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La Ciudad de Dios 



Madrid, 1893. -Imprenta de D. Luis Aguado, Pointejos, S 



LA 



CIÜMD DE DIOS 



REVISTA RELIGIOSA. CIENTIF.CA Y LITERARIA 



DEDICADA 



AL GEAN PADEE SAN AGUSTÍN 



I REMCTADA POR ALÜIOS BE SU ORDEN 



oo2sr >^f s.OBu<^oxo>T ECT.i3Si/»^eiicA. 




VOLUMEN XXXII 



REDACCIÓN Y A 1)111 MSTR ACIÓN 

REAL MONASTERIO DE SAN LORENZO DEL ESCORIAL (MADRID) 

JB93 



(oO 

C5 
V-33L 




^iHHasffaBsasHHHSEis^a 



BHIMHMIÍHHIHHMIB í 



1 



Jansenismo y Regalismo en España 



(1) 



(datos para la historia) 



VI 



Sr. D. Marcelino Menéndes y Pelayo. 




I EXCELENTE Y DOCTO AMIGO! Para Quc Ud. vca la 
fidelidad con que me atengo á los papeles que voy 
extractando, los cuales deben merecer la mayor fe, 
aun para los más descontentadizos y suspicaces, por haber 
pertenecido á los que, en cierto modo, pudiéramos llamar 
adversarios de los agustinos, voy á indicarle el suceso que 
"vino á turbar la paz y frente serena del negocio„. Tratába- 
se éste con absoluta reserva entre el Papa y la Inquisición 
española; y ni la carta del primero ni la contestación de la 
segunda, eran del dominio público. Cuando los agustinos 
acudieron al Pontífice en demanda de auxilio contra el atro- 
pello de la Inquisición, ó más bien, de algunos que forma- 
ban parte no pequeña del Consejo, prometióles enterarse 
por sí y poner coto con el Breve ya extractado en la carta 
anterior, y que se halla impreso en multitud de libros; pero 
no podía imaginar que su confianza de leer antes el Breve al 



(1) Véase la pág. 569. 



JANSENISMO Y REGALISMO EN ESPAÑA 



Procurador general de los agustinos en Roma, ocasionase 
tal tumulto en España. 

Porque á los doce días de contestar el Inquisidor al Papa, 
esparcióse por Madrid un rumor de que Benedicto XIV le 
había reprendido agriamente por haberse arrogado faculta- 
des que no tenía, y le conminaba con varias penas si cuan- 
to antes no sacaba del índice á Noris. "Esto, que al princi- 
„pio fué hablilla, pasó luego á sentimiento y voz común; 
^creció en breve á certeza, y llegó en solos dos ó tres días 
„á ser casi evidencia; porque se hallaba en las manos de 
„todos copia de la carta escrita por Su Santidad. A poca 
„costa se adquirió una que se halló correspondiente al ori- 
„ginal, y se supo que el Asistente general de los Padres 
„agustinos en Roma, había podido adquirir en aquella curia 
„una copia que envió luego á los de Madrid, los que en tan 
„corto tiempo habían llenado de trasuntos la Corte, y aun 
„todo el reino; donde érala única materia de las conversa- 
aciones y discursos, el negocio presente y las consecuen- 
„cias que tendría. Y era tal el ansia de todos en saber el 
„estado que tenía, que no habiendo podido adquirir noticia 
^alguna de la respuesta del Inquisidor, se atrevieron algu- 
„nos á fingir varias para alimentar con esto los comunes 
„deseos.„ 

Esto contrarió muchísimo al Inquisidor, poniéndole en 
terrible apuro, máxime teniendo en cuenta que él no había 
colocado á Noris en el índice, que fué cosa de algunos 
jesuítas, y que no todos en la Inquisición opinaban como 
ellos respecto de ese punto. Y desde entonces comenzó á 
tratar el negocio sin comunicarlo al Consejo, sino con al- 
gunos que formaban parte de él, y en quienes tenía ma- 
yor confianza. Por de pronto, lo primero que hizo, con el 
acuerdo y dictamen de éstos, fué escribir al Papa, en 16 de 
Septiembre, una carta muy quejumbrosa y llena de amargu- 
ra, afeando la conducta de los Padres agustinos, y hacien- 
do ver "cuan criminales eran en haber profanado lo íntimo 
"délos secretos Pontificios, publicándolos con jactancia aun 
"á la plebe más baja. Que ya el vvdgo cruel de los Se- 
„minarios en ambos cleros, y aun los legos ignorantes. 



JANSENISMO Y REGALISMO EX ESPAÑA 



^gritaban y trataban con verdaderas porfías en calles y 
^plazas lo más delicado de estas materias... Que ya habían 
^llegado las noticias á esta Corte, de donde ninguna insi- 
„nuación se había hecho aún; pero que concurriendo á ella 
„varios Embajadores heterodoxos, procurarían enviar á sus 
„Soberanos copias de la carta de Su Santidad, y también 
„á sus Doctores; los cuales', corrompiendo las expresiones 
„y contexto de ésta, con su antiguo odio á la Santa Sede, di- 
„rían con mayor confianza, que tenían ya en esta Carta 
y,\xnsL prueba y monumento irresistible de que el Pontífice 
y^Romano ha tolerado en los católicos, que nombra expre- 
„samente, los errores (i !) que condenaba en ellos.,, 

¡Jesús, qué escrúpulos! Y ya ve Ud., amigo mío, que no 
los tenían ni se mordían la lengua para hacer la diabólica in- 
sinuación de que el Papa fomentaba los errores jansenianos, 
y daba alas á los pobrecitos heterodoxos de las naciones 
extranjeras. Y todo ello, porque se había hecho pública la 
Carta en que Benedicto XIV manda sacar del índice espa- 
ñol las obras de Noris. Casi casi pretendían hacer de ella 
asunto internacional. Más aún: hasta se atrevieron á decir 
al. Papa que era inconsecuente en su modo de obrar, pues 
habiendo condenado hacía poco el libro titulado: Le passe 
par-tout de LEglisse Romaine^ "podían ver los herejes, en 
su malicia„, proposiciones semejantes en la Carta de Su 
Santidad. 

¡Malicia, y refinada, era poner en boca de herejes lo que 
ios inquisidores sentían respecto de la autoridad del Pon- 
tífice! No tenía éste, en verdad, la culpa de que se hubiera 
divulgado €í Breve, que nada tenía de secreto ni misterioso, 
pues sólo trataba de vindicar una gloria legítima de la Igle- 
sia, contra los francos ó solapados ataques de algunos mo- 
linistas; mas, aun cuando aquel fuese confidencial y para 
prevenir mayores males, ¿quiénes eran los individuos del 
Consejo para dar lecciones al Papa? 

No quiero tampoco aminorar la culpa del Procurador 
general de los agustinos, en haberlo hecho público; aunque 
algo podía alegarse en su favor, si se tiene en cuenta cuan 
ansiosos y hambrientos de justicia estarían los agustinos 



8 JANSENISMO Y REGALISMO EN ESPAÑA 



después de tan reiteradas vejaciones. Y puesto que así lo 
dice el manuscrito, creo que el tal Asistente se dejó llevar 
de su justa alegría, viendo que el Papa sacó la cara por la 
Orden agustiniana; si bien, caro le costó al Procurador, el 
cual fué desterrado de Roma por Benedicto XIV, sin que 
por eso dejase éste de proseguir adelante en su empeño para 
vindicar la honra del Cardenal. 

Los agustinos de San Felipe el Real de Madrid elevaron 
al Pontífice una elocuente exposición, protestando de la ca- 
lumnia ó rumor de haber divulgado ellos el Breve; pues 
cuando llegó á su noticia ya se había esparcido por todo 
Madrid. Y al mismo tiempo decían al Papa: "no defendemos 
la causa del Cardenal Noris: si la Iglesia rechaza su doctri- 
na, nosotros la rechazamos; si la condena y anatematiza, 
nosotros con gusto la condenamos también y anatematiza- 
mos de todo corazón, porque somos hijos de aquel Santo Pa- 
dre que dijo: no creería el Evangelio si la autoridad de la 
Iglesia no lo recomendase. Pero patentes son á Vuestra 
Santidad los denuestos y ludibrios lanzados contra San 
Agustín en estos últimos tiempos, por impugnar los cuales 
fué Noris tan duramente ultrajado. Conozcan de una vez 
los adversarios de la Sede Apostólica, la invencible firmeza 
de esa Cátedra de la verdad, para reprimir las audacias é 
inobediencias de los que aún retardan la debida sumisión, 
bajo el pretexto de que el Breve de Vuestra Beatitud ha sido 
de carácter privado, y no público testimonio en defensa de 
una causa justa. ¡Verdaderos efugios para excusar su pro- 
tervia y tenacidad en el pecado! (1).„ 

Contraste muy elocuente formaba esta súplica de los 
agustinos con la carta del "Inquisidor general, cuya con- 
„ducta afeábase en España, tildándole unos de invasor de la 
nPotestad pontificia, otros de cismático y reo de ofensa in- 
justa hecha á la púrpura,,. Por el contrario, los incondicio- 
nales defensores del Santo Oficio fomentaban las discordias 



(1) V. Ad SS. D. N. PP. Pro Catholica Concordia et Unitate Hu- 
milis deprecatio.—M.a.triü, die 22 Novembris anni 1748. Publicada ea 
las.obras del Cardenal Noris. Edición de Venecia, 1769. 



JANSENISMO Y REGALISMO EN ESPAÑA 



por sacar avante las regalías , declarándose ipso fado 
enemigos de la autoridad pontificia; y atizaban el fuego 
diciendo al Inquisidor que no cejase en la demanda y vin- 
dicación de sus derechos, como si éstos no fuesen dele- 
gados. 

En vez de atender el Inquisidor las justas reclamaciones 
del Papa y la voz de su propia conciencia, dio oídos á cier- 
tos regalistas, convirtiéndose en indiscutible autoridad, 
cuando precisamente negaba el principio de ella en estas 
frases dirigidas al Pontífice Romano: "la Inquisición de Es- 
„paña ha procedido siempre en sus juicios con independencia 
„de la de Roma, á quien ha seguido en unas ocasiones, y en 
„otras se ha separado, sin ofensa; lo que juzga preciso en el 
^negocio presente, por estimar que las doctrinas del Car- 
^denal Noris no se pueden componer con lo definido. Y por 
„lo tanto, ya no es posible ni oportuno el medio de la ohe-- 
^diencia, propuesto en la anterior carta; porque si éstos 
„(los regalistas) viesen separado á Noris del índice ^ juzga- 
„rían que, por temor, fuerza ó condescendencia lo hacía, 
„contra el dictamen de su propia conciencia; pero que los 
„que le aborrecían dirían que, aunque tarde, reconocía (el 
„Inquisidor) que erró; y los PP. Agustinos se gloriarían de 
„haberle hecho cantar públicamente la palinodia, 3'" también 
„al Consejo, padeciendo en todo el honor del Santo Oficio, 
„que por tantos títulos era benemérito de la atención y be- 
„nignidad pontificia„. 

En una palabra: que antes era el decoro mal entendido, 
ó el amor propio de la Inquisición española, que la autori- 
dad del Papa. Tales eran los que no dejaban caer de los la- 
bios el apodo áe jansenistas, aplicado á cuantos seguían á 
San Agustín en las cuestiones de la Gracia. 

Mientras en Roma se examinaba la atrevida é irrespe- 
tuosa epístola del Inquisidor y sus adláteres, cayó sobre 
éstos un verdadero fuego graneado de folletos, tratándoles 
de refractarios á las decisiones pontificias, cuando tanto 
alardeaban de sumisión en otros asuntos favorables. Y diz 
que el Inquisidor llevó con ánimo tranquilo esa tribulación; 
sin duda, porque sabía él que en el fondo no iban dirigidos 



10 JANSENISMO Y REGALISMO EN ESPAÑA 



los ataques á su persona (que, como j'a hemos visto, no tuvo 
parte en la prohibición de Noris), sino más bien á ciertos 
padres jesuítas , que formaban parte del Consejo, y fueron 
en este asunto habilísimos mentores del Inquisidor, mien- 
tras ellos escondían la cara ante el público; aunque por de- 
bajo cuerda contestaban á los folletos y anónimos con otros 
anónimos y folletos del mismo jaez. 

y aún aplica el historiador á quien sigo, estas frases al 
bueno de Pérez del Prado, con la mejor intención del mundo: 
"Lo que miró Su Ilustrísima siempre como una providencia 
„singular, fueron las cartas y papeles manuscritos é impre- 
„sos que le enviaron de Italia, Francia y Alemania manifes- 

fltándole cuan bien se habían recibido entre los buenos 

^^c ató I ICOS sus procedimientos; cuando, por el contrario, /)a- 
yfdecía mucho el nombre y opinión de Sn Santidad, de quien 
„los jansenistas decían que era protector suyo, .y los orto- 
„doxos, que era cierta aquella fautoría, según se manifesta- 
„ba en la carta escrita al grande Inquisidor de España,,. 

Como prueba de ello, y para colmo de hipocresía, el 
historiador jesuíta alega dos papeles. El uno , que vino 
de París, llama al Papa jansenista, por haber escrito á 
Voltaire con motivo del „Poema que éste le envió de la ba- 
talla de Fonteno}^,,, y porque había distinguido á los exce- 
lentes teólogos agustinos Berti y Belleli. El otro papel lo 
envió desde Loreto,por segunda mano, Mr.Guerre, Conse- 
jero de Estado de S. M. C, cuyo título era: Réfléxions sur 
un libelle de dix pages in quarto en date du 4 Mars 1748^ 
qui a poiir tittre: Observations sur le Bref de N. S. P. le 
pape Benedicti XIV, au grand Inquisiteur d'Espagne, 
etc., y se encamina á probar que "el Papa, sin nombrar la 
„Bula Unigenitus, se había propuesto destruirla y anularla 
„con el Breve al grande Inquisidor de España,,. Como su- 
prema razón alega Mr. Guerre una carta muy notable "que 
^escribió desde París al Marqués de la Ensenada, D. Igna- 
„cio Luzán, Secretario de aquella Embajada„, fundándose 
en que un jansenista publicó el Breve con notas en que lo 
hace suyo, tratando de probar que es la revocación de la 
Bula Unigenitus; por lo cual el Rey de Francia, viendo que 



JANSENISMO Y REGALISMO EN ESPAÑA 11 

se recrudecían las disputas jansenianas, tuvo que desterrar 
á la Bastida al autor de las notas y aclaraciones. 

Ya ve Ud., Sr. Menéndez Pelayo, el flaco y ruin funda- 
mento y la suma habilidad que tenian para calumniar al sa- 
bio Pontífice Benedicto XIV, las personas que más obligadas 
estaban á someterse, ya que alardeaban tanto de integridad 
moral. Si estas cosas no estuviesen escritas y consignadas 
en documentos fehacientes, parecerían increíbles. 

El Inquisidor, entre tanto, y sus hábiles y sagacísimos 
consejeros, no se dormían en las pajas; pues, fuese por la no- 
toriedad del asunto, ó porque recelaban de sus gestiones en 
Roma, acudieron en demanda de auxilio al Marqués de la 
Ensenada, al P. Rábago y al Rey. El primero prometió 
ayudarles para que la Inquisición de España "no quedase 
^sujeta en sus juicios á la de Roma, y para cortar los mo- 
^vimientos intestinos del Reino en juntas y sátiras tan des- 
,,templadas„; pero como diestro diplomático, no pasó de las 
promesas, ó por lo menos, no consta que hiciese algo. 
Quien lo hizo todo, y manejó secretamente el asunto, fué el 
P. Rábago, como cosa que le tocaba de cerca á él y á sus 
allegados; por lo cual "tomó este negocio interesando en él 
„todo su saber ett varios trabajos propios, con que armó la 
Justicia de su Ilustrísima (del Inquisidor), su autoridad en 
„la protección de la causa, y sus más eficaces oficios en esta 
7,Corte, y aun en las de Ñapóles y Roma; de sMevtQ que fué 
y^el único con cuyo acuerdo y noticia procedió su Ilustrísi- 
^ma en el negocio; 3^ en los últimos pasos de él, fué el que 
^acabó de inclinar á Su Majestad para que hiciese saber 
^á Su Santidad, que no permitiría se hiciese novedad en 
yJ,o acordado por la Inquisición de España. 

Tocante al Rey, tomó por de pronto la providencia de 
publicar un Decreto dirigido al Obispo de Oviedo, Gober- 
nador que era del Consejo, para que se notificase á las Uni- 
versidades, bajo varias penas, que nadie se atreviese á im- 
primir ni publicar papel alguno acerca de la cuestión. 

Como Ud., amigo mío, puede ver muy bien, este asunto 
fué paulatinamente perdiendo su carácter jansenista para 
dar en un regalismo solapado; ya que los jueces inquisito- 



12 JANSENISMO Y REGALISMO EX ESPAÑA 

ríales se echaron en brazos del Rey y sus Ministros, para de 
consuno trabajar por los llamados derechos de la Corona, y 
hacer que Benedicto XIV cediese en su empeño y autoridad. 

En cambio, mientras aquí se maquinaban tales medios, 
vino, por conducto del Nuncio, la deseada contestación del 
Papa (9 de Octubre 1748), á las dos cartas del Inquisidor, ma- 
nifestándole el sentimiento de que se hubiera hecho público 
el Breve, y que había castigado al Procurador de los agus- 
tinos; pero que esto en nada empecía al asunto principal de 
Noris, cuya inocencia estaba dispuesto á defender contra 
todo ataque dirigido por la Inquisición española, después de 
los reiterados exámenes de la Inquisición Romana que el 
Papa acostumbra á presidir. Y puesto que el Inquisidor 
alegaba ignorar que en Roma se habían aprobado las obras 
del Cardenal, también ignoraría las defensas con que éste 
quitó la más leve sospecha de jansenismo; siendo, por tanto, 
ilegal la condenación de España. Para quitar cualquier es- 
crúpulo al Inquisidor, respecto de la obediencia que le de- 
bía, añade Su Santidad lo ocurrido en Roma con las obras 
déla Venerable M. Agreda, las cuales, habiendo sido pro- 
hibidas en la Sorbona y en Roma, no obstante, cuando Ino- 
cencio XI supo por Carlos II el disgusto de los españoles, se 
borraron del índice con el decoroso pretexto de quedar aún 
sub judie e el negocio; y que ahora, con maj^or razón debie- 
ra hacer lo mismo el Inquisidor de España, en orden á las 
obras del Cardenal; pues lo contrario "sería erigirse en juez 
„de apelación de las resoluciones Romanas, lo cual fuera 
„error insufrible„. 

Perplejo quedó el bueno del Inquisidor con esta andana- 
da, que no admitía réplica, y que le ponía en la alternativa 
de, ó desobedecer abiertamente al Papa, ó quitar por sí 
mismo del índice las obras de Noris. Pero del atolladero en 
que voluntariamente se había metido, vino á sacarle el re- 
galismo del P. Rábago, etutti quanti, dándole el consejo de 
acudir á Su Majestad; ya que ";?2 con perjuicio del Rey 
podía obedecer al Papa^ ni sin la mano del Rey resis- 
tirle.^ 

Bajo esta base, y con una evasiva digna de los regalistas 



JANSENISMO Y REGALISMO EN ESPAÑA 13 



de aquel tiempo, contestó á Benedicto XIV ''que había dado 
^cuenta al Rey por su obligación, y por la inquietud enton- 
7,ces ardiente, y que respondería á Su Santidad lo que Su . 
„Majestad le ordenase. „ ínterin, y con el acuerdo del 
P. Rábago, se entretuvo en borrajear varias cartas para 
elegir después la más oportuna, según el gusto del confesor 
del Rey. Nada nuevo se dice en ella, pues todo se reduce á 
lamentarse del ludibrio en que estaba la Inquisición espa- 
ñola por el tesón de Su Santidad, la jactancia que tendrían 
los Padres agustinos con esta victoria, el disturbio de las 
Universidades, las inquietudes del Reino, etc., etc.; por todo 
lo cual esperaba que Su Santidad no insistiese en el asunto. 
Pero conviene hacer constar que de esta carta no estaba 
enterado el Rey; porque después de escrita y remitida á 
Roma, el Inquisidor Pérez de Prado anduvo de cabildeos 
con la gente cortesana y "habló dos veces á los Rej^es, la- 
„mentando el cerramiento de Su Santidad, y que según su 
„conciencia (la del Inquisidor) cuanto más estudiaba y tra- 
„bajaban otros, veía más clara la justicia de la prohibición; 
„pero halló detenidos á sus Majestades en sus expresiones, 
^reconociendo S. I. justa la razón de su indiferencia; porque 
„entre un Papa que instaba diciendo no había peligro , y su 
^Ilustrísima que decía en contrario, era debido estar por 
^lo que afirmaba el Papa y,. 

Pasó algún tiempo; y viendo Su Santidad que el Rey no 
se inmiscuía en el asunto, como prometió ó amenazó el In- 
quisidor, remitió á éste, á principios del año 1749, un Decre- 
to á rajatabla, anulando la prohibición de Noris y desauto- 
rizando á la Inquisición española para fallar en esa materia 
dilucidada en Roma. Venía el Decreto con una carta muy 
secreta, en que, explicando los motivos de ese proceder, 
dice Benedicto XIV que no habiendo recibido contestación 
de S. I., después de haber vuelto la corte del Escorial, le 
escribe porque la gravedad del asunto lo pide así. 

Y á vueltas de muchas consideraciones de respeto y be- 
nevolencia hacia su persona, y descartando del asunto prin- 
cipal lo que hicieron ó dejaron de hacer los agustinos, la- 
méntase mucho el Papa de la conducta del Inquisidor, y le 



14 fANSENISMO Y REGALISMO EN ESPAÑA 



exhorta de nuevo á obedecer, pues "así lo pedía la autori- 
„dad de la Santa Sede, para manifestar que no condescen- 
„día á la prohibición de Noris; y que habiendo de hacer 
„a]go en el asunto, había formado por sí el Decreto que en- 
„viaba adjunto, firmado de su mano; pero que no le habla 
^publicado ni se habían hecho más ejemplares que tres: uno 
„para su Santidad, otro el que enviaba á su Ilustn'sima y 
„otro al Nuncio; previniendo á éste la facultad que le con- 
„cedía de lacerar el Decreto Pontificio^ en caso de querer 
j^por si publicar otro en los mismos términos; pero tani- 
y^bien la orden de publicarlo inmediatamente si S. 1. re- 
y^husaba hacerlo. Que considerase que le pedía esto el Vica- 
„rio de Cristo, á quien debía la obediencia que había jura- 
ndo en su consagración,,. Y termina el Papa diciendo: „que 
„si por sus pecados fuesen despreciadas sus amonestacio- 
„nes, no sólo mandaba al Nuncio la publicación dicha del 
^Decreto, sino que en caso de embarazarse., estaba pronto 
y^á hacer todo aquello que debe el Romano Pontífice para 
j^vengar la injuria hecha á la Silla Apostólicas^ (1). 

Tal es, amigo y señor mío, el extracto fiel de esta carta 
elocuentísima de Benedicto XIV, digna de meditarse. Vea- 
mos ahora el contenido del Decreto á que hace relación, 5'" 
del que algunos han querido sacar un partido que no cabe 
en las reglas de la lógica. 

Ya dije que el Decreto vino con la carta reservada, y 
ahora añado que esta y aquel se completan y no pueden 
considerarse aisladamente para el curso de la Historia. El 
Decreto puede reducirse á dos puntos: 1.° Que para sosegar 
las inquietudes y turbulencias, causadas por la repentina 
inclusión de las obras del Cardenal Noris en el Índice Expur- 
gatorio de España, "había acordado su Santidad suspender 
Ja prohibición, como si no se hubiera hecho. „ 2.° (Restrin- 
gida de este modo la potestad, siempre delegada, del Inqui- 
sidor) "prohibía el Papa los papeles escritos por una y otra 
„parte en esta materia, bajo penas gravísimas, y amenaza 
„con otras á quienes escribiesen de nuevo„. 



(1) Esta carta de Su Santidad llena tres hojas. 



JANSENISMO y REGALISMO EN ESPAÑA 15 



Ahora bien; como el Decreto no llegó á promulgarse, 
por los chanchullos que luego veremos hicieron los rega- 
listas, claramente se deduce que no tuvo fuerza de ley, ni 
otro carácter' que el de la carta reservada. De publicarse, 
como el Papa quería y debía haberse hecho, se hubieran 
atajado las discordias, cada vez más crecientes, hubiera 
quedado á salvo la autoridad pontificia á despecho del In- 
quisidor y sus paniaguados, y en buen lugar el nombre de 
los agustinos. Y en ese caso, no sería yo quien osara con- 
travenir las órdenes de Roma, hablando nuevamente del 
asunto, aunque la Historia tiene sus fueros peculiares cuan- 
do trata de hacer luz en los acontecimientos pasados. 

Pero pretender que tenga vigor, aun ahora, un Decreto 
no promulgado entonces, y asirse á la segunda parte favo- 
rable, olvidando la primera, es lo mismo que tomar el rá- 
bano por las hojas y argüir fuera de la cuestión. Más toda- 
vía: prueba evidente de que los mismos jesuítas dieron esta 
llana interpretación al Decreto, no considerándolo con fuer- 
za de \ey, es que á raíz del mismo, y posteriormente, siguie- 
ron escribiendo, como si tal cosa, acerca del asunto. Luego, 
á no invocar la ley del embudo, no alcanzo la razón de que 
se cite la segunda parte del Decreto, como argumento ad 
terrorein. 

Es indudable qu£ á los padres jesuítas y al Inquisidor 
convenía mucho echar tierra al asunto, para que éste no pa- 
sase á la Historia; pero siempre bajo el supuesto de no sacar 
del índice las obras del Cardenal y sobreponerse al Papa. 
En cambio éste, si deseaba con interés que el litigio se 
terminara para siempre, y que no se hablase más de él, 
era partiendo del principio y condición de que el Santo Ofi- 
cio de España, sacase inmediatamente del Expurgatorio 
las obras del Cardenal, y se reconociese en público la supre- 
macía del Papa para fallar en las cuestiones teológicas. 

Como esta condición, que era de justicia, no se cumplió 
entonces por las causas que hemos de ver, nadie tampoco 
está obligado á guardar silencio y sepultar la verdad histó- 
rica, privándose de sus enseñanzas. 

Y no digo más por hoy. Qni potest capere capiat. 



16 



JANSENISMO Y REGALISMO EX ESPAÑA 



En otra carta verá Ud., amigo mío, los medios de que 
se valieron los regalistas para que no se promulgase el De- 
creto pontificio, etc., etc. Se repite suyo afectísimo amigo 
y servidor q. s. m. b., 



^R. yVlANÜEL f. yVllGUÉLEZ, 
Agustiniano 










LAS ESCUELAS ECONÓMICAS EN SU ASPECTO FILOSÓFICO 



n) 



XVIII 




L célebre banquero David Ricardo, ni formó escue- 
la dentro de escuela, como Bentham y Malthus, ni 
se afilió de un modo incondicional al llamado clasi- 
cismo inglés en sentido económico; ápesar délo cual hemos 
de consagrarle un ligero estudio por la importancia que la 
mayor parte de los tratadistas le conceden, y porque real- 
mente figura como uno délos representantes de la escuela 
inglesa, si bien con restricciones de más ó menos trans- 
cendencia. 

De él dice Cossa que pertenece al número de aquellos 
escritores que, no escribiendo por lo regular para las es- 
cuelas, dictaron sus obras magistrales, sin cuidarse apenas 
de hacer notar á los lectores ni las premisas de las cuales 
partían, ni los fines que se proponían, ni los caminos esco- 
gidos para llegar más pronto á la meta (2). 

Conocidas son las acaloradas polémicas que sostuvo 
con Bentham, Mili, Malthus y Say, así como la defensa que 
hizo de la famosa teoría cuantitativa de la moneda y de la 



(1) Véase la pág. 204 del vol. XXXI. 

(2) Obra citada. Traducción de Ledesma, pág. 4. 



18 EN SU ASPECTO FILOSÓFICO 

libre importación de cereales contra el autor del principio 
de población. 

Más que las citadas controversias y su opúsculo sobre 
la protección á la agricultura, sin contar otros de impor- 
tancia discutible, como el Plan para el establecimiento de 
un Banco Nacional ^^ circulación, que emitiese billetes con- 
vertibles en barras de oro, valiéronle fama sus Principios 
de Economía política, tan combatidos y mal interpretados 
por algunos escritores adversarios, Jevons y F'errara entre 
ellos, como elogiados por otros con excesivo apasionamien- 
to, á los cuales pertenecen MacCulloch y De Quincey. 

La obra de Ricardo, como la de Smith, está muy lejos 
de formar un tratado completo; tienen defectos que sin difi- 
cultad pueden ser observados, aun por aquellos que no son 
del todo competentes para juzgar y definir asuntos e;^o- 
nómicos. Ricardo, no obstante, tan libre é independiente en 
sus opiniones respecto á Economía, como laborioso y mo- 
desto, confesando más de una vez su impericia para escri- 
bir, merece más indulgencia que el autor de la riqueza de 
las naciones, ya que sus Principios^ meros ensayos priva- 
dos, sólo llegaron á publicarse á' fuerza de vivas y reitera- 
das instancias de sus amigos, y especialmente de Jacobo 
Mili. Las correcciones y anotaciones hechas por el opu- 
lento banquero en las ediciones sucesivas, aumentadas con. 
nuevas ilustraciones, no fueron suficientes para hacer de 
los Principios una obra verdaderamente didáctica, ni sal- 
varon las deficiencias de fondo y forma, que no pueden 
menos de notarse en su obra, á pesar de la profundidad, 
claridad y coherencia de pensamiento que en ella resalta, y 
que hacen menos dura y más soportable la aspereza de su 
pluma. 

Dejando aparte todo lo referente á la interminable cues- 
tión del método, y sin entrar en discusiones sobre si David 
Ricardo fué ó no doctrinario .^como quieren algunos, por ha- 
berse valido del deductivo, no sólo con preferencia, sino has- 
ta casi con exclusión omnímoda de otro cualquiera, y con- 
cediendo desde luego que para su plan y la exposición ge- 
neral de sus teorías aquel método era el más adecuado, 



LAS ESCUELAS ECONÓMICAS 19 

hácese preciso confesar que tal procedimiento dificultó 
mucho ia traducción práctica de sus conclusiones por pres- 
cindir de las circustancias especiales que suelen modificar, 
cuando no cambiar, los resultados que en el orden puramen- 
te teórico y especulativo se presentan con carácter de infa- 
libles. 

Así como á Bentham se le conoce por su utilitarismo y 
á Malthus por su teoría de la población, á David Ricardo 
se le conoce principalmente por su teoría de la Renta y la 
llamada ley de bronce ó teoría de' Salariato. 

Es aún discutible para algunos si la teoría de la Renta 
presentada por el célebre capitalista ingleses de todo punto 
original, ó es más bien una modificación y ampliación de 
las doctrinas que sobre este punto concreto expusieron antes 
que él Anderson en sus Indagaciones acerca del carácter 
de las leyes sobre los cereales^ Malthus en sus Investiga- 
ciones sobre la naturaleza y progresos de la renta, y prin- 
cipios que la regulan, y West en su Estudio sobre la apli- 
cación del capital á la tierra. Los que así piensan, no 
deben olvidar que Malthus se muestra vacilante entre la 
teoría de la renta, sostenida por los fisiócratas, y la nueva, 
cuya originalidad parece atribuirle el mismo Ricardo, si 
bien en el último capítulo de sus Principios de economía po- 
lítica se propuso refutar la opinión del clérigo protestante, 
á lo que tal vez contribuyera la lectura déla obra de West, 
citado también por el opulento banquero en el prólogo de 
la suya. 

Dando por cierto que David Ricardo utilizó los materia- 
les preparados, no sólo por los tres autores citados, sino 
también por el mismo Smith, quien fué el primero en refutar 
la opinión de los fisiócratas respecto á la renta, pasemos á 
estudiar ésta tal como la expone el economista inglés. 

Su origen le encuentra en las condiciones más ventajo- 
sas que unas tierras tienen con relación á otras para ser 
más productivas, ya sea atendida su mayor fecundidad, ya 
también teniendo en cuenta la proximidad al mercado (1). 



(1) A esta condición no da el economista inglés tanta importancia 
como merece. 



20 EN SU ASPECTO FILOSÓFICO 

"Cuando los hombres, dice, llegan á establecerse en un país 
nuevo donde abundan los terrenos ricos y tértiles, no es 
preciso cultivar todos éstos, sino una pequeña parte de 
ellos para atender á la subsistencia de sus habitantes: en 
este caso, no hay renta alguna, pues nadie estará dispuesto 
á pagarla por tierras iguales á las que están al arbitrio y 
disposición del que quiera emprender en ellas las labores 
del cultivo. 

Si todas las tierras fueran de igual fecundidad é igual- 
mente ilimitadas, no podría exigirse nada por su uso sino en 
el caso de que ofreciesen alguna otra ventaja por su situa- 
ción, etc. De aquí es que en tanto se paga renta por una 
tierra, en cuanto que ni todas son ilimitadas ni son de la 
misma calidad; y, por otra parte, creciendo la población, 
empiezan á ser cultivados los terrenos de calidad inferior 
y menos ventajosa situación. 

Cuando por aumentar el número de habitantes se rotu- 
ran las tierras de segunda clase, surge para las de prime- 
ra la renta, cuyo importe pende de la diferencia que existe 
entre la calidad de las tierras. 

Ni es menester para explicar así la renta acudir al cul- 
tivo de terrenos inferiores: basta el empleo de nuevos ca- 
pitales en las tierras ya cultivadas, para obtener de ellas 
más abundante fruto. El nuevo producto no pudiendo ser 
igual al precedente en la cantidad, tendrá que vender- 
se á más alto precio y, por tanto, hará encarecer también 
el precio del primero. Esta alza de precio constituirá la 
renta. „ 

"A menudo sucede, prosigue, que antes de ponerse á cul- 
tivar las tierras de calidad inferior se pueden emplear los 
capitales en las ya cultivadas con más provecho y utilidad. 
Podría suceder que empleando doble capital que al princi- 
pio en las tierras de primera calidad, dado que no duplique 
el producto, puede producir una cantidad mayor á la que 
pudiera obtenerse si se hubiera invertido en otra tierra de 
tercera clase. En tal caso, el capital será empleado con 
preferencia en la tierra antigua, y constituirá igualmente 
una renta; porque renta es siempre la diferencia que existe 



LAS ESCUELAS ECONÓMICAS 21 

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entre los productos obtenidos con dos cantidades iguales de 
capital y de trabajo (1).„ 

El Doctor Anderson había dicho poco más ó menos lo 
mismo que Ricardo, "En todo país, escribe, existen tierras 
cuya feracidad no es la misma, de donde nace que el culti- 
vador de las más fértiles puede vender en la plaza su grano 
á precio menor del que pidan los que cultivan tierras más 
ingratas; pero si el grano que dan las tierras más férti- 
les no basta para cubrir las exigencias del mercado, natu- 
ralmente subirá el precio hasta indemnizar los gastos de 
aquellos que cultivan tierras más pobres. Con esto el culti- 
vador de las más fértiles podrá vender el grano al mismo 
precio que demanden los que poseen campos menos produc- 
tivos, y percibir así un excedente sobre el valor intrínseco 
del grano que recoja. Machos entonces aspirarán á hacerse 
con aquellas tierras fértiles, contentos con dar un premio 
determinado, á trueque del privilegio exclusivo de cultivar- 
lo; premio que varía, naturalmente, según la feracidad ma- 
yor ó menor del suelo. Ese premio constituye lo que ahora 
llamamos renta. Por eso no pocos economistas dicen que la 
renta se reduce á un monopolio natural^ (2). 

Se ve, pues, que Ricardo y Anderson están acordes en 
esta nueva teoría de la renta, que han aceptado gran parte 
de los economistas, llegando á considerarla como una in- 
vención de trascendencia, por más que en rigor ni explica 
la existencia jurídica de la renta ni carece de reparos gra- 
ves y bien fundados, que la hacen, por lo menos, muy discu- 
tible. 



(1) Aún cuando aquí parece que David Ricardo hace derivar 
también la renta del capital}' trabajo empleado en tierras ya cultiva- 
das, es lo cierto que su teoí ía se funda en la diferencia de fertilidad 
de los terrenos principalmente. 

(2) Principios de Economía Política, part. "á.^. cap. V. 



22 EN su ASPECTO FILOSÓFICO 



XIX 



Es de notar, dice el P. Liberatore, que esta teoría de la 
renta se halla fundada en varias hipótesis: supone que mu- 
chas personas se establecen en el mismo sitio y al mismo 
tiempo; que ese sitio abunda en tierras igualmente fértiles; 
que los recién venidos fijan su morada junto á ella, y no en 
lugares más elevados y defendidos; que comienzan á cultivar 
esas mismas tierras, más bien que otras menos feraces, pero 
más próximas al mercado; que todos están provistos de un 
capital, y que todos ó casi todos sé hallan dispuestos á apli- 
carse á la industria agrícola más bien que á la manufactu- 
rera ó comercial... No sabemos si es fácil que se realicen 
todas estas suposiciones, y si son aplicables al género hu- 
mano,, (1). 

Por otra parte, el procedimiento ó manera conforme al 
cual el cultivo ha ido progresando, no parece ser el ideado 
por el economista inglés. El americano Carey se ha pro- 
puesto demostrar lo contrario: es decir, que el hombre haya 
ido roturando y aprovechando las tierras de mayor á me- 
nor fertilidad, cultivando en primer lugar las más ricas y 
después las menos. Utilizó, al efecto, datos suministrados 
por la Geografía, la Historia y la Estadística, y con ellos 
quiso hacer ver todo lo contrario que quiere demostrar Ri- 
cardo: es decir, que lejos de comenzar el hombre la rotura- 
ción de los terrenos más fértiles, se vio precisado á explo- 
tar las vertientes de las montañas, las tierras menos pro- 
ductivas, obligado á ello por la penuria de su existencia, 
falta de capital, de conocimientos científicos y de instru- 
mentos adecuados; haciendo notar que sólo los progresos 
de una ciencia adulta, los adelantos de una mecánica per- 
feccionada y los capitales acumulados por centenares de 
generaciones, han podido poner en explotación terrenos de 



(1) Obra citada, pág. 218. 



LAS ESCUELAS ECONÓMICAS 23 

calidad inmejorable, que no pudieron roturar generaciones 
pasadas (2). 

En apoyo de su sentir trae el economista anglo-america- 
no el caso frecuente de que muchas tierras en cuya rotura- 
ción y cultivo se han invertido cuantiosos capitales, y aque- 
llas otras cuyos productos se hallan en buenas condicio- 
nes de transporte, son más codiciadas y proporcionan más 
ganancia que otras muchas de calidad inferior, pero que no 
tienen estas ventajas. Por eso, lo mismo en los Estados Uni- 
dos que en el Alto y Bajo Canadá, existen terrenos que se 
dan poco menos que de balde, y qae no obstante se venden 
•con dificultad, no porque se niegue su fertilidad ó se dude 
de ellos, cuando puede demostrarse todo lo contrario, sino 
porque la experiencia ha enseñado que con toda su fertili- 
dad son punto menos que inútiles, por los enormes gastos 
que supone su roturación y la cuantiosa inversión de capi- 
tales que exige su cultivo, aparte de las dificultades del 
transporte para ofrecerlas en el mercado á un precio conve- 
niente, que ni ponga obstáculos á la demanda ni deje de 
rendir el rédito correspondiente á los capitales en ellas 
-empleados. De donde resulta que si en Europa, lo mismo que 
en América y en cualquier otro punto, se pagan más las tie- 
rras lindantes con las grandes vías de comunicación y las 
más próximas á los mercados y centros de consumo, no es 
siempre ni mucho menos, porque sean de mejor calidad, 
sino por la facilidad de dar salida á los productos, y porque 
los capitales en ellas gastados son una garantía de su con- 
servación y producción, aunque ésta sea menor que la que 
podría obtenerse de otras más lejanas y retiradas. 

Computado, según Carey, el importe de todas las rentas 
de las tierras, en su acepción vulgar, en la de arrendamien- 
to de las mismas, con el valor de los capitales en ellas inver- 
tidos, se ve que aquellas sólo representan un interés muy 
corto, no de todas las cantidades del capital en ellas consu- 



(2) Trae el ejemplo de terrenos pantanosos y palúdicos que, dese- 
cados convenientemente, constituyen una verdadera riqueza en pro- 
ducción. 



24 EN su ASPECTO FILOSÓFICO 

mido, sino de las que el lapso del tiempo no ha amortizado; 
mientras que si, como dice Ricardo, la renta fuese única- 
mente el pago del derecho de utilizar las fuerzas primitivas 
é inextinguibles del suelo, debería el conjunto de todas las 
que se roturen y cultiven en un Estado, como cada una de 
ellas, no ya el importe de ese interés, sino el de la parte co- 
rrespondiente á dicha renta (1). 

Al lado de Carey hay que citar, entre otros,'áBastiat(2), 
para quien las circunstancias que hacen aumentar el valor 
del suelo, disminuyen al mismo tiempo el precio de las sub- 
sistencias, contra lo que creía Ricardo, y á Cauwés (3), 
quien, siguiendo al primero, llega á afirmar que la tierra 
por sí sola nada vale sin el capital y el trabajo que en ella 
se emplea. 

Traemos este argumento de autoridad, no porque nos 
parezcan aceptables las teorías de estos tres adversarios 
del célebre banquero de la City, sino para confirmar y hacer 
ver que las hipótesis del mismo tienen bastante de gratuitas, 
cuando otros escritores de nota sostienen precisamente lo 
contrario, fundándose en hechos y datos que podrán exage- 
rarse algo por el espíritu de controversia ó de escuela, pero 
que al fin son una prueba de que las suposiciones ricardia- 
ñas carecen del fundamento que á primera vista parecen 
tener. 

David Ricardo parece confundir la renta, que es el pro- 
ducto neto de la tierra, con el arrendamiento, que es la 
parte de capital correspondiente al propietario que cede su 
uso, y Carey, con Cauwés, exagerando la intervención del 
capital y del trabajo en la producción agrícola, y conside- 
rando todos los rendimientos de la misma como interés del 
capital invertido y salario del trabajador, hacen imposible 
aquélla contra toda razón y contra lo que de hecho sucede; 
pues si las fuerzas naturales de la tierra concurren, como es 



(1) Lo presente^ ló pasado y lo futuro^ cap. I; Principios de la cien- 
cia social, tomo I; De la ocupación de la tierra; Del valor de la apro- 
piación, tomo I. 

(2) Obra citada, cap. IX y XIII. 

(3) Précis du Cours d^Economie Politique, vol. 11, pág. 126. 



LAS ESCUELAS ECONÓMICAS 



natural, á la producción con el capital y el trabajo, claro es 
que una parte del producto corresponde á este factor, del 
mismo modo que al capital corresponde el rédito, y el sala- 
rio al obrero. Si la renta es, como quiere el economista 
inglés, "aquella porción del producto de las tierras que se 
paga al propietario por el uso de fuerzas nativas é indestruc- 
tibles de la Naturaleza„, no se distingue, al menos con clari- 
dad y precisión, la renta del arrendamiento, cuando en rigor 
filosófico y económico son cosas distintas, por más que 
muchas veces en el lenguaje común se consideren como 
palabras sinónimas. 

Hay más: la tierra produce muchas veces sin interven- 
ción alguna de capital ni de trabajo: este rendimiento será 
ma5^or ó menor según la calidad, situación, etc., pero al fin 
es un rendimiento para el propietario, es una verdadera ren- 
ta, cuyo origen no es preciso ir á buscarlo ni en la desigual- 
dad de los terrenos, ni en su fertilidad, proximidad al mer- 
cado, empleo de capitales, etc. 

Nótase también una especie de contradicción en Ricardo 
al decir que no se pagaría renta por la tierra, como no se sa- 
tisface por el derecho de gozar del aire, del agua y de los 
demás elementos que existen en la Naturaleza en cantidad 
ilimitada, con lo cual parece ser niega el derecho de apro- 
piación de las fuerzas naturales cuando están incorporadas 
ó inherentes á determinada materia, y en la definición ante- 
rior afirma que la renta es la porción del producto de las tie- 
rras que se paga al propietario por el uso de fuerzas nativas 
é indestructibles de la Naturaleza. 

Semejante teoría pugna también con el sentido común, 
pues nunca jamás creyó éste, ni puede creer, que las tierras, 
por muy fértiles y ricas que sean, no producen renta al pro- 
pietario mientras no se las compare con otras menos útiles 
y productivas. 

Además, hay tierras en que la fertilidad apenas si se tie- 
ne en cuenta, porque pueden destinarse á otros empleos; y, 
por otra parte, hay cultivos diferentes, que es preciso adap- 
tar á la naturaleza del suelo y del producto que se desee: 
pastos, laboreo continuo de plantas industriales, etc. 



26 EN su ASPECTO FILOSÓFICO 

Aun suponiendo que la renta traiga su origen del hecho 
de cultivar terrenos menos fértiles que los ya explotados, no 
puede sostenerse, con el célebre banquero, que en vez de 
descender los precios délos cereales, suban: supuesta la ley 
de la oferta y la demanda, ha de suceder todo lo contrario; 
claro es que cuanto más abundan las cosas, menos se pagan. 

Ni está más acertado al decir que la renta de la tierra 
tiende á adquirir mayor precio, cuando está resultando todo 
lo opuesto, lo mismo en el Antiguo que en el Nuevo Conti- 
nente, ya sea por la disminución que ha sufrido el poder de 
adquirir y el valor en cambio de la moneda metálica, ya por 
el aumento délos impuestos fiscales, ya por otras razones: 
todo lo cual puede comprobarse con las cifras obtenidas por 
los trabajos de célebres estadistas, como Moreau de Jon- 
nes, León Say y Leroy Beaulieu (1). 

Por último, creemos que, además de ser un atentado con- 
tra el derecho de propiedad, es sumamente peligroso consi- 
derar la renta como efecto de un monopolio^ aunque quiera 
bautizársele con el sobrenombre de natural, porque es dar 
armas al cada día más creciente y alarmante socialismo, que 
hoy como nunca se hace preciso combatir con las armas de 
la religión, de la justicia y del derecho. 

fA. José de las Pueyas, 

Agustiniano 
(.Conlinuarii.) 



(1) En Francia^ por ejemplo, la parte que en la renta general co- 
rrespondía á los propietarios era el 65 por 100 de la total á principios 
de siglo, y en 1850 se había reducido al 40. 




Micro-Archipiélago de Cagayancillo 



(ISLAS KILIPINAS)(0 




EjANDO aparte los vagos recuerdos, que se pierden 
en la obscuridad del pasado y en la falta de datos 
fehacientes, tan poco de extrañar en el estado de 
barbarie, en que se hallaba este pueblo á la llegada de las 
naves españolas, encontramos que la historia de estas islas 
comienza con su conversión al Cristianismo en el primer 
tercio del siglo XVII, según documento de aquella época, 
recientemente publicado; época en la que este pueblo co- 
menzó á sentir el benéfico y civilizador influjo de la Cruz, 
al cobijarse bajo los triunfantes pendones de Castilla. La 
Vo3 de España, notable periódico que sale á luz en la capi- 
tal de Filipinas, en su número 904, correspondiente al 18 de 
Julio del año próximo pasado, publicó un precioso docu- 
mento, firmado por el P. Sebastián de Foronda, Provincial 
de los Padres Agustinos Calzados (primeros Misioneros que 
evangelizaron el Archipiélago Filipino) en 20 de Junio 
de 1704. Comunícase en este documento al Excmo. Sr. Capi- 
tán general de Filipinas, "que el Ministro Misionero Agusti- 
no Calzado que administra el pueblo de Antique (isla de 



(1) Véase la pág. 580. 



28 MICRO-ARCHIPIÉLAGO DE CAGAYANCILLO 

Panay), provincia de Ogton entonces, tenía á la vez á su 
cargo y cuidado la administración espiritual de las isletas 
llamadas Cagayán, y que había j^'a trabajado siete años (1) 
en cristianizar á sus habitantes.,, De aquí deducimos que el 
Cristianismo entraría en este pueblo por los años de 1600, 
poco más ó menos. 

Tal vez alguien dé por tardía la labor apostólica de 
aquellos primeros Misioneros. Sin embargo , semejante 
apreciación, injusta, si existiera, se desvanecería al punto, 
teniendo en cuenta la gran proximidad de este pueblo con 
la morisma pirática del Sur, cuyas correrías devastadoras 
por todas las islas Visayas estaban en su pleno apogeo en 
los siglos XVII y XVIII, y faltos estos mares de toda defensa 
eficaz por parte del Estado. Tal ha sido, y no otra, la causa 
principal del atraso moral, relativo, en que se hallan las 
cristiandades de las tan vejadas islas Visayas, 

Esta misma falta de seguridad personal, hasta fecha re- 
ciente, en estos abiertos mares del Sur, ha sido lo que ha 
retrasado hasta nuestros días el establecimiento de Misio- 
nes en el Sur y centro de la isla de Paragua y Balabac, 
guaridas antes de piratas, que por la proximidad con Ca- 
gayancillo infestaban estas isletas con continuas correrías, 
haciendo aquí centro de operaciones y punto de escala du- 
rante sus excursiones piráticas á las importantes islas de 
Panay, Negros, Romblón, etc. De modo que aquí, lo admi- 
rable sobremanera es el valor de los Misioneros que, arros- 
trando todo peligro, prosiguieron con éxito la predicación 
de la santa fe en este pueblo marítimo, en el foco mismo de 
la morisma, en épocas calamitosas para las islas Visayas, 
en que los moros de Joló, Balabac y Paragua se paseaban 
como dueños absolutos de estos mares, llevando con des- 
caro insultante sus correrías de pillaje hasta las puertas 



(1) Como no dice el documento de referencia sino que hacía ya 
siete años cristianizaba dichas islas de Cagayán el Padre Misionero 
de Antique, no se debe suponer que el Cristianismo entró aquí por 
los años 1697, puesto que el P. Alonso Calosa, Misionero que fué de 
estas islas, al igual que el P. Hipólito Casiano, pertenecen ambos al 
primer tercio del siglo XVII, según sus respectivas biografías. 



MICRO-ARCHIPIÉLAGO DE CAGAYAXCILLO 29 

mismas de Manila. ¡Contraste singular! mientras el moro 
joloano, anhelando esterminio, emprendía, con arrojo y 
furor, prolongado viaje á la capital, hasta agitar al vigo- 
roso impulso del ligero remo las reposadas aguas de la gran 
bahía, poniendo en conmoción con su presencia inesperada 
los baluartes de Manila; aquí, á dos pasos de sus inmundas 
madrigueras, existía ya un pueblo de cristianos que logró 
hacerse respetar de aquéllos fanáticos. 

No se durmieron sobre los laureles los primeros Misio- 
neros de esta isla, pues no pasó desapercibido para ellos el 
inminente y doble peligro que corría este pueblo, rodeado 
por todas partes de sanguinarios y crueles piratas, cuyos 
feroces instintos se enardecían más y más ante el nombre 
cristiano; y pensaron luego en la urgente necesidad de poner 
á salvo los intereses encomendados á su paternal vigilancia. 
Con fin tan humanitario y santo, y á costa de grandes 
sacrificios (despreciados hoy por los ingratos), levantóse 
espacioso y fuerte baluarte-castillo, de sólida mampostería, 
que sirviese de asilo y defensa á los isleños en momentos de 
invasión pirática en la isla, lo cual, dada la bella posición 
de estas isletas, con frecuencia sucedía. Dicho baluarte de 
adustas y severas formas y de robustos muros, se comenzó 
á levantar bajo la dirección de los Padres Hipólito Casiano 
y Alfonso Calosa, y más tarde se terminó bajo la inspección 
del P. Nicolás Meló, tres de los primeros Misioneros Agusti- 
nos que trabajaron en la conversión de este pueblo al cris- 
tianismo (1). Tiene dicho fuerte ciento sesenta y dos metros 
de perímetro, alcanzando doce de elevación sus ciclópeos 
muros, con tres de espesor en la base. Obra llamaremos de 
gigantes, si se tienen en cuenta todas las circunstancias lo- 
cales de su construcción, en épocas tan próximas á la bar- 
barie, asentado sobre inquebrantable y gigantesco pedestal 
de granito. Diez enormes bocas de fuego coronan las alturas, 



(l) Cuéntase, tradicionalmente, que durante las obras de este ba- 
luarte-castillo, arreciaba en tales términos la excursión pirática, 
que el pueblo se vio por mucho tiempo imposibilitado de atender á 
las siembras, siéndole necesario alimentarse con Bius, fruta muy 
insípida de planta de marismas. 



30 MICRO-ARCHIPIÉLAGO DE CAGAYANCILLO 

y dos baluartes, uno al Norte y al Sur otro, con estratégico 
acierto colocados, con un depósito para aguas, completan 
el severo recinto de Marte, dominando desde alto promon- 
torio, á tiro certero, las entradas por mar en el pueblo. 

En otro tiempo hubo instalados en su recinto los edifi- 
cios municipales de esta localidad, y más de una vez fué el 
refugio y salvación de estos isleños, sorprendidos, mas nun- 
ca alcanzados por el pirata; cuando llegaba el caso, lucha- 
ban denodadamente, unos desde lo alto de los muros, hos- 
tigando con certeros fuegos á los moros, entretenidos en su 
obra de pillaje; otros, capitaneados con ardor de sangre 
castellana por el P. Misionero, al grito de ¡muera el pirata! 
¡guerra al moro! salíanle al encuentro, bajo débil protec- 
ción de grotescas rodelas de madera, que con justo y noble 
orgullo hasta hoy conservan, y trababan sangrienta lucha 
en defensa de los sagrados lares, traidoramente profana- 
dos. Huía el moro aleccionado, en espera de oportunidad 
más favorable. Así, y no de otro modo, en medio de estos 
mares, faltos de mejores defensas, luchaba y se defendía un 
pueblo solitario, en repetidos y rabiosos asaltos que en vano 
intentaba el morisco, en épocas en que llevaba orgulloso 
su insultante atrevimiento de exterminio á la capital misma 
de las islas; así se libraron del poder del moro estas precio- 
sas isletas, por él tanto más codiciadas, cuanto más próxi- 
mas las tenía, y mejor le sirvieran de estratégico baluarte 
para llevar á cabo sus intentos destructores á las islas de 
Panay y de Negros. 

Sabedor el Gobierno de los azares de este heroico pue- 
blo, desde luego facilitó algún armamento disponible en 
aquellas épocas, consistente en un cañón de hierro de á ca- 
torce centímetros, y buen repuesto de municiones; más ade- 
lante aumentóse el auxilio con dos cañones de bronce de á 
ocho centímetros, dos de á cinco centímetros, y lantacas 
en gran número, adquiriendo el Municipio por su cuenta 
dos cañones de bronce de á cinco, y más lantacas. Circuns- 
tancias críticas de las islas, hicieron que no pudiese lograr 
este pueblo destacamento alguno, á pesar del mayor peli- 
gro que corría, por hallarse más cerca que otro alguno del 



MICRO-ARCHIPIÉLAGO DE CAGAYANXILLO 31 

foco mismo de la piratería. Ni siquiera se les otorgó el auxi- 
lio de deportados, recurso de que gozaron en aquellas épo- 
cas otros puntos, teatro también entonces, tal vez menos 
frecuente, de sangrientas luchas piráticas. No obstante, el 
pueblo cagayano ha estado siempre muy agradecido á nues- 
tro Gobierno, quien ha premiado bien los buenos y leales 
servicios prestados en estos lejanos mares contra el moro, 
no exigiendo al pueblo hasta poco há los servicios perso- 
nales, y jamás, hasta hoy, el servicio de quintas. 

Así vivió este, que bien podemos llamar heroico pue- 
blo; con el retraso consiguiente á tan azarosos tiempos, de 
continua alarma é incesante lucha, por el largo espacio de 
siglo y medio, realizando en su pequenez y obscuridad glo- 
riosa epopeya patriótica, defendiendo contra el furor de los 
piratas los propios derechos y los de su patria, España, jun- 
tamente con los venerandos y más preciosos intereses de la 
santa fe católica, gracias á las lecciones prácticas de he- 
roísmo que con el mágico influjo del ejemplo les han incul- 
cado sus Misioneros párrocos. 

Desde que, merced á las eficaces medidas por el Gobier- 
no español adoptadas contra la piratería del Sur, estable- 
ciendo el servicio constante de cañoneros costeros en estos 
mares, ha logrado este pueblo la tan deseada paz y sosiego 
suspirado, que jamás por sí sólo pudiera completamente 
alcanzar, ha mejorado notablemente la situación de esta 
isla. Formalizada y mejorada la construcción del caserío, 
tiene buen número de viviendas de tabla (lujo en la mayor 
parte délos pueblos filipinos), con relativo gusto trabajadas; 
calles despejadas con trazado y anchura adecuados, alter- 
nando la huertecilla con la vivienda al estilo del país. Hará 
unos veinte años se empezó la construcción de sólidos 
edificios públicos, en reemplazo de los antiguos provisiona. 
les, que no pocas veces fueron pasto de las llamas, ó bien 
devastados por el moro. La iglesia es pequeña, adecuada á 
la localidad, de sólida construcción de mampostería, empe- 
zada y terminada en sus líneas generales por el malogrado 
P. Leandro Jambrina, y completada y embellecida por su 
digno sucesor el P. Jerónimo Vaquerín. Tiene bello y artís- 



32 MICRO-ARCHIPIÉLAGO DE CAGAYANCILLO 

tico coro, de olorosa é incorruptible madera de alcanfor, 
con puertas talladas con exquisito gusto y maestría. Casa 
parroquial de mampostería, en vías de construcción; cemen- 
terio, igualmente en construcción, por no haber permitido 
más los azares de los tiempos. 

Establecido de fecha muy reciente el servicio personal 
en este pueblo, se rectificaron y ampliáronse las calles y 
caminos comunales; terraplenáronse marismas y pantanos, 
surgiendo espacioso lugar para plaza, en cuyas inmediacio- 
nes hoy se levantan los edificios públicos de reciente cons- 
trucción: la casa del Municipio^ de sólidos muros en su piso 
bajo, y dependencias de clásica madera de ipil y molave, lo 
restante; escuelas de buena y elegante construcción, de si- 
llería, empezadas en 1890 y terminadas este año, ocupando 
un espacio rectangular de 32x 10 metros y seis de elevación 
los muros, regentadas hasta há poco por maestros de clase 
antigua, hoy por sustitutos: asisten por térm.ino medio 
doscientos niños y ciento sesenta niñas. Para lo generaliza 
da que se encuentra en estas islas la instrucción primaria 
deja algo que desear la de este pueblo, por causas bien aje 
ñas al deseo y voluntad de las autoridades inspectoras, y 
debido tan solo á la falta de inteligente personal docente 
en tales términos, que hasta el año 1891 no logró este pue- 
blo maestra sustituta, y sólo hace cinco años tiene maestro 
de esta clase. No obstante, gracias á los desvelos y pacien- 
cia de algunos Padres Misioneros, hállanse hoy buen núme- 
ro de principales que hablan relativamente bien el idioma 
castellano. 

Los habitantes de este pueblo é isla son fornidos y ro- 
bustos, con notables semejanzas en muchos al tipo moro-bor- 
neano, perteneciendo los más á la raza malayo-filipina. 
Excelentes buzos, pacíficos, y de costumbres morigera- 
das (debido, en parte, al natural aislamiento en que viven 
y á la continua labor cristiana de los Padres Misioneros, 
que desde un principio han tenido), desconócese entre ellos 
aquella inmoderada y perjudicial afición al juego,— que 
tan infestados tiene hoy muchos pueblos de las islas Vi- 
sayas — juzgando como suma afrenta el tener que pisar los 



MICRO-ARCHIPIÉLAGO DE CAGÁYANCILLO 33 



umbrales de la cárcel pública ó juzgados, ya por delin- 
cuencia ya por insolvencia al Estado. No hay memoria de 
que cagayano alguno haya sido sometido á proceso judicial 
por conceptos criminales. Exactos en el pago regular de sus 
débitos á la Real Hacienda, jamás ha podido tachárseles 
de morosos. Efectúan anualmente el ingreso total de una 
vez, y en el tiempo prefijado; cosa que no es fácil se verifi- 
que en muchos pueblos del Archipiélago, por razones harto 
sabidas de todo el que lleve algún tiempo de experiencia en 
el país. 

Son amigos estos isleños de fiestas y regocijos inocen- 
tes (en los cuales, sin embargo, alguna vez es fuerza pagar 
involuntario tributo á Baco); tienen arraigada afición al 
baile y á la música, y con danzas y cantos tradicionales ce- 
lebran sus amores castos y sencillos. El trato mutuo es al- 
tamente fraternal en estos isleños, en términos tales de 
evangélica crianza, que las personas de más edad llaman 
siempre á las de menos "hermano menor„ (igsoon), y éstas 
á aquellas con el nombre grato de hermano mayor (ma- 
nug), aunque ninguna relación de parentesco medie entre 
ellos, y sin distinción alguna de clases: á los ancianos siem- 
pre se les llama con el respetuoso nombre de Popo, ó sea 
"Progenitor„, aunque no haya ningún parentesco. 

Al igual de los demás pueblos del mundo (porque no 
hay gentes sin sombras más ó menos densas de supersti- 
ción), tiene también éste resabio de bárbaras creencias 
prehistóricas: en casa del enfermo no se tolera la presencia 
de personas que hayan visto cadáver, si antes no se han pu- 
rificado con el lavatorio general del baño, pues sería segu- 
ro que el enfermo se agravaría de muerte en virtud de 
morbosas influencias del cadáver (1). Si la casualidad favo- 
reció á alguien con el hallazgo de alguna perla de valor, 



(1) Las teorías modernas de la Medicina, demuestran no ser pura 
superstición sem.ejantes creencias, á lo menos en el fondo. Gracias á 
rigorosas prácticas preventivas con los variolosos, jamás se ha con- 
tagiado de viruela este pueblo, no obstante ser horrorosa la mortan- 
dad que causa dicha enfermedad anualmente en las islas Filipinas, y 
sobre todo en Visayas. 

3 



3-1 MlCRO-ARCHlPlÉLAGO DE CAGAYANCILLO 

arrojada por las olas á la blanca arena de playas solitarias, 
la esconderá en su tradicional arquilla heredada, cual pre- 
cioso talismán de fortuna; y pasando degeneración en ge- 
neración, servirá de amuleto protector en algún combate, 
infundiendo valor y arrojo á su poseedor, quien de ella no 
se desprenderá ni aun por necesidad apremiante de falta 
de recursos en la familia. Perlas por este estilo he visto, que 
llevaban en poder de sus infelices y miserables dueños más 
de cien años de existencia, siendo herencia de tres genera- 
ciones, y que, metidas en ridículo envoltorio, sin duda ha- 
brán asistido á más de uno de aquellos combates y luchas 
que libraba en otros tiempos este pueblo con los piratas. 

Si salen á la pesca del precioso carey, no efectuarán en 
llegando al lugar determinado operación alguna del arte 
de pescar, sin antes proceder á saludar y pedir venia á los 
imaginados seres invisibles que guardan los próximos is- 
lotes. Al efecto, allá va un débil anciano á dejar depositados 
bebidas y alimentos para aquellos fantásticos habitantes, 
como pidiendo venia para dar comienzo á la pesca en aque- 
llas aguas; internándose luego mar adentro, derrama sobre 
las aguas algunos frascos de alcohólico licor de palma, eje- 
cutando después ridículos y grotescos gestos y ademanes. 
Al fin, vuélvese ya satisfecho al punto de partida para indi- 
car más tarde, cual ser privilegiado, á su gente pescadora, 
la hora y momento favorables para echar con seguro resul- 
tado las gruesas redes que apresarán entre sus mallas la 
colosal y codiciada "Caretta Testudo„. 

Nadie á nadie culpar debiera por semejantes prácti- 
cas ridiculas de la humanidad estraviada, que en sus mis- 
mos estravíos demuestra por do quier la necesidad no hu- 
millante de socorros ágenos. Aparte de que la completa y 
absoluta purificación de humanos errores, de absurdas cos- 
tumbres iy prácticas inveteradas no se verifica nunca fá- 
cilmente, sino al través de muchos siglos de verdadera 
ilustración y de poderoso y constante combate científico; 
que la predicación y celo más ardiente suele estrellarse 
con frecuencia contra la inquebrantable peña de populares 
costumbres arraigadas por siglos de tradicional existencia, 



MICRO-ARCHIPIÉLAGO DE CAG AYAN'CILLO 35 

y en medio de los refulgentes resplandores de la moderna 
ilustración intelectual reaparecen y se fomentan sombras 
de ridiculas supersticiones, muy dignas, por cierto, de tiem- 
pos bárbaros. Ahí están, si no, en la ilustrada Europa, el 
espiritismo y masonismo, con todas sus prácticas de tintes 
grotescos y fantásticos, más propias de los siglos de la 
magia del Nilo y Pitones de los galos, que no del ilustrado 
siglo XIX. 

Este pueblo laborioso saca para su subsistencia los prin- 
cipales recursos de la pesca, tan abundante en los mares 
del Archipiélago, á la que con singular preferencia se de- 
dica desde tiempo inmemorial. Las escamas espaldares del 
carey, el ternilloso y alimenticio "balate„ (acéfalo), la fi- 
brosa carne del Taclobo (Tridacna Gigas) con alguna can- 
tidad del nítido y substancioso nido de golondrina {Salan- 
gana) llevado todo anualmente al mercado de la capital 
del Archipiélago: tales son los productos naturales, que le 
proporcionan el metálico necesario y suficiente á cubrir las 
más perentorias necesidades. 

La sabrosa carne de tortuga de colosales dimensio- 
nes (1), con la sana y fresca de abundantísimo pescado de 
infinitas é inagotables variedades, forma la parte principal 
. y predilecta de la nutritiva alimentación de estos isleños. 
Son éstos inteligentes constructores de embarcaciones 
de gran precisión y estabilidad hidrostática, á la vez que 
de mucha esbeltez y gallardía en los contornos y líneas 
generales. Dichas embarcaciones, primitivas y todo, son 
mu3'' buscadas por los armadores de cabotaje de las veci- 
nas islas; el tipo general por ellos adoptado suele ser el de 
pancos-goletas de ocho á quince toneladas, con el de bate- 
les^ botes de gran ligereza para ocho y diez remos, no usan- 
do jamás en su construcción clavazones metálicos, pues su 
singular destreza sabe sacar todos los recursos necesarios 
de las clásicas maderas de que disponen. 



(1) Raro es el año que bajan de doscientas el número de las con- 
sumidas, de dos arrobas de peso por término medio. 



36 MICRO-ARCHTPIÉLAGO DE CAGAYANCILLO 

Fuertes jarcias de bejuco (1), ancho velamen de hojas 
de Buri^ diestramente cosidas con aquel filamento, partido 
y convenientemente adelgazado; gruesos y largos cables 
de amarre y diversos cordelajes necesarios, con la ñbra pro- 
longada del largo peciolo de dichas hojas fabricado; enor- 
mes anclotes de madera resistente é incorruptible, compa- 
rada al hierro por su gran peso y dureza, tales son los eco- 
nómicos aparejos que ha usado siempre, y aun hoy usa este 
pueblo, ya para ir á la pesca anualmente en los procelosos 
mares joloanos, ya en sus continuos viajes á las vecinas ó 
lejanas islas de Paragua, Negros 3^ Panay, ó bien en sus 
anuales viajes á la capital, conduciendo los frutos de la pes- 
ca. Esta travesía de 150 leguas la hacen en los borrasco- 
sos meses ciclónicos de Agosto y Septiembre: por fuerza 
deben de ser tales gentes prácticos 3^ buenos marinos, ya 
que desde los tiempos más remotos no han conocido por pro- 
pia experiencia los horrores del naufragio, no obstante lo 
arriesgado y atrevido de sus viajes anuales, ya á las cos- 
tas borneanas y halagüeñas, ya á las islas Calamianes, ó 
bien á la costa y contracosta de Paragua, en busca siem- 
pre del ansiado Carey y Balate, en pancos de tan primiti- 
vos y rústicos aparejos, que carecen siempre de las sólidas 
garantías materiales que ofrecen los aparejos de la nave- 
gación moderna. Tales son, en conjunto considerados, los 
sencillos habitantes de este obscuro 3^ solitario pueblo ma- 
rino, dueño de las isletas de este Micro-Archipiélago. 

^R. ^ALVADOR J^ONS. 
Agustiniano 

(ContitmarÁ.) 



(1) Bejuco, precioso filamento, tallo leñoso cilindrico, aéreo, volu- 
ble, de colosal enredadera de los bosques filipinos, de incompara- 
ble utilidad en el país. Según propias experiencias, por centímetro 
de diámetro resiste en sentido longitudinal á la tracción de 800 kilo- 
gramos, tenacidad casi media del alambre de acero. 



Inventario de un Jovellanista ^^^ 

CON VARIADA Y COPIOSA NOTICIA DE IMPRESOS Y MANUSCRITOS, 
PUBLICACIONES PERIÓDICAS, TRADUCCIONES, ETC. 



(Tributo para el centenario de 1911.) 



BIÓGRAFOS, COMENTADORES, PANEGIRISTAS, ETC. 




EMOS empleado toda la diligencia posible, para que 
la presente sección reflejara de un modo cumplido 
cuanto se ha escrito y dicho en nuestra patria, 
acerca de uno de sus más ilustres personajes. Pero sin que 
se considere agravio para ninguno de cuantos han emplea- 
do su ingenio en dilatar la fama de aquel varón preclaro, no 
hemos encontrado, entre tantas producciones, ningún traba- 
jo de sobresaliente mérito, ni de tal calidad, que merezca 
ser citado con incondicional elogio. 

Superabundancia de poesías, discursos y oraciones en- 
comiásticas, plagios de Ceán á diestro y siniestro, tal cual 
juicio parcial y agresivo con marcada tendencia en su autor 
á singularizarse; alguna que otra disertación, pictórica de 
citas, denunciadora de la vacuidad del ingenio, esfuerzos 
plausibles, pero insuficientes, para abarcaren toda su pleni- 



(1) Véase la pág. 590. 



38 INVENTARIO DE UN JOVELLANISTA 

tud la empresa que se intentaba acometer; datos y referen- 
cias apreciables para utilizados con ventaja..., todo esto, y 
algo más, aparecerá ante los ojos de quienes repasaren la 
presente sección. 

No está en ella mal representada, por el número, la re- 
gión asturiana, pero apena el ánimo la circunstancia de no 
ver citado algún estudio, biografía ó análisis debido á auto- 
res contemporáneos de cierta nota, paisanos del autor, quie- 
nes pudieran mostrárnosle bajo diversos aspectos, con más 
riqueza de datos que los que posteriormente se han ocupado 
de él. Los nombres de Don Agustín Arguelles, del General 
San Miguel, de Toreno, de Martínez Marina, de Flórez Es- 
trada, de Canga-Arguelles y Caveda, no van ligados á 
obras ó trabajos en que se detalle, analice ó estudie debi- 
damente, la noble figura del Protector de Asturias. Fágan- 
le, sí, ligero tributo de admiración con unas cuantas frases, 
y eso es todo. Fuera de lo cual, la Relación de Sampil es 
pobrísima y meramente incidental; la biografía de Posada, 
á juzgar por su corto volumen, y escasa crítica del autor, 
no debe ofrecer materia digna de provecho; y únicamente 
Ceán presenta un bosquejo sumario, explotado ya de un 
modo hasta abusivo. 

Y pues en lo tocante á otro género de consideraciones, 
dijimos lo suficiente en los preliminares, allá nos remiti- 
mos, para lo que aquí se excusa. 

I. ANÓmmo.— Biografía de Don José Antonio Sampil y Lahiades Ca- 
pellán y Mayordomo de Jovellanos.— MS. en folio, dos hojas. 

En ella se cita el hecho de haber intentado entregar al Rey el 
digno Capellán de Jovellanos, las célebres Representaciones del 
ilustre confinado en la Cartuja de Mallorca; y lo que con tal moti- 
vo sucedió al Sr. Sampil. (Vide en esta sección, Sampil y Canella). 

II. Anónimo.— Co/^cc/d» de órdenes y decretos de las Cortes. 

Madrid: año de 1820, tomo II. 

III. ANÓmuo.— Descripción de las fiestas con que el Colegio Mayor 
de San Ildefonso de Alcalá, ha solemnizado el ascenso de su Co- 
legial el Excmo. Señor Don Gaspar Melchor de Jovellanos, al Con- 
sejo de Estado y Secretaría del Despacho Universal de Gracia y 
Justicia en los días 5 , 6 y 7 de Enero de este año de 1798. — Con 



INVENTARIO DE UN JOVÍILLANISTA 39 

licencia, en Alcalá: en la Oficina de la Real Universidad.— Folleto 
en 4.". de 37 páginas. 

IV. Anónimo.— ^w las fiestas con que celebró la villa de Aviles la 
exaltación de el Excelentísimo Señor Don Gaspar Melchor de J ove- 
llanos al Ministerio de Estado y del Despacho Universal de Gracia 
y Justicia.— Con licencia, en Oviedo (año 1798). Por Don Francisco 
Díaz Pedregal. — Folleto en 4." menor, cuatro hojas, con una silva 
disparatada, simulando un monólogo de Minerva. 

Alñnal: 

S. I. A. C. D. S. A. D. A. A. S. 
que traducimos: 

Se imprimió á costa de sii autor {amigo ó admirador), Don 
Alonso Arango Sierra. 

V. Anónimo.— J/(?;«or/a de las públicas demostraciones de júbilo en 

la promoción del Excelentísimo Señor Don Gaspar Melchor de 

Jovellanos, á la Etnbaxada de Rusia y Ministerio de Gracia y 

Justicia^ por la Real Sociedad Econóinica de los Amigos del País 

de Asturias.— Con. licencia, en Oviedo: en la imprenta de Pedregal, 
su socio de Mérito (año 1798).— Folleto en 4.*^, de lV-132 páginas, 
con el retrato de Jovellanos en la portada, dibujado por Cónsul y 
grabado por Vázquez. 

Comprende esta Memoria: 

a) Resumen de las fiestas, págs. 1 á 20. 

b) Discurso que en obsequio del Excelentísimo Señor Don Gaspar 
Melchor de Jovellanos... pronunció en la Real Sociedad Eco- 
nómica de los Amigos de Asturias en Junta general celebrada 
en 6 de Enero de 1798, el Revdo. P. M. Fr. Dionisio Otaño, Re- 
ligioso de la Orden de San Benito, é individuo de número de la 
misma Sociedad, págs. 21 á 56. 

c) Silva en elogio del Excelentísimo Señor Don Gaspar Melchor 
de Jovellanos, del Consejo de S. M., etc., por el Señor Don Ew- 
genio Antonio del Riego IVúñes, págs. 57 á 81. 

d) Panegírico del Excelentísimo Señor Don Gaspar Melchor de 
Jovellanos... etc , que en la Iglesia de San Vicente el Real de 
Oviedo, de la Orden de San Benito, pronunció el Revdo. Pa- 
dre M. Fray Millán Gutierres, Abad de Santa María la Real 
de Obona, de dicha Orden, y socio honorario de la Real Socie- 
dad Económica de Oviedo, págs. 83 á 132. 

Los que imaginaron que en el Informe de Ley Agraria pudie- 
ra existir algo atentatorio á los derechos y doctrinas de la Iglesia 
Católica, lean con calma y sin prevención los elogios que los ve- 
nerables Maestros Fr. Dionisio Otaño y Fr. Millán Gutiérrez, coa- 
sagran á dicha obra, y á su inmortal autor. Y si les pareciere in- 



40 INVENTARIO DE UN JOVELLANISTA 



suficiente, lean asimismo la Oración eiicaristica del benedictino 
Fray \ Ícente Escosura; la gratulatoria, del Dr. Rodn'ouez Menén- 
dez, confesor del Señor Jovellanos; y la fúnebre, pronunciada en 
la traslación de sus cenizas, por el sabio teólogo Valdés Granada. 

VI. Anónimo. — Relación de las fiestas, que hizo la Villa de Cangas 
de Tineo, por el ascenso del Excelentísimo Señor Don Gaspar 
Melchor de Jovellanos al Ministerio del Despacho Universal de 
Gracia y Justicia, y Oración gratulatoria que en ellas se dixo. — 
En Oviedo, con las licencias necesarias (1798). — Folleto en 8.°, de 36 
páginas. 

a) Relación. 

b) Oración eucaristica por fr. Vicente Escosura, predicador de la 
Religión de San Benito, en San Juan de Corlas. 

VII. Anónimo. — Noticia de los pi'ihlicos regocijos con que la Real 
Universidad Literaria de Oviedo celebró la Jelis elevación de su 
hijo el Excelentísimo Señor Don Gaspar Melchor de Jovellanos, 
Caballero del Orden de Alcántara, del Supremo Consejo de Cas- 
tilla... Dedicada al rnismo Excelentísimo Señor. — En Oviedo, por 
el impresor de la misma Universidad (1798).— Folleto en 8.°, de 
VIIi-88 páginas. 

Contiene: 

a) Dedicatoria, por el Claustro. 

b) Descripción de las fiestas. 

c) Oda, por Don Joseph María García del Busto, 

d) Oración que leyó el Doctor Don Andrés Ángel de la Vega In- 
fanzón. 

e) Prólogo (en verso) que recitó Don Ángel Vallejo, compuesto 
por Don Ramón González Villarmil de la Rúa. 

f; Letrilla y coro, por Don Ramón González Villarmil de la Rúa. 

VIII. A^ómuo.— Relación de las demostraciones de júbilo y alegría 
con que el Comercio de la Villa de Gijón ha celebrado los ascensos 
del Excmo. Sr. Don Gaspar Melchor de Jovellanos .á la embajada 
de la Corte de Rusia, y Ministerio de Estado, del despacho univer- 
sal de Gracia y Justicia de España é Indias, y oración gratulato- 
ria que en ellas se dixo.— La publican los diputados del mismo Co- 
mercio.— En Oviedo, con las licencias necesarias. {179S).— Folleto 
en 8.0, de IV-32 páginas. 

Contiene: 

a) La Relación. 

b) Oración gratulatoria en la Iglesia de San Pedro de Gijón, por 
el Doctor Don Manuel Antonio Rodrigues Menéndes, natural 
de dicha villa y confesor del Sr. Jovellanos. 



INVENTARIO DE UX JOVELLANISTA 41 



IX. Anónimo.— iVb//aas históricas de Don Gaspar Melchor de Jovella- 
nos: conságralas á sus respetables cenizas I. M. de A. M. (Isidoro 
María de Antillon Marco).— Folleto en 4 ''.de 60 páginas, 49 de texto 
y el resto de notas, impreso en Palma de Mallorca, año de 1812, en 
la imprenta de Miguel Domingo. 

(Catálogo de Salva de 1836, núm. 477. Señala por autor á An- 
tillon.) 

Este folleto es el mismo de Don Isidoro María de Antillon, im- 
preso en Cádiz en 1813, (Vide Antillon). Por edicto de la Inquisi- 
ción, de 3 de Marzo de 1817, se prohibió su circulación. 

La rareza de este libro es tal, que ha escapado á nuestras más 
continuas pesquisas: y ya desesperaba. nos de encontrarlo, cuan- 
do la diligencia y buen deseo de los jovellanistas mallorquines, se- 
ñores Garáu, Aguiló y Llabrés, hizo llegar á nuestras manos un 
ejemplar esmeradamente manuscrito. Grande fué nuestro conten- 
to, y no menor nuestro agradecimiento á aquella delicada aten- 
ción, que dejamos consignado en este lugar como ofrenda á su cor- 
dial amistad. 

Puede considerarse este folleto como un panegírico escrito en 
tono algo declamatorio, por el fogoso diputado aragonés, en ala- 
banza del prisionero de Bellver. Su materia, tiene más conexión 
con los sucesos posteriores á la-libertad de Jovellanos que con los 
anteriores á dicha época. — De su lectura se infiere con certeza, que 
Antillon nollegó á leer la Memoria justificativa en defensa de la 
Junta Central (publicada en la Coruña el año antecedente, 1811), 
por mas que le fueran conocidos algunos de sus documentos. Quizás 
. en la edición gaditana de 1813, que no hemos logrado ver, haya supli- 
do esta deficiencia, modificando en algo sus conclusiones y juicios, 
principalmente en el relativo á la formación de las dos Cámaras, 
idea que prevaleció en todos los Estados europeos, y que conme- 
moró el Senado español erigiendo una estatua á su preclaro 
iniciador. 

X. Anónimo. — Ensayo sobre la indiferencia en materia de religión. — 
Madrid. Imprenta de Aguado, año 1826, 2 tomos. 

Vide: Últimos momentos de Jovellanos .^ tomo 2, cap. X, nota. 

Es traducción anónima de una obra francesa, y no puede ser 
otra que la de Lamennais, que lleva un título idéntico, y de la cual 
ya antes se había publicado la traducción siguiente: 
LaMennais (traducción de J. M. Laso de la Vega.) De la indife- 
rencia en materia de religión, 3 tomos 4.*^. Cádiz, 1820. 

XI. Anó^iuo.— Historia de España... hasta el pronunciamiento de 
Septiembre de 1840, redactada por una Sociedad de literatos.-— 
Madrid, 1841. 

Vide el tomo XVIIl, lib. III, capítulo II. 



42 INVENTARIO DE UN JOVELLANISTA 

XII. Anónimo. — Translación de las cenizas del Excrno .Sr .Don Gaspar 
Melchor de J avellanos. —(2.^ portada) Noticia de la función Júnehre 
con que se solemnizaron el 20 de Abril de 1842, en la villa de Gijón, 
las exequias del Excmo. Sr. Don Gaspar Melchor de Jovellanos, 
con motivo de la translación de sus huesos desde el cementerio á 
un nuevo monumento colocado en una pared interior de la iglesia 
parroquial, á expensas de su familia. Y la oración fúnebre que 

. dijo el presbítero Don Justo González Valdés Granda, Doctor 
en Teología, del gremio y claustro de la Universidad de Oviedo. — 
Madrid. Imprenta y fundición de Don Eusebio Aguado, 1842.— Fo- 
lleto en 4.", de 51 páginas y un grabado que representa el sepulcro 
de Jovellanos. 
Contiene: 

a) Reseña. 

b) Poesías de Doña Eulalia de Llanos y Noriega. 

c) Lápida y epitafio en la iglesia de San Pedro de Gijón. 

d) Oración fúnebre ., por Don Justo González Valdés Granda. 

XIII. A^ó^mo.— Personajes célebres del siglo XIX, por uno que no 
lo ^s.— Madrid, 1842-43. Imprenta de F. Suárez, 6 tomos en 12.°. 

Vide Biografía de Jovellanos, tomo 1.°, pág. I.*á44. No trae 
retrato, aunque algunos catálogos lo aseguren. 

XIV. Anónimo.— £"w celebridad de la apertura del nuevo curso aca- 
démico de la Escuela especial, antes Real Instituto Asturiano. De- 

' dicado á los Sres. Director y profesores de dicho establecimien- 
to.— Gijón, 1.° de Noviembre de 1856.— Imprenta y librería de N.S. C, 
á cargo de L. González. — Folleto en 8.° de 8 páginas con una her- 
mosa poesía titulada Un recuerdo ájovino; y un himno. 

XV. Anónimo. — Memoria en apoyo de la conservación del Instituto 
de Jovellanos de Gijón. — Gijón. Imprenta de Castor Ladreda. 1869. 
Folleto en \.^, de 26 páginas. 

El contenido de este interesante trabajo se subdivide en cuatro 
partes: 
1.* Miras del Sr . Jovellanos al fundar el Real Instituto Astu- 
riano. 
IJ^ Vicisitudes por que ha pasado el Instituto. 
3.^ Necesidad apretnianie de sostener la Escuela Náutica. 
4.* Reflexiones sobre los medios de atender á la conservación 
de la Escuela Náutica. 

XVI. Anónimo.— Z,rt decadencia del Instituto de Jovellanos de Gijón 
desde hace algunos años (apuntes de actualidad), por un aficiona- 
do á las letr as. —Giión. Imprenta de Anastasio Blanco, 1886. — ^Fo- 
•lleto en 8.*», de 27 páginas. 



INVENTARIO DE UN JOVELLANISTA 43 



Es un escrito tan incoherente como insulso, que. á vuelta de es- 
tériles lamentaciones, no contiene nada útil á la historia de aquel 
Establecimiento. 

XVII. Anónimo.— Za escribanía histórica de Jovellanos. 

Folleto de 16 págs. en 4.°. sin portada, lugar ni año de impre- 
sión, con dos grabados representando la escribanía y el sillón de 
Jovellanos, existentes en la isla de Mallorca. 

XVIII. Anónimo. — Colección de documentos inéditos pertenecientes 
á la historia política de nuestra revolución.— Fdilmdi, 1811. Pági- 
nas 29 y siguientes, 166 y siguientes. 

Está incluido en ella el ordin. 67 , y el Apéndice número V de 
la Memoria en defensa de la Junta Central, titulado: Dictamen 
del Autor sobre la institución del Gobierno interino, fechado en 
Aranjuez á 7 de Octubre de 1808. Antillón, en sus Noticias históri- 
cas, afirma que este documento se leyó en 19 de Octubre. 

Acebal y Cueto (Ricardo) (de AsttíriasJ.— Vea.se en esta sección 

PlDAL Y MON. 

AcEVEDO Y HUELVES (Bernardo).— (Z>e Astúrias). 

Últimos momentos de Jovellanos. — Poesía en dialecto asturia- 
no, que obtuvo el premio de los vecinos de Puerto de Vega en los 
juegos florales de Gijón, al inaugurársela estatua de aquel célebre 
asturiano, el 6 de Agosto de 1891 .—Gijón. Imprenta y Litografía de 
Torre y Compañía. 1891.— Folleto en 4.°, de 8 páginas. 

Alcalá Galiano (Antonio). — Revista de Madrid, art. Jovellanos. 

b) Historia de España desde lostiempos primitivos hasta la ma- 
yoría de la reina Doña Isabel II, redactada y anotada con 
arreglo á la que escribió en inglés el Doctor Dunham Ma- 
drid: 1845. — 7 tomos. Imprenta de la Sociedad Litográfica y Ti- 
pográfica. 

SohvQ Jovella7tos, véase tomo 6.°, páginas 40, 41, 54, 115, 116, 
118, 179, 212, 286, 287, 301 y 388. 

c) Recuerdos de un anciano, 2.^ edic. Madrid: 1879, Víctor Saiz, 
impresor. Véase páginas 108 y 121. 

La opinión de este autor merece conocerse, ya por su no- 
toriedad literaria, como por haber sido contemporáneo del ilus- 
tre estadista. 

Alvarez Valdés (Ramón).— (Z)^ Astúrias). 

Memorias del Levantamiento de Astúrias en 1808, por R. Al- 
varez Valdés, testigo ocular. — Oviedo. Imprenta del Hospicio. 
1889.-Un vol. en fol., de XV-248 páginas. 



44 INVENTARIO DE UN JOVELLANISTA 

Referencias á Jovellanos: 

Pág. 96.— Aspiraciones de Jovellanos á la unión ibérica. 
„ 118.— Nombramiento para la Central. 
„ 138.— Auxilios para Asturias. 
„ 150.— Representaciones contra La Romana. 
„ 221. — Apéndice 38.— Poder (de Asturias) conferido á los se- 
ñores Jovellanos y Campo Sagrado para representar 
al Principado en la Junta General del Reino. 
„ 232. — Apéndice 57. — Es exactamente igual al apéndice 38. 

Amador DE LOS Ríos {]osÉ.).— jovellanos. Su vida. En La América, 
crónica hispano-americana. Madrid: 1858. 

Antillón (Isidoro María de).— Noticias históricas de Don Gaspar 
Melchor de Jovellanos^ con observaciones imparciales acerca del 
sistema político de la Junta Central. — Cádiz. Imprenta Tormenta- 
ria. 1813, en 4.« 

Don Vicente Salva, en su Catálogo de 1836, señala esta obra 
como de Antillón (núm. 477) é impresa en Palma, año 1812, en 4.*^ — 
Pero en otros índices (véase el anónimo IX de esta sección) la 
hemos encontrado, aunque con variante en el título, como impresa 
en Palma, en la imprenta de Miguel Domingo, lo cual comprueba 
la posterioridad de la presente. 

Antón Ramírez (Braulio).— Z)/cao«¿iuo de bibliografía agronómi- 
ca y de toia clase de escritos relacionados con la agricultura 

Madrid: M. Rivadeneira, 1865: 1 tom. 8.*^ mayor. 

En la la pág. 185 trae el artículo correspondiente al Informe de 
la Ley Agraria. Ocupa casi la segunda columna de dicha página 
y la primera de la 186. Cita las cuatro ediciones, 1795 (Sancha); 1814 
(en Palma); 1820 (Sancha) y 1834 (Palacios), y hace un elogio del In- 
forme. 

Aramburu y Zuloaga (Félix de) (de Asturias). —Memoria del estado 
de la enseñanza del distrito universitario de Oviedo en el curso de 
1883-84. (MS. en el Ministerio de Fomento.) 

(Véase el capítulo concerniente al Instituto de Jovellanos.) 

Arguelles Alvarez (Agustín) (de Asturias,).— Examen histórico de 
la reforma constitucional que hicieron las Cortes generales y ex- 
traordinarias desde 1810 á iá'/^. — Londres, 1835, imprenta de 
Carlos de Wood. Dos tomos. 
Sobreyoz;£?//flwos, vid.pág. 

ArVERÍS.— Vid. GUILMAIN. 



INVENTARIO DE UN JOVBLLAMSTA 45 



AvELLO (Vicente) (de Asturias).— Notas (en número de seiscientas) 
á los Diarios dejovellanos (MSS.)- 

Ayguals de Izco (Wr'í^cksi.p^o).— El Panteón Universal: diccionario 

histórico de vidas interesantes etc., con láminas, 1853.— Cuatro 

tomos 4.® 

Biografía dejovellanos, tomo S.**, págs. 23.o á 247. 

Balaguer (Víctor).— Historia política y literaria de los trovadores. 
Madrid, 1878-79.— Seis tomos en 4.° 

índice alfabético: Jovellanos: Anotó á Saint Pelaye, Millotetc, 
fijándose en la tendencia social y política de los trovadores.— To- 
mo I, págs. 16 y 169. 

Jovellanos poseía y acotaba al margen las dos obras que aquí se 
citan, á saber: Histoire litteraire des troitbadonrs, del Abate Mil- 
lot. París- 1774-3 tomos; y Memoires sur Vancienne chevalerie.áe 
Saint Pelaye. 

Véase el Segundo extracto de los Diarios de Jovellanos, diario 
/X, Agosto de 1798 ; y la Memoria sobre los espectáculos, 
{ordin. 71 , cap. de los Juegos escénicos). Las Notas al Castillo de 
Bell ver.) 

El Sr. Balaguer es dueño en la actualidad de ambas obras. — 

Barrantes (Vicente).— Vid. en \2l sección áe Publicaciones periódi- 
cas la revista titulada España Moderna. 

Baumgarten (H). — Don Gaspar Melchor de Jovellanos: fragmento 
de un estudio crítico, publicado en \^ Revista Contemporánea, nú- 
mero 47, de 15 de Noviembre de 1877; y traducido por Don Eliano de 
Ugarte, profesor español en la Universidad de Strasburgo. 

Este trabajo ha sido elogiado por el Sr. Azcárate en un artículo 
publicado en la Ilustración Gallega Asturiana (véase la sección 
de Publicaciones periódicas), y refutado por el Sr. Menéndez Pe- 
layo en el tomo III de los Heterodoxos, pág. 288. 

BiBiLONi Y Corro (Miguel).— ií^sé-wa histórica descriptiva del Cas- 
tillo de Bellver. — Folleto en 8.**, de 90 páginas. Palma, imprenta de 
Felipe Guasp, 18b7. 

Habla extensumente del Sr. Jovellanos y de sus Metnorias rela- 
tivas al mismo castillo. 

Blanco-White (José María).— Véanse sus obras y escritos en la sec- 
ción Extranjera y en la de Publicaciones periódicas. 

Figura también una carta suya en nuestra obra Amarguras de 
Jovellanos, apéndice XXX. 



46 



INVENTARIO DR UN JOVELLANTSTA 



BovER (Joaquín María).— Diccionai'io Histórico Geográfico Estadís- 
tico de las Islas Baleares. Palma 1843. 

En esta obra se publicó por primera vez el ordin. 211 {segunda 
parte de las Memorias del Castillo de Bellver) , el más excelente 
de los trabajos que, á nuestro juicio, produjo la pluma de Jovella- 
nos, después de su Testamento de 1807. 

Diólo á conocer recientemente con mayor publicidad la Socie- 
dad Arqueológica Luliana, mereciendo por ello plácemes sin 
cuento de todos los amantes de la literatura. 



Cabarrús y Aguirre (Francisco de) 
Conde de Cabarrús. 



a) 



n. Bayona (Francia), 8 Octu 

bre 1752. 
\m. Sevilla, 27 Abril 1810. 



b) 

O 



d) 



Cartas sobre los obstáculos que la naturaleza, la opinión y las 
leyes., oponen á la felicidad ptíblica, escritas por el Conde de 
Cabarrús al Sr. Don Gaspar de Jovellanos, y precedidas de 
otra al Príncipe de la Paz.— Vitoria, 1808. Imprenta de Don 
Pedro Real.— 4." de 151 páginas. 
La misma obra. 2.» edic. Madrid, 1813. 

ídem. 3.* edic. Madrid, 1820. Imprenta de Burgos. Un vol. en8.<* 
de 368 pags. y 8 sin fol. al principio. (Salva, en su Catálogo de 
1836, supone hecha esta edición en Burdeos. 
Se reprodujeron también en la obra: 
Epistolario español, colección de cartas de españoles ilus- 
tres antiguos y modernos, recogida y ordenada con notas y 
aclaraciones históricas, críticas y biográficas, por DonEu- 
oenio de Ochoa. — Biblioteca de Autores Españoles, de Ri- 
vadeneyra, tomo LXII (;2." y último del Epistolario) , pági- 
■ ñas 550 á 602. Madrid 1861 (?).— Versan sobre la Ley agraria 
y otros extremos. 
Por cierto que Cabarrús escribía bastante mal el castellano, se- 
gún pudimos comprobar en cartas autógrafas suyas que hemos leí- 
do; y las presentes, dado el supuesto de que le pertenecieren, de- 
bieron ser corregidas y aliñadas por más experta mano. Es imper- 
donable, ciertamente, la omisión que hace el Sr. Ochoa del nombre 
de Don Gaspar de Jovellanos entre los cultivadores de esta impor- 
tante rama de la literatura, cuando creemos, después de haber leí- 
do varias veces sus inmortales escritos, que nadie le ha superado 
en dicho género. Véanse, para modelo, las que damos por apéndice 
en nuestra citada obra Amarguras de Jovellanos; y de paso, y ya 
que mencionamos á Cabarrús, repase el lector, si á cuento le vinie- 
re, el episodio de su ruptura con Jovellanos, después de la batalla 
de Bailen. 

El juicio que á Jovellanos merecieron las citadas Cartas en- 



INVENTARIO Dl£ UN JOVELLANISTA 47 



cuéntrase en sus Diarios (año 1795, I3á'24 de Septiembre). Designa 
la tercera como la más sublime de todas, sabia y elocuente. 

Ca>íella-meana {Bk-^ito).— {De Asturias.)— Memoria detestado de la 
enseñanza de la Universidad de Oviedo desde 1858 á 1860.— 
Oviedo: año 1861, tomo I, págs. 100 y 221. 

b) Vide el periódico El Productor Asturiano, año 1877, núm. 572, 
secc. de Públicac periód. 

Canella Secádes (Fermín). — {De Asturias). 

a) Historia de la Universidad de Oviedo... Oviedo: 1873. Vide ca- 
pítulo VIII, pág. 115; y apéndice XV, pág. 437. 

b) Dos estudios sobre la vida de Jovellanos, por F. C. S., Cate- 
drático de la Universidad de Oviedo.— Gijón. Imprenta de El 
Comercio, 1886.~Folletín de 56 págs. en 4.°, á dos columnas. 

El primero de estos estudios es el juicio crítico de nuestra obra, 
Jovellanos, nuevos datos para su biografía... publicado con ante- 
rioridad en la Revista de España, Enero de 1886, núms. 429 y 430 
Y el segundo, un resumen de la Relación de Sampil (véase Sampil), 
donde narra sus infructuosas tentativas para la liberación del pri- 
sionero de Bellver. 

Reprodujéronse ambos estudios en el folletín de El Comercio, 
periódico gijonés, año dicho, con interesantes documentos inéditos, 
que se citan en los Impresos dispersos, alguno de los cuales hemos 
reproducido, por abundar en yerros tipográficos. 

Canga Arguelles y Cifuextes (José).— (ZP^ Asturias.) 

a) Observaciones sobre la Historia de la guerra de España, que 
escribieron los señores Clarke, Southey, Londonderr}' y Na- 
pier, publicadas en Londres el año de 1829, y reimpresas en Ma- 
drid.— imprenta de Don Miguel de Burgos, año de 1833-1836; 
tres tomos en 4.'' y dos de apéndices. 

En los tomos II y III dice la portada: "Observaciones sobre la 
^Historia de la guerra de España, que escribe en inglés el teniente 
„coronel Napier, publicadas en Londres el año de 1830, y reimpresas 
„en Madrid. Imprenta de Don Marcelino Calero, 1835-1836.,, 
Sobre Jovellanos, véase: 
tomo primero: págs. 207, 303. ^ 

„ segundo: págs, 196 á 201. 
,, tercero: pág. 135. 
„ primero de documentos, págs. 287 y 340 á 344. 

b) Expediente sobre la visita al Real Instituto Asturiano en 1837 . 
Véase Sección de manuscritos. Instituto, vol. LXXX, donde 

manifestamos que el Sr. Canella Secádes es poseedor de la copia 
que para él hicimos, de tan valiosos documentos. Versan éstos, 



48 INVENTARIO DK UN JOVELLANISTA 

principalmente, sobre el estado en que se hallaba la enseñanza del 
Instituto por aquella época, y lamanera de mejorarla y harmonizar- 
la con el espíritu que quiso imprimirle su sabio fundador, 
c) Extracto ó Noticia de la colección de manuscritos legada por 
el Sr. fovellanos al Instituto Asturiano. 

En la sección de manuscritos la detallamos y comentamos con 
la debida amplitud. 

Cañedo y del Riego (Ramón María).— (Z)^ Asturias.') 
{Ordin. 143) Noticia de los principales hechos de la vida de Jove- 
llanos. 

Encuéntrase en la edición de las Obras dejovellanos^ hecha por 
él, tomo VII, pág. 275. Contiene noticias útiles y está bien redacta- 
da, aunque repite con exceso el texto de Cean. 

Julio ^omoza ^ontsoriú. 

(Continuará). 




El alumbrado eléctrico 




!o es nuestro ánimo al hablar del alumbrado eléc- 
trico hacer un estudio profundo y matemático de 
tan interesante asunto: ya existen obras monumen- 
tales en donde se sientan y explican una infinidad de hipó- 
tesis y teorías, con sus correspondientes fórmulas matemá- 
ticas, á las cuales remitimos aquellos pocos de nuestros 
lectores que se sientan con base científica y alientos sufi- 
cientes para remontarse á tan elevadas y teóricas regiones 
de la ciencia eléctrica. Lo que en este trabajo preténdemeos 
es exponer con claridad y desde el punto de vista práctico, 
algunas ideas que son necesarias, ó por lo menos convenien- 
tísimas, á todo el que se sirva del nuevo sistema de alum- 
brado: estas ideas las procuraremos presentar de suerte 
que estén al alcance de todas las personas regularmente 
instruidas. 

Muévenos á emprender este trabajo, el ver que el alum- 
brado eléctrico va tomando de día en día mayores propor- 
ciones é invadiéndolo todo; 3^ al mismo tiempo haber teni- 
do ocasión de observar que la inmensa mayoría de los que 
lo usan carecen de los conocimientos rudimentarios é indis- 

4 



50 



EL ALUMBRADO ELÉCTRICO 



pensables para no verse precisados á dejarlo todo á merced 
de los empleados de compañías eléctricas, pudiendoen este 
caso, con la mayor facilidad, ser explotados por éstos. 



LA CORRIENTE ELÉCTRICA 

Dejando á un lado las hipótesis, y prescindiendo del ri- 
gor filosófico, vamos á dar una definición, ó como se la 
quiera llamar, por medio de la cual se llegue á comprender 
lo que se pretende indicar con la palabra corriente eléctri- 
ca. Esta es el flujo de electricidad de un punto á otro á 
través de un conductor. Claro está que para que exista el 
referido flujo, es preciso que los dos puntos entre los que 
circula la electricidad tengan diferencia de potenciales, lo 
cual, á su vez, presupone la existencia de una fuerza que' 
produzca y conserve, mientras haya de haber corriente, di- 




FiG. L^ 

cha diferencia de potenciales: á esta fuerza se la denomina 
electromotora ó electromotriz. 

Para sensibilizar estas ideas, que tanto hoy se repiten y 
por tan pocos se entienden, voy á poner un ejemplo que, 



EL ALUMBRADO ELÉCTRICO 51 



aunque muy material, puede contribuir algún tanto al es- 
clarecimiento de la presente cuestión. Sean dos recipientes 
(figura 1.^) A y B, que comunican entre sí por el tubo a b, 
en donde van las llaves c y d. Supóngase que se encuen- 
tran cerradas las llaves y que los dos recipientes contienen 
agua, llegando en el recipiente A hasta la línea C i), y en 
el B hasta la F G. Sobre la llave c existe más presión que 
sobre la d, y, por consiguiente, entre los dos fondos de los 
recipientes existirá diferencia de presión: si, así las cosas, 
se ponen en comunicación ambos por medio del tubo a b, 
para lo cual bastará dar media vuelta á las llaves c y d, se 
establecerá entre los dos recipientes una corriente de agua 
que irá de la vasija de mayor presión, que es la A, á la de 
menor, que es la B. 

La corriente existirá mientras haya diferencia de pre- 
sión entre los referidos fondos: la diferencia de presión es 
originada y mantenida por la diferencia de altura de la co- 
lumna de agua alojada en cada recipiente. 

Si ahora en vez de agua suponemos electricidad, á lo que 
llamamos presión lo designaríamos con el nombre de po- 
tencial^ y á la diferencia de presión, causa de la corriente 
de agua, la llamaríamos diferencia de potenciales, causa 
de la corriente eléctrica, y, por fin, la altura ó desnivel, 
origen de la diferencia de presión, recibiría el nombre de 
fuerza electromotris, origen de la diferencia de poten- 
ciales. 

Y todavía podríamos encontrar más relaciones de seme- 
janza entre el ejemplo puesto y el objeto á que lo referimos. 

Para que se conserve constante el desnivel en el agua de 
los recipientes A y B, será necesario colocar un aparato 
que vierta en la vasija A tanta agua como de ella sale, y ex- 
traiga de la B toda la que en ella entre. De la misma ma- 
nera sucede en nuestro caso: para que haya diferencia de 
potenciales constante entre dos puntos de un conductor, es 
preciso un aparato que á la continua esté produciendo ese 
efecto. 

Los aparatos hoy usados para el alumbrado eléctrico, 
son en general las máquinas electro-dinámicas, bien sean 



52 EL ALUMBRADO ELÉCTRICO 

magneto-eléctricas, bien dinamo-eléctricas, ya de corriente 
continua, ya alterna: mas como la fuente de donde procede 
la corriente eléctrica en nada hace cambiar, por lo que al 
alumbrado toca, las propiedades de ésta, prescindiremos de 
detalle alguno sobre el particular, pasando á dar á conocer 
las unidades prácticas adoptadas para la medida de la co- 
rriente eléctrica. 



II 

UNIDADES ELÉCTRICAS 

Graves dificultades se oponen al conocimiento de esta 
clase de medidas, no siendo las menores el tratarse de una 
cosa que no se ve ni se palpa, aunque todo lo ilumina, y el 
uso de unidades demasiado científicas. Esta dificultad queda 
resuelta de plano con el empleo, hoy universal, de unida- 
des prácticas, derivadas de las teóricas y fundamentales. 
No sucede lo propio con la primera, por ser inherente á la 
misma materia de que se trata. Haremos, pues, todo cuan- 
to esté á nuestro alcance para facilitar este estudio, que 
todo lo que tiene de interesante y útil, lo tiene de desconoci- 
do para muchos. 

Ante todo, debe recordarse que para medir una magni- 
tud se necesita siempre una unidad, la cual debe ser de la 
misma naturaleza que la cosa que se quiere medir, ó, si no, 
guardar con ella una relación fija y constante, de modo 
que, conocida la una, se pueda por el cálculo deducir la 
otra. Por ejemplo: se quiere saber cuánta agua contiene 
una vasija de forma cúbica y de 5 decímetros de lado; dos 
medios podríamos usar: 1.° Tomar una unidad de la misma 
naturaleza, v. gr., una cajita cúbica de un decímetro de 
lado, y ver cuántas veces se llenaba con el agua contenida 
en la referida vasija, y si eran 125, diríamos que en ella ha- 
bía 125 unidades de agua: el nombre de la unidad es lo que 
menos importa; pues así como se ha convenido en llamarla 
litro, se podría haber convenido en designarla con el nom- 
bre de un físico eminente, v. gr.^ Pascal^ y entonces se di- 



EL ALUMBRADO ELÉCTRICO 53 

ría en vez de 125 litros, 125 Paséales: las palabras habrían 
variado, pero las ideas serían idénticas. 2.° Averiguar cuán- 
tas unidades lineales tiene una de las aristas, pues con sa- 
ber esto podemos deducir las unidades de agua contenidas 
en la vasija, en virtud de la relación fija existente entre el 
lado de un cubo y su volumen; que, como es sabido, el nú- 
mero de unidades cúbicas de un cubo es siempre igual á la 
tercera potencia del número que mide las unidades lineales 
de uno de sus lados. En el caso presente, tomando por uni- 
dad lineal el decímetro, hallaríamos que cada lado de la 
caja tenía 5 unidades lineales, 3^por consiguiente, el núme- 
ro de decímetros cúbicos de agua contenidos en dicha caja 
sería 5' = 5x5x5 = 125; y como cada decímetro cúbico de 
un líquido es un litro, tendríamos que la vasija encerraba 
125 litros de agua. 

De todo lo cual resulta, que para medir la electricidad, 
necesitamos unidades adecuadas, cuyo nombre es acciden- 
tal, y que, por lo mismo, nada significa sea el que quiera, 
y que esas unidades tienen que ser de la misma naturaleza 
que la cosa que tratamos de medir, ó si no, deben necesa- 
riamente guardar con ella una relación determinada y 
constante, de suerte que, conocido el número de aquellas, 
se pueda por el cálculo conocer el número que mide á ésta. 
Debe asimismo no olvidarse que la magnitud de una 
misma cosa puede considerarse bajo diversos aspectos, y 
todos ellos son susceptibles de medida, necesitando cada 
uno unidad adecuada. Así, por ejemplo, una corriente de 
agua que pasa por un tubo, puede estudiarse bajo diversos 
aspectos y todos de magnitud. Puede investigarse cuál es 
la intensidad de la corriente, ó sea la cantidad de agua que 
pasa por segundo; la cantidad de agua que ha pasado al 
cabo, V. gr., de un día, durante el cual ha tenido intermi- 
tencias la corriente; la presión que lleva, la cual depende 
de la altura del origen; la resistencia que encuentra en las 
paredes del tubo; la potencia mecánica, dependiente de la 
intensidad y de la presión, y el trabajo que puede efec- 
tuar. 

En la corriente eléctrica pueden estudiarse también di- 



54 EL ALUMBRADO ELÉCTRICO 

versas magnitudes, análogas á las de la corriente hidráuli- 
ca, á saber: la intensidad^ la cantidad^ la tensión^ la re- 
sistencia, la potencia eléctrica y el trabajo. Cada una tie- 
ne su correspondiente unidad para ser medida. 

Unidad de cantidad ó Coulomb. — Para medir la canti- 
dad de electricidad que ha pasado por un conductor, se usa 
de la unidad denominada Coulomb, que es la cantidad de 
electricidad que, atravesando una disolución de sal de 
plata, precipita un miligramo próximamente del metal. 
Sabido es que los cuerpos pueden descomponerse por la 
corriente eléctrica yendo parte de los elementos del elec- 
trólitro á uno de los polos y los restantes al otro. Las sales 
de plata no hacen excepción á la regla, y se precipita el me- 
tal sobre el polo negativo y el ácido sobre el positivo. Se ha 
observado que la cantidad de plata precipitada es siempre 
proporcional á la cantidad de electricidad que por la disolu- 
ción ha atravesado. De aquí el que para apreciar la prime- 
ra nos valgamos de la segunda, pues conocida la una está 
ya en virtud de la referida proporcionalidad conocida la 
otra. 

Ahora bien: para unidad de cantidad eléctrica se ha to- 
mado la cantidad de electricidad que puede, al atravesar 
una disolución de una sal de plata, precipitar un miligra- 
mo de este metal, y se le ha denominado Coulomb, así como 
para unidad de cantidad en los líquidos se ha tomado la 
cantidad de liquido que puede llenar una vasija cúbica 
que tenga un decivnetro de lado, y ha recibido el nombre 
de litro. 

Para medir la cantidad de agua que pasa por un tubo, se 
usa del litro: para medir la cantidad de electricidad que 
pasa por un conductor, se usa del Coulomb. La analogía en- 
tre esta clase de medidas está bien clara. 

Unidad de intensidad ó Ampérc. —Pa.va. apreciar la in- 
tensidad de la corriente de un líquido cualquiera que circu- 
la por un tubo, nos atenemos al número de litros que en un 
segundo pasan por él: y así, si el tubo a, v. gr., arroja un 
litro de agua por segundo, y el ^ arroja dos y el c cinco, 
decimos que la intensidad de la corriente en el tubo b es do- 



EL ALUMBRADO ELÉCTRICO 55 



ble que en el a, y que la de c es cinco veces la del a, etc. Si 
ahora se toma por unidad de intensidad de corriente la de 
un tubo que arroja un litro de agua por segundo, tendría- 
mos que la intensidad de la corriente en el tubo a sería de 
una unidad, la del tubo h sería de dos y la del c de cinco. Su- 
pongamos que á la unidad de corriente líquida se la hubie- 
se designado con un nombre especial, v. gr., Torricelli] en- 
tonces las expresiones anteriores se convertirían en estas 
otras, sólo en el nombre distintas: la intensidad de la co- 
rriente del tubo a es de un Torricelli, la del b de dos Torri- 
cellis y la del c de cinco Torricellis, etc. 

Pues bien, con poner en el párrafo anterior, donde se 
encuentra corriente líquida, corriente eléctrica, donde se 
encuentra litro, Coulomb, y donde se encuentra Torricelli, 
Ampére^ se comprenderá perfectamente cómo se mide la in- 
tensidad de las corrientes eléctricas. 

La intensidad de una corriente eléctrica es tanto mayor 
cuanto más cantidad de electricidad pasa en un segundo por 
el conductor. De suerte que, si por el conductor a pasa un 
Cotílomb por segundo y por el b pasan dos, también por se- 
gundo, y por el c pasan cinco, etc., diremos que la corrien- 
te del conductor b es doble que la del a, y que la del con- 
ductor c es cinco veces la del a. Ahora bien: d la intensi- 
dad de la corriente en la cual pasa por segundo un Cou- 
lomb se la denomina Ampére, y es la unidad adoptada para 
medir la intensidad de las corrientes. Por lo tanto, la co- 
rriente que lleva por segundo uno, dos, diez, veinte, cien 
Coulombs, tiene respectivamente uno, dos, diez, veinte, cien 
Amperes de intensidad. 

Cuando uno visita una instalación eléctrica y ve que el 
amperómetro señala 80 Amperes, ya sabe que la cantidad 
de electricidad producida por el dinamo y consumida en las 
lámparas es de 89 Coulombs por segundo, es decir, que si 
atravesase una disolución de una sal de plata, precipitaría 
cada segundo 83 miligramos de metal. 

Unidad de resistencia, ú Ohm.—La. inercia es uno de 
los caracteres de la materia; por eso cuando un objeto se 
pone en movimiento encuentra siempre resistencias más ó 



56 KL ALUMBRADO ELÉCTRICO 

menos considerables en el medio donde se mueve. Cuando 
un líquido circula por un tubo, éste pone tanta más resisten- 
cia á la corriente cuanto más estrecho sea proporcional- 
mente á la intensidad de aquella; lo propio sucede cuando 
se trata de electricidad. 

Todo conductor eléctrico pone determinada resistencia 
al paso de la corriente, y claro está que pudiendo ser mayor 
ó menor la dicha resistencia, podremos medirla por medio 
de una unidad adecuada. 

Esta unidad es de la misma naturaleza que la cosa que 
se va á medir, y se la denomina Ohm^ y es la resistencia que 
pone al paso de la corriente una colunína de mercurio que 
tenga un milímetro cuadrado de sección y 106 centímetros 
de largo, ó un hilo de cobre de 50 metros de largo y un 
milímetro cuadrado de sección, ó también la de un hilo de 
hiervo de 100 metros de largo y cuatro milímetros de diá- 
metro. Es decir, 100 metros del hilo usado en las líneas te- 
legráficas. 

La resistencia de los conductores crece proporcional- 
mente á su longitud, y disminuye proporcionalmente á su 
sección; es decir, cuanto más largo es el conductor en igual- 
dad de grueso, tanto mayor es la resistencia; y, por el con- 
trario, cuanto mayor sea la sección, tanto menor es la re- 
sistencia. La fórmula que da la resistencia de cualquier con- 
ductor es la siguiente: R = — ^; en donde Á representa un 

coeficiente peculiar para cada substancia conductora, al 
que se da el nombre de resistencia específica; L la longitud 
del hilo y S su sección transversal. 

Por manera que si 100 metros de hilo telegráfico tiene 
un Ohtn de resistencia, 200 tendrán dos, 300 tendrán tres, etc. 

J^R. JeODORO JlODRÍQUBZ, 
Agustiuiaso. 
(ConUnuarA) 



*Jg j2rlx.*;».^..?)g. »^ 




^^^>^Í^..^¿ii..i^^...¿^^..^k^t^JS, 




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¿>^i^'«¿s^éís^'^í^^'áÍ!^-''--^5Í^>'ej^^ 



Revista Canónica 




bligaeión de denunciar á los jefes de los masones.— Los que 
se afilian á la secta de Masones ó Carbonarios, 6 á otras sec- 
tas de este género que maquinan pública ó clandestinamente 
contra la Iglesia ó legítimas potestades, y también aquellos que pres- 
tan á las mismas sectas algún auxilio ó favor, ó no denuncian á sus 
ocultos jefes ó corifeos, incurren en excomunión maj-or reservada al 
Romano Pontífice en la Constitución Apostolicce Seáis, de Pío IX. 
Acerca de esta censura el Sr. Obispo de Baj^ona ha preguntado á la 
Santa Sede si los jefes de la Masonería conocidos públicamente como 
masones, pero no como jefes, deben ser denunciados, y si la obliga- 
ción de denunciar á los masones cesa cuando la potestad civil los to- 
lera 3^ la autoridad eclesiástica no puede castigarlos; preguntas que, 
en 19 de Abril de 1893 ha contestado la Sagrada Congregación del 
Santo Oficio como á continuación de las mismas indicamos. Pregun- 
tas y respuestas dicen así: 

I. An occulti sectce massonicae coryphasi ac ducessint denuntiandi 
juxta Constitutionem Apostolicce Seáis quando sunt publice noti utli- 
beri muratorii, sed non sunt publice noti ut coryphasi vel duces hujus 
sectas massonicae?— Ad I. Afjinnative. 

II. An denuntiationis obligatio cesset apud eas regiones, in quibus 
liberi muratorii et ideo ipsorum coryphcEi a gubernio civili tolerantur 
et ab ecclesiastica potestate puniri non possunt, nec ullo modo cohi- 
ben?— Ad 11. Negative. 

La razón, tanto de la primera como de la segunda respuesta es, á 
nuestro juicio, bien clara. La Constitución dice terminantemente que 



58 REVISTA CANÓNICA 



deben ser denunciados los jefes ocultos de la Masonería, circunstan- 
cia notabilísima que sin la denuncia será desconocida de la Iglesia, 
aun cuando sepa que esos individuos son masones, y que le importa 
conocer para librar, por lo menos, á los demás fieles de las asechan- 
zas de tales jefes, aunque no los pueda castigar. 



Acerca de los Terciarios. — El decreto de la Sagrada Congrega- 
ción de Indulgencias de fecha 31 de Enero de este año (1) declara en 
el número IX que los fieles de una Orden Tercera no pueden pertene- 
cer á otra; mas como de hecho muchos pertenecían á varias, se ha 
preguntado á la misma Congregación si esta parte del decreto tiene 
efecto retroactivo, y si dichos fieles son libres de pertenecer en lo su. 
cesivo á la Orden Tercera que les plazca. La contestación afirmativa 
dada en 21 de Junio, juntamente con las preguntas, son como sigue: 

I. An vim habeat retroactivam Decretum ab hac Sacra Congrega" 
tione editum sub die 31 Januarii hujus decurrentis anni 1893, quoad 
dubium IX, in quo quserebatur: "An fideles qui inter Tertiarios unius 
Ordinis fuerint cooptati, cooptan etiam valeant inter Tertiarios alte- 
rius Ordinis, puta Sancti Dominici, vel Sanctissinige Trinitatis, etc., 
ita ut aliquis Christifidelis evadere simul possit Tertiarius Francis- 
calis, Sancti Dominici, Sanctíssimse Trinitatis, Ordinis Carmelitici et 
ita porro?,,, cui responsum est: "Negative,,? — Ad I. Ajfirmative. 

II. An vi prsefati Decreti Christifideles qui ante idem Decretum 
pluribus Tertiis Ordinibus adscripti reperiebantur, gaudeant nunc li- 
bértate eligendi unum prae alio ex Tertiis Ordinibus, quibus jam sese 
mancipaverunt?— Ad II. AJfirmative , juxta cujusvis Christifidelis 
devotionem. 



Precedencia de las fiestas primarias sobre las secundarias de 
mismo rito.— Después de prolijo y animado debate se ha resuelto esta 
cuestión á favor de las causas primarias en 27 de Junio de 1893 y de 
orden de Su Santidad la Sagrada Congregación de Ritos ha publi- 
cado con fecha 2 de Julio de este año, el siguiente decreto general: 

"•Decretuyn g-e«í?ra/^.— Jamdudum apud viros sacras liturgias pe- 
ritos quaestio agebatur gravissimi sane momenti quoad praeeminen- 
tiam inter festa primaria et secundaria ejusdem ritus. Verum hac 
controversia nondum composita, identidem Sacra Rituum Congre- 
gado peculiaribus in casibus responsa dedit, ac plura particularia 
edidit Decreta, quin umquam rem per genérale Decretum definiret. 
Quum vero hisce postremis temporibus in ejusmodi quaestione máxi- 
ma esset discrepantia ex multiplici atque opposita penes scriptores 



(i) Véase íntegro en las págs. 215 y siguientes del vol. XXXI. 



REVISTA CANÓNICA 59 



sacrae liturgise Rubricarum interpretatione, necessarium duxit Apos- 
tólica Sedes unicam tándem normam statuere, quoe ubique et ab óm- 
nibus, praesertim in ordine Divini Officii uniformiter redigendo, ser- 
varetur. Quocirca Sanctissimus Dominus Noster Leo Papa XIII com- 
misit R. P. D. Augustino Caprara S. Fidei Promotori, ut votum ex 
í>//?c/o exararet, in Ordinariis Sacrorum Rituum Congregationis Co- 
mitiis discutiendum; posteaquam diversae ea de re a viris in Rubri- 
carum scientia peritis habitae fuerunt sententiae, elucubrationibus 
multa eruditione exornatis. 

Quibus ómnibus prselo cusis. communicatisque una cum voto prge- 
fati S. Fidei Promotoris, in Ordinario Sacrorum Rituum Congrega- 
tionis Ccetu, subsignata die ad Vaticanum c >adunato, a me infra.:crip- 
to Cardinali eidem Sacrge Congregationis Praefecto et Relatore, se- 
quens Dubium propositum fuit, videlicet: An festa secundaria Do- 
minio B. Marice Viyg., Angelorum, SS. Apostolorum, aliorumque 
Sanctorum prceferenda sint festis Primariis ejusdem ritus et das- 
sis, sed minoris personalis dignitatis, tam in occursu, quam in con- 
cursu et in eorumdem repositione? 

Itaque Emi. ac Rmi. Patres sacris tuendis Ritibus prsepositi, ma- 
ture perpensis rationibus tum a memoratis viris, tum a R. P. D. Pro- 
motore S. Fidei adductis, ita rescribendum censuerunt: In voto 
R. P. D. Promotoris Fidei, nimirutn: Festa Primaria, utpote so- 
lemniora, aliis secundariis in casu prceferenda esse tam. in occursu 
quam i n concursa, ad formam Rubricce X. de Translatione festo- 
rum n. 6. Quod si eadem festa transferri contingat, in illorum re- 
positione servetur ordo priescriptus in tnemorata Rubrica n. 7 .; et 
fiat catalogus festorutn, quce uti Primaria, vel secundaria, retinen- 
da sunt. 27 Junii 1893. 

Demum his ómnibus Sanctissimo eidem Domino Nostro relatis per 
me ipsum infrascriptum Cardinalem Praefectum, Sanctitas Sua sen- 
tentiam ejusdem Sacrae Congregationis ratam habuit, et confirmavit, 
jussitque ita, et non aliter Rubricarum praescripta hac in re esse in- 
terpretanda: Rescripta, seu Decreta, tum generalia, tum particula- 
ria, in contrarium facientia suprema auctoritate sua penitus abro- 
gando. Die 2 Julii, anno eodem.— CAJETANUS Car. ALOISI-MA- 
SELLA, S. R. C. Príefectus.—ViNCENTLVS Nussi, 5. R. C. Secre- 
íarius.,, 

Excusamos decir una sola palabra acerca de la importancia litúr- 
gica de este Decreto, la cual será mayor y más práctica con el catá- 
logo de fiestas primarias y secundarias que según el mismo debe 
hacerse. No se ha publicado aún, que sepamos, este catálogo, que 
daremos á conocer á nuestros lectores como complemento de este 
Decreto, tan pronto como llegue á nuestras manos. 



60 REVISTA CANÓNICA 



De la bendición papal in articulo raortis. — Muchas son las prác- 
ticas piadosas que tienen aneja la indulgencia plenaria para la hora 
de la muerte; pero puede también conseguirse dicha indulgencia por 
medio de la bendición papal dada en nombre del Romano Pontífice 
por quien esté competentemente facultado para ello. De esta bendi- 
ción vamos á tratar ahora. 

Benedicto XIV en su Constitución Pia Mater de 5 de Abril de 1747, 
ordena que antes de dar esta bendición se excite al moribundo á 
nuevos actos de dolor de los pecados, de amor de Dios y de resigna- 
ción con la divina voluntad, y determina la fórmula que ha de usar el 
sacerdote y es como sigue: 

'f. Adjutorium nostrum in nomine Domini. 

W. Qui fecit coelum et terram. 

Aníiphona. Ne reminiscaris Domine delicta famulitui (7;^/ancill8e 
tuse); ñeque vindictam sumas de peccatis ejus. 

Kyrie eleison, Christe eleison, kyrie eleison. Pater noster. 

j?. Et ne nos inducas in tenlationem. 

1^. Sed libera nos a malo. 

T?. Salvum fac servum tuum (,z;^/ ancillam t\ia.m, et si'c deinceps). 

W. Deus nieus sperantem in te. 

f. Domine exandi orationem meam. 

W. Et clamor meus ad te veniat. 

R^. Dominus vobiscum. 

IV. Et cum spiritu tuo. 

OREMUS 

Clementissime Deus, Pater misericordiarufn, et Deus totius con- 
solationis, qui neminem vis perire in te credentem, atque sperantem; 
secundum multitudinem miserationum tuarum réspice propitius fa- 
mulum tuum N., quem tibi vera fides, et spes christiana commendant. 
Visita eum in salutari tuo, et per Unigeniti tui passionem et mortem, 
omnium ei delictorum. suorum remissionem, et veniam clementer in- 
dulge; ut ejus anima in hora exitus sui te judicem propitiatum inve- 
niat. et in sanguine ejusdem Filii tui ab omni macula abluía, transi- 
ré ad vitam mereatur perpetuam. Per eumdem Christum Dominum 
nostrum. R'". Amen. 

En seguida se dice el Confíteor ^ etc., y el sacerdote, dicho el Mi- 
ser eatur^ etc., prosigue: 

Dominus noster Jesús Christus, Filius Dei vivi, qui beato Petro 
Apostólo suo dedit potestatem ligandi, atque solvendi, per suam piis- 
simam misericordiam recipiat confessionem tuam, et restituat tibi 
stolam primam, quam in Baptismate recepisti; et ego facúltate ab 
apostólica Sede tributa, indulgentiam plenariam et remissior.em om- 
nium peccatorum tibi concedo. 

In nomine Patris •5<, et Filii et Spiritus Sancti. Amen. 



REVISTA CAXÓMCA 61 



Per sacrosoncta humanae reparationis mysteria remittat tibí omni- 
potens Deus omnes praesentis et futurae vitae poenas, paradisi portas 
aperiat, et ad gaudia sempiterna perducat. Amen. 

Benedicat te omnipotens Deus, Pater ^, Filius et Spiritus Sanctus. 
Amen. 

En casos urgentes, cuando la enfermedad no da tiempo para de- 
cir el Confíteor ni las súplicas que preceden, debe el sacerdote dar 
la bendición empezando desde Dominus noster. 

El uso de esta fórmula es de absoluta necesidad, como veremos, 
para la validez de la bendición, y obligatoria también para los Regu- 
lares por disposición de Nuestro Santísimo Padre León XIII en su 
breve Quo universi de 7 de Julio de 1882 (1^, cuya disposición prime- 
ra dice: "Pro absolutione in articulo mortis retineatur ab ómnibus 
formula praescripta in Constitutione sa. me. Benedicti Papae XIV 
Pia Matefy addito tantum ad Confíteor nomine Sancti proprii Funda- 
toris.„ 

Respecto del rito, es de observar que si la enfermedad da tiempo, 
el Confíteor debe repetirse, aunque se haya dicho para recibir el sa- 
cramento de la Penitencia, ó el Viático ó la Extremaunción. Así 
consta de un decreto de la Sagrada Congregación de Indulgencias 
de 5 de Febrero de 1841, en el cual se ve también la necesidad de 
usar de la fórmula transcrita, confirmada además en otro decreto 
de 22 de Marzo de 1879. Las resoluciones de 5 de Febrero de 1841 son 
estas: 1. Utrum sufficiat recitatio Confessionis, id est Confíteor, etc., 
in sacramento Poenitentise habita, pro recitatione illius praescripta, 
quando impertienda est benedictio cum Indulgentia in mortis articu- 
lo? Ad 1. Negative, juxta praxim et Rubricas, nisi necessitas urgeat. 
— II. Utrum necesse sit tribus vicibus recitare Confíteor, etc., quan- 
do administratur Sacrum Viaticum, Extrem.a Unctio, ac Indulgentia 
in mortis articulo impertitur? Ad II. Affirmative, juxta praxim et 
Rubricas. — III. Utrum infirmus lucrari possit Indulgentiam plenariam 
in mortis articulo a pluribus sacerdotibus facultatem habentibus im- 
pertiendam? Ad III. Negative in eodern tnortis articulo.— YV. Utrum 
sacerdos valide conferat Indulgentiam plenariam in articulo mortis, 
omissa formula a Summo Pontífice praescripta, ob libri deficientiam? 
x\d IV. iV^g-aí/t;^, quia formula non est tantum directiva, sed prae- 
ceptiva. 

Según la tercera resolución de este decreto, el enfermo no puede 
recibir la bendición papal en el mismo artículo de muerte más que 
una vez, lo cual está confirmado con más claridad en otro decreto de 
la misma Sagrada Congregación de Indulgencias de 12 de Marzo de 
1855 dado exprofeso para explicar este asunto. Sus resoluciones 



( t) Véase en esta Revista, vol. IV, págs. 473 y siguientes. 



62 KKVISTA CANÓNICA 



dicen así: "Cum Sacra Congregatio Indulgentiarum in una Valenti- 
nen. (1), sub die 5 Februarii 1841, sequenti dubio: Utrum infirmiis 
pluries lucrari possit indidgentiam plenariatn in tnortis articulo a 
pluribus sacerdotibusfacultatem habentibus itnpertiendam, resolu- 
tionem dedisset: Negativein eodern mortis articulo, exinde quaeritur: 
I. Utrum vi prsecedentis resolutionis prohibitum sit infirmo in eodem 
mortis articulo permanenti impertiri pluries, ab eodem, val pluribus 
sacei dotibus hanc facultatem habentibus, indulgentiam plenariam in 
articulo mortis, quse vu]go benedictio papalis dicitur? II. Utrum vi 
ejusdem resolutionis item prohibitum sit impertiri pluries infirmo, in 
iisdem circumstantiis ac supra constituto, indulgentiam plenariam in 
articulo mortis a pluribus sacerdotibus hanc facultatem ex diverso ca- 
pite habentibus, puta ratione aggregationis Confraternitati Sanctis- 
simi Rosarii, sacri Scapularis de Monte Carmelo, Sanctissimse Trini- 
tatis, etc.?— Resp. AJJir}native ad iitnimque , firma remanente reso- 
lutione in una Valentinen. sub die 5 Februarii 1841 . 

Acerca del tiempo en que puede darse esta bendición, merece no- 
tarse la resolución del Santo Oficio del mes de Enero de 1780. Ciertos 
misioneros facultados para dar esta bendición, ateniéndose al rigor 
de las palabras in articulo mortis, no la daban sino cuando la agonía 
estaba próxima; otros, usando de mayor benignidad y en vista de la 
dificultad para volver á visitar los enfermos administrados, la daban 
aun cuando sólo hubiese próximo peligro de muerte. Consultada 
acerca de esto la Sagrada Congregación del Santo Oficio, respondió 
como sigue: "Ad id quod inter missionarios controvertitur detempo, 
re impertiendas indulgentiae plenariae constitutis in mortis articulo, 
Sacra Congregatio censuit eam temporis circumstantiam satis esse 
ut rite conferatur, quae sufficit Extremas ipsi Unctioni conferendae- 
cum nempe infirmus vi morbi cernitur ad interitura vergere; ñeque 
proximius agoni tempus expectandum esse, quo aegrotus vix sui com- 
pos, ad plañe animi motus edendos impar est, quos Rituale Romanum 
efflagitat, ut tanti beneficii, sicut Extremae Unctionis, fructusuberius 
percipiatur. Quamobrem e missionariorum debito fore, post adhibi- 
tam infirmo Sacramentalem Unctionem, eumdem excitare ad ea ani- 
mo concipienda, quae in eodem Rituali libro leguntur, mox vero tam 
insigni beneficio plenariae remissionis eumdem communire, idque po- 
tissimum praestare cum áe haud reversuros praevident,,. 

Por último, recientemente se ha disputado con calor en Irlanda 
si para ganar esta indulgencia es necesaria la invocación verbal, ó 
(no siendo ésta posible) mental del santo nombre de Jesús. La razón 
principal de dudar es, que Clemente XIV, al conceder á los misione- 
ros esta facultad, no les impone más condición que la de usar de la 



(i) Este es el titulo del decreto antes copiado. 



REVISTA CANÓNICA Ó3 



fórmula prescripta por Benedicto XÍV. Llevado el asunto á la Sa- 
grada Congrejjación de Indulgencias, se ha resuelto en 22 de Sep- 
tiembre de 1892, que la invocación del nombre de Jesús es necesaria. 
Pregunta y respuesta están formuladas de esta manera: "Lit Christi- 
fideles in locis Missionum degentes et in ultimo discrimine constituti, 
valeant accipere benedictionem in articulo mortis, et consequi In- 
dulgentiam plenariam vi ejusdem lucrandam ex concessione Bene- 
dicti XIV in Constitutione Fia Mater, de die 5 Aprilis 1747, requiritur- 
ne tamquam conditio sine qua non ad lucrandam prsedictam Indul- 
gentiam, ut aegrotus in locis Missionum constitutus, quamdiu suae 
mentis est compos, invocet Nomen Jesu ore si potuerit, sin minus 
coráel „— A ffiy)native ; id est invocatio, salt ^m mentalis, Ssmi. Nomi- 
nis Jesu est conditio sine qua non pro universis Christifidelibus, qui 
in mortis articulo constituti, plenariam Indulgentiam assequi volunt, 
vi hujus benedictionis, juxta id quod decrevit hasc S. C in una Vin- 
dana sub die 23 Septembris 1775. 



Indulgencia de la Porciúneula concedida á los cinturados de 
Nuestra Señora de la Consolación.— Uno de los muchos privilegios, 
concedidos y confirmados varias veces por la Silla Apostólica, de que 
goza la cofradía agustiniana que se cita en este epígrafe, es el de la 
indulgencia plenaria, como la de la Porciúneula, en dos días del año, 
á saber: el día de la Níatividad de la Virgen y el Domingo dentro de 
la octava de San Nicolás de Tolentino. Los tiempos azarosos por que 
han pasado todas las naciones, contribuyeron al olvido parcial de 
estos privilegios, y de ahí las dudas y vacilaciones acerca de los mis- 
mos. Como el de que ahora tratamos es ignorado de muchos, cree- 
mos oportuno recordarle transcribiendo una declaración de la Sa- 
grada Congregación de Indulgencias, de 20 de Junio de 1879, confir- 
mada por Nuestro Santísimo Padre León XIII el 21 del mismo mes. 
La pregunta y la respuesta dada á la misma por la Sagrada Congre- 
gación, después de oir el parecer de los consultores, dice así. 

An indulgentia,uti illaPortiunculae, concessa cincturatis S. Au- 
gustini et S. Monicse, qui cum injunctis conditionibus visitaverint 
Ordinis Ecclesiam et Altare vel Capellam confraternitatis, in testi- 
vitate Nativitatis B. M. V. a primis usque ad secundas vesperas; et 
concessa item prasdictis, qui in die Dominico festum S. Nicolai a To- 
lentino immediate sequenti a primis vesperis usque ad per totara 
illam diem cum conditionibus injunctis visitaverint Capellam S. Ni- 
colai et Altare confraternitatis possit totirs quoties acquiri, vel se- 
mel tantum in unoquoque ex dictis diebus festis?— Emi. Patres, auditis 
consultorum votis, rescripserunt: AJ/irniative ad primam partem, 
Negative ad secundam. 



64 



REVISTA CAXONICA 



Libros prohibidos.— Por decreto de la Sagrada Congregación del 
índice, de fecha de 14 de Julio de este año, se han prohibido los si- 
guientes: 

Mariano (Raffaele): Gli Evangeli Sinotici. — Realtá ó invensione? 
— S/Míí/z.— Napoli, Tipografía della Regia Universitá, 1893. 

Cadorna (Cario): Religione, Diritto, Liberta.— Della condisione 
giuridica delle Associasioni e delle autoritá religiose negli Stati 
civili .—Edisione postuma curata dal Genérale Cadorna con cenni 
hiografici del senatore M. Tabarrini^ Presidente del Consiglio di 
Stato.—Vol. II; Ulrico Hoepli, Editore, Libraio della Real Casa, Mi- 
lano, 1893. 

Amabile (Luigi), giá Prof. ord. della Universitádi Napoli, giá De- 
putato al Parlamento Nazionale:_// Santo Officio della Inquisisione 
in Napoli. Narrazione con niolti dociimenti inediti. Vol. II. Cita di 
Castello, S. Lapi, Tipografo-Editore, 1892. 

Mantegazza (Paolo): Fisiología della donna. Vol. II. Milano, Fra- 
telli Treves, Editori, 1893. 

Negri (Ada): i^fl/rt/¿/a.— Milano, Treves, 1893. 

Guidotti (Giovanni), Presid. del R. Instituto técnico di Palermo: 
Itre Papi, ossia La pace Jra le Chiese cristiane.— PaXevmo-Tovmo , 
Cario Clausen, 1893. 

Ferriere (Emile): Les niythes de la Bible. —Pa.rís, Félix Alcan^ 
Editeur, 108, boulevart Saint Germain, 1892. 

Mivart Saint George: Huppines in Hell (Nineteenth Century).— 
London, December, 1892;— et The Happiness in Hell, ibidem, Febb., 
1893;— et Last Words on the Happiness in Hell, ibidem, Apr., 1893.— 
Decreto S. Off., Feria IV, die 19 Julii 1893. 

f-R. ^USTASIO ^STEBAN, 
.\gustiaiano. 







CRÓNICA GENERAL 



ROMA 




foN los tristes sucesos que en los días {pasados 'ocurrieron en 
Roma, y de los cuales hablaremos luego, formaron significa- 
tivo contraste las gratas manifestaciones de que fué objeto 
Su Santidad en su fiesta onomástica, que celebró el domingo 20 de 
Agosto, día de San Joaquín. 

Hermosa y conmovedora fué la reunión celebrada aquel día en 
la Biblioteca del Vaticano, con asistencia de los catorce Cardenales 
que actualmente residen en Roma, y concurriendo también numero- 
sísimas Comisiones de la Guardia palatina, de la Juventud Católica, 
de Diputaciones de Tívoli y Carpineto, que presentaron al Papa al- 
bums preciosos, jardineras cargadas de frutas y de flores, y racimos 
de uvas de Tívoli. 

Al propio tiempo, el Cardenal Vicario de Roma presentó á los 
iniciadores y arquitectos de la basílica de San Joaquín, ofreciéndole 
dibujos del nuevo templo, cuya cúpula estará revestida de aluminio, 
y dominada por una Custodia colosal de bronce dorado que, como la 
cúpula metálica de los Inválidos de Paris, señalará á la Ciudad 
Eterna el centro de la adoración reparadora é internacional. 

El Santo Padre deploró profundamente las luchas de Aguas 
Muertas y de Roma, dando á todos consejos de templanza y caridad 
cristiana. 



66 CRÓNICA GENERAL 



Todos los Soberanos enviaron por telégrafo sus felicitaciones á 
León XIII, siendo notable el despacho del Presidente Cleveland. 
Además de las felicitaciones del Sacro Colegio, la Comisión de las 
fiestas jubilares ofreció al Supremo Pontífice un álbum, conteniendo 
la relación de los hechos más importantes de este Jubileo, en el cual 
han tomado parte ya 47.850 peregrinos, y ha recogido la Comisión 
central 717.000 liras. 

Con verdadera satisfacción enseñó el Padre Santo á los Cardena- 
les y á su corte el fonógrafo que le ha regalado Edisson, confiando 
al maravilloso instrumento, que reprodujo un discurso pronunciado 
en 1890 por el Cardenal Mannig, estas palabras.— "En este día, consa- 
grado á San Joaquín, esposo de Santa Ana y padre de la Virgen 
Santísima, aquí, en el Vaticano, en presencia del Sacro Colegio, me 
es dulce implorar la poderosa protección del Santo Patriarca.,, Des- 
pués, volviéndose al Cardenal Martel, presente, á pesar de sus no- 
venta años, le dijo que él, como el Cardenal Serafini y el Papa, ha- 
bían rebasado ya las cuatro quintas partes de un siglo. 

Con motivo de las últimas fiestas, León XIII ha dado limosnas por 
valor de 40.000 francos. 

— Según las nuevasConstituciones dadas porSuSantidad álaOrden 
Benedictina, ha de residir en Roma un Superior general de todas las 
Congregaciones, que será elegido indistintamente de cualquiera na- 
ción ó monasterio; este General será el Abad del de San Anselmo, y 
en esta casa tendrá su residencia. La abadía de Roma tendrá mon- 
jes de todas las naciones en que la Orden se establezca. El General 
.desempeñará su cargo en un período de doce años, y por igual tiem- 
po se consiente que sea reelegido. Si muriese dentro de este plazo, 
el Rector de la abadía de San Anselmo de Roma convocará á los 
electores para que nombren sucesor. La elección será válida para el 
que reúna en su favor dos terceras partes de votos. Ha sido nombrado 
primer General, después de la promulgación de estas Constituciones, 
el Revdo. P. Hildebrando, abad que ha sido de Maredsous y deBeuron. 

— Han ocurrido en Roma y en las poblaciones más importantes de 
Italia graves desórdenes y manifestaciones antifrancesas, cuya ex- 
plicación se encuentra en una sangrienta colisión que días pasados 
hubo en Aigues-Mortes (Francia) entre obreros franceses é italianos. 

En las salinas de dicha población trabajaban este año algunos cen- 
tenares de obreros italianos, los cuales se contentaban con salarios 
mucho más reducidos que los que exigen los operarios del país. Al 
presentarse á pedir trabajo buen número de operarios franceses, no 
pudo ser admitida más que una pequeña parte de ellos, por estar ya 
ocupadas las plazas por los italianos. Temerosos estos, sin embargo, 
de que poco á poco fueran admitidos los trabajadores del país y per- 
dieran ellos sus puestos, atacaron á los franceses aprovecha. ido su 
' superioridad numérica (450 contra 150). 



CRÓNICA GENERAL 67 



Intervino la gendarmería, y por el momento quedó conjurado el 
conflicto. Mas la noticia de la agresión realizada por los italianos 
exaltó grandemente los ánimos. Grupos numerosos de obreros y 
campesinos franceses, armados de garrotes, de instrumentos de la- 
branza y de revólvers, acudieron á vengar á sus compatriotas. Faltó 
poco para que fueran exterminados los italianos. 

Las autoridades no podían contener á los grupos, y sólo cuando 

llegaron dos compañías de línea, llamadas con urgencia al teatro 

de los sucesos, pudieron ser libertados los italianos; y para evitar 

nuevos desórdenes, la empresa de las salinas despidió á todos los 

trabajadores extranjeros. 

En realidad, no hay en estos hechos nás que una de tantas coli- 
siones como provócala competencia entre obreros, y á ser ciertos los 
datos que anteceden, la responsabilidad sería de los italianos, que 
fueron los primeros en agredir á sus rivales. 

Hubo hasta 15 muertos y 60 heridos; cinco de aquellos eran fran- 
ceses y nueve italianos. 

Lo que no hemos podido averiguar es qué relación tienen los su- 
puestos desaguisados de los franceses contra los italianos para que 
estos dieran á sus manifestaciones antifrancesas en Italia un carác- 
ter ferozmente anticatólico. Bien es verdad que para ciertas gentes 
je\ enemigo siempre y en todas partes es la Religión. 



II 
EXTRANJERO 

Alemania. — Para el día 9 de este mes es esperado en Alsacia-Lo- 
rena el Emperador Guillermo, que va á presenciar las maniobras 
militares con gran anticipación preparadas. Con tal motivo, y con el 
de que el Príncipe heredero de Italia será uno de los testigos de di- 
chas maniobras, los franceses no pueden ocultar el pésimo efecto 
que todo esto les produce. He aquí cómo refleja ese efecto una pu- 
blicación de carácter esencialmente político. "El Emperador de Ale- 
mania siente la necesidad de que se conñrme y se consagre el hecho 
consumado de la anexión de Alsacia-Lorena. Con tal propósito ha 
invitado á varios Príncipes y personajes, que se. han apresurado á 
declinar, con diferentes pretextos, una invitación tan agradable 
como interesada, para asistir á las maniobras de Lorena. El Prínci- 
pe de Ñapóles, el heredero de la Corona de Italia, es el úúico de los 
invitados que acudirá á la cita. Él será el primer Príncipe real que 
pise* el territorio de Alsacia-Lorena después de la conquista, sancio- 



68 CRÓNICA GENERAL 



nando así con su presencia la anexión de las provincias arrancadas 
á la madre patria. El Soberano alemán se ha dado maña para obli- 
gar á Italia á que envíe su Príncipe heredero, probando de qué modo 
madura sus pro^-ectos contra el pueblo francés. Durante su último 
viaje á Roma, en uno de los grandes banquetes á que asistían los 
ministros, el Emperador se dirigió de pronto al Príncipe de Ñapóles 
invitándole á irá Alemania para asistir á las grandes maniobras de 
otoño. El joven Príncipe no podía contestar sin el permiso del Rey. 
Este necesitaba consultar á sus Ministros. Giolitti y sus compañeros 
de Gabinete hicieron un ademán de aquiescencia, y el Rey y el 
Príncipe prometieron corresponder á la invitación. 

Algunas semanas después se supo en Roma que las maniobras 
alemanas se verificarían en las inmediaciones de Metz, á pocos pasos 
de la frontera francesa. Sin embargo, se esperaba que el Emperador 
Guillermo no se acordase de la invitación. Pero el día menos pensado 
recordó la promesa que se le hizo, y entonces fueron los apuros en la 
Consulta. Las circunstancias no son favorables á la galofobia. La 
penuria financiera de Italiano le permiten mostrarse huraña ó dis- 
plicente con Francia. Por el contrario, se busca su amistad, y espe- 
cialmente su oro.„ 

Estos últimos días se ha tenido noticia de que el Príncipe de Ñapó- 
les ha sido ya recibido por el Emperador en Coblenza con muestras 
de grandísimo aprecio. Ya está, pues, sancionada por la Italia oficial 
la anexión de Alsacia-Lorena á Alemania. El bofetón á Francia es 
sonoro de veras, y tendrá eco en la vecina República. 

— Acaba de celebrarse en Wurzburgo (Baviera) el cuadragésimo 
Congreso de los católicos alemanes, que ha resultado un solemne 
mentís á los que creían que el partido católico alemán se había dis- 
gregado á consecuencia de la muerte de Windthorst. La papeleta de 
convocatoria del Comité organizador decía: "Estamos y estaremos 
siempre unidos por la fe, la esperanza y la caridad, para la práctica 
del bien v para luchar. Los años se suceden unos á otros con pasmo- 
sa rapidez, y las generaciones desaparecen. Pero la piedra funda- 
mental de la Iglesia católica permanecerá siempre en su sitio, y no 
variando ni sus dogmas ni sus instituciones, los fieles observarán el 
mismo apego á la Iglesia,,. 

De las resoluciones tomadas no sabemos más sino que se ha fun- 
dado una institución militante contra los socialistas, tan numerosos y 
potentes en el Imperio, á saber: una Liga agraria católica. Sus es- 
fuerzos se dirigirán á que no pase á los campos la agitación fabril de 
los talleres; y aunque no se hubiese tomado otro acuerdo, este solo 
bastaría para dar por bien empleados los trabajos del Congreso. 

* 

* * 



CRÓNICA GENERAL 69 



Inglaterra.— Hace días que más de la mitad (unos 400.000) de los 
mineros de Inglaterra, ó más bien, del Reino Unido, se declararon 
en huelga, originándose de ahí gravísimos perjuicios al movimiento 
industrial y mercantil de la nación. Han ocurrido algunos choques 
—de relativa insignificancia si se tiene en cuenta la magnitud de la 
huelga— entre los huelguistas y los que seguían trabajando. Si en Es- 
paña hubiera sucedido algo semejante, ya hubieran corrido arroyos 
de sangre más ó menos inocente. 

— En la sesión de la Cámara de los Comunes del día 2 de este mes 
fué aprobado por 301 votos contra 267, en tercera lectura, el proyecto 
de ley de autonomía de Irlanda, y el mismo día quedó también apro- 
bado, en primera lectura, en la de los Lores. Ya se sabe que la in- 
mensa mayoría de los Lores rechaza el proyecto: su aprobación en 
primera lectura es algo así como autorizar su discusióa. Rechazado 
el bilí, como se supone, por la alta Cámara, comienza el conflicto 
político del que varias veces hemos hablado: el proyecto debe vol- 
ver á la Cámara popular, y si aquí es aprobado, y es natural que lo 
sea, pasa de nuevo á la de los Lores, que por segunda vez 10 recha- 
zará seguramente. Este callejón, al parecer sin salida, estaba pre- 
visto; pero he aquí que Gladstone ha escogitado una, que tal vez le 
dé buen resultado. "Créese, dice un diario de la Corte á este propó- 
sito, que hacia el 8 ó el 10 de este mes la suerte del bilí aechóme rule 
quedará decidida en la Cámara de los Lores, y que, pocos días des- 
pués, se suspenderán las sesiones del Parlamento. Pero el Gobier- 
no, en lugar de hacer discutir nuevamente el proyecto por la Cáma- 
ra de los Comunes en la legislatura de 189-1, consagrará exclusiva- 
mente esta campaña parlamentaria á las cuestiones inglesas que 
pueden atraerle el apoyo de la opinión, tales como la reforma elec- 
toral, la de los Consejos de parroquia y la jornada de ocho horas 
para los mineros. 

Contando con el efecto de estas reformas se convocará á eleccio- 
nes generales, y la nueva Cámara de los Comunes será la encarga- 
da de discutir y aprobar nuevamente el bilí, que esta vez irá ala 
Cámara de los Lores sancionado por la voluntad popular, revelada 
en los resultados electorales. Entonces la reformase abrirá camino. 

Pero, ¿y si las elecciones no son favorables al Gobierno actual, y 
es llamado á sustituir á Glasdtone el Marqués de Salisbury? Los ir- 
landeses no se muestran menos optimistas ante esta eventualidad, 
que nada tiene de improbable. "Cuando una reforma ha sido votada 
por la Cámara de los Comunes— dicen— se realiza tarde ó temprano, 
y los conservadores acaban por apoyar el bilí que ahora combaten. „ 

No sabemos si se confirmará esta profecía; pero lo que sí puede 
afirmarse, es que el home rule irlandés, aun en el caso más favora- 
ble, lardará bastante en ser un hecho. 



70 CRÓNKTA GEXERAL 



Francia.— Bien claro se han visto los resultados de la división de 
los católicos en las elecciones últimas de Francia. A nosotros los ca- 
tólicos españoles no nos coge de susto el fracaso, pues los estamos 
viendo aun mayores desde hace cerca de sesenta años. Con todo, lo 
ocurrido en la vecina república no es menos sensible. 

"Los diputados hasta ahora elegidos pueden clasificarse, en núme- 
ros redondos, de esta manera: oportunistas, que ahora se llaman gu- 
bernamentales, 200; republicanos conservadores, 100; socialistas y ra- 
dicales, 100; monárquicos, 60; monárquicos resellados, 20. Como ha 
habido muchos empates, y éstos no se han resuelto hasta el día 3, no 
podemos dar noticia de su resultado; podemos, sin embargo, adelan- 
tar el juicio de que no se alterará sensiblemente el carácter que las 
cifras arriba expuestas dan á la Cámara. 

Lo que á primera vista resulta de estas cifras, es que el triunfo 
más evidente y de consecuencias políticas más importantes es, sin 
duda alguna, el de los elementos que constituyen la derecha republi- 
cana, que han aumentado en número con relación á la Cámara di- 
suelta, y que, pensando racionalmente, han de imprimir á la nueva 
un carácter moderado y gubernamental. 

Siendo tal la composición de la Cámara que acaba de ser elegida^ 
¿podrá Francia esperar que se formen y coexistan con ella Gobier- 
nos fuertes y duraderos, que no vivan á expensas de humillantes com- 
ponendas, con los abirragados grupos de heterogéneas mayorías, y 
que no tengan que gastar estérilmente sus energías en imposibles 
defensas contra las ruidosas coaliciones del escándalo? 

Solamente el tiempo ha de poder dar contestación á esta pregun- 
ta y solución á esta duda, y únicamente del juicio y del buen sentido 
de los políticos franceses depende la realización de aquellos deseos,, 
que parecen imposible ideal; pero entre tanto, conviene consignar 
que los republicanos moderados se inclinan naturalmente á la creen- 
cia de que la mayoría parlamentaria será en la futura Cámara robus- 
ta y homogénea, añadiendo que las elecciones del 20 de Agosto de- 
muestran que el país vuelve resueltamente la espalda á los partidos 
que están fuera de la legalidad constitucional. 

Esta última parle de tales juicios es la que, á nuestro parecer, 
peca de optimista, porque ciertamente que Francia no ha vuelto la 
espalda de esa manera resuelta á los elementos revolucionarios, en- 
tre los cuales ahí están los socialistas que, aun cuando no han logra- 
do por completo el triunfo que se prometían, no por eso han dejado 
de conseguir un considerable aumento de fuerzas para su contingen- 
te parlamentario. Por eso, con razón, algunos periódicos no ocultan 
las inquietudes y la preocupación que les causa el éxito relativo de 
los socialistas revolucionarios, cuyos progresos no pueden desca- 
nocer. 
' En otro orden de consideraciones,- de las estadísticas hechas sobre 



CRÓNICA GENERAL 71 



los resultados definitivos de las elecciones, aparecen estos datos, que 
no dejan de ser curiosos. 

Los republicanos gubernamentales han perdido 11 distritos donde 
antes tenían seguro el triunfo; pero en cambio han ganado en 52, 
donde en otro tiempo les fué adversa la fortuna; los radicales pierden 
7 y ganan 16; los boulangeristas pierden 7 y ganan 1; los adheridos 
pierden 15; los socialistas ganan 5 y no pierden ninguno; los conser- 
vadores pierden 38 y no ganan ninguno. 

Los puestos perdidos, por los republicanos serán ocupados por 
otros 6 republicanos nuevos, 4 radicales y un socialista; los 7 que pier- 
den los radicales son ahora de los republicanos gubernamentales; los 
38 perdidos por los reaccionarios, son gafados por 31 republicanos, 4 
radicales, 2 adheridos y 1 socialista; los 13 perdidos por los adheridos 
serán provistos por 10 republicanos y 3 radicales, y los 7 perdidos por 
los boulangeristas serán ocupados por 3 republicanos, 3 radicales y 
1 boulangerista. 

Las elecciones han tenido también, además de las consecuencias 
políticas que dejamos consignadas, otras consecuencias trágicas, de- 
terminadas por el exceso de las manifestaciones de entusiasmo. 

Cuanto á las tendencias económicas, punto tan importante para 
España en las circunstancias actuales, los economistas entienden que 
predominará el elemento proteccionista, aunque tal vez no tan exa- 
gerado como en la legislatura anterior. De todos modos, creen que 
será muy difícil establecer un con(*ierto económico en condiciones 
favorables para España. 



5jí ^ 



América — Aunque no ha variado gran cosa la situación de la Re- 
pública Argentina, parece ser que los insurrectos van ganando te- 
rreno. En la provincia de Corrientes, después de una escaramuza, 
han obligado á huir al Gobernador, que se ha refugiado en el Para- 
guay con 1.000 de los suyos. Los rebeldes, dueños de la capital, han 
nombrado Gobierno provisional. 

— Leemos con gusto en un diario de la Corte: "Nos escriben de 
Quito (República del Ecuador), dándonos consoladoras noticias de 
aquel país católico, regido por hombres de fe. „¡Qué edificante es, 
dice la persona que nos escribe, ver en los días festivos concurrir á 
los templos de la capital á los hombres más conspicuos de la política, 
á los que ocupan los primeros puestos de la República, y dar allí, sin 
rebozo, público tesiimonio de su piedad y de su fe! „No ha mucho se 
dieron en Quito unos ejercicios espirituales, y á ellos acu.lió desde 
el Presidente y Ministros de la República, hasta el último de los per- 
sonajes de más significación; allí comulgaron juntos con el pueblo, 
Á los pies de Jesucristo, y allí protestarían ante la sangre del Corde- 



72 CRÓNICA GENERAL 



ro, anteponer los intereses de los pobres á los suyos propios, que es 
lo que realmente falta para que se pueda vivir en el mundo. „ 

Evidentemente el mártir García Moreno sigue protegiendo desde 
el cielo á su amada República. 



III 

El mes de Agosto va quitando á Septiembre la exclusiva para 
motines y revoluciones. Bien es verdad que en este bendito año to- 
dos los meses son santos y buenos para romper las costillas al próji- 
mo. Pero lo ocurrido en estos últimos días, no es ciertamente para 
relatado en broma: tras el estado de sitio de Vitoria, por los motivos 
que nuestros lectores conocen, estado de sitio que no sabemos cuan- 
do desaparecerá, vino el motín de La Guardia, en la misma provin- 
cia de Álava, á consecuencia del impuesto sobre los vinos: hubo un 
muerto y varios heridos. Por causa idéntica hubo reuniones más ó 
menos tumultuosas en Zaragoza, Tarragona, Valencia y otros mu- 
chísimos puntos de menos importancia. En esta última provincia 
también hemos tenido nuestro poquito de levantamiento republicano, 
ahogado en su comienzo. Créese que fué obra de un exaltado que no 
sabía lo que se pescaba.— En la Coruña, donde se iban apaciguando 
los ánimos, se han irritado de nuevo, al saberse que por ahora no ha- 
brá más que siete cuerpos de ejército, y que León vence en toda la 
línea, llevándose la capitalidad del séptimo.— Gijón no ha querido 
ser menos que otras ciudades, y las antiguas rencillas entre apaga- 
dosistasy muselistas, enconadas por las pasiones políticas, han dado 
sus naturales frutos, es decir, un motín en regla: algunos concejales 
suspensos se empeñaron en posesionarse del Ayuntamiento, apoya- 
dos por las turbas del pueblo, que no sabiendo cosa mejor que hacer, 
empezaron por apedrear á la Guardia civil, que respondió haciendo 
fuego y cargando á la bayoneta. No hubo más que algunos heridos de 
bala y bayoneta.— Gracias á las disposiciones preventivas que se to- 
maron en Bilbao no ocurrió más que tal cual susto: todo nació de ha- 
ber dispuesto el Gobierno que el crucero Infanta María Teresa sa- 
liese para el Ferrol para concluir de artillarse, pues según informe 
facultativo, no habría en la ría de Bilbao el agua suficiente para el 
calado de dicho crucero si se le cargaba con toda la artillería. El 
grandioso buque salió de los astilleros del Nervión en medio de se- 
pulcral silencio, escoltado, por decirlo así, por los 5.000 hombres de 
tropas regulares que allí había mandado el Gobierno en previsión 



CRÓNICA GENERAL 73 



de sucesos desagradables. Después y á consecuncia de la irritación 
de ánimos, tres ó cuatro días seguidos ha habido en Bilbao motines 
de alguna importancia con el obligado acompañamiento de heridos. 

Este catálogo escueto de desórdenes hay que completarlo con los 
tristísimos ocurridos la noche del 27 de Agosto en San Sebastián. La 
banda de música municipal tocaba, como todas las noches, en elBou- 
levard, y el pueblo pidió que tocase el Guernicaco Arbola; mas como 
el director no accediese á ello, la multitud invadió el kiosco, en el 
cual estalló un petardo. Los celadores invitaron á los asaltantes á 
que se retirasen, y detuvieron á algunos; pero pronto hubieron de 
soltarlos, porque se echó encima el pueblo. En esto se dirigieron al 
Hotel de Londres, donde residía el Sr. Sajasta, y comenzaron á dis- 
parar un diluvio de piedras. Parece ser que la Guardia civil hizo los 
primeros disparos al aire; pero al ver que la pedrea aumentaba, sin 
hacer intimación alguna rompió el fuego sobre los amotinados, ma- 
tando á un hombre é hiriendo á ocho ó diez, de los cuales han 
muerto dos. Así terminó aquella triste jornada, que en opinión del 
Gobierno mism.o pudo haberse evitado si las autoridades hubieran 
andado más previsoras. 

Profundamente irritados los ánimos, sobre todo por la sanare 
derramada el día 27, cuando el día 28 por la noche se presentó la mú- 
sica municipal á tocar el concierto de costumbre, el público pidió que 
se suspendiera aquél en señal de duelo por los sucesos de la víspera. 
Logrado su intento, los manifestantes se dirigieron al Gran Casino 
con el objeto también de impedir que hubiese concierto. Inmediata- 
mente se dirigieron los grupos al Teatro Circo, cuyas puertas rom- 
pieron. Allí les hizo frente la fuerza pública, y hubo algunos heridos 
de una y otra parte. Así fueron recorriendo los edificios públicos, 
dispersados unas veces por la Guardia civil, y reuniéndose de nue- 
vo, hasta que á eso de las doce se deshicieron los grupos. La noche 
siguiente hubo también su motín indispensable, y gritos de ¡vivan los 
fueros! y canto del Guernicaco Arbola, y hasta descargas de la Guar- 
dia civil, motivadas, según se dice, por la agresión de que fué objeto 
la benemérita. En los días 28 y 29 hubo bastantes heridos, entre ellos 
algunos guardias civiles. 

Viendo las personas más caracterizadas de la población que por el 
sistema adoptado no se iba á ningima parte como no fuera á tener 
en constante jaque á la población, con evidente perjuicio de los inte- 
reses de todos, formaron una Junta, avistáronse con el Gobernador, y 
le prometieron que si desaparecía la fuerza pública ellos se compro- 
metían á conservar el orden y á apaciguar los ánimos. Y en efecto; 
llegó la noche del 30; comenzó el concierto de costumbre; hartáronse 
de cantar con entusiasmo delirante el zortzico Guernicaco Arbola, y 
el orden quedó restablecido, sin que apareciera por allí resto de fuer- 
za armada, y acaso por lo mismo que no apareció. 



74 CRÓNICA GENERAL 



Millones de comentarios se han hecho sobre los tristes sucesos 
brevemente relatados; pero creemos que no se ha dado en la verda- 
dera causa de los mismos. Hoy están todavía los ánimos sobreexci- 
tados y no conviene insistir, y sería inútil además. Acaso no tardan- 
do volveremos sobre el asunto y expondremos algunas considera- 
ciones. 

— Ya se han publicado los tan temidos decretos sobre las reformas 
de guerra: además de otras muchas disposiciones, aparecen los fa- 
mosos siete cuerpos militares, con sus correspondientes capitales, 
que son: Madrid, Sevilla, Valencia, Barcelona, Zaragoza, León y 
Burgos. Como el informe de la Junta técnica deja el camino abierto 
al Gobierno, de suponer es que, no tardando, tendrán su cuerpo de 
ejército la Coruña y Vitoria, ciudades que quedan muy lastimadas 
con las últimas disposiciones. También se conocen las reformas in- 
troducidas en los demás ministerios, reformas de que no podemos 
dar cuenta detallada. Las de Gracia y Justicia son importantes, figu- 
rando entre ellas la supresión áe 84 juzgados. 

La Comisión nombrada para formar el plan de ferrocarriles se- 
cundarios ha terminado su dictamen y carta itinerario. El informe se 
compone de tres partes. 

La primera es una Memoria expositiva de las bases de que ha par- 
tido la Comisión para redactar su plan definitivo de las líneas que 
deben obtener la garantía del interés por el Estado. En la segunda 
explica las razones que ha tenido para incluir cada una de las líneas 
del plan definitivo y rechazar otras del anterior plan. Y la tercera 
consiste en un estado, que es el resumen de las líneas propuestas, 
con sus longitudes, costes y proporción que se supone habrá en cada 
una entre sus productos líquidos y el bruto. 

Según la Comisión, la garantía de interés para los 4.980 kilóme- 
tros que mide la limitada red que propone, puede llegar á la cifra 
anual de 9.500.00 pesetas, sin contar lo que corresporidería á las líneas 
ya concedidas con opción al mismo beneficio. El ancho de vía que 
propone la Comisión para las líneas garantidas de su plan, es de 75 
centímetros; pero como muchas de las que se proponen constituyen 
enlaces de otras ya construidas con los anchos de un metro 67 centí- 
metros, y de un metro, hay que pensar maduramente el problema. 

De los proyectos que comprende el plan general vigente, no ha 
conservado la Comisión sino aquellos cuya construcción le ha pare- 
cido indudable por los antecedentes de su proyecto, como son, por 
ejemplo, el de Aranda á Burgos, complemento necesario del de Sego- 
via á Aranda; el de Soria á Castejón y Sangüesa, tronco de una fu- 
tura línea de importancia militar y política, y el de Noguera Palla- 
resa, que forma parte de un tratado internacional. 

La Comisión termina su trabajo proponiendo el siguiente plan, que 
se separa poco del anteproyecto: 



CRÓNICA GENERAL 75 



Grupo del Noroeste.— De Santiago á Negreira y Corcubión; de 
Santiago á Lalín, Orense, Ginzo de Limia y Verín; de Santiago á 
Cambre; de Cerda á Carballo y Lage; de Cambre á Betanzos, Puen- 
tedeume, Jubia y el Ferrol; de Ferrol á Santa iMaría de Ortigueira, 
Vivero, Ribadeo, Pravia y Trubia, con un ramal á Cubillero; de Sa- 
rria á Becerrea, Pueblo de Navea, Grandas de Salirae y Vega de Ri- 
badeo; de Ponferrada á Cangas de Tineo y Pravia; de Sahagún á 
Riaño, Cangas de Onís y Rivadesella. 

Grupo del Norte. — T>e Infíesto á Cangas de Onís, Llanes, San Vi- 
cente de la Barquera y Cabezón de la Sal; de Miranda, Trepaderne, 
Villarcayo y el punto más conveniente de la línea de Balmaseda á La 
Robla; de Deva á Lequeitio y Guernica; de Haro á Santo Domingo de 
la Calzada, Belorado y Pradoluengo; de Pamplona á Estella, y de Los 
Arcos á Logroño; de Jaca á Sangüesa, Pamplona y Pasajes; de Yan- 
gües á Cuellas }'■ Peñafiel; de Sepúlveda á Riaza y San Esteban de 
Gormaz; de Zuera á Egea de los Caballeros y Sangüesa. 

Grupo del Nordeste.— Y)q. Tremp á Pons, Agramunt y Cervera; de 
Cervera á Valls y Tarragona; de Pons á Seo de Urgel y Puigcerdá; 
de Esterri á ViellayPont del Rey; de Lérida á Fraga Fayón; de Bar- 
bastro á El Grado, Aima y Boltaña, con ramal de El Grado á Graus. 

Grupo del Oeste.— Y^e Benavente á Puebla de Sanabria; de Bena- 
vente á Medina del Campo y Medina de Rioseco; de Medina de Rio- 
seco á Villalón y Villada; de Ciudad Rodrigo á Hoyos, Coria y Caña- 
veral; de Avila á Piedrahita, El Barco y Béjar; de Talavera de la Rei- 
na á Arenas y El Barco; de Cáceres á Trujillo. 

Grupo del Centro.— De Burgos á Salas de los Infantes, Soria y Ca- 
latayud; de Sigüenza á Molina de Aragón y Monreal ; de Cuenca á 
San Clemente 3^ Villarrobledo; de Puertollano á Calzada de Calatra- 
va; de Valdepeñas á Villanueva de los Infantes y Albacete; de Puer- 
tollano al Horcajo. 

Grupo del Este. — De Riela á Cariñena; de Belchite á Híjar; de Ca- 
riñena á Daroca; de Monreal á Utrillas, Gargallo, Morella y Vinaroz; 
de Gargallo á Híjar; de Valdelinares y Linares á la línea de Teruel á 
Sagunto; de Cuenca á Utiel; de Teruel á Landete y Minas de Varejos; 
de Cullera á Gandía. 

Grupo del Sur.— De Almería á Sorbas y Vera; de Almería á Al- 
buñol, Motril, Torrox y Málaga; de Granada á Calahonda; de Chicla- 
na á Medinasidonia y Algeciras; de Almonte á La Palma, y de Gibra- 
león á Aj^amonte. 

—Terminada la impresión de la Crónica del Congreso católico en 
Sevilla, se advierte á los señores socios que pueden recoger en la 
secretaría de dicho Congreso, establecida en el segundo patio del 
palacio arzobispal de Sevilla, el ejemplar que les corresponde. Los 
socios de fuera de la archidiócesis sevillana, recibirán el tomo por 
conducto de las Tuntas diocesanas. 



76 CRÓNICA GENERAL 



—La Junta organizadora del Congreso eucarístico que va á cele- 
brarse en Valencia, ha publicado el siguiente aviso: "Como conse- 
cuencia del aplazamiento de la apertura del Congreso eucarístico 
hasta la segunda quincena del próximo Noviembre, quedan también 
aplazadas las fechas para la admisión de trabajos; los referentes á 
los puntos designados en el programa y los de certamen, hasta el 20 
de Octubre. — Igualmente los que deseen remitir objetos destinados á 
la Exposición, avisarán antes del día 15 de Octubre, y deberán ser 
entregados dichos objetos desde el 1.*' de Noviembre hasta el día de 
la apertura del Congreso,,. 



necrología 



Nueva y sensible pérdida acaba de experimentar nuestra amada 
Provincia con la muerte prematura del incansable y celosísimo Pa- 
dre Fr. José Rodríguez Fontella. 

"Era el P. Rodríguez, dice La Vos Española, uno de los religio- 
sos menos conocidos íntimamente, pues su modestia, unida á su gran 
virtud eran tan grandes, que siempre se procuraba el mayor recogí" 
miento para consagrar todo el tiempo de que podía disponer y que 
le dejaban sus múltiples ocupaciones del confesonario ó del estudio, 
á la edición de infinidad de libros de devoción y otras obras, con las 
que ha hecho inmensísimo bien á las almas. 

Su vasta ilustración hacía que en medio de la soledad y retrai- 
miento del claustro fuera á todas horas buscado por sus compañeros 
de hábito y por personas ajenas á la Orden en busca de un dato cien- 
tífico ó de un consejo desinteresado, á lo que siempre estaba dispues- 
to, dado su bondadoso carácter. 

Nació en Valdesoto, Obispado de Oviedo, en 6 de Octubre de 1849; 
hizo profesión de votos simples en el colegio de Valladolid en 7 de Oc- 
tubre de 1865, y la solemne en el de La Vid en 8 de Octubre de 1868. 
Pasó á Filipinas en 1869 y, ordenado de sacerdote al afto siguiente, 
pasó á la provincia de Bulacán para el estudio del idioma. En Enero 
del 73 fué nombrado cura interino del pueblo de San Isidro, en Bula- 
cán, hasta el mes de Febrero del año 1875, en que con igual carácter 
pasó al curato de Viga, de la misma provincia. 

Sirvió el curato de Pateros, de la provincia de Manila, desde Junio 
de 1876 hasta el 5 de Junio del 82, fecha en que fué nombrado para el 
pueblo de Calumpit, cesando en este cargo el año 1885, en que fué 
nombrado por el Capítulo Prior del Convento de Nuestra Señora de 
Guadalupe. Electo Definidor en el Capítulo del año 1889, fué nombra- 
. do Capellán y Director del Asilo de Huérfanos de Nuestra Señora de 



MISCELÁNEA 77 



Consolación en Guadalupe, cargo que dimitió en el Capítulo privado 
del año 1891. 

Nombrado en Agosto del siguiente año para Capellán y Director 
del Asilo de niñas huérfanas de Mandalox-a, desempeñó dicho cargo 
hasta el mes de Febrero del año 93, en que se le expidieron títulos 
para la parroquia de Tambobong, donde le sorprendió en ejercicio de 
su sagrado ministerio la enfermedad que tan repentinamente le con- 
dujo al sepulcro, privando á los malabonenses de su virtuosísimo y 
celoso cura párroco, á la Orden de uno de sus mejores hijos, y á mu- 
chos de un bueno y desinteresado amigo. 



NIISCKLANKA. 



unión apostólica de los Sacerdotes seculares bajo el patrocinio del Sagrado 

Corazón de Jesús. 

Breve de Su Santidad el Papa León XIII al abate Sr. Lebeurier^ 
Presidente General de la Unión Apostólica. 

Querido hijo, salud y bendición Apostólica. 

Por tus noticias verbales y tus cartas hemos sabido con extraor- 
dinario júbilo que la difícil obra del restablecimiento de la vida co- 
mún en el clero secular, en la medida que tal cosa es posible, se ha 
extendido rápidamente hasta el punto de haberse introducido ya, 
con aprobación de los Obispos, en treinta diócesis de Francia y en 
todas las de Bélgica. La divina Providencia parece haber reservado 
en época tan hostil á la Iglesia y tan llena de peligros para las almas, 
el restablecimiento de esta institución saludable, prescrita primiti- 
vamente por los sagrados cánones, abandonada y en desuso por el 
transcurso de los tiempos y las vicisitudes históricas, y no obstante 
su nueva restauración, y propagación por el Venerable Bartolomé 
Holzhauser, perdida otra vez entre las agitaciones del siglo pasado 
y del presente. 

En efecto: ya se considere la situación de inconsolidación y des- 
acuerdo á que el clero secular se ha visto reducido por esas .pertur- 
baciones y las divergencias en sentir, juzgar y enseñar que han sido 
su consecuencia, ya se atienda á las artes que los enemigos de la 
Iglesia, atentos á romper la unidad del catolicismo, ponen en prácti- 
ca para corromper al Clero y separarlo de sus pastores y de la Sede 
Apostólica, fuerza es tener por designio providencial el hecho de 
que para defender la unidad combatida, renazca una antigua institu- 
ción acomodadísima á las necesidades presentes. 



78 MISCELÁNEA 



La uniforme manera de vivir, para todos propuesta; los ejercicios 
enderezados á fomentar la piedad y á defender la virtud de los peli- 
gros del siglo, la sumisión periódica de los actos de cada uno á las 
advertencias de los superiores, las reuniones mensuales, en que, so- 
bre los diferentes puntos concernientes al ministerio sacerdotal, se 
den conferencias para traer á la unidad miras acaso desacordes: el 
fin previsto á que bajo la dirección del Obispo han de confluir todas 
las fuerzas; el celo en auxiliarse mutuamente, nacido de la amistad 
y frecuente trato; todas estas circunstancias no solo harán un haz de 
cuantos reunidos vivan, sino que amarán con vínculo espiritual á los 
unidos á distancia por el mismo lazo, de modo que nadie se vea sepa- 
rado de la familia sacerdotal, privado de dirección, abandonado á sí 
mismo y falto en el momento oportuno del auxilio y consejo de sus 
hermanos. 

Grandes elogios tributaron por esto nuestros antecesores á tan 
útil institución, y Nos sentimos especial complacencia en recomen- 
darla, sobre todo en circunstancias que, como las presentes, exigen 
tan eficaz auxilio. Es más, exhortamos á todo el clero secular á alis- 
tarse en esta saludable asociación en la seguridad de que hallarán 
en ella medios más eficaces de conseguir su propio bien y el deja 
Religión. Muévales á hacerlo la consideración de que el restableci- 
miento de régimen tan útil para socorrer á la Iglesia en sus penosas 
luchas, débese á manifiesto designio de la Providencia. Muévanles 
las bendiciones celestes que, á pesar de dificultades gravísimas, han 
producido en breve tiempo el maravilloso resultado de esta obra. 
Muévanles la aprobación de los Obispos, los constantes aplausos de 
esta Apostólica Silla y los frutos ya obtenidos, y que irán multipli- 
cándose, como fundadamente hace suponer la misma difusión de esta 
institución salvadora. 

Nos presagiamos abundantísimos frutos para la santificación del 
Clero, y gloria de nuestra religión santísima;y en tanto, como auspi- 
cios del celeste favor, y en prenda de Nuestra paternal benevolencia, 
concedemos con sumo amor Nuestra bendición Apostólica, á ti, hijo 
querido, á toda la Asociación que diriges, y á todos los que en ella se 
inscriban.— Dado en San Pedro de Roma, el 31 de Mayo de 1888, ter- 
cero de Nuestro Pontificado.— LEÓN PAPA XIII. 



Noticia de esta unión. 

1. La Asociación sacerdotal puede definirse: Reunión de varios 
sacerdotes de la misma diócesis, sometidos á una regla común, pres- 
tándose mutuo auxilio en todas las funciones de su ministerio, y man- 
teniéndose con piadosas conferencias en el espíritu de su santa vo- 
cación 



MISCELÁNEA 79 



2. La sola idea de la Asociación manifiesta ya sus beneficios: Pro- 
curar al sacerdote secular gran parte de los auxilios déla vida reli- 
giosa; ofrecerle una regla de conducta que con el ejemplo y la com- 
probación proteja eficazmente la vida interior, y no esté, como nues- 
tros vagos reglamentos, sometido á los caprichos de la naturaleza; 
unirlo más íntimamente á sus hermanos, creando entre el clero re- 
laciones más estrechas y santas; salvarle del aislamiento y defen- 
derle contra la disipación por medio de reuniones frecuentes en que 
se comuniquen con confianza fraternal, ideas, proyectos, tentativas 
y obstáculos; proporcionar la cooperación de amigos sinceros y lea- 
les que colaboren en sus trabajos como en los suyos propios; asegu- 
rarles, en fin, en vida y después de la muerte, abundantes socorros 
espirituales: tales son las principales ventajas de la Asociación. Co- 
-mo consecuencia natural, esta feliz influencia se extiende á los fieles, 
.y á todas las diócesis. 

3. La Asociación no tiene, pues, por objeto separar sus miembros 
del resto del clero, y establecer una división funesta. Nada más 
opuesto á su espíritu, que es espíritu de caridad y de concordia. Su 
ley fundamental es la asistencia espontánea y generosa en todas las 
necesidades del ministerio sacerdotal, no sólo para los asociados, 
sino para todos los sacerdotes indistintamente. Sometida en absolu- 
to á la autoridad diocesana, no pide privilegio ni favor para los su- 
yos; si algo pudiere pretender, serán los puntos más laboriosos y 
obscuros. 

4. Los puntos fundamentales de la Asociación son los siguientes: 
1. La Regla^ vínculo principal de esta Asociación piadosa y su vital 
principio. II. El Boletín Mensual, en que cada noche se anotan las 
infracciones de la regla: á fin de mes es remitido al superior, que lo 
devuelve con advertencias útiles. Esta molesta práctica es precisa 
para asegurar el cumplimiento del reglamento: está en vigor en 
todas partes. III. Las Reuniones más ó menos frecuentes, según los 
tugares. Donde los asociados son numerosos se dividen en grupos, 
que se reúnen cada uno en un sitio céntrico. Práctica bastante ex- 
tendida es la de hacer en común cada mes el día de retiro. IV. Las 
obras del celo, principalmente el reclutamiento de sacerdotes, y el 
estímulo de las vocaciones eclesiásticas. V y último. La vida en co- 
mún donde sea posible. 

5. Las Asociaciones sacerdotales de las diversas diócesis forman 
una vasta confraternidad, con el nombre de Unión Apostólica. Están 
unidas á un centro común por lazos, no de dependencia, pues que- 
dan en absoluto bajo la autoridad diocesana, sino de caridad. En el 
hecho de afiliarse á la Unión general, todos los asociados sin distin- 
ción de diócesis, ponen en común sus oraciones y buenas obras y 
participan de los favores otorgados á la Unión por la Santa Sede. 

6. Tal es esta institución que, fundada en Francia hace veinticinco 



80 



MISCELÁNEA 



años, se híi extendido mucho, con resultados excelentes. Alentada 
por los Obispos, honrada por tres Breves de Pío IX, recomendada á 
la atención de los Padres del Concilio Vaticano, ha merecido la alta 
aprobación djs León XIII que, en carta al Presidente general de la 
Unión la recomendaba con sumo interés á todo el clero. Patrocinada 
por la Santa Sede y por el Episcopado, parece responder A una ne- 
cesidad de estos tiempos y hallarse destinada á desempeñar provi- 
dencial misión en la Iglesia. 

7. Todas las Asociaciones están bajo el Patronato del Sagrado 
Corazón de Jesús: los asociados le consagran sus personas, sus in- 
genios, sus fuerzas, todo su ministerio. Se comprometen á tributar- 
le culto especial, y hacerle amar y venerar por todos los fieles. ¡Oja- 
lá los sacerdotes animados de tierna devoción al Corazón divino, in- 
gresen en estas piadosas familias, que les suministrarán tan pode- 
rosos medios para trabajar en la obra de su gloria, de su santifica- 
ción y de la salvación de las almas! Crean en la dulce experiencia de 
sus Hermanos, ó más bien en las mismas palabras de nuestro Salva- 
dor, que ha dicho: Ubi dúo vel tres Juerint congregati in nomine 
meo, ibi sum in medio eorum. 

El Superior general reside en París, 25, rué Humbold (Francia). 




i22xoxaa3: 







:ju:,ixxTirrmxiTTim. 



^ 



La Literatura Catalana en el siglo xix "* 



(Conclusión.^ 



SEGUNDA FASE DEL RENACIMIENTO. — LA NOVELA Y EL GÉNERO 

DE COSTUMBRES. 



Primeros ensayos: (Bofarnll, Thos y Codiiia, etc.)— Progresos y estado actual de la novela 
en Catalnña: (Vidal y Valenciano, 011er, Pin y Soler, Bosch de la Trinxería, Genis, et«.\ 

Emilio Vilanova. 




AY quien encuentra muy razonable y legítimo el 
uso del catalán en poesía, é inútil ó vitando en la 
prosa, sin distinguir entre la didáctica 3^ la narra- 
tiva ó amena; mas tengo para mí que es á todas luces in- 
sostenible semejante criterio, y que aún pueden confiarse me- 
jor á una lengua distinta de la materna y local las intimida- 
des del lirismo subjetivo y la interpretación de los conflic- 
tos 3' pasiones dramáticos, que la pintura de costumbres, 
(con la verdad que hoy se exige de la novela) cuando el es- 
critor necesita traducir, no solamente sus propios concep- 
tos, sino los diálogos y los nombres de cosas y personas. 



(1) Véase la pág. 401 del anterioi" volumen. 
La Ciudad de Dios.— Año X!l!. ->ÍDm. 221). 



82 LA LITERATURA CATALANA 

con lo que por fuerza ha de privar á la narración de encanto 
y colorido. Por eso escasean tanto los novelistas que hayan 
ido á buscar fuera del suelo patrio inspiración y asunto, y 
hecho hablar ásus héroes con palabras exóticas dentro del 
medio social en que se les presenta. Y al fin, cuando se in- 
terpone una larga sucesión de siglos ó distancias que borre 
la inverosimilitud con la lejanía de la perspectiva, aún pue- 
de permitirse lo que, no mediando aquella circunstancia, di- 
fícilmente se concilla con las leyes más elementales del arte 
de novelar, tal como se entiende en nuestros días. 

Quizá no tuvieron plena conciencia de estas verdades, 
guiándose exclusivamente por confuso aunque enérgico ins- 
tinto de amor á su tierra natal, los autores que primero se 
adelantaron á ensayar la prosa narrativa en lengua cata- 
lana, ó más bien á restaurar la tradición interrumpida en 
Tirant loBlanch. Así lo hizo D. Antonio de Bofarull pocos 
años después de haber logrado, junto con otros colegas, el 
restablecimiento de los Juegos florales, publicando la rela- 
ción histórico-novelesca á que dio el título de L'Ovfaneta 
de Meiiargiies ó Catalunya agonisant (1), proponiéndose 
describir la situación del Principado después de subir al 
trono D. Fernando de Antequera. Van supeditados en esta 
obra los elementos artísticos á la intención, sobre la que 
hubo de hacer varias salvedades Milá y Fontanals, afirman- 
do que Bofarull la lleva demasiado adelante al juzgar al in- 
fante de Castilla, ó cuando derrama sobre su inmediata su- 
cesión tin tinte siniestro {tinte que no seria dificil apli- 
car a muchas otras dinastías y d muchos periodos histó- 
ricos), ó cuando mira con cierto despego, sin que por esta 
deje de complacerse en las pinturas de sns santas vir- 
tudes, al insigne varón que es una de las mayores y más 
puras glorias de nuestras provincias (San Vicente Fe- 
rrer). Se ve, por otra parte, que no entusiasmaba á Milá el 
mérito literario de LOrfaneta de Menargues, cuyo lengua- 
je, además, tilda de poco castizo. 

En el mismo año en que se dio á la estampa la novela 



(1) Barcelona, 1862. 



E.\ EL SIGLO xrx 83 



do Bofarul], proponía el Consistorio de los Juegos florales 
un premio á la mejor composición en prosa catalana. Obtu- 
vo accésit D. Terencio Thos y Codina por su cuento La veu 
de la castellana, con el cual y otros similares formó Lo 
Ilibre de l'infantesa, ó Rondallari cátala (1), mucho más 
breve y de plan más sencillo que el copioso de D. Francisco 
Maspons y Labros (2), y sin las concordancias é ilustra- 
ciones que tanto avaloran el último. La literatura folkló- 
rica, que cuenta en Cataluña con numerosos y fervientes 
cultivadores, y que es uno de los fines acariciados con fruto 
y constancia dignísimos de loa por las varias asociaciones 
de excursionistas que allí se han establecido, debe al señor 
Maspons la dicha de poseer restauradas, en la genuina forma 
que les conviene, múltiples reliquias de la tradición y el arte 
populares. 

Ya sabemos que desempeñó la misma tarea, aunque en 
diverso sentido, el colector de Cansons de la térra, Fran- 
cisco Pelayo Briz; pero no existiendo nada relacionado con 
el florecimiento literario de su región á que no aplicara 
aquella actividad admirable en medio de sus fracasos, defi- 
ciencias y extravíos, de la que es demostración el simple 
catálogo de sus obras, también compuso novelas originales 
como Lo Coronel de Anjou (1872) y algunas ^de fecha pos- 
terior. 

Citaré aquí en grupo á varios autores que sólo coinciden 
en seguir procedimientos distintos de los que hoy privan en 
el género novelesco: tales son J osé Feliú y Codina {La Dida^ 
Lo Rector de Vallfogond), José Martí Folguera {Lo Cara- 
girat), Antonio Careta y Vidal {Brosta, Las conseqüen- 
cias. Cor y sonch), María de Bell-lloch {Narracions y Lle- 
gendas, Vigatans y Botiflers) y Agna de Valldaura {Tra- 



(1) Barcelona, 18bó. 

(2) Lo Rondallayre; Quenfos popular s catalans... Consta de tres 
series, publicadas sucesivamente en 1871, 1872 y 187"). Puede conside- 
rarse como complemento el volumen II de la Biblioteca de Folklore 
cátala. De análogo carácter son las dos obras del mismo autor, /oc/ís 
de la Injancia (1874) y Tradicions del Valles (1876). 



84 



LA LITERATJRA CATALANA 



dicions religiosas de Catalunya, i^?///«r<7<:a), pseudónimos 
los dos últimos que usan respectivamente Doña Pilar Mas- 
pons y Labros y Doña Joaquina Santamaría. 

Para ver el tránsito del germen al florecimiento, de las 
modestas tentativas apuntadas á las obras de Narciso OUer 
y otros novelistas que luego se citarán, hay que fijarse en 
uno que ha logrado hacerse estimar de dos generaciones 
distintas, y que sin abdicar de su idealismo á lo Trueba y 
Fernán Caballero, lo combina con cierta afición al detalle 
gráfico, de lo cual, no menos que de su tendencia moraliza- 
dora y su ferviente espíritu religioso, tenía innumerables 
muestras en aquellos mismos modelos. No cabe confundir 
la estirpe de los Cuadros de costumbres catalanas (1) con 
que se dio á conocer D. Cayetano Vidal y Valenciano (2), 
y en que trataba de fijar, embelleciéndola por medio de adi- 
ciones y supresiones, la imagen del labriego de su comarca, 
como habían hecho con la clase popular de las Vascongadas 
y Andalucía los autores de Marisanta y La Gaviota. 

Su imitador en Cataluña no enmudeció ante la preponde- 
rancia de las corrientes naturalistas; antes bien, volviendo 
los ojos con cariño á los días de sus mocedades, mezclando 
en delicada trama los hilos de dorados recuerdos y predi- 
lecciones artísticas no entibiadas por su contraste con las 
nuevas modas traídas últimamente de París, se atrevió á 
interpretar un idilio campesino con vaguedad de color ár- 
chiplatónica y.lamartiniana y con mansedumbre candorosa^ 
que campean triunfantes por encima de tal cual accesorio 
enérgicamente realista. El título de Rocío de verano (3), im- 
puesto á la obra; su asunto, que en lo fundamental se redu- 
ce á los amores desgraciados de cierto aspirante á notario, 
prototipo de nobles y generosos sentimientos, y \xn?í pubilla, 



(1) Coleccionados bajo el epígrafe común de La vida en lo cainp 
(Barcelona, 18b7). Comprende este tomo cuatro narraciones: Confian- 
sa en Deu (publicada ya por primera vez en 1861); La piibilla del 
Mas de Da.lt\ Qiii endavant no mira., envera can; Mes val tart qne 
inay. 

(2) Acaba de morir en Villafranca del Panadés, su pueblo natal. 

(3) Rosada d'estiu^ Barcelona, 1886. 



EN EL SIGLO XIX 85 



de alm¿^ igualmente hermosa, pero de mucho mayor caudal, 
impíamente sacrificada por su padre al hacerla esposa de un 
hereii rico, incapaz de amarla ni de nada bueno; el espíritu 
y la forma de la narración, los caracteres principales, que 
son personificaciones del vicio y de la virtud antes que in- 
dividuos de carne y hueso, con fisonomía propia y concre- 
ta; todo hace ver en Vidal y Valenciano al defensor inteli- 
gente y fervoroso del romanticismo espiritualista, aunque 
al mismo tiempo su cultura clásica, su conocimiento del es- 
cenario en que se desenvuelve la acción, y la visible solici- 
tud por imitar á Cervantes (la cual le arrastra á desco3''un- 
tar las frases y desnaturalizar el estilo, pero en cambio le 
preserva de otras caídas quizá más graves), sirven de freno 
á los extravíos de la imaginación, templan con la variedad 
de tonos la monotonía del color de rosa, sanean y robuste- 
cen el sentimentalismo que palpita «^n Rosada d'estiu. Si no 
fuese por la afectación de que antes he hablado y que con- 
vierte á trechos el relato en ingrata labor de taracea, val- 
dría mucho más y se leería con mayor gusto la obra, nota- 
ble de todos modos, original y simpática, de Vidal y Valen- 
ciano. 

A diferencia de él y de los demás novelistas catalanes, 
hay uno cuya fama ha traspuesto los reducidos límites de 
la región natal, y aun de España entera, leído en la patria de 
Zola y encomiado por el pontífice del naturalismo, que no le 
reconoce por de su escuela, pero sí las raras cualidades que 
él especifica con acierto y que toda persona de gusto advier- 
te en cualquiera producción, extensa ó breve, de Narciso 
011er. A la segunda clase pertenecen los Croquis del natu- 
ral (1) y las Notas de color ^ donde ya despuntan sus futu- 
ros procedimientos de observación y composición dirigidos 
á evocar con minuciosos rasgos y exuberancia de vida la 
realidad ínfima y ordinaria, los incidentes con que se tro- 
pieza á cada paso y cuya poesía no sospechan la mayor par- 
te de los hombres, pero todos la sienten cuando el mágico 
reguero de luz que brota de una pluma como la de Oller, 



(1) Barcelona, 1879. 



86 LA LITERATURA CATALANA 



hermosea las tosquedades aparentes, realza lo pequeño, saca 
á la superficie y abrillanta con sus reflejos la obscurecida 
virtualidad estética. Si en esto se conforma el novelista ca- 
talán con la costumbre de cuantos lo son de veras actual- 
mente en casi todas las naciones de Europa, se distingue de 
ellos, y ma3''ormente de la escuela francesa, en el interés 
que le inspiran sus propias creaciones, en el cariño ó la an- 
tipatía que demuestra á los personajes, en la emoción cons- 
tante y no disimulada con que se dirige á los lectores ha- 
ciéndoles de ella partícipes, en vez de afectar ceñudo des- 
vío ó impasibilidad marmórea. 

Refiriéndome á aquellas narraciones cortas de 011er más 
vulgarizadas, por estar traducidas al castellano d), ¡qué he- 
chizo tan irresistible, qué honda y patética melancolía no 
encierra el contraste entre las lágrimas y el abandono de El 
chico del panadero, arrojado de la casa en que le daban de 
comer, y la felicidad de la amiguita rica que le enseña sus 
juguetes y que se olvida del pobre huérfano con inconscien- 
cia cruelmente candorosa! ¡Qué estudio psicológico el de El 
trasplantado, que entre el bullicio de Barcelona se siente 
morir de tristeza recordando su pueblo natal! ¡Qué pinturas 
las de Recuerdos de niño, Angustia y una visita! ¡Qué ma- 
ravillosos caracteres los de la planchadora Anita y su es- 
poso Lorenzo en El bofetón; sobre todo él, tímido cordero 
al principio, que se convierte en calavera de lance, pone 
brutalmente su mano en el rostro de la mujer á quien tanto 
ama, y castiga después el inmerecido ultraje cortándose la 
mano con que lo infirió! Nada diré de Mi jardín y La peor 
pobresa, nada de otros cuadros á cual más delicados é inte- 
resantes; sólo he de recordar á los que conozcan Lo drama 
de Vallestret (2), la afinidad que guarda con El bofetón y 
la maestría con que está hecho el retrato moral del prota- 
gonista, de su crimen, sus vacilaciones y remordimientos 
expiatorios. 



(1) Al fin de la edición de La Mariposa, publicada por la Biblioteca 
Arte y Letras, Barcelona, 1886. 

(2) Coleccionado con varias novelitas de 011er en el tomo De tots 
colors (Barcelona, 1888). 



EN EL SIGLO XIX 87 



Hay en este último trabajo de Oller algún toque natura- 
lista de todo punto inútil, por no decir desentonado; y lo 
mismo sucede con las novelas de mayor extensión, en que 
descubre una faceta nueva de su ingenio sin acudir á otro 
recurso que el de trasladar al lienzo sus croquis, dilatando 
las líneas y añadiendo á la mayor firmeza de los trazos los 
esplendores del colorido. Así nació La Mariposa (1), la 
más fresca y genial de sus producciones, ya que en mérito 
absoluto la aventajen otras, trasunto fiel de la sociedad 
barcelonesa representada por típicas personalidades, en el 
cual la exuberancia de luz, vida y movimiento se mezcla 
con el vigor del análisis y la suavidad conmovedora y ele- 
giaca. 

Alude el nombre de La Mariposa, no á la mujer coque- 
ta, como podría sospecharse, sino á un personaje del sexo 
masculino, galanteador de buenos instintos y malas obras; 
á un estudiante de Derecho que simpatiza demasiado con 
la costurera de la casa de huéspedes donde él vive, y labra 
la desdich:^ de su crédula amante. El drama de la pasión 
juvenil, con su prólogo de anhelos vagos y ocasiones tenta- 
doras, su nudo de atracciones y repulsiones determinantes 
déla caída, y su desenlace prolongado, en que á las protes- 
tas de fidelidad eterna suceden el olvido y la ingratitud del 
seductor, la angustia y el baldón de la seducida; se va pre- 
sentando á los ojos de los lectores casi al desnudo, ó si se 
quiere, cubierto con finísima gasa, pero no á la luz mezqui- 
na del determinismo fisiológico, sino á la de un concepto 
razonable de la naturaleza humana y la sociedad, concepto 
harmónico que ve en una y otra la coexistencia de lo bueno 
y lo malo. 

De fijo que Oller no se propuso seguir ningún sistema 
artístico a priori^ pero guiado por su anhelo de verdad y 
de belleza, modeló atinadamente las figuras de Luis y To- 
neta, de la señora Madrona en cuyo cariño de segunda ma- 
dre encuentra la pobre muchacha engañada alivio á su te- 
rrible desventura, de los Señores de Castellfort, y de la se- 



(1) La Papallona. Barcelona, 188J. 



88 LA LITERATURA CATALANA 



ñora Pepa, la patrona de huéspedes, para no citar los 
personajes de último término. 

No lleva razón Zola, en mi sentir, cuando tilda por de 
efecto patético algo burdo la escena en que aparece Toneta 
con furia de loca arrebatada lanzándose sobre el ataúd de 
un niño que ella cree ser el suyo, dando lugar á que por la 
muchedumbre de los espectadores se levante el oleaje de 
murmuración amenazadora contra soñados crímenes mis- 
teriosos; hay aquí, por el contrario, intensa verdad fielmen- 
te reflejada por la imaginación del novelista. Lo que no 
tiene justificación fácil, aunque sirva para deslumbrarnos 
con un final de novela muy patético, es que Luis, persi- 
guiendo con insistencia á doña Mercedes y en busca de una 
conquista, vaya á dar consigo en la vivienda de su olvidada 
amante, ya casi moribunda, y se case con ella m extremis^ 
viéndola expirar á su lado pocas horas después. 

Júntense las antedichas cualidades de Narciso 011er— 
su espíritu de observación, su exquisita sensibilidad, su ta- 
lento para graduar el interés de la fábula — con la vena sa- 
tírica que se desborda contra el vicio más sórdido de cuan- 
tos pueden envilecer al hombre, }'• se comprenderá el carác- 
ter genérico, ya que no el particular y distintivo de Ues- 
canya-pohres (1), terrible mesa de disección sobre la que 
aparece descuartizado el usurero de aldea que sale de la 
nada y chupa el jugo de cuanto en su derredor tiene asomos 
de vida, no para procurársela él próspera y libre, sino 
amargada por roedoras inquietudes, que sólo interrumpe el 
placer soltarlo y vil de contemplar á hurtadillas el oro api- 
lado en sus arcones á expensas de la felicidad ajena y de 
la propia. Al encontrarse OUer con este tipo de monomania- 
co repugnante, le persigue con progresiva indignación, se 
goza en atormentarle con los fantasmas del miedo, y le va 
preparando una muerte digna de tal vida y en la que el ele- 
mento trágico se confunde con los horrores del melodrama. 



(1) Novela premiada por el Consistorio de los Juegos florales de 
Barcelona en 1884, é incluida en el tomo de los trabajos del mismo 
año (páginas 141 á 201). 



EN EL SIGLO XIX 89 



Más serenidad y elevación hay en Vilaniu (1), novela 
recibida con frialdad injusta, puesto que por la amplitud 
del cuadro, por la riqueza de color local, por lo nuevo de 
la empresa, felizmente realizada, de hacer revivir las cos- 
tumbres políticas y domésticas de una población exigua an- 
tes del último movimiento revolucionario que tan profunda- 
mente transformó la sociedad española en general, merecía 
la obra de 011er, cuando menos, atención seria, que muy 
pocos le consagraron. Por otra parte, el estudio de carac- 
teres, el proceso de la calumnia ayudada por la complicidad 
inconsciente de los que le dan curso como á moneda de 
buena ley, todo lo que se refiere á la lógica de las pasiones 
humanas, se presenta en Vilaniu con vigoroso relieve y 
fuerza de convicción incontrastable. 

Puesto ya á buscar lo grande, así en el asunto como en 
la ejecución, y atraído por esa esfinge del mundo contempo- 
ráneo que se llama la Bolsa^ ambicionó Oller consagrarle 
una de sus obras, cuya primera parte se apresuraba á lan- 
zar al público, cuando supo que Zola iba á hacer lo mismo 
con L'argent^ para que no pudiera acusársele de plagiario 
por fortuitas coincidencias. No resultó justificada la pre- 
caución, pues aparte del pensamiento inicial, más bien exis- 
te antítesis que analogía entre el corte épico de Saccard y 
Gunderman, y el adocenado y vulgarísimo de los banque- 
ros y negociantes que desfilan por las páginas de Lafebre 
d'or (2). 

Con esto queda indicado en pocas palabras el defecto 
de la última novela de Oller, cuyas aptitudes admirables 
para todo lo que sea visión de la realidad dentro de ciertos 
límites, ó finura de análisis, ó delicadeza efectiva, no sirven 
quizá en el mismo grado para seguir en su evolución fenó- 
menos tan complejos como los que engendra la fiebre del 
oro, ni para hacer sentir con toda su intensidad las enérgi- 
cas palpitaciones del organismo social invadido por una 
crisis suprema. Si por un instante se prescinde de las exce- 



(1) Barcelona, 1886. 

(2) Barcelona, 1891, 1893. (Tres volúmenes.) 



90 LA LITERATURA CATALANA 

lencias que en diversos sentidos avaloran la prolija labor 
del novelista catalán, fijándose en los componentes primor- 
diales, vemos que todos los cambios aleatorios del ñujo y 
reflujo de la riqueza se achican y reducen al personificarse 
en el encumbramiento y la caída súbita de un pobre diablo 
con quien juega la fortuna, como olas de un mar embrave- 
cido que con la distancia parecen eco débil de sí mismas. 

Gil Foix, el protagonista de La Febre d'or^ no desmien- 
te nunca su procedencia de ex-carpintero avaricioso, sin 
otra instrucción que la de las prácticas mercantiles, adqui- 
rida en un desdichado viaje á la isla de Cuba, y utilizada en 
negociaciones progresivamente fructíferas: es un hombre 
que á duras penas mide la talla de burgués aprovechado, 
y carece no sólo de genio, sino de resolución y energía 
francas. Entre el coro de parientes que le rodean, se distin- 
guen dos grupos, el de los que le quieren y el de los que le 
explotan y arruinan. Sobre el nivel de todos ellos se desta- 
can dos figuras: Doña Mónica, madre política del banquero, 
y Francisco, su cuñado, el pintor que con las bruscas sacu- 
didas de su humorismo trae continuamente á la memoria de 
la familia de Gil Foix las máximas del buen sentido, ridicu- 
lizando el fausto de que aquélla alardea, y con la amargura 
del desvío y la mordacidad consigue curar los malos resa- 
bios de pedantería y ligereza que deforman el carácter de 
La Delfineta, su sobrina, y más tarde su consorte. 

El idilio de estos amores, que, como flor entre ruinas, 
surge de la catástrofe que hunde en la miseria y el descré- 
dito la casa de los Foix, pudo haber tenido en 011er intér- 
prete feliz; pero sólo está apuntado en cifra y con la sobrie- 
dad que hubiera debido emplearse más bien al referir las 
correrías galantes del banquero en París. No se necesita ser 
adversario de Zola y el naturalismo para persuadirse de lo 
mucho que ganaría la novela invirtiendo el orden de impor- 
tancia concedido por el autor á entrambos episodios. 

Apreciando en conjunto La Febre d^or^ se colige como 
consecuencia que Oiler ha ido ganando en un terreno lo 
que ha perdido en otro; que su tacto de narrador experi- 
mental crece á expensas de la frescura imaginativa y la in- 



EN EL SIGLO XIX 91 



tensidad del sentimiento; y, en resumen, que para no extre- 
mar sus cualidades nativas, las cohibe más de lo justo, no 
sé si en aras de convicciones personales, ó de los caprichos 
de la moda. 

Bien al contrario procede otro novelista catalán á quien 
ya conocen mis lectores como autor dramático, y de cuya 
pluma han brotado La Familia deis Garrigas (1), Jaiime (2) 
y Niobe (3), serie ligada por tan estrecho vínculo de afinidad 
y dependencia como el que podría haber entre las partes de 
una misma narración. La espontaneidad absoluta y sin tra- 
bas, el desenfado versátil con que se produce en las tres 
obras mencionadas José Pin y Soler, constituyen el atrac- 
tivo más poderoso de cuantos las embellecen, pero también 
el principio disolvente que las despoja de proporción y me- 
sura, y que así en el fondo como en el plan, estilo y lengua- 
je, tiende ala originalidad no siempre por el buen camino. 
Lo único que asemeja las obras de Pin á las de la escuela 
naturalista, es la multitud de documentos humanos recogi- 
dos directamente con esmero y prolijidad del libro de la ex- 
periencia; así como la índole de la fábula, el modo de con- 
ducirla, y más aún los golpes de efecto que en ella nos sor- 
prenden, produciendo un interés de mera curiosidad, perte- 
necen al género romántico de antigua casta. 

A despecho de las deficiencias de ejecución, está evoca- 
da con realidad intensa la historia de la familia de los Ga- 
rrigas, comenzando por el amo de la massia del Molino 
Viejo, tipo de la autoridad paterna que no abdica ni condes- 
ciende, continuando en sus hijos, el hereii, de alma atrave- 
sada é indócil, y el segundón Jaime que, cansado por los dis- 
gustos domésticos, sin vocación para la carrera eclesiásti- 
ca, y enamorado déla de artista, cuyas peripecias prefiere 
ala tranquilidad, para él monótona, del Seminario, huye al 
extranjero y sufre los horrores de la miseria antes de rea- 
lizar sus sueños de oro; y acabando por el grupo lastimero 



1 



(1) Barcelona, 1887. 

(2) Id., 1888. 

(3) Id., 1889. 



92 LA LITERATURA CATALANA 

de la tía Pona (Josefa), la Mercedes y Narciso, hijos tam- 
bién, bastardo el último, del anciano Ramón Garriga. 

En el título de la segunda novela de Pin y Soler {Jaume) 
se declara suficientemente quién es su protagonista, acerca 
del cual recibimos noticias atrasadas, antes de seguirle en 
sus glorias y fracasos musicales, y en sus amoríos con la 
hija de cierto ricacho que no le quiere por yerno (Guadalu- 
pe Salvat) y con una cantante célebre (la Paulina). Al mis- 
mo tiempo que se frustra el matrimonio de Jaime, se efectúa 
el de su hermana con un hombre que no llena su corazón, 
porque en él conserva, como impuro rescoldo entre cenizas, 
vivísimo afecto hacia el compañero de la infancia que un día 
apareció ante sus ojos como un hermano, sin que bastasen 
ni las distancias ni lo terrible del descubrimiento á romper 
el vínculo de la secreta pasión incestuosa. Al presentarla 
convertida en sacrilego frenesí por la circunstancia agra- 
vante de ser ya sacerdote Narciso y de encontrarse Merce- 
des en los últimos instantes de la vida, no sólo traspasa el 
autor los límites de toda razonable libertad, sino que desfi- 
gura en la forma más inverosímil y antipática el carácter 
de los dos personajes y de la narración, en la que concluye 
lo accesorio por usurpar el puesto de lo principal. 

Niobe^ que es el libro con que cierra Pin y Soler su trilo- 
gía, es también lo más equilibrado de cuanto ha escrito, lo 
que denota más penetración y estudio dentro de lo vulgar 
de la fábula, reducida en síntesis á la historia de los afanes 
estériles que atormentan á Ramón Garriga, hijo natural de 
Jaime, para buscar y conocer á la infeliz madre que le llevó 
en su seno, y que, anhelosa del mismo objeto, se ve conde- 
nada á sufrir iguales desengaños y á llorar como la heroína 
mitológica que da nombre á la novela. Por lo sincero y pro- 
fundo del sentimiento, hay en ésta páginas, las finales muy 
en particular, que causan imborrable emoción y compen- 
san lo prolijo y dislocado de algunas digresiones. 

En igual fecha que la primera obra de Pin y Soler se pu- 
blicaron reunidos los Recorts d'tin excursionista (1), por 



(1) Barcelona, 1887. 



EX EL SIGLO XIX 93 



Carlos Bosch de la Trinxeria, que en sus trabajos posterio- 
res (1) ha continuado fiel al propósito que aquel título indi- 
ca, de evocar ingenuamente y sin artificios el mundo de im- 
presiones personales recibidas en el consorcio íntimo con 
una naturaleza fuerte y primitiva, cuyos encantos ha senti- 
do Bosch como fervoroso neófito iniciado en recónditas be- 
llezas, inaccesibles á la mayoría de los que viven entre el 
vértigo y la molicie de nuestra refinada civilización. Lo 
malo es que con ese distintivo de originalidad laudable se 
mezclan otros de candidez pueril, anén de la incoherencia 
en los conceptos, de las confidencias intempestivas y las fal- 
tas del estilo; todo lo cual desentona y mortifica hoy doble- 
mente por el esmero nimio de que alardean, por lo común, 
los maestros de la escuela contemporánea. ¡Cuánto gana- 
rían los paisajes, las escenas rústicas, las copias del natural 
que vemos en las obras de Bosch, con un soplo de depura- 
ción artística que hiciese desaparecer las escorias y orde- 
nara los materiales hacinados y dispersos! Porque no es po- 
tencia creadora, ni talento para estudiar los caracteres, ni 
menos vigor plástico en las descripciones lo que falta al au- 
tor, sino gusto fino y educado, corrección y gracia, arte y 
lima, cualidades que no basta á suplir una espontaneidad 
simpática en parte, pero desmedida y viciosa. 

Ajeno del todo á las oscilaciones y los caprichos de la 
inoda en asunto de novelas, idealista á lo Chateaubriand 
con decidida pasión por los amores tristes y los vagarosos 
fantasmas de la melancolía, aunque sin el corrosivo dejo de 
Átala y René^ alcanza Martín Genis (2) una representación 
especial entre los novelistas catalanes, completada por el 
sabor al terruño patrio que domina en sus obras, y por 
el exquisito atildamiento de la frase. Procede del Eshavt de 
Vich, como Verdaguer y Collell, y bien lo manifiesta en el 



(1) Plá y montanya (1888); Vhereu Noradell (1889); De nía cullita 
(1890); Vhen'eu Subirá (1891;; Montalba (1892); Tardaiüas (1892). 

(2^ Julita^ Viflb.— Novelas {Sota un tarot, Mercé de Bellamata, 
Quadros del cor, Recorts d' una nit), Barcelona, 1882.— La Revuela 
del Cadi, novela de costums^ Barcelona, 1892. 



94 LA LITERATURA CATALANA 

fondo y en la forma de sus narraciones, sobre todo en la úl- 
tima que acaba de publicar, La Reyneta del Cadi, historia 
autobiográfica de un enamorado, cuyo ídolo, en que se ci- 
fra la perfección asequible á las criaturas humanas, es uno 
de esos ángeles en carne, seres misteriosos é ideales que 
puso en boga el romanticismo, y ostenta como remate de 
su hermosura el nimbo de la santidad. La riqueza del voca- 
bulario que usa Genis y el empeño de sustituir las palabras 
corrientes con otras de rancia estirpe, dificultan notable- 
mente la inteligencia de sus obras á los que no conocen 
muy al pormenor los secretos de la lengua catalana. 

Cultiva el género sentimental é idílico, con harto menor 
fortuna que Genis, su compatriota LuisB. Nadal, con cuyas 
novelas {Margaridoya, Benet Roure, etc.) coinciden por 
su espíritu timorato y su extraordinaria simplicidad las de 
José María Valls y Vicens {Mas memorias, L' exemple, 
Giiideta, Lo segador)^ en que asimismo domina el carácter 
moralizador y doctrinal de la manera más imperiosa y es- 
cueta que puede concebirse. 

No he de omitir aquí el nombre deJoaquín Riera y Bertrán, 
á cuyas numerosas producciones líricas y dramáticas se aña- 
den las siguientes narrativas y en prosa Escenas de la vida 
pagesa (1878), Deu narracions, Novelas premiadas ( Toméu 
Boncor, Lo poblé del Alstnar), y Escenas de ciutat (1893). 
Entre los novelistas catalanes que han hecho reciente- 
mente sus primeras armas, figuran Juan Pons y Massaveu, 
autor de E auca de la Pepa (1893), y que antes había pu- 
blicado Cuadros en prosa y La colla del carrer ; Dolores 
Montcerdá, que en algunos capítulosdeLa A/6>«ís^rr<2í (1893) 
demuestra rara perspicacia, desembarazo y brío; Cayetano 
Soler (Tresina) y algunos otros ingenios que no es necesa- 
rio puntualizar. 

Hay uno muy notable, celebradísimo por sus paisanos, 
que admiran en él al pintor delicado y verídico de las cos- 
tumbres barcelonesas, al conocedor instintivo y profundo 
de la clase popular de su país, retratada en sus cuadros con 
mezcla de aire burlón y simpatía candorosa; al humorista 
singular que así arranca al lector más displicente estrepito- 



EN EL SIGLO XIX 95 



sas carcajadas, como remueve las sutiles fibras de la ternu- 
ra. Sin embargo, la misma perfección de Emilio Vilanova (1) 
dentro de su esfera, el adaptarse á un medio social restrin- 
gido de particu'ar y típica fisonomía, la casi ninguna seme- 
janza que existe entre el gracejo catalán y el genuino de la 
literatura castellana, harían inaccesible á nuestro autor 
para la mayor parte de los españoles en caso de que se tra- 
dujeran sus libros al idioma nacional. Es preciso estar fa- 
miliarizado con el microcosmos de lugares y personas que en 
ellos se exhibe, para saborear el mérUo de la copia; es pre- 
cisa una disposición de ánimo que difícilmente conseguirá 
quien no haj'-a nacido en Cataluña, para asimilarse el jugo 
de este prosista, algo semejante, sí, por ciertos rasgos acce- 
sorios de bondad risueña y comunicativa, á Mesonero Ro- 
manos, y en ocasiones, cuando carga las tintas y recurre 
al figurón, á Luis Taboada y otros periodistas festivos; pero 
que siempre conserva algo de personal y no imitado de na- 
die, algo que se resiste al análisis y á la crítica. 

No ha escrito Vilanova narraciones de bastante exten- 
sión para que quepa darles el título de novelas, sino que se 
limita á reproducir, como por fotografía instantánea, esce- 
nas cómicas ó sentimentales, cuando no son las dos cosas á 
la vez, reduciendo la acción á sus proporciones mínimas, 
presentando los caracteres no más que bosquejados, y com- 
placiéndose, sobre todo, en la animación, vivacidad y colo- 
lorido del diálogo, tras el que se adivina el alma ingenua 
del autor, con su optimismo sano é impresionable. Por eso 
las emociones agridulces que él siente primero y que tras- 
mite á sus lectores, cruzan rápidas y fugaces sin llegar á 
los profundos senos del corazón, parecidas á un celaje diá- 
fano por donde asoman alternativamente los rayos de la ale- 
gría bulliciosa y los de la tristeza suave y resignada. 

Observaré, en fin, que con ser Vilanova realista en los 



(1) Del meu tros.— Entre familia.— Quadros populars.— Escenas 
barceloninas.—Monólechs y quadros.— Pohrets y alegréis.— Gent de 
casa.—Plorantyrient. 



96 



LA LITERATURA CATALANA EN EL SIGLO XIX 



procedimientos, no sólo pone en sus cuadros vigoroso sello 
individual y subjetivo, no sólo ve las cosas á través de sus 
aficiones, sino que suprime instintivamente lo que está en 
desacuerdo con ella, combinando la libre selección de los 
hechos con la fidelidad al reproducirlos. 

f R. J'^RANCISCO JBlANCO pARCÍA 
Agustiniano 




La Sagrada Forma del Escorial 



(1) 



II 




L año pasado dimos á conocer á los lectores de La 
Ciudad de Dios la historia verdadera de esta Sa- 
grada Forma, desde que fué profanada hasta su 
entrega definitiva á este Real Monasterio, y medio ofreci- 
mos para más adelante continuarla hasta nuestros días si 
nuestras fuerzas lo permitían. Veamos hoy de dar cumpli- 
miento á esta casi promesa. 

El lugar primitivo en que se veneró esta Sagrada Forma, 
después de traída á esta Real Casa, fué el relicario que se 
halla en el altar de Nuestra Señora de la Anunciación al 
frente de una de las naves laterales de la regia basílica. 
Allí fué colocada dentro de la misma arquita en que la Mar- 
quesa de Navarres la había regalado á Felipe II, sin más 
modificación que la de substituir la cajita de madera y al- 
godones en que se hallaba, por otra de plata dorada y un 
corporal pequeño ajustado á ella (2). 



(\) Véase la página 91 y siguientes del volumen XXIX. 

(2) "Esta caxilla dt madera se mejoró en una pequeña de plata so- 
bredorada, en la cual se puso, en lugar de algodones, un corporal pe- 
queño acomodado en ella.,, Así se lee en una nota marginal al artícu- 
lo de la entrega séptima correspondiente á esta Sagrada Forma, 
como se puede ver en el Inventario y Memorial de las santas reli- 
quias y relicarios de este Real Monasterio. 



98 LA SAGRADA FORMA DEL ESCORIAL 

En el incendio general del Monasterio, en Junio de 1671^ 
hubo de seguir la Sagrada Forma la suerte de las demás 
reliquias, entre las cuales se conservaba, por más que el 
P . Santos, que describe minuciosamente aquel incendio^ 
nada especifica acerca de ella. Una de las cosas que con 
mayor cuidado procuraron salvar los monjes en aquella 
noche aciaga del 7 de Junio, fueron las sagradas reliquias y 
alhajas de la iglesia. Provisionalmente las sacaron á la lon- 
ja que está delante de la fachada principal del edificio, y 
continuando el furor del incendio, al día siguiente las lleva- 
ron á la capilla del Sitio, y casas llamadas de Oficios, que 
se hallan al Norte del Monasterio, donde estuvieron deposi- 
tadas hasta el día 29 del mismo mes, fiesta de los Apóstoles 
San Pedro y San Pablo, en que se hizo solemnísima proce- 
sión para volver las sagradas reliquias á sus propios luga- 
res (1). De suponer es que durante estos días la Sagrada 
Forma se custodiaría con las demás reliquias en la capilla 
de este Real Sitio de San Lorenzo. 

Vuelta á su relicario, allí se veneró entre otras reliquias 
hasta que, merced á la piedad de Carlos II (para quien, des- 
de que la vio en el otoño de 1677, fué siempre objeto de ve- 
neración profunda), llegó á obtener culto especial singula- 
rísimo. Mucho hizo este Monarca, como veremos, en obse- 
quio de la Sagrada Forma, y no cabe duda que todo ello 
principalmente se debe á su gran devoción hacia ella; con- 
tribuyendo no poco la famosa causa de Valenzuela, con la 
cual tiene estrechas relaciones, y de la cual, no sabemos 
por qué, nada dice elP. Santos. 

Nadie ignora que Valenzuela, el gran privado de doña 
María Ana de Austria, retirado al Escorial en 25 de Diciem- 
bre de 1676, y encomendado por el Re}', con ánimo de librar- 
le de sus perseguidores, á la custodia del Prior del Monas- 
terio, Fr. Marcos de Herrera, cayó por fin en manos de ellos 
en Enero del año siguiente. A trueque de apoderarse de él, 
sus enemigos ni respetaron la inmunidad eclesiástica del lu- 



(1) Véase el P. Santos: Qiiarta parte de la Historia de la Orden 
de San Jerónimo, libro II, capítulos XXXV, XXXVI y XXXVII. 



LA SAGRADA FORMA DEL ESCORIAL 99 



gar sagrado, ni la autoridad del Prior de San Lorenzo, por lo 
cual se vio éste precisado á excomulgarlos y á poner entre- 
dicho en su iglesia. No dieron por entonces importancia los 
culpables á la excomunión impuesta, pero pasados aquellos 
momentos de exaltación y de trastorno, cuando empezaban 
á ser mal vistos en todo Madrid por causa de la censura 
que sobre ellos pesaba, trataron de persuadir al público que 
el Prior de San Lorenzo no podía imponer tales censuras y 
que era nula la excomunión contra ellos fulminada; mas no 
consiguiendo nada por este camino, sin dejar de combatir 
la jurisdicción del Prior, obtuvieron mandato del Consejo 
Real, para que aquél los absolviese, aunque tampoco lo 
consiguieron. Reunieron una junta de teólogos, canonistas 
y legistas para que informase en el asunto, y la junta infor- 
mó que el Prior era competente, y que, salvos sus derechos, 
convenía obtener del Romano Pontífice comisión á favor 
del Cardenal de Toledo para conocer en esta causa; pidiólo 
así el Rey á Su Santidad Inocencio XI y otorgólo éste, pero 
el Cardenal no pudo hacer uso de la facultad que se le con- 
cedía, porque se lo impidió la muerte. Suplicó de nuevo el 
Rey á nombre de los delincuentes que se autorizase al Nun- 
cio de Su Santidad en España para que los absolviese, y 
accedió á ello el Papa, pero á condición de "que todos aque- 
„llos que, con poco temor de Dios y su divina justicia, se ha- 
„bían atrevido á ultrajar y menospreciar aquel santuario é 
„iglesia de San Lorenzo, levantasen y fabricasen en ella una 
„capilla á costa suya, correspondiente á la grandeza y sun- 
„tuosidad de aquella octava maravilla, y que después de 
«acabada fuesen todos absueltos en ella; porque si una 
^acción tan escandalosa y mal sonante se pasase sin cas- 
„tigo, sería causa suficiente para que otro día se cometiese 
„igual ó mayor exceso„ (1). Cara, pues, había de costarles 
la absolución, y largo tiempo tenían que esperarla si habían 
de cumplir la condición impuesta por el Vicario de Jesu- 



(1) Núñez (P. Juan), Quinta parte de la Historia de la Orden de 
S.Jerónimo, lib. I, cap. III, en el Ms. J— 1-8 de la Biblioteca del Es- 
corial. 



100 LA SAGRADA FORMA DEL ESCORL-^L 

cristo; mas deseando ellos verse cuanto antes libres de tan 
terrible censura, por los daños que se les seguían, instaron 
de nuevo al Rey para que en favor suyo interpusiese su 
mediación cerca del Papa á fin de moverle á misericordia, 
y con tanto empeño tomó Carlos II esta causa, que él mismo 
se prestó á pagar por los delincuentes, ofreciendo al efecto 
una alhaja de tal valor que superase al coste de la capilla 
que hubiera de construirse. Movido de benignidad el Roma- 
no Pontífice, aceptó esta súplica, y comisionó á su Nuncio 
en España para que recibiese la alhaja ofrecida por el Rey, 
la llevase á San Lorenzo y absolviese después en forma 
pública á los profanadores, como lo hizo con toda solem- 
nidad en la corte, en la iglesia de San Isidro (1). 

Esta alhaja, en su misma oferta la dedicaba Carlos II 
para relicario de las reliquias de San Lorenzo (2), y no po- 
demos decir con certeza cuándo la destinó para custodia 
de la Sagrada Forma, aunque por la relación del Padre 
Santos podemos conjeturar que esto sucedió el mismo año 
de 1678 en que fué traída á este Real Monasterio. "Ofreció el 
Señor Rey Carlos II al dicho Real Monasterio en este mis- 
mo año (1678), escribe el citado Padre, una joj^'a admirable, 
muy conforme á su alta piedad y grandeza y muy digna de 
aquella maravilla del mundo, con católico 3^ superior motivo 
del mayor culto del Santísimo Sacramento, mostrando en 



(1) Consúltese acerca de todo este asunto al P. Núñez, en la obra 
y libro citados, capitulos segundo y tercero: en el cuarto copia en 
latín y castellano las cartas que con este motivo escribió Inocen- 
cio XI al Rey, á D. Juan de Austria y al Prior de San Lorenzo. 

(2) Así se deduce de lo que dice Ferraris, en su Biblioteca, á la pa- 
labra Pcenitentia , art. 3.*', núm. 55, al dar cuenta del decreto de la 
Sagrada Congregación de la Inmunidad eclesiástica acerca de este 
asunto. He aquí sus palabras: "Rex catholicus pro reparatione immu- 
nitatis Ecclesiae Sancti Laurentii Escurialis, violatae per extractio- 
nem violentam Marchionis de ^''alenzuela, elargitur intuitu omnium 
culpabilium ad hoc ut possint obtinere absolutionem a censuris 
incursis eleemosynam viginti quatuor mille Pesze d'oro, ut dicitur, 
applicandaní in confectione Reliquiarii pro reliqíiiis Sancti Lau- 
rentii, apponendi in dicta Ecclesia ad publicam et perpetuam rei 
raemoriam (Sacr. Congregar. Immunitat., in Toletan. 1<5 Februarii, 
1678)„. Véase al Padre Xúñez en el capítulo tercero ya citado. 



LA SAGRADA FORMA DEL ESCORIAL 101 

SUS florecientes años lo que deseaba imitar en esta devoción 
á sus gloriosos progenitores. Fué ésta una caja de un reloj 
que el Emperador de Alemania su tio le había presentado, 
la cual, quitado cuanto tocaba á las ruedas, movimientos y 
artificio de reloj, quiso Su Majestad sirviese de relicario y 
custodia á una hostia consagrada que más de cien años 
ha (1) se guarda entre las reliquias de aquella maravilla (2).„ 

"Es la materia de esta caja, prosigue el mismo historia- 
dor describiéndola, plata sobredorada; consta de pedestal 
y tres cuerpos en altura de tres varas y ocho dedos; el an- 
cho diametral es de cuatro pies y en la otra línea cinco; la 
forma es ochavada larga y el orden compósito con tan ad- 
mirable variedad y distribución en los ornamentos, que sus- 
pende á cuantos la miran. El primer cuerpo se levanta so- 
bre el pedestal con ocho columnas, que los antiguos llama- 
ron cariátides, medio columnas y medio mujeres ó bichas, 
cuatro á un lado y cuatro á otro con varas y capiteles com- 
pósitos, sobre que cargan el friso y cornisamento rematando 
la altura unos corredorcillos de mucha gracia y curiosidad 
y en ellos al contorno en proporcionadas distancias las es- 
tatuas de las ciencias liberales con insignias de lo que cada 
una enseña. A este modo se levantan sobre este los otros 
dos cuerpos, pero en disminución muy artificiosa y medida 
con variedad de columnas, bichas y angelillos hasta el re- 
mate, en el cual está una estatua de Atlante con la esfera 
sobre los hombros de valiente planta y formación. 

„E1 adorno de toda esta arquitectura son filigranas de 
plata blanca de labor muy menuda, sembradas en tanta co- 
pia desde el pedestal hasta la altura y compartidas con tal 
correspondencia, que sobre el oro y sobre los primores de 
aquella fábrica hacen la vista como la hicieran numerosos 
copos de nieve sobre las ñores y cuadros de un bien forma- 



\ 



(1) Publicó su Cuarta parte de la Historia de la Orden de Sanje- 
rónimo el Padre Santos el año 1680, y demasiado saben nuestros lec- 
tores la fecha en que se recibió en este Real Monasterio la Sagrada 
Forma; de donde se deduce la poca exactitud de esta y otras afirma- 
ciones. 

(2) Historia citada, libro II, cap. XLV, pág. 265 (Madrid, 1680). 



102 LA SAGRADA FORMA DEL ESCORIAL 

do jardín. Adórnanla también innumerables piedras precio- 
sas, topacios, granates, turquesas y otras de diversos colo- 
res, repartidas en las filigranas y en otros joyelillos pen- 
dientes que le dan mucha hermosura por todas partes en lo 
exterior é interior de los cuerpos que la forman con tanta 
variedad y diferencia, que al menearle suavemente con la 
mano se mueven por mucho rato dentro y fuera una mul- 
titud de festónenlos, flores, colgantes (todos de filigrana) y 
piedras preciosas causando con su gracioso y correspon- 
diente movimiento gusto y admiración que parece que está 
viva. El primer cuerpo que carga sobre el pedestal tiene 
en lo interior un género de laberinto formado de varias 
ruedas ó círculos de plata dorada que ocupan todo el hue- 
co El tercer cuerpo á lo alto está de la misma forma; y 

el segundo que es el de enmedio tiene un círculo grande 
calado de plata blanca labrada (que es donde estaba el reloj 
y mostraba las horas y los minutos), el cual se dedicó á la 
forma consagrada para que ésta estuviese como centro de 
este círculo, denotando que lo es de aquellos corazones que 
á todas horas regulan la vida por los movimientos de su 
santa fe católica y por las líneas de su doctrina celestial. 

„ Abajo en el pedestal hay dos estatuas que se correspon- 
den una á un lado y otra á otro que son Júpiter y Juno 
mentidas deidades de la gentilidad; y aunque se hizo reparo 
que no parecían bien donde asiste y se adora el verdadero 
Dios, con todo eso se discurrió que estando en el pedestal, 
como á los pies, despreciadas y vencidas (como suelen po- 
ner á los demonios á los pies de San Miguel), no hacían di- 
sonancia Las demás estatuas, que son representación de 

las ciencias liberales, están en más noble lugar, cercanas á 
la Forma consagrada, donde está Dios objeto de la Teolo- 
gía, ciencia á quien sirven como esclavas por ser la Reina 
de todas, y porque trata del Señor de todas que es Dios, 
como dice la Santa Escritura: Deiis scientiariim Dominus 
est. La de Atlante, que está en lo alto de esta joya, repre- 
senta la ciencia que trata de la Esfera por haber sido Atlan- 
te, Rey de Mauritania, el primero que observó el curso del 
sol y los movimientos y variaciones de la luna y estrellas 



LA SAGRADA FORMA DEL ESCORIAL 103 

poniendo en razón estas cosas con í^ran estudio y constan- 
cia de ánimo; de donde nació el fabuloso decir délos genti- 
les que había sustentado el cielo sobre sus hombros, cegue- 
dad de que se ríen los que ilustrados de la fe infalible saben 
que el que le sustenta es el que le crió en el principio y el 
que ordenó el curso del sol y de los astros y toda esa fá- 
brica de las esferas celestiales que son obras de sus manos. 

„Asientan cuantos ven esta caja (que ya podemos llamar 
custodia), que es de lo más precioso que se puede ver, no 
tanto por la riqueza, aunque tiene mucha, cuanto por la 
disposición, elección y gusto con que está ejecutada; y es 
cierto que en esta consideración excede á cuanto se halla 
en aquella maravilla del mundo con ser de tanta admira- 
ción. Dicen está tasada en setenta mil pesos, otros se alar- 
gan á cien mil, y no son de los que tasan á millaradas sin 
más fundamento que su antojo.„ 

Otra de las cosas que determinó Carlos II fué que la Sa- 
grada Forma se colocase en altar separado, señalando para 
esto el altar que se halla en el testero de la sacristía. Era 
este altar de madera, perfectamente tallado y dorado^ y á 
uno y otro lado tenía dos alhacenas correspondientes á las 
que acompañan la puerta de entrada á la misma sacristía. 
El retablo estaba constituido en un principio por un crucifi- 
jo grande, copia del Mudo, muy del agrado de D. Felipe II, 
quien le tuvo algún tiempo colocado en su capilla del Bos- 
que de Segovia (1). "En el altar que digo, está de frente de 
la puerta (de la sacristía), escribe el P. Sigüenza, está aquel 
crucifijo antiguo del tamaño del natural, que dije arriba ha- 
bía copiado el Mudo, singular pintura y tan bien entendido, 
que merece el lugar que tiene. Fingió el maestro un dosel 
de carmesí detrás, que hace salga mucho la figura, y creo 
que está tomada del natural, según la gran propiedad que 
muestra. A los lados tiene á Nuestra Señora y San Juan, 
los rostros coloridos y de vivo sentimiento, harto buenas 
cabezas, y el vestido y toda la ropa parece de claro y obs- 



(1) Sigüenza (P. José de), Tercera parte de la Historia de la Or- 
den de San Jerónimo, pág. 724. (Madrid, 1605.) 



104 LA SAGRADA FORMA DEL ESCORIAL 

curo todo blanco, y las figuras de excelente plan y movi- 
miento, y todo el cuadro bien guarnecido (1).„ Esta copia 
del Mudo, tan perfecta que se confunde con el mismo origi- 
nal, parece ser reproducción del cuadro de Roger van der 
Weyden, pintado para la Cartuja de Bruselas. 

Felipe IV, que tanto cuidó del engrandecimiento del 
Real Monasterio del Escorial, adornó también la sacristía 
con un retablo en el altar y un crucifijo hermosísimo de 
bronce dorado del tamaño del natural, y con pinturas origi- 
nales de los mejores artífices que ha tenido el arte (2). No 
dice el P. Santos en qué consistía el nuevo retablo, pero 
según Qaevedo, era el famoso cuadro de Rafael conocido 
con el nombre de la Perla (3). En lugar de esta última ima- 
gen, que juntamente con el crucifijo de bronce dorado subs- 
tituyó en esta época al retablo del Mudo, quería Carlos II 



(1) Sigüenza, ibid., págs. 812 y 813, Acerca de este cuadro, lleva- 
do á la Exposición histórico-europea el año 1892, se lee en el Catá- 
logo de la sala XV, Real Casa, n. 16, lo siguiente: "La Crucifixión. 
A uno y otro lado de la cruz en que ha espirado el Señor, se hallan 
la Virgen María, en actitud del más vivo dolor, y San Juan levan- 
tando los ojos hacia el divino cuerpo. Figuras del tamaño natural 
pintadas en gruesas tablas colocadas horizontalmente, cual se acos- 
tumbraba cuando las pinturas habían de permanecer fijas en reta- 
blos de altar. Aunque el estilo y carácter de esta importante obra 
revelan bien á las claras que fué ejecutada por Roger van der Wey- 
den ó de la Pature, el más antiguo de los tres pintores flamencos de 
aquel nombre, los antecedentes que hemos hallado sobre su proce- 
dencia, confirman plenamente esta atribución. Consta en los inven- 
tarios antiguos de El Escorial que este cuadro fué pintado por el 
maestro Roger para la Cartuja de Bruselas, y que, traído á España y 
colocado en la Casa del Bosque de Segovia, fué entregfado á la co- 
munidad de San Lorenzo por Felipe II, en el mes de Abril de 1574. 
Hasta aquí se hallaba en la Sala de Cantorales, próxima al coro de 
la iglesia. Mide de alto 3,54 y de ancho 2,25„. Creemos que no puede 
dudarse de la identidad del cuadro descrito por el P. Sigüenza, y en 
este Catálogo; y aunque hay discrepancia acerca del autor, en vista 
de los datos particulares que comunica dicho P. Sigüenza, somos de 
opinión que este cuadro no es el original del "maestro Roger,,, sino 
una copia perfectísima del Mudo. 

(2) P. Santos, Historia de la Orden de San Jerónimo, libro II, 
cap. XXXII, pág. 209. 

(3) Quevedo (José), Historia del Real Monasterio de San Lorenzo, 
parte II, cap. Vil, pág. 163. 



LA SAGRADA FORMA DEL ESCORIAL 105 

que se colocase la caja antes descrita, en que se había de ve- 
nerar la Sagrada Forma. 

Para esto era preciso convertirla, de caja de reloj, en ver- 
dadera custodia, y dióse la orden de que así se hiciese. Hí- 
zose también otra de clarísimos cristales que la guardasen, 
y otra más pequeña, de la altura de un cáliz, que remata en 
una estrella, para servir de viril permanente en que se cus- 
todiase la Sagrada Forma. Dispuso además Carlos II que 
se hiciese frontaltar parecido á la custodia grande en la la- 
bor de filigranas, piedras preciosas y demás materiales de 
oro y plata; que en el centro de él se labrasen unidas las 
águilas del imperio, y que para cubrirlo todo se hiciese una 
red de plata. 

Preparadas todas estas cosas, fué voluntad del Rey que 
se trasladase solemnemente á este ajtar ía, Sagrada Forma 
el año 1684. Celebróse al efecto función r^^ligiosa extraordi- 
dinaria el día 19 de Octubre, á la cual asistió Carlos lí con 
singular piedad en agradecimiento de la liberación de Vie- 
na; dotó también dos hachas que ardiesen día y noche ante 
el altar, y aprobó la siguiente inscripción conmemorativa 
de estos hechos, que se había de poner en la red de plata, 
y dice así: 

CAROLUS II. HISP. REX CATHO. 

AUSTRÍACA SUÜRUM PIETATE 

PRIMUS, AUT NULLI SECUNDUS 

ALTARE HOC ET TABERNACULUM 

AURO ARG. LAP.Q; PRETI. ORNAT. 

S., FORM.-E CONSECR. MIRABILITER 

INALTERATIS SPECIEBUS 

QÜASI PER III. SÉCULA PERMATI. 

OBTULIT ANNO DOMINI 1684. 

Fué tal el entusiasmo religioso que se apoderó de Car- 
los II en esta fiesta, y tan grande el concepto que formó de 
la Sagrada Forma, que el altar de la sacristía, á pesar de 
su riqueza, le pareció pobre, disonante de la preciosísima al- 
haja que en él resplandecía, y más aún de la majestad de 
aquella forma milagrosa que en él se veneraba, y desde 
luego determinó que se hiciese nuevo retablo y camarín; 
que entre tanto se depositase la Sagrada Forma en la capi- 



106 LA SAGRADA FORMA DEL ESCORIAL 

lia mayor del templo, y que cuanto estaba destinado á su 
culto se retirase y custodiase juntamente con el Santo Cristo 
y el frontal, hasta que llegase el tiempo de la nueva trasla- 
ción (1). 

J^R. ^USTASIO ^STEBAN, 
Agustiniano. 

(Continuará.) 



(1) Supone Quevedo (obra citada, pág. 163), que Carlos II tenía 
empeñada su palabra de levantar una capilla en el Escorial en satis- 
facción de la pena impuesta á los profanadores del templo cuando la 
prisión de Valenzuela, y sospecha que esta resolución del Rey pro- 
cedió de que no le parecía bastante lo hecho para cumplir la volun- 
tad expresa del Romano Pontífice; mas de lo narrado arriba no se 
deduce que tuviera más compromiso que el de entregar la alhaja que 
entregó, con lo cual quedó cumplida la voluntad expresa del Papa, 
que con esto se dio por satisfecha. El P. Santos, escritor contemporá- 
neo y primer historiador de la Sagrada Forma, que trató muy de 
cerca á este Monarca, explica esta nueva determinación de la mane- 
ra expuesta. 




l;AO^yA^¿^JACA^ACA3ACAyAC^¿'AeA:;AC'c»/.eA^^AC^ACA:3ACADACA3ACA^AC 






Inventario de un Jovellanista ^^^ 

CON VARIADA Y COPIOSA NOTICIA DE IMPRESOS Y MANUSCRITOS, 
PUBLICACIONES PERIÓDICAS, TRADUCCIONES, ETC. 



Crributo para el centeoario de 1911.) 



BIÓGRAFOS, COMENTADORES, PANEGIRISTAS, ETC. 

Cañete (Manuel).— Juicio crítico de la Vida dejovellanos, por Don 
Cándido Nocedal. 

(Publicado en el periódico El Reino, núms. 32, 34 y 36, año 1859; y 
adicionado al final de la obra dicha). 

Catalina (Severo).— Juicio crítico de la Vida dejovellanos, por Don 
Cándido Nocedal. 

(Publicado en el periódico El Estado, 24 de Noviembre de 1859; 
y reproducido al final de la obra dicha.) 

Caveda y Solares (Francisco de Paula). — (De Asturias). 

a) Noticia de las fiestas celebradas en Villaviciosa para conme- 
morar la elevación de Jovellanosal Ministerio de Gracia y Jus- 
ticia. (MS.) 

b) Cartas ájovellanos sobre distintos temas, particularmente so- 
bre inscripciones en Fuentes y otras iglesias del Concejo de 
Villaviciosa. (MS.) 

c) Canto en verso libre dedicado ájovellanos. (MS.) 



(1) Véase la pág. 590 del vol. XXXI. 



108 INVENTARIO DE UX JOVELLANISTA 

Suponemos que todos estos documentos y otros muchos, útiles 
para la historia jovellanista, pararán en el archivo de la casa de 
su ilustre descendiente el Sr. Don Senén Caveda y Nava. 

Cean Bermúdez (Juan Agustín). — {De Asturias.) 
a) Memorias para la Vida del Excnio. Sr. Don Gaspar Melchor 
de J avellanos^ y noticias analíticas de sus obras, por Donjuán 
Agustín Ceán Bermúdes.—Con licencia del Gobierno. — Ma- 
drid. En la imprenta que fué de Fuentenebro, 1814.— 1 vol. 8.°, de 
viii-3% páginas. 

El apéndice ó complemento de estas Mernorias (que fueron mu- 
tiladas por la censura) apareció en nuestra obra /avellanos, nue- 
vos datos... págs. 13 á 41: y desde la 43 á la 119, los Diarios am- 
pliados por el mismo Cean Bermúdez, con posterioridad á la impre- 
sión de su obra. 

Ya hace falta una segunda edición, debidamente coordinada, 
anotada y documentada; pues aunque deficiente la primera en mu- 
chos puntos, por escasez de datos y falta de crítica, está escrita 
con sinceridad, y sus testimonios son de indiscutible valer, por ha- 
berse educado su autor al lado de Jovellanos, en su casa de Gijón 
(Cean nació en dicha villa en 1749), haber intervenido en casi todos 
sus asuntos, ser su protegido, y, en una palabra, correr unida su 
suerte á la suya en casi todo el curso de su accidentada existencia. 

Difícilmente se puede prescindir de esta obra para escribir la 
biografía total de Jovellanos; pero á la verdad, en el período de 
ochenta años, comprendido desde su fallecimiento (1811) hasta el 
día, parece increíble que no se hayan escrito biografías de ma3'or 
alcance, precisamente de un autor tan cercana á nosotros, que ha 
disertado sobre tan variadas materias, y acerca de cuya vida y he- 
chos, como en el prólogo observamos, y en el curso del presente li- 
bro Sf puede notar, abundaban los elementos necesarios para lle- 
varle á cabo tan cumplidamente como la crítica exigiera. 

Por el contrario, las copias y plagios de Ceán abundan á granel, 
como podrá observar quien más pacientemente los leyere, pero sin 
aportar ningún nuevo dato á la interesante historia del gran Con- 
sejero; y eso que á poco que se espigara en las relaciones de los 
contemporáneos, ó en el movimiento social, literario, económico ó 
filosófico de su época, habría más que sobrado motivo para contar 
con producciones de mérito excepcional, que desgraciadamente no 
aparecen en nuestra historia literaria. 

El primer juicio crítico de la obra de Cean apareció en el perió- 
dico El Censor. (Vid.) 

Quien tuviere empeño en conocer los biógrafos jovellanistas 
anteriores á Cean Bermúdez, puede consultar los siguientes: 

Sempere y Guarinos (1785 1789). 



INVENTARIO DE UN JOVELLANISTA 109 

Sampil (1802). 

Jovellanos^ su autobiografía (1811). (Rivadeneyra, tomo I, pági- 
na 616.) , 

Blanco White, Necrología (1811). 

González Posada (1811). 

Antillon (1812). 

Aunque la portada de dicha obra marca su aparición el año 1814, 
no salió á la luz pública hasta el de 1820, por efecto de una deman- 
da judicial que contra su autor puso Don Baltasar Cienfuegos y 
Jovellanos, sobrino y heredero del ilustre Procer, 
b) Carlas familiares y literarias á Jovellanos (manuscritas é 
inéditas en el archivo-biblioteca de Fuertes- Acevedo.legajo L.) 
(Véase la sección correspondiente.) 

CoELLO (Carlos). 

El Jurado de Ultratumba. (Revista Hispano- Americana.) 
Certamen artístico en el cual, bajo la forma dialogada, figuran, 
como Presidente, Jovellanos, y como Secretario, Ceán Bermúdez. 

CoLMEiRO (Miguel.) 

a) Historia de la Economía Política de España.— Mo-áriá, 1863. 

b) Biblioteca de los Economistas Españoles de los siglos XVI, 
XVHy XF77/.-Madrid, 1861. 

Cortés (Juan 'Lvcxs). —Sacrce Themidis Hispance Arcana , por Don 
Juan Lucas Cortés, reimpresa y restituida á su autor y pureza ori- 
ginal, por Don Francisco Cerda y Rico.— Matriti: 1780, en 8.» mayor 
español. 

En anteriores ediciones figura como autor de la antedicha obra 
un verdadero (anagrama ) ó supuesto Gerardo Ernesto de Franc- 
kenau, autor, igualmente, de una Biblioth. hispanic. genealog. he- 
raldic, publicada en Leipzig. 

El elogio de Jovellanos está en una nota del prólogo (debido á 
Cerda) y versa, según Cean {Memorias..., pág. 156), sobre el Discur- 
so á que se contrae el ordin. 65. 

A la amabilidad del Sr. Menéndez Pelayo debemos la repro- 
ducción de la portada y nota de la precedente obra (difícil de en- 
contrar, por su escasez), redactada así: 

SacrcB Themidis Hispance Arcana, Jurium Legumque ortus, 
progressus, varietates et observantias,cum prcecipuis glossarum 
commentarioriimqne, quibus illustrantur Auctoribus, et Fori His- 
pañi Praxi Hodierna. \ Publicce luci exponit D. Gerardus Ernes- 
tus de Franckenau, S. R. M. Danice et Norvegia Secretarius. \ 
Editio secunda. \ Novis Accessionibus locupletata a Francisco 
Cerdano et Rico. \ Matriti. Apud Antonium Sancham, in platea 



lio INVENTARIO DE UN JOVELLANISTA 



vttlf^o De la Aduana Vieja. Anno M.DCC.LXXX. (8.«, XVI-í-350 
páginas.) 

En el prefacio de Cerda y Rico se lee esta nota en alabanza de 
Jovellanos (pág. V): 

"De conjungendo Hispanarum Antiquitatum cum patriae juris- 
„prudentiae studio eruditam juxta ac elegantem elucubravit disser- 
„tationem Cl. Gaspar de Jove Llano {sic)^ vir litibus judicandis in 
„aula urbeque regia, quem dum hsec scribo, ob egregia sua merita 
„in supremum equestrium ordinum senatum audio fuisse ellectum. 
„Hanc ille dissertationem summo omnium qui aderant.plausu, reci- 
„tavit, quo die Regiae Acad. Hist. sociorum albo est ascriptus: neo 
„dubito, quin si in lucem prodiret, sua se prsestantia ac utilitate 
jjOmnibus commendaret.,, 

CoxE (William). — La España bajo los reyes de la casa de Borbón^ 
desde el advenimiento de Felipe V en 1700, hasta ¡la muerte de 
Carlos III en 1788: traducida del inglés al francés por Don Andrés 
Muriel, con notas y adiciones. París, 1827; seis tomos. 

— España bajo el dominio de los reyes de la janiilia de Bor- 
bón...\ traducida del francés por Don Rafael Sevillano y Sánchez 
Pleytés.— Madrid, 1836; tres vol. en 8.«. 

— España bajo el reinado de la casa de Borbón..., versión es- 

pañola de Don Jacinto de Salas y Quiroga con notas y adicio- 
nes.— Madrid, 184b, tipografía de Mellado; 4 tomos 8.°. 
Ref. tomo 3.°, pág. 218, 226. 

tomo 4.*^, pág. 199 (donde cita el elogio de Campomanes, hecho 
por Jovellanos, tomándole de la obra de Blanco 
(White): Letters from Spain, págs. 468, 477, 515, 533, 
537, 542. 
Aunque el historiador inglés cita varias veces á Jovellanos, sólo 
lo hace, en general, para referirse á sus obras; y en una ocasión 
declara, que las tres eminencias del siglo XVIII que mayores bie- 
nes produjeron á España, fueron Campomanes, Feijóo y Jovella- 
nos.— Consideramos deficiente este juicio, en el mero hecho de 
que al último mencionado no han podido conocerle sus contempo" 
ráneos, ni aun las generaciones siguientes, sino por intuición, di- 
gámoslo así, toda vez que sus escritos no aparecieron parcialmen- 
te coleccionados hasta 1830; y que una de las fases principalísimas 
que le caracterizan, la de Restaurador y Propagador de la Instruc- 
ción pública en España, es aún desconocida de los doctos. Véanse, 
en confirmación de nuestro aserto, los manuscritos de I. P. citados 
por Ceán (ordin. 338 i 347, 352 y 360), no publicados aún. 

Cvestp^íTe-o-doro). {De Asturias.)— Glorias de Asturias. Poesía en 
dialecto asturiano, que obtuvo el premio de S. A. R. la Princesa de 



INVENTARIO DE UN JOVELLANISTA 111 



Asturias, en los juegos florales de Gijón, al inaugurarse la estatua 
de aquel célebre asturiano (alude á Jovellanos) el 6 de Agosto 
de 1891.— Gijón. Imprenta y litografía de Torre y Compañía, 1891, 
Un pliego en 4.°. 

Cueto (Leopoldo Augusto de).— Poetas líricos del siglo XVIIJ. 
Bosquejo histórico-crítico, tomo \.° ,UX1.^ áe^la. Biblioteca de Auto- 
res Españoles de Rivadeneira. 

Sobre Jovellanos, véase págs. cvi cix, ex, cxi, cxii, cxxi, cxxvi, 
cxxx, cxxxi, (capít. 12) á cl, clxix, clxxxv (nota), y cci (nota). 

Chao (Edv ardo). —Continuación de la Historia General de España, 
por el Padre Mariana. — Madrid, 1851- 
Véase tomo IV, pág. 595 y 608. 
tomo V, pág. 33 y 218. 

Domínguez (Ramón ]o\qvsí^).— Diccionario Nacional, ó Gran Diccio- 
nario clásico de la lengua Española, 3.* edición. Madrid, 1848. 
Establecimiento tipográfico de Mellado. 
Jovellanos, tomo 2.^, págs. 1033 y 1034. 

Escalera y Blanco (Pío) {De Asturias).— Y id. Pidal. 

EscosuRA (Fr. Vicente). (De Asturias).— Véase en esta sección el 
anónimo VI. 

Ezcóiquiz(Jua.n). — Idea sencilla de lasrasones que motivaron el vía- 
je del rey Don Fernando VII á Bayona en el mes de Abril de 1808. 
—Madrid, 1814. 8.° mayor español. 

Ezquerra del Bayo (Joaquín).— Véase en la sección de Impresos 
dispersos el ordin. 218. 

Fernán NuÑEZ (Conde de).— Compendio histórico de la vida de Car- 
los 111. (Manuscrito é inédito.) 

Fernández (Cayetano^.— Z)ow Fabián de Miranda, Deán de Sevilla. 
Sevilla, imprenta y librería de A. Izquierdo, 1883. 

El juicio sobre Jovellanos, inserto en las páginas 112 á 113, es 
sencillamente la repetición de lo dicho por el erudito y sabio escri- 
tor Sr. Menéndez Pelayo en su Historia de los Heterodoxos. 

Fernández Y González (Francisco).— í¿'/5/o;'ia de la critica litera- 
ria en España, desde Lusán hasta nuestros días.... Madrid, 1867. 
Acerca de Jovellanos, véase págs. 50, 51 (nota). 



112 INVENTARIO DE UN JOVELLANISTA 

Fernández-Guerra y Orbe (Aureliano).— Juicio crítico de la Vida 
de fovellanoSy por Don Cándido Nocedal. 

(Publicado en el periódico El Parlamento, núra. 1023, año 1858, 
y reproducido al final de la obra dicha, edición 1865.) 

Fernández de Moratin (Leandro).— OZ^^as de Leandro Fernándes 
de Moratin, dadas á luz por la Real Academia española. — Madrid. 
Aguado, 1830-31. Seis tomos 8.<' holandesa. 

a) Jovellanos, autor de la tragedia ^Munuza^, tomo 2." , pá- 

gina XXXVII. 

b) Juicio de su tragicomedia "El delincuente honrado,,, tomo 2.*', 

página XXXIX. 

c) Epístola en verso d Jovellanos, tomo 4.^, pág. 140. (Inserta tam- 

bién en la edición Cañedo, tomo?.*', pág. 149; y en la edición 
Linares de Barcelona, tomo 1, pág. 307, comienza así: 

5/: la pura amistad que en dulce nudo... {Ordin. 101.) 

d) Oda djovelíanos, tomo 4.*^, pág. 190. 

e) Elogio de Jovellanos, tomo 4,°, pág. 333. (Es una nota á la 

epístola de la pág. 140, y viene á ser un brevísimo resumen y 
elogio de la vida de Jovellanos.) 

Ferrer del Río (Antonio). — Historia del reinado de Carlos TIL Ma- 
drid: 1856. Matute y Compagni, 4 tom. 8.^ 

Tomo 4.*^, lib. VI, cap. 3.° Informe sobre la Ley Agraria^ de Jove- 
llanos, pág. 107. 
„ „ lib.. VI, cap. 6.° Apóstroje de Jovellanos, pág. 107. 
„ „ lib. VII, cap. 2.^ El Delincuente honrado, pág. 364. 

FiLLOL (José V.) — Sumario de las lecciones de un curso de Litera- 
tura general, y principaUnente española, con sujeción al progra- 
ma mandado observar por la Dirección General de I. P. en 1.° de 
Agosto de 1846; por el Doctor D. José V. Fillol, catedrático de esta 
asignatura en la Universidad de Valencia.— 3.** edic. Valencia, 1872; 
un vol. en 4.° de VIII — 655 págs. 

Referencia k Jovellanos, pág. 639 á 643. 

Franquet (W.)— Pseudónimo de Don A. M. de L. {de Asturias). 
Doctrinas religiosas, morales, políticas y literarias de Jovellanos . 
En la Revista de Instrucción pública, literatura y ciencias. Ma- 
drid: Imprenta de Manuel Galiano. 1859 y 1860. Números 1, 5, 8, 11, 
y 17, de 6 de Octubre, 3 y 24 de Noviembre, 15 de Diciembre 
de 1859, 26 de Enero de 1860 y otros. 
En el alma sentimos que haya sido un asturiano el primero en 
poner en tela de juicio los méritos de tan insigne varón, elogiado 



INVENTARIO DE UN JüVEULANlSTA 113 



hasta en el templo, por sacerdotes ejemplares que ensalzaron su 
virtuosa vida, y sobre todo y muy principalmente, su testamento 
de 1807, modelo de elocuencia, magnanimidad y piedad evangélica. 

Por lo que toca á la inclusión en el índice de 1827 del Injorme 
de Ley Agraria (treinta y dos años después de publicado) que aquel 
autor aduce como argumento capital contra la religiosidad de Jo- 
vellanos, no es prueba convincente: /'r/mei'o, porque dicho Jnjorme 
fué varias veces elogiado en el templo por virtuosos sacerdotes; 
segundo, porque semejante Índice no tuvo nunca, que sepamos, la 
sanción suprema del Jefe de la Iglesia católica; tercero, porque en 
los índices subsiguientes se borró aquella obra; cuarto, porque la 
censura, caso que existiera, sólo podría aicanzar á algunos renglo- 
nes que se refieren á la adquisición de bienes por las Comunidades 
religiosas; y quinto, porque sabido es que todos los Índices espa- 
ñoles fueron acumulados en Roma por Decreto de la S. C. del ín- 
dice, el 22 de Agosto de 1892. 

Y en lo tocante á la opinión de W. Franquet, esperamos confia- 
damente de su talento, en que se modificará, como modificamos 
todos algunos de los juicios de nuestra mocedad. La distancia que 
nos separa de aquellos días, y los estudios sosegados y reflexivos 
á que se consagra tan distinguido escritor, son prenda segura de 
que, por lo menos, no rehuirá la gloria que ha de venirle con su 
inestimable concurso á la propagación de una de las más puras 
joyas de la literatura en nuestra amada Patria. 

Fuertes Acevedo (Máximo).— (D^ Asturias). 

a) Biblioteca de Escritores Asturianos.— Ms. 1857. (Obra premiada 
en concurso público por la Biblioteca Nacional). 

b) Estudio biogrdftco-crilico de los Jurisconsultos más ilustres 
de Asturias.— Ms. 1883. (Obra premiada en los juegos florales 
celebrados en la Universidad de Oviedo el 22 de Septiembre 
de 1883). 

c) Bosquejo acerca del estado que alcanzó en todas épocas la 
literatura en Asturias, seguido de uaa extensa bibliografía de 
los escritores asturianos. Badajoz, Tipografía La Industria. 
1885. Un vol. 4.°. 

Jovellanos, pág. 108 y 223. 

d) La misma obra, considerablemente ampliada. (Ms. é inédita en 
poder de sus herederos.) 

e) Véase en la sección de Publicaciones periódicas la Revista 
de Asturias. 

FuRió Y Sastre (Antonio).— TVo/rtS d un escrito de Jovellanos (que 
es el ordin. 146). Véase en los Impresos dispersos la filiación de 
este escrito, impreso en Palma en 1832. 

8 



114 inventario de un jovella.vista 

García y Molina-Martell (Manuel). 
Jovellanos y la Pt'ihlica lustriicción.—G'iión: Imprenta del Comer- 
cio. 1891: folleto en 4.° de 32 págs. 
Arduo es el tema que el autor se propuso para tan breve espa- 
cio: pero bastaría al disertante examinar en el período de 1866 á 
nuestros días, la magnitud del yerro cometido al asimilar esta Es- 
cuela especial (que tal carácter quiso imprimirle su Fundador) á los 
Institutos de segunda enseñanza, para derivar de su estudio todas 
sus deplorables consecuencias. Aquella torpeza, sólo protestada 
por el claro talento del Sr. Caveda, ha traído á la larga irremedia- 
bles daños. ¡Qué mucho! ¡si ni siquiera sus propios Patronos han 
sabido respetar cual se debía tan valioso legado, ni pedido en nin- 
gún tiempo la restauración de los estudios por aquél iniciados con 
más perspicuidad y buen sentido que todos los innovadores que 
le sucedieron! 

García del Busto (José María). {De Asturias).— Véase en esta 
sección el anónimo VII. 

García Jovellanos (Juan). (De Asturias).— Oda que con motivo de 
haber S. M. C. nombrado Embaxador á la Corte de Rusia al Exce- 
lentísimo Señor Don Gaspar Melchor de Jovellanos y luego su Mi- 
nistro de Estado de el Despacho Universal de Gracia y Justicia, 
publica en su obsequio su autor Don Juan García Jovellanos, Al- 
guacil Mayor de el Santo Oficio de la Inquisición de Valladolid en 
Gijón. Con licencia en Oviedo (1798).— Por Don Francisco Diaz Pe- 
dregal: folleto en 8.° de 12 páginas sin foliar. 

Es una imitación de la famosa oda A la Ascensióji, del Maestro 
Fray Luis de León. 

Garrido Estrada (Eduardo).— Z,rt escuela fisiocrática española del 
siglo XVIll. (Artículo publicado en la Revista Hispano America- 
na-^ núm. de 1.° de Diciembre de 1882.) 

Gayangos (Pascual de).— Traductor de Ticknor,\iá. 

Gebhardt (Víctor). — Historia general de España y de sus Indias, 
desde los tiempos más remotos hasta nuestros días... por Don Víc- 
tor Gebhardt.— Barcelona: imprenta de Luis Tasso, 1864.— Seis vo- 
lúmenes en 4.° 

Ref. úi Jovellanos: tomo VI, págs. 313, 351, 353, 356, 870, 374, 430, 
431, 433, 482, .507, 531, 538, 603 y 1164. 

Gil de Zarate {Autopio) .—Resumen histórico de la Literatura Es- 
pañola. Madrid, 1851, 4.*^ edición. 

El juicio literario de este escritor, por lo relativo á Jovellanos, 



aii 



INVENTARIO DE UN JOVELLANISTA 115 

está condensado en ocho líneas; y si antes, en el prólogo, le juzga- 
mos con excesiva dureza por sus imperdonables omisiones, en- 
contramos doblemente mezquino el recuerdo que en la presente 
obra le dedica. 

GoDOY (Manuel). — Memorias de Don Manuel Godoy, Principe de la 
Pas: Cuenta dada de su vida política... etc. Madrid, 1835: seis to- 
mos; los cinco primeros en la imprenta de Sancha; el sexto, en la 
imprenta de Alegría, año 1842. 

Acerca áejovellanos, véanse las referencias siguientes; 

Tomo II, págs. 127, 128, 139, 154 á 161, 17L 176, 281, 307, 322, 357, 

376 (nota). 
Tomo III, págs. 72, 73, 168 á 171. 
Tomo IV, pág. 189. 
Tomo VI, pág. 12 (nota en la Conclusión). 

Gómez de Arteche (José). — Reinado de Carlos IV (en la obra His- 
torial general de España, escrita por individuos de número de la 
Real Academia de la Historia, bajo la dirección del Excmo. Señor 
Don Antonio Cánovas del Castillo).— Madrid: El Progreso Edito- 
ral, 1892, primer tomo en 4.°, de 516 páginas. 

Ref. á Jovellanos, págs. 3, 18, 51, 121 y 485. 

(Esta obra, concienzudamente escrita, hállase en curso de pu- 
blicación). 

Gómez de la Serna.— Véase La Serna. 

Gómez Hermosilla (José).— Juicio crítico de los principales poetas 
españoles de la última Era, á saber: Moratín hijo, Meléndez, No- 
roña, Jovellanos, Cienfuegos, Roldan, Castro, Arjona y Sánchez 
Barbero.— Obra postuma, un tomo en S.**, de 500 páginas. París, li- 
brería de Garnier hermanos, sucesores de D. V. Salva, 1855. (Her- 
mosilla falleció en 31 de Marzo de 1837). 

El juicio crítico de las poesías escogidas de Jovellanos, com- 
prende desde la página 307 á la 381, y las examina por el orden que 
o-uardan en la edición de 183 ), aunque sin incluir las del séptimo 
tomo (publicado en 1832), por no estar impreso cuando trabajaba 
esta obra. 

A las aquí examinadas corresponden los ordinales 1 á 15 inclu- 
sive, que son las que trae el primer tomo de la edición madrileña 
de Amarita. El Editor, por su parte, agregó las cuatro del séptimo 
tomo, signadas con los ordinales 101, 103, 105 y 122. Y ya que Her- 
mosilla estampa, al concluir su examen, uyi juicio general de las 
poesías de Jovellanos, darémosle á conocer íntegro á nuestros lec- 
tores. 

"Las epístolas á Eymar, á los amigos de Salamanca y á los de 



116 INVENTARIO DE UN JOVELLANISTA 

„Sevilla; la oda al nacimiento de Don Antonio Castilla, y la otra 
„al capitán Álava, se resienten de la edad en que se escribían, y 
^fueron sin duda los primeros ensayos del poeta. Las dos sátiras 
„dirigidas á Arnesto, las epístolas á Anfriso, á Bermudo y á Posi- 
„donio, las odas á Poncio y al otro amigo, y las tres anacreónticas 
„llamadas malamente z<i/7/o5, son composiciones admirables, y 
^ellas solas bastan para que coloquem'os al autor en el número de 
„los restauradores de la poesía castellana en el último tiempo; sien- 
„do de notar, que, exceptuando las dos sátiras y la epístola á An- 
„friso, todas las composiciones que últimamente se han publicado, 
„estaban en incorrectos borradores y sin recibir la última y tan- 
^necesaria lima.,, 

González (Fray Zeferino).— (Z)^ Asturias). 
Historia de la Filosofía. Madrid, 1879. 
Tomo III —Ideas filosóficas de Jovellanos, pág. 488. 

Por la respetabilidad y competencia de este docto prelado, tras- 
cribiremos aquí su breve juicio: 

"En Jovellanos (1744-1811) se observa también la influencia de 
„las teorías sensualistas en el terreno filosófico; pero su sensualís- 
imo tiene más afinidad con el moderado de Locke que con el exa- 
„gerado y absoluto de Condillac. Como el filósofo inglés, Jovellanos 
^supone que no podemos conocer la esencia ó substancia de las co- 
„sas, y como él, enseña también que todas nuestras ideas proce- 
y.den de la sensación ó de la reflexión; de la sensación., cuando la 
^percibimos por medio de los sentidos, y de la reflexión, cuando el 
alma se para á considerar sus propias operaciones (1). 

„Esto no obstante, y á pesar de su tendencia lockiano-sensua- 
„lista, Jovellanos se aparta y rechaza las teorías del sensualismo 
„en sus aplicaciones á la Moral y al Derecho, según se observa es- 
„pecialmente en su Tratado teórico-práctico de e7iseñan3a„. 

González de Posada (Carlos).— (Z)^ Asturias). 

Vida del Excelentísimo Señor Don Gaspar Melchor de Jovellanos 
(MS. en 4.°, de 48 hojas, en la Academia de la Historia), 

González de Reconco (Manuel María).— (Z)^ Asturias). 
a) Oración gratulawria, c/xq en la abertura de los estudios del 
Real Instituto Asturiano, establecido en la villa de Gijón, 
dixo á nombre de todos sus paisanos, Don Manuel María Gon- 
zález de Reconco, Médico titular de dicha villa.— Dedicada al 
Excelentísimo Señor Don Antonio Valdés. Con licencia, en 



(i) Curso de Humanidades Castellanas: Rudimentos de gramática general. (Obras 
de Jovellanos, edición Rivadeneyra, tomo I, págs. 103 y 104). 



INVENTARIO DE UN JOVELLANISTA 117 



Oviedo. Por D. Francisco Diaz Pedregal (impr.) Año m.dcc.xcv» 
Folleto en 8.® de viii-xvi páginas. 
(Alúdese á esta Oración en la Noticia del Real Instituto 
Asturiano {ordin 171), pág. 95, edición de 1795). 

b) Oda á la llegada del Excelentísimo Señor Don Gaspar Melchor 
de Jovellanos á Gijón, su patria. (MS. en el archivo de la fami- 
lia Cienfuegos-Jovellanos, 

Yo, aquel que de J ovino 

Las lágrimas canté en la patria amada... 

c) Soneto con motivo del ascenso del Señor Jovellanos al Real 
Consejo, inserto en los Diarios de Jovellanos de 3 de Diciem- 
bre de 1794. 

González Valdés Granda (Justo). — {De Asturias). 

Véase el folleto anónimo, núm. XII de esta sección. 

González Villarmil de la Rúa (Ramón).— (£>^ Asturias). 

a) La Sirena de Torres. Canción, que con motivo del nombra- 
miento que S. M. se dignó hacer en el Excelentísimo Señor 
Don Gaspar Melchor de Jovellanos para la Embajada de Ru- 
sia, escribió Don Ramón González Villarmil de la Rúa, Racio- 
nario del Real Instituto Asturiano, y se recitó en la función que 
á este y otros objetos celebró dicho Real Instituto el día 12 de 
Noviembre del año pasado de 1797. — En Salamanca, en la Ofici- 
na de Francisco de Tóxar. Folleto en 8/* mayor, de xvi págs. 

b) Introducción en verso.~Oda, á la inauguración del Real Insti- 
tuto asturiano, que empieza así: 



En blando sueño, en plácido reposo. 



Véase el ío\\qX.o Noticia del Real histituto Asturiano... {%&c- 
ción de Impresos dispersos), donde se encuentra dicha Oda á 
la página 82. ^ 

c) Prólogo (en verso). Letrilla y Coro en las fiestas de la Real 
Universidad Literaria de Oviedo (año 1798). 
Véase en esta sección el folleto anónimo VII. 

GüiLMAiN Y Abarca (Eduardo). — Publicó (bajo el pseudónimo Arve- 
ris) un artículo en El Eco de Asturias, Mayo de 1873, titulado Di- 
bujos originales del Instituto de Gijón, siendo el primero que lla- 
mó la atenciónsobre el indisputable mérito y valor de aquel Museo, 
legado por Ceán Bermúdez y Jovellanos, como prenda de su amor 
á las artes. 

Reproducírnosle en nuestro libro Cosiquines de la mió Quinta- 
na, pág. 185 á 192. 



118 INVENTARIO DE UN JOVELLANISTA 

Gutiérrez (FrayMillán). — Vid. en esta secc. el anónimo V. 

Inguanzo y Ribero (Pedro). (De Asturias). 
El dominio sagrado de la Iglesia en sus bienes temporales. — Car- 
tas contra los impugnadores de esta propiedad, especialmente 
en ciertos libelos de estos tiempos. — (Cádiz, 1813).— Salamanca, 
1820-23, dos tomos en 4.^.— Imprenta de V. Blanco. 
Estas cartas fueron publicadas sueltas el año 1813, unas en Cá- 
diz y otras en Madrid. Habiendo vueltoá agitarse las mismas cues- 
tiones el año de 1820, se reimprimieron coleccionadas. Refútanse 
en esta obra el Informe de Jovellanos sobre la Ley agraria y el 
Tratado de Amortisación de Campomanes. 

La impugnación á Jovellanos, hállase en el tomo segundo, car- 
tas XI y XII, págs, 81 á 144. Hay mucha dureza en su estilo, y 
flojedad en sus argumentos. Fuerte y razonador al mostrar los fun- 
damentos de derecho que túvola Iglesia parala adquisición desús 
bienes temporales, que le garantizaban la independencia de cual- 
quier otro poder, tórnase luego confuso y paradógico, al preten- 
der desvirtuar los argumentos fundamentales que en el orden ci- 
vil, económico y legislativo establece el ilustre informante en su 
magistral estudio. 

Fué tutor, con Jovellanos, de la pupila Doña Manuela Blanco 
Inguanzo de Cirieño, habiéndose agriado las relaciones entre am- 
bos, según más ampliamente consignamos en nuestras obras jo- 
vellanos; nuevos datos pág. 175; y Amarg. de Jovellanos, capí- 
tulo V. 

Jarrín y Moro (Francisco). 

a) Estudios sobre las obras de Jovellanos.— Disertación primera: 
Jovellanos considerado como orador académico., por el presbí- 
tero Don Francisco Jarrín y Moro, Catedrático... etc. Avila, 
Imprenta de la Viuda é hijo de Maíz, 1883: folleto en 8.**, de 30 
páginas. * 

b) Lecciones de Retórica y Poética de Jovellanos., adicionadas y 
comentadas, para que puedan servir de texto en los Institutos 
y Seminarios Gijón: Imprenta y litografía de Torre y Com- 
pañía, 1879.— Un vol. en 4.», de 300 páginas. 

Una nota manuscrita muy apreciable, de D. Victoriano Sánchez 
Cifuentes, Director que fué del Instituto de Gijón, advierte lo si- 
guiente: "El curso de Humanidades castellanas {ordin. 95), no 
«pertenece en su totalidad al Sr. Jovellanos. Dio, es verdad, las 
«primeras lecciones, que hacía interesantes además la dulzura, 
„método y perspicuidad que distinguía cuanto emanaba de sus la- 
„bios; pero continuó después el curso el emigrado francés Don 
„Juan Lespardat, bibliotecario y Catedrático de Humanidades en 



INVENTARIO DE UN JÜVELLANISTA 119 



„el Instituto, á quien sucedió Don Ramón González Villarmil, que 
„conc¡Hyó este tratado. „ 

Las terminantes afirmaciones de esta nota aclaratoria, desva- 
necen por completo las infundadas sospechas de Cañedo y Noce- 
dal (tomo I, pág. 152, nota), quienes no creían disculpable en Jove- 
llanos la flaqueza de su propio elogio. 

Estas lecciones están medianamente adicionadas, y menos que 
medianamente comentadas por el Sr. Jarrín, que aunque cita á 
Salva, no le imita ciertamente en labuena elección de los ejemplos. 
Del texto de aquellas, solo corresponde al comentador una tercera 
parte, que aparece confundida con las restantes, por no haberlas 
distinguido con diversa tipografía. 

Salva, ya que le mencionamos (en su Gramática, 5.*' edición, 
Valencia, 1840, impr. de Orga), es el autor que con más írecuencia 
y acierto toma de Jovellanos las mejores imágenes para adaptar- 
las á sus definiciones. Ya advierte este concienzudo escritor en el 
prólogo (pág. XXXII), al enumerar los materiales que había alle- 
gado para su nueva edición, que los tratados gramaticales de Jo- 
vellanos están muy lejos de corresponder debidamente á la ilus- 
tración y delicado tacto de su autor, prueba cierta y patente de su 
penetración y buen criterio. Y eso, que en la página anterior ha- 
bía discernido su mérito literario del siguiente modo: Pocos dis- 
putarán entre tanto á Jovellanos la pahna de ser el primer es- 
critor español entre los fnodernos, no obstante que dormita una 
que otra ves admitiendo frases y voces nuevas, se complace so- 
brado en las anticuadas, y se resiente también de provincialismos. 
Esto último, con perdón sea dicho de la respetable autoridad de 
Salva, no lo tenemos por tacha, si se contrae exclusivamente á los 
modismos del bable, de quien deriva, en buena ley, el castellano. 
Conviene advertir, por separado, que Salva no llegó á conocer 
muchos de los más perfectos escritos de Jovellanos, entre los que 
citaremos su Testamento de 1807 ; la Descripción de la Catedral 
de PaUna, y el Panorama de Bellver. 

Jiménez y Teixidó Qost).— Breve noticia de los cuarenta Juriscon- 
sultos españoles inscritos en las tres lápidas de la Academia Ma- 
tritense de Jurisprudencia y Legislación. — Madrid, Aguado, 1857. 
Folleto en 4° mayor, de 28 páginas. 

Aunque no figura en la portada el nombre del autor de esta No- 
ticia^ se le designa en la advertencia preliminar. 

Jovellanos y Jove Ramírez (Josefa). {De Asturias), hermana de 
Don Gaspar, más generalmente conocida por La Argandona. 
Descripción de las Junciones con que la Villa de Gijón celebró 



120 INVENTARIO DE UN JOVELLANISTA 

el 7toinbramiento del Excmo. Sr. Don Gaspar Melchor de Jovella- 
nos para el Ministerio de Gracia y Justicia (1798). 

Impresa por primera vez, en 1839, en la Colección de poesías en 
dialecto asturiano, pág. 166. 

Reproducida en la 2.^ edic. de Caveda y Canella, en Oviedo, por 
V. Brid, 1887, pág. 178. Comienza así: 

Búlate la marrabera 
Lo que tardasti, Pericu; 



Junquera Huergo (Juan).— (/^^ Asturias). 
Archivo General de Gijón ó Colección de Docu^nentos para la His- 
toria, Estadística y Topografía déla Villa y Concejo de Gijón 

Gijón. Imprenta de V. González. 1851. 

Solo salieron los tres primeros pliegos de esta obra (24 páginas 
en 4.°), en la que se publicó por' primera vez el Plan general de 
mejoras de Gijón {ordin. 213), propuesto por Jovellanos al Ayun- 
tamiento de dicha villa. — Sigue á dicho documento el Injorme del 
Regidor Decano. 

Lafuente (Modesto).— /f/síor/a general de España 

Edic. de Barcelona, de Montaner y Simón. 1889-1890. 25 tomos, 4.* 
Vid. las refer. siguientes: 

Tomo XV.— Informe de laLey Agraria, págs. 38 á 295.— Jovella- 
nos escritor crítico, pág. 140.— Godoy y Jovellanos, pág. 282 á 283. — 
Reformas durante su ministerio, pág. 289. — Comportamiento de 
Saavedra y Jovellanos con el Príncipe de la Paz.— Intenta Jovella- 
nos la reforma de los estudios públicos.— Válese para ello del sa- 
bio Obispo Tavira.— Proyecta sujetar la Inquisición á la regla de 
los demás Tribunales. — Es exonerado del ministerio y enviado á 
Asturias.— Le reemplaza Caballero. — Envenenamiento y persecu- 
ciones.— Suerte que cupo á las reformas por él iniciadas, págs. 344 
á 348, 357 y 359. 

Tomo XVI. — Destierro, prisión y largos padecimientos del ilus- 
tre Jovellanos.— Qué parte tuvo en ellos Godoy. — Loque este suce- 
so aumentó contra él el disgusto público, págs. 154 á 156. — Nombra- 
miento de Jovellanos de individuo de la segunda Junta de Gobier- 
no en I.** de Mayo de 1808, pág. 270. — José Bonaparte le confiere el 
nombramiento de Ministro del Interior, pág. 322.— Jovellanos, indi- 
viduo de la Junta Central. — Diferencia de opiniones entre Florida- 
Blanca y Jovellanos, págs. 386 y 387. 

Tomo XVII.— Respuesta á Sebastiani, pág. 13.— Jovellanos re- 
formista.— Convocatoria á Cortes apoyada por Calvo de Rozas, 
Valdés y el Marqués de Astorga, págs. 31 y 32. — Designa la Junta á 
Jovellanos y Riquelme para el regreso á Madrid, pág. 65. — Jove- 



INVENTARIO DE UN JOVELLANISTA 121 



. llanos y Valdés presentan el Reglamento para la Comisión Ejecu- 
tiva, pág. 70.— Jovellanos propone la formación de dos Estamentos 
(Congreso y Senado), pág. 136. -Es declarado beneméyiio de la pa- 
Iría por las Cortes de 1812, pág. 269. 

Tomo XXL— Sociedad secreta llamada de Jovellanos, formada 
en 1837 por los conservadores para combatir á los progresistas del 
ministerio Calatrava, pág. 255. 

La Fuente y Condóa- (Vicente de). — Historia de las Sociedades se- 
cretas antiguas y modernas en España, y especialmente de la 
francmasonería.— 'Lugo, Soto Freiré^ 1870-1873; 2 tomos y apéndice, 
3 vol. en 8.» 

Vid. tomo II, pág. 95: Sociedad de Jovellanos: Estatutos, Ma- 
drid, 1837. 

Tan lejos andaban semejantes sociedades políticas de conocer á 
Jovellanos, ni sus obras, ni su espíritu, ni sus aspiraciones genero- 
sas, como aparecían ridiculas al constituirse secretamente bajo el 
nombre de aquel varón esclarecido, para lograr el poder por me- 
dio de bochornosos pronunciamientos militares, mengua y vilipen- 
dio del ejército, y escarnio vergonzoso de la patria. 

La Serna (Pedro Gómez de) y Montalvan (Juan M.). 

Elementos de Derecho Civil y Penal de España, precedidos de 
una reseña histórica de la legislación española.— Madrid, 1874. Un- 
décima edición, tomo I. 

Duodécima edición, 1877, 3 tomos en 4.° 

Lasso de la Vega (J. M.) — Traductor de La Mennais; vid. anóni' 
mo X. 

Lasso de la Vega y Arguelles (Ángel). — Historia y juicio crítico 
de la escuela poética sevillana en los siglos X Vlily XIX, (Memo- 
ria premiada por la Real Academia de Sevilla.)— Dos tomos en 4.® 

Laverde Ruíz (Gumersindo).— -£"wsa>'OS críticos sobre Filosojia, Li- 
teratura é Instrucción pública españolas, por el Licenciado Don 
Gumersindo Laverde... Lugo: imprenta de Soto Freiré, editor, 
1868: un vol en 4.**, de xxxi-526 págs. 

Véase el excelente capítulo yoir//a«os católico, págs. 393 á 431. 
Y sobre otros puntos, las págs. 288, 317 y 480. 

Parte del primero había aparecido anteriormente en el periódi- 
co Faro Asturiano, según declara su autor. En el presente libro se 
. amplía y modifica dicho trabajo. 

Vid. en la sección de Public, periód. la Revista de Asturias. 



122 INVENTARIO DE UN JOVELLANISTA 

Linares Y Pacheco (Wenceslao t>k).— Noticia histórica del Exce- 
lentísimo Señor Don Gaspar Melchor de Jovellanos... En la edición 
délas Obras de Jovellanos, de Barelona, 1839 á 1865, tomo VIH» 
pág. 205.) Ya dijimos que era un plagio de Cean. 

Llanos y Noriega (Eulalia de. — {De Asturias.) 
Vid. el anónimo XII en esta sección. 

Llórente (Juan Antonio). — Historia crítica de la Inquisición de 
España.— Pavís, 1817^ cuatro tomos en 8." 

Vid. Persecuciones de Jovellanos, tomo II, pág. 540, y tomo IV, 
pág. 122. 

Otra edición se publicó en París, en francés, y otra en Madrid 
(París, también, según Salva), 1822. Diez vol. en 18.** francés. 

Maffei (Eugenio) y Rúa Figueroa (Ramón). 
Bibliogra/ía mineral hispano-americana. — Madrid. Imprenta de 

J. M. Lapuente, 1872.— Dos tomos en 4.*^ 
Sobre Jovellanos, tomo. I, págs. 373, 374 y 375, con un ligero resu- 
men de la vida de Jovellanos^ y breve noticia, bajo los números 
1267, 1268, 1269 y 1270, de los ordinales de este libro, 171, 184, 185 y 
186, sobre el Real Instituto Asturiano é Informes de carbones. 

Masdeu (Juan Francisco), 
Vid. este nombre en la sección extranjera. 

Meléndez Valdés (Juan).— Po^s/rts. — Madrid, 1820.— Cuatro vol. 
en 8.^, con retrato. 

a) Al Excmo. Sr. Don Gaspar Melchor de Jovellanos, caballero 
del Orden de Alcántara, del Supremo Consejo de Castilla, en 
su Jelis elevación al Ministerio Universal de Gracia y Justi- 
cia.— Su amigo Juan Meléndes Valdés.— (FoWeúlo en 16.° de 
xiíipágs., sin año de impresión, pero es de 1798.) Comienza: 

¿Dexaré yo que pródiga la Fama 
(1) Cante tus glorias, y que el himno suene... 

b) yíybümo, el día de su cumpleaños: 

Deja, dulce Jovino... 

c) Al nacimiento de Jovino: 

Id, ¡oh cantares mios! en las alas... 



(i) Esta oda epistolar (lettera poética) fué traducida al italiano por el jesuíta Juan 
Francisco Masdeu, y publicada en Ascoli, año 1798. 



INVENTARIO DE UN JOVELLANISTA 



123 



d) Cartas ájovellanos (firmadas Butilo), inéditas, en Gijón, en 
poder de la familia Rodríguez San Pedro. 

e) Catorce cartas ájovellanos. Impresas en el tomo 63.'' de la Bi- 
blioteca de Autores Españoles de Rivadeneyra, págs. 73 y si- 
guientes. 

Sobre las poesías de este autor á Jovellanos, vid. Meléndes 
Valdés, en la sección Dedicatorias. 



Julio ^oiaoza yvioNxsoRiú. 



(Continuará). 




Micro-Archipiélago de Cagayancillo 



(ISLAS KILIPINAS)(t) 



SU REINO VEGETAL 




|s en general la vegetación en estas isletas de bajas 
y raquíticas formas; ni era de suponer fuese fron- 
dosa y exuberante en terrenos como estos defor- 
mación primeva, y en general quebrados y montuosos. No 
obstante, en los terrenos playeros danse multitud de varie- 
dades de especies vegetales de grande y reconocida utili- 
dad, si bien comunes y conocidas en las demás islas del 
Archipiélago Filipino. Ajenos á toda innecesaria y vana os- 
tentación científica, dejamos aparte, y para otros, enojosos 
y áridos tecnicismos, permitiéndonos tan solo ligeras indi- 
caciones para completar estos apuntes, sobre lo que en este 
particular hemos podido observar durante nuestra residen- 
cia en esta localidad. 

Empezando por el más importante grupo de cereales 
del país, dase bien el arroz de secano (palay sa bantiid)^ ó 
de monte, cuyas siembras, bastante reducidas, se efectúan 
en Abril y Mayo, para recolectarlo en Octubre. De las mu- 
chas variedades del de regadío, ninguna se ha podido obte- 



(1) Véase la pág. 36. 



MICRO-ARCHIPIÉLAGO DE CAGAYANCILLO 125 



ner con buen resultado, pues lo suelto de los terrenos no 
favorece la retención de las aguas pluviales necesarias para 
el desarrollo de la planta. 

También se da, y abundante, el maíz en sus variedades 
blanca 3^ colorada, de grano pequeño, ya. degenerado, cuya 
siembra se efectúa en los mismos meses que la del arroz, 
recolectándose en Julio y Agosto. Este cereal forma la 
base de la frugal alimentación de estos isleños durante 
gran parte del año, merced á la mayor extensión de sus 
siembras con preferencia á otros cereales, por lo precoz 
del desarrollo y la abundancia de sus rendimientos. 

El mijo (daiía) obtiene algún cultivo también, aunque 
escaso, en estas isletas, como objeto más bien de lujo y se- 
cundario en la alimentación indígena; al igual que el sorgo 
(batat). Uno y otro suelen sembrarse á boleo, en medio de 
los maizales. 

De las plantas leguminosas, cultívanse aquí, en primer 
término, las judías del país (bat-ao), fréjoles (hantad)^ con 
el diminuto y negro malayo ó calatit, el substancioso 
ínoiígo y la avellana americana {manimani) ó cacahuete; 
obteniéndose muy reducidas cosechas por lo rutinario de 
los cultivos, no obstante las reconocidas utilidades que po- 
drían reportarse verificando con esmero, inteligencia y 
cuidado las siembras. 

Entre los tubérculos nabiformes y raíces alimenticias, 
ya cultivables, ya espontáneos de estas isletas, ocupa lu- 
gar preferente el Corot (1) ó Cayus tubérculo muy carno- 
so, bienal, de configuración globosa, tallo herbáceo, aéreo 



(1) Este precioso tubérculo, injustamente despreciado por algu- 
nos, — sin que tal vez lo hayan jamás saboreado, — digno de figurar en 
la aristocrática mesa, rivalizando con la patata de las mejores huer- 
tas, suele el isleño cocerlo casi siempre al vapor, pues sometido á la 
ebullición, queda convertido en blanda masa farinácea. 

Al que piense que la coción al vapor, es descubrimiento moderno 
de alguna inteligencia privilegiada, le causará sin duda extrañeza 
verla practicada desde tiempo inmemorial por los isleños de este ol- 
vidado pueblo. 

El generador del vapor es una olla grande, llena de agua hir- 
viendo; en la boca de la olla se adapta otra llena de tubérculo seco, 



126 MICRO-ARCHIPIÉLAGO DE CAGAYANCILLO 

y voluble, que apoyado en ramajes, sube enredado á gran- 
de altura. "De cultivo muy fácil y sencillo, crece aquí casi 
espontáneo en los lugares más incultos; para destinarlo á 
la alimentación, requiere algunas operaciones previas, que 
tienen por objeto separarle el principio venenoso de su car- 
ne; lo cual se logra fácilmente, colocándolo en agua dulce 
renovada con frecuencia durante tres días; así curado, 
oréase bien hasta secarlo, y en tal estado se conserva inde- 
finidamente: es alimenticio, superior y preferible á la 
patata. 

Borot^ Ubi^ Ulabi^ Bellacag^ cuatro variedades de tu- 
bérculos anuales, que en nada desmerecen del anterior. 
Ticunas, raíz nabiforme anual, de carne blanca, acuosa é 
insípida; secóme crudo. También se da abundante y con 
gran economía de trabajo el alimenticio y feculento tu- 
bérculo anual Camote, en sus dos variedades: Camoteng 
cahoy, de tallo aéreo, semileñoso, arborescente, de raíz na- 
biforme cilindrica y de carne fibrosa; con la otra variedad 
denominada amoteng Cbalagon^ de tallo filamentoso, her- 
báceo y reptante, de raíz globosa, de carne blanca, suave 
y muy sabrosa; ambos de cultivo sencillo en terrenos silí- 
ceo-calizos muy humosos, y ricos en despojos orgánicos. 

Otro tubérculo se encuentra aquí espontáneo, llamado 
Casanggotí (1) perteneciente á las liliáceas; planta bienal, 
de fruta arracimada de color rojo muy intenso; hojas ente- 
ras, abrazadoras de unos treinta centímetros de largo. Su 
tuberculosa raiz, bien seca y reducida á polvo, se amasa for- 



partido, pasando el vapor desde la olla inferior á la superior por un 
orificio que ésta tiene en su base, adaptada á la boca de la olla-ge- 
nerador. El mecanismo no puede ser ni más sencillo, ni más eco- 
nómico. 

Semejante cocción al vapor no sólo la verifican con dicho tubércu- 
lo, sino también algunas veces con el arroz, á lo cual les obliga la 
falta de agua dulce, que sufren con frecuencia durante sus largos 
viajes á la pesca. En estos casos utilizan el agua del mar para la coc- 
ción en la forma dicha. ¡De cuántos útiles descubrimientos no ha sido 
madre fecunda la necesidad! 

(1) De la raiz sanag, resplandor, claridad. ¿Será así nombrado 
por él rojo-carmin de su fruta arracimada? 



I 



MICRO-ARCHIPIÉLAGO DE CAGAVANXILLO 127 

mando panecillos, que se someten luego á prolongada ebu- 
llición. Se da en abundancia y espontáneo en la isleta de 
Cauili, constitu3''endo un recurso de alimentación sencilla y 
económica para los isleños pescadores, cuando por causas 
imprevistas se les prolonga la estancia en dicha localidad, 
agotándoseles los recursos de antemano preparados. 

Aanavan, raiz tuberculosa también, no despreciable en 
épocas de escasez y hambre. Esta raiz suele ocultarse á 
grandes profundidades, lo cual dificulta mucho su extrac- 
ción, tanto más, cuanto que siempre crece en lugares pe- 
dregosos y entre espesos matorrales, que sirven de apoyo 
al débil, filamentoso y voluble tallo. 

Materias textiles dánse también, y casi espontáneas, y 
en estado silvestre algunas especies de general y reconoci- 
da utilidad. La liliácea pina {Annasa sativa), cuya agridul- 
ce fruta se parece, en efecto, á la pina, y de cuyas recti- 
nervias y persistentes hojas se extrae la fibra de su nom- 
bre, que ha de formar delicada trama de sutiles tejidos; 
Maguí (fam. liliáceas), planta textil de fácil y económico 
cultivo, espontánea en los montes y lugares incultos, for- 
mando á veces útil y provechosa cerca de defensa en los 
sembrados reducidos, y huertecillos del indígena. De sus 
perennes y prolongadas hojas enteras de trama rectinervia 
se extrae el blanco y delicado filamento de igual nombre de 
escasa consistencia. 

Buri, gigantesca palma de gallardo aspecto, cuyas pal- 
minervias, persistentes, extensas y fuertes hojas, juntamen- 
te con el prolongado peciolo, proporcionan materia primera 
á gran número de industrias, por desgracia aún rudimenta- 
rias: partida la amplia y arborescente hoja, separadas del 
común limbo las prolongadas hojas secundarias, ajustadas 
y cosidas luego entre sí, con filamentos de bejuco, se adap- 
tan, formando inmensa sábana, como velamen de gran re- 
sistencia y economía, para los numerosos pancos ó peque- 
ñas embarcaciones de este pueblo. Dicha hoja bien seca 
y convenientemente partida en estrechas y largas tiras, te- 
ñidas luego con tintes vegetales, forma materia exclusiva 
en la fabricación de gran variedad de esteras del país, ees- 



128 MICRO-ARCHIPIÉLAGO DE CAGAYANCILLO 

tos ligeros de relativo lujo, sombreros, petacas y otros mil 
tejidos de capricho, adorno y fantasía. 

Con las apretadas y largas fibras del peciolo de esta pal- 
ma, descarnándolas cuidadosamente, tenemos materia apta 
para toda clase de cordelajes, desde el grueso cable de ama- 
rre hasta la más delicada cuerda; y si oportunamente se 
hiere el tallo de las yemas florales, brota benéfico y azura- 
do licor, precioso calmante en ciertas enfermedades (1). 

Ñipa, ó palma enana, de tallo bajo, casi rasante, mara- 
villoso laboratorio viviente, que con misterioso arte trans- 
forma los nauseabundos gases é infectas aguas de pantanos 
y marismas, donde radica y se desarrolla, en confortante li- 
cor, que brota puro y como destilado de las heridas que se 
le hacen en el substentáculo de las 3^emas florales. La in- 
dustria convierte este líquido en aguardientes aceptables, 
muy semejantes á los que proceden del zumo de uva. Tam- 
bién las hojas de este árbol son útiles, pues con ellas se te- 
jen esteras más ó menos delicadas para diferentes usos y 
se cubren los techos del caserío indígena, siendo, por su 
conductibilidad nula, oportuno abrigo contra los extrema- 
dos calores de las zonas cálidas. 

Cocotero {Cociis nucíferus), llamado con razón por el 
príncipe de los botánicos "el rey de los vegetales„. Su culti- 
vo, como el de los anteriores, es por demás sencillo, bas- 
tándole un terreno arenoso, débilmente fertilizado con des- 
pojos orgánicos. Es árbol verdaderamente providencial: en 
él halla el indigente, sin esfuerzo alguno, saludables ali- 
mentos, sólidos y líquidos, é infinidad de primeras materias 
para multitud de industrias y artefactos domésticos. Igual 
que de la Ñipa, puédese sacar del Cocotero abundante licor 
espirituoso de aná'ogas cualidades á las del que procede 
de aquella, si no se prefiere utilizar su fruto (2) , de tamaño 
excepcional; mas para ello es preciso respetar sus yemas 



(1) Alcanza el tronco de esta palma hasta 50 metros de altura, por 
1,50 de diámetro en su base: florece una sola vez, para morir luego. 
Hay peciolo de tres metros longitudinales, por siete centímetros de 
diámetro en su base, 

(2j Llega á 0,20 metros de diámetro; está recubierto de dos cas- 



MICRO-ARCHIPIÉLAGO DE CAGAYANCILLO 129 



florales. vSon innumerables los usos á que se destina el fruto 
indicado: su envoltorio externo sirve para el calafateo de 
todas clase de ennbarcaciones, y eso mismo, carbonizado y 
reducido á polvo, para materias explosivas; tampoco es 
raro destinar dichas fibras para cordelajes, pinceles, etc., 
y frecuentísimo utilizar la segunda cascara, endocarpio, 
que es dura y huesosa, en recipientes ó vasijas para todos 
los usos domésticos. Finalmente, la carne perispérmica de 
esa fruta, sujetándola á ebullición y bien macerada, nos 
dará un líquido oleoso, con que se substituye al aceite en 
sus diversas aplicaciones. La hoja del Cocotero tiene usos 
análogos á la del Burí y la Ñipa. 

Bonga, altiva y hermosa palma de hojas perennes y ar- 
borescentes. De su tronco nacen primero ciertos substen- 
táculos, llenos de yemas y botones, y más adelante nota- 
bles racimos de fruta, muy agradables á la vista por su co- 
lor rojo acarminado, aunque de sabor ingrato. Dicho fruto 
es uno de los componentes del buyo^ tan usado entre los 
indígenas, y en cuya composición entran además hojas de 
betel y cal de concha. 

Pandan (Pandanus odoratissimus)^ árbol conifero de 
pobre aspecto, de tallo cilindrico y semileñoso, abundante 
en yemas laterales, de hoja persistente, estrecha, afilada, 
bordeada de numerosas y penetrantes agujas, abundantes 
raíces adventicias y aéreas, hasta gran altura del tallo. Su 
fruta es apiñada, de regular tamaño, y con su hoja elabora 
el indígena tejidos de varias clases. 

Casia, arbusto oleáceo, espontáneo, precoz y perenne: 
fruto aquenio, con abundante semilla, de la cual se extrae 
mucho aceite industrial. De cultivo sencillo en terrenos hú- 
medos y sueltos, se desarrolla mucho en tiempo lluvioso, 
rindiendo no escaso fruto á los cinco meses. El indígena no 
ha fijado su atención como debiera en esta planta. 



caras, la primera muy fibrosa, y muy dura la segunda: cuando verde, 
contiene como medio cuartillo de un licor agradable y refrigerante , 
bastante menos venenoso que la tan generalizada cerveza ale- 
mana. 



130 MICRO-ARCIIIPIÉLAGO DE CAGAYANCILLO 

Ricino {Tangantangan), planta de la misma familia que 
la anterior (oleáceas), é iguales caracteres generales, fruto 
arracimado y perenne, hoja palminervia muy hendida, co- 
diciado pasto del ganado cabrío, al par que vivienda y ali- 
mento del gusano de seda. El licor de sus semillas es de fre- 
cuente uso en la medicina. El indio descuida bastante el 
cultivo de esta planta, que podría ser una fuente de riqueza. 

También la Manga, cuyo fruto es exquisito, vejeta 
frondosa en estas isletas. 

Nangca, árbol lozano y corpulento, de la familia de las 
cupulíferas; fruto ovalado de gran tamaño, que alcanza á 
veces el peso de dos arrobas: es lo único aprovechable de 
este frondoso árbol. 

Ha}^ otros varios que brevemente vamos á enumerar: el 
Limoncito, de fruto agradable; el Ciruelo, que aquí se des- 
arrolla muy poco; el Biniis, planta de marisma, de fruto 
siempre insípido, aun condimentado; el clásico y tradicio- 
nal Plátano, en sus múltiples variedades; la Papaya^ de 
tallo esbelto; y otros menos importantes: tales son los 
frutales aclimatados en esta localidad, formando impor- 
tantes recursos de subsistencia de este pueblo. Bambú, ve- 
getal bien conocido que alcanza una altura notable; apro- 
véchase para usos muy diversos: sus cañas en la construc- 
ción de casas y en la fabricación de muebles; de su corteza 
se hace papel; los nudos proporcionan una especie de azú- 
car y los brotes tiernos son comestibles. El frondoso Dun- 
gun, con el férreo é incorruptible Molave y el leve Annlin, 
son las únicas maderas utilizables que hay en estas islas. 



su FAUNA. 

Consecuencia natural de la corta extensión de estas is- 
las, es lo escaso de su reino animal: faltan aquí los ejem- 
plares más importantes de la fauna filipina, y aun los tipos 
de órdenes que existen son escasos. 

De los Mamíferos, hallamos algunas mermadas ban- 
das de los frugívoros monodelfos, murciélagos de enor- 



'micro-archipiélago de CAGAYANCILLO 131 



me tamaño que al caer de la tarde revolotean en torno 
de las altas palmeras. Plaga harto numerosa la del Mus 
{balabao),que no pocas veces devasta importantes siembras, 
sobre todo en la isla Calosa.— El carnívoro y fiel Cants 
{ayam\ con su natural enemigo, traidor y sanguinario gato 
{cutí), ya silvestre, ya domesticado; la cabra doméstica 
{canding), con escaso número de vacunos, y más reducido 
aún de búfalos domésticos {carabao), dignos por cierto éstos 
de mejor suerte que la que logran en manos de tan ingratos 
é indolentes dueños, no obstante ser ya objeto de algún 
aprecio y cuidado. 

Es común el cerdo {baboy), de carne muy apetecida. Su 
cría está abandonada, no obstante los excelentes resultados 
que, á no dudarlo, reportaría quien con algún esmero se de- 
dicase á su propagación. 

Poco de interés ofrece la parte de aves que aquí tiene 
morada fija, si exceptuamos, como es razón, las marinas, 
que son dueñas de solitarios islotes. Hay diferentes clases 
de palomas: de la llamada aquí Ladii^ de color ceniciento 
y tamaño ordinario, se ven algunas bandadas no muy nu- 
merosas: lo propio acontece con la Binatag, algo más pe- 
queña, de color verdoso, salpicado de carmín; aún es más 
rara la Aboon, de color ceniento y doble tamaño que las 
anteriores. Es notable la Dondonay , que abunda en la isla 
Canili; la Limacon {Columba Sinensis), de colores rojizos 
metálicos, es bastante rara, y más aún la Camaso {Litto- 
ralis columba) de fondo blanco y negras extremidades: 

Es precioto ornamento de estas islas el diminuto Colibrí 
{Trocliillus pella), de finísimos colores; hay algún ejemplar 
del conocido Martín Pescador {Binaca), y bastantes más de 
la hermosa Oropéndola. 

Muy notable es el Tabón {Cubrir, en visaya), de tamaño 
no grande, conocido por su modo bien extraño de empollar: 
entierra los huevos á gran profundidad en la arena, y los 
deja confiados al calor natural; dotados los polluelos del 
raro instinto de escarbar no bien han salido del huevo, 
presto aparecen en la superficie. 

No es posible pasar por alto la Salangana {Balinsisiao), 



132 MICRO-ARCHIPIÉLAGO DE CAGAYANCILLO 



golondrina bien conocida por sus nidos (1), que delicada- 
mente condimentados, forman un alimento exquisito y subs- 
tancioso. 

Vénse numerosas variedades de zancudos y palmípe- 
dos, sobresaliendo por su agilidad la Cigüeña; abunda el 
Tulabon^ cigüeña de color ceniciento y de corto vuelo. El 
Conuyus, ave palmípeda, es notable por su vuelo alto y 
sostenido; El Gooc^ también palmípeda, es mucho más pe- 
queña, de color ceniciento: ambos viven formando inmensas 
bandadas en la solitaria isla de Bonbón, sin fabricar jamás 
abrigos para sus huevos, pues los depositan en las pla3^as 
arenosas, donde los va incubando el calor natural. 

La Foca vive en estos mares como en su propio elemen- 
to, y abunda bastante. El formidable empuje de las olas 
obliga á veces á las ballenas á emprender forzadas excur- 
siones por estas costas; cuatro años hace varó una al pie de 
la isleta Laguisán, en donde se ve todavía parte de su colo- 
sal osamenta, y escasamente ha transcurrido un año, des- 
de que dos ballenatos, ya de respetable tamaño, dieron, 
empujados por el fuerte oleaje, en las playas de Lang-Usá. 
Gracias á la poca actividad de los isleños y á la marea alta, 
recobraron la libertad. 

El único reptil quelonio, es la colosal tortuga en sus di- 
ferentes variedades. Alcanza á veces hasta dos quintales de 
peso, y metro y medio de diámetro su espaldar. El recurso 
más importante que tienen estos isleños, como ya lo deja- 
mos dicho, es el que les produce la pesca de la tortuga (2). 

De los Saurios poco de notable ofrecen estos lugares, 
pues sólo hallamos algunas Iguanas^ enormes lagartos an- 
fibios y sanguinarios, que viven en aberturas de peñascos, 



(1) Se ha dicho que estos nidos están amasados con plantas mari- 
nas y huevos de peces; pero examinados cuidadosamente al micros- 
copio, resultan ser de una substancia gelatinosa homogénea, elabo- 
ración no desemejante, á lo que parece, á la tela de arena. Esa es 
también la opinión de los naturales. 

(2) Tampoco la tortuga se toma trabajo alguno con sus crías: de- 
posita los huevos á cosa de un metro de profundidad en la arena de 
la playa; el calor natural las desarrolla, y, apenas nacidas, salen á la 
superficie, corriendo al punto á zambullirse en el agua. 



MICRO-ARCHIPIÉLAi;0 DE CAGAYANCILLO 133 

próximos á marismas y pantanos, para acechar mejor la 
presa. Hay otra variedad más abundante, la pequeña é in- 
ofensiva lagartija {Socsoc), con el lagarto {Tacqid) de piel 
pintorreada, todos de pacíficos instintos, á pesar de lo cual 
suelen ser injustamente molestados, pues debía conside- 
rárseles como bienhechores, ya que limpian las viviendas 
de molestísimos insectos. El grotesco y acompasado chi- 
rrido que suelen á veces producir, es para el indígena obje- 
to de fatídicas supersticiones. 

La Culebra pequeña {Saii-d) y alguno que otro ofidio 
acuático y pacífico, tales son las escasas variedades de este 
orden aquí observadas. 

Son importantes los grupos de peces y de crustáceos. 
Los primeros abundan en todas sus variedades: raros al- 
gunos por sus formas, visos, colores y reñejos; comunes 
otros y generalmente conocidos, por hallarse en todos los 
mares. Vénse algunos, bien que pocos, ejemplares del Pez 
plano {Patpolat), de cuerpo ovalado. Aún son más raros el 
Caballito marino, el Pez erizo y el Cofre torito; y los arries- 
gados isleños pescan con alguna frecuencia tiburones, ya 
con las gruesas redes, ya con el arpón tridente. 

La Perca, el Salmón, la Trucha, la Carpa, la Caballa y 
mil otras variedades, son muy comunes en estos mares. 

De los crustáceos forman verdadera plaga, destructora 
de sembrados, el Cáncer rurícola^ Cangrejo de tierra, que 
labra su vivienda subterránea en terrenos arenosos y en 
cenagales: el Cangrejo de mar, muy parecido al anterior en 
sus formas generales, es de tamaño bastante mayor. El Ca- 
marón de m^Y {Usayan), deforma prolongada y anulosa; el 
Camarón {Mambá) de pinzas prensiles, y la gran Langosta 
marina {Pangapanga), de igual forma y de mayor tamaño, 
todos forman sus frágiles viviendas en el légamo de mares 
poco profundos, y constituyen un alimento exquisito. En- 
cuéntrase, también, aquí, el Cangrejo bayoneta, llamado así 
por su inflexible cola, parecida á la bayoneta; vive en la 
costa E. de la Paragua. 

De moluscos hay inagotable abundancia y bastante va- 
riedad: el Argonauta {Lagang), de concha blanca, interior- 



134 MICRO-ARCHIPIÉLAGO DE CAGAYANCILLO 

mente nacarada; el Nautilus, de concha nacarada también, 
dividida en celdas. 

Abundan la Jibia y el Calamar, provistos del conocido 
líquido (1), que les sirve de defensa. 

De los cefalídeos, las Limneas, de abigarrados colores, 
y las Cañadillas, de finos esmaltes y tintas variadas; las 
Cipreas, matizadas de vistosas aguas; los Conos, de visos y 
colores inimitables; las Bocinas, de color blanco con man- 
chas negras, y una gran variedad de caracoles de nácar, 
que, con la Madreperla, son objeto de una activa industria, 
sobre todo en la China (2). 

De acéfalos bivalvos, dejando aparte una gran variedad 
de ostras, sobresale la reina de todos. Madreperla blanca, 
de valvas débilmente cóncavas de precioso marfil. 

En el interior de su fibra suele hallarse (no en todas) la ra- 
ra y grandemente apreciada perla blanca, ó aljófares de más 
ó menos valor, según su brillo, tamaño, limpieza, etcétera. 
También abunda la Madreperla negra, pero es rarísima la 
que contiene la concreción que tanto avalora á la Madre- 
perla blanca. La carne de la Tridacna gigas, bien seca, es 
objeto de transacciones mercantiles, y en el mercado de 
Manila suele con frecuencia pagarse á cien pesetas el quin- 
tal. En el Tridacna de pequeñas dimensiones suelen hallar- 
se á veces concreciones esféricas y brillantes de algún va- 
lor, por su parecido con las perlas. 

Distínguense en estos mares cuatro variedades del Bala- 
te, según sus formas y cualidades alimenticias: el de color 
negruzco {baluciingan) de veinte centímetros de longitud 
por ocho de diámetro; el de color rojizo {tulipán), de más 
cortas dimensiones; el Casisi, aún más pequeño, y finalmen- 
te el llamado aquí ColampiUay, que sólo alcanza seis centí- 
metros de longitud. La variedad más estimada es el Casi- 
si (3); pero todas son muy buscadas por los chinos. 



(1) Ha servido muchas veces de tinta en las escuelas públicas de 
este pueblo. 

(2) Suelen cotizarse en Manila estos caracoles á 50 pesetas el 
ciento. 

(3) Suele pagarse en Manila á razón de 200 pesetas el quintal, y 



MICRO-ARCHIPIÉLACxO DE CAGAYAXCILLO 135 



Debemos también mencionar á los Radiados. Distín- 
guense dos variedades: Erizo de mar {Tayum), sembrada la 
superficie convexa de afiladas y débiles púas; la otra varie- 
dad, llamada por los naturales Tilic, tiene púas más largas 
y robustas, de punta trifilar. La carne de estos erizos la co- 
men, sí, los isleños, pero sólo á falta de otros alimentos. 

Los pólipos forman grandes masas submarinas, que son 
en muchos puntos grave peligro para las embarcaciones. 
El ramoso y arborescente coral, la madrépora, de formas 
fantásticas y de primorosos colores, las blancas y rojizas es- 
ponjas tubulares juntamente con las protoplásmicas amibas 
y otros organismos amorfos, constituyen inmensas aglome- 
raciones. 

^R. ^ALVADOR yotiS 
Agustinitno. 

Cagay-ancillo, 15 de Abril de 1892. 



de 400 en China. Las demás clases no pasan de 125 pesetas. Cosa de 
100 quintales anuales suelen llevar estos isleños á la capital del Ar- 
chipiélago. 








S5^-^^^?^i^->^^S^^^^^^^^^^5^s^^!|S^^^^^^^^^.^^^í^^^^p^^^^^g§ 



bibliografía 




Observatorio Meteorológico de Manila bajo la dirección 
DE los Padres de la Compañía de Jesús. — El Magnetismo 
TERRESTRE EN FILIPINAS, por el P. Ricavdo Cirera, S.J., Di- 

rector de la Sección Magnética.— Ma.ni\a, Tipografía de Chofré y 

Compañía, Escolta, 33.— 1893. 

Plenamente demostrada se halla hoy la transcendental importan- 
cia científica que encierran los trabajos encaminados á descubrir las 
leyes reguladoras de las manifestaciones magnéticas en los diferen- 
tes puntos del globo, principalmente desde que por repetidas obser- 
vaciones ha habido ocasión de comprobar el enlace existente entre 
determinados movimientos de las agujas imanadas y la aparición de 
fenómenos telúricos ó extratelúricos, cuyo conocimiento completo y 
detallado supone como preliminar el del magnetismo terrestre. Sa- 
bios físicos y astrónomos vienen consagrándole hace tiempo largos 
años de estudio, dirigiéndose con especialidad sus esfuerzos á com- 
pletar el trazado de isógonas, isodinas é isodindmicas en ambos he- 
misferios boreal y austral, tarea sumamente penosa, que exige para 
llevarla á cabo en debida forma la cooperación de numeroso y com- 
petente personal, y el establecimiento de Observatorios magnéticos 
en multitud de localidades. Asunto es éste, en que, como sucede con 
respecto á Meteorología, en el sentido más estricto de la palabra, 
casi todo hay que esperarlo de la protección de los gobiernos, sin la 
cual apenas se encuentra quien lleve su entusiasmo y amor á la 
Ciencia hasta el extremo de sacrificar su saber y caudales á la obten- 
ción y registro de aparatos, muchos de ellos costosos y delicados, no 
esperando otra recompensa que la noble y desinteresada satisfacción 
de haber coad5^uvado á un descubrimiento científico. 



BIBLIOGRAFÍA \'A7 



Por tal razón, nos parece digna de los mayores elogios la conducta 
de nuestros gobernantes, al establecer el Observatorio Meteorológico 
de Manila con carácter oficial y dotarle con una subvención que per- 
mite a los Padres de la Compañía de Jesús, á cuyo cargo se halla dicho 
establecimiento, ir ampliándolo y elevándolo poco apoco á la altura 
de uno de los mejores Observatorios de Europa. Prueba evidente de 
lo que vamos diciendo es la Memoria que tenemos á la vista, trabajo 
que honra indudablemente al Observatorio, donde se han tomado los 
datos en ella consignados.á lavez que da una idea de lo mucho que po- 
drá hacerse en el estudio de las indicaciones magnéticas en sus rela- 
ciones con el origen y desarrollo de los baguios, cambios de monzón, 
terremotos, vulcanismo, etc., fenómenos tolos tan frecuentes en las 
islas Filipinas. 

La parte más interesante de dicha Memoria la constituyen sus 
cuatro últimos capítulos con las cartas y tablas en ellos insertas, que 
contienen los elementos magnéticos del Archipiélago, correspon- 
dientes al 1.*' de Enero de 1892, y las variaciones anuales y diarias 
de los mismos durante los años 1890, 91 y 92, terminando con un ca- 
tálogo de las perturbaciones registradas en idéntico intervalo de 
tiempo. Obsérvase que las isógonas atraviesan las islas, subiendo 
rápidamente hacia las costas orientales de la China, es decir, con 
una inclinación tal, que á partir de la parte septentrional del Archi- 
piélago en dirección S. S. O., la declinación E. aumenta: la isógona 
de O** pasa por el extremo N. E. de la isla de Luzón, desde donde di- 
rigiéndose hacia el N. N. E. sucede lo propio con el aumento de decli- 
nación, pero en sentido opuesto; la regularidad délas isodinas es bas- 
tante notable sobre todo cerca del ecuador magnético que cruza por 
el S. de Mindanao, y los meridianos magnéticos forman con los geo- 
gráficos ángulos variables sin arreglo á ley alguna, como en efecto 
debía suceder, dada la manera de ser de las isógonas. 

Con objeto de dar alguna explicación á semejantes anomalías, muy 
poco conformes con la hipótesis emitida hace algún tiempo, que consi- 
dera á la tierra como un gigantesco imán, ha sido necesario suponer 
que existe al K-. de Siberia un poderoso foco de atracción, especie de 
polo secundario. Por lo que se refiere á las perturbaciones magnéti- 
cas, son más frecuentes é intensas en los equinoccios que en los solsti- 
cios; y resulta de su comparación con las registradas en el Parque de 
San Mauro, que la amplitud de la oscilación difiere notablemente de 
la de éstas, manifestándose muy inferior. La que corresponde á la os- 
cilación diaria va aumentando del 90 al 92 siguiendo el desarrollo cre- 
ciente de la actividad solar, de manera que tenemos un nuevo com- 
probante de la relación que une las tempestades magnéticas con las 
que se desarrollan en la fotoesfera del Sol. Otras observaciones refe- 
rentes á las variaciones de los elementos magnéticos, que han coin- 
cidido sucesivamente con los eclipses de Sol y de Luna, así como las 



138 BIBLIOGRAFÍA 



que puedan acompañar ó preceder á los grandes fenómenos'meteoro- 
lógicos de carácter local, requieren largos años de comprobación an- 
tes de ser elevadas á la categoría de leyes. No podemos descender ;l 
más detalles, que nos harían extender más de lo justo. Diremos para 
concluir que los primeros capítulos de la Memoria cuyo objeto es ex- 
poner la historia del Observatorio, describirlos aparatos absolutos y 
de variaciones y su instalación, é indicar los procedimientos y méto- 
do de observar, se encuentran llenos de doctrina y la convierten: por 
decirlo así, en una especie de Tratado del Magnetismo terrestre en 
cuanto sometido á la observación científica. 



Philosophia moralis in usum scholarum. — /ÍMc/or^ Victore Ca- 
threin 5. J.— Cum approbatione Rev. Archiep. Friburg.—Fri- 
burgi Brisgovias, sumptibus Herder, 1893.— 8." rúst., X-396 páginas. 

No es este uno de tantos libros que se escriben no más que por 
escribir, repitiendo con distintas palabras lo que han tratado antes 
muchos autores hasta la saciedad. En el que hoy anunciamos al pú- 
blico se tratan cuestiones candentes y de verdadera importancia. 
Sabido es el incremenio alarmante que en Europa va adquiriendo 
el socialismo; ante sus imponentes manifestaciones tiemblan y se 
estremecen no sólo los simples ciudadanos, amantes del orden públi- 
co, sino los mismos gobernantes de las naciones, y los Jefes supre- 
mos de las mismas. Es, por consiguiente, necesario atacar á este ene- 
migo común con toda clase de armas; no basta hacerle frente y 
acometerle lanza en ristre; se hace preciso combatirle sus ideas erró- 
neas y extravagantes hasta el absurdo. 

Así lo ha comprendido el sabio P. Cathrein, y por esa razón con- 
sagra largas páginas de su obra á la refutación del comunismo en 
todas sus fases y manifestaciones, haciendo ver con evidencia los 
falsos fundamentos en que se apoya, y las consecuencias lamenta- 
bles que se seguirían si sus adeptos lograsen reducirle á la práctica. 

Otro de los puntos, nuevo en esta clase de obras, que examina el 
docto Padre jesuíta al tratar de la constitución de la sociedad civil, 
es la emancipación de la mujer. Esta cuestión, de igual actualidad y 
de gran transcendencia también, la trata el autor con grin elevación, 
demostrando que las libertades y derechos que se reclaman son 
gravísimo, casi insuperable obstáculo, para que la mujer cumpla en 
el hogar doméstico con los honrosos y altísimos deberes de que en 
ningún caso puede prescindir. 



BIBLIOGRAFÍA 139 



Los Obispos dk Teruel, por el Dr. D. Manuel Eixarch Santapau 
Canónigo Doctoral de la Santa Iglesia Catedral de Teruel.— Te- 
ruel, imprenta de Mallén, 

Acaba de publicarse este libro por varios conceptos importante- 
En las azarosas circunstancias por que atraviesa la Iglesia, y muy 
especialmente la de Teruel, nada más del caso que presentar en sen. 
cilla forma los grandiosos hechos de los Prelados, que, puestos por 
el Espíritu Santo, han regido la Iglesia de Dios. 

Tal es el pensamiento que domina en el libro que acaba de publi- 
car el Doctoral de la Catedral de Teruel, donde descuellan las accio- 
nes nobles y desinteresadas, las virtudes eminentes, los sacrificios 
heroicos y la ciencia sublime de los que rigieron la diócesis turolense. 

El M. I. señor Navarro, Magistral de aquella iglesia, dice en su 
bien meditada censura... "Que su lectura ha de ser realmente conve- 
niente y provechosa, no sólo para satisfacción de eruditos y curio- 
sos, sino también para que cuantos lo lleven entre las manos puedan 
admirar y admiren las grandes figuras de los Obispos de Teruel; 
puedan agradecer y agradezcan lo que nuestro pueblo, verdadera- 
mente levítico en sus tiempos más florecientes y de su mayor espíen. 
dor, ha recibido y está recibiendo de sus Prelados, y por consiguien- 
te de la Iglesia nuestra verdadera madre, maestra infalible de las 
eternas verdades, como depositarla única de las altas y salvadoras 
soluciones de que en lo temporal tanto necesitan hoy las sociedades 
y los pueblos,,. 



La Devotion á Saint Joachim, par VAuteur de la devotiotí á Sainte 
Anne.—FdLTis, Tequi, Libraire editeur, 1893.— Un volumen en 8.*^ de 
412 págs. 

El fin que se propone el autor de esta piadosa obrita, es, como él 
mismo nos dice en el prólogo, dar á conocer la devoción á San Joa- 
quín á aquellos que la ignoran, y aumentarla y afianzarla más en 
quien la conoce y practica. Divide su acertado plan en estas cuatro 
partes ó secciones: 1.^ Lo que hizo Dios para preparar á San Joaquín 
á la dignidad de Padre de la Inmaculada Virgen María. 2.* Lo que 
hizo el mismo Santo para disponerse á tan alta dignidad. 3.* Perfec- 
ción con que llenó San Joaquín la misión que Dios le había confiado. 
4.* Alto grado de gloria á que fué encumbrado San Joaquín en la ce- 
lestial Jerusalén, y fa /ores que podemos esperar de él los que todavía 
peregrinamos en la tierra. La unción evangélica unida á una forma 
noble y persuasiva es lo que más recomienda esta oportuna obra. 



140 BIBLIOGRAFÍA 



La Famille Chrétienne, par le R. P. de Laage de la Cornpagnie de 
Jésus. — París. Tequi, Libraire editeur, 1893.— Un volumen en 8.** de 
356 págs. 

El tema de esta preciosa obrita no podía ser más simpático, á la 
vez que altamente benéfico en este siglo en que han comenzado á 
vacilar hasta los fundamentos del buen orden y felicidad de las fa- 
milias, por falta de sabia dirección cristiana, único baluarte que 
podía cerrar la puerta á las ideas pervertidoras que profanan hoy el 
santuario del hogar doméstico. El P. Laage ha empleado con éxi- 
to feliz sus talentos en poner remedio á esos desastres, proporcionan- 
do á las familias lo que les falta, esto es, la paz verdadera, que se en- 
cuentra únicamente en el espíritu del cristianismo. Al efecto expone 
con tono evangélico y persuasivo las virtudes que deben adornar á 
los diversos miembros de la familia, los consuelos que podrán real- 
zar su espíritu en las desgracias de la vida, las reglas y documentos 
que deben observarse para la buena educación así cívica como reli- 
giosa, y para el porvenir y acertada colocación de los hijos. Sería 
de desear que todas las familias se proporcionasen este librito, á 
donde podrían acudir á buscar consejo y aliento en las múltiples vi- 
cisitudes de la vida doméstica. 



Biblia y Egiptología, por el P. Félix Rongier, Aíarista, Projesor de 
Sagrada Escritura y Hebreo.— Estudio científico bíblico. Memoria 
presentada ai Congreso Católico nacional de Sevilla. — Barcelona. 
Librería de Antonio J. Bastinos, 1893.— Un folleto en 8.*^ de 94 págs. 

Este breve y oportuno ensayo de Egiptología, considerada en sus 
relaciones con la Sagrada Escritura del Pentateuco, se distingue y 
recomienda, así por la abundancia de datos científicos y filológicos 
con que el autor ha ilustrado su obra, como por la claridad con que 
demuestra su tesis, haciendo ver la indiscutible harmonía que existe 
entre los últimos descubrimientos egiptológicos y el Pentateuco de 
Moisés. No conocemos la calificación que mereció esta Memoria en 
el Congreso católico de Sevilla; pero alabamos los nobles esfuerzos 
y elevados talentos del P. Rougier, celebrando al mismo tiempo que 
nuestros Congresos católicos den ocasión á este género de trabajos 
y publicaciones, destinados á producir saludables frutos en nuestra 
patria. 



BIBLIOGRAFÍA 141 



Hojas de Catecismo, ó breves explicaciones del P. Astete.— Con 
licencia de la autoridad eclesiástica.— Haro, 1883. Tipografía de 
Miguel Pasamar, Prim, 13.— Un tomo en 12.** 

Sin duda el ilustrado y piadoso autor de esta obrita no echó en ol- 
vido aquella frase, que pronunció en el Senado el Emmo. Cardenal 
Monescillo, de que el pueblo español sólo necesitaba pan y hojas de 
Catecismo; antes al contrario, creemos que ella le ha movido, si no á 
escribir, cuando menos á dar tal título á las Breves explicaciones y 
ampliaciones al antiguo compendio de doctrina cristiana del P. Aste- 
te. El trabajito de que vamos hablando, es oportuno por muchos con. 
ceptos: expone la doctrina con sencillez, y la aclara y graba con 
ejemplos que son muy del caso, y la completa intercalando en sus lu- 
gares correspondientes doctrinas recientemente emanadas de la Cá- 
tedra de la verdad. 

Ya que doctas plumas se dedican á la tarea, por tantos títulos lau- 
dable, de darnos ampliaciones á los Catecismos que existen, sería con- 
veniente que alguna enderezase sus esfuerzos á proporcionar al pue- 
blo cristiano un compendio, breve sí, pero más completo y exento de 
los graves lunares de que adolecen los más populares hoy en Espa- 
ña: el Astete y el Ripalda. 

De todos modos felicitamos al celoso Párroco de San Asensio (Lo- 
groño), por su actividad tan útilmente empleada. 



Oración fúnebre, pyonitnciada por el Revdo. P. Fr. Jimh Vicente 
de Jesús María, Prior del Carmen de esta ciudad de Burgos, el 
día 4 de Julio de 1893, en las solemnes exequias que el excelen- 
tísimo Cabildo metropolitano consagró á su Arzobispo el excelen- 
tísimo y Revmo. Sr. D. Manuel Gomes Salasar y Lucio-Villegas. 
— Imp. de D. Anselmo Revilla, Paloma, 48. 

La vida ejemplarísima del Excmo. Sr. D. Manuel Gómez Salazar, 
que se halla esmaltada con tantos y tan heroicos actos de caridad, 
se presta admirablemente para hacer una oración fúnebre de altos 
vuelos, y el P. Juan Vicente ha sabido aprovecharse de esa circuns- 
tancia para darnos un discurso en que á la solidez del raciocinio se 
junta lo hermoso y atildado de la forma, sobre todo al hablar de su 
encendido amor al prójimo, bien patente en los sacrificios que á la 
continua se imponía e1 insigne Prelado para atender á las necesida- 
des ajenas. 



142 BIBLIOGRAFÍA 



Exhortación Pastoral del Exctno. é limo. Sr. Obispo de Avila so- 
bre el Seminario diocesano. — Avila, tipografía de Abdón, Saa- 
tiuste, 1893. 

Para conocer quiénes son verdaderamente los llamados por Dios 
para ser ministros suyos en la tierra, para fertilizar y nutrir sus co- 
razones con la purísima savia de la virtud y la ciencia, ningún medio 
más á propósito que la práctica durante largo tiempo de una vida de 
recogimiento en los Seminarios, bajo la dirección de maestros vir- 
tuosos, sabios y experimentados. Tal es la doctrina que el sapientísi- 
mo señor Obispo de Avila desenvuelve en su Exhortación Pastoral 
con profunda maestría 3^ en párrafos tan bien cortados como elo- 
cuentes. El sólo nombre de tan docto Prelado, que, antes de ser ele- 
vado á tan alta dignidad, tuvo bajo su dirección el Seminario Conci- 
liar de Granada, es la mejor recomendación de esta hermosa Pas- 
toral. 

Recomendamos de un modo especial su lectura á aquellos que se 
hallen al frente de tan importantes y beneméritos centros de ense- 
ñanza. 



Acctssus AD altare et recessus, seu preces ante et post celebra- 
tionem tnissce ciim approbatione Reverendisimi Archiepiscopi Jri- 
burgensis. — Editiotertia,emmendata,augmentata.— Friburgi Bris- 
goviae, sumptibus Herder, 1893. — 8.*', rúst., 180 págs. 

En este precioso librito encontrarán los sacerdotes amantes de 
su elevado ministerio, todo cuanto pueda satisfacer su devoción y 
fervorosa piedad La multitud de oraciones que en él se hallan, ade- 
más de las de rúbrica, están escritas con notable unción, como el 
asunto de por sí lo requiere. 



Catecismo abreviado de la doctrina cristiana, publicado por Ber- 
nardo Augusto Thiel, Obispo de Costa-Rica. — Friburgo de Bris- 
govia, B. Herder, 1893.— Sexta edición en 8.*^ 

Con el piadoso fin de instruir á los ñiños en los principales miste- 
rios de nuestra Sagrada Religión, acaba de publicar el Sr. Herder 
un pequeño compendio de doctrina cristiana escrito en forma de diá- 
logo por el limo. Sr. Obispo de Costa-Rica. 



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^^^^^^1-7 






N^I®^:^-s^i'á-^iSi*^yi^-i¿i^^(s,;^, 




Revista Científica 




lec*trici<lail esíálifa.— Antiquísimo el conocimiento super- 
ficial de la electricidad estática, está muy lejos de haber lle- 
gado á su perfecto desarrollo. Cuando los conocimientos 
físicos, merced á la poderosa ayuda del cálculo y á la notoria predi- 
lección por estudios experimentales de las modernas generaciones 
comenzaron á dilatarse en todos sentidos, recibiendo el carácter 
científico que hoy les distingue, apareció para bien de la humanidad 
ese ramo, mejor lo llamaría grandioso árbol, de la electricidad diná- 
mica. Desde entonces la electricidad astática, no obstante ser la pri- 
mera conocida }'• hacerse ostensible con el fragor del trueno y los 
fulgores del rayo, ha quedado relegada á ínfimo lugar, casi á un apén- 
dice del tratado de electrología. Sin discutir las inmensas ventajas 
que los fenómenos á que da origen la electricidad dinámica tienen 
sobre los producidos por la estática, miradas las cosas desde su pun- 
to de vista práctico, creemos que hoy, que todas las ciencias tienden 
á la unidad y se trata de buscar todos los eslabones que forman la 
brillante cadena de los humanos conocimientos, no debe abandonar- 
se el estudio de la electricidad estática, intimamente enlazada en sus 
manifestaciones con la dinámica, que hoy absorbe las energías inte- 
lectuales de la mayor parte de los cultivadores de la Física. 

Sin entrar en apreciaciones particulares, que deben siempre demos- 
trarse, y teniendo en cuenta que en una revista científica no convie- 
ne meterse nunca en largas y profundas disquisiciones, vamos á dar 
á conocer algunos fenómenos originales y que se prestan á detenido 
estudio del rayo, y en general de la electricidad atmosférica. 



144 REVISTA científica 



El 11 de Mayo, día de la Ascensión, se desencadenó una espanto- 
sa tempestad en Haute-Marne. 

El pastor que se hallaba en el campo con su rebaño, para preser- 
varse de la lluvia extendió el paraguas cobijándose debajo de él: 
apenas terminó la operación, cayó sobre él un rayo, el cual hizo en 
la blusa del pastor un orificio semejante al producido por una bala de 
fusil; el chaleco se lo dejó medio quemado, y la camisa abrasada por 
completo. Además mató el referido rayo á los dos perros que esta- 
ban al pie del pastor. El rayo cayó sobre el hombro derecho y se 
corrió hacia la pierna izquierda, privando de sentido por espacio de 
una media hora al pastor y ocasionándole profundas quemaduras. 

En la tempestad que descargó sobre Panamá y sus alrededores el 
día 4 de Julio, cayó un rayo sobre la casa de unos agricultores, ve- 
rificándose los siguientes fenómenos. Era poco más de medio día 
cuando una nube que venía rasando con el suelo y en la dir ccíón de 
sudoeste á nordeste, comienza á producir enormes relámpagos acom- 
pañados de los correspondientes truenos. El dueño de la casj á que 
nos referimos, se encontraba á la sazón debajo de un nogal. De 
repente observa que una especie de lengua de fuego que pasó A ni- 
vel de sus pies fué á introducirse en la casa. En seguida y detrás de 
la llama penetró en la vivienda, y vio con desagradable sorpresa que 
las cenizas del hogar andaban dispersas volando por el aire, y que 
de la chimenea caían pedazos de piedra mezclados con una gran 
cantidad de hollín. Llama el labriego á su esposa que se hallaba en 
el primer piso, y ella contesta que nada había sufrido, á no ser un 
susto nada pequeño, y que notaba un olor muy particular: poco des- 
pués advierten los infelices esposos una gran humareda procedente 
del desván que había sido incendiado por el ra3^o. 

Algunos minutos antes de saltar el rayo se encontraba la casa en- 
vuelta por una luz violácea. Poco antes de la desgracia, y cuando la 
tempestad se hallaba en su apogeo, un obrero que estaba trabajando 
en el tejado de una casa contigua, abandonó su labor para librarse 
de los efectos de la nube, dejando en el tejado la escalera. A la dueña 
de la casa le pareció que la escalera había comenzado á arder, 3^ 
después de avisar á su marido, va precipitada en busca de un cubo 
de agua, y al volver se encuentra con que la escalera estaba rodea- 
da de luz, pero que no se quemaba, desapareciendo á los pocos ins- 
tantes la luz violácea que la circuía. 

Encontrábanse el 23 de Junio trabajando en una quinta siete obre- 
ros, y llenos de fatiga por el trabajo y el calor insoportable que se 
sentía, se colocaron debajo de un nogal para descansar algunos mo- 
mentos. No habían transcurrido dos minutos, cuando un rayo hiende 
al nogal, derribando en tierra á los siete obreros, siendo lanzado á. 
algunos metros de distancia uno de ellos. Todos perdieron la me- 
moria, y tres de ellos pudieron retirarse á la casa de la linca, y los 



REVISTA CIENTÍFICA l45 



Otros tres quedaron medio quemados y en peli<>ro inminente de mo- 
rir por asfixia. A uno de estos se le encontró con la espalda desolla- 
da, á lo largo de la columna vertebral; otro tenía la cara horrible- 
mente mutilada, cual si le hubieran arañado con uñas de hierro. 

No sé si en otras naciones sucede lo propio, pero en algunas pro- 
vincias de España se clasifica á su manera las chispas eléctricas, re- 
conociendo indudablemente por fundamento semejantes clasificacio- 
nes las distintas maneras de verificarse la descarga eléctrica. Así se 
distingue en dichos puntos, la exhalación de la centella y esta del 
rayo. 

Para mí, admítase la hipótesis que se quiera, la verdadera causa 
de tan raros fenóm.enos, originados todos pjr las descargas eléctri- 
cas, no debe buscarse en la misma electricidad, sino en la conducti- 
bilidad y condiciones del medio por donde atraviesa ese grande y 



terrible agente. 



Kea<>c*ioiie!!>> c|uiiiBÍras« á teuiperatiii'as mttj elevailas.— Son 

curiosas é importantes para la Metalúrgica moderna las experien- 
cias que acerca de este punto ha verificado M. Moissan, experiencias 
que constituyen á la vez un adelanto más en los medios de reducción 
de los metales. Han luchado los químicos hasta ahora con la grave 
dificultad de obtener un foco térmico de potencia bastante para se- 
mejantes investigaciones y cómodo al mismo tiempo para ensayos 
de laboratorio. La temperatura más alta que podía conseguirse, me- 
diante la luz oxhídrica, no pasaba de 1900 á 2000 grados, lo que no 
era bastante para reducir muchos óxidos. 

Moissan ha operado con el arco voltaico produciendo temperatu- 
ras de 3000 y de 3500 grados centígrados. Una corriente eléctrica de 
30 amperes de intensidad por 55 volts de tensión, produce, al volatili- 
zarse el carbón, cerca de 2250 grados de temperatura. Para contar 
con un foco de 3000 grados necesítanse corrientes de 450 amperes y 
70 volts El hornillo empleado por Moissan es de lo más sencillo que 
puede imaginarse: dos ladrillos de cal viva de superficies bien planas 
con una pequeña cavidad hacia el centro, y una ranura adecuada á 
la colocación de los carbones del arco voltaico, de modo que la super- 
ficie de ambos ladrillos ajusten bien la una sobre la otra, es todo el 
mecanismo del horno ideado por el químico francés. 

He aquí ahora algunos de los resultados obtenidos en las indica- 
das experiencias. Los óxidos de calcio, de stroncio 3^ de magnesio 
cristalizan á una temperatura poco superior á 2000 grados; á tempe- 
ratura más intensa se funden rápidamente. A 2000 grados también 
comienza á cristalizar el óxido de aluminio, concluyendo por volati- 
lizarse. Añadiendo sexquióxido de cromo al óxido de aluminio, antes 

10 



146 REVISTA CIENTÍFICA 



del momento en que éste empezaba á cristalizar y aumentando luego 
la temperatura, Moissan ha llegado á obtener rubíes. A estas tempe- 
raturas se funden con facilidad los óxidos de hierro, cromo, nikel, 
magnesio, cobalto, etc., dando por resultado pequeños cristales. El 
óxido de cóbrese descompone completamente á los 2500 grados, que- 
dando metal libre y un compuesto doble, cristalizado, de óxidos de 
calcio y de cobre. El óxido de zinc volatilízase rápidamente. El mis- 
mo procedimiento ha empleado para reducir algunos óxidos metáli- 
cos en presencia del carbón; así ha aislado el uranio, el cromo y el 
magnesio. 

Estos adelantos contribuirán sin duda al perfeccionamiento en los 
métodos de obtención y de separación de muchos cuerpos metálicos 
simples, y harán que su obtención sea mucho menos costosa, abara- 
tando por lo mismo el precio de algunos de ellos, ya que por las dificul- 
tades con que había que luchar resultaba su obtención excesivamen- 
te cara. 



¿Cómo se awi'ig'iia la iiiigiureza del alcoliol? — Para cono- 
cer si un alcohol es impuro, se recomienda el siguiente procedimien- 
to: Se vierte en un tubo de ensayo unos tres centímetros cúbicos del 
alcohol que se va á examinar; se añade medio gramo, poco más ó 
menos, de soda cáustica; se calienta hasta la ebullición y se deja en- 
friar, teniendo cuidado de observar durante el enfriamiento las va- 
riaciones de color y olor que el líquido presenta. Los alcoholes etí- 
lico y amílico puros no producen al principio coloración alguna, y 
al cabo de algún tiempo adquieren un color amarillo muy débil. Los 
alcoholes impuros del comercio, presentan inmediatamente, por el 
contrario, coloraciones que varían desde el amarillo pajizo hasta el 
pardo, según la calidad de las impurezas, y dan un olor muy desagra- 
dable á acroleina. No es característico del alcohol amílico la colora- 
ción rojo-parduzca que ilgunas veces da con el nitrato de plata, por- 
que cuando está puro, no la da. El alcohol etílico, por el contrario, 
sin mezcla alguna de alcohol amílico, pero que contiene aldeida, ú 
otras substancias reductoras, da esta coloración muy distintamente. 
El alcohol metílico da con el nitrato de plata un tinte rojo de café. 



I^as abejas tlesde el |iuii4o «Se vista aj^eieoSa.— Todos los ve- 
getales—cualquiera que sea la familia á que pertenezcan— han sido 
dotados por el Criador de órganos propios para la reproducción de 
la especie: los estambres y el pistilo. Es sabido que para que exista la 
fecundación, es necesario que la antera se abra y que el polen, ó pol- 
vo fecundante en ella contenido, se extienda encima de los extremos 



REVISTA CIENTÍFICA 747 



del pistilo; pero esa misteriosa y delicada operación no se verificaría 
si las condiciones atmosféricas no fuesen favorables. Para ello se 
necesita temperatura suave y buen sol. Si hace frío, la vegetación 
sufre, se detiene, y entonces la antera deja de abrirse; si el polen se 
humedece, se coagula, y su difusión no es posible. Véase de qué ma- 
nera intervienen las abejas para obviar este inconveniente. Desde 
los primeros calores de la primavera, la reina principia aponer, y 
entonces comienza en la colmena una agitación extraordinaria. Las 
abejas se escapan en todas direcciones en busca, no de la miel, sino 
del polen que necesitan para su alimentación ordinaria. Es un espec- 
táculo verdaderamente curioso verlas llegar á cada instante carga- 
das y como abrumadas de gruesas pelotas adheridas á sus natas pos- 
teriores: es el polen de matices variados, moreno ó amarillo, según 
las flores de donde ha sido recogido. Si la cápsula que contiene el 
polen no se ha abierto, á causa de su enfriamiento, las abejas lo 
abren con sus mandíbulas; y por más que dicho polen esté húmedo, 
al moverse sobre las ñores para recogerlo, consiguen siempre poner 
cierta cantidad en contacto con el pistilo. De modo que esos insectos 
son los agentes maravillosos de la fecundación, no sólo de los árbo- 
les frutales, sino hasta de los cereales, las leguminosas y la viña, 
pues es idéntica la ley que rige á todos los vegetales. La abeja va á 
todas parles donde hay polen, y á todas partes lleva la fecundación. 



El Canal «le Coriiito. — Los trabajos para esta gran obra comen- 
zaron el 18 de Abril de 1882, y después de once años se han visto co- 
ronados por el éxito. Después del canal de Suez, este es el segundo 
canal marítimo que se ha abierto. Están además en construcción el 
de Panamá, cuya futura suerte se ignora, y el que ha de unir los ma- 
res del Norte y del Oeste en el golfo de Kiel, junto á las bocas del 
Elba, cortando el istmo de Jutland, cuyos trabajos comenzó el Impe- 
rio alemán el 3 de Junio de 1887 y se han de terminar en el año 1895. 

De estos cuatro canales, el de Corinto es el más corto, pues sólo 
tiene de largo 6.332 metros, mientras que el de Suez tiene 16 kilóme- 
tros, el del Nord-Oeste 89 y el de Panamá deberá medir 73. 

El primer proyecto de cortar el istmo de Corinto lo atribuye Dió- 
genes Laercio á Periandro, tirano de Corinto, 600 años antes de Je- 
.sucristo. Según Eródoto, este proyecto fué acogido con entusiasmo, 
pero fué preciso desistir de él, porque el oráculo de Delfos dijo que 
esto era violentar la naturaleza y ofender á Júpiter. Después, hacia 
el 337 antes de Jesucristo, Demetrio Poliorcetes quiso comenzar los 
trabajos, pero los encargados de ello le hicieron desistir, temiendo 
la diferente altura ó nivel de los dos mares. Más tarde, y cuando 
Grecia era ya provincia romana, César mandó hacer los estudios ne- 



148 REVISTA CIENTÍFICA 



cesarlos á un tal Anieno; prosiguieron en esta idea Augusto y Calí- 
gula, pero los trabajos no comenzaron formalmente hasta Nerón, que 
empleó en ellos 30.000 hombres, de los cuales 6.000 eran esclavos de 
Israel. Muerto Nerón se suspendieron los trabajos, porque volvió á 
surgir la duda de diferencia de nivel entre los dos mares, y porque, 
como dice Dion Cassio, "á cada golpe de piqueta saltaba sangre de 
la tierra y los obreros huían despavoridos,,. 

En nuestro siglo han sido varios los proyectos para cortar este 
istmo. En 1826 el Regente de Grecia, Príncipe de Capodistrio, encar- 
gaba al Ingeniero Virlet d'Aoust el estudio de los planos. En 1855 el 
Ingeniero griego Lygunis, después de haber tomado parte muy acti- 
va en los trabajos que se hicieron en el Nilo, presentó otro proyecto, 
que no halló eco. 

El feliz éxito obtenido con el canal de Suez fijó definitivamente la 
atención en el istmo de Corinto, y el General Türz formó en Mayo 
de 1881 una sociedad internacional, domiciliada en París, para abrir 
este can il, con un capital de treinta millones de francos. Estaban he- 
chas poco más que dos terceras partes de los trabajos, cuando se aca- 
bó el capital destinado á esta obra, y entonces, con grandes sacrifi- 
cios de los accionistas y el concurso de los capitales griegos, se formó 
una nueva sociedad, que obtuvo del Gobierno de Grecia el permiso 
para continuar las obras, á condición de terminarlas en 1894; condi- 
ción que ha cumplido mejor que se esperaba, pues las ha terminado 
año y medio antes del plazo que se había señalado. 



De la tulierfíilosis.— Ha poco ha terminado sus tareas el Con- 
greso que para el estudio de la tuberculosis se ha celebrado en París 
En el gran anfiteatro de la Escuela de Medicina, donde se han cele- 
brado las sesiones, han dejado oir su elocuente y sabia palabra las 
eminencias médicas del vecino país. Allí, movidos todos por un deseo 
idéntico, el de combatir tan terrible dolencia, con objeto de arreba- 
tar á la muerte la existencia preciosa de la juventud del siglo, han 
mostrado los especialistas su entusiasmo y sus profundos conoci- 
mientos para hallar la profilaxis de la tisis, ora desarrollando en 
forma de discurso sus estudios y sus observaciones, ora descendien- 
do al terreno más eficaz de la práctica, trasladándose á los hospita- 
les á fin de ejercitar su ciencia en casos vivos. 

No sólo para los que siguen con interés, por la índole de su profe- 
sión, el movimiento científico en el extranjero, sino también para 
los profanos en la materia, las conclusiones acordadas por dicho 
Congreso son de gran transcendencia, y como lo creemos así, publi- 
camos á continuación las más importantes. 



REVISTA científica 



149 



Son estas: 3.* Las carnes de vaca no deben ponerse á la venta has- 
ta después de haber sido reconocidas como sanas por un inspector 
competente. 

7.* Se obligará á las Compañías de ferrocarriles á desinfectar re- 
gularmente los coches de viajeros, pues en la aglomeración de éstos 
puede desarrollarse el germen tuberculoso. 

9.* En el estado actual de la ciencia, la ventilación continua por 
medio del aire puro, es uno de los elementos más poderosos y efica- 
<;es en el tratamiento de la tisis, y el Congreso entiende que los hos- 
pitales destinados á los tuberculosos deben construirse en el campo. 

















CRÓNICA GENERAL 



RONIA 




F.ÓN XIII ha dirigido una Carta Encíclica á los Obispos de 
Huns^ría. Como el Ministro Wekerleé quiere conceder á 
protestantes y judíos los mismos derechos, en el estado ci- 
vil, que á los católicos, autorizando los matrimonios mixtos, causa 
de grandísimos males. Su Santidad encarga á los Obispos y á los 
sacerdotes que disuadan al pueblo de semejantes uniones; y á la vez 
que aplaude la admirable constancia en la fe de los hijos de San Es- 
teban, y los sacrificios que en todo tiempo han hecho en defensa de 
la Iglesia, reprueba con energía el culpable proceder de los que, por 
fútiles pretextos, abandonan el cumplimiento de importantísimos de- 
beres. 

En orden á la celebración de los Congresos y elección de Diputa- 
tados, recomienda que se reúnan aquéllos bajo la dirección de los 
Obispos, y que el pueblo católico acuda á los comicios para dar el 
triunfo á hombres que de antemano se comprometan á defender los 
derechos de la Iglesia. Nada omite Su Santidad en su ardoroso celo 
por la pureza de las creencias y de las costumbres: la vigilancia 
acerca de las malas lecturas; la educación de la niñez y de la juven- 
tud; los ejemplos de todas las virtudes que deben dar los sacerdotes; 
la vigilancia sobre los bienes eclesiásticos y la solicitud por que se 
extiendan por aquel reino las Congregaciones religiosas para aten- 
der á las necesidades espirituales de la vida cristiana...; todo esto y 
mucho más expone el Sumo Pontífice de la manera que él suele ha- 
cerlo en sus maravillosas Encíclicas. 

— Leemos en un periódico: "Han comenzado las negociaciones en- 
tre el Vaticano y el Gobierno de la República francesa para organi- 
zar definitivamente el Primado déla iglesia de África, extrañándose 



CRÓNICA GENERAL lól 



por algunos que el asunto no se trate en la Congregación de Propa- 
ganda, sino por la vía diplomática. Su Santidad ha nombrado una 
Comisión compuesta de los Cardenales RampoUa, Ledochowsky, 
Vannutelli y Parochi, para estudiar la cuestión, y se espera que den 
pronto su dictamen. El Primado en África, en los primeros siglos del 
Cristianismo, cuando más florecía aquella Iglesia, no estaba asigna- 
do á ninguna diócesis; correspondía al Obispo más antiguamente 
consagrado. En Francia son varios los Prelados que llevan este títu- 
lo, y ninguno se llama Primado de Francia, sino de una parte más ó 
menos extensa de su territorio. Estos son los antecedentes más no- 
tables de la disciplina francesa y africana en la materia; mas ahora 
la cuestión se complica por la existencia en unas partes de ja sobera- 
nía francesa, y en otras de un simple protectorado, y no es de fácil 
solución el asunto que hoy estudian los Cardenales, y que habrá de 
resolverse por mutuo acuerdo entre el Papa y el Gobierno de la Re- 
pública,,. 

En todo lo transcrito no hay de extraño nada más que la extrañe- 
za del periodista porque el Papa y el Gobierno de la República se en- 
tienden directamente, y no por medio de la Sagrada Congregación 
de Propaganda fide. 

— En el tomo recientemente publicado de las obras de Monseñor 
Barbier de Montault, se describen con todos sus pormenores el pala- 
cio apostólico y los diez Museos del Vaticano. Lo que se llama la Bi- 
blioteca, es muy digna como objeto de arte y depósito de curiosida- 
des, lo mismo pudiéramos decir por el continente que por el conteni- 
do. Pasan de 3.000 los objetos conservados en los referidos Museos. 
Merecen visitarse la sala de los Papiros, los cuadros con fondo do- 
rado de la escuela italiana en diferentes siglos, la capilla de San 
Pío V, las cámaras llamadas de Borgia y el departamento de las jo- 
yas. Compréndense en el mismo libro los inventarios de objetos litúr- 
gicos de la Basílica Vaticana y el catálogo de las indulgencias con- 
cedidas á los que la visiten. 

— La crisis monetaria en el Reino italiano comenzó con la desapa- 
rición de las monedas de oro, siguió después con las de plata de cin- 
co liras, y continúa ahora con la de las monedas divisionarias del 
mismo metal. 

Para concluir con semejante especulación, el Gobierno italiano ha 
restablecido el ajfidavit, que había sido abolido á consecuencia de 
las trabas que dicho sistema ofrecía á los asuntos comerciales é in- 
dustriales. 

Además del restablecimiento del affidavit, el Gobierno ha resuel- 
to poner en circulación treinta millones de liras en billetes de Banco 
de una lira, y acuñar doce millones en monedas de cobre, á fin de fa- 
cilitar así las transacciones, y de que no se dé el caso, ocurrido hace • 
pocos días en una casa de comercio de Roma, en donde, para pagar 



152 CRÓNICA GENERAL 



una letra de 147 liras, se entregaron 145 en billetes, diez sellos de Co- 
rreos, de diez céntimos cada uno, y el resto en monedas fracciona- 
rias de cobre. 



II 
EXTRANJKRO 

Alemania.— Las grandes maniobras militares de la Alsacia-Lore- 
na, anunciadas con tanto aparato, se han verificado según los pro- 
gramas publicados. No ha ocurrido en ellas nada de particular: los 
franceses han soportado el chaparrón con serenidad relativa, conso- 
lándose con las pruebas de amistad especial que estánrecibiendo de 
Rusia en la humillación que han sufrido con dichas maniobras, ve- 
rificadas en las provincias que en 1870 les arrebatara Alemania. Lo 
que ha hecho poquísima gracia, no solamente á los franceses, sino 
también á gran parte del pueblo italiano, es la presencia del herede- 
ro de Italia en dichas maniobras. Y en esto ha ocurrido una cosa 
curiosa, por no calificarla más duramente: el futuro rey de Italia se 
humilló hasta el extremo de acompañar al Emperador Guillermo al 
servicio religioso del rito protestante. 

Es la historia de siempre: los que no quieren soportar el suave 
yugo de Dios, tienen que someterse al del demonio, que los zarandea 
á sus anchas. El hijo de Humberto, que se cría para carcelero del 
Papa, ya va acostumbrándose á ciertas fechorías, muy propias de 
quien ha de ejercer semejante oficio. 

* * 

Inglaterra. — Cuando días pasados fué aprobado el Hotne rule 
en la Cámara de los Comunes, gran parte de la prensa sacó sus más 
gruesos esquilones, y estuvo cencerreándonos por todo lo alto. Muy 
poquito después vino la votación de la Cámara de los Lores, recha- 
zando el propio hill, y aquí de los aspavientos y lagrimones de la 
misma prensa. Ni lo uno ni lo otro tenía razón de ser, porque todo 
estaba previsto; y ni la aprobación de la Cámara popular era para 
tanto entusiasmo, ni el veto de la de los Lores para semejantes gi- 
moteos. El pueblo irlandés que ha sabido luchar por siglos enteros, 
soportando con heroico aliento martirio prolongadísimo, sabrá tam- 
bién ponerse al nivel de las críticas circunstancias actuales, para 
vencer los últimos obstáculos que se oponen al logro de sus deseos. 

Véase ahora cómo pinta un diario la sesión en que fué rechazado 
el Home rule: 

"El telégrafo anuncia que por fin se han cumplido, en la Cámara 
de los Lores, las profecías de toda la prensa de Europa, sobre la suer- 



CRÓNICA GENERAL 153 



te que reservaba el destino al célebre proyecto de Mr.Gladstone.La 
sesión del jueves, en que se propuso la segunda lectura del Heme 
rule, fué por todo extremo interesante, y, según todas las referen- 
cias, hacía tiempo que no se habían presenciado en Londres debates 
parlamentarios más solemnes. Así se explica que acudieran á sus 
puestos casi todos los miembros de la alta Cámara, y que formaran 
parte del público muchos diputados y no pocas damas ilustres. Lord 
Spencer, digno representante de una de las principales familias del 
Reino Unido, fué el encargado de proponer la segunda lectura del 
bilí, y pronunció ua vigoroso discurso en defensa de la proyectada 
reforma. Otro miembro de la Cámara de los Lores, no menos ilus- 
tre, el duque de Devonshire, contestó á lor i Spencer, combatiendo 
con mucha energía el Home rule, y profetizando grandes tristezas 
como consecuencia de su aprobación. Pudo, desde luego, advertirse, 
con sólo observar la primera parte de la discusión, que la mayoría 
de la Cámara escuchaba con mayores simpatías los razonamientos 
de los adversarios del proyecto. Así continuó el debate, y después 
de un discurso de lord Rosebery, proclamando las excelencias de la 
autonomía de Irlanda, fué puesto á votación el Home rule, y se des- 
echó por 419 votos contra 41.^ 

* 
* * 

Francia.— Conócense ya los resultados de las elecciones comple- 
mentarias, en los que el triunfo ha correspondido á 148 republicanos, 
gubdivididos de este modo: 113 progresistas ó radicales, 12 adheridos 
y 23 socialistas. Los republicanos ganan 27 puestos. Falta conocer el 
resultado de siete empates en las colonias; pero como son exclusiva- 
mente entre candidatos republicanos, y el escrutinio del 20 de Agos- 
to dio 358 republicanos de todos matices y 58 conservadores, la pró- 
xima Cámara comprenderá 513 republicanos y o8 conservadores; en 
los primeros se incluyen 25 adheridos y 60 radicales ó socialistas. 

—La actualidad en Francia es la llegada de la escuadra rusa ala 
rada de Tolón; es tal el entusiasmo de nuestros vecinos, y tales los 
preparativos que hacen para agasajar á los marinos moscovitas, que 
se sufragarán los gastos que originen, por subscripción nacional. La 
prensa rusa, por su parte, no oculta sus simpatías por Francia, y por 
los preparativos que hace, añadiendo que en su estrecha amistad con 
Rusia hallará amplia compensación á las provocaciones de Alema- 
nia é Italia con motivo de las maniobras de Alsacia-Lorena. En cam- 
bio algunos periódico.-, de Viena dicen que las extremadas dem.ostra- 
ciones de Francia contribuirán á estrechar m.ás y más la unión de 
las potencias que forman la triple alianza. 

—Francia ha experimentado una gran pérdida con la muerte del 
general Miribel, hombre, á lo que dice la prensa, en quien la Nación 



154 CRÓNICA GENERAL 



cifraba sus más legítimas esperanzas para el caso de una guerra in- 
ternacional. Aunque de ideas muy conservadoras, era tal su presti- 
gio, que no había francés, por avanzado que fuera en sus ideas, que 
no saludase en Miribel al héroe de la. futura contienda. 

* * 

Portugal. — El clero del Arzobispado de Braga ha dirigido al 
Papa un documento importante, proponiéndose poner en práctica en 
Portugal las enseñanzas de Su Santidad á los católicos franceses. He 
aquí algunos de sus párrafos: 

■'Nos adherimos con toda la obediencia de nuestro espíritu sacer- 
dotal y todo el afecto de hijos al Padre común de los fieles, y toda la 
fe y lealtad de nuestro carácter de portugueses á la doctrinas de to- 
das las Encíclicas del Gran Pontífice León XIII, y sobre todo á las 
Encíclicas Immortale Dei sobre la constitución cristiana de los Es- 
tados, Reruní novarum, sobre la condición de los obreros, y la últi- 
ma del 16 de Febrero de 1892, dirigida á los católicos franceses. 

„Si esta Encíclica de hecho y en la forma es para Francia, su doc- 
trina; su materia y su esencia es también para nosotros, católicos 
portugueses, y, por consecuencia, la abrazamos con todo nuestro co- 
razón, y la consideramos como regla de conducta político-religiosa, 
la única capaz de establecer y de afirmar sólidamente la deseada 
unión y concordia entre los fieles de la gran familia portuguesa. 

„Queremos, pues, trabajar unidos en el terreno de la legalidad y 
sometidos de hecho á las instrucciones del Soberano Pontífice para 
la defensa de los derechos de Dios y de su Iglesia, para el bien y 
prosperidad de nuestra patria muy amada. 

„Es preciso distinguir la forma de gobierno y las leyes anticris- 
tianas, antieclesiásticas, y por consiguiente antipatrióticas, que un 
Gobierno pudiera promulgar, olvidando su misión y su deber; si nos- 
otros reconocemos lealmente y sin mirar atrás la forma de gobierno 
establecida en Portugal desde hace medio siglo, detestamos, sin em- 
bargo, los errores, las leyes anticristianas que este Gobierno pueda 
producir, y estamos dispuestos á emplear todos los medios legales y 
lícitos para que los errores sean corregidos, las injusticias reparadas 
y revocadas las leyes adversas á la Iglesia„. 

*. 

América.— Sabido es que buena parte de los pueblos sud america 
nos han tomado en serio las doctrinas filosóficas de Augusto Compte, 
y cuando ha llegado el caso, las han trasladado á los Códigos y le- 
yes, por que se han de regir aquellas buenas gentes. "El amor por 
principio, el orden por base y el progreso por objeto,,, tal era la di- 
visa de Compte, y en efecto, digan lo que quieran los Códigos, aque- 



CRÓNICA GENERAL 155 



líos principios y aquellas bases no parecen por ninguna parte. Nóta- 
se esto mejor que en otras Repúblicas, en la del Brasil, que es nue- 
vecita: cuando despidieron al bueno del Emperador D. Pedro (que 
pecaba, y mucho, de demasiado condescendiente con los que estaban 
socavando el edificio social y religioso en aquel extenso Imperio), 
formóse, bajo la protección del valeroso Mariscal Fonseca, una Re- 
pública imposible, trasladando de los libros de Compte sus institu- 
ciones políticas. Pero olvidáronse en aquel derroche de candido pan- 
filismo, que una cosa son los libros, y otra muy distinta la vida con 
sus impurezas, como diría cualquier cazador de frases; y resulta aho- 
ra que ya nadie se acuerda de altruismos; que todos obran impulsa- 
dos por egoísmo refinado; que está demás 2I Parlamento federal, y 
el Gobierno, y el Presidente de la República, y todos los demás arte- 
factos que en realidad pugnan con aquellas leyes, lo mismo que éstas 
con el sentido común. 

Sugiérenos estas consideraciones la formidable revolución brasi- 
leña, que está á punto de dar al traste con el Gobierno de la Repú- 
blica. La causa inmediata dicen que ha sido el veto puesto por el Pre- 
sidente, Sr. Peixoto, al proyecto de ley votado por las Cámaras, que 
prohibe que el Vicepresidente de la República sea nombrado Presi 
dente. 

Las fuerzas de los insurrectos consistían hasta estos dias en tres 
buques de guerra: Aquibán, República^ Trujano, ra^s cuatro torpe- 
deros. El Gobierno ha hecho correr por Europa, por medio de sus 
encargados, voces muy optimistas, anunciando que en breve plazo 
quedará aniquilada la revolución; pero son pocos los que dan crédito 
á esas noticias. 

—También en la Argentina van las cosas casi al unísono con las 
del Brasil: en la provincia de Tucumán estalló una revolución á con- 
secuencia, dicen, de las falsedades cometidas en la elección de Go- 
bernador. Los rebeldes atacaron un cuartel, apoderándose de las mu- 
niciones en él almacenadas. El Gobernador, refugiado en Gavillo, se 
proponía rechazar á los sediciosos. 



III 
ESPAÑA 



Es sin duda muy reducido el número de asuntos en que los espa- 
ñoles opinamos de idéntica manera, y, aunque parezca imposible, 
uno de esos es que España se encuentra actualmente en situación 
sumamente difícil, ya se le considere desde el punto de vista políti- 
co, ya económico; óranos fijemos en las desgracias de todo género 
con que la divina Providencia nos afiige. 



156 CRÓNICA GENERAL 



Inútiles son todos los esfuerzos del ingenio para ocultar que el 
actual Gobierno ha caído en descrédito profundo; pero sin investi- 
gar ahora las causas de este hecho que está en la conciencia de to- 
dos, es igualmente cierto que sería muy ardua tarea la de darle su- 
cesor que no hallase parecidas ó mayores dificultades en la direc- 
ción de la cosa pública. Más aún: hasta parece comprometido in- 
troducir modificaciones de alguna monta en el Gabinete presidido 
por el Sr. Sagasta, porque son tan grandes los compromisos adqui- 
ridos y la solidaridad que existe entre las reformas de común acuer- 
do introducidas en los diferentes centros, que cualquiera desvia- 
ción del camino seguido hasta ahora significaría un cambio total de 
la política económica del partido liberal. El problema es bien sen- 
cillo: ó el Sr. Gamazo sigue al frente del departamento de Hacienda, 
ó no; en el primer caso, la entrada de este ó de aquel personaje en el 
ministerio Sagasta no implica nada; seguiremos como estábamos; 
pues si hay quien ponga en duda los talentos financieros del famo- 
so ministro castellano, nadie, que sepamos, se atreverá á negarle 
una voluntad férrea, capaz de imponerse á todo y á todos, sean cua- 
lesquiera las dificultades que se presenten. En el segundo caso, los 
obstáculos son acaso mayores, ya que tenemos un presupuesto vota- 
do en Cortes casi á gusto de Gamazo, y del cual (del presupuesto) 
no es posible prescindir sin exponerse á más hondas perturbaciones. 

En el terreno puramente político existe también un problema no 
despreciable: el nuevo proyecto de ley de Administración local. El 
actual ministro de la Gobernación entiende que es de todo punto ne- 
cesario aprobar dicho proyecto en cuanto se abran las Cortes, allá en 
la segunda mitad del mes entrante; porque sólo así puede tener es- 
peranza de vencer á los republicanos, principalmente en las grandes 
ciudades, en las elecciones municipales que habrán de verificarse en 
Enero próximo. En cambio el elemento democrático del partido que 
acaudilla el Sr. Sagasta, juzga que el proyecto de D. Venancio es 
desastroso, y que no debe en manera alguna prosperar. 

El capítulo de motines sigue á la orden del día: en la noche del 
día 8 prodújose uno monumental en Santander por el disgusto que 
causaba en el pueblo la falta de aguas potables, y la incuria (real ó 
imaginada) del Ayuntamiento en asunto de tal importancia. El pue- 
blo amotinado entró en el palacio municipal é hizo un auto de fe con 
los muebles y documentos que halló á mano. La multitud salió des- 
pués á la calle; apoderóse de la documentación de la empresa de 
aguas; asaltó las casas de varios concejales, quemando su mobiliario 
en medio del arroyo, y adoptó igual procedimiento con todos los 
muebles y documentos que halló en las oficinas de la empresa de las 
cédulas personales. 

Pero tuvo el motín una segunda parte, que resultó bastante peor 
que la primera: entre si los chiquillos empezaron á silbar á la Guar- 



CRÓNICA GENERAL 157 



día civil, y si el Gobernador habló ó no habló en la plaza pública, 
ello fué que á los silbidos de los mozalvetes respondió la benemérita 
con culatazos. La primera noche no hubo más que seis heridos y la 
segunda nueve. 

Pero la palma de los motines se la lleva esta quincena Montblanch, 
pueblo de la provincia de Tarragona. Ha habido varios, pero dos de 
ellos de tristes consecuencias. El grito de los amotinados era "¡Fue- 
ra pagos!,, contestando, según se dice, con disparos de arma de fue- 
go á las intimaciones de la Guardia civil. Como era de esperar, á las 
provocaciones de la multitud respondió en tono parecido la benemé- 
rita, resuftando de la refriega dos muertos y cuatro heridos. Esto 
ocurría en los primeros días del mes; el día 15 reprodújose el motín, 
y por lo visto la fuerza armada no esperó esta vez á que el pueblo 
empezase el tiroteo, pues se dice que aquélla, hecha la primera des- 
carga, arremetió contra la multitud, hiriendo y matando á personas 
ajenas al motín. Hubo cuatro muertos y veinte heridos, de los cuales 
murieron dos á las pocas horas. Omitimos la narración de otros moti- 
nes de menos importancia. 

—Nuestros lectores recordarán que ahora hace justamente dos 
años ocurrió la tremenda catástrofe de Consuegra. La de que ha sido 
víctima el pueblo de Villacañas, de la misma provincia de Toledo, 
el día 14 de este mes, si no tan grande, ha sido tristísima. A eso de 
las cuatro de la tarde ca5'ó sobre dicho pueblo y su término (como 
también sobre otros varios) una lluvia torrencial, tan abundante, que 
en minutos anegó el pueblo. Es preciso advertir que una gran parte 
del vecindario vive en subterráneos, llamados silos, y que éstos se 
llenaron en brevísimos momentos. Hasta ahora van extraídos 43 ca- 
dáveres, y se teme que aún haya algunos más. Inútil es añadir que 
las pérdidas materiales encasas desplomadas, silos inutilizados, cam- 
pos arrasados, etc., son inmensas. 

Son innumerables los pueblos de las provincias de Toledo, Gua- 
dalajara, Valladolid, Salamanca, Falencia, Murcia, Cuenca y otras en 
que las tormentas han causado desgracias y desastres incontables. 
Pero después de Villacañas, el pueblo más castigado ha sido Nava 
del Rey, en la provincia de Valladolid. Para formarse idea de la furia 
de la tempestad, bastará fijarse en que el huracán arrastraba á gran 
distancia las caballerías, arrancaba los árboles ó desmochaba sus co- 
pas, y las mercancías de la estación volaban como hoja seca. Casi to- 
da la gente trabajadora salió herida por las enormes piedras que ca- 
5'eron, y que treinta horas después de la tormenta, aún tenían el ta- 
maño de huevos de paloma. No ha quedado una uva en las cepas, ni 
un sarmiento sano; en algunos puntos quedó el terreno cubierto por 
una capa de granizo de cerca de un metro. Lo más sensible es que 
han muerto cuatro personas, y ya hemos dicho que hubo muchos he- 
ridos. 



158 CRÓNICA GENERAL 



Como consecuencia de estas tormentas, de la falta de cosecha de 
cereales en orran parte del Norte y Noroeste de España, sobre todo 
de la grandísima depreciación del vino en comarcas que apenas tie- 
nen otro producto, la situación de los pueblos es sobremanera apu- 
rada. En muchos pueblos será absolutamente imposible que se haga 
efectivo el pago de los tributos, no por mala voluntad, sino por falta 
de haberes. 

— Para que el cuadro de las desdichas sea completo, el cólera, 
que por tanto tiempo nos ha estado rodeando, ha sentado sus reales 
en varios puntos. El primero donde hizo su aparición, parece haber 
sido el pueblo de Baracaldo, cerca de Bilbao; ahora se ha extendido 
á la capital de Vizcaya y á otros varios pueblos de sus cercanías. 
Hubo días pasados algunos casos en Villarreal y Zumárraga (Gui- 
púzcoa), así como también en Belchite (Aragón). Hasta ahora no es 
muy intensa la epidemia, pero se extiende con relativa rapidez. 

Seguramente que todas estas desdichas se encaminan por la pro- 
videncia del Señor á levantar nuestros corazones á sentimientos más 
altos; á despegarnos de la demasiada afición á una vida tan amarga 
y tan llena de sobresaltos. ¡Quiera también el Señor otorgarnos la 
gracia, con cuya ayuda sepamos aprovechar tan elocuentes lec- 
ciones! 

— Leemos en un telegrama de la Agencia Fabra: "Su Santidad 
León XIII ha hecho donación á la Reina de España del palacio de 
Altemps, situado en el centro de Roma, y que costó al Papa un mi- 
llón de francos, para instalar en él un Colegio eclesiástico español, 
predestinado á adquirir un gran desarrollo.,. Es un favor más que los 
españoles tenemos que agradecer al insigne Pontífice, y que segura- 
mente influirá en el desarrollo de los estudios eclesiásticos entre 
nosotros. 

—Después de larga y penosa enfermedad, ha muerto el Excelen- 
tísimo Sr. D. Juan Grau, Obispo de Astorga. Había nacido en Reus 
en 12 de Noviembre de 1832, y después de hacer con gran brillantez 
la carrera eclesiástica, más la de Jurisprudencia y la de Filosofía y 
Letras, ejerció altos cargos eclesiásticos en diferentes diócesis, has- 
ta que en 1886 fué preconizado Obispo de Astorga, Era el difunto Pre- 
lado hombre de profunda ciencia y de gran virtud. R. I. P. 



OBSERVACIONES METEOROLÓGICAS 



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CARTA ENCÍCLICA SOBRE EL STO. ROSARIO DE MARÍA 



DE 




NUESTRO santísimo PADRE LEÓN XIII 

PAPA POR LA DIVINA PROVIDENCIA 

Á sus VENERABLES HERMANOS 

LOS PATRIARCAS, PRIMADOS, ARZOBISPOS, OBISPOS Y OTROS ORDINARIOS 
EN PAZ y COMUNIÓN CON LA SANTA SEDE 

Venerables Hermanos: Salud y bendición apostólica. 

la santa alegría que Nos ha causado el feliz cum- 
plimiento del quincuagésimo aniversario de Nues- 
tra consagración episcopal , añádese vivísima 
fuente de ventura; es, á saber: que hemos visto á los cató- 
licos de todas las naciones, como hijos respecto de su padre, 

SANCTISSIMI DOMÍNl NOSTRI LEONIS 

DIVINA PROVIDENTIA PAPAE XIII 

EPÍSTOLA ENCYCLICA AD PATRIAJÍCHAS, PRIMATES, ARCHIEPISCOPOS 
EPISCOPOS, ALI05QUE LOCORUM ORDINARIOS PACEM ET COMMUNIONEM CUM 

APOSTÓLICA SEDE HABENTES 

DE ROSARIO MARIALI 

Venerabiles fratres, salutem et apostolicam benedictionem. 

•ETiTiyE sanctas, quam Nobis annus quinquagesimus ab epis- 
copali consecratione feliciter plenus adduxit, pergrata nimi- 
ruin ex eo fuit accessio, quod omnes, per universitatem ca- 
thoiicarum gentium, non secus acfiliospater, consortes habuerimus, 

La Ciudad de Dits. — Uio Xül. Núas. 227. ii 




162 CARTA EXCfCLICA 



unirse en imponente manifestación de su fe y de su amor 
hacia Nos. 

Reconocemos en este hecho, y lo proclamamos con 
nuevo agradecimiento, un designio de la Providencia de 
Dios, una prueba de su suprema benevolencia hacia Nos 
mismo y una gran ventaja para su Iglesia. 

Nuestro corazón anhela colmar de gracias por este be- 
neficio á Nuestra dulcísima intercesora cerca de Dios, á su 
augusta Madre. El amor particular de María, que mil veces 
hemos visto manifestarse en el curso de nuestra carrera 
tan larga y tan variada, luce cada día más claramente ante 
Nuestros ojos, y tocando Nuestro corazón con una suavidad 
incomparable, Nos confirma en una confianza que no es pro- 
piamente de la tierra. 

Parécenos oiría voz misma de la Reina del cielo, ora 
animándonos bondadosamente en medio de las crueles prue- 
bas á que la Iglesia está sujeta, ora ayudándonos con sus 
consejos en las determinaciones que debemos tomar para 
la salud de todos; ora, en fin, advirtiéndonos que reanime- 
mos la piedad y el culto de todas las virtudes en el pueblo 
cristiano. Varias veces se ha hecho en Nos una dulce obli- 
gación responder á tales estímulos. 

Al número de los frutos benditísimos que, gracias á su 
auxilio, han obtenido Nuestras exhortaciones, es justo re- 



fidei et amoris significatione pulcherrima. In quo nova semper cum 
gratia agnoscimus et prsedicamus Dei providentis consilium, et sum- 
me in Nosmeptisos benevolum et Ecclesise suse haud leviter profutu- 
rum; ñeque minus avet animus, ejusdem beneficii optimam apud 
Deum conciliatricem, Matrem ejus augustam salutare laudibus et ef- 
ferre. Hujus quippe eximia caritas, quam diuturno varíjque aetatis 
spatio sensimus ipsi multis modis praesentem, praesentior in dies ante 
oculos fulget, atque animum suavissime afficiens, fiducia non huma- 
na confirmat. Coelestis Reginíe vox ipsa exaudiri videtur, Nos beni- 
gne tum erigentis in asperrimis Ecclesias temporibus, tum consilii co- 
pia ad insiiluta communis salutis proposita adjuvantis, tum etiam ad- 
monenlis ut pietatem omnemque virtutis cultura in christiano populo 
excitemus. Talibus responderé optatisjam pluries antehacjucundum 
Nobis sanclumque fuit. In íructibus autem quihortationes Nostras, ip- 
sa auspice, sunt consecuti, dignum est quod c.mmemoremus, peram; 
pla religioni sacratissimi ejus Rosarii allata esse incrementa; hanc 



SOBRE EL SANTO ROSARIO 163 

cordar cuál ha sido el provecho que la Religión ha sacado 
de la propagación del Santísimo Rosario. Se han acrecen- 
tado aquí Cofradías de piadosos fieles; allá se han fundado 
nuevas; hánse esparcido preciosos escritos sobre esto entre 
el pueblo , y hasta las Bellas Artes Nos han proporcionado 
valiosos objetos. 

Pero ahora, como si oyésemos la propia voz de esta ma- 
dre decirnos: clama ^ ne cesses, queremos ocupar de nuevo 
vuestra atención, venerables Hermanos, con el Rosario de 
María, en el momento que empieza ei mes de Octubre, que 
Nos hemos consagrado á la Reina del cielo, y á esa devo- 
ción del Rosario, que le es tan grata, concediendo con tal 
ocasión á los fieles el favor de santas indulgencias. 

El objeto principal de Nuestra Carta no será, sin em- 
bargo, ni escribir un nuevo elogio de una plegaria tan bella 
por sí misma, ni excitar á los fieles á que la recen cada vez 
más. Hablaremos de algunas preciosísimas ventajas que de 
ella se pueden obtener, y que son perfectamente adecuadas 
á los hombres y á las circunstancias actuales. 

Nos hemos íntimamente persuadido, en efecto, de que ía 
devoción del Rosario, practicada de tal suerte que procure 
á los fieles toda la fuerza y toda la virtud que en ella exis- 
ten, será manantial de numerosos bienes, no sólo para los 
individuos, sino también para todos los Estados. 



ia rem sodalitiis quoque piorum qua auctis, qua constitutis, scriptis 
docte opportuneque in vulgus editis, ipsis eleg-antiorum artium no- 
bilissimis ornamentis inductis. — Nuac vero perinde ac si eamdem 
studiossirnas Matris excipiamus vocem, qua urgeat, Clama, ne cesses, 
rursus de mariali Rosario vos alloqui libet, Veneraciles Fratres, ap- 
petente octobri; quemmensemesse eidevotum, acceptissimoejusdem 
Rosarii ritu, censuimus, tributis sací ae indulgentiíe prasmiis. Oratio 
tamen NosLra non eo próxima spectabitut addamus, vel laudem pre- 
cationi ex se prestantissimae, vel ñdelibus stimulos ad eam sanctiore 
usu colendam; verum de nonnullis dicemus lectissimis bonis, quaí 
inde hauriri possunt, temporum et hominum rationi máxime opportu- 
nis. Sic enim Nobis persuasissimum est, religionem Rosarii, si tam 
rite colatur, ut vim insitam virtutemque prol'erat suam, utiliíates, non 
singulis modo, sed omni etiam reipublicae esse máximas parituram. 
Nemo est quem fugiat, quantum Nos, pro supremi Apostolatus 
muñere, ad civile bonura conf. rre studuerimus, ac porro parati su- 



164 CARTA ENCÍCLICA 



Nadie ignora cuánto deseamos el bien de las naciones, 
conforme al deber de Nuestro supremo apostolado, y cuan 
dispuestos estamos á hacerlo, con el favor de Dios. Nos he- 
mos advertido efectivamente á los hombres investidos del 
poder que no promulguen ni apliquen leyes que no estén 
conformes con la justicia divina. Nos hemos exhortado fre- 
cuentemente á aquellos ciudadanos superiores á los demás 
por su talento, por sus méritos, por su nobleza ó por su for- 
tuna á comunicarse recíprocamente sus proyectos, á unir 
sus fuerzas para velar por los intereses del Estado y pro- 
mover las empresas que pueden serle ventajosas. 

Pero existe gran número de causas que en una sociedad 
civil relajan los lazos de la disciplina pública y desvían al 
pueblo de procurar, como debe, la honestidad de las cos- 
tumbres. Tres males, sobre todo. Nos parecen los más fu- 
nestos para el común bienestar, que son: el disgusto de una 
vida modesta y activa; el horror al sufrimiento y el olvido 
de los bienes eternos que esperamos. 

Nos deploramos — y aquellos mismos que todo lo miran 
con criterio meramente natural y utilitario reconocen el he- 
cho y lo lamentan— Nos deploramos que la sociedad humana 
padezca de una espantosa llaga, y es que se menosprecien 
los deberes y las virtudes que deben ser ornato de una vida 
obscura y ordinaria. 



mus, sic Deus adsit, conferre. Nam, qui imperio potiantur. eos ssepe 
monuimus, ne perferant leges per easque agant. nisi ad normam 
gequissimam divinae Mentis; cives autem, qui ceteris, sive ingenio, 
sive partis meritis, sive nobili tate fortunisque antecellant, crebro ad- 
hortati sumus ut, consiliis collatis et viribus, res máximas potissi- 
masque civitatis tueantur et provehant.— Sed vero nimis multa sunt, 
quibus, ut modo est civilis consociatio, publicas disciplinse vincula in- 
firmentur, atque pofuli ajusta morum honéstate persequenda abdu- 
cantur. Jam Nobis tria prsecipue videntur teterrima in communis 
boni perniciem: ea sunt: nioítestív vitcc ct aciuosce fastidium; horror 
patiendi; Jutnroriini, quce sper anuís, ohlivio. 

Querimur Nos, ipsique fatentur ultro ac dolent qui omnia revo- 
cant ad naturae lumen et utilitatem, vulnus humante societati, idque 
vehemens, ex eo infligí, quod officia virtutesque negliguntur, quae 
genus vit^ exornant tenue et commune. Hinc enim vero, in domes- 
tica consuetudine debitam natura obedientiam a liberis detrectari 



SOBRE EL SAXTO ROSARIO 165 



De donde nace que en el hogar doméstico los hijos se 
desentiendan de la obediencia que deben á sus padres, no 
soportando ninguna disciplina, á menos que no sea fácil y 
se preste á sus diversiones. De ahí viene también que los 
obreros abandonen su oficio, hu^^an del trabajo y, descon- 
tentos de su suerte, aspiren más alto, deseando una quimé- 
rica igualdad de fortunas: movidos de idénticas aspiracio- 
nes, los habitantes de los campos dejan en tropel su tierra 
natal para venir en pos del tumulto y los fáciles placeres de 
las ciudades. 

A esta causa debe atribuirse también la falta de equili- 
brio entre las diversas clases de la sociedad: todo está des- 
quiciado: los ánimos están consumidos por el odio y la en- 
vidia: engañados por falsas esperanzas, turban muchos la 
paz pública ocasionando sediciones, y resisten á los que 
tienen la misión de conservar el orden. 

Contra este mal hay que pedir remedio al Rosario de 
María, que comprende á la vez un orden fijo de oraciones y 
la piadosa meditación de los misterios de la vida del Salva- 
dor y de su Madre. Que los Misterios ^ososos sean indica- 
dos á la multitud y puestos ante los ojos de los hombres, á 
manera de cuadros y modelos de virtudes: cada uno com- 
prende cuan abundantes son y cuan fáciles de imitar y pro- 
pios para inspirar una vida honesta los ejemplos que de 



proterve omnis ¡mpa.tientibus disciplinas, nisi si quae est voluptaria 
et moUis. Hinc opiíices suis se artibus removeré, detugere labores, 
nec serte contentos, altiora suspicere, improvidam quandam expe- 
dentes gequationem bonorum: similia multorum studia,ut natali rure 
relicto, urbium rumores capiant effusasque illecebras. Hinc interor- 
dines civitatum ae^uUibritas nuUa; nutare om.iia, ánimos simultati- 
bus invidiaque torqueri, jus conculcar! palam, eos deaique. qui spe 
sint falsi, per seditionem et turbas publicam tentare pacem iisque ob- 
sistere quorum est illam tutari.— Contra haec curatio petatur a Rosa - 
rio mariali, quod simul certo precum ordine constat et pia mysterio- 
rum Christi Servatoris et Matris commentatione. Nempe guudiorum 
mysteria probé et ad vulgus enarrentur, ac, veluti picturEe quaeJam 
imaginesque virtutum, in oculis hominum constituaatur: perspiciet 
quisque, quam ampia inde.quamque facilis, ad vitam honeste compo- 
nendam, offeratur documentorum copia, mira ánimos suavilate alli- 
cientium.— Obversatur Nazarethana domus, terrestre illud divinum- 



166 CARTA ENCÍCLICA 



ellos pueden sacarse y que seducen los corazones por su ad- 
mira ble suavidad. 

Que se represente la casa de Nazareth, este asilo á la 
vez terrestre y divino de la santidad. ¡Qué modelo tan her- 
moso para la vida diaria! ¡Qué espectáculo tan perfecto de 
amor! Reinan allí la sencillez y la pureza de las costumbres; 
un perpetuo acuerdo en los pareceres; un orden que nada 
perturba; la mutua indulgencia; el amor, en fin, no un amor 
fugitivo y mentiroso, sino un amor fundado en el cumpli- 
miento asiduo de los deberes recíprocos y verdaderamente 
•digno de cautivar todas las miradas. 

Allí, sin duda, ocúpanse en disponer lo necesario para el 
sustento y el vestido; pero es con el sudor de la frente, in 
sudore vultiis, y como quienes, contentándose con poco, 
trabajan más bien para no sufrir el hambre que para pro- 
curarse lo superfluo. Sobre todo esto adviértese una sobe- 
rana tranquilidad de espíritu y una alegría de alma igual en 
cada uno: dos bienes que acompañan siempre á la concien- 
cia de las buenas acciones cumplidas. 

Los ejemplos de estas virtudes, de la modestia y de la 
sumisión, de la resignación al trabajo y de la benevolencia 
hacia el prójimo, del celo en cumplir los pequeños deberes 
de la vida ordinaria, todas esas enseñanzas, en fin, que á me- 
dida que el hombre las comprende mejor, más profunda- 



que sanctimoniae domicilium. Quantum in ea quotidianse consuetudi- 
nis exemplar! quas societatis domesticse omnino perfecta species! 
Simplicitas ibi morum et candor; animorum perpetua consensio; nul- 
la ordinis perturbatio; observantia mutua; amor denique, non ille fu- 
catus et mendax, sed qui officiorum assiduitate integre vigens, vel 
oculos intuentium rapiat. Illic datur quidem studium ea parando quae 
suppeditent ad victum et cultum; id vero in sudore vultus^ et ut ab 
eis, qui, parvo contenti, potius agant ut minus egeant, quam ut plus 
habeant. Super hsec omnia, summa tranquillitas mentis, par animi 
laetitia; quae dúo recte factorum conscientiam nunquam non comitan- 
tur.— Quarum exempla virtutum, modestia nimirum ac demissionis, 
laborum tolerantiae et in alios benevolentise, diligentiee tenuium oífi- 
ciorum quae sunt in quotidiana vita, cetera demum exempla, simul 
atque concipiantur sensim animis alteque insideant, sensim prefecto 
in eis óptala consiliorum morumque mutatio eveniet. Tum sua cui- 
■ que muñera nequáquam despecta erunt et molesta, sed grata potius 



SOBRE EL SANTO ROSARIO 167 

mente penetran en su alma, traerán un cambio notable en 
sus ideas y en su conducta. Entonces cada uno, lejos de en- 
contrar despreciables 3^ penosos sus deberes particulares, 
los tendrá más bien por muy gratos y llenos de encanto: y 
gracias á esta especie de placer que sentirá con ellos, la 
conciencia del deber le dará más fuerza para bien obrar. 

Así las costumbres se suavizarán en todos los sentidos; 
la vida domestica se deslizará en medio del cariño y de la 
dicha, y las relaciones mutuas estarán llenas de sincera be- 
nevolencia y de caridad. Y si todas estas cualidades de que 
estará dotado el hombre individualmente se extienden á las 
familias, á las ciudades, al pueblo todo, cuya vida se suje- 
taría á estas prescripciones, es fácil de concebir cuántas 
ventajas obtendría de ello el Estado. 

Otro mal funestísimo y que Nos no deploraremos bas- 
tante, porque cada día penetra más profundamente en los 
ánimos y hace mayores estragos, es la resistencia al dolor 
y eso de rechazar violentamente todo lo que parece moles- 
to y contrario á nuestros gustos. 

La mayor parte de los hombres, en vez de considerar, 
como sería preciso, que la tranquilidad y la libertad de las 
almas es la recompensa preparada á los que han cumplido 
el gran deber de la vida sin dejarse vencer por los peligros 
ni por los trabajos, se forjan la idea de un Estado donde no 



et delectabilia: atque, jucunditate quadam aspersa, enixius ad probé 
agendum conscientia officii valebit. Ex eo mores in omnes partes mi- 
tescent; domestica coavictio in amore et deliciis erit; usus cum cete- 
ris plus multo habebit sincerse observantise et caritatis. Quas quidem, 
ex homine singular!, si late in familias, in civitates, in universum 
quempiam populum traducantur, ut ad haec instituta moderentur vi- 
tam; quanta inde reipublicae emolumenta sint obventura, apertum 
est. 

Alterum, sane funestissimum, in quo deplorando nimii nunquam 
simus, eo quialatius in dies deteriusque inficiat ánimos, illud est, re- 
cusare dolorem, adversa et dura acriter propulsare. Pars enim ho- 
minum máxima tranquillam animorunilibertatem non jam sic habent, 
ut opportet, tamquam praemium iis propositum qui virtutis fungantur 
muñere, ad pericula ad labores invicti' sed commentitiam quamdam 
civitatis perfectionem cogitant, in qua, omni ingrata re submota, cu- 
mulata sit delectationum hujus vitae complexio. Porro ex tam acri 



168 CARTA ENCÍCLICA 



habría objeto alguno desagradable y donde se gozaría de 
todos los bienes que esta vida puede dar de sí. Deseo tan 
violento y desenfrenado de una existencia feliz es fuente de 
debilidad para las almas, que si no sucumben por comple- 
to, se enervan por lo menos de suerte que huyen cobarde- 
mente de los males de la vida, dejándose abatir por ellos. 

También en este peligro puede esperarse del Rosario de 
María grandísimo socorro para fortalecer las almas (tan 
eficaz es la autoridad del ejemplo), si los Misterios que se 
llaman dolorosos son objeto de una meditación tranquila y 
suave desde la más tierna infancia, y si luego se continúa 
meditándolos asiduamente. En ellos se nos muestra á Cris- 
to autor y consumador de nuestra fe, comenzando á obrar 
y á enseñar, á fin de que encontremos en El mismo ejemplos 
adecuados á las enseñanzas que nos dio sobre la manera 
cómo debemos soportar las fatigas y los sufrimientos. Él 
quiso sufrir los males más terribles con una gran resigna- 
ción. 

Vémosle agobiado de tristeza hasta el punto de que la 
sangre corre por todos sus miembros como sudor copioso. 
Vémosle cargado de ligaduras, como un ladrón sometido 
al juicio de hombres perversos, objeto de odiosos ultrajes y 
de falsas acusaciones. Vémosle flagelado, coronado de es- 
pinas, atado á la cruz, considerado como indigno de vivir 



efrenataque beate viv^endi libidine procliv^e est ut ingenia labefa- 
ctentur; quae, si non penitus excidunt, at enervantur tamen, ut vitse 
malis abjecte cedant miserabiliterque succumbant. — In hoc etiam 
discrimine, plurimum quidem opis ad spiritus roborandos (tanta 
exempli auctoritas est) ex mariali Rosario expectari licet; si dolen- 
tia, quae vocantur, inysteria, vel a primis puerorum getatulis, ac dein- 
ceps assidue, tacita suavique contemplatione versentur. Videmus 
per ea Chrisíum, atictoreni et consumatorem. Fidei nostrae, cceptsse 
faceré et doccre\ ut, quse genus nostrum de laborum dolorumque per- 
pessione docuisse eorum in ipso exempla peteremus et ita quidem 
ut, qusecumque diffíciliora perpessu sunt ea sibi ipse toleranda ma- 
gna volúntate susceperit. Meestitia videmus confectum, usque eo ut 
sanguine totis artubus, ve uti sudore, manaret. Videmus vinculis, 
latronum more, constrictum; judicium pessimorum subeuntem; diris 
contumeliis, falsis criminibus impetitum. Videmus flagellis cgesum; 
spinis coronatum; suffixum cruci; indignum habitum qui diu vive- 



SOBRE EL SANTO ROSARIO 169 



largo tiempo y merecedor de morir en medio de las mal- 
diciones de las turbas. 

Pensamos cuál debió ser, ante tal espectáculo, el dolor 
de su Santísima Madre, cuyo corazón fué no solamente he- 
rido, sino atravesado de una espada; de suerte que se la ha 
llamado, y lo es realmente, la Madre del dolor. 

Aquel que, no contento con la contemplación de los ojos, 
medite frecuentemente estos ejemplos de virtud, ¡cómo sen- 
tirá renacer en sí la fuerza para imitarlos! Que la tierra sea 
para él maldita; que no produzca más que espinas y zarzas; 
que su alma sufra todas las amarguras posibles; que la en- 
fermedad agobie su cuerpo; no habrá mal alguno, ya pro- 
venga del odio de los hombres, ya. de la cólera de los de- 
monios, ningún género de calamidad pública ó privada, que 
él no venza con su resignación. 

De él podrá decirse con razón: cumplir y sufrir mucho 
€S propio del cristiano. El cristiano, en efecto, aquel que es 
considerado con justo título como digno de este nombre, no 
puede seguir en vano á Cristo paciente. Hablamos aquí de 
la paciencia, no de esa vana ostentación del alma endure- 
ciéndose contra el dolor que manifestaron algunos filósofos 
antiguos, sino de la que, aplicando el ejemplo de Cristo, que 
quiso sufrir la cruE cuando pudo elegir la alegría, y que 
despreció la confusión, y pidiéndole los auxilios de su gra- 



ret, dignum qui succlamante turba periret. Ad haec, Parentis sanc- 
tissimae segritudiñem reputamus, cujus animam doloris gladius, 
non atiigit modo, sed pertransivit, ut Mater dolorum compellare- 
tur et esset.— Virtutis tantee specimina qui crebra cogitatione, non 
modo oculis, contempletur, quantum ille profecto calebit animo 
ad imitandum! Esto ei quidem maledicta tellus et spinas germinet 
ac tribuios, mens aerumnis prematur, morbis urgeatur corpus; nu- 
llum erit. sive hominum invidia, sive ira daemonum, invectum ma- 
lum , nullus publicae privatccque calamitatis casus , quae non ille 
evincat tolerando. Hinc illud recte, faceré et pati fortia christia- 
num est\ christianus eteniín, quicumque habeatur mérito, Christum 
paiientem non subsequi nequáquam potest Patientiam autem dici- 
mus, non inanem animi ostentationem ad dolorem obdurescentis, 
quae quorumdam fuit veterum philosophorum; sed quae, exemplum 
ab illo transferens qui proposito sibi gandió, sustiniiit cruce m, con- 
Jusione contempta, (Hebr. XI1,2), ab ipsoque opportuna gratias expos- 



170 CARTA ENCfCLrCA 



cia, no retrocede ante ninguna pena, las sobrelleva todas 
con regocijo y las considera como un favor del cielo. 

La fe católica ha poseído y posee todavía discípulos pe- 
netrados de esta doctrina, hombres y mujeres de todo país 
y de toda condición, dispuestos á sufrir, siguiendo el ejem" 
pío de Cristo, todas las injusticias y todos los males por la 
virtud y por la Religión, apropiándose más aún el ejemplo 
que la palabra de Dídymo: "Vamos también nosotros, y 
muramos con Él„. ¡Que los ejemplos de esta admirable 
constancia se multipliquen cada vez más, y la fuerza de los 
Estados y la gloria de la Iglesia crecerán incesantemente! 

La tercera especie de males á que es preciso poner re- 
medio es, sobre todo, propia de los hombres de nuestra épo- 
ca. Los de las edades pasadas, si bien estaban ligados de 
una manera á veces criminal á los bienes de la tierra, no 
desdeñaban enteramente, sin embargo, los del cielo: los más 
sabios de entre los mismos paganos enseñaron que esta vi- 
da era para nosotros una hospedería, no una morada per- 
manente; que en ella debíamos alojarnos durante algún 
tiempo, pero no habitarla. 

Los hombres de hoy, aunque instruidos en la fe cristia- 
na, se adhieren en su mayor parte á los bienes fugitivos de 
la vida presente, no sólo como si estuviese borrada de su 
espíritu la idea de una patria mejor, de una bienaventuran- 



cens auxilia, perpeti áspera nihil renuat atque etiam gestiat, perpes- 
sionemque, quantacumque ea fuerit, in lucris ponát. Habuit catholi- 
cum nomen, ac sane habet, doctrinas hujus discipulos prasclarissimos, 
complures ubique ex omni ordine viros et feminas, qui, per vestigia 
Christi Domini, injurias acerbitatesque omnes pro virtute etreli^íione 
subirent, illud Didymi, re magis quan dicto, usurpantes: Eamus et 
nos, et moriamur cum eo. (Joann, XI, 16.)— Quas insignis constantiae 
facta etiam atque etiam multiplicentur splendide, unde praesidiuní 
civitati, Eclesise virtus augescat et gloria! 

Tertium maloruní caput. cui quaerenda est medicina, in homini- 
bus máxime apparet aetatis nostras. Homines enim superiorum tem- 
porum, si quidem terrestria, vel vitiosius, adamabant, fere tanien 
non penitus aspernabantur caelestia: ipsi ethnicorum prudentiores, 
hanc nobis vitam hospilium esse, non domum, commorandi diverso- 
rium, non habitandi, datum docuerunt. Qui nunc vero sunt homines, 
etsi christiana lege instituti, fluxa preesentis aevi bona plerique sic 



SOBRE EL SaXI .» ROSARIO 171 

za eterna, sino como si quisieran destruirla enteramente á 
fuerza de iniquidades. En vano San Pablo les hizo esta ad- 
vertencia: "No tenemos aquí una morada estable, sino que 
buscamos una que hemos de poseer algún día„. 

Cuando se pregunta cuáles son las causas de esta cala- 
midad, se ve, por de contado, que en muchos existe el te- 
mor de que el pensamiento de la vida futura pueda destruir 
el amor de la patria terrestre y perjudicar la prosperidad 
de los Es tados. No hay nada más odioso y más insensato 
que semejante convicción. Las esperanzas eternas no tienen 
por carácter absorber de tal manera á los hombres que los 
aparten por completo del cuidado de los bienes presentes. 
Cuando Cristo mandó buscar el reino de Dios, dijo que se 
le buscase primero; pero no que se dejase todo lo demás á 
un lado. 

El uso de los objetos terrestres y los goces permitidos 
que de ellos se pueden sacar, no tienen nada de ilícito, cuan- 
do contribuyen al acrecentamiento ó á la recompensa de 
nuestras virtudes. Del mismo modo, si la prosperidad y ci- 
vilización progresivas de la patria terrestre, al manifestar 
de una manera espléndida en el mutuo acuerdo de los mor- 
tales, reflejan la belleza y magniíicencia de la patria celes- 
tial, nada hay en esto que desdiga de la recta razón, ni que 
sea opuesto á los designios de la Providencia; porque Dios 



consectantur, ut potiorem patriam in sevi sempiterni beatitate, non 
memoria solum elabi, sed extinctam prorsus ac deletam per sum- 
mum dedecus velint; frustra commonente Paulo: Non habenius hic 
nianentem. civitatem, sed Juturam inqnírimus (Hebr. Xlll, 14). Cu- 
jus rei explorantibus causas, illud in primis occurrit, quod multis 
persuasum sit, cogitaüone fuiurorum caritatem dirimi patricC terres- 
tris reique publicas prosperiíatem convelli: quo nihil profecto odio- 
sius, ineptius nihil. Etenim non ea sperandari^m natura est rerum. 
quae mentes hominum sibi sic vindicent, ut eas a cura omnino aver- 
tant prsesentium bonorum; quando et Cliristus regnum üei edixit 
quserendum, primum id quidem, at non ut cetera praeieriremus. Nam 
usura prsesentium rerum, quyeque inde honeslae habentur delecta- 
tiones, si virtutibus vel aucjendis vel remunerandis adjumento sunt; 
ítem, si splc-ndor et cultus terrenae civitatis, ex quo mortalium con- 
sociatio magnifice illustratur, splendorem et cultum imitatur civita- 
tis coelestis; nihil est quod rationis participes dedeceat, nihil quod 



172 CARTA EiVCÍCHCA 



es á la vez el autor de la naturaleza y de la gracia, y no 
quiere que la una sea opuesta á la otra, ni que haya entre 
ellas conflicto, sino que celebren en cierto modo un pacto 
de alianza para que, bajo su dirección, lleguemos un día por 
el camino más fácil á aquella eterna felicidad á que fuimos 
destinados. 

Pero los hombres egoístas dados á los placeres, que de- 
jan correr todos sus pensamientos sobre los objetos terres- 
tres, y no pueden elevarse á más altura, en lugar de ser 
movidos por los bienes de que gozan, á desear más viva- 
mente los del cielo, pierden completamente la idea misma- 
de la eternidad y van á caer en una condición indigna del 
hombre. En efecto, el poder divino no puede herirnos con 
pena más terrible que dejándonos gozar de todos los place- 
res de la tierra, pero olvidando al mismo tiempo los bienes 
eternos. 

Evitará completamente este peligro aquel que se dé á la 
devoción del Rosario y medite atenta y frecuentemente los 
Misterios gloriosos que en él se nos proponen. En estos 
Misterios, ciertam.ente, nuestro espíritu toma la luz necesa- 
ria para conocer los bienes que no ven nuestros ojos, pero 
que Dios, Nos lo creemos con firme fe, prepara á aquellos 
que le aman. Así aprendemos que la muerte no es un ani- 
quilamiento que nos arrebata y que nos destruye todo, si no 



consiliis adversetur diviais. Auctor est enim naturae Deus idemque 
gTatise; non ut altera alteri officiat atque ínter se dioladientur, sed 
ut amico quodaní foedere coeant, ut nempe, utraque duce, immor- 
talem illam beatitatem, ad quam mortales nati sumus, faciliore 
veluti via, aliquando contingamus.— At vero homines voluptarii, 
sese unice amantes, qui cogitationes suas omnes in res caducas 
humiliter abjiciuiit, ut se tollere altius nequeant, ii, potius quam a 
boiiis quibus fruantur aspectabilibus seterna appetant, ipsum plañe 
amittunt ^ternitatis aspectum, ad conditionem prolapsi indignissi- 
mam. Ñeque enim divinum Numen graviore ulia poe la mulctare ho- 
minem possit, quam quum illum blandimenta voluptatum, bono 
rum sempiternorum immemorem, omni vita consectari permise- 
rit. — A quo tamen periculo ille prefecto aberit qui, pietate Rosarii 
usus, quge in illo proponuntur a gloria mysteria, atienta repetet 
frequentique memoria. Mysteria etenim ea sunt, in quibus clarissi- 
mum christianis mentibus praefertur lumen ad suspicienda bona, 



SOBRE EL SANTO ROSARIO 173 

una emigración, y por decirlo así, un cambio de vida. Com- 
prendemos claramente que el camino del cielo está abierto 
para todos, 3^ cuando nosotros vemos á Cristo resucitar, 
nos acordamos de su dulce promesa: "Yo voy á prepara- 
ros un puesto„. Nos creemos ciertamente que vendrá un 
tiempo "en que Dios secará todas las lágrimas de nues- 
tros ojos, en que no habrá más luto, ni quejidos, ni dolor, 
si no que estaremos siempre con Dios, parecidos á Dios, 
pues que le veremos tal cual es, gozando del torrente de 
sus delicias, conciudadanos de los Santos,,, en comunión 
bienaventurada con María^ su Madre y nuestra poderosa 
Reina. 

El espíritu que considere estos Misterios, no podrá me- 
nos de inflamarse y de fepet-ir esta frase de un hombre muj'- 
santo: "¡Qué triste y pesada es la tierra cuando miro al 
cielo!,, Él gozará del consuelo de pensar "que una tribula- 
ción momentánea y ligera nos conquista una eternidad de 
gloria,,. Este es, en efecto, el único lazo que une el tiempo 
presente con la vida eterna, la ciudad terrestre con el cie- 
lo; ésta, la única consideración que fortifica y eleva las 
almas. 

Si tales almas son en gran número, el Estado será rico 
y floreciente, se verá reinar la verdad, el bien, lo bello, se- 
gún este modelo, que es el principio y el origen eterno de 



quse, etsi obtutum oculorum effugiunt, sed certa tenemus fide pra;- 
parasse Deum Uiligentibus se. Docemur inde, mortem, non interi- 
tum esse omnia tollentem atque delentem, sed mitírationem conimu- 
tationemque vitse. Docemur, ómnibus in coelum cursum patere; 
quumque illo Christum cernimus remeantem , reminiscimur felix 
ejus promissum: Vado parare vobis lociim. Docemur, fore tempus, 
quum absterget Dcus omnem lacrymam ab ociilis nostris, et neqiic 
luctus, ñeque clamor, ñeque dolor erit ultra; sed semper cum Do- 
mino erünus, símiles Dei, quoniam videbimus eum sicuti est; poli 
torrente voluptatis ejus, Sanctorum cives, in mai^na; Reginae et 
Matris beatissima communione.— Hsec autem considerantem animum 
inflammari necesse est, atque tum illud iterare Viri sanciissimi: 
Quam sordet tellus, dum coelum aspicio! tum eo uti solatio, quod 
momentaneum et leve tribulationis nostrcc ceternum gloria pondus 
operatur in nobis. Enimvcro una hrec est ratio prgesentis temporis 
cum íEterno, terrestris civitatis cum coclesti apte jungendíc; hac una 



174 CARTA ENCÍCLICA 



toda verdad, de todo bien y de toda belleza. Ya todos los 
cristianos pueden ver, como Nos lo hemos manifestado al 
principio, cuáles son los frutos y cuál es la virtud fecunda 
del Rosario de María, su poder para curar los males de 
nuestra época y hacer desaparecer los castigos que sufren 
los astados; pero es fácil de comprender que sentirán más 
abundantemente estas ventajas aquellos que, inscriptos en 
la Santa Cofradía del Rosario, se distinguen por una unión 
particular y verdaderamente fraternal y por su devoción á 
la Santísima Virgen; en efecto, estas Cofradías, aprobadas 
por la autoridad de los Pontífices romanos, colmadas por 
ellos de privilegios y enriquecidas de indulgencias, están 
sometidas á su jurisdicción, tienen asambleas á fecha fija y 
gozan de poderosos apoyosqueles aseguran su prosperidad 
y las hacen grandemente provechosas para la sociedad 
humana. 

Estos son como ejércitos que combaten los combates de 
Cristo por sus Misterios sagrados, bajo los auspicios y la 
guía de la Reina del cielo. Se ha podido justificar en mu- 
chas circunstancias, y sobre todo en Lepanto,cuán favora- 
ble se ha mostrado á sus súplicas y á las ceremonias que 
ellos han organizado. Es, pues, útilísimo, mostrar gran celo 
para fundar, acrecentar y gobernar tales Cofradías. Nos no 
hablamos aquí sólo á los discípulos de Santo Domingo, 



educuntur fortes animi et excelsi Qui quidem, si magno numero cen- 
seantur, dignitas et amplitudo stabit civitatis; florebunt quse vera, 
quse bona, quse pulchra sunt, ad normam illam expressa quae omnis 
veritatis, boniíatis, pulchriiudinis summum est principium et foni, 
perennis. 

Jam videant omnes, quod principio posuimus, quarum sit utilita- 
tum fecunda marialis Rosarii virtus, et quam miriíice possit ad tem- 
porum sananda mala, ad grairissima civitatis damna prohibenda.— 
Istam vero virtutem, ut facile coünitu est, illi prsecipue uberiusque 
percepluri erunt qui cooptati in sacra Rosarii Sodalitia, peculiari et 
Ínter se fraterna conjunctione et erga sanctissimam Virginem obse- 
quia prcE ceteris commendantur. Hasc enim Sodalitia auctoritate ro- 
manorum Pontitícum comprobata, ab cisque donata privilegiis et mu- 
neribus indulgentiee, suo palam ordine ac magisterio reguntur, con- 
ventus statis habent temporibus, praesidiis optimis instruuntur qui- 
bus sánete vigeant et ad commoda etiam ¿societatis humanas condu- 



SOBRE EL SANTO ROSARIO 175 



aunque éstos se^n principalmente encargados de esta mi- 
sión, según su Instituto, sino á todos los que tienen el cui- 
dado de las almas y, sobre todo, el ministerio de las iglesias 
en las que estas Cofradías están instituidas. 

Nos deseamos también ardientemente que los Sacerdo- 
tes que emprenden viajes para propagar la doctrina de 
Cristo entre las naciones bárbaras, ó para afirmarla donde 
ya se ha establecido, propaguen asimismo la devoción del 
Rosario. 

Con las exhortaciones de todos estos Sacerdotes, Nos 
no dudamos que ha de haber un gran número de cristianos, 
cuidadosos de sus intereses espirituales, que se harán ins- 
cribir en esta misma Cofradía, y se esforzarán por adquirir 
los bienes que Nos hemos indicado; aquellos, sobre todo, 
que constitu3^en la razón de ser, y, en algún modo, la esen- 
cia del Rosario. 

El ejemplo de los miembros de la Cofradía inspirará á 
los demás fieles un respeto y una piedad muy grandes hacia 
el Rosario. 

Estos, animados por ejemplos semejantes, pondrán todo 
su celo en tomar parte en estos bienes tan saludables. 

Tal es Nuestro ardiente deseo. 

Esta es también la esperanza que nos guía y nos anima 
en medio de los grandes males que sufre la sociedad. ¡Ojalá, 



cant. Haec sunt veluti agmina et acies, praelia Christi per sacratissi- 
ma ejus mysteria pugnantes, auspice et duce Regina coelesti: quorum 
illa supplicationibus, ritibus, pompis quam adsit propitia, pr?eclare 
omni tempore patuit; magnifice ad Echinadas. — Magno igitur studio 
in talibus Sodalitiis condendis, amplificandis, moderandi? par est 
contendere et eniti, non unos inquimus alumnos Dominici Patris, 
quamquam illi ex disciplina sua debent summopere, sed quotquot 
praeterea sunt animarum curatores in sacris praesertim acdibus ubi 
illa jam habentur legitime instituía. Atque etiam Nobis máxime in 
votis est, ut qui sacras expeditiones ad Christi doctrinam, vel inter 
barbaras gentes invehendam vel apud excultas confirmandam obeunt, 
hac Ítem in re elaborent.— Ipsis ómnibus hortatoribus, minime dubi- 
tamus, quin multi e Christifidelibus animo álacres futuri sint, qui tum 
eidem Sodaiitati dent nomen, tum eximie studeant bona intima, quse 
exposuimus, assequi, illa nimirum quibus ratio et quodammodo res 
Rossarii continetur. Ab exemplo autem Sodalium major quasdam re- 



176 CARTA ENCÍCLICA 



que gracias á tantas oraciones, María, la Madre de Dios y 
de los hombres, que nos ha dado el Rosario, y que es su 
Reina, pueda hacer de suerte que esta esperanza se realice 
por completo! 

Nos tenemos confianza, Venerables Hermanos, en que 
vuestro concurso, Nuestras enseñanzas y Nuestros deseos 
contribuirán á la prosperidad de las familias, á la paz de 
los pueblos y al bien de la tierra. 

Como prenda de las bendiciones divinas y como testi- 
monio de Nuestra benevolencia, Nos os concedemos de todo 
corazón á vosotros, á vuestro Clero y á vuestro pueblo la 
bendición apostólica. 

Dado en Roma, en San Pedro, el 8 de Septiembre de 1893, 
el décimo sexto de Nuestro pontificado. 

León XIII, PAPA. 



verentia et pietas erga ipsum Rosarii cultum ad ceteros manabit fi- 
deles: qui ita excitati,ampliores impendent curas ut, quod Nobis de- 
sideratissimum est, eorumdem salutarium bonorum copiam abunde 
participent. 

Haec nobis igitur praslucet spes, hac ducimur atque in tantis rei- 
publicae damnis valde recreamur: quee ut plena succedat, ipsa exora- 
ta effíciat Rosarii inventrix et magistra , Dei et hominum Mater 
María. Fore autem vestra omnium opera, Venerabiles fratres, con- 
fidimus, ut documenta et vota Nostra ad familiarum prosperitatem, 
ad pacem populorum et omne bonum eveniant.— Interea divinorum 
munerum auspicem ac benevolentias Nostrse testem, vobis singuliset 
clero, populoque vestro Apostolicam benedictionem peramanter in 
Domino impertimus. 

Datum Roinse, apud Sanctum Petrum, die VIII Septembris anno 
MCCCXCIII, pontificatus Nostri sextodecimo. 

Leo PP. XIII. 





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El Pentateuco y la Arqueología Prehistórica ^^^ 




os hechos culminantes caracterizaron el segundo 
período de la historia de los israelitas en Egipto: 
el estado de cruel vejación y servidumbre á que 
se vio reducido el pueblo hebreo bajo la prepotencia faraó- 
nica, y las tentativas de rebelión que se manifestaron en 
el pueblo oprimido, hasta conquistar definitivamente su 
libertad con el memorable acontecimiento del Éxodo. Los 
últimos descubrimientos arqueológicos han respondido á su 
vez á estas dos fases de la historia israelítica con el nombre 
de dos monarcas, cuvo reinado coincide exactamente con 
la historia bíblica: el reinado de Ramsés II, ó del gran Se- 
sostris, que se distinguió en la historia de Egipto por la 
tiranía y crueldad que desplegó contra todos los pueblos 
subyugados; y el de su hijo Min-Phtah, en cuya época se 
manifestaron múltiples rebeliones en las tribus extranjeras, 
determinando la decadencia de la XIX dinastía. 

El reinado de Ramsés ó Ramesu II es uno de los más co- 
nocidos y mejor explorados en la interesante historia de 
los monumentos egipcios; y gracias á la multitud de docu- 
mentos que se hallan en posesión de la ciencia arqueológica, 
ha podido la crítica discernir muy bien la historia real y 



(1) Véase la página 437 del vol. XXXI. 



12 



178 EL PENTATEUCO 



positiva de las fábulas y leyendas que bajo el nombre de 
Sesostris le habían atribuido los historiadores griegos. Hoy 
puede afirmarse en nombre de la ciencia que la aureola de 
gloria, que iba asociada siempre á la figura del gran Sesos- 
tris, ha quedado reducida á un estado relativamente humil- 
de y obscuro, y en algún concepto hasta repugnante. "Ra- 
mesu II (dice Lennormant, inspirándose únicamente en los 
descubrimientos arqueológicos) fué sin duda alguna un prín- 
cipe guerrero, habiendo consumido en la lucha gran parte 
de su reinado; pero no fué un conquistador, ni anexionó 
una sola provincia al Egipto. Al Sur, al Norte y al Oeste se 
vio siempre reducido á la defensa, expuesto á cada instante 
á la revolución de los pueblos conquistados por su abuelo y 
por su padre, y toda la gloria de su reinado consiste en haber 
mantenido á costa de esfuerzos enormes la integridad del 
imperio. Muj^- lejos de haber penetrado hasta el Ganges, él 
no consiguió llevar en Asia sus ejércitos tan lejos como 
Tahutmes y Amonhotpú 11. Tampoco es verdad que se haya 
acercado jamás al Eufrates, pues sus laboriosas campañas 
fueron concentradas en la Siria septentrional. En una pala- 
bra, el gigantesco renombre de Sesostris es enteramente 
fabuloso: es una de tantas glorias puramente legendarias y 
sin fundamento, que los griegos aceptaron con demasiada 
credulidad, y que ha desaparecido después ante la críti- 
ca y progresos de nuestros conocimientos de historia posi- 
tiva (!).„ 

Procediendo más adelante y sintetizando los hechos, po- 
dríase formular desde luego esta conclusión tan interesan- 
te para la apología bíblica: de la persona del célebre Sesos- 
tris y de la época de su reinado no nos queda hoy una idea 
general más exacta, después de todos los descubrimientos 
arqueológicos, que la que se desprende de los primeros ca- 
pítulos del Éxodo. Esta importante conclusión se presentará 
con una evidencia incontrastable con solo establecer el exa- 
men comparativo de las dos fuentes históricas. 



(1) Histoire anciénne de VOrient. T. II, pág. 250. 



Y LA ARQUEOLOGÍA PREHISTÓRICA 179 

La primera nota que distingue el carácter de Ramsés, 
según el relato bíblico, es su crueldad y tiranía contra el 
pueblo de Israel. Allí se representa al nuevo faraón que no 
conocía ü José, como el tirano y perseguidor más implacable 
de la noble descendencia de los Patriarcas: de él y de su pa- 
dre Seti, á cuyo imperio había sido asociado en su juventud, 
nació el proyecto de oprimir sabiamente á los hebreos; él 
fué quien los sometió después á trabajos forzados, desig- 
nándoles directores inexorables, que, según expresión del 
texto sagrado, '^llevaban hasta la amargura su vida con 
trabajos penosos de barro y de ladrillo, y con todo género 
de servidum')res y faenas del campo ^\ y él fué en suma el 
tirano cruel que, deseoso de concluir con todo el pueblo 
israelita, mandó alas parteras egipcias matar al nacer á los 
hijos varones de las mujeres hebreas. 

Si después de estudiar en el Éxodo la fisonomía moral 
del faraón que no conocía á José, pasamos á interrogar á 
la Ciencia Arqueológica, no necesitaremos esforzarnos mu- 
cho para ver reproducidos esos rasgos característicos de 
crueldad en la persona de Ramesu II. Según la historia de 
los monumentos egipcios, la tristísima situación del pueblo 
de Israel, de que nos habla el autor del Pentateuco, no sería 
un hecho singular y aislado de la política de Ramesu, sino un 
hecho general que alcanzó á todas las razas extranjeras 
que se habían establecido en Egipto, durante la dinastía 
asiática de los pastores. Multitud de papiros, pertenecien- 
tes á aquella época, lo expresan así en mil diversas formas, 
representándonos á tribus enteras diseminadas en las di- 
versas provincias de Egipto, sometidas á las mismas servi- 
dumbres y vejaciones que las que afligieron al pueblo de 
Israel. Insistiendo siempre en los descubrimientos de la 
Egiptología, el sabio egiptólogo Lennormant forma de la 
persona de Ramsés este juicio definitivo que es sin duda al- 
guna la última palabra de la Ciencia arqueológica. "Cuanto 
más se penetra en ti conocimiento íntimo de la historia, me- 
nos Ramesu II se muestra digno del renombre de grande, 
con que le habían distinguido los primeros intérpretes de los 
monumentos egipcios apoyados todavía en la fe de las tradi- 



180 El. PENTATEUCO 



ciones griegas. Se conoce \^a bastante de su historia para 
que nos sea lícito afirmar que Ramesu era un hombre medio- 
cre, un hombre infatuado con su poder, un déspota desenfre- 
nado... No pueden recordarse sin sentimientos de horror los 
millones de cautivos que sucumbieron bajo la vara de los 
capataces, víctimas á la vez de trabajos excesivos y de 
privaciones de todo género, al levantar en condición de ga- 
leotes las construcciones gigantescas en que tanto se com- 
placía el insaciable orgullo del Monarca. En los monumen- 
tos de Ramesu II no hay una piedra, por decirlo así, que 
no haya costado una vida humana (1).» Si este juicio de 
Lennormant acerca del carácter personal y de la política 
del mal celebrado Sesostris es, como no puede dudarse, la 
última sentencia definitiva de la Ciencia arqueológica, im- 
posible sería pretender ya en este punto una harmonía más 
perfecta entre la historia de los monumentos egipcios y las 
sagradas páginas del Pentateitco. 

Lo único que podría exigirse para mayor seguridad de 
la crítica moderna sería la exhibición de algún documento 
en que se hiciese mención expresa de los e'^clavos israeli- 
tas: y afortunadamente no faltan documentos de ese género 
si hemos de seguir el juicio más razonable y acertado de sa- 
bios egiptólogos. Dos papiros encontrados en las ruinas de 
Menfis.es decir; en la región misma en que, según el autor 
del Pentateuco, vivió esclavizado el pueblo de Israel, nos 
hablan de cierta clase de cautivos que llevan el nombre de 
Aperiú forma egipcia de la palabra Ibevim (hebreos), según 
la más acertada opinión de los intérpretes. En uno de estos 
papiros, el escriba Kanisar testifica haber cumplido un man- 
dato superior relativo á los esclavos Aperiú, que trasladan 
la piedra para levantar la gran mansión del Rey bajo las ór- 
denes del jefe de los Madjai; en el.otro, el escriba Keniamen, 
da cuenta del cumplimiento de otras nuevas disposiciones 
relativas también á los esclavos Aperiú, que conducían aque- 
llos enormes sillares del templo del Sol en las cercanías de 
Menfis, que el mismo Ramsés solía denominar en su orgullo 



(1) Obra citada, págs. 266 y 269. 



Y LA ARQUEOLOGÍA PREHISTÓRICA 181 



con el nombre de piedras eternas (1). Si realmente la palabra 
Apeviú es la traducción egipcia de la voz hebrea Iherim, 
como parece lo más cierto (2), la harmonía de las dos fuentes 
históricas, en lo que se refiere á la situación de los hebreos 
en Egipto, y á la naturaleza de su servidumbre, se hace mani- 
fiestamente visible hasta en los menores detalles; si por el 
contrario, con el nombre Aperiú se designa otra clase de 
cautivos, quedará siempre la idea general de la política 
opresora de Ramsés II, para hacer de todo punto verisímil la 
relación bíblica de las vejaciones del nueblo hebreo, cuya 
tristísima situación no sería en último resultado más que la 
de tantos otros pueblos asiáticos que en aquella época se 
vieron condenados á la misma suerte. 

Otro rasgo característico del reinado de Ramsés II nos 
ofrece el autor del Pentateuco, cuando nos representa á este 
monarca como fundador de ciudades y constructor de tem- 
plos y palacios, sirviéndose para sus gigantescas construc- 
ciones de los trabajos del pueblo israelita. En los primeros 
capítulos del Éxodo después de describir las vejaciones del 
pueblo hebreo dedicado á la fabricación de ladrillos y arga- 
masa, dice que el rey "les designó también maestros de 
obras, para que los afligiesen con todo género de trabajos 
penosos, y edificaron para morada de Faraón las ciudades 



(D He aquí el texto literal de estos papiros que se conservan en 
el museo de Leyda; el primero dice así: "Yohe cumplido la orden que 
me ha dado mi maestro diciendo: Da la manutención á los soldados, 
y también á los Aperiú, que llevan piedra para la casa del Rey Ra- 
mesu Meriamen, amig'o de la justicia, que están sujetos al jefe de los 
Madjai Ameniman,,. El segundo se expresa en términos semejantes: 
"Yo cumplí el precepto que me dio mi maestro, diciendo: Da víveres 
á los soldados y también'á los Aperiú que trasladan piedra al templo 
del Sol de Ramesu Meriamen al Sur de Menfis,,. 

(2) Favorece á esta interpretación la circunstancia especialísima 
de referirse esos documentos á los cautivos de Mei.fis, donde preci- 
samente habían sido relegados los israelitas según el sagrado texto. 
Tocante íI la identidad de las dos palabras Aperiú é Iberim, no 
ofrece dificultad la alteración de algunas letras, si se tiene en cuen- 
ta la movilidad suma de las vocales en todos los idiomas del Oriente, 
y la frecuente y natural sustitución de la /> y de la ¿>, en todas las len- 
guas, y principalmente en las de origen semítico. 



182 EL PENTATEUCO 



Phiton y Rameses (1). Este pasaje del Éxodo es de una im- 
portancia excepcional, después de los últimos descubrimien- 
tos egiptológicos, para vindicar la autoridad histórica del 
Pentateuco. La idea general que aquí se indica al presentar- 
nos al orgulloso opresor de los hebreos como autor de nue- 
vas y gigantescas construcciones, el dato particular de las 
dos villas edificadas por los cautivos israelitas, y todas las 
circunstancias, en suma, que se apuntan en esa breve rela- 
ción del Éxodo, han sido confirmadas de una manera incon- 
trastable por los últimos descubrimientos de la ciencia ar- 
queológica. 

Si alguna gloria podía vindicarse en la historia arqueo- 
lógica el faraón Ramsés 11, es sin duda alguna la de haber 
sido autor de tantas y tan gigantescas construcciones que 
son todavía la admiración de los sabios. "Ramesu II, dice 
Lennormant, es el constructor por excelencia entre todos 
los faraones, siendo poco menos que imposible encontrar 
en Egipto una ruina ó un montón de escombros donde no se 
vea esculpido su nombre (2).„ Conviene observar, sin em- 
bargo, que ajuicio de los sabios egiptólogos, no todos los 
monumentos donde se lee el nombre de Ramesu Meriamen 
pertenecen á este monarca; pues el insaciable orgullo de 
Ramsés, que rayaba en manía y frenesí de perpetuar su me- 
moria, le llevó hasta el exceso de borrar el nombre de sus 
predecesores para colocar el suyo aun en los monumentos 
más antiguos; pero siempre será cierto que Ramsés II fué 
el constructor por excelencia entre todos los faraones. El 
haber podido realizar tantos trabajos arquitectónicos, lo de- 
bió á la larga duración de su reinado, y al número conside- 
rable de cautivos extranjeros que la fertilidad del suelo y 
la política tolerante de sus antecesores habían atraído de 
las regiones del Asia, y que, según costumbre egipciana, 
fueron empleados después en las construcciones públicas. 
El dato particular del Éxodo tocante á la edificación de 



(1) "Prteposuit itaque eis magistros operum, ut affligerent eis one- 
ribus: edificaveruntque urbes tabernaculorum Pharaoni, Phithon et 
Ramesses.,, Exod. c. I, v. 11. 

(2) Obra citada, p. 244. , 



Y LA ARQUEOLOGÍA PREHISTÓRICA 183 



la villa de Rameses es un dato precioso para colocar á ma- 
yor altura la ya indiscutible autoridad de Moisés, frente á 
los descubrimientos de la ciencia arqueológica. Esa ciudad 
que lleva el nombre del mismo faraón Ramsés (en lengua 
egipcia Ramesu), debió ser sin duda alguna la morada pre- 
dilecta del monarca; por eso el nombre de Rameses no debía 
pasar en silencio entre los escribas egipcios. Un documento 
que se conserva en el Museo británico del escriba Penibsá 
está todo él consagrado á la descripción de la importante 
villa. Descríbese allí detalladamente la gigantesca construc- 
ción de Rameses ó Ramesu, levantada por el monarca del 
mismo nombre en conmemoración de la victoria obtenida 
contra los khetas (héteos según la Biblia), y concluye el 
autor con una descripción entusiasta de la entrada triunfal 
de Ramsés en su magnífico alcázar. Últimamente el sabio 
egiptólogo Eduardo Naville y el ingeniero Faillon conse- 
guían desenterrar en 18S3 las dos ciudades del bajo Egipto 
Phiton y Rameses, en cuyos derruidos monumentos se ve 
esculpido repetidas veces el nombre del faraón Ramesu II. 
Bien ponderados estos descubrimientos de la ciencia ar- 
queológica ante una crítica severa é imparcial, se hace im- 
posible discutir ya la identidad de la historia bíblica y de la 
historia de los monumentos egipcios en lo referente á la 
época de Rameses. El mismo racionalista M. Reuss que 
avanzó en sus críticos excesos hasta negar que los israelitas 
hayan estado jamás en Egipto, ha tenido que confesar por 
lo menos en vista de este último hallazgo que el autor del 
Éxodo debía estar muy bien enterado de la historia de los 
faraones (1). 

Pondremos término á estas consideraciones generales 
acerca de la época de Ramsés II recordando que el reinado 
de este monarca, según los datos que nos ofrece la ciencia 
egiptológica, fué de una duración fabulosa; pues además de 



(1) "Le resultat tres instructif des fuilles de M. Naville k Tell-de- 
Mas Kuta, c'est ádire Pithon, preuve, de nouveau, k mon avis, que le 
redacteur israelite de l'histoire primitive étaii tres bien renseigmé 
sur les choses egyptiennes. (En la Revista Zeitschrif für die altem 
wissenchajt, 1886, p. 12.) 



184 EL PENTATEUCO 



los veinte años en que estuvo asociado en el gobierno á su 
padre Seti, reinó el solo por espacio de sesenta y seis años 
como dueño absoluto del imperio; y es de notar que hasta 
esa circunstancia, bien conocida hoy en la ciencia arqueoló- 
gica, estaba ya consignada hacía muchos siglos en esta bre- 
ve y sencilla frase del Éxodo: post niuliwn vero temporis 
mortuus est rex Egipti. El re}^ de Egipto, es decir, aquel 
faraón que no conocía á José, el gran tirano que tanto ha- 
bía oprimido al pueblo de Dios, no murió sino después de 
largo tiempo. 

Al faraón Ramsés II sucedió en el trono de Egipto su hi- 
jo Min-Phtah. El reinado de este monarca coincide admira- 
blemente con la última parte de la historia de los israelitas 
en Egipto, y la conformidad de la ciencia egiptológica y de 
la historia bíblica en este punto se nos presenta con tanta 
claridad y evidencia como en el reinado anterior. 

Según las últimas investigaciones de la ciencia arqueo- 
lógica, en el reinado de Min-Phtah se determinó la comple- 
ta decadencia del imperio egipcio y la extinción de la XIX.* 
dinastía. La debilidad de carácter y falta de energía en el 
nuevo príncipe, y la tendencia á la rebelión que se manifes- 
tó en todas ó casi todas las razas asiáticas que se habían 
establecido en Egipto, fueron las causas principales, según 
Mariette, Maspero, Lennormant y otros sabios egiptólogos, 
que precipitaron de una manera tan violenta la ruina de 
aquel imperio colosal. "No era Min-Phtah, dice Lennor- 
mant, ni un guerrero ni un político, sino un espíritu ligero, 
totalmente entregado á las quimeras de la teurgia y de la 
magia. Esto debió hacer al nuevo faraón muy poco capaz 
para hacer frente á las calamidades, á las guerras y turbu- 
lencias que convirtieron su reinado en uno de los más de- 
sastrosos de la historia de Egipto (1).„ A esta misma época 
debe referirse aquella sublevación general de cautivos asi- 
rlos y caldeos en las cercanías de Menfis, de que habla Dió- 
doro de Sicilia, y en que el monarca egipcio se vio obligado 
á firmar con ellos un tratado de paz, dejándoles en posesión 



(1) Obra citada, pág. 281. 



Y LA ARQUEOLOGÍA PREHISTÓRICA 185 



de una villa que recibió y conservó después el nombre de 
Babilonia de Egipto. Aunque Diódoro de Sicilia atribuye 
este acontecimiento al reinado de Sesostris, quizá por ser 
éste el único monarca cuyo nombre se había hecho famoso, 
hoy los más sabios egiptólogos opinan, con gran fundamen- 
to, que esta sublevación de babilonios no fué sino una de 
tantas que se manifestaron desde los primeros años de su 
sucesor Min-Phtah. Juzgúese lo que se quiera de este he- 
cho singular, siempre resulta de los estudios egiptológicos 
que el reinado de Min Ptah fué turbulento y desastroso, de- 
bido á las múltiples y nunca bien reprimidas sublevaciones 
de las tribus asiáticas que tan cruelmente habían sido tirani- 
zadas en el reinado anterior; que la debilidad de carácter del 
nuevo príncipe y sus aficiones excesivas á los estudios qui- 
méricos de la magia le hicieron completamente inhábil para 
resistir como guerrero ó como político al empuje de tantos 
enemigos quehabían decausar la ruina de su colosal imperio. 
Si de la historia de los antiguos monumentos pasamos 
ahora á la historia bíblica de los primeros capítulos del 
Éxodo, no podremos menos de quedar gratamente impre- 
sionados al ver repetido allí con tanta exactitud ese mismo 
concepto general con los mismos datos particulares que para 
el reinado de Min-Phtah acaba de proporcionarnos el estu- 
dio de la Arqueología. La sublevación de las razas asiáticas 
está expresada en el Éxodo de una manera indirecta, pero 
terminante, en la conducta misma de los israelitas. Apenas 
se ha anunciado la muerte del tirano Ramsés, ya se repre- 
senta al pueblo hebreo clamando y protestando ante el nue- 
vo faraón contra todas las vejaciones de que han sido vícti- 
mas. Post mitltum vero teniporis mortinis est rex Egipti 
et ingeiniscejttes filii Israel, propter opera vociferatisiint. 
Inmediatamente se presentan en el palacio de faraón los 
más respetables del pueblo israelita pidiéndola disminución 
de trabajo, y acto continuo Moisés y Aarón exigen al nue- 
vo monarca en el nombre del Dios de Israel la completa li- 
bertad del pueblo oprimido para ofrecer sacrificios en el 
desierto. Esta aptitud impávida de los israelitas manifiesta 
claramente á que estado de debilidad se había reducido el 



186 EL PENTATEUCO 



imperio faraónico, para resistir á las sublevaciones de las 
tribus asiáticas, que según la arqueología egipcia recon- 
quistaban su libertad en esa época de decadencia. 

Aquellas aficiones pueriles á los encantos de la magia, 
que. según la historia arqueológica, fueron el rasgo más 
característico de la fisonomía moral del nuevo faraón, se 
ven igualmente reproducidas y gráficamente expresadas en 
las mismas páginas del Éxodo. Al escuchar el monarca 
egipcio las exigencias del caudillo de los hebreos, lo prime- 
ro que se le ocurre es pedir signos sobrenaturales que ma- 
nifiesten la virtud de ese Dios que reclama la libertad del 
pueblo israelita. Habiendo contemplado el primer prodigio 
obrado en su presencia por Moisés, convoca inmediatamen- 
te á sus magos y favoritos, cuyas artes fascinadoras llegan 
á trastornar por completo el ánimo del monarca para que 
no permita salir de Egipto al pueblo de Israel (1). Toda la 
historia de las plagas de Egipto son la demostración más 
evidente del espíritu supersticioso de aquel faraón cuyas 
aficiones pueriles y quiméricas nos había de revelar más 
tarde la ciencia arqueológica. 

Las plagas y castigos con que fué atribulado el pueblo 
faraónico están indicados igualmente, aunque de unam.ane- 
ra general, en los documentos arqueológicos, cuando nos 
recuerdan la excesiva mortandad y las grandes calamida- 
des naturales que acompañaron á los trastornos políticos de 
aquel desastroso reinado. Si en los documentos hasta ahora 
explorados no se encuentra una descripción circunstanciada 
de esos castigos de que nos habla el Éxodo, es debido, sin 
duda, á la naturaleza de los mismos; pues según resulta del 
estudio climatológico de aquel país, las plagas de Egipto no 
fueron fenómenos completamente extraordinarios, sino ca- 
lamidades ordinarias y muy frecuentes en aquellas regiones, 
lo mismo hoy que en la época de Moisés, con esta sola diferen- 
cia: que en los tiempos del Éxodo se multiplicaron milagrosa- 



(1) Dixitque dominus ad Mo5^sem et Aaron: cum dixerit vobis 
Pharao: ostendite signa, tolle virgam tuam etc. Vocavit autem Pharao 
sapientes et maléficos, et fecerunt etiam ipsi per incantationes egip- 
tiacas et arcana quaedam similiter. (Exod., cap. Vil, vers. 8-11.) 



Y LA ARQUEOLOGÍA PREHISTÓRICA 187 



mente para quebrantar la contumacia del monarca egipcio. 

La única plaga que llevó algo de extraordinario é inau- 
dito fué la muerte repentina de los primogénitos, de que no 
fué dispensado, según la Biblia, el primogénito del mismo 
faraón; y de esta última circunstancia existe un indicio ma- 
nifiesto en la historia arqueológica de Egipto. Por los datos 
que nos ha proporcionado esta importante ciencia, sabemos 
que á la muerte del faraón Min-Phtah no le sucedió en el 
trono de Egipto su hijo primogénito sino el segundo. Este 
hecho es muy de notar si se tiene en cuenta que, según otro 
dato de la historia arqueológica, el primogénito de ese mo- 
narca había sido asociado al trono de Egipto aun en vida 
de su padre, pues una colosal estatua conservada en el Mu- 
seo de Berlín nos representa al faraón Min-Phtah acompa- 
ñado de su primogénito, que ostenta, como su padre, las in- 
signias reales, con esta inscripción: Repá Seps, asociado 
al reino. ¿Cómo desapareció este príncipe real que se sen- 
taba ya en el trono con su padre, dejando el puesto á su 
hermano menor? La ciencia arqueológica no ha sabido dar 
razón todavía del hecho; pero el autor del Éxodo lo había 
consignado en esta relación tan detallada. "Sucedió que en 
medio de la noche hirió el Señor á todo primogénito en la 
tierra de Egipto, desde el primogénito de faraón que se sen- 
taba en su trono hasta el primogénito de la esclava (1).„ El 
expresar esa circunstancia singularísima de que el primo- 
génito de faraón se sentaba en el trono de Egipto, sería por 
sí sólo indicio suficiente después de los anteriores datos 
arqueológicos para vindicar al autor del Pentateuco la 
autoridad histórica que pretenden quitarle los racionalistas. 

Tocante al acontecimiento final del Éxodo, ó sea la libe- 
ración del pueblo de Israel, y su paso triunfal por el mar 
Rojo, se han encontrado también algunas alusiones en la 
arqueología egipcia, aunque no tan claras y terminantes 
como era de desear. Se ha invocado con alguna probabili- 
dad la autoridad de Manethon que, según Flavio Josefo, ha- 

(1) Factum est antem in noctis medio percussit dominus omne 
primogenitum in térra ^gipthi a primogénito Pharaonis qui in solio 
ejus sedebat usque ad primogenitum captivae. Exod., c. XII, v. 29. 



188 EL PENTATEUCO 



bla de una rebelión de carácter religioso y de muy tristes 
consecuencias para el Egipto habida lugar en esta época y 
capitaneada por un sacerdote. También se han vislumbrado 
algunos indicios de ese memorable acontecimiento en el cé- 
lebre papiro debido á las exploraciones de Mr. Harris: don- 
de se hace una descripción de los ritos especiales de un 
pueblo asiático en todo conformes con los de la religión ju- 
daica y se habla de la insubordinación final de ese pueblo, 
aludiendo á sus jornadas por las playas del mar. Juzgúese 
lo que se quiera de esas alusiones, desde luego es preciso 
reconocer que la crítica no t.ene derecho á negar la autori- 
dad histórica del Pentateuco por la sola razón de no haber 
visto consignados en los documentos arqueológicos la me- 
moria de este suceso. Quizá esos documentos existieron ó 
existen, aunque no se hallen todavía en posesión de la cien- 
cia arqueológica; quizás no fué consignado el hecho por los 
escribas egipcios, ó por haber sido uno de tantos infortu- 
nios que aceleraron la ruina del imperio en aquella época en 
que reconquistaron su libertad todas las razas asiáticas, ó 
porque quisieron suprimir la memoria de este desastre ver- 
gonzoso, como ocultaron la de otros muchos que han veni- 
do á descubrirse después con otro orden de investigaciones. 
En una palabra, aunque la ciencia arqueológica se viera 
siempre privada de los documentos que desea para compro- 
bar la existencia de ese hecho memorable, no sería esto mo- 
tivo suficiente para negar el acontecimiento en sí mismo. La 
perfecta armonía y la admirable exactitud que hemos des- 
cubierto en todos los acontecimientos principales, y aun á 
veces en los detalles más insignificantes del Éxodo, al com- 
pararlos con las últimas revelaciones de la ciencia arqueo- 
lógica, nos dan sobrado motivo para suponer ó vindicarla 
verdad absoluta del Pentateuco en todo lo que se relaciona 
con la historia de los egipcios. Por indicios menos seguros 
y motivos menos sólidos ha prestado la crítica racionalista 
el sincero tributo de su fe á la mayor parte de los escritores 
de la antigüedad pagana. 

fR. j^ONORATO DEL ^AL, 

Agustiniano. 
iContinutril.') 



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Jansenismo y Regalismo en España ^^^ 



(datos para la historia) 



VII 



Sr. D. Marcelino MenéndcB y Peí ayo. 




espetadle é ilustre amigo mío: De sobra ha com- 
prendido Ud., por lo que se deduce de mis cartas 
anteriores, que el tan manoseado jansenismo es- 
pañol, se reducía á poner en tela de juicio la autoridad de 
los Papas cuando no le era favorable; á impedir el cum- 
plimiento de sus apremiantes órdenes, bajo el ridículo pre- 
texto de que se informara mejor, y á tratarles como de po- 
tencia á potencia siempre que se interponían, por la parte 
de acá, el interés propio y un falso celo autoritario rayano 
en el orgullo. Y lo curioso es que el tal jansenismo estaba 
muy arraigado en el espíritu de los que más alardeaban 
combatirlo, y ponían el grito en el cielo si, en su opinión, 
advertían que asomaba la oreja por España, cuando preci- 
samente tan inficionados estaban ellos de esa lepra. En fin, 
que veían la paja en el ojo ajeno, yno la viga en el propio. 
Pero en cambio los regalistas, si tenían menos de hipó- 



(1) Véaselapág. 3. 



190 JANSENISMO Y REGALISMO EN ESPAÑA 

critas, iban en sus deseos más allá que los llamados janse- 
nistas; porque para los fines que estos últimos anhelaban 
conseguir, de superioridad al Papa, sabían escudarse con 
los privilegios majestáticos, prerogativas de la Corona y 
un cesarismo al descubierto que siempre les ponía á salvo 
de los anatemas del Pontífice, con las artes empleadas por 
la diplomacia internacional. No eran tan nimios y escrupu- 
losos en aquilatar las teorías de preponderancia y jurisdic- 
ción de ambas inquisiciones: la Romana y la Española; y les 
importaba un bledo que el Papa triunfase y humillara al 
Santo Oficio; pero con frecuencia valíanse de las teorías 
jansenistas, para obtener del Papa concesiones favorables 
al Rey y á la Corona de España, arrancadas casi por la 
fuerza y pretextando antiguos servicios de los Reyes á la 
Religión, cuando no le amenazaban con cismas y disturbios 
en este católico reino. Cuando, por desgracia, el jansenis- 
mo y regalismo llegaron á formar un quid U7nim en ciertos 
individuos, éstos se hicieron muy temibles para la Iglesia. 

Porque á veces los jansenistas se confundieron con los 
regalistas, dando un paso más en el error por su propia y 
egoísta conveniencia; como aconteció en este asunto, en el 
cual, los PP. Jesuítas Carrasco, Ridolfi y Casani, viendo es- 
tériles sus tentativas de rebelión contra el Pontífice, aban- 
donaron al Inquisidor y se echaron en brazos del Padre 
Rábago y de la camarilla regalista que hormigueaba en la 
Corte de Fernando VI, para alcanzar por medios diplomá- 
ticos ó terroríficos, lo que no habían podido conseguir de 
la entereza y energía catonianas de Benedicto XIV. 

Cierto, que el Rey se mostró al principio bastante reacio 
en favorecer los planes del Inquisidor, comprendiendo sa- 
biamente que antes era obedecer al Papa; pero no tardó el 
Confesor P. Rábago en quitarle esos escrúpulos. 

En duro trance puso Benedicto XIV con su Decreto al 
Inquisidor; pues el asunto no admitía más dilaciones, y por 
otra parte, el Nuncio apretaba de lo firme de palabra y por 
escrito para que se cumpliesen las órdenes de Roma. Hubo 
el consiguiente tiroteo de cartas entre el Nuncio y el Inqui- 
sidor, Pérez de Prado, éste pidiendo treguas y el otro ne- 



¡JANSENISMO Y REGALISMO EX ESPAÑA 191 

gándolas. Por último recurso el Inquisidor acudió al P. Rá- 
bago y demás Ministros, aconsejándole éstos que expusiera 
el negocio al Rey, el cual sintió mucho la carta y el Decre- 
to del Papa; y hubiera enseguida hecho délas suyas, á no 
interponerse con varias razones el Ministro Carvajal, no 
tan regalista como los otros Consejeros de la Corona. Ins- 
tó de nuevo el Inquisidor^ apoyando sus instancias "los efi- 
„cacísimos oficios del P. Rábago, así con el Rey como con 
„este Ministro (Carvajal); pudiendo concluir que en 12 de 
„Marzo bajase orden de Su Majestad para que en el nego- 
„cio de Noris no se publicase Decreto alguno que el Inqui- 
^sidor hubiese recibido de Roma, porque por la Secreta- 
„ría de Estado se hacía recurso á Su Santidad; y hasta que 
„bien informado resolviese sobre todo, debían estar las co- 
rsas en el estado actual. También aprobó Su Majestad el 
„medio de prevenir al Nuncio para que no hiciese novedad 
^^alguna\ y en los oficios que se habían de pasar á Roma, 
„mandó se añadiese: que si el Papa quería definir ex cathe- 
y,dra que la doctrina de Noris era católica, le haría obedecer 
^inmediatamente en este Reino; y dio orden á su Ilustrí- 
„sima para que nada obrase, en inteligencia de que por la 
^Secretaría de Estado escribía áSu Santidad la respuesta„. 
Pero la mejor respuesta que para los fines del P. Rábago 
pudo dar el Rey, fué prohibir que el tan manoseado Decreto 
del Papa se publicase en España, porque así les convenía. 
Véase, sino, lo que el Inquisidor dijo en carta al P. Rábago, 
al devolverle ciertos importantes papeles sobre la tempestad 
que arreciaba en Francia con el mismo motivo: "Pienso que 
„conviene ese ruido ó estampido en París, por si despierta 
„más nuestro Santísimo Padre, conociendo los grandes 
„males á que ha abierto la puerta... Lo que me da cuidado 
„en el papel del Amigo (¿?) es que á la vuelta dice: el Decreto 
^del Papa no debió entenderle alma nacida (¡ !). Y no sé 
„si habla de la primera carta que se publicó, que ésta me 
„parece no la llamaría Decreto. Y si lo dice por este último 
„que se suspendió, está secretísimo y sería mal que se 
„hubiese publicado en Roma„. ¿A que tanto miedo á ese 
Decreto de que ahora se quiere echar mano? 



192 JANSENISMO Y REGALISMO E.> ESPAÑA 



Pero como su Ilustrísima el Inquisidor tenía que respon- 
der de una manera ó de otra al Papa, hízolo en términos 
vagos, para no comprometerse, sobre la confusión y reve- 
rencia con que había leído la Carta y el Decreto; que nada 
podía obrar por haber asumido el Rey el asunto, y que si 
por gracia de la Santa Sede era Presidente de la Inquisi- 
ción española, era también un Ministro de los Reyes, cuyo 
depósito de privilegios y regalías no estaba en sus manos 
disminuir, antes tenía la obligación de conservar, en virtud 
de los grandes servicios que este reino había prestado á la 
Sede Apostólica. Finalmente, que se compadeciera de la 
Inquisición de España, y en especial del Inquisidor, traspa- 
sado de honda pena por los sucesos presentes, para llevar 
al sepulcro su ancianidad con el buen nombre hasta enton- 
ces conservado. 

Y á la continua, se entretiene el historiador en narrar los 
medios de que Fernando VI se valió para la anulación del 
consabido Decreto. Estaba de Embajador en Roma el Car- 
denal Portocarrero; pero tuvo que ausentarse de allí y venir 
á España por ciertos negocios, y el Rey comisionó para el 
caso al Auditor D. Ildefonso Clemente, con carácter inte- 
rino. No supo bien esto á Benedicto XIV, contentándose con 
decir al Auditor, que ya respondería al Rey por conducto 
del Nuncio y de Portocarrero. Este, conociendo lo espi- 
noso de la comisión, lo primero que hizo fué reconvenir al 
Cardenal Datarlo por haber dado motivos á que el Papa se 
mezclase en el negocio, lo cual aumentó el disgusto del Pon- 
tífi 'e, según lo manifestó al Nuncio Sr. Henríquez. 

En Mayo del mismoaño vino áAranjuez, donde se hallaba 
la corte, el Cardenal Portocarrero para comunicar al Rey las 
instrucciones que traía de Roma, y manifestó al P. Rábago 
un Breve donde Su Santidad exhortaba al mismo Portoca- 
rrero que vindicase, por cuantos medios estuviesen en su 
mano, el honor de la Santa Sede, altamente ofendida en "la 
inobediencia de la Inquisición de España„. Portocarrero, 
como buen diplomático, quería á todo trance orillar de una 
vez el asunto, quedando bien con el Papa y con la Corte, y 
propuso varios medios de conciliación; pero el P. Rábago, 



JANSENISMO Y REGALISMO EN ESPAÑA 193 



cuya tenacidad en este asunto raya en lo increíble, no quiso 
transigir en nada, ni aceptar acomodamientos que no ten- 
dieran á salirse con la suya. Esto enojó bastante al Carde- 
nal, á quien por única contestación se le dijo que tratase el 
negocio con el Inquisidor, mientras por debajo cuerda se 
avisaba á éste que no concluyese nada sin dar cuenta al pa- 
dre Rábago. 

A rejalgar supo esta noticia al pobre del Inquisidor, 
cuyo carácter apocado hacíale temer toda entrevista con 
el diplomático Portocarrero; y mucho más comprendiendo, 
como no podía menos de comprender, que tanto el P. Rá- 
bago como los demás molinistas, en cuyos brazos se había 
echado, estaban jugando con él lastimosamente, y ponién- 
dole de pantalla para el logro de sus particulares fines, 
sin que ellos diesen nunca la cara ante el Papa y ante el 
público. Pero en fin, lleno de angustia, escribió al Rey, su- 
plicándole que atajase tantos daños con una sola palabra; 
pues él y3. nada podía obrar en el asunto. Mas no recibió 
contestación de la Corte, y tuvo que apechugar con las en- 
trevistas de Portocarrero, el cual con ese fin se trasladó 
á Madrid desde Aranjuez. 

No hace á mi propósito ni quiero entretener á Ud. des- 
cribiendo el lujo y aparato desplegados en las visitas del 
Inquisidor y del Cardenal, aunque el manuscrito que tengo 
delante las reseña con verdadera delectación morosa, cual 
pudiera hacerlo cualquier Asmodeo de los aristocráticos 
salones madrileños. 

En la conferencia manifestó el Cardenal al Inquisidor el 
Breve del Papa y el encargo que de éste traía para que el 
asunto de Noris quedase orillado por completo según la vo- 
luntad de la Sede Apostólica, puesto que ni la justicia ni el 
decoro permitían á su Beatitud ceder en su empeño, desde 
que se hizo pública á los ojos del mundo la carta de Su 
Santidad; y que de no obedecer el Inquisidor, recelaba 
cualquier determinación seria del Papa contra el Santo 
Oficio. 

El Inquisidor, por su parte, encareció cuanto pudo la 
justicia de la prohibición de Noris, y las dificultades de ex- 

13 



194 JANSENISMO Y REGALISMO EN ESPAÑA 

purgar el Expurgatorio hispano, sin perjuicio de su buen 
nombre. Portocarrero aparentó avenirse á estas razones, 
manifestándole su opinión particular, con carácter inge- 
nuo, al parecer; y diciendo que su corazón español hacíale 
mirar por el decoro de la Inquisición española; pero que, 
como la obediencia al Papa era ante todo, por el respeto 
del mundo, lo procedente era hallar un jnedio para que el 
Papa y la Inquisición quedasen en buen lugar. Después de 
varios arbitrios, ambos contratantes convinieron en uno 
que á primera vista parece satisfactorio; pero que deja ver 
el fondo de la astuta diplomacia de Portocarrero y la can- 
didez del Inquisidor. 

Fué el siguiente: "que por una tolerancia de supremo 
„gobierno, y por el sosiego público de toda la Iglesia, que- 
„dasen libres las obras de Noris de orden de Su Santidad, 
„hasta que, más examinadas con su presencia, decretase de- 
„íinitivamente: que entretanto la doctrina del Cardenal que- 
„dase al juicio de la Inquisición de España, para que en otro 
„cualquier autor que se hallase, ó de cualquiera manera que 
„se afirmase ó defendiese, pudiera esta Inquisición proceder 
„y juzgar según su estilo, aunque los interesados le citasen 
„por Patrón: que Su Santidad se explicase con grande y 
„paternal satisfacción del celo de la Inquisición de España, 
„en apartar de las manos y los ojos de los fieles las nove- 
edades peligrosas, y manifestase el digno peso que habían 
„hecho en su ánimo los motivos representados en la res- 
„puesta del Inquisidor„. 

A cualquiera se le ocurre que esta determinación, tan 
contradictoria en la forma y en el fondo, á nadie podía sa- 
tisfacer: primero, porque si las dichas obras habían sido 
tres veces aprobadas por la Sede Apostólica, un nuevo 
examen sería poner en tela de juicio los fallos anteriores, y 
dar á entender que el Papa pecó de ligero cuando dijo que 
la doctrina norisiana era ortodoxa y pura; segundo, porque 
si esa doctrina quedaba al juicio de la Inquisición española, 
¿á qué fin los dimes y diretes de ambas potestades, 3'^ el em- 
peño de Su Santidad en vindicar la inocencia de Noris? ¿No 
era esto una petición de principio, y vuelta á las andadas 



JANSENISMO Y REGALISMO EN ESPASíA 195 

sobre qué fallo había de prevalecer? Finalmente, ¿cómo ha- 
bía de entenderse eso de quedar libres las obras, pero siije' 
ta la doctrina al juicio de la Inquisición? ¿No era también 
ridículo para ésta, pedir que el Papa elogiase su conducta, 
después de desautorizarla? 

Y sin embargo, todo esto que tanto agradó al Inquisi- 
dor, admirándose de que Portocarrero quisiese á todo tran- 
ce subscribir esas bases, favorables en su opinión para el 
Santo Oficio, resultaba beneficioso más bien para Porto- 
carrero, el cual se acreditaría más j más de sagaz diplo- 
mático, si por de pronto se cumplía la primera condición de 
sacar del índice las obras de Noris, y de ese modo com- 
prendiese el público que había hecho con sus artes cantar 
la palinodia á la Inquisición. Después, poco se cuidaría de 
q'ue el Papa aceptara las bases y condiciones restantes, de 
elogiar la conducta de los inquisidores. 

Bien clara se manifestó esta tendencia, al pretender Por- 
tocarrero que se firmasen en seguida las condiciones del 
contrato; pero el Inquisidor no tenía autoridad para con- 
cluir el negocio sin avisar antes al Rey y al P. Rábago de 
los trámites del asunto, y así se lo manifestó al Cardenal, 
quien por su parte dijo que bien; pero que entonces él ten- 
dría que informar al Nuncio "para que se allanase 3' ambos 
,,escribiesen conformes; pues en caso de repugnar éste el 
,,temperamento elegido, juzgaba prudente la suspensión y 
.,consulta á Roma„. No miró esto con buenos ojos Pérez 
de Prado, fundándose en que era deshonroso acudir prime- 
ro al Rey y someter luego la decisión de éste ala opinión 
del Nuncio; 5'' fué preciso proceder á la inversa, tratando de 
ponerse de acuerdo el Nuncio y el Cardenal, y á la conti- 
nua exponer el negocio al Rey. "Pareció bien el reparo al 
^Cardenal; pero no era fácil imponer al Nuncio, si no se for- 
„maba alguna minuta de lo que había parecido más oportuno 
„en las Conferencias; y para vencer este imposible, formó 
.,su Ilustrísima una, que envió su Eminencia por medio de 
„ su confesor, el P. Ridolfi, al Nuncio, con expresa orden 
„ de que no la soltase de su mano, sino sólo que se la leyese; 
Jo que aseguró el Padre Confesor haber cwnplido pun- 



196 fANSENISMO Y REGALISMO EN ESPAÑA 



^tnalinente\ y aun el Nuncio se dolió algo de no tener más 
^tiempo de considerarla, pero convino y se allanó á ella.^^ 

De esta manera querían atropellár por todo y salirse 
con la suya, atrayendo á su partido al Nuncio. Pero, en 
cambio, el P. Rábago y demás Ministros de Fernando VI 
no querían triunfos á medias; sino humillar ala Santa Sede 
en toda la línea, como claramente se vio cuando, "dados es- 
„tos pasos con el mayor secreto que se pudo, acudió el In- 
„quisidor al Rey, en consulta de 11 de Junio de 1749, dando 
„cuenta del encargo que le había manifestado el Cardenal 
„Portocarrero traía de Su Santidad, con varios motivos que 
„parecían urgentes para tomar algún temperamento en el 
^negocio,,. El P. Rábago sabía de antemano las noticias 
puntuales de lo ocurrido en las Conferencias; y lejos de 
agradarle, desdeñó mucho el ajuste, y respondió al Inqui- 
sidor por medio del Ministro Carvajal, que el Re}' no podía 
otorgarle la facultad pedida, sino después de haber especifi- 
cado todo lo que pretendía el Cardenal. El pacienzudo Pé- 
rez de Prado informó de nuevo al Rey, y éste no tomó "re- 
„solución alguna hasta c 1 día 4 de Julio, en que por la Se- 
„cretaría de Estado se avisó á vS. I. solamente, que ha- 
„biéndola visto el Re^^ había tomado ya su resolución.,, 

¿Y cuál era ésta? Pues, aunque al pobre del Inquisidor 
nada se le dijo, "fué declarar su Majestad abiertamente su 
„protección (á los molinistas) tomando á su cuidado el de 
„satisfacer al Papa y no permitir que se hiciese la novedad 
„que tanto procuraba Roma (¡!), debiéndose este triunfo al 
y^celo religioso y oportuna diUgencia del señor P. Raba- 
„go, que estimó en su conciencia tan justa la prohibición, 
„que no le pareció fainas que la materia podía admitir 
„acuerdo ó temperamento alguno„. 

Muy bien. Pero habría- estado mejor aún. que el Padre 
Rábago se hubiese puesto la tiara pontificia y, gobernase la 
Iglesia de Dios con su espíritu independiente de cualquier 
otra autoridad. ¡Y tanto clamar contra la entereza y ener- 
gía del Papa, los que en su orgullo se creían superiores á 
él, y dictaban y ejecutaban los decretos regalistas, con más 
tesón que mandarines chinos! 



JANSENISMO Y REGALISMO EN ESPAÑA 197 



Con tales med'das vióse burlado el sagaz Portocarrero, 
á quien, en verdad, no le estuvo mal esa andanada por ha- 
ber querido servir á dos señores tan contrarios, y no ha- 
ber sabido sustentar en su vigor la autoridad de la San- 
ta Sede. 

Desde entonces los regalistas cortesanos, en virtud de 
dos Reales órdenes, firmadas por el Secretario de Gracia y 
Justicia D. Alonso Muñíz, echáronse á revolver el Archivo 
del Consejo de la Inquisición, para poner en manos del Rey 
copias de los privilegios y regalías del Santo Oficio y con- 
troversias con Roma, en especial desde 1647, hasta el pre- 
sente. Todo ello debía ejecutarse "con el mayor secreto y 
diligencia posible„ y de todo se hizo cargo el pacientísimo 
Inquisidor, dando relaciones certificadas de las contiendas 
habidas con Roma sobre libros prohibidos, etcétera, etc., y 
sus resultados. No satisfecho Pérez de Prado con remitir 
estos papeles al Rey, los acompañó de otro escrito suyo, 
que llena cuatro hojas , diciendo que podían agregarse 
varios casos en demostración de la independencia del 
Santo Oñc;o en condenar libros sin permiso de Roma, 
"como se vio en las obras de D. Juan de Solorzano, que 
^prohibidas en Roma y publicada acá la prohibición por 
„el Nuncio, en su casa se retuvo todo, y se le hizo enten- 
„der el desagrado Real de que tocasen, con estas prohibí- 
aciones, en las regalías de la Corona; que lo mismo suce- 
„dió con la obra del sabio Dr. P. Juan Marín, del cual se 
^prohibieron dos tomos en Roma, y en España salieron sin 
„censura, no obstante que se tuvieron presentes las que se 
^dieron allá] que prohibió Roma el libro de Amadeo Gui- 
i,meneo, é intentó se publicase la prohibición por los Obis- 
„pos; pero que, malogrado este conato, obligaron al Señor 
^Inocencio XI á despachar Bula que se retuvo, y por la In- 
„quisición de España se procedió á la calificación, de que 
„resultó censurado: y finalmente, que el libro del P. Garri- 
„do fué prohibido por este Consejo antes que llegase la Bula 
„de Su Santidad,,. 

Todo este lujo de' sacar á relucir privilegios regalistas, 
estaba entonces de moda, para cohonestar el espíritu inde- 



198 JANSENISMO Y REGALISMO EN ESPAÑA 

pendiente é insubordinado de cuantos luchaban contra el 
principio de autoridad, y mal quistos con la obediencia de- 
bida al Papa, querían de esa manera erigirse en cabeza de 
la Iglesia docente. Todo el afán de la Inquisición era cap- 
tarse las simpatías del Rey y de los que á su lado maneja- 
ban los negocios de Estado, y no vio que separándose así 
del buen principio y echándose en absoluto en brazos de los 
reyes, cuyo despotismo fomentaban, éstos podrían hacer 
mañana uso de esa autoridad omnímoda, para aplicar la se- 
gur al árbol de la misma Inquisición que tanto había fomen- 
tado el regalismo. Las ramas que no reciben savia del tron- 
co, irremisiblemente se secan y sólo sirven para el fuego. 

Ni las representaciones del Inquisidor al Rey, con todo 
el aparato erudito que era de esperar; ni sus escrúpulos 
bien manifestados del escándalo de desobedecer abierta- 
mente al Papa, si á tiempo no se hallaba algún recurso ai- 
roso de avenencia; ni el empeño de Su Santidad para fene- 
cer el negocio vindicando sus innatas prerogativas, más 
claras y terminantes que las de la Inquisición española, fue- 
ron parte para aquietar el ánimo de Fernando VI que, im- 
buido del P. Rábago, quiso atropellar por todo llamando á 
sí el asunto y entendiéndoselas directamente con Benedic- 
to XIV, á fin de vencerle y humillar su autoridad con rue- 
gos ó amenazas. 

El tesón del P. Rábago y sus partidarios llegó en este 
punto á lo increíble. Temiendo alguna intriga del Cardenal 
Portocarrero, trataron de ganarle, y de Embajador del 
Papa convertirle en Embajador del Rey (mejor dicho, de 
ellos mismos), para representarles en sus utópicos derechos 
ante la Sede Apostólica, y con las mismas artes diplomáticas 
que empleara acá, venciese la entereza de Benedicto XIV. 
Dúctil Portocarrero para todo, cambió de repente la deco- 
ración, y temiendo la influencia del P. Rábago y de los mo- 
linistas, se arrojó en sus brazos; pero no sin que la Provi- 
dencia se sirviese de tanta veleidad é hipocresía para burlar 
las esperanzas de los que trataron de ganarle á su partido, 
cuando, en resumen, el sagaz Portocarrero sólo militaba 
en el bando de sus propias conveniencias y utilidades. 



JANSENISMO Y REGALISMO EX ESPAÑA 



199 



Para redondear esta carta, diré á Ud., que el bueno del 
Cardenal Portocarrero salió en seguida de la corte para 
Roma, bien penetrado del papel importante que iba á repre- 
sentar en nombre del P. Rábago, á quien escribía con fre- 
cuencia manifestándole el curso de sus negociaciones con el 
Papa; negociaciones que luego vamos á ver; pues alzado ya 
el telón, sólo resta admirar la maestría de los actores de 
esta comedia. 

Se repite de Ud. sincero amigo y entusiasta admirador 
q. b. s. m. 

j^R. yVlANUEL f. yVllGÜÉLEZ, 

Agustinian* 





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LOS Globos 



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A ciencia de los globos ha tenido también sus már- 
tires: Pilátre de Rosier y su compañero Román, 
fueron los primeros que inauguraron la triste his- 
toria de las ascensiones aéreas. Intrépido, como ninguno, 
el célebre Rosier había cruzado muchas veces los espacios, 
remontándose á considerable altura; su fama de entendido 
aeronauta era universal, y celebrado su nombre en los últi- 
mos confines del mundo, como que se hallaba íntimamente 
unido al de los hermanos Montgolfiev, cuyo incansable co- 
laborador y caluroso entusiasta había sido siempre: de aquí 
su término fatal, su funesta muerte. Comprometióse á atra- 
vesar la Mancha en el doble globo que ya hemos descrito, 
y, acompañado de su ayudante, Román, partió de Boloña 
en presencia de muchos espectadores y curiosos que, como 
si presintiesen el mal éxito de la expedición, ni un aplauso, 
ni una ovación tributaron á los aeronautas. No pasó des- 
apercibido aquel silencio para el insigne Rosier, acos- 
tumbrado á realizar sus ascensiones en medio de nubes 
agitadas por la vibración y el estrépito de los vítores y las 



(1) Véase la pág. 335. 



LOS GLOBOS 201 



palmotadas: comprendió desde luego que algo grave ocu- 
rría, 3^ pronto dio con el mal estado de su extraño vehículo; 
pero la subvención de 40.000 libras anuales con que le hon- 
raba el ministro Calonne, el orgullo de no haber abando- 
nado jamás su aeróstato y el temor sobremanera infunda- 
do de perder en un momento su afianzada reputación, le 
hizo despreciar todo peligro y seguir adelante. En efecto, 
el globo se elevó á considerable altura; flotó un instante so- 
bre las altas regiones del mar; una contracorriente le arras- 
tró hacia la playa, y deshinchándose casi de repente, cayó 
con vertiginosa velocidad á vista de los alarmados especta- 
dores que le vieron partir. Acudieron en auxilio de los des- 
graciados náufragos, pero era ya tarde: Rosier y Román 
yacían destrozados en los mismos puestos que ocupaban al 
partir: el primero hallábase completamente mutilado, tenía 
abierta la caja del pecho y rotas por cien partes las piernas; 
Román presentaba el más terrible aspecto: los dos habían 
muerto casi instantáneamente. Boloña celebró e^ centenario 
de tan triste acontecimiento el año de 1885. 

A medida que fué progresando la aeronáutica, aumenta- 
ron, como era natural, las víctimas, y prescindiendo de las 
muchas que registra la historia de los globos cautivos y de 
los numerosos acróbatas aéreos que perecieron luciendo 
sus habilidades, como le sucedió áMme. Blanchard en 1819, 
no faltan aeronautas célebres que, á imitación de Rosier y 
Román, coronaron el éxito de sus expediciones científicas 
con una muerte tan inesperada como gloriosa. Tales fueron, 
entre otros, el célebre meteorólogo del Observatorio de 
Greenv/ich, Glaisher, que remontado á una región donde el 
termómetro señalaba la temperatura de — 27° y el enrareci- 
miento del aire hacía imposible la respiración, á la vez que 
permitía el brote ó escape de la sangre por todos los poros 
del cuerpo, caj'ó exánime á los pies de su compañero Cox- 
well, quien por ia robustez de su naturaleza y excepciona- 
les energías pudo, aunque á duras penas, sobrevivir á su 
malogrado amigo; M. Eloy }'■ M. Gower, intrépidos aero- 
nautas que merced á su arrojo y atrevidas expediciones 
habían conquistado justísima reputación. M. Eloy, deseoso 



202 LOS GLOBOS- 



de traspasar la región de Lorient, equipó con todo lo nece- 
sario un aeróstato de pequeñas dimensiones, que cargó con 
gas del alumbrado. Terminada la carga, y en presencia de 
numerosos entusiastas, partió á las seis y media de la tarde, 
cerniéndose pronto sobre el Océano en las altas regiones de 
la atmósfera; varios buques seguían la dirección del aerós- 
tato, pero adelantándose éste cada vez con mayor velocidad, 
fué imposible á los marinos, no ya alcanzarle, pero ni siquie- 
ra seguirle, y obscurecido el sol, el globo desapareció tam- 
bién de la vista de los navegantes. Cuatro días después apa- 
recieron en la isla de Groix, flotando sobre las aguas del 
Océano, el casco y el traje del aeronauta; más tarde, un 
velero, el Duque^ comunicó la noticia de haber encontrado 
cerca de la Bella Isla del Mar un globo hinchado aún, pero 
sin aeronauta. ¿Qué pudiera haber ocurrido? Este es el día 
que no se sabe con certeza; pero se presume con verdadero 
fundamento que, arrojado todo el lastre de que subía pro- 
visto, y no bastando esta medida para conseguir el ascenso 
del aeróstato, Eloy, viéndose próximo á la isla de Gvoix 
trató de ganarla á nado; mas rendido y falto de fuerzas 
para continuar, se abandonó á merced de las olas que, al- 
borotadas, le causaron la muerte. 

El mismo fin tuvo Federico Gower, Ingeniero america- 
no é inventor del sistema telefónico que lleva su nombre. A 
imitación de Blanchard y algunos otros, había logrado 
atravesar la Mancha, que para él era un título glorioso; 
proyectó un nuevo sistema de globos-torpedos y verificó 
varias expediciones en globos libres automáticos. Por fin, 
embarcado en La Ville d'Hyéres de que se ha hecho men- 
ción, y precedido de un pequeño aeróstato automático, á la 
una y cuarenta y cinco minutos de la tarde partió solo en 
presencia de sus admiradores: el tiempo no podía ser me- 
jor, ni la brisa más suave; el cielo estaba despejado y la 
atmósfera transparente como un cristal. Tres horas después 
de la partida, el semáforo de Gatteville daba aun fe de la 
vida y el rumbo del aeronauta; pero transcurrido ese tiem- 
po, los aeróstatos desaparecieron, y con ellos el desgracia- 
do Gower, que no había de aparecer jamás. En efecto: á los 



LOS GLOBOS 203 



pocos días entraba en la rada de Cherbourg, llevando un 
pequeño aeróstato automático que había encontrado á 30 
millas de Barfleu, hacia las cinco y media de la tarde, el 
Capitán de una embarcación que llevaba aquel rumbo, el 
cual manifestó también haber visto descender el globo con 
su barquilla á 20 millas de distancia, después de repeti- 
das oscilaciones y numerosos ascensos y descensos, y, por 
último, que transcurrieron de 10 á 15 minutos sin observar- 
se nada, hasta que por fin viósele de nuevo lanzarse hasta 
las alturas con prodigiosa rapidez para no aparecer más. 
Si en aquel momento se separó la barquilla ó sucumbió el 
aereonauta, es lo que no podía asegurar el Capitán. Pero 
es el caso que poco después telegrafiaban de Dieppe, parti- 
cipando la noticia de haberse encontrado el globo La Ville 
d'Hyéres á 13 millas de dicha población, sin barquilla, 
y de consiguiente sin aeronauta. Por la rotura de las cuer- 
das pudo congeturarse que Federico Gower las había cor- 
tado para con más desembarazo y menor peligro esperar 
la llegada del buque del que pendía su salvación, buque que 
en vez de aproximarse se fué alejando del averiado aero- 
nauta, perdido en la inmensidad del Océano y anegado por 
la furia de las olas. 

Lhoste y Mangot perecieron también ahogados en 1888, 
de veintiséis años de edad el primero y veinte el segundo. 
Ensayaban un sistema de globos-satélites unidos á la bar- 
quilla de un aeróstato, titulado El Avago; flotando sobre el 
mar, una tormenta les hizo descender hasta tocar con las 
aguas; lucharon desesperadamente contra las encrespadas 
olas, arrojaron el lastre, soltaron la barquilla, y cuando el 
Capitán Mac-Donald, que desde el puente de su buque. El 
Príncipe Leopoldo^ contemplaba el horror de la catástrofe, 
corría á todo vapor en auxilio de los náufragos, Lhoste y 
Mangot habían desaparecido. 

No termina aquí la historia de los mártires de la aeros- 
tática, que apenas hemos bosquejado; ni sería fácil citar los 
nombres de tantos como han perecido, sobre todo, si hu- 
biéramos de remontarnos á los primeros tiempos de la cien- 
cia de los globos: baste saber que, si en el primer período 



204 LOS GLOBOS 



de su desarrollo, han menester las ciencias experimentales 
espíritus decididos, arriesgados, que no teman aventurarse 
á incógnitos peligros, con mucha más razón el cultivo déla 
aerostática supone intrepidez y hasta heroísmo en todas 
sus fases y manifestaciones. Es la ciencia que pretende do- 
minar la región de lo desconocido, y mientras no llene com- 
pletamente su objeto ¡cuántas víctimas no habrá de contar! 
Y después de todo: ¿Le llenará por fin? ¿Cuándo? He aquí 
dos cuestiones difíciles de resolver. 

La primera, aunque muy superficialmente, la hemos es- 
tudiado ya: añadimos ahora, en confirmación délo expues- 
to, que, según nuestro parecer, la dirección de los globos no 
es imposible, ni mucho menos, mírese por el aspecto que se 
quiera. Que en circunstancias normales, y á través de co- 
rrientes de velocidad media son dirigibles, nadie lo pone en 
duda, y aun cuando en este caso no esté resuelto el pro- 
blema, está en vías de serlo, y á ello tienden los esfuerzos 
de los modernos aeronautas, entre quienes, como ya se ha 
visto, sobresalen Giffard, Dupuy de Lome, Tissandier, Re- 
nard y Krebs. La dificultad está en demostrar la posibili- 
dad de dicha dirección en cualesquiera circunstancias y á 
través de cualesquiera corrientes. Científicos hay, y de gran 
nota, que tienen por locura y desvarío incalificable el soste- 
ner que un globo sea dirigible á través de los más rápidos 
vientos, de las furiosas tempestades y délos violentos ciclo- 
nes y tornados; pero sin alegar razones, ó apoyándose úni- 
camente en el estado actual de la Mecánica, lo cual, á nues- 
tro juicio, nada prueba en contra de la mencionada posibili- 
dad. En efecto; ¿quién puede profetizar lo que progresará la 
Mecánica dentro de pocos años? Los aparatos motores úni- 
cos de que depende la solución del problema, ¿no son, por 
ventura, susceptibles de indefinido perfeccionamiento? La 
resistencia de los metales, lo mismo que la máxima tensión 
de los gases, ¿rechazan acaso toda variabilidad? ¿Será aven- 
turado predecir el descubrimiento de metales ó aleaciones 
superiores en resistencia á las hoy conocidas, así como de 
elementos químicos de menor densidad que el hidrógeno, y 
aparatos eléctricos de mayor energía que las actuales pilas 



LOS GLOBOS 205 



y potentes dinamos? ¿Llegará á demostrar el calculóla im- 
posibilidad de tales descubrimientos, y por ende la de con- 
seguir una fuerza superior á la máxima velocidad del vien- 
to? Cuarenta siglos ha necesitado la navegación marítima 
para llegar á la altura á que hoy se encuentra, y si fué im- 
prudente sostener algún día la imposibilidad de caminar en 
contra de las corrientes fluviales ó marítimas, por la sola 
razón de que entonces no existían motores que pudiesen 
contrarrestar el empuje de las aguas, tanto ó más lo será 
hoy el sostener la imposibilidad de la navegación aérea á 
través de los vientos huracanados, por no existir motores 
que contrarresten su empuje. Y, sobre todo, que mientras la 
teoría no rechace dicha posibilidad, cabe esperar fundada- 
mente el éxito completo de la dirección aerostática. Ahora, 
¿cuándo llegará ese día? Esta es otra cuestión que sólo ad- 
mite conjeturas y probabilidades más ó menos fundadas. 

Entre las condiciones que ha de reunir un globo para 
ser dirigible, cuéntanse como más principales: I."", la deque 
el gas que haya de servir para la carga del aeróstato sea 
de fácil producción y lo más ligero posible para que, á igual- 
dad de volumen, su fuerza ascensional sea un máximo; 
2.^, que la envolvente del globo sea totalmente impermea- 
ble y el aeróstato inalterable á las acciones atmosféricas; 
3.^, que la forma del aeróstato sea la más adecuada al ob- 
jeto del mismo; 4.^, que tenga cierta presión interior para 
que no se deforme por la resistencia del aire exterior; 
5.^, que pueda subir y bajar sin pérdida apreciable del gas; 
ó."", que su potencia motriz sea suficientemente grande para 
poder navegar en la atmósfera en cualquiera circunstan- 
cia; 7.^, que vaya provisto de su correspondiente timón 
para poder dirigirlos movimientos;8.^,que su forma y acce- 
sorios le permitan resistir el empuje de los fuertes vientos 
cuando, arrojada el ancla, quede suspendido en la atmós- 
fera, y 9.^, que sea de grandes dimensiones y de fácil y eco- 
nómica construcción. Cuando tales condiciones se cumplan, 
y el rigoroso cálculo matemático pueda ser prácticamente 
confirmado por los progresos de la Mecánica, sin duda que 
el difícil problema de la dirección aerostática habrá sido re- 



206 LOS GLOBOS 



suelto. Mucho se ha hecho en cumplimiento de las mencio- 
nadas condiciones, pues para detallar los adelantos apor- 
tados á cada una fuera menester escribir un libro; pero aún 
es mucho más lo que resta que hacer, sobre todo con res- 
pecto á las 3.^, 5.^ y 6.^ condiciones, 3^ muy especialmente á 
la última. 

El constructor de globos tiene hoy á su disposición, y con 
bastante economía, el gas más ligero que se conoce, el hi- 
drógeno; la perfecta impermeabilidad de la envolvente no 
se ha conseguido aún, á pesar de haberse acudido en dis- 
tintas épocas y por distintos sabios á los tres reinos de la 
naturaleza: la substancia que parece más conveniente y hoy 
admitida como la mejor, es la inventada por Giffard, super- 
poniendo sucesivamente hojas de tela y de caucho; Renard 
dio á su aeróstato la forma más conforme con las exigen- 
cias del cálculo: son dos conos desiguales unidos por sus 
bases, sirviendo de cola al aparato el mayor de ellos, y li- 
gados entre sí por medio de curvas que suavizan su encuen- 
tro; aunque en teoría resulta el más perfecto de los conoci- 
dos, en cuanto á la forma, en la práctica reúne aún serios 
inconvenientes difíciles de orillar; Dupuy de Lome, sin alte- 
ración sensible de la forma, inventó el medio de que el ae- 
róstato subiese y bajase en la atmósfera, conservando la 
misma cantidad de gas, merced á su aparato compensador; 
tanto Dupuy de Lome como Renard, indicaron procedi- 
mientos mu}'' dignos de tenerse en cuenta para unir el ae- 
róstato á la barquilla, permaneciendo ésta horizontal y rí- 
gido el conjunto en cualquiera maniobras y oscilaciones del 
globo; Tissandier dio con la fuerza, al parecer, más ade- 
cuada para el funcionamiento de esta clase de vehículos: la 
electricidad; Renard perfeccionó las pilas, llegando á dar 
al sistema hasta seis metros de velocidad por segundo; y 
por último, Giffard introdujo la hélice como propulsor. 
¿Qué falta pues? Prescindiendo de las demás condiciones y 
fijándonos únicamente en la 6.^, repetimos ser mucho lo que 
falta todavía; porque si es cierto que la electricidad es la 
potencia que mejor responde al principio de Dupuy de 
Lome, "una máquina de menos peso y más energía que las 



LOS GLOBOS 207 



conocidas es la llamada á resolver el gran problema de la 
dirección aerostática.,, también es cierto que hasta la fe- 
cha no se ha encontrado medio de conservar la acción del 
flm'do eléctrico, y en Mecánica, como ya se ha dicho en otra 
parte, una potencia que no dura no es potencia. Se hace 
pues, preciso, no perfeccionar, sino inventar nuevas má- 
quinas motrices que desarrollen y conserven su energía á 
voluntad del montador ó del que haya de utilizarlas. Esto 
¿será imposible? De ninguna manera; el progreso de la 
ciencia no reconoce límites, ni fronteras el vuelo del inge- 
nio humano; la dirección de los globos llegará á ser un 
hecho, y así como recorremos hoy la redondez de la tierra 
y cruzamos la inmensidad del mar, transportados por nues- 
tros enormes trenes é importantes buques, recorrerán y 
cruzarán mañana nuestros supervivientes la inmensidad de 
los espacios, trasportados por sus monstruosos y acerados 
globos, cuya velocidad despreciará el empuje de las más 
furiosas tempestades. El siglo XIX figurará en la historia 
como el siglo de los buques y los trenes; el siglo XX será 
el siglo de los globos. 

Palma de Mallorca, Septiembre de 1890. 

Yr, Justo jP'ernández, 
Agustiniano. 







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Inventario de un Jovellanista ^^^ 



CON VARIADA Y COPIOSA NOTICIA DE IMPRESOS Y MANUSCRITOS, 
PUBLICACIONES PERIÓDICAS, TRADUCCIONES, ETC. 



(Xributo para el centenario de 1911.) 



BIÓGRAFOS, COMENTADORES, PANEGIRISTAS, ETC. 



Mélida (Arturo de). — La España del siglo X/X.— Colección de 
conferencias históricas del Ateneo de Madrid.— 19.^ Conferencia; 
Tema: Rodrigues y Villanueva..., etc. 

En esta conferencia se hacen aserciones gratuitas, y aun erró- 
neas, respecto á las relaciones entre Jovellanos y Villanueva. Basta 
leer la correspondencia epistolar de Jovellanos, y la mesura y 
aplauso con que habla de su digno paisano; y sobre todo, consignar 
el hecho de que Villanueva hizo los planos del Real Instituto Astu- 
riano, y del Monumento conmemorativo á Jovellanos en Oviedo, 
para reconocer cuan desprovistas de fundamento son las afirmacio- 
nes de aquel escritor. 

Y porque no se tachen de vagas nuestras referencias, indicare- 
mos los parajes donde se encuentran: 

Obras de Jovellanos, 2.° tomo de la edición Rivadeneyra, 
página 197, 1.''^ columna, 2.° párrafo. 
1 98 2 <i "í o 

327 1 ^ 4 ° 

Q98 1 a 10 

Q9ft 9 a K o 



(1). Véase la pág. 123. 



INVENTARIO DE UN JO VELLANISTA 209 



página 330, 2.^ columna, carta .1 Villanueva, el 14 Diciem- 
bre, 17f'8. 
r, 347, 2.'^ „ carta al Ministro Cornel, 25 Octu- 

bre, 1800. 
„ 348,2.-'^ „ carta á Villanueva, el 25 Octu- 

bre, 1800. 
Sobre el Monumento, véase la obra del doctísimo escritor 
C. M. Vigil, Asturias monumental, epigráfica y diplomática 
(texto), año 1887, pág. 195. 

Menéndez Acebal {]rs\JS).~{De Asturias). 

Catálogo de los bocetos que existen en el Museo del Instituto 
de Jovellanos de Gijón, por Don Jesús M( néndez Acebal, profesor 
y secretario del mismo Establecimiento. Gijón; Imprenta y litogra- 
fía de Torre y Compañía (Libertad, núm. 32), 1886. Folleto en 4.o, 
de vii-120 páginas. 

La crítica de este Catálogo apareció en El Carbayón de Oviedo 
(año 1886, núm. 1.538), y en El Comercio de Gijón (año dicho, nú- 
mero 1.252), cuyos artículos, algo acres, mas no del todo injustos, 
se atribuyen al erudito escritor D. F. C. S. 

El Catálogo descriptivo de los Bocetos es un buen tema para 
concurso, siempre y cuando que no se intente retribuirle tan mez- 
quina y grotescamente como se hizo con los trabajos del certamen 
(ó lo que fuere) de 1891. 

Menéndez de Luarca (Alejandrino).— (Z>^ Asturias). 

Véase el pseudónimo W. Franquet, empleado por este escritor. 
Véase el Suplemento, al final. 

Menéndfz Pelayo (Marcelino). 

Vindicación de Jovellanos, publicada en el periódico El Siglo 
Futuro, núm. 2.004 y 2.005, ae 21 y 22 de Noviembre de 1881; repro- 
ducida en la 

Historia de los Heterodoxos Españoles, de dicho eminente es- 
critor; Madrid, 1881, Imprenta de V. Maroto é hijos, tomo 3.^, capí- 
tulo 3.°, págs. 204, 245, 287 á 297, 564 (corregidas las erratas que se 
notan en el texto del anterior periódico). 

Historia de las Ideas Estéticas en España, por el Doctor Don 
Marcelino Menéndez y Pelayo, de las Reales Academias Española 
y de la Historia, Catedrático de la Universidad de Madrid; tomo 3.* 
(volumen segundo). Siglo XVIII. Madrid; Imprenta de A. Pérez 
Dubrull, 1886. 

Se habla de Jovelianos en el cap. iii {Desarrollo de la preceptiva 
Literaria durante la segunda mitad del siglo XVHI y primeros 
años del XIX), y en el IV {De la Estética en ¿os tratadistas de las 
artes del diseño durante el siglo X VHI^ págs. 453 á 467j. 

H 



210 INVENTARIO DR UN JOVELLANISTA 

El Sr. Menéndez Felayo no analiza parcialmente los diversos 
escritos de Jovellanos sobre bellas artes, sino en conjunto, cual lo 
requiere la índole de su obra. Cuando la imprimió aún no habíamos 
dado á la publicidad la Carta de Philo Ultramarino^ y la Descrip- 
ción de la Seo de Mallorca^ de cuya falta se lamenta. Pero aún sin 
estos elementos, su juicio, así como el estudio de Don Fortunato 
Selgas, considerando á Jovellanos como crítico de artes, son de lo 
mejor que se ha escrito sobre tal materia, por más que discrepemos 
del ilustre escritor montañés en dos puntos bastante esenciales, á 
saber: en los orígenes de la arquitectura ojival, que Jovellanos in- 
siste en hacer venir del Oriente (y que comprueba con nuevos fac- 
tores en su Descripción de la Seo), y en el mérito incuestionable de 
las primitivas iglesias asturianas, que en manera alguna podemos 
admitir que sean, según la frase del sabio :xc2Láém\co, prolongación 
decadente y empobrecida del arte latino usado por los visigodos. 
La sola declaración de monumentos nacionales , hecha á favor de 
las iglesias de Santa María de Naranco, San Miguel de Lillo y Santa 
Cristina de Lena, sin mencionar la hermosa portada de Santa Ma- 
ría de Villaviciosa, y los bellos ejemplares de las de Amandi, Be- 
don y Villamayor, mutiladas por el tiempo y la incuria de los hom- 
bres, nos obligan, y no por afectos de paisanaje, á asentir al dicta- 
men de nuestro ilustre conterráneo. 

Confiamos en que, andando el tiempo, y debidamente coleccio- 
nadas las obras de nuestro compatriota, podrán mejorar estos 
estudios, presentándole de un modo más perfecto, y en preferente 
lugar, entre los cultivadores de ellos. 

MiÑANO (Padre Sebastián). — Véase en la sección extranjera, anó- 
nimo III. 

MoRATÍN. — Véase Fernández de Moratín. 

MuRiEL (Andrés). — Véase Coxe y las traducciones de Sevillano y 
Salas Quiroga. 

Historia MS. del reinado de Carlos IV (2 tomos), próxima á pu- 
blicarse por la Academia de la Historia. 

Navarro y Reig (Felipe Benicio).— El Museo de Gijón, noticia breve 
de la hermosa colección de dibujos del Instituto de Jovellanos, por 
Felipe Benicio Navarro.— Barcelona, mdccclxxviii. —(Co/o/ow.- "Im- 
primióse este folleto (en 4.*', de 26 págs.) en Barcelona, por Pedro 
Aldavert, en la imprenta de LaRenaixensa, en el mes de Septiem- 
bre del año mil ochocientos setenta y ocho,,). 

Publicóse anteriormente en La Revista de España (a. 1877), y 
sobre su mérito, véase nuestra obra: Cosiq. de la mió Quintana, pá- 
gina 165 y siguientes. 

Nómbrase 3'a una 2.** edición, que no hemos logrado ver. 



INVENTARIO DE UN JOVELLANISTA 211 



Nieva y Avala (Dr. Don Francisco de).— Emblema Literario. 

"Al Excmo. Sr. Don Gaspar Melchor de Jovellanos, Caballero 
de la Orden de Alcántara, del Consejo de S. M., Secretario de Es- 
tado y del Despacho de Gracia y Justicia.— Escribíalo el Dr. Don 
Francisco de Nieva y Ayala, cura de la parroquial de Cartaxima 
de la Vicaría de Ronda,,, 

Cuaderno MS. de 54 pininas, en 4.<'; contiene: 

El Milagro de un Ministro sabio (silvas 1.^ y 2.*). 

Silvas del género bucólico, bastante pesadas. Forman el volu- 
men Lxv de los MSS. del Instituto de Gijón. 

Nocedal (Cándído).— Vida de Jovellanos.— lúadrid, 1865.— Imprenta 
de Rivadeneyra, un volumen en 8.*^, de 265 páginas. Al final, se in- 
sertan los juicios críticos de los Sres. Fernández-Guerra, Cañete, 
y Catalina. 

Esta Vida no es, cual pudiera presumirse, el relato de la acci- 
dentada existencia del gran patricio, ampliando ó mejorando el de 
Ceán;sinola reproducción de los dos prólogos, que el autor que 
nos ocupa puso á cada uno de los tomos de la edición Rivadeneyra; 
disertación difusa sobre un tema ajeno por completo al título del 
libro. Quien deseare más pormenores sobre este punto, lea, si le 
place, á Baumgarten, y el preliminar de nuestra obra de 1885, 
Nuevos datos...., etc. 

Ochoa (Eugenio de). — Véase Cabarrús, letra d. 

Ortiz de la Vega (Manuel).— Las Glorias Nacionales. — Grande his- 
toria universal de todos los reinos, provincias, etc.— Madrid, 1852- 
1854. Referencia é. Jovellanos: 

Tomo 1.°, pág. 476.— Qué dice de las Aras Sexíias. 
„ 1.°, ídem.— Descubrió en el pueblo de Corao algunas 

inscripciones que dan indicios de la po- 
blación de Vadinia. 
Estas referencias son simplemente dos notas puestas á la Cró- 
nica general de España^ de Ambrosio de Morales, en el libro viii, 
capítulo Lviii, que dicen así: 

(l.'"^) "A Jovellanos debemos el descubrimiento de algunas 
ruinas de este antiguo monumento {Aras Sextianas), que, según 
su opinión, estuvo en el Cabo de Torres, una legua al Oeste de la 
villa de Gijón, en donde descubrió cimientos de un edificio cua- 
drado, de veinticuatro pies de diámetro, y en donde dice que en 
años anteriores se hallaba una inscripción dedicada al emperador 
Augusto, en el año trigésimo segundo de su potestad tribunicia; 
no obstante, la rectitud de su juicio no le permitió determinarse 
afirmativamente sobre este punto tan controvertido.» 



212 INVENTARIO DE UN JOVELLANISTA 



Aunque el comentador de Ambrosio Morales no menciona, cual 
debiera, los pasajes de las obras de Jovellanos, de donde toma la 
cita, pondremos algunos que la determinan: 

a) La nota 21.^ del acto 1.*' de la tragedia Pelayo {ordin. 98). 

b) El juicio crítico de la Historia antigua de Gigia^ que escribió 
Don Gregorio Menéndez Valdés Cornellana {ordin. 193). 

c) Una carta sobre las Aras Sexíianas, que cita Ceán en su bio- 
grafía de Jovellanos, pero que aún no es conocida (ordin. 320), 

d) La nota única del folleto La Sirena de Torres, de D. R. Gonzá- 
lez Villarmil de la Rúa. (Salamanca, 1798.) 

e) Representación de Don Manuel Reguera González (Oviedo, 
1783) sobre el sitio donde están las Aras Sextianas (Instituto, 
volumen 49). 

(2.^) "También en el pueblo de Corao descubrió Jovellanos 
algunas inscripciones, que dan .bastantes señales de que por allí 
pudo haber estado la población de Valdinia, de que hace mención 
Tolomeo, como sita en la Cantabria. „ 

De las inscripciones de Valdinia habla Jovellanos en sus Dia- 
rios del año 1795. 

Tomo 6." pág. 559.— Contribuyó á ilustrar el reinado de Carlos IIL 
„ pág. 5b3. — Servicios que prestó á Carlos IV. 

„ pág. 573.— Su encarcelamiento y causa de él — Fué uno 

de las miembros de la Junta Central en 
1808. 
Son referencias de breves renglones, nada más. 

Otaño (Fray Dionisio).— (Z)^^5/zír/as.)— Véase el anónimo v de esta 
sección. * 

Oviedo y Portal (Antonio Rafael de).— Z)^ Asturias. 

Memoria sobre el Archivo de la R. S. E. de Amigos del País de 
Asturias.— MS. en 4.°, de 22 páginas y 4 hojas sin foliar.— Oviedo, 
14 de Abril de 1834. (Archivo de la Sociedad.) 

Palacio (Eduardo de).— España desde el primer Borbón hasta la 
Revolución de Septiembre. Madrid: 1868. 
Véase tomo 2.**, lib. 1.^ capit. 3 y 4. 

Palazuelos (Vizconde dk).— Jovellanos como cultivador de la Histch- 
ria. Monografía laureada.— Madrid: Establecimiento tipográfico de 
Ricardo Fe. 1891. Folleto en 4.° de 58 páginas. 

Trabajo deficiente y de poca consistencia, pues que el autor des- 
conoce todo lo inédito de Jovellanos, publicado desde la edición Ri- 
vadeneyra hasta el día: no da razón de lo mucho que sobre tal ma- 
teria se ha escrito de entonces acá, ni establece paralelo alguno 



INVENTARIO DE UN JOVELLANISTA 213 

entre Jovellanos y otros escritores nacionales ó extranjeros, de 
tendencias similares á las suyas. 

Tampoco estampa ningún juicio crítico de los contemporáneos, 
cometiendo una omisión indisculpable, al no citar, siquiera fuera 
de pasada, los numerosos trabajos históricos mencionados por 
Ceán, y la notabilísima colección de documentos manuscritos (cua- 
tro tomos en folio), que se conservan en el Archivo de la Academia 
de la Historia, á cuya Corporación pertenece elSr. Vizconde como 
individuo correspondiente. 

En definitiva: esta disertación (digna de aprecio, como honroso 
tributo á la memoria de Jovellanos) no aporta ningún dato á lo 
por todos sabido y reconocido; ni ¿qué se podía esperar tampoco 
de la mezquindad del premio de concurso? 

Pérez de Anaya (Francisco).— Lé-cc/ow^s y modelos de elocuencia 
forense. Madrid: 1848. 

Véase tomo I, págs. 317 á 334. 

PiDAL Y MóN (Alejandro). — {De Asturias). 

Bocetos del Instituto de Jovellanos., publicados por D. Ricardo 
Acebal y Cueto, Ingeniero de montes, y D. Pío Escalera Blanco, 
coxiMw Prólogo delSr.D. Alejandro Pidaly Món. — Gijón. Impren- 
ta y litografía de Torre y Compañía; 1878. — Un cuaderno en folio 
con 19 reproducciones de bocetos, esmeradamente hechas. 
Cúmplenos aplaudir debidamente este esfuerzo hecho de propia 
iniciativa por dos gijoneses, en memoria del ilustre fundador del 
Instituto; deplorando que ni el Ilustre Ayuntamiento de Gijón, ni 
la Academia provincial de Bellas Artes del Salvador, de Oviedo, 
hayan secundado á sus autores, como debieran, en tan meritoria 
empresa. 

Piferrer. 

Clásicos españoles. 
Sobre Jovellanos, pág. 133. 

Planes (Leonardo). 
Rima latina^ en elogio de Jovellanos. 

Encuéntrase entre los Manuscritos del Archivo-Biblioteca de 
Fuertes Acevedo, leg. A, carpeta 82. 

Qutipo DE Llano (José María).— Véase Toreno. 

Quintana (Manuel José). 
a) Oda al Excmo. Sr. Don Gaspar de Jovellanos. En ocasión de 
habérsele encargado el Ministerio de Gracia y Justicia. 



214 INVENTARIO DE UN JOVELLANISTA 



(Folleto elegantemente impreso, sin nombre de autor, año, 
foliación ni pie de imprenta. Un pliego en 16.° (es de 1798). 

¡Pudo lucir el suspirado día...! 

b) Elogio dejovellanos. (En la Introducción á la Poesía Castella-^ 
na del siglo X VIII). 

c) Carta áj avellanos sobre los sucesos de Cádiz. (Véase Amar- 
guras dejovellanos, apéndice XXV, pág. 406). 

d) Recuerdos dejovellanos. (En el libro: Obras inéditas de Don 
Manuel J. Quintana: Madrid, Medina y Navarro, edit. 1872, 
págs. 181, 183, 186, 195, 202, 259, 280, XXXV y otras). 

e) Poesías selectas.— M.?LáY\á: imprenta de Burgos, 1830. 

Véase tomo 4.°, pág. 352. 

f) Cartas á Lord Holland sobre los sucesos políticos de España 
en la segunda época constitucional., 2.^ edic. — Madrid: impren- 
ta de M. Rivadeneyra, 1853, véase Carta \.^, pág. 21. 

Rendueles Llanos (Estanislao).— (Z)í^s/^/W«s), 

Historia de la villa de Gijón — Gijón: Imprenta de El Norte de 

Asturias, á cargo de D. Castor Ladreda, 1867. 
Biograjia dejovellanos, lib. 4.**, cap. XII, págs. 439 á 460. 

Tampoco agrega nada nuevo este autor á lo ya sabido de Ceán, 
y es tanto más extraño, cuanto que se trata de un escritor gijonés, 
con datos originales y muy abundantes á la mano, en el Archivo 
del Instituto, en la casa solar de la familia Jovellanos, y en poder 
de muchos particulares de la población. 

Escritos de Jovellanos, págs. 176, 350, 466, 471, á que correspon- 
den los ordinales J52m, 219, 220, 213. 

Revilla (Manuel de la) y Alcántara García (R.) 
Principios de Literatura general y Literatura española.— Ma' 
drid: 1872, imprenta de..., 2 tomos. 
Referencia á Jovellanos, tomo 2.°, lección LX. 

Riego Núñez (Eugenio Antonio del.).— (De Asturias). 
Véase el aitóninio Fde esta sección. 

Risco (Padre Fray Manuel). 

En su obra, España Sagrada, tomo XXXVIII, pág. 114. . 

Rodríguez Menéndez (Manuel Antonio).— (Z>^ Asturias.) 
Vid. el anónimo VIII áe esta sección. 

Rousseau (Juan Jacobo). — El Contrato Social, traducción castellana 
de... Londres. 1799. 

Elogio de Jovellanos y Urquijo, en la nota 20.^ de dicha traduc» 



INVENTARIO DE UN JOVELLANISTA 215 



ción, que sirvió de pretexto más adelante para su persecución y 
destierro. En la Representación de Jovellanos, con este motivo 
(Vid. Amargur. dej. LL, apénd. X, pág. 318), afirma este escritor 
"que un extranjero, arribado á las playas de Gijón, aseguró que 
^acababa de imprimirse en Francia una traducción castellana del 
y,Contrato Social. ...,\o c\xsi\ difiere de lo dicho por Ceán {Memo- 
rias... pág. 80), quien asegura se imprimió en Londres. 

Cuantos recursos pusimos en juego para alcanzar un ejemplar 
de esta traducción fueron completamente estériles, aun contando 
con la buena voluntad de varios aficionados y admiradores de nues- 
tro compatriota, tenaces en el difícil empeño de conseguirlo. Sólo 
el docto académico Menéndez Pelayo, á quien forzosamente hay 
que recurrir en tan apurados trances, obtuvo, no un ejemplar im- 
preso, sino una copia coetánea, claro testimonio de la ruda perse- 
cución que sufrió el libro. Y, pródigo siempre nuestro amigo en 
franquear los tesoros de su rica biblioteca á los amantes de la cul- 
tura española, disfrutan nuestros lectores, por tan loable despren- 
dimiento, del apunte que nos ha facilitado, y que literalmente trans- 
cribimos: 

El Contrato Social ó Principios del Derecho Político. — Lon- 
dres. Año de 1799. (MS, en 4.°, de 464págs., copiado indudablemen- 
te del impreso, con mucha pulcritud y limpieza.) 

Lleva una breve advertencia del traductor, y al fin algunas no- 
tas del traductor, mezcladas con las de Rousseau. La que nos in- 
teresa tiene el número 20, y recae sobre estas palabras de Rousseau 
en el libro III, cap. VI, De la Monarquía: 

Un ho}nbre de verdadero mérito es tan raro en el Ministerio 
monárquico, como un tonto al frente de un Republicano. 
La nota dice así: 

"Por nuestra desgracia hemos visto últimamente harto verifi- 
„cada esta verdad en nuestra Península, donde una chusma de 
„Ministros, uno tras otro, no han hecho sino mirar por sus inte- 
„reses particulares y enriquecerse soberbiamente á expensas del 
„pobre pueblo. Decretos para abolir el estudio del derecho natu- 
„ral; reformas inútiles dirigidas á aumentar el poder del Monar- 
„ca y propias para obstruir los canales del comercio de las Pro- 
„vincias; en fin, inmensas sobrecargas que han empobrecido la 
„Nación más opulenta: he aquí todo el vasto talento de nuestros 
^Visires. ¡Oh Jovino, Jovino! Tú sólo mereces el homenaje de 
„todo buen español. Ojalá que Urquijo, siguiendo tus pasos, des- 
„p]iegue todo su genio emprendedor, y haga conocer al Monarca 
„sus verdaderos intereses, que son los del mismo pueblo. De otro 
„modo, la ruina parece inevitable y todo concurre á acelerarla; en 
„otro tiempo sería temible, pero atendida nuestra dura y lamen- 
„table situación, se dexa naturalmente desear con vivas ansias. „ 



216 INVENTARIO DE UN JOVELLANISTA 

Sala (Juan). — Diccionario bio gráfico-universal. Madrid, 1882. Vid. 
pág. t)43. 

Salas y Quiroga (jacinto de). — Vid. Coxe. 

Sampil y Labiades (Josef Antonio).— (Z)^ Asturias.) 

Relación que hizo el Presbítero Don Josef Sampil y Labiades 
de su infructuosa comisión en 1801, para libertar á Don Gaspar 
Melchor de Jov^ellanos.— Un tomo en 4.", de 358 págs. — MS. vincu- 
lado en su casa de Mieres. 

Un extracto de ella, es el que publicó el Sr. Canella Secades, ea 
su folleto Dos esiudios..., etc. 

Vid. el anónimo 1 de esta sección. 

Sánchez (Miguel). — Examen teológico-crltico de la obra del Exce- 
lentísimo Sr. Don Cándido Nocedal, titulada: Vida de Jovella- 
Nos, por Don Miijuel Sánchez, Presbítero, — Madrid; imprenta de 
Enrique de la Riva, plaza de la Paja, núm. 7; 1881. Folleto en 4.°, de 
170 págs. 

En el preliminar á nuestro \\bvo Jovellanos., nuevos datos... .etc., 
hemos reíutado, cual se merecían, las especies, gratuitas unas, 
falsas y erróneas otras, con que este mal aconsejado escritor in- 
tentó menoscabar la gloria del insigne asturiano. Tarea ingrata, 
por cierto, y sobre ingrata, odiosa, cuando ya la posteridad había 
pronunciado su fallo, no sólo sobre la fama y virtudes de aquel 
eminente varón, sino también sobre su sincero catolicismo, cuya 
ortodoxia, al decir del sabio y erudito Menéndez Pelayo, resulta 
acendrada y sin mácula. 

Selgas (Fortunato de).— (De Asturias.) 

Tovellanos considerado como critico en Bellas Artes .—"^laáviá, 
1883. Folleto en 4,*^, de 47 págs. -Establecimiento tipográfico de El 
Correo. Publicado con anterioridad en el núm. 364 de la Revista 
de España. 

Lástima que este trabajo, de relevante mérito, sin disputa algu- 
na, resulte incompleto por escasez de datos. Echamos de menos en 
él un juicio crítico respecto á los Bocetos del Instituto, y algunas 
consideraciones sobre ciertos escritos de gran valía, tales como 
la arquitectura inglesa y la llamada gótica; el Boceto de las 
'^Meninas.^, de Velásguez; Descripción de la Catedral de Pal- 
ma, etc., etc. Pueden consultarse sobre este asunto, los escritos de 
los Sres. Navarro Reig, Pidal, Arveris, Menéndez Acebal, Mélida, 
Canella, Menéndez Pelayo, y algún otro que, aunque deficientes, 
contribuyen á ilustrar la materia que sirvió de tema para la bien 
cortada pluma de este benemérito escritor. 



INVENTARIO DF. UN JOVELLANISTA 217 



Sempere y Guarinos (Juan).— yVoZ/cm literaria y bibliográfica de 
Don Gaspar Melchor de Jovellanos.— Encuéntrase en el tomo III, 
págs. 131-148 del Ensayo de una biblioteca española de los mejores 
escritores del reinado de Carlos III. Madrid, 178r> 1789. -Seis vo- 
lúmenes en 8.° mayor. 

Sevillano y Sánchez Pleytés (Rafael).— Traductor de Coxe. Vid. 

Sil VELA {Fka.^cisco). —Jovellanos y la ley ag-;'ar/a. — Conferencia 
dada por D. Francisco Silvela en el Ateneo Científico, Literario y 
Artístico de Madrid, la noche del 33 de Marzo de 18S6. 

Errores tamaños é inexplicables conti'^ne este escrito, pero so- 
bresale entre todos el desconocimiento de la vida privada del per- 
sonaje á quien se alude. Si el objeto del conferenciante fué .-iólo im- 
provisar un discurso cuajado de alusiones políticas á los sucesos 
del día, pudo hacerlo, sin menoscabar por ello los fueros de la ver- 
dad histórica. O muy aprisa, ó muy distraídamente, leyó los auto- 
res que menciona, cuando para narrar la entrada de Jovellanos en 
Palma, Barcelona y Zaragoza, á su vuelta del destierro, falsea el 
relato, apareciendo éste al revés de cómo aconteció. Para desv-ane- 
cer sus dudas, puede leer los Diarios recientemente publicados, y 
la correspondencia particular de aquella época. Menos mal si este 
lapsiís hubiera sido el único de la conferencia: pero el Sr. Silvela, 
apadrinando la teoría de la centralización absoluta, y fantaseando 
á su sabor, llega hasta tachar á Jovellanos de hombre ideal, sin 
práctica alguna, y en su inmoderado afán de obtener el aplauso del 
auditorio, no vacila en afirmar de una manera extemporánea que 
aquel insigne estadista creía que en todas las regiones de España 
crecían por igual los árboles y administraban los Ayuntaynicntos, 
Recurso pobrísimo y chabacano, á la verdad, impropio de u.i ora- 
dor serio, y cuya lectura habrá sido recibida con la más desdeñosa 
indiferencia por todos los que en España y fuera de ella conocen á 
fondo y saben tributar el debido respeto á la personalidad de nues- 
tro ilustre estadista. 

Mas no seguiremos al orador en sus afirmaciones, tan peregri- 
nas algunas, como divorciadas de la realidad, porque, en resumen: 
¿qué alcance puede tener una conferencia dada por un ateneísta 
que por mucho que se esfuerce no ha sabido todavía enlazar su 
nombre á ninguna empresa útil á su país, pero que se cree con de- 
recho para motejar á la personalidad más preeminente del si- 
glo XVIII? Como españoles, más que como asturianos, hablamos: 
«ipuede sentir mermada su gloria (que el mundo entero pregona) 
quien inició la idea de plantear el Senado en su patria, fundó el 
primer Instituto Español, promovió y dirigió la construcción de la 
carretera de Gijón á Castilla, dotó á su piteblo de un hermoso y se- 



218 INVENTARIO DE UN JOVELLANISTA 



guro abrigo, desempeñó penosas y delicadas comisiones de su Go- 
bierno, analizó y describió la riqueza hullera de Asturias, imprimió 
nuevos rumbos á la enseñanza, y marcó los derroteros por donde 
los verdaderos gobernantes debían conducir al país? Seguramente 
que no, y por lo tanto... registramos el folleto, y pasamos adelante. 

SiSTERNES Y Feliú (Manuel). — Idea de la ley agraria española^ por 
D. Manuel Sistemes y Feliú, fiscal del Consejo y Cámara de 
Su Majestad.— Valencia: B. Monfort, 1786. — Un volumen en 4," 
de XXX-150 páginas. 

Este libro precedió en nueve años al Informe de Jovellanos (que 
se publicó en 1795), y formaba parte del voluminoso expediente que 
nuestro sabio informante tuvo que estudiar, extractar y condensar 
para producir su inmortal obra. Por más que detenidamente la he- 
mos leído, no vemos mencionado en ella á este agrónomo valen- 
ciano, pero es bien seguro que nuestro compatriota le tuvo muy 
presente, ya por la moderación con que emite sus juicios, como por 
el conocimiento práctico que revela de la agricultura española. 

Va ilustrada la obra con interesantes notas: una de ellas, la 58.*^, 
muy extensa, versa sobre los censos, que el autor cree útiles á la 
agricultura, combatiendo de paso el estancamiento de los capitales 
en los Bancos. No fué, sin duda, tal afirmación muy del gusto de 
Cabarrús, que la refutó en un largo escrito (13 páginas en folio), 
que se conserva inédito entre los manuscritos del Instituto. (Véa- 
se Sección de manuscritos de la Biblioteca del Instituto, volu- 
men LXXVII.) 

SocíAS Y Bas (Cayetano). 

a) Trozos de las Obras de Jovellanos, traducidos al francés por 
Don Cayetano Socías. (En la Revue Scientifique , páginas 337 y 
siguientes.) 

b) Jovellanos: Recuerdos mallorquines... (Véase el periódico jE"/ 
Productor Asturiano, sección de Public, periód.). 

SoMOZA DE MoNTSORiú {]\3\.io).—{De Asturias). 

a) Catálogo de manuscritos é impresos notables del Instituto de 
Jovellanos en Gijón, seguido de un índice de otros documen- 
tos inéditos de su ilustre Fundador... Oviedo: Imp. y lit. de Vi- 
cente Brid, 1883.— Un vol. en 8.», de XXII-260 páginas, edic de 
lujo, impresa á expensas del Excmo. Sr. Don José de Posada 
Herrera, por iniciativa de la Universidad de Oviedo. 

Los documentos relativos á Jovellanos van detallados en 
la sección de MSS. public. é inédit. {Bibliot. del Instit.). 

b) Cosiquines de la inió Quintana... Oviedo: Imp. de Vicente 
Brid, 1884.— Un tomo en 8.» de 300 páginas. 



INVENTARIO DE UX JOVELLANISTA 219 



Divídese este libro en cuatro partes, tituladas: La Villa.— 
El Instituto.— J avellanos. —Miscelánea , con capítulos relati- 
vos á la vida, obras, escritos y noticias del esclarecido patri- 
cio gijonés. 
<i) Jovellanos. — Nuevos datos para su biografía, recopilados 
por... y adornados con la genealogía de Jovellanos, su retrato 
hecho por Goya (grab. de Maura), el fac-símil de su firma, su 
escudo, escribanía y sillón, y su sepulcro.— Madrid: Rubiños, 
impresor, 1885.— Un volumen en 8.° mayor, de xxxii-247 páginas 
letra muy compacta. 

Lo referente á Jovellanos va especificado en la sección 
de Impresos dispersos {ordin. 221 á.?34y,comprendeademás: 
Jovellanos y la crítica moderna (preliminar). 
Apéndice á las Memorias (por Ceán Bermúdez). 
Documentos reservados del Archivo de Gracia y Justicia. 
Efemérides de la vida de Jovellanos. 
Recuerdos y monumentos (por Canella). 
Noticia de varios retratos. 
Nota bibliográfica. 
Contemporáneos, amigos y parientes. 

d) Las Amarguras de Jovellanos, bosquejo biográfico, con notas 
y setenta y dos documentos inéditos... Primera edición de 500 
ejemplares, costeada por el limo. Ayuntamiento de Gijón.— 
Gijón: Imprenta de Anastasio Blanco, 1889. Un vol. en 4.*^ ma- 
yor de 450 pág., edición de lujo. 

Los concernientes á Jovellanos se detallan en la sección 
de Impres. dispers. {ordin. 235 á 254.) 

e) Escritos inéditos de Jovellanos, dispuestos para la impresión 

por y editados gratuitamente por la tipografía Arte y letras 

de Barcelona, 1891.— Un volumen en 8.*' de 250 páginas. 

Véase la sección de Impres. coleccionados, {ordin. 205 á 
210). Véase en la de Publicac. periódic. El Carbayon. 

TiCKNOR (M. G.). — Historia de la Literatura Española, traducida al 
castellano con adiciones }' notas críticas por Don Pascual de Ga- 
yangos y Don Enrique de Vedia.— Madrid: Impr. deZ,rt Publicidad. 
1851-1856, 4 tom.4.« 
Refer. á Jovellanos: 

Tomo I. — Pág. 487, not. 7. Protección á Llórente. 
Tomo II.— „ 357, not. 15. Inmoralidad del teatro antiguo. (Re- 
fieres-.^ á un párrafo de la Memoria sobre las diver- 
siones públicas {ordin. 71), edic. Rivad., tom I, pá- 
gina 496, primer párrafo, que Ticknor toma de las 
Memorias de la Real Academia de la Historia^ 
(tomo V. pág. 397.) 



220 INVENTARIO DE UN JüVELLANlSTA 

Tomo IV.— Pág. % á 104. -Su vida. 

Tomo IV. -Pág. 97.— Su teatro. 

Tomo IV.— Pág. 104, nota 10.— Sobre el folleto Pany Toros. 

Tomo IV. — Pág. 12J-125. — Éxito de El Delincuente Honrado. 

ToRENO (José María Queipo de Llano, Conde de). — {De Asturias.) 
Historia del levantamiento, guerra y revolución de España. Pa- 
rís: Impr. de Casimir, 183.!, tres tomos en 4.*^ 

Sobre Jovellanos, tomo II, lib. 69-71. 

La mismaobra, 2.* edic, adicionada y corregida por su autor. — 
Madrid: J. M. Alegría: 1848, cuatro tomos en 4.** 

Toro y Duran (Ramón del). 

Jovellanos y la rejorma del Teatro Español en el siglo XVHl, 
Gijón: Impr. de El Comercio, 1891-92, foU ;tín de 84págs. en 4." á dos 
columnas, publicado en dicho periódico. 

Contiene datos muy curiosos y eruditos en sus interesantes no- 
tas. En la parte doctrinal, pudiera haberse extendido más prolija- 
mente este escritor, consignando el juicio que á los diversos histo- 
riadores de nuestra dramática merecieran las producciones escé- 
nicas de tan concienzudo hablista. Aparte de lo cual, enúncianse en 
este trabajo consideraciones muy dignas de aprecio, para ampliar 
el tema que someramente bosqueja el disertante. 

La decadencia de nuestro teatro, originada de la perversión del 
gusto público, y la parte que toca al Gobierno en la dificilísima 
empresa de encauzarle, materia es tratada ya magistralmente por 
el malogrado crítico Revilla, á cuya docta opinión acostamos la 
nuestra. 

Debemos á este querido amigo un considerable aumento en 
nuestra biblioteca jovellanista, y tenemos singular complacencia 
en consignarlo aquí, ya en justo homenaje de nuestra gratitud, 
como en prueba de su entusiasta admiración hacia el benemérito 
asturiano, orgullo y prez de la española tierra. 

Torres Amat (Félix).— F/Wa del limo. Sr. Don Félix Amat, Arzo- 
bispo de Palmyra, Abad de San Ildefonso, Confesor del Sr. Don 
CííWos 7 F... Madrid. Imprenta que fué de Fuentenebro, 1835.— Un 
vol. 4.*^ de 416 páginas. 

Véase sobre Jovellanos, el párrafo 83, página 77 y otros. 

Jovellanos contestó extensamente á estos reparos, en una post- 
data de una carta á Posada, inserta en el tomo II de la edición Ri- 
vadeneira, pág. 194-195. 

Los reparos son á la Oración inaugural en la apertura del 
' Insiituto Asturiano {ordin. 53); y la réplica de Jovellanos, opor- 



INVENTARIO OE UN JOVELLANISTA 221 



tunísima y digna de figurar en las futuras impresiones al pié de di- 
cha Oración, como también las observaciones del Sr. Torres Amat. 

Tuero y Miranda (Pantaleón de).--(Z>í' Asturias). 

A la memoria de Jo7>eU(i7ios.—E\eQ:ia, por Don Pantaleón de 
Tuero y Miranda.— Habana.— Oficina de Don Juan de Pablo, 
MDCCCxii. En 4.°, seis hojas. 
Empieza: 

¿Por qué de Asturias la divina Euterpe 
sus sienes orna de laurel tnarchito? 



y concluye: 

Y en nube Júlgida al Olimpo vuela. 

(En la colección de Papeles varios que posee Don Luis Carmena 
y Millán, en Madrid: tomo 37.) 

Ugarte (Eliano de).— Véase Baumgarten. 

Valdés Llanos y Escandón (Pedro Manuel de).— (í)^ Asturias). 
Correspondencia reservada de Theresina del Rosal [P. M. de 
V. Ll.) con Don Gaspar Melchor de Jovellanos. — (Con prólogo y 
anotaciones del autor de la presente obra, en su libro Cosiquines 
de la mió Quintana^ págs. 213 á 268.) 

Vedia y Goossens (Enrique de). — Traductoi de Ticknor. 

Vega Infanzón (Dr. Andrés Ángel de la).— (Z>^ Asturias).— Y édise 
en esta sección el anónimo Vil. 

Vélez (Fr. Rafael de). — Apología del altar y del trono. Madrid» 
1818.— Dos vol. en 4.^ Impr. de Cano. 

Refuta este escritor extensamente las doctrinas de Cabarrús 
en su obra Cartas sobre los obstáculos que la Naturaleza..., et- 
cétera, dirigidas á Godo}' y Jovellanos; las poesías de Don M. J. 
Quintana, &\ Diccionario de Gallardo, y los acuerdos de las Cortes 
de Cádiz. 

Pero entiéndase bien; ni Jovellanos pudo asentir nunca á las 
teorías ultra-revolucionarias de los enciclopedistas, cuyas doctri- 
nas sustentaba 3 propagaba en sus Cartas Cabarrús; ni tampoco 
en manera alguna puede hacérsele solidario de los acontecimien- 
tos políticos que se desarrollaron los aflos 1811 y siguientes, algu- 
nos de los cuales condenó con entereza, según puede verse en su 
correspondencia con su sobrino Alonso Cañedo. 



222 



IXVENTARIO DE UN |OVELL A.NISTA 



En el tomo segundo continúa el fogoso Padre Vélez su invectiva 
contra las doctrinas políticas sustentadas por Cabarrús y Quintana. 

Sobre Jovellanos, de quien habla con moderación, véase el 
tomo II, pág. 62, mostrando su conformidad en el modo conque de- 
bían convocarse las Cortes. 

ViGiL Escalera (Evaristo).— (D^ Asturias.) 

Biograjía de Jovellanos, inserta, en la Crónica del Principado 
de Asturias, Madrid, 1865, pág. 137. 

Es uno de tantos plagios como se han hecho de la obra de Ceán 
Bermúdez. 

Julio ^omoza ^ontsoriú. 












§r«2í^'éír'«^^«Xs^ 



ií^'«ií>'4i^^^5^'''"'í¿5^^;^'cjí"''«^¿g 



Revista Canónica 




obre aptitud de los aspirantes á prebendas de iglesias cate- 
drales ó colegiatas.— Por Real decreto concordado de 23 de 
Noviembre de 1891 se determinaron las cualidades que de- 
bían reunir los aspirantes á dignidades, canongías y beneficios no su- 
ietos á oposición en nuestras iglesias catedrales y colegiales (1); mas 
no es cosa fácil en asunto tan complicado tener presentes todas las 
circunstancias que pueden hacer digno de remuneración á un indivi- 
duo. De ahí que en ese decreto se noten omisiones, previstas de un 
modo general en su artículo último, que es preciso suplir. Así em- 
pieza á hacerse hoy con el Real decreto, que, precedido de oportuna 
exposición, juzgamos oportuno dar á conocer á nuestros lectores. 
Hele aquí: 

Ministerio de Gracia y Justicia. — Negociado 7.° — 1.° de Asuntos 
Eclesiásticos. — Exposición.— Señora: Desde la publicación del Real 
decreto concordado de 23 de Noviembre de 1891, han sido varias las 
peticiones elevadas á este Ministerio, relativas unas á declaración 
de derechos y otras á asimilación de algunos cargos no comprendi- 
dos en aquella disposición, á otros que, con arreglo á la misma, con- 
ceden aptitud para aspirar á diferentes categorías del Clero Cate- 
dral y Colegial. Entre éstas merecen especial mención la formula- 
da por los Ecónomos y la de los Profesores de Religión y Moral de 
las Escuelas Normales. Los primeros, aun cuando no han obtenido 
su cargo previo concurso, es indudable que prestan el servicio pa- 
rroquial en iguales condiciones que los Párrocos, y su larga perma- 
nencia al frente de las parroquias es una garantía que acredita el 
buen concepto que merecen á sus Prelados en el desempeño de tan 



(i) Véase íntegro en La Ciudad de Dios, vol. XXVII, págs. 76 y siguientes. 



224 REVISTA CANÓNICA 



delicado ministerio. Partiendo, pues, del principio de exigirles una 
mitad más en el tiempo de servicio que el establecido para los Párro- 
cos en él mencionado Real decreto, es justo qne sean considerados 
con aptitud para el ingreso y ascenso en el Clero Catedral, siempre 
que hayan cumplido, en la misma proporción, el tiempo que á los 
Párrocos se exige en los respectivos casos. 

"Los Catedráticos de Religión y Moral de las Escuelas Normales 
deben también, por analogía, equipararse á los de Seminario é Insti- 
tuto, declarárdoles en igualdad de condiciones, y, en su consecuen- 
cia, con derecho á optar á los mismos beneficios. 

„Y, por último, para desvanecer algunas dudas á que ha podido 
dar lugar el repetido Real decreto de 23 de Noviembre de 1891, aun 
cuando parezca ocioso consignarlo, es indudable que todo aquel que 
tiene condiciones para un cargo determinado, las tiene para otro de 
inferior categoría, por más que no se halle comprendido en el artícu- 
lo referente á la prebenda que solicite. 

Fundado en estas consideraciones, y autorizándose con la opinión 
del Muy Reverendo Nuncio de Su Santidad, según lo dispuesto en el 
art. 28 del mencionado Real decreto de 23 de Noviembre de 1891, el 
Ministro que suscribe tiene la honra de someter á la aprobación de 
V. M. el adjunto proyecto de decreto.— Madrid 14 de Septiembre 
de 1893 — Señora: A los R. P. de V. M. Trinitario Ruis Capdepón, 

REAL DECRETO 

"A propuesta del Ministro de Gracia y Justicia, de acuerdo con el 
Muy Reverendo Nuncio Apostólico, en nombre de mi Augusto Hijo 
el Rey D. Alfonso XIII, y como Reina Regente del Reino, vengo en 
decretar lo siguiente: 

„ Artículo 1.** A los efectos que determina el Real decreto concor- 
dado de 23 de Noviembre de 1891, xos Curas Ecónomos que hayan 
desempeñado su cargo una mitad más del tiempo exigido á los Pá- 
rrocos para su ingreso en el Clero Catedral ó Colegial, podrán op- 
tar á las mismas categorías que para éstos señala el mencionado 
Real decreto. 

„Art. 2." Los Profesores de Religión y Moral de las Escuelas Nor- 
males de Maestros y Maestras, se considerarán asimilados á los de 
Seminario é Instituto. 

„Art. 3.° Todo aquel que se halle en condiciones para solicitar 
una prebenda, las tiene para aspirar á otra de inferior categoría, 
aun cuando no esté expresamente comprendido en el artículo que se 
reñera al cargo para que se le nombre. 

„Dado en San Sebastián á 14 de Septiembre de 1893.— María Cris- 
tina.— El Ministro de Gracia y Justicia, Trinitario Ruis Capdepón„\ 



REVISTA CANÓNICA 225 



Títulos de cultos reprobados por la Santa Sede.— Varias veces 
hemosrecordado ya el mandato de Pío IX, de que los escritores ca- 
tólicos se abstengan de promover nuevos y extraños títulos de culto, 
dando al mismo tiempo noticia de los que la Santa Sede va reproban- 
do (1); hoy hacemos lo propio publicando el siyjuiente decreto del 
Santo Oficio en que se condenan estos cuatro: Corasen Penitente de 
Jesús^ Corazón de Jesús Penitente por nosotros, Jesús Penitente y 
Jesús Penitente por nosotros. El Decreto dice así: 

"Feria IV, 15 Julii 1893.— Erai. ac Rvmi. DD. PP. Inquisitores Ge- 
nerales decreverunt: S. R. U. Inquisitio jampridem, nempe decreto 
feriae IV, 13 Jan. 1875, generatim consuluit ne insueti cultus tituli 
promoverentur, speciatim vero de titulo Poenitentis D. N. J. C. tri- 
buto. Quum igitur adSupremae hujusCongregationis notitiam perve- 
nerit, quod Loigny adhuc pertinaciter manet quod voca it. — Opus 
S. Cordis Jesu Poenitentis,— atque ejus auctores fautoresque, licet 
pluries a Summo Pontífice damnati, non desistunt sacrilega audacia 
confingere atque in publicum edere visiones ac revelationes Cordis 
Jesu Poenitentis, S. R. U. 1., re mature perpensa, omnino prohibet et 
damnat títulos: Cor Jesu Poe litens.- Cor Jesu Poenitens pro nobis.— 
Prsecipit vero Ordinariis locorum,ubi Societates sub hujusmodi titu- 
Hssunt erectse, ut damnato titulo alium substituant in Ecclesia pro- 
t»atum, ñeque eas consistere patiantur, nisi omnia ad juris regulas 
exacta fuerint. — Postremo ómnibus in mentem revocat decretum fe- 
riae IV, 13 Jan. 1875 quod hic transcribitur.— Fer. IV, 13 Jan. 1875. 
Ssmus. D. N. Pius div. prov. Pp. IX in sólita audientia v. p. d. Adses- 
sori S. O. impertita... mandavit... monendos esse... scriptores, qui in- 
genia sua acuunt super... argumentis,-qu« novitatem sapiunt ac, 
sub pietatis specie, insuetos cultus titulos etiam per ephemerides 
promoveré student, ut ab eorum proposito desistant, ac perpendant 
periculum quod subest pertrahendi fideles in errorem etiam circa 
Fidei dogmata, et ansam praebendi Religionis osoribus ad detrahen- 
dum puiitati Fidei, doctrinae catholicae ac verte pietati,,. 



Fiestas primarias y secundarias. — Ya se ha publicado el catálogo 
de fiestas primarias y secundarias, que tenemos prometido á nues- 
tros lectores. El decreto general de la Sagrada Congregación de 
Ritos, en que se contiene, dice así: 

"DecretuíM genérale.— Juxta Decretum diei 2 Julii nuper elapsi, 
quum a me infrascripto Cardinali Sacrae Rituum Congregationi 
Preefecto, et Relatore in Ordinariis Comitiis, subsignata die ad Va- 
ticanum coadunatis, proposita fuerit approbanda Catalogus Festorum, 



(I) Véase la página 547 del volumen XXVII y la 58 del XXX. | 

15 



226 REVISTA CANÓNICA 



quse uti primaria vel secundaria retinenda sunt; Emi. et Rmi. Pa- 
tres Sacris tuendis Ritibus praepositi, audito voce et scripto R. P. D. 
Augustino Caprara S. Fidei Promotore, ita rescribere rati sunt: 
Affirmative, evecto ad ritum Duplicis Majoris, in kalendario uni- 
versali^festo Dedicationis Basilicce Ssiin. Salvatoris.si Sanctissimo 
placuerit. Catalogtis vero ita se hobeat: 

FESTA PRIMARIA. — In Calendario universali. 
§ I. Duplicia Primee Classis. 

Nativitas Domini.— Epiphania Domini.— Pascha Resurrectionis. — 
Ascensio Domini.— Pentecostés.— Festum CorporisChristi.-Assump- 
tio, et Immaculata Conceptio B. M. V. — Nativitas S. Joannis Baptis- 
tas. — Festum S. Joseph Sponsi B. M. V.— Festum Ss. Apostolorum 
Petri et Pauli.— Festum Omnium Sanctorum. — Dedicatio propriae 
Ecclesise. — Patronus, vel Titulus Ecclesiae.— Patronus Principalis 
Regionis, vel Dioecesis, aut loci. 

§ II. Duplicia SecundcB Classis. 

Circumcisio Domini.— Festum Ssmae. Trinitatis.— Purificatio B. 
Mariae V.— Annuntiatio B. Mariae V.— Visitatio B.Alarige V.— Nativi- 
tas B. MaricE V. — Dedicatio S. Michaelis Archangeli. — Natalitia Un- 
decim Apostolorum. — Festa Evangelistarum.— Festum S. Stephani 
Protomartyris.— Festum Ss.Innocentium Martyrum.— Festum S.Lau- 
rentii Martyris. — FestumS. Annse, MatrisB. M. V. — Festum S. Joa- 
chim, Patris B. M. V. 

§111. Duplicia Majora per annuni. 

Transfiguraiio Domini.— Dedicatio Basilicae Ssmi. Salvatoris. — 
Dedicatio S. Marice ad Nives.— Fesium Ss. Angelorum Custodum. 
— Dedicato Basilicarum Ss. Petri et Pauli Apostolorum. — Festum 
S. Barnabae.— Festum S. Benedicti Abb.— Festum S. Dominici C. — 
Festum S. Francisci C. — Festum Patronorum minus Principalium. 

§ IV. Alia Duplicia per annum. 
Dies Natalitia, vel quasi Natalitia uníuscujusque Sancti. 

Pro ALiQuiuus locis 

S. Gabrielis Archangeli.— S. Raphaelis Archangeli. — Dies Nata- 
litia, vel quasi Natalitiauniuscuiusque Sancti. — Commemoratio Sanc- 
torum, quorum Corpora vel Reliquiae in Ecclesiis Dioeceseos asser- 
vantur. 



REVISTA CANÓMCA 227 



i 



FESTA SECUNDARIA— .I\ Calendario umversali. 

§ I. Duplicia Primee Clasis. 

Sacratissimi Cordis Jesu. 

^ § II. Duplicia Secuncice Clasis. 

Festum Ssmi. Nominis Jesu.— Festum Inventionis S. Crucis.— Fe- 
tum Pretiosissimi Sanguinis D. N. J. C— Solemnitas Ssmi. Rosarii 
B. M. V. — Festum Patrocinii S. Joseph. 

§ 111. Duplicia Majora. 

Exaltatio S. Crucis.— Dúo festa Septem Dolorum B. M. V. — Com- 
memoratio B. M. V. de Monte Carmelo. — Festum Ssmi. Nominis 
B. M. V.— Festum de Mercede B. M. V.— Praesentatio B. M. V.— 
Apparitio S. Michaelis Archangeli.— DecoUatio S. Joannis Baptistge. 
— Cathedra S. Petri Ap., utraque.— Festum ejusdem ad Vincula.— 
Conversio, et Commemoratio San Pauli Ap. — Festum S. Joannis 
Ante Portam Latinam, 

Pro altquilxs locis 

Officia Mysteriorum et Instrumentorum Passionis D. N. J. C— 
Ssmi. Redemptoris. — Sanctae Familise Jesu, Mariae, Joseph.— Ssmi. 
Cordis Mariae.— Desponsationis, Maternitatis, Puritatis, Patrocinii 
B. M. V.— Translationis Alm^ Domus B. M. V.— Exspectationis Par- 
tus B. M. V. — B. M. V. Auxilium Christianorum. — Prodigiorum 
B. M. V.— Apparitionis B. M. V. Immaculat£e. — Commemoratio Om- 
nium Ss. Summorum Pontificum. 

ítem alia quaecumque festa sive Domini, sive B. M. V. sub aliquo 
peculiari titulo, sive sanctorum, prgeter eorumdem natalem diem, uti 
Inventionis Corporum, Translationis, Receptionis, Patrocinii, et his- 
ce similia. 

Die 22 Augusti 1893. 

Facta postmodum Sanctissimo Domino NostrO'Leoni Papte XIII, 
de his ómnibus relatione per me ipsum infrascriptum Cardinalem 
Praefectum, Sanctitas sua duplicem Catalogum, prouti superius 
exstat approbavit ac vulgari praecepit; elevato ad ritum duplicem 
majorem, una cum festo Dedicationis Basilicae Ssmi. Salvatoris, fes- 
to etiam Dedicationis Basilicarum Ss. Petri et Pauli Apostolorum. 
Die 27 iisdem mease et anno.— CAJETANUS CARD. ALOISI-MA- 
SELLAS. R. C. Prcs/ectus.—ViNCEKTivsNvssiS.R. C. Secretarius.^ 



228 KEVJSTA CANÓNICA 



Quiénes no necesitan la bula de carne y quiénes están dispensa- 
dos de la de lacticinios. — Acerca de este punto, de orden del Comi- 
sario general de la Santa Cruzada se ha dado la declaración siguiente : 

'•^Comisaría general de la Santa Cr usad a.— Tíxcmo. é limo. Sr.: El 
Emmo. y Rvdmo. Sr. Cardenal Comisario general de la Santa Cru- 
zada, enterado de la consulta de V. E. I. relativa á las personas ex- 
ceptuadas de tomar el Sumario de Indulto de 3.^ clase, me ordena 
conteste á V. E. I. lo que sigue: , 

„Declaramos que están exentos de contribuir con limosna los re- 
gulares del orden de San Francisco; los pobres de solemnidad; los 
impedidos que carecen de todo género de bienes é industrias, y los 
jornaleros del campo, y de todas las artes y oficios que se mantienen 
de su jornal diario, los que deberán rezar un Padre nuestro y una 
Ave María cada día de los que usaren de este Indulto; entendiéndose 
que no deben comprenderse en la clase de éstos los sirvientes á quie- 
nes sus amos den la comida, ó perciban todo su salario ó ración en es- 
pecie de dinero, los cuales deberán tomar el respectiv^o Sumario para 
aprovecharse de este Indulto; que todos los fieles sin distinción han de 
tener la Buia de la Santa Cruzada: que los Eclesiásticos seculares que 
no pasen de sesenta años necesitan también la de lacticinios corres- 
pondiente á su dignidad y renta, y que los Regulares no pueden usar 
de este Indulto, mezclando lacticinios con pescados, pero podrán ha- 
cerlo de lacticinios solos, ó mezclados éstos con carnes. 

„Todo lo cual de acuerdo perfectamente con la opinión de V. E. I. 
tengo el honor de poner en su conocimiento á los fines oportunos. 
Dios guarde á V. E. I. muchos años. Toledo, V2 de Agosto de 1893.— 
El Secretario Contador, Eduardo Moreno Caballero. —Excmo. é Ilus- 
trísimo Sr. Obispo Administrador Apostólico de Ciudad Rodrigo.,, 

Por nuestra cortedad, sin duda, no alcanzamos á comprender bien 
el sentido de la última cláusula de esta declaración, relativa á los 
Regulares, pero creemos que la mente del Emmo. Comisario no es, 
ni puede ser, contraria á la resolución de la Suprema Congregación 
del Santo Oficio de 7 de Marzo de 1891, publicada por el Cardenal 
Paya en el mismo mes y año (1), según la cual los Regulares que vi- 
ven dentro del claustro pueden "comer carne, huevos y lacticinios, y 
también tnesclar htievos y lacticinios con peces en la misma comida, 
aun en los ayunos de Cuaresma^, sin necesidad de la Bula de lacti- 
cinios. 



De cómo se ha de dar la comunión á las monjas. — El Sr. Obispo de 
Linz, en Austria, preguntó, entre otras cosas, á la Sagrada Congre- 



(i) Véase en La Ciudad de Dios, volumen XXVII, página 64. 



REVISTA CANÓNICA 229 



gación de Ritos, como saben nuestros lectores (1), si cuando las mon- 
jas tienen el coro detrás del altar debe el sacerdote colocar el copón 
en la ventanilla y decir allí vuelto á ellas el Misereatur^ etc., y Ecce 
agnus Dei, etc., ó debe hacer esto en el altar vuelto hacia el pueblo, 
y después bajar por medio del mismo altar para darles la comunión; 
y si se ha de hacer lo mismo, bien esté el coro detrás del altar, bien 
á un lado del presbiterio. A lo cual contestó la Sagrada Congrega- 
ción el 3 de Junio de 1892, diciendo: AJfirmative ad primarn partem ; 
Negative ad secundam; ad tertiatn, provisiim in pvhna. 

Ahora el Eminentísimo Malagola, Arzobispo de Fermo en Italia, 
después de observar que la comunión puede darse á las monjas 
dentro ó fuera de la Misa, á ellas solas, ó también al que ayuda, ó á 
otros fieles, y que hay también preces prescritas que deben decirse 
después de administrada la comunión cuando se da fuera de la Misa, 
pregunta si la contestación dada al Sr. Obispo de Linz es absoluta ó 
se debe entender con ciertas restricciones, lo cual da motivo á la Sa- 
grada Congregación de Ritos para declarar más su mente, como lo 
hace por decreto de 13 de Junio de 1893, cuya parte dispositiva dice 
así: "An disposítio Decreti Lincien. (ad XIV) intelligenda veniataft- 
solute, an tantum sub qnibusdain limitibusP — R. Negative ad pri- 
jnum, af/irmative ad alíerum, et ad tnentein. Mens autem est,ut De- 
cretum Lincien. ad Dub. XIV intelligi debeat de Communione mi- 
nistranda tantum extra celebrationem Missae a Sacerdote stola et 
superpelliceo induto, et solis Monialibus, quando chorus vel retro 
post altare situs est, vel ab altari nimis distet.— lis tantum in casibus, 
iisque rerum et locorum adjunctis, sive praecedentes, sive sequentes 
preces in Rituali Romano praescriptae, ritus reliqui ad fenestellam 
Monialium locum habeant; in alus vero quibuscumque casibus ser- 
vetur Rituale Romanum, et omnes praescripti ritus et orationes sem- 
per ab altari persolvantur. Atque ita servan mandavit die 13 Ju- 
nii 1893. „ 



Los quince sábados del Rosario.— En otra ocasión dijimos en qué 
consiste esta devoción, cómo se introdujo entre los fieles y qué in- 
dulgencias se ganan practicándola (2). Después se ha expuesto á 
nuestro Ssmo. Padre León XIII que muchos fieles, principalmente de 
la clase obrera, no pueden practicar este piadoso ejercicio los sába- 
dos por razón de sus ocupaciones, viéndose privados de las indulgen- 



(i) Es la pregunta XIV de las veinte hechas por dicho Sr. Obispo, las cuales con 
sus respuestas pueden consultarse en la página 542 y siguientes del volumen XXX de 
esta Revista. 

(2) Véase la pág. 384 del volumen XXIX. 



230 



REVISTA CANÓNICA 



cias á él concedidas, y se ha suplicado que siempre que por algún 
impedimento legítimo no pueda practicarse dicho ejercicio en sába- 
do, se ganen las mismas indulgencias practicándole en domingo, á lo 
cual ha accedido nuestro Ssmo. Padre, como consta en el siguiente 
decreto: 

"Ex decreto S. Congregationis Indulgentiis Sacrisque Reliquiis 
prsepositcC, edicto sub die 21 Septembris 18S9, Ssmus. Dnus. Noster 
Leo PP. XIII Indulgentiarum thesauro benigne ditavit singulare pi- 
tatis obsequium quod Christifideles tribuunt Beatas Marise Virgini 
sub titulo Ssmi. Rosarii quindecim sabbatis haud interruptis vel im- 
mediate ante festum ejusdem B. Mariae Virginis sub memorata in- 
vocatione, vel etiam quovis anni tempore. Verum experientia com- 
pertum est plerosque ínter fideles, ii potissimum qui ad classem ope- 
rariorum pertinent, feriatis diebus admodum difficile hujusmodi 
pium exercitium in honorem Deiparae Virginis praestare posse, proin- 
deque Indulgentiis eidem adnexis omnino privari. Quge Ssmo. Dno. 
Nostro preces admotse sunt, ut quoties Christifideles legitimo impe- 
dimento detineantur quominus praefatum pium exercitium die sabba- 
ti peragere valeant, eis daretur absque indulgentiarum jactura illud 
explere die dominica. Has porro preces relatas in audientia habita 
die 17 Septembris 1892 ab infrascripto secretario ejusdem Sacrae 
Congregationis Indulgentiis Sacrisque Reliquiis praepositge, idem 
Ssmus. peramanter excipiens, pro gratia annuere dignatus est; alus 
ceteroquin servatis conditionibus in supradicto Decreto jam prae 
scriptis pro indulgentiis assequendis eidem pió exercitio attributis. 
Prsesenti in perpetuttm valituro absque ulla brevis expeditione. 
Contrariis non obstantibus quibuscumque. 

Datum Romae ex secretaria ejusdem Sacrae Congregationis die 17 
Septembris 1892.— Fr. A. Card. Sepiacci, Pr(ef.—AhKX. Archiep. 
Nicop. \secretarms.„ 

j^R. ^USTASIO ^STEBAN, 
Agustiniano. 



^r^^^ 







CRÓNICA GENERAL 



RONIA 




ADA hemos de decir de la admirable "Encíclica sobre el santo 
Rosario de María,,, con cuya inserción honramos las colum- 
nas de nuestra Revista. Mediten nuestros lectores las pa- 
labras del Papa, fijándose particularmente en la manera cómo Su 
Santidad aplica los misterios del santo Rosario: los gozosos, como re 
medio al disgusto de una vida modesta y activa , que es uno de los 
males que aquejan á la sociedad actual; los d Uorosos^ al horror al 
sufriíiiiento, que cada día penetra más profundamente en los áni- 
mos, y los gloriosos, al olvido de los bienes eternos que esperautoSy 
especie de mal propio, más que otro alguno, de los hombres de nues- 
tra época. 

—Se ha promovido una cuestión entre el Cardenal Parochi, Vica- 
rio de Su Santidad, y el periódico Jl Diritto di Rotna. Este reclama 
una indemnización de 30.000 francos por los perjuicios que, según 
dice, ha sufrido con la publicación del edicto que prohibía su lectura, 
á pesar de ser católico, pero fundándose en que no atendía á las in- 
dicaciones de Su Santidad. La cuestión no puede ser más curiosa y 
tiene importancia por varios conceptos. Desde luego se observa que 
esa clase de prohibiciones no son vanas amenazas, sino que produ- 
cen su efecto, y 11 Diritto di Roma debe haber sentido el golpe 
cuando así se queja. Además dicho periódico no ha estado siempre 
muy firme en cuanto á defender los derechos de la Santa Sede, pues 
hace algún tiempo favorecía los planes de Fantuzzi, que no eran muy 
ortodoxos. Y en último término debemos observar que la cuestión, 



232 CRÓNICA GENERAL 



como relativa al uso de la potestad espiritual, no puede someterse 
en buenos principios de derecho, á ningún tribunal del orden civil. 

—Deseando el Sultán de Turquía dar una nueva prueba de su be- 
nevolencia en favor de las obras católicas, acaba de enviar á Monse- 
ñor Lázaro Mladenoff, Obispo titular de Satala, de la Congregación 
de la Misión, Vicario apostólico de Macedonia, un iradé (decreto), 
concediendo al clero católico los privilegios siguientes: l.°El Obispo 
formará parte del Consejo de provincia, donde se tratanlascuestiones 
civiles y religiosas; 2.° tendrá además el derecho de hacerse repre- 
sentar en todos los Consejos del distrito; 3." podrá pedir en sus viajes 
una escolta que le defienda en caso de necesidad; 4.^ estará autoriza- 
do para dar á los sacerdotes que se consagran á la enseñanza el títu- 
lo que necesiten , título que será reconocido por el Gobierno; 5.° ten- 
drá el derecho de administrar justicia (entre los católicos exclusiva- 
mente), y todas las sentencias que pronuncie relativamente á las 
cuestiones testamentarias ó matrimoniales tendrán fuerza de ley; lo 
mismo sucederá con sus arbitrajes; 6.'* ningún sacerdote católico ci- 
tado ante los tribunales civiles podrá ser condenado sin el consenti- 
miento del Prelado; y en caso de culpabilidad, sufrirá la pena en la 
residencia del Obispo; 7.° el Obispo tendrá el derecho de defender á 
los fieles en todas las materias civiles y criminales. 

¿Se podría pedir más á un Gobierne patriarcal y á una sociedad 
celosa de cumplir los mandamientos de Dios? 

—Ha sido denunciado por el Gobierno italiano el diario católico 
Le Monitetir de Rome, incautándose de toda la tirada, por un artícu- 
lo en que trataba del 20 de Septiembre, aniversario de la entrada de 
los piamonteses en la Ciudad Eterna por la Puerta Pía. 

Algunos periódicos sectarios han conmemorado de una manera 
muy particular dichc aniversario, publicando versos y artículos iró- 
nicos en elogio de la invasión de Roma. Uno de ellos dice: "El 20 de 
Septiembre de 1870 entraron por la Puerta Pía la civilización, la 
ciencia, la libertad... y el hambre. „ 



II 

I 

E^XTRANJKRO 

Alemania.— De algunos días á esta parte se habla con gran insis- 
tencia de una completa reconciliación entre el Emperador Guiller- 
mo 11 y el rrírcipe de Bismarck. Unos la atribuyen al deseo del Em- 
perador de congraciarse con las masas populares, entre las cuales 
tiene tantos y tan entusiastas adictos su antiguo ministro; otros á la 
inñuencia de altos personajes, que durante las últimas maniobras hu- 
:bieron de hacer á Guillermo 11 transparentes indicaciones en este 



CRÓNICA GENERAL 233 



I 



sentido, 5^ hasta se dice que el Emperador de Austria, que profesa 
grande 5^ antigua amistad á Bismarck, manifestó al monarca teutón 
idénticos deseos. 

Ninguno de estos motivos se excluyen unos á otros, y bien puede 
ser que todos ellos hayan inducido al joven soberano á tomar la 
iniciativa de la reconciliación, como se ve por los siguientes telegra- 
mas. "GuENS, 19 de Septiembre.— Al príncipe de Bismarck, enKissin- 
gen. Con gran sentimiento me entero de que V. A. acaba de pasar 
una enfermedad, que no ha dejado de ser grave Se me hace saber 
al mismo tiempo que, gracias á Dios, se ha producido un alivio, que 
continúa, por lo cual os manifiesto mi viva alegría. Por la situación 
climatérica, poco favorable, de Varzin y Friedrischruhe, y deseando 
que se complete vuestra curación, ruego á V A. que traslade su re- 
sidencia, durante los meses de invierno, á uno de mis castillos del 
centro de Alemania. Después de haber hablado con elGran Maestre 
de la Corte, haré conocerá V. A. el palacio más propio para dicho 
efecto. — Guillermo,,. 

Contestación del príncipe de Bismarck. "Kissingen, 19 de Septiem- 
bre.— A S. M. el Emperador de Alemania, en Guens: Doy gracias á 
V. M. con el más profundo respeto por la amable expresión de su 
simpatía con motivo de mi enfermedad y del alivio que he consegui- 
do. Agradezco igualmente la atención tan halagüeña que ha tenido 
V. M. de querer ayudar á mi restablecimiento, procurándome una 
residencia dotada de condiciones climatéricas favorables. En nada 
amengua mi gratitud, llena de respeto por tan amable ofrecimiento, 
la creencia de que mi curación, si está en la voluntad de Dios, será 
más fácil en los lugares que me son familiares y en medio de las per- 
sonas que habitualmente me rodean. 

Como mi afección es de índole nerviosa, creo, de acuerdo con mi 
médico, que un invierno consagrado tranquilamente ámis ocupacio- 
nes habituales, es lo que mejor convendrá para mi restablecimiento. 

Con mi edad avanzada y sufriendo alteraciones delsistema nervio- 
so, trasladarme á una comarca nueva, entre personas y cosas que me 
son extrañas, sería perjudicial. 

El profesor Schweninger se reserva manifestar á V. M. por el co- 
rreo esta convicción suya y miB.. — Bisjnarcky,. 

Los periódicos franceses quieren quitar importancia á estos indi- 
cios de reconciliación, insinuando que bajo las formas corteses de los 
dos despachos se descubre una gran frialdad. Ello podrá ser así, 
pero en el del Emperador no se puede menos de ver un gran deseo 
de reconciliación, en el mero hecho de haber iniciado las relaciones 
después de largo tiempo de interrumpidas. 

— Según las últimas noticias, el Volksverein (Liga católica alema- 
na) contaba 100.000 asociados al finar el año 1891; en igual época del 
año siguiente, 122.356, y actualmente 160.000. Ha celebrado más de 



234 CRÓNICA GENERAL 



1.200 reuniones en diferentes ciudades del imperio, extendiéndose 
maravillosamente por Westphalia y el reino de Wurtemberg'. Ha 
publicado contra el socialismo 1.200.0O0 folletos, y en un solo año se 
han vendido más de 300.000 ejemplares. En las conferencias sobre 
Ciencia social se han contado 600 oyentes, y en las recientes de 
Bamberg más de 800. En el imperio se nota un verdadero renaci- 
miento católico. 

Francia.— No disminuye un punto el entusiasmo de los franceses 
para agasajar á los marinos moscovitas. Diríase que en Francia han 
desaparecido por arte de encantamiento los partidos políticos para 
dedicarse todos con alma y vida á honrar á los rusos, cuya amistad 
les parece de un valor inapreciable en el absoluto aislamiento en 
que se encuentran. No detallamos los preparativos que se hacen, 
porque sería cosa de nunca acabar, y es preferible dejarlo para 
cuando se hayan verificado las entrevistas, los convites, saraos y 
fiestas de todo género que se organizan. 

— Va tomando algún cuerpo la creencia de que el Gobierno fran- 
cés, eliminada de la Cámara buena parte de los elementos ultrapro- 
teccionistas que antes se imponía, podrá más fácilmente concertar 
tratados de comercio. Buena falta hace á España que estas esperan- 
zas se vean realizadas; aunque no se ha de perder de vista que será 
punto menos que imposible, por algún tiempo á lo menos, que se fir- 
men tratados tan favorables como los que últimamente existían. Aun 
los más optimistas convienen en ello. 

— Ya se ha colocado en el santuario de Lourdes, al lado del de 
otras potencias, el amarillo pabellón de Rusia. Lleva al frente, bor- 
dado, el nombre de la ciudad de Pedro el Grande, la inscripción Ave 
María en lengua latina, y en ruso esta otra: Alegría de los afligidos. 
El Cardenal Bouwet ha bendecido el pabellón de Rusia antes de sus- 
penderlo de las bóvedas de la célebre basílica. "Saludemos, dijo, en 
este símbolo las primicias de la unión de dos Iglesias, que esperamos 
que constituyan pronto un solo rebaño, bajo la dirección del mismo 
Pastor.,, 

* 
* * 

América.— Sobre la crisis económica de los Estados Unidos, que 
tanto preocupa á la gente de negocios, ha hablado últimamente el 
Presidente Cleveland. 

Sus palabras dan mucha luz sobre este importante asunto y va- 
mos á copiarlas: "Deseo— dice Mr. Cleveland— un curso monetario 
estable, que no sirva de estímulo á la especulación. Me considero 



CRÓNICA GENERAL 23o 



responsable, respecto del obrero y del cultivador, de cualquier dis- 
minución en el valor del dollar. Deseo también que la estabilidad del 
curso de la moneda, demostrando nuestra prudencia y nuestra bue- 
na fe, fortalezca nuestro crédito en el mundo. Aspiro también á que 
nuestras leyes financieras sean más tranquilizadoras y animen á los 
que tienen dinero á colocarlo en nuevas empresas, pues no creo que 
se cure la desconfianza con calificarla de estúpida. 

Soy partidario de la plata, pero creo que no se le puede señalar 
su lugar legítimo en nuestra circulación monetaria, sino reformando 
nuestra legislación desde el punto de vista del crédito, y establecien- 
do un sistema financiero amplio y equitativo. 

Creo que no se puede emprender con utilidad esta empresa sino 
después de haber derogado la le}'^ que tantos males nos ha traído. De 
otro modo, dada la actual situación de las cosas, es imposible obte- 
ner mejoramiento alguno. 

Soy absolutamente opuesto á la acuñación libre é ilimitada de la 
plata por nuestro país, y como soj»- partidario de la derogación inme- 
diata y sin condiciones del artículo de la le}^ Sherman, que autoriza 
la compra de la plata, me asombra la oposición del Senado á una re- 
solución pronta y enérgica. 

Una resolución de este género produciría, en efecto, gran alivio á 
nuestro país, y es de temer, por el contrario, que la dilación ocasio- 
nada por el Senado agrave la situación, tan enojosa \'a. En este caso, 
el partido demócrata echaría sobre sí una responsabilidad bien pe- 
sada,,. 

Después de leer las anteriores declaraciones de Cleveland, se le 
ocurre á cualquiera la siguiente reflexión: ¿Qué se diría en una iMo- 
narquía constitucional, si el Rey censurase públicamente á una de 
las Cámaras, como lo hace el Presidente de la República de los Es- 
tados Unidos? 

— Creíase hace quince días que la insurrección brasileña tocaba 
á su termino; pero los hechos han venido á desvanecer tales esperan- 
zas. Si damos crédito á los despachos procedentes de Río-Janeiro, 
los insurrectos van de capa caída: en cambio las noticias que llegan, 
ya de Nueva York» ya de algunos Estados vecinos al Brasil, son en 
alto grado pesimistas, y colocan al Gobierno en situación apurada. 
Ello es que la escuadra revolucionaria no ha logrado aún apoderar- 
se de puntos importantes de la República, y que las Cámaras mis- 
mas, cuyos derechos se suponían desconocidos por el Presidente 
Peixoto, siguen fieles á éste. 

Los periódicos de estos últimos días han publicado algunos datos 
de la vida y milagros del jefe de los revolucionarios, que no dejan de 
tener interés de actualidad. Llámase Custodio de Mello, es Almiran- 
te de la armada brasileña y tiene cincuenta y cinco años. Hizo sus 
estudios en las escuelas navales de Inglaterra, Francia y Alemania. 



236 CRÓNICA GENERAL 



Entró en la Marina brasileña durante el reinado del Emperador don 
Pedro, y no tardó en distinguirse por sus conocimientos, principal- 
mente en el ramo de Artillería. Era ya comandante de un buque 
cuando surgió la guerra con el Paraguay, en la cual tomó parte. 

Estuvo á las órdenes del sabio Almirante francés Mouchez, Direc- 
tor de los Observatorios de Montsouris y de París, cuando éste fué 
á levantar los planos hidrográficos de las costas brasileñas. En estos 
trabajos el concurso de Custodio de Mello fué de mucha utilidad. 

Al estallar la revolución que destronó al Emperador D. Pedro, el 
Almirante Mello se hallaba completamente apartado de la política, 
en la cual ninguna participación había tomado hasta entonces. Hacía 
por aquella época un viaje alrededor del mundo á bordo del Almi- 
rante Barroso, de cuya oficialidad formaba parte un nieto del Empe- 
rador. La noticia del destronamiento de D. Pedro fué conocida por 
Custodio de Mello cuando se hallaba en Batavia. 

A su regreso, y ya proclamada la República, Mello fué elegido 
diputado por la provincia de Bahía, que ahora apoya el movimiento 
insurreccional. En el Congreso hizo viva oposición al General Fon- 
seca, á quien acusaba de tendencias anticonstitucionales, y fué el 
alma del golpe de Estado que derribó al primer Presidente de la Re- 
pública brasileña y elevó al poder al General Peixoto. 

Dado este antecedente, todo parecía indicar que Custodio de Mello 
vivía en buena harmonía con el nuevo Presidente, á cuya elevación á 
la Magistratura suprema había contribuido poderosamente. El Almi- 
rante Mello fué Ministro de Marina en el primer Gabinete de la presi- 
dencia de Peixoto, y luego Ministro interino de Negocios Extranje- 
ros. Las divergencias entre el General Peixoto y Mello se iniciaron 
con motivo de la sublevación de Río Grande do Sul. El primero era 
partidario de la represión armada; el segundo de medidas pacíficas 
de persuasión. El motivo, ó si se quiere pretexto, de la insurrección 
actual, ha sido el veto puesto por el Presidente á la ley que impedía 
al Vicepresidente de la República aspirar á la Presidencia cuando 
terminara el plazo señalado á sus funciones. 

— La insurrección de la República Argentina parece que ha ter- 
minado, no sin que el propio presidente, Sr. Pellegrini, haya tenido 
que ponerse al frente de las tropas leales para desbaratar á sus ene- 
migos. Según se desprende de los últimos despachos, la población no 
hacía causa común con los rebeldes, razón por la cual se han visto 
aislados, mientras las tropas leales hallaban todas las puertas 
abiertas. 

¡Quiera el Señor conceder á aquella República la paz y sosiego 
que tanto necesita para reponerse de la tremenda catástrofe econó- 
mica que tan tristes consecuencias ha tenido hasta en Europa! 



CRÓNICA GENERAL 237 



III 

KSPAÑA 

También por esta vez tenemos que formar esta parte de nuestra 
crónica de un largo catálogo de calamidades y desdichas con que el 
Señor ha querido visitarnos. El Gobierno, viéndose sin fondos espe- 
ciales para atender al remedio de los desastres producidos por el 
temporal en casi todas las provincias de España, acudió al Comisario 
regio, Sr. Marqués de Aguilar de Campóo, para que le faciliíase 
400.000 pesetas de los fondos que tenía en depósito para la recons- 
trucción de Consuegra y desviación de las ramblas de Almería. El 
Marqués se resistió; mas viendo que el Gobierno insistía, presentó la 
dimisión de su cargo. Cuando los almerienses tuvieron noticia de lo 
que se trataba, no solamente censuraron con dureza lo hecho por el 
Gobierno, sino que organizaron una manifestación al grito de ¡mue- 
ran los ladrones! ¡viva el Comisario regio! Y como en este linaje de 
populares desahogos es uso y costumbre, dieron en romper los faroles 
del alumbrado público y los cristales délas casas. Afortunadamente, 
la manifestación no tardó en cesar, y no tenemos noticia de que se 
haya repetido. Como el Gobierno ha dado seguridades de que dicha 
cantidad será reintegrada al nuevo Comisario regio, el exministro de 
Hacienda Sr. Eguilior, suponemos que esto habrá tranquilizado álos 
que temían se les arrebatara lo que constituye su esperanza. 

—Para solemnizar el santo de la Princesa de Asturias, el general 
Martínez Campos, Comandante general del cuerpo de ejército de 
Cataluña, pasaba revista el día 24 de Septiembre á las fuerzas de la 
guarnición de Barcelona. Terminóse el acto sin incidente alguno; 
mas al verificarse el desfile estallaron dos bombas Orsini debajo del 
caballo que montaba el General, hiriendo levemente á éste. Otros dos 
Generales, los Sres. Castellví y Clemente, salieron gravemente heri- 
dos; un guardia civil murió una hora después á consecuencia de las 
heridas recibidas, resultando además bastantes heridos, tanto mili- 
tares como paisanos. 

Como todo esto ocurrió á las doce del día, varios agentes de or- 
den público y un teniente de la Guardia civil vieron al autor del 
atentado arrojar las bombas: inmediatamente fué preso, y confesó su 
delito con una arrogancia y descoco imponderables. Llámase el cri- 
minal Paulino Pallas, natural de Cambriis, que, según ha confesado, 
hace tiempo que intentaba matar al general Martínez Campos. Pa- 
llas ha conservado por bastantes días una sangre fría que espanta, 
juzgado militarmente, ha sido condenado á muerte por un Consejo 
de guerra, y suponemos que para estas fechas habrá pagado el infe- 
liz con su vida el crimen cometido. 



238 CRÓNICA GENERAL 



Se ha supuesto que Pallas tiene cómplices, y hasta se sospecha 
que los anarquistas de varias naciones, de común acuerdo, han tra- 
tratado de cometer á la vez idénticos crímenes, viniendo en apoyo 
de esta sospecha la captura realizada días pasados por la policía de 
Viena de 12 anarquistas, carpinteros de oficio, que se proponían efec- 
tuar varias explosiones simultáneamente. Pallas ha repetido mil ve- 
ces que np tenía cómplices, y que perderán el tiempo las autorida- 
des si se entretienen en buscárselos. 

—El Sr. Sagasta, cuya poca suerte en la gestión de los negocios 
públicos, en el poco tiempo que lleva al frente del Gobierno, lo re- 
conocen hasta sus más fervientes admiradores, ha tenido la desgra- 
cia de dislocarse un pie, obligándole este accidente á permanecer 
por algunos días completamente inactivo y retirado de los negocios. 

Influirá, sin duda, la indisposición del Jefe del Gobierno, en la po- 
lítica, y ya se dice que debe retardarse indefinidamente la apertura 
de las Cortes, porque no puede presentarse el Gabinete en tiempo 
hábil para discutir el proyecto de Administración loca!, que era el 
único que urgía, á fin de preparar las elecciones municipales. De 
todos modos, aunque hace un mes era voz común que las Cámaras 
reanudarían sus tareas dentro del mes de Octubre, hoy se pone esto 
muy en duda. Iguales vacilaciones se notan en los políticos en orden 
á una crisis más ó menos amplin, cuya necesidad se deja sentir des- 
de hace mucho tiempo, pero cuya realización ofrece tantos ó más 
peligros que la continuación del actual Gabinete tal como está cons- 
tituido. 

—Acaba de celebrarse en Barcelona un Congreso Literario In- 
ternacional desde el día 23 al 30 del mes pasado. Los temas que se 
han tratado son los siguientes: 

A. Contratos editoriales.— .6. Registro de obras literarias y artís- 
ticas en "Station's hall,,, Londres.— C. Propiedad literaria en las Re- 
públicas Sud Americanas. — D. Duración del derecho de propiedad 
literaria y artística.— .£. Propiedad de dibujos arquitectónicos. — F. 
Registro de obras literarias y artísticas en el "bureau internationa- 
tionale,,, Berna.— G. Estudio de la Literatura Catalana. 

Dúdase mucho de que se obtengan resultados prácticos. 

—De una carta que desde Jerez dirigen á un periódico liberal, co- 
piamos lo que sigue, referente á la suerte que ha cabido á la Cartuja 
de aque la ciudad: "Allí ha habido tropas; los más preciosos relie- 
ves, las figuras del pórtico, todo está acribillado á tiros; la tumba 
del Fundador ha sido profanada, los frescos más hermosos son des- 
truidos con una brutalidad digna de Marruecos. Las tirantas de hie- 
rro que sostienen todas las primorosas arcadas del patio principal 
han desaparecido, y por 20 duros que eso puede valer, van á caer al 
suelo los magníficos arcos de aquel claustro, que es asombro de los 
que van allí á admirar el talento y la aplicación de aquellos santos 



CKÓNICA GENERAL 239 



varones á quienes echamos de sus templos sin utilidad ninguna, y 
cuyas prodigiosas producciones destruímos, porque no tenemos ni 
la capacidad de conservarlas. 

Las celdas aquellas tan típicas y tan bien entendidas, están ya 
por el suelo; los azulejos y los mármoles son saqueados por los indí- 
genas, y aun por los extranjeros, que quieren tener el orgullo de po- 
seer una piedra siquiera de aquel prodigio del arte. El patio menor 
es el que mejor se conserva, y en aquellas paredes se leen las más 
significativas y justísimas impresiones: 

De entre ellas copio la siguiente: "Oprobio eterno para los que, 
llamados partidarios de los adelantos y de las ideas modernas, sólo 
demuestran de este modo su ignorancia y su barbarie,,. 

— Otra vez han inferido los riffeñosgra\ ísima injuria á nuestra in- 
maculada bandera. Los soldados que custodiaban las obras del fuer- 
te en construcción, Sidi Guariach, se vieron atacados en la noche 
del domingo por numerosos grupos de moros. La heroica resistencia 
de nuestros soldados dio tiempo al general Margallo á organizar la 
tropa existente en Melilla y á salir al campo, donde tuvo que sostener 
con la feroz morisma una verdadera batalla. Las acertadas medidas 
tomadas por el general salvaron á los 40 soldados que custodiaban 
las obras del fuerte; verificado lo cual y en vista de que el número de 
moros crecía incesantemente, fué retirándose nuestra tropa en gran 
orden á Melilla, no sin sufrir sensibles bajas, á saber, 18 muertos y 
33 heridos. Las bajas de los moros han sido numerosas y según algu- 
nos que del campo enemigo se han refugiado en ^lelilla pasan de 160 
los muertos. Hasta ahora no han vuelto á molestar á nuestra plaza; 
pero sí vagan ásu alrededor numerosos grupos de moros armados. 

Esta nueva injuria exige pronta y completa reparación; y espera- 
mos que el Gobierno sabrá atender á los intereses de la patria, des- 
preciando ciertos infundados temores de rozamientos internaciona- 
les, pues nadie con justicia puede oponerse á la reparación de nues- 
tros derechos tan vilmente conculcados. Hora es ya de que hagamos 
comprender á esas salvajes kábilas que no se insulta á nuestra ban- 
dera impunemente. Esta es la voz unánime de toda España. 



240 



OBSERVACIONES METEOROLÓGICAS 



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Jansenismo y Regalismo en España ^^^ 



(datos para la historia) 



VIII 



Sr. D. Marcelino Menéndez y Pelayo: 




ISTINGUIDO Y RESPETABLE AMIGO MÍO! ConvienC HG 

perder de vista los pasos de Portocarrero en su 
secreta misión diplomática y cambio de frente 
ante el Papa, á quien es natural que, al llegar á Roma, no 
informaría con franqueza de lo ocurrido por acá, ora por- 
que su conducta no fué muy laudable en salir por los dere- 
chos de la Santa Sede, ora porque de seguro tendría aún 
abierta la llaga de su amor propio, que en vano pretendió 
restañar la astuta política del Confesor del Rey, comisio- 
nándole confiada y secretamente como representante de las 
regalías de la Corona; cosa que halagaba mucho la veleidad 
y patriotismo de Portocarrero, con el santo fin de llevar en 
Roma la voz cantante de España en cualquier asunto diplo- 
mático, y hacer ver que valía más que su contrincante 
D. Ildefonso Clemente. Pero conviene advertir que el Padre 
Rábago no le otorgó poderes plenipotenciarios, como tam- 



il) Véase la pág. 189. 
La Ciudad de Dios. — Aíio XIH. 



Súin. 22 



i6 



242 JANSENISMO Y REGALISMO EN ESPAÑA 

poco se los había concedido el Papa, aunque él daba á en- 
tender eso en sus conferencias con el Inquisidor; sino que 
tanto el Rey como Rábago siguieron manejando el negocio 
directamente con Roma, á fin de orillar los obstáculos res- 
pecto á las regalías. Porque ya lo de menos era la cuestión 
de Noris. Lo principal, lo de transcendencia se reducía á 
vindicar cada parte sus derechos, bien ó mal entendidos. 

Para mayor claridad en esta reseña histórica, y antes 
también de ver las relaciones que mediaron entre Benedic- 
to XIV y Fernando VI, debo exponer á la consideración 
de Ud. el resultado que dio en Roma la ingerencia de Por- 
tocarrero y su cambio de política, si es que tenía alguna 
este personaje, á quien cuanto más se le estudia menos se 
le entiende; porque unas veces aparece en sus cartas y en 
los documentos que tengo á la vista como hábil diplomáti- 
co, y otras débil é irresoluto y aun tonto de capirote. 

Trataré de mostrarlo, en esta sola carta; por más que su 
correspondencia con el confesor del Rey resulta curiosa é 
interesante en extremo. 

Y lo primero que ocurre preguntar es: ¿cómo el P. Rába- 
go, tan ducho y conocedor de la política cortesana, pudo 
caer en la tentación de confiar sus secretos más reservados 
en este litigio, á un hombre que, si bien español y de alta 
categoría, había sido al fin hechura del Papa para vindi- 
carle en sus derechos ante el Rey? ¿Cómo no temió de su 
veleidoso cambio, cualquier desliz que le comprometiese? 
Pero á veces Dios ciega á los hombres más perspicaces, no 
para que hagan su propia voluntad, sino la divina. Y la 
clave de esto nos la ofrece el atinado y circunspecto histo- 
riador jesuíta. Portocarrero, al venir á España, había ofre- 
cido al Pontífice vencer la resistencia de la Corte y del In- 
quisidor; pero si hizo zozobrar á éste, y llegó un momento á 
persuadirse que podía cantar victoria con la primera condi- 
ción del contrato, vio también que el P. Rábago, más rega- 
lista y menos temeroso de las amenazas de Benedicto XIV, 
supo buscarle las vueltas y deshacer el concierto, desauto- 
rizando á Pérez de Prado y burlando las esperanzas de Por- 
tocarrero: herida que éste nunca olvidó. Pero tampoco 



JANSENISMO Y REGALISMO EN ESPAÑA 243 

convenía á la diplomacia del Rey manifestar desconfianza 
del Cardenal, no fuese que al volver á Roma empeorase el 
asunto. Y por esta causa se le dio esta honrosa comisión y 
esperanza de retenerle en Roma por Ministro, aunque ha- 
bía muchos otros deseosos de suplantarle en tan elevado 
puesto. 

Al principio representó bien su papel. Vea Ud. cómo se 
expresaba en sus cartas al P. Rábago (1): "El jueves fui á 
„la audiencia del Papa; me recibió Su Santidad con la be- 
„nignidad que acostumbra conmigo. Hice mi cumplido de 
„parte de los Amos, y respondió con estimación y paternal 
^ternura: dije también los respetos de Usía y los recibió con 
^aprecio. Entró luego en materia de Noris, con fuego, pero 
„con prudencia; díjele que había practicado cuanta diligen- 
„cia pude y supe, y no me detuve en referirle circunstan- 
„cias, sólo dije que había entendido que el Rey había escri- 
„to á Su Santidad sobre este asunto, pero que yo ignoraba 
„el contenido de la carta; me dijo que la había recibido por 
„mano de Clemente, y que suspendíala respuesta hasta po- 
„der hablar conmigo. Me hizo ver la carta, y pareciéndome 
„que era importante tomar tiempo, le pedí que me la diese 
„para considerarla y que en otra audiencia manifestaría á 
,,Su Santidad mi corto dictamen, ya que quería oirle. Con- 
„vino en ello; yo procuraré que aquí no se haga nada^ con 
.^la ínisiua eficacia que solicité que ahi se hiciese algo^ 
„creyendo que así cumplo con mi obligación en ambas par- 
,,tes. Dios me dé aquí mayor fortuna de la que tuve ahí en 
^^este asunto solo. Procuraré retardar la audiencia para 
,,servirme de los medios que pueden aj^udarme á templar el 
„fuego de un empeño que se ha tomado con fervor, y que 
,,se cree justo. De lo que fuere ocurriendo avisaré puntual- 
„mente.„ 

Menudeó la correspondencia, y casi siempre en los mis- 
mos términos y decidido afán de retardar la contestación 
del Papa al Rey. El 3 de Septiembre le decía: "El Papa está 
„fuertísimo en el asunto, pero no me ha dicho cosa que toque 



(1) Frascati 20 de Agosto de 1749. 



244 JANSENISMO Y REGALISMO EX ESPAÑA 



„á Usía; ó porque no cree sea el único embarazo, ó porque 
fllo ha disimulado conmigo, no ignorando tni amistad y mi 
^obligación con Usia\ y así ni Su Santidad ni yo hemos 
^nombrado á Usía cuando se ha tratado de esta materia. 
„Han querido que se tradujese la carta del Re}^ en italiano 
„para mejor inteligencia del Papa, y se me dio esta comi- 
„sión; la ejecuté templando lo posible, sin apartarme del 
«sentido, alguna cosilla que me pareció necesitaba de tem» 
«planza. Hasta aquí todo iba bien; pero se quiso también que 
„yo dijese mi sentir, y para cumplir con mis diversas, si no 
«contrarias, obligaciones, ponderé lo respetuoso de la carta 
«del Rey, el filial obsequio que S. M. muestra y tiene á Su 
«vSantidad, á lo que me parecía se debía responder con no 
«tomar resolución alguna en el asunto, suspendiéndola en 
«obsequio de S. M.; y que esto lo extendiese el Papa en una 
«carta con la energía que sabe hacerlo.,, 

Tilles medios de ocultar á Benedicto XIV la interven- 
ción directa del P. Rábago, quien no quería salir á relucir 
para nada en el asunto, tenía naturalmente que satisfacer á 
éste, 3^ más sabiendo que Portocarrero no ignoraba que aun 
las mismas cartas del Rey al Papa eran escritas por el 
Confesor. Y así, fué éste aficionándose al Cardenal, y llegó 
á creer que era un hábil político y conseguiría con tan 
suave modo lo que de otra manera sería imposible alcanzar 
de la entereza del Papa. Portocarrero fomentaba también 
la amistad con el Confesor, obteniéndole empleos para sus 
recomendados y parientes; á que Rábago correspondía con 
buenas frases y dinero, que era lo que el Cardenal más ne- 
cesitaba para los banquetes casi diarios que daba en Roma, 
como Ministro de la Corona de España. 

Pero Benedicto XIV, que, si bien no tenía grandes do- 
tes de diplomático, era al fin uno de los hombres más sabios 
de su época, y como tal, franco y noble, no podía menos de 
comprender la mano oculta que agitaba todo aquel litigio; 
y claramente dijo á Portocarrero en otra audiencia: 

— Esto, señor Cardenal, no es más que im empeño de 
escuela sostenido por el Confesor. 

En vano trató Portocarrero de quitar al Papa tales sos- 



JANSE.VISMO Y REGALISMO EN ESPAÑA 245 

pechas, diciendo que el P. Rábágo "por su virtud, su doctri- 
„na y su respeto á la Santa Sede y á la persona de Su San- 
„tidad, no era capaz de contribuir á lo que no fuese más 
„recto y más justo„. 

—¡Lo cvediamo! contestó el Papa sin proseguir adelan- 
te, dejando sin duda perplejo al Cardenal, viendo que por 
esta vez había dado Su Santidad en el clavo. 

Con cierta fruición narraba Portocarrero todas estas 
cosas y otras más importantes al P. Rábago, haciendo in- 
capié en sus negociaciones y en lo difícil que era salir airo- 
so de ellas, si el Confesor no buscaba en su política medios 
más oportunos. ¡Y vaya si los buscó! El 30 de Septiembre, 
conociendo que el asunto empeoraba, y aferrado en no ad- 
mitir términos de conciliación á que tan inclinado fué 
siempre el Cardenal, remitió á éste una carta cuyo contexto 
sólo puede adivinarse por esta respuesta de Portocarre- 
ro (1): "Respondo á la de Vsia del 30 del pasado, aprecián- 
„dola muy como debo, y pudiendo decir que la he leído y 
^releído con mucho gusto, hallando en ella mucho que 
^aprender ; pero me estoy en mis trece de creer necesario 
„algún medio término que nos saque de los riesgos que por 
„allá y por acá amenazan. Esto lo conoce Vsia mejor que 
^yo, y así es menester que emplee su gran capacidad y 
„doctrina en encontrarle, que para esto y para otras mu- 
„chas cosas igualmente importantes, creo yo que le sacó 
„Dios de su amada tranquilidad, y le puso en paraje de fa- 
„cilitarla para todos á costa de vencerse á sí mismo, y de 
-ntolerar, prevenir y remediarlos inconvenientes que produ- 
„ce la debilidad humana en todo el mundo. La apuntación 
„que venía inclusa, es admirable para lo que en ella se 
y,quiere aprobar; y es un almacén muy útil para mi, por- 
^que me iré valiendo de las diversas rasones y autorida- 
j,des que incluye, con tiento, con flema y con oportunidad.^ 

Seguramente que Ud., Sr. Menéndez Pelayo, como pai- 
sano del ilustre P. Rábago y amante de todo lo desconocido, 
tendrá deseo de ver esa apimtación ó ese almacén á que alu- 



(i; Frascati, 23 de Octubre 1749. 



246 JANSENISMO Y REGALISMO EN ESPAÑA 

de Portocarrero, y que sin duda alguna es un documento 
curioso y íwty útil para ver el retrato interior de una per- 
sona que, como la del P. Rábago,por el puesto elevadísimo 
que ocupó en su época y por la influencia que llegó á ejer- 
cer durante el reinado de Fernando VI, es digna y acree- 
dora á que se le estudie y conozca en toda su grandeza. 

Pero antes permítame Ud. que, para mayor claridad, ex- 
ponga en breves palabras lo ocurrido durante ese intervalo 
entre el Papa y el Rey, sin perjuicio de explanar más detalla- 
damente el mismo punto en otra ocasión. La carta de Fer- 
nando VI que el Cardenal tradujo al italiano , reducíase á 
suplicar al Papa que no insistiese en el asunto, puesto que 
además de ser deshonroso tal empeño para Su Santidad, para 
la Iglesia y para estos reinos católicos, la Inquisición de Es- 
paña nunca había estado sujeta á la de Roma en la prohibi- 
ción de libros y en conservar otras muchas regalías. Res- 
puesta de Benedicto XIV: que él no comenzó esta guerra, 
sino el Inquisidor de España, colocando áNoris en el Expur- 
gatorio sin conocer su mérito y las defensas que hizo de su 
ortodoxia; que era irreverente y nunca visto poner en el 
Expurgatorio hispano una obra que, examinada tres veces 
en Roma, en todas salió bien; y en fin, que la cuestión no 
era entre el .Santo Oficio de España y el de Roma^ sino entre 
el Papa 3'' el Inquisidor General, quien no tiene más poder 
que el que le otorgue y conceda el Pontífice Romano. Mas, 
ni por esas. El Rey insistió de nuevo, dando lecciones al Papa 
para que mirase mejor por la religión y la pureza del dog- 
ma que, según él, corría mucho riesgo; y termina diciendo 
á Benedicto XIV: "por lo que toca á las gravísimas rasones 
„de la discretísima Carta de V. Santidad, encargo al Car- 
„denal Portocarrero que procure satisfacerlas en la mejor 
^forma que pudiere. „ 

¡Bueno estaba el Cardenal para meterse en disputas ca- 
nónicas con el sabio Benedicto XIV! En cambio, aquí te- 
níamos al P. Rábago que en punto á un mal entendido celo 
religioso y á mirar por los derechos de la Corona, que eran 
en aquel caso los de la Compañía, daba ciento y raya á todos 
los jansenistas y regalistas de su tiempo. Y vea Ud. ya, 



JANSENISMO Y REGALISMO EN ESPA.\'A 247 



amigo mío, cómo el Confesor armó caballero andante de su 
tergiversada política á Portocarrero para luchar con el 
Pontífice. 

Puntos que, cuando sea preciso, y no antes, se deben repre- 
sentar á Su Santidad para que desista del empeño de Noris. 
—Avisos del P. Rábago al Cardenal Portocarrero (1). 

"Su Santidad en la respuesta que da al Rey (D. 1. g.), le 
„propone algunas razones para insistir en su empeño, á las 
„cuales es preciso que V. E. procure dar satisfacción, por- 
„que el Rey no ha juzgado conveniente el hacerlo en su 
„carta contentándose con remitirse á lo que V. E. le po- 
ndrá responder en su nombre: 1.° Que este empeño es poco 
„decoroso á Su Santidad, porque de él infieren así los jan- 
„senistas, como los católicos de Francia que Su Santidad 
„es/m/íor de los jansenistas; que éstos han triunfado con 
„la carta que Su Santidad escribió al Inquisidor general, en 
„que alaba tanto la doctrina de Noris, infiriendo de esto 
„que Su Santidad ha reconocido como nula é injusta la 
„Bula Unigenitiis- Que con las cartas de Su Santidad y su 
^empeño por justificar á Noris, deja á la posteridad un 
y^nitevo argiunento contra la infalibilidad de los Papas; 
„porque son pocos los que hacen diferencia entre el Papa 
„cuando habla como Maestro de la Iglesia, desde la cátedra 
„del Espíritu Santo y cuando habla como Doctor y persona 
«particular. Que Liberio y Honorio, Papas, por sospechas 
y^no más grandes, fueron anatematizados en algiin Si- 
y^nodo: y seria indecoroso al nombre de Su Santidad que 
^algún dia le sucediese lo mismo... Que España ha igno- 
„rado con mucha dicha suj'^a las controversias de Jansenio 
„y Quesnel, y que no quiere aventurar su religión por me- 
„dio de Noris, que suscita más controversias; é importa más 
„el crédito y reputación de la Inquisición de España que el 



(1) Debo advertir que son dos papeles separados: el uno viene á 
á ser una minuta de otro mas extenso. Como en los Apéndices se 
publicarán íntegros, ahora sólo daré á conocer lo más principal de 
ambos. . 



248 [ANSENISMO Y REGALISMO EN ESPAÑA 

„de Noris; que esta Inquisición no debía saber si en Roma 
„había sido Noris absuelto; pero aunque lo hubiera sabido^ 
f,no debió detenerse para prohibirle^ pues aunque en Roma 
„se celebró tanto el libro de Molinos, no dudó la Inquisi- 
„cion de España en prohibirle; y la experiencia enseñó 
^que había acertado mejor la Inquisición de España que 
„la de Roma (1). Que esta Inquisición es anterior á la Ro- 
„mana á independiente de ella, 3^ ni el Rey puede permitir 
„que pierda esta regalía; que negar el Papa al Inquisidor la 
„facultad de examinar á Noris, después de examinado en 
„Roma, es agravio notorio contra la regalía de esta In- 
„quisición, que ha obrado siempre con independencia de ese 
„respeto, de que no sólo hay el exemplar referido de Moli- 
„nos, sino otros muchos antes y después. „ 

Aquí se entretiene el P. Rábago en un indigesto fárrago 
de erudición regalista, con el mismo acierto y descaro que 
en la cita de Miguel de Molinos, y concluye: 

"Que la Inquisición de España es la más pronta á creer 
^y obedecer {\\) c\x3.nto e\ Papa, después de los exámenes 
„acostumbrados, propusiese desde la cátedra del Espíritu 
„Santo á toda la Iglesia; pero que en lo tocante á la discipli- 
^na y gubernativo (sic), ella no debe perder, ni el Rey con- 
„sentir que pierda sus privilegios y regalías. Que el Inquisi- 
„dor general, amedrentado de las amenazas del Papa, se in- 
„clinó á complacerle, mal instruido de las regalías de su 
^ministerio. Que el Rey no puede consentirlo, y que su Ma- 
„jestad por reverencia al Papa^ no mandó al Inquisidor 
^que entregase las cartas de Su Santidad, como se ha 



(1) De intento no he querido poner notas á todas y á cada una de 
las garrafales inexactitudes de este documento; pero esto ya es de- 
masiado. Por lo visto ignoraba el P. Rábago el proceso de la Inqui- 
sición Romana contra Molinos, y la Bula Coelestis Pastor de Inocen- 
cio XI, condenando las proposiciones heréticas de la Guía Espiri- 
tual, que había aprobado, entre otros, el jesuíta P. Martín Esparza. 
É ignoro también de dónde sacaría el P. Rábago la estupenda noticia 
de que la Inquisición Española condenó á Molinos el año 1686, y que 
de esto se quejó la Inquisición de Roma. En los índices españoles 
sólo consta que la Guía se imprimió en Zaragoza, 1677; que la Inqui- 
sición la condenó en un Edicto de 1745 y la puso en el Expurgatorio 
de 1747, casi un siglo después de haberla prohibido el Papa. 



JANSENISMO Y REGALISMO EX ESPAÑA 249 

^hecho en otras ocasiones.— E\ juicio de estas especies se 
„remite al juicio del Ministro, según fueren las circuns- 
„tancias.„ 

Y 5^0 tambie'n, Sr. Menéndez Pelayo, remito al juicio im- 
parcial y al clarísimo talento de Ud. las consideraciones que 
de ahí se desprenden. Porque dirigiéndome á una persona 
de la cultura y penetración intelectuales que á Ud. caracte- 
rizan, inoportuno parece todo comentario. No obstante; 
como estas cartas pueden caer en manos de algunos que no 
estén dotados de la perspicacia que Dios á Ud. le ha conce- 
dido, creo que no sobrará una miaja de crítica, siquiera para 
que algunos no sean sorprendidos del espíritu no muy sano 
que informa el transcrito documento y otros de la misma 
procedencia. 

Bien sabía el P. Rábago que los Papas no acostumbran 
á definir ex cathedra la pureza y ortodoxia de ningún escri- 
tor, aunque este fuese tan erudito y benemérito de la Iglesia 
como el Cardenal Noris; de la misma manera que jamás han 
decretado ex cathedra^ que son condenables las teorías jan- 
senistas y regalistas de cualquier individuo, aunque este 
fuese tan conspicuo y poco escrupuloso como el P. Rábago. 
Pero se valió de esas salvedades para cubrir su rebeldía á 
los decretos pontificios. Cierto que, como él mismo dice en el 
documento citado, "no se trata aquí del Papa cuando habla 
„^x cathedra como Maestro de toda la Iglesia, pues en ese 
„caso, ni hay ni puede haber cuestión sobre la pronta su- 
Jección de la Inquisición de España á todo lo que los Papas 
Juzgasen conveniente definir; no obstante que no todas las 
^naciones católicas lo hagan así, ni reconozcan en el Papa 
„esa infahbilidad. Pero España no sólo no se la disputa, 
„sino que se la defiende con el mayor empeño.„ 

¿Pero había de estar el Pontífice hablando y definiendo 
ex cathedra en todas las cuestiones que necesariamente tie- 
nen que surgir en la disciplina de la Iglesia? ¿Qué concepto 
tenía el padre Rábago de la infalibilidad? ¿No era una estra- 
tagema y añagaza muy sutil el reconocer autoridad en el 
Papa, como Maestro de la Iglesia, y negársela cuando decía 
que tales ó cuales doctrinas eran ortodoxas? Y si el Papa no 



250 JANSENISMO Y REGALISMO EN ESPAÑA 

tenía competencia y superioridad en esto, ¿habíamos de acu- 
dir y acostarnos á la opinión particular de un P. Rábago, ó 
de un Inquisidor medio memo y zafio? ¡Cara vendía su sumi- 
sión, harto restringida, á ios Papas el piadoso jesuíta! Y va- 
liera más que opinara con franqueza y se fuese derecho al 
fondo, antes que descplgarsecon esos subterfugios indignos 
de un mediano teólogo. 

Más claro descubrió su pensamiento en estas otras frases 
enderezadas á adoctrinar al Cardenal: "Resta la dificultad 
„de que habiéndose el Papa declarado tanto en este empeño, 
„no es razón que quede desairado... Pero no hay desaire al- 
aguno en que el Papa desista de una providencia , cuando 
„hay graves motivos para mudarla. Todo gobierno humano 
„está expuesto á estas variedades, porque no teniendo pre- 
„sentes todas las resultas é inconvenientes , es necesario 
„mudar muchas veces aquello mismo que antes se había 
„creido muy acertado, y sería grande injusticia el atropellar 
„aquellos inconvenientes, antes no previstos , por no ceder 
„de la resolución tomada. Sólo Dios es quien todo lo prevee, 
„los hombres son muy falibles en sus ideas y providencias; 
„y no es desaire sino mucha cordura, reconocerlo así desis- 
„tiendo de lo que no conviene proseguir. „ 

Si esto no era quitar de un plumazo todo carácter divino 
á los Papas, comparando su gobierno con el de los demás 
hombres... no alcanzo lo que significa. 

Si como Ud., Sr. Menéndez Pelayo, acertadamente dice, 
se distinguieron los jansenistas ^en el odio mal disimulado 
ala soberanía pontificia, en las eternas declamaciones con- 
tra los abusos de la Otria Romana, en las sofísticas distin- 
ciones y rodeos de que se valían para eludir las condena- 
ciones y decretos apostólicos,,... yo no hallo medio de eli- 
minar de ese grupo á su paisano de Ud., el P. Rábago, y á 
cuantos bullían á su alrededor con el mismo santo fin. Por- 
que en ese documento sobrenada la tendencia heterodoxa 
de supremacía al Papa, aunque de otro modo se la reconoz- 
ca; la imperdonable injuria á la memoria de Benedicto XIV 
en creerle fautor y fomentador del jansenismo, soltando al 
aire la especie de que la posteridad tendría en la conducta 



JANSENISMO Y REGALISMO EX ESPAÑA 251 

de Pontífice tan sabio ¡un nuevo argumento contraía infali- 
bilidad de los Papas, y que por sospechas no más grandes 
fueron condenados Liberio y Honorio!... 

No sé que fuesen más lejos en sus teorías los jansenistas 
de Port-Royal. Si elConfesor del Rey, constituido en tan alta 
dignidad, y obligado á dar ejemplo de obediencia á los decre- 
tos apostólicos, opinaba de esa suerte, ¿qué extraño que la 
gente cortesana y los Ministros de la Corona se pusiesen de 
puntillas y trataran de hombrearse con el Jefe de la Iglesia, 
al menor roce que con él hubiera? Seguramente, no previo 
el P. Rábago las funestas consecuencias de su jansenismo 
y regalismo; ni tal vez el inmediato efecto de su carta al 
Cardenal Portocarrero; carta ó documento que le atrajo 
los mayores disgustos en vida, y dejó á la posteridad el 
medio más elocuente de conocer las tendencias y teorías de 
su autor. Éste creía haber dado con ella el último golpe de 
gracia á Su Santidad, para que desistiese de su empeño, y 
quedaran á salvo las regalías inquisitoriales; pero como no 
jugaba limpio, Dios se sirvió de la veleidad de Portocarre- 
ro para poner en evidencia al P. Rábago ante el Papa y la 
corte pontificia, de la manera siguiente. 

Encargaba el P. Rábago al Cardenal, que no hiciera uso 
de ese papel reservadísimo, sino en el caso extremo de que 
Benedicto XIV persistiese en sus vivezas y amenazas, y és- 
tas pasaran á obras, tan de temer en el carácter del Papa; 
y aun así (como dice el historiador jesuíta), que fuese ex- 
poniendo las razones con sagacidad y maestría, "como el 
„buen Gobernador de una plaza que va defendiendo una á 
„una las fortificaciones, retirándose ala segunda cuando no 
„valiese la primera, hasta que perdidas todas, juzgase con- 
„veniente una honesta capitulación,,. Pero Portocarrero 
que había prometido, en la carta que ya vimos, al P. Rába- 
go, valerse con flema y oportunidad de los avisos secretos 
cuando el Papa le hablase del asunto, no lo hizo así; antes 
bien, rindió las armas en la primera audiencia, entregando 
á Benedicto XIV el papel reservadísimo del Confesor. 

¡Calcule Ud., amigo mío, el asombro del sabio Pontífice 
al tener en sus manos y considerar tal comunicado! Si antes 



252 JANSENISMO Y REGALISMO EN ESPAÑA 

pensaba que todo aquel litigio, que traía al retortero las 
Cortes de España y Roma, no era más que sistema de Es- 
cuela, sostenido por el Confesor, seguramente que ahora se 
confirmaría en tan fundada creencia ante el cuerpo del de- 
lito, viendo, además, que el jansenismo del P. Rábago era 
más verdadero que el imaginado en las obras de Noris. 

Y no menos admiración causó entre los Ministros de Fer- 
nando VI la noticia de que el Cardenal se había entregado 
con armas y bagajes al Papa, dándole á leer los avisos del 
Confesor Real, abusando de la confidencia, y excediéndose 
en sus atribuciones. El historiador jesuíta trata de probar 
que golpe tan inesperado, fué una venganza de Portocarrero 
contra el P. Rábago, por haberle dejado éste en mal lugar 
cuando las Conferencias diplomáticas con el Inquisidor. Si 
así fué, bien puede aplicarse al P. Rábago aquello de inci- 
dit in laqiiemn qiiem fecit. 

Pero yo no puedo persuadirme de que llegue á tanto la 
malicia humana. Ni juzgo imparcial que el citado historia- 
dor, que no titubeó en llamar criminales á los agustinos por 
haber hecho pública la primera carta de Benedicto XIV, 
trate ahora de echar toda la responsabilidad á Portocarre- 
ro; pues debiera haber entendido que la conducta de éste, 
en el funesto desenlace del asunto, no era más que la prime- 
ra consecuencia de la tortuosa y maquiavélica política que 
el P. Rábago y sus amigos habían adoptado con la Santa 
Sede y los agustinos. 

Para afirmar que Portocarrero no se dejó arrastrar de 
espíritu alguno de venganza, me fundo precisamente en 
su correspondencia con el P. Rábago, íntima y confidencial. 
Bien es cierto, que, á juzgar por la misma, Portocarrero 
quería estar bien con todos, con el Papa y con los Ministros 
de Fernando VI, y que sentía mucho molestar en lo más 
mínimo al P. Rábago; sin duda por lo que de él esperaba. 
Esto le hacía deshacerse en elogios hacia el Confesor, y en 
protestas de su amor ferviente á la Compañía de Jesús, op- 
portime et importune. ''''No quisiera (decía) que ningún je- 
^suita me ganase en amor á la Compañía'^ y así lo procuro 
^acreditar sin miedo en aquello poco que puedo; y lo pro- 



JANSENISMO Y REGALISMO EN ESl'AÑA 253 

^seguiré mientras viva (1).„ Y sabedor de que el P.Rábago 
miraba de reojo al Papa por su energía y tesón en salir por 
los fueros de la justicia, procuraba el Cardenal atizar el 
fuego en frases como éstas: "El que se tome algún tiempo 
„en la respuesta sobre Noris, lo creo conveniente; y espero 
„que la que venga sea suficiente á concluir un negocio que, 
„por la situación en que nos hallamos, es peligroso por el 
„genio del Papa, á quien yo quisiera no encontrar defecto 
„alguno, pero no lo puedo conseguir. Y así, mi debida vene- 
„ración á la Santa Sede, y mi obligación particular á Vsía, 
„me precisan á procurar que todos nos empeñemos á impe- 
„dir el mal que el Papa puede hacerse á sí mismo, y el daño 
„que puede resultar á la Iglesia y á los particulares que la 
„componen y que la sirven bien„ (2). 

Como afortunadamente la Historia Eclesiástica ha dado 
ya su competente fallo sobre la acrisolada vida de Bene- 
dicto XIV, poco pueden dañarle estos reparos jansenísticos 
de Portocarrero, escritos tal vez para consuelo del P. Rá- 
bago y los suyos. 

"El papel de razones en respuesta al Papa (continúa) 
„tiene muchísimas cosas buenas; y de todas ellas me valdré 
„antes de usar el último remedio que se me previene; el 
„cual, á mi corto entender, no puede ser mejor. El mal es que 
„estamos en tiempo en que estamos, en que temo que sería 
„muy necesario atar algo más que la mano d quien debemos 
y^besar el pie; y esto lo digo con la repugnancia que Vsia 
„puede creer, siendo tan sensible á mi obligación y á mi res- 
„peto; pero cuando hablo con Vsia ni debo ni puedo ocul- 
y^tar lo que siento. ^^ 

Pues con la misma ingenuidad y franqueza se expresa 
al dar noticia al P. Rábago de la comprometida audiencia 
que tuvo con Benedicto XIV, y en que descubrió por com- 
pleto la fisonomía moral del Confesor, cuando éste menos 
lo esperaba, entregando á aquél el misterioso documento, 
traducido y todo al italiano para que el Papa lo entendiese 



(1) Carta del 23 de Octubre de 1749. 

(2) Carta del 6 de Noviembre de 1749. 



254 JANSENISMO Á REGALISMO EX ESPAÑA 



mejor. Y esto no obstante, aún creía el Cardenal haber 
hecho una obra buena y agradable al P. Rábago, y que se- 
ría el fin del litigio. "Creo que estamos fuera del peligroso 
„y delicado negocio de las obras de Noris; porque ayer 
„en la audiencia que tuve, que duró más de una hora, pré- 
nsente al Papa la carta del Rey, que le expliqué, porque no 
„entiende bien el español. No se mostró contento de su con- 
„tenido; y yo, con toda la dulzura posible, empecé á repre- 
„sentar todas las rasones que de ahí me vinieron sugeri- 
y^das, sin dejar ni tina en el tintero; y para asegurarme 
^de esta puntualidad^ traduje la escritura en italiano y se 
„/« di al Papa^ diciéndole que aquella era hecha sólo para 
^ini instrucción, y no para presentarla d Su Santidad; 
„pero que yo, sin la formalidad de Ministro, y con la con- 
„fianza de criatura suya, se la mostraba para que la con- 
^siderase. Mi tal cual modo de explicarme bastó para 
„que no entrase en furia; pero nada pudo bastar para que 
„dejase de mostrar su disgusto y su intención de explicarle; 
„lo que no me causó novedad, porque conozco la persona y 
„el genio. Parecióme en este caso usar de la facultad que 
„se me dio; y así ofrecí el medio término que Carvajal me 
„previene, con las mismas palabras que incluye su carta (1).„ 
¿Cómo no había de mostrar Benedicto XIV su disgusto y 
enojo ante el alegato del Padre Rábago? Pero mayor sor- 
presa y enojo causó á éste la carta de Portocarrero, quien, 
al expresarse así, seguramente no cayó en la cuenta de ha- 
ber descubierto demasiado el paño de aquella intriga cor- 
tesana. Lo cual me mueve á creer que esa acción de Porto- 
carrero no fué una venganza contra el Confesor de F'ernan- 
do VI, sino un desliz de político que, por cierto, pagó bien 
caro, incurriendo en 'desafecto del P. Rábago y quedando 
en lo sucesivo desautorizado por la Corte de España. 

No conozco las respuestas del P. Rábago, aunque no 
creo imposible dar con ellas en algún archivo de Roma, 
donde se han hallado otros papeles de esta clase ; mas por 
ahora puede suplirse esa falta con el contexto mismo de las 



(1) 27 de Noviembre de 1749. 



JANSENISMO Y REGALISMO EN ESPAÑA 255 



cartas de Portocarrero. Véase cómo contestaba éste en 
1.° de Enero de 1750, á otra carta del Confesor, fecha 17 de 
Diciembre: "Aseguro á Vsia que no me acuerdo de haber 
,,tenido jamás semejante disgusto, viendo que mi buena in- 
„tención no basta á suplir mi falta de capacidad: yo previne 
„al Papa antes de presentarle la carta del Rey, y de esta 
„diligencia resultó el quedar yo con fundado recelo de que 
„su Santidad tomase alguna resolución más correspondien- 
„te á su genio que adaptada á la razón. Presenté la carta, 
„y en dos horas de argumento^ sin olvidar nada de cuanto 
„se me prevenía..., sólo gané el observar un furor que sólo 
„quien lo experimenta y lo padece puede comprenderle. En 
„este caso me pareció preciso no perder tiempo; y así pro- 
„puse lo que reservadamente se me prevenía... „ "Espero lo 
„que de ahí me resulta; y sintiendo sumamente la desazón 
„que ha ocasionado á Vsia mi modo de manejar este nego- 
„cio, siento también el no haber acertado en él como lo de- 
„seo en todo; pero Dios quiere humillarme menos de lo que 
„merezco por su misericordia; recibo el castigo, si no con la 
^conformidad que debo, con la que alcanza mi debilidad, la 
„que conozco cada día más, y por eso deseo salir de peli- 
„gros. Vsia perdone la parte que le toca en mi error ino- 
„cente, y espero que no dude que si mi entendimiento igua- 
„lase á mi voluntad, en nada faltaría. „ 

Frases tan humildes y tan bien sentidas, y dirigidas ade- 
más por un Cardenal á un sacerdote, aunque éste fuese Con- 
fesor del Rey, eran bastantes para desarmar las iras de 
cualquiera, perdonando el descuido y aun la injuria ó ven- 
ganza, en caso que la hubiera; pero empezaban las humilla- 
ciones para Portocarrero lo mismo que para el P. Rábago; 
y éste, sin duda, no llevó con resignación las su3'-as, cuando 
trataba de hacérmenos llevaderas las del Cardenal mortifi- 
cándole en lo más vivo, que es la honra, y de un modo indi- 
recto, pero más duro, como echarle en rostro las varias y 
desfavorables interpretaciones que en la Corte de España 
se hacían de la conducta del Cardenal y del malísimo paso 
que dio en el asunto. Porque que un amigo nos reprenda y 
afee nuestras faltas, es al fin llevadero; pero que con delei- 



256 JANSENISMO Y REGALISIVIO EN ESPAÑA 



te se haga eco de nuestros adversarios para herirnos á 
mansalva, es de lo más cruel que inventar puede la humana 
malicia. 

Portocarrero, como todo hombre cortesano, tenía varios 
émulos que acechaban su conducta para censurarla y derri- 
barle de su puesto; y no es extraño que le llegasen al alma 
las indirectas del real Confesor para ponerle en el trance de 
renunciar á su envidiado cargo; aunque supo responderle 
con dignidad: "Empecemos (le decía en 15 de Enero) por 
„dar muchas gracias á Dios que nos da algún motivo de 
„merecer algo; consolémosnos con no poder dudar que las 
„intenciones de Usía y mías son como deben ser, y las in- 
„terpretaciones que quieran darlas importan poco: aquí y 
„ahí piensa cada uno como quiere, y toman la regla de pen- 
„sar de sus pasiones é intereses particulares; lo que de esto 
„resulta, padecemos, y á mí me hace poquísima harmo- 
„nía, porque conozco el mundo y le desprecio, como su 
„cede á Usía... La mayor prueba de su amistades la que en 
„esta ocasión experimento en la advertencia de lo que de mí 
„dicen los que me favorecen poco. Este es un mal que no pue- 
„de evitar quien está en alguna vista del mundo; de ello 
„tengo larga experiencia, y aunque es imposible no sentirlo, 
„estoy muy acostumbrado á despreciarlo. „ 

El 29 de Enero volvía á la carga en el mismo sentido: 
"Siento, y siento mucho los disgustos que ocasiona á Usía 
„esta dependencia, y el motivo que inculpablemente puedo 
^haber dodo á ellos.... Al no ejecutar lo que un ministro ha 
y^ofrecido con orden para ello^ resulta el quedar el minis- 
y^tro desacreditado, y haciendo una figura muy mala y 
y^muy iniítil. No sé cuánto peso merezca esta reflexión; y 
f^como toca á mi^ no pretendo darle otro que el que se crea 
^^conveniente á la mayor gloria y servicio del Altísimo, que 
„es mi tínico interés en este mundo. „ 

Tal declaración era, naturalmente, una rotura diplomá- 
tica en toda regla; pero el P. Rábago quería saber (antes 
que Portocarrero dejase la embajada de Roma) qué con- 
cepto habría formado el Papa acerca de él, á causa del do- 
cumento reservado. Por eso el Cardenal le decía en 12 de 



JANSENISMO Y REGALISMO EN ESPAÑA 257 



Febrero: "No nos acordemos más de las obras de Noris, si 
„no es para ofrecer á Dios lo que cada uno de nosotros, en 
„su particular, y lo que uno por otro hemos tenido que sen- 
^tir. El Papa está bien con Usía^ y de esto me alegro; por- 
^que, aunque para Usía importa poco, juzgo quepuede 
^importar mucho para el mejor servicio del Rey y para el 
^bien de otros.^ 

Para concluir esta carta, que va siendo demasiado larga, 
y aventurando mi juicio particular acerca de la conducta de 
Portocarrero, se me figura que éste, para hacer lo que hizo 
con el comprometedor papel, tuvo mas miedo al Papa que 
al P. Rábago, y se arrojó en brazos del primero, que al fin 
y al cabo le había favorecido no poco nombrándole Carde- 
nal, mientras que el confesor, con S4i terquedad, sólo aten- 
día á sacar avante sus proyectos contra Noris y los Agus- 
tinos de España. 

Calculo que Portocarrero fué destituido en Marzo, en 
cuyo tiempo concluye la correspondencia que tengo en mi 
poder; porque, según dice el historiador jesuíta, no mu- 
cho tiempo después fué enviado á Roma D. Manuel Ventu- 
ra Figueroa "el cual, con su gran talento, pudo ganar la 
„gracia del Papa y de sus principales ministros, y hablán- 
„dole Su Santidad sobre el libro de Noris, le sosegó tan en- 
„teramente, esforzando las razones del Rey é inquisición, 
„que no volvió el Papa á hablar más de este negocio. Pero 
„habiendo faltado de allí este Ministro, y sobreviniendo la 
„gravísima y prolija enfermedad del Papa, los interesados 
„en aquel negocio creyeron haberles venido la mejor oca- 
„sión de renovar lo que ya estaba olvidado y en profundo 
„silencio. Para esto se valieron del Cardenal, con el pretexto 
„de que era contra su decoro que el Rey no aprobase lo que 
„él había ofrecido en su nombre, pero contra lo que de or- 
„den del Rey se le había prevenido.,, 

Aquí concluye esta historia inédita, templada en la for- 
ma; pero de mucha intención en .el fondo, y hecha como de 
encargo para defender á los Padres jesuítas que intervinie- 
ron en este asunto, cuyas funestas consecuencias veremos 
más adelante. Porque si concluye ahí el historiador, no ha 

17 



258 



JANSENISMO Y REGALISMO EN ESPAÑA 



terminado la exposición de otros importantes papeles que 
conservo de la misma procedencia, y que urge publicar á 
fin de hacer luz en la historia. Antes de examinar el janse- 
nismo y regalismo del tiempo de Carlos III, es conveniente 
atar algunos cabos sueltos del reinado anterior, aunque sea 
repitiendo algunas cosas ya sabidas, para ver el remate del 
litigio. 

Queda entretanto á la disposición de Ud. su obligado y 
verdadero amigo q. b. s. m., 

j^R. yVlANUEL f . yVllGUÉLEZ, 
Agustiniano 









Geología dinámica 



DISTRITO VOLCÁNICO DE ÑAPÓLES (1) 




OS volcanes, esas montañas ó colinas, más ó menos 
cónicas, por donde respira la tierra lanzando al 
espacio vapores, y en ocasiones rocas fundidas y 
fragmentadas por una abertura central llamada cráter, há- 
llanse, ya en las regiones litorales de los continentes, ya en 
las islas próximas á las costas, ya en las oceánicas, ya en 
los mares que separan á las tierras del Norte de las del Sur. 



(1) El curso de Geología que en el Museo de Ciencias de Madrid 
explica el Exmo. Sr. Marqués del Socorro, D. José Solano, es segu- 
ramente uno de los más nutridos que se dan en toda Europa. Su mé- 
todo original, sus observaciones nuevas y oportunas, el orden lógico 
de las ideas y su exposición clara, racional y sencilla; sus descrip- 
ciones completas, aunque breves, y por ultimólos vastos conocimien- 
tos del Sr. Marqués para relacionar las demás ciencias con la Geolo- 
gía..., todo hace que sus discípulos, sobre escuchar embelesados aque- 
lla palabra fácil y simpática, salgan perfectamente impuestos en la 



asignatura. 



Al honrar las columnas de La Ciudad de Dios con la publicación 
de estos estudios de Geología dinámica del sabio Profesor, nos com- 
placemos en tributarle el homenaje de nuestra admiración sincera, 
aun á trueque de herir su bien probada humildad. Advertiremos para 
concluir, que este trabajo es la explicación de la lección 61 del pro- 
grama de examen, algo modificada en la forma. {N. de la R.) 



260 GEOLOGÍA DINÁMICA 



Son muy pocos los que se encuentran en el interior de los 
continentes mismos. 

Su dilatada distribución, y el ser y haber sido testigos 
no mudos y factores importantes en los trastornos geológi- 
cos, y principalmente la tremenda significación de su his- 
toria en las desdichas humanas, dan motivo suficiente 
para que se los estudie con curiosidad acompañada de te- 
mor y respeto. 

El distrito volcánico de Ñapóles es uno de los mejor 
conocidos desde épocas antiguas, y á describirle consagra- 
mos este breve artículo. 

Partiendo del Vesubio, á través de los Campos Flé- 
greos (1), en donde se halla la solfatara Astroni, Monte Bár- 
baro. Monte Nuovo,el lago Agnano, el lago Averno, el lago 
Lucrino, termina en la isla de Ischia. iVntes de la era cris- 
tiana, y desde los tiempos más remotos de la tradición, el 
Vesubio ó Somma se hallaba en un estado inactivo; pero 
ya se observaron terribles convulsiones en Ischia, entonces 
llamada Pithecusa, unida en cierta época á la vecina isla de 
Prócida (Prochita), según el testimonio de Strabón. Plinio 
creyó que la isla de Prócida fué separada en una de las 
erupciones del volcán. Eran éstas tan violentas y frecuen- 
tes, que varias colonias griegas establecidas en Ischia se 
vieron obligadas á abandonarla. 

En el centro de esta isla se destaca su principal monte, 
llamado Epomeo, en cuyas laderas y pie se hallan distribuí- 
dos hasta doce conos volcánicos muy considerables, forma- 
dos por diferentes erupciones de aquél. Tales son: el Mon- 
te Corvo, Monte Vico, Monte Rotazo, etc. La aparición del 
primero se atribuye á una erupción que tuvo lugar en el 
año 380 antes de Jesucristo, acompañada de terremiOtos, y 
en la que, según Timeo, citado por Strabón, el mar re- 
trocedió tres estadios, volviendo luego sobre la isla é inun- 
dándola. Una colonia griega establecida allí por Hierón, 



(1) Del griego (f)Xk7£tv (quemar): alude al carácter volcánico de las 
llanuras próximas á Cuma, en donde, según la Mitología, Hércules 
ayudó á los dioses á exterminar álos gigantes. 



GEOLOGÍA DINÁMICA 261 



Rey de Siracusa, se retiró para siempre á consecuencia de 
tal suceso. 

Desde entonceslschia ha disfrutado hasta hoy de tranqui- 
lidad sólo interrumpida por la emisión de una corriente de 
lava en 1302, en el sitio llamado "Campo del Arno„ (1), aná- 
loga á otras más antiguas también procedentes del Epomeo. 

Resulta, pues, que durante siglos enteros Ischia sirvió 
de válvula de seguridad á toda la Tierra del Labrador (an- 
tigua Campania), mientras dormían los fuegos del Ve- 
subio. 

Después de la isla de Ischia debemos estudiar el lago 
Averno, considerado por los modernos geólogos como un 
antiguo cráter. Tiene una forma circular y su diámetro es 
d* cerca de media milla. Ocúpanle hoy aguas saludables y 
exquisitas, pero fué en otro tiempo foco de exhalaciones 
mefíticas, las cuales asfixiaban alas aves que volaban sobre 
él, según refiere Lucrecio. Fenómenos análogos han ocurri- 
do en el lago Quilótoa (Quito) en el año 1797, pereciendo en 
^as orillas de aquél rebaños enteros, víctimas de emanacio- 
nes deletéreas. Otro tanto sucedió en 1730 en Lanzarote 
(Canarias), en donde, como idice De Busch, sucumbió todo 
el ganado de la isla y gran número de aves que posterior- 
mente recogió muertas Bory de Saint Vincent. Cuenta 
Hamilton un caso semejante producido por los gases del 
Vesubio en la erupción de 1779. 

Por estas razones, sin duda, llamaron los antiguos al 
lago de que hablamos "Puerta del infierno„. 



(1) Esta emisión de lava, que no produjo cono alguno y sí sola- 
mente una simple depresión que no debe llamarse cráter, fué prece- 
dida de frecuentes terremotos ocurridos en el año anterior. La lava 
corrió hasta cerca del mar, ocupando una extensión de dos millas. 
El color de aquélla varía desde el gris de hierro al negro rojizo, 
siendo notable la abundancia de feldespato vitreo que contiene. 
Su superficie es tan estéril hoy como si acabara de eníriarse, cre- 
ciendo únicamente en los intersticios de las escorias algunas matas 
de tomillo y otras plantas de escasa magnitud. 

Lo cual forma contraste con la vegetación frondosa que cubre á la 
lava del Vesubio, y con los espesos madroñales que ostenta el monte 
Rotazo en la misma isla y la talla anormal que allí adquieren algunos 
vegetales; anormal hasta el punto de desfigurar las especies. 



262 GEOLOGÍA DINÁMICA 



La Sulfatara es un cráter semiapagado. Los historiado- 
res y geógrafos (Strabón entre aquéllos) dicen que se halla- 
ba antes de la era cristiana en el mismo estado que en la 
actualidad, lanzando vapores constantemente, acompaña- 
dos de ácidos sulfídrico y clorídrico, como los que despren- 
de el Vesubio. Hay tradición de que en el año 1198, en tiem- 
po de Federico II, Emperador de Alemania (y Rey de las 
dos Sicilias con el nombre de Federico I), se verificó una 
erupción, la cual no debió de producir otra cosa que una 
delgada capa de lava traquítica entre la toba incoherente 
que descansa sobre la masa principal, de traquita también. 

El verdadero volcán gigante de este distrito que vamos 
reseñando es el Vesubio. Desde la primera colonización de 
la Italia meridional, hecha por los griegos, no existían otras 
señales del carácter volcánico del Vesubio que las que los 
naturalistas podían inferir de la analogía de su estructura 
con otros volcanes. Plinio no le incluyó en el catálogo que 
de ellos hizo. Strabón le representa cubierto de bosques ha- 
bitados por animales feroces. El antiguo cono tenía una 
forma muy regular, terminando, no como ahora en dos pi- 
cos, sino en una sola cumbre, presentando á distancia el 
perfil de un cono truncado. En la cima, según refiere Plutar- 
co, existía un cráter de bordes escarpados, cuyo interior 
cubrían viñas silvestres, rodeando á una estéril llanura que 
había en el fondo. Las faldas de la montaña ostentaban fér- 
tiles campos cultivados, y al pié se levantaban las populo- 
sas ciudades de Herculano y Pompeya. 

Pero este reposo había al fin de alterarse, }'■ el fuego 
volcánico recorrería nuevamente el canal que en tiempos 
antiguos desconocidos dio paso á repetidas corrientes de 
lava fundida, arenas y escorias; verificándose uno de los 
más terribles espectáculos presenciados por el hombre en 
el breve período en que le ha sido posible observar los cam- 
bios físicos de la corteza terrestre. 

El primer síntoma de que la energía del Vesubio iba á 
reavivarse fué un terremoto, ocurrido en el año 63 de la era 
cristiana, el cual produjo grandes daños en las ciudades ve- 
cinas. Seguido el terremoto de frecuentes sacudidas de poca 



GEOLOGÍA DINÁMICA 263 



importancia, hiciéronse éstas más violentas y numerosas en 
el mes de Agosto del año 79, terminando, por último, en 
este mismo año con una gran erupción, Plinio el Mayor, 
que mandaba la escuadra romana fondeada junto al Miseno, 
deseoso de presenciar de cerca el fenómeno aterrador y su- 
blime, perdió la vida sofocado por las emanaciones del vol- 
cán. Su sobrino Plinio el Joven, que permaneció á bordo, 
dejó en sus cartas una viva descripción de tan terrible es- 
cena. Una densa columna de vapor se elevó verticalmente 
del Vesubio, y, dilatándose en su vértice, tomó el aspecto 
de un colosal pino. Cruzaban por intervalos á esta nube 
grandes chispas refulgentes, á las cuales sucedía una obs- 
curidad más profunda que la de la noche. Las cenizas caían 
sobre las naves fondeadas en el Miseno, formando un banco; 
el suelo se estremecía y el mar se alejó de la orilla, dejan- 
do en seco á multitud de animales marinos; circunstancias 
todas que coinciden con las observadas en erupciones más 
recientes, y en particular, en las de 1538 y 1822. 

Aunque Plinio indica estos hechos y otros que omitimos, 
nada dice relativo á la destrucción de Herculano y Pompe- 
ya; y explican algunos este silencio recordando que el obje- 
to principal de sus cartas á Tácito era referir la muerte de 
su tío, ocurrida en las inmediaciones de la ciudad de Stabia. 
El primer historiador que habla de tan importante aconte- 
cimiento es Dión Casio, que escribió siglo y medio después 
de Plinio el Joven. Dice aquél, que Herculano y Pompeya 
fueron enterradas por una lluvia de cenizas, y añade deta- 
lles, fantásticos unos y otros inexactos, como lo es el de 
que se hallaba en el teatro la mayor parte de la población 
pompeyana, en donde pereció toda, y está demostrado que 
en aquel sitio no murió nadie. La verdad es que fueron muy 
pocos los habitantes de ambas ciudades que pudieron huir 
de aquella inundación de arena, pómez y lápili, acompaña- 
da de copiosísimas lluvias. 

En esta terrible erupción, el Vesubio no arrojó lava. La 
primera fecha en que hay noticia de haber desprendido el 
Vesubio lava en corriente, data del año 1036. Hubo, además, 
erupciones violentas en los años 203, 472, 512, 685 y 913, en 



264 GEOLOGÍA DINÁMICA 



que tuvo lugar la séptima erupción después de haberse res- 
tablecido la energía del volcán; otras dos en 1049 y 1308, 
sucediendo á esta última una pausa de 168 años. Se repitie- 
ron las erupciones en 1306 y 1500, pero fueron de poca im- 
portancia, siendo de notar que en este período, casi inacti- 
vo del Vesubio, la actividad del Etna era espantosa. Lo 
cual induce á creer que el gran volcán siciliano servía de 
canal á la lava y á los fluidos elásticos que habían corrido 
hasta entonces por las vías misteriosas de los volcanes de 
la Campania. 

Un siglo de reposo en el Vesubio bastó para que la ve- 
getación floreciese en su mismo cráter. Pero en 1631 lanzó- 
siete corrientes de lava, destruyendo la villa de Resina, edi- 
ficada sobre las ruinas de Herculano. Formáronse otras de 
lodo, no menos terribles que aquéllas por su velocidad y fre- 
cuencia en las erupciones. Estas corrientes de lodo se origi 
nan de la manera que sigue: los abundantísimos vapores 
emitidos por el volcán se condensan en la atmósfera fría que 
rodea á la cumbre, determinando torrentes de agua que 
arrastran impalpable polvo volcánico é incoherentes ce- 
nizas (1). 

No tan notable como el Vesubio, pero notable, al fin, es 
el Monte Nuovo. Este monte, cuya altura sobre el nivel de 
la bahía que le baña es de 134 metros, tiene en su base una 
periferia de 2.438, y de profundidad en su cráter 128 (el fondo 
está, pues, á ó metros sobre el nivel del mar). Se formó so- 
bre una parte del lago Lucrino (antiguo cráter volcánico), 
del cual queda ho}^ sólo una pequeña zona, separada del mar 
por una elevada y estrecha playa, á consecuencia de una 
erupción de cenizas, lápili pumítico y abundantes lluvias, 
en el 29 de Septiembre de 1538. 

Según relaciones de testigos oculares, desde dos años 
antes se notaron en la comarca frecuentes terremotos, con 



(1) En 27 de Octubre de 1822, uno de estos aluviones descendió del 
cono del Vesubio, y después de cubrir una gran extensión de suela 
cultivado, penetró súbitamente en las aldeas de S. Sebastiano y 
Massa, inundando las calles, el interior de algunas casas y dando 
muerte á siete personas. 



GEOLOGÍA DINÁMICA 265 



intervalos cada vez menores, hasta el punto de haberse ex- 
perimentado veinte sacudidas en la víspera de la erupción. 
Precedió á ésta un hundimiento momentáneo del suelo, hun- 
dimiento de 14 pies , según refiere Francesco del Ñero, uno 
de los testigos mencionados. Retiráronse las aguas de la 
bahía, dejando en seco á muchos peces; aves numerosas ca- 
yeron asfixiadas por los gases desprendidos, y la ceniza, el 
lápili y la toba formaron, en el espacio de veinticuatro horas, 
el Monte Nuovo: formación que no puede atribuirse, como 
pretende De Busch, á un levantamiento de terreno; porque 
si así hubiera sido, se observarían, en las capas inclinadas 
de toba y lápili que le constituyen, grietas irradiantes, que 
no existen, y además no conservaría su posición horizontal 
la galería de la gruta de la Sibila, á orillas del lago Averno 
y al pie del monte; ni la vertical, el templo de Apolo y el de 
Plutón. 

Breislak hace notar que los grandes acontecimientos del 
distrito volcánico de Ñapóles han ocurrido á intervalos de 
dos en dos siglos, como lo demuestran los hechos siguientes: 
la erupción de la Solfatara en el siglo XII; la emisión de la 
corriente del Arno en el XIV, y la aparición del Monte 
Nuovo en el XVL Si en el siglo XVIII no se verificó ningún 
suceso extraordinario, fué quizá debido á la frecuencia de 
las erupciones del Vesubio, á partir del siglo XVII, las cua- 
les descargaron ó atenuaron la energía volcánica. 

Para terminar esta reseña histórica del distrito volcánico 
napolitano, haremos una breve descripción del Vesubio. En 
cuanto á su extructura, podemos asegurar que, desde fines 
del siglo último hasta el año 1822, el gran cráter del Vesu- 
bio se había ido gradualmente llenando de lava (procedente 
de su chimenea principal) y de escorias, arrojadas en las 
explosiones de cráteres adventicios, formados en el fondo, 
á los lados de aquél, en fechas diferentes. En lugar de una 
cavidad regular, había, pues, una áspera y peñascosa su- 
perficie, cubierta por masas de escorias y lava, y surcada 
de numerosas hendiduras, de donde surgían nubes de vapor. 

Pero esta forma experimentó un cambio completo en la 
erupción de Octubre de 1822, en la cual, las violentas expío- 



266 geología dinámica 



siones ocurridas durante veinte y tantos días, trastornaron 
aquellas masas, originando un inmenso golfo ó abismo, de 
periferia irregular, pero de forma elíptica, de tres millas de 
circunferencia, y cuyo eje mayor, de tres cuartos de milla 
de longitud, tiene una dirección de NE. á SO. La profundidad 
de este abismo ha sido apreciada con diversidad de criterio 
por los geólogos, lo cual se explica teniendo en cuenta que 
la erosión es incesante en los bordes superiores, cuyos ma- 
teriales desprendidos se precipitan en el fondo. Forbes cal- 
culó que la profundidad del Vesubio era de 617 metros: 
Scrope la aprecia en menos de la mitad. 

Al subir por las laderas inclinadas del volcán no se ven 
más que materiales desordenadamente dispersos; pero al 
llegar al borde del cráter se nota que una perfecta harmonía 
preside al conjunto. Los materiales entonces aparecen en 
capas regulares, ligeramente onduladas, y vistas de frente, 
en posición horizontal (1). 

Su verdadera posición se reconoce en los escarpes del 
borde del cráter, que forman ángulos entrantes y salientes; 
su inclinación, respecto del eje del volcán, varía entre 45^ 
y 40", resultando que la montaña está constituida por una 
serie de envolturas concéntricas de lava, arenas y escorias, 
alternativamente. Cada lluvia de cenizas y cada corriente 
de lava que lanzan los labios del cráter, se han ido sobre- 
poniendo al cono volcánico. Ofrece grandes dificultades la 
explicación de tanta regularidad, á pesar de la desigual dis- 
tribución de las arenas y escorias, según los vientos que 
reinan en las erupciones. Sin embargo, la observación atenta 
descubre que no existe continuidad en las capas de un mismo 
nivel, por más que sea difícil señalar el punto en donde una 
termina y empieza la inmediata. 

Igualmente en el Vesubio que en el Etna contémplanse 
cordones de lava, es decir, ciertas formas de cables, y tam- 
bién de raíces de árboles, dispuestos paralelamente. Débese 
su origen á la escoriñcación que la corriente de lava expe- 



(1) El Sr. Marqués describe el gran volcán después de haberle 
visto. (N. de la R.) 



GEOLOGÍA DINÁMICA 267 



rimenta al enfriarse, y á la aglomeración de las escorias que 
aquélla arrastra hacia su extremo: caso análogo al de la es- 
puma de los remansos de los ríos ó de los estribos de los 
puentes, arrastrada por el agua. De cualquier manera, la 
curvatura del cordón de lava indica la dirección de la co- 
rriente que la originó. 

Venas ó diques de lava compacta, verticales casi siem- 
pre, atraviesan á los estratos, exteriormente inclinados en 
todas direcciones. El espesor de algunos es de cerca de dos 
metros, y la gran solidez y naturaleza cristalina de la roca 
que los constituye, explica por qué resisten más á la acción 
corrosiva de fuera que los materiales por ellos surcados: 
parecen verdaderos muros. 

Quedaría incompleto este breve artículo si no dijésemos 
algo acerca de los minerales y del modo de formación del 
Vesubio. En las lavas de este gran volcán y de la Somma 
(Vesubio antiguo) hállanse minerales en número variadí- 
simo, y los que más abundan son: la Augita, la Anfigena, 
el Feldespato plagioclásico, el de Sanidina, la Mica y el 
Olivino. De las trescientas ochenta especies mineralógicas 
mencionadas por Hauy, ochenta y dos, por lo menos, se en- 
contraron en la Somma y en el Vesubio antes de 1828. Al- 
gunos geólogos quieren dar razón de este hecho, verdade- 
ramente singular, suponiendo que tales minerales proceden 
de formaciones antiguas, atravesadas por las fuerzas volcá- 
nicas que arrastraron á la superficie los fragmentos de 
aquéllas. Mas no podemos admitir esta hipótesis, porque 
ninguna de las rocas antiguas de Italia, ni de ninguna otra 
parte del mundo, contienen variedad tan abundante de mi- 
nerales. Más racional parece creer que la formación de és- 
tos es debida á sublimaciones ocurridas en las grietas de 
las lavas. 

De Busch, Dufrenoy y Elie de Beaumont, apoyándose 
principalmente en la compacta estructura y en el parale- 
lismo de algunas capas de la Somma, han opinado que la 
primitiva oblicuidad del Vesubio no debió de exceder de 4 
ó 5^ debiendo, por tanto, la gran inclinación que hoy pre- 
senta á un levantamiento en el año 79 de la era cristiana. 



268 



geología dinámica 



Lyell cree, por el contrario, que el Vesubio se formó en el 
interior del cráter de la Somma; de la misma manera que 
en el interior del cráter de aquél se formó el pequeño 
de 1828. Compruébalo con los hechos siguientes: por la 
forma del antiguo Vesubio, de cono truncado y gran aber- 
tura (en donde, en el año 72 antes de Jesucristo, se refugió 
Espartaco con sus gladiadores), destruida en parte, como 
asegura Breislak, en el 79 de la era cristiana; por la dispo- 
sición de las capas del Vesubio actual y las del pequeño 
moderno cráter de 1828, las cuales, oblicuas en casi toda su 
extensión, resultan horizontales allí en donde las corrientes 
de lava y lodo volcánico fueron detenidas por las paredes 
del cráter antiguo, y últimamente por el paralelismo que 
existe en las capas de la Somma, del Vesubio y del cráter 
de 1828. 



El yViARC^UÉS DEL ^OCORPO, 
Catedrático de Geología en la Universidad Central. 




La Sagrada Forma del Escorial ^^^ 



III 




¡OiMENzósE el nuevo retablo y camarín el mismo año 
de 1684. La traza de toda la obra se debe muy 
principalmente, al decir del P. Santos, á D. José 
del Olmo, maestro mayor de obras reales, bajo cuya direc- 
ción se ejecutó; pero aunque menos principal, hubo también 
de tener su parte en el diseño el mismo P. Santos, entonces 
Prior de esta Real Casa, dando quizá idea de los medio re- 
lieves, de las inscripciones y de algunos otros detalles. De 
los adornos de bronce estuvo encargado D. Francisco Fili- 
pini, italiano de nación, ayuda de furriera y relojero de la 
Real Casa, y el cuadro admirable que cubre el hueco de la 
capilla es obra de Claudio Coello, pintor de cámara de su 
Majestad Carlos II. 

'•'Ocupa el retablo todo el testero frente de la puerta de 
la sacristía, en altura de 28 pies y 33 de ancho... Es de orden 
compuesto, que pocas veces se habrá visto tan bien ejecu- 
tado. Seis pedestales, tres á un lado y tres á otro del altar 
y de su misma altura, formados de jaspe y guarnecidos de 
mármol, adornados de medallas y colgantes de metal do- 
rado, dan asiento á dos pilastras en el medio y á cuatro co- 



(1) Véase la pág. 97 y siguientes. 



270 LA SAGRADA FORMA DEL ESCORIAL 

lumnas de mármol con basas y capiteles del mismo metal, 
que con airoso movimiento se levantan diez pies á susten- 
tar el arquitrabe, friso y cornisamento del primer cuerpo. 
Las dos pilastras de en medio, distantes nueve pies una de 
otra, forman la capilla transparente, con semejantes basas 
de bronce y capiteles, hermoseados sus reunidos de jas- 
pes, y en el friso grabadas hojas de vid, racimos y espigas 
de bronce dorado, que hacen mucha alusión al misterio. 
Sube la capilla 19 pies y medio, pasando del cornisamento 
hasta lo alto del segundo cuerpo; éste se forma de dos ma- 
chones de jaspe y mármol, que cargan sobre la cornisa al 
plomo de las pilastras y terminan en lo alto coronados de 
unos serafines de mármol blanco de Genova, con festones 
pendientes en el medio, de bronce dorado. Muévense sobre 
estos machones con muy buen arte las volutas de mármol 
á cerrar y terminar el alto de la capilla transparente. Sobre 
las volutas están sentados dos niños de mármol blanco, con 
diademas de laurel y palmas de bronce dorado, acompañan- 
do una tarjeta, que forma el frontis; cierra la clave un sera- 
fín, que toca en lo alto de la bóveda, con diadema también 
de hojas de metal dorado, y de las volutas de lo alto, á un 
lado y otro, cuelgan racimos y espigas de bronce, de que se 
abunda mucho en los ornamentos, por lo que hermosean y 
por lo que significan. 

„ A los lados de la capilla y altar muestra el retablo, en la 
distancia que ofrecen los intercolumnios, dos portadas con 
jambas y dinteles de jaspe y mármol, cuyas puertas, de pre- 
ciosas maderas y adornos de concha y bronce dorado, re- 
partidas en ellas las coronas y los blasones de las armas de 
Castilla y León, convidan á la entrada. Sobre los dinteles 
de estas puertas están dos leones de oro en bronce, que con 
una mano abraza cada uno un mundo, y en la otra tiene un 
cetro señalando con braveza y valentía el señorío de los 
reyes españoles, que se extiende á dos mundos, y los ofre- 
cen á Dios para asegurar la entrada á más altos señoríos. 
vSíguense luego encima de los leones dos nichos de medio 
punto de jaspe que tocan en el arquitrabe, y en su capaci- 
dad se miran dos historias obradas de medio relieve en 



LA SAGRADA FORMA DEL ESCORLAL 271 

mármol alabastrado: en la una se significa haberse enviado 
la Santa Forma imperando en Alemania Rodolfo II, y en la 
otra se mira el segundo Felipe rey de España recibiéndola 
con toda veneración, y en ambas mucho acompañamiento 
de gente (1). Sobre las claves de estos nichos hay dos 
águilas de bronce dorado á fuego, en el friso, abiertas las 
alas y pendientes de los picos las cadenas del toisón. Enci- 
ma de las águilas, sobre el cornisamento, están dos tarjetas 
circulares de jaspe, que muestran una la historia de cuando 
los herejes pisaron la Forma Santa, otra cuando uno de ellos, 
convertido, tomó el hábito de San Francisco, grabadas de 
medio relieve en mármol blanco con igual propiedad que 
las de abajo. Termínanse en lo alto con dos serafines de 
mármol blanco, con coronas y palmas de bronce dorado, en 
representación que son del cielo las que el amor y culto 
tributan al Señor de la gloria. Acompañan á un lado y otro 
estas tarjetas dos niños de mármol blanco de buena forma- 
ción, puestos en pie sobre los pedestales al plomo de las 
columnas, los dos con jarroncillos de bronce dorado en 
las manos, y los otros dos sobre la cabeza con llamas de 
perfumes imitadas en el bronce todo lo posible. Corres- 
ponde arriba á cada uno (de los del centro) un serafín del 
mismo mármol blanco, con colgantes de racimos y espigas 
de metal dorado, que hacen hermosa composición. Además 
de estos ornamentos que engrandecen la obra, hay en el 
friso principal hermosas cartelas de bronce dorado á fuego, 
y en otros frisos menores, ángulos y planos de su arquitec- 
tura, se ven rosetas del mismo metal, hojas y festones que 
le dan notable belleza (2).„ 

La tarjeta del frontis, que es una pieza de mármol negro 



(1) La facultad de inventar, atribuida por Horacio á pintores y 
poetas, tampoco se debe negar á los que ejecutan otras obras de 
arte, y bastante invención hay en estos medio relieves puesta de 
manifiesto con lo que ya tenemos historiado acerca de esta Sagrada 
Forma. 

(2) Jiménez (Fr. Andrés): Descripción del Real Monasterio de 
San Lorenzo del Escorial y págs. 292 y siguientes (Madrid, 1764). 



272 LA SAGRADA FOR.MA DEL ESCORIAL 

en lo alto del retablo, contiene en letras de bronce dorado (1) 
una inscripción conceptuosa, pero verdadera, que dice: 

En MAGNl OPERIS MIRACULUM 

INTRA MIRACULUM MUNDI 

CCELI MIRACULO CO NSECR A TUM . 

Cúbrese el hueco de la capilla transparente con el cuadro 
al óleo de Claudio Coello, excelente pintura, que tiene por 
marco las mismas pilastras, machones y arco de la capilla, 
y está en tal disposición, que puede bajarse suavemente á 
torno y esconderse sin enrollarse cuando se quiere exponer 
la Sagrada Forma, y volverse á su lugar cuando ha de re- 
servarse (2). 

"Propone á la vista esta pintura, una bien delineada pers- 
pectiva que, como en los espejos grandes se ven las sombras 
y especies de lo que se les pone delante, se ve en ella todo 
el largo y ancho de la sacristía donde está, con sus venta- 
nas, pinturas y adornos y la vuelta de su curiosa bóveda, 
de modo que hace parecer la pieza de mayor longitud que la 
que tiene. Está pintado en ella el concurso y procesión gra- 
vísima y ostentosa que hubo y se hizo en la primera función, 



(1) Quevedo dice erróneamente que son caracteres negros, pero 
jOS PP. Santos y Jiménez las llaman letras de oro, queriendo decir, 
sin duda, que son de bronce dorado, lo cual parece más verdadero. 

(2) El mecanismo con que esto se consigue se halla debajo de la 
capilla y es sumamente sencillo é ingenioso. De la extremidad de una 
barra perpendicular, que tiene el cuadro en medio de su parte infe- 
rior, arrancan dos cadenas, una de cada lado, las cuales apoyan en 
dos poleas fijas, más elevadas que la extremidad de la barra, y van 
á caer al sótano del edificio. Las pesas en que terminan contrarres- 
tan entre las dos el peso del cuadro y le tienen suspendido cubriendo 
el hueco de la capilla. El eje de una de las poleas se prolonga por un 
lado hasta la parte interior del camarín, donde remata en una rueda 
dentada, que engrana con otra más pequeña, á la que se aplica un 
manubrio: queda así la polea convertida en un torno especial. Para 
que baje el cuadro basta elevar un poco por medio del torno una de 
las pesas y en seguida, venciendo la resistencia de la otra, empieza 
por su propio peso á descender, resbalando por las ranuras que tiene 
en los muros laterales de la capilla, sin encontrar punto de apoyo 
hasta dejar ésta completamente descubierta. Para subirle se hace 
con el torno la operación contraria. 



LA SAGRADA FORMA DEL ESCORIAL 273 



especialmente al llegar á la sacristía. Al primer término se 
muestra á un lado el altar con su adorno y candeleros, y 
sobre la grada alfombrada el Prior celebrante, que entonces 
era (1), acompañado de los diáconos y ministros, teniendo 
en las manos la custodia d2 la Santa Forma, como vuelto al 
pueblo para echar la bendición. Al otro lado está el Rey, 
nuestro señor, en sitial rico, hincado de rodillas, con vela 
encendida en la mano, y detrás el séquito de grandes y seño- 
res que le siguieron en aquella ocasión. Luego, en el segun- 
do término y en los demás del pavimento, se ven los monjes 
en sus líneas procesionales y los niños del Seminario con sus 
roquetes y candeleros de plata, el palio á un lado, el organillo 
de Carlos V en medio, los cantores, al compás del maestro 
de capilla, cantando y tocando variedad de instrumentos, y 
mucho más á lo lejos, en disminución, otros personajes co- 
nocidos mirando atentos este acto, con mucha propiedad en 
las habitudes y movimientos. Son todos retratos del natural 
cuantos se ven, y el del Rey parecidísimo, que aun pintado, 
hace respeto y causa amor y veneración. 

„A1 principio de la pintura, como más abajo del pavi- 
mento, están de espaldas y de medio perfil otros del concur- 
so que hacen grandemente para el desahogo de la obra; y 
no obran menor harmonía en lo alto del aire, al ambiente 
y vuelta de la bóveda, unas virtudes, y al arrimo de unas 
cortinas carmesíes de muy natural imitación, unos ángeles 
volando con bellas posiciones, teniendo en las manos, en una 
cartela á lo largo, una inscripción, que dice: Regalis mensa 

PR.EBEBIT DELICIAS ReGIBUS (2).„ 

Para el camarín, que se ve entrando por las puertas de 



(1) El mismo P. Santos que va hablando, por más que él no lo dice. 

(2) Santos (P. Francisco de los), Historia de la Sarita Forma, etc., 
íol. 24S del MS. escurialense citado. Tardó Coello seis años en pintar 
este cuadro y "se dice, escribe Quevedo (pág. 165), que impaciente 
Carlos II al ver la detención con que pintaba y lo poco que adelanta- 
ba el cuadro, le dijo: Si yo hubiera encargado el cuadro á Jordán, ya 
hubiera pintado una docena. Coello, lleno de confianza en su obra, 
le contestó: No lo dudo. Señor, pero el mío valdrá por todos los de 

Jordán. En efecto, no se equivocaba: ¡tanta conciencia y seguridad 
tenía de sus conocimientos en el arte!,, 

i8 



274 LA SAGRADA FORiMA DEL ESCORIAL 

uno y otro lado del altar, fué preciso tomar el espacio que 
ocupa de las habitaciones inmediatas á la sacristía (1). Tie- 
ne de ancho diez pies, de alto hasta el cornisamento veinti- 
uno y medio, y desde él hasta la corona de la capilla, cin- 
co; y de largo, treinta y dos y medio, con dos ventanas al 
jardín de Oriente, una sobre otra. Los pedestales resaltados 
y pilastras de mármoles y jaspes, en debida proporción, su- 
ben iguales á sustentar la cornisa que da vuelta al contorno 
en competente altura. Visten el hueco que hay entre las pi- 
lastras hermosos chapeados de jaspe finísimo de buen puli- 
mentO; y sobre ellos hasta el cornisamento, entre puntas de 
diamante, hay dos recuadros resaltados de mármol con sus 
embutidos de jaspe. Entre las pilastras de en medio, que dis- 
tan una de otra nueve pies, sobre el chapeado de jaspe, se 
ve un florón grande de ocho pies de diámetro , en forma de 
estrella, cuyas líneas salen del centro á la circunferencia, 
chapeadas de mármoles y jaspes de muchos colores^ que se 
alcanza á ver desde la sacristía por lo transparente de la 
capilla, y también hay otros tres menores sobre la cornisa. 
El friso de mármol sobre las pilastras, se adorna de modi- 
llones de jaspe, 3' en los planos ó metopas, de rosetas de 
bronce dorado á fuego por todo el contorno de la pieza. La 
bóveda, muy vistosa, está formada de ángulos salientes ó 
aristas con lunetos refajeados y labores de mármoles y jas- 
pes; tiene toda ella prodigiosos cortes en arquitectura y 
buena invención en el cóncavo, compartido por líneas y fa- 
jas de diversos colores, que descienden de la clave y corres- 
ponden á un florón formado en el pavimento, el cual tam- 
bién es todo de mármoles de diversos colores, distribuidos 
graciosamente (2). 

Frente á la ventana baja hay una puerta de la misma 



(1) Según el P. Sigüenza, esta pieza tiene de largo desde la puer- 
ta hasta el altar de frente, ciento ocho pies, y sus ventanas altas y 
bajas, todas al Oriente, eran diez y ocho, convertidas algunas de las 
bajas en alhacenas. Estos mismos números son verdaderos hoy, sin 
contar para nada el espacio y ventanas del camarín. 

(2) Véanse los PP. Santos y Jiménez á quienes seguimos. 



LA SAGRADA FORMA DEL ESCORIAL 275 



traza y adorno que las de fuera. Encima de ella, á altura 
proporcionada, está una tribuna del ancho del camarín, con 
antepechos de mármol sobre cuatro pilastras de jaspe, en- 
tre las cuales corre una verja de bronce dorado á fuego, y 
sobre las cuales descansan cuatro jarroncillos del mismo 
metal, que le sirven de adorno; en el centro se ve un nicho 
de mármol de seis pies de alto y cuatro de ancho, que re- 
mata en una bien formada concha; el pavimento, de ocho 
pies en cuadro, está formado de mármoles y jaspes de varios 
colores, y la puerta, que comunica con una habitación inme- 
diata por donde las personas reales entran á la tribuna, 
tiene sus jambas y dintel resaltados de mármol, en harmo- 
m'a con lo restante de la capilla. Debajo de la ventana alta 
hay otro antepecho pegado á la pared, en todo igual al de 
la tribuna. 

Correspondiente al altar de la sacristía hay otro igual 
dentro del camarín, desde donde se percibe bien el grueso 
de los lados de la capilla transparente,que es de vara y me- 
dia, y el alto del arco escorzado que la remata con mayor 
altura que por la sacristía; obra difícil en arquitectura aquí 
con singular destreza ejecutada, en jaspes refajeados de 
mármol, que dan la vuelta por uno y otro lado con singular 
arte y disposición. 

En el grueso de la capilla transparente colocóse la cus- 
todia grande de la Sagrada Forma, y sobre ella, pendiente 
de la clave, el hermoso crucifijo de bronce dorado de que ya 
tienen noticia nuestros lectores, el cual aparece como sos- 
tenido en el aire por dos ángeles del mismo metal, que salen 
de los lados de la capilla, apoyados sólo en un pie. 

Del florón de bronce dorado en que termina la bóveda del 
camarín colgóse una araña, regalo de doña María Ana de 
Austria, de inmenso valor y de gran perfección en el arte. 
De un gran globo central salían seis arandelas con adornos 
y colgantes de flores y frutas, que descendían hasta una 
manzana en que remataba, y todo el conjunto estaba soste- 
nido por dos águilas imperiales con las cabezas unidas bajo 
una sola corona de oro. Era toda ella de plata sobredorada, 
con multitud de filigranas, flores y piedras preciosas, y de 



276 LA SAGRADA FORMA DEL ESCORL-^L 

tan delicada labor, que, según el P. Santos, más parecía obra 
de ángeles que de hombres. 

En el nicho de la tribuna se puso un templete de tres pies 
de ancho y más de cinco de alto. Sobre el pedestal, de la- 
pizlázuli con embutidos de ágata, descansaban cuatro co- 
lumnas de diaspro con sus correspondientes pilastras de 
lapizlázuli; éntrelas dos de en medio se veía entre cristales 
una reliquia de Santa Constancia Virgen y mártir; encima 
había una capilla en que se representaba el misterio de la 
Anunciación, y sobre la capilla se veía al Padre Eterno, 
acompañado de ángeles y serafines, todo de plata cincelada; 
tenía su frontis y cupulilla de lapizlázuli, con adornos de 
ángeles en la altura; los intercolumnios eran, también, de 
lapizlázuli y ágata, y toda la obra, guarnecida de ébano en 
sus filetes y cortes, estaba sostenida por cuatro serafines 
de dobles alas. 

Debajo del antepecho de esta tribuna, y en el que le co- 
rresponde entre las dos ventanas, se escribieron sobre már- 
mol, en letras de oro , dos inscripciones alusivas á la Sagra- 
da Forma, con el nombre de Carlos en sus mayúsculas, y 
debajo de ellas se pusieron las armas reales, en bronce do- 
rado á fuego. Las inscripciones decían, la una: 

Candor hic Adest Rutilaxs, Lucís Occult^ Sinaxis 

y la otra: 

Cui Austria Rex pius Laudes Opesque Sancit. 

El altar de la sacristía se adornó con su rico frontal, 
en el del camarín púsose otro de bronce dorado á fuego, 
con oportunas historias cinceladas, y para ambos vinieron 
de Sicilia, de orden de Carlos II, cuantas alhajas son ne- 
cesarias para celebrar el santo sacrificio de la Misa, á sa- 
ber: cruces, candeleros, ramilletes, sacras, cálices, hostia- 
rios, vinajeras con sus platos, campanillas, atriles y hasta 
adornos para los misales, todo de plata sobredorada con 
adornos de filigranas y piedras preciosas, y todo por dupli- 
cado, que sólo esto formaba un tesoro de incomparable 
valor. 

Nada nos dicen los autores de lo que el cuadro de Coello 



LA SAGRADA FORMA DEL ESCORIAL 277 



representa por detrás, siendo así que contribuye no poco al 
adorno del camarín, á pesar de no estar del todo concluido. 
Compónese el cuadro de dos lienzos unidos por medio del 
bastidor: en el fondo del que da vista al interior de la capilla 
se contempla, nada más, que esbozada, sin duda porque la 
custodia impedía verla, una procesión que empieza á entrar 
en un templo. Aparece éste en forma de rotonda con pilas- 
tras 3^ columnas convenientemente dispuestas, sobre cuyos 
capiteles corre una cornisa, de donde arranca una cúpula con 
su media luna. A la altura de ésta se ven dos niños con el san- 
to sudario en las manos el uno, j'- el otro con la corona de espi- 
nas, y más arriba, en la parte superior del 'cuadro, tres no- 
bles matronas sentadas, que representan la fe en el centro y 
la esperanza y caridad á los lados, todas tres con sus cono- 
cidos emblemas. En la parte interior del templo, casi á la 
entrada, se hallan entre columnas las estatuas de Moisés é 
Isaías con oportunas inscripciones alusivas al Santísimo Sa- 
cramento. Moisés tiene en la mano derecha la vara, y la iz- 
quierda apoyada en una lápida que dice: 

Verum Mana permanens 

Veré Cibus 

Qüo Veri Israelit.e 

In Via aluntur 

Donec vexiant im Terram 

PrOMISSIOiNIS 

y el profeta Isaías en actitud contemplativa posa también 
su mano izquierda en otra lápida, en la cual se lee: 

Veniet in Sion laudantes 

Qui REDEMPTI SUNT 

A Domino 

Nec deficiet pañis 

Ejus 

Cerrábase por esta parte el grueso de la capilla con una 
gran cortina de seda encarnada y las ventanas y nicho de 
la tribuna con otras semejantes en el color. 

Tan pronto como Carlos II tuvo noticia de estar ya con- 
cluida toda la obra del nuevo retablo y camarín, que lo es- 
tuvo el año 1690, determinó hacer jornada al Escorial en el 



278 LA SAGRADA FORMA DEL ESCORIAL 

Otoño y celebrar solemnemente la translación definitiva de 
la Sagrada Forma desde el soberbio templete de Jacome- 
trezo, donde por espacio de seis años se había venerado en 
la capilla mayor de la iglesia, á la nueva y espléndida ca- 
pilla que le había dedicado en la sacristía. Partieron, en 
efecto, Carlos II y su esposa doña María Ana de Neuburg, 
con grande acompañamiento, de Madrid á este Real Sitio el 
18 de Octubre, detuviéronse por la tarde en el hermoso par- 
que de la Fresneda, y ya puesto el sol se encaminaron hacia 
el Monasterio, el cual con todos sus alrededores, por ser la 
primera vez que á él venía la nueva Reina, estaba profusísi- 
mamente iluminado con más de treinta y seis mil luces ad- 
mirablemente distribuidas que producían un efecto encanta- 
dor. No es del caso describir el solemne y cariñoso recibi- 
miento que á sus monarcas y patronos hicieron los monjes. 

Quiso Carlos 11 que las fiestas de traslación de la Sa- 
grada Forma empezasen el día 28, sábado, cumpleaños de 
la Reina su esposa, y se terminasen al día siguiente que era 
festivo; ocupáronse entretanto la Reina con sus damas en 
ver las preciosidades del edificio, el Rey en la caza y la co- 
munidad en hacer los preparativos de la función. 

Llegado el día 28, expúsose la Sagrada Forma desde la 
Misa mayor, y por la tarde "se celebraron las Vísperas con 
una solemnidad sorprendente, asistiendo á ellas Sus Majes- 
tades desde uno de los balcones del coro, y concluidas éstas 
volvió á iluminarse el templo como el día de la llegada de 
los Reyes, para que la corte y las muchas gentes, que á la 
fama de la fiesta habían concurrido, pudiesen gozarlo. Des- 
de la mañana siguiente el órgano de campanas anunciaba la 
solemnidad del día, que fué uno de los despejados y templa- 
dos de otoño. La Iglesia, el claustro principal y la sacristía 
estaban adornados con gusto y profusión: las ricas telas, las 
costosas alhajas, las flores del campo, el arte y la naturale- 
za se habían hermanado para embellecerlos. La corte toda 
vestida de gala, discurría por los anchurosos claustros, 
mientras que los monjes se ocupaban en prevenirlo todo 
con la puntualidad y orden que siempre han acostumbrado. 

„Llegada la hora, los cuarenta cantores que de orden del 



LA SAGRADA FORMA DEL ESCORIAL 279 

Rey habían venido acompañados de muchísimos instrumen- 
tos, unidos á la comunidad, comenzaron la misa solemne. 
Para cantarla estaban, como las angélicas jerarquías, divi- 
didos en nueve coros. Cuatro de ellos se habían situado en 
medio de la nave principal de la iglesia junto á los enormes 
pilares que sostienen la torre gigante del cimborrio; otros 
dos ocupaban la baranda enfrente del coro; en cada uno de 
los balcones de los órganos había otro, y el último se halla- 
ba en medio del coro. Imposible es describir el efecto mági- 
co de tan enorme melodía, multiplicada por el eco de aque- 
llas anchurosas bóvedas. Unas vece^ el lleno de las voces, 
instrumentos y órganos parecían remedar el trueno que 
anuncia la presencia de la Divinidad; otras semejaba sen- 
tirse á lo lejos la dulce harmonía de los ángeles que entona- 
ban el interminable Hosanna^ y siempre el alma encantada, 
extasiada la imaginación en medio de aquel dulce canto, en 
aquel mar de luces, rodeada de la nube olorosa que se le- 
vantaba de los incensarios de oro, exclamaba: "éste es el 
palacio de Dios y la puerta del cielo„. Los Reyes, situados en 
el llano del altar mayor, enfrente de los oratorios; la corte 
puesta en orden en la nave principal, el inmenso gentío que 
llenaba todo el vasto templo, todos silenciosos, todos admi- 
rados, compungidos y devotos todos, aumentaban la gran- 
diosidad del espectáculo. 

„Concluída la misa, se ordenó la procesión, que no fué 
menos vistosa y sorprendente: á la entonces numerosa co- 
munidad se unieron los muchos grandes y caballeros que 
habían venido con S. M., con todos los dependientes del real 
palacio, lujosamente vestidos, que formaban dos largas filas. 
Entre ellas iban los coros de músicos, y en medio de ellos 
el hermoso organillo del emperador Carlos V, que era todo 
de plata sobredorada y perfectamente construido. Ocho de 
los monjes más ancianos y condecorados, vestidos con ricas 
capas de brocados, llevaban el palio, debajo del cual iba el 
prior, sosteniendo en sus manos la custodia en que está co- 
locada la Santa Forma, objeto de tan regio y majestuoso 
cortejo. Detrás iba Carlos II con los grandes dignatarios de 
palacio, todos con velas encendidas: la Reina, acompañada 



280 LA SAGRADA FORMA DEL ESCORIAL 

de sus damas, ocupaba la baranda del coro, para ver salir 
y entrar la procesión. Esta salió á dar vuelta al claustro 
principal bajo, en cuyos cuatro ángulos estaban preparados 
de antemano ricos y vistosos altares, que realzaban nota- 
blemente su hermosura y majestad. En cada uno de ellos 
colocaba el Prior la custodia, mientras la capilla cantaba un 
devoto y sentido villancico; y concluido el último, que se 
cantó en la nave principal de la iglesia, entraron en la sa- 
cristía. Describir lo que fué en aquel momento tan bellísimo 
salón, dar una idea del efecto que su vista causaba, es su- 
perior á las fuerzas humanas. Las innumerables luces con 
que estaba adornado, aumentadas por las que llevaban en 
las manos todos los concurrentes, y multiplicadas hasta el 
infinito por los reflejos de los recién bruñidos jaspes del 
nuevo altar, el brillo de los metales preciosos, de la costosa 
y variada pedrería, sembrada con profusión en el tabernácu- 
lo, en el frontaltar y en los sagrados ornamentos y vasos, no 
puede com.pararse á nada humano; sólo podrá dar alguna 
idea la consideración de aquella luz inaccesible que baña 
eternamente el trono de la Divinidad. Mientras el Prior de- 
cía las oraciones y desempeñaba las demás ceremonias, los 
Reyes estaban de rodillas en un magnífico estrado sembra- 
do de oro, colocado al lado del Evangelio: todos los demás 
rendían adoración á la Forma Santa en lo largo de la sa- 
cristía, la capilla entonaba con harmoniosos acentos las di- 
vinas alabanzas, y el humo de exquisitos aromas, mezclado 
con el fervor de los corazones, subía hasta la presencia del 
Dios de Israel. Pocos minutos después, aquella milagrosa 
Forma, sacrilegamente hollada por los zuinglianos, queda- 
ba colocada en el trono tal vez más digno que le han ofre- 
cido los mortales; y el templo pocos años antes profanado, 
más por la ceguedad de las pasiones que por la irreligión, 
quedaba desagraviado con el nuevo altar que la piedad de 
su Rey levantaba en honor del Dios de misericordia (!).„ 

fR. ^USTASIO ^STEBAN, 

Agustiniano. 
(Concluirá) 



(1) Quevedo, Historia, etc., págs. 167 y 168. 



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t:i^^í¿fr^cd B^^^¿^^m í^^^I^ÍB 



El alumbrado eléctrico 




[nidad de tensión ó potencial, ó Volt. — Volviendo 
al ejemplo de una corriente de agua que circula 
por un tubo, tendremos que cada litro ae agua que 
arroje dicho tubo podrá producir un trabajo más ó menos 
considerable, según la presión con que salga el agua. Si trae 
la presión de un metro de desnivel — prescindiendo de roces 
y pérdidas — cada litro producirá unkilográmetro;silatraede 
cuatro, producirá cuatro kilográmetros, y si de 20, produ- 
cirá 20 kilográmetros, etc. De suerte que puede medirse la 
presión de una corriente líquida que atraviesa un tubo por 
el trabajo desarrollado por cada unidad de cantidad, ó sea 
el litro^ al salir de aquél. 

Ya se ha dicho que lo que es la presión en la corriente 
líquida, es la tensión ó potencial en la corriente eléctrica; y» 
por lo tanto, así como aquélla puede medirse por el trabajo 
desarrollado por la unidad de cantidad ó sea el litro, así 
ésta puede ser apreciada por el trabajo desarrollado por la 
unidad de cantidad eléctrica, ó sea el coulomb. 

Si un litro de agua al salir del tubo produce diez kilo- 
grámetros, su presión es de una atmósfera, ó sea la unidad 
adoptada para medir la presión en los líquidos; si produjese 
20 kilográmetros, la presión sería de dos atmósferas, etc. 



282 EL ALUMBRADO ELÉCTRICO 

Análogamente, si un coulomb al circular por un conductor 
produce una décima de kilográmetro^ el potencial de la 
corriente es un volt^ ó sea la unidad adoptada para medir 
la tensión de la corriente eléctrica; si produjese cada cou- 
lomb 20 décimas de kilográmetro, ó lo que es lo mismo, dos 
kilográmetros, la tensión sería de 20 volts, etc. 

El volt es, por lo tanto, la tensión que lleva una corrien- 
te eléctrica en donde cada coulomb produce un trabajo 
igual á una décima de kilográmetro. 

Unidad de potencia eléctrica^ ó Watt. Insistiendo en el 
ejemplo de la corriente líquida, la potencia de una corriente 
líquida es siempre igual al producto de la intensidad por 
la presión. 

Lo mismo sucede en la electricidad; la potencia eléctri- 
ca es siempre igual al producto de la intensidad de la co- 
rriente por la tensión ó potencial de la misma; por manera 
que, si suponemos que la intensidad de una corriente es de un 
amper e y su potencial de un volt^ la potencia eléctrica será 
igual al producto de 1x1 = 1; de donde se sigue que la uni- 
dad de potencia eléctrica es igual al producto de la unidad 
de intensidad por la de tensión; el nombre con que se la de- 
signa es %^att\ 1 amper e x 1 volt^ 1 watt. 

Por lo tanto, quede definirse el watt, diciendo que es la 
potencia eléctrica de una corriente cuya intensidad es de 
tin ampére y cuya tensión es de un volt. Y como una co- 
rriente en estas condiciones puede producir una décima de 
kilográmetro de trabajo por segundo, puede también decir- 
se que el watt es la potencia ó fuerza eléctrica capas de 
producir ima décima de kilográmetro de trabajo por se- 
gundo. 

Vamos á aplicar los conceptos expresados á un caso 
práctico; vemos que la corriente producida por un dinamo 
tiene 115 volts de tensión y 30 amperes de intensidad: la po- 
tencia eléctrica será igual al producto de la intensidad por 
la tensión; 30 amperes x 115 volts = 3450 watts: ahora bien; 
como cada watt es igual á Vio de kilográmetro, tendremos: 
3450 watts = 3450 x V^o kilográmetro = 345 kilográmetros^ 
"*77s caballos de vapor =4,6 caballos de vapor; luego la po- 



EL ALUMBRADO ELÉCTRICO 283 

tencia de una corriente eléctrica de 115 volts de tensión 
y 30 amperes de intensidad, es igual á \^ potencia de 4,6 ca- 
ballos de vapor. De esto se deduce que el kiloorámetro es 
igual á 10 watts, y que el caballo de vapor, como tiene 75 
kilográmetros, será igual á 750 watts: esto es aproximada- 

damente, pues realmente el watt es igual á -g-g- de kilográ- 
metros, y el caballo de vapor, por consiguiente, es igual 
á 735 watt. 

Nada decimos de la unidad de capacidad eléctrica, ó sea 
el Farad; ni de la de trabajo eléctrico, por conceptuarlos de 
interés menos general. 

Los múltiplos y divisores de las unidades eléctricas se 
forman ordinariamente anteponiendo las palabras mega y 
ynicro^ que hacen á la unidad á que se unen respectivamen- 
te un millón de veces mayor y menor. 

Fórmula de Ohm. — Como la fórmula de Ohm es de uso 
bastante frecuente creemos oportuno ponerla en nuestro 
trabajo. Representando por 7 la intensidad de una corriente, 
por E su fuerza electromotriz, y por i? la resistencia del 

conductor en que se mueve, se tiene T"-^- , que, traducida al 

lenguaje ordinario, significa que la intensidad es igual á la 
fuerza electromotriz dividida por la resistencia. 

Con la precedente fórmula puede averiguarse una cual- 
quiera de las tres cantidades, conocidas las otras dos; por- 

que despejando, tendremos E = IxR; y R= — -. 

Amperómetro, Vóltmetro y Wdttmetro. — Como de la 
etimología de la palabra se desprende, el amperómetro es 
un aparato destinado á apreciar la intensidad de las co- 
rrientes eléctricas; el vóltmetro, el destinado á medir su 
tensión, y el wdttmetro, el destinado á averiguar la poten- 
cia ó fuerza de las mismas. No descenderemos á detalles 
acerca de estos aparatos, pues sólo se usan ordinariamente 
en las fábricas de electricidad, 3^ nuestro escrito tiene por 
objeto ilustrar á los que utilizan en sus viviendas el alum- 
brado eléctrico. 

Contador de electricidad.— Desde el momento en que 



284 RL ALUMBRADO ELÉCTRICO 

el fluido eléctrico entró en la categoría de mercancía, 
apareció la imperiosa necesidad de un aparato que pusiese 
á salvo de la mala fe los intereses de los contratantes; del 
contador eléctrico rudimentario ó relativamente perfeccio- 
nado sólo podría prescindirse en una sociedad de hombres 
probos, los cuales, por desgracia, escasean en el planeta que 
habitamos. Es el contador eléctrico un aparato destinado á 
medir la cantidad de electricidad que ha pasado á través de 
determinado conductor. Con él las Compañías expendedo- 
ras de energía eléctrica, pueden conocer la que cada clien- 
te consume; por manera que sirve de garantía para los fa- 
bricantes. Mas como los referidos aparatos no son tan per- 
fectos que no se les pueda obligar á que indiquen el paso 
de más electricidad que la que efectivamente circula por el 
conductor, y por otra parte, la inmensa mayoría de los con- 
sumidores carecen de conocimientos y medios directos para 
probar de cuando en cuando si el contador funciona bien ó 
mal; creo oportuno indicar un medio indirecto y relativa- 
mente fácil, por el cual puedan los interesados descubrir si 
son víctimas de la mala fe de algún funcionario de la Com- 
pañía que les suministra el alumbrado eléctrico. 

Para ello precisa averiguar previamente qué energía 
consumen las lámparas de que se hace uso: las que hoy más 
corren en el comercio consumen 3 watts por bujía, ó sea, 
30 watts cada lamparita de 10 bujías y 48 watts las de 16 bu- 
jías. Esto supuesto, ténganseencendidaspor espacio, v. g.^de 
una hora un número fijo de lámparas, por ejemplo, 12 de á 
16 bujías, y véase qué número de watts-hora resultan de las 
indicaciones del contador; si aquél coincide próximamente 
con lo que el cálculo arroja, se puede confiar en las indicacio- 
nes del contador, en el caso contrario, se exigiría la corres- 
pondiente rectificación. El cálculo á que se ha hecho referen- 
cia, es el siguiente: las lámparas que funcionan durante una 
hora, en el caso propuesto, son 12 de á 16 bujías, que compo- 
nen 192 bujías, y como cada bujía hemos supuesto que consu- 
me 3 wats, 192 consumirán 192 x 3 = 576: por lo tanto, la 
energía consumida por las 12 lámparas que han lucido por 
espacio de una hora, es de 576 wats-hora. Si en virtud de los 



EL ALUMBRADO ELÉCTRICO 285 

datos del contador, en vez de dicha cifra, se obtuviese otra 
distinta, sería prueba de su mal funcionamiento. Téngase 
en cuenta que ni el contador es aparato matemáticamente 
exacto, ni el consumo de energía eléctrica de cada lámpara 
se puede precisar con toda exactitud; de ahí que sea necesa- 
rio conformarse con la aproximación en las cifras señaladas 
por el aparato y las obtenidas por el cálculo, por ser punto 
menos que imposible la coincidencia absoluta. 

Manera de conocer por qué no luce una lámpara. — Su- 
cede á veces, que, sin causa aparente, se hace funcionar 
un interruptor, 3^ la lámpara á éste correspondiente no luce; 
es fácil averiguar la causa sin necesidad de acudir á los 
agentes de la Compañía, mas para ello es preciso poseer 
algunas ideas que vamos á exponer sucintamente. El inte- 
rruptor es un aparato destinado á cortar y establecer la 
corriente en determinado circuito. Esto se consigue cortan- 
do uno de los dos conductores necesarios para todo circui- 
to, y uniendo cada uno de los cabos de aquél á una parte 
metálica; entre estas dos partes metálicas se coloca otra, con 
la cual á voluntad se puede conseguir que las ponga en 
comunicación estableciendo la corriente, ó las deje aisla- 
das, quedando en este caso. interceptado el paso á la elec- 
tricidad. 

Es el corta-circuitos un aparatito insignificante en la 
apariencia, y que, sin embargo, es de suma utilidad en las 
instalaciones eléctricas, en las cuales viene á ser lo que la 
válvula de seguridad en las calderas de vapor. En lo subs- 
tancial, el corta circuitos no es más que un hilo fácilmente 
fusible, que se intercala en una parte del circuito, donde, 
aunque se funda, no puede producir daño alguno. El hilo 
suele tener de tres á cuatro centímetros de largo, con bas- 
tante menor grueso que el cable del circuito donde se inter- 
cala: con objeto de evitar que al fundirse ocasione siniestro 
alguno, va introducido en una cajita, por regla general de 
porcelana, cuya forma varía con los distintos modelos. 

He aquí en breves palabras el fundamento del aparatito 
á que nos referimos: la resistencia que ponen los conducto- 
res al paso de la corriente es tanto mayor cuanto más del- 



286 EL ALUMBRADO ELÉCTRICO 

gados son y menor es su conductibilidad. Por otra parte, 
la resistencia de los conductores es una pérdida de energía 
eléctrica que se transforma en calor; por eso cuanto más 
resistencia pone un conductor á la corriente eléctrica más 
se calienta; ahora bien, el hilo de plomo del corta-circuitos 
se calentará más pronto que lo restante del conductor, pues 
dicho hilo pone más resistencia que cualquiera otra parte 
del circuito, ya por ser más delgado, ya por poseer el plomo 
mucha menos conductibilidad que el cobre. De lo cual evi- 
dentemente se sigue que, si por una causa imprevista, la 
electricidad que debía convertirse en luz dentro de la bom- 
bita incandescente ó en las puntas de los carbones del arco, 
se emplea en calentar los conductores, antes que el cobre 
adquiera una temperatura peligrosa, se fundirá el plomo, 
con lo cual queda cortada la corriente y alejado el peligro. 

Las lámparas de incandescencia consisten en unas 
bombitas de cristal, en las cuales se ha hecho el vacío, y en 
su interior hay un filamento de carbón unido á los extremos 
de dos hilos metálicos, aislados entre sí, y que van á parar 
cada uno á distinta pieza de latón, también aisladas la una 
de la otra por medio de cierta pasta. 

Al hacer comunicar las referidas piezas metálicas, cada 
una con distinto polo, de un generador de electricidad diná- 
mica, se cierra el circuito por medio del filamento de car- 
bón, el cual se pone al blanco ó incandescente, mantenién- 
dose en este estado mientras no deje de circular por él la 
electricidad. 

Para poder con mayor comodidad intercalar en el circui- 
to las lámparas incandescentes, se usan Xosporta-ldmparas^ 
los cuales son de diversas formas, pero en todos existen dos 
piezas metálicas aisladas entre sí y con un botón ó tornillo 
cada una, donde se sujetan los conductores. Para que una 
lámpara comience á funcionar, no hay más que colocarla en 
el porta-lámparas, después de haber puesto éste en comu- 
nicación con los extremos de dos conductores que partan 
más próxima ó remotamente de los polos de un generador 
de corriente eléctrica. El porta-lámparas va de ordinario 
atornillado á un soporte cuya forma varía desde un tubo 



EL ALUMBRADO ELÉCTRICO 



287 



sencillo para adaptarlo á la pared, ó una columnita sencilla 
para ser colocada sobre la mesa, como se ve en la ñg. 2.^; 
hasta la de lujosísimas arañas 
dignas de figurar en regios 
salones. 

Después de lo dicho, po- 
demos ya descender á detalles 
prácticos para averiguar por 
qué una lámpara no luce, ha- 
ciéndolo las restantes. A par- 
tir de la bombita, se puede ir 
haciendo un reconocimiento 
sencillo que nos descubrirá el 
origen del mal. Para ello véa- 
se: 1.° si el filamento de carbón 
está roto, 2.° si la bombita se 
halla en perfecto contacto con 
el porta-lámparas, 3.° si los 
conductores se han despren- 
dido de los tornillos ó éstos se 
han aflojado, 4.° si el interrup- 
tor funciona bien, 5.° si el plo- 
mo del corta-circuitos se ha 
fundido. 

Cuando la bombita se ha inutilizado, no hay más reme- 
dio que sustituirla por otra, y si el hilo de plomo se ha fun- 
dido, se coloca otro del mismo grueso que el anterior, y si 
después de colocado, al establecer la corriente se funde de 
nuevo, es prueba de que hay avería ó contacto entre los 
conductores del circuito parcial donde se encuentra interca- 
lada la lámpara. En este caso, por regla general el recono- 
cimiento del circuito es algo más difícil y pesado, por lo cual 
conviene que los poco prácticos en esta materia acudan á 
los agentes de la Compañía. 

Por regla general, la tensión ó voltaje de las lámparas (1) 




FiG.2.* 



(1) En todas las lámparas ponen los fabricantes dos etiquetas pe- 
queñas, en donde se indica el número de bujías de aquellas y la 
tensión para que han sido construidas. 



288 



EL ALUMBRADO ELÉCTRICO 



debe ser algo inferior á la con que funciona la máquina, pues 
siempre hay pérdidas, efecto de la resistencia del conduc- 
tor, que, como es sabido, crece con la longitud. Mas no hay 
inconveniente en usar lámparas de distinta tensión. Lo que 
sucede en este caso es que, si la tensión de la lámpara es 
superior á la de la máquina, la luz no será tan blanca, ni las 
bombitas producirán el número de bujías señalado en la eti- 
queta correspondiente: en cambio, la duración de la lámpa- 
ra aumenta considerablemente. 

Si, por el contrario, la tensión ó voltaje indicado en la 
lámpara es inferior á la tensión con que marcha el dinamo, 
la luz es muy brillante y blanca, tanto más cuanto la ten- 
sión de la máquina más es superior á la de la lámpara, pero en 
este caso la duración de ésta disminuye, pudiendo reducir- 
se á mu}^ pocas horas si la diferencia referida asciende á 
una mitad ó tercera parte del voltaje de la lámpara. En una 
palabra, el rendimiento lumínico de una lámpara es tanto 
menor cuanto mayor es su duración. 

De aquí se desprende que se puede muy bien usar á dia- 
rio lámparas proporcionadas á la tensión del dinamo, te- 
niendo de repuesto algunas de tensión inferior para el día en 
que se quiera iluminar profusamente un salón. Así, por 
ejemplo, si las lámparas ordinarias son de 100 volts, el día 
que se quiera iluminar con brillantez una pieza, no hay más 
que reemplazarlas por otras de 90 á 95 volts. 



fR. Jeodoro J^odríguez, 

Agustiniano. 




i 



bibliografía 




XPLORATION DE LA REGIÓN DU GRAND LAC DES OURS {Fin deS 

Qiiinse ans sous le Cercle Polaire) par Emile Petitot^ an- 
den niissionaire arctique, Uniréat des sacíeles de Géogra- 
phie de Londres el de París, membre de la société de Geographie 
de Marseille et de pliisieurs aiitres sociétés savantes; avec 12 gra- 
vures et deux caries par l'auleur.— París, 1893.— Téqui, 33, rué de 
Cherche-Midi; in 12-VI-470 pág. 

Justísima celebridad goza hoy en el mundo sabio el nombre del 
P. Petitot, ilustrado y valeroso misionero católico, cuyas repetidas 
excursiones por los territorios situados al S. E. del país de Alaska 
han contribuido tan poderosamente á ensanchar los dominios de la 
Religión y de la Ciencia. Merced á los trabajos del intrépido explo- 
rador francés, son más exactas y completas la noticias que se tienen 
de la región septentrional de América y de las tribus salvajes en ella 
establecidas; la Etnografía y Lingüística han acrecentado su caudal 
con multitud de datos enteramente nuevos; y la ciencia geográfica 
sale también favorecida con numerosos é importantes descubrimien- 
tos. La serie dilatada de artículos, memorias y monografías, en que 
el P. Petitot dio á conocer los resultados de sus investigaciones, dis- 
frutan entre los entendidos, de la estima y el aprecio debidos á su re- 
levante mérito; pero, romo todos los trabajos de la misma índole, 
ofrecen el inconveniente de no ser accesibles más que al escaso nú- 
mero de personas consagradas á ese género de estudios. En cambio 
el libro de viajes se acomoda sin dificultad á casi todas las capacida- 
des é ilustraciones; interesa más vivamente al lector hablándole á un 

19 



290 BIBLIOGRAFÍA 



tiempo á la inteligencia y á la fantasía; y logra por esta razón di- 
fundirse aun entre los que sólo toman la lectura como materia de 
agradable pasatiempo. Comprendiéndolo así el P. Petitot, ha creído 
muy del caso para su propósito vulgarizar el conocimiento de los 
lugares por él recorridos, publicar una colección de viajes en que 
apareciese con la apetecible riqueza de pormenores y detalles la his- 
toria de su larga permanencia en la zona glacial norteamericana. El 
volumen cuyo título encabeza estas líneas, quinto y último de la se- 
rie, contiene la relación de ocho viajes al gran lago de los Osos. Es- 
crito en estilo sencillo y sin adornos, en lo que el autor parece haber 
puesto especial empeño, con objeto de quejesalte más el carácter de 
veracidad (dote principalísima que debe exigirse á este linaje de 
obras), se lee, sin embargo, con gusto, por las descripciones de pai- 
sajes, en un todo diferentes de las que estamos habituados á contem- 
plar; por los interesantes episodios que retratan el carácter del in- 
dio, y finalmente, por las escenas curiosísimas que presenta la vida 
salvaje en aquellos desiertos y estepas, verdadera imagen de la de- 
solación y de la muerte. Desde los primeros capítulos comienza á 
sentirse cautivado el ánimo por esa misteriosa atracción que ejerce 
todo lo nuevo y desconocido; la curiosidad aumenta á medida que el 
autor va haciéndonos penetrar en la vida íntima de los infelices Dani- 
tas, esclavos aun de las supersticiones más absurdas y de tradiciona- 
les prácticas en las que corren parejas lo ridículo y lo extravagante; 
\^ se concluye por no dejar el libro de las manos hasta haber recorrido 
con avidez todas sus páginas. Los variados cuadros de costumbres 
que amenizan la narración despojándola de su aridez y monotonía; las 
escenas de infanticidios ejecutados con circunstancias horripilantes, 
y los casos, por fortuna bastante raros, de asquerosa antropofagia, al 
par que conmueven hondamente, son otras tantas causas que concu- 
rren á mantener vivo y creciente el interés del lector. No estriba en 
esto, sin embargo, el mérito principal de la obra, que vale mucho más 
considerada en lo que tiene de útil é instructiva: en ella aparecen des- 
critas con minuciosa prolijidad las grandes estepas que se extienden 
desde las riberas oriental y meridional del lago de los Osos; la forma 
verdadera de las bahías de este, y el único canal por donde desagua 
en el Mackenzie; se marcan las fuentes del río Anderson, y se indica 
la situación é importancia de otros muchos ríos, lagos, llanuras y mon 
tañas en puntos que las cartas geográficas anteriores á la del P. Peti- 
tot dejaban casi enteramente en blanco. Los dos mapas insertos al fin 
del libro, uno trazado por el misionero marsellés con arreglo á sus 
exploraciones, y el otro copiado de la carta del almirante Franklin, 
que viajó por el extremo Norte de América en 1S25, permiten esta- 
blecer una comparación, 3' apreciar lo mucho que ha ganado la Geo- 
grafía con las excursiones del P. Petitot. Otro tanto podemos decir 
de la Ciencia Etnográfica, que hallará asunto digno de estudio en las 



BIBLIOGRAFÍA 291 



tradiciones, USOS, juegos, danzas, ceremonias, etc., de los pueblos 
que vagan por las márg-enes del gran lago y sus cercanías. Reco- 
mendamos, pues, eficacísimamente la obra á los tratadistas y profe- 
sores de Geografía, y en general a todos los amantes de la Literatu- 
ra instructiva y amena. 



Manual bíblico, ó Curso de Sagrada Escritura, para uso de los Se- 
minarios: escrito en francés por MM. L. Bacues y F. Vigouroux, 
traducido al castellano bajo la dirección de D. Vicente Calatayud 
y Bonmati.— Antiguo Testamento, porF. '/igouroux, sacerdote de 
San Sulpicio.— Tomo segundo.— Antiguo Testamento.— Libros 
Históricos.— Alicante, Imprenta de Manuel y Vicente Guijarro, 
1893.— 659 págs. en 4.» rúst.— Precio de los dos tomos, 11 pesetas, 
franco de porte. 

Acabamos de recibir el tomo segundo del Manual bíblico, escrito 
por F. Vigouroux. No repetiremos aquí los elogios que hicimos de 
tan ilustrado y benemérito autor, así como también de su sabio com- 
pañero y colaborador, L. Bacuez, al hacer el juicio crítico del tomo 
primero de esta obra; sólo diremos que este segundo tomo raya á la 
misma altura del anterior. Está dividido en tres partes: en la prime- 
ra se trata de los libros históricos, ó sea, desde /osz/^ hasta los libros 
de los Macabeos inclusive. Casi al principio de esta primera parte 
tiene un tratadito bastante completo y á la vez muy interesante de 
la Geografía de Palestina. Es indudable, que sin un conocimiento 
exacto de la Geografía de los lugares en que sucedieron tantos y 
tantos hechos, tan distantes de nosotros, no es posible comprender 
bien muchos pasajes de los libros históricos y otros de los demás li- 
bros. Por esa razón nos parece no sólo muy conveniente, sino nece- 
sario tratar este punto en las Introducciones á la Sagrada Escritura. 

Consagra el autor La segunda parte á tratar de los Libros diddc- 
.ticos y Sapienciales. Comienza, con un capítulo breve, pero muy subs- 
tancioso, acerca de la poesía hebraica; demuestra la utilidad gran- 
dísima que reporta al escriturario el conocimiento de la forma de la 
poesía de los hebreos; señala con bastante exactitud los caracteres 
intrínsecos y extrínsecos de la misma, y distingue, como no puede 
menos de distinguirse, la poesía del verso. Tratando de este último, 
no hace más que exponer las diferentes opiniones que ha}' sobre la 
forma exterior del verso hebraico. En este punto hallamos alguna 
deñciencia,por la poquísima importancia que se da á la acentuación 
masorética, uao de los caracteres más esenciales, después del para- 
lelismo, para distinguir lo que está escrito en verso de la prosa poé- 
tica. Dado el carácter especialísimo de la lengua hebrea, y la poca 



292 bibliografía 



afición con que se cultiva al presente, en que desgraciadamente es 
ya planta exótica entre nosotros, nadie podrá dudar que las breves 
nociones de Poética hebraica que nos da en su libro el Sr. Vig-ou- 
roux, son muy útiles en estos tiempos tan calamitosos para la lengua 
de David y de los profetas. 

La parte tercera se dedica á los libros proféticos. Después de una 
Introducción general á todos estos libros, y algunas profundas refle- 
xiones sobre la naturale;za de la profecía, comienza de lleno á tratar 
acerca de todos y cada uno de los profetas, describe su vida, expone 
en pocas líneas el argumento de la profecía, y demuestra la autenti- 
cidad de aquellos que los racionalistas han puesto en tela de juicio sin 
bastante fundamento. 

Reciba el Sr. Calatayud y Bonmatí nuestra cordial enhorabuena 
por la buena idea que ha tenido de traducir esta obra que tan bri- 
llantes resultados está llamada á producir en los Seminarios de 
España. 



La Encíclica del 16 de Febrero y la unión de los católicos de 
España, /«o;' D.J. M. Orti y Lara^ Catedrático de Metafísica de la 
Universidad de Madrid^ é individuo de la Academia romana de 
Santo Tomás de Aquino .—MdiáYiá: imprenta de Luis Aguado.— Fo- 
lleto en 8.*' de 77 pág.— El reco:-ocimiento de D. Alfonso XIII por 
los católicos españoles, por el mismo .—Folleto de 46 páginas. 

Los títulos de los folletos bastan por sí solos para conocer lo que 
el Sr. Ortí y Lara se propone al publicarlos. Apoyándose en los do- 
cumentos que Nuestro Santísimo Padre León XIII ha dirigido en di- 
versas ocasiones á los católicos de Francia, intenta demostrar que 
los consejos y. advertencias relativos al reconocimiento del poder 
constituido en Francia tienen aplicación en España, en donde el po- 
der, lejos de ser enemigo de la religión verdadera, tiene la obliga- 
ción de profesar la fe católica por la lej^ fundamental del Estado. 
Este es el pensamiento cardinal del primer folleto. 

En el otro folleto discute: si hay obligación de reconocer al prín- 
cipe reinante, cuestión que resuelve en sentido negativo; si es lícito 
y honesto ese reconocimiento, á lo cual contesta que "no es lícito 
aceptar la dinastía reinante ni ninguna otra dinastía en razón de 
símbolo y representación del liberalismo y del derecho nuevo repro- 
bado por la Iglesia;,, pero sí es lícito reconocerlo en cuanto á la po- 
testad que reside en el príncipe... conduce y se endereza, conforme 
á las leyes fundamentales de España y á las enseñanzas de la Igle- 
sia, á la restauración social y cristiana de la patria; y por último, 
pregunta: "¿aconseja la prudencia reconocer los católicos españoles 



BIBLIOGRAFÍA 293 



-al Príncipe reinante en el momento histórico actual?,, No se atreve á 
responder de un modo categórico; y si bien se inclina á juzgar opor- 
tuno el reconocimiento, deja el juicio definitivo de tan debatida cues- 
tión á la autoridad suprema de la Iglesia. 

De la buena fe y recta intención del Sr. Ortí y Lara no se puede 
-dudar; pero él, mejor que otro alguno, comprenderá que sus razones 
no han de convencer á todos . 



JosEPHi Fessler, quondam Episcopi S. Hipolyti Institutiones Pa- 
trología quas denuo recensuit, auxit, ■'didit Bernardus Jiing- 
mann. — Tom. Il'pars prior.— CEniponte, 1892.— Sumptíbus et typis 
Feliciani Rauch. — Ratisbonas, Neo Eboraci et Cincinnatii apud 
Fr. Pustet.— Un volumen en S.** de VI-447 páginas. 

Ya en otra ocasión hemos hablado del primer tomo de esta impor- 
tante obra, tan provechosa para los que se consagran á los estudios 
teológicos. La primera parte del segundo tomo que hoy anunciamos 
comprende el estudio de los Santos Padres y escritores eclesiásticos 
que florecieron en el siglo IV y principios del V. El método es el 
mismo que el del primer tomo; y las notas y adiciones del sapientísi- 
mo Jungmann son del mayor interés para la buena inteligencia de 
ciertas frases duras usadas por los Padres. A San Agustín, que es 
sin disputa el primero de los escritores de su tiempo, consagra el 
autor un largo y minucioso estudio (desde la pág. 250 á la 405) en el 
que hace resaltar las brillantes cualidades de su ingenio, y la impor- 
tancia de sus numerosos escritos. De todas las obras hace un análisis 
harto detallado, de suerte que el lector pueda formarse idea bastante 
-exacta del argumento en ellas desenvuelto. Con ciertas notas y acla- 
raciones puestas por el Sr. Jungmann á los libros contra los Pelagia- 
nos no sólo no estamos conformes, sino que las creemos completa- 
mente opuestas á la doctrina del Santo. Tales son las que se refieren 
á la eficacia de la gracia y á la predestinación gratuita á la gloria, 
doctrinas tan clara y evidentemente expuestas, en nuestro humilde 
sentir por el Santo Doctor, que sólo un decidido empeño de sostener 
opiniones de determinada escuela puede hacer ver lo contrario. 
Quien quiera que sin pasión alguna lea las obras del Santo relativas 
á la refutación de los errores pelagianos y semipelagianos, colegirá 
sin duda como doctrina corriente la eficacia intrínseca de la gracia y 
la predestinación gratuita á la gloria. Ni valga oponer que siendo 
estas materias libres, y defendiéndolas el Santo como doctrinas sos- 
tenidas siempre por la Iglesia, tendríamos que concluir que el sa- 
pientísimo Doctor se había excedido al dar como dogmas de íe cues- 
tiones que jamás la Iglesia ha definido; porque aun concediendo de 



294 BIBLIOGRAFÍA 



buen grado que la predestinación de que habla el Santo es á la gra- 
cia y á la gloria, ó sea adcEqiíate sumpta, la cual no cabe duda que es 
completamente gratuita, es tal el modo de expresarse del Doctor de 
la gracia, que siempre hace depender la distribución de los auxilios 
eficaces de la predestinación á la gloria; y por tanto, es justo inferir 
que si es gratuita la gracia, tiene que serlo también la causa de que 
depende. Pero no es este lugar apropósito para ventilar estas ma- 
terias. 

No obstante los pequeñoslunares que acabamos de apuntar, es re- 
comendabilísima la obra del limo. Fessler, y con toda eficacia se la 
recomendamos á nuestros lectores. 



El Cielo, ciudad de los bienaventurados. — Obrita ascética del Re- 
verendo P. Drexelins, propia para servir de lectura á toda clase 
de personas piadosas; traducida de la edición Jrancesa por el Pa- 
dre Fr. Francisco María Ferrando., Menor Observante del Colegio 
de Misioneros Franciscanos de Santiago.~Con las licencias ne- 
cesarias. — Madrid, Librería católica de Gregorio del Amo, 1893. 
—En 8.0, 539 págs. 2,50 pesetas. 

En este siglo tan materializado, en que no se aspira más que á dis- 
frutar de los goces de los sentidos, sin reflexionar ni una vez siquie- 
ra que este mundo no es más que un breve destierro, en el cual nos 
ha colocado la divina Providencia para que merezcamos con nues- 
tras buenas obras un lugar de deleites inefables y á la vez eternos 
en la patria de los bienaventurados, es absolutamente necesario re- 
cordar que no tenemos aquí mansión permanente, sino que hemos 
sido criados para habitar en otra, que no poseemos aún, pero que es- 
peramos llegar á ella, ayudados de la divina gracia. Existe además 
otra causa que nos obliga á dirigir nuestra mirada hacia otras regio- 
nes más tranquilas, y es el estruendo, á veces, pavoroso que aquí 
abajo producen las pasiones humanas. Los trastornos políticos, las 
desgracias de familia, la infidelidad de los malos amigos, las conti- 
nuas epidemias que no se separan de nosotros de algunos años á esta 
parte, y toda clase de calamidades, tanto públicas como privadas, 
son otros tantos estímulos poderosísimos, para que dirijamos nues- 
tros ojos y nuestro corazón hacia el cielo. 

Esta doctrina tan consoladora, y al mismo tiempo tan admirable- 
mente tratada en su magnífico libro por el P. Drexelius, servirá in- 
dudablemente para que muchas personas se acostumbren á pensar 
un poco más en las cosas del cielo, y para las que se vean atribula- 
das servirá de grandísimo consuelo leer en sus páginas las bellas 
descripciones que hace su autor de aquel Paraíso de deleites. Todo 



BIBLIOGRAFÍA 295 



esto, adornado con ejemplos de la antigüedad, tanto sagrada como 
profana, puede servir de lectura, no sólo útil y piadosa, sino á la vez 
agradable y amena: condiciones que, por desgracia, no suelen reunir 
otros muchos libros de ascética. Felicitamos al Revdo. P. Ferrando 
por haber traducido en estilo tan castizo y al mismo tiempo tan ele- 
gante una obra que puede ser de mucho provecho en nuestra amada 
España. 



ZuBiAGA (D. Román de). Abogado. Medios para Unpedir y corregir 
dentro del derecho la blasfemia contra Dios y las cosas santas. Me- 
moria presentada á la sección pritnera del segundo Congreso Na- 
cional católico celebrado en Zaragosa.— Bilbao. Imprenta y encua- 
demación de la Sociedad anónima La Propaganda, 1893.— Folleto 
en 4.® de 42 páginas, 50 céntimos de peseta el ejemplar. 

Respecto de esta Memoria, no podemos emitir juicio más acerta- 
do é imparcial que el que emitió la Junta á cuyo cargo estuvo el exa- 
men de los trabajos enviados al segundo Congreso católico, razón 
por la que juzgamos conveniente transcribirlo. Dice asi: "Este nota- 
ble trabajo, cu\"a importancia no es posible desconocer, divídelo su 
autor en diez secciones ó capítulos, estudiando en ellos con singular 
acierto y discreción los diversos extremos que abraza. 

Define en el primero la blasfemia, y apoyado en la doctrina de sa- 
bios moralistas, indica sus diversas especies, dando de cada una de 
ellas el concepto que les conviene. Escogiendo con acertada mano, 
que indica un profundo y detenido estudio de la Sagrada Escritura y 
de los Santos Padres, numerosísimos testimonios, prueba con ellos en 
el segundo y en el tercero la gravedad del pecado de la blasfemia, y 
los castigos con que Dios ha dejado sentir el terrible peso de su jus- 
ticia sobre aquellos que lo cometen. 

En el cuarto, un detenido examen de cuanto el Derecho canónico 
dispone con relación á la blasfemia y á los blasfemos, haciendo en el 
quinto y en el sexto el mismo detenido y concienzudo examfen de la 
disciplina eclesiástica y de las antiguas leyes civiles españolas, así 
como de cuanto en materia de Derecho subsiste hoy en vigor acerca 
de un asunto tan importante, según se desprende del Código penal y 
de las sentencias de los tribunales de justicia. El capítulo séptimo es 
de la mayor importancia para la práctica, porque señala las disposi- 
ciones gubernativas, con las cuales puede castigarse la blasfemia; im- 
portancia que reviste también el capítulo octavo, por ponerse en él 
de manifiesto la justísima severidad con que en las ordenanzas mili- 
tares está penado un crimen, considerado siempre como uno de los 
más graves que pueden cometerse contra Dios. Investigarlas causas 



296 BIBLIOGRAFÍA 



que determinan hoy la existencia, y aun el aumento en proporciones 
alarmantes, del pecado de la blasfemia, es el objeto del capítulo no-, 
veno: indicando en el décimo los medios adecuados para impedir 
estos progresos vergonzosísimos y aun para extirpar este pecado que 
es la mayor deshonra de nuestro siglo. Tal es en breve resumen el 
trabajo del Sr. Zubiaga. 

Resalta en él, al lado de una severa concisión, una abundancia de 
datos tan perfectamente elegidos, que bastan ellos solos para dar 
una cabal idea del sentido de la tesis, objeto del estudio, y del alcan- 
ce que tiene la acertada solución de lo que en ella se propone. „ 



Peña y Fernández. Piadosas 'consideraciones y devotos ejercicios 
para la Novena solemne de reparación que, en curnpliíniento de 
su Instituto, celebran anualmente las religiosas de María Repa- 
radora, por el Dr, D. Manuel, presbítero. — Con aprobación ecle- 
siástica.— Se\' illa. Librería é imprenta de Izquierdo y Compa" 
nía, 1893.— Un volumen en 8.° de 200 páginas. - 

El indiferentismo religioso y la impiedad son las dos principales 
causas de los trastornos que ha sufrido Europa en la actual centuria, 
y del deplorable estado en que se encuentran las modernas socieda- 
des, "tres veces culpables, ante los ojos de Dios, ante el tribunal de 
la recta razón y el fallo imparcial de la historia,,. Urge pues, la repa- 
ración de tan graves males, y para esto nada más apropósito que el 
librito que hoy anunciamos. El nobilísimo fin que al escribirlo se ha 
propuesto su piadoso autor no es otro que el de levantar el espíritu 
de nuestra época, tan decaído por lo que respecta á los intereses de 
la religión. 

Divide la obra en dos secciones: en la primera pone nueve medi- 
taciones adecuadas al asunto y calcadas sobre los motivos, medios y 
frutos de reparación, demostrando en ellas espíritu eminentemente ce- 
loso de la gloria de Dios, y perfecto conocimiento del corazón huma- 
no: en la segunda enseña el método práctico para hacer la Novena, y 
concluye con unas preces á María Reparadora, sacadas de las obras 
de los santos Padres y Doctores de la Iglesia y de la tradición cris- 
tiana. 

Felicitamos de corazón al Sr. Peña por su obra, y al mismo tiem- 
po rogamos á todos los cristianos que lean este precioso librito y 
practiquen lo que enseña. 



BIBLIOGRAFÍA 297 



Las Calamidades Públicas.— Pasío^'rt/ que el Rvdmo. Sr. Obispo de 
Oviedo dirige al clero y fieles de su diócesis.— Oviedo, tipografía 
de Vicente Brid, 1893.— Folleto en 4.°, 43 páginas. 

Ante la consideración de los males que actualmente afligen á Es- 
paña, "diríase, escribe el sabio y virtuoso Prelado ovetense, que van 
á descargar sobre nosotros ios tres grandes azotes con que Dios cas- 
tiga ó corrige á los pueblos prevaricadores: la peste, la guerra y el 
hambre,,. 

En el número pasado han visto los lectores de La Ciudad de Dios 
la última Carta Encíclica que nuestro amantísimo Padre León XIII 
ha dirigido á todo el orbe católico con ocasión del mes del Rosario 
de la Santísima Virgen; y con análoga ocasión un ilustre hijo de 
Santo Domingo y virtuoso Prelado español ha publicado la elocuente 
Pastoral que hoy anunciamos. Empieza el Rvdmo. Sr. Obispo de 
Oviedo lamentándose de la triste situación en que se encuentra Es- 
paña y de los terribles azotes, precursores de las divinas venganzas, 
que empiezan á afligirnos, pintándonos con vivos colores los mucho 
más terribles que sucederán á los primeros, si con oraciones y peniten» 
cias no procuramos aplacar la divina justicia. Duélese, y con razón 
que le sobra, de que en una nación oficial y esencialmente católica 
"el Estado sea prácticamente ateo,,, y de que los que se llaman repre- 
sentantes de España tengan de todo menos de españoles, porque el 
no ser católico y ser verdadero español son dos cosas incompatibles, 
y teme que sobrevengan á España alguna de aquellas calamidades 
con que Dios castigaba al pueblo de Israel; pero al lado de este cua- 
dro, en demasía triste y desgarrador, nos brinda con el consuelo y la 
confianza en la inagotable misericordia de Dios; porque si perdonó á 
Nínive, luego que hizo penitencia; si de haber encontrado diez justos 
en el valle de Pentápolis hubiera perdonado por ellos á todos los de- 
más habitantes; si reinando el piadoso Ezequías libertó ájerusalén 
de un horrible asedio, y al pueblo de Judá de ominosa esclavitud, por 
las oraciones del Rey y del pueblo, ¿abandonará, por ventura, á Es- 
paña, la nación eminentemente Mariana, y en la que para dicha nues- 
tra viven tantas almas inocentes que elevan sin cesar sus manos pu- 
ras al cielo en demanda de misericordia y bienestar? ¡Ah! la Santí- 
sima Virgen no permitirá que padezca la nación que la está especial- 
mente consagrada. 

La oración y la penitencia son los medios de que debemos valemos 
para detener las iras de Dios y desarmar su justicia. Luego el sabio 
Prelado hace esta pregunta: "Si uno ora y el otro maldice, ¿á quién 
escuchará el Señor? Unus orans et unus maledicens, ¿cujus vocem 
e:caudiet Deus?. La respuesta, amados hijos nuestros, no es du- 
dosa para un creyente. Instruidos por el mismo Jesucristo acerca del 
valor V de la eficacia de la oración en sí misma, y constándonos por 



298 BIBLIOGRAFÍA 



nuestro propio testimonio cuan difundido está el espíritu de adora- 
ción entre nosotros, cuánto se ora en toda España, eremos sernos 
permitido asegurar, sin nota de temeridad, que la oración prevale- 
cerá, que será atendida y nos salvará.,, Tal es en breve síntesis lo 
que el ilustre Prelado ovetense dice y nos recomienda en su Pastoral. 
Oigámosle, pues, practiquemos sus enseñanzas y oremos por la sal- 
vación de España. 



El Darwinismo y la Ciencia, por D. Antolín Lopes Peláes, Magis- 
tral de la Catedral de Lugo.—l^ngo, 1893. — Un folleto en 8.° menor 
de 154 páginas. Precio: una peseta. 

Después de tanto como se ha escrito en pro y en contra de la teo- 
ría de Darwin, parecía difícil dar alguna novedad al asunto, estu- 
diarlo sin repetir lo que tantos y tantos han dicho. El Sr. López Pe- 
láez, á quien ya conocíamos como aventajado autor de otros libros 
muy interesantes, condensa en el que tenemos á la vista los múlti- 
ples y valiosos argumentos con que se refuta el transformismo, ana- 
liza una por una sus leyes, y con el auxilio de la filosofía y las cien- 
cias naturales, hace ver lo infundado de esa hipótesis, denigrante 
para el hombre, que el espíritu de secta y la candidez han querido 
elevar á la categoría de verdad científica incuestionable. 

No sabemos si podrá considerarse como defecto la abundante y 
para algunos acaso superfina erudición, de que el autor hace gala. 
De todos modos, la autoridad de los sabios y el testimonio de los he- 
chos son indispensables para resolver el problema planteado por el 
Señor López Peláez, que por eso les ha dado tanta importancia. 



Discurso leído en la solemne apertura de estudios del Seminario 
Conciliar de Oviedo, por el Lie. D. Herminio Herid Luis^ Cate- 
drático de Matemáticas. Con aprobación de la Autoridad eclesiás- 
tica.— Curso de 1893-94.— Oviedo: 1890. Impr. á cargo de Antonio 
García, calle de San Vicente, 10.— En 4.° menor. 

Una de las cuestiones más difíciles de la Metafísica, la que se re- 
fiere á la naturaleza de la extensión, ha servido de tema al Catedrá- 
tico ovetense para lucir sus profundos conocimientos en los elocuen- 
tes párrafos de su hermoso discurso. Después de la oportuna intro- 
ducción en que, parangonando el espíritu filosófico de la Edad Media 
con el empírico de nuestro siglo, hace notar la injusticia con que la 



BIBLIOGRAFÍA 299 



ciencia moderna califica de bárbaros los tiempos de Rogerio Bacón 
y Alberto el Grande, Vicente de Beauvais y Arnaldo de Vilanova, 
examina el autor las diferentes opiniones emitidas por los filósofos y 
matemáticos más eminentes acerca de la naturaleza del espacio, ha- 
ciendo una crítica breve y atinada de cada una de ellas; á continua- 
ción expone y razona la suya con admirable claridad, y concluye tra- 
zando en sus líneas generales la historia de la Geometría, desde los 
tiempos más remotos hasta Descartes. El estilo y tono general del 
discurso tienen la limpieza y elevación propias de este género de 
composiciones. 



Luz Y Sombra, por D.J. Buj, Preshitero del Seminario Sacerdotal 
de San Carlos,— Con licencia de la Autoridad Eclesiástica.— Zara- 
goza. Tipografía de Mariano Salas, 1893.— 194 páginas, en 8."— Pre- 
cio 1,50 pesetas. 

Componen este precioso libro varios artículos, publicados en íorma 
de cuentos en El Pilar, y como sucede ordinariamente en escritos 
de este género, el autor desarrolla en poco espacio un pensamiento 
que sugieren de ordinario los sucesos que ocupan con preferencia 
la atención pública, los rasgos característicos de las diversas eta- 
pas de la vida humana, ó las páginas del Evangelio llenas de con- 
soladoras enseñanzas que el Sr. Buj pretende grabar en la tierna 
inteligencia de los jóvenes, á quienes, según nuestro modo de ver, se 
dirigen principalmente los artículos de Lus y Sombra. En este libri- 
to hallarán también los padres de familia sabias reglas de conducta 
para la educación de los hijos, en cuyas manos pueden poner el tra- 
bajo del ilustre y digno director del Seminario de San Carlos, sin 
temor de que se les caiga de las manos. Así irán formando el gusto 
de los jóvenes, acostumbrándoles á lecturas buenas é ¡impidiendo 
el que se den de lleno á esos cenagosos folletines y noveluchos que 
infiltran sin sentir el veneno de la impiedad y licencia, marchitando 
en flor los corazones juveniles, que quedan incapacitados para todo 
sentimiento generoso y elevado, como lo vemos á diario en esa des- 
creída y necia juventud que hormiguea por todas partes, }'■ de todo se 
ríe, porque lo ignora todo. 

En pequeñas dosis, como nuestra enferma sociedad lo reclama, da 
el Sr. Buj un conjunto de enseñanzas morales y religiosas, valiéndo- 
se, ya de ingeniosas creaciones suyas, ó de ejemplos recientes; ya 
por boca del proverbial tipo aragonés que con una aragonesada 
amordaza al más estirado defensor del libre pensamiento. Nuestra 
cordial enhorabuena al Sr. Buj por su apreciable trabajo de propa- 
ganda católica. 



300 BIBLIOGRAFÍA 



Biblioteca del Hogar.— La Perla Preciosa, por Matilde Bourdón. 
— Dibujos de Ponciano Ross. — Con licencia eclesiástica.— Barce- 
lona. Librería y Tipografía católica, 1893.-8.° en rústica, 75 cénti- 
mos y 1,25 pesetas en tela.— 128 páginas. 

Este pequeño librito, que hoy anunciamos al público, merece un 
cumplido elogio por su sencilla y amena lectura, y á la vez por estar 
inspirado por sentimientos verdaderamente cristianos. En él se 
cuenta, en forma de novela, la conversión de una familia protestan- 
te al Catolicismo, motivada por los remordimientos de la madre y 
por las buenas lecturas de una de sus hijas. 

Felicitamos á los editores de la Biblioteca del Hogar ^ que con sus 
sanas y recreativas lecturas ponen un fuerte dique á las emponzoña- 
das doctrinas que lastimosamente corrompen á la juventud moderna. 



Tratado de oraciones gramaticales castellanas con su correspon- 
dencia latina, por el Licenciado D. Anastasio Machuca Diez, Pro- 
fesor de Latinidad y Humanidades en el Setninario Conciliar de 
Valladolid. — Con licencia de la autoridad eclesiástica. — Valla- 
dolid, imprenta de Luis N. Gaviria, 1891.— Un volumen en 8.° de 
XV-210 páginas. 

Intimamente persuadido el Sr. Machuca de la importancia del es- 
tudio del latín, no ha reparado en dificultades, antes venciéndolas 
todas á costa de largas vigilias, concienzudas disquisiciones filológi- 
cas, y un prolijo examen de las aptitudes de los escolares, ha llegado 
á condensar en pocas páginas cuanto puede desearse para el estudio 
complementario de la lengua latina. 

Al recomendar á nuestros lectores la presente obrita,no podemos 
menos de dar el parabién al Sr. Machuca, y animarle á proseguir en 
tareas lingüísticas de este género, por el bien de España y gloria de 
nuestra santa religión católica. 




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Revista Científica 




^ü liigrieiie públiea.— Hemos entrado ya en el curso acadé- 
mico de 1893 á 189-1; en las aulas universitarias, en las escue- 
las y demás centros de enseñanza se reúne multitud de jóve- 
nes de diversas edades y condiciones. El temible huésped del Ganges 
parece no quiere abandonar los pueblos del Norte de nuestra Penín- 
sula; de ahí que nunca mejor ocasión para dar á conocer ciertas 
medidas higiénicas que siempre deben tenerse en cuenta, pero es- 
pecialmente cuando una epidemia comienza á dejar sentir sus mor- 
tíferos efectos. 

Todavía no se han puesto de acuerdo, ni es fácil se pongan tan 
pronto, las más eminentes lumbreras médicas acerca de la verdade- 
ra causa primordial del cólera; pero lo cierto es, y en esto convienen 
todos, pues la lógica de los hechos es contundente, que la higiene 
pública y privada tiene interesantísimo papel en el desarrollo de to- 
das las epidemias, y muy principalmente en la más temida y que pa- 
rece ha tomado carta de naturaleza en Europa. 

Para que se vea lo que significa en esta enfermedad la observan- 
cia y el desprecio de las medidas higiénicas, vamos á referir lo acae- 
cido en el tristemente célebre cólera de Hamburgo en el año próxi- 
mo pasado. Hamburgo, Altona y Wandsbeck son tres pobla,ciones 
situadas una á continuación de las otras, sin que haya realmente 
verdadera interrupción en las calles, pues puede decirse que las de 
una son prolongación de las de las otras, y por lo tanto sus condicio- 
nes climatológicas son idénticas. Pues bien, mientras fué diezmado 
Hamburgo por la epidemia colérica de 1892, los vecinos de Altona y 
Wandsbeck apenas sintieron los efectos del terrible azote asiático. 



30'J REVISTA CIENTÍFICA 



Es más, en una manzana de casas situada en una de las plazas de 
Hamburgo, pero propiedad habitación de subditos de Altona, ni un 
solo caso de cólera se registró. 

Esta aparente maravilla tiene explicación muy fácil. Los vecinos 
de Hamburgo beben el agua del río Elba sin filtrarla; en cambio los 
de Altona, que también toman el agua del Elba, la purifican antes 
haciéndola pasar á través de los grandes y magníficos filtros de que 
dispone el Municipio. Los de Wandsbeckse surten para beber de un 
lago próximo á la población, previa también la correspondiente filtra- 
ción artificial. Hecho tan elocuente y que corrobora una verdad cien- 
tífica tan interesante, bien merece que se repita en todos los tonos 
para que á la higiene pública y privada se les dé el capital interés 
que realmente tienen en el origen y desarrollo de las enfermedades 
y muy especialmente en las epidemias. 

Previo el informe de la Academia de Medicina de Francia, el mi- 
nistro de Instrucción pública de esta República ha dado un decreto 
en el que se prescriben las medidas higiénicas que deben observarse 
en las escuelas públicas para evitar y combatir las enfermedades 
contagiosas. En la imposibilidad de transcribir á la letra el regla- 
mento á que deben atenerse los encargados de dichos centros de 
enseñanza primaria, daremos á conocer los artículos más esenciales. 
- Art. 1." Todas las escuelas deben estar provistas de agua pura 
(agua de fuente, agua filtrada ó hervida): sólo ésta debe estar á la 
disposición de los alumnos. 

S.° Durante las horas de recreo, y por la tarde, después de salir 
los alumnos, deben ventilarse las aulas, abriendo para ello puertas 
y ventanas. 

4.*' La limpieza del suelo no conviene hacerla simplemente con la 
escoba, sino con un trapo ó esponja mojada. 

5.° Una vez á la semana es preciso lavar los pavimentos con agua 
y un líquido antiséptico, operación que debe extenderse á las pare- 
des dos veces al año en la época de las vacaciones. 

8.° Todo alumno que tenga fiebre debe abandonar inmediatamen- 
te la escuela, y retirarse á la enfermería caso de que fuese interno. 
9.° Cuando en un niño aparezca una enfermedad contagiosa, debe 
prohibírsele la asistencia á las clases no sólo á él, sino también, 
cuando el médico así lo juzgue oportuno, á los hermanos, y á veces 
hasta á todos los niños que habiten en la misma casa. 

10.° En el caso del artículo anterior debe procederse á la mayor 
brevedad á la desinfección de las clases en la forma siguiente: láve- 
se el suelo, paredes y muebles de la clase con una disolución antisép- 
tica; verifiqúese la desinfección de los mapas y demás material de 
enseñanza mediante la pulverización; quémense los libros, cuader- 
nos, etc., del alumno contagiado. 
IL" A la familia del alumno enfermo debe proporcionársele una 



I 



REVISTA CIENTÍFICA 303 



instrucción acerca de las precauciones que conviene tomar para que 
el mal no aumente y se extienda. 

12." Ning-ún alumno que haya dejado de asistir á la escuela por 
enfermedad volverá á ser admitido á ella sin previo certificado fa- 
cultativo. 

En el art. 14. « expone las medidas que deben tomarse en las prin- 
cipales enfermedades contagiosas cuando éstas se han presentado en 
alguno de los niños que asisten á la escuela pública. A los niños que 
han tenido viruela se les debe aislar por espacio de cuarenta días, 
destruirle todos sus libros y cuadernos, verificar una desinfección 
general y revacunar á sus maestros y condiscípulos. Todo lo dicho 
acerca de la viruela, excepto la revacunación, debe aplicarse á la 
escarlatina y difteria. 



Irratliacióii ealorífíea tic la luna. — El célebre astrónomo 
Arago negaba que la luna ejerciese inñuencia de ninguna especie en 
nuestro globo y atmósfera. Sin embargo de la autoridad de Arago, 
muchos ha habido después de él, como antes de él existían también, 
que han afirmado con entera convicción que nuestro satélite tiene 
poderoso influjo tanto en los fenómenos atmosféricos y cambios de 
temporal, como en la vegetación y en el desarrollo de la vida, con 
sus muchas alternativas, de los demás seres vivientes en la superfi- 
cie terrestre. Aducía por razones de su aserción el astrónomo fran- 
cés, el que la luz reflejada por la luna no impresionaba de ningún 
modo las substancias químicas más sensibles expuestas á sus rayos, 
y que respecto del color tampoco se notaba efecto ninguno suyo en 
la tierra. La experiencia ha venido después á desmentir las asercio- 
nes de Arago. En cuanto á la luz y su influencia no hay para qué re- 
petirlo, después que se sabe desde hace muchos años, que se sacan 
vistas fotográficas del disco lunar como de cualquier objeto te- 
rrestre. 

En cuanto al calor irradiado por nuestro satélite, muchos han in- 
- tentado medir su intensidad, sin ocurrírseles la menor duda de que 
tal calor existiese ó no, y de que á nosotros pudiera llegar. De esto 
no sabemos que haya dudado sino Mr. Arago. La dificultad estaba en 
disponer de un medio, lo suficientemente delicado y sensible para 
poder apreciar los grados de intensidad selenio-calorífica. Mr. Boys 
ha realizado experiencias de resultados admirables, empleando un 
inicrorradióntetro de sensibilidad verdaderamente prodigiosa. Juz- 
gúese de ella por lo siguiente: colocado frente á la llama de una bu- 
jía que se halle á 2.800 metros de distancia del microrradiómetro, el 
calor de la llama, cuya luz apenas es visible á esa distancia, se hace 
apreciable en dicho instrumento. 



304 REVISTA CIENTÍFl. 



Los resultados más importantes respecto del calor lunar son los 
siguientes, comprobados, según se dice, por Mr. Boys: en luna nue- 
va el calor aumenta desde el borde cóncavo hasta el borde convexo; 
es decir, es menos intenso hacia la parte obscura del disco. De la 
parte que está en sombra, el instrumento no indica señales de tem- 
peratura. Al hallarse el astro en cuadratura, el máximo de irradia- 
ción calorífica se aleja del borde más iluminado, y parte de la región 
media del segmento bañado de luz solar, que se ve desde la tierra. 
Dicho máximo calorífico se halla en el centro del disco en la época 
de luna llena, sin notar diferencias entre el borde que lleva catorce 
días mirando al sol y el que acaba de ser iluminado. 



Curio siilatles lueteorolój^icas. — Lo es indudablemente el co- 
nocer la frecuencia media de los días en que ruge la tempestad en 
distintos puntos del globo. La región más castigada por las tempes- 
tades es, fuera de Europa, la de Sumatra y Java en el mar de las In- 
dias. Durante el año suelen registrarse en Java 97 días de tempesta- 
des y 86 en Sumatra. En el Indostán resulta un promedio de 56 días 
tempestuosos, y de 54 en la isla de Borneo. En la Costa de Oro y en 
Rio Janeiro 52 y 51 respectivamente. 

Por lo tocante á Europa, Italia está en primera línea en cuanto á 
la frecuencia de las tempestades, aunque no abunden tanto como en 
los parajes citados. El promedio de Italia es 38; sigue Austria con 23 
días tempestuosos durante el año; el Gran Ducado de Badén, el 
Wurtemberg, Hungría, Silesia, Baviera y Bélgica con 22 ó 21. En 
Francia y en el Sur de Rusia suelen registrarse entre 16 y 18 días de 
tempestad; en España, considerada en general, no pasan de 15 las 
tempestades atmosféricas que suelen ocurrir durante un año en cada 
localidad. En Inglaterra, Suecia y Noruega el promedio oscila entre 
4 y 7. Al Cairo le corresponden 3 ó 4. 

Nótase que la frecuencia de tempestades disminuye del Ecuador 
al Polo Norte. El hemisferio Sur está menos estudiado. En el Tur- 
questán oriental y en las regiones polares apenas se conocen estos 
fenómenos tempestuosos. 

El límite septentrional hasta donde alcanzan estas manifestacio- 
nes tempestuosas, pasa por el cabo de Ogle, Islandia, Nueva Zembla 
y por las costas del mar de la Siberia. De allí para arriba jamás bri- 
lla el rayo ni ruge el trueno. 



REVISTA CIENTÍFICA 305 



Observaciones sobre la nutrieióii «le las plantas.— Nadie 
ignora el importante papel que en el desarrollo de los veg-etales des- 
empeña el agua, como disolvente de los fosfatos, nitratos, sulfatos y 
demás sales absorbidas por las plantas para su alimentación; pero 
en lo que tal vez se han fijado pocos, es en la influencia esterilizado- 
ra del mencionado líquido cuando lluvias frecuentes le hacen correr 
en abundancia por los terrenos. La sequía prolongada, que traspa- 
sando ciertos límites hiata é imposibilita la vegetación, y lleva con- 
sigo la escasez y la pobreza á las regiones que la tienen por caracte- 
rística, puede resultar altamente beneficiosa desde el punto de vista 
agrícola, cuando se cuenta con medios de combatirla por medio del 
riego. Asilo ha demostrado no hace mucho tiempo el profesor Hil- 
garth ante la Sociedad de fisiología de Berlín, entre cuyos miembros 
ocupa un lugar distinguido. Al efecto ha practicado numerosas ope- 
raciones de análisis con diferentes tierras del nuevo continente, de 
las cuales se deduce que la riqueza de elementos alimenticios aumen- 
ta con la sequedad del clima; es decir, que un suelo contiene tanta 
mayor cantidad de substancias propias para la nutrición de las plan- 
tas, cuanta menor sea la cantidad de lluvia recibida anualmente. 

La explicación de este hecho no es difícil de averiguar, si se tie- 
ne en cuenta que las aguas cuando después de empaparse en el te- 
rreno, lo abandonan formando arroyos ó corrientes de mayor cau- 
dal, arrastran consigo una porción de sales disueltas que necesita el 
vegetal para su crecimiento, de modo que si no se procura la repa- 
ración de semejantes pérdidas apelando á los abonos, las cosechas 
han de ir decreciendo gradualmente hasta acabar por un rendimien- 
to incapaz de retribuir los trabajos del cultivo. Hilgarth recuerda á 
este propósito, que los pueblos civilizados de la antigüedad parecían 
mostrar empeño en elegir por residencia los parajes secos antes que 
los húmedos, sin duda porque la experiencia les había dado á cono- 
cer las ventajas que aquéllos reúnen para una explotación más pro- 
ductiva. 

No menos curiosas son las observaciones de otro profesor, Lora- 
uer, acerca del reblandecimiento que sufren lasramas de los árboles 
frutales á consecuencia de la nutrición forzada. Los arboricultores, 
como es sabido, con objeto de aumentar el tamaño del fruto, 3^ ha- 
cerlo todo lo delicado y exquisito que sea posible, suelen esmerarse 
en proporcionar á los árboles abundantes substancias asimilables, 
procedimiento que, según el ilustre botánico últimamente citado, 
adolece de un inconveniente hasta ahora inadvertido. Sucede, en 
electo, que cuando la absorción de agua y principios nutritivos al- 
canza en el vegetal excesivas proporciones, el tejido blando de éste 
se desarrolla de un modo considerable á expensas del anillo leñoso, 
originándose de aquí una disminución en la consistencia que necesi- 
ta la planta para hacer frente á los agentes exteriores. Por ignorar 

20 



306 REVISTA CIENTÍFICA 



los efectos de tal transformación, comprometen muchas veces los 
hortelanos la vida de excelen tes frutales, á que no se cansan de prodi- 
gar cuidados, que por lo desmedidos, llegan á degenerar en dañosos. 



Primeros trabajóos <le Jaiií^sen en Montbiane. — Én otra 
ocasión hemos dado á conocer á nuestros lectores el proyecto de le- 
vantar un Observatorio sobre el Montblanc, asunto en que el emi- 
nente físico Janssen venía ocupándose con entusiasmo, de tiempo 
atrás. A estas lechas se hallan ya terminadas las principales obras 
y vencidas las graves dificultades con que ha sido preciso luchar 
para conseguir que el armazón del edificio reuniese la consistencia 
y rigidez necesarias; y Janssen se ha apresurado á comunicar á la 
Academia de Ciencias de París los resultados de sus primeras ob- 
servaciones espectroscopio as, encaminadas á averiguar lo que hay 
de cierto respecto de la existencia del oxígeno en la atmósfera del 
Sol. Valiéndose para ello de un magnífico espectroscopio RoAvland 
que le permitía observar minuciosamente la disminución de intensi- 
dad presentada por las líneas dobles del grupo i5, de las cuales van 
desvaneciéndose las más débiles á medida que la observación se ve- 
rifica á mayor altura, pudo convencerse de que en la cima del Mon- 
teblanco no se perciben más que ocho líneas dobles, número mucho 
menor que el percibido por el mismo físico en otros observatorios 
de elevación inferior á la de Montblanc; de donde concluye que en 
los límites de la atmósfera desaparecerían todas las líneas del men- 
cionado grupo. No se atreve, sin embargo, á establecer de una ma- 
nera absoluta esta deducción, á pesar de hallarla comprobada por 
la notable coincidencia que resulta al comparar el número de rayas 
dobles visibles en el Montblanc (8) y el producto de multiplicar el 
coeficiente representativo del decrecimiento de la acción atmosféri- 

43 
ca en dicho punto ' por el total de rayas (13), producto que es 

igual á 7,4; y cree que para adquirir sobre esta cuestión entera cer- 
tidumbre, será necesario hacer experiencias comparativas con tu- 
bos llenos de oxígeno y colocándose en la posible igualdad de condi- 
ciones ópticas. Los trabajos efectuados en el Observatorio de Meu- 
dón conducen á admitir el origen puramente telúrico de las bandas 
y rayas reputadas como características en el oxígeno en el espectro 
solar, y confirman el modo de ver de Janssen. El ilustre observador 
termina su comunicación, manifestando que espera con ansia el mo- 
mento de hallarse terminada la instalación de los aparatos para en- 
tregarse á nuevas é importantes investigaciones. 



REVISTA CIENTÍFICA 307 



Vai*ie«la«les eieiilífieas. — La plouibagina y la fabricación de 
lápices.—'La plombagina, lápiz-piorno ó grafito, es una variedad de 
carbono, más o menos impuro, que se presenta en masas informes de 
color gris-obscuro, que está dotada de brillo metálico y que mancha 
el papel y los dedos de un color gris plomizo. Esta substancia es com- 
pletamente opaca, su superficie es crasa y untuosa, cortándose fá- 
cilmente con el cuchillo. 

Encuéntrase la plombagina en los terrenos de antigua formación, 
especialmente en los Alpes, en Baviera, en Bohemia, en el Cumber- 
land, en la Siberia oriental, en Ceilán y en el Canadá. 

En Francia se explotó una sola mina que ha dado en tiempos más 
de 300 quintales métricos de grafito; pero que ya en 1861 no dio más 
que 61 quintales, y en la actualidad nada produce. 

En España, aun cuando hay minas de plombagina en los Pirineos, 
los montes de Toledo, Sierra Nevada, etc., el principal criadero es 
el de Marbella en la provincia de Málaga. 

La plombagina es muy usada en las artes. Reducida á polvo fino 
y desleída con aceite, se aplica sobre el hierro dulce y fundido, para 
evitar la oxidación. Amasada con cuatro partes de agua forma una 
pasta que sirve para suavizar el rozamiento de los ejes de los carrua- 
jes, de los engranajes de las máquinas, de los pistones de las bom- 
bas, etc. También se usa contra el roce de las máquinas de madera, 
que se hincharían si se emplease cualquier grasa. En la confección 
de crisoles tiene una excelente aplicación uniéndola á la arcilla, 
siendo en crisoles de esta clase en los que se funden en las casas de 
moneda la aleación de oro y de cobre de que se hacen las monedas 
-de oro. Con el nombre de plomo de mar se utiliza en el barnizado de 
los perdigones. En la galvanoplastia se hace un gran empleo del 
grafito para hacer conductores del fluido eléctrico los objetos que no 
lo son en su estado natural, y sobre todo para impedir la adherencia 
de dos metales que hayan de superponerse. Finalmente, la aplicación 
más importante de la pomblagina es la fabricación de lápices. En la 
confección de lápices se emplea la plombagina en diferentes formas. 
Cuando esta es suficientemente pura, no hay más que cortarla con 
una sierra en barritas muy delgadas, y alojar éstas en unos estuches 
de madera. Para los lápices que suelen llamarse de carpintero, se 
asocia á la plombagina un tercio de su peso de sulfuro de antimonio. 
Los lápices llamados de Conté están hechos de una mezcla de plom- 
bagina en polvo mu}^ fino y arcilla también muy dividida, forman- 
do todo una pasta que se moldea en ima especie de estuche ó forro 
de madera de cedro, para cuya confección hay una máquina á pro- 
pósito. 

M. Fichtember, de París, introdujo hace años una modificación 
importante en la fabricación de los lápices Conté, haciéndolos de una 
mezcla de plombagina, de sanguina y de materia grasa, consiguiendo 



308 REVISTA CIENTÍFICA 



así el que lo que estos lápices marcan en el papel, pueda conservar- 
se en una cartera sin que se borre. 

Reproducción de dibujos.— Para, obtener copias de planos ó dise- 
ños, por el método heliográfico, de color negro sobre fondo blanco, se 
usa el procedimiento siguiente: 

Se deja durante tres minutos una hoja de papel blanco en un 
baño de 

Sulfato de hierro 20 gramos. 

Percloruro de hierro 20 — 

Gelatina 20 — 

Acido tartárico 20 — 

Agua 330 — 

Se retira el papel y se deja en un lugar obscuro. 

Para reproducir un plano se coloca éste sobre el papel reactivo, 
preparado como se ha dicho, comprimiendo ambos entre sí por me- 
dio de una tabla de madera por la parte del papel sensible, y con 
cristal en la del plano que debe reproducirse, manteniendo la presión 
por medio de pinzas. Este conjunto se expone durante 25 minutos á 
la luz solar, ó un día á la luz difusa, y después de este plazo se retira 
á la obscuridad, separando la hoja de papel reactivo, en el cual no se 
nota ninguna señal. Para hacer visibles los trazos, se sumerge la 
hoja de papel químico en una solución formada por 

Acido gálico 2 gramos. 

Alcohol 5 — 

Agua 200 — 

Se lava, luego se deja secar, y resulta en el papel una reproduc» 
ción exacta del plano, diseñada en negro. 







Ke2í^'«S»^'«Ss''«Xs''«^^"5g^'íF^'e^"'^ 



CRÓNICA GENERAL 



RONIA 




EÓN XIII goza de una salud verdaderamente excepcional y 
casi milagrosa en naturaleza tan trabajada. No hay que de- 
cir si sus facultades intelectuales se conservan íntegras y 
vigorosas. Buena prueba de ello es lo que refiere una corresponden- 
cia de Roma, hablando de la admirable memoria de Su Santidad: 
"Ayer por la tarde, al regresar del paseo en los jardines del Vatica- 
no, y después de haber recibido á varias personas, entre las cuales 
se hallaba el Cardenal Rampolla, en la nueva Palazsina de Paulo IV, 
donde pasa ahora los dias, León XIII recibió en sus departamentos 
á un sacerdote de tanta edad como él y originario de Colonia.— Su 
Santidad se ha complacido en recordarle que había visitado aquella 
ciudad y que se acordaba perfectamente de que el mismo sacerdote 
que se hallaba en su presencia, le había servido de cicerone, y tam- 
bién de las cosas que había visto en Colonia, gracias á su amable 
guía.— Este, lleno de admiración y sorpresa, no acertaba á compren- 
der ese admirable rasgo de memoria de León XIII, porque tales re- 
cuerdos datan de cerca de medio siglo,,. 

—El día 30 de Septiembre último, fueron recibidos por el Papa 
en audiencia privada el hermano y el hijo del Rey de Siam. Su San- 
tidad conversó en francés con el hijo del Rey, y Mons. Merr)^ del Val 
sirvióle de intérprete para entenderse con el hermano del Monarca 
oriental, que no habla más que inglés. La audiencia pontificia duró 
veinte minutos. 

— Varios jóvenes de todas las clases sociales de Roma tratan de 
fundar unaLiga antimasónica que establecerá bibliotecas ambulantes, 



310 CRÓNICA GENERAL 



publicará hojas sueltas y abrirá jardines de recreo en los días festi- 
vos, para combatir por todos estos medios el predominio de los herma- 
nos del triángulo. Todos los periódicos de orden aplauden el pro3'ecto. 
El crecimiento de la sociedad es tal que, según la estadística, exis- 
ten en Bélgica 16 logias; en España 148 (de ellas cinco formadas por 
señoras); en Italia 180; en Suiza 32; en Holanda 78; en Grecia 7; en 
Portugal 70; en Dinamarca 9; en Suecia y Noruega 25; en Alemania 
384; en Inglaterra 1.900; en Escocia 720, y en Irlanda 1.004. 

Suponiendo exacto este censo, y en este punto abrigamos no po- 
cas dudas, surgen infinidad de problemas dignos de prolijo estudio; 
sólo uno apuntaremos: ¿Porqué en Inglaterra, á pesar de existir más 
logias que en ningún otro país, son más inofensivas, y nadie hace 
caso de las mismas?— ¿Cuál será el mejor medio de combatir y ani- 
quilar, si posible fuese, la masonería, dados los referidos números? 
— Cuestiones que bien merecerían, con otras no menos importantes 
y análogas, servir de temas á un certamen que abriese alguna aso- 
ciación católica. 

—El Ministro de la Guerra de Humberto ha publicado un regla- 
mento para regularizar los servicios que han de prestar los sacerdo- 
tes soldados en las tropas italianas. Según estfe documento, los sa- 
cerdotes de más edad y más débiles guarnecerán las fortalezas; los 
que no se hallen en dichas condiciones servirán en las ambulancias. 
Los que se hallen en guarniciones tendrán desde luego el grado de 
capitanes. Los que sirvan en artillería é ingenieros, el de tenientes. 
Los que censuraban el ejército de los Papas, no podrán decir que es- 
taba compuesto de clérigos. Hay quien supone que las indicadas me- 
didas se refieren á una próxima guerra con que los italianos amena- 
zan á los franceses. 

El Tageblatt publica un violentísimo artículo contra el gobierno 
del rey Humberto. Dice así: "La Italia, enferma |económica y mo- 
raímente, se halla al borde del abismo. Sin nuevos impuestos no po- 
drá salvarse; el proceso contra el Banco ha sido una farsa y ha des- 
prestigiado al Ministerio, que lo mejor que puede hacer es dejar el 
puesto. Nicotera y Crispí consideran las Cámaras como una reunión 
de agentes de sus propios negocios. Y Crispí tiene el cinismo de lla- 
marse salvador de Italia. ¡Dios salve á Italia de esos salvadores!.,, 



II 
EXTRANJERO 

Alemania. — Terminadas las fiestas militares, objeto de intermina- 
bles comentarios de la prensa europea, Alemania parece haber en- 
trado en un período de calma, presagio tal vez de borrasca y tem- 



CRÓNICA GENERAL 311' 



pestades. Bien es verdad que los sucesos de Francia, insignificantes 
en sí mismos, pero de gran alcance político, según los inteligentes 
tienen suspensos los ánimos y como en espera de lo que darán de sí 
en orden á la conducta futura de las naciones más importantes del 
continente europeo. 

— Ya hemos hablado otras veces del Congreso Católico de Wurz- 
burgo: el P. Pío Mortara, canónigo agustiniano, único extranjero que 
ha asistido á dicho Congreso, dirige una carta importante á un dia- 
rio católico de Madrid, manifestando las circunstancias que han 
concurrido para el mejor éxito de dicha Asamblea: la unión de 
sentimientos y aspiraciones que reinaban en el Congreso, á pesar de 
las divergencias accidentales que existían en el modo de sentir de 
los concurrentes; la táctica admirable para la discusión de las cues- 
tiones más graves y espinosas, como son la instrucción religiosa, la' 
educación de la juventud, el personal docente de primera y segunda 
enseñanza, la cuestión obrera, las Ordenes religiosas, etc., etc.; y por 
último, la participación que en ese Congreso ha tomado la población 
católica de Alemania, pasando de 8.000 las personas que tomaron 
parte en él. El P. Mortara concluye la carta con estas palabras: 
"Queréis de veras triunfar del error y de la inmoralidad y hacer en- 
trar en todas las clases de la sociedad del espíritu de la verdad y de la 
moral católica? Haced lo que hace la católica Alemania: reunios en 
Congresos numerosos, tomad acuerdos y resoluciones prácticas, 
trabajad, unidos todos en la caridad de Jesucristo, }'■ no lo dudéis, 
venceréis en el nombre de Aquel que dijo: tened confianza; yo ven- 
cí al mundo.,. 



* 

* * 



Inglaterra.— Se ha reunido en Portsmouth un Congreso Católi- 
co inglés, el décimo sexto convocado por la Truth Society. Han 
asistido á las sesiones más de 2.000 personas. El Cardenal Vaugham 
trató del problema social con el interés y competencia que tantas 
veces ha demostrado, y el Obispo de Portsmouth leyó un telegrama 
que contenía la bendición del Romano Pontífice. Hace cien años que 
un sacerdote francés, desterrado por la revolución, fundó en Ports- 
mouth una Misión católica. 

El Capitán Fitzgerald leyó un discurso titulado "Marinos y cató- 
licos,,. Describió un clnb de Londres, al que están afiliados 8.000 ma- 
rinos católicos, de 80.000, total de sus individuos. El P. Fletcher habló 
de la Sociedad de San Vicente de Paúl y del socorro que presta á 
los marineros inutilizados. El Canónigo Foran habló de los monas- 
terios y conventos de mujeres, "que no forman parte del Cristianis- 
mo, dijo, pero contribuyen á su perfección^. Habló el Revdo. Ro- 



312 CRÓNICA GENERAL 

binsón de la propag-ación de las lecturas útiles y religiosas, y el Ca- 
nigo M. Scanell de la protección que la Iglesia ha concedido siempre 
á los niños. 



Francia.— Ya se ha cumplido uno de los más ardientes deseos 
de Francia: no este ó aquél partido, la nación en masa puede decirse 
que ha estrechado, con efusión y con delirio, en sus gigantescos bra- 
zos á los marinos rusos. Pero dejemos hablar á las Agencias tele- 
gráficas, que ellas nos darán idea de este acontecimiento, no sin ad- 
vertir que, como han de durar todavía por varios días las fiestas el 
día 13 iniciadas, no podemos dar en este número las últimas noticias 
de lo que ocurra. Dicen, pues, los partes telegráficos del dicho 
día 13 y 14: 

"Un poco antes de las nueve de la mañana, la escuadra rusa se 
hallaba á quince millas próximamente. A las nueve y veinticinco se 
la veía á cuatro millas entrando en la rada. 

La división ligera se unió á la escuadra rusa á las nueve y media. 
El Sr. Giers. agregado á la Embajada del Czar en París, y el Coman- 
dante de la escuadrilla subieron á bordo del buque almirante ruso, 
y el último dio la bienvenida al Almirante Avellán en nombre del 
Ministro de Marina de Francia, expresando que su felicitación es 
también, en nombre, no sólo de la Marina, sino de la nación entera, 
como el Almirante tendría ocasión de conocer en breve por sí mis- 
mo. ElSr. Avellán dio las gracias calurosamente. 

La escuadra rusa salvó la entrada del puerto á las once y tres 
cuartos de la mañana, cambiando con los fuertes los saludos de or- 
denanza. Después desfiló aquella escuadra por entre los buques fran- 
ceses para situarse en el lugar designado. El entusiasmo ha sido 
indescriptible. Los marinos franceses no cesaban de gritar: "¡Viva 
Rusia!» y los tripulantes rusos contestaban: "¡\*iva Francia!„ La mu- 
chedumbre agitaba los sombreros y los pañuelos. 

Cuando el Almirante Avellán desembarcó para dirigirse á la 
Prefectura marítima, la muchedumbre, apiñada en todo el trayecto, 
le hizo una ovación entusiasta. Los gritos de ••¡\'iva Francia! „ y "¡Vi- 
va Rusia!» se han repetido incesantemente. Se ha verificado el cam- 
bio de visitas entre el Almirante y las Autoridades marítimas, rei- 
nando gran cordialidad en las mismas. 

El ministro de Marina, recibiendo en la Prefectura al almirante 
Sr. Avellán. dio la bienvenida á los marinos rusos en nombre del 
Gobierno francés, manifestando que el recuerdo de IS'^l se halla gra- 
bado en todos los corazones. Cronstadt y Tolón señalarán en lo su- 
cesivo dos fechas que indican las mutuas simpatías de las naciones 
rusa y francesa. Contestando el Sr. Avellán al discurso del ministro 



CRÓNICA GEXERAL 313 



r 



M. Rieunier, dijo que, no solamente la escuadra de sumando, sino la 
Rusia entera quedará reconocida á la cariñosa acogida que se les 
dispensa. 

El maire (alcalde), recibiendo en el Palacio municipal al almiran- 
te ruso, dijo que todos los corazones franceses laten al unísono y que 
los vítores entusiastas de Francia debían demostrar cuan profunda 
es la amistad de los franceses hacia los rusos. El almirante contestó 
en términos no menos expresivos. Numerosos Consejos municipales 
han dirigido telegramas de bienvenida al almirante Avellán y su es- 
cuadra. En París y otras muchas poblaciones, según noticias tele- 
gráficas, ondean unidas las banderas francesa y rusa. 

El ministro de Marina, almirante Rieunier, obsequió el día 13 con 
un banquete en la Prefectura marítima al almirante y oficiales de la 
escuadra rusa. Dicho banquete fué de 61 cubiertos, y á él asistieron 
las autoridades locales. El almirante Rieunier inició los brindis, ha- 
ciéndolo por la salud del Czar en los siguientes términos: "Brindo en 
honor de S. M. el Emperador Alejandro III, cuyo nombre significa la 
hidalguía y el poder mostrándose á los ojos del mundo como símbolo 
de paz. Con el mismo sentimiento profundo de respeto uno mi home- 
naje á la Familia Imperial de Rusia, inseparable para nosotros de 
cuantos votos dirigimos á su ilustre 3'^ respetado jefe S. M. el Empe- 
rador.,, Grandes aplausos acogieron estas manifestaciones. La músi- 
ca tocó el himno ruso, que todos los convidados escucharon de pié' 
El Sr. Rieunier dirigió su segundo brindis á la Marina rusa. "Brindo 
—dijo— por la Marina y Ejército ruso, por sus recuerdos gloriosos, 
inscriptos en cada página de su historia, y por la confraternidad na- 
cida de una estimación y simpatía recíprocas, que unen y deben unir 
siempre nuestras dos valientes naciones á la Marina y Ejército ruso. „ 

Las autoridades de la ciudad fueron presentadas al almirante 
Avellán en el mismo muelle. El almirante ruso estrechó calurosa 
mente la mano á todos, dando gracias en nombre de su nación por 
el recibimiento que se le ha dispensado. Después recibió al presiden 
te del Consejo municipal de París, quien presentó sus respetos al al 
mirante. Dijo éste que tendrá muchísimo gusto en ir á París, acom 
panado de su Estado Mayor. El almirante se dirigió á la casa de 
Ayuntamiento, en cuyo balcón se presentó varias veces, siendo acia 
mado frenéticamente por la multitud que invadía los inmediaciones 
del edificio. 

El público no cesaba de gritar ¡Viva Rusia! 

El Almirante Avellán, contestando, en el banquete de la Prefac- 
tura marítima al Ministro de Marina, brindó por la salud del señor 
Carnot. Dijo que estaba orgulloso de devolver la visita que la escua- 
dra francesa había hecho á Cronstadt. Añadió que era sincero ami- 
go de Francia y que brindaba por la marina y por el ejército france- 
ses y por toda Francia. Estas palabras fueron acogidas con estrepi- 



314 CRÓNICA GENERAL 



tosos aplausos. La ciudad está profusamente iluminada. Una muche- 
dumbre inmensa recorre las calles. Cuando el Almirante Avellán, 
accediendo á los deseos de la multitud, se presentó en el balcón de 
la Prefectura marítima, se oyeron estrepitosos aplausos y frenéticas 
aclamaciones. Después, á una señal hecha por el Almirante, la mul- 
titud guardó silencio absoluto. Los oficiales rusos aprovecharon 
aquel momento para dar un entusiasta viva á Francia. El Almira:nte 
y las oficiales rusos regresaron á sus botes á las once de la noche en 
medio de nuevas aclamaciones.,, 

Contrasta verdaderamente con el carácter bullicioso de los fran- 
ceses y con sus tendencias á exagerar la nota patriótica, la prudencia 
que están demostrando en las fiestas franco-rusas. La alianza fran- 
co-rusa es una garantía de la paz y tiene una significación entera- 
mente pacífica. Tal es la consigna que parece haberse dado en las 
esferas oficiales y que el país entero obedece con una docilidad que 
no deja de ser extraña en una nación democrática. Para complacer 
al Czar, que no quiere que su amistad con la república se interprete 
en sentido belicoso, se ha omitido en las manifestaciones que se están 
celebrando toda muestra de animosidad á las demás potencias. Hasta 
tal punto ha llegado el rigorismo oficial, que en París (lo dice un pe- 
riódico de aquella capital) se ha prohibido la venta de banderas fran- 
cesas con la inscripción "¡Viva Alsacia Lorena!,, En la alocución del 
alcalde de Tolón se dice: "Vuestras aclamaciones probarán á nues- 
tros amigos del Norte hasta qué punto nuestros corazones están con 
ellos y cómo deseamos que una era de paz se extienda sobre todos 
los pueblos. Es de desear que dure mucho esta actitud de los france- 
ses en beneficio de la tranquilidad europea. Todo lo cual nos parece 
sumamente correcto y encaja muy bien en el formulario de todos los 
tiempos. Sólo tiene un pequeño inconveniente: que nadie le da crédi- 
to, quiérese decir, que á estas alturas pocos hombres habrá que, ha- 
biendo seguido con algún interés el movimiento político de estos úl- 
timos años, estén dispuestos á convenir con nuestros vecinos en que 
efectivamente la delirante alegría de éstos nace de que se asegura la 
paz con la aproximación de las dos grandes potencias consabidas, 
aun cuando la Alsacia-Lorena siga en poder de los alemanes. 

No; es necesario ser miope para no ver que las locuras de los fran- 
ceses obedecen á la esperanza de que, hoy ó mañana, lograrán des- 
quitarse de los desastres de 1870: ni más ni menos. 

*. 

América.— Poco de nuevo podemos comunicar á nuestros lectores: 
en el Brasil sigue la guerra con varia suerte. Los periódicos extran- 
jeros han dado cuenta del viaje á Río Janeiro del príncipe Augusto 
de Sajonia, nieto del Emperador D. Pedro, suponiéndole pretendien- 



CRÓNICA GENERAL 315 



I 



te al trono del Brasil y en relaciones secretas con el almirante Cus 
todio de Mello, su antiguo jefe en la Marina. Correspondencias muy 
autorizadas suponen que el carácter de la insurrección es monárqui- 
co, y el Presidente Peixoto ha declarado que si las próximas elec- 
ciones de diputados le fuesen contrarias, resignaría el mando supre- 
mo. Según el GalignanVs Messenger, sólo se trata ya de ajustar las 
condiciones con que ha de restablecerse el antiguo régimen. 

Pronto lo dan por hecho; posible es que salgan burlados de la em- 
presa los imperialistas, caso de que anden en el juego, que nada ten- 
dría de particular, como no lo tendría tampoco que mañana nos anun- 
ciasen la completa derrota de los unos y de los otros. Nace en gran 
parte esta incertidumbre de la imposibilidad de obtener noticias fide- 
dignas; si se da crédito á las que proceden de Río-Janeiro, todo va 
perfectamente bien y los rebeldes están á punto de entregarse; si, en 
cambio, se leen los partes de origen yankee, la revolución todo lo 
avasalla. 



III 
ESPAÑA 

No hay más asunto — ni casi es posible que lo haya— que Melilla arri- 
ba y Melilla abajo. Decimos que los franceses están fuera de sí, y no 
sería exagerado afirmar que los españoles vivimos todos con el pen- 
samiento en un ingrato peñón de África. ¿Y qué ha ocurrido en estos 
últimos quince días? Pues absolutamente nada; el parte diario está 
resumido en estas brevísimas palabras: "No ocurre novedad.,, Há- 
llanse actualmente en aquella plaza tres regimientos, dos batallones 
de cazadores, algunas secciones de tiradores de los batallones de 
Saboya 3^ Puerto Rico. Total, 3.000 hombres, en números redondos, 
incluyendo una compañía de artillería de plaza, una sección de caba- 
llería y dos compañías de zapadores. Dispónense á marchar cuando 
escribimos estas líneas, otros ocho batallones de infantería, un regi- 
miento de caballería y dos baterías. Entre todas estas fuerzas forma- 
rán un total de 6.500 hombres. 

La prensa empieza á impacientarse porque el Gobierno se mani- 
fiesta muy reservado y no tan activo como ella quisiera. Claro es que 
todos tenemos grandísimo interés en que los moros salgan escar- 
mentados una vez para siempre; pero ¿cuál es el medio más adecua- 
do para lograr ese fin? Aquí difieren las opiniones: el público en ge- 
neral, impresionado por la prensa callejera, pide inmediato y ejem- 
plar castigo; y gentes hay para quienes el no hacer eso, es sinónimo 
de alta traición de lesa-patria. Pero tampoco faltan maliciosos, de 



31b CRÓNICA GENERAL 



juicio, al parecer, más reposado y un tantico pesimista, según los 
cuales esa gritería callejera tiene sus ribetes de indigno mercanti- 
lismo, obra de gentes á quienes importa un ardite que los moros nos 
coman fritos. 

Aunque el Gobierno procede con una reserva á que no nos tiene 
acostumbrados, parece entreverse que espera el resultado de su ges- 
tión diplomática. Si el Sultán de Marruecos, cuyo deber es hacer 
que sus subditos respeten nuestros derechos, no da inmediatas satis- 
facciones, castigando á sus rebeldes kábilas y pagando la indemni- 
zación á que ha3^a lugar, entendemos que el Gobierno hará que se 
rompan las hostilidades, para ver de obtener con la fuerza lo que no 
ha podido con las notas diplomáticas. La que no se ve ni claro ni 
obscuro, es por qué se hacen esperar tanto las contestaciones del 
Sultán, que no ha dicho aún, que sepamos, esta boca es mía. 

Pero no tiene nada de particular ese silencio, si es verdad lo que 
comunican en un parte directo de Tánger. Dícese en él que el Sultán 
se halla cercado por las kábilas rebeldes bereberes entre Tafilete y 
el Atlas, donde su situación es angustiosísima por la falta de víveres. 
Noticia de tanto interés vése confirmada por lo que han dicho algu- 
nos kaids ó gobernadores de provincia. Añádese en el parte que ha- 
biendo pedido socorros á las tribus leales, no han podido prestárse- 
los á causa de que los emisarios no llegaron á donde eran enviados. 
En'vista de lo que al propio Sultán está pasando creen muchos per- 
sonajes de autoridad y prestigio entre los moros que se agrava la si- 
tuación de Marruecos y que el porvenir se presenta muy obscuro. 

Aunque lo dicho hasta aquí condensa todo lo relativo á la cuestión 
de Melilla, con -objeto de satisfacer la curiosidad de nuestros lecto- 
res vamos á transcribir las últimas noticias que circulan por los dia- 
rios mejor enterados., 

La noticia más importante de hoy es la de haber llegado una car- 
ta de Sidi Mohamed-Torres para Maimón-Mohatar. Esta carta del 
Ministro del Sultán debe contener instrucciones importantes para 
los riffeños. Se han colocado en la explanada quince cañones. No 
se han hecho pruebas con ellos. 

En el Ministerio de la Guerra se observa un movimiento extraor- 
dinario,' que |no deja lugar á duda de que se trabaja ya con un ob- 
jeto determinado, que es el que conviene al país. Los telegramas de 
Melilla se ¡reciben ;muy á menudo; pero no se facilitan á la prensa. 
Nuestras noticias son de que han llegado ya informes definitivos 
que satisfacen al general López Domínguez, y que apenas estén en 
Melilla todos los refuerzos que se propone mandar comenzarán las 
fortificaciones de campaña. Según parece se establecerá un sistema 
de trincheras volantes que llegarán más allá del campo neutral, á fin 
de dejar á retaguardia el fuerte de Sidi Aguariach, que ha de cons- 
truirse. Los riffeños, que no permiten que trabajemos en nuestro te- 



CRÓNICA GENERAL 317 



rritorio, menos van á consentir que invadamos el suyo, y, por tanto, 
lo que se espera es que apenas nuestras tropas intenten colocarse en 
los límites, comience el tiroteo. Esto se espera y por eso el Gobierno 
-envía las fuerzas necesarias para que el castigo de las kábilas 
sea ejemplar. 

En Chafarinas se va á establecer un hospital con 200 camas, con 
destino á los enfermos y heridos que pueda haber en Melilla. Se ha 
dado orden para que salgan mañana, con dirección á Málaga, los re- 
gimientos de Canarias y Wad-Ras, de guarnición en Madrid, y los de 
Castilla y Baleares, que están en Badajoz. Estos cuatro regimientos 
constituyen la primera división del primer cuerpo de ejército, que 
manda el General Martitegui. Se supone que saldrán de un momen- 
to á otro para Melilla, y se cree que á continuación saldrá el Capitán 
General de Andalucía Sr. Chinchilla. Para substituir en Badajoz á los 
regimientos de Baleares y Castilla saldrán probablemente los de As- 
turias y Covadonga. 

—El crucero Reina Mercedes^ que se halla en Algeciras, ha reci- 
bido orden de salir para Hamburgo con el encargo de recoger, 
los 10.000 fusiles Maüser y transportarlos directamente á Melilla. 

En esta plaza tienen ahora doscientos y pico de fusiles de dicho 
sistema, con los que se enseña su uso á todos los soldados, para que 
puedan manejarlo apenas se reciban los 10.000 que traerá el Reina 
Mercedes. 

— El General en jefe del cuarto cuerpo de ejército (Cataluña), par- 
ticipa ha quedado embarcado en el Rabat el material completo de 
la batería de montaña, así como los 20 cañones con sus respetos y 
diez carros de trincheras de aquel Parque. También han quedado em- 
barcados el personal y ganado de la batería, 3^ los consignados de la 
penitenciaría de Mahón. Hay otra batería dispuesta para marchar, y 
lo efectuará en breve. 

—En una comunicación que dirige el General Margallo al Minis- 
tro de la guerra, fechada el 14 del actual, dice el jefe de la plaza de 
Melilla, que en distintos reconocimientos que han practicado en nues- 
tro campo exterior, tuvo ocasión de ver que, pasados nuestros lími- 
tes, los moros han ejecutado obras de defensa en distintos puntos, y 
que al parecerse proponen continuar en ellas. 

Se ha temido desde un principio que la intervención extranjera 
podría perjudicarnos gravemente. Hasta ahora no hay nada de posi- 
tivo sobre esto, porque razonablemente no cabe tampoco que lo haya, 
en atención á que se nos ha inferido gravísima injuria mientras está- 
bamos ejerciendo un derecho por todos reconocido. 

—Ha ocurrido en la última quincena una crisis ministerial. D. Ve- 
nancio González, ministro de la Gobernación, ha abandonado la car- 
tera por sus achaques, no menos que por los de su hijo, que se en- 
cuentra enfermo da cuidado. Háie sustituido el Sr. López Puigcer- 



318 CRÓNICA GENERAL 



ver, cuya presencia en el Gabinete acentúa un tanto su tendencia 
democrática. 

— Afortunadamente el cólera va decreciendo en Vizcaya: los ca- 
sos que diariamente ocurren, escasamente:llegarán á 20. Había inva- 
dido algún pueblo en Santander, y no han faltado casos aislados 
en Guipúzcoa; pero no se han formado, A lo que se cree, focos de 
consideración. 

—Como ya lo suponíamos hace quince días, el infeliz anarquista 
Pallas, autor del atentado en Barcelona, fué fusilado el día 6 en el 
castillo de Montjuich. El desdichado no quiso recibir los auxilios de 
la Religión. 

— El Boletín Eclesiástico de la diócesis de Madrid- Alcalá ha pu- 
blicado una estadística interesante acerca de los matrimonios canó- 
nicos y casamientos civiles celebrados en las capitales de provinqia 
de España, en los seis primeros meses del año corriente. El total de 
los matrimonios canónicos asciende á 9.983, y el de los casamientos 
civiles sólo á 33. Préstanse estas cifras á consideraciones de diversa 
índole, algunas muy consoladoras. Se celebran en España, por tér- 
mino medio, cosa de 140.000 matrimonios al año; y aunque las esta- 
dísticas oficiales dejan en el tintero el estado comparativo de los que 
se efectúan en todos los pueblos de la Península, nosotros podemos 
sin gran esfuerzo suplir esa deficiencia: pues si en seis meses sólo se 
han celebrado en todas las capitales 33 casamientos civiles, como, 
por punto general, ese linaje de infernales contubernios se ven úni- 
camente en las capitales, siendo rarísimos en otros pueblos; aunque 
supongamos que en un año en todos los pueblos de la Península se 
han verificado 70 ú 80, subiendo, según queda indicado, á 140.000 el de 
los matrimonios canónicos, la proporción entre unos y otros, ó mejor 
dicho, la desproporción es enormísima: medio por mil. Si á esto se 
agrega que viven domiciliados en España 30.000 extranjeros y 12.000 
transeúntes, muchos, acaso la mayor parte de los cuales prescinden 
del matrimonio como Dios manda, ateniéndose al amancebamiento 
legal, resulta que el pueblo español, no ya en su inmensa mayoría, 
sino en su totalidad, rechaza el llamado matrimonio civil. 

¿De dónde nacía, según eso, ocurre preguntar, la necesidad de 
introducir tal variación en nuestras leyes, dando cabida á ese escán- 
dalo legal? Pues velay: nacía de un hecho que nunca lamentaremos 
lo bastante; de estar España desde hace sesenta años regida por las 
sectas, las cuales, aun constituyendo minoría insignificante, han lo- 
grado imperar con absoluto dominio en esta católica nación, porque 
los buenos se esconden, porque guardan para mejor ocasión sus ta- 
lentos, energías é influencia, ó se contentan con murmurar de todo 
el mundo, esperando ó que Dios haga milagros, ó que se hunda el 
firmamento para edificar una sociedad nuevecita á su gusto y talan- 
te... Por eso vienen todos esos esperpentos, y ya es milagro patente 



CRÓNICA GENERAL 319 



de la misericordia y omnipotencia de Dios que no estemos á la altu- 
ra de los riffeños . 

—La Junta central de Congresos Católicos, á petición de varias 
personas á quienes retrae la situación aflictiva por que pasan al- 
gunas regiones de España y la sanitaria de Francia é Italia, ha re- 
suelto disponer, después de consultada la opinión de los venerables 
señores Arzobispos, se suspenda por ahora la salida de la romería 
dispuesta para trasladarse á la capital del orbe católico. 

Estando terminados por esta Junta los trabajos necesarios para 
la realización de este acto, pasadas que sean las actuales circunstan- 
cias podrá llevarse á cabo, cumpliéndose los deseos de Su Santidad 
el Papa León XIII y de los católicos españoles. 

—La Junta organizadora del Congreso Eucarístico de Valencia 
ha acordado que la apertura de él se verifique el día 20 del próximo 
Noviembre, y la clausura el domingo día 26, en que tendrá lugar la 
procesión solemnísima. Las compañías de ferrocarriles conceden el 
50 por 100 de rebaja en el precio de los billetes de ida y vuelta á los 
señores socios que asistan al Congreso. Los señores que tengan pro- 
pósito de hacer el viaje deberán avisarlo en seguida, expresando en 
el aviso el itinerario que ha\'a de recorrer cada cual, á fin de reca- 
bar de las Compañías á quienes pertenezca el recorrido la corres- 
pondiente contraseña. 

— Un violento ciclón ha producido daños de importancia en varias 
provincias de la isla de Luzón. También en Albay ha estallado una 
tremenda erupción del volcán Mayón, emplazado en el vértice de la 
montaña de sunombre, á 2.527 pies de elevación sobre el nivel del mar. 
La erupción ha causado grandes estragos en las faldas y vertien- 
tes del monte, sin duda alguna. Estas se hallan cubiertas de una ve- 
getación exuberante, y en los valles y cañadas que de ellas parten 
había varios pueblos y campos cultivados con esmero, que probable- 
mente habrán sido cubiertos por la lava y destruidos. 

El Ministro de Ultramar ordenó por telégrafo al Capitán general 
de Filipinas que arbitrase, sin pérdida de tiempo, recursos para au- 
xiliar á las personas que han sufrido pérdidas á consecuencia de la 
erupción y de la tempestad. 



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OBSERVACIONES METEOROLÓGICAS 



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climatología 




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o ha muchos años que con igual título publicamos 
en la Ciudad de Dios una serie de artículos en que 
recopilábamos y examinábamos la colección de 
observaciones meteorológicas recogidas desde el año 1882, 
en nuestro observatorio de La Vid, situado en la provincia 
de Burgos, no lejos de Aranda de Duero. Análogo estudio 
pensábamos dedicar al conjunto de datos meteorológicos 
coleccionados en el observatorio de nuestro colegio de Va- 
lladolid; que, aun cuando localidad de clima mejor conoci- 
do que el de La Vid, no por ello carece de importancia el 
dar á conocer, siquiera sea en resumen, los accidentes más 
notables ocurridos en la atmósfera y horizontes de la capi- 
tal de Castilla la Vieja durante un período de tiempo más 
ó menos largo. Así, poco á poco irán estrechándose más y 
más las mallas de la red meteorológica en nuestra Penínsu- 
la. Pues digan cuanto quieran aquellos que juzgan á la Me- 
teorología como objeto útil única y exclusivamente para 
servir de entretenimiento á los desocupados, en la concien- 
cia de todos los que algo entienden en asuntos meteoroló- 
gicos arraiga íntima persuasión de que semejantes estudios 
no sólo proporcionan un campo inmenso de investigación 
científica á la actividad del verdadero físico, sino que tien- 
den tales trabajos á la solución de importantísimos proble- 
La Ciudad de Dios.— Aiio Xlü. ~Mm. 229. 21 



322 CLIMATOLOGÍA 



mas de capital interés para el bienestar de los pueblos, 
progreso de la Agricultura, Comercio é Industria, Higiene 
y Medicina, etc. 

No porque el conocimiento, más ó menos exacto, del cli- 
ma peculiar de una localidad aislada sea lo suficiente para 
dar cima á la solución de los indicados problemas, sino por- 
que los estudios y trabajos parciales realizados por unos, 
coleccionados y ordenados después por otros, combinados 
y analizados más tarde, han sido y serán siempre los cimien- 
tos y la base sólida en que se apoya el edificio magno de la 
Meteorología moderna; ciencia eminentemente práctica, ex- 
perimental é inductiva, en vías de perfeccionamiento aún, es 
verdad; pero que, atendidos los progresos que ha hecho en 
menos de veinte años, manifiesta bien á las claras no sólo 
su utilidad indiscutible, sino también sus próximos triunfos. 
Engáñanse lastimosamente los que en esta materia preten- 
den juzgar y definir el alcance más ó menos transcendental 
de la Meteorología, sin haberse tomado la molestia de 
estudiar antes las conquistas por ella realizadas en el cam- 
po de las ciencias experimentales: estudios que no pueden 
llevarse á término con el debido acierto, sino descendiendo 
al terreno práctico, observando mucho, cotejando y combi- 
nando entre sí los numerosísimos elementos meteorológi- 
cos reunidos ya en tiempos pasados, relacionándolos con 
los no menos numerosos que actual y diariamente se reco- 
gen en todo el globo; no deteniéndose en la consideración 
de los fenómenos de meteorología puramente estática, que 
no basta, á no ser para puntos muy concretos; sino eleván- 
dose al conocimiento del dinamismo atmosférico, siguiendo 
paso á paso el origen, desarrollo, marcha é influencia diná- 
mica de las grandes corrientes aéreas, corrientes que en su 
desenvolvimiento obedecen al influjo de leyes meteorológi- 
cas, -hoy bastante bien conocidas por los meteorologistas; 
determinando con la exactitud posible en el estado actual 
de esta ciencia, los núcle'os de acción que producen el des- 
equilibrio atmosférico..., con cieny cien circunstancias más, 
qtíe no tienen en cuenta los que hablan de la Meteorología 
con harto desdén. Y como de todo esto se olvidan, y por- 



CLIMATOLOGÍA 323 



que por experiencia propia no saben lo que cuesta el estu- 
dio serio y científico de la Meteorología, de ahí que no pue- 
dan juzgar con acierto acerca de su importancia 

Problema de los más importantes y cuya solución com- 
pleta busca con el mayor empeño la Meteorología moderna 
es, á no dudarlo, el de la previsión, y, como consecuencia 
de ésta, la predicción del tiempo con varios días de antela- 
ción; y no una previsión de lo que, por decirlo así, está ya 
verificándose, conocido porque el fenómeno se haya inicia- 
do 3''a en alguna parte del globo, y avisado el telégrafo de 
que el trastorno atmosférico lleva tal ó cual dirección, con 
velocidad conocida, y que llegará á tal ó cual punto en 
fecha determinada. Sin excluir esto, que no deja de ser una 
verdadera conquista de los adelantos modernos, se trata 
de algo más transcendental; se trata del conocimiento de la 
•causa ó causas determinantes de las circunstancias que en 
una fecha fija han de concurrir en una localidad ó región 
de la superficie terrestre, para que allí se origine en la masa 
aérea, y de allí, con más probabilidad que de otras regio- 
nes, arranque un desequilibrio atmosférico: el cual supues- 
to, y teniendo presente la situación en que tal fenómeno 
empieza á desarrollarse, las condiciones atmosféricas, cli- 
matológicas, topográficas,geográficas, orográficas, etc., etc., 
de aquellas regiones y de las que con estas se eslabonan, 
se trata, decimos, de concretar la ruta que el meteoro ha 
de seguir en su desenvolvimiento dinámico, y el alcance de 
su inñuencia perturbadora, y la duración de sus efectos. 
Pero al hablar de estas previsiones y predicciones y pro- 
nósticos meteorológicos; al intentar inferirlos de los ele- 
mentos y observaciones anteriores detenidamente estudia- 
das por los meteorologistas; al querer poner en práctica los 
resultados naturales del estudio y de la observación, para 
formular un anuncio de lo futuro, basado en lo que ya pasó; 
hase de advertir por los poco versados en Meteorología, 
que conviene fijarse bien en el sentido que en el lenguaje 
científico y en el vulgar y corriente tienen las palabras 
previsión y predicción del tiempo. Ningún meteorologista 
las ha empleado jamás en el sentido de previsiones y pre- 



324 CLIMATOLOGÍA 



dicciones, en absoluto ciertas^ infalibles^ de forma que se 
conviertan en profecías; y el tomarlas en un sentido que ni 
la Meteorología, ni los diccionarios, ni el lenguaje común 
autorizan, es colocarse fuera de la cuestión, y combatir 
contra enemigos imaginarios; porque nunca los meteoro- 
logistas han tenido semejantes pretensiones. Y siendo esto 
así, nada tiene de particular, ya que parten de un falso su- 
puesto, el que se derrumbe como castillo de naipes el edi- 
ficio de sus argumentos en contra de la previsión del tiempo, 
entendida como debe entenderse. 

Ni la Meteorología como ciencia práctica, fundada ex- 
clusivamente en los datos de observación, ni los meteorolo- 
gistas que á ella se dedican, son responsables de que sus 
adversarios la combatan en terreno en que ella no pretende 
entrar por ahora. 

Hoy por hoy, se trata de hechos nada más; discútanse 
estos hechos, estudíense como deben estudiarse: ellos dirán 
la verdad, y sólo ellos pueden dirimir la contienda. Pero 
basta ya de digresiones; entremos de lleno en el asunto que 
nos habíamos propuesto. 



II 



Hállase el Colegio Seminario de los Agustinos Filipinos 
de Valladolid casi al S. O. de la población y muy próximo 
á la estación de los ferrocarriles del Norte. Corresponde 
la situación del edificio á los 4P, 39' de latitud Norte y á 
los V 18' de longitud O. del Meridiano de Madrid, que viene 
á ser 4'" 7* de longitud en tiempo. El Observatorio Meteo- 
rológico, cuya posición vamos concretando, corona la fa- 
chada del S. del Colegio: elévase unos 26 metros sobre la 
planta baja del edificio, que se halla á los 715 metros sobre 
el nivel del Mediterráneo; de modo que corresponde á la 
plataforma en que están colocados los instrumentos una al- 
tura sobre el mar de 741 metros. Además de los aparatos de 
observación directa, barómetro Fortín, termómetros, psi- 
crómetro, anemómetro etc., hállase provisto dicho Obser- 



CLIMATOLOGÍA 325 



vatorio de instrumentos registradores, sistema Richard; 
el más á propósito que se ha ideado para el estudio de la 
marcha y desarrollo de los fenómenos, por la continuidad 
de las curvas que describen, pues quedan marcados hasta 
los más insignificantes pormenores en las oscilaciones de 
presión, temperatura, humedad, etc. 

Aunque desde años antes venían haciéndose observa- 
ciones meteorológicas en nuestro Colegio, más con el fin 
de instruir á los jóvenes estudiantes que con el de con- 
signar por escrito los datos observados, lo cierto es que 
hasta el 1878, época en que el P. Cámara, hoy Obispo de 
Salamanca, tenía á su cargo la cátedra de Física y de Ma- 
temáticas, no se trató seriamente de coleccionar las obser- 
vaciones apuntadas diariamente. Desde entonces han teni- 
do el encargo de observar los instrumentos y apuntar sus 
indicaciones los alumnos de Física, bajo la inspección inme- 
diata del Profesor de esta asignatura, cuya explicación ha 
desempeñado el Revdo. P. Bonifacio Moral, desde que la dejó 
el Obispo de Salamanca, hasta hace poco más de un año. 

Consignáronse desde el principio tres observaciones dia- 
rias: una á las seis de la mañana, á las doce otra, y la otra 
á las seis de la tarde, siguiendo el mismo método durante 
un período de siete años (de 1878 á 1884 ambos inclusive). 
En 1885 comenzaron á registrarse solamente dos observa- 
ciones: á las nueve de la mañana y a las tres de la tarde, 
con el fin de amoldarnos al sistema seguido en el Observa- 
torio Central y en las restantes estaciones de la Península. 
También es de advertir que, durante el primer período has- 
ta el año 1884, la colección de observaciones no está com- 
pleta; pues faltan los datos pluviométricos, psicrométricos, 
los de evaporación, é intensidad del viento. Hallábase sin 
terminar en aquella época el último piso del Colegio: por 
lo cual el Observatorio no estaba instalado en el lugar que 
se le destinaba. El barómetro se hallaba en los gabinetes 
de Física en la planta baja del edificio, 21 metros más bajo 
del nivel á que ahora se halla instalado. Los termómetros 
y demás instrumentos, si bien no estuvieron siempre en el 
mismo punto, se procuraba que su posición fuese la menos 



326 



climatología 



expuesta á errores en los datos que habían de suministrar. 
Ya hemos hablado de la posición que en la actualidad ocu- 
pa el Observatorio: el barómetro instalado en el último 
piso dista 20 metros de la superficie media del suelo de Va- 
Uadolid y 8 metros más elevados están los aparatos restan- 
tes. Los termómetros y demás instrumentos de sombra há- 
llanse protegidos de la intemperie y de la influencia directa 
y de la producida por la reflexión del calor solar, en sitio 
completamente ventilado, por donde el aire circula con li- 
bertad. En los resúmenes que vamos á presentar en los pá- 
rrafos siguientes, háse tenido en cuenta la distinta posición 
que en unas y en otras épocas han ocupado los instrumen- 
tos destinados á la observación. Antes de pasar adelante, 
consideramos como deber nuestro el dejar aquí consigna- 
do que el trabajo ímprobo que supone la preparación de di- 
chos resúmenes, la deducción de los promedios que contie- 
nen, etc., débese á la laboriosidad y constancia del alumno 
de Filosofía, Fr. José Pérez, encargado desde hace tiempo 
del registro diario de las observaciones. 



Alturas medias, máximas y mínimas barométricas anuales desde 1878 á 1884, y de 1884 i 
1892; reducidas á 0° y corregidas del error de capilaridad. 



PRIMER PERIODO 





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29 Marzo 


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1879 


701,4 


717,3 


8 Enero 


680,2 


3 Diciembre 


3 7,1 


1880 


702,2 


717,3 


9 Diciembre 


685,0 


29 Enero 


3 2,3 


1881 


703,1 


717,0 


26 Diciembre 


683,6 


14 Enero 


3 3,4 


1882 


703,9 


717,0 


14 Febrero 


679,0 


13 Enero 


3 8,0 


1883 


703,1 


714,2 


16 Febrero 


686,0 


8 Marzo 


2 8,2 


1884 


700,8 


712,2 


8 Enero 


688,1 


27 Abril 


2 4,1 


Resumen 


702,3 


717,3 


8 Enero 


677,6 


29 Marzo 


3 9,7 


general. 






(1884) 




(1878) 





climatología 



32T 









SEGUNDO PERIODO 








Altura media. 


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1885 


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7 Enero 


683,3 


7 Abril 


3 0,0 


1886 


702,9 


713,6 


30 Marzo 


686,0 


10 Noviembre 


2 7,6 


1887 


702,7 


713,1 


5 Febrero 


685,9 


.8 Enero 


2 7,2 


1888 


703,2 


718,1 


7 Enero 


681,1 


28 Marzo 


3 7,0 


1889 


702,0 


717,6 


28 Enero 


682,8 


2 Octubre 


3 4,8 


1890 


701,3 


716,4 


15 Enero 


680,9 


4 Abril 


3 5,5 


1891 


700,8 


715,7 


2 Febrero 


684,5 


4 Diciembre 


3 1,2 


1892 


700,1 


715,8 


29 Enero 


675,2 


19 Febrero 


4 0,6 


Resumen 


701,9 


718,1 


7 Enero 


675,2 


19 Febrero 


4 2,9 


general. 






(1888) 




(1892) 





Considérase como normal para Valladolid la altura ba- 
rométrica de 701,2 milímetros. En el resumen que precede 
aparece como presión media, durante el primer período 
702,3 milímetros, y 701,9 durante el período segundo. La di- 
ferencia que se nota entre los dos promedios obedece á que 
en los últimos años el barómetro se halla colocado á mayor 
altura que antes, como ya hicimos notar. Tomando el pro- 
medio de los dos datos, el resultado que se obtiene, 702,1 
milímetros, es algo superior á la normal antes indicada. 
Comparando la altura máxima observada en 7 de Enero 
de 1888 con la mínima ocurrida en 19 de Febrero de 1892, 
resulta una diferencia de presión, á que hemos estado so- 
metidos en ambas épocas, de unos 508 kilogramos de peso. 
Afortunadamente las dos fechas están bastante lejanas; por- 
que si tal fenómeno se hubiera verificado en el término de un 
solo día, él solo fuera lo bastante para la ruina de cuanto en 
esta región tuviera existencia. Solos cinco milímetros des- 
cendió el barómetro en la tarde del 15 de Septiembre último, 
el descenso fué rapidísimo, es verdad, pero la tempestad que 
en aquellos momentos se desarrolló sobre los campos de 
Castilla y en Valladolid mismo, fué de violencia tan gigan- 
tesca que los nacidos no recuerdan fenómeno semejante, de 



328 CLIMATOLOGÍA 



consecuencias tan desastrosas como lo están publicando los 
lamentos de familias desgraciadas y la ruina de pueblos aso- 
lados. Poco antes de las dos de la tarde del dicho día 15 se 
acentuó el rapidísimo descenso del barómetro, que venía 
bajando desde el día anterior por la noche. En menos de 20 
minutos recorrió la columna barométrica más de cuatro 
milímetros, señalando el aparato registrador un ángulo 
agudo en la inflexión de la curva por él descrita. En los 
mismos instantes obscurecióse intensamente la parte S, y 
SO. del horizonte, en especial en el ángulo de confluencia 
del Duero y del Pisuerga, en las cercanías de Simancas, 
avanzando la nube con violencia extraordinaria y aspecto 
aterrador en dirección del NNE., y como bifurcándose en 
dos el centro de acción de la borrasca, que abarcaba el 
cauce de uno y otro río, aunque descargó con mayor inten- 
sidad hacia el NO. y O. de Valladolid, que en las miárgenes 
del Duero. El viento que al principio soplaba del E. giró con 
rapidez al S., luego al O. y NO. y N., dando una vuelta casi 
completa en menos de 50 minutos, con velocidad media de 
unos 50 metros por segundo. 

A las dos y treinta minutos de la tarde, después de haber 
caído unas cuantas piedras de granizo, sueltas y como des- 
perdigadas, que rompieron no pocos cristales, la lluvia era 
torrencial, aumentando su intensidad por la del huracán que 
la impulsaba, volando como aristas las tejas de los edificios, 
desplomándose multitud de chimeneas y viniendo al suelo 
sus restos, acompañados de ventanas arrancadas de su lu- 
gar, tiestos y plantas que caían de balcones y azoteas. 

Contribuyó á que el fenómeno resultase más grandioso 
é imponente la intensidad y frecuencia de las descargas 
eléctricas, que causaron también algunas desgracias perso- 
nales. Esto por lo que se refiere á Valladolid y sus contor- 
nos, pues en pueblos de la misma provincia, de las de Za- 
mora, Salamanca, Falencia, etc., las tempestades y trastor- 
nos parecidos repitiéronse con demasiada frecuencia du- 
rante los días 14, 15 y aun el 16, asolando viñedos, arran- 
cando y tronchando árboles seculares, con pérdidas inmen- 
sas para los afanados labradores. 



CLÍMATOLOaÍA 329 



Y no sólo en el barómetro queda indicada tan profunda 
perturbación atmosférica, como antes decíamos, sino que 
los demás instrumentos de nuestro observatorio experimen- 
taron también, y con más intensidad aún, la influencia per- 
turbadora del gigantesco ciclón. En el termómetro de som- 
bra hubo un descenso, casi instantáneo, de temperatura, que, 
abraza una oscilación de más de 15°,5: y en el termómetro 
de sol llegó á 26° esta oscilación instantánea. La condensa- 
ción acuosa fué tan rápida y tan intensa que el higrómetro 
registrador dejó señalado un aumento del estado higromé- 
trico del aire, de más de Si*'. Es de notar, como dato impor- 
tantísimo para el estudio de las tempestades, que el baró- 
metro comenzó á subir nuevamente en lo más recio del ba- 
guio^ con la particularidad de que el ascenso fué aún más 
rápido, de lo que había sido el descenso: 25 minutos antes. 
Continuó después agitándose irregularmente la presión at- 
mosférica durante toda la tarde, en que no desapareció el 
aspecto tempestuoso y amenazador del horizonte, sino ya 
bien entrada la noche. 

Este suceso extraordinario, de recuerdos tan tristes para 
muchos pueblos y numerosas familias en España, constitu- 
ye á su vez una lección importante de Meteorología prácti- 
ca para los que niegan ó dudan de la posibilidad de la pre- 
dicción del tiempo con dos semanas de anticipación. Más de 
quince días antes se había dado la voz de alerta en el Bole- 
tín Meteorológico , y se nos había dicho "que convenía estar 
prevenidos para evitar desastres„. El arribo de la depresión 
oceánica á nuestra Península desde el día 14 de Septiem- 
bre, y su propagación hacia el Mediterráneo, eran fenóme- 
nos que con fecha 28 de Agosto estaban descritos por No- 
herlesoom. Llegó su cumplimiento, la coincidencia fué exac- 
ta. ¿Sería casual? ¡Extraña casualidad que tantas veces se 
repite con la misma exactitud! Acaso Noherlesoom no pre- 
vio todo el alcance é intensidad del trastorno atmosférico 
ni la importancia de los desastres que había de causar; pero 
esto sería demasiado pedir á quien más que nadie clama 
constantemente porque lo atrasado y rudimentario y la 
mala organización de nuestras escasas estaciones meteoro- 



330 CLIMATOLOGÍA 



lógicas, no suministran los elementos suficientes para des- 
cender á más detalles; y por sabido se calla que los acci 
dentes locales producidos por una tempestad, cuya influen- 
cia abraza en conjunto tan extensas regiones como la Pe- 
nínsula ibérica, Norte de África y el Mediterráneo, dependen 
de las condiciones climatológicas, orográficas y topográfi- 
cas de cada localidad. ¿Se quiere, por ejemplo, que con lo 
imperfecto de nuestro servicio meteorológico, se descien- 
da á concretar, por qué, cómo y cuándo, el desarrollo de 
un ciclón ha de producir una lluvia más ó menos intensa en 
Valladolid, mientras en Simancas y en Nava del Rey des- 
carga terrible pedrisco, y al mismo tiempo que en otros 
puntos sopla sólo viento impetuoso, en otros no lejanos 
solamente se presentan amagos de tormenta? Ciertamente, 
quien tal exija manifiesta que no conoce el estado actual 
de la Meteorología, y menos la de España. 

Ni las máximas, ni las mínimas barométricas anuales 
registradas en el precedente resumen pueden considerarse 
como absolutas, puesto que se refieren á horas determina- 
das del día y nada tiene de particular que los puntos de 
variación extrema de la curva barométrica correspondan á 
horas distintas de las en que se han hecho las observacio- 
nes; pero de no estar constantemente al lado de los instru- 
mentos anotando sus indicaciones, no hay medio de superar 
esta dificultad, sino con los aparato^; registradores, que 
afortunadamente van reemplazando á los de observación 
directa. Los promedios barométricos deducidos de las dos 
ó tres observaciones diarias tampoco pueden ser exactos ya 
que han de participar de los errores de la máxima y míni- 
ma. Puede, sin embargo, afirmarse con bastante seguridad 
que, si las máximas y mínimas observadas no corresponden 
á las máximas y mínimas reales, éstas han ocurrido en las 
fechas que en el cuadro se indican; pues las variaciones y 
cambios de presión en el aire no suelen verificarse, á no ser 
en casos muy contados, como el de 15 de Septiembre último, 
sino en el curso de algunas horas, y con cierta regularidad 
en estado normal de la atmósfera. 

Resulta, además, de la inspección del cuadro que veni- 



climatología 



331 



mos examinando, que tanto las presiones máximas como 
las mínimas corresponden casi exclusivamente á las esta- 
ciones de invierno y primavera: aquéllas de un modo espe- 
cial al primer período y éstas con más frecuencia en el se- 
gundo. Como causa, en general, más influyente en las altas 
presiones, puede señalarse el descenso de temperatura. Por 
punto general y con tiempo no revuelto, las temperaturas 
mínimas suelen ocurrir en estas latitudes durante los pri- 
meros días de Enero, y entonces se observan ordinariamen- 
te las presiones más elevadas. Las depresiones más profun- 
das ocurren ordinariamente también aacia el equinocio de 
primavera y, aunque con menos frecuencia, hacia el equi- 
nocio de otoño, entre Septiembre y Octubre. 



j^R. ^NGEL J^ODRÍGUEZ, 
Agustinian*. 



(dontinuará) 




La Sagrada Forma del Escorial ^^^ 



IV 




contento Carlos II con cuanto había hecho en 
> honor de esta Sagrada Forma, quiso fomentar 
^pl^ más y más su culto, obteniendo de la Santa Sede 
tesoros de indulgencias para los que se dignaren visitarla. 
A instancia suya concedió Inocencio XII^ en 27 de Septiem- 
bre de 1692, á todos los fieles que, confesados y comulga- 
dos, visitaren la capilla en que se venera, indulgencia plena- 
ria dos veces al año en las fiestas que el Ordinario deier- 
mine, y otros cien días de indulgencia en todos los demás 
días, orando en todos los casos por los fines acostumbrados 
de la Iglesia. Estas indulgencias son aplicables á las bendi- 
tas almas del Purgatorio, y la visita para ganarlas puede 
hacerse desde primeras vísperas hasta la puesta del sol del 
día siguiente (2). 



(1) Véase la pág. 269 y siguientes. 

(2) El Breve en que todo esto consta, dice: "Innocentius PP. XII. 
— Universis Christifidelibus preesentes litteras inspecturis salutem et 
Apostolicam benedictionem. Ad augendam fidelium Religionem et 
animarum salutem coelestibus Ecclesiae thesauris pía chántate in- 
tenti, ac supplicationibus charissimi in Christo filii nostri Caroli 
Hispaniarum Regis Catholici nomine Nobis per dilectum filium nobi- 



LA SAGRADA FORMA DEL ESCORIAL 333 

En virtud de la facultad que en el Breve de concesión se 
otorgaba, el Prior del Real Monasterio, Fr. Alonso de Ta- 
lavera, después Obispo de Cádiz, como Prelado exento con 
jurisdicción veré nulliiis y por consiguiente verdadero Or- 
dinario del Escorial, determinó los dos días de indulgencia 
plenaria el año 1693; consultó para esto al Monarca, y mi- 
rando por la comodidad y bien espiritual de la Real Fami- 
lia, que solía residir en este Real Sitio durante el otoño, 
fijó la fiesta de San Miguel Arcángel, el 29 de Septiembre, 
y la de los santos apóstoles San Simón y Judas, el 28 de 
Octubre (1). El 11 de este último mes del año 1692, obtuvo, 



lem virum modernum ducem de Medina Coeli, ipsius Caroli Regis 
apud Nos, et Sedem Apostolicam Oratorem humiiiter porrectis be- 
nigne inclinati, ómnibus et singulis utriusque sexus Christifidelibus 
veré poenitentibus et confessis^ ac sacra Communione refectis, qui 
Cappellam in Ecclesia Sancti Laurentii il Real nuncupati, nullius dioe- 
cesis, Provincias Toletan., noviter erectam in duobus anni festis die- 
bus per Ordinarium loci semel tantum designandis, a primis vesperis 
usque ad occasum solis dierum hujusmodi annis singulis devote visi- 
taverint et ibi pro christianorumPrincipum concordia, haeresum 
extirpatione, ac SanctíE Matris Ecclesiae exaltatione pias ad Deum 
preces etíuderint, quo die prgefatorura id egerint, plenariam omnium 
peccatorum suorum indulgentiam et remissionem misericorditer in 
Domino concedimus. lilis autem, qui eamdem Capellam in reliquis 
anni diebus sicut praemittitur visitaverint, et oraverint, quocumque 
die id agerint, centum dies de injunctis eis, aut alias per eos quomo- 
dolibet debitis poenitentiis in forma Ecclesiae consueta relaxamus. 
Denique, ut omnes et singulee indulgentias, seu peccatorum remissio- 
nes, et poenitentiarum relaxationes prsefatse Animabus Christifide- 
lium, quae Deo in charitate conjunctae ab hac luce migraverint, per 
modum suffragii, applicari possint .indulgemus. In contrarium fa- 
cientibus non obstantibus quibuscumque. Praesentibusperpetuis futu- 
ris temporibus valituris. Datum Rom^ apud Sanctam Mariam Majo- 
rem sub Annulo Piscatoris, die XXVII Septembris MDCXCII, Pon- 
tificatus nostri anno secundo.— J. F. Cardinalis Albanus.„==- Archivo 
del Real Monasterio del Escorial, cajón II duplicado, núm. 46. 

(1) Así consta de la nota puesta en el respaldo del Breve, la 
cual dice: "San Miguel y San Simón y Judas, indulgencia plenaria,,; 
y de la relación de un Padre Archivero que le acompaña. Incurre, 
'pues, en error Quevedo, y con él cuantos le siguen, al decir (pá- 
gina 293), que los dias de jubileo son el 28 de Septiembre y el 28 de 
Noviembre, lo cual, sin duda, ha dado lugar á que en una de las 
Guias de este Real Sitio, últimamente impresa, se señale un día más 
de jubileo, el 28 de Noviembre. 



334 LA SAGRADA FORMA DEL ESCORIAL 



además, Carlos II que les dos altares de la capilla de la Sa- 
grada Forma fueran privilegiados para los difuntos de la 
Familia Real, de tal manera, que en virtud de la Misa dicha 
en cualquiera de ellos, por cualquier sacerdote, secular ó 
regular, puede librarse de las penas del Purgatorio el alma 
de aquel Rey de España, ó de aquel de sus descendientes, 
ó de aquella de sus mujeres por quien fuese aplicada (1). 

Felipe V y Fernando VI dieron también órdenes opor- 
tunas para que se cumpliese lo dispuesto por Carlos II acer- 
ca de los dos cirios que debían arder constantemente en el 
altar de la Sagrada Forma. En 1705 mandó Felipe V que el 
coste de estos cirios se incluyese en el gasto de su Real 
cuarto y Capilla, y en 28 de Octubre de 1712 renovó este 



(1) He aquí el Breve de concesión: "InnocentiusPP. XII. — Ad per- 
petuam rei memoriam. Omnium saluti paterna charitate intenti sa- 
cra interdum loca spiritualibus indulgentiarum muneribus decora- 
mus, ut inde fidelium defunctorum aninige Domini nostri Jesu Christi, 
ejusque sanctorum sufíragia meritorum consequi, et illis adjutae e 
Purgatorii poenis ad asternam salutem per Dei misericordiam perdu- 
ci valeant. Yolentes igitur Cappellam in Sacristía Ecclesise Sancti 
Laurentii, il Reale nuncupati, nullius dioecesis, Provinciae Toletan., 
jussu charissimi in Christo filii nostri Caroli Hispaniarum Regis ca- 
tholici noviter constructam, ac in ea dúo hinc inde sita Altaría hoc 
specialí dono íllustrare, supplícatíonibus ejusdem Caroli Regís nomi- 
ne per dílectum filíum nobilem virum modernum ducem de Medina 
Coelí ípsius Caroli Regis apud Nos, et Sedem Apostolicam Oratorem 
Nobis humílíter porre'ctís benigne ínclinati, auctoritate Nobis a Do- 
mino tradita, ac de Omnípotentís Dei misericordia ac Beatorum Pe- 
tri et Pauli Apostolorum ejus auctoritate confisi, ut quandocumque 
Sacerdos aliquis saecularis, vel cujusvis Ordinis Regularis Missam 
defunctorum pro Anima cujuscumque ex Regibus Catholicis Hispa- 
niarum, ceeterisque a Regia illorum stirpe descendentibus, ac eorum 
uxoribus tantum,quíeDeoin charitate conjunctaabhac luce migravit, 
et pro tempore migraverit, ad alteratrum praefatorum Altarium cele- 
brabit, anima ipsa de thesauro Ecclesise per modum suffragii indul- 
gentiam consequatur: ita ut ejusdem Domini nostri Jesu Christi, ac 
BeatissiniEe V^irgiais Mariae, Sanctorumque omnium meritis sibi suf- 
fragantibus a Purgatorii poenis liberetur, concedimus et indulgemus. 
In contrarium facientibus non obstantibus quibuscumque. Praesenti- 
bus in perpetuum valituris. Datum Romae apud Sanctam Mariam 
Majorem sub Aanulo Piscatoris die XI Octobris MDCXCII, Pontifi- 
catus nostrianno secundo. — J.F.CardinalisAlbanus.,,— Archivo del 
Monasterio del Escorial, cajón y número citados. 



LA SAGRADA FORMA DEL ESCORIAL 335 

mandato, ordenando que se pagase al Real Monasterio del 
Escorial lo que por este concepto había adelantado y no ha- 
bía percibido por haberse olvidado esta partida en la plan- 
tilla que el año 1706 se hizo para el gobierno político y eco- 
nómico de la Real Casa y Familia, y que en adelante se 
añadiese de nuevo dicha partida en las consignaciones de la 
Real Casa ó se abonase mensualmente por la Tesorería ge- 
neral "para que con ningún motivo, concluye el Rey, se fal- 
te á culto tan de mi primera obligación, devoción y grati- 
tud„ (1). Fernando VI, apenas empezó á reinar, dispuso el 



(1) He aquí el Real decreto: "Atendiendo á los piadosos y rele- 
vantes motivos que tuvo el Rey, mi tio (que santa gloria haya), para 
colocar en el Real ^lonasterio de San Lorenzo del Escorial la Santa 
Forma que en él se venera (esto no es exacto: quien la colocó Jué 
D. Felipe II), y. que para que tuviese el culto que es tan debido, 
dotó dos cirios que ardiesen continuamente en su obseqnio y reve- 
rencia; tuve por bien de mandar el año 1705 que, para que no tuviese 
falencia esta dotación, se pagase é incluyese en el gasto diario de 
la Capilla y de mi Real cuarto, lo cual se practicó hasta fin de Mayo 
de 1706, que se cesó en esta asistencia, por no haberse considera- 
do este gasto en la Planta que se dio para el gobierno político y 
económico de mi Real Casa y Familia; y respecto de estar debien- 
do al Prior y Monjes del referido INIonasterio ochenta y ocho mil 
ciento y setenta y dos reales del importe de la cera que ha suplido, 
porque no faltase el culto de la Santa Forma, os prevengo deis la or- 
den conveniente para que el débito de la expresada cantidad se vaya 
pagando de mi Real Hacienda en la mejor forma que fuere posible 
y lo permitieren las urgencias presentes, para que este Monasterio 
salga de los empeños que tiene contraídos por la razón referida; y 
que lo corriente desde primero de Noviembre próximo (en conse- 
cuencia de lo que resolví el año 1705, de que las cuatro libras de cera 
de estos dos cirios se diesen é incluyesen en el gasto diario de la Ca- 
pilla y de mi Real cuarto) se ejecute en la misma forma sin novedad 
alguna, disponiendo se aumente su importe á las consignaciones de 
mi Real Casa, ó que se entregue cada mes por la Tesorería General, 
para que con ningún motivo se falte á culto tan de mi primera obli- 
gación, devoción y gratitud. En el Buen Retiro, á 18 de Octubre 
de 1712.— Al Obispo de Gironda.,; 

En virtud de esta orden, que el Presidente de Hacienda trasladó 
al Tesorero general, pagó éste al Monasterio, de las arcas del Teso- 
ro, 14.000 reales y extendió á su favor el 4 de Abril de 1713 otras dos 
cartas de pago hasta la cantidad de los 88.172 reales; pero no hacién- 
dose efectivas estas cartas de pago, por ciertos inconvenientes que 
oponía el recaudador de contribuciones contra quien se habían libra- 
do, á petición del Monasterio ordenó el Presidente de Hacienda en 



336 LA SAGRADA FORMA DEL ESCORIAL 

11 de Septiembre de 1746 "que desde el día del fallecimiento 
del Rey su padre, se paguen puntualmente al Monasterio 
del Escorial los once mil reales de vellón que le están seña- 
lados en -cada un año para la cera que arde delante de la 
sacristía en donde se adora la Santa Forma„ (1); disposición 
que hubo de cumplirse después en los reinados posteriores. 

Los Padres Jerónimos, por su parte, tampoco descuida- 
ron el culto de esta Sagrada Forma; antes al contrario, su- 
plieron, como hemos visto, olvidos y negligencias de los 
empleados de la Real Casa, arrostrando de buen grado las 
molestias que les proporcionaban las reclamaciones del im- 
porte de la cera que generosamente anticipaban para este 
culto; y desde que se obtuvo el privilegio de ganar indul- 
gencia plenaria en los dos días arriba expresados visitando 
la Capilla de la sacristía de esta Real Basílica, acostumbra- 
ron exponer á su costa la Sagrada Forma á la pública ve- 
neración de los fieles desde la hora de primeras vísperas 
hasta el oscurecer de cada una de dichas fiestas (2). 

Por más de un siglo se celebraron sin interrupción nin- 
guna y con gran concurso de gente (3) estos sagrados jubi- 
leos, hasta que la invasión francesa vino á turbar la paz de 
España y á introducir el desorden y el pillaje aun en los mis- 
mos templos del Señor. 

El año de 1808, por motivo de la guerra, los monjes del 



12 de Agosto de 1713, que se pagasen cuanto antes y se le diese cuen- 
ta de haberse satisfecho. Véase el cajón 68, número 76, del Archivo 
de este Real Monasterio, en el cual se conserva copia de estos docu- 
mentos. 

(1) Así se expresa elMarqués de la Ensenada en la Real Orden que 
firma en el Buen Retiro, en la cual parece entender por sacristía el 
camarín de la Sagrada Forma, ó no expresa bien su pensamiento. Se 
conserva esta Real orden en el Archivo del Monasterio, cajón y nú- 
mero citados. 

(2) Hacíase esta exposición con sólo dejar caer al modo dicho el 
hermoso cuadro de Coello, quedando así de manifiesto la Sagrada 
Forma en su riquísima custodia. 

(3) Tal solía ser la afluencia de fieles en estos días y tal el número 
de los que se acercaban á los santos sacramentos, que el Prior habi- 
litaba mayor número de confesores sobre los muchos que había 
constantemente en la casa, como puede verse por los libros de Actos 
Capitulares de este Real Monasterio. 



LA SAGRADA FORMA DEL ESCORL\L 337 

Escorial se vieron en la dura precisión de abandonar el Mo- 
nasterio, como lo hicieron en los primeros días del mes de 
Diciembre, mas el Padre Vicario y los pocos que con él se 
hallaban todavía en el regio edificio el 3 del mes citado, an- 
tes de ausentarse reunieron todas las preciosidades y alha- 
jas que pudieron con ánimo de ocultarlas; "y aunque había 
parajes, escribe Quevedo, donde hubiera sido seguro sal- 
varlas, con la precipitación dejaron porción de ellas detrás 
del altar de la sala de capas, otras en la cantina llamada 
de la cera (1) y las más pequeñas, pero de más valor, en la 
bóveda que está sobre el Cristo de las procesiones en la 
iglesia principal„ (2). En esta bóveda ocultóse por entonces 
la Sagrada Forma colocada en su custodia pequeña, y aquí 
se conservó poco más de un año. 

Ocultas permanecían las alhajas en estos lugares cuan- 
do "el 7 de Enero de 1810 se presentaron en este Sitio con 
300 hombres de tropa D. Lorenzo Nigueruela, comisario de 
policía, y D. Carlos Reboel, oficial de Hacienda. Pidieron 
de orden del Rey (intruso) las llaves de la iglesia 3^ se ence- 
rraron en ella con el lego Fr. Cristóbal (v3) por la noche; le 



(V) Esta cantina de la cera, de que habla Quevedo, se halla hoy 
convertida en depósito de cadáveres del nuevo Panteón de Infantes. 
Tiene la entrada este depósito por la misma escalera del Panteón, y 
el primer cadáver en él depositado y único hasta la fecha es el del 
señor Duque de Montpensier. 

(2) Historia, etc., pág. 215. En los Actos Capitulares del Real Mo- 
nasterio de San Lorenzo (volumen 111, folio II vuelto) también se lee: 
"Los pocos religiosos que habían quedado (el 3 de Diciembre) no sus- 
pendieron los ejercicios á que estaban avezados... y se ocuparon en 
esconder las preciosidades que pudieron en muchos lugares, y prin- 
cipalmente encima del Cristo de Gracia por donde salen las proce- 
siones, en un seno que desciende desde su bóveda; y en la cantina de 
la sacristía, en el primer piso y cuarto, que llaman de la cera.,, No se 
escondieron por tanto las alhajas sólo en los lugares que cita Queve- 
do, como de su narración parece desprenderse, sino también en mu- 
chos otros lugares que aun hoy sería conveniente averiguar por lo 
que más adelante veremos. 

(3) Era esie hermano lego, que se apellidaba Tejada Diez, natu- 
ral de Toro, hijo de Julián, nacido en Madrigal de las Torres, y de 
Agustina, natural de la citada villa de Toro. Después de pretenderlo 
varios años, el 27 de Septiembre de 1775 fué recibido en este Real 

22 



338 LA SAGRADA FORMA DEL ESCORIAL 

- ■ ■ " — — - — ■ — ■ ■ ' • ■■— ^ 

tomaron juramento; y más por escrúpulo de conciencia, 
decía él, que por temor, declaró los parajes donde se halla- 
ban las reliquias y preciosidades escondidas. Dejaron la 
operación de sacarlas para otro día, y traslucido (esto) por 
el P. Fr. Pedro Tomellosa, teniendo éste un juego de llaves 
de la iglesia, acompañado de un estudiante, se atrevieron 
{los dos) á entrar muy á deshora, y con una escalera de 
mano subieron al escondite que había por cima del Cristo 
y sacaron la Santa Forma, la Virgen de San Pío V, tres 
vinageras y un hostiario del adorno antiguo de la Santa 
Forma. Lo llevaron á la Procuración, y en sus cantinas, en 
el primer dintel de la primera puerta del Aceitero, que está 
á lo último de las pilas del pescado, lo pusieron, colocando 
debajo una arpillera y tendiendo la Virgen y custodia por 
ser muy estrecho el lugar; le tabicaron con barro (1), y 
así estuvo hasta el año 1814, víspera de San Matías, que se 
trasladó á la pieza de las capas, y allí se custodió bajo el 
manto de Nuestra Señora del Patrocinio del Noviciado, 
hasta que el Rey D. Fernando VII la colocó en el propio 



Monasterio por su buena conducta y porque "podía servir muy bien 
á la comunidad en su facultad, que sabía, de maestro de obras y 
agrimensor,,. En la guerra de la Independencia, á poco de haber sa- 
lido del Monasterio, se volvió á él, y en él vivió hasta la muerte con 
los pocos ancianos que no habían salido de aquí y algunos otros que 
se les reunieron, á quienes sirvió de procurador. Era nuestro lego 
buen arquitecto y llegó á tener gran ascendiente y á ser muy respe- 
tado entre los franceses, ascendiente y respeto de que él se aprove- 
chaba en favor de sus hermanos y en bien de los intereses de la co- 
munidad y del edificio. Su muerte, acaecida el 26 de Noviembre de 
1811, íué muy sentida de sus compañeros "no sólo por la falta que ha- 
ce en este tiempo de la reunión, escribe un monje en Febrero del 
año 1818, sino porque sabiendo los escondites de la fábrica ocultó 
muchas cosas que no pudo declarar por su suma sordera, ni parece- 
rán como no sea por un raro acontecimiento,,. Fué enterrado en la 
sepultura que tiene el número 38 en los claustros interiores del edifi- 
cio. (Véanse los Actos Capitulares del Real Monasterio de San Lo- 
renso, vol. 11, fol. 264; y vol. III, fol. IV.) 

(1) Este lugar, tal cual aquí se describe, se conserva todavía, no- 
tándose en la parte exterior las señales del barro con que estuvo ta- 
bicado. 



LA SAGRADA FORMA DEL ESCORLAL 339 

altar de la sacristía el día 28 de Octubre del mismo año„ (1). 
"Cinco años, dice Quevedo, estuvieron allí escondidos estos 
santos objetos, y el piadoso monje {qtte los salvó) A quien he 
conocido y tratado, no dejó pasar día ninguno sin ir á reco- 
nocer su escondite muchas veces y orar ante aquel agujero 
donde se ocultaba lo más venerando del cielo y de la tierra. 
¡Cuánta piedad! ¡Cuánta fe! (2)„ 

Con no menos piedad y fe veneraron después los demás 
PP. Jerónimos, dueños ya del Monasterio, esta Sagrada 
Forma en su propio altar; pero las preciosas alhajas que 
servían para su culto en la suntuosa capilla y altares de la 
sacristía habían desaparecido, merced á la rapacidad de los 
franceses y de los afrancesados. Hasta las armas reales é 
inscripciones conmemorativas que había en el camarín de- 
bajo del antepecho de la tribuna y del que le corresponde 
al otro lado, desaparecieron entonces. 

La preciosísima custodia (3) en que se había convertido 
la riquísima caja de reloj entregada por Carlos II, tuvo que 
ser sustituida por un templete de bronce dorado que había 
en el camarín de las reliquias (4). Este templete, obra de 
Fr. Eugenio de la Cruz, monje lego de este Real Monaste- 
rio, fué construido para colocar en él las reliquias de San 
Lorenzo, y estuvo colocado en el relicario del altar de San 
Jerónimo hasta que en su lugar se puso una estatua del 



(1) Actos Capitulares, etc., vol. 111, fol. V, vuelto. Quevedo nada 
dice de estas últimas traslaciones, y omite unas circunstancias y 
varía otras, aunque de escaso interés, como podrá observar el que se 
tome la molestia de comparar ambas narraciones. 

(2) Historia, etc., pág. 220. 

(3) El que quier?c formarse una idea de la preciosidad de esta 
custodia y de todo el altar de la Sagrada Forma, á excepción del 
cuadro de Coello, puede consultar el grabado que trae en la obra ci- 
tada, pág. 296, el P. Jiménez. 

(4) El monje que escribió el año 1818 las noticias que acerca de la 
invasión francesa se hallan al principio del tercer volumen de los 
Actos Capitulares dice que el 3 de Abril de 1814 se puso encima del 
altar del Monumento "el templete de bronce sobredorado que había 
en el camarín, y aliara sirve á la Sarita F orina, ^ (fol. XI vuelto.) El 
P. Jiménez afirma, pág. 120, que este templete es de plata sobredora- 
da, pero parece indudable que es de bronce. 



340 LA SAGRADA FORMA DEL ESCORIAL 



mártir español, toda de plata y oro, regalada por Car- 
los II (1). Entonces el templete fué trasladado al camarín, 
de donde se sacó el año 1814 para colocarle en el altar de la 
Sagrada Forma. Es de unas dos varas de alto y de muy 
buen gusto: en el zócalo y en otras partes tiene varios hue- 
cos distribuidos en buena proporción, y en ellos, ordenadas 
con ingenio, muchas reliquias de San Lorenzo y de sus pa- 
dres Orencio y Paciencia. Sobre el zócalo sientan en sus 
cuatro ángulos ocho columnas pareadas con sus arcos co- 
rrespondientes, que sustentan una especie de cúpula en que 
termina (2). El costosísimo y artístico frontaltar, de análoga 
riqueza á la custodia, fué sustituido por el otro de bronce 
dorado, obra también de Fr. Eugenio de la Cruz, que tenía 
el antiguo altar de la sacristía en tiempo de Felipe IV, y 
había servido hasta entonces en el interior de la capilla, y 
al antiguo y lujosísimo servicio de ambos altares hubo que 
suplir con el general y pobrísimo de que podía disponer la 
regia basílica. 

Cuando Fernando VII entró en negociaciones con el Go- 
bierno de Francia para que se nos devolviese cuanto se 
habían llevado á París los invasores, no se olvidó de las pre- 
ciosidades de que había sido despojado su Real Monasterio 
de San Lorenzo; mas aunque se recuperaron algunos obje- 
tos, las alhajas de oro y plata, y singularmente las que cons- 
tituían el adorno de la capilla y altares de la Sagrada For- 
ma, no pudieron haberse. Cuidó luego el Rey de restituir 
en cuanto fuese posible á su antigua grandeza este regio 
edificio, y conocidos son de todos las obras que durante su 
reinado se hicieron, principalmente en la iglesia. Por lo que 
á la Sagrada Forma se refiere, quiso también que en lugar 
del templete, en que provisionalmente se había colocado; se 



(1) Memorias sepulcrales, tomo 11, fol. 596 en la vida de Fr. Euge- 
nio. La estatua, según Quevedo, tenía en la una mano las parrillas, 
y en ellas colocada una barra de las mismas en que el Santo fué 
martirizado, y en la otra una palma. Pesaba dieciocho arrobas de 
plata y dieciocho libras de oro. 

(2j Hoy puede verse en el relicario de Nuestra Señora de la 
Anunciación. 



LA SAGRADA FORMA DEL ESCORIAL 341 



construyese otro que estuviese más en harmonía con el ob- 
jeto á que se destinaba y con todo el conjunto artístico de la 
capilla; pero aunque se comenzó en su tiempo, no se conclu- 
yó hasta bien entrado el reinado de su hija Isabel II. 

Este templete, diseñado por D. Vicente López, pintor de 
la Real Casa, es de bronce dorado á fuego; comenzó á eje- 
cutarse en el obrador de S. M., á cargo de D. Ignacio Millán 
el año 1829, y le concluyó y doró D. Francisco Pecul, plate- 
ro, broncista y dorador de Cámara de la Reina, el año 1854. 
Su forma, de estilo gótico, es la siguiente: Sobre un zócalo 
de poco más de un pié de altura se levantan en sus cuatro 
ángulos cuatro torres aisladas y cuadradas que encierran 
entre sí cuatro pilares más elevados, coronados con estatuas 
sentadas de los cuatro doctores de la Iglesia, San Gregorio 
y San Ambrosio en los de adelante, y San Agustín y San 
Jerónimo en los de atrás. Constan estas torres de zócalo 
y dos cuerpos: cada uno de éstos tiene en las esquinas 
ocho columnas pareadas, las cuales sustentan en el pri,- 
mero unos arcos, que por medio de otra columna más 
pequeña, perpendicular á la clave, se divide en dos, y en 
el segundo una cornisa en cuyos ángulos se ven cuatro 
agujas que sirven de adorno y de remate. Del plano limi- 
tado por los ángulos interiores de las torres, arrancan, 
al lado de cada una seis varitas que hacen de columnas y 
sostienen los cuatro arcos del templete; sobre éstos corre 
una plataforma adornada en sus esquinas con cuatro es- 
tatuas, en pié, de matronas, que representan las cuatro 
virtudes cardinales, y de esta plataforma se alza airosa 
la cúpula, cuya única aguja llega hasta tocar la cruz del 
Santo Cristo de la capilla. 

El zócalo ostenta por delante en sus ángulos las armas 
españolas entre dos ángeles, dejando lugar para una tarjeta 
en forma de cinta, en la cual no hay nada escrito; sobre 
ella monta una cornisa en cuyo centro descansan las tablas 
de la antigua ley, acompañadas de uno y otro lado de sím- 
bolos tomados del Antiguo Testamento, alusivos á los mis- 
terios de la religión católica, principalmente el de la Euca- 
ristía. La misma decoración tiene por detrás, sin más dife- 



342 LA SAGRADA FORMA DEL ESCORIAL 



rencia que la de los escudos, que en lugar de armas contie- 
nen las iniciales ligadas de los nombres de Isabel II (una I 
y un 2) el uno, y de D. Francisco de Asís (F y A) el otro, y 
la de dos inscripciones que hay debajo de ellos, en que se 
dice cuándo se comenzó el templete, en la una, y en la otra 
cuándo se concluyó (1). Los escudos de los lados represen- 
tan las armas pontificias y las de la orden de San Jerónimo 
y en el espacio circular que hay entre ellos, se ven resalta- 
dos los bustos de Felipe II, Felipe III, Felipe IV, Carlos II y 
Felipe V, á la derecha, y los de Luis I, Fernando Vi, Car- 
los III, Carlos IV y Fernando VII, á la izquierda. 

Del mismo zócalo parten tres escalentas, que por los 
cuatro lados dan entrada á lo interior del templete, en cuyo 
centro se halla una arca con sus varas, figura de la de la 
antigua ley , sostenida por un becerro alado, una águila, un án- 
gel y un león que representan los cuatro evangelistas; sobre 
€l arca descansa una peana en que se coloca la custodia de 
la Sagrada Forma, y á los lados se ven dos serafines de seis 
alas, postrados, velando con dos de ellas la cabeza, con 
otras dos los pies, y con las otras dos en actitud de volar, 
como se le mostraron en visión al profeta Isaías. 

En el primer cuerpo de las torres, debajo de los arcos y 
sobre sus correspondientes pedestales, se hallan treinta y 
dos estatuas de pie, ocho en cada torre. Los personajes que 
representan, del Antiguo y Nuevo Testamento, según los 
emblemas y nombres que los distinguen, son los siguientes: 
San Pedro y San Andrés, Santiago el Menor y San Matías, 
San Pablo y San Bernabé, y San Marcos y San Lucas al 



(1) Estas inscripciones á la letra dicen, la primera: "Se dio princi- 
pio á esta obra en el obrador de S. M., á cargo de D. Ignacio Millán, 
año 1829,,, y la segunda: "La concluyó y doró D. Francisco Pecul, Pla- 
tero, Broncista y Dorador de Cámara de S. M., año de 1854„. Hay 
quien afirma que el templete fué comenzado á expensas del Sr. Vá- 
rela, Comisario de Cruzada; mas de las inscripciones copiadas pare- 
ce deducirse que la obra se empezó á costa de la Real Casa, pues no 
hemos de suponer que en el obrador del Rey y por dependientes de 
la Real Casa se trabajase para un extraño. También hemos visto con- 
signado en alguna. Guía del Escorial que el ejecutor de este templete 
fué D. Felipe Pecci, afirmación evidentemente errónea. 



LA SAGRADA FORMA DEL ESCORIAL 343 

lado del Evangelio; Aarón y San Felipe, Santiago y San 
Bartolomé, Santo Tomás y San Mateo y San Simón y Judas, 
al de la epístola; por detrás están, de una parte Abraham 
y Jacob, Moisés y Sap Juan^ David y San Elias, Isaías y 
Ezequiel; y de la otra Noé y Melquisedec, Jeremías y Da- 
niel, Oseas y Jonás, Habacuc y Malaquías (1). 

Los demás adornos del templete son sencillos, pero de 
buen gusto y muy bien combinados, abundando entre ellos 
las figuras de serafines y de ángeles, de espigas y raci- 
mos (2). 

En el año 1856, la Reina doña Isabel II y su esposo don 
Francisco, regalaron á la Sagrada Forma una custodia de 
gran valor y mérito artístico. La base de la peana es un 
octógono con sus lados en forma de semicírculos entrantes 
truncados en sus ángulos por otros semicírculos más peque- 
ños. De los lados alternos del octógono suben con su con- 



(1) Como notarán nuestros lectores, en las torres de adelante to- 
dos los personajes son del Nuevo Testamento, excepto Aarón, y en 
las de atrás del Antiguo, menos San Juan; en lo cual debe de haber 
defecto de colocación, pues nada más natural que Aarón esté al lado 
de Moisés y San Juan (Apóstol y Evangelista, que es el representa- 
do) entre los demás Apóstoles 

(2) El Sr. Rotondo en su obra titulada: Historia descriptiva, ar- 
tística y pintoresca del Real Monasterio de San Lorenza (2.-^ edic, 
Madrid, 1863), confunde lastimosamente este templete y el de Fray 
Eugenio de la Cruz, y haciendo de los dos uno, incurre en varios 
errores, que saltan á la vista con sólo subrayar algunas palabras. 
"Descúbrese (dice en la página 325), colocado en medio de la capilla 
central, j»- sobre unas gradas, un templete de bronce dorado á fuego, 
de dos varas de alto y de muy buen gusto gótico, ejecutado por Fray 
Eugenio de la Cruz, religioso lego de la casa... Tiene en las esquinas 
ocho columnas pareadas que sustentan una cúpula de buen gusto, y 
en el zócalo y otras partes están repartidas varias reliquias de San 
Lorenzo y de sus padres San Orencio y Santa Paciencia,,, y en nota 
añade: "En vez de este templete^ cuyo dibujo es de D. Vicente Lopes, 
había antes una custodia de tres varas y ocho dedos de alto, de plata 
sobredorada...,, El templete que en rigor describe aquí el Sr. Rotondo 
es el de Fray Eugenio de la Cruz, que nada tiene de gótico; y mucho 
menos pudo ser ejecutado según dibujo de D. Vicente López, siendo 
así que Fr. Eugenio floreció en tiempo de Felipe IV y D. Vicente en 
este siglo. Gótico y construido según dibujo de D. Vicente es el que 
hoy tiene la Sagrada Forma, y del cual no da descripción ninguna 
dicho Sr. Rotondo. 



344 LA SAGRADA FORMA DEL ESCORIAL 

veniente curvatura, hasta cerca del nudo, cuatro listoncitos 
compuestos de piedras preciosas engastadas, que dividen 
el campo de la peana en cuatro espacios iguales. El nudo 
le constituye un gran topacio que fué en otro tiempo la em- 
puñadura de un bastón del Rey D. Francisco; en él descan- 
sa la parte superior de la custodia, la cual remata en una 
cruz de brillantes }'■ rubíes. 

El círculo en que se coloca la Sagrada forma cuando se 
usa esta custodia, la cubren dos placas en que están pinta- 
dos un cáliz con la hostia en la de adelante, y un pelícano 
en la de atrás. De este círculo parten ocho rayos, cuajados 
de brillantes y otras piedras preciosas, que terminan en 
ocho gruesas perlas. En los espacios de la peana se ven es- 
maltados, en el de adelante el nombre de Jehová, en letras 
hebreas, dentro de un triángulo rodeado de resplandores; en 
el de la derecha los retratos unidos, y de perfil, de la Reina 
Isabel y su esposo D. Francisco; en el de la izquierda la 
Infanta Isabel, niña entonces de cinco años, y en el de atrás 
el escudo de las armas reales. Estos retratos fueron pinta- 
dos por D. Federico de Madrazo, y los esmaltes fueron he- 
chos en Ginebra. 

Debajo de las armas reales, en el grueso de la base oc- 
tógona de la peana, se lee en dos líneas lo siguiente: Carlos 
PizBala jecit Matriti, y á los lados corre, de derecha é iz- 
quierda en una sola línea hasta darla vuelta, esta inscripción: 

DiVINI AMORIS PIGNORI SUB SPECIEBUS CONCULCATO SED INTEGRO 
PERMANENTI CIRCITER JAM QUINQUÉ S.ECULA HANC DEDICAVERE 
HIEROTHECAM ElISABETHA ET FrANCISCUS HiSPANI^ ReGES 
PIISSIMI UNA CUM AUGUSTA NATA ANNO MDCCCLVI. 

El trabajo y delicadeza de esta custodia es admirable, y 
el número de piedras preciosas que tiene engastadas no se 
puede fácilmente determinar. "Cuenta esta custodia, escribe 
Rotondo, 9.400 brillantes de diferentes tamaños, 8 perlas 
gruesas, 32 esmeraldas, 127 rubíes, 60 amatistas y 24 grana- 
tes (!).„ Mide de altura, según el mismo, 45 centímetros, y 



(1) Obra citada, pág. 236. 



LA SAGRADA FORMA DEL ESCORIAL 345 

el diámetro de la basa de la peana es de 20. Su coste fué 
de 25.000 duros. 

Los días en que se usa de esta custodia son los de jubi- 
leo (1). Desde la exclaustración quedaron reducidas estas 
fiestas, por no decir nada de la sustitución de los dos cirios 
que ardían continuamente ante el altar de la Sagrada For- 
ma por dos lámparas de aceite, á simple exposición al ama- 
necer. Misa solemne, alguna vez con sermón, y bendición 
y reserva concluida la Misa de once; mas desde que se en- 
tregó á los Padres Agustinos este Real Monasterio, el año 
de 1885, se celebran con mayor solemnidad. Por la ma- 
ñana temprano se traslada procesionalmente la Sagrada 
Forma de su capilla, al altar mayor de la iglesia, donde 
queda expuesta todo el día; se celebra con toda solemnidad 
el santo sacrificio de la Misa, y velan continuamente dos 
religiosos. Por la tarde, después de cantadas solemnemente 
Completas, se reza el santo Rosario, dice el sermón alguno 
de los Predicadores más distinguidos déla Comunidad, y se 
organiza con toda la pompa posible la procesión por las 
anchurosas naves del templo entre nutridas filas de fieles, 
hasta dejar colocada la Sagrada Forma en su suntuosa ca- 
pilla. Describir la majestad de los cánticos sagrados en esta 
grandiosa é imponente función, y sobre todo la escena pa- 
tética y conmovedora que se representa en la sacristía, es 
superior á nuestras fuerzas: repasen nuestros lectores lo 
que dejamos transcrito al hablar de la traslación definitiva 



(1) Ordinariamente la Sagrada Forma se conserva en la otra pe- 
queña que regaló Carlos II. Difiere poco de la descrita y en gran 
parte le debió de servir de modelo. La parte superior es exactamen- 
te de igual forma. La base es un rombo de cuatro lados, y en los es- 
pacios correspondientes de la peana, están pintados en cobre y cu- 
biertos con cristal de roca los retratos de Carlos II, de su esposa Ma- 
ría Luisa de Orleans, de su madre doña María Ana de Austria y de 
su hermano D. Juan de Austria. Es de plata y oro con trabajo de fili- 
grana y varias amatistas y turquesas engastadas. En los rayos que 
salen del centro, tiene de uno y otro lado varias letras mayúsculas 
pintadas, cubiertas con cristal de roca, las cuales unidas dan esta 
inscripción: Carolus de un lado y R. Dicavit del otro. Está algo de- 
teriorada y la faltan algunas piezas de filigrana. 



346 



LA SAGRADA FORMA DEL ESCORIAL 



de la Sagrada Forma á su altar, y podrán quizá formarse 
alguna idea. 

¡Quiera el Señor que estos solemnes cultos al Santísimo 
Sacramento se extiendan por todas partes, especialmente 
por nuestra España, para que los ánimos adormecidos y pe- 
gados á las cosas de la tierra despierten y se animen á vivir 
la vida del cielo, que es la vida verdadera! 

^R. ^USTASIO ^STEBAN, 
Agustiniano. 




fe,^^i^ge:^^-^:!f|r: . g^^,r:S?^^ ¿¿ ^f^-^^ 




iiiiiiniiiiiiii(iiiinn]nmMinii iiii iiiiiiiiiiiiiiiiiiiíiia>iiiuiiii iiiiiiiiiiiiinniit^ ; 



El Pentateuco y la Arqueología Prehistórica ^^^ 



II 



EL PENTATEUCO Y LA ASIRIOLOGIA 




A venerable tradición universal que por espacio de 
tantos siglos venía proclamando la antigüedad y 
origen mosaico del Pentateuco, puede decirse que 
ha triunfado en nuestra época de una manera decisiva con 
el testimonio incontrastable de los monumentos faraónicos. 
A la confesión sincera del racionalista Mr. Reuss, que en 
vista de los últimos descubrimientos se ha dejado decir que 
el autor israelita de la historia primitiva debía estar muy 
bien instruido en las cosas egipcias, añádase, como natural 
y sencilla reflexión, la imposibilidad moral de que un escri- 
tor israelita pudiera referirnos con tanta precisión y exac- 
titud aquella complicada historia, si no hubiera presencia- 
do los acontecimientos, ó respirado en la atmósfera de 
aquellas vetustas tradiciones, y se comprenderá todo el va- 
lor demostrativo que se desprende de la historia arqueoló- 



(1) Véase la pág. 177. 



34S EL PENTATEUCO 



gica del Egipto, en favor de la tesis tradicional, que por lo 
mismo deberá considerarse ya como una verdad científica- 
mente comprobada. 

Punto era este que convenía hacer indiscutible antes de 
penetrar en el estudio comparativo de la historia del Géne- 
sis y de la arqueología asiria, cuyos resultados y conse- 
cuencias son más interesantes y de más palpitante actuali- 
dad, por referirse, no ya á la historia aislada de un pueblo 
como Egipto, sino á la gran historia de los orígenes del 
mundo y del estado primitivo del linaje humano, que ha for- 
mado hoy el objeto de interminables controversias religio- 
so-científicas. 

Es indudable que para discutir á satisfacción las relacio- 
nes entre la Biblia y la Ciencia sería necesario emplear 
principalmente el criterio científico, y seguir otro orden de 
procedimientos muy distinto del que conviene adoptar en 
una cuestión de crítica histórica; mas si se tiene en cuenta 
que muchas de las teorías que se han invocado en nuestra 
época contra la narración mosaica no son susceptibles de 
una demostración rigorosa y exacta, es indudable que el pro- 
cedimiento histórico debe preceder á la investigación cien- 
tífica; porque en el caso de ser deficientes las hipótesis que 
se han formulado en nombre de la Ciencia para adivinar la 
historia primitiva del mundo, merecerá siempre con prefe- 
rencia nuestro asentimiento el testimonio legítimo de las 
tradiciones humanas, una vez que se haya podido establecer 
y apreciar, según los sanos principios de la Crítica, su valor 
positivo histórico. 

Este género de estudios ha podido emprenderse en 
nuestra época con mayores ventajas que en ninguna otra, 
así para la ciencia profana como para la apología bíblica. 
Porque si, como se ha indicado ya, la Ciencia moderna, ilu- 
minada por las importantes revelaciones de la Arqueología, 
ha conseguido descorrer el velo que ocultaba la historia 
positiva del gran imperio asirio-babiiónico, y admirar sus 
progresos inesperados en el misterioso aislamiento de su 
antigüedad, la Apología religiosa ha podido á su vez apro- 
vechar algunos datos importantes de la historia de los mo- 



Y LA ARQUEOLOGÍA PREHISTÓRICA 349 

numentos asirlos, para formular en favor de la historia sa- 
grada del Génesis una nueva demostración científica, capaz 
de satisfacer á todas las exigencias de la crítica moderna. 
Porque, preciso es confesarlo, la autoridad respetable de 
Moisés, aunque universalmente reconocida por las pasadas 
generaciones, no podría aspirar en nuestra época al respeto 
y veneración de una crítica tan desconfiada como la del ra- 
cionalismo, si hubiera permanecido todavía en medio de los 
siglos como una voz singular aislada, que según el criterio 
adverso habría abusado de la buena fe y excesiva creduli- 
dad de los mortales. Pero cuando en .mestros días la cien- 
cia arqueológica al derribar la gran muralla que separaba 
los tiempos históricos de los llamados tiempos fabulosos ha 
podido ver consignadas en los dormidos monumentos de la 
Asirla casi toda la historia primitiva del mando, la antiquí- 
sima revelación del Génesis no debe mirarse ya como una 
luz solitaria en medio de la obscuridad de los tiempos, sino 
como uno de tantos destellos ó manifestaciones de alguna 
enseñanza primordial, recibida en su origen por los proge- 
nitores de todos los pueblos, y conservada de edad en edad 
por sus respectivas descendencias. 

Tan gloriosa adquisición de la Ciencia arqueológica no 
ha podido ocultarse á la perspicacia del moderno criticis- 
mo; y de aquí los titánicos esfuerzos de la escuela raciona- 
lista capitaneada por M. Reuss en Alemania, y por Er- 
nesto Renán en Francia, para destruir la base de tan im- 
portante demostración, negando á todo trance el origen 
mosaico del Pentateuco, y asignándole una época recien- 
te en que el historiador hebreo no habría hecho más que 
transcribir la historia adulterada de los pueblos politeís- 
tas. El procedimiento racionalista no podía ser más radi- 
cal y subversivo, pero la historia de los monumentos del 
antiguo Egipto se manifestaba tan oportunamente en nues- 
tra época para apuntalar la tesis tradicional, que la anti- 
güedad del Pentateuco, su origen mosaico y su autoridad 
histórica puede decirse que han pasado ya á la categoría de 
verdades positivamente adquiridas y científicamente de- 
mostradas. 



350 EL PENTATEUCO 



x^sí los estudios arqueológicos del Egipto nos daban el 
fundamento que debe sustentar las legítimas consecuencias 
á que podemos aspirar con el estudio comparativo de la 
historia de los monumentos del imperio asirio-babilónico en 
sus relaciones con el Génesis hebreo. Porque para obtener 
la demostración de los hechos principales de la historia pri- 
mitiva por medio de la conformidad de los testimonios his- 
tóricos, era necesario invocar las autoridades y tradiciones 
más antiguas y más independientes en su existencia; tradi- 
ciones que desde los tiempos más remotos se las vea cami- 
nar paralelas y sin dependencia mutua en la sucesión de los 
siglos: tradiciones, en una palabra, en que la Crítica no pueda 
explicar la existencia de la una por la otra, ni suponer como 
posible la infiltración doctrinal de dos razas, como sucede en 
algunas creencias del antiguo pueblo helénico y de otros 
pueblos relativamente modernos, que recibieron sus inspira- 
ciones más ó menos directamente de la revelación bíblica. 

Esta garantía, á que no pudo aspirarse fácilmente en los 
siglos pasados, nos la ofrecen sin duda alguna en nuestra 
época los últimos descubrimientos de la Arqueología asiría. 
La obra de Beroso, sacerdote del dios Belo, historiador ba- 
bilónico que escribió en lengua griega la historia política y 
religiosa de su pueblo, á contar desde los orígenes del mun- 
do, había llamado ya la atención de los antiguos doctores 
de la Iglesia, y principalmente de Ensebio de Cesárea, que 
nos la ha transmitido en compendio en sus eruditas Crono- 
logías; porque, á pesar de los delirios con que Beroso per- 
virtió algunos hechos de historia primitiva, no llegó á obs- 
curecerlos, hasta el punto que pudiera ocultarse á los San- 
tos Doctores su identidad substancial con los hechos de la 
historia bíblica. Pero las narraciones de Beroso, si pudie- 
ron ser más completas y extensas que las de la Arqueología 
asirla, teniendo en cuenta la edad en que se escribieron 
(en el siglo IV antes de Jesucristo), no podían presentarse 
al tribunal de la Crítica con un carácter tan visible y mani- 
fiesto de autoridad independiente en sus relaciones con el 
Génesis como la historia que hoy se ve consignada en los 
antiquísimos monumentos del imperio asirio-babilónico. 



Y LA ARQUEOLOGÍA PREHISTÓRICA 351 

Toda sospecha de derivación doctrinal y mutua depen- 
dencia entre el Pentateuco de Moisés y la historia arqueo- 
lógica de la Asiría, desaparece al pensar en la época remo- 
tísima en que fueron escritos los dos monumentos históri- 
cos y en el carácter indígena que los distingue. El Génesis 
hebreo se escribió en las regiones del Nilo veinte siglos an- 
tes de la era cristiana, con el fin de suscitar el espíritu de 
un pueblo oprimido, é inducirle á la gran empresa del Éxo- 
do, recordando su gloriosa descendencia en la venerable 
genealogía de sus patriarcas, á contar desde los orígenes 
del mundo: y los monumentos arqueológicos del imperio 
asirlo se erigieron en los márgenes del Eufrates, casi en la 
misma época, con el fin de satisfacer el orgullo nacional de 
un pueblo, que, al decir de Flavio Josefo, presume ser la pri- 
mera nación del mundo y la más solícita en consignar en 
sus anales la memoria de los hechos pasados. Si esta obser- 
vación no fuese suficiente para demostrar la mutua inde- 
pendencia de las dos fuentes históricas más antiguas, bas- 
taría ciertamente considerar las notabilísimas diferencias 
que separan el Génesis asirlo del Génesis hebreo para su- 
poner imposible toda derivación doctrinal. Porque á pesar 
de ser los documentos más antiguos de la historia del mun- 
do, y los más próximos á la primitiva tradición del género 
humano, aparecen los dos con un carácter tan exclusiva- 
mente indígena, tan distintos por la forma de su narración 
}'• por las convicciones desús autores, que no es posible des- 
cubrir en ellos más que lo puramente preciso para vislum- 
brar el vínculo general que los une con aquel primer tipo 
de tradiciones que llamaremos la tradición ó enseñanza pri- 
mitiva del género humano. Todo esto se irá notando á me- 
dida que vayan presentándose los puntos particulares que 
serán el objeto de nuestro estudio crítico. 

Pero esa misma divergencia accidental que se observa 
en la historia de la Arqueología, al compararla con la his- 
toria del Pentateuco, sugiere naturalmente otra cuestión 
que merece resolverse antes de entrar en el análisis com- 
parativo de las tradiciones humanas. Supuesta la identidad 
substancial de las dos fuentes originales en lo que se refiere 



352 EL PENTATEUCO 



al concepto general de la historia primitiva, ¿cuál de ellas 
merecerá la preferencia de autoridad histórica en aquellos 
puntos en que no puede encontrarse acuerdo y harmonía? 
Teniendo en cuenta los principios generales de la Crítica, 
fácil sería inclinarse en favor de la historia del Génesis, sin 
que se pueda suponer aventurado nuestro juicio si nos atre- 
vemos á afirmar desde luego que entre todos los monumentos 
históricos que nos ha transmitido la antigüedad, la narración 
de Moisés es la única que merece ser considerada como la 
expresión más pura é incorrupta de la tradición universal 
del género humano. Aunque quisiéramos prescindir de la 
autoridad divina, que, según el criterio católico, asiste ala 
narración de Moisés, y considerarla como una obra pura- 
mente humana, sólo la historia del pueblo de Israel y el 
examen directo de la misma narración mosaica bastarían 
para conceder á las tradiciones hebreas una preferencia de 
autoridad indiscutible entre todas las tradiciones paralelas 
de la antigüedad más remota. 

El carácter histórico del pueblo hebreo que se ha manifes- 
tado siempre en su admirable organismo religioso y social, 
su esclusivismo, al parecer exagerado, que le inclinaba 
á rechazar toda relación de amistad y magisterio con 
las razas extranjeras, y por otra parte la existencia del 
principio dogmático que sólo el pueblo hebreo sabía sentir 
en todo su vigor al considerar como sacratísimas é inviola- 
bles las tradiciones de los venerables patriarcas que reci- 
bieron sus inspiraciones de la revelación augusta de Jeho- 
vá; todo esto que define el carácter histórico de todo un 
pueblo, aboga también en favor de la pureza de sus anti- 
guas tradiciones. Si en este punto pudiera caber alguna 
duda, el examen directo de la doctrina bíblica, tan superior 
á las doctrinas ridiculas y repugnantes de las tradiciones 
paganas, que rechaza muchas veces hasta el buen sentido, 
y el hecho innegable de que la historia mosaica es la única 
entre todas las tradiciones de la remota antigüedad que 
permanece exenta de toda mitología fantástica y extrava- 
gante con que ha desfigurado los hechos la imaginación 
desenfrenada de los pueblos politeístas, serían la mejor con- 



Y LA ARQUEOLOGÍA PREHISTÓRICA 353 



traprueba de que la historia bíblica, aun juzgada con el 
criterio del racionalismo, es la única que podría represen- 
tar en su primitiva pureza la tradición universal y las pri- 
meras enseñanzas del género humano. En tal concepto, di- 
ríase que Moisés al referir la historia primitiva del mundo, 
no ha hecho más que reproducir fielmente los antiguos re- 
cuerdos del pueblo israelita, conservados de edad en edad 
por el sencillo magisterio de sus Patriarcas y consignando 
siempre el verdadero carácter de los hechos para librarlos 
de las nebulosidades mitológicas con que fueron adulterados 
y obscurecidos por los demás pueblos de la tierra. 

En resumen: las tradiciones de todos los pueblos poli- 
teístas podrán servirnos para demostrar, por su conformi- 
dad en los hechos fundamentales de la historia primitiva, 
la existencia de un mismo origen ó manantial común, donde 
caldeos, egipcios, griegos y romanos recogieron la misma 
doctrina y enseñanzas que el pueblo hebreo, en una época 
en que no había para el género humano ni variedad de len- 
guas, ni separación de razas, ni diversidad de religión; 
pero las notables diferencias y numerosas ridiculeces que 
se han introducido en ellas sucesivamente, adulterando los 
acontecimientos generales de la historia, nos obligarán á 
conceptuar las tradiciones politeístas como tantas herejías 
ó corrupciones de la verdadera tradición universal del géne- 
ro humano. Sólo el Génesis de Moisés parece llevar el ca- 
rácter de una autoridad absoluta, y aunque juzguemos su 
historia con los severos principios de la crítica más exigen- 
te, siempre merecerá ser considerada como la expresión 
más pura é incorrupta de la tradición primitiva, y como el 
primer capitulo de la historia verídica del mundo. 

A esta consecuencia final, síntesis de nuestro estudio 
crítico, nos conducirá el análisis comparativo de la historia 
del Pentateuco y de la historia arqueológica de las prime- 
ras edades, consignada principalmente en los antiquísimos 
monumentos del imperio asirio-babilónico. 

J^B. JÍONORATO DEL Y Al., 

Agustiniano. 

iContinuarci.') 

23 




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Geología dinámica 



(1) 



HIPÓTESIS EXCOGITADAS PARA EXPLICAR LOS FENÓMENOS 

VOLCÁNICOS 




A historia del planeta que habitamos, dice Lappa- 
rent, ha sido formada por dos categorías de agen- 
tes principales, que han obrado y obran sobre él, 
ya alternativa, ya simultáneamente. Exteriores los unos, 
tuvieron por principio y origen la combinación de la ener- 
gía del sol con la atracción universal. Interiores los otros, 
fueron y son producto de esa misma atracción, combinada 
con la energía propia de la tierra; energía que no es otra 
cosa que una fracción de la energía de la nebulosa pri- 
mitiva. 

Fuerzas idénticas con idéntico origen, las transforma- 
ciones actuales de la corteza terrestre, son el índice de un 
libro donde podemos ir leyendo por inducción los capítulos 
de esa historia tan estupenda y llena de misterios. Explicar 
lo pasado por lo presente, estudiar los agentes físicos anti- 
guos por los^actuales, y ver, en suma, por lo que se cono- 
ce, el cuadro maravilloso de lo desconocido, aunque sea en 
perspectiva, es el principio fundamental en que se apoya la 
ciencia del globo. 

(1) Véase la pág. 259. 



GEOLOGÍA DIXÁMICA 355 



El astrónomo, el geodesta, el geógrafo y el naturalista, 
tienen en el campo vastísimo de la naturaleza territorios 
peculiares y zonas bien limitadas para cada cual; al inda- 
gar la posición que ocupa nuestra tierra en el espacio, al 
describir los relieves de los continentes y de los fondos de 
los Océanos, al hacer el inventario de los organismos fósi- 
les trazando las leyes de su distribución geográfica, mos- 
trando cómo la vida se difunde por todas partes. 

Pero de un modo particular incumbe á la Geología diná- 
mica externa explicarnos las alteraciones que sufren y han 
sufrido (influyendo en los organismos ó cambiando el orden 
establecido por el Criador), la masa y temperatura de la at- 
mósfera, el agua del mar y de los ríos, de las infiltraciones 
y de los glaciares flotantes, mientras que á la Geología di- 
námica interna pertenece levantar el velo de esos fenóme- 
nos misteriosos, cuyas causas son reductibles al calor 
central. 

Que éste existe, nadie puede racionalmente ponerlo en 
duda. La forma esferoidal de la tierra que acusa su primi- 
tiva fluidez, hoy limitada al interior por efecto del enfria- 
miento; el aumento gradual de la temperatura en razón del 
la profundidad, como lo confirman los túneles, pozos y mi- 
nas en sus diferentes clases, son testimonios irrecusables de 
que hay en las entrañas de la tierra grandes mares interio- 
res de elementos fundidos. Si el calor volcánico ó las erup- 
ciones ígneas fuesen, como quieren algunos geólogos, con- 
secuencia inmediata de los movimientos de la corteza te- 
rrestre, la existencia de los volcanes no probaría la del 
calor central. Pero siendo esa una hipótesis hasta hoy no 
probada por nadie, la existencia de los volcanes activos 
prueba la del calor interior. 

Mas ¿cómo se explican las manifestaciones de ese calor 
en los volcanes? ¿Cuáles son las causas incógnitas de esas 
explosiones de fuego de tan terrible significación en la his- 
toria de la humanidad? A resolver este problema han con- 
sagrado sus estudios ingenios poderosos. Las hipótesis ex- 
cogitadas para darle solución, serán el objeto de este bre 
ve artículo. 



356 GEOLOGÍA DINÁMICA 



Vitriolizándose las piritas (dice una de esas hipótesis), 
tan abundantes en las pizarras bituminosas, hullas y ligni- 
tos, desarrollan temperatura suficiente para inflamar los 
depósitos carbonosos, produciendo desprendimiento de va- 
pores y algunos otros efectos, como la conversión de la ar- 
cilla en termántida, el agrietamiento del terreno, la apari- 
ción de exhalaciones sulfhídricas y amoniacales y la forma- 
ción de depósitos salinos. 

Para no admitir esta hipótesis, basta considerar que las 
causas de que habla son superficiales, mientras que los fe- 
nómenos volcánicos tienen un origen relativamente pro- 
fundo. 

Leimery ideó colocar á pequeña profundidad bajo tierra 
una mezcla húmeda de flor de azufre y limaduras de hierro. 
De la combinación de estos dos minerales por el calor, fór- 
mase vapor de agua que se desprende (por las grietas del 
terreno, que se levanta), mezclado á veces con hidrógeno 
sulfurado que suele inflamarse. 

Las mismas dificultades que á la anterior podemos opo- 
ner á esta segunda hipótesis, cuya concordancia es nula 
con la generalidad y profundidad de los fenómenos volcá- 
nicos. 

No tiene razones más poderosas para ser admitida la 
hipótesis de Davy. El descubrimiento del potasio y del so- 
dio por este señor á principios del presente siglo, le indujo á 
creer que la oxidación de un núcleo de metales alcalinos y 
térreos en contacto con el agua, podía ser causa de los fe- 
nómenos volcánicos. Apoyábase en el hecho de estar las la- 
vas compuestas de ácidos de esos metales combinados con 
la sílice, y en los volcanes en miniatura que se producen al 
proyectar sobre un trozo de potasio pequeñas gotas de 
agua. El hidrógeno se desprende y arde, determinando en 
el punto de contacto de aquellos, una cavidad, que es el crá- 
ter; y el óxido de potasio formado se levanta en derredor 
á manera de un montículo. 

Pero semejante hipótesis tiene en contra las dificultades 
siguientes: siendo muy pequeñas las densidades de tales mez- 
clas (la del potasio ===0,865; del óxido =0,972; del calcia 



GEOLOGÍA DINÁMICA 357 



=1,584; del magnesio =1,45), no se puede admitir su exis- 
tencia á grandes profundidades; además, el aire y el agua 
no pueden penetrar hasta la pirosfera, donde los materia- 
les ya están oxidados, según se deduce de la composición 
de las lavas; sin contar con que la observación no acusa el 
desprendimiento de hidrógeno ni de nitrógeno en grandísima 
escala en las erupciones volcánicas, lo cual sucedería si el 
agua ó el aire, oxidando los metales referidos, originasen la 
erupción. 

En la hipótesis hidro-termal de A. Julién se dice: existen 
en el interior de la corteza terrestre y en circulación cons- 
tante, aguas procedentes de infiltraciones de la lluvia y del 
mar, cargadas de sales, y, sobre todo, de cloruro sódico: 
las cuales aguas se calientan en las regiones profundas y 
cargan de vapores á tensión muy elevada. Si el terreno se 
levanta, como la presión disminuye, la expansión de los 
gases hacia el exterior se facilita; en el caso contrario, el 
volcanismo no puede manifestarse. Al mismo tiempo, las 
rocas algo reblandecidas por el calor y la humedad adquie- 
ren una fluidez suficiente para ser arrastradas por los vapo- 
res en estado de lavas acidas si el fenómeno tiene lugar en 
regiones elevadas, y en el estado de lavas básicas si ocurren 
en las bajas. 

No podemos admitir tal hipótesis por tres razones prin- 
cipales: porque las observaciones hechas en las minas más 
profundas no comprueban en general la riqueza de las aguas 
en sales, y especialmente en cloruro sódico; porque las ma- 
nifestaciones hidrotermales del volcanismo se presentan lo- 
calizadas, y porque á movimientos de depresión en una co- 
marca acompañan frecuentemente fenómenos eruptivos» 
v. g., en la bahía de Puzuoli, próxima á la Solfatara, Ischia 
y el Vesubio. Sucede, pues, lo contrario de lo que la hipó- 
tesis dice. 

Afirma Lapparent que sostener la existencia de un lago 
de lava aislado bajo cada uno de los volcanes que rodean 
al Pacífico, equivale á admitir en el Etna un lago también de 
lava, distinto de sus numerosos cráteres adventicios forma- 
dos en sus erupciones. Hay, pues, que admitir la existencia 



358 GEOLOGÍA DINÁMICA 



de zonas continuas de lava bajo las líneas de los volcanes. 
Pero como en el Pacífico no hay punto alguno de su fondo 
donde la droga no haya extraído á distancia de las costas 
materiales de origen volcánico, es forzoso reconocer que la 
inmensa extensión del Pacífico se halla situada sobre un 
lago de lava continuo y sin interrupción. 

Otro tanto puede asegurarse del Atlántico, del Medite- 
rráneo y del Océano Indico. Por otra parte, los fenómenos 
volcánicos, considerados en su conjunto, son los mismos en 
todo lugar, y hay menos diferencia entre las manifestacio- 
nes de los focos lejanos como los del Mediterráneo y el Ar- 
chipiélago de la Sonda, que entre las manifestaciones de los 
diversos volcanes de un mismo foco, cual las del Etna, Ve- 
subio, Strómboli y las Cicladas. Estos hechos patentísimos, 
y, por último, el aumento de la temperatura con la profun- 
didad observado indistintamente lo mismo en las regiones 
volcánicas que allí donde los volcanes no existen, inducen 
á creer en la existencia probable de una masa fluida conti- 
nua que baña la superficie interior de la corteza sólida de la 
tierra, que, penetrando á través de las fisuras, sale al inte- 
rior originando las erupciones volcánicas. En suma; no es 
prudente negar hoy la existencia de la pirosfera. 

No obstante el origen común de los materiales que arro- 
jan los focos volcánicos, como éstos proceden de puntos dis- 
tintos de la masa pirosférica cuya composición puede ser 
varia en razón de la profundidad, y las substancias que la 
forman son de diferentes densidades; y como, por otra parte, 
es sumamente irregular el trayecto que ofrecen á la lava 
las hendiduras de la corteza terrestre, compréndese satisfac- 
toriamente la independencia de volcanes á veces próximos, 
lo mismo por la diversa naturaleza de los materiales eyecta- 
dos como por sus diversos momentos de paroxismo. Así ha 
ocurrido, en general, en el Vesubio, en el Etna y en el Archi- 
piélago griego. Sin embargo, en ciertas ocasiones se ha he- 
cho palpable la mutua relación de los focos volcánicos: en 
1865 estuvieron á la vez en erupción el Vesubio y el Etna^ 
redobló sus fuerzas el Strómboli en sus manifestaciones 
diarias, y al año siguiente entraba en actividad el Santorino» 



geología dinámica 359 



Cordier cree explicar los fenómenos volcánicos por la 
contracción, debida al enfriamiento de la corteza sólida de 
la tierra. Apóyase en que, según sus cálculos, la cantidad de 
lava emitida por la erupción más considerable distribuida 
en la superficie de la tierra formaría una capa de sólo 
0,'"000002 de espesor; mientras que la contracción de 0,'"001 
del radio terrestre bastaría para producir quinientas erup- 
ciones de las más violentas. 

La hipótesis de Lapparent no es en realidad más que una 
ampliación de la hipótesis de Cordier, explicando cómo y 
dónde se halla mejor favorecida la saUda de la lava al exte^ 
rior: para lo cual utiliza los estudios sobre la disposición y 
distribución de los relieves terrestres, y los experimentos de 
Daubrée y Favre que demuestran que los repliegues de la 
tierra son debidos á acciones laterales, obrando sobre las 
rocas de la corteza del globo. 

Véase el origen que da Lapparent á los gases despren- 
didos en las erupciones. Bajo la enorme presión (250 atmós- 
feras) que debió de sufrir la tierra en la superficie, al for- 
marse su primera corteza sólida (cuando en la atmósfera se 
hallaba todo el agua de nuestros mares), es probable que su 
masa ñúida encerrara gran cantidad de gases, á la manera 
que el oxígeno del aire es absorbido por el plomo en las co- 
pelaciones. Dichos gases en su mayoría combustibles, con- 
firman la probable existencia de una región reditctora en 
las profundidades del globo, de la cual son una prueba esas 
rocas eruptivas modernas, pesadas y básicas, y acaso tam- 
bién las emanaciones metálicas que llenan los filones. Pues 
bien; á la tensión de tales gases que el enfriamiento hace 
desprender de la masa fluida interior se deberán las explo- 
siones que acompañan á las erupciones volcánicas. La cir- 
cunstancia de que después de largos períodos de reposo so- 
brevienen erupciones violentas, se puede explicar por una 
gran acumulación de gases durante esos períodos, originan- 
do mayores efectos que si su tensión hubiese ido descargán- 
dose lentamente. 

Elie de Beaumont opina que los fenómenos volcánicos no 
obedecen á otra causa que á la presión determinada por 



360 GEOLOGÍA DINÁMICA 



substancias que pasan rápidamente del estado líquido al ga- 
seoso, efecto de la accidentada topografía de la parte inte- 
rior de la corteza sólida. 

Scrope, fundándose en la relación observada por los ha- 
bitantes de la isla de Strómboli entre las erupciones de éste 
volcán y los cambios atmosféricos, juzga que pueden atri- 
buirse las acciones volcánicas á los cambios de presión de 
la atmósfera. Parece, sin embargo, que estos son produci- 
dos por aquéllas, según las observaciones hechas hasta hoy. 

Fouqué dice que las manifestaciones volcánicas no tie- 
nen otro origen que el determinado por la acción del agua 
del mar sobre la pirosfera. Las razones en que se apoya son: 
la proximidad al mar, de la mayoría de los volcanes cono- 
cidos; la misión importante que el agua desempeña en las 
erupciones (calcula en más de dos millones de metros cúbi- 
cos la cantidad de vapor de agua arrojada por el Etna en 
cien días en el año 1865); el experimento de Daubrée según 
el cual una placa de arenisca de dos centímetros de espesor, 
atravesada por imbibición por una delgada capa de agua y 
con una presión de dos atmósferas hizo en su interna super-' 
ficie una temperatura de 160^; la naturaleza de varios pro- 
ductos de los volcanes que pueden proceder de los elemen- 
tos que el agua del mar contiene, como la sal común, el áci" 
do sulfhídrico, el azufre (que puede resultar de una reduc- 
ción del sulfato de cal), el ácido clorhídrico (que puede pro- 
ducirse por la acción de vapor de agua sobre la sal común 
á una temperatura elevada). En virtud de estas razones y 
ampliando una idea indicada hace años por Pilla, deduce 
Fouqué que las erupciones volcánicas pueden atribuirse á 
la acción del agua del mar sobre la pirosfera, llegando 
aquella hacia ésta por capilaridad y determinando la salida 
de lava por la chimenea de los volcanes. 

Esta hipótesis presenta las siguientes dificultades: la 
gran distancia á que se hallan del mar muchos volcanes 
hace violento admitir la llegada de las aguas de aquel has- 
ta el seno de la pirosfera. Así el Tolima y el Cotopaxi dis- 
tan de la costa 200 kilómetros (siendo de notar que en este 
último abundan los gases clorhídrico y sulfhídrico como en 



GEOLOGÍA DINÁMICA 361 



el Vesubio): el Antisana dista 230, el Sangay 250, el Popo- 
catepetl, en Méjico, 245, el Ararat en Alemania 300, el déla 
Mandchuria, 900. 

En el Kilauca (isla de Hawai), no obstante su proximi- 
dad al mar, nunca hay abundantes desprendimientos de va- 
por de agua, siendo de advertir que no han faltado fisuras 
de comunicación por donde las lavas más de una vez han 
tenido directa salida al mar; en los cuales casos, por cierto, 
no han producido explosiones violentas y sí sólo un aumen- 
to de temperatura que ha dado la muerte á los peces de las 
inmediaciones. 

Faye (1) expone su opinión déla siguiente manera. El en- 
friamiento y solidificación de la corteza terrestre se verifica 
más rápidamente bajo los mares que bajo los continentes; 
de donde resulta que el espesor de dicha corteza es mucho 
más considerable bajo aquéllos que bajo éstos y que la masa 
ñúida sufre presiones menores en éstos que en aquéllos. 

Como éste exceso de presión se propaga en todos senti- 
dos más ó menos rápidamente en una masa fluida, la corte- 
za continental, poco gruesa, debe ceder á la presión que 
se ejerce sobre ella de abajo á arriba, estando, en conse- 
cuencia, en vías de elevación continua, mientras que la cor- 
teza submarina cada vez más espesa, se deprime con extre- 
ma lentitud. Confírmanlo las señales de depresión que exis- 
ten bajo los mares y la elevación general que se observa en 
las superficies continentales, exceptuando algunas localida- 
des determinadas. 

Los fenómenos volcánicos no se relacionan directamente 
con éstos generales movimientos, pero sí indirectamente. 
Bajo la influencia de los movimientos de báscula de los seg- 
mentos de la corteza terrestre, el agua de los mares pene- 
tra hasta la masa ígnea interior que se halla en estado pas- 
toso ó líquido, y forma con ella, bajo las líneas de fractura, 
masas limitadas y temporales de hirvientes lavas, casi ex- 
plosivas, qne originan violentas erupciones cuando hallan 
una salida en las capas de la corteza terrestre. 



(1) Comptes rendu de l'Academie des Sciences, t. XCVII, 1883. 



362 GEOLOGÍA DINÁMICA 



Según Daubrée, los terribles fenómenos volcánicos del 
estrecho de la Sonda, ocurridos en los días 26 y 27 de Agos- 
to de 1883, pueden explicarse, como la mayoría de los de 
este género, por la introducción del agua de la superficie de 
la tierra en las regiones subterráneas y calientes del globo. 

Para explicar los fenómenos de que venimos hablando, 
se han ideado otras hipótesis. Así, por ejemplo, la llamada 
"de las corrientes electro-magnéticas„, producidas por la 
acción del sol, como lo confirman las variaciones diurnas de 
una estación á otra, debidas á los cambios en las manchas 
del rey de nuestro sistema planetario; variaciones acusadas 
por la aguja magnética. Otros creen que esas corrientes son 
producidas por el contacto de rocas á desiguales tempera- 
turas en el interior de la tierra; y otros juzgan que son efec- 
to de las reacciones químicas en las profundas regiones del 
globo. 

M. Mallet expone así su teoria termo-dinámica. Al con- 
traerse la corteza terrestre á consecuencia del enfriamien- 
to, se produce por este esfuerzo mecánico una temperatura 
bastante á fundir las rocas é inyectarlas en las fisuras que 
aquella causa ha producido. Calcula Mallet que el calor la- 
tente de fusión de toda la masa del Vesubio y del trabajo em- 
pleado en llevar á la superficie (desde una profundidad de 
18 kilómetros que tiene el Vesubio) los materiales eyecta- 
dos desde hace dieciocho siglos, equivale al calor que des- 
arrollaría el aplastamiento de 25 diezmilésimas de kilóme- 
tros cúbicos de roca. Esta hipótesis se llama también "de 
las dislocaciones terrestres.,, 

Tiene en contra las siguientes dificultades: no es posible 
explicar la localización de este aplanamiento, resultado de 
una composición uniformemente esparcidapor toda la masa 
del globo. Más aún: admitiendo esa localización y que los 
materiales lanzados por un volcán proceden de la región in- 
terior que la sustenta, á consecuencia del enorme vacío que 
quedara debieranocurrir colosales hundimientos, y las líneas 
de erupción debieran ser, contra lo que sucede, teatro de 
ellos. 

Según Phaff, una sola corriente delava como la deSkaptar 



GEOLOGÍA DINÁMICA 



363 



Fokull debe producir un vacio capaz de determinar un hun- 
dimiento de más de 100 metros de altura en una extensión 
de 110 kilómetros cuadrados. Las deyecciones del volcán 
Krakatoa en su erupción de Septiembre de 1883, se calculan 
en 18 kilómetros cúbicos, según Daubrée (1). 



^L MARÍ^UÉS DEL ^OCORRO 
Catedrático de Geología de la Universidad Central 



(1) De todas las hipótesis expuestas por el ilustre catedrático, acep- 
tamos como la más probable la de Fouqué. 




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LA EXISTENCIA DE DIOS Y LA CIENCIA ATEA ^^^ 



VI 




XPUESTOS ya los principales sistemas que en una ú 
otra forma combaten la existencia de Dios y pro- 
claman como gloriosa conquista de la Ciencia, 
el ateísmo, hora es ya de que nos ocupemos en resolver 
los reparos que se hacen á las pruebas principales con 
las que, á juicio de eminentes sabios, se demuestra con 
toda claridad la existencia de un Ser Supremo. No nos ha- 
remos cargo de las fundadas objeciones que M. Bertauld 
hace á algunas pruebas aducidas por Platón, San Anselmo, 
Descartes y Clarke, porque tales pruebas son comúnmente 
impugnadas por los teólogos y filósofos escolásticos, ge- 
nuinos representantes de la escuela espiritualista; sólo nos 
concretaremos á rebatir las ilusorias razones con que pre- 
tende el autor citado destruir la fuerza demostrativa délos 
argumentos, que podemos llamar clásicos, por su claridad y 
evidencia y por la aceptación general de los hombres más 
ilustres y de más reconocida autoridad. 

Nos han de permitir nuestros lectores que reproduzca- 
mos compendiosamente los argumentos con que los teólo- 



(1) Véase el vol. XXXI, página 344. 



Y LA CIEXCIA ATEA 365 



gos y filósofos cristianos demuestran la existencia de Dios, 
á fin de que resalten más las objeciones contra ellos aduci- 
das, y se vean con más claridad las respuestas que pensamos 
darlas. No entra en nuestro ánimo resolver las dificultades 
mil y mil veces deshechas, aunen cursos abreviados de Fi- 
losofía, sino tan sólo examinar las dudas que impidan á al- 
gunos aceptar como verdad demostrada la existencia de un 
Ser perfectísimo, causa y origen de todas las demás cosas. 
¿Seremos tan afortunados que logremos disipar esas nu- 
béculas que ocultan á muchos el sol esplendoroso de toda 
verdad? A esto se enderezan nuestros esfuerzos; pero no 
nos lisonjeamos de conseguirlo. Tiende la razón humana 
hacíala verdad como á su centro, y no conoce obstáculos 
insuperables para abrazarse con ella cuando brilla con todo 
su esplendor y se la presenta con indudable evidencia; pero 
acontece, que la pasión, el amor propio, el orgullo y el in- 
terés, amontonan en torno suyo densos nubarrones, impi- 
diéndola fijar sus miradas en la purísima y esplendente luz 
que, como de inextinguible foco, irradia del objeto que 
constituye su aspiración suprema. De ahí nacen las diver- 
gencias y opuestas apreciaciones que, aun en puntos tan 
bien demostrados y de tanta importancia como el que ahora 
traemos entre manos, existen entre hombres de reconocida 
ilustración. Si cesara el ruido atronador de las pasiones, si 
con ánimo sereno y libre de todo prejuicio se examinaran 
las pruebas que en todo tiempo se han aducido para demos- 
trar racionalmente la existencia de Dios, seguros estamos 
de que desaparecerían las dudas y perplejidades que agi- 
tan hoy á tantos espíritus; mas ya que eso no sea posible, 
procuraremos siquiera deshacer los reparos que en contra 
de una verdad tan importante acumulan preocupaciones in- 
veteradas y atrevidas aserciones de una falsa ciencia. 

El argumento denominado metafísico, cosmológico ó 
a contingentia niiindi, es, en nuestro sentir, el más sólido y 
contundente y el que mejor resiste las argucias y sofismas 
con que se pretende invalidar su fuerza demostrativa. Basa- 
do en el principio de causalidad, cuya evidencia inmediata 
se impone por sí misma, ha precisado al positivismo mate- 



366 LA EXISTENCIA DE DIOS 



rialista y ateo á declararse enemigo de ese principio, en 
sustitución del cual ha ideado una serie de vanas teorías, 
destituidas de todo fundamento, sólo por eludir la afirma- 
ción franca y sincera de un Ser necesario, autor y ordena- 
dor del universo. Al combatir el positivismo, adujim.os las 
razones que militan en favor del principio de causalidad^ 
razones tan poderosas y concluyentes que no es posible des- 
conocer su valor sin negar la evidencia del principio de con- 
tradicción (1). Supuesta, por tanto, la verdad de ese prin- 
cipio, he aquí el argumento cosmológico, reducido á su más 
breve expresión. 

Todo lo contingente supone en último término un ser ne- 
cesario para explicar su existencia: el conjunto de seres 
que constituyen el mundo, desde los átomos ó elementos 
primordiales de los cuerpos hasta las almas humanas, es 
contingente; luego exige forzosamente un ser necesario, 
como causa de su existencia; ese Ser necesario es lo que 
llamamos Dios; luego Dios existe. 

La proposición mayor de ese silogismo no admite duda, 
porque es el principio de causalidad expresado con distintas 
palabras: la menor es la que necesita comprobarse, demos- 
trando que ni los átomos, ni las almas, ni el conjunto de 
unos y otras son necesarios, sino contingentes, verdaderos 
efectos que suponen una causa primordial sin la cual sería 
enigma indescifrable su existencia. 

La contingencia omnímoda de la materia, ya se la con- 
sidere agrupada en los distintos cuerpos de los reinos mine- 
ral, vegetal y animal, ó bien en los elementos constitutivos 
de la misma, la hemos demostrado con toda clase de razona- 
mientos al refutar el dogma fundamental del materialismo, ó 
sea que la materia es eterna (2). Por lo que toca á la contin- 
gencia del alma humana, bástanos para comprobarla, entrar 
dentro de nosotros mismos y atender á nuestras propias 
operaciones. Desde cualquier punto que nos consideremos, 
nos encontramos finitos y limitados: hace algunos años, no 



(1) Véase el vol. XXXI, pág. 100. 

(2) Véase el volumen XXIX, págs. 18, 250 y 585. 



Y LA ClbXCIA ATEA 367 



existíamos; cada momento que pasa es un nuevo elemento 
que se agrega á la trama de nuestra vida; nuestra inteli- 
gencia se va desarrollando gradualmente; nuestra voluntad 
ensancha á cada instante el campo de sus deseos; una y otra 
luchan sin cesar con dificultades insuperables para la con- 
secución de su respectivo objeto; la inteligencia se ve asal- 
tada por dudas que la atormentan y que no puede resolver; 
la voluntad es impotente para llevar á cabo los propósitos 
que concibe; todo lo cual junto con los cambios y transfor- 
maciones á que el alma está sujeta, atestigua del modo más 
terminante, que la contingencia es la nota característica de 
su ser. Y si el elemento superior y más noble, lo mismo que 
el inferior y más despreciable del universo, son contingen- 
tes, infiérese que la misma cualidad ha de corresponder for- 
zosamente á los seres intermediarios; y, por tanto, que ni cada 
ser en particular, ni el conjunto de todos ellos, gozan de la 
prerrogativa de ser necesario ó existente por sí mismo; an- 
tes bien suponen una causa permanente y eterna, de la cual 
procedan y dependan en cuanto al ser y en cuanto al obrar. 
Luego es legítima la conclusión que inferimos de esas pre- 
misas: luego la contingencia del mundo demuestra con toda 
claridad la existencia de Dios. 

La solidez y firmeza de este razonamiento son tan deci- 
sivas, que ni los sofismas de Kant, ni las vanas disquisicio- 
nes de Bertauld acerca del ser eterno de hecho ^ pero no ne- 
cesario, ni la ridicula serie infinita de causas y efectos, sin 
una primera causa, de la cual dependan todas, efugio de los 
ateos del siglo pasado, han podido invalidarlo. 

Kant, en su Critica de la razón pura, se empeñó en de- 
mostrar que este argumento adolece del mismo defecto que 
el ontológico, ó sea de pasar del orden ideal al orden real; 
pero con tan mal éxito, que aun el mismo Bertauld se ve 
precisado á confesar que los razonamientos del filósofo de 
Koenisberg, lejos de destruir la prueba cosmológica, como 
lo creen los racionalistas, pasan cerca de ella sin tocarla. 
"Si hemos comprendido bien á Kant, dice, señala éste á la 
prueba a contingentia un camino que no se ve precisado á 
seguir y que de hecho no sigue; y así como tuvo que vio- 



368 LA EXISTENCIA DE DIOS 



lentar los hechos para reducir á tres todas las pruebas de 
la existencia de Dios, así también ha tenido que violentar 
las cosas para reducir la prueba cosmológica á la ontológi- 
ca, ó sea, á la que pretende deducir la existencia del Ser 
perfecto de su sola idea (1).„ En efecto; Kant no ha visto ó 
no ha querido ver que el anterior silogismo sólo pretende 
demostrar la existencia de un Ser necesario, fundándose en 
la existencia de seres contingentes, demostración que él 
mismo reconoce como legítima, cuando escribe: "Suponien- 
do que alguna cosa existe, es imposible dejar de admitir 
esta consecuencia: algo existe también necesariamente^ (2)- 
Partiendo, por tanto, el argumento aducido, no de una mera 
suposición, sino del hecho bien comprobado de la existen- 
cia de seres contingentes, no cabe duda que no hay en él 
tránsito alguno, y que se observan fielmente todas las re- 
glas que exige la Lógica para la formación de un verdadero 
y concluyente raciocinio. Con razón, pues, escribe el Padre 
Liberatore: "Negamos enérgicamente que el argumento cos- 
mológico se identifique con el ontológico; media entre ellos 
grandísima diferencia. El cosmológico se funda, no en una 
idea, sino en la existencia real de seres contingentes, perci- 
bida por los sentidos ó por la conciencia; y de ahí infiere la 
existencia de una suprema causa, existente por sí misma, 
en virtud del enlace que necesariamente hay entre el efecto 
y la causa. Por esta razón, una de las premisas en que se 
apo3^a, estriba en la real existencia de los seres creados, 
y la otra en el principio de causalidad: no es, pues, un ra- 
ciocinio puro ó ideal, sino mixto; por consiguiente, difiere 
tanto del argumento ontológico, cuanto difiere la argumen- 
tación fundada en la realidad, de la que sólo se funda en 
ideas (3).„ Resulta, por tanto, la crítica de Kant vana é ilu- 
soria, y queda en pie, sin perder nada de su fuerza, el ar- 
gumento cosmológico. 

Bertauld, confesando, según hemos visto, la insuficiencia 



(1) Etude critique de la exisíence de Dieii, tomo II, pág. 201. 

C2) Trad. Barni, tom.II, pág. 204. 

(3) Inst.phil.— Theol. natur.^ cap. I, n. 11. 



Y LA CIENCIA ATEA 369 



de las observaciones de Kant para invalidar el argumento 
a contingentia^ emprende otro camino distinto y reduce 
toda la cuestión á los siguientes términos: "¿De la existen- 
cia de un ser simple y contingente, hay ó no motivo para 
deducir la existencia de un ser necesario, creador de ese ser 
simple? De la respuesta, añade, que se dé á esta pregunta, 
depende la suerte de la prueba a contingentia^ (1). 

Partidario este escritor de la escuela que hemos deno- 
minado positivo-espiritualista^ según la cual el método 
más seguro y único para la investigación de la verdad, es 
la hipótesis^ comprobada luego por los hechos, no duda 
responder negativamente á la pregunta propuesta, sin que 
por esto se atreva á afirmar que el problema del origen de 
las cosas encuentra solución satisfactoria en cualquiera 
otra teoría. Las razones en que funda su negativa no son 
como lo vamos á ver, de gran peso; pero pueden, no obs- 
tante, inducir á error á inteligencias poco versadas en cues- 
tiones filosóficas; por eso juzgamos oportuno detenernos á 
descubrir el vicio de que adolecen. 

Dícenos en primer término que "jamás la experiencia in- 
terna ó externa nos presenta otra cosa que la manifestación 
de un ser ya constituido y la aparición de compuestos resul- 
tantes de la intervención, activa ó pasiva, de otros com- 
puestos ó de seres simples preexistentes; en una palabra, 
que jamás la experiencia nos ha hecho presenciar la apari- 
ción repentina ó lenta de un nuevo ser simple (2).„ Pretende 
con estas palabras excluir la aplicación del principio de cau- 
salidad á los seres simples, los cuales son porque son y no 
tienen que dar razón alguna de su existencia. Para compro- 
bar esto sienta la peregrina é insostenible doctrina de que 
esos seres son eternos, por más que no sean necesarios; y 
por consiguiente que no han necesitado de causa alguna 
que los haya dado el ser, puesto que existen porque exis- 
ten. Es curioso el modo de razonar que emplea para justifi- 



(1) Obra y lugar citados, pág. 216. 

(2) Ibid, pág. 217. 



24 



370 LA EXTSTE^'CIA DE DIOS 



car tamaño absurdo. "La experiencia, escribe, nos prueba 
que el átomo, simple posible a priori^ es actualmente real: 
ahora bien, esto nos basta; porque, en efecto, de su existen- 
cia actual tenemos derecho para inferir su existencia eter- 
na: primero, porque la ley de continuidad que rige su exis- 
tencia actual, nos explica ampliamente su existencia ante- 
rior en todo lo infinito del pasado, sin que en manera alguna 
sea necesario suponerle un comienzo; segundo, porque re- 
pugna á la razón toda idea de creación de un ser simple, no 
siendo á sus ojos tal idea más que un contrasentido (1)„. 

Colígese de aquí que, en sentir de Bertauld, los seres 
simples, no pudiendo tener origen en un acto creador, por- 
que tal idea envuelve en sí misma repugnancia absoluta,, 
han de haber existido siempre, sin más razón que porque 
existen hoy: son, pues, eternos de hecho, por más que no 
sean necesarios. Que semejantes doctrinas se propongan 
es ya un atrevimiento inconcebible; pero lo es más el pre- 
tender, como lo hace el autor á quien impugnamos, que 
sean aceptadas como las más razonables y conformes con 
los fueros de la Lógica. La razón recta y serena, guiada 
únicamente por eternos principios que han de presidir á sus 
operaciones, y desligada de toda preocupación de escuela, 
no sólo no acepta semejantes doctrinas, sino que las juzga 
'enteramente absurdas é incomprensibles; porque para ella 
todo ló que existe tiene en sí mismo ó en otro la razón de 
su existencia; esos seres simples no la tienen en sí mismos, 
porque no son necesarios; luego tienen que tenerla en otro; 
y por tanto no pueden ser eternos; han comenzado á ser. 
Esto es lo que á la razón se impone; no la eternidad del 
átomo ni de cualquier otro ser simple que no exista por ne- 
cesidad de su propia esencia. Y no insistimos más en esto, 
porque al refutar el materialismo demostramos ya la impo- 
sibilidad metafísica de la materia eterna, y allí mismo hici- 
mos ver lo arbitrario y absurdo de la división del ser en 
necesario^ en no necesario, pero eterno, y en contingente ó 



<1) Ibid,pág-.232. 



i 



Y LA CIENCIA ATEA 371 



temporal, división sobi-e la cual descansan todos los razo- 
namientos de Bertauld (1). 

Respecto de la repugnancia ó no repugnancia de la crea- 
ción no hemos de discutirla ahora; siendo, como es, uno de 
los puntos más interesantes y más briosamente impugnado 
por toda clase de racionalistas, exige un estudio más dete- 
nido; al presente nos contentamos con oponer á la afirma- 
ción rotunda y sin pruebas de Bertauld otra afirmación no 
menos rotunda: la creación es posible y se impone por la 
fuerza de la lógica, si el origen de los seres que constituyen 
el mundo ha de explicarse de un modo racional y satisfac- 
torio. No hay, pues, motivo alguno para no aplicar el 
principio de causalidad, base en que se apoya el argumen- 
to cosmológico, á la existencia de los seres simples; por 
tanto, la conclusión que de dicho principio hemos inferido 
no adolece de defecto alguno lógico: es concluyente. 

Poco hemos de decir acerca de la serie infinita de causas 
y efectos que mutuamente se hayan comunicado el ser, 
porque semejante objeción es tan débil, que no creemos sea 
digna de tomarse en cuenta. Con esa risible teoría se pre- 
tende dejar á salvo el principio de causalidad sin verse 
precisado á admitir una causa eterna é infinita, es decir, 
Dios; pero con tan mal éxito, que "basta, dice Duquesnoy, 
reñexionar.un poco en esa serie infinita de seres que se su- 
ceden sin tener principio, para descubrir en ella desde lue- 
go, entre otros defectos que le son inherentes, el de respe- 
tar sólo en apariencia el principio de causalidad para in- 
fringirle de hecho. Porque supongamos, prosigue, un con- 
junto de todo lo que ha existido, de todo lo que ahora 
existe, y de cuanto ha de existir en adelante; en opinión de 
los adversarios, todo ese conjunto ha comenzado, ó debe 
comenzar á ser; pues según ellos, y también según la ver- 
dad, todo debe tener una causa. Ahora bien; no es posible 
encontrar ahí una causa, puesto que todo se coloca entre 
los efectos, quiero decir entre las cosas que comienzan á 



(1) Pueden nuestros lectores repasar lo que sobre esto escribimos 
en el tomo XXX, pág. 250. 



372 



LA EXISTEXCIA DE DIOS Y LA CIEXCLA ATEA 



ser; luego esos filósofos violan de la manera más absoluta 
el principio de causalidad^ puesto que al establecer la se- 
rie infinita, parten del principio de que todo, absolutam.ente 
todo, ha comenzado á existir (1).„ Basta esa ligera observa- 
ción para reducir á la nada tan endeble y ridicula difi- 
cultad. 

Resulta de todo lo dicho que el argumento cosmológico, 
digan lo que quieran sus adversarios, demuestra clara y 
evidentemente la existencia de un ser necesario, como cau- 
sa de todos los seres simples ó compuestos que forman el 
universo. 

J^R. Jomas jPIodrígvez, 

Agustiniano. 
(Continuará.) 



(1) De Vunité des preuves de Vexistence de Dieu. Encuéntrase 
esta Memoria en Conipte rendii du Congrés scientifique internatio' 
nal des Catholiques tenu a París du IS^ au 6 Avril, 1891. 







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Revista Canónica 




rovisión de una parroquia regular. — Senogallien. Provisio- 
nis parcectcB.— Vacante la parroquia de Claravalle en la dió- 
cesi de Sinigallia, la Orden de Cistercienses, á quien perte- 
nece desde tiempo inmemorial, nombró para regirla al P. Fanelli, el 
cual se encargó de su gobierno en Diciembre de 1890. El señor Obis- 
po, advirtiendo que dicho Padre ni aun como ecónomo podía obtener 
del Gobierno el regio Placet, y que no era apto para aquella parro- 
quia, ni acepto á los feligreses, rogó á los Superiores de la Orden 
que nombrasen otro religioso, á fin de que la parroquia quedase pro- 
vista de una manera estable. Prometieron los Superiores hacerlo así, 
nombrando al P. Segantini, que era del agrado del señor Obispo; 
pero después, el 18 de Diciembre de 1891, avisaron al señor Obispo 
que juzgaban oportuno suspender el nombramiento de dicho Padre, 
y le suplicaron que por aquella vez proveyese él la parroquia en 
presbítero extraño á la Orden de Cistercienses. Esto desagradó al 
señor Obispo, el cual rechazó la oferta del nombramiento é instó de 
nuevo á los Superiores, para que ellos proveyesen; mas no consi- 
guiendo nada, el 19 de Febrero de 1892 expuso á la Sagrada Congre- 
gación de Obispos y Regulares, que, de nombrar él párroco, éste se 
vería solo en una parroquia muy numerosa, destituido de toda ayu- 
da y expuesto á díceres y quejas que le harían impotente para cum- 
plir con los deberes parroquiales, y suplicó que se mandase á los cis- 
tercienses proveer eficazmente al régimen de la parroquia ó renun- 
ciarla definitivamente. Oídos los Superiores cistercienses, trataron 
de resolver las dificultades expuestas por el señor Obispo, y á la vez 
rogaron que éste proveyese por esta vez á la parroquia ó admitiese 



374 REVISTA CANÓNICA 



el nombramiento del P. Fatielli, recomendándole al G obierno para 
obtener el regio Placeta ó por lo menos el de otro religioso que a dmi- 
nistrase la parroquia bajo la dependencia del P. Fanelli. 

No aviniéndose los contendientes, se discutió el asunto en la Sa- 
grada Congregación. El señor Obispo, después de alegar las disposi- 
ciones tridentinas acerca de la obligación de los párrocos de enseñar 
la doctrina cristiana á los niños, predicar y administrar los sacra- 
mentos, sostiene que el P. Fanelli es deficiente en el cumplimiento 
de estos deberes, y para probarlo alega el estado deplorable, y más 
de lamentar de día en día, á que ha venido la parroquia desde la 
muerte del P. Bovi, 3^ esto no sólo por la malicia de los tiempos y es- 
peciales circunstancias del lugar^ sino también por la negligencia de 
los sucesores del P. Bovi^ entre los cuales hay que contar al P. Fane- 
lli, que falto de celo por la salvación de las almas, es poco idóneo 
para excitar los ánin^ios de los fieles á verdadera piedad. A esto 
añade el señor Obispo el testimonio de no pocos feligreses que acu- 
san de negligente á su ecónomo, y deduce la necesidad que exis- 
te tanto de remover al P. Fanelli como de nombrar otro idóneo, 
como lo tiene pedido. Para la remoción del P. Fanelli, aduce por fin 
otra causa, y es el odio que le tiene el pueblo; causa que, si es bas- 
tante en Derecho, para remover al párroco, mucho más lo será para 
remover aun ecónomo, que ni como tal ha podido obtener el regio 
Placet. Renuncien, por tanto, los Cistercienses definitivamente la 
parroquia, concluye el señor Obispo, ó provéanla de sacerdote idó- 
neo; puesto que él, por lo que ya tiene expuesto, no puede por esta 
sola vez proveerla según ellos pretenden. 

Los Cistercienses ante todo sostienen que no hay ninguna causa 
canónica para remover al P. Fanelli, siendo, como es, hombre de 
edad madura, pues tiene unos cincuenta años; de ciencia superior á 
la que se requiere para ser párroco, puesto que es Doctor en Teolo- 
gía por la Universidad Gregoriana de Roma; piadoso, de buenas cos- 
tumbres y muy ejercitado en la cura de almas, en especial, en esta 
parroquia de que se le quiere despojar, en la cual ha estado de coad- 
jutor cerca de veinte años. En confirmación aducen la petición de 
más de 250 feligreses, dirigida al mismo Sr. Obispo, para que al Padre 
Fanelli se le confiera la parroquia. Y para probar que el pueblo no le 
aborrece, alegaba el hecho de que otros 600 feligreses quisieron pro- 
mover una interpelación en las Cámaras para poner fin á la tergi- 
versación y subterfugios del Sr. Obispo, con la particularidad de que 
si esto no se llevó á cabo, se debe al mismo P. Fanelli que, sabiendo 
como se debe proceder en asuntos eclesiásticos, se lo impidió á sus 
feligreses. La causa, pues, de la emulación actual contra Fanelli, no 
es su negligencia, ni el odio del pueblo, sino la mala disposición de 
ánimo de la curia episcopal y las versiones maliciosas de algunos 
detractores. No se debe por lo mismo remover a Fanelli de su oficio, 



REVISTA CAXÓMCA 375 



sino más bien nombrarle párroco efectivo. Xi puede ser obstáculo 
para esto el temor de no obtener el regio Placet, porque este temor 
no es más que una conjetura destituida de fundamento, y es de saber 
que si al P. Fanelli se le negó para el oficio de ecónomo, fué por las 
negociaciones secretas de la curia episcopal, de que llegaron á sos- 
pechar los feligreses cuando trataron de promover la interpelación 
en las Cámaras en favor de Fanelli. Mas á pesar de que podrían in- 
sistir en que el Sr. Obispo confirme el nombramiento de Fanelli, ó 
admita el de otro religioso que, bajo la dependencia de éste, rija la 
parroquia; por amor de la paz no lo hacen y se muestran deferentes 
con el Sr. Obispo, rogándole que la provea por esta vez como tenga 
por conveniente. Y no es justo que el Sr. Obispo se niegue á esto, 
porque lo que alega en contra no tiene fu'írza ninguna, y en último 
término, en la misma imposibilidad de nombrar nuevo párroco se ha- 
llaría la Orden de Cistercienses. 

Oidas las razones alegadas de una }' otra parte, se formularon y 
resolvieron las siguientes dudas el 17 de Marzo de 1893, como á con- 
tinuación se expresa: 

I. An Superiores Ordinis Cisterciensium nominare teneantur no- 
Vum Parochum in substitutionem actualis QEconomi spiritualis; vel 
nuncium definitive mittere Paroeciae Claravallensi in casu?— Ad I. 
Affirjuative ad primaní partem, negative ad secundam, cum facúl- 
tate etianí nominandi presbyteriim sacular em; et ad nientem. 
Mens est, ut scribatur Prsesidi Congregationis Italiae ad hoc ut, si 
prudenter fieri possit, P.Fanellius in aliam religiosam domum trans- 
feratur, et in prima collocetur P. Segantini. 

Et quatenus negative: 

II. An Ordinarius Senogalliensis pro hac vice obligari possit ad 
nominandum novum Parochum in casu?— Ad II. Affirniative. Quate- 
nus nempeCongregatio Cisterciensium providere nequeat per pres- 
byterum regularem, ñeque per scecularem, Episcopus pro hac vice 
provideat ipse per concursum. 

La justicia de estas resoluciones es bien manifiesta. La corpora- 
ción que tiene algún beneficio curado tiene obligación de proveer á 
su régimen espiritual, bien por Sacerdote de la misma orden ó bien 
por otro de otra Orden ó del clero secular; pero dado que la Corpora- 
ción no encuentre quien le rija, es indudable que el Ordinario ácuj^a 
diócesis pertenezca, debe proveer, puesto que los feligreses son sub- 
ditos suyos á quienes debe espiritualmente apacentar; sin que de 
aquí se siga que la Corporación pierda el derecho de nombrar, cuan- 
do vaque el beneficio, nuevo Rector, ni el Ordinario le adquiera de 
proveer siempre el beneficio. La imposibilidad material de usar en 
algún caso de ese derecho, no es causa bastante para quedar priva- 
do de él. 



376 REVISTA CANÓNICA 



Nombramiento de Vicario General. — Romana, Depiitationis Vi- 
carii ge;ieralis.—'El Regente de la Sagrada Penitenciaría ha pre- 
guntado últimamente á la Sagrada Congregación del Concilio si en 
Italia pueden nombrarse en una misma diócesis dos Vicarios gene- 
rales, y en 6 de Marzo de 1893 se le contestó que no. 

De oficio fué examinado el asunto, y se notó la opinión del Carde- 
nal De Luca, el cual sostiene que no se puede nombrar en una mis- 
ma diócesis más que un Vicario general. Santi dice que, aunque no 
esté expresamente prohibido el nombrar dos Vicarios, no es confor- 
me á Derecho, 3- Devoti llega á afirmar que la multiplicidad de Vi- 
carios es contraria á la mente del Concilio Tridentino, el cual habla 
siempre de un solo Vicario general. A esto puede añadirse un decre- 
to de la Sagrada Congregación de Obispos y Regulares del día 6 de 
Septiembre de 1848 in Alinerien., en el cual se dice: "eo quod Epis- 
copi nequeant absque expreso S. Sedis indulto constituere dúos Vi- 
carios generales in una eademque Dioecesi, nequivit R. Vestra, ex 
quo retinebat in officio Vicarium generalem, deputare Pro-Vicarium 
generalem qui jurisdictionem exerceret una cum Vicario,,. 

Por el contrario, Ferraris defiende que el Obispo puede nombrar 
dos Vicarios generales con igual potestad, principalmente si la dió- 
cesis es muy extensa, y en' su apoyo cita autores de nota, como Reif- 
fenstuel, Rebuffo, Barbosa y otros. Entre ellos, Reiffenstuel dice: 
"Episcopus potest etiam binos Vicarios generales aeque principales 
seuinsolidum constituere, ut expeditioni causarum facilius consula- 
tur.„ Y el Prefecto déla Sagrada Congregación del Concilio, en car- 
ta dirigida el 14 de Julio de 1858 al Cardenal Gousset, escribió estas 
palabras: "Capitula cathedralia unum dumtaxat Vicarium capitula- 
rem, non autem dúos vel plures deputare deberé, quemadmodum 
de Vicariis generalibus agere licitum est,^. Si estas palabras hubie- 
sen de referirse á todos los países, la cuestión estaría concluida, pe- 
ro quizá se refieran solamente á la costumbre vigente en Francia y 
en otras partes, la cual queda no sólo tolerada sino positivamente 
aprobada. Mas es de advertir, además, que estos Vicarios generales 
no tienen toda la potestad in solidum, sino que uno ejerce la jurisdic- 
ción graciosa y el otro la contenciosa. 

Por lo que á Italia se refiere, Devoti terminantemente nota: "In 
Italia unus constituí solet Vicarius, cui committitur, administratio 
rerum spiritualium et simul contentiosa jurisdictio,,. 

Por fin, debe advertirse que en la práctica, según opinión de mu- 
chos, esta cuestión debe resolverse teniendo en cuenta la costum- 
bre. Así lo afirma De Angelis: "Hodie, escribe, solet ita a juristis sol- 
vi haec quasstio, scilicet: ubi consuetudo jam viget, jus patitur ut 
plures Vicarii in solidum constituatur; at ubi haec consuetudo non 
est, non permittitur introduci.,, Y de esta sentencia es la Sagrada 



REVISTA CANÓ.VICA 377 



Congregación del Concilio, según Ferraris, que cita dos resolucio- 
nes, una del 24 de Marzo de 1599 y otra de 21 de Febrero de 1614. 

Esto expuesto, se ve claro el fundamento de la contestación de la 
Sagrada Congregación del Concilio al Regente de la Sagrada Peni- 
tenciaría. ' 



Sobre traslación de las fiestas de San José, de la Anunciación de 
la Virgen y de la Watividad de San Juan Bautista. — En 15 de Agos- 
to de 1892 determinó la Sagrada Congregación de Ritos que cuando 
la fiesta de San José coincide con el Domingo de Pasión se traslade 
al lunes siguiente, y al miércoles después de la Dominica in Albis 
cuando cae dentro déla Semana Santa (1); después se ha suscitado 
duda acerca de lo que debe hacerse con dicha fiesta cuando en ese 
lunes ó miércoles ocurre la fiesta del Patrón del lugar ó del Titular 
ó Dedicación de la iglesia, y la Sagrada Congregación, preguntada, 
resuelve que se observe lo prescripto acerca de la fiesta del Sagrado 
Corazón de Jesús y que esta disposición se haga extensiva á la Nati- 
vidad de San Juan Bautista }' á la Anunciación de la Virgen en casos 
semejantes. La parte dispositiva del decreto de la Sagrada Congre- 
gación es como sigue: 

An festum S. Joseph, Sponsi B. M. V\, quum transfertur in fe- 
riam II post Dominicam Passionis, vel adferiam IV post Dominicam 
in Albis tamquam in sedem propriam, praeferri debeat tam in ocur- 
rentia quam in concurrentia festis primae classis etiam Patroni loci, 
Titularis et DedicationisEcclesisein praefatis diebus occurrentibus?— 
Festum S. Joseph in casu tranjerendutn ad norniain Decreti lati de 
festo Sanctissinñ Cordis Jesti, neinpe locum cedat tantiunmodo 
duplicibus primee classis, ceu Dedicationis, ac Titularis Ecclesice, 
lociqíie Patroni, guando hcec sub duplici prcecepto fiant: quibus in 
casibus die immediate sequenti illud reponatur. 

ídem etiam statuit Sacra Congregatio pro simili incidentia quoad 
translationem festorum Nativitatis S. Joannis Batistae, et Annuntia- 
tionis B. Mariae Virginis; suppressis quibuscumque anterioribus de- 
cretis diversum seu contrarium disponentibus. Die 27 Junii 1893. 

Su Santidad ha aprobado esta resolución en 2 de Julio del mis- 
mo año. 



El Escapulario de San José. — Desde que el humilde esposo de 
María fué declarado por Pío IX protector de la Iglesia Católica, la 
devoción á tan santo Patriarca se ha extendido prodigiosamente en- 
tre todos los fieles del orbe. Una de las manifestaciones de esta de- 



\ 



(i) Véase el volumen XXIX de esta Revista, pág. 6o. 



378 REVISTA CANÓNICA 



voción, es el santo escapulario, aprobado ya por el Romano Pontífice 
y enriquecido con numerosas indulgencias. Donde más extendido 
está es en Francia, Bélgica y Holanda, y de esperar es que pronto 
se difunda por todas partes. El fin que se proponen los fieles con esta 
devoción, es rogar con la Iglesia que el Santo interceda por el triun- 
fo de la Religión católica, que les alcance de Jesús el espíritu de 
recogimiento, con las demás gracias necesarias para cumplir las 
obligaciones del respectivo estado y hacerse dignos de su protección 
en la hora de la muerte. 

El decreto de aprobación de este escapulario dice así: 

"Ordinis Minorum S. Francisci Capuccinorum. — Ex quo cultus 
fidelium erga Sanctum Joseph Deiparge Sponsum et Catholicge Eccle- 
siae Patronum in sacra Liturgia auctus fuit, pius usus benedicendi ac 
deferendi Scapulare in ejus honorem, annuentibus et opitulantibus 
sacrorum Antistibus invaluit, prassertim in Galliis atque Helvetio- 
rum et Belgarum regionibus. Quum vero ad illius propagationem 
Alumni Ordinis Minorum Sancti Francisci Capulatorumin memora- 
tis regionibus jugi studio adlaboraverint; hinc Rmus. Pater Fr. Bru- 
no a Vintia, Procurator ac Definitor Generalis totius Ordinis, ab 
Apostólica Sede humillimis datis precibus efflagitavit, ut Rmo. Patri 
Ministro Generali pro tempore Ordinis ipsius tribueretur facultas 
benedicendi atque utriusque sexus fidélibus imponendi praedictum 
Scapulare, cum potestate ad hujusmodi Scapularis benedictionem et 
impositionem Sacerdotes sive Sseculares, sive Regulares delegandi. 

Quibus precibus ab Emo. et Rmo. Domino Cardinali Raphaele 
Monaco La Valletta Episcopo Ostiensi et Veliternensi, Causae Po- 
nente, in Ordinario Sacrorum Rituum Congregationis Caetu sub- 
signata die ad Vaticanum. coadunato relatis, Emi. et Rmi. Patres 
Sacris tuendis Ritibus preepositi, ómnibus maturo examine perpensis 
ac audito voce et scripto R. P. D. Augustino Caprara Sanctse Fidei 
Promotore, rescribendum censuerunt. \Pro gratia, si Sanctissinto 
placuerii: venan sub condiíione, ut color et /orina prcefati Scapula- 
ris sit eadeinac illa, quwjain obtinet in Dioccesi Veronensi, et pro 
benedictione et impositione ejusdem Scapularis adhibeatur formu- 
la huic Decreto prcevia. Die 15 Aprilis 1893. 

Facta postmodum de his per me infrascriptum Cardinalem Sacree 
Rituum Congregationi Prgefectum Ssmo. Domino Nostro Leoni Pa- 
pse XlIIrelatione, Sanctitas sua rescriptum Sacríe ipsius Congrega- 
tionis ratum habuit et confirmavit die 18 iisdem mense et anno. — 
Caj., Card. Aloisi-Masella, 5. R. C. Príef.~Viy¡c. Nussi, S^cré-/.,, 

Aunque aquí no se dice cuál es la forma del Escapulario, ni su co- 
lor, el modelo se conserva en la Secretaría de la Sagrada Congrega- 
ción de Ritos, y el General de la Orden de Capuchinos, que es el en- 
cargado de dirigir y fomentar esta devoción, ha de tener, sin duda, 
otro ejemplar, ó, por lo menos, datos concretos y exactos del color y 



REVISTA CANÓ.VICA 379 



forma que ha de usarse. A él, pues, se le pueden pedir cuantas noti- 
cias sean necesarias, juntamente con la facultad de bendecir é impo- 
ner el mismo escapulario. 

La forma de bendición á que el decreto se refiere, es esta: 

RlTUS BENEDICENDI AC IMPONENDI SCAPULARE IN HONOREM SaNCTI 

JosEPH Spons. B. M. V. Protectoris Ecclesi^e U"IVERSALIS. 

Susceptitrus Scapulare genujlectat, et Sacerdos stola alba indu- 
tus, capite detecto, dicat: 

y. Adjutorium nostrum in nomine Domini. 

R^ Qui fecit coelum et terrara. 

jT'. Dominus vobiscum. 

R'. Et cum spiritu tuo. 

OREMUS 

Domine Jesu Christe, qui custodiae Sancti Joseph, Sponsi imma- 
culatae Genitricis tuge Mariae, committi voluisti, hoc vestimenti genus 
ad Ecclesias tuse fidelium tutamen institutum, bene ij< dicere digne- 
ris; ut hic famulus tuus {vel fámula tua) sub ejusdem Sancti Joseph 
protectione pie et tute tibi servare valeat: Qui vivis. 

Postea Sacerdos Scapulare aspergit aqua benedicta, illudque 
deinde iniponit dicens: 

Accipe frater (vel sóror) Scapulare Sancti Joseph, Sponsi Beat^ 
Mariae Virginis, ut eo protectore et custode, contra diaboli nequitias 
defensus {vel defensa), ad vitam pervenias sempiternam. Per Chris- 
tum Dominum Nostrum. 

Deinde, flexis genibiis, trina vice una cum adscripto, dicat ver- 
náculo idiomate: 

Sánete Joseph, Protector noster, ora pro nobis. 

Conseguida la aprobación de este escapulario y su fórmula de 
bendición é imposición, el Procurador General de la Orden de Capu- 
chinos elevó preces á la Sagrada Congregación de Indulgencias, pi- 
diendo que se concedan á los fieles que lleven este escapulario las 
mismas gracias concedidas á los que pertenecen á la pía unión del 
sagrado escapulario de San José, existente en la diócesis de Verona, 
y fueron contestadas con el siguiente decreto: 

"Sacra Congregatio Indulgentiis Sacrisque Reliquiis praeposita, 
utendo facultatibus a SSmo. Domino Nostro Leone PP. XIII sibi spe- 
cialiter tributis, ómnibus utriusque sexus Christifidelibus qui Scapu- 
lare S. Josephi Sponsi B. M. V. juxta formam a S. R. C. recognitam 
et approbatam confectum et rite benedictum a Sacerdote debita fa- 
cúltate praedito susceperint, illudque devote gestaverint, Indulgentias 
uti sequitur benigne concessit; nempe: Plenariam 1.°) eadem die 
qua prsefatum Scapulare induerint; in solemnitatibus D. N, J. C, id 



380 KEVISTA CANÓNICA 



est: 2») Nativitatis, 3°) Circumcissionis, 4") Epiphanise, 5°) Paschatis, 
Resurrectionis, 6°) Ascensionis; pariterque diebus festis B. M. V. vi- 
delicet: 7«) Conceptionis, 8°) Nativitatis, 9°) Annuntiationis, Í0°) Pu- 
rificationis, 11°) Assumptionis: tándem in festivitatibus, 12°) S, Jose- 
phi (die 19 Martii) et 13°) Dominica III post Pascha, qua recolitur 
festum Patrocinii ejusdem S. Josephi; dummodo singulis prsefatis 
diebus veré poenitentes, confessi ac S. Synaxi refecti respectivam 
Parochialem, aut aliam quaracumque Ecclesiam, vel publicum Ora- 
torium a primis vesperis usque ad occasum solis dierum hujusmodi 
devote visitaverint et inibi ad mentem S. Sedis per aliquod temporis 
spatium pie oraverint. Tándem 14°) in mortis articulo si uti supra 
dispositi, vel saltem contriti SSmum. Jesu Nomen corde, si ore ne- 
quiverint, devote invocaverint. ítem S. Congregatio iisdem Christi 
fidelibus, qui supradictam Ecclesiam vel Oratorium corde saltem 
contrito ac devote visitaverint diebus Stationum in Missali Romano 
descriptis, ibique ut supra oraverint, easdem Indulgentias Stationum 
Urbis in decreto hujus S. C. die 9 Junii 1777 enuntiatas clementer 
elargita est, nec non Indulgentiam centum dierum semel in die lu- 
crandam eisdem rite dispositis recitantibus orationem dominicam et 
angelicam salutationem cum Gloria Patri, etc., addita devota invo- 
catione: Sánete Josephy ora pro nobis\ cum facúltate omnes superius 
recensitas Indulgentias applicandi in suffragium fidelium defunc- 
torum. 

„Pra2senti in perpetuum valituro absque ulla Brevis expeditione. 
Contrariis quibuscumque non obstantibus. Datum Romas ex Secreta- 
ria eiusdem S. Cong. die 8 Junii 1893.— Fr. lG^ATIUS Card. PÉRSICO, 
Prcefeetus. — A. Archiep Nicopolit., Secretarius.„ 



De las indulgencias y el saeriflcio de la Misa.— Por la utilidad que 
tiene para los sacerdotes, aunque ya es antigua, vamos á transcribir 
aquí una resolución de la Sagrada Congregación de Indulgencias 
acerca del asunto. Preguntada la Sagrada Congregación: An quando 
requiratur Sacrificiiini Missoe pro indulgencia lucranda^ Missa pos- 
sit offerri pro uno et Indulgentia applicari pro altero? contestó el 
31 de Enero de 1848 como sigue: Communicetur Oratori votum Con- 
sultoris. He aquí este voto: 

"Hanc eamdem qugestionem enucleandam sibi proponit doctissi- 
mus P. Joannes Cavalieri, scilicet: an Indulgentia et Sacrificium di- 
vidí Queant? Respondet:— Decisio pendet ex verbis indulti; si enim 
C3.n\.SiV. Qui pro dejiincto Missaín intali altari dixerit, liberal ani- 
maín ejus, etc., tune Sacrificium et Indulgentia non possunt dividí, 
sed utrumque pro eodem defuncto est applicandum; si autem pro de- 



REVISTA CAXÓXICA 3S1 



fimcHs in indulto desit, applicatio solius Indulgentiae sufficit ad li- 
berandam animam, et Sacrificium cuilibet poterit applicari,... si ta- 
men ñindator aut stipem erogans imponat onus celebrandi in altafi 
privilegiato, tune praedicta üivisibilitas locum nonhabet, per imposi- 
tionemquippe talis oneris eensetur etiam voluisse applieationem In- 
dulgentias. Secus est si saeerdos onus habeat saerifieandi, sed non in 
altari privilegiato; tune quidem adimplet obligationem suam per ap- 
plieationem Sacrificii, et liber est quoad applieationem Indulgentias, 
dummodo tamen celebret in altari cujus privilegium non exquirat 
etiam applieationem Missas.,, Quse solutio et mihi anidet, nam Indul- 
gentia etiam pro defunctis est donum ex Ecclesiae thesauro deprom- 
ptum, qui constat ex meritis Christi, Beatse Alarias Virginis et alio- 
rum Sanetorum; opera vero injuneta sunt conditio solum, sine qua 
effectum non sortitur Indulgentia; ergo aliud est Indulgentia, aliud 
opus injunctum. Porro si applicatio Indulgentiae, pro solis defunctis 
concessge, necessario conjuncta esset cum applicatione Sacrificii, 
Sacrificium et Indulgentia forent unum et idem, ergo Sacrificium non 
esset tantum opus injunctum, nec Indulgentia ex Ecclesiae thesauro 
deprompta, sed ex valore infinito ejusdem Sacrificii, qui certe Eccle- 
siae potestati non subest, sed voluntatiDei finito modo applicantis; at- 
qui Sacrificium est tantum opus injunctum, et Indulgentia non ex 
valore, seu fructu Sacrificii eruitur, ergo non sunt unum et idem, 
adeoque Sacrificium et Indulgentia dividí possunt (saltem dum aliud 
in indulto non exprimitur), et consequenter, in hac hypothesi, saeer- 
dos potest Sacrificium offerre pro uno et Indulgentiam applicare pro 
altero. Heec sunt, quee sapienti judicio vestro, Eminentissimi Patres, 
subjicienda esse duxi,,. 



El Apostolado de la prensa en España. — Cuanto nosotros pudié- 
ramos decir acerca de la importancia 3^ utilidad de esta benemérita 
Asociación, huelga ante la autorizada palabra del Romano Pontífice. 
Vean nuestros lectores la carta con que ha sido honrada, en la cual 
se conceden también varias indulgencias á todos los socios. 

"A nuestros amados hijos el presidente y demás miembros de la 
Asociación española intitulada ^/ ^pos/o/aíío de la Prensa, heón, 
Papa XIII. 

„Amados hijos, salud y bendición apostólica. 

„Gratísimas y muy halagüeñas noticias han llegado hasta Nos 
acerca de la Asociación española que se intitula. El Apostolado de la 
Prensa, instituida en Madrid hace cerca de dos años. Esta Sociedad 
tiene por nobilísimo fin trabajar sin descanso en propagar gratuita- 
mente entre las clases populares lecturas morales y religiosas, y en 



382 REVISTA CANÓNICA 



convertir por ellas á su antig-ua pureza las depravadas costumbres 
de la sociedad. 

„De alabar es este propósito, saludable más que cualquier otro 
y sobremanera acomodado á las necesidades de nuestros tiempos. 
Que á nadie se oculta con cuánta impudencia en mentir, y con cuán- 
to furor los escritores impíos extienden por doquiera sus perniciosos 
errores, deprimen la autoridad santísima de la Religión cristiana, y 
por medio de periódicos, libelos y publicaciones torpemente ilus- 
tradas y profundamente difundidas, alimentan la concupiscencia hu- 
mana, ya inclinada al vicio por la corrupción de nuestra naturaleza. 

„Contra tan criminales intentos es oportunísimo y muy beneficioso 
el que los católicos se animen, que adunen sus fuerzas y usen para 
la defensa las mismas armas que usan los adversarios para el ata- 
que de la verdad. Por lo cual Nos juzgamos que vuestra Asociación 
es dignísima de que florezca y se vigorice, y que así como cuenta 
con nuestra singular estimación, así merezca el apoyo de todos los 
buenos, y mucho más cuando Nos hemos sabido que en el poco tiem- 
po de sus trabajos ha producido abundantísimos y excelentes frutos, 
y dado esperanza cierta de que ha de seguirlos produciendo aún 
más abundantes. Así, pues, para que á todos conste más y más de 
nuestra muy particular benevolencia, y con cuánto gusto vemos los 
trabajos de vuestra Asociación, y puesto que así nos lo habéis su- 
plicado, hemos decidido abriros los divinos tesoros de la Iglesia, y 
por nuestra autoridad apostólica concedemos, d todos los socios del 
Apostolado de la Prensa presentes y Jnturos, verdaderamente 
arrepentidos, confesados y que hayan recibido la sagrada Comunión 
en el día de San José, Patrono de la Iglesia universal, en el del san- 
tísimo Nombre de Jesús y en la Feria sexta después de la Octava 
del santísimo Corpus Christi; el que visitando su propio oratorio, si 
lo tuviesen, y si no la Iglesia parroquial ó cualquiera otra, y rogan- 
do á Dios por la concordia entre los príncipes cristianos, extirpa- 
ción de las herejías, conversión de los pecadores y exaltación de 
nuestra santa Madre la Iglesia, consigan indulgencia plenaria y re- 
misión de todos sus pecados, aplicable, por vía de sufragio, á las 
benditas almas del Purgatorio. Entretanto, amados hijos, á vosotros 
y á los que de cualquier modo favorezcan á vuestra Asociación con 
sus trabajos, con sus Ijmosnas ó de cualquier otra manera, como 
auspicio de celestiales gracias y prenda de nuestra benevolencia, 
concedemos de corazón nuestra bendición apostólica. 

,.Dado en Roma, cerca de San Pedro, bajo el anillo del Pescador, 
el día 15 de Mayo de 1893, de nuestro pontificado el año décimo sex- 
to.— LEÓN, PAPA XIII. — S. Card. Vannuttelli, Pref. de la 
S. Congr. de Indulg.,^ 

Y^- ^USTASIO ^STEBAN, 
Agustiniano. 






^Sgi l^m ^.^, 



CRÓNICA GENERAL 



ROMA 



P^^^LLOS no servirán para nada bueno, pero cuando llega el caso 
í ^^ quisieran ser hasta acólitos y monaguillos de la Iglesia, con 
¿a^a« tal de mangonear en cosas que de todo corazón aborrecen^ 
y á fin de poner obstáculos á la libre dirección de los asuntos pura- 
mente religiosos. Decírnoslo á propósito de la grave cuestión que 
hace algún tiempo surgió con motivo de la elección del Patriarca de 
Venecia. Pío IV concedió, por medio de una Bula, al Dux de Vene- 
cia, el privilegio de nombrar al Patriarca, dejando á salvo, claro 
está, la institución canónica que había de hacer el Papa. La Bula de 
Pío IV es clarísima: concedía un privilegio, una gracia. Cuando Ve- 
necia formó parte del imperio austríaco, Pío V^II otorgó al Empera- 
dor de Austria y á sus sucesores de la casa imperial de Austria 
igual privilegio. Mas como ahora ha sucedido en el dominio de Ve- 
necia el reino de Italia, éste pretende tener todos los derechos del 
antiguo patronato de la República y del Emperador, y al nombrar el 
Papa al Cardenal Sarto, Patriarca de aquella Sede, el Gobierno pro- 
testa, reclama sus derechos^ y á título de innoble represalia ha de- 
clarado que no concederá exequátur á ningún Obispo de Italia, mien- 
tras no se zanje la cuestión á su gusto. Y en efecto, existen en el Mi- 
nisterio de Gracia y Justicia cerca de cuarenta peticiones de exequá- 
tur de nuevos Obispos, que no se despachan ni se despacharán, mien- 
tras no se resuelva lo del Patriarcado á gusto del Gobierno de 
Humberto. 



384 CRÓNICA GENERAL 



Estos días se ha dicho que se había venido á una inteligencia, por 
influencia personal de Humberto, que sentía ese nuevo roce con el 
Vaticano. 

— Dícese que León XIII trabaja hace tiempo, con la ayuda de uno 
de sus secretarios, en la redacción de un documenfo que probable- 
mente no estará destinado á verla luz pública. Es la Memoria, ó más 
bien la Historia de los acontecimientos más importantes de su Ponti- 
ficado. León XIII, después de haber hecho una minuta circunstan- 
ciada de la situación de la Santa Sede cuando ocupó la Cátedra de 
San Pedro y de las relaciones que existían entonces entre el Vati- 
cano y las potencias del orbe, así católicas como no afectas á la Igle- 
sia, señala la línea de conducta que ha creído conveniente seguir, 
explicando las razones que á obrar de este modo le han impulsado. 
Cada acontecimiento se expone, se explica y comenta con amplitud 
de pormenores. El documento de que se trata está destinado, según 
se dice, para el sucesor de Su Santidad, pues León XIII quiere que 
aquel que ocupe la Silla de San Pedro después de su muerte, conozca 
bien la situación del Pontificado en cuanto sea posible, siguiendo la 
línea de conducta por él trazada para bien de la Iglesia católica. 

— Va siendo muy difícil la situación económica de Italia: así lo re- 
conoce el Sr. Giolitti, Presidente del Consejo de Ministros de Italia, 
en un discurso que ha tenido gran resonancia en el mundo político y 
financiero. El orador ha estado sincero en su exposición de la pre- 
sente situación, reconociendo que el Tesoro italiano no había evita- 
do hasta el año pasado el alza exagerada del cambio, sino á fuerza 
de deudas para procurarse en cada semestre las cantidades necesa- 
rias para los pagos que se hacen en el extranjero en moneda contan- 
te; reconociendo también que se ha hecho mala política financiera, 
haciendo gastos mu}^ superiores á los recursos; pero no ha sabido 
proponer otro remedio que sobrecargar de nuevos impuestos á los 
contribuyentes. 

Los 90 á 110 millones que es preciso pagar cada año al extranje- 
ro por la deuda interior italiana, los habrán de pagar los contribu- 
yentes, obligándoles á satisfacer en oro los derechos de aduana de 
la importación. Los comerciantes, que no pueden ya con las cargas, 
pues tienen que pagar en oro su deuda comercial, harán esfuerzos 
por hacer subir más y más el cambio sobre el oro, causando así un 
detrimento mayor que el remedio. Giolitti, que está enterado de todo 
esto, cuida de aplazar la aplicación de sus medidas financieras para 
momentos más oportunos; pero como á pesar de este aplazamiento, 
los comerciantes temen una sorpresa, procuran multiplicar sus pe- 
didos al extranjero para surtir grandemente sus almacenes antes de 
que se vean obligados apagar en oro los derechos de importación. 

A los contribuyentes también se ha dii igido el jefe del Gabinete 
para hacerles pagar el déficit de 40 millones que hay en el presu- 



CRÓNICA GENERAL 335 



puesto rectificado de 1892 á 93, después de que el presupuesto provi- 
sional de este mismo ejercicio había hecho prever el equilibrio. 

Promete también un impuesto que aumente la cuota que se paga 
al Estado sobre la herencia, y otro sobre la renta, que se pagará en 
forma de impuesto progresivo para todos los que disfruten una renta 
de 5.000 francos. Con esto ha querido darse aires de demócrata, no 
castigando directamente al pueblo; pero como no ha suprimido ni 
aminorado siquiera ninguno de los impuestos que pesan sobre la Na- 
ción, resulta de aquí un aumento, la miseria general, y un funesto 
crescendo de este socialismo del Estado que absorbe ya la mejor 
parte de la fortuna pública. 

El partido de oposición al Gabinete Giolitti es sobradamente enér- 
gico, como se desprende del lenguaje de ios periódicos, y también 
del de los jefes que le dirigen. Así el diputado Branca, antes Minis- 
tro en el Gabinete Rudini, hablando el domingo último á sus elec- 
tores de Baglio di Basilicata, ha combatido vivamente el aumento 
de los impuestos, diciendo que la única manera de salvar á la nación 
consiste en una fuerte reducción de los gastos, comprendiendo en 
ellos los del presupuesto militar. El jefe del partido de oposición, 
Sr. Rudini, acaba de publicar, en forma de carta á sus electores, una 
viva filípica contra la política financiera del Sr. Giolitti. Ha insistido 
en la necesidad de reducir los gastos militares, limitando el número 
de los cuerpos de ejército, á los cuales no basta ya la organización 
actual, porque no disponen de los recursos necesarios, y estos no pue- 
den aumentarse. Según él, vale más tener un ejército aguerrido, 
bien organizado y disciplinado, que cuadros muy numerosos é in- 
completos. 

—Es tal el desarrollo que va tomando el bandolerismo en Italia, 
principalmente en Sicilia, que el Gobierno se ha visto obligado á to- 
mar serias medidas, hasta ahora sin resultados, contra semejante 
plaga. No ha mucho una cuadrilla puso cerco al cuartel de la Gen- 
darmería (Guardia civil) del pueblo de Godrano, impidiendo á viva 
fuerza que salieran los gendarmes. Largo rato sostuvieron estos fue- 
go de fusilería, pero los criminales consiguieron impedir que salie- 
ran del cuartel, y entre tanto otros bandoleros penetraron en casa 
del Alcalde, robándole 6.000 pesetas. La prensa llama la atención so- 
bre la situación desdichada de la isla de Sicilia, en cuyas poblaciones 
rurales se carece por completo de seguridad personal. 



25 



386 CRÓNICA GENERAL 



II 

EXTRANJERO 

Austria-Hungría. — Hace días presentó el Conde de Taafe, presi- 
dente del Consejo de Ministros de Viena, un proyecto de ley de am- 
pliación del sufragio, que no ha sido del gusto de la mayoría, ó por lo 
menos de una especie de coalición que se ha formado contra dicho 
Ministro y contra sus proyectos. Ello es que se ha visto obligado á 
discutir; y aunque en los círculos de la corte se hacen grandes es- 
fu erzos para sostenerle, se cree no tendrá más remedio que sucum- 
bir. Tanto ó más que la cuestión del sufragio ha contribuido á ello 
las tendencias antieslavas de Taafe en las cuestiones de política ex- 
terior. En el caso de que el Emperador se decida á admitirle la di- 
misión, como parece indudable, el Sr. Windisch Graetz recibirá en- 
cargo de formar el nuevo Ministerio. 

* 
* * 

Francia.— Materialmente mareados á fuerza de banquetes, bai- 
les, giras y obsequios han abandonado los rusos á Francia. No sólo 
en París, donde grandes y chicos han echado la casa por la ventana, 
sino también en Lyon, Tolón, Marsella, y en cuantas poblaciones in- 
termedias se han detenido un minuto, se han visto agasajados rui- 
dosa y espléndidamente, como fsaben hacerlo nuestros vecinos. A 
pesar de tan nunca vistas manifestaciones de afecto, nada había di- 
cho aún el autócrata ruso; pero un telegrama de éste á Carnot vino 
á colmar la medida. El Emperador agradecía profundamente el re- 
cibimiento hecho por Francia á la marina rusa, manifestándose muy 
esperanzado de que la amistad de Francia y Rusia había de contri- 
buir á consolidar la paz europea. Lo bueno es que esta idea nadie la 
toma en serio, aunque muy en serio al parecer la repiten muchos. 

— Casi nada se ha dicho de otra visita muy an lloga que la escua 
dra inglesa del Mediterráneo ha hecho á Italia. Tarento ha presen- 
ciado en los mismos días que París fiestas en que dos naciones estre-' 
chaban sus relaciones mutuas: los ingleses han sido muy obsequia- 
dos, aunque no con la esplendidez que los rusos, como para respon- 
der á los extremos de cariño de las consabidas potencias. ¡Quién sabe 
si á no tardar, y á pesar de las protestas de paz, surgirá un conflicto 
internacional, en que las escuadras de Inglaterra é Italia por una 
parte, y las de Francia y Rusia por otra, se vengan á las manos, en- 
tablando gigantesca lucha que eclipse cuantas registra la historial 



CRÓNICA GENERAL 387 



— Ha muerto cristianamente el insigne mariscal de Francia Mac- 
Mahon, el héroe de cien batallas 3^ Presidente que fué de la Repúbli- 
ca. Este suceso ha conmovido á Francia, pues al nombre del finado 
iban unidos grandes recuerdos para la historia de esa nación. 

Un ataque de apoplegía ha puesto también fia A la vida del ins- 
pirado compositor Gounod. El Gobierno ha costeado los funerales 
de estos dos grandes hombres, cuyas familias respectivas han reci- 
bido conmovedoras muestras de sentimiento de parte de los sobera- 
nos y de los hombres más notables del mundo civilizado. (D. E. P.) 

* 
* * 

America.— El Congreso de periodistas católicos americanos re- 
cientemente celebrado en Chicago, ha adoptado las siguientes reso- 
luciones: "Atendiendo á que el Padre Santo ha manifestado en diver- 
sas ocasiones el profundo interés que le inspira la prosperidad y el 
progreso de la prensa católica; atendiendo á que su Delegado, Mon- 
señor Satolli, se ha hecho eco de los mismos sentimientos en los tér- 
minos más elocuentes; los Directores de la prensa católica america- 
na, reunidos oficialmente, consagran toda la lealtad de sus corazo- 
nes al Gran Pontífice, y su inalterable adhesión á la persona y á la 
misión de su Delegado apostólico, como también á los Prelados y 
Clero. 

Atendiendo á que en lo pasado ha habido en América una confu- 
sión tocante á la actitud de la Iglesia católica romana, respecto de las 
escuelas, se ha resuelto que la Asamblea exprese su profunda satis- 
lacción por la manera luminosa como se ha resuelto por Su Santidad 
el Papa León XIII y su Delegado Apostólico IMonseñor Satolli. 

Y en vista de los ataques anónimos publicados en ciertos diarios 
laicos contra personas constituidas en dignidad, se ha resuelto con- 
denar la conducta de dichos diarios, y que en adelante no se publi- 
que ninguna comunicación de carácter anónimo, que tienda á moles- 
tar á los individuos en su reputación.,, 

— La insurrección brasileña ha tomado cierto aspecto que hace es- 
perar en breve plazo un desenlace, aunque ho)^ sería aventurado 
adelantar ideas sobre cuál de los contendientes saldrá victorioso. El 
jefe insurrecto, Mello, ha formado un Gobierno provisional que fun- 
ciona en la isla Santa Catalina, y hasta ha pedido á las potencias que 
le reconozcan siquiera como beligerante. Entre tanto el Presidente 
Peixoto afirma que semejante Gobierno es una farsa: no era cosa de 
que empezase por darle importancia. Si hemos de dar crédito á tele- 
gramas recientes, Mello ha declarado ya que su objeto es restaurar 
el Imperio; cuenta para ello con las fuerzas marítimas siguientes: un 
acorazado^ tres cruceros, y ocho cañoneros; y Peixoto sólo cuenta 
hoy con buques viejos que no pueden en manera alguna competir con 



388 CRÓNICA GENERAL 



la escuadra insurrecta. Esta ha causado estragos en varios puertos, 
entre ellos en Río Janeiro, Nieves y Nitheroy. Tales son las noticias 
más importantes que sobre este punto podemos comunicar á nues- 
tros lectores. 



III 
ESPAÑA 

Referir en ordenado compendio cuanto ha sucedido en Melilla, y 
"Sobre todo cuanto se ha dicho respecto de los sucesos más ó menos 
relacionados con aquella plaza, es labor más complicada de ]o que 
parece. 

Puédese decir que desde nuestra última crónica hasta el día 27 del 
mes pasado nada ocurrió de particular. Mas en dicho día, el general 
Margallo, jefe de aquella plaza, ordenó un ataque contra los moros, 
apoyado por los cañones de los fuertes, de la plaza y del Conde de 
Venadito, barco de guerra que está prestando excelentes servicios 
en las aguas de Melilla. No podemos entrar en pormenores. Como el 
enemigo contaba con la superioridad del número, acaso diez veces 
mayor que el de nuestros soldados, y como por otra parte estaba pa- 
rapetado en sus trincheras, y aun en muchas de las construidas por 
los nuestros; no fué posible desalojarle de ellas á pesar del compor- 
tamiento heroico de nuestros soldados, de los jefes y oficiales y del 
General que los mandaba. Después de larga porfía, en que nuestras 
tropas dieron pruebas de valor y serenidad incomparables, parte de 
ellas se acogieron á los fuertes, retirándose las demás á la plaza. Los 
Generales Margallo y Ortega fueron de los que se retiraron al fuerte 
llamado Cabrerizas Altas. 

A la mañana siguiente (28) dirigióse un convoy desde la plaza al 
mencionado fuerte, que carecía de municiones de boca y guerra; con- 
voj'^ que estuvo por dos veces á punto de ser copado por los moros. 
Margallo, al ver acercarse el convoy y los refuerzos, creyó que era 
llegado el momento de salir; pero no había andado cien metros cuan- 
do cayó muerto de tres balazos en la cabeza. Verle caer nuestros 
soldados y avalanzarse unos al General, y otros con bayoneta calada 
sobre los moros que estaban atrincherados, fué obra de un momento, 
haciendo huir á la morisma, que no pudo resistir el empuje. Entre 
tanto se había generalizado la batalla, tomando parte en el fuego to- 
das nuestras tropas. Este día 28 lograron los nuestros aprovisionar á 
Cabrerizas Bajas, pero no así á Cabrerizas Altas, donde faltos de 
municiones, de víveres, y sobre todo de agua, estaban los que lo 
guarnecían en situación angustiosa, sobre todo porque tenían allí 



CRÓNICA GENERAL 389 



cerca de cincuenta heridos, á los cuales no les podían atender como 
quisieran, y los infelices lo necesitaban. 

Inútiles fueron también los esfuerzos que el día 29 hicieron para 
llegar á este fuerte; mas el día 30, con algunas tropas de refresco, 
que llegaron oportunamente, y bajo la dirección del bravo y entendi- 
do general Maclas, desalojaron al enemigo, causándole grandes ba- 
jas, y lograron aprovisionar á Cabrerizas Altas. 

Gratísima tarea sería, por cierto, detenernos á referir las proezas 
de nuestros valientes soldados; pero nos lo veda el corto espacio de 
que disponemos. 

Según parte del Comandante general de Melilla al Ministro de la 
Guerra, las bajas que hemos tenido, aunque muy sensibles, no han 
sido tantas como se temía. Los muertos son22, suma que se descom- 
pone de este modo: 4 oficiales, 3 sargentos y 15 soldados. Los heridos 
ascienden á 88, ó sea, un jefe, 14 oficiales, 1 sargento, 5 cabos y 66 
soldados. Ya hemos dicho que murió también el valeroso general 
Margallo, comandante general que era de la plaza de Melilla. 

La muerte de este jefe ha dado margen á mil comentarios de di- 
versa índole: hacíanle unos responsable de todos los desastres ocu- 
rridos en Melilla desde el día 2 de Octubre hasta su muerte, porque 
sin órdenes terminantes del Ministro de la Guerra, irritó á los moros, 
primero dando comienzo á la construcción del fuerte Aguariach, y 
después (el día 27) saliendo de la plaza y provocando una batalla, 
sin contar en ninguno de estos dos casos con las fuerzas necesarias 
para imponerse. Por el contrario, los que creen que Margallo no 
hizo más que cumplir con su deber, alcanzando heroicamente una 
muerte gloriosa, aducen también sus razones, y dan sus descargos. 

Los cargos contra Margallo están condensados en la siguiente 
nota oficiosa que han publicado todos los periódicos: 

"Casi toda la Prensa hace insinuaciones más ó menos expresivas 
y adelanta juicios aventurados cuando se hacen sin tener á la vista 
documentos auténticos en qué fundarlos, en sentido de que el bravo 
general Margallo, al conducirse en la jornada del día 27 de la mane- 
ra que lo hizo, se atuvo al cumplimiento de instrucciones precisas 
que había recibido. 

Para restablecer la verdad de los hechos, en el Ministerio de la 
Guerra se nos ha facilitado copia del último telegrama en que se die- 
ron instrucciones á dicho malogrado General, que transcribimos á 
continuación íntegro, así como también el de contestación del coman- 
dante general de Melilla. He aquí el telegrama: "Madrid, 23 Octu- 
bre.— Ministerio de la Guerra al comandante general de Melilla. 
Aprobado plan Comisión técnica y Junta defensa Melilla, embarca- 
rán inmediatamente Cádiz dos compañías Zapadores y cuatro Arti- 
llería plaza; puede V. E., con la fuerza y recursos que ya tiene, orde- 
nar trabajos de ensanche fortificaciones en Camellos, Cabrerizas 



390 CRÓNICA GENERAL 



Altas, Bajas y Rostrog-ordo. Si hostilizan moros, haga fuego cañón. 
Conviene que reúna una comisión jefes todas armas, que estudie si- 
tuación campamentos para las fuerzas que hayan de enviarse en 
tiempo oportuno; que con las tiendas que ya tienen y lasque recibirá 
para 4.000 hombres más, vayan estableciéndose los campamentos con 
las reglas que exige la castramentación para higiene, desahogo, etc.,, 
Al anterior telegrama contestó el general Margallo con el si- 
guiente: "Meltlla, 23 de Octubre.— (Recibido el 24.)— Comandante 
General al Ministro de la Guerra. Recibido telegrama V. E.; se cum- 
plimentará cuanto ordena en el ensanche fortificación; se empezó 
antes de venir Comisión y se viene continuando.,, El general Marga- 
llo, confiado tal vez en engañosas noticias de los bajas del campo, y 
desde luego en su gran valor y temerario arrojo, y en el de las tro- 
pas que tenía á sus órdenes, por su propia iniciativa fué más allá de 
de lo que se le había ordenado, con el deseo indudable de terminar 
pronto y victoriosamente la cuestión planteada.,, También se insinúa 
en la Prensa la idea de que una carta recibida por el General Marga- 
llo en la mañana del 27, decidió á dicho señor á hacer el sacrificio de 
su vida. 

Como pudiera creerse que era la del Ministro de la Guerra que le 
notificaba su relevo, conviene consignar que el General López Do- 
mínguez escribió la carta de que se trata el día 26, y, por lo tanto, 
no es posible en modo alguno que la llegara á recibir el General 
Margallo. Dicha cart.i terminaba diciéndole que la importancia de 
las operaciones que se iban á emprender habían impulsado al Go- 
bierno á aumentar la categoría del Gobernador de la plaza de Meli- 
11a, y que cuando conferenciara con el Ministro, vería el puesto que 
le podía convenir al General Margallo así que se designase el Gene- 
ral en Jefe de las fuerzas expedicionarias. Cuando terminada la cam- 
paña, pueda publicarse el plan de ésta, quedará demostrado plena- 
mente que el General Margallo, llevado de un buen deseo, fué más 
allá de lo que las instrucciones determinaban. Además, para las per- 
sonas reflexivas bastará la consideración de que á un General cuyo 
relevo está determinado, y cuando de un momento á otro va á ir el que 
le ha de reemplazar, no es natural que se le ordene el que emprenda 
operaciones que pueden provocar un reñido combate, y que, como se 
ve en el telegrama del 23, al encargarle el ensanche de las fortifica- 
ciones delante de los fuertes, se le previno que, en caso de ser hosti- 
lizado, hiciese fuego de cañón; lo cual demuestra que no se le autori- 
zaba para salir con las tropas más allá de los fuertes.,, 

Algunos creen que esa nota oficiosa no aclara la cuestión, y que 
de ella se deduce todo lo contrario de lo que se ha querido decir. Mas 
sea de esto lo que quiera, un diario ha publicado un artículo endere- 
zado á la defensa de Margallo, y en dicho artículo se leen los siguien- 
tes párrafos: 



CRÓNICA GEXERAL 391 



"Es evidente que el heroico general Margallo no inició la cons- 
trucción del fuerte de Sidi-Aguariach, proyectado ha más de treinta 
años, sin el asentimiento y aprobación del general López Domín- 
guez. 

Es evidente que el general López Domínguez conocía que los rif- 
feños, por espíritu de fanatismo é independencia y por el carácter de 
salvaje bravura que les distingue, se opondrían, aun proclamando la 
guerra santa, á la construcción de aquel fuerte junto á su mezquita y 
dominando s u territorio. 

Es evidente que á la pregunta dirigida por el ministro de la Gue- 
rra al comandante general de Melilla de si necesitaba más fuerzas 
para la seguridad de la plaza, sólo procedía la respuesta dada de que 
para este objeto concreto era suficiente que fuesen cubiertas las 
bajas. 

Es evidente que, reducidas las fuerzas durante varias semanas á 
las indispensables para la seguridad de la plaza, nada podía hacer 
el general Margallo contra la construcción de trincheras, puesto que 
con éstas no tendían los riffeños á ¡tomar la plaza, sino á impedir la 
construcción del fuerte de Sidi-Aguariach. 

Es evidente que hay contradicción palmaria entre las recentísimas 
órdenes : de un lado la de construir las trincheras y los fortines 
en dirección del emplazamiento de este fuerte y arrasar las trin- 
cheras que los moros hiciesen ó conservaran fuera de su zona, y la 
de no reñir batalla hasta que llegasen nuevos refuerzos, puesto 
que los moros podían verificar lo que han hecho: agredir, inva- 
diendo en avalanchas nuestro campo hasta los fosos mismos de los 
fuertes. 

Es evidente que, ante esta contradicción y ante el primer artículo 
del sacerdocio del honor y del deber, que se llama Ejército, la solu- 
ción más peligrosa, la que excluye toda suposición de cobardía, es 
la más digna, porque al oficial á quien se ordene mantener una posi- 
ción á toda costa, lo hará, como dicen en su admirable clasicismo las 
Ordenanzas de nuestro Ejército. 

Es evidente que el sagrado deber, que el inferior tiene, de obede- 
-cer en la Milicia de las armas, exige que el superior mande con cla- 
ridad y sin contradicciones, que, en todo caso, le dejen expedito el 
camino para llamar á aquel desobediente. 

Es de evidencia que á quien no puede protestar de su jefe militar 
ante el enemigo, y á quien se dan órdenes contradictorias á que sabe 
ya que ha de seguir el relevo y la llamada para pedir cuentas á quien 
nada debe al favor, á quien ostenta envidiable y envidiada cruz de 
San Fernando, y á quien se coloca en la alternativa de cobarde ó 
desobediente, no le queda otro camino que el seguido por el General 
Margallo, según declaración de su ayudante: "salir á luchar para 
que lo mataran,. 



392 CRÓNICA GENERAL 



Según los últimos telegramas oficiales, en la mañana del 3 ha ha- 
bido nuevo combate entre nuestras tropas y los riffeños. A las cinco 
y cuarto de la madrugada salió de Melilla, convenientemente prote- 
gido por una columna, un convoy de víveres y municiones para los 
fuertes de Rostrogordo y ambas Cabrerizas. Para proteger la mar- 
cha y la retirada, una brigada de cazadores tomó inmediatamente 
posición en las cumbres de las Horcas Coloradas y lomas existentes 
entre Cabrerizas Bajas, el fuerte de San Francisco y alturas de San- 
tiago, estando las demás fuerzas en disposición de acudir donde fue- 
ra necesario. A las seis y media rompió el fuego de una y otra parte 
y á las diez estaba terminada gloriosamente la operación, teniendo 
que lamentar por nuestra parte 2 muertos y 15 heridos. Las bajas del 
enemigo han de haber sido muy numerosas. Uno de los fuertes de 
Cabrerizas hizo dos disparos de cañón. 

Puede decirse que apenas pasa día sin que haya algún tiroteo en 
los alrededores de Melilla. Hoy parece que hay cerca de ocho mil de 
los nuestros en aquel campamento, y que se han dado órdenes para 
situar muy prontro otros ocho mil en los puertos cercanos, de suerte 
que en pocas horas puedan trasladarse á Melilla. Como se ve, la cosa 
va para largo. 

A estas fechas nuestros valientes soldados estarán provistos de 
fusiles Maüser; pues acaban de llegar 10.000 de Alemania. Según los 
inteligentes en estos achaques, este fusil ofrece muchas ventajas so- 
bre los que usaba hasta ahora nuestro ejército. 

El espíritu de la nación española con motivo de estas contiendas, 
es 'admirable. Los ofrecimientos que se hacen de todas partes, lo- 
mismo por los individuos que por las corporaciones, son patente 
muestra del entusiasmo que reina. 

La actitud de las potencias ha sido para muchos el coco que agua- 
ba todos los entusiasmos; pero suponemos que no ha motivo para tan- 
to. Ni Inglaterra, ni otra nación alguna puede impedirnos la legítima 
defensa, y si lo intentasen, no faltaría quien viniese en nuestro auxi- 
lio, caso de que lo necesitáramos. 

—Nuestros lectores habrán oído seguramente el nombre de Chíes, 
famoso director de Las Dominicales. Dicho se está que ese desdi- 
chado vivió haciendo guerra feroz á la Iglesia, desprestigiando á sus 
ministros y divulgando en todos los terrenos sus ideas sectarias. 
Pues bien: Chíes murió días pasados impenitente, y el Ayuntamiento 
de Madrid, no contento con acudir en masa al entierro laico que se 
le hizo, ha acordado... pero es mejor que lo cuente un diario liberal 
para mayor ignominia de los famosos ediles, que si en lo de adminis- 
trar, como es su obligación, los intereses del Municipio de la corte, 
dejan bastante que desear, por no decir otra cosa, en esto de honrar 
la memoria de un impío da quince y raya á todos los Ayuntamientos 
del mundo. Dice, pues, el diario liberal: 



CRÓNICA GENERAL 393 



"En la primera parte de la sesión de ayer, el alcalde, Sr. Ángulo, 
dedicó un sentido recuerdo á la memoria del Sr. Chíes, manifestan- 
do el profundo sentimiento que embargaba á todo el Ayuntamiento 
por la muerte de tan honrado y laborioso compañero. 

„Se hizo que constaran en acta las manifestaciones del alcalde 
presidente. La minoría republicana presentó una proposición en la 
que se pedía: 1.° Que se acordase el sentimiento de la Corporación 
por el fallecimiento del Sr. Chíes. 2.° Que el Ayuntamiento cediese 
terrenos y costease un panteón en el cementerio civil á la memoria 
de tan querido y sabio compañero. 3.° Que la calle de las Beatas, en 
la que murió el Sr. Chíes, lleve este nombre en adelante. En un elo- 
cuente discurso defendió esta proposición el Sr. Zuazo. Le contestó 
el Sr. Garci-Nuño, abundando en los misinos razonamientos que el 
Sr. Zuazo, respecto á los dos primeros extremos de la proposición, 
pero solicitando que el tercer extremo pasase á estudio de la comi- 
sión correspondiente. Así se acordó.,, 

Con que esto en un Estado católico. ¿Qué harían esos señores si no 
lo fuera? Qué harían si en vez de los fondos de un pueblo católico, 
administrasen los de una colectividad de incrédulos? ¡Desdichado de 
quien confesase el nombre de Jesucristo! Y es de admirar en esa 
quisicosa la frescura con que el Alcalde presidente pronuncia un 
discurso encomiástico en honor de un impío; y el silencio religioso 
de los que devotamente le escuchan sin levantar una sola voz de 
protesta, antes asintiendo á cuanto oyen; y el atrevimiento de los 
concejales republicanos en sus pretensiones...; y todo, en fin, es ad- 
mirable, si no fuera sacrilego y escandaloso. 

— Se ha publicado el Real decreto , convocando las elecciones 
para el día 19 del corriente. La parte dispositiva del decreto dice así. 
Artículo I.*' Las elecciones generales para la renovación bienal 
de los Ayuntamientos, á que se refieren los arts. 44 y 45 de la ley Mu- 
nicipal vigente, tendrán lugar el domingo 19 de Noviembre próximo. 

La designación de interventores se verificará el domingo 12 del 
mismo mes, y el jueves 23 los escrutinios generales. 

Art. 2.^ Los gobernadores de las provincias, por medio del Bole- 
tín Oficial, harán la oportuna convocatoria con una antelación de 
quince á veinte días á la fecha de la elección, comenzando á contar- 
se el período electoral desde el día e n que se comunique dicha con- 
vocatoria. 

Art. 3.^ Terminados los escrutinios generales, el mismo día 23 de 
Noviembre se expondrá al público, en todos los Ayuntamientos, la 
lista de los concejales elegidos, á fin de que puedan presentarse por 
escrito las reclamaciones que se estimen procedentes hasta el 30 de 
Noviembre inclusive, y hasta el 8 de Diciembre los documentos que 
aduzcan en su defensa los elegidos y las excusas légales de que se 
creyesen asistidos. 



394 CRÓMCA GENERAL 



Art. 4.° El día 9 de Diciembre los alcaldes elevarán el expedien- 
te de reclamaciones y el electoral á la Comisión provincial, la que 
resolverá dentro de los quince días siguientes todas las instancias, 
protestas y excusas formuladas. Sus resoluciones se publicarán en 
el Boletín Oficial de la provincia, antes del 31 de Diciembre del año 
corriente. 

Art. 5.° Cumpliendo lo dispuesto en la ley de 13 de Mayo últi- 
mo, los Ayuntamientos se constituirán el 1.° de Enero de 1894. 

—También se ha publicado el horario del Congreso Eucarístico 
de Valencia, que es como sigue: 

Los trabajos se han distribuido en la siguiente forma: 

Lunes 20 de Noviembre. — A las nueve y media de la mañana^ en 
la Basílica metropolitana, exposición de su Divina Majestad, Misa 
pontifical y sermón por el Obispo de Urgel. Por la tarde, á las tres, 
en la Iglesia de la Santísima Cruz, sesión de apertura del Congreso 
y constitución de las Secciones. A las diez de la noche vigilias de 
adoración nocturna en las capillas del Milagro y de la Virgen délos 
Desamparados. 

Martes 21. — Alas siete y media de la mañana, Misa de Comunión 
general, por un Prelado, en la Capilla de Nuestra Señora délos Des- 
amparados. A las nueve y media reunión de las Secciones. A las 
once, inauguración de la Exposición Artístico-Eucarística. Alas tres 
y media de la tarde, solemne función religiosa en la Basílica, con 
Sermón y Reserva. A las diez de la noche, vigilias de adoración en 
la Capilla del Milagro y en la Iglesia del Salvador. 

Miércoles 22.— A las siete y media. Misa de Comunión general, 
por un prelado, en la Iglesia del antiguo convento de Santo Domin- 
go. Reunión de las Secciones, función religiosa en la Basílica y vigi- 
lias de adoración, como los días anteriores. 

Jueves 23.— Los mismos actos y á las mismas horas que en el día 
anterior. La Misa de Comunión general se celebrará en la Iglesia de 
San Esteban. Las vigilias de adoración nocturna, en la Iglesia del 
Milagro y en la parroquial de los Santos Juanes. 

Viernes 24. — A las siete y media, Misa de Comunión general, por 
un prelado, en la Iglesia parroquial del Salvador. A las diez de la 
mañana, sesión general en la Iglesia de la SantísimaCruz. Alas tres 
y media de la tarde, función religiosa en la Basílica, como en los días 
anteriores. A las diez de la noche, solemne vigilia de adoración en 
la Iglesia parroquial de San Andrés. 

Sábado 25.— A las siete y media de la mañana, Misa de Comunión 
general, por un prelado, en la Basílica. A las nueve y media, 
Misa pontifical, con sermón de clausura, que predicará el Cardenal 
Arzobispo de Sevilla, y Te-Deuní en la Basílica. A las tres y media 
de la tarde, certamen eucarístico en la Iglesia de la Santísima 
Cruz. 



CRÓNICA GEMRRAL 395 



Domingo 26.— Procesión pública y solemnísima, con el Santísimo 
Sacramento. 

Lunes 27. -La peregrinación anunciada. 

—En Santander acabr' de ocurrir una espantosa desgracia. Se- 
gún telegrama dirigido desde Boó (Santander), A las nueve y me- 
dia de la noche del 3, por el secretario del gobierno al Capitán gene- 
ral de Burgos y al Ministro de la Gobernación, el mismo día por la 
tarde un vapor de la Compañía vasco-andaluza que traía cargamen- 
to de dinamita empezó á arder. Estando apagándole, estallaron infi- 
nidad de frascos, que han producido innumerables víctimas, entre 
ellas el gobernador, según aseguran, pues es imposible afirmarlo 
positivamente. No es posible indicar el número de muertos. Además 
está ardiendo una calle inmediata al muelle. 

El pánico es horrible; se teme que arda la población entera y 
ocurran más desastres. Están interceptadas las vías de comunica- 
ción, se carece de medios para atajar el fuego, y el secretario pide 
auxilio. 

Inmediatamente el ministro de la Gobernación conferenció por 
telégrafo con los gobernadores de Valladolid y Falencia, ordenán- 
doles envíen desde luego, y por trenes especiales, el material de in- 
cendio de que dispongan y auxilios de todo género. 

— Otra desgracia, también de consideración, ha sucedido en Cádiz. 
Telegrafían de esta ciudad el mismo día 3: 

"A las siete y media de la noche de hoy, y cuando ya se habían ce- 
rrado y precintado todos los talleres de esta fábrica de tabacos, y el 
personal, incluso el Director, encontrábanse fuera, los timbres de 
incendio empezaron á avisar que se había iniciado un fuego terrible 
en los talleres de las máquinas. 

Inmediatamente acudieron á la fábrica el Director de la misma y 
las primeras autoridades de la población. El incendio sigue tomando 
grande incremento. Con el Gobernador, el Alcalde y el jefe déla 
Guardia civil llega el personal de incendios. Vista la escasa eficacia 
de estos elementos, se pide el auxilio á la capitanía del puerto, que 
acude con el material y personal necesario. Asimismo de los cuarte- 
les de Santa Elena y San Roque se envían piquetes de tropa para 
custodiar todos los alrededores de la fábrica y contener el inmenso 
gentío que de todas partes acude, al cual apenas pueden contener 
las fuerzas dé infantería ayudadas de la Guardia civil y carabineros. 
Gran número de operarías de ^la fábrica que viven en las inmedia- 
ciones acudieron al instante,'lamentando á gritos y sollozos la des- 
gracia que las priva de trabajo por mucho tiempo. 

Las bombas empiezan á funcionar tarde y mal. El material es de- 
ficiente. Los talleres donde se inició el fuego están situados en la 
planta baja. Inmensas bocanadas de humo salen de las ventanas difi- 
cultando las operaciones de la extinción. El viento fuerte que reina 



396 CRÓNICA GENERAL 



ayuda á dificultar los trabajos y arrastra enormes columnas de lla- 
mas y humo hasta grandes distancias. El número de curiosos aumen- 
ta, así como el de las operarlas, que revelan gran consternación, pro- 
rrumpiendo en desgarradores lamentos. A las ocho de la noche, sol- 
dados de Wad-Ras y de Granada despejan todas las calles y mura- 
llas inmediatas. 

El fuego aumenta y se propaga á nuevos talleres. El espectáculo 
es imponente é indescriptible. No hay que lamentar hasta ahora des- 
gracias personales. 



MlISCKIvAnK^ 

Declaración del Clero del Arzobispado de Braga. 

"Postrados ante la Cátedra de San Pedro, columna y firmamento 
de la verdad, centro de la unidad católica y fundamento indefectible 
de la única Iglesia de Dios, creemos y confesamos que el Romano 
Pontífice es el legítimo sucesor del Príncipe de los Apóstoles, el he- 
redero de la plenitud del poder apostólico conferido por Jesucristo, 
el Doctor universal de todas las Iglesias particulares y el infalible 
Maestro del dogma y de la moral. 

A este infalible magisterio del Vicario de Jesucristo están suje- 
tos por prescripción divina individuos y naciones, porque el Evan- 
gelio, confiado á la solicitud apostólica y al magisterio infalible del 
Papa, es suprema é inmutable norma, así de la conciencia individual 
como de las leyes que rigen á los pueblos constituidos en naciones. 

Por tanto, puede el Papa, en el ejercicio de su ministerio, decir á 
las naciones qué camino han de seguir para corresponder fielmente 
á los designios de la Providencia, y cómo deben proceder en el or- 
den civil, á fin de promover y establecer el reinado de Jesucristo en 
todas las instituciones sociales. 

Siempre ejercieron los Papas dicha potestad, con gran provecho 
para la civilización y prosperidad de los Estados; sobre todo, cuando 
las'naciones, en supremos y angustiosos momentos, acudían á ellos 
como á la única tabla de salvación, pidiendo esa luz y ese auxilio 
que entonces sólo el Evangelio puede dar. 

León XIII, el gran Pontífice que fielmente preside la Iglesia de 
Dios, el varón providencial destinado para restaurar en los Estados 
modernos el divino reinado de Jesucristo, que la falsa ciencia y la 
falsa política procuran expulsar de la escuela, de las leyes, de la ad- 
ministración y de toda esfera social, no ha cesado de recomendar á 
los católicos y á todos los hombres de buena voluntad la racional 



MISCELÁNEA 397 



obediencia á los poderes públicos, en cualquier forma constituidos; 
la unión y la concordia entre los hijos de la Iglesia para que, since- 
ramente adictos á la autoridad constituida, pudiesen, con mayor efi- 
cacia, postrar al enemigo común y reclamar al mismo tiempo la 
libertad é independencia de la Iglesia y la derogación de cuantas 
leyes la esclavizan. 

Nos adherimos, por tanto, con toda la obediencia de nuestro espí- 
ritu sacerdotal, con todo el afecto de hijos del Padre común de los 
fieles, con toda la fe y lealtad de nuestro carácter de portugueses á 
la doctrina de todas las Encíclicas de tan extraordinario Pontífice, 
especialmente á las Inmortale Dei sobre la constitución cristiana de 
los Estados, á la Rerum novarum sobre la condición de los obreros, 
y á la última de 16 de Febrero de 1892, diri^;ida á los católicos fran- 
ceses. 

Si en la forma es, de hecho, esta Encíclica para Francia, en la 
esencia, es también para nosotros los católicos portugueses, 5^ como 
tal la abrazamos de todo corazón y profesamos como norma político- 
religiosa, la única que puede establecer y asentar sólidamente la tan 
suspirada unión y concordia entre los fieles de la gran familia portu- 
guesa. 

Queremos, pues, trabajar unidos en el terreno de la legalidad, y 
obedientes á las indicaciones del Soberano Pontífice en la defensa de 
los derechos de Dios y de su Iglesia, y en bien de la prosperidad de 
nuestra patria querida. 

Distinguiendo, como es natural, entre una forma de Gobierno y 
las leyes anticristianas, antieclesiáslicas, y por ende, antipatrióticas, 
que ese Gobierno pueda promulgar, olvidándose de su misión y su 
deber; si bien reconocemos 1 cálmente, y sin reserva alguna, la forma 
de Gobierno no ha más de medio siglo existente en Portugal, detes- 
tamos sus errores, sus actos injustos, las leyes anticristianas de ese 
Gobierno, que producen, como consecuencia necesaria y fatal, las 
desgracias de la patria, y estamos dispuestos á emplear todos los 
medios legales y lícitos para que se enmienden los errores, se repa- 
ren las injusticias y desaparezcan las leyes contrarias á la Iglesia. 

Esta es nuestra manera de pensar; esta es nuestra convicción; 
estos son nuestros propósitos. 

Ante todo, es nuestro Jefe supremo el Pontífice romano. Cabeza 
visible de la Iglesia, cuyo Jefe invisible es Jesucristo; después nues- 
tro Prelado, como representante del Vicario de Jesucristo y á quien 
prometemos obedi,encia; finalmente, las instituciones políticas que 
nos rigen, la ley y la autoridad temporal como delegada de Dios, 
según la doctrina de San Pablo, en todo lo que no sea opuesto á la 
ley divina, como nos lo enseñaron los Apóstoles con su palabra y con 
su ejemplo. 

Jesucristo, la Iglesia y la patria, es el lema de nuestra bandera, el 



398 MISCELÁNEA 



programa de nuestra política, el ideal de nuestras aspiraciones, el 
objeto de nuestras creencias católicas y de nuestros afectos de por- 
tugueses. 

Todo para la Religión, que es paz y concordia; nada para la polí- 
tica de partido, que es confusión y desorden. 

Braga 11 de Septiembre de 1893,,. 

A este documento precedía una carta del señor Arzobispo de 
Braga á Su Santidad, autorizando y recomendando la declaración de 
su clero. Su Santidad ha contestado inmediatamente al Prelado y al 
clero con la siguiente carta: 

«I.EO.lí Xlll PAPA 

VENERABLE HERMANO 

Salud y bendición apostólica. 

El placer que recibimos con tu carta fecha 8 de Septiembre, tuvo 
su complemento en la adjunta declaración del clero bracarense. fir- 
mada también por otros muchos eclesiásticos de todo Portugal. Los 
sentimientos que en ese noble escrito hemos admirado y grandemen- 
te estimado, sentimientos de fidelidad eximia y de sumo respeto para 
con Nos y para con los documentos de Nos emanados, os recomien- 
dan por todo extremo ante Nos, no menos á tu persona que á los 
amados hijos antes citados; porque no se experimentaría en el clero 
tan gran conformidad de ideas en materias gravísimas, ni lucirían 
tan altos pensamientos respecto de Nos, si al frente de ese clero no 
estuviesen los Prelados dándole su enseñanza y su ejemplo. 

Así, pues, confesamos de buen grado que ese evidente y oportuno 
testimonio de obsequio filial vino á darnos, en medio de las presen- 
tes amarguras, un apacible consuelo, por el que honramos con mere- 
cida alabanza á todos los que lo suscriben con sus nombres, y á los 
demás que se adhieran al mismo querer y sentir. A Nos, desde lue- 
go, nos alienta la segura confianza de que su piedad y su celo han de 
conseguir que muchos otros sucesivamente los imiten. Entre tanto, 
en testimonio de nuestro amor, y como prenda de aquella gracia ce- 
lestial, que á tan óptimas empresas dará calor y resultados próspe- 
ros. Nos, afectuosamente en el Señor, os enviamos la bendición 
apostólica, á tí, venerable hermano, á los eclesiásticos y á todo el 
rebaño confiado á tu vigilancia. 

Dado en Roma, junto á San Pedro, á 26 de Septiembre de 1893, 
año decimosexto de nuestro Pontificado. 

LEÓN PP. XIII.,, 



OBSERVACIO.VES METEOROLÓGICAS 



399 






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OBSERVACIONES METEOROLÓGICAS 



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CARTA 



DE NUESI^RO SANTISINIO PADRE 



LEÓN XIII, PAPA 



POR LA DIVINA PROVIDENCIA 



A LOS OBISPOS DE ESPAÑA 



A LOS Venerables Hermanos Arzobispos y Obispos de España: 




ENERARLES Hermanos, salud y bendición apostólica. 
Como sabéis, desde Nuestra exaltación al Pon- 
tificado, hemos procurado con gran celo y vigilan- 
cia hacer prosperar entre vosotros los intereses católicos, 
y en primer término consolidar la concordia de los ánimos 
y excitar al Clero para que trabaje con ardor y provecho. 
Pues bien: ahora, con el afán de siempre, hemos fijado 
Nuestra atención en vuestros jóvenes seminaristas, con 
ánimo de emprender, con vuestro' parecer y consejo, algo 
que sirva á su perfecta formación. 

Lo cual queremos que sea nueva prueba de la benevo- 
lencia paternal con que siempre os hemos distinguido á todos 
vosotros. Y con razón; porque no hemos olvidado los 
hechos de los españoles, ni ignoramos vuestra grandísima é 
La Ciudad de Dios.— Aúo Xlü. -íiúm. 230. 26 



402 CARTA DE SU SANTIDAD 



imperturbable constancia en la fe de vuestros abuelos y en 
la obediencia á la Sede Apostólica; constancia que fué la 
causa principal de que el nombre español llegase á adquirir 
tan grande gloria y extender su imperio tanto como lo ates- 
tiguan los monumentos históricos. Y Nos recordamos muy 
bien, y no queremos pasarlo en silencio, que de España Nos 
han venido muchos y muy grandes consuelos en Nuestras 
amarguras. Y por eso Nos es muy grato corresponder con 
particular afecto á vuestro amor y servicios. 

Mucho 3^ por largo tiempo floreció el Clero español en 
ciencias divinas y en bellas letras, medios por los cuales 
consiguió fomentar no poco la Religión cristiana y la gloria 
de su patria. Ni faltaron hombres generosos que, tomando 
á su cargo proteger los buenos estudios, proporcionaron 
cuantos medios cabían en su tiempo; ni escasearon tampoco 
ingenios capaces de estudiar la Teología y la Filosofía, 
cuanto más las letras humanas. 

Al engrandecimiento de estos estudios y enseñanzas, sa- 
bemos cuánto contribuyó la largueza de los Reyes Católi- 
cos, y el trabajo y afán de los Obispos. Y á todos alentó, por 
cuantos medios le fueron posibles, la Sede Apostólica, cons- 
tantemente empeñada en que á la santidad de las costum- 
bres cristianas no falte ni la luz, ni la filosofía, ni el esplen- 
dor y cultura de las humanas letras. En todo lo cual os le- 
garon insigne patrimonio de gloria, hombres tales (que 
pocos semejantes han tenido) como Francisco Sitares, Juan 
de Liigo^ Francisco Toledo y especialmente Francisco Ji- 
nie'nes, quien, bajo la dirección y auspicios de los Pontífices 
Romanos, pudo llegar á aquella excelencia de doctrina, con 
la que ilustró, no sólo á España, sino á toda Europa, 'prin- 
cipalmente con haber fundado en Alcalá aquellos estudios 
en que, educados los jóvenes in Dei Ecclesia, sapientice 
splendore^ taniquam stellce niatiitince coruscantes in veri- 
tatis via ceteros illuminare possent (1). 

De este terreno, cultivado tan hábilmente y con tanto 
celo, nació la cohorte de doctores ilustres que, convocados 



(1) Alejandro VI: Bulla ínter ccetera, Idibus Aprilis, 1499. 



CARTA DE SU SANTIDAD 403 

al Concilio de Trento por el Pontífice Romano y por el Rey 
católico, colmaron las esperanzas de ambos. No sorprende, 
por otra parte, que España haya visto nacer tan grandes 
hombres, porque sobi'e la nativa fuerza de los ingenios te- 
nía á mano medios é instrumentos aptísimos para con ellos 
alcanzar la perfección de los estudios. Basta traer ala me- 
moria las Universidades de Alcalá y Salamanca, que fue- 
ron, bajo la tutela de la Iglesia, domicilios de cristiana sa- 
biduría, á cuya memoria va necesariamente unida la de los 
Colegios que, á eclesiásticos notables por su afán de saber 
y su talento, prestaron las ventajas de una morada común. 

Pero á la vista está, Venerables Hermanos, la ruina que 
se ha hecho en tiempos posteriores. Las revoluciones, que 
en el pasado siglo y en el presente han agitado toda la 
Europa, han derribado y arrancado de cimiento aquellos 
establecimientos, en la fundación de los cuales, para aumen- 
to de la fe y de la ciencia, emplearon sus afanes y sus bie- 
nes juntamente los reyes y la Iglesia. Y destruidas de este 
modo las Universidades católicas con sus Colegios, los 
mismos Seminarios de Clérigos decayeron sensiblemente, 
faltándoles la abundancia de doctrina que de las grandes 
escuelas afluía á ellos, fuera de que les fué imposible man- 
tener su antiguo estado á causa de las guerras intestinas y 
turbulencias que algunas veces dieron otra dirección á las 
aspiraciones y fuerza de los ciudadanos. A tiempo y con 
grande empeño procuró la Sede Apostólica, de acuerdo con 
la autoridad civil, arreglar las cosas eclesiásticas que de la 
pasada tempestad habían quedado en mal estado; y fué su 
principal cuidado el de los Seminarios diocesanos, cu3^a res- 
tauración, como morada que eran de la piedad y erudición, 
interesaba así á los particulares como al público. Pero sa- 
béis muy bien que los hechos no correspondieron á las es- 
peranzas; porque ni había caudales suficientes, ni podían 
los estudios florecer y volver á su antiguo esplendor, pues 
la muerte de las antiguas Universidades había producido 
escasez de idóneos maestros. 

Las dos supremas potestades convinieron en que en al- 
gunas provincias se fundasen Seminarios generales^ á los 



404 CARTA DE SU SANTIDAD 



cuales se concedería la facultad de conferir grados aca- 
démicos á aquellos alumnos que con más amplitud hubiesen 
estudiado la Teología. Pero muchos han sido, y aún duran 
hoy, los obstáculos que han impedido la realización de 
aquel proyecto. Así es que, quitado de en medio el baluarte 
de las antiguas Universidades, se echan de menos muchos 
de aquellos auxilios, sin los cuales difícilmente puede el 
clero aspirar á la gloria de una completa erudición, de don- 
de proviene que unánimemente sientan y digan los pruden- 
tes que en los Seminarios es preciso añadir algo á los estu- 
dios, que los haga perfectos y colmados. Este es, pues, 
Nuestro mayor cuidado, especialmente cuando ponemos la 
vista en los ejemplos de Nuestros predecesores, que ningu- 
na ocasión desaprovecharon de fomentar los buenos estu- 
dios. Porque en esto principalísimamente se echó de ver la 
exquisita providencia de los Pontífices, en el empeño que 
pusieron en llamar de todas partes á esta misma ciudad, 
capital del Catolicismo, á jóvenes que aspiran al sacerdo- 
cio, y reunidos en Colegios; y con más grande em^peño, 
cuando en su patria carecían de los medios de estudiar, ó 
estaba en peligro la pureza de la doctrina, por haber repu- 
diado las autoridades públicas la vigilancia que sobre los 
estudios debe ejercer la Iglesia. 

Esta fué la razón de que se fundasen en Roma muchísi- 
mos Colegios, á los que suelen acudir los jóvenes extranje- 
ros á instruirse en ellos en las Ciencias sagradas, con el fin 
de emplear un día en utilidad común de sus propios pueblos 
las riquezas intelectuales y morales que en Roma acauda- 
laron. Y como de aquí se hayan cosechado, y aún se cose- 
chan hoy día, abundantes y saludables frutos, hemos tenido 
por cierto que haríamos bien en aumentar el número de di- 
chos Colegios, 3^ por esto abrimos en Roma uno para los 
armenios y otro para los de Bohemia, y hemos procurado 
hacer volver á su antigua prosperidad el de los maronitas. 

Nos hemos advertido con pena que entre esa muchedum- 
bre de jóvenes extranjeros es escaso el número de vuestros 
conciudadanos. Por lo cual, y entendiéndose que ha de ser de 
alguna ucilidad, Nos hemos resuelto conseguir que el Co- 



CARTA DE SU SANTIDAD 405 



legio Romano de Clérigos españoles, que fundó hace poco 
la solicitud de piadosos Sacerdotes, pueda, no solo tener 
estabilidad, sino prosperar rápidamente. Y, por tanto, es 
nuestra voluntad que cuantos jóvenes vengan al dicho Co- 
legio, bien sean de la Península ibérica, bien de las posesio- 
nes sujetas al Rey católico, estén bajo nuestro amparo, y 
viviendo en una morada común, bajo la dirección de esco- 
gidos profesores, se dediquen á aquellos estudios que por 
manera exquisita los perfeccionen intelectual y moral- 
mente. 

Para esta obra creemos que será sitio y casa convenien- 
te el palacio que hay en Roma, llamado de los Duques Al- 
temps, del nombre de sus primeros dueños, y que ahora es 
propiedad nuestra y de la Sede Apostólica, tanto más cuan- 
to que dicho palacio está ennoblecido con la capilla del Pon- 
tífice y Mártir Aniceto, cuyas cenizas allí descansan, y asi- 
mismo con la memoria de haber en él vivido Carlos Borro- 
meo. Otorgamos, pues, y concedemos el uso y usufructo de 
tal palacio á los Obispos de España, á condición de que de 
él se sirvan para recibir y cobijar en él á los Clérigos de su 
diócesis, si, como hemos dicho, se resolviesen á enviar algu- 
nos á esta ciudad para perfeccionar sus estudios. Y á fin 
de que lo que hemos pensado surta más pronto su efecto, y 
también para dar el tiempo necesario al arreglo del palacio 
y preparación de las cosas necesarias, juntaranse entre tan- 
to dichos Clérigos en una parte á propósito del palacio de 
la ilustre familia Alfieri. 

Nos designamos á los Arzobispos de Toledo y de Sevilla 
para tratar con Nos y con nuestros sucesores de los nego- 
cios graves del Colegio; y por tanto, mándameos que el 
presidente del Colegio dé cuenta cada año por escrito 
de los intereses del Colegio y de la disciplina y costumbres 
de los alumnos, no solo á nuestra Congregación de estu- 
dios, sino también á los Arzobispos susodichos, á cuyo car- 
go estará dar de ello relación á sus colegas los Obispos de 
España. 

A vosotros toca ahora, Venerables Hermanos, ayudar 
y llevar á su debido término esta obra por Nos comenzada, 



406 



CARTA DE SU SANTIDAD 



y con tanto empeño y trabajo cuanto requiere la cosa mis- 
ma y vuestras episcopales virtudes hacen esperar. 

Entretanto, como testimonio de nuestra especial benevo- 
lencia, á vosotros y al clero y fieles confiados á vuestro 
cuidado damos con el mayor amor en el Señor la Apostóli- 
ca bendición. 

Dado en Roma, en San Pedro, el día 25 de Octubre del 
año de 1893, décimo sexto de nuestro Pontificado. 



León, PP. XIII. 




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climatología ^'^ 



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BpjjjQicHO lo que precede, como síntesis general respecto 
i^ J del barómetro, vamos á apuntar los datos termo- 
II i^^l métricos, para con ellos, y los restantes elementos 
meteorológicos que iremos anotando, indagar más en par- 
ticular las relaciones de mutua dependencia que ligan á 
unos con otros, y muy en especial, con los accidentes regu- 
lares ó anormales de la presión del aire. 

B 

Temperaturas medias, máximas y mínimas anuales, en grados centígrados, 

desde el año 1878 i 1892. 





TEMPERATURAS 


Años, 


Medias. 


Máximas. 


Fechas. 


Mínima. 


Fechas. 


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1878 


14,0 


35,1 


29 Julio 


-7,0 


13 Enero 


42,1 


1879 


15,0 


36,2 


26 Julio 


-6,2 


25 Diciembre 


42,4 


1880 


13,8 


35,0 


20 Agosto 


-7,3 


29 Febrero 


42,3 


1881 


17,2 


40,2 


19 Agosto 


—5.8 


14 Diciembre 


46,0 


^882 


14,2 


37,2 


22 Agosto 


-8,7 


11 Diciembre 


45,9 


1883 


15,1 


36,5 


13 Agosto 


-6,3 


11 Marzo 


42,8 


1884 


15,5 


37,2 


23 Julio 


-6,1 


8 Enero 


43,3 



(1) Véase la pág. 321. 



408 



climatología 









TEMPERATURAS 




Años. 


Medias. 


Máximas. 


Fechas. 


Mínimas. 


Fechas. 


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O 


1885 


10,8 


39,0 


16 Agosto 


-19,5 


19 Enero 


58,5 


1886 


12,3 


39,0 


8 Agosto 


-7,2 


13 Diciembre 


46,2 


1887 


11,8 


40,2 


4 Agosto 


-12,0 


22 Diciembre 


52,2 


1888 


10,7 


37,3 


3 Junio 


- 9,0 


13 Diciembre 


46,3 


1889 


11,2 


37,3 


30 Julio 


-9,0 


25 Febrero 


46,3 


1890 


12,2 


40,0 


10 Septiembre 


-11,0 


29 Noviembre 


51,0 


1891 


11,2 


39,0 


14 Agosto 


-11,0 


19 Enero 


50,0 


1892 


12,1 


39,7 


18 Agosto 


-7,1 


15 Febrero 


46,8 


Resumen 
general. 


11,5 


40,2 


4 Agosto 
(1887) 


—19,5 


19 Enero 
(1885) 


59,7 



Por punto general los máximos y mínimos términos 
aparecen, según el cuadro anterior, menos extremados du- 
rante los años 1878 á 1885, que los pertenecientes desde este 
á 1892. Consecuencia de ello es que la media anual del pri- 
mer período es superior á la del segundo. Como máximo 
notable de temperatura deben considerarse los 40,2° á que 
alcanzó el termómetro de sombra el día 4 de Agosto del 87; 
temperatura que no se había experimentado igual desde el 
19 del mismo mes del año 1881. También es singular la mí- 
nima de 19 grados bajo cero, registrada el 19 de Enero de 
1885; puesto que en esta localidad es mucho que el termó- 
metro descienda hasta los 12°. No obstante, respecto del mí- 
nimo del 85, es preciso tener en cuenta que fué de los in- 
viernos más crudos que se han experimentado en este siglo 
tanto en Valladolid como en muchas otras partes "(1). Los 
13,2° de temperatura media deducida de las apuntadas en el 
resumen precedente se aproximan á la normal, con algún 



(1) Invierno de tristes recuerdos por los terremotos de Anda- 
lucía. 



climatología 



409 



error por exceso, debido sin duda á que los promedios de 
los siete primeros años del período que abraza el resumen 
son también algo superiores á la temperatura normal de 
Valladolid. Obedece esto á la distinta posición que han te- 
nido los termómetros en una y otra época; pues en la pri- 
mera hallábanse más bajos, y acaso menos ventilados délo 
que ahora están. 

Por lo que se relaciona con la temperatura, es el clima 
de Valladolid de los más extremados de Castilla. A ello 
contribuyen, creemos, en primer término, la topografía de 
estos terrenos y dilatadas planicies, sin montañas próximas 
que los resguarden, la escasa vegetación y, como conse- 
cuencia suya, la escasez de vapores acuosos que proporcio- 
nalmente impregnan la atmósfera y que tanto contribuyen 
á suavizar la temperatura. De aquí que por las circunstan- 
cias topográficas antes indicadas y la poca vegetación, el 
descenso de temperatura por efecto de la irradiación noc- 
turna, sea en general superior á la que debía corresponder 
por la altura sobre el mar y por la situación geográfica. Por 
eso las heladas son en Valladolid tan frecuentes y á veces 
tan intensas. Las mismas causas de la naturaleza de los 
terrenos inñuyen en el fenómeno contrario durante la esta- 
ción de los calores; hacen que las lluvias sean escasas en la 
mayor parte del año, el suelo se calienta más por falta de 
arbolado, dando como producto una oscilación térmica dia- 
ria muy considerable, altamente perjudicial para la agricul- 
tura, que no puede prosperar con cambios de temperatura 
tan profundos en el corto espacio de veinticuatro horas. Al 
considerar el promedio anual de temperatura correspon- 
diente á esta localidad, juzgaríase que Valladolid es clima 
algo más que templado; y, no obstante, teniendo en cuenta 
lo anteriormente dicho y el promedio de oscilación térmica 
diurna, el clima de Valladolid puede calificarse de extrema- 
do, casi tan extremado como el de Burgos. 



410 CLIMATOLOGÍA 



IV 



Respecto de la dirección y frecuencia de los vientos, de 
unos ó de otros rumbos, además de que la irregularidad es 
el carácter dominante, muy en harmonía con lo que sucede 
en las zonas templadas, tampoco pueden inferirse reglas 
generales; porque dado el sistema de observación emplea- 
do, falta lo más importante en estos estudios,que es la con- 
tinuidad y variaciones sucesivas de los meteoros. Dos, tres ó 
cuatro observaciones diarias acerca déla dirección del vien- 
to, sin anotar otros detalles, no bastan para decidir sobre 
cuáles sean los vientos dominantes en una comarca cual- 
quiera. Sin embargo, tal es el sistema puesto en práctica 
durante muchos años en la mayoría de nuestras estaciones 
meteorológicas. Nosotros tenemos registradas, durante al- 
gunos años, desde el 1878, tres observaciones diarias acer- 
ca de la dirección del viento. Las horas de observación 
eran, como ya hemos dicho, las seis de la mañana, las 
doce del día, y seis de la tarde. En los años últimos, hanse 
consignado solamente las direcciones del viento alas nueve 
de la mañana y á las tres de la tarde. Imperfectos y todo 
los datos que tenemos acerca de este punto, aparecen en 
resumen en el cuadro siguiente. 

En él se advierte que durante los siete primeros años, 
los rumbos de donde se observó que el viento soplaba con 
más frecuencia, fueron el N., O. y SO., siendo del SE. y del 
E. los puntos de menor frecuencia. Asimismo, el período de 
los últimos ocho años, en que las horas de observación se 
cambiaron, y eran dos en vez de tres, arroja el mayor nú- 
mero de direcciones observadas del SO., del NE. y N., así 
como el mínimum pertenece al E. y al SE. 

Realmente, y aun prescindiendo de lo que en el cuadro 
se indica, la dirección más frecuente de los vientos en Va- 
lladolid es del O. y SO.: siguen después en orden de impor- 
tancia los puntos N., NE. y NO. Las direcciones del E., SE. 
y S. suelen ser las menos frecuentes. 



climatología 



411 



o 





DIRECCIONES DE LOS VIENTOS 


Años. 


N. 


NE. 


E. 


SE. 


s. 


so. 


o. 


NO. 


1878 


243 


79 


209 


22 


180 


148 


152 


62 


1879 


243 


144 


142 


39 


67 


171 


219 


70 


1880 


278 


234 


15 


27 


52 


167 


212 


113 


1881 


257 


80 


45 


50 


104 


74 


328 


157 


1882 


322 


47 


19 


54 


80 


84 


348 


141 


1883 


332 


61 


62 


83 


98 


134 


269 


56 


1884 


274 


35 


26 


34 


65 


40 


142 


23 


Resumen 
general. 


1949 


680 


518 


309 


646 


818 


1670 


622 





DIRECCIONES DE LOS VIENTOS 


Años. 


N. 


NE. 


E. 


SE. 


s. 


so. 


0. 


NO. 


1885 


143 


84 


61 


19 


69 


209 


73 


71 


1886 


106 


116 


19 


37 


56 


235 


77 


84 


1887 


81 


211 


18 


27 


27 


209 


67 


90 


1888 


100 


125 


27 


59 


68 


197 


73 


83 


1889 


176 


96 


20 


38 


90 


144 


104 


62 


1890 


114 


117 


21 


32 


121 


143 


74 


108 


1891 


66 


215 


17 


27 


88 


188 


72 


57 


1892 


49 


144 


45 


47 


140 


188 


75 


44 


Resumen 
general. 


835 


1108 


228 


287 


659 


1513 


615 


599 



Para completar en parte el resumen que precede, sirven 
los que siguen de la velocidad del viento. No se instaló el 
anemómetro hasta el año 1884; por lo cual sólo constan sus 
indicaciones desde el 1885 inclusive en adelante. 



412 



CLIMATOLOGÍA 



D 



Velocidades del viento en kilómetros y fechas de intensidad 
máxima en un día. 





VELOCIDAD 


Años. 


Media. 


Máxima. 


Fecha. 


1885 
1886 
1887 
1888 
1889 
1890 
1891 
1892 


224,9 
203,1 
203,0 
193,2 
222,8 
233,9 
232,5 
209,9 


753,3 
824,5 
798,3 
771,1 
1229,6 
781,3 
790,0 
770,0 


5 Marzo. 
12 Diciembre. 

8 Diciembre. 
28 Marzo. 

8 Abril. 
27 Febrero. 

21 Enero. 

22 Agosto 



Promedio de los 8 años: 215,4. 



No deja de llamar la atención la falta de regularidad 
que se advierte en los promedios anuales de la velocidad 
del viento; pues entre la máxima y mínima medias corres- 
pondientes á los años 1890 y 1888 hay la diferencia notable 
de 40,7 kilómetros. Señálase asimismo un movimiento ex- 
traordinario de la masa atmosférica, con la velocidad má- 
xima ocurrida en 8 de Abril de 1889, y es también digno de 
llamar la atención del observador, el que la máxima inten- 
sidad del viento durante el año 1892 se haya registrado en 
Agosto, época por lo general bastante tranquila en el orden 
meteorológico. 

Comparando estos resultados con los números de días 
de calma, brisa, viento y viento fuerte, consignados en el 
resumen que ponemos á continuación, se ve desde luego 
que el año 1890, al que corresponde la máxima velocidad, 
fué muy ventoso. Así y todo superan, en los ocho años, los 
días de calma y de ligera brisa á los de viento y de vienta 
fuerte. 



climatología 



413 



E 







DÍAS DE 




Años. 


Calma. 


Brisa. 


Viento. 


Viento fuerte. 


1885 


156 


125 


68 


16 


1886 


137 


108 


64 


56 


1886 


93 


121 


83 


68 


1888 


119 


105 


66 


76 


1889 


95 


97 


85 


88 


1890 


96 


81 


78 


110 


1891 


96 


94 


80 


95 


1892 


89 


104 


80 


93 


Resumen.. . . 


881 


835 


604 


602 



V 



Uno de los datos más importantes para el conocimiento 
del clima de una comarca, es la mayor ó menor transparen- 
cia del aire, más ó menos obscurecido por las nubes. Con- 
siderado en conjunto el fenómeno, puede decirse que en 
Valladolid abundan más los días cubiertos ó casi cubiertos 
que los despejados y claros. Sabido es desde antiguo cuan 
persistentes suelen ser las nieblas bajas y cerradas en esta 
localidad durante la estación del invierno. Hace menos de 
tres lustros en que era frecuente pasarse tres y más sema- 
nas sin ver los rayos directos del sol; y cuando á esta 
persistencia de la niebla se unía una baja temperatura, lo 
cual era muy frecuente, la vida en Valladolid era poco 
menos que insoportable para los que careciesen de medios 
de protegerse del frío intenso y prolongado que se expe- 
rimentaba. La situación de Valladolid á la orilla izquierda 
del Pisuerga, cruzada la población por las dos Esguevas, 
el Canal de Castilla al otro lado del Pisuerga, y al lado 
opuesto, y no á mucha distancia, el río Duero, al cual va á 



414 



CLIMATOLOGÍA 



unirse el Pisuerga cerca de Simancas, eran y son, á nuestro 
modo de ver, las causas principales de las nieblas á que ve- 
nimos refiriéndonos. Nótase de algunos años á esta parte 
gran disminución en la intensidad del fenómeno. Las condi- 
ciones climatológicas de la comarca no han cambiado, y sin 
embargo, las célebres nieblas de Valladolid de estos últimos 
años, no tienen comparación con las de épocas pasadas. 
Cambio tan ventajoso no puede atribuirse á otra causa que 
al haberse cubierto las Esguevas que antes corrían al aire 
libre. Con esto bien se echa de ver cuanto habrá ganado la 
capital de Castilla la Vieja, no sólo en lo que se refiere á la 
higiene y salubridad de la población, sino en limpieza, por- 
que es de advertir que dichos ríos Esguevas corren siempre 
con aguas cenagosas é impregnadas de miasmas poco favo- 
rables á la salud pública. 

Desde 1878 á 1885 en que se registraban tres observacio- 
nes diarias, nuestros resúmenes, respecto del estado del cie- 
lo, indican el número de veces que se obervó despejado^ nu- 
boso y cubierto, según puede verse en el siguiente cuadro: 



F 

Estado del cielo de 1878 á 1885. 





DÍAS 


Años. 


Despejados. 


Nubosos. 


Cubiertos. 


1878 


505 


225 


365 


1879 


568 


361 


166 


1880 


439 


421 


238 


1881 


497 


445 


153 


1882 


492 


394 


209 


1883 


462 


336 


297 


1884 


267 


198 


174 


Totales. . 


3230 


2380 


1602 



Sumando las veces en que el horizonte se ha visto más ó 
menos entoldado por las nubes, resulta 3.982, por 3.230 ve- 



CLIMATOLOGÍA 



415 



ees en que se ha observado limpio el cielo de nubes. La di- 
ferencia no es mucha, si bien conviene tener presente que 
nada puede concluirse en contra de lo dicho antes; porque 
las observaciones se refieren á horas determinadas del día. 
Veráse esto mejor en el resumen que sigue, en cuyos datos 
ya no se atiende al estado nebuloso de una hora fija, sino á 
la mayor ó menor cantidad de nubes que durante las vein- 
ticuatro horas del día han empañado al horizonte. Se con- 
sideran como días despejados aquellos en que ó no ha ha- 
bido nubes, ó éstas no han llegado á cubrir la décima parte 
del cielo. Análogamente se clasifican de días cubiertos los 
en que ni la décima parte del horizonte ha llegado á estar 
sin nubes: los grados intermedios entre estos dos extremos 
entran en el grupo de días nubosos. Como se ve, tal clasifi- 
cación, además de poco precisa, está siempre sujeta á los 
errores de apreciación personal. 

G 

Estado del cielo. 





DÍAS 


Años. 


Despejados. 


Nubosos. 


Cubiertos. 


1885 


121 


92 


152 


1886 


96 


125 


144 


1887 


121 


129 


115 


1888 


124 


93 


149 


1889 


130 


64 


171 


18Q0 


111 


141 


113 


1891 


79 


117 


169 


1892 


88 


144 


134 


Totales. . 


870 


113 


1147 


Promedios anuales 


109 


113 


144 



Aquí aparece el exceso de los días cubiertos sobre los 
limpios y simplemente nubosos. Resulta menos de una ter- 



416 



climatología 



cera parte del año de tiempo claro y más de dos terceras 
partes de tiempo nuboso. Veremos más tarde qué relación 
guardan estas condiciones atmosféricas con los fenómenos 
de precipitación acuosa y con los de evaporación ordina- 
riamente observada en esta localidad. Véanse entre tanto 
los días de lluvia más ó menos abundante, de niebla pro- 
piamente dicha, de roció, escarcha y helada, nieve^ grani- 
zo y tempestad: 



H 





DÍAS DE 


Años 


Lluvia 


Niebla 


Rocío 


Escarcha 


Nieve 


Granizo 


Tempestad 


1885 


37 


28 


76 


69 


9 


4 


17 


1886 


27 


76 


75 


77 


6 


6 


4 


1887 


24 


51 


121 


76 


15 


5 


25 


1888 


42 


69 


81 


99 


22 


10 


13 


1889 


25 


57 


47 


74 


14 


5 


12 


1890 


10 


41 


11 


49 


8 


3 


11 


1891 


19 


24 


50 


26 


5 


7 


4 


1892 


32 


34 


68 
521 


54 
524 


11 


4 


12 


Totales . . . 


216 


380 


90 


44 


98 



Abundan, como se ve, los días de niebla y de escarcha 
y escasean proporcionalmente los de lluvia y nieves bien 
así como las tempestades eléctricas y pedriscos, que, si en 
ocasiones suelen desarrollarse con bastante intensidad, afor- 
tunadamente son poco frecuentes. Pero esto último, que 
constituj^e una ventaja porque los perjuicios ocasionados 
por las tempestades atmosféricas escasean también, es un 
inconveniente, porque durante el verano, desde Mayo á 
Septiembre, no suele llover sino en forma de tempestad, y 
las sequías son frecuentes, de consecuencias más transcenta- 
les que los pedriscos; toda vez que ^stos^ por lo general, 
abrazan siempre zonas estrechas, cuando la falta de aguas 
alcanza á toda la región. La cantidad total de agua recogi- 
da en los ocho últimos años, el máximo de precipitación ob- 



climatología 



417 



servado en un día, y la mínima cantidad que ha podido 
apreciarse, así como los promedios anuales correspondien- 
tes, y la evaporación media diaria, constan en el resumen 
adjunto. En el total de agua recogida en el pluviómetro, se 
incluye también la que haya podido precipitarse por efecto 
de las nieves, escarchas y rocíos. 



Precipitación acuosa y evaporación media en milímetros. 





LLUVIA 




Años. 


Total. 


Máxima en un día. 


Mínima en un día. 


Promedio 
diario. 


Evaporacióa 
media. 


1885 


361,3 


19,9 (Junio) 


0,5 (Diciembre) 


0,99 


4,1 


1886 


333,7 


21,3 (Septiembre) 


1,7 (Enero) 


0,91 


3,8 


1887 


313,0 


24,0 (Octubre) 


1,3 (Febrero) 


0,87 


5.2 


1888 


354,5 


24,3 (Mayo) 


3,0 (Febrero) 


0,97 


4,2 


1889 


352,7 


21,4 (Mayo) 


0,8 (Noviembre) 


0,97 


3,4 


1890 


161,3 


18,5 (Febrero) 


0,4 (Noviembre) 


0,99 


ij 


1891 


323,1 


25,1 (Noviembre) 


0,1 (Febrero) 


0,88 


5,1 


1892 


334,5 


26,5 (Mayo) 


1,4 (Julio) 


0,91 


5,7 


Resumen 
general. 


2534,1 


26,5 


0.1 


0,94 


4,6 



El número 2534,1 milímetros de lluvia total en los ocho 
años, representa una capa de líquido caída sobre el suelo 
de Valladolid, de más de dos metros de espesor, cantidad 
de agua que parece considerable, pero que en realidad es 
muy poca para fecundizar la tierra. Repartida entre los 
días que contienen los ocho años, no llega á un milímetro 
la que corresponde á cada día. Si ahora se tiene en cuenta 
que gran parte del agua precipitada en la lluvia, nieve ó 
rocío, vuelve á evaporarse antes de penetrar en el suelo, y 
que otra cantidad muy considerable corre en arroyos para 
seguir después el curso de los ríos, se comprenderá que es 
muy poca la humedad que por efecto de las lluvias anuales 
han de conservar los campos vallisoletanos. 

Los datos evaporométricos arrojan un promedio diario 

27 



418 CLIMATOLOGÍA 



de evaporación de 4,6 milímetros. Lo cual supone que en los 
ocho años á que nos referimos, ha podido evaporarse en 
esta localidad una capa de agua de más de trece metros de 
espesor, de los cuales sólo dos y medio habrían vuelto á 
descender en forma de lluvia. Para comprender mejor este 
punto, supongamos dos depósitos, uño, de trece metros de 
profundidad, lleno de agua, expuesto constantemente al 
aire libre, ala evaporación constante; supongamos que en 
los ocho años no ha entrado en el dicho depósito ni una gota 
más de agua; al fin de los ocho años este depósito estaría 
completamente seco por sólo la fuerza de evaporación. Ad- 
mitamos que el otro depósito supuesto se halla en condi- 
ciones adecuadas para recoger el agua de lluvia, nieves, et- 
cétera, y al mJsmo tiempo, que ni una gota de liquidóse 
evapora ni se pierde por ninguna otra causa. Mientras del 
primer depósito ha desaparecido una capa de líquido de 
trece metros, en el segundo, en igualdad de superficie, el 
agua recogida apenas habrá subido más de dos metros y 
medio. La diferencia es enorme; la tierra tiene que encon- 
trarse, como frecuentemente se encuentra, tan seca, que ni 
una molécula de vapor acuoso puede suministrar al aire 
ambiente. Cierto que los fenómenos de evaporación no se 
verifican con igual intensidad en los evaporatorios ordina- 
rios y en la superficie libre del terreno: en éste las circuns- 
tancias de permeabilidad, la capilaridad, etc. de las capas 
del suelo, la vegetación, la exposición á Las corrientes 
aéreas, etc., etc. facilitan á veces el tránsito del estado lí- 
quido al vaporoso, mientras en otras ocasiones, ó con cir- 
cunstancias distintas, el agua se evapora con maj^or dificul- 
tad. En los evaporómetros de observatorio, las condiciones 
del instrumento y las circunstancias del fenómeno vienen á 
ser siempre las mismas. Al conjunto de todas estas circuns- 
tancias y de otras difíciles de mencionar aquí, debe atri- 
buirse el exceso de evaporación sobre la precipitación 
acuosa y agua desprendida délas nubes. 

El fenómeno de evaporación del agua al contacto del 
aire atmosférico es de los más importantes y acaso de los 
menos estudiados en la Meteorología. El exceso de la eva- 



CLIMATOLOGÍA 419 



poración sobre la precipitación anuales es un hecho cons- 
tante, comprobado en las zonas templadas; en las intertro- 
picales la evaporación es aún más intensa; pero también 
más frecuentes y más abundantes las lluvias, la humedad 
relativa del aire es mayor y más regular al mismo tiempo. 
Préstanse estos hechos meteorológicos á reflexiones muy 
curiosas; la superñcie del Océano, tres veces más extensa 
que la superñcie continental, presenta á la vista del obser- 
vador atento uno de los fenómenos más grandiosos, por el 
solo hecho de la evaporación. Durante un año el nivel de 
las aguas de los mares debía descender por término medio 
unos dos metros, toda la masa de líquido que supone una 
capa de dos metros de espesor es elevada por la fuerza de 
evaporación á las altas regiones del aire, encargado de lle- 
var en sus alas la vida y fecundidad á terrenos áridos y es- 
tériles, que esperan el benéfico influjo de las lluvias para 
producir sus frutos. A pesar de esto, el nivel de los mares, 
si bien parece descender gradual y paulatinamente, su des- 
censo es muchísimo menor de lo que sería si el agua que de 
los mares, en forma vaporosa, se desprende, á ellos no vol- 
viese, ya en forma de lluvia, bien arrastrada por las impe- 
tuosas corrientes de los ríos. En esto, como en todos los fe- 
nómenos naturales, es maravilloso el orden según el cual 
se cumplen las leyes de compensación y la existencia del 
equilibrio harmónico entre dinamismos gigantescos. Los 
vapores acuosos procedentes de la superficie del terreno, 
elevados en la atmósfera, son constantemente trasladados 
á otras regiones por la fuerza de las corrientes aéreas, has- 
ta encontrarse en condiciones de saturación el aire que los 
lleva }'■ volver nuevamente á la tierra para regarla en forma 
de llüviaj nieve, rocío, etc. Probablemente, de la enorme 
cantidad de agua que supone la evaporación constantemen- 
te realizada en los campos de Castilla la Vieja, poca ó casi 
ninguna volverá á descender sobre los mismos campos; 
pues antes de condensarse y descender, los vientos que la 
arrastran han salvado las fronteras. De forma que si de 
otra parte no llegase la compensación, pronto los campos 
castellanos serían un desierto sin vida y sin calor. 



420 CLIMATOLOGÍA 



Hemos indicado que la naturaleza del suelo, la vegeta- 
ción más ó menos abundante, y otras mil causas, influ3^en en 
la intensidad de los fenómenos de evaporación. Cualquiera 
ve que los terrenos cubiertos de vegetación espesa conser- 
van mejor la humedad; porque, impidiendo la acción direc- 
ta del sol, dificultan la formación de vapores y aun los que 
se forman son arrastrados por el aire más difícilmente. Dé- 
jase comprender por esto el benéfico influjo que los bosques 
y los montes han de causar en el clima de un país, y, por lo 
mismo, en las producciones de su suelo. Si en estos campos 
de Castilla el arbolado y la vegetación inculta fuese más 
abundante, más abundarían las cosechas y la producción 
de los terrenos cultivados; la temperatura sería más regu- 
lar y sus oscilaciones menos extremadas. El agricultor, con 
menos trabajo de cultivo, obtendría duplicado rendimiento 
de sus afanes y fatigas. Desgraciadamente, ésto se ha olvi- 
dado en absoluto, ó mejor, nunca se ha tenido en cuenta: el 
agricultor, el hortelano y todos los que se dedican rutina- 
riamente á los trabajos agrícolas, aborrecen el arbolado, y 
lejos de tratar de la repoblación de bosques y montes es- 
quilmados, el afán de todos se emplea en destruir el que 
espontáneamente la tierra produce. De aquí las sequías fre- 
cuentes que esterilizan los campos. Difícil es poner remedio 
á tanto mal, porque es muy difícil el hacer comprender á 
los agricultores la causa que lo produce. Sólo una ilustra- 
ción adecuada ala clase agricultora, dirigida conveniente- 
mente, sería capaz de oponerse al torrente y fiebre destruc- 
tores del arbolado y de los montes; pero bien puede asegu- 
rarse que antes de llegar esa ilustración á nuestro pueblo 
del campo dedicado á la labranza, habrán desaparecido de 
los campos de España los últimos restos de vegetación, si 
hasta ellos puede alcanzar la mano del hombre armada de 
hacha y sierra. 

Fr. ^ngel J^odríguez, 
Agustiniano. 
{Concluirá) 






p t^r c-r: ; . r 



r^ ,,-^ 







La Fisiología de las Células ^^^ 



Señores: 




jos progresos de las Ciencias modernas ensanchan 
de tal modo los horizontes de nuestra visión física 
é intelectual^ que creeríamos en el número infini- 
to de las maravillas del universo si la Filosofía no nos de- 
mostrase la imposibilidad de la existencia de este número. 
La Química, mediante el análisis y la síntesis, nos da á co- 
nocer de día en día nuevas substancias; la Física hace cons- 
tantemente bellas aplicaciones de la electricidad y del vapor; 
los estudios geológicos, después de describirnos la fisono- 
mía, por decirlo así, de la corteza terrestre, quieren inter- 
narnos en los lugares en donde se forjan el terremoto y el 
volcán, y con el auxilio de la sonda recorre los canales, las 
aristas y pendientes de las montañas submarinas. La Astro- 
mía no se satisface con medir las órbitas de los astros cono- 
cidos y encerrar en fórmulas sus colosales dimensiones, los 
planos de sus movimientos, la longitud é inclinación de sus 
ejes, y analizar la constitución íntima de sus masas; sino 
que con el poder del anteojo y por métodos rigurosamente 



(1) Discurso leído en la solemne apertura del curso académico de 
1893-94 en el Real Colegio de segunda enseñanza del Escorial, con 
asistencia de la Serenísima Infanta Doña Isabel de Borbón y Borbón. 



422 LA FISIOLOGÍA 



científicos hace surgir del fondo obscuro de los espacios, 
mundos nuevos sin explorar, y establece sus leyes regulado- 
ras, sus influencias recíprocas, 3'' el ñn harmónico á que 
tienden. Hasta la Meteorología quiere hallar en los conti- 
nuos cambios atmosféricos puntos de apoyo en donde ñjar 
sus leyes. 

Pero en este suelo que habitamos, grano imperceptible 
en la extensión del sistema solar, como el solar en los este- 
lares, .hay algo más grande y más hermoso que todas esas 
maravillas del mundo de la materia: las manifestaciones de 
la vida. No ya la gigante ballena 

Que alza dos ríos de agua hasta los cielos 
Y agita el mar del Norte al rebullirse (1); 

no ya las formaciones madrepóricas y los arrecifes de coral 
que forman 290 islas sólo en las regiones tropicales del Pa- 
cífico; no ya los millones de Nunmolites extinguidos que 
constituyen inmensas rocas de caliza en los Pirineos y en 
los Alpes, en el Líbano y el Cáucaso, el Altai y el Himalaya; 
no ya los humildes Radiolarios cuyos hermosos esqueletos 
se hallan en todas las capas geológicas y á cuya acumula- 
ción deben su existencia las islas de Nicobar, las Bermu- 
das y gran parte de la Sicilia; sino la sorprendente variedad 
de otros animales submarinos, hablan más íntimamente al 
alma que "los cielos cantando la gloria de Dios,,. Allí, seño- 
res, en las densas tinieblas del abismo del Océano, á donde 
no llega la luz, y la cantidad de agua representa sumas 
enormes de toneladas de peso, hay habitantes de huesos ca- 
vernosos y articulaciones flojas, sin lo cual serían aplasta- 
dos; dotados de fosforescencia unos, á manera de lámparas 
eléctricas, como las estrellas y las plumas de mar; sin esa 
fosforescencia otros, microscópicos, porque no lo necesitan 
para realizar sus actos, y todos y cada uno de ellos revelan 
la misma sabiduría "que ha fabricado las auroras y los so- 
les„. En la tierra, dice Flammarion, un nido con ruiseñores 
vale tanto, por lo menos, como el sistema planetario con las 



(1) Arólas. 



DE LAS CÉLULAS 423 



fabulosas cantidades de fuerza viva que irradia: yo creo que 
vale más. 

Impulsado el hombre por esa curiosidad nativa á buscar 
las razones últimas de las cosas, quiso saber lo que se en- 
cerraba bajo aquellas formas orgánicas; y penetrando con 
la mirada á través de los tejidos, el filósofo creyó sorpren- 
der á la vida, y la definió, si no con exactitud, porque la 
vida se siente y no se define, por lo menos con más acierto 
y profundidad que lo hacen los modernos fisiólogos. El an- 
tiguo anatómico desgarraba sin piedad el organismo y con 
su implacable bisturí rompía la trama hasta descomponerla 
en redes, y por las redes llegó á conocer los nudos; pero no 
sabía que en cada fibra pendiente del bisturí llevaba un 
mundo de seres muertos. 

Sin embargo, la Ciencia de hoy no debe lanzar una mi- 
rada de desdén á las Ciencias de ayer: no hay que olvidar, 
como suelen olvidarlo algunos naturalistas, que la Ciencia 
no es de un día, de un año, de un siglo, de una generación, 
ni de un pueblo. Está formada por cien pueblos y cien ge- 
neraciones en épocas distintas. Si á nosotros nos parecen 
obstáculos para la Ciencia algunos procedimientos de los 
hombres de ayer, es porque no se tiene presente que en todo 
edificio hay muros y andamiajes que derribar, pero que son 
imprescindibles para subir á lo alto. Sin contar con que la 
selección es más evidente y clara en el campo de las ideas 
que en el de la naturaleza: observar, comprobar, aquilatar, 
escoger y construir es obra de toda Ciencia y Arte. 

Desenmarañar la pasmosa urdimbre de que están com- 
puestos los seres y sujetar las mallas complicadísimas en 
donde se desarrollan; desentrañar los misterios que encie- 
rran y conocer el curso por donde circula la savia en vías 
innumerables, secreta y silenciosamente, hasta llegar al 
manantial...; esto no pudo ser obra de un hombre solo. Mu- 
cho hicieron los hombres de ayer, cuando únicamente por 
la composición externa confinaron la vida en el órgano; y 
más, al centralizarla en el tejido. Si se les ocultó la estruc- 
tura íntima de éstos, y el límite de la materia viva, culpa 
fué de los tiempos, no de los hombres. Es segurísimo que la 



424 LA FISIOLOGÍA 



Ciencia de mañana, empleando el mismo procedimiento que 
hoy usan algunos para con la antigua Ciencia, se reirá de 
muchas interpretaciones nuestras que hoy se consideran 
verdad, y que ellos demostrarán que han sido errores, si 
no imposturas. 

El descubrimiento de un ángulo mayor de abertura en 
los objetivos del microscopio y el hallazgo feliz de un reac- 
tivo colorante y selector , pueden indudablemente borrar de 
los anales de la Ciencia experimental páginas enteras que 
hoy juzgamos gloriosas y mañana serán padrón de nuestra 
ignorancia, si no en los hechos, en los comentarios. Diga 
esto, señores, porque los adelantos en la perfección del mi- 
croscopio son el motivo de ese orgullo, hasta cierto punto 
justificado, de la Ciencia moderna. 

Y ciertamente, ¡qué panoramas nos ha revelado el mi- 
croscopio y qué beneficios puede reportar á la humanidadl 
¿Quién enumerará los triunfos conseguidos con su aplica- 
ción al análisis químico, al estudio de las enfermedades in- 
fecciosas, al conocimiento de las alteraciones que sufren 
las substancias alimenticias, y á las investigaciones médico- 
legales? Con él se analizan hoy los elementos constitutivos 
de las rocas, ofreciendo á nuestra vista colores tan inten- 
sos, tan vivos y tan varios, que el pincel más hábil no puede 
trasladar al lienzo: y retrocediendo de siglo en siglo, y de 
edad en edad, ó fijándose en los tesoros adquiridos con él» 
se nos lleva á las formaciones primordiales de la corteza 
terrestre y á la elaboración de los minerales en el seno de 
la pirosfera. Con él se han agrandado los campos de la 
Ciencia, y se ha roto la valla tras de la cual se esconde la 
vida: se han descubierto nuevas tierras y nnevos cielos, is- 
las inexploradas y bosques impenetrables, y su luz, más po- 
derosa que la del anteojo, nos ha hecho ver, mediante los 
reactivos, orígenes de seres más estupendos que los de los 
astros en la primitiva nebulosa, leyes tan sublimes como 
los de la Mecánica celeste, constelaciones de organismos 
invisibles, ínfimas criaturas en las cuales parece que Dios 
ha colocado el secreto de la vida y de la muerte. A él, en 
resumen, deben en parte sus progresos la Morfología y la 



DE LAS CÉLULAS 425 



Fisiología, la Embriogenia y la Organogenia, la Anatomía 
comparada y la Patología, la Anatomía descriptiva y la 
Histología normal. 

De esos elementos primordiales de los tejidos, descu- 
biertos por el microscopio, es decir, de los que podríamos 
llamar formas-límites de la materia viva, os voy á hablar 
en este discurso. En España no solemos hacernos cargo de 
lo que sucede en el mundo hasta que nos lo comunica el úl- 
timo figurín francés: así que, fuera de algunas personas 
ilustradas y de otras pocas que trabajan en este asunto con 
honra de la Patria y de la Ciencia, hablar de células á los 
españoles restantes es como hablarles de proezas mitológi- 
cas. Vulgarizar, pues, tales conocimientos en nuestro país; 
indicar lo que otros hacen, por qué corrientes la Ciencia ca- 
mina, qué modificaciones ha sufrido, qué perspectivas nos 
ofrece, qué campos y maravillas descubre, y qué revolucio- 
nes prepara en los estudios de la naturaleza, es hacer un 
bien á la multitud. 

Excuso advertir, señores, que para los sabios yo no he 
de decir nada nuevo, y que en materia tan vasta como la de 
las células he de limitarme especialmente á la fisiología de 
las mismas; haciendo ver, según mi humilde criterio y en 
consideraciones breves y generales, lo que es la célula en 
esencia y lo que significa en el organismo. 



I 

¡Cuan alta idea del organismo humano tenían los anti- 
guos al deducir de su estructura una de las pruebas más só- 
lidas de la existencia de la Divinidad (1)! Hoy podemos fun- 
dar esa demostración en la estructura de cualquier orga- 
nismo, por sencillo y humilde que sea. Queda embelesado el 
vulgo al contemplar la belleza de una flor con sus matices 
de colores^ al aspirar los perfumes que de su corola se des- 



(1) Galeno dice que un libro de Anatomía es el himno más hermo- 
so que puede entonar el hombre en honor del Creador. 



426 LA FISIOLOGÍA 



prenden, y exclama: "¡Qué hermosa es!„ ¡Si pudiera con- 
templarla por dentro á la luz del microscopio, y ver aquel 
palacio viviente de la forma orgánica, las mallas vistosísi- 
mas de donde brotan los colores, y en donde se elaboran los 
perfumes, seguramente exclamaría: "¡cuan grande es Dios!„ 
Sí, señores: en ninguna parte de las criaturas visibles se os- 
tentan con destellos más vivos y términos más elocuentes 
la omnipotencia y sabiduría infinitas que en el mundo mi- 
croscópico. 

Aquel naturalista insigne que elevó la Botánica á la ca- 
tegoría de verdadera ciencia, y sistematizó todas las demás, 
el gran Linneo, después de recorrer con mirada penetrante 
las bellezas singulares de los organismos y describirlos con 
tal elegancia que nadie le superó, abrumado por tanta glo- 
ria y majestad exclamaba: "yo salía como de un sueño 
cuando Dios pasó cerca de mí: pasó de lado y me llené de 
estupor. He rastreado las huellas de sus plantas en las cria- 
turas, y en todas, en las ínfimas y más cercanas á la nada, 
¡qué poder, qué sabiduría, qué inefables perfecciones he 
contemplado!,, 

A estas ínfimas criaturas y cercanas á la nada, pertene- 
cen las células, cuya inmensa mayoría se mide por milési- 
mas de milímetro. Y sin embargo, la célula es lo único que 
nace y lo único que en los seres animados se desarrolla, 
crece y muere: factor esencial y artífice de todos los teji- 
dos; nuestro cuerpo todo, el animal y el vegetal, el grande 
y el pequeño, son compuestos de células; el órgano princi- 
pal y el rudimentario de células están formados, y la fun- 
ción más noble ó menos noble por células ó mediante célu- 
las se ejerce. Nada hay en que la célula no se vea, y nada 
donde no impere; es el ánfora, la madre y la depositarla Je 
la vida orgánica, cuya muerte causaría la de sus hijos, es 
decir, la del reino vegetal y animal por entero. 

Organismo de los organismos, la célula es algo semejan- 
te á la tierra en que habitamos, y de la cual conocemos la 
superficie y algo del fondo. Allí, como aquí, hay territorios, 
zonas y latitudes. Las cadenas de montañas, por hebras de- 
licadísimas están representadas en la célula; los mares por 



DE LAS CÉLULAS 427 



los líquidos que contiene; las fuerzas dinámicas, por las 
energías vitales; y tiene su atmósfera y órbita caracterís- 
ticas. Pero su fondo íntimo nos es desconocido, como el de 
este mundo- 
Si yo pretendiera describiros los elementos constitutivos 
de estos seres microscópicos, empezaría diciendo que la Bio- 
química ha sido, hasta hoy, impotente para enumerarlos: aún 
no ha podido contar las piezas de esta máquina, aparente- 
mente sencilla y en verdad tan complicada; ni sabe con cer- 
teza de qué se compone cada elemento, cómo se enlaza con 
los otros, y qué fin le ha señalado el Creador. Lo que sabe 
la Ciencia es que cada uno tiene naturaleza particular y ma- 
ravillosa, pero no ha podido aislarle. Y cuanto más profun- 
diza en su estudio, más dilatados horizontes descubre. 

Para que estos organismos revelasen sus misterios, fué 
necesario desgarrar sus entrañas, y para sorprender el se- 
creto de su vida, fué preciso darles muerte. Así se descu- 
brió que tres piezas importantes entran en la composición 
de la célula, que los antiguos llamaron así por compararla 
con las celdillas de los panales de miel: el protoplasma, la 
membrana y el núcleo. Aquel es una substancia brillante, 
blanda y tenaz, extensible sin ser elástica, gelatinosa y per- 
meable, envuelta en un- armazón llamado reticiilo, de ma- 
llas poligonales, que son el encanto de la vista; irritable y 
contráctil, experimenta las excitaciones exteriores, y el 
jugo líquido que surca su seno, viene á ser como la sangre 
cuyos flujos determinan quizá los movimientos espontáneos 
y corrientes internas, lentas ó rápidas, aunque su significa- 
do no se conozca (1). 

Rodeando al protoplasma hay una membrana, que puede 
ser doble, y que le sirve como de manto protector, blanca 
y transparente, sin dejar de ser densa, y formada como de 
prismas yuxtapuestos. No siempre en el centro del protoplas- 
ma se destaca un cuerpecillo flotante, el núcleo, de formas 



(1) Es sabido que huy células constituidas sólo por él y sin la mem- 
brana ni el núcleo. 



428 LA FISIOLOGÍA 



variadísimas y de tan comple]a estructura, que hoy es el 
tormento de los sabios que quieren examinarle. 

De estas tres piezas principales están formados esos 
seres microscópicos que hemos llamado células, generado- 
ras de todos los organismos, vegetales y animales. El mun- 
do orgánico obedece á unas mismas leyes biológicas, y la 
célula es, substancialmente, la misma en éstos que en aqué- 
llos. En todas partes se halla el protoplasma, que trabaja, 
funciona y elabora los materiales del mundo exterior y fa- 
brica substancias nuevas que antes no tenía, principios ac- 
tivos y albuminoides, féculas y jugos, cuerpos grasicntos y 
substancias colorantes. En todas partes asimila, se nutre, 
crece y digiere, y se transforma y divide, quema substan- 
cias ternarias, produce calor y opera cambios, y hace circu- 
lar sus alimentos para reproducirse y multiplicarse }'■ dar 
origen á los tejidos más diversos y de más peregrina belle. 
za. Fuera de la elaboración de la clorofila, propia del vege- 
tal, y de la inervación, característica del animal, la vida es 
idéntica en los dos reinos. Con razón dice el Abate Carnoy 
que, si se prescinde de la mayor complicación de la célula 
animal, no pueden existir dos Fisiologías, sino una Fisiolo- 
gía única, la Fisiología de los seres organizados, así como 
no hay más que una célula, la célula protoplasmática, prin- 
cipio y asiento de todos los fenómenos vitales. En toda or- 
gainzación podemos encontrar esta suprema ley: "sin cé- 
lula no hay vida, y no hay vida sin Dios,,. ¿No hay vida sin 
Dios? 

¡Ah, señores! conviene cortar por ahora el hilo de la na- 
rración, por ver cómo contestan á esa pregunta algunos 
siervos del empirismo, cuyas respuestas son de tanta im- 
portancia, que han dividido á la humanidad en dos bandos: 
el cristiano y el ateo. Es, además, capital para los jóvenes 
que han de estudiar ó leer, el conocimiento de ciertas teo- 
rías que hoy todo lo invaden en el aula y en la tribuna. 

Prescindiremos de la teoría de Buffón, en mal hora re- 
sucitada y renovada por algún fisiólogo moderno, según la 
cual ciertos corpúsculos que viven como nómadas erran- 
tes en la atmósfera, en la tierra y en las aguas, se agrupan 



DE LAS CÉLULAS 429 



en una especie de federación para dar origen á todos los 
cuerpos vivos y á todas las energías celulares. Esto es con- 
fundir el accidente con la substancia, lo extraño con lo pro- 
pio, y lo vivo con lo inerte. 

Hablemos de esa otra escuela tan extendida por el mun- 
do, y que por todas partes hace sentir sus perniciosas in- 
fluencias; de esa escuela que no cree en el milagro de la 
creación ni en los del evangelio, y cree en el milagro de las 
generaciones espontáneas; que no cree en la resurrección de 
la carne ni en el paraíso de Adán, pero cree en el jardín de 
Epicuro y en resurrecciones nunca vistas de heléchos dise- 
cados y de animales muertos (1); que reniega de su descen- 
dencia del primer hombre, y acepta el abolengo de los So- 
zuros y Protamiotas (2); y blasfemando de Jesucristo, ve 
con placer en el poema del materialista Lucrecio el himno 
triunfal del ateísmo (3). 

Yo creí, señores, que ya se hablan disipado los sueños 
de los Fichte y Schelling, Hegel, Hartman y Schopenauer; 
las Filosofías del Yo, del No-Yo, del Absoluto y de la Idea, 
de la Voluntad y de lo Inconsciente; pero seríamos muy 
Cándidos al juzgar que los delirios calenturientos del ro- 
manticismo del año 30 habían sufrido la eficacia de las re- 
cetas materiahstas, pues la materia no impide que la ima- 
ginación se exalte y vuele por los espacios imaginarios, 
forjando alcázares ideales: las nieblas alemanas obran de 
igual modo en Koenisberg que en Stuttgardt, y aquí que en 
Berlín 3^ en Jena, sobre los cerebros alterados. De la Uni- 
versidad de Jena es el hombre que capitanea esa avanzada 
del ateísmo que amenaza arrasar todo lo más hermoso y 
sagrado que hay en la tierra y en el cielo. 

Hgeckel, gran naturalista cuando habla de Esponjas y 



(1) Véanse las obras materialistas siguientes: La Pedagogie, par 
Jsaurat.— París, ISSb; y Bréviaire de VHistoire du Materialisme, par 
Jules Soury.— París, 1891. La Biologie, par le Dr. Charles Letour- 
neau.— París, 1882. 

(2) Son las ramas 14 y 15 del árbol genealógico de Ilseckel. 

(3) Prefacio de Julio Soury á la obra Le Regne des Protistes de 
Hseckel.— París, 1879. 



430 LA FISIOLOGÍA 



Radiolarios, es un filósofo detestable, extraviado por el 
Darwinismo, cuando discurre. Exagerado en las descripcio- 
nes, apasionado en las ideas, inagotable en la inventiva, 
atrevido en la afirmación y arrogante en el decir, poco res- 
petuoso para con la verdad y menos para con los sabios 
antiguos y modernos (1); Hseckel, señores, en nombre de la 
Ciencia ha desprestigiado á la Ciencia misma, porque la ha 
reducido á la categoría de novela, y ha insultado á institu- 
ciones venerandas en un lenguaje propio de histrión ó de 
energúmeno. Aplaudido por un público ávido de teorías nue- 
vas y vacilante en sus convicciones, que no entiende ó en- 
tiende á medias lo que se le dice y acepta el error con fre- 
nesí si se lo presentan adornado de vestidos pomposos, ha 
formado una raza de sabios inventores, mil veces más abo- 
rrecibles que los ergotistas de las Súmulas. 

Para él no ha tenido puertas el templo de la Ciencia: ha 
penetrado allí por asalto, y con mano atrevida ha colocado 
en sus altares idolillos caprichosos que van rodando de su 
pedestal ante los rudos golpes de la crítica, la fuerza de los 
hechos y la voz del sentido común. 

Lo que más asombra en los libros de Haeckel, es la sere- 
nidad con que finge y la impasibilidad con que interpreta, el 
tono catoniano con que habla y la hipócrita sencillez con 
que asegura que en nada quiere ser dogmático (2), cuando 
se olvida tan fácil y frecuentemente de esta promesa y lan- 
za los ra3''os de excomunión contra todos los que no pien- 
san ó no han pensado como él (3). Fijo en su trono de natu- 



(1) Véase la Conferencia 3.-'^ de su obra Histoire de la creation des 
etres organisés d'aprés les lois naturelles, traducida por Letour- 
neau. —París, 1884; y el Prefacio á la Morfología general de los orga- 
nismos, traducción kraiisista de Salvador Sampere y Miquel. — Bar- 
celona, 1887. -Prefacio en el cual llama Haeckel á la mayor parte de 
los modernos sabios, sabios escolásticos jniiy pedantes. 

(2) Véase, entre otros libros suyos, Le Regne des Protistes, ya ci- 
tado; y la explicación de la lámina 15 de la Histoire de la creation 
des ¿tres organisés dhiprés les lois naturelles, citada también. 

(3) Principalmente en la Conferencia 24 del libro Histoire de la 
creation des ¿tres organisés d\iprés les lois naturelles. Excusamos 
advertir que citaremos fidelísimamente todo cuanto atribuyamos á 



DE LAS CÉLULAS 431 



ralista indiscutible, se ha creído un semidiós para derri- 
bar de un puntapié los dogmas que él llama "viejos,,, para 
negar todo lo que no encaja en el molde de su filosofía mo- 
nística y afirmar todo lo que le puede favorecer;y de su cere- 
bro, como Minerva del de Júpiter, ha nacido un árbol fan- 
tástico que él ha bautizado con el nombre de "genealógico„, 
porque de su tronco han brotado lenta é inconscientemente, 
paso á paso y por rigurosa ley matemática, veinticuatro 
ramas lozanas, de las cuales penden, como frutos sazona- 
dos, los veinticuatro abuelos y tatarabuelos de esta pobre 
humanidad, á quienes Haeckel ha dado liberalmente lo que 
les hacía falta: al uno alas y al otro cola, instinto á aquél y 
memoria á éste: el entendimiento, la palabra, la concien- 
cia, y al que menos, le ha dado la vida, arrebatando á Dios 
el cetro de ella (1). 



los enemigos de nuestras ideas, para que así propios como extraños 
no duden de nuestra veracidad. 

(1) Véase el árbol g-enealógico en la Conferencia 22 de la obra 
Histoire de la creation des ¿tres organisés d^aprés les lois natii- 
relles. 

Para amenizar la aridez del discurso, copiamos el Génesis de los 
materialistas, publicado por un periódico de Cincinati y traducido 
por VUnivers en Febrero de 1875. 

"Génesis.— CAP. 2.° 

1.° En el principio, lo incognoscible se raovaó sobre el cosmos y 
desarrolló el protoplasma.— 2.*^ Y el plotoplasma era inorgánico y es- 
taba neutralizado, y contenía todas las cosas en estado de energía 
virtual; y un espíritu de evolución se movió sobre la masa fluida. — 
3." Y lo incognoscible dijo: que se reúnan los átomos: y su contacto 
produjo la luz, el calor y la electricidad. — 4.*^ Y lo absoluto distribu- 
yó los átomos á cada uno, según su especie; y sus combinaciones 
produjeron las rocas, el aire y el agua. — 5.° Y salió de lo absoluto un 
espíritu de evolución que, obrando sobre elprotoplasma, produjo, por 
vía de acrecentamiento y absorción, la célula orgánica.— 6.° Y con el 
auxilio de la nutrición, la célula desarrolló el germen primordial, y 
el germen desarrolló el "protógeno, y el protógeno produjo el eo- 
zoón,,, y el eozoón produjo la mónera y la mónera produjo el animál- 
culo.— 7.° Y el animálculo pro dujo lo efímero. Entonces las cosas ras- 
treras empezaron á multiplicarse sobre la faz de la tierra. — S.° Y 
cada átomo terrestre produjo la molécula en el protoplasma vegetal, 
y de aquí procedieron toias las hierbas de la tierra.— 0." Y el ani- 



432 LA FISIOLOGÍA 



La vida, sí; porque en el concepto de la vida estriba todo 
el edificio del profesor alemán, y negado ó refutado aquél, 
el edificio desaparece como las sombras de un sueño. 'Aquí 
tiene su fundamento la portentosa obra de Haeckel y con 
ella todos los sistemas materialistas relativos á los orígenes 
de la humanidad. 

En nuestra España existen hoy atolondrados repetido- 
res, pero malos repetidores, de lo que el Profesor de la Uni- 



málculo desarrolló en el agua las nadaderas, las colas, las uñas, y en 
el aire las alas y los picos; y sobre la tierra los órganos necesarios 
para resistir á lo "cercano,,.— 10. Y por vía de acrecentamiento y de 
absorción, procedieron los radiados, y los moluscos produjeron los 
articulados, y los articulados produjeron los vertebrados.— 11. Tal es 
la generación de los vertebrados, los más perfectos en este período 
cósmico, en que lo incognoscible desarróllalos mamíferos bípedos. — 
12. Y el hombre de la tierra era entonces un mono, y el caballo un 
hiparión, y el hiparión un oredón.— 13. De la ascidia procedieron los 
anfibios que produjeron los pentadáctilos, y por vía de herencia y se- 
lección, éstos produjeron los hilobates, de los que han salidos los se- 
miadacos con todas sus tribus. --14. Y entre los semiadacos, el lé- 
mur se elevó sobre sus afines, y produjo el mono platirrinio.— 15. Y 
el platirrinio engendró al catirrinio, y el catirrinio engendró al mono 
antropoideo, y el antropoideo engendró al orangután de manos lar- 
gas, y el orangután engendró al chimpacé, y el chimpacé se convir- 
tió en ¿qué es estoP.—\6. Y el qué es esto, se trasladó á la tierra del 
Norte y tomó una hembra del gibón de manos largas. — 17. Y en la su- 
cesión del periodo cósmico, nacieron de ellos }'■ de sus hijos los tipos 
primordiales antropomorfos. — 18. Y el homúnculo, el prognato, eltri- 
glodites, el autóctono y el terrígeno; tales son las generaciones del 
hombre primitivo.— 19. Y el hombre primitivo estaba desnudo, y no 
se avergonzaba de su desnudez y vivía en la inocencia "cuadruma- 
nesca,,, y luchaba enérgicamente por harmonizarse con lo que le ro- 
deaba. — 20. Y por vía de herencia y selección natural, progresó des- 
de lo estable y homogéneo hasta lo complejo y lo heterogéneo; pues 
los más débiles murieron y los más fuertes crecieron y se multipli- 
caron.— 21. Y el hombre creció una pulgada, y sus facultades se des- 
arrollaron para apoderarse de la presa.— 22. Los hombres más ági- 
les cogieron los más de los animales, y los animales más ágiles esca- 
paron del hombre; por eso los animales de movimiento lento fueron 
comidos, y los hombres de movimiento lento murieron de hambre.— 
23. Y como los tipos fueron separándose, los más débiles desapare- 
cieron continuamente.— 24. Y la tierra se llenó de violencias; el hom- 
bre luchó contra el hombre, la tribu contra la tribu, los más débiles 
y menos inteligentes fueron muertos, y los más dignos quedaron ase- 
gurados en la posesión de la vida.,, 



DE LAS CÉLULAS 433 



versidad de Jena dijo hace veinte años. Los partidos filosó- 
ficos (si tal nombre merecen) y anticristianos, que pervier- 
ten la enseñanza de nuestra patria, podemos distribuirlos 
entre Haeckel y Krause: aquél domina con sus términos 
exóticos y teorías modernísimas, propias para suicidarse: 
^ste, modificado y restaurado, con sus ideas sombrías y len- 
guaje muy propio para hablar por señas (1). Es evidente que 
el imperio de aquél tiene más extensión que el de éste, y una 
fuerza de fanatizar tan grande, que explica el por qué las 
corrientes materialistas han invadido los salones de todas 
las Academias de Europa y de la América, en donde si hay 
personas de muchísimo valer, hay también entendimientos 
medianos que se alucinan fácilmente. El que lea sin apasio- 
namientos ni prevenciones las obras lujosísimas de Hseckel, 
encontrará desde luego tres clases de hechos que voy á con- 
signar para ahorrarme enojosos preámbulos. Hay allí razo- 
nes que pudiéramos Uam.ar de conveniencia sistemática, 
otras de apariencia científica, y otras afirmaciones sin prue- 
bas, categóricas. La historia de la Filosofía nos dice que 
todo sistema es á modo de un troquel en donde se sacrifica 
lo que sale al paso y se oponga á una idea y un juicio pre- 
concebidos. Desde luego se nota en Haeckel este procedi- 
miento en su plan monístico y mecánico del mundo. Odia la 
religión, porque la religión enseña que hay un Dios creador 
de la vida: aborrece á Moisés, porque Moisés ha escrito la 
historia de esa creación estupenda, y censura al sublime 
autor del Pentateuco, por haber afirmado que la tierra es el 
centro del universo, y el hombre el rey de la creación, y 
por habernos descrito á un Dios que habla y delibera, pre- 
mia y castiga, manda y ordena, "á un Dios con órganos hu- 
manos y etéreo á la vez (2). Pero Hceckel, señores, interpre- 



(1) El traductor de la Morfología general de los organismos 
hace en la introducción esfuerzos titánicos por concordar el sistema 
de Haekel y el de Krause. Ello no se comprenderá, pero lo cierto es 
que D. Nicolás Salmerón ha descendido, como otros krausistas, desde 
las alturas del Yo puro á la sima del positivismo. 

(2) Véanse las Conferencias 2.'^ y 2-1 de su Historia, etc., y el li. 
bro II de la Morfología. 

28 



434 LA FISIOLOGÍA 



ta torcidamente la Biblia para poder ridiculizarla, desenten- 
diéndose del sentido clarísimo que ha dado la humanidad á 
las palabras del texto sagrado. 

No siéndole posible formarse idea de Dios, es muy lógi- 
co y natural que rechace el milagro de la creación del 
mundo (1) y admita la eternidad de la materia y de sus mo- 
vimientos. ¡Como si la eternidad de la materia no fuese el 
más sorprendente y peregrino de los milagros! 

¿En dónde, pues, hay que buscar el origen de la vida? 
Está fuera del campo de la ciencia, envuelto en las sombras 
del misterio (2), y, á pesar de todo, nuestro hombre ultra- 
científico pretende disipar las sombras mediante la genera- 
ción espontánea en épocas anteriores. 

Pero la generación espontánea está enterrada por la 
Ciencia, y bien enterrada está: invocarla para épocas ante- 
riores es deshonrar á la Ciencia misma, que vive de hechos 
positivos. Para no admitirla nosotros, tenemos un princi- 
pio irrecusable: nadie puede dar aquello de que carece: el 
efecto no es superior á su causa. 

Ya no nos atemorizan las iracundas amenazas que en 
nombre de la Ciencia nos dirigen los materialistas por boca 
de este Pontífice máximo para que borremos de la Historia 
Natural aquella radical diferencia entre el reino orgánico }'■ 
el inorgánico establecida por los pensadores más ilustres. 
Las razones poderosas y aparentemente científicas que 
Haeckel alegaba para borrar esa diferencia, fundábanse en 
la homogeneidad y falta de estructura del cocoplasma, del 
protoplasma y el plasón ^3), sin organización verdadera ni 



(1) Conferencia 13 y libro II de la Morfología. 

(2) Conferencias 1.'^ y 13, y pág. 73 del Regne des Pvqtistes. 

(3) El primero, seg'ún Hseckel, es la substancia que forma por di- 
ferenciación el contenido del núcleo; el segundo es la substancia que 
de origen al cuerpo de las células, y el tercero es el material quími- 
co, más sencillo aún que éstas (protoplasma de los citodos). Véase 
Essais de Psychologie cellulaire.— París, 1880. 

Además admite el archiplasón, es decir, el protoplasma extrema- 
damente simple, anterior al plasón, y del cual nacieron por genera- 
ción espontánea los primeros organismos. (Véase Cajal, Histolo- 
gía normal, p. IbS.) 



DE LAS CÉLULAS 435 



I 



más propiedades que las químicas; seres perfectamente se- 
mejantes á las formas inorgánicas. Pero los nuevos descu- 
brimientos citológicos demuestran, á la luz del microsco- 
pio, que hay allí estructuras complicadísimas y propieda- 
des de un orden superior, que la Química nunca podrá me- 
dir ni siquiera analizar. 

Cuando nos aseguran que son idéndicas las substancias 
componentes de los dos reinos; que el crecimiento de los 
cristales es igual que el de las células, y que el principio de 
la vida no hace falta, porque lo explica todo el movimiento 
doble de renovación y destrucción y la virtud de asimilar 
y descomponer (1), nosotros podemos contestarles: vosotros 
confundís las manifestaciones de la vida con la naturaleza 
de la vida misma, y el movimiento mtimo de los seres ani- 
mados con el accidental y externo de los inertes: confundís 
la luz y la electricidad con sus efectos, y en buena lógica la 
ciencia no autoriza esa espantosa confusión. Probadnos que 
las uniones moleculares, características, misteriosas, pero 
inconfundibles, de la masa viviente y reticulada son iguales 
que las uniones de las moléculas físicas ó de los átomos 
químicos en las masas amorfas de los cuerpos brutos: de- 
mostrad que el movimiento de renovación y destrucción, y 
la virtud de asimilar y descomponer, son leyes químicas 
que para nada necesitan de un motor que renueve y des- 
truya, asimile y descomponga; decidnos por qué fuerzas se- 
cretas y con los mismos elementos que la célula, el cristal 
no segrega, ni digiere, ni se nutre. Mientras tanto que la 
materia no pueda organizarse, nosotros tenemos derecho 
para admitir un principio vital ó fuerza que combine la ma- 
teria, una mano que la transforme y un artista que la 
modele. 

La vida es mucho más que la materia. La estructura de 
los compuestos químicos está sometida á leyes matemáti- 



(1) Todo el libro II y el VI de la Morfología y la Conferencia 13 
de la Histoire los consagra Haeckel á este asunto. Julio Soury y Le- 
tourneau en las obras citadas; Carlos Wogt, Lettres physiologiques. 
—París, 1875, y casi todos los fisiólogos modernos piensan lo mismo. 



436 LA FISIOLOGÍA DE LAS CÉLULAS 

cas, mientras que la materia organizada elude toda ley de 
esa especie. En toda vida hay tina intención formal, dice 
Burdach, un fin ulterior que obra desde la lejanía del porve- 
nir. El embrión tiende á un fin en su desarrollo: el instinto 
hace que los actos de la madre sean calculados por el inte- 
rés futuro de los hijos. El pulmón se forma en una época en 
que no hace falta la respiración pulmonar: los órganos sen- 
soriales aparecen en el embrión cuando no tienen ni pueden 
tener comunicaciones externas: las piernas se mueven antes 
de que puedan soportar el peso del cuerpo, y las manos se 
mueven cuando son inhábiles aún para coger y tocar. En 
suma: todos los órganos del animal ó vegetal son los anillos 
de una cadena que trabajan constantemente por conseguir 
la plena realización de sus funciones y la perfección del 
conjunto. Hay una idea, un plan, un orden, un fin futuro ó 
una causa final en la yida, triunfadora de la materia, maes- 
tra soberana de los destinos del organismo, que agrupa, 
combina, gobierna y distribuye los fenómenos, y cuj'-as ac- 
tividades, como Cl. Bernard confiesa, no son reductibles á 
consideraciones físico-químicas. 

Y si rechazando la generación espontánea, admitís que 
en la naturaleza viviente no rigen otras leyes que las que 
imperan en la naturaleza inorgánica, porque la vida no se 
manifiesta sin la materia y los estímulos externos no hacen 
otro oficio que despertar las actividades latentes del proto- 
plasma; os repetiremos que confundís la vida con sus mani- 
festaciones y los efectos con las causas, y que la actividad 
latente, ó como quiera llamarse, existe antes que los estímu- 
los. Un mundo distinto por naturaleza, exige leyes distintas; 
si la vida no procede de la materia, sus leyes no pueden ser 
materiales, y sus fuerzas tienen que ser diferentes, como sus 
manifestaciones lo son. Demostradnos lo contrario, aunque 
para ello concedáis gratuitamente un alma á cada átomo y 
una memoria á cada célula, como lo hace Hsekel. Hasta en- 
tonces nosotros podemos repetir: "la vida supone la vida, y 
no hay vida sin Dios,,. 

Y'R- ^ACARÍAS yVlARTÍNEZ, 

Agustiniano. 
(Continuará.) 



La Opera Española 



Al Sr. D. José María EsperaiiBa y Sola. 




|oNFiESO, mi querido amigo, que jamás me he visto en 
mayor aprieto que en la presente ocasión; no por- 
que en esta crítica, como en ninguna otra, haya de 
abdicar de la sinceridad é independencia acostumbradas, 
que nunca sacrificaré en aras de ningún compromiso; sino 
porque ahora lo impone el mismo asunto, y no poco grave 
para tratado desde una celda del claustro. Comprendo que 
aquí no valen desenfados, ni el tono autoritario y magistral. 
Ni van tampoco por esos caminos mis pretensiones. Usted 
sabe cómo, por no sé qué azares de la suerte, vamos apla- 
zando indefinidamente la conferencia íntima anunciada y 
deseada, en que yo le expusiera como maestro indiscutible 
algo de lo mucho que puede tratarse de silla á silla y en el 
seno de una confianza sin límites. Allí se pueden exponer sin 
el temor del bochorno, sin miedo á derrochar vulgaridades 
mal disfrazadas ó razonamientos utópicos, los tanteos de la 
inexperiencia y las ráfagas de intuición de que á ratos dis- 
frutan aun los desheredados. 

Nace, pues, mi apuro de ver en el atril del piano un grue- 
so volumen de música que reza en la portada lo siguiente: 



43S LA ÓPERA ESPAÑOLA 



Los Pirineos; Irilogia entres cuadros (actos) y un pró- 
logo. Poema catalán, de Víctor B al agüe r, Música de Fe- 
lipe Pedrell. Pero declaro ingenuamente que al hablar de 
esa Trilogía, lo he de hacer para explorar la opinión autori- 
zadísima de Ud. sobre ella, más que para exponer la mía des- 
autorizada é inútil; y eso en forma de confidencia epistolar; 
que si va impresa y abierta, es sólo para que vaya en buena 
letra y para ahorrarle la molestia de abrirla, y hasta con la 
segunda intención de que algún lector menos discreto ó más 
curioso se entere de su contenido. 

¿Quién dijo ópera, aun con el aditamento de española, 
desde el retiro del claustro, á donde no llegan las profani- 
dades del siglo? ¡Venturosos tiempos aquellos en que el arte 
era como pequeñuelo llevado de la mano por la religión, 
y se solazaba en el templo, y no aspiraba otras auras que las 
ondas del incienso que subían á la bóveda en revuelta espi- 
ral! Sencillo 3^ poco exigente, pero también feliz en medio 
de su pobreza, ni ambicionaba nuevos horizontes, ni sentía 
las sacudidas de la inquietud nerviosa que hoy tanto nos 
desazona y zarandea. Contento con vivir bajo la próvida tu- 
tela de la Iglesia, comprendía que los espléndidos palacios 
de Dios eran también morada suntuosa y natural asiento de 
toda belleza. Y allí desahogaba sus pesadumbres y amargu- 
ras, y allí expresaba sus candorosos regocijos, y crecía y se 
desarrollaba con la educación severa y paternal de los 
monjes. 

Pero un día, rota la vidriera de la ojiva, penetró en el 
templo un haz de luz no descompuesta, y se oyeron más 
distintamente los rumores de la calle: despertóse el arte de 
su plácida contemplación; le parecieron mezquinos aquel 
ambiente y aquella soledad en la penumbra, y se lanzó ávi- 
do de emociones hacia donde sonaba aquel murmullo, que 
no era sino rumor de pasiones, y hacia aquella esplendente 
luz sin gasas ni estorbos, consumando así la apostasía ar- 
tística, una de las muchas apostasías de los tiempos moder- 
nos. Desde entonces no fué divino arte la música: cierto es 
que los primeros Madrigales de la música profana ostenta- 
ban todo el andar y los rasgos ñsionómicos de la litúrgica, de 



LA OPERA ESPAXOLA 



439 



que, mal aconsejada, se había emancipado; pero propendía 
aquélla manifiestamente á dejar la sencilla vestidura místi- 
ca, para revestirse con los atavíos pomposos y los contor- 
nos y disfraces calculados de un arte humano, más vario y 
entretenido, pero también menos expresivo. La diversidad 
de afectos y la lucha descomunal de las pasiones exaltadas, 
hizo hallar notas y acentos, no todos impropios, ciertamente, 
y muchos de una sinceridad adorable. Aquel niño en quien 
tanto podían los recuerdos de una infancia deslizada sua- 
vemente entre arrobamientos místicos, creció á la vez al 
calor de las primeras impresiones y las sencillas trovas 
aprendidas en el regazo materno: y atormentado del vértigo 
de las novedades, busca ahora otro objeto más digno de su 
inspiración, y entre contorsiones dolorosas y afanes inútiles, 
halla al fin fórmulas caducas que duran lo que el estruendo 
del torbellino instrumental en que van envueltas. Rica de 
recursos y mimada por un público más ávido de sensacio- 
nes que de la serena contemplación del arte, todo lo acapa- 
ra, y atrae así á todos los espíritus nobles y cultivados; y 
como si no le bastara la gama de las pasiones humanas y 
el dominio absoluto de los nervios, procura monopolizarlo 
todo, aliándose con la poesía, la pintura, la indumentaria, 
etc., para producir ese espectáculo multiforme en que jue- 
gan todas las pasiones, todas las artes, todos los cultos y 
cuanto tiene atractivos para la imaginación ó puede impre- 
sionar la neurótica naturaleza humana. 

Ahí está la ópera con todas sus brillanteces y encan- 
tos; ahí está la música entera, el templo del arte, cerrado 
para todo el que por fortuna no ostenta cicatrices de la te- 
rrible lucha del mundo. Aún hay otros templos donde se 
rinde culto tranquilo, pero entusiasta, al arte puro, á la 
música instrumental; y allí los iniciados disfrutan en santa 
calma de los poemas sin palabras y preñados de misterios 
y de dulces vaguedades, sin distracciones y sin los incenti- 
vos del espectáculo. También esos salones de conciertos 
están cerrados por la maledicencia egoísta á los que no for- 
man en las filas de los mundanos. En tanto, el santuario per- 
manece solitario y callado, sin que interrumpan su silencio 



440 LA ÓPERA ESPAÑOLA 



más que la monótona salmodia, siempre antigua y siempre 
nueva, que no habrá formado muchos artistas, pero sí mu- 
chos santos. Por desdicha nuestra, de vez en cuando lo in- 
vade también la música aparatosa que, ejecutada sin los 
elementos que requiere el arte moderno, por la precaria si- 
tuación de las iglesias, suele resultar triste parodia de los 
grandes espectáculos, con todas las distracciones inheren- 
tes á ellos y sin ninguna de sus ventajas. Yo quisiera vol- 
ver á aquella dichosa edad de oro en que, apoyado en una 
pilastra del templo, se sentía satisfecho el noble anhelo del 
arte, y en la puerta de salida se veía escrito con caracteres 
de todos conocidos el non plus ultra que señalaba la fron- 
tera natural de toda inspiración. Pobres ó ricas, las produc- 
ciones musicales de entonces apagaban la sed y llenaban la 
medida del deseo, porque todo el mundo tenía acceso al 
santuario donde resonaban sus notas. Entonces no se cono- 
cía, como ahora, el suplicio de Tántalo á que se ven conde- 
nados muchos en medio déla abundancia, y Guido de Arez- 
zo pudo gloriarse de conocer toda la música de su tiempo. 
Todavía en el siglo pasado, el P. Martini y los ilustres je- 
suítas Eximeno y Arteaga hablaron con pleno conocimiento 
de causa de las obras teatrales, y nadie se escandalizó; pero 
hoy, témpora mutant mores^ las cosas han cambiado de tal 
manera, que no podría yo escribir sobre óperas sin gran 
extrañeza de mis lectores, ni tampoco sin poner de mani- 
fiesto la endeble armazón de mis razonamientos hablando 
de cosas enteramente desconocidas. Ante estas considera- 
ciones, ¿qué me resta sino colgar los bártulos profanos y 
acogerme al santuario á mantener viva y perenne la llama 
sagrada del canto litúrgico? Y á flagelar á los profanadores 
del templo, á los vendedores de mercancías prohibidas y á 
los becerros (y no de oro) que se empeñan en desvirtuar la 
expresión sencilla del canto gregoriano, como queriendo 
hacer ver que, al emanciparse la música, dejó á la religión 
sin virtualidad artística, sin el sentimiento y el instinto de 
lo noble, que con ninguna otra cosa se nutren mejor que 
con sublimes creencias y consoladoras esperanzas. ¿Qué 
música puede competir en espontaneidad con la litúrgica? 



LA ÓPERA ESPA.SOLA 441 



¿Cuál en la ingenua alegría, en la dolorosa compasión y en 
la terrible severidad de sus acentos? Prospere en buen hora 
la música profana, y adopte los rumores todos de las selvas 
y los estruendos de la tempestad y los quejidos y alborozos 
de la naturaleza entera: enriquezca su paleta con todos los 
colores del iris, y sus sonoridades con las de la más refina- 
da industria; entreténganse los más esclarecidos ingenios 
en derivar sistemas de intervalos y en combinar y alambi- 
car fórmulas que ahuyenten el aburrimiento: nosotros ben- 
deciremos los progresos humanos que son nuestros en prin- 
cipio; alabaremos la mano dadivosa que reparte sus dones 
según los tiempos, y disfrutaremos cuando nos sea dado del 
beneficio de esa nueva creación donde resplandecen tam- 
bién centellas de la gloria divina. Pero mantengamos incó- 
lumes nuestras tradiciones: hartos males son los actuales 
para que no creamos en la eficacia de una reacción, para 
que no suspiremos por lo pasado en todos los órdenes. 

Conservemos con cariño el depósito que nos legaron 
nuestros padres: es vida de sus almas, lágrimas de Sus ojos, 
gemidos de sus corazones y plegarias fervorosas de sus la- 
bios. Cantemos esas plegarias como ellos las cantaban, y 
no profanemos con nuestra desidia oraciones que tal vez 
nos atrajeron bendiciones del cielo. 

Es la hora de las confidencias y de las sinceridades, y 
claro está que en documentos como éste, que quiero que 
sea mi testamento de crítico, no he de ocultar ni velar de 
modo alguno la verdad. Si hemos de huir de tristes con- 
trastes y miserables parodias, ya no cabe en el templo otra 
música más que el canto gregoriano rectamente interpre- 
tado, y los corales unísonos que deberían componerse para 
el pueblo. Causa honda pena ver que el pueblo cristiano, que 
antes tomaba tanta parte en los cantos de la Iglesia (casi 
todos ellos alternativos), asiste ahora como impasible ex- 
pectador á las ceremonias religiosas, mal sazonadas con 
los míseros despojos del teatro. Un desigual terceto de vo- 
ces y una orquesta primitiva y arqueológica, no compensan 
ni con mucho la falta de un coro nutrido y vigoroso, cuyos 
acentos, reforzados con la intervención del pueblo, causan 



442 LA ÓPERA ESPAÑOLA 



extremecimientos saludables y producen entusiasmo conta- 
gioso. La vida del arte es el simbolismo, y la más trivial me- 
lodía adquiere quilates de valor fortalecida por el unísono 
entusiasta de la piadosa muchedumbre. Con esa mística 
porfía en las divinas alabanzas se caldea el ambiente mo- 
ral, donde flotan así como gérmenes impalpables que pren- 
den y fructifican en los corazones. Ese y no otro es indu- 
dublemente el secreto de las maravillas que nos cuentan de 
la música antigua: ese era el canto que ponía en los labios 
del Crisóstomo, de San Ambrosio y de San Agustín aque- 
llas improvisaciones ardientes, expansivas y llenas de ge- 
nerosos anhelos, como ellos mismos lo dan á entender en 
muchas homilías dirigidas al pueblo; y los corales protes- 
tantes no son sino restos de aquellas magnificencias, pues- 
tos al servicio de la peor de las causas. ¡Ojalá los imitára- 
mos en el culto diario, como los imitamos, con gran fruto y 
ventaja, en nuestros cánticos de misión y en nuestras jubi- 
losas peregrinaciones. Pero pedir en España restauraciones 
tan legítimas y útiles como esa, es pedir peras al olmo. La 
causa de esa apatía tan manifiesta (y no debo ocultarla, 
aunque duela, en este testamento), consiste en que, con raras 
y honrosísimas excepciones, el clero alto está rapado á na- 
vaja en punto á saber musical. La inercia de esa pieza prin- 
cipal, de esa rueda catalina, hace que todo esté paralizado; 
que en las grandes reuniones en que tanto podría hacerse 
en pro de la música, se descuiden totalmente sus intereses; 
que en los Seminarios la enseñanza de ese ramo sea irriso- 
ria, lo mismo que en las Comunidades religiosas; y como 
de esos planteles han de salir forzosamente los Sres. Obis- 
pos, tenemos mal para rato. De ahí la estética absurda que 
nos hace contentarnos con voces sonoras, pero desaforadas 
y cerriles, con preferencia á las ya domadas é insinuantes, 
aunque menos potentes; de ahí el confundir la pesadez con 
la gravedad religiosa, los sonidos musicales con el ruido, 
el canto con los estentóreos berridos. Este lenguaje, que es 
exactísimo á juicio de toda persona sensata, no puede escan- 
dalizar sino á los que no han meditado acerca del alcance y 
significación de la música sagrada, y el remedio contra ese 



LA ÓPERA ESPAÑOLA 443 



escándalo fingido está en aquella palabra que compendia 
todos los deberes: enidimini... El mal ha echado hondas 
raíces, y claro está que no lo han de denunciar los que 
duermen tranquilos en brazos de la rutina, sino los que lo 
conocen y lamentan, y pueden dar específicos para curarlo. 

Nadie ha sabido aplicar mejor el laisser faire, laisser 
passer^ de los franceses, que los que velan ó deben velar 
por el prestigio de la música sagrada en España. En Fran- 
cia, Bélgica, Italia, y sobre todo en Alemania, se nota feliz- 
mente un renacimiento gloriosísimo y una seriedad en la 
enseñanza musical de los Seminarios y Comunidades, que 
hace honor á los iniciadores y fautores, que son los Obis- 
pos y los Prelados de las Ordenes religiosas, los cuales, 
aprovechando los medios sencillos y asequibles de que pue- 
den disponer, llevan adelante, con constancia digna de la 
causa, la obra de la restauración musical. Porque, efectiva- 
mente, nadie puede pretender que con los escasos recursos 
de las iglesias se formen orquestas como la de la Sociedad 
de Conciertos de Madrid, ni nada que se le parezca ó pueda 
llenar las exigencias de la orquesta moderna; por lo que de- 
berían suprimirse las existentes, que no son sino meros si- 
mulacros. Ni siquiera hacen falta los tercetos y cuartetos 
de voces, que flotan en el aire como débiles ecos de un 
sentimiento robusto y naturalmente expansivo. Lo que de- 
bería intentarse es una restauración tradicional, suplantan- 
do aun los tercetos y cuartetos de voces con melodías gre- 
gorianas y cánticos modernos unísonos para que el pueblo 
alterne, como alternaba, en las ceremonias del culto, aso- 
ciándose á él íntimamente; y eso se conseguiría sin más que 
con imponer á los párrocos en el conocimiento del solfeo, 
cosa facilísima y muy hacedera, si se tiene en cuenta que 
todo eso de la imposibilidad física, que se alega por algunos, 
es pura añagaza ya desacreditada- No hay mal oído, si se 
exceptúan los casos de lesión orgánica. No hay más que 
positiva ó negativa educación del oído. De otra manera no 
sabrían música en Alemania el 75 por 100 de sus habitantes. 

Ese es indudablemente el porvenir de la música religio- 
sa: no porque el uso de la orquesta desdiga de la severidad 



444 LA ÓPERA ESPAÑOLA 



del templo, sino porque con el vuelo y acrecentamiento su- 
cesivos de los elementos orquestales, nunca pasará de ser la 
de las iglesias una ridicula imitación. 

Pero ahora reparo en que en esta conversación confiden- 
cial me he apartado enteramente del objeto principal de 
mi carta: cúlpese no á falta de voluntad ó de plan, sino á 
espontaneidades de carácter, y á la repugnancia invencible 
que me inspira el entrar en terreno vedado. A bien que aun 
para los que vemos las cosas desde fuera, ofrece campo 
espacioso que esplorar el tejemaneje de la escena patria, 
el extranjerismo triunfante, y el olvido y menosprecio de 
las producciones verdaderamente españolas. Pero esto me- 
rece capítulo aparte, y se lo consagraré, Dios mediante, en 
el próximo número. 

Entre tanto, y siempre, Dios le tenga y nos tenga á todos 
en su santa guarda- 

jFr. ^ustoc^uio de JJriartb 

Agustiniano. 
(Continuará). 




Carta semi-cientifica á un amigo 



M. R. P. Ángel Rodrigues. 




I querido hermano y constante amigo: en mi ante- 
rior habrá Ud. visto (si ha llegado á sus manos) 
mis deseos de complacerle, y si no pude satis- 
facerle del todo, fué debido á la premura del tiempo dispo- 
nible, como se lo indiqué á Ud.: hoy con algún holgar más, 
vo}'" á entretener un rato de ocio con usted: ¡me es tan grato 
el conversar con mis amigos! Tengo pocos, pero á mis 
pocos amigos les he sido siempre constante y leal. Yo soy 
así, como Ud. sabe: pocos amigos y buenos, y cumplir bien 
con ellos, como aconseja SalomOn: amiciis sit Ubi imiis ex 
mille. 

Como dedicado que está Ud. á los estudios astronómico- 
meteorológicos, quisiera estar yo algo versado en estas 
materias para hablarle de puntos relacionados con sus 
ciencias predilectas; lo cual, sin duda, habría de ser muy de 
su agrado; pero, francamente, entiendo poco ó nada de es- 
tas ciencias, y meter la hoz en campo ajeno sin permiso, 
podría traerme una silba bien merecida. Haré, pues, lo que 
pueda complacer á Ud., con la condición empero, de que se 



446 CARTA semi-cientt'fica á un amigo 



tome la molestia de enseñarme, corrigiendo las faltas en 
que pudiera incurrir al exponerle á Ud. mis pobres y esca- 
sas observaciones. 



Estamos en monzón norte feneciente ó menguante. Ya 
le advertí á Ud. en otra, que los vientos, en esta longitud 
meridiana, soplan con persistencia é intensidad en solos dos 
puntos geográficos: NE. y SO. La monzón S. se inicia en 
Junio, cerrándose en Julio hasta Septiembre; iniciándose en 
este mes la monzón N., que se cierra en Octubre hasta 
Abril. Mayo es mes de brisas variables y calmas^ mes de 
transición meteorológica. Ambas monzones, aun después 
de cerradas^ no lo son tanto que no efectúen algunas vuel- 
tas efímeras á la monzón precedente fenecida; vueltas tan 
regulares, que muchos años coinciden en iguales días del 
mes. Así la monzón Sud se vuelve al Norte á fines de Octu- 
bre, Noviembre y Diciembre, soplando Norte dos ó tres 
días en cada uno de dichos meses. Estas vueltas cortas de 
la monzón reinante á la precedente fenecida, son de inmen- 
sa utilidad para los isleños filipinos, que les viene admira- 
blemente para efectuar sus idas y vueltas de unas islas á 
otras, ahorrándose molestas invernadas. 

Las monzones dichas presentan tres fases muy marca- 
das en su intensidad media, que podríamos llamar crecien- 
te, lleno y menguante^ correspondiendo á cada período 
unos dos meses por término medio general. 

Durante la monzón Norte, vengo observando, hace cua- 
tro años, un fenómeno constante muy curioso, y es que en 
los dos últimos meses de su periodicidad, Marzo-Abril, el 
viento aumenta su intensidad á medida que el sol asciende, 
decreciendo aquélla según éste desciende sobre el horizon- 
te, hasta tener completa calma al caer de las tardes y parte 
de la noche, con tal precisión, que sería fácil servirse de la 
intensidad del viento como cronómetro bastante exacto. 

Generalmente se cree que los filipinos carecen de cono- 



CARTA SEMI-CIEXIÍFICA Á UX AMIGO 447 

cimientos prácticos populares tradicionales (1) acerca de 
ciertas materias. Nada menos exacto: el pueblo filipino, bien 
examinado al detalle, posee un caudal muy estimable de co- 
nocimientos prácticos, que no será fácil hallar en otros 
pueblos. En este pueblo desde donde le escribo, los niños 
á los catorce años, y aun antes, saben ya perfectamente la 
Rosa de los vientos con todas sus divisiones, para las que 
poseen estos idiomas terminología propia, con más el mane- 
jo de la brújula, sin más enseñanzas que la tradición. Co- 
nocen asimismo, aparte infinidad de pronósticos meteoroló- 
gicos, un número mu}^ notable de constelaciones, que nom- 
bran según su tradicióny lengua, "Gallina,,, "Barco„, "Tram- 
pa„, "Cruz„, "Redecilla,,, "RatOn„, "Nocturno„, etc., etc., y 
de ellas se sirven para fijar los rumbos de sus viajes por mar. 
En cierta ocasión que hacía la travesía á la isla de Panay, 
estando ya á unas veinticinco leguas del punto de partida, 
sin ver más que cielo y agua, pregunté á un niño de once 
años, hacia qué punto del horizonte se hallaba la isleta de 
Cagayancillo; él, muy listo, poniéndose en pié, clavó una mi- 
rado al sol, para orientarse, y con el dedo señaló el punto 
del horizonte SSO., hacia donde debía hallarse el punto de 
nuestra partida; y con tal precisión lo señaló, que dicho 
punto era exactamente (en aquella longitud geográfica) el 



(1) Los que creen que las medallas eléctricas son invención rara 
de los terapeutas europeos del siglo XIX, no dejarán de sorprenderse 
al saber que el indio filipino las conoce y usa desde hace siglos, si 
bien ignorando el por qué, para curar la enfermedad de babear de 
los niños. Hace años venía observando niños que llevaban un disco de 
cobre atado al cuello, cayendo sobre el pecho. Averiguada la causa, 
me dijeron que era para curar la baba^ excesivo flujo de saliva, de que 
padecen á veces los niños. En términos científicos, es ni más ni menos 
que una medalla eléctrica, aplicada al cuerpo del paciente, como di- 
rían ahí los Doctores de la nueva ciencia de curar por el galvanismo. 

También deben saber los culinarios europeos que la cocción al 
vapor se practica y practicaba entre los filipinos mucho antes que 
en Europa, si bien con aparatos más rudimentarios. 

El arte de destilar aguardiente, tan poco generalizado en otros 
pueblos, es tan común en Filipinas, que en muchas partes lo destila, 
si bien al por menor, gran número de familias, transformando en 
aguardiente conservable el vino de palma sobrante en el consumo 
diario. 



448 CARTA SEMI-CIENTIFICA Á UN AMIGO 

señalado por el mapa y brújula que yo consultaba. El indio 
para ciertas cosas es más listo que lo que aparenta. 

Los crepúsculos, sobre todo el vespertino, son aquí con 
frecuencia muy vistosos, de gran extensión y notablemen- 
te purpúreos, formando á veces grandes y hermosísimas 
franjas radiadas que, partiendo del astro del sol oculto, con- 
trastan bellísimamente con el azul intenso de la atmósfera, 
alcanzando algunas veces muy cerca de los 90° en y sobre 
el horizonte, particularmente en días serenos. 

La intensidad y extensión de los crepúsculos son para 
los isleños filipinos, pronósticos de viento y lluvia. 

Jamás vi en nuestra vieja Europa noches bellas como las 
de estas latitudes. Dante demostró una perspicacia científica 
muy superior á los conocimientos de su época, al fingir su 
Paraíso terrenal por este lado, colocándole antípoda de Pa- 
lestina. Porque aquí no se conocen las tinieblas de la noche ^ 
tan espesas en Europa: las noches no son aquí tenebrosas, 
sino semiclaras (y\?Lh\o de noches serenas, sin luna), baña- 
das suavemente de tibia luz difusa, suficiente á distinguir 
con catalejo los contornos y perfiles generales de los mon- 
tes y lomas á tres y más leguas de distancia; mientras que 
en Europa apenas se ve un bulto á veinticinco metros en 
iguales noches. ¿Cuál podrá ser el origen de esta mayor cla- 
ridad nocturna en estas regiones? Las estrellas por sí solas 
no creo yo sean la causa; pues, si bien el planisferio celeste 
de Filipinas tiene algún astro distinto que el de nuestra Pe- 
nínsula ibérica, el número, empero, de estrellas que irra- 
dian luz, será el mismo con corta diferencia aquí y ahí. 
Tampoco creo pueda atribuirse á la Vía láctea, por cuanto 
no se nos aparece aquí con mayor extensión que en España, 
y aun me parece que la vemos en Filipinas más reducida 
que ahí, tal vez efecto de la mayor claridad nocturna dicha. 
¿Podrá, tal vez, atribuirse á la mayor altura con que el Sol 
pasa sobre estos horizontes? Durante muchos meses el astro 
del día nos envía aquí sus rayos perpendiculares (1), ó muy 

(1) Aunque el Sol nos hiere muchos meses perpendicularmente 
con sus rayos, no por eso nos abrasa^ como Ud. pudiera pensar; sus 
ardores quedan suavizados por los vientos de la monzón Norte, en 



CARTA SEMI-CIENTÍFICA Á U\ AMIGO 449 

próximos á la vertical: parece, pues, que al ponerse aquél, 
sus rayos luminosos habrán de reflejarse en las altas regio- 
nes de la atmósfera con desviación angular más favorable 
y ventajosa, para producir mayor claridad en este suelo 
durante su ausencia. 

No obstante, yo tengo por más probable, que la claridad 
nocturna en estas regiones procede principalmente de la luz 
de las estrellas reflejada en la superficie de los mares, 
que, como Ud. sabe, forman aquí los inmensos canales, que 
dividen estas tierras en infinidad de islas de más ó menos 
reducida extensión. Que los mares, sobre todo los de poca 
profundidad, corneo los filipinos, reflejan gran cantidad de la 
luz estelar, muy superior ala reflejada por las tierras y ma- 
sas arbóreas, es evidente para cualquiera, y se comprende 
que esa luz reflejada en las aguas irradiando sobre las tie- 
rras de corta extensión, haga que en éstas la noche sea más 
clara que en los grandes continentes, en donde la escasa y 
tibia luz de las estrellas queda toda absorbida por las tie- 
rras y masas arbóreas, resultando de aquí las noches más 
obscuras. En estas mismas regiones se nota diferencia muy 
notable entre la claridad nocturna de las playas, v. gr., y 
la de las partes interiores de la isla, siendo la noche más 
obscura en el interior que en la mar ó playa. Ustedes nos 
dicen, por otra parte, que los mares de Marte se ven brillan- 
tes y obscuras sus tierras, y que los mares de la Tierra, ob- 
servados desde la Luna, deben aparecer igualmente platea- 
dos, y sombríos los continentes. Sea, pues, así; y digamos 
que la luz estelar reflejada en estas regiones es la causa 
única que produce las bellas noches ecuatoriales. 

Y de los dilatados mares que rodean estas islas ¡cuán- 
to quisiera y podría hablarle á Ud., si mi pluma fuese docta 
y mejor cortada! ¡Qué magnífico espectáculo se presenta á 
mi vista cuando subo á esparcir mi ánimo por las suaves 
lomas de esta poética isleta! Inmensa extensión de bruñida 



Febrero, Marzo y Abril. En Mayo y Junio los vientos se convierten 
en brisas, que los frecuentes chubascos, además, originados por 
el cambio de la monzón, hacen este clima bastante llevadero. En los 
meses restantes no se sienten calores, hablando en general. 

29 



450 CARTA SEMI-CIENTÍFICA Á UN AMIGO 

plata, donde reverbera el sol ascendente ó descendente^ 
apareciendo el horizonte cual disco inmenso argentino^ 
sembrado de diamantes de vividos fulgores; aquí y allá 
fantásticos peñones, mudos y perennes testigos de pasa- 
dos cataclismos geológicos, ó bien bellas isletas coronadas 
de airosas palmas de eterno verdor primaveral; ligeros 
bateles, como la airosa góndola y esbelto esquife, surcan- 
do esos inmensos campos al compás de sencillos é inocen- 
tes cantares; bandadas de blancas aves recorriendo los 
mares y buscando el sustento diario... Cuando arrecia el 
temporal, vése la inmensa llanura líquida agitarse, ru- 
giendo embravecida, cubriéndose de fantásticos mantos 
de nieve, que aparecen y desaparecen al embate furio- 
so de las revueltas olas. ¡Magnífico! ¡sublime! ¡divino pa- 
norama! Siempre el mismo, y siempre nuevo, que parece 
poseer la inmutabilidad eterna y eterna belleza é infinidad 
del Creador... Allá en los remansos de la playa, alfombra- 
dos de blanca y fina arena, se ve un ejército infantil pro- 
bando y robusteciendo sus tiernas fuerzas musculares, 
aprendiendo el útil arte de bucear, ó bien, entreteniendo la 
inocencia en soltar y ver correr sobre las juguetonas olas 
navios infantiles. ¡Santa inocencia! ¡dulces entretenimien- 
tos, exentos de malicia y de dolor! 

No quiero terminar estas líneas , sin antes decir á 
Usted dos palabras sobre un fenómeno nuevo (para mí al 
menos, y no debe Ud. maravillarse), que he notado en las 
mareas; y es que en ciertas épocas y días, la marea noc- 
turna es unas tres veces mayor que la diurna, coincidiendo 
con cuartos de lunación. Yo creía que ambas mareas, diur- 
na y nocturna, eran iguales en altura, según me parece ha- 
ber leído: Ud. sabrá lo que hay sobre el particular; siendo 
tal vez lo por mí indicado, efecto de causas especiales de 
estas regiones y mares tan irregulares. De todos modos, 
quedo en hablarle á Ud. más detenida y detalladamente so- 
bre este punto, pues hoy no me es posible, á pesar de mis 
deseos, prolongar mucho estas líneas. 

También he tenido ocasión muchas veces de observar 
notable oleaje, estando la atmósfera en completa calma; 



CARTA SEMI-CIENTÍFJCA Á UN AMIGO 451 

oleaje suave, ondulante y de gran extensión, fenómeno que 
para estos isleños es pronóstico infalible de viento recio, 
que llevará la misma dirección que el oleaje. Otras veces es 
oleaje menudo^ ó mejor, gran movilidad en las aguas, en 
medio de la calma más completa, sin poderse apreciar sen- 
siblemente la dirección; en cuyo caso, dicen los isleños, que 
el viento llevará dirección opuesta al último viento que so- 
pló. La razón se alcanza fácilmente de que haya de suceder 
así: dicho oleaje menudo sería efecto de dos empujes opues- 
tos, el del último viento que sopló, y el del viento que sopla- 
rá, cuyo empuje es transmitido por las olas con anteriori- 
dad á la llegada del viento. 

Hora es ya de poner término á estas líneas, escritas más 
para complacer al fiel y cariñoso amigo ausente, que para 
enseñarle nada nuevo, que pudiera ignorar. Vea, pues, Us- 
ted en ellas, mis sinceros deseos de cumplir siempre sus ór- 
denes, que espera su más constante y leal amigo y afectuo- 
so hermano S. S. Q. S. M. B. 



Isleta de Cagayancillo, 1893. 



j^R. ^ALVADOR J^ONS, 
Agustiniano. 




bibliografía 




LEMENTOS DE MATEMÁTICAS pov el Padre Ángel Rodrigues, 
Doctor en Ciencias Físico-matemáticas, Projesor en el Real 
Colegio de Filipinos de Fa//a<ío/z¿¿. —Valladolid- Madrid, 
Imprenta de D. Leonardo Miñón, 1893.— En 4.°, 7 pesetas. 

Acerca de esta importante obra, decía no ha mucho el Movimien- 
to Católico, al dar cuenta de haberse publicado el Algebra, segunda 
parte de las tres que la obra abraza: ^'Con método rigorosamente 
científico, sencillez y claridad en la exposición y en el desarrollo de 
las teorías elementales de las Matemáticas, ha logrado el autor con- 
densar en reducido compendio cuanto de necesario y útil puede de- 
searse en el estudio de estas asignaturas de la Segunda Enseñanza. 
Muy útil ha de ser esta obra en nuestros Seminarios Conciliares, á 
los cuales la dedica de un modo especial el P. Rodríguez. Es notable 
el buen acuerdo con que su autor ha eliminado, casi por completo, 
las denominaciones de encabezamientos de párrafos: Definición, 
Postulado, Lema, Teorema, Corolario i.°, 2.°, etc. Escolio, etc., que 
tanto abundan en libros de esta clase, cuyo estudio hacen más pesa- 
do y más árido, sin que ganen en claridad y precisión. 

En la obra de que tratamos, merced al método empleado por el 
autor, no hay tanta aridez: se lee sin cansancio, que no es poco en 
tratados de Matemáticas. Aparte del mérito intrínseco de la obra, 
hay otra circunstancia muy digna de tenerse en cuenta. Leemos en 
la cubierta: "Escrita esta obra con el fin de que pueda servir de tex- 
to en los Seminarios Conciliares, y teniendo presente la escasez de 
recursos en que, de ordinario, se encuentran los alumnos seminaris- 



BIBLIOGRAFÍA 453 



tas, se vende ai precio más económico posible.,, En verdad, el precio 
señalado viene á ser la tercera parte de lo que suelen costar textos 
análogos de matemáticas elementales. Hasta aquí el citado perió- 
dico. 

La Revista Contemporánea decía en 30 de Enero, cuando apare- 
ció la Matemática. "Escribir un libro elemental de Matemáticas sin 
que se resientan ni el vigor de los razonamientos ni la exactitud de 
las definiciones, basta para acreditar, si no lo estuviese de sobra, el 
nombre del estudioso agustino...,, Y refiriéndose al Algebra, en el 
número 15 de Junio, añade la misma notable Revista. "Brillantemen- 
te prosigue el docto agustino la difícil tarea que se impuso de pre- 
sentar en forma sensible y elemental las matemáticas... Pero no está 
el principal mérito del P. Ángel Rodríguez en lo completa, con serlo 
tanto...; se distingue particularmente por el enlace lógico y riguroso 
de las ideas, por lo bien expuesto de los razonamientos y, sobre todo, 
por la forma sencilla y clara. Imposible que quien estudie el Algebra 
(podemos asegurar lo mismo de la Aritmética, Geometría y Trigo- 
nometría) que motiva estos renglones, no comprenda al punto la 
rama más importante y ardua de las Matemáticas. 

«Opinamos que el libro del P. Ángel es superior á la mayor parte 
de los de su género y que, si estrechas miras de lucro ó malenten- 
dido compañerismo no lo impiden, se dará pronto , no solamente en 
los Seminarios Conciliares á que lo destina, sino también en muchos 
Institutos. 

„Nunca se repetirá bastante: urge revisar detenida y concienzuda- 
mente los llamados libros de texto, y desechar los malos, háyalos es- 
crito quien quiera; y aun algunos de los buenos, si por su excesiva 
extensión, cosa frecuente, ó por lo abstruso de los conceptos, no se 
acomodan á las tiernas inteligencias de niños de diez á once años... 
Mientras no se proscriban esos abultados tomos, que no es posible ni 
aun dar una sola vez durante el curso, los pobres alumnos del Insti- 
tuto saldrán con la cabeza llena de un fárrago, más que inútil, per- 
judicial. En el ínterin, los que, como el laborioso agustino, escriben 
libros elementales, sencillos y exactos, de verdadera índole didác- 
tica, merecen mil plácemes calurosos.,, 

El autor ha completado su obra con el tratado de Geometría y 
Irigonometria, que acaba de salir á luz y que no desmerece de los 
dos primeros tratados; antes bien, le juzgamos de mérito superior, 
por presentar, con igual claridad y precisión, más novedad en el modo 
de estudiar las cuestiones geométricas. A pesar del corto número de 
páginas (158), resulta una obra completa dentro de lo elemental de 
Geometría. Contiene cuestiones que ni siquiera suelen apuntar otras 
geometrías, casi ninguna de las dedicadas á la segunda enseñanza. 
Como ejemplo basta citar las nociones, las curvas llamadas de se- 
gundo grado, secciones cónicas por otro nombre, de cuyo conocí- 



454 BIBLIOGRAFÍA 



miento elemental no puede prescindirse, porque hace falta en el es- 
tudio de la Física, como oportunamente el autor lo indica. Lo mismo 
diríamos acerca de la importante lección que dedica á la simetría de 
las figuras geométricas; y á Isls proyecciones, como preparación al 
estudio de la Trigonometría. 

Esta, en virtud del indicado método, queda reducida á menos 
de 18 páginas, sin dejar nada esencial ni que sea necesario para estu- 
dios posteriores, que en éstos han de fundarse. 

Reunidos todos los tratados en un tomo, resulta un volumen que 
no llega á 500 páginas, de impresión elegante; claro, conciso, acomo- 
dado á las exigencias modernas, digno por todos conceptos de reco- 
mendarse á los centros de enseñanza de España; y más si se tiene 
presente lo económico que resulta. 

{De un Diario de Valladolid.) 



Theologia moralis, auctore Augustino Lehmkuhl, S.J.—Editio sé- 
ptima ab auctore recognita et emendata. Cum approbatione 
Revmi. Archiep. Friburg. etSuper. 0;'í¿mzs. Sumptibus ac typis 
B. Herder. Friburgi Brisgoviae, 1893.— Dos tomos en 8.° de XX-816 
y XVL-872 pág.— Precio en rústica: 20 fr.: encuadernada 25 fr. 

En repetidas ocasiones hemos hablado ya de la Teología moral, 
obra del P. Lehmkuhl; los elogios que por su método y por la abun- 
dancia y claridad de la doctrina la hemos tributado, nos complace- 
mos en confirmarlos de nuevo con motivo de la séptima edición. Quien 
esté algo versado en achaque de libros, comprenderá desde luego el 
mérito del que, como el presente, ha sido reeditado siete veces en 
pocos años. No puede atribuirse éxito tan brillante, sino á las condi- 
ciones doctrinales de la obra, cuyo valor intrínseco es su mejor reco- 
mendación. 

Las mejoras introducidas en esta nueva edición afectan solo á la 
forma, y poco ó nada al fondo, si se exceptúan algunas nuevas decla- 
raciones emanadas de la Santa Sede. El mismo autor nos lo dice en 
el prólogo, cuando escribe: "Que se ha esmerado en aclarar los pun- 
tos" obscuros, modificando la redacción, y que ha puesto especial 
cuidado en conservar intacto el orden numérico de la edición ante- 
rior, hasta el punto de ser casi igual el número de páginas. „ Gusto- 
sos insistimos en recomendar á nuestros lectores obra tan excelente 
y que tan bien recibida ha sido en todas partes. 



bibliografía 455 



Advocacioxes, virtudes y misterios de María Santísima. Discur- 
sos cotnpuestos y pronunciados por el Presbítero D. Felipe Velas- 
ques y Arroyo. Segunda edición. Lérida. Imprenta Mariana, 1893. 
—Un tomo en 8.° de 356 pág.— Precio en rústica, 4 pesetas. 

Son innumerables las excelencias de la Virgen, 5' por mucho que 
de ellas se hable, queda aún mucho más por decir. No hay escritor 
católico que no haya consagrado á la Madre de Dios alguno de sus 
trabajos intelectuales: y bien puede asegurarse que la biblioteca 
mariana es la más rica y hermosa de todas. En todo tiempo ha sido 
la Virgen Santísima fuente inagotable de inspiración cristiana; por- 
que es tanta su grandeza, tantas y tan heroicas sus virtudes, tan mag- 
níficas y esplendentes sus perfecciones, que es imposible, si ha}^ fue- 
go en el corazón y entusiasmo en el alma, nc' sentirse atraído, dulce- 
mente arrobado por el espectáculo de una pura criatura enriquecida 
con todas las gracias del cielo y los encantos todos de la tierra. 

No es maravilla, por tanto, que el Sr. Velázquez y Arroyo ven- 
ga á aumentar con su obra el ya crecidísimo número de las dedica- 
das á cantar las alabanzas de María. Treinta y cuatro discursos son 
los que la componen, desenvolviendo en ellos los misterios de la Vir- 
gen que la Iglesia celebra, varias advocaciones y títulos con que la 
honra, y las principales virtudes que en María resplandecieron. En 
todos ellos descubre el insigne autor la devoción y fervoroso cariño 
que profesa á la mejor de todas las Madres. Los discursos están bien 
planeados; abundan en doctrina y saludables enseñanzas y el lengua- 
je es apropiado á los asuntos que en ellos se desenvuelven. Ha de 
permitirnos, no obstante, el Sr. Vázquez, que le llamemos la atención 
sobre ciertas expresiones y giros algo vulgares, y sobre algunas 
ampulosidades y exuberancias que de cuando en cuando se advier- 
ten en esos discursos. Hijo el primer delecto de la demasiada liber- 
tad, ó quizá de las condiciones del público á quien se dirigía, y naci- 
do el segundo de la rica imaginación del autor, afean algún tanto las 
-composiciones, sin que por esto pierdan el mérito que las avalora. 



Vida del venerable diácono D. Clemente Riera, natural de 
VicH, MONJE de la Cartuja DE Scalu Dei, escrita en 1693, y pu- 
blicada por primera VEZ CON UN PROEMIO Y APÉNDICES, POR D. JaI- 

ME CoLLELL.— Z7w volumen CU 8.^ de XXlV-264 pdgijtas.—'BcLrce- 
lona: Imprenta de Subirana Hermanos, 1893. — Precio: 2,50 pesetas. 

En otro número de nuestra Revista hemos dado á conocer á nues- 
tros lectores el primer volumen de la Biblioteca histórica de la dió- 
cesis de Vich, que con un fin nobilísimo ha empezado y prosigue el 



456 BIBLIOGRAFÍA 



ilustrado canónigo vicense. Ni el ímprobo trabajo que requieren 
obras de la índole de esta Biblioteca, ni la ingrata tarea de registrar 
bibliotecas y archivos, desempolvar pergaminos y ordenar y desci- 
frar apellidos manuscritos, han sido bastantes para arredrar el áni- 
mo esforzado del Sr. CoUell, antes penetrando con escrutadora mi- 
rada en la historia de lo pasado, y venciendo dificultades al parecer 
insuperables, ha conseguido enriquecer á la ciudad de Vich con una 
de sus más inmarcesibles glorias, y legar á las personas sensatas 
una admirable historia, ya casi olvidada, con la publicación de la 
Vida del venerable Clemente Riera. Campea en toda ella la libera- 
lidad de Dios para con su siervo, cuya alma embelleció adornándola 
con todas las virtudes en grado eminente, probándola en el crisol de 
las tribulaciones, ayudándola á triunfar de terribles tentaciones, que 
cual deshechas tempestades, amenazaban sumergirla en el caos de la 
desesperación y del pecado, é hiriéndola por fin con el dardo de su 
divino amor, llaga amorosa que le acarreó la más dulce de las muer- 
tes en la flor de su juventud, y á los cuatro años de vestir el sayal del 
estático fundador de la Cartuja. Cuan poderoso sea el valimiento del 
Venerable Riera, lo ha demostrado el Señor obrando muchos prodi- 
gios en los que con viva fe y confianza han invocado la protección 
de su siervo. Tal es, en breve resumen, la obra que acaba de publi- 
car el sabio canónigo de Vich, obra recomendable no sólo por los efi- 
caces remedios que suministra para contrarrestar los efectos de 
la emponzoñada atmósfera que hoy respiramos, sino también por 
el hermoso, al par que sencillo estilo con que está escrita, 5^ por el 
sabor místico que ha derramado en todas las páginas su piadoso au- 
tor, contemporáneo y hermano de hábito del Venerable. Dignos son 
de loa los esfuerzos con que el Sr. Coilell trabaja por enriquecer é 
ilustrar la historia de la diócesis vicense, y de desear sería que en 
todas las diócesis de España fuese seguido este ejemplo, porque ade- 
más de ampliar y completar una obra que es prodigio de erudición 
y genuinamente española. La España Sagrada del P. Florez, los 
trabajos de este género contribuirían á la mayor gloria de nuestra 
patria y esplendor de la Religión católica, protectora incansable y 
vanguardia del verdadero progreso. 



Los Grandes Arcanos del Universo.— (i*i!7oso//a de la naturaleza), 
por el P. Tilman Pesch, S.J. — Versión castellana de D. Eberardo 
Vogel y D. /. M. Orti y Lara.— Dos tomos en 4.° de 800 páginas.— 
Precio 20 pesetas. 

Al fin, después de muy prolijo y constante estudio y trabajo, se ha 
llevado á cabo la difícil empresa de trasladar á nuestro hermoso 
idioma esta obra monumental. Ya pueden leerla íntegra, desde el 



BIBLIOGRAFÍA 457 



principio hasta el fin, todos los amantes de la literatura científico- 
católica, destinada á mostrar con vivo esplendor la hermosa y fe- 
cunda harmonía que ha reinado y reinará siempre entre la Religión 
y la verdadera ciencia. 

Pero entre las obras de que consta ese género, hoy tan cultivadopor 
los sabios, no conocemos ninguna que compita, ni que se acerque si- 
quiera, á Los Grandes Arcanos del Universo. El autor de esta obra es 
uno de los mayores filósofos de la docta Alemania, sacerdote de la 
Compañía de Jesús, cuyo es el honor de contar entre sus esclarecidos 
miembros á escritor y maestro tan insigne. Júntanse, á la verdad, en 
él todas las dotes necesarias para acometer la gloriosa obrasignifica- 
da por su mismo título, conviene, á saber: competencia más que sufi- 
ciente en todos los estudios que comprenden las ciencias naturales; 
erudición riquísima, para la que nada hay desconocido en materia de 
investigaciones y adelantos, de autores antiguos y modernos, así entre 
los defensores como entre los enemigos de la verdad; criterio pene- 
trante y seguro, formado en el estudio de los grandes maestros de la 
Escolástica; genio, en suma, vasto y comprensivo, á quien no se 
substrae ni aun el más mínimo detalle de las investigaciones cientí- 
ficas, ni le impide volar por las altas regiones de la especulación la 
inmensa balumba formada por el número extraordinario de sus da- 
tos y noticias. Tales son, fuera de las muy excelentes de elegante 
escritor, diserto é ingenioso ala vez, las cualidades que se requieren 
en el hombre llamado á escribir el libro de Los Grandes Arcanos 
del Universo, y que, en efecto, se revelan en todas sus páginas con 
espléndida profusión. 

La materia de que trata esta obra, es sobremanera extensa, tan 
extensa como lo declara su mismo título. A la verdad, habiendo sido 
el pensamiento del autor exponer en forma accesible á todo lector 
algún tanto ilustrado el vasto sistema de la filosofía de la naturale- 
za, vulgarizando en cierto modo lo que ha}^ de más íntimo y escon- 
dido en las ciencias todas que tratan de los seres naturales, desde la 
Física hasta la Antropología, necesariamente han debido hacer 
parte en cierto modo todas ellas del magnífico panorama que aquí 
se descubre. Así, después de un estudio preliminar acerca de su ob- 
jeto, el autor expone las razone» fundamentales que presiden en 
todo él, á saber: los conceptos de materia, de fuersa, de ley, áefm; 
y luego que acerca de ellos expone y vindica la sana doctrina, da á 
conocer con suma claridad la doctrina de los modernos sobre la na- 
turaleza de las cosas visibles. Aquí se ofrecen ante los ojos del lector 
los dos falsos sistemas conocidos bajo los nombres de mecanismo y 
dinamismo, para el primero de los cuales todo es materia y movi- 
miento, así como para el segundo no hay sino mónadas simples é 
inextensas. El autor los somete al crisol de su poderosa crítica, y 
demuestra la falsedad de entrambos sistemas. Habiendo así purga- 



458 BIBLIOGRAFÍA 



do el campo de la Flosofía natural de tan monstruosos errores, el sa- 
bio autor considera llegada la hora de presentar ante los ojos del 
lector ese campo enriquecido con las hermosas doctrinas de la sabi- 
duría cristiana acerca de la constitución de la naturaleza de los 
cuerpos, de las propiedades y relaciones de los mismos, y de la ge- 
neración y corrupción de las substancias sensibles. En esta sección 
se ofrecen los conceptos fundamentales de la Biología y de la Antro- 
pología, tales como los formulóla antigua Filosofía tradicional, ilus- 
trados y confirmados con nueva luz en los tiempos presentes por los 
filósofos cristianos, entre los cuales descuella singularmente el Pa- 
dre Pesch. El estudio sobre el origen de las cosas, admirablemente 
explicado por él, pone término á esta riquísima sección y al volumen 
primero de la obra. 

El segundo es todavía más interesante, porque mira principalmen- 
te á confutar el mayor error de este siglo y aun de todos los siglos, 
del cual proceden, como de su raíz, los funestos delirios que han pe- 
netrado en las ciencias morales con gravísimo detrimento de la re- 
ligión y déla vida social, conviene á saber: el monismo cósmico en 
sus diversas formas; el cual, como es sabido, pretende explicar toda 
la realidad por medio de una sola substancia, que los panteístas or- 
dinarios llaman Dios, y los pesimistas inconsciente, y de cuya evo- 
lución y desarrollo indefinido sacan otros sofistas todo el plan gran- 
dioso y ordenado de la Creación visible. El P. Pesch deshace, con 
sólo tocarlos, todos estos globos de aire formados por el ingenio del 
hombre puesto al servicio de la soberbia, pareciendo en esta lucha 
como un gigante en cuyas manos se tornan en nada los argumentos, 
ó mejor dicho, las suposiciones y castillos en el aire de la moderna 
ciencia sin Dios. 

Una parte notable de este volumen está consagrada á la exposi- 
ción y crítica de las teorías llamadas de la descendencia, especial- 
mente de la que atribuyen al hombre los discípulos del famoso in- 
glés Carlos Darwin; debiendo añadirse que difícilmente se podrá 
hallar una exposición más luminosa, ni una crítica más acabada y 
perfecta que ésta, de tan funesta doctrina, que desgraciadamente se 
ha extendido en iodos los dominios de la ciencia y aun déla vida mo- 
derna. 

• Precisamente una de las mayores excelencias de este libro, es 
que, exponiendo y juzgándolos errores modernos introducidos en la 
Ciencia de la naturaleza por el espíritu del siglo, su autor ha puesto 
de manifiesto la íntima conexión de todos ellos con la parte de la Filo- 
sofía que trata del fin y destino del hombre, haciendo ver que las mo- 
dernas doctrinas morales y sociológicas, y en general los errores 
contra la religión y la moral, y contra la sociedad en general, nacen 
de esos otros errores, los cuales proceden á su vez del empeño de 
ingenios mal avenidos con los sacrificios que imponen el deber y la 



BIBLIOGRAFÍA 459 



conciencia, en forjar teorías que les eximan de la necesidad moral de 
observar la ley santa de Dios. No aspira á otra cosa en puridad la 
Ciencia moderna sino á desatar científicamente el vínculo de depen- 
dencia que sujeta la criatura al Creador, para que la primera se re- 
pute exenta de todo yugo y pueda repetir en todos los tonos, y en to- 
das las esferas y estados de la vida, el non serviam que pronunció 
el ángel rebelde en el cielo. Dichosamente, en la presente obra, me- 
jor acaso que en ninguna otra, se pone harto de manifiesto este ma- 
ligno artificiOjpara que no desaparezca el prestigio de que lo rodea la 
ciencia ateística de los modernos titanes, no menos orgullosos é im- 
potentes que los antiguos. 

La última parte de esta obra está consagrada al dualismo de la 
filosofía cristiana, formulado en estos sencillos términos: Dios y el 
mundo. El autor corona su obra mostrando la relación que media 
entre estos dos términos, y especialmente la que tiene con Dios el 
hombre, corona de la Creación. En esta última sección el genio filo- 
sófico del autor, elevado sobre todas las esferas visibles, sube hasta 
las más altas cumbres de la sabiduría cristiana; la Filosofía natural 
se torna de esta suerte en Etica y Metafísica verdadera, iluminada 
por el sol del Catolicismo. 

¡Hermosa obra á la verdad! ¡Grandioso monumento elevado por 
la razón y la verdadera ciencia en obsequio á la fe! ¡Monumento glo- 
rioso de erudición y doctrina levantado en la misma Alemania de 
donde surgieron los abominables errores que han conturbado al mun- 
do, pues de ellos se originan el liberalismo y el socialismo con todos 
sus horrores! Gloria sea dada, después de Dios, á la insigne Compa- 
ñía de Jesús, á la cual pertenece el autor de Los Grandes Arcanos 
del Universo. 



Real Property act de 1861 para la Australia del Sur.— (Acta To- 
vrens.)— Su critica y plan de una reforma inmobiliaria.— Memoria 
premiada con accésit por la Academia de Jurisprudencia y Le- 
gislación de Barcelona en el curso de 1892-93 y publicada por el 
Ilustre Colegio Notarial de Cataluña., por Antonio Monasterio y 
Gali, Notario del Ilustre Colegio del territorio de Barcelona, li- 
cenciado en Derecho civil y Canónico y eji el Administrativo, y 
exoficial segundo del Cuerpo adrninistrativo del ejército, con un 
prólogo por D. Buenaventura Agulló. — Barcelona, imprenta de 
Jaime Jejins y Roviralca, calle del Notariado, núm. 9.— 1893. 

Bastante dice del mérito de este trabajo el hecho de haber sido 
premiado por una Corporación tan docta y competente como la Aca- 
demia de Jurisprudencia y Legislación Barcelonesa. Ni obsta para 
reconocer ese mérito el que no hagamos nuestras algunas de las 



460 bibliografía 



apreciaciones del autor, porque no somos partidarios del dejad ha- 
cer, dejad pasar áe Ib. escvie\dLñs,\6cY?it2L, como tampoco de una in- 
condicional y opresora intervención del Estado en el orden económi- 
co. El lema de aquella escuela lo es también de la individualista y 
con los principios de ésta combate el Sr. Monasterio los más funda- 
mentales del acta de Sir Roberto Torrens, cuya base principal es 
atribuir al Estado la expedición del título de propiedad. Con infle- 
xible lógica demuestra á qué extremo pueden llegar las conclusio- 
nes del sistema Torrens cuya realización sería un peligro para la 
propiedad inmueble. 

El vigor que el ilustre Abogado muestra en la crítica de aquel 
sistema es igual á la competencia y erudición con que propone su 
plan de reforma inmobiliaria, sin que sea del caso indicar aquí si 
tiene ó no punto de contacto con los conocidos proyectos del autor 
de la ley agraria. 



Otras publicaciones.— Cf/^é-c/s^/zo sobre la divinidad de la Iglesia 
católica y de la religión revelada^ acomodado á los niños y d las 
personas del pueblo para que no se dejen seducir por la impiedad, 
por el Pbro. D.Juan Durante Higuera. Obra recomendada para 
la 1.^ enseñanza. Con licencia eclesiástica, 2.^ edición, Madrid, 1883. 
Librería religiosa de C. Hernández, 8.° cartoné, 157 páginas. 

Recomendamos á nuestros lectores la lectura de este pequeño li- 
brito, que aunque escrito para niños, puede ser muy útil á otros de 
mayor edad. 

De mis amigos de la niñez. — Librito de oraciones^ ilustrado y des- 
tinado á la injancia, aprobado por los Ihnos. Sres. Obispos de Ta- 
rragona y Friburgo.-FrihMv^o áe Brisgovia, 1893. B. Herder, li- 
brero, editor pontificio. Un tomo de 64 páginas en 448.", hermosa- 
mente encuadernado en papel de varios colores con rica impresión 
de oro sobre la cubierta y 49 magníficas láminas. Precio de venta 
50 céntimos de francos, 100 ejemplares 40 francos. 



^r?<^ 











Revista Científica 




as j^rantles iirofuii«liila«les del Océano. — Hace años que 
vienen haciéndose importantes estudios y trabajos de sondeo, 
con el fin de conocer la configuración del fondo de los mares: 
trabajos que, á más del interés que tienen para la navegación, ofrecen 
grande importancia científica. Llegará día en que podrá presentarse 
un mapa topográfico completo con las inñexiones de relieve é irregu- 
laridades que el fondo del mar tiene, como hoy se presentan mapas 
de la misma índole que representan una extensión cualquiera del 
suelo de los continentes. A título de curiosidad, presentamos en el si- 
guiente cuadro algunas de [.las profundidades más notables, con la 
expresión de las coordinadas geográficas que determinan el punto á 
que las medidas se refieren. Las longitudes están reducidas al meri- 
diano que pasa por Madrid. 



NOMBRES DE LOS MARES 



Latitad. 



Atlántico Norte 19<> 39'N 

Atlántico Sur O, 11 S 

Mar del Norte (Skager-Rack). 58, 12 N 

Báltico 58, 37 N 

Mediterráneo 35, 45 N 

Mar Negro 42, 55 N 

Mar de las Antillas 19, 00 N 

Océano Indico 11, 22 S 

Pacífico del Norte 44, 55 N 

Pacífico del Sur ..o 17, 4S 

Mar de Behering 54, 30 N 

Mar del Japón 38, 30 N 

Mar de la China. 17, 15 N 

Mar de JoIó 8, 32 N 

Mar de Célebes 4, 16 N 

Mar de Banda 5, 24 S 

Mar de Flores 7, 43 S 

Océano Glacial Ártico 78, 5 N 

Océano Glacial Antartico .... 62, 26 S 



30, 
33, 



Longitud. 

57°, 50' O 

9,45 

18, 00 E 

27, 00 E 

"' 16 E 

48 E 

72, 40 O 

125, 20 E 

160, 56 E 

163, 44 O 

167, 2 

143, 30 E 

127, 20 E 

130, 25 E 

132, 32 E 

138, 7E 

120, 56 E 

6, 00 E 

105, 14 E 



Prot'nudidad 

en 

metros. 

8.341 
7.370 
808 
427 
4.400 
2.618 
6.269 
6.205 
8.515 
8.284 
3.926 
3 000 
4.298 
4.663 
5.111 
5.120 
5.120 
4.846 
3.612 



462 REVISTA CIENTÍFICA 



Se ve por el anterior resumen que la profundidad mayor hasta 
ahora medida pertenece al Océano Pacífico del Norte, sigue á esta la 
medida en el Atlántico también del Norte. En el hemisferio Sur se 
encuentran del mismo modo las mayores profundidades en el Pacífi- 
co y en el Atlántico respectivamente. Es difícil, aunque no imposible, 
el verificar las mismas experiencias de medición de profundidades en 
todos los puntos de la gran extensión de los mares: así que se ignora 
si las habrá ó no mayores. Las regiones polares, tanto del Norte 
como del Sur, están aún por recorrer. Así y todo ¡qué enorme masa 
de agua no suponen 8.000 metros de profundidad! 

Podrían establecerse comparaciones mu