
mente el menor delito que me hiciere indigno de la gracia de V. M. y 
del aprecio de la nación: esto es, señor, lo que me inspira tan noble 
seguridad y lo que me hace llegar á los pies de V. M. con tanta con- 
fianza: no la pongo ciertamente en mi mérito, que al cabo no es otro 
que haber cumplido fielmente con las obligaciones de mi estado ; pero 
la pongo en la protección y justicia de V. M., que no pueden permitir 
que la calumnia triunfe de mi inocencia, ni ménos abandonar á un va- 
sallo que, consagrado desde su primera juventud al servicio de Vuestra 
Majestad, des] >ues de haber llenado dignamente los cargos de ministro 
de la Real Audiencia de Sevilla, alcalde de Casa y Corte, consejero de 
Ordenes y secretario de Gracia y Justicia; después de haber desempe- 
ñado con celo y desinterés muchas arduas comisiones; después, en fin, 
de haber obtenido los más honrosos testimonios de aprobación y apre- 
cio de V. M. y su augusto padre, como de la opinión pública, se halla- 
ba en los cincuenta y ocho años de edad , consagrando el último trozo 
de su vida á mejorar la educación pública y á perfeccionar un estable- 
cimiento que V. M. fundó y se dignó confiar á mi celo, y que , si no le 
faltase su augusta protección, será algún dia el más glorioso monu- 
mento de su reinado. En fin, señor, de estas verdades, que estoy pronto 
á sellar con mi sangre, ocurre humildemente y lleno de confianza 
á V. M., no ya para implorar su gracia, sino para reclamar su suprema 
justicia: si he sido calumniado, yo me ofrezco á confundir y desvane- 
cer cualquiera imputación ó calumnia que se haya levantado contra 
mí; pero si alguna material equivocación ó aparente sospecha ha dado 
causa á mi desgracia, yo me ofrezco también á desvanecerla, y en cual- 
quier caso justificar plenamente ante V. M. que, léjos de merecer el 
riguroso tratamiento conque estoy oprimido, he sido siempre, por mi 
inocencia y fidelidad en mis servicios y por la plena integridad de mi 
conducta, acreedor á la gracia de V. M. y al aprecio de la nación. Así 
que ruego humildemente á V. M. que, obrando según los principios de 
piedad y de justicia inseparable de su piadoso corazón, se digne man- 
dar: i.° Que si algún delito se me hubiese impuesto ante V. M., se me 
haga desde luégo cargo de él y se me oigan mis defensas, según las 
leyes. 2. Que cualquiera juicio que contra mí se haya de instaurar, se I 
instaure y siga ante cualquiera tribunal públicamente reconocido, ora I 



DOCUMENTOS RESERVADOS 



173 



sea el Consejo de Estado, de que soy miembro, ora el de las Ordenes, 
como caballero profeso que soy de la de Alcántara, ora ante el Con- 
sejo Real, que es el primer tribunal civil de la nación, ora en fin (por- 
que se me ha trasladado á esta isla) ante el acuerdo de su Real Audien- 
cia, pues en ellos y en cualquiera otro estoy pronto á responder de mi 
conducta. 3. Que declarada que sea mi inocencia, de que estoy bien 
seguro, se digne V. M., no sólo reintegrarme en mi antiguo estado, sino 
también reparar íntegramente, y en la forma que fuere más de su real 
agrado, la nota y baldón que tantas violaciones y atropellamientos co- 
metidos en mi persona, hayan podido causar en mi reputación y buen 
nombre. Así lo espero de la rectitud y justicia de V. M., por cuya pre- 
ciosa vida y prosperidad ruego fervorosamente al cielo. — Cartuja de 
Jesús Nazareno de Mallorca 24 de Abril de 1 801.— Gaspar Melchor de 
Jovellanos. 

SEGUNDA REPRESENTACION 

Señor: Luégo que llegué á esta reclusión, dirigí á V. M. la repre- 

[ sentacion de que acompaño copia, porque en la amargura de mi situa- 
ción, y cierto como estaba de mi inocencia, ¿á quién podía acudir con 

. más confianza que á V. M., que es el supremo defensor de sus vasallos? 

I Pero intimado por el espanto y rigor de mis tratamientos y de cuantos 
pudieran tomar alguna parte en mi alivio y defensa, he sabido con el 
mayor dolor que aquella humilde súplica no llegó todavía á las reales 

,' manos de V. M. Entre tanto, continúo en una afrentosa confinación, 

. sin que hasta ahora se me haya intimado órden alguna, ni hecho saber 
de otra manera cuál sea la causa de tan riguroso procedimiento, ni cuál 

' la voluntad de V. M. acerca de mi existencia. ¿Es posible, señor, que 
bajo el justo gobierno de V. M., y á nombre de un Rey tan humano y 
virtuoso, se niegue á un vasallo distinguido lo que se concede á los que 
viven á la sombra de su protección y justicia? ¿Por qué no se me acu- 
sa, se me oye y se me juzga? Y ¿por qué trastorno de los principios de 
justicia y de humanidad se hace preceder el castigo al juicio y la sen- 
tencia? No, señor: V. M. no es capaz de tolerar por más tiempo tan no- 
toria y escandalosa violación. Yo conozco bien la rectitud de su ánimo 
y la bondad de su corazón, y sé que no cabe ni en uno ni en otro que 
sin previo juicio ni sentencia se abandone á un inocente á suerte tan 

. horrible: yo he sido tratado como un facineroso, y todavía pesa sobre 
mi opinión la infamia de este concepto. Mi fidelidad, mi religión, mi 

. conducta y mi fama, han sido de una vez, no ya atacadas y puestas en 
duda, sino denigradas, envilecidas y escarnecidas á los ojos del públi- 
co: mi opinión, ántes íntegra y sin mancilla, ha padecido con mi exis- 
encia civil; y á semejante opinión, ¿se añadirá la injusticia de negarme 
a puerta á la defensa y desagravio? ¿Y se negará á un hombre de ho- 
nor y mérito lo que el derecho divino, natural y positivo... estos dere- 
chos cuya protección confío á V. M., y el Altísimo concede al más in- 
feliz y depravado delincuente? Yo ignoro de dónde me puede venir 
tanto mal: si alguna extraña equivocación, si alguna aparente sospecha 



174 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



dieron causa á él, óigaseme, y yo los desvaneceré en un punto; pero si 
algún indigno delator osó poner su infame boca sobre mi opinión y mi 
inocencia, para sorprender á los ministros de V. M., óigaseme también, 
y póngasele cara á cara conmigo, para que yo le convenza, le confunda 
y le exponga á toda la indignación de V. M., á la execración y al hor- 
ror del público. Imploro, por tanto, la justicia de V. M., no sólo por mí, 
sino por todos los nombres de bien, porque no hay alguno á quien no 
interese mi desagravio: la opresión de mi inocencia amenaza la segu- 
ridad de la suya, y el atropellamiento de mi libertad pone en peligro 
y hace vacilante la de todos mis conciudadanos. Esta justicia se la 
debe V. M. á sí mismo ; se la debe á las tiernas é inalterables virtudes 
que abriga en su corazón, y la debe, en fin, á los dulces nombres de 
Rey justo , bueno y piadoso , sobre que libran su confianza y su con- 
suelo todos sus vasallos. El cielo conserve la augusta persona de Vues- 
tra Majestad dilatados años, como se lo ruega. — Cartuja de Mallorca 
8 de Octubre de 1801. 

Señor: A L. R. P. de V. M. — Gaspar Melchor de Jovellanos. 

(Impresa, con variantes, á la pág. 580. 
de la edic. Rivadeneira.) 

ORIGINAL (29 Diciembre 1802.) 

EXPOSICION AL REY DE SOR JOSEFA DE SAN JUAN BAUTISTA Y DOÑA CATALINA DE 
JOVELLANOS, PIDIENDO GRACIA Y JUSTICIA PARA SU HERMANO DON GASPAR 

Señor: Sor Josefa de San Juan Bautista, religiosa agustina recoleta, 
y doña Catalina de Jove y Llanos, á L. R. P. de V. M., con el mayor 
respeto, dicen: son hermanas carnales de D. Gaspar de Jove-Llanos, el 
que de órden de V. M. se halla en el castillo de Bellver en Mallorca 
desde el 5 de Mayo de este año, al que fué conducido desde la Cartuja 
de la misma isla, en la que estaba de igual real órden desde 18 de 
Abril dei8oi. 

Suponemos, señor, tendrá V. M. justas causas para estos procedi- 
mientos, y sólo recurrimos á sus R. P. para pedirle rendidamente se 
digne mandar se mitigue el rigor con que está sin ventilación en una 
habitación caliente y sin comunicación, lo que necesariamente ha de 
causarle la pérdida de la salud , como ya se experimentó el verano úl- 
timo, en que padeció mucho, y opinaron los facultativos procedió (y 
sucederá siempre lo mismo) de la falta de ventilación, de ejercicio y 
otros auxilios necesarios para la conservación de la vida, pues de todos 
carece. 

No extrañará V. M. que estas afligidas hermanas , que no tienen 
otro consuelo en su avanzada edad, que la compañía de su hermano, á 
quien aman, ni otro alivio en las necesidades de su respectivo estado, 
se postren á sus R. P. como á su señor natural y padre, y le rueguen hu- 
mildemente y con el mayor rendimiento que, por un efecto de la bon- 
dad y humanidad de su corazón, se digne mandar sea puesto en liber- 
tad de respirar aires puros y hacer ejercicio, sea en aquella isla, ó don- 
de fuere la voluntad de S. M., ya que no podemos atrevernos á pedir 



DOCUMENTOS RESERVADOS 



175 



sea á su casa, aunque en ella estaría pronto á obedecer las reales órde- 
nes de V. M., como en el castillo de Bellver. 

Confiamos, señor, en la ternura con que V. M. ama á sus vasallos, 
ha de consolar á estas afligidas suplicantes, condescendiendo con sus 
puros ruegos; y pediremos á Dios continuamente conserve por muchos 
años la importante vida de V. M. y_ aumente su grandeza. Gijon 29 de 
Diciembre de 1802. 

Señor: A L. R. P. de V. M. — Josefa de San Juan Bautista. — Cata- 
lina Sena Antonia Jovellanos. 



ARCHIVO DEL MINISTERIO DE GRACIA Y JUSTICIA 

(ij Abril 1805.) 

EXPOSICION DEL SEÑOR DON GASPAR MELCHOR DE JOVELLANOS AL EXCELENTÍSIMO 
SEÑOR DON JOSEF ANTONIO CABALLERO 

Excmo. Señor: Dirigiendo por mano de V. E. las adjuntas cartas, 
me es preciso poner en su alta consideración que la tutela de doña 
Manuela Blanco Inguanzo es uno de los asuntos más recomendables 
que estaban á mi cargo. Esta señorita quedó huérfana en la edad de 
cinco años, en un pueblo donde no tenía parientes, y en una constitu- 
ción tan débil y enfermiza, que se contaba muy poco con su existencia. 
Su madre, que previa el peligro y temía el desamparo á que por su 
falta quedaría reducida, nos rogó en su última enfermedad, á mi difunto 
hermano y á mí, que nos encargásemos de la tutela y educación de su 
hija. Asentir á este ruego era un oficio debido á la ternura de una ma- 
dre moribunda, al desamparo de una huerfanita y á los sentimientos 
naturales de caridad y compasión. Ofrecímosle desempeñarle, exigiendo 
sólo que nombrase con nosotros alguna otra persona de autoridad que 
participase de este cuidado; y así lo hizo, nombrando también al licen- 
ciado D. Pedro Inguanzo y Ribero, canónigo doctoral de Oviedo, su 
primo, y al párroco de Gijon que por tiempo fuese. Muerta la madre, 
mi hermano se encargó particularmente del cuidado de la niña, y á su 
celo y vigilancia se debió, no sólo que se reparase de sus males, sino 
que poco á poco se fuese criando robusta, y al mismo tiempo recibien- 
do aquella educación que á su buen nacimiento y decente fortuna con- 
venía. La muerte de mi hermano echó este cuidado sobre mí , y mi 
ausencia le hizo recaer en el párroco de Gijon; pues que el otro contu- 
tor, atado á la residencia de su iglesia, no pudo tomar en él otra parte 
que la de examinar anualmente las cuentas de administración. Mién- 
tras el doctor Sama la desempeñó, viví yo sin inquietud; pero su salida 
de la villa me la da no pequeña, al mismo tiempo que hace necesario 
para mí el nombramiento de otro apoderado que me represente, así en 
el ajuste de cuentas como en la administración y en el cuidado de la 
niña, que ahora es tanto mayor cuanto más se va acercando á la edad 
nubil. 



176 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



Mas como este caso y otros de igual naturaleza que pueden ocurrir 
no estén comprendidos en la letra de la real órden que V. E. se sirvió 
comunicar á este señor capitán general acerca de mi testamento y cor- 
respondencias, no me atrevo á pasar al otorgamiento de nuevo poder, 
ni a la nueva correspondencia que éste exige, hasta que V. E., como 
enterado de la real voluntad, se sirva declarar si lo puedo hacer, ó bien 
proponerlo á S. M. para la resolución que fuere de su real agrado. 

Con este motivo, me atrevo también á rogar á V. E. tenga la bon- 
dad de tomar en consideración la triste situación en que me hallo: que 
mañana cumplen cuatro años que arribé á esta isla: que en ella cumplí 
ya el 6 1 de mi edad: que esta edad, la estrecha reclusión en que he vi- 
vido aquí y los achaques que por efecto de ella he padecido, han que- 
brantado considerablemente mi salud: que á este quebranto sobrevino, 
de ocho meses á esta parte, el mal estado de mi vista, que me aflige con 
el vehemente temor de perderla; y, en fin, que, según opinan los facul- 
tativos y consta también á V. E., un régimen más abierto y ejercitado, 
y el uso de algunas aguas ferruginosas, han venido a ser necesarios, 
no sólo á la reparación de mi salud, sino áun á la conservación de mi 
vida. 

Yo no puedo persuadirme, Excmo. Señor, á que el justo y piadoso 
corazón de S. M. me abandone á morir en tan triste situación, ni tam- 
poco á que ésta no merezca la compasión de V. E. Por lo mismo, ruego 
con todo el encarecimiento de que soy capaz, y con toda la confianza 
que su justificación y generosidad me inspiran, se digne elevar mi aflic- 
ción á la suprema atención de los Reyes, mis piadosos soberanos, im- 
plorando á mi nombre su real clemencia y obteniendo de su notoria 
piedad que me permitan volver á Asturias, para tomar allí las aguas 
marciales de Priorio, ó las Caldas, y establecerme después en mi casa 
y al lado de mis pobres hermanas, ó bien en el pueblo de aquel Prin- 
cipado ó otro del continente, y en la forma que más fuere de su real 
agrado. 

Por último, Excmo. Señor, espero que V. E. no tendrá á mal que 
me haiga atrevido á darle esta molestia, que mi situación y la genero- 
sidad de V. E. pueden disculpar. Y entre tanto, ruego á Nuestro Señor 
guarde la vida de V. E. muchos años. (Real Castillo de Bellver 17 de 
Abril de 1805. — Excmo. Señor. — Gaspar Melchor de Jovellanos. — Ex- 
celentísimo Sr. D. Josef Antonio Caballero.) (1) 



ORIGINAL (24. Agosto, año de 1805.) 

COMUNICACION DE DON PEDRO JOSEF SARAVIA AL MINISTRO DE GRACIA Y JUSTICIA 

Excmo. Señor: Participo á V. E. cómo el médico titular de este 
valle me ha dado dos memoriales en borrón del Excmo. Sr. D. Gaspar 
Melchor de Jovellanos, á fin de que busque medio de que se pongan 
en limpio y en manos de Sus Majestades (que Dios guarde), queján- 

( 1) Lo que está entre paréntesis, escrito de letra del mismo Jovellanos. 



DOCUMENTOS RESERVADOS 



177 



dose del rigor con que se le trata, con otras cosas, y que sus memoria- 
les no llegan á las reales manos ; y no determinándome yo á darles 
curso sin saber si es la voluntad de V. E., se lo pongo en su noticia 
para su gobierno, pues da á entender presumo en dichos memoriales 
de V. E. 

Nuestro Señor guarde á V. E. muchos años. Arroyo de Valdivielso 
24 de Agosto de 1805. 

B. L. P. de V. E. su más humilde subdito, — Pedro Josef Saravia. 
Excmo. señor ministro de Gracia y Justicia. 

(Decreto marginal.) Dígase que los envié. — Fechado á 23 de Octu- 
bre de 1805. 

OLÓGRAFO (24 Octubre 1805.) 

COMUNICACION DE DON PEDRO JOSEF SARAVIA AL MINISTRO DE GRACIA Y JUSTICIA 

Excmo. Señor: Con fecha de 12 de Junio pasado y 24 de Agosto 
próximo hice presente á V. E. cómo el médico de este valle me en- 
tregó dos memoriales en borrón, á fin de que buscase medio de que se 
pusiesen en manos de Sus Majestades y de la Reina nuestra señora, 
ofreciéndome por ello dineros, y siendo mi corazón nada avaro, sino 
recto en una vida quieta, desprecié la oferta, pues no permitiría mi 
sangre tal vileza, aunque me hallase en necesidad de pedir una limos- 
na, pues tengo alma, y si la pierdo nada me aprovecha; cuando más 
que noto en dichos memoriales que el Sr. D. Gaspar Melchor de Jove- 
llanos se queja de loque sin motivo se le oprime en la Cartuja de Ma- 
llorca, y entre otras proposiciones, dice, ó da á entender en mi con- 
cepto, que sus memoriales ó quejas no llegan á noticia de S. M., etc. — 
Esto me da bastante que sospechar, pues me costa que V. E., desde 
que estuvo en Salamanca , ha mantenido siempre una conducta irre- 
prensible, siendo recto en sus deliberaciones, que me ha dado muestras 
de ello siendo fiscal del Consejo de Guerra, como si fuere necesario lo 
juraré; con que si al Sr. Jovellanos se le oprime, motivos habrá para 
ello, que no necesito yo saberlos. No sé si dichas dos mis cartas han 
llegado á manos de V. E., ó me las han cogido, pues el referido médi- 
co, por sí, por el cura de este pueblo y por otros sujetos, me ha pedido 
y están continuamente pidiendo dichos memoriales, con amenazas, si 
no los entrego, al mismo médico ó á un señor obispo que parece ha 
sido de dicho Sr. Jovellanos , en caso de no ponerlos en mano de Sus 
Majestades; esto y estas amenazas me dan mucho más en que sospe- 
char; pero dichos memoriales tengo en custodia, y hasta saber la volun- 
tad de V. E., por más amenazas que me hagan, no los entregaré á na- 
die más que al que sea la voluntad de V. E., aunque me cueste la vida. 

He llegado á entender que el señor obispo de Salamanca tiene in- 
terés que dichos memoriales se pongan en propia mano de S. M., pues 
dicen que el señor obispo ha sido condiscípulo del Sr. Jovellanos : es 
verdad, Excmo. Señor, que ésto sólo es de oidas, pues Su Ilustrísima 

12 



i78 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



nada me ha escrito, por lo que: Suplico á V. E. tenga la bondad de ma- 
nifestarme su voluntad, pues hasta tanto no saldrán de mi poder dichos- 
memoriales, aunque me hallo muy oprimido sobre lo dicho, sin poder 
determinar nada, y expuesto acaso á que se haga conmigo una vileza. 

Disimule V. E. mis enfados. Nuestro Señor guarde á V. E. muchos 
años, como deseo. — Arroyo de Valdivielso 24 de Octubre de 1805. 

B. L. P. de V. E. su más humilde súbdito, — Pedro Josef Saravia. 

Excmo. señor ministro de Gracia y Justicia. 

ORIGINAL (18 de Noviembre 1805.) 

COMUNICACION DE DON PEDRO JOSEF DE SARAVIA AL EXCMO. SEÑOR DON JOSKF 
ANTONIO CABALLERO 

Excmo. Señor: Muy señor mió, de toda mi veneración y respeto: 
Recibo con mucho atraso su órden de 23 de Octubre próximo pasado, 
por tenerme en estas estafetas las cartas, y enterado de lo que V. E. me 
dice, obediente siempre á sus preceptos, le remito los dos adjuntos 
memoriales en borrador, quedando con cuidado hasta que sepa han 
llegado á sus manos. 

Sin duda, Excmo. Señor, me han cogido alguna de las tres cartas 
que tengo á V. E. escritas sobre el asunto, pues así el médico como 
otros sujetos, me han amenazado porque no se los he querido volver, 
diciendo que buscarán medio de que el señor arzobispo de Burgos no 
pare hasta perderme, sin duda lo dicen por la injusta causa que Su 
Ilustrísima ha fulminado, á persuasión de su secretario; pero yo me 
lisonjeo de ello, mediante la justificación de V. E., que nunca ha mirado- 
respetos humanos, y que procurará que la malicia no abata á la ino- 
cencia: sólo desearía que V. E. se informase por la vía reservada de la 
conducta del secretario de dicho señor arzobispo, que tanto injusta- 
mente me ha perseguido, resentido que en una ocasión le dijese que 
no tenía razón para decir ó alabar al Sr. D. Gaspar Melchor de Jove- 
llanos, pues las cosas del ministerio no debíamos nosotros de tomar 
en boca. No hago más que cumplir en esto con lo que V. E. me manda, 
sea lo que Dios quiera. 

El médico apura á mi padre para que se le entreguen dichos me- 
moriales; es cierto que en un principio se los dió á mi padre, como que 
era para copiarlos; pero ámí me dijo estas palabras: «Sr. D. Pedro, si 
usted tuviera medio de hacer que esos borradores puestos en limpio se 
pusiesen en manos de S. M...» Yo le dije que vería: miré dichos borra- 
dores, y hallé por conveniente dar parte á V. E. Si por esto de dar parte 
merezco castigo, haga V. E. de mí lo que guste: sabré que padezco 
inocente. Mi padre, Excmo. Señor, es un pobre de pocos alcances, y 
como el médico le (ha) amenazado y dicho que si no se lo entrego me 
pierdo y se pierde mi padre, su merced, como ignorante de las c 
está sumamente incomodado, que no sabe lo que se hace; y yo me 
veo en la precisión de salir de su compañía hasta la determinación 
de V. E. 



DOCUMENTOS RESERVADOS 



179 



Yo, Excmo. Señor, oí leer y hablar de las cosas del Sr. Jovellanos, 
cómo se admiraban las gentes de oir sus quejas y de que no se le que- 
ría oir en justicia, y oyendo hablar en particular de V. E., sospeché del 
asunto , y deseoso de que no se mentase este negocio delicado, y que 
no se dijese de V. E., se lo he hecho presente, esperando que su noble 
corazón no permitirá que estas gentes me persigan, ni tampoco á mi 
padre, que en nada se mete. 

Dias pasados, en la villa de Villarcayo, oí á ciertas personas decir 
que el Sr. Jovellanos había sido un grande ministro, y que razón había 
para no oirle. Yo les dije que si no se le oía, motivos habría; que no se 
mentase ni se hablase de tales cosas. Sin duda éstos han dicho algo 
al médico, y éste apura á mi padre, pues según lo que observo, mucho 
partido tenía dicho Sr. Jovellanos y mucho se lastiman de su situación: 
por la desazón de mi pobre padre no puedo decir más á V. E (1). 

Nuestro Señor guarde á V. E. muchos años , como deseo. — Arroyo 
de Valdivielso 18 de Noviembre de 1805. 

B. L. M. de V. E. su más humilde súbdito, — Pedro Josef de Saravia. 

Excmo. Sr. D. Josef Antonio Caballero. 

Un volante del mismo Saravia, incluso en la carta, dice así: 

« Estos dos memoriales en borrador han sido trasladados por la plu- 
ma del médico , de los originales , como se puede ver si se le manda 
poner su firma, que convendrá ó se cotejará con los borrones. — Exce- 
lentísimo señor, según algunas proposiciones que se han dejado algu- 
nos sujetos verter, los memoriales del Sr. Jovellanos han sido dirigidos 
por el señor obispo de Salamanca; este prelado se los ha dado á su 
provisor D. Paulino Bonifaz , y éste se los ha remitido á su padre don 
Bartolomé Bonifaz , vecino del lugar de Población de Valdivielso ; y 
éste, como tan amigo del médico, pues asiste muchas tardes á tertulia 
á casa de Bonifaz, y éste se los dió al médico para los efectos que tengo 
dichos á V. E. Esto es de presunción, por las palabras que he llegado 
á entender, pues el médico, por más que con sagacidad he procurado 
sonsacarle, no me ha dicho quién le ha dado dichos memoriales. 

Sólo, Excmo. Señor, una tarde al anochecer me salió con el cura 
de este pueblo al encuentro á un término que se llama la Dehesa, y 
me dijo: ¿qué era lo que había hecho de dichos memoriales? que se 
los diera, pues de lo contrario me costaría muy caro. 

Ahora, así dicho Bonifaz como el cura (que todas las tardes corteja 
á sus dos hijas), médico y demás, están buscando medios de perseguir- 
me; pues parece que dicho Bonifaz tiene ídolo para atraer las volun- 
tades de infinitos, y creo sea la causa la desenvoltura de sus dos hijas 
solteras; pues me persuado, Excmo. Señor, que me han sacado alguna 
carta del correo, y saben que yo pensaba hacer presente á V. E. estos 
dos recursos, aunque se dan por desentendidos de que lo sepan. » 

La comunicación de 23 de Octubre decía así: 

«El Rey quiere me remita V. los memoriales en borrador del señor 

(1) Al márgen dice: Otra cosa tenía que hacer presente á V. E., y no me atrevo 
por estas amenazas. 



i8o 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



don Melchor Gaspar de Jovellanos , que le ha entregado el médico 
de ese valle, según V. me dice en su carta de 24 de Agosto último. Lo 
que de órden de S. M. participo á V. para su cumplimiento. 

Dios guarde á V. muchos años. 

Sr. D. Pedro Josef Saravia.» 



EXPOSICION DE DON GASPAR MELCHOR DE JOVELLANOS AL EXCELENTÍSIMO SEÑOR 



Excmo. Señor: La larga ausencia de mi casa, y la imposibilidad de 
volver á ella, así por la grave indisposición que padezco como por la 
situación de aquel país, me hacen desear con ansia el último arreglo 
de los intereses y negocios de mi familia, por si la muerte, que miro ya 
de cerca, me sorprende antes de reunirme á ella. 
1 Para esto necesito los papeles de que fui injustamente despojado 
en 1801, en cuya violencia, no sólo se me ocuparon los que pertene- 
cían á correspondencias y asuntos literarios, sino todos, sin distinción 
alguna. Y aunque me proponía yo suspender la solicitud de recobrarlos 
hasta que las circunstancias me permitiesen hacer la de una solemne 
declaración de mi inocencia, con resarcimiento de los grandes perjui- 
cios que me hicieron sufrir mis calumniadores, la urgencia de la causa, 
arriba indicada, me obliga á anticiparla ahora. 

- Ruego, por tanto, á V. E. se sirva mandar que todos los dichos 
papeles, con los dos baúles en que fueron colocados, se entreguen á 
D. Juan Cean Bermudez, que los recibirá á mi nombre, ya que esta 
entrega no se mandó hacer ántes, como una consecuencia que era del 
alzamiento de mi arresto, que me fué comunicado por real órden de 
22 de Marzo último. 

Nuestro Señor guarde á V. E. muchos años. — Jadraque 2 1 de Junio 
de 1808. —Excmo. Señor. — Gaspar Melchor de Jovellanos. 
Excmo. Sr. D. Sebastian Piñuela y Alonso. 



ORIGINAL (21 de Jimio 1808.) 



DON SEBASTIAN PIÑUELA Y ALONSO 





EFEMÉRIDES 

DE LA VIDA DE JOVELLANOS 



1744. 5 de Enero. — Nace en Gijon. 

6. Es bautizado en la iglesia de San Pedro. 

1757. Va á Oviedo á estudiar en la Universidad. 

D. J. F. Manrique de Lara, obispo de Oviedo, le confiere la pri- 
mera tonsura. 

Sale para Avila. 

1761 El obispo de Avila le concede el préstamo de Navalperal. 

1763. El obispo de Avila le concede el beneficio simple de Hor- 
cajada. 

Sale de Avila para Alcalá de Henares, donde le proporciona el 
obispo de Avila una beca con voto en el Colegio de San Ildefonso. 

1764. 10 de Mayo. — Es nombrado colegial mayor en San Ildefon- 
so de Alcalá. 

Se entrega á la dirección de su protector D. Juan Arias de 
Saavedra. 

24 de Diciembre.— Obtiene el grado de bachiller en Cánones. 

1765. 10 de Febrero. — Defiende en este dia, por mañana y tarde, 
un acto mayor. 

A ruego de su familia vuelve á Asturias, recorre la provincia y re- 
gresa á Alcalá. 

1766. Mayo. — Hace oposición á una cátedra de Cánones. 

Sale para Madrid, donde recoge cartas de recomendación para ga- 
nar la oposición á la canongía doctoral de la iglesia de Tuy. 

Disuádenle sus amigos, haciéndole ver lo conveniente que era para 
él seguir la carrera del foro. 

1767. 31 de Octubre. — Es nombrado Alcalde del crimen, de la 
Real Audiencia de Sevilla (con medio sueldo). 

Resuelve volver á Astúrias para despedirse de sus ancianos padres. 

1767. 29 de Noviembre. — Pasa por El Escorial. 
Pasa por Avila para abrazar á sus antiguos amigos. 
Diciembre. — Llega á Gijon. 

1768. Enero. — Vuelve á Madrid. 



182 



BIBLIOTECA DE LA. PROPAGANDA LITERARIA 



Dispone su viaje para Andalucía. Escaso de recursos, le facilita 
todo lo necesario su protector D. Juan Arias de Saavedra. 

Se despide del conde de Aranda, quien le encarga destierre de la 

magistratura el uso de la peluca. 

18 de Marzo. — Sale para Sevilla, en compañía de Cean Bermudez. 

28 de id. — Llega á Sevilla el Mártes Santo. 

29 de id. — Presta juramento y toma posesión de su cargo, leyendo 
en el ayuntamiento una oración. 

20 de Diciembre. —Entra en el gocede sueldo entero por ascensos 
de D. Juan Luis de Novela. 

Evaca notables informes sobre el arreglo de la policía; sobre la 
abolición de la prueba del tormento; sobre el interrogatorio de los reos; 
sobre la reforma de las cárceles, etc. 

Notable y singular voto que dió sobre el homicidio cometido por 
N. Castañeda. 

1769. Empieza á escribir la comedia El Delincuente honrado. 

Compone la tragedia Pelayo, que corrigió en 17 71 y 1772, é impri- 
mió más tarde con prólogo, disertación y veintidós notas. 

Emprende la tragedia titulada Los españoles en Cholula, que sólo 
llegó hasta el tercer acto. 

Concurre á la tertulia de D. Pablo de Olavide. 

1773. 10 de Diciembre. — Le comisionan por Juez subdelegado del 
Real Protomedicato de Sevilla. 

1774. 26 de Febrero. — Asciende á oidor de la Real Audiencia, por 
fallecimiento de D. P. J. de Ramos. 

1774. Reforma el método de sus estudios: aprende el ingle's, y lee y 
extracta las obras nuevas que trae del extranjero D. L. I. de Aguirre. 

1775. 15 de Abril. — La Sociedad de Amigos del País de Sevilla, le 
nombra socio de número. 

5 de Setiembre. — Le confiere el Rey la Asesoría délas rentas y fá- 
brica de tabacos. 

13 de Diciembre. — Fecha del célebre informe al Consejo de Cas- 
tilla sobre Montes píos. 

1776. Discurso acerca de lasituacion y división interior de los Hos- 
picios, con respecto á la salubridad, leido en la Sociedad de Sevilla, 
año de 1778. (Sempere: Ensayo de una bibl.) 

1777. 6 de Agosto. — Carta al limo. Sr. D. Pedro Rodríguez Cam- 
pomanes, remitiendo el proyecto de Erarios públicos, impreso en el 
siglo pasado. (Sempere.) 

Traduce M. d'Eymar al francés .£7 Delincue?ite /¿onrado. 

Informe de D. Gaspar Melchor de Jovellanos, juez subdelegado 
del Real Protomedicato en Sevilla, al primer protomédico D. Joseph 
Amar, sobre el estado de la Sociedad Médica de aquella ciudad y del 
estudio de medicina de su universidad. 

1778. 3 de Agosto. — Es nombrado Alcalde de casa y corte. 

26 de Setiembre. — Es nombrado individuo de número de la Socie- 
dad patriótica de Madrid. 

26 de id. — Oficio de la Sociedad de Amigos del País de Sevilla, 
nombrándole socio honorario. 



EFEMÉRIDES 



183 



2 de Octubre.— Marcha de Sevilla. 

1 1 de id. — Oficio de la Sociedad de Amigos del País de Sevilla, 
nombrándole socio- director en la corte. 

13 de id. — Llega á Madrid y se hospeda en la plazuela del Gato, 
mudándose más tarde á la Carrera de San Jerónimo. 

Entra en la tertulia de Campomanes, donde conoce á Cabarrús. 

24 de id. — Se presenta en la Sociedad patriótica de Madrid á dar 
gracias por haberle nombrado individuo de mérito. 

1779. 16 de Abril. — A instancias de Campomanes, director de la 
Academia de la Historia, es propuesto Jovellanos para individuo super- 
numerario de la misma. 

1779. 21 de Mayo. — Es admitido como individuo supernumera- 
rio en la Academia de la Historia. 

Va á la Cartuja del Paular (Segovia) á descubrir la impostura de 
un fingido sobrino de Campomanes. 

Inspirado por la grandiosidad del sitio, compone la magnífica epís- 
tola elegiaca: 

Desde el oculto y venerable asilo... 

1780. 14 de Febrero. — Discurso leido por D. Gaspar Melchor de 
Jovellanos en la Real Academia de la Historia el dia de su recepción, 
sobre la necesidad de unir al estudio de la legislación el de la Historia 
y antigüedades. 

25 de Abril. — Nombramiento de Jovellanos de Consejero de las 
Ordenes militares. 

4 de Junio. — La Academia de San Fernando le nombra individuo 
de honor. 

i.° de Julio. — Es nombrado individuo honorario de la Sociedad de 
Amigos del País de Oviedo. 

5 de Agosto. — Lee en junta de la Sociedad patriótica de Madrid, el 
elogio fúnebre del socio marqués de los Llanos. 

13 de Agosto. — Real cédula de su nombramiento de caballero de 
Alcántara. 

2 1 de id. — Jura y toma posesión de su plaza de caballero de Al- 
cántara. 

1781. 14 de Julio. — Oración leida en la junta general de la Real 
Academia de San Fernando, para la distribución de los premios con- 
cedidos por el Rey nuestro señor á los discípulos de las nobles artes. 
(Sempere.) 

24 de id. — La Academia Española le nombra académico supernu- 
merario. 

25 de Setiembre. — Discurso pronunciado en la Academia Española 
por D. Gaspar Melchor de Jovellanos el dia de su recepción. (Sempere.) 

24 de Octubre. — 'L&Sociedad de San Carlos de Valencia le nombra 
académico de honor. 

Memoria sobre los enterramientos dentro y fuera de las iglesias. 

Discurso dirigido á la Real Sociedad de Amigos del País de Asturias 
sobre los medios de promover la felicidad de este Principado. 



184 BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

1782. 20 de Febrero. — La Real Academia deCánones de San Fe- 
lipe, en Madrid, le nombra académico honorario. 

20 de Marzo. — Sale de Madrid para León, en compañía de su her- 
mano Francisco de Paula, para autorizar en San Márcos la elección de 
prior. 

1782. Encuentran á Melendez Valdés. 

Describe el convento de San Márcos y compone aquella preciosa 
oda á la Vega del Bernesga, que empieza: 

Verdes campos, florida y ancha vega... 
Va á Asturias. 

18 de Setiembre. — Pone en Gijon la primera piedra de la Puerta 
del Infante, inaugurando la carretera á Oviedo. 

6 de Mayo. — Lee en la Sociedad de Amigos del País de Oviedo un 
discurso sobre el estudio de las ciencias útiles. 

Va á Covadonga. 

Recorre la provincia de Oviedo indagando su población, el estado 
de su cultivo y de su industria, etc., etc. 

Escribe diez cartas literarias y descriptivas á D. A. Ponz. 

Copia lo más notable de los códices, becerros y documentos his- 
tóricos existentes en el Principado. 

Represéntase en Gijon Pelayo y El Delincuente honrado. 

Vuelve á Madrid por Galicia. 

Octubre. — Llega á Madrid después de seis meses de ausencia. 

No pareciéndole á su protector Arias de Saavedra que la casa que 
habitaba en la Carrera de San Jerónimo, cerca de los Italianos, era có- 
moda para su protegido, le busca otra (calle de Juanelo, núm. 20), que 
adornó Cean Bermudez con pinturas. Allí vivió hasta su regreso á As- 
turias en 1790 . 

9 de Noviembre. — Confiérele el Rey el cargo de superintendente 
de los Tesoros de las Ordenes de Calatrava y Alcántara. 

23 de id. — Se suscribe á la clase de Agricultura de la Sociedad pa- 
triótica de Madrid. 

1783. Reflexiones sobre la legislación de España en cuanto al uso 
de las sepulturas, leida en la Academia de la Historia. (Sempere.) 

Forma, de real órden, una instrucción para la dirección, construc- 
ción y conservación de los caminos de Gijon á León, y de otros dos 
por los puertos de Leitariegos y Ventaniella para que los concejos de 
Poniente y Oriente de Asturias se comuniquen con Castilla. 

Es nombrado ministro de la Real Junta de Comercio, Moneda y 
Minas. 

23 de Setiembre. — Es nombrado académico de número de la Es- 
pañola. 

Extiende una Oración con motivo del alumbramiento de la prin- 
cesa de Asturias, la que presentó á la Academia Española. 

9 de Octubre. — Fué leida y aprobada la anterior Oración. 

Es nombrado presidente del Jurado que había de juzgar los dramas 
que se presentasen á concurso en la fiestas reales. 



EFEMÉRIDES 



I8 5 



13 de Noviembre. — Obtiene el nombramiento de subdirector de la 
Sociedad patriótica de Madrid. 

1784. 31 de Enero. — Dictámen de Jovellanos sobre un escrito de 
Miguel Serrano Belazar, acerca de la extinción de los mendigos y ali- 
vio de los necesitados. 

12 de Marzo.— Memoria sobre el establecimiento del Montepío de 
Hidalgos de Madrid, leido en la Real Sociedad de Madrid, por D. Gas- 
par de Jovellanos. (Sempere.) 

19 de Abril. — La Sociedad Económica de Galicia le envía el título 
de socio honorario. 

7 de Diciembre. — Es nombrado director de la Sociedad Económica 
de Madrid. 

8 de id. — Discurso pronunciado al tomar la posesión del empleo 
de director de la Sociedad Económica de Madrid. (Versa el discurso 
sobre los fines de este Instituto.) 

24 de id. — Discurso leido en la Real Sociedad Económica en la Junta 
general para la distribución de los premios á las discípulas de las es- 
cuelas patrióticas. (Sempere.) 

1785. 12 de Marzo. — Oración de la Real Sociedad Económica de 
Madrid, al rey nuestro señor, con motivo del doble desposorio de los 
señores infantes de España, doña Carlota Joaquina y de D. Gabriel 
Antonio con los señores infantes de Portugal D. Juan y doña María 
Ana Victoria. Madrid, 1785, por D. Antonio Sancha. 

1 5 de Mayo . — Discurso leido en la Real Sociedad Económica en la 
Junta de distribución de premios. (Impreso.) 

19 de Junio. — La Academia de Derecho público y patrio le pasa el 
título de académico. 

16 de Julio.— Discurso leido en la Real Sociedad Económica para la 
distribución de los premios de hilados. 

Compone romances literarios contra Huerta. 

Memoria leida en la Real Academia de la Historia, sobre el estilo 
que conviene á un Diccionario geográfico. (Sempere.) 

29 de Noviembre. — Presenta á la Junta de Comercio un discurso 
sobre la libertad de las artes en España. 

3 de Diciémbre.— Discurso de despedida á la Sociedad patriótica 
de Madrid. 

1786. Compone las dos famosas sátiras contra el lujo y la mala 
educación de la nobleza, que se publicaron en El Censor, números XCIX 
y CLV. 

22 de Marzo. — Es nombrado por el Rey, consiliario déla Acade- 
mia de Nobles Artes de San Fernando. 

7 de Mayo. — Lee en la Academia de San Fernando un informe 
sobre el modo de publicar las estampas de las antigüedades árabes de 
Granada y Córdoba. 

3 de Julio. — Exposición al Rey sobre las cualidades que debían te- 
ner los freiles de las Ordenes militares. 

7 de Setiembre. — Discurso leido en una Junta particular de la Real 
Sociedad Económica de Madrid, sobre si las señoras deben ser admiti- 
das en las Sociedades patrióticas. (Sempere.) 



i86 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



21 de Octubre. — Informe de Jovellanosy Villamil sobre agricultura. 
Toma á su cargo en la Academia de la Historia el trabajo de escri- 
bir la Memoria sobre las diversiones públicas. 

1787. 18 de Enero. — Es comisionado por la Academia Española 
para ordenar una correcta impresión del Fuero Juzgo. 

Queda á su cuidado en la Sociedad Económica extender el informe 
sobre la Ley Agraria. 

2 de Marzo. — Es elegido académico de número en la Academia de 
la Historia. 

20 de Julio. — Es nombrado censor de la Academia de la Historia. 

14 de Setiembre. — Es nombrado por el Rey para presidir las Juntas 
de la compañía de Seguros Terrestres. 

Dictámen acerca de una solicitud que hicieron los directores de las 
siete compañías de Seguros Marítimos de Barcelona. 

Diálogo sobre el trabajo del hombre. 

Diálogo sobre el lujo. 

Hace imprimir, en casa de la viuda de Ibarra, la comedia El Delin- 
cuente honrado, reimprimiéndola después bajo el pseudónimo de Don 
Toribio Suarez de Langreo. 

1788. 19 de Enero. — Lee en Junta ordinaria de la Sociedad patrió- 
tica el elogio de D. Ventura Rodríguez, é imprímelo, con notas. (Ibar- 
ra, 1790.) 

23 de Junio. — Discurso sóbrela formación de un Diccionario geo- 
gráfico. 

8 de Noviembre. — Lee en Junta plena de la Sociedad patriótica el 
elogio de Cárlos III. 

1789. Comienzan las persecuciones contra Cabarrús. Aboga en su 
defensa Jovellanos. 

9 de Abril. — Informe de Jovellanos al ministerio de Marina, sobre 
la explotación del carbón de piedra en Asturias. 

23 de Junio. — Fecha del informe á la Academia de la Historia, 
sobre el tomo cuarto de las poesías castellanas de Sánchez. 

28 de Noviembre. — De real órden se le participa á Jovellanos visite 
detenidamente las minas de Astúrias, para que informe por extenso. 

1790. Dispone el Consejo de Ordenes que Jovellanos pase á Sala- 
manca á evacuar ciertas comisiones. 

5 de Abril. — Sale de Madrid para Salamanca. En Salamanca llega 
á su noticia que está arrestado Cabarrús. Gestiona activamente para 
volver á Madrid. 

7 de Agosto. — Obtiene licencia del Rey para volver á Madrid. 

20 de id. — Parte para Madrid. — Fecha del primer Diario que es- 
cribió. 

Intrigan en Madrid la reina y Lerena (ministro) para hacer mar- 
char á Jovellanos. 

28 de id. — Sale de Madrid para Astúrias, sin conseguir hablar á 
Cabarrús. 

12 de Setiembre. — Llega á Gijon. 

Visita las minas de carbón de piedra y la colegiata de Covadonga. 
28 de Octubre. — Ultima fecha del primer Diario. 



EFEMÉRIDES 



I8 7 



29 de Diciembre. — Remite á Madrid la Memoria sobre las diver- 
siones y espectáculos públicos. 

179 1. 15 de Mayo. — Memoria que dirige al ministro de Marina so- 
bre el carbón de piedra en Asturias. 

4 de Agosto. — Primera fecha del segundo Diario. 

Emprende un viaje por el Oriente de Asturias, Santander, Vascon- 
gadas, Burgos, Valladolid, León y Salamanca, volviendo por Pajares á 
Gijon. 

29 de Noviembre. — Ultima fecha del segundo Diario. 

1792. i.° de Febrero. — Floridablanca nombra á Jovellanos sub- 
delegado general de caminos en Asturias. 

14 de Marzo. — Informe sobre la carretera de Pajares. 

Peroración ante la Sociedad de Amigos del País de Asturias, sobre 
fomentar la excavación del carbón de piedra, y sobre su comercio. 

3 de Mayo. — Primera fecha del tercer Diario. — Emprende en este 
dia un viaje por Oviedo y Las Caldas, llegando después al convento 
de San Márcos de León, para asistir á la elección de Prior. Va por 
Astorga al monasterio de Carracedo y vuelve por León, atravesando la 
parte central de Asturias. 

29 de Mayo. — Ultima fecha del tercer Diario. 

14 de Julio. — Primera fecha del cuarto Diario. Emprende en este 
dia un viaje por el Occidente de Asturias. 

22 de Julio. — En este dia hace profesión de la Orden de Alcántara 
en manos del abad del monasterio de Bdmonte. 

Regresa por la costa occidental á Gijon. 

13 de Agosto. — Llega á su casa. 

1793. 2 de Junio. — Jovellanos celebra un dia decampo con sus 
amigos en Contrueces. Sube después á San Martin y extiende una re- 
lación de todo lo ocurrido. 

10 de Noviembre. — Primera fecha del quinto Diario. Emprende en 
este dia un viaje al Puerto de Pajares para encargarse de la dirección 
del camino general de León á Oviedo. 

i.° de Diciembre. — Vuelve á su pueblo. 

1794. Hace varios viajes á Oviedo y Aviles para el desempeño de 
sus comisiones. 

6 de Enero. — Apertura del Instituto Asturiano (plazuela de Cima- 
devilla.) — Oración pronunciada por Jovellanos en este acto. 

26 de Abril. — Dirige á la Sociedad patriótica de Madrid, desde Gi- 
jon, el informe sobre la Ley Agraria. 

1 2 de Noviembre. — Real Orden aprobando todo lo que había hecho 
en favor del Instituto Asturiano. 

25 de Noviembre. — Se le conceden honores y antigüedad del Con- 
sejo de Castilla. 

1795. 10 de Enero. — x\cepta el encargo de hacer las pruebas de 
caballero de Alcántara á D. Fernando Valdés y Bazan, hermano del 
ministro de Marina D. Antonio Valde's. 

1 1 de Marzo. — Consigna en el Diario su testamento. 

12 de id. — Ultima fecha del quinto Diario, y primera del sexto. En 
este dia salió de Gijon para el viaje de las pruebas de D. Fernando 



i88 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



Valdés y Bazan. Vapor Grado, Salas, Cangas y Tineo para compro- 
bar el apellido Valdés. Pasa por el monasterio de Corias, y después por 
Pravia y Aviles, y se restituyen en Gijon. 

12 de Abril. — Vuelve á salir de Gijon. 

16 de id. — Llega á León y se dirige á La Rioja para comprobar el 
apellido Bazan. Extiende una notable descripción de La Rioja. Re- 
corre detenidamente las provincias de Burgos, Palencia y León. 

30 de Junio. — Sale de León para Astúrias. 

3 de Julio. — Llega á Gijon con las piernas hinchadas. En esta ex- 
pedición anduvo 213 leguas á caballo. 

22 de Julio. — Sale para Covadonga en compañía de su cuñada. 

29 de id. — Entra en Gijon de regreso. 

1796. Fecha de un informe á la compañía de Seguros Terrestres- 
sobre perpetuidad que ésta solicitaba. 

Leénse en la Academia de la Historia varias observaciones de Jo- 
vellanos, sobre la inmoralidad del teatro antiguo. 

14 de Julio. — Léese, completamente modificada por Jo ve Llanos, 
la Memoria sobre diversiones y espectáculos públicos. 

6 de Agosto. — Representación sobre la necesidad que tenía Astú- 
rias de un camino carretero que comunicase con Castilla. 

Va á Tineo con los condes de Peñalva á disfrutar de la vendimia. 

31 de Diciembre. — Ultima fecha del sexto Diario. Proyecta y es- 
cribe lo que debe trabajar el año siguiente de 1797. 

1797. i.° de Enero. — Primera fecha del sétimo Diario. 
2 de id.— Inaugura en Gijon una escuela-modelo de primeras letras. 

17 de Febrero. — Fecha de una carta escrita á Jovellanos desde 
Toro, por D. Genaro Figueroa, sobre disciplina militar. 

11 de Junio. — Va al monasterio de Val-de-Dios y lo examina. 

30 de Junio. — Sale con su cuñada G. B. para Pravia. 

13 de Julio. — Entra en Gijon. 

16 de id. — Oficio de Godoy sobre Instrucción pública. 

9 de Agosto. — Pasa por Trubia á ver las obras construidas por Ca- 
sado de Torres, y regresa á Gijon. 

19 de Agosto. — Sale de Gijon para Vizcaya (por segunda vez), aun- 
que tomando la ruta de León, á fin de evacuar una comisión secreta 
que le confió el Gobierno. 

26 de Agosto. — Llega á León. 

29 de id. — Sale de León por el lado oriental, y se detiene en Vi- 
llarcayo, donde le obsequian con la representación de El Delincuente 
honrado. 

6 de Setiembre. — Sigue su camino por Berrueza y Bárcena. 

10 de id. — Entra en Vitoria, va á Vergara y recorre la provincia 
de Guipúzcoa. 

16 de Setiembre. — Llega á Bilbao. 

22 de id.— Sale de Bilbao y recorre la Vizcaya. 

24 de Setiembre. — Llega á Santoña y después á Santander. 

28 de id. — Llega á La Cavada, hospedándose en casa de Casado 
de Torres, donde se detiene dos dias viendo aquellas obras y las de 
Liérganes. 



EFEMÉRIDES 



I8 9 



30 de Setiembre. — Duerme en Celaya y vuelve á León. 
3 de Octubre. —La Universidad de Oviedo confiere á Jovellanos el 
grado de doctor en leyes y cánones. 

7 de Octubre. — Entra Jovellanos en León. 
13 de Octubre. — Sale para Asturias. 

16 de Octubre. — Estando en Pola de Lena le anuncian su nombra- 
miento de embajador en Rusia. — Ultima fecha del sétimo Diario y pri- 
mera del octavo. 

17 de Octubre. — Come en Olloniego y llega á Oviedo. 

18 de Octubre. — Se detiene en Oviedo. 

19 de Octubre. — Llega á Gijon. 

22 de Octubre. — Ultima fecha del octavo Diario. 

1 2 de Noviembre. — Coloca la primera piedra del Instituto Astu- 
riano. 

13 de Noviembre. — Recibe el nombramiento de Ministro de Gra- 
cia y Justicia. 

La Universidad de Oviedo celebra con inusitadas funciones (cuya 
relación se ha impreso) los nombramientos de Jovellanos. 

15 de Noviembre. — Sale de Gijon á las cuatro de la mañana. 

2 1 de Noviembre.— Llega al Guadarrama á las nueve de la noche; 
poco después abraza á Cabarrús, que salió á su encuentro, y conferen- 
cia con él toda la noche. 

22 de Noviembre. — Llegan al Escorial, y comen con Godoy. 
Va á Madrid, luégo á Aranjuez, después á San Ildefonso. 

20 de Diciembre. — La Sociedad patriótica de Granada le envía el 
título de socio honorario. 

1798. 6 de Enero. — Con motivo de la elevación de Jovellanos al 
Ministerio de Gracia y Justicia, la Sociedad de Amigos del País de Oviedo 
publica una Memoria impresa en dicha ciudad, con la descripción de 
las fiestas y el retrato de Jovellanos. 

15 de Agosto. — Es exonerado del cargo de ministro. — Primera fe- 
cha del noveno Diario. 

16 de Agosto. — Se despide de los Reyes en San Ildefonso. 

1 7 de Agosto. — Vuelve á Madrid. 

19 de Agosto. — La Sociedad patriótica de Cantabria le envía el título 
de socio correspondiente. 

20 de Agosto. — Sale para Trillo á tomarlas aguas, pasando por 
Alcalá. 

22 de Agosto. — Llega á Trillo, hospedándose en casa de D. Nar- 
ciso Carrasco. 

13 de Setiembre. — Marcha de Trillo sin lograr mejoría. 

1 5 de Setiembre. — Llega á Madrid. 
11 de Octubre. — Sale para Astúrias. 

16 de Octubre. — Llega á León, donde se detiene ocho días. 
27 de Octubre. — Entra en Gijon. 

1799. i.° de Abril. — Lee en el Instituto un discurso sobre el estu- 
dio de las ciencias naturales; y el catedrático D. Juan Lespardat el elo- 
gio fúnebre de D. Francisco de Paula Jovellanos. Lee en el certámen 
público del Instituto un discurso sobre la Historia de la Filosofía. 



190 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



Sale para Oviedo y Villaviciosa á hacer las pruebas á D. Antonio 
Peón, del hábito de Alcántara. 

Su sobrino (?) D. José Cienfuegos y Quiñones es nombrado direc- 
tor del Instituto. 

Famosa carta al obispo de Lugo sobre los deberes del clero. 

1800. 16 de Febrero.— Tercer certámen público en el Instituto. 
Discurso sobre el estudio de la Geografía histórica. 

1801. 20 de Enero.— Ultima fecha del noveno Diario. 

Se esparcen por Asturias ejemplares traducidos del Contrato social 
(Lóndres, 1799).— En una nota » el traductor elogia á Jovellanos. Persi- 
gúele el Gobierno con este pretexto. 

13 de Marzo. — Es sorprendido en su casa, y preso. 

14 de Marzo.— Le conducen como reo de Estado á Mallorca, pa- 
sando por León, Búrgos, Zaragoza y Barcelona. 

18 de Abril. — A las tres de la tarde llega á la Cartuja de Jesús Na- 
zareno, en el valle de Valdemuza, distante treinta y seis leguas de Pal- 
ma de Mallorca, á los treinta y seis dias de un viaje molesto y vilipen- 
dioso 

Dirige una representación al Rey sobre su prisión (que no llega á 
su destino) por conducto de Arias de Saavedra y el marqués de Valde- 
cárzana. 

8 de Octubre.— Extiende otra representación al Rey sobre el mis- 
mo motivo, por conducto de su capellán y apoderado, residente en Gi- 
jon, D. José Sampil. 

Estudia Botánica con el religioso boticario del convento, á quien 
conoció en El Paular. 

1802. 5 de Mayo. — Es trasladado al castillo de Bell ver, situado á 
media legua de Palma de Mallorca. 

Copia y traduce del latin una Geometría de Raimundo Lulio. 

Copia é ilustra una obra de Juan de Herrera. 

1805. 5 de Mayo. — Remite á Cean Bermudez á Sevilla la Carta 

{Philo) sobre arquitectura gótica inglesa. — Le envía después: 

Descripción del castillo de Bellver y de sus vistas (primera y segunda 
parte). 

Apéndice á la descripción del castillo de Bellver. 

1807. Apéndice tercero: Memoria sobre la fábrica de la Lonja de 
Palma. 

Apéndice cuarto: Memoria sobre las fábricas de los conventos de 
Santo Domingo y San Francisco, de Palma. 

1808. 5 de Abril.— Recibe una real órden, fechada en Aranjuez el 
22 de Marzo, alzándole el destierro. 

Va á pasar la Semana Santa á Valdemuza. 

Representa al Rey, pidiéndole se juzgue su causa en un tribunal, 
para vindicar su honor, dirigiendo la representación por mano de don 
Juan Escoiquiz. 

Recorre la isla para hacer su completa descripción. 

19 de Marzo. — Se embarca para la Península á los siete años me- 
nos tres meses de destierro en la isla. 

20 de id.— Llega á Barcelona. 



EFEMÉRIDES 



IQI 



21 de id. — Sale para Molins del Rey, y pierde su equipaje en Bar- 
celona, apoderándose de él los franceses (del equipo). 

Llega á Zaragoza. Palafox le insta para que se quede; pero Jovella- 
nos se excusa con el mal estado de su salud. 

29 de id. — Pasa por Tarazona. 

i.° de Junio. — Llega á Jadraque, á la casa de su especial amigo y 
tutor Juan Arias de Saavedra. 

2 de id. — Recibe órdenes de Murat para ir á Madrid. No va. 

Recibe órdenes de Napoleón para ir á apaciguar Asturias. Tampo- 
co va. 

Recibe cartas confidenciales de Cabarrús, Melendez Valdés y otros, 
diciéndole que está nombrado ministro del Interior en el Gobierno 
del rey José. No acepta. 

Recibe el nombramiento de individuo de la Junta central. Acepta. 

17 de Setiembre. — Sale para Madrid, donde conferencia con Cam- 
po-Sagrado y otros individuos de la Junta. 

25 de Setiembre. — Asiste en Aranjuez á la instalación de la Junta 
central; después á las juntas de la misma en Toledo, Talavera, Trujillo 
y Sevilla. 

1809. 24 de Enero. — Sale para Sanlúcar de Barrameda, perdiendo 
su librería. 

Va á la isla de León. 

18 10. 31 de Enero. — Deposita la Junta central en manos de la Re- 
gencia la autoridad que había tenido hasta entónces. 

1 .° de Febrero. — Pide Jovellanos á la Regencia, por medio de una 
representación, su retiro. 

26 de Febrero. — Sale en el bergantin Covadonga para Asturias, en 
compañía de Campo-Sagrado y su familia. 

6 de Marzo. — Después de un viaje borrascoso, arriban á Muros de 
Noya . 

Se hospeda en casa de la viuda é hijos de Cendon. 

Trata de volver á Gijon, pero el cambio del viento y las malas no- 
ticias que se reciben le hacen desistir. 

25 de Marzo. — Se presenta en el domicilio de Jovellanos el coro- 
nel Osorio, con objeto de recoger sus pasaportes. Vuelve por la tarde 
para recoger sus papeles y los de Campo-Sagrado. 

Disgustos de Jovellanos con este motivo. 

Escribe la Memoria en que se rebaten las atroces calumnias divul- 
gadas contra los individuos de la Junta central. 

Va á Santiago á visitar la Catedral, y torna á Muros. 

181 1. Mayo. — Se traslada á la hacienda del marqués de Santa Cruz 
de Rivadulla, donde permanece siete semanas. 

Vuelve á Muros, y dispone su viaje á Gijon . 
17 de Julio. — Marcha de Muros por tierra. 

Llega á la Corufía, donde abraza á su sobrino D. José Cienfuegos, 
comandante de artillería, y pasa con él diez dias. 

Recibe la noticia de la muerte del mejor y más querido de sus ami- 
gos, D. Juan Arias de Saavedra. 

27 de Julio. — Sale de la Corufia por tierra para Asturias. 



192 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



6 de Agosto. — Entra en Gijon. 

6 de Noviembre. — Noticioso de la llegada de los franceses, huye en 
el bergantin Volante con su amigo Pedro Valdés Llanos, aconteciendo 
percances desgraciados á la salida, y después violenta tempestad. 

14 de Noviembre. — Arriban al puerto de la Vega, entre Luarca y 
Navia, y se hospedan en casa de Trelles Osorio. 

16 de Noviembre. — Se dispone para salir, pero lo impide una tem- 
pestad que se levanta. 

29 de Noviembre. — Muere de una pulmonía entre nueve y diez de 
la noche. 



J. s. 




JOVELLANOS. — RECUERDOS V MONUMENTOS 



n vida y en muerte de los grandes hombres, los pueblos, que 
admiran sus virtudes y mal olvidan sus merecimientos, levantan 
públicos testimonios de respeto á la memoria esclarecida de aquellos 
varones insignes. Se honra á sí propio quien honra el recuerdo de los 
buenos, y este sentimiento de gratitud es y fué general á todas las épo- 
cas y á todas las naciones de la Historia: pasa virgen y vigoroso de ge- 
neración á generación, y todas á porfía guardan los nombres de los hé- 
roes y de los sabios, como los antiguos conservaban intenso y vivo el 
sacro fuego de los templos de Vesta. 

Así en Jovellanos, < honra principal de España miéntras vivió, y 
-eterna gloria de la provincia y de su familia» (i), los contemporáneos 
y la posteridad fueron y son unánimes en tributar justo homenaje á sus 
sobresalientes dotes, y todos, al ménos en su conciencia, protestaron y 
protestan de su persecución inmerecida cuando « la envidia , la ambi- 
ción, los privados intereses y el furor de los malvados» (2) le morti- 
ficaron con tenaz empeño. Los monumentos públicos lo atestiguan. 




I 

Hallábase retirado en Gijon, su patria queridísima, y fué nombrado 
embajador de España en Rusia, y después ministro de la Corona. En- 
tonces, la Junta general del Principado, último resto de nuestros vene- 
randos y perdidos fueros , acordó levantar en Oviedo un monumento 
en honor de tan benemérito asturiano. Los diputados D. Nicolás de 
Llano y Ponte y D. Francisco de Sierra y Llanes fueron comisionados 
al efecto, y en 1798 dieron por cumplido su encargo con el auxilio de 
los arquitectos, el célebre D. Juan de Villanueva y D. Diego Cayon, 
encargándose de la ejecución material de las obras, que ascendieron 
á 60.216 reales, el ovetense maestro D. Francisco de Pruneda. No es 
♦el monumento á Jovellanos el hoy mermado y apoyado en la muralla 

(1) Lápida sepulcral de Gijon. 
2] Quintana. 

13 



194 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



de Oviedo, cerca del monasterio benedictino de San Pelayo, el que la 
provincia levantó en los tiltimos años del pasado siglo, porque restau- 
rado y simplificado fué, después que el fanatismo ignorante de la reac- 
ción de 1823 le destruyó en parte, haciéndose otras obras en 1835, 
y particularmente en 1857, cuando se demolieron el arco y puerta de 
la ciudad, llamados de la Noceda. Han desaparecido un canapé con 
asientos , graciosas alcachofas sobre esbeltos pedestales y más lindos 
aditamentos; y hoy, cercado por verja de hierro y con la ignominiosa 
vecindad de un abrevadero, quedó reducido á conmemorativa lápida, 
bajo las armas reales y entre los escudos de Asturias y de la casa de 
Jovellanos, todo de mármoles de varios colores y con maestría y ele- 
gancia trabajado. Dice así una latina inscripción: 

GASPARI. MELCHIORI. A JOVELLANOS. CLARO. GENERE. 
GEGIONE NATO. NORBAE. CAESAR. ORDINI. EQUITI. MUNIIS. 
PLURIB. HISPALI. UBIR. EXPECTAT. OMNIUM. ABSOLUTA. FUN 
CTO. ORATORI. MOSCOVIAM. DESIGN. REG. CATHOL. CONSILIAR 

INTIMO SUPER. JVSTIT. ET GRATIA. NEGOT. BONOR. OMNIUM 
SIMUL. PLAUSU. SUMMO. PRAE. CONST. DE. ASTURICA. GENTE 

OPTIME. MERITO. GEGION. VIA. CARBONAR. QUE. FODINIS A 
PERT. NOVO. SCIENTIAR. INSTITUT. INVENTO. ERECTO. ASTUR 
REI. PUBL. CURATOR. ORDO. IIOC. MONUMENT. EXIMIAE 
VIRTUTI. DEDIT. D. P. P. V. INVENTI. ERIGEND. CURABIT. REG. 
CAROLO IV. A. SAL. CIQIDCCXCVIII. 

Su fácil y libre traducción es como sigue : 

«Siendo Rey D. Cárlos IV, y en el año de 1798, la Junta general 
del Principado, con fondos del Tesoro provincial, acordó levantar este 
monumento imperecedero á las notorias virtudes de D. Gaspar Melchor 
de Jovellanos, de linaje ilustre, natural de Gijon, caballero de la Orden 
de Alcántara, admirado en Sevilla por su celo en el desempeño de los 
cargos públicos, embajador electo de España en Rusia, consejero de 
Estado del Rey Católico y ministro de Gracia y Justicia con aplauso de 
los hombres buenos: á él debe la provincia de Astúrias los más señala- 
dos servicios, la apertura de la real carretera (1), el beneficio de las mi- 

(1) El ministro Floridablanca prometió en 1779 su apoyo para esta importante 
carretera de León á Oviedo y Gijon, pero Jovellanos venció toda clase de dificultades 
en 1782 y propuso los oportunos arbitrios para las obras. En el lugar de la Corrí • 
doria, parroquia de San Julián de los Prados, en el mojón que señala la antigua me- 
dia legua á la capital, hay una larga inscripción en que los comisionados é inspec- 
tores de la construcción de la vía manifiestan su gratitud y amor filial á Cárlos IV 
«el mejor de los príncipes.» Ademas del nombre de Jovellanos, están grabados los 
nombres de los comisionados de la Junta principal del Principado, de varios regi- 
dores de Oviedo y Gijon, y de los alféreces de ciudad y villa. Se lee en la lápida: 

«CAROLO IV. P. F. A GASPAR JOVELLANOS — MILITIAE RELIGIOSAE — ANT. 

MELGAREJO CONSIL — O VETEN SIS SENAT — RUDERICUS CIENFUEGOS — COMES PEN- 

NALVENSIS— JOSEPHUS CUETO OVET DECUR NICOLAUS RIVERA GEGION DECUR — 

HUJVS PUBLICAE VIAE — PRIMI CURATORES — NECNON — LEO PUGA ET FEIJOO — 
CONSIL OVET SENATOR— ANT. CARREÑO — SIGNIFER MAJOR— ET FRANC. JOVE- 
LLANOS — GEGION R. P. SIGNIFER MAJOR— -REtílAEQUE CLASIS PRAEFECT — POS- 
TEA SUSFECTI — OPTIMO PRINCIPI P. — ANT MDCCLXXXIX. » 



RECUERDOS Y MONUMENTOS 



195 



ñas de carbón de piedra (1) y el pensamiento y fundación del nuevo 
Instituto de Ciencias (2).» 

Este monumento de gratitud y afecto excitó el encono y la mal- 
querencia de algunos envidiosos enemigos de Jovellanos. Un asturiano 
(de Gijon, según se ha dicho) supo con torcido proceder llegar con 
papel reservadísimo hasta el trono, denunciando la erección de la lápi- 
da y trofeos como pensamiento orgulloso del mismo sabio autor del 
Informe sobre la ley agraria, dedicándose un tributo provincial no ofre- 
cido por aquí hasta entónces «á ningún héroe conquistador y soberano 
españoles,» como si Jovellanos no tuviera aquellos preciados títulos 
por sus virtudes, por su ciencia y popular consideración. Otros cargos 
se hicieron también en la desdichada é insidiosa denuncia, y el minis- 
tro, llamado picaro Caballero, halló en Asturias, en el más alto de sus 
magistrados, dócil instrumento para un expediente de venganza y confi- 
nación tan crueles como injustas, y por España reprobadas. En el mi- 
nisterio de Gracia y Justicia obra tan incalificable proceso (3). 

Pasaron los años, y la Excma. Diputación provincial, sucesora de la 
antigua Junta general en 1864, colocó en el salón de sesiones un pre- 
cioso busto del esclarecido Jovellanos, labrado en mármol blanquísimo 
de Carrara por el ilustre escultor asturiano D. José Grajera, también 
autor del busto del inolvidable Uría. 



II 

En igual ocasión del nombramiento de Jovellanos para embajador 
en Rusia, le felicitó el claustro de la Universidad de Oviedo, en cuyas 
aulas había estudiado artes y filosofía, y acordó concederle el grado 
de doctor, nombrando una comisión portadora de las insignias. Con- 
testó agradecido el célebre gijonés, que recibió el honor «en el seno 
del Real Instituto,» dirigiendo muy afectuosa carta á la Corporación 

(1) En las obras de Jovellanos, coleccionadas por el notable publicista señor 
don Cándido Nocedal, y por él ilustradas, aunque á veces con escaso acierto para el 
espíritu y tendencia del sabio asturiano, está su notable «Informe sobre el beneficio 
del carbón de piedra y utilidad de su comercio.» A este objeto trabajó especialmente 
en 1792 con el ingeniero Sr. Casado de Torres. 

(2) En comunicación que el inmortal fundador pasó al ministerio en 22 de Julio 
de 1793, en varias cartas al canónigo Posada y otros amigos, en muchas partes de 
sus escritos y en una inscripción de los trasparentes, cuando las funciones de la 
inauguración, indica bien Jovellanos el objeto del establecimiento. 

Se leía así en el trasparente : «Cárlos IV, protector de las ciencias, padre y de- 
licia de sus pueblos, funda en Astúrias y establece en Gijon un Instituto de Náutica 
y Mineralogía para enseñar las ciencias exactas y naturales, para criar diestros pilo- 
tos y hábiles mineros, para sacar de los montes el carbón mineral, para conducirlo 
en nuestras naves á todas las naciones.» 

(3) La modestia de Jovellanos se satisfacía con bien humilde recuerdo. Entre 
las muchas mejoras que le debe Gijon, está la plantación de muy variado arbolado, 
y hablando de los sauces, decía desde Madrid en una carta fecha 31 de Enero 
de 1787: «Entónces bien mereceríamos que este árbol perpetuase nuestra memoria 
y nuestro nombre, haciéndole conocer por el Sauce de Jovellanos.* 



196 BIBLIOTECA DE LA. PROPAGANDA LITERARIA 

académica por conducto de los doctores Méndez Vigo y Velez Cosío. 
No satisfecha la Universidad con su anterior acuerdo, celebró inusita- 
dos festejos cuando la elevación del nuevo doctor al ministerio de 
Gracia y Justicia: en la noche del 13 de Noviembre se iluminó la es- 
cuela y las casas de los graduados; en la sala rectoral se colocó el re- 
trato de Jovellanos , pintado por D. Francisco Javier Hévia; hubo más 
iluminaciones con trasparentes é inscripciones, músicas, Te-Deum t se- 
sión solemne del claustro, con notable discurso del doctor D. Andrés 
Angel de la Vega (después embajador de Asturias en Lóndres y dipu- 
tado en las Cortes de Cádiz), representaciones teatrales, en que se dis- 
tinguió el alumno D. Angel Vallejo (más tarde ministro de Hacienda), 
comida á los presos y procesión alegórica por las calles, etc., etc. De 
todo se imprimió curiosa relación como monumento duradero de tan 
fausto suceso (1). 

La escuela ovetense se mostró siempre noblemente enorgullecida 
de su alumno y doctor esclarecido , y á su inmortal memoria dedicó 
nuevo libro, gallardamente impreso en 1883. Los admiradores dejo- 
vino y los bibliófilos nacionales y extranjeros celebraron su aparición 
y no escasearon su gratitud y elogios para el Excmo. Sr. D. León Sal- 
mean, celoso rector de la Universidad, que la promovió y terminó; para 
el Excmo. Sr. D. José de Posada Herrera, presidente entónces del Con- 
greso de los diputados y ex-catedrático del mismo establecimiento, que 
puso generosamente á disposición del claustro los recursos necesarios 
para costear la lujosa tirada, y para los Sres. D. Julio Somoza, autor 
diligente de la obra, y para quien, con el inspector de Instrucción pú- 
blica del distrito universitario, tuvo á su cargo, por designación del 
jefe, tan útil y honrosa comisión académica (2) . 



UI 

No hizo ménos la Sociedad Económica Asturiana establecida en 
Oviedo. Dos individuos de tan útil Instituto, D. José García Barbón, 
Abad de Villoria, y el doctor y catedrático D. Francisco García Busto, 
fueron nombrados para festejar en Gijon á Jovellanos por su elección 
tan merecida. Con el producto de una suscricion abierta entre los 
« Amigos del País,» fueron dotadas seis doncellas huérfanas, y vestidos 
doce pobres: en misa solemnísima ofició de pontifical el R. P. M. Abad 
del Real Colegio de San Vicente, socio nato; pronunció el elogio el 
R. P. Fr. Millan Rodríguez, abad del de Obona; y, por último, tras de 

(1) «Noticia de los públicos regocijos con que la Real Universidad literaria de 
Oviedo celebró la feliz elevación de su hijo el Excmo. Sr. D. Gaspar Melchor de 
Jovellanos... Dedicada al mismo Excmo. Señor. — En Oviedo. — Por el impresor de 
la misma Universidad.» — 4. — 88 páginas. 

(2) «Catálogo de los manuscritos é impresos notables del Instituto de Jovella- 
nos en Gijon, seguido de un índice de otros documentos inéditos de su ilustre fun- 
dador, por D. Julio Somoza de Montsoriu. — Oviedo. — Imprenta y litografía de 
Vicente Brid.— 1883.— 4. » 



RECUERDOS Y MONUMENTOS 



197 



una noche de vistosas iluminaciones, músicas, coros y más festejos, 
tuvo lugar en la Sociedad una sesión extraordinaria, con asistencia de 
autoridades y corporaciones, y allí leyeron en honor de Jovellanos, 
el R. P. Mtro. Fr. Dionisio Otaño, un juicio de aquel sabio considerado 
como literato, jurisconsulto y político, y una silva el poeta D. Eugenio 
Antonio de Riego y Nuñez. Es un recuerdo monumental de tan alegres 
dias la Memoria entónces estampada, precedida de un retrato del pre- 
claro ministro, dibujado por D. Juan Cónsul (1). Trascurridos algunos 
años, revivió en la Sociedad el recuerdo de Jovellanos, y en el salón 
de sesiones se colocó otro retrato, pintado al óleo por D. Vicente Ar- 
biol, y allí se contempla á nuestro paisano vestido con la honros a y 
porél honrada toga. 

Gijon celebró igualmente magníficas funciones, y en la sala capitu- 
lar de la villa se colocó otro retrato, debido al pincel de D. Angel Pé- 
rez, profesor de dibujo del Instituto Asturiano. En sesión celebrada 
con gran aparato leyó un expresivo discurso el juez primero noble, 
doctor D. Juan San Miguel; una certificación del entusiasta acuerdo 
fué remitida al sapientísimo magistrado, y éste contestó al Ayunta- 
miento con una carta sentida y cariñosa, como todas las suyas (2). Pa- 
saron algunos lustros y un incendio consumió aquella copia, expresivo 
recuerdo popular del primer hijo de Gijon; pero la corporación munici- 
pal la repitió con otra magnífica, que honra la paleta de Suarez Llanos, 
artista notabilísimo y también naturál de la antigua Gijon. 

En el mismo año de 1798 se hicieron análogas funciones, de las 
que han quedado curiosas relaciones en Avilés, de esta provincia, y 
fuera en Valladolid, Salamanca y Alcalá (3). 



IV 

En Mallorca se recuerda con especial afecto á Jovellanos, prisio- 
nero en la Cartuja de Valldemosa y en el castillo de Bellver. La Socie- 
dad Económica de Palma, á propuesta del secretario Sr. D. Cayetano 

(1) «Memoria de las públicas demostraciones de júbilo en la promoción del 
Excmo. Sr. D. Gaspar Melchor de Jovellanos á la embajada de Rusia y ministerio 
de Gracia y Justicia, por la Real Sociedad Económica de los Amigos del País de 
Astúrias. Con licencia, en Oviedo. En la imprenta de Pedregal su socio de mérito.» 
En 4. , 132 páginas. 

(2) «Hisoria de la villa de Gijon, por D. Estanislao Rendueles Llanos. — Gi- 
jon, 1867.» Página 418 y siguientes. 

Véase también: < Relación de las demostraciones de júbilo con que el comercio 
de Gijon celebró los ascensos de D. Gaspar Melchor de Jovellanos. — Oviedo. — Im- 
prenta de Pedregal, 1798.» 

(3) «Descripción de las fiestas con que el Colegio Mayor de San Ildefonso, de 
Alcalá, ha solemnizado el ascenso de su colegial el Excmo. Sr. D. Gaspar Melchor 
de Jovellanos, etc., en los dias 5, 6 y 7 de Enero de 1798. — Alcalá, oficina de la 
Real Universidad. — 4. — 37 páginas. 

No hemos visto publicadas las otras relaciones. 



I98 BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

Socías (1), acordó unánimemente la erección de un monumento en la 
misma habitación de Bellver donde estuvo recluido nuestro compatri- 
cio. Dice así la lápida: 

Á LA MEMORIA 
DEL SABIO, VIRTUOSO, EMINENTE VARON 
DON MELCHOR GASPAR DE JOVELLANOS 



EN ESTE APOSENTO 
SOPORTÓ CON ÁNIMO SERENO Y TRANQUILA CONCIENCIA 
RIGUROSA PRISION 
DESDE EL DIA 5 DE MAYO DE l8ü2 
HASTA EL 6 DE ABRIL DE 1808 

LA SOCIEDAD ECONÓMICA MALLORQUINA 
EN SESION DE 12 DE OCTUBRE DE 1849, 
ACORDÓ, POR ACLAMACION, DEDICARLE ESTE MONUMENTO 

Siendo el mismo Sr. Socías vocal de la Junta del plano geomé- 
trico de Palma, propuso en 1864 y consiguió que se impusiera á una 
de las calles más céntricas el nombre de Jovellanos que desde entón- 
ces lleva (2). 

En carta que una persona muy querida de quien escribe estos apun- 
tes dirigió en 1877 á un periódico asturiano, decía: «En Mallorca se ve- 
nera á Jovellanos con especial cariño, y bien lo prueban las cartas y el 
artículo que le remito. Yo lo vi con complacencia, siendo gobernador 
civil de las Baleares, y hoy, entre otras memorias, acuden los siguien- 
tes detalles á la mia. Visitando á Valldemosa, vi en el municipio á un 
anciano venerable que, siendo niño, había alcanzado á Jovellanos en 
su prisión de la Cartuja de Jesús Nazareno. Me dijo que era un señor 
hermoso y alto, muy limpio y aseado, y que gastaba gran chorrera, ca- 
saca, calzón corto y hebilla muy resplandeciente en los zapatos; que los 
monjes de la Cartuja, cuando de improviso se presentó la escolta que 
le había de trasladar al castillo de Bellver, suplicaron de rodillas que 
le dejasen á su cuidado, y no accediendo á la súplica por ser mandato 
del ministro, conocido entónces por el Picaro Caballero, los vecinos 
de Valldemosa, mujeres y niños, salieron al camino y, reconocidos á 
sus bondades y consejos, le saludaban llorando, contestando Jovellanos 
desde la litera limpiándose las lágrimas que le producía su separación 
de aquellas honradas gentes. La celdita que ocupaba en el convento 
de la Cartuja fué visitada por mí con el mayor respeto en 18 de Marzo 

(1) El Socías es sobrino del doctor D. Ignacio Bas y Bauzá, beneficiado que fué 
de la santa iglesia catedral de Mallorca, confesor y amigo íntimo del prisionero jo- 
vellanos, á quien éste regaló su escribanía de plata y el modesto sillón que usó du- 
rante su estancia en Palma. (Véase La Ilustración Española y Americana de 15 de 
Mayo de 1877.) 

(2) Es honra de Mallorca haber publicado la primera biografía de Jovellanos: 
«Noticias históricas de D. Gaspar Melchor de Jovellanos: conságrala á sus respe- 
tables cenizas L. M. de A. M. — Palma de Mallorca. — Imprenta de Domin- 
go, 1812.» 



RECUERDOS Y MONUMENTOS ¡ 199 

de 1862, y entre mis queridos libros — que ya no puedo leer, — hay flo- 
res del pequeño jardin que cultivara el ilustre cautivo. Esta celda fué 
comprada por mi difunto amigo el notable abogado D. Nicolás Ripoll, 
gran admirador de Jovellaiios. A su muerte, y á mis indicaciones, la ad- 
quirió de las herederas de aquél, doña María Ignacia y doña María 
Francisca Ripoll y Feliu, mi íntimo y leal amigo D. Juan Sureda y Vi- 
Ualonga, que la conserva con gran esmero y veneración. Entónces el 
Sr. D. Gaspar Cienfuegos Jovellanos, descendiente y heredero de don 
Gaspar Melchor, me hizo la fineza de concederme un busto de su in- 
signe predecesor con un autógrafo para que le colocase en la celda, 
que el Sr. Sureda hizo fotografiar, remitiéndonos vistas en agradeci- 
miento (1).» 

V 



A más de la constante admiración que para Jovellanos y sus escri- 
tos se manifiesta hasta en las más apartadas regiones de España y de 
la América española, de otros varios modos se recuerda al inmortal 
autor del Informe de la Ley Agraria en nuestra nación con monu- 
mentos de distintas clases. Con su nombre esclarecido se han señalado 
teatros y sociedades literarias, embarcaciones de las marinas de guerra 
y mercante; una población en la isla de Cuba; calles principales en 
Gijon, Oviedo, Madrid y Sevilla— en cuyos institutos literarios y eco- 
nómicos se enaltece también su memoria — y en más capitales españo- 
las; las Reales Academias tienen su retrato en lugar honorífico, y la de 
la Historia ha prometido más solemne recuerdo (2); la Matritense de 
Legislación y Jurisprudencia le nombra, en marmórea lápida de su 
sala de actos (3), entre los jurisconsultos más eminentes de la patria, y 
en el palacio del Congreso de los diputados, cuando el pincel de muy 
afamado artista quiso representar en el salón de sesiones los hombres 
más célebres que ha producido el suelo español, en precioso cuadro 
aparece la noble figura de Jovellanos con su paisano Campomanes y 
las eminencias de todos los tiempos, el Cid, Colon, Saavedra, Cervan- 
tes, Lope de Vega, Herrera, Velazquez, Berruguete y Vives. 

En los centros cultos de otros pueblos extranjeros se aprecia bien 
el nombre de Jovellanos, como ejemplo y modelo de honrados patri- 
cios y consumados políticos. Admirado lord Wassall Holland de sus 
virtudes y sabiduría, hallándose en Sevilla en 1809, encargó áun hábil 
escultor español un busto del infatigable Vocal asturiano de la Junta 



(1) Carta del limo. Sr. D. Benito Canella Meana al señor director de El Pro- 
ductor Asturiano. En este periódico (año III, núm. 572) se publicó otra carta y 
y un artículo del Sr. Socías, dirigidos al mismo Sr. Canella. 

(2) Noticia de las actas de la Real Academia de la Historia. — Tomo 5. de 
sus Memorias. — Madrid, 181 7. 

(3) Por acuerdo del presidente, Excmo. Sr. D. Pedro Gómez de la Serna. En la 
lápida de los jurisconsultos contemporáneos aparecen Campomanes, Martínez Mari- 
na y Jovellanos. 



aoo 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



central y le llevó á Inglaterra, donde son bien conocidos sus escritos,, 
para colocarlo al lado de su tio el célebre ministro Pitt. Otro admirador 
de nuestro paisano insigne compuso para el pedestal del busto una 
sentida inscripción, admirando la simpática imágen del confinado en 
Mallorca, la gracia y expresión de su rostro, doliéndole que el buril del 
artista no pudiera expresar con el mármol de Carrara, la virtud y be- 
lleza de aquella alma generosa y buena: 

ALMA JOVELLANOS HAEC EST SAPIENTIS IMAGO: 
GRATIA QUANTA ILLl! QUANTUS IN ORE DECOR ! 
QUOD SI ARS VIRTUTEM MENTEMQUE EFFINGERE POSSET; 
NO ORBE IN TOTO PULCHRIOR ULLA FORET 



VI 

El monumento sepulcral de Jovellanos fué costeado por la familia 
del insigne finado. Sus mortales restos se trasladaron á Gijon en 1 8 14. 
desde el Puerto de Vega, y del cementerio de aquella villa á su iglesia 
parroquial de San Pedro en 1842. La fúnebre y majestuosa ceremonia 
descrita está en elegante folleto é impreso con el elogio del gran gijo- 
nés, que pronunció desde la sagrada cátedra el Dr. D. Justo González 
Valdés y Granda, como recuerdo perenne de aquel dia memorable de 
gratitud, y á su frente lleva el grabado del mismo funerario monu- 
mento (1). Fué trazado por otro hijo de Gijon, D. Juan Miguel Inclán 
Valdés, director de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernan- 
do, y ejecutado por el escultor de Cámara D. Francisco Elias. Los ilus- 
tres académicos Quintana y Gallego redactaron en elegante inscripción 
los altos servicios públicos y los extensos conocimientos de Jovellanos, 
sobre una extensa lápida que sirve de pedestal á una pirámide trunca- 
da, donde aparece el busto de aquel varón eminente en edad avanzada, 
calvo y de severo aspecto, descansando sobre bien distribuidos trofeos 
de libros, papeles, pluma, tintero, la balanza de la justicia, el laurel de 
la gloria y la oliva de la paz. 

d. o. M. 

AQUÍ YACE EL EXCMO. SR. D. GASPAR MELCHOR DE JOVELLANOS, 
MAGISTRADO, MINISTRO, PADRE DE LA PATRIA, 
NO MENOS RESPETABLE POR SUS VIRTUDES QUE ADMIRABLE POR SUS TALENTOS 
URBANO, RECTO, ÍNTEGRO, CELOSO, PROMOVEDOR DE LA CULTURA 
Y DE TODO ADELANTO EN SU PAÍS: 
LITERATO, ORADOR, POETA, JURISCONSULTO, FILÓSOFO, ECONOMISTA: 
DISTINGUIDO EN TODOS GÉNEROS, EN MUCHOS EMINENTE: 
HONRA PRINCIPAL DE ESPAÑA MIENTRAS VIVIÓ 
Y ETERNA GLORIA DE SU PROVINCIA Y DE SU FAMILIA, 
QUE CONSAGRA Á SU ESCLARECIDA MEMORIA 
ESTE HUMILDE MONUMENTO. 
R. I. P. A. 

NACIÓ EN GIJON EN 1744. MURIÓ EN EL PUERTO DE VEGA EN l8l I 

(1) «Traslación de las cenizas del Excmo. Sr. D. Gaspar Melchor de Jovella- 
-nos al monumento erigido en la iglesia parroquial de la villa de Gijon. — Madrid. — 
Imprenta deD. Eusebio Aguado.» — 1842. — 4. — 51 páginas. 



RECUERDOS Y MONUMENTOS 



20I 



VII 

Muerto Jovellanos sin haber tenido descanso para los trabajos de su 
azarosa vida, premio ni recompensa para sus servicios, ni ménos justa 
reparación á su inocencia y á su patriotismo, torpemente hollados por 
ministros palaciegos, un amigo entrañable y consecuente, ilustrado es- 
critor y académico, también natural de Gijon, publicó las Memorias 
para la vida del Excmo. Sr. D. Gaspar Melchor de Jove Llanos, y noti- 
cias analíticas de sus obras, por D. Juan Agustín Cean Bermudez. — Con 
licencia. — Madrid, 1814: en la imprenta que fué de Fuentenebro, 
libro donde acudieron todos los que después se ocuparon del célebre 
asturiano. Más tarde siguieron las publicaciones de sus obras ilustradas 
ó editadas por Cañedo, Linares y Pacheco, Mellado, Ruiz, Nocedal y 
Rivadeneira, y ya pasada la primera mitad del presente siglo, se pensó" 
en otro perpetuo y elocuente testimonio de la gratitud nacional para 
aquel sabio magistrado, «lustre y ornamento de su patria, así por sus 
virtudes públicas y privadas, como por su talento, ilustración y labo- 
riosidad, sus profundos conocimientos en las ciencias morales y polí- 
ticas...» (1) 

En la sesión del Congreso de 25 de Febrero de 1865, el represen- 
tante de Gijon, Sr. D. Andrés Capua, presentó con las firmas de los 
diputados Sres. Posada Herrera, Nocedal, Quintana y Jove Hevia, una 
proposición intitulada «Monumento á Jovellanos,» y apoyada en 6 de 
Marzo por el mismo Sr. Capua, el Gobierno la aceptó por conducto del 
ministro de Estado, Sr. Benavides, que dijo: «La honra y la gloria de 
los ciudadanos es el patrimonio de lar naciones. Que el Sr. D. Gaspar 
Melchor de Jovellanos es una gloria nacional por sus grandes virtudes, 
por su vida científica y laboriosa, por sus mismas adversidades, por 
todas las altas prendas que en él reconocen nacionales y extranjeros, 
es indudable. Esto está en la conciencia de todo el mundo. El Go- 
bierno, por lo tanto, se asocia gustoso al pensamiento iniciado por el 
Sr. Capua.» En 10 de Marzo se nombró la comisión encargada de dar 
dictámen, compuesta de los Sres. Nocedal, presidente, Campoamor, 
Suarez Inclán, Quintana, Gisbert, Moreno (D. Manuel) y Rubí, secre- 
tario, que presentaron su trabajo, aprobado sin discusión, cuatro dias 
después. 

Proponía la Cámara popular: i.° Que se realizara el proyecto de 
Jovellanos del Instituto Asturiano de Gijon , así respecto á la termina- 
ción del edificio con arreglo á los planos levantados bajo su dirección,, 
como con respecto á las enseñanzas que habían de conservarse en el 
establecimiento, en la conformidad posible con la ley de Instrucción 
pública. 2. Que el edificio llevara el nombre de su promotor y funda- 
dor. 3. Que en el frontón del edificio se colocase una inscripción re- 
dactada por la Real Academia Española , como expresión viva de los 
merecimientos del fundador y del respeto con que la nación los con- 

(1) D. Agustín Arguelles. 



202 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



memora. 4. Que se incluyeran en el presupuesto del ministerio de 
Fomento las necesarias partidas para la ejecución de las obras expre- 
sadas y para el sostenimiento de las enseñanzas que, según la altura 
de los conocimientos de cada época, correspondieran al pensamiento 
de Jovellanos. Y 5. Que ios planos formados bajo la dirección del ilus- 
tre patricio para el Instituto, fuesen revisados por las corporaciones 
correspondientes , para hacer en ellos las modificaciones que reclame 
como necesarias la mayor utilidad del edificio, si bien apartándose todo 
lo menos posible del pensamiento del fundador. 

El proyecto de ley pasó al Senado, y en 3 de Abril se designó la 
comisión compuesta de los señores marqués de Zornoza, Tames Hevia, 
Sánchez Silva, Suarez de Deza, conde de Sevilla la Nueva, Olivan y 
Egaña, cuyo dictámen de 3 1 de Mayo se aprobó sin discusión en 2 de 
Junio, y el dia 8 se votó por unanimidad. En el proyecto del Congreso 
se hicieron modificaciones importantes por el Senado, y en la siguiente 
forma: i.° Para honrar y perpetuar la memoria de Jovellanos, en la 
puerta principal de Gijon, pueblo de su naturaleza, y en el sitio en 
que concluyen las carreteras de Oviedo y Langreo, que tantos estudios 
y dispendios le han costado, ó en la plaza del Instituto, proponía la alta 
Cámara que se levantara su estatua, y en su pedestal se pusiera una 
inscripción redactada por la Real Academia. 2. Que el Instituto, que 
•de su órden se había establecido en Gijon, se denominara en lo suce- 
sivo Instituto de Jovellanos , y en él, aprovechando las aulas, instru- 
mentos, máquinas, gabinetes y demás elementos de instrucción que 
existiesen, y completando con los que fueran precisos para las asigna- 
turas que se hayan de cursar, se procurase por el Gobierno, no sólo 
proporcionar ilustradas profesores, sino también los libros, instrumen- 
tos y demás útiles necesarios, de conformidad con la ley de Instrucción. 
Y 3-° Que, oyendo al Real Consejo de la Enseñanza pública, el minis- 
tro de Fomento facilitase recursos y medios para la ejecución de la ley. 

Con arreglo á los reglamentos de ambos Cuerpos legislativos, se 
nombró la comisión mixta, formada por los dichos senadores y dipu- 
tados, con más el Sr. García Barzanallana, y en 20 de Junio se aprobó 
la ley definitiva, que no tardó en aparecer en la Gaceta, y es como 
sigue, sin que nosotros podamos detenernos ahora á compararla con 
sus antecedentes del Congreso y Senado: 

«Doña Isabel II, por la gracia de Dios y la Constitución de la mo- 
narquía española, Reina de las Españas. A todos los que la presente 
vieren y entendieren, sabed: que las Cortes han decretado y Nós san- 
cionado lo siguiente: 

» Artículo i. u Para honrar y perpetuar la memoria de D. Gaspar 
. Melchor de Jovellanos, se levantará una estatua semicolar, de bron- 
cee, en el punto de la villa de Gijon que el Gobierno de S. M. cons- 
idere más conveniente. La Real Academia Española determinará li- 
»inscripcion que haya de ponerse en este monumento. 

»Art. 2. El Instituto de Gijon se denominará en lo sucesivo de 
Jovellanos. 

»Art. 3. El Gobierno de S. M. establecerá en el Instituto de Jo- 
vellanos las enseñanzas que, según los progresos de la época presente, 



RECUERDOS Y MONUMENTOS 



203 



» correspondan mejor á la realización del pensamiento del fundador, 
oyendo al Real Consejo de Instrucción pública. 

»Art. 4. El ministro de Fomento incluirá en el presupuesto gene- 
vral del Estado las cantidades necesarias para la ejecución y cumplí- - 
miento de la presente ley. 
»Por tanto: 

»Mandamos á todos los tribunales, justicias, jefes, gobernadores y 
demás autoridades, así civiles como militares y eclesiásticas de cual- 
quier clase y dignidad, que guarden y hagan guardar, cumplir y eje- 
cutar la presente ley en todas sus partes. 

»Dado en San Ildefonso á 4 de Julio de 1864. — Yo la Reina. — El 
ministro de Fomento, Antonio Aguilar y Correa.» 

Cumplido el art. 2. , ¿qué se ha hecho para llevar á cabo el 3. ? 
Aquel Instituto «de Náutica y Mineralogía, de ciencias exactas y natu- 
rales,» sufrió diferentes trasformaciones. Se ensancháronlos primitivos 
estudios de Humanidades hasta convertirse en los generales de segun- 
da enseñanza, pero con escasa matrícula y modesta plantilla, no pu- 
diendo ser otra cosa por la proximidad del Instituto provincial; en 
cambio la Escuela industrial, allí planteada en 1855 por el doctísimo 
académico Excmo. Sr. D. José Caveda, que en 1857 fué elevada á su- 
perior, otra vez fué reducida á elemental en 1860 con los estudios de 
comercio, entonces creados y que con el nombre de «Aplicación» tie- 
nen escaso desarrollo. La Escuela de Náutica, que llegó á adquirir ver- 
dadero crédito, desde 1862 perdió su antiguo carácter, y hoy, como to- 
dos los estudios allí sostenidos, viven merced al presupuesto munici- 
pal gijonés y al auxilio de la provincia. Hacen con ello un verdadero 
esfuerzo diputación y ayuntamiento; pero tanto f más merece Gijon, 
llamado á muy altos destinos en lo porvenir. Pero al ver la situación 
actual del querido Instituto de Jovellanos, todos preguntamos: ¿es letra 
muerta la del art. 4. de la ley de 1865? 

VIII 

Finalmente: en el mes de Abril de 1880 el M. I. Ayuntamiento de 
la floreciente villa inauguró una suscricion nacional para levantar á Jo- 
vellanos la merecida estatua, justa ofrenda á su saber y á su virtud, 
deuda que debe la posteridad á su memoria inmaculada. La idea fué 
aceptada con entusiasmo en todas partes: todas las clases de la socie- 
dad han ofrecido su óbolo para la noble y generosa empresa: las ges- 
tiones de entusiastas patricios como los Excmos. Sres. D. Acisclo Fer- 
nandez Vallin y D. Hilario Nava, hijos de Gijon, continúan, porque la 
gratitud se impacienta y no puede esperar indefinidamente á que se 
cumpla el art. i.° de dicha ley de 1865. 

Que el recuerdo sea digno del varón eminentísimo á quien se de- 
dica: no se aplique á la generación presente aquella sentencia de Pli- 
nio en tiempo de Trajano: «Desde que nuestras costumbres no se pare- 
cen á las de nuestros mayores, nos curamos muy poco de conservar 
sus imágenes.» 

Fermín Canella Secades. 




NOTICIA DE VARIOS RETRATOS DE JOMAROS 



ada más insuperable al pincel que el rostro de Jove Llanos. Sem- 
blante despojado de vello, sin defectos ni arrugas, sin rasgos 
fisiognómicos pronunciados, donde el desden, el orgullo, la altivez ó la 
cólera pudieran esconderse en un pliegue, asomar en un fruncimiento ó 
descubrirse en un gesto que denunciara al observador las cualidades mo- 
rales ó culminantes de su carácter. Todo es majestuoso y tranquilo en 
su fisonomía, y un tinte de bondad, reflejo de su alma, se esparce por 
su rostro con placidez sublime. No teniendo á la vista el retrato origi- 
nal de Goya, es difícil formarse concepto aproximado de aquella faz 
que todos desean conocer, y cuya imágen nadie retiene, por poderoso 
esfuerzo que haga. Muchos retratos hemos visto de D. Gaspar, copias 
al óleo, al pastel, miniaturas, grabados, perfiles, bustos, relieves... nin- 
guno se parece. Mas dejemos hablar á Cean Bermudez en la contem- 
plación de su amigo (i): «Era, pues, de estatura proporcionada, más 
alto que bajo, cuerpo airoso, cabeza erguida, blanco y rojo, ojos vivos, 
piernas y brazos bien hechos, pie's y manos como de dama, y pisaba 
firme y decorosamente por naturaleza, aunque algunos creían que por 
afectación. » 

Larga pudiera ser la enumeración de retratos y grabados, y el exá- 
men del mayor ó menor mérito artístico que en la reproducción cu- 
piera á sus intérpretes; mas sólo nos detendremos en aquéllos más 
conocidos y dignos de mención por algún concepto. El primero que 
vimos en nuestra infancia, y quizá el primero en antigüedad, fué el que 
posee en Gijon la familia Cienfuegos Jove Llanos, retrato de cuerpo 
entero, de continente apuesto, apoyado en inconmensurable bastón, or- 
nado el pecho con la cruz de Alcántara (1780) y mostrando en el airoso 
traje delpasado siglo lo bien proporcionado de los miembros y la es- 
beltez de las formas. Según afirmación de sus propietarios , lleva este 
retrato á la espalda la firma de Goya, poseyendo ademas el recibo fir- 
mado por el insigne pintor. Que es de Goya, no cabe dudarlo: en apoyo 

(1) Memorias para la vida del Excmo. Sr. D. Gaspar Melchor de Jove Llanos y 
página 12, 



20Ó mr.LIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

de ello citaremos la caria de Jove Llanos á Posada, que lleva la fecha 
de 20 de Noviembre de 1799 {Obras: edición de Rivadeneira, 11, pá- 
gina 20 1), donde le dice: «Por lo demás, mi cara, buena ó mala, santa ó 
pecadora, dibujada por Cónsul sobre el retrato de Goya, y grabada por 
no sé quién (i),allá anda en la relación de las fiestas de la Sociedad... 
Aun sin esto, aquel rostro rubicundo y lleno, es la desesperación de 
cuantos intentan reproducirlo, y más de un pintor de mérito fracasó en 
la empresa al trasladar al lienzo aquella majestuosa figura. Corresponde 
este retrato, por su gallardo aspecto, á la segunda época de su estancia 
en Madrid (1780 90) y fuerza será convenir, en vista de los datos que 
más adelante expondremos, que Goya le retrató dos veces. Copia del 
descrito es el que posee el Instituto de Gijon, hecho por D. Frutos 
G. Rendueles con tan desgraciada factura, que basta verle para com- 
prender que su autor se propuso una empresa insuperable. Otro posee 
también la ya mencionada familia Cienfuegos, de busto, al pastel, con 
la negra toga del magistrado, y suelto el rubio y rizado cabello que un 
dia inspiró al conde de Aranda la revolucionaria idea de desterrar del 
foro el peluquín postizo : también se afirma que es de Goya; pero áun 
cuando este egregio maestro sintiera marcada predilección por tan es- 
clarecido modelo, forzoso será dudar de aquella afirmación, ó por lo 
ménos de su autenticidad, y esto por dos razones: la primera, porque 
en tiempo de D. Gaspar, hubo en el Instituto un profesor de dibujo 
llamado Angel Pérez, notabilísimo copiante y muy devoto del Protector 
de Gijon, á cuya munificencia debió grandes favores y no pocas reco- 
mendaciones en la corte, según cartas originales é inéditas (2), pudien- 
do darse como cosa cierta que este retrato sea obra suya. Y lo segundo, 
porque á renglón seguido vamos á encontrarnos con un nuevo Goya, y 
tal prodigalidad en tan pequeño pueblo, cuando la garantía de la firma 
no existe, la procedencia es ignorada y la factura requiere minucioso 
análisis, han de poner en guardia áun al ménos aprensivo en tales ma- 
terias. Es aquél (el otro Goya) una preciosa miniatura, reproducción 
del primer retrato descrito en estos apuntes, la cual está hecha con tal 
delicadeza, que bien á las claras pregona su oriundez artística. La posee 
D. Eustoquio García Sala, vecino de Gijon. Una igual en tamaño, mas 
no en dibujo y colorido, posee la respetable señora doña M. de la P. 
Alvargonzalez, y está hecha por D. Acisclo Fernandez Vallin, sin duda 
en época de aprendizaje, si hemos de juzgar por la dureza de los con- 
tornos y el poco esmero del color. 

En el ayuntamiento de Gijon existen dos: el antiguo y el nuevo. 
El primero, jubilado ya, obra de Angel Pérez, reproduce el original de 
la familia Cienfuegos ; y el segundo, de tamaño natural, que está en la 
presidencia del Salón de Actos, es composición del malogrado artista 
D. Ignacio Suarez Llanos: copia, en parte, del retrato de Jadraque, 
modificado con apuntes de los anteriores, pues el autor varió por com- 
pleto la actitud del cuerpo , para que se destacara el busto con mayor 
relieve. 

(1) La grabó Vázquez en 1793. 

(2) Manuscritos del Círculo asturiano «La Quintana». 



NOTICIA DE VARIOS RETRATOS 



207 



El más interesante de todos, el de autenticidad indudable y de 
composición más artística, el que refleja de un modo más vigoroso y 
preciso la figura del gran patricio, es el retrato que existió en Jadraque, 
de mano de Goya (1). Le ejecutó durante la estancia de Jove Llanos 
en dicho pueblo (i.° de Junio de 1808 á 17 de Setiembre del mismo 
año) á su regreso de Bellver, del cual es reproducción el grabado que 
adorna la presente obra, debido al experto cincel del Sr. Maura, honra 
de nuestra nación y gloria de Mallorca. 

Allí, en aquel retiro, al lado de Arias Saavedra, á quien llama en 
sus escritos su segundo padre, su mejor amigo y singular bienhechor, 
buscando alivio á los penosos sufrimientos que le aquejaban, es donde 
va á sorprenderle el pincel prodigioso del artista. Cubre su hermosa 
frente densa nube de tristeza, y en su rostro divísase la huella de re- 
cientes dolores. Apoyada en la mano la cabeza, parece como que pre- 
siente el eterno sueño que tres años más tarde había de sorprenderle 
lejos de sus queridos lares. Cómo sufría esta víctima de la odiosa corte 
de Cárlos IV, nos lo pinta él mismo en estas amargas quejas con que 
responde á las impacientes exigencias de los ministros del rey José (2): 
<...pero aseguro á Vm., y si es necesario le juro, que estoy inútil 
para toda especie de trabajo. Seis dias há que estoy á leche de burra, 
de mañana, para templar mi sangre, pildoras de opio á la noche, para 
calmar la tos y conciliar el sueño, y pediluvios y un parche en la nuca 
para descargar mi cabeza, destemplada en sumo grado. Sólo este mé- 
todo, ayudado de una gran dieta en comida y meditación, podrá sal- 
varme de la tisis á que iba corriendo y ponerme en estado de tomar 
los baños de Trillo, que el sistema de mis nervios, también irritado, 
requiere...» 

Su bella y triste mirada; aquel conjunto que respira á la par gran- 
deza y sufrimiento, no es ya, no, el que inspiró la arrogante figura del 
magistrado de Sevilla, de blondos cabellos y majestuoso porte. El aba- 
timiento producido por el dolor, la edad y las tristezas, han dado á la 
fisonomía del varón íntegro, el indeleble sello de la veneración au- 
gusta. 

Joya de tal valer quedó vinculada en los herederos de Arias Saave- 
dra, disfrutándola hoy doña Antonia Botija y Verdugo, sucesora en los 
bienes de aquel fidelísimo amigo. Y como por rara coincidencia, están 

(1) Tiene dicho cuadro 2,80 metros de alto por 1,90 de ancho. Representa á 
Jove Llanos sentado; la casaca es de color gris y el calzón negro. En la casa donde 
habitó hay un gabinete, con algunas pinturas, entre las que figura el castillo de Bell- 
ver; cuyo gabinete, con salida á un bonito jardín, se llama todavía de Jove Llanos. 
Hacia el año 1864, pasó el pintor Sr. Suarez Llanos á la citada casa de los señores 
Verdugo, con objeto de hacer un boceto para ejecutar más tarde una copia en ma- 
yor tama ño; mas como tal no era por entónces la voluntad de los propietarios , se 
contentó con unos apuntes hechos de memoria. Al ver el cuadro, el Sr. Llanos ex- 
clamó: «No sólo es de Goya, sino de lo mejor de Goya;» cuyo elogio, por lo in- 
condicional, contrasta notablemente con el dictámen emitido por la Academia de 
San Fernando. 

(2) Manuscritos inéditos de «La Quintana.» (Cartas de Cabarrús, O'Farril, 
Azanza, etc. ) 



2o8 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



enlazados en este cuadro dos nombres que son dos envidiables glorias 
de nuestro país; la codicia extranjera, que escudriña hasta lo más re- 
cóndito, dió con él, y en Julio de 1875 una acreditada casa alemana 
que colecciona toda clase de objetos de arte, ofreció una respetable 
suma por su adquisición; pero sus poseedores no quisieron acceder á 
las aceptables proposiciones que se les hicieron, por no privar á nues- 
tra patria de una obra de arte tan nacional y tan digna de figurar en 
nuestro Museo. Posteriormente, en 1877, fué ofrecido al Estado; y con- 
sultada la Academia de San Fernando sobre su adquisición , desechó 
la oferta (1). Estuvo después expuesto en Madrid, y actualmente se en- 
cuentra en venta, ignorándose si sus vicisitudes tendrán término, ó le 
llevarán á peregrinar léjos de su desventurada patria. ¡Acaso viajando 
llegue á las heladas tierras para que fué diputado Jove Llanos; y al en- 
contrarse en el museo de San Petersburgo con la simpática imágen del 
gran Lope, la triste soledad del desterrado se trueque en bullicioso re- 
gocijo! 

Hacia aquella época, un Sr. Santamera, de Calatayud, que se decía 
poseedor del auténtico retrato de Jove Llanos hecho por Goya, le ofre- 
ció á los ayuntamientos de Gijon y Palma de Mallorca, por si desea- 
ban adquirirle ; pero, fuera por lo elevado del precio, ó por otros moti- 
vos, no admitieron sus proposiciones. 

A más de los anteriores, figura otro en la galería de retratos de la 
Universidad de Oviedo. El Sr. D. Fermín Canella Secades, en un es- 
merado folleto que publicó bajo el título de Iconoteca asturiano-univer- 
sitaria, lo menciona de esta manera: «Excmo. Sr. D. Gaspar Melchor 
de Jove Llanos. — Se sacó nueva copia de un retrato auténtico de Gi- 
jon (2), pues el anterior del Sr. Jove Llanos, que poseía la Universidad, 
era trabajo de un aficionado, el Sr. Rendueles (3), discípulo, sin duda, 

\\) Hé aquí el informe: 

«Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. — limo. Señor. — Oida la sec- 
ción de pintura de esta Real Academia, á la cual se remitió la instancia de D. An- 
tonio Botija, en cumplimiento de lo dispuesto por V. I. en decreto marginal de la 
misma, ha emitido el siguiente dictámen: <rLa sección de pintura ha examinado el 
cuadro de Goya, retrato de D. Gaspar Melchor de Jovellanos, cuya adquisición 
para el Estado, propone al Excmo. señor ministro de Fomento, D. Antonio Botija 
y Fajardo. La sección tiene el honor de manifestar á la Real Academia, que hay en 
el Museo Nacional bastantes cuadros de Goya de más importancia y mérito que el 
retrato de Jove Llanos, que ciertamente no es de lo mejor del referido autor. Cree 
la sección que figuraría dignamente en la Galería Iconográfica ó de retratos de 
Hombres célebres, á cuya comisión, en su concepto, debería dirigirse el Sr. Botija.» 
Y conformándose la Academia con el precedente dictámen, tengo el honor de ele- 
varlo á V. I.,con devolución de la instancia. — Dios guarde á Y. I. muchos años. — 
Madrid 5 de Julio de 1877. — El secretario general interino, Antonio Ruiz de Sal- 
ces. — limo, señor director general de Instrucción pública.» 

(2) Fué copia de copia, pues el que sirvió de modelo al hecho por D. Ramón 
Romea (de que se da cuenta en aquel folleto), es otro que hay en la Sociedad Eco- 
nómica de Amigos del País de Asturias, copia de D. Vicente Arbiol, del de Gijon, 
con toga. 

(3) Donde dice Rendueles debe ser D. Francisco Javier /íez ia, porque el pri- 
mer retrato universitario se hizo por acuerdo del claustro, cuando las funciones 




JU 

í 

D. O. M. 

AQUÍ YACE EL EXCMO. SEÑOR D. GASPAR MELCHOR DE JOVELLANOS, 
MAGISTRADO, MINISTRO, TADRE DE LA PATRIA, 
NO MENOS RESPETABLE POR SUS VIRTUDES QUE ADMIRABLE POR SUS TALENTOS*, 
URBANO, RECTO, ÍNTEGRO, CELOSO PROMOVEDOR DE LA CULTURA 
Y DE TODO ADELANTAMIENTO EN SU PAIS: 
LITERATO, ORADOR, POETA, JURISCONSULTO, FILÓSOFO, ECONOMISTA", 
DISTINGUIDO EN TODOS GÉNEROS, EN MUCHOS EMINENTE: 
HONRA PRINCIPAL DE ESPAÑA MIENTRAS VIVIÓ, 
Y ETERNA GLORIA DE SU PROVINCIA Y DE SU FAMILIA, 
QUE CONSAGRA Á SU ESCLARECIDA MEMORIA 
ESTE HUMILDE MONUMENTO. 

R. I, P. A. 

Nació en Gijon en 1744. Murió en el puerto de Vega en 1811. 



LÁPIDA SEPULCRAL EN SAN PEDRO DE GIJON 



NOTICIA DE VARIOS RETRATOS 



209 



de Reiter. » No le queremos recordar, de detestable que es ; mas sí con- 
signaremos con profundo sentimiento que miéntras la efigie del jefe 
del Estado y la muy excelente del Fundador de la Universidad, hecha 
por el Sr. Fierros , hacían brillantísimo papel entre aquella pléyade de 
ilustraciones provinciales , la triste imagen de D. Gaspar quedaba tan 
oscurecida por su ningún mérito artístico y por su escasa semejanza, 
que hubiéramos preferido mil veces que desapareciera, aunque al veri- 
ficarlo dejase un hueco irreemplazable. 

Debemos mencionar, aunque sin haberle visto, el retrato de Jove 
Llanos hecho por Casado, existente en el salón de Sesiones del Con- 
greso. Cítalo el Sr. Canella en el precedente estudio, y refiérese á otro 
que posee la Sociedad Económica de Amigos del País de Sevilla. 

Después de pasar ligera revista á los cuadros, señalaremos algunos 
de los grabados más conocidos , siendo en éstos la falta mayor y más 
sensible, pues á pesar de lo adelantadas que están las artes del grabado, 
y de la notoriedad del sujeto que nos ocupa, todavía no hemos visto, 
ni en ediciones de sus obras, ni en Revistas ó publicaciones ilustradas, 
un grabado que merezca la calificación de perfecto, achacándolo en 
parte á no existir en museos ó academias un buen retrato suyo, bien 
que tampoco nos expliquemos muy satisfactoriamente que Cean Ber- 
mudez, que tanto trabajó por la memoria de Jove Llanos, no nos haya 
dejado, al par de las Memorias para su vida, su retrato, en un tiempo 
en que los émulos y discípulos de Salvador Carmona fatigaban el buril 
con inmejorables producciones. 

Figura el primero entre los conocidos, el que se publicó en Oviedo, 
en 1798, en un folleto en elogio de Jovellanos (1). Dibujado por don 
Juan N. Cónsul (fundador de la Escuela ovetense de dibujo, y amigo 
cariñoso de D. Gaspar) y grabado en 1793 por Vázquez, aunque como 
litografía está hecha con bastante esmero, deja mucho que desear res- 
pecto al parecido fisionómico , si bien es cierto que colocado el rostro 
con tres cuartos de frente, presenta mayor suma de dificultades al eje- 
cutante. Este busto es copia del gran retrato que posee la ya mencio- 
nada familia Cienfuegos Jove Llanos. 

En el folleto publicado con motivo de la traslación de las cenizas 
de Jove Llanos al monumento erigido en la iglesia de Gijon, aparece 
un grabado en acero que lleva por firma las iniciales A. B., y es de lo 
más perfecto que puede darse como reproducción de busto, porque el 
que nos ocupa es, según reza el mencionado libro, «copia del busto eje- 
cutado en mármol por D. Francisco Elias, reproducción del que mo- 
deló y ejecutó D. Angel Monasterio cuando D. Gaspar se hallaba en 
Sevilla como miembro de la Junta Central (1809), cuyo busto original 
posee D. Manuel José Quintana.» 

académicas por la elevación de Jove Llanos. En el folleto descriptivo publicado 
entonces, se dice ser Hevia su autor. Está Jove Llanos estirado, de gran uniforme, 
y tiene sobre la mesa la borla de doctor en leyes y cánones . 

(1) Titúlase: «Memoria de las públicas demostraciones de júbilo en la promo- 
ción del Excmo. Sr. Gaspar Melchor de Jove Llanos á la embajada de Rusia y 
ministerio de Gracia y Justicia, por la Real Sociedad Económica de Amigos del 
País de Astúrias. — Oviedo. — Imprenta de Pedregal. — 1798.» 

14 



2IO 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



Otro grabado, también de notable factura y más perfecto en unos 
ejemplares que en otros, por efecto de la estampación, es el que acom- 
paña á la edición de las obras de Jove Llanos, editadas en 1830 por 
D. Ramón Cañedo. Reproduce el busto, visto de frente, que mandó 
hacer lord Holland en Sevilla. A su pié lleva esta inscripción latina: 

Alma Jove Llanos, hcec est sapientis ¿mago. 

Fué estampado en el real establecimiento litográfico de Madrid 
por el litógrafo D. C. Rodríguez. 

Reproducción del primero de los tres mencionados, aunque inver- 
tida la posición de la imágen, es el que ilustra la Historia de Gijon, de 
Rendueles Llanos. Su autor, el litógrafo D. Nemesio Martínez, lo grabó 
con escasa fortuna, bien que la empresa es para desanimar al más afor- 
tunado, ora se llame Selma, Moreno Tejada ó Fabregat. 

Ultimamente, El Productor Asturiano, periódico de Gijon, dió áluz 
por primera vez, en número extraordinario (que apareció el 6 de Enero 
de 1878, CXXXIV aniversario), un grabado hecho sólo con el plausible 
intento de dar á conocer el retrato de Jadraque. Todo en él puede pa- 
sar, ménos el rostro. Aquello no es, ni por asomos, la efigie de D. Gas- 
par; cabeza deforme, cara hinchada, nariz y boca desdibujadas, ojos 
monstruosos... incorrección más grande, no se ha visto ni verá. ¡Oh! Si 
el que hizo semejante adefesio posara su vista nada más que un mo- 
mento en el retrato del Conde de Gausa, pintado por Goya y grabado 
por Selma, sentiría, no el impulso de los celos, sino otro sentimiento 
más modesto, el de respetar las imágenes de los grandes hombres y no 
consentir jamás en darlas al público trasformadas en detestables ma- 
marrachos. 

La escultura ha prestado también su concurso para perpetuar, en 
su esfera, la memoria del preclaro jurisconsulto. A más de la lápida 
conmemorativa con el busto en relieve (obra en mármol del escultor 
Elias), existente en la parroquial de San Pedro, de Gijon, debemos citar 
dos notables bustos: uno propiedad de los herederos de D. Manuel 
José Quintana, y otro de los de lord Holland, en Lóndres. Pero como 
ambos están hechos en Sevilla en 1809, y por notable escultor, cábenos 
la duda, dada la intimidad de Quintana y Holland, de si los dos pose- 
yeron un busto propio , ó si el mismo busto fué de la pertenencia de 
ambos personajes en distinta época. Acerca de esto, trascribiremos lo 
que dicen Cean y Holland. El primero {Memorias, etc., pág. 102) relata 
el hecho de la siguiente manera: 

«Le suplicó (lord Holland á Jove Llanos) la gracia de dejarse re- 
tratar en mármol de Carrara, encargando el busto á un hábil escul- 
tor español... Llevósele el lord á Lóndres, para colocarle al lado del 
de su tio Pitt, en prueba del aprecio que tenía de su persona; pero 
ántes otro amigo del mismo D. Gaspar compuso este epigrama: 
Alma Jove Llanos haec, etc. » 

Es, por lo tanto, el reproducido en la edición Cañedo. (Véase 
tomo vil, pág. 319, nota.) 



NOTICIA DE VARIOS RETRATOS 



211 



Hé aquí ahora el texto de las cartas de lordHolland (i): 

«Otro buen efecto de nuestra detención será el poder llevar con 
nosotros el busto que traerá á la memoria las facciones (pues que no 
puede su amable tratoj del hombre más apreciable que dejamos en 
España. Escribiré á Monasterio (2) para avivarle en sus trabajos.» 

{Cádiz 15 de Mayo de 1809.) 

No hubo de concluirle el escultor á tiempo, pues más adelante 
vuelve á escribir: 

«El mismísimo dia (el 7) trajo á Inglaterra el navio Brockback el 
tan deseado busto de mi digno y queridísimo amigo D. Gaspar; no 
le han desembarcado todavía; pero ¡con cuánto gozo le recibire- 
mos !» 

{Holland-House 12 de Noviembre de 1809.) 

Un mes más tarde lo recibió: 

«Ya tenemos su busto en casa , y tan parecido, que algunas veces 
hace ilusión ; y se nos puede persuadir que tengamos (tendremos) 
luégo [la satisfacción) de disfrutar el amable trato de D. Gaspar.» 

{Holland-House 13 de Diciembre de 1809.) 

Resulta evidenciado que lord Holland poseyó un busto en mármol 
ejecutado en 1809 por el escultor Monasterio, y según todas las proba- 
bilidades, es el mismo que tenía Quintana en 1830, y que sirvió más 
tarde para modelo del relieve sepulcral reproducido en el grabado del 
folleto Traslación de las cenizas de Jove Llanos. 

Disfruta también la familia Cienfuegos, entre los recuerdos de su 
predecesor, una estatuita sedente de un palmo de altura, que repre- 
senta al fundador del primer Instituto español, en traje de magistrado. 
Es muy mediana. 

Los dos últimos que debemos mencionar, son: el que conserva en 
Palma de Mallorca el Sr. D. Juan Sureda Villalonga, propietario de la 
Cartuja de Valldemoza, donde estuvo recluso Jove Llanos; y el que 
posee la Diputación provincial asturiana, hecho por el distinguido es- 
cultor Sr. Grajera, hijo de Gijon, y cuyo mérito artístico ha sido avalo- 
rado por diligentes escritores. 

Al dar por terminados estos apuntes, nos embarga un sentimiento 
de profunda pena, porque tenemos que estampar aquí un reproche 
amarguísimo. Gijon, pueblo natal del patricio ilustre, á quien debe su 
prosperidad y ventura, no ha hecho nunca nada por testimoniarle su 
gratitud, más que glorificarse con su nombre. Ni ha terminado el Insti- 
tuto que él levantó y atendió en vida con entrañable afecto ; ni ha pu- 
blicado ninguna edición de sus obras ; ni tan siquiera un libro para 
enaltecerle. Tres veces que intentó erigirle una estatua, tres veces fra- 
casó en la empresa. Hubo un hombre (D. Juan J. Huergo) que, com- 

(1) Correspondencia inédita de lord Holland con Jove Llanos. (Manuscritos de 
«La Quintana.») 

(2) D. Angel Monasterio, escultor. 



212 BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

padecido de ver arrinconados y apolillados en los estantes de la Biblio- 
teca los Manuscritos del Promotor, acometió con denodado entusias- 
mo su publicación, y el frió del desengaño le hizo cejar en los prime- 
ros pasos. Gijon, que no ha colocado una lápida siquiera en la casa 
donde nació el mayor genio que ha producido Asturias; Gijon, que ha 
permanecido insensible y silencioso ante las apasionadas contiendas 
político-literarias con que dos bandos intentaron arrogársele por fun- 
dador de su sistema.. , debe, en justa reparación de su incalificable ol- 
vido, aprestarse á honrar su memoria de una manera digna, si no quiere 
el dia de mañana sentirse abochornado por plumas extranjeras que, 
más despiadadas que la nuestra, le mostrarán á los ojos del mundo 
como modelo de ingratitud y de egoismo. 

Julio Somoza. 

Mayo, 1884. 











ltt%J 









BIBLIOGRAFÍA JOYELLAHISTA 



I.— -BIÓGRAFOS, COMENTADORES, ETC. 



Alcalá Galiano, Antonio. Revista de Madrid. 
Amador de los Rios, José. La América. 

Anónimo: (D. Gregorio de Jovellanos.) Genealogía de la casa de Jove- 
llanos. Manuscrito vinculado en su familia. 

Anónimo: Descripción de las fiestas con que el Colegio Mayor de San 
Ildefonso de Alcalá solemnizó el ascenso de D. Gaspar de Jo ve- 
Llanos al Consejo de Estado. (Alcalá, Enero de 1 7 98). 

Anónimo: Noticias históricas de D. Gaspar Melchor de Jovellanos. 
Conságralas á sus respetables cenizas L. M. de A. M. (Palma de 
Mallorca, imprenta de Domingo). 

Anónimo: Folletos con la descripción de las fiestas en honor de Jove- 
llanos en Aviles, Valladolid y Salamanca. 

Anónimo: Colección de Ordenes y Decretos de las Cortes. (Madrid, 
año de 1820, tomo 11.) 

Anónimo: Memoria en apoyo de la conservación del Instituto de Jo- 
vellanos de Gijon. (Gijon, imprenta de C. Ladreda, 1869.) 

Aramburu y Zuloaga, Félix. Memoria del estado de la enseñanza del 
distrito universitario de Oviedo en el curso de 1883-84. (V. Ins- 
tituto de Jovellanos.) Manuscrito. 

Argüelles, Agustin. Exámen histórico de la reforma constitucional. 
(Lóndres, 1835. V. Jovellanos). 

Ayguals de Izco. Biografía de Jovellanos. (En el Panteón universal, 
tomo ). 

Balaguer, Víctor. Historia política y literaria de los Trovadores (Madrid, 
año 1878). 

— Jovellanos. Anotó el Saint- Relay e Millot, fijándose en la tenden- 
cia social y política de los trovadores, t. 1, páginas 16 y 169. 
Baumgarten. D. Gaspar Melchor de Jovellanos. Revista Contemporánea, 
15 de Noviembre de 1877; fragmento traducido por D. Eliano 
de Ugarte. 



214 BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

Blanco White. Letters from Spain, by D. Leucadio Doblado. (London-, 

año 1822, páginas 343 y 346.) 

Bover, Joaquín María. Diccionario histórico-geográfico de las islas Ba- 
leares. (Palma, 1846, en 4. ) 

Cabarrús. Cartas á Jovellanos sobre los obstáculos que la naturaleza, 
la opinión y las leyes oponen á la felicidad pública. (Vitoria, 1808.) 

Canga Arguelles, José. Noticia de varios Manuscritos legados por Jo- 
vellanos al Instituto de Gijon. (V. el Catálogo, vol. xiv.) 

Canga Arguelles, José. Expediente sobre la visita al Real Instituto As- 
turiano en 1837. (Manuscrito del Instituto. Catálogo, vol. lxxx.) 
Posee copia esmerada el Sr. Aramburu. 

Canga Arguelles, José. Observaciones sobre la Historia de la guerra 
de España, de... (Madrid, 1833.) 
Tomo 1, páginas 204 y 303; tomo ra, pág. 135. 
Tomo 1 de Docum., páginas 287 y 344; tomo 11 de Docum. 

Canella Meana, limo. Sr. D. Benito. Memoria del estado de la ense- 
ñanza de la Universidad de Oviedo desde 1858 á 1860. (Oviedo, 
año de 1861, tomo 1, páginas 100 y 221.) 

Canella Secades, Fermín. Historia de la Universidad de Oviedo, etc., 
(capítulo viii, pág. 115; y apéndice xv, pág. 437.) 

Cañedo, R. M. Noticias de los principales hechos de la vida de Jove- 
llanos. (Edición de sus Obras, tomo vn, pág. 275.) 

Cañete, Manuel. Juicio crítico de la Vida de Jovellanos, por Nocedal 
(periódico El Reino, números 32, 34 y 36, año 1859: incorporado 
al escrito de Nocedal). 

Catalina, Severo. Juicio crítico de la Vida de Jovellanos, por Nocedal, 
(periódico El Estado, 24 de Noviembre de 1859: incorporado al 
escrito de Nocedal). 

Caveda y Solares, Francisco de Paula. Noticia de las fiestas celebra- 
das en Villaviciosa para conmemorar la elevación de Jovellanos 
al ministerio de Gracia y Justicia (inédito), 

Caveda y Solares, Francisco de Paula. Cartas á Jovellanos sobre dis- 
tintos temas, particularmente sobre inscripciones en Fuentes y 
otras iglesias del concejo de Villaviciosa (inéditas). 

Caveda y Solares, Francisco de Paula. Canto en verso libre á Jove- 
llanos. 

Cean Bermudez, Juan A. Memorias para la Vida de Jovellanos y noti- 
cias analíticas de sus obras. (Madrid, imprenta de Fuentenebro, 
año de 18 14.) 

Cerdá, Francisco. Elogio de Jovellanos en el prólogo de la Themis 

Hispana. 

Claustro universitario de Oviedo. Noticia de los públicos regocijos con 
que la Universidad de Oviedo celebró la elevación de D. Gaspar 
de Jovellanos á la secretaría de Estado y despacho universal de 
Gracia y Justicia. (Oviedo, 1798.) 

Colmeiro, M. Historia de la Economía política de España. (Madrid, 
año de 1863.) 

Coquelin y Guillaumin. Dictionnaire de l t Econo?nie politique. (París, 
1854, tomo 11, pág. 8.) 



BIBLIOGRAFÍA JOVELL ANIST A 



215 



Cueto, L. A. de. Poetas líricos del siglo xviii, tres tomos. 

Chao, Eduardo. Continuación de la Historia general de España, por 
el P. Mariana. (Madrid, 1851, tomo iv ; páginas 595 y 608; to- 
mo v, páginas 33 y 218.) 

Dominguez, R. J. Diccionario Nacional, artículo Jovellanos. 

Dunham, Dr. Historia de España, traducción de D. A. Alcalá Galiano. 
(Madrid, 1845, tomo vi, páginas 40, 54 y 115). 

Escalera, E. Biografía de Jovellanos. En la Crónica del Principado de 
Asturias. (Madrid, 1865, pág. 137.) 

Escoiquiz, J. Idea sencilla de las razones que motivaron el viaje del 
rey Fernando VII á Bayona. 

Fernandez y González, Francisco. Historia de la crítica literaria en Es- 
paña desde Luzan hasta nuestros dias. (Madrid, 1867, Jovella- 
nos, pág. 51, nota.) 

Fernandez-Guerra, Aureliano. Juicio crítico de la Vida de Jovellanos, 
por Nocedal. (Periódico El Parlame?ito, núm. 1.203, añ0 I ^58, 
incorporado al escrito de Nocedal.) 

Ferrer del Rio. Historia de Cárlos III. (Juicio de Jovellanos.) 

Fillol, José V. Sumario de literatura española. (Vide Jovellanos.) 

Franquet, W. Juicio de Jovellanos. (En la Revista de Instrucción pública, 
literatura y ciencias, Madrid, 1859 60.) Números 1, 5, 8, 11 y 17, 
de 6 de Octubre, 3 y 24 de Noviembre, 15 de Diciembre de 1859, 
y 26 de Enero de 1860. 

Fuertes Acevedo, Máximo. Historia literaria de Asturias. (Manuscrita.) 

— Biblioteca de escritores asturianos. (Manuscrita.) Premiada en con- 
curso público por la Biblioteca Nacional . 

— Estudio biográfico crítico de los jurisconsultos asturianos. (Manuscri- 
to.) Premiado por la Universidad de Oviedo en el certámen de 1883. 

Gaillard. Biographie universelle. (Véase el artículo Jovellanos y nota al 
final de la obra.) 

Garrido Estrada, Eduardo. La escuela fisiocrática española del si- 
glo xviii. {Revista Ilisfiatw- Americana, i.° de Diciembre de 1882.) 

Godoy, Manuel. Memorias de D. Manuel Godoy, príncipe de la Paz; 
cuenta dada de su vida política, etc. (Madrid, 1836. 5 tomos, im- 
prenta de Sancha; tomo vi, 1842, imprenta de Alegría.) 

— Jovellanos: tomo 11, cap. xl, páginas 127, 139, 376 (nota). 
— Cap. xli, páginas 154 á 161. 
— Cap. xlvii, paginas 321-22. 
— Tomo iv, páginas 72-73, 168-17 1. 
— Tomo vi, conclusión, nota, pág. 12. 

González, Fray Ceferino. Historia de la Filosofía. (Ideas filosóficas de 
Jovellanos.) 

González de Posada, Cárlos. Vida de Jovellanos. (Manuscrito inédito.) 
González Valdés Granda. Traslación de las cenizas de Jovellanos y 

oración fúnebre. (Madrid, imprenta de Aguado, 1842.) 
Holland, lord Vasall. Cartas á Jovellanos. (Inéditas en la Biblioteca de 

«La Quintana.») 
— Vida de Lope de Vega: 18 17, tomo 11. 
— Tributo á Jovellanos. 



216 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



Jarrin, Francisco. Lecciones de Retórica y Poética de Jovellanos, adi- 
cionadas y comentadas por el Dr. D. Francisco Jarrin. (Gijon r 

1879.) 

Lafuente, Modesto. Historia de España. (Barcelona, 1882. Tomo iv, 
páginas 333 á 335-412; tomo v, pág. 189.) 

La Fuente y Condón, Vicente. Historia de las sociedades secretas. (Ma- 
drid, 187 1, 3 tomos.) 

— Tomo 11, pág. 95. Sociedad de Jovellanos. Estatutos. (Madrid, 1837.) 

La Serna y Montalvan. Elementos de Derecho civil y penal de España. 
(Madrid, 1874. Undécima edición; tomo 1.) 

La verde Ruiz, Gumersindo. Ensayos críticos. Lugo, 1868. (Véase el ca- 
pítulo Jovellanos católico, páginas 393-431, y las páginas 288, 317 
y 481.) 

Linares y Pacheco , W. Noticia histórica del Excmo. Sr. D. G. M. de 
Jovellanos. (Segunda edición de sus Obras. Barcelona, 1865, to- 
mo vnr, pág. 205.) 

Llórente. Historia de la Inquisición. (París, 1817. Cuatro tomos en 8.°) 

— Persecuciones de Jovellanos, tomo 11, pág. 540; tomo iv, pág. 122. 

Menendez Pelayo, Marcelino. Vindicación de Jovellanos. (Periódico 
El Siglo Futuro, números 2.004 y 2.005, 21 y 22 de Noviembre, 
1881, tomados de la Historia de los Heterodoxos españoles, to- 
mo ni.) 

Moratin. Epístola en verso á Jovellanos, con notas. 

Navarro, Felipe Benicio. El Museo de Gijon. Noticia breve de la her- 
mosa colección de dibujos del Instituto de Jovellanos. (Barcelo- 
na, 1878.) 

Nieva y Ayala, Dr. D. Francisco de. Emblema literario de D. Gaspar 
de Jovellanos. (Poesía, volúmen lxv de los Manuscritos del Insti- 
tuto de Gijon.) 

Nocedal, Cándido. Vida de Jovellanos. (Madrid, 1865, imprenta de 
Rivadeneira. Con los juicios críticos de los Sres. Guerra, Cañete 
y Catalina.) 

Ortiz de la Vega, M. Las Glorias Nacionales. Grande historia univer- 
sal de todos los reinos, provincias, etc. (Madrid, 185 2 54.) 
—Jovellanos: tomo 1, pág. 476. Qué dice de las aras sextias. 
—Tomo 1, pág. 476. Descubrió en el pueblo de Corao algunas 

inscripciones que dan indicios de la población de Vadinia. 
— Tomo vi, pág. 559. Contribuyó á ilustrar el reinado de Cárlos III. 
— Tomo vi, pág. 563. Servicios que prestó á Cárlos IV. 
— Tomo vi, pág. 573. Su encarcelamiento y causa de él. Fué uno 
de los miembros de la Junta central en 1808. 
Pérez de Anaya, Francisco. Lecciones y modelos de elocuencia foren- 
se. (Madrid, 1848, tomo 1, páginas 317 á 334.) 
Pidal, Alejandro. Prólogo á los Bocetos del Instituto de Jovellanos. 
(Gijon, 1878.) 

Quintana, M. José. Elogio de Jovellanos. (En la Introducción á la poesía 

castellana del siglo xvm.) 
Rendueles Llanos, Est. Biografía de Jove Llanos. (En la Historia de 

Gijon, 1867, páginas 439 á 460.) 



BIBLIOGRAFÍA JOVELLANISTA 



217 



Revilla y Alcántara G. Principios de literatura general y literatura es- 
pañola. (Madrid, 1872, dos tomos. Tomo 11, lección lx.) 

Sala, Juan. Diccionario biográfico universal. (Madrid, 1882, pág. 643.) 

Sánchez, Miguel. Exámen teológico-crítico de la obra de D. Cándido 
Nocedal, titulada Vida de Jovellanos. (Madrid, 188 1.) 

Selgas, Fortunato. Jovellanos considerado como crítico en Bellas Ar- 
tes. (Madrid, 1883, folleto. Publicado en el núm. 364 de la Revista 
de España.) 

Sempere y Guarinos. Noticia bibliográfica de D. G. M. de Jovellanos. 
(En el tomo m, páginas 131-148, de la Biblioteca Española de es- 
critores del reinado de Cárlos III.) 

Sociedad Económica de Asturias. Memoria de las públicas demostra- 
ciones de júbilo en la promoción de D. Gaspar de Jovellanos á 
la Embajada de Rusia y Ministerio de Gracia y Justicia. (Ovie- 
do, 1798.) 

Somoza, Julio. Catálogo de manuscritos é impresos notables del Insti- 
tuto de Jovellanos en Gijon , seguido de un índice de otros docu- 
mentos inéditos de su ilustre fundador. (Oviedo, 1883, imprenta 
de Brid.) 

TickDor, M. G. Historia de la literatura española. Jovellanos : tomo \ r 

pág. 487. Protección á Llórente, nota 7. 

— Tomo 11, pág. 357. Inmoralidad del teatro antiguo, nota 15. 

— Tomo iv, páginas 96-104. Su vida. 

— Tomo iv, pág. 97. Su teatro. 

— Tomo iv, pág. 104. Sobre Pan y Toros, nota 10. 

— Tomo iv, páginas 123-125. Exito de El Delincuente Honrado. 
Toreno, Conde de. Historia del levantamiento, guerra y revolución de 

España. 

Varios. Relación de las demostraciones de júbilo con que el comercio 
de Gijon celebra los ascensos de D. G. M. de Jovellanos. (Oviedo, 
1798.) 

Weiss, M. Biographie univer selle. (París, 184T, tomo ra, pág. 330.) 

IL— PUBLICACIONES PERIÓDICAS 

Revista de Asturias. — La Redacción : La estatua de Jovellanos , pági- 
na 126, año de 1880.) 

— Fuertes Acevedo: Jovellanos considerado como político, páginas 5 
y 118. Año 1881. 

— Laverde Ruiz: Ideas políticas de Jove Llanos, pág. 65, año 1881. 

Ilustración Gallega y Asturiana. — Pedregal y Cañedo: Jove Llanos 
economista, tomo 11, 1880, pág. 434. 

— Vicenti, Alfredo: Una carta de Jove Llanos, tomón, 1880, pág. 434 
(reproducido). 

— Balbin de Unquera: Jove Llanos y la época de Cárlos IV, id., id., pá- 
gina 436. 

— Azcárate: Jove Llanos juzgado por un alemán, id., id., pág. 437 (re- 
producción). 



218 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



- Aramburu: Jove Llanos en la guerra de la Independencia, id., id., 

pág. 438. 

— *Canella Secades: Jove Llanos; Recuerdos monumentales, id., id., 
página 442 (modificado). 

— Junquera: Jove Llanos y su predilecto interés por la instrucción, 
id., id., pág. 443 (reproducción). 

— Galindo y de Vera: Episodios de la vida de Jove Llanos, id., id., pá- 
gina 445 (reproducción). 

— Somoza: Los Diarios de Jove Llanos, id., id., pág. 261. 

— Pando y Valle: Estatua á Jovellanos, id., id., pág. 151. 

— Luanco, J. R.: Postrimerías y recuerdos de Jove Llanos, tomo ra, 
1881, pág. 388. 

— Perefta, G.: Jove Llanos en las Baleares, id., id., pág. 302 (reprodu- 
cido) . 

El Producto}- Asturiano. — Azcárate: Un discurso de Jove Llanos, año 

de 1877, núm. 414. 
— Pérez Dindurra: Don G. M. de Jove Llanos, id., id. 

- -Laviada, I.: Jove Llanos, id., id. 

— Informe de Jove Llanos sobre el expediente de la Ley agraria, 
año 1878. 

— Canella Meana: Carta sobre Jove Llanos, año 1877, núm. 572. 

— Socías, Cayetano: Carta sobre Jove Llanos, id., id. 

El Carbayon. — * Jovellanos (autógrafo): Testamento por comisario de 

D. G. M. de Jove Llanos. (Mayo, 1882.) 
— *J. S.: Efemérides de la vida de Jovellanos. (Enero, 1882.) 
— ^Jovellanos (autógrafo): Crítica de un nuevo Quijote. (Mayo, 1884.) 
El Faro Asturiano. — Laverde Ruiz : Polémica Jovellanista. Núm. 364, 

Noviembre, 1859, año iv; núm. 369, Enero, 1860, año v. (Estos 

artículos han sido refundidos por su autor en la obra que publicó 

después, titulada Ensayos criticóse Véase. 
La Esperanza, años 1859-1860. 
El Conciliador, id , id. 
El Universal, año 181 2. 

Semanario Patriótico. — Muerte de Jovellanos, núm. xci, 2 de Enero 
de 1812. 

Revista de Instrucción Pública, Literatura y Ciencias. — W. Franquet- 
Doctrinas religiosas, morales y políticas de Jove Llanos, 1859-60. (Véa: 
se lo dicho en la primera sección.) 
— Doctrinas literarias de Jove Llanos. 
Diario de las sesiones de Cortes (1864- 65). — Congreso de los Diputa- 
dos. — Legislatura de 1864-65. — Tomos m y iv. Madrid, 1865. — 
Monumento á D. Gaspar Melchor de Jovellanos. 
— Autorización y proposición del Sr. Capua, pág. 716. 
—Apéndice i.° al núm. 40. 
— Discurso en su apoyo, páginas 775, 777 y 779- 
— Advertencia del señor vicepresidente Belda, pág. 779. 
— Coutestacion al señor ministro de Estado, y se toma en conside- 
ración por unanimidad, pág. 780. 
— Comisión, 856 y 921. 



BIBLIOGRAFÍA JOVELLANISTA 



219 



— Declaración y apéndice al núm. 59, pág. 12 14. 

— Se aprueba sin discusión, pág. 1266. 

— Votación definitiva y apéndice al núm. 61, pág. 1289. 

— Comunicación del Senado remitiendo el proyecto modificado, , 

pág. 2589. 
— Apéndice 6.° al núm. 103. 
— Comisión mixta, páginas 2656 y 2827. 
— Dictámen de ésta y apéndice r.° al núm. ni, pág. 2828. 
— Se aprueba, pág. 2.868. 

— Sanción y apéndice 8.° al núm. 119, pág. 2968. 

El Dia. — ^Jove Llanos (autógrafo): Reflexiones y conjeturas sobre el 
boceto original del cuadro llamado de La Familia. Suplemento 
literario, 4 de Junio, 1883. 

Ilustración Gallega y Asturiana. — Jo ve Llanos (autógrafo): Descrip- 
ción del Concejo de Carreño, tomo 111, 1881, pág. 65. 

Museo de las Familias. — Jo ve Llanos, año 1840, tomo n, pág. 225. 

Memorias de la Academia de la Historia. — (Véase el tomo v.) 

III.— MANUSCRITOS 

Existen en mayor número los inéditos que los publicados, princi- 
palmente en la Biblioteca del Instituto de Jove Llanos y en la Biblio- 
teca de «La Quintana.» (Véase el Catálogo.) 

Poseen asimismo manuscritos de Jove Llanos los Sres. Menendez 
Pelayo, Laverde Ruiz, Cándido Nocedal, marqués de Pidal, Menendez 
de Luarca, Fortunato Selgas (relativos á D. Domingo García de la 
Fuente), Miguel Buylla (relativos al capellán Sampil), Elduáyen, Fer- 
nandez Quirós (del canónigo Posada), herederos del arzobispo Vélez, 
Canga Arguelles, Romero Ortiz, etc. 

Los herederos del apellido y vínculo de Jove Llanos no poseen, se- 
gún confesión propia, ni el más insignificante documento. 

En la Biblioteca Nacional se custodia un manuscrito de veinte ho- 
jas con diez cartas autógrafas de Jove Llanos á Posada. 

También paran en poder de un incógnito los trabajos hechos por 
Jove Llanos para un Diccionario bable. (Véase Revista de Asturias, 
año 1881, pág. 73, nota i. a ) 

Apelamos al patriotismo de todos, para que ninguno de estos her- 
mosos documentos quede en el olvido. 

IV.— IMPRESOS DISPERSOS Y EDICIONES PARCIALES 

(TOMOS Y PAGINACION DE LA EDICION DE RIVADENEYRA) 

i, 1. Poesías. — Poesías líricas: Madrid, 1780. 

1, 41. Fabio á Anfriso: impreso en el tomo x del Viaje por España, de 
Ponz. * 

1, 51. Pelayo: 1810-1814 (reimpreso con el nombre de Munuza). Bar- 
celona. 



220 BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

i, 77. Delincuente Honrado: 1877, traducción francesa de, Eymar. — 
1778, traducción alemana. — 1779, traducción inglesa. — 1787, Ma- 
drid (con carácter anónimo). — 1803, octava edición. — 1818, tra- 
ducción francesa, Bordeaux, en 18. (sin año), Barcelona. 

1, 268. Bases para un plan general de Instrucción pública: impresa en 
la Colección de documentos inéditos pertenecientes á la Historia 
política de nuestra revolución, Cádiz, 18 13. 

1, 305. Felicitación de la R. A. E. á Cárlos III: Madrid, 1785, imprenta 
de Sancha, 4. 

1, 307. Felicitación de la R. S. E. de Madrid á Cárlos III: Madrid, 1785, 
por D. A. Sancha. 

1, 309. Lenguaje y estilo de un Diccionario geográfico: Madrid, 1785. 

h 330- Sobre la necesidad de unir el estudio de la literatura al de las 
ciencias : Almacén de frutos literarios ó Semanario de obras iné- 
ditas, tomo iv, Madrid, 18 18. 

r, 350. Elogio de las Bellas Artes: Madrid, 1782. 

1, 410. Apéndice i.° á la Descripción del castillo de Bellver: Palma, 
imprenta de Miguel Domingo, 18 13, 4. 

i, 441. Apéndice 3. Descripción de la Lonja: Palma de Mallorca, 
1812,4.° 

— Reimpreso por la Junta de Comercio de la Isla: Palma, imprenta de 
Guasp, 1835, 4. 

1, 480. Memoria para el arreglo de la policía de los espectáculos : Me- 
morias de la Academia de la Historia, tomo v, Madrid, 181 7. — 
Madrid, imprenta de Sancha, 1812, 8.° — Cádiz, 1817, 4. 

1, 503. Memoria de la Junta Central: Coruña, 181 1 , dos tomos en 4.% 
oficinas de Pérez Prieto. 

I, 579. Representación á Cárlos IV: Madrid, imprenta de Sancha, 

1808. 

n, 14. Establecimiento de un Montepío para los nobles: Madrid, 178... 

II, 54. Admisión de señoras en la S. E. de M. : Memorial literario de 

Abril de 1785, tomo iv, Madrid. 

11, 79. Ley agraria: 1795, Madrid, imprenta de Sancha (reproducida con 
la misma fecha). — 18 14, Palma de Mallorca, en 4. — 181 5, Léri- 
da. — 1820, Madrid, por Sancha.— 1820, Burdeos. — 1820, Madrid, 
por Sancha, segunda vez. — 1834, Madrid, 4. , por Palacios. — 
1816, Berlin, traducción alemana por Beguelin. 

n, 139. A Campomanes sobre Erarios públicos: Madrid, 1786. 

11, 271. Cartas á Ponz: Habana, 1847. Memorias de la Real Sociedad 
Económica, tomo iv. 

11, 302. Novena carta á Ponz sobre los Vaqueros: Se publicó por pri- 
mera vez en francés en la Histoire des races maudites de la France 
et de VEspagne, por M. Francisque, París, 1847. 

11, 379. Noticia del Real Instituto Asturiano: Oviedo, 1795, imprenta 
de Pedregal. 

- — Proyectos sobre el Nalon y Trubia, y camino carbonero de Lan- 
greo. — Se publicaron en las Memorias sobre minas de Asturias, 
criaderos, etc., por Ezquerra del Bayo, Madrid, imprenta de Co- 
llado, 1831. 



BIBLIOGRAFÍA JOVELLANISTA 



221 



— Informe de Jove Llanos á la Academia de la Historia sobre la publi- 
cación de las Poesías del Arcipreste de Hita. — Inserto en la His- 
toria de la Literatura española, de Amador de los Rios, tomo rv, 
pág. 581. 

V.— IMPRESOS COLECCIONADOS 

Obras de Jove Llanos: 1830- 183 2. Madrid: imprenta de Amarita, ano- 
tadas por Cañedo; siete tomos en 4. 

— 1839: Barcelona, anotada por Linares Pacheco. 

— 1845: Madrid, imprenta de Mellado; cinco tomos en 8.° 

— 1846-1847: Logroño, imprenta de Domingo Ruiz; siete tomos, 8.° 

— 185 8- 1859: Madrid, imprenta de Rivadeneira, coleccionadas por No- 
cedal; dos tomos en folio. 

— 1865-1866: Barcelona, imprenta de Oliva, 2. a ilustr. por Linares Pa- 
checo; ocho tomos en 8.° 

— 1880-1882: Madrid, imprenta y litografía de la Biblioteca Universal; 
tres tomos en 16. 

La figura de Jove Llanos ha sido llevada al teatro en la popular 
zarzuela Pan y Toros, y presentada con propiedad, en el artístico cer- 
tamen que bajo el epígrafe de El Jurado de Ultratumba ha trazado en 
la Revista Hispano-Americana el ameno escritor D. Cárlos Coello. 




NOTICIA DE ALGUNOS CONTEMPORÁNEOS, 



AMIGOS Y PARIENTES DE JOVELLANOS 



Abad y La Sierra, Agustín. Obispo de Barbastro en 1792. Amigo. 
Abad y La Sierra, Manuel. Arzobispo de Selimbria. Amigo. 
Aballe, Antonio. Individuo de la Junta central por Galicia. 
Abella, Manuel de. Secretario de la comisión de Cortes de la Junta 
Central. 

Acebal, Alonso. Paisano y amigo. 

Acebedo, Manuel María de. Oidor de la Audiencia de Asturias. 
Acedo Rico, conde de la Cañada. Amigo. 

Acevedo Villarroel, José. Amanuense y secretario de Jove Llanos ; ofi- 
cial de la Secretaría del Consejo de Indias. 

Acuña, Pedro de. Ministro de la Guerra en 1792. 

Agüera, conde de. Presidente de la Junta de Armamento de Asturias, 
1809. 

Aguirre, Luis Ignacio de. Contertulio de la casa de Olavide; alcalde 

del crimen de la Real Audiencia de Sevilla. 
Aguirre, Manuel de. 

Ahuja Manuel, Benito Antonio de la. Bachiller en teología; poeta as- 
turiano. 

Aizpun y Redin, Manuel de. Individuo del Consejo de Ordenes. 
Alava, José de. Capitán; esposo de doña Engracia Olavide; amigo. 
Albergotti, Ulysses. General en jefe del Principado, nombrado por la 

Regencia en 18 10. 
Alburquerque, duque de. 

Alcalá Galiano, Vicente. Tesorero general de la Junta de Hacienda de 
Sevilla. 

Alcudia, duque de, M. Godoy. Presidente del Consejo de Castilla. 
Almaráz. Magistrado de la Audiencia de Sevilla . 
Almodóvar. Médico de Palma de Mallorca. 
Almodóvar, duque de. Individuo de la Academia de la Historia. 
Alonso de Faes, José. Hermano político de Jove Llanos, casado con 
doña Catalina de Sena. 



224 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



Alonso de Viado, Joaquín. Teniente de ingenieros; alumno del Insti- 
tuto. 

Alonso de Viado, Manuel. Hermano del anterior; ayudante del regi- 
miento de Nobles; alumno del Instituto. 

Altamira, conde de, marqués de Astorga. Individuo de la Junta Cen- 
tral por Madrid. 

Altamirano, licenciado. Colegial de Alcalá de Henares. 

Alvarado, Padre. Envidioso y grotesco impugnador de las ideas de 
Jove Llanos. 

Alvarez, Alonso. Escribano del ayuntamiento de Gijon. 

Alvarez, Ana. Aya de la pupila doña Manuela Blanco. 

Alvarez de Faria, Juan Manuel. Amigo de Jove Llanos; consejero de 

Estado; ministro de la Guerra en 1799. 
Alvarez, Miguel. Escultor. 

Alvarez Caballero, Eugenio Manuel. Abogado de nota de la Real Au- 
diencia de Oviedo, 1780. 

Alvarez Caballero, Pedro. Arcediano de Villaviciosa ; individuo de la 
Sociedad de Amigos del País de Asturias. 

Alvarez Celleruelo, Pedro. Individuo de la Junta General del Princi- 
pado, 1808. 

Alvarez Celleruelo, Vicente. Individuo de la Junta General del Princi- 
pado, 1808. 

Alvarez del Manzano, Fernando. Secretario de la Junta Superior de 
Asturias, 18 10. 

Alvarez Miranda, Fernando. Catedrático de Derecho ; secretario de la 

Comisión asturiana que fué á Inglaterra en 1808. 
Alvarez Tejera, Joaquin. Vecino de Gijon. 

Alvarez Valdés, Manuel A. Mangolin. Auxiliar de matemáticas en el 

Instituto, 17 98-1 808. 
Alvarez Veriña, Timoteo. Alumno aventajado del Instituto. 
Alvar González Zarracina, José. Profesor auxiliar de matemáticas y de 

física y química en el Instituto, 17 99- 1804. 
Amar, José. Presidente de la Real Academia Médico -Matritense. 
Amat, Félix. Canónigo de Tarragona; puso reparos á las obras de Jove 

Llanos. 

Amatria, Cárlos de. Diputado provincial de Navarra é individuo de la 

Central por idem. 
Angulo. Vecino de Gijon. 

Angulo, Francisco. Director general de Minas en 17 91. 

Antayo, Vicente, marqués de Vista-Alegre (vide). 

Aparicio de Juan, Tomasa. Viuda de Bernardo de Juan. (MS. de «La 

Quintana,» A-f-19-20.) 
Apodaca, Juan Ruiz de, primer conde del Venadito. Teniente general 

de la Armada en 1808 (1767-1835). 
Aranda, conde de, P. P. A. de B. Amigo y consejero de Jove Llanos. 
Arango, Alonso. 

Arango, Antonio García. Mayordomo y capellán del marqués de Cam- 
po-Sagrado. 

Arce, Antonio de. Capitán general del departamento del Ferrol en 1795. 



NOTICIA DE CONTEMPORÁNEOS 



225 



Arce, Ramón José de. Arzobispo de Burgos-, inquisidor general. 
Arce y Morís, Juan de. El Rey D. Juan. Matemático y polígrafo ; dis- 
cípulo aventajado del Instituto. 
Arceo, José. Paisano; residente en Manila. 
Arco Hermoso, marqués de. Amigo. 

Arguelles, José. Tutor, con Jove Llanos, de la pupila doña Manuela 
Blanco. 

Arguelles, Lope José de. Diputado provincial asturiano. 
Argüelles Alvarez, Agustin. Orador, paisano y amigo. 
Arguelles Méres, José de. Individuo de la Junta General del Principa- 
do, 1808. 

Arguelles Mier, Juan María de. Vocal de la Junta de armamento de 
Asturias. 

Arguelles Ponga, José de. Individuo de la Junta general del Principa- 
do, 1808. 

Arguelles Quiñones, Antonia. Sobrina de Jove Llanos. 
Argüelles Quiñones, Antonio María, señor de Peñerudes. Sobrino de 
Jove Llanos. 

Arguelles Quiñones, María del Cármen. Sobrina de Jove Llanos, pri- 
mero y segundo grado. 

Arguelles Q. y G. Cienfuegos, Javiera Sobrina de Jove Llanos, segundo 
grado. 

Arguelles (). y G. Cienfuegos, José. Sobrino de Jove Llanos, segundo 
grado. 

Arguelles Q. y Omaña, José. Regidor de Siero é individuo de la Junta 

Superior de Asturias. 
Arguelles Q. y Omaña, Juan. Sobrino de Jove Llanos, segundo grado. 
Arias de Saavedra y Verdugo, Juan José. Intimo de Jovellanos, y su 

protector; ministro del Consejo de Hacienda. 
Arribas. Afrancesado. 

Arze, Manuel María de. Secretario de la Junta de Cádiz. 

Asensio de Ezterripa, Juan. Caballero de la Orden de Montesa, cuya 

vacante se proveyó en Jove Llanos. 
Astorga (véase Altamira.) 

Ayamans (conde de). Teniente coronel de Milicias de Palma; individuo 

de la Junta Central por Mallorca. 
Ayestarán, Juan Ignacio de. Amigo de Jove Llanos, que estuvo á sus 

órdenes. 

Azanza, José Miguel de. Amigo de Jove Llanos; ministro de José I. 

Baird. General inglés aliado. 

Balaguer. Patrón de un buque mallorquin . 

Balanza, Miguel de. Diputado provincial de Navarra é individuo de la 

Central por id. 
Baldivares. Poeta asturiano. 

Ballesteros, Francisco. General español durante la guerra de Asturias, 
1809. 

Bánces, José Cárlos de. Rector de la villa de Gijon, 1794. 
Baños, conde de. Amigo y corresponsal de Jove Llanos; presidente del 
Consejo de Ordenes. 

13 



226 



BIBLIOTECA DE LA. PROPAGANDA LITERARIA 



Barben', José. Presbítero de Mallorca. 

Bárcena , Pedro de la. Jefe de fuerzas asturianas en la guerra de la In- 
dependencia, 1809. 

Bardaxí y Azara, Eusebio. Oficial encargado de los asuntos de Africa 
en el ministerio de Estado, 1804. 

Basy Bauzá, Ignacio. Presbítero mallorquín, amigo de Jove Llanos. 

Bastiana, la mió (Vide Obras, páginas 250-257.) 

Bayeu, fray Manuel. Conventual de Mallorca; artista. 

Bazan y Silva, José Joaquín de, marqués de Santa Cruz. Presidente de 
la Academia Española. 

B. C, la Tocaya, la de Buznego, Ceferino . Iniciales y seudónimos de 
D. Baltasar González de Cienfuegos. 

Beanes, José Diaz. Capitán de marina de la Real Armada; gijonés; in- 
formó sobre el puerto. 

Beltran, Luis. Prior de la Orden de Montesa, 1790. 

Be n avente, condesa de. Individuade la Sociedad Económica de Madrid„ 

Bentham, Jerónimo. Filósofo inglés; amigo. 

Berbeo, Juan Antonio González. Abogado y literato asturiano. 

Bernaldo de Quirós, Fernando. Capitán de navio, retirado. 

Bernaldo de Quiiós, Francisco, Pachin, marqués de Campo-Sagrado. 
Teniente general; individuo de la Junta central por Asturias. 

Bierna, Márcos de. Arquitecto; comisario de Guerra. 

Bóbes, Félix de. Párroco de Santullano (Oviedo). 

Bonavia, Lorenzo. Portero de la Junta central. 

Bonet, Miguel. Escribano del consulado de la Lonja de Palma. 

Bonifaz y Quintano, Lorenzo. Prior de la iglesia de Zamora; individuo 
de la Junta central por Castilla la Vieja. 

Bonilla. Magistrado de la Audiencia de Sevilla. 

Bourgoing, Mr. le Chevalier. Secretario de la embajada francesa en 
Madrid. 

Bruere, el barón de, vizconde de Brie. Editor del Diario de Cádiz. 
Bruna, Francisco de. De la tertulia de Olavide; oidor decano de la 

Audiencia de Sevilla. 
Bustamante, Antonio. Racionario de Jaén, á bordo de La Cornelia. 
Busto, Francisco del. Individuo de la Junta General del Principado, 

1808. 

Busto, José G. de. Juez noble de la ciudad de Oviedo; individuo de la 
Junta general del Principado, 1808. 

Busto y Miranda, Gertrudis del. Hermana política de Jove Llanos; es- 
posa de D. Francisco de Paula. 

Caballero, José Antonio, marqués de Caballero. Ministro de Gracia y 
Justicia; perseguidor de Jove Llanos. 

Cabánes, Francisco Javier de. Capitán abanderado de Reales Guardias- 
Walonas. 

Cabanillas. 

Cabarrús y Aguirre, Francisco, conde de Cabarrús. Amigo; ministro de 

José I; director del Banco de San Cárlos. 
Cabo, Juan de. Paisano, residente en América; encargado de la colecta 

para el Instituto. 



NOTICIA DE CONTEMPORÁNEOS 



227 



Cadalso, Pedro, Dalmiro. Poeta y amigo. 
Caltoxar, marqués de. Amigo. 

Calvo de Rozas, Lorenzo. Vecino de Madrid; intendente del Ejército; 

individuo de la Junta central por Aragón. 
Campo Alange. 

Campomanes. Vecino de Gijon, que murió el 9 de Noviembre de 1807. 
Campomanes, Francisco. Del Consejo de Ordenes. 
Campomanes, Pedro Rodríguez, conde de ídem. Amigo y paisano-, fis- 
cal del Consejo y Cámara de Castilla. 
Campos, Francisco de Paula. Porterodela secretaría de la Juntacentral 
Campo Sagrado, marqués de. (Véase Bernaldo de Quirós, Francisco.) 
Candamo, José. 

Canel Acevedo, Pedro. Abogado asturiano. 

Canella, Alonso. Abogado é individuo de la Junta superior de Asturias, 
1810. 

Canga Arguelles, Dr. Felipe Ignacio. Catedrático de la Universidad de 
Oviedo; diputado de la Junta general del Principado, 1781. 

Canga Arguelles, José. Ministro de Hacienda en 181 1; escritor. 

Cañada, conde de la. Gobernador del Consejo Real en 1792. 

Cañedo, Martin Ramón de. Diputado de la Junta general del Principa- 
do, 1781. 

Cañedo y Riego, Ramón María. Militar; después empleado de Hacien- 
da; anotó las obras de Jove Llanos. 

Cañedo y Vigil, Alonso. Arzobispo de Búrgos ; sobrino de Jove Llanos. 

Capmany y Montpalau, Antonio. Literato catalán; amigo; académico 
de la Historia. 

Capó, Padre Juan Bautista. Monje de Valldemoza. 

Capotin, seudónimo de... 

Cárdenas. Regente de la Audiencia de Sevilla; condiscípulo de Jove 
Llanos. 

Caro, Francisco Javier. Oficial comisionado para Galicia y Asturias. 
Caro, Francisco Javier. Catedrático de la Universidad de Salamanca; 

individuo de la Junta central por Castilla la Vieja. 
Caro, Ventura. Capitán general de Galicia en 1792. 
Carpió, conde del. Individuo de la Sociedad Económica de Madrid; 

amigo. 

Carrandi Rentería, José. Individuo de la Junta general del Principado, 
por Gijon, 1808. 

Carrasco, Narciso. Prebendado de Sigüenza, en cuya casa de Trillo se 

hospedó Jove Llanos en 1798. 
Carreño, Antonio. Primo de Jovellanos, residente en Valdesoto. 
Carreño y Cañedo, Antonio de. Alférez mayor de la ciudad de Oviedo 

en 1788. 

Carreño Peón, Serafina de. Abuela paterna de Jove Llanos. 

Carrió Lavandera, Alonso. Gijonés; corregidor y teniente de la capi- 
tanía general en Chilquez (Perú); escritor. 

Carrizo, Francisco. Director del Hospicio de Oviedo en 1801. 

Casado de Torres, Fernando. Ingeniero naval ; amigo particular de Jove 
Llanos. 



228 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



Casajara, marqués de. Presidente del Consejo de las Ordenes militares 
en 1790. 

Casa Tilly, marqués de. Director general de la Armada. 
Casa Tremañes, marqués de. Primo de Jove Llanos. (Véase Ti neo 
Hevia.) 

Caso Cienfuegos, Juan de. Amigo de Jove Llanos. 
Castañedo, Francisco. Canónigo de Jaén, individuo de la Junta central 
por Jaén. 

Castañeda, Francisco. Administrador de correos en Gijon, 1806. 
Castañon, Federico. Jefe de guerrillas; después general en la guerra de 
Asturias. 

Castaños, Francisco Javier. General en jefe de Asturias, Galicia y Ex- 
tremadura, 18 10. 

Castellar , José. Oficial de Estado Mayor en la campaña de Asturias 

(acción de Peñaflor). 
Castilla, Juan Elias de. De la tertulia de Olavide. 
Castillo, José del. Vecino de Sevilla. 
Castrillo, marqués de. 

Castro, Ramón de. Capitán general de Galicia en 18 jo. 

Caveda y Solares, Francisco de Paula. Literato asturiano; amigo y cor- 
responsal de Jove Llanos. 

Cayon, Diego. Segundo piloto de la Real Armada; profesor de mate- 
máticas y dibujo del Instituto Asturiano. 

Cean Bermudez, Juan Agustín, Bermudo. Gijonés; amigo íntimo y bió- 
grafo de Jove Llanos. 

Ceballos, José. Oficial de la secretaría de la Junta central (fragata Cor- 
nelia.} 

Ceballos, Pedro. Ministro de Estado; vocal de la Junta central. 
Cendon, Bernardo. Vecino de Muros, en cuya casa se hospedó jove 
Llanos. 

Cerdá, Francisco. Escritor valenciano, que elogia á Jove Llanos en el 

prólogo de la Thémis Hispana. 
Cevallos, Padre. Envidioso y grotesco impugnador de las ideas de jove 

Llanos. 

Cevallos, Pedro. General en jefe de la expedición al Rio de la Plata. 

Cienfuegos Jove Llanos, Francisco González. Sobrino; arzobispo de 
Sevilla; vocal de la Junta de Sevilla. 

Cienfuegos Jove Llanos, José María González. Sobrino; teniente gene- 
ral de Artillería; fundador de Cienfuegos, en la isla de Cuba. 

Cienfuegos Quiñones, José. Capitán de fragata; brigadier de los reales 
ejércitos; director del Instituto Asturiano, 17 99-1 804. 

Cifré. 

Cifuentes, Joaquín. Gijonés, residente en Madrid, recomendado de 
Jove Llanos. 

Cifuentes, Pedro. Gijonés, residente en Madrid, recomendado de Jove 
Llanos. 

Cifuentes Prada, Miguel de. Concejal de Gijon en 1794; murió en 1806. 

Cirer, José María. Presbítero mallorquín. 

Clérigo de las Jaulas. Seudónimo de D. José Sampil. 



NOTICIA DE CONTEMPORÁNEOS 



229 



Coca, Antonia. Hermana política del vizconde de Quintanilla (á bordo 

de la fragata Cornelia). 
Colodron, Miguel. Criado de D. Juan Arias de Saavedra. 
Colon de Toledo y Larreátegui, Mariano, Anfriso, duque de Veragua, 

Amigo íntimo. 

Collar. Silvestre. Consejero de Indias; compañero de Jove Llanos en 
la Universidad de Avila. 

Concha, Alvaro Victorio de la. Individuo de la Junta general del Prin- 
cipado, 1808. 

Concha, Francisco de la. Archivero de la presidencia de Castilla. 

Cóndres Pumarino, Antonio de. Profesor de matemáticas y lenguas en 
el Instituto; bibliotecario y director, 1804- 1835. 

Cóndres, Teodoro de. Alumno aventajado del Instituto. 

Cónsul, Juan Nepomuceno. Profesor ovetense; retratista de Jove Llanos. 

Contamina, conde de. Individuo de la Junta central por Valencia. 

Cornel, Antonio. Ministro de Guerra y Marina; vocal de la Junta cen- 
tral. 

Cornide Saavedra, José. Escritor y erudito gallego; académico de la 

Historia; amigo de Jove Llanos. 
Cortavarría. Consejero de Castilla; secretario. 

Cossío, fray Guillermo de. Ingeniero encargado de Obras en Asturias. 

Costa y Gali , José. Oficial de la secretaría de la Junta central. 

Costales Vigil, Manuel. Pariente y amigo. 

Croquer, José María. Contador de la fragata Cornelia. 

Cruz, Manuel de la. Gobernador interino del castillo de Bell ver, 1802. 

Cucha, Antonio. Corresponsal de Jove Llanos, 1783. 

Cuenllo, Juan. Capitán del bergantin Begoña, 18 10. 

Cuervo. 

Cuesta, José de la. Arcediano de Avila; amigo. 

Chicheri. Capitán suizo, de guarnición en Bellver. 

Churruca, Cosme Damián de. Comandante del San Juan en Trafalgar. 

(Episodio de Mallorca, 1805.) 
Dagonnier, Mr. Cónsul francés en Gijon, cuya casa fué apedreada 

cuando los sucesos de 1808. 
Delgado, Ambrosio. Racionero de la catedral de Sevilla; amigo de Jovo 

Llanos. 

Delgado, Gaspar B. Vecino de Gijon. 

Despuig, Antonio. Obispo Cardenal, residente en Mallorca en 1805. 
Diaz, Emeterio Diaz. Encargado de caminos. 
Diaz, José. Comerciante de Gijon, en el Humedal. 
Diaz Beánes, José. (Véase Beánes.) 

Diaz Porlier, Juan, El Marquesito. Famoso guerrillero en la campaña 
de Asturias. 

Diaz de Valdés, Pedro, Zaldivaldés. Gijonés; obispo de Barcelona; es- 
critor protegido de Jove Llanos; murió el 15 de Noviembre de 
1807. 

Domezain, Francisco Antonio. Intendente de la Audiencia de Sevilla. 
Domingo, Miguel. Célebre impresor y librero de Palma de Mallorca, 
ardiente jovellanista. 



230 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



Doz, Bonifacio. Amigo aragonés. 

Ducrós, Juan. Oficial en Mallorca. 

Duran, Ramón. Arquitecto de las Ordenes militares. 

Dyer, sir Thomas. General inglés aliado en 1808, amigo y admirador 

de Jove Llanos. 
Eguía, Francisco. General. 

Él de la montera de dos picos. Seudónimo del obispo . 
El filósofo. 
El pintor. 
El rcloxeru. 

El Rusu. Seudónimo de Domingo García de la Fuente. 

El viuda de Barcelona. 

El viudu de Xixon, Antonio María Arguelles Quiñones. (?) 
Erro, Juan Bautista. Vocal de la Junta de Hacienda de Sevilla. 
Esbert. Archivero real interino de Palma de Mallorca. 
Escalante. General. 
Escalona, marqués de. 

Escandon, Salvador. Guerrillero en la campaña de Asturias. 
Escandon y Noriega, Pedro, Petra de les Cruces. Mayordomo de campo 
de Jove Llanos. 

Escaño, Antonio. Ministro de Marina; individuo de la Junta central. 
Escóiquiz, Juan. Escritor; ministro y ayo de Fernando VII; amigo. 
Escolano de Arrieta, Pedro. Secretario del Consejo Real en 1786. 
Espiga, José. Sacerdote. 

Espinosa, José. Superintendente de la fábrica de tabacos de Sevilla. 
Espinosa de los Monteros, Gregorio. Ingeniero que informó en las obras 

del puerto de Gijon. 
Espinosa Tello, José. Flijo del conde del Aguila. 
Espriella, Hilario la. Paisano, residente en América. 
Estébanez, Maestro. Asturiano; abad del monasterio de Lérez. 
Estenóz. Oficial en Mallorca. 

Eymar, Angel d'. Abad de Valchrétien; amigo y traductor de las obras 

de Jove Llanos. 
Ezpeleta. Capitán general de Barcelona en 1809. 
Faes. Administrador del correo en Oviedo. 

Fernandez, fray Juan, Liseno. Amigo; poeta de la escuela salmantina. 
Fernandez Arango, Ramón. Ovetense. 

Fernandez Bendicho, Pablo. Socio de la Económica Matritense. 
Fernandez Blanco, Genaro. Amigo, y pariente de D. Domingo García 
de la Fuente. 

Fernandez Cárcaba, Antonio. Diputado del principado de Asturias. 
Fernandez Cueto, José Gabriel. 

Fernandez de León, Estéban. Individuo del Consejo Supremo de Re- 
gencia. 

Fernandez Maldonado, Eugenio Miguel. Individuo comisionado de las 
Ordenes militares. 

Fernandez de Miranda, Lope. Bisabuelo materno de Jove Llanos. 

Fernandez de Miranda Ponce de León , Francisca María. Abuela ma- 
terna de Jove Llanos. 



NOTICIA DE CONTEMPORÁNEOS 



231 



Fernandez de Moratin, Leandro. Amigo y corresponsal literario. 

Fernandez Navarrete, Martin. De la Academia de la Historia; encar- 
gado de escribir el Elogio de Jovellanos. 

Fernandez Prado, Dr. Antonio. Catedrático de la Universidad de Oviedo. 

Fernandez Prieto. Catedrático de geografía é historia en el Instituí/y 
de Gijon, 1799 -18 16. 

Fernandez San Miguel, Juan Nepomuceno. Abogado de nota en Gijon 
en 1801. 

Fernandez San Miguel y Valledor, Julián. Secretario de Jo ve Llanos 
en 1801. 

Fernandez Villaamil, Cayetano. Segundo piloto de la Armada; profesor 

de náutica en el Instituto, 17 95 -1804. 
Figueroa, Genaro. Militar que sostuvo polémica con Jove Llanos. {Cean, 

pág. 129.) 

Figuerola, Pedro. Agente de D. Gaspar en Barcelona, calle de Escu- 
dillers. 

Figuerola, Rafael. Pariente del anterior y recomendado de Jove Llanos- 
Fita. Fiscal del Consejo de Castilla. 

Floranes, Rafael. Señor de Tavaneros, literato y corresponsal. 
Flores, Joaquín Juan de. Individuo de la Academia de la Historia. 
Flores, José Miguel de. Secretario de la Academia de la Historia en 1786. 
Florez, Ignacio. Vocal de la Junta de Armamento de Asturias. 
Florez Estrada, Alvaro. Economista; procurador general del princi- 
pado de Asturias. 

Floridablanca, conde de. D. José Moñino, presidente de la Junta cen- 
tral; amigo. 

Florida Pimentel, marqués de la. Viceprotector de la Academia de San 

Fernando; amigo. 
Fonclara, condes de. 

Fondevila, Joaquin. Secretario de la Junta de Instrucción pública en 
Sevilla. 

Forner, Juan Pablo, Polifemo. Literato; amigo... y adversario. • 

Fortuny, Micaela. Propietaria de una casa en Son Fornari, donde vera- 
neó Jove Llanos. 

Frere, Juan. Ministro plenipotenciario de Inglaterra. 

Funes, Luis de. Canónigo de Santiago; individuo de la Junta central 
por Granada. 

Galcerán, Miguel. Capellán y amanuense del obispo Dr. Valdés, por 

cuyo conducto se escribió á Jove Llanos. 
Gálvez, José. Ministro de Indias. 
Gálvez, Miguel de. Embajador en Rusia. 

Gallardo, Bartolomé José. Bibliotecario de las Cortes de Cádiz; literato 
y erudito. 

Garay, Martin de. Intendente de Extremadura; individuo de la Junta 

central por idem. 
García, Ignacio. Gobernador del castillo de Bellver en 1802. 
García, Valentín. Capellán y secretario del obispo de Barcelona Diaz 

de Valdés. 

García Arango, Antonio. Capellán del marqués de Campo Sagrado. 



232 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



García Argüelles, Pedro. Catedrático de dibujo natural en el Instituto, 
1099-1803. 

García de la Fuente, Domingo. Mayordomo de jo ve Llanos, y su fiel 

compañero de prisión. 
García de la Fuente, José. Hermano del auterior. 
García de la Fuente, Juan. Hermano de D. Domingo, que estuvo en 

Mallorca en 1803. 
García González, Francisco. Segundo director del Instituto; teniente 

de fragata, 1890-1799. 
García de la Huerta, Vicente, Antioro. Autor dramático, satirizado por 

Jove Llanos. 
García Jove, Toribio. Sacerdote de Gijon, 1794. 

García Jove Llanos, José. Alcalde de Gijon en 1798; diputado general 
en 1808. 

García Malo, Ignacio. Oficial de la secretaría de la Junta c entral. 
García Nava, Miguel Antonio. 

García Rendueles, Antonio. Comerciante é industrial gijonés, 1808. 
García de la Torre, José. Abogado; individuo de la Junta central po.i 
Toledo. 

Gastón, Miguel. Marino español; comandante del San Justo en el rom- 
bate de Trafalgar. 

Gausa, conde de. (Véase Múzquiz.) 

Gil de Jaz, Isidoro. Regente de la Audiencia de Oviedo. 

Gil de Lemus, bailío trey Francisco. Director general de la Armada 
en 1804. 

Gimbernat, Antonio. Célebre cirujano español que informó sobre la 

enfermedad de Jove Llanos. 
Gimoude, conde de. Individuo de la Junta central por Galicia. 
Godoy, Manuel, príncipe de la Paz, duque de la Alcudia. Amigo... 

traidor. 

Godwin, William. Filósofo inglés cuyas doctrinas aceptó en parte Jove 
Llanos. 

González, fray Diego, Delio. Poeta salmantino; amigo. 
González, Francisco. Criado de Jove Llanos; conserje del Instituto. 
González, José. 
González, Santiago. 

González Alonso, Pedro. Sobrino del marqués de Santa Cruz de ln- 
guanzo. 

González Arango, Santiago. Paisano, residente en América. 

González de Argandona, Domingo. Hermano político de Jove Llanos, 
casado con doñajosefa. 

González Arnao, Vicente. Académico de la Historia. 

González Carvajal, Tomás. Amigo sevillano. 

González de Castejon. Mimistro de Marina en 1779. 

González de Cienfuegos. Baltasar, quinto conde Qarcel de Peñalba 
Hermano político de Jove Llanos. 

González de Cienfuegos y Jovellanos, Baltasar Ramón. Sobrino predi- 
lecto de Jove Llanos, y su heredero. 

González de Cienfuegos y Jovellanos, Escolástica. Sobrina de Jovellanos, 



NOTICIA DE CONTEMPORÁNEOS 



233 



González de Cienfuegos y Jovellanos, Francisca Javiera. Sobrina de 
Jo ve Llanos. 

González de Cienfuegos y Jovellanos, Francisco Javier. Sobrino de 

Jove Llanos; más tarde canónigo y arzobispo de Sevilla. 
González de Cienfuegos y Jovellanos, José María Ignacio. Sobrino de 

Jove Llanos; teniente general de Artillería. 
González de Cienfuegos y Jovellanos, María del Carmen. Sobrina de 

Jove Llanos; monja en San Pelayo de Oviedo. 
González de Cienfuegos Jove Llanos Argüelles, Escolástica. Sobrina 

en segundo grado de Jove Llanos, 
(íonzalez de Cienfuegos Jove Llanos Argüelles, Francisco. Sobrino en 

segundo grado de Jove Llanos, 
(íonzalez de Cienfuegos Jove Llanos Argüelles, Gaspar. Id. id. 
González Llanos, Bernardo. 

González Pisador, Agustín. Obispo de Oviedo, 17 60-1 791. 

González Posada, Carlos, Posidonio. Canónigo de Tarragona; paisano 
y amigo íntimo. 

González Reconc, Manuel. Médico titular de Gijon, 1794. 

González Reguera, Manuel. (Véase Reguera González.) Arquitecto as- 
turiano; discípulo de Ventura Rodriguez. 

González de Sepúlveda, Pedro. Pintor y amigo. 

González Valdés, Juan Bautista. Vecino de Gijon; explotador de minas 
de carbón. 

González Villarmil, Ramón de la Rúa. Racionario del Instituto, 
1794-1804. 

Goya, Francisco. Amigo y retratista de Jove Llanos. 

Granada de Ega, duque de. Amigo vascongado. 

( ¡-üetl, José. Individuo de la Junta de comercio y moneda. 

Guiral, Diego. Marino; informante de las obras del puerto de Gijon. 

Gurulles, abad de. 

Gutiérrez Rabé, Juan de Dios. Grande de España; individuo de la Junta 

central por Córdoba. 
Guzman y La Cerda, María Isidra de. Socia honoraria de la Económica 

Matritense. 

Hardings, Alejandro. Cónsul inglés, con quien mantuvo corresponden- 
cia Jove Llanos. 

Heredia, Antonio. Encargado de la dirección en la obra de la carretera 
de Asturias á León. 

Heredia, José de. Director de ingenieros; compañero de Jove Llanos 
en la Universidad de Avila. 

Heredia Velarde, Antonio. Individuo de la Junta general del Principa- 
do, 1808. 

Hermida, Benito Ramón de. Ministro de Gracia y Justicia ; vocal de la 
Junta central. 

Hermida, José. Alférez de fragata; profesor de náutica del Instituto, 
1794-95- 

Hernani, Domingo. Oficial del departamento de Hacienda en el terroL 
Hevia, Antonio Lorenzo de. Diputado por Gijon en la Junta general 
de 1808. 



234 



BIBLIOTECA DE LA. PROPAGANDA LITERARIA 



Hevia, Ramón. Individuo del Consejo de Ordenes. 
He vía Noriega, Francisco. Rector de la Universidad de Oviedo, 
1804-1808. 

Hevia Noriega, Gabriel. Consejero de la Inquisición en 1799. 
Híjar, duque de, marqués de Oraní. Presidente del Consejo de Orde- 
nes, 1790. 

Hinojosa, marqués de la. Del Consejo de Ordenes. 
Holland, lord Vassall. Amigo y corresponsal. 

Hormazas, marqués de las. Ministro de Hacienda; vocal de la Junta 
central. 

Huerta, Ramón de la. Cocinero de [ove Llanos; casó con doña Mana 

Josefa Labranda. 
Ibañez de Corbera, Francisco. Clérigo de la Orden de Calatrava. 
Ibarra. Fiscal á las órdenes de Lerena, el ministro. 
Ibarra, Joaquin. Canónigo de San Isidro; tertuliano de la condesa de 

Montijo. 

Inclán Valdés, Alonso José de. Diputado del principado de x\stúrias. 
ínclán Valdés, Juan Miguel de. Alumno del Instituto; después arqui- 
tecto y escritor. 

Infantado, duque del. Presidente de la Junta de Madrid; presidente de 
Castilla. 

Inguanzo, marqués de Santa Cruz de. Paisano, residente en América. 
Inguanzo y Ribero, Pedro de. Obispo de Zamora; tutor, con Jove Lla- 
nos, de doña Manuela B. C. Inguanzo. 
Iñiguez, padre maestro fray Juan. 

Iriarte, Bernardo. Individuo de la Junta de comercio y moneda. 
Iriarte, Tomás de. Fabulista, y literato; amigo. 
Isla, conde de. Individuo del Consejo de Ordenes. 
Jasom {Felipe). Anagrama de D. José Sampil. 

Jiménez, Melchor. Superintendente de la Casa de Moneda de Sevilla. 
Jiménez Alba, Fernando. Vocal de la Junta de Gobierno de Cádiz. 
Jocano, Sebastian de. Contador de la provincia de Jaén é individuo 

de la Junta central por Jaén. 
Jordán, Joaquin. Amigo, residente en Lima. 
Joumard, Santiago. Corresponsal de Barcelona. 
Jove, Ramón de. Vecino de Gijon. 

Jove Dasmarinas, Gregorio de. Vocal de la Junta de armamento de As- 
turias. 

Jove Llanos, Andrés. Abuelo paterno de D. Gaspar. 
Jove Llanos, Francisco. Hermano natural de D. (raspar, residente en 
Méjico. 

Jove Llanos y Carreño, Francisco Gregorio. Padre de D. Gaspar. 
Jove Llanos y Carreño , José. Tio de D. Gaspar ; capellán de la cole- 
giata de Gijon. 

Jove Llanos y Carreño, Miguel. Tio de D. Gaspar; abad de Villoría. 
Jove Llanos y Jove Ramirez, Alonso. Hermano de D. Gaspar; oficial de 
la Armada. 

Jove Llanos y Jove Ramirez, Benita Antonia. Hermana de D. Gaspar; 
condesa de Marcel de Peñalba. 



NOTICIA DE CONTEMPORÁNEOS 



235 



Jove Llanos y Jove Ramírez, Catalina de Sena, id. id. 

Jovellanos y Jove Ramírez, Francisco de Paula, Pachin. Hermano; ofi- 
cial de la Armada; primer director del Instituto. 

Jove Llanos y Jove Ramírez, D. Gaspar Melchor de. Nombres su- 
puestos que usaba en la correspondencia familiar: Antón de Galdo- 
nes — Antón de Poao. — Antón del Real. — A?iton de Sarriapu. — An- 
tón de Corona. — Bcltran. — Domingo García de la Fuente. — El 
Ca?i. — El de la Coi de les Cruces. — El Marinan. — El Sobrino. — 
El sobrino de su tio. — El rapaz. — Fo?itico Salta nía. — Fray Juan 
de Veriña. — Juan del Canto de la Riba. — Juan de Corona. — Juan 
de Files. — Manuel Martínez Marina. — María Epifanía— Martin 
de Deva. — Martin de Poao. — Pachin de Tr emanes. — Pachin de 
Valdornon. — Pedro Fernandez. — Philo Ultramarino. — Philocar- 
lo. — Pilerio. — Toribio Suarez de Langreo. — Toribo de Serin. — 
Xuanon. 

Jove Llanos y Jove Ramírez, Gregorio. Hermano de D. Gaspar-, oficial 
de la Armada. 

Jove Llanos y Jove Ramírez, Josefa, La Argandona. Hermana de don 
Gaspar; monja y poetisa. 

Jove Llanos y Jove Ramírez, Juana Jacinta. Hermana de D. Gaspar. 

Jove Llanos y Jove Ramírez, Miguel. Hermano de D. Gaspar. 

Jove Navia, Ramón de. Diputado provincial por Gijon (?). 

Jove Ramírez, Alonso. Tio materno de D. Gaspar. 

Jove Ramírez, Cárlos Miguel, marqués de San Estéban. Abuelo ma- 
terno de D. Gaspar. 

Jove Ramírez, Francisca Apolinaria, madre de D. Gaspar. 

Jove Ramírez, Francisco. Tio segundo de D. Gaspar. 

Jove Ramírez, Isabel. Tia materna de D. Gaspar. 

Juan, Bernardo de. Oficial destinado al Fijo de Ceuta. 

Juan y Santa Cilia, Jorge. Marino y matemático ; astrónomo y explo- 
rador. 

Juglart, Claudio de. 

Junquera, Toribio. Juez primero de Gijon en 1808. 

Kenel, Luis. Capitán suizo; guardián de Jovellanos en Bellver. 

Lacalprade. Francés; visitante del castillo de Bellver. 

La Cuesta, Gregorio de. Capitán general en 181 1. 

La Granja, marqués de. Amigo sevillano. 

La Llave, Juan Crisóstomo de. Comandante militar del principado de 
Asturias en 1808. 

Lamuño, Francisco Antonio. Rector de la Universidad de Oviedo, 
1802-181 1. 

Lance y Lacalprade, Rosa. Vecina de Palma de Mallorca- 
Landa, Pió Agustín. Oficial de la secretaría de la Junta ce ntral. 
Landázuri, Tomás de. Presidente de la Sociedad Económica de Madrid. 
Lángara, Juan de. Ministro de Marina en 1798. 
Laodicea, arzobispo de. Presidente de la Junta central. 
La Patrono. Seudónimo de... 

Lardizábal y Uribe, Mannei de. Individuo del Consejo de Regencia y 
de la Academia de la Historia. 



236 BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 

La Romana, marqués de. Teniente general; individuo de la Junta cen- 
tral por Valencia. 

Larraza, Francisco Antonio de. Conventual en San Márcos de León. 

La Saúca, Andrés de. Regente de la Audiencia de Oviedo, que condujo 
á Jove Llanos al destierro. 

Lemaur, Carlos. Teniente coronel del cuerpo de Ingenieros, encargado 
de la carretera de Astorga. 

Lerena, José María. Síndico procurador del Ayuntamiento de Gijon 
en 1808. 

Lerena, Pedro de. Secretario de Estado y Hacienda en 1790; ministro 

de Hacienda después. 
Le Roy, José. Cocinero francés que estuvo en Bellver. 
Lespardat, Juan. Profesor de lenguas en el Instituto, y bibliotecario. 

1794-1801. 

Leunda, Francisco. Archivero de la secretaría de la Junta central. 

Lili, Vicente. Comerciante en Vergara. 

Linares. Oficial comisionado ; amigo. 

Lobo, Miguel de. Vocal de la Junta de gobierno de Cádiz. 

López Doriga, Ramón. Comerciante. 

López Gonzalo. Obispo de Murcia en 1800. 

López Infanzón, Francisco. 

López Pandiello, Juan Antonio. Hermano político de D. Gaspar. 
López del Vallado, Baltasar. Juez noble de Gijon en 1794. 
Lorenzana. Cardenal arzobispo de Toledo; inquisidor general; murió 

en Roma en 17 de Abril de 1804. 
Lorenzana, Jacinto Roque. Sobrino de D. Gaspar, residente en León. 
Losada, duque de. Tio de D. Gaspar de Jove Llanos; sumiller de Corps. 
Losada, Francisco Javier. General de las tropas de Asturias (18 to) á las 

órdenes de Mahy. 
Luáces, José de. Paisano, residente en América. 
Llaguno, Joaquín de. Individuo de la Junta de comercio y moneda. 
Llaguno y Amírola, Eugenio de. Ministro de Gracia y Justicia; amigo. 
Llano, José Agustín. 

Llano Ponte, Juan de. Obispo de Oviedo, 1 791-1805. 

Llano Ponte, Nicolás de. Jefe de fuerzas asturianas durante la campaña 

de 1809, esposo de doña Venlura Rúa. 
Llano Ponte, Ramón de. Rector del Colegio de San Pelayode Oviedo: 

individuo de la Junta general del Principado. 
Llanos, Bernardo de. Vecino de Gijon. 

Llanos de Alguazas, marqués de los. Socio de la Real Sociedad patrió- 
tica de Madrid. Escribió su elogio Jove Llanos. 

Llanos Cifuentes, Francisco de. Concejal de Gijon en 1794. 

Llórente, Juan Antonio. Historiador de la Inquisición; amigo y prote- 
gido de Jove Llanos. 

Maestre, Miguel. Amigo sevillano, con quien Jove Llanos mantuvo 
constante correspondencia literaria. 

Magdalena. Sirvienta de la casa de Jove Llanos en 1S1 1 . 

Mahy, Nicolás. General en jefe de las fuerzas de Asturias y Galicia 
en 1810, 



NOTICIA DE CONTEMPORÁNEOS 



237 



Malleu, Juan. Lacayo al servicio de Jove Llanos en 1810. 

Manrique deLara, Juan Francisco. Obispo de Oviedo en 1754-60, que 

confirió la primera tonsura á Jove Llanos. 
Manuel, Miguel de. Socio de la Económica Matritense. 
Manuel de Jesús, fray. Paisano, residente en América. 
Marcel, Antonio. Hijo de Claudio Marcel. 

Marcel, Claudio. Agente y consignatario de D. Gaspar en Mallorca. 
•Marcel de Peñalba, conde de. Diputado provincial por Asturias, 1794. 
María Antonia. Esposa ó hermana de D. R. Valdés y Bazan. 
Marquina, José. Alcalde de corte que intervino en el asunto de las Re- 
presentaciones. 

Martin Rodríguez, Manuel. Director de las obras del canal de Aragón. 
Martínez, Miguel. Gijonés. 

Martínez Marina, Francisco. Canónigo de San Isidro en Madrid; juris- 
consulto; amigo y paisano. 

Martínez Marina, Manuel. Secretario de Jove Llanos en Mallorca, y 
dibujante. 

Martinez Marina, Miguel. Maestro de la escuela de Santa Doradía en 
Gijon. 

Martinez Marina, Pedro Advíncula. Hermano del amanuense de Jove 
Llanos . 

Martinez Salazar, Antonio. Secretario del Consejo Real de Castilla. 
Más, Feliu. Comerciante de Mallorca. 

Mateo, Vicente. Mallorquín; patrón del jabeque San Cayetano. 
Mazarredo, José. Amigo; ministro de José I. 
Mazarredo, José. Marino. 

Medina, José Faustino. Socio de la Económica Matritense. 
Melendez Valdés, Juan. Batilo. Amigo y corresponsal literario. 
Méndez de Vigo, Joaquín. Amigo; doctor de la Universidad de Oviedo. 
Méndez de Vigo, Juan. Rector de la Universidad de Oviedo, 1784-1789. 
Mendoza , Joaquín de. Cabo del regimiento de Borbon en Palma de 
Mallorca. 

Mendoza Rios, José. Célebre marino , matemático y astrónomo ; nació 

en 1763; murió en 1816. 
Menendez, Matías. Vocal de la Junta de armamento de Asturias. 
Menendez, Pedro. Arquitecto de Gijon, encargado de las obras del 

muelle. 

Menendez, Santiago. Residente en la Corufía. 
Menendez de Luarca, Rafael. Asturiano; obispo de Santander. 
Menendez Solís, Juan Francisco. Presbítero de Candás. 
Menendez Valdés, Ramón. Juez noble de la villa y concejo de Grado, 
1794. 

Menendez Valdés Cornellana, Gregorio. Vecino é historiador de Gijon. 
Mergelina. Corregidor de Jerez. 
Miera, Ramón Cárlos de. Amigo , residente en Cádiz. 
Miranda, Alonso. Gijonés; suegro de Petra de les Cruces. 
Miranda Argüelles, Fabián de. Dean; vocal de la Junta de Sevilla. 
Miranda Gayoso, Manuel. Individuo de la Junta general del Principa- 
do, 1808. 



238 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



Miranda Solís, Ramón de. V ecino de Avilés. Individuo de la Junta ge- 
neral del Principado. 

Miras, fray Miguel de. Myreo. Religioso, literato salmantino y amigo. 

Mira valles Unquera, Francisco. Individuo de la Junta general del Prin 
cipado en 1808. 

Mon y Velarde, Arias. Decano del Consejo de Castilla. 

Mon y Velarde, José. Consejero de Castilla; compañero de Jove Llanos 
en la Universidad de Avila. 

Mon y Velarde, Juan. Id., id. 

Mon y Velarde, Romualdo. Arzobispo de Tarragona; natural de Oseos. 
Monasterio, Juan Antonio. Presbítero; natural de Asturias. 
Monasterio de Palacio, Francisco. Corresponsal. 

Monfort, príncipe de. Individuo de la Sociedad Económica de Madrid. 
Montemar (Muntaner), Bruno. Prior del convento de Valldemoza; ar- 
tista. 

Montero, Juan Antonio. Encargado en Madrid de percibir los sueldos 
de Jove Llanos. 

Montero y Peña, Pedro. Vecino de Mahon en 1805; militar (?) 

Montevírgen, marqués de. Diputado por León, que reconoció con Jove 
Llanos los terrenos de la carretera leonesa-asturiana. 

Montijo, condes de. Amigos, á cuya tertulia literaria y política concur- 
ría Jove Llanos. 

Moñino, José. (Véase conde de Florida Blanca.) 

Moore, sir Thomas. General inglés, aliado. 

Mora, condes de. Amigos. 

Morales, José Isidoro. Canónigo; defensor de la libertad de imprenta. 
Morales Gallego, José. Ministro del Tribunal de policía; vocal de la 
Junta de Sevilla. 

Moran Lavandera, Fernando. Abad de Santa Doradía; amigo de Jove 
Llanos. 

Moran Lavandera , Vicente. Concejal de Gijon ; individuo de la Junta 

general del Principado, 1808. 
Moreno, Dr. D. José Eustaquio. Colector general de expolios en 1806. 
Moría, Tomás de. General de artillería; escritor; afrancesado. 
Moscoso, Juan. Jefe de Estado Mayor en la campaña de Asturias. 
Moy (?), Manuel de. Amigo extranjero. 
Muntaner. Gobernador eclesiástico de Palma de Mallorca. 
Muñoz, Juan Bautista. Oficial de la secretaría de Indias. 
Murcia, Pedro Joaquín de. Colector general de expoliosy vacantes, 1798. 
Múzquiz, Miguel de. Conde de Gausa. Amigo de Jove Llanos y Ca- 

barrús. 

Nais, Juan Alejandro, vizconde de id. Profesor de geografía histórica 

en el Instituto, 1796 99. 
Nava, Antonio de. 

Nava Alvarez de las Asturias, Bernardo. Teniente coronel del provin- 
cial de Asturias, 1794. 

Navasqües , doctor. Colegial de Alcalá de Henares. 

Navia, Victorio de. Asturiano ; general en la expedición al Rio de la 
Plata. 



NOTICIA DE CONTEMPORÁNEOS 



239 



\\v. ia Osario, Joaquin de. (Véase Marqués de Santa Cruz de Marcenado.) 
Noble, Diego. Práctico del puerto de Gijon; propietario de una fábrica 

de curtidos en El Reyero. 
Noble, Patricio. 

Noceda, Francisco de. Delator de los individuos de la Junta central. 
Noriega, José. Individuo de la Junta general del Principado en 1808. 
Noriega, Juan Francisco. Individuo de la Junta general del Principado 
en 1808. 

Obin, Jacinto. Paisano, residente en América. 

Ochoa, Diego de. Arquitecto que intervino en la obra de la carretera 

real del Principado. 
O'Daly, Tomás de. Ingeniero; autor de los planos y director de las 

obras de la dársena de Gijon. 
O'Donnell, José. Coronel del regimiento de la Princesa que disolvió la 

Junta de Asturias, por órden de La Romana, el 2 de Mayo de 1809. 
O'Farril, Gonzalo. Amigo de Jove Llanos; ministro de José I. 
Olavide, Pablo de. Asistente de Sevilla; amigo particular de Jove 

Llanos. 

Oliveras y Prat, Antonio de. Caballero de Gerona que intervino en los 

asuntos de D. Gaspar. 
( \ i veres, Mariano. Magistrado de Barcelona. 

Olmeda y León, Francisco, marqués de los Llanos y Alguazas. Amigo. 
Orbegon, Felipe. Fundador de la compañía de Seguros terrestres y ma- 
rítimos. 
Orbegozo. 

Ordoñez, Francisco. Secretario de la Junta de armamento de Asturias. 
Orense, Pedro, obispo de. Presidente de la Junta, de Regencia. 
Orrios. Oficial en Mallorca. 

Ortega, Casimiro. Individuo de la Sociedad Económica de Madrid. 

Ortiz. Vecino de Gijon; factor de la Aduana. 

Gruña, José. Director de la compañía minera San Luis. 

Osorio, Juan Felipe. Coronel encargado del registro de los papeles de 

Jove Llanos en Muros. 
Osorio, Manuel. Capitán de marina mercante. 
Osuna, duque de. Director de la Sociedad Económica de Madrid. 
Otáñez y Zarricolea, Ignacio. Dean de Cuenca. 
Otaño, Padre Maestro. 

Ovalle, Félix. Tesorero de ejército; individuo de la Junta central por 

Extremadura. 
Padrina, Miguel Juan de. Presbítero de Mallorca. 
Paez de la Cadena, Juan. Ministro de policía que registró los equipajes 

de los individuos de la Junta central. 
Palafox, Antonio. Obispo de Cuenca; tertuliano de la condesa deMontiio. 
Palafox y Melci, José. Gentilhombre; brigadier de ejército; individuo 

de la Junta central por Aragón. 
Páramo y Somoza, Antonio. Canónigo cardenal de Santiago, 1782. 
Pastor, Jaime. Fiscal de S. M. en el Consejo de Castilla. 
Pedrayes y Foyo, Agustín. Profesor de matemáticas del Seminario de 

Nobles de Madrid. 



240 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



Pedregal, Francisco Diaz. Afamado impresor y librero de Oviedo. 
Pedregal, José. Barbero de Gijon. 

Pedro Cadaalso, Anagrama de D. Cárlos González Posada. 
Pedrosa, Juan Nepomuceno. Paisano, residente en América. 
Pedrosa Rubin, Vicente. 
Pelaez, José. Paisano, residente en Manila. 

Pelaez Caunedo, Felipe. Obispo de Orense*, censurado por Jove Llanos. 
Peña, Eugenio. Facultativo que asistió á Jove Llanos en Jadraque. 
Peñafiel, marqués de. Individuo de la Sociedad Económica de Madrid. 
Peñalba, conde Marcel de. Vecino de Gijon-, hermano político de Jove 
Llanos. 

Peña y Padura, Manuel de. Corresponsal de Jove I ,lanos. 
Peón, Diego. Vecino de Gijon. 

Peón y Heredia, Antonio. Él de la cruz verde. Teniente coronel á quien 
Jove Llanos hizo las pruebas para el hábito de Alcántara. 

Peón y Heredia, Pedro. Vicepresidente de la Junta superior de Astu- 
rias, 1810. 

Pepin. Abreviatura de José Rodríguez Arguelles (padre). 
Pepito. Abreviatura de José Rodríguez Arguelles (hijo). 
Pérez, Angel. Pintor; protegido de Jove Llanos ; profesor de dibujo del 

Instituto, 1794 99. 
Pérez, Manuel. Paisano, residente en América. 
Pérez Hoyos, José. Arquitecto. 
Pérez Sedaño, Francisco. Abad de Santa Leocadia. 
Pérez Thames Hevia, Pedro. Párroco del Puerto de Vega, que enterró 

á Jove Llanos. 
Pérez de Valdés, Benito. Botánico de Candás. 

Pérez Villaamil, Juan. Jurisconsulto y humanista; académico de la Es- 
pañola y de la Historia. 
Periquin. Abreviatura de Pedro García Arguelles. 
Peruchu ó Perico. Abreviatura de Pedro Ad vincula Martínez Marina. 
Pescy, José. Gobernador militar de la plaza de Gijon en 1808. 
Piéras, Gabriel. Correo mallorquín. 
Pillado. Amigo sevillano. 

Pinar, conde del. Consejero de Castilla; magistrado encargado de apa- 
ciguar la sublevación de Asturias. 
Piñuela y Alonso, Sebastian. Amigo; ministro de José I. 
Pizarro, José. Secretario del Consejo de... 

Plá, Francisco. Marino de Gijon; portador de la correspondencia de 
Jove Llanos. 

Planas, Segismundo. Suplente de D. Pedro Figuerola en Barcelona. 

Planes, Leonardo. Vecino de Palma de Mallorca; literato. 

Plaña. Magistrado de la Audiencia de Sevilla. 

Pola, José de la. Diputado comisionado del principado de Asturias. 

Polo de Alcocer, Pedro. Secretario de la comisión de Cortes de la Junta 

central. 
Ponce, Juan . Amigo. 

Ponte, Manuel de. Canónigo de la iglesia de Oviedo; compañero de 
Jove Llanos en la Universidad de Avila. 



NOTICIA DE CONTEMPORÁNEOS 



241 



Pontero, Cárlos de Simón. Gobernador del Principado y Regente de la 

Audiencia de Oviedo. 
Ponz, Antonio. Literato y crítico artístico; corresponsal y amigo. 
Porcel, Antonio. Vocal de la Junta de Hacienda de Sevilla. 
Porlier, individuo del Consejo de Ordenes. 
Porlier, Estéban. Jefe de división en la campaña de Asturias. 
Posada, Antonio. Canónigo de San Isidro; tertuliano de la condesa de 

Montijo. 

Posada, Cárlos González de. Canónigo de Tarragona; amigo y admira- 
dor de Jovellanos. Seudónimos que usaba en la correspondencia 
con él: Antón de Abono. — Antón de Antr omero. — Antón de Con~ 
dres. — Antón de Coyanza. — Juan de Antrellusa. — Laureano. — Pa- 
tricio de Carreño. — Patricio de Perán. — Pedro Cadaalso. 

Posada, Felipe. Canónigo de Oviedo en 1800. 

Posada Jove Llanos, María. Sobrina de D. Gaspar. 

Posada y Soto, Ramón de. Amigo; consejero de Indias; fiscal de la 
Audiencia de Méjico. 

Posada y Soto, Sebastian de. Hermano político de Jove Llanos. 

Prada, Andrés Cárlos de. Presbítero ovetense. 

Prado. Magistrado de la Audiencia de Sevilla. 

Prado Valdés, Antonio de. Individuo de la Junta general del Principa- 
do, 1808. 

Príncipe Pío. Grande de España; coronel de milicias; individuo de la 

Junta central por Valencia. 
Pruneda, Francisco. Arquitecto. 

Puebla de los Infantes, marqués de la. Grande de España; individuo de 
Ja Junta central por Córdoba. 

Puente, Miguel. Ingeniero encargado de examinar las obras del puerto 
de Gijon en 1777. 

Purgoldt, barón de. Amigo de Jove Llanos (Mallorca). 

Queipo de Llano , Joaquin José. Conde de Toreno ; padre del historia- 
dor ; escritor provincial. 

Queipo de Llano, José María. Conde de Toreno, vizconde de Matarro- 
sa; vocal de la Junta de armamento de Asturias. 

Quintana, Francisco Antonio. Paisano, residente en América. 

Quintana, Manuel José. Insigne poeta; oficial déla secretaría de la 
Junta central. 

Quintanilla, vizconde de. Individuo de la Junta central por León. 
Quintero, José. Vocal de la Junta de Hacienda de Sevilla. 
Quiñones. 

Ramos, Pedro José. Oidor de la Audiencia de Sevilla, á quien sustituyó 
Jove Llanos. 

Ranz Romanillos, Antonio. Humanista; vocal de la Junta de Hacienda 
de Sevilla. 

Reguera González, Manuel. (Véase González Reguera.) Arquitecto. 
Rero y Peñuelas, Juan Antonio de. Del Consejo de... 
Revilla Gigedo, conde de. Paisano y amigo. 

Ribero, Pedro de. Canónigo de Toledo; individuo secretario de la Junta 
central por Toledo. 

16 



242 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



Richembach, Francisco. Oficial del regimiento de Suizos en Mallorca. 
Riega, Bernardo. Consejero, y después presidente del Supremo Con- 
sejo de Castilla. 
Rio, José del. Canónigo de San Isidro. 

Riquelme, Rodrigo. Regente déla cnancillería de Granada; individuo 

de la Junta central por Granada. 
Rivadeneira, José Antonio. Vocal de la Junta superior del reino de 

Galicia. 

Riva Valdés Coalla, Fernando de la. Vocal de la Junta de armamento 
de Asturias. 

Rivera Arguelles, Nicolás de. Diputado del principado de Asturias, 
1781. 

Rivero Valdés, Felipe. Individuo de la Sociedad Económica de Madrid. 
Robatel, Jaime. Cirujano del regimiento de Suizos de Courten en Palma 
de Mallorca. 

Robledo, José; coronel; paisano, residente en América. 
Rocandio, Cenon. Amigo gijonés. 

Ródenas , Pascual Genaro de. Oficial de la secretaría de la Junta cen- 
tral. 

Rodrigálvarez, Juan Antonio. Escritor regalista de la Real Sociedad de 
Murcia. 

Rodríguez, doctor. Vecino de Gijon; orador sagrado. 
Rodríguez, Ignacio. Vecino de Gijon. 

Rodríguez, Manuel Martin. Arquitecto; sobrino de D. Ventura. 

Rodríguez, Mateo. Comerciante de Gijon en 1794. 

Rodríguez, Ventura. Arquitecto celebérrimo; restaurador de Covadon- 
ga, elogiado por Jove Llanos. 

Rodríguez Argüelles, José. Pepin. Empleado en el archivo del Supremo 
Consejo de Guerra. 

Rodríguez Campomanes, Pedro. (Véase conde de Campomanes.) 

Roger de Caux, Enrique. Militar que estuvo en Bellver, y escoltó á 
Jove Llanos cuando fué confinado á Mallorca. 

Rogliani, sor Isabel María. Monja en el convento de Olivar (Palma ?). 

Rombaud, Rafael Gómez. Oficial de Marina en Gijon. 

Roselló, Rafael. Médico de Palma de Mallorca que asistió á Jove Lla- 
nos en su enfermedad, 1804-1808. 

Rúa y Cienfuegos, Ventura. Hija de D. Rodrigo, conde de Peñalba, 
casada con Llano Ponte. 

Rubid. Paisano y amigo de Jove Llanos; marino. 

Rubiera. 

Ruiz de Albornoz, Francisco. Asistente interino de Sevilla. 
Saavedra, Francisco. Ministro de Hacienda de Cárlos IV; vocal de la 

Junta central; amigo. 
Sabasona, Barón de. Individuo de la Junta central por Cataluña. 
Saenz de Tejada H., Francisco. Presidente de la compañía de Seguros 

terrestres y marítimos, 1790. 
Saenz de Tejada H., Policarpo. Socio de la Económica Matritense. 
Salas, J uan de. Amigo ; brigadier. 
Salazar, L. Secretario del Consejo de... 



NOTICIA DE CONTEMPORANEOS 



243 



Salcedo, José Ventura de. Comerciante en Portugalete. 
Sama, Nicolás Ramón de. Párroco de Gijon en 1 799-1804. 
Sampil , José. Felipe Jasom. Capellán de la casa de Jo ve Llanos , y su 
mayordomo. 

San Bartolomé, marqués de. Ministro jubilado de la Audiencia de Se- X 

villa; consejero de Jove Llanos. 
San Estéban, Francisco Javier de. Fundador de la compañía de Seguros 

terrestres y marítimos. 
San Mamés, marqués de. Individuo de la Junta central por Murcia. 
San Martin, José. Arquitecto. 

San Martin Cueto, Miguel de. Socio de la Económica Matritense. 

San Miguel, Felipe. Dibujante aventajado del Instituto. 

San Miguel, Dr. Juan Nepomuceno Fernandez. Catedrático de la Uni- 
versidad efe Oviedo. 

San Miguel, Julián Valerio. Secretario de Relaciones extranjeras y del 
príncipe de la Paz, 1807; gijonés. 

San Pedro y Carreño, Diego de. Discípulo aventajado del Instituto. 

Sánchez, Joaquin Antonio. Individuo de la Junta general del Princi- 
pado, 1808. 

Sánchez, Pedro. Maestro de cantería, venido de Salamanca para las 

obras del Instituto. 
Sánchez Bort, Julián. Arquitecto. 
Sánchez Piñuela, María Francisca. 

Santa Coloma, marqués de. Amigo de Jove Llanos, que le hospedó en 
Zaragoza. 

Santa Cruz de Marcenado, Marqués de. Presidente de la Junta gene- 
ral del Principado, 1808. 

Santa Cruz de Riva de Ulla, marqués de. Amigo, en cuya casa se hos- 
pedó Jove Llanos. 

Santander, Miguel de. Obispo de Huesca. 

Santocíldes, José María. Sucesor del general Mahy en el ejército de 
Asturias. 

Santurio. Maestro de primeras letras en Gijon; murió en 1807. 
Santurio, Francisco Antonio. Escribano de Gijon en 1793. 
Santurio García Sala, Manuel de. Abogado gijonés. 
Santurio, Ramón Manuel. Relator en 1790; escritor y poeta gijonés. 
Saravia, Pedro José. Espía de Jove Llanos en Mallorca; agente secreto 
de Caballero. 

Sarsfield, Patricio. Marino inglés al servicio de España. 
Sástago, marqués de. Amigo aragonés. 
Sget. Grabador francés , prisionero en Palma. 
Sieres. 

Sieres, Guillermo, hijo de Rosendo (?). 
Sieres, Juan. Hijo de Rosendo; marino. 

Sieres, Rosendo. El Viejecito de las tres cruces-, factor de la aduana de 

Gijon. 
Sierra. 

Sierra, Bernardino Antonio de. Presbítero ovetense. 

Sierra, Nicolás María de. Individuo del Consejo de Regencia. 



244 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERARIA 



Silva. Asturiano. 

Silva, Pedro de. Patriarca de las Indias; ántes mariscal de campo: in- 
dividuo de la Junta central por Madrid. 
Sixto, Cayetano. Capellán. 

Sobral. Médico que asistió á Jove Llanos cuando los terribles cólicos 
de 1798. 

Sobrarve. Magistrado de la Audiencia de Sevilla. 
Socías, Bartolomé. Notario de Palma de Mallorca, que extendió el tes- 
tamento de Jove Llanos. 
Soler, Miguel Cayetano. 
Solís. 

Soret, Víctor. Tesorero general de la Junta de Sevilla. 

Sor Manuela Antonia del Espíritu Santo. Priora del convento de reco- 
letas agustinas de Gijon. 

Sor Josefa de San Juan Bautista. Nombre religioso de doña Josefa Jove 
Llanos. 

Sotelo, afrancesado. 

Suarez, Cárlos. Comerciante de Gijon en 1794. 

Suarez, Francisco. Mayordomo de campo de Jove Llanos. 

Suarez, Manuel. Sastre de Gijon. 

Suarez de Langreo, Toribio. Seudónimo bajo el que publicó Jove Lla- 
nos El Delincuente Honrado. 

Suarez Vitorero y Robledo , Juan Antonio. Coronel ; individuo de la 
Sociedad Económica de Asturias, y escritor liberal. 

Tabern, Jerónimo. Capitán de fragata en 1795. 

Talladas, doctor. Presbítero de Palma de Mallorca. 

Tavira, Antonio. Célebre teólogo; capellán de honor; después obispo 
de Salamanca; amigo. 

Tejada. 

Tejada, Félix Ignacio de. Capitán general del departamento del Fer- 
rol, 1804; director general de la Armada en 1808. 

Terrero, Manuel Alvarez. Juez noble de la villa de Gijon, 1793; amigo; 
esposo de doña Teresa Valdés. 

Tilly, conde de. Individuo de la Junta central por Sevilla. 

Tineo, Francisco Javier de. Profesor de lenguas y bibliotecario del Ins- 
tituto, 1803-1833. 

Tineo, Juan María de. Sobrino de Jove Llanos; erudito. 

Tineo Hevia y Fuertes, Francisco de. Marqués de Casa Tremañes ; ca* 
pitan general de Galicia; murió en 1781. 

Tofiño San Miguel, Vicente. Marino, cartógrafo y escritor ; jefe de es- 
cuadra. 

Togores, José. Vecino de Palma de Mallorca. 

Toro, Francisco de. Teniente coronel del regimiento de dragones de 
Numancia. Palma, 1802. 

Torre, fray Patricio de la. Profesor de lenguas orientales en El Escorial. 

Torre Cuéllar, conde de. Individuo del Consejo de Ordeñes. 

Torrejon, Francisco. Comisionado del principado de Asturias. 

Torremúzquiz. Arzobispo de Santiago; presidente de la Junta de Gali- 
cia (?). (Epis. Noya, 18 10.) 



NOTICIA DE CONTEMPORÁNEOS 



245 



Trelles Albornoz, Josefa de. Bisabuela materna de Jo ve Llanos. 

Trelles Osorio, Antonio. Amigo, en cuya casa se hospedó y murió. 
(Vega de Navia, 181 1.) 

Trigueros, Cándido María. Eclesiástico; corresponsal literario. 

Ulloa, Martin de. Literato ; oidor de la Audiencia de Sevilla y corres- 
ponsal de Jove Llanos. 

Unquera, Pedro. Diputado provincial por Asturias, 1794. 

Uriurta, Francisco Javier de. Vocal de la Junta de Hacienda de Sevilla. 

Urquijo, Mariano. Amigo; ministro de José I y Cárlos IV. 

Valcárcel y Andrade, Ventura. Amigo. 

Valdecarzana, marqués de. Sumiller de Corps ; primo de Jove Llanos. 
Valdepares, Francisco. Paisano, residente en América. 
Valdés, Juan. Teniente de navio ; hermano político del marqués de 
Campo-Sagrado. 

Valdés, Ramón de. Capitán de Infantería ; tio y ayudante del marqués 
de Campo- Sagrado. 

Valdés Cienfuegos, José de. Individuo de la Junta general del Princi- 
pado en 1808. 

Valdés y Fernandez Bazan, frey Antonio. Ministro de marina; amigo de 
Jove Llanos ; protector del Instituto; individuo de la Junta central 
por León. 

Valdés y Fernandez Bazan, Fernando. Hermano del anterior; Jove Lla- 
nos le hizo las pruebas para el hábito de Alcántara. 

Valdés y Fernandez Bazan, Rafael. Hermano del ministro de Marina 
D. Antonio. 

Valdés Florez, José. Brigadier de la Real Armada; tercer director del 
Instituto; presidente de la Junta superior de Asturias. 

Valdés Llanos, Isabel de . Vecina de Gijon; amiga. 

Valdés Llanos, Pedro Manuel de. Theresina del Roscd\ gijonés; amigo 
íntimo. 

Valdés Tabaza, Ignacio de. Concejal de Gijon en 1798. 

Valiente, Juan Pablo. Consejero de Indias. 

Valle, Ramón del. Médico de la familia de Jove Llanos en 1805. 

Vargas Ponce, José de. Arnesto, Pondo. Marino ; académico de la His- 
toria; corresponsal y amigo. 

Vázquez, Estrada, Dr. Manuel. Paje del canónigo Posada; prebendado 
en Reus. 

Vega. Magistrado de la Audiencia de Sevilla. 

Vega Caso, Juan Ramón de. Individuo de la Junta general del Princi- 
pado, 18 10. 

Vega Infanzón, Andrés Angel de la. Secretario de la Junta de arma- 
mento de Asturias. 
Veitia. Patrón que traía el mineral de hierro para Peón y Les Ferreries. 
Velamazan, marqués de. 

Velarde y Bolaño, Joaquín. Comandante de armas de Gijon en 1806 (?). 
Velarde y Cienfuegos, Romualdo. Obispo de Avila; protector de Jove 
Llanos. 

Velarde y Herrera, Julián. Capitán de navio; director del Instituto en 
1813. 



246 



BIBLIOTECA DE LA PROPAGANDA LITERVRIA 



Velazquez, Zacarías. Pintor pensionado por Jove Llanos. 

Velez Cossío, Sebastian. Uno de los doctores de la Universidad de 

Oviedo que entregaron á Jove Llanos en 1797 las insignias del 

doctorado en ambos derechos. 
Venegas, Francisco. General; individuo de la Junta de Cádiz. 
Vera, Luis. 

Vera y Delgado, Juan. Arzobispo de Laodicea; presidente de la Junta 

central por Sevilla. 
Veragua, duque de. (Véase Mariano Colon. ) 

Veri, Tomás de. Caballero sanjuanista; teniente coronel; individuo de 

la Junta central por Mallorca. 
Vidal, Juan. Vecino de Palma de Mallorca. 
Vigil, Antonio. Sacerdote de Gijon en 1794. 
Vigil, José. Juez segundo de Gijon en 1808. 
Vilches. Consejero de Castilla. 

Villagarcía, marqués de. Vocal de la Junta superior del reino de Ga- 
licia. 

Villalonga, Juan de. Comandante interino de la plaza de Palma. 
Villanueva, Juan de. Arquitecto que proyectó el Instituto. 
Villanueva, Lorenzo. Secretario de la Junta superior de Asturias en 
1810. 

Villanueva del Prado, marqués de. Individuo de la Junta central por 
Granada. 

Villar, marqués del. Individuo de la Junta central por Murcia. 
Villel, marqués de, conde de Darnius; individuo de la Junta central por 
Cataluña. 

Villella, Mariano. Vecino de Palma. — Casa de Villella; estancia de 
Jove Llanos durante la temporada de baños. 

Vista Alegre, marqués de. Vicente Antayo. Concejal de Oviedo ; indi- 
viduo de la Junta general del Principado, 1808. 

Vives, Juan Miguel de. Capitán general de Mallorca durante la prisión 
de Jove Llanos. 

Winthuisen, Francisco Javier de. Comandante en jefe del cuerpo de 
pilotos. 

Woster, José. Antiguo oficial de Artillería; general español; jefe de la 

división occidental de Asturias en 1809. 
Yeregui, José de. Ayo de los infantes; tertuliano de la condesa de Mon- 

tijo. 

Zaforteza, Juan. Prior del consulado de la Lonja de Palma. 
Zaldivalíiés. Seudónimo del obispo Díaz de Valdés; gijonés; escritor; 

murió en Barcelona el 15 de Noviembre de 1807. 
Zaldive. Id. id. 

Zarzuelo, Lúeas. Canónigo de Oviedo ; director espiritual de doña Jo- 
sefa Jove Llanos. 

Zulaybar, Pedro. Comerciante de Gijon en 1807, que huyó con Jove 
Llanos á Vega. 



ÍNDICE 

INGINAS 



Retrato de Jovellaños. 

Portada v 

Dedicatoria vil 

Preliminar IX 

Memorias familiares de D. Gaspar de Jovellaños (fragmento inédito). . . i 
Apéndice á las Memorias para la vida del Excmo. Sr. D. Gaspar Mel- 
chor de Jovellaños, por D. Juan Agustín Cean Bermudez (inédito). . . 13' 

Advertencia 15 

Apéndice 16 

Extracto de unos Diarios que escribió Jovellaños, hecho por D. Juan 

Agustín Cean Bermudez (inédito) 43 

Advertencia del Sr. Cean 45 

Diario primero 47 

Diario segundo 48 

Diario tercero. 5 o 

Diario cuarto 55 

Diario quinto 61 

Diario sexto 73 

Diario séptimo 96 

Diario octavo 1 lo 

Diario noveno 114 

Testamento por comisario del Excmo. Sr. D. Gaspar Melchor de Jove- 
llaños, otorgado en el castillo de Bellvar, de Palma de Mallorca, en 2 

de Julio de 1807 121 

Fragmento de una carta escrita por el Excmo. Sr. D. Gaspar Melchor de 
Jovellaños, sobre el origen é introducción de la agricultura en Asturias 

(inédito) 133 

Juicio crítico de un nuevo Quijote 143 

Reflexiones y conjeturas sobre el boceto original del cuadro llamado «La 

Familia.» 149 

Documentos reservados del archivo de Gracia y Justicia (inédito) 159 

Armas de los Jovellaños (grabado) , 1 62 

Autógrafo de Jovellaños 180 

Efemérides de la vida de Jovellaños 181 

Sillón y escribanía de Jovellaños en Bellver (grabado) 181 

Lápida sepulcral en San Pedro de Gijon (grabado^ \Q2, 

Recuerdos y monumentos 193 

Noticia de varios retratos de Jovellaños 205 

Arbol genealógico 213 

Bibliografía jovellanista 213 

Noticia de algunos contemporáneos, amigos y parientes de Jovellaños.. . 223