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Full text of "La Biblioteca Americana, o miscelánea de Literatura, Artes I Ciencias"

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LA 



BIBLIOTECA 
AMERICANA. 



á 



fryyi.to/h,' 



\J(XS\ Mst^ ¿*>0 






g v" i "- 



LA 



BIBLIOTECA AMERICANA, 



MISCELÁNEA DE LITERATURA, 



ARTES I CIENCIAS. 



POR 
UNA SOCIEDAD \ 

DE AMERICANOS. 



<AC?-4t, ÓWX€&1¿><4L¿ 



TOMO I. 




LONDRES : 



<? 



En la imprenta de don 6. MARCHANT, Ingram»C<mrt ; 

HALLARA EN CASA DE BOSSANGE AND CO. GREAT MARLBOROOGH-STREET 
AND REOENT-STREET ; BOOTH, DUKE-STREET, PORTLAND-PLACE; AND J. Mi 
RICBARDftON, OORVHILL, OPPOSITE THE ROYAL EXCHANOR. 



1823. y 



PROSPECTO. 



La política española tuvo cerradas las puertas de la Amér- 
ica por espacio de tres siglos a los demás pueblos del globo ; 
i no satisfecha con privarla de toda comunicación benéfica con 
ellos, la impidió también que se conociese a si misma. La 
voz del tiempo dio al fin la señal para que se cumpliesen los 
destinos del nuevo mundo ; pero la urjente necesidad en que 
este se vio de debelar a sus opresores, absorvió toda su aten- 
ción ; i combinándose aquella necesidad con el poco hábito 
que tenia de pensar, no pudo dedicarse la América a labrar 
la rica mina de los productos del pensamiento humano. 

Mas aora que la paz se asoma i promete enjugar las lágrimas 
de aquella tierra, parece haber llegado la época de que suceda 
al vergonzoso sueño de la inacción el empleo activo de las 
facultades mentales, i de que las injeniosas artes i las ciencias 
sublimes concurran a reparar tantas ruinas i desgracias. 

Si esta es, pues, la época de trasmitir a la América los 
tesoros del injenio i del trabajo ; si la difusión de los conoci- 
mientos es tan esencial a su gloria i prosperidad ; todo el que 
tenga sentimientos americanos debe consagrar sus vijilias a 
tao*santo objeto, contribuyendo a que se esparza la luz por 
aquel continente, brille en todos los entendimientos, e inflame 
todos los corazones ; a que se refleje en nuestras instituciones 
sociales, i se mezcle en fin con el aire mismo que respiramos. 

Nosotros, deseosos de cooperar a que se remueva de 
América la ignorancia, que es causa de toda esclavitud, i 
fuente perenne de degradación i de miseria ; anelando pre- 
sentar a aquel pueblo las riquezas intelectuales de los pasados 
siglos para que él mismo prepare las del siglo futuro, nos 
hemos animado a emprender la redacción de un periódico, 
titulado la Biblioteca Americana. 

Nos proponemos publicar un cuaderno toda vez que nos lo per- 
mitan nuestras ocupaciones principales, i en cuanto patrocinen 
esta empresa los pueblos i los gobiernos americanos. Con 
emprender este trabajo voluntario, damos una prueba inequívo- 
ca de nuestro entusiasmo por la felizidad del nuevo mundo ; i 



TI PROSPECTO. 

este entusiasmo responde por nuestro zelo en continua 
mas como no poseemos una fortuna que sacrificar a < 
digno, no podremos llevarla adelante sino en cnanto su 
facilite los medios de verificarlo. Nosotros no asp 
provento alguno pecuniario; i quedaremos satisfecho! 
que la aplicación de nuestros compatriotas i la prote 
nuestros gobiernos proporcionen los medios de cubrir 
£1 primero de los cuadernos que se publicaren te 
objeto las Humanidades i artes liberales; el segí 
Ciencias matemáticas i físicas con sus aplicaciones, 
cero la Ideolqjía, moral e historia. Cada tres secci 
dispuestas formarán un tomo. 

Insertaremos en la primera todo aquello, que, siei 
de la imajin ación i del gusto, concibamos puede ser 
América : artículos orijinales o selectos, i análisis 
escojidas sobre gramática, retórica, poética, i filolojí 
dibujo, pintura, escultura, arquitectura, i música. 

En la segunda tendrán lugar piezas orijinales, < 

interesantes, análisis, o a lo menos noticia de las 

producciones, . sobre las ciencias matemáticas, física! 

ales i médicas ; sobre mecánica, hidráulica, i artes nt 

sobre la ñsica, la meteorolojia, la química, la histori 

al, la medicina i farmacia ; sobre economía rural i do 

artes industriales, i cualesquiera útiles aplicacionec 

ciencias a las necesidades del hombre civilizado. Esta 

tendrá mucha mas ostensión que la anterior, i no tan 

la que sigue, por parecemos ser este el orden de su imp 

relativa en el estado actual de la sociedad en Américi 

La tercera tendrá por objeto todo cuanto abrazan las 

intelectuales, morales, políticas e históricas; de mai 

insertaremos en ella rasgos propios o selectos, i analís 

esantes sobre ideolojía, i filosofía moral; ciencia 

administración pública, lejislacion, jurisprudencia, ce 

i educación ; historia, jeograña política, viajes, i bio 

Daremos en todo un lugar distinguido a cuanto tenj 

cion con la América, i especialmente a su historia, qi 

diremos en antigua, media i moderna. Llamaremos 

antigua a las conjeturas que se han formado sobre e 

en que el nuevo continente se pobló ; i a la que ti< 

«raato la fundación i épocas varias de sus imperios i n 



PROSPECTO. Vil 

independientes, como también a cuanto se sabe acerca de 
sos costumbres, ciencias, artes, i estado de civilización hasta 
la fecha de su descubrimiento, terminando con la sangrienta 
conquista de aquella parte del globo. Designaremos con el 
nombre de edad media la época colonial, en que la descen- 
dencia de los conquistadores, la de los indijenas, la de las 
razas africanas, formaron una sociedad, compuesta de ele- 
mentos discordes, que la política de la metrópoli tuvo estu- 
diosamente desunidos, mientras su poder, cimentado sobre 
la ignorancia i la división, pesaba igualmente sobre todos. 
Por último, distinguiremos con la denominación de historia 
l moderna a la nueva era de América, en que sacudiendo ella 

é el yugo que la oprimia, vio nacer en su seno estados indepen- 

dientes. En cada una de estas divisiones de la historia 
, americana, colocaremos (del mismo modo que pensamos ha- 

i cerio respecto de los demás insignes bienhechores de la es- 

pecie humana) la biografía de los héroes i demás varones claros 
qne bao ilustrado nuestro país, acompañando, siempre que nos 
sea posible, sus venerables efijies. Por medio de ensayos ordi- 
nales, i de documentos históricos, nos proponemos ilustrar 
algunos de los hechos mas interesantes de nuestra revolución, 
desconocida en gran parte al mundo, i aun a los americanos 
Es también nuestro ánimo sacar a luz mil anécdotas 
, en que resplandecen, ya los talentos i virtudes de 
nuestros inmortales caudillos, ya los padecimientos i sacrificios 
de on pueblo heroico, que ha comprado su libertad a mas caro 
precio que ninguna de cuantas naciones celebra la historia, la 
clemencia de unos, la jenerosidad de otros, i el patriotismo 
cíe casi todos. Adoptando bajo este respecto la opinión de un 
escritor distinguido, creemos que " el patrimonio de todo pais 
libre consiste en la gloria de sus grandes hombres." 

En una palabra, examinar bajo sus diversos aspectos cuales 
son los medios de hacer progresar en el nuevo mundo las artes 
i las ciencias, i de completar su civilización ; darle a conocer 
los inventos útiles para que adopte establecimientos nuevos, 
se perfeccione su industria, comercio i navegación, se le abran 
nuevos canales de comunicación, i se le ensanchen i faciliten 
los que ya existen ; hacer jerminar la semilla fecunda de la li- 
bertad, destruyendo las preocupaciones vergonzosas con que 
se le alimentó desde la infancia ; establecer sobre la base in- 



VIH PROSPECTO. 

destructible de la instrucción el culto de la moral 
los nombres i las acciones que figuran en nuestra h 
Dándoles un lugar en la memoria del tiempo ; hé t 
noble, vasta i penosa, que nos ha impuesto el amor 

Tendremos especial cuidado en hacer que des; 
esta obra toda predilección a favor de ningún esta 
en particular ; no consideraremos esclusivamenb 
colombiano, al arjentino, al peruano, al chileno, i 
escribiendo para todos estos, la Biblioteca será em 
Americana: habiéndonos propuesto comparecer 
teridad, no habrá cabida en nuestra obra a lo qi 
un interés primario i jeneral. 

Los que nos hemos unido para tan difícil e 
aspiramos a gloria literaria, ni a ninguna especie 
pensa. Adoptaremos, pues, todo aquello que, 
opinión, pueda ser útil, i hablaremos el lenguaje d 
Amando la libertad, escribiendo en la tierra clá 
i en el foco de la cultura intelectual, no nos si 
puestos a adular al poder, ni a las preocupaciones 
conatos, en una palabra, tendrán por objeto la 
los bienes verdaderos i sólidos que resultan de la 
de una libertad racional. 

f Felizes nosotros si conseguimos, en premio 
tareas, que la verdad esparza sus rayos por tod 
del nuevo mundo ; que la naturaleza despierte a 
su dilatado sueño, i nazcan a su voz los talentos 
que a la luz de la filosofía se disipen mil error 
que civilizado el pueblo americano por las letras i 
sienta el benéfico influjo de las bellas creaciones 
miento, i recorra a pasos j i gan téseos el vasto ca 
al través de las edades por los pueblos que le hat 
basta que llegue la época dichosa, en que la A 
sombra de gobiernos moderados, i de sabias rasti 
cíales, rica, floreciente, libre, vuelva con usura 
el caudal de luzes que hoi le pide prestado, i 1 
altos destinos, reciba el incienso del mundo. —Le 
16 ét 1823— xiv.—G. R. 



1 tarea 

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de 



i 



I. 









AL 



PUEBLO AMERICANO, 



LOS EDITORES. 



LA 



BIBLIOTECA AMERICANA. 



SECCIÓN I. 



HUMANIDADES I ARTES LIBERALES. 



I.— Alocución a ¡a Poesía, en que se introducen loe alaban- 
za* de los pueblos e individuos americanos, que mas se 
han distinguido en ¡a guerra de la independencia. (Frag- 
mentos de un poema inédito, titulado " América") 

Divina Poesía, 

Tú de la soledad habitadora, 

A consultar tus cantos enseñada 

Con el silencio de la selva umbría, 

Tú a quien la verde gruta fué morada, 

I el eco de los montes compañía: 

Tiempo es que dejes ja la culta Europa, 

Que tu nativa rustiquez desama, 

I dirijas el vuelo a donde te abre 

El mundo de Colon su grande escena. 

También propicio allí respeta el cielo 

B 2 



ALOCUCIÓN A LA POESÍA. 

La siempre verde rama 

Con que al valor coronas : 

También allí la florecida vega, 

£1 bosque enmarañado, el sesgo río, 

Colores mil a tus pinceles brindan ; 

I Záfiro revuela entre las rosas ; 

I fúljidas estrellas 

Tachonan la carroza de la noche ; 

I el Rei del cielo entre cortinas bellas 

De nacaradas nubes se levanta ; 

I la avecilla en no aprendidos tonos 

Con dulze pico endechas de amor canta. 

¿ Qué a tí, silvestre ninfa, con las pompas 
De dorados alcázares reales ? 
¿ A tributar también irás en ellos 
En medio de la turba cortesana 
£1 torpe incienso de servil lisonja? 
No tal te vieron tus mas bellos dias 
Cuando en la infancia de la jente humana, 
Maestra de los pueblos i los reyes 
Cantaste al mundo las primeras leyes. 
No te detenga, oh Diosa, ( 

Esta rejion de luz i de miseria, 
En donde tu ambiciosa 
Rival Filosofía, 
Que la virtud a cálculo somete, 
De los mortales te ha usurpado el culto : 
Donde la coronada hidra amenaza 
Traer de nuevo al pensamiento esclavo 
La antigua noche de barbarie i crimen : 
Donde la libertad vano delirio, 
Fe la servilidad, grandeza el fasto, 
La corrupción cultura se apellida. 
Descuelga de la encina carcomida 
Tu dulze lira de oro, con que un tiempo 
l¿os prados i las flores, el susurro 






ALOCUCIÓN A LA POESÍA. 

De la floresta opaca, el apazible 

Murmurar del arroyo trasparente, 

Las gracias atractivas 

De Natura inocente 

A los hombres cantaste embelesados ; 

I sobre el vasto Atlántico tendiendo 

Las vagorosas alas, a otro cielo, 

A otro mundo, a otras jentes te encamina, 

Dó viste aun su primitivo traje 

La tierra, al hombre sometida apenas ; 

I las riquezas de los climas todos 

América, del Sol joven esposa, ' 

Del antiguo Océano hija postrera, 

En su seno feraz cria i esmera. 

¿ Qué morada te aguarda ? qué alta cumbre, 
Qué prado ameno, qué repuesto bosque 
Harás tu domicilio ? en qué felize 
Playa estampada tu sandalia de oro 
Será primero ? donde el claro rio 
Que de Albion los héroes vio humillados, 
Los azules pendones reverbera 
De Buenos Aires, i orgulloso arrastra 
De cien potentes aguas los tributos 
Al atónito mar ? o donde emboza 
Su doble cima el Ávila* entre nubes, 
I la ciudad renace de Losada ?f 
¿ O mas te sonreirán, Musa, los valles 
De Chile afortunado, que enríquezen 
Rubias cosechas, i suaves frutos ; 
Dó la inocencia i el candor injenuo 
I la hospitalidad del mundo antiguo 
Con el valor i el patriotismo habitan ? 



* Monte vecino a Caracas, 
t Fundador de Caracas. 



6 ALOCUCIÓN A LA POBSÍA- 

¿ O la ciudad* que el águila posada 

Sobre el nopal mostró al astecaf errante, 

I el suelo de inexaustas venas rico, 

Que casi hartaron la avarienta Europa? 

Ya de la mar del Sor la bella retaa, 

A cuyas bija» dio la gracia en dote 

Naturaleza, habitación te brinda 

Bajo sa blando cielo, que no turban 

Lluvias jamas, ni embravecidos vientos. 

¿ O la elevada Quito 

Harás tu albergue, que entre canas cumbres 

Sentada, oye bramar la» tempestados 

Bajo sus pies, i etéreas áureas bebe 

A tu celeste inspiración propicias ? 

Aba oye do tronando se abre paso. 

Entre murallas de peinada roca» 

I envuelto en blanca nube de vapores, 

De vacilantes iris matizada, 

Los valles va a buscar del Magdalena 

Con saito«audaz el Bogotá espumoso» 

Allí memorias de tempranos dias 

Tu lira aguardan ; cuando, en ocio duJze 

I nativa inocencia venturosos, 

Sustento fácil dio a sus moradores, 

Primera prole de su fértil seno 

Cundinamarca ; antes que el corvo arada 

Violase el suelo, ni estranjera nave 

Las apartadas costas visitara. 

Aun no aguzado la ambición había 

El hierro atroz ; aun no dejenerado 

Buscaba el hombre bajo oscuros techos 

El albergue, que grutas i florestas 

Saludable le daban i seguro, 

• Méjico. 

t Nación americana, fundadora de Méjico. 



ALOCUCIÓN A LA PODÍA»- 

Sin que señor la titira conociese, 
Los campos ralla, ai los puehbs muco* 
La libertad sia leyes floreeia* 
Todo era pas, contento i alegría ; 
Cuando da dkmaé tatusa envidiosa 
Huitaca bella» de las aguas diosa,* 
Hinchando el Bogotá, sumerja el Talle, 
De la jante inftlia parta pequeña 
Asilo halló ea los montes : 
£1 abismo voraz sepulta el resto. 
Tú •cantarás como indignó el ftmesto 
Estrago de sa casi estinta raza 
A Nenqueteba, ligo del Solj qué rompe 
Con su cetro divino la eariaeada 
Montaña, i alas ondas abra* callea 
£1 Bogotá, que inmenso lago na ata 
De cumbre a cumbre dilató en imperio, 
De las ya estrechas márjetoes, que asalta 
Con vana furia, la p risión desdeña, 
I por la brecha hirviendo se despeña* 
Tú cantarás como a las nuevas jantes 
Nenqueteba piadoso leyes i astea 
I culto dio) después que áiamaligntf 
Ninfa mudó* en lumbrera de la nódie , ¿ 
I de la lana por la ves primera 
Surcó el Olimpo el arjentáde eotiftféY 

Ve, pues, ve a celebrar las fflafafeittáS 
Del ecuador : canta el vistoso cíelo 
Que de los astros todos lea hermosos 
Coros alegran ; donde a un tiempo ei vasté 
Dragón del norte su dorada espira 
Desvuelve entorno al loaánar inasóbil 
Que el rumbo al marinero nuda* señala, 



I*«Jm 



Huitaca, mujer de Nenqueteba o Bochica, lejialador de los Muiscas. 
Humboldt, Vue* des CorrfstUrm, t. i. 



8 ALOCUCIÓN A LA POESÍA. 

I la paloma candida de Arauco 

En las australes ondas moja el ala. 

Si tus colores los mas ricos mueles 

I tomas el mejor de tus pinceles, 

Podrás los climas retratar, que entero 

£1 vigor guardan jenital primero 

Con que la voz omnipotente, oída 

Del hondo caos, hinchió la tierra, apena* 

Sobre su informe fas aparecida, 

I de verdura la cubrió i de vida. 

Selvas eternas, ¿ quién al vulgo inmenso 

Que vuestros verdes laberintos puebla, 

I en varías formas i estatura i galas 

Hacer parece alarde de si mismo, 

Poner presumirá nombre o guarismo ? 

En densa muchedumbre 

Ceibas, acacias, mirtos se entretejen, 

Vejucos, vides, gramas: 

Las ramas a las ramas, 

Pugnando por gozar de las felizes 

Auras i de la luz, perpetua guerra 

Hacen, i a las raizes 

Angosto viene el seno de la tierra. 

¡ Oh quién contigo, amable Poesía, 
Del Cauca a las orillas me llevara, 
I el blando aliento respirar me diera 
De la siempre lozana primavera 
Que allí su reino estableció i su corte ! 
¡ Oh si ya de cuidados enojosos 
Esento, por las márjenes amenas 
Del Aragua moviese 
El tardo incierto paso, 
O reclinado acaso 

Bajo una fresca palma en la llanura, 
Viese arder en la bóveda azulada 
Tus cuatro lumbres bellas, 



ALOCUCIÓN A LA POESÍA. 9 

Oh Cruz del sur, que las nocturnas horas 

Mides al caminante 

Por la espaciosa soledad errante ; 

del cucui las luminosas huellas 
Viese cortar el aire tenebroso, 

1 del lejano tambo a mis oidos 
Viniera el son del yaraví amoroso !• 

Tiempo vendrá cuando de tí inspirado 
Algún Marón americano, oh diosa ! 
También las mieses, los rebaños cante, 
£1 rico suelo al hombre avasallado, 
I las dádivas mil con que la zona 
De Febo amada al labrador corona : 
Donde candida miel llevan las calías, 
I animado carmín la tuna cría, 
Donde tremola el algodón su nieve, 
I el ananas sazona su ambrosía : 
De sus racimos la variada copia 
Rinde el palmar, da azucarados globos 
£1 zapotillo, su manteca ofrece 
La verde palta, da el añil su tinta, 
Bajo su dulce carga desfallece 
£1 banano, el café el aroma acendra 
De sus albos jazmines, i el cacao 
Cuaja en urnas de púrpura su almendra. 

Mas ah ! ¿ prefieres de la guerra impía 
Los horrores decir, i al son del parche 
Que los maternos pechos estremece, 
Pintar las huestes que furiosas corren 
A destrucción i el suelo hinchen de luto ? 
¡ Oh si ofrecieses menos fértil tema 
A bélicos cantares, patria mi a ! 



• Tonada triste del Perú, i de los llanos de Colombia. 



10 



ALOCUCIÓN A LA POESÍA. 



¿ Qué ciudad, qué campiña no ha inundado 
La sangre de tus hijos i la ibera ? 
¿ Qué páramo no dio en humanos miembro* 
Pasto al cóndor? ¿qué rústicos hogares 
Salvar su oscuridad pudo a tas furias 
De la civil discordia embravecida? 
Pero no en Roma obró prodijio tanto 
£1 amor de la patria, no en la austera 
Esparta, no en Numancis/jenerosa ; 
Ni de la historia da pajina alguna, 
Musa, mas altos hechos a tu canto. 
¿ A qué provincia el premio de alabanza, 

a qué varón tributarás primero ? 
Grata celebra Chile el de Gamero 

Que, vencedor de cien sangrientas lides, 
Muriendo el suelo consagró de Talca ; 

1 la memoria eternizar desea 

De aquellos granaderos de a caballo 
Que mandó en Chacabuco Necochea. 
¿ Pero de Maipo la campiña sola 
Cuan larga lista, oh Musa, no te ofrece, 
Para que en tus cantares se repita, 
De campeones cuya frente adorna 
£1 verde honor que nunca se marchita? 
Donde ganó tan claro nombre Bueras, 
Que coa sus caballeros denodados 
Rompió del enemigo las hileras ; 
I donde el rejimiento de Coquimbo 
Tantos héroes contó como soldados. 



¿ De Buenos Aires la gallarda jente 
No ves, que el premio del valor te pide ? 
Casteli osado, que las fuerzas mide 
Con aquel mostruo que la cara esconde 
Sobre las nubes i a los hombres huella ; 
Moreno, que abogó con digno acento 



ALOCUCIÓN A LA POESÍA. \\ 

De los opresos pueblos la querella ; 
I tú que de Suipaeha en las llanuras 
Diste a tu causa agüero de ventura», 
Balcarce ; i tu Belgraao, i otros ciento 
Que la tierra natal de glorias rica 
Hicisteis con la espada o con la pluma. 
Si el justo galardón se os adjudica, 
No temeréis que el tiempo le consuma. 

Ni sepultada quedará en olvido 
La Paz que tantos claros hijos Hora, 
Ni Santacruz, ni menos Chuquisaca, 
Ni Cochabamba, que de patrio zelo 
Ejemplos memorables atesora, 
Ni Potosí de minas no tan rico 
Como de nobles pechos, ni Arequipa 
Que de Vizcardo con razón se alaba, 
Ni a la que el Rímae las murallas lava, 
Que de lo$ Reyts fué, ya de sí propia, 
Ni la ciudad que dio a los Incas cuna, 
Leyes al sur, i que si aun jime esclava, 
Virtud no le faltó, sino fortuna. 
Pero la libertad, bajo los golpes 
Que la ensangrientan cada vez mas brava, 
Mas indomable, nuevos cuellos hiergue, 
Que al despotismo harán soltar la clava. 
No largo tiempo usurpará el imperio 
Del Sol la hispana jente advenediza, 
Ni al ver su trono en tanto vituperio 
De Manco Cápac jemirán los manes. 
De Ángulo i Pumacagua la ceniza 
Nuevos i mas felizes capitanes 
Vengarán, i a los hados de su pueblo 
Abrirán vencedores el camino. 
Huid, dias de afán, dias de luto, 
I acelerad los tiempos que adivino. 



12 ALOCUCIÓN A LA POESÍA. 

Diosa de la memoria, himnos te pide 
£1 imperio también de Motezuma, 
Que, rota la coyunda de Iturbide, 
Entre los pueblos libres se numera. 
Mucho, nación bizarra mejicana, 
De tu poder i de tu ejemplo espera 
La libertad ; ni su esperanza es vana, 
Si ajeno riesgo escarmentarte sabe, 
I no en un mar te engolfas que sembrado 
De los fragmentos yes de tanta nave. 
Llegada al puerto venturoso, un dia 
Los héroes cantarás a que se debe 
Del arresto primero la osadía ; 
Que a veteranas filas rostro hicieron 
Con pobre, inculta, desarmada plebe, 
Ecepto de valor, de todo escasa ; 
I el coloso de bronce sacudieron, 
A que tres siglos daban firme basa. 
Si a brazo mas feliz, no mas robusto, 
Poderlo derrocar dieron los cielos, 
De Hidalgo no por eso i de Morelos 
Eclipsará la gloria olvido ingrato, 
Ni el nombre callarán de Guanajuato 
Los claros fastos de tu heroica lucha, 
Ni de tanta ciudad, que reducida 
A triste yermo, a un enemigo infama 
Que, vencedor, sus pactos solo olvida ; 

Que hace esterminio, i sumisión lo llama. 

»•••* + •« 

Despierte (oh musa, tiempo es ya) despierte 
Algún sublime injenio, que levante 
El vuelo a tan espléndido sujeto, 
I que de Popayan los hechos cante 
I de la no inferior Barquisimeto, 
l del pueblo * también, cuyos hogares 

* Cxunaná. 



ALOCUCIÓN A LA POESÍA. 13 

A bus orillas mira el Manzanares ; 

No el de ondas pobre i de verdura exausto, 

Que de la rejia corte sufre el fausto, 

I de su servidumbre está orgulloso, 

Mas el que de aguas bellas abundoso, 

Como su jente lo es de bellas almas, 

Del cielo, en su cristal sereno, pinta 

£1 puro azul, corriendo entre las palmas 

De esta i aquella deliciosa quinta : 

Que de Angostura las proezas cante, 

De libertad inespugnable asilo, 

Donde la tempestad desoladora 

Vino a estrellarse ; i con suave estilo 

De Bogotá los timbres diga al mundo, 

De Guayaquil, de Maracaibo (aora 

Agoviada de bárbara cadena) 

I de cuantas provincias Cauca baña, 

Orinoco, Esmeralda, Magdalena, 

I cuantas bajo el nombre Colombiano 

Con fraternal unión se dan la mano. 

• •••♦••• 

Mira dónde contrasta sin murallas 
Mil porfiados ataques Barcelona. 
Es un convento el último refugio 
De la arrestada, aunque pequeña, tropa 
Que la defiende : en torno el enemigo, 
Cuantos conoce el fiero Marte, acopia 
Medios de destrucción ; ya por cien partes 
Cede al batir de las tonantes bocas 
El débil muro, i superior en armas 
A cada brecha una lejion se agolpa. 
Cuanto el valor i el patriotismo pueden, 
El patriotismo i el valor agotan ; 
Mas ay ! sin fruto. Tú de aquella escena 
Pintarás el horror, tú que a las sombras 
Belleza das, i al cuadro de la muerte 



14 ALOCUCIÓN A LA POESÍA. 

Sabes encadenar la mente absorta. 
Tú pintaras al vencedor furioso 
Que ni al anciano trémulo perdona, 
Ni a la inocente edad, i en el regazo 
De la insultada madre al hijo inmola. 
Pocos reserva a vil suplicio el hierro : 
Su rabia insana en los demás desfoga 
Un enemigo que hacer siempre supo, 
Mas que la lid» sangrienta la victoria. 
Tú pintarás de Chamberlen el triste 
Pero glorioso fin. La tierna esposa 
Herido va a buscar ; el débil cuerpo 
Sobre el acero ensangrentado apoya : 
Estréchala a su seno. " Libertarme 
De un cadalso afrentoso puede sola 
La muerte" (dice) : este postrero abra 
Me la hará dulce : adiós !" Cuando c< 
Herida vá a matarte, ella atajando 
£1 brazo, aleado ya, " ¿tu a la deshoi 
Tú a ignominiosa servidumbre, a insul 
Mas que la muerte horribles me abandi 
Para sufrir la afrenta falta (dice) 
Valor en mi : para imitarte, sobra. 
Muramos ambos." Hieren 
A un tiempo dos aceros 
Entrambos pechos : abrasados muereí 

¿Pero al de Margarita qué otro nomb 
Deslucirá ? donde hasta el sexo bland 
Con los varones las fatigas duras 
I los peligros de la guerra parte : 
Donde a loa defensores de la patria 
Forzoso fué, para lidiar, las armas 
Al enemigo arrebatar lidiando : 
Donde el caudillo, a quien armó Ferní 
De sa poder i de sus fuerzas todas 



ALOCUCIÓN A LA POESÍA. 

Para que de venganzas le saciara, 
Al inesperto campesino vulgo 
Que sus falanjes denodado acosa» 
£1 campo deja en fuga ignominiosa ? 

Ni menor prez los tiempos venideros 
A la virtud darán de Cartajena. 
No la domo el valor : no al hambre cede 
Que sus guerreras ciento a ciento siega. 
Nadie a partidos viles presta oídos : 
Cuantos un resto de vigor conservan, 
Lánzanse al mar, i la enemiga flota 
En mal seguros lefios atraviesan. 
Mas no el destierro su constancia abate, 
Ni a la d es g ra cia la cerviz doblegan ; 
I si una orilla dejan, que profana 
La usurpación, i las venganzas yerman, 
Ya a verla volverán bajo estandartes 
Que a coronar el patriotismo fuerzan 
A la fortuna, i les darán los cielos 
A indignas manos arranear la presa. 
Entanto por las calles silenciosas 
Acaudillando armada soldadesca, 
Entre infectos cadáveres, i vivos 
En que la estampa de la parca impresa 
Se mira ya, su abominable triunfe 
La restaurada inquisición pasea : 
Con sacrilegos himnos los altares 
Haciendo resonar, a su honda cueva 
Desciende enhambrecida, i en las ansias 
De atormentados mártires se ceba. 



16 



I qué diré de la ciudad que ha dado 
A la sagrada lid tanto caudillo ? 
¡Ah que entre escombros olvidar pareces, 



16 



ALOCUCIÓN ALA POESÍA _ 

Turbio Catuche/ tu camino usado / 
¿ Porqué en tu márjeñ el rumor fes tiV< 
Calló ? ¿ dó está la torre bulliciosa 
Que pregonar solia, 
De antorchas coronada, 
La pompa augusta del solemne dia ? 
Entre las rotas cúpulas que oyeron 
Sacros ritos ayer, torpes reptiles 
Anidan, i en la sala que gozosos 
Banquetes vio i amores, hoi sacude 
La grama del herial su infausta espiga. 
Pero mas bella i grande resplandeces 
En tu desolación, ¡ o patria de héroes ! 
Tú que lidiando altiva en la vanguardic 
De la familia de Colon, la diste 
De fe constante no escedido ejemplo; 
I si en tu suelo desgarrado al choque 
De destructivos terremotos, pudo 
Tremolarse algún tiempo la bandera 
De los tiranos, en tus nobles hijos 
Viviste iuespugnable, de los hombres 
I de los elementos vencedora. 
Renacerás, renacerás aora : 
Florecerán la paz i la abundancia 
En tus talados campos : las divinas 
Musas te harán favorecida estancia, 
I cubrirán de rosas tus ruinas. 



* Riachuelo que corre por la parte de Caracas en que 1 
gos el terremoto de 1812. 



INFLUENCIA DE LA LITERATURA. 17 

II* — Consideraciones sobre la influencia de la literatura 

en la sociedad. 

Bajo cualquier aspecto que se mire la importancia de la 
ilustración, bien sea que se considere el influjo de las letras 
i de las ciencias"enjla felizidad del hombre individual, o en 
la grandeza i prosperidad de los pueblos, encontraremos que 
es del interés de toda sociedad el dar a la propagación de las 
luzes la mayor latitud posible. 

Ül amor al estudio, que es una pasión como todas las de- 
n *a, i domina tanto como otra cualquiera, cuando está bien 
dirijido, es para el individuo un principio de contento, una 
fiíente de consuelo, un manantial de fortaleza i de heroísmo. 
Siendo la felizidad en gran parte hija de nosotros mismos, 
pueden las letras constituir la de todo el que sea aficionado a 
«Ua« ; i no pudiendo el hombre salir de la gran cadena de 
1°* acaecimientos sin trastornar el orden de la naturaleza i 
1** relaciones de causas i efectos, debe hacerse independien- 
te por el pensar i por el sentir.* En todas las situaciones de 
k vida, hai tiempo de ocio i de descanso, que empleamos 
en lo que mas acomoda a nuestro carácter i disposición ; i 
cufcti^o el esclavo de los placeres le consume arruinando su 
wlud i su fortuna, el amante de las letras se instruye i 
deleita con sus libros, ocupándose en tareas útiles i agrada- 
rse, que contribuyen a prolongar i dulzificar su existencia. 
& la lectura es donde recobra su alma la enerjía, que 
pierde, como el cuerpo físico, cuando carece de alimento ; 
tDí es donde se ensancha el espíritu, i se fortifica por las 
verdades que ella le subministra. 

2 Qué infinidad de gozes no se encuentran en el estudio ! 
Por medio de él, conversamos en el retiro con las jenera- 
ciones de sabios que se han sucedido desde los tiempos 
primitivos: nos instruimos con las lecciones, que en las 
edades pasadas daban a los griegos Sócrates, Platón i Aris- 
tóteles, i Cicerón, Horacio i Virjilio a los romanos ; i hasta 



# Minfrix fran$aue, t. i. 



. j iNFUmCIA DE LA LITERATURA. 



^.•wrr-*— ^ oo* Tácito i Suetonio en los mas recónditos 
W( . ;:vf>> ^ Je los Césares. Por medio de él, examinamos a la 
y±Ti7*l<*x* eatera, i encontramos en ella mil objetos de me- 
^•Mi-v«a cuando recorremos esas cadenas de existencia 
<UVx <ira de individuos, que constituyen la existencia real de 
U* especies» i a cuya cabeza está colocado el hombre: 
cuando contemplamos el cuadro tan Taño i lleno de vida de 
U creación. 

Asi pasa el sabio su vida en el seno de la inocencia, de la 
paz, i de los tesoros intelectuales. Todos los días son 
iguales para él, por que la serenidad de su alma suple por la 
de la naturaleza i de la sociedad : jamas está solo, por que 
todo lo posee en los recursos de un espíritu bien cultivado* 
: Qué de sensaciones, ya sublimes, ya dulzes i tiernas, no 
es peri menta al leer una obra injeniosa o elocuente ! ¡ Qué 
variedad de placeres no le ofrece este campo inmenso de la 
literatura ! Ella es, según Cicerón, el alimento de la juven- 
tud, i el recreo de la edad madura; ella nos acompaña en 
la soledad, i nos consuela en la desgracia. £1 estudio 
estiende nuestros conocimientos, ensancha nuestras miras» 
multiplica las ideas, las hace mas varias, mas distintas i 
vivas. 4 El disipa nuestras preocupaciones, corrije nuestros 
errores, nos hace adquirir el hábito escelente del trabajo, i 
dul/irica sus penas ; él sujeta i fija la lijereza de la imajina- 
eion, i aleja de la ociosidad, del juego i la disolución : por 
ultimo, él es quien enseña que la verdadera felizidad es in- 
«mm rabie de la virtud ; que no hai cosa de mas precio que la 
veotitud i la equidad, ni mas consoladora que el testimonio 
do una conciencia pura, ni mas dulze que la aprobación de 
Ion hombres de bien, ni mas vergonzosa que el vicio. ¡ Ah ! 
ciertamente sería desterrada la ignorancia de la tierra, si 
todos supiesen cuales son los encantos del estudio, cuantos 
*iik recursos, cuan grandes sus beneficios. 

No es menor el influjo que tiene el cultivo de las letras 
«odre la gloría i libertad de las naciones. Encontraremos 



* Traite da études. 



INFLUENCIA DE LA LITERATURA. 19 

esta verdad siempre que, a la luz de la historia, recorramos el 
espacio de los siglos, señalado por la huella de las revo- 
luciones, que unas vezes han desolado la tierra, otras la han 
colmado de bienes, según la ruta que les ha trazado la 
barbarie o la cultura intelectual. Desde la mas remota 
antigüedad, los habitantes de la playa cercana al monte 
Iibano, al mismo paso que cultivan las letras, adelantan la 
navegación, estieuden el comercio, perfeccionan su industria, 
mejoran sus leyes, i florecen ; en tanto que el África occi- 
dental, la Grecia i la Europa toda estaban sepultadas en la 
barbarie. La Grecia, consultando después por medio de 
sus sabios los países en donde nació la civilización, i enri- 
quezida por las artes i las ciencias de Ejipto i de Fenicia, da 
pasos ajigantados en la carrera de la gloria i del poder. De 
allí se trasmiten a Italia los tesoros de la intelijencia, que, 
suavizando el carácter de los vencedores, hicieron su domi- 
nación menos grave, i estendieron con ella los beneficios de 
la civilización, hasta que descendiendo desde las inmedia- 
ciones del polo los pueblos que habitaban las selvas del 
norte, destrozaron el cetro romano ; i se llenó la medida de 
las calamidades del universo, sumido en una noche lóbrega 
i espantosa. No tardan, sin embargo, en venir del oriente 
algunos rayos de luz; las tinieblas de la Europa se disipan 
poco a poco ; i acrecentando sus fuerzas la filosofía i la razón 
a costa i enmedio de las desgracias mismas de la especie 
humana, la enseñan a rectificar gradualmente sus errores. 
£1 entendimiento se adelanta ; i la alianza afortunada de los 
trabajos útiles a la sociedad con las concepciones mas nobles 
de una filosofía sublime, eleva a la Inglaterra, Francia i 
Alemania a la cumbre de la gloría i del poder, entanto que 
España, Italia, i Portugal, jimiendo bajo el yugo de la 
inquisición, figuran poco, en la escala política de las naciones 
europeas. 

La masa de las ideas en todo j enero se ha aumentado con 
los siglos ; i con ellas ha mejorado sin duda la suerte de una 
gran parte del linaje humano : de aquí es que tantos filósofos 



20 INFLUENCIA DE LA LITERATURA. 

ilustres han adoptado el sistema de la perfectibilidad.* Hol- 
bach i Turgot bajo el gobierno arbitrario, Rant i Sulzer bajo 
la monarquía feudal, Talleyrand i Condorcet en tiempo de 
la república francesa, Fergusson, Dugald Stewart i otros 
célebres escoceses escribiendo en el seno de la libertad britá- 
nica, han profesado aquel sistema que, si no tiene toda la 
latitud que ellos le dan, ni presta esperanzas tan lisonjeras 
como ellos conciben, no por eso es menos consolador, ni 
menos sensibles sus efectos. £1 inmortal Washington, en 
su memorable carta al congreso de los Estados Unidos es 
1783, también sentó que " la cultura libre de las buenas 
letras, la ostensión ilimitada del comercio, el pulimiento 
progresivo de las costumbres, la elevación gradual de las 
ideas, i sobre todo la luz pura i bienhechora de la filosofía, 
han mejorado con su influencia la especie humana." 

Madama de Stael ha desenvuelto aun mas estensamente 
este sistema, en su obra " La literatura considerada en sus 
relaciones con las instituciones sociales. 9 ' Siguiendo la histo- 
ria de los progresos del pensamiento, ha examinado cual es 
la acción reciproca entre la relijion, las costumbres i las 
leyes, i la literatura; ha analizado las causas morales i 
políticas que modifican el espíritu de esta última; i obser- 
vando el carácter dominante de los escritores de cada país i 
de cada siglo, ha manifestado con mucha exactitud cuan 
poderosa es la influencia de la literatura sobre la virtud, V 
felizidad, la gloria i la libertad de las naciones, i el inmen 
poder que ejerce sobre estos grandes sentimientos, primer 
móbiles del hombre. 

Nosotros no nos proponemos en esta ocasión segu' 
esta célebre escritora en medio de la vasta tarea qr 
impuso, i que con tan feliz éxito desempeñó en su 
parte : solo pensamos adoptar aquí algunas de las ce 
raciones jenerales que presenta en su elocuente introd» 



* Mad. de Stael. De la Littératurt considérée dam tet Rappcr 
buHtutúm SscUtot* 9 toL 8vo. 



INFLUENCIA DE LA LITERATURA. 21 

a la obra enunciada, en cuanto son aplicables al objeto de 
la nuestra. 

" La literatura, dice Madama de Stael, considerada en 
su acepción mas estensa, esto es, en cuanto contiene loa 
escritos filosóficos i las obras de imajin ación, es de la mas 
alta importancia ; por que desenvuelve todas las facultades 
del hombre, i le mejora hasta bajo el respecto de la sensibi- 
lidad. Las obras antiguas i modernas, que tratan de materias 
de moral, de política o de ciencia, prueban evidentemente 
los progresos sucesivos del pensamiento desde que su historia 
nos es conocida ; i si por una parte, el estado de la literatura 
ha influido en las instituciones relijiosas i políticas, estas, 
por otra, han modificado, mejorado, o pervertido aquella» 
Hai también cierto jénero de sensibilidad, que se aumenta a 
proporción de las ideas. Asi lo acredita la superioridad de 
Tíbnlo sobre Anacreonte, de Virjilio sobre Homero, la que 
sobre estos obtuvieron Hacine, Voltaire, Goethe, Pope i 
Rousseau, pintando el amor con una especie de delicadeza, 
caito i melancolía, desconocidos a las costumbres, leyes i 
carácter de los antiguos. I si en algún caso han abusado 
varío* escritores del poder de su imajinacion, esto no puede 
oponerse nunca como una objeción a las ventajas de la 
literatura, por que no hai cosa de que no hayan abusado los 
hombres : el aire i el fuego les sirven para matarse, i la natu- 
raleza entera es, en sus manos, un medio de destrucción." 

Oigamos a Madama de Stael sobre la parte que tienen las 
letras i las ciencias en la mejora del ser intelijente, i en las 
conquistas que sobre él hacen a favor de sí mismo, de sus 
semejantes, de su patria. 

" La perfecta virtud es el bello ideal del mundo intelec- 
tual. Hai ciertamente algunas relaciones entre la impresión 
qoe ella produce sobre nosotros i el sentimiento que nos hace 
esperimentar todo cuanto es sublime, bien sea en las bellas 
artes, o en la naturaleza física ; el entusiasmo que estas cau- 
san, no deja de tener alguna analojía con la admiración que 
inspira el espectáculo de las buenas acciones. Las estrava- 



22 INFLUENCIA DE LA LITERATURA. 

gancias, o inventadas, o naturales, asombran por un momento 
la imajinacion ; mas el pensamiento no reposa sino en el or- 
den : el alma esperimenta una dulze conmoción, cuando des- 
pués de los largos estravíos de las pasiones, oye aquel len- 
guaje magnífico de la virtud, del noble orgullo, de la compa- 
sión ; i encuentra que todo su ser es sensible a él." 

" La literatura saca sus bellezas de la moral mas delicada. 
Los hombres pueden abandonar al vicio sus acciones, pero 
jamas su juicio ; i por esto no es dado a ningún poeta, 
cualquiera que sea so talento, hacer salir un efecto trájico de 
una situación que admitiese en principio una inmoralidad. La 
crítica literaria es frecuentemente un tratado de moral. Los 
escritores distinguidos, ion solo entregarse al impulso de sv 
talento, descubrirían cuanto hai de heroico i de patético en los 
sacrificios personales. Estudiar el arte de conmover a los 
hombres, dice Madama de Stael, es profundizar los secretos 
de la virtud." 

" Las obras maestras de la literatura, ademas de los ejem- 
plos que presentan, producen una especie de sacudimiento 
moral i físico, un movimiento de admiración que hace vibrar 
deliciosamente nuestras fibras, i nos dispone a las acciones 
jenerosas. Los lejisladores griegos consideraban de grande 
importancia el efecto que podia producir una música mareta' 
o voluptuosa; i no es menos cierto que la elocuencia, 
poesía, las situaciones dramáticas i los pensamientos me' 
cólicos, obran también sobre los órganos, al mismo tu 
que se dirijen a la reflexión. Entonces la virtud es un 
pulso involuntario, un movimiento que pasa a la sangre, 
rastra tan irresistiblemente como las pasiones mas iraper 

" Tal es la conexión que existe entre todas las facn 
del hombre, que perfeccionando su gusto en literatura, 
elevación a su carácter; como que recibe uno mismr 
impresión del lenguaje que usa, i modifican nuestro t 
iniújciics que este revive. Cada vez que, llamado e 
o el orador a hacer elección entre diversas espres 
determina por aquella que presenta la idea mas delic 



INFLUENCIA DE LA LITERATURA. 23 

su entendimiento entre estas espresiones del mismo modo que 
debiera decidirse su alma en las acciones de la vida ; i este 
primer hábito puede mui bien conducir al segundo/' 

" £1 sentimiento de lo bello intelectual, aun cuando se 
aplica a objetos de literatura, debe inspirar repugnancia a 
todo aquello que es vil i feroz ; i esta aversión involuntaria 
sirve de garantía casi tan segura como los principios subminis- 
trados por la reflexión." 

" Se ha repetido frecuentemente que los historiadores, los 
autores cómicos, i en fin todos los que han estudiado a los 
hombres para pintarlos, eran indiferentes al bien i al mal. Es 
¡adodable que cierto conocimiento de los hombres puede pro- 
ducir semejante efecto ; pero un conocimiento mas profundo 
conduce a resultados contraríos; los que juzgan ala manera de 
Tácito, son necesariamente útiles a su siglo. £1 arte de obser- 
var los caracteres, de esplicar sus motivos, i hacer resaltar 
sus colores, tiene tal poder sobre la opinión, que en todo país 
donde se halla establecida la libertad de imprenta, ningún per- 
sonaje público, ningún hombre de nota podría resistir al menos- 
precio, siempre que fuera el talento quien lo inflijiese. ¡ Qué 
bella» formas de indignación no ha hecho descubrir a la elo- 
cuencia el odio al crimen ! qué poder vengador de todos los 
sentimientos jenerosos ! Nada puede igualar la impresión que 
cusan ciertos movimientos del alma, o ciertos cuadros traza- 
dos con valentía ; la imájen del vicio deja una memoria inde- 
leble, cuando es obra de un profundo observador, que analiza 
eentimientos íntimos, i desenvuelve los mas secretos pliegues 
del corazón. Grande es la utilidad moral, que produce el ta- 
lento literario, imprimiendo así el oprobio en las acciones por 
asdk> del arte de pintarlas." 

" ¿ Se diría por ventura que la carrera de las letras aparta 
al hombre de sus deberes domésticos, i de los servicios políti- 
cos que pudiera prestar a su pais ? Fácil es contestar a esto, 
diciendo que ya no tenemos ejemplo alguno de esas repúbli- 
cas, que daban a cada ciudadano su parte de influencia en la 
suerte de su patria ; i que estamos aun mas distantes de aque- 



INFLUENCIA DE LA LITERATURA. 25 

•obre las almas enérjicas, se une en su pensamiento con la imá- 
jm de todas las virtudes, entonces algunas vidas de Plutarco, 

■■carta de Bruto a Cicerón, ciertas palabras del Catón de 

Un en la lenguade Addisson, las reflexiones que inspiraba 
i Tácito el odio a la tiranía, los sentimientos recordados o ima- 
jnadof por los historiadores i los poetas, exaltan el alma que 
lámate escena de los sucesos contemporáneos tenia debilitada 
¡■archita." 

" i Cuan humano es, i cuan útil, conceder tan alta impor- 
tada a la literatura, al arte de pensar ! Ya no se destruirá 
mea el tipo de lo que es bueno i justo; no carecerá de guia 
d tabre a quien la naturaleza destina a la virtud ; i en fin 
d dolor mismo podrá esperimentar una saludable ternura. 
Citado menos, los escritos conservadores de las ideas i de 
laa afecciones virtuosas nos preservarán de aquella árida tris- 
te» qne nace de la incomunicación, de aquella mano de hielo 
<pt la desgracia carga sobre nosotros. Estos escritos hacen 
correr lágrimas en todas las situaciones de la vida ; elevan el 
■buv a meditaciones grandiosas, que hacen olvidar las penas 
tadmduales ; i nos forman una sociedad, una comunicación con 
loi hombres que han dejado de existir, con los que existen, i 
batios que admiran esto mismo que admiramos nosotros. En la 
tokaad del destierro, en lo hondo de los calabozos, en víspe- 
ra de perecer, las pajinas de un autor sensible han venido qui- 
lla a reanimar un espíritu abatido . . . Mas esto tan solo es 
dado al hombre virtuoso : cuando un delincuente se ve en ad- 
ttnidad, solo halla tormento en sus reflexiones, a menos que 
s ar repe nti miento verdadero le ponga en cierta disposición 
•oral : sin esto, ninguna palabra apacible puede hacerse oir 
«a los abismos de su corazón : sin esto, no tienen valor alguno 
■¡sellos preciosos renglones, llenos de consuelo i de vida, 
que sirven a un tiempo de amigo, de opinión pública i de 
patria." 

" El viajero que arrebatado de la tempestad encalló en 
playas no habitadas, graba sobre la roca el nombre de los ali- 
mentos que descubrió, e indica los recursos que empleó contra 
Ja muerte, a fin de ser útil algún dia a los que esperimentasen 



26 INFLUENCIA DE LA LITERATURA. 

igual destino. Nosotros, colocados por el acaso de la vida en 
la época de una revolución, debemos facilitar a las jeneracio» 
nes futuras el conocimiento intimo de estos secretos del alma, 
de estos consuelos no esperados, de que se ha servido natura- 
leza conservadora para ayudarnos a atravesar la existencia/ 

De este influjo de la literatura sobre la moral i la felicidad 
humana, se sigue el que ejerce sobre la gloria de las naciones; 
i por consiguiente, sirve de estímulo para las nobles acciones» 
que conservan, engrandezen e ilustran los estados. 

" Si la literatura puede servir útilmente a la moral, influye 
por lo mismo poderosamente sobre la gloria ; por que no 1» 
hai duradera en un pais donde no se encuentre moral publica. 
Si no adoptara la nación principios invariables por base de su 
opinión ; si no estuviese cada individuo fortificado en su juicio 
por la certeza de que este se encuentra de acuerdo con el con- 
sentimiento universal, entonces las reputaciones brillantes se* 
rian accidentes, que se sucederían unos a otros sin mas regla 
que el capricho de la suerte. Podría, a la verdad, causarnos 
impresión la brillantez de algunas acciones ; pero se necesita 
una progresión en los sentimientos para llegar al mas sublime 
de todos, que es la admiración. Como no se puede juzgar 
sino comparando, la estimación, la aprobación i el respeto, 
son escalones necesarios para llegar a la fuerza i poder del 
entusiasmo. La moral pone los fundamentos sobre que puede 
levantarse la gloria ; i la literatura, aun prescindiendo de su 
alianza con la moral, también contribuye, de un modo mas di- 
recto, a la existencia de esa misma gloría, que es el noble estí- 
mulo de todas las virtudes públicas." 

" £1 amor de la patria es una afección puramente social. 
£1 hombre, criado por la naturaleza para las relaciones domés- 
ticas, no estiende a mas su ambición, sino es llevado del 
atractivo irresitible de la estimación jeneral ; i sobre esta es- 
timación, que la opinión forma, tiene la mayor influencia el 
talento de escribir. En Atenas, en Roma, en las ciudades 
dominadoras del mundo civilizado, se disponía de las volun- 
tades de un pueblo, i de la suerte de todos, hablando en la 
plaza pública ; en nuestros dias, se preparan los acaecimientos, 



INFLUENCIA DE LA LITERATURA. £7 

se ilustran los juicios, por medio de la lectura. ¿ Qué 
ería de una nación numerosa, si los individuos, que la cora- 
oaen, no tuvieran comunicación entre sí por el intermedio 
e la imprenta ? En semejante caso, la asociación silenciosa 
e una multitud de hombres no establecería ningún punto 
e oontacto de donde pudiera salir la luz; i la muchedum- 
re no se enriquezeria jamas con los pensamientos de los 
ombres superiores.? 

" Como la especie humana se renueva incesantemente, un 
idividuo no puede dejar vacío sino en la opinión ; i para 
m esta opinión exista» es necesario tener un medio de 
itenderaos a larga distancia, de reunimos por medio de las 
leas i los sentimientos jeneralmente aprobados. Los 
letas i los moralistas caracterizan de antemano la natura- 
za de las bellas acciones ; i el estudio de las letras pone a 
ta nación en estado de recompensar a sus grandes hombres, 
•(rayéndola en el modo de juzgarlos según su valor re- 
tívo. w 

" La diseminación de ideas i de conocimientos que han 
oducido la destrucción de la esclavitud i el descubrimiento 
> la imprenta, debe ocasionar interminables progresos, 
el envilecimiento completo de las sociedades. Si se 
monta el análisis hasta el verdadero principio de las ins- 
nciones, dará un nuevo grado de fuerza a las verdades 
te hubiere conservado; mas el análisis superficial, que 
«compone las primeras ideas que se presentan, sin exa- 
inar el objeto entero, debilita necesariamente el móbil 
i las opiniones fuertes. En medio de una nación estragada, 
que no reconoce principios fijos, nada escita una ad- 
iracion viva, i ni aun los mismos triunfos militares podrían 
itener una reputación inmortal, si las ideas literarias i 
osóficas no hiciesen capazes a los hombres de apreciar i 
«sagrar la gloria de los héroes/' 

" No es cierto que un hombre grande brille mas, cuando 
t el único que goza de celebridad, que cuando] está rodeado 
i nombres famosos que ceden al suyo, como al primero de 
dos. Se ha dicho en política que un rei no podia subsistir 



28 INFLUENCIA DE LA LITERATURA. 

sin nobleza; i del mismo modo, es necesario que en la corte de 
la opinión haya una jerarquía de distinciones, que asegures b 
supremacía. ¿Qué vale, en efecto, un conquistador que 
opone unos bárbaros a otros en la noche de la ignorancia t 
No es César tan famoso en la historia» sino por que decidió 
el destino de Roma, i por que Roma encerraba en sn seno 
un Cicerón, un Salustio, un Catón, i tantos talentos i tantas 
virtudes, que fueron subyugadas por la espada de un hombre» 
Detras de Alejandro, se Columbraba la sombra de la Grecia* 
Se necesita indudablemente, aun para la gloria de los 
guerreros ilustres, que el pais que ellos sojuzgan teté en- 
riquezido con todos los dones del espíritu humano. No sé 
si el poder del pensamiento debe destruir algún dia el 
azote de la guerra; pero entretanto este mismo poder, la 
elocuencia, la imajinacion, i aun la filosofía, son los que 
realzan la importancia de las acciones marciales. Si se deja 
que todo se borre i se envilezca, podrá dominar la fuerza; 
mas no la acompañará ningún esplendor verdadero; i lo* 
hombres se degradarán mil vezes mas por la pérdida de l*v 
emulación, que por los zelosos furores, cuyo objeto era mí- 
menos la gloria." 

No es menos sublime Madama de Stael cuando trata der 
la influencia de las luzes sobre la libertad ; de la necesidad 
absoluta que de ellas hai para distinguirla de la licencia; 
de lo que importa fomentar la educación, como único medio 
de propagar en un pueblo la cultura intelectual, de mejorarle 
i hacerle feliz ; de la conveniencia i la utilidad de formar, 
por medio de aquellas mismas luzes, una opinión pública, 
sin la cual todo poder es despótico, i toda autoridad, que 
no sea la de la fuerza, trabaja en vano. 

" La libertad, la virtud, la gloria, las luzes, este res- 
petable cortejo del hombre en su dignidad natural, estas 
ideas aliadas entre sí, i cuyo oríjen es uno mismo, no pueden 
existir separadas : el complemento de cada cual está en la 
reunión de todas. Las almas que se complacen en referir 
el destino del hombre a una intelijencia divina, ven en este 
conjunto, en esta relación íntima entre todo lo que es bueno 



* 



INFLUENCIA DE LA LITERATURA. 29 

i laudable, ana prueba mas de la unidad moral, de la 
anidad de plan que dirije el universo." 

" Los progresos de la literatura, es decir, la perfección 
del arte de pensar i de decir, son necesarios al estableci- 
miento i a la conservación de la libertad; i es asimismo 
evidente que son tanto mas indispensables las luzes en un 
país, cuanto mas inmediatamente influyan en la acción del 
gobierno todos los ciudadanos que le habitan. Mas no es 
menos cierto que no puede subsistir la igualdad política, 
principio inherente a toda constitución filosófica, a menos que 
se clasifiquen las diferencias de educación con mas cuidado 
aun que el que ponia la feudalidad en sus distinciones arbi- 
trarias. La pureza de lenguaje, la nobleza de espresiones, 
fiel únájen de la elevación de alma, son principalmente nece- 
sarias en un estado que tenga bases democráticas. En 
cualquiera otra parte, hai ciertas barreras facticias que 
impiden la total confusión de las diversas educaciones ; pero 
cuando el poder no reposa sino en la suposición del mérito 
personal, ¿ qué interés no debe tenerse entonces en con- 
servar a este mérito todos sus caracteres esteriores ? 

" En un estado democrático, debe temerse incesante- 
mente que el deseo de la popularidad impela a imitar las 
costumbres vulgares; i aun llegaría mui pronto a creerse 
<pft es inútil, i casi perjudicial, tener una superioridad decidida 
•ofere la multitud a quien se quiere cautivar. Acostum- 
forfase el pueblo a nombrar majistrados ignorantes e incultos; 
**»' majistrados sofocarían las luzes ; i por un círculo 
irritable, la pérdida de las luzes reproduciría la esclavitud 
¿el pueblo." 

" No es posible que en un estado libre, pueda prescindir 
l« autoridad pública del consentimiento verdadero de los 
ciudadanos que gobierna : el raciocinio i la elocuencia son 
k vínculos naturales de una asociación republicana, como 
ose no puede haber poder alguno sobre la libre voluntad de 
los hombres, sin la fuerza i verdad de lenguaje que penetra 
bs almas, i les inspira lo que ella espresa. Si los hombres 
que son llamados a dirijir el estado no tienen el secreto de 



INFLUENCIA DE LA LITERATURA. 31 

presenta una senda abierta a todos, i que pueda escitar la 
ambición de todos. Se necesita, por otra parte, un estudio 
constante de la historia i de la filosofía, para profundizar i 
difundir el conocimiento de los derechos i los deberes de los 
pueblos i de sus majistrados. En los imperios despóticos, la 
razón solo sirve para la resignación individual ; en los es- 
tados libres, pro teje el reposo i la libertad de todos." 

Con mucha razón distingue nuestra autora la influencia 
que ejercen en los destinos de una nación las artes de pura 
imajinacion i las ciencias físicas, de la que tienen las ciencias 
morales. En casi todos los paises se ha visto que los tíra- 
nos toleran, i aun protejen, las primeras, al paso que proscri- 
ben i persiguen las segundas, como atentatorias a su autoridad 
ilimitada, como capazes de hacer pensar a los pueblos sobre 
su suerte, e inspirarles el deseo de mejorarla. 

" Entre los diversos desarrollos del espíritu humano, lo 
que yo considero como la verdadera garantía de la libertad es 
U literatura filosófica, la elocuencia i el raciocinio. Las 
ciencias i las artes son una parte mui importante de los tra- 
bajos intelectuales ; mas ni sus descubrimientos, ni sus pro- 
gresos ejercen una influencia inmediata sobre la opinión 
p&blica que decide el destino de las naciones. Los jeómetras, 
be fínicos, los pintores, i los poetas recibirían recompensas de 
k liberalidad de los reyes, al paso que la filosofía política 
i felijiosa parecería a tales amos la mas temible insurrección." 
" Aquellos que se dedican al estudio de las ciencias positi- 
tm, como que no encuentran de por medio las pasiones de los 
besares, se acostumbran a no contar mas que lo susceptible 
te «na demostración matemática : casi siempre clasifican los 
tibios entre las ilusiones lo que no puede someterse á la 
kjjica del cálculo. Ellos avalúan desde luego la fuerza del 
gobierno, cualquiera que sea; i no sintiendo otro deseo que el 
•je entregarse en paz a la actividad de sus trabajos, se incu- 
lta a obedecer a la autoridad que domina. La profunda 
Meditación que exijen las combinaciones de las ciencias 
txaetas, arredra a los sabios de interesarse en los acaecimien- 
tos de la vida; i nada conviene tanto a los monarcas absolutos 



INFLUENCIA DB LA LITERATURA. 38 

serias, el amor de la gloría hacen a vezes parecer frivolos e 
insípidos aun los placeres de las artes. £1 único poder 
literario que hace temblar a todas las autoridades injustas, es 
la elocuencia jenerosa, la filosofía independiente, que juzga 
en el tribunal del pensamiento todas las instituciones, todas 
las opiniones humanas/' 

Lo que dice Madama de Stael sobre la influencia del 
astado militar, es demasiado aplicable a todo pueblo, cuya 
gloría se cifra en las proezas de la guerra, i especialmente a 
aquellos que deben a estas proezas su existencia. Entonces 
es mucho mas necesario no confundir todas las glorias con 
la gloria militar ; entonces es mas imperioso poner un freno a 
las aspiraciones de los soldados felizes, i asegurar, por medio 
del ejercicio de todas las facultades mentales, aquellas Ten- 
tajas que la fortuna o el valor hicieron obtener, i que serían 
•ffmeras sin la difusión de las luzes. Son mui dignas, en 
■«estro concepto, de meditarse bien las siguientes palabras i 
" La demasiada influencia del espíritu militar es también 
«a peligro inminente para los estados libres ; i no se puede 
precaver semejante peligro, sino haciendo progresar las luzes 
i ú espíritu filosófico. Lo que permite a los guerreros desde- 
fiar en cierto modo a los literatos, es que no siempre están 
*m talentos reunidos con la fuerza i la verdad del carácter. 
Sapero el arte de escribir sería también un arma, i la palabra 
«t acción, si la enerjía del alma se pintase en ellos toda 
«atara, si se elevaran los sentimientos a la altura de las ideas, 
i s la tiranía se viese asi atacada por todo cuanto la condena, 
por la indignación jenerosa i la inflexible razón. Entonces 
*> seria escluriva la consideración a los militares ; considera- 
oca que ciertamente hace peligrar la libertad." 

" La disciplina destierra toda especie de opinión entre las 
tropas. Bajo este respecto, su espíritu de cuerpo tiene algu- 
au relaciones con el de la disciplina clerical i monástica ; i 
ocluye del mismo modo el raciocinio, admitiendo por regla 
isica la voluntad de los superiores. El ejercicio continuo de 
la omnipotencia de las armas hace que al fin se miren con cierto 
los progresos lentos de la persuasión. El entusias- 

D 



INFLUENCIA DR LA UTBEATU&A. 

¡aspiran las victorias no proviene ea ninguna 
isticia de la causa que sostieoeu: lo que hiere k 
ion, es la decisión de la fortuna, el triunfo dai valor. 

batallas, es posible someter a los enemigo». 4e k 
; mas para hacer adoptar en lo interUrhs pvmzi/im 
isma libertad, es necesario que el espíritu mtUkmr 4* 
i ; es preciso que el pensamiento, reunido a las aali- 
íerreras, al denuedo, al ardor i resolución, haga an> 
! alma de los hombres algo de espontáneo, de volun- 
le se estingue en ellos cuando han visto por largo 

1 triunfo de la fuerza. £1 espíritu militar es el animo 
los siglos i en todos los países : no caracteriza k 

no liga al pueblo con esta o aquella institución; antas 
irualmente a propósito para defenderlas todas. Im 
a, el amor de las buenas letras i de las artes liboraitt, 
ía, hé aquí lo único que puede hacer de un terrUoris 
ia, dando a la nación que le habita un mismo gusto, 
nos hábitos, unos mismos sentimientos." 
10 es, pues, americanos, que nos empeñemos es 
os, i en adelantar nuestras facultades intelectuales; 
?, según Madama de Stael, no hai situación mas es* 
]uc cuando existe el egoísmo del estado de naturales* 
lo con la activa multiplicidad de los intereses sociales» 
xiste la corrupción sin cultura, la grosería sin fraf" 
i civilización sin luses, la ignorancia sin entusiaim/t* 
gnorancia han sido hijos nuestros desaciertos durant* 
ia de la revolución;* i es importante desterrarla, 
h« aprecien dignamente sus objetos, se amen coa 
e defiendan con ardor i constancia; para destruir 
* internos ; en fin, para que se fije el espíritu público» i 
entre multitud de máximas, principios, i sistemas 
torios.— G. R. 



ojHMienMM elucidar cata verdad, cuando publiquemos en nao de 
[ukntt* el « Fnun» srtrr bt angrcaa del entendimiento en Amérim.- 



OBRAS DE CIENFÜEGOS. 35 

III. Juicio sobre las obras poéticas de Don NiCASio 
Alvarez de Cienfuegos. 

Los antiguos poetas castellanos (si asi podemos llamar 
a los que florecieron en los siglos xvi. i xvii.) son en el día 
poco leidos, i mucho menos admirados; quizá porque sus 
defectos son de una especie que debe repugnar particularmente 
al espíritu de filosofía i de regularidad que hoi reina, i 
porque el estudio de la literatura de otras naciones, i parti- 
cularmente de la francesa, hace a nuestros contemporáneos 
menos sensibles a bellezas de otro orden. Nosotros es- 
tamos mui lejos de mirar como modelos de perfección la 
mayor parte de las obras de los Quevedos, Lopes, Calde- 
rones, Góngoras, i aun de los Garcilasos, Riojas i Herreras. 
No temeremos decir, con todo, que aun en aquellas que abren 
tocho campo a la censura (las dramáticas por ejemplo) se 
descubre mas talento poético que en cuanto se ha escrito en 
España después acá. Quizá pasaremos por críticos de un 
gasto rancio, o se nos acusará de encubrir la detracción de 
ios vivos bajo la capa de admiración a ios muertos : 

" Ingeniis non ille favet plauditque sepultis, 
Nostra sed impugnat, nos nostraque lividus odit."— IIor. 

Pero juzgando por la impresión que hace en nosotros la 
lectora, dinamos que en los antiguos hai mas naturaleza, i 
ei los modernos mas arte. En aquellos encontramos soltu- 
li, gracia, fuego, fecundidad, lozanía, frecuentemente irre- 
gskr i aun desenfrenada, pero que en sus mismos estravíos 
leva un carácter de grandeza i de atrevimiento que impone 
áspete. No asi, por lo jeneral, en los poetas que han flo- 
teado desde Luzan. Unos, a cuya cabeza está el mismo 
Lana, son correctos, pero sin nervio ; otros, entre quienes 
descuella Melendez, tienen un estilo rico, florido, animado, 
pero con cierto aire de estudio i esfuerzo, i con bastantes re- 
sabios de afectación. Nos ceñiremos particularmente a 
Jas de esta segunda escuela, que es a la que pertenece Cien- 
fuegos. Hai en ellos copia de imájenes, moralidades bella- 

D 2 



OIKAS M CIUFL'BBOS. 



vt&iie aa^rfificadas, i sensibilidad a la francesa, que 
ccasiste aus bien en analizar filosóficamente los afectos, que 
en hacerles hablar el lenguaje de la naturaleza ; pero no haí 
aquel rigor nativo, aquella t ácitm wutjctt mi que un escritor 
latino aplica a la elocuencia de Homero, i que es propia, 
si no nos encañamos, de la Terdadera inspiración poética: 
al contrario se percibe que están forcejando continuamente 
por elevarse ; el tono es ponderativo, la espresion enfática. 
£1 lenguaje tampoco está esento de graves defectos; hsi 
ciertas terminaciones, ciertos vocablos favoritos que le dan 
una no lejana afinidad con el culteranismo de los sectario! 
de Góngora ; haí un prurito de emplear modos de decir anti- 
cuados, que hacen muí mal efecto al lado de los galicismos 
que no pocas veces los acompañan ; enfin, por ennoblecer el 
estilo, se han desterrado una multitud de locuciones naturales 
i espresivas, i se ha empobrezido la lengua poética. 

No por eso dejamos de hacer justicia al mérito de algunas 
producciones en que el injenio moderno se eleva con facilidad, 
o juega con gracia i lijereza, calidades que recomiendan par- 
ticularmente a Melendez. Pero estas son mas bien escep- 
ciones: el gusto dominante no es el de la neble simplicidad; 
el estilo no es natural. 

Don Nicasio Alvarez de Cienfuegos es uno de los poetas 
modernos que han logrado mas celebridad. Sus obras poé* 
tica» (nos referimos a la segunda edición publicada en Madrid, 
en la imprenta real, el año de 18 10) subministran bastante» 
ejemplos de las bellezas i defectos que caracterizan a la 
época presente del arte en España. Principiaremos por aun 
anacreónticas, que no nos parecen tan agradables como las 
de Melendez. La primera sobretodo es desmayada, contri- 
buyendo quizá al poco gusto con que se lee, las alabanzas 
que el poeta se da a si mismo, i lo que en esta, como en 
otras partes de sus obras, nos pondera su sensibilidad i ter- 
nura. Pero U segunda, intitulada MU trasformscioncs, 
lime mérito. La copiaremos aquí en obsequio de nuestros 
liwfores americanos. 



*„• 



OBRAS PE CIBNFUBOOI. .97 

" ¡ Oh | si a elejir los cielos 
Me diesen una gracia 1 
Ni honores pediría, 
Ni montes de oro i plata. 
Ni ver el orbe entero 
Postrado ante mis plantas 
Después de cien victorias 
Sangrientas e inhumanas. 
Ni de laurel ceñido 
Al templo de la fama, 
Con una estéril ciencia 
Orgulloso, me aliara. 
Gosen en tales dones 
Los que infelizes aman 
Comprar con su reposo 
Los sueños de esperanzas. 

Yo, que mis dias cuento 

Por mis amantes ansias, 

A mi placer pidiera 

Que mi ser se mudara. 

Cuando mi bien al valle 

Desciende en la alborada, 

A1K al pasar me viera 

Rosita aljofarada : 

Rosita, que modesta 

Con suave fragancia 

Atrayendo, a sus manos 

Me diera sin picarla 

Después— después ¿ qué hiciera ? 

Sombra fugaz i vana 

Un sol no mas sería 

Mi gloria i mi esperanza. 

Tan pasajeros gozos 

No, sosas, no me agradan. 

A Dios, que al aire tiendo 

Mis rozagantes alas. 

Maríposilla alegre, 

Imajen de la infancia, 

En inquietud eterna 

Iré jirando vaga. 

Bien como el iris bella 



38 OBRAS DB CIBNFUEQOS. 

Frente a mi dulce Laura 
En un botón de rosa 
Me quedaré posada. 
Ella querrá cojerme, 
I con callada planta 
Vendrá, i huiré, i traviesa 
La dejaré burlada. 
¿ I si el rocío moja 
Mis tiernecitas alas ? 
Me sigue, soi perdida, 
Me prende i me maltrata, 
i Si al menos espirando 
Con trémulas palabras 
Pudiese venturoso 
Decirla, yo te amaba 1 
No : zefirillo suelto 
Volaré a refrescarla 
Cuando el ardiente agosto 
Las'praderas abrasa. 
Ya enredaré jugando 
Sus trenzas ondeadas ; 
Ya besaré al descuido 
Sus mejillas de nácar. 
Ora en eternos jiros 
Cercando su garganta 
En sus hibleos labios 
Empaparé mis alas. 

bien, si allá en la siesta 
Dormida en paz descansa, 
Yo soplaré en su frente 
Mis mas suaves auras. 

1 cuando mas se pierda 
Su fantasía vaga, 
Umbrátil suefiecito 
Me¿iré_a; ofrecer a su alma, 
j Oh*! cuánta'dulce imájen, 
Cuántas tiernas palabras 
Allí diré, que el labio 
Quiere decirla, i calla ! 
Mas favorable acaso 

Que pienso yo, a mis ansias 



OBRAS Bft CIKNFUBGOS. & 

Sonreirá : ¿ quién sabe 
Si mis cariños paga ? 
i Oh 1 si a mi amor eterno 
Correspondieses, Laura! 
Por todo el universo 
Mi dicha no trocara. 
Idok) de mis ojos. 
Diosa de toda mi alma, 
¡ Pagárosme ! i al punto 
Cesaran mis mudanzas." 

No sabemos si la lengua castellana permite el uso intran- 
sitivo de gozar en la significación de gozarse, eual se ye en 
esta anacreóntica, i en otros pasajes de Cienfuegos; pero 
n ha existido jamas, no vale la pena de resucitarlo. Una 
critica severa reprobará que el poeta se trasforme en ro- 
dts, i que nos diga tan almibaradamente en un romance 

" La vi, resistí, no pude 

¡ Es tan tieruecita mi alma 1" 

i que use tantos diminutivos en ito, que dan al estilo una 
kUadora afectada i empalagosa. Cienfuegos tiene también 
•* buena provisión de sudoroso, ardoroso* candoroso, perenal^ 
•¡■¿f doquier, \ otros vocablos que esta escuela ha tomado 
l>»jo su protección, Pero nuestro autor usa a veces doquier 
^s el sentido de doquiera que ; elipsis dura, de que no re- 
bordamos haber visto ejemplo en los escritores que fijaron 
t* lengua: 

'* Mudanzas tristes reparo 

Doquier la vista se torna. 'Vr(paj. 37.) 

" Doquier envío 
" Los mustios ojos, de tu antorcha ardiente 
Me cerca el resplandor."— (paj. 79.) 

Otras novedades hallamos en su lenguaje, que nos disue- 

Ms. Tales son noche deslunada por noche sin luna, desoír 

** no oir, despremiada por no premiada ; vocablos impro~ 

sámente formados, porque des no significa carencia, sino 

privación o despojo de lo que se goza o se tiene. Tal es 



42 OBRA! DE C1ENFUBQOS. 

Seras Palemón, yo Asteria, 
I juraremos cual ellos 
Amarnos hasta la muerte ? 
Mi Filis, mi bien, ¿ qué esperas ? 
£1 tiempo de amar es este; 
Los dias rápidos huyen, 
I la juventud no vuelve. 
No tardes ; ven al sepulcro 
Donde los pastores duermen, 
I, a su ejemplo, en él juremos 
Amarnos eternamente." 

Pero los sujetos mas predilectos de esta escuela c 
morales i filosóficos. Los poetas castellanos de los 
xvi. i xvii. los manejaron también, ya bajo la forma 
epístola; ya, como Luis de León, en odas a la man 
Horacio, donde el poeta se ciñe a la efusión rápida i ai 
de algún afecto, sin esplayarse en raciocinios i medita* 
ya en canciones, silvas, romances, &c. Nunca, sin em 
han sido tan socorridos estos asuntos como de algunos 
esta parte. Poemas filosóficos, decorados con las p 
del lenguaje lírico, i principalmente en silvas, romane 
decasílabos, o verso suelto, forman una parte mui 
derable de los frutos del Parnaso castellano moderno, 
causas han contribuido a ponerlos en boga. £1 hál 
discusión i análisis que se ha apoderado de los entendim 
el anelo de reformas que ha ajitado todas las socied 
llamado la atención jeneral a temas morales i polític 
ejemplo de los estranjeros, la imposibilidad de escribí 
peyas, lo cansadas que han llegado a sernos las past 
i lo exaustos que se hallan casi todos los ramos de 
en que se ejercitaron los antiguos, eran razones poder 
favor de un jénero, que ofrece abundante pábulo al € 
raciocinador, al mismo tiempo que abre nuevas i opi 
vetas al injenio. Muchos censuran esta que llaman mi 
filosofar poéticamente i de escribir sermones en verso, 
nosotros estamos por la regla de que 

" Tous le» genret $má bons, kan le genre ennuyeus," 
i por tanto pensamos que la cuestión se reduce a saber 



OmtUkS BE : CTII1IFVB606. 4t 

ro es, o no, capes de interesarnos i divertirnos. Las 
s de Lucrecio, Pope, Thomson, Grey, Goldsmith, De- 
nos hacen creer que sí; i en nuestra lengua, aun dejan- 
parte los divinos rasgos con que le enriquezieron los Man- 
bs, los Riojas, los Lopes, i juzgando por las mejores obras 
Quintana, Cienfuegos, Arriaza, i sobre todo Melendez, 
sentiríamos inclinados a decidir por la afirmativa, 
ienfuegos halló aquí un gran campo en que dar rienda 
i jenio naturalmente propenso a lo serio i sublime. Sus 
is de esta especie están sembradas de bellas imájenes i de 
ajes afectuosos. Citaremos en prueba de ello " la Escuela 
Sepulcro, a la marquesa de Fuerteíjar, con motivo de la 
ote de su amiga la marquesa de las Mercedes," i en par- 
dar los versos siguientes : 

" £1 bronco son que tus oídos hiere 
Es la trompeta do la muerte, el doble 
De la campana que terrible dice: 
Fué, fué tu amiga. La que tantas vezes 
Te vio, i te habló, i en sus amantes brazos 
Tan una te estrechó, i en tus mejillas 
So cariño estarqpó con dulces besos : 
La que en su mente consagró tu imajen, 
• I en cuyo corazón un templo hermoso 
Te erijió la amistad do siempre ardia 
Tanto i tan puro amor, ya por las olas 
Fué de la eternidad arrebatada : 
Acra mismo a su cadáver yerto, 
En estrecho ataúd aprisionado, 
Alumbraran coa dolorosa llama 
Tristes antorchas del color que orientan 
Las mustias hojas, que al morir otoño 
Del árbol paternal ya se despiden. 
" Aora mismo yacerá en la cima 
De la tumba infeliz, hollando lutos 
Negros, mas negros que nublada noche 
En las hondas cavernas de los Alpes. 
En torno de ella, i apartando el rostro 
De so es p an t a b le palidez, sentados 
Compañía la harán los que otro tiempo 



OBRAS BB CIMXFUMB. 4k 



* ■ f 



¡ Oh sepulcro Tom ! en ti los 
Desechos caen? «n tí jeneraciones 

Sobre jenerarione* se'amoutoaasv •; 
En ti la vida sin cesar se «estrella ; 
I de tn abismo en la espantosa marjen 
£1 tiempo destructor está safiodo 
Arrojando los siglos despeñados*" 

Hallamos rerdadera ternura en este otro pasaje sacado del 
ema consolatorio—" A un Amigo por la muerte de un 
rmano:" 

" i Por qué lloramos, 

Fernandez mió, si la tumba rompo 
Tanta infelizidad ? Enjuga, enjuga 
Tus dolaros» lágrimas ; tu hermano 
Empezó á ser feliz : si r cese* cese 
Tn pesadumbre ya. Mira que aflija 
A tus amigos tu doliente rostro, 
I a tu querida esposa i a tus hijos. 
El pequeñuelo Hipólito suspenso. 
El dedo puesto entre sus frescos labios, 
Observa tu tristeza, i se entristece ; 
I, marchando acia atrás, llega a su madre 
I la aprieta una mano, i en su pecho 
• La delicada cabezüa posa, 

Siempre los ojos en su padre fijos. 
Lloras, i llora; i en su amable llanto 
c Qué piensas que dirá ? " Padre, te dice, 
¿Será eterno el dolor ? ¿ no hai en la tierra 
Otros cariños que el vacio llenen, 
Que tu hermano dejó ? Mi tierna madre 
Vive, i mi hermana, i para amarte meo, 
I jo con ellas te amará. Algún día 
Verás mis anos juveniles llenos 
De ricos frutos» que oficioso aora 
Con mil afanes en mi pecho siembras. 
Honrado, injenuo, laborioso, humano, 
Esclavo del deber, amigo ardiente, 
Esposo tierno, enamorado padre, 
Yo seré lo que tú. ¡ Cuántas delicias 
En mi te esperan ! Lo verás : mil vezes 



Til iei colgados da tn m, pendiente» 
De na jiro de tas ojo», est ud i a ban 
Su voluntad j»r» servirla humildes. 
Esta scri i ai dolor I la vei postrera. 
Que la visiteo loe mortales, eet* 
Su tertulia final, i ultimo obsequio 
Que el muudo la ha do hacer. 81 : que i 
Coa que del templo la anchura» mole 
Temblando coda en rededor retumba 
Su despedida son, ton sus adioses. 
El largo ndios final. ¡ Oh tu Loranaa, 
Ven por la ultima vea, reo, ven conmigo 
I a tu amiga Tarta, vena al rnéno» 
El cuerpo que animó, veril reliquias 
De una nada que fué 1 Mira que tardas, 
I nunca, nnnca volverá* a verla. 
Nunca jamas: qna ja sobre sus hombro! 
Cargaron los ministre* del sepulcro 
El ataúd, i marchan, i descienden 
Con £1 a la morada solitaria 
Del oscuro no ser. Allí en lo* muros 
Cien bocas abre la insaciable muerte 
Por donde traga sin cesar la vida ; 
I a ti, ¡ ob Quero infelii ! ¡ Oh malograd! 
¡ Ob atropellada j aventad I Cniste, 
Bien como flor que en tn losana pompa 
Hollada fué por la ignorante planta 
De un pasajero sin piedad. Cniste, 

Que las memorias que de ti ct 
Loa que te amaron. 



I entonces ¿ qué 
El nombre solo en ti 
Con que han qtieridí 
Tirano el tiempo insultar* 
Con diente sgodgJ 
Borrara k 
Seria 




46 MftA* PB CIKNFVM+*. 

Llorarás de placer, » yo contigo. 

Mas vive, vive, que si tú me faltas, 

j Oh pobrecito Hipólito ! sin sombra 

j Ai ! ¿ qué sera de ti huérfano i solo ? 

No, mi dulce papá: tu vida es mia, 

No me la abrevies traspasando tu alma 

Con las espinas de la cruel tristeza. 

Vive, si, vive ; que si el hado impío 

Pudo romper tus fraternales lazos, 

Hermanos mil encontrarás doquiera ; . • 

Que amor es hermandad, i todos te aman. 

De cien amigos que te ríen tiernos 

Adopta a alguno, i si por mí te guias 

Nicasio en el amor será tu hermano." 
Los principales defectos de este escritor son, en el < 
sublime, un entusiasmo forzado; en el patético, una < 
melindrosa i femenil ternura. Este ultimo es en nu 
opinión el mas grave, i ha plagado hasta su prosa. Lo 
natural, ya de los pensamientos, ya del lenguaje, perji 
mucho al efecto de las bellezas, a vezes grandes, que ei 
tramos en sus obras. Mas en medio de esta misma afecto 
se descubre un fondo de candor i bondad, un amor a la v 
i a las gracias de la naturaleza campestre, que ac 
granjeándole la estimación del lector. Su moral es % 
jente, i, esceptuando ciertos arrebatos eróticos, pura, 
opiniones políticas parecerán poco ortodoxas para un ofici 
la primera secretaría de estado, i ciertamente causará adi 
cion que la censura no pasase la esponja sobre las alaba 
de la Suiza (paj. 83), i sobre estos versos de una oda pos 

(paj. 162) : 

" ¿ Del palacio en la mole ponderosa 
Que anelantes dos mundos levantaron 
Sobre la destrucción de un siglo entero 
Morará la virtud ? j Oh congojosa 
Choza del iufeliz ! a ti volaron 
La justicia i razón, desde que ñero 
Ayugando al humano, 
De la igualdad triunfó el primer tirano !" 

Dejando las trajedias para ocasión mas oportuna, nos 



OMLAS MI CIEVFÍJBM0. 47 



tiremos de Cienfuegos con wi A«m del infarto, que es, en 
»tro sentir, de lo mejor que hizo. Suprimimos el principio, 
Igunos pasajes que pecan por los defectos que dejamos 
Lados. £1 lector verá que no hemos sido demasiado 
r eros : — 

" ¡ Oh flor amable ! en tus sencillas galas 
i Qué tienes, di, que el ánimo enajenas 

I de agradable suspensión le llenas ? 

Sola en este lugar, ¿ cuando, qué mano 

Pudo plantarte en él ?. . . . . .¿ Fué algún amante 

Que abandonado ya de una inconstante 
Huvó a esta soledad, queriendo triste 
Olvidar a su bella, 

I este rosal plantó pensando en ella ? 
Era un hombre de bien del nombre amigo 
Quien un yermo infeliz pobló contigo, 
Que en medio a la aridez asi pareces 
Cual la virtud sagrada 
De un mundo de maldades rodeada. 
¡ Ah ! rosa es la virtud, i bien cual rosa 
Dondequiera es hermosa, 
Espinas la rodean dondequiera, 
I vive un solo instante 
t Como tú vivirás. ¡ Ai ! tus hermanas 
Fueron rosas también, también galanas 
Las pintó ese arroyuelo, cual retrata 
En tí de tu familia la postrera. 
Del tiempo fujitivo imajen triste 
Él corre, correrá, i en su Carrera 
Te buscará mañana con la aurora, 

I no te encontrará, que ya esparcidas 
Tus mustias hojas sin honor caidas 
Sobre la tierra dura 

El fin le contarán de tu hermosura.* 

I I qué, sola, olvidada, 

Sin que su labio i su pasión imprima 

En tí ninguna amante 

En fin perecerás sin ser llorada? 

• No «miará* qoe es errata. 



NUEVO SISTEMA DE ORTOGRAFÍA. Al 

ella depende la adquisición mas o menos fácil de los dos artes 
primeros, que son como los cimientos sobre que descansa 
-lodo el edificio de la literatura i de las ciencias ; leer, i eseri- 
sir. La ortografía, dice la academia española, es la que 
«■•jora las lenguas, conserva su pureza, señala la verdadera 
-pronunciación i significado de las vozes, i declara el lejitimo 
tettido de lo escrito, haciendo que la escritura sea un fiel i 
isgaro depósito de las leyes, de las artes, de las ciencias, i 
ds todo cuanto discurrieron los doctos i los sabios en todas 
profesiones, i dejaron por este medio encomendado a la pos- 
teridad para la universal instrucción i enseñanza.* De la 
*pertancia de la ortografía se siguen la conveniencia i la 
Mtsidad de simplificarla; i de esta conveniencia i necesidad 
•tdsriva el deber de efectuarlo bajo un plan uniforme. 
" No tenemos la temeridad de pensar que las reformas que va- 
"*on Sfrjerír se adopten inmediatamente. Demasiado cono- 
caos cuanto es el imperio de la preocupación, i cuan grande 
'•1 peder del hábito; pero nada se pierde con indicarlas» i 
ftasftLfculas desde aora a la discusión de los inteligentes, o 
r*a que se modifiquen, si pareciere necesario, o para que se 
"•adere la época de su introducción, i se allane el camino a 
■fcesjrpos- literario» que hayan de dar en América una nueva 
•asuuiun a los estudios. 

" b A4sn de motivar las reformas que apuntamos, examinaré- 
Ros por la ultima edición de 1820 del tratado de ortografía 
a los distintos sistemas de varios escritores i de la 
misma ; i deduciremos de todos ellos el nuestro. 
MRsaaado revista aquel cuerpo a los diferentes autores que 
tetas* de arreglar la escritura de la lengua castellana, dice 
4* Antonio de Nebrija, el primero que lo intentó, "que 
hÉbia sentado por principio, que no debia haber letra que 
ssu tuviese su distinto sonido, ni sonido que no. tuviese su 
ss í sr en te letra." Después de Nebrija, siguió Mateo Alemán, 
si eoai. esokrye enteramente el uso i el oríjen, adoptando 
fnuea regla la pronunciación. Juan López de Velasco, 



Wli ' ll ll 



: i 

* Ortografía de la lengua catUüma, 18S0. 



B 2 



52 NUEVO SISTEMA DE ORTOGRAFÍA. 

al paso que manifiesta debe escribirse la lengua sene 
naturalmente como se habla o debe hablar, i correjirse el 
en lo que estuviese errado, dice que esto debe solo e 
derse cuando no haya novedad que ofenda. Gonzalo Co 
pretendió introducir la k> para que hiciese los oficios 
c y i de la 9, que escluia como inútiles del abecedario, 
tolomé Jiménez Patón desechaba la q en algunos c 
siguiendo en lo demás los preceptos comunes. Por 61 
otros escritores antiguos i modernos, aunque con diven 
en los medios, han convenido en el fin de hacer unifbn 
escritura castellana, i de fácil i práctica ejecución. 

En cuanto a la academia española, nosotros ciertaa 
miramos como apreciabilísimos sus trabajos. Al comj 
el estado de la escritura castellana, cuando la academ 
dedicó a simplificarla, con el que hoi tiene, no sabemos 
es mas de alabar, si el espíritu de liberalidad (bien difei 
del que suele dominar en tales cuerpos) con que la acad 
ha patrocinado e introducido ella misma las reformas u 
o la docilidad del público en adoptarlas, tanto en la P 
sula, como fuera de ella. 

Su primer trabajo de esta especie, según dice ella mi 
fué en los proemiales del tomo primero del gran Dicción 
i desde entonces ha procedido de escalón en escalón, si 
ficando la escritura en las varias ediciones de su ortogí 
No sabemos si hubiera convenido mas introducir todr 
alteraciones de un golpe, llevando el alfabeto al pul 
perfección de que es susceptible, i conformándole en un 
a los principios anteriormente citados de Nebrija i 
Alemán ; lo que ciertamente hubiera sido de desear 
todas ellas hubieran seguido un plan constante i unifor 
en cada innovación se hubiese dado un paso efect 
término que se contemplaba, sin caminar por rodee 
Pero debemos tener presente que las operador 
cuerpo de esta especie no pueden ser tan sistemar 
fijos sus principios, como los de un individuo ; 9 
do a la academia las gracias que merece por lo 
de bueno, i por la dirección jeneral de sus 



NUEVO SISTEMA DE ORTOGRAFÍA. 66 

la escritura uniformada de España, i de las naciones ame- 
ricanas, presentará un grado de perfección desconocida boi 
ejn el mundo. 

La academia adoptó tres principios fundamentales para la 
formación de las reglas ortográficas, pronunciación, uso 
constante i oríjen. De estos, el primero es el único esencial 
i lejítimo; el influjo de los otros dos es un desorden, que 
solo la necesidad puede disculpar. La academia misma, que 
loe admite, manifiesta contradicción en mas de una pajina 
4e su tratado. Dice en una parte, que ninguno de estos 
te tan jeneral que pueda señalarse por regla invariable; 
fue la pronunciación no siempre determina las letras con 
que se deben escribir las vozes ; que el uso no es en todas 
tensiones común i constante; que el oríjen muchas veses 
lo. se . halla seguido. — En otra, que la pronunciación es un 
principio que merece la mayor atención, porque siendo la 
tfcritura una iraájen de las palabras, como estas lo son de 
fas pensamientos, parece que las letras i los sonidos debie- 
ran temer entre si la mas perfecta correspondencia, i consta 
fdmtemente que se habia de escribir como se habla i proñnmr 
ski Sienta en un lugar que la escritura española padece 
lacha variedad, nacida principalmente de que por viciosos 
ttbitos, i por resabios de la mala enseñanza o de la inexacta 
■: sjstruccion en los principios, se confunden en la pronuncia* 
algunas letras, como la b con la t>, i la c con la. 9, 
también unísonas la j i la g ; i en otros pasajes dice 
que por la pronunciación no se puede conocer si se ha de 
escribir naso con b o con v ; i que atendiendo a la misma, 
escribirse con b las vozes vivir, vez ! De las pa- 
tomadasde distintos idiomas, unas (según la academia) 
mantenido con los caracteres propios de sus oríjenes, 
los han dejado, i tomado los de la lengua que las adop- 
té* i aun las mismas vozes antiguas han experimentado tant- 
ea mudanza. Dice asimismo que el oríjen muchas 
no puede ser regla jeneral, especialmente en el estado 
de la lengua, porque ha prevalecido la suavidad de 
Ir pronunciación, o la fuerza del uso. Por ultimo, agrega 




64 NUEVO SISTEMA DE ORTOGRAFÍA: 

de todas las vocales la j, letra tan cómoda por su 
de valor, i no la g, signo equivoco i embarazoso, que 
unas vezes de una manera, i otras de otra ? £1 sistema di 
la academia propende manifiestamente a suprimir la£ 
en los casos en que equivale a la j ; por consiguiente la* 
va práctica de escribir gerga, gícara, es un escalón- rapa* 
fluo, un paso que pudo escusarse, escribiendo de tañares 
jerga, jicara. Las otras alteraciones fueron, desterrar ú 
acento circunflejo en las vozes examen, existo, &c. porettH 
secuencia de la unidad de valor que en esta situación empeui 
a tener la x; i escribir (con algunas escepciones que úoitoi 
parecen necesarias) i en lugar de y, cuando esta letra e» 
vocal, como en ayre, peyne. 

Observa la academia que es un grande ostáculo paráis 
perfección de la ortografía la irregularidad con que se prf 
n uncían las combinaciones i silabas de la e i la g con» otee» 
vocales ; i que por esto tropiezan tanto los niños cuaudff 
aprenden a silabar ; también los estranjeros, i aun mas toi 
sordos mudos. Pero con todo, no corrije semejante anomaKa* 
Antonio de Nebrija quería dejar privativamente a la 1 a el 
sonido i oficio de la A: i de la q ; Gonzalo Correas pretendió 
darlo a la A: con esclusion de las otras dos ; i otros esqptore* 
han procurado dar a la g el sonido menos áspero en todo* 
los casos, remitiendo a la j toda la pronunciación gutural 
fuerte ; con lo que se evitaría el uso de la u cuando es mndav 
como en guerra (gerra), i la nota llamada crema en los o 
casos, como en vergüenza (vergüenza). La academia, 
embargo, nos dice que, en reforma de tanta trascendencia» 
ha preferido dejar que el uso de los doctos abra camino par*/ 
autorizarla con acierto i mejor oportunidad. 

Este sistema de circunspección es tal vez inseparable ém 
un cuerpo zeloso de conservar su influjo sobre la opinión del 
público : un individuo se halla en el caso de poder aventurar 
algo mas ; i cuando su práctica coincide con el plan progre- 
sivo de la academia, autorizado ya por el consentimiento 
jeneral, no se puede decir que esta libertad introduce con- 
fusión; al contrarío, ella prepara i acelera la época en que 






NUEVO SISTEMA DE ORTOGRAFÍA. 55 

la escritura uniformada de España, i de las naciones ame- 
ricanas, presentará un grado de perfección desconocida hoi 
ejn el mundo. 

La academia adoptó tres principios fundamentales para la 
formación de las reglas ortográficas, pronunciación, uso 
constante i oríjen. De estos, el primero es el único esencial 
i lejítimo ; el influjo de los otros dos es un desorden, que 
solo la necesidad puede disculpar. La academia misma, que 
los admite, manifiesta contradicción en mas de una pajina 
de su tratado. Dice en una parte, que ninguno de estos 
as tan jeneral que pueda señalarse por regla invariable ; 
que la. pronunciación no siempre determina las letras con 
que se deben escribir las vozes ; que el uso no es en todas 
seasiones común i constante; que el oríjen muchas vexes 
1P. se . baila seguido. — En otra, que la pronunciación es un 
principio que merece la mayor atención, porque siendo la 
ejcñtura una imajen de las palabras, como estas lo son de 
U pensamientos, parece que las letras i los sonidos debie- 
?sn iaur entre si la mas perfecta correspondencia, i consir 
ptkntem ente que se había de escribir como se habla i proñunr 
as. Sienta en un lugar que la escritura española padece 
flacha variedad, nacida principalmente de que por viciosos 
Mirtos, i por resabios de la mala enseñanza o de la inexacta 
instrucción en los principios, se confunden en la pronuncia*- 
Oaa algunas letras, como la b con la t>, i la c con la. 9, 
ajeado también unisonas la j i la g ; i en otros pasajes dice 
que por la pronunciación no se puede conocer si se ha de 
escribir naso con b o con v ; i que atendiendo a la misma, 
pudieran escribirse con b las vozes vivir, vez ! De las pa- 
labras tomadas de distintos idiomas, unas (según la academia) 
se han mantenido con los caracteres propios de sus oríjenes, 
otas los han dejado, i tomado los de la lengua que. las adop- 
to* i aun las mismas vozes antiguas han experimentado tam- 
su mudanza. Dice asimismo que el oríjen muchas 
no puede ser regla jeneral, especialmente en el estado 
de la lengua, porque ha prevalecido la suavidad de 
la pronunciación, o la fuerza del uso. Por último, agrega 



56 NUEVO SISTEMA DE ORTOGRAFÍA. 

que son muchas las dificultades que para escribir correcta- 
mente se presentan, porque no basta la pronunciación, m 
saber la etimolojía de las vozes, sino que es preciso tambiss 
averiguar si hai uso común i constante en contrario, pues 
habiéndole (añade) ha de prevalecer como arbitro de ks 
lenguas" Pero estas dificultades se desvanecen en gran pvta> 
i el camino que debe seguirse en las reformas ortográficas se 
presentará por sí mismo a la vista, si recordamos cual es d 
oficio de la escritura i el objeto de la ortografía. 

El mayor grado de perfección de que la escritura es sus- 
ceptible, i el punto a que por consiguiente deben conspirar 
todas las reformas, se cifra en una cabal correspondencíi 
entre los sonidos elementales de la lengua, i los signos o 
letras que han de representarlos, por manera que a cads 
sonido elemental corresponda invariablemente una letra, i • 
cada letra corresponda con la misma invariabilidad un sonido. 

Hai lenguas a quienes tal vez no es dado aspirar a este 
grado último de perfección en su ortografía; porque admi- 
tiendo en sus sonidos transiciones, i, si es lícito decirlo así, 
medias tinuss (que en sustancia es componerse de un gran 
número de sonidos elementales), seria necesario, para que 
perfeccionasen su ortografía, que adoptaran un gran número 
de letras nuevas, i se formaran otro alfabeto diferentísimo 
del que hoi tienen ; empresa que debe mirarse como impo- ' 
sible. A falta de este arbitrio, se han multiplicado en ellas 
los valores de las letras, i se han formado lo que suele 
llamarse diptongos impropios, esto es, signos complexos, que 
representan sonidos simples. Tal es el caso en que se 
hallan las lenguas inglesa i francesa. 

Afortunadamente una de las dotes que recomiendan al cas- 
tellano, es el constar de un corto número de sonidos ciernen-» 
tales, bien separados i distintos. El es quizá el único idioma 
de Europa, que no tiene mas sonidos elementales que letras. 
Asi el camino que deben seguir sus reformas ortográficas es 
obvio i claro: si un sonido es representado por dos o um 
letras, elejir entre estas la que represente aquel sonido' sjoIo, 
i sustituirla en él a las otras. 



NUEVO SISTEMA DE ORTOGRAFÍA. 57 

La etimolojia es la gran fuente de la confusión de los alfa- 
betos de Europa. Uno de los mayores absurdos que han 
podido introducirse en el arte de pintar las palabras, es la 
regla que nos prescribe deslindar su oríjen para saber de 
qué modo se han de trasladar al papel, como si la escritura 
tratase de representar los sonidos que fueron, i no única- 
mente los sonidos que son, o si debiésemos escribir como 
hablaron nuestros abuelos, dejando probablemente a nuestros 
nietos la obligación de escribir como hablamos nosotros. En 
cnanto al uso, cuando este se opone a la razón, i a la con- 
veniencia de los que leen i escriben, le llamamos abuso. Ni 
la etimolojia, ni la autoridad de la costumbre, deben repug- 
nar la sustitución de la letra que mas natural o jeneralmente 
representa un sonido, siempre que la práctica no se oponga 
tíos valores establecidos de las letras o de sus combina- 
eiones. 

Por ejemplo, la j es el signo mas natural del sonido con 
(pe empiezan las dicciones jarro, genio, giro, joya, justicia, 
cono que esta letra no tiene otro valor en castellano; circuns- 
tancia que no puede alegarse en favor de la g, o la *. 
¡Por qué, pues, no hemos de pintar siempre este sonido con* 
bjj Para los ignorantes, lo mismo es escribir genio que 
jms¿ Los doctos solos estrañarán la novedad; pero será 
pan aprobarla, si reflexionan lo que contribuye Ti simplificar 
ti irte de leer, i a fijar la escritura. Ellos saben que los 
rotunos escribieron genio, por que pronunciaban guenio ; i 
eoafesarán que nosotros, habiendo variado el sonido, debié- 
ramos haber variado también el signo que lo representa. 
Pero aun no es tarde para hacerlo, pues la sustitución de la 
j a la g en tales casos nada tiene contra si sino la etimo- 
lojia, que pocos conocen, i el uso particular de ciertos voca- 
blos, que debe someterse al uso mas jeneral de la lengua. 

Lo mismo decimos de la x respecto del sonido con que 
empiezan las dicciones zalema, cielo, cinco, zorro, zumo. 
Pero aunque la c es en castellano el signo mas natural del 
Maído consonante con que empiezan las dicciones casa, que~ 
i, quinto, copla, cuna, 110 por eso creemos que se puede 



NUEVO SISTEMA DE ORTOGRAFÍA. 59 

con una de las letras que componen su nombre (Alfonso), 
principia la cuarta con la palabra ame (que por inadvertencia 
de los editores, según observó don Tomas Antonio Sánchez, 
se escribió después home). Pero vino luego la pedantería 
de las escuelas, peor que la ignorancia ; i en vez de imitar a 
loa antiguos acabando de desterrar un signo superfluo, en vez 
de consultarse como ellos con la recta razón, i no con la 
vanidad de lucir su latín, restablecieron el h aun en vozes 
donde ya estaba de todo punto olvidada. 

Nosotros hemos hecho de la y una especie de i breve, em- 
pleándola como vocal subjuntiva de los diptongos (ayre, 
peynej i en la conjunción y. Los antiguos, al contrarío, em- 
piezan con ella frecuentemente las dicciones, escribiendo yba, 
jrm ; de donde tal vez viene la práctica de usarla como I 
■aynscula en lo manuscrito. Es preciso confesar que esta 
pfettiea de los antiguos era bárbara ; pero en nada es mejor 
k ene los modernos sustituyeron. 

'•' Por Id que toca a la rr inicial, no vemos por qué haya dé 
eoasenerse. Los antiguos no duplicaron ninguna consonante 
• principio de dicción : tampoco nosotros. La rr 9 doble a 
h vista, representa en realidad un sonido que no puede par- 
tn% en dos, i debe mirarse como un carácter simple, no de 
modo que la ch, la ñ, la //. Si los que reprobasen esta 
¡ion hubiesen vivido cinco o seis siglos ha, i hubiese 
en ellos, hoi escribiríamos levar, lámar, ¡orar, a pre- 
de no duplicar una consonante en principio de dicción, 
i Im debería nuestra escritura un embarazo mas* 

aora nuestro proyecto de reformas a la parte 
del público americano, presentándolas en el orden 
aro con que creemos será conveniente adoptarlas. 



9 

Época primera» 

L Santitoir la j a la * i a la g en todos los casos en que 

últimas tengan el sonido gutural árabe. 
S. Su etitair la a a la y en todos los casos en que esta haga 
hs reMem ¿ e simple vocal. 
A. Suprimir el h. 



00 NUEVO SISTEMA DE ORTOGRAFÍA. 

4. Escribir con rr todas las sílabas en que haya el sonido 
fuerte que corresponde a esta letra. 

5. Sustituir la z a la c suave. 

6. Desterrar la u muda que acompaña a la y. 

. 
Época segunda. 

7. Sustituir la q a la c fuerte. 

8. Suprimir la ti muda que en algunas dicciones acompas* 
a la g. 

No faltará quien estrañe que no comprendamos en estol 
innovaciones el sustituir a la x los signos simples de los dos 
sonidos que representa, escribiendo eesordio, eesémen, o 
eq sor dio, eqsámen ; pero nosotros no tenemos por seguro qu# 
la x se resuelva o parta exactamente ni en los sonidos e, *, 
como afirman casi todos, ni en los sonidos g, «, como (quizá 
acercándose mas a la verdadera pronunciación) piensan algu- 
nos. Si hemos de estar por el informe de nuestros oídos, 
diremos que en la x comienzan ya a modificarse mutuamente 
los dos sonidos elementales ; i que en especial el primero es 
mucho mas suave que el de la c, k, o q ordinaria, i se acerca 
bastante al de la g. Verdad es que antiguamente la * valia 
tanto como c$ ; pero también antiguamente la z valia \futo 
como ds ; la z se ha suavizado hasta el punto de dejenerar ea^ 
un sonido, que no presenta rastro de composición : la x, si 
no padecemos error, ha empezado a suavizarse de un modo 
semejante. La ortografía, pues, cuyo objeto no es correjir 
la pronunciación común, sino representarla fielmente, debe 
conservar esta letra. Pero este es un punto que sometemos 
gustosos, no a los doctos, sino a los buenos observadores, 
que no den mas crédito a sus preocupaciones que a sus oídos. 

Creemos que, llegada la época de adoptar este sistema en 
toda su estension, sería conveniente reducir las letras de 
nuestro alfabeto, de veinte i siete que señala la academia en 
la edición ya citada, a veinte i seis, variando sus nombres del 
modo siguiente : 

A. B. CH. D. E. F. G. I. J. L. LL. M. N. 
*. be. che, de. e. Je* gue. i. je. le. lie. me., me. 



U£ GUILLERMO TBLL. 



prolijidad. Nos hubiera sido fácil dar un articulo 
entretenido a nuestros lectores ; pero la propagación de las 
artes, conocimientos e inventos útiles, sobre todo loa ñas 
adecuados i necesarios al estado de la sociedad en nuestra 
América, es el principal objeto de este periódico. 

Las innovaciones ortográficas que hemos adoptado ea él 
son pocas. Sustituir la j a la g áspera ; la i a la y vocal ; b 
¿ a la c en las dicciones cuya raiz se escribe con la primees 
de estas dos letras ; i referir la r suave i la * a la vocal pre- 
cedente en la división de los renglones ; hé aquí todas Itt 
reformas que nos hemos atrevido a introducir por aónu 
Sobre los acentos, letras mayúsculas, abreviaturas, i notes 
de puntuación, espondrémos nuestro modo de pensar mas 
adelante. 

Nos lisonjeamos de que toda persona que se dediques 
examinar nuestros principios con ojos despreocupados, oes- 
vendrá en que deben desterrarse de nuestro alfabeto las letras 
superfluas ; fijar las reglas para que no baya letras unisonas ; 
adoptar por principio jeneral el de la pronunciación, i aco- 
modar a ella el uso común i constante sin cuidarse de los 
oríjenes. Este método nos parece el mas sencillo i racional ; 
i si acaso estuviéremos equivocados, esperamos que la i%dul- 
jencia de nuestros compatriotas disculpará un error, que naoe 
solamente de nuestro zelo por la propagación de laa lunes em 
América; único medio de radicar una libertad racional, i 
con ella, los bienes de la cultura civil i de la prosperidad 
pública.— G. R.=A. B. 



Y.— Análisis del Guillermo Tell, de SchiHer* 
ábranse los anales antiguos i modernos; tendamos la 
vista sobre las revoluciones de los imperios, i seguramente 
no encontraremos un espectáculo mas asombroso que la eman- 
cipación do la Suiza. Es verdad que hemos visto en otras 

* Ctiifloume TeU, poeme dnmuüupu de SehWer; traduü de CalUmandp^ 
M-H*erU*AuMgné. 1 1 «, 8to. Mmene franpue, t. ni. 



GUILLERMO TBLL. «3 



partes fondada la libertad, i abatidos los tiranos; que el valor, 
la prudencia i la virtud del hombre se han señalado con rasgos 
admirables ; pero siempre han manchado este ¡cuadro algunas 
acciones impropias. La filosofía no puede perdonar a la 
antigüedad la esclavitud de sos hilotás, ni sus conquistas ; 
ai a la Europa, bien sea en la edad media, o bien en épocas 
■as recientes, la ferozidad, la venganza, el fanatismo i la 
opresión : escesos deplorables que empañan el brillo de los 
■as bellos tiempos de Italia e Inglaterra. Hasta los pueblos 
de loa* Países Bajos tenían algo de las costumbres de los dés- 
potas; cuyo yugo sacudieron con tanta osadía : parece que 
ex su gloriosa insurrección, fueron movidos por la necesidad 
da su conservación personal, mas que por la antipatía de los 
p r incipi os, i por la repugnancia de los sentimientos. Por 
tttimo, la emancipación sucesiva de las colonias en ambas 
Assfricsi es» sin duda, uno de los acontecimientos mas grandes 
í admirables de la historia ; pero como la ha acarreado la na- 
turales* i la necesidad de las cosas, el observador deaeavef 
es ella, no esclavos que rompen sus cadenas, sino niños qae 
has llegado a ser hombres, i salen de la tutela doméstica para 
é*4jfarse por sí mismos. 

X| el arrojo patriótico de la Suiza, todo es heroísmo i- vk- 
tad ; i la dificultad de los esfuerzos iguala a la pureza de los 
asadlos. Allí, poruña parte, no hai mares ni continentes 
que, separando a los opresores de los oprimidos, permitas a 
astas preparar i concertar el ataque : tampoco hai, por otra» 
pesiónos viles o ferozes que, deshonrando la mas bella de 
las cansas, casi dejan al hombre de bien, en medio de furores 
la libertad de elejir un partido: no, el amor de la 
la necesidad de ser libres fueron lo único que cambió 
santamente en soldados a unos montañeses pacíficos. £1 
labrador, trazando sus surcos en el llano ; el pastor, que al- 
ternativamente pedia a los montes i a los valles la yerba de 
la estación; el cazador, persiguiendo a la rupicabra en la 
escarbada de las rocas ; el pescador, que hacia deslizar 
por enmedio de los lagos i torrentes; todos, a la vista 
naturales* majestuosa i silvestre, estaban, penetrados 



«4 GSULXSaUKTUJ* 

de la independencia i de la dignidad del hombre; todos se 
conocían» sin haberse visto, luego que se colmó la medid* 
del mal;, todos se entendieron sin, haberse hablado. Alguno» 
ciudad anos dieron la señal, i la Suiza respondió ; pero respon- 
dió, no conforme a los cálculos mezquinos del egoísmo (que 
aconsejaba a las familias aun distantes de las amenazas di- 
rectas de la tiranía mantenerse en una situación materialniust* 
soportable >. sino con todo, el entusiasmo del patriotismo, i 
toda la consagración de la humanidad. No parece sino qw 
la lucha de los buenos jenios i los malos se renovaba en aque- 
llo* ventiatraeros; i así es que la admiración que se tributa n luí 
libertadores de Ja Suiza, a un Guillermo Tell, a un Stauftacb, 
a un Furat. a un Melctal, es un sentimiento universal. Nin- 
gún alma, por corrompida que sea, se atreverá a vitupeur 
a ■emejaiites hombres, o por mejor decir, no tendrá siquier* 
el poder de concebirlo: ¡tal es la intelijencia que hai sntn 
su acción i los resortes mas íntimos de la organización hu- 
manal En cuanto a los entes que no están depravados, 
son frioi i perezosos para sentir, leen estas relacionas coo¡ 
una aprobación serena ; mas si arde dentro de ellos alguM 
centella de fuego celestial, i sobre todo si les es dado manejar 
la pluma, la lira, o el lápiz, se conmueven todos sus sentido 
a los diver so - síntomas que presenta aquella crisis de la liber- 
tad; •onajitados por todas las, pasiones nobles; vibran 
sus fibras sucesivamente de esperanza i de temor, de amor i 
de indignación ; i las lágrimas, que caen de sus oj 
les permiten acabar. 

No tenia el pinceL de Apeles mas derecho al retrato 
Alejandro, niel de Gérard al cuadro de la entrada de Henriqae 
IV, que a la libertad de la Suiza la pluma de Schiller, de 
este noble ciudadano, a quien no se ha visto jamas prosti- 
tuir los dones del alma i del injeoio combatiendo por loa 
tiranos contra la causa sagrada de los hombres. Todos sus 
escritos respiran una virtud tan pura, que su musa, como la 
de los poetas primitivos, se eleva hasta la dignidad del sacar» 
docio. La vanidad, la adulación, el interés, la dependencia 
no corrompen nunca ninguna de sus inspiraciones; todo al 



GUILLERMO TELL 65 

que lee a Schiller ve su alma, i su alma es la de Homero, o 
Platón. Si sus ideas sobre el arte dramático no son tan bellas, 
ni tan correctas como las de aquellos griegos antiguos, cuyas 
leyes no pueden ser desconocidas sino por una organización 
menos perfecta ; si él ha confundido con frecuencia los limites 
del drama i los de la epopeya ; si no ha escudriñado lo bas- 
tante en los doblezes del corazón humano para saber cuales 
son las preparaciones i los artificios que inflaman en el mas 
alto grado las conmociones de los hombres reunidos, concen- 
trándolas sobre un solo objeto ; a lo menos se conoce que los 
acentos de la verdad i del patriotismo no han tenido nunca 
on intérprete mas elocuente, i que su falta de orden i propor- 
ción conviene a una materia como esta, que difícilmente se 
sujeta a límites fijos i regulares. 

No debe creerse, sin embargo, que este jénero desordenado 
deje de tener también sus leyes, i su ciencia oculta. Yo no 
tconsejaria a un escritor, cuyo talento no esté maduro por 
d estudio i la observación, que se fiara en la aparente facilidad 
de estos cuadros o descripciones, para acumularlos sin regla, 
í atenerse a su efecto. Todos los de Schiller están hábilmente 
concebidos i contrapuestos ; i la pincelada, que a primera vista 
ptrecsj indiferente, tiene su conexión con el todo, i contribuye 
d efecto jeneral de la composición. 

8qs dos primeros actos, que me parecen los mejores en su 
concepción i ejecución, nos presentan a la tiranía oprimiendo, 
tojo diversas formas, a los cantones de Uri, Schwitz i Under- 
wild, i la sorda indignación que se propagaba tras ella, como 
d fluido eléctrico que debe inflamarse al primer choque. I no 
•e crea que el autor está impaciente por presentarnos de una vez 
i in héroe : antes bien, engrandeziéndole por grados, se contenta 
al principio con mostrarle fujitivamente i de perfil, haciendo 
resaltar en él al hombre compasivo i animoso, antes de mani- 
festar al ciudadano. Después de haber dejado bien grabadas 
impresiones en el ánimo de los lectores, va a perderle de 
i, i descubre los personajes de segundo orden ; bastán- 
dole que se sienta vagamente que ninguno de ellos puede lle- 
gar m ser el jefe, i que este jefe ha de ser Guillermo Tell. No 

P 



33 GUILLERMO TBLL. 

es Guillermo uno de aquellos hombres meditativos, que pitf- 
san largo tiempo antes de obrar ; en él todo es afecto» todo 
inspiración ; i es preciso que sus amigos, í principalmente los 
tiranos, le insten i le estrechen a que obre, para que se deter- 
mine a hacerlo ; semejante a la calma amenazadora de las 
olas en los momentos que preceden a la tempestad. Has 
luego que se ha dado el impulso decisivo, la violencia de estas 
mismas olas ataca a un tiempo todas las barreras, i no se de- 
tiene hasta haber derribado el ostáculo. Asi se suceden rá- 
pidamente, bajo el pincel del pintor, todas las grandiosas 
escenas de su asunto ; la manzana derribada de encima de la 
cabeza del hijo ; la navecilla en que va Gessler a sufrir las 
tempestades mientras que Tell, ya libre, corre precipita- 
damente a la punta de la roca ; el vuelo invisible de la flecha, 
que va a herir al monstruo en medio de su séquito i sus crí- , 
menes ; i el estandarte de la Suiza libre, plantado sobre las 
ruinas de sus almenas. 

Empero donde se muestra Schiller gran poeta i filosofe 
profundo es, cuando traza i hace mover las figuras mujeriles. 
El sabe mui bien que las virtudes i vicios de este sexo no sea 
otra cosa que el reflejo de nuestros vicios i virtudes ; i por consi- 
guiente se guardará de colocar en esta atmósfera tan puja una 
sola mujer viciosa. Hé aqui como hace hablar a Jetrüdis, 
esposa de Werner Stauflach. Estudien los jóvenes esta ad- 
mirable escena, i aprendan de los maestros a no confundir el 
calor con el trasporte, ni la enerjía con la declamación. 

Stauflach, pensativo, está sentado delante de su casa sobra 
un banco, al cual da sombra un tilo ; i Jetrüdis, después da 
haberle mirado silenciosa, le arranca algunas palabras que 
descubren la ajitacion de su alma. 

" ¡ O tú, esposo i señor mió ! ¿ quieres permitir que ta 
mujer te hable con sinceridad ? Yo me glorio de ser hija del 
noble Iberg, de aquel hombre cuya esperíencia es venerada 
aun entre nuestros sabios. Estábamos sentadas mis hermanas 
i yo, hilando la lana de nuestras ovejas, cuando en las largas 
noches de invierno los principales del pueblo se reunían en 
casa de mi padre para leer las escrituras de los antiguos em- 



GUILLERMO TBLL. 67 

>res, i meditar en sus sabios coloquios sobre la felizidad 
as rej iones. Yo escuchaba atenta aquellas palabras 
de sentido, i las guardaba todas en el fondo de mi co- 
escáchame tú aora a tu vez. Mucho tiempo hace que 
ue aflije tu alma : el gobernador te aborrece» i qui- 
erjudicarte, por que tú eres quien impides que la Suiza 
lava de esa nueva dinastía . . .* ¿ No es así, Werner ? . . . 
ie engaño ? 

ffach. Tienes razón ; esa es la causa del odio que 
r me profesa. 

tdis. 1 1 aguardarás a que lo haya satisfecho ? ¡ Ah, 
r ! . . el hombre prudente se anticipa siempre. 
ffach. i Qué debo hacer ? 

idis, acercándosele. Escucha mi consejo. Bien sabes 
detestan todos los hombres honrados de Schwitz la 
a i los escesos de Gessler ; i no es menos cierto que 
• habitan la ribera opuesta, los bravos de Underwald i 
están, como nosotros, cansados de esta tiranía, de este 
spantoso. Landerberg obra en la otra orilla del mismo 
[ue Gessler con nosotros . . . cada barca pescadora nos 
>ticias de una nueva violencia . . . Reúne tú algunos 
« de consejo i esperiencia, i meditad todos juntos sobre 
líos de romper nuestras vergonzosas cadenas . . . Dime, 
r, i no tienes en Uri un huésped, un amigo ? 
ffach. Sí, conozco allí varias personas prudentes, que 
a toda mi consideración i confianza. (Levántate de 
) ¡Oh, mujer ! ¿ Qué tempestad horrible has venido 
tar en este corazón pazífíco ? ¿ Has pensado bien los 
is que acabas de darme ? . • • ¿ Cómo es posible que 
bil puebla de pastores como nosotros, emprenda luchar 
los señores del mundo ? j Ah ! . • . ellos no están 
indo sino un pre testo para inundar con las hordas sal- 
e sus guerreros estas pobres comarcas, para ejercer en 
míos los derechos del vencedor, para destruir la carta 
ttra libertad, bajo pretesto de un castigo merecido. 



• La casa de Aasburgo. 

F 2 



GUILLERMO TELL. 69 

Schiller había leído en Homero i en la naturaleza que Andró- 
maca no habla a Héctor del mismo modo que Helena a Páris. 
No hai que indignarse de que yo compare a Páris con Stauf- 
fach, por que en la milagrosa Ilíada, es Tersites el emblema 
de la cobardía, cuando Páris no lo es sino de la incerti- 
dumbre i timidez de alma ; frutos, entonces precozes, de la 
civilización. 

Sin embargo, no todos los hombres que rompieron los gri- 
llos de la Suiza, eran pastores, labradores, i pescadores. No 
podia faltar Schiller a una de las mas bellas partes de su 
uunto, olvidándose de que los caballeros i los nobles habían 
concurrido a aquella grande obra ; i para no hacer incompleto 
tu poema, ha tenido cuidado de que figuren en él. £1 barón 
de Attinghaus, que a los 85 años de edad vivía con sus vasa- 
llos como Laertes con sus domésticos, comiendo i durmiendo 
con ellos, se indigna, como el mas pobre vecino, de los ul- 
trajes i los males de su patria. Hierre la sangre en sus an- 
danas venas al ver los crímenes de Gessler ; i para colmo de 
desgracia, su sobrino Ulrico de Rudens se deja seducir por 
los agasajos de las cortes, i de noble ciudadano de la Hel- 
vecia va a cambiarse en esclavo del Austria. Mas estaba 
reservado al amor el abrirle los ojos. Berta de Bruneck, 
rica heredera, que detesta a Gessler en medio de verse preci- 
sada a obsequiarle, se aprovecha de un momento de disper- 
en una cazería, para hacer oír al joven Ulrico, que la 
los acentos del patriotismo i del honor. A esta voz, 
aae tiene tanto imperio sobre su alma naturalmente jenerosa, 
•e turba Ulrico, i se avergüenza de sí mismo. ¿ Cómo he 
delibrarme ? dice ; ¿ cómo romperé estas cadenas, que me he 
fraguado ciegamente a mí mismo ? Rómpelas, le responde 
Berta, rómpelas con brío varonil. Sigue a todo trance el par- 
tías ie la nación : ese es el puesto que te ha asignado la natu- 
raleza. ¡Palabras divinas, que son el oráculo de la sabi- 
duría, i deben ser la regla invariable de todo hombre en los 
ipos dudosos i diñeiles I Inflamado Ulrico de un ardor 
io, corre en busca de su anciano tio ; mas ... ¡ oh 
terrible castigo de la lentitud de un arrepentimiento virtuoso ! 



70 GUILLERMO TELL. 

... le encuentra ya cadáver en los brazos de Melctal i di * 
Furst, i no puede pronunciar el juramento de unirse con kw 1 
libertadores de su patria, sino sobre las tristes reliquias del i 
barón. Aquellos tienen todavía alguna desconfianza; ditt- ■ 
pada por sus discursos, hé aqui mi mano, le dice Melctal: < 
la palabra del habitante de los campos es también palabra de * 
honor. Los caballeros nada serian sin nosotros : nuestra com- 
dicion es mas antigua que la vuestra. f 

Uiríco. Yo la respeto, la honro ; i mi espada la pro- ) 
tejerá — í 

Melctal. Señor barón, el brazo que doma la tierra re- ¡ 
beldé i fertiliza su seno, sabe pro tejer también la vida del 
hombre. 

Ulrico. Vosotros defenderéis mi vida, yo defenderé la 
vuestra, i así todos tendremos mas fuerza. ¿ Mas para qué 
perder el tiempo en discusión, cuando nuestra patria es presa 
todavía de los tiranos ? Hagámoslos desapareen* de esta fie- 
rra sagrada ; entonces discurriremos en paz.' 9 

Schiller no se muestra menos apóstol de la humanidad qae 
de la independencia, por que estas virtudes tienen tan estrecha 
relación entre sí, o por mejor decir se confunden de tal ña- 
ñera, que es un impostor quien quiera que se precie deftonocer 
la una, i desconocer la otra. Él nos pinta a Melctal cuando 
acaba de perdonar a Landerberg, cuya vida estaba en ta 
mano; i Furst, su mejor amigo, le dice estas bellas palabras: 
/ Felicítate por no haber manchado con sangre tu rictorU I 
Si consideramos que Landerberg habia hecho quemar los ojos 
al padre de Melctal con un hierro ardiendo, podremos pro- , 
guntar a cualquier hombre de bien, por ultrajado que haya 
sido, ¿ qué venganza será lejítima, cuando ni aun esta lo era T 

£1 Sr. Merle d'Aubigné, jinebrino, ha traducido el poema de 
Schiller con toda la animación de un helvecio, que cuenta la 
gloría de su propio pais, i con toda la elegancia de un francés* 
que escribiese en su propia lengua. Mas el mérito de tra- 
ductor no es el (mico de que aqui da pruebas. Preceden a 
su obra esceleutes reflexiones que dirije a sus compatriotas 
sobre los medios de restituir a la Suiza actual todas sus vir- 



GUILLERMO TELL. 71 

tade», todo su esplendor, toda su prosperidad : estos medios, 
fie él presenta como filósofo, como orador, i especialmente 
como ciudadano, son, el amor de la libertad, primer elemento 
se toda fuerza moral ; el amor de cada patria respectiva, de 
tas te compone el conjunto de la federación ; el de los can- 
tones entre sí ; i en fin, el de todos los confederados a la pa- 
tria común. Yo no puedo menos de aplaudir tan bellas ideas ; 
pero me parece que no es exacto el orden, en que el autor las 
encadena. " Con demasiada prudencia (dice), se coloca el 
ciudadano a si mismo en el primer rango de sus afectos ; 
leego coloca a su familia, después al cantón de que es miem- 
bro, i lo último de todo es la confederación. Es necesario 
que se trastorne semejante orden, dando cada cual a la patria 
el primer lugar, i el último a sí mismo." Me parece que el 
Sr. Aubigné se engaña ; que estos esfuerzos, i estas abnega- 
ciones no están en la naturaleza del hombre ; i que el modo de 
■o obtener nada, es exijir demasiado. Los pueblos modernos 
kan conocido mejor que los antiguos el principio vivificador 
del orden social. Estos lo referían todo al bien-estar de la 
comunidad, que ellos mismos habían reducido a mui estrechos 
Baúles por la odiosa institución de la esclavitud ; los otros, 
qae llaman a todos los hombres a gozar igualmente del bene- 
ficio del contrato, refieren el mismo principio al bien-estar de 
la familia, i con razón. El problema que nosotros debemos 
resolver, no es el violento i repugnante sacrificio de las mas 
santas afecciones del hombre a iutereses, que están demasiado 
lejanos para poder contarlos en primera línea; sino antes 
bien una consonancia tan perfecta i un enlaze tan íntimo entre 
•1 bien público i el bien particular, que ambos sean insepa- 
rables ; que las ideas de familia i de patria se confundan en 
almas ; i que no pueda sufrir la una el mas leve daño 
que al instante se crea amenazada la otra.— G. R. 



72 ENSEÑANZA DEL CANTO. 

VI. — Sobre la enseñanza del canto, considerado como uno 
de los objetos mas esenciales para perfeccionar la ins- 
trucción prÍTnaria i común.* 

El influjo moral de la música, consagrado por la lejisla- 
cion i las instituciones públicas entre muchos pueblos de la 
antigüedad, i especialmente entre los griegos, ha sido casi del 
todo desconocido, o mal dirijido en los tiempos moderno*. 
En algunos estados de Alemania se empezó por restablecer 
el imperio que antes habian ejercido en la mejora del hombre 
el canto i la música, incorporando una i otro al método de 
enseñanza común ; no en calidad de un arte meramente de 
lujo, agradable, i tan solo reservado a las clases acomoda- 
das, sino como una parte, digámoslo así, del patrimonio 
jeneral de la humanidad, que la educación debe laborear, y 
hacer productivo. Asi es que la mayor parte de los que 
dirijen, en aquellos estados, los establecimientos destinadoe 
a la enseñanza primaria de la juventud, tienen obligación de 
ejercitar a sus discípulos en el canto. 

La música contribuye eficazmente a la cultura del hombre; 
su dominio abraza a un tiempo mismo la educación finco i 
jimnástica, puesto que desenvuelve los órganos de la # voz i 
aumenta el vigor de los pulmones i del pecho ; i la moroi e 
intelectual, por que despierta en el corazón humano senti- 
mientos de beneficencia i de amor, i por que confiere a w 
intelijencia un grado superior de movimiento i vivacidad. La 
música, produciendo en el alma impresiones profundas, dulzes 
i variadas, está destinada a suavizar las costumbres i a 
hacer mas amena la existencia del hombre : ella da nuevo 
realze a la solemnidad de los ritos relijiosos, alienta el valor en 
los combates i vivifica la alegría en las fiestas; ella hace sentir 
su benéfica influencia en el seno de las familias ; contribuye 
a llenar los ocios del literato, distrayéndole agradablemente 

• Ilcvuc Encyclopédique, ou analyse des productious les plus rcmarqua- 
blcs dans lu litlératurc, les scicnccs et lesarts; par une reunión de rnem- 
brcs de ('Instituí, et ri'autres homroes de lettres. Tomo xii. París, Octobre 
18v2i. 



ENSEÑANZA DEL CANTO. 79 

•t ms ocupaciones serias, renovando el vigor de su mente, 
aspirando a su imajinacion ideas nuevas, i alentándole para 
eoatiauar sus tareas ; ella destierra la lijereza, i da solidez al 
carácter del hombre entregado a los bulliciosos placeres del 
ando, haciéndole volver de cuando en cuando en sí mismo ; 
ffli consuela a los desgraciados, acrecienta los gozes de la 
prosperidad, i, por último, derrama en el alma el olvido de 
los nales de esta vida, acompañado de un presentimiento de 
•toa existencia esenta de ellos, pura, dulze, aérea, celestial, 
i fihre de la atmósfera nebulosa que oscurece sobre la 
tierra nuestros mas placenteros dias. 

Es de la ultima importancia el que, aun a las clases infe- 
riores de la sociedad, se enseñe la música con todo esmero ; 
m estadio merece la mayor atención, i los resultados que 
produce son tan trascendentales que no se puede encarecer 
■tiaaiado la necesidad de enseñar sus rudimentos, en las 
primarias, junto con la lectura, la escritura, los 
del cálculo, de la jeometria i del dibujo. 
La sociedad cuenta pocos individuos suficientemente favo- 
recidos de la fortuna para poder procurarse un instrumento 
asmática, e incurrir en los gastos que exije la adquisición de 
ss a§o. Mas. la siempre liberal naturaleza ha dado al 
el instrumento mas agradable i rico en la voz i el 
susceptible de producir una variedad infinita de soni- 
En efecto, la voz humana es superior a todos los 
instrumentos inventados : ella, mejor que ninguno de estos, 
peaetra el alma, cuyas fibras mas delicadas i secretas elec- 
triza i somete a su dominio ; por fin, es la sola capaz de 
cuantos tonos son producidos por todos los'instru- 
itos. 

Estre las personas que han conocido la necesidad de com- 
aveader la enseñanza del canto, o de la música vocal en el 
anmero de los objetos que pertenecen ala instrucción primaria, 
merece particular mención el difunto Carlos Dalberg, Gran 
Duque de Francfort, igualmente recomendable por la nobleza 
i la elevación de su espíritu, i por las raras cualidades de su 
corazón ; amigo de la humanidad como debieran serlo todos 



7* ENSEÑANZA DKL CAUTO. 

VI. — Sobre la enseñanza del canto, considérenle 

de lo» objetos mas esenciales para perfección 

tracción primaria i común.* 

El influjo moral de la música, consagrado por 
cioo i las instituciones publicas entre muchos pue 
antigüedad, i especialmente entre los griegos, ba si 
todo desconocido, o mal dirijido en los tiempos 
En alguuos estados de Alemania se empezó por 
el imperio que antes habían ejercido en la mejora 
el canto i la música, incorporando una i otro al 
enseñanza común; no en calidad de un arte me 
lujo, agradable, i tan solo reservado a las clases 
das, sino como una parte, digámoslo así, del 
jeneral de la humanidad, que la educación debe 
hacer productivo. Asi es que la mayor parte > 
dirijen, en aquellos estados, los establecimientos 
a la enseñanza primaria de la juventud, tienen ob 
ejercitar a sus discípulos en el canto. 

La música contribuye eficazmente a la cultura c 
su dominio abraza a un tiempo mismo la educac 
jiuutáittca, puesto que desenvuelve los órganos < 
aumenta el vigor de los pulmones i del pecho ; 
intelectual, por que despierta en el corazón bu 
míenlos de beneficencia i de amor, i por que 001 



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1811, 









94 bmhdíamsa ml cauto. 



los jefes do los «todo», i que dirij» todoi ios 
a la felicidtd de los pueblan cayo gobierno le -estaba 
Aquel escotarte principe» qae distiafaia al 8r. Juttien 
amistad i Je espaso fre cu e ntem ente sus miras sobre la 
de la enseñan» elemental i sobre las intimas relarioaas 
esta mejora con la prosperidad pública, se proponía» 
medio de la enseñanza del canto, hacer ntejor i mas 
la condición do las clases menesterosas, proporcionándola! 
placeres puros, simples, i de fácil consecución. Por asís 
medio trataba de despertar i alimentar en sus almas los doi 
sentimientos mas sublimes i que mas honran al hombro i 
dan mas dignidad a sus propios ojos, la dulzo i consolatoria 
piedad, que le eleva hasta el autor de su ser, i el «mor dt h 
patria, que estiende i engrándese su existencia, aso c i a ndo 
su suerte con la de un gran numero do sus semejantes» Su 
el célebre establecimiento de educación, formado en Irerdua 
según el sistema de Pestalozzi, i en los dos bellos eokjies 
que pertenecen a la sociedad agricultora de Hofwil, so inoro* 
dujo, desde el principio, la enseñanza de la música vocal, 
como una parte esencial de la instrucción. M Mr. Pióte» 
hablando de Mr. Fellenberg (director de los espresados oob» 
jios), asegura que aquel sabio estaba persuadido de la mjpdad 
del canto para mejorar la educación, suavizando el caráotsf 
de los jóvenes, rectificando sus pasiones, entibiando n apa* 
gando en ellos las inclinaciones viciosas, estableciendo anta 
entre el entendimiento i el corazón una armoniosa canear» 
dancia; desenvolviendo el amor al orden i a lo bello | 
fomentando el de la patria, grabado en nuestras afanan por 
la naturaleza misma; i despertando una veneración retijkMtt 
que les hace dirijir al cielo su imajinacion i sus sentimientos» 
En aquellos establecimientos de educación aprenden todos 
los alumnos la teoría de la música, i los domingos se destinan 
para este estudio, como para la lectura i otros, ejercitándolos 
alternativamente en entonar cánticos sagrados i marchas na» 
cionales." 

En la Suiza hai muchas escuelas elementales, en que se 
ha reducido a práctica el sistema de ensefianza musical, a- 



ENSEÑANZA DEL CANTO. 75 

ventado por los Señores Pfeiffer i Naegeli, de Zurich ; los 
«nales, deseosos de dar mas popularidad a aquel arte i de 
JMwliinrln en cuanto fuese posible, conservaron los prin- 
cipios del método de Pestalozzi; pero, remontando a sus 
•rimeros elementos, lograron simplificarlos de manera que los 
no pueden dejar de comprenderlos con facilidad.* No 
sin embargo, nuevos los principios de este ultimo mé- 
todo, que solo consisten en sentar correctamente las bases de 
k ciencia i del arte ; en dar mui poco que estudiar a un tiempo ; 
ca separar i simplificar los elementos, i familiarizar con estos 
a los niños y presentándoselos uno tras otro, i haciéndolos 
progresar insensiblemente, acostumbrándolos a que no mezclen 
ti confundan cosa alguna que pertenezca a materias distintas, 
i sujetándolos a que se penetren poco a poco de la ciencia, 
para que esta eche hondas raizes, i se haga inseparable de su 
tente, £1 objeto de este método es que los alumnos, al 
concluir su curso de educación, ejecuten de pronto, con pre- 
cisión i firmeza, las piezas mas difíciles. En resumen, no 
viene a ser este sistema otra cosa que una aplicación, hecha a 
k ciencia música, de la marcha analítica i filosófica trazada 
por Bacon, Locke, J. J. Rousseau, Condillac, Destntt 
IVagr, Cabanis, &c. ; la misma que, por fortuna, se va adop- 
taaado en todas las ciencias i artes para facilitar, su estudio, 
i acelerar sus progresos. 

La saciedad fundada en París para mejorar la enseñanza 
elemental, que tanto bien ha hecho ya a las clases pobres e 
industriosas, i que ha contribuido tan poderosamente a per- 
feccionar la instrucción primaria, demasiado tiempo descuidada 
en Francia, donde era mui incompleta i aun viciosa, se ha 

* Mr. Naegeli publicó el retultado de sus tareas, en Zurich, en 1809, con 
el titulo de '< Nouveaux élémens de l'art de chanter, d'aprés la méthode de 
Pfeiffer, adaptée a celle de Pestalozzi" Desde entonces se ha dedicado a 
escribir, sobre el mismo asunto, una obra mui estensa, en que se propone 
nacer una espostcion completa, i analítica de su sistema. Este ha logrado la 
aprobación de muchos hombres ilustrados, que lo miran como un descubri- 
miento importante, i como un gran paso acia la perfección en el arte de 
enseñar la música. 



70 ENSEÑANZA DEL CAUTO. 

afanado también por introducir lecciones «de canto en la 
escuelas de enseñanza mutua. Esta feliz reforma ha prods 
cido los efectos mas escelentes ; son, sobre todo, palpable 
sus resultados morales. 

£1 señor Amoros, español naturalizado en Francia i mita 
bro de dicha sociedad» a quien aquel país debe la formack 
de un jimnasio normal, civil i militar, en -el cual aprende 
los jóvenes, bajo la dirección de maestros hábiles, los divers< 
ejercicios aparentes para desenvolver sus fuerzas i adqtnr 
destreza, ha agregado la música a estos ejercicios ; conveí 
cido de que este arte contribuye eficazmenjte a fortificar 1< 
pulmones i los órganos de la voz, no menos que de su salí 
dable influencia moral.* 

" Ya que la música vocal, dice el señor Amoros, ha pe 
dido tanto de su dignidad primitiva, i de su dominio sobre < 
hombre desde que dejó de ser popular o jeneral, i se hall 
refujiada en los claustros o confinada a los teatros, ¿ qi 
razón hai para que no le restituyamos su antiguo esplendo 
aplicándola a la mejora de nuestras costumbres, de nuesti 
carácter, de nuestra organización misma i temperamento 
¿ Cual es el ostáculo que puede oponerse a ideas tan felizes ?" 

Como uno de nuestros objetos es dar a conocer todoa, le 
métodos nuevos o perfeccionados que aparezcan en cualquu 
ciencia o arte, a medida que se apliquen con feliz éxito, nc 
proponemos insertar en otra ocasión una noticia de los que s 
han adoptado recientemente para enseñar la música.— P. C 

• Véase la obra titulada " Cantique* religieux ti moraux, ou la mormk 4 
chataon», & l'usage des enfant des deux sexes ; ourrage spédalement dettja 
aux eleves qui suivent les exercices da eoun d'éducation physiquc et gywmatif* 
dirige par Mr. Amoros." París, 1818. Un tomo en 18 o * de 257 pajinas: 1 
música grabada para esta obra ocupa 48. 



•OBRE LA NATURALIZA. 77 



SECCIÓN II. 



CIENCIAS MATEMÁTICAS, I FÍSICAS, CON 

SUS APLICACIONES. 



TIL — Consideraciones sobre la naturaleza, por Virey* 

La historia de la naturaleza, o física j enera!, considerada 
• todos tus ramos, se compone de vastos e ¡numerables ob- 
jetos. Todo lo que podemos conocer en este mundo no es 
que la superficie de las cosas que tienen relación con no- 
; i los mayores esfuerzos del entendimiento se puede 
que son la medida de nuestra debilidad, cuando le com- 
con el universo. Contemplemos esa bóveda celeste 
Melonada de astros, esos espacios aéreos en que vagan las 
tempestades, esos campos alfombrados de verdor i cubiertos 
st animales, esas móbiles llanuras de los mares, esos montes 
que levanta* sobre la tierra sus cimas vestidas de selvas ; i 
tan ao formaremos mas que una escasa i mezquina idea de la 
mtanaleza. Las entrañas de la tierra, los abismos del océano, 
d reto azul del cielo, nos esconden sus mas magníficos tesó- 
los; los secretos muelles que vivifican a los entes, se ocultan al 
eonocbniento humano ; ajentes invisibles dirijen los movimien- 
tos del mondo, i presiden a sus incesantes revoluciones ; i en 
el seno de estos vaivenes i mudanzas eternas, la naturaleza 
notaste inalterable, alimentándose de su propia inconstancia. 
Con temp oránea de -todos los siglos, derrama por todas partes 
la abundancia i la vida. Su mano poderosa siega los entes, 
los sumerje en las tinieblas de la muerte, i los* saca de nuevo 
a brillar en la escena del mundo. 
¿ I qué es la naturaleza misma sino el brazo del Todopode- 

• Nouveau dictionnaire d'histoíre naturelle, appliquée aux arts, i l'agri- 
cakure, et á récunomie rurale et domestique, pmr une aociélé de naturaüatw 
tt d*agricnlteon. 36 toU 1818-20. 



78 SOBRE LA NATURALEZA. 

roso, el ministro de su voluntad soberana, la parte de la di- 
vinidad que se revela a nosotros en la existencia de las cosas 
criadas? Penetrado de respeto a vista de sus obras, el hoa» i 
bre se eleva al Ente Criador, i admira absorto las leyes in- 3 
mutables que mantienen la armonía, i equilibrio de los mun- ¡j 
dos. Dios solo, desde lo alto de su trono de gloria, estiends j 
sobre ellos una mano moderadora, i contempla la ejecuciom 7 
de sus decretos irrevocables. 

La palabra naturaleza se toma en diversos sentidos. Ya 
significa el poder jeneral, que produce cuanto existe, i diríje : 
los movimientos de los astros i de )a tierra, en cuya acepcioR 
la naturaleza no es otra cosa que la voluntad divina ; ya de- 
nota la colección de todas las sustancias materiales, o el uni- 
verso ; ya el encadenamiento de las causas, el orden en que 
los seres nacen i se suceden; ya, en fin, la esencia de cada 
cosa en particular. Pero cualquier sentido que le demos, 
siempre es necessario referir todos los entes al principio de 
donde emanan, a las leyes establecidas por la divina sabi- 
duría para la existencia i conservación del universo. £1 
principio i todas las modificaciones que esperimenta nuestra 
existencia, son un resultado de estas leyes. La causa de las 
causas, la fuente del ser, obra perpetuamente en los <*elos, 
como sobre nuestro globo. Los ¡numerables linajes de aní- 
males i plantas que babitan la tierra, todos beben la vida en 
este manantial celeste ; un alma jeneral circula en sus varias 
especies, i produciendo sin cesar nuevos jérmenes, repara 
los estragos de la muerte, i mantiene una juventud perpetua. 
La materia, impaciente de reposo, se abandona a todas las 
afinidades que la fecundan : semejante al Proteo de la fábula, 
aparenta todas las formas, i hurta a nuestra vista su esencia 
bajo el velo de metamorfosis eternas ; i en medio de este teatro 
siempre móbil, es donde nuestra especie ha sido colocada 
para sentir, conocer, i admirar, para alzar sus ojos al cielo, 
i caminar sin rival i sin dueño sobre la faz de la tierra. 

Así el hombre es el centro a que todo conspira, el espejo 
en que se refleja la imájen del mundo. £1 buei goza de la lux 
sin comprenderla ; la hormiga acopia los materiales de mi 



' SOBRE LA NATURALEZA. 79 

republicana, i muere sin conocer la tierra que labra ; 
ti tombre solo fué reservado contemplar el universo» i abrir 
í d santuario de las ciencias. Verdad es que la naturaleza no 
sos revela todos sus arcanos ; pero no por eso es menos ma- 
mYüloso el espectáculo de las cosas criadas. Su historia 
el campo mas vasto que es dado a la intelijencia hu- 
recorrer. 
La astronomía nos informa de la situación, i de los mo vi- 
tos reales o aparentes de los astros, desde las estrellas 
ajas, esos grandes diamantes de la naturaleza, que centellean 
m lo mas retirado de los golfos etéreos, desde esa via láctea 
«i que los soles están acumulados en lejiones, cuyo numero 
¡■calculable espanta al pensamiento, hasta nuestro sistema 
planetario. Aquí el sol, colgado, como una lámpara eterna, 
de la bóveda de los cielos, rodando sobre su propio eje, em- 
panando alguna vez de manchas fujitivas el esplendor de su 
rostro» lanza sin interrupción los vivos i abrasadores torrentes 
de sa luz a distancias inmensas. Como un soberbio jigante 
rodeado de sus hijos, avanza majestuosamente, llevando al 
rededor de sí el lucido cortejo de los planetas. De estos los 
saas distantes i voluminosos van acompañados de satélites, 
qae jfcan al rededor de ellos casi en el mismo plan, i en el 
sentido de occidente a oriente en que se mueven sus 
principales ; i todos describen órbitas elipsoides al re- 
del centro inflamado de este vórtice inmenso, presen- 
tando sucesivamente su superficie a los rayos solares en sus 
¡evoluciones diarias. Su año es tanto mas largo cuanto mas 
su órbita ; i la oblicuidad de sus ejes produce en 
uno la sucesión periódica de las estaciones que calienta 
i refriera sucesivamente sus varias zonas ; al paso que sus 
pelos, apenas lijeramente heridos por los rayos oblicuos del 
sel, ofrecen un eterno asilo al invierno. Finalmente un gran 
enmero de cometas, cruzando el espacio, ya acelerados, ya 
lentos, i a vezes en otro plan que el de la eclíptica, vienen a 
calentarse al sol. Entonces destrenzan su cabellera flamante 
satos mensajeros seculares, que amedrentan a las naciones, i 
el movimiento de las esferas a que se acercan ; des* 



80 SOBRE LA NATURALEZA. 

4 

pues, continuando su vasta parábola, vuelven a hundirse ea -3 
los abismos de los cielos. La armonía reina entre todóé 
estos orbes desde el orí jen de los tiempos ; todos ellos pubh- r 
can en su carrera silenciosa las alabanzas de su eterno j- 
hacedor. ¡ Qué incomprensible es aquel que lanzó los '•" 
mundos en las profundidades del infinito ! ¡ Qué es el débil '*•* 
entendimiento del hombre al lado de esta masa del universo» ' ;¿ 
i delante de este ser todo-poderoso, que puede de una sola ' c 
mirada desmoronarla en menudos átomos, o restituirla a la * 
nada ! * 

Mas limitándonos a la tierra, hallaremos en ella objetos no 
menos dignos de nuestro estudio. La atmósfera que arropa 
el globo, las tempestades, el trueno amenazador i el rayo que 
alteran la serenidad de los aires, los volcanes que alzan sus 
cabezas inflamadas sacudiendo i despedazando continentes en- 
teros, ese vasto océano que muje al embate de las tormentas» 
esos ríos viajadores que riegan i fertilizan nuestras campiñas, 
esos sitios, paisajes i climas tan prodigiosamente variados» 
esos ricos minerales que se cuajan en el seno de la tierra; 
¿ no forman un espectáculo a todas luzes interesante ? Pero 
aun hai objetos mas útiles i preciosos para nosotros. Tal es 
el opulento reino vejetal, que cubre la tierra de boyques» 
mieses i flores ; tal el marabilloso reino animal, que vivifica 
la escena del mundo con sus juegos i amores ; que puebla el 
aire de cantores alados, el suelo de robustos cuadrúpedos» 
compañeros de nuestros trabajos o adecuados para nuestro 
alimento, i el agua de mil fecundísimas lejiones de pezes. 
¡ Qué inagotable i magnífico patrimonio para el hombre, reí de 
la tierra, si supiera gozar en paz de su dicha ! 

Subamos a la cumbre de un monte. Un vasto orízonte se 
despliega al rededor de nosotros, i va a confundirse con el azul 
pabellón del cielo; selvas sombrías, manida de las fieras» 
campos floridos, verdes dehesas, tapizan el globo terrestre. 
A lo lejos se divisan las esparcidas habitaciones de los labra- 
dores, la quinta deliciosa del rico, la choza del pobre, el humo 
de las ciudades : allá se estienden llanuras regadas de ríos» 
que arrastran mansamente sus ondas de plata ; acá serpean 



r wwvuviiaiuu a a suuciiicic uci giisuis. uus uautus uíu- i ^ 

>s de caracoles i de conchas marinas, la forma de capas 
tales que presenta el terreno, los cschistos,* las tierras 
eas, las margas, anuncian la antigua sumersión del j *• . 

Bajo esta costra de cieno, depósito de mares que ya 
sien, encontramos los despojos de otro mundo ; bosques 
idos, osamentas de grandes cuadrúpedos, estampas 
nales i plantas de todas especies, son los monumentos 
tellas antiguas catástrofes. Hoi las turbas, el carbón l¡¡£ ] 

dra, los betunes, residuos descompuestos i alterados de 
•Uncías organizadas que lo habitaban, alimentan el 
subterráneo. Los escombros que hollamos atestiguan | j. 

rotaciones que ha sufrido la tierra; sus vestijios no 
irecerán sino para hacer lugar a otras revoluciones. Por 
1 océano corroe los continentes, sumerje los pueblos, 
na las cumbres en islas ; por allá salen nuevas rejiones, 
jóvenes Náyades, del seno de las ondas ; su terreno 
o se consolida a la luz, i se cubre de una gleba fértil ; 1 j 

as de yerbas i árboles, tropas de cuadrúpedos, reptiles ' f 

stoa vienen a tomar posesión de esta tierra vírjen, que 1 ' 

lira de sn propia fecundidad. Mas algún dia le llegará f 

ex su turno, i volverán a esconderla las aguas; los 
roo* marinos visitarán sus palacios i torres ; desapare- 
e la tierra, i la historia de sus habitantes, como la de 



l* KAnnuusu; 



lo» fnwn»e Joo»^tnk»i de loe cristeles j 
ffimifirsoienos de Im venosos metálicos ; las 
parentot e» que se levente» le tsmoialifc, el 
cristel de soca; he esees toiojodaspor 
moles; i lee briHutee grupos cristalinos de los 
Veremos el age» acarrear les tierra* I filtrare» o» 
pereimes ; befemos fceÉdomi lee irnos e» grates 
e e eefoter se loe jagos pedregosos en esteléetitae; 
estrepitosa dstonacioit de los eivrio» i gas es. Mas 
eaaf res i pMtes enciende» las hogueras nirdnlsai i 
teres rosritu» laves aidienlo*, » arroja» al 
sspesa de uniss, piedra posas» i nomaj la 
entorno, i pareoe q»e va e rasgarse hasta «a co ates ?■< 
brame, i ve beatos de eos abismos 
eabesas finuartes sobre las ondee. 

Los rentes vejete! i anínml nei 
Si e» el menor teeecto hallamos ojee ofMtipósrte^pee»,] 
la luí, a» •otnmngo pera «bjcrir, intestino* par» 
quilo nutricio, BÜesjaroe p r o v isto* de c oyunt u ra s, 
i nervios para el movimiento volunten», 
i femeninos pasa I» conservación de 1» oopooio» 
mandíbula» apropiadas a cada jénero óValnsenno, 
costumbres,, i ana pequeña porcio» da mtetyjenem* 
todos les otsoa animales; ¿será posible sup o ne r qm> 
org a n issftio» te» prim ó nos » es obra del eocsott Si aL 
de nuestra piel percibiésemos el ai»Hicio>mnrshi11ase 
cuerpo, i los finísimos muelles de que se oompone, no»! 
riamos de pavor, temiendo hacernos pódanos si nmam 
■Mentó. | Osé de buceos, vesos, fibras, tendones^ 
breñas ! qué de glándulas, visceras, i humores!: 
tejidos, diversos ! qne de cameles, poros, 
ramificaciones:! qpi mecanismo», enfin, tea delicado, jtj; 
inoomprensiUel £L musgo oom 
1» ballena, j no tiene» por ventura órganoe disp»eetee-< 
arte i una previsión asombrosa? ¿ No vessos aooion 
correspondencia entre todas sos partee T 

¿ No descubrimos iguales relaciones entre cada ser <* 



■ i" 

i 



*a*Bl LA * ATUBALBZA. 88 

t las sustancias que lo rodea» ? Las raices están evi- 
fanamdas para chupar los jugos de la tierra; las 
exakur i aspirar gases ; los pistilos para embeber el 
; loa cal a m b r e s para producirle i lanzarle. En los añi- 
la boca, los dientes, los ojos, las orejas, los miembros» 
, los órganos sexuales, están en tan exacta i tan 
relación con las necesidades de cada ser, qne no 
asi trasladarse a otro alguno, sin un completo trastorno 
la su constitución. Todo está ligado entre si, cada 
necesita las otras. ¿Pudo el acaso construir dos 
das con tan perfecta correspondencia, que de su co- 
Fiesnltasen otras máquinas de la misma especie ? ¿ Pudo 
■ó kaber repetido este prodijio en tantas t tan varias es- 
de animales i plantas ? ¿ Pues qué diremos de los ins- 
f | De quién aprendieron el castor, la abeja, i la bor- 
la; sabia política de sus repúblicas ? ¿ De quién apren- 
honftúga-leon* a escavar su tolva en la arena para sor- 
v en ella sn presa? ¿De quién la perdiz a contra- 
la; coja, i esponer sn propia vida, para sustraer sus po- 
r a; la persecución- del cazador ? ¿ Quién enseñó al cro- 
i abandonado de sus padres desde antes de salir del 
.el modo de espiar a los otros animales, inmóbil i cubier- 
eicno-, como un tronco podrido ? Las maniobras del 
insecto, tan hábil desde su nacimiento como los indivi- 
roe le dieron el ser, la estructura i desaroüo de un 
, bastan para confundir al filósofo, i para convencerla 



irmtkmfumimn fui. Lian. La larra de este insecto tiene teb patita* í sin 
» and*, feotemente, ¡ casi siempre acia atrás, por lo cual le es necesario 
le Industria para cojer otros animales, con qué alimentarse ; lo que hace 
osado. Llegada al lugar donde quiere establecerse, pónete a andar 
m» describiendo líneas espirales cada Tes menores, i al mismo tiempo se 

de arena con una de las patas delanteras, i la avienta a lo lejos : 
el suelo, en el espacio de media hora, o poco mas, un hoyo en ibiL 

i ocultándose en el fondo, aguarda que caiga un insecto en este 
; entonces descarga sobre él con la cabeza i mandíbulas una lluvia de 
stúrdele de este modo, le arrastra a su guarida, i después que le ba chu- 
m sabor, arroja lejos de sí el cadáver. (Cuvier.) 

6 * 



SOBRE LA NATURALEZA. 87 

>-| repeaúrne de su induljencia, dejando crecer sin límites nuestra 

Juvemacía en detrimento de las demás especies. Tal vez las 

snmbres i las pestes forman un contrapeso en el sistema del 

Hado, i hacen nuestro despotismo menos grave a la tierra* 

¿Qué digo ? £1 hombre mismo tiene cuidado de destruir al 

tambre, i de vengar con sus propios furores sus atentados 

costra la 'naturaleza; su sangre fertiliza las campiñas que su 

imbicion ha desolado, i su cadáver alimenta a los buitres i 

Jaras, con quienes compite en crueldad. 

4 Esta jerarquía no es, pues, otra cosa que una guerra per- 
petua de todos los seres contra todos los seres, desde la araña, 
fie devora la mosca, hasta el león, que clava sus garras en el 
cuadrúpedo, hasta el águila, que despedaza la paloma, i el 
tiburón, que en las ondas da caza a los tímidos pezes ? Todo 
«lacha i querella, todos subsisten de depredaciones. £1 der- 
icko terrible de la fuerza es la mas antigua de las leyes i el 
thustro de la necesidad, gobernadora del universo. 
¿Con que esta naturaleza benéfica, esta madre tierna que 
ihuenta de sus pechos a todos los seres, i que emplea en 
«V» «a cuidado i una previsión tan afectuosa, no lo hace sino 
pía inmolarlos después a otros seres, a quienes ha inspirado 
n instinto atroz de sangre i de carnicería ? Ella dice al tigre : 
va% devorar al corderillo inocente : te doi dientes i garras 
(naque lo descuartizes vivo; tú te llenarás de una horrible 
anana al desmenuzar sus carnes palpitantes i al arrancarle el 
nrasoa." ¿ Así, pues, la naturaleza no formó estas mansas 
isazüicAs criaturas, sino para que terminasen tan dolorosa- 
la breve carrera de su existencia? ¡ Qué lección para 
i qué bien ha sabido aprovecharse de ella, aun 
sus semejantes ! 
Pero estas rigorosas leyes eran necesarias, pues ningún 
podía subsistir sin alimentarse de otros, ni gozar de la 
vida sin pegar tributo a la muerte. I pues todo cuanto vive 
esperimentar este destino, el tiempo que toca en suerte 
viviente es de poca importancia en el plan de la natu- 
Se da la muerte i se recibe, como se da i se recibe la 
vida ; aquella es el precio necesario de esta. Así todo se es- 



< a 



88* SOBRE LA NATURALEZA. 

labona i circula. Si el tigre mata al cordero, a él también la 
llegará su torno de perecer, victima de las iras de otros ani- 
males, o carcomido por la vejes enojosa. £1 ser que padece, 
es el único que puede gozar; la sensibilidad es una prend* 
que nos hace igualmente accesibles al placer i al dolor; i la 
beneficencia de la naturaleza resplandece en la liberalidad eos* 
que ha derramado la salud, la esperanza, i la alegría, > i 

Cada viviente está co-ordinado para los otros vivientes ; i 
cada especie para los climas, elementos i estaciones en qajt; 
existe. £1 camello está en relación con los áridos desierto* 
que la naturaleza le asignó por morada. Es sobrio, i sus fu* 
ees callosas se conformaron para las yerbas saladas i espi- 
nosas que huella. Tiene cuatro estómagos, como los otros) 
rumiantes, i ademas una bolsa donde carga el agua, con que 
templa la sed en el abrasado Zahara. Sus anchos i esposv? 
jados pies se apoyan sobre la arena sin dolor ni fatiga; los* 
callos del pecho i de las rodillas le sirven como de cojines 
cuando se recuesta en la tierra, 4 Porqué los nt »ro»l ft * del 
norte se cubren en invierno de un vellón espeso, i las plantee 
mismas de los montes elevados se acercan unas a otras, as> 
apiñan, i se cubren de vello, como para abrigarse del frío ? 
Porqué están vestidos de plumas bástala púntalos dedos del 
lagópodo • i de las otras aves que corren sobre la nieve ? ^Por- 
qué nace el gusano de seda precisamente cuando está dess> 
rrollada la hoja que ha de sustentarle ? De esta manera h* 
querido naturaleza repartir el globo entre sus criaturas : cada> 
cual de ellas ha recibido su herencia i su patrimonio. Los 
tarandos f i los abetos elijieron su morada cerca de los nieta* 
polares, el león i la palma bajo la zona tórrida, la ballena i las 
algas en el océano, el topo i la criadilla bajo la tierra, lajee*» 
ciana de doradas flores, el lijero íbice,! ©1 águila de pardo 



* Tetrao htgoput, llamado también perdis de los Pirineos. 

t Renne ; ctrrtts tarandu* ; animal célebre por el oso que hacen de él .ka la- 
pones, que le emplean para cargar i tirar, se alimentan de sn leche i 
TÍstrn con so piel, fice. 

X Capta ibtx, Linn. 



\ 
i 



SOBRE LA NATURALEZA. 89 

ije, en las cumbres, el brezo i la cabra en las colinas 
áridas, el junco i la garza en los marjales. Asi se pobló 
globo, qne ufano con esta vistosa comparsa de habi- 
, parece aora pavonearse a la vista del sol. 
¡Qué sublime i majestuosa eres, o naturaleza viviente! 
Cono brillas en la primavera, lleua de fecundidad i gracia ! 
Qué ataviada te levantas en tus dias de gloria, cuando abres 
Jos ojos para ver a tu esposo, quje ahuyenta las sombras de la 
■oche, i enciende las primeras llamas de la aurora en el orien- 
te ! "Entonces los árboles de la selva, elevando sus ramas 
acia el padre de la loz, como que quieren abrazar a los cielos ; 
i las mieses ajitan sus olas de oro al apacible soplo del aura. 
En el hueco de.una roca solitaria, la paloma suspira de amor ; 
i la armoniosa curruca,* parada sobre la zarzarosa,f entona 
el himno de la mañana. Las nutrias, saliendo de entre los 
javeos de un lago, traen pezecillos a su tierna familia ; i la 
veloz rupicabra se saborea con la fresa de los Alpes. El nar- 
ciso se inclina sobre el espejo de las aguas vivas : ranúnculos 
i cañas, hijos de las ninfas de la fuente, enlazan sus tallos fra- 
ternales. De la cima de una roca se despeña una vertiente 
cristalina, que, rompiendo sus bulliciosas ondas en la tierra, 
alza borbollones de rizadas espumas ; luego serpentea fujitiva 
por el prado, i fatigada al fin, se adormece a la sombra de los 
saelancólicos sauces. Los nenúfares levantan sus amarillas 
vosas sobre las aguas para fecundarse ; i la húmeda ribera en- 
jeadra una inquieta nube de efímeros insectos, que, batiendo 
sos alítas de gasa, en que se pintan los colores del iris, vagan 
busca de sus amadas. Sobre la parda loma de las colinas, 
columpian al viento las anemones i claveles silvestres ; las 



* Este nombre conviene a varias especies del jénero Motacilla de Línn. ; aquí 
se habla de la Mot. orphea, pajarillo de un canto raui agradable, i de plumaje a 
tvecboa blanco i ceniciento. La academia española dice que el cuclillo pone 
sos nuevos en el nido de esta avecita, lo cual es verdad, pero ni es la sola a quien 
jaega esta pieza el cuclillo, ni le corresponde de modo alguno el nombre latino 
Jfrctva, que le da la academia. 

t Flor del escaramujo, Rota canina. Linn. 



90 SOBRE LA NATURALEZA. 

azules flores de la peronea* alfombran fes piedras, i la vid 
abrumada con el peso de sus purpúreos racimos, basca «I 
apoyo del arbusto vecino, a semejanza de una esposa en cinta, 
que se sostiene sobre el brazo de su joven esposo. Mas »IH 
el roble añoso, patriarca del bosque, el cedro, cuyas raws 
forman andamios de verdura, el serbal cargado de rojos n>. 
cimos, mil formas diversas de árboles, entoldan la falda dtl. 
monte, i ofrecen una guarida a los brutos. Allí mora el ea» 
belto corzo, i el javalí erizado de cerdas ; allí el cervatillo 
reciennacido cuelga del pezón de la madre, i el pico trepa 
sobre el tronco carcomido ; el tordo vocinglero se embriaga 
de uva, el paro i la motacila f construyen sus industrioso» 
nidos, i el gavilán hendiendo el aire, asusta con su dísona 
grito a los pajarülos cantores. Entretanto los entumidos 
reptiles despiertan ; los pezes, cubiertos de arjentadas corazas, 
saltan en las ondas; el tierno pimpollo se hincha, i 
asomar el seno tímido de la rosa ; todo se arrea de sus 
ricas galas para esta fiesta nupcial de la naturaleza. ¡ Qué 
de jeneraciones rejuvenecen la faz del mundo ! Qué de ma- 
teria se organiza ! ¡ Oh amor, fuente de la vida ! Tú hermo- 
seas el aire que respiro, las olas que oigo bramar a lo lejos, i 
la tierra que huello : yo te encuentro en la cima de los montes, 
en los verjeles del valle, i a la sombra de la hojosa floresta ; 
por ti las grietas de las rocas se coronan de flores ; tú con- 
viertes en melodiosos conciertos el silencio del bosque. Mas 
en los climas ardientes es donde la naturaleza hace alarde de 
toda su magnificencia. ¡Qué de inagotables producciones 
bajo el cielo de los trópicos, i qué tristes páramos en las re- 
j iones polares ! 

Cuando la noche tiende su oscuro velo sobre la tierra, i el 
silencio, bajando de las estrellas, derrama un blando letargo 
sobre los animales i las plantas, el naturalista contemplativo, 
que medita en la soledad, oye el graznido fúnebre del buho ; 
el tronco cavernoso de las encinas parece repetir los sordos 



* Vinca major et minor. Linn. t Pmrut ptñdulintu, i Mot. Sutoria* 



SOBRE LA NATURALEZA. 91 

jmurios de los espíritus, el rumor de los tiempos que fueron ; 
lm «aúnales nocturnos salen entonces de sus manidas ; el 



Bálago revolotea ; los penetrantes ojos del lince resplan- 
ea la oscuridad; el anoli* silva en las ramas; tropas 
igiejos suben del seno de los mares, i vienen a pastar 
la pitya. AI través de los negros abetos, la luna se 
ja en las penas, que bañadas de su pálida lumbre, seme- 
jan fantasmas de la noche. Musgosas piedras repiten los 
de la fuente ; las amapolas reclinan sus cabezas ber- 
La tierra enmudece ; los vientos duermen ; ya solo 
se oye a lo lejos la flauta quejumbrosa de los pastores. 

I Cuántas otras escenas se nos presentan bajo diversos 
clima» ! Ved esos yermos abrasados del África, esos mares 
de arena desnuda, en que el viajero sediento suspira en vano 
por la sombra del bosque, i por el cristal de la fuente. Acá 
i allá ana palma solitaria balanza en el aire su pardo fuste, i 
frondoso capitel de verdura. La zebra ha fijado aqui su 
dosnicilk) ; ignorando el freno del jinete i la prisión del establo 
fcja en numerosas tropas, i afeita a su arbitrio la yerba 
de esta o de aquella colina. £1 avestruz confía sus 
al sol ; i corriendo con las alas abiertas, desaparece 
a la vista del cazador, que le persigue a caballo. Entre los 
cocpaueatos juncos de un marjal, se revuelca el rinoceronte 
am el fango, hendiendo a cornadas los arbustos de que se 
i, e hinchiendo de sus clamores el desierto. Jaspeadas 
is arrastran su vasto volumen, imprimiendo dilatados 
en el lodo; sus ojos encendidos, la baba venenosa 
qae escupen, su infecto aliento, las hacen objetos de horror 
a toda la naturaleza animada. Escondidas bajo la yerba al 
pié de una acacia, acechan su presa, i cuando la tímida gazela 
viene a templar la sed en el arroyo vecino, se lanza el reptil 
de repente, la envuelve en sus robustas roscas, le quebranta 



* alagartas de America, de que Cuvier ha formado iq jenero mudius; re- 
presesrtan en el nuevo mondo los camaleones del antiguo, a quienes esceden 
en la mcílidad de mudar colores; i la mayor parte tienen una gran papera o 
cato, qae se les hincha i pone de color rojo, cuando están irritados. 



|2 SOBRE LA MÁTVRALSZA. 

los huesos, i abriendo sus pavorosas fauces la engulle poco sV 
poco, i la sepulta casi entera en su vientre. £1 león, tendido 
el cuello, la melena erizada, se azota los flancos con la % 
cola, estremece los peñascos con su ronco rujido, i atemoriza k 
a todos los habitantes de la selva. £1 rei de las fieras ateca j 
alguna vez al crocodilo; con las fauces abiertas, los ojos i 
inflamados, la garra estendida, este reptil aguarda denodada* 
mente a su terrible adversario, que midiendo la distancia, sé 
arroja sobre él de nn salto, i a pesar de las duras escamas d* 
que está guarnecido, le abre de una dentellada la piel. SI 
fiero reptil da un grito espantoso, i espumajeando de rabia» 
se esfuerza a despedazar con sus uñas al león, que, superior 
en ajilidad, le fatiga. La tierra se ensangrienta ; el clamor de 
los combatientes se oye a distancia, i la victoria permanece 
largo tiempo indecisa ; hasta que por fin el león postra a en 
porfiado enemigo, i desgarrándole las entrañas, se sacia de 
venganza i de sangre. 

¿ Pero qué voz desconocida es la que llama las aves viajeras 
a los climas templados de Europa? No bien termina el 
invierno, cuando abandonan en bandadas las orillas del 
África. Encomendándose al viento, pasan al otro lado del 
mar, visitan los reinos de la tierra, i posando sobre el suelo 
que les brinda hospedaje, le saludan con cánticos amorosos. 
Allí encuentran festines preparados por la mano de la nata- 
raleza ; allí reconocen los campos paternos, en que desple- 
garon por la primera vez las alas. La oropéndola* halla en 
olmo ; el ruiseñor su enramada ; cada cual forma alianzas 
nuevas i se prepara nuevos placeres. Pero cumplida la lei 
de la naturaleza, apenas el destemplado cierzo anuncia la 
vuelta de las heladas, cuando cada especie congrega su 
familia para conducirla a rejiones mas prósperas. ¿Qué 
mano traza entonces a la cigüeña, i a la grulla, su camino 
por los espacios aéreos ? Quién da la señal de la partida a 
la golondrina, que va en busca de los países benignos del sur; 



* Oriolui gálbula, Lino. 



SOBRB LA NATÜRALBZA. M 

# ésstfts a los gansos silvestres a cruzar la atmósfera en 
Mssjps triangulares? 

La naturaleza es la madre universal de los seres ; a ñin- 
gas» olvida ; a ninguno deja sin recursos ; a todos ha dado 
in s t in t os i faenas con que subvenir a sus necesidades. Con- 
kplad ese humilde escarabajo, le veréis provisto de cuanto 
eoester. Naturaleza le guarneció de espaldares, braza- 
i grevas ; armóle, por decirlo así, de punta en blanco : 
alas, pies velozes, i ojos de mil fazes, para buscar su 
aSmento, i precaver de todos lados las asechanzas de sus 
Cual insecto lleva mandíbulas afiladas, cual un 
pico; este una penetrante daga, esotro un aguijón 
Su teatro es limitado i oscuro, pero suficiente a 
M destino. ¿ Cuánto no podríamos decir aquí de la majica 
sntta morfósis, en que de la sucia oruga sale la galana mariposa, 
cjae cubierta de oro i pedrería, descoje sus alas al sol ? De 
las especies que, en las sabanas i colinas de América, esparcen 
«bul vislumbre fosfórica, i atravesando las tinieblas, sacuden 
ssjs antorchas nupciales? De aquellas razas músicas, que 
r e g ocijan el aire, festejando sus amores al son de invisibles 
i tamboriles ? De aquellos cínifes,* ministros i con- 
de las flores, que llevan al pistilo lejano el polvillo 
>r del estambre? De aquellas infatigables socie- 
de eunucos,f que vijilan con el mayor zelo i ternura 
sobra la educación de la especie, i ' sin disfrutar los solases 
del amor se echan sobre sí todas las solicitudes i afanes de la 
saaternidad? 

Pero no olvidemos la magnífica escena del nuevo mundo, 



* Intecta» del jénero cympt de Linn. 

t Sabido es que en ¡nuches especies de ebejes, ebispes, hormigas i otros 
insectos sociales, fiai no solo mecho*, i hembras, sino indifiduos neutros i 
estériles, que son los que principal o enteramente están encargados de los 
trabajos rdanVos el albergue i manutención de la sociedad, i a le crianza de le 
prole. En les ebejes les hembras se llaman reinas, los machos zánganos, i les 
obreras estériles son les ebejes comunes, que formen casi toda le población de 
la 




40BR8 LA NATUKAUOA. ftt 

■pas del ecuador, i el bordado ropaje de la primavera ! 
i en Taño querer escitar con palabras los sentimientos 
tai bellezas inmortales inspiran. La naturaleza habla 
zoo; ella quisiera restituir nuestras almas a aquel 
de dicha i de inocencia, que hemos perdido en el vano 
9 del mundo. ¡ Venturoso mil vezes el que lejos de 
mirenes i tumultos, puede en la oscuridad i el sosiego, 
le a estudiar sus marabiHas ! Satisfecho con la 
a de su fortuna, prefiere la roca antigua i la fuente 
s a los altivos palacios de los grandes, en que reinan 
fia, la di si m ulació n, i los cuidados devoradores. Su 

> ofrece auras puras, fresca sombra, i saludables ah> 
a¡ mendigados de la mesa del rico, ni robados a los 

del pobre. Feliz en su independencia, se compadece 
meato, que corre a hundirse en las tormentas del 
i no receje, en recompensa de sus afanes, sino 
i amargura. Abandonando a otros la carrera de la 
n, se ríe del humo i vanidad de las grandezas humanas, 
ezes compradas con humillación e ignominia. ¡ Oh 
taturaleza, reposo de los corazones inocentes ! Oh 
espíritu del universo l ¿Cuándo será, que pueda 
e a la luz de toda verdad, i contemplar desde lo alto, 
molinos de polvo, las frivolas ajitaciones de la tierra? 
s solitarios, flores de los desiertos, vagabundas tribus 
ales, apacibles i encantadas fraderas, entre vosotros 
e yo buscaré en la tarde de mi vida, las meditaciones 
u de la paz i de la satisfacción interior. I cuando 
ni última hora, no aspiraré a funerales suntuosos ; 
res heléchos cubrirán mi sepulcro. A él descenderé, 

> con mi humilde destino ; mi existencia terrena se 

» 

en la naturaleza, como el vapor en los aires ; i mi 
Iverá a la fuente suprema del ser.— A. B. 



MAGNETISMO TERRESTRE. 07 

star a 290° 34' O., i asi se ha creído hasta aora ; 
cotí singular ! estos elementos se encuentran fallidos en 
u partes de la mar del Sur situadas mas allá del 
ccídental, entré 115° i 270°. Discutiendo las bbser- 
s de W. Baily i Cook, en 1777, hallo que uno i otro 
iron el ecuador magnético a 158° 50 / 9" lonj. O. i a 
Hat S. ; siendo así que si se prolonga el círculo 
deducido de las observaciones en el resto del globo, 
idor en dicha lonjitud hubiera debido estar a 8 o btí 30" 
De aquí se deduce que el ecuador magnético después 
nentra al terrestre acia los 115° lonj. O., en vez de 
ía el norte, vuelve a bajar acia el sur ; i como las ob- 
ués de Baily i Dalrymple señalan otra vez la línea de 
» nula a los 7° lat. N. en los mares de la China, a 
, O., es preciso concluir que entre esta última Ion- 
de 158° 60' 9 determinada por la observación de Cook, 
lo menos otra intersección mas los dos ecuadores, sin 
i antedicho nodo oriental situado en los mares de la 
m, los 295° Habrá, según esto, tres nodos a lo menos, 
cuatro, si el ecuador magnético cerca de su nodo oc- 
se eleva un poco al norte antes de bajar al sur acia el 
ago de las islas de la Sociedad. Estos cuatro nodos 
primero a los 295° lonj. O. de Paris, el segundo a los 
tercero entre 115° i 158°, el cuarto entre 158° i 266°. 
del ecuador magnético que corre entre los dos pri- 
ira al sur ; la que corre entre el segundo i el tercero, 
; la entre el tercero i el cuarto, al sur ; la entre el 
el primero, al norte. 

m lado i otro de este ecuador magnético las inclina- 
«rían, aumentando a proporción que se alejan de él. 
loóos al hemisferio en que esta línea parece ser cir- 
[ cual comprende la Europa, el África, el océano A- 
i las costas orientales de ambas A maricas, se ve que 
icion es constante en paralelos equidistantes a una i 
te de ella. El máximo de inclinación será, pues, en 
ios opuestos, uno de los cuales parece que debe estar 
> de lonj. i 90 o — 12°, o 78° lat. boreal, i el otro, dia- 

H 



MAGNETISMO TERRESTRE. 99 

liúdo repentinamente al NO., se dirije a los Estados Unidos, 
imrvkrde rumbo, atraviesa las demás partes septentrionales 

* L§ poóckni de esta línea no es fija ; antes en siglo i medio 
k lavado considerablemente de £. a O. En 1657, pasaba 
pr Londres ; en 1694 por París ; ha corrido, pues, sobre este 
pileta 80° de lonjitud en 150 años. Pero su movimiento no 
• nriforme ; i aun en diferentes paralelos es mui desigual, 
li Mutación es también variable, pero no tanto como la de- 
daKÍon. La primera en Londres era, por 1775, 72°, por 
Ü86, 7<P ; resultado que los esperimentos de Humboldt han 
¿«firmado en Francia."* 

" Hai otra faja sin declinación, casi opuesta a la prece- 
ásate, i que llevando constantemente el rumbo NO., nace en 
el Grande Océano austral, corta la punta occidental de Nueva 
Helanda, atraviesa el mar de las Indias, entra en el conti- 



Bfr. Bain, la variación anual medía de la declinación eu Londres 
ñor f iSafios ha lido 10* 4", en Paria por 254 años T 10", en Dublin por 134 
lf 1CT, en el cabo de Boena-Esperansa por 191 años 9* 5", en el cabo de 
por US aflea te ha mantenido constante I es de tfr E. (Quart. Jour* 
i tke Arta, No. 7.) 

medía de la aguja en Londres, en Agosto i Setiembre de 1821, 
exactísimos del capitán Sabine, se encontró ser 70° OS*, 
este resultado con el de Nairne en 1772, i Cavendish en 1776» 
que la inclinación ha disminuido en Londres, por un término medio, a 
na** ét 9, Of por afio, que es \ menos que la diminución anual en París entre 
Ufa 1 1814» segas los señores Humboldt, Gaj-Lussac i Arago ; de que pudiera 
■saine, si hubiese de dañe entera confianza a los resultados, que en esta parte 
del asando ea en el día mayor que aora cuarenta años el decremento de la incli- 
saagaétka. (Quart. Journal of Science and the Ártt, No, £7. J 

se ha averiguado recientemente en Londres i Paria que la decli- 
a retroceder. El coronel Beaufoy dedujo de sns observa- 
en fea Anales de Thomson, qne la aguja habla llegado al 
de dtrimaejqn, i volvía ya lentamente al polo N. ; que durante los ú> 
9sneaesde 1818, aumentó gradualmente la declinación, fluctuó en Enero 
uc 1819, decreció en Febrero, volvió a fluctuar en Mano, i después acá ha ae- 
gsádo decreciendo continuamente. Mas de 15,000 observaciones hechas en 
Parfs aocbe i dta, confirman este retroceso, que, según el cómputo de Arago, el 
de 1' 55" por afio. (QuarU Journal, ¡bid.) 

h2 



G^r>i>iu 




100 MAGNETISMO TERRESTRE. 

nente asiático por el cabo Comorin, atraviesa la Persia, la 
Siberia occidental, i se eleva acia la Laponia. Pero lo mu 
raro es que esta línea se bifurca cerca del grande archipiélago 
de Asia, i da nacimiento a otra rama, que va al N, atrave- 
sando este archipiélago i la China, i sale por la parte oriental 
de Siberia. Parece que ambas ramas se mueven con suma 
lentitud, o no se mueven absolutamente, pues la declinación 
no ha variado durante 140 años en la Nueva Holanda. 

" Hai indicios de otra cuarta línea de indeclinacion en «I 
mar del Sur, observada por Cook, acia el punto de la mayor 
inflexión del ecuador magnético. Los navegadores no la han 
rastreado al norte, pero es casi seguro que existe, porque, 
según una reflexión justísima de Humboldt, ya que a los dos 
lados de cada línea la declinación varía de signo, i de oriental 
se vuelve occidental, es preciso que en el ámbito del globo 
sea par el número de las líneas de indeclinacion, para que des- 
pués de las alternativas de mas i menos, este i oeste, volvamos 
a encontrar el signo que dejamos. 

" £1 máximo de la declinación forma líneas igualmente irre- 
gulares, interpuestas entre las anteriores. La mayor decli- 
nación observada en el hemisferio austral lo fué por Cook a 
60° 49* de lat. i 03° 45' lonj. O., contada del meridiano de 
Paris; esta declinación era de 49° 45'. La mayor obser- 
vada en el hemisferio septentrional lo fué también por Cook a 
70o 19' lat i 161° 1' lonj. oriental, es a saber 40° 19* al este.* 

" Sobre la intensidad de las fuerzas magnéticas, las únicas 
observaciones con que puede contarse son las de Humboldt 
en su gran viaje, i las de Russel en la espedicion del almi- 
rante Dentrecasteaux. Humboldt anunció el incremento de 
la intensidad yendo del ecuador magnético a sus polos. La 



* Las costas de la mayor declinación son cabo Farewell, estreche* de Darla 
i Hudson, i bahía de Baffin. Mr. Bain dice haber observado entre cabo Fare- 
well i Labrador 42° i 60° ; otros navegantes han observado en la bahía de 
Baffin 57°. Pero lo mas asombroso es que en la Groenlandia oriental sobra el 
paralelo de Spitzbérgen la declinación no pasa de un punto (11° a 12°) i cesa en- 
teramente a poca distancia al £. de la isla. (Quart. Journal cf Setene* ansí SW 
Arts, Xo.7.) 




MAGNETISMO TERRESTRE. 101 



brújula que a la partida de Humboldt daba en París 
115 oscilaciones en 10 minutos, no le dio en el Perú mas que 
111, i rarió constantemente en el mismo sentido ; diferencias 
pe no pueden atribuirse a la diminución de las fuerzas mag- 
léticas de la brújula, debilitada por el calor o el tiempo ; por 
[■e trasladada del Períi a Méjico, osciló casi tan rápidamente 
orno en Paria. Las observaciones de Russel en Brest i en 
íeeva Holanda conducen a igual conclusión. 
" £s fácil ver que un solo imán colocado en el centro de la 
ierra no pudiera satisfacer a estos fenómenos, por que en- 
Saces el ecuador magnético debiera ser un circulo máximo 
crpendicular a la linea recta trazada por los dos centros de 
tccion, sin inflexiones ni irregularidades. Esta idea repre- 
esrta bien las observaciones hechas en Europa i en el océano 
atlántico ; démosle, pues, para acomodarla a los fenómenos 
leí mar del Sur i del continente de Asia una modificación que 
le baga sentir esclusivamente en esta última parte del globo. 
Para ello solo se necesitaría suponer cerca de la inflexión del 
ecuador magnético un imán escéntrico, al que, según el cál- 
calo, bastaría conceder una pequeña fuerza para esplicar las 
anomalías. Colocando otros tales imanes secundarios en 
aquellos puntos en que las irregularidades de las declinaciones 
mas bulto, es probable que llegaríamos a representarlas 
con exactitud, como las inclinaciones i las intensidades ; 
a la manera que en el sistema del mundo, el movimiento prin- 
cipal producido por la acción del sol es modificado por las per- 
tatfaecioues que las pequeñas masas de los planetas producen. 
M ¿ Diremos que la acción central es realmente producida 
por un Rodeo magnético encerrado en el globo terrestre, o que 
es la resultante principal de todas las partículas magnéticas di- 
seminadas en su sustancia ? Lo ignoramos ; pero esto segundo 
parece lo mas verosímil. En este caso los centros secun- 
darios serán determinados por atracciones locales, prepon- 
derantes. Efectivamente las observaciones muestran que el 
sistema jeneral de inclinaciones, declinaciones e inteusidades 
magnéticas es modificado de una manera bastante sensible, 
¡ aun súbita á vezes e irregular, por la proximidad de las 



103 MAGNETISMO TEBKSTRE. 

grandes cordilleras, o de lo» archipiélagos. Se han 
ejemplos de variaciones de esta especie producidas repente 
ñámente. El barón de Humboldt notó algunas, acaecidas 
después de un grande terremoto.* A cansas de este jénerfj 
se deben probablemente las variaciones que el tiempo acarren 
a la declinación, i cuya irregularidad misma anuncia que na 
son efecto de causas uniformes i fijas. 

" La superficie del globo no limita la acción magnética* 
pues Mr. Gay-Lussac i yo la hemos observado en los aires en 
un ascenso aerostático, sin diminución sensible. Probafalai 
mente sigue la lei de las atracciones magnéticas, esto es, la n> 
non inversa del cuadrado de la distancia, i se estiende indefi- 
nidamente por el espacio. La luna, el sol, i demás cuerpos 
celestes ejercen tal vez acciones iguales, que según las poat> 
ciones i distancias se hacen sentir acá bajo en la aguja . . * 
De aquí las variaciones diurnas i anuales. En París, según 
Cassini, el máximo de la declinación diurna es entre las doce 
i las tres de la tarde ; fíjase entonces la aguja ; luego se acema 
al meridiano terrestre hasta las ocho de la noche ; fajase 
vez, i el dia siguiente a las ocho de la mañana vuelve a 
jarse del meridiano. Las mayores variaciones diurnas 
las de abril, mayo, junio, julio, que en Paris llegan a 13 7 hasta 
10'; las menores son de 8' a 10\ Del equinozio de primar 
vera al solsticio de estío la declinación mengua, i en lo ren- 
tante del año crece. Últimamente la aguja magnética padece 
otras variaciones súbitas i accidentales que coinciden coa la 
aparición de las auroras boreales ; ajítase vivamente mientras 
dura el meteoro, i en cesando este, vuelve a su posición ordi- 
naria ; pero a vezes suele esperimentar desvíos durables." 

• Ja influencia de los terremotos sobre el magnetismo terrestre se man i festó 
con la mayor evidencia el año próximo pasado en Paris. Según obserradonea 
que hicieron separadamente Arago i Biot, el uno en el observatorio, el otro en 
el Colcjio de Francia, donde reside, el temblor acaecido en León i sos 
diacione*, afectó en París la aguja. £1 19 de Febrero se mantuvo esta q 
basta las ocho i media, i a las nuere menos cuarto se ajitó extrañamente con no 
movimiento oscilatorio en la dirección de su largura. Arago sospechó que este 
fenómeno era ocasionado por algún terremoto, f Quart. Journal of Science mtd 
the Am. ) 



MAGHBTISMO TERRESTRE. 103 

Huta aquí Bioi. El capitán Flinders ha añadido a la doc- 
trina del magnetismo terrestre observaciones de alta impor- 
práctica. Tiempo antes se habían notado irregulari- 
inesplicables en la dirección de la aguja. Los mas es* 
■ertoa nav e ga n tes se han visto en grande incertidumbre i em- 
baía» por las diferencias de declinación que encontraban en 
mismas localidades a cortos intervalos de tiempo, dife- 
qae a venes alcanzaban a algunos grados. Imputábase 
efecto a imperfección del instrumento : el capitán Flinders 
Uso ver que provenía de otra causa distintísima. Él averiguó 
ss primer lugar que las observaciones hechas en varios pa- 
rajes de un mismo buque, discordaban, aun cuando este no 
«daba de sitio ; i que por tanto era indispensable hacerlas 
tsdas en nn mismo paraje del buque. Pero esta precaución 
no basta, por que cambiada la dirección de la nave se altera 
la dirección de la aguja. Para determinar la naturaleza i can- 
tssad de este desvio fué necesario hacer grandísimo número de 
observaciones. £1 resultado de ellas fué, que cuando la proa 
al este, las diferencias eran de un modo, i cuando al 
de nn modo contrario. De aquí dedujo el capitán Flin- 
ders que el hierro empleado en la construcción de una nave 
atraía la aguja, i alteraba su dirección, no por su atracción in- 
como simple hierro, sino por el magnetismo que le 
la influencia del de la tierra ; i que, consiguientemente, 
de diferente modo sobre la aguja según la posición que 
la nave respecto del meridiano magnético. Este há- 
bil navegador creyó ver probada la certeza de su primera idea 
en mil esperimentos i observaciones durante su viaje. a la 
Tierra Austral. Resulta de ellos que no pueden hacerse ob- 
servaciones correctas sobre la declinación, sino cuando la 
quilla del buque coincide con el meridiano magnético ; o que 
a lo mépos es preciso hacerlas todas en ángulos iguales a £. 
a O. de dicho meridiano. Encontró ademas el capitán Flin- 
ders que el error o desvío no era tan grande en las latitudes 
bajas como en las altas, i al cabo de laboriosas investiga- 
descubrió que dependía de la inclinación ; que cuando 
la la estremidad norte de la aguja, esta estremidad era la 



104 MAGNETISMO TKRRBSTB*. 

atraída por el hierro del buque ; que disminuida la inclinación^ 
disminuía también aquella atracción; i que en el hemisferio i 
austral, donde la estremidad sur de la aguja era la deprimida**! 
el error crecia también con la inclinación, pero en contraria t 
sentido ; pues allí las declinaciones occidentales parecían da-, ^ 
masiado grandes cuando la proa estaba al £• De todo ello, . 
sometido al raciocinio i al cálculo, dedujo esta regla : " Qaa ., 
el error producido en una posición cualquiera, es al error proda-^ , 
cido por la dirección de la proa al este u oeste, bajo una misma 
inclinación, como el seno del ángulo entre dicha dirección i el 
meridiano magnético, es al radio/' La doctrina del espita», 
Flinders fué comprobada por esperímentos i observaciones he-. ' 
chas de orden del almirantazgo británico. (Quart. Jcmrmmip, 
No. 11.) 

De la razón antes indicada entre la tanjente de la indi» 
nación i la tanjente de la latitud magnética se ha deducido que 
la fuerza magnética de la tierra sigue la razón inversa de la 
cantidad -/(4-3«), en que * representa el seno de la inclín 
nación, es decir, que si de 4 se rebaja tres vezes el cuadrada 
de dicho seno, i se saca la raíz cuadrada del residuo, esta raiz 
i la fuerza magnética de la tierra serán inversamente propor- 
cionales. £1 resultado jeneral de las observaciones en dife- 
rentes partes del globo concuerda bastante bien con esta in- 
ferencia teórica, que solo se ha dado como una espresion 
aproximativa i provisional de los hechos, mientras se hacen 
nuevas i mas estensas observaciones. Si esta fuerza obra 
sobre una aguja que no tenga mas movimiento que el orí-, 
zonta], vendrá a ser, según el principio de la resolución de las 
fuerzas, inversamente proporcional a esta otra espresion 

^JL-.j.gY Cuando esta fuerza es turbada por otra, 
el principio de la composición de las fuerzas da este teorema i: 
el seno del ángulo de corrección, esto es, el seno del ángulo, 
formado por la dirección efectiva de la aguja con la que hubie- 
ra tomado sin la perturbación, es al seno del ángulo formado 
por la dirección efectiva de la aguja con la dirección de la 
fuerza perturbadora, como la magnitud de la fuerza perturba-. 



MAGNETISMO TERRESTRE. 106 

es a la magnitud de la fuerza natural. Si se supone, pues, 

la fuerza perturbadora del buque, el seno del primer 

será al seno del segundo como yY— 1- + 3): ], 

Conocido el ángulo que la dirección efectiva de la aguja forma 
la del buque, o con cualquiera otra linea, esperimental- 
te averiguada, en que obre la fuerza perturbadora, i llamando 
r d seno de este ángulo ; tendremos que el seno del ángulo 
se corrección será directamente como r vY~ — |- 3) ; 

esto es, como 3 añadido al cuadrado de la secante de la incli- 
ndon, multiplicando la raiz cuadrada de este total por el seno 
del ángulo comprendido entre la dirección efectiva de la aguja 
i la dirección de la fuerza perturbadora. 

Supongamos, por ejemplo, que donde la inclinación es 74°23' 
el mayor desvío causado por la fuerza perturbadora sea de 
6 o 40' : a los 86° de inclinación el máximo de este desvío será 
Vf 21'. Por que en tal caso siendo r=l, el seno del ángulo 
de desvío es proporcional a t/(-¡-~ + 3); de que resulta 

qse el seno de 6° 40' debe aumentarse en la razón de 1 a 
3,523. Este cómputo concordaba perfectamente con las ob- 
servaciones hechas a bordo de la Isabela, i así se empleó para 
cu u e jir los errores producidos por la fuerza perturbadora en 
todos los casos ordinarios. Sobre él se ha calculado una tabla 
de correcciones de los desvíos causados por la atracción per- 
te del buque en la dirección de la aguja náutica, im- 
enl819 por orden de los comisarios de lonj i tud, i publi- 
cada con ciertas adiciones i reformas en el periódico de la Ins- 
titución real. 

Casado es constante la atracción de la nave, los dos puntos 
■éntrales en que no produce desvío, deben observarse en 
rombos diametralmente opuestos. Mas a vezes parece haber 
■aa atracción irregular, que hace estar dichos dos puntos a 
b distancia de menos de 112° o tal vez 90° ; desvío que no 
crece con la inclinación, i que se conjetura ser producido por 
el magnetismo accidental de alguna parte del hierro dulce que 
sai abordo. La esperiencia prueba que una barra orizontal 
de hierro dulce deja de hacer efecto en la aguja en cuatro 




MAGNETISMO TBKEESTRK. 107 

• cerca de las paredes de las cuas, sean de 

adera, i aun cerca de árboles algo corpulentos, 

■ debe necesariamente hacerse sentir en la direc- 

agaja de marear. Toda la masa de madera de un 

ae un eje magnético, i a este mas bien deben atri- 

liesvíos de la brújula, que no al hierro, cafiones i 

Sigúese también de aquí que todas las observaciones 

* intensidades magnéticas hechas dentro de casa son 

Mitas. 

ana magnética de la tierra en diferentes puntos de su 
as, es, según el mismo profesor, como sigue : 

Paro 0» 0' 1.0000 

Méjico 42° 10/ 1.3156 

Peris 68° 38' 1.3482 

landres 70° 33f • 1.4143 

Sabia de Baffin .-84 a 25' 1.6685 

rsrrfn — danés cree también haber descubierto que la 
¡dad magnética, de la tierra esperimeata una variación 
i, sassuruando desde las primeras horas de la mañana 
Jas diea o las once que llega a su mínimo, creciendo 
hasta las cuatro i en los meses de verano hasta las Siete, 
asado otra vez durante la noche, i creciendo de nuevo 
las tres de la madrugada, que llega a su máximo. Ei 
la la luna por el ecuador disminuye también, según 
*m, la intensidad del magnetismo terrestre por dos o 
jaa, i al mismo afecto producen aun mas sensiblemente 
coras boreales. Enfin, la intensidad magnética esperi- 
, según ¿1, una variación anual, creciendo de verano a 
*o, i menguando de invierno a verano. Falta ver si 
Musios confirman estos interesantes anuncios.— A. B. 



t 



106 MAGNETISMO TERRESTRE. 

posiciones que estarán entre sí en ángulos rectos. Si -ai : 
barra, pues, se hace perpendicular a la aguja de inclinados j 
en el plano del meridiano, perderá su efecto en solas 4m i 
posiciones diametralmente opuestas en aquel plano, pesa * 
obrará con muí diferentes intensidades cerca de ellas, pío- i 
duciendo efectos varios en posiciones diametralmente opuea- < 
tas. De las varias combinaciones de tales piezas metálicas, s 
diferentemente situadas, se sospecha que han nacido todas n 
las irregularidades observadas en algunos poquísimos casos. a 
Según los esperimentos de Barlow, los cañones deben con- a 
siderarse como hierro dulce o conductor del magnetismo. 
(Quart. Journal, No. 1&.) 

Pero el profesor dinamarqués Hanstein ha anunciado re- 
cientemente que estas atracciones no se limitan al hierro, ni 
se observan solamente en el mar. Estando en Copenhague, 
alojado en la torre, que sirve de observatorio, encontró con 
no poca sorpresa que para 300 oscilaciones de su aguja oii- 
zontal se necesitaban no menos de 886.57*, al paso que en 
un jardín contiguo solo eran necesarios 770*. Esta torre éfc 
de 126 pies de alto, con gruesas paredes, i un cilindro humó 
en el medio, que tiene al rededor una escalera espiral dé 
siete vueltas. Después de haber hecho abajo varean ob- 
servaciones que dieron 787', volvió a la torre, i halló los re- 
sultados siguientes para el mismo número de oscilaciones 4 
diferentes alturas de ella : 

cima. primera vuelta. 3*. 4$*. 6§*. Basa, 

812. 836. 837. 834. 804. 81& 

Continuando sus observaciones, sacó por resultado jeneral 
que a la estremidad inferior de todo cuerpo perpendicular la 
aguja magnética oscila mas velozmente colocada al norte del 
tal cuerpo, que colocada al sur ; pero que a la estremidad 
superior, la aguja vibra mas velozmente al sur que al norte. 
De aquí concluye que todo objeto perpendicular, de cual- 
quiera materia que se componga, tiene a su estremidad su- 
perior un polo sur, i a su estremidad inferior un polo norte. 
He hallado, dice, constantemente confirmada esta lei en mis 



MAGNETISMO TRRRBSTRE. 107 

atperimeatos cerca de las paredes de las casas, sean de 
o madera, i aun cerca de árboles algo corpulentos. 
acción debe necesariamente hacerse sentir en la direc- 
de la aguja de marear* Toda la masa de madera de un 
tiene un eje magnético, i a este mas bien deben atri- 
tos desríos de la brújula, que no al hierro, cationes i 
Sigúese también de aquí que todas las observaciones 
las intensidades magnéticas hechas dentro de casa son 
sigo inciertas. 

La faena magnética de la tierra en diferentes puntos -de su 
superficie, es. según el mismo profesor, como sigue : 

Inclinación. IntenikUd. 

Perú 0° 0' 1.0000 

Méjico 42° 10 7 1.3155 

París 68° d& 1.3482 

Londres 70° 33' • 1.4142 

Bahía de Baffin • .84° 25' 1.0685 

B profesor danés cree también haber descubierto que la 
magnética de la ticpra esperimenjta «na variación 
menguando desde las primeras horas de la "^6?^ 
las diez o las once que llega a su mínimo, creciendo 
hasta las cuatro i en los meses de verano hasta las siete, 
lo otra vez durante la noche, i creciendo de nuevo 
las tres de la madrugada, que llega a su máximo. £1 
de la luna por el ecuador disminuye también, según 
Hmwtein, la intensidad del magnetismo terrestre por dos o 
días, i el mismo efecto producen aun mas sensiblemente 
boreales. Enfin, la intensidad magnética esperi- 
segnn él, una variación anual, creciendo de verano a 
¡■fiemo, i menguando de invierno a verano. Falta ver si 
sabios confirman estos interesantes anuncios.*— A. B. 



IOS Cfcl*»0*»2É*. 

IX.— Vista del Chimborazo, desde la mesa dfc ftgftK? 

La cordillera de los Andes y» a* divide en* 
separadas eafta el por. valles loajitudinales, i/yafarsné*t 
sola masa» erúada 4* «simes volcánica*. fteol>sfiiiaalayaasnsl" 
tiempo que loa* jpaadee Talles colocados antee las dea 
laterales i la cadena del centro* son los estanqoesf deídsjÉ 
rios considerables, que tienen el fondo ana aséaos 
sobre el nivel del océano que el álveo del Ródano* 
aguas han escavado el valle de Sioa, en los Alpes 
Caminando de Popayan acia el sor, se ve, desde |a¡fsjf|) 
esplanada de la provincia de Pastos* confundirse las tas*) «a* 
denas de los Andes en un misino grupo que se prolonga ranea* 
mas allá del ecuador. ... mJ 

Este grupo ofrece» en el departamento ds Quitos a* aspecto 
singular desdé él rio* Chota, que serpea entre montanas da iMft 
basáltica, basta el páramo de Asnai, en el cual sa de va* san? 
morablés restos de U arquitectura peruana. Las mas elavajjhv 
cumbres están «alocadas en dea hileras que forman nosno ■ ajjsj 
doble crestada la cordillera : estas cimas colosales, oabiatjay 
de hielos eternos, sirvieron de señales en las oper n o ib a m ala 
los académicos franceses, al tiempo de la medida deljpqesjsf 
ecuatorial. Sn disposición simétrica, sobre dos Unasja>.4p 
norte a sur, biso que Bouguer las considerase como :r fsja> 
cadenas dé montanas, separadas por un valle lonjtlsilpaajj 
roas lo que este célebre astrónomo llama el fondo de nn.vajfti 
es la espalda misma de los Andes ; una esplanada o psenaj 
cuya altura absoluta llega de dos mil setecientos a donjajj} 
novecientos metros* No se debe confundir una doble <B*ft¿F 
con una verdadera ramificación de la cordillera. - <-!.7cr 

Una llanura cubierta de piedra pómez, forma parta, ^ Ja* 
mesa que separa la cresta occidental de la oriental de, Jen 
Andes de Quito. En estas llanuras se halla concentraba^ 



• Tomado de la obra titulada «• Vuts da cerdSUér* et momwmetn da sssjssS 
indígena de CAmérúpte, par AUx. de HumbddL 1 voLJbL P*rk, 1810. " :al 

f Estanque (boom) te llama, coa reapeeto a an río, todo «l psfc ^as' si Ws 
•us aguas a él. En «ate sentido m tos técnica de jetgtmík- fistos* - '■' 



CHIMBORAZO. 109 

población de este país marabilloso ; en ellas se encuentran 
ciudades que contienen de treinta a cincuenta mil habitantes. 
Duspoee da haber residido durante algunos meses a esta 
alevacton, donde el barómetro se mantiene a veinte pulgadas, 

sin poderlo remediar, una ilusión estraordi- 
poco a poco olvida el observador que cuanto le rodea, 
a q u el lo s pastos cubiertos a un mismo tiempo de rebaños de 
i de ovejas de Europa, aquellos verjeles guarnecidos de 
vivos de duranta i de barnadesia, aquellos campos la- 
cón esmero i que prometen abundantes cosechas de 
están como colgados en las altas rejiones de la at- 
mosfera ; i apenas se acuerda de que el suelo en que habita se 
mas sobre las vecinas costas del océano Pazífico, que la 
ibre del Canigou sobre el estanque del Mediterráneo. 
Mirando la espalda de la cordillera como una vasta llanura 
hatada por cortinas de montañas lejanas, se contrae la 
esstsanbre de considerar las desigualdades de la cresta de los 
Andes como otras tantas cimas aisladas. £1 Pichincha, el 
Gayambé, el Cotopaxi, todos estos picos volcánicos desig- 
con nombres particulares, aunque hasta mas de la 
de su altura total no constituyen sino una sola masa, 
i, a los ojos de los habitantes de Quito, otras tantas 
distintas que se elevan en el centro de una llanura 
aVanidn de selvas ; i lo que hace esta ilusión mas completa, 
caque los dentellones de la doble cresta de la cordillera 
Bagan al nivel de las altas llanuras habitadas ; de modo que 
loa Andes no presentan el aspecto de una cordillera sino 
asmado se ven de lejos, desde las costas del Grande Océano 
o desde las sabanas que se estienden hasta el pié de su falda 
oriental. Colocados sobre la espalda de la cordillera misma, 
sea en el departamento de Quito, en la provincia de Pastos, 
o todavía mas al norte, en lo interior de Nueva España, no 
Tesaos mas que una serie de cimas esparcidas, i grupos de 
montañas que se desprenden de la mesa central : cuanto 
mayor es la mole de las cordilleras, tanto mas difícil se hace 
abrazar el conjunto de su estructura i forma. 

Con todo, el estudio de esta forma, diré mejor, de esta 



CHIMBORAZO. 113 

i largas lluvias dVinvierno, cuando la trasparencia 
aumenta de repente, se ve aparecer el Chimborazo 
nube en el orízonte ; desprendiéndose de las cimas 
rapiñándose sobre toda la cordillera de los Andes, 
lia cápala majestuosa, obra del injenio de Michael- 
* eleva sobre los monumentos antiguos que rodean 

• 

ntafia ha sido dibujada, tal cual se descubre desde 
mira de Tapia, cerca del pueblo de Lican, que era 
ia de los soberanos de Quito, antes de la conquista 
iptc-Yupanqui. La cumbre del Chimborazo dista 
m línea recta como finco leguas, i está cubierta de 
»tM, que a las inmediaciones del ecuador, se sos- 
tro mil ochocientos metros (5742J varas) sobre el ni- 
ir. La adjunta lámina representa el Chimborazo, 
irnos, el 24 de Junio de 1 802, después de una nevada 
lina, que cayó exactamente el dia siguiente al de 
torsión a la cima. 

eros que han contemplado de cerca las cumbres del 
meo i del Monte- Rose, son tan solo capazes de 
ita escena sublime de serenidad i grandor. A causa 
me masa del Chimborazo, la parte que la vista 
un golpe cerca del limite de la nieve perpetua, mide 
etros de anchura. La estrema raridad de las capas 
través de las cuales se ven las cimas de los Andes, 

macho a aumentar el resplandor de la nieve i el 
íto de su reflejo. Bajo los trópicos, a una altura 
íl metros, la bóveda celeste parece de un tinte tur- 
erfil de la montaña resalta sobre el fondo de esta 
pora i trasparente, mientras que las capas inferiores 
qaellas que descansan sobre una mesa desnuda de 
te reverbera el calórico radiante, son vaporosas, i 
brir los últimos planos del paisaje. 
. de Tapia, que en el este se estiende hasta el pié 

del Condorasto, está a la elevación de tres mil me- 
indo poco mas o menos la del Canigou, una de las 
simas de los Pirineos. En la llanura árida hai al» 

I 



114 

pinos pías da atJaas* wm tít * 4» cactaa.f de apares J i d 
Botina.) 8rtn«lyriMr|ÍH0a« t«h Il«u> d.b»jedas <M 

■ala n !. 1 |i ea n « da jarana fiti Tih ni t j " J - ticaa. I 

coatado da 1* aatMtaJbtTapnaeata aquella gradacioa de la vid 
TejeUl cpat prataoé Mar as ari " Cuadra de la jeegrafm i 
ísm asneas .'* aala fiwa lasa ln Él sobre la falda occideatal d 
loa Andes, daede loa iu ipa a e lr nbtes boscajes de palmas baat 
bu niara» aarpainaa, «dadas da una delgada alfombra A 



A la altar* ahaotata da área asi i quinientos metros, se fim 
«tai poso a poso do'TÍela las pautas leñosas de aojas tersa 
i coriácea*. Eatre ni rejioade lea arbusto» i la de lea asi 
, loa bosquecitlos de mu 
i, de lobeliaa, i de pequen 
«ruaífaraa. Laa anaaafsaes fhr—in una ancha zona, que ¿ 
osando oa oseado ee cabra de nieve, cuya do ración es de p 
cea día*. Bata aeaa, aaa ea al país ae llama pmjoHoi, se pn 
aeata de léjae ea forma da bb tapiz de color amarillo doradi 
abe contrasta aaradableaMat*-6M el de las masas esparcid i 
de nieve, 1 deba as erfjea a loa' troncos i hojas de las gran 
aeaa qoesuadae por loa rayos dal sol, durante las gr andes ai 
caá, Eacbaa Balya/aaaf, «ata k rejion de las plautas crñ, 
totamuoaw cobren da dwtaaeta «ti distancia la» rocas de po 
fido, desafeaos* da berta aejetal. Mas allá se halla el te 
mino de la vida orgánica «a «1 liante de lo» hielos erarnos. 



" Mulle, molí, leatiica del Pera, pimienta de América. Can todui «M 

tanbinticaaa, la» bajas, ¿aajanadevéui asara*» as aaa l«be prjíju. 
do u conexa nasa aa Baat múaao, «a olataonWaaa, aaa « ooaja «I »irc 
■.aicaagaaaaa »gu», n 



aia|M«aMaa«WcaaiMaaani{ éccoti. uig.. íacail 
Caaataada aajujaaMaaaaaaVaa Iítmho, tula ■ 
Blaaaaa«ae1aaM«*|asaiaat%ei,„„ í ,„. ,^^, 



CHIMBORAZO. 115 

Portttnoidiiiari&que sea la altura del Chimborazo, su cum- 
ias mÜ caatrocientos cincuenta metros mas baja que el punto 
a que llegó el Sr. Oay Lussac en su memorable viaje aéreo, 
ijfaade hizo esperimentos igualmente importantes para la me- 
Jpmlojfa i para el conocimiento de las leyes del magnetismo. 
i. tradición, que conservan los indyenas de la pro- 
de Quito, una cima de la cresta oriental de los Andes, 
U conocida bajo el nombre del Altar, que se desplomó par- 
játlmente en el siglo décimo quinto, había sido antes de esta 
mas elevada que la del Chimborazo. En el Boutan, la 
mas alta que los viajeros ingleses han medido es la 
jtSomnoiinang, que se eleva a cuatro mil cuatrocientos diez 
imeve metros : pero, según la aserción del coronel Crawford, 
|aa*ii alta cima de la cordillera del Tibet pasa de veinte i 
neo mil pies ingleses, o siete mil seiscientos diez i siete me- 
tai* Si esta valuación se funda en medidas exactas, hai en 
dentro del Asia una montaña mil i noventa metros mas ele- 
vida que el Chimborazo. Para el verdadero jeólogo que, 
espado del estudio de las formaciones, se ha habituado a mi- 
arla naturaleza en grande, viene a ser un fenómeno poco im- 
portante la altura absoluta de las montañas : i no le causará 
skgant sorpresa si mas adelante se descubriere, en cualquier 
ptrte*del globo, una cima que descuelle tanto sobre la del 
Qúnborazo, como lo mas empinado de los Alpes sobre la 
cubre de los Pirineos. — P. C. 

^.—Comunicación entre el océano Atlántico i el océano 

Pazifico.f 

Después de lo que en 1811 publicó el célebre Hnmboldt 
íe sos investigaciones sobre la posibilidad de unir el océano 
Atlántico i el mar Pazifico al través del continente americano, 
se ha ilustrado mas el interés que inspiraba la empresa even- 



* Véate roa» adelante el artículo sobre el Hhnalaya. 

f Toando de la BMMique wdvcneUe d* táctica, beUet-lettra, * art^fkú 

mtrfwtKÜ; t$meu&,*Géniwe,lZtS. 

i 2 



lie Aimimno i-'MoUho. 

tual de esto grandioso trabajo ; i la separación de las que fue* 
ron colonias españolas parece que acelera la Época que ha da 
verlo real i HN '■'■"» ■<! *■ ' 

Cuando reflexionamos en Lis consecuencias necesarias, i m 
tas consecuencias posibles de un nuevo camino que acorte en 
dos mil leguas la travesía de Europa a la India, i que ponta 
las costas orientales del Adía al alean» de los Tocos de civi- 
lización de la Europa i de la América septentrional, nos que- 
damos como aturdidos a vista de los inmensos resultados q— 
se ofrecen contusamente a la imaj i nación ; i creemos ver di 
arrollarse el cuadro de las revoluciones que han de efectuarse 
en las relaciones del comercio i la política de los dos mundos. 

Bien sabido es que la abertura de un canal a través del isl- 
mo de Panamá era uno de los temas favoritos de conversación 
del ilustre Pitt ; que se le habían presentado varios proyecto* 
sobre esto; i que cuando él formaba sus planes para pum> 
cipar la América española, tenia la mira puesta en la posibi- 
lidad de Unir tos dos mares. 

En 1810 la célebre Revista de Edimburgo, se espreso del 
modo siguiente acerca de esto, en sn numero del mes de Enero. 

" En la enumeración de las ventajas comerciales, que re- 
sultarían de la emancipación de la América meridional, no 
hemos becho mención todavía de la que quisa es la mayor de 
todas ; del acaecimiento mas importante para las relaciones de 
paz entre los pueblos, de la empresa mas considerable que 
permite la constitución del globo al injenio del hombre, de la 
abertura, en fin, de un canal navegable a través del istmo de 
Panamá. Muí interesante es saber que la ejecución de Un 
magnífico proyecto, sobre el cual se tienen aun en Inglaterra 
nociones tan imperfectas, no solo es en realidad practicable, 
sino fácil."'' -r.laoÉáVH 

Las particularidades publicadas después por Ilumboldt de- 
jan machas dudas sobre esta facilidad. Él las había recojido 
en Cartajena * i en Guayaquil ; i sin duda nadie tiene mas ti- 



íl iluHra pi<ii<>i>. i diitingaiéa KttnM D- Joié Ignacio Pamba había it«- 



i 



atlíntico i pacífico. 117 




trios s la cofrfaasa publica que tan ilustre viajero* bien sea 
sobre k eleeeton de sus noticias e informes, o sobre las con- 
■¿esencias qne deban deducirse de los hechos i de las proba- 
Hidsdes. Antes de dar a conocer la opinión del sefior Davis 
Bobnuon sobre esta importante cuestión, i en jeneral sobro 
sm oosnnicacion entre los dos mares, veamos de qué modo 
fes* tratado Hnmboldt ; i asi, por medio del examen crítico 
sjbb vamos a hacer de los diversos proyectos, podrá formar 
jsk» el lector . 

- Desde luego nos recuerda que desde el año de 1513, que 
mtia época en que se atravesó el istmo de Panamá, no se ha 
lo ninguna nivelación del terreno que separa ambos 
si determinado con bastante exactitud las posiciones 
fe Panamá i de Portobelo: los mapas de López, los de 
ánowsmitk, i los del depósito hidrográfico de Madrid, en 
na parecen unos a otros, ni dan al istmo de Panamá la 
forma, ni tampoco la misma anchura. 
El rio Chegres que desagua en el mar de las Antillas al 
ele Portobelo, tiene ciento veinte toesas (doscientas 
varas) de ancho en su embocadura, i veinte cerca de 
, donde comienza a ser navegable. Tárdanse cuatro o 
dias en subir desde el mar a Cruzes, cuando bajan las 
; mas cuando están crecidas, se necesitan diez o doce. 
Cruzes a Panamá solo hai cinco leguas de distancia, i 
les snsirndfíisn se trasportan en muías. 
* Humboldt estima el declive del rio de treinta i cinco a cua- 
toesaa, partiendo desde el punto, en que es navegable, 
i de este punto, que se llama la venta de Cruzes, 
n los injenieros españoles escavar un canal hasta 
que debia cortar un terreno montuoso cuya altura se 
absolutamente. Mui sensible es que ni Bouguer i La 
Coodamine, ni los sabios españoles que residieron varios me- 
ses ea aquel interesante pais, hiciesen alguna observación baro- 



AfJSto, 8má i San Joan, que presentó el consulado de Cartajena en 1807 ; en 
tacna! nmi, tegon Caldas, noticias interesantes i miras vastas sobro un canal de 
entre el océano Atlántico i «i Pasífico*— G. B. 



í 



I 



118 atíXntico i pacífico. 

métrica, para determinar la altura del ponto mas 
entre el castillo de Chagres i Panamá. Se ha pretendido 
desde este punto se descubrían los dos mares ; mfts 
supondría sino una altura absoluta de doscientos noventa 

tros (347 varas.) 

Lionel Wafer dice que no logró gozar de la vista do loa 
océanos a un mismo tiempo ; pero afirma que en aquella parte 
del istmo, no se compone la cadena central sino de una 
nuacion de colinas, cuyos intervalos abren paso a alguno* 
Si es exacto este hecho, resultarían de aquí facilidades 
el canal propuesto ; i no se retardaría la navegación sino par 
un pequeño número de esclusas. 

Se ha creido que habla entre ambos mares «na diferencia Ar 
nivel, que, en caso de abrirse el canal, pudiera ocasionar la 
inundación del istmo ; mas Humboldt discute esta suposición. 
Don Jorje Juan encontró, por observaciones barométricas, qae 
la boca del rio Chagres i Panamá estaban a una misma ele- 
vación ; pero como entonces se ignoraba la corrección tenso- 
métrica aplicada al cálculo de las alturas, puede esta circuns- 
tancia suscitar algunas dudas sobre la exactitud del resaltado. 
Notorio es que los sabios franceses de la espedicion de JBjineo 
encontraron las aguas del mar Rojo seis toesas mas altas qae 
el nivel medio de las aguas del Mediterráneo. Humboldt 
mismo ha comparado los niveles en la costa del Perú, i en la 
embocadura del rio Sinú, en el mar de las Antillas ; i h«qhat 
todas las correcciones relativas a la temperatura, encontró 
que si existe una diferencia de nivel entre los dos mares, no 
puede esceder de seis a siete metros. La marea, que en Por- 
tobelo es mui poca, sube en Panamá de doce a quince pies 
mas, es decir, cinco metros. Esta diferencia, lejos de per- 
judicar a los trabajos de construcción hidráulica, favorecería, 
por el contrario, el efecto de las esclusas. 

Lo rápido de la corriente del río Chagres, el cual corre a 
razón de dos metros por segundo cuando están crecidas las 
aguas, presenta dificultades a la navegación. £1 curso sonta- 
mente tortuoso de aquel río causa contra-corrientes o remo- 
linos acia sus orillas ; i a favor de estos remolinos suben los 



ATLÁNTICO 1 PACÍFICO. llf 

lame na qa a fio s , sirviéndose alternativamente de la palanoa i 
éi raso, o haciéndose remolcar. Esta ventaja cesaría ti te 
urtase «a canal directo, desecando el lecho actual del río ; 
pao d recurso de los buques de vapor salva todas las 
ü calta des de una corriente regular, por rápida que se 



todas las noticias recojidas por el Sr. Humboldt, le 
que se debe renunciar a la idea de un canal que tras- 
mítase de an mar a otro los buques del todo cargados ; por- 
ana para, ello se necesitarían galerías subterráneas i esclusas, 
par consiguiente depósitos en ambos mares, costos i demora 
m la carga i descarga, i por último seria preciso depender de 
il nación que fuese dueño del istmo i del canal. 
"Bl Sr* Davis Robinson recojió sobre este objeto, en Car- 
i Jamaica, noticias de varios individuos, que habían vi* 
el istmo, o por asuntos de comercio, o con la mira de 
de la posibilidad de abrir un canal de navegaoion* 
Bé aqui el resultado de sus noticias. 

La boca del río Onagres, que está en 9° 18' lat N., tiene 

sna barra que no permite entrar barcos que calen mas de diez 

pao de agua. Él cuenta veinte leguas de aquella emboca- 

dsra al pueblo de Cruzes ; i a vezes, cuando están crecidas 

fas aguas, se necesitan veinte dias para hacer esta navegación : 

st mclina a creer que los buques de vapor vencerían las difi- 

de la de este río, sin que fuera necesario escavar un 

•anal ; i opina que de Grases a Panamá, la empresa 

de muí difícil ejecución ; pero en cuanto a la exacta ni- 

, i a la naturaleza de los verdaderos ostáculos que pre- 

esta parte del trabajo, está en la misma ignorancia que 

fiasnboldt. En la naturaleza de la costa, i en el puerto mismo 

da Panamá, ve especialmente el Sr. Robinson dificultades en 

modo insuperables. 

La ciudad de Panamá está situada en una península, i de- 

por una continuación de islotes : la costa es tan baja, 

solo las piraguas, i los barcos chatos, pueden acercarse 

ala ciudad : los navios de mayor porte no pasan de las islas 

da Fañeo i Flamenco, . dos leguas mar afuera; i todos .los 




120 ATLÁNTICO 1 ÍACÍfICO. 

cargamentos se trasportan por tierra costosa i ItratiTnie m 
barcos chatos. huí 

Toda aquella costa, en la parte que corresponde a loa 
tos en donde se proyectó el canal, está sujeta al mismo i 
conveniente de no haber profundidad bastante. Robúumfc 
observa que aun cuando se lograra vencer los ostáculo* físicos 
que separan a Cruzes de Panamá, seria siempre necesario 
escavar en el mar un canal de siete millas de largo» el casi 
se cegaría pronto por las mismas causas que han hecho taa 
baja aquella costa. 

Parece que este autor confunde aqui el proyecto de añ 
paso de un océano a otro, con el de un canal de esclusas» 
En la primera suposición, que creemos deba desechante 
habría sido preciso, en efecto, prolongar, en el mar mismo* 
un camino profundo, hasta la isla de Perico, para evitar la 
descarga de los buques que están mar afuera ; mas pues que 
esta descarga es inevitable en la suposición de un canal da 
esclusas, i de galerías subterráneas, no vemos por qué 
haya de ser igualmente necesario el prodijioso trabajo de 
largo canal abierto en el mar, i sujeto a cegarse. 

Robinson da la preferencia a un proyecto que Humboldt 
ha discutido también, i es el de abrir una comunicación entra 
la laguna de Nicaragua i los dos mares. 

Se observa en los mapas de Melish i Robinson, que el 
hermoso río San Juan nace en la laguna de Nicaragua» i de- 
semboca en el océano Atlántico en las playas de la provincia 
de Costa-Rica, a los 10°. 45'. lat. N. La barra de aquel gima 
rio no tiene mas que doce pies de profundidad. Un ingles» qae 
ha sondeado aquella parte de la costa, reconoció en la barra del 
rio San Juan un paso estrecho, que admite barcos que calen 
veinte i cinco pies ; i este paso, aunque parece ser conocido 
de los negociantes de Honduras, no está señalado en ningún 
mapa. Es de creer que el rio no ofrece a la navegación ningún 
ostáculo que no pueda superarse : los bergantines i las goletas 
suben hoi libremente hasta la laguna, que en todas partes tiene 
de tres a siete brazas de profundidad. Hai en ella varías islas» 
que, así como sus orillas, están adornadas de una rica i her- 



ATLÁNTICO I PACÍFICO. 111 

rsjs ta cioa. Por su estrenúdad occidental, an riachuelo 

ue a la laguna de Nicaragua con la de León, que dista ocho 

lejas»; i una i otra comunican con el mar del Sur, por medio 

et nsspequefiot, cuitando de este cuatro leguas la laguna de 

¿son, i siete la de Nicaragua. £1 pais que separa ambas 

sí, i del mar Pacífico, es enteramente llano ; en él no 

Ten sias que algunas eminencias cónicas, restos de antiguos 



Dos lineas están particularmente indicadas para abrir comu- 
ni cac i ón entre aquellas lagunas i el mar : una, desde la costa 
ái Caldera (o Nicoya) basta la laguna de León ; i otra, desde 
alfolio de Papagayo hasta la de Nicaragua. En estos doa 
., la costa está libre de arrecifes ; i en el golfo espe- 
te, tiene el mar tanta profundidad que puede fondear 
bbs fragata a unas cuantas toesas de la ribera. 
Las noticias recojidas i publicadas por Humboldt están 
, en la sustancia, con las del viajero americano; 
aquel manifiesta algunas mas dudas sobre el punto 
, que es la elevación del terreno en el istmo ; cuyo 
santo no está ilustrado en las memorias que acerca de la 
asteria se han enviado a la corte de Madrid. £1 navegante 
JkMfaw dice espresamente, que esta costa es baja, i que el 
tanenoy situado entre la laguna de Nicaragua i la bahía de 
Kicbya, es, en su mayor parte, llano i forma una sabana. 
Haaboldt observa que casi no se puede aportar a esta 
en los meses de agosto, setiembre, i octubre, a causa 
tempestades i de las lluvias espantosas ; ni en los de 
i febrero, en razón de los furiosos vientos del N.E. i 
EJN.IL, que se designan con el nombre de papagayo*. 
Semejantes dificultades durante cinco meses del año, 
na grande ostáculo a la navegación ; i a ellas debe 
e la escesiva insalubridad del clima de Nicaragua, 
obligaba a relevar todos los años las guarniciones de los 
asertos de lo interior por estar a vezes reducidas a la mitad, i 
ene desanimaría mucho para fijar establecimientos allí.* 

* V. el articulo Nicaragua en el Edtnburgh Gasettecr. 



Aititanco i *jfcri*rco. ItS 

e) Ilustrado, desaparecería semejante dmcultad como 
■s demás. Formaríase entonce* una ¿empaJüa pode» 
r los mdijenas de Gástemela i Yucatán acudirían a mi- 
et fuesen protejidos i pagados por en trabajo, 
tta el §r. Robinson que vi6 a unidlos- de aquellos ta«- 
i asistir a las procesiones o a misa, sin- mas vestidos 
pantalón o tal Tes ana simple faja en la cintura, mién- 
e sus lijos estaban del todo desnudos. Los frutos de 
tajo los absuerben sus tiranos driles, eclesiásticos i 
38. Pasan una vida miserable sumidos en el embra* 
oto i la apatía ; pero si se les abriese una carrera 

si fuesen protegidos en sus personas, i animados por 
jrio sufidente ; si estuvieran mejor aumentados i véa- 
se puede calcular racionalmente tpie se enoontrariaa 
dncuenta mil iadíjenas para semejante* trabajos, cuya 
on presentaría, por otra parte, a so mtetijencia un 
do útil. 

idea de cortar el istmo de Costa-Rica por un ostial 
de recibir los buques enteramente cargados, pertenece 
(mente a Bryan Edwatds, el célebre autor de labia- 
e las Indias Occidentales. Robinson leyó aora anos 
mica una memoria de aquel escritor, deque el gobierna 
debe haber tenido conocimiento* Edwards estaba tan 
icido de la importancia de este proyecto, i de la posi- 
l de su ejecución, que instaba del modo mas elocuente 
obierno para que se apodérate a viva fuerza del útmo de 
Ríen, ñ no pedia obtenerle por negociación. 
tesar de las razones de Robinson, i de la respetable 
lad que cita, debemos hacer observar que él mismo 
ne en que de las sesenta i cinco leguas que dista un 
i otro, hai mas de tres de terreno montuoso* ftabosnos 
omboldt que no se ha ejecutado ningún nivelamiento de 
r a otro ; i hasta que esta operación se baga con exac- 
ao se puede pronunciar nada acerca de la posibilidad 
istnúr un canal capaz de recibir enteramente cargados 
jues que están mar afuera. Si hai precisión de cavar 
is subterráneas, no puede tratarse de otra cosa que de 



ATLtérnco i íacífioo ¿ US 

fodgioua al hermoso río Goaeacuako, di cual paedé 
• mayores boques hasta el paraje en donde «na par* 
¿oce a catorce leguas ane las aguas navegables del 
a i del Tehaantepec. Aun cuando no se abriese un 
navegación para reunidos, bastaría un buen camino 
er allí un comercio inmenso ; por que el Tehuantepec 
•eos, que calan veinte pies.* 
tiempo hace que los hombres ilustrados de aquel 
ibian penetrado de las inmensas ventajas del comer- 
mar a otro por el Guasacualco, i de las que traería 
ir al puerto de Veracruz el de la embocadura de 
En 1746 algunos hijos de Oajaca presentaron al 
Méjico una memoria, en que se desenvuelve com- 
be el proyecto. Mientras permaneció Robinson, 
a que fué por 1816, tuvo noticia de esta memoria, i 
kqmríó conocimientos positivos sobre los recursos de 
¡ro que ofrece esta. parte de Nueva España, así 
iel clima i del suelo, como de su situación jeográ» 
itas particularidades interesan vivamente a todos 
sflexionan sobre los progresos de la industria humana; 
ir otro gobierno que el de España, cual era enton- 
ta tomado en su mas seria consideración aquellas 

ndencia de Oajaca tiene cerca de ciento veinte i 
uaa de largo, i noventa de ancho ; i comprende la 
rte del istmo de Tehuantepec. Según el censo de 
itenia 600,000 habitantes, repartidos en ochocientas 
pueblos. Robinson ha visitado muchos de estos, 
iban de seis a siete mil habitantes. La ciudad de 
Antequera tiene treinta i ocho mil ; i es a lo menos 
[éjico, en la belleza de los edificios i la regularidad 
lies. Ninguna parte del continente americano es 
para habitada ; i parece que las costas del océano 
que pertenecen a esta provincia, participan de su 
d, t se distinguen a este respecto de las costas bajas 
mar. 

que habita las orillas del. Tehuantepec, a 



128 ATLÁNTICO I PACÍFICO. 

i en esta provincia se han encontrado masas de oro nativa .¿ 
mas gruesas que en todo el resto de Nueva España. La * 
plata nativa se ve frecuentemente en los distritos montuosos; 
pero apenas se ha prestado hasta aora atención a esto»"!) 
Parece que aquel país es a lo menos tan rico en metales pro- *j 
ciosos como cualquier otro de América : también se encuen* 1] 
tra en él hierro i cobre. Existe actualmente en el pueblo de *j 
Yanhuitlan una masa de metal que sirve como de yunque a ' 
los herradores ; i se ha intentado infructuosamente fundir esta 
masa que los naturales creen ser de platina, i que se halló ea » \ 
la cima de una colina inmediata.* ! 

Esta descripción de los recursos de fertilidad, salubridad i 
población de aquella hermosa provincia, da motivo de creer 
que es sumamente fácil establecer por ella una gran ruta de 
comercio para reunir las aguas que vierten en ambos mares» i 
aun quizá para abrir un canal por el que pudiesen pasar buques , 
mayores ; mas este último objeto supone una nivelación previa. 

Humboldt nos ha instruido de que existe en la provincia ,. 
del Chocó una comunicación artificial, nombrada la Quebrmdé , 
de la Raspadura, que une el nacimiento del río Atrato (que . 
desagua en el Golfo de Méjico) con el del rio San Juan (que 
desemboca en el otro mar). El cura de Novita efectuó 
esta comunicación en 1788, auxiliado de los indíjenas de su 
parroquia. 

Mas de dos siglos ha que el gobierno español estaba infor- 
mado de la posibilidad de comunicar de un mar a otro, en la 
estación lluviosa, por la quebrada de la Raspadura, sin ne- 
cesidad de trabajo alguno ; mas habia prohibido so pena da 
muerte, que se hiciese la menor tentativa para que aquel 
paso se pusiese mas cómodamente navegable, i aun para que 
se comerciase por aquella via. El cura alegó ignorancia ; 
pero le costó mucho obtener el perdón ; i se prohibió bajo 



* £1 r. Robiiuioii vacila en dar fe a la existencia de mía masa tan grande 
/* _ itiva ; mas este hedióse halla atestigoado en un manuscrito que le 

tados j£ralüjUta Bnstamante, quien estuvo emplrado en la escuela de ramas 
la fák 



PALMA DE LA CIRA. 199 



«p«M *¿aa se sudóse nao de acjuel canal, ostruido 
sor la vejetacioa. 

■abásate, se encuentran ea la misma provincia grandes 
dadas para reunir las aguas del Atrato, por el río Napi que 
gaa en él, con la bahía de Cupica, en la costa del mar del 
£1 Sr. Humboldt nos comunica que un terreno llano i 
pósito para la escavacion de un canal separa la bahía de 
fia del lagar en donde comienza a ser navegable el río 
, i que no hai mas distancia que unas cinco o seis leguas 
tas.— G. R. 



XI.— Faustas americanas.* 

• 

B palmas constituyen una familia de plantas que crecen 
i mayor parte entre los trópicos, i son de grande impor- 
I para los habitantes de aquellas rejiones, a quienes su- 
traa alimento, vestido, habitación i muchas otras como- 
es, casi sin trabajo alguno. Ocupan, pues, las palmas 
ie los primeros lugares entre las producciones vejetales; 
lesgraciadamente forman uno de los órdenes menos ec- 
os, ya porque es difícil a los viajeros hallarlas a un mis* 
ñopo en flor i en fruto, ya por su altura que hace incó- 
s las observaciones. Nosotros dedicaremos una atención 
alar a esta bella familia. Nos proponemos desde luego 
ar en nuestro periódico lo mas notable que acerca de las 
is americanas podamos recojer en las obras de los bota* 
i viajeros ; i suplicamos a nuestros compatriotas (entre i 

es cuenta muchos apasionados el estudio de las plantas) 
os proporcionen añadir a ello sus observaciones. En 
utlculo, después de dar una idea jeneral de la familia, 
untaremos al eeroxy Ion andícola, o palma de la cera, que 
a da las mas hermosas e interesantes, 
tallo o tronco de las palmas (que los botánicos llaman 

i priaerm parte de cite articulo ea del nuevo diccionario de historia os» 
?ari» 1816-19) ; io concerniente al eefsylom te dése a loa ilaetna vls- 
amboklt i Boopland. (Planta étpántct.) 

K 

I 






180 PALMA DK LA CBJtA. 

cttudex ) es simple ; le cubro ene cortes*, compuesta d* 
mas, formadas por la base de las hojas que caen t i 
menta de grueso, como el de los otros árboles, pos la 
posición de capas anuales. Cada hoja es formada por 
prolongación de las fibras leñosas i de la sastancia oeMaf* 
tallo, como es fácil verlo, aun después que eae la hoja, 
parte del peciolo que queda. Por consiguiente, lo eje* 
hace crecer son las hojas que da a luz anualmente. 
estas salen del centro, empujan las hojas precedente» as*»*- 3 
fuera ; de aquí resulta ser mas compacta la sustancia del tast*^ 
acia la circunferencia. Su densidad se aumenta hasta em) s* 
llega el caso de no poder ceder mas al empuje de las parta* V 
internas. Llegado a este punto cesa de engrosar. (Daubenton.) pt 

£1 tallo de una palma no es igualmente grueso en toda sn j*- 
lonjitud; las desigualdades nacen del mas o menos alimento \a 
que recibe el vejetal. Trasplántese, por ejemplo, una palma 'ia 
joven de un suelo árido a otro fértil ; las fibras del nuevo ce> « 
gollo serán mas jugosas i rollizas que las anteriores, i el talla ; 
engrosará en esta parte, mientras lo restante conservará el va- ) A 
lumen que tenia. Si por un accidente contrario se disminuya \- 
el vigor de la vejetacion, los nuevos cogollos serán mas del* * 
gados i endebles que los antiguos. La corteza de las palmas ^ 
es diferentísima de la de los otros árboles, porque no es mas \ 
que una espansion de las fibras de la base de los peciolos, qne 
estendiéndose a derecha e izquierda, forman otras tantas redes, . 
cuyas mallas varían de dimensiones i figura en cada especia. : 
Estas redes son imbricadas, es decir, que se comjan unas a 
otras, como las tejas ; no adhieren entre sí ; i cada cual se 
compone de tres láminas distintas. Las fibras no están en- 
tretejidas, mas se unen por filamentos capilares, que van da 
unas a otras. Finalmente esta cobija del tallo se destruye 
con el tiempo, de manera que no se debe mirar como une ver- 
dadera corteza. (Desfon tainas.) 

Las hojas de las palmas, que algunos botánicos llamea 
/rondes, i el vulgo ramas, son o palmadas o pinnadas, estaos, 
o las hojuelas están reunidas a la extremidad del peciolo co- 
mún, como los dedos de la mano» o dispuestas a na leda i oteo 



PALMA DE LA CERA. 131 

^°% éstseriolo, como las barbillas de una pluma. £1 número 

* sar ■* 

ssjsojis « constante en cada individuo, por que las nue- 
•» dtttnoMan a medida que las viejas se secan i caen, 
aojeeití suelen estar dobladas en toda su lonjitud, i sus 
son lonjitudinales, como en la mayor parte de las 
monoootiledones. 
JE» rigor, las palmas carecen de tallo ; la parte a que se da 
nombre, i que se eleva a veze9 a mas de 100 o 160 pies, 
tf ana prolongación del cuello de la raíz ; de' que se sigue 
oss san hojas son verdaderamente radicales. De aquí lo 
ampia de este pretendido tallo, que rarísima vez brazea, i 
■a na desde que le cortan el penacho de hojas que lo termina. 
Las lores son por lo común pequeñas, amarillentas o ver- 
, i sa conjunto, sostenido por un pedúnculo común en 
de panoja o racimo, se llama espadiz en botánica. Los 
aaauÜaes nacen de los sobacos de las hojas, i antes de la in- 
están envueltos en espatas coriáceas de una o dos 
Ademas de la espata universal, suele haber otras 
ftrciales, que envuelven separadamente las divisiones o ra- 
aos principales de un espadiz. Las flores son dioicas o mo- 
en este último caso, las de uno i otro sexo están re- 
ea un mismo espadiz, o separadas en espadizes distintos. 
la las flores de cada sexo se observan los rudimentos del 
sexo que falta, lo cual muestra que las palmas solo son mo- 
o dioicas por el aborto de ciertos órganos. Los espa- 
nta rh na tienen rarísima ves florea hembras ; los espa- 
kanbras, al contrario, rematan frecuentemente en flores 
; en los que tienen flores de ambos sexos, las fe- 
ocapan de ordinario la parte inferior. 
St polea (del dátil) contiene, segaa Foarcroy, gran cantidad 
toMdo-flnflieo; fosfates de cal i magnesia; materia animal, 
faaV precipitada per-la infusión de agallas, presenta las propie- 
asslesf de la jelatma ; i una sustancia pulverulenta, cubierta 
par las antecedentes, insoluole en el agua, susceptible de con- 
vertirse en na jabón sjntofrfacsJ por la putrefacción, i en una 
ft fl ae v» , a»tttog»>al glúteo e alborno» seco. 
Lea carácter** jenerale* de k ffoetifieaeiosJ pueden espre- 

k 2 





1» PUMA DB U CCU9 

sane así: calis fmntwto de una o tres piezas ; corola (< ■ " V 
Jtts*ieu considera godm u cáliz interno) ya monopítala ■* 
trae di F Ü afl—l^y *dpé»iÍI : estambres de ordinario seie. r " " 
surto* a lltanü b» diría* , de la corola ; polen L-otnpuo**- ' 
to da graaitee aroidos amarillentos trasparentes; estilo** 
uno o trea ; estigma simple, o trífido ; ovario a vezes único, • 
meando triple-, de una o trea celdas, dos de las cuales frecuen- 
temente abottea ; baya o di i . de una o tres semillas hut> 
aoaai, cayo omhiineieo pequeñísimo, i una» veaea está ala 
base, otras a os lado, otras en la parte superior de un perit- - 
penao graade, al principio blando, luego sólido, el cual en 
cierra un licor agradable al gusto. £1 hueso suele tener dos< ■ 
o tres candados o agajerillos por donde jermiua el embrión. 

Divídanse ka palawa a* cuatro secciones : 1. las de florea i 
bermafroditae j i. laa da- flores polígamas; 3. las de flores •, 
monoica*, nae a* en comparación la mas numerosa ; i 4. la* - 
. da florea draiea*. Bl itrorylon pertenece a la segunda 



Ctroit/lon. 

, Linn. Palma, Jussieu. 
Carácter jenérioo. 
Hábito : tallo sioipte, hojas pinnadas, espadiz en panoia. 
Inflorecenoia : las espetas tupi ¡rioi es contienen llores masou- 

linas i hennarroditaa; las inferiores, femeninas. 
Florea : cali* dobla, al eáterior peqaeño, tritido, el interior 
mucho ana grande da tres piezas petaloides, agudas : «s- 
tambraa m bu florea femeninas ningunos ; en las otras 13 a 
14, insertos ea al abado del cáliz interior, con filamento* 
: pistilo, en las floras masca- 
; en las otras estilo ninguno, 
; ;ol owio, imperfecto eu las flores herinal'ro- 
apnsa a drupa unilocular, con núes 
m perforada, i embrión sublateral- 

{*.- Ceroxylon andícola. 
Palma, altadme, inerme, tallo incrustado de cera esteriormenU 
end trocida, la m> mferior de las hojuelas cubiertas d 




PALMA DB LA GUA. 138 

ÜltrjssJedo, 1» Mperíor lisa i verde, espeta de «mi 
intüs ramosísimo. 

imt de la cera (dice Mr. Bonpland en una memoria 
t primera clase del Instituto el 14 brumario año la) 
* notable por haber estado desconocida hasta aora, 
m localidad, la altura a que se eleva su copa en los 
producto singular que ofrece, i los usos a que puede 
Eete producto, que ha dado motivo a su nombre 
i también lo que nos ha hecho llamarle ccroxylon, de 
, i tylon, leño. 

itaña de Quindiu, en que crece esta palma, forma 
lite empinada de los Andes, que separa los valles del 
la i del Cauca, i que situada a los 4 o 36' de lat 

compone de granito i de eschisto micáceo, que sos- 
unas formaciones aisladas de rocas trapeas. Entre 
en nevadas de Tolima, San Juan i Quindiu, es donde 
rincipalmente el ccroxylon ; lugares silvestres i es» 

a que no llegaron las investigaciones del 



meion de esta palma sobre el nivel del mar presenta 
raña de las plantas un curioso fenómeno ; porque 
. las palmas no crecen, entre los trópicos, sino hasta 
m, o 600 toesas, de altura, manteniéndose a consi- 
Üstaacia del limite de las nieves eternas; pero la 
la cera forma una bien rara escepcion de esta leí de' 
eza, pues esquivando las llanuras i tierras bajas, am- 
ostrarse a la altura de 1750 metros, o 900 toesas, 
tal a la de la cumbre del Puy de Dome, o a la del 
Monte Ceñís. Parece, pues, que no conjenia con 
diente temperatura de los llanos ecuatoriales. 8u 
rior es mas alto que el de la quina, pues muchas as- 
esta descienden hasta 800 metros, i ocupan una laja 
i 600 toesas de altura. Hemos observado que el 
crece abundantemente hasta 1450 toesas sobre el 
mar, distando por consiguiente solo 400 toesas de 
¡ion, en que el suelo se cubre algunas vezes de nieve, 
isto individuos hasta los 17° del termómetro centí« 



184 PALMA DE LA OBRA. 

grado» i el término medio de la temperatura en que Téjela f 
rece ser a lo sumo de 19 a 20°, 17° menos que la temperan 
de que necesitan las otras palmas. No es, pues, imposible^ 
este precioso vejetal se diese en lo mas austral da BaBUJ 
donde el termómetro rara vez baja al punto de la c nnjnl esii 
i crece abundantemente la palma del dátil. -* 

Al modo que la mirística * en Asia» el tarypcmr MRjaaJ 
/tft«mt i la dioncea tnusctpulal en América aolo ocupa» f 
quenas porciones del globo, la naturaleza parece habej dial 
nado al ceroxylon un terreno que no pasa -de veinte legal 
Hemos recorrido por tres años la cordillera de los 
no hemos hallado ni un solo pié de esta palma en el 
austral, a pesar de haber dirijido nuestras indagaciones a f 
rajes igualmente elevados. Los indios solo la conocen, 
de las Guaduas (población al sur de Bogotá) i en la 
de Quindiu, entre los 4 o i 6 o de lat. bor., no oslante que 
porte i su utilidad llaman la atención del vulgo. 

Lleva drupas de media pulgada de diámetro, i que al sí 
durar purpurean ; que es cuando la corteza toma un sabor 
jeramente azucarado, de que gustan mucho los pájaros i 
ardillas. La almendra o meollo que es durísimo, tiene 
trasparencia del cuerno, i encierra el embrión en una peque 
cavidad lateral acia la base. Cúbrenla dos cortezas, la i 
color de moho, crasa, venosa, que se desprende por sí min 
la otra mucho mas adherente, de color acanelado, sutilfaii 

Entre la multitud de palmas que hemos observado dura 
cinco años de residencia en América, ninguna ciertamente 
cede en la estatura al ceroxylon andícola, que carga su mee 

* Jé ñero de arboles que comprende al de la nuez moscada, propio di 
Mol neos. 

t Grande árbol de la Guayana holandesa que da una gruesa nuea con cu 
almendras buenas de comer, cuyo aceiie se cstrae para usos domésticos, 
es la almendra del Orinoco (Bertholletia excelsa). 

X ¿ Quién no tiene noticia de este curiosísimo vejetal, cujas flores dotada 
una roarabillosa irritabilidad prenden al insecto que las pica ? Encuénl 
solo en un cantón de la Carolina de pecas leguas cuadradas, cerca de la cti 
de Wilmiagtoo. 



PALMA DE LA CERA. 136 

st hojas a 100 i aun 180 pies de altura, cada una de las cuales 

de 6 a 7 metros de largo. Es por consiguiente uno de 

ráj et eles mas ajígantados que se conocen. Plkrio refiere 

en el anfiteatro de Nerón había entre otras una biga de 

de 190 píes de largo ; i Mr. Labillardiére en su viaje en 

de La Peyrouu habla de enormes eucaliptos * que ob- 

en el cabo de Diémen, i de que los mas corpulentos 

llegaban a 160 pies ; nuestra palma se levanta dies 

mas (doce Taras). 

TSÚzes son fibrosas, i de ellas el nabo o raíz principal 
as smaa rollizo qne el tronco mismo de la palma ; este es 
abo mba do en el medio, perpendicular ; su diámetro, poco mas 
o menos, de cuatro decímetros. JEn toda su lonjitud presenta 
•aillos formados por la caída de las hojas, i los espacios in- 
termedios, amarillos i lisos, están barnizados de una mistura 
de resina i cera, que hace una capa de 5 a 6 milímetros de es- 
pesor (áj a 3 líneas). Los naturales tienen esta sustancia por 
para, i la funden con una tercera parte de sebo para ha- 
cirios i bujías, cuyo uso es tan agradable como vario. 
Resalta de la análisis hecha por el Sr. Vauquelin, que este pro* 
iaeto> inflamable se compone de £ de resina, i ¿ de una sus* 
su cia que se precipita por sí misma del alcool i tiene todas 
lis propiedades químicas de la cora : es, sin embargo, mas vi- 
ariosa qne la cera de abejas. 

No es la cera nn producto vejetal nuevo ; los frutos de' la 
marica cerífera t la ofrecen en gran copia, utilizada por los 
habitantes de varías partes de América, como Mompox, 
Bogotá, Popayan, i otras. Pero nuestra palma es aun mas 
abundante de cera. Su altura la hace también preferible a 
otras palmas para la construcción de canoas, acueductos, &c. 

* Hmcalyptut, árbol de la ícosandria mouojinia, i de la familia de las rair- 
toidn, en que el cal.s de la flor tiene la singularísima propiedad di- llevar una 
tapa o sombrareis, que en el estado perfecto de la flor se desprende i cae. Hai 
sus de veinte especies, todas de la Nueva Holanda. 

t Arb.il de la duteia tetrandria, i del orden natural de la* amentáceas ; cu jos 
frutos eat&n cubiertos de una cerilla harinosa. De esta se hacen bujías, que ar- 
dan con vn olor agradable, pero dan una lus verde i triste. 



HIMALAYA. 137 

Ytyea de Asia, i de la eague genuino* dé las Molucaa, 
otras palmas ofrecen jugos azucarados, propios a la 
>n riñosa ; pero este azúcar no se elabora abun- 
de, sino al desenvolverse el espadiz, como si la 
lo destinase al alimento de las flores, i a la pro* 
del polen. En la palma que acabo de describir, 
la masa acidificable se dirije a lo esterior del tronco, i 
parece hacer las vezes de la epidermis; siendo digno 
r, que los anillos formados por la caida de las hojas 
trasudan materia inflamable; verdaderas cicatrizes, en 
It organización se ha destruido, i en que está a descu- 
el carbono, separado del hidrójeno, por el contacto 
\M ozíjeno atmosférico. Asi produce la naturaleza en una 
ifuulia de vejetales, i en órganos cuya estructura parece 
lera uniforme, los resultados mas heterojéneos, como 
gastase de cambiar al infinito las combinaciones, i los 
isjnegos de las afinidades. — A. B. 



XII.— Cor dillera de Himalaya. 

¿ PüB vía de comparación con el articulo en que dejamos 
la cordillera de los Andes, vamos a dar un corto 
de lo que en estos últimos años han comunicado a la 
varios viajeros ingleses sobre los montes de Hima- 

jeja* que ocupan el centro del Asia. La novedad de estas 



m* 



saga e» una parta vejetal i alimenticia, algo insípida» pero que guisada 
• modos, como el arroc o los fideos, forma agradables manjares. 
jéoero de plantas de la dioeeia polyandria, que es en el método nalu- 



aislado, aunque no deja de presentar ciertas relaciones con los 



I con las palmas. Aquí se habla de la cyeat revoluta, cuya medula 
osea flagélente sagú a los japoneses. 

.Asga* palma monoica de hojas pinnadas. La especie de qne se habla aquí 
fl)ena de la* mas interesantes de todas las palmas. Las incisiones del tronco 
qne fermenta, i sirre de vino ; el tronco i hojas se aplican a la 
de las casas; de las hojas se hacen esteras, cuerdas, i otros artí- 
i «le utilidad doméstica ; i la medula da el verdadero sagú, que se consume 
Batía, las Molucas i otras partes de Asia, i de que los holan- 
traen grandes cantidades a Europa. 



PALMA DE LA CKRA, 

i madera durísima merece igual preferencia en la construccfqfc 

; edificios ; i la hilaza que cuelga de la base de sus pecioJ|M¿ 

) es tal vez de peor calidad que la subministrada por Igj 

enga sacarífera * de las Molucas, o por la palma ckifwL 

iiqui,f que crece en el alto Orinoco, río Negro, rio de hk 

.mazónos, i el Para. ■ 

■■■W 
Prouet ha anunciado que aquel polvo blanquecino, i mp sjf | ] 

eptible a la vista, que da a las ciruelas su bello color, no m¿ 

tra cosa que cera : el polvillo que da a las hojas de nuestro* 

Láveles su color pálido, lo es también ; i sin duda la eneas- 

aremos mas a menudo en el reino vejetal, a medida qaJL 

aya penetrando en él la antorcha de la química, que ensas& 

ha los limites de todas las ciencias.! . 

b 
La sustancia eminentemente inflamable, que cubre coas. 

n bruñido barniz todo el tronco del ccroxylon, es producto 

le un jugo vejetal tan insípido i acuoso como el que sf 

sprime de la madera del coco. En ciertas palmas los jugoi 

laborados se encaminan acia los frutos, i estos dan azúcar 

mulsiones semejantes a la leche de almendras; en otrai 

orno el pirijao§ del Orinoco, los frutos están engastados ei 

na materia harinosa, semejante a la de la yuca o las papas 

tras, como el coco, i sobre todo el cocos butyracea, prod 

antidad de aceite. La palma moriche,|| a que se itftyi 

os indios guaraunos en las inundaciones del Orinoco, ha 

iendo enramadas o puentes de comunicación de unas a otni 

ncierra en su tallo una fécula, tan nutritiva como el sagú d 



* Palma monoica de hojas palmadas, de enyo espadis se saca un licor, qo 
or medio de la simple evaporación da un azúcar del color i consistencia cV 
hocolate fresco. 

t No te sabe a qné jénero pertenece, o si forma j enero nuevo, por do hi 
ene observado la fructificación. 

X El Sr. Correa roe ha comunicado una carta de la correspondencia d 
ussieu, en que se habla de una palma del Brasil, de cuyas hojas se saca oen 
«os naturales la llaman carnauba, i es de hojas palmadas (Bonpland). 

$ Parece formar un jénero nuevo, aunque imperfectamente conocido. 

H Mauritía, otra palma imperfectamente conocida que crece en los bosqw 
e la Guayana. 



HIMALAYA. 13t 

i de Asia, i de la stigu$ genuino? dé las Molucaa, 
otras palmas ofrecen jugos azucarados, propios a la 
ación Tinosa ; pero este azúcar no se elabora abun- 
*nte, sino al desenvolverse el espadiz, como si la 
iza lo destinase al alimento de las flores, i a la pro- 
del polen. En la palma que acabo de describir, 
masa acidificable se diríje a lo esterior del tronco, i 
parece hacer las rezes de la epidermis ; siendo digno 
r, que los anillos formados por la caída de las hojas 
adán materia inflamable; verdaderas cicatrizes, en 
organización se ha destruido, i en que está a descu- 
tl carbono, separado del hidrójeno, por el contacto 
eno atmosférico. Así produce la naturaleza en una 
iQia de vejetales, i en órganos cuya estructura parece 
mera uniforme, los resultados mas heterojéneos, como 
ise de cambiar al infinito las combinaciones, i los 
sos juegos de las afinidades. — A. B. 



'Sll.^' Cordillera de Himalaya. 

Tía de comparación con el articulo en que dejamos 
lavda la cordillera de los Andes, vamos a dar un corto 
i de lo que en estos últimos años han comunicado a la 
vanos viajeros ingleses sobre los montes de Hima- 
«e ocupan el centro del Asia. La novedad de estas 

ig 6 es ana parta vejetal ¡ alimenticia, algo insípida, pero que guisada 
modos, como el arroz o los fideos, forma agradables manjares. 
jénero de plantas de la dioecia poliandria, que es en el método nalu- 
wro aislado, aunque no deja de presentar ciertas relaciones con los 
I con las palmas. Aqui se habla de la cycai revoluta, cuva medula 
dente sagú a los japoneses. 

palma monoica de hojas pinnadas. La especie de que se habla sqoí 
i las mas interesantes de todas las palmas. Las incisiones del tronco 
cor que fermenta, i sirve de vino ; el tronco i hojas se aplican a la 
ion de las casas ; de las hojas se hacen esteras, cuerdas, i otros artf- 
otflidad doméstica ; i la medula da el verdadero sagú, que se consame 
fan, Sumatra, las Molucas i otras partes de Asia, i de que los holan- 
igleses traen grandes cantidades a Europa. 



140 HIMALAYA. 

clima, i subiendo a diferentes alturas» lea ea fácil pasar 44» 
temperamento de Bengala al de Rusia. . - 

En la magnificencia de los templos compite Nepal coa la¿ 
mas rico i populoso de la cristiandad. Hai uno sobre toda* 
cerca de Lelit-Pattan, suntuosísimo. £1 pavimento del atnQ¿ 
es de mármol azul entreverado de flores de bronce ; i Ioq, 
perfiles de las cópulas i techos están orlados de campanilla*!, 
que ajitadas del menor soplo de aire, retiñen agradablemente. 
La relijion de los habitantes es de dos especies; sin que por. 
esto dejen de vivir en paz. Los sectarios de Brahma i da/ 
Buddh disfrutan de sus fiestas i ceremonias sin ofenderse ai,, 
molestarse recíprocamente. £1 raya i la corte asisten a las , 
funciones relijiosas de unos i otros por turnos. Es raro el 
día que no hai fiesta. Algunas vezes sacan a los ídolos ea 
procesión, i los pasean por las calles al son de cánticos e 
instrumentos de música. Entonces todo es júbilo i regocijo. 
Las tres ciudades arriba nombradas eran las capitales de 
tres distritos, gobernados por otros tantos rayáes ; mas como 
hubiese desunión entre ellos, el vecino raya de Gorka invadió 
a Nepal, i sitió a Cirtipour, otra ciudad considerable, que 
después de la mas os tinada resistencia, se le rindió, so con- 
dición de una amnistía jeneral. Pero el raya, luego que 
estuvo apoderado de la ciudad, hizo pasar a cuchillo los 
principales habitantes, i cortar las narizes i labios de los 
demás, esceptuados solamente los niños de pecho ; i aña- 
diendo el escarnio a la crueldad, mandó mudar el nombre de 
Cirtipour en Naskatapur, que significa la ciudad de ios dct- 
ñangados. Las otras tres grandes ciudades se entregaron 
sucesivamente al raya de Gorka ; i sus nobles, después de 
habérseles prometido protección, fueron con la misma perfidia 
condenados a muerte, i sus cuerpos descuartizados. 

El valle produce espontáneamente la frambuesa, la fresa, 
la mora, la nuez, el durazno ; escelentes naranjas i guayavas; 
pifias medianas. Se cultiva principalmente el arroz, i a la 
cosecha de este fruto en noviembre, sigue la siembra de trigo 
o cebada, que se sirga en abril. El arroz ocupa las lomas 
i declive de las montañas casi hasta el límite de la conj elación, 



HIMALAYA. 141 

mq«e* de carrascas (qnerau Mea), i de cania lignea 
de una especie de canela inferior. Entre los ganados 
lile el yak o buei de Tartaria (bot grunniens), i la 
a» o cabra de Cachemira, que da el fino material de 
les. De las ovejas la raza mas grande hace el oficio 
ias de carga, i la mas pequeña produce una lana esti- 

» necesario decir que los nepaleses viren bajo la misma 
i de gobierno que los demás asiáticos, el despotismo, 
tramadamente supersticiosos. Hai en este reino, dice 
ero, casi tantos templos como casas, i tantos ídolos 
habitantes. Una de sus grandes festividades dura 
meses, i en ella es costumbre visitar los santuarios de 
os dioses, cuyo número se dice subir a 2733. Divídese 
on en dos razas ; los unos indúes, o indios propiamente 
, de las dos castas de bratnines i cshatriyas, esto es, 
>tes i nobles ; los otros newares, orijinarios de la 

que ejercen la labranza i las artes mecánicas. Estas 
cas son absolutamente distintas i separadas entre si, i 
ten, como es sabido, de diversísimos troncos ; porque 
aes son uno de los ramos de la gran familia caucásea, 
mprende con ellos a los persas, árabes, asirios, griegos, 
i todos los pueblos de Europa ; al paso que los chinos 
van de la estirpe mogólica, que ha poblado lo restante 
ia hasta el océano oriental. Los newares son indus- 

i robustos ; bien que en las tierras altas suelen adolecer 
sella especie de tumor de garganta, que es común en 
de montaña, i que en América llaman paperas o cotos. 
iza no usa la poligamia, como los chinos i los indios ; 
etica común es la poliandria ; una mujer tiene muchos 
»s. (Quarterly Review, No. X. Art 2.) 
ralle de Sirinagur, el primero de los arriba citados, ha 
ista ahora aun menos conocido que el de Nepal. Har- 

término de las posesiones inglesas por aquella parte, 
itio, donde el Gánjes, abriéndose camino por entre la 
inferior, que sirve como de peana al Himalaya, entra 
llanuras del Indostan. Este lugar tienen en gran vene- 



142 HIMALAYA. 

ración lo» iodoes, i cada afio por el mes de narco lo Tisis- 
grañ número de peregrinos de todas clases, edades i sexos* i ^ 
no solo de todas partes de la India, sino del- Penjab, Canbsl, J 
Cachemira, i la alta Tartaria ; con el doble objeto de hacst •* 
en él sus abluciones, i de vender sus mercaderías. De doct « 
en doce años hai allí una gran festividad, i una feria numero- .* 
sisima, en que el concurso suele ser de mas de dos millones id 
de almas. :i 

£1 capitán Webb, después de haber presenciado el afio de * 
1808 esta feria, entró en el valle de Sirinagur a esplorar las .i 
fuentes del Gánjes. Ya al través de hondas barrancas, ya ; 
por sendas angostas a la márjen de horrorosos despeñaderos, . 
unas vezes trepando riscos escarpados, otras dejándose des- . 
lizar por cuestas pendientes, él i sus compañeros, avanzando 
siempre al norte, llegaron por fin a una mesa, que dominaba 
a todos los montes vecinos, i desde donde gozaron una mui 
bella i grandiosa perspectiva, alcanzando a ver de siete a ocho 
cordilleras distintas i paralelas, cada vez mas altas, hasta 
terminar en el Himalaya, o cordillera nevada. La dirección 
de todas ellas parecía ser del N.O. al S.E. 

£1 Sr. Webb bajó luego al Bhagiratti, uno de los principales 
rios que forman el Gánjes, i cuyas dos orillas ofrecen un 
contraste notable, pues por una parte está flanqueado de 
ásperos i pelados montes, con un pino acá i allá, i por otra 
de campiñas amenas, que acuden con abundantes cosechas 
de trigo, cebada i arroz. Dos maneras de puentes se usan 
para pasar este i otros rios de las serranías del Asia central, 
el san g ha, que se reduce a uno o dos pinos atravesados, i el 
jhula, hecho de maromas. £1 pasajero, que, meciéndose en 
ellas, se ve algunas vezes a la altura de 30 o 40 pies en el 
aire, i oye bramar debajo de sí el raudal, esperimenta ona 
sensación de algo mas que desvanecimiento. 

Aunque el Bhagiratti es considerado como la rama primi- 
tiva del Gánjes, el Alacunanda que se une con él bajo Siri- 
nagur, es en realidad mucho mayor, midiendo cerca de la 
confluencia 152 pies ingleses de ancho. Un poco mas abajo, 
la anchura ordinaria del Gánjes es de 240 pies. £1 Bhagñr- 




HIMALAYA. 143 

miro oaa tapida* i estrépito, espumajeando entre rocas ; 

al plácida Alaeenanda al contraria se desliza- coa sosegada i 

friatslina corriente. Costeando este segundo, se dirijió nues- 

sjd espkrrador a Bhadrinat, i de allí continuando acia el norte, 

por sendas difíciles entre pióos eternamente nevados, llegó 

donde el Alacunaada, reducido ya a 18 pies de anchura, 

le entre montes de acumulada nieve, a veinte millas 

de distancia de la base del Himalaya. No lejos de allí está 

sm ciadad de Manan, habitada de una raza al parecer tártara. 

Otro viajero inglés, Moorcroft, penetró mucho mas ade- 

sigoiendo el hilo del Dauli, una de las vertientes tribu- 

det Alacunanda, la cual tiene su oríjen en el centro 

10 de la gran cordillera. Cerca de las montañas nevadas, 

grandes selvas de dos especies de pino (dcoá*r t i longi- 

fmimj 9 encinas, nogales, castaños de indias (ccmcuIus hippo- 

)) ; i entre los arbustos i plantas menores, es digna 

BMticia una parecida al brusco (ruscus acuhatui), de que 

indios hacen papel. Moorcroft pasó sucesivamente por 

aldea de Niti, cerca de una cumbre, que el ó de Junio 

iba cubierta de nieve ; por la confluencia del Hiwangal 

«1 Dauli, último término de la vejetacion ; i por el paso 

9hi-Ghati, en estremo escarpado i difícil, pero que Moor- 

i su compañero el capitán Hearsay pudieron superar 

liados en yates o bueyes de Tartaria. Este iuteresante 

del Himalaya fué entonces por la primera vea hollado 

da pies earopeos. £1 descenso de allí a la gran mesa del 

Tibe! a que el Himalaya sirve como de parapeto, no es fra> 

i pendiente como el de la parte del sur, sino por el oon- 

svave i gradual. La primera llanura que se presenta, 

amurallada al norte por otra cadena de montañas, llama* 

da la siena de Caulas ; i acia la estremidad S.E. de esta 

Dañara están los dos lagos de Rawan-Hrad i Manasarowax. 

Los habitantes se llaman mndés; profesan la relyion del gran 

Lasná ; i son por la mayor parte pastores. Prosperan allí, 

■acatante lo rigoroso del clima, los yakes i ovejas, i ade- 

da hi cabra* comunes, las que subministran la preciada 

de loa chales. Ademas se encuentran a cada paso ban- 



4 J- - 



144 HIMALAYA. 

dadas de caballos i burros, que riven en el estado de natura- 
leza i no han conocido jamas el dominio del hombre. La. 
oveja tiene un luengo i tupido vellón ; la cabra i la baca 
llevan a la raiz del pelo una especie de lanilla finísima ; a la 
liebre, al perro mismo ha dado allí la naturaleza una cobija 
interior lanujinosa, ademas de la ordinaria de pelo. 

Daba es una ciudad a 16 millas al norte de Niti-Ghati, 
residencia del Lama, o sumo sacerdote, i del Wassr, 
o gobernador civil. Hai en ella c o lejíos, i conventos de 
frailes i monjas de la reí ij ion del gran Lama. Los 
frailes se llaman jelums, i ademas de sus ocnpacionai 
monásticas, hacen el contrabando. La relijion de Badán, 
del Lama, o de Fó (porque todas ellas son sectas de na 
mismo tronco) parece estar mas derramada sobre la tiena 
que el mahometismo, i aun el cristianismo, pues la hallamos 
desde el Caspio hasta el océano septentrional, i desde las 
orillas del Volga hasta el Japón. Los jelums del Himalaya, 
los jilungs del Tibet, i los gallungs de los calmucos que 
pastorean entre el Don i el Volga, se diferencian tan poco 
en su modo de vivir, i en sus usos, como en el nombre. £a 
esta relijion no hai cosa alguna que pueda elevar el alma, 
escitar las pasiones, o acalorar la fantasía. Las funciones 
sacerdotales son actos puramente mecánicos.' Un cilindro 
forrado de oraciones escritas, se mueve al rededor de un eje ; 
i el sacerdote dando vueltas a la cigüeña, se aorra el tra- 
bajo de pronunciarlas. De estos devocionarios de rotacioa 
hai en todo el Tibet, en la China, i entre los mogoles» cal- 
mucos, i kalkas. El gran Lama, que es el supremo pontí- 
fice de esta singular relijion, se puede decir que es el reposo 
personificado. 

Pasada la sierra de Caulas, hai otra mesa llamada Gher» 
tope, semejante en clima, producciones i habitantes a la de 
Daba. I numerables raudales alimentados por la nieve de 
las montañas, se unen en el valle o mesa de Ghertope, i 
componen un rio de considerable magnitud, que diryiéndose 
al N.O. pasa no lejos de Latuk, atraviesa el Hindoo-Cusa 
al oeste de Cachemira, toma entonces el nombre de Stfuio a 



H1MALAYA. 145 

héú, i es en realidad la rama principal de este gran río del 
Aún. (Qmtrterty Remew, No. XXXIV. Art. 5.) 

Debemos también noticias curiosas sobre estas rejiones a 
Jb. James Baillie Fraser, que en 1815 acompañó al ejército 
ngles mandado por el jeneral Martindale en una espedicion 
costra el raya de Gorka. Lo que hai de nuevo en su viaje 
(ps b ucado en Londres en 1820) se reñere particularmente a 
k comarca montuosa situada entre el Sutlej (el mas occiden- 
tal de loa cinco ríos que forman el Indo), i el Alacunanda. 
Ali, como en Nepal, prevalece en algunos distritos la eos- 
tabre de casarse una mujer con cuatro o cinco maridos a un 
tiempo, ordinariamente hermanos ; i el sobrante de aquel sexo 
se destina, según parece, a la esclavitud. Semejante práctica 
«jo podía menos de tener el mas pernicioso efecto sobre la 
viftad de las mujeres, que efectivamente están a disposición 
de todo el que quiera pagar sus favores, sin que las inquiete 
ni temor de la infamia, ni el de sus maridos, que se conten- 
tea con exijir de ellas una parte de la ganancia. 

£1 pico mas alto entre el Sutlej i el Jumna (gran rama 
•ccidental del Gánjes) es el Choor, a cuyas faldas hai pinares 
isrterminables, en que (según otras autoridades) se encuen- 
tran árboles de la mas corpulenta estatura, midiendo algunos 
■■■la*M pies de circunferencia en el tronco, i levantándose 
ignales i derechos a la altura de 180 pies ingleses. La fatiga 
de viajar por estas rejiones es escesiva, por lo quebrado de 
loa caminos, i lo pendiente de los cerros. Hai que pasar 
por una sucesión continua de áspera subida i precipitado 
, a elevaciones i profundidades que varían de dos a 
pies. Pero el monte mas alto al sur del Himalaya 
es el Moral-Ke-Kanda, que divide i separa las aguas del 
Indostan ; corriendo las que están a su costado oriental en 
demanda del Pabur i el Girree, que con el Touse i el Jumna 
se dirijen por el canal del Gánjes a la bahía de Bengala ; 
mientras las de la parte del poniente son acarreadas por el 
8 nÜej i el Indo al golfo Arábigo. Las cimas del Moral-Ke- 
Kanda mostraban acá i allá manchones de nieve a mediados 
ne jnnfo ; i sin embargo en sus cañadas i barrancas se daban 

I, 



144 HIMALAYA. 

dadas de caballos i burros, que Tiren en el estado 
lesa i no han conocido jamas el dominio del taoi 
oreja tiene un luengo i tapido vellón ; la cabra 
llevan a la raíz del pelo una especie de lanilla finli 
liebre, al perro mismo ha dado alli la naturales*, i 
interior lanujinosa, ademas de la ordinaria de pelo. 

Daba es una ciudad a 16 millas al norte de í 
residencia del Lama, o sumo sacerdote, i de 
o gobernador civil. Hai en ella colejios, i coni 
frailes i monjas de la re 1 i j ion del gran Lai 
frailes se llaman jtlunu, i ademas de sos oc 
monásticas, hacen el contrabando. La relijion d 
del Lama, o de Fó (porque todas ellas son sect 
mismo tronco) parece estar mas derramada sobre 
que el mahometismo, i aun el cristianismo, pues la 
desde el Caspio hasta el océano septentrional, i 
orillas del Volga hasta el Japón. Los jelums del J 
los jilungs del Tibet, i los gallungs de los calr 
pastorean entre el Don i el Volga, se diferencia 
en su modo de vivir, i en sus usos, como en el no 
esta relijion no hai cosa alguna que pueda ele 
escitar las pasiones, o acalorar la fantasía. L.- 
sacerdotales son actos puramente mecánicos, 
forrado de oraciones escritas, se mueve al reded< 
i el sacerdote dando vueltas a la cigüeña, se 
bajo de pronunciarlas. De estos devocionario! 
hui en todo el Tibet, en la China, i entre los 
mucos, i taitas. £1 gran Lama, que es el * 
tice de esta singular relijion, se puede < 
personificado. 

Pasada la sierra de Caí 
tope, semejante i 
Daba. 
I.i- montanas, 




144 HIMALAYA. 

dadas de caballos i burros, que viren en el estado d< 
leza i do han conocido jamas el dominio del homl 
oveja tiene nn luengo i tupido vellón ; la cabra i 
llevan a la raíz del pelo una especie de lanilla finisis 
liebre, al perro mismo ha dado allí la naturaleza un 
interior lannjinosa, ademas de la ordinaria de pelo. 

Daba es una ciudad a 16 millas al norte de Nil 
residencia del Lama, o sumo sacerdote, i del 
o gobernador civil. Hai en ella colejios, i con re 
frailes i monjas de la rebjion del gran Lamí 
frailes se llaman jtlunu, i ademas de sus ocu] 
monásticas, hacen el contrabando. La relijion de 
del Lama, o de F6 (porque todas ellas son sectai 
mismo tronco) parece estar mas derramada sobre I 
que el mahometismo, i aun el cristianismo, pues la b 
desde el Caspio hasta el océano septentrional, i d< 
orillas del Volga hasta el Japón. Los jelums del Hi 
los jilungs del Tibet, i los gallungs de los calmu 
pastorean entre el Don i el Volga, se diferencian 
en su modo de vivir, i en sus usos, como en el non 
esta relijion no hai cosa alguna que pueda eleva: 
oscilar las pasiones, o acalorar la fantasía. Las 
sacerdotales son actos puramente mecánicos.' U 
forrado de oraciones escritas, se mueve al rededor 
i el sacerdote dando vueltas a la cigüeña, se a 
bajo de pronunciarlas. De estos devocionarios < 
hai en todo el Tibet, en la China, i entre los m< 
mucos, i kalkas. £1 gran Lama, que es el sup 
fice de esta singular relijion, se puede decir q 
personificado. 

Pasada la sierra de Caii 
tope, semejante en clima, 
Daba. 




HIBfALAYA. 147 

i i rimfío contraste a la perspectiva de áridos cerros i des* 
los pefiascos, que por todas partes se ofrecen ala vista. 
B sagrado Jumnotree (morada de la diosa Jumna) está 
(pota paraje donde confluyen multitud de pequeños raudales, 
Hobre el cual se levanta el magnífico Bunderpouch, llamado 
Jamnavatari, cuyo pico estima el capitán Hodgson 
a 26,000 pies de altura. De allí se encaminó Fraser al 
tí, por los desfiladeros de las montañas, a vezes con 
incomodidad, ocasionada por lo raro i delgado de la 
fera, que afectaba de diverso modo a los de la partida, 
lo en unos dolor i opresión de pecho, en otros náusea, 
ta%raos un intenso dolor de cabeza, en muchos una inso- 
le pesadez i adormecimiento. Bhagiratti se considera 
el principal ramo del Gánjes. Fraser llegó a un paraje 
felsjaao de su fuente, donde está el santuario de Oangotree, 
pilas de rocas, amontonadas del modo mas irregular i 
La escena, dice Fraser, es digna de la mis- 
santidad que se le atribuye, i del respeto con que la 
an el pueblo. £1 caminante cree hallarse aquí entre los 
■eoaabros de un antiguo mundo ; la aspereza de la sierra 
acede a cuanto puede pensarse. Por todas partes se halla 
lajada la vista, menos acia el oriente, donde detras de una 
am de peinadas espiras, se levantan a lo lejos cuatro alta- 
cumbres, vestidas de nieve. Para llegar al santuario, 
atravesar un laberinto de disformes moles de 
>, desgajadas de los cerros, que alzan su oscura i ame- 
frente sobre el santuario mismo, i quizá algún 
la ee desplomarán también, i lo ocultarán bajo sus ruinas. 
b ftcfl hablar de páramos i riscos, de torrentes i precipicios. 
Rijo apenas es posible dar una idea cabal de la erizada i 
majestad de esta escena; de aquellos desolados 
lo* ; de aquella sensación inesplicable de respeto i pavor 
ame se apodera del espíritu al contemplar la muerta calma, el 
flejwio sepulcral que allí reina. En Gangotree el efecto del 
aajaaje es realzado por consideraciones que escitan senti- 
lacmtos profundos. Gangotree es el centro del descomunal 
B B— la y a , la mas alta, i quizá la mas fragosa i escarpada 

l 2 



cordillera de la tierra. Allí está el primer manantial de aq«J j 



toble río, que es a un tiempo objeto de adoración, i pni- 
cipio de la fertilidad i opulencia del Indoatan : allí está el 
mas venerado i famoso de los santuarios indura. (Quarteríg 
Revino, No. XLVII. Art. 4.) 

Las últimas noticias sobre esta interesante rejion se deben 
al capitán Hodgson, que la visitó otra vez en 1817, siguiendo 
el curso del Gánjes basta mucho mas allá de Gangotree, i 
hasta el lugar mismo en que su cabecera desaparece entre 
montes de nieve que jamas se derrite. 

Del álveo mismo del Bhagiratti, dice este oficial en ■■ 
diario (inserto en las Inveríigacionu niiáticas de Calcutta, 
tomo xiv. 1622), se levantan precipicios perpendiculares huta 
la altura de 1500 a 2000 pies. El paisaje es en estremo gran- 
dioso. En todo lo que he recorrido de estos montes no M 
visto jamas cosa alguna que pueda compararse con el horror, 
i por decirlo así, estra vagancia del sitio, en que el Bhagiratti 
mezcla sus aguas con su espumoso rival, el Jahni o Jahnavi. 
Despeñaderos del mas sólido granito forman los estrechos ca- 
nales de ambos ríos, cuya violenta corriente los ha socavado 
en algunas partes, de manera que las rucas se avanzan al aire, 
i se interponen entre el cielo i las aguas. Algunas de estas 
rocas se han desprendido i forman pilas enormes ; haj entre 
ellas fragmentos de 200 pies de diámetro. En algunas partes 
se levantan hasta 3000 pies de altura. El hijo de la nieve, el 
cedro orgulloso,* i otras de las mas grandes especies de pino. 
son los Únicos arboles que orlan de cuando en cuando la so- 
breceja de los precipicios. 

" Los avalancha de nieve i piedra, que 
(2¡> de muyo) i durante lo 
por sus efectos una pod» 
arrastran consigo bosqui 
■ asidlas. T¿ 

presenta 




HiMALAYA. 148 

" 36 de mayo. Durmiendo en Gangutree, despertamos a 

itnieotos del suelo, i vimos luego los efec- 

■ ' moto, i la peligrosa situación en que nos halla- 

maeati de roen, íiI^ti n:is de mas de 100 pies do 

mu probablemente en algún anterior terremoto se 

I ndídn de los riscos vecinos. La escena que nos 

mdetktn. iluminada por los rayos de la luna, era verdadera- 

I a, Al segundo choque del terremoto se des- 

rajaron i precipitaron en varias direcciones, por los despeña- 

urus abajo hasta la madre del rio, t'i aginen tos de rocas con 

spjntoso, que mi' es igualmente imposible des- 

i Después ríe haber cesado el estrépito ül re- 

li-dor de nosotros, seguimos oyendo el horrible sonido de 

■ * en oíros parajes distantes. El dia siguiente 

arimos la curiosidad de medir trigonométricamente la altura 

Cuyo pié hablamos dormido, i la hallamos ser de 

(745 p¡¿*. 

ledin del Gáujes en Gangotree es de 43 pies ; 

■ofundidad 18 pulgadas : su corriente, rápida." 

■' 29 de moví i Seguimos (¡injes arriba. La caida de 

t distantes era lo único que turbaba el silencio de 

■ desiertos. Segnn 1 1 barómetro estábamos a 11,HÍ0 pies 

r el mar. 

■ 3U de mayo. Atravesamos un vasto avalanche de nieve. 

ras la linea de vejetackm de los árboles. La res- 

e hace difícil, i la acompaña una sensaciou de náu- 

; lo atribuyen a las exalaciones de plantas 

uertededia; de noche hiela. £1 azul 

1 candor ile la nieve, i por [¡i 

i con un brillo que jamas pe- 

i rejioues inferiores. Su apareci- 

I detras de las cumbres nevadas pa- 

i paraje donde el Bhagiratti o 

inacapa de nieve coojelada de poco 

a nieve superior derretida con 

le el dia en forma de cascada. 



14ft HIMALAYA. ¡ 

cordillera de la tierra. Allí está el primer manantial de aquel j 
noble rio, que es a un tiempo objeto de adoración, i prin- ¡ 
cipio de la fertilidad i opulencia del Indos tan : allí está el j 
mas venerado i famoso de los santuarios indúes. (Quarterfy 1 
Review, No. XLVII. Art. 4.) !. 

Las ultimas noticias sobre esta interesante rejion se debes j. 
al capitán Hodgson, que la visitó otra vez en 1817, siguiendo ; 
el curso del Gánjes hasta mucho mas allá de Gangotree, i 
hasta el lugar mismo en que su cabezera desaparece entre ¡ 
montes de nieve que jamas se derrite. i 

Del álveo mismo del Bhagiratti, dice este oficial en n , 
diario (inserto en las Investigaciones asiáticas de Calcutta, . 
tomo xiv. 1822), se levantan precipicios perpendiculares hasta 
la altura de 1500 a 2000 pies. £1 paisaje es en estremo gran- 
dioso. En todo lo que he recorrido de estos montes no ht 
visto jamas cosa alguna que pueda compararse con el horror, 
i por decirlo así, estravagancia del sitio, en que el Bhagiratti 
mezcla sus aguas con su espumoso rival, el Jahni o Jahnavi. 
Despeñaderos del mas sólido granito forman los estrechos ca- 
nales de ambos rios, cuya violenta corriente los ha socavado 
en algunas partes, de manera que las rocas se avanzan al aire, 
i se interponen entre el cielo i las aguas. Algunas de estas 
rocas se han desprendido i forman pilas enormes ; hai entre 
ellas fragmentos de 200 pies de diámetro. En algunas partes 
se levantan hasta 3000 pies de altura. El hijo de la nieve, el 
cedro orgulloso,* i otras de las mas grandes especies de pino, 
son los únicos arboles que orlan de cuando en cuando la so- 
breceja de los precipicios. 

" Los a va lanches de nieve i piedra, que hemos pasado hoi 
(25 de mayo) i durante los tres dias anteriores, manifiestan 
por sus efectos una poderosa fuerza de destrucción, pues 
arrastran consigo bosques enteros, i despedazan los cedros en 
pequeñas astillas. Todos estos avalanches han caído en la 
presente estación, i en algunos lugares han cegado los to- 
rrentes i cañadas, opilándolos de rocas, árboles i niev* 

* ] Iodgson es de opinión que el nina 
esta cordillera, no es otro que *' 



HIMALAYA. 149 

" 26 de mayo. Durmiendo en Gangotree, despertamos a 
los t&í yenes i sacudimientos del suelo, i vimos luego los efec- 
tos de un terremoto, i la peligrosa -situación en que nos hallá- 
bamos» entre masas de roca, algunas de mas de 100 píes de 
diámetro, i que probablemente en algún anterior terremoto se 
habían desprendido de los riscos vecinos. La escena que nos 
rodeaba, iluminada por los rayos de la luna, era verdadera- 
■ente terrífica. Al segundo choque del terremoto se des- 
gajaron i precipitaron en varias direcciones, por los despeña- 
deros abajo hasta la madre del rio, fragmentos de rocas con 
m estruendo espantoso, que me es igualmente imposible des- 
cribir, i olvidar. Después de haber cesado el estrépito al re- 
dedor de nosotros, seguimos oyendo el horrible sonido de 
¡goales estragos en otros parajes distantes. £1 dia siguiente 
(■vinos la curiosidad de medir trigonométricamente la altura 
del pico a cuyo pié habíamos dormido, i la hallamos ser de 
3746 pies. 

" La anchura media del Gánjes en Gangotree es de 43 pies ; 
m profundidad 18 pulgadas ; su corriente, rápida." 

" 20 de mayo. Seguimos Gánjes arriba. La caida de 
avalanches distantes era lo único que turbaba el silencio de 
estos desiertos. Según el barómetro estábamos a 11,160 pies 
sobre el mar. 

" 80 de mayo. Atravesamos un vasto avalanche de nieve. 
Dejamos atrás la línea de vejetacion de los árboles. La res- 
piración se hace difícil, i la acompaña una sensación de náu- 
sea ; los serranos lo atribuyen a las exalaciones dé plantas 
venenosas. £1 sol es fuerte de dia ; de noche hiela. £1 azul 
torquí del cielo hace resaltar el candor de la nieve, i por la 
■oche las estrellas resplandecen con un brillo que jamas pe- 
metra a la atmósfera de las rejiones inferiores. Su apareci- 
■nento i desaparecimiento detras de las cumbres nevadas pa- 
ríbito." 

de. mayo. Llegaron a un paraje donde el Bhagiratti o 

*e do debajo de una capa de nieve conjelada de poco 

•te grueso. La nieve superior derretida con 

fia durante el dia en forma de cascada, 




ALTURAS DE MONTANAS. 



151 



mino medio entre tres series de observaciones hechas otra vez 
por el capitán BJake en la llanura de Gorakpur, es de 27,704 

pies sobre esta llanura, o 28,104 sobre el nivel del mar. Esta 
csincklencia con los anteriores resultados de Webb da motivo 
ftia creer, que la altura del Dhawalagiri, cuando haya podido 
notarse de mas cerca, se hallará no distar mucho de 28,000 
fíes ingleses. (Quarterty Journal, No. 22.)— A, B. 



XIII. — Lista de algunos de los montes mas elevados de la 
tierra, con sus respectivas alturas en varas castellanas. 

África. 

Pico de Tenerife 4440 

Asmbotúmeno (Madagascar) 4197 

Salase (isla de Borbon) 3065 

Europa. 

Mosite Blanco (Alpes) • 5715 

Jf oarte-Rose (Alpes) 5669 

Qrder (Tirol) 5624 

Molei Hasen (Granada) • 4255 

Mont-perdu (Pirineos) i 4111 

Etn* 3874 

Ccnigou (Pirineos) ... 3328 

Poy- Dome (Francia) 1707 

América. 

Cttaaborazo (Quito) 7906 

Cnjamfae (Quito) 7126 

Antisana (volcan, Quito) 6982 

Cotopoxi (volcan, Quito) 6886 

fina Elias (costa N. E. de América) 6599 

Popocntepec (volcan, Méjico) 6463 

Pieo de Orinaba (Méjico) 6338 

(islas de Sandwich) 6013 

Novada (Méjico) 5728 

Novado de Tolnca (Méjico) 5531 

Moofta fW Buen Tiempo (costa N. O. de América) ■ • 5445 

Cofre de Perote (Méjico) 4893 



EQUIVALENTES QUÍMICOS. 168 

£1 plomo se combina con el oxíjeno en tres proporciones : 
i el protóxide de plomo, 2 granos de oxíjeno se combinan con 
I de ¡domo ; en el deutóxide, 3 granos de oxíjeno se com- 
eos 26 de plomo ; i en el peróxide, 4 granos del primer 
se combinan con 26 del segundo. Son, pues, en el 
arotáxide las proporciones como 2 a 26, en el deutóxide como 
¿a 26, en el peróxide como 4 a 26; i las cantidades de oxí- 
que corresponden a una misma de plomo pueden repre- 
por los números 2, 3, 4. 

IV. Todos los casos de combinación química, en que las 
ciudades de las partes componentes no se perciben ya en el 
compuesto, o en que se produce un cuerpo neutro, se sujetan 
a las leyes precedentes ; pero bai cuerpos que parecen unirse 
•a todas proporciones, como el agua i el alcool. Otros se 
marinan» en todas proporciones hasta cierto punto ; i mas 
aDá de este panto, no son ya susceptibles de combinarse. Asi 
el agua disuelve varías porciones sucesivas de sal común, pero 
Daga un término, pasado el cual reusa disolver mas : entonces 
se dice que está saturada,; i la saturación solo se verifica cuan- 
do el agua ha disuelto una cantidad determinada de sal. 

V. La palabra neutralización se aplica a todos los casos en 
que los cuerpos se disfrazan i ocultan mutuamente sus pro- 
piedades, 'como se vé en las combinaciones de ácidos i álcalis, 
por ejemplo, del ácido sulfúrico i la potasa. £1 ácido enro- 
jece la tintura de violetas, i es agrio ; la potasa vuelve verdes 
loe colores azules, i es acre : i si mezclamos la solución acida 
i la alcalina, llega un punto, en que el gusto no es agrio ni 
acre, sino lijeramente salino i amargo, i la solución no produ- 
cirá efecto alguno sobre el azul vejetal. 

Sean conocidas las proporciones en que dos o mas cuerpos 
m p #, c, neutralizan otro cuerpo x de diferente clase : se ha- 
blará que las mismas proporciones relativas de dichos cuerpos 
m, b 9 e son necesarias para neutralizar otro cuerpo y de la 
■dama clase que x. Por ejemplo, 10 granos de ácido sulfú- 
rico, i 19 de ácido dórico neutralizan 8 de potasa : si 10 gra- 
nos de ácido sulfúrico neutralizan 7 de cal, 19 de ácido dórico 
neutralizarán la misma cantidad de cal. Las cantidades de 



102 AVESTRUZ. 

Cáliz: campan ulado, semiquinquéfido, permanente, las 
puntas pelosas, los senos o intermedios tenues. 

Corola : monopétala, tubo corto, limbo partido en cinco < 
con las particiones reflejas. 

Estambres : cinco filamentos aplanados, derechos, coma 
de una línea, insertos a la garganta : anteras lineares cua— 
drangulares, biperforadas en el ápice, i no escedentes de la* 
corola. 

Pistilo : receptáculo liso ; jérmen aovado : estilo cilindrica 
de la altura de las anteras ; estigma cabezudo, comprimido 4 
lijeramente hendido. 

Fruto : baya ovilonga comprimida, bilocular, de dos o tres 
pulgadas : receptáculos grandes convexos, pegados a la tela* 
trasversal: semillas pequeñas, orbiculares, con orillo i un. 
dientecillo, engastadas en la pulpa de los receptáculos. 

Mr. Dccandolle, fundándose en la indicación del termó- 
metro i la latitud del lugar, conjetura que esta nueva especie 
de papa vejeta a 1G00 toesas de altura sobre el nivel del mar. 
El cuadro meteorológico de los Andes publicado por Hum- 
boldt (Pvologomena de distribuí ¡one plantarum secundum cali 
temperiem, al frente de su nova genera plant. {cquinoct.J da la 
elevación del suelo, sabida la indicación del termómetro de 
dia o de noche. — A. B. 



XVI. — Avestruz de América (struthio rhea, Linn.)* 
Las aves porta-zanco* (grulla, Linn., grallatores Vieill., 

* En cata articulo se han recopilado lo» caracteres del orden, familia i jé- 

mbml); el artículo deSonniní (Nouveau dictionnaiit 
m dé Hanuner (Annales du Muí. d'hut nat. XII.) 
atonto en la historia de las aves del Paraguai 
algunas obserraciones de sujetos intelíjentes qm 
-w en n país natal. La estampa es copia de la de Hammei 
"* en el pico : la de Azara, la del nuevo diccionario, la di 
'«cépéde, son poco exactas; la de Cuvier es buena, 
u que había perdido casi todas las plomas de bu 
ist's Múcellanv) no puede ser peor. 



J 





AVESTRUZ. 



163 



de lp* naturalistas franceses), derivan su nombre de 
m conformación eeterior, teniendo las piernas regularmente al- 
tes i casi siempre desnudas de plumas sobre el talón (que el 
▼ligo llama rodilla). Casi todas ellas son aves de ribera ; i 
nBdas de lo elevado de sus tarsos, entran en el agua hasta 
anta profundidad, i pescan por medio de su cuello i pico, 
aya lonjitud es constantemente proporcionada a la de las 
penas. Pero algunas viven lejos de las aguas, i se alunen* 
te de granos, yerbas e insectos terrestres, por lo cual el ti- 
tilo de aves de ribera no puede darse con propiedad a todo 
este orden. En las aves que lo componen, el dedo esteríor 
«ele estar unido en la base al dedo medio por una corta mem- 
fau»; a vezes lo está también el dedo medio al interno; a 
raes faltan ambas membranas, i los dedos están del todo se- 
puados. También sucede, aunque raras vezes, que tienen los 
pies palmeados, o los dedos con orillos hasta la punta, i en al- 
iaos jéneros falta el pulgar: circtinstancias que influyen en 
n nodo de vivir mas o menos acuático. 

A las aves gralatorias o porta-zancos que no frecuentan la 
*üla del agua ni se alimentan de la pesca, pertenece la pri- 
ora familia de este orden, llamada por Cuvier brevipennet o 
•fiwrfy, i que, aunque semejantes a las demás del orden, se 
fierencian mucho de ellas en un punto, que es, como lo in- 
dica su nombre, lo corto de sus alas, que les quita la facultad 
afolar. Por otra parte, su pico i su réjimen les dan grande 
^ojía con las gallináceas, entre las cuales las había colo- 
**&> Lin neo. 

En las brevipennes, los músculos de las alas son en estremo 
"¿bües ; su esternón, parecido a una rodela, carece de aque- 
■* especie de quilla o cresta que se observa en todas las otras 
lT «s, i que, aumentando la superficie, favorece la inserción de 
'°* músculos por cuyo medio el ala bate el aire en el vuelo ; 
P*o en recompensa sus miembros posteriores son robustísimos, 
1 titán provistos de músculos de enorme volumen. De aquí 
Inviene la celeridad con que corren. Ninguna de ellas tiene 
Ngar. Forman dos jéneros, los avestruzes (struthioj, i los 
ftsoares (casuarius Briss,) 

M 2 



104 Avestruz. 

Las alas de los avestruzes, aunque guarnecidas de plun 
lacias i flexibles, son todavía bastante largas para acelerar 
carrera. Todos conocen la elegancia de aquellos delgados c 
ñones, cuyas barba*, aunque provistas de barbillas, no se e 
garzan entre sí como las de las otras aves. Su pico, orizonU 
mente deprimido, es de mediana longura, i en la punta romo; i 
lengua corta i redondeada en semicírculo; sus ojos grandes; u 
párpados con cejas; sus tarsos i piernas altísimas. Tienen • 
cuello largo; el buche enorme; entre este i la molleja un va 
ti ículo considerable; intestinos voluminosos, i una vasta cloac 
en que guardan la orina como en una vejiga. Este jé ñero coi 
tiene dos especies, de que algunos hacen dos j eneros distinto 
el avestruz africano (struth'w camelus, Linn.) i el de Ameré 
(struthio rhea, Linn., rhea americana Briss., Lath., Vieill.) 

£1 avestruz de América, que los indios guaraníes liara 
nandú i vhurí, tiene el porte i catadura mui semejantes a 1 
del avestruz africano ; la cabeza pequeña, i chata, toda cubi* 
ta de plumas cortas i tiesas, negras en lo alto de la cabe: 
i a los dos lados blancuzcas ; el pico recto, un poco abo 
hado, corto, fuerte, amarillento, con las aberturas nasales ■ 
longas, i dos dientecillos acia la punta : los ojos vivos, el 
pardo, la pupila grav.de i negra ; las orejas mui prominen 
con una franja rala de pelos. El cuello, vestido de plum 
semejantes a las de la cabeza, es por deluute i a los Ia< 
blanco, por detras negruzco. Este último tinte se ensan< 
aria la espalda, i desciende por delante de las alas, rodeai 
enteramente el pecho. El cuerpo es ovoide, la espalda c 
vexa, la rabadilla cónica, i algo encorvada acia abajo, 
espalda está vestida de plumas cortas color de ceniza, i la 
bijan enteramente las alas, pobladas de bellas i lozanas ] 
mas. El color jeneral del ala es un gris azulado ; pero 
plumas que la componen son acia su oríjen algo blanca 
acia el medio negruzcas. Hammer dice que el nandú caí 
de aguijones en las alas; pero don Félix de Azara, que 
servó esta ave en su pais nativo, asegura al contrario qu 
fuste del ala remata en una especie de espolón de sei* |jjg 
de largo. El nandú carece de cola : tiene jej p 



AVESTRUZ. 105 

lia i muslos blanquecinos; estos últimos fortísimos; 
sos igualmente robustos i cubiertos de anchas escamas ; 
idos, situados acia adelante, cortos en proporción al 
o del ave, completamente separados, i el del medio mas 

finalmente, las uñas cortas, i anchas, 
aquí las dimensiones de una de estas aves, por Hammer : 
i punta del pico al estremo de la ra- me trw. P i»cMt. 

adula 1,49» 6,382 

i 1,589 5,700 

id de la cabeza i pico 0,180 0,045 

i de la cabeza sobre los ojos 0,074 0,264 

id del pico 0,090 0,321 

• del pico a la base 0,050 0,177 

id del cuello 0,482 1,731 

base del cuello al estremo de la raba- 
lilla 0,837 2,984 

. de las piernas hasta el medio de las eos- 
illas 0,708 2,542 

de los tarsos 0,324 1 ,163 

o distancia entre las puntas de las alas 

ibiertas»** 1,500 5,386 

¿nandú, considerablemente inferior al avestruz de 
i en estatura, casi iguala eu ella a los casoares de 

i de Nueva Holanda. Habita las provincias del 
nan i Salta, el Paraguai, las llanuras de Mon- 
o, las pampas de Buenos Aires, i se dice que hai de 

aves hasta el estrecho de Magallanes. Prefieren el 
> raso a los bosques, i se asocian por pares, i a vezes en 
das de mas de treinta individuos. Donde no se les mo- 
se acercan a las habitaciones campestres, i no huyen de 
te de a pié : pero donde se acostumbra darles caza, son 
remo ariscas, i huyen con tanta velo zi dad, que aun con 
s caballos es dificultoso alcanzarlas. Los cazadores les 
al cuello una especie de lazo, que termina en tres ra- 
9 cada uno de r " ' *a gruesa piedra a su estre- 

L Coarto* :> enlazado i atajado en su 

or se le acerque con pre- 



lOd AVESTRUZ. 

caución, pues aunque no ofende con el pico, tira cozi 
zes de quebrantar las piedras. Guando van a todo 
llevan las alas tendidas acia atrás, i mudan frecuenten 
dirección, abriendo una de ellas ; con lo que el vi< 
ayuda a ejecutar rápidamente estas vueltas, que frus 
movimientos del cazador. Guando están tranquilos, í 
es grave, su modo de andar majestuoso, con la cab 
cuello enhiestos, i la espalda arqueada. Para pacer, 
cuello i la cabeza, i cortan la yerba de que se aliment 

Los pollos, que se crian en las casas, se hacen m 
familiares desde el primer dia, entran en todos los api 
se pasean por las calles, salen al campo, i vuelven 
Son curiosos, i se paran a las ventanas i puertas, para 
lo que pasa en lo interior. Comen granos, pan, i oí 
mentos : no desdeñan las moscas i demás insectos v 
que atrapan diestramente en el aire ; tragan también pi 
metal, moneda, i aun las pedrezuelas que encuentre 
carne de los pollos es tierna i de buen gusto, la de los 
no vale nada. Creo (dice don Félix de Azara) que n< 
jamas : son buenos nadadores : la especie se disniinu 
cho cerca de las poblaciones por la destrucción que 
de huevos i pollos. 

Su natural es simple, apacible, inocente ; cobran a 
las personas con quienes viven ; i gustan de ser acar 
El mes de julio es la época de sus amores : el mach 
entonces de un modo semejante a la vaca ; los primeros 
parecen a entradas de agosto, i los primeros pollos 
viembre. Los huevos tienen la superficie lisa, mati; 
amarillo i blanco ; los dos estrenaos son de igual gro 
diámetro mayor de b\ pulgadas, i el menor de 3j : 
buen sabor, i se usan principalmente para hacer bizcoc 
nido se reduce a un hoyo, esterado a vezes de paja, i el 
no procura, como otras aves, ocultarle ; de manera qi 
es mas fácil que ver de lejos el ave i los huevos. / 
hai setenta u ochenta huevos en un solo nido ; pero a 
taira que todas las hembras de un cantón i 
vii un mismo paraje, i que un se 



AV&OTRUZ. 167 

• es constante, según las observaciones de Azara, es que 
i solo indi? iduo se encarga de esta operación, conduciendo 
srotejieado los polluelos, sin que otro alguno de los adultos 
i acompañe ole ayude. La voz del ave es entonces a ma- 
sm do silbo. Se asegura también, que si alguien llega a 
Msx los huevos, el ave los abandona, i que si echa de ver que 
t observan mientras está sobre ellos, les toma aversión, i los 
nape a cosos. Otra opinión jeneral es, que el macho separa 
sMadosamente algunos huevos, i los quiebra cuando se 
cerca la época de salir a luz la cría, para que halle alimento 
ala multitud de moscas que acude a ellos. 

Is semejanza entre el macho i la hembra, que a la vista 
ala difieren en ser el primero algo mayor i de tintes un poco 
jai oscuros, pero tan lijeramente, que es necesario tenerlos 
■boa presentes para distinguirlos, es causa de que aun este- 
ais en duda acerca de las curiosas costumbres que se atri- 
buyen a esta especie, i que, si son verdaderas, forman un 
parolo único en la clase alada, i acaso en todo el reino 
asnal. Se añade que el macho mas fuerte i robusto es el 
sjs suele encargarse de la educación de la juventud, i que, 
■ts zelosos de esta autoridad patriarcal, que de los favores 
b las hembras, si casualmente se encuentran dos de ellos 
son dos manadas de pollos, se disputan la primacía, i el 
ascedor se las lleva ambas consigo ; resultando de aquí el 
ame algunas vezes bajo la tutela de un mismo macho indivi- 
sos de diferentes edades. Desearíamos que una escepcion 
ai singular a las leyes de la naturaleza se comprobase de un 
iodo irrefragable, i publicaremos gustosos cualesquiera nuevas 
oservaciones, relativas a esta ave, hechas por personas in- 
ájjentes i dignas de fe. Molina dice haber visto individuos 
idos negros, i otros enteramente blancos. Quisiéramos tam- 
isa que se confirmase la existencia de estas variedades, si 
i efectiva. 

Los naturales del río de la Plata separan el cuello entero i 

"~*~ del pecho del nandú, lo despluman i limpian, suavizan 

i cosiéndolo por la estremidad inferior, hacen talegos, 

Diurnas alares se mandaban a 



lÜH ANATOMÍA. 

España, donde solian emplearse en plumeros, penachos r 
adornos de damas; las blancas (que se hallan debajo del 
ala) son las mas estimadas, porque se pueden teñir i rizar 
como se quiera. Sus cañones son larguísimos, i auuque del- 
gados, no sirven para escribir ; pero teñidos de encarnado i 
azul, se cortan en tiras, con que se hacen bellas riendas i 
látigos. Se esporta asimismo gran cantidad de estas plumas • 
Chile i el Perú, donde se aplican a los mismos objetos.— A. B. 



XVII. — La anatomía del hombre, o descripciones i figuras 
litografieos de todas las partes que componen el cuerpQ 
humano.* 

Al indicar a nuestros lectores la publicación de esta obra, 
debida a la pluma del célebre ñsiolojista Julio Cloquet, es 
nuestro ánimo darles noticia de una empresa, comparable coi 
las mas vastas, útiles i loables, en que hasta aquí han em- 
pleado sus tareas los sabios. En efecto, un tratado com- 
pleto de anatomía, ilustrado con figuras fielmente tomadas de 
la naturaleza, no puede menos que ser igualmente indispen- 
sable a los médicos i los cirujanos, a los pintores i los escul- 
tores, como a todas las personas que se dediquen a las cien- 
cias i las artes liberales. 

Xos atrevemos a esperar, que el importante estudio del 
hombre físico será en adelante fácil ; que se jeneralizará mas 
i mas rada dia ; i que ejercerá, en breve, un decidido influjo 
sobre los progresos ulteriores de los demás conocimientos 
humanos. 

El Sr. Cloquet se propone dar a conocer todas las partee 
de la anatomía en siete grandes divisiones : ya ha publicade 
nueve números, uno por mes, que tratan de los huesos i 
tegumentos. Sucesivamente, i ei¡ el mismo orden promete 
de>cribir los míisculrs ; los óiganos de les sentidos, Jo* 
nervios i el celebro ; los va os, los órganos de la dij ustión i 
de las >ecicciones ; los de la jeneraeion en ambos sexos; i, 
por último, el feto i sus dependencias. En la esposicion de 



* Rcrue encrclopédiquc, No. XLV1. 



ANATOMÍA. 109 

k ■■teña ha seguido el autor el orden fisiolójico, que cierta- 
es el mas natural i simple, i el mas propio para 
de un golpe el conjunto de los órganos que componen 
■sastra complicada máquina ; " obra primorosa de la mecá- 
aíca animal, (dice el señor Cloquet,) i compuesta de una 
audtítud de ruedas que, si bien delicadas i frájiles, pueden, 
sja embargo, cuando se bailan sostenidas por las fuerzas de 
la vitalidad, conservar la animación i continuar su movimien- 
to, dorante el espacio de un siglo o mas." 

£1 autor empieza presentando nociones jenerales acerca de 
los elementos orgánicos del cuerpo ; i en seguida, examina 
los solidos i los líquidos que constituyen el todo de él. Los 
lamidos son, según él, la sangre, los de la dijestion, i los 
aue emanan de la sangre, como la linfa, la bilis i la leche. 
Divide los sólidos en tejidos elementales que, unidos i com- 
isados entre sí en diversas proporciones, producen todos los 
tájanos. 

Terminadas las precedentes consideraciones jenerales, en 
cae se nota una estrema claridad, entra el autor en materia. 
Dttpues de esponer los principios de la osteolojía, pasa a la 
eascripcion de los huesos en particular ; i comenzando por los 
ee la coluna vertebral, contempla las vertebras separada- 
mente ; cuyas articulaciones, modos de desarrollo i usos, da 
a conocer. No son menos individuales sus descripciones del 
cráneo, de la cara, del pecho, de la pelvis, de los miembros 
fiperiores e inferiores, i de los esqueletos, considerados en 
ti hombre, la mujer, i el feto. En toda la obra se echa de 
ver mucha claridad, i aquella concisión aforística en el estilo, 
ase es peculiar a los escritores profundamente versados en la 
ciencia de que tratan. 

Las láminas que acompañan el testo, ejecutadas por los 
hábiles artistas Haincelin i Faillet, no pueden ser mas 
exactas ; i antes de verlas, no creímos que la litografía fuese 
susceptible de un grado tan eminente de perfección. £1 saber 
que el autor en persona dirije la ejecución de este trabajo, 
según piezas anatómicas que él mismo prepara, i que las 
figuras bao sido i serán del grandor natural, son circunstan- 



1GB ANATOMÍA. 

España, donde solían emplearse en plumero*, penachos m 
adornos de damas; las blancas (que se hallan debajo del' 
ala) son las mas estimadas, porque se pueden teñir i rizar 
como se quiera. Sus cañones son larguísimos, i aunque del- 
gados, no sirven para escribir ; pero teñidos de encarnado I 
azul, se cortan en tiras, con que se hacen bellas riendas i 
látigos. Se esporta asimismo gran cantidad de estas plumas • 
Chile i el Perú, donde se aplican a los mismos objetos.— A. B. 

XVII. — La analom'ia del hombre, o descripciones i figura 
litografieos de todas las partes que componen el cuerpo 
humano.* 

Al indicar a nuestros lectores la publicación de esta obra, 
debida a la pluma del célebre físiolojista Julio Cloquet, el 
nuestro ánimo darles noticia de una empresa, comparable coa 
las mas vastas, útiles i loables, en que hasta aquí han em- 
pleado sus tareas los sabios. En electo, un tratado com- 
pleto de anatomía, ilustrado con figuras fielmente tomadas de 
la naturaleza, no puede menos que ser igualmente indispen- 
sable a los médicos i los cirujanos, a los pintores i los escul- 
tores, como a todas las personas que se dediquen a las cien- 
cias i las artes liberales. 

Nos atrevemos a esperar, que el importante estudio de 
hombre físico será en adelante fácil ; que se jeneralizará mai 
i mus cada di a ; i que ejercerá, en breve, un decidido infhík 
sobre los progresos ulteriores de los demás conocimiento 
humanos. 

El Sr. Cloquet se propone dar a conocer todas las parte 
de la anatomía en siete grandes divisiones : ya ha publicad* 
nueve números, uno por mes, que tratan de los huesos 
tegumentos. Sucesivamente, i eu el mismo orden prometo 
describir los músculos ; los órganos de los sentidos, lo; 
nervios i el celebro ; los va os, los órganos de la dijesüou 
secreciones; los de la jeneracion en áuibns sexos ; i 
imo, el Teto i sus dependencias. En la esposicion di 



• Rcrue encvclop&Hque., No. XLVI. 



X/ 



ANATOMÍA. 109 

h ■tteria ha seguido el autor el orden fisiolójico, que cierta- 
■site es el mas natural i simple, i el mas propio para 
de un golpe el conjunto de los órganos que componen 
oomplicada máquina ; " obra primorosa de la meca- 
animal, (dice el señor Cloquet,) i compuesta de una 
■altitud de ruedas que, si bien delicadas i frájiles, pueden, 
sja embargo, cuando se hallan sostenidas por las fuerzas de 
I* vitalidad, conservar la animación i continuar su movimien- 
to, durante el espacio de un siglo o mas." 

£1 autor empieza presentando nociones jenerales acerca de 
ba elementos orgánicos del cuerpo ; i en seguida, examina 
Isa sólidos i los líquidos que constituyen el todo de él. Los 
latidos son, según él, la sangre, los de la dijes tion, i los 
aas emanan de la sangre, como la linfa, la bilis i la leche. 
Divide los sólidos en tejidos elementales que, unidos i com- 
andos entre si en diversas proporciones, producen todos los 
fcgaao*. 

Terminadas las precedentes consideraciones jenerales, en 
tas se nota una estrema claridad, entra el autor en materia. 
Después de esponer los principios de la osteolojía, pasa a la 
éacrípcion de los huesos en particular ; i comenzando por los 
as la coluna vertebral, contempla las vertebras separada- 
■ente ; cuyas articulaciones, modos de desarrollo i usos, da 
a conocer. No son menos individuales sus descripciones del 
cráneo, de la cara, del pecho, de la pelvis, de los miembros 
nperiores e inferiores, i de los esqueletos, considerados en 
si hombre, la mujer, i el feto. En toda la obra se echa de 
ver mucha claridad, i aquella concisión aforística en el estilo, 
qte es peculiar a los escritores profundamente versados en la 
ciencia de que tratan. 

Las láminas que acompañan el testo, ejecutadas por los 
sibiles artistas Haincelin i Faillet, no pueden ser mas 
exactas ; i antes de verlas, no creímos que la litografía fuese 
msceptible de un grado tan eminente de perfección. £1 saber 
que el autor en persona dirije la ejecución de este trabajo, 
según piezas anatómicas que él mismo prepara, i que las 
Sguras han sido i serán del grandor natural, son circunstan- 



1GB ANATOMÍA. 

España, donde solían emplearse en plumeros, penachos i 
adornos de damas; las blancas (que se hallan debajo del 
ala) son las mas estimadas, porque se pueden teñir i rizar 
como se quiera. Sus cañones son larguísimos, i aunque del- 
gados, no sirven para escribir; pero teñidos de encarnado i 
azul, se cortan en tiras, con que se hacen bellas riendas i 
látigos. Se esporta asimismo gran cantidad de estas plumas a 
Chile i el Perú, donde se aplican a los mismos objetos.— A. B. 

XVII. — La anatomía del hombre, o descripciones i figura 
litografieos de todas las partes que componen el cuerpo 
humano.* 

Al indicar a nuestros lectores la publicación de esta obra, 
debida a la pluma del célebre ñsiolojista Julio Cloquet, ai 
nuestro ánimo darles noticia de una empresa, comparable coa 
las mas vastas, útiles i loables, en que hasta aquí han em- 
pleado sus tareas los sabios. En efecto, un tratado com- 
pleto de anatomía, ilustrado con figuras fielmente tomadas da 
la naturaleza, no puede menos que ser igualmente indispen- 
sable a los médicos i los cirujanos, a los pintores i los escul- 
tores, como a todas las personas que se dediquen a las cien- 
cias i las artes liberales. 

Nos atrevemos a esperar, que el importante estudio del 
hombre físico será en adelante fácil ; que se jen eral izará mal 
i mas cada di a ; i que ejercerá, en breve, un decidido influjo 
sobre los progresos ulteriores de los demás conocimiento! 
humanos. 

El Sr. Cloquet se propone dar a conocer todas las putei 
de lu anatomía en siete grandes divisiones : ya ha publicado 
nueve números, uno por mes, que tratan de los huesos i 
tegumentos. Sucesivamente, i cu el mismo orden promete 
dcNcrihif los ni úsenles ; los órganos de los sentidos, loa 
nenio* ¡ c-1 celebro; los vaos, los órganos de la dijestion i 
de Iw'n seciociones ; los de la jeneracion en ambos sexos; i, 
por último, el feto i sus dependencias. En la esposicion de 



• Kcvuc cncyclopédiquc, No. XLVI. 



ANATOMÍA. 16f 

i km seguido el autor el orden fisiolójico, que cierta- 
el mas natural i simple, i el mas propio para 
& un golpe el conjunto de los órganos que componen 
lomplicada máquina ; " obra primorosa de la meca- ' 
sal, (dice el señor Cloquet,) i compuesta de una 
de ruedas que, si bien delicadas i frájiles, pueden, 
rgo, cuando se hallan sostenidas por las fuerzas de 
id, conservar la animación i continuar -su movimien- 
ite el espacio de un siglo o mas." 
ar empieza presentando nociones jenerales acerca de 
ntos orgánicos del cuerpo ; i en seguida, examina 
>s i los líquidos que constituyen el todo de él. Los 
ion, según él, la sangre, los de la dijes tion, i los 
nan de la sangre, como la linfa, la bilis i la leche. 
>s sólidos en tejidos elementales que, unidos i com- 
sntre sí en diversas proporciones, producen todos los 

íadas las precedentes consideraciones jenerales, en 
ata una estrema claridad, entra el autor en 'materia, 
de esponer los principios de la osteolojia, pasa a la 
on de los huesos en particular ; i comenzando por los 
duna vertebral, contempla las vertebras separada- 
cuy as articulaciones, modos de desarrollo i usos, da 
;r. No son menos individuales sus descripciones del 
de la cara, del pecho, de la pelvis, de los miembros 
as e inferiores, i de los esqueletos, considerados en 
•e, la mujer, i el feto. En toda la obra se echa de 
ba claridad, i aquella concisión aforística en el estilo, 
•eculiar a los escritores profundamente versados en la 
le que tratan. 

aminas que acompañan el testo, ejecutadas por los 
artistas Haincelin i Faillet, no pueden ser mas 
; i antes de verlas, no creímos que la litografía fuese 
ble de un grado tan eminente de perfección. £1 saber 
utor en persona dirije la ejecución de este trabajo, 
tiezas anatómicas que él mismo prepara, i que las 
ian sido i serán del grandor natural, son circunstan- 



I VACUNA. 173 

/ ataua, entre los que antes no habían sido atacados de las 
m nselas o vacunados, fué, como antes dijimos, de uno por 
m ostro. 

W ■ En los que adolecieron de nuevo después de haberlas 
I pasado naturales o inoculadas, el intervalo en los dos ataques 
varió desde diez días hasta treinta años. En los mas de ellos 
la calentura eruptiva fué grave ; en algunos lijera i apenas 
perceptible. En unos, la erupción fué semejante a la de las 
viruelas locas, ora en su forma pustular, ora vesicular ; en 
otros tomó el aspecto de viruelas distintas ; en otros el de 
las ctmfluentrs. 

Pero la clase de pacientes que escitó mas curiosidad en 

esta epidemia, fué por supuesto la de aquellos que habían 

ocurrido de antemano a la vacuna ; i como muchos apelaban 

a ella, o la hacían administrar en sus familias, como preser- 

contra la epidemia, se proporcionaron repetidas ocasio- 

de observar la co-ezistencia de ambas afecciones en un 

o individuo, i la marabillosa virtud de la vacuna, ya en 

r el mal, ya en precaverlo del todo aun en medio de 

oontajio tan jeneral i tan mortífero. Hubo, sin embargo, 

en que el individuo habia estado espuesto tanto tiempo 

a la influencia del virus varioloso antes de vacunarse, que 

esta operación dejó de producir su acostumbrado efecto. 

En muchos de los pacientes de esta tercera clase (esto es, 
de los vacunados) la fiebre eruptiva fué grave, i se equivocó 
frecuentemente con el typhus : pero en muchos también fué 
lijerisima ; i en todos cesó al aparecer la erupción, de manera 
orne rara vez fué necesario al paciente guardar cama durante 
el progreso de la enfermedad. Hubo unos pocos casos en 
que la fiebre no fué seguida de erupción. En algunos do los 
que presentaron aspecto mas grave, ocurrió un grado consi- 
derable de calentura secundaria, acompañada de hinchazón 
ea la cara, inflamación de las fauces, ronquera, i salivación 
abundante; pero estos síntomas fueron casi siempre de corta 
duración, i después de ellos quedaban los pacientes con un 
grado de salud i de fuerzas mui superior al de aquellos otros 
individuos que habían presentado erupciones igualmente 






174 VACUNA. 

copiosas de viruela natural coherente. Ocurrió un caso 
una persona vacunada que adoleció de viruelas por la 
vez. En mas de cuarenta de los vacunados ocurrió 
enfermedad por la segunda vez, a intervalos que variaros* 
desde unos pocos dias hasta cierto número de años. Bs> 
algunos de estos casos el primer ataque pareció de viruela* 
locas, i el segundo de verdaderas viruelas ; en otros al revean 
de ellos hubo en quienes ambos ataques parecieron de «V 
mismo j enero. Ya dijimos que de 484 vacunados uno soto 
murió. En esta epidemia nada se observó que favoreciese lü 
suposición de que las virtudes preservativas o modificativa* 
de la vacuna se disminuyen con el tiempo, de manera que lof 
vacunados se encuentren cada año mas susceptibles de recibís 
el contajio varioloso ; al contrario se observó que la epidemÑJ 
afectaba principalmente a los niños ; asi que, el trascurso del 
tiempo parecía mas bien disminuir que aumentar la suscepti- 
bilidad del contajio. 

" Es difícil concebir/' dice el doctor Thomson, " que la 
eficazia de la vacunación contra los ataques i peligros de las 
viruelas, se ponga jamas a una prueba tan rigorosa, como lm 
que esperimentó en la maligna i casi universal epidemia de 
que he sido testigo. Según los mejores informes, la mortali- 
dad ocasionada en ella por la viruela natural primaria varió 
en jeneral desde 1 por 3 hasta 1 por 5 ; grado de fatalidad 
que rara vez se ha observado en las viruelas, i de que, en 
cuanto me ha sido posible averiguar, no se habia visto ejem- 
plo desde el descubrimiento de la vacuna. Debióse, pues) t 
al carácter naturalmente grave i maligno de la epidemia el 
gran numero de vacunados que la padecieron, i no a que 
hayan deteriorado las virtudes del virus vacuno, ni a que 
le hubiese administrado de un modo defectuoso. Si cuando 
el doctor Jenner sacó a luz su descubrimiento hubiera habido 
en la atmósfera una constitución variolosa semejante a la que 
experimentamos poco há en Edimburgo, es dudoso que la 
vacuna hubiese jamas obtenido la confianza del público. 
Debe también atribuirse, según yo concibo, a la gravedad i 
rigor de la epidemia el grandísimo número de casos reconocidos 



176 VACUNA. 

multiplicadas pruebas de sus marabillosos efectos en moc 

los síntomas del mal i disminuir el peligro. Este agrad 

resultado no puede menos, según yo concibo, de arrastr 

asenso de todo aquel que baya tenido ocasión de comf 

los diferentes fenómenos i fatalidad de las viruelas, en r 

de atacar a individuos vacunados o no vacunados. Mu 

inervaciones en la materia me persuaden que toda vacuna 

es perfecta, siempre que reúna los caracteres descritos pi 

tivamente por Jeuner ; i en esta persuasión viviré, miel 

no vea mejores pruebas que cuantas hasta aora se han ce 

nicado al público, de la existencia de vejiguillas vacunal 

purias, de la deterioración del virus vacuno, i de la supe] 

dad de un modo de vacunar respecto de otro ; hipótesis te 

a que se ha apelado sucesivamente para esplicar la ocurrí 

de las viruelas en los vacunados. Yo he dedicado a 

punto la atención mas escrupulosa, i jamas pude desc 

que la habilidad del vacunador o el modo de hacer la o 

cion influyese lo mas mínimo en sus buenos efectos; 

bien he visto muchas vezes que la viruela se presentaba 

síntomas benignos en niños que habían sido vacunados pe 

padres, i al contrario con apariencias de gravedad en aqu 

cuya vacunación había sido ejecutada i observada por lot 

fesores de mas celebridad en este ramo. 



XIX. — Sobre la diferencia jentrica entre las vario 

las viruelas. 

Durante la epidemia de que hicimos mención en el 
culo precedente, ocurrió muchas vezes al doctor Thoms 
duda de si las viruelas espurias i las propias eran o no < 
medades distintas ; i sus reflexiones sobre esta materia le 
dujeron a una íntima convicción de que ambas procfgl 
un mismo contajio, i de que las varicelas son una ine^a i 
ñcacion de las viruelas. 

El doctor Thomson después de traer a colación las c 
turas i opiniones de otros autores (como el Sr. Geotfroy t 
Mtmoircs de la sodí'té royale de medecim, 1777; el d 



VIRUELAS. 177 

ib de Losares, el doctor Henderson, &c), hace alto 
os síntomas i señales, que presentaron los pacientes en 
t epidemia, i qne se han mirado siempre como carácter- 
de las Tímelas locas o espurias. La enfermedad tomó 
ido este carácter entre los que habían sido vacunados 
ido viruelas, i en medio de los estragos de esta plaga 
ts formas coherente i confluente. En la misma casa, el 
aposento, a vezes en la misma cama, había pacientes 
afección procedía de un mismo oríjen, que frecuénte- 
se pudo rastrear con la mayor certidumbre ; i de los 
«ao presentaba síntomas de varicelas, otro de viruelas 
as, i otro de viruelas de la calidad mas funesta; ¡ i sin 
jo se insiste en que las varicelas es una enfermedad esen- 
tte distinta de las viruelas ! Esto equivale a decir que tres 
» embriagados con el vino de una misma cuba, padecier- 
identes de diversa naturaleza i oríjen, porque el uno se 
gó solamente un poco, el segundo hasta dar traspáeses, 
cero hasta perder de todo punto el juicio i el sentido. 
e los casos de esta especie que menciona el doctor 
on, nos parece singularmente notable el siguiente, ates- 
> por otro facultativo corresponsal suyo : 
i esta ciudad no había ocurrido caso alguno de viruelas 
£ invierno pasado en que un muchacho, que tiene la 
ibre de andar vagueando por los campos i pueblos cir- 
inos, en uno de sus paseos acertó a entrar en una casa 
había viruelas. Este muchacho había sido vacunado 
ates. Vuelto a casa, fué asaltado de síntomas febriles, 
o en cama dos o tres días, al cabo de los cuales brotó 
ipcion semejante a la de viruelas espurias. La fiebre 
luego, i al cabo de otros pocos días el paciente dejó la 
i volvió a sus antiguos hábitos sin esperimentar malas 
i. De allí a una semana, uno de los hijos de su amo 
nfermo, i presentó la serie ordinaria de síntomas de 
b benignas ; seguidamente otro del mismo modo ; tras 
«tro tercero fué atacado de viruelas confluentes que le 
•n en mucho peligro ; el cuarto adoleció del mismo mal 
X) mayor gravedad que los dos primeros ; en fin, el mas 

N 



178 VIRUELAS. 

joven de esto» hermanos, que solo tenia ocho meses de edad, 
padeció lo que, sino hubiesen ocurrido los otros casos, m 
hubiera parecido indubitablemente varicelas, porque apenas 
se percibió calentura, i las pústulas estaban llenas de un ha* 
mor acuoso, que nunca tomó el aspecto purulento de la viruela* 
Ninguno de estos niños habia sido vacunado. 

Si estas afecciones no reconocen un mismo oríjen, será fbtw 
20so sentar, que hubo dos epidemias a un mismo tiempo el 
Edimburgo. En tal caso era natural que hubiesen atacado s 
unos mismos pacientes ; lo que no sucedió. Por otra part*j 
si hubo a un tiempo dos epidemias, i si no se verificó que ata* 
casen a un mismo individuo simultánea o sucesivamente, es 
preciso creer que estas dos epidemias preservaban una de otra 
La viruela, pues, será un preservativo de las varicelas, i lai 
varicelas de las viruelas ; aserción que no ha hecho jamas fa- 
cultativo alguno, i que la esperiencia desmiente. ¿ Cómo el 
que un niño adolece de la erupción variceloide, i su hermane 
que duerme en la misma cama, contrae la infección varíoloide ■ 
Cómo es que las viruelas comunes de un paciente dej eneran i 
la forma de viruelas espurias en otro ? Si hubo dos epidemial 
simultáneas en Edimburgo, se debe hacerles la justicia de de- 
cir que ajustaron sus pretensiones mutuas con un espíritu de 
moderación i buena armonía, verdaderamente ejemplar. 

Suponer una misma enfermedad, producida por un misme 
contajio, i modificada por la complexión i otras circunstancial 
de los pacientes ; a vezes tan lijera que apenas merece el 
nombre de enfermedad, i a vezes tan grave, que burlando» 
de toilos los recursos del arte, arrastra aceleradamente s*i 
victimas a una muerte horrible i asquerosa ; suponer esto, ei 
hacer una suposición que concuerda con los hechos, i que la 
razón no puede reprobar ; pero equivocar la diferencia de in- 
tensidad con la diferencia de jénero, es frustrar el grande objete 
de las clasificaciones científicas, i dar por distinto lo idéntico 
II ai multitud de dolencias, cuyos casos leves difieren de ioi 
graves tanto como dos enfermedades cualesquiera, jenéricav 
monte distintas, pueden diferir entre sí. 

K* infinito lo que se ha escrito sobre pus i póstulas. Si uní 



I VIRUELAS. 170 

I penosa amanece con un grano en la nariz, puede estar segura 
I ét bailarlo en un libro. Si no está a la pajina diez, estará a 
I h pajina veinte. No hai variedad de sarpullido que no haya 
I éso dibajada, estampada, iluminada, descrita con todos sus 
I colores i señales por los discípulos de Esculapio. , En cuanto 
I i las viruelas lejitimas i las espurias, tenemos de unas i otras 
I potaras i descripciones que parece no dejan nada que ape- 
I ajeer. I sin embargo de esto, el doctor Thomson sostiene 
I ase semejante distinción es una cosa a que el médico no puede 
I ateserse en la práctica. 

I " Yo me creía," dice este juicioso profesor, " en algún 
■odo preparado para la observación de este mal, por el estu- 
! 4o de las afecciones cutáneas, i por la prolija atención que 
largos aoos he prestado a los síntomas diagnósticos de las en- 
fcnsedades eruptivas. A pesar de esto, debo decir en obse- 
sa» de la verdad, que no pocas vezes me ha causado bas- 
taste mortificación no acertar a descubrir en casos varioloides 
Botellas señales i caracteres particulares, en que muchos de 
ais colegas han creido establecer satisfactoriamente la difer- 
tBcia entre los fenómenos de las viruelas modificadas i de las 
asparías. Mientras creí que estas últimas constituían una en- 
auBMukul independiente i distinta, me sucedió que muchos ca- 
sos cuyos síntomas me habian parecido pertenecer a ellas, se 
escoatraron no serlo, sino de viruelas modificadas ; i luego 
ose empecé a dudar de la existencia independiente de las var- 
icelas, me sucedió con igual frecuencia, que muchos casos 
ose yo habia considerado como viruelas modificadas, resul- 
taros do ser tales, sino variceloides. Ello es que yo me he 
valido de cuantos medios han estado a mi alcanze para llegar 
a orientarme, con tolerable certeza, de una distinción, que se 
as a g uia ser fácil a otros; i esta es la hora en que me ha- 
Do tan lejos de poder diferenciar las viruelas modificadas, de 
las erupciones que por treinta años he estado llamando virue- 
las espurias, como me hallaba cuando empezé a observar la 
presente afección variolosa." 
De las investigaciones históricas del doctor Thomson re- 

n2 




180 VIRUELAS. 

sulla, que no ostentóla jeaersJ opados de 

i otras, no se halla en los archivos i 

prueba satisfactoria de haber aparecido 

contrario hai mil pruebas de qoe todas las ▼ari6aVdasdé J 

yirnelas lejitimas i de las espnrías se has dejado ver eá 

misma epidemia, empezando i a cabando jss tssnBste , 

ha observado que lo han hecho dorante la época de k 

nación. 

Oandoger de Foigni, i Taños otros qne has tratado del 
varicelas, se empeñan en dar una diagnosis exacta de 
afecciones ; pero cuando esto lóese posible, ¿probada st"í 
sencial diferencia? ¿ No seria mas racional decir qne un 
tajio único era modificado por una de aquellas inssmaMasi 
cunstancias que mitigan o exasperan las enfermedades 
cuerpo humano ? A nadie seguramente debería parecer 
que asi fuese, cuando se sabe lo poco que influye en él 
de la viruela inoculada el de la viruela que subministr 
La especie benigna puede enjendrar la confluente ; i al reto) 
El carácter de la enfermedad parece depender mucho mas 4 
cuerpo que la recibe que del cuerpo que la comunica. " Y\ 
dice el doctor Thomson, veinte i una personas inoculadas si 
un mismo dia con materia tomada de un individuo, que^stab 
plagado de viruelas confluentes, i murió de ellas ; sin embarg 
todas tuvieron la viruela mas benigna que pudo deséame? 
yo he inoculado después a muchísimos con materia de la á 
pecie maligna sin el menor mal efecto.'" 

En fin, si puede establecerse una diagnosis fija entre la rm 
icela i la viruela secundaría, si los caracteres de la primal 
son tan claros i ciertos, respóndase al interrogatorio sigoiesrti 
l Son las ampollas variceloides precedidas, o nó, de papólas 
Cual es la ocurrencia, grado, i duración de la fiebre erapthn 
A qué tiempo se arrugan i rompen las ampollas ? Tomas; • 
tas alguna vez la apariencia pustular ? i si la toman, j en q«é i 
diferencian de la viruela modificada o de la común ? cuánto ties 
po continúan en el estado fluido? cuándo empieza a forman 
la costra, i cuándo cae ? Deja la costra hoyuelos, o tomorcilloi 



CÁNAMO. 181 

A todu estas preguntas han respondido los profesores He- 
tarden, Bryce, Alison, i Abercrombie : el dafio está en que 
respuestas no concuerdan. 

la cuestión aun no parece definitivamente decidida. Con- 
míos, sin embargo, inclinarnos mucho mas al modo de pen- 
sar del doctor Thomson, que al de sus contendores. La con- 
feorersia se ajita por ambas partes con mutuo respeto, cabal- 
ante como lo hubiéramos esperado de los sabios i respetables 
imitativos cuyos nombres han aparecido en ella. — A. B. 



XX. — Cultivo i beneficio del cáñamo. 

Como este producto rural ocupa actualmente la atención de 
ks tueros gobiernos americanos, el bosquejo que vamos a 
Arde su cultivo i beneficio en el mundo antiguo no carecerá 
al Tez de utilidad, sea para perfeccionarlo en los paises de 
Atenea donde existe de tiempo atrás, como en Chile, sea 
'■n introducirlo en climas donde no se conoce aun, i que par- 
tama adecuados a este vejeta!, como no pueden dejar de 
*Jo algunos de Colombia, Méjico, i Rio de la Plata. 

Descripción botánica. 
B cánamo* (cannabis) es un j enero de plantas herbáceas que 
futeftce a la diaria pentandria de Linneo, i a la familia na- 
tos! de las urtíceas ; tiene analojía con las ortigas i el lúpulo : 
hs aachos i hembras nacen casi siempre en diferentes pies ; 
us llores de aquel sexo forman racimos o panojas en los so- 
lteos de las hojas i a la estremidad de los tallos, i tienen un 
calis cóncavo de cinco hojuelas i cinco estambres cortos : las 
lores femeninas son también axilares, casi sentadas, i nacen 
ca los ramos tiernos ; su cáliz es de una sola hojuela oblonga, 
puntiaguda, que se abre longitudinalmente ; tienen dos estilos 
largos, velludos ; el fruto es una cajita ovoide, lisa, de una 
celda, de dos ventallas que no se abren, i con una sola semilla 
blanca, dulce, aceitosa. 
£n este jénero hai una sola especie, cannabis sativa. Es 



* Lo que ligue es del nuevo diccionario de historia natural. 



182 CÍÑAMO. 

planta aaaal ; elévase de cuatro a ocho pies : sn tallo es 
reliado, áspero, cuadrangular, hueco, ordinariamente.» 
las hojas partidas como en dedos, guarnecidas de está] 
las inferiores opuestas, i las superiores alternas en el c 
de Europa, todas alternas en la variedad corpulenta del 
Créese que el de Europa es también orijinario de oriei 
cultivo de muchos siglos le ha naturalizado en Fi 
Italia, el Piárnoste, i la Suiza. 

Las plantas de diferente sexo se distinguen antes de la 
ecencia por este carácter : en la hembra todas las divisi 
dedos de la hoja tienen dientecillos a manera de sierra ; 
macho solamente los tres interiores. El vulgo llama 
píamente cáñamo macho al que produce la semilla, i t 
al qué solo da flores estériles. En uno i otro los filai 
de la corteza se aplican a hacer cuerdas, jarcia, i tejida 

Cultivo i beneficio. 

Su calidad depende mucho del suelo, de las prepara 
dadas a la tierra, de las que ha recibido la planta án 
arrancarse, de la bondad de la semilla, del clima, i del 
en que se cosecha. 

La semilla o cañamón tiene gran propensión a enran 
i al cabo de un año no es buena de sembrar. Lo pi 
pues, será examinar su calidad, rompiendo la cascara, 
tando la almendrilla despojada de su película. 

Es menester sembrarle en tierra lijera, por que su raíz 
esto es, se dirije perpendicidanneute acia bajo. La ] 
ación del suelo se reduce a la labranza i abonos. S< 
tumbra ararle tres vezes ; una profundamente antes de 
no ; otra en la primavera al primer brotar de las yei 
la tercera inmediatamente antes de la siembra, i por tan 
o menos tarde según los países i climas. Los abonos 
den de la naturaleza del suelo ; el estiércol de cabaU 
mezclado con algunos otros conviene a las tierras pesac 
de vaca u oveja es preferible para las tierras lijeras; 
mas natural de los abonos, el mejor i mas económico e 
las sobras i fragmentos del mismo cáñamo, después 
beneficio. 



cánamo 183 

~> r-J Xate§ de la siembra es bueno trazar sendas o canales do 
anchura, para que no se haga daño al cáñamo hembra 
se cosecha al macho ; para dar salida a las aguas, i 
^ caiaBmBjjIaejea al cañamar. Siémbrase tupido o claro, según el 
,€ * -Sjcjynaqce se declina la sementera; tupido, si es para telas, 

entonces el tallo es, según dicen, mas fino, i la 
r **c^bka sus suave i sedosa ; si para cuerdas i cables, claro, 
*e pretende que en este caso el tallo es mas grande i 
la corteza mas basta, la hilaza mas larga. Cuando 
ha echado dos hojas, es menester escardar. Al 
^cflcJiode algún tiempo, si está demasiado tupido, se arran- 
cias las plantan supernumerarias, pero con el debido cui- 
Mcpara no descalzar las vecinas, 

. Lnego que el cáñamo llega a cierta altura, crece rápida- 
leste ; Ion machos dominan hasta la época de la adolescencia; 
srtánces dejan de crecer, florecen, i esparcen un polvito 
aerado; la cima empieza a doblarse; el tallo se pone por 
■raba amarillo, i en la parte inferior blanco : este es el mo- 
mento de arrancarle. Esta operación deberá hacerse tirando 
derechamente acia arriba, uno a uno, para no romper los 
tollos, i echándolos sobre el brazo izquierdo hasta que haya 
na manojo ; sacúdese entonces suavemente la tierra pegada a 
las rfcxe», se hacen dos ataduras al manojo, i llevados fuera 
del cañamar, un hombre los coje uno a uno, los pone sobre 
smm horquilla sólidamente hincada en tierra, i con un instru- 
de filo les corta las raizes algo mas arriba de su oríjen. 
este modo puede un solo hombre cortar ochocientos 
jos al dia ; si se dejara secar el cáñamo, no cortaría la 
No hai para que conservar la raíz, que solo sirve de 
tener la humedad del tallo. £1 ramillete de hojas que 
cada manojo debe también separarse, porque de otro 
ocasionaría una fermentación dañosísima. Esta oper- 
¡on se ejecuta en poco tiempo con una especie de hoz de 
haciéndola deslizar cuatro o cinco vezes sobre cada 
ojo, de modo que no lastime los tallos. 
íol hembra, depositaría de la semilla que debe propagar la 



184 CiÑAMO. 

especie, necesita prolongar su existencia. Regularmente fl* 
arranca un mes después, cuando el tallo se pone amarillo, i' 
la boja marchita : operación que se hace también a mau 
Para economizar el tiempo i el trabajo, i para conserrar ileso* 
los tallos, tal Tez seria lo mejor segar las hembras : un ha 
segador podrá segar media fanega de tierra, seguido de uBáVi 
obrera, que hará gruesos manojos, i los tenderá sobre rf- : 
suelo. La desigualdad de los tallos en grosor i altura, acarrean 
la de la maceracion ; por consiguiente es menester escojerlos* * 
Arrancado el cáñamo, se sigue el enriarlos o embalsarlo* 
para la maceracion. Como la corteza de esta planta encierra 
una sustancia glutino-gomosa, que une las fibras entre si i* 
con la parte leñosa de la agramiza o tallo, es menester disol- 
ver esta materia a fin de separarlas. La maceracion produce 
una fermentación que funde el gluten, el cual se desprende 
con mas o menos facilidad, según una multitud de circunstaa~ 
cías que seria largo individualizar. De cualquier modo que* 
se verifique la fermentación, poco importa. Lo esencial es? 
lograrla de un modo seguro, pronto, económico, i sobre todo? 
conocer el punto preciso, para que se pueda despojar la agra- 
miza sin hacer daño a la hilaza. Si la maceracion dura de- 
masiado, el hilo se pudre ; si al contrario, le queda una Darte 
del gluten, i las preparaciones sucesivas se hacen mas difíciles 
i costosas. £1 cultivador, guiado de la esperiencia, sabrá 
hallar el término medio. Unos llevan su cáñamo a enriar 
luego que está cojido ; otros aguardan a que se seque. £1 primer 
método es el mejor ; porque cuando la planta está todavía verde, 
la goma se deslié con mas facilidad, i la operación no dura 
arriba de cuatro días ; al paso que el cáñamo seco necesita 
ocho o diez. Se le echa a macerar en agua corriente o estan- 
cada, o se le tiende sobre un prado, o se le espone al roció i 
al sol contra las paredes i setos, o se le coloca de pié en un 
hoyo húmedo i cubierto. £1 agua corriente da un cáñamo 
mas blanco, mejor acondicionado, i de que sale menos 
polvo al espadarse. £1 método de curarle en prados, no le 
latoso, ni perjudica tampoco a la yerba que está debajo. 



ClÑAMO. 185 

Je hace bien; pero es lento, i da resultados desiguales, 
enbargo, es preferible este método al de ponerle contra 
> puedes i cercas, lo que solo hacen aquellos cultivadores 
i «ya vecindad no hai ríos, arroyos, ni lagunas. 
Ib aquí, según Bralle, el mejor modo de enriar el cafia- 
8e toman dos perchas paralelas ; se tienden encima los 
i, quitando las ataduras, que ostruirían el curso del 
acia la punta de los tallos ; i formada con estos una 
de un pié de grueso, i del largo que se quiera, se ponen 
otras dos perchas, que se atan sobre las inferiores por 
ím centro estremos, i se les pasa una cuerda por el medio, 
ter que esta armadura se haga a la orilla misma del 
■saltadero. Introdúcese luego en el agua, i se tiene sumer- 
ja* en ella a la profundidad de dos o tres pulgadas, poniendo 
•da» algunas piedras o trozos de madera. Se debe evitar 
cañirla de cieno, o césped, por que desliéndose estas mater- 
ia) terreas, penetrarían a lo interior de los tallos, fermen- 
tos» con el gluten, i colorarían la hilaza. 
No es posible fijar el tiempo que el cáñamo ha de perma- 
•feer en el agua, porque depende de las circunstancias que 
toa influido en la vejetacion de la planta, i sobre todo del 
pedo de calor de la maceracion, el cual varia mucho según 
kcauoad i situación de las aguas, i en razón de ser corrientes 
•estancadas. Se conoce que el cáñamo está suficientemente 
emtfe o macerado, cuando la corteza se desprende fácilmente 
de la agramiza o caña. Si la maceracion es pronta, es 
desigual, i perjudica a la calidad del cáñamo; i por esto 
cañado se pone a curar en lagunas, fosos o aguas detenidas 
en que penetra el sol, conviene cubrirle de un poco de paja, 
o yerba para interceptar los rayos, e impedir que el cáñamo 
ele la superficie se cueza antes que el del fondo. 

Cocido el cáñamo i sacado del agua, le lavan para quitarle 
k goma o cieno, le secan al sol, i en algunas partes al calor 
del horno. Una vez que está seco, le guardan en trojes, u 
otros parajes ventilados, i en las noches de invierno, lo agra- 
man quebrantando las cañas una por una acia un estremo, i 
separando al mismo tiempo la corteza de la agramiza en toda 



184 



cíSamo- 



especie, necesita prolongar 
arranca mn mea después, cuido d tallo *s< posa 
la hoja marchita : operacioa que m baca tejabas 
Pan economizar al tiempo i el trabajo, i para 
loa tellos, tal vaa seria lo mejor segar ha harnea**: aa 
segador podrá aegar media manga de tierra, segaádo da 
obrera, que barí grueso* manojos, 
suelo. La desigualdad do los tallos en grosor i altara, 
la da la macerados ; por consiguiente es m an nato 
Arrancado el cánamo, se signe el enriarlos o 
para la maeerackm. Como la cortesa de este pli 
una sustancia glutino-gotnasa, que uno las fibras entra •' 
con la parte lefios* de la agramiza o tallo, as a 
de ■ o perarlas. La macar 
n que funde el gluten, el casi 
con mas o menos facilidad, según ana multitud da en 
cías que seria largo individualizar. Da cualquier modo _ 
se Tarifique la f er me n tación, poco importa. Lo e sencia l a** 
lograrla de na modo seguro, pronto, económico, i sobre toaW 
conocer el panto preciso, para que se pueda despojar la agrá/ ; 
misa sin hacer dallo a la hilan. Si la maceracion data daV* ; 
nuunado, el hilo se padre ; ai al contrario, le queda una jmrnr* \ 
del gluten, i las preparaciones sucesrraa ae hacen mas dincuW j 



i costosas. El cultivador, guiado de la esperieocia, «abra* ' 
bailar el término medio. Unos lleras au cifiamo a earrar 1 
luegoqueeatácojido; otros aguardan a que se seque. ElprinW 
método es el mejor; porque cuando la plante está todavía Terde^ 
la goma se deslié con mas facilidad, i la operación no dora? 
arriba de cuatro dina ; al paso que el cánamo seco ana S M an a* 
ocho o diez. Se le echa a macerar en agua corriente o esta*' 
cada, o ae la tienda eofere un prado, o aa la capone al róelo 9 ** 
al sol contra la» paredes i setos, o se le coloca de pié aa unt 

■it.i < I'l ib ■ - - ■ ' iriÉaaw' 

I de que sale Bajaos* [ 
'" curarle en prados, mV : 
. I" yerba que está d " 






ClÑAMO. 185 

tato Je hace bien ; pero es lento, i da resultados desiguales. 
tk «abargo, es preferible este método al de ponerle contra 
i* paredes i cercas, lo que solo hacen aquellos cultivadores 

[•caja recindad no hai ríos, arroyos, ni lagunas. 
Ha aquí, según Bralle, el mejor modo de enriar el cafía- 
¡ Jo. Se toman dos perchas paralelas ; se tienden encima los 
1 antojos, quitando las ataduras, que ostruirían el curso del 
fÜtea acia la punta de los tallos ; i formada con estos una 
ama de un pié de grueso, i del largo que se quiera, se ponen 
aesna otras dos perchas, que se atan sobre las inferiores por 
ai cuatro estreñios, i se les pasa una cuerda por el medio, 
liaeaester que esta armadura se haga a la orilla misma del 
agalladero. Introdúcese luego en el agua, i se tiene sumer- 
ja! es ella a la profundidad de dos o tres pulgadas, poniendo 
aeuaa algunas piedras o trozos de madera. Se debe evitar 
caWirla de cieno, o césped, por que desliéndose estas mater- 
as terreas, penetrarían a lo interior de los tallos, fermen- 
tan con el gluten, i colorarían la hilaza. 

lío es posible fijar el tiempo que el cáñamo ha de perma- 
•fleer en el agua, porque depende de las circunstancias que 
ha influido en la vejetacion de la planta, i sobre todo del 
nado de calor de la maceracion, el cual varía mucho según 
a calidad i situación de las aguas, i en razón de ser corrientes 
» estancadas. Se conoce que el cáñamo está suficientemente 
sctfp o macerado, cuando la corteza se desprende fácilmente 
le la agramiza o caña. Si la maceracion es pronta, es 
tetigual, i perjudica a la calidad del cáñamo; i por esto 
snuado se pone a curar en lagunas, fosos o aguas detenidas 
■ que penetra el sol, conviene cubrirle de un poco de paja, 
yaaba para interceptar los rayos, e impedir que el cáñamo 
a la superficie se cueza antes que el del fondo. 

Cocido el cáñamo i sacado del agua, le lavan para quitarle 
i guama o cieno, le secan al sol, i en algunas partes al calor 
sa* horno. Una vez que está seco, le guardan en trojes, u 
tros parajes ventilados, i en las noches de invierno, lo agrá- 
ana quebrantando las cañas una por una acia un estremo, i 
apañado al mismo tiempo la corteza de la agramiza en toda 



184 CÍÑAM 

especie, necesita prolongar su existeoei 
arranca un mes después, cuando el tallo se 
la hoja marchita : operación que se hace ti 
Para economizar el tiempo i el trabajo, i parí 
los tallos, tal vez seria lo mejor segar las hi 
segador podrá segar media fanega de tierra 
obrera, que hará gruesos manojos, i los i 
suelo. La desigualdad de los tallos en groso 
la de la maeeracioii ; por consiguiente es me: 
Arrancado el cáñamo, se signe el enriarle 
para la maceraciou. Como la corteza de esl 
una sustancia glutino-gomosa, que une las 
con la parte leñosa de la agramiza o tallo, e 
ver esta materia a lin de separarlas. La mi 
una fermentación que funde el gluten, el ci 
con mas o menos facilidad, según uun mullí) 
cías quti seria largo individualizar. De CUS 
se verifique la fermentación, poco importa, 
lograrla de un modo seguro, pronto, econ6n 
conocer el punto preciso, para que se pueda 
miza sin hacer daño a la hilaza. Si la ma 
masiado, el hilo se pudre ; si al coutrario, 1 
del gluten, i las preparaciones sucesivas se li 
i costosas. £1 cultivador, guiado de I 
hallar el término medio. Uno: 
luego que está cojido; otros aguardan u 
método es el mejor; porque cu 



la goma f 

arriba de anafto djaa : 

ocho o diez. Be la id 



s iaiiliilm 




18T> CÁNAMO. 

■ 

su lonjitud. Este es un trabajo de mujeres i niños ; es ffqtiw* 
pero prolijo ; i así no se practica sino en países que cosech||i " 
poco cáñamo. Donde esta planta forma un ramo de agriosl 
tura considerable, se pretiere emplear la agramadera o esptt 
dilla, instrumento de palo compuesto de dos quijadas, m. 
inferior fija, la superior móbil. Alzando i bajando rápú 
mente la quijada superior, se quebranta la agramiza baje 
corteza que la cubre ; i tirando luego por la punta, se si 
la hilaza del tronco. La parte mas grosera cae. como 
especie de salvado, i la mas fina se disipa en el aire. 

Este polvo leñoso que se levanta del cáñamo, es sofocaste 
i peligroso de respirar. Compon ese de imperceptibles púas, 

que se introducen en la traqueartería, el esófago, i aun los "* 

i-* 

vasos del pulmón, acarreando funestas consecuencias a U r 
salud de los agramadores. Tal fué el motivo que indujo a 
B ralle a imajinar otro método de beneficiar el cáñamo, que es 
en sustancia como sigue : 

El cáñamo todavía verde, cortadas las cabezas i las raizes, 
se pone por capas separadas en un estanque de diez i seis 
pies en cuadro i ocho de profundidad, cuya agua se renuera 
poco a poco, por medio de un caualito que se la subministra 
continua, pero lentamente. Luego se pone el manojo en un 
dornajo (auge) lleno de agua, donde es retenido por juntas 
que están en el fondo, i por dos cuerdas que pasan por encima 
i sostienen un peso. Se tira la agramiza por la punta mas 
gruesa, i la hilaza queda. La lavan entonces en agua cor- 
riente, i toma un color blanquísimo. Pueden verse en la 
obra misma de B ral le los pormenores. (Anatyse pratiqut sur 
la culture et ¡a manipulation du chanvre, en 8°*, 1780.J 

Separado el cáñamo de la agramiza, se le pasa repetidas 
vezes por el rastrillo, que es un instrumento guarnecido de 
puntas de hierro, dispuestas como los dientes de un peine, i 
que liaren mas o menos fino el cáñamo, según están mas o 
menos unidas. Repitiéndose esta operación en diferentes 
especies de peines, gruesos, delgados, i mas delgados, se 
hace ti cáñamo sucesivamente mas suave, blanco, i fino. 
Luego que está bien rastrillado, peinado i limpio, se le divide 



PARAftAYO PORTXTIL. 167 

o madejas, o para hitarle i hacer telas, o para ven- 
ían*, seguí la costumbre del país. — A. B. 



* 'KXI.—Pararayo portátil* 

Sir H. Davy sujiere la conveniencia de fabricar, en los 
taises donde el rayo cae con frecuencia, especies de bastones 
¡toe contengan una baqueta de hierro o acero que pueda sacar 
4t cuando se quiera por uno i otro cabo ; de manera que in- 
vodaciendo una de las estremidades en el suelo, se eleve la 
ata ocho o nuve pies sobre su superficie : basta esta pre- 
caución, según aquel caballero, para preservar la persona 
amenazada de algún peligro, si al mismo tiempo cuida de 
alejarse algunos pasos de dicho conductor. — P. C. 



XXII. — Herradura* perfeccionadas.^ 

El coronel Goldfinch ha obtenido una patente por haber 
perfeccionado el método común de fabricar herraduras. La 
■ejora consiste en dividir la herradura en dos partes unidas 
tor una especie de charnela ; i el objeto de la invención es, 
Hrocurar que puedan estenderse i moverse libremente las 
■«ill*» del pié i la mano del caballo, para preservarlas de 
las ulceras i demás enfermedades a que están espuestas, i 
|ue frecuentemente nacen del uso de las herraduras comunes. 
— P.C. 



XXIII. — Descripción de una nueva máquina de hacer 

pan.% 

En Lausana se ha introducido el uso de una máquina muí 
útil, que merece imitarse en otros países. Esta máquina, 
destinada a la fabricación del pan, es decir, a preparar la 
fermentación de la masa, es mui simple. Se hace una caja 

* Arthivet de* découvertes et da invcntúms noweüa, toro. zv. 
t ídem, itlem. a 

t Ídem, idem ; i Technical Bqxmlory, tom. ii 



188 míquina para pan. 

de tablas de un pié de alto, otro de ancho, i dos de largor 
se coloca sobre ciertos apoyos, de modo que pueda 
vueltas con una manija parecida al cilindro que sirve 
tostar el café. Uno de los lados de la caja se abre coa 
gozne para entrar la masa.* £1 tiempo necesario para 
ducir la fermentación depende del aire, de la prontitud 
que se dé vuelta a la caja, i de otras circunstancias, 
cluida la operación, que comunmente tiene lugar a la 
hora, i que levanta siempre mui bien la levadura, a 
quizá demasiado, se percibe un fuerte silbido, causado 
el aire que se escapa. Esto ezije mui poco trabajo, pues 
niño puede dar vuelta a la caja. 

£1 interior de la caja no necesita ganchos, puntas, través*^. 
ños, ni otra cosa alguna para romper o separar la masa ; pues 
como la masa se pega a los lados de la caja, se efectúan ds ■ 
este modo aquellas operaciones suficientemente. i 

Si se hace la máquina mas larga, i se divide con tablas ea J 
ángulos rectos con los lados, podrán prepararse en ella 
diferentes especies de masa a un mismo tiempo. 

Una de las ventajas evidentes de este invento es, que el 
pan asi fabricado será enteramente limpio, i libre de toda im- 
pureza accidental. — P. C. 



XXIV.— Medio de conservar huevos frescos; por el Sr. 

Cadet.f 

Huevos frescos, puestos en un bocal de vidrio entera- 
mente lleno de agua de cal, con esceso de cal, han logrado 
conservarse mui buenos durante nueve meses. Cocidos por 
tros minutos en agua hirviente, parecieron sumamente delica- 
dos i teuian mui buen gusto. 

Una solución poco saturada de muríate de cal, produciría 
los mismos efectos. 



t Para mantequera se usa en los Estados Unidos una máquina exactamente 
igual. 

• Artkit** <Ut dfomvcrtot, «fe. tom. xt. 



NUBVA BRÚJULA. 189 

También paeden conservarse los huevos sumerjiéndolos 
km veinte segundos en agua hirviendo : de este modo llega 
L formarse una película albuminosa sólida, que se pega a la 
e impide la evaporación. Luego que se retiran del 
caliente es menester secarlos, i después guardarlos en 
vasija que se llena de ceniza cernida, la cual debe 
un poco. Huevos así conservados se encontraron, 
*los nueve meses, de color pardo verdoso, medio vacíos, 
Íém la clara i la yema parcialmente cuajadas : con todo se 
'Sniarecieron en agua hirviente. — P. C. 



. — Descripción de una nueva brújula; par el Sr. 

Clark* 

El Sr. W. Clark, de Chatham, en Inglaterra, ha construi- 
do na brújula según un principio enteramente nuevo. Esta 
Ivnjula consta de cuatro ramas o polos colocados en ángulos 
netos, que se reúnen a un centro común. Los dos polos 
septentrionales se hallan norueste i nordeste ; los dos meri- 
dionales, sudeste i sudoeste de la carta marítima, que coloca 
los pontos cardinales exactamente entre los ángulos del com- 
etas esperímentos hechos hasta aquí con esta brújula, 
demostrado que posee los principios de polaridad i esta- 
ñV*ú»A en mas alto grado que todas las demás brújulas que en 
enera! se usan. — P. C. 



KXTVT. — Sobre el beneficio de los minerales de plata me- 
diante la amalgamación; por el señor Rivero (don 
Mariano, natural de Arequipa, f) 

Es sabido que los minerales de plata, particularmente 
iaaellos que contienen sulfuros, i que se designan con el 
nombre de minerales magros, se queman i calcinan con T V de 
■si marina de su peso, antes de someterlos a la acción del 



* Archiva da déeowterta, <fc. tom. zr. 
t ídem, idem. 



BARNIZ. 101 

KXVII. — Barniz/ranees de pulimento (french polish.J* 

Hace muí pocos años que se ha aplicado este bello arte a 
les muebles, aunque estuvo en constante uso en otras clases 
ét manufacturas ; como por ejemplo, en el barniz de pulimento 
ét los instrumentos músicos, las obras de madera hechas al 
4erno, &c. &c. 

Apareció en este pais la primera publicación de este útil 
tanto en el Repertorio de artes (Repertory qf ArU) de ju- 
te 1815, bajo el titulo de " método alemán de pulir madera" 
por el Sr. Marcel de Serres ; i fué una traducción de " los 
■■ales de las artes i manufacturas" (Anuales des Arts et Ma- 
WKftcimresJ ; pero abundaba en equivocaciones, nacidas acaso 
it errores en la traducción, o en el orijinal de donde se tomó, 
tato acerca del modo de aplicar el barniz, como acerca de la 
eanperatura a que la goma laca debia disolverse en el alcool. 
Decíase en ella, que la temperatura debia ser 50° del termó- 
metro de Fahrenheit, que es menos de la temperatura ordinaria 
lila atmósfera; lo cual es evidentemente una equivocación, 
■emendo ser 50° de Réaumur que equivalen a 124° de Fahr- 
sakeit. Se prescribe que el barniz se mezcle con aceite de 
uvas en la proporción de dos partes de barniz a una de aceite ; 
que fe aplique a la madera con una espátula de lienzo del- 
gado. Estas equivocaciones impidieron que dicha publicación 
irodnjese la mas mínima utilidad en este pais. £1 año de 
L818 fué cuando se supo el verdadero método de aplicar el 
da, mediante dos papeles dados a luz por el editor de esta 
en la titulada, " Thomson' s Annals qf Philosophy" Este 
bañil ee empleaba en aquel tiempo por el difunto Sr. Jorje 
ftulWlt (probablemente con asistencia de operarios franceses) 
m loe ricos muebles de sala, de que era fabricante, i principió 
i asarse por otros. Conocido el método, ha llegado a ser, 
sosao debió esperarse, de universal aplicación en esta capital 
satre los ebanistas, armeros, &c. 

Modo de hacer o preparar el barniz. 

El Sr. Marcel de Serres manifiesta que el barniz se debe 



* Technical Repoátory, 1822. 



BARNIZ. 193 

den al tiempo de la operación ; i hecho esto pondráse a ca- 
lmar sobre una lámpara de espíritu. £1 alcool que se escape 
la operación (lo que sin embargo es fácil de precaver 
la disolución en una retorta i matraz, como se dijo 
Imba) se debe reemplazar, añadiendo, después de concluida 
la operación, igual cantidad al peso que se haya perdido : 
f«et es menester que el barniz conste exactamente de las pro- 
porciones indicadas, para que produzca el efecto que se desea. 
1a solución se trasegará, para purificarla de las hezes o sedi- 
avato que pueda haber; pero de ningún modo se ha de 
fltrar, porque esta operación quitaría a la goma laca algunas 
de sus mas apreciables propiedades. 

.Otro barniz de color para hacer mas subidos los tintes de 
Jos muebles a que se aplica, como cajas de escopeta, &c, se 
ksce del modo siguiente : una onza de goma benjuí i dos de 
goma laca se disuelven en una botella de alcool, según se ha 
■taifestado antes. Algunos armeros añaden sangre de drago 
ala goma laca cou el mismo intento. En los casos en que se 
•ecesita un grado mayor de dureza en el barniz, siendo el 
color una consideración secundaria, se puede usar de un 
barniz que conste de una parte de goma laca i ocho de alcool. 

¿Preparación de la madera antes de barnizarla. 

Los barnizes que quedan descritos pueden aplicarse a las 
superficies de las maderas duras, igualmente que a las obras 
compuestas de maderas de vetas, o embutidas con ellas, o 
con carei, marfil, bronce, plata, &c, como son los mas ricos 
muebles de sala. La madera se debe preparar para el 
barniz, limpiándola de todas las marcas del cepillo con un 
rascador de acero, hasta dejar su superficie igual i suave ; i 
Inego se pule con papel de vidrio* mui fino ; pues la capa 
de barniz es tan delgada, que deja traslucir el mas pequeño 
delecto. 

* Este papel de vidrio (gkut-paptr) se hace dundo una uiaito de cola a un 
peda» de papel grueso, ¡ echando aobre ella vidrio molido mas o ménoa 
delgado, según la finura del pu limen lo que se quiere dar con él. Es niuj 

preferible a la lija. 

O 



• KM 2. 



... . rBut-MMi del frotador. 

^.^ .. . üd tira de un tejido de paño gi 

..*—*. aliada i no cortada de la j 

„ ^ac una orilla áspera, i no suave 

.. ¿ >* o ü rol la, i se asegura fuertcnient 

. .a* la abrazará al rededor : puede i 

.c oía pulgada a tres en diámetro, i d 

vau a mayor o menor estén sion de lo <j 



*¿cúo de aplicar el barniz. 

.__ ««*••! ¿ «?n una botella de boca estrecha, se a 

^«.m* tf 'a superficie plana del frotador a la bo 

» vt vicude el barniz con viveza acia arriba 

.^ .» ;a< el trotador embeberá bastante cantidad 

.„..»- --«• ^^rácw considerable. Entonces el frotad 

* v,*o *u uu lienzo suave, doblado, recojiendo 

+ , H *i^» '.*> reatante del lienzo como para forma 

^.**.c»*» * *** ra « ° *wpwficie plana del lienzo se 

*<iv** -va j« poco de aceite de linaza crudo (a qii 

^^v, <* Jara color con raiz de ancusa) ; i el acei 

*.om* a,* v» dedo a la parte inedia del lienzo. La 

^ ¿*mí»v Iwui/ar so coloca en frente a la luz, rían 

^ .lés.KH «?l efecto del pulimento ; i se puede barniza 

«icw ac uno a ocho pies cuadrados de una vez. E 

^ Jvik* pastar sobre ella presta i suavemente, c 

¿9 Wu que el barniz esté casi seco. Entonce 

¿vvv aa^v amento con barniz la superficie plana 

tt.ufftA» *i«* iwm ' **' lienzo ; i sin agregar mas aceta 

^njb* iu frotación liusta que el barniz esté casi seco c 

S*. U< dará del mismo modo otra tercera mano ; I 

, v u a» poco de aceite, como la primera, a la que d 

. ^t** do* sin el ; i asi se sigue hasta que el barniz : 

>**» ^l^un grosor, (pie sucederá después de algunas s 

^^K'toae*. 1 lecho esto, puede aplicarse un poco de es¡ 

*~m>I a lo interior del lienzo, antes de humedec 

ir con barniz, i entonces se frota del modo 



**r 



v^** 



I 



BAKNIK. 185 

•*©, enave, i uniforme posible sobre todas las partes de la su- 
srficie barnizada, lo que conduce mucho a darle igualdad, i un 
jumento hermoso. En seguida se humedecerá el lienzo con 
i poco de alcool i aceite, sin añadir barniz, i se volverá a 
jetar, con las precauciones últimamente espresadas, hasta 
|ee el barniz esté casi enteramente seeo. Se verá entonces 
I afecto de la operación ; i si se halla que aun no está com- 
íala, debe continuarse del modo dicho, siempre introduciendo 
leool a su tiempo, como se ha indicado, hasta que venga a 
(andar la superficie barnizada igual, suave i perfectamente 



Paie ce iá acaso prolija a nuestros lectores la opésaoion 
, I descrita con una menudencia superfina : pero tal 
no será asi si se hace la prueba, i especialmente ai ae 
con los otros modos de barnizar ; pues el efecto se 
sin el calor que se necesita jeneralmente al 
los barnizes de espíritu por el método común; 
al pulido se completa sin la incomodidad de estender 
sj la brocha una sucesión de capas (como sucede en los 
■sises de aceite), necesitándose en tal caso dar a cada 
qa* el tiempo de secarse, antes de aplicar la siguiente, 
M* que tenga bastante grosor para que pueda sufrir la 
stajcaon de la piedra pómez i agua, que le da una superficie 
i en seguida el pulimento con tripol. 



Modo de barnizar obra* cóncava* i redondas. 

En este caso el frotador no se debe usar por la superficie 
isa, sino por la parte lateral, a la que se aplicará el barniz, 
e cubrirá con dos doblezes de lienzo, aceitado, o no, según 
dijo anteriormente. 

Modo de barnizar huecos i obras talladas. 

Cuando esto ocurre en obras de ebanista, a cuyas super- 
iee no puede alcanzarse con el frotador, se empleará un 
rsiz de espíritu, hecho sin goma laca, de las gomas resinas 
■aunes, i mucho mas espeso que los usados en las opera- 
que quedan explicadas ; el cual se aplicará con una 

o 2 



196 BARNIZ. 

brocha o pincel de pelo, como se hace comunmente en otra 
métodos de barnizar. 

Mejora en- el modo de aplicar el barniz francés ; por el $r. 
Samuel Ata* 1 , célebre armero de Londres. 

Esta mejora consiste en la sustitución de una esponja de 
superficie suave, en lugar del rollo de bayeta n orillo de peno 
comunmente usado. £1 Sr. Nock halla ser la esponja mucho 
mas conveniente para aplicar el barniz a las cajas de escope- 
tas, que no el frotador de bayeta u orillo de paño, en razón 
de no tener pelos flojos, que salen continuamente por los 
intersticios del lienzo en que está envuelto, lo que haca 
mucho daño al buen efecto de la operación. Halla tam- 
bién que basta llenar la esponja una vez de barniz, trar 
yéndolo a la superficie del lienzo cuando se necesita, coa 
solo esprimir la esponja ; i por este medio puede continuar 
la operación mucho mas tiempo sin necesidad de renovar el 
barniz. 

Cuando la esponja está ostruida de barniz, la humedece 
con alcool, i cubriéndola con un pedazo de lienzo ordinario, 
la emplea para preparar las cajas de escopetas a recibir el 
barniz, así como para remover barnizes anteriores, aceites, 
&c. Sin embargo, emplea siempre un lienzo fiuo para dar 
la última mano a su barniz. 

Agrega, que un francés amigo suyo, le ha informado que 
en Francia hallan mejorarse mucho el barniz, añadiéndole un 
poco de alcanfor. 

Modo de barnizar en el torno. 

Esta operación es sumamente fácil, i no requiere mas des- 
treza que la mera aplicación de un poco de aceite a la su- 
perficie de un lienzo suave, poner encima el barniz de goma 
laca i alcool, i luego aplicar ambos a la superficie del artefac- 
to, al mismo tiempo que se le da vuelta en el torno, cuidando 
de mover la mano a un lado i otro hasta tanto que se produzca 
el efecto.— A. C. 



DE LA IMAJINACION. 1U7 



SECCIÓN III. 



IDEOLOJÍA, MORAL £ HISTORIA. 



XXVIII. — Análisis de la imajinacion.* 

•Cuando traté de establecer la linea que separa la concep- 
de la imajinacion, se me ofreció observar que el oficio 
la primera es presentarnos una copia exacta de lo que ya 
sentido i percibido ; i el de la segunda, hacer una 
de las cualidades i circunstancias de una multitud 
diversos objetos, combinándolos i disponiéndolos para 
«na creación peculiar suya. 
las definiciones adoptadas por la jeneralidad de los 
flósofos modernos, se podría pensar que el campo de la 
isaajinacion es limitado por los objetos de la vista. " £1 sen* 
tsdo de la vista/' dice el Sr. Addison, es el que provee a la 
jmacion de ideas ; i así, por placeres de la imajinacion 
aquí todos aquellos que se orijinan de objetos 
visibles, sea que los tengamos presentes, o que se esciten 
sjm ideas en nuestra mente por pinturas, estatuas, descríp- 
\, u otros medios semejantes. La fantasía no puede 
imájen alguna que no haya hecho su primera entrada 
la vista." £1 doctor Reid, considerando la materia bajo 
el mismo aspecto, observa que" la palabra imajinacion, en 
itido propio, significa una viva concepción de objetos de la 



of tbe pbilosophy of the human raind, by Mr. Dugald Stewart, 
1811. 

f El autor ha tomado esta ros en un sentido nuevo, aplicándola a significar 
«apella facultad del alma, que la hace capas de formar idea de un objeto au- 
% que ha sido ames percibido por los sentidos. Esta facultad se llama 
memoria ; pero el Sr. Stewart hace una diferencia delicada entre 
i concepción: los actos de la memoria, dice, incluyen la idea de 
pasado; la concepción no envuelve ninguna idea de tiempo. 




200 DE LA IMAJINACION. 

individualidad ; a saber, que la mente tiene mayor facilidad 
de recordar las percepciones de aquel sentido, i de consi- 
guiente prefiere estas a las de los otros ; a que se agrega, que 
las cualidades percibidas por la vista son incomparablemente 
mas varias. En efecto, este último sentido es el que surte a 
los pintores i escultores de todos los asuntos en que ejercitan 
su injenio, i el que ofrece al poeta descriptivo la mayor i mas 
preciosa parte de los materiales que combina. Aun en la 
prosa poética es notabilísima la preponderancia de las frasea 
que traen a la memoria aquellos colores brillantes, i es- 
pléndidas formas de la naturaleza, que causan una fuerte 
impresión sobre la vista. Varios escritores han citado, 
como un carácter distintivo del estilo oriental o asiático, que 
la mayor parte de sus metáforas se toman de los luminares 
celestes. " Las obras de los persas," dice Voltaire, " son 
como los títulos de sus reyes, en que a cada paso nos des- 
lumhran con el sol i la luna." Sir William Jones, en un pe- 
queño ensayo sobre la poesía de los pueblos orientales, ha 
procurado demostrar que esto no se debe al mal gusto de 
los asiáticos, sino a la antigüedad de su lenguaje i a la reli- 
jion popular de su pais. Mas la verdad del caso es, que 
igual crítica puede aplicarse a !as producciones juveniles de 
todo autor dotado de una imajinacion ardiente, i a las com- 
posiciones de toda nación en que la falta de un gusto cultivado 
i filosófico haya impedido el establecimiento de una distin- 
ción bastante precisa entre los estilos propios de la poesía i de 
la prosa. La esplicacion que da el abate Girard del signifi- 
cado de la voz phrbus, según el uso que de ella hacen los 
críticos franceses, fortifica la observación anterior. " £1 
pht'bus," dice, " tiene un brillo que significa, o parece signifi- 
car algo: entra en él comunmente el sol; i esto quizá ha 
dado motivo en nuestra lengua al nombre de phétnis."* 

Según estos principios, Cray, al describirlas primeras fan- 
tasías del injenio poético, se ha fijado con admirable juicio 
sobre esta clase de conceptos : 



* S^uuiiyini-s tranyuia. 



DB LA IMAJINACION. 201 

u A tu infantina vista muchas veces 
Se mostraran espléndida* visiones, 
Lucientes formas, que adoraadns brillan 
De tintes orientales." 

De estas observaciones se colejirá fácilmente la razón por- 
fai palabra imqj ¡nación, en su mas corriente aceptación, se 
a casos en que nuestras concepciones se derivan del 
de la vista ; a pesar de abrazar aquella facultad una 
tan ilimitada como lo es la de nuestros goses i pensa- 
De aquí el oríjen de las definiciones parciales que 
tratado de correjir ; i de aquí también el oríjen de la misma 
¡muy ¡nación ; cuya etimolojía se refiere manifiesta- 
■sale a objetos visibles. 

La mayor parte de las antecedentes consideraciones se en- 
centrarán aplicables, bajo las restricciones convenientes, a 
lodos los diversos modos en que la imajinacion pueda desple- 
garse. Pero a fin de facilitar el examen de esta materia al 
lector, procuraré en adelante espresar mis ideas mas bien por 
medio de ejemplos que de proposiciones jenerales ; dejando 
qae cada cual decida acerca de las modificaciones necesarias 
para estender a otras combinaciones de circunstancias las 
coaclusiones que hallare. 

Entrólos inumerables fenómenos que esta parte de la constitu- 
ción humana presenta al observador, despiertan un especial in- 
terés, por su simplicidad i por las importantes discusiones a que 
coaducen, las combinaciones que forma la mente de materiales 
cjae le ministra la facultad de la concepción. Por consiguiente, 
sse propongo ilustrar este asunto con imájenes tomadas de la 
poesía i la pintura ; porque las operaciones de la imajinacion 
es estas artes esplican del modo mas intelijible i agradable 
las del sistema intelectual, en que la mente se desvía de los 
■odelos que le trazó la esperiencia, i se forma nuevas e ines- 
ploradas sendas que recorrer, como sucede en los casos aná- 
logos, pero menos palpables, que pertenecen a la consider- 
ación del moralista. Estas operaciones, que, no ostante la 
poca atención que se les presta, habitualmente ocupan los 
pensamientos de todo hombre, son las que dan un aspecto tan 



202 DE LA IMAJINACION. 

animado i varío a la escena de los negocios ñámanos, que ea 
unos casos tienden a la mejora, i en otros a su decadencia, 
según las nociones mas o menos exactas o erróneas que m 
tengan acerca de la escelencia i la felicidad. 

La imajinacion es una facultad complexa, que comprende 
primero, la concepción o simple aprensión, la cual nos pona 
en estado de formar una noción de aquellos objetos anteriores 
de percepción, o de intelijencia, entre los cuales tenemos que 
hacer la elección : segundo, la abstracción, que separa los 
materiales elejidos, de las cualidades i circunstancias que es- 
tán unidos a ellos en la naturaleza : tercero, el juicio o gusto, 
que elije los materiales i dirije su combinación. Puede aña- 
dirse a estas facultades aquel hábito peculiar de asociación, a 
que he dado el nombre de fantasía, i es el que presenta a nues- 
tra elección todos los diversos materiales subordinados a los 
esfuerzos de la imajinacion, debiendo por tanto considerarse 
como la base fundamental del injenio poético. 

A efecto de ilustrar estas últimas observaciones, consider- 
emos de qué modo debe haber procedido Milton para crear 
su jardín imajinario de Edén. Es natural inferir, que cuando 
concibió el proyecto de aquella descripción, se presentarían 
como en tropel a su mente las mas notables escenas que habia 
visto. La asociación de ideas las sujeria, i la facultad de la 
concepción colocaba cada una de ellas a su vista con todas 
sus bellezas e imperfecciones. Si se quiere dar un destino par- 
ticular a cualquiera escena natural, sucederá que encontremos 
en ella defectos i redundancias que el arte puede correj ir a ve- 
zes, pero no siempre. Mas la facultad de la imajinacion no 
conoce límites : ella puede crear i destruir ; ella puede hacer 
lo que quiera de sus bosques, rocas, i ríos. Milton, pues, le- 
jos de copiar su Edén de una sola escena, tomó de cada cual 
los caracteres i circunstancias que le parecieron mas sobre- 
salientes i hermosos. La facultad de la abstracción le hizo 
capuz de separarlos, i el gusto le ensenó a elej irlos. De este 
modo se proveyó de materiales ; i por medio de una feliz com- 
binación ha logrado crear un paisaje, probablemente mas per- 
fecto en todas sus partes que cuantos jamas realizó la natur- 



DB LA IMAJINACION. 203 

i 



■luía; i m dispata, mui diferente de todo lo que ofrecía este 
asi* en la época de su composición. Es curiosa la observación 
fecha por el Sr. Walpole, que el Edén de Milton carece de 
lss defectos de los antiguos jardines ingleses, i está imajinado 
lobre loa mismos principios que estaba reservado a nuestra 
•áad poner en práctica. 

Lo ya espuesto demuestra suficientemente que la imajina- 
tlon no es» como la atención, la concepción, o la abstracción, 
sla facultad simple del, alma, sino que concurre a formarla 
nía combinación de varías facultades. Ademas es evidente, 
•me tila debe aparecer bajo una grande diversidad de formas 
I ea diferentes individuos, ya que algunas de sus partes compo- 
nentes están en gran manera espuestas al influjo del hábito, i 
de otras circunstancias accidentales. La variedad de los ma- 
taríais*, por ejemplo, de los cuales el poeta o el pintor forman 
san combinaciones, dependerá mucho de la tendencia de las 
salaciones esternas a enriquezca la mente de una multitud de 
varios conceptos ; i la belleza de estas combinaciones depon- 
Aeré enteramente del grado de cultura que haya recibido la 
mcaltad del gusto. Resulta de aquí, que lo que llamamos 
escoltad de la imajinacion, no es una dádiva de la naturaleza, 
sino ana consecuencia de los hábitos que hemos formado, fa- 
vorecaos por las circunstancias : no un dote orijinal del en- 
tendimiento, sino una adquisición posterior, debida a la esper- 
iencia i a las situaciones en que nos hallamos ; i que, en sus 
diversas gradaciones, llena todo el intervalo que media entre 
loa primeros esfuerzos del injenio sin cultivo, i las sublimes 
creaciones de un Rafael o un Milton. Un grado eminente de 
hmajinacion constituye el injenio poético ; i este talento, que 
principalmente se desplega en la composición poética, es, sin 
embargo, aunque no exactamente del mismo modo, el funda- 
mento de varías otras artes.— P. C. 



CIENCIA SOCIAL. 906 

¿ente muchas vezes, e impróvida las mas, la lei tenia 
ad de un apoyo, de un auxilio ; i el sabio i benéfico 
b la naturaleza le dio la moral, que doroina imperiosa- 
i jénero humano por el temor i por la esperanza, 
irles, las leyes, la moral, hé aquí, pues, los principales 
de civilización, i los verdaderos elementos de la cien- 
ai. 

rimera de las artes es la agricultura, como que es la 
causa, la base primera de la sociedad. Madre fe- 
! inagotable, la agricultura sola produce todas las ri- 
porque ella sola produce los verdaderos bienes. Fa- 
* i consúmanse en buen hora los hombres labrando las 
ara arrancar de las entrañas de la tierra los viles me- 
|ue esto no impedirá que la agricultura, a menos costo, 
ipe a la avaricia ; i sin descender hasta lo profundo de 
otos, se contentará con rasgar el seno de la tierra, la- 
su superficie, i el hierro del arado hará salir de ella el 
nieses i frutos. 

jira alimenta al hombre, pero solo da sus riquezas al 

i el trabajo reúne a los individuos sometiéndolos a 

comunes para un fin común. La identidad de las ocu- 

s i hábitos forma las relaciones de vecindad, auxilio i 

; i estas traen las de alianza i parentesco. 

han debido ser los primeros vínculos de la sociedad, 

>n aun hoi dia sus mas intimas relaciones i sus mas 

olumnas. La sociedad consiste mucho menos en esas 

es de amistad i de interés, tan multiplicadas en las 

b i que solo producen unos hipócritas de probidad, que 

elaciones de benevolencia, que son las únicas que hon- 

humanidad. 

oes de la agricultura, ¿ cuál es la piedra angular de la 
1 ? cuál es la garantía mas poderosa de su estabilidad ? 
propiedad. ¿ I cuál es la salva-guardia de la pro- 

. El gobierno. 
tecto, la tierra i todos sus bienes son tan comunes al 
como el aire i la luz, i según este derecho*primitivo, 



CIENCIA SOCIAL. 207 

m a medid* que tienen man inmediata relación con las 
m necesidades del "hombre, o fuesen mas importantes en 
ie sa superfluidad ! 

emamos confesarlo : las artes útiles son también las 
Borificas de la sociedad. 

es» por decirlo asi, la filosofía natural i práctica, me- 
sada en raciocinios que eñcaz en medios para satisfacer 
ib necesidades de la vida : ella es el eco de la natur- 
a cual pronuncia sus oráculos en los talleres. 
i son verdaderamente las artes de la sociedad, puesto 
► ventajas se reparten entre todos los miembros que la 



productos del suelo i de las artes son la riqueza de la 
A ; mas de tantos productos, todo cuanto escede las 
lades de los unos solo es un sobrante útil en cuanto 
>arte de lo necesario de los otros. 
tata manera, el arte que da valor a lo superfluo es tan 
» como el que crea los productos : este arte es el co- 
• 

) el universo está ligado por las causas físicas que 
nen una íntima comunicación entre las partes estremas, 
tercio es una causa segunda, física i moral a un tiempo 
: estiende sus alas, i en su rápido vuelo visita i enri- 
&1 globo. 

ii oríjen no fué el comercio otra cosa que un cambio entre 
i ; poco después se acrecentó : atravesando los ríos, 
atañas, los mares, recorrió todos los elementos ; tras- 
lo al lugar de su nacimiento lo que habia de mas en to- 
i países, hizo a su patria la escala de todas las naciones, 
ia sola ciudad el compendio del mundo. ¿ Mas cuál 
1 resultado de tantas ventajas i cómo se podría gozar 
s sin el auxilio del orden i de la lei ? £1 orden es lo 
nstituye el estado social, i la lei quien establece i man- 
1 orden. 

ei es la regla de las relaciones que resultan de la so- 
Las relaciones de la sociedad son de tres especies, 
• ; relaciones entre los miembros de la sociedad ; reía- 



208 CIENCIA SOCIAL. j 

ciones entre la sociedad, i sus miembros ; relaciones entre ¡m 
sociedad i otras sociedades. ¿ 

La lei que arregla las dos primeras relaciones, forma la ]*u 
jislacion interior, i funda el estado social. - La lei que arregla, ' 
la última, forma una especie de lejisl ación estertor, i constituya 
el estado político. 

La lei que arregla las relaciones entre los miembros de i^ 
sociedad, es la lei civil. La lei que arregla las relacioneaJ 
entre la sociedad i sus miembros, es la lei constitucional. , 

La lei civil es quien establece el orden en la sociedad, i bu j 
lei constitucional quien le mantiene ; de donde se sigue qss, 
aunque una i otra tengan grande influencia en la felizidsd 
pública, con todo, el arte de adelantar la civilización por medio, 
de las leyes consiste menos en perfeccionar la lei constitu- 
cional que en perfeccionar la lei civil. 

La lejislacion esterior arregla dos especies de relaciones; 
las que existen entre las sociedades, i las que se forman entre 



los miembros de diversas sociedades. Las primeras son las 
relaciones políticas ; las otras, las relaciones comerciales. 

Es un error creer que los vínculos mas fuertes entre los 
estados consisten en las relaciones políticas, es decir, en las 
alianzas : la razón i la esperiencia nos enseñan que están en 
las relaciones comerciales. El interés une a los estados co- 
mo a los individuos; mas las alianzas, como que siempre 
tienen por base o por objeto un interés transitorio, no pue- 
den ser duraderas. Semejante vínculo cesa con los moti- 
vo? i con los hombres que le formaron, i se destruye con 
las circunstancias, en tanto que el vínculo del comercio está 
a prueba de las vicisitudes. 

En los estados libres, el interés del comercio tiene una 
influencia particular. Allí el voto de los intereses indivi- 
duales obra con tanta mas efícazia sobre el gobierno, cuanto 
que él espresa la voluntad de mayor número de individuos, i 
abraza el comercio una parte mas considerable de la sociedad. 

He dicho que la legislación no podía prescindir del apoyo 
de la moral, pues que esta es el fundamento i la regla de 
aquella. La moral asegura el poder del lejislador, cuando 






CIBNCTA SOCIAL. 909 

disposiciones que este proclama están en armonía con ella ; 
lo quita, ¿uando las mismas disposiciones le son opues- 

r A medida que ella aprueba o condena la lei, le somete las 
individuales, o las subleva contra esta. 

La lei no es el resultado de la voluntad del hombre ; es 

te de ella ; le sigue siempre, le dirije en todas sus 

i, i en todas partes pone algún deber que desempeñar. 

| r Nadie puede ignorar lo que ella ordena o prohibe, ni tam- 

[fbeo sustraerse a su obediencia, si no está dominado por el 

Háo, o abandonado al crimen. 

Bs, pues, la moral el sentimiento de lo justo i de lo injusto, 
'-éá bien i del mal, de lo honesto i de lo vicioso, que la natur- 
ales* ha plantado en el corazón del hombre, para arreglar 
por él su conducta, sus deseos i pensamientos. 

La moral es el complemento de la lei. Sin la moral, solo 
encontraría esclavos el lejislador; sin la moral serían 
movibles todas las acciones a merced de la potestad lejisla- 
ti?a, i dejarían de tener aquella garantía de estabilidad que 
as e gu ra su existencia. 

La moral añade a la lei eficazia, invariabilidad, universa- 
lidad. También estiende su poder mas allá de sus límites, o 
por mejor decir suple por la lei en donde acaba el poder de 



La lei es la regla de las acciones ; la moral es la regla de 
los principios. La lei no manda mas que esteriormente ; la 
moral es una lei interior ; reina sobre el pensamiento ; contiene 
al crimen ; modera las acciones antes que se hayan producido 
afuera; las prepara por medio de su yugo para recibir el de 
la lei, i es el freno i el regulador mas poderoso de las pasiones. 
La moral es el verdadero principio de la unión entre los 
hombres ; porque no hai cosa alguna que tenga mas poder 
para unirlos que la creencia que la moral les impone, i que, 
dándoles un mismo oríjen i llamándolos a una común felizidad, 
forma entre ellos la fraternidad que nace de las mismas 
opiniones, de los mismos deseos, de las mismas esperanzas. 

Todas las ciencias son hermanas, dijo un antiguo ; todas 

p 



OIHM€IA SOCIAL III 

ciencia social tolo es verdaderamente la . ciencia 
asi hombre. 

• Detumiiuer d mejor uso de las facultades del individuo, de 
m derechos i pasiones, tal et el gran problema de la ciencia 
Mucho ha hecho ya el entendimiento humano para, la 
do este problema ; pero todavía le queda mucho que 
; porque sucede con la ciencia social lo que con toda 
de observación i de meditación ; lo que se sabe es muí 
lo que se ignora f infinito. Siempre se puede 
algo a la ciencia, asas no se pueden tocar sus limites, 
peque no los tiene. 
Sos clases hai de ciencias ; una que se reduce a aprender 
se ha observado, otra que se limita a observar, jUt 
hace doctos sin filosofía ; la segunda, filósofos sin 
La verdadera ciencia consiste en reunir las dos. 
Aprender sin observar, es querer dejar la ciencia en el punto 
«a que está : observar sin aprender, es querer comentar la 
i no estenderla : la ciencia subsiste siempre en la 
La una sin la otra no la añade nada ; porque el que 
sin aprender, no descubre sinp lo que ya está descu- 
bierto* asi como el que aprende sip observar, no descubre 
Im ciencia no es fruto del trabajo de un hombre solo ; 
m campo yasto e inculto, que no es verdaderamente 
jmhetiro sino después de los cuidados de una larga serie 
¿e herederos. 

tabeamos, ¡mes, recejar con atención U rica herencia que 
«as ha» dejado los antiguos, clasificar con orden todas las 
partes que la componen, i perfeccionar en seguida los medios 
sis Iniasmitir la ciencia, es decir, los métodos de enseQansa : 
•pioncas tendrá libertad el iajenio para estender los limites de 
* ciencia. 

Ninguna necesita tanto de perfeccionarse de esta manera 
«asno )a ciencia social, pues que todavía, está casi por crear. 
La mayor paite de sus principios son inciertos aun hoi día, e 
indeterminados ; i aunque es verdad que grandes injenios han 
en ella grandes descubrimientos, no lo es menos que el 

f! 



tío cinMMA somas» 



:se dan la bm. { Peie> quién m 

«signar a cada ana aa lagar? 

puede muí bien alcanzar a coa rrend ar 

dones; ¿pero puede abrasarlas todas! Él. 

por los punios de contacto que las KgsnV «JÜ Mijft 

ana sola familia; amas todavía no na flegado av 

alias la línea qne les separa en los panana en 

seméjense, i comienjca la especie. Sn ai 

lo que pnede hacer consiste en aproxiasar las 

el nfimero de sos relaciones, segaa en 

similitud i afinidad. 

Todas las ciencias emünaa ; todas «Uas»; 
estado social, i le perfeccionan a sn ves; son el 
la combinación de los peaa amien tos ale Sanchas, i 
las relaciones entre los ludiridnos por U 
pensamiento, per la semejanza de lee fastas, de 4*4 
gaciones i trabajos. • •»•** 

Mas no todas las ciencias tienen, por objeto 1* 
antes bien solo tienen sobre ella aa influjo indirecto} 4 
lo que distingue de las otras ciencias a la 
la lejislacion i la moral. 

£1 objeto directo de estas tres ciencias es la 

La economía política forma, por las artes, loa sisAese/*** ] 
la sociedad ; la lejislacion los mantiene por loa 
moral los confirma por los deberes : de aquí la JaKanitéV i^ 
objeto de la sociedad i de la ciencia social. 

£n efecto, la felizidad social se compone del gos» de 'Isa 
derechos i de la propiedad. <■ 

La economía política busca los medios de prnspmijsadllla 
lejislacion da los goses de ella ; la moral la garantían, "t a 

La economía política, la lejislacion i la moral 
pues, a uu mismo objeto, el de perfeccionar laa 
sociales. Pero sus medios no son los ssismos : la <■*•> sjsmjn 
los hombres por el interés, la otra por lá *&mfa4+MéB- 
cera por el sentimiento. La economía política 
hombre con sus facultades físicas; la lejislacion, 
rechos ; la moral, con sus pasiones ; de donde se pnede de- 



omiteíA social. fHJL 

ciencia social tolo es verdaderamente la . tinaej» 



■i ■onibre. 

♦ Diseí minar «1 mejor uso de las facultades del individWt de 
na* Ae roobo * i pasiones, tal es el gran problema de la ciencia 
Mucho bey hecho ya el entendimiento humano para, la 
de este problema ; pero todavía le queda mucho que 
Paja* | porque sucede con la ciencia social lo que coa toda 
^ a de observación i de meditación; lo que se sabe es muí 
lo que se ignora, infinito. Siempre se puede 
algo a la ciencia, man no se pueden tocar sus límites, 
parque no los tiene. 

!■». llaa clanes hai de ciencias : una que se reduce a aprender 
ae ha observado, otra que se limita a observar, jUt 
hace doctos *in filosofía; la segunda, 61ósofpssin 
La verdadera ciencia consiste en reunir las dos. 
Aprender sin observar, es querer dejar 1% ciencia en el punto 
«a que está : observar sin aprender, es querer comenzar la 
¿Ñpeja, i no estenderla: la ciencia subsiste siempre en la 
ípfocia. La una sin la otra no la añade nada ; porque el que 
jfeejrva ata aprender, no descubre sinp lo que ya está descu- 
bierto, así como el que aprende sin observar, no .despulpe 
fflkn* I* ciencia no es fruto del trabajo de un hombre solo ; 
#ao ja .campo vasto e inculto, que no es verdaderamente 
fmraetfrro aiao después de los cuidados de una larga serie 
f|t £eree¿efos* 

bohemos, pues, reeqjer con atención la rica herencia que 
Ais han dejado los antiguos, clasificar con orden todas las 
partes que la componen, i perfeccionar en seguida los medios 
daflftimitir la eiaacia, es decir, los métodos de euseQaaaa : 
iptó*oaa tendrá libertad el injenio para estender los límjtas de 

Ninguna pecesita tanto de perfeccionara© de esta manera 
«peo Ja ciencia social, pues que todavía está casi por crear. 
La mayor paite de sus principios son inciertos ajan hoi día, e 
i nd et e rminados ; i aunque es verdad que grandes injenios han 
en ella grandes descubrimientos, no lo es menos que el 

p! 



COMENTARIO DE MONTESQU1EU. 213 

s 

XXX. — Análisis del comentario sobre el Espíritu de las 

leyes de Montesquieu.* 

Del mismo modo que los hombres, tienen los libros su 
■rtuo. Semejante al cuerpo humano, no tiene cada tratado 
il la ciencia sino un tiempo de vida o de existencia activa : 
Imites de este plazo, llega el término fatal en que se con- 
m con la materia común de las obras de referencia ; i a la 
■mera que las jeneraciones sepultadas sirven de materiales 
ct cierto modo para la vida de las jeneraciones presentes, así 
¡l la tumba de las bibliotecas prestan los libros sus despojos 
i ideas nuevas, que se alimentan i llenan con ellos, que crecen 
riren en su lugar. Apropian se otros su método i su estilo ; 
de allí pensamientos i hechos, que presentan bajo una 
nuera, o que esclarecen : sirven, en una palabra, de 
Emento al espíritu de los que piensan i escriben ; pero los 
•* obran, no van ya a buscar en ellos preceptos i reglas de 
; sino que se diríjen a los que vinieron después, 
mutación de papel es inevitable, sin que haya talento 
i» baste a preservarnos de ella. £1 talento hace que se 
me al autor, aun después que su obra ha cesado de existir, o 
a go^rnar; mas la exactitud, los rasgos injeniosos, las 
radas, son de todos los siglos ; i cualquiera que hubiese 
tillado por estos dones del espíritu, no puede ser olvidado 
ao en favor de otro que los posea en grado superior. Pero 
ita influencia de conducta, en virtud de la cual se coloca un 
ouabre en el primer puesto de su siglo, i se presenta un 
bto cual uno de los fanales que deben señalar el puerto, i 
aiar, por decirlo así, la maniobra del entendimiento humano ; 
ita influencia, repito, es pasajera como todos los movimie - 
m de la misma maniobra. Cuanto mas rápidamente se 



9 Comentario jobre el espirita de las leyes de Montesquieu, por Deslutt- 
r, cuQ las observaciones meditas de Condorcet. Le ctnstur européen, ou 
de dueña questions de drmt publie, ct de divert ouvraget tütéraireí et 
cmtidirét dan» Uurt rapporU avee la progrts de la eioUhatkm : par 
. M.CamUtt D% AVyer. Tome vii. París, 1818. 



114 COMENTARIO DB M ÜJUMQU IP. 




suceden Im operaciones, mas p r es t o se 
guia : asi, en nn rigió político, toa de «■ corta 
tratados de política; i el filósofo, el amigo de loe 
trabaja para ser en breve inútil. 

Mas entonces puede decirse que ha llegado al colsso dsi 
fortuna: pues que él quería conducir a sus 
acia el objeto que descubría su espíritu, i sus 
pasaron, obtiene sin duda una parteen la gloriado loe pcogrlsslj 
que estos hacen; i aquesta gloría se añade a la de su tales*} 
Bastante es para un hombre, unir al título de p ens a d or isjsj 
nioso el de veterano de la civilización : tal se nos presenta ej Ja- 
lo futuro Montesquieu ; i considerándole bajo este 
creemos no negarle nada de lo que le debe la especie 

Dos son las cosas que hai que distinguir en toda obra 

tífica : la naturaleza de las cuestiones propuestas i su 

cion ; el punto de vista del autor, i su modo de ver» Toes «■ 
tratado contiene dos afirmaciones implícitas : una, que está fc- 
bien establecido el problema ; otra, que está bien resuelto .^ 
A esto se reduce lo que el escritor por sí promete, ¡ aunque si 
sea cierto que la crítica tiene derecho á disputarle este doble ►- 
mérito, no es, sin embargo, indiferente que ataque lo uno • i 
lo otro. Si se concede el problema, i se niega su solución, aé 
está destruido el tratado : una vez que permanece ePfunda- 
mento, puede mas adelante tener influencia la idea primitiva 
del autor, desenvuelta por otra pluma. Mas si es falso el 
punto de vista, si son erróneos los datos, i puede el crítico 
arruinar los primeros principios i mudar el aspecto de la cues- 
tión, entonces todo viene a tierra ; i el tratado que se biso 
para ponerse en práctica, no se muestra en lo sucesivo como 
otra cosa que un monumento del arte, curioso quizás, pero sin 
uso ; o como una medalla hermosamente grabada, i que no 
corre. 

Desde el momento en que se aparece un escrito con la pre- 
tensión de obrar sobre su siglo, el siglo, que teme mucho 
mas las malas guias que la falta de ellas, se sobrecoje de una 
especie de inquietud, i emprende una reacción contra la obra. 
8c intenta un doble examen, preguntándose los hombres al 





COMENTARIO DE MONTESQUIEU. 216 

l ai les importan seniejautes cuestiones ? . . ¿ o si por 

las resuelve ti autor ? Ejercítase entonces la critica i 

qae se mantengan sólidos el cimiento i el conjurito, 

no estén bien desempeñados los por menores de 

, si siglo aprueba la obra, i se deja conducir. 

ijaete guia se avanza ; i avanzando, experimenta* 
propia costa, el valor de los preceptos i la 
de loe consejeros. En breve se adquiere la esperieneta 
sepelio» no tenían, i se obtiene sobre los mismos la ven- 
de 1* travesía hecha por su medio : entonces el entendi- 
lratnaao examina a sus conductores, i disputa los 
que una ves dio. Las obras que se hicieron respetar 
la erftioa contemporánea sufren otra prueba aun mas 
le critica de la edad que sigue ; comiénzase de 
• el doble examen, i vuelve a discutirse la naturaleza i la 
de los problemas. ¡ Félix el libro que en aquel mo- 
deeisivo no perece todo entero, i cuyo plan rejnvene» 
nerve hechos que su autor no había visto, o nociones 
no pudo concebir 1 v 

* fie eeta manera se sustrae el Espíritu de las leyes a la sen- 
tencia ejue le amenazaba, no como obra de injenio, pues que 
baje cele título es inmortal, sino como tratado práctico de 
m eiedbia social. El Comentario, de que vamos á dar razón, 
Is oqsjfiaeá mrn parte de aquella existencia, introduciendo alM 
los resultados de las recientes investigaciones, i de la esper- 
de los últimos tiempos; prestando a Montesquieu las 
e¿Ue Muestro siglo le habria erajerido, i de que era inca- 
pee el tvyoj i sacando soluciones* para nuestro uso, de 
aquellos problemas que no fueron puestos para nosotros. 

La p un ier a idea del autor del Comentario había sido remon- 
tarse de un vuelo hasta mas allá del punto de vista de un po- 
lítico del siglo xviii, i dar a sus contemporáneos un tratado 
otrjitta] 1 completo. Al trabajar sobre el Espíritu de la* leyes, 
éfse |<iup o iii a formar su opinión sobre los objetos que emprendió 
Montesquieu, i nosujetarse de manera alguna a su método, por 
que creía, i nosotros también con él, que este método pudiera 
no ser ei mejor. Es probable que las eternas dis- 




918 COUtN-TABlO BE HOfltt*Q*l*rj. 

elección. Ufanidad, el ocio, la agualdad, feignuMtunf 
figuran en se libro como ingredientes nc o ssa rs oo al 
social; i deja percibir con seatinneato alguna, 
acia dos de la» formas de gobierno que él a fp osjc , asnfcs*j« 
la república de los antiguos, i a la constitneion repsuoeuaiÉ** 
de Inglaterra. ! J 

I con todo, no consigne Montesquien sn objeto de ofresir 
numerosas combinaciones de orden social a los enpMat 
ansiosos de novedades, sin decidir en cnanto al bien o nal 
político. Todo sn Tasto canudo de hechos, autorid a des i 
raciocinios no tiene otro término que el reducir el pensamísnté 
al circulo estrecho de cinco formas de rejonea,* i mostrar, un 
de qué modo sucede la una a la otra, sino por qué 
puede perpetuarse lo que existe, a despecho de lúe 
oía», de los intereses i las lunes. Asi es qué el resultado ée 
tanta ajitacion i de tantas investigaciones no es otro quem 
consejo bastante candido» i que sin duda habría podidodtr 
sin tanto trabajo : es el siguiente : " Conservad i consolides, 
supuesto que no hai mal sin bien," 

Es el Espíritu de las leyes una rauta recopilación de hechos 
de todos los tiempos i lugares encadenados entre si puf 
algunos principios, que se presentaron al autor como indepeu»- 
dientes de los lugares i de los tiempos. El Comentario* jetar 
el espíritu de la» lepes se diferencia en que contiene mui pocos 
pormenores : es mas bien un depósito de los hechos jenendes 
de la civilización presente. £1 método del Espirita de las 
leyes es penoso, porque allí se han colocado violentamente í 
a fuerza de injenio, bajo los mismos capítulos, una mnhltad 
de cosas incoherentes por su naturaleza. El del Comentarte 
es fácil, por cuanto los hechos principales son de una na- 
turaleza común, i se coordinan sin la menor dificultad bajo de 
principios, que de ellos se deducen. 

El Espíritu de las leyes está escrito en estilo rápido, qno 
arrebata al lector por encima de los vacíos de la dialéctica i 



■ >n lili 



* La democracia, la aristocracia, Ta monarquía, el despotismo, i lá cdtafff- 
tocids fagtosa. 



OOatftBTaJUO MI MONTSfQVIJW» *l* 

» aWia^sldifr* del piaa. Moateequieu aM» bietl pinta qe* 
asta***; i obligado a representar muchas cota» ajeaas da 
iraiajb»U> ha naca o adsnir ehlsi por el colorido : sua tanjan** 
i tom, ana rengo* brillante* El estilo del Ci m enter i o a» 
bata aadat a aa ia j aata i toda en 41 te Vuelvo 16j¡e*; ladedffc- 
iam ea mai sensible ; i al lector es conducido sin enfuetan 
Igemo da loa principios a las consecuencia» ; como al autor 
un* lo safioietité para persuadir, no taro necesidad da 
aficarae a seducir. 

Para easnaletar al paralelo» opondremos al tasto da anda 
iaa isnp nrlahls del Espíritu de loe lepes al da cada uno dtf 
as tanjftalee oorraenogdienten del Comentario; i da este nrtd» 
sjnjsja el lealor do ana sola rea de la Ulaokmdelaob¿u»ide> 
bexaeütud con que desenvuelve sus ideas. 

labro 2* Da laa leyee que se derivan directamente da la 
lenveJena del gobierno* 

TastOiAkl Espirita de las leyes: Hat treeespeeiee de gobi erno , 
i p epmb lica no, el monárquico i el despótico* En el go bie rno- 
^epmétícemo, el pueblo en cuerpo, a so/a tura porte di 61* tiene 
l poder soberano ; en el monárquico uno soU gobierno eonforum 
humjfoe i establecidas; en el despótico, uno eolo gobierna 
m rtglm ni leí. 

Talaa del Comentario : No hai uhu fas doe eepeciee da $o- 
kenoe ; he que eotén ju n d a dm eobre loe derechos jeueretleo de. 
m hembra, i loe queee dicen fundados eobre olgunoo dsrothoe 



libro aX De loa principios de los tras gobierno*. 

Tanto del Espirita de laa leyes :— El principie delodeme- 
rwoioesluvirtude el amor o lo igualdad; el de laarisAocra~ 
la sois m o der ación ; el de la monarquía el honor f eé (bar, la 
umÜcion de loe empleos i de la estimación ; el del despotismo ee. 

Tasto del Comentario : El principio dé los gobierno* fun- 
iodos eobre loe derechos de loe hombree, ee la razón* 

libro 4. Las leyes de la educación deben ser relativas al 
principio del gobierno. 

Testo del Espíritu de las layan : En loe monarqums f la 




educado* debe temer por objeta la wrbaeddcd i 

cienes recíproca* ; en loo estada* iespkiooo d torrar i d^ 

óslenlo A loo otpírUu»; em loa rtpá b Uc * *, debo 

StUtimiiUt* píUOOOj rf sfftJPfTnsJisrifMff sfff sf SSSMSSH •'"«»**! 

Testo del Coaseatario : SümmU lo* 

j en eralmcnte ttUudida ■ ,% 

libio 5. Las 4 ey es queda «1 lejblador d e be n 
al principio del gobierno. •■ «*^J 

Testo del Espíritu de las leyes: Lo* lepe* sjmé* d 
lodoroUbosh ***** r * pé b U*o 9 pr omoo tr io ig u M m i iít- 
gdiAd; e* me monorouio, m o tener la no bkm d* 
al pueblo i bsjo d g o Moruo i e spétioo, iooor emi so r 
a todo* lo* ola**** •■■'«m 

Teeto del Contentarlo : Loo geb iemo* f u nda é so cu- 
no tienen amo tocar mas fu* dejar obrar ele ■■!■§ efam, .mi 

Libro 7. Consecuencias de loe prmcistoe de loé gobicsaW * 
con respecto al lujo. * - ! n ^ 

Testo del Espirite de las Jeyee: El ktfo eoneeesorioalsm 
menarquto i a Imeotadoo despotice*. . iW 

Testo del Comentario : El efecto id bajo e* tmplsar d* 
trabajo de un modo inútil i perjudicial. : *a 

Libro 11. De las leyes que forman la libertad po t as en* 
considerada en en relación con la constitución. v/ii 

Testo del Espíritu de las leyes : Debe confiar** una- ¡pesan 
cion del poder legislativo e diputados dejidoa lib rtm t nts ene 
toda* loe parteo id imperio ; i dar** la otra a un cuerpo '4a 
nobles que *e juntan i A liberan a porte ; nendo hereditario 
cuerpo, para an* tenga un grsmA interés mcon*eroar*u* 
ogatioas, badante odiosa* en si: el poder ejecute** debe éepoes% 
taro* en mano* Al monarca. * *wi>« 

Testo del Comentario: El problema, ame conoide tapete? 
tribuir lo* po i tm A la sociedad Al «tests masfaoorabU a 'I* 
libertad, no pueA resolverse euanA se A demasiado poder* Un* 
Hombro *olo: *t único asado A resoloerlo co, miar j am a* *h* 
kam br* tanto poder ameno *e le pueda putar d* dahmaksy^ 
*** fu* Éaafoa* ■nena» neccsariomcut* can esV 



COUBKTARIO DB MOOTBftQUlBU. 191 



bro 12. De las leyes que forman la libertad política, 
aderada en la relación que tiene con el ciudadano. 
sato del Espíritu de las leyes : La libertad política, eon- 
rmdm en sm relación con el ciudadano, consiste en la seguridad 
me disfruta al abrigo de las leyes ; o a lo menos en la 
mam da aquella seguridad, que hace que un ciudadano no 
i a otro : por lo que principalmente se establece semejante 
riady imdestruye, es por la naturaleza i la proporción de 



festo del Comentario : La libertad política no puede sub- 
ir amia libertad individual i la libertad de imprenta, ni 
i sin el juicio por jurados. 

Aro 13. De las relaciones que la cobranza del impuesto 
magnitud de las contribuciones tienen con la libertad. 
Testo del Espíritu de las leyes : La magnitud de los tm- 
vtas deba estar en proporción directa con la libertad. 
Festo del Comentario : La contribución siempre es un mal: 
fudica de muchos modos a la libertad i a la riqueza. 
ibros 20 i 21. De las leyes en la relación que tienen con 
¡omercio. 

Pasto del Espíritu de las leyes : La libertad del comercio 
es una facultad absoluta concedida a los negociantes, de 
nr% que quieran ; sino que consiste en no molestar al nego- 
cie como no sea en favor del comercio. En las mona: páas, 
deba l* nobleza dedicarse a él, mucho menos el principe ; 
m km naciones a quienes el comercio es desventajoso. 
resto del Comentario : Los negociantes son los ajenies- del 
urdo: el dinero es un instrumento ; pero el comercio no 
siateenél: consiste en la permuta; es la sociedad entera. 
al atributo del hambre, es la fuente de todo bien: su prin- 
if utilidad consiste en desarrollar la industria. É/ es el 
km civilizada al mundo, el que ha debilitado el espíritu de 
asturión. Las supuestas balanzas de comercia son unas t'/tc- 
us o puerilidades. 

Bata indicación de las ideas priucipales que presenta el 
uantario sobre el Espíritu de las leyes, ha sido estractada 
la tabla analítica que se encuentra al frente de aquel libro ; 



COMENTARIO DE MONTESQUIEU. 223 

stablecida ; i esta circunstancia esencial basta a mi parecer 
ara que todas estas organizaciones diferentes se miren como 
laa sola especie de gobierno. 

** Llamo, al contrarío, gobiernos especiales o de escepcion a 
odos aquellos, cualesquiera que sean, en que se reconozcan 
ibas fuentes lejitimas de derechos i de poderes que la volun- 
ad jeneral, como la autoridad divina, la conquista, el naci- 
■íento en tal lugar o en tal raza, algunas capitulaciones, un 
pacto social espreso u tácito, por el cual tratan las partes co- 
sx> anas potencias estranjeras e independientes, &c. &c. 

" Eb muí claro que estas diversas fuentes de derechos parti- 
edares pueden, como la voluntad jeneral, producir todas suertes 
4b democracias, de aristocracias, o de monarquías ; pero es- 
tes formas son mui diferentes de las que tienen los mismos 
soabres en los gobiernos que yo llamo nacionales. En los 
«tros hai diferentes derechos reconocidos i confesados : hai, 
por decirlo asi, diferentes poderes en la misma sociedad : la 
«ganizacion de esta solo puede mirarse como un resultado de 
eotvenciones i de transacciones formales o tácitas, i solamente 
pede mudarse por el consentimiento libre de todas las partes 
tostratantes, lo que me basta para llamar a todos estos go- 
Kenuy especiales o de escepcion. 

" Repito que no pretendo decidir, ni aun examinar actual- 
ante, si todos estos derechos son igualmente respetables ; si 
¿veden prescribir para siempre contra el derecho común ; i si 
paeden oponerse lejítimamente contra la voluntad jeneral. 
Estas cuestiones se deciden siempre por la fuerza, i por otra 
Mite nada importan para el objeto que me propongo. Todos 
atoa gobiernos son existentes o pueden existir, i todo gobierno 
ínstente tiene derecho a su conservación." 

" La democracia pura es casi imposible en alguna de las 
(¡versas formas que estos gobiernos pueden tomar, i solamente 
taede existir por algún tiempo en algunas hordas salvajes, o 
m aquellas naciones algo mas civilizadas que ocupan un rin- 
xm aislado de tierra, i en que los vinculos de la asociación 
tpénas ligan mas que en las salvajes. En cualquiera otra 
tarte en que las relaciones sociales sean mas estrechas i mas 



C0MBHTARIO DE MONTBSQTJIBU. 217 

A educación de los padres i la del mundo están absoluta- 
» bajo al imperto de la opinión pública, i el gobierna no 
i mandar en ellas despóticamente, porque no se manda 
noluntades; pero puede influir en estas educaciones por 
ismos medios de que se sirve para influir- en la opinión, i 
te sabe cuan poderosos son estos medios, sobre todo si 
iplean con un poco dé destreza i de tiempo, pues que loe 
pandes móbiles del hombre, el temor i la esperanza, de 
mera manera que se miren, están siempre mas o menos 
der de los gobernantes/ 9 

ín< ningún caso puede el gobierno representativo temer a 
dad, i tiene un interés constante en protejerla, fundado 
■tente en la naturaleza i la razón : sus únicos enemigos 
Ai' errores i las preocupaciones : debe trabajar siempre en 
ipagacion de los conocimientos sanos i sólidos en todos 
», i no puede subsistir si ellos no prevalecen : todo lo 
s bueno i verdadero está en su favor, i todo lo que es 
i fideo es contra él. Según esto, debe favorecer por todos 
edios posibles los progresos de las luzes, i sobre todo- la 
ñon de ellas, porque aun tiene mas necesidad de estén- 
i «que de aumentarlas; i como está esencialmente ligado 
acaldad, a la justicia i a la sana moral, debe combatir 
»ar la mas funesta de las desigualdades, la que produce 
las otras, que es la desigualdad de los talentos i de las 
en las diferentes clases de la sociedad : debe trabajar 
mámente por preservar a la clase inferior de los vicios 
ignorancia i de la miseria, i a la clase opulenta de los de 
olencia i de la ciencia falsa, i debe procurar acercarlas 
s a la clase media en que naturalmente reina el espíritu 
den, de justicia i de razón : pues que por su posición i 
i interés directo, está igualmente apartada de todos los 



os." 



lemos dicho, que las leyes de la educación deben ser 
ras al principio del gobierno, esto es, que la educación 
ser dirijida por el espíritu que mas conviene para la con- 
ñon del gobierno establecido, si se quiere prevenir su 
i estorbar su ruina ; i la cosa es tan clara que nadie 

Q2 






228 COMENTARIO DE MONTRSQUn* 

ciertamente se atreverá a decir lo contrarío, 
dad tan cierta i tan jeneralmente admitida coi» 
la otra de que aora tratamos ; a f aber, qne 
ser relativas al principio del gobierno ; porque £t 
dura toda la vida, i las leyes son la educación dV A 
ya hechos : pues ninguna lei hai de cualquiera 
sea que no inspire ciertos sentimientos i no a] 
que no conduzca a ciertas acciones i no aleje de 
contrarías a ella, i por este medio las leyes forman a i 
las costumbres, es decir, los hábitos." 

" El gobierno representativo no necesita violentar los „ 
mientos ni forzar las voluntades, ni crear pasiones * 
intereses rivales o ilusiones seductoras : al contrario, debe di 
jar una carrera libre a todas las inclinaciones que no sean coa 
trarias al buen orden : es conforme a la naturaleza, i no ha 
mas que hacer que dejarla obrar. * 

" Quiere la igualdad, pero no tratará de establecerla coa sa 
medidas violentas, que nunca producen mas que un efecto no- \& 
menta neo, que jamas producen el efecto que se busca, i que i» 
ademas son injustas; i se ceñirá a disminuir en cuanto seapo- f 
sible la mas funesta de las desigualdades, la desigualdad es i+ 
los conocimientos, a desarrollar todos los talentos, i a dar • * 
todos una igual libertad de ejercerse, abriéndoles igualmente ^ 
todos los caminos que conducen a la riqueza i a la gloria. \ 

" Tiene interés en que las grandes riquezas amontonadas no- 
se perpetúen en las mismas manos, sino que se dispersen 
pronto i vuelvan a eutrar en la masa, pero no querrá producís^ 
este efecto directamente, i empleando la fuerza, porque estar 
seria oprimir ; ni tampoco escitando a la profusión i a la disi- 
pación, porque esto sería corromper." 

" Establecerá la igualdad en las particiones de bienes, li- 
mitará la libertad de testar, permitirá el divorcio con las pre- 
cauciones convenientes, i de este modo estorbará que los tes- 
tamentos i los matrimonios sean un objeto continuo de espe- 
culaciones en que no tiene parte la industria honrada; i en lo 
4emas se remitirá al efecto lento, pero seguro, de la incuria de 
los ricos, i de la actividad de los pobres. 



COMENTARIO DK MONTESQUIEU. 231 

jatioestoi bien, seguro de que este modo de juzgar sea 
ámpn un medio mui eficaz de que las sentencias sean mas 
JMtai, pero me parece indudable que es un ostáculo mui 
fdUfoeo a la tiranía de los juézes o de los que los nombran, 
i m camino cierto de habituar' a los hombres a prestar mas 
tfmck», i dar «as importancia a las injusticias que se hagan 
isas semejantes. Me parece que esto prueba que este uso 
a los diferentes gobiernos en proporción de lo mas 
es que ellos son con el espíritu de libertad, con el 
de. la justicia, i con el gusto j ene ral a los negocios 
piHieon. 

.." la que es .ciertamente una práctica mui buena en todos 
v*£Dbtenios, es la de que el ministerio o acusador público 
el castigo de los delitos, i no los acusadores particu- 
; porque castigar el delito para estorbar que se repita es 
■LTtrdadera función pública, i nadie debe ser dueño de 
amarla para hacerla servir a sus pasiones personales, i darle 
a* aspecto de una venganza." 

-." i Está resuelto el problema que consiste en distribuir 
hi. poderes de. la sociedad del modo mas favorable a la 
Avtad? 

.. M 4 Qué efectos producen necesariamente sobre la libertad de 
kt ciudadanos las leyes que forman la constitución del estado? 
<&tu leyes aon únicamente aquellas que arreglan la distribu- 
ción de los poderes políticos; porque la constitución de una 
HBJedad no ea ptra cosa que la colección de los reglamentos 
pe determinan la naturaleza, la estension i los límites de 

* 

aajautoridades que la gobiernan. Según esto, cuando ae 
9la.de reunir estos reglamentos en un solo cuerpo de leyes 
(■a. sea la base del edificio social, se debe tener mucho 
sjsjado de no incluir en él disposición alguna ajena de este 
ajelo único,, sin lo cual ya no será precisamente una cons- 
taion la que se haya compuesto, sino una porción mas o 
léaos considerable del código jeneral que gobierna a la nación. 
" Pero para ver cuál es la influencia de la organización de 
& sociedad sobre la libertad de sus miembros, es necesario 



232 COMENTARIO DE MONTESQÜIEÜ. 

conocer exactamente qué es libertad. Esta voz, cono toda! 
las que espresan ideas abstractas muí jenerales, se tosm 
frecuentemente en una multitud de sentidos diferentes, qaf 
son otras tantas porciones particulares del sentido o significa- 
ción j ene ral ; i asi se dice que un hombre ha quedado libm* 
que ha adquirido o recobrado su libertad, cuando ha fiaatiav 
do una empresa que le ocupaba enteramente : cuando ha tn> 
minado negocios que absorbían toda su atención : cuando ha 
dejado funciones que le sujetaban : cuando ha renunciado i 
un empleo que le imponía ciertas obligaciones : cuando se ha 
sustraído al yugo de ciertas pasiones, de ciertas amistades qat 
le arrastraban i dominaban : cuando se ha escapado de una pnV 
sion, o ha huido del imperio de un gobierno tiránico. Del misas 
modo se dice que tiene la libertad de pensar, de hablar, de escri- 
bir, de obrar : que tiene la palabra, la respiración, i todos loft 
movimientos libres, cuando ninguna fuerza se le hace en todos 
estos actos. Luego se juntan estas libertades parciales en 
grupos, se forman diferentes clases según los objetos a que st 
refieren, i se compone de ellas lo que se llama libertad físi- 
ca, libertad moral o natural, libertad civil, i libertad política; 
i de aqui viene que cuando nos queremos elevar a una idei 
mas jeneral de libertad, cada uno la compone principalmente 
de la especie de libertad que mas aprecia i de la segregación 
de las violencias i molestias contra que está mas preocupado 
i que le parecen mas insoportables : unos la hacen consistí: 
en la virtud, o en la indiferencia, o en una especie de impasi 
bilidad, como los estoicos que afirmaban que su sabio cargad* 
de cadenas era libre : otros la ponen en la pobreza : otros a 
contrario en una existencia cómoda, o bien en el estado d< 
aislamiento i de independencia absoluta de todo vínculi 
social ; i otros pretenden también que ser libre es vivir en ui 
gobierno de tal o tal especie, o en jeneral en un gobiecw 
moderado, o solamente en un gobierno ilustrado. Toda 
estas opiniones pueden ser exactas según el lado por el coa 
se mire la libertad ; pero en ninguna de ellas se la mira baj< 
lodos sus aspectos, ni se la abraza en toda su estension 



COMENTARIO DE MONTESQtILl . 



233 



Basquemos, pues, lo que es común a todas estas diferentes 
—pecios de libertad, i en qué se parecen todas ; porque esto 
es solo lo que puede entrar en la idea jeneral que está 
de todas las ideas particulares, i las comprende 
ea su estension. 
" Si reflexionamos bien sobre esto hallaremos que la calidad 
cssmb a todas las especies de libertad es, proporcionar al que 
gata de ellas una estension mayor en el ejercicio de su 
vohatad, que la que tendría privado de aquella libertad ; i 
asi la idea de libertad en su mas alto grado de abstracción, i 
m sa mayor estension, no es otra que la idea del poder dé 
tjscatar sa voluntad ; i ser libre, en jeneral, es poder hacer 
fe ove se quiere. 

" De aquí se infiere que la idea de libertad solamente 
asede aplicarse a los entes dotados de voluntad; i así cuando 
que el agua corre mas libremente luego que se han 
los estorbos que se oponían a su paso, o que una 
nada voltea mas libremente porque se han disminuido las 
islaeiones o los rozes que retardaban su movimiento, lo 
agimos solo por estension, i porque suponemos, por decirlo 
asi, que el agua desea correr, i que la rueda desea o quiere 
4r vueltas. 
M Por la misma razón no debería proponerse e.*ta cuestión, 
que tanto se disputa : / nuestra voluntad es libre ? por- 
ao puede tratarse de libertad con respecto a nuestra vo- 
I, sino después que esta se ha formado ya, i no antes* 
Lo que ha dado lugar a esta cuestión es, que en ciertas 
los motivos que obran en nosotros son tan podero- 
qve no es posible que no nos determinen inmediatamente 
a querer ana cosa mas bien que otra, i entonces decimos 
queremos por fuerza, al paso que en otras circunstancias, 
los motivos menos intensidad i enerjía, nos dejan 
Ja posibilidad de reflexionar sobre ellos, de pesarlos i apre- 
stados, i entonces creemos que tenemos el poder de resistirles 
o sis cederles, i de tomar una determinación mas bien que 
osrs^faicamente porque queremos. Pero esto es una ilusión ; 
porque por muí débil que un motivo sea, arrastra necesaria- 



234 COMENTARIO DE MONTftSQUIEU. 

mente nuestra voluntad, sino es balanceado o contrarrea 
por otro motivo que sea mas fuerte, i en tal caso 
último es tan necesariamente determinante como lo habría 
el primero si hubiese existido i obrado solo. Se quiere i 
se quiere, pero no se puede querer i no querer ; i aun coa 
se pudiera, esta voluntad antecedente tendría una causa, i i 
causa estaría fuera del imperio de nuestra voluntad, com 
están todas las que la producen. Concluyamos, pues, qu 
libertad no existe sino después de la voluntad i no anta 
ella, i que no es otra cosa que el poder de ejecutar la vol 
tad.* Ruego al lector que me perdone esta discusión m 
física, o por mejor decir lójica sobre la naturaleza de la li 
tad, i pronto verá que no es inútil i fuera de propósito» 
imposible hablar bien de los intereses de los hombre* 
entender primeramente la naturaleza de sus facultades, 
alguna cosa ha faltado al grande hombre que comento 
sobre todo este estudio preliminar; i así es que puede v 
cuan vaga es la idea que nos ha dado de la significación d 
palabra libertad, sin embargo de haber consagrada 
capítulos a determinarla. 

• " La libertad, pues, en el sentido mas jeneral de esta país 

no es otra cosa que el poder de ejecutar su voluntad, - i 

cumplir aus deseos ,.¿ la naturaleza de todo ente dotado 

.voluntad es tal que no es feliz o infeliz sino por estafaou 

de querer i con respecto a ella : goza cuando se cumplen 

desaoa; padece, cuando no se cumplen, i no puede haba 

lindad ni desdicha para él sino en cuanto se realiza, o no 

que desea. De aquí se sigue que su libertad i su feliai 

aoo ana misma cosa: que seria siempre completamente; 

ai tovier» siempre completamente el poder de ejecuta] 

.voluntad, i que loa grados de su felicidad son completaan 

propoKrionadoa a los grados de este poder. 

.". Sata observación nos esplica porqué los hombres, 
«irreflexión, miren todos con tanta pasión la libertad, 
que no pueden amar otra cosa que ella : cualquiera cosa 

■ • Esta.es umbian la opinión de Locke. 



COMENTARIO DB MONTE8QUIBU. 236 

, siempre es con un nombre o con otro la posibilidad 
atiifacer un desea : siempre es la posesión de una parte 
oder, o la remoción de una porción de estorbos, lo qne 
¡titnye una cierta cantidad de felizidad. La esclamacion 
ar ¡ahsi yo pudiere! contiene todos nuestros deseos; 
■e ninguno hai que no fuese cumplido si este lo fuera 
pro. La omnipotencia o la omni-libertad, qué es lo mismo, 
separable de la felizidad perfecta. 
Esta misma reflexión nos hace pasar adelante haciéndo- 
fltr porqué los hombres se han formado frecuentemente 
\ tan diferentes de la libertad, i es porque también las 
rentes de la felizidad ; pero siempre han debido 
: eminentemente la idea de libertad al poder de hacer 
que deseaban mas; aquellas en que ponian su 
ipai satisfacción; Parece que Montesquieu se admira 
espítalo segundo de este libro de que muchos pueblos 
a tenido ideas falsas de la libertad, haciéndola consistir 
ganas cosas contrarias a sus intereses sólidos, o que a lo 
• a* eran esenciales para ellos; pero mas bien hubiera 
lo admirarse de que los hombres hayan puesto muchas 
i ím felizidad i su satisfacción en el goze de algunas 
\ ñoco importantes i aun nocivas ; porque hecha esta 
sm falta, la otra era una consecuencia de ella. 

fin, cada uno ka llamado libertad al gobierno que 
conforme a orne inclinaciones. Así debia ser, i no 
i osr do otro modo, porque cada uno es verdaderamente 
samado ae cumplen sus deseos, i no puede serlo de otro 

De esta última observación se derivan muchas conse- 
La primera que se presenta es, que una nación debe 
verdaderamente libre mientras está contenta de 
Aierao, aun cuando este gobierno sea por su naturaleza 
m conforme a los principios de la libertad que otro que le 
. Debemos inferir que las instituciones solo pueden 
en proporción del aumento de luzes en la masa del 
lo, i que las mejores absolutamente no son las mejores 
Ir, porque cuanto mejores son, tanto mas contrarias 



COMK9TABIO DB MONTBBQTntU. Stt 

mdarios todos no sean previstos «i que los derechos 
ion no sean bien establecidos, ni bien reconocidos* 
legando promete .unto renovación mas entera i una 
a mas completa, i aun da motivo para esperar que 
Me de un golpe el nuevo sistema de ■, gobierno* 1 
de una sola cabeza, será mas homojéneo i mejor 
lo; pero prescindiendo de la dificultad de hallar un 
¡no de una confianza tan importante, i del peligro dé 
■ ambicioso que se sirva de etía para sus miras, es 
tmer que .un plan que ha sido concebido por un hom- 
> i que no ha sido sometido a examen i discusión; no 
ate adaptado a las ideas nacionales, i no sé concibe 
ate el favor publico; i aun es casi imposible qué 
¡onsentimiento jeneral, a menos que su autor imitan* 
.mayor parte de los antiguos lejisladores no haga 
r a la divinidad en su favor, i no se haga pasar por 
i de algún poder sobrenatural ; pero este medio' es 
de en nuestros tiempos modernos. Ademas siempre 
i poco segura la lejislacion cuando está fundada 
impostura, i en tal caso tiene también el inconvenien- 
te una constitución es siempre esencialmente mala 
to contiene un medio legal i pazifico dé modificarla 
biarla, si no es de tal naturaleza que pueda acornó*» 
los progresos de los tiempos,- i aspira a tener un 
de fijidad i de perpetuidad que no conviene a ninguna 
tu humana ; i es mui difícil que todo esto no se halle 
onstitucion que se supone ser obra de Dios, 
* lo que hace al tercer modo de formar una constituí 
e reflexiona cuan menos racionales son las mas vetes 
res reunidos que cada uno de ellos a parte, cuan tn^ 
ion en jeneral les conocimientos de una asamblea a 
los miembros mas instruidos de ella, cuan sujetas 
m resoluciones a ser vacilantes e incoherentes, < se 
¡asar que su obra no será la mas perfecta posible, i 
imismo temerse que esta asamblea no se ' apodere £é 
i poderes ; que por no desprenderse de ellos ño dilate' 
amenté la conclusión del objeto de su misión/ i qué 



COMENTARIO DE MONTESQUIRU. 241 

juntarse es preciso que sea convocada por la autoridad exis- 
tente entonces. ¿ I en qué forma debe convocarla esta autor- 
idad? Si queremos proceder con método, este es el primer 
futo que debemos examinar. Los acontecimientos nunca 
presentan en el modo en que suceden una regularidad como la 
que fe ve en una teoría cualquiera ; pero si se observan bien, 
siempre se halla en el encadenamiento de las causas que los 
producen, i en algunos efectos sucesivos de ellas, una serie de 
Usas que no es otra que la que constituye una teoría sana o 
errónea. Para no estraviarnos, pues, en la materia es menester 
seguir este hilo. 

" Es claro que la nación de que hablamos debe ser consul- 
tada sobre el objeto de que se trata, es decir, sobre la elección 
fjd medio de que quiere servirse para reedificar el edificio de 
la sociedad ; i no es menos evidente que no puede reunirse 
toda en nn sitio para deliberar : con que es necesario que la 
lutoridad cualquiera que la gobierna interinamente, la convo- 
que en diferentes sitios de su territorio por asambleas par- 
ciales, de que la misma autoridad recojerá i calculará los 



" Estas reuniones de ciudadanos deben preferir a cualquiera 
otro medio de formar una constitución, el de confiar la re- 
daccion de ella a una asamblea, que por abreviar llamaremos 
cmweuciún, la cual no tenga otra función, i que esté compuesta 
de diputados iguales entre sí i libremente elejidos. Es nece- 
i, pues, nombrar los miembros de esta convención. 
M Las mismas asambleas primeras pueden elijir estos dipu- 
i, o nombrar cierto numero de electore* para elejirlos. 
■embros de la sociedad tienen interés en que todo en ella 
ae haga bien ; pero este interés no debe inclinarles a querer 
tunar ana parte directa en todo lo que se hace, sino al contrar- 
ia a no aceptar sino aquellas funciones para las cuales son 
propios ; i de aqui infiero yo que las asambleas compuestas 
de la totalidad de los ciudadanos que llamaremos primarias, 
porque son la base de todo el edificio, deben limitarse a nom- 
brar los electores de los diputados. Se me dirá acaso que 
i hacer mui indirecta la influencia de cada ciudadano en 

R 



COMENTARIO DK MONTFSQl IEU. 243 

icpiracion de los poderes lejislativo i ejecutivo, i en que la 
blea legislativa se divida en dos o mas secciones. 
M Siendo la mayor ventaja de las autoridades moderadas 
ilimitadas dejar a la voluntad j enera! la posibilidad de 
' armarse i hacerse conocer ; i siendo la manifestación de 
1 ata voluntad el mejor medio de resistencia a la opresión, 
1 la libertad individual i la libertad de la imprenta son dos 
1 eoeas indispensables para la felizidad i el buen orden de la 
'foeiedmd; i sin ellas todas las combinaciones que puedan 
1 hacerse para establecer la mejor distribución de los poderes, 
1 do serán mas que unas vanas especulaciones." 

M Hemos visto que Montesquieu trata en el libro prece- 
dente de los efectos que producen sobre la libertad de los 
■embree las leyes que forman la constitución de un estado ; 
•a decir, las que arreglan la distribución de los poderes polí- 
ticos. En efecto, estas leyes son las principales entre las 
que gobiernan los intereses jenerales de la sociedad; i 
■midiendo a ellas las que arreglan la administración i la eco- 
publica» esto es, las que dirijen la formación i la dis- 
de las riquezas, se tendría el código completo, que 
los intereses del cuerpo político tomado en masa, i 
imbuye sobre la felizidad i la libertad de cada individuo 
loe electos que produce sobre la felizidad i la libertad de 



" Aquí se trata de las leyes que tocan directamente a cada 
twitmi^Tin en sus intereses privados ; de aquellas leyes que 
uuio atacas o protejen inmediatamente la libertad individual o 
puutJeular, i no la libertad pública i política. Desde luego se 
té que aquella especie de libertad es mui necesaria para la 
i que está intimamente ligada con ella ; porque es 
que cada ciudadano esté seguro de no ser oprimido 
i, ni en sus bienes, para poder defender la libertad 
i es mui claro que si por ejemplo una autoridad 
era el derecho o la posesión de ordenar arbitrar- 
prisiones, destierros i multas, seria imposible con- 
Ismtro de los limites que podría prescribirle la cons- 
ejan cuando el estado tuviera una mui espresa i mui 

R2 



►MKNTARIO DE MONTE3QÜIEU. 346 

ra que sea, pues que nuestro autor no ha 
en i en te profundizar mas en esta materia, noso- 
ios aquí a repetir que la libertad política no 
sin la libertad individual i la libertad de 
que para la conservación de estas, es 
itamente proscribir toda detención arbitraría, 
juicios por jurados, a lo menos en materia 

riña de los doce primeros libros del Comentario 
de las leyes. En otro tomo analizaremos la 
ue se refiere a consideraciones económicas, 
ericas sobre las causas, los efectos, las cir- 
jncadenamiento de los diferentes estados de la 

la análisis exacta, la deducción grave i sen- 
leraciones morales que forman el carácter de 
idicando un espíritu habituado a las investiga- 
9, i perteneciente a esa escuela, que no admite 
ue los hechos ciertos, o sus consecuencias mas 
iesde 1811, que se publicó este libro en Fila- 
ingles, bajo los auspicios del célebre Jefferson, 
to el nombre de su autor hasta 1818, en que supo 
o que a quien debia tributar su gratitud por tan 
:cion, era al esclarecido ideólogo el conde 

En efecto, él escribió su obra en 1806, para 
¡1 hombre que, según su propia confesión, res- 
tos mundos. 

9 sobre el Espíritu de las leyes es uno de los 
ira recomendamos mas, como que habiéndose 
»r la lei de buscarlo todo en el examen de los 
en su imajin ación, ha producido una de las 
es de esa doctrina sana i sustancial,, cuya 
roducir la libertad sin licencia. Baste decir 
ue él sirve de testo a la enseñanza política en 
ios ; i es sin duda una gran prueba de la esce- 
tximas el ver que la Patria del bien-estar so- 
■ un modo tan distinguido, i las conserva en 



240 ASAMBLEAS LEJISLATIVAS. 

su seno como una parte del patrimonio mora), que sus ciuda- 
danos deben trasmitir a sus hijos. Ha sido traducida al cas- 
tellano en 1821, por el Dr. D. Ramón Salas ; i de esta tradnc- 
cion hemos hecho los estractos que antecedeu.— G. R. 



XXXI. — Análisis de la táctica de las juntas o asaaéhm * 

lejislativcu, de Bentkam.* \* 

Desde que se alzó eu el nuevo mundo el grito de indepen- .' 
dencia, se pensó en establecer allí gobiernos representativos. .'" 
Los que se pusieron a la cabeza de la revolución, eran, ea " 
su mayor parte, hombres ilustrados que habían raciocinado 
mucho consigo mismos en el retiro de su gabinete, i detesta- 
ban por principios el poder absoluto ; i juntándose a esto la 
natural propensión que tiene la jeneralidad de los hombres a 
pasar sin mucho discernimiento de un estremo a otro, creyeron 
indispensable adoptar aquel sistema. Juzgaron que en la era 
de los gobiernos representativos era absurdo imajinar que 
podían subsistir sin ellos los países que mas los necesitaban; 
aquellos paises, cuyas nuevas autoridades tenían precisión de 
dar a la obediencia una baso s olida, i de apoyarse en la 
opinión popular para formar un estado independiente, «i para 
poder efectuar las grandes, importantes i peligrosas reformas 
que era necesario emprender, así en moral como en política. 

Por esta razón, en Venezuela, en Cundinamarca, en 
Méjico, Chile i Buenos Aires, se instalaron desde los prin- 
cipios de sus revoluciones respectivas congresos o asambleas 



if * quienes se cometió el delicado encargo de consti- 

•■ diferentes del congreso de los Estados Unidos (que 
■edio de la incompetencia de sus poderes bajo la fede- 



tique de* aweuiblees le£islabi es, sui\ ie d*uu traite de* sophúaes 
f*: ourrag?» e\iraite des miruscriu de M. Premie Bentham» 
Mlt* aagUfe ; par Étiemj* Dume-nu membre da tvcuseil reprf- 
.df et toiiTmin «j* Ctfnete. Secunde edition. 2 ir**. ***. P-ñ- 



ASAMBLEAS LEJI8LATIVAS. Kf 

> impulso a loar negocios); los congresos dé fotf 
atados americanos casi lo paralizaron toda, i aira 
i de llanto i Futo a la patria. TJno, sin atended á 
ia enorme que existía entre nuestras lu¿es i hábitos 
os norte-americanos, fascinado pof el ejemplo 
fe aquella república, decretó qne sé adoptase el 
derativo. Otro reunió en sí los poderes lejisfaÜTO 
Este chocó de frente fas preocupaciones jenerales 
maturo de sus reformas. Aquel presentó el lastí- 
Iro de nuestra falta de unión i de saber. En todos, 
tocaron, en medio de muchas cosas buenas, los 
cesarios r esc usables deí sistema de gobierno bajo 
ñamo? vivido, i de la educación que se nos dio. 
se (diremos- con un celebre escritor) cual debía ser 
►n de unos hombres, que, no habiendo ejercido 
pin derecho político, se encontraban de golpe eri 
e aquello, que tan fumoso es a todos ; el poder 
Mucho tiempo debía pasar antes que entendiesen 
e la verdadera libertad, tan sencilla para quien ha 
un país en donde las leyes i las costumbres lá 
tan difícil para el que ha vivido bajo un gobierno 

[ué mucho que esto sucediese en América, cuando 
,, en pueblos mas ilustrados que los nuestros, es de 
reciente la propagación del establecimiento dé las 
lejislativas, i tan poco conocido aun en el día el 
dirijirlas ? Esceptúense la Inglaterra i los Estados 
itre todas las naciones ; i veremos que jjjío hai 
na, que haya poseido o posea tolerablemente aquel 
>sx>. Sin embargo, como los americanos no podrían 
sus errores con citar otros pueblos que cometen 
mayores desaciertos ; como interesa tanto a ¿u 
ú conocer las reglas que deben guiar a las lejisla- 



iratüras sur la révolution iramjaiae, par Mad. de Stael. S 
818. 



ASAMBLEAS LEJISLATIVAS. 249 

s lo único que puede sustraerlo al capricho, fijarlo i hacerlo 
airar en el dominio del espíritu humano, bajo la salvaguardia 
fe la utilidad." 

La obra que vamos analizando no es (como han pretendido 
apuras críticos que tomaron en mal sentido la palabra 
tkHemJ el arte de maniobrar en una junta política, de sedu- 
cirla, sorprenderla, atemorizarla, o hacerla servir a las miras 
fe mi hombre i de un partido, sin consideración alguna a los 
ttdios que se emplean .para lograr un fin : en este caso, sería 
i compuesto de sofisma, corrupción, violencia i fraude ; 
itónces semejante táctica sería al cuerpo político lo que es 
I fínico el veneno aplicado a los alimentos. Su objeto es 
■termínente distinto, i mas noble : es designar el arte de 
[mducir las operaciones de un cuerpo político, i de diríjirlas 
L Masco de su institución, por medio del orden que debe ob- 
arvmrse en sus acciones. 

Semejante obra, dice el Sr. Dumont en su prefacio, debe 
Nff útil a todos los gobiernos, aun a los mas absolutos, pues 
bbb no hai uno solo en donde no existan cuerpos, consejos, 
toaipafiías que se reúnen para formar resoluciones, i que, por 
consiguiente, necesitan conocer el arte de deliberar. Pero 
está principalmente destinada para los estados mistos o re- 
mfclictnos, que tienen consejos representativos : allí sí que 
¿■porta estudiar el arte de conducir las operaciones de una 
jmta numerosa. 

Lo que justifica a los americanos de los errores que en esta 
une* han cometido, i lo que mejor prueba lo interesante de 
b materia, es que ningún escritor político se habia ocupado 
Befreaamente de ella antes de hacerlo el Sr. Bentham ; sin 
embargo de que el reglamento interno de una asamblea poli- 
¿ea, es un ramo, i muí esencial, de la lcjislacion. Por esto, 
m a un tiempo mui antiguo i mui nuevo este tema: mui 
latiguo en cnanto a su práctica, mui nuevo en cuanto a la 
«orla; tan nuevo, a la verdad, en esta parte que hasta aora 
10 tenia denominación especial, i ha sido necesario crear una 
¿aprestan para designarlo. 

Si este ramo de la lejislacion se ha descuidado, es porque 



ASAMBLEAS LBJISLATIVAS. 

a ^ s yi formada i completa, no se debe tratar sino de 
'** que ha de manejarse para dirijir sus operaciones. 
* r: " Hai, sin embargo, algunos puntos sobre los ci 
"u* incitarse la duda de si pertenecen a la parte consl 
a-' a la táctica; por ejemplo, si todos los miembros 
í¿ Mismos derechos, o si estarán estos derechos repar 
*i altos, de manera que los unos tengan el de prop 
«Iros el de pronunciar sobre una proposición ya I 
nos el de deliberar sin votar, i los otros el de ve 
liberar; si sus deliberaciones deben ser públicas 
debe permitir el ausentarse ; i en caso de ausenc 
tnimisibles a otro los derechos de un individuo ; i 
Mea debe subsistir siempre una sola, o si debe este 
9 autorizada a subdividirse. £1 autor hace entrar < 
tunes en su obra, porque le ha parecido que i 
«taba intimamente ligado con el de las mejores 
Aben seguirse en una deliberación. No se puede, 
tratar bien las unas sin referirse a las otras. 

Espuesta ya la materia de la obra, procede Bent 

tietr el uso incorrecto que se ha hecho de esta 

ciffpo poliiico. " La imajinacion de los escrítoreí 

h apagado en dar a los cuerpos políticos las prop 

los diferentes cuerpos. A vezes son unos cuerpos i 

> estonces se trata de palancas, muelles, rodajes 

*tte» balanza, i preponderancia. Otras, son cuerj 

dos, i entonces se toma el lenguaje de la fisiolojíi 

de talud, de enfermedad, vigor, imbecilidad, corrup 

hcjoa, suefio, muerte i resurrección. No sé (afíad 

obras políticas dejarían de existir, si se les quitas* 

poética con que se piensa crear ideas, cuando no s< 

<)Qe combinar palabras. 

" Es verdad que, bien sea para abreviar, o 
*tk*enizar '° árido de la materia, es lícito tomar algu 
*fel lenguaje figurado ; i aun nos vemos precisad 
**zes, porque las ideas intelectuales no pueden 
J*mas sino por imájenes sensibles. Mas en este c 
**oa observar dos precauciones : la primera es, 



ASAMBLEAS LEGISLATIVAS. 265 



V 



-itánico es un cuerpo compuesto, que se forma de do# 
stintas i del jefe supremo del estado. 
í seno de un cuerpo ya formado se segregan momea* 
ate cuerpos menos numerosos ; i «sto ,es lo que se 
misiones. 

no lo que constituye la operación de un cuerpo pplí- 
el concurso de varios miembros en un acto, se sigue 
icto de una asamblea no puede ser sino enunciativo, 
que enuncia una opinión o una voluntad. 
mase cuerpo político permanente a una colección de 
os destinados a producir una serie de actos relativos 
> de su institución. Estos actos serán los de todos, 
inánimes ; pero como es imposible que exista una 
d perfecta i constante de sentimientos en una gran re- 
í individuos, se ha dado la misma fuerza al acto de 1* 
que al del número total* Cuando se igualan los 
le quedan las cosas como estaban, i no bal acto 

los casos de ausencia, que alteran o cambian con- 
ate la identidad de la asamblea, el voto que no se 
no pertenece ni a un lado ni a otro ; no puede contarse 
m posición del voto j enera]. Anular la decisión de 
mbjea a causa de los ausentes, seria dar a los votos 

el mismo efecto que si se hubiesen declarado por la 
id ; i esto, por la suposición, no lp han hecho. En 
lo de los votos, matemáticamente hablando, el ver- 
ralo? del voto de un ausente es de uno menos uno ; lo 
gual a cero. Darle, pues, el valor de mas una o de 
me, sería un falso cálculo, 
ero es acaso necesario obtener siempre una decisión ? 

duda : muchos casos hai en que seria peligroso per- 
e obre sola una pequeña porción de la asamblea. Vale 

tener decisión de ninguna especie que tener una que 
te cierta proporción de votos de todo el cuerpo. Debe 
ie antemano, según demostraremos mas adelante con 
id que requiere tan importante cuestión, el número 
io para lejitimar un acto de la asamblea." 
pado ya lo que es una asamblea, i lo que constituye 



ASAMBLEAS LEJISLATIVA8. 257 

la justicia de una nación, decide siempre el destino de 
•es públicos, i no pronuncia penas que no sean in- 

Los que se quejan de sus juicios, no hacen mas 
ir de estos juicios al mismo público ; i el hombre 
cuando resiste a la opinión del dia, i se sobrepone 
jeneral, cuenta i pesa en secreto los votos de aque- 
e le parecen, 
era posible sustraerse a este tribunal, ¿ quién podría 

No seria, por cierto, el hombre ilustrado, ni el 
e bien, pues que a la larga nada tienen que temer 
i tienen que esperarlo todo. Los enemigos de la 
d pueden reducirse a tres clases, a saber : el mal- 
[ue quisiera burlar la vijilancia del juez; el déspota, 
ira sofocar la opinión pública, cuya voz teme oir ; i 
¡ tímido o indolente, que acusa la incapazidad jener- 
icubrir la suya propia. 

tas se dirá que una junta, especialmente si es nume* 
ma un público interior, que se enfrena a si mismo, 
contestaré que ninguna junta, por numerosa que sea, 
mas lo bastante para reemplazar a este respecto al 
> público ; porque, estando dividida siempre en dos 
que no tienen respectivamente las cualidades nece- 
ra desempeñar bien las funciones de juezes, no puede 
rcial. Cualquiera que sea la conducta de un m- 
casi siempre estará seguro de la aprobación de los 
e la contradicción de los otros. La censura interna 
á nunca para hacer buenos a los hombres ; es nece- 
venga en su auxilio la censura esterna, como que 
ante tememos poco las reconvenciones de los amigos, 
¡asi insensibles a las de nuestros' enemigos : el es* 
partido, confinado a un pequeño recinto, desfigura 
b igualmente la censura i la alabanza. 
Ato a la segunda ventaja de la publicidad, la de ase* 
sonfianza del pueblo, i su consentimiento a las me* 
«sativas, se espresa Bentham de este modo : 
mpecha siempre anda vagando al rededor del mis- 
as *ar na crimen donde encuentra una afectación de 



ASAMBLEAS LRJISLATIVAS. 261 

diputados, sin saber porqué. Os es prohibido el obrar en 
razón; no debéis tener otra guia, en el ejercicio del mas 
grande de vuestros poderes, que el acaso u el capricho.'* • 

" No es menos obvia la cuarta ventaja de la publicidad, la 
de proporcionar a la asamblea la facultad de aprovecharse de 
las luzes del público. Para que un pueblo demasiado numer- 
oso obre por si mismo, es indudable que se ve en la precisión 
de dar sus poderes a unos diputados, pero ¿ tiene acaso por 
esto semejante asamblea concentrada en si toda la intelijencia 
■acional ? es posible que los elejidos sean, bajo todos respec- 
tos, los mas ilustrados, los mas capazes, los mas sabios de la 
lición ; i que posean ellos solos todos los conocimientos je- 
ierales i locales que requiere la función de lejislar ? Tal pro- 
dtjio de elección es una quimera. En tiempos pazíficos, la 
opulencia i un rango distinguido serán siempre las circunstan- 
cias mas propias para conciliar los votos de la mayoría ; i muí 
iva vez tienen medios de entrar en la carrera política los hom- 
bres que por estado cultivan su intelijencia : Locke, Newton, 
Home, Adam Smith, i otros muchos injenios de primer orden, 
10 tuvieron asiento en el parlamento. Con frecuencia han 
Tenido de individuos aislados las ideas mas saludables ; i sin 
•ecesidad de entrar en por menores, es fácil conocer i sentir 
caan seguro medio es la publicidad para recojer todas las lu- 
ses de una nación, i por consiguiente para hacer que nazcan 
pensamientos útiles." 

Los límites de un periódico no nos permiten estendernos 
laato como quisiéramos sobre este interesante articulo : por 
consiguiente debemos remitir a nuestros lectores a la obra 
misma para que vean con cuanta buena fé considera el autor 
las objeciones que pudieran hacerse a las ventajas de la publi- 
cidad, bien sea por motivos innobles i egoístas, o bien por 
errores de entendimiento ; con qué superioridad de miras i 
profundidad de raziocinio rebate tan especiosas objeciones, i 
establece que la eficacia de este gran medio de la publicidad 
se estiende a todo ; a la lejislacion, a la administración, a la 
judicatura. Sin publicidad, dice Bentham, no hai bien perma- 
nente ; bajo loe auspicios de la publicidad, no hai mal duradero # 



ASAMBLEAS LEJISLATIVAS. 283 

otro tanto para un estado de disturbio i de peligro. 
B secreto es un medio de conspiración, i no debemos servir- 
las de él para formar el réjimen de un gobierno regular. 
„ " Los medios de publicidad de que se puede hacer uso en 
todo, o en parte, según la naturaleza de la asamblea, i la im- 
portancia de los negocios, son : 

1°* Publicación auténtica de las transacciones de la asam- 
jo un plan completo, que abraze los seis puntos anter- 
enunciados ; 

SP* Empleo de taquígrafos para los discursos, i, en caso 
|* «samen, para los interrogatorios ; 

tP' Tolerancia de otras publicaciones no auténticas sobre 
b entras materia ; 

> ^P Admisión de los estraños a las sesiones. 
nB empleo de los taquígrafos seria necesario en los casos, 

Ene quisiera tener completos los discursos ; mas no se 
recurrir a este medio sino cuando haya discusiones tan 
antes que justifiquen el gasto. En Inglaterra, en un 
jtanoeeo ordinario, tienen las partes libertad de emplearlo; así 
p|4{ne en el célebre proceso de Hastings, la cámara de los 
Inmunes por una parte, el acusado por otra, i la cámara de 
|n* Saras en calidad de jues, tenían sus taquígrafos respec- 



to que toca a las publicaciones no auténticas, es neoe- 
tolerarlas, sea para precaver la neglijencia i la mala fé 
telan relatores titulados, o para alejar de ellos toda sospecha; 
qne se consideraría como un certificado de falsedad 
prmlejio eaclusivo. Ademas, la publicación auténtica 
Yerbal de la junta no puede hacerse sino con una 
qne no satisfaría la impaciencia del público, sin con- 
tar el mal qne pedieran entretanto hacer relaciones falsas, 
de qne viniese a destruirlas la publicación auténtica. 
nrios no oficiales llenan completamente este objeto, 
dependiendo su reputación i espendio de la ansie- 
Mito» consiste todo su talento en satisfacerla. Se 
pte-es Inglaterra a tal grado de celeridad, que aun 



ASAMBLEAS LEJISLATIVAS. 265 

han dado a este punto los políticos modernos ; i no podemos 
prescindir de invitar a los americanos a que reflexionen de- 
tenidamente sobre él. 

A Bentham le parece que hai razones en pro i en contra de 
este interesante cuestión ; i pasándolas en revista, comienza 
par presentar los inconvenientes a que él cree estar sujeta la 
división del cuerpo lejislativo, i son los siguientes : 

l 9 * " La división seria un medio de dar a la minoridad el 
efecto de la mayoría ; hasta tal grado que la unanimidad de 
-«na de las dos cámaras pudiera ser nula en razón de que en 
Ja otra hubiese habido mayoría de un solo voto. 

J 0, "La división es propia para favorecer dos intenciones 
Aerantes, según la cualidad de los miembros así distribuidos* 
ftse trata de órdenes, como por ejemplo la nobleza i los co- 
mes, el resultado es favorecer una preponderancia indebida, 
iftaer en oposición los intereses de una clase particular con 
ka de la nación misma. Si por el contrarío se trata de dos 
aunaras sin distinción rival, lo que resulta es que se favorece 
fceorrupcion • como que basta asegurar la mayoría en una, 
fura descuidar la otra. 
I 0, " Carecería cada asamblea de una parte de las noti- 
que hubiera tenido en un estado de reunión ; no se pre- 
las mismas razones con igual fuerza en ambas cáma- 
ras; ni ae aducirían en una los argumentos que en la otra 
uunatraion los votos. £1 autor de una proposición, que ha 
•tfndiado profundamente su tema, no podría estar presente en 
b asaablea, en donde se hacen objeciones^sobre aquella ; i 
M juzga la causa sin que se pueda oír a la parte principal.* 

4fr ° La división occasiona necesariamente demoras muti- 
lar; pacato que dos asambleas no podrían ocuparse a un 
del mismo asunto, a lo menos en todos aquellos casos, 
que hai documentos interesantes que presentar, i testigos 
ñr; de donde se oríjina doble trabajo, i doble dilación. 
«Jfr»' -■ _ 

► Inconveniente no es tan grande, si las deliberaciones son públi- 
; porque entonces tendrá conocimiento una cámara de las 
hayan prevalecido en la otra. 



ASAMBLEAS LEJISLATIVAS. 909 

ación entera ; cuando por el contrario, si se confunden con 
>t diputados del pueblo en una junta única, tienen medios de 
ifluencia para obrar encubiertamente, i se ocultan sus votos 
«articulares en el voto jéneral. En tercero, si solo hai una 
isamblea en un gran estado, será demasiado numerosa para 
ibrar bien, o se verán reducidos a dar al pueblo un número 
le diputados insu6ciente para establecer la confianza 
publica. 

" De las cinco objeciones que se han presentado contra 
la división del poder lejislativo, la quinta es indudablemente 
|p mas- fuerte. Es necesario que una de las dos asambleas 
•fanga la preponderancia, i la iniciativa de los negocios ; 
pedando a la otra, en la mayor parte de los casos, la nega- 
tiva; de manera que parece mui absurdo crear un cuerpo de 
Mudores o de nobles, únicamente para oponerse a los deseos 
is los diputados del pueblo. Mas debe tenerse presente, 
■m en este modo de ver solo se considera la cosa por sus 
jfc n so s ; i que nos apartamos en doble sentido de la verdad, 
jipa sea fiándonos mas de lo debido en una asamblea que se 
Ifuna representativa, o bien temiendo mas de lo justo a una 
isamblea de nobles. 

>M " No puede, con todo, negarse que la división del cuerpo 
Igslpflvo, cualquiera que fuese la composición de ambas 

í, presentaría graves ostáculos a la reforma de los 
Semejante sistema no es tan apropósito para crear 
msbo para conservar; i esto mismo prueba su conveniencia 
■ <pa constitución establecida. Asegurada la nave del estado 
por e«tas dos áncoras, posee una fuerza de resistencia contra 
■%ÜKÉnpestades que no podría tener por ningún otro medio. 
., M - ,Pero si se estendiese la división del cuerpo lejislativo a 
psf o cuatro cámaras, se verían nacer de esta complicación 
lyvenientes irremediables ; pues no solo se multiplican de 
■te nodo las dilaciones, las rivalidades, los ostáculos a toda 

da mejora, sino que ademas se da al poder ejecutivo 

djB detenerlo todo por una influencia mayor en una sola 

o de reducir a nada el poder de una de estas asam- 

i el concurso de otras dos lo decide todo ; resultando 



ASAMBLEAS LEJISLATIVA8. 271 

¡dad de Par. Tal es el principio de la estabilidad. Cada 
■al teme, en este bello orden político, perder lo que posee ; 
este temor es mas poderoso que el deseo de aspirar a lo que 
¡o tiene. 

Decidida asi la cuestión a fávot de la división del cuerpo 
sjislativo, prosigue nuestro autor de esta manera. " La 
ártica de las asambleas deliberativas, asi como de todas las 
lemas ramas de la ciencia del gobierno, debe referirse al 
aayor bien de la sociedad : tal es el objeto jeneral. Pero su 
sajelo particular es obviar los inconvenientes a que está 
ayusta una asamblea política en el ejercicio de sus funciones. 
Cada regla de esta táctica tieue su razón justificativa en un 
mal fue debe precaverte ; i por consiguiente, del conocimiento 
Asunto de los males debe procederse a la investigación de 
ka remedios. 
" Estos inconvenientes pueden reducirse a diez, a saber : 

I 0, Inacción. 

tf • Decisión inútil. 

JP" Indecisión. 

4° # Dilaciones. 

6°' Altercaciones. 

# m Sorpresa o precipitación. 

&* Fluctuación en las medidas. 

^* Falsedades. 

!*> Decisiones viciosas por su forma. 
MP» Decisiones viciosas en la sustancia. 

Jnapeiquemos esto un poco mas. 

u El primero de los inconvenientes, la inacción, supone 
ssjaami pontos que ezijen una decisión, i no la obtienen, por- 
fía la asamblea no se ocupa en nada. La falta de actividad 
sasds provenir de varias cansas, por ejemplo, si no hai mo- 
faos suficientes para vencer la indolencia natural, si no hai 
Hagfo ostahlnridn drt nntrmnno pnrn comenzar el orden del 
hatajo, si la asamblea está sometida a obrar solo en virtud 
lajas proposiciones que presente el poder ejecutivo. Puede 

que la inacción proceda (como se ha visto 



ASAMBLEAS LEJISLATIVAS. 273 

capitación es el peligro de que ella encubra una sorpresa, o dé 
■n carácter sospechoso a una decisión por otra parte saluda- 
ble. 

" 6 o * Fluctuación en las medidas. Este inconveniente 
jodierá referirse al capítulo de las dilacioues i del tiempo per- 
dido ; pero el mal que de él resulta es mucho mas grave, por- 
que las fluctuaciones propenden a disminuir la confianza en la 
sabiduría de la asamblea, i en la duración de las medidas que 
adopta, 

" 7°* Altercaciones. £1 tiempo perdido es aquí el menor 
Bal. Las animosidades, las personalidades en las asambleas 
po K tica s , producen las disposiciones mas contrarias a la in- 
vestigación de la verdad, i aun tienen demasiada tendencia a 
firmar partidos violentos, que pueden dejenerar en guerras 
aviles, como lo comprueban abundantemente la historia de 
Boma i la de Polonia. La guerra es un conjunto de actos 
los mas destructores, i el mal de una guerra civil es, cuando 
■ésos, doble del de una guerra estranjera. 

" Pero antes de llegar a un término tan fatal, las animosi- 
ásdes en las asambleas políticas sustituyen objetos entera- 
Éati diversos de aquellos que deberían ocuparlas. Mil 
Mádenjes, que renacen todos los dias, son causa de que se 
¿■sonido lo esencial. Todos los que toman parte en aque- 
ttam animosidades están en un estado de ajitacion i sufrimiento; 
M desconfianza escesiva los engaña aun mas que una 
credulidad es tremada; i el resultado mas seguro es la pérdida 
ásT honor/ para una de las partes interesadas en la disputa, i 
a'iosns para las dos. 

*<*>• Féimrdadn. Bajo este título jeneral coloco yo todos 
Wf vetos contrarios a la mas perfecta verdad en los procedi- 
mmstoo~de ana asamblea política, cuya alma debe ser siempre 
mtkwswaft. Esta máxima no será rebatida ni aun por los 
sesmos* qme meaos la observan; pero cuanto mas nos ilustre- 
Bus solar* loa intenses públicos, tanto mas conoceremos su 
saMllasVe4mportancia. 

■ -**•** jfcrfiHsn tirios* por redacción. Es una redacción 
ao.aqasUa que peca en la sustancia, sino la que peca 

T 



ASAMRU&AS LKJÍSLATIVAl. YIQ 

Mercará tanto mas a su perfección, cuanto mas propio sea 
pira evitarlos, o reducirlos a su menor término. 

" Cada articulo del reglamento tendrá por objeto obviar a 
«o a otro de estos inconvenientes, o a muchos de ellos. 
Tero ademas de la ventaja particular que debe resultar de 
esda regla tomada separadamente, un buen sistema de táctica 
presentará una ventaja jeneral, que depende de su conjunto; 
i danto mas se acerque a la perfección, mas facilitará a todos 
lis co-operadores el ejercicio de su intelijencia, i el goze de 
■ libertad. De este modo, serán todo cuanto pueden ser ; 
m prestarán mutuo socorro, en vez de embarazarse i debili- 
terse por su número ; podrán obrar sin confusión, i caminarán 
a pasos regulares acia un ñn determinado. 

M Toda causa de desorden se convierte en provecho de 
au influencia indebida, i trae desde lejos la tiranía o la anar- 
fiía» el despotismo o el demagojismo. Si son viciosas las 
famas, la asamblea se siente embarazada en su acción ; es 
áenpre muí lenta o mui rápida, morosa en los preliminares, i 
precipitada en los resultados. Es necesario ademas que una 
parte de los miembros se someta a existir en un estado de 
«fidad i renuncie a la independencia de sus opiniones. Por 
consiguiente, no hai desde entonces, propiamente hablando, 
político. Todas las deliberaciones se preparan en 
> por un corto número de individuos, que pueden llegar 
a ser tanto mas peligrosos, cuanto que, obrando en nombre 
ét ana asamblea, no tienen responsabilidad que temer. 

Peto es tiempo de despedirnos por aora del Sr. Bentham : 
aaa| tomo siguiente continuaremos la análisis de su intere- 
Mataobra. Entretanto, esperamos que nuestros compatriotas 
aos jBspeosaxán gustosos lo largo de este artículo, en favor 
^e la y mjpor ta ncia de la materia que en él se trata, i del nom- 
Jna,dfll autor, quien ha adquirido una reputación mui distin- 
fpifllt ca el mundo literario, no menos por la profundidad 
li aaa conocimientos político-morales, que por el vigor 
¿aja dialéctica, el encadenamiento i la exactitud de sus 



T í 



478 «obre cincwxM*. 

a la merced de las crueles leye* de loé fttgte* 

entregados al capricho de los alcttidet i' *te 

Aquel filántropo recorrió varias Teses la Entapé, oesrél 

objeto de entuínar el estado de sos principales 

hospitales, écc. i de proponer; con ptato ceWst&nlenlnj 

joras capases de aliviar la suerte de loa 

tiene» que habitarlas. Él fabuco el reftuhaie4e sus 

▼aciones 4 , anee fijaron la sÉssj o i en de lea abane 

los medien que sajino despertaron starteres ele totee » 

sos los hombres de estado. .... ,.►-!", 

Desuietró* qne Jssstaeuttaos* éo (había jasjhle 
la autoridad los objetos qne se meopesna ; qne la 
délas ca té e le s eraren J a n ssa t n ada a d se—ds , éH» 
«beoftasMnento e*stfrarta,ml intento ees qne se nüfin ss ej 
el réjbnén qne ee uhesiyaTm en casi tedas eUne 
salad de los presos ; i^pw ladmctpline, ea Jugar de* 
los, solo sema para corromperlos. A fia de 
de tanta gravedad i trascendencia, proposo Heward la 
cion de edificios sobre un naero plan f f 
cialmente, después de dar escalentes reglas para en 
que se elijiese una situación saludable ; i qne se con 
como los hospitales, en los parajes mas ventilados, i 
de las poblaciones. Luego insiste acerca de la a 
zelar sobre el aseo de los habitaciones, la ropa, i 
los presos ; i hace ver que es del interés de loe gobiernes*, 
mantenerlos bien. Pero al mismo tiempo que mdka*|SJftM 
un deber de la sociedad el proveerlos de suficiente ropa, 4 
buenos i abundantes alimentos, sajiere también loa mensos^ 
evitar gravámenes al publico. Al efecto espone co sao rsqi 



- ■./ 



• V. Howard's state of priaona, 6x. An accoual of |he¿ ssjnsft 



lasarettos, &c. 



# — - 

t El mejor que se conoce en el dia, i que se halla realizado en algl 
cárceles de los Estados Unidos e Inglaterra con el mejor suceso» a 



meditado por el ilustre Beatham, déwmmto pm»rikm. I* destripe 
de él está en su famosa otea, titulada: « Thémit 4m fsssstsf^nrfss 
jxws,' &c ; de que la extractaremos ea mejor «povtsaJdod. 



SOBRE ClllCULBS. 99* 

rito indispensable ts introducción de un trabajo metódico en 
las cárceles, cuyo producto ha de cubrir los gastos, i ana 
sseederlos con el tiempo. Mas para que sea eficaz afíade, 
ana una rigurosa clasificación, tanto con respecto a las cuali- 
dades físicas como morales de los presos, debe preceder a la 
distribución de las ocupaciones ; i que combinadas estas con 
■ trato ¡remano i con la instrucción, en especial relijioaa, 
as* aconseja se les dé en los ratos de descanso i los dias 
triados, saca por resultado infalible que asi se logrará poner 
ma sólida barrera a la escesiva propagación del crimen, i 
O i ejk a muchos delincuentes para que vuelvan a ser útiles 
afcnnhfne de la sociedad. 

' Lee desvelos de Howard no han sido infructuosos. Otros 
ancho s siguieron su ejemplo ; i el resultado ha sido que en 
virios países se ha dedicado últimamente todo el esmero 
majinable para reducir a la práctica sus laudables miras. 
Señemos una ojeada comparativa sobre el estado de varias 
ár celos en Europa i en América : tal ves no- seta perdido este 
Injbajo para la causa de la humanidad. 

" Lo que el señor Cunningham dice* acerca del estado de 
bs cárceles de la Suiza corresponde con la idea que se habrá 
trinado de aquel país. La Suiza es fértil, i provee a sus 
abitantes de cuanto es necesario a la vida : estos son indust- 
riosos, medianamente ilustrados ; pero humanos i juiciosos 
or sus antiguos hábitos de libertad ; es un país, en fin, en 
na reinai» algunas costumbres bárbaras, como en todos los 
emas cuya lejisl ación fué fraguada en la edad media. Esta 
ación debe poco al progreso de las luzes, i todo a antiguas 
buenas costumbres ; de consiguiente bastan estas observar 
iones para anticipar el estado de sus cárceles. 

" Según el señor Cunningham, vemos que los presos son 
Iff bien alimentados, i aun con demasía en algunos parajes, 
onde reciben raciones tan abundantes que les permiten vender 
I sobrante ; pero el aire es escaso i malsano, bien sea en 

• V. Notes recueülws em risit&nt les prisens de la Soine : 1 tom. 8to. 
'iris, 1S21. Rente encyolopédiqee, No. XXXVII. 




280 SOBRE CORCELES. 

razón de la localidad de los edificios, siempre mal tita 
o por efecto de una indigna suciedad que la adminis 
no cuida de hacer desaparecer. Los presos están oca 
i el trabajo, medio tan poderoso de remover los tícíos 
biando los hábitos, no se ha omitido. Esto era de esperar 
medio de un pueblo laborioso ; pero la elección del trabajo es» 
mala, i su distribución se hace de un modo poco convemealta» 
sea con respecto al estado actual de los presos, o a su mejoi% 
futura. La instrucción es ninguna ; casi todos los ejerckitJt 
relijiosos consisten tan solo en una práctica de simple aparato: 
la disciplina es arbitraría, cruel o ineficaz; en este sentido e\ 
alcaide puede azotar a los presos, i aun emplear la torta» 
que todavía subsiste ; últimamente, no hai la menor clasifica- 
ción, porque las localidades uo la permiten. Las cárceles toa 
antiguas torres o castillos, monumentos de la edad media. 

" £1 señor Cunningham refiere haber encontrado en una de 
aquellas cárceles una joven de diez i nueve años, condenadas 
cuatro meses de arresto por un pequeño robo, reunida en «i 
mismo cuarto con las mujeres mas corrompidas. Esta deplor- 
able práctica de confundir todas las gradaciones del vicio, 
que produce en poco tiempo una depravación completa, no es 
peculiar de la Suiza ; al contrario, es demasiado común en 
casi todos los paises. El señor Cunningham asegura también 
haber visto en otra un hombre encadenado al pie de su cama: 
hacia dos meses que asi aguardaba la terminación de la cansa 
criminal que se habia suscitado contra él, i que no debia verifi- 
carse hasta el cabo de algunos meses." 

Por las noticias mas recientes de los viajeros se sabe qne 
las cárceles de Holanda están montadas casi sobre el mismo 
pie que las de la Suiza. Sin embargo, hai alguna diferencia, 
sobre todo por lo que toca al aseo, el cual no podía menos de 
haber penetrado a las cárceles en un pais como la Holanda, 
en que la naturaleza del terreno ha obligado a sus moradores 
a recurrir a una estremada limpieza para conservar su salud. 
Ademas, en un pueblo tan eminentemente mercantil i rico ha- 
bia Lias necesidad de asegurur bien a los delincuentes, i mas 
medios para hacerlo con provecho. Se agrega a esto que alli 



SOBRE CÁRCELES. 281 

i NgvMo el espirito público la marcha de las loses en toda 
i artcMJoa de la palabra ; i así se observan también mejores 
para la seguridad de los criminales ; alguna clasifi- 
individoal, i oo trabajo mas proporcionado i mejor dis- 
La adopción del código penal de Napoleón, cuando 
pm la Holanda provincia del imperio francés, i la ejecución de 
reglamentos espedidos por aquel monarca ilustrado acer- 
del réjimen de las cárceles, han contribuido asimismo a 
allí la tuerte de los presos. 
« *Ba la mayor parte de las cárceles de Alemania* aun no 
los acusados de los sentenciados, i solo en algunas 
logrado dividir los últimos en dos clases. En Austria, 
noticias, hai escalentes casas de corrección ; i con par- 
satisfacción me he instruido, ' por la gaceta ministerial 
4e Berlín de agosto 30 de 1821, que en las de Prusia se han 
apeado a introducir mejoras considerables. La casa de fuer- 
mi* Neugast, en el círculo de Stettio, está colocada en una 
iris hecha apropósito con este objeto. Es administrada por 
o* comisión que se compone de un director, un eclesiástico, 
■ comisario de justicia, un médico, i un tesorero ; i su manejo 
ánediato se halla a cargo de un inspector, un mayordomo, i 
m contador. La cárcel está dividida en tres partes, o mas 
bien fotma tres casas separadas : las dos primeras divisiones 
contienen los presos aherrojados, cuyos vestidos son de color 
mido i amarillo ; en la tercera división se hallan los no ahe- 
itojados, que tienen vestidos enteramente pardos. El réjimen 
es paternal ; i sus alimentos consisten en sopa, pan, legumbres, 
i cerveza ; los que trabajan reciben también un poco de aguar- 
diente. Los gastos de manutención se valúan i deducen de 
lo que cada preso gana con su trabajo ; el sobrante se le re- 
serva para cuando sale libre, i si el individuo es condenado a 
prisión perpetua, entonces sirve para subministrarle mejores 
alimentos, en el caso de conducirse bien. Los trabajos son mui 
varios, según la capazidad de los detenidos. Una parte de 



• V. Friedlander, coup (Toril hutorique sor les paurres, les prisoas, 
Sce. «i Altanagne. Revue encyclopéóique, No. XXXVI. 




*?'*'* •* Vfc «flUfft4*lCMr 4S "JUU*Íll 

nx*-tiv. ft* ir*** vi* ** •.■!! 

*.»•• **/> «*% *wr*., *» prcrfeurij» <* 

p% 4 * *;*% i* mt»* 4* nmn, i 4* 1 ni^iiif 4U — ■■■ J », 

<•'/♦. f>k «VNH/>I % )** f»¡gílSM»Mft» 4e la 

v/* ** pv«/> su.* d* Lvtrud *» ) m ó*a* 
a* «KM 4* é**tju*v> f «■ tra*la¿ios) * ocia drrisissi mejor, i k 
inU'Ai***m a U soeiedad 4* aqaeDos qae km tratados csi 
mas d«Jz«rs. £a la prísaera divisio* sai 97 botantes i 8 M- 
j*t*n ; *n la seiriiada 51 bombita i 45 sujetes; i ea la ten» 
\tl hombre» : sunsa total 233» Cada preso costó d 
«fio 97 } escados de Prusía ; * i todo el casto de la cas 
*\%U * 7031 **cudos # Teniendo presente los progresos coatpar- 
»tjvo« de U civilización, puede suponerse que este estableá- 
i«m r»t// e» de lo mejor en su clase en Alemania." 

\* destrucción de la Bastilla, a que dio lugar la revolados 
de ¡ tittn.ui, ha tenido en este país un influjo tan benéfico sobis 
f I <■ «fíi do di- Ltn cárceles, como lo tendrá la abolición de la m- 
i|iii»i«iori *ol#re \hh de Kftpaña i América. Mas los abusos 
u ni 1 k 110» *«• d<- «arralan con «urna lentitud ; porque la costuav 
lnf non Inicf* mirar con veneración lo que apreciaban nuestros 
iiiii«'|iHHudoM. J)<> otro modo seria inesplicable la lastimosa 
■iliiiirinii de lian córrele* en muchos países cultos, en que la 
iiii|Miiiiiiifiii dn la reforma en tan conocida, como fáciles los 
un ilion iln ilirtuurla. I N>ro no puede repetirse lo bastante 
ijiin i«nlit muí ha dciuiiFtindo inveterado, i así del tiempo solo 
jiuitdii en|iiiriiiNe la completa perfección de unos establecimien- 
!<»■, tuyo lurii rutar contribuye tan directamente al de la socie- 
fliul. Nii|ioli'oit, u pt»Nur do su sistema despótico, mejoró 
111111-I10 I11* levim pemiles de Francia: su código criminales 
id iitiiiitiiiiriitit muí KlorioNo i durudero de sus vastas miras. 
r.ntiit I11 iiiuhilud de decretos que se espidieron en el tiempo 



* l 11 i*«t mío »lr l'riiMín <M|uiMtlr a 5} renl*» d* mie»lni moneda. 



SOBRE CORCELES. 283 

le ra adnánistrecion acerca del réjimen i disciplina de las cár- 
Éfes,*se encuentran arríenlos que haces honor al entendimien- 
• i al corazón de aquel hombre estraordmario. Con sumo 
gano llamamos la atención de nuestros lectores a los decretos 
ái*7 vindeatario, i 19 pradial del año 10. En otro de 30 de 
Mero de 1810, que contiene disposiciones jenerales i particu- 

acerca del réjimen interior i la disciplina de las cárceles, 
de establecer escelentes reglas para la seguridad de 
fcs presos i la conservación del orden, exorta encarecida- 
meste a los alcaides a que respeten los derechos de los presos 
lias den buen trato, bajo las mas severas penas en caso da 

veacion. £1 articulo 12 especifica que : * " Desde él 
de abril hasta el primero de octubre se hagan las ca- 

i se barran, limpien, i ventilen los cuartos i dormitorios 
itlos presos no sentenciados, a las nueve de la mañana ; i el 
mi» del afio a las diez/' En el articulo 49 se previene, que 
ht presos sentenciados se levanten en el mismo orden a las 
«seo de la mafiana en verano, i a las siete en invierno : se les 
«acede la primera hora en ambas estaciones para que hagan 
operaciones antes de ir al trabajo. Este se fija de las 
de la mafiana a las siete de la tarde en verano, i de las 
lebo a las cuatro en invierno ; señalándoles en el intermedio 
M hora para la comida, i media hora o mas para paseo, sus¿- 
mudo que sea el trabajo. El artículo 23 prohibe todo jé- 
telo de venta o compra a los presos, sea entre ellos, o con los 
mpleados de la cárcel ; só pena de confiscación de las espe- 
tes con que lo hicieren, la de un encierro mas o menos severo, 
cgun la gravedad del caso, i destitución de los empleados que 
«mtravinieren. En el 24 se prohibe a toda persona residente 
n la cárcel que preste dinero a cuenta de prendas empeñadas, 
¿virtiendo que no será reconocida ninguna deuda usurera de 
el» u otra naturaleza. En el 25 se señalan castigos de larga 
eclosión a los jugadores de suerte ; i estos juegos, bajo cual- 
piera. denominación, se prohiben absolutamente. En el 20 

* V. GoMsmith, coura potittqne et diplomatiqne ds Napoleón Bona- 
parte, te. Load. 1816, 



80BRB CORCELES. 286 

ekr lm sentencia : cuatro rotos a favor del acusado bas- 
a libertarle. Ademas se declara qne se presente anual- 
1 emperador mismo nna razón circunstanciada de los in- 
s existentes en ellas, especificando todo cuanto puede 
ur a la induljencia. Por último, se recomienda a los 
9 que se esmeren en darles buen trato en todo ; i se re- 
numero de las cárceles de estado á ocho en toda la es- 
del imperio, que entonces comprendía la Italia, la 
la, i parte de Alemania. 

considera que las cárceles francesas, antes de la revo- 
eran poco mejores que las españolas de aora ; i que 
bilidad de los gobiernos populares impidió el estable- 
i> de formas duraderas, se hará la debida justicia a la 
pía de Napoleón bajo este respecto. Si se ha de de- 
» que hubiera hecho por lo que hizo, i si se da crédito 
t refiere el conde Las Cases de sus intenciones, después 
ablecimiento de la paz, nos satisfaremos de que medi- 
uides mejoras en orden a las cárceles. Aquel caba- 
lo de los que acompañaron al ex-emperador a Santa 
, había recorrido en otro tiempo las cárceles, hospitales, 
Francia como visitador ; i tuvo oeasion de recordar a 
ob en el destierro algunos de los abusos que entonces 
. " Mi amigo," 4 le dijo Bonaparte después de de- 
algún tiempo sobre lo que acababa de oír, " es nece- 
ite todo, convenir en que los abusos son inherentes a 
ciedad humana. Ya vé V. que la mayor parte de loa 
teiona, han sido cometidos precisamente por los mis- 
tenían obligación de impedirlos, j Qué remedio ha- 

pudiendo yo verlo todo ? Uno de los sueños 

ocupaban, para cuando hubiese terminado a satisfac- 
itras empresas militares, i restituídome al centro del 
i respirar descanso, era buscar una docena o media 
ieros filántropos, de aquellos hombres honrados que 
a para el bien i para practicarlo. Los hubiera dise- 



morud de Sainte-Héléne, par le eomto de Las Cates; ton. iii. 
5. Jjomd. !•■•. 



sainad* p* al tapa**: «UMl^Mñ»m^M 

pm d«n» eaaata de todo, i aw a rifa 4 fffeM 

**»{*» aV fe s*fo¿ Sismnve loe fceW», HwWftl P 

lOMt aubieraa Ikéado a ser coaio ***. urmfssrwsp,^ 

tesas espirituales; i ssis decisiones aej gsiadaihuftsi 

tftajdo mis ocultas obra» de caridad 1 * Jfa* ad 

saaqifiesta La» Carné» que su decreto acercad* la- os£ 

de las cérceles de estado había d ieipfraMo am: W 

eatre lo» aristócrata» de Francia i otro» falsea, 4* fy 

SU* principios liberales. Con este motivo eufeft ííaj 

algunas particularidades relativas al respeto «na s*s? 

fesó a Ja seguridad individuaL " Lo cierto das ¡ 

d\jo, " que al tiempo de mi caída no había nías 4» 3 

aa las cárceles de estado» i yo encontré en el)aa 90{ 

ascendí fd consulado, Recórrase la lista de los c 

liaron en ellas; averigüense las causas de su gal 

varan mis calumniadores que casi todos merletas 

capital, a que habrían sido condenados en juici 

quienes de consiguiente fué un beneficio el arresto^ 

sentencié. 11 

Aun hai grandes imperfecciones que remover paj 
cérceles de Francia puedan ponerse a nivel de las, 
creación en Inglaterra, o en lo» Estados Unidos» i 
que fe conocen, i donde, a pesar de esto se trabaja 
fiante para darles el grado de escelencia de que api 

hk», 

&o* estraQtQ» que insertados a continuacipn, p 
ÍUtan^e, que a] actual gpMerao de Francia dedi&a h 
fioasideraeipn a la mejora de las cárceles i la ce 
los presos. " Tenemos el grande placer de anj 
jbee en la, relación de, Ja asociación inglesa estaba 
narfecqonar fo disciplina de las cárceles, &c.* w 
jareado una sociedad realf para la reforja* < 
^rancia. Al efecto ha espedido el reí un decreto 

• V. The Inquirer, No. II. Lond. 1822. 
f fisto ral es marso de 1819; isnnresideateesmi 
real. 



SOBES ClRCftMS. 887 

reglamentos : i el ministro ha circulado esta noticia a 
i loi departamentos» con varias cuestiones sobre la ma« 
a que deben contestar los magistrados. Con el mismo 
K> se dividió el consejo jeaeral en secciones, i cada una 
esentado su relación sobre los respectivos asuntos come- 

a su investigación. Del resultado total de sus obser- 
ves hizo el conde Decazes, ministro del interior, una 
e individual esposicion que elevó a S. M. En ella pro- 
qoe se dividan las cárceles en cinco clases. 1. Casas de 
¡f uwnicipa!, por delitos que solo merecen cinco dias de 
eion. 2. Casas de arresto, para asegurar al acusado, i 
rar a los sentenciados por menos de un afio. 3. Casas 
titia t para aquellos que están para ser juzgados en los 
tales. 4. Casas de corrección, para jóvenes que no ten* 
1 süos, i estén condenados a mas de uno de encierro. 
das hai ya diez i nueve existentes. 5. Casas centrales de 
don, para guardar a las mujeres i los viejos condenados 
presidios (bagnes). En estas ultimas hai sobre veinte 
-esos ; i en ellas i las casas de corrección están obliga- 
trabajar. Los presidios (bagnes) quedan bajo la direc- 
del ministro de marina. Aquel documento contiene 
en nn bosquejo de las leyes relativas a las cárceles, i una 

individual de aquellas en que subsisten abusos, bajo 
talos de salud, alimentos, separación, trabajo, enfermer- 
opa, instrucción relijiosa, i construcción de edificios, 
jiere, ademas, que el gobierno debia conceder a este fia 
Msiderable cantidad de dinero, aun cuando para ello se 
■tasen un poco las contribuciones señaladas a cada 
taaento. La suma que hasta aquí se ha obtenido no 
da 500,000 francos (100,000 pesos). En el apéndice 
lado documento se particulariza el número de los presos, 
litas que motivaron su sentencia, la situación en que 
colocados, el trabajo que han ejecutado, i el producto 

£sta clasificación de cárceles que se ha establecido en 
ia es buena, pero demasiado costosa ; porque las mis- 
entajas pueden lograrse teniendo en una sola todas laa 




288 SOBRE CÁRCELES. 



especies ¡majinables de presos, con tal que se construya 
forme al plan moderno, eito es, de inspección central i 
pleta. Así te aorra mucho dinero, la falta del cual es asi 
de los principales inconvenientes queostruyela jeneralizacku 
de nuevas cárceles, i estorba, consiguientemente, en gna 
manera la difusión del nuevo réjimen i disciplina, cuyos 
tados han producido ya tanto bien, i que deben ser aun 
útiles." J 

Que en un pais como la Inglaterra, nodriza de la liberta!, 
haya leyes penales tan defectuosas como las existentes, Si 
una de aquellas contradicciones raras que presentan lasobm 
de los hombres. Es cierto que el buen sentido i la integridal 
de los juezes suple a la monstruosidad del tenor literal i 
muchas ; pero mientras no sean revocadas, permanecen «i 
vigor í pueden aplicarse. Mas los ostáculos de una IeJMuW 
cion tortuosa no han impedido que el espíritu público m 
desplegase altamente a favor de los infelizes presos. Desdi 
el tiempo de Howard se han formado varias sociedades besé- 
lie un* ocupadas de los medios de disminuir la miseria de Isf 
cárceles i los presos. Lo contrario habría sido una escepdoi 
de lu ilustrada humanidad del pueblo ingles, su distintivo tai 
antiguo como eminente, i que resalta a la vista del viajero « 
los establecimientos de beneficencia que hermosean este país 
donde su buena conservación i la decencia de sus habitante 
se miran, i con razón, con mas orgullo, que en otras nacioac 
los palacios de los reyes i el brillo de las cortes. En laGrt 
Bretaña la virtud no es un nombre vano : aquí se encuenb 
una piedad bien entendida. Dar limosna es innecesario, 
aun perjudicial ; f porque no hai clase alguna de menestero* 

* Kn cutía condado o provincia, hai una de estas sociedades comspo 
salón do la principal, que existe en Londres ; a quien presentan relación 
anuales acerca del estado de las cárceles, de los presos, las mejoras q 
huyan hecho, i otras observaciones útiles. 

t 1.a lei sobre > agamundos ( ragrant act) comprende a los mendigos 
nutori/.u a lo* majutradus a castignr a cualquiera que se encuentre pidi< 
do limosna i-on algunos dias o meses de encierro, 'según la mayor o mei 
lotnMcz del infractor para el trabajo, i otras circunstancias accesorias. 



SOBRE CORCELES. 289 

quienes, en un orden natural de cosas, la previsión 
faffcaa no haya establecido un asilo. Lo mas admirable es 

rt los establecimientos de beneficencia, templos erijidos a 
sonsoladora caridad, cuyo número i grandeza asombran al 
■oservador, sean aquí obras de sociedades particulares, cuya 
ostencia i fomento dependen en gran parte de la jenerosidad 
■iblica* Pero los recursos que esta virtud pone en acción 
faiteen inagotables, i la autoridad contempla embelesada los 
ferifieios de sus subditos, sin cesar empeñados en alijerarle 
jiri el peso de sus obligaciones. 

B estado de abandono comparativo de las cárceles inglesas 
Jaita fines del siglo pasado debe atribuirse a la antigüedad 
m las instituciones a que estaba habituada la nación ; mas 
no que a una omisión intencional. Para hacer la debida 
JjMbaa a los esfuerzos hechos últimamente en Inglaterra para 
II reforma délas cárceles, seria necesario pasar primero en 
mista los infinitos i arraigados abusos que una sucesión de 
iones habia sancionado con su aprobación. Basta pon* 
el gran número de cárceles nuevas que se han cons- 
Mdo, para poder juzgar del grado de empeño que se ha des- 
{legado en la prosecución de tamaña reforma. Los fondos 
■nicipales i suscripciones particulares siguen fomentando 
dkrianílnte Ja erección de cárceles conforme al nuevo plan. 
Desde que Howard dirijió la atención de sus compa- 
triotas a esta materia, han competido todas las clases en 
señalarse, con erogaciones cuantiosas los unos, i los otros 
eoa su talento, para borrar una mancha que oscurecía sus 
bellas instituciones. Las señoras, los cuacaros, i los ecle- 
oásticos han sobresalido especialmente por su zelo en efectuar 
an dificultosa como útil reforma. Mrs. Fry fué la primera 
|*e d¡6 este glorioso ejemplo. " Habiendo entrado* un dia 
m Jíewgate,f la conmovió de tal modo el doloroso espectá- 
;alo que se presentó a su vista, que concibió el proyecto de 



• Berue encyclopédique, No. XXXVII. 
t La principal cárcel de Londres» 

y 



190 SOBRB círcbus» 

instruí» i consolar a algunas de las desgraciadas passas» I 
parientes i amigos, i aun loa majistrados trataran 4a ib 
diriaooa raaonaa especiosa» de que su*- afaaessuriaa natal 
ateadída la arraigada corrupción de las crimmalesi Mar < 
¡asistió, i, acompañándose coa otras señoras, eozaaaal 
ensayo. El buen suceso de este, aumentó el nu me r o a a 
bienhechoras, i todas unidas lograron, con su censual 
vencer los grandes estácalos que mediaban. Si una 
de mujeres ha realizado una obra tan difícil i tas 
es necesario convenir en que la sensibilidad del befio si 
frecuentemente mal dmjida> pero amable hasta en sus des?! 
es un instrumento poderoso de la moral i del Mea puhi 
cuando está dirijida por una ramón sabia e ilustrada. 

" Sin embargo, los resultados de aquellos esperimoauM 
son completamente satisfactorios. Pero ¿ era justo espi 
todo lo que han hecho estas respetables señoras? 
auxilios, a cada paso batallando con dificultades sin núz* 
han logrado rejenerar los presos, i han convertido en uall 
decente una cárcel qae, según el señor Buxton,* present 
la ¡majen de los lugares infernales. Aun puede decirse < 
hicieron mas; pues han restituido el pudor a mujeres qnt 
babian perdido ; las han inspirado la esperanza de vivirb 
i con ella el valor de hacer la prueba ; valor que, en m 
casos, equivale, como sabemos, a la consecución mis 
Estas señoras merecen el homenaje del mundo ente 
Acepten, pues, nuestro débil tributo de admiración, i pued 
ejemplo ser imitado por nuestras sensibles compatriotas* 

Quizá será oportuno tocar lijeramente algunos de los i 
chocantes abusos, que aun en 1818 existían en varias da 
antiguas cárceles inglesas, las cuales son reemplazadas 
otras edificadas según el nuevq plan. La descripción 
Buxton hace, entre otras, de la cárcel de Bristol, prueba 
en este país privilejiado subsisten todavía abusos capaza 



* V. An inquiry whether crime andmiserjareprodneted or prereí 
&e. Lond. 1818. 



sobrs c Árceles. »i 

de lastima al corazón menos sensible. En marzo de 
ttS había en ella* cerca de 150 presos, 63 de los cuales 
de día, acusados o sentenciados, sanos i enfermos* 
todos en un corral que tenia veinte pies de largo 
de ancho : entre ellos había once niños, que pare- 
no haber estado mucho tiempo separados del regazo de 
De noche se amontonaban en cuartos, orijinal* 
^sito destinados a no contener arriba de una quinta parte de 
%s qae entonces se encerraban allí. " Todos los acusados o 
de fchnia,i se hallaban/' dice, " cargados de 
prisiones ; andrajos asquerosos cubrían la desnudez 
0t casi todos, que presentaban, con corta diferencia, una 
pahua de la mayor inmundicia, i de una quebrantada salud ; 
ai Modo que era fácil adivinar, por sus semblantes, el tiempo 
aa habian estado encerrados." 

i: Has volvamos la vista a escenas mas lisonjeras; contem- 
aora el estado de las cárceles de nueva creación, que 
de modelo a las que gradualmente van suplantando a 
hi antiguas. " La cárcel de la ciudad de Maidstone,t en el 
sudado de Kent, construida de pocos años acá, tiene capa* 
sMad para contener a mas de 400 presos. Para cada uno 
au sjb cuarto separado de dormir, en el que se le encierra de 
■sabe. De dia se pueden reunir en salas parecidas a reflector- 
iss, que se calientan en invierno, o pasearse libremente en 
los grandes patios que comunican con las salas. Este es- 
aheWitmiento está dividido en un gran número de secciones, 
|ne comprenden una multitud de refectorios i patios diferentes, 
ai que los presos sentenciados o acusados de un mismo jénero 
le delito se encuentran reunidos. A algunos refectorios se 
m agregado un pórtico para que puedan pasearse cuando el 
kanpo esté malo. La cárcel de Maidstone, como la mayor 
arte de todas las de Inglaterra, reúne bajo un mismo techo : 



lé suprimida últimamente, i en su lugar se edificó otra escelente. 

t Delitos a ojie corresponde la pena capital ; pero esta se conmuta 
eeoentemente en deportación, o en algunos afios de presidio o cárcel, 
igun la gravedad de los casos. 

t Reme encyclopédique, No. XXV. 

v 2 



293 SOBRE CORCELES. 

1. los presos por deudas, que son mejor tratados que ú 
resto ; 2. los presos acusados de cualquier crimen, i que aÜ 1 
no están juzgados ; 3. los que están condenados a trabajes 
públicos, o a un simple arresto ; 4. los condenados a sdHr 
la pena capital o la deportación, i que aguardan la ejecaciat' 
de su sentencia. Estas cuatro grandes clases se subdmnW 
en otras muchas. Las mujeres ocupan una sección separadaj' 
i son tratadas lo mismo que los hombres. La iglesia «toV 
construida en forma de abanico, de modo que loa preso*/ 
divididos en sus respectivas clases, no pueden verse unos i' 
otros, mientras el eclesiástico ve a todos. * 

" En la ciudad de Stafford, situada en el mismo condado^ 
hai una cárcel nueva i vasta en que los presos gozan de igua- 



les ventajas que en la de Maidstone. En casi todas 
cárceles nuevas de Inglaterra hai refectorios, que en invierno 1 
se calientan, en que los presos pueden estar de dia, i patktf 
para pasearse. La cárcel de Maidstone, i varias otras esttt 
enteramente construidas de piedra i hierro, para evitar los 
incendios. El castigo usual para mantener el orden i la pts 
entre los presos, se reduce a encierro solitario, con privados 
de luz." 

Los buenos efectos que sigue operando esta mutación de 
sistema en orden a las cárceles, se harán mas palpables coa 
las reflexiones que hace el Times de 13 de junio del corrienU 
año, al insertar una lista del número i calidad de los presos d< 
Newgate. Dice : " En los veinte i un años últimos no hi 
habido nunca tan pocos presos,* como el 3 de este mea, ei 
cuyo dia se presentó la última razón de ellos a la municipalí 
dad de Londres. En la enfermería solo hai tres hombrea 
siete mujeres, i aun estos se están curando de males que con- 
trajeron antes de entrar a la cárcel." 

El método que hemos seguido en esta esposicion del estad< 



* La diminución del crimen en la capital de la Oran Bretaña se deb 
en gran parte a los esfuerzos de la benéfica sociedad que promueve la re 
forma de cárceles. 



SOBRB cXRCELBS. 

i ka cárceles entre Tanas naciones, nos llera a contemplar 
! de los Estados Unidos antes de tratar de las de España i 
m antiguas colonias. Mas arriba se nos ofreció decir qne las 
Ijceles de aquella república eran las mas perfectas que hasta 
fft se habían conocido ; i repetimos aora gustosos que son, 
i efecto, los mejores modelos. Es consolante el considerar 
ps en la misma tierra en que se ofrece a la virtud perseguida 
Lpas seguro asilo, es también donde hallan mas compasión 
H criminales, Hé aqui un hecho preferible a todo otro 
osjento. Un respetable ciudadano de Colombia nos ha 
Árido que, llegado a los Estados Unidos, se dedicó a ver 
>que mas podía interesar a un estranjero. Estuvo en .varias 
Meas i cárceles, i no distinguió las unas de las otras hasta 
•» le esplicaron la diferencia. Sometemos al juicio de 
■(Batios lectores las siguientes descripciones, para que deci- 
im del grado de exactitud con que aquel caballero colom- 
*eo caracterizó alas cárceles de los Estados Unidos. 

* Las cárceles de Filadelfia,* merecen servir de ejemplo a 
«las las naciones civilizadas. En ellas se ha adoptado un 
todo seguro para destruir todas las causas de los vicios, 
se nacen de la ociosidad, la intemperancia, i las malas 
pipañias. Allí el preso conoce que ha merecido la sen- 
acia <fbe le priva de su libertad ; i ve que la mejora de sus 
«tambres es el único objeto que se ha propuesto el lejisla- 
ir, al separarle de su familia i de sus hábitos. El tormento, 

argolla i demás castigos infamatorios son desconocidos en 
s Estados Unidos : en el individuo culpado ante las leyes, 
¡ restablecen los verdaderos sentimientos del honor por 
edk» de una disciplina severa, zelada por hombres en estremo 
eomendables. En estas cárceles no se permite la comuni- 
icion entre los sexos ; los alimentos son sanos, pero no 
cesivos ; los licores espirituosos son prohibidos ; a la 
ilgazaneria se ha sustituido un trabajo sistemático ; i el 
teacio, que enjendra las reflexiones, se observa jeneral- 
ente." 

* Revue encyclopédique, No. IV. 



SOBRE CÁRCELES. |20& 

a escitó mi curiosidad, i preguntando por la causa me in- 
maron que su marido había ejercido antes el empleo ; pero 
le, habiendo sido víctima de la fiebre amarilla en 1703, 
atajiado por su luja que la padeció primero, dejó a los 
•sos en la orfandad, quienes perdieron en él un amigo i un 
sahechor. En consideración a sus servicios ehjieron por 
nesor a la viuda ; i ella sigue llenando sus deberes con tanta 
actitud como humanidad. 

" No quiero privarme del placer de referir dos hechos mas, 
■e no necesitan comento alguno. Durante la epidemia de 
193 se hizo mui difícil hallar asistentes para los enfermos en 
hospital de Bush-Hill. Se recurrió a la cárcel ; i luego 
le se hizo la propuesta i se esplicó la naturaleza peligrosa 
il servido que la salud pública exijia, se presentaron volun- 
riamente, sin vacilar un momento» otros tantos presos 
matos eran necesarios para él. Todos cumplieron con la 
syor fidelidad su encargo, hasta el fin de esta calamidad ; i 
sus solicitaron recompensa alguna, mientras duró el tér- 
iao del encierro a que estaban condenados. Las mujeres 
esas dieron en esta ocasión otra prueba de su bondad : 
licitadas para que cediesen a favor de los enfermos sus 
de madera, añadieron ellas, de motu propio, sus camas 
¡ Qué diferencia entre estas mujeres, que parecen 
iber aspirado a ser émulas de las hermanas de la caridad,* 
as de la Nueva Zelanda, que eran mas ferozes que los 
«abres 1 Qué diferencia entre aquellos presos de Filadelfia, 
le asistieron a los enfermos arriesgando su propia vida, i 
■ deportados a la bahía botánica, que de hecho incendiaron los 
Mfitnlnn i las cárceles en que estaban confinados sus com- 
líeros de infortunio 1 Aun cuando los ejemplos de la buena 
Nsdnota de los presos americanos solo se consideraran como 
la suspensión temporal del vicio i de los crímenes, se 
«varia siempre mucho adelantado ; pero la reforma pasa 
■a adelante. £1 capitán Turnbull nos asegura, que de cien 
— .i * — ' 

• 8oewn de la charité, especie de congregación monástica en Francia, 
&tae por su exaltada beneficencia, 



SOBRE CÁRCELES. S07 

guia, cuando les hablaba, lo hacia en un tono grate i 
ero, pero sin permitirse pronunciar la mas mínima palabra 
niosa, ojestos amenazantes. A pesar de que trabajan 
interrupción, su esterior me pareció mui aseado, i no 
¿a rastro alguno de aquel estado de abatimiento i miseria 
ae estos desgraciados están sujetos en otras partes. En 
oficinas de trabajo reina la mayor decencia : no se oyen 
secaciones, ni espresiones groseras, ni piden limosna los 
sos. £1 dinero, ademas, no les serviría; porque está 
¿libido a los carceleros el venderles licores fuertes i ali- 
sios, que en muchos paises (¡ ruboroso es decirlo !) for* 
a un ramo de comercio de los primeros, concurriendo así 
«rpetnar las costumbres viciosas de los encarcelados. 

* Jamas he visto cocina mas aseada i hermosa que la de 
a cárcel. Cuando entré al refectorio se estaba distribu- 
ido la comida : cada individuo recibía su ración de sopa de 
itancia de guisantes i un pedazo de tocino. £1 pan, fresco 
■en hecho, se compone de trigo i centeno por mitades, 
icen tres comidas al día, i sus vigorosos semblantes indi- 
i que sus alimentos son tan sanos como suficientes. Los 
onitorios son aseados, i tienen bastante luz i ventilación. 
,cada cuarto hai ocho camas. Los estatutos del estable* 
limito prohiben espresamente que se confundan los delin- 

; i se observa de consiguiente una clasificación escru- 
Se encierra con separación a los individuos que han 
■elido escesos lijeros, i a los grandes criminales ; a los 
» han errado por primera vez, i a los que Babian sido casti- 
loa anteriormente ; a los jóvenes i a los viejos ; a los sanos 
los enfermos. 

* Las ocupaciones mas comunes de los presos son las de 
ssieco i tejedor : en un largo corredor conté 120 telares, 
■■bien hilan algodón i lana ; fabrican instrumentos de agri- 
jtnra: otros trabajan de herreros i de ebanistas. Las nu- 
il hacen la ropa, la componen i lavan. Cada preso recibe 
saínenle dos vestidos : uno para jrerano i otro para invierno. 
do lo que les es necesario se fabrica en la casa misma. 

" Hai siete inspectores que pueden, de concierto con el al- 



90BRS ClRCBLBS. tW 

cavernas horrorosas en que es imposible conservar la 
sslnd por mucho tiempo. Parece increíble que hubiese ha- 
•ido hombres bastante inhumanos i ferozes para encerrar a 
Sis semejantes en unos edificios como aquellos. Pero 
|«uánto mas chocante no es que en el siglo diez i nueve se 
«■serven tales establecimientos para oprobio i execración de 
h humanidad ! En las dos cárceles de Madrid, de Corte i de 
k Villa, se encuentran calabozos privados de la luz i del aire ; 
ks víctimas condenadas a pasar afios sobre años en absoluta 
«caridad, manteniéndose de alimentos insalubres i escasos, 
respiran un aire mefítico ; no oyen mas que el ruido de cadenas 
i grillos; su compañía se reduce a las inumerables sabandijas 
fie cubren las paredes de sus horribles moradas, i atormentan 
constantemente sus miseros cuerpos ; i su cama es una estera, 
abierta de sucios andrajos. £1 autor de este artículo ha 
visto eu Madrid salir de nichos subterráneos a personas que 
Unan estado encerradas en ellos, total e incurablemente 
•Jagas : había otra especie de calabozos en que el cuerpo no 
pedia mantenerse en ninguna posición natural, sentado, parado, 
arrodillado ni echado. Esta melancólica pintura de insalu- 
bridad i miseria es aplicable a todas las cárceles de la Penín- 



" En Andalucía no hai una sola que merezca la aprobación 
déla humanidad. En 1285 poblaciones de la cnancillería 
de Valladolid no se encuentran mas de 167 cárceles seguras i 
;* de manera que 1118 pueblos carecen de ellas, o las 
en enfermizas i faltas de seguridad : casi ninguna está pro- 
de los medios suficientes para la subsistencia. En Gra- 
no hai mas de veinte i dos cárceles que tengan alguna 
, i sean medianamente seguras i sanas : las 491 res- 
tes son pequeñas, sin la menor seguridad, i mantenidas de 
Las de Galicia son de peor condición. En Astu- 
rias no te halla una sola que sea segura, o tenga los medios 
de> aumentar a los presos. En Estremadura hai mui pocas, i 



m* 



se dice por vis de contraste ; porque no hai una sola que me- 
Ifaunarse salubre. 




300 SOBRA CÁRCELES. 

estas son enfermizas. Las cárceles de AlraS» i Zaraiaa 
son las únicas de Aragón que merezcan el nombre de según 
i sanas : las demás son tan malas que es imposible decir cual 
sea peor. En esta misma provincia bai 1280 poblaciones qae 
no tienen cárcel alguna. En toda Valencia, habitada por n, 
millón de almas, apenas hai una sola segara i saludable. El 
Cataluña hai muchos distritos que carecen de cárceles: d 
número de las que son algo seguras i sanas llega a 45; pera 
ninguna tiene fondos destinados a la manutención de los pre- 
sos. Empero, las de la* islas Baleares son peores que todas 
las domas : son mazmorras i cuevas, en que el hedor, la hs- 
medad, i la falta de aire han ocasionado mas mortandad que 
la mas maligna peste. 

" Hasta aquí ha prevalecido en España la costumbre di 
rematar las cárceles al que ofrecia el mas alto precio ; í los 
que las tomaban a su cargo, como es natural inferir, cornetín 
las mayores cstorsiones para enriquezerse. Esto lo coate- 
gnian por medio del mal trato i toda especie de miseria a qse 
sujetaban a los presos ; exijiendo a su entrada contribuciones 
para al ij erarles o quitarles las prisiones, o para acomodarlo! 
en cuartos mas o monos buenos, según la cantidad de dinero 
qut! ofrecían ; i a la salida del preso, desplegaban la misma 
mpazidad <le mil maneras. En una palabra, la venalidad mas 
infame estaba uHí entronizada. 

" Vé\ estado de todas las cárceles españolas produce los 
resultados nías destructivos sobre la conducta i el carácter de 
los presos. En aquel país una cárcel viene a ser un lazareto 
moral, en que no se practica remedio alguno para impedir 
los usoludores efectos del contajio : el juego, los robos, i ai- 
t émidos sangrientos son de ocurrencia diaria. La situación 
tlel preso no es de modo alguno proporcionada a sus crímenes, 
sino al dinero que puede pagar. Por tanto, no es cstxaño ver 
confundidos el asesino i el salteador, que hayan conservado 
el fruto de sus estorsiones, con el deudor, el amante, u otros 
individuos arrestados por leves escesos. En la cárcel de 
Curtís, por ejemplo, se encontraron en un mismo cuarto jefes 
de bandoleros, condenados a la prisión por diez años o por 



SOBRE CÁRCELES. 301 

i, i respetables escritores públicos, que solo estaban acu- 
sados i aguardaban la decisión de los tribunales. 

" De la terrible desorganización i abandono de la cárcel 
principal de Sevilla podrá formarse alguna idea» cuando se 
sepa que hasta el año de 1820 se acuñaba en ella moneda 
frisa en grande abundancia ; i que la insubordinación de los 
presos, dej enerando a vezes en rebelión declarada, hacia ne- 
cesaria la intervención de la tropa, para reducir a los amoti- 
nados haciéndoles fuego." 

Las cárceles de Portugal se hallan montadas sobre el mis- 
mo pié que las de España ; no ostante las medidas adoptadas 
por las cortes de aquel reino para mejorarlas. 

La abolición de la inquisición i sus horrores, decretada por 
las cortes españolas, i que era un paso importante para la re- 
forma de las cárceles, no produjo, por desgracia, los resulta- 
dos que se prometían de aquella escelente providencia los 
hombres de bien que la dictaron ; i cuando Fernando VII 
Jsstruyó con un rasgo de pluma todos sus trabajos, esperi- 
tentaron aquellos distinguidos patriotas en sus propias per- 
mas los indecibles padecimientos a que allí estaba condena- 
do el hombre. Referiremos dos ejemplos en muestra de lo 
qse padecieron estas victimas de la ingratitud del monarca. 
" Un diputado asegura,* que se entretuvo en contar los piojos 
que le cubrían, i mató, en los tres primeros dias de su arresto, 
treinta mil. Otro declara que, siempre que le permitían mu- 
dar su ropa, se encontraba en un estado tal de pestilencia, que 
ninguna oferta podia inducir a tájente mas desdichada a reci- 
birla en su casa para lavarla ; i que una señora respetable se 
encargó de hacer, en el balcón de su casa, un trabajo, a que 
la mas Ínfima de sus criadas se negaba." 

La constitución española, tan defectuosa bajo un punto de 
vista político, tan injusta e iliberal respecto de la América, 
merece algunos elojios en la parte judicial. La moderación 
i la filantropía de las cortes a este respecto, las hace acreedor- 
as a la gratitud de las jeneraciones futuras. ¿ Quién no leerá 

• The Inqnirer, No. III. 



302 SOBBB CJÍRCBLB8. 

con placer los siguientes artículos de la constitución de 1815? 
" Ningún español," dice el articulo 287, " podrá ser preso, 
sin que preceda información sumaria del hecho por el que mer- 
ezca, según la lei, ser castigado con pena corporal ; i asimis» 
mo un mandamiento del juez por escrito, que se le notificará 
en el acto mismo de la prisión." Después de varios otros ar- 
tículos igualmente equitativos se lee en el 297 : " Se dispon- 
drán las cárceles de manera que sirvan para asegurar, i no 
para molestar, a los presos. Así el alcaide tendrá a estos ca 
buena custodia, i separados los que el juez mande tener aa 
comunicación ; pero nunca en calabozos subterráneos, ni mil 
sanos." £1 articulo 303 determina : " No se usará nunca 
del tormento ni de los apremios/ 9 Todo lo demás concernien- 
te a las leyes penales i castigos de los criminales guarda 
proporción con los estractos antecedentes. Se dirá quizá, 
¿i porqué no se redujo esta bella teoría a la práctica? La 
razón es bien clara, i la justicia exije que disculpemos aquí a 
aquella asamblea. En primer lugar, la ocupaba casi esclusi- 
varaente (si esceptuamos sus hostilidades contra América) la 
salvación del pais; i en segundo, fué disuelta precisamente 
cuando las circunstancias acababan de restablecer la indepen- 
dencia de España. Ademas, el mal era demasiado inveter- 
ado, i el remedio solo puede esperarse del tiempo, ayudado 
de una reforma radical. ¿ I no vemos, por otra parte, todos los 
sacrificios que ha costado i aun cuesta la reforma de las leyes 
penales i de las cárceles en otros estados mas cultos ? 

" Una de las primeras medidas de las cortes,* luego que se 
restauró la constitución en 1820, fué decretar la destrucción 
de los calabozos subterráneos, la abolición de toda especie de 
prisiones, i ordenar la remoción de varios otros abusos. La 
inspección de las cárceles se confió a ciudadanos elejidos por 
el pueblo ; i sus desvelos han contribuido mucho a minorar 
los procederes arbitrarios que habían recibido la sanción del 
tiempo. Entretanto varios periodistas i otros escritores pú- 
blicos trataron sobre la materia, i allanaron el camino acia la 



• V. The Inquirer, No. III. 



SOBRE oXrCBLB». 908 

reforma jeneral qae meditaban los representantes déla nación. 
Este cuerpo la empezó nombrando de bu seno una comisión 
de nueve individuos, especialmente encargada de investigar 
el estado de las cárceles. Don Jacobo Villanova, en el dia 
oidor de Valencia, había propuesto a las cortes la adopción 
del panopticon de Bentham, con algunas modificaciones, en 
k erección de nuevas cárceles. Su proyecto pasó a la 
comisión, i esta solicitó la opinión de la sociedad real de 
Madrid acerca de él. La contestación que esta dio ha sido 
favorable : en su virtud manifestó la comisión a la lejislatura 
knecesidad i la conveniencia de construir, en las ciudades 
principales i en todas las poblaciones en que hubiese un jues 
«primera instancia, que llegan de 300 a 400, igual numero 
es cárceles según el plan de inspección central, a efecto de 
oju sos habitantes estén siempre a la vista del director. 
Recomienda que el tamaño de cada una sea proporcionado a la 
población ; que se consúltela seguridad, ventilación, salubridad, 
i abundancia de agua ; que es preciso erij irlas a distancia de 
todo otro edificio, cerca de las ciudades i villas mencionadas. 
Espolie, ademas, que es indispensable que el gobierno 
saciare la dirección de una cárcel por empleo honorífico, i 
fie lo confiera a sjsjitares : en las provincias a capitanes ; en 
la capital a coroneles. Que su salario en Madrid se fije a 
M»0OO reales (de veihm) ; en las ciudades principales a 16,000 ; 
i esi las menores a 10,000. Que estos alcaides sean personal- 
mente responsables de la seguridad i disciplina de los presos, 
i del cumplimiento de los reglamentos de cárceles que se 
establezcan. Que será de la obligación de los majistrados 
esajir los demás empleados de la cárcel, i formar los regla- 
SMietni necesarios, que someterán a la aprobación del gobierno. 
Propone también que se suprima toda especie de emolumen- 
to*; que haya separación de sexos; que se establezca una 
áon en cuanto a edad, crímenes, señales de arrepentí- 
ate; que los acusados no se confundan con los sen- 
tenciados ; que unos i otros se vistan i alimenten bien ; que se 
esnde del aseo de las personas i habitaciones ; que se intro- 
daaca el trabajo, cuya severidad dependa de la clase del 



sobre cXrcrles. 906 

satélites otras tantos bajaes, a cuyos decretos duros i antoja- 
dizos tenían que someterse, sin apelación, los infelizes encar- 
celados. No hai colores bastante vivos para pintar bien las 
miserias que sufrían estos, ni la inhumanidad con que eran 
tratados por sus guardianes. Destituidos de todo, sin estí- 
mulo para el trabajo, se empleaba el tormento a fin de hacerles 
confesar crímenes, a vezes imajinaríos o supuestos ; i estaban 
m uso otras penas corporales, como azotes, para mantener 
el 6rden, quiero decir, para humillar a los presos. A esto 
m reducía, durante la dominación délos españoles en América, 
é réjimen i disciplina de las cárceles. Uno de los escritores 
fabucos de Chile, después de la restauración de aquel pais 
m 1817, describe con enerjía los perniciosos efectos que allí 
s» esperimentaban en esta parte. " Entre nosotros, dice,* 
á ho m b r e se aprisiona, no para que se corrija, sino para que 
ssdezca : no para que trabaje, sino para que esté en la ocio- 
sidad : no para que sirva de escarmiento, sino de horror. 
bremos en una de nuestras cárceles, i veremos centenares 
Üt hombres cubiertos de andrajos o desnudos: observemos 
sbs semblantes macilentos, o mejor diríamos, aquellos espec- 
few cargados de cadenas, que tiemblan a la presencia de un 
sJgvacil insolente, que les da de palos, i les insulta. Con- 
sideremos la clase de alimentos que se da a estos miserables, 
fue sin el ejercicio del cuerpo están desfallecidos, i encon- 
traremos que el último mendigo los reusaría en las calles, 
le es permitido habitar." 
Loe efectos de un sistema tan cruel como impolítico eran 
debían ser : los que conservaban algún resto de mora- 
acababan allí de perderlo, i los que sobrevivían i volvían 
la suciedad propagaban la corrupción dé costumbres. ' No 
i ejemplo de que uno solo se haya enmendado : al contrario, 
estaban en las cárceles, discurrían los medios de 
de la opresión que padecían ; i luego que se veían 
atentaban de nuevo contra los derechos de una so* 



» V. El Argos de Chile ; Santiago 1818. 

X 



306 SOBKK CÍRCBLBS. 

oiedad que había tolerado un trato tan inicuo. Así el CDfjsjM| 
iba en aumento, a medida que se castigaban loa des- 
cuentes. . t 
Demostrado ya que las cárceles americanas eran en t| 
todo dignas de sus modelos, seria inoficioso entrar en IflS 
pormenores de los demás defectos de que adolecían. Beprs* 
sentaremos» pues, en grande el numero de las que había su 
las capitales de los antiguos vireinatos i capitanías jenerals% 
su capazidad i seguridad, comparadas con las poblsrionsj 
respectivas. Paro antes conviene advertir que solo en Itf 
capitales o ciudades principales existían edificips que mess» 
ciesen el nombre de cárceles. En las demás poblaaoass 
hacia sus vezes el cuartel de la guarnición, o alguna pies% 
siempre la peor, de la casa municipal. En ninguno de estos 
dos lugares había la menor, provisión para conservar La exis- 
tencia de. los presos, que.se encerraban allí temporalmente^ •- 
por castigo- de delitos Leves, o hasta su traslado a la cepita), 
si eran de consideración. .Impedir la evasión del reo, h¿ aojfi 
en lo que consistía el cuidado de las ramificaciones de aquella 
imbécil autoridad, tan indolente como cruel. Cuartos desnu- 
dos de todo, calabozos ininundos servían de tiempo inmemor» 
ial a aquel efecto : la obligación del carcelero se reducía a 
cargar de pesadas cadenas a los presos condenados* a ellas, 
para suplir de este modo la falta de seguridad de las habita- 
ciones ; a encerrarlos a todos ; quitarles las cadenas cuando 
lograban su libertad ; i a introducir a su arbitrio los •«^íjí«f 
que para el sosten de los detenidos subministraban sus amigos 
u otros hombres benéficos. Es un hecho indisputable que los 
presos que carecían de relaciones, o no escitaban la conmiser- 
ación de aquellos compañeros que las tenían, estaban- es- 
puestos a morirse de hambre i desnudez, si se prolongaba el 
término de su encierro. El horror de aquellos lugares había 
llegado a ser proverbial. Sin embargo, las señoras, las o» 
munidades relijiosas i demás eclesiásticos americanos despla- 
garon constantemente un zelo ardiente, pero ineficaz, por el 
remedio de tantos males. 



SOBRE cXrceles. 907 

En lias* tolo había dos cárceles :* la de la Ciudad i de la 
qta unidas se calculaba contener arriba de dos- 
individuos, al tiempo que su población ascendía a 
ü«627 almas.f En 1820 pasaba esta de 70,000 ; i no bastando 
fes dos cárceles para contener los delincuentes (cuyo número 
hsbia crecido, con el incremento de la población i con los 
tejimientos políticos de aquel continente), se les destinaba a 
«fes presidios del Callao, Juan Fernandez i Valdivia ; o los 
acerraban en los cuarteles de la tropa i en los calabozos de 
% inquisición. Los esclavos que disgustaban a sus amos, 
mam condenados (según la voluntad de estos) a los fuertes 
Iftbajos de las panaderías o a los de la casa de moneda. La 
cnwidad de los panaderos era mui notoria en Lima : a latU 
fttos obligaban al desgraciado esclavo a agotar sus fuerzas 
m la faena hasta dejarle muerto. Esto sucedía a menudo ; i 
k pérdida del valor de la víctima era el único castigo de 
■«nejante atentado. El virei Abascal tratando en su rtlacum 
dr góKemot de las ventajas que resultarían a la casa de 
moneda de la mejora de las máquinas para tirar rieles, &c. 
le espresa así : " Venturoso será el día en que simplifican- 
flotto estes máquinas se estinguiera el trabajo de los esclavos 



sin embargo, once hospitales i otros varios establecimientos 
¡, siendo una prueba de la beneficencia de los particulares, presentaban 
en las demás capitales de la antigua América española, un con- 
solable con la rastrera codicia i criminal indolencia del gobierno. 
Is?s fundaciones filantrópicas de Lima están actualmente en la mayor 
; porque el virei Abascal, en sus apuros para sostener su 
dominación contra la voluntad de los pueblos, echó mano de los 
destinados a su conservación : de modo que en el (lia se mantienen 
de limosna, como sucede en la casa de huérfanos, hospitales de 
Bartolomé, Santa Ana, &c. 
t V. Mercurio Peruano ; tom. i. Lima, 1700. 

% Desde mediados del siglo 16 se mandó a los vireyes formar una rala» 
del estado en que habían encontrado i dejaban el territorio de su 
mando, de las providencias que hubiesen espedido, fice. ; la cual se de- 
relación del gobierno de tal virci, i era entregada por este a su 
al tiempo de ser relevado. La de Abascal comprende los sucesos 
ocurridos desde 1806 a 1816. 

x2 



SOBRE CORCELES. 80Í 

;esará, si se reflexiona que los mandatarios de 
pensaban en otra cosa que en satisfacer su codicia; 
i la felizidad de los países que gobernaban. Tam- 
ifíará que Abascal se lamente de la falta de ar- 
proporcionar alimento a los presos, cuando se 
ita la pequeña suma que de los fondos munici- 
?stinaban a aquel objeto, la invirtió en llevar 
planes de sojuzgar a los americanos. Él empo- 
rü, cuyo tesoro, antes de la guerra de emanci- 
aba por lo regular con un sobrante considerable, 
de las copiosas remesas anuales que se hacían a 
,, de los situados a Valdivia, Chiloé i Panamá, i 
ciones de los mandatarios ; i sin embargo tiene 
nalvadof de quejarse de la falta de arbitrios para 
os presos, en gran parte victimas de su arbitrar- 
lastimosa situación en que Abascal dejó las 
Urna se evidencia en el siguiente edicto publicado 
i en el mes de diciembre 1816, esto es, a los 
i de haberle sucedido en el mando del vireinato. 
3 Lima (dice) obligado por su deber i sentimientos 
. desnudez i miseria de los presos en esta capital, 
ella fondos para subvenir a tan piadoso objeto, 

e bajo la denominación de " ramos de propios i arbitrios ;" 
mbien a disposición del virei, pues el cabildo no podía 
a autorización de aquel. Antes de la revolución montaban 
T91 pesos 4 reales al año, de los que 15,899 pesos 6 reales 
a gastos llamados estraordinarios, como la refacción de 
ios, abasto de aguas, fuentes, cuarteles, cárceles, &c. ; i 
a 6 reales servían para cubrir los gastos ordinarios, como 
cabildantes i otros empleados ; en funciones de iglesia ; en 
t de júbilo, o pesar por el nacimiento, cumpleaños, muerte, 
miembro de la familia real; en el recibimiento de los 
En estos últimos casos se facultaba al cabildo para verificar 

ien orijinó la deuda nacional del Perú, para sostener ' 
a Quito, Chile, las Provincias Unidas, contra los peina- 
se retiró a España en 1816, cargado de inmensas riquezas ; 
acciones tiránicas. 



SOBRE CARCBLBS. 811 

Ésa, sega» m costumbre tan antigua como iu ton- 
to, cuantas ótdeaes de ht metrópoli testaban en oposi» 
con tas intereses personales. Las ley» de Jifcfta*» 
tedio de Sus muchas imperfeccione»/ contentan algunas 
nieign ea buenas coa respecte a la» cárceles. La l***it. 
bw 7, maáda que^se visiten los sábados por la tarde, í'éo 
asmas ; la 9** del mismo titulo i libro, ordena también 
m~ visitea loa martes i jueyes si conviniere. Mas estas 
mmoaes humanas no se cumplían ^eu América. ''El 
»4e los presos dé las reales cárceles, dice don Francesco 
le/Lasnós* en su reiscúm de gobierne, me hizo ordenar 
secreto de 3 de marzo • 1792 que el teniente de poticia 
una semanal visita, para que informado del estado 
se providenciase sobre su conclusión/' ■ ■ 
¡s recientes convulsiones políticas de nuestro continente 
raron a las autoridades españolas un encono implacable 
4 los autores' de ella* i -sus partidarios, porque temían, i 
*sb&, que la rica presa que lisonjea*» su orgullo i su 
ria» se ies escapase dé las manos. Desde él principie 
'revolución babian destinado los calabozos de la inqaisi* 
para encerrar a los supuestos reos de Iesa-majestad ¡ i 
«atuvieron que abolir aquel execrable tribunal, en obe- 
amto á los decretos, de las córteseme por eso mejoré 
sité de los americanos que, o por sus riquezas, o por su 
tin, habían caído ; entre sus garras. Los suplicios que 
acaba aquella diabólica institución eciesiástlda se tnts> 
tffi en toda su extensión a las cárceles civiles. En las 
mía estableció Abascal calabozos sobterráneos,t conte- 
os de modo que un hombre no podía estar en ninguna 



Trei que gobernó el Perú desde 1790 a 96. 

1 nombre de infiernillos con que el pueblo designó aquellos lugares 
m, bien lo que eran. Los infiernillos subsistieron hasta la ocupación 
■a por los independientes, esto es, casi un año después que la cons- 
ol rué promulgada allí por segunda vez. El jeneral San Martin 
a satisfacción de hacer destruir tan horrendo instrumento de la tir- 
(V. Gfl*rf* del gobierno, de 19 de diciembre 1821.) 



SOBRE cXrcblbs. 313 

•e 1811 se espidió en Buenos Aires un decreto sobre 
lad individual, i el art. 6 espresa : " Siendo las car- 
iara seguridad, i no para castigo de los reos, toda 
Y que a pretesto de precaución solo sirva para mortifi- 
será castigada rigorosamente." £1 mismo artículo se 
aficionado en el 117 de la constitución del estado, 
gada en 1819. JEn el reglamento de administración de 
, publicado el 23 de enero 1812, se lee en el art 20 : 
%s ciudades subalternas de provincia, i en las capitales 
*, la primera autoridad con las justicias ordinarias 
i una vez cada semana» aunque sea en domingo, las 
s 9 cuidando del progreso de las.qausas» removiendo 
itáculo a su breve conclusión ; i teniendo respecto, de 
«or principio, que el ocio i compañía estrecha con cri- 
i, lejos de correjir al hombre, le inclinan necesa*ia-r 
i. hacer profesión del crimen." La ciudad de Buenos 
iene en el día cinco cárceles : 1 ra * para deudores escluy 
nte; 2 a# de policía, destinada al encierro de los detuv: 
i que infrinjan sus reglamentos ; 8 a * para militare* i 
ras ; 4 a * la, cárcel publica, para acusados, &c. ; 5 a * el 
9, para los convictos i condenados a trabajos públicos, 
rejistro estadístico* se publica mensualmente el un-r 
le los presos que han entrado i salido de cada? una, sus 
> los gastos de los diversos establecimientos, sus me- 
&c. £1 destierro a las desiertas islas Maluinas, a 
el gobierno español trasportaba cada año una porción 



periódico semejante debía establecerse en las demás capitales de 
r os estados de América, en donde el conocimiento de su situación 
os es tan escaso, como necesario a sus progresos. £1 gobierno 
ios Aires en el decreto de institución de aquel rejistro, fecho el 
ciembre 1821, después de prevenir que se publique por números 
.es que él costea, dice en el art. 2 : " La materia del rejistro esta- 
lera los estados, razones, notas, i observaciones de la estadística 
al de todo el territorio de la provincia." En los doce números 
metientes al año de 1822 se encuentra todo cuanto puede conducir 
dijo conocimiento del pais. El 6 de diciembre del mismo año 
ú gobierno que se publicase en adelante por trimestres. 



SOBRE CÁRCELES. 316 

namgo de su cuerpo ha reconocido aquel edificio, i pro- 
tedo ra mejora ; a rayo fin los ministros de hacienda Ié 
sjuáa los dos mil -pesos que se calculan necesarios, con 
ftfidtd de presentar las cuentas de su inversión. El 
no espera de su amor a la humanidad que acepte este 
rgo, i haga un bien tan deseado como desgraciadamente 
pacido.** El art 22 del proyecto de la constitución 
mia de 1816 establece, que : " Ningún ciudadano ha 
■ asegurado con prisiones." Con fecha 10 de noviembre 
¡sao ano resolvió el senado que» a ejemplo de lo que se 
Baba en la capital, se hiciesen visitas semanales en todas 
róeles de las provincias; presididas por los gobernadores 
■tés gobernadores! con asistencia de los alcaldes, i 
'■funcionarios a quienes compita ; i el director del estado» 
fetar el cumplimiento de aquella disposición, declara : 
irlos gobernadores i stts tenientes de todos los partidos 
ntorio deben dar cuenta en cada correo del resultado Jé 
hém a la cámara de justicia, esperando del acreditado 
i esta que cuidará de que dichas dilijencias se actúen 
actividad i justificación que exije la humanidad."! 
pobierno de Chile conoció la insuficiencia de la única 
é}ue había; i aunque se emplearon los cuarteles de la 
| una casa de reclusión para las mujeres con este objeto, 
jó conveniente, en lugar de erijir una cárcel nueva, 
iecer el presidio de Juan Fernandez. A este destino se 
sron, pues, en 1821, 300 hombres i 200 mujeres, bajo 
¡odia de 146 individuos entre soldados, i oficiales, com- 
dos los eclesiásticos i artesanos. En el presupuesto 
para la manutención de aquel número, según el informe 
s ministros de hacienda presentaron al gobierno el 17 
yo 1822, se calculaba que subirían los gastos a 54,769 
6 reales, en esta forma : 



* V. Aurora de Chile, de 4 de febrero 1813. 

t V. Oaseta ministerial de id, de 96 diciembre 1818. 



316 SOBRE CARCHES. 

Sueldos parala tropa ••••'•• U 

Víveres para racionar la tropa, presidarios i demás 

con charqui, pan, sal, grasa ¡ ají* ••• •• 317 

Dos vestuarios para cada presidario 

54, 

Pero el editor del Mercurio de Chile/ al insertar 
este presupuesto, dice que, sin exajerar, pueden 
añadirse las siguientes partidas : 

" Por un tercio de los víveres que se introduzcan 

para el consumo de las ratasf •:•••••• 6; 

Salario de herrero, carpintero, armero i albafiil a r 

300 pesos**.** •••••• • ••• •••••• • ••• l,ttft< 

Botica i hospital •••••• ••• 3O0 4 

Municiones de guerra* ••• ••••• ••••...••• 1,000^ 

Fragua, herramientas, acero, hierro .......... 'Mt*^ 

Entretener un buque, bote o lancha «•••• 100 '* 

Flete de buques para trasportar efectos i jente • • 6,000 I 

— -H 

Ps. 71,801 I 

• 1 

" Hé aqui, continua el editor, 71,801 pesos 6 reales, qsj 
partidos entre 300 forajidos, desvalidos, o ladrones, mj 
defecto de ocupación resulta cada uno gravando el erario, ,< 
viviendo del sudor de los buenos a lo menos, en 230 peaoi 
sin conseguirse mas que apartarlos un tanto de la vista». 



• No. VI. 

t Estos sitíalos se han multiplicado tan prodQiosamente en aquel 1 
isla que en tiempo del gobierno espalol sehacmelinismocomput». 

t Dos errores hai en esta cuenta: 1» qae la partida de los víveres en 
tinados para el consumo de las ratas debe ser 12^44 p», por que esta, 
no Osas, es el tercio de la cantidad gastada en rireres; i 2* que 1 
suma total debe ser 71,091 p«. 4 r«. en lugar de 71,801. 6. Rectificad? 
ambos, resulta que se invierten 78,01» p«. 4 r*. eala manatencion de M 
presos; i por cossdgiüente, que cada uno de estos grava al estado • 
*60p^4ireak*--P.a 



SOBRR CÍRCBLBS. 31? 

ríos en la carreta de los vicios. 8i sa número es 
sube sa costo» pnes siendo uno mismo el gasto se 
stre menos; i si se aumenta, crece* el consumo de 
m, vestuario, botica, i aun de la guarnición, que 
uede ser menos, i debe ser mas si es mayor la porción 
dos que ha de custodiar. 

establecimiento capas de contener ampliamente a 
mereciesen habitarlo, con todo lo necesario para su 
,d, comodidad i ocupación, tendría menos, o a lo sumo 
) costo, una vez sola, que el que se hace cada año en 
la población de Juan Fernandez. Digo una sola vez, 
para su entretenimiento sobrará el producto de las 
bastas con que brinda el pais para los adultos, i las 
icadas para los que estuviesen iniciados en ellas, 
idose de distribuirlas algún asentista, bajo la inspec- 
uita de personas adictas a la prosperidad de un pueblo 
niriria así continuamente individuos útiles, amantes 
jo, i bien ensenados." Concluye recomendando la 

de un edificio proporcionado en estos términos: 
rama tan mal gastada en cada año, i que es el interés 
i i medio de pesos fuertes, invertida una sola ocasión, 
i tan considerable deuda, propiamente nacional ; pro- 
na ao solo un depósito de grandes criminales, sino 
m adecuada a faltas leves, cuyo descuido conduce a 
pues contiene mas que la severidad la exactitud, que 
isaente no observan los juezes, por defecto de un 
i que aplicar a los que no debiendo permanecer en las 
mas tiempo que el absolutamente preciso para ser 
i, no son por otra parte dignos sino de moderada pena, 
sa sencillo, i se detallará, sirviendo de norma otros 
desterrado la impunidad, la sevicia, i la barbarie. 
ara también las erogaciones i afanes de otras casas 
ccion parcial, en que la construcción i réjimen nada 
$ conforme con el objeto de la institución de unas 
de pura detención/' Hemos insertado las reflexiones 
ates porque prueban que en Chile se trata seriamente 
bnna de cárceles. 



318 SOBRE CÍRCRLKS. 

Si pasamos de Chile al Perú, hallaremos que desda fe 
instalación del gobierno independiente hasta la del congrme, 
esto es en un afio, se hizo mas a favor de los presos qaa> - 
cuanto habían hecho los españoles en la larga serie de afos 
que duró su dominación. En el discurso inaugural prora** 
ciado en el acto de la instalación de la alta cámara de justica ^ 
el 7 de octubre 1821, manifestó el ilustre San Martin b ^ 
mucho que se interesaba por la suerte de los encarcelado* fc * 
" También espera S. £. de la filantropía de los señoras iiZ 
juezes," dijo el ministro de estado a su nombre, 4 que no sb ** 
atormentará al reo con prisión prolongada ; que las cárceles l J* 
no serán sino lugares de seguridad i enmienda; que no se la '* 
llevará encadenado al último suplicio; e igualmente que sen * a 
las penas lo mas suaves en lo posible, como que la correccioa ifc = 
o el ejemplo es el doble objeto del castigo ; i manifestaría l « 
que conoce mui mal el corazón humano quien creyese que se * 
corrijo, o se instruye con los absolutamente rigorosos . . . l 

teniendo presente aquel precioso axioma dal '■ 

código de la humanidad que dice : no hai cosa mas smgréia * 
que un reo" 

£1 15 de octubre 1821 visitó San Martin en persona las 
cárceles de Lima, acompañado de los ministros de estado, 
del presidente de la alta cámara de justicia i demás juezes, 
de varios miembros de la municipalidad i otras personas con- 
decoradas para dar mayor solemnidad a aquel acto. Al 
efecto, los diversos juzgados le habian presentado de antema- 
no listas individuales de todos los presos i del estado de sus 
causas, con esclarecimientos sobre ios delitos que habian 
ocasionado su separación de la sociedad, i sobre las consi- 
deraciones que podian influir en su libertad. Se empezó la 
visita por la de la Pescadería, i en seguida se trasladó la 
comitiva a la de la Ciudad. « Examinado detenidamente el 
estado de las causas pendientes, i oidas las reclamaciones i 
esposicion de los delincuentes," se lee en la descripción de 



• V. Gazeta del gobierno, de 10 de octubre 1821. 



SOBRK CÍR0BLBS. £19 



Ifcsctp,* " varios fueron puestos en libertad, otros 
m prisiones» i S. JE, ordenó que todas las causas se con- 
jasen en el término de veinte dias. Asimismo jeconcilió 
ecelentisimo sefíor protector a la humanidad con el Perú, 
Cerrando la ferocidad i los abusos, que introdujo la adminis* 
ion española en la lejislacion criminal i en las cárceles ; 
liendo pcura siempre toda especie de tormento, i mandando 
jama* se hiciera uso de los horrendos calabozos, eonoci- 
con el nombre de m/UmiUo$, en donde se sepultaban, .se 
tsperaban i morían los hombres bajo el anterior gobierno» 
una palabra» S. E. inspirado por el amor de sus semejanr 
recorrió todas las prisiones* difr ordene* para, que se 
ftrMen en beneficio de los desgraciados que en ellas sufren 
sus atentados contra la sociedad, i para que se convir- 
i*, por medio de un trabajo útil i moderado, de hombres 
soles i viciosos, en ciudadanos laboriosos i honrados." 
la la introducción a un decreto de 16 de octubre -del 
sao afio nal estas espresiones : " Las penas aflictivas*)- ¡que 
.¿yata liberalidad se imponían sin esceptuax sexo ni edad, 
tfo aolo recuerdo estremece a las almas sensibles, léjoside 
rejir ál que las sufre, le endurece en el crimen» haciéndole 
ser enteramente todo pudor, i aun la estimación de sí mis* 
" ^Por tanto, en el art, 1 se suprime para, siempre «n 
a la ostensión del Perú, la pena conocida .con el nombro 
santas. En el segando se amenaza a cualquiera persona 
i emplease semejante castigo con el ultimo rigor de la leí; 
tal tercero se previene a los propietarios de esclavos, que 
pera eorrqjirlos, de encierros i otras privaciones 
; perfoque solo en casos estreñios recurran a los 
fes*, que se les prohibe absolutamente Aplicar sin .la ínter* 
luna de los juezes 'territoriales, só pena de perder, al 
iavo que probase legalmente haberse infrinjido ests> dispo- 



Ba la gaseta del gobierno de 20 de febrero 1822, se en- 



* V. Gaceta del gobierno, de 20 de octubre 1821. 
t V. ídem, de 17 de octubre 1821. 



sobrr c¿rcrlbs, 321 

l primero determina, que : -" En todas las cárceles 
del estado, habrá cuatro departamentos separados 
permitan las circunstancias locales, i la cantidad 
icablesaestefin." £12° especifica que: "El pri 
lento se aplicará a los reos de gravedad ; el segun- 
res; el tercero a los niños hasta la edad de quince 
arto a los detenidos por deudas o sospechas que 
o comprobadas." Después de varias escelentes 
¡ concernientes a la facultad de los juezes para au~ 
os, &c. i de algunos deberes del alcaide, espresa 
ue sigue : " En cada cárcel habrá un alcaide i un 
cárcel, subordinado al primero, cuyas vezes hará 
té presente el alcaide ; uno i otro asistirán cons~ 
a la cárcel bajo la mas estrecha responsabilidad." 
(reviene al alcaide que pasadas veinte i cuatro 
¡conocer al detenido por el cirujano, para que es- 

le pase con toda seguridad a la enfermería. El 
}ue : " El alcaide cuidará de abrir las puertas de 
ñones a las seis de la mañana en verano, i a las 
>rno, para que salgan los presos a hacer la lim- 
Mpectivo departamento, u ocuparse en las demás 
te destinen con la debida precaución : las puertas 
orarse al ponerse el sol. El 10° concede a los 
rameados una hora por la mañana i otra por la 
ue salgan de sus cuartos a respirar un aire libre ; 
cada uno por un. guarda- vista. En el 11° se lee, 
que se condujere mal, será castigado con encie- 
i El 12° ordena, que el alcaide o ayudante (Je 

1 los departamentos a horas intempestivas, para 
ar el orden ; i que cuiden mui particularmente del 
amas i habitaciones de los presos. El 14° pro- 
raides que empleen a ningún preso en su servicio 
os artículos 15° i 16° conceden varios derechos 
ados. El 17° manda, que todo preso, pasados 
;ros dias de su prisión, vista un traje particular, 
sr todo blanco, según un modelo que el gobierno 

V 



322 SOBRE CÍRCBLKS. 

se propone dar. En los artículos 18° i 19? -ae dan regbs'4 
los guardianes para mayor seguridad de loa encareeiaiss» j 
sobre la observancia del orden. El 20° previene, qne st ■# 
prima i fije este reglamento dentro de las oárcelea para 
cimiento de los presos ; i encarga su mas puntual c 
to a la alta cámara de justicia, a los presidentes departa 
mentales i demás juezes inferiores. Unade las primeras et# 
sideraciones del oongreso nacional del Perú fué el exámaf 
de aquel reglamento ; i en el hecho de derogar (como lo hu* 
con fecha 8 de octubre 1822) el articulo 17 de él, en atendió 
a que, según el tenor de su decreto/ los desgraciados qu*# 
depositan en las cárceles no deben ser escarnecidos, aprutht 
virtualmente todos los artículos restantes. Introducida *JW 
sea en las cárceles la clasificación ordenada en el reglamenta 
no dudamos que este soberano cuerpo reviva también aquifl 
articulo a lo menos en los lugares cálidos ; porque tanto él 
aseo i la economía, como lo barato de varios jéneros de alga- 
don que se fabrican en el pais, demandan igualmente que ss 
adopte allí semejante medida. En tal caso se entiende <fut 
el espresado traje deberá destinarse al uso de los connotan 
esclusivamente ; i ademas, a las mujeres de la misma chai 
seria preciso obligarlas a hacer la ropa, a componerla i lavarla, 
como se practica en otras partes. 

Morillo i sus secuazes han hecho lo posible por destruir a 
Venezuela i Cundinamarca todos los papeles en que eslfe 
consignados los actos públicos de las autoridades independien 
tes antes de aquella invasión. Siendo, por esta razón, m 
raros los documentos que pudieran darnos alguna luz acere 
de las mejoras proyectadas o hechas entonces en las careció 
de aquellos estados, nos habremos de contentar por aorá ea 
seSalar los pasos que ha dado el actual gobierno de Colombia 
fin de conciliar la seguridad de los criminales con loa medie 
conducentes a su reforma. Nuestras noticias sobre la materi 
no pasan de la época en que todos los cuidados de la mal iHHi 



* V. Gaceta del gobierno, de 9 de octubre 1881. 



SOBRE CÁRCELES. 323 

a se dirijian a la salvación del país, i bajo este punto de 
debe graduarse el mérito de los hechos que vamos a re- 

1010 estableció el jeneral Santander, vice-presidente de 
/inamarea, dos presidios para ladrones, el uno en las mi- 
to Baja, i el otro en la de Mal-paso. £1 dueño de la (il- 
la oedió al gobierno con tal que le abonase una tercera 
a de loa productos netos, deducidos los costos en igual 
jorcton. " Los seis meses primeros acreditarán," dice el 
Iatro del interior i de justicia en una esposicion al poder 
Ntnro,"* si esa administración le es o no útil al erario, i 
;em lo que resultare bajo datos ciertos, podrá V. £. esta- 
seer el presidio de uu modo permanente i duradero. 9 ' Tra- 
de las ventajas de semejantes establecimientos con con- 
a los criminales, dice el mismo ministro : " £1 trabajo 
í le ocupación les harán mudar de hábitos i costumbres; i la 
i s^ ibOt a se utilizará con su reforma." 
~ BT articulo 158 de la constitución de Colombia, promulgada 
< sl6do octubre 1821, en la villa de Cúcuta, previene: " Que 
hombre debe presumirse inocente hasta que se le declare 
arreglo a la leí. Si antes de esta declaratoria se 
necesario arrestarle o prenderle, no debe emplearse nin- 
rigor, que no sea indispensable para asegurarse de su 
* £1 art. 162 espresa : " Ningún alcaide o carcelero 
admitir ni detener en la prisión a ninguna persona, sino 
le haber recibido la orden de prisión o arresto firmada 
la autoridad a quien la lei confiera este poder : la orden 
«nifostar los motivos de la prisión, e intimarse dando 
de ella al detenido." £n el art. 103 se lee : "El al- 
*> carcelero no podrá prohibir al preso la comunicación 
alguna sino en el caso de que la orden de prisión 
la cláusula de incomunicación. Esta no puede dur- 
de tres dias : i nunca usará de otros apremios o pri- 

■ ¡ t' f i rfn ' — ■ 



correspondiente al año 1820, presentada por los encar- 
de la secretaria Jeneral del departamento de Cundinamarca al vice- 
■rantdeate del mismo. Bogotá, 1821 . 

v2 



r 


'Vil SOBRE C^BCBLBS. 




m'jiii > que los que espre*amenle le hnyi 




■ art. 104 determina: " Son culpable» 




peona de detención arbitraría: 1. Loa 




arrt-'ttan, hacen, o tnauduD arrestar a 




2. Los que con dicho poder abusan de 




dando arrestar, o continuando en arrest> 




fuera de los casos determinados por la le 




que huyu presento, o en lugares que no 




mente conocidos por cárceles. 3. Los 


^^B 


que contravengan lo dispuesta en los arti 




)(I6 manda que : " En cualquier tiempo 


^^H 


canecidos los motivos que hubo para el 


^^^h 


prisión, el arrestado será puesto en libeti 


*^*^*B 


te mi ni dundo lianza, en cualquier estado 


^H 


vea que no puede imponerse pena cor por 8 


^^H 


ordena que : " Nadie podrá ser juzgado, 




gado, sino en virtud de una lei anterior a 




después de habérsele oido, o citado lega 




dice : " Todo tratamiento que agrave la 




la lei, os un delito." 




La lei sobre organización de los tribun 




didu por el congreso de Cúcuta el 12 d 




tiene varias esceleutes disposiciones a 




Ias cárceles i presas. El urt. 29 previei 




superiores de justicia* con asistencia ti 




i fiscales, harán en público en el lugar d< 




timo mes de cada alio, visita jen eral di 


^^^H doso a cualesquiura sitios en que haya p 


^^^H iadicuiuu tintinaría; i del resultado de ■ 


^^^H |^^^ inmediatamente certificación por conduc 




justicia al presidente de la república, p 




publicar i pueda tomar las providencias 




Bao de sus facultades. Asistirán sin Ti 




n*núW los alcalde-» ordinarios del pueblo 




aafwñtt. Art. 90. También se bari e> 




• V. CWMja «* Iíj« •> U «***&» *■ 




IWlínrtm 



SOBRE CORCELES. 315 

ü de cárceles en cada sábado, asistiendo dos ministros por 
>, vno de cada sala, i los dos fiscales. Art. 81. En las 
3 de una i otra clase se presentarán precisamente todos 
*esos, i los majistrados ademas del examen que se acos- 
•a hacer, reconocerán por sí mismos las habitaciones, i se 
larán puntualmente del trato que se da a los encarcéla- 
le! alimento i asistencia que reciben Pero si en 

rceles publicas hallaren presos correspondientes a otra 
iccion, se limitarán a examinar cómo se les trata, a re- 
r los abusos i defectos de los alcaides, i a oficiar a los 
i respectivos sobre lo demás que adviertan. Art. 54. La 
don arbitraria será castigada con una multa que no baje 
(cuenta, ni pase de quinientos pesos, según el mayor o 
r grado de criminalidad en que los juezes clasifiquen el 
>. El culpable indemnizará al agraviado por los perjui- 
|ne le ocasionare. Art. 56. Se dispondrán las cárceles 
mera, que sirvan para asegurar, i no para molestar, a los 
s» Así el carcelero tendrá a estos en buena custodia sin 
irlos, pero separados los que el juez mande tener sin co- 
lación." Nuestros lectores observarán que los lejisla- 
de Colombia han ratificado en el último artículo el tenor 
Ldél 297 de la constitución española, que insertamos mas 
i; pero con la siguiente importante adición : " i siempre 
Hieda ser, estarán en distintas cárceles los reos de graves 
de leves delitos, para evitar el funesto contajio de la de- 
tckra. Tampoco serán sepultados en calabozos subterrá- 
i mal sanos. Art. 120. Los alcaldes ordinarios de los 
los en que no residen las cortes superiores, harán en publi- 
is> visitas jenerales i semanales de cárceles, en los días 
m que previenen los artículos 29 i 30, asistiendo sin voto 
» dos individuos del cabildo donde le haya : i se arreglar- 
i anas i otras a lo dispuesto en el art. 31. Art. 123. Los 
les ordinarios pueden castigar correccionalmente las fal- 
ratra el buen orden i otros escesos leves ( especificados 
mismo art.) con prisión que no esceda de tres di as, i mul- 
ne no pasen de veinte i cinco pesos." 
.tendencia de todas las resoluciones de los uuevos gobier- 



i 



CARTA DE COLON. 327 



XXXIIL— Carta de Cristóval Colon sobré el descubrí- 
1 • miento del nuevo mundo. 

Mucho es lo que se ha escrito sobre Colon. Su constan- 
es ea rencer los ostáculos que se oponían a la ejecución de 
««■presa; su osadía en combatir, a la faz de lá inquisición, 
fas absurdos mas bárbaros ; su heroico sufrimiento en los di- 
mos viajes que biso al nuevo mundo ; la ingratitud de Per- 
muto; la injusticia de sus contemporáneos, i aun de las jener- 
•áones subsecuentes ; su humanidad con los naturales de las 
repones recien descubiertas ; todo esto hadado amplia mater- 
ia la historia i a la poesía. I como si la fortuna se hubiese 
propuesto jugar siempre con aquel grande hombre, aora que 
ja no existe se han suscitado, por una parte, cuestiones que 
tienen por objeto robarle la gloria de la revelación de América ; 
i por otra, ciudades distinguidas se disputan el honor de ha- 
berle dado el ser, i cuerpos científicos apoyan i sostienen con 
m argumentos las encontradas pretensiones de estas. 

Xas sin embargo de que parece agotado cuanto pudiéramos 
iaar «obre Colon, que interese a nuestros compatriotas, no es 
mi SI barón von Zach, en su ultimo numero de su " Co- 
trtspoadencia astronómica," nos anuncia que están prozimos a 
rw la lux pública varios documentos inéditos relativos a 
■(■el célebre navegante, i que fueron desconocidos de los his- 
oriadores. " Estos papeles (dice), disiparán muchos errores, 
liplveráii muchas dudas, i esparcirán nueva luz sobre uno d^ 
os acaecimientos mas importantes en la historia de la especie 
jp— M », No se encontrará en ellos suposiciones aventuradas, 
¡i conjeturas arbitrarias, ni prevenciones nacionales : los 
iccflss solos hablarán por sí, i la verdad brillará en todo su es- 
aoador." 
Mas entretanto se publica esta colección,* de que oportu- 



• Loa majistradoa de la ciudad de Jénova fon los que la hacen publicar : 
>m4ib por titnlo, " Códice diplomático colombo-americano,o8siaraccolta 
di documenti originali e inediti spellanti a CrUtoforo Colombo, celia sco- 
jedaed si gorerno dell' America, publícalo per ordine degl' Illustríssimi 



3» CASTA PB COLOKi 

ñámente daremos noticia a nuestro» lectoras, jvsgayjMs 
saate presentarles un documento que es saauuneafe 
en la historia de Colon, i qne parece haber sido del todo de* 
cuidado por los autores que han tratado de su vida? es asa 
carta escrita por él a su regreso del primer riaje caque da* 
cubrió el nuevo mundo. Hállase en la Revista de 
burgo. * 

" Bien sabido es (dice este célebre periódico) qne él 
barco en Lisboa, i <jue permaneció allí algunos din antas da 
salir para Palos, de donde había zarpado. Durante sa carta 
estada en aquella ciudad, temeroso, según parece, de qne al- 
gún accidente del mar le impidiese llegar 4 la silla del gobio 
no español ; i fundándose para este temor en lo mocho que 

Decurión! della cittá di Genova*" La edición de la otas está ooaisdaa 
un hombre de instrucción i confianza, el cual antepondrá a estos doc aaw a- 

tos una introducción histórica i crítica. 

Lo siguiente es el contenido de este código Cotombo-ajaerieeno : los 
convenios celebrados entre los monarcas españoles i Colon ; los uU f M e Jhsi 
otorgados a él i a su familia ; los subsidios que se le concedieron para sis- 
mover la población i colonización de los países reden descubiertos; las 
órdenes espedidas por el gabinete español a las autoridades rejiasdel 
nuevo mundo ; las acusaciones i quejas proferidas contra Colon ;*Ia viola- 
ción del derecho que se le confirió, i las nueras promesas que le 
luego que se probó su inocencia ; la bula de Alejandro VI ; tres 
iales presentados por el mismo Colon en justificación de su oondueta»- i 
en defensa de su honor ; dos cartas escritas de su propio pufio a va coa- 
ciudadano suyo en Jénova, de la familia de Oderico ; la respuesta ojos le 
dio la majistratura de San Jorje en Jénova, ote. 

Todos estos documentos se imprimirán en el orijinal español, con exac- 
titud diplomática, i sin variar en nada la ortografía ; pero en la pájüa 
opuesta se hallará una traducción literal italiana. 

La obra será impresa en un tomo en 4°, con un grado de lujo tipográ- 
fico digno de su importancia. La adornará un retrato de Colon, tostado 
del busto de mármol, que está en su monumento en la ciudad de Jénova ; 
i por primera vez se presentarán al público doafac-rimile* suyos, ^p% A ^ 
i\v la carta que escribió a Odcrioo. Se aguarda que esta obra aparecerá a 
mediados de 1823. (The literury gazette, and journal o/ Mies fettrw, 
A». :i:t!ft, June 7. 1823.; 

* Tin* Kdinburgh Rcview, or Critica! Journal; vol. xxvii. 1816. p. 



CARTA DE COLÓ*. 998 

stbie sufrido de dos recientes tempestades, que le bioieroír 
corrar grande riesgo en su regreso a Europa, dirijió a un 
J). Rafael Sanzio, (¿Sancho, o Sánchez?) tesorero del Reí, 
■■jaai ilición concisa, pero mui interesante, de sus prodijiosos 
descubrimientos. No hemos podido adquirir noticia alguna 
de! orijinal español; ni creemos que se haya publicado ja- 
Olas ; porque Muñoz, que menciona haberlo visto, dice que se 
«•cuentra la carta en " la historia manuscrita de Bernaldes, 
^taien la había conservado casi entera." Que este precioso 
«tocumento no se haya impreso nunca, causará menos sor- 
pvesa cuando recordemos que hai mucha razón para dudar si 
publicó alguna vez la obra orijinal del mismo Don Ferrian- 
: a lo menos si es cierto,* que durante algunos siglos solo 
Ha sido conocida por la traducción italiana ; que no existe 
<*tra edición mas antigua de ninguna especie ; i que jamas 
**utor alguno ha hecho mención del orijinal español. 

" Solo hai, pues, de esta carta de Colon una traducción la- 
^%ina, que es en estremo rara, según lo demuestra el haber- 
la apenas mencionado los historiadores. Ni aun el Dr. 
TRobertson, el mas dilijente de los hombres, parece haber te- 
nido noticia de su existencia : ni él hace la menor alusión a 
«Ua, nj tampoco Don Fernando en su obra. Existe una copia 
de esta carta en la librería de Brera en Milán, impresa en 
1403, i es la única que queda de aquella antiquísima edición. 
Hemos visto otras tres copias en la librería del Reí en Paría, 
i comparádolas con esta. La que mas se le parece, forma 
parte de una obra publicada en 1494, i que tiene por título, 
" Caroli Verardi in laudan Serenimmi Fernandi Hisp. Reg. 
4c. c\c. Obsidio, victoria et triumphus et de insulis in mari in- 
dico nuper repertis" * La ultima parte del título se refiere 
enteramente, según vemos, a la carta de Colon. También 

* Para edificación de nuestros lectores, pondréxos la siguiente muestra 
del modo en que los verdaderos castellanos yeneran a su lejítimo sobera- 
no. Después de ensalzar sus grandes atributos, llega a tocar el panegir- 
ista el fecundo tema de su vasto poder, i dice : " De auctorítate in rege 
presertim superracaneum est dicere ; quem omnes socii et populares co- 
luatatdeum; aostri meimmt si pestes». 



SM CmfcTA DB COl/OVl 

naneóte daremos noticia a nuestros lectores, juagamos uncu ■ 

aants presentarles un documento que es sumamente na 

ti hi historia de Cok», i que parece haber sido del tudn iW 
andado por lo» autores que han tratado de au vida: 
cuta escrita por él a mi regreso del primer viaje en que d 
cubrió el nuevo muido. Hállase en la Revista de Edim- 
burgo. • ' H- ■' ;i .■fj-'Hjfci 
" Bien sabido es (dice este celebre peri6átM>>qna ittnnmnr> 
barco en Lisboa, i que permaneció allí á 
salir para Palee, de donde había, «arpad*. 
estada en aquella ciudad, temeroso, según pareo», da «¿na etf —3 
gun accidente del mar le impidióse Ilegal a la tila» J rt |pf h jni — 
no espaSol; i fundándose para esto temor en fe anuíate ^nfls-ansm 
! i 1 , -,';--)'-rHfááa —M 

■: L:l¡íf*ie 'in*J " 
Deourloni delU cittá di GanoTa." La edición de ^úcttestteinf^emsann 
na hombrada Instrucción 1 eonflania, al cual astopona^aéwWmjmmsje— -^ 
tos una Introducción hurtarle» 1 crf (loa. " •'"> m ' "*"* 

Lo siguiente es el contenido de este «Mae ChlianMnuarMIñit^annnnA 
oooresku celebrados entre los monareu espadóla 1 Calaña len.fn^hphuumpn 
. u ..-■,,,. __ ,-_..,_ ■ — . .^ a lf lf |||B piiiajj^panjnjj 

•uth la población 1 colonlaadon da Iminlpin rialni |j 

ordenes espedidas por el gabinete español a bu aatorUadsa n, 

aaato mundo ; las acusaciones i quejas pnvreridaiooocmOoMa;S| 

ciou del derecho qne se le confirió, 1 

raego qne se probó su inocencia ; la bula de Alejandre V 

lales presentados por el mismo Colon en Justtfiosekn de au eoenaent^nanni 

en defensa de su honor ; dos cartas escritas de au propio pateft»nMnr'" -- ' 

ciudadano suyo en Jenore, de la familia de Odarico ; la reepnnMnvenftaumn> 

dio la majistralura de San Jorje en JenoTS, ice. 

Todos estos documentos se imprimirán en el ordinal enjauoL^ éuu nW-""" 
titiid diplomática, i sin variar en nada la ortografía ¡ pero en htpeJnW-- 
opnesta ee hallara ana traducción litera) Italiana. 1 ■ •■*» 

La obra seri impresa ea un tomo en 4 a , 
fico digno de au importancia. La adornara un retrato 4o Colea, 
del busto de mármol, que esta en su monumento es la obnlnl da 
i por primera tos se presentaran al público dos Jto-sunOs* euros, < 
de la caria que escribid ■ Oderico. Se aguarda que asta 
mediados de 162». ( The litaüry gaette, mtd > S> — I •/ 
A"o. US, Jane?. 1B2S.J 

* The ICdinburgh Review, or Critica! Journal ¡ to].xx*íL 




CARTA DE COLÓ*. 

lo de dos recientes tempestades, que le 
de riesgo en su regreso a Europa, diríjió a va 
Sanzio, (¿ Sancho, o Sánchez ?) tesorero del Reí, 
ion concisa, pero mui interesante, de sus prodigiosos 
entos. No hemos podido adquirir noticia alguna 
español ; ni creemos que se haya publicado ja- 
ue Muñoz, que menciona haberlo visto, dice que se 
la carta en " la historia manuscrita de Bernaldes, 
abia conservado casi entera." Que este precioso 
> no se haya impreso nunca, causará menos sor- 
do recordemos que hai mucha razón para dudar si 
alguna vez la obra orijinal del mismo Don Fernán- 
nénos si es cierto* que durante algunos siglos solo 
nocida por la traducción italiana; que no existe 
&n mas antigua de ninguna especie ; i que jamas 
no ha hecho mención del orijinal español, 
jai, pues, de esta carta de (Jolón una traducción la- 
es en estremo rara, según lo demuestra el haber- 
mencionado los historiadores. Ni aun el Dr. 
i, el mas dilijen te de los hombres, parece haber te* 
¡a de su existencia : ni él hace la menor alusión a 
npoco Don Fernando en su obra. Existe una copia 
arta en la librería de Brera en Milán, impresa en 
la única que queda de aquella antiquísima edición, 
rto otras tres copias en la librería del Rei en Paria, 
dolas con esta. La que mas se le parece, forma, 
una obra publicada en 1494, i que tiene por título, 
r trard\ in laudan Screnimmi Fcmandi Hisp. Rcg. 
ibsidio, victoria et tríumphus et de humus im wtari ¿s> 
- repertU." * La ultima parte del título ae refiere 
ite, según vemos, a la carta de Colon. También 

lificacion de nuestros lectores, pondré nos la siguiente maestra 
i que los verdaderos castellanos Teñeran a su lejítnno sobera- 
es de ensalzar sus grandes atributos, llega a tocar el panejir- 
ado tema de su vasto poder, i dice : u De auctoritate ia rege 
uperracaneum est dicere ; quera omnes soco et populares co- 
m ; nostri meimmt «I 




estáhapresa ea mam caler rian de 

ev Petras ea Beeilta ea el ai» da IMS, 

te— 6 todas " ex tmtifw* tt serqaat 

aaaqae coa meaos eiacfitad, ea la 

Hüpgmm iihutrtts, tonvii. p. 1289; 

en 1G0H Les otea» doe únicas copia 

son, la qae está en la libraría de Maejwherai ea Hnwaaisj, 

descrita por Fosaas»i ptmsaB orne, ea la biblioteca Csfspsty 

La traduccioa inglesa se ha aecho de la copia aulaaease, qus 

es la iaas aatífaa i conecta; i de la misma se ha toando k 

aota manuscrita, qae está el pié de la caita. 

" Es claro que el slmiraite se circunscribe a aaa corta 
relación de su gran descubrimiento, poes qae no aaeeaaaaiai 
de algunos de los incidentes qae nías persoaahaeate leonesa 
en el discurso de su viaje. JúA es que nada dice de los 4fS- 
contentos i del motín de su tripulación; de la in qu ietu d que 
escitó la rariacion déla aguja ; del naufrajio de su baque ern 
las Indias occidentales ; de la deserción de Pinzón ; ai de h 
separación de la Pinta, la cual es de observar no se le había 
unido cuando escribió la carta, como que llegó a Palos des- 
pués que él. Tampoco alude a lag dos violentas tomposradftt 
que experimentó al regresar a España, i una de las cuales a 
poco mas impidiera su vuelta. Pero con respecto a los acón* 
tecimientos mas públicos, apenas omite cosa alguna 4$ ,ba- 
portancia. Así aquellas omisiones no desacreditan, de . nis> 
guna manera el documento, que evidentemente es jeauino» 
Hai, sin embargo, una circunstancia mui estraordinaria qae 
a primera vista pudiera causar algunas dudas. Dice Colon 
que llegó al Océano índico a los treinta i tres dias después de 
su partida. Aora bien, por el unánime testimonio de todos 
los historiadores! desde Don Fernando hasta el Dr. Robatt- 
son, él zarpó de Palos el 3 de Agosto de 1492, i descubrió 
la isla de Guanahani o San Salvador la noche del 11 de octu- 
bre, o por mejor decir el 12 a las dos de la mañana ; i no ea 
posible que hubiera hecho la travesía en menos tiempo, sujeto 
u las dificultades de un primer viaje, e inclusa su demora ea 
Canarias. Nosotros creemos que, esta dificultad se remueve 



QAKTA DB COLON. 3S1 

ata», atendiendo a las palabras de la traducción, 
mimo tertio die postquam a Gtdibmi diceesi." Él no 
-a la vela en Cádiz, sino en .Palos ; i ¡Gtaftfap debe 
ro del traductor o del impresor en lugar de Gomeru, 
la isla de laa Ganarías de donde partió» i desde (a cual, 
tbserva Robertson, puede decirse que comense pro- 
le el YÍaje. Según Don Fernando, él xarpó' de la 
t el 6 de setiembre ; de allí a treinta i tres días es el 9 
bre, en cuya fecha estaba ciertamente en el mar Índico, 
mfiado en descubrir tierra que solo deseaba que su 
ida tripulación refrenase su impaciencia por tres, dias 
segurándola el desembarco al cabo de ellos, .como leu 
sucedió. Sin embargo, si el tiempo hace referencia a 
abrimiento de tierra, i n?a su llegada al mar íqdVw, 
m sometemos- a la consideración de los lectores nuestra 
.» de que la diferencia de tres días fácilmente se ceacilia, 
«do que orijinalmente se escribió el numero de los dias 
forma XXXVI. i que el traductor o. el impresor 
II. en lugar de VI. por error aatnraL - •• •■ *-. 

on Fernando dice, que él entró en el Tajo el 4 de 
de 1483, i. llegó en frente de Lisboa el 5 ; que el relie 
l llamar el 7 ; que salió para Sevilla el miércoles 18,, ¿ 
Palos el viernes 15. £1 Dr. Robertson afirma 4 que 
al 9, diaenque toIvíó de su visita a la corte. Mas 
la carta está datada el 14, esta discrepancia aes 
de poco momento ; por ser mui probable que se esori- 
i fecha en el orijinal español XIIL i que el traductor, 
pía de donde la tomó, pusiese XTV f 
s de pasar a poner al alcanze de nuestros lectores este 
inte documento, séanos permitido manifestar cuan sen- 
tís es yernos precisados a dar, en lugar .del ordinal 
I, una traducción, que ha pasado ya por tres distintas 
iquel hasta la presente. Mas no ha estado en nuestra 
vitar esta ocurrencia ; i esperamos que en rason de la 
d del documento en nuestra lengua, lo recibirán coa 
iicia nuestros compatriotas, no ostente la imperfección 
K>r su naturaleza está sujeto. Dice así : 



CARTA DE COLON. 33? 

había marcado. Con todo, envié a lo interior del país a, 

de nuestros hombres para indagar si habia en la provincia 

in reí o ciudad ; los cuales caminaron durante tres días, i 

¿miraron ¡numerables jentes i habitantes, aunque de baja 

ariencia, i sin gobierno alguno ; con lo que se volvier- 

i. 

" Entretanto, algunos indios que encontré me informaron de 
¿ue el pais era en realidad una isla ; i a consecuencia de esta 
•oticia, seguí mi rumbo acia el oriente, teniendo siempre la 
tierra a la vista por espacio de trescientas veinte i dos millas, 
que es en donde termina la isla. Luego vi otra isla al oriente, 
distante cincuenta millas de la que denominé Juana ; la puse 
Mediatamente el nombre de Hispana (Española), i me 
dinjí a ella, costeándola acia el este, por la parte del norte, 
i del mismo modo que lo habia hecho con la anterior, por 
espacio de quinientas sesenta i cuatro millas. Así la isla 
Jaana como todas las demás son prodijiosamente fértiles ; i 
aquella está circuida de los puertos mas. seguros i admirables 
qie jamas vi: tiene también muchas i mui altas montañas. 

" Todas estas islas son de hermosa figura, i de forma muí 
varía; i abundan en vistosos árboles, entre los cuales hai 
tlgunos tan altos que parece tocan a las estrellas: creo que 
jamas están sin hojas, porque cuando los vi, estaban tan 
liados i tan verdes como nuestros árboles en España en el 
■es de mayo ; unos en flor, otros con fruto, otros en diferente 
estado, pero acomodado todo a su calidad respectiva. Can- 
taban a la sombra el ruiseñor i otros inumerables pájaros de 
toda especie, no ostante que era el mes de noviembre cuando 
pasé por allí. Hai también en la mencionada isla Juana siete 
a ocho especies de palmas, que en altura i belleza aventajan 
coa mucho a las nuestras, del mismo modo que sucede con 
todos sus demás árboles, yerbas i frutos. Se encuentra 
asistismo en ella pinos de asombrosa hermosura, campiñas i 
praderas de vasta estension, pájaros de muchas i distintas 
especies, miel de varios sabores, i metales de toda clase, con 
¡epcion del hierro. 
" En la otra isla, que denominé Hispana (Española), son 




MK CARTA DI C6Í¿IÍU 

" Carta de Cristoval Colon (a quien nutitro edad déte 
umeko) tobre tas islas recientemente descubiertas en el *m 
Indico, i en butca de ¡as cuales fui enviado ocho meses áutif, 
bofa los auspicies i a espensas del tnui invicto Fernando, Jleüt 
la* Etpaüas ; itiiijida al magnifica Don Rafael Sanzio, Inor- 
an del mismo serenisimo monarca. Cuya carta ha traducid» 
él noKe I docto Alejandro de Cosco del orijinal español al latí* » 
ti 9 tUlas calendas de mayo de 1483 (29 abril); cu tisis 
primera del Pontificado de Alejandro VI. 
■■ " Fenecida ya la empresa que acometí (dice Colon), opii» - 
qaeos será grato el saber todo lo que he hecho i descubierto a I 
nú viaje» A los treinta i tres dias de mi partida de Cid», 
llegué al Océano Indico, donde encontré gran cantitlnd de 
islas, pobladas de ¡numerables habitantes, de todas lascutfa 
tomé posesión, sin resistencia, en nombre de nuestro ílustrisi* 
mo monarca, por publico plegó» T ■ banderas jimjfiWmm 
A la primera de estas Islas di el nombre del Diwbsé SaJmmor, 
por cuya protección habia llegado a ella f a toda* ras aeahss; 
pero so nombre indio era Guan a M oni *. Del nüssnb' nwlfo, 
pase nombre a todas las otras islas ¡ llamando a una asnal 
María de la Concepción, á otra Femandina, o otra ímhüsf, ■ 
otra Juana, i nal de las demás. Casado desembercakttras 
la que denominé Juana, recorrí toda la eosta acia el o> 
i la hallé ser de tan grande estension, 
que creí no era isla sino parte dei « 
del Catai. No ostante, no se Ten situadas en san riberas «i 
ciudades, ni poblaciones considerables ; solo al gimas ásSsai 
i alquerías, fio pude entrar en conversación cok bus habsta» 
tes, quienes sedaban a la fuga luego que nos reían ; i SSSrbjm 
me interné pensando encontrar alguna ciudad, i 
campo, como al fin noté que no se presentaba nad 
habia apariencias de ello ; como percibí que el < 
seguíamos nos llevaba acia el norte (lo cual yo < 
ticularmente evitar, porque ya había entrado el i 
porque ademas los vientos eran favorables para eoatñ* 
nuestro viaje en la dirección que deseaba del wag\ éat 
miné no investigar mas, i volverme a nn puerto^ cuya siti 




CARTA DE COLON. 33? 

jpoa labia marcado. Con todo, envié a lo interior del país a 
; 4» de nuestros hombres para indagar si habia en la provincia 
) j%an reí o ciudad; los cuales caminaron durante tres días, i 
.^mitraron ¡numerables jentes i habitantes, aunque de baja 
apariencia, i sin gobierno alguno; con lo que se volvier- 

, . " Entretanto, algunos indios que encontré me informaron de 

sjm el país era en realidad una isla ; i a consecuencia de esta 

noticia, seguí mi rumbo acia el oriente, teniendo siempre la 

tierra a la vista por espacio de trescientas veinte i dos millas, 

que es en donde termina la isla. Luego vi otra isla al oriente, 

pistante cincuenta millas de la que denominé Juana ; la puse 

mente el nombre de Hispana (Española), i me 

a ella, costeándola acia el este, por la parte del norte, 

i del mismo modo que lo habia hecho con la anterior, por 

espacio de quinientas sesenta i cuatro millas. Así la isla 

Jaana como todas las demás son prodigiosamente fértiles ; i 

aquella está circuida de los puertos mas. seguros i admirables 

fie jamas vi: tiene también muchas i mui altas montañas. 

" Todas estas islas son de hermosa figura, i de forma mui 
▼aria; i abundan en vistosos árboles, entre los cuales hai 
algunos tan altos que parece tocan a las estrellas : creo que 
jamas están sin hojas, porque cuando los vi, estaban tan 
liados i tan verdes como nuestros árboles en España en el 
aws de mayo ; unos en flor, otros con fruto, otros en diferente 
estado, pero acomodado todo a su calidad respectiva. Can- 
taban a la sombra el ruiseñor i otros ¡numerables pájaros de 
toda especie, no ostante que era el mes de noviembre cuando 
pasé por allí» Hai también en la mencionada isla Juana siete 
i ocho especies de palmas, que en altura i belleza aventajan 
con mucho a las nuestras, del mismo modo que sucede con 
todos sus demás árboles, yerbas i frutos. Se encuentra 
asimismo en ella pinos de asombrosa hermosura, campiñas i 
praderas de vasta estension, pájaros de muchas i distintas 
especies, miel de varios sabores, i metales de toda clase, con 
escepcion del hierro. 
" En la otra isla, que denominé Hispana (Española), son 



994 CASTA *B COLON. 

ama elevadas les lacatanas; d casan* i lo* bosqi 
mayor estension ; las praderas son mifcmei f ¡ mal* 
pósito para granos, pan pasto, i habitados ; i en 
cómodo de loa paertos, la abandancia i salabrídad *\»< 
tíos, no es posible que quien no los ha visto ponda 
idea de ello : sus árboles, pasto i frutos, se diferencian 
de los de la isla Juana. Abunda ademas ea diversas 
de aromas, en oro i otros metales. Sos habitantes, asi 
los del resto de las islas que he visto, o de que me han dsdti] 
noticia, andan desnudos como nacieron, sin mas dii 
entre ambos sexos que el llevar las mujeres, acia la cintarsj 
una hoja o algún tejido de algodón, que de intento pi epat an 1 
para cubrirse con el. Como he dicho ya, esta jente caiec? 
de hierro de toda suerte, i también de armas, cayo aso me 
conocen, i para cuyo manejo no son ciertamente muí a atoe» 
pósito; no por defecto alguno corporal, que al contrario non 
rdui bien formados, sino porque son notablemente tímido* i 
medrosos. £1 único jenero de armas que poseen, es unas 
ca6as tostadas al sol, en cuyas raices fijan un pedazo de 
madera dura, aguzado i cortante ; del cual no se atreven a 
hacer uso con frecuencia, porque acaecía muchas vezes, 
cuando yo enviaba dos o tres de los mios a alguna de aquellas 
■poblaciones para que comunicasen con sua habitantes, que 
salía un cuerpo considerable de indios; mas luego que veían 
acercarse nuestra jente, echaban a correr, abandonando loa 
padres a los hijos, i los hijos a los padres sin el menor 
escrúpulo. No era esto debido a ninguna violencia cometida 
por parte nuestra, pues antes bien yo tenia especial cuidado 
de que no se les infiriese daño alguno; i asi en donde quiera 
que desembarcaba, i podía hablar con ellos, les daba en gran 
cantidad todo cuanto había a las manos, como ropa i otras 
varias cosas, sin que tomase nada en cambio : el hecho es 
que son, por naturaleza, sumamente tímidos. 

" Sin embargo, cuando se creen seguros, i disipan sus temor- 
es, son una jente muí sencilla i honrada, i mui. liberal. en 
desprenderse de cuanto posee ; i en vez de negar jamas cual- 
quiera cosa que les pidiésemos, nos estimulaban ellos mismos 



CARTA DE COUOKJ 335 

fefM&rks :: es*' verdad, manifiestan la mejor voluntad a todo 
■tmuado; dan cosas de sumo valor por otras que no tienen 
|flev alguno, quedando mui coatentos con el cambio. En 
de esto, me propuse impedir que fueran engañados en 
permuta, en que solo recibían algunos pedazos rotos de 
pararla/ avalónos, i clavos, no ostente de que creían 
los~ mas bellos adornos del mundo, cuando podían 
algo de aquello. En una ocasión, dieron a un mar? 
fssio por un clavo la cantidad de oro suficiente para haber 
con ella tres nobles* de oro ; i de la misma manera, por 
artículos de menos valía daban cuanto el vendedor 
pedirles. Como esta era una especie de tráfico mui 
(fasto, lo prohibí, dándoles ademas,' sin recibir nada en 
lambío, muchos artículos útiles i lindos que había llevado 
eeamigo, para granjear .mejor su amistad, ganarlos a la fé 
, i hacer, que se aficionasen a nuestro rei, a la 
a/la nobleza, i a todo el pueblo español, i nos dejasen 
aquellas cosas de que ellos abundan, que nosotros 
saceajtamos, i que. acopiadas en gran cantidad pueden ser 
styete4e tráfico entre ambos. . . 

" No conocen la idolatría ; pero parece que están firmemente 
persuadido* de que toda fuerza, todo poder, todo lo bueno 
riftM'4él eielo» de donde ellos imajinan que he descendido 
BflpMsús nave* i mis marineros, según, lo que pude saber luego 
ape desecharon sus temores i conversaron con nosotros» No 
ion-perezosos, ni torpes, sino mui intelgentes i perspicazes, 
dando una relación mui viva i mui distinta de cuanto han visto 
aquellos que están acostumbrados «"atravesar la star. Mas 
enguade ellos había conocido antes jente vestida, ni buques 
los nuestros. '♦ • ■ ■ - 
Luego que vine a estos mares, me llevé por fuerza de la 
isla adonde aporté unos pocos habitantes» -que pudier- 
t* ees instruidos por nosotros, i nos instruyesen asimismo en 
ka* «atonas que está* a eu alcanzo; i este plan rae salió mui 



* Moasda italiana que corresponde a doce reales nuestros. 



La consecuencia de esto ha sido, que deponiendo lo 
es que antes tenían, lian venido de todas partea a 
infinidad de hombres i miyeres, niños i adultos, j( 
viejos ; unos ofreciéndonos de comer, otros de bebei 
bondad mas grande e increíble. 

" En todas esta* islas, hai muchos botes consta 
madera sólida; i aunque ntui estrechos, se para 
oslante, a los nuestros en lo largo i en la forma, 
diferencia de ser los de ellos mucho mas lijeros : los 
con solo el remo. Unos son mas anchos, otros mas 
tíos, otros de mediano tamaño : en los mas anchos \ 
una isla a otra, traficando con todas ellas, sin emh 
ser ¡numerables. Botes de estos he visto qne llevan 
ochenta remeros. 

" En la apariencia, no se distingue en nada lajéate 
islas entre sí ; sus costumbres, sus modales i modo d 
son ano mismo, de modo que se entienden mutuament 
circunstancia es de la mayor importancia para el ob 
principalmente se proponía nuestro serenísimo mon 
saber, sn conversión a la santa fe de Cristo ; i a la ve 
me parece que harán oposición a ello. 

" Ya he mencionado como costeé la isla Juana tre 
veinte i dos millas al este ; i estoi persuadido de qu< 
grande como Inglaterra i Escocia juntas. Contiene 
otras dos provincias que yo no vi, de las cuales a uní 
los indios Anan, en donde hai hombres con cola, 
ciento ochenta millas de largo, según lo que me han 
do los indios que me acompañan, i que conocen perfec 
todas las islas. La circunferencia de Hispana (E* 



CARTA DE COLON. 337 

¡o. mayor que. la de toda nuestra península, a cologna 
ad/ontem rabidum* si es que puedo contar .como una 
i parte del todo aquella que costeé en línea recta de 
inte a oriente, por espacio de cerca de quinientas cuar- 
tillas. Sin embargo de haber tomado posesión de todas 
slas en nombre de nuestro invicto monarca, me fijé en 
Hispana (Española) por. ser lugar mas ventajoso que 
Iguno para el comercio i la adquisición de riquezas, i 
mira de edificar una metrópoli, a la cual he dado el 
e de la Natividad de Nuestro Señor ; i a nombre del 

> tomado posesión de ella de un modo mas peculiar. 

i orden inmediatamente para que se construyese allí un 
que pronto estará acabado, i en el cual pueden quedar 
is hombres sean necesarios, con todo jénero de armas, 
res para mas de un año. Estableceré asimismo una 
tería, i pienso dejar hábiles artesanos en este i otros 

> en parte a causa de la grande amistad i bondad con que 
tratado el reí de esta isla, cuyos habitantes son muí 
ís i cariñosos ; baste decir que el mismo rei se gloría 
darme su hermano. Si por ventura variasen de modo de 
, nunca podrán dañar a los que quedaron en el fuerte, 
00 voluntad que tuvieren de hacerlo. Ellos tienen 

miedo a las armas ; andan desnudos, son tímidos en 
ia; de manera que los dominadores del fuerte puede 

> en realidad que poseen toda la isla, sin temor del 
riesgo, siempre que observen las leyes i reglamentos 
i he prescrito. 

a todas estas islas, según las noticias que pude adquirir» 
i^ne mas de una mujer, con cscepcion de los reyes i 
*s, a quienes son permitidas hasta veinte. Parece que 
¡eres trabajan mas que los hombres ; i no .me fué posible 
«ir si hai algo que se asemeje a separación de propie~ 
porque siempre vi que todo cuanto tenia esta jente se 



ns debe leerae " a Cataloaia tuque ad footem rmbidam," dssdo 
t a Fuenterabía, — G. R. 

Z 



CARTA DE COLON. 8fe9 

as otras Mas que he visto, me acompañan ; i elle» mé 
man, con mi testimonio, las particularidades que llevo 
radas. 

ra concluir resumiendo en pocas palabras las ventajas 
tan de reportarse de este nuestro corto viaje i pronto 
¡o, me parece que no será mucho prometer a nuestros 
os soberanos, que si me proporcionan su benigno auxilio 
> surtirles de tanto oro cuanto necesiten, i de tan gran 
tad de aromas, de aloes i ruibarbo cuanta quieran pedir 
íajestades. No tengo la menor duda de que la jente 
te dejado en el fuerte recojerá aquellos artículos en 
i abundancia, porque no me detuve allí mas tiempo que 
i me obligaron los vientos, esceptuando el que perma- 
m la ciudad de la Natividad mientras que se construía 
rte, i yo proveía a la seguridad de los que debían que- 
en él. Estas son ventajas muí considerables, i hasta 
inauditas ; pero pudieran estenderse a mas si, como es 
tal, se me socorriese con algunos barcos. Este vasto i 
nlloso campo de descubrimiento escede con mucho a 
ro mérito, i solo puede corresponder a la magnificencia 
fe de Cristo, i a la piedad i relijion de nuestros sober- 
; «o es obra de humano entendimiento, sino que verda- 
teute es un don de la inteligencia* divina. No es, por 
•» raro en Dios el escuchar las oraciones de aquellos 
is suyos, que aman sus preceptos, aun cuando parece 
«den imposibles ; según creo que ha hecho con nosotros, 
tiéndenos ejecutar aquello a que ni siquiera se había 
ado el poder del hombre. Porque cualesquiera que 
las indicaciones que en tiempos antiguos se hayan 'hecho 
a de la existencia de estas. islas, bien de palabra, o bien 
sentó, es evidente que solo eran una mera conjetura, i 
«die aseguró nunca haberlas visto : por consiguiente, su 
mcia aparecía únicamente fabulosa. Asi, el reí i la 
, aus nobles i todos sus afortunados reinos, i en verdad 
i las naciones de la cristiandad deben dar gracias a 
ro Salvador i Señor Jesucristo por habernos engrandecido 

z2 



340 CARTA DE COLON. 

con tan añina bondad i notoria: celébrense, pues, prooesiesj 
solemnes i otros oficios divinos ; i cúbranse loa templos i 
festivos ramos. Gloria a Cristo en la tierra de hoi en sil 
lante, asi como allá en las alturas» porqto él se apresa* < 
traer la salvación a las almas de loa paganos, condeMÜil 
la muerte eterna. Regocijémonos juntamente por la 
cion de nuestra fe, i por el incremento de nuestras 
temporales, de que participará no solo Espaffa,' sino tsjsMl 
toda la cristiandad. Tal es la breve narración de urtstNfi 
hechos* Dios os guarde* Lisboa, la víspera de los idsn.il 
marzo (dia 14). 

La nota manuscrita, que describe el tomo de donde se I 
sacado la carta anterior, es como sigue : , • « 

" Constat foliolis novem in 8 o - vel 4 o - parvo. FoL prii 
recto habentur insignia Begis Hispaniar. cum inscriptioue Be 
Hispanice ; eod. verso tabula exhíbeos Ottjmtcsm ckmem.J¡i 
2 d0 * recto epístolas initium cum titulo supra relato cjú pq 
mittuntur hssc verba char. maj. DeJutuiu Jnventis. Soda 
fol. 2. verso tabula exhibens Insulam Hispanam. FoL 
recto sequitur epístola, eodem verso tabula exhibens Bml 
Fernandam, Isabellam, &c. Fol. 4. sequitur textus. F< 
6. recto iteratur tabula exhibens Oceoniam classem. eo^. ven 
uti et fol. 6 0, sequitur textus. Fol. 7 o * verso tabula exhiba 
Insulam Hispanam. - Deinde sequitur textus usque ad fl^.i 
rectum quo epístola absolvitur absque ulla nota typograp 
char. est Oothicus nitidus. Une» in qualibet p. 27. Des» 
custodes et numen paginar. .Fol. 1 B> 2^* 8P* et 4** prse 1 
ferunt signaturas i, ij, iy. Tabulas ligno exculptse, aed sal 
elegantes. Infríales literas minio ptcts. 

" Editionem hanc, quse Saci est XV. nullibi descripl* 
invenimus. Editíon. alteram Saci pariter XV. memorat Fosea 
(F. 1. p. 661) sed ab hac nostra plañe diversam, utpote qu 
quatuor solum plagulis constat, tabulis caret, &c." 

Ya hemos visto cual es la relación que hace de una pan 
de sus descubrimientos aquel hombre grande, a quien. i 
comienza a hacer justicia, aunque tardía. El senado de 1 



CARTA DB COLON. 341 

república Iiguriana decretó en 1802 una estatua de mármol 

a Colon, orgullo8a por haberle dado el ser. En aquel que 

hé teatro de su gloría, no ha existido, ni existe, una sola que 

recuerde sus facciones al hijo del nuevo continente ; pero la 

reroiacion de América ha venido a levantarle un monumento 

au glorioso, dando su nombre a una nación noble i heroica. 

Los habitantes de Venezuela i de Cundinamarca, conociendo 

auto importaba a sus mutuos intereses el reunirse en un 

oerpo de nación, aspiraron a ello desde 181 1 ; mas no vieron 

ni deseos realizados hasta fines de 1819. Los hombres que 

estonces presidian a sus destinos, deseando reparar para 

Wn el descubridor del nuevo mundo la injusticia que el 

tiempo sancionó por tantos siglos,* determinaron denomi- 

• Este hombre, de quien dice Herrera, que 8i alcanzara el tiempo de 

In antigaos, por la admirable empresa de haber descubierto el nuevo 

demás de los templos i estatuas que le hicieran, le dedicaran 

estrella en los signos celestes, como a Hércules i a Baco ; Colon 

solo había dado su nombre a algunas poblaciones en los Estados 

no dignas de 61. 

Catado se rejistra la orilla oriental del nuevo mundo sobre el 
Mano Atlántico Equinoccial (dice Fleurieu en sus " observations 
m k división kydrographique du globe" p. 25), no puede verse sin una 
•e indignación que ni una isla, ni un cabo, ni un solo punto de 
inmensa tierra lleve el nombre del héroe navegante, que hizo el 
el descubrimiento del continente, como habia descubierto las 
que le preceden. Colon no parece en parte alguna, i un aventurero, 
Amérioo Vespucio, embarcado no se sabe con qué título bajo las órdenes 
de Alonso de Ojeda, que visitó una parte del continente después de su 
descubrimiento, llega a perpetuar en él su nombre. Se atreve a anun- 
duse en la Europa como el primer descubridor del continente del nuevo 
sondo : habla el primero, i la Europa engañada le cree sin examen. 
Nos acostumbramos a llamar la cuarta parte de la tierra, esta parte mas 
ftttrndiria que ninguna de las otras tres, con el nombre del impostor que 
feria, i que se supuso, haber hecho el descubrimiento ; i este nombre 
■■arpó el lugar que el talento, el valor i la perseverancia habían ad- 
emando a Colon tan lejStimamente. Por desgracia, esta usurpación ha 
redbido la sanción del tiempo ; la injusticia no puede ya remediarse ; 
recordarla, es hacer al hombre inmortal, que la experimentó, la repar- 
que pende de la posteridad, para vengarle de la ingratitud de su» 
contemporáneos." 




349 CARTA DE COLON. 

nar Colombia, a la [«pública que crearon por la leí de 1S 
de diciembre. Asi ha satisfecho esta deuda de la humanidad 
aquella parte del continente americano en donde puso el pié; 
i mientras exista Colombia será un monumento vivo, qat 
atestigüe a las jeneraciones, i & loa, siglos, i 
todos, la gloria de Colon. 

Otro deber le queda, sm embargo, quo 
aquella república ; i es obtener del gobierno español, 
se negocie la paz, que los restos preciosos de 
se remuevan de Santiago de Cuba, donde hoi 
depositado» en la nueva ciudad que ba de llevar el 
Bolívar. Pasarían asi juntos a la posteridad loa uoi 
del descubridor i del libertador de Colombia; i cuantíe 
muerte hab* cortado el hilo de la vida d« «ato 
¿ qué honra mayor podía tributarse a los despojos de 
Un esclarecido que depositarlos al lado de los d 
Colon ? 

Resta solo decir que el retrato que acompaña a este ai* 
ticulo, ha aido tomado del que está en la obra de don Juan 
Bautista Muñoz, que tiene por titulo " Historia del mmitu 
mundo." Después de haber consultado varias colecciones 
de retratos de hombres ilustres, i cotejado diversos de^Coloo, 
nos hemos decidido por el presente en vista de las razones 
que da para ello el mismo Muñoz en su prólogo, i son las 
que siguen : 

" Entre muchos cuadros i estampas que se venden falsa- 
mente por tales retratos (de Colon), solo uno he visto que 
pueda serlo, i es el que se conserva en la casa de! eacelea- 
tisimo señor duque de Berwick i Liria, descendiente de 
nuestro héroe: figura del natural, pintada al parecer en el siglo 
pasado por un mediano copiante, pero en que aparecen in- 
dicios de la mano de Antonio del Rincón, pintor célebre de 
los rey es católicos. Las señas dadas por Fernando Colon 
del rostro de su padre,* han servido para elejir la efijie mas 



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a historia «VI almirante D. Cristóbal Colon. 



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ANTIGÜEDADES DEL PERÚ. 343 

«enejante, i para enmendar los defectos que se advierten en 
algosas facciones, o mal entendidas por el artífice, o desfigur- 
por las injurias del tiempo."— G. R. 



XXXIV.— Idea jeneral de loe monumento* del antiguo 
Perú, e introducción a su estudio, por elSr. D. Hipólito 

de Únanme. * 

Afínas el hombre empieza a vivir, cuando todo le anun- 
támwi próxima ruina. Los elementos destinados a alimentar- 
fe se conjuran para su destrucción ; i el mismo globo que 
«*bha, no cesa con violentas .convulsiones de intentar sacu- 
oudirse de una carga que parece oprimirle. La inmortalidad 
°*itre tanto es la que mas inquieta su corazón mortal, £1 
**«seo de sobrevivir a su caduca existencia, i trasmitir a la 
P*>*teridad sus heroicos hechos, es un ídolo a quien ofrece los 
étimos holocaustos. Este entusiasmo, tan antiguo como el 
^^mbre, le ha hecho siempre buscar mil recursos, para eludir 
^H cierto modo el término doloroso del hado inevitable, i ven- 
^*rse*de sus insultos. Los aromas, el bálsamo, el cedro, el 
***t>iice i el mármol por una parte ; por la otra las composi- 
ciones armoniosas, los recitados brillantes, los emblemas, i 
*^-a bellas imájenes, que tienen un imperio eficaz para atraer 
^ atención i el asombro ; han sido el ostáculo que la sober- 
bia de los humanos ha opuesto a la vorazidad del tiempo. De 
**llí nacieron las momias, que se conservan millares de años a 
t»esar de su orijinaria corruptibilidad, los mausoleos que las 



** Fue el almirante hombre de bien formada i mas que mediana estafara, 
la cara larga, las mejillas un poco altas, i sin declinar a gordo o maci- 
lento ; la nariz aquilina, los ojos blancos, i de blanco de color encendido : 
^n sn mocedad tirro el cabello blondo; pero de treinta años ya le tenia 
bimco."— G. R. 

* Tomado del Mercurio Peruano, 1. 1. 



344 ANTIGÜEDADES DEL PERÚ. 

cubren, los obeliscos, las pirámides, las estatuas» i todos 
aquellos monumentos en que el cincel i el buril esplayaa sv 
primores, para perpetuar la memoria postuma del héroe i del po- 
deroso. De este mismo principio emanó la poesía, la historia 
tradicionaria, o cifrada en símbolos, todos los rasgo» en qM 
muestra el pincel su enerjía. 

Estos preciosos trofeos de la vanidad i grandeza délos 
hombres i de las naciones, destinados a inmortalizar los trina* 
los del valor, de la virtud, o a vezes del fanatismo, formas 
sin duda un objeto dignísimo de la consideración i estudio da 
un literato. Sin ellos ¿ cual será la luz que nos esclarezca 
aquellos siglos de tinieblas, en que nacieron las monarquías, 
las artes i las ciencias, i se arreglaron las costumbres T 
¿ Aquellos siglos en que la lira i el canto domaron los tigres 
feroz es, los Icones rabiosos, i conmovieron los duros peñas- 
cos ? Un poeta filósofo negaba la eternidad del mundo, solo 
porque antes de la guerra de Tébas i destrucción de Troya 
no se encontraban poemas, ni monumentos en quienes la fama 
hubiese sellado la memoria de aquellos insignes acaecimien- 
tos, que ilustran todas las edades.* Aun en los tiempos pos- 
teriores, i en las naciones que poseyeron el arte de escribir 
en toda su perfección, la falta de prensa para renovar las hojas 
carcomidas, ha hecho indispensable la paleosofía a fin de lle- 
nar los huecos que ellas dejan, o comentar las fábulas que 
nos trasmiten. ¿Cuánto no ha servido a rectificar la crono- 
lojía i la historia el examen de los jeroglíficos i enigmas del 
ejipcio supersticioso, las ruinas de Palmira, las odas i retratos 
de los griegos, los bustos i pirámides de Roma, &c? 

Esta misma materia contraída al Perú, adquiere un nuevo 
grado de interés i preciosidad. Desde su conquista perdidos 
para siempre los archivos del Cuzco, Cajamarca, i Quito; 
reducidos a polvo los frájilcs quipos; alterada la tradición de 
los hechos memorables del país, por la ignorancia o descui- 
do de los depositarios; se vé un observador, obligado a re- 



• Lucr. ül). f>. v. 325. 



ANTIGÜEDADES DEL PERÚ. 345 

cnrrir al cotejo, o llamémosle interpretación de los fragmentos 
i minas antiguas, para completar el imperfecto retrato que nos 
tttsó Garcilaso de su antiguo imperio. Por este mismo ca- 
obo pueden descifrarse las fábulas adoptadas por los demás 
historiógrafos en quanto a su relijion i policía. £1 estudio 
de los monumentos que erijieron los incas para ostentar su 
poder i recordar su existencia ; los recitados de sus glorias ; 
las tradiciones i reliquias de sus antiguos usos i costumbres, 
qie aun permanecen entre los indios moderaos, que tenaz- 
■ente conservan i recatan sus antiguallas ; el reconocimiento 
de las obras que erijieron por magnificencia, o por necesidad, 
ofrecen ciertamente una nueva luz capaz de esclarecer la os- 
curidad en que yace sumerjida la parte histórica i civil de la 
■onarquía peruana, en todo el tiempo que precedió a su 
coaquista. 

Si el furor de la codicia i ambición se hubiese contentado 
coa desentrañar la tierra, multiplicadas e integras las memorias 
id antiguo Perú, seria mas fácil el delinearlo, i mas hermosa 
la copia. Pero la execrable hambre del oro llevó la desola- 
ción hasta los sepulcros, que siendo el último asilo de los mor- 
tales, no sirvieron ni aun a las cenizas respetadas por el der- 
echo ág las jentes.* No os tan te, así como las iras de 
CambÍBes no pudieron impedir llegasen hasta nuestros dias 
muchos restos inestimables de la sabiduría ejipcia, tampoco 
han visto su última aniquilación los monumentos de los incas. 
Sos minas nos rodean todavía, i en medio de su destrozo 



• Son inevitables los desórdenes, i los estragos en las grandes conquis- 
to; pero los del malvado Carvajal i su amigo Gonzalo Pizarra, llegaron 
t on esceso inaudito. Este atormentó a muchos indios desgraciados a 
in de que le descubriesen el sepulcro del inca Viracocha, en que se decía 
Uber muchas riquezas. Encontrólo en el valle de Xaxahuajta, seis le- 
guas distante del Cuzco. I no contento con saciar su codicia despoján- 
dolo de sus riquezas, quemó el cadáver de aquel monarca, i dispersó sus 
respetables cenizas. Don Pedro de la Gasea castigó este i los demás 
«tentado* del pérfido Pizarra, haciéndole cortar la cabeza junto al núV 
tno sepulcro que tan vilmente habia ultrajado. 



ANTIGÜEDADES DEL PERÚ. 347 

£1 derribado paeblo de Pachacamac ; los edificios del Cuz- 
co i Quito ; las fortalezas de Herbae, i Xaxahuana ; los ca- 
mimo* abiertos por en medio de las cordilleras, particularmente 
aquel para csya lubrica igualó con los ralles las mas elevadas 
cimbree, t manifiestan la instrucción de los indios antiguos 
ea la arquitectora civil i militar. 

Los socavones de Escamora, Chuleo i Abitaros, minerales 
de oro ; los de Choquipiña i Porco, de plata ; Curahuara, de 
eobre; Carabuco, de plomo ; i las magnificas labores de Ancor- 
simes de hierro, todos trabajados bajo el imperio de los incas, 
dan ana idea de su arquitectura subterránea i metalúrjica. 

Los fragmentos de las grandes acequias de Lucanas, 
Conde-suyos i otras infinitas, que en medio de los precipicios 
conducían las aguas desde los mas profundos valles para regar 
las altas cimas i retiradas campiñas ; la curiosidad con que se 
airan rellenadas las quiebras de los cerros para aumentar el 
terreno cultivable; la útilísima costumbre (la misma que ob- 
servan los indios de estos tiempos) de unirse hermanable- 
aente para los trabajos rurales de sementeras i mieses, son 
taas pruebas incontestables de la pericia de esta nación en 
k hidráulica i agricultura. Es evidente que en esta parte no 
•olo noAan adelantado los españoles, sino antes han dejado 
perder muchos conductos que hacen una falta conocida. 

Como los peruleros acostumbraban soterrarse con todos 
fts ajuares, sus sepulcros son un rico depósito de su pintura, 
manufacturas, instrumentos mecánicos de guerra, pesca, &c. 
Ademas de todo esto, los indios modernos conservan aun la 
itdustria de sus mayores, en los tejidos de Mellas, anacos i 
tkuces, en la fundición de topos, en la fábrica de huaquer- 



i no estuviesen llenas de ellas las hatacas de los valles, i tempe- 
ranentos cálidos. 

X Los autores de la Enciclopedia en el artículo América, niegan haber 
es el Pera tal vereda- No hai otro modo de convencerlos sino que hagan 
as viaje, i verán los restos suntuosos que nos han quedado. 

* 8e sabe que Mella es una manta de vara en cuadro mui fina, i ador- 



348 ANTIGÜEDADES DEL PERO. 

De so antigua escritura se encuentran algunas señales entrt 
los pastores, que usan de quipos * para dar cuenta del numero, 
aumento o diminución de su ganado, sin olvidar los días, ■ 
horas en que sucedió la muerte de esta cabeza, nacimiento dt 
la otra, o robo de aquella. Una u otra deprecación con qst 
invocaban el amparo de la deidad, puede dar idea de su oratoria. 
Pero de su poesía i música han quedado muchísimos mona* 
mentos. Esta nación danzarina no ha olvidado los instrumen- 
tos de aire, e inmensa variedad de alegres i vistosos bailes, 
que formaban las delicias de sus antepasados. Su tradicioa 
ha trasmitido algunos idilios i odas, i muchísimas elejiai 
que se aumentan i renuevan continuamente, asi por los srs- 
bicus f como por los españoles, encantados con la suavidad, 
ternura i dulzisima melancolía, que son el alma de estas com- 
posiciones. 

Las ciencias que con mayor esmero cultivaron los incas, 
fueron la astronomía i la medicina. Algunas colunitas eri- 



nada con muchas labores, la que sirve de rebozo, o mantilla a las indias - 
Los anacos son mas grandes, i se emplean en sus hábitos talares. Chucc* y 
especies de alfombras. Topos agujas de oro, plata u otro metal equival- 
iente, con cabezas anchas, sólidas, circulares o cuadradas en a^ue estar* 
esculpidas varías efijies. Su destino es atracar por el pecho las üieüas, í 
adornarlo. Huaqueros, cantarillos en que, puestos con agua al fuego, e £ 
vapor que sale por su boca figura el silbido. 

* Las Carias peruvianas de madama Grafigny dieron motivo a un senos* 
italiano de la Academia de la Crusca, i a una duquesa de la misma na-— 
cion, para escribir un grueso volumen en cuarto intitulado Apolojía de ¡oe0 
quipos. Después de ponerse en él lo que trac Garcilaso, describe el au— 
tor con tanta confianza la gramática, el diccionario de los quipos, i en 
fin cuanto es relativo a la qmpografn 9 que desde luego creeríamos habia 
sido algún quipo-aimúyu de los incas, si por desgracia no fueran erradas 

todas sus conjeturas. 

t Nombre de los poetas peruleros: de aquí nació el de yaravíes 
que se da a sus canciones elejiacas : el estilo, los afectos, i peculiar 
música de ellas les danunu ventaja conocida sobre todos los cantos de las 
otras naciones, por lo que respecta a inflamar el corazón humano en los 
.sentimientos de la piedad i el amor. 



ANTIGÜEDADES DEL PERÚ.' 349 

¿idas para señalar lo* equinoccios i los solsticios ; los nombres 
impuestos a los planetas ; sus preocupaciones acerca de los 
eclipses ; las observaciones que hacian del cielo para precaver 
sns sembrados del hielo* i arreglar el tiempo ; estos son unos 
dato» por donde se pueden calcular sus progresos en la pri- 
mera. Los conocimientos que tenían en la segunda, se ven 
•acerrados en las prácticas populares de los serranos, i majis- 
terio de los ecamatas* sucesores de los antiguos amantas. 

El gobierno de los caciques entre aquellos pueblos, en que 
son absolutos, su inflexible justicia, el orden i economía que 
observan, son ejemplares del de todo el Perú en los siglos de 
s&a monarcas, f 

Si a todos estos fundamentos uniésemos el examen de la 
lengua quechua, se podrá conjeturar el grado de civilización 
a que ascendieron, i aun la duración de su imperio. Las vo- 
lea son los simulacros del pensamiento, i la dulzura i gusto 
eos que se delinean, o la viveza con que lo representan, 
siguen la razón de la edad i cultura del injenio hu- 
mano. — 6. R. 



* Han unos indios naturales de la provincia de Ckoque-CcamaU, tita en 
la provincia de la Paz, que a modo de los primeros médicos de la Grecia, 
discurren por todo el Perú cargados de yerbas, drogas, fice, curando em- 
píricamente, i a vezes con feliz suceso. 

t Es digna de leerse una cláusula del testamento del valeroso capitán 
Mancio Sierra de Leguisamo : aquel a quien en el repartimiento de los 
despojos del Cuzco cupo la ¡majen de oro del sol, i la jugó en una noche. 
En ella se encarece el gobierno i buena policía de los incas. Puede verse 
en el padre Calancha, páj. 98. 



360 LEYli DS INDIAS. 

XXXV,— -Obeervacionee eobre loe leyes de Indias, i sslrt 

la independencia de América. 

Todos los que han conocido, o por sí mismos, o por infa- 
mes exactos de personas imparciales i bien informada», a) 
modo con que fué gobernada la América desde su monstruos» 
usurpación por la España ; i todos los que han sido búa 
enterados de las quejas amargas, siempre continuas, i cada 
yes mas justas, de los habitantes de aquellos oprimidos paisas, 
acerca de los males enormísimos que sufrían de los jefes espa- 
ñoles, han percibido mui bien la inconsistencia, desorden, i 
confusión de las leyes llamadas de Indias, tanto en la adnúúV 
tracion de justicia, como en todos los demás ramos del gobierno. 
Entre los mismos españoles, aquellos que han podido, o 
desprenderse de injustas preocupaciones contra la América, o 
cerrar la entrada a ellas por efecto de una feliz educación, 
han confesado, en obsequio de la humanidad, los fun esto » 
▼icios de las leyes de ludias, i clamado altamente porque 
se remediasen. 

Yo he creído conveniente manifestar aquí las varías 
causas de que dimanaba un mal jeneralmente conocido en sa 
naturaleza i estension ; añadiendo algunas reflexiones sobre 
la independencia que la América goza actualmente de li 
dominación española. 

La potestad arbitraria de los ministros de la corte de 
Madrid, i de los jefes españoles enviados a la América; su 
miras, tan desarregladas como su conducta, en el gobierne 
de ella; el abuso jeneral de interpretar las leyes los que 
estaban encargados de su cumplimiento ; la multitud de fuerot 
i privilegios en los varios cuerpos, i profesiones ; i la falta d< 
un sistema de leyes, que al orden, i claridad uniese la debtdi 
conformidad de ellas con la sana razón, i con el clima, carác 
ter, i costumbres de sus moradores; estas han sido lai 
causas, que han producido los vicios de que están llenas lai 
leyes de Indias, i a sus habitantes males incalculables, qm 



UTBi DI I II SI AS. 3ÓÍ 

dos siempre sin conseguir remedio alguno de la me» 
los obligaron a declararse independientes* 
«pañoles que, bajo diversas dasxMnfriaciones i encar- 
in a ejercer en América alguna autoridad, nunca con- 
i sino su particular beneficio. Hacerse ricos a toda 
de cualquier modo conseguir honores, i distinciones, 
i objetos predilectos de su corazón, i la ocupación 
* de su solicitud. Para el logro de sus miras tenían 
as proporción, cuanta es inmensa la distancia de por 
re aquellos países i la Península : circunstancia, que, 
►re era un ostáculo invencible para el descubrimiento 
io de los escesose injusticias de los jefes, imponía al 
tiempo a la soberanía de España la necesidad de 
i sus informes, i librar en conformidad de ellos sus 
laciones. 

» los varios empleados de América, siempre había 
nes escandalosas nacidas de envidias, odios, i veagan- 
e ellos mismos. Cada cual, arrastrado de la pasión 
[ominaba, esforzaba siempre para el logro de su intento 
o del crédito, i protección que disfrutaba en la metro- 
Teda iniquidad dejaba de serlo, i tenia buena acojida» 
pa modo conducía al deseado triunfo de obtener una 
on favorable en la disputa que sostenía, 
tas resoluciones, cualesquiera que fuesen» espedidas 
rgano de los ministros, se les daba toda la fuerza de 
, aunque no tuviesen ninguno de los requisitos de tal, 
tiempo llego a crecer tanto su numero, qne se creyó 
o formar una colección de todas ellas. Esta se veis- 
léblicó por orden de la corte en cuatro voMnaoMs 
bajo el título de Recopilación de Indias. 
lejos de remediarse el mal con esta medida, no se 
t ella sino aglomerar todo el qae estaba disperso; 
{nedaron los mismos vicios, de que adolecían las 6 c d e- 
tdidas hasta entonces ; i continuó la práctica anterior 
jtos i órdenes nuevas por el ministerio de Indias* Su 
, así come su inconsistencia e irregularidad, llegó a 
en mocho a las que se habían recopilado: de las 



368 una di nn»*s. 

nueras, muchas (aeran derogadas por otras post er ior es ; llí 
estas solo se reunieron» no por la autoridad del gobierno, 
por la industria particular, las espedidas en el reinado de Caria? 
III, quedando sueltas ¡numerables» qne corrían solo nouvnV 
critas. Era, pues, imposible, que nadie estáñese al cato ¿s' 
ellas, ni qne pudiera saber cuales eran las qne estaban en n|sns 
rigor, las que se hallaban desusadas, i las rerocadas en todo* 
o en parte, ya con respecto a toda la América, o algunas fie* 
rincias de ella. Don José de Galres, marques de la 8oaoVs¿ 
ministro qué fué de Indias, i autor del estableoinñento eV 
intendencias en aquellos dominios, en las ordeBansms, Mb | 
con rariedad formó para las de Méjico i Buenos Aires, dertgl 
enteramente, con un nufgo de la arbitrariedad absoluta ¿pi 
acostumbraba usar, un gran número de las leyes ya reéujtf}» 
das; i en cuanto a las intendencias de Venezuela, i IWMts 
Granada, unas reses mandaba la obserrancia de la ordenen* 
de Méjico, i otras la de Buenos Aires. 

Los juicios driles, i criminales, los asuntos de rentas, i los 
de policía sufrían tanta rariedad i oposición de decretos i 
reales órdenes, que no se hallaba un fundamento en qué 
estribar ningún reclamo, queja, o solicitud. Todo nacía, 'de* 
pendía, i terminaba en la arbitrariedad de los ministqps de la 
corte, i de los jefes de la América. Ellos siempre se daban 
entre si las manos, i las determinaciones eran mutuamente 

■ 

sostenidas, según conrenia a sus ideas de gobernar desp6tics> 
mente. Los gobernadores de las prorincías incurrían en los 
mismos vicios en todo lo que obraban independiente de la 
trópoii : destruían continuamente en los bandos que 
publicar, sus propias resoluciones, i revocaban las de. sis 
antecesores. Los tribunales, llamados Reales Amékntíu^ 
establecidos para resolrer las apelaciones de las sentencias 
de los gobernadores i demás jueces, en los juicios civiles I 
criminales, eran arrastrados a sus pronunciamientos por se 
capricho, cuando no por la intriga, o el soborno ; jamas po- 
dían temer ninguna resulta contra sí. La multiplicidad, e 



inconsistencia de las leyes, i reales órdenes, de que no 
tenido noticie, por falta de su debida publicación ; la intejK 



LEYES DE INDIAS. « -353 

jeacia, que sin. responsabilidad podían dar al testo de ellos ; 
i el apoyo muí fácil en alguno de los autores que han escrito 
sobre materias jurídicas; todo esto ponía a cubierto a los 
siembros de las audiencias contra cualquiera queja de parte 
de las personas interesadas. 

Al mismo tiempo, en cualquier paso que se diese en el 
gobierno de América, se había de encontrar siempre el ostá- 
enlo de alguno de los muchos fueros, i privilejios de las cor- 
poraciones, i profesiones que abundaban en ellas : tales eran 
el fuero del clero, llamado común, i los particulares de reli- 
giosos, canónigos, inquisición, colejios, i universidades; 
el fuero de los empleados en la real hacienda ; el del con- 
ulado, o cuerpo de comercio ; finalmente el fuero jeneral 
ailitar, estensivo a las milicias ; i los especiales de marina, 

t 

■jenieros, i artillería. £1 individuo que gozaba de alguno 
de estos fueros, estaba esento de las autoridades civiles, i 
aolo sujeto, ya como actor, o como reo, al jefe de su cuerpo 
correspondiente, fuese la causa civil, o criminal. Esta mul- 
titud monstruosa de jurisdicción es era un laberinto inestricable, 
fue poniendo en continuo choque las facultades de los jefes, 
empeñaba a cada uno en sostener las suyas a todo tranze ; i 
esto con tal encarnizamiento que llegaban a emplear la fuerza 
para eftogro de su intento. En todo caso la justicia, o el 
derecho del americano, era victima inevitable de las acalora- 
das disputas de los jefes españoles entre sí. 

A todo se juntaba la falta de un sistema ordenado para el 
gobierno de América, que pudiese hacer la prosperidad de 
ella. £1 gobierno español nunca prestó a este objeto la 
nenor atención : siempre estuvo muí lejos de su política el 
bien de aquellos habitantes. Oprimirlos de todos modos, i 
itcar de la América todas las ventajas posibles, fué siempre 
todo su empeño. Este injusto plan era el único que alean- 
aba su mezquina sabiduría, para mantenerla bajo su domina- 
ckm. De aqui aquella incesante vijilancia en cerrar todos 
los canales, que condujesen de algún modo al aumento de la 
población, progreso de la ilustración, fomento de la indus- 
tria, estension del comercio, i comunicación con las naciones 

A a 



ítá % ttfftt OÍ ÍH*f£§. 

esftrfcajef*. Ítalo recibía el fanpitlftó fe te arWtreri*ie<l 
monopolio, i de la ansia As ewiquener la ractróft oM % ' 
de la América.. Loe jefes, i juezes, ha eutoridedée, 
tribunales, eran propiamente unas redes insidiosas, efe lej 
avaricia espalóla» la venganza, i otras padones p r ejfcd ü 
vario* modos la sustancia del inocente ataerioasjo, <gi 
ceta inmenso trabajo, i nMoi penosa economía. "Con utfe 
ducta tan injusta como inhumana logró A gobierno 'ém 
tener a los americano* flor mas de tres siglos, pobres,! 
dos, e ignorantes. 

Pero al fin, la Espalia Man a costa suya tft tenido *>* 
htfenjar las resultas de sn despótico, i desordenado gobi 
La opresión ignominias*, llevada ia su colmo, llegó a 4 
la paciencia de los americanos. No habiendo la ¡i 
esperanza de remedio de parte de la metrópoli, filé precft 
el estado de esclavitud en que se hallaban, librar la saejs 
su suerte a heroicos esfuerzos, sin reparar en ninguna 
de sufrimientos, i sacrificios: unida la desesperación c 
amor de la libertad, determinaron los americanos rompe 
pesadas cadenas que arrastraban ; sacudir el duro yugc 
los oprimía ; i elevarse al rango de nación, a que los deet 
la naturaleza. Felizmente se han cumplido sus justos dt 
I si esta gloriosa empresa les ha costado horribles padecfa 
tos, que serán la admiración del mundo cuando ee coz* 
en toda su ostensión, también los han compensado rente 
mente con los bienes que Han comenzado a obtener. ] 
pendencia de la metrópoli; libertad justa i racional; ge 
nos sabios i moderados ; instituciones benéficas, que f 
jiendo los talentos, i la industria, facilitan los conodaü 
científicos, i dan un impulso poderoso a la agricultura, i 
i comercio ; estos son los frutos que su heroica resoludd 
Valor, i constancia sin ejemplo les han asegurado. Ysíi 
pareció de aquellas rejiones el azote cruel del despoti 
A la antigua administración del todo arbitraria, ha sucedí 
autoridad incorruptible de la lei. Delante de ella son igi 
todos los americanos : confórtale a ella, i no de otro ■ 
son todos gobernados : lastrabas del monopolio, i Iba f 



LUYES DE INDIAS. 3&& 

Itfbt, ao existen ya ; i el egoísmo ha cedido su lugar al pra~ 
aMsmo en favor del ínteres jeneral : solo al mérito i la virtud 
«at aora abierta la puerta para las recompensas, i los empleos» 
tk m el campo de batalla han brillado de un modo marabilloso 
el valor i la humanidad de los americanos, en sus gobiernos 
toaos tenido pruebas de sabiduría, justicia i moderación : el 
ciudadano americano se sacrifica con gusto por ia indepen- 
diada de su patria; i esta misma patria proteje las personas. 
Hurtad, i bienes de tus hijos : la unión entre ellos bajo de 
que forman la felizidad de todos, será tan íntima, i 
que es de esperar reinen solo en adelante unos mismos 
Matimientos, para su bien, conservación i defensa. 

| Quiera el cielo que la España, dejando de ser ciega, i 
alteada en su temeraria pretensión de volver a subyugar 
aquellos países, acceda desde luego al reconocimiento de su 
tetera independencia, entrando al mismo tiempo en con- 
vsnáooes i tratados recíprocamente útiles : que preste oídos 
i los reclamos del ínteres nacional, i se penetre de las grandes 
Hatajas de la unión con la América independiente : que conos* 
et bien, que la continuación de la guerra contra ella no le 
k de acarrear sino inmensos gastos, que tal vez no podrá 
feportar; pérdida de mucha jente, de que tiene grande ne- 
cesidad ; i privación de los beneficios del comercio, que le son 
fe mam importancia : que se persuada, de que con semejante 
¿«erra, infunde en los americanos un odio profundísimo acia 
It metrópoli, sofocando al mismo tiempo en sus ánimos los 
sentimientos nobles i jenerosos, tan propios de la unidad de 
•angre, idioma, relijion i costumbres con sus hermanos de 
Europa: ojalá finalmente, que al conocimiento de tantos 
sales junte la EspaSa la convicción de la imposibilidad, que 
todo el mundo conoce i confiesa, de restablecer jamas en 
Aa^rica su ya perdida dominación ! 

j Españoles 1 No seáis mas tiempo enemigos de vuestras 
ásmanos de Amérioa. Ellos os aman, desean estrechar coa 
Vosotros los vínculos de la amistad, i se interesan en vuestra 
{•dependencia, gloria, i prosperidad. Poned ya término a la 
Marital de sangre que ha sido horrorosa por mas de doee 

A a 2 



354 ^ LEYKS DE INDIAS. 

estranjeras. Todo recibía el impulso de la arbitrariedad, dil 
monopolio, i de la ansia de enriquezer la metrópoli a cosfe 
de la América. Los jefes, i juezes, las autoridades, i Ms 
tribunales, eran propiamente unas redes insidiosas, én que h 
avaricia española, la venganza, i otras pasiones prendían dé 
varios modos la sustancia del inocente americano, ganada 
con inmenso trabajo, i mui penosa economía. Con una con- 
ducta tan injusta como inhumana logró el gobierno espaM 
tener a los americanos por mas de tres siglos, pobres, abati- 
dos, e ignorantes. 

Pero al fin, la España bien a costa suya ha venido a esper- 
imentar las resultas de su despótico, i desordenado gobierno. 
La opresión ignominiosa, llevada a su colmo, llegó a catatar 
la paciencia de los americanos. No habiendo la menor 
esperanza de remedio de parte de la metrópoli, fué preciso, es 
el estado de esclavitud en que se hallaban, librar la mejorada 
su suerte a heroicos esfuerzos, sin reparar en ninguna clase 
de sufrimientos, i sacrificios : unida la desesperación con el 
amor de la libertad, determinaron los americanos romper lai 
pesadas cadenas que arrastraban ; sacudir el duro yugo qne 
los oprimía; i elevarse al rango de nación, a que los destinaba 
la naturaleza. Felizmente se han cumplido sus justos deseos. 
I si esta gloriosa empresa les ha costado horribles padecimien- 
tos, que serán la admiración del mundo cuando se conozcaí 
en toda su es tensión, también los han compensado ventajosa; 
mente con los bienes que han comenzado a obtener. Inde- 
pendencia de la metrópoli ; libertad justa i racional; gobier- 
nos sabios i moderados ; instituciones benéficas, que prole- 
jiendo los talentos, i la industria, facilitan los conocimiento! 
científicos, i dan un impulso poderoso a la agricultura, artes, 
i comercio ; estos son los frutos que su heroica resolución» su 
valor, i constancia sin ejemplo les han asegurado. Ya desa- 
pareció de aquellas rej iones el azote cruel del despotismo. 
A la antigua administración del todo arbitraria, ha sucedido la 
autoridad incorruptible de la lei. Delante de ella son iguales 
todos los americanos : conforme a ella, i no de otro modo, 
son todos gobernados : las trabas del monopolio, i los privi- 






LftYKS DE INDIAS. 3&& 

ya ; i el egoísmo ha cedido su lagar al pía» 
a* favor del ínteres jeaeral : solo al mérito i la virtad 
abierta la paertapara las recompensas, i los empleos* 
«a ti campo de batalla han brillado de un modo marabiUoso 
i la humanidad de los americanos, en sus gobiernos 
praebas de sabiduría, justicia i moderación : el 
americano se sacrifica con gusto por la indepen- 
de sa patria; i esta misma patria proteje las personas, 
I, i bienes de sus hijos : la unión entre ellos bajo de 
que forman la felizidad de todos, será tan Intima, i 
que es de esperar reinen solo en adelante unos mismos 
i, para sa bien, conservación i defensa. 
al cielo que la España, dejando de ser ciega, i 
ea su temeraria pretensión de volver a subyugar 
países, acceda desde luego al reconocimiento de sn 
independencia, entrando al mismo tiempo en coa* 
i tratados recíprocamente útiles : que preste oídos 
redamos del interés nacional, i se penetre délas grandes 
de la anión con la América independiente : que conos* 
u que la continuación de la guerra contra ella no le 
k de acarrear sino inmensos gastos, que tal vea no podrá 
ir; perdida de mucha jente, de que tiene grande ne- 
; i privación de los beneficios del comercio, que le son 
fe anana importancia : que se persuada, deque con semejante 
fierra, infunde en los americanos un odio profundísimo acia 
h metrópoli, sofocando al mismo tiempo en sus ánimos los 
nobles i jenerosos, tan propios de la unidad de 
», idioma, relijíon i costumbres con sus hermanos de 
Estopa: ojalá finalmente, que al conocimiento de tantos 
nales jante la EspaÜa la convicción de la imposibilidad, que 
ado al amado conoce i confiesa, de restablecer jamas ea 
ftaérica sa ya perdida dominación ! 

2 Españoles 1 No seáis mas tiempo enemigos de vuestree 
human oa de América* Ellos os aman, desean estrechar coa 
m etros los vínculos de la amistad, i se interesan ea vuestra 
aulapenfleacia, gloria, i prosperidad. Poned ya término a la 
tanaca de sangre que ha sido ho r rorosa por mas de doae 

A a 2 



354 f^ LEYKS DE INDIAS. 

estranjerás. Todo recibía el impulso de la arbitrariedad» dd 
monopolio, i de la ansia de enriquezer la metrópoli a costil 
de la América. Los jefes, i juezes, las autoridades» i los 
tribunales, eran propiamente unas redes insidiosas, en que h 
avaricia española, la venganza, i otras pasiones prendías de 
varios modos la sustancia del inocente americano, ganada 
con inmenso trabajo, i muí penosa economía. Con una con- 
ducta tan injusta como inhumana logró el gobierno espafei 
tener a los americanos por mas de tres siglos, pobres, abatí- 
dos, e ignorantes. 

Pero al fin, la España bien a costa suya ha venido a esper- 
imentar las resultas de su despótico, i desordenado gobierno. 
La opresión ignominiosa, llevada a su colmo» llegó a cansa? 
la paciencia de los americanos. No habiendo la menot 
esperanza de remedio de parte de la metrópoli, fué preciso» en 
el estado de esclavitud en que se hallaban, librar la mejora de 
su suerte a heroicos esfuerzos, sin reparar en ninguna clan 
de sufrimientos, i sacriñcios: unida la desesperación con e¡ 
amor de la libertad, determinaron los americanos romper Isa 
pesadas cadenas que arrastraban ; sacudir el duro yugo qa< 
los oprimía ; i elevarse al rango de nación, a que los destinan! 
la naturaleza. Felizmente se han cumplido sus justos deseos. 
I si esta gloriosa empresa les ha costado horribles padecimien- 
tos, que serán la admiración del mundo cuando se conozca! 
en toda su estén s ion, también los han compensado ventajosa; 
mente con los bienes que han comenzado a obtener. Inde- 
pendencia de la metrópoli ; libertad justa i racional; gobier- 
nos sabios i moderados ; instituciones benéficas, que prote- 
jiendo los talentos, i la industria, facilitan los conocimiento! 
científicos, i dan un impulso poderoso a la agricultura, artes, 
i comercio ; estos son los frutos que su heroica resolución, so 
valor, i constancia sin ejemplo les han asegurado. Yadesa» 
pareció de aquellas rejiones el azote cruel del despotismo. 
A la antigua administración del todo arbitraría, ha sucedido la 
autoridad incorruptible de la lei. Delante de ella son iguales 
todos los americanos : conforme a ella, i no de otro modo» 
son todo* gobernados : las trabas del monopolio, i los privt- 



LEYES DE INDIAS. 3» 

ya ; i el egatwo ha cedido su lagar al pra- 
«i favor del interés jeneral : solo al mérito i la virtud 
aorm a bierta la puerta para las recompensas, i los empleos. 
Ata el campo de batalla han brillado de un modo marabüloso 
4 talar i la humanidad de los americanos, en sus gobiernos 
teaido pruebas de sabiduría, justicia i moderación : el 
americano se sacrifica con gusto por la indepen- 
de sa patria; i esta misma patria proteje las personas, 
l 9 i bienes de tus hijos : la unión entre ellos bajo de 
que forman la felicidad de todos, será tan intima, i 
que es de esperar reinen solo en adelante unos mismos 
i, para su bien, conservación i defensa. 
| Qaier a el cielo que la España, dejando de ser ciega, i 
tasada ea su temeraria pretensión de volver a subyugar 
apj tl l o s países, acceda desde luego al reconocimiento de su 
¡■dependencia, entrando al mismo tiempo ea coa« 
i tratados reciprocamente útiles : que preste oídos 
a Isa redassos del iateres nacional, i se penetre de las grandes 
Hatajas de la anión con la América independiente : que conos» 
•a asea, que la continuación de la guerra contra ella no le 
ha de acamar sino inmensos gastos, que tal vei no podrá 
ir; pérdida de mucha jente, de que tiene grande ne- 
; i privación de los beneficios del comercio, que le son 
se sema importancia: que se persuada, deque con semejaat» 
(sena, infunde en los americanos un odio profundísimo acia 
h metrópoli, sofocando al mismo tiempo en sus áaimos los 
nobles i jenerosos, tan propios de la unidad de 
relijion i costumbres con sus hermanos de 
Earopa: ojalá finalmente, que al conocimiento de tantos 
■síes jante la España la convicción de la imposibilidad, que 
todo al amado conoce i confiesa, de restablecer jamas ea 
América su ya perdida dominación ! 

I Españoles ! No seáis mas tiempo enemigos de vuestras 
henaaaos de Asaérica. Ellos os aman, desean estrechar cafe 
veaotros los vínculos de la amistad, i se interesan en vuestra 
{■dependencia, gloria, i prosperidad. Poned ya término a la 
sfasnen de sangre que ha sido horrorosa por asas de doce 

a a 2 



356 LEYES DE INDIAS. 

año». Debéis ya confesar lo que no podéis menos de conocer^ 
que pretender volver a dominar en América, es ana quimera» 
que si los americanos han tenido valor estraordinario, i bees* 
esfuerzos marabillosos para salir de la esclavitud, i triunfar df 
sus enemigos, también tienen talentos, virtudes i recursos parí 
gobernarse a sí mismos, i sostener con gloria el rango a que M 
han elevado. ¿Tenéis aun alguna duda de esta verdad ? ¿ Oí 
atrevéis a mirar con indiferencia, o tal vez con desprecio, los nue- 
vos gobiernos de América ? Leed atentamente, i sin preocupa- 
ción, sus constituciones, leyes, i reglamentos : veréis en ellos, 
brillar a competencia la justicia, sabiduría, í amor a la 
en beneficio de la seguridad, libertad, i propiedad de 
individuo. Haced mas, si podéis. Trasladaos a aquellas 
bellísimas rejiones ; i seréis testigos de la vida virtuosa de 
sus habitantes, de sus costumbres tan moderadas cossq 
sencillas, de la dulzura, i mansedumbre que forma el carácter 
de los pueblos : observaréis el nuevo edificio político de sus 
gobiernos, obra de la mas sería atención a las leyes de la 
naturaleza, i a los principios sanos de la razón i justicia: 
veréis rápidos progresos en todo jénero de conocimientos 
útiles; i admiraréis el entusiasmo que los anima por su 
independencia, el amor de la libertad, de que están penetra- 
dos, i la mas firme resolución de sostener i defender estos pre- 
ciosos bienes contra toda especie de enemigos. Ciertamente, 
que entonces de necesidad habríais de convenir, en que la 
justicia, la razón i la humanidad, de acuerdo con el interés 
jeneral de la Península i de todo el mundo, claman imperio- 
samente por el mas pronto, i absoluto reconocimiento de 
la independencia de América. 

¡ Cortes españolas ! ¡ Lejisladores augustos ! restituid sos 
derechos a la humanidad : el acto que os pide la América, no 
es alguno de jenerosidad; lo es solo de rigurosa justicia: el 
principio de la soberanía de la nación ha sido solemnemente 
declarado por vosotros ; i a mucha costa, i con gloría grande 
lo estáis actualmente sosteniendo contra un injusto invasor : 
bajo el apoyo de aquel principio, derribasteis el gobierno 
antiguo; establecisteis el que creíais mas acomodado a la 



SISTEMA COLONIAL DE ESPAÑA. 



357 



prosperidad de la nación; i formasteis una nueva constitución, 
€1 la que al paso que las instituciones antiguas de la monar- 
4*ia estás destruidas, o notablemente alteradas, se le ha 
tejado al monarca nuevo una autoridad limitada que creísteis 
^inveniente para consolidar el bien jeneral, i cerrar para 
■copre la entrada al despotismo bajo del cual habiais jemido. 
Vosotros debéis saber, que la América contiene en sí casi 
feble población que la Península : que aquellos habitantes 
fcm sufrido un despotismo tanto mayor i mas horrible cuanto 
m imposible el recurso a la metrópoli, i absoluta la arbitrar- 
Mri de las leyes, i de los jefes ; que situada la América a 
ém, distancia inmensa de por mar, no puede jamas ser feliz, 
«gozar de una libertad racional, sino es gobernada por sí 
■urna* Vuestra constitución, aun cuando concediéramos 
qates escelente para los españoles, no puede jamas con- 
voñr a los americanos. Sed, pues, consecuentes en vuestros 
frisciptos, i justos en vuestros sentimientos. No temáis que 
ti reconocimiento de la independencia de la América degrade 
fiesta dignidad, i el honor de la nación española ; bien lejos 
de esto, les dará un nuevo lustre, siendo un testimonio glorioso 
de vuestra sabiduría, integridad i justicia. Apresuraos, pues, 
i dado cuanto antes. Aora mas que nunca es digno de 
voiotros un acto, que hará para siempre célebre vuestro nom- 
bre, que producirá ¡numerables ventajas a los españoles, i 
qee atraerá sobre vosotros las bendiciones i la gratitud de 
todos los americanos.— Luis López Méndez. 



XXXVI.— 'Sistema colonial de España. 

Este periódico tiene por uno de sus principales objetos 
esparcir cuanta luz sea posible sobre las tres épocas en que 
hemos dividido la historia de América ; i como la publicación 
de documentos inéditos es uno de los medios mas adecuados 
para obtener aquel fin, pensamos insertar en nuestra obra 
algunos de los que tenemos acopiados. 

£1 que aora damos a luz nos ha parecido interesante. Lo 



358 SISTEMA COLONIAL DB 88FAWA. 

hemos estractado de la " Relación que hace el escelentísisaso 
D. Teodoro de Crois, virei que fui de estos reinos del Perú i 
a su sucesor elescelentisimo señor Fr. D. Francisco Jil de 
desde 4 de abril de 1784, hasta 2 de marzo de 1790." £ú^j 
en Londres una copia auténtica de aquella relación, cijty 1 
orijinal está en Lima en los archivos del gobierno ; i las pa» 
tonas que la poseen, nos han favorecido permitiéndonos ha***/ 
uso de este estracto. Dice asi : 

" En 24 de mayo de 1788 se dejó ver de la isla de Jojty 
Fernandez, i a distancia de una legua de su puerto, una em- 
barcación que al parecer necesitaba de auxilio para entrar i, 
dar fondo en él. Advertido esto por el gobernador de la M% 
don Blas González, i persuadido que pudiese ser alguna da, 
las embarcaciones de esta mar que trafican del Callao a los 
puertos de Chile, arbitró asegurarse de este su concepto i del 
auxilio que necesitase dicha embarcación, enviando acia ehs, 
un buque pescador al mando de un alférez de aquel presidio 
acompañado de cuatro soldados. Así lo espone en la carta- 
oficio que me pasó con fecha de 28 del mismo mes, añadiendo 
las noticias siguientes : que era fragata bostonesa : que venia 
desarbolada del trinquete, mastelero de la mayor, i con el 
timón desguarnido: que llegaba a remediarse de aquellos 
daños al abrigo de la isla, i a socorrerse en ella desagua i 
leña que necesitaba : que su destino era regresar a su patria, 
después de haber solicitado el establecimiento de los rusos 
acia las Californias : que instruido por el oficial que no traia 
cargazón de jéneros comerciables, ni mas armamento que dos 
cañones del calibre de a cuatro en popa i cuatro pedreros a 
proa, i que efectivamente venia falta de agua i leña por el 
reconocimiento que hizo el oficial, deliberó permitirle que 
fondease en el puerto i bajo del canon de la batería de Santa 
Bárbara : que, dada fondo, i venido a tierra su capitán, so 
informó nombrarse John Kendrick : que este le habia hecho 
presentes ciertos pasaportes que decía ser de la república 
bostonesa, i uno recomendaticio del cónsul de Francia en 
aquella república : que hallándose perplejo sobre la manera 
con que debia conducirse en aquel caso, se habia decidido 



SISTBMA C<*LONIAL JML BSPAÑA. 35» 

La, hospitalidad, haciéndolos proveer de agua i leña>, 
índole estas en la playa, i sin permitir que su tripulación, 
constaba de cuarenta hombres inclusos doce muchachos. 
i¡sen al monte a cortar la leña, i prefijándole el término 
ilos seis dias para todas las operaciones <Je su socorro i 
dio : que en este espacio habia aprovechado sacar copias 
>s pasaportes de la, república i de la recomendación del 
ni francés, las que me dirijia con una medalla de tres 
le habia dado el capitán, en que se figuraba esta embar- 
»n nombrada la Colombia, i un paquebot nombrado el 
hútgton que venia en su conserva, i que se le habia 
ado por un recio temporal que sufrieron a distancia 
> de cien leguas de la isla : i que le suplicaron que arri- 
allí, que era el punto de reunión que se habían dado, lo 
¡ase i socorriese con la humanidad i hospitalidad que él 
amentaba. 

Dada vista al ministerio fiscal de la carta-oficio del 
sado gobernador, por lo que produjo para mejor respon- 
de mandó agregar copia de la real cédula de 25 de no- 
t>re de 1692. Por lo que respondió con vista de ella, i 
ocurso hecho por don Juan Miguel de Castañeda ofre- 

armar en guerra su navio San Pablo a su costa i sin 
Uuen de la real hacienda, para ir a la isla de Juan Fer- 
az por si la fragata bostonesa hubiese vuelto allí o llegare 
quebot de su conserva; resolví que se le contestase al 
rnador de la isla mi desagrado por el mojí servicio del rti 

libertad con que dijo salir dt aquel puerto la espresada 
\ta extranjera, de la que i 4e su tripulación, debió apoder- 
dando cuenta al presidente de Chile i esperando de 
iu inmediato superior la resolución de lo que debia hacer 
i caso semejante ; estrenándose que el gobernador de urna 
gnorase, que a toda embarcación, estranjera que surque 
mares sin licencia de nuestra corte, se la debe tratar como 
\ga, aunque la nación a que corresponda sea nuestra aliada, 
rme a la real cédula de 25 de noviembre de 1692 que en 
i se le remitía : que si subsistiese o regresase a la isla la 

1 fragata, i arribase el bergantín que la acompaña, lo 



360 SISTEMA COLONIAL BE ESPAÑA. 

retenga, arrestando su tripulación i dando parte a este «h 
perior gobierno i capitanía jeneral de Chile : i que supuesto 
que aquel gobierno está inmediatamente sujeto a la pru- 
dencia de Chile, se escribiese al señor presidente, dándole 
razón de todo, i que no se tomaban en este superior gobierno 
las correspondientes providencias sobre la mala conducta de 
aquel gobernador, porque se esperaba de su zelo que tomarit 
las que pareciesen justas i convenientes : que asimismo ie 
escribiese al señor virei de Nueva España instruyéndole de 
este suceso i del designio del capitán bostones, de solicitar 
descubrimientos por las Californias, como había asegurado: 
i finalmente que se sacase testimonio de este espediente hasta 
el estado en que se hallaba, i se diese cuenta a S. M. con eft 
orijinal. Así se ejecutó por el inmediato correo de 5 <** 

agosto de 1788 

" En este estado, con fecha de 4 de setiembre de aqtt^* 
año me comunicó el señor presidente de Chile las dilijencil 
que se habían obrado en aquel reino acerca de purificar 
hecho de la arribada de la fragata bostonesa a la isla de Juav 
Fernandez, i averiguar los motivos que hubo para que 
gobernador la recibiese con tanta humanidad i la dejase sais? * 
con la misma, sin dar antes parte a aquella capitana 
jeneral ; principalmente, cuando a los tres dias de anefada h 
fragata en aquel puerto, arribó a él la nombrada los Dolores** 
del comercio de esta mar a dejar un pliego del superior go~-~ 
bierno de Lima : i que de una sumaria información que pidió» - 
el ministerio fiscal de aquella audiencia, i que habia mandado» 
que se recibiese de la tripulación i pasajeros de dicha fragata 
Dolores surta en Valparaíso, nada habia resultado que in- 
dujese sospecha que la fragata tócase allí a hacer algún 
comercio ilícito que le pudiese disimular el gobernador, es* 
tando contestes todos en que ni aun carga tenia a su bordo : 
que en vista de lo que por la espresada sumaria habia pedido 
el fiscal de aquella audiencia, i se determinó en el real acuerdo 
a que por voto consultivo mandó llevar el espediente, i con 
que se conformó, habia resuelto c!ar cuenta a S. M. de toda 
la ocurrencia para que se birvK'üc prevenir lo que en casos 



SISTEMA COLONIAL DE ESPAÑA. 301 

semejantes se debía practicar, principalmente con respecto a 

<pe por real orden de 3 de noviembre de 176*7 diríjida a 

•fuella presidencia i que produjo el fiscal en su vista, se 

***4aba observar el articulo 10 del tratado de paz de 1670, que 

tittllcce los auxilios i socorros que deben contribuirse a las em- 

Creaciones de potencias confederadas que arribasen por iguales 

•otivos que los que pretestaba la bostonesa a los puertos de 

bs costas de estos dominios. 

" De este oficio del señor presidente de Chile i dilijencias 
obradas en aquella capitanía jeneral i su real audiencia, mandé 
dar vista al ministerio fiscal de esta. Por lo que dijo se con- 
testó al oficio reproduciendo la copia de la real cédula de 26 
•fe noviembre de 1692, que debía str la regla por donde se gober- 
los casos de la naturaleza del presente, i no habia tenido 
la vista ni el ministerio fiscal de aquella audiencia ni su 
acuerdo, que solo tuvieron presentes las leyes de la re- 
copilación de Indias i el articulo 10 del tratado de paz de 
^^570, contenido en la real orden de 3 de noviembre de 1767. 
dichas leyes i artículo solo pueden tener aplicación a los 
líos de nuestro soberano, puertos i costas del norte de 
Américas, donde tienen poblaciones las potencias estran- 
i no para las costas de esta mar del Sur, donde ni 
tienen ifi deben tener territorios que los obligue a transitar por 
«I cabo de Hornos i estrechos de Magallanes i le Maire, i los 
ponga en necesidad de aquellas aventuras que exijan el 
BixUio i socorro prevenido en las leyes i articulo de los trata- 
dos de paz, según se esplica la citada real cédula ; aplau- 
diendo la inteligencia que en caso semejante a este le habia 
dado el escélentisimo señor conde de la Moncloa al éspresado 
artículo de los tratados : que por otra parte se debiera consi- 
derar, no ser trascendental dicho artículo a los Estados 
Unidos de América que se hallan separados de su metrópoli, 
con la que se habían celebrado los tratados que comprenden 
el artículo. Con esto i dos oficios del señor presidente, uno 
en que me comunica la resolución de relevar a aquel gober- 
nador, i otro remitiéndome copia del que le pasó este, dán- 
dole parte que a los trece días habia salido la fragata bosto- 



360 SISTEMA COLONIAL X>B ESPAÑA. 

retenga, arrestando su tripulación i dando parte a este 
perior gobierno i capitanía jeneral de Chile : i que supu< 
que aquel gobierno está inmediatamente sujeto a la pr 
den cía de Chile, se escribiese al señor presidente, dám 
razón de todo, i que no se tomaban en este superior gobii 
las correspondientes providencias sobre la mala conducta 
aquel gobernador, porque se esperaba de su zelo que tom 
las que pareciesen justas i convenientes : que asimismo 
escribiese al señor virei de Nueva España instruyéndola 
este suceso i del designio del capitán bostones, de soli< 
descubrimientos por las Californias, como habia asegura 
i finalmente que se sacase testimonio de este espediente h 
el estado en que se hallaba, i se diese cuenta a S. M. co 
orijinnl. Asi se ejecutó por el inmediato correo de 6 

agosto de 1788 

" En este estado, con fecha de 4 de setiembre de ai 
año me comunico el señor presidente de Chile las dilyen 
que se habían obrado en aquel reino acerca de purifica 
hecho de la arribada de la fragata bostonesa a la isla de J 
Fernandez, i averiguar los motivos que hubo para qu 
gobernador la recibiese con tanta humanidad i la dejase i 
con la misma, sin dar antes parte a aquella capta 
jeneral ; principalmente, cuando a los tres días de anotad 
fragata en aquel puerto, arribó a él la nombrada los Dol 
del comercio de esta mar a dejar un pliego del superior 
bienio de Lima : i que de una sumaria información que p 
el ministerio fiscal de aquella audiencia, i que habia mand 
que se recibiese de la tripulación i pasajeros de dicha fraj 
Dolores surta en Valparaíso, nada habia resultado que 
d ujesc sospecha que la fragata tócase allí a hacer al 
comercio ilícito que le pudiese disimular el gobernador, 
tando contestes todos en que ni aun carga tenia a su bor 
que en vista de lo que por la espresada sumaría habia pee 
el fiscal de aquella audiencia, i se determinó en el real acu« 
a que por voto consultivo mandó llevar el espediente, i 
<liio se conformó, habia resuelto t!ar cuenta a S. M. de t 
la (irurreiicia para que se bir\ use prevenir lo que en ci 



SISTEMA COLONIAL DE ESPAÑA. 361 

manejantes se debía practicar, principalmente con respecto a 
(fia por real orden de 3 de noviembre de 176*7 dirijida a 
aquella presidencia i que produjo el fiscal en su vista, se 
mudaba observar el articulo 10 del tratado de paz de 1670, que 
tttahlece los auxilios i socorros que deben contribuirse a las em- 
barcaciones de potencias confederadas que arribasen por iguales 
feotivos que los que pretestaba la bostonesa a los puertos de 
fas costas de estos dominios. 

" De este oficio del señor presidente de Chile i dilij encías 
oteadas en aquella capitanía jeneral i su real audiencia, mandé 
dar rista al ministerio fiscal de esta. Por lo que dijo se con- 
testó al oficio reproduciendo la copia de la real cédula de 26 
&e noviembre de 1692, que debia ser la regla por donde se gober- 
***n los casos de la naturaleza del presente, i no habia tenido 
*> la vista ni el ministerio fiscal de aquella audiencia ni su 
real acuerdo, que solo tuvieron presentes las leyes de la re- 
copilación de Indias i el articulo 10 del tratado de paz de 
1970, contenido en la real orden de 3 de noviembre de 1767. 
Ose dichas leyes i artículo solo pueden tener aplicación a los 
«lamimos de nuestro soberano, puertos i costas del norte de 
«as Américas, donde tienen poblaciones las potencias estran- 
j**s; i no para las costas de esta mar del Sur, donde ni 
tienen tti deben tener territorios que los obligue a transitar por 
d cabo de Hornos i estrechos de Magallanes i le Maire, i los 
ponga en necesidad de aquellas aventaras que exijan el 
aaxilio i socorro prevenido en las leyes i artículo de los trata- 
dos de paz, según se esplica la citada real cédula ; aplau- 
diendo la intelijencia que en caso semejante a este le habia 
dado el escelentísimo señor conde de la Moncloa al éspresado 
articulo de los tratados : que por otra parte se debiera consi- 
derar, no ser trascendental dicho artículo a los Estados 
Unidos de América que se hallan separados de su metrópoli, 
con la que se habían celebrado los tratados que comprenden 
el artículo. Con esto i dos oficios del señor presidente, uno 
en que me comunica la resolución de relevar a aquel gober- 
nador, i otro remitiéndome copia del que le pasó este, dán- 
dole parte que a los trece dias habia salido la fragata bosto- 





302 Sim¡)fA COLONIAL DB ESÍAÜ^ 

nesa de aquel puerto (no habiéndolo ejecutado antea, 
ciertos temporalea que ae lo habían impedido), terminó 
espediente, de que ae dio nuera cuenta a S. M. em el 
año. 

" La arribada de la fragata boatoneaa a la ¡ala da 
Fernandez, dio mérito para que con la reserva 
espidiese repetidas prevenciones i órdenes a loa intendentoe 
subdelegados de las provincias i partidos aituadoa en 
costas de este vireinato así en las del sur hasta Iquiqi 
como en las que caen al norte hasta Guayaquil, para 
impuestos en dicha arribada estuvieran a la mira de zelar 
puertos no permitiendo que en ello* fondeóse embarcación 
guna estranjera, i que en como de fondear procurasen eon % 
sagazidad, arte i prudencia convenientes detenerla oM 9 
dorándose de ella i de su tripulación, i dando parte a este 
ior gobierno para las providencias que fuesen correspondientes^' 
i que para el caso que exijieaen por fuerza algunos auxilio* ae* 
los rechazasen con la misma, retirando previamente todos loaf 
ganados i frutos de las haciendas que pudiesen aprovechar ay 
estos estranjeroa i servirles de socorro : i que para elkp. 
hiciesen poner en puestea i cerros altea que dominasen la 
marina, centinelas i vijías que esplorasen el mar i comunicasen 
prontamente las embarcaciones que descubriesen. * ¥*taa 
mismas providencias se repitieron, con motivo de habérseme 
avisado que la fragata los Placeres, de la compacta de Fili- 
pinas, su capitán don Pedro Pineda, que fondeó en el 
Callao el 20 de marzo de 1789, había encontrado en la aUura 
de 50° sur, una fragata inglesa forrada en cobre, cujo 
capitán habia pasado a bordo de los Placeres, i le dyo al de 
esta que venia a la pesca de ballena. 

" Cuando ya habia comunicado aquellas órdenes i habían 
sido oportunamente contestadas, me pasó carta-oficio el in- 
tendente de Arequipa, su fecha 6 de mayo de dicho afip en 
que me daba aviso que el 23 de abril antecedente como a las 
6 de la tarde, se habia dejado ver en las cercanías del puerto 
de lio un navio ingles, que acaso seria el mismo que también 
se habia avistado cercano a la cajeta de Moliendo (j u ri*dk- 



SlftT$BfA COLONIAL D# ESPAJU* 368 

úmd/á vajle de Tambo/), de que habia dado aviso el alcalde 
qniisario de dicho valle : que la espresada embarcación le 
ijfcja cortado las aguas al barco nombrado la Tartana que 
iba a cargar guano a la isla Patillos : que habían pasado en 
na bote cinco ingleses a la Tartana con las demostraciones de 
I** que significaban por las vozes: " No pelea, no pelea," 
<¥* articularon : que se informaron del piloto de la Tartana 
4e loa puertos i caletas de aquella costa, i de los lugares donde 
había ballena: que habiéndose hecbo reciprocamente unos 
Ipaqueños obsequios se habían vuelto a bordo de su fragata, 
«|pe ai parecer estaba recien encebada i pintada de amarillo : 
<ipe habian dicho haber salido de Londres i haber arribado al. 
Janeiro, i que así a proa como en la toldeta de popa condu- 
cían varios botecitos propios para la operación de la pesca 
de inhuma : que separada la Tartana de la fragata, que seria 
cobo de 24 a 261 varas de quilla, se habia enmarado hasta, 
perderte de vista % i la Tartana no teniendo viento favorable 
pra regresar a lio siguió su viaje a Patillos, desde donde 
npr otro barco guanero dio aviso al subdelegado de Iquique, 
quien lo comunicó a aquella intendencia : que esta habia librado 
¡U correspondientes providencias para recibir información de 
todo el hecho, destacando un oficial con cuatro soldados para 
qae recorriesen la dilatada marina de su cargo i diesen laa 
órdenes oportunas, así por la parte de Iquique como por la de 
Acarí : que esta resolución la habia tomado en el consejo de 
guerra que hizo juntar, como todo parecía de las dilijencias 
que me remitía en testimonio, en que se incluía el aviso que 
desde el cerro de Chanabaya se habia vijiado la misma embar- 
cación, i que un pastor del pago de Jucui, distante siete leguas 
del puerto de lio, aseguraba haber visto tres embarcaciones 
jautas muí enmaradas en los dias dos i tres del mes de mayo : i 
fiaalmente que en la misma junta de guerra se habia tratado 
de la necesidad de hacer algunos gastos de real hacienda, 
para asalariar las centinelas i vijías de la costa, i gratificar a 
loa oficiales, i soldados que de una i otra banda de ella pasa- 
ban a recorrerla ; como igualmente, que me sirviese dar pro- 
videncia para surtir de armas todos los partidos de la costa 



304 SISTEMA COLONIAL DE ESPAÑA. 

desde Acarí hasta Iquique, cuyos subdelegados en eontM- 
tacion a los oficios i órdenes que les había pasado, hacas 
presente la necesidad que tenían de ellas para la defensa di 
los respectivos puertos i caletas de su cargo. 

" A este oficio del intendente se contestó que no habwadl 
luz ni noticia de guerra, al contrarío que nuestra coros» 
estaba en paz i buena armonía con la Gran-Bretaña ihs 
cortes de Europa, no habia que temer que la embarcacks t 
embarcaciones intentasen hacer alguna invasión i hostihdat 
en los puertos de nuestra costa : que por consiguiente M 
debian hacerse gastos inútiles a la real hacienda : que por 
tanto se retirasen los oficiales i soldados que en calidad <te 
esploradores se habían comisionado, i que solo se mantuvieses 
asalariadas las mui precisas vijías para observar las embar- 
caciones que se descubriesen ; los subdelegados, preparados 
para no permitir fondeo en los puertos i caletas de la costa, 
para hacer retirar en caso preciso los caudales, frutos i gana- 
dos de que pudieran aprovecharse los estranjeros en caso de 
invasión, igualmente que para practicar todo lo demás que ea 
las órdenes reservadas se tenia comunicado. Que para cau- 
telar este inútil gasto de la real hacienda, contribuía que la 
embarcación avistada i que abordó a la Tartana, parecía ser 
la misma con que encontró la fragata Placeres, i que advir- 
tió venir proveída de utensilios para la pesca de ballena. 
Pero que como a vueltas de este destino, puedan traer el de 
comerciar algunos efectos desembarcándolos en puertos o 
caletas menos resguardadas, se tuviese presente estéreselo para 
zelar i precaver el contrabando tan perjudicial al comercio, 
encargando a los subdelegados, administradores, i receptores 
de real hacienda, que con la más atenta dilij encía velen sobre 
tan importante objeto, descubriendo e indagando si ha habido 
algún desembarco de jéneros, quienes los hayan comerciado i 
en poder de quien se descubran, para que sean castigados 
con el rigor que previenen las leyes. Esta misma providencia 
se libró a los subdelegados de la costa por la banda del norte 
acia Panamá, dándoles aviso de la embarcación avistada 
frente de lio para su gobierno. 



SISTEMA COLONIAL OB ESPAÑA. #06 

" Sin embargo del concepto de que esa i otras embarca- 
mes puedan haber venido con motivo de la pesca de ballena, 
puedan ser frecuentes los casos en que con algún pretesto 
liben a nuestros puertos, como lo practicó la Colombia, 
usada Bostonesa, de John Kendrick, a la isla de Juan Fer- 
adez ; i que debiéndoseles retener en tal caso, podria haber 
asion de necesitar alguna fuerza con que repeler la que 
los practicasen ; asimismo en consideración a que se reze- 
ta que no pudiesen haber emprendido el ejercicio de la pesca 

costas tan distantes, sin haber procurado hacerse indebi- 
mente de establecimiento en alguna de las islas de esta mar, 
e igualmente exijia repulsa ; tuve por conveniente oir al 
Sor inspector jeneral haciéndole pasar el espediente con 
las las dilijencia8 obradas en la intendencia de Arequipa. I 
r la conformidad en que está, de no haber rezelo de inva- 
* u hostilidad de parte de dichas embarcaciones, ser indu- 
able su destino a la pesca de ballena, ser justo el rezelo 
1 contrabando, ser probable que tengan para esto algún 
ablecimiento en nuestra mar, i que este pueda ser, como lo 
rertia el subdelegado de Moquegua en un oficio suyo, en 
isla de San Feliz, jamas reconocida, situada a la altura de 

grados i distante de- la tierra poco mas de cien leguas ; 
ndé que se contestase al señor intendente el recibo de los 
comentos con que instruía la conferencia de la embarcación 
íesa con la Tartana guanera, i que se le previniese que 
ha embarcación i las demás que puede haber, como las tres 
tas por el pastor de Jucui que necesitan justificarse, no 
nen con aparato de invasión que puede dar mérito para 
pender gastos ; que convendrá zelar el contrabando que es 
aible a vueltas de la pesca de ballena como se tenia pre ve- 
lo en oficio antecedente. Que a mas de las vijías i en- 
•go hecho a los subdelegados de los partidos de la costa, 
portará i valdrá por todo auxilio que destine tres piquetes 

los soldados del rejimiento de lima que se hallan en 
sella intendencia, cada uno de 15 a 20 hombres mandados 
r un oficial de honor i conducta, para que apostados en los 
s parajes mas espuestos de la costa estén al reparo de todo, 



#0S MtiTAkA COLONIAL DTÜPAifA. 

bajo las órdeíies que reciban de so intendente, quién is¡mV 
mente proveerá a cada piquete de competente numero A 
armas para que en caso preciso se armen algunos paisa* 
con ellas i se baga mas completa la defensa en aquella parís: 
que se repitan a los subdelegados las prevenciones de negar 
todo auxilio i socarro a las embarcaciones estranjeras ; i que €■ 
atención a que el piloto portugués que mandaba la Tunos 
tuvo confianzas con los ingleses que pararon a su bordo mani- 
festándoles la carta de marear, esplicándoles los puerta 
contenidos* en ella i su graduación, según que aparecía de he 
declaraciones de los oficiales de la Tartana i principalmestt 
de la que hizo un marinero mallorquín; fuese aprendido, i 
evacuadas las declaraciones que pareciese conveniente reci- 
birle en Arequipa, se remita a esta capital con la posibb 
seguridad para los efectos que conviniesen. En tales ténñadi 
se contestó con fecha de 3 de junio 1789; i se mandó que pal 
lo que hace a la isla de San Félix, su situación i posibtfidsd 
de que los ingleses puedan formar establecimiento en ella, 
informase el piloto i práctico de esta mar, don Manuel José 
de Orejuela : i que sacándose testimonio de todo el espediente 
se informase a S. M., como se practicó con fecha de 5 de 
junio de 1789." 

Este estracto no necesita comento para manifestar cual ha si- 
do la mezquina política que el gabinete de Madrid seguia en stii 
posesiones ultramarinas. Por él pueden calcular las Daciones 
estranjeras, i con especialidad los Estados Unidos i la Ingla- 
terra, qué es lo que deben esperar si por desgracia, i contri 
toda probabilidad, pudiese recobrar Fernando VII una parte 
de sus emancipadas colonias.— A. 6. M. 



XXXVII. — Real orden al virei del Perú sobre el eolejie 
de caciques e indios nobles de Lima.* 

En carta de 16 de octubre de 1782, número 161 , dio cuenta el 
antecesor de V. E del estado que entonces tenia el colejio dt 



* Gtfzeta del gobierno del Perú, del sábado le de iriaráo «te lfet. 



SimíffA COLONIAL DI l&PAÑA. SG7 

óápes e indios nobles establecido 'en esa capital, «ón el ob- 
jeto de recomendar la conducta de su rector don Juan de Bor- 
fcatve, prebendado en esa catedral, i el particular mérito que 
si contraído en la educación de la juventud en el mismo cole- 
jiow Con este motivo quiso el rei enterarse del estado i pro- 
pesos de dicho establecimiento, i examinar si atendidas las 
úcunstancias del remo, i el carácter e Índole de sus naturales, 
Mdria traer perjuicio o utilidad la continuación de él, o si ser- 
ia ■ecesarias otras providencias para reformarlo o arreglarlo 
tfeejor método. A dicho fin pidió algunos informes, de los 
•ales unos se inclinan a que el mencionado establecimiento, asi 
orel corto numero de individuos que en él se educan, como 
oque siendo precisamente estos los hijos de los caciques e 
idios nobles (cuya autoridad se ha esperímentado tan perju- 
¡ckl en esos reinos, i podría graduarse mas, si adquiriendo 
sa instrucción estensa llegasen a suceder a sus padres), es, o 
nr lo menos puede ser probablemente de mucho daño, i que 
«Tendría destinar las rentas con que hoi se halla dotado el 
>iejio, a establecer escuelas en los pueblos a que alcanzasen, 
ira que todos participasen de este tal cual beneficio, teniendo 
i sus mismas casas proporción de enseñar a sus hijos los ru- 
mentos de la fé, i la lengua castellana ; lo cual embebe tam- 
en una razón de justicia, que se funda en que los caudales 
) la caja jeneral de censos, de donde sale la dotación del co- 
¡io, pertenecen igualmente a todos los indios, i no solo a los 
iciques i nobles. Otros, por el contrario, han opinado que 
n el establecimiento de escuelas en los pueblos puede traer 
nudosas consecuencias, i que los indios deben ser instrui- 
os solamente en la doctrina cristiana, pues cualquiera otra 
sefianza es mui peligrosa ; respecto a que desde la conquista 
rete no ka habido revolución de esos naturales, que no proceda 
alguno mas instruido. 

Viendo, pues, S. M. la diversidad de estos dictámenes, quiere 
te V. E. examine con aquel escrúpulo i atención que requiere 
gravedad e importancia del asunto, las razones que quedan 
tiendas, i las demás que tenga por conducentes; i que en 
ita de iodo, procediendo por si solo i con toda reserva, es- 



306 sigtttA colonial l>r WpáS*a. 

bajo las órdériet qrie reciban de so intendente, qdien igual 
mente proveerá a cada piquete de competente Húmero Jb 
armas para qoe en caso preciso se armen algunos paisaaot 
con ellas i se baga mas completa la defensa en aquella parte: 
que se repitan a los subdelegados las prevenciones de negar 
todo auxilio i socorro a tas embarcaciones estranjeras; i que di 
atención a que el piloto portugués que mandaba la Tartut 
tuvo confianzas con los ingleses que pararon a su bordo mva- 
festándoles la carta de marear, esplicándoles los pueitoi 
contenidos 1 en ella i su graduación, según que aparecia de hs 
declaraciones de los oficiales de la Tartana i príncipalmestfe 
de la que hizo un marinero mallorquín; fuese aprendido, i 
evacuadas las declaraciones que pareciese conveniente reci- 
birle en Arequipa, se remita a esta capital con ht posibh 
seguridad para los efectos que conviniesen. En tales ténniwá 
se contestó con fecha de 3 de junio 1789; i se mandó que pÉ 
lo que hace a la isla de San Félix, su situación i posibüidtd 
de que los ingleses puedan formar establecimiento en elh 
informase el piloto i práctico de esta mar, don Manuel Jori 
de Orejuela : i que sacándose testimonio de todo el espedienti 
se informase a S. M., como se practicó con fecha de 5 di 
junio de 1780/' 

Este estracto no necesita comento para manifestar cual ha si 
do la mezquina política que el gabinete de Madrid seguia en su 
posesiones ultramarinas. Por él pueden calcular las nacione 
estranjeras, i con especialidad los Estados Unidos i la Ingls 
térra, qué es lo que deben esperar si por desgracia, i contr 
toda probabilidad, pudiese recobrar Fernando VII una part 
de sus emancipadas colonias. — A. 6. M. 



XXXVII. — Real orden al virei del Perú sobre el cok/i 
de caciques e indios nobles de Lima.* 

En carta de 16 de octubre de 1782, numero 151 , dio cuenta i 
antecesor de V. E del estado que entonces tenia el cotejio d 



* Gtfeeta del gobierno del Perú, del sábado 16 de triárfo ttYléfc*. 



SISTEMA COLONIAL DE ESTAÑA. 3G7 

Cloques e indios nobles establecido en ésa capital, con el ob- 
jtsode recomendar la conducta de su rector don Juan de Bor- 
fcatfe, prebendado en ésa catedral, i el particular mérito que 
kt contraído en la educación de la juventud en el mismo cole- 
jiow Con este motivo quiso el rei enterarse del estado i pro- 
.gnsos de dicho establecimiento, i examinar si atendidas las 
circunstancias del reino, i el carácter e índole de sus naturales, 
podría traer perjuicio o utilidad la continuación de él, o si ser- 
na necesarias otras providencias para reformarlo o arreglarlo 
i mejor método. A dicho fin pidió algunos informes, de los 
catles unos se inclinan a que el mencionado establecimiento, asi 
por el corto numero de individuos que en él se educan, como 
poique siendo precisamente estos los hijos de los caciques e 
■dios nobles (cuya autoridad se ha esperimentado tan perju- 
dicial en esos reinos, i podría graduarse mas, si adquiriendo 
«a instrucción estensa llegasen a suceder a sus padres), es, o 
por lo menos puede ser probablemente de mucho daño, i que 
convendría destinar las rentas con que hoi se halla dotado el 
colejio, a establecer escuelas en los pueblos a que alcanzasen, 
para que todos participasen de este tal cual beneficio, teniendo 
ta sus mismas casas proporción de enseñar a sus hijos los ru- 
dimentos de la fé, i la lengua castellana ; lo cual embebe tam- 
bién una razón de justicia, que se funda en que los caudales 
de la caja jeneral de censos, de donde sale la dotación del co- 
lejio, pertenecen igualmente a todos los indios, i no solo a los 
caciques i nobles. Otros, por el contrario, han opinado que 
aun el establecimiento de escuelas en los pueblos puede traer 
perniciosas consecuencias, i que los indios deben ser instrui- 
dos solamente en la doctrina cristiana, pues cualquiera otra 
enseñanza es mui peligrosa ; respecto a que desde la conquista 
parece no ka habido revolución de esos naturales, que no proceda 
de alguno mas instruido. 

Viendo, pues, S. M. la diversidad de estos dictámenes, quiere 
que V. E. examine con aquel escrúpulo i atención que requiere 
la gravedad e importancia del asunto, las razones que quedan 
indicadas, i las demás que tenga por conducentes; i que en 
vista de iodo, procediendo por si solo i con toda reserva, es- 



968 ILUSTRES AMERICANAS. 

ponga su dictamen sobre la estincion, continuación o refbi 
que corresponda hacer de dicho colejio. Dios guarde a Y. 
muchos años. San Lorenzo, 24 de noTÍembre de 17 
Marques de Sonora.— Señor virei del Perú.— G. R. 



XXXVIII. — De la influencia de las mujeres en laso* 
dad; i acciones ilustres de varias americanas. 



— — Vosotras poseéis el fuerte encanto 
De inspirar la virtud a una mirada. 

Vera. 9 

Sin embargo de que muchos célebres escritores han trati 
con alguna estén sion de la influencia que ejerce el bello se 
en las costumbres, la gloria i la felizidad de las naciones, i 
ha parecido oportuno tocar esta materia, aunque con la posil 
brevedad, para tener ocasión de consignar en nuestra ol 
varias acciones de nuestras amables compatriotas, que o | 
8 ubi i mes, o por jenerosas, merecen conservarse en la memo 
del tiempo. 

La providencia, al crear a la mujer, parece haberse propu* 
to por objeto colocarla como de mediadora entre la aspen 
natural i la capazidad sentimental del hombre. La beüc 
i la elegancia de su figura, su graciosa vivazidad, suadul» 
encantadora, su prontitud en concebir, su fecunda invenir 
i el poder de agradar, son los dotes que recibe la mujer de 
naturaleza, en cambio del mayor grado de fuerza i robi 
tez con que se presenta el hombre. Su imajinacion, mas i 
diente que la de este, autora a vezes de sinsabores i desgi 
cias, en jeneral la hace mas sensible, modesta, dócil ; la ii 
pira en mas alto grado sentimientos de benevolencia, de am< 
i ternura ; i si por una parte la hace mas susceptible de esti 
víos, por otra también la predispone a ser mas virtuosa que 
hombre. Siempre pronta a ejercitar su beneficencia, se c 
leita en aplicar uu bálsamo saludable a las heridas de los d< 
graciados : la cama del enfermo i los calabozos son antigu 



• V. Contestación del ejército libertador del Perú alas chilenas. 



ILVSTKF.S AMERICANAS. 3Gíl 

testigos de su bella índole. " Por el capitán Carver, i otros 
enteres que han descrito las costumbres de las tribus salvajes 
ásl aaevo mundo," dice Gisborne,* " tenemos noticia del afecto 
conyugal imatenial de las mujeres entre los indios de la Amér- 
ica septentrional ; i esta cualidad es tanto mas señalada en 
aquellas relaciones, cuanto que el lector no puede dejar de con- 
trastarla con la triste apatía de los hombres. £1 almirante Byr- 
oa, en la narración que hace de 'las calamidades que él i sus 
compañeros sufrieron después de su naufrajio cerca del estre- 
cho de Magallanes» menciona varios hechos de la compasiva 
benevolencia con que fueron tratados por las mujeres de las 
fuuttas indianas que los conducían ; hechos que, como los an- 
teriores, se presentan con todas las ventajas del contraste. 
Por no multiplicar autoridades i citas sobre una materia que no 
si dudosa en sí, i que difícilmente puede serlo para el lector, 
a* limitaré a insertar, con preferencia a todo otro testimonio, 
la declaración de un hombre que, como Ulises en otro tiempo, 

•* - Mores hommum muUorum vidit et urbes ;" 



kbia viajado por rejiones mui distantes entre sí ; que era 
mea observador, i habia esperimentado en casi todos los pai- 
m que visitó el mayor peso del infortunio. Espondré su sen- 
tir en sts propias palabras. " Constantemente he notado f 
fie las mujeres en todos los países son urbanas, atentas, in- 
aJjentes, i humanas ; que están siempre dispuestas a ser ale- 
líes i joviales ; que son medrosas i modestas, i no vacilan, 
como los hombres, para hacer una buena acción. Sin sober- 
bia, sin arrogancia, sin altanería, son en estremo corteses i 
umntes de la sociedad ; por lo común son mas frajiles que el 
hombre, pero en cambio también son en jeneral mas virtuosas, 
i hacen mayor número de acciones buenas. Jamas me he dir- 
jjido a una mujer, salvaje o civilizada, en términos decentes 
i aütosos que no me haya contestado del mismo modo. Con 



• V. An inqniry into the duties of tbe female sex. London, 1T97. 
t V. Acocas* of Mr. Ledyard in the proceedingsof the aMOcUtion fbr 
aakisf d is fl o v e rie s in the imterior parto of África. Loados, 1T00. 

n b 



370 ILUSTKES AMERICANAS. 



el hombre me lia sucedido muchas vasas lo «ostiario, li- 
gando por las áridas llanuras de la inhospitable Dinaatarea, atr 
la honrada Snecia i la helada Laponia, por la agreste Vhriaadb, 
la inculta Rusia, i las inmensas rejiones del tártaro 
«i tenia hambre, sed, o frío, si estaba mojado o 
siempre me han socorrido i favorecido uniformémoste lasma» 
jeres. Agregaré a esta virtud, tan digna del nombre de W 
nevolencia, que hacian aquellas aeeionas con tanta 
i cariño, que cuando estaba sediento, bebía el nsai 
i cuando hambriento» comia coa doble gusta el b o ca d o oaaV 



nario." 



Con su trato i ejemplo suaviza i mejoim ia mujer ios 
les, las disposiciones, i la conducta del otra seso. 8a 
zacioa mas delicada, haciéndola comunmente menos apta pam 
perseverar en la ejecución de empresas arduas, qaa 
mucho tesón i enerjía, le eefiala casi siempre par 
de sus operaciones el tranquilo i deliciosa circulo da la-rits 
doméstica. A la manera de manso? arroyuelos, que ameni- 
zan los valles con un silencioso abandono, el mayor numero 
de las mujeres recorre la escena del mundo, embelleciendo los 
dias de sus padres, hermanos, i de cuantos las rodean, sin otrs 
pretensión que la de agradar. Sus encantos distraen al literato 
i al hombre de negocios de las ocupaciones serias, que quisa 
por amor a ellas emprendieron, estimulándolos para proseguir 
sus tareas con nuevo ahinco. En suma, son las amigas de 
los jóvenes, las compañeras de los hombres maduros, i las 
nodrizas de los viejos i de los niños. 

De aquí es que en todos tiempos han tenido tanta influencia 
en el destino de las naciones, cuyo estado ejerce también re- 
cíprocamente un grande influjo en la suerte de las mujeres. 
La libertad i el despotismo, la civilización i la barbarie, obte- 
niendo alternativa posesión de la tierra, dulzifican o acibaran 
la existencia del bello sexo. En Francia i en Inglaterra» en 
donde la sociedad ha llegado al mas alto grado de cultura, ea 
universal su dulze imperio; i a medida que la educación des- 
plega sus grandes disposiciones naturales, va también en au- 
mento el justo homenaje de aprecio i de consideración que 



ILUSTRES AMERICANAS. 971 

attí te tributa a la mas bella parte de nuestra especie. Pe- 
nando al estremo opuesto, vemos que los salvajes dan a las 
superes el trato atas inhumano. Los indios errantes, los ho- 
ftentotes, i demás bárbaros gradúan el mérito de la mujer co- 
mo nosotros el de la bestia de carga : su constancia en el mas 
dtno trabajo» i su resistencia en las mayores fatigas, son las 
cantidades requeridas, por sus perezosos amos, para coneider- 
tjtnn buenas esposas e hyas. Aun en semejante estado de 
dará esclavitud i miseria, manifiestan su superior sagacidad i 
snoelante Inclinación, i por medio de ellas obtienen influjo. 
8a docilidad i sumisión doman a vezes la feroádad de aquellos 
sttaionca de piedra. ¡ Cuántos hombres civilizados no deben 
tu vida a la intercesión de aquellas desdichadas ! Cuando 
tu rungos eran inútiles, ¡ cuántas no se han espuesto a la 
de sus tíranos, por libertar a las victimas que iban 
! 

Xas el carácter de madres e instructoras de la juventud, es 
si que acaba de dar a las mujeres la mas alta importancia entre 
Its naciones civilizadas. Nadie duda del dominio que ejercen 
ks primeras impresiones durante el resto de la vida : por con- 
tguiente nada puede interesar mas a los estados que el pro- 
míe aquellas impresiones sean buenas. £1 bello sexo 
a ser como el sembrado, en que el otro receje las semi- 
ta* de sos preocupaciones, de sus vicios i virtudes : de aquí 
k necesidad de perfeccionar en lo posible su educación. 
Hablando de los franceses, dice así J. J. Rousseau : " Nun- 
« serán loe hombres otra cosa que lo que quieran las mujeres ; 
i por consiguiente ti te aspira a que lleguen a ser grandes i 
es necesario comenzar por enseñar a aquellas en lo 
la grandeza i la virtud." Una corta dosis de pe- 
basta para convencernos de que esta verdad es de 
n universal. Los ingleses se han esmerado siem- 
en la educación de las mujeres; i por esto vemos 
tt costumbres esceden en pureza a las de los otros pue- 
St un error, que desgraciadamente tiene todavía bas- 
aoojida, el suponer que la ilustración perjudique a su 
En ellas, como en los hombres, producen las lu- 

B 1) 2 



1372 ILUSTRES AMERICANAS. 

zea unos mismos efectos : las mas instruidas son tambii 
mas virtuosas : lo son por convicción» por el conocimient 
tienen de sus verdaderos intereses. Las que carecen de 
ventajas sucumben con facilidad. 

No hace, sin embargo, muchos años que aun en Ingk 
i en Francia se creia que las facultades mentales de la i 
tenian sobrado campo para ' su desarrollo i ejercicio en 1 
trecha esfera de los asuntos domésticos ; i se creia esto 
sar de lo» repetidos i recientes ejemplos que presentaba 
señoras Montagu, Dacier, Sevigné, i otras, de la altura i 
es capaz de elevarse su injenio. Se juzgaba que los est 
serios, no solo eran superfinos sino perjudiciales al bien- 
de la mujer ; i estaban casi enteramente monopolizados { 
otro sexo. Al fin se empezó a hacerlas justicia. Tañí 
los seminarios, como en la enseñanza privada, se introduj 
lado de las adquisiciones de mero adorno, la instrucción 
da, que ilumina el entendimiento i fortifica el espíritu. . 
mas de las palpables utilidades morales que en ambas n 
nes ha producido este. sistema equitativo i benéfico, lia d 
vuelto también taletitos estraordinarios : en una i otra s 
cuentra en el día un numero considerable de señoras que 
brillado en el mundo literario, i aun trepado el Parw 
competencia de los primeros poetas del siglo. Es de d 
que resultados tan lisonjeros promuevan la adopción de 
les medios en otros países. 

£1 entendimiento de la mujer, mas fino que el del hoi 
percibe con mas rapidez, penetra mejor las diferencias d< 
das de los objetos, i, debidamente cultivado, suele pro 
resultados asombrosos. Adornan el catálogo de los s 
los nombres de muchas señoras ilustres, que a vezes han 
Indo i aun escedido a los hombres en la espinosa carreí 
las ciencias sublimes i de las bellas artes. " Una inte 
cía superior," dice el señor Jouy,* " ha empuñado en 1 
las edades el cetro del pensamiento ; sucesivamente ejerc 



* La monde appüquée i la politiqíie ; par E. Jouy. Paría, 183 



ILUSTRES AMERICANAS. 373 

este imperio en Francia, Descartes, Corneille, i Voltaire. 
¿ A qué hombre pertenece en el dia ? Entre tantos méritos 
¡guales, entre tantas glorías paralelas no me atreveré a pro- 
nunciar el fallo. Si me obligaran a elejir, yo adjudicaría la 
palma, i proclamaría, sin vacilar, por el primer injenio del si- 
glo a una mujer que ya no existe, a madama de Staél. No 
se alucino mas que otro alguno acerca de los errores de esta 
célebre escritora. Conozco la estravagancia de varias de sus 
•pinioues en moral, en política, en literatura. Con todo, creo 
fue ningún autor de este tiempo ha dejado en sus obras hue- 
las mas profundas i luminosas. Ella ha sabido vivificar su 
sitilo; ha pintado con calor, i esplicado con elocuencia algu- 
nos de los arcanos de la metafísica ; i ha hecho aparecer con 
brillo aquella filosofía del septentrión, cuya oscuridad es tan 
triste i tan desconsoladora. En si misma encontró la fuente 
de su talento ; i sus ideas independientes han efectuado una 
reacción sobre las ideas del publico." 

Abrase en cualquier parte la historia antigua o moderna, i 
•no solo encontraremos allí multitud de ejemplos que acreditan 
lm influencia del sexo delicado sobre el fuerte, sino también 
• mu l ti tud de modelos de constancia, magnanimidad i valor, de 
Ipresenc^a de ánimo, i sufrimiento en los peligros. 

" Las sagradas escrituras manifiestan," dice Jouy,* " que 
los judíos, hombres sensuales i groseros, moderaban sus cos- 
tumbres crueles i fanáticas por la atractiva inocencia de sus 
mujeres. Las hijas de Sion se parecían, según la compara- 
ción bíblica, a las fuentes de agua viva en las rocas de Ghi- 
ser: sin las Saras, las Rutes, las Raqueles, aquellos hombres 
sanguinarios habrían sido unos monstruos de crueldad. 

** Lo mas tierno i amable que se encuentra en la historia del 
pueblo de Dios, se debe a las mujeres : era una madre aquella 
Ufaras " que no quería la consolasen por la muerte de sus 
"hijoa: vivia solitaria, i su dolor temía el alivio." Eran 
también hijas de Israel las que en el cautiverio cantaban tan 
patéticamente lo que sigue : 
" Sentadas a la orilla de las aguas de uua tierra estraña 



• La morale appliquée a la politique, &c. 




«n que el 

• Im cadáveres i 

dispersadas laa 



■ que se dealiiabaí 
* el estranjero que can 
» terrible placer. ¡ Antes i 
mw jatos que pulsar, para qu 
auna cuerda de la harpa de lar 
■«■*■•: te dejo de las ramas del 
■asar, que sea libre : la voz dé I< 
■ seariari jamas con tu dulze i 
■santo un hombre acentos tan t 




histórica basta para hacer 
i •*(*> sexo entre los amigaos ; 1 
<iaóaa a las mujeres fueron virtuc 
.v» LfU* las esclavizaban vivían en' 
macana* de sus maridos, i estos lo 
la» espartanas fueron libres i venen 
¿«posos e lujos ; todas estaban en c 
!o uño la mujer de Leónidas a un 
i sorpresa al ver la igualdad que 
" aquf no se echa en olrid 
suatos ras madres de los hombres." 
encontramos la ¡afluencia del be 
.* griegos aquel amor sublime de 1 
■ inmortalizar su valor en la de 
i producir obras maestras que Hei 
remota posteridad T a quién debí 
[uínos, i su libertad T quién 
de Corialano? quién dismi 
nociones de Mario i Sila? ¿ Podi 
wat l iris del cristianismo; las europt 
viada», i de la caballería andante ; 
"..,..-.. i las españolas al tiempo i 
por Bonapartcf Las fram 
VII; las suiías, las hol 



1 



ILUSTRES AMERICANAS. 375 

^ Vttuglesas i las alemanas, ¿ no sobresalieron también por sa* 
tttades cívicas, su jenerosidad i desprendimiento durante la* 
RRgrieatas convulsiones político-relijiosas de aquellos países? 
(Qué lecciones; tan admirables, qué ejemplos tan honorínV 
tm i nuestra especie nos ofrecen las mujeres en esa revolu- 
tos de Francia, tan terrible en sus consecuencias inmediatas 
•sao benéfica a la presente i las venideras jeneraciones ! 
la» Ritmas mujeres que tanto contribuyeron a acelerar la 
•poca de aquella revolución, i tanto se distinguieron, después 
fas estalló, por su frenética decisión a favor de las formas 
ésRoeiáticas, son las que en el reinado del terrorismo dieron, 
, p l sis nauaciar a sus principios, las mas relevantes pruebas de 
£| grandeza de alma. " Durante aquellos dias de luto," dice el 
salar Jouy, " se trasformaron las mujeres en ánjeles de valor 
tsheeasuelo; i daban a los hombres ejemplos de las mas 
ssfóioas virtudes. Aquí se veia una esposa muriendo con su 
■Mido que no pudo salvar ; mas allá una hija liberta la vida 
•» su padre esponiendo la suya propia ; otras mil se disputan 
4a|acer de dar asilo a los proscritos, que apenas conocen, i 
} m sR detenerse a examinar si el cadalso ha de ser el premio de 
J si jenerosidad. Todas se consagran a porfía al alivio de Ion 
Regraciados ; su existencia ya no es mas que una vida de 
■sor: aingu» temor las- detiene, ningún riesgo las asusta : 
se perciben nr nno ni otro ; solo ven el peligro ajeno." 

Mas, ¿ para qué mendigar de la historia de otros pueblo* 
Rédelos que ensalzan el carácter del bello sexo? acaso carece 
él siles 1 la de nuestra gloriosa lucha por la independencia ? 
aéjsa da esto, hallamos a cada paso acciones sublimes quo 
safaian a las americanas un puesto eminente entve las mujer- 
es ana* distinguidas del mundo. La decisión que desplegar- 
ssvper la cansa de su pais; sus jeuerosos sacrificios para 
arla; su impertérrita constancia en los mayores reveses ; 
vivo entusiasmo a favor de los defensores de la patria, con 
competían a vezes en valor ; la noble humanidad que 
cesar desplegaron acia los vencidos ; son hechos por si 
■ate suficientes para honrar al bello sexo americano, i hacer- 
aa« capases de graduar el influjo que ejerce en los destinos de 
su pais. \ Demasiado tiempo hatrtis pasado marchitándoos 



370 ILUSTRES AMERICANAS. 

en la oscuridad, oh amables i queridas compatriotas ; igial- 
mente olvidadas por unos, i calumniadas por otrosí ¡Ahí 
quién pudiera, celebrar dignamente vuestras altas virtudes 1 
Quién pudiera esclamar con Ossian í " j El trovador eos- 
servará vuestros nombres, i los trasmitirá a las edades leja- 
nas !" 

Entre la multitud de acciones interesantes que hermoseas 
la carrera de nuestra revolución, es difícil elejir. Aun antes 
de aquella época se proporcionó a las bellas arjentinas vas 
ocasión de señalar su consagración al país de su nacimiento. 
La invasión del Rio de la Plata por los ingleses en 1800 i 1801 
desenvolvió en ellas el jérmen de esta virtud. " Mujer hubo," 
dice el doctor Funes/ " cuyo postres adiós fué decir a ss 
marido: no creo que te muestres cobarde ; pero ti por desgracio 
huyes, busca otra casa donde te reciban." No satisfechas coa 
exortar i animar a los hombres a la resistencia, se precipi- 
taban en medio de la carnicería del campo de batalla ; distin- 
guiéndose entre todas dofia Manuela Pedraza, quien fué 
premiada, por su heroicidad, con el grado de teniente. Ba- 
tidos los ingleses i prisioneros, tuvieron ocasión de conocer, i 
han confesado, que no es fácil esceder la jenerosa hospitali- 
dad de las porteñas.f 

« 

Vino luego el dichoso dia en que Buenos Aires sacudió las 
cadenas que la ligaban a la Península ; i desde entonces se 
abrió un campo inmenso al patriotismo de sus hijas. Su de- 
sinterés ya no conoce límites : las joyas de las ricas, el tra- 
bajo de las pobres, el entusiasmo de todas socorren al tesoro 
nacional. Los papeles públicos, recordando las acciones 
ilustres de aquellos dias en que rayó la aurora de la libertad, 
han conservado los nombres de tantas señoras que contribu- 
yeron con mano pródiga a la defensa de la causa de la patria. 
Las madres escitaban a los hijos, las hermanas a los herma- 



• V. Ensayo de la historia civil del Paraguai, Buenos Aires i Tucu- 
man; tom.iii. Buenos Aires 1817. 

t V. Narrativo of Sir Home Popham's expedition to the River Píate, 
with an account of the evenU coonectod with tbe subtequent lou of 
Buenos Aires, &c. Lond. 1807. 



ÍLI'STKKS AMERICANAS. 377 

■09, las esposas a los esposos, para que arrostrasen los peli- 
gros i sostuviesen la independencia. No pudiendo, por bu 
constitución, tomar las armas, las Quintanas i Escaladas, las 
Buhardos i La Salas, las Castellisi Peñas las Sanhez, e Igarza- 
bal, ¡otras varias concibieron lajbella idea de presentar fusiles al 
gobierno para que se repartiesen entre los defensores de su pais ; 
aplicando se grabasen en ellos sus nombres para estimular al 
guerrero a no perder aquella prenda de la estimación i con- 
fuza de sus conciudadanas, i para conferir a estas el derecho 
ds reconvenir al cobarde que hubiese abandonado el arma, 
qs* debía repeler al enemigo.* Las calamidades de esta 
gaerra ofrecieron a las porteñas nuevos medios de estender su 
■ano consoladora a los desgraciados : los prisioneros espa- 
lóles, los proscriptos de los diversos partidos, todos sin 
«acepción recibieron pruebas de su compasiva beneficencia. 

llegado el primer ejército auxiliar de Buenos Aires a un 
poto de las inmediaciones de Córdoba, en que debia mudar 
caballos para pasar adelante, se presentó al jeneral en jefe, 
dos Antonio Balcarce, con el número suficiente de estos 
animales la viuda del maestro de posta, i le dijo : " Mi jener- 
al, acepte Y. 3. estos caballos para el servicio de la patria." 
Aquel jefe, sabiendo que ellos constituían todo su patrimonio, 
ekyi6 su desinterés, pero al mismo tiempo la hizo ver que las 
cwcunstancias no ezijian semejante sacrificio, i dio orden al 
comisario para que la pagase. " Pues bien,'* replicó, " ya 
que V.S. no los necesita por aora, considérelos siempre como 
propiedad pública : disponga de ellos cuando la salud del 
ptu* lo exija; yo los cuidaré mucho con este objeto. Llévelos 
V. 8. basta donde guste ; pero le ruego que no me confunda 
lajéate mercenaria, i no me agravie ofreciéndome dinero." 
lo de este rasgo de patriotismo, quiso el jeneral 
potsuadirla que sus deberes de madre de familia merecían la 
preferencia sobre todos los demás. " No," le contestó, 
— aaia bienes, mis hijos, mi persona, todo pertenece a la 
todo lo debo a ella, i todo lo sacrificaré gustosa por 



• V. Oawta ministerial de Buenos Aires, de junio 36 de 1812. 



378 iLumns amkucawa*. 

sh felizidad i por bu gloria»" A esta elocuente esposicion é$ 
sus bellos sentimientos no habla respuesta que dar : se le ese* 
cedió lo que solicitaba; i al frente de sus peones tuvo eHals 
dulae satis&eeioa de tatapettar el eféroíto grmtuhaateat»SBS# 
la- siguiente poeta* Un testigo de vista* persona de todo ejé< 
dito, que nos ha favorecido coa la relación de este pasaje* w» 
ha pocfido, por desgracia, acordarse si del higas de 
ni del nombre de aquella buena patrióte* 

"En setiembre de 1818 pasaba el ejército auxiliar deBí 
Aires por la posta de Monogasta,en la jurisdicción deSaatisjt 
del Estero. El representante del gobtarntfdon Juan José CeateJaV 
con el jeneral en jefe i otros oficiales de s» comitiva; éntraosla 
eHa a descansar mientras se hacia- el reletorde caballos pass 
continuar su marcha. La casa de la posta- i lasJenteequesJ 
habitaban, eran un retrato de la miseria, que a c*ds> pajsj 
aflije en nuestros campos lá vista del viajero, haciéndote pen- 
sar involuntariamente en los efectos que causa na gttbwrttt 
establecido a miles de leguas de distancia, i que, 
conducta de los salvajes del Canadá, do cOtíocte otros* 
de recojer el fruto, que destruyendo el árbol que k> pittdbee. 
Parecía imposible que en este asilo de la indijencitf, hubiese 
un alma espansiva capaz de salir de la humilde esfera en que 
se presentaba allí la raza humana, i remontarse hasta lo suUh 
me del entusiasmo patriótico^ Éntrelos que habitaban a quell a) 
choza, Hamaba la atención por su notable ancianidad asar 
mujer, que desde que vio la luz, nunca se había alejada' 
hasta perder de vista el lugar de su nacimiento: Trasportada 
de gozo al saber el destino de sus huéspedes, tomó eon s* 
trémula mano una flor del campó, i la presentó al sefior Cas> 
telli : este la recibió con espresivo agrado, i movido de h* 
natura] curiosidad que escitaba la abuela de aquella humilde 
familia, la preguntó cuantos años tenia : su contestación fué- 
una sonrisa, i nadie conjeturó al principio su motivo ; peto 
instándola mucho a que no le dejase en duda sobre su edad, 
le dijo, " señor f yo no soi tan vieja cesta perneo : no ementa 
sino cuatro míese* de edad*" Esta respuesta sorprendió a Ces- 
telli i a toctos los circunstantes; i estrechada la vieja a eapli- 



ILUSTRES AMERICANAS. 3W 

•a* el enigma, afiadió : " Sí, «rifar, náti ti 26 de sisys ;+ 
ifffa aUtttce* t» he vivid» um mío dku" Al decir estes- pala- 
bns> la naturaleza animaba su voz, i su semblante surcado 
por el tiempo brillaba de una alegría, que interesaba; aun 
■as qae la qm acompaña a Teses la belleza en la primavera 
ds la vidaV't 

Antea de proseguir con la relación de hechos patrióticos 

igualmente- admirables, no queremos privar a nuestros lector* 

«de tffl «asgo de- amor filial, con que una mujer lavó la 

sftunm de bajeza, que por lo común se supone inseparable da 

■ servidumbre. En 1815 había en Buenos Aires un caba> 

Otro ingles' que taro conocimiento con una esclava, a quien 

essvó macha afioio», tanto por su interesante figura como por 

subven** sentimientos, mui superiores a los que en jenerai 

tssteft esas miseras victimas de nuestra codicia. Por ultimo 

te ofreció los quinientos pesos en que estaba tasada, para 

flete libertase. Ella le dio las gracias, i le manifestó que 

s0 podía hacer uso del dinero en su favor ; mas insistiendo 

afnel ev que aceptase su oferta, i estrechándola a que declar- 

see el motivo de su- resistencia, le dijo, bañada en lagrimas : 

u {Podré yo gozar de los beneficios de la libertad, mientras 

mi ssadne sea esclava?" '* Haz, pues, uso de este dinero para 

libertar a to madre/' la contestó sorprendido el estran ¡ero : 

M tómalo i cumple tan sagrado deber." Entonces admitió 

los* quinientos pesos; i enajenada de gozo, voló a ponerlos a 

lición de su ama. En consecuencia quedó libre la madre 

la hija, no por falta de jenerosidad de parte de su 

í, sino porque estimaba tanto sus buenas cualidades, 

|M * ningún precio quería perderla; i así era tratada en la 

no como criada, sino como compañera. 

f Qtfé de ejemplares brillantes de consagración patriótica no 

las mujeres de Chuquisaca, Cochabamba i la Pas ! 

qae estalló la revolución en estas ciudades, se vio al 



" Dia ea que Buenos Aires hizo en el afio de 1810 su gloriosa revolu- 
de la revolución, No. 4. Santiago de Chito 18Se. 



ILUSTBBS AJfBBUKAKAfi. £4$ 

neA* 1 * triunfo mientras los paseaban eiaxadosealas bayone- 
tas f° T *%s calles ensangrentadas ? 

1* ^Uducta de las paceñas en aqnellos días de dolor no se 
jasíe alabar lo bastante ; : en ellos, eoino en los de prosperi- 
•A ftieaipre fieles a sus principios» bizieroa los últimos 
•Afíot, ya para restablecer el aimulaero de la patria, ya 
mi fin aplacar la ira del desnaturalizado Goyeaeche: con una 
*¿\ Mío remitían secretamente auxilios a los patriotas, con la 
Ira prodigaban oro a los españoles para salvar de su veugen- 
feaius conciudadanos. Antes í después de la batalla de 
leaqiri, antea i después de las de Vilcapujio* i Wiiuma,t 
asaque obserradas en axis menores movimientos i vejadas por 
4s espías de Ramírez, de Sánchez Lima,tdel feroz Rica£ort,í 
as sMatuTÍeron siempre firmes, siempre fuertes. Todavía 
después del ultimo desastre que obligó al grueso del ejército 
i nd e p e ndiente a evacuar todo el Alto Perú, tuvieron valor de 
mantener comunicación coa los vencidos, i siguieron contri- 
buyendo a su reorganización. Unas equipaban i aconsejaban a 
«as hijos que pasasen a reunirse a aqnellos, otras fomentaban 
la intrepidez de las guerrillas que habían quedado en las cer- 
canías : todas empleaban los mayores artificios, i apuraban 
m natural injepio para engañar el enemigo i salvar la patria. 
Sinos abstenemos de nombrar aquí a las sefioras de la Paz 
ese nina sobresalieron, es por temor de comprometerlas. 
¡Quiera preservarlas el cielo para que vean libre a su país, i 
Juemjqaa, publicados sus nombres, les ofrezca todo americano 
«1 tributo de admiración i de respeto a que ciertamente son 
«m enduras! 

Aní como en la Paz i Cochabamba, gustaba también en 

untará al bárbaro Geyeneche de aplaudir desde el balcón de 

los horrorosos atentados cpn que ultrajaba a la uatur- 

Asf en aquellos lugares como en este último se conv- 



por el jeaexal español Pezmela, el primero de octubre 1813. 
t Perdida por «1 jeneral arjentino Roudeau, el 28 de noviembre 1815. 
f Oaneinadoits españoles de la Paz. 

| Brigadier español, i presidente del sanguinario tribunal de purifica- 
estableeido por Pesuela. 



ILUSTRES AMERICANAS. 385 

*tente superiores; con decir esto, repetímos, ¿habrá 
tibiera disputar la palma de constancia i heroísmo a los 
^sabinos ? Las cenizas de las víctimas que sacrificaba 
gotismo parecían enjendrar nuevos defensores de los der- 
• de América. 

" No, no defienden los injustos fueros 
De un avaro señor, ni los palacios 

De un déspota orgulloso 

Sus hogares, 

Su rustica inocencia, sus costumbres. 

Tales son los derechos, que inflamando 
Su puro corazón, a guerra eterna, 
A la lid los provoca i la venganza." • 

mos traído a colación los antecedentes hechos con el in- 
de poner aun mas en claro el poderoso influjo que tuvier- 
s mujeres durante esa carnizera e interminable lucha. 
1 principio de ella habían las cochabambínas demostrado 
•dor su adhesión al nuevo orden de cosas. A la mano 
os un sin número de rasgos eminentes i verídicos, que 
itorizan a asegurar que las señoras de Cochabamba han 
pujado en virtudes, si posible es, a las demás americanas, 
promovieron con su ejemplo las ínclitas proezas de los 
rea ; han sido sus rivales ; i se han inmortalizado por 
nuedo que, en nuestro concepto, carece de paralelo. 
|ui una prueba. 

ligado el jeneral Pezuela en 1815 a hacer un movimiento 
¡rado con el grueso de su ejército por las operaciones del 
i Bondeau, i precisado a concentrar todas sus fuerzas 
resistir a los patriotas, solo pudo dejar en Cochabamba 
aquella guarnición de tropa veterana : todos los cocha* 
moa capazes de disparar un fusil estaban ya, o incor- 
taa, contra su voluntad, a las filas del enemigo, o inquie- 
te en partidas de guerrilla ; pero los mas se habían agre- 
a). ejército independiente. En resumen, en aquella ciu- 



^k 



• V. El Espaftol eotttitncional, No. XIV. 

C c 




TRES AMERICANAS. 987 

mes heroicas un captado separado. La 
moles lograron penetrar al Tueaman, 
6 en mucha parte la victoria a la oo* 
dadas hijas ? No se las vio en grupos 
. campo, i escitar el entusiasmo de los 
? Jamas se olvidará la decisión a toda 
lanifestaron por la causa de su país* 
linas, i otras. ¿ Es probable que algo* 
nta Cruz sin recordar la devoción i al 
eres ? Precisados repetidas Teses los 
ciudad a emigrar para sustraerse a la 
ellas les acompañaron a las ardientes 
e la frontera del Brasil ; a las elevadas 
idas del Perú ; sobrellevando con te* 
íiciones militares enormes fatigas i pri* 
s i animándolos. 

íeses que el jeneral San Martin estovo 
le los restos del ejército arjentmo qno 
i catástrofe de Wiluma, recibía con re* 
:tas de la situación i fuerzas del eneró» 
a señora de Salta, cuya ciudad estaba 
los españoles. Esta señora era obse» 
Castro, americano iluso, que mandaba 
¿alistas, i que había contribuido, qaixá 
las desgracias de los patriotas, así por 
:> por el completo conocimiento que ta- 
se hacia la guerra, Pero su orgullo, 
mso, todo cedió a las lágrimas de sa 
o enemigo de nuestra cánsale convirtió 
lidos defensores. La mutación de Castre 
término a la guerra, si un compañero no 
¡reto. Descubierta la conspiración» casi 
llar, fué preso aquel, i pasado por las 

an Martin hacia en Mendosa esfuerzos 
»1 ejército que después libertó a Chile, 
[según su propio testimonio) el apoyo 

c c2 



ILUSTRES AMERICANAS. 

ais firme. Ea aquella época aciaga de la revoluciooveui 
los espolióles eran dueños de Venezuela i Cuadinamarea, 
casi todo Méjico, del Perú i Chile, laa señoras i las i 
das de Mendoza, las hacendadas i las jornaleras, mozas i 
jas se disputaban el honor de ser las primeras en mejor 
condición de loe defensores del país. Las dificultades i 
contaban su entusiasmo: unas renunciaban a sus plae 
otras a laa ocupaciones de que sacaban la subsistencia, 
consagrarse enteramente al servicio de la patria. Por ■ 
de una suscripción lograron reunir un completo i magí 
serricio para el hospital : las delicadas manos de laa sel 
prepararon las hilas, los vendajes, <fec. ; las madrea de fa 
erogaban donativos cuantiosos para la manutención, el 
i aun las comodidades del ejército : sus casas eran tallen 
que gratuitamente asistidas de las pobres, se cosían laa < 
sas i demás ropa. ¡ Qué humanidad no manifestaron . 
emigrados de Chile, i mas tarde a los prisioneros de g 
españoles ! Muchos existen aun ; a ellos apelamos pan 
certifiquen la jenerosa compasión con que fueron tratada 
las sensibles mendozinas. Entre las señoras que mas se 
ditaron por sus virtudes, merecen particular mención, la 
sa del jeneral San Martin,* las Corbalanes, las Correa 
Ortizes, i otras varias. 

Al otro lado de la cordillera ofrece la guerra de ernai 
cion resultados no menos admirables. Sacrificios sin nfi 
igual entusiasmo i constancia, aseguran a las chilenas 1 
putacion de buenas patriotas. Después de la funesta ja 
de Rancagua,f ellas mostraron una resignación ejes 
prefiriendo abandonar sus hogares, mas bien que someto 
sus barbaros invasores. Entonces se convirtió su entusi 



• Dala Bemediof Escalada de la Quintana, afta de Buenos Air 
* las damas señoras el noble ejemplo de vender sus adérenos da día 
i otras joyas para subvenir a las necesidades públicas. V. Biogra 
jeneral San Martin. Load. 1823. 

♦ Los patriota! de Chile perdieron esta acción el primero de c 
de 1814 ; 1 ea su consecuencia se posesionaron los españoles de 
sais, de que tomé el amado el jeneral Osorio. 



ILVSTRKS AMERICANAS». 3ü» 

tiltil ya para escitar a los guerreros, en un esmero incesante 
am aliviar loa sufrimientos de sus compatriotas. En el paso 
••los Andes, atravesaron la nieve i padecieron las mas crueles 
privaciones con entereza. Durante aquella penosa emigración 
(prolongado destierro,* ¿quién os igualó en actividad e indus- 
tria* fncHtas chilenas, para socorrer -a los compañeros de vues- 
tra triste suerte ? Restituidas a Chile ¿ qué razón tenían los 
■soladores de vuestro suelo, para esperar la generosidad con 
ase loa tratasteis? Inexorables en la victoria hasta con el 
sexo débil, hallaron en él, después de vencidos, los mejores i 
■na tiernos abogados. £1 gobierno habría descargado repe- 
lidas veses la espada de la justicia sobre las criminales cabe- 
asa de los españoles i satisfecho la vindicta pública, a no 
intercedido por ellos las mismas mujeres que tanto ha- 
ultrajado con su inicua conducta. 
Cañado ocupó Osorio a Chile, varios patriotas distinguidos 
tenido que quedarse ocultos, unos por sus achaques. 
i otros por falta de cabalgaduras para ponerse en salvo ; mas 
habiéndose publicado una amnistía jeneral, volvieron algunos 
al samo de sus familias. De allí a pocos dias, cuando aquel 
jasa creyó asegurado el fruto de su usurpación, dio a conocer 
•am perfidia i mala fé, e imitando a los demás de su nación en 
aa conducta respecto de los americanos, un mes después de 
ganado la batalla de Rancagua, hizo prender a los prin- 
vecinos de la capital. Temeroso, empero, de exas- 
pueblo, que impaciente sufría su yugo, no se atrevió 
ir la sangre de sus víctimas, i se propuso inmolarlas 
asi modo menos violento ; a fuerza de molestias i privacio- 
u Los mas acreditados patriotas fueron enviados a la de- 
isla de Juan Fernandez sin permitírseles otro recurso 
satisfacer las primeras necesidades de la vida que una 
de soldado raso por persona ; i negó a sus hijas i espo- 
el permiso de consolarlos con su compañía. Cuarenta i 



**4 .-* He regresaron a Chüe hasta después de la memorable batalla de Cha- 
t tanaca» jasada por el jeneral San Martín el 12 de febrero de 1817. En 
de batalla se halló tina mnjer muerta de nn balazo. 




ILUSTRES AMERICANAS. 391 

(jubila joven, obtuvo a tuerza de lágrimas i ruegos» i vali- 
t ia amistad de Sir Thoinas Staines, comandante de la fra- 
de S. AI. B. la Bretona» que el capitán de la ^corbeta Se- 
tana la permitiese seguir a su padre. 
ra este el septuajenario don Juan Henrique Rosales, ciu- 
ao respetable que había llenado los primeros empleos en 
e, i estaba a la sazón mui enfermo. Rosario es el nom- 
le su hija, de este modelo de amor filial, cuyos desvelos, 
n la navegación como en el destierro, fueron incesantes 
aliviar los padecimientos de aquel infeliz, que se habían 
sentado de resultas de una caída que le obligó a hacer 
i por espacio de seis meses. Cuando ella supo la derrota 
m chilenos en Rancagua, fué acometida de una enferme- 
de nervios, que desde entonces la atormenta casi sin in- 
pcion ; mas a pesar de esto, insensible a sus propios ma- 
tólo se acordaba de su amado padre. Con una solicitud 
igable, le hacia de comer en la isla, le lavaba, i le curaba ; 
ni delicadas manos labró la tierra para sustentarle ; se 
■jó de su ropa para preservarle de la intemperie. En ran- 
4b paja, destechados, espuestos a las lluvias que allí 
lo mas del año, a los recios temporales que soplan de 
nao, mal provistos de ropa, sujetos a una escasa ración 
joles i charqui, pasaron aquellos desventurados mas de 
fios con la mayor constancia, consolándose i ayudándose 
amenté; i la joven Rosales animaba a todos con su 
pío. 

fueran de dinero lograron las chilenas burlar alguna vez 
ilnncia del gobierno, i remitir a los desterrados víveres i 
: una sola escepcion hicieron los opresores, concedién- 
i permiso para estraer una limitada porción de aquellos 
■loa. ¿Pero de qué servia? Lo que no robaban los 
■dores, lo guardaba el gobernador de la isla ; i este i 
üos, con licencia superior, los vendían después pública- 
e a precios enormes. * 



!■ otra ocasión, cuando dediquemos un artículo separado a ia relación 
crueldades de los españoles en America, detallaremos este hecho i 



302 ILUSTRAS AMERICANAS. 

A los dos años se in ce adió parte de la población de Junar 
Fernandez, i con ella el rancho que ocupaba Rosales i su nr*~- 
tuosa hija, i lo poco que tenían adentro para su abrigo. Re* 
ducidos a dormir a cielo raso, renoYÓ aquel anciano los rue- 
gos, que repetidas vezes habia hecho a su amada Rosario,' 
para que regresase a Chile. " No, mi padre (contestó), la- 
suerte de V. debe ser la mia. Permítame que siga acompe» 
ñándole : no puedo separarme de V: el pensamiento solo do 
abandonarle me es menos soportable que la muerte. Entera 
necido, accedió Rosales a su súplica; i ella continuó conso- 
lándole hasta que la batalla de Chacabuco puso término a tai 
larga serie de infortunios. La providencia premió sus afanes* 
Esta escelente hija, estimada de todos, goza en el día, al lado 
de su padre i apreciable familia, del dulze espectáculo de rer 
libre a su patria. 

Un poco antes de aquella acción, perpetró el gobernador 
español de Chillan un hecho atroz en la persona de una señora. 
Doña María Cornelia Olivares, vecina de aquella ciudad, se 
distinguía por su amor patrio. Sabido es que en concepto de 
los tiranos no podía habia mayor delito. Sin embargo, con- 
tenidos por el temor de la influencia que tenia la familia de 
aquella señora, en razón de sus muchos parientes i de se 
fortuna, se contentaron por algún tiempo con perseguirla ocul- 
tamente. Mas al fin se sobrepuso el despotismo agonizante 
a toda consideración. Cuando se supo en Chillan que los li- 
bertadores estaban salvando los Andes, no le fué posible a la 
patriota Olivares reprimir su entusiasmo. En medio de los 



otros mocho mas atrozes. Por aora solo diremos que en aquella isla hábiaa 
prohibido los gobernadores, aó pena de muerte, la introducción de lo mas 
mínimo : todo tenia que pasar por su mano : todo lo tcnian monopolizado. 
Un MO por 100 era poca ganancia. No es estrafio, pues, que con sos ro- 
bos i estorsiones ganase uno de ellos, en menos de un año, mas de veinte 
mil pesos. No orean nuestros lectores, que no han presenciado loa horror- 
osos crímenes de los españoles durante la lucha por nuestra independen- 
cia, que en este cuadro nos hayamos propuesto trazarlos : solo hemos m- 
i indispensable para nuestro objeto, que es unaimájen imperfecta 
de sus iniquidades. 



ILUSTRES AMERICANAS. 393 

aigos, irritados mas que nunca por la tentativa de los in- 
endientes, tuvo ella valor de pronunciar públicamente sus 
¡mienta», sus deseos i esperanzas ; i de pronosticar el glorioso 

d, que mas tarde logró aquella espedicion en la cuesta de 
sabuco. Entonces la aprisionaron, le raparon el cabello 
cejas, i la tuvieron espuesta en Chillan a la vergüenza 
líca desde las diez de la mañana hasta las dos de la tarde, 
m ultrajes sufrió con inalterable firmeza de ánimo. Su 
kádad fué premiada luego por el supremo gobierno de 

e, el cual en decreto de 2 de diciembre de 1818/ declaró 
fia María Cornelia Olivares una de las ciudadanas mas 
mérito* ski estado, en atención a sus sobresalientes vir- 
• cívicas. 

eapues de la dispersión de Cancha-Rayada, acaecida el 
le marzo de 1818, entró el jeneral San Martin, mui 
nao, a descansar en un rancho que se hallaba sobre el 
iao de la capital. Aun no hacia muchos momentos que 
ba recostado, cuando la señora de una hacienda inmediata, 
i Paula de Jara-Quemada, se le presenta con el semblante 
ñutido, loe ojos despidiendo rayos, i le dice con vene- 
na: "¿Con que ha sido Y. desgraciado, querido liber- 
tóle mi patria ? le han batido los españoles ? volverán a 
¡■anos esos crueles amos? hai algún remedio? cual 
•••Dígame Y. por Dios, ¿ puedo servir de algo ? Dispon- 
T. de mis bienes, de mis criados i peones, de mis hijos, 
si pcopía persona, todo lo sacrificaré gustosa en las aras 
a patria." San Martin atónito con la súbita efusión de 

sentimientos de aquella señora, logra al fin 
un poco» persuadiéndola que fiado en la protección 
la providencia esperaba escarmentar al enemigo en breve, 
a raimada, prosiguió : " Antes mandé el resto de mi 

rilio del ejército ; aora traigo cincuenta de mis 

, patriotas a toda prueba, para que los incorpore V. 

También le presento aquí mis dos hijos con igual 



• V. Gaceta minifterUl de Chile, de 5 de diciembre 1818. 




' AMERICANAS. 

. i os derramaban la sangre da 
>s saciaba» 

<!¡id fué perdonada: 
, la belleza misma» 
desarman al soldado, 
.- vengativas iras."* 

[untes, Sámanos, Zuazolas; délos 

verdes ;f perseguidas también por el 

: o ocupó este todo el país, ¿ quién tío 

hijas de Colombia ? Los mas crueles 

íu misma, en vez de apagar, aumentaban 

ifue ardía en sus pechos : a su alrededor 

cues de la independencia, sus padres, sus 

• sposos e hijos, cuyos miembros mutilados se 

ios caminos públicos : ellas eran de mil modos 

>us sentimientos; mas nunca pudo intimidarlas 

sito de los tormentos, ni la vista misma del 

tes de la revolución de Caracas tenían los patrio- 
i secretas en aquella ciudad ; siendo la principal 
jfia Juana Antonia Padrón, madre de los célebres 
ombianos don Mariano i don Tomas Montilla. 
irlar la vijilancia del gobierno, se valia aquella 
retesto de dar convites para poder celebrar juntas 
a que asistían ella, sus hijas i amigas, i en las 
cutían i concertaban las medidas mas adecuadas 
al país del yugo peninsular. £1 entusiasmo de 
aqueñas era tan grande que manifestaban franca- 
liniones sin temor de peligro, i sin consideración 
(¡cuitad ; i sostenían que era preciso conseguir 
mcia, o perecer en la tentativa* Después de 



O titulado " Campana de Bogeté," en la gaceta de eate 
«julio 1880. 

e los jefes españoles que en Venezuela i Cundinamarca 
las por sus horrendos atentados, hasta qne vino Morillo a 
referencia en el arte de atormentar a la humanidad. 



306 ILUSTRES AMERICANAS. 

efectuada la revolución, han dado las hijas de Venezatk 
mil pruebas de patriotismo, que nos abstenemos de particular- 
izar, pues que el hacerlo seria una repetición de lo qóe 
queda referido de las americanas de otras secciones del con- " 
tinente. No ostante, citaremos el adiós de la señora Padroi l 
a sus hijos, cuando iban a partir en defensa de la patria. "■ 
" No hai que comparecer en mi presencia (les dijo), tí tft ' 
volvéis victoriosos" 

Batido el jeneral Bolívar por el execrable Boyes a media- 
dos de 1814, amagó este a Caracas. En semejantes circuns- 
tancias no quedaba a las patriotas otro arbitrio que el some- . 
terse a los ultrajes de aquel monstruo, o buscar un asilo en la 
fuga. La elección no era difícil : prefirieron lo último ; 
escondiéronse muchas en el monte ; i las que pudieron, se 
embarcaron en las naves que habia a la sazón en la Guaira. 
Errantes de isla en isla ; sin entender otro idioma que él 
suyo ; ajenas a sus usos, costumbres i relijion ; las Montillas, 
las Tobares, las Palacios, i otras muchas señoras habituadas 
a la delicadeza i al regalo, sobrellevaron con la última resig- 
nación todas las penalidades de un destierro, que duró mas 
de siete años. Las hijas de los primeros hacendados de 
Caracas, las de mediana fortuna, i las que carecían de ella, 
todas indistintamente se vieron en la necesidad de trabajar 
con la aguja para ganar su subsistencia ; todas dieron ejem- 
plos de honradez, i de virtud. 

Cuando casi toda Venezuela fué subyugada en 1814, una 
caraqueña, la señora doña Josefa Palacios, viuda del bene- 
mérito jeneral don José Félix Rivas, prefirió enterrarse viva, 
antes que soportar la presencia de los devastadores de su 
pais. Bajo los trópicos, sujeta a achaques de hidropesía, se 
mantuvo aquella venerable señora por seis años encerrada en 
un cuarto pequeño, acompañada de solas sus criadas; sin 
recibir otra visita que la del médico que la asistía, e ignorada 
de todos. El jeneral Bolívar que sabia su paradero, en la 
memorable entrevista que tuvo en Santa Ana con Morillo, le 
¿*^^ habló de aquella señora, i le suplicó que a su regreso a 
VCaracas, i la persuadiese a salir de su encierro la pusiese casa 



ILUSTRES AMERICANAS. 397 

sor cuenta suya; en suma se la recomendó del modo 
sus estrecho. Morillo, que pareció entonces arrepen- 
tido de sos crímenes i querer reconciliarse con la humanidad 
tanto había ultrajado, cumplió la palabra que diera a 
Cuando volvió a Caracas, envió un edecán 
lifestarla el encargo que el jeneral Bolívar había hecho 
a Morillo, i los deseos que este tenia de poder serla útil, i 
acreditar la sinceridad de sus promesas. De nada sirvieron 
ha invitaciones de Morillo, repetidas por su edecán i por 
otras personas. Su contestación fué siempre la misma. 
" Digan V. V. a su jeneral que Josefa Palacios no aban- 
donará este lugar mientras que su patria sea esclava ; no lo 
abandonará sino cuando los suyos vengan a anunciarla que es 
«libre, i la saquen de él." Asi lo ha hecho. ¡ Qué virtud ! 

£n 1810 sospecharon las autoridades españolas de Cu- 
ssajuá que la bella Luisa Arrambide, confidenta de los patrió- 
las a quienes había prestado eminentes servicios, tenia in- 
telgencia secreta con los independientes ; i sin otro motivo la 
condenaron a ser azotada en la plaza publica hasta rendir el 
postrar aliento. " Confiesa tus cómplices," le decían sus ver- 
dugos después de cada descarga : " Viva la patria, mueran 
ja* tíranos" prorrumpía ella. £1 pudor tan solo pudo arran- 
ear lágrimas a esta joven,, mártir de su patriotismo. 

Mientras que el jeneral Morillo se hallaba empeñado 
en el sitio de Cartajena, los habitantes de la isla de la 
Margarita levantaron el estandarte de la libertad con un 
heroísmo de que la historia presenta pocos ejemplares : capi- 
taneábalos el jeneral Arizmendi. La esposa de este, doña 
Cáceres, se hallaba a la sazón en la capital de la isla, 
la Asunción, dominada por las armas españolas. 
que el comandante enemigo en aquella ciudad tuvo 
la insurrección de Arizmendi, hizo (lámar a su linda 
i, que no contaba mas de diez i nueve afioa ; i la mandó 
.e¿ue> escribiese a su marido, incitándole a traicionar la causa 
4|uehabia abrasado, i ofreciéndole no solo el perdón, sino 
jsjaosmpensas a nombre del rei de España. Aquella joven se 
negó resueltamente a dar semejante paso; i en consecuencia 



896 ILUSTRES AMERICANAS. 

la enviaron presa a Caracas. Allí volvieron a instada 
que escribiese a su marido en los términos ya indicados; 
sh contestación fué siempre la misma. Cargada de prisio 
encerrada en un oscuro calaboio, no por eso desmayó su o 
tancia. AI cabo, la anuncian que sería condenada a pas 
Espafía bajo partida de rtjistro* sino se prestaba a los da 
de la autoridad ; i tomando la máscara de la compasión i k 
duljencia los satélites del despotismo, la pintan con los eos 
mas vivos cual era la suerte miserable que la aguardaba en c 
de ser ostinada ; la amenazan con separarla para siempre 
los suyos i de su esposo mismo, que no tardaría en ser si 
ficado a la justicia ; la halagan, haciéndola ver cuan difen 
podia ser, por el contrarío, la fortuna de ambos si ella h 
lo que se le pedia, i él entraba en su deber. " Su dé 
contestó, es servir a su patria, i libertarla : me congratak 
que así lo haga ; i la esposa de Arízmendi no olvidará jas 
lo que debe a sí misma, lo que debe a aquel nombre, a< 
sejándole un crimen. Enviadme a España, o adonde gtist 
en cualquier lugar, en cualquiera situación seré feliz, si pe 
la estimación de mí propia ; si sé que mi marido ha veng 
los ultrajes de nuestro pais, o muerto como héroe/' En v 
de su resolución, la remitieron, en efecto, a la PenínssJi 
así en la navegación como durante su residencia en Esp 
sufrió las mayores penalidades, hasta que pudo fngs 
Francia en 1817. De allí pasó a los Estados Unidos, 
siguiente año tuvo la felicidad de abrazar a su esposo 
Venezuela. 



l«kM»4i*Ba^MaÉMM 



* Castigo mui comas, que empleaban los visires espesóles en Amé 
para deshacerse de aquellas personas que creían perjudiciales asosis 
eses. Los condenados a esta pena eran, por lo regular, encadas 
durante la navegación i tratados bárbaramente. A su llegada a Esp 
iban a aumentar, oon solo el informe del mandatario que los remitía 
número de los desdichados que jemian en los presidios de la Cam 
Ceuta, etc. De este modo fueron trasportados i tratados, el hermano 
inca Tupac-Amaru durante mas de treinta aflos ; el jeneral Miranda 
martf en uno de aquellos ; el ilustre don Antonio Narifio, e infinite* a 
dlstiapüdtt. 



ILUSTRES AMERICANAS. 300 

n de Marg anta a que acabamos de aludir, ss 
que presenta la historia de nuestra 
Atacada la isla repetidas «cws por el temí 
i por el mismo Morillo, con mas de 3500 hombrea ; 
i habitantes carecían de armas, i de lo mas preciso 
:sa, soa, sin embargo, rechazados constantemente 
Entonces fué cuando tanto se distinguieron 
Como los patriotas eran en tan corto nú- 
nian varios puntos a que atender, no podian ni 
la fatiga militar, ni proveer a su subsistencia en 
a tan escasa de todo. Mas las mujeres vinieron en 
; ellas labraban los campos de día ; i de noche, 
|a* aquellos pudiesen descansar un rato, velaban i 
centinela. Llegó a tal grado su patriotismo, que se 
en cargar i disparar los cañones. A su 
constancia, i enerjía se debió en gran parte el triunfo 
margan teBos, quienes al cabo obligaron a Morillo a 
toda la isla, incluso el castillo du Pampatar, dejando 
▼alientes habitantes en el goze de su libertad. 
•i sitio de la ciudad de Valencia, en la plaza de Carta- 
Jska, sntrechamente bloqueada por mar i tierra, resaltaron 
el valor i entusiasmo de las mujeres: con su 
los ciudadanos a sobrellevar gustosos 
fatigas i escasezes. En Cartajena, tras formadas 
ipirantes exortaban a sus compa* 
■ perecer, antes que entregarse a los sanguinarios 
Reducida la plaza al último estremo, imitaron 
si ejemplo de las caraqueñas : todas tas que 
embarcaron : las Revollos, v íar- 
i otras mil anduvieron errantes por las Antillas, 
penalidades hasta 1021, en que los patriotas 
a Cartajena. Varias serraras que no lograron 
buscaron un asilo en los conventos, ni tiempo 
se posesionó do la ciudad. Una de ellas fué 
asco. Esta joven, llena de gracias, de amn- 
1 th dulzura, debía prometerse que los conquis- 
ta tendrían alguna consideración, pasado que 
al primer Ímpetu de su furia. En efecto, ha- 



400 ILUSTRES AMERICANAS. 

liando los españoles que una gran parte del bello t 
había abandonado la ciudad, o estaba refujiado en los < 
ventos, solicitaron, entre otras, a la señorita Blasco ] 
que saliese. Sus atractivos la aseguraban un lugar dn 
guido en la sociedad, de que era el adorno ; mas su pa 
tismo la biso renunciar a todo trato con los opresores, 
mantuvo encerrada en el retiro que había elejido, sin dej 
ver de nadie, no ostente las reiteradas instancias de los j 
hasta que Cartajena volvió a poder de los patriotas. 

Al tender la vista por las escenas de América desde ] 
cipios de la revolución, se diría que sus hijas han revivid 
siglo de las mártires. Constantes a toda prueba, pródi 
como ellas, de su sangre, las hemos visto sellar con est 
los suplicios la independencia de su patria. Aquí, la soi 
de una víctima ilustre sale de la tumba para escitar la ad 
ación de todas las edades : es la de la virtuosa, la inmi 
Policarpa Salavarrieta. Esta señora era natural de Bog 
distinguíase por sus sentimientos patrióticos, que ni a 
enemigos ocultaba, i no es estraño que llegase a ser el bli 
de la rabia de aquellos desalmados. Toda la vijilancii 
quisitorial del gobierno opresor habia ella burlado, instruye 
circunstanciadamente a los patriotas, dispersos por las tn 
de Morillo, del estado de la opinión pública, de las toen 
operaciones del enemigo. Su amante, empleado por fu 
en 1818 en el estado mayor del ejército español, le c 
noticias de cuanto pasaba ; i ella las trasmitía al j enera! í 
tander, que entonces, a la cabeza de unos cuantos bra 
se sostenía en la provincia de Casanare, en los confine 
Venezuela i Cundinamarca. Fuertes sospechas indujere 
virei Sámano* a allanar varias vezes la casa de nue 
heroína : por algún tiempo fué vano su empeño de encontz 
delincuente ; mas habiéndose encargado aquel mismo jó 
con quien debía casarse en breve, de llevar una comunica* 
interesante a los patriotas, fué sorprendido por los enem 
en el páramo de Toquilla, i conducido a Bogotá con el cu< 
del delito, tomado sobre su persona. Luego que Polio 



* Último virei de la Nuera Granada. 



ll.USTKKS AMERICANAS. lííl 

«upo esta ocurrencia, se presentó con entereza al virei, i le 
4¡jo que su amante era inocente ; que ella misma había 
¿sjraido los papeles, i persuadídole a que emprendiese el 
jpsjt* pero sin imponerle del contenido de lo que llevaba. 
firtnogado el joven conductor sostuvo, al contrario, que él 
jrt el delincuente, i que aquella no tenia conocimiento alguno 
se sus intenciones. Confrontados ambos, se mantuvieron 
firmes en el propósito de salvarse mutuamente. Según eos- 
timbre en estos casos, sentenciaron al joven a sufrir la pena 
oapital ; i sentado ya en el banquillo, llevaron a la Sal a v arrie ta 
» su presencia; la ofrecieron el perdón, i aun que protejeriau 
a los dos, siempre que declarase los cómplices : mas los 
españoles no lograron otra cosa que renovar el conflicto entre 
¿qs corazones jenerosos, que se amaban entrañablemente, i 
ojee estaban decididos a todo sacrificio antes que traicionar la 
eusa de su patria. Viendo los tiranos lo inútil de sus 
estenos para arrancar a almas de semejante temple un 
secreto de tanta importancia, ordenaron la ejecución del intré- 
pido mensajero, i le arcabuzearon en presencia de su amada. 
Volvieron a conducirla a la prisión ; i constantemente se negó 
i revelar los nombres de las personas que en secreto estaban 
trabajando a favor de la libertad. En consecuencia, fué 
calificaba de traidora, i condenada a muerte. 

8o conducta hasta el momento mismo de espirar, enseñó a 
ios verdugos el grado de enerjía de que es capaz el verdadero 
patriotismo : solo la aflijian las desgracias de su pais natal ; 
ñas la consolaban los servicios que ella le había prestado i la 
certidumbre de que pronto se vería libre, mientras su espíritu 
iba a unirse al de su amante. Cuando caminaba* al fatal 
lagar donde debía ser sacrificada, exortó al pueblo, que 
lloraba desconsolado i triste, del modo mas enérjico. " fio 
hartia par mí, les dice, llorad por la esclavitud i opresión de 
Iros abatidos compatriotas : sírvaos de ejemplo mi destimo ; 
r, i resistid los ultrajes que su/iis con tanta injusticia/' 
lingadn al patíbulo, pidió un vaso de agua ; mas observando 



• V. Correo del Orinoco. 

i). i 



403 IltUSTNE» AMRJUCAMAS. 

que *r* un español quien ae lo traia, te negó imimMUk 
diciendo ; " Ni un vaso de agüe quiero deber a un 
de mi patria." El comandante del destacamento queU 
todiaba, la instó entonces para que n om bras e ella amasen al- 
guna persona de su estimación que la hittese aquel s er vi ci a* 
" Mil gracias (coatestó)» por una bondad que no pondo ases» 
▼echar» pues que el pasajero almo de esta sai última 
dad podría quisas comprometer ante los tiranos i 
quiera que yo dispensase tal prueba de amistad •••••♦ V 
a morir." Un momento antes de darse la sefial de cjs cn msn , 
se vuelve a ana órneles verdugo*, i con espíritu tranqejfe 
esclamó: " ¿afamar, fcstNse! el cortmtr ■nrifrs nfenferi»: 
pronto 9eméré fatal **§** mi amarle.* Tu pte di cojQM J m 
cumplió» ilustre oandimunarquesa : desde la morada de los 
injeles te complaces en las glorias de tu patria: tu snngm 
pura fecundó su suelo: cada gota ha brotado un héroe; I 
todos ellos han heredado tus sentimientos. Por una coinci- 
dencia singular» el nombre i apellido de esta esclarecida jórea 
se prestan a perpetuar la memoria de su heroísmo en este 
bello anagrama : 

" Polycarpa Salararrieta :** 

" Yace por salvar la patria." • 

Asombrados de semejante mezcla de heroísmo i de barbarie, 
se vuelven nuestros ojos acia el sur ; escalan segunda Tes los 
Andes ; se elevan hasta su nevada cumbre, i se trasportan a la 
tierra de los antiguos incas. A lo lejos se aparecen clamando 
venganza los manes de Atahuallpa, de Tupa©- Amara, Puma- 
eahua; los de Ángulo, Muñecas, i otros insignes peruanos, vic- 
timas de laferozidad española. En las revoluciones emprendi- 
das en 1783 i en 1814, tuvieron las hijas del Cuzco i de Arequi- 
pa una oportunidad de señalar su patriotismo. En la descrip^ 
cion que el doctor Funes hace de la desgraciada jornada de Ma- 
nanchili,* perdida por Tupac- Amara, se lee: " Murieron en 



• V. Ensayo de la historia civil del Paraguai, &c. tomo III. 



ILUSTRES AMERICANAS. 403 

combate mas de 870 patriotas, inclusas las mujeres que 
pateaban como auxiliares de sus maridos." £1 mal éxito de 
ambas tefvoln ci oa es atrajo sobre ellas todo el odio de los 
t a ee m igos del nombre americano. Sin embargo, no por eso 
desistieron : no se hizo tentativa alguna acia la libertad, que 
no contara peruanas entre sus partidarios : casi no hubo 
asociación secreta en que no sobresaliesen por su ardor, en 
que no se haya prestado atención a sus insinuaciones para 
p ro mo ver la independencia. No pudiendo obrar a cara des- 
cubierta contra un gobierno sanguinario, que castigaba sever- 
amente todo cuanto contrariaba sus miras, recurrió el bello 
tazo a toda la astucia de que es capaz para animar a sus 
compatriotas i protejerlos en las desgracias. Las limeñas, 
bajo los ojos del cruel Abascal i del fiero Pezuela,* arros- 
traron todos los peligros ; se burlaron de la vijilancia de sus 
satélites ; menospreciaron la insolencia de las guardias a fin 
de suavizar con sus socorros i cuidados consoladores el in- 
fortunio de los prisioneros de Casas Matas.f Ellas inspiraban 
a aquellos constantes americanos nuevo valor para que no 
sucumbiesen bajo el peso de los indecibles males que sufrian. 
Dio, al fin, la hora de la retribución. Aparécese, cual 
lluvia al viajero en el abrasado desierto, la deseada espe- 
dicion libertadora : pisar la playa de Paracas, i despertar el 
adormecido patriotismo de los peruanos fué obra del momento. 
Ala manera de un torrente impetuoso, largo tiempo contenido, 
así rompió entonces el bello sexo todos los diques que el 
despotismo opusiera a sus sentimientos. La historia no de* 
jará de referir a las edades futuras el uso que hizo de su im- 
perio: trasmitirá con fidelidad la relación de su espirita 
publico : detendrá marabillada su buril cuando llegue a in~ 
ámdualizar las acciones con que selló su consagración a la 
causa americana : ella le presentará, ya deprendiéndose de 



• Los dos últimos vireyes del Perú. 

t Calabozos subterráneos donde jamas penetra la luz del sol, húmedos, 
estrechos, infectos; en que, en un clima ardiente, fueron encerrados 
durante siete años, los patriotas que los españoles tomaron prisioneros en 
el Alto Perú. 

Dd2 



ILUSTRES AMERICANAS. 406 

txó con su acostumbrada afabilidad : mas cuando supo 
to de su venida se enterneció, le abrazó, le colmó de 
i, i pudo persuadirle a que regresase a consolar a su 
i madre. La persona que nos ha comunicado este 
tublime, ha leído la carta, i presenció la entrevista del 
¡on el jeneral ; por desgracia, no se acuerda del nombre 
ella patriota, que no se insertó entonces en los bole- 
el ejército por no comprometerla. La misma persona 
asegurado que en los archivos del estado mayor se 
tran muchas cartas i mui espresivas de señoras, que 

cesiones de esclavos, muías i caballos, de jénero 
restir la tropa, comestibles para alimentarla, i de 
«anto tenían i creían necesario al feliz éxito de la 
a, 

e las señoras mas distinguidas de Lima i demás puntos 
rú libre por su adhesión a la independencia, debemos 

un lugar preferente a las Avileses, Palacios, i La 

a las Tellerfas, Matutes, i López; a las Portoca- 
Boquis, i Flores ; a las Mancebos, Silvas, Canteras, 
m, &c. Sus casas han sido los lugares donde los 
t* se reunían, cuando estaban bajo la férula del despo- 
speñol : eran otros tantos asilos para los perseguidos; 
nacían las suscripciones para socorrer a los prisioneros 
as Matas, i demás víctimas de la independencia : allí 
mnlaba a los oficiales a abandonar las filas de la 
, i engrosar las de los libertadores. Dofia Mercedes 
osa, ademas de escitar a su hermano don Pedro 
ie fuese a unirse al jeneral San Martín, le entregó sus 

> para que las vendiese, i para que habilita* 
m el producto de ellas algunos de sus compañeros 
nt> pudiesen practicar otro tanto. £1 resultado de los 
¡ee.de esta i otras señoritas fué, que treinta i tres 
Nt.se pasasen de un. golpe al ejército independiente. 
gaa* también de mui particular mención las señoras de 
», de Thorne, i de Pezet; doña Lucia Delgado, 
dé! ilustre arequipeño Quírós, i otras muchas. Las 






406 ILUSTRES AMHHICANAS. 

circunstancias polWcó-miHtares del Peté nosii 
esta relación con los nombres de vn gran número de 
patriotas, que se hallan en el territorio que todavfa ras* 
los enemigos. 

Las hábiles combinaciones del jeneral San Marti*, el vsJtr 
de sus compañeros, i el patriotismo de bm permanos abrisM 
por último las puertas de la capital a los vencedores de Osa» 
cabuco i Maipo. Su entrada fué triunfal : las fisaeiss si 
masa los recibieron con los braaos abiertos. Aptorechandoesi 
ansia la primera ocasión que se les presen t aba para osares* 
libremente sus sentimientos» lo hisieron de un modo digne as 
ellas. No esplicaron su goao con trasportes tumultuosos» ai 
con ademanes violentos : sus semblantes ictrstsban olocusaV 
temente las agradables emociones que esperimentabaa, isas 
graciosas figuras recibian huero realze. 

A los dos meses de haber evacuado la capital, descendieron 
los españoles de la sierra con el objeto de socorrer loa castillos 
del Callao. El 7 de setiembre estaban a media legua da 
Lima : el ejército independiente cubría la ciudad ; pero como 
ño era posible que protejiese todas las avenidas» se dk> 
asenso al falso rumor de que una partida de españoles lo 
habia flanqueado» i se acercaba a la capital. Al describir el 
entusiasmo que en esta crisis se apoderó de la población» 
dice la gaseta oficial : * " Ciudadanos de todas clases, in- 
clusos niños i decrépitos, partidas de relijiosos £**?** 

de mujeres armada*, cuyos rostros indignados respiraban ven- 
ganza, cubrieron en un momento la plaza mayor •••••••••• 

otras, desde los balcones parecían decir» nos hemos quedad* 
aquí para imitar a las arjentinas en la memorable defensa oh 
Buenos Aires contra los ingleses.' 9 En esta ocasión hubo una 
mujer que llevó el arrojo al estremo de vestirse de hombre, i 
combatir, sable en mano» en una partida volante de caballería 
al mando del capitán Herran, Las esclavas también se dis- 
tinguieron ; i en consecuencia compró el gobierno la libertad 
de varias. Hasta las monjas, cuyo instituto las escluye de 

• V. la de 12 de setiembre 1821. 



ILUSTRES AMERICANAS. 407 

toda intervención en la sociedad, participaron del entusiasmo 
«esas compatriotas l disputándose el honor de trabajar para 
hi ¿atemores de la patria. 9 

la consagración de las peruanas merecía que fuesen partí- 
ales de laa glorias i los honores de los campeones de la inde- 
fsadoacia. Cerciorado el gobierno de los importantes servi- 
dos que prestaron, no pudo olvidarlas al tiempo de manifestar 
á reconocimiento del Perú a sus libertadores. A imitación 
a* la orden del sol, destinada a recompensar el mérito de los 
hombrea, instituyó otra para premiar a las mujeres. En la 
■trodnccion al decreto que la establece, se lee : "El sexo 
■as sensible naturalmente f debe ser el mas patriota : el car- 
ácter tierno de sus relaciones en la sociedad, ligándolo mas 
al pais en que nace, predispone doblemente en su favor todas 
os inclinaciones El del Perú no podia dejar de dis- 
tinguirse por su decidido patriotismo, &c." 

Posteriormente, cuando la división libertadora mandada por 
d jeneral Alvarado desembarcó en Arica a principios del 
corriente año, volvieron las mujeres del departamento de 
Arequipa a desplegar su patriotismo. " No es fácil describir, 
n lee en un periódico de L4ma, t el estraordinario entusias- 
mo i amor patriótico que manifestó el bello sexo a la 
llegada de nuestra espedicion a las costas de Arequipa. Mu- 
jeres trasformadas en fieras, armadas de puñales, i en su de- 
fecto de palos, pedían a gritos descompasados el ser interpo- 
ladas en las filas de las falanjes republicanas: otras, pene- 
tradas de lástima i piedad, venían en busca de sus libertadores, 
trayendo en sus propias manos con que apagar la sed devora* 
dora i alimentar las desfallecientes fuerzas de aquellos." 

También merecen entrar en este cuadro de las virtudes del 
bello sexo americano las hijas de Guayaquil, que con mucha 
propiedad se denominan fa&jcorjianas de la América meridto- 
wmL Ellas han desplegado el mayor amor a la causa del nue- 



• T. Las gazetas oficiales de Lima de 1821. Las mismas contienen 
otros muchos rasgos notables de la jenerosidad del bello sexo, 
t V. Gazeta del gobierno, de 12 de enero 1822. 
t V. £1 Correo mercantil i político, de li de febrero 1823. 



4*8 ILUSTM» AMERICANAS. 

va arado. DtdeUprí»eraÍBiiimcemtik Qmtm mMKk 
basto la tresrforoacion poiíttca de Chaijaqeil, •• lttfc A**» 
constantes en sos sentimientos patrióticos. HUiainjs .alfcafl 
mo en los otros puntos, fraudes sacrificios, .pts*»sninta»i 
desprendimiento i humanidad. Mas afeita de ejeejylsajna» 
citar, nos contentaremos ooa insertar na doenments>am%«> 
presentando a las guayaquilenas anidas je» «■ con tr asta isnfn » 
lado, puede hacemos calcular cuales habita s¿áVs^e***tssj|| 
aisladas. En. 1831 el teniente coronel Lepes, de le-drtrie¿ 
auxiliar, del jeaeral colombiano Sacre, tuyo IV bajeas '*V 
pasarse al reaemigof con algnnos soldados del«balsikn 4> 
su mando. Engreído el jeneral Aimerieht ooa estafasen 
jera ventaja, i rarias otras que había obtenido sntev 
marcha sobre Guayaquil; i desde las iamediacmoaes ds fc 
ciudad, se atreve Lopes a dirghr una proclamaba las aafufssv 
exortáadolas s que se decidan por la cansa del reí de Esfaajsv 
i se preparen a recibirle coa su tropa. A taa ütsuftannt {***** 
contestaron las guayaquilenas en estos términos : 

" ¡Traidor ! § ¿ Aun te atreves a pronunciar los 
de la inocencia i el pudor, después de haber profanado 
suelo con tus crímenes ? ¡ Cobarde 1 ¿ Las pequeñas fatigan* 
de una marcha corta, te atreves a poner en consideración. 4*** 
un sexo que las conoce i las desprecia f ¡ Hombre d et e tt a M e % 
Tu lenguaje es igual a tus intenciones; i el desorden de tas* 
palabras, igual a la desorganización de tu alma corrompida^ 
Huya para siempre de ella la victoria, que seria el triunfo da 
los vicios ; i antes de esperimentar este día de horror, perecían;» 
do el último de sus defensores, las damas a quienes hablas, 
encendiendo con sus manos esta hermosa ciudad,. sepultarán su 
honor i su decoro en las cenizas de Guayaquil. Agosto IB 
de 1821. Rocafuertes. Tolas. Garaicoas. Llagunos. Lavayer 
nes. Ricos. Cambas. Calderones. Diaz. Gorriehateguis. Lux- 

* £1 patriotismo de las quiteñas en todas las épocas de la re v olució n es 
bien conocido ; i sentimos carecer de datos particulares sobre la materia. 

t Nos es satisfactorio poder asegurar que este es uno de los poquísi- 
mos ejemplares de esta naturaleza, que ofrece la historia de nuestra revo- 
lución. 

\ Último gobernador español de Quito. 

$ V. Patrióte de Guayaquil, de 25 de agosto 1881. 



ILUSTRES AMERICANAS. 409 



idos. Campos. Plazas. Merinos. Aguirres. Casüaris* Har- 
,' Morlases. Gaiozas. Roldanes. Garbos. Urbina. Jimena*. 
isaide. Icaza. &c. &c. &c." 

Es notorio que los patriotas de Méjico apenas han tenido 
ntmicacion esterior durante la larga i tremenda locha que 
itirrieron contra el despotismo peninsular. Nosotros to- 
stamos aora aquella desgraciada circunstancia, porque nos 
? a de hacer la debida justicia a las beneméritas mejicanas, 
i embargo, hai una obra titulada, " Memorias sobre la 
olucion de Méjico,"* que contiene algunos rasgos patrióti- 
i de sus hijas ; i los estractos que de ella insertamos a con- 
■acion manifiestan que no se han quedado atrás en la glor- 
a carrera recorrida por sus compatriotas del sur. 
Cuando el señor Robioson hace justicia a las sobresalientes 
tlidades físicas i morales que los mejicanos i demás ameri* 
ios reciben de la naturaleza, i demuestra lo antiguo, lo uni- 
sal i justo que es el amor que todos profesan a la indepen- 
icia nacional, dice : " También nos parece importante ob- 
rar que toda mejicana, casada con español o con ameri- 
to, es secreta o abiertamente enemiga del sistema peninsu- 
De esta disposición del bello sexo hemos tenido pruebas 
aéteristieas las mas asombrosas. El temor del castigo no 
reprimido de modo alguno su decidido patriotismo i durante 
revolución ha sido siempre fiel a la causa de la independen- 
, i en muchas ocasiones se ha distinguido* por su valor e ra- 
pidez. Cualquiera derrota de los patriotas esparcía una 
ye sobre su serena frente, i sus hermosos ojos, a la noticia 
cada victoria, se llenaban de lágrimas de gusto, i brillaban 
i doble resplandor. Las canciones con que las madres di- 
rten a sus hijos respiran libertad, i odio al despotismo espa- 
1. Pregúntese a un niño de cinco o seis años si es español ; 
3 le oirá contestar con indignación : no soi gachupín, soi 
ericano. Sin ser profeta, es fácil pronosticar cuales serán 
consecuencias de este loable esmero maternal." 
El jeneral Mina, al internarse en Méjico con un puñado de 
tientes para reunirse a los patriotas, dejó una pequeña guar- 



V. Memoirs of the mexican revolulion, and of General Mina ; by 
D. Robimson. Lond. 1821. 



410 ilustres ah 

nicioa en el lugar de su desembarco, para cuya ■ 
bia hecho construir un fuerte cerca del pueblo de 8 
ina, con e] objeto de poder mantener así la o 
la costa. Cuando se «upo, después de la partida de M 
■«aproximaba ana considerable división españolad 
a perseguirle, se activaron mas que nunca los n 
fensa. " £1 trabajo, en un clima abrasador, era severa 

caíante ; todos estaban decididos a sostenerse < 

el enemigo ; hasta las mujeres de los campesinos tomara 
parte activa, matando las reses i preparando la carne, 
encontrando, contra sus esperanzas, a aquel jefe, sitian 
españoles el fuerte. Luego que el enemigo, aconsejad 
un oficial italiano que había desertado de tos patriotas, 
ana batería en la orilla derecha del río que bañaba last 
Daciones, lo cubrió con infantería lijera de Fernanda 
impidiendo de este modo a los sitiadas llegar a él a pro* 
de agua para el consumo diario. Al amanecer del diaai 
te a este suceso hubo una calma completa, i el calor 
a ser escesivo. Lo abrasado de la atmósfera i los ince^j 
esfuerzos de la tropa, pronto hizieron insoportable la a 
la atormentaba ; 1 aunque el río ae hallaba a pocos pasos, ef* 
tan vivo i destructor el fuego del enemigo, que ni el man ¡ntrés" 
pido de los hombres se atrevió a esponerse para aliviar tas* 
urjente necesidad. En estas circunstancias una heroína me- 
jicana, viendo cuanto sufrían de desfallecimiento los deferí' 
sores de la patria, tuvo el arrojo de adelantarse en medio de 
una lluvia de balas, i la fortuna de proporcionarlas un poco 
de agua sin esperimentar el menor daño." 

Algún tiempo después de haber efectuado Mina su reunión 
con los independientes, que entonces se hallaban en el ultimo 
estado de desorganización, viéndose amenazado por el grueso 
del ejército real mandado por el feroz mariscal de campo la- 
ñan, creyó conveniente encerrarse en el fuerte de Sombrero. 
Los frecuentes combates con los sitiadores i las indecibles ne- 
cesidades de los sitiados, redujeron últimamente la guarnición 
a 150 hombres. En este estremo dio el enemigo un asalto, i 
al describirlo, dice el señor Robínson : " Muchas de las mu- 
jeres que aun quedaban, seguras del horroroso trato que las 



SUBYUGACIÓN DB LA PAZ. 411 




en caso de caer en poder del enemigo, 
M reforzar, lo» diversos puestos, provistas de armas 

; . 4 mientras otras soltaban enormes 

de piedra enoima de los asaltadores ; los cuales» no 

ido resistir a una oposición tan vigorosa como ¡néspera» 

retiraron con pérdida considerable/' 

||os será mui lisonjero continuar trazando el cuadro de las 

' kaes de nuestras compatriotas; i como para ello tenemos 

leopiados algunos materiales mas, esperamos que los amer- 

pes auxilien nuestros esfuerzos, favoreciéndonos con cuan* 

«ftechos auténticos puedan sobre una materia tan intere- 

:$£XIX. — Paztficacum de los primeras alborotos de la 
k ' ciudad de la Paz ¿n 16 de julio de 1809. 

¡4bf poder de las mismas personas que tienen una copia de 
¿lalación de gobierno del virei Croix,* se encuentra la de 
ba mucho mas interesante. Su título es M Estrado de las 
residencias espedidas por el margues de la Concordia, i rela- 
me del estado en que deja los reinos del Perú, Quite, Chile i 
rovmcias altas de Buenos Aires. En los diez años de su 
Memo. Añodcime." 

El nombre de don Fernando Abascal, a quien con mas 
ropiedad podia haberse dado el tituló de marques de la Dis- 
ordia, es demasiado conocido de todos los americanos; i 
mguno de ellos ignora cuanta parte ha tenido aquel manda- 
trio en las calamidades que aflijen a la América desde 1810. 
lolocado a la cabeza del opulento vireinato del Perú, i dis- 
oniendo despóticamente de sus considerables recursos, hizo 
sfuerzos estraordinarios para sofocar la insurrección del con- 
nente ; i no solo tuvo habilidad i poder para remachar las 
adenas de los peruanos, sino para enviar tropas que soj- 
uzgasen a Quito, la Paz i Chile, i que pusiesen en peligro a 
m Provincias Unidas del Rio de la Plata, i al mediodía de 
ütindinamarca. Eii suma, su gobernación ha sido una de 
is mas ominosas a la América independiente. 

La relación de Abascal comprende dos tomos en folio, 

• V. paj. 358. 



41* 




aauí d 
qae trata da fe 
Paz, i tiene por lítalo «1 que 

articulo. Dice así: .« i:l4 4 

« El pemeíoso ijimulo e> iniabora^riim, ¿djn^» 
ráspete á la» leyes i a ha aatondades, qaaofimé )%*j«Jpi 
do Bueno* Aires a los densas paablos do la «oopmMff 
del víremelo, i aaa a toda esta Aórtica, d día 4 da ajusfe 
de 1806, repetido después coa mayor desacato» el 1* af 
febrero del siguieate, i que produjo la independencia do* h 
plaza de Montevideo, protejida por los mismos revoltosos qat 
abrigaba la capital como Teciaos i como miembros .do at 
ayuntamiento, según la prudente conjetura que atinistma las 
ocurrencias del dia primero de enero de 1809, son singada el 
oríjen de los movimientos que aparecieron después en la Plata, 
i sucesivamente en la infeliz ciudad de la Paz. En esta, va- 
liéndose de aquellos mismos velos con que Montevideo ihahia 
logrado encubrir sus designios, es decir, a protesto do figuradas 
i aparentes sombras de sospecha en la fidelidad del vireii 
majistrados del reino, atribuyéndoles inteujencia cga-d 
gobierno portugués, sujeridos por los inquietos ánimoa do 
Buenos Aires, Montevideo, i la Plata, como hai algua tfuar 
damento de presumir,* asaltaron la noche del 1& de julio del 
mismo año de 1809 el cuartel de tropas veteranas, aerar na 
diendo las centinelas, i apoderándose de- las ai mas qu e e» 
él se custodiaban. Desde aquel mismo instante aparecieron 

* Los interrogatorios formados es Chuquiaaea en la cama del tu- 
multo de 25 do mayo. (Esta i las demás mies m ene*ertm* «a el mtiajem, en 
su lugar respectivo). 



SUBYUGACIÓN DE LA PAZ. 413 

k» horrores de ana insurrección : a la deposición de los jefes 
ts* destierro, a las emigraciones, i abandono de sus intereses 
*ifcssj|iskr, gneadjeron los asesinatos, los robos, i cuanto es 
lsss%aiiati al trastorno del gobierno Iejítimo i usurpación de 
A por en pueblo tumultuado. 

1 ' " Tal era el estado en que se hallaba la Paz cuando el intén- 
tente de las proTÍncias de Puno directamente, i por conducto 
U presidente interino i rejente de la real audiencia del 
Caico,* recurrió a este superior gobierno en demanda de 
tftxilios i providencias para remediarlo i para su defensa. f Por 
lo pronto mi contestación al presidente rejente se redujo! a 
aprobar los ofiecimientos que este habia hecho al intendente 
de Pono, inmediato confinante con la Paz, para ayudarle a 
mantener la tranquilidad de su territorio, e impedir trascen- 
diesen a ella las de su vecina ; pero instruido de la falta de 
oficiales dotados de conocimientos, i de la prudencia i tino 
(pe se requerían para estas empresas, le previne haber nom- 
brado al coronel don Juan Ramírez que, encargado de objeto 
ée tanta importancia, partiría con celeridad por aquella via, para 
que presentándose al señor don José Mannel de Goyeneche 
que pasaba a hacerse cargo en Ínterin de dicha presidencia, 
acordasen el lugar donde convendrá fijarse para contener el 
desorden, i embarazar que este se trasmitiese de las provin- 
cias de Chnquisaca i la Paz a las de este vireinato; a 
cuyo fin prevenía igualmente § se le facilitasen las armas, mu- 
niciones, i pertrechos que se considerasen necesarios, con 
mas doscientos hombres de caballería, cuya instrucción deber- 
ía empezar con anticipación, a los que se unirían, según mis 
ordenes espedidas por espreso en aquella misma fecha, 
cuatrocientos de la misma arma de los Tejimientos de milicias 
de Arequipa i Puno, mientras que enterado el escelentísimo 
sefior virei de las provincias del Rio de la Plata i gobernador 

de Potosí, encargado por el gobierno superior de la quietud de 

«— ^— ^— — ^ — — — — — — ^ ^— . i —^—i .i i ii 

* £1 presidente del Cosco en 26 de julio de 1809. 

t Intendente de Puno, julio. 33 N* 

X Contestación, agosto 8. 

i Ordenes de la misma fecha N« N» • 



41S SUBYUGACIÓN 1 



\ 

.dmini&mcm ■ 
le encueoUu I 

i, 

'Oí* 

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manuscrito . En el primero, da cuenta de su adminkalMcio» 
desde 1806 a 1816 en bus diferentes ta 
noticia* curiosas e importantes sobre el gobierno civil, etue 
■ico, eclesiástico i militar del Perú, de que pensamos bu 
uso mas adelante. £1 segundo contiene la historia 
revolución de una gran parte del nuevo continente en aquel 
periodo; i aunque escrita por uno de 
enemigos, i activos opositores, creemos que no puede méiia» 
de interesar vivamente al pueblo americano. Así es que 
hemos decidido a insertar aquí el primer capítulo del tona 
segundo, que trata de la insurrección i sojí ligamiento de 
Pai, i tiene por título el que está a la cabeza del preiestt 
artículo. Dice así : 

" £1 pernicioso ejemplo de insubordinación, i fslt* fU) 
respeto i las leyes i a las autoridades, que ofreció la cíudt* 
de Buenos Aires a los demás pueblos de la cómpreoslo» 
del rireinato, i aun a toda esta América, el día 4 de agorto 
de 1806, repetido después con mayor desacato el 13 ¿> 
lebrero del siguiente, i que produjo la independencia d« ls 
plaza de Montevideo, protejida por los mismos revoltosos que 
abrigaba la capital como vecinos i como miembros de •» I 
ayuntamiento, según la prudente conjetura que ministran Lm 
ocurrencia-; del día primero de enero de 1809, son sin Duda el 
oríjen de los movimientos que aparecieron después en la Fíats, 
i sucesivamente en la infeliz ciudad de la Pao. En este, n: 
liándose de aquellos mismos velos con que Montevideo habja 
logrado encubrir sus designios, es decir, a protesto da amparadas 
i aparentes sombras de sospecha en la fidelidad del Tirey 
majistrodos del reino, atribuyéndoles intenjenci» cocí - ej 
gobierno portugués, snjeridos por los inquietos aniso»» da 
Buenos Aires, Montevideo, i la Plata, como bsi sdgun/ís*- 
damento de presumir,* aaaltaron la noche del 10 de ju l io del 
mismo año de 1808 el cuartel de tropos veteranas, oesaretrr 
diendo las centinelas, i apoderándose de las arsue^ue ee 
él se custodiaban. Desde aquel mismo instante aparecieron 

* Los interrogatorios formados en Ckuqnisaoa en U cansa del tn- 
mullu de 25 de mayo. (Ettai ti demu mUu m tnimntwt ¿t 4t méot*,** 

«i fií^.ic retpettint). 



SUBYUGACIÓN DE LA PAZ. 413 

Mu horrores de ana insurrección : a la deposición de los jefes 
tar destierro,, a las emigraciones, i abandono de sus intereses 
I^ÉMÍliaV suonilirnoii los asesinatos, los robos, i cuanto es 
: lssai|uiiiatij al trastorno del gobierno lejitimo i usurpación de 
i por un pueblo tumultuado. 

» w Tal era el estado en que se hallaba la Paz cuando el intén- 
tente de las provincias de Puno directamente, i por conducto 
^Ü presidente interino i rejente de la real audiencia del 
Aneo,* recurrió a este superior gobierno en demanda de 
tttzilios i providencias para remediarlo i para su defensa, f Por 
*j pronto asi contestación al presidente rejente se redujo! a 
aprobar los ofiecimientos que este había hecho al intendente 
le Puno, inmediato confinante con la Paz, para ayudarle a 
santener la tranquilidad de su territorio, e impedir trascen- 
besen a ella las de su vecina ; pero instruido de la falta de 
sSciales dotados de conocimientos, i de la prudencia i tino 
pe se requerían para estas empresas, le previne haber nom- 
«ado al coronel don Juan Ramírez que, encargado de objeto 
le tanta importancia, partiría con celeridad por aquella via, para 
rae presentándose al señor don José Manuel de Goyeneche 
me pasaba a hacerse cargo en Ínterin de dicha presidencia, 
icordasen el lugar donde convendrá fijarse para contener el 
lesórden, i embarazar que este se trasmitiese de las provin* 
¡tas de Chuquisaca i la Paz a las de este vireinato; a 
«yo fin prevenía igualmente § se le facilitasen las armas, inu- 
nciones, i pertrechos que se considerasen necesarios, con 
■as doscientos hombres de caballería, cuya instrucción deber- 
a empezar con anticipación, a los que se unirían, según mis 
irdenes espedidas por espreso en aquella misma fecha, 
(natrocientos de la misma arma de los rejimientos de milicias 
le Arequipa i Puno, mientras que enterado el escelentísimo 
efior virei de las provincias del Rio de la Plata i gobernador 
le Potosí, encargado por el gobierno superior de la quietud de 

* £1 presidente del Cosco en 26 de julio de 1809. 

t Intendente de Puno, julio. SS N» 

X Contestación, agosto 8. 

f Ordene* de la misma fecha N« N« 




41* SUBYUGACIÓN M LA MS. 

manuscritos. Xa el primero, da cuenta de su 
desde 1806 a 1816 ea sos diferentes raaos; i jar 
noticias curiosas e importantes sobre el 
mico, eclesiástico i militar del Perfi, de qaa 
uso mas adelante. El segundo contiene la Uefcpi* d^k 
revolución de . una gran parte del nuevo couiinsntjtfib'HM 
periodo; 1 aunque escrita por uno de sus mM N MtafeM 
enemigos» i activos opositores, creemos que no puflde.fl|ÉM 
de interesar mámente al pueblo americano. Así as que Ni 
hemos decidido a insertar aquí el primer capfeulo;4al l .taPKft 
segundo, que trata de la iasurreceiea i. sojusgsmifuin d^l* 
Paz, i tiene por título ei que está a la calma de^p^enA* 
articulo. Dice así: .«..-. tu, 4 +b 

" El pernicioso ejemplo de iasubordiaecioa, ¿i fjftfesv.ffe* 
respeto á las leyes i a las autoridades, que ofreció j%qfrlfVV 
de Buenos Aires a los domas pueblos de la o*#pr*!PÍfl^ 
del vireinato, i aun a toda esta América, el día 4. dft «gofjfe^ 
de 1806, repetido después con mayor desacato el 1M.A0 
febrero del siguiente, i que produjo la independencia de Mf 
plaza de Montevideo, protejida por los mismos revoltosos qntft 
abrigaba la capital como vecinos i como miembro* de ,wm* 
ayuntamiento, según la prudente conjetura que ministran la? 
ocurrencias del dia primero de enero de 1800, son sintUide el 
oríjen de los movimientos que aparecieron después en la Plata, 
i sucesivamente en la infeliz ciudad de la Pas. En esta, ve-í 
liéndose de aquellos mismos velos con que Montevideo habí* 
logrado encubrir sus designios, es decir, a protesto de figuradas 
i aparentes sombras de sospecha en la fidelidad del vireii 
majistrados del reino, atribuyéndoles intel\jencie coa ^ 
gobierno portugués, sujeridos por los inquietos ánimos da 
Buenos Aires, Montevideo, i la Plata, como hai algu*;ía»- 
damento de presumir,* asaltaron la noche del 16 de julio del 
mismo año de 1800 el cuartel de tropas veteranas, nyupim 
diendo las centinelas, i apoderándose de las anua* que -en 
él se custodiaban. Desde aquel mismo instante aparecieron 

* Los interrogatorios formados en Chuqtüaaoa ea la cansa del tu- 
multo de 25 de mayo. (Esta i la» demos mUu m encmentfm* «te «i mérjen, «a 

su lugar respectivo). 



SUBYUGACIÓN DE LA PAZ. 413 

k» horroies de una insurrección : a la deposición de los jefes 
isa destierro, a las emigraciones, i abandono de sus intereses 
Ifcssiliaii sucedieron los asesinatos, los robos, i cuanto es 
sfrs%ikalu al trastorno del gobierno lejítimo i usurpación de 
Í por va pueblo tumultuado. 

1 M Tal era el estado en que se hallaba la Paz cuando el inten- 
dente de las provincias de Puno directamente, i por conducto 
eei presidente interino i rejente de la real audiencia del 
Coico,* recurrió a este superior gobierno en demanda de 
*WÍlios i providencias para remediarlo i para su defensa, f Por 
io pronto mi contestación al presidente rejente se redujo! a 
feprobar los ofiecimientos que este habia hecho al intendente 
de Puno, inmediato confinante con la Paz, para ayudarle a 
■Mantener la tranquilidad de su territorio, e impedir trascen- 
diesen a ella las de su vecina ; pero instruido de la falta de 
oficiales dotados de conocimientos, i de la prudencia i tino 
que se requerían para estas empresas, le previne haber nom- 
brado al coronel don Juan Ramírez que, encargado de objeto 
ele tanta importancia, partiría con celeridad por aquella via, para 
que presentándose al señor don José Manuel de Goyeneche 
que pasaba a hacerse cargo en Ínterin de dicha presidencia, 
acordasen el lugar donde convendrá fijarse para contener el 
desorden, i embarazar que este se trasmitiese de las provin- 
cias de Chuquisaca i la Paz a las de este vireinato; a 
cuyo fin prevenía igualmente § se le facilitasen las armas, mu- 
niciones, i pertrechos que se considerasen necesarios, con 
mas doscientos hombres de caballería, cuya instrucción deber- 
ía empezar con anticipación, a los que se unirían, según mis 
ordenes espedidas por espreso en aquella misma fecha, 
cuatrocientos de la misma arma de los rejimientos de milicias 
de Arequipa i Puno, mientras que enterado el escelentísimo 
señor virei de las provincias del Rio de la Plata i gobernador 
de Potosí, encargado por el gobierno superior de la quietud de 

* £1 presidente del Cosco en 26 de julio de 1809. 

t Intendente de Puno, julio. 33 N° 

X Contestación, agosto 8. 

i Ordeaes de la misma fecha N« N« • 




414 SUBTTOACION 9S LA PAC 

aqnsl mm, arbitraban ambos los medios de 
las provincias alteradas de aa mando 
que nunca i ntere s ante a. I— ventajosas eiusnstnnrísn ,qms» 
Ama pr op orcionando ala madre patria; i qae por lar mal 
ofrecía el tiempo de calamidad en esta América, 
ejercitaría su ido en sostener los derechos de 
soberano, sin perder instantes en parí iu ¡peí— 
ocurrencias que fuesen dignas de mi co n o cim ient o. Seto 
misma orden la trasladé al nuevo presidente ClujMwnmf 
añadiendo: que si creye se conTeniento tomar el mande 4i 
las tropas podría ejecutarlo d esd e . tun g o , í seguir baste ■ 
Pas a deshacer el nublado quealK i en la cindad deQm» 
quisaca se había formado, obrando siempre oon la 
tino, i prudencia que exijian las circnnstaaciast que 
este caso, como en el de no resolver sn partida, e s p er ab a oes 
influiría con sus consejos i precaución a las autoridad*, i 
vasallos fieles del señor don Fernando VII : que en las previ» 
ciencias que fuesen concernientes a tan delicada, como intere- 
sante materia,* procediese con acuerdo de la real audiencia 
del Cusco, gobernadores intendentes de Arequipa, Puno» i 
Potosí, i particularmente con el excelentísimo señor virei de 
Buenos Aires, a quien instruiría de todo para que pudiese rcci» 
bir anticipadamente sus órdenes, i que finalmente en el apresto i 
conducción de útiles de guerra, reunión de tropas i su disc¡~ 
puna, como en la remisión de dinero i cuanto fuese 
io para la subsistencia de ella, no debían perderse 
tos : todo con el fin de preservar a este reino del contajio 
que, difundido hasta las estremidades del de Buenos Aires, 
amagaba ya en el territorio vecino de este.f Sustancial» 
mente reproduje al coronel Ramírez el espíritu de mis dis- 
posiciones, en jeneral conducentes al exacto desempeño de la 
comisión honrosa, i de confianza que me había merecido, a 
cuyo proposito debía concertar con el presidente interino sus 
planes, i seguir hasta Puno con la brevedad que fuese posible ; 



* ídem N«, N° i N« 

♦ ídem N° 



SUBYUGACIÓN DK LA FAZ. 



415 



át 



i que debiendo en cumplimiento de mis órdenes haberlo verifi- 
üdo la» tropas de Arequipa, i reuniéndose las de la misma 
fOmnoiA» toda su atención i conato deberían emplearse en 
en estado de operar militarmente con acierto en sus 
En la misma fecha escribí al intendente de Arequipa, 
noticiándole la causa que había motivado mis providencias, 
para que luego luego mandase aprontar los doscientos hombres, 
i dándoles sin demora una competente instrucción los hiziese 
ir al punto señalado de Puno : * i al escelentísimo señor 
de Aviles, detenido hasta entonces en dicha ciudad, en 
iguales términos, para que advertido del suceso de la Paz, i del 
peligro que ocasionaban estos movimientos, i de mis saluda- 
bles intenciones, co-adyuvase a ellas escribiendo -a los jefes i 
de su confianza, residentes en uno i otro vireinato, 
el pulso i madurez que había acreditado en ambos gobier- 
cuanto considerase útil, necesario i conveniente al logro 
la un objeto de tanta recomendación, e importancia al servi- 
do del reí i a la felizidad de los mismos pueblos, sin esten- 
denne a mas indicaciones ni a otros encargos, por considera- 
ción a su quebrantada salud ; pero que esperaba desde luego 
ms avisos i las advertencias, que debían conducirme al 
icierto que deseaba. Con estas determinaciones, contesten! 
■tendente de Puno, f dándole noticia circunstanciada de todo 
para su conocimiento, i a efecto de que concurriese por su parte 
al cumplimiento de ellas ; i así a él como a los demás jefes 
déla* provincias espresadas, encargué el mas escrupuloso 
cuidado i ▼\jilancia, para precaver en sus respectivas juris- 
dicciones ocurrencias que pudieran turbar el sosiego, que con 
tanto ejemplo como gloria de los habitantes de este vireinato 
se conservaba ileso en toda la dilatada estension del territor- 
io : testimonio que inmortalizaría su bien merecido crédito 
de lealtad al soberano, amor, i respeto a sus jefes, i de la 
mas recomendable sumisión i obediencia a las leyes. Con 
copia de lo prevenido al presidente interino del Cuzco, avisé 



• ídem N« 

t En la misma fecha N° 



416 -SUBYUGACIÓN DB LA PAZ. 

al intendente de Potosí estar prontos los auxilios di finq^ 
armada, i otros que pudiera necesitar : pero que ateadids k 
distancia que mediaba entre esa villa, i la capital ¡JQ 4&É* 
presidencia, podría diríjirse en casos de ligante aeoasidgH 
la ciudad de Puno, en donde se hallaría ya con ellos efcqu^ 
nel Ramírez, oficial que merecía toda mi confianza por sus r£U£, 
nos conocimientos, i demás cualidades requisitas: ifittabMa|S; 
hise al virei de Buenos Aires* la misma esposickm <fo. igjfc. 
ideas i providencias libradas en el asunto en el ■u¿isoi% 
término del despacho del espreso, para que con este oa%¿ 
cimiento arreglase las suyas al mismo fin de reparar el ot^M 
i la alterada quietud de sus provincias. — rM 

"Por resultas de mis anticipados encargos acerca, di ^ 
pronta comunicación por partes estraordinarios da bs,eej^ 
rrencias, fueron recibiendo avisos mas circunstanciados .j)4| 
tumulto de la Paz, i sus progresos.f La tea de la *4f1t¿ 
lucion corría por todas partes, hallando en loa sjrisw. 
seducidos de los incautos vecinos materia apta para su pro-, 
pagacion. A la deposición de los primeros majistmdos, 
siguió la de los empleados en las rentas, i estas fueron, o re- 
bajadas, o estinguidas a su voluntad, para traer a su partido 
la muchedumbre : formaron una junta, en la que solo se tra- 
taba de recojer las armas de los particulares para constituirse 
en defensa, i juramentaron a los europeos residentes en dicha 
ciudad, sobre guardar fidelidad al pueblo. Como en mis 
primeras determinaciones estaban indicados los medios de 
impedir la comunicación del fluido revolucionario a este 
reino, no tuve que reformarlas con vista de las nuevas noticias 
que se iban adquiriendo : así las repetí en los "»*nm táña- 
nos, X i aumenté el numero de tropas para la ocupación de 
todos los puntos de consideración con fuerzas proporcionadas 
al incremento que fuese apareciendo de armamento por parte 
de los sublevados ; i sin embargo de que la conducta que 



• En agosto SS. N° 

t Carta i documento del rejente, agosto S. 

t Contestación, agosto 16. N» 



SUBYUGACIÓN DE LA PAZ. 417 

)bservaron desde el principio aparecía en todos sus 
os sediciosa i digna del mas severo castigo, deseando, 
todos los recursos de la prudencia, ánfcs que poner en 
:a los de la fuerza, ordené que a la llegada del señor 
eche al Cuzco, para donde estaba en marcha, se tratase 
erdo, si convendría oficiar con el gobierno de la Paz, i 
er los medios suaves, templados, i pazificos, sin 
rar en flaqueza, para atraerlos a la unión i conformidad 
timientos que convenia a vasallos del señor don Fer- 
VII., inquiriendo el fundamento o fundamentos que los 
irrastrado a cometer el infame crimen de la rebelión, 
oas reprobable, cuanto que eran los únicos españoles 
Lmérica, que se separaban de tan sagrada obligación, 
zado asi ese jefe para dar principio a esta negociación, 
también facultad para* proceder según ministrase el 
de esta correspondencia, teniendo por norte de sus 
Iones agotar todos los medios que pudiera sujerir la 
reditada prudencia, prefiriendo siempre estos al uso re- 
> de las armas, i triste fin de una guerra civil. Al 
tiempo le encargaba se proporcionase noticias, por 
is de conocida fidelidad i confianza, del designio de 
diosos, sus cabezas, la conducta que observaban sus 
ades : si el contajio era o no jen eral, cuales sus pro- 
as de ofensa, el armamento que tenian, i su calidad. 
3nducir a Puno cantidad de armas de fuego, i los corres- 
ites oficiales de armería para el cuidado de su aseo i 
"ación ,f a fin de que estas disposiciones enérjicas i 
■ con actividad acompañasen dando valor i fuerza 
'oposiciones de amistad entabladas, i aun a las ame* 
jara que unas i otras, evitando la efusión de sangre, cau- 
xüo el efecto que deseaba en beneficio de la tranquili- 
)lica,a cuyo propósito, mandé también que se e&airiina* 
tuvieran las personas sospechosas, i papeles incetrdhu«- 



usma. 

mes a los intendentes de Arequipa i Pono, agosto 15. N° i N* 

E e 



410 «VBYV9ACION DE LA .FAX. 

km que «tentase» baoer pasar frustrando la ▼yilaaota 4 

jefot, ■ •■■■■■,, , r * 

" ¿tapiro detato ele*oeleatísiino.sefiOTmarquaae\sJ 

i gobernador mtaodent* 4a la fiel ciudad da Arequipa*!) 

do* por au mayor inmediación de los atentados coaMí 

la Pa#v i & que la impunidad de los delitos hacia ,«* 

mayor al. ufanero, de: tos. delincuentes, me representa* 

lastimoso estado/ funesta» oonasauenoias que debían, re 

de fct k pétim* conducta 4a loa sublevados i su imputo 

finalmente al .rópfQ que amenazaba a las dama* prs> 

circunvQcinAa> para que eataa consideraciones, que csl si 

i en el de su ilustro .cabildo exgian de. necesidadl m> 

gar precaución, dilyeacia, ni prevención de cuanta» pi 

co-adyuvar ai restablecimiento del orden i feliztdaíi i 

sirviesen da regla a mia medidas ; habiendo por sapait 

dado aprontar basta el número da mü quinientos hom 

la artillería que se bailaba en distintos partidos del dial 

aquella provincia, i abierto un donativo voluntario pg 

indispensables gastos» que debían impenderse en su ▼ 

cion. lia solidez de este discurso tenia en su apoyo la 

ion de que difiriéndose el remedio se daba lugar ala. 

cion del mal echando cada día nuevas i mas fuartyfta 

que baiian después mas difícil la empresa da su oun 

por lo que teniendo también presente que cortándose ¿ 

modo brevemente el eáncer, la real hacienda podm t 

laa dispendiosas erogaciones que causaba el annamedfc 

satisfecho de la iaaltad manifestada por al referida * 

miente,- dispuse que Goyeneche pasase a ponerán al 

de tres mil. hembras, estableciendo su cuartel jenaral as 

o Chucuta*, con una vanguardia de quinientos, i loa caíi 

el Desaguadero para qaa desda este punto, sibuananum 

redujeran ai perdón a indulto que se les ofrecería, m 

desde luego con velozidad a deshacerlos con el res 

ejército que se había puesto a sus órdenes, para que la 



• Oficio d»4 de agosto. El señor marques de Aviles i go 
mftndente de Arequipa. N° 



SUBYUGACIÓN I)K LA PAZ. 419 

¿oridad de él, les quitase toda esperanza de defenderse ; i a 
docto de que nada faltase a la pronta ejecución del designio, 
feibrami Las órdenes correspondientes para la subsistencia 
di fe» tropas.* 

W A este punto habían llegado las cosas cuando el cabildo 
de la Paa me dirijió un manifiesto,! por el cual, i el testimo- 
nio de dos cartas dirijidas al gobernador intendente de aquella 
«■dad, la una del virei del Rio de la Plata, i la otra del 
intendente de Potosí, intentaba probar que los alborotos del 16 
de julio eran el preciso resultado de la fidelidad, zelo i honor 
del pueblo movido de las desconfianzas que inducian el tenor 
de ambos documentos de la secreta intelijencia que habia 
advertido entre la corte del Janeiro i jefes de aquel vireinato. 
San. abultar, i dar mas apariencia a la sombra con que inten- 
taban cubrir su crimen i desórdenes, suponían tener a la vista 
irrefragables justificaciones de la reunión de tropas portugue- 
sas en los limites de Matogroso, i otros puntos de la provincia 
As Mojos ; de la existencia del infante don Antonio en clase 
As incógnito en la capital del vireinato ; de la detención dé la 
fragata Prueba ; de los insultos cometidos contra la persona 
de don Pascual Kuiz Huidobro, i de la- repetición de espresos 
desde e^Brasil a la ciudad de Buenos Aires, tejido todo de 
suposiciones falsas, e incongruas, que descubrían a toda luz 
al ínteres que le habia formado. £1 mas prudente medio de 
al cabildo, me pareció recordarle! las primeras i 
sagradas obligaciones de los pueblos, que esencialmente 
en el amor al soberano, el respeto a las leyes, i sus 
i, i en el cuidadoso esmero de conservar el orden,- la 
i público sosiego* Le manifesté también, que 
restablecer aquellos bienes que su descarriado zelo 
hecho desaparecer de la provincia, habia nombrado al 
Msnsdier don José Manuel de Goyeaeche oon todasias facul- 
tades i auxilios que pudieran conducirle al logro de tan 



* ídem, al intendente de Arequipa 18 de agosto. N° 
t Cabildo de la Paz, julio SO. N° 
X Contestación en agosto 26. No 

k e 2 



420 SUBYUGACIÓN DE LA PAZ. 

interesante objeto, que no dudaba sería conseguido por 
medios que los de la persuasión i convencimientos, a ctjr 
fin propendería el cuerpo municipal, poniendo término i'l 
las perjudiciales inquietudes orijinadas de la irreflexión, 
las resultas mas funestas que podría producir su mal ijus^h.j 
Como la idea de uniformidad de sentimientos que remaba 
este vireinato debía ser la de mayor desconsuelo para las 
amotinados, pasé de aquella respuesta copia a algunos jefe 
para que arreglasen a ella las contestaciones de iguales o&efel» 
que tenia noticia haberles dirijido el cuerpo municipal de la 
Paz. 

" La ajitacion de mi espíritu con la incertidumbre de los 
medios que habian de producir la reorganización de aqueta 
provincia, era frecuentemente interceptada con óÜferenlBS 
partes de los juezes territoriales/ rezelosos los unos de pudfe* 
cer el mismo trastorno, i otros, como el de Apolobamba, para 
ponerse a la sombra i protección de este mando, a cuyas ? 
solicitudes se ocurrió con providencias enérjicas i auxilia- ? 
torias, sin alterar los limites de ambos vireinatos que deber- ^ 
ian ser siempre los mismos ; en cuya consecuencia los reos * 
que se aprendiesen como autores de los alborotos, previne l 
se pusiesen a disposición de aquel superior gobierna para su 
corrección i condigno castigo. 

" Hasta la llegada del presidente Goyeneche a la ciudad 
del Cuzco, el rejente de aquella audiencia encargado interina- 
mente del mando, i el mismo tribunal acreditaronf en el pun- 
tual cumplimiento de mis órdenes sobre aumento de fuerzas» 
su zelo adelantado, su amor al rei i al público, todas las que 
considero oportunas para mantenerlo en la provincia. En 
estas circunstancias llegó Goyeneche al Cuzco, i desde el mis- 
mo día empezaron a activarse las disposiciones militares de 
armamento, disciplina i ocupación de los interesantes puntos 
de la división de ambos vireinatos. 

" El nombramiento que la suprema autoridad de la nación 

* Subdelegados de Chucuito, i Apolobamba : intendente de Puno. N« 
t £1 rejente de la real audiencia del Cuzco, agosto 10 de 1812. 



SUBYUGACIÓN DE LA PAZ. 421 

icababa de hacer en el escelentísimo señor don Baltasar Hidal- 
go de Cisneros para nuevo virei de las provincias del Rio de 
~k Plata, desvanecía enteramente los aparentes i figurados 
jipraftastoe de la insurrección de la Paz ; pero la llegada de 
asle jefe a la Colonia del Sacramento, desde donde avisó al 
ayantamiento haberse posesionado del mando para el debido 
reconocimiento i obediencia de la provincia, ofreció nuevos 
ostáculoa e inconvenientes al ilegal gobierno de la Paz* 
sobre aa reconocimiento por falta de requisitos acerca de su 
recibimiento; i a la sombra de consultar esta simulada duda se 
iba difiriendo mas i mas cada día la justa subordinación a los 
ltjítúnos majistrados. Sustancialmente fué esta mi contes- 
, tacion a aquel cuerpo que dirijí apertoriaf i con oficio al 
presidente del Cuzco, para que enterado de ella, i de los medios 
capciosos con que pretendían sostener su escandalosa insu- 
bordinación, continuase con mayor actividad i enerjía, dando 
cumplimiento a mis órdenes e instrucciones condicionales, 
relativas a contener el desorden i sofocarlo en su mismo oríjen, 
alternando siempre en sus providencias el rigor con la suavi- 
dad según las circunstancias, que no era posible prever, ni 
prontamente remediar en tanta distancia, sobre que libraba en 
su prudente juicio el acierto, no menos que en la confianza que 
al nombrarle me habia merecido. 

" La respuesta de este escelentísimo cabildo a igual consulta 
que le pasó también el de la Paz sobre el mismo asunto,! fué con- 
forme en todo a la que yo le di i a la que recibieron del Cuzco, 
i no pude dejar de hacerles entender que eran conocidos 
sos designios, aunque ocultos bajo el velo de una débil duda 
que no merecía el nombre de tal : que esta conducta, mui 
ajena de los sentimientos de lealtad al soberano de que hacia 
tanta ostentación en sus papeles, luego que fuese desmen- 
tida por el respeto debido a las leyes i a los lejítinios repre- 
sentantes de la soberanía, haría mudar también a este cuerpo 



* £1 cabildo de la Paz, agosto 12. N u 

t Contestación, agosto 29. N u 

t Carta del cabildo, 1 de setiembre. N° 




422 SUBYUGACIÓN DE LA PAC. 



la resolución en que quedaba de no daroidos ni contestación t 

sus oficios. 

" No fué menos terminante i enérjica la que el ayuav 
miento de Arequipa dio a los primeros oficios de la Pafci 1 a 
proporción del riesgo que la mayor inmediación les ofrecía» Mi- 
tenidos por el escelentísimo señor marques de Aviles,* i por sa 
zeloso gobernador, fueron también activas i vigorosa* su 
providencias de auxilio i de precaución, ya ministrando jante, 
armas, víveres i dinero para la espedicion ; ya deteniendo el 
paso a los papeles sediciosos, i a los diputados del gobierno 
revolucionario : al mismo tiempo recibí, por conducto del 
-gobernador, testimonio de las deposiciones! que bajo de jura- 
mento hizieron varios sujetos emigrados de la provincia i an- 
dad de la Paz en comprobación del desconcierto i complete 
insurrección i anarquía en que se hallaba, cuyos avisoí 
comunicados con prontitud i oportunidad a este gobierno, ñau 
servido en parte de luz para dirijir mis providencias al acierto 

" Como medio seguro de conseguirlo, representé oportuna 
mente a la soberanía con copia de documentos el estado d< 
aquella desgraciada provincial i mis disposiciones para sal 
varia del miserable estado a que estaba reducida; i aunque coi 
el desconsuelo de que la distancia era un inconveniente insu 
perable para recibir las órdenes que necesitaba para obrar ei 
tiempo i oportunidad, no he dejado por eso abandonado s 
interés i el de la patria, cuya felizidad, i la de nuestros hei 
manos los vasallos de su majestad en estos dominios, ha sid 
el objeto a que terminaban siempre con igual voluntad mi 
disposiciones. Ni para conseguirla he fiado solo de mis luzes 
esperíencia i facultades del empleo ; pues en los casos ma 
graves i de difícil resolución, lo he sometido todo al consej 
de este acuerdo, oyendo sus dictámenes con atenta circuns 
peccion para deliberar lo mas conveniente al servicio del re 



* £1 marques de Aviles, i gobernador intendente de Arequipa, agosto 11 

t Documentos. 

t Al ministro de estado en agosto 21 N<> i N° de este espediente. 



SUBYUGACIÓN DE LA PAZ. 423 

i bien de sus pueblos, sin detenerme en los trámites de una 
«satanciacion rigurosa, que entorpecen por looomun i atrasan 
#J arden de los negocios con detrimento de su mas .pronta 
mptdaekm, de la cual ordinariamente depende el buen o mal 
&fe> de las determinaciones. Asi, en el presente que por su 
interés i gravedad demandaba la celeridad i el consejo, atendí 
a ambos estreñios, sacrificando a beneficio del primero la 
ritualidad de las formas dilatorias de los tribunales, ceñido 
■jucamente al apresto de tropas, municiones, víveres, i demás 
«liles de guerra, i su dirección : toda mi atención i cuidados 
tendían a este fin, haciéndolos pasar en toda dil\jencia, 
según las disposiciones, a los puntos que demandaban los casos 
ocurrentes, para lo que era incesante en repetir las órdenes, 
ene debían proporcionarme luz i conocimiento del estado de 
kt insurrección, i de las intenciones de los tumultuados. 

!' Por consecuencia de ella» se recibían a un mismo tiempo 
avisos del cumplimiento de las disposiciones militares/ i se 
tdalantaban también noticias documentadas de los acaeci- 
mientos del alboroto de la Paz, de su total desconcierto^ i so 
abandono i desorden hacían la mayor justificación para 
proceder con la fuerza armada a su remedio ; pero la mas 
dará instrucción de cuantas podían presentarse en tan crí- 
ticas circunstancia*, es la que- ministra el documento adquirido 
por parte del escelentísimo señor marque» de Aviles.f Descu- 
briendo por él a toda luz ser obra de unos pocos malvados 
la de la conmoción popular, i que su ciege e inocente pueblo 
había sido seducido, i engañado por aquellos díscolos, se 
aseguraba hallarse sana i Hbre de la corrupción la mejor i 
mayor parte de su vecindario; en cuyo supuesto se proponía 
como necesario i conveniente ei. medio de ocurrir sin dilacio- 
nes al mal, i cortarlo radicalmente en sus principios. No 
estante la seguridad de estos datos, que parece debían ser 
suficientes para no diferir el ataque contra los revoltosos, co- 



* El marques de Aviles i gobernador intendente de Arequipa, agosto 21 
N° Cuad no 2 o 
t El marques su oficio de 21 do agosto. N° dho cuad»"» 



SUBYUGACIÓN DE LA PAZ. 

ae hallasen aun pendientes, i por contestar, los ■ 
ires que encargué al préndente i aconsejaba la polBW 
.entar con antelación a los de la fuera, (altando ama para) jj 
te caso el acuerdo de las autoridades de aquel i 
amo se lo tenia espresamente prevenido al mismo preaídcaav I 
lispuse se le pasasen los mismos aviso* para qne la coma-' | 
licacion de sus noticias pudiese servir de t 
ciones." 

" Cuando este zeloso i dilijente jefe se hallaba < 
mente dedicado a cumplir con la mayor exactitud mi óni 
sobre acuartelamiento de tropas, su instrucción i discipliaa,+ 
ocupaba los puntos de comunicación, a que concurrieron coa 
la mejor disposición los auxilios de los jefes de las i 
provincias, se ponía en estado de obrar de acuerdo coa 
los de Buenos Aires, i dictaba los oficios mas persuasivos i 
elocuentes al cabildo de la Pan para inducirlos a una amis- 
tosa terminación, disipando sus simuladas sospechas, absol- 
viendo sus aparentes dudas, i ofreciendo su i 
todo jénero de sacrificios, no olvidó, al concluir subi 
tado oficio, la insinuación de que este reino, unido en farras! 
liga, estaba decidido a sostener con su respetable fuera m 
justa causa, i los principios saludables de la coaservacion del 
orden, i respeto a las lejítimas potestades. Entonces mismo 
aprovechándome de las noticias que comprendían el cumulo 
de partes dirijidos a este gobierno por los jefes de las provin- 
cias, sus cabildos i particulares, tuve ocasión para incluir al 
ayuntamiento de la Paz la contestación de un oficio, que, 
estando resuelto pasarme, según sus actas recibidas en testi- 
monio por conducto del gobernador de Arequipa, no había 
aun llegado a mis manos. En esta respuesta,! procuré esfor- 
zar los sólidos fundamentos de la carta del presidente Goye- 
neche, congratulándome por el reconocimiento del nuevo jefe 

* Oficio al mismo marque» de 4 de setiembre. N° Cuaderno 
dicho. 
I Ofitin tic GiiycDn-he asusto 20. N» 

t Oficio setiembre I" N" ( 'ii.ulornn 3" 



SUBYUGACIÓN DE LA PAZ. 425 

principal del reino, les manifesté la grata sensación que habían 
producido en mi alma los nobles sentimientos que manifestaba 
•1 vecindario, para conservar los lejítimos derechos de nuestro 
«oberano, i que siendo la desunión i rezelo de los majistra- 
dos lo que mas se oponía al espíritu de patriotismo i de leal- 
tad al monarca desgraciado por quien debiamos sacrificar- 
aos, les insinuaba con ruegos depusiesen cualesquiera resen- 
timientos contra los jefes lejítimos, sustituyendo la unión i 
total conformidad de opiniones que en mi concepto habia 
reinado siempre, sin mas diferencia que la de la desconformi- 
dad de los medios. Finalmente les anticipé las mas espresi- 
vas gracias a nombre del rei, porque creia que adoptando 
mis sanas i pacíficas intenciones, harían lugar a que la his- 
toria de estos tiempos llenase sus pajinas con los elojios jus- 
tamente merecidos a la constante fidelidad de esta América, 
i que frustrando así las detestables miras de sus enemigos, se 
harían también acreedores a las retribuciones i justa consider- 
ado* del señor don Fernando VII cuando la divina providen- 
cia le restituyese al trono de sus mayores, robado por la atroz 
perfidia de nuestro natural enemigo. 

44 El favorable aspecto que ofrecía el estado de la Paz, 
mediante las últimas noticias, hubiera decidido a un jefe menos 
circunspecto i deseoso del bien jeneral a variar el plan de 
sus disposiciones, para que aorrándose los gastos consider- 
ables, a proporción que habia sido necesario aumentar el 
armamento, pudiese servir su importe para auxilios de la Penín- 
sula.: pero el prudente rezelo que debe acompañar al que 
""rt^ para evitar una sorpresa decidió la contestación que 
di a Goyeneche esponiéndole las circunstancias, a efecto de 
que su juicioso discernimiento pudiese arbitrar con presencia 
de los acaecimientos sucesivos, i de las órdenes, o preven- 
dones del nuevo virei de aquellas provincias, i que en todo 
caso estuviese mui a la mira para impedir todo motivo que 
pudiera alterar el sosiego que disfrutaban las de este mando 
inmediatas a aquel. 

Por el mismo orden contesté al escelentísimo señor Aviles, i 



■UBYUGACIOM DE LA FAX. 



gobernador intendente da Arequipa,* aprobando las 'med 
de preeaaeioa hasta entonces tomadas en dicha c« 
con sarfcAidsnV óV smbo* jefes, loe cuales daberiai < 
con icnardn del presidente, según las ordenes o ius 
otoñes trae le había pasado candMtosndinente, i 
la detneV anticipación sobre el asunto; a cuyo propósft 
facilité a loe de Arequipa, de los repuestos i continuas i 
sionea que se hadan de armas a la ciudad del Cuso 
nteiero de las que pidieron para armamento de sus urina 
convine en la provisión uterina de los empleos que i 
bacantes en ellas, como también eú loe reemplaios deaq 
parte de su oficialidad que se hallaba incapaz de hac 
servicio activo, o por edad, o por achaques, 

" Con la mayor impaciencia aguardaba el éxito que d 
pro d uc é* en los ánimos de los sublevados loa alternado 
dios de dulzura i aágasidad, qué a un tiempo mismo» se 
pleaban por los jefes i cabildos de este vireinato, i los 
fueran que en numero mas ventajoso de hombres, ara 
disciplina se iba disponiendo, de la que ya una parte oei 
los puntos de comunicación, cuando recibí por estraosdi 
que me hiño el presidente las noticias que había adquirió 1 
asedio de su correspondencia privada. Ya se confesa 
la Paz publicamente el error; i llenos de terror i de ase 
los autores del crimen con el reposo inalterable ds 
vireinato, i con los preparativos, no se les ofrecía otro i 
de seguridad que el de la fuga. Leparte sana del vecun 
atemorizada con las amenazas del saqueo i la muerte, 
atrevía a levantar la voz de la fidelidad, contando e 
proximidad de los auxilios de este mando. Se dah 
cierta la estincion de la tumultuaria, e ilegal junta de a< 
ciudad, de modo que todas ellas hacían un complexo d 
ouMtsaicias de favorabilísimas consecuencias a los intereí 
S. M» Be supo en el mismo modo confidencial el movin 



• Oficio de setiembre 11. N° 



SUBYUGACIÓN DE LA PAZ. 427 

de tropa» de la capital de. Buenos Aires con destino a, las pro- 
Tipas* de Charcas, cuya retardada düij encía para contener los 
alborotos de Chuquisaca i los procedimientos de aquella 
aidiencia, era forzoso atribuir a la detención que habia 
atñWido el nuevo virei Cisnerosen la Colonia del Sacramento, 
son notable detrimento i riesgo de la integridad de la. .mo- 
narquía en aquella parte de esta América, cuyas miras se 
(urgían con mayor claridad a la independencia ; i finalmente 
anunciábanlos propios papeles que, hallándose el intendente de 
Potosí puesto en marcha para detener la fuerza con que la 
audiencia de Charcas habia decretado su prisión declarándo- 
lo traidor, tenían aquello en espectacion, i se esperaban las 
reinitas; siendo estos inconvenientes los que ostruian el 
curso de las operaciones del ejército del reí, formado en este 
añado, i el mas poderoso la falta de comunicación i acuerdo 
con las autoridades lejitimas de aquel, como lo tenia dis- 
pateto.* 

M No así lo respectivo a este vireinato, en que los partes i 
oficios de los jefes circulaban por las provincias con la misma 
Tilosidad con que se trasportaban las tropas i todo jénero 
¿armas, municiones, i el dinero que debia hacer su subsisten- 
cía, a pesar de las largas distancias, i de la fragosidad.de 
los caminos. También se iban acercando a los puntos de 
amyor cuidado los jefes militares, que tanto de esta capital 
eosao de la ciudad del Cuzco habia elejido para estos desti- 
los con previos informes, i conocimiento de su aptitud i dís- 
posictoae*. Ordenado todo del modo que queda espuesto, i 
preparado a recibir la mas terminante contestación, ya por la 
parte de los amotinados, ya de los jefes naturales de aquel 
vireinato, en virtud de las cuales habia de proceder a ulterior- 
es determinaciones ; firme en mi resolución de agotar todos 
los recursos de sagazidad i dulzura antes que los de la fuerza 
para no exasperar los ánimos de aquellos provincianos, dándo- 
les lugar a que convencidos de la irresistible que les presen- 

• Oficio del señor Goyeneche, setiembre 7. N© 



420 SUBYUGACIÓN DE LA PAZ. 

taba a la raya del vireinato,les hiiiese implorar el perdón qikf 
francamente se les ofrecía;* i asegurado de la quietad, i 
fidelidad inalterable que se disfrutaba en el territorio de mí 
responsabilidad, di al desprecio los avisos que se me impar- 
tían acerca de que los conspirados empleaban las miserablef 
armas de la sujestion para conmover a los indios, i a los 
pueblos i provincias inmediatas. Lejos de inquietarme mu 
conducta que manifestaba su debilidad, se hacia maa des- 
preciable a vista de las representaciones con que la nobleza i 
vecindario del Cuzco, poseídos de los sentimientos mas 
honrosos, se ofrecían a servir con sus personas, armas i 
bienes, al comandante jeneral Goyeneche en la empresa 
gloriosa de contener los desórdenes de los insurjentes de la 
Paz, restaurando a 8. M. la provincia, i a sus fielesvasallos, 
oprimidos por el tiránico gobierno establecido en dicha ciudad, 
el reposo i la seguridad de que carecían. El entusiasmo i 
eficaz empeño que acompañó a esta representación, puso al 
comandante en necesidad de admitir la oferta de algunos 
para que siguiesen en su compañía, dando a otros muchos la 
orden de presentarse en Puno para que la multitud no embara- 
zase la prontitud de las marchas. Dispuesto todo para ejecu- 
tarla con la mas estraordinaria actividad, arregló los demás 
puntos, relativos al mando de la provincia en lo militar i po- 
lítico, i partió a tomar el mando del ejército reunido en el 
Desaguadero. El orden, método, i concierto con que se prac- 
ticaron estas dilij encías, mereció mi aprobación absoluta, 
como que nada había omitido para asegurar el acierto, no 
siendo poco lisonjera para mí la idea que estos primeros pa- 
sos me ofrecían, de haberlo conseguido en la elección del 
sujeto que había de desempeñar tan delicada comisión. Mas 
a pesar de la confianza que tan justamente me debía el jefe 
por sus talentos i actividad, no menos que por su dulzura i 
sagazidad ; angustiado mi ánimo con la representación de una 

9 

" Intendente de Puno, oficio i documentos, setiembre S. N° Ca- 
bildo de Oruro, agosto 28. N° 



SUBYUGACIÓN DE LA PAZ. 42Í) 

gima civil a que podía dar lugar la ostinacion i ceguedad 
A los rebeldes, repetí con mayor instancia mis encargos* a 
sJMto de que, ocupada la posición del Desaguadero con 
sapas empanes de imponerles repeto, esperase en esta con- 
finidad laórden del escelentísimo señor virei de Buenos Aires, 
segociando entre tanto por sí, i por medio de un oficial o 
personado su confianza con las calidades de sagaz, intelyente 
i activo, loa medios de una reconciliación, cuyo arbitrio le fa- 
cilitaría también, instruirse del estado, i manejo de los 
tnssultuados en todos ramos : dilijencia que, repetida con 
cualesquiera protesto, le serviría para adquirir nuevas noti- 
cia*, que le pusiesen en aptitud de juzgar i deliberar conforme 
m estos conocimientos. 

** Como los preparativos i disposiciones militares de este 
Tkeiuato eran de la mayor consideración i magnitud, no 
{Midieron dejar de infundir terror i respeto a los autores de la 
zevolacioa de la Paz, Así, pues, apelando a miserables ardi- 
\ 9 no por sostener ya el proyecto de su independencia que 
desbaratado, sino para lograr la impunidad- de sus 
d el itos, recurrieron a este gobierno para que se suspendiesen 
las operaciones hostiles que suponían estar preparadas en 
Pono, sin orden de esta superioridad, contraía ciudad i provin- 
cia de la Paz, siempre fiel a su soberano, i obediente a las 
autoridades que la rejian en su real nombre, como decían 
acreditarlo los documentos que acompañaban a su representa- 
ción; pretendiendo justificar con ellos el criminal atentado de 
la separación de sus jefes en la noche del 16 de julio, dar 
valor al sumiso i voluntario reconocimiento que se había hecho 
en solo papeles de la autoridad del nuevo virei de aquellas 
provincias, cuando aun permanecían en el mayor desorden, i 
mantenían las lejítimas autoridades separadas de sus respec- 
tivas funciones i cargos; poniéndose al abrigo, sombra i pro- 
tección de las providencias estendidas por la audiencia de 
Charcas, complicada en iguales alborotos contra el presidente 
i majistrados de aquella capital, al mismo tiempo que por 



* Orden de setiembre 23. N° Cuaderno S° 



430 SüBYÜG ACIÓN DX LA PAZ. 

declaraciones» ocupación de lo» papalea del comisionado que 
dirijieron a Cochabamba, i otro* instrumentos de igual auten- 
ticidad,* se descubría el oculto designio de fomentar la insu- 
rrección haciendo prosélitos de las provincias de ajena juris- 
dicción, i procurando por todos medios, aun los mas repro- 
bados, empeñar en su indigna causa a los inocentes oríjinaríos 
del pais, valiéndose de su misma rusticidad e ignorancia. 

" No ostante tan irrefragables testimonios de la mala fe 
con que se conducía el ilegal i revolucionario gobierno de la 
Paz, mis órdenes no sufrieron el menor correctivo ni varia- 
ción, en orden a los medios que debian pulsarse antes de llegar 
al ultimo estremo de hacernos mutuamente la guerra, con derra- 
mamiento de la sangre de vasallos de un mismo soberano. Por 
el contrario, procurando yo mismo engañarme con la lisonjera 
ilusión de que el aparato de las armas hasta entonces descono- 
cido en el Pera, acompañado de la dulzura i persuasión, no 
podría dejar de obrar una fuerte impresión en los ánimos de 
los pazíficos pobladores, aumentaba la fuerza, i daba una 
irresistible al ejército del reí, a cuyo jefe con infatigable 
tesón instruía de cuantas noticias llegaban a mi conocimien- 
to,! para qne a su vista, i contando con el talento, juicio i 
perspicacia que habia acreditado en los negocios, me asegura- 
ban que hallaría medios conciliatorios para restablecer el 
orden, unión i buena armonía de los pueblos que la habían 
alterado. A estas recomendables cualidades era preciso fiar 
también la elección de los medios i recursos, como lo ejecuté, 
para que mediante ellos i su consumada prudencia procurase 
evitar la efusión de sangre, que tanto repugna a mi corazón, 
harto sensible a las calamidades que sufrían, i que procuraba 
remediar. 

" Pero contra mis deseos, i aun contra toda racional 
esperanza, la malicia de los autores del alboroto inventaba 
cada dia nuevos artificios para dilatar el debido reconocimiento 



* Oficio del intendente interino de Cochabamba, agosto 25. N° 
Cuaderno 3o« 
t Orden a Goyeneche octubip 10. N° Cuaderno dho. 



SUBYUGACIÓN DE Mi ?AJt 481 

alte autoridades, restablecimiento del orden i tranquilidad 
pébtiea; i su ambiciosa toiaeridad» abnsanc|Q délas insinúa* 
ciones, oficios, proclamas, i ruegos empleados simultánea* 
■ente por mi i el comandante Goyeneche para facilitarles no 
solo el perdón, sino el olvido de sus crímenes i restauración 
de su honor i felizidad, sordamente minaba, de acuerdo con 
los de Choqnisaca, la tranquilidad de las demás provincias 
leales de ambos vireinatos. La pequeña parte del erario que 
había escapado de su mala administración i dilapidaciones» 
se empleaba en estos mismos usos, i en el acopio de. muni- 
ciones . i armas, con ánimo resuelto de prepararse a una 
entinada defensa. Los inmensos gastos que ocasionaba, no 
solo el pié de este ejército, . sino los cuerpos que en calidad 
de reserva se mantenían en las ciudades de Arequipa i Cusco» 
eran insoportables i dignos de la mas alta consideración en 
circunstancias de hallarse la Península en la mayor i mas 
jasta necesidad de ser socorrida para sostener los derechos 
ea común de la monarquía, los cuales habían de ser indispen- 
sablemente mayores si se daba lugar a la próxima estación 
da aguas, i a que con este motivo, i a favor del tiempo que 
procuraban ganar se biziesen mas fuertes, i de consiguiente 
asea ¿ifícil la empresa de su, sujeción ; razones todas que» 
unidas a la mas poderosa reflexión que hizo el intendente de 
Potosí > encargado de la tranquilidad de las provincias interior- 
es del vireinato de Buenos Airea, acerca de ser infructuosas 
las diligencias de dulzura en que fraternalmente estábamos 
empeñados» i de que resultaba su opinión de. ser coavenien- 
tíaúno que el comandante jeneral se acercase a los altos de 
la Paz, al propio tiempo que él por su parte se ponía 
en movimiento para ejecutar igual designio contra loa de 
Cbuquisaca, tersaron mi compasivo, corazón a dictar aj 
fin, en cumplimiento de mis estrechisimasobügycienes» la 
severa, única, i urjento deüberaeioa de marchar atacando coa 
enerjía a los sediciosos sin oírles representación, ni discurso 
alguno que no fuese acompañado al mismo tiempo de actos 
positivos de sumisión i respeto a las leyes, i al puntual cum- 
plimiento de sus órdenes, que en virtud de las de esta superiorí- 



SUBYUGACIÓN DE LA PAZ. 

¿bian ser dirijidas a la- reposición de las autoridades 
las, tanto civiles como eclesiásticas, que escandalosa- 
3 babian separado. 1 ^p! 

Si tan poderosos fundamentos como los que quedan referi- 
han calificado de urjente i necesaria la determinación de 
echar a los revoltosos de la Paz i Chuquisaca, las nuevas 
rrencias de la misma especie suscitadas en Quito, levan- 
do descaradamente el estandarte de la independencia, la 
rroboraron dándole un carácter de justa i necesaria, i los 
levos gastos a que obligaba la precisión de correjir estos 
scesos exijian no diferirla un momento. Asi, cerciorado de 
juepor una rápida marcha habia logrado el comandante jeneral 
iituarse en Puno, i establecido sus proposiciones, con arreglo 
a la instrucción que le tenia dada, libré la citada orden contra 
los insurj entes de la ciudad de la Paz, bien persuadido que 
el estruendo solo de las armas de un ejército desconocido en 
estos países por su número, armamento i disciplina, seria 
suficiente a poner término a mis cuidados, i a los males que 
ocasionaba su desorganización ; previniéndole asimismo que 
de los sucesivos partes que esperaba de sus operaciones 
instruyese al señor virei de aquel reino, cuyas órdenes obser- 
varía con preferencia a las mias, siempre que las unas difirie- 
sen de las otras. "'• 
" La distancia de la capital de Buenos Aires, que, como « 
atrás queda dicho, era un inconveniente para concertar las 
disposiciones, junto con las dificultades que ofrecía a la 
comunicación la frecuente interceptación que hacían de la 
correspondencia las provincias sublevadas, dilató hasta esta 
época el recibo de las cartas del jefe superior de aquel reino, 
el cual instruido de los primeros movimientos de la Paz i 
Chuquisaca, adoptando politicamente los medios de lenidad i 
dulzura para contenerlos, habia arreglado a ellos sus deter- 
minaciones ;f pero atendida la naturaleza de los desórdenes 



. i 




* Orden de octubre 26. N u Cuaderno dicho. 

t £1 virei de Buenos Aires setiembre 10 de 1809. N° Cuaderno 

3o. 



SUBYUGACIÓN DE LA PAZ. 433 

que en la primera se habían cometido, i que sus actos desviados 
de la subordinación i respeto a las autoridades constituidas 
eiijian serias providencias para refrenarlos, i evitar el mal 
ejemplo que podría diseminarse en las demás provincias, le 
ponían en precisión de instruirme de todo, contando con mis 
auxilios para reducirlos por rigor a la razón, caso que sus suaves 
i templados medios no hubiesen alcanzado a reducirlos a sus 
deberes; como justamente estas mismas habían sido las 
empleadas hasta el día sin fruto alguno por parte de los revo- 
lucionarios, cuya obcecada conducta había producido mis pro- 
videncias de justicia, esta fué mi contestación a su primer 
oficio/ acompañándole copia de la orden que en aquella 
fecha pasaba al comandante jeneral Goyeneche para proceder 
contra la sediciosa ciudad de la Paz ; le instruí de la respues- 
ta, que había dado al capcioso oñcio que acababa de recibir 
del decano de la de Chuquisaca ; i le aseguré por último que 
como mas inmediato concurriría eficazmente a mantener la 
tranquilidad de ambos territorios con igual ínteres i esfuer- 



za JEn el intervalo del tiempo necesario para que pudiese 
llegar a manos del señor Goyeneche la antecedente, había 
recibido ya este jefe, por diputaciones de los cuerpos, la con- 
testación a sus intenciones. Ellas se presentaron conforme a 
mis esperanzas, acompañadas de espresiones las mas sumisas 
i respetuosas; a las que correspondió el jeneral con una con- 
ducta afable i severa, consecuente a la cual se arreglaron las 
determinaciones para el desarme de la ciudad, que debía ser 
la basa i fundamento que acreditase la buena fe de sus pro- 
posiciones ; i habiendo nombrado un oficial encargado de esta 
comisión, regresaron con él los diputados satisfechos recípro- 
camente de las buenas intenciones con que se dirijia este 
negocio al bien i felizidad común» No se habia recibido las 
resultas de esta nueva comisión, cuando por espreso que transita- 
ba por medio de estas provincias, dirijido por el escelentisimo 



Contestación al virei en octubre 26. N° Cuaderno dicho. 

p f 



14 SUBYUGACIÓN DE LA PAZ, 

ñor virei de Buenos Aires, i por algunos emigrados de Issa 
ama ciudad, se confirmó la vaga noticia de hallarse sumer — 
L* en la desolación i horrores de una contra-revolncioBn 
tentada por el pueblo a protesto de una facción de europeos, 
ie suponía reunida en la casa del alcalde de primer roto ; 
¡ro el verdadero orijen de este nuevo alboroto, estando a lo 
ie resulta de la declaración del conductor,* fué la descon- 
rmidad de opiniones entre los mismos tumultuados acerca 
e entregar desarmada la ciudad ai ejército del señor Goyene- 
ke, o resistir su entrada, en que el calor de la disputa i 
Itercaciones llegó a punto de hacerse mutuamente fuego, 
el cual fueron miserables víctimas dies i siete personas, i 
las de cuarenta heridos. Del primer numero fueron algunos 
e los principales caudillos de la revolución, Lcontra-revo- 
icion, con lo cual puesta en total desorden la plebe mandada 
or individuos de ella misma, saquearon las casas de los véa- 
os mas principales, i después de otros crímenes horribles i 
scandalosos volvieron a ocupar los altos con ánimo de resistir 
i entrada de las tropas del señor Goyeneche. 

" Este jefe, con referencia a los últimos sucesos, me instruyó 
unbien de la posición que ocupaba su ejército, i que aun- 
ue el estado de la Paz demandaba urjentemente la presencia 
e sus tropas, no podia verificarse antes de siete (fias que 
onsideraba necesarios para su completo arreglo i disciplina, 
ualidades indispensables para el buen éxito de las opera- 
iones del ejército, a cuyo respeto estaba ligada la suerte de 
sta América. Todo me pareció arreglado ; i siendo por otra, 
arte tan corto el término dentro del cual debia realizarlo, 
ntes de ser recibidos sus oficios, i mucho mas de que pudiese 
egar a sus manos mi orden del 26 de octubre, reproduje en 
on testación la de estrechar a los rebeldes,! persuadido que con 
ola su presencia habría restablecido el orden i sosiego de 
quella ciudad, no dudando que, repuestas en ella las autori- 
ades, sucedería lo mismo en Chuquisaca, con el concurso de 

* Cuaderno dicho. 

t Orden de noviembre 2. No Cuaderno dicho. 



SUBYUGACIÓN DE LA PAZ. 435 

laf tropas de Buenos Aires a las órdenes del mariscal de campo 
doo Vicente Nieto, o antes si fuese posible, para hacer menores 
nuestros cuidados i los dispendiosos gastos, a cuyo intere- 
sante punto dirijia desde entonces con especial anelo mis 
providencias para ponerme en estado de socorrer las necesi- 
dades de la metrópoli, i atender a la subsistencia de las tropas 
mandadas a Quito. Aprovechando la oportunidad de esta 
contestación, la di al gobernador de Potosí* (encargado de 
hacer pasar con seguridad la correspondencia de la capital de 
aquel vireinato, i de comunicarme el estado de las provincias), 
iel recibo de documentos de una i otra especie, que me habia 
remitido, i le \úze saber mis ultimas deliberaciones,! supuestas 
las cuales me aseguraba haber conseguido el mas cumplido i 
lisonjero término de tantos males (como los que últimamente 
padecia aquella infeliz población) con la entrada de las tropas 
de Goyeneche, a quien volví a prevenir apresurase sus dis- 
posiciones para volar al socorro de aquellos habitantes,! que 
devoraba la mas cruel anarquía ; i aunque su proximidad le 
facilitaba mas los medios de instruirse del armamento de los 
insurjentes, no omití en esta, como en las demás ocasiones, 
comunicarle las que yo adquiría sobre este punto por diversos 
conductos los mas seguros i fidedignos.§ Igualmente me 
diríjí Sí virei con las mismas instrucciones i noticia de las tur- 
bolencias del reino de Quito por lo que pudiera importar su 
conocimiento, no ostante que la distancia hacia casi inútiles 
estas dilijencias en tiempo que eran tan preciosos los ins- 
tantes* 

" En esta conformidad aguardaba con mortales ansias el 

resultado de las operaciones del señor Goyeneche ; pero el 
correo de aquella ruta, que llegó en esos dias con cartas de 
Buenos Aires, solo trajo una de aquel escelentísimo jefe con el 



* Gobernador de Potosí, 7 i 8 de octubre. N° 
t Orden del mismo, noviembre 2. N° 
t A Goyeneche, noviembre 2. 
§ Carta de de noviembre. N° 

F f 2 



430 SUBYUGACIÓN DE LA PAZ. 

aviso de la salida de las tropas de la capital a las órdenes del 
señor Nieto,* que ya constaba en este mando, i los oficios del 
señor Goyenechef de fecha atrasada, trascribiendo la contes- 
tación del cabildo a sos intimaciones. En ellas se veia con 
mayor claridad i justificación que el pneblo seducido resistía 
las proposiciones benignas que el piadoso carácter del coman- 
dante jeneral babia hecho, tanto por escrito como por la viva 
voz de los diputados. Supuesto lo cual, conociendo que el 
ilegal gobierno de aquella ciudad, aunque había variado de 
manos tiránicas, no de opinión i sentimientos, repitió las mis- 
mas promesas en un modo mas enérjico, protestando que su 
firmeza para sostener la estabilidad de sus proposiciones 
no seria iuferior a la severidad con que castigaría la conducta 
de los que reuniesen e indujesen con falsos rumores al pueblo 
a obrar contra sus verdaderos intereses. Este noble i jenero- 
so proceder del comandante jeneral, al mismo paso que aumen- 
taba mis satisfacciones con respecto a la elección que de él 
habia hecho, me dejaba mas plenamente convencido del arreglo 
i justificación con que habia procedido a espedir mi orden de 
26 de octubre, con prevención de los incidentes, i aun de la 
mala fe de los revolucionarios, como se colije del séquito de 
la coiTcspondencía, que forman ios cuatro volumosos cuader- 
nos del espediente formado para su pazificacion. 

" Llegó por fin el suspirado momento o dia, en que recibiendo 
el comandante por contestación a las últimas intimaciones las 
mayores seguridades de parte de la ciudad,! levantó el campo 
con el mayor orden para entrar en ella : mas como hubiesen 
faltado estas con la emigración de los vecinos de probidad, i 
la de ambos cabildos, quedando todo a discreción de la plebe 
ocupada del sanguinario capricho de pedir las cabezas de 
aquellos sujetos que indistintamente le acomodaba, i de 
atentar contra la vida del comandante jeneral, para lo cual 



* Oficio del señor virei de Buenos Aires, setiembre 27. N° 

t Id de Goycneche, octubre 6. N° 

t Parte de Coyeneche, octubre 26. N° Cua<?eiro 3© 



SUBYUGACIÓN DE LA PAZ. 437 

reunían las armas, i cuanto estaba a su disposición, pasando 
a formar un campamento en punto dominante dos leguas dis- 
tante de la población, resolvió Goyeneche antes de entrar en 
ella atacarlos el 24 de octubre en su misma posición. La 
vista del ejército solo bastó para ponerlos en fuga, retirándose 
a lo interior de los yungas o valles ; pero perseguidos con el 
mismo orden, i puestos a su frente en la madrugada del 25, 
rompieron los insurjentes un fuego de artillería contra las 
tropas del rei, en cuya circunstancia atacándolos con ardor i 
denuedo, huyeron aquellos abandonaudo en el campo las armas 
i municiones que pudieron salvar de la voladura de un re- 
puesto de pólvora, que incendiaron en el acto de su fuga. 
Los muertos que se hallaron en el campo fueron en tan corto 
numero, que no pasaron de cuatro, i algunos heridos, en cuya 
desgracia no se comprendió un solo soldado del ejército 
paziücador. Entonces saliendo de los sepulcros las personas 
fieles, que habían tomado este asilo para librarse de los 
horrores i de la muerte con que se les había amenazado, se 
presentaron al comandante i su ejército para dar con todas las 
señales del mas tierno i sincero reconocimiento las mas espre- 
aivas gracias a sus libertadores. Entre aclamaciones i lágri- 
mas marchó el ejército en dos divisiones para ocupar la ciu- 
dad, destrozada por la prostitución i desenfreno en los tres 
meses que duró la insurrección, i no bien la hubo ocupado, 
cuando por bandos i edictos convocó a los vecinos prófugos, 
i a los empleados públicos, que poco a poco fueron restituyén- 
dose los mas a sus hogares en los mismos hábitos de disfraz 
con que habían emigrado los unos, i repuso en sus respecti- 
vos cargos i empleos á los otros. Con estas providencias de 
dulzura, i otras de severidad, que empleaba según los casos, 
sustituyó el orden al trastorno, i a la desolación la alegría, con 
que se celebró igualmente que con acciones de gracias, ilumi- 
naciones, i regozijos públicos, la cesación de ios males pade- 
cidos i los que amagaba a todo el reino la continuación de 
ellos. Instruido con muí grata complacencia del feliz re- 
sultado de la espedicion, i de la fuga en que quedaban, inter- 
nándose por los yungas o valles, los protervos revoltosos de 



49H SUBYUGACIÓN DE LA PAS. 

aquella conspiración, ordené al comandante jeneral* nom- 
brase un destacamento para desalojarlos del ponto de Lioja, 
en que se habían hecho fuertes, prendiendo a los cabexas, i 
recojiendo el botín, para castigar condignamente sus crímenes 
i restituir a la real hacienda i particulares los robos, i usur- 
paciones que les habían inferido; i que desembarazada su 
atención de este cuidado, i del de la organización de los 
demás puntos que debían consolidar la permanente quietad de 
aquel pueblo, especialmente en el ramo militar, conviniendo' 
con el jefe encargado de la pacificación de la ciudad de la* 
Plata sobre los auxilios que debía prestarle, «podría despedir- 
las tropas sobrantes para no causar gastos indebidos a la real 
hacienda, ni perjuicios a la ocupación délos mismos individuos, 
en cuyo caso podría retirarse al servicio de su empleo, como 
lo tenia anteriormente prevenido. Di al mismo tiempo las 
merecidas. gracias a todos los individuos de aquellas tropas 
por el servicio que acababan de hacer, i pedí las relaciones de 
aquellos que se habían hecho, por su valor i conducta, dignos 
de la atención i recompensas del soberano, a quien di a los 
dos dias"siguientes cuenta exacta de estas ocurrencias.f 

" £1 mismo estraordinario condujo en aquella ocasión cartas 
de varios particulares, jefes i corporaciones,! tanto eclesiásti- 
cas como seculares, en que haciendo ver sus horribles pade- 
cimientos, orijinados del desorden i anarquía, colmaban de elo- 
jios i de satisfacciones al gobierno que tan oportunamente 
había aplicado un remedio el mas proporcionado a la natur- 
aleza del mal, i que había prevenido sus espantosas resultas. 
En la lacónica contestación que me debieron todos,§ a pesar 
de las muchas ocupaciones de que estaba rodeado, les hize 
ver que en mandar aquel ejército en su socorro nada había 
hecho que no estuviese dentro de la esfera de mis mas estre- 
chas obligaciones, tocándome a mi como jefe superior pro- 



• Orden, noviembre 13. No 

t Informe al ministro de estado, noviembre 15. N° 34 i N<> Cuaderno 
dicho. 

j Varias cartas que corren de f. .a f.. . Cuaderno dicho. 

* Noviembre 13. N° Cuaderno dicho. 



SUBYUGACIÓN DE LA PAZ. 439 

tejer la seguridad i propiedad de los fieles vasallos del rei, i a 
esto» conserrar el orden, por medio de la mas relijiosa obser- 
vancia de las leyes, subordinación i respeto a las autoridades 
lejftimaa, con que contaba en lo sucesivo para no ver repe- 
tidas las funestas desgracias, que con mucho dolor mió no 
nabia podido precaver, ni remediar con mayor anticipación. 

" Es preciso confesar que la dedicación del comandante 
jeneral desde el momento de su entrada en la Paz se antepuso 
en muchas ocasiones a mis órdenes :* asi antes de que pudiese 
instruirse de mis prevenciones relativas al restablecimiento 
del orden publico, Istaban ya ejecutadas con el mayor acierto. 
Dividió la ciudad en cuarteles nombrando juezes de policía, a 
quienes señaló las instrucciones a que debían quedar sujetos ; i 
a beneficio de esta providencia, i de las penas que impuso a 
los contraventores de sus edictos, se recojieron muchos efectos 
del saqueo : se desenterraron intereses de la real hacienda, i 
el armamento que tenian oculto dentro i fuera de la ciudad, 
la cual se fué repoblando de los vecinos honrados que habían 
emigrado de ella, i lo" mas esencial de todo, el restablecimiento 
perfecto de la sumisión i respeto a los majistrados. Había 
también destacado una coluna de quinientos hombres en 
persecución de los prófugos que, convencidos de la imposibili» 
dad de sostenerse, i temiendo por otra parte el castigo que 
se les preparaba con su prisión infalible, recurrieron con 
sumisas cartas a implorar la clemencia del jefe de las armas, 
procurando disminuirlos para inclinar a su favor la compasión 
que no merecían. Un zelo tan estraordinario e infatigable 
por la causa santa del rei i amor al bien común, poco me 
dejaba que advertirle en estos ; por lo que en esta ocasión 
me contraje solo a escitarle, aunque no lo necesitaba, por 
la conclusión de las causas de los reos,f luego que fuesen 
aprendidos, para que puestos a disposición del escelentísimo 
señor virei de Buenos Aires, a quien correspondía su cono- 
cimiento, las determinase en justicia ; i que hasta tanto no 



* Carta de Goyeneche, octubre 31. N° 
t Orden, noviembre 24. N° 



SUBYUGACIÓN DE LA PAZ. 441 

" La ocupación de la Paz verificada el 25 deoctubre, esto es, 
un día antes de la fecha déla orden espedida en esta ciudad para 
el efecto, ofrece la prueba mas terminante de la buena dispo- 
sición i sentimientos del comandante jeneral Goyeneche ; de 
numera que solo pudieron tener lugar mis advertencias en la 
parte económica sobre el despido de las tropas que consider- 
ase no necesarias, i la prevención de observar las órdenes del 
▼hrei del Rio de la Plata en el caso no esperado que llegasen 
tcontraríarse con las mias ; i con efecto, dirijiéndose todas a un 
designio i, por felizidad, con el mejor acierto hasta donde el 
tiempo i la distancia podian permitirlo, procuró la prudencia 
de aquel jefe combinarlas ; autorizando a Goyeneche con la 
plenitud de facultades que era necesaria para restablecer al 
orden legal la ciudad de la Paz i su partido, para el que 
nombraba en Ínterin gobernador al comandante Ramírez. 

Sosegados en este modo los alborotos de aquella provincia, 
i afirmada su tranquilidad sin mas auxilios que los de este 
Tireinato, el comandante consideró bastantes tres mil hom- 
bres para mantenerla en aquel estado,* i pasó en su virtud a 
licenciar a los demás de que se componía su ejército, puesto 
que, ni por la parte de Buenos Aires ni por la del señor Nieto, 
ni por la del gobernador de Potos!, se pedian algunos para 
contener los desórdenes de la Plata, que se hallaban en su 
mayor calor. No ostante previne al comandante jeneral t 
tuviese prontas las tropas, armas i municiones, que por algún 
accidente pudieran ser de auxilio necesario i urjente a su nuevo 
presidente el señor Nieto, a quien lo avisaba así para sus con- 
siguientes usos, i precisa satisfacción que debía causarle un 
recurso de fuerza bien organizado i respetable poco distante de 
la capital de su presidencia que, puesta sobre las armas i for- 
tificada, habia escandalosamente negado la obediencia al jefe 
superior del reino, manteniendo en rigurosa prisión al escelentí- 
símo señor Pizarro su presidente, i otros que por su buena 
conducta se habían hecho el blanco de las iras de aquella 

* Cartas de Goyeneche, noviembre 19. N° Cuaderno espedido. 
t Orden de Goyen» che, diciembre 10. N<> 



442 SUBYUGACIÓN DE LA PAZ. 

audiencia, i procuraba hacer de su partido a las demás coa 
papeles subversivos, i proclamas las mas venenosas ¡ 
audazes,* aunque sin provecho por la vijilancia de los jefes, 
i respeto que infundía en todas las provincias el ejército del 
rei. A la verdad, no puede atribuirse a otro principio el 
repentino trastorno de aquella ciudad ;f pues a la larga osuna- 
cion con que se negaron a cumplir tantas, i tan repetidas 
órdenes del vireinato, subsiguió con la presencia del señor 
Nieto en ella la mayor deferencia i respeto a sus disposiciones» 
sin haber llegado el caso de emplear un solo tiro contra los 
sediciosos.^ Con esto, libre el comandante de este cuidado 
pudo entregarse con todo el empeño de su eficacia a la perse- 
cución de los cabezas principales que tenia ya en prisión, 
siendo mui pocos» i de segundo orden, los que fugaron a la 
ciudad de la Plata i otros parajes, a donde los reclamaba con 
infatigable tesón para seguir sus causas en un modo infor- 
mativo, por no tener para proceder de otro modo las faculta- 
des de aquel gobierno, a quien habia consultado sobre estos 
puntos ; pero no olvidó en medio de tantas atenciones la que 
debia prestar a la economía de gastos de real hacienda, i el 
que correspondía al mérito de la oficialidad que 'servia a sus 
órdenes para que lograsen los premios debidos a su honor i 
tareas.§ A vuelta del mismo correo le acompañé los títulos 
para aquellos ascensos que me habia propuesto, Ínterin que 
recibidas las listas de los beneméritos que me habia ofrecido, 
les daba el mas pronto jiro, deseoso de no demorar al mérito 
bien adquirido las justas i debidas recompensas. Mandé 
repetir a todos las gracias a nombre del desgraciado monarca, 
objeto de nuestro amor i ternura, i en especial las di al jefe, 
digno de serlo de tan esforzadas tropas, por el acierto de sus 
determinaciones, pulsado i prudente manejo de las armas, el 



* Con oficio de Goyeneche hai ana a f. . 

•f* Oficio documentado del señor Goyeneche, diciembre 7. N° 

t Carta del señor Nieto, enero 9. N° 

§ Documento, diciembre 26. N° 



SUBYUGACIÓN DE LA PAZ. 448 

que hasta producido resaltados a bien poca costa felfees i 
jenerahnente satisfactorios. 

Bate filé el término que tuvieron los escesos de una i otra 
p n á Vin cia en su revolución, especialmente la de la Paz, la 
<¿oal sosegada enteramente no ofrecía ya a la vista mas que 
pmebas de sumisión i respeto :• mas como la impunidad de 
los Autores de delito tan horrendo podía ser ocasión de otros 
a ñeros, i mayores, i de gastos para la real hacienda, se man- 
tuvo en la ciudad con solo 1300 hombres esperando la contes- 
tación del jefe de aquellas provincias para remitir a los reos 
m sn disposición, o imponerles el castigo correspondiente en 
el mismo teatro de sus crímenes, para escarmiento de otros, 
al mismo tiempo que se adelantaba en Chuquisaca por el 
señor Nieto las mismas medidas para afirmar la quietud i el 
orden, a cuyo efecto procedían de común acuerdo e inteligencia. 
Estando en este estado, llegó la orden de Buenos Aires (con- 
firiéndole,)con parecer del real acuerdo, la comisión necesaria 
para la formación del proceso,f averiguación del enorme 
delito de sedición i sus autores, i finalmente para castigarlos 
ejemplarmente según el mérito que resultase contra cada uno 
de los facciosos. Autorizado con esta facultad, pudo haber 
fulminado sus sentencias con arreglo a las leyes : pero la 
acostumbrada circunspección i acierto del comandante jeneral 
le determinaron a consultar al señor Nieto su anuencia para 
la ejecución de los reos de la Paz, puesto que habiendo sido 
estos seducidos por los de la Plata, era preciso que guarda- 
sen uniformidad i consonancia en las penas. La contesta- 
ción del presidente de Charcas abrió campo para proceder con 
la velocidad que exijia la salud pública, absolviendo los pun- 
tos de la consulta, i en su virtud pronunció i mandó ejecutar 
contra los nueve principales reos la pena de horca, escepto la 
del cura de Sicasica, presbítero don José Antonio Medina, de 
que dio cuenta al vireinato,| - quedando el resto de causas 

* Carta del scíior Goyeneche, diciembre SI. No 

t Consta de varios oficios i documentos que corren a f. .i. . 

X Carta del señor Goyeneche, enero 31. No 



444 SUBYUGACIÓN DE LA PAZ. 

de los tumultuarios de segunda clase ajilándose con la mayor 
celeridad* 

" La fidelidad de la misma ciudad de la Paz ofendida 
instaba por este sacrificio debido a su futura seguridad» a la 
conservación de su honor, i de los intereses particulares. 
Por estos principios, i consultando sólo a las leyes, el mismo 
castigo debió recaer sobre otras muchas personas que directa- 
mente se complicaron en la obra de la revolución ; pero la 
clemencia del soberano clamaba igualmente desde su prisión 
en favor de estos desgraciados. Así el comandante jeaeral 
elijió para el escarmiento de todos, los mas principales, 
aquellos que por una conducta abominable habían empleado 
todos los medios que estaban en su poder para pervertir i 
arrastrar a su infame causa a los incautos, tímidos e ignoran- 
tes. Uno de ellos era, i acaso el primero, el cura Medina, 
cuyo fondo de perversidad lo hacia digno del mas severo 
castigo ; pero el respeto a su sagrado ministerio i a las mis- 
mas leyes determinaron a su justificación a consultar de nuevo 
al vireinato, antes de poner en práctica la ejecución de su sen- 
tencia contra el eclesiástico. 

" Finalmente usando de la misma equidad i prudencia con- 
ciliables con la justicia i con las circunstancias, dio la última 
sentencia contra los reos de segundo orden presentes en las 
cárceles, i ausentes para cuando pudiesen ser habidos/ fuera 
de los cuales a todos los demás indultó a nombre del reí, con 
tal que se restituyesen a sus respectivos hogares dentro de 
cierto proporcionado término, al cuidado de sus familias i 
domas obligaciones, como buenos i fieles vasallos de S. M. 
cuya conducta esperaba no desmentiría en lo sucesivo. 

*' Subordinada la Paz, i purgada de los execrables autores 
de sus desastres,! no necesitaba ya de la presencia del 
comandante j ene ral i sus tropas : supuesto lo cual determinó 
su regreso a la capital del Cuzco, dejaudo en ella para se- 

• Carta i documentos remitidos por el comandante j enera], noviembre 

7. N« 
t Oficio de Goyeneche, abril 14 de 1810. N° 



SUBYUGACIÓN DE LA PAZ. 446 

la guarnición de cinco compañías, un piquete de 
oejbslleiia, en todo quinientos hombres, con dos piezas de 
artillería de la dotación de su ejército ; ademas de las armas 
de toda especie que habia cojido en diferentes puntos a los 
insarjentes, con considerable porción de municiones a las 
órdenes de su nuevo gobernador el coronel don Juan Ramírez, 
cuyo bien merecido concepto hacia el fundamento de mi mas 
sólida esperanza acerca de que el reposo de la Paz, conse- 
guido a tanta costa i desvelos, no volvería a padecer la menor 
tmbacion, ni detrimento alguno los sagrados derechos del 
soberano, e intereses de sus ñeles i amados vasallos. 

" Atento yo a ambos deberes, i compadecido de la infeliz 
situación a que reduce los pueblos el desorden i la anarquía, 
no pude detener los impulsos de mi corazón, arrebatado del 
deseo de sofocarla en su orijen. £1 amor i gratitud a un 
monarca j enero so i desgraciado, i el deseo de conservar felizes 
a sus pueblos ha sido el móbil de mis acciones, no las alaban- 
zas con que los primeros tribunales, jefes i cabildos han 
manifestado, a proporción de su interes,la aprobación i reconoci- 
miento que les han merecido la actividad de mis providencias 
i la voluntad con que, sin reserva de gastos, ni otro jénero de 
fatiga, he propendido a mantener dentro i fuera del territorio 
que tengo la honra de mandar, el inestimable bien que resulta 
del sosiego i tranquilidad pública, de la sumisión i respeto a 
las leyes, i del amor i confianza en los majistrados." 

Así concluye el capítulo primero de la obra de Abascal. 
En otros números presentaremos a nuestros compatriotas lo 
que dice sobre los sucesos de Quito, Chile, la Plata, el Cuzco, 
&c. Nos abstendremos, como aora, de hacer la menor ob- 
servación sobre lo vicioso de la locución, i aun sobre los 
errores gramaticales que en abundancia se encuentran en este 
libro, por no fastidiar a los lectores con semejantes notas. 
También cuidaremos de no hacer la menor reflexión, o de 
poner anotación alguna a los diversos capítulos que diére- 
mos a luz de esta obra, con la mira de estimular a otras per- 
sonas, que estén bien instruidas de los hechos, a refutar lo 

mu i - - - ~ i - T I 

• Varios oficios que corren a f . . i 



446 SITIO PE CARTAJBNA. 

que les constase encontrarse en ella, de incorrecto» o de 
exajerado. Nosotros tendremos placer en insertar ea naeatro 
periódico cualesquiera observaciones que se hagan sobra la 
materia, siempre que estén en ooasonancia ooa las regla* 
fijadas para su redacción, i en el número de las cuales entran 
el candor, la moderación i la dignidad de lenguaje. De 
este modo, se encontrarían consignadas en la IftMftfec* 
Americana las relaciones de los partidos opuestos; i servirían 
de materiales al hombre de injenio que ae dedicase ea lo suce- 
sivo a escribir con imparcialidad la historia de la rejenecacion 
política del continente de Colon,— A. G. M. 



XL.— *Stíto j toma d§ Cartajena por eljenoral Morillo. 

No fué la Europa la única rejion que se conmovió con la 
caida de Napoleón en 1814 : la América también fué sacudida, 
i la causa de su libertad hizo una gran crisis cuando volvió 
Fernando VII. a ocupar el trono español. 

La conducta de este monarca debía ser de suma impor- 
tancia para el nuevo mundo, i aun puede decirse que debía 
decidir de sus futuros destinos. Por mas que cueste a nues- 
tro amor propio, es necesario confesar que eran tales Idk desa- 
ciertos cometidos en el discurso de la revolución; tal la ignor- 
ancia que prevalecía acerca de lo que demandaban nuestros 
derechos e intereses ; tantas las calamidades producidas por 
la guerra ; i tan jeneral el descontento, con que los males i los 
sacrificios eran sobrellevados por unos pueblos habituados a 
un reposo profundo i sepulcral, que quizá algunos de ellos 
habrían entrado gustosos en un acomodamiento con Fernando, 
a la época en que la Península se vio ubre de invasores. 

No tenían, por cierto, semejante intención los que se ha- 
llaban a la cabeza de los diversos gobiernos de América. 
Aquellos individuos, infinitamente mas ilustrados que la masa 
de sus conciudadanos, ni podían negociar con el despotismo, 
ni querían volver a la dependencia de la España : conocían 
que la emancipación era lo que convenia al continente ameri- 
cano ; i como por otra parte, su ambición i su compromiso 



SITIO DE CARTAJENA. 447 

les hacían mirar con repugnancia una composición, 
ello» trataron de entusiasmar a los pueblos a favor de la 
independencia, i de persuadirles que la restitución del monarca 
al trono de sus mayores no debia desviarles de la 
por donde habian comenzado a marchar. 

Por fortuna, quiso el dios del bien que ese mismo Fernando, 
euyo nombre tenia todavía en América un gran poder májico, 
m condujese de tal modo que evitase muchos esfuerzos 
a los nuevos gobiernos. Destruyó con su célebre decreto 
de 4 de mayo de 1814 todo cuanto habian hecho las cortes 
jenerales i estraordinarias, que le habian librado del poder 
de Napoleón; mas entre su gobierno i el de aquel congreso 
hubo un punto de semejanza, que fué la prosecución de las 
medidas hostiles contra la inocente América. Fernando pro- 
cedió como si se hubiese propuesto justificar la causa del 
nuevo mundo, i convenzer de una vez a todos sus hijos de que 
na opresión i servidumbre constituían las bases de la dominación 
española, no menos bajo el despotismo monárquico que bajo la 
administración mas democrática. En vez de reparar los agra- 
vios inferidos de tiempo atrás por los peninsulares a los ameri- 
canos; en vez de escuchar los recientes motivos de queja de 
estos últimos, i de satisfacerlos, exijió la sumisión mas humi- 
llante, i sancionó todos los atentados de las cortes contra los 
pueblos que habian levantado el estandarte de la independen- 
cia. Por una parte, envia adelante las promesas, las recom- 
pensas, las cruzes i canonjías, para tratar de influir en los 
ánimos, de lisonjearlas preocupaciones, i halagar la credulidad 
de los americanos; por otra, habla el lenguaje de un amo 
ofendido, i comienza a hacer los preparativos necesarios para 
sojuzgar la América, 

La elección de la persona que habia de mandar la primera 
i mas formidable de las espediciones proyectadas recayó en 
don Pablo Morillo, que en el corto espacio de cuatro años se 
había elevado desde la clase dé sarjento a la de mariscal de 
campo. Graves fueron las dificultades que se presentaron al 
gabinete de Madrid para el apresto de aquella fuerza; mas a 
pesar de lo exausto del erario, de la nulidad del crédito del 



448 SITIO DE CARTAJBNA. 

gobierno, i del estado miserable de la marina española, a* 
vencieron todos los ostáculos ; i zarpó de Cádiz el 24 de 
enero de 1815 la espedicion de Morillo. 

Constaba esta de 10,642 individuos de todas clases, a sa- 
ber ; los rejimientos de infantería de León, Victoria, Estrema- 
dura, Balbastro, Union, i Cazadores de Castilla, con la fuerza 
de 1200 hombres cada uno, i divididos en dos brigadas ; una 
coluna de 600 cazadores escojidos ; un escuadrón completo 
de artillería volante con 18 piezas ; dos compañías de arti- 
llería de plaza ; tres de zapadores ; el rejimiento de caballería 
de Fernando VII. i cuatro escuadrones de húsares expedicio- 
narios, compuestos de destacamentos procedentes de varios 
cuerpos. Llevaba ademas un parque con toda la dotación 
correspondiente para atacar una plaza de segundo orden, i for- 
tificar puntos en la costa i en lo interior ; un hospital ambu- 
lante, i otro estacional para 1200 hombres ; el estado mayor 
correspondiente, i las secciones que con proporción a aquella 
fuerza debian ser empleadas con individuos de cuenta i razón, 
i facultativos. En suma, jamas habia salido de los puertos 
de la Península una espedicion mejor organizada. 4 

La fuerza naval se componia del navio de guerra San Pedro 
Alcántara, de 74 ; de tres fragatas, i de 25 a 30 buques menores 
que llevaban artillería de a 18 i 24. * 

Pocos dias antes de la salida, manifestó el jeneral Morillo 
en una proclama a sus tropas cuales eran las intenciones que 
llevaba al nuevo mundo ; i desde entonces pudo calcularse, 
por su lenguaje, que se renovarían allí los horrores de los Cor- 
teses, Valdivias i Pizarros, por poco que la fortuna favoreciese 
sus armas. 

Los vientos contrarios obligaron a la espedicion a volver 
inmediatamente al puerto, i la detuvieron en él hasta mediados 
de febrero, en que se hizo a la vela para las islas Canarias, i 
de allí para las playas americanas. 



• V. Oficio del mariscal de campo don Francisco Javier Abadía, en- 
cargado de la remisión de tropas a América, al virei del Perú ; inserto en 
la gazeta estraordinaria del gobierno de Lima de ül febrero de 1815. 



SITIO DE CARTAJBNA. 440 

£1 gabinete de Madrid había destinado en su orijen esta 
para el Rio de la Plata, i asi se creyó jeneralmente que 
allá era donde iba a descargar la tempestad. Tan universal 
eia esta persuasión, que de antemano habia tomado el gobier- 
no de las Provincias Unidas las medidas oportunas para re- 
peler la agresión. Desmanteláronse, por orden suya, las for- 
tificaciones de Montevideo ; se trasladó a Buenos Aires la 
artillería de aquellas ; i se mandó retirar a Tucuman la de 
grueso calibre, los almazenes, i cuanto fuese necesario para 
formar en aquel punto un depósito militar. Mas estas pre- 
daciones no tuvieron objeto al fin ; porque habiendo recibido 
el gobierno español, mientras se aprontaba la espedicion, la 
■oticia de haberse rendido Montevideo a las armas arj entinas, 
esta circunstancia junto con el estado de Venezuela i Cundina- 
marca, i la importancia de conservar el istmo de Panamá, le 
hicieron variar el destino de las tropas de Morillo, quien reci- 
bió órdenes de dirijirse a las costas de Venezuela. 

La situación de aquel estado, i la de Cundinamarca, ame- 
nazados ambos por esta espedicion, no eran entonces nada 
favorables : la del primero especialmente tenia bastante de 
melancólico. No ostante que allí cada paso habia costado a 
la tiranía una batalla ; en medio de la intrepidez i la consa- 
gración $e los venezolanos ; a pesar de los esfuerzos del je- 
neral Bolívar, que con un puñado de cundinamarqueses libertó 
en una brillante i rápida campaña todo el pais hasta Caracas ; 
como los ejércitos de asesinos se renovaban con frecuencia de 
la Península, se hallaban triunfantes los españoles, auxiliados 
de nuestros zelos i divisiones intestinas, i también de la natur- 
aleza, que pareció declararse por ellos en el espantoso terre- 
moto del 26 de marzo de 1812. A consecuencia de las accio- 
nes de la Puerta, Úrica, Guiría i Maturin, casi toda Venezue- 
la fué sojuzgada por el feroz Boves, i por su digno sucesor 
Morales, i ofreció un vasto campo a aquellos monstruos para 
ejercer su venganza i sus furores. 

En Cundinamarca, la guerra civil habia producido graves 
males. Todas las cabezas habían estado ocupadas allí en re- 
solver el problema de la forma de gobierno que convenia 

G S 



460 SITIO DE CARTAJENA. 

adoptar : ciertas provincias querían mantenerse en independa^ 
cía anas de otras ; las había que aspiraban a la federacnaf 
otras deseaban unirse bajo un gobierno central ; i entretanto, a 
no se había pensado en organizar una fuerza respetable ana 
espelíese al enemigo, i diese la posesión del territorio m 
donde había de plantarse el gobierno, o se consumían en mu- 
tua destrucción las pocas tropas levantadas para la coma 
defensa. Así es que, cuando Fernando volvió a España, sm 
embargo de que se contaban cuatro años de guerra, i de qna 
solo habían pasado de la Península 300 hombres a Cundinaw 
marca, los españoles eran dueños, por el norte, de las provin- 
cias de Santa Marta i Panamá ; acia el sur, Popaymn estaba 
amenazada por las tropas de Quito, después de la prisión dsl 
jeneral Nariño en Pasto, i la retirada del resto de sus tropas; 
i las fronteras del E. i del N. E., por Cúcuta» por Maracaibo, 
i Casanare, estaban espuestas a las incursiones de los realis- 
tas de Venezuela. La ocupación de Bogotá en diciembre de 
1814 por las tropas del Congreso al mando del jeneral Bolí- 
var había puesto, no ostante, un término a la guerra civil ; la 
provincia de Cundinamarca entró, a consecuencia de esto, en 
el numero de las federadas ; el gobierno jeneral se ins- 
taló en la capital el 21 de enero de 1815 ; i se determinó 
proseguir la guerra con vigor. Al efecto, se enviaron refuer- 
zos al jeneral Cabal a Popayan para contener los progresos de 
los realistas ; al jeneral Urdaneta para protejer la provincia 
de Pamplona ; i se ordenó a Bolívar que pasase a atacar a 
Santa Marta, i procediese luego a libertar segunda vez a Vene- 
zuela. Ya parecía que Cundinamarca iba a poner sólidamente 
las bases de su independencia i prosperidad futura, cuan- 
do la venenosa discordia volvió a sacudir sus teas sobre aque- 
lla rejion, i sopló su ruina i su esclavitud. 

La fuerza que el gobierno jeneral confió a Bolívar ascendía 
a 3000 hombres ; pero la mayor parte estaban desarmados, 
por esto traía orden aquel jefe para que el gobernador de 
Cartajena auxiliase a la espedicion con el armamento, i demás 
que pudiera necesitar. Estaba a la sazón de comandante d< 
armas en aquella plaza el brigadier don Manuel del Castillo. 




SITIO BE CARTAJENA. 461 

jatea na de las anteriores campañas de Venezuela se había 
ijplfpnstado coa Bolívar por motivos que honran al último. 
TtaeroBO este, {Mies, de que la enemistad entre ambos pudiera 
frodacir consecuencias fatales a la causa común ; i deseando 
úfestar a Castillo que, lejos de abrigar resentimiento algu- 
na- contra él, estaba dispuesto a olvidar lo pasado, envió 
desde Mompox a su primer edecán a cumplimentar a aquel 
jefe, a noticiarle su llegada dentro de los límites de la pro- 
vincia, i comunicarle las órdenes que traía del gobierno 
jeneral. 

No se satisfizo con esto ; i sabiendo al mismo tiempo que 
al gobernador de Cartajena, don Pedro Gual, había sido re- 
mdo de su empleo por las sospechas que inspiraban sü 
amistad i relación de paisanaje con el jeneral Bolívar, i que 
al sucesor de aquel había revocado la orden en que se 
dio a conocer a Bolívar como comandante de la línea del 
Magdalena ; determinó este enviar a Cartajena a su amigo 
dea José Rafael Revenga con encargo de asegurar al jeneral 
Castillo de sus sinceros deseos de reconciliación, i evitar, si 
posible era, los males que amenazaban. £1 mensajero de la 
concordia, después de haber recibido del gobernador de la 
plaza una contestación nada satisfactoria por lo tocante al 
auxilio de armas que Bolívar solicitaba, tuvo una entrevista 
coa Castillo, en que le manifestó la buena disposición de 
aquel acia su persona. ; le espuso los graves perjuicios que 
su desunión orijinaiía; i tuvo la fortuna, de obtener que 
Castillo le ofreciese, no solo dar el armamento i demás 
que se necesitase, sino también ir a encontrarse con Bolí- 
var en Sambrano» para combinar entre ambos el plan de 
campaña. 

Lleno de gozo Bolívar con este favorable resultado, envió 
otro edecán a recibir a Castillo ; i en seguida, se puso él mismo en 
marcha para el lugar destinado a la conferencia. ¡ Cuál fué su 
sorpresa, cuando al cabo de tres días de espectativa encontró, 
no solo que el jeneral Castillo no parecía, sino que el gobierno 
de Cartajena había mandado llevar a la ciudad el armamento 
que existia en las riberas del bajo Magdalena (parte del cual se 

G g2 




4fi& IITIOBI CAKTAJKlfA. 

perdió ea la coadecdoa), i había ordenado a las 
de la pr ovincia qae le tratases «meo enemigo 
los poeblos de sa tránsito I Seme jante coadacta 
increíble, sí ao conociésemos da caaato sea 
pasiones. La eaemistad i los solos do Castillo, ji 
rivalidad qae reinaba entra cartageneros i careqoefíoa, 
caasa de qae se desobede cie ses las órdenes del gobieaaaj 
ral, i se fritase a lo qae exijian la bacas ft i el servicio 

En tan embarasosa sHuaáoa, coavocó BobVar 
de guerra, eompaesta do los prbaeroe oficiales do la 
de su mando, para determinar acerca de lo qae debía 
i teniéndose ea coasideradoe qae no se podia abrir la>< 
pena contra Saata Marta por calecerse do loa 
sarios para ello ; indignados también do gao nono 
plimiento a las resoluciones del saptemo gobierno^ i 
por el contrario se insultase al jefe i al percho dala 
espusiesen las fronteras a las incursiones del enemigo, 
dieron unánimemente a marchar sobre Cartajeua, a fia de obte- 
ner de grado, o por fuerza, los auxilios i el armamento pedáis. 

Solo un error de cálculo, obra de la pasión del momento, 
pudo impeler a aquel digno jefe a ceder a la resolaeioa de la 
junta de oficiales superiores, i poner sitio a Cartajeaa. No 
teniendo mas de 400 hombres armados, nada era capas de 
hacer contra los españoles ; mas tampoco podia prataotmafi 
que se apoderaría de la plasa a' vtasftrroerza; ni espetar 
que la rendiría por hambre, cuando mPtenia na solo baqae 
para bloquearla, i cortarle los recursos. Cosao quiera qae 
sea, él marchó; i situándose en el cerro de la Popa, co- 
menzó las hostilidades el 27 de marzo de 1816. 

A favor de esta división, cobra ánimo don Francisco Moa* 
talvo, que aunque reducido a la provincia de Santa-Marta 
tenia el titulo i las pretensiones de virei de la Naeva Ora- 
nada; i emprende operaciones en el Magdalena. Barran- 
quilla fué tomada por el capitán don Vísente Capmaai el 16 de 
abril; i en sus tres baterías, i en los catorce bongos,* i lanchas 

* Este mombn se asan Caadtntaiarea i Venessela a los betas anaanes 




SITIO DE CARTAJENA. 453 

defendían aquella villa, perdieron los independientes 
piezas de artillería, el parque, mucha jarcia i efectos de 
de que absolutamente carecían . los españoles. £1 
don Ignacio La Rus se apoderó también el 29 del 
mes de la importante posición de Mompox, de las 
cañoneras i de cuanto allí había ; con lo cual per- 
loe patriotas la superioridad i el dominio del rio Mag- 
que por cuatro años habian conservado ; quedó pri- 
Cartajena de los auxilios de las provincias interiores ; i 
, de las comunicaciones i recursos que debian recibir por 
de aquella plaza. 
Entretanto proseguía el sitio de esta sin suceso alguno me- 
morable. Las tropas de Bolívar situadas en la Popa, no 
podían impedir que la ciudad se socorriese de víveres ; no los 
recibían de los pueblos de la provincia porque el gobierno de 
Gartajena había prohibido se les diesen ; i toda la correspon- 
dencia de aquel jefe al gobierno supremo era interceptada 
por ana adversarios, quienes, por su parte, esperimentaban 
poeoa o ningunos inconvenientes de las hostilidades. 

En estas circunstancias, se supo a principios de mayo 
que Morillo había llegado a Carupano, i subyugado en se- 
guida la isla de Margarita ; i esta noticia, haciendo despertar 
a Bolívar, le inspiró una de aquellas resoluciones dignas de 
Previo en el instante que la espedícion había de 
muí pronto, a Cundinamarca, empezando por su ante- 
nuural Cartajena ; calculó las dificultades que su permanencia 
en el país opondría para la defensa ; pasó un oficio al gobierno 
de aquella plaza exortándole a prepararse para resistir a la 
agresión que amenazaba, e instándole para que emplease las 
tropas de su mando contra el común enemigo ; i el 8 de mayo 
ae embarcó solo para Jamaica, confiando la dirección momentá- 
nea de aquellas a su segundo, el brigadier don Florencio Palacio. 
El primer cuidado del nuevo jefe fué informar al gobierno 
de Cartajena de lo ocurrido, solicitando al mismo tiempo que 
ae le diesen los auxilios de que tanto necesitaba la división, 
para cumplir las órdenes de la suprema autoridad. Las de 



454 SITIO DE CARTAJENA. 

ti 

Cartajena se negaron a darle el menor socorro, hasta el es* } 
tremo de reusarle víveres ; i exijieron que se pusiese aquella ) 
tropa a las órdenes de un jefe nombrado por ellas, i que tenia \ 
menos graduación que Palacio. De estas resultas, i persa*- ' 
dido ademas este oficial de que su parentesco con el jeneral i 
Bolívar era un ostáculo para el restablecimiento de la buena ; 
armonía con los jefes de Cartajena, dejó encargado del 
mando de la división al teniente coronel don Domingo Mesa; 
e hizo ánimo de retirarse a Bogotá. No tardó en aparecer 
el acierto de sus medidas, porque luego que el gobierno 
de Cartajena tuvo noticia de su separación, socorrió a 
las tropas con víveres ; mas estas, que eran mui afectas a 
Palacio, se opusieron a su partida, i se negaron a admitir 
por comandante al que. habia sido nombrado por los de Car- 
tajena. En semejante compromiso, viendo aquel jeneral que no 
era fácil restablecer allí la moral del soldado, ni efectuar una 
reconciliación saludable, propuso a las tropas que regresaran 
con él a Bogotá. Accedieron a sü propuesta, no sin asombro 
del mismo Palacio ; como que estando cortada la comunica- 
ción por el río, era preciso hacer el viaje por tierra en dis- 
tancia de mas de 300 leguas, i por caminos casi intransitables. 
Pero apenas habían comenzado la marcha, cuando entró en 
ellas el desaliento. Escandalosamente se iba disolviendo la 
fuerza en aquel penoso viaje ; i así por esta razón, como por 
haber sabido entretanto el brigadier Palacio que Morillo 
estaba en Santa Marta, les propuso volver a Cartajena para 
defender la plaza, como en efecto lo hizo con el resto mise- 
rable de su división, según observaremos mas adelante. Siga- 
mos por aora los pasos de Morillo. 

Luego que este aportó a Margarita, la guarnición de la 
isla al mando del jeneral Bermudez, que no llegaba a 400 
hombres, se vio obligada a evacuarla precipitadamente; i 
toda aquella fué ocupada por los españoles sin efusión de 
sangre. Al salir de allí la espedicion, se voló el navio San 
Pedro Alcántara con cerca de 1000 hombres ; i se perdieron en 
él ademas, 460,000 pesos que componían la caja del ejército i 



SITIO DE CARTAJBNA. 455 

l, 700 quintales de pórVora, 7000 fusiles, muchos pertre- 
de guerra i vestuarios. No ostente la magnitud de este 
traste, prosiguió Morillo sus operaciones con actividad. 
Después de haber guarnecido a Margarita con 800 hombres, 
■afanó con 1000 a la Guaira i a Caracas ; a Cumaná i Barce- 
lona ooa 800 ; destacó 800 a los Llanos ; i siguió con el resto 
ás sus fuerzas a Puerto Cabello. Dejó allí 300 hombres, 
i destacó 3000 para Nueva España. Bien podia hacer 
todo esto, porque ademas de las guarniciones encontró 
tu Venezuela un ejército de operaciones de 7000 hombres al 
amado de Morales ; mas sin embargo, cuidaba de llenar con 
venezolanos el vacío que aquellas desmembraciones causaban 
en su fuerza ; i arrancaba de sus hogares a aquellos infelizes 
h a ekn do fusilar a los que reusaban seguirle. Por último, 
después de haber descargado su brazo de hierro sobre 
aquella desgraciada rejion, i aflijidola con levas, exaccio- 
nes, impuestos i asesinatos horribles, pasó a Santa Mar- 
ta, adonde llegó el 21 de julio; e inmediatamente envió 
de jefe de vanguardia al feroz Morales, para que con 2000 
sombres se internase en la provincia hasta llegar enfrente de 
Cartajena. 

Aquí comenzamos a observar los graves perjuicios que se 
siguieron a la causa de América de las desavenencias refer- 
idas. No hai duda en que los independientes habrían tomado 
a Santa Marta si se hubiesen dado a Bolívar los auxilios 
n ece s a rios ; i en semejante caso, Morillo no hubiera tenido 
aquel punto de desembarco, i habría tenido que sacrificar . 
alguna jente i tiempo para obtenerlo, i en seguida para 
posesionarse de los puntos fortificados del Magdalena, i 
hacerse dueño de las dos provincias. Entonces Cartajena 
habría podido surtirse de víveres; reponer el pósito con- 
sumido durante el sitio que la puso el brigadier Castillo 
en enero de 1815, i que tuvo por resultado libertarla de la 
tiranía de los Pifieres ; i resistir un largo asedio. Mas 
nuestras fatales divisiones lo dispusieron de otro modo; 
i al fin, se presentó Morillo delante de la plaza el 18 de 
agosto con el grueso de su fuerza, en número de 50 buques 



456 SITIO DE CARTAJENA. 

de guerra i trasportes, i mas de 8000 hombres ; i antes 
de anochecer fondeó en Corrali tos, en donde permaneció 

hasta el 19. 

La plaza de Cartajena, la mas fuerte tal vez de la 
América meridional, ha sido el blanco de los ataques 
de las potencias estranjeras en sus guerras con España. 
Está situada en 10° 25' 48" lat. N., i 282° 28' 36" lonj. 
O. de Paris, en una península arenosa, que, formando 
un paso estrecho al S. O., abre comunicación con 
aquella parte llamada Tierrabomba hasta Bocachica. Está 
dividida en dos partes ; la ciudad propiamente dicha, i el 
grande arrabal de Jemaní. Una muralla gruesa i elevada cir- 
cunvala la ciudad : Jemani, construido en forma de semicír- 
culo, está fortificado enfrente por otra muralla, i por la parte 
del E. de la plaza está unido a ella por medio de un puente 
de madera, que se halla sobre un foso : ambos lados de este 
están guarnecidos de estacadas, que unen los muros de 
Jemani con los de la ciudad. Por el lado de Jemani, i a 
poca distancia de él, está en un cerro el fuerte de San Lázaro, 
que domina la ciudad i el arrabal : tiene de altura de 20 a 21 
toesas jeométricamente medidas, i está unido a varios montes 
mas altos que corren en dirección oriental. Estos terminan 
en otro mas elevado, el cerro de la Popa, que tiene de altura 
84 toesas, i en cuya cima hai un convento de agustinos des- 
calzos, una vijía, i un fuerte ; cuyas baterías dominan el 
cerro de San Lázaro, i protejen las inmediaciones de Carta- 
jena, distante como 150 varas. Al X. de la Popa está una 
laguna» que tiene cerca de una legua de circunferencia, llama- 
da de Tesca ; la cual comunica con el foso de Cartajena, i 
con el mar por el N. : abunda en pescado mal sano, i en 
gansos silvestres. La bahía, formada por la costa de Boca- 
grande» la de Bocachica, la isla de Barú, i la costa de 
Pasacaballos, es de las mejores que se conocen : tiene dos 
leguas i media de N". a S., bastante profundidad, buen anclaje, 
eecel'~ i, ~ -aseado, i es mui tranquila. Comunica con el mar 
por le, que «ata defendida por un fuerte abandonado 

B/r * >lo pueden enü ar por ella buques pequeños : 

/ 



SITIO DE CARTAJENA. 457 

defiéndenla por Bocachica los castillos de San Fernando, San 
José i el Ánjel ; i comunica también con el mar por el caño 
del Estero, i por la laguna de Tesca. £1 clima de Cartajena 
es con esceso cálido ; llueve mucho ; i el vómito prieto ataca 
a los forasteros. 
Desde que hubo noticia de haber llegado Morillo a Santa 
: Marta, comenzó a tomar el gobierno de Cartajena las medidas 
que estaban a su alcanze para la defensa. Diéronse órdenes 
repetidas para que se surtiese la plaza de víveres ; se mon- 
taron 06 piezas mas de artillería en la muralla de Santo Do- 
mingo i de Santa Catalina; se abrieron nuevos fosos; se 
proclamó la leí marcial, obligando a tomar las armas a toda 
persona de edad de 16 a 46 años ; se nombró una comisión 
militar ; i el gobierno ezortó al pueblo a hacer una resistencia 
vigorosa. " Los españoles (dice una proclama del 1 de 
agosto), no perdonarán, si triunfan, las vidas de aquellos 
que han tenido parte en nuestros gobiernos, de los que hu- 
bieren tomado las armas en la mas justa guerra sostenida 
hasta aquí, o de los que en manera alguna nos hayan 
auxiliado." ¡ Cuan cierto fué que los que sobrevivieron a la 
subyugación vieron morir a centenares (como allí se anunció) 
a sos compatriotas ; aorcados, o arcabuzeados a sus padres, 
hermanos i amigos ! 

£1 10 de agosto se proveyó de víveres i fortificó la Popa, 
i se enrió una división de bongos bien armados a cubrir el 
paso de la laguna de Tesca ; i habiendo el gobierno dado 
orden para que se replegasen las tropas, entró en la ciudad el 
día SO la división del coronel don Juan Narvaez, que cubría 
el bajo Magdalena. £1 23 a las 11 de la noche entró, por 
las razones ya espresadas, la del brigadier Palacio, que vino 
a marchas forzadas desde Magangué, echando adelante todo 
el ganado que encontraba por los caminos. Estos refuerzos, 
aunque cortos, dieron ánimo a los habitantes de Cartajena. 

XI jeneral Morillo comenzó a desembarcar sus tropas en 
Guayepo el dia 22, i lo concluyó en los dos inmediatos. Una 
división española fué destinada en seguida a Santa Catalina ; 



458 SITIO DE CARTAJBNA. 

coo cuyo motivo el gobierno, de acuerdo con los Botadores 
de Santa Rosa, Ternera, Turbaco i Santa Ana, mandó poner 
fuego a estas poblaciones para privar al enemigo de aloja- 
miento i abrigo, obligándose a remunerar por esta pér- 
dida a los propietarios, cuando mejorase el estado de las cosas. 
Sometiéronse gustosos aquellos ciudadanos al sacrificio que 
la patria exijia de ellos ; i en breve tiempo en el espacio 
de muchas leguas se destruyeron todas las haciendas i 
caseríos; se cegaron los caminos; i los habitantes se 
retiraron al bosque con sus ganados. Merecen particular 
elojio los habitantes de Triana, que espontáneamente pren- 
dieron fuego a sus habitaciones, i don Antonio VUlaaueva, 
que practicó otro tanto con todas sus haciendas situadas en 
el Coco. 

No fueron estos los únicos rasgos de patriotismo que dis- 
tinguieron a los habitantes de la provincia de Cartajena* £1 
pueblecito de Malambo resistió por tres horas el vivo fuego 
de una división enemiga, i la rechazó de pronto ; mas luego 
fué tomado por fuerzas superiores. £1 de Viacnri formó 
partidas de guerrilla ; i los de Barranca, Soledad, Baranoa, 
Talapa i las Savanas hostilizaban al ejército español de 
cuantos modos estaban a su alcanze. En todas estas escara- 
muzas sufrió alguna cosa la tropa de Morillo, i en Copila se 
apoderaron los independientes de una pieza de artillería. 

Entretanto, los habitantes de la ciudad, llenos de entu- 
siasmo, ofrecieron todo cuanto tenían, para pagar i animar a 
la tropa. Las mujeres se desprendieron de sus joyas, i hasta 
se echó mano de la plata de las iglesias, presentada volun- 
tariamente por las distintas comunidades relijiosas. 

Ansioso el gobierno de proporcionarse víveres, envió a las 
Antillas i a los Estados Unidos comisionados al efecto ; 
i otorgó a los introductores privilejios capazes de incitarlos a 
correr los riesgos con que amenazaba la superioridad de las 
fuerzas navales españolas, mandadas por don Pascual Enrile. 
También se fortificaron todos los puntos de la plaza, confiando 
el mando de ellos a oficiales de conocido valor e intelijencia. 



SITIO l>K CARTAJENA. 45!) 

£1 jeneral Bermudez estaba en el cerro de la Popa ; en el 
de San Felipe el coronel Rieux. £1 coronel Cortés Campo- 
mánes estaba encargado de la muralla i puerta de Santa 
Catalina ; de las de Santo Domingo el coronel Narvaez ; i 
el coronel Herrera de la parte qne mira a la bahía. Los 
castillos de Bocachica estaban defendidos por los Yene- 
solanos i los franceses que a la sazón se hallaban en Carta- 
jena; Pasacaballo lo estaba por bongos armados; Boca- 
grande por un buque de porte, bien asegurado i tripulado. £1 
brigadier don Juan Nepomuceno Eslaba tenia el mando de las 
fuerzas marítimas, que consistían en 2 corbetas de guerra, 12 
bergantines i goletas, en su mayor parte corsarios, i algunos 
bongos i lanchas cañoneras. Era comandante jeneral de 
armas el brigadier Castillo ; i servia a sus órdenes el coronel 
don Mariano Montilla, como mayor jeneral. £1 gobernador 
político de la plaza era don Juan de Dios Amador. 

Morillo, aunque ludhando desde temprano con el rigor del cli- 
ma, con lo malo de la estación, i con la escasez, fijó su cuartel 
jeneral en Torrecilla, cerca de 4 leguas distante de la plaza ; i 
puso sus hospitales en Savanalarga, i en Turbaco ; viéndose en 
la necesidad de construir chozas en este ultimo pueblo, delicia 
apoco antes de los moradores de Cartajena, i entonces con- 
vertido en un desierto. Acompañábanle los inquisidores para 
Culminar escomuniones contra los independientes, i acobardar 
^on ellas a los supersticiosos i a los tímidos. 

£1 26 de agosto envió varios piquetes a reconocer el cerro 
mié la Popa ; i se presentaron en la laguna de Tesca algunas 
^le sos lanchas cañoneras. £1 26 llegó a Pasacaballos el 
sanguinario Morales con su división ; i tomó por sorpresa una 
¿mancha i dos bongos. Al mismo tiempo, la escuadra española 
se situó, parte enfrente de Bocachica, i parte en Punta 
Canoa; impidiendo así que la plaza recibiese víveres por 



Desde principios de setiembre sabia mui bien Morillo cual 
«ra la miserable situación de los defensores de Cartajena ; i 
yat esto no se apresuraba a atacarla. Él había interceptado 



460 SITIO DE CARTAJBNA. 

un oficio que el jeneral Castillo dirijia con fecha 7 del mismo 
mes al gobierno supremo, en el cual se decia que : " No 
ostante los grandes sacrificios i las erogaciones voluntarias 
de los habitantes, ya no habia recursos para pagar las tropas. 
En cuanto a víveres era peor su situación* No existia pósito 
alguno, ni menos almazenes jenerales ; ni habia mas que 
algunos barriles de harina de particulares : no se encontraba 
un grano de maíz, ni habia en la ciudad mas que 500 reses ; 
de suerte que, aun contando con los pocos caballos, ínulas i 
perros, apenas podían prometerse víveres para 40 dias. I 
aun cuando se enviaron buques a las Antillas a buscar pro- 
visiones, como ni habia crédito, ni dinero, i como por otra 
parte se corría grande riesgo en penetrar por medio de la 
escuadra bloqueadora, era mui difícil recibir socorros, £1 
número de las tropas de línea disponibles no pasaba de 1000 
hombres ; i las fuerzas sutiles eran mui inferiores a las es- 
pañolas." 

A pesar del denuedo con que combatieron los de Cartajena, 
así por mar como por tierra, nada pudieron contra la super- 
ioridad del enemigo ; i a fines de setiembre, se habia pose- 
sionado este de la isla de Barú. Logró ademas establecerse 
en Pasacaballo, i conducir por el canal del Estero su parque 
de artillería ; quedando así formada una línea entre la costa 
de la Boquilla i la de Pasacaballos. 

Entretanto, habia sumo descontento en la ciudad porque 
se creia que el jeneral Castillo no conducía la defensa con 
todo el vigor i la actividad necesaria, i bajo este pretesto se le 
depuso del mando de las armas, que fué confiado al jeneral 
Bermudez. En consecuencia, se encargó de la defensa del 
cerro de la Popa al coronel Soublette. 

No por esto mejoró la situación de los sitiados, la cual era 
tan angustiada que el 13 de octubre convocó el gobernador una 
junta estraordinaria de la legislatura de la provincia. En una 
onérjica harenga manifestó que al cabo de 60 dias de asedio, 
no podía ya sostenerse la plaza a pesar de la rigorosa economía 
con que se habían consumido los víveres. Indicó que el estado 



SITIO DE CARTAJENA. 461 

de insanidad de la misma no permitía a la guarnición hacer 
salidas felizes ; i al cabo propuso que, para salvar a los habi- 
tantes de los horrores con que amenazaba un enemigo cruel e 
irritado, se pusiese la provincia bajo la protección i dirección 
del rei de la Gran Bretaña. Determinóse consultar a los 
principales jefes reunidos en junta de guerra; i considerando 
en ella la absoluta falta de comestibles, la poca pro- 
babilidad que habia de recibirlos por mar o por tierra, i la im- 
posibilidad de desalojar al enemigo de sus posiciones ; se re- 
solvió autorizar al gobernador, i se le autorizó en efecto, para 
tomar cuantas medidas juzgase convenientes a la salvación de 
la ciudad, escepto el capitular con los españohs, o volver a tu 
dominación. En consecuencia, se enviaron comisionados a 
Jamaica proponiendo a su gobernador el duque de Manches - 
ter que tomase posesión de la ciudad i provincia de Cartajena 
a nombre de S. M. B. ; mas aquel jefe se negó a ello, por car- 
ecer de instrucciones de su gobierno para esta operación. , 

En vano dice el hipócrita Morillo que " atento siempre a su 
plan de concordia, prefirió las fatigas en la dilación de un lar- 
go sitio* i los males que por ella iban a seguirse a sus solda- 
dos, a lar cruel certidumbre de la pronta destrucción de Carta- 
jena, i de sus mas queridas esperanzas." * Si no tomó antes la 
ciudad, fué porque no pudo: las tentativas que para ello hizo, 
demuestran la falsedad de su lenguaje. El 25 de octubre 
bombardeó largo tiempo la plaza, pero sin fruto ; i el 11-de no- 
viembre mandó al mayor jeneral Villavicencio que atacase a 
la Popa. En efecto, este trató de escalar aquella noche el 
Cerro con 800 hombres escojidos ; mas sin embargo de la des- 
proporción de fuerzas, fué valerosamente rechazado en tres 
ataques consecutivos por Soublette, i obligado al fin a retir- 
arse con pérdida de 3 oficiales i 30 soldados muertos, 25 her- 
idos, 50 fusiles, i 8 escalas. En seguida atacó Morillo el cas- 
tillo del Ánjel, uno de los de Bocachica; i fué rechazado con 
pérdida de 120 hombres. 



* V. Manifiesto que hace a la nación española el teniente jeneral don 
Pablo Morillo, &c. Madrid, 1821, p. 15. 



462 SITIO DE CARTAJENA. 

Mejor fortuna tuyo en Tesca i en aquella parte de U bahía, 
llamada Costa-grande. Habiendo mandado el ¿eoeral Ber- 
mudez a los bongos de Cartajen* que atacasen a las faenas 
sutiles enemigas que estaban en la laguna, fueron batidos, 
después de «na acción reñidísima ; al cabo de la cual, el 
oficial Sanarusia se mató de un pistoletazo por no caer 
en manos de los españoles. Desalojados los patriotas de 
Costa-grande, que estaba defendida por un destacamento, 
pudo Morillo poner baterías en Albornos i Pastelillo; 
por medio de bongos, que introdujo por el cano del Estero, 
interceptó la comunicación entre la ciudad i los castillos de 
Bocachica ; i siendo así completamente dueño de la bahía, 
privó a los sitiados de los medios de continuar recibiendo 
algunos víveres por Bocagrande, i aun del recurso que 
hasta entonces habian tenido en la pesca. 

Asi, no sabian ya los defensores de Cartajena cómo resistir 
a los estragos del hambre. Los alimentos de toda especie se 
habian acabado. Durante el sitio, se vendió el barril de harina 
a 150 pesos ; los huevos llegaron a valer 4 pesos cada uno, i 
cada gallina 16 ; mas ya se habia consumido todo, i ni aun el 
rico podía obtener con que mitigar el hambre. Todo parecía 
haberse conjurado contra aquella infeliz ciudad. Nunca fueron 
los vientos i las olas mas furiosas que en tiempo del asedio ; i 
combinándose hasta las tempestades con el enemigo, se perdió 
en el mes de octubre un convoi de nueve velas, que conducia 
víveres de Jamaica. Para que se viesen renovados en Carta- 
jena todos los horrores del sitio de Jerusalen, solo faltó que 
se comiese carne humana : a escepcion de este manjar, re- 
pugnante aun a la misma necesidad, todos los demás, por in- 
mundos e insalubres que fuesen, se sirvieron allí en la mesa 
del pobre i la del rico. Perros i caballos muertos, ratas i cuer- 
os cocidos, todo cuanto se podía haber a las manos para pro- 
longar la vida algunos días, o algunas horas siquiera, otro 
tanto lo devoraban los habitantes. Con semejantes alimentos, 
no quedó persona alguna en pié ; toda la población se enfer- 
mó : por las calles no se veían mas que cadáveres i espectros 
ambulantes que frecuentemente exalaban el último aliento al 



SITIO DB CARTAJBNA. 463 

lado de aquellos ; ¡ i con todo no se alzó una sola voz para 
proponer capitulación ! 

Este lastimoso estado, que no podemos describir sin estre- 
mecernos de horror i sin admirar al mismo tiempo tanta 
constancia, se empeoraba por momentos. Toda la ciudad es- 
taba dividida por mitad en un miserable hospital, i en un ho- 
rrendo cementerio. El 4 de diciembre llegó a 300 el número 
de las personas que de hambre quedaron tendidas en las ca- 
lles; i en semejante situación, perdida ya toda esperanza de 
que viniese de lo interior alguna fuerza en auxilio de la plaza, 
i de recibir provisiones de las Antillas ; ocupado por las tropas 
enemigas todo el pais comprendido entre el Magdalena, el Sinú, 
el Cauca, i el mar, creyó el gobierno que había llegado el caso 
de tomar su partido. 

Declaró, al efecto, su intención de no capitular con las fuer- 
zas españolas, sino de evacuar la plaza el dia siguiente ; i ma- 
nifestó que habia prontos once buques, entre bergantines i go- 
letas, para recibir a todos los que pudieran embarcarse, i 
quisiesen correr el riesgo de abrirse paso por enmedio de la es- 
cuadra i las baterías enemigas. Todo el que pudo levantarse 
de su lecho, acudió a bordo de aquellas embarcaciones, última 
esperanza de su valor : claváronse los cañones de las mur- 
allas, ele la Popa i de San Lázaro ; i a ejemplo de los de Tiro, 
deTeos i de Focea, se embarcan el 5 de diciembre mas de 2000 
cartajeneros. Fondean los buques en Bocachica, en medio 
del vivo fuego que hacia el enemigo ; recojen a los que de 
aquella guarnición se hallaban capazes de moverse ; rompen 
por entre la escuadra española ; i con sus mujeres, sus hijos i 
•os mas preciosos efectos, se van en busca de un asilo, que 
las preserve de la dominación peninsular. ¡ Magnanimidad 
•atable de aquel pueblo, que hasta en su caída nos admira e 
¡afonde respeto ! 

Al siguiente dia ocupó el ejército español la ciudad i los 
castillos. Morales, que fué destinado a tomar posesión de 
estos últimos, encontró en el de San Fernando 00 moldados i 
2 «aciales, que, apegar de hallarse tan desfallecidos, trataron 



SITIO DE CARTAJENA. 46fr 

mos ver que bajo aquel bárbaro (que acaba de añadir un esla- 
bón a la cadena de sus crímenes traicionando del modo mas 
infame la causa de su patria), se han violado en Gundina- 
marca las mas santas leyes ; se ha asesinado a las poblaciones 
casi en masa ; se ha perturbado el reposo de todas las fa- 
milias ; insultado al pudor i al infortunio ; saqueado sin 
misericordia a los pueblos ; por último, se ha cometido toda 
especie de crímenes impunemente. Baste decir aora por lo 
que respecta a Cartajena que, habiendo dejado tremolar en 
los fuertes el pabellón independiente, se apoderó de varios 
buques que a los pocos días entraron engañados conduciendo 
víveres ; i así a los estranjeros que de este modo cayeron en 
sus garras, como a los que encontró en la ciudad, los trató 
con la mayor inhumanidad, sepultándolos en los calabozos 
de la inquisición, que en el momento fué restablecida en 
Cartajena con todos sus horrores. Semejante conducta llamó 
la atención del gobierno de los Estados Unidos i del goberna- 
dor de Jamaica, los cuales, para protejer los subditos de sus 
respectivos países, destinaron comisionados que los reclama- 
sen enérgicamente ; i Morillo hubo de ponerlos en libertad 
nial de su grado. 

Mas se vengó en los hijos del país, que no tenían quien 
tbogase por ellos. Los navegantes de la goleta la Popa, una 
le las que se escaparon de Cartajena, estando incapazes de 
marinarla por inanición, no pudieron impedir que cayese 
sobre Portobelo, en donde fué apresada por los españoles. 
Iban en ella varios de los mas distinguidos patriotas, i en 
consecuencia fueron arcabiizeados el 24 de febrero los siguien- 
tes sujetos : 

Don José María García de Toledo, don Miguel Díaz Gra- 
tados, i don Antonio José de Ayos, hijos de Cartajena, 
'bogados de luzes i de probidad ; a cuyo patriotismo i esfuer- 
zos se debió la deposición del gobernador de la ciudad, don 
francisco Montes, en 1810 ; i quienes tuvieron una gran parte 
t* promover la independencia. Don Manuel Anguiano, 
b pañol ilustrado, comandante de injenieros en aquella plaza, 
t*ie desde el principio se decidió por la justa causa, a la 

Hh 



406 SITIO DE CARTAJENA. 

cual prestó cuantos servicios estuvieron a su alcance. Don 
Santiago Stuart, que amaba la libertad con todo el entusias- 
mo de un hijo de la Gran Bretaña, i la defendía con ardor en el 
continente americano : de Buenos- Aires habia pasado a Cun- 
dinamarca, i tenia el grado de teniente coronel. Don Martin 
Amador, hijo de Cartajena, i don Pantaleon Jerman Ribon, 
de Mompox, que debiendo atacar por la espalda al ejército 
sitiador, fueron batidos en el Chima el 20 de setiembre 
de 1814 por don Julián Bayer, comandante de la coluna 
volante del Sin ti, i hechos prisioneros en las Savanas. Don 
José Maria Portocarrero, que conducía fusiles de Cartajena 
para Bogotá, i fué tomado junto con Ribon i Amador; i por 
último, el brigadier don Manuel Castillo, a quien, con nna 
crueldad imperdonable, se negaron a admitir a su bordo todos 
los capitanes de los buques que habia en el puerto, por la 
persuasión en que estaban de que él era la causa de la pérdida 
de Cartajena ; i él cual, obligado a ocultarse a la entrada de 
los españoles en la ciudad, fué aprendido en el convento de 
Santa Teresa. 

Los fujitivos sufrieron entretanto en su peregrinación 
trabajos i contrastes indecibles. Apiñados 200 i aun 
300 individuos en cada uno de aquellos buques pequeños, 
sin alimentos, escasos de agua bajo el cielo abrasador 
de los trópicos, perecían a centenares los infelizes. Llega- 
ron, al fin, aunque nuii disminuidos en número, unos a 
los Cayos, i otros a Jamaica, escitando la compasión de las 
almas sensibles : otros, entre los cuales estaba el distinguido 
patriota don Manuel Revollo, fueron abandonados en una isla 
desierta por la cruel avaricia del capitán Michell, quien los 
saqueó i despojó de todo cuanto habían podido 3alvar. Fieles 
siempre a la causa de la libertad, la mayor parte de ellos 
empuñaron a poco tiempo las armas cuando el jen eral Bolívar 
emprendió en 1016 la memorable campaña en donde co- 
menzó la restauración de Venezuela, i cuyos admirables resulta- 
dos han sido la formación de la república de Colombia, i el 
estado brillante en que hoi dia la vemos. 

Morillo encontró en Cartajena 45 cañones de bronce de di- 



ENTRADA EN OOANAJOATO. 467 

tersos cahbres desde 24 hasta de a 2, i 321 de hierro ; 92,570 
balas rasas de distinto calibre ; 3381 botes, racimos i saqui- 
Uos de metralla ; 0476 bombas desde 14 a 7 pulgadas ; 3388 
fusiles; 991 bayonetas sueltas; 12 esmeriles; 680 sables; 
100 carabinas ; 42 pistolas; 384 lanzas; 3440 quintales de 
pólvora en barriles ; 4727 cartuchos de canon de varios cali- 
bres ; 135,800 de fusil, i 200,000 piedras de chispa. 

Habiéndose detenido Morillo poco mas de un mes en Car* 
¿ajena, prosiguió la campaña de Cundinamarca. Los porme- 
nores de esta son ajenos de nuestro asunto ; i por tanto, nos 
contentaremos con observar que, interceptados por las fuerzas 
enemigas, durante el sitio de Cartajena, los fusiles que con- 
ducía Portocarrero a las provincias interiores, i que a fuerza 
de zelo i sacrificios habían facilitado en Inglaterra los distin- 
guidos patriotas don Agustín Gutiérrez Moreno, don José 
María Duran, i don Luis Brion, i batidos los independien- 
tes en distintos puntos, fué sojuzgada toda Cundinamarca; 
millares de víctimas sacrificados en el altar de la venganza ; 
i vistieron luto todas las familias. Asi pagó aquel pais e! 
abandono de su gobierno en la organización de una respetable 
fuerza armada, i sus divisiones intestinas. Tales fueron las 
consecuencias de la pérdida de Cartajena; de esta plaza, 
cuyos habitantes han dado a los pueblos que aman su libertad 
un ejemplo raro de heroicidad i constancia, que será ad- 
mirado de las jeneraciones venideras. — G.R. 



XLI. — Parte del brigadier Calleja al virei de Nueva 
España sobre su entrada en Goanajoato* 

" Escelentísimo señor.— A las siete de la mañana del día 
de ayer salí con el ejército de mi mando de las inmediaciones 
de la hacienda de Burras donde hize noche, según participé 
aV.E. 

" A las diez llegué cerca de la cañada de Marfil, que es 
la avenida principal de esta ciudad, con ánimo de situarme 



* Tomado de la gazeta del gobierno de Lima, de 2$ de mano 1811. 



468 ENTRADA EN GOANAJOATO. 

en un paraje inmediato, reconocer el terreno i dar las dispo- 
siciones necesarias para el ataque que me proponía ejecutar 
al día siguiente. 

" £1 enemigo anticipó la victoria que han logrado las 
armas del reí : dos baterías suyas, situadas a bastante altura 
por uno i otro lado del camino, dieron la señal del ataque : 
inmediatamente hize desalojarle de una de ellas por la caba- 
llería, i aprovechándome del ardor i entusiasmo que el suceso 
produjo en las tropas, mandé sobre la marcha que avanzasen 
cuerpos de infantería i caballería, los cuales fueron sucesiva- 
mente atacando i arrojando a los enemigos de todas las alta- 
ras que ocupaban, dominando por espacio de mas de tres 
leguas el camino que debia seguir tson considerable número 
de jente i cañones, hasta que por fin vencidos los ostáculos 
casi insuperables que presentaba el terreno, dueños de veinte i 
cinco piezas de su artillería, fatigada mi tropa con siete horas 
de combate el mas ostinado, arrollados i dispersos los ene* 
migos, entré después de las cinco de la tarde en Valenciana, 
adonde me diriji con el objeto de ocupar un puesto ventajoso 
cerca de la ciudad, que me proporcionase una entrada fácil 
en ella. 

" Esta la verifiqué hoi a las diez de la mañana, hajriendo 
tenido de nuevo que combatir para arrojar al enemigo 
de otra altura que ocupaba con un cañón frente al paraje 
por donde debia entrar; cuya ostin ación i el atentado come- 
tido por la plebe en la tarde de ayer de pasar a cuchillo 
a todos los individuos, asi del pais como europeos que 
existían presos en la Alhóndiga, i que habían conducido de 
▼arias partes los insurjentes, me obligaron a mandar a las 
tropas que entrasen a sangre i Juego en la ciudad, i en efecto 
muchos fueron acuchillado» en la* primera* callee ; pero movido 
de sentimientos de humanidad tan conformes a las paternales 
iateneioaes del gobierno, i que no pereciese una multitud de 
peí sosas honradas que en confusión salieron a favorecerse del 
>, mandé suspenderlo. 4 



tibie que quien dkS la arden de entrar la ciudad a sangre i 



ENTRADA BM GOANAJQATO. 460 

" Allende, Aldama i los demás cabezillas causadores de 
tantos Malee» desampararon ayer^ tarde la ciudad luego que 
vieron la derrota i dispersión de su ejército, cuyo numero 
secedla, según las noticias que be adquirido, de cincuenta 
milhombres, i el primero buyo disfrazado con dirección a 
Seo Luis Potosí, siguiéndole unos cuarenta nombres» i aban* 
donando cuanto tenia aquí. 

" En la ciudad se me reunieron el Tejimiento de la Corona, 
i varios cuerpos de caballería que la tarde antes se separaron 
a mi derecha para tomar, como lo verificaron, dos baterías, i 
habiendo entrado la noche no pudieron por la distancia incor- 
porarse al ejército. 

" La estrechez del tiempo i las urj entes atenciones que me 
cercan, no permiten hacer un detalle mas circunstanciado de 
la acción, que remitiré a V. £. cuando reúna las noticias que 
he pedido a los cuerpos ; i solo me reduzco a decir a V. E. 
que la tropa i oficiales han hecho prodijios de valor, i que no 
encuentro yozes con qué esplicar la bizarría con que a com*» 
petencia ha señalado cada cuerpo su espíritu i zelo por la 
Justa causa. La pérdida del enemigo no puede calcularse, 
pero debe haber sido considerable por la osadía con que sos* 
"tuvo muchos puestos hasta sufrir el golpe de nuestras bayone- 
tas : la mía es tan corta que solo se cuentan hasta aora 
cuatro muertos i siete heridos, cuyo numero diré a V. £. con 
exactitud luego que reciba las noticias. 

" He nombrado interinamente, i hasta la aprobación de 
Y. £., de intendente correjidor de esta ciudad i su provincia 
al licenciado don Fernando Pérez Marafion, que a sus no- 
torias circunstancias de honradez, fidelidad i patriotismo, 
agrega la de obtener la aceptación i confianza de este insolente 
i atrevido pueblo, que aun se deja ver por los cerros en ga- 
villas tumultuarias. 

" De acuerdo con este buen vasallo continuaré tomando 
todas las providencias necesarias para organizar el gobierno, 



fuego, fuera capaz de moverse por sentimientos de humanidad, i mandase 
suspender el degüello en tiempo oportuno» 





^^^^^^^^^^^ 




46B ent 




en un paraje i n mediad 




síc iones necesarias pa 




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* i E„ creíb! 




470 ENTRADA EN OOANAJOATO. 

restituir las cosas a su primitivo estado, i restablecer -el buen 
orden en toda la provincia. Por lo pronto he publicado el 
bando de que incluyo a V. £. copia :* mañana i en ios dias 
sucesivo* haré pasar por ¡as armas a una porción de reos del 
ejército insurjente, de todas graduaciones hasta la de brigadier, 
que se han aprendido ; i si esta demostración no bastare 9 V. £, 
se servirá decirme las demás que debo adoptar para dejar 
satisfecha la j usticia.f 

" Dios guarde a V. £. muchos años. Goanajoato 85 de 
noviembre de 1810 a las 12 de la noche.— Escelen tisimo 
señor. — Félix Calleja.— JEscelentí simo señor virei don Fran- 
cisco Javier Venegas. 



• Es lástima que no hayan insertado a continuación en la gaceta de 
Lima el bando de que habla Calleja ; aunque por lo que este monstruo 
dice en seguida, puede inferirse su tenor. 

t ¡I siesta demostración no bastare /. .No parece sino que se propone 
aquella fiera insultar a la razón, después de haber ultrajado ala humanidad 
tan altamente. — G. R. 



FIN DEL TOMO PRIMERO. 



y 



ÍNDICE. 



Prospecto i- 

I. — Alocución a la poesía I 

II. — Consideraciones sobre la influencia de la literatura en 

la sociedad 17 

III. — Juicio sobre las obras poéticas de don Nicasio Alvarez 

de Cienfuegos &* 

IV. — Indicaciones sobre la conveniencia de simplificar i uni- 
formar la ortografía en América 60 

V.— Análisis del Guillermo Tell, de Schiller 62 

VI. — Sobre la enseñanza del canto, considerado como uno 
de los objetos mas esenciales para perfeccionar la 

instrucción primaria i común 72 

VII. — Consideraciones sobre la naturaleza, por Virei 77 

VIII. — Magnetismo terrestre 96 

IX. — Vista del Chimborazo, desde la mesa de Tapia 108 

X. — Comunicación entre el océano Atlántico i el océano Pa- 

zífico p 115 

XI. — Palmas Americanas 129 

XII.— Cordillera de Himalaya 137 

XIII. — Lista de algunos de los montes mas elevados de la tierra, 

con sus respectivas alturas en varas castellanas .... 151 
XIV. — Teoría de las proporciones definidas, i tabla de los 

equivalentes químicos 152 

XV. — Nueva especie de papa en Colombia 160 

XVI. — Avestruz de América 162 

XVII. — La anatomía del hombre, o descripciones i figuras lito- 
gráficas de todas las partes que componen el cuerpo 

humano 108 

XVIII.— Vacuna 170 

XIX. — Sobre la diferencia jenérica entre las varicelas i las 

viruelas 176 



472 ÍNDICE. 

V. 

XX. — Cultivo i beneficio del cáfiamo . • . • • 181 

XXL— Pararayo portátil 187 

XXII. — Herraduraa perfeccionadas 187 

XXIII.— Descripción de una nuera maquina de hacer pan .... 187 
XXIV. — Medio de conservar huevos frescos ; por el Sr. Cadet.. 188 

XXV. — Descripción de una nueva brújula 180 

XXVI.— Sobre el beneficio de los minerales de plata mediante 

la amalgamación ; por el señor Rivero 18** 

XXVII. — Barniz francés de pulimento l&* 

XXVIII.— Análisis de la imajinacion ^ 

XXIX. — Discurso sobre la ciencia social, por Cambaceres .... 20' 
XXX. — Análisis del Comentario sobre el Espíritu de las leyes 

de Montesquieu 21^ 

XXXI. — Análisis de la táctica de las juntas o asambleas lejisla- 

tivas, de Bentham 246 

XXXII. — Estado comparativo de las cárceles en Europa i en 

América • . • 276 

XXXIII. — Carta de Cristóval Colon sobre el descubrimiento del 

nuevo mundo S27 

XXXIV. — Ideajeneral de los monumentos del antiguo Perú, e 

introducción a su estudio 343 

XXXV. — Observaciones sobre las leyes de Indias, i sobre la inde- 
pendencia de América • 356 

XXXVI. — Sistema colonial de España 167 

XXX VII.— Real orden al virei del Perú sobre el colejio de caciques 

e indios nobles de Lima 366 

XXXVIII. — De la influencia de las mujeres en la sociedad, i accio- 
nes ilustres de varias americanas 368 

XXXIX. — Pacificación de los primeros alborotos de la ciudad de 

la Pac, en 16 de j ulio d e 1 800 .* 411 

XL. — Sitio i toma de Cartajena, por el jeneral Morillo 446 

XLL— Parte del brigadier Calleja al virei de Nueva España 

•obre su entrada en Goanajoato 467 



En la imprenta de don G. Marchant, Ingram-Court, Londres. 



ERRATAS. 



Pajina Linea Dice Léase 

22 .. 28 i 29 . . ar-rastra a-rrastra. 

27 . . 23 i 26 . . el análisis .- la análisis. 

32 .... 13 ...• idem ídem. 

42 .... 25 .... idem idem. 

45 • • • • 33 • • • • anos '••«•• años. 

53 9 .... 1673 1763. 

56 .... 20 .... tintes tintas. 

62 .... 28 .... «1 análisis la análisis. 

.67 .. última .. Ausburgo Hapsburgo. 

75 .... 23 .... tañado • tando. 

81 ... . 4 . . . . remonta se remonta. 

102 .... 23 .... equinoccio equinoccio. 

115 .... 82 . ... cualquier • . . • cualquiera. 

125 .... 14 .... Robinson, Robinson 

143 .... 34 .... Lama Lama. 

144 .... 3 • . . . baca yaca. 

ídem, 8, 10, 13, 28 Lama Lama. 

151 .... 24 .... Cayambe Cayambé, 

Ídem • . 27 . • « • JN • h** ....•••.••*• W. O. 

ídem . • 28 ... • Popocatepec Popocatepetl. 

159 .... 16 .... bibosfate bifosfate. 

161 .... 83 .... gostos gostas. 

166 .... 24 .... acariciadas acariciados. 

187 ... • 9 . . . • nuve •••••• nueve. 

224 .... 26 .... perserrando preservando. 

241 .... 27 .... elijir elejir. 

260 .... 37 .... u o. 

267 .... 31 .... presentan no presentan. 

270 .... 17 .... artibuir atribuir. 

278 .... 24 .... los las. 

282 .... 15 .... acen aseen-. 

295 .... 28 .... bahía botánica Bahía Botanice. 

296 .... 29 .... una un. 

305 .... 1 . . • . otras otros. 



JUN l 1 1940