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La Ciudad de Dios 







CIUDAD DE DIOS 



REVISTA RELIGIOSA, CIENTÍFICA Y LITERARIA 



DEDICADA. 



AL GRAN PADRE SAN AGUSTÍN 



T MCTAM ni iiniKOS CE SU ORIEK 



ooiM .A.s>jRos.A.oiox4' mc3 x^iESBz j^emc j^ 




VOLUMEN XXXIV 



REDlfXIÓN Y Anilh'ISTRUJÓX 

REAL MONASTERIO DE SAN LORENZO DEL ESCORIAL (MADRID) 

1894 



A? 



Madrid, 18*)4.— Impkknta de D. Luis Aguado.— Püntejos, í^. 



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AL INCOMPARABLE 



DEFENSOR DE LA VERDAD CATÓLICA 



AL ÁGUILA DE LOS DOCTORES 



ÁN, G, P, SAN AGUSTÍN 



EN EL ANIVERSARIO DE SU CONVERSIÓN 



aacicsíSr d sus dacCtinas y. en- 






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La Conversión de San Agustín 



Y EL HIMNO "te DEUM, 




I SUMOS hay cuya fecundidad es tal que nunca se 
agota, por mAs que de ellos se escriba; y que siem- 
pre presentan al<íún nuevo atractivo al lector, aun- 
que muchas veces haya fijado sobre ellos su mirada y haya 
contemplado el alcance de sus horizontes. Por eso, aunque 
casi todos los años La Ciudad de Dios ha dedicado algunas 
páginas á la Conversión del ilustre Obispo de Hipona, no 
parecerá inoportuno, según costumbre, hablar hoy de nuevo 
sobre asunto tan trascendental para la Iglesia católica. 

Agustín, aquel joven fogoso, de tenacidad indomable, de 
talento precoz y de imaginación ardentísima, que no con- 
sintiéndole su vivacidad extremada y genio rebelde á toda 
disciplina escolar sujetarse al tardo y monótono paso con 
que se estudiaba en las aulas, abandona á sus maestros, 
toma en sus manos los libros de las ciencias, y sin guía ni 
dirección de nadie comprende á la primera lectura todo 
cuanto lee, y aprende con facilidad suma (que ni conoce 
ni sabe estimar por entonces) la Gramática, la Retórica, la 
Aritmética, la Geometría y demás ciencias y artes que en 



LA CONVERSIÓN DE SAN AGUSTÍN 



aquel tiempo se estudiaban , siendo el asombro y admi- 
ración de los que le trataban ; aquel que, seducido por los 
halagos de las pasiones que en edad bien temprana comen- 
zaron á bullir en su corazón, y no sabiendo reprimirlas ni 
dominarlas, y careciendo de un Mentor que le enseñase 
á contenerlas y dirigirlas, déjalas crecer libremente hasta 
convertirse en inconmensurable hoguera, en la que, cual 
mariposa inexperta, que sólo ve en el fuego el hermoso brillo 
de la llama, había de quedar abrasado, vese sumergido en 
la hediondez de los vicios; sin que basten i\ contenerlo ni su 
insaciable sed de saber, ni su pundonor y aborrecimiento á 
las acciones bajas y rastreras de la juventud africana, ni 
su desprecio á los agoreros y profesores de artes viles y 
engañosas, ni su corazón, por naturaleza amante de lo 
grande y de lo sublime, ni su alta reputación, adquirida con 
los triunfos en la Literatura y en el Foro. De precipicio 
en precipicio, va despeñándose por el abismo del mal; y 
de la corrupción de costumbres nació la obscuridad del 
entendimiento y la soberbia é hinchazón de la voluntad, 
que no le permitían conocer la verdad contenida en las divi- 
nas letras, porque no estaba expresada con el aparato y 
fastuosidad que él hubiera querido encontrar en ella : justo 
castigo con que Dios humilla el orgullo de los hombres, 
permitiendo que, cuanto mds se elevan en su opinión y más 
pretenden parecer dioses, eri'lts siciit di i, más se hunden 
en la nada de su ignorancia, llegando el entendimiento á 
despreciar la luz vivísima del cielo para abrazarse con las 
más monstruosas aberraciones, cuales eran las del here- 
siarca persa en que vino á dar Agustín. 

¡Pobre joven, qué camino tan diverso llevas del que so- 
ñabas emprender en los albores de la juventud! ¿Pero no ha- 
brá remedio para este hijo pródigo? ¿Han de malograrse 
irremisiblemente las admirables dotes con que plugo al cielo 
enriquecer aquella nobilísima alma? No : hale destinado Dios 
en sus inescrutables designios para cosas grandes, y él cum- 
plirá su destino. Xo en vano le fué dada por madre una 
Santa, y ésa se llama Mónica: no en vano le fué dada por 
madre aquella mujer singular, que supo grabar en el cora- 



9- 

zón de su hijo, siendo aún niño, el nombre de Jesús tan hon- 
damente, que jamás pudieron borrarlo del todo ni las vicisi- 
tudes del tiempo ni los extravíos de la juventud; nombre, al 
cual conservaba cierto secreto afecto interior, que le hacía 
tener por defectuosos los libro.-: más elocuentes de los pa- 
ganos, por no hallarle en ellos: no en vano recibió el ser de 
aquella que, ímhelando como el único objeto de sus desvelos 
sobre la tierra la conversión de Agustín^ vuela de Tagaste 
á Cartago, y se coloca á su lado, y le acompaña cual ángel 
tutelar; y aunque burlada en su piadosa credulidad por el 
hijo querido de sus entrañas, desaliando las hinchadas olas 
del proceloso mar, navega en pos de él para darle alcance 
en Roma y seguirle de allí á Milán, y hasta los últimos con- 
fines de la tierra á que Agustín se ausentase. Con sus conti- 
nuas lágrimas había de ablandar, no ya el corazón de un 
hijo, y de un hijo cual Agustín, sino las más duras piedras, 
haciendo imposible su pertinacia en el error, verificándose 
la profecía de aquel santo Obispo, que le había dicho: iVo 
tenias , fio es posible que se pierda un hijo de tantas Id^ ri- 
mas . "^Pieri non potesl itl Jiliiis islanini lacrynianiin 
pereat „ . 

Acercábase ya el tiempo en que Dios había determinado 
enjugar las lágrimas de Mónica y apiadarse del desgraciado 
hijo de su dolor. La vida relajada de los escolares de Car- 
tago, que él aborrecía; las noticias que le comunicaban de 
la morigeración y templanza de los estudiantes de Roma, 
y el deseo de hallar campo más dilatado en que poder espa- 
ciar las alas de su ingenio y extender los horizontes de su 
fama, impulsaron á Agustín á dejar su patria y encaminar- 
se á la capital del Orbe; pero el Señor dirigía sus pasos á 
más altos fines. Embarcóse sigilosamente, aprovechándose 
de las tinieblas de la noche para que no le viera su madre, 
que, recelosa del caso, no quería apartarse un momento del 
lado de su hijo; pero Dios comienza á salirle al encuentro, 
y, cual á otro Jonás, envíale una tempestad horrorosa que 
hace zozobrar la nave; y al llegar á Roma póstrale en cama 
con tal padecimiento, que le puso á los bordes del sepulcro; 
pero en vano, pues el corazón de Agustín estaba tan pegado 



10 LA CONVERSIÓ.V DK SAN AGUSTÍN 

á las cosas de la tierra, que ni siquiera se acordaba que, 
después de ésta, hay otra vida de felicidad ó desdicha. Y ¡oh 
admirables juicios de Dios! Las oraciones y lágrimas de 
aquella madre que derrama su corazón toda la noche ante el 
Altísimo en la ermita de San Cipriano, donde su hijo, con 
engaños y con la falsa promesa de que no se embarcaba ni 
se embarcaría jamás sin llevarla consigo, le había obligado 
á retirarse, esas lágrimas y oraciones son las que le libran 
de la muerte temporal y eterna : ¡tanto pueden para con Dios 
las oraciones de las almas justas! 

Libre ya del padecimiento, abre su cátedra y vese rodea- 
do de numeroso auditorio, compuesto en gran parte de la 
más encumbrada grandeza de Roma, que ávida de noveda- 
des anhelaba escuchar al nuevo maestro, sin desdeñarse de 
recibir lecciones del profesor de la vencida Cartago, que se 
gloría ahora de vencer en Agustín á su orgullosa y vence- 
dora rival. Crece cada día y sube de punto su fama, y vuela 
en alas del viento de pueblo en pueblo y de ciudad en ciudad 
hasta los confines de Italia, y es por unanimidad aclamado 
por el mejor retórico del Imperio; y confirma él mismo 
la opinión general con muy elocuente discurso engalanado 
con todos los primores del arte, pronunciado en elogio del 
Emperador ; y obtiene en recompensa la cátedra de Elocuen- 
cia de la corte imperial , á la que es conducido en son de 
triunfo, con toda su comitiva, en coches del Estado y por 
cuenta del Erario público. ¿Quién no llamaría á Agustín di- 
choso y el más feliz de los hombres, viéndole tan honrado y 
coronado de tanta gloria? Sin embargo, ¡cuan lejos de 
la verdad se hallaría el que así lo creyese! 

En medio de aquellas nubes de incienso que le cubren, y 
como que le embriagan, le sale de nuevo Dios al encuentro 
y derrama sobre el corazón de Agustín amarguras de hiél, 
para que comience á reconocerse y vea las erradas sendas 
por donde camina y los precipicios en que irremisiblemente 
va á despeñarse. Dale á conocer lo absurdo del Maniqucísmo; 
hácele Vc-r las abominables costumbres de los maniqueos, á 
quienes él incautamente seguía y había hecho que les si- 
guiesen otros, por creer que descubriría entre ellos la ver- 



Y EL HIMNO "te DEUAI„ 11 



dad que su corazón anhelaba; y fué tal el horror que le cau- 
saron, que jura cortar todas las relaciones con los inmundos 
discípulos del heresiarca Manes. Vuelve entonces con la 
consideración sobre sí, y nota en su interior un vacío in- 
menso que nada de este mundo puede llenar, y renace de 
nuevo en su espíritu el hambre de verdad, sin la cual aque- 
lla grande alma no puede vivir, y <1 todas partes tiende su 
mano suplicante y no encuentra con qué mitigarla. Los siste- 
mas filosóficos no le satisfacen; ha conocido su insuficiencia 
para llenar las aspiraciones de su corazón, y por todos lados 
se ve cercado de sombras, tinieblas y horror: nada cree; 
duda de todo, y su ánimo desfallece, sin saber qué camino 
tomar ni ocurrírsele volver los ojos á la Religión católica. 
¡Triste estado el de Agustín! Pero estaba dado el primer 
paso en el camino de la salud, y pudo regocijar á su madre, 
al salirle al encuentro en Milán, comunicándole aquella para 
Mónica tan consoladora noticia: Madre, ya no soy maniqueo. 
Sigúele Dios, por decirlo así, paso á paso; y cuando aquel 
singular ingenio, el más profundo que vieron los siglos, y 
aquella inteligencia, que apenas conocía límites, fluctuaba 
cual nave sin timón entre las olas de un mar embravecido; 
cuando aquella águila imperial, que solía remontar su vuelo 
sobre las más encumbradas montañas, plegaba rendida sus 
alas, para no levantarse más, al parecer, de entre el polvo 
de la tierra, depárale el Señor un mensajero celestial, un 
ministro y dispensador de la divina misericordia, en el dul- 
císimo Ambrosio, que con su caridad ardentísima, con aque- 
lla ternura y amabilidad de madre, que sólo puede inspirar 
la virtud, sabe captarse el afecto de Agustín, y con su pala- 
bra meliflua, más suave que el misterioso panal de miel 
que fabricaran las abejas en su tierna boca cuando aún va- 
gía en la cuna, va disipando las dudas y prevenciones 
de aquél, que siente renacer en su alma cierta alegría inte- 
rior al oirle explicar las verdades católicas, que Agustín, 
sólo por curiosidad y por admirar la elocuencia en que iban 
envueltas, oía. Pero esas verdades van poco á poco pene- 
trando en su espíritu; hoy le parecen exentas de contra- 
dicción, de mentira y de error; mañana las juzga probables 



12 LA CONVERSIÓN DE SAN AGUSTÍN 

y dignas de atención y respeto, y por fin las reconoce 3' 
abraza como las únicas capaces de labrar la felicidad de los 
hombres, y el objeto por que tanto suspirara en su vida. 

Habíase ya convencido el entendimiento de Agustín; 
había dado ya un paso de verdadero gigante; pero faltábale 
otro mayor: había rendido la primera potencia del alma; 
pero faltábale por vencer la más rebelde de todas, la volun- 
tad. Era necesario librar el más reñido combate, sufrir la 
lucha más terrible de todas; rendir, no á enemigos extraños, 
sino vencerse á sí mismo, con todo el tropel de afectos y 
pasiones desordenadas que tanto tiempo se habían enseño- 
reado de su corazón: tenía que romper aquellas cadenas que 
le habían aherrojado, haciéndole esclavo, como ú\ mismo 
dice, de tantos señores cuantos eran los vicios que le domi- 
naban. 

El amor de Dios, la castidad y demás virtudes solicitan 
su corazón, le alientan, le hacen arder en deseos de alcan- 
zarlas; pero los malos hábitos, las costumbres inveteradas, 
los placeres que tanto tiempo le habían regalado, y con los 
cuales en tanta intimidad había vivido, le acusan de ingra- 
to, y qu(jjanse amargamente de que intente abandonarlos 
ahora y para siempre, ¡para siempre!, y detienen los pasos 
de aquel espíritu siempre sensible y tierno, en medio de su 
carrera. 

Intenta quebrantar las cadenas, forcejea por desasirse de 
tan funestas prisiones; pero desfallece y se rinde de nuevo á 
ellas; cobra otra vez aliento y redobla sus esfuerzos, y lle- 
no de confusión, de vergüenza y de ira contra sí mismo, ar- 
guyendo duramente su cobardía, vuelve á la lucha con más 
decisión que antes; pero todo en vano: otra y otra vez su- 
cumbe rendido; y entre los choques de aquellas dos fuerzas 
que disputan el señorío de su alma, se apodera de su espíritu 
una turbulenta indignación; sufre atrozmente, tortúrase en 
su interior, incrépase á sí mismo con acrimonia indecible 
por no ser más resuelto y decidido, y, volviéndose y revol- 
viéndose contra los lazos que le aprisionaban, consigue casi 
romperlos, pero no del todo: queda siempre intacto el pos- 
trer anillo, y Agustín en él prisionero. 



y EL HIMNO "TE DEUM„ 13 



Llega ya el desenlace de aquel conmovedor é interesante 
drama: vino sobre Agustín el último toque de la divina gra- 
cia. El ejemplo del afamadísimo retórico Victorino, que en 
la cumbre de su gloria, abandonando los ídolos, sujetó hu- 
milde su cabeza al yugo suave de la Religión católica, en- 
tre los aplausos de Roma; la mudanza de los dos nobles 
áulicos del P2mperador, que Ponticiano refiere haber dejado 
el mundo y cuanto tenían en él, y haberse retirado al desier- 
to á vivir vida religiosa, movidos por la lectura de la vida de 
San Antonio, y las estupendas obras y milagros del gran 
taumaturgo de Egipto, le hacen prorrumpir del fondo de su 
alma en aquel Quid est Jioc, Alipi? Surgítiit indocti et 
rapiíiut calitm, et nos?, etc.; y una nube de Ligrimas que, al 
oir estos hechos, cual fecunda lluvia desciende sobre su co- 
razón, le ablanda y enternece sobremanera; y por fin, la 
voz sonora del ángel que canta con inefable dulzura aquel 
tolle, les^c, talle, lege, y el texto de San Pablo, leído por man- 
dato del ciclo, que le ordena poner fin á los banquetes y pla- 
ceres terrenos y vestirse de Jesucristo, inunda su espíritu 
de vivísima luz del cielo, que ahuyenta del corazón de Agus- 
tín hasta las más pequeñas sombras de las dudas y vacila- 
ciones pasadas, y llena de tal esfuerzo su voluntad, que ni 
las tribulaciones ni las angustias ni criatura alguna hubiera 
podido contrarrestar su voluntad de entregarse de lleno al 
Señor; }'■ es en un momento transformado de indeciso en re- 
suelto, de pecador en justo, de terreno en celestial, de ene- 
migo de la Iglesia en el más decidido defensor de ella. En- 
júganse las lágrimas de Santa Mónica, ve San Ambrosio 
coronado con el mejor éxito sus desvelos, alégranse los 
católicos y aplauden los ángeles desde el cielo. 

Prepárase i\gustín á recibir el bautismo, y al derramar 
sobre su cabeza el santo Obispo de Milán las regeneradoras 
aguas, entreviendo con luz superior los futuros destinos de 
aquél neófito, rebosa de placer y alegría, y desahogando el 
júbilo que embargaba su pecho, apenas terminado el acto, 
cual otro Moisés pasado el mar Rojo, en acción de gracias 
al Todopoderoso, entona conmovido el Te Deiim lauda- 
mus, á lo cual responde Agustín Te Dominum confite- 



14 LA CONVERSIÓN' DE SAN AGUSTÍN 

muy; y así, dice el Breviario, aquél célebre himno fué can- 
tado alternatim, mutuamente hasta el fin por aquellos dos 
santos, ya sea que entonces lo improvisasen, yd que para 
tan solemne acto lo hubiesen preparado. 

Y he aquí, según reza muy antigua y respetable tradi- 
ción, el origen de este himno, tan inspirado y magnífico; cu- 
yos acentos frecuentemente resuenan en nuestras iglesias, 
llenando con sus ecos así las espaciosas bóvedas de las 
grandiosas basílicas y catedrales, como las modestas naves 
de los demás templos. 

Y, en efecto, si conseguimos humillar en buena lid á for- 
midable enemigo; si la patria consigue victorias; si sus sol- 
dados se coronan de lauros; si tras prolongadas y sangrien- 
tas luchas respira libre y gozosa días de paz y ventura; si la 
peste que devastaba provincias enteras, comarcas y regio- 
nes, desaparece, y el ángel exterminador recoge su fulmi- 
nante espada; si los terremotos que amenazaban desquiciar 
al Orbe y sumergir á los vivientes en las entrañas del abismo 
dejan reposar la trabajada tierra; si el Señor mitiga su enojo, 
y levantando su mano contiene los efectos de su ira, que des- 
cargaba inexorable sobre la estirpe de Adán; en todos y en 
cada uno de los sucesos prósperos }• felices que sobrevienen 
á las naciones, á las ciudades y pueblos, y siempre que con- 
seguimos vernos libres de trab¿ijos y penas, el himno Te 
Deuui ha de ser el eco fiel de la gratitud de nuestra alma 
hacia el Criador, y el medio más oportuno para que el co- 
razón, oprimido antes por la tristeza y rebosando ahora de 
placer, dé salida á la alegría de que se siente inundado y no 
puede contener en sus senos. 

Y, en efecto, nada más á propósito para dar gracias á 
Dios, reconocer su poder y mostrar nuestra admiración 
por los efectos de su providencia, que ese canto admirable 
en el que, comenzando por una sublime efusión del espíritu 
y un celestial transporte de gratitud, prorrumpe el alma en 
aquel estupendo acto de alabanzas al Criador de todas las 
cosas, Te Deum laudamiis , reconociéndolo por Supremo 
Señor de todo, ante cuya majestad, sobrecogido de espanto 
el espíritu humano, reconociendo la pequenez de su ser, 



Y EL HIMNO "te DEU!M„ 15 



prosternase anonadado, débil y abatido, y exclama: Te Do- 
miniim confitomir ; pero recobrándose de aquel abati- 
miento, y elevándose sobre sí por la virtud de lo alto, re- 
móntase en seguida á la contemplación de aquel supremo é 
inefable Ser, sin principio ni fin, siempre antiguo y siempre 
nuevo, sin mudanzas ni alteraciones, causa y fuente inago- 
table de todo bien; y tendiendo después su vista por los an- 
churosos espacios del cielo, y abarcando con una mirada 
toda la creación, ve la inmensidad de los seres reflejando la 
gloria de la infinita majestad de Dios, y á todos los espíri- 
tus celestiales, ángeles, arcángeles, querubines y serafines, 
con los apóstoles, mártires, vírgenes y confesores, y todos 
los ejércitos de bienaventurados formando un inmenso coro, 
que á modo de torrente de suavísimos ecos de celestial 
harmonía entonan de continuo aquel Santo, Santo, Santo, 
ScHor Dios de tos ejércitos; á los cuales responden, procu- 
rando imitar sus melodías, los moradores de la tierra, que 
forman la Iglesia de Dios, extendidos por todo el Orbe, acla- 
mándole por Dios verdadero, uno solo en esencia y trino 
en personas: Padre de inmenso poder y majestad; Hijo uni- 
génito del Padre, espejo sin mancilla de su infinita bondad, 
y Rey de cielos y tierra; y Espíritu Santo Paráclito, proce- 
dente del Padre y del Hijo, digno del mismo honor y adora- 
ción que los dos. Y admira, sobrecogido de espanto y reve- 
rencial temor, al Hijo del Altísimo, lleno de gracia y de poder, 
humillarse hasta vestir carne humana y padecer trabajos y 
dolores sin cuento y la afrentosa muerte de cruz, sin haber 
tenido horror de habitar nueve meses en la obscura cárcel 
del vientre de la Virgen María. É ilustrado después por la 
fe, verdadera luz venida de lo alto, comprende los sublimes 
efectos de tan profunda humillación, y múdase el estupor y 
asombro en júbilo y alegría al ver al hombre renovado por 
medio de aquella pasión y muerte, y convertido de esclavo 
de Satanás en hijo adoptivo de Dios, de desterrado del Pa- 
raíso á este valle de lágrimas en ciudadano del cielo, cuyas 
puertas le fueron abiertas por el Salvador, volviendo á co- 
rrer desde entonces abundantísimos los raudales de gracias 
y de las misericordias divinas suspendidas por el pecado del 



16 



LA CONVERSIÓN DE SAN AGUSTÍN Y. EL KIMNO "TE DEUM„ 



primer morador de la tierra; y rebosando de gratitud hacia 
el dador de esos bienes, y llena de firme esperanza al con- 
siderar la inagotable caridad del Señor, prosternase de nue- 
voante la Majestad infinita, le suplica de lo íntimo de su 
corazón venga en auxilio de los que redimió con su sangre: 
Te ergo qiiccsumns tiiis faniidis snbrcni\ quos pretioso 
sangitine rcdeuiisti ; y que nos ayude todos los días y no- 
ches, pues en todas horas necesitamos del socorro del cielo, 
bendiga y salve á su pueblo escogido para ser su sempiter- 
na herencia ; y que siendo él su guarda y sostén la ensalce, 
engrandezca y eleve, á modo de ciudad colocada sobre la 
cima de un monte, que no pueda ocultarse á la vista de los 
hombres, sino que todos la vean; 3' entrando en ella los 
que aún permanecen fuera, encuentren el camino que con- 
duce á las puertas de la eterna bienaventuranza. Después 
de esta tierna plegaria, cual si le hubiesen dado seguridad 
completa del favorable despacho de su petición, con una fe 
ardiente y esperanza sin límites termina dando testimonio 
de su omnímoda confianza en el Señor y de la causa que á 
esperar le mueve con aquella sublime é indescriptible ex- 
clamación: Jn Te Do/níne spcraví: iioii confitndav in crtcr- 
jiiíi/i. No seré, Se flor, jamás confundido, porque lie espe- 
rado c)i Ti . 

fR. JinSO J-OPEZ. 

Agustiniano. 
(Concluirá.) 




La Meteorología en EspaNa 




-;, en verdad, bien poco halajíiieño el que hayamos 
de empezar este artículo lamentando lo atrasados 
que estamos en Meteorología, comparando nuestra 
situación con la de otras naciones europeas y americanas. 
Y no es que en España se desconozca en absoluto ni la im- 
portancia de la ciencia meteorológica, ni sus progresos en 
el resto del mundo civilizado, ni los medios conducentes 
que, puestos en práctica, podrían contribuir entre nosotros 
al desarrollo de estos estudios y de sus aplicaciones; ni me- 
nos faltan en la Península personas competentes que pudie- 
ran dar mayores impulsos y reducir á la práctica convenien- 
te la organización del servicio meteorológico, hasta obtener 
de él todos los resultados que deben esperarse. Tampoco 
faltan elementos muy valiosos, por toda la Península exten- 
didos; estaciones, aunque pocas, mejor ó peor servidas; afi- 
cionados que observen, curiosos que lean y hombres que 
estudien; lo que falta es un organismo bien dispuesto, con 
las partes bien enlazadas entre sí, á fin de que la máquina 
funcione con regularidad y sin tropiezos; porque así ha de 
funcionar la de la Meteorología moderna, dinámicamente 
considerada, si de su empleo se esperan resultados satisfac- 



18 LA METEOROLOGÍA EN ESPAÑA 



torios. Porque ya no se trata simplemente de Climatoloííía 
propiamente dicha, ó del estudio de una región determinada; 
es preciso elevarse á la consideración del dinamismo atmos- 
férico y abarcar de una sola mirada el conjunto de pertur- 
baciones en el equilibrio de la masa aérea; buscar, conocer, 
relacionar los centros principales y secundarios de esos 
trastornos más ó menos considerables; indagar sus mutuas 
influencias, para deducir, como consecuencias del fenómeno 
general, los acontecimientos particulares. Tal es la aspira- 
ción suprema de la ciencia de los meteoros. 

De no haber considerado á la Meteorología desde su ver- 
dadero punto de vista, nace, Á nuestro entender, la indife- 
rencia lamentable con que se ha cultivado su estudio en nues- 
tra patria, aun A pesar del ejemplo de otras naciones. Que 
la Meteorología, aun solamente considerada por el lado que 
se roza con la Climatología, interese y proporcione ventajas 
á toda clase de personas, destinos y profesiones, ¿quién, que 
desapasionadamente juzgue, puede dudarlo? Ella ofrece, ge- 
nerosa, inapreciables servicios y presta poderoso concurso 
al médico en el ejercicio de su profesión, tan honrosa para 
él como necesaria para la humanidad; los accidentes atmos- 
féricos, sus cambios y alternativas pueden guiarle por sen- 
da segura para determinar, conocer y explicar la causa, el 
origen, el progreso, desarrollo y variaciones, los recrude- 
cimientos y atenuaciones de las enfermedades y epidemias. 
Tiene la Meteorología sus ventajas para el artesano en sus 
talleres, el industrial en sus empresas, el comerciante en sus 
negocios. Las ofrece sin número y con verdadera prodiga- 
lidad al labrador en las faenas del campo y en los quehace- 
res domésticos; al pescador de las costas en sus arriesgadas 
y continuas tareas; al naturalista en sus excursiones cientí- 
ficas, como al astrónomo que registra los profundos senos 
del espacio. El comercio, la industria, la navegación, la 
medicina, la higiene, la agricultura, la salud pública, y en 
general cuanto tiende al bien de la sociedad, ¿qué ventajas 
y adelantos no tendrían derecho .1 prometerse si el servicio 
nacional meteorológico fuera lo que debe ser; si la Climato- 
logía particular y general de España estuvieran mejor cono- 



LA METROROLOGÍA EX ESPA^'A 19 

cidas; si se hubieran utilizado debidamente, y aun hoy se 
utilizasen, los escasos elementos con que ya contamos? 

Hace bastantes años que vienen recogiéndose y encasi-- 
liando en resúmenes las observaciones meteorológicas pro- 
cedentes de las estaciones bien ó mal montadas, casi sin do- 
tación y servidas muchas de ellas con bastante descuido, en 
los Institutos provinciales y Universidades del Reino; y hasta 
ahora, nadie de los que debieran hacerlo ha tratado de mo- 
ver la mano ni de dar el impulso para que esas observacio- 
nes coleccionadas por el Observatorio central, en donde no 
se ha hecho más, sin duda por falta de medios y por no ha- 
ber venido el impulso desde esferas más elevadas, para que 
esos datos tan preciosos sean estudiados, comparados y re- 
lacionados unos con otros para ver de llegar al conocimiento 
de las lej'cs que rigen el desenvolvimiento de los acciden- 
tes meteorológicos, ya por lo que á la Península ibérica con- 
cierne, bien por las relaciones que tienen con los que son 
propios de las comarcas vecinas. 

Así es que. si bien existen numerosos resúmenes de ob- 
servaciones, principalmente de las capitales de provincia, 
casi para nada valen mientras sobre ellos no se hagan estu- 
dios serios y concienzudos. De aquí resulta que la Climato- 
logía propia del quebrado suelo español esté aún sin co- 
nocer, si se prescinde de contados trabajos parciales que, 
si pueden servir como materiales para el edificio de la cien- 
cia meteorológica, falta aún el arquitecto que trace el plan 
y corone la obra. La Meteorología puede dividirse en terres- 
tre y en marítima : la primera se puede asegurar que aun 
está en el principio; pero hemos de reconocer de buen grado 
que la marítima se halla más adelantada, y acaso á igual al- 
tura que en otras naciones, si no se resintiera también de 
la falta de organización de que adolece la terrestre. La di- 
ferencia proviene de que en los dilatados horizontes del 
Océano, tranquilo á veces como presagio de la tormenta que 
se prepara, y enfurecido otras como león irritado, ha puesto 
ante el marino que boga sobre sus encrespadas olas la nece- 
sidad de estudiar detenidamente el origen y desarrollo de 
los meteoros para prever y evitar en lo posible tantas y tan- 



20 LA METEOROLOGÍA EX ESPAÑA 



tas desgracias con que el gigantesco empuje de las olas ame- 
naza frecuentemente á la existencia de los muchos que sur- 
can los mares. 

La iniciativa dada por Maury á esta clase de estudios, 
los trabajos importantes del ilustre marino, encontraron eco 
favorable entre los del gremio. Debido á esto y á un estudio 
continuado, los cambios atmosféricos y las leyes dinámicas 
de la Meteorología moderna son más conocidos por la gente 
de mar que por los que viven en tierra firme. Y á decir ver- 
dad, ¿qué fuera de la infortunada embarcación sorprendida 
por uno de esos ciclones en la mar tan frecuentes, y arras- 
trada con violencia irresistible, si el ilustrado piloto desco- 
nociese las leyes de traslación y giro de la masa aérea» 
y no tratara de evitar el lado peligroso de la corriente cicló- 
nica, y colocando ó inclinando la embarcación hacia el lado 
manejable no empleara todos los recursos de su ingenio y 
de su ciencia para alejarse del vértice de la tempestad, cuar- 
teando, por decirlo así, las encrespadas montañas del líqui- 
do, como se cuartea, para subirla, la rápida pendiente de un 
empinado cerro? Bien saben los avisados pilotos que el de- 
jarse llevar á merced de la corriente en tales casos es pre- 
cipitarse en el mismo vórtice ciclónico, en donde les espera 
inevitablemente horrible y angustioso naufragio. Por eso su 
especial empeño consiste en alejarse cuanto puedan del cen- 
tro del ciclón, y la experiencia y el estudio les han enseñada 
reglas meteorológicas que les sirven de guía para evitar el 
desastre, si no siempre, en la mayoría de las ocasiones. La 
misma experiencia y el mismo estudio les han marcado en 
sus cartas, jwito con las rutas que deben seguir, los para- 
jes del Océano más expuestos á las influencias atmosféricas» 
y los que, en condiciones especiíiles de un temporal revuel- 
to, pueden ofrecerles más ó menos peligros, mayor ó me- 
nor seguridad. 

La Meteorología terrestre, lo hemos dicho, está muchísi- 
mo más atrasada; y en cuanto á los hombres del campo, los 
que se dedican á las faenas agrícolas y al pastoreo, entien- 
den en esta materia lo que entendían nuestros bisabuelos, 
lo que ya escribió Plinio. V^erdad es que entre ellos, y singu- 



LA METEOROLOGÍA EN ESPAÑA 21 

larmente entre los pastores de profesión, los hay que, guia- 
dos por la experiencia de muchos años, conocen indudable- 
mente, y con más ó menos anticipación , en general al me- 
nos, muchos de los cambios atmosféricos que amenazan á 
la comarca en que han vivido y observado, aunque sin sa- 
ber muchas veces darse cuenta y razón clara de lo mismo 
que observan. El pueblo ha condensado en refranes y afo- 
rismos no pocos hechos meteorológicos, relacionándolos, 
del modo que le es peculiar y característico, con asuntos é 
ideas que nada tienen que ver con las variaciones atmosfé- 
ricas. De estos refranes, los más carecen de verdadero fun- 
damento; pero en otras ocasiones constituyen reglas prácti- 
cas bastante exactas y muy expresivas para las comarcas 
en que se han formulado. La Meteorología no desdeña estos 
elementos; pero tampoco se satisface ni los admite sin antes 
analizarlos y ver si tienen algún fundamento real en el or- 
den meteorológico. 

Aun cuando la Meteorología moderna no llegase á resol- 
ver de un modo definitivo el problema capital de la previ- 
sión del tiempo con una, dos ó más semanas de antelación, 
siempre sus adelantos y conquistas, aun en el concepto de 
puramente estática, y en la esfera climatológica, serían de 
importancia capitalísima. Es indudablemente cierto que si 
nuestros agricultores, á la experiencia rutinaria que han ad- 
quirido, pudiesen añadir algo más de ilustración }'- supie- 
ran darse cuenta razonada de los accidentes meteorológi- 
cos que experimentan y observan, y conociesen las relacio- 
nes más ó menos inmediatas que unen á estos fenómenos 
con los del movimiento anual de vegetación , y de la cría de 
animales, sus trabajos y afanes constantes serían doblemen- 
te productivos: muchos terrenos, que por la rutina sistemá- 
tica del que los cultiva producen escasos y malos frutos, 
producirían , sin duda, muchos más y mejores. Si á esto se 
añade el que, con un buen servicio meteorológico nacional, 
se propagarían los conocimientos de la ciencia de los meteo- 
ros, facilitando los medios de que el labrador fuera compren- 
diendo su utilidad ; y si á tiempo oportuno se hiciesen llegar á 
los puntos principales de la Península y á los puertos de las 



22 I.A METEOROLOGÍA EN ESPA5ÍA 

costas los anuncios ó pronósticos de los cambios atmosfé' 
ricos más probables durante las veinticuatro ó las cuarenta 
y ocho horas siguientes, en vista del estado actual del aire, 
utilizando, no sólo la prensa, sino muy especialmente el te- 
légrafo; el labrador, el industrial, el comerciante, el mari- 
no, etc., tendrían á su disposición reglas eficaces para pre- 
venir los medios de evitar las muchas pérdidas y desgracias 
que experimentan. 

Y el llegar á este resultado de la previsión del tiempo á 
fecha corta j^a no es tan difícil como pudiera aparecer á 
primera vista, según trataremos de demostrar más adelante. 
Este modo de previsión de los cambios de temporal, siempre 
que no se extienda á más de veinticuatro ó treinta horas, es 
ya un hecho real, es una verdadera conquista de la Meteoro- 
logía moderna. Si sus pronósticos caen en defecto muchas 
veces, es más por la falta del estudio climatológico de las 
regiones, en particular, que modifican la marcha general de 
los fenómenos, que por deficiencia del sistema, tanto más se- 
guro y exacto cuantos más detalles se tengan en cuenta, y 
cuanto más profundos sean los conocimientos prácticos del 
que relaciona los datos y combina las observaciones que sir- 
ven de base al pronóstico. El sistema de anuncios meteoro- 
lógicos, ideado por el inmortal Le Verrier y perfeccionado 
poco á poco, resuelve, sin duda, el problema de la previsión 
de que venimos hablando, con tal que las oficinas centrales 
del servicio funcionen con regularidad y en harmonía con 
las estaciones secundarias, y siempre que unas y otras estén 
atendidas como conviene, y al frente de ellas personas que 
conozcan bien lo que traen entre manos. Y no creemos que 
se necesiten condiciones extraordinarias de talento ni de 
ciencia sublime para poder indicar con seguridad bastan- 
te, dentro de los límites probables, el tiempo que amenaza 
á una región determinada cuando previa y actualmente se 
conoce el estado atmosférico de toda la Península ibérica, 
por ejemplo, y de las regiones que la rodean, presupuesta, 
como se presupone conocida también, la forma en que, en 
condiciones análogas, suelen desarrollarse estos fenóme- 
nos que, ó ya se acercan, ó ya se están iniciando. Conocido 



LA METEOROLOGÍA E\ ESPAÑA 23 

este origen y las circunstancias que le acompañan, este mo- 
do de previsión puede asemejarse á la que haríamos de la 
llegada de un buque al puerto de Barcelona, después que 
supiésemos que en tal día y A tal hora había de salir de 
Cerdeña, verbigracia. El error no sería mucho si, con mar- 
cha constante, 7to encontraba entorpecimientos en todo el 
trayecto; pero si con éstos se contaba también, la previsión 
sería exacta. Pues bien; cosa parecida sucede en el asunto 
de que tratamos: llega á nuestras costas de S. O., ó allí se 
origina, una depresión barométrica con marcada tendencia 
á invadir la Península; los caracteres de intensidad, de ve- 
locidad, de propagación, del rumbo que toma, etc., indican 
al meteorologista experimentado los efectos que en su curso 
puede producir dicha depresión; pero le es preciso atender 
á las condiciones atmosféricas, tanto del Atlántico como de 
la parte opuesta. Ellas podrán decirle si favorecerán ó se 
opondrán al desarrollo del centro de depresión que toma 
como base. Si sus conocimientos respecto del estado actual 
de la atmósfera son minuciosos y exactos, y van acompa- 
ñados del que debe tener de las condiciones locales de cada 
región, es indudable que el pronóstico que formulase sería 
casi tan exacto como el del arribo del buque que antes 
hemos indicado. Y ya lo hemos dicho; el proporcionar estos 
elementos de modo que satisfagan á la necesidad, depende 
única y exclusivamente de la organización del servicio me- 
teorológico, tanto nacional como internacional. Inútil sería 
que ningún particular intentase dar cima á estos problemas, 
pues no puede tener medios bastantes para conseguirlo, por 
mucha que sea su abnegación y extraordinarios sus talen- 
tos V sacrificios. 



II 



Otro de los extremos principales, quizá hasta hoy no 
tenido en cuenta, á que la Meteorología nacional debe ex- 
tender su influencia, es á todo lo que se relaciona con el 
ejército, no tanto en tiempo de paz, cuanto para el momen- 



24 LA meteorología en ESPAÑA 



to en que una necesidad imperiosa haya de llevarlo al cam- 
po de batalla. Las guerras serán siempre un mal grande 
para las naciones; pero á veces, ¡ojalá fueran más raras!, 
son males necesarios. Presupuesto esto, y que ninguna na- 
ción puede considerarse libre en absoluto de que, cuando 
menos lo espere, se vea envuelta en tamaños males como 
son los de una guerra interna ó externa, no será difícil 
comprender el alcance que la previsión del tiempo, aunque 
sea de muy corta anticipación, ha de tener en los eventos 
de una campaña más ó menos prolongada. No hace mucho 
que la cuestión de Melilla estaba sobre el tapete, y allí 
nuestro ejército, esperando en el campamento el resultado 
de las negociaciones diplomáticas. Por suerte ó por des- 
gracia nuestra, después de desperdiciar los primeros mo- 
mentos, que hubieran sido oportunísimos para hacernos 
respetar de aquellos bárbaros del Riff, todo se redujo á 
ruido y algaradas, propios de nuestro carácter meridional. 
Dispuesto estaba el pueblo español, siempre generoso y 
siempre indomable, á vengar el honor nacional ultrajado 
por la barbarie. Se hicieron muchos gastos; pusimos en 
evidencia nuestra debilidad ante las demás naciones; nues- 
tros bravos soldados no pudieron, porque no les dejaron, 
dar ni una prueba de su valor jamás desmentido... y la fría 
diplomacia concluyó por ahogar todo entusiasmo. 

Durante el poco tiempo que nuestras tropas permanecie- 
ron en los campos de Melilla ocurrieron varios y recios 
temporales, aunque sin otras consecuencias que la inunda- 
ción del campamento, porque el ejército estaba en expecta- 
tiva y paralizado; pero lo mismo hubieran podido ocurrir 
los temporales si nuestra campaña en África hubiera llega- 
do á formalizarse, en cuyo caso el mal tiempo habría sin 
duda entorpecido grandemente las maniobras. Y bien se 
comprende que en el resultado favorable ó adverso de una 
acción ya empeñada, ó en preparación para trabarse el 
combate, hubieran entrado como factor principal, lo mismo 
para el ejército en tierra que para los buques en el agua, 
aquellas lluvias abundantes y aquellos vientos tempestuo- 
sos que azotaron aquella región. En asuntos de campaña 



LA METEOROLOGÍA EN ESPAÑA 25 



activa y de estrategia, nada de cuanto esté á su alcance 
deben omitir los jefes del ejército: cuantas más circunstan- 
cias tengan en cuenta al combinar sus planes de ataque ó 
defensa, mayores probabilidades tendrán á su favor para 
salir airosos. Que la dirección é intensidad del viento y de 
la lluvia, la violencia de una tempestad, la niebla y la nieve, 
el frío y el calor excesivos, sean obstáculos grandes para 
las operaciones de guerra, nadie lo pone en duda. Si el 
viento y el polvo, el agua ó la nieve dan de frente á una co- 
lumna de ejército puesta en marcha; si los caminos están 
destrozados ó son difíciles por las inundaciones ó las co- 
rrientes impetuosas de una tormenta, el ejército sufrirá por 
lo menos muchísimo retraso en sus marchas ó contramar- 
chas. Si, por otra parte, el enemigo, más avisado, ha tenido 
mejor en cuenta los accidentes del temporal y sabe aprove- 
charse de la imprevisión del contrario, no hay para qué 
decir quién síildrá ganando al fin de la jornada. 

Fácil sería, con recorrer la historia de las guerras de 
cualquier parte, aducir hechos que comprueban lo que ve- 
nimos diciendo, y en los cuales las influencias atmosféricas 
han decidido el triunfo para unos y la derrota para otros, é 
inferir de ello la importancia grande que para el ejército 
tienen los estudios meteorológicos. A los soldados de Napo- 
león, que habían vencido todos los obstáculos, les acobardó 
y debilitó el frío intenso de los países del Norte. Mr. J. R. 
Plumandon, encargado de la sección meteorológica en el 
Observatorio de Puy-de-Dóme, ha publicado un estudio 
importante en que, con hechos históricos, demuestra la im- 
portancia de la aplicación de la Meteorología al arte mili- 
tar. En las batallas de Eylau, en tiempo de Napoleón I, y 
durante la época del Consulado y el Imperio de Francia, 
las tropas de esta nación, forzadas á caminar, fueron impe- 
didas por una abundante nevada que les cegaba y por espe- 
sas nieblas, llegando casi hasta el centro del ejército enemi- 
go sin apercibirse del peligro de ser copadas por éste. Se- 
gún testimonio del Coronel Charras, la marcha de las tro- 
pas sobre Waterloo, en la célebre batalla de 1815, fué gran- 
demente entorpecida por el mal temporal, por los aguace- 



26 LA METEOROLOGÍA EN ESPAÑA 

ros frecuentes, por los torrentes que se formaron, y por 
los destrozos que ocasionaron en los caminos. 

Roux, capitán de fragata, da cuenta del desastre sufrido 
por las Armadas turca, francesa é inglesa, lo mismo que 
por los ejércitos y campamentos de tierra, á causa de los 
horrorosos huracanes que se desarrollaron, á mediados de 
Noviembre de 1854, durante la guerra de Crimea. La tem- 
pestad que produjo tales destrozos había penetrado por las 

* 

regiones del Noroeste de Europa el 12 del mismo mes; cru- 
zó el Continente, dirigiéndose hacia el Sudeste, hasta envol- 
.ver á las armadas aliadas. Le Verrier, que era á la sazón 
director del Observatorio de París, tuvo la feliz idea de re- 
unir y analizar los datos meteorológicos recogidos en todas 
partes acerca del estado atmosférico de los días 12, 13, 14, 
15 y 16 del citado mes de Noviembre. Se dirigió con este fin, 
en atenta circular, á todos los meteorologistas del mundo, 
rogándoles tuvieran á bien enviarle sus observaciones. Le 
Verrier ordenó, comparó unas con otras, las estudió deteni- 
damente, y de su estudio dedujo que si los tfíisntos datos se 
liiibieyan remitido telegráfica))ientc desde que la tempes- 
tad invadió el Continente por el NO., se hubiera podido 
avisar d ticntpo á los ejércitos coaligados, los que se ha- 
brían prevenido en contra del temporal que les amenazaba. 
De este suceso memorable arranca el origen del sistema 
y organización de los servicios meteorológicos internacio- 
nales , que, aunque no sea más que provisionalmente, tien- 
den á resolver el problema de la previsión del tiempo según 
antes la indicamos. Las estaciones meteorológicas secunda- 
rias tienen el deber de enviar todos los días, y en hora fija, 
á las oficinas centrales del servicio el parte telegráfico en 
que, por signos convenidos, se indica el estado actual de 
la atmósfera. Reunidos estos datos de los diferentes puntos» 
se comparan unos con otros, se determinan en los mapas 
los centros principales de presión máxima y mínima de la 
extensión que abrazan las observaciones; hácese lo mismo 
con los elementos tcrmométricos; se trazan las curvas iso- 
barométricas é isotérmicas, se simboliza el estado de nebu- 
losidad en cada región, la marcha de los vientos, etc., etc.: 



LA METEOROLOGÍA EX ESPA5ÍA 27 

con estos detalles se formula un pronóstico probable para 
las veinticuatro horas siguientes y queda formado el Bo- 
letín, que vuelve por el correo á manos de los que han con- 
tribuido con sus observaciones, y á las de otros que quieran 
utilizarlo. La llegada del Boletín meteorológico es por lo 
general tardía para la utilidad del indicado pronóstico, y 
en la mayoría de las localidades 3''a no sirve más que para 
estudio de lo que ha pasado. Por eso, independientemente 
del diario, se avisa por el telégrafo desde las oñcinas cen- 
trales á los puntos más importantes, indicándoles, según se 
desprende de los elementos reunidos, los cambios atmosfé- 
ricos más probables que pueden sobrevenirles. Como puede 
verse, este sistema, aunque sea una manifestación grandio- 
sa de los adelantos de la Meteorología moderna, no satis- 
face por completo á todas las exigencias, ya por la dificul- 
tad de reunir á tiempo las observaciones necesarias, ya 
para que á su destino lleguen oportunamente las consecuen- 
cias de ellas deducidas, bien porque los encargados del ser- 
vicio central, y hasta de las demás estaciones, no se tomen 
todo el interés que en tal asunto se requiere. Pero no hay 
que perder de vista que esto, como toda empresa humana, 
necesita tiempo para perfeccionarse y llegar á un completo 
desarrollo (1). 



(1) Debemos consignar aquí, para gloria del gran sabio cuanto 
ilustre descubridor del planeta Neptuno, que á Le Verrier, profundo 
matemático y consumado astrónomo }• experimentado meteorologis- 
ta, son debidos principalmente los adelantos de la Meteorología mo- 
derna, por la constancia con que trabajó, por las dificultades con que 
luchó en su empresa, por el resultado que obtuvo de sus esfuerzos de 
gigante hasta lograr ver puesto en práctica y acogido por casi todas 
las naciones cultas el gran pensamient"» de utilizar el telégrafo en la 
organización de los servicios meteorológicos internacionales y na- 
cionales. Y hacemos esto con tanto mayor entusiasmo y encomio, 
cuanto que hemos notado siempre entre escritores científicos de 
cierta la)'a y partido, aun entre los mismos franceses, tan exagera- 
dos en ponderar sus glorias nacionales, cierto desdén mal encubierto 
hacia el inmortal Le \'errier, cuya gloria no pueden eclipsarni estos 
desdenes ni la conspiración de las sectas. A Le Verrier no le impi- 
dieron ni su profunda ciencia ni sus descubrimientos astronómicos 
el ser al mismo tiempo fervoroso católico. Esta circunstancia es 



28 LA METEOROLOGÍA EN ESPAÑA 

A más de los citados , pudiéramos aducir otros hechos en 
que las influencias atmosféricas han intervenido eficazmente 
en los resultados de la guerra; tales como lo sucedido en la 
expedición de los franceses á Tchorgoune contra los rusos, 
en donde una nevada densísima desbarató todos los planes 
del general Bosquet; el poco resultado del bombardeo de 
Sebastopol, en que, por el mal temporal reinante, no pudie- 
ron sus enemigos confederados contra ella dar el asalto 
cuando lo intentaban : en la guerra franco-alemana ; en el 
sitio de París (1870), los temporales y las crecidas del Sena, 
etcétera , dificultaron á veces la defensa intentada por los 
sitiados. Baste lo dicho para venir en conocimiento de lo que 
la Meteorología bien estudiada, y las leyes climatológicas 
conocidas en cada punto, pueden influir en los sucesos de 
una campaña. 

Ahora es ya ocasión de que digamos algo más en con- 
creto acerca de lo que se ha hecho hasta aquí en España en 
favor de la Meteorología, y de su estado actual, para después 
apreciar mejor lo que de ella podemos esperar en lo sucesi- 
vo, ya que, i\ imitación de lo hecho en otras partes, conta- 
mos también, desde hace dos años, con un instituto Central 
Meteorológico. 



un solemne bofetón para todos aquellos que han dado en el registro 
de pregonar en todos los tonos que la fe y la religión coarlan los 
vuelos de la inteligencia. A esto sin duda ha obedecido lo que pa- 
rece consigna de citar á Le \'errier, porque no pueden menos de 
citarlo, cuando se trata de determinadas cuestiones, pero sin darle 
la importancia que merece su augusto nombre: lo cual no se observa 
cuando de otros se habla, sin comparación inferiores al director del 
Observatorio de París; pero fueron ó incrédulos ó impíos y... basta 
esto para que sus adeptos los eleven hasta las nubes. Cuando en la 
capital de Francia se trató de levantar una estatua á Le V'errier, se 
opusieron al proyecto no pocos de los anticatólicos, y todas las sec- 
tas masónicas y de otros nombres : ya que no lograron frustrar el 
proyecto, consiguieron que el monumento proyectado, y ya dispuesto 
para su colocación, no apareciese en una plaza pública, como se in- 
tentaba, y hubieron de construirlo dentro de un patio del Observa- 
torio. ¡Los principios de igualdad en su apogeo! 



fn. ^NGEU JRODBÍGtEZ, 
Agustiniaoo. 



{Coiiduirá.j 









:¿"é^******#44^4#*«^#'4-***#Í 




, -v". jd4, Aid. .ili. ♦•l' 



Un Congreso Cristiano-rabbinico 



CELEBRADO EN TORTOSA 




|l odio de raza que todos los pueblos del globo pro- 
fesan al judío ha existido siempre, y seguirít exis- 
tiendo mientras esa raza odiosa subsista sobre la 
faz de la tierra. Se ha inculpado á los cristianos, y la ma- 
yor parte de las veces sin razón, de haber perseguido sin 
misericordia á ese pueblo infeliz, ensañándose con sus inde- 
fensas víctimas, derramando impunemente unas veces su 
sangre, y arrancándoles otras de los brazos á sus propios 
hijos para hacerlos cristianos, á pesar de la voluntad abier- 
tamente contraria de sus padres. No negaré en absoluto 
que los cristianos hayan cometido algunos atropellos más 
ó menos injustificados contra los judíos, especialmente en 
los siglos medioevales, en que la rudeza de las costumbres 
distaba bastante de la cultura y refinamiento que hoy admi- 
ramos en las populosas ciudades de la civilizada Europa; 
pero de ahí á atribuir á los cristianos horrores inauditos, 
como hace James K. Hosmer en su Historia de los Judíos, 
contra la raza deicida, existe un abismo insondable. Lo que 
sí ha existido siempre en la mayor parte de los hijos de la 



30 U.V CONGRESO CRISTIANO-RABBIXICO 



Iglesia católica ha sido un amor bencívolo y entrañable, 
aunque parezca extraño, hacia ios hijos de Judá, pues en 
todas las épocas y en todos los países han procurado pro- 
porcionarles el mayor de todos los bienes, á saber: el cono- 
cimiento de la Relig'ión verdadera, por más que no siempre 
hubiesen andado acertados en la elección de medios con que 
pretendían conset^uirlo. 

La conversión de los judíos á la Religión cristiana ha 
sido siempre uno de los mds ardientes deseos de la Iglesia 
católica. Los Romanos Pontífices en primer lugar, y después 
los Obispos y vSacerdotes, no han cesado jamás de proponer 
á esa raza maldita la doctrina vivificadora del Crucificado; 
y unas veces de palabra, y por escrito otras, han reducido 
á polvo sus erróneas creencias, sostenidas y fomentadas por 
su viejo y carcomido Talmud. Pero ellos, lejos de doblegar 
su dura cerviz al yugo suave de la Religión católica, han 
preferido la ley durísima promulgada en el Sinaí, y han per- 
manecido obstinados en su pecado, soñando siempre en su 
futuro Mesías, y prometiéndose para cuando venga días fe- 
lices y venturosos que aun no han llegado, ni llegarán ja- 
más. La conducta de la Iglesia, por consiguiente, tocante á 
este punto no ha podido ser más laudable. Tres grandes y 
civilizadores pensamientos ocuparon siempre su maternal 
corazón, después que con el triunfo de Constantino adqui- 
rió la libertad que por derecho le correspondía; la abolición 
de la esclavitud, la emancipación de la mujer y la conver- 
sión de los judíos. Debemos confesar, sin embargo, que no 
ha salido tan airosa de esta última empresa como délas dos 
primeras; pues, aunque es cierto que en todos los tiempos 
se han convertido muchos judíos al Cristianismo, las con- 
versiones ni han sido tan generales ni tan sinceras como 
sería de desear. 

Durante la Edad Media, cuando el fervor religioso de los 
pueblos de Europa envió ejércitos aguerridos al Asia, á fin 
de conquistar la tumba del Redentor y demás lugares sagra- 
dos, é inspiró á los mejores artistas para que construyeran 
tantas y tan admirables catedrales góticas, verdaderas 
joj^as artísticas, cuya magnificencia y grandeza retratan 



CELEBRADO EN TORTOSA 31 

perfectamente el espíritu .s^igantesco de aquella época esen- 
cialmente religiosa, entonces también ese mismo fervor re- 
ligioso inspiró á los doctores cristianos para que, haciendo 
uso de su sabiduría, refutasen detenidamente las falsas doc- 
trinas de Los hijos de Israel, y les hizo lanzarse ala palestra 
para disputar con los fanáticos secuaces del Talmud sobre 
el valor de las enseñanzas contenidas en el mismo. De enton- 
ces data la mayor parte de las obras escritas contra los ju- 
díos, inspiradas casi todas ellas en la misma idea y concebi- 
das bajo un mismo plan; obras en las que se prueba evidente- 
mente por medio de las Sagradas Escrituras, admitidas y 
veneradas por los mismos judíos, que su esperanza es una 
esperanza vana, porque, el Mesías que esperan, ha ya mu- 
chos siglos que ha venido. De aquella época data igualmente 
una serie apenas interrumpida de disputas teológicas en las 
que se echó por tierra la autoridad del Talmud, y se amor- 
dazó á los rabbinos para que no enseñasen en público las 
doctrinas disolventes y ridiculas en él contenidas. 

El 25 de Junio de 1240 se reunió en París una Junta de 
letrados, bajo la presidencia de Doña Blanca de Castilla, 
madre de San Luis, en la que se discutieron calurosamente 
las doctrinas del Talmud. La victoria quedó de parte de los 
cristianos, y el Papa Gregorio ÍX ordenó al Rey San Luis 
que recogiese todos los ejemplares del Talmud que pudiera 
haber á las manos, y que en público auto de fe los quemase 
todos. Lo que se ejecutó dos años después en una plaza de 
París, donde, según el testimonio de Graetz, se quemaron 
veinticuatro carros de Talmudes (1). Veintitrés años más tar- 
de congregábase en Barcelona lo más selecto del judaismo 
para disputar con el dominico Pablo Cristiano acerca de los 
mismos puntos sobre que había versado la disputa de París. 
Los resultados de esta segunda controversia fueron análo- 
gos á los de la primera, y los rabbinos se vieron por segun- 
da vez humillados, y de grado ó por fuerza tuvieron que re- 



(1) Téngase en cuenta que el Talmud babilónico, el único de que 
se servían los judíos de Occidente, constaba de doce volúmenes en 
folio máximo, ó de veinte en folio ordinario; y por consiguiente no 
parecerá hiperbólica la cifra que nos da Graetz. 



32 UN CONGRESO CRISTIANO-RABBIXICO 

conocer la superioridad de los cristianos en este género de 
polémicas. 

Como consecuencia inmediata de estos ruidosos triunfos, 
sucedió, que la lucha contra el judaismo iniciada en Fran- 
cia, y contmuada en España, se generalizó en el resto de 
Europa; y Alemania, Inglaterra é Italia se declararon en 
abierta guerra contra el Talmud y sus secuaces, Pero 
donde la lucha se hizo más encarnizada fué en Espafía. 
Aquí, donde el fervor religioso ha sido siempre la nota ca- 
racterística de todo y el alma de nuestras gloriosas empre- 
sas, se declaró guerra á muerte al judaismo, cuyos ataques 
principales partían de aquellos mismos que, ilustrados con 
una luz más resplandeciente, habían abandonado la religión 
de sus padres para abrazar la doctrina del verdadero Me- 
sías. Por aquel tiempo y en los tres siglos posteriores sur- 
gieron en España, de entre los conversos, muchos y valio- 
sos campeones de la fe católica, no precisamente con el fin 
de demostrar que era la única verdadera, pues esto lo habían 
demostrado hacía muchos siglos los santos Padres y demás 
apologistas católicos, sino para probar á sus antiguos corre- 
ligionarios que estaban en un error al juzgar que el Mesías 
prometido en la hey no había venido aún. Tal es el argumen- 
to desarrollado por Pedro Alfonso en su Diálogo; por Ra- 
món Martí en la segunda Parte del Pugio; por Pablo de 
Santa María, el Burgense, en el Scrutiniitni Scriptitrarum^ 
y por Alonso de Espina en el Fortalitiiim Pidci. 

Para poder apreciar mejor la influencia que ejercieron 
los dos primeros y sus obras en los acontecimientos de la 
época á que me refiero, permítaseme decir cuatro palabras 
de unos y de otras. 

Nació Pedro Alfonso en la ciudad de Huesca el año 1062, 
y fué tenido por uno de los más sabios doctores de su aljama, 
y aun de toda la Península. A la edad de cuarenta y cuatro 
años, ó sea el 1106, abjuró el judaismo, y fué bautizado en la 
catedral de su ciudad natal por el Obispo déla misma, sien- 
do su padrino de pila D. Alfonso VI de León y I de Casti- 
lla. Cambió el nombre de Moisés por el de Pedro, por haber 
tenido lugar su bautizo él día del Príncipe de los Apóstoles; 



CELEBRADO EN TORTOSA 33 

y tomó por sobrenombre Alfonso, en honor de su regio pa- 
drino. La fama de docto que poseía este rabbino hizo que 
fuese muy ruidosa su conversión, atribuyéndohi algunos de 
sus antiguos correligionarios á que no había entendido las 
sagradas profecías; otros á manifiesta impiedad y desver- 
güenza, y los más Á vanagloria y al deseo de figurar en el 
mundo. Todos estos datos están tomados del prólogo de 
su misma obra , donde nos dice también lo que le movió á 
escribirla en forma de diálogo, á saber : el deseo de ponerla 
al alcance de todos. En el Diálogo figuran los nombres 
de Pedro y Moisés, propios ambos del autor; el uno an- 
terior, y el otro posterior á su bautismo. Pedro defiende 
la doctrina católica, y Moisés opone objeciones en favor 
de la Ley mosaica. El diálogo es animado, y versa sobre 
doce puntos principales: Que los judíos entienden de un 
modo carnal las palabras de los profetas, y que las ex- 
ponen falsamente; cuál sea la causa de la presente cautivi- 
dad de los judíos, y cuánto tiempo ha de durar; refuta las 
falsas teorías del Talmud acerca de la resurrección de los 
muertos; que los judíos no observan sino una mínima parte 
de la Ley de Moisés, y que lo que hacen no es acepto á Dios; 
toca de paso los errores de Mahoma y su secta. En los 
restantes capítulos trata del dogma de la Santísima Trini- 
dad, de la Encarnación del Verbo y virginidad de María; 
de que el Mesías vino en el mismo tiempo anunciado por los 
profetas de Israel ; de que los judíos, espontánea 3^ delibera- 
damente, crucificaron á Cristo; de la resurrección y ascen- 
sión de Jesús á los cielos, y de su segunda venida; y ter- 
mina dando una especie de satisfacción á sus antiguos co- 
rreligionarios, diciendo que la Ley cristiana no es contraria 
á la de Moisés. Esta obra, escrita por un hombre tan docto 
y principal como Pedro Alfonso, que por tantos años había 
sido maestro en Israel, hizo muchísimo ruido en las aljamas 
de España, 3' contribuyó muchísimo á que algunos, que 
hasta entonces habían vivido obstinados en su error, abrie- 
sen los ojos á la luz, y abrazasen con ardor la doctrina ca- 
tólica. 

Cuando se calmaron un poco el entusiasmo 3^ odio pro- 

3 



34 UN CONGRESO CRISTIANORABBINICO 

ducidos por la obra de Pedro Alfonso, apareció el Pugio 
fidei de Ramón Martí, "obra maestra de controversia y eru- 
dición rabbínica, y monumento inmortal de la ciencia espa- 
ñola „ , como dice el Sr. Menéndez y Pelayo. 

Ramón Martí ó Martín, como le llaman otros, nació en 
un pueblecito de la provincia de Barcelona. No se conoce á 
ciencia cierta el origen de su sangre; algunos creen , dada su 
profunda erudición talmúdica, que fué judío converso. Sea 
de esto lo que quiera, lo cierto es que á los pocos años de 
vestir el hcibito de Santo Domingo fué nombrado por el Ge- 
neral de su Orden, en unión de otros siete Religiosos, para 
que se dedicase al estudio de las lenguas orientales; y salió 
tan aventajado en el hebreo, que algunos años después escri- 
bió el Pugio en la lengua de los profetas y en latín. El ejem- 
plar existente en esta Real Biblioteca de El Escorial está 
sólo en latín, é incompleto. 

Dividió el autor la obra en tres partes. En la primera re- 
futa á los enemigos del Cristianismo, que no tienen ley y que 
son los gentiles. La segunda, escrita tal vez con míis origi- 
nalidad que la primera , aunque no la iguale en la sublimidad 
de los conceptos, se dirige á los judíos, contra quienes prue- 
ba evidentísimamente, usando de su profunda y portentosa 
erudición hebraica, la venida del Mesías y el cumplimiento 
de las profecías mesiílnicas. A continuación reprueba y com- 
bate algunas de las tradiciones contenidas en el Talmud y en 
otros libros tenidos en gran veneración por los judíos, como 
son el Midraschim (Comentarios), el Zohar (RespUmdor) 
y otros. De la tercera parte, escrita, según dice su autor en 
el prólogo, contra los mahometanos, me abstengo de hablar 
aquí, por no ser oportuno, y adem;ís porque, de decir algo, 
no pudría hacerlo ex proprio jiiarte, por faltar en el códice 
que tengo á la vista. 

Estas dos obras que quedan descritas, ^juntamente con 
otras varias que por aquel tiempo se escribieron en España 
y fuera de ella, unidas á las predicaciones apostólicas de 
San Vicente Ferrer, levantaron el espíritu religioso nacio- 
nal de la relativa indolencia con que miraba á pueblos ex- 
traños penetrar impunemente en el sagrado recinto de núes- 



CELEBRADO EN TORTOSA 35 



tra nacionalidad, y le impulsaron por el camino de la glo- 
ria patria, que consiste principalmente en la unidad de 
creencias religiosas y en la profesión sincera de un mismo 
Símbolo. También se ha dicho, que fueron causa ocasional 
de las dolorosas hecatombes llevadas á cabo en 1391; pero, 
de cualquier modo que haya sido, no podemos culpar á sus 
sabios autores de aquellos tristes sucesos, realizados contra 
el sentimiento general del pueblo español, y ocurridos úni- 
camente por circunstancias difíciles de explicar. Los escri- 
tores judíos y algunos racionalistas extranjeros acusan in- 
justísimamente á San Vicente Ferrer de haber excitado en 
sus sermones á las turbas para que asaltasen las aljamas y 
las llevasen á sangre y fuego; pero los que calumnian tan 
descaradamente á uno de los más grandes Santos españoles 
no tienen en cuenta que su argumentación es viciosa al de- 
terminar la causa de un hecho teniendo sólo en cuenta el 
efecto, y deduciendo : Post hoc, illud, ergo propter hoc. Lo 
que sí es indudable, que San Vicente Ferrer, con la unción 
evangélica que siempre le caracterizó, convirtió muchos 
miles de judíos, conquistando con su elocuente palabra un 
verdadero triunfo para la Iglesia católica. Pero el fruto de su 
inspirada palabra no fué del todo completo. San Vicente 
Ferrer no admitía, porque no podía admitir, en la cátedra del 
Espíritu Santo la discusión razonada de la doctrina que pre- 
dicaba, lo cual no podía satisfacer á muchos judíos orgullo- 
sos que se preciaban de maestros. La palabra del gran após- 
tol español iníluía casi únicamente en las masas populares, 
quedándose los rabbinos inflados con su ciencia talmúdica y 
cabalística pero no convertidos. 

Parecióle entonces al famoso Antipapa aragonés Bene- 
dicto XIII que se podía hacer mayor y más benéfico fruto 
en los hijos de Jacob, descendiendo de la cátedra del Espí- 
tu Santo á la palestra de la disputa, á fin de influir más di- 
rectamente en los obstinados rabbinos, cu3''a impenitencia 
era una remora manifiesta para la conversión completa del 
pueblo judaico y el triunfo del Evangelio sobre el Talmud. 
Contaba para esta bienhechora empresa con la cooperación 
de ilustres conversos, tanto ó más aptos para este género de 



36 UN CONGRESO CRISTIANO-RABBINICO 

controversias como los mismos cristianos viejos; en primer 
lugar, porque éstos no se habían visto en la precisión de 
examinar á fondo las razones que militan en favor de la Re- 
ligión cristiana, como lo habían necesitado aquéllos, y ade- 
más porque no podían estar tan enterados en la doctrina 
del Talmud, que era lo que primeramente se debía refutar 
en aquella clase de polémicas, como los que la habían ma- 
mado con la leche de sus madres. 

Este y no otro fué el fin que se propuso Benedicto Xlíl 
al congregar en la ciudad de Tortosa el famoso Congreso 
cristiano-rabbínico que me propongo historiar. Con él se 
dio una prueba de que en España se había adelantado mu- 
cho en el camino del progreso. El proselitismo emprendía 
un nuevo derrotero más en harmonía con los decretos de la 
Divina Providencia acerca de la salvación de los hombres 
y con la libertad humana que el adoptado por Sisebuto, 
Ervigio, Egica y otros reyes visigodos. Entonces, usando de 
una violencia siempre reprobada por la Iglesia, creíase que 
se hacía un servicio agradable ú Dios obligando ;1 los ju- 
díos ít recibir el bautismo bajo pena de destierro ú otras no 
menores; ahora se procura iluminar primero la inteligencia, 
deshaciendo errores inveterados y aportando al espíritu 
naturalmente recto nuevas luces con que pueda ver la ver- 
dad, para que, enamorado luego de su belleza, la abrace li- 
bremente. Tal era el espíritu de la época á que me refiero, y 
el que animó al Cardenal Pedro de Luna á determinar la 
celebración de la disputa teológica más ruidosa que se ha 
celebrado en España. 

Atendidas la resonancia que esta original Asamblea tuvo 
entonces en España y fuera de ella, las formalidades con 
que se celebró y los felices resultados que produjo, conside- 
ro oportuno hacer un extracto de sus sesenta y nueve se- 
siones, celebradas durante el espacio de veintiún meses, y 
presididas algunas de ellas por el mismo Benedicto XIII, 
acompañado de su Curia Cardenalicia, y las restantes por 
el maestro del Sacro Palacio, según dice Zurita. Para ello 
me serviré principalmente del códice original, escrito poco 
después de terminado el Congreso, y presentado por Jeró- 



CELEBRADO EN TORTOSA 37 



nimo de Santa Fe, el porta-estandarte de aquella disputa, al 
Antipapa; el cual códice fué á parar después á la Cartuja 
de Nuestra Señora de Aula Dei (Aragón), y últimamente á 
esta Real Biblioteca de El Escorial (1). Tiene 40) folios, sin 
los índices, que ocupan seis: en él se da noticia exacta de 
todo lo acaecido en esta Asamblea; las dietas ó sesiones que 
hubo, los puntos que se ventilaron, los judíos que tomaron 
parte activa en la disputa, los argumentos que expuso Je- 
rónimo de Santa Fe y las objeciones con que le combatían 
los rabbinos; el número de éstos que quedaron convencidos 
y el de judíos que se convirtieron, y las medidas que tomó 
D. Pedro de Luna contra los contumaces y rebeldes. De 
todo lo cual y de algunas cosas más se dará cuenta en los 
artículos siguientes. 



(1) El título de este códice es : Hieronymi de Sm /¡de Medid Bene- 
dicti XII 1, Processits rerutn, et tractatitum et (¡ncstioniim 401 qui 
in Convcntu Hispaniíe, et Etintpic, Rcbbinorum, ex una parte, ac 
Catnlicorutn ex alia y ad Convinccndus Judíeos de adveutu Messics, 
Jactus iiuuo 1413. Cudex origiiiíilis. 

fR. J^ÉLIX pÉREZ-^GUADO, 
Aguttiniano- 
(Conttnuarii.) 




""^'v^ 



La Ascensión del Se^or 



Y EL MONTE DE LAS OLÍ \ AS 




los cuarenta días de la resurrección de Jesucristo, 
dcspu(5s de haberse manifestado varias veces á sus 
discípulos «ílorioso é inmortal, para confirmarlos 
en las doctrinas que habían de rejíenerar al mundo y guiar 
á los hombres por la senda del bien y de la virtud, antes 
de subir al cielo á unirse con su Padre y nuestro Padre, 
con su Dios y nuestro Dios, ordenó A los Apóstoles y discí- 
pulos, en número de ciento y veinte, que fuesen al monte de 
las Olivas, y allí, compendiando en brevísimo discurso las 
enscfíanzas que les había dado durante su vida mortal, les 
dijo: "Sabed que recibiréis el Espíritu Santo dentro de po- 
cos días; y daréis testimonio de mí en Jerusalem, Samaría, 
y hasta en los confines de la tierra; predicaréis el Evaníje- 
lio á todos los hombres, y el que creyere y fuere bautizado 
se salvará; mas el que no cre^'ere, será condenado„. Con- 
cluidas estas palabras, los bendijo con la ternura de un 
padre, y cruzando los brazos sobre el pecho, comenzó á 
elevarse poco á poco por los aires, hasta que una nube res- 
plandeciente le ocultó á los ojos de sus amados discípulos, 
que extasiados y absortos no apartaban su vista del cielo, 
siendo necesario que dos Angeles viniesen á sacarles de 



LA ASCENSIÓN' DEL SE5Í0R Y EL MONTE DE LAS OLIVAS 39 

aquel amoroso arrobamiento, diciéndoles: "Varones de Ga- 
lilea, ;qué estáis mirando al cielo? Este Jesús que de vuestra 
vista se ha subido al cielo, así vendrá, como le habéis visto 
ir al cielo (1)„. 

No carece de misterio el que nuestro Divino Salvador 
escogiese el monte de las Olivas, como lugar el más adecua- 
do para ascender á los cielos; en él había sufrido tan acer- 
bos dolores y tan profundas humillaciones, que, á no ser 
confortado por la Divinidad, la muerte habría acelerado los 
decretos eternos en orden á la redención del linaje humano; 
y natural era que, donde había sido humillado, fuese glorifi- 
cado y ensalzado. En la misma montaíla yacen los restos de 
aquellos sacerdotes que combatieron la doctrina de Jesu- 
cristo, porque era contraria á sus costumbres depravadas 
y á sus intereses viles y mezquinos, y los de los miembros 
del malvado Sanedrín que sentenciaron á muerte al verda- 
dero Mesías, prometido en la ley y en los profetas, forman- 
do con sus huesos como el pedestal de la gloria del Señor, 
á quien tanto aborrecieron. 

Además, el monte de las Olivas ocupa tal posición, que 
no creemos exista otro semejante en toda la Palestina y la 
Siria; desde la cumbre se despliega ante los ojos del ob- 
servador un panorama inmenso y verdaderamente gran- 
dioso; por el Este se extienden la desolada llanura del 
Jordán, el mar Muerto y las montañas de la Arabia, des- 
nudas de vegetación; por el Norte los montes de Efraín, 
que se unen con los históricos de Hebal y Garizín en el 
centro de la Samaría; por el Oeste se descubre el Medite- 
rráneo, y por el Sur San Sabas, Herodium, Belén, y el va- 
lle de Mambré; justo era que una montaña de tales condi- 
ciones fuese testigo de la gloria del Señor. Pero lo que más 
llama la atención del observador, al explayar su vista por el 
horizonte desde el monte de las Olivas, es la ciudad de Je- 
rusalem, su desolación, el triste aspecto que la asemeja á un 
cementerio, viéndose cumplidas ala letra aquellas palabras 
del profeta Jeremías: "¿Cómo está sentada solitaria la ciu- 

(1) Act. I-ll. 



40 LA ASCENSIÓN' DEL SE5fOR 

dad llena de pueblo, y ha quedado como viuda la Señora de 
las naciones? La Princesa de las provincias ha sido hecha 
tributaria. Los caminos de Sión están de luto, porque no hay 
quien venga á las solemnidades: todas sus puertas destrui- 
das; sus sacerdotes no cesan de llorar; sus vírgenes han que- 
dado todas desfiguradas por el dolor, y Sión está sumergido 
en la amargura... No hay ley, y sus profetas no reciben vi- 
siones por parte del Señor... Todos los que pasan por el ca- 
mino dan palmadas al verle; ellos han insultado :t la hija de 
Jerusalcm, y moviendo la cabeza decían: ;Es, poi* ventura, 
ésta la ciudad de belleza tan perfecta que era en otros tiem- 
pos la alegría de la tierra?„ (1). Recordando estas palabras 
de Jeremías, al tender nuestra vista sobre Jcrusalem desde 
lo más alto del monte de las Olivas, las meditábamos en 
silencio, y guiados por un espíritu distinto del que animaba 
al blasfemo autor de las J^k/ikis de Pal mira, decíamos: 
"Aquí floreció en otro tiempo una ciudad opulenta; aquí 
existió un imperio poderoso. Hn estos mismos lugares, ahora 
tan desiertos, se agitaban inmensas muchedumbres; nume- 
rosos viajeros circulaban entonces por estos propios cami- 
nos, tan tristes y solitarios al presente. En estos muros, hoy 
derruidos y silenciosos, resonaban los ecos de alegría con 
que celebraban los hijos de Judá las festividades públicas. 
Aquí acudían de todas las partes del globo los verdaderos 
israelitas á cumplir los deberes de su religión, olvidando 
las penalidades del viaje; las comodidades de sus habitantes 
atraían aquí las riquezas de todos los climas; y en las plazas 
de ciudad tan populosa se cambiaban la púrpura de Tiro por 
el precioso hilo de Chensi; los tejidos delicados de Kachemir 
por los tapices fastuosos de la Lidia; el ámbar del Báltico por 
las perlas y perfumes árabes, y el oro de Ofir por el estaño 
de Tulea. Pero ahora sólo se descubren ruinas, montones in- 
formes de piedras, como testigos mudos de su antigua gran- 
deza. He ahí á lo que se ve reducida la ciudad santa, la corte 
de David y Salomón. Al concurso estrepitoso que bullía bajo 
los pórticos de! templo, ha sucedido la soledad más espan- 



(1) Tren., caps, i y ii. 



Y EL MONTE DE LAS OLIVAS 41 



tosa. El silencio de las tumbas reemplaza ahora el bullicio 
de las plazas públicas. La opulencia y el fausto que antes 
reinaban en ella, se han trocado en la miseria más horroro- 
sa. Los palacios de los reyes se han convertido en guari- 
das de fieras; los rebaños sestean en el umbral del templo, 
y los reptiles inmundos habitan el santuario del Señor. ¡ Ah, 
cómo se ha eclipsado tanta gloria! ¡De este modo perecen 
las obras de los hombres! Hoy, la ciudad que Tobías llama- 
ba de Dios, se ha convertido en una verdadera Babel ; en ella 
estdn representadas las naciones todas de la tierra, con sus 
contiendas, disputas y desórdenes; y sólo volverá á reinar 
allí la paz y el orden cuando el Señor vuelva, lleno de ma- 
jestad y de gloria, á aparecer sobre el mismo monte desde 
donde subió á los cielos, para juzgarlas. 

Está situado el monte de las Olivas al Oriente de Jerusa- 
lem, y le separa de la ciudad el torrente Cedrón ó valle de 
Josafat; forma la montaña, en su continuación de Norte á 
Sur, tres colinas; la del Norte es conocida en la historia con 
el nombre de Scopus. Allí es donde salió al encuentro de 
Alejandro Magno el Sumo Sacerdote Jaddo, cuando aquel 
famoso guerrero se proponía castigar á los judíos y des- 
truir la ciudad santa; pero el león se convirtió en cordero, 
y ofreció sacrificios al Dios de Israel en el único templo que 
el Creador tenía sobre la tierra. Por el Oeste de dicha co- 
lina pasaban antiguamente, y siguen pasando hoy, los pere- 
grinos que hacen su viaje á la Judea por la Galilea y la Sa- 
maría, 3' es una escena conmovedora ver á los cristianos 
sobre el monte Scopits, cuando por primera vez descubren 
á Jerusalem. En la cima del monte descienden de sus ca- 
balgaduras, se postran en tierra y besan el suelo, cantando 
entre lágrimas y sollozos aquel salmo que dice: Mi espíritu 
se llenó de alegría, cuando se me dijo: Iremos á la casa del 
Señor. Nuestros pies, ¡oh Jerusalem!, se detuvieron en tus 
atrios. Jerusalem está edificada como una ciudad cuyas 
puertas están muy unidas. Es allí donde se dirigen las 
tribus, las tribus del Señor; el testimonio de Israel, para ce- 
lebrar el nombre del Señor. Es allí donde están establecidos 
los asientos de la justicia, los asientos de la Casa de Dios. 



42 LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR 

Pedid la paz para Jerusalem y la abundancia para los que 
la aman. Que la paz reine en tu poder, y la abundancia en 
tus habitantes. ¡Patria de mis hermanos y amigfos, yo invo- 
caré la paz sobre ti! ¡Casa del Señor nuestro Dios, yo te de- 
seo todos los bienes! (1). 

Al concluir este salmo se ponen los peregrinos en mar- 
cha; bajan la montaña, pasando por junto á la tumba de 
Simeón (2), hijo de Jacob, que está al pie de la misma, y se 
dirigen en procesión al Santo Sepulcro, cantando el Bcne- 
dictiis y el Mas^nificat. Entre el monte Scopus y el Vt'n' Ga- 
lilcí,de que hablaremos á continuación, hay una casa con 
un jardín bastante grande, propiedad de una señora inglesa 
que tiene la desgracia de ser protestante, y ha fijado su mo- 
rada allí por estar muy cerca del lugar de la Ascensión del 
Señor; no, como dicen algunos mal pensados en Jerusalem, 
por disfrutar del hermoso panorama que desde allí se des- 
cubre. 

La segunda colina, que está entre la del Norte y la del 
Sur, recibe el nombre de I'/W Galilci, por razón de que, 
cuando los galileos antiguamente venían á Jerusalem á ce- 
lebrar la Pascua, acampaban sobre la cima de dicho monte; 
3^ también se llama así, porque allí se aparecieron los Ange- 
les á los ciento veinte discípulos, después que su Maestro 
subió á los cielos. Casi toda esta montaña es propiedad del 
Obispo del Jordán, que es griego cismático, y ha cercado 
su posesión, construyendo una casa y un oratorio sobre las 



(1) Tsal. 121. 

(2) Un poco antes de abandonar la ciudad santa tuvimos el íjusto 
de visitar el sepulcro del hijo sei;undode Israel. Para muchos viajeros 
pasa dicha tumba desapercibida, y la mayor parte de los cristianos 
de Jerusalem la ignoran completamente. El día que nosotros la visi- 
tamos, que fué en el mes de Mayo, celebraban los judío» la fiesta de 
Simeón, y pasaron todo el día junto al sepulcro más de seis mil que 
entraban á orar en la gruta sucesivamente. La liesla resultó muy se- 
mejante á las que celebran en España muchos pueblos en sus rome- 
rías íl los Santuarios. La nota discordante fué dada por cuatro grose- 
ros mahometanos de Jaffa que, con objeto de sacar dinero á los ju- 
díos, lucían algunas habilidades que sólo interesaban á los amigos 
que les acompañaban; porque los judíos apenas prestaban atención á 
tales ridiculeces. 



Y EL MONTE DE LAS OLIVAS 43 

ruinas de una iglesia que en nuestros días se ha descubierto, 
y que sin duda alguna indica el lugar de la aparición de los 
Angeles, y donde los discípulos estaban detenidos. El Obis- 
po cismático no permite con facilidad que se entre en su po- 
sesión, ni mucho menos que se visiten las ruinas sobre las 
cuales ha construido una pequeña iglesia, y para satisfa- 
cer la devoción de los fieles ha puesto fuera de su propie- 
dad, en medio del camino, y junto á la entrada principal de 
la casa, una columna, y muchos creen que fué allí el lugar 
de la aparición de los Amueles; pero su creencia no tiene 
más fundamento que la palabra de algún Pope ó de los de- 
pendientes del Obispo cismático ; lo más seguro y cierto es, 
que la aparición fué donde está el nuevo oratorio. En la 
parte oriental de la propiedad se encuentran muchas grutas 
dignas de ser visitadas por los viajeros; pues probable- 
mente sirvieron en tiempos remotos de sepulcros para los 
cristianos. 

Hemos dicho que el monte de los Olivos forma tres mon- 
tículos: al Norte el Scopiis; el Vir¿ Galilci, que está en el 
centro, y al Sur el que recibe propiamente la denominación 
de los Olivos, ó sea de la Ascensión del Señor. Son tantos 
los recuerdos memorables realizados sobre la cima de di- 
cho monte, que sería punto menos que imposible referirlos 
todos, por lo cual sólo nos proponemos indicar á la ligera 
los más principales. En medio de un pequeño pueblo árabe, 
que corona el monte de las Olivas, se destaca una mezquita 
que ocupa el lugar de la antiquísima iglesia cristiana, levan- 
tada en el siglo iv para conservar las huellas que dejaron 
impresas los pies del Señor cuando abandonó este mundo. 
Poco resta de la iglesia cristiana; sólo se muestran los si- 
tios sobre los cuales se levantaban las grandes columnas 
que embellecían la iglesia (1); pero ha quedado lo más pre- 



(1) Sobre la construcción y figura de la iglesia, edificada en el si- 
glo IV, pueden leerse con mucho fruto, entre los viajeros antiguos, á 
San Adaman, monje irlandés que visitó la Palestina á fines del si- 
glo VII ó principios del viii. Su obra De locis sanctis puede verse en 
algunas ediciones de la obra de Mabillon titulada Acta Sanctorum 
orditiis S. Benedicti. El Venerable Beda hizo un extracto de la obra 
de San Adaman, que puede verse en el tomo iii, pág. 487 de sus obras. 



44 LA ASCENSIÓN DEL SE.^OR 

cioso, que es la roca sobre la cual Jesucristo subió á los 
cielos. Los moros la conservan como una reliquia (1), y per- 
miten á los cristianos, mediante un pequeño Dachich (2), vi- 
sitarla cuando les plazca. El día de la Ascensión celebran 
los católicos sus funciones religiosas dentro de la mez- 
quita, lo mismo que los armenios y griegos cismáticos 
cuando les llega su fiesta. 

Para los hombres de poca fe sirve de escándalo anun- 
ciarles que aun se ven las huellas de los pies de Jesucristo; 
pero nosotros, identificados con los mismos sentimientos de 
San Jerónimo, podemos asegurar que en lo más alto del 
monte de las Olivas, ultima vcstigia Domini humo imprcs- 
sa hodie )nonstrantur , con la diferencia de que el santo 
doctor vio las huellas de los dos pies, y nosotros sólo la 
del pie izquierdo; porque la otra hace bastante tiempo 
que fué arrancada de su lugar. Los viajeros cristianos se 
complacen en subir al monte de las Olivas por imitar al 
Salvador, que tanto amaba retirarse allí para hacer ora- 
ción; y, al llegar á la cima, siempre les sale al encuentro el 
Scheij (3) de la mezquita para invitarles á adorar á Jesu- 
cristo en el sitio donde estuvieron sus pies, /;/ loco ubi ste- 
tcrunt pedes ejus. Los viajeros suelen aceptar la invitación 



(1) Los mahometanos creen en la Ascensión del .Señor; pero, res- 
pecto íl su muerte, no están todos conformes. La opinión m.ls ijene- 
ral entre ellos es que no murió; que en vez de Jesucristo coijieron 
los judíos á Judas, que se parecía mucho en lo físico á su Maestro, y 
le crucificaron en el Calvario. Son curiosas, por no llamar ridiculas, 
las explicaciones que los teólogos musulmanes dan de esto al comen- 
tar los versículos 51 y vA del capítulo que .Mahoma denominó en su li- 
bro La Familia de Aytnran. Cada expositor reííere su leyenda res- 
pecto de la manera de ascender Ayra (Jesucristo) á los cielos. 

(2) No es palabra árabe, sino persa: significa propina. Seguro es 
que todo el que haya viajado por el Oriente habrá oído centenares de 
veces esa palabra, porque los moros, cuando ven á un europeo, se 
creen con derecho á que les recompense, aunque nada hayan hecho 
en su favor. 

(3) El Scheij, en los pueblos mahometanos, es el que hace el oficio 
de Alcalde y de Cura; generalmente se distingue de los demás mu- 
sulmanes por llevar el turbante rodeado de un pañuelo blanco: pero 
si ha hecho la peregrinación á la Meca, entonces lleva en el turban- 
te pañuelo verde, y no se diferencia de los demás peregrinos sino en 



Y EL MONTE DE LAS OLIVAS 45 



del Scheij, y mientras están dentro de la mezquita, el mis- 
mo Scheij ó alguno de su familia les esperan para pedirles 
el Bachich, ó para conducirles al sepulcro de Santa Pela- 
gia (1), que está muy cerca del lugar de la Ascensión, y 
pertenece también á los moros. 

A pocos pasos de la mezquita de la Ascensión se ha cons- 
truido, no hace muchos años, un convento en el lugar donde 
Jesucristo enseñó el Padre nuestro á sus discípulos. El con- 
vento pertenece á las Religiosas carmelitas, y fué levantado 
á expensas de la Condesa de Auvergne. Antes de entrar en 
la iglesia se encuentra un patio rodeado de galerías; y lo 
que más llama la atención en su interior son las grandes ta- 
blas de mármol en las que está escrito el Padre nuestro en 
más de treinta lenguas diferentes. En la galería del Sur se 
encuentra el sarcófago donde están colocados los despojos 
mortales de la bienhechora del convento, y en las paredes 
que rodean al sepulcro se pueden leer las inscripciones rela- 
tivas á la casa de Auvergne, tomadas del insigne Botta, his- 
toriador italiano. A la derecha, según se entra al jardín de 
las religiosas, hay una gruta, donde se dice que los Apósto- 
les, antes de separarse unos de otros para predicar el Evan- 
gelio, compusieron el Símbolo de la fe, ó sea el Credo, com- 



quc su traje es un poco más decente. Los Scheij son la gente más 
mala y perversa que hay en el Islam; son verdaderos tiranos que in- 
terpretan las leyes á su manera, sin justicia ni equidad; su mérito 
consiste en saber leer y escribir, y sobre todo en saber de memoria 
muchos capítulos <'» Suras del Corán. Hemos conocido á muchos, es- 
pecialmente en los pueblos pequeños, que carecían de la primera 
cualidad; pero todos sabían de memoria los capítulos referentes á la 
oración diaria, á las preces por los difuntos, etc., etc. 

(1) La \'ida de Santa Pelagia es verdaderamente singular: su ju- 
ventud la pasó en locuras y devaneos; se la conoce en la historia 
eclesiástica por la Cowedianta de Antioqiiín. San Nono, Obispo de 
Heliópolis (hoy Baabbek), predicando cierto día en la ciudad de la 
Santa sobre las vanidades mundanas, la convirtió, y su conversión 
fué tan sincera, que inmediatamente abandonó sus deudos 3' amigos, 
é hizo la visita á los Santos Lugares, fijando la residencia en una 
gruta próxima al lugar de la Ascensión del Señor. Allí pasó el resto 
de su vida purgando los delitos de su juventud con las más ásperas 
penitencias, hasta que murió y fué enterrada en el sepulcro que tanto 
aprecian los mahometanos. 



46 LA ASCENSIÓN DEL SE.^OR 



pendió de toda la doctrina católica. Esto parece estar con- 
firmado por lo que dice Eusebio en el capítulo xliii del 
libro III de la vida de Constantino, donde asej^ura el bióo^rafo 
del primer Emperador cristiano que la madre de éste man- 
dó construir dos iglesias en el monte de las Olivas: una en 
el lugar donde Jesucristo subió á los cielos, y otra un poco 
más abajo, en una cueva que, según la tradición verdadera, 
Aoyos a>.Y.0Y,; í/.v,, los Apóstolcs fucrou iniciados por Dios en los 
misterios que habían de predicar. Si no tuviese esta gruta un 
pequeño y pobre altar, se creería que, más bien que un ora- 
torio, era una cisterna. Merecía que estuviese un poco más 
adornado el lugar donde se proclamó la más sencilla y la 
más sublime profesión de fe religiosa. 

Muy próximo al convento de las carmelitas se encuen- 
tran unos sepulcros, que los árabes llaman de los profetas; 
pero i qué profetas fueron enterrados allí? Seguramente que 
no fueron los que escribieron sus profecías; porque de casi 
todos ellos hace mención el Antiguo Testamento y nos dice 
dónde fueron muertos y sepultados; y el Perisereon (1), ó 
palomar, como llama Flavio Josefo á dicho lugar por la mul- 
titud de nichos, sirvió probablemente para enterrar á los 
discípulos de los grandes profetas. Todo el terreno que ocu- 
pan las cuevas pertenece á los rusos, y sin duda alguna que 
con el tiempo harán excavaciones en su propiedad y encon- 
trarán alguna inscripción que nos diga para quién sirvieron 
de morada aquellos sepulcros. En los primeros siglos del 
Cristianismo habitaron aquellos sepulcros muchos monjes, 
que, en unión con los que moraban en el valle de josafat, sa- 
caban copias de las obras de Cicerón y de otros autores 
profanos, á fin de que no se perdiesen. 

En medio de la montaña de la Ascensión, por la parte 
occidental, se indica el lugar donde Jesucristo lloró sobre 
Jerusalem pocos días antes de su pasión. Cuando se acercó 
á la pendiente del monte de las Olivas, dice el evangelista 
San Lucas, comenzaron los habitantes de Jerusalem, princi- 
palmente los niños, á cantar alabanzas al Señor por las ma- 

(1) rcpicipeuiv. 



Y EL MONTE DE LAS OLIVAS 47 

ravillas que habían visto, diciendo: "Bendito sea el Rey que 
viene en nombre del Señor: la paz sea en el cielo y la gloria 
en las alturas. Al oír estas alabanzas, algunos de los fari- 
seos que se hallaban entre la multitud, dijeron á Jesucristo: 
Maestro, haz callará éstos; pero él les contestó: En verdad 
os digo que, si éstos callaren, las piedras darán voces. Cuan- 
do se iba aproximando á Jerusalem, al ver la ciudad, lloró 
sobre ella, diciendo: ¡Ah! ¡Si tú reconocieses siquiera en este 
día lo que puede traerte la paz! Mas ahora está encubierto 
de tus ojos; porque vendrán días contra ti, en que tus ene- 
migos te cercarán de trincheras, y te pondrán cerco, y te es- 
trecharán por todas partes, y te derribarán en tierra, y da- 
rán muerte á tus hijos que están dentro de ti, y no dejarán 
en ti piedra sobre piedra; por cuanto no conociste el tiempo 
de tu visitación„. No mucho tiempo después de la muerte de 
Jesucristo, la famosa legión 10." de Tito acampaba en el 
lugar que describimos y realizó al pie de la letra la profe- 
cía del Salvador. El Doniinitsjlcvit, ocupado en otros tiem- 
pos por una iglesia cristiana, la convirtieron los moros en 
mezquita, de la cual sólo se conservan las paredes, y no 
pasarán muchos años sin que algún viajero nos cuente que 
no hay más que un montón de escombros. 

Hasta cerca de este antiguo santuario llega una gran 
posesión de los rusos, que arranca desde el huerto de Get- 
semaní; en medio de esta propiedad se ha levantado, á ex- 
pensas de la familia del Czar, una preciosa iglesia, que, según 
tenemos entendido, servirá al mismo tiempo de panteón para 
alguno de sus individuos. 

El aspecto que presenta hoy el monte de las Olivas es 
muy distinto del que presentaba en los tiempos de Nuestro 
Señor: la montaña que Josefo llamaba de la abundancia, se 
puede denominar hoy de la escasez, pues apenas quedan 
olivos, y los habitantes del pueblo que está sobre la cumbre, 
en vez de cultivarlos, los cortan, y han convertido el monte 
en un erial. 

Y'P" Juan JLazcano, 

Agustiniano. 



'^¥<X^^x^SF 



-i ■ rs'z~.'.-'i-"s~r'p-í^!í^r^F'jr.: 




La Opera Espaísola 




\¡ rmincnfe critico D.José M. Esperiificd y Sola. 



[JLCE y sabrosa es, en verdad, la tarca de recorrer 
las piíjíinas de la partitura que tenido A la vista, re- 
construyendo en la imaí^inación los primores y las 
filii^ranas de la orquestación moderna, de que jamds pue- 
den dar cabal idea las mi'is completas reducciones. Pero 
como de ordinario sucede, esa labor «írata en la soledad del 
estudio se convierte en pesada carga cuando hay que hacer 
públicas las impresiones personales íntimamente sentidas, y 
habiendo de prescindir en el aníllisis crítico de los elemen- 
tos, bien que imperfectos, sugestivos, que proporciona la 
obra misma criticada. Pero ya que es preciso hacerlo, pues 
lo prometido es deuda, debo declarar que ni abrigo la preten- 
sión de dar miís que una idea aproximada de la ópera, ni los 
ejemplos que voy á intercalar son todos los mejores de ella, 
sino muestras y rasguiíos de una creación portentosa en que 
tiene su natural asiento todo eso que se llama genialidad, 
originalidad, bizarría y entusiasmo artístico inexhaustos. 



LA ÓPERA ESPAÑOLA 49 



En el primer cuadro es donde se advierte menos movi- 
miento dramático, y, tal vez por lo mismo, mayor suma de 
lirismo reposado y apacible, que impide á Pedrell hacer uso 
excesivo del recitado, obligándole á seguir procedimientos 
corrientes, aunque en el fondo diste foto ccclo de la esclavi- 
tud escolástica ó clásica. Muchas de las frases tímid¿i ó re- 
sueltamente anunciadas en el Prólogo tienen aquí amplio 
desarrollo en los solos y en las masas corales, sin que falte 
por eso la decoración de la orquesta, ni decrezca su interés, 
ni quede reducido su empleo á pretexto ó á simple acompa- 
ñamiento. La opulencia de los recursos secundarios y de la 
sonoridad no arguye en Los Pirineos pobreza de ideas, 
sino que añade efecto á efecto, belleza á belleza, trans- 
formando canciones arcaicas ó litúrgicas en radiantes y es- 
plendorosas apariciones, como leyenda cristiana ó drama 
sacro rejuvenecido con las pompas y magnificencias del 
arte moderno. 

La sentida frase de Miraval, que primero diseña la or- 
questa y que comienza 






Quál di que- sl'oggl! quál di trls-te nuo - ve!... 

presagia bien á las claras los lamentables sucesos de que 
ha de ser teatro la misma sala de liestas del Castillo de los 
Foix y la horrorosa tormenta que se va á desencadenar, sin 
que los acordes marciales de la orquesta hagan más que vi- 
gorizar y dar relieve con el contraste al cuadro temeroso, 
que todavía ennegrece más Sicart con fatídicos anuncios: 

Non piü cercar lí fuora la tempesta. 
Che qui dentro l'abbiam. 

Las escenas tercera y cuarta , consagradas á la Corte 
d'nmorc, bastan para dejar satisfecho al más descontentadi- 
zo en materia de clasicismo, y á los partidarios de la llamada 
música melódica, como si hubiese alguna que no lo sea. Des- 
de el brioso y dramático arranque con que la Condesa llama 
á celebrar la fiesta, se echan de verla alta inspiración y el so- 

4 



50 LA ÓPERA ESPAÑOLA 



berano aliento del maestro catalán. Creo j'o que estas esce- 
nas, que dramctticamentehan de parecer lánguidas y monó- 
tonas, valdrán á Pedrell las simpatías de todo público, y darán 
la medida, á los que todavía creen en la falta de ideas de los 
modernistas, de lo que podría obtener el autor puesto á 
seguir las vías trilladas. La presentación de los personajes 
parafraseando las palabras y notas de la Condesa en un cora 
grandioso y nutrido, tiene que producir un efecto envidiable 
y duradero. Pero no es posible seguir paso á paso al autor 
de la ópera, ni enumerar todo lo que ella encierra de notable 
con lenguaje inexpresivo, que haría del análisis un fastidioso 
inventario. Yo no me propongo más que hacer notar algunas 
de las originalidades rítmicas y tonales en una obra que es 
rico arsenal de ellas. En el punto mismo á que habíamos 
llegado en nuestro análisis nos sale al paso esta hábil com- 
binación de dos cantos igualmente inspirados, que yo trans- 
cribo muy simplificados poniendo sólo las notas culminantes 
de la reducción para piano, en esta forma: 

.%i.i.t:on<> ^<»^ n«»i.T(» 




-^ L' ^r - » - V ^ 4 p : 4 • 






che le-rl ven-ne-rc Pro • di - gl narran d'es-sl, etc.i 




El intermedio instrumental de I Giuochi es de una habi- 
lidad extremada y de una sencillez verdaderamente evoca- 
dora, aunque tengo para mí que ha de pasar desapercibido 
para los que no disfrutan de la delicadeza de percepción 
que sólo puede obtenerse en el público desputís de lenta edu- 



LA ÓPERA ESPAÑOLA 



51 



cación. De su frescura 3^ sabor campestre puede formarse 
alguna idea por la frase que copio. 






^ ■»-■»-. 




gg^ 



[ ';_f g i^iggS ^fi C:¿^ ^ 



Tampoco quiero que falten en esta reseña algunos com- 
pases de la apasionada canción de Miraval : ¡non pensanicnt, 
Ilion cor, que forma contraste con la anterior por el senti- 
miento de rara melancolía que entrada. 




^m^ 



=^ 



íímc 



F=i=- 



1^— ^-«- 



y'l Jor que m'haure vlsl en tre sos bra - ssos., etc. 

En todas las producciones del maestro Pedrell , pero se- 
ñaladamente en ésta que nos ocupa , son de notar dos instin- 
tos, ó mejor dos manifestaciones de un mismo instinto, que se 
compenetran 3' conspiran felizmente á idéntico fin: la origina- 
lidad del ritmo, y un sentimiento profundo del orientalismo. 
Aunque no sea patrimonio exclusivo sun^o, apenas concebi- 
mos el estilo oriental sin algo desusado y extraño en el mo- 
vimiento rítmico que imprime carácter al movimiento pasio- 
nal: y entiéndase que en esto nos referimos al ritmo interno 
y no á la forma puramente externa y superficial del compás. 
Pero al fin las novedades rítmicas se compadecen bien con 
otros estilos que no sean el oriental ; en éste hay otro ele- 
mento más valioso que le constituye en su ser y le da sabor 
inconfundible, y es algo que responde á una intuición; algo 
que se compone de languideces, de frescura selvática, de 
primitiva sencillez ; algo jamás explicado, pero uniformemen- 
te sentido. Pedrell lo obtiene sin esfuerzo de imaginación; 
muestra inclinación decidida á esas formas, y sin haber 



52 LA ÓPERA ESPA5;0LA 



viajado por el Oriente, como Feliciano David para compo- 
ner su Desierto, traduce la impalpable realidad de los ensue- 
ños orientales. ¿Será que todo ello no es más que puro con- 
vencionalismo, y que damos valor real á lo imaginario? 
¿Quién sabe los misterios de la melodía? ¿Quién sabe por 
qué la sucesión de unas notas constituye un idilio, ó una 
oriental, ó una elegía? ¿V cómo, entonces, coincidimos en 
la expresión? Sea de ello lo que quiera, la oriental con que 
hace su aparición Rayo de Luna en el primer cuadro de Los 
Pirineos, es de las de buena ley, de las que no se confun- 
den con otras similares. Véase una pequeña muestra, des- 
provista , como las anteriores, de lo que es imprescindible en 
ella: el acompañamiento. 



y o so la Ju • gla-re sa que can- 






ta y dan - sa. 



La canción más característica de la Trilogia, aunque tal 
vez no la más escogida para todos los gustos, es la titulada 
La Morte di Giovanna, simbólica representación de hi pa- 
tria en peligro. En ella se enlazan tres canciones populares, 
más que de distinto carácter, de diversa gradación de un 
mismo sentimiento, sin que sufra menoscabo la lógica de 
las ideas y de las situaciones: tales son las afinidades ocul- 
tas con que emparentan los tres motivos. A los dolorosos 
quejidos de la primera parte, en que es de notar la oportuna 
frecuencia del intervalo de segunda aumentada, que cons- 
tituye de ordinario, así como un esfuerzo afectivo, un recur- 
so orientalista tan en carácter apropiado á Raj'o de Luna, 
sigue una apacible balada, mecida en un ambiente de suave 
melancolía é indefinibles nostalgias, para terminar en aquel 



LA ÓPERA ESPAÑOLA 



53 



maravilloso hallazgo de notas, que es por sí un poema mu- 
sical cuando canta Rayo de Luna. 

Quan seré morta enterraume 
en lo bell fons de la cava. 
¡ Ay, ay, pobreta de mí! 
en lo bell fons de la cava. 

Me causa grandísima pena no poder transcribir más que 
algunos compases de toda esa hermosa canción, en que no 
hay desperdicio ni nada que sea trivial, ni siquiera conoci- 
do: todo está en ella primorosamente encadenado; el fraseo 
es de una amplitud de desarrollo que no engendra cansan- 
cio; su factura irreprochable, y la harmonización sabia- 
mente sencilla. 




Hos a-mors 



= \^0-'-'0.^ 



• '^-f ' f t~^ = í= 



^ - U.*i 



sea 



son a- 



üdt 



[L |t¿¿^^i,¿,^J = T^-lv^^ 



Hos a- mors ne son lo sol y Jo so la 



lia • na 



i 



M <^ ^ 



jt^ 



cía 



ra, etc. 



Quiero terminar la exhibición de muestras (ya que las 
condiciones de esta publicación no permiten multiplicarlas) 
con una frase vigorosa, en compás binario, de la hermo- 
sísima Tenzone^ que canta Gemeschia, una de las discre- 
tas damas asistentes á la Corte de amor: 




Ben di - le tto a - ma - tor la scio sua da 



ma. 



y con aquella otra canción de Miraval, en que se hermanan 



54 



LA ÓPERA ESPAÑOLA 



con holgura el sabor primitivo^ la sencillez casi litúrgica, y 
un vuelo lírico-dramático muy singular y muy encumbrado. 




^^^S^ 



So lo di vec- chie sto 



ríe che plu non v'ba ne soal 



jp^p: 



^ÜSí 




cu-ne tan- to tris - te 



da la 



crl 



mar. 



Pero es fuerza desistir de un análisis que siempre resul- 
tará infructuoso, y tal vez contraproducente, en orden A lo 
que me propongo demostrar; porque ni los ejemplos trans- 
critos son los mejores de la obra, sino algunos de los mu- 
chos que pueda haber escogido, ni es la de la Trilogía esa 
música que un escritor ilustre (creo que el P. Fcijóo) llama- 
ba de tararira, cuyo único mérito, el de la vulgaridad pe- 
destre, reside en la superficie, sino música de maestro y de 
un talento original, creación en que nada hay completamen- 
te secundario, porque todo se compenetra y resalta por mu- 
tuas intluencias. 

Yo me contento con decir aquello de ix iniíi¡íc ¡coficni, y 
dejar que los discretos lean entre líneas, ya que para los 
demás huelga toda demostración. Usted, entrañable amigo 
mío, completará lo que falta á esteligerísimo examen, y en- 
riquecerá con la opulencia y las galas de su ingenio la po- 
breza de mis conceptos, á la vez que la larga y fructuosa 
labor de crítico le proporcionará términos adecuados para 
expresar lo intraducibie, y habilidad bastante para desme- 
nuzar lo impalpable. 

Sé que por temperamento, por educación y por el acen- 
drado gusto, que soy el primero en reconocer, y en grado 
eminente, muestra usted predilección por la música equili- 
brada, de vuelo ni tímido ni arrebatado, sino sereno y exento 
de audacias peligrosas; que prefiere usted Mozart y Haydn á 
Wagner, y no sé si también á Beethoven; que fuera de eso, 



LA ÓPERA ESPAÍÍOLA 55 



rinde usted tributo de sincera admiración, aunque no el en- 
tusiasmo que es de moda, á Wagner, dirigiendo sus anate- 
mas contra los pseudo-wagneristas, ó séase contra la mayo- 
ría de los imitadores del maestro alemán. Todo eso me es co 
nocido; pero ¿qué opina usted de esta nueva escuela que 
acaudillará de ho}' más Pedrell, y que tiene, alo que parece, 
analogías estrechísimas de procedimientos con la rusa, 
aunque diste en el fondo cuanto dista el carácter español del 
ruso? 

¿No cree usted que tiene el canto popular español virtua- 
lidad para derramarse en muchas frases y colores que se 
descompongan y adquieran diversos matices? ¿No debe ser 
la base de la ópera nacional la música á que ha confiado un 
pueblo de gloriosa historia sus quejidos, sus regocijos y su 
esfuerzo varonil? Bien á la vista está que eso ni es wagne- 
rismo ni audacia, sino adivinación que parece obvia una vez 
revelada. En el wagnerismo se huye por sistema, según 
dicen malas lenguas, de todo lo que es melodía regular y 
simétrica; aquí por sistema se busca el halago del oído con 
melodías que merecieron la infancia de un pueblo, presen- 
tándolas asimiladas y transformadas, pero trascendiendo 
siempre á lo que fueron: los mismos recitados de que podrá 
haber empleo abusivo en la Trilogía (no lo niego ni lo afir- 
mo), son en gran parte motivos populares más ó menos com- 
pletos, así como frases de saludo é interjecciones españolas; 
los coros intercalados son de una majestad grandilocuente y 
expresiva, y abundan cuanto es de desear las melodías de 
franco desarrollo, conforme al gusto de la escuela ecléc- 
tica. Entre ellas, no puedo menos de recordar, á más de las 
enumeradas 3' de otras que no cuento, la deliciosa Canzone 
della Stella, que es verdaderamente música alada que al 
levantar el vuelo esparce suavísima fragancia. Los acentos 
de la enamorada Lisa han de dejar honda impresión de plá- 
cida y ensoñadora melancolía: 



lo sonó innamorata, 

¡povera me! ; 
¡povera me, Madonna, 

povera me! 



56 LA ÓPERA ESPAÑOLA 



La stella del matino 

mió amor ell'c; 
mió amor eWv, .Madonna, 

mió amor ell'e. 
lo vedo che mi guarda, 

che dirmi dé'; 
che dirmi di-\ Madonna, 

che dirmi de'. 
Credevo mi ¿juardasse, 

non guarda me; 
non guarda me, Madonna, 

non guarda me. 



Del mió desiin la sorte 

íissata é: 
fissata í; g\h, Madonna, 

fissata í'. 
Gli amori dclla stella 

non son per me; 
non son per me. Madonna, 

non son per me. 



La inventiva melódica no ha hallado notas que superen 
en verdad de expresión y en ternura honda y simp.ltica Á las 
que acompafían Á tan sencilla trova; ni el sentimiento rítmi- 
co ha dado de sí nada tan propio y mecedor como el ritmo, 
ó mejor aleteo, de esa canción de Pedrell. El maestro cata- 
lán no es de temperamento equilibrado en la acepción des- 
favorable de la palabra; pero es indudable que su talento no 
le permite desbarrar en medio de la originalidad, y que 
posee en alto grado el sentido de las conveniencias, de la 
proporción, de la elegancia no fingida. Por otra parte, su 
erudición, nada árida, sino jugosa y bien cimentada, auxilia 
de un modo sorprendente al instinto asimilador, para que, 
al manosear y desentrañar las canciones populares, no las 
haga perder su esencia, sino que se difunda ésta, impreg- 
nando por contagio hasta los elementos modernos y conser- 
vando incólume el tesoro del aroma primitivo. Los que pu- 
dieran llamarse golpes de efecto están en los coros, nume- 
rosos y hábilmente traídos; en los preludios é intermedios 
instrumentales, altamente sugestivos y localizadores, y en 
la peregrina combinación simultánea de la canción de Rayo- 



LA ÓPERA ESPAÑOLA 57 



de Luna con la grave salmodia de difuntos, pieza esta últi- 
ma de efecto dramático espeluznante. 

Tal es la obra Los Pirineos á mi juicio, aunque, lo mis- 
mo este artículo que los anteriores, no tienen más valor que 
el de una consulta elevada á un maestro competentísimo, 
cu3'o fallo aguardo respetuosamente. Entre tanto me siento 
satisfecho y orgulloso por haber podido presentar á Pedrell 
ante un público que le desconocía por lo que suele descono- 
cerse entre nosotros el verdadero mérito. Porque realmente 
merece los honores y aun tiene el atractivo de una exhibi- 
ción un maestro español que, dando de mano á la zarzuela 
productiva, aborda el género serio de un modo original, y 
en un tiempo en que las corrientes del modernismo lo inva- 
den y avasallan todo, vuelve los ojos atrás, no á la servil 
imitación de la inauera italiana, sino á lo más elemental 
del arte, á la belleza sin disfraces, á la canción popular, 
para extraer de ella el jugo nutritivo que reponga al arte 
de nuestros días del agotamiento de fuerzas que se cree re- 
mediar buscando nuevos derroteros, no siempre felices. 
Atendiendo al sentido etimológico de la palabra composi- 
tor, Pedrell lo es en grado altísimo: apenas se concibe que 
se pueda llegar más allá en el adobo y condimento de la 
primera materia, y en el tacto y gusto exquisitos para ha- 
cerla presentable en tiempos de tantas exigencias. Pero ello 
es cierto: la harmonización vaga y á veces casi extratonaU 
y los raros y maravillosos efectos rítmicos que se advierten 
á cada paso en la Trilogía, remozan las canciones popula- 
res de manera que parecen nacidas en el día, ó mejor, apa- 
recidas por fenómeno de transmigración. Sin embargo, esa 
circunstancia que debiera favorecer al éxito, ha de ser por 
el contrario el escollo en que tropiece. Crea el Sr. Pedrell 
al que, á falta de otros caudales, tiene el de la sinceridad, 
y algo también de experiencia propia: es tan arriesgado 
presentar esas rancias novedades de tonalidad y ritmo ante 
el aturdido público de los teatros como entonar un coro gre- 
goriano ante el servuin peciis de la rutina. En materia de 
arte , lo extraño es sinónimo de lo disparatado para los igno- 
rantes hasta que dejan de serlo por la educación. Los músi- 



58 LA ÓPERA ESPAÑOLA 



eos, en cambio, acogerán todas esas antiguallas como la 
aurora de un renacimiento feliz que nos saque de la atmós- 
fera enrarecida de la inactividad, y del ambiente mefítico 
del flamcnquismo incoloro y tabernario. Esto matará á 
aquello, podemos decir empleando bien las palabras de 
Víctor Hugo; pero mientras tanto, no nos es lícito esperar á 
la vera del camino, ni colgar la cítara para derramar llanto 
estéril, sino que debemos ser profetas y apóstoles en nuestra 
patria. 

Ahora puede usted respirar con holgura, querido amigo, 
ya que ha pasado el último chubasco; y disponerse para su 
excursión por Los Pirineos. Al fin es más grato respirar el 
aire de las montañas en plena primavera, cuando todo re- 
verdece y alienta en el seno de la madre Naturaleza, que 
no en el rigor del crudo y sombrío invierno, que me ha ca- 
bido en suerte. Quizá por eso no he llegado á las cumbres, 
desamparado y sin abrigo, esperando tiempo bonancible y 
buena compañía, cual Dios me la depara en usted. l2l premie 
en usted la virtud del santo Job, y le devuelva en años de 
felicidad los momentos empleados en leer mis bien intencio- 
nadas cartas. 



fR. ^ÜSTO^UIO DE pRIARTE, 
AguttÍDtauo. 




Ig^ís^á^'iis^ «i?^ 



Re\ista Canónica 




idas sobre la interpretación del decreto "Auctis,,. — lin el 
tomo XXIX de La Ciudad üií Dios {pA^- -'J-^S) se dióá conocer ya 
este célebre decreto de la Sag;rada Congregación de Obispos 
y Regulares, que introduce en la actual disciplina importantísimas 
modificaciones acerca de la ordenación, expulsión y secularización 
de los Religiosos. Como las reformas han sido en algunos puntos tan 
radicales, nada tiene de particular que, al implantarlas, surjan algu- 
nas dudas y vacilaciones acerca de la mayor ó menor extensión en 
que ha podido derogarse la legislación antigua con las prescripcio- 
nes generales del derecho nuevo. 

Las dudas y consiguientes declaraciones que consignamos ahora 
se retieren á la ordenación de los Religiosos de Congregaciones ó Ins- 
titutos de votos simples, y que el Emmo. Cardenal Richard, Arzobis- 
po de París , donde son muy numerosas y variadas estas nuevas Con- 
gregaciones, exponía A la Santa Sede en la forma siguiente: 

/. UtruíH fiunc post decretitm '*Anctis„ instiiitta votoruní sini- 
plicinrn, libere possiní sine indulto speciali alumnis suis dimis- 
soriales Hileras ad ordines concederé. 

II. Quatcnns affirmative ntriim hccc decisio restringenda sil ad 
insliluta volorujn sirnplicinrn a S. Sede Approbala, vel applicanda 
etiaui ad instilitla votontm sinipliciuní sola episcopali auctoritate 
et approbatione munita. 

III. Utriini nunc post decretiiyn '' Auctis „ instituía votoruní sim- 
plicium libere possint sine indulto speciali alumnos suos promove- 
ré ad ordinem sacrum titulo mensce communis vel alio simili. 

In Congregatione 9 Februarii 1894 S. C. mature perpensis óm- 
nibus propositis dubiis censuit rescribendum prout rescripsit : 
Ad /.«"", negative. Ad 2."'", provisum in primo. Ad 3.»^^ negative. 
Datum Romee ex Secretaria S. C. Ep. et Reg. 12 Februarii 1894. 



60 REVISTA CAXÓNMCA 



En consecuencia, después del decreto Auctís, los Institutos ó Con- 
gregaciones de votos simples (salvo el caso de privilegio especial) 
no pueden equipararse á las Ordenes religiosas de votos solemnes en 
esas dos prerrogativas, que consisten: primero, en poder ordenar á 
sus subditos con el título propio de los Regulares, llamado en derecho 
titiilits paiipert litis init meusic comniunis: segundo, en poder otor- 
gar las diinisoriíilcs, que son propias sólo de la autoridad del Ordina- 
rio ó de la autoridad exenta de los Regulares propiamente dichos. 

Estas declaraciones, como fácilmente se comprende, no introducen 
reforma alguna en la legislación eclesiástica, siendo únicamente al- 
gunos de tantos puntos del derecho antiguo que han quedado intactos 
á pesar del decreto Aiictis, cuya tendencia general es equiparar á 
los Institutos de votos simples con las Ordenes de votos solemnes, en 
cuanto A la ordenación y expulsión de sus subditos, pero más bien en 
lo odioso que en lo favorable. 



Rosolución de un recurso do alzada dejando sin efecto el acuer- 
do del Ayuntamiento do Villafriinca del Panados por cl cunl se im- 
ponía como obligatorio oí uso do cocho fúnebre paru la conducción 
de cadáveres. — lil lixcmo. Sr. Gobernador civil de la Provincia, en 
oficio de fecha 21 del corriente, dice á esta Alcaldía losiguiente: El se- 
ñor Vicepresidente de la Comisión provincial me comunica con fe- 
cha 3 del actual lo siguiente: Excmo. Sr.: Visto el recurso de alzada 
que remite á informe de este Cuerpo ese Gobierno de Provincia, inter- 
puesto por D. Juan Arnich y otros vecinos de Villafranca del Pana- 
das, contra un acuerdo de aquel Ayuntamiento relativo á la conduc- 
ción de cadáveres. 

Resultando que el .Ayuntamiento de Villafranca del Panadés, 
en sesión de 24 de Mayo último, acordó establecer coche para 
el servicio de conducción de cadáveres: resultando que una par- 
te del vecindario no creyó conveniente utilizar dicho coche y 
continuó, como antes, conduciendo en hombros los cadáveres al ce- 
menterio, en vista de lo cual varios vecinos dirigieron una instan- 
cia al Ayuntamiento manifestando que, si había de sostenerse y pre- 
valecer en la práctica el servicio de coches fúnebres, creíase nece- 
sario, y así lo solicitaban de la Corporación municipal , que ésta 
acordase que la conducción de los cadáveres al cementerio católico 
y neutro de aquella villa había de ser precisamente en carro fúne- 
bre: resultando que previo informe de la Junta local de Sanidad, la 
cual, de acuerdo con el médico municipal, opinó que hallaba más hi- 
giénica la conducción en coches fúnebres respecto de las enfermeda- 
des infecciosas, é igualmente higiénica en cuanto se refiere á las de- 
más, el Ayuntamiento, en sesión de 25 de Agosto último, después de 
dos votaciones en que hubo empate, que fué decidido por el voto del 



REVISTA CANÓNICA 61 



Presidente, acordó, de conformidad con la proposición de un señor 
Concejal, hacer oblis^atorio para todos los casos el uso de dicho co- 
che: resultando que contra dicho acuerdo han interpuesto el presen- 
te recurso D. Juan Arnich y varios otros vecinos de dicha población, 
pidiendo la revocación del acuerdo y la suspensión del mismo para 
el caso de que no acuda á ella la Alcaldía, 3' fundando tal recurso en 
que es atentatorio al principio de libertad, en cuanto obliga á los ve- 
cinos á aceptar contra su voluntad un servicio oneroso; en cuanto es 
contrario á la jurisprudencia sentada por Real decreto-sentencia 
de 2 de julio de 1878; en cuanto, no existiendo Ordenanzas municipa- 
les que disponjían acerca del particular, cada vecino debe tener li- 
bertad para conducir como mejor le parezca los cadáveres, con tal 
que no desdiga de la cultura de la población . de la moral y de las 
buenas costumbres; y en cuanto á resultar con ello que el Ayunta- 
miento ha vuelto sobre su propio acuerdo de 24 de Mayo último, por 
el cual establecit') dicho servicio, consignando que sería sin carácter 
obligatorio: resultando que la Alcaldía informa que el acuerdo 
de 24 de Mayo estableciendo un servicio de coches fúnebres fué mal 
recibido por el Clero de aquella población, negándose á presidir el 
duelo de los entierros en que se utilizaba dicho coche; que dicho 
acuerdo ha sido, en cambio, bien recibido por la mayoría de la po- 
blación , y es ventajoso para la higiene pública, no oponiéndose ni 
á la libertad del ciudadano ni á la piedad; que viene autorizado le- 
galmente tal acuerdo por lo que dispone el art. 137, regla 1.^, en rela- 
ción con el 72, núm. 1 de la Ley municipal; y que, finalmente, la Al- 
caldía ha declarado no haber lugar á la suspensión del repetido 
acuerdo porque no se hallaba comprendido este caso entre los con- 
signados en los arts. 169 y 170 de la Ley municipal. 

Considerando que el Ayuntamiento de Villafranca del Panadés ha 
infringido con el acuerdo apelado las disposiciones legales que esta- 
blecen la libertad de comercio é industria, y entre ellos los decre- 
tos de Cortes de 6 de Agosto de 1871 y S de Junio de 1875, puesto que 
ha venido á establecer un monopolio en lo que se refiere á la conduc- 
ción de cadáveres, obligando sean todos ellos conducidos previamen- 
te en el coche fúnebre que ha destinado al efecto: 

Considerando que, si bien el art. 137 de laLe}^ municipal, al prohi- 
bir á los Ayuntamientos toda clase de monopolio ó privilegio sobre 
los servicios urbanos, hace excepción expresa de lo que sea necesa- 
rio para la salud pública, no tiene esta aplicación al caso presente, 
toda vez que del único informe de la Junta local de Sanidad aparece 
que no hay motivo alguno higiénico para preferir el servicio de con- 
ducción de cadáveres por medio de coche, á lo menos en la genera- 
lidad de los casos, ó sea mientras no se trate de enfermedades infec- 
ciosas: 

Considerando que la existencia del monopolio se deduce de los 



62 REVISTA CANÓNICA 



mismos términos del acuerdo, en el cual se dice qae se haga obligato- 
rio para todos los casos el uso de dicho coche, ó sea del mismo que 
actualmente se ha establecido para dicho servicio, lo cual viene á co- 
locar el presente caso en situación an;'iloga al que fué resuelto por el 
Real decreto-sentencia de 2 de Julio de 187í-i, que revocó un acuerdo 
del Ayuntamiento de Sevilla por haber establecido asimismo un mo- 
nopolio en la conducción de cadáveres, cuyo decreto-sentencia ha 
venido por lo tanto A quedar asimismo infringido: 

Considerando que, aun cuando se quería suponer que no existe 
verdadero monopolio, sino que el objeto del acuerdo por el Cabildo 
municipal adoptado no es precisamente el de que todos los vecinos 
utilicen el coche fúnebre establecido, sino tan sólo el que dicha con- 
ducción se verifique en coche fúnebre, sea éste cual fuere, todavía en 
este caso no podrá sostenerse tal acuerdo, porque con él vendría á 
restringirse la libertal individual sin motivo alguno que justificase 
dicha restricción, pues el de la salubridad pública que invoca, apa- 
rece bien claro que no existe, según el mismo informe de la Junta lo- 
cal de Sanidad: 

Considerando que, si bien el Ayuntamiento invoca haber obrado 
dentro de las atribuciones consignadas en los arts. 72, 73 y \'A7 de la 
Ley municipal, en realidad se ha extralimitado en ellas al adoptar el 
mencionado acuerdo, habiendo inirigido, por lo tanto, con el mismo 
los mencionados artículos, y además los decretos de Cortes que es- 
tablecieron la libertad de industria y contratación, y el Real decreto- 
sentencia de 2 de Julio de 1878, procediendo, por lo tanto, la revoca- 
ción de dicho acuerdo- 

\ín presencia de lo dispuesto en la Lej' provincial y en las citadas 
disposiciones legales: Esta Comisión provincial, en sesión de 22 de 
Septiembre último, acordó informar á V. E., con devolución del ex- 
pediente remitido, que, en sentir de la misma, procede dejar sin efecto 
el acuerdo del Ayuntamiento de \'illafranca del Panadés de 23 de 
Agosto último, por el cual se impuso como obligatorio para la con- 
ducción de todos los cadáveres el uso de un coche fúnebre. Y de con- 
formidad con lo informado por la Comisión provincial , he acordado 
como en el mismo se propone. 

Lo digo á usted para su conocimiento, el de los interesados y efec- 
tos consiguientes. 

Lo que comunico á ustedes para su inteligencia y gobierno; mani- 
festándoles que el Ayuntamiento, en sesión de ayer, acordó apelarse 
de la precedente providencia para ante el Excmo. Sr. Ministro de la 
Gobernación. 

Dios guarde á ustedes muchos años. V'illafranca del Panadés, 28 
de Octubre de 1892.— El Alcalde, José Cois Artigas. —Sres. D. Juan 
Arnich y otros. 



REVISTA CANO.VICA 63 



Causa importante sobre el derecho de propiedad en un Asilo de 
Beneficencia.— Es muy dio^na de atención por la novedad del hecho, 
y altamente instructiva por su aspecto jurídico, la causa que la Sa- 
grada Congregación de Obispos y Regulares ha ultimado y resuelto 
en favor del Sr. Obispo de Orín y contra el Sacerdote español Don 
José Cata, acerca de la propiedad de un Asilo fundado en África por 
solicitud y diligencia de este Presbítero. 

Recordaremos en pocas palabras la historia de la fundación. El 
Presbítero D. José Cata, oriundo de la diócesis de Barcelona, marchó 
en 1873 á Argelia, siendo nombrado al poco tiempo por el Sr. Obis- 
po de Oran \'icario de la parroquia de Karguentah, poblada por una 
colonia relativamente numerosa de españoles. En el año 187b conci- 
bió el benéfico proyecto de fundar un Asilo para dar amparo y edu- 
cación á las hijas de los españoles pobres. Al efecto comenzó á reco- 
ger limosnas, así en la iglesia de Karguentah, donde con tal objeto 
colocó una caja ó cepillo, como en toda la diócesis de Orrin, que res- 
pondió dignamente A las piadosas persuasiones de su Prelado. Co- 
menzóse desde luego á fundar el deseado Asilo; mas faltando todavía 
bastantes recursos, el Sr. Obispo de Oran autorizó al Presbítero Cata 
para venir á España, como lo había solicitado, y recoger el óbolo de 
la caridad pública, que se mostró pródiga en favorecer tan noble em- 
presa. Con el caudal reunido pudo fundarse el Asilo de beneficencia, 
que se inauguró en 1883, habiendo sido confiado á las Religiosas espa- 
ñolas de Santa Teresa con un acto de colación é institución canóni- 
ca del Ordinario. La gran obra parecía felizmente consumada; mas 
no se dejaron esperar por n ucho tiempo las divergencias entre la 
Comunidad religiosa y el mismo Presbítero Catíl. Este se considera- 
ba como verdadero propietario del Asilo, pues en su nombre se ha- 
bía consignado en el registro civil de propiedad, y en calidad de tal 
quiso dictar leyes ó preceptos para el régimen y educación de las ni- 
ñas y para cohibir la libertad de las mismas Religiosas, presumiendo 
que éstas no se atemperaban á la ley fundamental del Asilo al admi- 
tir niñas que, en su juicio, no eran pobres y desvalidas. Finalmente, 
introdujo en el Asilo cuatro doncellas, que llamaba Religiosas afri- 
canistas, para sustituir con ellas á las Hijas de Santa Teresa de Je- 
sús, intimando á éstas la severa orden de desalojar el local y amena- 
zando, en caso de resistencia, recurrir á la fuerza de la potestad 
laica. 

Prescindiendo de aquellos incidentes, que poco ó nada ilustran la 
cuestión canónica, diremos únicamente que el Sr. Obispo de Oran 
dictó severas disposiciones y amenazas para contener al Sr. Cata en 
los límites de la justicia, mandando arrojar del Asilo á las Religio- 
sas africanistas y prohibiendo cualquiera atentado contra las Reli- 
giosas de Santa Teresa; órdenes que fueron muy poco respetadas por 
el Sr. Cata, pues á pesar de ellas pidió y consiguió del juez civil de 



64 REVISTA CAXÓNICA 



Oran sentencia favorable en que se intimaba Á las Religiosas de San- 
ta Teresa desalojar el Asilo en el término de tres meses. Esta sen- 
tencia fué ejecutada por la autoridad civil en el plazo prescrito, así 
como también el Sr. Obispo fulminó contra el Presbítero Cata la 
sentencia de suspensión a divinis. 

Finalmente, después de algunos altercados de una y otra parte, en 
que intervinieron también instrucciones y preceptos de la Santa 
Sede, fué s metida la resolución definitiva de toda la causa al fallo 
de la Sacrrada Conf^regación de Obispos y Re<j;ulares en la forma 
sisfuiente: 

I. Utrn)u ct qiioniodo Succrdoti Cata per lineal proprietas: vel 
sifHplex adininislratio Asyli in casa.' 

II. Ulriini el qiioinodo sustineatitr expulsio Thercsianarnm ah 
Asylo, et nLrtun sacerdos Cata dutn casdeni cxpulcrit, incurrcrit 
ecclesiaslicas censuras in casu? 

III. Utrum pnedicttis teneatur removeré a direcíione Asyli sic 
dictas Africanistas in casu? 

Respuesta de la Sajjrada Coniíref^ación: 

Ad J .""• et l^""«, negative in otunibus, et ainpüns. 

Ad .?."'», afjirmative et atnplius et ad nientem. }fens est sacerdo- 
ion Calíi suspenso renianere a divinis usquedum: 1°, plenam exe- 
cuíioneni non dederit prcesenti dccisioni; 2S*, se purgatum hahuerit 
erga Episcopum et datuní scandalitnt convenienti modo non repa- 
raverit; 3.", sese prícbíterit dispositutn adtransfercndumtitulumci- 
viletn Asyli in favorem aliarían personarum, et eo modo quo t'pis- 
copus expediré judicaverit. 

Tal es la decisión de la Sede Apo.ilólica, que, como se dijo arriba, 
ofrece notables enseñanzas jurídico-canónicas. 

Declárase, en primer lugar, que al Sacerdote Caiíl no pertenece 
ni la propiedad, ni siquiera la administración del Asilo. A esta reso- 
lución no ha podido ser obstáculo el titulo civil de propiedad en fa- 
vor del Sr. Cata, pues canónicamente considerado, ese título civil ó 
laico no es más que un remedio forzoso para salvar los bienes ecle- 
siásticos de-la prepotencia é invasión de la autoridad civil, que no 
reconoce en nuestros tiempos la propiedad de las llamadas manos 
muertas. Tampoco ha podido obstar á la declaración de la Santa 
Sede el hecho de haber tenido el Sr. Cata una parte tan activa y 
principal en la fundación del Asilo, porque este centro de beneficen- 
cia, si se considera en su origen, es una obra de la caridad pública; 
si se considera su fin y destino, es uno de tantos lugares que se lla- 
man piadosos, cuya propiedad es igualmente pública, y sometida por 
consiguiente á la pública autoridad de la Iglesia. Tampoco podía 
pertenecer al Sr. Cata la simple administración del Asilo, porque 
todas las obras de beneficencia y todos los lugares piadosos (salvas 
algunas excepciones que trae consigo la exención principalmente de 



REVISTA CANÓNICA 65 



los Regulares) deben ser dirigidas, y en alguna manera administra- 
das, por la solicitud del Ordinario, en especial si, como sucede en el 
caso presente, hubiese intervenido la institución solemne del señor 
Obispo de la diócesis. 

Declárase en segundo lugar que es jurídicamente nulo el acto de 
expulsión de las Religiosas de Santa Teresa del mencionado Asilo; 
nulidad que no debe atribuirse á otra causa que á la falta del mismo 
derecho de propiedad y administración en el Sacerdote Cata. Añáde- 
se, sin embargo, contra la opinión del Sr. Obispo de Oran, que el 
Sr. Cata no ha incurrido en la excomunión fulminada en la Constitu- 
ción Aposíolicíc Sedis: cotitra ittipeiiieníes liirccte vel indi recle 
exercitium jurisdictiouis ecclesiasticie, ni en la que se decreta en 
la misma Constitución contra cogenícs sive directe sive indirecte 
judices laicos ad írahcnditm ad suinn tribunal personas ecclesiasti- 
cas, praeter canónicas dispositiones. La razón de esta declaración, 
favorable al Sr. Cata, proviene sencillamente de no haberse cumpli- 
do en este caso las condiciones de hecho para incurrir en las censu- 
ras en cuestión. Rl Sr. Cata no ha impedido la ejecución de ningún 
decreto ó documento de la autoridad eclesiástica, procurando al efec- 
to, directa ó indirectamente, la intervención de la autoridad civil ú 
otro obstáculo semejante; como se desprende de los hechos, tampoco 
ha obligado al juez laico á llamar á su tribunal á personas eclesiásti" 
cas, puesto que las Religiosas no fueron traídas al tribunal civil. El 
acto del Sacerdote Cata consistió únicamente en solicitar del juez 
laico una sentencia en que se sancionen y ejecuten civilmente las 
consecuencias de un título civil de propiedad, suponiendo que tenía 
derecho á exigirlo, aun contra la opinión del Sr. Obispo. Pero en todo 
caso ha obrado ilícitamente al despreciar los mandatos y prohibicio- 
nes de su Prelado. 

En la última parte de esta resolución se decreta que las Religi^»- 
sas africanistas deben ser expulsadas del Asilo, fulminando la pena 
de suspensión a divinis contra el Sacerdote Cata hasta que no haya 
llevado á efecto esta decisión, haya reparado el escándalo dando las 
debidas satisfacciones al Sr. Obispo, y se muestre dispuesto á trasla- 
dar el título civil del Asilo en favor de otra persona, según el arbi- 
trio del Prelado. Estas disposiciones tan oportunas y tan acertadas 
no son más que las consecuencias naturales de las declaraciones que 
preceden, por lo cual no ofrecen en su aspecto jurídico y canónico 
otra importancia especial ni otra instrucción distinta de las que se 
desprenden de las observaciones anteriores. 



fR- j^ONORATO DEL yAL, 
Aguetiniano. 



s 



^^•¿^y^í^y^áÍ$^^¿^^~¿^^^^J^^.¿^y^^^ . 



^VÍJ-.t?. 







'eíT'eJÍ^'eSS'^'eíS^'aXr'cJS^'ejr'eí?^ 



CRÓNICA GENERAL 



KOMA 




j^n.s periódicos romanos, A lo menos aquellos A quienes su in- 
quina á los católicos no les obceca hasta el punto de verlo 
todo del revés, se hacen lenjjuas del fervor, de la prudencia 
y de la maravillosa disciplina de nuestros perej^rinos. Por un error, 
indisculpable en muchos, se ha creído hasta ahora que el español es 
incapaz de disciplina y de hábitos de orden y de moderación; y con 
una lio^ercza que raya en lo inverosímil se ha repetido en todos los 
tonos imaLíinables que somos capaces de andar á navajada limpia 
con nuestra sombra por quítame allA esas pajas; pero la última pe- 
regrinación, formada en su mayor parte de «jentes poco habitua- 
das íl reprimir los ímpetus de su sangre meridional, ha dado un so- 
lemne mentís con su comportamiento, propio de los hijos de la Cruz. 
Desde el punto de vista rclijíioso, el comportamiento de nuestros 
romeros ha sido del todo en todo admirable. "La fiesta de la audien- 
cia—ha dicho Le Motiitcur de Rome — ha sido una visión de fe y 
de entusiasmo. Nin«íuna de las demostraciones del Jubileo, como 
León XIII ha hecho constar muy bien , ha sido más imponente que la 
que ofrece la España católica, á la cual pertenece con justo título la 
supremacía. — Este elogrio del Padre Santo esculpe en relieve la 
fisonomía y la significación del acto de los obreros españoles. Hemos 
asistido á incomparables espectáculos; hemos admirado los esplen- 
dores de la Misa del Jubileo de ISSS y las bellezas de las últimas fies- 
tas; hemos aplaudido la maravillosa disciplina de la peregrinación 
francesa obrera, su fe, su fervor y noble presencia. Mas lo que no se 



CRÓNICA GENERAL 67 



había visto jamás en este Pontificado es la Basílica de San Pedro 
animada por el aliento de pechos jóvenes que aclamaban al "Papa 
de los obreros^. — Esos cantos, esos gritos de gozo y de amor, esos 
aplausos que se desbordaban, esas ovaciones irresistibles, han hecho 
que la audiencia tomase el carácter de una apoteosis. Los españoles 
son arrebatadores. Un pueblo que tiene ese idealismo y ese poder de 
entusiasmo, es invencible, inmortal. Su genio se eclipsará tal vez en 
medio de los abatimientos y de las revoluciones, fiebres periódicas 
de la familia humana; pero cuando el corazón está caliente y la 
cabeza permanece sana, ese pueblo renace y vuelve á ocupar su 
puesto en el mundo„. 

He ahí el pueblo católico español: contra lo que temía un conse- 
jero de la Corona, el supuesto fanatismo de nuestros obreros nos ha 
engrandecido ante las naciones, lejos de comprometernos. Mejor los 
conocía un ilustre diputado católico cuando aseguraba que nuestros 
romeros, bien instruidos como iban, sabrían atenerse á las sabias 
instrucciones que se les habían dado. 



II 
EXTRANJERO 

Alemania.— El Reichstag alemán ha abolido la ley de expulsión 
de los jesuítas, por una exigua mayoría. Han votado con el Centro 
Católico los demócratas, los socialistas, la fracción de los labradores, 
los alsacianos y los polacos. Falta la aprobación del Consejo Federal 
y la sanción del Emperador, y no es probable se nieguen ni una ni 
otra. 

— El jefe del partido católico alemán, M. Lieber, ha publicado un 
Manifiesto dando cuenta de su conducta y diciendo que jamás ha he- 
cho concesiones del género do itt des, porque entiende aquel hombre 
político, y entiende bien, que el derecho y la justicia que asisten á 
los católicos no han de comprarse con semejantes condiciones. 

* * 

Inglaterra.— La Cámara de los Comunes de la Gran Bretaña no 
anda ya en contemplaciones con la otra, la de los Lores: el día 17 del 
mes pasado aprobó una proposición aboliendo el derecho que tiene 
esta última de rechazar los proyectos de ley aprobados por la Cáma- 
ra popular. La guerra, pues, entre una y otra es á cara descubierta; 
el triunfo será de la que se vaya captando mayores simpatías en el 
pueblo, no por la intervención de éste en las elecciones de la Cámara 
alta, sino por su inclinación á uno de los dos partidos que se disputan 



68 CRÓNICA GENERAL 



el gobierno de aquella nación. Si favorece al conservador, aun tiene 
vida por algún tiempo la Cámara de los Lores; si al liberal, ya puede 
aquélla darse por muerta. Por lo menos perderá gran parte de su in- 
fluencia política, porque le cercenarán sus facultades. Sería aven- 
turado adelantar ideas acerca del resultado de la contienda: lord 
Rosebery ha dicho que el Gobierno presidido por él está dispuesto A 
presentarse delante del país, esperando con entera confianza el re- 
sultado del voto nacional; pero hay que hacerse cargo de la situa- 
ción del sucesor de Gladstone: si desde la Presidencia del Consejo 
de Ministros saliera una sola palabra de desaliento, la derrota del 
Gobierno, y por lo tanto del partido liberal, sería inevitable. 



* 



Francia.— El Sr. Arzobispo de Lyon ha hecho, en una Pastoral, se- 
vera crítica del articulado de la ley sobre contabilidad de las fábri- 
cas parroquiales. ; V qué ha hecho el Gobierno francés? Suprimir el 
sueldo al Prelado, sin duda para dar muestras de aquel tinevo espi- 
ritii de que nos habló hace algún tiempo. Algunos entienden que esa 
determinación obedece al deseo de calmar las ¡ras del partido socia- 
lista, excitadas contra el Gobierno por la causa criminal formada al 
diputado Toussaint, del grupo socialista. Un diario católico de la Re- 
pública vecina ha abierto una subscripción en favor del Arzobispo, 
reuniendo 22.000 pesetas sólo el primer día; y buena prueba del sen- 
timiento que ha causado entre los católicos de Lyon la querella en- 
tablada contra su Prelado han sido las manifestaciones de desagra- 
do que han hecho á tres de los ministros que han ido á aquella ciu- 
dad á inaugurar la nueva F.xposición industrial. 

—Las solemnidades celebradas en Roma con motivo de la beatifi- 
cación de Juana de Arco han encontrado eco en Francia, donde el 
patriotismo se sobrepone á las mismas pasiones antirreligiosas, hasta 
el punto de que ha sido un libre pensador, M. 1-'. P'avre, quien más ha 
trabajado para despertar entre sus compatriotas el culto á la Donce- 
lla de Orleans, insistiendo en que se estableciera en su honor una 
fiesta nacional, como lo ha conseguido. En Nuestra Señora hubo días 
pasados una gran solemnidad religiosa, consagrada á la santa /)///(-e- 
la (como escribía el propio Cervantes en sus Movclas ejemplares, 
aunque ahora nos parece galicismo). Sabe el Clero francés maravi- 
llosamente rendir tributo al exaltado sentimiento patriótico del país; 
así que en la fiesta de Nótre-Dame no podían faltar, como no falta- 
ron, los escudos de Lorena y Alsacia, velados con crespones negros, 
en alusión á la pérdida de las provincias segregadas, que esperan una 
nueva Juana de Arco, aunque los tiempos son poco propicios para 
heroínas como la pastora de Orleans. 

Cuatro grandes inscripciones recordaban la condenación de Jua- 



CRÓNICA GENERAL 69 



na de Arco, en Rouen, en 1429; la revisión de su inicuo proceso en 
J»íuestra Señora de París, en 1455; la rehabilitación solemne de la pul- 
cela un año después, y su proclamación como Venerable en Roma, en 
el año presente. En los pilares del templo, oriflamas azules y blan- 
cos ostentaban inscripciones conmemorativas de las batallas gana 
das por Juana contra los ingleses. 

La ausencia del Gobierno á la ceremonia ha dado ocasión á cen 
suras, por entenderse que los consejeros de M. Carnot no se habían 
determinado á concurrir, temiendo se les tachara de clericales, 
cuando la ñesta de Juana de Arco, además de religiosa, es nacional 
•La guarnición de París tenía representación numerosa y distingui- 
da, y del Cuerpo diplomático, los embajadores de Rusia y Austria 
pidieron con anticipación que se les reservara puesto. 

— lienry, el anarquista autor de los atentados del Hotel Terminas 
3' de la calle de Bons Enfants, ha sido condenado A la última pena. 
Al comunicarle la terrible sentencia, hizo feroces alardes de una san- 
gre fría espantosa. Negóse á firmar el acta del juicio, y también ú que 
su abogado entablase recurso de casación. A las dos horas se puso 
A comer con gran tranquilidad. 

* * 

Grecia. — No habrán olvidado aún nuestros lectores el terremoto 
que no ha mucho redujo á escombros varios pueblos de Grecia. Ahora 
se ha repetido el espantoso fenómeno, produciendo mayores desgra- 
cias todavía que la otra vez. Lo peor del caso es que no se trata de 
un movimiento aislado, sino de una serie de ellos, que sólo Dios sabe 
cuándo terminará. Ocurrió el primer temblor el día 21 del pasado, 
siendo su centro la provincia de Lorisa. El número de muertos pro- 
ducido por este terremoto pasa de 260, llegando á 3J0 los heridos, 
muy graves muchos de ellos. El día 28 se sintió en Atalante nuevo y 
violentísimo temblor, que vino á completar la terrible catástrofe. 
Sólo se sabe hasta ahora que ha habido numerosas víctimas, pero se 
ignora su número. 

* 

Portugal. — Acaban de verificarse las elecciones generales, en 
que el Gobierno ha triunfado por gran mayoría. Esto, que parece una 
prueba de las simpatías que tiene en el país el actual Ministerio, no 
es más que muestra del cansancio del pueblo, que no quiere compro- 
meterse por ningún partido, ya que todos igualmente han contribuí- 
do á su ruina. 

— Para colmo de males, ha hecho su aparición el cólera en Lisboa 
y otros varios puntos del reino. Afortunadamente, si bien el número 
de los atacados es enorme, el de fallecidos es insignificante. Aunque 
el Gobierno portugués ha procurado ocultar cuanto le ha sido posible 



70 CRÓNICA GENERAL 



la existencia del mal, está comprobado oficialmente que se trata del 
cólera morbo, habiéndose hallado en las deyecciones de los atacados 
el bacillus virgula de Koch; y en vista de esto, nuestro Gobierno ha 
publicado una Real orden disponiendo se despidan á lazareto sucio 
las procedencias de Lisboa y de los puertos que se hallen á menor 
distancia de 165 kilómetros de dicho punto. 

* * 

Amkrica.— Mientras en Europa la fiesta obrera del 1.** de Mayo va 
perdiendo importancia, en los Estados Unidos promete revestir este 
año un carácter nunca visto, si se realiza (y está en vías de ello) el 
proyecto de Mr. J. S. Coxey, de Ohío, de que en dicha fecha se reúna 
en torno del Capitolio de Washington un verdadero ejército de más 
de lOO.CHX) obreros sin trabajo, para pedir á la Representación Nacio- 
nal que se emprendan garandes obras públicas y se reorganice la so- 
ciedad á estilo socialista. 

Los primeros trabajos para realizar esta expedición comenzaron 
en Marzo; y como se calcula que hay en los Estados Unidos unos dos 
millones de obreros sin trabajo, sobran adherentes á la peregrina- 
ción socialista á Washington. 

El ^Vcfc York Herald publica una internen.' con Coxey, el cual ha 
explicado circunstanciadamente el objeto de la manifestación y los 
pormenores que con ella se relacionan. "Queremos — dijo — hacer 
ante todo el Congreso una demostración tal, que no quepa duda sobre 
las aspiraciones de las masas ni sobre la justicia de nuestras reclama- 
ciones. Nos proponemos que el 1.° de Mayóse reúnan 100 /KX) trabaja- 
dores en torno al Capitolio. El viaje hasta Washington será penoso, 
pues muchos tendrán que venir pidiendo limosna, y hay manifestantes 
que vienen de California nada menos„. 

Lo que piden es, en resumen, que se dediquen fiOO millones de duros 
á obras públicas, jornada de ocho horas)- salario de dollard y medio. 

Entre los que no son socialistas está dividida la opinión respecto al 
ejército industrial. Unos creen que es una locura, y otros opinan que 
la reunión de un número tan considerable de obreros sin trabajo para 
pedir que se les ocupe es un hecho nuevo en la historia del mundo. Un 
General norte-americano dice que, á su parecer, se aproxima una 
crisis comparable á la que produjo la guerra separatista. 

— Xo bien apagada la tea de la discordia en el Brasil , acaba de en- 
cenderse en el Perú. Son muy escasas las noticias que hasta ahora 
tenemos, y no es posible comprender por ellas el alcance de la revo- 
lución peruana; mas ello es que, según un despacho de Lima del 28 
del pasado, el doctor Del Solar había organizado en Cacina un go- 
bierno insurreccional, cuya Presidencia encargó á Piérola, tomando 
para sí la cartera de Negocios Extranjeros. 



CRÓNICA GENERAL 71 



III 

ESPAÑA 

Hasta la fecha no han dado gran cosa de sí nuestros Cuerpos Cole- 
gisladores : se animó algo el Congreso cuando el Sr. Maura se empe- 
ñó en defender al ex-gobernador de Valencia , Sr. Ribot ; pero pronto 
se apaciguó lo que parecía tormenta de consecuencias. Tampoco los 
sucesos de Melilla han sido hasta ahora muy fecundos: hace días que 
se discuten; las oposiciones afirman que el Gobierno fué culpable de 
todo ; el Ministro de la Guerra asegura que no hay nada de eso, y que 
hizo cuanto pudo, y hasta intentó probar que la movilización de nues- 
tro ejército con motivo de los sucesos consabidos fue rapidísima; y 
cada uno queda con sus afirmaciones, sin que los españoles en gene- 
ral ni los diputados en particular se tomen gran interés por aquilatar 
los motivos en que las apoyan. Lo que preocupa al Gobierno son los 
tratados y las dificultades que pueden surgir en su aprobación. Como 
fué derrotado al nombrarse la Comisión que había de dar dictamen, 
no quiere que le suceda otro tanto cuando, con motivo de asunto tan 
vital, se provoquen nuevas votaciones; y ya se asegura que ha hecho 
venir A nuestros embajadores en París y Viena , que son senadores , y 
es de suponer que otro tanto habrá hecho con todos sus amigos, para 
que no le suceda otro percance como el pasado. Otro de los medios de 
que piensa echar mano el .Sr. Sagasta con igual propósito es dar por 
terminada la primera legislatura, en cuanto se presenten los presu- 
puestos generales, dentro de esta primera quincena de Mayo. Así , la 
Comisión anterior cesa en su oficio, se elige otra nueva á gusto del 
Gobierno, y se evitan todos los compromisos. 

—Siguen los desafíos á la orden del día, y la ley, entre tanto, piso- 
teada, y los encargados de hacerla cumplir durmiendo el sueño de los 
justos. Pero ¡qué extraño es, si hasta los legisladores se desafían, y 
en público, para que el escándalo sea mayor! Decímoslo, porque el 
Sr. Marqués de Mochales, senador conservador, y el Sr. Moret, mi- 
nistro de Estado, no se batieron porque lo impidieron los testigos; 
que de otro modo, ellos pusieron de su parte lo que pudieron para ir 
al terreno que por escarnio, sin duda, se llama del honor, cuando de- 
biera llamarse de la infamia. De tales ministros y tales legisladores 
se puede esperar cualquier cosa. Xi vale decir que eso está en las 
costumbres. ¡Vaya si está en las costumbres el robar! Y, sin embar- 
go, al que roba, sobre todo si es poca cosa , se le hace pagar caro su 
atrevimiento, que acaso es hijo de la necesidad. 

— Entre las ceremonias verificadas en el Vaticano con motivo de 
la peregrinación obrera, han sido las más salientes las de la beatifi- 



72 CRÓMCA GENERAL 



cación de dos Santos españoles, Juan de Avila y Fray Diego de 
Cádiz. 

Juan de Avila nació en Almodóvar del Campo el 6 de Enero 
de 1500. A los catorce años marchó á Salamanca á estudiar Jurispru- 
dencia; pero su vocación le arrastraba íí la carrera eclesiástica, por 
cuyo motivo pasó á Alcalá, donde se ordenó de Sacerdote. Cantada 
su primera Misa, pasó á las Catedrales de Sevilla y Córdoba, bajo 
cuyas naves, la inspirada palabra de Juan de Avila, los raudales de 
oratoria sas^rada que salían de su boca, su lenguaje castizo y pasmo- 
sa fecundidad, llevando acentos de convicción y persuasivos argu- 
mentos, iban resonando y resonando, en lenguas de la fama, por los 
caseríos, por las villas, las ciudades, predicando la doctrina de Jesu- 
cristo, enseñando en las aulas universitarias las ciencias místicas; y 
en toda esta peregrinación, en toda esta odisea, Juan de Avila mere- 
ció el nombre de Apóstol de Andalucía, el de Bienhechor y el de 
Venerable Maestro. 

Las obras que inmortalizan su nombre, que justifican su erudición 
y acreditan sus vastos y múltiples conocimientos, son: Del cortad- 
miento de si mismo: De la oración; Del Santisipno Sacramento; 
Audi , filia, ct vide; Reformación del estado eclestástico; Anotacio- 
nes al Concilio de Trento, y, sobre todo, su Epistolario. 

Las especiales circunstancias do su vida y sus relaciones con 
Santa Teiesa de Jesús, de quien fué director espiritual, son bien co- 
nocidas de todos. Murió, según unos, en Priego (provincia de Cór- 
doba); según otros, en Montill::, donde se halla su sagrado cuerpo. 

I'ray Diego José de Cádiz nació en la hermosa capital andaluza 
del mismo nombre el día 3<) de Marzo de 1743. No se tienen noticias 
exactas de su juventud; pero sí que fué varón de esclarecido enten- 
dimiento, y de una elocuencia igual á su entendimiento, no menos 
perspicaz que profundo. 

Ha sido comparado con Bossuet, con Fenelon, con Flechier, con 
Bourdalue, con Fray Luis de Granada, con el P. Avila, con Maury, 
con Lamennais. en los buenos tiempos de este autor. Y, con efecto, 
pocos hombres han logrado tantas muestras de admiración por su 
elocuencia sagrada como el P. Fray Diego. En las poblaciones se le 
recibía con repiques de campanas, con palio y con las más vivas y 
sinceras aclamaciones, ya con la tropa extendida por la carrera, ya 
rodeado de una fuerte escolta para que la multitud no le maltratase 
al tributarle los testimonios de su expresiva veneración y afecto. Fué 
nombrado teólogo y examinador sinodal por los Cardenales Lorenza- 
na y Delgado, Arzobispos de Toledo y Sevilla, y también por los Pre- 
lados de Zaragoza, Wnlencia, Granada, Jaén, Ceuta, Murcia, Cuenca, 
Málaga, (luadix, Córdoba, Mondoñedo, León, Oviedo, Lugo, Astor- 
ga, Orihuela, Orense, Zamora, Salamanca, Cádiz, Barcelona, Santia- 
go y Alcalá la Real. LosCabildos eclesiásticos le confirieron, unos una 



CRÓNICA GENERAL 73 



dignidad, otros plaza de Canónigo. En Sevilla se le permitid predi- 
car en el pulpito de mármol del patio de los Naranjos. En Santiago 
se le permitió cele brar sobre la tumba del Santo Apóstol. Varias 
Universidades le confirieron el título de Doctor y de Catedrático, y 
muchos A3'untamientos le concedieron los honores de Regidor. 

Tal era Fraj' Diego, primer hijo de Cádiz que ha merecido la hon- 
ra altísima de ser elevado á los altares. 

— Según leemos en la prensa y lo confirman nuestras averigua- 
ciones, nuestro Rvmo. P. General se ha dignado premiar los méritos 
de nuestro queridísimo y sapientísimo profesor, M. R. P. Fray Tirso 
López, Maestro en Sagrada Teología, con el nombramiento de Pro- 
curador General de la Orden. Enviamos nuestra más entusiasta y 
cordial felicitación al agraciado, y esperamos de su nunca desmen- 
tido celo por la prosperidad de la Orden que sabrá desempeñar á ma- 
ravilla el honroso aunque pesado cargo que se le confía. 

—En el último correo de Filipinas se nos comunica la grata noti- 
cia de haber recibido nuestro M R. P. Provincial una afectuosa car- 
ta del Romano Pontífice, en la que se ensalzan los trabajos realiza- 
dos por nuestros queridísimos hermanos en la conversión de los ha- 
bitantes de dichas islas al Catolicismo. Ansiosos esperamos conocer 
el texto íntegro, para honrar con él las columnas de nuestra modes- 
ta publicación. 

1." de Mayo.— No cabe duda que va decayendo notablemente la 
fiesta que han dado en llamar los socialistas del trabajo. Ninguna 
novedad ha ocurrido en España: en Madrid el aspecto de la pobla- 
ción no ofrecía nada de particular; los trabajos no se han interrum- 
pido en niguna parte; donde quiera se veían honrados trabajadores 
ocupados en ganar para ellos y sus familias el sustento cuotidiano, 
desentendiéndose de las vanas alharacas con que algunos desgracia- 
dos se entretuvieron en las reuniones poco numerosas del Liceo 
Ríus, donde el compañero Iglesias y otros varios se despacharon á 
su gusto, tronando contra los burgueses y la peregrinación obrera. 
En Barcelona tampoco se interrumpieron los trabajos, y lo mismo 
sucedió en todas las demás capitales de alguna importancia de 
España. 

NOTICIAS DE LA PEREGRINACIÓN 

Ya dijimos en el número pasado cómo la primera tanda de pere- 
grinos presenció las ceremonias de la beatificación del V. Juan de 
Avila en San Pedro, y las muestras de entusiasmo que dieron los es- 
pañoles en presencia de León XIII, enterneciéndole hasta el punto 
de hacerle derramar tiernas lágrimas de gozo. Acontecía esto el do- 
mingo 14 de Abril. El lunes acudieron los peregrinos á Santa María 
la Mayor, donde su Ema. el Cardenal Sanz y Forés les dirigió un ser- 
món fervorosísimo. Aprovecharon el resto de aquel día en visitar 



74 CRÓNICA GENERAL 



los monumentos más importantes de la Ciudad Eterna, y al siguien- 
te, 17, se reunieron en San Lorenzo, donde comulgaron todos. Este 
mismo día fueron recibidos los Prelados españoles, en número de 
quince, en audiencia particular, y entregaron al Papa una rica 
ofrenda. 

El día 18 era el señalado para la recepción de la primera tanda de 
peregrinos. Con un orden y puntualidad que envidiaría el ejército 
mejor organizado, allíl, en San Pedro, estaban los peregrinos con sus 
jefes al frente. Al ver al Papa, no fué entusiasmo, sino delirio, frene- 
sí, lo que e.xperimentaron los españoles, que prorrumpieron en gri- 
tos y vivas atronadores. Restablecido el silencio buen rato después, 
lej'ó el Cardenal Arzobispo de Sevilla el mensaje anunciado, docu- 
mento notabilísimo que nuestros lectores pueden saborear en este 
número de nuestra Revista, juntamente con la hermosa contestación 
del Papa. Cuando, dos horas después, se retiraba el Papa .1 sus ha- 
bitaciones, se repitieron los aplausos, los vivas y las lágrimas de 
emoción. 

La segunda e.vpedición de peregrinos, como ya lo tenemos dicho, 
embarcó en Barcelona los días 16 y 17, habiendo llegado A Civitta- 
\'ecchia el 1') y el 20. Según testigos presenciales, la segunda tanda 
realizó escrupulosamente el programa de la primera: la propia cere- 
monia de la bcatilicación — sino que el domingo 22 fué la del Venera- 
ble I'ray Diego José de Cádiz, y el día 1.') la de Juan de Avila; — el 
mismo delirante entusiasmo, si no fué mayor, al ver al Papa, é idén- 
ticas visitas á los templos, fervorosas comuniones, piadosas pláti 
cas, todo. 

El martes, día 24, recibió Su Santidad en solemne audiencia á la 
segunda tanda. Él mismo dijo la Misa en el Vaticano ante 8.U0J pe- 
regrinos, locos— ésa es la palabra, — locos de cariño, de amor por el 
augusto Vicario de Jesucristo, A quien no se cansaban de aclamar. 
También esta vez pronunció el Cardenal Sanz y Forés breves pala- 
bras de presentación de los peregrinos, y Su Santidad mandó leer á 
Monseñor Mcrry del \'al el discurso de contestación, en que León XIII 
se congratula de la grandiosa manifestación de los obreros católicos 
españoles. Inútil es añadir que, al retirarse Su Santidad, se repitie- 
ron tales manifestaciones de entusiasmo, que pareció sobrepujaban 
.1 todas las anteriores. 

Tanto la primera como la segunda expedici<')n han vuelto á España, 
sin que ocurriera absolutamente ningún accidente desagradable. 
Todo ha sido orden, harmonía, fervor y entusiasmo religioso. Sólo fal- 
ta que la peregrinación dé los frutos á que se enderezaba; que los obre- 
ros en los talleres, en las tiendas, en el campo, en todas partes y en 
todas circunstancias, recuerden lo que han visto, lo que han aprendi- 
do; que transmitan sus impresiones á sus familias, á sus compañeros; 
que, multiplicándose las asociaciones de obreros, se ponga fuerte di- 



CRÓNICA GENERAL 75 



que á la invasión socialista y anarquista, y á otras invasiones del 
perverso espíritu moderno, si no tan fieras, acaso más pelij^rosas. 
¡Bendiga el Señor los esfuerzos de cuantos tan sabiamente han diri- 
gido la peregrinación, y otorgue á España días de ventura y de bien- 
estar, haciendo que vuelva íí los principios fundamentales de todo 
orden social y á la práctica de la Religión, como sabiamente ha 
dicho León XIII! 



MISCELÁNEA 



Peregrinación obrera á Roma. 

Discurso del Eni»w. Sr. Cardenal Sauz y Forés. 

Beatísimo Padre: 

En presencia de Vuestra Santidad, Vicario de Cristo en la tierra, 
se postra hoy la España católica. Rcprcséntanla los que aquí están 
congregados de todas sus diócesis y provincias: Obispos y Clero, 
maestros de la juventud y discípulos, nobles, hombres de la industria 
y hombres del trabajo. Estos sobre todo, porque la mayor parte per- 
tenecen á Ja clase de los que comen el pan con el sudor de su rostro. 
Ellos , en especial , tienen esa representación ; ya que en gran número 
han venido á expensas de aquellos que, no pudiendo hacerlo por sí, 
han dado su óbolo á los pobres, y los envían como legados suyos. 

Quisieron presentarse á N'uestra Santidad durante el año feliz de 
vuestro Jubileo Episcopal, cuando lo verificaron los católicos de otras 
naciones, para dar testimonio de su fe, de su firme adhesión á la Cá- 
tedra de Pedro, y de su amor filial á Vuestra Santidad, bendiciendo 
á Dios que , habiéndoos dado sabiduría y prudencia grande en extre- 
mo, y anchura de corazón como la arena que está en la playa del mar, 
os conserva con admirable vigor y fortaleza para enseñar la verdad, 
defender la justicia y promover los intereses de la Religión y de la 
sociedad. 

Con harto dolor suyo no lograron entonces su deseo, y sólo les fué 
dado unirse en espíritu á aquellas manifestaciones. Por ello saltaron 
de gozo, y creció en sus pechos el ardor y el entusiasmo cuando les 
fué dicho que Vuestra Santidad prorrogaba para los españoles el pe- 
ríodo de las peregrinaciones jubilares, reservando también para es- 
tos días la solemnidad de la beatificación del por tantos títulos Vene- 
rable Maestro Juan de Avila, Apóstol de Andalucía y gloria de Es- 
paña , y adelantando, para que sea cumplido el gozo, la de otro Após- 
tol de Andalucía, el Venerable Diego José de Cádiz, cuya memoria 
va acompañada de bendición en todos nuestros pueblos. 



76 MISCELÁNEA 



Gracias, Santísimo Padre, por esta dignación, añadida á tantas 
pruebas de singular amor con que honráis A nuestra patria, entre las 
cuales nos place recordar hoy muy reconocidos la generosa cesión 
del palacio Alfemps, hecha en uso y usufructo al Episcopado espa- 
ñol, para que en él pueda tener estabilidad y prosperar rápidamente 
el Colegio de Clérigos españoles, fundado hace poco por la industria y 
celo de piadosos Sacerdotes, en el cual los jóvenes elegidos en cada 
diócesis por sus Prelados se dediquen, bajo el amparo de Vuestra 
Santidad, á estudios que los perfeccionen intelectual y moralmente. 
Venimos los últimos, pero á nadie cedemos la primacía en la fideli- 
dad, en la adhesión y en el amor á la Sede Apostólica y á N'uestra 
Santidad. La Historia da testimonio de la fe de Hspafta, de su acen- 
drada devoción y amor al Supremo Pastor de la Iglesia, y de su 
constancia en combatir á los enemigos de la Religión peleando por 
más de siete siglos con los sectarios de Mahoma, hasta arrojarlos de 
su seno, por lo cual mereció llamarse la nación católica. La Historia 
da testimonio también de que por esto le concedió Dios ser patria 
de grandes héroes, de sabios célebres en el mundo entero, y de ad- 
mirables Santos, entre los cuales se cuentan los que Vuestra Santi- 
dad eleva estos días al honor de los altares. 

Hijos de aquéllos son. Beatísimo Padre, los que hoy se postran 
ante N'ucstra .Santidad. Heredaron su fe, heredaron su amor á la 
Iglesia y su celo por la Religión y por la patria. Lloran con dolor 
profundo que en ésta se haya abierto la puerta al error y á la here- 
jía, y no se conserve en toda su entereza la unidad católica mante- 
nida desde el Concilio III de Toledo y el reinado del gran Recaredo; 
lloran que elementos de discordia se hayan introducido entre los hi- 
jos de íispafla, y anhelan llegue pronto el día en que desaparezcan, 
para que. siendo todos un corazón y un alma con una misma fe, un 
solo labio y una misma y única aspiración, recobre la nación amada 
su esplendor y su grandeza. Resuellos están á procurarlo en la me- 
dida de sus fuerzas, y sobre todo con su proceder sinceramente ca- 
tólico. 

¿Cómo no hacerlo? Hijos vuestros son. Santísimo Padre, y por lo 
tanto dóciles á vuestras enseñanzas. Dios os ha constituido Maestro 
de la justicia, y han llenado los ámbitos de la tierra vuestras pala- 
bras de vida y de salud. 

Ellos las escucharon cuando por maravillosa manera explanasteis 
la doctrina católica scrbre la constitución cristiana de los Estados; 
sobre el principado político; sobre la legitimidad del poder y la san- 
tidad de la obediencia; sobre la libertad verdadera y los deberes de 
los católicos en la vida social; sobre la dignidad del matrimonio, base 
de la laniilia; sobre la vida cristiana; sobre el fomento de la verda- 
dera ciencia y la restauración de la filosofía, y sobre el espíritu 
de asociación para promover la piedad y estrechar los lazos de 



MISCELÁNEA 



la caridad propia de hijos de Dios y de la Iglesia. Las han escuchado 
cuando habéis puesto al descubierto lo que son y qué camino llevan 
las impías sectas de perdición, que tienden lazos y redes para apre- 
sar á los hombres A quienes quieren )' procuran tener por amigos, ó 
más bien por esclavos, y cuya aspiración es destruir hasta en sus ci- 
mientos todo el orden religioso y civil establecido por el Cristianismo, 
levantando A su manera otro nuevo, con fundamentos y leyes sacadas 
de las entrañas del Naturalismo. 

Las han escuchado igualmente cuando repetidas veces habéis in- 
culcado la necesidad de la concordia entre los católicos, subordi- 
nando al interés de la Religión todo lo que es puramente humano, se- 
cundario y transitorio, y buscando ante todo el reino de Dios y su 
justicia, para que en las familias y en los pueblos reine el Príncipe de 
la paz. Cristo Jesús, Rey de Re^-es y Señor de los que dominan. 

Su presencia ante \'uestra Santidad, Beatísimo Padre, es una 
prueba de que han oído con respeto y amor esas saludables enseñan- 
zas, y de que quieren con toda el alma ordenar según ellas su conduc- 
ta en el orden individual, en el de la familia y en el de la sociedad. 

Con empeño se ha trabajado y se trabaja por muchos para extin- 
guir la luz de la fe en los pueblos, á fin de que se apague la llama de 
la caridad é impere sólo el egoísmo, que todo lo explota para satis- 
facer sus aspiración es puramente terrenas, separando, aislando, ar- 
mando A unos contra otros como enemigos encarnizados. Se ha tra- 
bajado y se trabaja para arrancar de la mente del pobre la lumbre 
de la fe, y de su alma el sentimiento de la Religión, y de su corazón 
la esperanza de un bien eterno, que es su tesoro, engendrando ansia 
frenética de gozar en la tierra, odio de muerte A quien en ella posee, 
y desesperación horrible que prepara destrucción y ruinas. 

\'os, Santísimo Padre, habéis salido al encuentro; habéis tomado la 
defensa de los pobres obreros, y en vuestra nunca bastante alabada 
Encíclica Rcrmn fiovaniin enseñáis doctrina que, como luz venida 
del cielo, ha subyugado y arrancado aplausos hasta de los no católi- 
cos, y que, si se llevase A la práctica, resolvería fácilmente los pro- 
blemas que conturban A las naciones. Procuráis por medio de esas 
enseñanzas estrechar con lazo de caridad al que abunda en bienes y 
al que carece de ellos, declarando sus deberes y los derechos que 
nacen del cumplimiento de éstos, tanto A los que consagran sus bie- 
nes á la industria para acrecentarlos y toman el nombre de patronos, 
como á los que coojíeran á ello con su trabajo para procurarse lo 
necesario á la vida con el sudor de su rostro. Brille la fe en las inte- 
ligencias; con su luz purísima miren todos al cielo, donde sólo se en- 
cuentra el bien sumo que alienta la esperanza; arda poderosa la cari- 
dad en los corazones, y el mundo se salvará. 

Este es vuestro anhelo. Santísimo Padre; éste es el de vuestros 
hijos aquí presentes. Ellos os dan gracias porque sois el protector y 



78 MISCELÁNEA 



el padre de los pobres obreros, y procuráis su alivio y su bienestar 
con amor de padre y con sabiduría de maestro, que hace en la tierra 
las veces del que dijo: Venid á mí iodos los que trabajáis y estáis 
cargados, y yo os aliviaré. Recibid el testimonio de su sincero ajjra- 
decimiento. Patronos y obreros aquí reunidos darán pública prueba 
de él, ajustando su conducta .1 vuestras enseñanzas y consejos, para 
contribuir en la parte que les toca al logro de los santos y benéficos 
íines que se propone Vuestra Santidad. 

Habladnos, Santísimo Padre, porque sois el Maestro infalible de 
la verdad y el Pastor supremo de la grey de Cristo, que , haciendo sus 
veces, tenéis palabra de vida para confirmar á los hermanos, y decís 
á lodos: ''Este es el camino: andad por él , y no torzáis á la diestra ni 
á la s¡nieslra„. Hijos vuestros, os escucharemos, prontos siempre á 
obedecer y seguros de que, obedeciéndoos, obramos según el espíritu 
de Dios. 

Entre tanto, deploramos con Vuestra Santidad la conculcación de 
los derechos de la Sede Apostólica, y la situación angustiosa á que 
se ve reducida por sus enemigos; elevamos nuestras plegarias al cie- 
lo para que abrevie los días de la tribulación, y pedimos cjue prolon- 
gue dilatados artos vuestra vida. Beatísimo Padre, derramando en 
vuestro corazón consuelos celestiales, según la medida de los dolores 
que le apenan, y fortaleciéndoos como hasta ahora, para gloria de 
Dios, triunfo de la Iglesia católica y salvación de la sociedad. 

Contestación de Su Santidad. 

Grande es el espectáculo, hijos amadísimos, que en este día se 
ofrece á nuestra mirada conmovida. Es toda la España católica, con 
sus lejanas colonias, quien, representada por vosotros, creyente y de- 
vota, rinde nuevo y maravilloso homenaje al sepulcro del Príncipe 
de los Apóstoles y á Pedro, que siempre permanece en el Pastor Su- 
premo de la Iglesia. 

Esta solemne manifestación de fe y de inalterable acatamiento, 
hecha en Nuestra Persona al \'icario de Jesucristo, y que vosotros 
ofrecéis ante el mundo, es dignísima corona de tantos festejos con 
que la piedad de los fieles ha querido honrar Nuestro Jubileo Episco- 
pal. Hemos visto á Nuestros amados hijos de las otras naciones acu- 
dir también á Nos, }' hemos acogido con especial placer sus senti- 
mientos de sumisión y de amor; pero ninguna de aquellas demostra- 
ciones fué tan imponente como ésta que ofrece por medio de vosotros 
la católica España, quien, por tanto, merece, al parecer, llevarse la 
primacía. Y esio no ha de ocasionar sentimiento á los demás pueblos 
católicos; sino que, por el afecto filial que todos igualmente abrigan 
hacia el Pontífice Romano, aun será para ellos motivo de complacen- 
cia y de regocijo. 



MISCELÁNEA 79 



La I listoria gloriosa de vuestra patria puede llamarse con razón 
un monumento que proclama é ilustra su fe. Inflexible cuando recha- 
zaba la infidelidad mahometana y las asechanzas de la herejía, man- 
tuvo siempre incólume con heroicos esfuerzos la unidad de sus creen- 
cias religiosas y la inquebrantable sumisión á esta Sede Apostólica. 
España dio en todo tiempo á la Iglesia asombrosos luminares de 
santidad, entre los cuales resplandecen con nueva y brillante luz los 
Beatos Juan de Avila y Diego de Cádiz, A quienes hemos decretado 
poco há el honor de los altares; dio ilustres fundadores de Órdenes 
religiosas, dio doctores y maestros insignes, entre los cuales, como 
astro mayor, señorea aquel Isidoro de Sevilla, que mereció el título 
de Doctor egregias cuyn reverentia no>ntnandns. Y si otros motivos 
no hubiese, los grandes Concilios toledanos bastan por sí solos para 
que España haya conseguido uno de los primeros puestos entre las 
naciones beneméritas de la Iglesia. Y á estas brillantes tradiciones 
do nación eminentemente católica ha querido hoy añadir esta nueva 
prueba, y por cierto esplendidísima, de su fe. 

Al recordar todo esto, es grave el dolor que ocasiona A Nuestro 
corazón paternal el detrimento, no pequeño, que ú. vuestra grandeza 
nacional han causado las conmociones políticas y sociales que casi de 
un siglo á esta parte, y aun en nuestros tiempos, han afligido y afli- 
gen A vuestra patria, á la par que :l otrc^s pueblos, arrastrándoles á 
decadencia y ruina. Recordad, hijos amadísimos, cómo la grandeza 
de España anduvo siempre unida con lazo estrecho á su acatamiento 
á la fe sacrosanta de sus mayores; es más, de este acatamiento prin- 
cipalmente nació. Para realizarla, pues, y preservarla de una des- 
trucción total , no hay medio más eficaz que el de volver sin reservas 
á los principios que la Religión enseña y á las prácticas que prescri- 
be. Y al ver con placer los comienzos de este retorno. Nuestras soli- 
citudes se aplicaron sin cesar á promoverlo y acrecentarlo. 

Con nuestras Encíclicas hemos llamado á los pueblos á la obser- 
vancia del Evangelio; hemos señalado á las clases trabajadoras las 
doctrinas del Cristianismo, cual remedio poderoso para aliviar sus 
sufrimientos; y recordándoles que la Iglesia es madre solícita de su 
bien, y abriendo su corazón á la esperanza de encontrar en ella fuer- 
te apoyo, hemos emprendido el camino verdadero para asegurar el 
orden social hoy tan amenazado. 

\'osotros, hijos amadísimos, bien lo habéis comprendido, y Nos es 
grato admirar en esta grandiosa demostración la expresión elocuen- 
te de Nuestro pensamiento y del ansioso deseo de Nuestro corazón 
de ver concertadas todas las clases sociales bajo el amparo de la ca- 
ridad cristiana, que es "vínculo de perfección„ (1). 



(i) C. i. III, 14. 



80 MISCELÁNEA 



Sea que la Providencia os haya concedido las prerrogativas de la 
opulencia, sea que os haya reservado los honores de la pobreza, os 
halláis estrechamente unidos hoy en esta solemne profesión de vues- 
tra antigua fe, como para manifestar así lo que otras veces hemos 
procurado inculcar: que los deberes y los derechos de unos y otrso 
encuentran en la Religión su más perfecta harmonía. 

Y como los Ministros del Altar deben ser Nuestros cooperadores 
en la misión nobilísima de santificar y pacificar á los pueblos, de co- 
mún acuerdo con vuestro Episcopado, hemos querido que se fundase 
en Roma, y bajo la vigilancia del Pontífice, un colegio de vuestra na- 
ción, en donde jóvenes escogidos de las diferentes diócesis se prepa- 
ren al ministerio sacerdotal, proveyéndose de pura y sólida doctrina, 
)• de medios eficaces para combatir el error y difundir los esplendo- 
res de la verdad. 

Ha sido esto, hijos amadísimos, una nueva y valiosa prueba de 
Nuestra solicitud hacía vosotros y hacia vuestra patria. 

Mas para que Nuestros cuidados y esfuerzos lleguen al buen tér- 
mino deseado, es necesario también que todos los católicos de Es- 
paña se persuadan de que el bien supremo de la Religión pide y 
exige de su parte unión y concordia. Es necesario que den tregua á 
las pasiones políticas que los desconciertan y dividen, y dejando á la 
Providencia de Dios dirigir los destinos de las naciones, obren ente- 
ramente acordes, guiados por el Episcopado, para promover, porto- 
dos los medios que las leyes y la equidad permitan, los intereses de 
la Religión y de la patria, y compactos resistan A los ataques de los 
impíos y de los enemigos de la sociedad civil. 

Es además deber suyo sujetarse respetuosamente á los poderes 
constituidos, y esto se lo pedimos con tanta más razón, cuanto que se 
encuentra á la cabeza de vuestra noble nación una Reina ilustre, 
cuya piedad y devoción A la Iglesia habéis podido admirar, y la pre- 
sencia de algunos de vosotros en esta ocasión Nos mueve á recor- 
darlo. Por estas dotes, siendo á Nos carísima, le hemos dado públicos 
testimonios de Nuestro afecto paternal; y de estos testimonios, el más 
señalado es el de haber levantado A la pila bautismal á su augusto 
Hijo, que fundadamente esperamos ha de heredar, con las altas cua- 
lidades de gobierno, la piedad y las virtudes de su madre. 

Estas son, hijos amadísimos, las paternales advertencias que os 
hacemos, y en vosotros á todo el pueblo español. A los cuales avisos 
de Nuestra caridad, como augurio de los favores celestiales, vaya 
unida la bendición apostólica, que á la Reina católica y á su augusto 
Hijo, al Episcopado y al Clero, a vosotros y á toda vuestra nación, 
concedemos con todo el afecto de Nuestro corazón. 



— o-fetS^J^^— 



La Literatura regional de Galicia (d 



(Conclusiáa.) 

Últimos ropreseiitantes «lo la |>oesi« lírica Pereira, íí. Ferrclro. Jí. y ÍJoiizález, Harria 
r.-ihallero. etc. .— Kiisayo «le «itros iféiien»».— La< i»iil>licaciones pcriiKlicaH. 




i-xTRO de la misma órbita que los autores juzgados 
anteriormente, se han movido otros, jóvenes en su 
mayoría, que, si no se distinguen por una gran ori- 
ginalidad, imposible acaso en virtud de las limitaciones que 
el estado actual del habla gallega impone á los que la culti- 
van, prosiguen no obstante la obra de restauración y con- 
tribuyen á fijar con nuevos rasgos la fisonomía poética de 
su país natal, cumpliendo así el fin primario de las literatu- 
ras regionales. 

Por atenerse á tan sabia reserva, por buscar inspiración 
en la fuente de donde brotaron los Cantares de Rosalía Cas- 
tro y las producciones más valiosas de Curros Enríquez y 
Lamas Carvajal, ha conseguido Aureliano J. Pereira ha- 
cer de sus versos gallegos (2) un panorama animado de la 
vida y las costumbres típicas de su tierra, en el que basta 1-a 



(1) Véase la pág. 438 del vol. xxxiii. 

(2) Cousas d'aldea.— 'La. Coruña, 1891. (Tomo 26 de la Biblioteca 
Gallega.) 

La Ciudad de Dios.— Año XIT.— ^iim. 242. 6 



82 LA LITERATURA REGIONAL 

genialidad artística del poeta para dar atractivo á escenas 
ya muchas veces descritas, presentándolas á una luz nueva, 
sin que la intervención del elemento lírico perjudique á la 
exactitud en la reproducción del natural. Bastaría á demos- 
trarlo elocuentemente la poesía con que va encabezado el 
volumen, y en que se describe la pena del pobre quinto y de 
la familia que le ve alejarse de su lado. Sucede al tono sen- 
timental el regocijado y maligno, y aparecen las historias 
de amoríos extralegales que rematan, por lo común, en el 
triunfo de la bellaquería astuta y falaz spbre las dtíbiles re- 
sistencias del pudor femenino. En otras ocasiones no es la 
mujer, sino el hombre, quien sale burlado; y aun hay dis- 
tintos desenlaces y variedad de peripecias, como acontece 
en Mocedades, donde el pretendiente desdeñado lucha con 
el preferido, así en pagar con rumbo al gaitero como con la 
fuerza de los puños, y, al dejar avergonzado ;t su rival, se 
gana el corazón de la esquiva beldad lugareña. Tales histo- 
rias, aunque poco ó nada tienen de ejemplares, van aquí 
atenuadas por la delicadeza de expresión compatible con lo 
escabroso de los asuntos, y haciendo que resalte el lado 
cómico en contraposición A la deformidad moral de aquellos 
lances y percances. 

Si el realismo de Pereira no se convierte en licencioso y 
obsceno, ni aun al correrse de atrevido y picante, tampoco 
su sátira fulmina desde las alturas el rayo del anatema con- 
tra el vicio, ni se desata en imprecaciones juvenalescas, 
sino que, reflejando ;1 maravilla el carácter del campesino 
gallego, su sentido práctico malicioso y pesimista, su falta 
de fe en las promesas del charlatanismo político, le hace 
prorrumpir en exclamaciones cómicas de forzada resigna- 
ción ante el cuadro de las miserias que le afligen. 

Para ver la savia de poesía que late bajo las apariencias 
rudas y prosaicas de los hombres y las cosas que Pereira 
conoce tan íntimamente y con tal verdad ha retratado, es 
preciso leer íntegras las composiciones en que realiza ese 
propósito, olvidándose de reglas y modelos. Yo sólo diré 
que, cuando nos habla de sí propio, cuando imita á los líri- 
cos franceses y castellanos, sus versos ya no despiden ese 



DE GALICIA 83 



aroma de espontaneidad que se aviene mal con la reflexión 
y el análisis. 

A veces, sin embargo, como en el lindo poemita A cara 
d'o cierno, que no deja de tener cierto parecido con los del 
autor de El tren expreso y El trompo y la mu fleca, se her- 
mana la sencillez del arte popular con las galas del erudito, 
y aun podríamos decir del filosófico, pues algo de filosofía 
encierra ese relato en que asistimos ú. la transformación de 
una niña en mujer, cuando adivina el peligro, no sospechado 
por su inocencia, de jugar con el fuego de las pasiones. 

Nada más opuesto á la suavidad de tonos , á la modera- 
ción , al llano pero seguro andar de la musa de Pereira, que 
los arranques épicos, la exaltación nerviosa y el estilo so- 
lemne y tribunicio de Alberto García Ferreiro (1), quien, 
hasta al pulsar la cuerda de los sentimientos idílicos y apa- 
cibles, los reduce más de una vez á simples motivos para sus 
predilectas declamaciones sociales. Tan imperiosa se mues- 
tra en él la inclinación á la poesía docente, considerándola 
como una especie de sacerdocio; de tal manera influye en 
sus composiciones el fondo sobre la forma, que no cabe juz- 
garlos aisladamente por el estrecho vínculo que los une. 

No creo acertado tal modo de concebir el arte, puesto 
que hoy es una utopia el empeño de darle carácter cientí- 
fico, al contrario de lo que pudo ocurrir en épocas remotas 
3^ primitivas. Por eso han de ser forzosamente muy vagas y 
generales las enseñanzas de los poetas contemporáneos; 
por eso se han ceñido los más ilustres á difundir ideas ya 
comunes, sin añadirles más de ¡nuevo que los encantos del 
estilo, y nadie concederá mucho valor á la filosofía de Víc- 
tor Hugo, por ejemplo, ni es tampoco fácil reducirla á prin- 
cipios y fórmulas exactos. Lo que perdió en cambio por ella 
el gran lírico francés, sólo se aprecia al comparar los de- 
lirios seniles de sus últimas obras con las que todo el mundo 
sigue leyendo y admirando. 



(1) Volvoretas (mariposas), Orense, 18^7. — Chorimas (flores de 
tojo), La Coruña, \S90. —Leenda de groria (poema), Orense, 1891.— 
Follas de papel, Madrid, 1892. 



84 LA LITERATURA REGIONAL 



A aquéllas se aproximan por su espíritu las de García 
Ferreiro, aunque quizá no es directa la imitación, puesto 
que les encontramos precedentes, dentro de la misma lite- 
ratura gallega, en numerosas composiciones de Curros En- 
ríquez. Con ellas tienen de común el jacobinismo truculento 
é implacable que ve y persigue por donde quiera la sombra 
del Altar y el Trono, la tendencia á propagar en verso los 
ideales democráticos, y la sátira de abusos reales ó ficticios, 
explotados por el poeta para combatir de soslayo las insti- 
tuciones que le son antipáticas, al hacer mofa de sus repre- 
sentantes. 

La especie de obsesión que padece García Ferreiro, 
moviéndole á pelear con la fiera itl/raniontafia y los pode- 
res tiránicos, le obliga á incurrir en las más curiosas atro- 
cidades de sabor genuinamcnte progresista, como el regoci- 
jarse con la esperanza del día en que sean apedreados los 
cuervos, el decir con mucha formalidad á Feijóo que le per- 
dona la culpa de haber sido fraile, y el contar entre la gente 
que transita por las calles de Madrid, en las primeras horas 
de la mañana. 

Madrugadoras beatas, 
Cregos é burras de leite... (!!) 

He aquí demostrado prácticamente cómo las exorbitan- 
cias del fondo se traducen en rasgos de prosaísmo y de un 
mal gusto abominable. No falta al autor de \'olvoretas — 
hablando en general — fuerza de imaginación y de estilo 
con que dar relieve plástico á las abstracciones doctrinales; 
no le faltan delicadeza de sentimiento ni dominio de la rima; 
pero el abuso de estas aptitudes, la furia de predicador 
laico, y cierta niegaloDiania constante, que busca lo sublime 
en lo barroco, y suele precipitar en el abismo de lo grotesco 
á los que no quieren descender nunca de las cimas vertigi- 
nosas, bastan para desvirtuar notablemente la impresión 
de agrado que producen las poesías más inspiradas de Gar- 
cía Ferreiro. 

Añádase que no siempre ostentan el sello de espontanei- 
dad que conserva ó debe conservar la palabra, aun al suje- 
tarse á las leyes del metro y de la rima, cuando es encarna- 



DE GALICIA !^ 



ción directa y viva del pensamiento, 3' que sólo pierde cuan- 
do es producto de elaboración artificiosa. Hay que violen- 
tarse mucho para no creer traducida de otra lengua aquella 
candente fraseología periodística}' parlamentaria que tanto 
desdice en gallego, como pudieran desdecir en la cabeza de 
una aldeana los perifollos del peinado aristocrático. 

Véase, en comprobación, la siguiente muestra, en que 
abundan los malsonantes neologismos: 

C'os pés sobr'un \'esubio 
y-ü veira d'un inferno, 
metidos n-esta fórxa 
que fonde os pensamentos, 
n-hay miuto de descanso 
pra grandes nin pequeños. 
O pródico e ttn rcduto, 
un forno os Atenéyos, 
a cátreda un baloarte 
y-os libros guerrilleiros. 
Os aires alcendidos 
pares que irán n-os seos 
a pólvora que vüa 
os mundos que son vellos, 
e can n-este rubumbio 
miudo polvo féitos 
os réises d'os seus tronos, 
os dioses d'os seus ceos. 

Mas, lamentando y todo el rumbo que hasta ahora ha 
seguido la inspiración de García Ferreiro, no me parece 
equitativo negar en absoluto que la posea, ni que en medio 
de sus maj'ores extravíos, tan acre como ingeniosamente 
censurados por el autor de El regionalismo en Galicia^ 
subsiste algo que ilumina y caldea las estrofas; algo que 
denuncia la presencia del arte , por lo mismo que degenera 
más frecuentemente en hinchazón ostentosa que en langui- 
dez fría é incoloro desmayo. 

No ha de aplicarse por igual este juicio á todas las 
obras poéticas del autor, pues la que tituló Volvoretas y La 
Leenda de groria^ canto épico destinado á conmemorar la 
defensa de la Coruña en 1589, y en el que se ven fragmen- 
tos descriptivos muy entonados y robustos, son bastante 
superiores en mérito á Chorimas y Follas de papel. 



86 LA LITERATURA REGIONAL 



Aunque castellano de nacimiento, llegó á encariñarse 
M. Martínez y González (1) con la lengua y las costumbres 
de Galicia, como si no hubiera conocido otras, imitando el 
realismo y la intención irónica dominantes en la poesía 
popular de aquel país. Asilo hizo, por ejemplo, en A Fiada 
y A Romería, donde retrata las bulliciosas y característi- 
cas escenas que indican los títulos, y que pintaron antes 
Rosalía Castro, Anón y otros autores: pero con este tono 
regocijado y picante contrasta el sentimental de Socdade y 
A volta d^o soldado, cuadros también de genuino color lo- 
cal, que nos hacen sentir el desamparo de la huerfanita ino- 
cente, y la tragedia de unos amores, que concluye con el 
suicidio del mozo á quien olvidó durante la ausencia su in- 
grata prometida. Véase qué dulce sencillez tienen las pala- 
bras de la buena mujer que recoge en su choza <1 la niña 
abandonada: 

Vente fillifla, ven, que xa encomenza 
A nevé sobr'os pinos a caer... 
Xa estamos. Entra nena, chega ó lume, 
Toma broa, fiUifta, come bcn. 
¡Quén sabe si á tendrás maflán dinoite! 
¡Quén sabe en qué casiña dormirás! 
¡Quén sabe si ó mcu filio mañán horfo, 
Como ti, pan e lume pedirá...! 

En el terreno del pocmita sentimental, de la miniatura 
descriptiva, del rasgo satírico, menos hondo siempre que 
chispeante, del diálogo ó la copla puestos en labios de la 
gente de aldea, es donde Martínez y González luce sus con- 
diciones de poeta; no en las odas, elegías y otros géneros, 
para los que él creyó equivocadamente más apto el gallego 
que el castellano. 

Las Rimas (2) de J. Barcia Caballero están dictadas en 
gran parte por el subjetivismo melancólico de que tanto han 
usado y abusado los imitadores de Bécquer. También las 



(1) Poemas gallegos, seguidos (Vun tratado sobrio tnodo de falar 
i escribir con propiedade ó dialeuto... Pontevedra, 1S83. — A Fiada, 
poesía gallega... premiada en los Juegos florales de Pontevedra 
de Agosto de 755-/. — Pontevedra, 18S4. 

(2) La Coruña, 1891. (Tomo xxix de la Biblioteca Gallega.) 



DE GALICIA 87 



hay de carácter religioso en la colección; pero ni aquéllas 
ni éstas han conseguido la fama que O arco d'a vella (El 
arco-iris) , donde parecen reunidas en conjunción feliz 
las palabras más gráficas y sugestivas del vocabulario re- 
gional para la descripción del mundo físico, y singularmente 
de las bellezas que atesora el paisaje en los húmedos climas 
del Norte. 

Orballaba (1): n'os altos cunitosi'l) 

d'os montes a brétcnia (3) 
engarrada n'as silvas deixaba 

sua túnica negra; 
e os anacos (4) qu'o vento barría 

en longa ringleira 
temerosa romax de pantasmas 
somellaban, que xa escorrentados (5) 

fuxían d'a térra. 
A rayóla d'o sol foi abrindo 

n'as nubes vereda ; 
e chegando As pingotas d'a-y-auga 

trocounas en pelras, 
que. brilando c'a luz, buligaban 

brincando antr'a?. herbas. 
D'o seu sonó d'amor despertano 

as roxas nereidas 
que n'o fondo d'os regos durmían 

n'as cobas espréndidas; 
po-l-os doces amores chamaron 

que preto d'a órela 
c'as pingotas d'a-y-auga tecían 

pintadas cadeas; 
y-estricando suas aAs de prata 

qu'o sol cintilea, 
rcbuldando tenderon n'os aires 

o arco d'a vella. 



No conduciría á nada el recuento prolijo de otros auto- 
res que con diversa fortuna han seguido ó siguen las mis- 
mas huellas que los que he dado á conocer. Séame lícito, 



(1) Orballo, de donde procede el verbo orhallar, significa rocío ó 
lluvia menuda. 

(2) Curiitos, cimas. 

(3) Bréíema, niebla. 

(4) Anacos, pedazos, jirones. 

(5) Escorrentados, ahuyentados. 



83 LA LITERATURA REGIONAL 



sin embargo, citar, entre los que ya no existen, á Andrés 
Muruais, que escribió romances picarescos de muy subido 
color, y al presbítero J. A. Saco y Arce, á quien se deben, 
además de su CraDidtica gallega (1), universalmente esti- 
mada, varias traducciones de salmos é himnos litúrgicos, y 
alguna notable composición original, como la titulada Arre- 
pentí Diento. De los poetas jóvenes, mencionaré á Enrique 
Labarta Pose, fecundísimo cultivador del género festivo; á 
Luis G. López, tan devoto de la musa castellana como de la 
gallega, y á Eladio R. González, cuyo reciente libro Foler- 
pas (copos de nieve) vale más por los destellos de inspira- 
ción espontánea que por las repeticiones de ideas y temas 
gastados, de las que trae consigo el propósito de ganar una 
joya de certamen. 

Contadísimos son los ensayos que hasta ahora se han 
hecho para aclimatar en la literatura regional gallega el 
drama y la prosa narrativa. De piezas teatrales conozco 
cuatro: A fonte do xurantento, por Francisco María de la 
Iglesia (1882); Non mais emigración, por Ramón Armada 
Teixeiro ( 1886); A torre de peito burdello ( 1891 ), y ¡Hila!... 
(1892), por Galo Salinas. También se han escrito en gallego 
relatos breves, más afines al cuento que á la novela, y entre 
los que merece recordarse el último en la fecha de publica- 
ción, Ferriixe, por Aurelio Ribalta (2). 

A las vicisitudes del renacimiento de las letras se aso- 
ciaron desde luego las publicaciones periódicas (3). La pri- 
mera que luchó en este campo fué la revista coruñesa Ga- 
licia (18r/)-lS66), á la que siguieron O vello do Pico sacro 
(1861 ); El Heraldo gallego, de Orense; La Ilustración ga- 
llega y asturiana (1879-1882); la Revista de Galicia {La. 
Coruna, 18S0); O seor Pedro {S<intido;o, 1881-1882); O Gali- 
ciano (Pontevedra, 1<S84); O lio Marcos d'a Pórtela, que 
redactaba el popular poeta orensano Valentín Lamas Car- 
vajal; A P'n liada, de La Coruña; A Gaita gallega, El Eco 



(1) Luo;o, 186S. 

(2) La Coruña, 1894. 

(3) Este catálogo es, con ligeras variantes, el que inserta Doña 
E. Pardo Bazán en su libro De mi tierra, pág. 52. 



DE GALICIA 89 



de Galicia y Galicia moderna, de La Habana; A Monte ira, 
semanario de Lugo; Galicia humorística, de Santiago, di- 
rigida por Enrique Labarta, y Galicia, Revista regional de 
ciencias, letras, artes, folke-lore, etc. (1887-89 y 1892-93), 
cuyo fundador, Andrés Martínez Salazar, lo es también 
de la Biblioteca Gallega. 

Quien haya seguido con atención el estudio que voy á 
terminar, habrá observado que no es mera diferencia en el 
instrumento de expresión lo que separa á los poetas galle- 
gos de los que cantan en nuestro gran idioma nacional, sino 
además ciertos matices nuevos y peculiares en el modo de 
comprender y expresar los sentimientos y las pasiones. 
Al patriotismo abstracto, al amor ideal y platónico, á la 
gracia franca y bulliciosa, sustituye la musa galaica el ape- 
go al rincón de la aldea, el sensualismo y la ironía solapa- 
da, reflejando así las condiciones de la región y la índole 
moral de sus habitantes. Para predecir la suerte futura de 
este movimiento de restauración, para no desnaturalizarlo 
con artificios estériles, hay que tener muy en cuenta una 
circunstancia que ya apreció la Sra. Pardo Bazán. "Hoy el 
gallego — dice — posee, como el catalán y el provenzal, una 
nueva literatura propia; pero, á diferencia de estos dos ro- 
mances meridionales, el gallego no lo hablan los que lo es- 
criben. Esta anomalía curiosa hace que para los nacidos en 
tierra galaica llegue á ser ambigua y difícil la recta inter- 
pretación de aquella elocuente cláusula de Juan de Valdés 
en su Diálogo de la lengua: Todos los hombres somos más 
obligados á ilustrar y enriquecer la lengua que nos es na- 
tural y que mamamos en las tetas de nuestras madres, que 
la que nos es pegadiza y que aprendemos en los libros„ (1). 



(1) De mi tierra, pág. 362. 



fR. J^'RANCISCO JBlANCO pARCÍA, 
Agustiniano. 




La Meteorología ex España ^^^ 



III 




\cíA muchos años que el Observatorio Astronómi- 
cü-Mctcorológico de Madrid estaba encargado del 
servicio de este ramo y en combinación con los de 
París, Roma, Lisboa, etc., para el aviso mutuo de los datos 
atmosféricos. Al mismo tiempo recibía diariamente partes 
telegráficos de la maj'oría de las capitales de provincia, 
cuyas estaciones meteorológicas estaban agregadas á la 
Central, y en algún modo dependían de ella. El Director del 
Observatorio de Madrid satisfacía á las consultas que de las 
estaciones subalternas le hacían acerca de la materia, y te- 
nía el cuidado de atender á la provisión de los aparatos é 
instrumentos más indispensables para efectuar las observa- 
ciones. Estas, además del parte diario, eran remitidas á Ma- 
drid en resúmenes mensuales, cuyas plantillas por duplica- 
do, previamente las enviaban del Observatorio Central á los 
encargados de las estaciones de provincias, instaladas ordi- 
nariamente en los Institutos y Universidades del reino, sin 
contar algunas otras, pertenecientes á Corporaciones, es- 
pecialmente religiosas, y á algún aficionado particular. 
Los datos diariamente recibidos en Madrid eran colec- 



(1) Véase pág. 17. 



LA METEOROLOGÍA EX ESPAÑA 91 

Clonados en el Observatorio, puestos en orden y publicados 
aquel mismo día ó al día siguiente en la Gaceta, acompaña- 
dos de algunos que venían del extranjero. Los resúmenes 
mensuales, después de ordenados, los publicaba al fin del 
año el Observatorio Central, en un volumen que se repartía 
entre las estaciones que habían contribuido con los elemen- 
tos para formarlo. Estas publicaciones anuales pueden divi- 
dirse en dos épocas: una que abraza los primeros años, des- 
pués que empezó á organizarse el servicio meteorológico en 
España, y la otra, los años siguientes (1). En la primera, la 
obra anual, publicada por el Observatorio, estíiba en forma 
y tenía el título de Anuario, etc. Este Atniano, además del 
resumen, poco extenso, de los elementos meteorológicos 
recogidos en varios puntos de la Península, el Calendario 
del año que corría, etc., publicábase enriquecido con mono- 
grafías y estudios importantes de Astronomía, Geografía, 
Física, Climatología, etc.; artículos todos ellos de mucha 
importancia, y los más de verdadero mérito, que honran á 
sus autores y al Director del establecimiento. Más tarde, 
creemos que debió de ser allá por los años de 81 ú 82, dejó 
de publicarse el Anuario, acaso por escasez de fondos, ó 
quizá, en opinión nuestra, por el poco interés que en ello se 
tomasen los señores Ministros de Fomento. En lugar de esta 
obra, en sí tan importante, comenzó á publicarse, también 
anualmente, el Resumen de las Observaciones Meteoroló- 
gicas de la Península é islas adyacentes, sin más texto que 
algunas advertencias por prólogo, que facilitan la inteligen- 
cia de los cuadros numéricos. Estos resúmenes anuales, que 
suponen mucho trabajo y no menos paciencia para orde- 
narlos y determinar los promedios de las observaciones, 
son de mucho interés para la Meteorología y para el que á 
esta ciencia se dedique con empeño y constancia, pero no 
tienen el atractivo de los Anuarios para los demás lectores, 
á quienes ordinariamente no agrada un libro formado nada 
más que con cuadros numéricos. 



(1) No sabemos si la Junta de Estadística publicó algún trabajo 
de Meteorología, mientras tuvo á su cargo el Servicio Meteorológico. 



92 LA METEOROLOGÍA EX ESPAÑA 



Entre los datos que entran á formar los resúmenes de 
que venimos hablando, no todos ofrecen la misma confianza 
respecto de la exactitud con que se han recoj^ido en muchas 
estaciones de provincias. No ha sido raro el que el registro 
diario de los mismos se haya confiado á los bedeles de los 
establecimientos, quienes, no comprendiendo la importancia 
del encargo que les habían encomendado, es de suponer el 
interí^s que tendrían en ser puntuales. ¡Se han dado casos 
de apuntar las observaciones s/;z mirar los instrumentos 
del Observatorio! Claro está que de estas deficiencias no es 
responsable el Observatorio Central, que no tendría otro re- 
curso sino admitir los resúmenes mensuales que de provin- 
cias le remitiesen, aunque no dejasen de comprender el des- 
cuido con que las observaciones se habían recogido en unas 
partes, y el esmero con que se coleccionaban en otras, en 
cuyas estaciones estaban al frente personas de confianza. 
Se acerca á unos 70 el número de estos Observatorios exten- 
didos por toda España, y algunos de Portugal: varios de 
ellos pertenecen, como antes indicamos, á las Corporacio- 
nes religiosas de Escolapios, Jesuítas y Agustinos. Sin 
ningún género de jactancia por lo que á nosotros toca, y 
que somos los que menos contribuímos en este punto, he- 
mos de confesar que las observaciones hechas en los Obser- 
vatorios de los religiosos han ofrecido siempre más confian- 
za que la mayoría de las recogidas en los demás Observato- 
rios análogos. El lector comprenderá esto sin dificultad, si 
se fija en que los religiosos estudian y se dedican á las cien- 
cias exentos de todo interés y de miras lucrativas; y en 
cuanto á la Meteorología, el que no lo hace porque así se 
lo mandan los superiores, lo hará por gusto y afición, y en 
ambos casos obrará con esmero y cuidado, ya por obede- 
cer, bien por amor á la ciencia. 

Como digno de especial mención, tenemos además en 
España el Observatorio de San Fernando, cerca de Cádiz, 
el cual corre á cargo y dirección de la Marina. Es tan im- 
portante como el de Madrid; y aunque no lo hemos visto, 
sabemos por referencias que se halla tan bien montado y 
servido como el Central , por lo menos. Si no por lo que á la 



LA METEOROLOGÍA EN ESPAÑA 93 

Meteorología de la Península interesa, sí porque á España 
pertenecen, hemos de citar también los de Filipinas y la 
Habana, ambos dirigidos por los PP. Jesuítas, y dotados por 
el Gobierno. El de Manila comunica telegráficamente con el 
que los ingleses tienen enHong-kong: uno y otro funcionan 
como centrales, recibiendo las observaciones de varios 
puntos de las Islas Filipinas el nuestro, y de las posesiones 
inglesas, el de Hong-kong: prestan grandes servicios á la 
marina de aquellas regiones. El Observatorio de Manila, lo 
mismo que el de la Habana, son de los mejor montados que 
existen, y de los que puede afirmarse que, en el estado actual 
de la Meteorología, satisfacen cuanto es posible Á las exigen- 
cias de esta ciencia. Han publicado trabajos muy valiosos, 
y los resúmenes mensuales que también dan :t la luz públi- 
ca son completísimos y están esmeradamente ordenados. 

Lo que dejamos dicho referente al Observatorio Central 
de Madrid y los de provincias sólo alcanza hasta hace cosa 
de dos años, en que empezó á funcionar el instituto Central 
Meteorológico, como establecimiento independiente del Ob- 
servatorio. No sabemos con qué fortuna habrá cumplido su 
misión el dicho Instituto, ni qué progresos habrá realizado 
por este medio la Meteorología española en este corto pe- 
ríodo que lleva de existencia con el nuevo régimen. A juzgar 
por las primeras muestras, por la oposición que encontró, 
por los dimes y diretes que suscitó la creación del Instituto, 
y por las referencias posteriores (de las que no queremos 
hacernos eco), pudiera creerse que nos hallamos in statn 
qiio respecto á progresos meteorológicos ; ni sabemos que la 
organización del servicio sea más perfecta, ni que las esta- 
ciones se hayan aumentado, como ni que las existentes estén 
mejor atendidas. "En cuanto á \3. prognosis (del tiempo) — 
decía el Sr. Castel (1), — para lo cual fué creado el Instituto, 
debo confesar que no la he encontrado ; ... no es más que una 
ligera indicación del tiempo que hace en países más ó menos 
lejanos; si es lluvioso ó no; si los vientos serán del Este ó 
del Oeste; pero no contiene nada de aquello que presidió á 



(1) Sesión en el Congreso de Diputados, 15 de Julio de 1893. 



94 I>A METEOROLOGÍA EN ESPAÍÍA 



la fundación del Instituto, y que hizo creer á muchos que 
serviría para evitar sorpresas de las tormentas y cambios de 
clima, y por consiguiente que con anuncios del Instituto se 
harían imposibles las desgracias, tanto marítimas como te- 
rrestres, que eran debidas á la producción sorprendente 
y rápida de estos movimientos meteorológicos. La predic- 
ción del tiempo que viene dándose en el Boletín de este Ins- 
tituto Central Meteorológico no realiza, ni mucho menos, 
aquella misión... Yo entiendo que por la historia, por la 
manera como han cumplido uno y otro (el Observatorio y el 
Instituto) su cometido hasta ahora, y por lo que puede espe- 
rarse de cada uno de estos establecimientos, la refundición 
se impone; pero llevando al Observatorio Astronómico todo 
lo que es y representad Instituto Meteorológico... Desde su 
creación (la del Instituto) nació raquítico; en su desenvolvi- 
miento anduvo poco menos que imposibilitado de todo movi- 
miento, y no tengo esperanzas de que por la senda que re- 
corre se perfeccione^. 

Nosotros no impugnamos ni la creación ni la convenien- 
cia del Instituto, ni menos los fines á que debe aspirar; pero 
bien quisiéramos que, ya que existe y ya que cuesta al pre- 
supuesto, que dicho establecimiento fuera lo que debe ser. 
Porque si todos sus trabajos han de reducirse, poco más ó 
menos, á lo que ya venía haciendo el Observatorio, es á to- 
das luces evidente que el Instituto no sólo está de más y es- 
torba, sino que es un gasto completamente inútil para la na- 
ción que paga. Y en último resultado, por cualquiera parte 
que lo consideremos, no podemos ver ni hemos visto desde 
el principio la necesidad ni la conveniencia de que el ser- 
vicio meteorológico se separase del Observatorio Astronó- 
mico, separación que, por lo menos, ha cedido en desdoro de 
este último establecimiento y del digno personal que estaba 
al frente del mismo. El Observatorio tenía títulos bastantes 
para no merecer esta especie de desdén. Si más no ha hecho, 
aun en punto á Meteorología , sin duda que no es suya toda 
la culpa, si se tienen en cuenta los pocos medios de que podía 
disponer. El lector verá con gusto algunos de los datos en 
que pueden apoyarse estas aseveraciones. 



LA METEOROLOGÍA EX ESPAÑA 95 



Desde 1859 hasta 1865, las pocas estaciones moteorológi- 
cas que había en España, y la dirección de las observaciones, 
corrían á cargo de la Junta general de Estadística. En 1865 
sólo existían 21 de estos Observatorios. Por orden del Mi- 
nisterio de Fomento empezó el Observatorio Astronómico 
de Madrid á desempeñar las atenciones del servicio mete- 
orológico en el mes de Diciembre de 1865. Además de las 21 
estaciones que había logrado reunir la Junta de Estadística, 
se agregaron otras 6, merced á las nuevas gestiones del 
Observatorio. Contando con éste y con el de San Fernando, 
resultan 29 establecimientos científicos de esta índole en que 
"se procuraba fomentar el estudio de la Meteorología gene- 
ral, y de la especial Climatología de la Península Ibérica. 
Pero la turbulencia de los tiempos en España, la indiferen- 
cia con que por la generalidad del público estos importantes 
trabajos son considerados en nuestro país, y el ningún ali- 
ciente ofrecido á los observadores para estimularlos á su 
ampliación y perfeccionamiento, han contribuido de un 
modo lamentable á esterilizar los esfuerzos aislados hechos 
para desarrollar y completar el plan de observaciones, nada 
más que esbozado y comenzado á realizar, y no fué poco, 
por la Junta de Estadística^ (1). 

El Observatorio continuó trabajando con fe y constancia 
á fin de completar el servicio. En 1879, entre los particulares 
y oficiales, había en la Península é Islas adyacentes 35 esta- 
ciones meteorológicas. "En el Archipiélago de las Canarias, 
tan ventajosamente situado para el estudio de los grandes 
trastornos atmosféricos, habíase conseguido asimismo, tras 
muy reiterados esfuerzos, organizar otra al amparo del 
Instituto de Laguna de Tenerife, que, por efecto inevitable 
del cambio de profesores, á quienes era y continúa siendo 
menester encomendarla, difícilmente podrá nunca corres- 
ponder á las esperanzas que en beneficio de la ciencia se 
concibieron al tiempo de su creación. En este punto, sin em- 



(1) D. Miguel Merino, actual Director del Observatorio Astronó- 
mico de Madrid. Vid. Resumen de las Observaciones Meteorológi- 
cas de i 5" 5"!?.— Introducción. 



% LA METEOROLOGÍA EN ESPAÍÍA 



bargo, merced á la iniciativa intcliíjente, y por todo extremo 
loable, de algunas Diputaciones provinciales y Municipios, 
de ilustradas Corporaciones religiosas, y de individuos par- 
ticulares, verdaderamente animados de patriótico celo — ini- 
ciativa en lo posible secundada por el Observatorio de Ma- 
drid,— el progreso efectuado en los últimos tres ó cuatro 
años (de 1878 á 1883) ha sido en realidad sorprendente. ..„ A 
más del doble que en 1875, y casi que en 1880, ascienden á 
mediados del año 1883 las estaciones meteorológicas en be- 
névola correspondencia con el Observatorio de Madrid, pero 
no en dependencia oficial del mismo Observatorio, ni obli- 
gadas á cumplir sus órdenes, ni á tener presentes siquiera 
sus amonestaciones fraternales y desinteresadas adverten- 
cias. De vida propia disfrutan las estaciones portuguesas, 
las creadas por el Instituto Geográfico, las muy numerosas 
y bien organizadas en los Colegios de PP. Escolapios, las 
existentes en los de los PP. Jesuítas, y las de carácter pri- 
vado... Aun la dependencia de las demás, limitadísima en 
varios sentidos, tiene más de nominal que de efectiva. De 
donde resulta que el servicio meteorológico se encuentra en 
España todavía á merced casi de la voluntad individual, ex- 
puesto á frecuentes vicisitudes y trastornos, sin pensa- 
miento dominante que le sostenga y guíe hacia un término 
común, ni plan que á todos los encargados de su buen des- 
empeño obligue al trabajo del mismo modo: en punto á 
organización, nadie lo aceptaría como modelo de ningún 
otro servicio análogo. Mas semejante poco satisfactorio es- 
tado de cosas, para el cual no columbramos próximo y efi- 
caz remedio, bien pudiera ser que á la postre se resolviese 
de un modo lamentable^ (1). — i Si columbraría aquí el sabio 
Director del Observatorio Astronómico la fundación del 
Instituto Central Meteorológico! — Es indudable que á Don 
Miguel Merino debe la Meteorología española, como al que 
más, lo que ha progresado en estos últimos años, aunque 
este progreso sea bien pequeño; de lo cual no tiene la culpa 
quien muchas veces ha clamado por una organización satis- 



(1) El mismo, loe. cit. 



LA METEOROLOGÍA EN ESPAÑA 97 

factoría, quizá parecida á la que ha querido darse al Insti- 
tuto Meteorológico, pero no independiente del Observato- 
rio, ya que esta independencia no fué ni es necesaria ni con- 
veniente. Para que el Instituto llegue á contar con los ele- 
mentos y simpatías con que contaba el Observatorio, enri- 
quecido con excelente biblioteca, han de pasarse muchos 
años, abundantes en gastos y escasos en resultados prácti- 
cos. Cuanto haga el Instituto podría hacerlo el Observatorio; 
bastábale contar por parte del Gobierno con libertad de 
acción y medios para obrar: que si el Instituto no tiene 
más, tampoco hará grandes progresos. 



IV 



Por lo que en el párrafo precedente acabamos de indicar 
se comprenderá el desarrollo que desde hace doce ó trece 
afíos han adquirido en España las aficiones y el gusto á los 
estudios meteorológicos, aunque no sea tanto este desarro- 
llo que podamos compararnos con nuestros vecinos los fran- 
ceses ó con los ingleses y norte-americanos. Con todo, pu- 
diera juzgarse que tales aficiones }' deseos del progreso de 
la Meteorología arraigaban sólo en el ánimo de los que por 
obligación ó por otra causa estaban encargados de las esta- 
ciones que tenemos en la Península. Sin embargo, podemos 
asegurar que no es así, y que la Meteorología adquiere 
cada vez mayor importancia, y cada vez despierta mayor 
interés, no sólo ante la consideración de los hombres de 
ciencia, sino hasta en el público, menos ilustrado que los 
científicos de profesión; á lo cual no poco ha contribuido la 
prensa diaria y periódica, pues rara es la publicación que 
no ofrezca á sus lectores datos meteorológicos, ya de un 
punto, 3^a de otro. 

Allá por los años 84 y 85 llamaron la atención del públi- 
co los pronósticos formulados por Xoherlesoom anunciando 
la previsión del tiempo ó de algunos trastornos meteorológi- 
cos, no ya para el día siguiente, sino con semanas de antici- 
pación. No hemos de discutir ahora si tales pronósticos eran 

7 



98 LA METEOROLOGÍA EX ESPAÑA 

Ó no fundados; haciendo sólo constar que el seudónimo de 
León Hermoso hizo considerar al meteorologista palentino 
como norte-americano. Con esto el público miraba con in- 
terés tales pronósticos 3' fácilmente les daba crédito, espe- 
rando su cumplimiento, que fué exacto en varias ocasiones, 
á juzgar por las noticias dadas por la prensa. Mientras el 
seudónimo fué un misterio, á nadie le ocurrió discutir la 
competencia de Noherlesoom. Descubrióse, al fin, que el su- 
puesto norte-americano no había estado siquieraen América^ 
y entonces, como si tal descubrimiento fuera una ignomi- 
nia para nuestra patria, comenzaron los recelos y las opo- 
siciones. La mayoría de los que se creyeron aptos para juz- 
gar en asuntos de Meteorología pronunciaron sentencia con- 
denatoria contra los pronósticos de Noherlesoom, fundados, 
decían, en que la moderna ciencia de los meteoros no con- 
taba con medios ni había descubierto aún las leyes fijas que 
autorizasen tales previsiones, si no era el aviso que por me- 
dio del telégrafo podía adelantarse .1 una región cualquiera 
participándole que le amenazaba una tempestad que ya se 
cernía con violencia sobre otras latitudes. Al ver que el 
cumplimiento de algunos de dichos anuncios era exacto, se 
dijo por algunos: Noherlesoom está en relaciones con los 
nortc-amcricímos y éstos le avisan del paso de las tempes- 
tades que cruzan aquellas regiones en dirección á Europa, 
con lo cual el meteorologista español tiene datos para for- 
mular sus previsiones. Nada más inexacto que este modo de 
discurrir, al parecer, tan especioso y razonable. Una tem- 
pestad que llegase á Terranova ó al Canadá, ó á otro punto 
de las costas occidentales de América, en dirección á Euro- 
pa, dado caso que no se desvaneciese en el Atlántico, no 
tarda en trasladarse á nuestro Continente más de seis ó de 
siete días, por poca que sea su velocidad: los anuncios de No- 
herlesoom se anticipabím diez, doce y hasta quince días; lue- 
go no era posible que de América le avisasen. 

Disculpables eran hasta cierto punto los que negaban y 
aun niegan que los pronósticos de que tratamos tuviesen 
fundamento científico; no porque no lo tengan, que esto na- 
die podrá demostrarlo, mientras Noherlesoom no concrete 



LA METEOROLOGÍA EX ESPA5Ja 99 



en forma de leyes meteorológicas, y sean conocidas del pú- 
blico, las bases en que se apoyan sus previsiones; sino por- 
que la ciencia de los meteoros, tal como está hoy constitui- 
da, no conoce tales principios ni tales leyes que permitan la 
previsión con carácter de probable más allá de dos ó tres 
días. Pero de aquí no se sigue que tales leyes no existan, ni 
que Noherlesoom no las conozca. Que los fenómenos atmos- 
féricos obedecen en su desarrollo á leyes fijas, la razón lo 
demuestra y la Meteorología lo supone, ya que sus aspira- 
ciones principales tienden á llegar á la conquista de ese co- 
nocimiento; pero que á ello no haj'a podido alcanzar ningún 
meteorologista, ni la Meteorología ni nadie puede afirmarlo 
en absoluto. De los principios en que se apoya Noherlesoom 
no puede juzgarse, porque no se conocen, ni él ha tenido á 
bien manifestarlos de un modo concreto; luego para senten- 
ciar en el debate sólo queda un medio, sólo un método utili- 
zable, los hechos, su comparación con lo anunciado. Y el 
discutir en otro orden la mayor ó menor posibilidad de la 
previsión del tiempo, las grandes ó pequeñas dificultades 
que presenta el problema, el anunciar magistralmente que 
la previsión es física y moralmente imposible, porque es una 
cuestión complicadísima, es andarse por las ramas y no 
querer ó no saber irse directamente al núcleo, á la raíz de 
la dificultad; porque si de hecho la previsión se hace y se 
anticipa, y en la realidad se cumple dentro de los límites 
naturalmente marcados por el asunto mismo, todas las difi- 
cultades teóricas se desvanecen ante la fuerza incontrasta- 
ble de los hechos, demostrando que las teorías contrarias 
no pueden ser fundadas. Que Noherlesoom no debe apoyar- 
se en bases sólidamente científicas, puesto que no las ha que- 
rido publicar. A esta dificultad no sabríamos decir otra cosa 
sino que, para exigirle esto, nos veríamos obligados á de- 
mostrarle el deber de que quisiera satisfacer á nuestros de- 
seos y á los del público ilustrado. 

Sin embargo, juzgamos que León Hermoso no tiene in- 
terés en ocultar los fundamentos de sus previsiones; antes 
creemos que no tiene ninguno oculto. Él ha dicho y repeti- 
do que no se vale ni puede valerse más que de los elementos 



100 LA METEOROLOGÍA EX ESPASA 

meteorológicos suministrados por la misma Meteorología y 
demás ciencias auxiliares y que pueden ser tan conocidos 
por todos como por él. Y en este sentido, si algo de miste- 
rioso existe en el modo de proceder de Noherlesoom, será 
que en el estudio detenido de tales elementos meteorológi- 
cos habrá visto relaciones y mutuas dependencias que hasta 
ahora se han ocultado á los demás meteorologistas. Ningún 
derecho nos asiste ni motivo alguno hay para calificarle de 
iluso, y menos de agorero ; y no examinando la cuestión por 
el lado que debe examinarse, los que á tanto se atrevan 
sólo conseguirán dar pruebas patentes de su propia igno- 
rancia y de falta de prudencia. Después de todo, nos consta 
que Noherlesoom conoce á fondo la Meteorología moderna 
y las ciencias que con ella se relacionan; nos consta tam- 
bién de su honradez y buen criterio; no tiene interés en en- 
gañar al público; sus predicciones, él lo ha dicho, no tienen 
el carácter de absolutamente infalibles, sino de probables, 
en el grado de probabilidad mayor que puede obtenerse de 
lo imperfecto de los servicios meteorológicos, nacional y 
extranjeros, y de las deficiencias en los mismos datos en que 
se fundan sus estudios. Tal como nosotros concebimos su 
modo de proceder en el arreglo de sus pronósticos, éstos no 
pueden ser sino resultado, consecuencias de un e.studio es- 
pecial, comparativo, sistemático, científicamente considera- 
do, de multitud de datos reunidos con las observaciones de 
muchos años y de muchas partes, combinados con la mar- 
cha actual, en cada caso ó fenómeno que estudie, de los mo- 
vimientos atmosféricos. V como esto ha de tener que ejecu- 
tarlo para cada previsión que trate de formular, concretan- 
do fechas y localidades, es inútil, á nuestro entender, el exi- 
girle explicaciones y lej'es ó principios condensados en po- 
cas palabras; porque un sistema tal es el conjunto de la 
ciencia más vasta, aplicada á la previsión del tiempo. Es de- 
cir, que los principios que le sirven de base en sus trabajos, 
no puede ni podrá formularlos como se formula una receta 
para confeccionar algún específico. En consecuencia; que 
para decidir, según indicábamos antes, en asunto de impor- 
tancia tan capital, no queda otro recurso que la experiencia, 



LA METEOROLOGÍA EX ESPA5?A 101 

seguir paso á paso los cambios atmosféricos y compararlos 
con los pronósticos anticipados. ¿Se han hecho estos estu- 
dios con la perseverancia y atención que requieren? Nos- 
otros hemos tenido el honor de intentar la empresa, la he- 
mos realizado en algunas temporadas, hemos analizado mi- 
nuciosamente los anuncios en vista de lo sucedido después, 
según los datos oficiales, no sólo de España, sino de Euro- 
pa; datos que, aunque incompletos, eran los únicos de que 
podíamos servirnos. Los resultados de nuestra investiga- 
ción, en esta Revista aparecieron; y ciertamente, nos com- 
placemos en repetirlo, dicen mucho en favor de León Her- 
moso, sin que por esto lo declaren infalible. 

Dadas estas circunstancias y la oposición que desde un 
principio encontró León Hermoso por parte de los que ha- 
bían de suponerse inteligentes en Meteorología, cualquiera 
hubiese creído que el intento de Xoherlesoom, al querer fun- 
dar una Revista exclusivamente dedicada A semejantes es- 
tudios, era un proyecto descabellado, del que no podría 
resultarle sino un triste desengaño y el descrédito de sus 
anuncios. A pesar de esto, Noherlesoom perseguía un ideal 
hermoso; el mágico poder de la idea fija en su mente le hizo 
sobreponerse á todas las dificultades; y sólo apoyado en 
su constancia fundó su Boletín Meteorológico, periódico 
quincenal que desde luego encontró acogida benévola en el 
público, superando el resultado á las esperanzas más opti- 
mistas que hubiera podido imaginarse su director y propie- 
tario. Bien puede asegurarse que, como revista de carácter 
puramente científico, el Boletín Meteorológico es el perió- 
dico de más circulación en España, contando entre sus subs- 
criptores personas de todas clases sociales, desde el ingenie- 
ro dedicado á estudios profundos, hasta el labriego que 
sólo sabe leer, ni puede hacerlo sino en los intervalos de 
descanso, para continuar después sus trabajos del campo. 

No poco ha contribuido hasta aquí, y mucho contribuirá 
en adelante, el Boletín Meteorológico á la difusión de los 
conocimientos de la Meteorología en España; á despertar 
la afición á su estudio, y con ello á producir excelentes re- 
sultados. Aun sólo por esto es Noherlesoom verdaderamen- 



102 LA METEOROLOGÍA EN ESPAÑA 

te digno de sinceros aplausos por parte de todos, pero muy 
especialmente por parte de los que por la Meteorología se 
interesan. Aparte de esto, el Boletín Meteorológico tiene 
interés de verdadera actualidad científica; publica estudios 
de este carácter, ya referentes á la ciencia de que ha toma- 
do el nombre, ya de Astronomía, Física, Cosmografía, etc. 
Dedica constantemente una sección al anuncio de los cam- 
bios atmosféricos que deberán de verificarse probablemente 
durante la quincena que sigue, indicando por medio de ma- 
pas gráficos y de curvas isobarométricas los centros princi- 
pales de presión atmosférica y las trayectorias que, según 
su parecer, el de Noherlesoom, han de seguir las tempesta- 
des y ciclones á través de Europa. De estos anuncios hemos 
hablado ya y hemos dicho nuestro parecer respecto de si son 
ó no fundados, ó si pueden serlo con quince días de antici- 
pación al en que deben ocurrir dichos fenómenos. Por regla 
general completan el Boletín noticias sueltas, pero intere- 
santes, de algún nuevo descubrimiento, de auroras polares, 
caídas de bólidos, temblores de tierra, fenómenos magnéti- 
cos, observaciones astronómicas, resúmenes de datos cli- 
matológicos, etc.; todo lo cual contribuye á que la publica- 
ción resulte amena, instructiva y de interés general hasta 
para los curiosos. 

Tan laudable ejemplo no ha sido estéril. Además de los 
trabajos y estudios que el Boletín Meteorolóííico ha motiva- 
do, despertando la afición al estudio y al examen de los fe- 
nómenos que se realizan en la masa de aire que nos rodea, 
otros han imitado la conducta del meteorologista palentino. 
D. José Baltá de Cela, entusiasta por el progreso de las cien- 
cias, Y muy particularmente por la Meteorología, ha levan- 
tado á sus expensas y bajo su dirección un Observatorio, sin 
escasear gastos, trabajo y sacrificios constantes para po- 
nerlo en condiciones tan ventajosas como el mejor de Espa- 
ña, como el más completo en aparatos de observación, como 
de los mejor atendidos, si hemos de juzgar por los resúme- 
nes mensuales y anuales que publica, en que se advierte 
desde luego el interés y acierto del ilustrado director y 
propietario de dicho establecimiento. Muy joven aún, Don 



LA METEOROLOGÍA EN ESPAÑA 103 



José Baltá une á sus muchos conocimientos un espíritu in- 
vestigador 3' afición al trabajo poco comunes; cuenta con 
medios y recursos para acometer tales empresas, y no du- 
damos de que las ciencias físicas y meteorológicas tienen 
motivos para esperar mucho de la actividad y entusiasmo 
del director del Observatorio de Villafranca de Panadés, 
provincia de Barcelona, en donde tan gallardas pruebas de 
su ingenio y valer está dando. Únase á la fundación del ex- 
presado Observatorio la revista mensual que dirige también, 
y publica, titulada La Atmósfera, dedicada á estudios de 
Meteorología, Astronomía 3' Física del Globo, en que apa- 
recen trabajos valiosos de personas acreditadas en la Cien- 
cia, y se comprenderá que no exageramos al reconocer y 
encarecer los méritos del Sr. Baltá. Avaloran esta publica- 
ción, como al Boletín Mcteorolóí^ico, los grabados é ilus- 
traciones intercalados en el texto, las noticias bibliográficas 
que, con las reseñas de las sesiones científicas celebradas 
en varios centros, hacen que La Atmósfera sea una revis- 
ta científica que refleja perfectamente el movimiento inte- 
lectual de la época en que vivimos , especialmente en todo lo 
que se refiere á cuestiones de Física y de Astronomía. Re- 
sulta, pues, que con estas dos publicaciones y el Boletín 
del Instituto Central Meteorológico contamos ya en Espa- 
ña tres periódicos dedicados á estudiar de un modo prefe- 
rente la ciencia de los meteoros, lo cual hace diez años se 
habría considerado como irrealizable; síntoma verdadera- 
mente satisfactorio para los amantes de la Meteorología, y 
que da motivos para esperar nuevos y más sazonados fru- 
tos , particularmente si el Ministerio de Fomento acabara de 
perfeccionar la empresa á tal punto conducida por los es- 
fuerzos individuales. Su perfeccionamiento de la acción co- 
mún ha de venir, y esta acción común, el hacer que las fuer- 
zas todas converjan hacia un solo centro , como los radios 
de un círculo, y que de este centro arranquen después el 
impulso y el movimiento regulador de todo el sistema, al 
Gobierno de la nación y nada más que á él corresponde; 
porque sólo él puede llevar á término proj^ecto de tanta 
trascendencia. Opinamos que ha llegado el momento de ha- 



ICU LA METEOROLOGÍA EX ESPA.^A 

cer que nuestro servicio meteorológico nacional se implante 
en España con todo el esmero que exigen los intereses de la 
Agricultura, Comercio y Navegación, y tal como el estado 
de la IMeteorología lo reclama. Las dificultades que habría 
que superar no son pocas , es verdad , pero tampoco son insu- 
perables. Aun con la seguridad de que nuestra desautoriza- 
da voz ha de perderse en el vacío, vamos á. permitirnos in- 
dicar un plan que acaso pudiera dar resultados prácticos, y 
quizá el ponerlo por obra no sea tan difícil como á primera 
vista pudiera presentarse. 



Un buen servicio meteorológico nacional, perfecto en 
cuanto cabe en obras humanas, presupone en primer térmi- 
no un Jefe de entera confianza, por su ciencia, por su acti- 
vidad, por su acierto en organizar los trabajos y las comu- 
nicaciones con todos los establecimientos dependientes ó en 
mutuas 'relaciones con el centro de la red meteorológica, 
hállese este centro (de donde ha de partir todo el impulso) en 
el Observatorio Astronómico, ó en el ya creado Instituto, ó 
en otra parte cualquiera. Es, á no dudarlo, ésta la condi- 
ción más difícil de satisfacer. ¿Pero tan escasos estamos en 
España de hombres científicos y de buen criterio, que no 
sirviera alguno para el caso, si no desde el primer momen- 
to de encargarse del oficio, á lo menos después de un corto 
espacio de tiempo, hasta unir á los conocimientos técnicos 
algo de práctica en la materia objeto principal de su desti- 
no? Dótese suficientemente ese puesto, convóquese á un 
certamen ó á unas oposiciones públicas, exíjanse pruebas 
que sean suficientes á demostrar la aptitud de los oposito- 
res: seguramente que no faltarían sabios competentísimos 
entre los que pudiera elegirse el más á propósito, con tal 
que ese destino no quedara expuesto á los vaivenes de la po- 
lítica. Sería preciso también multiplicar en toda la Península 
el número de puntos de observación; rodearlos de algún es- 
tímulo para que los encargados de ellos trabajen con fe y 



LA METEOROLOGÍA EX ESPAfÑÍA 105 

constancia; facilitar cuanto fuera posible los medios de co- 
municación directa con las oficinas centrales ; hacer que los 
destinados á recoger y á transmitir los datos observados 
supieran y entendieran lo que hacían, ya que no fueran 
grandes meteorologistas; dar publicidad inmediata A los re- 
sultados obtenidos en las oficinas centrales de la compara- 
ción de las observaciones allí diariamente reunidas; sinteti- 
zar los hechos y sus consecuencias inmediatas; formular 
según ellas el anuncio probable del tiempo que amenaza, ya 
en general para la Península, ya para algunas de sus regio- 
nes más importantes, transmitiendo estos anuncios por te- 
légrafo y con la mayor rapidez á los puertos principales, y 
siquiera á las capitales de provincia, sin perjuicio de que el 
mismo día, ya la prensa de Madrid, bien los diarios locales, 
divulgasen los mismos anuncios. 

Todo esto, que parece tan complicado, y visto en globo 
tan difícil, nosotros lo creemos relativamente fácil. Las es- 
taciones meteorológicas de provincia actualmente existen- 
tes deberían conservarse, y, en cuanto fuera posible, dotarse 
mejor, tanto de instrumentos, como 'de alguna gratificación 
para el ó los encargados de las mismas. Deberían unirse 
estas estaciones con un hilo telefónico ó telegráfico á la es- 
tación de telégrafos instalada en la misma población, á fin 
de que, el tener que llevar el parte de otro modo á esta ofi- 
cina, no detuviese su envío á Madrid. Esto no podría costar 
mucho al presupuesto. Además de las capitales de provincia 
en que haya Observatorio, en donde tiene aplicación lo que 
acabamos dedecir, en todas las demás estaciones de telégra- 
fos, hasta las de ínfimo orden, debería haber, por lo menos, 
un barómetro, un termómetro al aire libre, y un medio cual- 
quiera para determinar la dirección del viento. El telegra- 
fista sería el encargado de hacer por sí mismo la observa- 
ción á las horas determinadas, y de transmitirla á su tiempo 
á Madrid. En la mayoría de los puntos el telegrafista tiene 
tiempo de sobra para prestar este servicio, ya que los par- 
tes referentes á otros asuntos son bien contados; y prestaría 
de buen grado dicho servicio, con tal que proporcional- 
mente se le aumentase el sueldo ó se le gratificase de algún 



106 LA METEOROLOGÍA EN ESPA.^A 



modo. Exigiría esto el obligar á los aspirantes al Cuerpo de 
Telégrafos á estudiar un poco más en su carrera; que bien 
poco es lo que necesitan de Meteorología para estar dis- 
puestos á desempeñar satisfactoriamente tan provechoso 
cometido. Constituiría un punto más en el programa de 
exámenes. Y puesto que el ramo de telégrafos tiene bien 
organizada la inspecc ion de sus estaciones, los mismos ins- 
pectores podrían atender muy bien á la parte meteoroló- 
gica, sin que los gastos se aumentasen gran cosa para el 
Erario público. 

Con sistema semejante se multiplicarían de modo prodi- 
gioso los puntos de observación; los encargados principales 
dispondrían de numerosísimos datos para apreciar mejor el 
estado general de la atmósfera y juzgar con más acierto 
acerca de los cambios probables que podrían originarse. La 
prensa, tanto de Madrid como de provincias, procuraría, 
por interés propio, divulgar más y más estas noticias; los 
conocimientos meteorológicos llegarían muy pronto á ser 
populares con tal sistema, y los dedicados, aunque sólo por 
afición, á la Meteorología podrían también por sí solos, y 
fundados en el estado atmosférico indicado por el Observa- 
torio Central, formular el pronóstico más acertado para la 
región en que habitan, conociendo, como se supone, las con- 
diciones climatológicas de la localidad: pormenores á que 
no pueden descender los que atendiesen sólo á la marcha 
general de los movimientos atmosféricos. 

La mayor dificultad que á todo esto puede oponerse 
está, sin duda, en los gastos necesarios para la implanta- 
ción del organismo; pero, prescindiendo de que con buena 
voluntad y perseverancia mucho podrían disminuirse, apro- 
vechando los elementos existentes, puede asegurarse que 
no serían excesivos, y, sobre todo, no serían tan inútiles 
como otros que sin tanta necesidad se hacen. Por ello no ha- 
bíamos de quedar más pobres; antes bien, las fuentes prin- 
cipales de riqueza nacional, cuales son Agricultura, Indus- 
tria y Comercio, resarcirían con creces tales sacrificios, 
amén de las desgracias personales y de otros géneros que 
resultarían disminuidas con el régimen acertado de un buen 



LA METEOROLOGÍA EN ESPA5?A 107 



servicio meteorológico. Mientras más no se pudiese, los da- 
tos recogidos en las estaciones de último orden, como las 
que hemos indicado para los telégrafos, deberían concre- 
tarse á la presión atmosférica, temperatura máxima y mí- 
nima de las veinticuatro horas, y la del momento de enviar 
el parte, dirección y velocidad aproximada del viento; y por 
último, estado de nebulosidad del aire. Empleando provisio- 
nalmente barómetros aneroides, que son más económicos, 
la instalación de los elementos necesarios para los pocos 
datos que acabamos de indicar no costaría mucho más 
de cien pesetas. La ma^'oría de los Municipios correspon- 
dientes, con seguridad que se prestaría á sufragar este pe- 
queño desembolso. 

Con el servicio meteorológico deberían también fomen- 
tarse las observaciones referentes á la marcha de la vege- 
tación anual en cada una de las principales regiones de Es- 
paña. La época en que comienzan á hincharse las yemas 
cuando se desarrollan en flores y en hojas; circunstancias 
especiales que acompañasen á la época de la fecundación; 
comparación del desarrollo de la vida vegetal en unas y 
otras plantas, según las condiciones del terreno y del culti- 
vo; exposición del mismo con referencia á los vientos prin- 
cipales dominantes de la comarca ; accidentes, adelantos y 
retrasos del movimiento vegetal por efecto de los cambios 
de temperatura; aparición de los primeros ovarios fecunda- 
dos y de los primeros frutos maduros; época déla madurez 
completa, recolección, caída de la hoja, etc.; todos estos de- 
talles y curiosas observaciones, que fácilmente podrían re- 
coger los hortelanos y labradores, proporcionarían elemen- 
tos de grande utilidad para llegar á conocer mejor las rela- 
ciones y dependencias entre la dinámica atmosférica y los 
fenómenos de la vida terrestre. 

jpR. ^NGEL JlODRÍGUEZ, 
Agustiniano. 











La Conversión de San Agustín 

Y EL HIMNO "te DEUM„ (1) 



II 



i:ro rquién es el autor de este admirable cántico 
que ligeramente hemos bosquejado, y á cuyo es- 
clarecimiento, como indica el epígrafe, se encami- 
nan las presentes líneas?... Recordemos algunos hechos de 
la historia, que ellos nos abrirán el camino para llegar, en 
cuanto sea posible, á la consecución del fin que nos hemos 
propuesto. 

No ignoramos que esta antiquísima tradición, que reco- 
noce á San Ambrosio y á San Agustín por autores del himno 
Te Dciim, ha tenido sus impugnadores. No podía menos de 
suceder así: sólo las verdades evidentes, y éstas no sienipre, 
dejan de tener quien las contradiga: no había de pasar por 
la excepción, sino por la regla general, el asunto de que tra- 
tamos. 

Cierta crítica cáustica y descontentadiza que, comenzan- 
do en el siglo xvi, ha continuado en alguno que otro prosélito 
hasta nuestros días, y que se atrevió á quitar á San Juan 



(1) Véaselarág. 7. 



Y EL HIMNO "te DEUM„ 109 



Crisóstomo una de sus más genuinas obras, el incompara- 
ble libro sobre la dignidad del Sacerdocio, por un simple 
non niiJii sapit Chrysostonii stiliim, "su estilo no tiene el 
sabor del Crisóstomo„, cuando todos los que juzgan recta- 
mente ven en el indicado libro el lenguaje más propio de 
aquel Río de elocuencia; esa crítica estrecha que, dando por 
falso 3^ fingido todo lo que no se acomoda á su gusto ó no 
ve consignado en los códices antiguos que ha registrado y 
leído, cual si los pergaminos fuesen la única fuente de auto- 
ridad, ó hubiese ella examinado todos los que actualmente 
yacen sepultados en los plúteos de los Archivos y Bibliote- 
cas, y no hubieran podido existir otros muchos y muy dig- 
nos de fe, que las guerras, las discordias políticas y civiles, 
con los consiguientes saqueos é incendios, y la misma vora- 
cidad de los tiempos han consumido ú inutilizado, de los 
cuales los cronistas é historiadores pudieran tomar las no- 
ticias que sobre este y otros asuntos nos han comunicado, 
afirma sin rodeos, y como si dijéramos ex cathedra, que la 
opinión que atribuye á San Ambrosio y á San Agustín el 
himno Te Dciini laitdamus es una piadosa sí, pero simple in- 
vención, de la ignorancia de los siglos medios, por no ha- 
llarse comprobada por ningún documento contemporáneo 
á los mencionados Santos, y ha intentado atribuir dicho 
himno á San Abundio, á San Sisebuto y á San Nicetas, Obis- 
po de Tréveris; y autor hubo que, por haberlo visto escrito 
en un códice no muy antiguo, ni de la mejor nota, no tuvo 
reparo en adjudicarlo á San Hilario Pictaviense, sin exami- 
nar ni aducir otras pruebas. 

No es ese, á nuestro entender, el modo de descubrir la 
verdad; negar lo que otros afirman, por no ver las razo- 
nes que les impulsaren á ello; sino buscar los datos en que 
se fundan y dar á,cada uno la fe que merezca; y cuando se 
consigue averiguar lo que ha sucedido, déjense las cosas en 
su verdadero puesto, las dudosas con su duda y las proba- 
bles con la probabilidad que les corresponda, para no incu- 
rrir en el absurdo de aquellos sofistas antiguos que tenían 
por lema de sus disquisiciones quod non capio, negó. 

Por nuestra parte, tampoco intentamos demostrar como 



lio LA CONVERSIÓN DE SAN AGUSTÍN 

cierto lo que refiere la tradición mencionada: son más mo- 
destas nuestras aspiraciones, y sólo intentamos probar que 
es muy antigua y razonable, que estriba en sólidos funda- 
mentos, y que no hay ninguno de peso para adjudicar el Te 
DcHuí á los otros escritores. 

Respecto á la antigüedad del himno, es cierto que no es 
anterior al siglo iv, pues ningún documento acredita, ni la 
más leve sospecha puede formarse de que existiese antes; y 
por otra parte, pruébase con evidencia, por los documentos 
que aun existen, y que la crítica más severa no puede menos 
de recibir como auténticos, que no es posterior á los prin- 
cipios del siglo v ó fines del iv. 

En la segunda mitad del siglo v llorecía en Francia San 
Cesáreo de Arles, monje primero y después Abad del famo- 
sísimo convento de Lerins, Obispo más tarde de Arles (1), 
de donde le vino el nombre de Arclatense, aunque era natu- 
ral de la ciudad de Chalons. Este famoso Prelado, alma de 
los concilios Arelatense IV, Arauxicano II, Agatense y 
otros, acérrimo defensor de la doctrina católica contra los 
semipclagianos, mucho antes de su promoción al episcopa- 
do, á instancias de sus monjes, escribió una Regla (que algu- 
nos llaman de San Tetradio por haber sido éste su ama- 
nuense) dividida en veintiséis párrafos ó capítulos, en el vi- 
gésimoprimero de los cuales, prescribiendo el orden que 
habían de observaren los Maitines del Oficio divino, ordena 
se rece el himno Te Dcum landanius (2). 

Por el mismo tiempo brillaba en Italia, y no lejos de 
Roma, el Patriarca de los monjes de Occidente, San Benito 
Abad O), destinado por Dios para restaurar en Europa la 



(1) Fué elevado al Obispado el año '.ül. \'ide Coinüum, Annal, 
Eccl. Franc, tomo i, p.'ig. óll.— Mabillon, Anual. Boied., tomo i, pá- 
gina 89, et Act. S. S. Bencd.^ saec. i, tomo i, pág. 654, not. b.— Pag. 
ad ann. 544, § 8. 

(2) Perfectis missis dicite Matutinos directaneo : Exaltado te, Deus 
mcus et Rex meas. Deinde: Confitctnini... Laúdate Dominiim de 
ccelis , Te Den ni landaiuus, etc. — S. Cassareus, Reguhc capite xxi. 
Edit. París, ann. 1S4M, accurante J.-P. Migne. 

(,3) Murió este Santo (.según el Cardenal Baronio) el año de 542, á 
los 62 años de edad, habiendo, por tanto, nacido el 480. 



Y EL HIMNO '"TE DEUM- 111 



Disciplina Regular; defender por sí, y por sus innumerables 
sabios y santos discípulos, los dogmas católicos; extinguir 
en Italia los restos de la idolatría; reformar las costumbres 
del Clero y de los fieles, y conservar en sus monasterios y 
ricas abadías la ciencia y civilización de los antiguos, que 
en los claustros, como en única arca de salvación, se cobi- 
jaron para librarse del diluvio universal de la irrupción de 
los bárbaros. Este Santo Padre, en el capítulo undécimo de 
su conocidísima Regla, hace mención del Te DeiDU con es- 
tas palabras: Después del cuarto responsorio entone el 
Abad el himno "7> Deum laudamus^ (1). 

Y estos dos Santos, tan solícitos defensores de la doctrina 
de la Iglesia y de sus tradiciones, no habían de prescribir á 
sus Religiosos preces ni oraciones que la Iglesia no hubiese 
sancionado con su aprobación ó uso constante, para lo cual 
se necesitaba algún tiempo; pues sabido es que en la Iglesia 
las cosas nuevas, en lo que se refiere á doctrinas y prácti- 
cas en que más ó menos deben reflejarse nuestras creen- 
cias, suelen ser sospechosas, y cuando menos míranse con 
desconfianza y recelo; y sigue ésta siempre como norma de 
sus acciones la tan conocida regla de San Vicente Lerinen- 
se en el Conmonitorio: Tcnendiun quod seinper , quod ab 
ómnibus; id est, antiquitatem, universalitatem et consen- 
sionem: la antigüedad, la universalidad y el consentimiento 
unánime; y para esto no puede exigirse menos del tiempo 
que medió entre el bautismo de San Agustín y la Regla de 
San Benito, y que los rezos y oraciones tengan por autores 
á personas calificadas por su santidad y acreditadas por su 
ciencia eminente, como lo eran San Ambrosio y San Agus- 
tín. Muévenos á esta conjetura el ver que por aquellos tiem- 
pos iban adoptándose en la sagrada liturgia otros himnos y 
homilías que sin duda alguna reconocen por autores á las 
dos expresadas lumbreras de la Iglesia Católica. 

Que este himno sea obra de San Ambrosio y San Agus- 
tín, lo persuaden poderosas y motivadas razones. No pre- 



(1) S. Benedictus, Regula cap. xi, pág. 436.— Edit. París, ann. 1848, 
accurante J.-P. Migne. 



112 LA CONVERSIÓN DE SAN AGUSTÍN 

tendemos fundar nuestras aserciones en el sermón del bau- 
tismo de San Agustín, De Baptismo Atigustini, que circula 
entre las obras de San Ambrosio, en el cual se refiere cómo 
el santo Obispo de Milán administró el sagrado bautismo 
á San Agustín, y luego de regenerarle con las aguas bau- 
tismales le quitó el vestido blanco propio de todos los ca- 
tecúmenos, y le vistió de túnica negra, ciñéndole con una 
correa que al efecto la bienaventurada Santa Mónica y los 
amigos le tenían preparada; traje propio de los que se con- 
sagraban .1 Dios abrazando el estado religioso ó monacal; 
y cómo San Ambrosio, lleno de regocijo, entonó el Te Dcuní 
laiíd anuís (1), ú. lo cual contestó San Agustín, no menos con- 
movido y lleno de júbilo, Te Doiiünitni confiteDiur, con otros 
pormenores muy minuciosos; por lo cual los críticos lo juz- 
gan poco digno de fe ó interpolado de mano ajena; no que- 
remos fundar nuestras opiniones en tan movedizos cimien- 
tos; pero no podemos menos de detenernos algo en el examen 
del Cronicón atribuido il San Dacio, que refiere el mismo 
hecho, aunque con menos palabras. 

Existió San Dacio en el siglo vi, y fu(5 el cuarto sucesor 
de San Ambrosio en el Obispado de Milán. De este Santo 
hace mención muy honrosa San Gregorio Magno en los li- 
bros de sus Diálogos (2). De que escribió una Crónica ó Cro- 
nicón, como entonces decían, dan testimonio Pablo Diácono 
en el libro sexto de la Historia Miscella, miscelánea que 
podríamos llamar (3) (aunque no toda sea del mismo autor), 
y Anastasio el Bibliotecario en la Vida del Pontífice San 
Silveno (4), escritores de los siglos viii y ix. De donde in- 



(1) TiimupJiare tamen visus est Augtistiniis tila príTsertini hora, 
iu (¡na novu^n Jiottiineiti sacro bapíisnidíc índninius i)i quo uní) uo- 
bisen»! divi)J0 quodaní histincíu liynimnn cantavimns de Christi 
fidc... Novion ChrisíianuDí uovis vcstimcntis: cuculla nigra iudui- 
mus: cingulo ex corlo fios ipsi pnrcinximus... Againus grafías Do- 
mino Jcsu Christo iii gentes, quod Rcligioni nostríc taletn ac tanfum 
Príncipe))! i)istiííiit...—Serni. de Bapíisnio Augusíini, in Appendice 
ad Opera Sancti A))ibrosii. 

(2) S. Gregorius Magnus.—Díalog., lib. iii, cap. iv. 

(3) Paulus Diaconus Aquilejensis, Historiic niiscella, lib. vi. 

(4) Anastasius Bibliothecarius, in Vita Silverii Pontificís» 



Y EL HIMNO "te DEUM,, 1Í3 

fiere el doctísimo Mabillon que el Cronicón de San Dacio, 
ó tiene á éste por autor, ó á otro escritor que haya existido 
antes del siglo viii (1). 

Este Cronicón fué publicado por Landulfo en el siglo xi, 
y en él se refiere el bautismo del Santo con sus pormenores 
y el canto del mencionado Te Dcidji, compuesto para aquella 
solemne ocasión (2). Y aunque varios críticos sospechen que 
el Cronicón de Landulfo es distinto del de San Dacio, funda- 
dos en que, á su juicio, el estilo de aquél tiene más analogía 
con el del siglo xi que con el del vi, y llega con sus narracio- 
nes al ano 1067 de la era cristiana, no puede, en buena lógi- 
ca, suponérsele apócrifo, ni arrojar sobre Landulfo la nota 
de falsario, cuando asegura que el Cronicón publicado por él 
era el mismo que corría con el nombre de San Dacio. El argu- 
mento tomado del estilo no siempre es concluyente, y sabido 
es que el latín en el siglo vi corría á pasos agigantados á 
su decadencia, si ya no estaba en lo profundo de ella. Lo que 
razonablemente puede y debe deducirse de este hecho es 
que Landulfo continuó la crónica antigua, y no contento con 
eso retocó su estilo, acomodiíndolo al tiempo en que escribía, 
cosa harto frecuente en esa clase de libros, como vemos que 



1,1) "Fatendum est, aut Datium ejus esse auctorem, aut aliquem 
alium Paulo Diácono, id est, octavo sa:;culo superiorem.,.— Joannes 
Mabillon, Dissertationc de Pane azymo et fermeníato. 

(2) ...Eodetn íenipore , scilicet, duodécimo Thcodosii niajoris 
auno, contigit iit qiiiduni magmis sapiens, tamen Maniclucorufn 
errare sediicíi/s, nomine Anguslinits, argumeníis dialccíicis et so- 
phisíicis armafns zenit ad Beatum Ambrosiiim, non causa audien- 
di, sed reprehendendi gratia... Tándem non post multos dies nutii 
divino, sicnt multis videntibus, et sibi consentientibiis palám aber- 
raverat : sic in fonfibits, qni Beato Joaiini ascribnntur, Dco opitu- 
lante, a Beato Ambrosio cunctis fidelibus astantibus et videntibus 
in nomine Sanctce et individnce Trinitatis baptisatns et conjirmatus 
est: in qnibus fontibtis, protit Spiritns Sanctiis dabat eíoqui illis 
Te Devm laudamus decantantes, cunctis qui aderant audientibus et 
videtitibus, simulque mirantibus, posteris ediderunt. Quod ab uni- 
versa Ecclesia CathoUca usqiie hodie tenetur, et religiose decanta- 
tur: et quasi ditati multis divitiis et incestimabilibits margaritis 
mutuo in Deo delectantes cum gratiarum actione cibuní súmenles, 
et magno gandió gavisi , con/ortati sunt. — Hcec Datius, lib. 10, 
cap. 1 siice Chronica. 

8 



114 LA CONVERSIÓN DE SAN AGUSTÍN 

San Jerónimo añadió y retocó el Cronicón de Eusebio, San 
Isidoro el de San Jerónimo, y San Ildefonso y San Braulio 
continuaron y añadieron obras de su maestro, el insigne 
Doctor de las Españas. Creemos que ésta es la consecuen- 
cia que en rigor puede deducirse de los dos reparos que ale 
gan para no darlo por genuino ; pero no puede negarse ser 
obra de San Da ció, cuando el mismo Landulfo lo asegura. 

Mas de estas conjeturas pasemos ít otros hechos mejor 
fundados, y hechos más conformes con la severidad de la 
crítica. 

Ocupaba la cátedra de San Pedro por los años 773 y si- 
guientes hasta el 795 el Sumo Pontílice Adriano I. Carlo- 
Magno, hijo de Pepino, que había logrado reunir bajo su ce- 
tro todos los reinos en que estaba dividida la h^rancia, y 
parte de los de Alemania, iba preparando la restauración 
del Imperio de Occidente: en agradecimiento al Todopode- 
roso ponía su espada al servicio de la Iglesia Católica, pro- 
tegiéndola y defendiendo al Romano Pontílice contra Desi- 
derio, último Rey de los Longobardos,y contra Argirio, Du- 
que de Benevento. Con este motivo, y como prendas de mu- 
tuo reconocimiento y de gratitud, mediaron regalos y obse- 
quios de una y otra parte, dignos de las personas que los ha- 
cían y de las causas que los motivaban. Refieren los histo- 
riadores que entre los regalos enviados por Carlo-Magno 
había un Salterio ó libro de rezo, equivalente á nuestro Bre- 
viario, en el cual se contenía el himno Te Deiiiii latídamus 
con este epígrafe: JJyinfius ijueiii Saucius Anibrosiits et 
Saiictus Aiigusíimts ad inviccm condidcrnnt. Conservá- 
base este precioso códice en el Archivo Imperial de Viena, 
en el siglo xvii, como atestigua el insigne Mabillon, el más 
docto entre los doctísimos Benedictinos de la Congregación 
de San Mauro (1); y en el siglo xviii da testimonio de su 
existencia el eruditísimo Juan Lorenzo Berti, que, como his- 
toriador y teólogo imperial, tenía á su disposición el Archi- 
vo y Biblioteca Cesárea, según la llamaban entonces, y tuvo 
ocasión oportunísima de registrar y aprovecharse de los te- 



(l,t \'ide Mabillon. — £)/sst';7í///t>;/¿' de Pane azymo ct /cnticníaío. 



Y EL HIMNO "te DEUM„ 113 

soros de erudición allí encerrados. Y al enviar Carlo-Magno 
al Sumo Pontífice el mencionado códice, fácil es compren- 
der que no había de enviar un códice en que se hallase es- 
crita otra cosa que lo que estaba en uso en la Iglesia Roma- 
na, pues lo enviaba con el objeto deque rezase por él Adria- 
no I; y por esa causa, al consignar que San Ambrosio y San 
Agustín eran los autores del mencionado himno, no hacía 
sino ser eco fiel y dar testimonio de que aquélla era la creen- 
cia antigua, y entonces generalizada en la Iglesia Católica. 
Confírmase esto con la autoridad del famoso Flaco Alcuino, 
maestro de Carlo-Magno y el hombre más sabio de Europa 
en su tiempo, pues habla del Te Deimi como obra de los dos 
mencionados Santos (1). Basta este argumento para demos- 
trar que es antiquísima y bien fundada la tradición que nos 
hemos propuesto defender. 

En los siglos siguientes, según corren los años, vese ir 
en aumento aquella general creencia; y al publicar Landulfo 
la crónica mencionada, nadie osó poner en duda el relato da- 
ciano, ni remotamente pudo alguien abrigar la menor sos- 
pecha de que no fuese cierto cuanto en ella se contenía. Y 
desde ese siglo son innumerables los códices que dan testi- 
monio de ser aquélla la opinión general , y sería inútil , si no 
imposible, mencionarlos en este trabajo. 

Otro argumento, acaso el más autorizado de todos en 
favor de nuestra tesis, nos suministra el Breviario Ro- 
mano (2), que desde tiempo inmemorial viene dando al Te 
Deum el título de himno de San Ambrosio y de San Agustín, 
con aquiescencia, y en cierto modo con aprobación, de los 
Romanos Pontífices, puesto que sólo con autorización de 
ellos, y no de otro modo, se imprimen (3). Y ha sido tan 



(1) \'ide Berti. — ZP^ Theologicis Disciplinis , lib. viii, cap. xiv. 

(2) No aducimos en favor de nuestra tesis, por evitar la nota de 
parcialidad, los Breviarios de los Agustinos, así Canónigos como Re- 
ligiosos, aunque siempre han consignado en sus páginas el mismo 
aserto. 

(3) El \'enerable Santiago Pérez, Obispo de Cristópolis y auxiliar 
del Sumo Pontífice Alejandro \'I en el Obispado de Valencia, opina 
que San Gelasio, Papa, que gobernó la Iglesia desde el año de 492 
al 496, fué el que introdujo en el Breviario, con el epígrafe que ahora 



lió LA CONVERSIÓN DE SAN AGUSTÍN 

constante la Iglesia en conservar la tradición de la paterni- 
dad del mencionado himno en favor de aquellos dos insig- 
nes Doctores, que ninguno de los Sumos Pontííices que han 
reformado el Breviario, como íSan Pío \' y Clemente VIII, 
y Urbano VIH y León XIII, no obstante su celo por la pu- 
reza de la doctrina, su escrupulosidad en desterrar las noti- 
cias falsas, las leyendas apócrifas y las narraciones infun- 
dadas, se ha determinado á variar lo más mínimo en este 
punto, persuadidos, sin duda, del valor de las razones en que 
se apoj'a, sin que les hicieran mudar de opinión las dificulta- 
des que en tiempo de los dos últimos se han suscitado, y 
prever que con su aquiescencia se robustecía en gran ma- 
nera el parecer que sostenemos, siendo tantos los predica- 
dores y pregoneros de ella, cuantos son los miles de ejempla- 
res del Breviario que continuamente salen á luz y se extien- 
den por toda la redondez de la Tierra. Esta prueba sola, aun- 
que no hubiera m.ls, es suficiente para hacer probable una 
opinión cualquiera. 

Pudiéramos aducir aquí también otras no despreciables 
razones de la semejanza del estilo del Te Dcuní con el de 
otros escritos de los mencionados Santos Padres; de la opor- 
tunidad de los pensamientos que contiene; de las verdades 
que expresa y de los dogmas de que da testimonio con rela- 
ción al acto en que por primera vez debió cantarse tan so- 
lemne protestación de la creencia católica, que mereció 
llamarse por excelencia el himno de la Fe, Canticiim de 
Pide; pero nos llevaría esto á dar á nuestra elucubración 



tiene, el liinino Te Dcuní; y prueba con dalos irrecusables que el mis- 
mo Pontílice tuvo presente ese himno al componer su Sacramenta- 
riiitn, en el cual se hallan insertos algunos versillos del indicado 
canto; y lo mismo acontece en las preces de Prima, que se atribu- 
yen al mencionado Pontífice ; y no puede decirse que el autor del Te 
Deuní las copiase de estos libros, así por hallarse luera de toda duda 
estar ya entonces compuesto el mencionado cántico, como por ser 
impropio de los que componen himnos formarlos de versos entresa- 
cados de otros autores. Y los oficios divinos se componen de ese 
modo, como puede verse y comprobarse en todos ellos, liste argu- 
mento, que, si no convence á todos los lectores, es de muchísimo peso 
para los que alguna vez han intentado componer himnos, acaso ten- 
gamos oportunidad de ampliarlo en otra ocasión. 



117 

mayores proporciones que las que pide un artículo, apéndi- 
ce ó insignificante remate de otros muchos escritos sobre 
este tema. 

Recordaremos una sola, aunque de otra índole, que has- 
ta ahora no sabemos haya aducido ninguno de los apolo- 
gistas de nuestra opinión sobre el Te Deiun.-es la referente 
á la música con que se halla escrito; razón que tomamos 
de la famosa Historia General de la Música de F. J. Fetis, 
y que nos ha proporcionado el P. Fr. Eustoquio de Uriarte. 
He aquí á la letra lo que el mencionado autor dejó escrito: 

"El introito de la Misa griega de San Dionisio Areopa- 
gita, y muchos trozos del OktiocJios, tienen evidentes rela- 
ciones de semejanza con la música admirable del cfintico 
Te Deuni. Pero lo que esencialmente caracteriza á este 
himno son los cambios de tono, que pertenecen exclusi- 
vamente al canto griego, como lo demostraremos en el li- 
bro IX de esta historia, y que no pueden confundirse con 
los tonos mixtos del cantollano ó Gregoriano. Mas sea cual 
fuere el origen del himno atribuido á vSan Ambrosio, es in- 
dudable que este cántico es anterior al siglo v, puesto que 
lo cita San Benito en su Regla... 

„La opinión m;ís seguida respecto á la tonalidad señala- 
da por San Ambrosio para el canto de su Iglesia es de que 
al principio se limitó á cuatro tonos solamente, que se han 
designado con el nombre de auténticos. Componíanse estos 
tonos de cuatro especies de quintas. La 1.^ especie tenía un 
semitono entre la 2.* y 3.^ nota; la 2.^ especie tenía el semi- 
tono entre la 1 ^ nota y la 2."; hallábase éste en la 3.'"* quinta 
colocado entre la 4.^ y la 5.^ nota; y, finalmente, en la últi- 
ma especie se encontraba situado entre las notas 3,* y 4.^ 
'^De estas especies de quintas resultaban necesariamente 
cuatro especies de octavas, cuando los cantos se salían fuera 
de los límites de las cinco notas, como se verá en seguida 
con ejemplos tomados de los cantos ambrosianos. Se en- 
cuentran en este sistema reminiscencias ó restos de un an- 
tiguo modo de tonalidad propio de los griegos, y ya expli- 
cado en el tercer volumen de esta Historia de la Música. En 
los ejemplos siguientes pueden verse las cuatro especies de 



lis LA CONVERSIÓN DE SAN AGUSTÍN 

octavas, formadas con estas diferentes quintas. En dichas 
octavas se encuentran los dos semitonos de la gamma ó dia- 
pasón, los cuales cambian de lugar en cada gamma, lo mis- 
mo que el semitono aislado en las diversas variedades de 
quintas. Así quedaron constituidos, desde el siglo iv, los 
cuatro tonos primitivos del canto de la Iglesia de Occi- 
dente.. .„ 

Prosigue el insigne autor exponiendo este sistema de mú- 
sica inventado por los griegos, ú introducido por San Am- 
brosio en las Iglesias de Occidente, y que ahora sólo se 
halla en la liturgia ambrosiana por haberlo eclipsado el 
cantollano ó firme, atribuido á San Gregorio el Grande, de 
donde le viene el nombre decanto gregoriano; y va compa- 
rándolo, aduciendo ejemplos en comprobación de sus aser- 
ciones; y tomando cuatro antífonas de la mencionada litur- 
gia ambrosiana, correspondientes á los cuatro tonos arriba 
indicados, apenas copiada la primera, que comienza: Sa- 
cerdos Antbrost'ns baptizat Augitstiimtn, etc., exclama: 
"Esta antífona es quizá uno de los mejores argumentos en 
favor de la opinión que atribuye á San Ambrosio y San 
Agustín la composición del himno Te Deutn. Nadie duda de 
la antigüedad de esta pieza musical, cuyas palabras son ús- 
tas: El Sacerdote Ambrosio hantisó d Aí^itstín, y amtws 
€}ito)iaron el canto: A ti ¡oh Dios! te alabadlos. (Te Deiun 
laiidamiis.) Es digno de ser notado que la melodía de es- 
tas últimas palabras es precisamente la entonación del Te 
Denni. (Vedase la obra deGafori, Música iitriusquecatüus^ 
lib. 1, cap. x.)„ (1). 

Con razón decía el insigne Conde de Maistre: "Aun cuan- 



(1) '•Cette ancienne est pcut-Ctre un des meilleurs arguments en 
faveur de l'opinion qui attribue A Saint-Ambroise et ;\ Saint-Auíjustin 
la composiiion du Te Deiini. Xul doute sur l'antiquité de cette piece, 
dont les paroles disent: le pretre Ambroise bapthisa Agustín, et tous 
deux entonnerefit le chatit : .Vous te luous, Seigueur. 

„I1 est remarquable que la melodie de ees derniers paroles est pre- 
cisement rintonalion du Te Del-m.„ (Vois le livre de Gafori intitulé: 
Música utriusquc cantus practica, lib. i, cap. x.) 

Fetis, Histoire genérale de la Musique, tomo iv, pág, 134-;').— 
París, 1874. 



Y EL HI.MNO "te DEUM" 119 



do no nos sea dable fundar en documentos contemporáneos 
á San Ambrosio y San Agustín la opinión que hace á estos 
Santos autores del cántico Te Deiiin, conocido comunmen- 
te con el nombre de Hymiuís SS. Ambrosii et Augustini 
("Himno de San Ambrosio y de San Agustín„), es, sin embar- 
go, una opinión tan antigua, tan fundada y venerable, que 
nadie llevará á mal nos atengamos á ella mientras no apa- 
rezcan pruebas en contrariOn- 

Terminaremos este largo ya y pesado artículo con las 
palabras del célebre historiador contemporáneo, el Abate 
Darras, en su Historia general de la Iglesia, tomo x de la 
edición francesa, en donde dice así: "Mal que pese á la crí- 
tica moderna, que todo lo quiere destruir, la tradición cons- 
tante de la Iglesia atribuye y sigue atribuyendo el origen 
del Te Deitm á este gran suceso de la historia eclesiástica 
(á la conversión de San Agustín). Por lo que a nosotros 
toca, nos atenemos á esa tradición, y decimos en alta voz 
que hasta ahora no se han aducido argumentos ni razones 
de valer que puedan movernos á abandonarla^ (1). 



(\) Malgré les efforts de la critique modcrne, ciuc a tout voulu dé- 
truire, la tradition constante de l'ltglise a toujours rattaché l'origine 
du Tu Deuní á ce grand fait de l'histoire ecclesiastique. Pour notre 
part nous mantenons la tradition, et nous declarons qu'on n'a point 
encoré produit d'arguments qui autorisent a Vahandonner. —Histoire 
génér. de i'B'g/ise, t. x, pag. 553. 

fR. JiRSO J-ÓPEZ, 
Agustiniano. 




.> ^ , fV. ,. f ,^ ,Yr^ 







La Lira rota 




o me pre<íuntes la historia, ni te cmpcfics en averi- 
guar el oriíjen del pobre cieguecito, protagonista 
de este cuento. ¿Qué te importa el nido desde el 
cual voló un día, ni quiénes fueron sus padres, ni de qué, ni 
cómo, ni dónde vivía? ;Se lo preguntarías, por ventura, al 
ruiseñor que un momento recrea tu oído y después se ocul- 
ta entre el follaje de las selvas? 

Todas las tardes de aquella primavera, en que sucedió lo 
que voy á decir, los transeúntes, al regresar de su paseo, 
veían á un niño ciego al pie del farol central de una plaza 
(en Granada), con las piernas cruzadas, entre ellas un som- 
brero informe — vuelto del revés, á manera de esportilla, 
para recoger los cuartos, — el cayado en el suelo, al alcance 
de la mano, y, á su izquierda y enroscado, un perrillo de 
raza indefinible. 

El ciego se llamaba, ó le llamaban, Joseliyo, y al perro, 
JJcrlin. 

Joseliyo, que así pronunciamos los andaluces, se pasaba 
allí como una hora con el guitarro terciado encima de los 
muslos, y las manos sobre el instrumento, fijos en el cielo 
sus ojos sin luz, inmóviles siempre y muy abiertos... 

¿Qué pensaría el pobrecito á los diez años no cumplidos? 

¿Qué distinguiría en el fondo de su eterna noche que le 
hacía sonreír con tanta dulzura? 



LA LIRA ROTA 121 



De cuando en cuando, el soplo de la brisa que bajaba de 
la Alhambra agitaba las negrísimas greñas del muchacho, y 
éste sorbía, por decirlo así, con ansia aquella onda de per- 
fumes y harmonías lejanas que besaban su frente, acari- 
ciando su oído al pasar. 

Al dar las oraciones^ casi al mismo tiempo que encen- 
dían los faroles públicos, el cieguecito dejaba de soñar des- 
pierto; requería el guitarro, mugriento y cubierto de par- 
ches que ocultaban innumerables rendijas, y comenzaba á 
templarlo hiriendo las sebosas cuerdas, de modo que sus so- 
nidos parecían quejas. Cuando foseliyo comprendía que ya 
le rodeaba alguna gente, garraspeaba de firme escupiendo 
por el colmillo, abrazaba bien el instrumento como si fuese 
una hermosa pareja de baile, preludiaba las malagueñas, y, 
echando hacia atrás la cabeza, después de moverla suave- 
mente de un lado á otro, los ojos clavados en el cielo, rom- 
pía al fin con un ¡ay... ay! prolongado, precursor del inme- 
diato cantar. 

Y siempre era éste muestra acabadísima de un género de 
canciones populares en Andalucía, país del sol, de las flo- 
res, de las niñas candorosas y de la gracia; canciones sobre 
las que han escrito mucho los sabios; canciones que alaban 
en primer término á Dios, á la patria, á las personas que 
más queremos en el mundo y á la madre Naturaleza. 

Tú sabes perfectamente quién es Dios... ¡Ya lo creo! 

¿Y la patria... sabes qué cosa es? Pues mira, es tu cuna; 
tus padres; tus hermanos; la iglesia donde oyes misa; el 
idioma; los versos de Zorrilla y la música de Barbieri. 

La madre Naturaleza... es así como la despensa de 
Dios, en donde guarda el trigo con que hacen el pan; las 
viñas que dan Jerez y Valdepeñas; los pollos que te comes 
asados y las naranjas con que juegas en el Retiro. 

¡No puedes figurarte cuánta pasión había en la voz del 
cieguecito cuando cantaba la siguiente copla: 



La Virgen de los Dolores 
es la que sabe mi mal , 
que me meto en su capilla 
y me jarlo de llorar. 



122 LA LIRA ROTA 



El Último verso de este sentido cantar se perdía entre 
los ecos de las alamedas que bordean las márgenes del Da- 
rro (un río que arrastra oro entre las arenas de su lecho), y 
ya requería el cicguecito el báculo para abandonar su pues- 
to, cuando oyó una voz, que él tomó por arrullos de tórtola 
enamorada, voz que decía: "Toma, hermanito„. Al propio 
tiempo escuchó también el sonido argentino de una peseta 
que caía sobre los cuartos en el fondo del sombrero. 

Algo así como lo que tú sientes cuando, al abrir los 
ojos al despertar, los labios de tu madre se posan sobre tu 
frente, sintió yt^^TZ/ví? al escuchar la voz de Aurorita, que 
volvía aquella tarde de paseo con su aya y unagalguilla in- 
glesa llamada fly. 

Un perfume de grandeza y distinción halagó el olfato 
del cicguecito, que lo aspiró con delicia. 

—¡Así debe golcr en la Gloria!— murmuró yí?5í7/Ví7, que 
no sabía lo que era agua de Colonia rusa de la buena, con 
la que acostumbraba á. perfumar Aurorita su pañuelo. 

Muchas tardes siguió cantando el trovador callejero al 
pie del farol de la gran plaza, y muchas se detuvo la niña á 
escucharle, depositando siempre una peseta en el fondo del 
mugriento sombrero. 

El desgraciado presentía siempre la proximidad de su 
protectora , la olía desde muy lejos y cantaba algunas 
veces: 

Por mi corazón conozco 
cuAndo estás cerca de mí, 
porque golpea en el pecho 
y se me quiere salir. 

Joseliyo, ciego desde que tenía un año, se imaginaba á 
Aurorita tan blanca como las espumas que coronan las olas 
antes de deshacerse en la playa, con los ojos azules como las 
turquesas, con el cabello del color de las espigas en Agosto. 

Sus labios debían parecerse á las guindas de Zamora en 
completa madurez. 

Y todo esto se lo figuraba el ciego confusamente, desdi- 
bujado, así como un jirón de bruma que surge al amanecer, 
á la orilla del lago, entre juncos y espadañas. 



LA LIRA ROTA 123 



Aurora decía siempre: "Toma, hermanito„, y Joseliyo 
respondía: "¡Dios se lo premie „; y nunca se dijeron más. 
Pero el ciego escuchaba á su protectora hablar con otra 
mujer en una lengua extranjera que él pretendía traducir en 
ocasiones. Oía á la gente del corro decir, cuando Aurorita 
se alejaba: "¡Dios la bendiga! ¡Qué hermosa es y qué bue- 
nos sentimientos tiene !„ 

Sentía que Fly^ la preciosa galguilla inglesa, que la niña 
traía atada con un cordón de seda verde, se dignaba, de 
cuando en cuando, soportar alguna que otra caricia de 
Merlin. 

En una palabra, Aurora y Joseliyo eran amigos sin cono- 
cerse más que de vista... y esto á medias. 

Una tarde faltó la niña á la cita. 

El ciego siguió cantando hasta quedarse sin público; 
luego se terció el guitarro sobre los muslos, y, con las ma- 
nos caídas sobre el instrumento, alzó los ojos al cielo..., 
aquellos ojos sin luz, inmóviles siempre y muy abiertos. 
Pero Joseliyo ya no sonreía ; gruesas lágrimas caían sobre 
el guitarro, rodando en la mugrienta caja como las prime- 
ras gotas de un aguacero sobre el polvo. Luego, una mano 
ruda sacudió al ciego por un brazo. 

"¡A dormir!... No son éstas horas de dar conciertos... 
¡Arriba, tunante !„ 

El pobre Joseliyo ya no volvió á sentarse por las tardes 
al pie del farol de la gran plaza. 

Diariamente recorría en balde las calles principales de 
la población buscando á Aurorita, y nunca la encontraba. 

Dejaron de 

"Entonar los ruiseñores 
sus trinos en la ribera, 
llenando los corazones 
de dulcísima tristeza. ..„ 

Dejaron de escucharse luego el canto de la cigarra y el 
del grillo, y los silbos del mochuelo en la torre solitaria, 
y graznaron, en fin, las grullas. 

En una palabra, que se echó encima el invierno. 



124 LA LIRA ROTA 



Había anochecido, comenzaba á nevar copiosamente, y 
las calles estaban desiertas y mal alumbradas. 

Envuelto en una capeja de color indefinido y con más 
agujeros que olla de asar castañas, llegó Jo<;rlíyo, sin saber 
cómo, rendido de fatiga y dando diente con diente, á la pla- 
zoleta de un barrio extremo de la ciudad. Formaban aqué- 
lla una gran casa, con honores de palacio de otros tiempos, 
y la iglesia y tapias del huerto de un convento de monjas. 
A la puerta de la iglesia se llegaba subiendo empinada es- 
calinata de seis ó siete peldaños. La puerta estaba protegi- 
da por ancho tejado, muj" saliente, que se apoyaba en anti- 
quísimo vigamen. 

AN'udado del báculo —sexto sentido de los ciegos, como 
ha dicho Campoamor— y precedido de McrUn, cuya campa- 
nilla al dar en los escalones sonaba tristemente, subió /<:;5r- 
Ityo hasta la puerta de la iglesia y se acurrucó en el quicio 
para guarecerse del temporal y ver si pasaba un alma cari- 
tativa que le diese unos céntimos con que desayunarse y 
pagar el rincón de la posada en donde se recogía por las 
noches. 

¡El infeliz no había comido desde el día anterior! 

Tenía fiebre y muchísimo frío: en el cuerpo, porque ne- 
vaba; en el alma, porque nuestro cieguecito era huérfano y 
pobre. 

Haciendo grandísimos esfuerzos, dejó el guitarro á un 
lado, se frotó las manos en ambos muslos para establecer 
la circulación de la sangre; se encajó, por decirlo así, en un 
rincón; volvió á empuñar el instrumento, y después de tem- 
plarlo, con voz que más parecía gemido de un alma en 
pena, cantó, entre ayes y suspiros de angustia y desaliento: 

¡Madrecita mía, 
yo no sé por dónde 
al espejillo donde 5'0 me miraba 
se le fué el azogue! 
|Se le fué el azogue!... 
¡Se le fué el azogue!!... 

Al poco rato sintió pasos en la escalinata; Merlfn co- 
menzó á mover la cola alegremente; luego una mano muy 



LA LIRA ROTA 125 



suave cogió la aterida áe Joseliyo y depositó en ella... ¡un 
duro!... no cabía duda: ¡era un duro! 

Aquella moneda representaba para el pobre mendigo 
una cena suculenta, una cama caliente y un día ó más de 
descanso de sus muchos trabajos. Y, sin embargo, el cie- 
guecito no pareció alegrarse de tamaña fortuna. Una voz 
que él conocía bien, había dicho con mal disimulada impa- 
ciencia, al darle la moneda: 

— Tome, hermanito, y vayase á cantar á otro lado: hay 
una enferma, y le incomoda la música. 

Aquella voz era de la mujer que acompañaba siempre á 
Aurorita. 

— ;La enferma es quizás la buena niña que siempre me 
socorría? 

— La misma... y le hace mucho daño la... 

— ;Pero tan mala está?- interrumpió Joscliyo con an- 
gustia infinita. 

— ¡Mucho... mucho! — respondió el aya alejándose preci- 
pitadamente. —¡Dios quiera que salga de esta noche! 

El cieguccito rompió á llorar con grande amargura, sin 
hacer caso de las caricias que le prodigaba Mcvliii lamién- 
dole las manos. 

Así pasaron dos horas muy largas, como son siempre 
las horas de dolor. 

Al fin Joseliyo dejó de llorar, abrió los brazos de pron- 
to, y la guitarra, resbalando sobre sus rodillas, rodó por 
los escalones y fué á parar, hecha añicos, hasta la pla- 
zuela. 

La nieve seguía cayendo lentamente sobre la tierra; 
Merlin aullaba sin cesar junto á su amo, y la luz mortecina 
de la aurora alumbraba ya el horizonte, cuando las puertas 
de la iglesia se abrieron de par en par. 

El sacristán movió al cieguecito de un lado á otro, y el 
cieguecito no se levantaba. 

¡ Pobre Joseliyo! \ Estaba muerto ! 

Su espíritu, en compañía del de Aurorita, había volado 
al cielo. 

Allí, envuelto en nube azul, estaba el niño, que ya veía, 



126 LA LIRA ROTA 



pulsando un harpa de oro con cuerdas de diamantes. Au- 
rorita, á sus pies, cantaba las alabanzas del Señor. 

Joseliyo ya no sentía frío en el cuerpo ni en el alma. Ya 
no molestaba á Aurorita la música del ciego. 

Dios premiaba á éste con la eterna bienaventuranza 
porque había llevado con resignación en el mundo sus tra- 
bajos, 3^ á la niña porque, con el bálsamo de la caridad, ali- 
vió los dolores del pobre huérfano. 

Alguna vez envía el Señor á la tierra al cieguecito para 
que dé música á los niños buenos. 

Muchas veces está junto á ti, tocando el harpa de oro. 
Mientras duermes, él despliega sus blancas alas á la cabe- 
cera de tu cama. 

¿No le conoces?... ¿No? 

¡Inocente! y¿?5^/Ó'¿> es el agradecimiento que engendra 
la caridad. Joseliyo es el Ángel de tu Guarda. 



J. pUALDBRTO J-ÓPEZ-yALDEMORO. 




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(p.r- ~ 




(JcíSCO^Disice 



3o^ooacOígo© 



bibliografía 




IDA DE San Francisco de Sales, Obispo y Príncipe de Gine- 
bra, escrita en francés, se^ún los manuscritos y autores 
contejnpordneos, por el Sr. Cura de San Sulpicío, y tra- 
ducida por una Religiosa del primer Monasterio de la Visitación 
de Santa Afaríu de esta Corte.— Segunda edición, diligentonente 
revisada y precedida de ufi ensayo intitulado San Francisco de 
Sales, Doctor de la Iglesia, á que se sigue el Decreto de Pío IX 
en que fué por tal Doctor declarado. — Madrid, imprenta de D. Luis 
Aguado, 1892. — Hállase de venta en la Librería Religiosa de Enri- 
que Hernández, calle de la Paz, 6. — Dos tomos en 4.*^ mayor de 776 
páginas el primero y 614 el segundo. — Precio: 10 pesetas en rústica 
y 12,50 en tela con plancha. 

La lectura de las Vidas de los Santos ha sido siempre la ocupación 
más grata y predilecta de las almas piadosas. El perfume que exha- 
lan las virtudes de los héroes cristianos recrea nuestro espíritu, em- 
balsama las arideces de esta vida, hace que nos olvidemos de los tra- 
bajos presentes é infunde alientos á nuestro corazón para que, asus- 
tando nuestra conducta á los acabados modelos que nos propone 
nuestra Madre la Iglesia Católica, y mirándonos detenidamente en 
tan lustrosos espejos, procuremos apartar de nosotros las man- 
chas y defectos que observáremos al mirarnos en tales modelos. No 



128 BlBniOGRAFÍA 



es exclusivo de la Iglesia Católica proponer ít sus héroes para que los 
imiten los demás; todas las religiones y sectas han hecho y siguen 
haciendo lo mismo. Homero escribió su Iliada para ponderar el valor 
de sus compatriotas, proponiéndolos como modelo que debían imitar 
los demás griegos: \'irgilio hizo lo mismo con su Eneida; Plutarco 
escribió las Vidas de los griegos y romanos más ilustres; y Plinio si- 
guió el mismo ejemplo en una obra que tituló De Viris illustribiís. 

vSi esto hacían los gentiles con sus héroes, cuyas costumbres de 
ordinario nada tenían de laudables, ¿con cuánta mayor razón lo 
deberán hacer los escritores cristianos con los Santos, verdaderos 
héroes de la humanidad, adornados de virtudes, no sólo intachables, 
sino sublimes en el grado más heroico que podemos concebir? 

Y aunque todos los Santos deben ser imitados, hay algunos que 
tienen más atractivo para nosotros, ya por la época en que vivieron, 
ya por las circunstancias de que se vieron rodeados, análogas ó idén- 
ticas á las en que nosotros vivimos, ó bien por los medios de que se 
valieron para santificarse. Uno de estos Santos es San l-rancisco de 
Sales, casi contemporáneo nuestro, que vivió en medio de una socie- 
dad refinada, halagado por las más risueñas esperanzas y acompaña- 
do siempre de la fortuna. Su vida, por consiguiente, escrita para una 
sociedad muy parecida á aquella en que él vivió y cristianizó pue- 
blos enteros, no sólo con su ejemplo", sino también con su palabra y 
escritos, es de las más á propósito para estos tiempos de indiferen- 
tismo religioso en que se cree que la virtud solamente halla cabida 
en individuos de carácter duro, austero y poco expansivo. El ejemplo 
del santo Obispo de Ginebra demuestra evidentemente todo lo con- 
trario: la mansedumbre con sus enemigos, su trato dulce }• afable con 
todos, forman el carácter propio y distintivo de fste ilustre Doctor. 

Por todas estas razones no podemos menos de felicitar á su docto 
biógrafo por el tino y gusto especial que ha demostrado al elegir tal 
Santo para héroe de su historia. V si en la elección de temaba mani- 
icsiado un gusto exquisito, en la ejecución del mismo ostenta mani- 
fiestamente profundo talento y dotes no comunes de historiador. Es 
cierto que se sirve, como él mismo lo indica, de muchas de las Vidas 
que se han escrito del Santo; pero, cuando lo necesita, también echa 
mano de documentos inédit os, especialmente de las Actas del proce- 
so de su canonización. De ese modo ha podido el Sr. Cura de San 
Sulpicio entretejer una hermosa corona al apóstol del Chablais, obra 
digna de encomio para los admiradores de esa parte de la literatura 
católica formada con las Vidas de los Santos. 



BIBLIOGRAFÍA 1'^ 



Harmonías del Corazón de la Virgen Madre, por el P. Mariano 
Aguíiar, Misionero, Hijo del Corazón de María, con un prólogo 
del Dr. D. Toribio del Campillo, Catedrático de la Escuela de Di- 
plomática.— Con aprobación eclesiástica. — Madrid, imprenta de 
San Francisco de Sales, Pasaje de la Alhambra, 1, 1S94.— Un tomo 
en 4.'* XVI-4.S8 páginas.— Precio: 4 pesetas en rústica, y 5 en tela. 

Con gusto confesamos que ningún esfuerzo hemos tenido que 
hacer para elogiar sin reservas ni salvedades esta hermosa obra. 
Se impone al más descontentadizo, por la sólida argumentación del 
fondo, por la suma variedad de conocimientos que encierra, por la 
brillantez, hermosura y transparencia del estilo, y sobre todo por la 
mística unción de que está impregnada. Cualidades tanto más de 
estimar, cuanto que los libros modernos de devoción están con fre- 
cuencia ayunos de esa savia que penetra al alma y de ese estilo sen- 
cillo y llano, pero clásico siempre, que se apodera del entendimiento 
en las obras piadosas de nuestro siglo de oro. 

El P. Aguilar, inspirado en amor ardiente hacia la Santísima 
Virgen, ha ceñido á esta Señora una nueva guirnalda de hermosísi- 
mos pensamientos. Y decimos nueva, porque lo es, sin duda, la mane- 
ra originalísima de hacernos comprender el tesoro casi infinito de 
gracias y misericordias de que está enriquecido el Corazón de la 
Virgen Madre. Lo confesamos ingenuamente : al leer el índice de los 
capítulos, y ver atribuidas al Corazón de la Virgen casi todas las 
harmonías del universo, sospechábamos que se trataba de un libro 
que. como tantos otros, materializaría algún tanto la devoción; pero 
sin duda fué fortuna nuestra abrir la obra por el capítulo octavo, "De 
las relaciones estéticas del Corazón de María „, tan hondamente senti- 
do, tan magistralmente tratado, que ya no nos fué posible abandonar 
la lectura del resto de la obra. En ella ha compendiado el autor, no 
sólo sus profundos conocimientos filosóficos acerca del corazón hu- 
mano como principio de la vida y centro del universo, sino que, abar- 
cando de una mirada el plan divino de la creación, y deduciendo ana- 
logías y consecuencias en el orden moral, va relacionándolas con las 
harmonías y prerrogativas de la gracia de que fué objeto el Corazón 
de María como Virgen y como Madre. 

Los capítulos en que el autor relaciona el Corazón de la Virgen 
con las bellas artes, con la escultura, la pintura, la música y la poesía, 
si no son tan profundos como los anteriores, son indudablemente de 
lo más hermoso que hay en el libro. La originalidad del pensamiento 
corre parejas con lo clásico de la forma, en la que el autor parece 
haber puesto todo el empeño de sus aficiones literarias , pero sin que 
ese empeño se trasluzca, lo cual constituj'e su verdadero encanto. 

Seguramente que esta obra llamará muchísimo la atención de las 
personas ilustradas, y sobre todo de cuantos se dediquen á ensalzar 



130 BIBLIOGRAFÍA 



las glorias de la Virgen Santísima. Nosotros la recomendamos muy 
de veras A nuestros lectores, deseando que se convenzan, leyéndola, 
de que nuestros elogios, lejos de ser apasionados, distan mucho de al- 
canzar á su indiscutible mérito. 



CURSUS PHILOSOPHICUS AD .ME.XTEM D. BOXAVE.NTURA ET SCOTI. AnC- 

(ore P. Ir. Gabriel Casanova Ordinis Minortnn Provinciae S. Gre- 
gorii Magvi Philipinarion filio. — Volumen I.— Matriti.— Ex typo- 
graphia Aloysii Aguado. 1S94. — Consta de lxiv-564 páginas, y su 
precio es de 6 pesetas. 

Está dedicado este libro á la enseñanza de la Filosofía en los cole- 
gios y seminarios; por esta razón ha creído acertadamente el autor 
que lo principal debía ser enlazar las cuestiones en un orden riguro- 
samente cicntííico, disponerlas con claridad y precisión y dar á cada 
una la extensión que merece por su importancia científica. El crite- 
rio es puramente escolástico, y toda su doctrina una reproducción fiel 
de los escritos de San Buenaventura }' Scoto. Amante de las doctri- 
nas tradicionales en su Orden, razón que justifica su conducta, acude 
quizá con sobrada frecuencia á las obras de dichos Santos, prefiriendo 
el testimonio de éstos al de Santo Tomás. No se crea, sin embargo, 
que sacrifica su criterio en aras de la tradición: las luchas estériles 
entre los discípulos de Sanio Tomás y de Scoto han pasado á la histo- 
ria: según él, en las cuestiones fundamentales se identifican ambas 
escuelas; trata de armonizar las diferencias que existen en las de me- 
nor importancia, y, cuando esto no es posible, expone imparcialmente 
las razones de una y otra parte, para que el lector se incline á la que 
crea mejor fundada. El orden en la exposición doctrinal es muy poco 
diferente del empleado en la mayor parte de los tratados elementales 
de Filosofía escolástica. 

Contiene este primer volumen la Lógica y la Ontología, precedidas 
de una breve reseña histórica acerca de las manifestaciones del espí- 
ritu filosófico hasta nuestros días, mereciéndole mayor extensión el 
cultivo de la Filosofía contemporánea en España , pero hablando muy 
poco del movimiento actual en las demás naciones, cosa que quizá 
para muchos constituye un defecto. 

Comprende la Lógica dos partes: Dialéctica y Crítica. Xada deja 
que desear el desarrollo de los principios y leyes de la Dialéctica por 
su claridad y método acertado, á propósito para que los jóvenes pue- 
dan comprenderlas y retenerlas en la memoria con facilidad. 

Ocupa el primer capítulo de la segunda parte la relación del cono- 
cimiento humano con la realidad objetiva, una de las cuestiones de 
más interés en la Filosofía, y que envuelven grandes dificultades 



BIBLIOGRAFÍA 131 



para su estudio. Ante ella se han estrellado genios eminentes, dando 
lugar á las más extravagantes concepciones filosóficas, tales como el 
escepticismo é idealismo en sus variadas manifestaciones; y bien 
puede decirse que la mayor parte de los sistemas filosóficos tiene su 
punto de partida en las diferentes maneras con que explican el cono- 
cimiento. A fin de dar base firme á la veracidad de nuestros concep- 
tos, examina detenidamente si el hombre puede tener certeza abso- 
luta de alguna cosa, )' si los medios de que nos valemos para adquirir 
esa certeza son adecuados para tan elevado fin; y concluye afir- 
mando la existencia de una ley, de una necesidad del espíritu hu- 
mano, de asentir á muchas verdades del orden físico, intelectual y 
moral. Después de un capítulo en que expone las condiciones nece- 
sarias para que los conocimientos lleguen á constituir ciencia, ter- 
mina la Lógica con el tratado del método; establece como más 
aceptable la proporcional combinación del experimental y racional, 
porque, con el primero solo, jamds llegaría á constituirse una ciencia 
que necesita principios generales, y el segundo conduciría á una 
serie de concepciones puramente intelectuales, en oposición fre- 
cuente con la observación y la experiencia. 

Los elevados conceptos metafísicos de que trata la Ontología dis- 
tan tanto de los objetos en que se ejercita ordinariamente el enten- 
dimiento, que su obscuridad y elevación envuelven grandes dificul- 
tades al intentar exponerlas á la irreflexiva inteligencia de los jóve- 
nes que comienzan A estudiar esta asignatura; por eso el autor ha 
procurado presentarlas con la mayor sencillez que es posible en tra- 
tados de este género. La noción del ente, su naturaleza y propieda- 
des, la idea de causa, etc., con todas las demás cuestiones que entran 
en el dominio de esta ciencia, hasta las de menor importancia, pro- 
pias sólo de una obra de consulta, están expuestas con mucha clari- 
dad y detenimiento, y arguyen en el autor conocimiento poco común 
de la Filosofía escolástica. 

Esperamos con ansia el segundo tomo, y creemos que las profundas 
y debatidas cuestiones cosmológicas y psicológicas merecerán al 
autor el detenido examen que requieren, en vista de la encarnizada 
lucha que á las antiguas Cosmología y Psicología ha declarado la 
ciencia atea. Mientras tanto, reciba el P. Casanova nuestra cordial 
felicitación. 



MosES AXD MoDERN SciENCE, By the Rev.J. A. Zahin. C. S. C. 

Bien conocidas son de cuantos se dedican al estudio de la Cosmo- 
gonía las innumerables y encontradas opiniones relativas al origen 
y desarrollo del mundo que habitamos, Puede asegurarse que ningu- 
na de las ciencias ha tenido tantos cultivadores como la Cosmogonía; 



132 BIBLIOGRAFÍA 



pues si exceptuamos los pueblos que ocupan el ínfimo grado en la 
escala de la civilización y de la cultura, todos los demás se han for- 
jado sistemas particulares geogénicos, á los que se han adherido con 
más ó menos tenacidad, según la ignorancia peculiar de cada uno. 
También ha sido esta ciencia una de las armas de que se han servi- 
do con maj'^or empeño los enemigos de la Iglesia, creyendo destruir 
con ella las verdades católicas, y hoy, gracias al progreso de las 
ciencias experimentales, todos se ven en la precisión de rendir culto 
y homenaje á la que creían enemiga de todo adelanto, y contraria á 
los más generosos esfuerzos de los hombres sabios. Esta es, en pocas 
palabras, la síntesis general del precioso folleto que examinamos. 
Con precisión y claridad suma expone el sabio autor de Moscs aiid 
Modcrn Science la historia y vicisitudes de la Cosmogonía, compen- 
dia la doctrina de las escuelas Alejandrina, Siriaca, etc., analiza los 
sublimes conceptos de San Gregorio Niseno y de San Agustín, y 
después de dar una ojeada á las modernas teorías cosmogónicas, 
que ¡nutatis mntandis son las mismas del gran Obispo de Hipona, 
concluye su interesantísimo folleto deduciendo la conclusión gene- 
ral: que la Cosmogonía de nuestros días es la Cosmogonía de Moisés. 
Felicitamos cordialmcnte al autor de obra tan interesante, agra- 
deciéndole al propio tiempo los grandes y merecidos elogios que tri- 
buta á nuestro Excelso Patriarca San Agustín. 



MoiS DE MaRIE D'aPRÉS les granos PRÉDICATEURS CO.NTEMPÜRAIXS, 
SUIVI d'u.NE SERIE DE TEXTES DE l'EcRITURE ET DES PKRES SUR CHA- 
QUÉ FÉTE DE LA Sai.nte Vierge, pour scrvir de matiére a des ins- 
tructious, sermous et discours sur ees J6tes. — Téqui, Libraire- 
Editcur.— Taris, rué du Cherchemidi, 33.— l^^U.— L'n tomo en 8.** 
de 314 páginas. — I'recio en rústica 3 francos. 

Compuesto este libro de tremía }' un sermones, escogidos entre 
los de los más célebres predicadores de la vecina República , excusa- 
do nos parece decir que llena cumplidamente los fines á que está des- 
tinado, y que puede ser útilísimo á cuantos se esfuerzan por dar á co- 
nocer al pueblo cristiano las excelencias de la Madre de Dios, par- 
ticularmente en el mes más hermoso del año, consagrado á la bendi- 
ta entre todas las mujeres. 

Consta decuatro'partes: en la primera se exponen los misterios de 
la \'irgen, deduciendo de ellos aplicaciones morales muy provecho- 
sas para la práctica de las virtudes cristianas; en la segunda se dan á 
\ conocer su poder y grandeza en el cielo, como Reina de los Angeles 
y de los hombres y Madre de Dios y nuestra, exhortando luego á los 
fieles á que depositen su confianza en tan amante }' generosa Protec- 



BIBLIOGRAFÍA 133 



tora; en la tercera se explican las devociones más extendidas en el 
pueblo fiel, se refieren las gracias y privilegios obtenidos por la 
práctica constante de ellas y se enumeran las innumerables indul- 
gencias con que la Iglesia se ha dignado enriquecerlas, para que de 
este modo todos, aun los más tibios, se esmeren en rezarlas; 3' por 
último, en la cuarta se agrupan, por el orden de las festividades de 
la Virgen, los textos más del caso, así de la Sagrada Escritura como 
de los Santos Padres, relativos á cada una de ellas. 

Nada hemos de decir del mérito de los discursos: baste consignar 
que figuran en esta hermosa colección las firmas de los Cardenales 
Donet y Giraud, de Mons. Pie, de los PP. F'élix, Lefebvre, Mac 
Carthy, y de los Abates Brunet , Hamon, Raynaud, Thiebaut y de 
otros no menos elocuentes oradores; lo cual recomienda la obra me- 
jor que pudiéramos hacerlo nosotros. 



La gran nodriza, por José M. JAz//u'«.— Madrid, imprenta á cargo 
de Felipe Marqués.— Un tomo en 8.^ de 360 páginas. 

No es de ahora la fama alcanzada por el autor de La gran nodri- 
za: sus anteriores novelas le han conquistado cierta celebridad no 
popular, es cierto, porque no es cosa fácil en los actuales tiempos, ni 
creo que el Sr. Matheu aspire al universal aplauso de los escasos pero 
insignes novelistas contemporáneos, mas sí la necesaria para que 
su nombre suene á cosa conocida entre los aficionados á la ame- 
na literatura. De escasa trama y de sencillo desenvolvimiento, exen- 
ta también de escenas altamente apasionadas y de efectismos gasta- 
dos, la última novela del Sr. Matheu es de las que se leen con gusto 
y se pegan á las manos, excitando la curiosidad de una manera lenta 
y casi insensible, y atrayendo la simpatía del lector hacia los perso- 
najes que constituyen el nervio de la obra. La sencillez y naturalidad, 
con cierta frescura de campos apartados, son las dotes que predomi- 
nan en las páginas de La gran nodriza ; afeando algún tanto su her- 
mosura la escasa lima del estilo, y el empleo de frases poco castizas 
y voces de dudoso gusto. 



La media docena, cuentos y fábulas para ni ños^ por D.Juan Gual- 
berío López - Valdemoro.—lsla.áv'iá , 1894. 

Moralidad intachable en el fondo, gracia y amenidad en la forma: 
tales son las cualidades que resplandecen en esta preciosa obrita, de- 
dicada á los niños, pero que pueden leer con gusto y provecho las 



134 



BIBLIOGRAFÍA 



personas mayores. No es tan fácil como parece hablar á la infancia 
su propio lenguaje é interesarla para que reciba con agrado la ense- 
ñanza oculta en el relato que logró cautivar su atención. Del modo 
con que el Sr. Conde de las Navas cultiva esta variedad del género 
narrativo, juzgarán nuestros lectores por la preciosa muestra que in- 
sertamos en este número, y que por sí sola dice más en favor de La 
inedia docena que todos nuestros elogios. 



La República v la política de la Iglesia, por el P. Vicente Man- 
mus. Versión española por D. Manuel Torrejón y Ruis. — Bada- 
joz , 1893. — Un folleto en Vl."^ de 213 páginas. — Precio en rústica 
2 pesetas. 

Trata cuestiones muy arduas y delicadas, y no bastaría una simple 
nota bibliográfica para descender al examen de algunas proposicio- 
nes con las cuales no estamos de acuerdo, á pesar de que se trata de 
fundarlas en la doctrina de Santo Tomás y de otros eminentes teó- 
logos. 




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C7/ 





M'^=V¿--<ii^'-ii¿'¿~S>'-^<i>^s"i'L 



Revista Científica 




i« iiikvcKacióii «orea.— Muchas han sido las tentativas he- 
chas por el hombre para llegar á conseguir sobre la atmós- 
fera un dominio semejante al que hoy posee sobre las ondas 
del Océano: si bien es cierto que no han sido inútiles, no lo es menos 
que, hasta la fecha, los resultados prácticos son de muy exiguo inte- 
rés. En mi humilde sentir, la causa de tantos esfuerzos perdidos no 
está en que de suyo sea insoluble el problema, sino en haberlo queri- 
do resolver de plano y antes de tiempo, tratando de subir á lo alto de 
la escalera sin pasar antes por los peldaños, lo cual es algo así como 
querer volar sin alas. Si el hombre ha de conquistar el pleno dominio 
sobre la tierra que Dios le otorgara al constituirle rey y señor de ella, 
llegando á viajar por los aires como hoy viaja por tierra ó por mar, 
debe pensar seriamente en los medios con que ha de realizarse el pro- 
digio. Las alas con que el hombre ha de elevarse á las regiones su- 
periores de la atmósfera no han de constar solamente de débiles plu- 
mas, sino más bien de férrea y potente máquina , que con poco peso 
y volumen desarrolle grande energía. Por eso todos los trabajos di- 
rigidos á la obtención de este tipo ideal de máquinas son otros tan- 
tos pasos dados hacia la deseada navegación aérea. 

Fundado en tan sólidos principios , M. Quentin , á quien entusiasma 
el vuelo humano, ha comenzado por donde se debe comenzar, por el 
principio, que en el caso presente es el motor. No debe olvidarse que, 
€n las máquinas de vapor, la fuente de la energía que en ellas se ma- 
nifiesta está en el combustible ; así es que M. Quentin comparó el car- 
bón con el petróleo y pudo observar que , mientras un kilogramo de 



136 REVISTA CIENTÍi-lCA 



carbón desarrolló 7.000 calorías, el de petróleo produjo 12.000. Decidido 
á emplear como combustible el petróleo, pensó en aprovecharlo en la 
forma mis adecuada , para lo cual era preciso que la combustión fuese 
lo más completa posible, evitando las pérdidas consiguientes. En las 
llamas hay tres partes distintas, dotadas cada cual de propiedades 
peculiares. La parte central que rodea A la mecha está formada por 
gases , á los que apenas toca la combustión , y por eso resulta obscura: 
sigue á ésta, yendo del centro á la superficie, otra envoltura de ga- 
ses, cuya combustión no es completa y constituye la parte más bri- 
llante de la llama , pero no la de más poder térmico ; por fin existe una 
tercera envoltura, de color algo azulado, donde la combustión es 
completísima y la temperatura es superior á la del resto de la llama. 

Para llegar á suprimir las dos primeras partes de la llama al uti- 
lizar el petróleo como combustible para producción del vapor de 
agua que ha de mover toda la maquinaria, ha ideado un hogar ver- 
daderamente modelo en su género. En él, aparte de la ventaja funda- 
mental , ó sea la combustión completísima del petróleo, se encuentran 
otras de no pequeño interés, como lo reducido del volumen, la su- 
presión de grandes chimeneas, la pequeña cantidad de humos, la fa- 
cilidad y prontitud de poner en marcha la niáquina y poder regularla 
con el movimiento de una llave, etc. 

El artificio con que M. Quentin consigue tan excelentes resultados 
es sumamente sencillo. Hace hervir el petróleo, y el vapor de éste 
sale por una especie de orificios, provisto cada uno de una chimenea 
en miniatura, el cual arrastra por aspiración una gran cantidad de 
aire que, al encender aquél, produce una combustión tan completa 
que no se nota el olor del petróleo, y la llama aparece de un color 
azulado, con exiguo brillo y su poder térmico máximo. 

M. Quentin podrá llegar, ó no llegar, á la solución del problema 
de la navegación aérea; pero lo cierto es que ha emprendido el ver- 
dadero camino que á ello conduce : lo demás es querer volar sin alas. 



CerlRiiien clniíiflco. — Escribimos estas líneas en El Escorial, 
donde la constancia é intensidad de los vientos no tienen nada que 
envidiar á las de otras comarcas, y es verdaderamente lastimoso que 
tan colosales energías se malgasten en tronchar árboles, derribar 
chimeneas, romper cristales y hacer volar tejas y pizarras, cuando 
el hombre precisamente lo que necesita es fuerza. Esta es una de las 
razones que nos mueven á dar á conocer á nuestros lectores un cer- 
tamen en que el premio es verdaderamente modesto en demasía» 
pues se reduce solamente á una medalla de oro y 750 francos en 
meta'*- . 

El certamen se ha abierto por la Sociedad Neerlandesa, y los tra- 



REVISTA CIENTÍFICA 137 



bajos pueden remitirse con el nombre del autor, y bajo sobre lacra- 
do, antes del 1.° de Julio del presente año, á Mr. F. W. Van Eeden, 
Secretario general de la Sociedad, en Haarlen (Holanda). 

El antedicho premio será adjudicado á la mejor Memoria sobre la 
producción de la electricidad por los molinos 6 motores de viento y 
medios de almacenar, transmitir y utilizar el íluido. 

En la Memoria ha de contestarse á las dos preguntas siguientes: 
1,* ¿Cuál es la energía media que puede producir cada veinticua- 
tro horas un molino de viento ordinario, combinado con un acumula- 
dor eléctrico; cuál es la instalación más conveniente en cada caso, y 
cuál sería el precio del caballo-hora ? 

2.* ¿ Es posible , desde el punto de vista económico, aplicar en gran 
escala los nuevos motores aéreos á la acumulación y utilización de 
dicha energía? En caso afirmativo, ¿cuáles son los medios mecáni- 
cos más propios para conseguir dicho objeto? 



El liwiiihre «'líTirlro.— Es una nueva excentricidad americana. 

Por las calles de \ueva-York circula estos días un muñeco de 
cerca de dos metros de altura, que anda por medio de la electricidad 
y entona canciones inglesas y trozos de ópera italiana. El hombre 
eléctrico mueve las piernas, los brazos y la cabeza, como si estuvie- 
se animado por el soplo vital. La idea de este monigote, que llama 
extraordinariamente la atención, tiene por origen al hombre-vapor 
inventado por el profesor Jorge Moore. 

La criatura de Moore se paseaba por las calles fumando un ciga- 
rro y empujando un carruaje, donde llevaba encargos de algunos al- 
macenes. Era un locomotor que andaba en vez de rodar. El cuerpo 
encerraba una caldera alimentada con gasolina, encima de la cual 
había un motor diminuto que, á pesar de sus pequeñas dimensiones, 
alcanzaba una fuerza de medio caballo de vapor. Los gases quema- 
dos en la caldera subían á la parte superior del casco con que se cu- 
bría el nuevo ciudadano, saliendo en forma de verdadero penacho 
de humo. El vehículo, impulsado por el hombre de vapor, le servía 
de punto de apoyo. Este muñeco andaba con una velocidad de cinco 
á ocho kilómetros por hora; en cambio, el autómata eléctrico inven- 
tado recientemente por Kardck recorre diez y ocho kilómetros por 
hora. El hombre eléctrico está vestido de frac y corbata blanca, y las 
botas son de hierro empavonado, con la suela de una piel muy fuerte 
y resistente. El movimiento de los brazos y de las piernas se verifica 
con gran regularidad, lo cual es causa de que el muñeco no pierda 
el equilibrio, á pesar de que anda con gran desenvoltura. Cuando can- 
ta, abre y cierra la boca como si realmente emitiera la voz contra- 
yendo las cuerdas bucales. 



138 REVISTA CIENTÍFICA 



Parece que el objeto perseguido por el inventor es surtir de do- 
mésticos mecánicos á los grandes restaurants y cafés. Seguramente 
no tardaremos en ver cómo los americanos convierten el muñeco en 
portador de reclamos, y en vez de llevar en la cabeza un fonógrafo 
con las piezas musicales, el hombre eléctrico pregonará las excelen- 
cias de cualquier específico ó de alguna colección zoológica. No ten- 
dría nada de particular que, el día menos pensado, el hombre eléc- 
trico pronunciase discursos en los tneetings. Hay el propósito de 
hacerle correr en competencia con los mejores andarines del mundo, 
y la seguridad de que los aventajará á todos. 



I'urn (>oiiHor\i«r Ihm ii%m«.— El Presidente de la Sociedad de 
Horticultura y Botánica de Melun, M. Rossignol, ha descubierto el 
medio de conservar frescos durante mucho tiempo los racimos de 
uvas y toda clase de frutas. 

Las uvas, colocadas en filas superpuestas y separadas entre sí por 
capas de turba ó césped de tierra pulverulento, han pasado el in- 
vierno último en un cuarto inhabitado y expuestas al frío. 

Cuando, á fines de Marzo último, se abrió la caja que las encerra- 
ba, dice la Semaine Agricolc, se encontraron en perfecto estado de 
conservación y tenían doble tamaño que cuando fueron allí coloca- 
das. La película hallábase fresca y sin ninguna arruga, y su gusto 
era agradabilísimo, según los individuos de la Sociedad de Horticul- 
tura que las probaron. 

El procedimiento, por lo económico, puede ensayarse por cual- 
quiera. 



l^^^Si^.^^^~^^í>^.--^?^^^y'S^y^S$.^^¿<¿ 




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'Sí'^^^'y^"'íír^ 



Revista Canónica 




obro la administración solemne del Bautismo en domicilios 
y oratorios privados. — En la relación remitida A la Santa 
Sede acerca del estado de la diócesis de Castellamare, el 
Sr. Obispo expone á la Sagrada Congregación del Concilio la duda 
siguiente, relativa á la administración del Santo Sacramento del 
Bautismo: "Encontré en mi diócesis una práctica que está en uso 
igualmente en la ciudad de Ñápeles, á saber : la de permitirse, ó por 
causa suficiente, ó por respeto á la nobleza de la familia, administrar 
el Bautismo en los domicilios privados con las mismas ceremonias 
con que se celebra en los templos. Yo, adoptando el consejo del pá- 
rroco de la Catedral, he ordenado que se observen las prescripciones 
del Ritual Romano, que permite administrar el Bautismo en domici- 
lios privados, únicamente en caso de necesidad, dejando los demás 
ritos para suplirlos en la iglesia. Mi prescripción ha sido mal reci- 
bida; y como ha prevalecido ya la costumbre contraria, es muy des- 
agradable, principalmente á aquellos que vienen de la ciudad de Ña- 
póles, y creo que generalmente es muy poco atendido mi mandato- 
Deseo, pues, saber si debo sostener mi anterior prescripción, ó ad- 
mitir excepciones de la regla, aun en aquello que se refiere á las 
ceremonias que deberían cumplirse en la iglesia. 

Respuesta de la Sagrada Congregación del Concilio (20 de Enero 
de 1894) : Servetiir Rituale Romamitn, salvis exceptionibus, quas 
ex rationabilibus causis Episcoptis concederé pro suo prudenti ar- 
bitrio censuerit. 



140 REVISTA CANÓNICA 



Esta declaración, á la vez que inculca en jjeneral la observancia 
del Ritual Romano, nos ofrece una enseñanza hasta ahora no bien 
conocida por los canonistas; esto es, que el Obispo puede, por justas 
causas, introducir ó autorizar aljjunas excepciones de la ley, distin- 
tas de las que se expresaban en las antiguas Decretales. En las Cle- 
mentinas (cap. unic. De Baptismo et ejus effect.) se manda adminis- 
trar el Bautismo únicamente en aquellas iglesias en que hay pilas 
bautismales destinadas á este efecto, exceptuando solamente dos 
casos en que puede celebrarse en domicilio privado: el caso de nece- 
sidad cuando el bautizando no puede ser llevado al templo sin grave 
peligro de muerte, y el caso de privilegio, que era privativo de los 
reyes ó príncipes, cuyos hijos pueden ser bautizados con las solem- 
nidades de costumbre en sus capillas ú oratorios. En las dudas del 
Sr. Obispo de Castellamare no tiene lugar ninguna de estas dos ra- 
zones que taxativamente exige el Derecho para usar del privilegio; 
pues ni se supone caso de necesidad, ni se trata del Bautismo de hijos 
de reyes ó príncipes, ni siquiera se cumple la condición que se ex- 
presa en las Clementinas y el Ritual Romano cuando exigen que el 
Bautismo solemne, aun supuesto el privilegio, se administre en capi- 
llas ú oratorios destinados al culto divino. No haj' duda, pues, que en 
la precedente declaración, ó se ha concedido el valor canónico de la 
costumbre contraria, ó se ha reconocido en el Ordinario la facultad 
de poder dispensar de la le}' en algunos casos excepcionales, con el 
fin de evitar el dafio espiritual de los niños, atendida la condición 
moral de nuestra época. 



Sentencia del Tribunal civil sobre la competencia del Tribunal 
eclesiástico en causas sacramentales.— Aunque es una verdad tan 

« 

conocida como elemental en el Derecho canónico que las causas re- 
ligiosas y sacramentales son de competencia exclusiva de la juris- 
dicción eclesi<1stica, nos parece que no será inútil recordar el si- 
guiente fallo de la Audiencia de \'alladolid, por donde podrá cono- 
cerse también la práctica de los tribunales civiles en España y su 
conformidad en este punto con las prescripciones del Derecho ecle- 
siástico. Esta conformidad de la Audiencia de Valladolid es tanto 
más notable, cuanto que se trata de la denegación del Párroco á ad- 
mitir como padrinos en el santo Bautismo, según los estatutos dioce- 
sanos de León, á dos sujetos que no habían cumplido con el precepto 
pascual. El caso revestiría una especie de injuria i>ública, según las 
ideas predominantes de la época. 

El Párroco de Monasterio de Vega, en esta diócesis, se denegó á 
admitir como padrinos del santo Bautismo á dos feligreses que no 
habían cumplido con el precepto pascual, pues así se mandaba en 



REVISTA CAXÓXICA 141 



auto de santa visita. El padre de la criatura denunció el hecho al 
Juez municipal, al Juzgado de \'illalón y al Fiscal de la Excelentísi- 
ma Audiencia de \'alladolid, suponiendo que el Párroco había incu- 
rrido en la responsabilidad criminal señalada en los artículos 236 
y 237 del Código penal vigente. La Audiencia acordó que por el Juz- 
gado de Instrucción de Villalón se instruyera el oportuno sumario. 

Entre tanto, el Párroco expuso el hecho al Ilustrísimo Prelado de 
la diócesis en solicitud que por decreto de S. S. I. pasó á su Tribunal 
eclesiástico á los efectos que hubiere lugar. Oído el Ministerio fiscal, 
el Tribunal dictó auto fundado, declarando procedía requerir de in- 
hibición al Juzgado de Villalón, por tratarse de un asunto de la exclu- 
siva competencia de la jurisdicción eclesiástica; el Juez requerido 
contestó no podía acceder á lo solicitado, porque, habiendo declara- 
do concluso el sumario, lo había remitido ya á la Sala de lo Criminal 
de la Excelentísima Audiencia de Valladolid. El Tribunal eclesiásti- 
co requirió de inhibición á la misma, protestando, caso de no acceder 
á ello, utilizar el recurso señalado en el art. 49 de la Ley de Enjuicia- 
miento criminal. 

La Audiencia, oído el Fiscal de S. M., dictó auto con fecha 31 del 
pasado Diciembre, inhibiéndose del conocimiento del asunto y man- 
dando remitir todo lo actuado á este Tribunal eclesiástico, lo que 
efectuó en comunicación de 5 del corriente mes. A continuación se 
inserta el testimonio del auto dictado por la Sección Segunda de la 
Sala de lo Criminal de dicha Audiencia: 

"D. Francisco de Zarandona y Agreda, Escribano de Cámara de 
esta Audiencia, certifico: Que por la Sala de lo Criminal de la mis- 
ma, en las diligencias que se dirán, se ha dictado el siguiente Auto: 
Resultando que por el Juzgado de Instrucción de Villalón se instru- 
yeron diligencias por virtud de denuncia presentada por D. Alejan- 
dro Raposo Escudero, vecino de Monasterio de Vega, contra el Pá- 
rroco del mismo pueblo D. Valentín Rodríguez, por no haber admi- 
tido como padrinos para el Bautismo de un hijo del denunciante á 
diferentes personas que, según dicho Párroco, no habían cumplido 
con el precepto pascual, ó, cuando menos, no justificaban haberse 
examinado de Doctrina cristiana, cuyas diligencias quedaron conclu- 
sas por auto de veinticuatro de Noviembre último, sin haber hecho 
en ellas declaración alguna de procesamiento, pero durante su subs- 
tanciación acudió el D. \'alentín al Tribunal eclesiástico de León, 
solicitando que se requiriese de inhibición al Juez de Villalón por 
entender que no era competente para conocer del asunto, á lo cual 
se acudió por el referido Tribunal, requiriendo al efecto á dicho Juz- 
gado en veintisiete del propio mes de Noviembre; y como éste con- 
testara que había declarado concluso el sumario y remitido el mis- 
mo á esta Sala de lo Criminal, el repetido Tribunal eclesiástico 
acordó requerirla de inhibición, como así lo ha verificado, por los 



142 REVISTA CANÓNICA 



mismos fundamentos que lo hizo al dirigirse al Juez de \'illalón: 
Resultando que, dada vista al señor F'iscal, emitió dictamen en el 
sentido de que la Sala se inhiba en favor del Tribunal requirente: 

Considerando que el hecho denunciado no constituye ninguno de 
los delitos señalados en los artículos 236 y 237 del Código penal, como 
afirma D. Alejandro Raposo, ni tampoco otro alguno previsto en el 
libro segundo del mismo: 

Considerando que la negativa de que se trata está íntimamente 
relacionada con la administración de Sacramentos, y por lo mismo 
es asunto puramente espiritual y corresponde al fuero eclesiA»tico, 
según lo dispuesto en el decreto de unificación de fueros de 6 de Di- 
ciembre de 186S, cuyo artículo 2.° ordena que los Tribunales ecle- 
siásticos continúen conociendo de las causas sacramentales. 

Considerando que, por esta razón, la denuncia relacionada debió 
presentarse A dicho Tribunal, por ser el único competente para cono- 
cer de la misma: 

\'isto dicho decreto-ley y el artículo 4'> de la vigente de Enjuicia- 
miento criminal: Se declara que el conocimiento de esta causa co- 
rresponde al Tribunal eclesiástico de León, y en su virtud se inhibe 
esta Sala en favor de aquél, remitiéndole las diligencias instruidas 
por el Juzgado de \'iilalón, con certificación de este proveído.— Va- 
lladolid, á 31 de Hiciembre de \>^l.—Fraticisco Znfudrrttga.— Anto- 
nio Bravo y Tmicla.— Nicolás Octavio de Toledo. — B. P. C. O. D. Da- 
niiclii. — O. de Crbina, lüscribanode QAx\\:\v:\.— francisco Zaraudona. 
Y para que así conste, y remitir al Tribunal eclesiástico de León, 
acompañando las diligencias en una pieza con 27 folios, expido y 
firmo la presente en X'alladolid á 5 de Enero de \9>^.— Francisco Za- 
ratidona.^ 



Subsannción de todas las erecciones de Cofradías dol Santísimo 
Besarlo ud cautolam . — Apuntamos la gracia concedida por la Sa- 
grada Congregación de Indulgencias, á petición del Sr. Arzobispo 
titular de Calcedonia, en favor de todas las Cofradías del Santísimo 
Rosario. En virtud de esta concesión, no obstará en lo sucesivo al 
bien espiritual de los fieles la nulidad de erección de las Cofradías 
del Santísimo Rosario hasta ahora establecidas. 

Bcatissime Pater. 

Fr. Vincoitius Leo Salina, Archiep. Calcedonen. O. P. ad Sacri 
Pedis osculum provolutus, Sanctitati Vestne exponit iit seqnitnr. 
PUirinice sitnt in Orbe toto SSnti. Rosarii Confraternitates de qui- 
hns, veheniens enascitiir duhiuní , iitruní rite fuerint erecta; ^atíen- 
tis fonntüitatibits cationicis qu(C erectioncm pr(ccedcre et sequi 
debenf). Utide ad cvitandinn grave diiinniim qnod itntninct eis 



REVISTA CANÓNICA 143 



Chrisíiftdelibus qiii adscripti prcBdictis Confraternitatihus sic in- 
valide erectis non amplius lucrarentiir Tndulgentias a SS. Pontift- 
cibus elargitas, Oraínr S. V. deprecatur, nt diguetiir generalejti 
concederé sanatoriam in favorem omniíim privdictartim Confra- 
ternitatum usque nunc erectarutn. Et Deus. 

Ex aiidientia SSnii. die 28 Scpt. 1S93 SSnius. D. N. Leo 
Papa XIH petitaní sanationcm benigne concessit. 

Daínnt Ronuv ex Secretaria S. C. Indulg. Sacrisque Rcliq. prce- 
positiC die 2S Sept. 1893. 



Sobro la obligación de rechazar al padrino hereje en la adminis- 
tración del Bautismo. — En una p¿HToquia de Hungría aconteció el 
hecho tan lamentable como irracional de que una mui'er apostatase 
de la íe católica porque en el Bautismo de un hijo suj'o se había ne- 
gado el Párroco á admitir el padrinazgo de un hereje, conforme á 
las prescripciones de la ley eclesiástica. Teniendo en cuenta este he- 
cho y otros que pudieran ocurrir, había razón para dudar si podría 
aplicarse á este caso una declaración de la Sagrada Penitenciaría 
(10 Diciembre 1860) en que se determina que, así en el Matrimonio 
como en el Bautismo, el esposo ó el padrino respectivamente, cuando 
están notoriamente excomulgados, pueden ser admitidos á la cele- 
bración ó rito católico en el caso de que, rechazándolos, pudieran so- 
brevenir graves daños espirituales á las almas. Preguntábase , pues, 
al Sagrado Tribunal del Santo Oficio : Si puede extenderse esa misma 
doctrina á los padrinos herejes, ó si, por el contrario, es preferible en 
tales casos prescindir del padrino en la administración del Bautismo 
solemne. La respuesta del Santo Tribunal ha sido negativa para la 
primera parte, y afirmativa para la segunda. 

Vtriim hcec dcclaratio etiam ad patrinos hcereticos extendit pos- 
si t; an vero pr teste t sicitt nonnitlli volnnt, in liujusmodi casibus 
diffícilibns baptisiniim sine patrino administrare. 

Sacra Romana et Universalis Inquisitio feria iv, dia 3 Maii 1893, 
responderé censuit: 

Negative et pracstare ut baptismum conferatur sine patrino, 9¿ 
aliter fieri non possit. 



Sobre testimoniales de los ordenandos.— En la relación del esta- 
do de la iglesia de Fermo remitida á la Sagrada Congregación del 
Concilio expónese una duda acerca de la necesidad de las testimo- 
niales para la ordenación de aquellos clérigos que han sido obliga- 



144 REVISTA CANÓNICA 



dos al servicio militar. La razón de la duda se funda en que la ley- 
eclesiástica que exige las testimoniales para la ordenación parece 
excluir el caso en que la habitación en diócesis extraña hubiese sido 
precaria ó por su naturaleza transitoria, como es por lo general la de 
los militares. Debe notarse además que la Congregación del Santo 
Oficio, con el fin de facilitar la promoción de los clérigos obligados al 
servicio militar, dio en 18 de Septiembre de 187.') algunas reglas é 
instrucciones á los Obispos de Italia donde no se hace mención de 
las testimoniales, limitándose á inculcar|la vigilancia é inspección.de 
los Prelados de las diócesis donde residen dichos clérigos. Teniendo 
en cuenta estas observaciones preguntaba el Sr. Obispo de Fermo 
si en estos casos, hoy tan frecuentes, son necesarias las testimoniales 
para conferir las Ordenes á los clérigos y religiosos que se han ha- 
llado sujetos al servicio militar. La Sagrada Congregación del Con- 
cilio, con fecha *^ de Septiembre de 1803, responde afirmativamente, 
siempre que el ordenando haya permanecido en alguna diócesis al 
menos por tres meses. Litteras ícstittwuiales esse necessarias, quo- 
ties proDiovt'Uiius moraÍHsfuerit in aliqua di ívcesi salte m per tri- 
mestre. 

Siendo esta declaración una interpretación auténtica de la ley ca- 
nónica, dedúcese como natural consecuencia que el Obispo que en 
tales circunstancias ordenase á un clérigo ó religioso, prescindiendo 
de las testimoniales, incurrirá en la pena de suspensión fulminada en 
\viB\i\2i Aposioliciv Scdis, expresada en estos términos: Suspensio- 
iieui per antimn ab ordinum adniiuistriitio>ie tpso jure incurrunt 
orditiantcs... subdiíuní propritim qui alibi tanto tempore vtoratus 
sit, ut cattotiicíim inipedimentum contrahere ibi potuerit, absqtie 
Orditiarii ejtis loci litteris testimottialibus. 

fR' j^ONORATO DEL f K.I,, 
Agattiai*no. 



(1>I^ 



^\í'/^*^^ Nir^^ -^ 








CRÓNICA GENERAL 



KOívlA 




R aquí la lista que se cree oficial de los Prelados que en el 
próximo Consistorio serán elevados A la púrpura cardena- 
licia: Mons. Segna, asesor del Santo Oficio; Mons. Mauri, 
Arzobispo de Ferrara; Mons. Svampa, Arzobispo electo de Bolonia; 
Mons. Ferrari, Arzobispo electo de Milán; Mons. Parraud, Obispo de 
Autun ; Excmo. Sr. D. Ciriaco María Sancha, Arzobispo de Valencia, 
5' el Rvdo. P. Steinhuber, jesuíta. Además se reservará Su Santidad 
dos Cardenales in petto. 

—En los círculos diplomáticos se reconoce gran importancia á la 
decisión de Rusia relativa al establecimiento de una Legación perma- 
nente en el Vaticano. Créese que el primer representante será M. In- 
volski, muy conocedor, gracias á su misión confidencial, de las cir- 
cunstancias de la Corte pontificia. Las Iglesias de Oriente están de 
enhorabuena, sin que por esto deje de contarse un nuevo triunfo del 
Catolicismo. 

—Podrá ser verdad que Guillermo II, que es el que lleva la batuta 
en la dirección de la triple alianza, no exige á Italia mayores sacrifi- 
cios que los que viene haciendo desde hace algunos años; pero tam- 
bién debe de serlo que no permite se disminuya el presupuesto de la 
Guerra en dicha nación, puesto que el Gobierno de Humberto hace 
los imposibles para sacar á flote, á pesar de todos los obstáculos, las 
cifras consignadas por el Ministro del ramo. Un Diputado, por nom- 
bre Prinetti, ha presentado á la Cámara una proposición pidiendo 
una economía de 50.000 liras en el capítulo primero del mencionado 

10 



146 CRÓNICA GENF.RAL 



presupuesto; pero Crispí se ha apresurado á rechazarla inmediata- 
mente, afirmando que no es posible castigar en un céntimo más aquel 
presupuesto; y puesta á votación, que fué nominal, la proposición 
Prinetti fué rechazada por 14<^ votos contra 113. Como se ve, no es 
exorbitante, que digamos, la mayoría con que cuenta el Gobierno de 
Humberto para sacar adelante sus proyectos. Treinta y seis votos de 
mayoría en naciones como Italia, donde la libertad del sufragio es un 
mito, es algo parecido A una derrota moral. 

—Durante la discusión del presupuesto del Ministerio de Negocios 
Extranjeros, el DiputidoSr. Barzilai afirmó que la guerra de tarifas 
existente entre Francia é Italia tiene por causa eficiente la adhesión 
del Gobierno del Rey Humberto á la triple alianza. Contestándole el 
Ministro de Estado, Barón Blanc, declaró que las obligaciones que 
dimanan de la participación de Italia en la triple alianza consisten en 
una solidaridad estrecha de Alemania, Austria é Italia, tan sólo en 
caso de provocación que provenga del exterior. 

Las relaciones de Italia con Francia y Rusia pueden seguir, por 
consiguiente, siendo amistosas, ya que la triple alianza constituye un 
pacto sinalagmático contra una conílagración europea, que traería 
tras de sí la barbarie. No debe, pues, inquietar á nadie, y sí conside- 
rarse como poderoso instrumento de civilización y de prosperidad 
para el comercio. El Gobierno no quiere que en una discusión parla- 
mentaria se discuta la manera de ser política de estas ó de aquellas 
naciones, aliadas ó no con el Rey de Italia; quiere únicamente que el 
Parlamento le ayude á conseguir la independencia económica, base 
de la independencia política. 



Tí 



EX'I KANJEKO 

Alk.mania. — Hace algún tiempo que se habla de la creación del 
Obispado de Berlín, sin embargo de que ni en la Curia pontificia, ni 
en la Congregación de Obispos y Regulares, se ha dicho una palabra 
de este asunto. Lo que hay de cierto, según parece, es que el Carde- 
nal Arzobispo de Breslau ha llamado la atención de Su Santidad en 
favor del vecindario católico de la capital de Prusia, y sobre los in- 
convenientes que encuentra en el desempeño de su ministerio pasto- 
ral, tratándose de tan dilatada jurisdicción. Se tomará probablemente 
un término medio, que será conferir carácter episcopal al Párroco de 
Santa Eduvigis, de Berlín, haciéndole al propio tiempo Coadjutor 
del Prelado de Breslau. 
— Se ha formado en Alemania una curiosa estadística de las Biblio- 



CRÓNICA GENERAL 147 



tecas en las naciones católicas y en las protestantes. Comparando 
Prusia, protestante, y Baviera, católica, la primera poblada cinco 
veces más que la segunda, encontramos que ésta cuenta el mismo 
número de bibliotecas que aquélla y mayor número de volúmenes. 
Las bibliotecas eclesiásticas del imperio alemán son 120, de ellas 81 
exclusivamente católicas. Las católicas tienen 1.019.118 volúmenes y 
5.5.Ó9 manuscritos, y las protestantes solamente 4:^.(>47 de los prime- 
ros y 1.551 de los segundos. ¿Se quiere el argumento de los números? 
Pues refútenlo los protestantes. 



* 

* * 



Austria-Hungría. — Aprobado por la Cámara popular de Buda- 
pesth el proyecto de matrimonio civil, ha sido rechazado por la de los 
Magnates. La votación fué reñida, habiendo tenido el proyecto 139 
votos en contra y 118 en pro. 

Como una gran parte de la opinión es favorable al proyecto, el 
voto de la alta Cámara ha excitado mucho las pasiones. La policía ha 
tenido que hacer grandes esfuerzos para mantener el orden, y no ha 
podido impedir que una turba silbara á los Magnates que volvían de 
las carreras de caballos, y hasta arrojaran naranjas contra algunos 
carruajes. En el Club liberal, los Ministros Weckerle y Szilagyi, de- 
fensores del proyecto, fueron muy aclamados. Para celebrar la vota- 
ción de la Cámara se echaron á vuelo las campanas de las iglesias. 

Parece ser que el Ministerio, acérrimo defensor del proyecto, 
quiere hacer una promoción de Magnates que le son adictos, para 
que prospere el malhadado proyecto. A ese precio se pueden sacar 
adelante todos los desatinos que se le ocurran á un Ministro. 



* ♦ 



Lnglaterra. — Va siendo cada vez más difícil la situación del Mi- 
nisterio presidido por Rosebery. Los presupuestos han sido aproba- 
dos por solo una mayoría de 14 votos. ¿Cómo ha venido tan á menos 
la mayoría que sostenía al Gobierno, que, aunque exigua siempre, era 
compacta y decidida? Recién hechas las elecciones generales, con- 
taba Mr. Gladstone con 40 votos de mayoría. Quedó al poco tiempo 
reducida á 37. Como los parnellistas eran nueve, cuando se pasaron 
á la oposición produjeron una diferencia de 18 votos en favor de ésta. 
Dejaron reducida la mayoría á 19 votos, de los cuales hay que dedu- 
cir los de los señores Kair-Hardic y Samders, que se han vuelto sal- 
vajes, según se dice en el Reichstag de un Diputado nacionalista que 
ha abandonado la vida política sin dignarse dejar vacante su puesto, 
y del nuevo solicitor general, que aun no ha pasado por la formali- 
dad de la reelección. 



148 CRÓNICA GENERAL 



En la última votación, los parnellistas votaron como un solo hom- 
bre contra el Gobierno, y los dos anabaptistas del ultrarradicalismo 
también se opusieron á los planes rentísticos de sir William Har- 
court. 

—La Cámara de los Comunes ha aprobado en segunda lectura, 
por 281 votos contra l'^4, el proyecto de ley en que se fija en ocho 
horas el día de trabajo en las minas. Hay un lionero aumento en la 
mayoría á favor de la disposición tomada, comparada con la de la 
última votación respecto del asunto: son 87 votos de mayoría en vez 
de 79 que hubo el verano último. Es sabido que los partidos políticos 
están divididos sobre el particular. Mr. Gladstone se negó siempre á 
declararse á favor del señalamiento legal del día de ocho horas de 
trabajo, ó á lo menos lo subordinó A la reserva de un derecho de 
opción local para los interesados. Esta divergencia de opinión hasta 
en el Ministerio no ha cesado, si hemos de creer las declaraciones 
que lord Roscbery hizo á una Comisión de propietarios de minas. 
Por lo demás, no ocultó su simpatía á favor del bilí, que defendió 
igualmente el Ministro del Interior, Mr. .\squii. V mientras que con- 
servadores como lord Randolfo Churchill y sir John Gorto sostenían 
al Gobierno, otros individuos del Gabinete, Mr. Hurt, por ejemplo, 
secretario del Roard of Tradc y e.x-obrero minero, han combatido 
siempre la disposición. 

—La señora Diana V'augham, que había presidido hasta ahora la 
masonería femenina en Inglaterra, se ha retirado definitivamente de 
la secta, no sin hacer terribles revelaciones acerca de la misma en 
todas las naciones, y muy principalmente en Italia, describiendo de 
paso los infames hechos y dichos del gran maestre Adriano Lemmi, 
que es una especie de musa de la revolución en aquel país. M. de La 
Rivc, en un escrito dirigido á Monseñor Pava, Obispo de Grenoble, 
pondera esta retirada de la señora N'augham, deseando que, para 
desengaño de los incautos, se dé la mayor publicidad á las indica- 
das revelaciones. 

—Conocida es la visible decadencia del protestantismo, acentua- 
da, especialmente en Inglaterra, por las leyes de separación entre 
el Estado y varias Iglesias heterodo.Kas. Estas significan que van 
faltando A la llamada Reforma las subvenciones oficiales, y los per- 
juicios que sufrirán la herejía y el cisma serán natural consecuen- 
cia de una nueva política, así como ese mismo principio, aplicado por 
Gladstone al Catolicismo, le ha hecho florecer considerablemente. 

El último golpe dado por el Gobierno á las Iglesias protestantes 
no ha sido el menos duro; nos referimos á la separación del Estado y 
de la Iglesia en el País de Gales. 

« 
» * 



CRÓNICA GENERAL 149 



Francia. — En la Avenida Kleber, de París, ocurrió el día 13 una 
formidable explosión de dinamita. Al día siguiente creyó la policía 
que había logrado detener al autor del atentado; pero se van desva- 
neciendo tales esperanzas, puesto que el encarcelado, llamado Tour- 
nemine, aunque anarquista, resulta inocente del crimen que se le 
imputa. Afortunadamente la explosión no causó ninguna desgracia 
personal, aunque sí destrozos materiales de importancia. 

Y ya que de explosiones tratamos, añadiremos aquí que en Lieja 
se produjo otra que hizo varias víctimas, entre ellas un médico, el 
Doctor Rawson, que salió gravemente herido. También en Italia y 
España han ocurrido varias durante la última quincena; mas como 
no hemos visto desgracias personales, no se les ha dado importancia. 

—Los católicos franceses se van acostumbrando A contentarse 
con poca cosa: sólo así se concibe que hayan recibido como de buen 
agüero lo que se refiere en el telegrama siguiente , dirigido desde Poi- 
tiers con fecha 12 : 

"Al recibir el Sr. SpuUer, Ministro de Instrucción Pública y Cul- 
tos, á las autoridades de esta ciudad y su departamento, ha expresa- 
do algunos conceptos que son objeto de la aprobación general. A los 
Magistrados dijo que, sin la unión de los tres Poderes constitutivos 
del Estado— Legislativo, Ejecutivo y Judicial.— sería imposible cola- 
borar eficazmente á la defensa del orden social amenazado. Contes- 
tando míls tarde al mensaje que le dirigió el Clero, el Sr. Spuller re- 
cordó que hace poco, en la tribuna de la Cámara de Diputados, pro- 
metió, en nombre del Gobierno, inspirar en el más alto criterio de 
tolerancia las relaciones del Estado con la Iglesia, y seguir conside- 
rando esta política como la única acomodada al estado actual de co- 
sas, pues sólo ella puede evitar roces sensibles y desunión entre los 
católicos y la República. ^ 

Grecia. — No ha habido tiempo de olvidar los desastres recientes 
de Zante y Thebas, y las catástrofes, algo más lejanas, de Chío, que 
causaron tantas ruinas y víctimas, cuando Grecia se ha visto sor- 
prendida por los siniestros que acaban de sumirla en la consterna- 
ción. 

En el Ática se han renovado los terremotos, muchas veces en po- 
cos días, si bien no han producido los resultados desastrosos que en 
Lócrida, en Eubea y en Beocia, siendo escasos losdestrozos causados 
en el Pyreo, Phalere y Atenas, si bien debe señalarse el hundimiento 
de una habitación en el Palacio Real que ocupaban las tiernas hijas 
de la Duquesa de Esparta, y la muerte de dos mujeres, que perecie- 
ron del susto de ver que la tierra se hundía bajo sus plantas. 

Además de la morada de los Reyes, el hotel de Alejandro el 



150 CRÓNICA GENERAL 



Grande, el Municipio y los Ministerios del Interior, Marina y Justi- 
cia han sufrido desperfectos en varios sitios, siendo mayor el del 
Palacio Olímpico, cúpula de la Catedral y columnata del A^ora. 

En la Beocia, aunque inmediata al centro del terremoto, que ha 
sido la Lócrida, si bien las pérdidas materiales son grandes, las víc- 
timas aparecen escasas. En Thebas, aun no restablecida de los de- 
sastres del año último, grandísimo número de casas resentidas en- 
tonces se han hundido ahora, y en otras poblaciones de la Beocia se 
ven centenares de edificios arruinados. En Thebas estos sacudimien- 
tos iban acompañados de ruidos subterr.lneos, y el río Melas inundó 
sus cercanías. Eil convento de Seriban, notable monumento del arte 
bizantino, está en ruinas. La pintoresca villa de Livadia sólo sufrió 
la caída de la torre que domina su fortaleza, y una roca enorme des^ 
prendida del célebre Helicón sembró el terror en la ciudad. 

En Chalzis y resto de la Eubea muchas casas se han hundido, en- 
contrándose bajo sus ruinas diversos heridos y muertos. Las viejas 
fortificaciones que construyeron los venecianos, al desplomarse, hi- 
cieron temer desastres irreparables, lín [""atrás, Corinto y Milo ha 
habido pocos daños, siendo esto verdadera fortuna para el Príncipe 
de NMpoles, que A la sazón visitaba el Canal corintio. En la Lócrida, 
la región más castigada por estos estremecimientos de volcanes en 
el centro del mar, se cuentan ya más de 240 muertos, y doble número 
de heridos. Una gran parte de la población ha perecido bajo las rui- 
nas de los templos, donde iba á implorar del cielo alejase de sus ciu- 
dades la cólera divina. 

El pueblo de Larissa no es más que un montón de ruinas, donde 
los habitantes que han sobrevivido y las tropas enviadas c.vhuman 
docenas y docenas de cadáveres. Los pueblos de Martino, Malesina, 
Mazis y Schala han tenido 210 muertos, y un número mucho mayor de 
heridos. 

De 3.0(X) casas, 1.000 han desaparecido, y otras 1.000 están inhabi- 
tables. Atalante, capital de la región, ha tenido menos muertos; pero 
las pérdidas materiales son enormes, y la salud de sus habitantes, 
que pasaron diversas noches en el campo, sufrió mucho. Rocas colo- 
sales, desprendidas de las montañas, rodaron hasta la ciudad, des- 
pués de destrozar cuanto encontraban en su trayecto. En la mitad de 
la Grecia se han sentido las vibraciones del terremoto, bastante be- 
nigno en la isla de Zante, tan castigada hace'pocos años. 

El Rey Jorge con el Príncipe Nicolás, su hijo, facultativos é inge- 
nieros, se presentó en el destruido puerto de Atalante, medio sepul- 
tado en el mar; y al visitar Chalzis, Livadia, Thebas y los pueblos 
que más han padecido de la Beocia, Eubea y Lócrida, se conmovió 
profundamente ante los cadáveres é inmensas ruinas, y quiso visitar 
toda la región devastada, llevando consuelo á las familias desventu- 
radas. 



CRÓNICA GENERAL 151 



Al volver á Atenas se encontró con los últimos terremotos ocurri- 
dos en la capital. 



* 
* * 



América.— La manifestación obrera proyectada en Washington 
por el agitador Coxey para el día 1.° de Mayo no dio los resultados 
que se esperaban. Cuando un grupo numeroso de obreros intentó 
acercarse al Capitolio, miles de agentes de policía cargaron sobre los 
manifestantes, dispersándolos á palos. Unos 7.000 obreros se dirigie- 
ron entonces hacia la Casa Blanca, residencia del Sr. Cleveland, Pre- 
sidente de la República. Al tratar la policía de disolverlos de nuevo, 
los agentes fueron recibidos á tiros por los manifestantes, resultando 
varios heridos. 

—Han ocurrido grandes terremotos en Venezuela, destruyendo 
las ciudades de Charosque, Santa Cruz, Cacuna y otras varias. Los 
primeros telegramas anunciaban considerable número de víctimas; 
pero los últimos, de carácter oficial, dicen que no ha habido ninguna. 
Difícil es que, destruidas varias ciudades, hayan salido ilesas cuantas 
personas en ellas habitaban. Inútil es añadir que celebraremos no 
tengan fundamento nuestros temores. 

—Relativamente á la República del Perú, donde hace un mes se 
anunciaba el establecimiento de im Gobierno provisional revolucio- 
nario, sólo conocemos un telegrama de Buenos Aires notificando la 
elección del Sr. Cáceres como Presidente de aquel Estado. Cuando 
nada ha vuelto á decirse de supuestas revoluciones, de creer es que 
ó no han existido, ó se habrán deshecho. 

—Desde que se fugaron los refugiados brasileños, que se hallaban 
en el Río de la Plata, á bordo de un buque mercante, al cual daban 
escolta dos vapores de guerra portugueses, las relaciones diplomá- 
ticas entre los dos países se habían enfriado notablemente. 

El Gobierno del Brasil dio á entender que la oficialidad de los bu- 
ques lusitanos no había sido ajena á aquella fuga, y esto produjo el 
que se cruzaran enérgicas notas de una y otra parte. 

El día 14, el Presidente de la República brasileña entregó los pasa- 
portes al Ministro de Portugal, Sr. Conde de Paraty, y el encargado 
de Negocios del Brasil en Lisboa recibió un despacho de su Gobierno 
ordenándole que se retirase inmediatamente. Todo esto, como se ve, 
indica una verdadera ruptura de relaciones, nacido en parte de la 
creencia de los brasileños de que los portugueses ayudaban á los 
sublevados para una restauración monárquica, y en parte también 
de las precauciones adoptadas en el Brasil contra el cólera, con gra- 
ve perjuicio del comercio de Portugal. 

Es general y bien fundada la creencia de que Inglaterra interven- 



152 CRÓNICA GENERAL 



drá para que las cosas no pasen adelante. Aun cuando no hubiera de 
haber un conflicto violento entre ambos países, la guerra comercial 
emprendida por el Brasil es muy suficiente para concluir de arruinar 
á Portugal. 



III 
ESPACIA 

Anunciábase hace quince días que, presentados los presupuestos 
durante la primera quincena de Mayo, se daría por terminada esta 
legislatura; y en efecto, ni han parecido los presupuestos, ni se ha 
dado por terminada la legislatura. ¿Por qué? Probablemente porque 
no se han entendido los Ministros acerca de los presupuestos parcia- 
les de cada Ministerio. Aun siguen discutiéndolos, y no es fácil pre- 
decir ni cuándo ni en qué forma los presentarán. 

—Las discusiones parlamentarias han sido un tanto vivas estos 
días: el Sr. León y Castillo, Itmbajador de España en París, dijo en 
el Senado que el inodtts vixcndi con Francia no pudo resultar más 
ventajoso, por los compromisos adquiridos por el partido conservador 
cuando era poder. A este fin citaba una conversación habida entre 
el Sr. Cánovas y el Embajador de Francia en Madrid. Fl jefe del par- 
tido conservador ha negado que hubiese adquirido tales compromi- 
sos, y todos han pretendido llevar la razón; aunque desde luego se 
puede afirmar que el Sr. León y Castillo ha marchado á su Embajada 
poco satisfecho de su campafla parlamentaria , puesto que su jefe, el 
Sr. Morct, declaró que los compromisos que pudieran tener los con- 
servadores para nada han influido en el concierto del ntodus vivert- 
di. Otro de los asuntos jaleados ha sido el de Melilla , de cuya discu- 
sión hemos sacado poco masó menos lo que de todos los demás : el 
Gobierno tiene razón, á lo menos si es verdad que hemos de atener- 
nos al voto de las mayorías. 

—Habían dicho muchos periódicos alemanes que el Gobierno im- 
perial no seguiría tapándose los ojos por el español si para el \'^ de 
Mayo no aprobaban nuestras Cortes el tratado hispano-alemán , por- 
que estaba dispuesto aquel Gobierno á aplicar sin contemplaciones 
la tarifa máxima á todos los productos españoles. Y añadían que la 
actitud de los ministros de Guillermo II era la que convenía á la dig- 
nidad nacional alemana, que un Estado s«6«//í'y«o se atrevía á herir 
inconsideradamente. Confesamos que, si hubiéramos ocupado el 
puesto del Sr. Sagasta, no nos hubiéramos acordado siquiera de se- 
mejante tratado, dándolo por completo al olvido, sólo por el gusto de 
ver qué actitud adoptaban los alemanes, que creen que pueden jugar 
á la pelota con los Estados subalternos. 



CRÓNICA GENERAL 153 



Ello es, sin embargo, que los fieros de la prensa alemana no han 
resultado eco fiel de los sentimientos del Gobierno imperial, pues á 
pesar de haber pasado la fecha indicada no hay indicios de que 
aquel Gobierno trate de aplicar la tarifa máxima , que sería , en resu- 
midas cuentas , la que nos convendría á nosotros , según entienden el 
90 por 100 de los españoles. Ellos serían los que perderían m;ls, por- 
que exportan á España mucho más que importan de ella. 

— La Asociación de Católicos ha redactado un sentido ^lensaje de 
sumisión y respeto al Padre Santo, que será entregado al Sr. Nuncio 
de Su Santidad en Madrid el día 27 del corriente mes, con cuyo mo- 
tivo se verificará en dicho día en los salones de la Nunciatura una 
solemne recepción, á la cual invitará la expresada Asociación á los 
señores Obispos residentes en Madrid, al Cabildo catedral, al Clero 
parroquial, palatino y castrense, á los Cuerpos Colegisladores, Dipu- 
tación y Ayuntamiento de Madrid, servidumbre de S. M., Grandeza, 
Órdenes militares de San Juan, Santo Sepulcro y Cruz Roja, Acade- 
mias, Centros de enseñanza. Cuerpo Colegiado de la Nobleza, Capi- 
tanía General de Castilla la Nueva, y Sacramentales, Archicofra- 
días y Congregaciones establecidas e n Madrid. 

Es de esperar que este acto, que pondrá digno remate á la Pere- 
grinación obrera, revestirá desusada importancia, en vista del entu- 
siasmo que ha despertado la noticia de que ha de celebrarse. 

—He aquí el resumen del número de personas que de cada dióce- 
sis han tomado parte en la Peregrinación obrera á Roma: Alme- 
ría, 111; Astorga, 50; Avila, 64; Badajoz, 21; Barcelona, 2.421; Bur- 
gos, 120; Cádiz, 285; Calahorra, 23; Cartagena, 58; Ciudad Real, 95; 
Ciudad-Rodrigo, 39; Córdoba, 55; Coria, 53; Cuenca, 49; Gerona, 172; 
Granada, 150; Guadix, 5; Huesca, 62; Jaca, 37; Jaén, 110; Lérida, 89; 
León, 33; Lugo, 18; Madrid, 1.286; Málaga, 203; Menorca, 13; Mondo- 
ftedo, 15; Orense, 8; Orihuela, 51; Osma, 71; Oviedo, 286; Palencia, 207; 
Pamplona, 381; Plasencia, 100; Santander, 231; Santiago, 31; Sala- 
manca, 187; Segorbe, 66; Segovia, .39; Sevilla, 337; Sigüenza, 29; Ta- 
razona, 92; Tarragona, 350; Teruel, 28; Tortosa, 303; Tuy, 16; Ur- 
gel, 86; Valencia, 1.939; Valladolid, 172; Mch, 896; Vitoria, 1.057; Za- 
mora, 93; Zaragoza, 123.— Total. 13.027 peregrinos, de los cuales 11.477 
han ido por mar y 1.550 por tierra. 

Repitiendo lo que había dicho toda la prensa, dijimos en la Cró- 
nica última que para aquella fecha habían vuelto ya todos los pere- 
grinos á sus casas. No era verdad, sin embargo; el vapor Bellvemo 
llegó á Barcelona hasta el día 6 de este mes, después de haber sufri- 
do horrible temporal que le arrojó á las costas de Cerdeña. Apenas 
desembarcados, 470 peregrinos fueron al Monasterio de Montserrat 
para dar gracias á Dios por el feliz regreso á la patria, que no cre- 
yeron volver á ver. 

El día 5 de este mes, fiesta de la maravillosa conversión de San 



154 CRÓN'ICA GENERAL 



Agustín , el Sr. Obispo de Salamanca, hijo ínclito de aquel excelso Pa- 
triarca, bendijo y colocó en Guernica la primera piedra de un Cole- 
gio de segunda enseñanza, que ha de estar á cargo de los agustinos 
de la Provincia de Castilla. En la solemne función religiosa que se 
celebró con tal motivo, predicó dicho Sr. Obispo elocuentísima ora- 
ción sagrada , ensalzando las glorias de San Agustín y la religiosidad 
de las provincias vascas. Por la noche se celebró en la histórica Sala 
de Juntas del .Señorío una velada literaria, en que se pronunciaron 
entusiastas discursos, y se leyeron bellísimas poesías. De más está 
añadir, tratándose de una fiesta vasca, que se ejecutaron admira- 
blemente diversas composiciones musicales, figurando entre ellas— 
¡qué menos, si estaban en Guernica! — el ya famoso y casi subversivo 
Gncrnicaco Arbola. El Sr. Obispo de Salamanca ha sido nombrado 
hijo adoptivo de Guernica, cuyos hijos le han manifestado de mil mo- 
dos el profundo cariño que le profesan. 

—El Rvdo. P. Toribio Minguella, de la Orden de San Agustín y 
miembro distinguidísimo de la provincia recoletana de Filipinas, ha 
sido presentado para el Obispadode Puerto Rico. Como nuestros elo- 
gios al insigne hijo de San Agustín podrían parecer apasionados, ya 
que, además de vestir el hábito agusiiniano, ha colaborado repetidas 
veces en nuestra Revista, diremos algo acerca de su personalidad y 
de los méritos del nuevo Prelado, tomándolo de lo que han dicho va- 
rios periódicos. 

Nació el P. Minguella en Egea de Cornago (Logroño) el 16 de Abril 
de 1836, y cuenta, por consiguiente, cincuenta y ocho años de edad. 
Muy joven ingresó en el Colegio de Monteagudo, y en 18.Y) pasó á 
Manila, con destino á las Misiones del Archipiélago filipino. 

Ejerció la cura de almas en algunas parroquias de tagalos, y más 
tarde fué elegido para desempeñar cargos tan importantes como los 
de Secretario general de la Provincia y Predicador general. Después 
fué nombrado Comisario-Procurador de la Provincia de Recoletos 
filipinos y Cronista de la Orden, y últimamente desempeñaba el pri- 
mero de estos dos cargos por segunda vez. 

Lo mismo durante su larga estancia en Filipinas que en el tiempo 
que ha permanecido en Madrid, ha dado constantemente pruebas de 
gran laboriosidad; y aparte de infinidad de sermones, todos notabi- 
lísimos, ha escrito multitud de obras, de las cuales merecen especial 
mención un estudio acerca de la patria, estado y vida de San Millán, 
que valió al P. Minguella el título de miembro correspondiente 
de la Real Academia de la Historia; el método práctico para que los 
niños tagalos aprendan el castellano, obra premiada en público cer- 
tamen, é impresa á expensas de la Administración civil de Filipinas; 
unos cuadros estadísticos relativos á los trabajos de los Padres Re- 
coletos en Mindanao, y un estudio filológico acerca del tagalo y el 
sánscrito. 



CRÓNICA GENERAL 155 



Obras suyas son también, y no menos notables, la Gramática his- 
pano-tagala publicada el año 78, y un opúsculo titulado Unidad de 
la especie humana , probada por la Filología. Este último trabajo 
denota los profundos conocimientos que el P. Minguella posee de 
las lenguas orientales. 

El nuevo Obispo de Puerto Rico ha sido miembro del Consejo de 
Ultramar y vocal de las Juntas organizadoras de los Congresos de 
Americanistas y Orientalistas. 

Virtud, celo apostólico, gran talento, palabra elocuentísima, mo- 
destia que raya en la humildad, profundos y variadísimos conoci- 
mientos, pluma brillante, actividad nada común; son tantas y tan 
valiosas las cualidades del P. Minguella, que no hay asomos de 
exageración al decir que es desde luego uno de los mejores orna- 
mentos del Episcopado español. 



MISCELANKA 



Pia-ÜDión de San Antonio de Padua, erigida canónicamente en la iglesia de 
San Antonio, en Roma. 



De todos es conocida la singular devoción y confianza del pueblo 
cristiano hacia San Antonio de Padua, y la maravillosa propagación 
de su culto por toda la tierra. Para venerar su memoria erígensele 
iglesias, altares y estatuas; hácense cuadros auténticos representan- 
do la imagen del Santo, y celébranse en todas partes y con grande 
concurso de pueblo solemnísimas fiestas en honor suyo. 

La causa de tan grande y extendida devoción al Santo no es otra 
que el especial privilegio que Dios le comunicó de hacer milagros y 
conceder favores y gracias innumerables. 

Lo cual expresó y compendió en pocas palabras el Seráfico Doctor 
San Buenaventura en el conocidísimo Responsorio Si buscas mila- 
gros mira, etc.; de aquí proviene el que nuestro Santo haya, como 
por derecho, adquirido para sí el glorioso título de Taumaturgo en la 
Iglesia de Dios. 



156 MISCELÁNEA 



Y si la intercesión y protección de San Antonio es poderosísima 
en la presencia del Altísimo para alejar cualesquiera calamidades y 
librar de las enfermedades, resplandece, sin embargo, de una mane- 
ra muy singular en el admirable privilegio que Dios le concedió de 
que las cosas perdidas fuesen encontradas mediante la invocación de 
su nombre. 

Pero acontece que con harta frecuencia, por desgracia, se pierden, 
no solamente cosas materiales, sino también los mismos dones sobre- 
naturales. Pues bien: ala recuperación de éstos se extiende igual- 
mente el poder de nuestro Taumaturgo, quien, viviendo aún en esta 
vida, estuvo abrasado del celo verdaderamente apostólico por la con- 
versión de los iníieles y por ¡a vuelta de los herejes y pecadores al 
camino de la verdad y de la divina gracia. No es, pues, de maravillar 
que, mediante la invocación de este Santo, pueda el infeliz privado de 
la gracia de Dios recuperarla si la perdió, ó encontrarla si nunca la 
tuvo. 

Impelidos por estos motivos algunos varones grandemente devo- 
tos de San Antonio, y sobremanera solícitos de la salud de las almas, 
determinaron, con aprobación del .Ministro General y de su Deíinito- 
rio, erigir en la iglesia de San Antonio de Roma, que está construida 
cerca de la insigne Basílica Lateranense, y es muy visitada por mul- 
titud de fieles, una Pía Unión universal en honor de San Antonio de 
Padua. 

E.xistcn en varios lugares, principalmente en las iglesias francis- 
canas, no pocas piadosas confraternidades, canónicamente erigidas 
en honor de nuestro Taumaturgo ; esto no obstante, pareció oportu- 
no erigir otra en la ciudad de Roma, que es asiento del Sumo Pontí- 
fice, Vicario de Cristo en la Tierra, en la iglesia de San Antonio, 
cerca de Letrán, la cual, por disposición de Dios, es la residencia 
del Ministro General de toda la Orden de Menores, para que así los 
hijos todos del Patriarca de Asís, como también los demás fieles 
cristianos que acuden de todas partes á la Ciudad literna, puedan 
más fácilmente conocer la dicha. Pía Unión é inscribirse en ella, fo- 
mentando así la propia devoción y promoviendo la salvación en los 
prójimos. 

CAPÍTULO 1 

FIN DE LA PÍA UNIÓN 

El fin de la Pía Unión es doble : 

Art. l.*^ Dar gracias á Dios Nuestro Señor por los abundantísi- 
mos dones que comunica á San Antonio, glorificándole no solamente 
en los Cielos, sino también en toda la Tierra. 



MISCELÁNEA 



157 



2.* Rogar á San Antonio para que todos los que se ven privados 
de las cosas necesarias para la salud espiritual y corporal , y buscan 
primeramente el Reino de Dios y su justicia, encuentren todas aqué- 
llas por intercesión del Santo Taumaturgo. Es decir: 

a) Que los paganos , incrédulos , hebreos , herejes y cismáticos en- 
cuentren la verdadera fe, que nunca han tenido, ó por desgracia , si 
la tuvieron, la han perdido. 

b) Que los pecadores, á quienes San Antonio amó tanto, conver- 
tidos á verdadera penitencia, recuperen la divina gracia, que por 
culpa propia han perdido. 

c) Que los individuos de uno y otro sexo de las tres Órdenes de 
San Francisco se procuren con toda solicitud, según la propia Regla 
V Constituciones, el tesoro del espíritu seráfico que sobre todas las 
cosas buscó San Antonio; que le alcancen , y, una vez en su posesión, 
le conserven con todo cuidado. 

d) Que los pobres encuentren el pan cuotidiano necesario para el 
sostenimiento de la vida. 

e) Que recuperen los bienes de fama y fortuna aquellos que, opri- 
midos por tribulaciones y trabajos, los han perdido. 



CAPÍTULO II 



OBLIGACIOXES 



Para alcanzar los fines indicados deben los fieles inscritos: 

Art. 3.° Rezar todos los días tres Gloria Patri en acción de gra- 
cias á la Santísima Trinidad por haber concedido á nuestro Tauma- 
turgo un poder tan grande. 

4." Rezar igualmente todos los días el Responsorio: Si buscas mi- 
lagros mira, etc., y el que no lo sepa, un Padrenuestro, Ave María 
y Gloria Patri. 

b.'^ Dar alguna limosna á los pobres, siempre que se obtenga al- 
guna gracia especial por la intercesión y patrocinio de San Antonio. 

6.° Comunicar al P. Director de la Pía Unión, con la dirección in- 
dicada abajo, la narración de las gracias y favores obtenidos por in- 
tercesión de San Antonio; cuya narración, autorizada, si posible fue- 
ra, por el propio Confesor ú otra persona digna de fe, será conserva- 
da en el Archivo de! Convento de San Antonio. 

1.^ Recibir los Santos Sacramentos de Confesión y Comunión en 
la fiesta de San Antonio, ó durante su Octava. 



158 MISCELÁNEA 



CAPITULO III 

CONDICIONES PARA LA ADMISIÓN 

Art. 8.° Los fieles que deseen ser admitidos, comuniquen sus 
nombres, apellidos, patria y residencia al Director de la Pía Unión, 
instituida por el Ministro General en Roma en el Convento de San 
Antonio, Xia Merulana, 124. 

9.*^ Cumplir fielmente las indicadas obli^íaciones. 



CAPÍTULO IV 

FRUTOS 

Art. 10. Los fieles inscritos h.lcensc participantes desde el mo- 
mento de su admisión del fruto de una Misa que por ellos y por los 
dem:\s bienhechores de la misma iglesia se aplica todos los martes 
en la de San Antonio, en la cual todos los días se celebran más de 50 
Misas. 

11. En virtud de la comunicación concedida por el Rvmo. Padre 
General de nuestra Orden, todos los inscritos en la Pía Unión par- 
ticipan de todas las oraciones y buenas obras que diariamente se 
practican en la Orden de Menores de San Francisco, de la cual él es 
cabeza. 

Esta Pía Unión ha sido aprobada y recomendada por el Eminen- 
tísimo Cardenal Parochi , Vicario de Su Santidad. 

He aquí una Asociación /dciUsítnd y provechosísima .— Facilisi- 
viüy porque para ingresar en ella son insignificantes las condiciones 
que se exigen (caps. II y III \ y pueden llenarlas los pobres lo mismo 
que los ricos, los enfermos lo mismo que los sanos, los pecadores lo 
mismo que los justos; en una palabra, toda clase pcvsonzis. — Prove- 
chosísima , porque está destinada á impetrar de la poderosa interce- 
sión de San Antonio toda clase de bienes espirituales y temporales; 
y por otra parte, concede á sus asociados la participación de todas las 
obras buenas que en todo el mundo practican continuamente más de 
diez y seis mil Religiosos, más de veinte mil Religiosas y unos tres 
millones de Terciarios Franciscanos. Con tantas ventajas y tan exi- 
guas obligaciones, ¿quién habrá que no quiera inscribir su nombre 
en la Pía Unión de San Antonio de Padua? 

Para más facilitar la admisión en esta piadosa asociación, nos 
ofrecemos á recibir y remitir á Roma todos los nombres que los se- 
ñores Párrocos ú otras personas caracterizadas nos envíen; y nos es 



MISCELÁNEA 



159 



muy grato manifestar que E/ Eco Franciscano será, de hoy más, órga- 
no de la devoción á San Antonio de Padua en España y ambas Amé- 
ricas, para lo cual, desde el próximo número de Mayo, abriremos una 
sección consagrada al Taumaturgo Paduano, en la que nos ocupare- 
mos de su vida y escritos, de sus santuarios, de las gracias que con- 
tinuamente dispensa á sus devotos, y consignaremos todos los favo- 
res especiales que los asociados reciban del Santo, y cuya relación 
nos envíen con el testimonio del respectivo Párroco ó Confesor. Im- 
primiremos y repartiremos hojitas en honor de San Antonio; y en 
una palabra, haremos todo lo que nuestras débiles fuerzas nos per- 
mitan para propagar su culto y devoción. 

A los Sres. Párrocos acudimos de un m.odo especial en demanda 
de auxilio, pues de ellos depende en gran parte el que la Pía Unión 
de San Antonio de Padua sea conocida y propagada en sus parro- 
quias, y ellos son los que en mayor grado participarán en ésta y en 
la otra vida los frutos que produzca. 



El Director de ""El Eco Franciscano 



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Santiago (Coruña) 6 de Abril de 1894. 




160 



OBSERVACIONES METEOROLÓGICAS 



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LETRAS APOSTÓLICAS 



DE NUESTRO SANTÍSIMO PADRE 



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La Ciudad de Dios. — \úo XIV.— Xúm, 24;{. 



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UJitccto íilto |oaititi .""-^ailo, £ívectox^i avos>tti- 
cialt (^\t)íutA L-ixcmilctvti C). 6Xiic|iu>tiiii iit 



P^ lí.ECTE 7'V//.- Salulem d apostolirnm l>€nrdii lionnn. 
Ex littrris (¡lias missisti ad dila iuní filittm nos- 
truui a puhlicis tuyoliís aduiitiistriitn prrlibcutcr 
cowperimus te ruuctnsquc alumnos IÍcli(/ios(C ftimilifr quoi 
istam cjrcnlit Philippinanim insulannn Provinriam n Smo. 
T^ Jesu Noi/u'nc nunciipatntn alacri <p'nto(¡iic animo cxcepisse 
dccrrtum S. Conrj. Kpi'ji. ct lirr/. nfífotiis pneposifte, f¡uo 
primeva vesfri Chdinis unió instaurahatur. Id sane iia fu- 
turum esse dubio procul ducebamus, inspecio eximio ves- 
frum in apostoUeam Scdcm sludio rt obsequio. 

De re siquidrin ayitur, (¡ure non minus in Ecclesim 
quam ij)sius Ordinis vestri mmmodum icrtjit, rt de cujus 
opporiunitatc ncmo potcst ambiíjerc. Immutntis enim pe- 
culiaribus rcrum eondiíionibus quo: aversam illam a recta 
consucfudine et disciplina Ordinis cxcmptioncm rrli¡/iosis 
viris Ilispnniarum ditioni subjectis permití i aliquandiu 
possc siiascrant, eidcm finem imponcre tándem oportebat. 

Quod jam pridem fclifitcr actum scitis ab aliis reliyi/)- 
sis ordinibus, qui cxcmplo appri)nr laudando vos prrcccse- 
runt in rcstitueiula hujusmodi iucmbrorum cum capitr con- 
junctio7ie, qufc si in qualibct socictatc dcsidcranda cst, mul- 
to íuagis iti religiosa familia, cum huic fons sit et oriijo 
obsercantiíc rcgularis vitcequc phmc et florescentis. 

Mirundum itaque fuissct, si vos vetcribus et prrscnti- 



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(ELi amaDo Jvijo Htiau- .-^aCio, alcctot. Txo- 
vluclat Je la (yt-Deii- Oe &t.iultaitoA t)e Gíait 
CvauAttu, Oe va¿ lAiaá J'iiipítiad. — JlLaivila. 

MADo Hijo: Saliul y bendicióa apostólica. Por las 
I^etras que enviaste al amado Hijo, Nuestro Secre- 

^ tario de Estado, hemos sabido con suma compla- 
cencia que tanto tíi como los demás miembros de esa pro- 
vincia de Filipinas, titulada del Santísimo Nombre de Jesíis, 
habéis recibido con regocijado y agradecido ánimo el Decre- 
to de la Sagrada Congregación de Obispos y Regulares, por 
el cual se restaura la primitiva unión de vuestra Orden. No 
dudábamos lo más mínimo que así había de suceder, dado 
vuestro eximio afecto y reverencia hacia la Silla Apostólica. 

Trátase, en efecto, de un asunto no menos provechoso 
para la Iglesia cuanto para vuestra jiropia C)rden, y de la 
oportunidad del cual nadie puede dudar. Pues cambiadas las 
circunstancias especiales de los sucesos que pudieron acon- 
sejar el permitir por algCm tiempo aquella exención de los 
Religiosos españoles, opuesta á la recta constitución y dis- 
ciplina de la Orden, convenía ya darla por terminada. 

Lo cual sabéis vosotros que han hecho felizmente, ya 
hace tiempo, otras Ordenes religiosas que, con ejemplo muy 
digno de alabanza, os han precedido en restablecer esta 
unión de los miembros con la cabeza, que si es de desear en 
toda sociedad, más aún en las familias religiosas, para las 
cuales es la fuente y raíz de la observancia regular y de la 
vida próspera. 

Hubiera llamado la atención, sin duda, el que á vuestros 



164 



LETRAS APOSTÓLICAS 



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bus moritis novum istiid obsequcniis ultro voJuntalis iesti- 
moniíun addcre non fcstinareiia. 

QiKP quidon merita nequ/' paiica n^qtie cripua fiiiftsr et 
Cufie compprium hnhcmus. Nam si istius rcgionia Íncola n 
morfis tenchris rt agrcstis vitce consnetudine nd Kvanijclii 
htf-eni et r'nHem riilfum perrencrnnt , id rejitrutn jwtis- 
sinnini fnctum cst opera, qui nuJlis laborihus et pcrinilis 
parrentcs pritni eos excohre ctepistis, tune dcmum in par- 
ten/- rurarum nliis rHigioais ordinibns nccitus, cum ager 
restro sudore irrigatus jnni ánimos in spem ubérrima 
sege.tis erigebat. 

Jhijusmndi vero opus fot liecl biboribus obnorium ros 
non deterriiit nh nggrediendi.s snoris expeditionibus in 
Sinos et Japón iam (¡no rittf: ipsius pretio gentes Kvangelii 
ignoratione misrrrimas erudire et rite ndjungerc (^liristo 
¡tossetis. Nuw pne terca Deo cirptis vestrij* [avente, dum 
istic partim in domibus religiosa ritre litternrumque pro- 
fectui inenml)cre, partim per appida pagosque jxistorali 
ministerio in ¡tonum animarum perfungi studetis, familia 
restra adco numero et viribu.s perrrerit, ut ei in Il/rrííe 
etiam peninsula copiosas suppetius haberc ctrnobia et 
(idlegia constitucre et norís cgregiisque opcrilms vacare 
liceat. 

ínter t¡ucB memorare pinrel frequcntissimum s(tdalium 
ciitum in percclcbri própe Matritum hlscurialcnsi Monas- 
terio eollcrtum sub Rcgis Qitholiri piisinnvque licgince Re- 
genfis auspiciis eo consilio ut non modo divino cultui ho- 
ncstius inserviant, vrrum etiam altioribus studiis et disci- 
plinis operam dent ac laicam ipsam juventutcm religione 
bonisque artibus imbuant. Kphemeridem insuper edunt pa- 
trio idiomate, nobile specimem et fructum studiorum suo- 
rum, quam in pretio haberi gaiulcmus. 

llívc porro quce a vobis stiuliose geruntur adco prce- 
stantia sunt ut faceré twn possimus quin promeritis lau- 
dibus prosequamur, vobisque auctorrs simus, imo vchemen- 
ter hortemur ut non modo sedulo curctis tic qta'd hujusmodi 
instituía dctrimenti capiant, sed potius pro eorum ineolu- 



DE NUESTRO SANTÍSIMO PADRE 



antiguos y presentes merecimientos no os hubierais apresu- 
rado á añadir este testimonio de vuestra espontánea y ren- 
dida voluntad. 

Los cuales méritos tenemos por cierto que no han sido 
pocos ni exiijuos, así en lo pasado como en la actualidad. 
Pues si los moradores de esa región han salido de las tinie- 
blas de la muerte y de la vida salvaje á la luz del Evange- 
lio y de la civilización, se debe íí vosotros principalmente, 
que, no perdonando trabajos ni peligros, fuisteis los prime- 
ros en cultivarla. Y después, si llegaron otras Ordenes reli- 
giosas á tomar parte en esas fatigas, fué cuando, regado el 
campo por vuestros sudores, ofrecía ya la esperanza de abun- 
dante cosecha. 

Esta obra, tan llena de dilicultades, no os detuvo para 
emprender expediciones sagradas á la China y al Japón, 
donde, aim lí costa de la vida, pudierais iluminará aquellas 
gentes ignorantes del Evangelio, é incorporarlas del)¡da- 
mente á Cristo. Además, favoreciendo el Señor vuestras 
empresas ahora, mientras ahí. consagrados unos en las ca- 
sas á la vida religiosa y cultivo de las letras, y dedicados 
otros en los pueblos al ministerio pastoral, procuráis el bien 
de las almas, de tal suerte ha crecido vuestra Congregación 
en níimero y fuerzas, que aun en la Península ibérica posee 
refuerzos poderosos, y ha podido abrir colegios y conventos, 
y dedicarse á nuevas y egregias empresas. 

Entte las cuales, es digna de mención el celebérrimo 
Monasterio de El Escorial en las cercanías de Madrid, bien 
nutrido de religiosos; Monasterio colocado bajo los auspicios 
del Rey Católico y de la piísima Reina Regente, con el de- 
signio de que no sólo asistan al divino culto con más esplen- 
dor, sino que se consagren á estudios más elevados y eduquen 
á la juventud seglar en la Religión y las artes liberales. Pu- 
blican, además, una Revista en idioma patrio, noble demos- 
tración y fruto de sus estudios, regocijándonos por la estima 
con que es acogida. 

Son tan notables todas estas obras, acometidas diligen- 
temente por vosotros, que no podemos menos de colmarlas 



166 



LETRAS APOSTÓLICAS 



mitate et incremento onnit ope contcndatis. Quod honori 
etiam erit unirersce avijiistiniana familia qucB altrixsem- 
pcr extitit vironim sapientin et virtutihus itisií/niíim. 

Ctrlenim si quis forte vestrum ocasione decreti prce^h'cti 
in sjispicioncm adduri iimeat. (¡nnsi adrersatus fuvrit 
máximo unimiis bono, timorcm hnnc ex animo dcponat: 
expíelo namfjuc fllinli quo tenebatnr offlcio, non minorcm 
apud nos extimntionrm et henevolentiain quam m-tcri nie- 
reri cerio sciaf. 

IIuJiLS vero benevolentiiv testem et nrUstinm munernm 
anspicem apostolieam bcnedictionem tibi, dile^tc /ili, ct rc- 
ligiosi.s sodalibus tais peromantrr iuipertimns. 

Datiitn Roma: apnd S. J'etnnn dic <S Frbrnarii a. ISit-L 
Pontifinüus nostri anno decimoséptimo. 

Lku, Pai'A XUI. 







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DE NUESTRO SANTÍSIMO PADRE 



1Ó7 




de elogios, y animaros, y aim rogaros con toda eficacia, para 
que no sólo vigiléis cuidadosamente que nada de esto de- 
caiga, sino que, empeñada toda diligencia, os esforcéis por 
su estabilidad é incremento. Lo cual servirá de honra para 
toda la familia agustiniana, madre siempre de insignes va- 
rones en ciencia y virtud. 

Por lo demás, si por ventura alguno de vosotros, á causa 
del mencionado Decreto, teme hacerse sospechoso, como si 
se hubiera opuesto al grandísimo bien de la unión, deponga 
de su ánimo todo temor; pues una vez cumplido el deber 
íilial de la sumisión, esté seguro de que no merecerá para 
Nos menos estimti y benevolencia que los demás. 

En testimonio de esta benevolencia, y como presagio de 
dones celestiales, os damos amorosamente, á ti, querido 
Hijo, y á tus Hermanos Religiosos, la bendición apostólica» 

Dado en Roma, en San Pedro, á 8 de Febrero de 1894. 

Año decimoséptimo de nuestro Pontificado. 



León XHI, Papa. 




168 LA REDACCIÓN 



¡Bendito sea el Señor, que aun acá en la Tierra sabe re- 
compensar con vivas y santas emociones las penalidades y 
trabajos de sus siervos! Si las bendiciones de un padre son 
la mejor recompensa á que puede aspirar un hijo, org^ullosos 
debemos estar cuantos, por dicha nuestra, pertenecemos á 
la ínclita Provincia del Santísimo Nombre de Jesús de Fili- 
pinas, al recibir la bendición del más amante délos Padres, 
como auíjurio de celestiales dones, que sejíuramente la 
acompañan. Grandes y heroicos esfuerzos, inmensos sacri- 
ficios ha costado la civilización cristiana implantada por 
nuestros celosos misioneros en las remotas islas Filipinas; 
vidas muy preciosas, fatigas y privaciones sin cuento han 
sido y son hoy mismo el precio de cristiandad tan florecien- 
te; pero todo ello lo damos por bien empleado, no sólo 
atendiendo á los opimos frutos que se han rcco^^ido para 
mayor ijloria de Dios y bien de la Iglesia, sino también al 
júbilo é inexplicable gozo que ha experimentado nuestro 
Santísimo Padre al fijar su mirada en aquellas apartadas re- 
giones y ver que, donde antes reinaban el error y el vicio, 
brilla hoy esplendorosa y pura la verdad católica, merced 
principalmente á los trabajos de nuestros queridísimos her- 
manos. Nada más gr.ato ni consolador para nosotros que ha- 
ber acertado á colmar los deseos del que, siendo Represen- 
tante de Jesucristo en la Tierra, nos habla en su nombre, 
bendice nuestras tareas apostólicas y nos alienta á prose- 
guirlas. 

Gracias, Beatísimo Padre: el paternal cariño que os ha- 
béis dignado mostrarnos, los inmerecidos elogios con que 
ensalzáis nuestras faenas, la Bendición Apostólica que por 
medio de nuestro Rvdo. P. Provincial nos enviáis, son para 
nosotros poderoso estímulo para continuar sin desalientos 
ni desmayos la obra comenzada. Todos sin excepción, así 
los consagrados á la difícil administración de nacientes 
cristiandades, como los destinados á la ardua y penosa em- 
presa de formar la inteligencia y el corazón de los jóvenes 
cuya educación se les confía, principalmente en el Escorial, 
monumento de las artes y de las ciencias que, merced á la 
liberalidad y munificencia del Rey Católico y de la piadosa 
Reina Regente, es hoy para nosotros medio eficacísimo para 



LA REDACCIÓN 169 



propa«^ar las buenas doctrinas y contribuir así á la rege- 
neración de esta sociedad caduca, que es uno de Vuestros 
mayores desvelos; todos, repetimos, sin excepción nos sen- 
timos con nuevas fuerzas, al escuchar Vuestra voz, para 
luchar sin tregua ni descanso en favor de los intereses cató- 
licos, en el modo y forma que Vos tuvierais á bien disponer. 
Atentos siempre y sumisos á Vuestras menores indicaciones, 
consagraremos cuanto somos, podemos y valemos á la pro- 
pagación de la fe, á la destrucción del error y del vicio , al 
florecimiento de las virtudes cristianas, y á inculcar en 
todos el respeto y obediencia que, en conformidad con las 
máximas del Evangelio, se deben á los poderes constituidos, 
sin apartarnos un punto de las sabias prescripciones que 
emanen de ese Centro de Verdad. Hijos del más sabio de los 
Padres, participantes de su espíritu, formados en su escuela, 
amantes y entusiastas defensores de sus doctrinas, nunca 
olvidaremos la profunda veneración y rendido acatamiento 
que profesó siempre aquel oráculo del Catolicismo á la in- 
falible Silla de San Pedro. Su conducta será nuestra con- 
ducta; su lirme y constante adhesión á las enseñanzas de la 
Iglesia responde de la nuestra; la regla inmortal dictada por 
aquel genio extraordinario para zanjar las cuestiones más 
difíciles agitadas en su tiempo, será siempre la norma á 
que sus hijos ajustarán todos sus actos: Roma locnta cst, 
causa finita est . 

Sí, Beatísimo Padre: dispuestos estamos, todos los que á 
la Provincia del Santísimo Nombre de Jesús pertenecemos, 
á dar nuestra sangre y nuestra vida por defender y conser- 
var incólumes los derechos conferidos por el Divino Salva- 
dor á su Iglesia, de la cual sois Vos la Cabeza visible. Aun 
cuando en contra nuestra se conjuraran las iras todas del 
Infierno, no se arredraría nuestro corazón : fijos siempre los 
ojos en esa roca incommovible, recordando el glorioso ejem- 
plo de nuestro Padre y Fundador, nada ni nadie sería capaz 
de separarnos del cumplimiento de nuestros deberes. 

Estos son, Beatísimo Padre, los sentimientos de Vuestros 
hijos, que desde las columnas de La Ciudad de Dios tienen 
á gala hacer públicos, como prueba fehaciente del respeto 
é incondicional sumisión con que siempre han recibido, no 
sólo las órdenes, sino las simples indicaciones emanadas de 
la Santa Sede. 

La Redacción. 






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Astronomía ^^^ 



XI 



LA LUZ SOLAR 




suNTO no menos importante y dií^no de estudio que 
el anterior, relativo A la ener<íía calorífica del 
Sol, constitúyenlo los fenómenos luminosos cuyo 
orifi'cn arranca del mismo foco de actividad. Difícil, por no 
decir imposible, sería el determinar en concreto cuál de los 
dos agentes es de mayor importancia en la Tierra y en los 
demás planetas. El calor vivifica y fecundiza los mundos; 
pero la luz los hermosea, y tan triste ú inhabitable quedaría 
la Tierra por falta de calor, como por la desaparición de la 
luz. Para sostener la vida vegetal y animal no basta el ca- 
lor: una planta privada de luz se debilita y muere en pocos 
días; y sabido es que el verdor de los campos y los matices 
de las flores, efectos son todos ellos de la acción luminosa 
del Sol. El hombre que por mucho tiempo viva sin partici- 
par de esa influencia, pronto se le ve palidecer, debilitarse 
y enfermar. Díí^anlo si no cuantos se dedican al pesado tra- 
bajo de las minas, de cualquier clase que ellas sean. Estos 
son los fenómenos más patentes; pero ¿de cuántos otros mo- 
dos no obra la luz del Sol en nuestro globo, ya determinan- 



(1) Véase la pág. 53:3 del vol. xxxin. 



ASTRONOMÍA 171 



do reacciones químicas, bien puriñcando la atmósfera, y, 
sobre todo, haciendo aparecer los objetos con tan variados 
colores y matices tan hermosos? Puede asegurarse , como 
decíamos del calor, que, sin la luz, la vida planetaria sería 
absolutamente imposible. El calor anima; la luz manifiesta 
los grados é intensidad de aquella animación. El calor natu- 
ral de un individuo prueba la fuerza vital de que está ani- 
mado: los colores del rostro patentizan la robustez de 
aquella fuerza, y por ellos se juzga del estado de su salud. 

Tratando de reducir á medida la intensidad luminosa del 
vSol, tropezamos con las mismas dificultades que en el pro- 
blema análogo referente á la intensidad calorífica. Aun no 
se ha fijado la unidad de medida. Aquí, en la Tierra, expre- 
samos la intensidad luminosa de los focos en números de 
bujías. Pero ¿qué son nuestros focos, ni aun los faros más 
potentes con toda la luz que irradian, comparados con la 
que del Sol nos llega, hasta en el más obscuro día de in- 
vierno? Los más intensos focos eléctricos son como puntos 
de sombra en presencia de la luz del Sol. 

Si las vibraciones etéreas que producen el calor fueran 
idénticas en su forma á las que producen la luz, las cuestio- 
nes referentes á la intensidad luminosa quedarían reducidas 
al estudio de la intensidad calorífica; pero las manifestacio- 
nes del movimiento etéreo son muy diversas hasta en los 
fenómenos puramente luminosos. Se sabe que en éstos la 
molécula etérea vibra en planos perpendiculares á la línea 
de transmisión y que sus oscilaciones son ó rectilíneas ó 
circulares, ó bien elípticas, según se trate de luz polarizada 
en una ú otra forma. Pero se ignora si para el calor sucede 
lo mismo. Probablemente la onda calorífica es longitudinal 
en dirección del rayo, como las ondas sonoras que transmi- 
ten el sonido á través de los cuerpos. 

En cuanto á la velocidad de transmisión de los dos movi- 
mientos etéreos, del calor y de la luz, probablemente es la 
misma en los espacios interplanetarios, y siempre que se 
trate de la luz blanca ó compuesta ; pero si se consideran 
estos dos movimientos transmitiéndose en algún medio diá- 
fano distinto del éter, ya no puede decirse lo mismo : la luz 



172 ASTRONOMÍA 



pasa velozmente de un extremo á otro, mientras la transmi- 
sión del calor, manifestada en el medio por donde pasa, es 
muy lenta. Esto induce á creer que el movimiento vibratorio 
que causa la luz y el que causa el calor se distinguen, no 
sólo en la velocidad, sino también en la forma. Al tratar de 
los medios con que contaba la .astronomía para medir la 
distancia que separa al Sol de nosotros, indicamos el méto- 
do ideado por Ríumer, valiéndose délas ocultaciones délos 
satélites de Júpiter. Si este método fuera el único, cierta- 
mente no podría servir para apreciar la velocidad de la luz, 
ya que la determinación de ésta exigiría el conocimiento de 
aquella distancia. Se vio entonces en qué consistían estos 
métodos, y veremos más tarde otros procedimientos para 
conocer cudnto distan unos planetas de otros y del Sol. De 
modo que, averi^juada por cualquiera de ellos, y confirmada 
ó corre.í^ida por otros independientes, la distancia desde la 
Tierra hasta Júpiter en distintas épocas, el método de Ra3- 
mcr sirve ventajosamente para medir la velocidad de trans- 
misión de la luz á través de los espacios interplanetarios. 
Por otra parte, bien conocidos son también los trabajos de 
hlzeau, l-'resnel, etc., en esta materia. En el pfirrafo á que 
nos hemos referido hace poco, dejamos consi,í,mado para ve- 
locidad de la luz el valor de .'iOS.OOO kilómetros por se^^undo. 
No es del caso el detenernos ahora en un estudio profun- 
do acerca de la luz ni de las leyes A que obedecen todos y 
cada uno de los fenómenos luminosos: sería esto invadir el 
terreno propio de la óptica ó fotolocjía, rama por sí muy 
extensa y ciencia constituida aparte de la Astronomía. Re- 
cordemos, no obstante, algo acerca de las dos principales 
hipótesis que han tratado de explicar de algún modo, no la 
naturaleza íntima, sino la causa inmediata de la luz. La hi- 
pótesis de la emisión está actualmente desechada por to- 
dos. Es muy común afirmar que tal hipótesis, en que la luz, 
como el calor, eran á. modo de Huidos sutilísimos que salían de 
cuerpos y se trasladaban hasta otros cuerpos para ilumi- 
narlos ó calentarlos; es muy común, decimos, atribuir esta 
hipótesis á Newton, y, en opinión nuestra, sin razón sufi- 
ciente, si no es la de haberla defendido con calor, y, más que 



ASTRONOMÍA 173 



él, SUS partidarios. Newton trató, apoyado en esta hipóte- 
sis, de explicar los fenómenos luminosos; aunque no todos, 
porque no es posible explicarlos todos por ella. La hipótesis 
de la emisión es mucho más antigua que el sabio inglés. La 
admitieron los filósofos griegos, y después de ellos, hasta 
Descartes, puede decirse que fué la única que privó en lo 
poco que se conocía ó se había estudiado referente á la luz 
y al calor. Cabe, sin embargo, á Newton la honra de haber- 
la formulado en términos precisos y concretos. 

No diremos lo mismo de la teoría ondulatoria que en la 
actualidad se admite para explicar los mismos fenómenos, 
atribuida á Descartes; pues no sabemos que antes de él al- 
guien la propusiese, aunque su fundamento, que es el supo- 
ner el universo material como flotando é impregnado del 
éter, es también antiquísimo y anterior en muchos siglos al 
filósofo francés, célebre, además, por la hipótesis de los tor- 
bellinos, de que se valía para explicar la atracción mutua 
de los cuerpos y el movimiento de los astros. 

La teoría ondulatoria, conforme á la cual la luz y sus fe- 
nómenos no son más que el éter puesto en movimiento vibra- 
torio, se reduce á lo siguiente: En el Sol está la causa de la 
agitación etérea, causa desconocida en su esencia, pero 
real y eficaz. Supongamos que, allá en el astro del día, una 
molécula etérea, obedeciendo al impulso de esa causa , se se- 
para de su posición de equilibrio: por la elasticidad tenderá 
á recobrarla; mas la velocidad adquirida hace que se aleje 
hacia el lado opuesto de la posición media. Siendo constante 
la causa inicial que dio el primer impulso, la molécula de 
éter repetirá constantemente sus oscilaciones alrededor de 
su centro de equilibrio. Este movimiento oscilatorio de la 
primera molécula se transmite á la inmediata, y de ésta á la 
que sigue: cada una no recorre más espacio que lo que re- 
presenta la amplitud de la oscilación, y cada una oscila al 
lado de la otra, pero en planos distintos, aunque paralelos 
entre sí. Unamos en una recta ideal todos los puntos geomé- 
tricos, centros respectivos de oscilación de esa serie de pén- 
dulos etéreos perfectamente isócronos. Esa recta que aca- 
bamos de suponer, es el eje de un rayo simple de luz; la di- 



174 ASTRONOMÍA 



rección, ó mejor la trayectoria descrita por la molécula 
vibrante, se halla siempre en planos perpendiculares al eje 
central del rayo. Las vibraciones etéreas que dan origen á 
lo que llamamos luz, son transversales; no longitudinales ni 
paralelas á. la dirección del rayo luminoso, sino perpendicu- 
lares. 

Pero la velocidad con que oscila el éter al uno y al otro 
lado del eje no siempre es la misma , como sucede en el aire 
cuando se produce el sonido, cuya altura depende del núme- 
ro de vibraciones en la unidad de tiempo. En los movimien- 
tos vibratorios de la materia pondcrable, en la producción 
y transmisión de las notas musicales, la intensidad de las 
mismas depende de la amplitud de la oscilación. En el éter 
que vibra para producir y transmitir la luz, tienen también 
distinta amplitud las oscilaciones de cada molécula vibran- 
te. La mayor ó menor rapidez de la oscilación etérea deter- 
mina la forma geométrica de la trayectoria descrita por 
cada molécula alrededor del centro de equilibrio, así como 
la amplitud de las ondas determina la mayor ó menor inten- 
sidad de la luz. Las distintas formas de las trayectorias 
descritas por la molécula etérea dan margen ú. las distintas 
formas de polarización del rayo luminoso. Si las moléculas 
vibran describiendo una línea recta á uno y otro lado del 
eje, de modo que el eje central y las líneas de oscilación 
estén en un mismo plano, se dicctque /a polarisación es 
rcctiliuca; pero si oscilan describiendo una trayectoria 
curvilínea en planos perpendiculares al eje, entonces la l>o- 
larizacióti es rotatoria. Hsta puede ser circular ó elíptica, 
según que el camino recorrido por cada molécula sea una 
circunferencia ó una elipse. De modo que la palabra pola- 
rización no significa, así como luz polarizada, otra cosa 
que formas especiales del movimiento etéreo. 

La óptica física, auxiliada de la matemática, ha llegado 
d medir la amplitud de esas oscilaciones de que venimos ha- 
blando, y la rapidez con que se verifican para cada uno de 
los colores del espectro. Se sabe que dicha amplitud es pe- 
queñísima, pues en el máximo de desviación de la molécula 
que vibra, respecto del eje central, no pasa de 310 milloné- 



ASTRONOMÍA 175 



simas de milímetro; valor de la semioscilacion propia del 
rojo. La longitud de onda en este color, en donde es más lar- 
ga, es 620 millonésimas de milímetro. En la escala del es- 
pectro esa longitud disminuye hasta el violado, á cuya lon- 
gitud de onda sólo corresponden 423 millonésimas de milí- 
metro. En cambio, la rapidez de la oscilación está en orden 
inverso. Las vibraciones propias del violado son las más rá- 
pidas, así como las del rojo son las más lentas. Estas vibra- 
ciones, estas idas y venidas de la molécula etérea á uno y 
otro lado de la línea media que hemos llamado eje central 
del rayo luminoso, se cuentan por cientos de billones en la 
unidad de tiempo, en un segundo. He aquí las cifras. Corres- 
ponden al color rojo, en el cortísimo tiempo tomado por uni- 
dad, 480 billones de vibraciones, 511 billones para el anaran- 
jado. En el amarillo recorre el mismo camino la molécula 
vibrante 540 billones de veces ; el verde exige 583 billones de 
oscilaciones del péndulo etéreo, que verdaderamente puede 
llamarse infinitesimal. Los colores azul, añil y violado exi- 
gen maj'or rapidez todavía: aquel péndulo ha de agitarse á 
razón de62íS, 663 y 704 billones de impulsos, respectivamen- 
te, para que nuestra retina reciba la impresión, y, vibrando 
al unísono con la molécula de éter, perciba ó vea lo que lla- 
mamos color azul, 6 añil, ó violado. 

De la hipótesis ondulatoria, con más motivo que de la 
emisiva, resulta que ni lo blanco ni lo verde, ni lo rojo ni lo 
amarillo ni otro color alguno existen en la naturaleza como 
substancias, sino como accidentes de la materia, como mo- 
dificaciones de su movimiento. ¡ Cosa singular ! ¡Ni en la rosa 
existe como tal el color que la distingue, ni en la violeta el 
que la caracteriza, ni en la amapola el rojo intenso de sus 
pétalos! ¡Los variadísimos matices de un paisaje; el vigor, 
el tono del colorido de un cuadro que nos admira, no son más 
que distintas combinaciones del movimiento etéreo que re- 
sultan de las leyes de la mecánica y de la elasticidad de la 
materia, como los acordes de una orquesta de las vibracio- 
nes sonoras del aire! Los cuerpos ni son negros ni blancos, 
ni rojos ni azules... obran en su superficie como prismas que 
descomponen y que separan los distintos movimientos que, 



176 ASTRONOMÍA 



formando la luz compuesta, hasta elios alcanzan; y mientras 
neutralizan, detienen, apagan, hacen que quede en reposo 
la molécula animada de la velocidad propia del azul ó del 
rojo, favorecen y reflejan las demás que impresionan nues- 
tra retina. ;Cómo y por qué esto se verifica de tan diversas 
maneras? No lo sabemos, ni será fácil el averiguarlo. Según 
Newton, unos cuerpos tienen la propiedad de absorber cier- 
tos colores y de emitir otros ó de reflejarlos. ¿Por qué estas 
propiedades tan distintas? Se ignora. En la teoría vibrato- 
ria no hay absorción de colores ; hay sólo destrucción ó mo- 
dificación de movimiento. La razón, la misma: propiedades 
distintas de la materia; y nada más se sabe en este punto. 

Más adelante, cuando tratemos déla espectrografía apli- 
cada á los estudios astronómicos, explanaremos más deta- 
lladamente estas ideas y las referentes á los fenómenos de 
difracción y polarización de la luz, hoy tan fecundas, y que 
tan amplios horizontes han abierto á la F'ísica moder- 
na. Volviendo ahora á la intensidad luminosa con que el as- 
tro central ilumina á la Tierra, diremos lo que ya dejamos 
expuesto respecto de la irradiación calorífica. No todos los 
puntos del hemisferio solar que en cada momento mira á la 
Tierra irradian la luz con la misma intensidad, ya por la 
dirección más ó menos oblicua respecto de la superficie de 
ambos astros, ya porque la distancia de los puntos lumino- 
sos es distinta desde el centro y desde los bordes del di.sco 
solar hasta el globo terrestre, y j^a, finalmente, porque la 
constitución física de la superficie del Sol y la potencia de 
irradiación de sus partes están muy lejos de ser uniformes, 
según veremos en los párrafos que siguen. 



XII 

ASPECTO V CONSTITUCIÓN FÍSICA DEL SOL 

Mirado á simple vista, el astro del día no presenta á 
nuestra consideración sino un foco de calor y de luz tan in- 
tenso como acabamos de ver, sin otras variaciones en esta 
intensidad que las motivadas por el estado atmosférico te- 



ASTRONOMÍA 177 



rrestrey por la inclinación de los rayos sobre el horizonte, 
según la hora del día y la época del año en que se observe. 
A veces, sin embargo, á favor de una atmósfera brumosa ó 
por medio de un cristal coloreado, han podido distinguirse, 
ya desde mu}^ antiguo, puntos obscuros en el mismo disco 
solar; pero el conocimiento completo de la forma y acciden- 
tes de su superficie sólo ha podido intentarse desde el día en 
que se perfeccionó, así puede decirse, la vista del astróno- 
mo en el campo del anteojo y telescopio. 

En el Sol pueden considerarse tres regiones principales: 
el núcleo central, la superficie visible que lo envuelve, y la 
parte no visible, sino en condiciones determinadas, que cons- 
tituye la verdadera atmósfera del astro. Regiones éstas que 
pueden asimilarse á las que así distinguimos en nuestro glo- 
bo: parte interna, superficie terrestre, y atmósfera aérea. 
Respecto del núcleo central, nada sabemos, ni es fácil ave- 
riguarlo sino por conjeturas: ignorándose si está líquido ó 
sólido, más ó menos pastoso, como suponía el P. Secchi. 
Sólo puede asegurarse que es el centro y el asiento de una 
actividad inmensa, como lo prueban las erupciones gigan- 
tescas que rasgan con vertiginoso empuje la superficie, y 
se extienden prodigiosamente hacia el espacio á través de 
la masa gaseosa que limita al Sol, llamada cromosfera "por 
los astrónomos. La superficie visible, de donde, al parecer, 
arranca la irradiación lumínica, ha recibido también el 
nombre áQ fotosfera solar. En ésta se observa desde luego, 
cuando las circunstancias son favorables por la transparen- 
cia de la atmósfera terrestre, un aspecto granuloso, que po- 
dría compararse al que tiene á veces el granizo acumulado 
en el desagüe de los canalones de un tejado, después de una 
granizada algún tanto intensa y abundante. Vense allí, en el 
astro-rey, como puntos salientes y entrantes: los primeros 
de forma redondeada, más ó menos elíptica, y de luz bri- 
llante, comparada con la de las hendiduras, que es menos 
intensa, y frecuentemente casi sombra. Estas hendiduras 
enlázanse unas con otras, formando con los puntos salien- 
tes como una red caprichosamente tejida, resultando un 
conjunto como de masa porosa y de áspera superficie, pare- 

12 



178 ASTROXOMÍA 



cida á la de una naranja. Las partes brillantes, que ya en 
este fenómeno, y ya en el contraste con las manchas, for- 
man á veces rasgos ó franjas continuas de luz más intensa, 
han recibido el nombre de fáculas. El aspecto granujien- 
to y poroso del Sol cambia de forma, y á veces aun en el 
corto tiempo de una observación; lo cual parece indicar 
que la fotosfera solar no es materia sólida y consistente. 
La cromosfera, que, como hemos dicho, es la región ex- 
terior del astro, es gaseosa, y, como tal, transparente é in- 
visible por observación directa, á no ser en los eclipses 
totales de Sol, que, cuando su disco queda oculto por el de 
la Luna, aparece iluminado en formas variadas y capricho- 
sas, que se extienden á muchos millones de kilómetros fue- 
ra del borde de ambos astros. Entonces es cuando han po- 
dido observarse también las llamadas protuberancias so- 
lares, promontorios y montañas elevadísimas que sobresa- 
len de la línea circular que circunscribe al disco del astro, 
unas veces como surtidores, como penachos otras, y otras 
á manera de columnas de materia candente, que se elevan 
con velocidad asombrosa, ensanchándose hacia el espacio 
para volver luego á descender sobre el foco inmenso que 
las alimenta é impulsa con fuerza apenas concebible, si la 
velocidad de 20U 3^ hasta cerca de 300 kilómetros por se- 
gundo no fuera una prueba evidente de tan poderosa ener- 
gía, i Y esas masas enormes de materia candente se elevan 
á veces hasta 200 y 300.000 kilómetros de altura sobre la su- 
perficie visible del Sol! ¿Qué significan las erupciones vol- 
cánicas aquí en la Tierra, comparadas con las que en el as- 
tro central se realizan y se observan con frecuencia? Por- 
que ya no es necesario esperar al momento de un eclipse 
total para estudiar las protuberancias y erupciones que en 
el Sol tienen asiento. Los astrónomos disponen de medios y 
de instrumentos con que, en cualquiera hora del día, pue- 
den recorrer la cromosfera y observar estos fenómenos, de 
cuya grandeza apenas puede formarse idea sin presenciar- 
los. Ellos han servido también para reconocer de un modo 
claro la existencia de la atmósfera del Sol, la cual, aunque 
sus límites extremos no estén suficientemente determinados, 



ASTRONOMÍA 179 



se sabe que se prolonora hasta muchos centenares de miles 
de kilómetros más allá de lo que propiamente constituye el 
disco y el globo visible del rey de nuestro mundo planetario. 
El análisis espectral ha demostrado que el elemento prin- 
cipal constitutivo de la cromosfera es el hidrógeno, y que 
las materias candentes lanzadas en su seno por la activi- 
dad central, además del hidrógeno contienen otros vapores 
metálicos, de sodio, bario, hierro, calcio, etc. En todos los 
análisis del espectro solar se han visto siempre las rayas 
del oxígeno; pero se dudaba de la existencia de este gas en 
el astro del día, puesto que bien podía ser que los caracteres 
con que se dibuja el oxígeno en el espectro solar fuesen sólo 
causados por el que existe en la atmósfera terrestre. Con el 
fin de aclarar la duda se han hecho ya observaciones en el 
Mont-Blanc, cuya estación, que acaba de construirse sobre 
nieve maciza como sobre una roca, se halla, por su altura 
sobre el mar, en buenas condiciones para el fin que se pre- 
tende. Esperemos, pues, el resultado de estas investigacio- 
nes; que hasta ahora las efectuadas, aunque parecen indi- 
car la ausencia completa de oxígeno en el Sol, no son defi- 
nitivas. 

Probablemente el aspecto poroso y granular que presen- 
ta la superficie del .Sol debe de ser producido por una cons- 
tante agitación de la materia fotoesférica del astro, levan- 
tamientos y hundimientos de esa misma materia hirviente, 
dilataciones hacia el exterior por causa de la temperatura 
interna, y contracciones en dirección contraria, ocasiona- 
das por el relativo enfriamiento, á la vez que por el propio 
peso y atracción central. Algo parecido se observa en los 
volcanes terrestres durante los períodos entre una y otra 
erupción de las que salen al exterior. En el fondo del cráter 
hierven constantemente las materias allí acumuladas, hasta 
que la fuerza interna aumenta y las arroja al exterior, como 
en el Sol se verifica en las llamadas propiamente erupcio- 
nes solares visibles desde la Tierra. El cambio continuo del 
aspecto granuloso del Sol nos induce á creer lo que veni- 
mos indicando: podría considerarse como resultado del 
conjunto de erupciones relativamente pequeñas, y en que la 



180 ASTRONOMÍA 



elevación de materias no saliese por encima del nivel me- 
dio de la superficie visible del astro. Cuando las erupciones 
son más intensas y la elevación déla materia solar inflama- 
da traspasa ese límite medio, entonces habría lugar al fe- 
nómeno de las protuberancias en alguna de las formas poco 
ha indicadas (1). Fenómeno distinto, por lo menos en apa- 
riencia, aunque quizás no lo sea en la realidad, es el de las 
mancJias solares; el cual, por su importancia y por los ca- 
racteres especiales que presenta, merece que lo estudiemos 
en párrafo aparte. 



(1) En 19 y 20 de Septiembre de 1893 se observaron dos de estas 
protuberancias, opuestas la una Á la otra, casi en los extremos de un 
mismo diílmetro. Medían 360.000 y ó(V).000 kilómetros de altura respec- 
tivamente. Las erupciones antípódicas en el Sol, análogas á las de 19 
y 20 de Septiembre anterior, se observan algunas veces en el astro 
del día. Su estudio parece indicar que obedecen A causas eléctricas 
ó magnéticas. Citamos en particular esta erupción en el Sol, porque 
es de las más notables que últimamente se han observado. 



f R. ^NGEL j^ODRÍGUEZ. 
Agustiaiano 



{Ccntinuarii.) 




Un Congreso Cristiano-rabbinico 



CELEBRADO E\ TORTOSA (1). 



II 




uisTísiMO y en ^ran manera desconsolador era el 
estado de la Iglesia católica á (incs del siglo xiv y 
principios del xv, merced al prolongado cisma 
de Occidente! Hl amor mal entendido á las glorias na- 
cionales por una parte, y el deseo desmedido y criminal de 
honores personales por otra , dilataron por espacio de se- 
tenta años la apetecida paz de la Iglesia, y al mismo tiempo 
fueron causa de un sinnúmero de rivalidades y enconados 
odios que pusieron en conmoción á toda la Cristiandad. En- 
tonces se vio, con escándalo de toda la Europa y del mundo 
entero, á tres Papas que ceñían á la vez la tiara, sostenidos 
en su obstinada obcecación por el egoísmo de los Príncipes 
y el capricho de algunos particulares. Aragón, Castilla 
y Escocia prestaban obediencia á Benedicto XIII; Ñapóles 
y otros varios Estados de Italia á Gregorio XII , y el resto 
de Europa á Alejandro V, elegido unánimemente en el 
Concilio de Pisa. A Alejandro V sucedió Juan XXIII, que 



(1) Véase la pág. 37. 



182 UN CONGRESO CRISTIAXO-RABBLNICO 



renunció el Pontificado, como lo hizo también Gregorio XII, 
en el Concilio de Constanza. 

En España seguía dándose ínfulas de Papa el famoso 
aragonés; y en virtud de la suprema autoridad que creía 
haber recibido de lo alto, convocó el célebre Congreso de 
Tortosa (1), con la recta y loable intención de reducir al 
verdadero aprisco á las descarriadas ovejas de Israel. Nos 
ha sido imposible averiguar con certeza la causa por la 
cual , entre todas las ciudades del reino de Aragón y Cata- 
luña, se eligió á Tortosa para la celebración de esta singular 
Asamblea. Es cierto que en aquella época gozaba Tortosa 
de envidiable celebridad en toda España por su antigüedad 
remotísima, pues de ella hablan ya Plinio, Estrabón y 
Ptolomeo; por las guerras, tanto marítimas como campales, 
de que fué teatro en distintas ocasiones; por su cxcelcMite 
posición á la derecha de la desembocadura del Ebro; por 
sus ricas canteras de mármol, y por otras muchísimas 
causas que no es del caso enumerar. Era además Sede epis- 
copal de las más antiguas de España, ocupada á la sazón 
por D. l^cdro de Luna, segundo de este nombre y sobrino 
del Antipapa Benedicto. A la muerte de D. Martín, Roy de 
Aragón, se reunió en esta misma ciudad un Parlamento 



(1) Aliíunos escritores judíos, entre otros R. Salomón Ben- Virga, 
en su obra titulada n-",T •ci'¿' Sch¿beí Jehitdd (Cetro de Judd), 
incurren en la gravísima equivocación de señalar A Roma como lu- 
gar de la discusión. Sin duda porque en los documentos coetáneos 
se habla y se repite una y mil veces que el Papa convocó y presidió 
aquella Asamblea, dedujeron que debió de celebrarse ésta en Roma; 
no teniendo en cuenta que la residencia de Benedicto XIII fué prime- 
ramente Avignon, y, después que Francia le negó la obediencia, 
España, donde vivió por muchos años, sin salir apenas de ella. De 
ahí nacieron, sin duda , otras varias ine.xactitudes, como la de que en 
las Sesiones estaba el Papa rodeado de setenta Cardenales; especie 
errónea v absurda, que no ha tenido inconveniente en reproducir el 
Sr. Amador de los Ríos en su Historia de los Judias. Rechazó, como 
era justo, que dicho Congreso se celebrase en Roma; pero deseando, 
tal vez, dar más importancia y aparato á su relación, hizo venir á 
Tortosa, no sabemos cómo ni por dónde, á setenta Cardenales, para 
rodear de boato y esplendor al excomulgado Antipapa. ¿Cuándo 
tuvo D. Pedro de Luna setenta Cardenales adictos á su causa, y 
mucho menos residentes con él en España? 



CELEBRADO EN TORTOSA 183 



compuesto de ricos hombres, barones y caballeros, para 
tratar la cuestión dinástica que trajo tan agitados á los 
grandes y magnates de aquel reino; el cual Parlamento se 
disolvió, sin determinar nada en concreto, al reunirse otro 
en la villa de Caspe. Además, una de las glorias más ilustres 
y legítimas de Tortosa consiste en haber sido cuna del 
primer escritor rabbínico español, R. Menahem Ben-Saruk, 
que en el siglo x sostuvo una larga y reñida polémica sobre 
varios puntos de lexicografía hebraica con R. Dunask, na- 
tural del reino de Fez (África). Estos dos fueron, én sentir 
de Renán, los fundadores de la lexicografía hebraica. 

En atención á todas estas circunstancias, y más princi- 
palmente por ser la residencia habitual de Benedicto XIII, 
adonde el año anterior á la celebración del Congreso fué á 
visitarle desde Zaragoza el Re}'' D. Fernando para recibir 
las investiduras del reino de Tinacria y de las islas de Cer- 
deña y Córcega, fué elegida Tortosa para celebrar aquel 
Congreso, en el cual habían de recogerse tan sazonados y 
abundantes frutos. 

Al efecto, en el mes de Agosto de 1412 (1) envió Bene- 
dicto XIII requisitorias á todas las aljamas de Aragón, or- 
denando que para el 13 de Febrero del año inmediato se 
presentasen los principales rabbinos en la ciudad de Torto- 
sa. dispuestos á discutir sobre los puntos capitales de su re- 



(1) Así se lee en el precioso MS. del Escorial: "Quia caritatis 
affectu vos a via erroris et venenóse perfidie quam colitis, cupiens 
(Benedicto Xlll) reuocare non inuitos sed spontaneos, non violen- 
tos sed mulla deliberacione in vestra mera liberalitate permanen- 
tes, veris ac efficacibus racionibus per vos cognitis atque concessis, 
ad hujusmodi celeste atrium salutiferum uoluit euocare: proinde 
inense augiisti próximo elapso retrahencia vos a vera conclusione 
prefata sub his uerbis comatice compendióse et in genere sequenti- 
Idus proponi fecit coram vobis„. 

El Sr. Amador de los Ríos dice, que las convocatorias para este 
Congreso fueron dirigidas por Benedicto á los Obispos con fecha 25 
de Noviembre, á fin de que ellos las comunicasen á las sinagogas de 
sus respectivas diócesis; y cita en apo3-o de esta opinión la misma 
carta de Benedicto, publicada por Enrique C. Girbal en una Memo- 
ria intitulada Los Judíos en Gerona. Posible es que hubiese dos 6 
más requisitorias. 



184 UN CONGRESO CRISTIANO-RABUINICO 

ligión. Solicitó nominalmente la asistencia de Ben-Astruch 
Ha-Leví, de Gerona, por ser uno de los que mayor fama de 
sabios disfrutaban en España. 

Cuando hubo llegado el mes de Febrero de 1413, reunié- 
ronse en Tortosa los principales rabbinos de Aragón y Ca- 
taluña, y alguno que otro del resto de las aljamas de la Pe- 
nínsula. No se sabe á punto fijo el número exacto de los ju- 
díos que allí acudieron; unos autores dicen que fueron ca- 
torce, otros ponen más, y otros menos; pero se sabe de cier- 
to, que los principales fueron éstos: R. Mathatías Izari Ma- 
calthiot, Nasi ó Príncipe de todos los judíos de Aragón; 
R. Ferrer, R. Salomón Yishak, R. Ben-Astruch Ha-Leví, 
primer rabbino de la sinagoga de Gerona; R. Todrós, de 
Huesca; R. Joseph Albo, de Monreal; R. Joscph Levita, de 
Monzón; R. Abuganda, de Montalbán ; R. joseph Ben-Ade- 
ret y R. Mcir Galigón, de Alcoy, y otro que no se nombra 
más que por el Maestro de Gerona. Contra toda esta falan- 
ge de rabbinos iba á disputar el médico de Cámara de Be- 
nedicto XIII, Jerónimo de Santa Fe, neófito fervoroso y 
acérrimo defensor de la fe católica. Era natural de Lorca, 
judío de nacimiento, y llamábase Jehosuah Ha-Lorqui (el de 
Lorca). Sus profundos conocimientos en la Ley, en el Tal- 
mud y en la Medicina le granjearon de sus hermanos gene- 
ral y profundo respeto, y el honroso título de Maestro en 
Israel. Pero todo este amor y todo este respeto que le profe- 
saban sus correligionarios cuando militaba bajo su misma 
bandera, se convirtieron en rencor y mortal odio al abando- 
nar la religión de sus padres, para hacerse cristiano; y tan 
grande era la rabia que le tenían, que no le nombraban de 
otra manera, sino: *2-t;^ Megniddef (el blasfemo). 

Después que se bautizó, le nombró el Antipapa su médi- 
co de Cámara; y tan fervoroso se manifestaba en su nueva 
fe, y al mismo tiempo tan deseoso de hacer conocer á sus 
antiguos hermanos el precioso don que él gratuitamente 
había recibido, que el Antipapa no pudo hallar otro cam- 
peón más á propósito, para contrarrestar la fuerza y el em- 
puje de los contrarios, que este celoso neófito, firme en la fe 
é instruido en el manejo de las armas de sus enemigos. La 



CELEBRADO EN TORTOSA 185 



circunstancia de haber estado muchos años afiliado bajo la 
misma bandera de aquellos á quienes ahora tenía que com- 
batir le ayudó eficazmente para salir victorioso de la pales- 
tra; y del mismo modo que decimos de San Agustín, que fué 
el enemigo más acérrimo y terrible del maniqueísmo, preci- 
samente por haber estado durante nueve años alistado entre 
sus adeptos, así también se puede afirmar que, si Jerónimo 
de Santa Fe salió rodeado de tanta gloria en sus luchas 
contra los judíos, y dio tan fuerte batida al judaismo, fué pre- 
cisamente también por haberle combatido con sus mismas 
armas, penetrando hasta el fondo de la cuestión, y des- 
entrañando por completo las inmundicias y monstruosida- 
des del Talmud, para que, vistas en toda su desnudez y 
deformidad, engendrasen desprecio y odio profundo hacia 
tales doctrinas aun en aquellos para quienes antes, por 
estar veladas con las sombras del misterio, eran dignas de 
respeto y veneración. Jerónimo de Santa Fe, por consi- 
guiente, era el llamado por derecho propio en aquellas cir- 
cunstancias Á luchar contra los rabbinos, que acudieron á la 
liza como un solo hombre, dispuestos á defender sus doc- 
trinas hasta donde alcanzasen sus fuerzas. 

Reunidos, pues, todos en el lugar convenido y prepara- 
do ya de antemano, bajo la presidencia del mismo Benedic- 
to XIII, que híillábase acompañado de toda su Corte, com- 
puesta de Cardenales, Obispos y otros Prelados domésticos, 
Sacerdotes, Religiosos y Gentileshombres; colocados todos 
en sus respectivos asientos, según su dignidad y catego- 
ría, se hizo la apertura del Congreso, con todas las formali- 
dades de rúbrica que en casos análogos acostumbraban ha- 
cerse, y con la solemnidad que la importancia del asunto 
requería. De todo lo cual se levantó acta, que no puedo 
menos de trasladar aquí, por ser originalísima y muy breve. 
Dice así: 

"En el nombre de Nuestro Señor Jesucristo, Mesías ver- 
dadero, amén. En el año del nacimiento del Señor 1413, día 
7 de Febrero; en el decimonono del Pontificado del Santí- 
simo Padre en Cristo y Señor, Benedicto XIII, por la Divi- 
na Providencia Papa; en el primero del reinado del Ilustrí- 



186 U\ CONGRESO CRISTIAXO-RABBIXICO 



simo y Serenísimo Rey de Aragón, Don Fernando: fueron 
congregados en la ciudad de Tortosa , por mandato del 
ya citado Papa, nuestro Señor, todos los principales Docto- 
res ó Rabbinos de las aljamas de dicho reino, para que re- 
nuncien, en presencia de la misma Santidad y de toda su 
Curia, los errores, en virtud de los cuales se alejaban hasta 
ahora de los hechos del Mesías, principalmente aquellos erro- 
res que niegan la venida del mismo. Y para probar el cumpli- 
miento de esta venida (que ya ha tiempo que sucedió) se les 
presentó esta conclusión certísima, á saber: Nuestro Señor 
Jesucristo, Hijo de Dios y Redentor de todos, es el verda- 
dero Mesías, prometido por Di os, y amiuciado por los pro- 
fetas, cu el que se ha cuuiplido todo lo que se ha dicho 
profdticauu'fite por los mismos acerca del verdadero Me- 
sías, Hijo de David. Y aunque en la dicha Curia del j'a ci- 
tado Papa nuestro Scfíor hay muchísimos Maestros y Doc- 
tores en sagrada Teología, dotados de gran sabiduría, cien- 
cia y discreción ; sin embargo, tuvo á bien el Papa nuestro 
Señor nombrar íí Jerónimo de Santa Fe, varón discreto y 
respetable, y muy instruido en el Antiguo Testamento y en 
sus Glosas, en el Talmud y en todos los libros de los judíos, 
para que informase á éstos en las \'a citadas cuestiones re- 
ferentes al Mesías, haciendo uso, según el deseo de nuestro 
Señor (el Papa) de sus mismos dichos y autoridades , á lin 
de poder convencerlos mds fítcilmente. Todo lo cual hizo el 
mencionado Jerónimo en el día, mes y año arriba dichos, 
dando principio con la siguiente arenga. „ 

Pero antes que Jerónimo de Santa Fe tomase la palabra, 
dio principio á aquella memorable Asamblea el mismo Be- 
nedicto con un breve discurso, en que expuso el estado de la 
cuestión, y deslindó por completo los campos sobre que de- 
día versar la controversia. Haciendo, por consiguiente^ uso 
de la suprema autoridad de que se creía revestido, como 
Vicario de Jesucristo en la Tierra, é invocando en primer 
lugar desde su augusto trono el nombre santo de Dios, á 
cuya mayor honra y gloria se iba á celebrar aquel Congre- 
so, dirigióse á los judíos, á quienes habló de la siguiente 



manera: 



CELEBRADO EN TORTOSA 187 



"Vosotros, que sois los más sabios entre los hebreos, te- 
ned presente, que no estoy yo aquí, ni os he reunido en este 
lugar, para disputar sobre cuál de las dos religiones es la 
verdadera: si la nuestra, ó la que vosotros profesáis. Yo 
estoy firmemente cierto de que mi religión es la única verda- 
dera. La vuestra fué verdadera antiguamente, pero ahora 
está abrogada. No habéis sido llamados aquí por otro sino 
por Jerónimo, que ha prometido demostrar que el Mesías 
há ya mucho tiempo que ha venido, y os lo probará por el 
Talmud mismo, que vuestros Maestros, más sabios que vos- 
otros, compusieron antiguamente. „ Y luego, volviéndose á 
Jerónimo de Santa Fe, le dijo: "Comienza tú á disputar, y 
que ellos respondan^. 

Dichas estas palabras por Benedicto, con todo aparato 3- 
majestad, levantóse en medio de la concurrencia el acé- 
rrimo sustentante de la fe católica; y profundamente incli- 
nado ante la Santidad de Benedicto XIII (1), pidióle hu- 
mildemente licencia para hablar, y sometió á su autorizado 
juicio y al de toda la Curia y demás Doctores allí presentes 
la doctrina que iba á exponer á sus antiguos correligiona- 
rios, referente á la venida del Mesías y otros puntos análo- 
gos. Luego, apropiándose las palabras del profeta Isaías 
(cap. I ), encaróse con los rabbinos, á quienes apostrofó de 
este modo: "Venid, y disputad conmigo, dice el Señor: 
aunque vuestros pecados fuesen encarnados como la gra- 
na, quedarán más blancos que la nieve; y aunque fuesen 
rojos como la escarlata, quedarán más limpios que la 
lana recién lavada. Si tenéis buena voluntad y me escu- 
cháis atentamente, é hiciereis lo que yo os ordenare, abun- 
daréis en todo género de bienes; mas si, por el contrario, 
vuestra voluntad fuese perversa y no quisiereis dar oídos á 



(1) En la plena seguridad de que mis lectores no han de dar á esta 
frase y otras parecidas el sentido cismático que en sí encierra, sino 
que con su ilustrado criterio han de distinguir tiempos de tiempos 5' 
unas circunstancias de otras, me atrevo á emplearla aquí, y la em- 
plearé en adelante, para conformarme más con los documentos de 
aquella época que hablan en este mismo sentido. Ya queda dicho en 
el texto, que en la ma3'or parte de España se reconocía como verda- 
dero Papa á D. Pedro de Luna. 



188 UN CONGRESO CRISTIANO-RABBINICO 



mis palabras, provocándome á ira é indignación, una espada 
de dos filos os abrirá las entrañas, porque habló el Señor y 
no quisisteis escucharle„ (1). 

De este modo dio principio el doctísimo médico de Bene- 
dicto XIÍI á la controversia teológica más famosa que ha ha- 
bido en España. El ilustre polemista del siglo decimoquinto 
hará uso de todos sus profundos conocimientos bíblicos y 
hebraicos para convencer á los Maestros de Israel de que 
están en un error gravísimo, destituido de todo fundamento, 
en apoyo del cual ni aun visos de razón pueden alegar; que 
únicamente, dada su perversa obstinación, se explica de al- 
gún modo que hombres como ellos, por otra parte ilustra- 
dos, perseveren en una creencia á todas luces errónea. 

Cuando Jerónimo de Santa Fe hubo terminado su dis- 
curso, se propusieron á los rabbinos la cuestión capital y 
las proposiciones incidentales que iban á discutirse en aquel 
Congreso. El punto principal hacia el cual debía encaminar- 
se toda la argumentación era: Qne Jesucristo, Hijo de 
Dios y Redentor de todos los ¡loinhrcs, es el Mesías verda- 
dero, prometido por Dios y anunciado por los profetas. 

Las proposiciones se anunciaron por el orden que aquí 
se expresan: 

1.^ De los puntos en que concucrdan los cristianos y los 
judíos acerca de la fe, y de aquellos en que difieren. 

2.^ De las xxiv prerrogativas atribuidas al Mesías. 

S.'*^ De que el término señalado para la venida del Mesías 
há ya mucho tiempo que transcurrió. 

4."'^ Que en el tiempo en que fué destruido el templo de 
Jerusalem había nacido ya el Mesías. 

5.^ Que cuando se predijo la destrucción del templo no 
había nacido aún el Mesías. 

6.* Que el Mesías había venido y3. al mundo en el año en 



(1) Veníte, et arguite uie, dicit Domintis: Si fiierint peccata ves- 
tra ut coccinum, quasi nix dealbabuntur, et si fiierint rubra, quasi 
verviiculiís, veltil lana alba erunt. Si volueritis, et aiidieritis }ne, 
bona térra comedetis: sed si nolneritis, et me ad iracundiatn pro- 
vocaveritis, gladius devorabit vos, qnia os Dommi loquutuní esí. 



CELEBRADO EN TORTOSA 189 

que acaecieron la pasión y muerte del Salvador Nuestro 
Señor Jesucristo. 

7.^ Que las profecías que hablan de las obras del Mesías, 
de la reparación del templo, de la reducción de Israel en un 
pueblo, lo mismo que las que hablan de felicitar á Jerusalem 
(de felicitando Jerusalem), han de entenderse moral y no 
materialmente. 

8.*"^ De XII preguntas hechas á los judíos acerca de las 
obras del Mesías durante su permanencia en la tierra. 
^.^ Que la Ley de Moisés ni es perfecta ni perpetua. 

10." Del Santo Sacramento de la Eucaristía. 

11.'^ Cómo y porqué se inventó el libro llamado Talmud. 

12."' Que el judío está obligado á creer todas las cosas 
contenidas en el Talmud, ora sean glosas de la Ley, juicios, 
ceremonias, oraciones ó anunciaciones, ora notas ó adi- 
ciones hechas al referido Talmud, ni le es lícito negar nada 
de él. 

IS.'' Qué es artículo de la Ley; y se prueba que negar la 
venida del Mesías no es artículo de la fe judaica. 

14.'^ Qué es fe, qué es Escritura y qué es artículo. 

15.'' Abominaciones, herejías, inmundicias y vanidades 
contenidas en el Talmud. 

ló.*** Que los judíos no sufren el actual cautiverio por otra 
causa, sino por el pecado de odio voluntario que tuvieron 
al verdadero Mesías, nuestro Señor Jesucristo. 

Todas estas diez y seis proposiciones se presentaron á los 
rabbinos, probablemente algo antes de reunirse el Congre- 
so, para que meditasen en ellas y las estudiasen detenida- 
mente. La cuestión capital se les dio á conocer con medio 
año de anticipación; y parece muy natural que, tratándose 
de cosa tan seria, se les diese noticia aun de estos puntos más 
incidentales antes de presentarse á disputar sobre ellos. El 
caso en sí era muy grave, pues se trataba nada menos que de 
hacerles renunciar á lo más sagrado que tiene el hombre, 
cual es la religión ; 3' por esa causa sospecho que no sería el 
día de la apertura del Congreso la primera vez que los rab- 
binos tuvieron noticia de todas ó de la mayor parte de estas 
proposiciones. Terminados todos estos preliminares, subió 



190 U.V CONGRESO CRISTIANO RABBIN'ICO 

de nuevo á la tribuna el intrépido Jerónimo de Santa Fe, y 
expuso á íjrandes rasgos en qué sentido deben interpretarse 
las frases de la Sagrada Escritura que hablan de Dios ; cuán- 
tos sentidos deben admitirse en ella para entender como 
conviene el Antiguo Testamento; explica lo que sobre este 
punto opinan tanto cristianos como judíos... Pero esto mere- 
ce punto aparte. 

J^R. f ÉLIX pÉREZ-^GUADO, 
Agustiiiiano. 
iContinuatii.) 









Progresos del Alumbrado 




|l comenzar este artículo, que tiene por fin reseñar 
una de las múltiples manifestaciones del verda- 
dero progreso, y no acabando de extinguirse aún el 
fatídico eco de las bombas de dinamita que han llenado de 
duelo y htgrimas {\ multitud de honradas familias y de in- 
dignación al mundo civilizado, dando margen á que muchos 
maldigan del moderno progreso, porque con sus conquistas 
ha puesto en manos de un individuo cualquiera esas colosa- 
les fuerzas de la naturaleza aprisionadas en los explosivos, 
y con ello á la sociedad al borde del abismo, parece lógico 
que, antes de historiar con complacencia y entusiasmo uno 
de los grandes adelantos de la ciencia, de pasada y por vía 
de introducción se la vindique de inculpaciones á todas luces 
injustas. 

La dinamita, esa gran conquista de la Química, es hoy el 
terror de gentes poco avisadas y menos conocedoras del 
encadenamiento por necesidad siempre existente entre la 
causa y el efecto. No es á la dinamita á lo que se debe temer, 
ni á la ciencia, que con sus progresos proporciona medios 
para desgarrar las entrañas de los montes y robarles los te- 



192 PROGRESOS DEL ALUMBRADO 



soros que ocultan, pues la descomunal fuerza de los explo- 
sivos y todas las energías latentes en la materia se hallan 
tan lejos de ser de suyo enemigas del hombre y de la socie- 
dad, que antes bien son hoy y serán siempre sus m;ts po- 
derosos auxiliares para la realización de sus empresas más 
gloriosas. A lo que se debe temer es á los principios subver- 
sivos que informan la sociedad actual, propalados hasta en 
sus ultimas y más espeluznantes consecuencias desde las 
columnas de la prensa y las tribunas de los chths. No es en 
el laboratorio donde se fragua la metralla con que se quie- 
re destruir la sociedad presente, sino en los cerebros de los 
corifeos, publicistas y oradores afiliados al anarquismo. 

El que maldice del progreso, porque de ó\ se puede abu- 
sar, se asemeja al que quisiera ver al hombre despojado del 
libre albedrío porque esta nobilísima facultad, que abre un 
abismo entre los seres racionales y los brutos, es causa de 
los más nefandos crímenes. 

Apartemos, pues, la vista de lo accidental y abusivo de los 
grandes inventos, para fijarla en lo que tienen de grandiosos 
y sublimes y les es esencial. Al propio tiempo que cuatro 
infelices ilusos abusan de la dinamita, llevando el espanto y 
la desolación al seno de una sociedad prevaricadora y rea 
de gravísimos crímenes, los istmos convertidos en canales, 
por donde cruzan majestuosos los grandes acorazados cu- 
biertos con la férrea vestidura extraída de las entrañas de 
la tierra, y las locomotoras veloces como el viento hundién- 
dose en los valles y coronando las montañas, son evidentes 
pruebas de que, no obstante los abusos que de las conquis- 
tas científicas puedan hacerse, sus esplendores y magnificen- 
cias no se menoscaban en lo más mínimo. 

Para poner de manifiesto los progresos realizados en la 
obtención de la luz artificial, basta hacer la historia de ella, 
bien seguros de que resultará brillante apología de la cien- 
cia, que con sus experimentos y leyes, después de una labor 
incesante, ha llegado donde ni las más potentes y soñadoras 
fantasías podían imaginarse. 



PROGRESOS DEL ALUMBRADO -193 



EL ALUMBRADO ANTIGUO (1) 

Cuándo comenzó á usarse la luz artificial, y cuál fué la 
primera substancia utilizada para este fin, cosas son acerca 
de las cuales guardan completo silencio las crónicas de 
los pueblos: mas todo induce á creer que el alumbrado 
en una ú otra forma es tan antiguo como el hombre, y que 
las primeras materias usadas para producirlo fueron las ma- 
deras resinosas, por ser éste el procedimiento más sencillo 
y rudimentario para obtener luz artificial, siendo al propio 
tiemi)o resultado de la combustión de las maderas, sistema 
el más antiiíuo y universal de producir en breves momentos 
y en lugar determinado gran cantidad de calórico utilizable 
en multitud de necesidades de la vida ordinaria. 

La luz producida por la tea es muy escasa con relación 
á la cantidad de substancia quemada, y de un color ama- 
rillento que da aspecto lúgubre á la estancia y personas 
adonde llegan sus mortecinos resplandores; por otra parte, 
de la combustión de las substancias resinosas se desprende 
gran cantidad de humo formado por muchedumbre de gases 
que vician la atmósfera. Dios había dejado en la naturaleza 
medios más adecuados para suplir la ausencia periódica del 
astro del día sobre el horizonte, y dio al hombre un destello 
de la Divinidad á que llamamos inteligencia, para que con 
ella pudiese ir, con paso más ó menos lento, pero siempre en 
avance, hacia la perfección relativa de que es susceptible 



(1) Adviértase que, al dividir el alumbrado en antiguo, moderno y 
futuro, estamos mu}* lejos de suponer que los antiguos sistemas 
de obtención de luz artificial hayan sido, ó sean en lo sucesivo, su- 
plantados completamente por los nuevos. Nosotros creemos que mien- 
tras el mundo sea mundo habrá quien , por carecer de otra cosa, 
acuda á los árboles resinosos para proveerse de luz, así como, no obs- 
tante los trenes rápidos, habrá quien utilice el humilde jumento para 
trasladarse de un punto á otro. 

13 



194 PROGRESOS D£L ALUMBRADO 

cada cosa en la naturaleza. En la clase de alumbrado de 
que se ha hecho mérito, el trabajo del hombre apenas tiene 
parte, y los gravísimos defectos de que adolece espolearon 
la inteligencia humana, obligándola á buscar otra luz artifi- 
cial más clara y potente, de más fácil uso y que no despren- 
diese tanto humo; en una palabra, algo más parecida al tipo- 
ideal, ó sea á la luz del Sol. 

La segunda etapa del alumbrado antiguo fué la que po- 
dríamos denominar de una manera general de las sithstaH' 
ctas grasas, que por tantos siglos, en una ú otra forma, han 
proporcionado al hombre claridad en medio de las sombras 
de la noche. Para mejor inteligencia de los trabajos de nues- 
tros antepasados en la presente materia, debe advertirse que, 
excepción hecha del alumbrado eléctrico, en todos los siste- 
mas de luz artificial ésta es producida por una llama, la cual 
es resultado de la combustión de una substancia en estado ga- 
seoso: sólo los cuerpos que tienen esta forma á la tempera- 
tura ordinaria, ó la adoptan á la en que se verifica la com- 
bustión, sirven para la clase de alumbrado á que nos refe- 
rimos. 

Según ya queda consignado, los cuerpos primero utili- 
zados para la obtención de luz artiíicial fueron los sólidos^ 
siguieron los líquidos, y por ñn los gaseosos; pero tanto los 
sólidos como los líquidos pasan al estado de gaseosos A la 
temperatura á que se realiza la combustión. 

Desde que se descubrió que ciertas partes textiles de 
algunas plantas, empapadas en la grasa de los animales, 
producían una luz por todos conceptos superior á la de los 
trozos de árboles resinosos, quedó el uso de éstos relegado 
á lugares montañosos donde la exuberancia de la naturale- 
za en vegetación forestal contrasta con la miseria de los 
pobladores de aquellas regiones. Las velas de sebo, de cera 
y de esperma, entre los sólidos; los aceites grasos, verbi- 
gracia el de oliva, de nabina, de colza y adormidera, y los 
aceites minerales, como el petróleo y sus congéneres que 
se hallan en el estado líquido; y entre los gaseosos ciertos 
carburos de hidrógeno procedentes de la destilación de 
substancias orgánicas, como ácidos grasos, resinas, la 



PROGRESOS DEL ALUMBRADO 195 



hulla, etc., constituyen el verdadero alumbrado de nues- 
tros mayores. El in^^enio de los inventores y constructores 
estuvo por mucho tiempo detenido y sin ocuparse en lo ver- 
daderamente fundamental del problema, limitándose tan 
sólo á idear nuevas y más adecuadas formas para que las 
substancias ya conocidas, con más facilidad pudieran utili- 
zarse en el alumbrado doméstico, pues el público á la sazón 
no existía, y puede decirse que es de ayer. A dar al comer- 
cio velas con forma más ó menos caprichosa y elegante, de 
uno ú otro color, fabricadas con estas ó aquellas substan- 
cias, unido á la construcción de aparatos más ó menos com- 
plicados y perfectos para que la combustión fuese más com- 
pleta y el combustible, caso de ser líquido, ascendiese con 
mayor facilidad á la parte superior de la mecha, como el 
inventado por Arjj^ant y dado á conocer en 1785 por Quin- 
quet, se reducían durante muchos siglos los trabajos en esta 
materia de los que nos precedieron. 

En tan estrecha y mezquina esfera se movían los con- 
temporáneos de aquellos preclaros ingenios, que como 
águilas reales se elevaban á las más altas cumbres de las 
ciencias filosóficas y teológicas, y que más tarde, en el siglo 
de los Newton y Leibnitz, levantaban el grandioso edificio 
de la mecánica física y celeste, hasta que, á mediados del 
siglo x\n, M. La Reynie concibió la idea de iluminar á Pa- 
rís con alguna regularidad; llevándose á cabo el proyecto 
suspendiendo en ambos extremos, y en el medio de cada 
calle, un farol con su correspondiente vela encendida en su 
interior. El alumbrado público, á la vez que llenó de entu- 
siasmo á todos los que pudieron apreciar por el contraste los 
beneficios inmensos que de él había de reportar la sociedad, 
sirvió de acicate á las inteligencias dormidas, impulsando 
á los inventores á lanzarse en busca de nuevos y más po- 
derosos medios para realizar el prodigio de convertir la 
noche en día, con lo cual resulta garantida la seguridad 
personal; y la industria, el comercio y toda clase de nego- 
cios, paralizados durante la noche, adquieren nuevo empuje 
y desarrollo. Llama verdaderamente la atención el que, por 
espacio de tantos siglos, aun las poblaciones demás impor- 



196 PROGRESOS DEL ALUMBRADO 

tancia y movimiento se hallasen envueltas por las sombras 
de la noche la mitad del año, habiendo alg-unas por cujeas 
calles y plazas era imposible transitar desde el crepúsculo 
hasta el alba sin peligro inminente de caer en manos de los 
malhechores, que eran los verdaderos dueños de la ciudad 
durante la noche. 

Así se explica el entusiasmo con que fué recibido en 
todas partes el alumbrado público. Luis XIV hizo acuñar una 
medalla con la inscripción seciiritas^ nitor para conmemo- 
rar el nuevo adelanto que, según él afirmaba, hacía brillar 
á sil reino. El inglés Lister, en la relación de un viaje veri- 
ficado en 1698, dice refiriéndose á París: "Las calles están 
iluminadas todo el invierno durante toda la noche, aun en 
tiempo de luna llena, hallándose los faroles suspendidos en 
medio de la calle y á la altura de veinte pies, distando unos 
de otros próximamente veinte pasos. La luz está encerrada 
en una caja de cristal de dos pies de altura, cubierta con una 
placa de hierro, pudiendo subirse y bajarse mediante una 
polea y una cuerda sujeta á un punto de los muros. Las ve- 
las utilizadas para dichos faroles son de á cuatro la libra, que 
duran hasta más de media noche, y el costo total por espacio 
de seis meses es solamente de unas 50.000 libras esterlinas, 
siendo castigados con la pena de galeras los que rompan 
intencionadamente los faroles del alumbrado público. Yo sé 
de tres jóvenes, pertenecientes á familias de las más podero- 
sas parisienses, que fueron detenidos por la culpa ante- 
dicha, y sólo después de varios meses, y merced á valiosas 
influencias de amigos de gran significación en la corte, pu- 
dieron salir de la prisión„. 

SaintEvremond copia una carta de un italiano acerca 
del alumbrado público de París, en la que se expresa con un 
entusiasmo que, para no juzgarlo ridículo, es preciso trasla- 
darse á la época en que aquélla está escrita. Dice así: "La 
magnífica idea de iluminar á París durante la noche por infi- 
nidad de antorchas, merece ser conocida de todos; y que los 
más remotos pueblos vengan á ver aquello en que ni griegos 
ni romanos siquiera pensaron para la buena policía de sus 
repúblicas. Los faroles, suspendidos en las calles y coloca- 



PROGRESOS DEL ALUMBRADO l*^^7 



dos á distancias iguales y en orden admirable, lucen toda la 
noche. Este espectáculo es tan bello, de tan buen efecto, 
que si el mismo Arquímedes viviese aún, no podría imagi- 
nar nada más útil y agradable^. 

El perfeccionamiento del alumbrado público comenzó 
desde esta fecha á ser la idea dominante en el cerebro de 
muchos sabios, y después de varias modificaciones acciden- 
tales en el primitivo sistema de alumbrado público, un inge- 
niero de Caminos y Canales, á fines del siglo pasado, consi- 
guió imprimir un rumbo nuevo al alumbrado, utilizando 
como materia combustible los gases desprendidos de la des- 
tilación de la madera. Este insigne y desgraciado ingeniero 
fué Felipe Lebon, á quien la muerte sorprendió á los treinta 
y seis años de edad, después de haber empleado todo su 
caudal en la propaganda y defensa de su luminoso invento, 
sin conseguir otra cosa que graves disgustos que minaron 
su existencia, y la pérdida de todos sus bienes. 

Lebon verificó las primeras experiencias de su nuevo 
sistema de alumbrado por el año 178(j, no obteniendo privi- 
legio de invención hasta el 1800, en que publicó una Me- 
moria con el título siguiente: Teymoldnif^aras ó estufas 
qite d la ves calientan é Humillan con economía, ciando, 
Juntamente con varios preciosos productos, fne)^<:a moto- 
ra aplicable d toda clase de máquinas. No le agradaba al 
ilustre ingeniero presentar al público su invento en estado 
embrionario y con los innumerables defectos que suelen 
acompañar á toda idea nueva que se intenta llevar á la prác- 
tica; por eso se dedicó por espacio de largos años á realizar 
nuevos ensayos, destilando diversas materias grasas para 
ver de obtener un gas privado de malos olores, y de cuya 
combustión no se desprendiesen productos impropios para 
la respiración y perjudiciales para la salud. Aunque esto no 
pudo conseguirlo el infortunado Lebon, estableció en París 
unos talleres en donde se fabricaron las lámparas por él in- 
ventadas, utilizándose las primeras para iluminar la fábrica 
con todas sus dependencias y vastos jardines; esfuerzo su- 
premo que le precipitó en la ruina completa en que acabó 
sus días. 



19S PROGRESOS DEL ALUMBRADO 



Afortunadamente la idea no murió con el inventor; y aun- 
que en Francia quedó olvidada, no así en Inglaterra y Ale- 
mania, donde, con la constancia característica de la raza teu- 
tónica, continuaron los trabajos iniciados por Lebon; con- 
siguiendo el alemán Windsor establecer en Inglaterra por 
el año 1894 una Sociedad industrial para aplicar al alumbra- 
do público el gas obtenido de la destilación de la hulla. La 
extensión que luego ha tomado tal sistema de alumbrado no 
hay para qué referirla, pues es de todos conocida. 

Aunque con paso lento, hasta hnes del siglo pasado, el 
alumbrado ha ido en progresivo avance. Al comparar los 
antiguos pueblos, envueltos por las densas sombras de la 
noche, malamente disipada por la amarillenta llama de la 
tea oculta en el interior de las viviendas, con las modernas 
poblaciones, cruzadas por largas y simétricas filas de férreas 
columnas coronadas por las oscilantes y deslumbradoras lla- 
mas del gas del alumbrado, no se puede menos de exclamar 
que no en vano han transcurrido los siglos y el hombre híi 
torturado su inteligencia y consumido sus energías físicas 
en busca de algo que dirija sus pasos cuando el re}' de los 
astros desaparece del horizonte. 

J^B. JeODORO JlODRÍQUEZ, 
Agusliuiano. 

(St tontinuará.) 




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Jansenismo y Rhgalismo en EspaNa ^^^ 



(datos para la historia) 



Xl\' 



Al Sr. D. MarccIi)io Mcnétidez \ Pelavo: 




NTRAMOS en un período histórico en que el regalis- 
mo de tal manera se palpa y evidencia por sí pro- 
pio, que no es menester ojo avizor para verle en- 
carnado en todas las instituciones españolas, identificándose 
completamente con ellas y dándoles savia corrompida para 
lanzarse unánimes y en son guerrero contra Roma. Ora se 
manifieste con carácter franco, ora con los embozos de re- 
ligión, ya con la severa rigidez de una moral intachable, ya 
•como pretenso restaurador de la antigua disciplina y alar- 
deando de patriota, siempre veremos en sus formas, más ó 
menos vergonzantes, pedazos desprendidos de la variable 
y caduca reforma luterana, con su odio sectario y espíritu 
independiente luchando con la autoridad. Que no era el 
regalismo, como algunos han soñado, la defensa de los de- 
rechos majestáticos, ni menos la bandera de la tan mano- 
seada como mal entendida sentencia de dar á Dios lo que 



(1) X'éase la pág. 587 del vol. xxxiii. 



200 JANSENISMO Y REGALISMO EN ESPAÑA 



es de Dios y al César lo que es del César; sino el abuso de 
hacer ley de un privilegio, introduciéndose artera y maño- 
samente en las cosas y propiedades eclesiítsticas para apro- 
vecharse de sus emolumentos; de atar las manos al Pontí- 
fice con el pretexto de besárselas, y de aislarle y debilitarle 
cuanto se podía, aparentando defenderle en su sagrado y 
divino ministerio. Porque el regalismo, envidioso de la in- 
fluencia del Pontificado, comenzó por mermar la autoridad 
y propiedad de éste, creyendo de ese modo afianzarlas más 
en los Soberanos. 

Genuína representación de esos ideales fueron los des- 
creídos y volterianos ministros de Carlos III; y éste ha pa- 
sado con justicia á la líistoria como eco y salvaguardia de 
sus consejeros y adiáteres. Pero no se olvide que algunos 
de ellos pululaban ya, con sus teorías adversas á los Papas, 
en la corte jansenista del Rey Fernando; razón de más para 
que de algún modo se rectifique la triste afirmación de In- 
guanzo de que "en tiempo de Carlos III se plantó el árbol, 
en el de Carlos IV echó ramas y frutos, y nosotros los cogí- 
mos„. No; "el hilo oculto que (como usted dice) traba y en- 
„laza con la revolución moderna las arbitrariedades oficia- 
ntes del pasado siglo„, arranca principalmente de Fernan- 
do VI, según queda demostrado. Su hermano Carlos III no 
hizo otra cosa que regar esc árbol, para robustecer el tron 
co y extender sus ramas y frutos en toda la nación. Por no 
haberse conocido bastante el anterior reinado, la Historia 
ha sido algo injusta con Carlos III, atribuyéndole todos los 
desaguisados de su época, frutos más bien de las semillas 
sembradas anteriormente y de la herencia regalista de su 
hermano; herencia que él, como buen Borbón, trató de acre- 
centíir. V conste que no afirmo esto fiado en la historia 
apologética que escribió el progresista Ferrer del Río, ni 
tampoco en la reciente, no menos farragosa y peor planeada 
del Sr. Danvila, dirigidas ambas á rehabilitar el nombre del 
primer Monarca revolucionario español; sino en mis propias 
investigaciones, las cuales, por ser no pocas del mismo ori- 
gen, tienen forzosamente que coincidir en algunos puntos 
con las del último historiador citado. 



JANSENISMO V REGALISMO líN ESPAXA 



201 



Satélite de las cortes de España y Francia en las rela- 
ciones diplomáticas con la Santa Sede; coincidiendo en todo, 
hasta en los Concordatos, con las miras ambiciosas de En- 
senada, Figueroa y el P. Rábago; instruido largo tiempo en 
Ñapóles, más todavía que en el buen régimen de los subdi- 
tos, en las enseñanzas regalistas de su clerófobo Ministro 
Tanucci , celebérrimo por su inquina contra la Iglesia, por 
sus tendencias desamortizadoras, escépticas, heterodoxas y 
revolucionarias; exacerbado su ánimu contra el Papa por el 
asunto de las investiduras sicilianas, y siempre clamando, 
como cualquier adocenado regalista, contra los abusos cu- 
rialescos de la corte pontificia, alardeaba Carlos III, al venir 
á España, de conocer el delicado paño de los negocios buro- 
cráticos, de no dejarse sorprender de las mañosas intrigas 
de Roma, y de celoso reformador de todas las legislacio- 
nes. Para él, lo mismo que para su esposa la Reina Amalia, 
España era un montón de ruinas, y había necesidad de re- 
constituirla en sus fundamentos; era la Babilonia occidental, 
sin orden ni concierto, empobrecida y alborotada por los 
Gobiernos anteriores. Al ver á Carlos 11 1 con la cabeza 
llena de proyectos reformistas, era de pensar que la España 
antigua iba á terminar allí y renacería aurora de la España 
moderna, con sus disolventes leyes y libertades sin Dios, 
con sus costumbres extranjerizadas, con sus postizas y exó- 
ticas glorias, iluminadas, eso sí, por el nuevo sol que de 
Ñapóles salía para calentar nuestros ateridos miembros en 
España. 

Y saludaron á ese sol de la Monarquía, ó á ese oráculo, 
Apolo y ornamento de las musas, como Feijóo le llamaba 
atribuyéndolo á espíritu profético, los poetas chirles de la 
época en un aluvión de coplas tan ingratas y ayunas de ins- 
piración como las Cartas atrasadas del Parnaso, que Fe- 
rrer del Río y Danvila atribuyen erróneamente al P. Isla, 
siendo sólo burdas imitaciones del regocijado autor del Fray 
Gerundio; y en torno del Rey formaban en orden de batalla 
los más caracterizados regalistas y libertinos, para darle ó 
recibir de él sus inspiraciones y las órdenes de combate en 
contra de los derechos de ia Iglesia; y eco sin duda de aquel 



202 JANSENISMO Y KEGALISMO EN ESPASa 

regocijo, y como saludando tan fausto advenimiento, hasta 
el agustino P. Javier Vázquez creía llegada la hora de 
un nuevo siglo de oro para España (1), precisamente cuan- 
do el sol de nuestras glorias, de nuestras inmortales y fe- 
cundas tradiciones avanzaba hacia el ocaso, alzándose 
tras de él la densa nube del despotismo, del derecho con- 
culcado, del poco respeto á la autoridad, y menos á la pro- 
piedad; y, finalmente, de aquella serie de arbitrariedades 
legislativas que aceleráronla revolución civil y religiosa. 

¡Y aún alardeaba Carlos III de piadoso! Razón tiene us- 
ted para decir que, cuando beatos de tal catadura llegan á 
sentarse en un trono, son cien veces más perniciosos que 
Juliano el Apóstata ó Federico II de Prusia. Porque ¿qué 
importaba que pidiese á Roma con insistencia la beatifica- 
ción de Palafox y del hermano leguito Sebastián, y fomen- 
tase el culto de la \''irgen Inmaculada, si al mismo tiempo 
consentía que se desbordara impunemente la impiedad, tira- 
nizaba ala Inquisición, hacía pactos leoninos y dictaba leyes 
para la separación de la Iglesia del Estado? Aconsejado 
siempre por Tanucci desde Ñapóles, con quien Carlos III 
mantenía continua correspondencia, determinó no hacer mu- 
danza de Ministros, "porque, siendo éstos antiguos en Madrid 
y estando acreditados ante el público, podrían oponer obs- 
táculos á la marcha de los nuevos y resistir las nuevas re- 
Jornias, por cuyo motivo debía proceder despacio y con pies 
de plomo „ (2). Y así, de los cuatro antiguos Ministros de su 
hermano el Rey Fernando, dejó en sus puestos á D. Ricardo 
Valí, al Marqués del Campo del \'illar y á D. Julián Arria- 
ga, suplantando solamente al Conde de Valparaíso con 
Squilace, encargado del Despacho de Hacienda, hombre in- 
trigante y venal que desde Sicilia cayó sobre España como 
una nube de langosta. Con tales consejeros, y hormiguean- 
do cerca de los mismos ó en los principales empleos y em- 



(1) Carta del Rvmo. P. Javier X'ázquez á D. Ricardo \'all: Roma 6 
de Septiembre de 1759. — Archivo general de Simancas, Estado, 
leg. 5.131. 

(2) Carta de Tanucci al Principe de Jacci, 20 de Noviembre 
de 1759.— Dan vila, Reinado de Carlos 111, tomo ii, pág. 77. 



JANSENISMO Y REGALISMO EN ESPAf?A 203 



bajadas personajes del cariz de Roda, Moñino, Azara, Gri- 
maldi y Campomanes, no era difícil presagiar la conducta 
del nuevo Monarca, tan querido y agasajado por todos los 
regalistas é intencionados reformadores, siguiendo siempre 
el camino abierto en el reinado anterior. 

Irritado Carlos III contra el Papa, ya por el famoso mo- 
nitorio de Parma, ya porque le había ido á la mano durante 
su estancia en Ñapóles en varias cuestiones eclesiásticas, 
desde que puso los pies en esta nación manifestó su secreta 
inquina contra Roma, cubriéndola siempre con capa de 
piedad. Y como el modo mits certero de herir á Roma era 
quitarle influencia en España, cayeron como una granizada 
sobre la Iglesia española innumerables decretos, á cual más 
cesaristas y anticanónicos, ya para la presentación y el 
exequátur de las Letras Apostólicas, Bulas y Breves ponti- 
ficios referentes á Obispados y á la Inquisición, ya para pro- 
hibir se acudiese á Roma en solicitud de gracias ó indultos, 
sancionando con penas terribles leyes tan tiránicas. 

Por Reales cédulas, en los dos primeros años de su rei- 
nado, determinó también Carlos III que se nombrasen los 
Ministros de la Junta Apostólica, que se exigiese su Real 
consentimiento para las permutas de oficios; se encomen- 
dó á los Obispos cuidasen y celaran á las personas ecle- 
siásticas; que todos los indultos apostólicos se sometieran 
al examen de la Cámara ; y no contento aún con las venta- 
jas del Concordato del a^, puso en vigor el artículo 8.° del 
Concordato de 1737 en la contribución de bienes eclesiásti- 
cos y manos muertas, dando nuevas instrucciones para su 
observancia. Al Nuncio se le prohibió conferir Ordenes en 
la corte, y terminó el año 1760 sometiendo á la Real Ha- 
cienda la administración de la gracia del Excusado (1). 

Valí escribía á Tanucci que, si bien el último Concordato 
excusaba acudir á Roma, y hacía á los clérigos más 
afectos al Rey y menos dependientes de la Dataría, no 
obstante, quedaban aún muchos cabos atados en asuntos 



(1) \'éanse Reales cédulas de 1759 y 60.— Danvila, Reinado de 
Carlos III j tomo ii, págs. 86 y 87. 



204 JANSENMSMO Y REGALISMO EN ESPAÑA 

de interés y jurisdicción, y que el Rey, conocedor de la cor- 
te romana, iría poniendo remedio á todo (1). Tanucci decía 
más; atribuyendo á la Iglesia el deseo de que el pueblo fue- 
se bruto antes que creyente, y que todos los eclesiásticos 
debían tener entendido que los tiempos habían cambiado, 
que sólo la ignorancia sostendría los abusos del poder espi- 
ritual (2), afirmaba descaradamente que la Iglesia, en mate- 
ria de dinero y jurisdicción, era una fiera cruel que abusa- 
ba de los Soberanos; que los Obispos, despojados de tantas 
exenciones, se presentaban ya más adictos á los Reyes que á 
los Papas; que los regulares tenían demasiada libertad en 
sus escritos; y, finalmente, que, si la Iglesia quería ahuyen- 
tar la tempestad que amenazaba, debería unirse á los Sobe- 
ranos. Tal era la atmósfera progresista que Tanucci creaba 
en la corte de Madrid con sus escritos subversivos. 

Que Carlos III se conformó cuanto pudo en la práctica 
con este programa de su antiguo Ministro y secreto inspira- 
dor de todos sus actos, lo prueba, en primer lugar, la cues- 
tión sobre el Catecismo ó Exposición de la doctrina cris- 
tiana de Mesenghi, prohibida en Roma por sospechosa de 
jansenismo, y principalmente por contraria ala infalibilidad 
pontificia. Corrió entonces muy válida la noticia de que 
el Cardenal Torrigiani, Secretario del Papa, instigado por 
su paisano P. Ricci, se había empeñado en condenar dicha 
obra á todo trance. Y condenada salió en Roma por seis 
votos contra cinco. Torrigiani envió al Nuncio y al Inqui- 
sidor D. Manuel Quintano Bonifaz el Breve condenatorio 
para que aquí lo promulgasen; pero Valí y el Confesor 
Fr. Joaquín de Eleta aconsejaron al Rey que impidiese con 
su autoridad la publicación del edicto, y se recogieron los 
ejemplares impresos. En vano protestó el Inquisidor de e.sa 
medida ab irato, "contraria al honor del Santo Oficio y á la 
obediencia debida á la Cabeza Suprema de la Iglesia, y más 
en materia que toca á dogma de doctrina cri5tiana„; en vano 



(1) Carta de Valí d Tanucci, 18 de Noviembre de 1760.— .Simancas, 
Estado, leg. 6.0^)1. 

(2) Simancas, leg. 5.%7, Estado. 



JANSENISMO Y REGALISMO EN ESPAÑA 205 



hacía ver al Rey el escándalo de los fieles "si llegasen á 
entender que la suspensión nacía de orden precisa de Su 
^Majestad, embarazando al Santo Oficio el uso de su juris- 
fldicción^. Por única respuesta se le mandó desterrado al 
Monasterio benedictino de Sopetrán ; y allí hubiera perma- 
necido mds tiempo, de no haberse humillado débil y ridicula- 
mente al Rey, protestando de su ciega sumisión á los pre- 
ceptos soberanos. ¡Lástima que este acto de debilidad y 
adulación empañase la gloria de Quintano Bonifaz, y aun 
también de los inquisidores que siguieron el ejemplo de su 
jefe! Y para que en este asunto no faltase la nota ridicula, 
dirigió el Rey un decreto á la Inquisición en estos términos: 
"Me ha pedido el Inquisidor general perdón, y se le he con- 
cedido. Admito ahora las gracias del Tribunal, y siempre 
le protegeré; pero que no olvide este amago de mi enojo 
en sonando inohediejicia^^ (1). 

Pero más ridículo, y desde luego más absurdo sin duda 
alguna, era lo que decían sobre esto Valí y Tanucci: " que 
lo menos que podía perder con ello Roma era toda su gran- 
deza y poder temporal, que ni tuvo otro principio ni podía 
tener otra seguridad que la condescendencia de los Prínci- 
pes; que un edicto publicado por el Inquisidor en la metró- 
poli, sin que el Rey lo supiese, era un atentado grave y me- 
recía el nombre de sedicioso y una pena muy grande y mu- 
cho mayor de la que hasta entonces se había dado, merced 
á la clemencia del Rey„ (2). Roda, por su parte, informó de 
todo al Papa; y éste, para templar el enojo de Carlos III, le es- 
cribió una carta muy sentimental, y nombró ponente para la 
beatificación de Palafox al Cardenal Galli, conforme se había 
pedido de aquí. También el Nuncio se había ya humillado en 
Aranjuez. ¡Cuánta debilidad ante el despotismo! Y aquellos 
déspotas, á ejemplo de todos los cobardes, se hacían más 
fuertes con los débiles. 

"Buscando la verdadera causa de estos conflictos, la 



(1) Ferrer del Río, Reinado de Carlos IIl, tomo i, pág. 392. 

(2) Correspondencia de \'all y Tanucci. — Archivo de Simancas, 
Estado, legajos 6.092 y 5.970. 



206 JANSENISMO Y REGALISMO EX ESPASA 

encontraba Valí en la ignorancia; pues entre tanto clérigo 
y fraile como inundaba á España, apenas había quien cono- 
ciese la obligación estrechísima en conciencia de obedecer 
al Rey, y no había otra cosa que libros públicos, impresos 
impunemente, en que se defendía que las leyes y preceptos 
reales no obligaban sino en cuanto á la pena exterior^ (1). 
¡Medrado andaba el buen Ministro en el conocimiento de 
nuestros moralistas! Pero, á la cuenta, lo que él buscaba 
era sin duda que los eclesiásticos defendiesen en sus libros 
las determinaciones de aquel Re}' y de aquellos consejeros, 
acariciando la cuerda que los ahogaba. Lo grave del caso 
fué que, con tal motivo, los rcgalistas del Consejo de Casti- 
lla, asiendo la cuestión por los cabellos, aprobaron la dispo- 
sición del Rey; y desde entonces se estableció, como re- 
quisito indispensable, el regiimi exequátur para cualquier 
Breve de Roma por un decreto de 20 de Noviembre de 1761, 
elevado á pragmiltica- sanción en Enero del siguiente afío. 
Y si bien, por el escándalo que tal pragmática causó en toda 
España, fué recogida el año 176!J, bajo el pretexto de "apar- 
tar todos los sentidos extraños y siniestras interpretacio- 
nes, con el fin de explicar en el asunto mis reales intencio- 
nes „, volvió á ponerse en vigor el 1768 (2). líien merece 
conocerse tan arbitraria disposición en sus principales 
párrafos: "1." Mando (decía el Rey) se presenten en mi 
Consejo, antes de su publicación y uso, todas las Bulas, 
Breves, Rescriptos y DespacJws de la Curia RouuDia que 
contuviera?! ley, regla ú observancia general para su re- 
conocimiento; dándoseles el pase para su execución en 
cuanto no se opongan á las regalías, Concordatos , costum- 
bres, leyes y derechos de la dación, ó no indu3can en ella 
novedades perjudiciales, gravamen público ó de tercero. 
2.° Que también se presenten cualesquiera Bulas, Breves ó 
Rescriptos, aunque sean de particulares, que contuvieren 
derogación directa ó indirecta del Santo Concilio de Tren- 



(1) Danvila, tomo ii, p>1g. 227. 

(2) V. La Retención de Bulas en España ante la Historia y el 
Derecho , por D. Vicente de la Fuente. Apéndice núm. ó. — \'. Noví- 
sima Recopilación, ley ix, tít. iii, lib. ii. 



TAVSF.XISMO Y RRGALISMO EN ESPAI^A 207 

to (¡!), disciplina recibida en el Reino y Concordatos de mi 
corte con la de Roma... 4.° Del mismo modo se han de pre- 
sentar en mi Consejo todos los Breves y Rescriptos que alte- 
ren^ muden ó dispensen los institutos y constituciones de 
los Regulares, aunque sea á beneficio ó graduación de alg^ún 
particular, por evitar el perjuicio de que se relaje la dis- 
ciplina monástica (¡!), ó contravenga á los fines y pactos 
con que se han establecido en el Reino las Ordenes religio- 
sas bajo del Real permiso y, . 

De un plumazo echó Carlos III por tierra la Bula 
In Cccna Domini. ;Para qué andarse por las ramas? ¿No 
estaba ú\ aquí como Pontífice miíximo de la Ig^lesia espa- 
ñola? ¡Y aun dice el decreto que había cinco Prelados en 
el Sanedrín aquel, ó Consejo extraordinario, cuyo uní- 
jarme dictamen inspiró á Carlos III ley tan draconiana! 
Tambic'n al Inquisidor pasó una Real ctídula el Rey (siempre 
conformándose con el uniforme dictamen de los cinco Obis- 
pos que tenían asiento en el Consejo (1)\ para que en lo su- 
cesivo no publicase ninjíún edicto sin presentar la minuta 
en la Secretaría de Gracia y Justicia, suspendiendo la pu- 
blicación hasta que se devuelva, como se previno en 18 de 
Enero de 1762; que "niní^ún Breve ó Despacho de Roma 
tocante á la Inquisición, aunque fuese de prohibición de 
libros, se ponga en ejecución sin mi noticia y sin haber ob- 
tenido el pase de mi Consejo, como requisito- preliminar é 
indispensable ^. V no sólo eso; sino que. para mayor igno- 
minia del Santo Oficio, mandaba el Rey á todos los Presi- 
dentes y Oidores de las Audiencias, Alcaldes de Casa y 
Corte, Chancillerías, Corregidores, Alcaldes mayores y or- 
dinarios, y otros Jueces y Justicias, ministros y personas 
cualesquier de todas las ciudades, villas y lugares de estos 
reinos, guarden y cumplan esta Real resolución, sin permi'- 
tir, con pretexto alguno, su inobservancia ^^ (2). Bien se ve 

',1) Eran los siguientes: Rodríguez de Arellano, Arzobispo de 
Burgos; Buruag.i, de Zaragoza; Laplana y Castellón, de Tarazona; 
Tormo, de Orihuela; y Molina, de Albarracín. — Lafuenie, Historia 
Eclesiástica de España, tomo vi, pág. 80. 

(2) La Retención de Bulas en España^ por Lafuente, pág. 154, 
Apéndice 6.'^ 



208 JANSENISMO Y REGALISMO EN ESPA5ÍA 

que con esto quedaba el Tribunal del Santo Oficio al arbi- 
trio y antojo de cualquier alcalde de monterilla, constituido 
en inquisidor de la misma Inquisición. ¡Cómo habían cam- 
biado los tiempos! Para no ser ni sombra de lo que había 
sido, para vivir humillada de ese modo y con vida tan ané- 
mica y precaria, era mejor la muerte. 

A tales abismos vino á parar la cuestión del Catecismo 
de Mesenghi. Ese asunto, rnutatis niutaiidis, tiene mucho 
parentesco con el otro del Cardenal Noris. Son dos fechas 
muy significativas para la Historia eclesiástica de España. 
Entonces la Inquisición, en manos de quienes ya hemos vis- 
to, adulaba al Poder real imbuyéndole doctrinas jansenianas 
y regalistas para desoír la voz del Papa; ahora el Rey saca- 
ba las consecuencias de aquellas premisas en contra de la 
misma Inquisición; allí se amenazaba á Roma con retener las 
Bulas, Breves y Rescriptos Apostólicos, suponiéndolos con- 
trarios á nuestros derechos, y los Inquisidores iban al frente 
en la defensa de tales amenazas; ahora Carlos III, no satis- 
fecho con amenazar, llevaba al terreno pn'ictico aquellos 
principios. Había cesado la oposición hipócrita para entrar 
en hostilidades francas, en guerra declarada á pecho descu- 
bierto. Entonces subíamos por la áspera pendiente de las 
teorías jansenistas y regalistas hasta tocar la meta; ahora 
los hechos nos hacen descender hasta el abismo de las con- 
secuencias de aquellas teorías. Y no hay que decir si los pri- 
meros frutos del árbol plantado en tiempo de Fernando VI 
son sabrosos. La Inquisición, que tanto se había apartado 
de su tronco, no fué la última en probar de aquellos frutos. 

¡Qué elocuente es la Historia! 

Pero aún nos resta bastante camino que andar para ver 
todas las consecuencias. 

Aguütiniauo. 



Geología Histórica 



LOS TIIi.MPOS GEOLÓGICOS 




MPiEZAX en el momento en que los primeros depósi- 
tos sedimentarios se sobrepusieron á la primera 
corteza terrestre definitivamente constituida. Hsa 
corteza, en el transcurso de los tiempos, ha ido creciendo 
en espesor y se ha dislocado en todas sus partes, elevándo- 
se sobre el nivel del mar y originando la tierra firme. Como 
consecuencia de este hecho, la corteza y el Océano han de- 
jado de formar dos zonas concéntricas; los continentes han 
dividido el primitivo mar sin orillas, determinando la apari- 
ción de golfos y mares interiores. La vida, por último, vino 
(1 caracterizar este período en el cual apareció. 

Para explicarle hanse excogitado diversas teorías, entre 
las cuales debe figurar primeramente la llamada Escuela 
de las causas violentas ó de los cataclismos. En la época 
del nacimiento de la Geología, cuando escribían Leonardo 
de Vinci y Bernardo de Palissy (á principios del siglo xvi), 
y hasta mucho después, en tiempo de'Deluc, que floreció á 
fines del siglo xvín y principios del actual, no se veía en el 
pasado del Globo más suceso notable que el diluvio. 



fio GFOLOGÍA HISTÓkTCA 



Algunos naturalistas más sagaces, comprendiendo que 
no bastaba este acontecimiento para explicar todas las re- 
voluciones sucesivas que un atento examen acusa en la su- 
perficie de la Tierra, trataron de explicarlas por la inter- 
vención de causas violentas. Así Dolomicu, ú fines del siglo 
pasado, decía que "...la Naturaleza pide al tiempo la mane- 
ra de reparar los desórdenes, pero recibe del movimiento 
el poder de producir trastornos^. 

Cuvier, en su Discurso sobre las revoluciones de la su- 
perficie del Globo (1), se muestra explícitamente partidario 
de las causas violentas ó de los cataclismos, cuando dice 
que "es posible explicar por las causas actuales las revolu- 
ciones anteriores, como se explican fíícilmcnte en la histo- 
ria política los sucesos pasados, cuando .se conocen bien las 
pasiones y las intrigas de nuestros días: la marcha de la 
Naturaleza ha cambiado, y ninguno de los agentes que em- 
plea ho}' le han sido suficientes para producir sus antiguas 
obras„. 

"Cuando el viajero dice Cuvier — recorre esas llanuras 
fecundas en que aguas tranquilas mantienen con su curso re- 
gular una vegetación abundante, y cuyo suelo habitado por 
un pueblo numeroso, adornado de aldeas florecientes, de ri- 
cas ciudades y de monumentos soberbios, nunca fué turba- 
do más que por los estragos de la guerra ó por la opresión 
de los poderosos, no puede ocurrírsele pensar que la Natu- 
raleza haya también tenido sus guerras intestinas, y que la 
superficie del Globo haya sido trastornada por revoluciones 
y catástrofes. Pero sus ideas cambian tan luego como pro- 
cura penetrar en ese suelo hoy tan apacible, ó se eleva á 
las colinas que bordean la llanura. Al verlas, aquellas ideas 
se desarrollan y empiezan á abrazar la extensión y gran- 
deza de aquellos sucesos antiguos, desde que salva las cor- 
dilleras más elevadas cuyo pie cubren las colinas... „ (Cu- 
vier. /)/S£:o7/;'5 sur les revoluíiotis du Clobe, página ."). 
París, 1S51.) 



[i) Se publicó en ISl'J, como piólooo de la obra titulada Rccher- 
ches sur les ossemcnts fossiles. 



GEOLOGÍA HISTÓRICA 211 



Cuvier establece que ha habido revoluciones, que éstas 
han sido numerosas, que se han verificado súbitamente, y, 
por último, que las ha habido aun antes de la existencia de 
los seres vivientes. Pruebas de la primera proposición, con 
la que todos los geólogos están conformes, las suministran 
las capas fosilíferas marinas que se encuentran en parajes y 
alturas superiores al nivel de los mares, en las que los pro- 
ductos marinos no sólo yacen en arenas movibles, sino que 
están frecuentemente incrustados y totalmente penetrados 
por las substancias pétreas más duras, y su perfecto estado 
de conservación demuestra que no han sido arrastrados de 
otros lugares, sino que allí mismo han vivido. La circuns- 
tancia de descansar las capas horizontales sobre otras obli- 
cuas también fosilíferas con restos marinos, acusa diversas 
épocas de sedimentación en los mares separados por las 
causas que dislocaron los estratos inferiores. 

Que las variaciones han sido numerosas, lo prueban la 
variíibilid.id de los depósitos y de las especies que contie- 
nen y lo limitado en extensión de los mismos, así como las 
alternancias de formaciones marinas y de agua dulce. 

Fúndase Cuvier, para creer que han sido violentas por 
lo que toca á las capas más antiguas, en las profundas dis- 
locaciones y en los acentuados levantamientos y grandísi- 
mos trastornos que revelan, y en lo.s inmensos depósitos de 
restos de conchas y de grava y cantos rodados interpuestos 
entre las capas; los cuales acusan una gran fuerza en los 
movimientos experimentados por la masa de las aguas. Por 
lo que hace al último acontecimiento (el diluvio), cree que es 
una prueba evidente de que un doble movimiento instantá- 
neo ha inundado y en seguida dejado en seco nuestros con- 
tinentes actuales, ó al menos una gran parte del suelo que 
los forma, el hecho de haberse encontrado en Siberia cadá- 
veres de grandes mamíferos, conservados con su piel y su 
carne entre los hielos, lo cual supone que éstos los cubrie- 
ron tan luego como perecieron; pudiendo creerse que en el 
mismo instante que perecieron aquellos animales se hiza 
glacial el país en que vivían, no siendo probable que hubie- 
ran soportado tan baja temperatura. 



212 GEOLOGÍA HISTÓRICA 



Por último, halla Cuvier una prueba de que esas revolu- 
ciones han sido aún anteriores á la existencia de los anima- 
les y de las plantas en las capas cristalinas; y los fósiles que 
soportan á las que los contienen dislocadas y trastornadas 
profundamente. La estratificación demuestra haber sido 
formadas^en el seno de las aguas. 

Elie de Beaumont decía en 1829 que la historia de la 
Tierra presenta por una parte largos períodos de reposo 
relativo, durante los cuales se verificó el depósito de la ma- 
teria sedimentaria de una manera regular y continua; y 
por otra, períodos de cortísima duración, durante los cua- 
les se han verificado violentos paroxismos que han inte- 
rrumpido la continuidad de esta acción. Cada una de estas 
épocas de paroxismo ó revolución en el estado de la super- 
ficie de la Tierra ha determinado la formación súbita de 
un gran número de cordilleras. Todas las levantadas por 
una revolución idéntica tienen una dirección uniforme y 
son paralelas, aun cuando se hallen situadas á grandes dis- 
tancias. Las levantadas en épocas diferentes tienen en su 
mayor parte distintas direcciones. 

Estos movimientos de paroxismo podr.in reproducirse 
en el porvenir, y el estado de reposo en que vivimos quizá 
se interrumpa algún día por un nuevo levantamiento de 
montañas. 

El impulso que ha dado á los Andes su altura actual 
data de tiempos históricos, siendo esta cordillera probable- 
mente la última formada, según se deduce de la sencillez 
de sus líneas y no alteración de sus rasgos. 

Como la emersión súbita de las grandes masas debe 
ocasionar una agitación violenta en las aguas, podría acaso 
atribuirse á la aparición de los Andes el diluvio tradicional 
de tantos pueblos. 

Las revoluciones sucesivas de que vamos hablando no 
pueden referirse i'i fuerzas volcánicas ordinarias, sino pro- 
bablemente al enfriamiento secular del interior de nuestro 
planeta (Anuales des Sciences Natuvelles, 1829). Este geó- 
logo, en su noticia sobre los sistemas de montañas, des- 
pués de reconocer que es imposible que el viento, las llu- 



GEOLOGÍA HISTÓRICA 213 



vias, las corrientes, las mareas, los terremotos sean causas 
tan antiguas como el mundo, añade que el Globo lleva en su 
superficie la huella de fenómenos más enérgicos. 

La aparición de los sistemas de montañas, por ser causa 
periódica, regular 3' múltiple, es mucho menos opuesta á la 
escuela de las causas actuales que esas nociones vagas de 
grandes revoluciones de naturaleza indeterminada. 

Las ideas, pues, de Elie de Beaumont representan, den- 
tro de la escuela de Cuvier, un principio de conciliación. 

El representante de la Escuela de las transformacio- 
nes insensibles es Buffon, que en su Teoría de la Tierra 
<que forma parte de la Historia Natural) (1) del mismo 
autor, dice: "No nos apresuremos á sacar deducciones de 
la irregularidad que vemos en la superficie de la Tierra y 
del desorden aparente que se encuentra en su interior; por- 
que pronto reconoceremos su utilidad, y aun su necesidad; 
y, fijándonos más atentamente, hallaremos un orden que qui- 
zá no sospechábamos, y harmonías generales que no perci- 
bíamos á primera vista. 

„Las generaciones de hombres, de animales, de plantas, 
se suceden sin interrupción alguna; el mar tiene límites y 
leyes á que sus movimientos se sujetan ; el aire sus corrien- 
tes regulares; las estaciones su retorno periódico y segu- 
ro... la Tierra es una mansión deliciosa en que reinan la cal- 
ma y la harmonía^. Pero esta harmonía y esta calma no son 
de fecha reciente, según Buffon. Las ruinas que ve en la su 
perficie del Globo, lejos de resultar de una catástrofe poco 
antigua, señalan la huella de acontecimientos regulares que 
han presidido á la formación del revestimiento de la Tie- 
rra. En otra parte se expresa así: "Mientras los planetas se 
muevan (y se moverán siempre, á menos que la mano del 
primer Motor no se oponga á ello), el Sol brillará, llenando 
de esplendor toda la esfera del mundo; y como, en un siste- 
ma en que todo se atrae, nada puede perderse ni alejarse 
sin reformarse, permaneciendo siempre la misma la canti- 
dad de materia, esta fuente fecunda de luz y de vida no se 



{1) La primera edición de esta obra se hizo de 1749 á 1788. 



214 GEOLOGÍA HISTÓRICA 



agotará nunca, porque los demás soles que lanzan también 
sus fuegos comunican al nuestro tanta luz como la que de 
él reciben„. La síntesis de la doctrina de Buffon consiste, 
pues, en la pennanencia, en la inmutabilidad de las causas 
naturales. 

Hutton, médico escocés, en su T^rorfa de la Tierra, pu- 
blicada en 1795, considera que los profundos cambios de que 
el Globo ha sido teatro se han verificado con lentitud y re- 
gularidad. "Cada valle— dice — es obra... del ríoquelerie- 
ga... Cuando un río corre á través del desfiladero estrecho 
de una montafia... parece á primera vista que la causa de 
este suceso debe atribuirse á alguna gran convulsión de la 
naturaleza que hendió la montaña;... pero el que medite 
sobre los efectos posibles de una acción por mucho tiempo 
continuada, y sobre la sencillez de los medios puestos en 
juego por la naturaleza en todas sus obras, no ve más que 
el trabajo gradual de un arroyo que corrió en otro tiempo 
á la altura de los bordes de la montaña que ahora corta tan 
profundamente... El Autor de la Naturaleza no ha dado al 
mundo le3'es semejantes á las instituciones humanas, que 
llevan en sí mismas el germen de su destrucción; sus obras 
no manifiestan ninguna señal de infancia ni de caducidad, 
ningún carácter que pueda hacer olvidar la duración pasa- 
da ó por venir...: no podernos deducir con certidumbre, por 
ninguna de las lej'es que ahora existen, que el sistema ac- 
tual ha de tener fin„. La letititiid en las causas naturales, 
juntamente con la inmutabilidad en los fenómenos que pro- 
ducen, caracteriza, pues, á las doctrinas de Hutton. 

Lyell encabeza su obra titulada Principios de Geología 
con las siguientes líneas tomadas de las Ilustraciones á la 
teoría huttoniana de Playfair: "En medio de todas las revo- 
luciones del Globo, la economía de la naturaleza ha sido uni- 
forme, y sus leyes son las únicas cosas que han resistido al 
movimiento general. Los ríos y las rocas, los mares y los 
continentes han sido cambiados en todas sus partes; pero las 
leyes que dirigen estos cambios, y las reglas á que están su- 
jetas, han permanecido invariablemente las mismas„. 

Si las causas geológicas, establece Lyell, son permanen- 



GEOLOGÍA HISTÓRICA 215 



tes, las que han obrado en otros tiempos deben .de ser las 
mismas que obran en la actualidad, y el estudio de éstas 
debe conducir al conocimiento de aquéllas. Sir Lyell com- 
para el movimiento real, pero invisible, de la historia de la 
Tierra al de una aguja que marca las horas en un reloj. Su 
doctrina se resuelve en la idea de actualidad. 

Semejante modo de ver es demasiado absoluto. No hay 
duda de que existen en la Naturaleza fuerzas generales re- 
vestidas de un carácter de ubicuidad y permanencia incon- 
testables. Evidentemente estas fuerzas son siempre las 
mismas, y estudiar su modo de desarrollarse en el estado ac- 
tual de cosas es aprender á conocerlas en los tiempos pasa- 
dos. Pero la semejanza de las causas que obran y han obra- 
do sobre la corteza terrestre no implica necesariamente la 
de los efectos, los cuales, á su vez, pasan á ser causa de otros 
fenómenos geológicos. Por lo tanto, la doctrina délas cau- 
sas actuales, verdadera bajo cierto punto de vista, no pue- 
de admitirse dándola una interpretación de carácter abso- 
luto. La elevación de las montañas y el descenso de las lí- 
neas de las nieves perpetuas, por ejemplo, causas que han 
obrado durante toda la extensión de los tiempos geológicos, 
no han determinado la aparición de los glaciares hasta la 
época actual. Además, los agentes bajo cuya influencia la 
Tierra está colocada, no son todos conocidos por la obser- 
vación directa. Algunas causas también son esencialmente 
periódicas y no han podido someterse á nuestras investiga- 
ciones; tales son las que determinan la formación de las ca- 
denas de montañas. 

Prévost, el más ferviente adepto en Francia de la teoría 
de las causas actuales, la interpreta, sin embargo, de una 
manera menos absoluta, en sentido, no de identidad y de 
eternidad de las mismas causas y de los mismos efectos, 
sino de encadenamiento natural y necesario de causas y de 
efectos que se modifican mutuamente, de manera que los 
hechos sucesivos producidos, no solamente pueden, sino que 
deben variar; otros nuevos pueden manifestarse, otros dejar 
de producirse, sin que por esto haya derecho para suponer 
alteraciones en las grandes leyes ¿wnutables de la Natura- 



216 GEOLOGÍA HISTÓRICA 



leza, en sus trastornos, cataclismos ó revoluciones que se- 
rían consecuencia de esas mismas leyes. Representa, pues, 
la doctrina de Prévost, dentro de su escuela, ún principio 
de conciliación. 

La aparición de la escuela ecléctica ya fue bosquejada 
por Playfair cuando, en la obra antes mencionada, escribía 
en 1812: "La masa de nuestros conocimientos está en un 
estado de fermentación del que podemos esperar ver salir 
una nueva teoría... Se encuentran, hasta en las más opues- 
tas, tantos puntos de contacto, que parecen tender á un úl- 
timo estado á que, aun á despecho de ellas mismas, irán á 
confundirse^. 

Vezian, en su Pródromo de Geoloífía (que nos ha servi- 
do para hacer esta exposición de doctrinas geológicas), dice 
que "la Geología debe ser ecléctica, tomando de cada doc- 
trina lo que tiene de verdadero y dejando lo que tiene de 
sistemático; lo cual no es un nuevo deseo, sino un hecho, 
puesto que cada día se reconoce mejor que las palabras 
permanencia, actualidad, violencia, intermitencia y len- 
titud, que se emplean para caracterizar el modo de las ma- 
nifestaciones de los fenómenos geológicos, no tienen un va- 
lor absoluto, sino el que cada autor les atribuye. 

„Hay una especie de orden jerárquico en las causas de 
los fenómenos geológicos. Los más importantes no han va- 
riado ni en su naturaleza ni en su energía; en este caso se 
encuentran, por ejemplo, el conjunto de circunstancias que 
determinan el fenómeno de la sedimentación, la causa que 
produce el enfriamiento del Globo }' la que preside á los 
movimientos generales de su corteza. Hay otros cuya natu- 
raleza ha sido siempre la misma, pero su intensidad ha sido 
diferente, como son, v. gr., la lluvia, los terremotos, las erup- 
ciones de materia piro-esférica y las acciones geyserianas. 
Existen, por último, causas que han variado á la vez en su 
naturaleza y en su intensidad, y de ellas encontramos ejem- 
plos elocuentes en los fenómenos de los glaciares, en la for- 
mación del granito, en la de la hulla, en los aluviones, en 
los volcanes de cráter, etc. 

„Estas variaciones no han podido modificar las grandes 



GEOLOGÍA HISTÓRICA 217 



leyes que rigen la vida, ni las que gobiernan el mundo inor- 
gánico: de aquí que pueda deducirse del estado actual de 
cosas el que le ha precedido, no por semejanza, sino por 
analogía. 

„Además, la mayor parte de las causas han obrado lenta- 
mente. Los terremotos, cuj'^a acción es instantánea, no obs- 
tante los estragos que causan á la humanidad, en el orden 
general de la Naturaleza son sucesos de muy escasa im- 
portancia. 

„\' también es cierto que las causas geológicas han cam- 
biado de intensidad de una manera insensible. Es verdad 
que hubo una época en que un océano sin orillas cubría el 
Globo, y es verdad que más adelante, cuando aparecieron 
las primeras islas, era el clima en la proximidad de los po- 
los bastante suave para permitir que esas islas estuviesen 
pobladas de bosques de heléchos arborescentes; mientras 
que en la época actual, en que la tierra firme ocupa la cuar- 
ta parte de la superficie del Globo, ha existido un tiempo en 
que los hielos polares han avanzado hasta Alemania. Para 
que tuviese lugar el tránsito entre ambos estados de cosas, 
ha sido necesaria toda la duración de los tiempos geoló- 
gicos„. 

Por último, "las revoluciones geológicas, al modificar 
profundamente la superficie de la Tierra, no han obrado 
nunca con carácter general; y los cambios de diversos ór- 
denes de que una revolución se compone, no han sido sin- 
crónicos: así, por ejemplo, el momento en que se ha verifi- 
cado la aparición de una nueva fauna no ha coincidido con 
el en que surgió un nuevo sistema de montañas„. 

Sin embargo, aunque no admitimos los paroxismos á 
que recurre la escuela de Cuvier, hay que reconocer que la 
marcha de la Naturaleza no es siempre rigurosamente uni- 
forme. En'ciertos momentos, aunque no sea más que en re- 
giones limitadas, adquiere esa marcha una actividad ma- 
yor, como sucede cuando una nueva cadena de montañas 
obedece á una impulsión que acrece su altitud, ó cuando el 
suelo de una comarca empieza á ceder á una impulsión as- 
cendente ó descendente. 



21S i.ROLOGÍA HISTÓRICA 



Rechazando por otra parte la teoría de Hutton, que sólo 
ve en la corteza terrestre un mecanismo permanente cuyas 
ruedas no han recibido aumento ni disminución en su velo- 
cidad, reconoce la escuela ecléctica que cada cambio opera- 
do en la Tierra ha sido consecuencia de la edad, cada vez 
más avanzada, de nuestro planeta; pudiendo prever, hasta 
cierto punto, algunos de los cambios modernos, y asegurar 
que el organismo y ciertos fenómenos geológicos tienen 
actualmente un fin mu}' lejano, sí, pero cierto. Estos anchos 
horizontes, abiertos en el pasado y en el porvenir de la Tie- 
rra, se han dilatado desde que los descubrimientos recien- 
tes han puesto casi en evidencia la unidad de origen, de com 
posición y de estructura del sistema planetario; pudiendo 
establecer como consecuencia que el Sol es para nosotros la 
imagen de lo que ha sido la Tierra, y la Luna de lo que será 
algún día. 



f.U ^ARQUES DEL ^CORRO, 
Catedrático de Geología en la Uaiveriidad Central. 



Con este artículo damos fin Á los estudios geológicos de nues- 
tro insigne colaborador el Marqués del Socorro. Bien hubiéramos 
deseado publicar en la La Ciidad de Dios otros muchos de aqué- 
llos; pero nos lo impiden las condiciones .1 que está sometida toda 
publicación como la nuestra. La exposición de las arduas cuestiones 
científicas no es incompatible con la amenidad; pero algunos puntos 
invitan A recorrer caminos dificultosos y ásperos; y no pueden acep- 
tar esa invitación la mayoría de los lectores. 

Estos habrán comprendido que el Sr. Marqués, en los estudios 
con que ha honrado las columnas de La Ciudad de Dios, no aspira 
á esa ori^jinaüdad superficial, aparente y falsa con que otros preten- 
den engaitará los incautos: es muy honrado y bueno para que en- 
gañe á nadie. No aspira tampoco á una originalidad verdadera, hoy 
casi imposible en asuntos científicos: es demasiado modesto para 
que se le imputen aspiraciones tales. Lo que podemos asegurar es, 
que en los artículos publicados todo es grano y meollo; encierran 
un cúmulo de datos, tan lógicamente ordenados y tan sencillamente 
expuestos, que ahorran al discípulo el trabajo de consultar obras 
numerosas y extensas á la vez. 

Por lo cual díj^nese el amable y sabio Profesor de Geología recibir 
nuestro parabién sincero y nuestras cordiales gracias. (X. de la R.) 






^3" 



K-lTa) 



A LA Cruz 



¡Oh Cruz, enseña espléndida, 
Del mundo vencedora! 
Tú eres de alianza símbolo, 
Tú eres de paz aurora, 
Trofeo sacratísimo 
De eterna redención. 



Padrón ayer de escándalo, 
De Dios hoy trono augusto; 
Tú eres justicia al reprobo. 
Misericordia al justo, 
Lucha en la Tierra, y lábaro 
De la inmortal Sión. 



Por ti consuelo y término 
Del mundo tiene el llanto; 
Amparo el alma huérfana, 
Coronas el quebranto; 
La fe tiene sus éxtasis, 
Y á Dios la caridad. 



220 Á LA CRUZ 



Iris de paz y símbolo 
Del luto de la vida, 
Sólo en tus brazos úñense 
La tierra prometida 
Y de un valle de lágrimas 
La inmensa soledad. 



¡Ah, sí! A tu abrigo acógense 
Del mundo los pesares; 
En ti halla puerto el ndufrago, 

Y la virtud altares; 

Y al abrazarte el mísero 
Consagras su dolor. 



Tú eres principio y límite 
Del alma á la esperanza; 
En ti justicia y término 
La lucha humana alcanza: 
Quien te odia... eternas lágrimas; 
Quien te ama... eterno amor. 



¿Quién dio á tu imperio límites 
Y á tu poder fronteras? 
¡Oh Cruz! El orbe humíllase: 
Tú vences y tú imperas: 
La Tierra, el Cielo, el Báratro 
Proclaman tu virtud. 



Cesaron de los ídolos 
Los cultos y las razas: 
Del Partenón y el Agora, 
Del Circo y de las plazas 
Triunfaste tú, ¡oh indómita 
Locura de la Cruz! 



Á LA CRUZ 221 



Cerrad el antro ¡oh reprobos! 
La Cruz triunfó en el Moria; 
Abre, Salen espléndida, 
Las puertas de la gloria, 
Que tras su Rey magnánimo 
Se acerca á ti Israel. 



Ved en las cumbres célicas 
Los coros redimidos; 
Sus tronos... ¡Cantad, ángeles. 
Cómo de allí vencidos 
Rodaron los ejércitos 
Inmensos de Luzbel! 



Salve, ¡misterio altísimo 
De redención gloriosa, 
Bandera de los mártires. 
Del penitente esposa, 
Corona de las vírgenes. 
Del mundo exaltación! 



Salve tú del espíritu 
Fuerza jamás vencida, 
Sol de libertad y único 
Consuelo de la vida. 
De amor sangriento lábaro, 
¡Oh santa rebelión! 



fR. JIeSTITUTO del yALLE j^UIZ, 
Agustiniano. 




1 ♦ i. ■• I • 









^'e]^^'Í3^>'«jr^1 



Revista Caní'inica 




ondición canónica de los oratorios privados erigidos en los 
cementerios pViblicos en orden á la celebración de la Misa. — 
]i\ Sr. Obispo de Piazza refería A la Santa Sede el hecho si- 
guiente: losé Acardio, habiendo edificado un oratorio en su sepulcro 
gentilicio, solicitó de la Curia episcopal el privilegio de poder cele- 
brar en dicho oratorio el Santo Sacrificio de la Misa. El Sr. Obispo 
se negó A concederlo, como lo había negado á otros en semejantes 
circunstancias, porque, en su juicio, era improcedente, en derecho, 
otorgar esa facultad. No obstante, deseoso el interesado de obtener 
el privilegio en cuestión, fund.indose en que no es raro encontrar en 
los cementerios algún oratorio donde se celebra la Misa, el Sr. Obis- 
po de Piaz/.a presenta A la Sede Apostólica la duda en estos térmi- 
nos : 1.** Si pueden considerarse como oratorios públicos aquellos que 
se construyen en los cementerios, y si puede permitirse en ellos la 
celebración de la Misa. 2." Ft quatetius uegative, si podría obtener- 
se del Romano Pontífice la gracia solicitada por José Acardio. 

La Sagrada Congregación del Concilio, con fecha 20 de Enero 
de 1894, responde que no deben considerarse como públicos los ora- 
torios que se construyen en los cementerios, ni puede celebrarse en 
ellos la Misa ; pero delega al Sr. Obispo para que conceda á José Acar- 
dio y á su familia el privilegio, duradero por tres años, para celebrar 
en dicho oratorio, pero únicamente en el aniversario de los difuntos 
de la familia, fuera de fiesta dé precepto y cumpliéndose todas las 
condiciones de decencia que exigen los sagrados cánones. 



REVISTA CANÓNICA 2'1) 



Ad primam negiitive in o)nnihiis: ad seciitidaní consitlenditni 
SSino. favore Josephi Acardii ejitsqitc fainiliae, iit ad trieniíon 
constitü de deceutia oratorii ad iratnitcs sacrorutn canoituní , in- 
dultum concedat pro sacri celebrutione in anniversario defiincto- 
rum Jamiliíc tantum , ditnimodo non cadut in die festo de pnecepto 
et per Breve. 

Dos conclusiones se contienen en esta resolución: Primera: los 
oratorios construidos en los sepulcros de familia, aunque sea en pú- 
blicos cementerios, no son oratorios públicos en el riguroso sentido 
canónico. Hn efecto, prescindiendo de varias razones de convenien- 
cia que reclama esta resolución, la Sagrada Congregación del Con- 
cilio suele prescribir siempre, como requisito necesario para que un 
oratorio ó capilla puedan llamarse públicos, no sólo que la entrada 
sea pública y manifiesta, sino también que la planicie ó patio que los 
rodea ó precede sea libre y del dominio público, lo que no acontece 
en los oratorios construidos en los cementerios, cuyas puertas po- 
drían estar siempre cerradas al pueblo, A beneplácito de la autoridad 
correspondiente. Segunda: de la doctrina que precede se deriva como 
consecuencia inmediata que el Obispo carece de autoridad ordinaria 
para conceder á una persona ó familia el privilegio de celebrar el 
Santo Sacrificio de la Misa en estos oratorios sin delegación expresa 
de la Santa Sede. El Concilio Tridentino (SS. 22 de celebr. miss.) 
quitó {\. los Obispos toda facultad para autorizar la celebración de la 
Misa en los oratorios privados, y Paulo V declaró expresamente, en 10 
de Marzo de 1S15, que este derecho está reservado únicamente á la 
Santa Sede, 



Sentencia del Tribunal Supremo sobre censos destinados al cum- 
plimiento de cargas espirituales. — Aunque la legislación española 
es clara y terminante, repetidas veces se han suscitado controversias 
y litigios acerca de la naturaleza de los censos cuyos réditos están 
destinados á la celebración de Misas ú otras cargas espirituales. Las 
leyes desvinculadoras de 18.^5 y 18ó6 habían adjudicado al Estado los 
bienes eclesiásticos ; pero en el Convenio-ley de 24 de Junio de 1867 
se declararon excluidos de las leyes desamortizadoras, dejándolos á 
la libre administración de la Iglesia, todos aquellos censos cuyo des- 
tino es el levantamiento de cargas espirituales. Estos derechos son, 
por consiguiente, puramente eclesiásticos, y los censos de tal natura- 
leza no pueden ser redimidos ni transmitidos con arreglo á las lej'es 
de desamortización, sino en la forma prescrita en el Convenio-ley 
de 24 de Junio de 1867. Tal es la doctrina jurídica que se expresa en 
la siguiente sentencia del Tribunal Supremo: 

''El Tribunal de Visita, Delegación de Capellanías de Madrid, ac- 
•cedió á la redención de seis censos que pesaban sobre varias fincas 



L24 REVISTA CANÓNICA 



de la corte y afectos A la celebración de Misas, todos los cuales fue- 
ron refundidos en uno consignativo que para el cumplimiento de di- 
chas cargas se constituyó, por escritura de 23 de Septiembre de 1847, 
sobre la casa número 59 de la calle del Mesón de Paredes, tomándo- 
se razón de dicho documento en la antigua Contaduría de Hipotecas. 
Muchos años después el Estado aplicó á dichos censos la ley de trans- 
misión de 11 de Julio de 1S7S, y los cedió A D. Isidro Sánchez, y éste 
A D. Enrique Rollo, de quien los adquirió Doña Trinidad Casas, que 
inscribió A su favor en 16 de Junio de 1887 el censo, en el cual se re- 
fundieron los impuestos sobre la casa de la calle del Mesón de Pare- 
des. Don Alejo Izquierdo, delegado de Capellanías de Madrid, pro- 
movió demanda para que se declarara nula y de ningún valor ni 
efecto la inscripción dicha A favor de la Doña Trinidad, y se decla- 
rase igualmente nula la escritura ó título por virtud del cual le fue- 
ron transmitidos, fundándose en que dichos censos no pertenecen á 
la clase de bienes llamados del Clero, comprendidos en la desamor- 
tización, ni se rigen por las disposiciones de la autoridad civil, sino 
por la Ley-convenio con la Santa Sede de 24 de Junio de 1&S7. Cita- 
do d(j cvicción el Estado, que sostuvo la eficacia de las transmisio- 
nes de los censos, y substanciado el pleito en dos instancias, la Sala 
Primera de la Audiencia de Madrid dictó sentencia confirmatoria de- 
clarando nula }• sin ningún valor ni efecto la inscripción de los seis 
censos mencionados, así como la escritura de cesión de los mismos A 
Doña Trinidad, otorgada el 7 de Junio de 1887. 

„E1 abogado del Estado interpuso recurso de casación por con- 
siderar infringidos el art. 34 de la Ley Hipotecaria y la jurispru- 
dencia á su tenor establecida; el art. 1." de la ley de 1.** de Mayo 
de IS'ú; el 1." de la de 27 de Febrero del 56 y el S.** de la de 11 de Julio 
del mismo año5<); los arts. 4.**, 5.° y 7.° del Convenio-ley con la Santa 
Sede de 4 de Abril de 1.S60; los 5.». 7.° y 8.° del Convenio-ley de 24 de 
Junio de 1867; la doctrina contenida en sentencias de 7 de Diciembre 
de 1885, 16 Noviembre del Só y otras, y el principio universal de dere- 
cho reconocido en varias sentencias, de que no puede pedir una cosa 
quien no tiene acción para ello. 

,,El Tribunal Supremo, siendo ponente D. Estanislao Rebollar \'i- 
Uarejo, declara ho haber lugar al recurso : 

„Considerando que el fallo recurrido no infringe el art. 34 de la 
Ley Hipotecaria ni la doctrina citada en el motivo 1.°, porque la nu- 
lidad de la escritura de 7 de Junio de 1887 y su inscripción en 16 del 
mismo á favor de Doña Trinidad de las Casas y Llera no se funda en 
título posteriormente inscrito en el Registro, sino en otro que lo es. 
taba con mucha anterioridad, ó sea la escritura de 23 de Septiembre 
de 1847, de la que se tomó razón en 28 siguiente en la antigua Conta- 
duría de Hipotecas á favor de las memorias de Misas sobre los seis 
censos que con igual carácter x para los propios fines se refundieron 



REVISTA CANÓNICA 225 



en el consignativo, constituido en dicha escritura por el delegado 
del Tribunal de esta diócesis, sobre la casa de la calle del Mesón de 
Paredes, núm. 59, de la pertenencia de D. Simeón Avalos: 

Considerando que la redención de censos sobre bienes afectos á 
cargas de carácter puramente eclesiástico no se rige por las leyes 
desvinculadoras de 1855 y 1856, ni por el Convenio-ley de 4 de Abril 
de 1860, sino que está sujeta al Convenio-ley de 24 de Junio de 1867, 
que es la legislación vigente en la materia, y por cuyo art. 8.** se 
confiere la redención de cargas eclesiásticas á la exclusiva compe- 
tencia del Diocesano; y en tal concepto, siendo el censo consignativo 
de que se trata de la clase antes expresada, claro es que el Estado, 
que ninguna representación tenía en dicho censo, carecía en absolu- 
to de facultades para otorgar la escritura de redención de Is de Enero 
de 1887 á favor de D. Isidro Sánchez Ruiz, así como éste para otorgar 
la de 7 de Junio inmediato á favor de Doña Trinidad de las Casas, 
y es claro, por consiguiente, que la Sala sentenciadora ha aplicado 
con el debido acierto los artículos 5.**, 7.° y 8.° del mencionado Con- 
venio-ley de 24 de Junio de 1867 y el 5." de la instrucción del día si- 
guiente, citados en el motivo 4.", y no ha infringido ni podido infrin- 
gir las leyes }' Convenio-ley invocados en los motivos 2." y 3.": 

Considerando que tampoco se infringe en la sentencia recurrida 
la doctrina legal alegada en el motivo 5.", puesto que la acción de la 
Delegación de Capellanías no nace de la validez ó nulidad de la es- 
critura é inscripción de 1S87, sino que trae su origen y se apoya en la 
escritura y toma de razón de 1S47, y en las facultades que concede al 
Diocesano el Convenio-ley de 1867; y porque notificada la Delegación 
con arreglo al art. 34 de la Ley Hipotecaria, á instancia de Doña Tri- 
nidad de las Casas, era forzoso á la Delegación reclamar directa- 
niente, dentro de los treinta días prefijados en dicho artículo, contra 
la escritura é inscripción en favor de la Doña Trinidad, sin cu^'a re- 
clamación habrían quedado aquéllas convalidadas y subsistentes, y 
caducado y perdido el derecho de la Delegaci(jn de Capellanías: 

Y considerando que, por lo que se deja expuesto, es evidente la 
acción con que litiga la referida Delegación de Capellanías de esfi 
diócesis y la improcedencia de la infracción que se alega en el 6.** y 
último motivo„. (Sent. 18 Enero 1894.— G«c. 3 Marzo, p. 131.) 



El decreto «Auctis ^ y los religiosos de rito oriental. — En el decre- 
to Aiictis, que insertamos en el tomo xxix de La Ciudad de Dios ípá- 
gina 533), determínase, entre otras varias disposiciones importantes 
acerca de la ordenación, expulsión }' secularización de los Religiosos, 
la necesidad de haber aprobado tres cursos de Teología para poder 
recibir el Orden del Presbiterado. Pero la nueva disciplina que intro- 



226 KHVISTA CANÓNICA 



duce este decreto, y principalmente en lo que se refiere á esta última 
disposición, no debe ser tan oportuna para los Religiosos del rito 
oriental como para los de la Iglesia de Occidente, ni por regla gene- 
ral están incluidos los orientales en la legislación peculiar de la Igle- 
sia latina mientras expresamente no se los incluya. Dudando, no obs- 
tante, el Superior General de los monjes de San Basilio si las dispo- 
siciones del decreto Anctis alcanzan á los Religiosos orientales , y ha- 
biendo presentado la duda á la Sagrada Congregación de Propagan- 
da, ha obtenido del Cardenal Prefecto respuesta negativa. 

Pergraíiiin mihi esí, Revcretidissime Patcr, tibí uotum rediiere 
decrcíuíH S. C. Episcop. ct Reg. de quo in littcris a te datis... ttullo 
Diodo atíingere Basiiiaftos refoniuitos, atpote religiosos qui perti- 
nent (id ritiiui Erclcsiir oiic/itii/is. 



Subsanación general do todas las estaciones de « Viii Crucis.— 
Son muchas las lístaciones del ]'ia Ct ticis que lucron erigidas invá- 
lidamente por no haberse observado en la erección canónica alguna 
de las condiciones prescritas por la Santa Sede. Para no privar A 
los fieles de las indulgencias concedidas al piadoso ejercicio del Vin 
Crucis, el Romano Pontífice ha admitido benignamente la súplica del 
Ministro General del Orden de Menores Observantes, presentada en 
estos términos: fínnii/is onitor Sauctitati fute ctiixe sitpplicat quilfe- 
jins omnes erecí iones /mcnsi/ue oh quoslihel defeclits invalide facías 
benigue sanare dignetiir. 

Respuesta de la .Sagrada Congregación de Indulgencias: Vigore 
specialiuní facullalum a Ssnio. Dno. X. Leoue Xl¡¡ tribularuní, 
Sacra Congrcgalio Indulgentiis Sacrisque Reli<¡niis pncposita de- 
fectiis onines de quibiis in supplici libello benigne sanavil. Contra- 
riis qiíibitscnniqne non obstanlibus. — Datnm Ronuc ex Secr. ejus- 
dein S. (fongr. die 7 Aprilis 1^94. 



Sobre dispensa de impedimontos dirimentes dol matrimonio •'ia 
articulo mortis^. — La Sede Apostólica ha concedido á los Obispos la 
facultad (que podrán subdelegar en los párrocos) de dispensar /;/ 
articulo mortis los impedimentos dirimentes que obstan á la cele- 
bración del matrimonio. Partiendo de esta base se ha preguntado á 
la Congregación del Santo Oficio si el impedimento de disparidad de 
cultos y el de Religión mixta pueden ser dispensados in articulo 
tnortis sin exigir antes las condiciones que determina ordinariamen- 
te la Iglesia al conceder la dispensa de esos matrimonios, á saber: 
1.*, que ambos contrayentes prometan educar en la Religión católica 
á todos .sus hijos, así los que fuesen fruto del matrimonio como los 



REVISTA CANÓNICA 227 



que antes hubiesen nacido de concubinato ó matrimonio civil; y 2.^, 
que el consorte católico prometa emplear los medios que estén á su 
alcance para conseguir la conversión del hereje. 

La respuesta del Santo Oficio ( 19 de Marzo de 1S91) ha sido la si- 
guiente: Ciiutiones etüini in articulo mortis csse cxigendas. Dispa- 
ritatem cultas, titpote impedimctituní dirimens, in Encyclica S. OJ- 
ficii 20 Februarii 1888 comprehendi: tnixtam vero religionemjUti 
itnpediitieutum impedieus, non couiprcliendi. 

En la Encíclica á que alude la resolución precedente se concede 
á los Ordinarios la potestad para dispensar in articulo mortis en 
todos los impedimentos públicos dirimentes del matrimonio prove- 
nientes del Derecho eclesiástico, excepto el impedimento del Orden 
sagrado del Presbítero, y en la afinidad en línea recta ex copula li- 
cita. 

En consecuencia enseña últimamente el Santo Oficio que los >na- 
trimonios mixtos no deben moderarse en todo con arreglo á esta 
nueva legislación, puesto que en esos matrimonios no se trata de im- 
pedimento dirimente, sino puramente impediente. Por lo contrario, la 
disparidad de cultos como impedimento dirimente está comprendi- 
da en el catálogo de los impedimentos de que habla la mencionada 
Encíclica. En todo caso, al conceder la dispensa del impedimento, sea 
impediente, sea dirimente, es necesario exigir de los contrayentes 
in articulo mortis las condiciones susodichas, sin las cuales la Sede 
Apostólica no suele conceder esas dispensas en los casos ordinarios 
ó fuera del peligro de muerte. 



^R. ^ONORATO DEL /aL, 
Agustiniano. 







CRÓiNlCA GENERAL 



KOMA 




MO estaba anunciado, en la mañana del día 18 de Mayo se 
celebró el Consistorio secreto en el que fueron creados seis 
Cardenales, y preconizados varios Obispos. Me aquí algunos 
datos bios^ráficos de los nuevos purpurados: 

Monseñor Gil Maiiri. —Nació en Monteíiascone (Estados Pontifi- 
cios), en 10 de Diciembre de 182S. Estudió Teología y Derecho en la 
Sapiencia de Roma. Ingresó en la Orden de Predicadores, en el con- 
vento ciclla Madonna della Qitcrcia,cn 1S50, donde enseñó la Filoso- 
fía y la Teología, facultades en que obtuvo el Doctorado. Fué Prior de 
Dusseldorf, en Alemania, y del inolvidable convento de San Marcos, 
en Florencia; nombrado Obispo de Ricti en 22 de Septiembre de 1871 , 
después de Osimo y Cingoli, y últimamente Arzobispo de Ferrara. 
Ha escrito varias obras en defensa de los derechos de la Iglesia. 

Monseñor Domingo Svampa. — Nació en Montegranaro (Estados 
Pontifícios), en 13 de Junio de 1851 , y ahora cuenta cuarenta y tres 
años. Estudió en Fermoy en Roma, y ha enseñado Teología y Dere- 
cho canónico. En ISS'J fué nombrado profesor de Derecho romano, 
cátedra en que se distinguió notablemente. 

En 23 de Mayo de 1SS7 fué nombrado Obispo de Forli, y última- 
mente Arzobispo de Bolonia, la ciudad clásica de los romanistas y 
la segunda en importancia de los antiguos Estados Pontificios, en 
otro tiempo ilustrada por el gran jurisconsulto Benedicto XI\', ó sea 
Próspero Lambertini, como se llamaba antes de ser Papa. 



CRÓ.N'ICA GENERAL 22^ 



Monseñor Antonio Andrés Ferrari. — Xació en Protopiaco (Par- 
ma), en 18 de Agosto de is:*»). Es Presbítero desde el 20 de Diciembre 
de 1873; fué Rector del Seminario, y Canónigo de la Catedral de 
Parma. Ha sido profesor de Física y MatemíUicas y de Historia 
Eclesiástica. Fué Obispo de Guastalla desde Junio de 1890, y al año 
siguiente fué trasladado á la diócesis de Como, en la Lombardía, ha- 
biendo visitado escrupulosamente las 320 parroquias en que se halla 
dividida. 

Monseñor Francisco Sogna.— Nació en Poggio Ginolfo en 31 de 
Agosto de 183<). En sus primeros años de carrera eclesiástica prestó 
sus servicios á la Congregación de Propaganda y á la de Asuntos 
Eclesiásticos Extraordinarios. Fué Auditor en la Nunciatura de Ma- 
drid, y de vuelta á Roma fué nombrado Auditor de la Rota y Asesor 
del Santo Oficio. 

El P. Andrés Steinhiiber, jesuíta. —Es austríaco, y nació en 11 de 
Noviembre de 1S23. En 2o de Octubre de 1857 fué ordenado de Presbí- 
tero. Fué profesor de Filosofía y Teología en la Universidad de Inns- 
pruck y en el Colegio Germánico de la Ciudíid Eterna. Después sir- 
vió como Consultor á la Congregación de Asuntos Eclesiásticos Ex- 
traordinarios y á la de Propaganda. 

El Cardenal Sancha y Horvás.— Es harto conocido en España por 
su nunca desmentido celo en defensa de los derechos de la Iglesia, 
como promovedor del primer Congreso Católico español, del primero 
Eucarístico de Valencia, y últimamente de la Peregrinación Obrera á 
Roma. Sus servicios á la causa católica de los obreros son extraordi- 
narios en discursos y Pastorales, fundación y sostenimiento de Círcu- 
los y esclarecimiento del problema que en nuestros días domina á to- 
dos. Nació en Quintana del Pidió, diócesis de Osma, en 17 de Junio 
de 183:3. Fué nombrado Obispo de Acrópolis en 28 de Enero de 1876; de 
Avila en 27 de Marzo de 1882; de Madrid- Alcalá en 10 de Junio de 1886, 
y Arzobispo de Valencia en 11 de Julio de 1892. Siempre ha sabido 
desempeñar con acierto los importantes cargos que se le han confiado. 

—Su Santidad ha recibido una copia del Memorial que hizo la Ex- 
posición Universal Colombina de Chicago en favor del arbitraje in- 
ternacional, 3' se ha mostrado muy complacido de este nuevo esfuer- 
zo para mantener y consolidar la paz entre las naciones. El Gobierno 
de los Estados Unidos ha entregado aquella Memoria, por conducto 
de sus Embajadores, á todos los Gobiernos, y la prensa europea se 
ha apresurado á comentarla, fijándose al punto en que el único que 
reúne las condiciones de imparcialidad, ciencia y demás para arbitro 
universal es el Papa. Nosotros creemos que el arbitraje internacional 
y el desarme, cuestiones íntimamente unidas entre sí, no pasarán en 
mucho tiempo de sueños dorados; pero no es preciso añadir cuánto 
nos complace ver que, después de tanto esfuerzo de las sectas por des- 
-acreditar al Pontificado, aun conserva éste bastante prestigio para 



230 CRÓNICA GENERAL 



atraer hacia sí las miradas del mundo cuando se trata de cuestiones- 
de tan alta importancia. 

— Se está celebrando en su patria, Sinigaglia, el Centenario del 
inmortal Pío IX. Se ha inaugurado la nue\*a capilla del bautisterio, 
oficiando el Obispo Monseñor Bartoli. Han asistido fieles de todos los 
pueblos de la Marca de Ancona. Estos fueron en peregrinación á la 
capilla de la Virgen de la Esperanza, donde comulgó la primera vez 
el joven Juan Mastai Ferreli, y que visitó de nuevo en Mayo de 1857. 
La calle principal de Sinigaglia llevará el nombre de Pío IX, por 
acuerdo del Ayuntamiento. La ciudad toda se halla iluminada. Las 
fiestas durarán hasta el día 8 de Diciembre. 

— Circula un rumor que pretende explicar el aplazamiento del 
exequátur Á los Obispos nombrados para varias diócesis de Italia. 
Dícese que el Gobierno necesita la suma de tres millones de las in- 
cusas episcopales, que no puede renunciar por ahora, y he ahí la 
causa de que el exeq/uifur se difiera. Xo es, como se había creído, 
cuestión que especialmente se refiere al Patriarcado de \'cnecia. 
Respecto á dos ó tres diócesis, que han sido muy recomendadas, ha 
estado el Gobierno menos perezoso. 

— Los anarquistas siguen todavía de humor para avinagrárselo á 
todo el mundo con sus fechorías, según reza un telegrama de Roma 
de fecha 31 de Mayo último, que es del tenor siguiente: 

"Anoche se produjo grandísima alarma en esta capital por haber- 
se oído dos terribles detonaciones, que desde luego se atribuyeron á 
atentados de los anarquistas. Las autoridades y muchos centenares- 
de personas corrían de un lado á otro indagando la causa. Por fin se 
averiguó que á las diez y cuarenta y cinco había estallado una bomba 
en una ventana del piso bajo del Ministerio de Justicia, y á las once 
otra también en una ventana del Ministerio de la Guerra. 

«Afortunadamente ninguna de las dos explosiones ocasionó des- 
gracias personales, y los daños materiales son de poca importancia. 
Durante toda la noche y primeras horas de la madrugada, inmenso 
gentío ha acudido á los lugares de los atentados para examinar los 
destrozos causados por los explosivos y hacer todo género de comen- 
tarios. A pesar de las activas gestiones hechas desde los primeros 
momentos, la policía no ha conseguido todavía descubrir á los auto- 
res de los atentados. La opinión pública se muestra sumamente in- 
dignada y pide que, una vez detenidos los criminales, sean castiga- 
dos rápida y enérgicamente. „ 



CRÓNICA GENERAL 231 



II 



EXTRANJERO 

Alema.via.— El Centro Católico alemán diricíe un llamamiento á 
la generosidad de los católicos para que coadyuven á la construc- 
ción de una iglesia en Berlín, en memoria del insigne Windthorst. 
Está relacionado con este manifiesto el triunfo del Centro Católico 
en Badén, donde ha conseguido la vuelta de las congregaciones reli- 
giosas destinadas á misiones populares. Se espera que la Cámara 
federal del Imperio, en vista de este acuerdo y de otros no menos 
singulares, tomará resoluciones de importancia, relacionadas con la 
vuelta de las congregaciones religiosas á Alemania. 

—Ha fallecido en Berlín una de las celebridades del Kulturkampl, 
y uno de los diplomáticos ganados por la sabia política del Papa 
León XIII durante la misión de aquél en Roma. Nos referimos á 
M. Schloezer. Discípulo muy aprovechado de Bismark, habíale segui- 
do en todas sus evoluciones. Por fortuna, la inteligencia ya es cordial 
entre Berlín y el Vaticano, y el famoso Canciller ve desde el ostra- 
cismo cómo, si bien continúa su campaña política, disminuye su anti- 
gua influencia en materias religiosas. 

* 
* » 

Alstri.a-Hlngkía.— Escriben de \'iena que está á punto de con- 
cluir la huelga iniciada hace algún tiempo en las vastas cuencas mi- 
neras de Ostrau (Silesia austríaca). Los obreros exigían la famosa 
jornada de ocho horas, y, como es natural, no se les ha concedido; 
pues los patronos han demostrado que se verían obligados á cerrar 
sus fábricas y á despedir todos los trabajadores en ellas ocupados, 
lo'' cuales trabajadores han perdido en ocho días varios millones de 
florines. En esta huelga ha ocurrido un incidente lamentable: un en- 
cuentro entre mineros y gendarmes. Los nuevos fusiles Mannlicher 
han hecho maravillas, desgraciadamente, pues Ib tiros han bastado 
para dispersar á 2.000 obreros que iban á lanzarse contra los ocho 
gendarmes encargados de mantener el orden. Del choque resultaron 
12 muertos }• 42 heridos. Todos los médicos opinan que las heridas 
hechas por las nuevas armas son terribles, hasta el punto de que las 
balas explosivas, prohibidas por el derecho de gentes, no las produ- 
cirían más graves. 

—El Gobierno húngaro, que tanto empeño manifestaba por el mal- 
hadado proyecto de matrimonio civil, enérgicamente rechazado por 



232 CR(')\ic.\ r.rxERM. 



los católicos, y que. como dijimos hace quince días, había sido causa 
de un conflicto parlamentario entre la Cámara popular y la de los 
Señores, ha dimitido cuando menos se esperaba, habiéndole sido ad- 
mitida la dimisión por el Emperador Francisco, Rey de Hungría. 



* 
♦ * 



FnAN'ciA. — La prensa francesa ha acusado más de una vez á 
M. Carnot de hacer una política personal encaminada á conseguir su 
reelección para la Presidencia de la República. Hs ésta una tenden- 
cia que difícilmente se evita en una forma de gobierno en que la 
magistratura suprema carece de estabilidad y es blanco de las am- 
biciones políticas. 

Pero, según un diario de París, el actual Presidente, lejos de se- 
guir este camino, está resuelto á no presentar su candidatura, y se 
propone manifestar en breve que no hay que contar con él para las 
elecciones presidenciales del pró.ximo Diciembre. 

Parece que M. Carnot quiere sentar de este modo un precedente 
que obligue á sus sucesores á no pensar en la reelección, aunque en 
la Constitución de is7.'i no hay precepto alguno que se oponga á ella. 
Hs posible que las censuras anticipadas de la prensa, que le suponía 
inclinado á aspirar nuevamente al puesto de Jefe del Estado, hayan 
inlluído en su resolución; y también es probable que no quiera com- 
prometer en un nuevo período de Presidencia el prestigio que ha lo- 
grado alcanzar en el Elíseo. 

Una vez conocida la resolución de M. Carnot, si es cieno lo que 
dice el periódico del que tomamos esta noticia, surge inmediatamen- 
te la pregunta de quién será el nuevo Presidente. El diario en cues- 
tión cree que M. Dupuy, el actual Presidente de la Cámara. Aunque 
ha sido jefe de un Gobierno, no es un político de larga historia, y sí 
uno de los que más rápidamente se han elevado. Tampoco era .M. Car- 
not un político de primera fila cuando fué elegido, á consecuencia de 
la lucha entre Freycinety Ferry. Dupuy tiene en su favor el que los 
políticos republicanos de historia, ó han quedado incapacitados á 
consecuencia del escándalo de Panamá, ó no cuentan con bastante 
partido en las Cámaras. En este caso se encuentran Challemel La- 
cour, Magnin, Spuller y Constans. La lucha entre Casimiro Perier y 
Cavaignac ayudará mucho á Dupuy. Otro candidadato, neutral y de 
gran prestigio, el eminente abogado M. Waldeck Rousseau, pudiera 
hacerle sombra; pero ofrece el inconveniente de no ser ni Diputado 
ni Senador. Lo más probable es que, después de un hallotagc, triun 
le M. Dupuy en segunda votación. 

Tales eran las noticias que hace diez días circulaban por la pren- 
sa: á última hora ha surgido un enjambre de candidatos, entre los 
cuales figura M. Constans, hombre de grandes energías, y que será 



CRÓXICA GEXERAL 233 



capaz de adoptar cualquiera actitud con tal de inutilizar á sus con- 
trincantes. 

— Poco menos que eterno se consideraba el Gabinete francés 
presidido por M. Casimiro Perier; pero ha fenecido á manos de los 
socialistas y de los radicales. Mr. Jourde. diputado socialista por 
Burdeos, interpeló al Gobierno acerca de la prohibición de que los 
obreros del Estado formen Sindicato. Perier, cuya manía por las 
órdenes del día á cualquier propósito era censurada por la prensa, 
pidió una, que fué desechada por 2ó5 votos contra 225. Varios días ha 
tardado en constituirse el nuevo Mmisterio, bajo la presidencia de 
Dupuy, que desde el sillón presidencial de ia Cámara popular ha su- 
bido .1 la jefatura del Gabinete. El proo^rama del mismo es incoloro, 
acentuando algo, por ventura, la nota proteccionista, que dificultará 
los tratados internacionales. Durante el interreono, el Presidente 
Carnot ha ofiecido el poder á varios hombres políticos, entre ellos á 
Brisson, Bourgeois y Peitral, radicales; pero éstos han declinado tal 
honor, con gran disgusto de sus parciales, que se creían en condicio- 
nes de gobernar. 

* 



EsT.\DOS DE LOS Balkaxes.— No se puede negar que el joven, casi 
niño. Rey de Servia es de alientos: el partido radical le había creado 
una situación insostenible, haciendo necesaria una dictadura militar; 
y en su consecuencia, por medio de un golpe de Estado, ha sacudido 
la tutela de ese partido, proclamando la Constitución de 1866, y 
abriendo las puertas del Reino á sus padres Milano y Natalia, que 
andaban cada uno por su lado, por antiguas divergencias mutuas. 
Hasta ahora no se dice que el golpe de Estado hay-a traído otras con- 
secuencias; pero son de temer. 

— El Sr. Stambuloff, autor, podemos decir, de la independencia de 
Bulgaria y de la Constitución de aquel Estado, se ha visto precisado 
Á dimitir la Presidencia del Consejo de Ministros. Es de advertir que 
Stambuloff representaba la política de oposición á Rusia, y que dicho 
político dimitió su cargo el 29 de Mayo. Pues bien ; he aquí lo que, con 
fecha I.** de Junio, dicen las Agencias telegráficas desde Sofía: "La 
población se halla ocupada militarmente, y reina verdadero pánico 
con motivo de los desórdenes ocurridos durante la noche última. La 
muchedumbre trató de linchar, delante del palacio, al Vicepresiden- 
te de la Cámara Sr. Milleff, pudiéndose retirar moribundo. La policía 
se vio en la necesidad de hacer íuego sobre las turbas. Créese que 
varios agentes han sido linchados. Stambuloff, el Ministro dimisiona- 
rio, se ha presentado al Príncipe solicitando que le autorice para mar- 
char al extranjero. La situación política es muy grave„. 



234 CRÓNICA GENERAL 



Telegramas de Belgrado, últimamente recibidos, describen la 
situación de Bulgaria con colores muy sombríos. 

En Servia se cree que va á comenzar en el Principado vecino un 
período de anarquía, que pondrá en peligro el trono de Fernando de 
Coburgo. 

Los adversarios y los partidarios del Sr. Stambuloff en todas las 
principales ciudades búlgaras han organizado manifestaciones, que 
con frecuencia han sido ocasión de colisiones y de tumultos. 

En todo el país, y especialmente en Rumelia y su capital Filipópo- 
lis, la agitación adquiere caracteres alarmantes. Hasta ahora no ha 
producido el efecto que se esperaba una proclama en que el Prínci- 
pe Fernando excita á los búlgaros á mantenerse tranquilos y abste- 
nerse de perturbar el orden. 

Los funcionarios adictos á Stambuloff se niegan á prestar obedien- 
cia al nuevo Gabinete. 

Se cree que el ex-dictador, después de descansar durante algún 
tiempo, emprenderá una enérgica campaña contra el Gobierno de 
conciliación que el Sr. Stoiloff preside. 

La prensa de Belgrado, donde el Príncipe Fernando goza pocas 
simpatías, se hace eco de cuanto dicen los periódicos rusos, y cree 
que el Príncipe de Bulgaria se verá obligado á abdicar en breve, 
aun cuando el partido rusófilo, que capitanea Zankoff, cuenta ahora 
con muy pocos secuaces. 



* 
* * 



América. — La huelga monstruo de cuyo desenvolvimiento y fa- 
ses hemos dado noticias á nuestros lectores, no está terminada ni 
mucho menos, antes bien parece apelar á procedimientos de vio- 
lencia. Las noticias de estos días nos han hecho ver que los robos de 
trenes van tomando carácter de procedimiento acostumbrado, que á 
duras penas puede impedir la fuerza pública. Ahora les toca el turno 
á los mineros. Los últimos disturbios han tenido lugar en el Illinois, 
obligando al gobernador á enviar un destacamento de fuerzas á Las- 
salle para contener los desórdenes de los huelguistas, que habían 
atacado á la policía con revólveres y piedras, habiendo herido de bala 
á tres agentes y á pedradas á otros muchos, incluso al jefe que los 
mandaba. Mientras atacaban á los polizontes, los huelguistas grita- 
ban : ¡\'iva la anarquía! 

Por último se apoderaron de un vagón lleno de pólvora, y hacién- 
dole rodar hacia las oficinas de la mina lo hicieron explotar, ocasio- 
nando una espantosa catástrofe en la que perecieron, según se dice, 
once personas que se hallaban en las oficinas en el momento de la 
explosión. En otra localidad, 4<'X) huelguistas, armados con fusiles, han 



CRÓMCA GENERAL 233 



puesto en fuga á 150 algentes de policía, y destruido multitud de edifi- 
cios de la mina en donde trabajaban antes de la huelga. 

—La situación de la República del Salvador es gravísima, según 
los últimos partes recibidos. 

La insurrección no ha sido reprimida con la facilidad y rapidez 
que suponía el Gobierno. Se confirma la noticia de que en la san- 
grienta batalla del 24 de Mayo último recibió el General D. Antonio 
Ezeta, hermano del Presidente, heridas tan graves, que le produjeron 
la muerte á los pocos días. Fl General Presidente, D. Carlos Ezeta, 
ha juzgado tan comprometida su posición, que ha renunciado la pri- 
mera magistratura en favor del General D. Carlos Bonilla, recono- 
ciendo su impotencia para reprimir la rebelión. El General Bonilla 
es uno de los políticos más impopulares de la República, y se consi- 
dera casi seguro que estallará en breve una contrarrevolución que 
complique aún más la situación del Salvador. 

La pujanza del movimiento insurreccional es grande. Los revolu- 
cionarios continúan obteniendo triunfos y ocupando poblaciones im- 
portantes. No se conocen pormenores del movimiento, por estar cor- 
ladas las lineas telegráficas del interior de la República. 



III 
ESPAÑA 

Para solaz de gentes baldías y esperanza de políticos en estado de 
merecer, nuestras Cortes se han animado un tanto. Sobre todo, los 
dichosos tratados, y muy particularmente el hispano-alemán, han 
dado juego y lo prometen para lo que resta de legislatura. Nuestro 
Gobierno concertó con el alemán un tratado que ha tenido el privile- 
gio de sublevar á casi todas las clases productoras, comprometién- 
dose á obtener la aprobación de las Cortes. Como esto le va á ser im- 
posible, ó punto menos, en esta legislatura, por haberse nombrado 
en el Senado una Comisión, adversa en su mayoría, al nuevo con- 
cierto, los liberales acusan á los conservadores de obstruccionistas, 
3' éstos á aquéllos de inhábiles, dilapidadores y otras lindezas. Total, 
que la vida del Gabinete va haciéndose muy difícil ; el Gobierno ale- 
mán impone desde el 15 de Mayo á los géneros procedentes de Es- 
paña los derechos de su tarifa máxima, y sobre ellos un recargo de 
50 por 100 á 27 artículos, ó más bien categorías de artículos, con la 
amenaza además de que, si el concierto económico no es ratificado 
durante esta legislatura, lo considerará nulo y de ningún valor. En 
estas condiciones, dados los compromisos adquiridos por el Gobierno 



23^) CRÓNMCA GENERAL 



y el fracaso de uno de sus proyectos más importantes, ya se com- 
prenderá lo delicado de su situación. 

—El domingo 27 de Mayo celebróse en el Palacio de la Nunciatura 
de Madrid una gran recepción, dispuesta por la Asociación de Cató- 
licos de la Corte, habiendo acudido á ella miles de personas de todas 
las clases de la sociedad. El Sr. Marqués de Montalbo, Presidente 
de la expresada Asociación, leyó el Mensaje que con tal motivo se 
dirigió á Su Santidad, y cuvo texto es como sigue: 

"Santísimo I'adre: Henchida de gozo indecible la Asociación de 
Católicos establecida en Madrid con las noticias que diariamente re- 
cibe de que la Peregrinación Española Obrera ha llevado á Vuestra 
Santidad algún consuelo en medio de las amarguras que rodean esa 
augusta Silla, no puede contener el ferviente entusiasmo que todos 
sus individuos sienten al considerar que tan espléndido triunfo, con 
el cual reverdecen los laureles que nuestra amada patria tiene gana- 
dos en defensa de la Religión, es resultado de que aquella modesta 
clase de la sociedad, explotada quizá para bastardos unes desde el 
próximo pasado siglo, ha visto en \'uestra Santidad el medio de 
librarse de la desesperación á que le empujan los que, halagándola 
con los derechos propios de la soberanía, no han procurado que los 
compaginase con la miseria e i que sarcásticamente la abandonan; y 
por eso, al enterarse de las saludables enseñanzas que brotan de me- 
morandas líncíclicas, despertando en los poderosos la caridad y la 
resignada mansedumbre en los obreros, ha aclamado frenéticamen- 
te á Vuestra Santidad, reconociéndole como áncora que á todos pue- 
de dar (irmeza para resistir el empuje de las embravecidas ondas 
que fuera de aquel lugar se agitan en todas partes. 

„Permítasenos. pues, á los individuos de la Asociación de Católicos 
establecida en Madrid, y á las demás Corporaciones y personalida- 
des ilustres que nos acompañan en este momento solemne, que, al 
unirnos á las manilestacioncs de delirante y respetuoso entusiasmo 
de los peregrinos, aseguremos que han llegado hasta nosotros, con la 
misma fuerza de su potente voz, los consejos de Vuestra Santidad, y 
que los hemos colocado sobre nuestras cabezas para humillarlas bajo 
el peso de tan sagrada autoridad, llevándolos después á nuestro co- 
razón, á fin de grabarlos en él por cima de todos los afectos más en- 
trañables de la vida. 

„Dígnese Vuestra Santidad, por un acto de su bondad inagotable, 
bendecirnos, como, hincando nuestra rodilla, fervorosamente se lo 
suplicamos todos, mientras continuamos pidiendo á Dios que conser- 
ve muchos años la preciosa vida de \'uestra Santidad, para bien de 
la Iglesia, que felizmente rige.— B. el P. de Vuestra Santidad el Pre- 
sidente de la Asociación de Católicos, Marqués de Montalbo. 

„Madrid 21 de Mayo de l.S04.„ 

— La prensa de Filipinas recibida últimamente trae noticias del 



CRÓ.N'ICA geni: RAL 237 



combate sostenido por nuestras tropas en Mindanao, y del cual nos 
anticiparon los primeros pormenores los despachos oficiales. 

El día 27 de Febrero salieron de Iligán una compañía de infante- 
ría, otra de ingenieros, dos disciplinarias, una sección de artillería 
de montaña, otra de caballería y la brigada de transportes, llegando 
al fuerte Monunga ú. la caída de la tarde. 

El día 1.° de Marzo se prosiguió la marcha, dejando en el fuerte 
los enfermos con dos oficiales. Acampada la fuerza en Cantar, á la 
derecha del río Agus, no tardaron en verse las hogueras que en se- 
ñal de guerra iban encendiendo los moros, igual que hacían los de 
Melilla. Al amanecer del día 4 rompieron el fuego desde trincheras y 
barrancos situados A la otra orilla del río. Se contestó á la agresión 
cañoneando chozas y grupos, y so preparó todo para el combate. 
Hubo que lamentar la pérdida de un muerto y ocho ó diez heridos. 

En la mañana del día ."> salieron 700 hombres y la artillería, en dos 
columnas, en dirección A la ranchería de Cabasar.ln, adonde llegaron 
á las nueve y media. Los moros pidieron parlamento, y con ellos ha- 
bló nuestro comandante Soro, llegando hasta la empalizada m.is 
avanzada de las tres que rodean la cotta, obra sólida de dos metros 
de altura, con parapeto de tepes y piedra y una estacada de gruesas 
cañas de bambú encima. Lo del parlamento era un pretexto para re- 
trasar la acción, por lo cual siguieron avanzando nuestras fuerzas. 
Los moros rompieron el fuego A quemarropa, y al contestar los nues- 
tros se generalizó el combate, una lucha terrible A balazos y cuerpo 
A cuerpo. Una compañía del disciplinario, mandada por el teniente 
Gil Juste, no solamente entró en la cotta con arrojo, sino que persi- 
guió íl los que huían, cazando á varios grupos y encerrándolos en el 
tuerte. Dueña nuestra fuerza del campo enemigo, prendió fuego íl 
todo, quemando una gran cantidad de arroz que tenían almacenado. 
El cañoneo hizo que se internaran los moros más osados. 

Tuvimos siete heridos graves y unos cuarenta leves; en su mayo- 
ría éstos se lesionaron los pies con las púas de caña de que estaba 
cubierto el recinto enemigo. De los moros hubo 20 muertos y 60 he- 
ridos. Se han cogido muchos prisioneros y armas de todas clases. El 
día 25 regresó á Iligán la columna Soro, siendo recibida con música 
y aclamaciones. El día 28, cuando estas fuerzas iban custodiando un 
convoy, fueron hostilizadas por los moros; pero la vanguardia con- 
testó, haciéndoles huir. En esta escaramuza tuvimos tres muertos y 
nueve heridos. Han llegado á Iligán, con más H-opas y víveres, los 
Generales Blanco y González Parrado. Como los moros siguen en 
actitud rebelde, el General Blanco ha dispuesto todo lo conveniente 
para asegurar el territorio fronterizo. 

Si alarmantes son estas noticias, no lo son menos las que última- 
mente se han recioido. He aquí cómo las relata un diario de la Corte: 

■'Xo viene ya correo de Filipinas que no traiga noticia de nuevos 



238 CRÓ.VICA GEXERAL 



combates librados por los moros de Mindanao contra nuestras tropas. 
El 12 de Abril hubo en Pantar un encuentro, fértil en episodios dra- 
máticos. Al hacer la descubierta del fuerte, observóse que estaban 
emboscados unos 12U moros, que cargaron con la mayor furia so- 
bre la compañía disciplinaria que manda el teniente D. Gil Juste. 
Enlabióse la lucha, y cuando más reñida era, tres ó cuatro moros 
acometieron al teniente Gil; éste apuntó con su rifle, disparó y no 
salió el tiro, sin duda por haber consumido los diez cartuchos del de- 
pósito. Al notarlo los moros se precipitaron sobre él; el teniente Gil 
acude á tomar el Remington de un disciplinario herido, resbala, cae 
y allí hubiera perecido á no ser por otro disciplinario que logró herir 
A un moro de un balazo y matar A otro con la bayoneta, no sin antes 
recibir un tremendo golpe de cris en la cabeza, que lo dejó grave- 
mente herido. 

Gil juste, que ya se había levantado, logró ahuyentar A los demás, 
terminando la sangrienta descubierta con ocho moros muertos i'que 
cogieron nuestros soldados), cinco prisioneros y de Id á 20 heri- 
dos, casi todos de ba^'oneta. La compañía disciplinaria tuvo cua- 
tro heridos gravísimos, entre ellos el que salvó la vida al teniente Gil, 
y seis de menos gravedad. Precisamente el mismo día, al salir el ga- 
nado del fuerte de Malabang, custodiándole 3.') hombres, observóse 
L|uc también allí había moros emboscados. La escolta hizo fuego en 
el acto, salieron á nroynrl.T m.is fuer/.ns v los moros se declararon 
en fuga.„ 

Al reconocer el campo hallóse entre los muertos un moro que fin- 
gía hallarse gravemente herido y no poderse mover. Un cuadrillero 
del fuerte se disponía ya á rematarlo, cuando el capitán Prieto, lle- 
vado de un sentimiento humanitario, y al propio tiempo con el fin de 
ver si haciendo un prisionero podía averiguarse la ranchería de don- 
de procedían y el motivo que les impulsaba á presentarse en son de 
guerra, ordenó que no lo hiciese. En aquel momento el moro se in- 
corporó, y cris en mano se arrojó sobre el humanitario capitán, que, 
en lucha personal con aquel salvaje, sacó cuatro heridas; una en la 
mano derecha, dos en la izquierda, y la última en la pierna de igual 
lado. Al día siguiente hubo que amputar al capitán la mano izquier- 
da. Los moros dejaron sobre el campo siete cadáveres. El General 
Blanco ha dirigido una comunicación al sultán de Marani, jefe de una 
de las rancherías más bravas y populosas de la Laguna, intimándo- 
le, en nombre de España, que se someta, deponiendo en absoluto su 
actitud. El sultán ha contestado que no teme á los españoles, y que 
por cada soldado que lleve el General Blanco presentará él cien mo- 
ros más valientes que los castillas. 

— Un diario liberal inserta con mucho encomio el anuncio de las 
publicaciones de la Sociedad Bíblica. Dicho diario, manifestando 
crasa ignorancia ó malicia refinada, ó entrambas cosas á la vez, dice 



CRÓNICA GENERAL 23<^ 



que la expresada Sociedad no hace propaganda protestante; y para 
probarlo, añade que se dedica á la publicación y circulación de un 
solo libro: las Sagradas Escrituras sin notas, para que todos puedan 
aprovecharse de sus producciones. Si hubiera añadido que además 
mutiladas, hubiera completado el pensamiento. 

¡ Alerta! Diga lo que quiera la Sociedad Bíblica, y repitan cuanto 
gusten los diarios democráticos, las producciones de la repetida So- 
ciedad son género averiado y malsano, del que deben huir nuestros 
lectores. 

—En Espublins, caserío perteneciente al Ayuntamiento de Coll 
de Nargo (Lérida), ha ocurrido una gran catástrofe. De la inmensa 
mole de piedra que formaban las montañas vecinas desprendiéronse 
grandes bloques, produciendo su caída sobre las casas y calles un 
ruido tremendo, que consternó y llenó de pánico al vecindario. Mu- 
chas familias se vieron envueltas entre los escombros, pudiéndose 
salvar algunos de los individuos de las mismas que se apresuraron 
á buscar á los que faltaban, y que se encontraban dentro de las casas 
al ocurrir la catástrofe. El pánico fué horrible. El caserío ha queda- 
do en ruinas, y entre éstas se hallan sepultadas de trece á catorce 
personas y varias caballerías. 

Los vecinos, según las noticias recibidas, hacen esfuerzos inaudi- 
tos para desenterrar á las personas envueltas entre los escombros, 
suponiéndose que hayan perecido. 




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OBSERVACIONES METEOROLÓGICAS 













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lANSENISMO Y RFXALISMO EN ESPANA 



(1) 



(datos para la historia) 



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Al Sr. D. Marcelino MinuUides v Pelaxo. 




»s L¿cni¡)o6 son vidriados, exclamaba el P. Calata- 
yud tronando contra Gacetas y Mercurios. No 
echemos más carne al fuego, decía el Rey á Ta- 
nucci que con frecuencia le exhortaba á continuar en sus 
ataques contra la Iglesia. Porque las inauditas y draconia- 
nas leyes del exequátur excitaron una reacción favorable 
á Roma; y ante la voz del Episcopado y del Papa, condo- 
liéndose de la actitud provocadora del Monarca, éste pen- 
só, sin duda, que el fruto aún no estaba en sazón. Carlos III 
era partidario de ir poco á poco, hacer las cosas sin ruido 
y con oportunidad; pero sus consejeros le empujaban; eran 
hidrópicos reformistas, fogosos revolucionarios. 

De resultas de haberse recogido preventivamente las 
Reales cédulas del pase, cayó del Ministerio Valí; y el Car- 
denal Torrigiani y los ultramontanos se conformaron con 
aquel triunfo, aunque efímero, porque sólo fué un parénte- 
sis de mayores represalias contra el Clero. A Valí sustituyó 
Grimaldi, cuyo retrato es mejor verlo en sus mismas pala- 



(1) Véase la pág. 199. 

La Ciudad de Dios. — \íio XIV. — \m. 2¡í. 



i6 



242 JANSENISMO Y REGALISMO E.\ ESPAÑA 



bras: "El día que los Príncipes abran los ojos, le harán 
confesar que ellos son los que tienen justicia para reducir 
á la corte de Roma d que les restituya lo que iujustmncute 
les ha usurpado; en vez que ahora, por ir las cosas al revés, 
vemos que el reo poseyente intenta nuevas pretensiones 
contra el despojado. ¡Dios quiera que veamos el momento 
feliz de que la parte católica de la Europa rompa la cadena 
con que por tantos años se ha visto oprimida de la ignoran- 
cia! Pero quiere nuestra miseria que se alargue una época 
tan dichosa„ (1). Aunque la forma literaria corre parejas 
con la doctrina progresista, bien se conoce que el Clero 
nada ganó con el cambio de Ministros. 

Y aún era más explícito Grimaldi. Según él, Roma siem- 
pre trataba con tiranía á la corte española. Lamentándose 
de la ifíHorancia de los siglos pasados, no podía compren- 
der cómo ahora, habiendo aquí tantos varones instruidos en 
las regalías, no se rompiesen de una vez las cadenas de la 
superstición. Tanucci, como para consolarle, apuntaba la 
idea de un Concilio general; pero Grimaldi no hallaba reme- 
dio sino en que los seglares se hiciesen justicia por sí mis- 
mos; pues los eclesiásticos, gente enemiga de todo sistema 
que suene á regalía, metida siempre en su escolástica sin la 
menor noción de controversia ni historia, no conoce más de- 
recho canónico que el de las Decretales, ni más libro bueno 
que los que tratan de la infalibilidad pontificia. Luego la em- 
prendía á ramalazo limpio contra los frailes, diciendo que 
no tienen patria desde el instante en que profesan ; que se 
deben mirar, no como extranjeros, sino como enemigos del 
Estado en que nacieron; que eran una milicia sostenida con 
empeño por los Papas para hacer la guerra á los pueblos. 
La Europa católica había estado ciega durante muchos 
siglos, dejando propagar esa carcoma que la roía interior- 
mente; y quizá, cuando quisiera exterminarla, no pudiese 
conseguirlo. Y concluía con este arranque propio de un 
volteriano: "Si no tenemos ni habilidad ni valor para ejccu- 



(l) Carta de Grimaldi á Tanucci, Aranjuez 15 de Marzo de 1764. — 
Archivo general de Simancas, Estado, leg. 6.096. 



i 



JANSENISMO Y REGALISMO EN ESPAÑA 243 

tar la empresa, tengamos á lo menos paciencia y sigamos, 
como hasta aquí, curando las llagas que nos hace la corte 
de Roma con ungüentos y emplastos , como dice un abo- 
gado, hombre de bien, de ese reino„ (1). 

¡Y vaya si tenían alientos, y habilidad también, para eje- 
cutar la empresa aquellos Ministros del piísimo Carlos III! 
El 11 de Septiembre apareció una ley prohibiendo á los re- 
gulares residir en los pueblos con casa poblada para admi- 
nistrar sus haciendas y labores; y en el Consejo de Castilla 
seguía tratííndose de evitar la adquisición de bienes raíces 
por manos muertas, preparando así la llamada desamorti- 
zación. Todo era empezar. Y después de las ventajas obte- 
nidas por el Concordato del 53, nada era imposible. 

Respecto de los jesuítas no eran menos valientes aquellos 
empedernidos revolucionarios. De atrás venía la ojeriza 
contra ellos, llamándoles espías, sediciosos, rapaces, rebel- 
des, traidores y enemigos de las leyes y de los soberanos, 
con otras lindezas por el estilo. Tanucci, el más implacable 
y tenaz adversario de la Compañía, llevaba siempre tan 
agarrada al cerebro la idea de extinguirla por completo, 
que allí donde llegaban sus furibundas cartas, iba también 
la propaganda contra todo lo que oliese de cerca ó de lejos 
á tan ilustre Orden. Xo hay para qué decir que, siendo 
Tanucci el inspirador de la política española seguida en la 
corte de Carlos III, aquí hallarían eco y aplauso esos idea- 
les. Cuando el Parlamento de Francia decretó la expulsión 
de los jesuítas, Valí escribía á Roda: Las dei7ids potencias 
seguirán, y yo pronostico qne Ja España será sólo qtiien 
los proteja, y Dios sabe por encinto tiempo (2). Salieron 
á flote las manoseadas cuestiones del regicidio, de la moral 
relajada, etc., etc.; se publicó el libro de Luis Rene titulado 
Cuenta dada de las Constituciones de los Jesuítas al Par- 
lamento de Bretaña; y Tanucci, calificándolo de obra 
maestra, se apresuró á recomendárselo á V^all para que 
éste indujera al Re}^ á leerlo, "como excelente lectura para 



(1) Grimaldi d Tanucci, 26 de Junio de 1/64.— Danvila, tomo ii, pá- 
gina 244. 

(2) Valí á Roda, 23 de Marzo de 1762.— Danvila, tomo ii, pág. 285. 



244 JAXSE.MSMO Y REGALISMO EX ESPAÑA 

un rey sabio que odiaba la doblez y la malicia„. Para exci- 
tar el apetito de Carlos III, le indicaba la parte del libro 
donde trata del regicidio; doctrina que, según él, era una 
consecuencia necesaria de las Constituciones de la Compa- 
ñía. En otra carta decía á Galliani: "Los jesuítas caen con 
gran velocidad, á la manera que los muertos. Dejarles caer, 
que otros muchos han muerto á sus impulsos^. Y dirigién- 
dose al Duque de Losada, Sumiller de Corps y confidente 
del Rey, convidábale á leer otra obra, Los Parlamentos de 
Francia, "y después de esto, permitiera que en España hu- 
biese iesuítas„. 

En cambio, Carlos III no se apuraba cosa maj'or por esas 
tendencias de sus Ministros. Dejándoles hacer, se reserva- 
ba su opinión; y sólo cuando se ventiló el asunto de, si los 
jesuítas eran ó no mendicantes, indicó á Tanucci que sobre 
la cuestión pri}icipal era menester ir, con mucho tiempo, 
remediando insensiblemente y sin ruido „ (1). Notan insensi- 
blemente ni tan sin ruido fué la providencia tomada de apar- 
tar á los jesuítas del confesonario regio; de lo que Grimaldi 
se congratulaba, celebrando el nombramiento del P. Osma 
para confesor del Rey como una derrota de los jesuítas 
que habían solicitado ese puesto ; y Losada añadía á Tanuc- 
ci que, en adelante, ni el P. López ni ningún otro jesuíta 
tomarían parte en los negocios de la corte. Era, pues, cosa 
evidente que también en España iban perdiendo terreno, 
por muy diversas causas, los Padres jesuítas. 

Cuando estalló en Francia la tempestad contra ellos, y 
el Papa Clemente XIII expidió la célebre Constitución ponti- 
ficia Apostoliciun pasccncii, confirmando los privilegios de 
la Compañía, ensalzando sus glorias y sus apostólicas ta- 
reas, Carlos III escribía á Tanucci: "Todos sabemos su fin, 
y lo que es y lo que no es, según su fundador; pero me pa- 
rece que no conviene meter ruido ni fuego por ahora, sino 
hacer que esos Tribunales hagan por sus pasos, por sus re- 
glas 3^ por sus le3^es lo que deban; con lo cual, si no se pue- 
de rem.cdiar todo como se debería, á lo menos se pone fre- 



(1) Caita de Cai'Ios 111 á Tanucci, 5 de Abril de 1763. 



JANSENISMO Y REGALISMO F.X ESPAÑA 245 

no„ (1); y en otra del 20 de Agosto le aprobaba que hubiese 
impedido la estancia de los jesuítas en Sicilia, esperando 
sacar de ello el fruto que deseamos. 

El Cardenal Torrigiani, Secretario del Papa, pregunta- 
ba al Nuncio Pallavicini, qué efecto había causado aquí en 
España la Bula Aposfoli'cu/n. Y el Nuncio respondía, que se 
consideraba nociva é inoportuna, y hasta los amigos más 
declarados de la Santa Sede, 3^ aun los partidarios de los 
jesuítas, afirmaban que, en el estado aotual de los sucesos, 
ninguna utilidad podía reportar en Francia ni Portugal, 
donde se haría más difícil la paz con la Iglesia; que hasta 
en los países donde la Compañía estaba más arraigada, se 
exponía á perder más bien que á ganar; pues todos creían 
que la Bula había sido sugerida por los mismos jesuítas. 
Voz general era que éstos gozaban en Roma de mucha 
autoridad con el Papa, y que éste ignoraba su verdadera 
posición (2). Publicábanse en la corte pasquines y libelos 
infamatorios contra el Clero; el Consejo de Castilla y el 
Santo Oficio andaban solícitos en descubrir á los autores; y 
era entonces cuando el P. Calataj^ud se expresaba en estos 
tristes términos: Los tienif>os son vidriados: el Cardenal 
Solis, el Padre Provincial ú otros dehian echarse á los pies 
del Rey y suplicar el remedio. Carlos III dirigió una Real 
orden á los Obispos y Superiores de las Órdenes religiosas 
para que sus subditos ni leyeran ni propagasen los opúscu- 
los satíricos de carácter sedicioso contra el Rey y sus Minis- 
tros. Y el General de la Compañía aconsejaba incesantemen- 
te á los jesuítas de España evitasen en lo posible dar el me- 
nor pretexto para hablar de sí en aquellas críticas circuns- 
tancias, conociendo, sin embargo, la dificultad de contener 
en sus propios límites á todos los individuos de una Orden 
tan numerosa (3). 

La atmósfera contra la Compañía se iba enrareciendo 



(1) Carta de Carlos III á Tanucci, 2 de Julio de 1765. — Danvila, 
tomo II, pág. 291. 

(2) \'éase al oratoriano P. Theiner, Hisioire díi Pontíficat de 
Cle)nente XIV, tomo i, pág. 65. 

(3) Danvila, tomo 11, pág. 598. 



246 JANSENISMO Y REGALISMO EN ESPAÑA 



cada vez más en España. Así lo comprendieron no pocos je- 
suítas muy caracterizados, sobre todo el Provincial de Cas- 
tilla P. Nectuoso, cuya correspondencia con el General Pa- 
dre Ricci es por demás interesante, no sólo por los datos 
que contiene acerca de los sucesos de entonces, sino princi- 
palmente por ser reflejo fiel y auténtico del estado moral de 
la Compañía. No extractaré todas las cartas de ambos, por- 
que, además de ser muchas, sería rebasar los límites de la 
discreción ; sino lo que atañe y precisa para esclarecer un 
poco la Historia. 

Mucho se ha calumniado al celebérrimo P. Ricci, pin- 
tándole como un hombre maquiavélico; pero yo, que tengo 
delante sus cartas auténticas, con sus firmas autógrafas; 
en papel, á veces bastante malo, diminuto y bien aprove- 
chado, cual si temiere faltar á la pobreza; veo en ellas, fiel 
trasunto de un alma hermosa, al varón de vida intachable, 
de vasta cultura, prudencia consumada y solidísima pie- 
dad que le hacía lamentarse de los abusos introducidos en 
su Orden, con ánimo sincero de corregirlos en silencio y á 
puertas cerradas. Él no podía menos de conocer la cerrazón 
que amenazaba en Europa contra la Compañía ; y hombre de 
grande entendimiento y espíritu devoto, lanzando una mi- 
rada por entre aquella formidable conjura, alcanzaba á ver 
bien claro el dedo de la Providencia señalándoles el camino 
de la persecución que purificase el oro, apartando de él las 
escorias. Así es que un día y otro manifestaba al P. Nec- 
tuoso, Provincial de Aquitania y después de Castilla, su 
vehementísimo deseo de que reviviese el antiguo espíritu de 
la Orden. Y el P. Nectuoso, como identificado con el mismo 
pensamiento, desde San Sebastián le escribía proponiéndole, 
para levantar la Compañía á su antiguo esplendor, la po- 
breza que tanto debían amar, atribuyendo las calamidades 
de Portugal y Francia á la falta de esa virtud. Esto mismo 
lo reconocía el P. Ricci en unos consejos espirituales que 
dio á los jesuítas españoles, como norma de conducta en 
aquellos calamitosos tiempos, encargándoles sobremanera 
la obediencia y la pobreza. "Mirad con horror aun la sombra 
del gobierno de un \"icario General; pues lo mismo es dis- 



JANSENISMO Y REGALISMO EN ESPAÑA C47 



minuirse la autoridad del General , que corromperse el Ins- 
tituto...: los males que ha padecido y padece la Compañía, es 
por el poco amor de algunos á la santa pobreza.,, 

Diseminados por varias partes los jesuítas franceses, 
pedía el General al P. Nectuoso un Catálogo de los que su- 
piera habían pedido dimisorias absolutas para no volver á 
la Compañía, y también de aquellos que prometieron volver, 
si se revocase el decreto de dispersión en Francia. Con tal 
motivo informábale de cómo unos quisieron las dimisorias 
con absolución de votos, otros con permanencia de ellos, y 
algunos ni aun hicieron memoria del regreso; pero que no 
convenía admitir á muchos de los que prometieron volver. 
Dale noticia de los jesuítas franceses que vivían en España, 
que en la provincia de Guipúzcoa había sesenta }" cuatro; y 
que exceptuando algunas cosas, lo pasaban bien, aunque eran 
afligidos con algún temor, sabedores de que en el Consejo 
de Castilla se trataba de expulsarlos de aquí. En el reverso 
de! papel propone al P. Ricci varias dificultades que podrían 
ocurrir en caso de ser revocado el decreto del Parlamento 
francés. "Acudirán (dice) de todas partes nuestros compañe- 
ros pidiendo ser admitidos á los ministerios de la Compañía; 
y aunque, en cuanto á los profesores, no ha}'' razón de dudar 
en orden á su admisión, debemos, no obstante, poner mucho 
cuidado en la asignación de casas y en conocer quiénes 
serán más útiles para nuestro ministerio. Mayor dificultad 
habrá tocante á los jóvenes j»" escolásticos aprobados. ¡Cuán- 
tos de ellos habrán dejado enfriarse ó desvanecerse el espí- 
ritu de la Compañía, y habrán bebido las costumbres del 
mundo; cuántos á quienes más la necesidad que la piedad 
traiga á nosotros !„ 

En carta del día 3 de Diciembre del mismo año (1764) 
manifestábale que se iba haciendo dificultoso y aun imposi- 
ble vivir en España, no solamente por lo mal que habían 
sido recibidos los últimos expulsos, sino principalmente por 
los malos vientos que contra ellos corrían en la corte, siendo 
tratados como escoria del reino; y que creía necesario dar 
testimonio público de que no eran desterrados de Francia, 
sino que, por benigna licencia del Rey Cristianísimo, pasa- 



248 JANSENISMO Y REGALISMO ExV ESPAÑA 



ban á esta nación. En otra, más grave, del 16 le envía un 
decreto para que por él deduzca el estado angustioso de los 
iesuítas en Francia. Opina que el mal es irremediable, ni 
había para qué esperar consuelo sino en aquellas palabras 
de Job: Sea el nombre de Dios bendito. Suplica al General 
qué deben hacer con beneplácito del Sumo Pontífice ; si con- 
vendría volver á Francia ó permanecer en España; que si 
lo último, rogase al Papa intercediese con Carlos III para 
que éste no les mandase salir de aquí, aunque muchos te- 
mían que á los jesuítas españoles había de sucederles lo que 
á los de Francia, según testimonio de cuantos conocían 
bien las cortes europeas, y así convendría estar sobre aviso. 
Acerca de esto pedíale el General más pormenores; 3' el 
P. Nectuoso, en carta de Abril del 1765, se los dio bien ter- 
minantes: "En España tiene la Compañía muchos enemigos 
muy prevenidos á contradecirla. Estos serán ayudados, 
con el favor de un Ministro que está para venir desde Roma 
á ejercer un empleo muy acomodado, para expulsar á la 
Compañía (1). Los jesuítas españoles no ignoran esto; pero 
piensan que no deben temer mientras viva la Reina Madrc„. 
Tiernos episodios hubo, y ejemplos muy edificantes die- 
ron algunos jesuítas en la expulsión de Francia, según se 
desprende de la correspondencia que examino. Como para 
consolar al P. Ricci del mal paso de algunos jesuítas admi- 
tiendo el juramento de los Parlamentos, dábale noticia de 
dos jóvenes, llamados Juan Bautista Legrave y Raimundo 
Vidal, que salieron de Francia para Lotaringia, dispuestos 
á caminar hasta el fin de la tierra por retener el modo de 
vivir de la Compañía. Y como el P. Ricci deseara renunciar 
el Generalato en vista de las contradicciones que le agobia- 
ban, le disuade el P. Nectuoso con estas gravísimas frases: 
"¿Qué sería de nosotros, qué sería de nuestra Compañía, si 
careciésemos de aquel á quien Dios nos concedió como Ca- 
pitán para nuestra dirección en medio délas dificultades que 



(1) Alude á D. Manuel de Roda, que, de agente en la Curia romana, 
vino por ese tiempo con el nombramiento de Secretario de Estado y 
Gracia y Justicia. 



JAXSEXISJIO Y REGALISMO EN ESPASA 249 

nos rodean; si fuésemos privados de aquel que nos fué dado 
para apartarnos de todo error, para restituirnos al fervor 
primitivo y dar á la Compañía su antigua hermosura?... No 
necesitamos de nuevo Prepósito, sino de nuevas costum- 
bres... La mano paternal de Dios nos envía, por medio de 
los hombres, los males con que somos afligidos para traer- 
nos á un d(íseo ardentísimo de nuestra perfección, de la sa- 
lud de los prójimos y de la gloria de Dios; y luego que se 
remedien los males de que adolecemos, Dios pondrá en to- 
dos pensamientos de paz, y congregará á sus dispersos 
hijos„. 

El P. Ricci insistía en aconsejar á todos los jesuítas es- 
pañoles prudencia y circunspección en aquellas circunstan- 
cias, para que nadie tuviese que censurar su conducta, ace- 
lerando la última calamidad y persecución que presentían. 
¡Ojalá hubieran cumplido todos con tan sabios y oportunos 
consejos! Porque entonces no tendría yo necesidad de de- 
cir lo que voy á decir para explicar más tarde ciertas cosas. 

Tan ufanos y llenos de sí mismos se hallaban algunos 
jesuítas, que á pesar de vivir en aquellos tiempos calamito- 
sos, viendo encima el nublado que les amenazaba, en vez de 
hacerse pacíficos con la persecución y unirse á las demás 
corporaciones religiosas contra el común enemigo, fomen- 
taron de nuevo la guerra, harto recrudecida, con las deplo- 
rables cuestiones escolásticas. La Orden de San Agustín 
hacía tiempo que, como hemos visto, era el blanco predilec- 
to de sus ataques, por lo mismo que entonces tenía no esca- 
sa influencia en las naciones de Europa. Y como si nada se 
hubiera adelantado con la vindicación del Cardenal Noris, 
lo mismo en Roma que en España; como si de nada sirviesen 
los repetidos fallos de entrambas Inquisiciones, defendiendo 
la pureza de la doctrina agustiniana, volvieron á ultrajarla, 
en la cabeza del famoso y erudito Cardenal, en unas conclu- 
siones públicas en la Universidad de Salamanca, delante de 
los Doctores y de los representantes de todas las Ordenes 
religiosas, no 3'a sólo como jansenista, sino como calumnia- 
dor de los Santos, especialmente de San Juan Crisóstomo. 
En vista de que esos ataques y escándalos se repetían con 



250 JANSENISMO Y REGALISMO EN ESPAÑA 

frecuencia, el General de los agustinos escribió un decreto 
prohibiendo a todos sus subditos asistir á los actos públicos 
de los Padres jesuítas; pero se interpusieron varios perso- 
najes, entre ellos el Inquisidor General, D. Manuel Quintano 
Bonifaz, prometiendo arreglar las diferencias y suavizar el 
roce de ambas Corporaciones. La carta que con este motivo 
escribió el Rvmo. P. Javier Vázquez al Inquisidor, bien me- 
rece conocerse y pasar á la Historia. Dice así: 

"Muy .Sefíor mío y mi Dueño: Monseñor Herreros me 
comunicó un capítulo de carta, en que V. S. Ilustrísima 
significa su deseo de que j'o suspenda la providencia de 
prohibir que concurran mis religiosos en funciones litera- 
rias con los Padres de la Compañía, prometiendo que los 
obligaría á dar una honrosa satisfacción á mi Religión por 
la demasía con que había procedido su Actuante en la Uni- 
versidad de Salamanca. Lo que dije en compendio á Mon- 
señor Herreros, repito ahora con alguna extensión, á fin de 
informar á V. S. Ilustrísima de las razones que tuve para 
pensar en tomar la dicha providencia. Cuando llegó á mi 
noticia el suceso, hice memoria de otros semejantes, con 
que me han dado los Padres mucho que sentir en el tiempo 
de mi gobierno. Poco antes de su naufragio en Portugal, 
afirmaron en públicas conclusiones defendidas en Coimbra, 
que Gregorio de Rímini decía haber pecado venialmcnte la 
Virgen Santísima. Reconvenidos en la misma Universidad 
de esta escandalosa calumnia, dijeron que ellos decían lo 
mismo que decía Suárez. Apurado el punto con los docu- 
mentos á la mano, se halló ser pura impostura con que deni- 
graron los Padres la fama de aquel insigne teólogo, que 
más que otro ninguno fiscaliza su doctrina. Los oficios que 
hicieron mis religiosos para resarcir el decoro del hábito, 
los hizo inútiles la prepotencia de los Padres en la corte de 
Lisboa; pero la Corte del Ciclo decretó poco después una 
radical satisfacción. 

„También tomó Dios por su cuenta la satisfacción que 
deberían haber dado á mi Religión por la grave ofensa que 
le hicieron poco antes que comenzase su tragedia en Fran- 
cia, defendiendo en Tolosa públicas conclusiones en que afir- 



JANSENISMO Y REOALISMO EN ESPA.VA 251 

maban que la doctrina agustiniana de Gracia era la fuen- 
te de donde nacía la herejía janseniana. En Córdoba publi- 
caron con la estampa (será cosa de dos años) que la doctri- 
na Agustiniana de Gracia no es católica. Lo mismo defen- 
dieron, casi por el mismo tiempo, en Herbípoli. Y contem- 
poráneamente en Praga hicieron otro tanto, añadiendo la 
impertinencia de llamar á los agustinianos antonomástica- 
mente Paires Magistros en concursos públicos y privados, 
con palabras y con escritos, dando á entender con esta ri- 
dicula invención que los agustinianos somos jansenistas. 
Este oprobio irrisorio no terminó hasta que la Sra. Empe- 
ratriz, Reina de Hungría, tomó la providencia de que par- 
tiese de Praga el principal autor, bien persuadida de que 
todo nacía de haber establecido en las Universidades de 
todos sus Estados cátedras de la doctrina agustiniana, con 
orden de que los Profesores explicasen á sus discípulos la 
Teología de Juenin, que es una áurea institución teológica 
que contiene la pura doctrina de S. Agustín, y que los Pa- 
dres se han empeñado en hacerla pasar por un seminario 
de herejías. 

„V. S. Ilustrísima sabe que, valiéndose del medio respe- 
table de Monseñor Languet, Obispo de Francia, intentaron 
los Padres la proscripción de las obras de los agustinos Be- 
lleli y Berti, calumniándoles de herejes, y en ellos á toda la 
Religión agustiniana; y que este empeño en que metieron 
al inocente Prelado, terminó vergonzosamente en que reti- 
rasen su libro; porque, publicada la apología de mis religio- 
sos, se halló estar compuesto todo el libro del Prelado de 
supuestos falsos y verdades desfiguradas ó mal entendidas. 
¿Quién creería, Señor Ilustrísimo, que después de un suceso 
tan vergonzoso para los Padres de la Compañía, y que, por 
ser cosa de hecho, basta tener ojos para conocer la verdad, 
habrían de tener valor para hacer nueva acusación contra 
los mencionados mis religiosos? Ninguno, sin duda, lo cree- 
ría según todos los principios de regular prudencia; pero 
como la de los Padres sale fuera de la esfera del común 
pensar de los hombres, hacen que se crea lo increíble. Po- 
cos meses después de la asunción del presente Papa al Pon- 



252 JANSENISMO Y REGALISMO EM ESPASa 

tincado, hicieron que cierto Obispo de Francia (cuyo nom- 
bre callo, por que á su injusticia corresponda la caridad si- 
lenciosa) escribiese á Su Santidad con la misma acrimonia 
que Monseñor Languet contra dichos religiosos, tratítndo- 
los de herejes fomentadores de los de Francia. Tengo en 
mi poder los documentos; los cuales, aunque despreciados 
como partos de una ciega obstinación, es cierto que no en- 
gendran buena sangre. 

„Todos estos sucesos y otros, que frecuentemente acae- 
cen en esta Italia... me causaron gran dolor; pero el re- 
ciente de Salamanca lo aumentó hasta lo sumo. Porque vi- 
viendo yo persuadido de que, á vista de la solemne deter- 
minación de ese .Santo Tribunal, descansaría ya en paz per- 
petua el Cardenal deNoris, lo vi de repente inquietado con 
la calumniosa imputación de haber hablado con desprecio 
de San Juan Crisóstomo; siendo así que aun de personas no 
santas, que han estampado en sus libros desprecios y opro- 
bios contra mi Padre San Agustín, habló siempre con una 
admirable moderación. Haci<5ndome cargo de todas las cir- 
cunstancias de este suceso, y descando al mismo tiempo 
evitar en lo futuro que mis religiosos fuesen testigos de 
semejantes injurias, que siempre traen consigo la discordia 
enemiga de la caridad cristiana, que deseo sea la norma de 
mi Religión con todas, creí justo y aun obligatorio, formar 
un decreto, y de hecho lo formé, ordenando á mis frailes 
que, il fin de evitar sonrojos semejantes á los padecidos en 
las ocasiones sobrecitadas, no concurran á los Congresos 
literarios de los Padres de la Compañía. Pero luego que el 
limo. Sr. Obispo de Guamanga me avisó que el negocio es- 
taba en manos de V. S. Ilustrísima, suspendí la expedición 
del decreto y determiné escribir á V. S. I., como lo hice, 
bien persuadido de que su equidad y su amor á mi Padre 
San Agustín harían que la diferencia terminase con honor 
de la memoria de un hombre inocente, perseguido en vida y 
muerte, y aun más allá del sepulcro. Así lo espero; y ofre- 
ciéndome con la más sincera voluntad á la disposición 
de V. S. I., pido á Dios prospere su vida por muchos años. — 
Roma, 28 de Marzo de 1765. „ 



JANSENISMO Y REGALISMO EN ESPAÑA 253 



Si estas y otras cosas sucedían con los agustinos; si de 
tales vejaciones eran con frecuencia víctimas, no es de ex- 
trañar que, dada la condición humana, algunos trabajasen 
luego para la total expulsión de los jesuítas, creyendo li- 
brarse de ese modo de sucesos "que no engendran buena 
sangre „ ; y que otros, viéndoles caídos de la universal re- 
putación, y desterrados de España, se alegrasen de su ruina, 
sin tener en cuenta que la revolución todo lo arrasa, y que 
ellos mañana seguirían también el camino del destierro, 
aunque por causas muy diferentes. 

Pero conviene dejar consignado que las imprudencias 
de muchos jesuítas motivaban el que fuese tomando mayor 
incremento cada vez la idea de su expulsión , haciendo que 
las corporaciones religiosas, á quienes atacaban con esa 
tenacidad, se declarasen en contra suya. Ellos, aun en la 
hora suprema del combate, se creyeron poderosos para 
contrarrestar la persecución; y, como si nada les aconte- 
ciese, agitaron las antiguas querellas y disputas, desprecia- 
ron glorias muy legítimas de otras Órdenes, cuando no las 
ultrajaban con epítetos sangrientos; y al monopolizar la 
enseñanza en las Universidades, y al creerse dueños absolu- 
tos de las inteligencias y los corazones, olvidaron que el 
mundo es sobrado extenso para en él dilatarse con holgura 
las demíts corporaciones, providencial é independientemente 
nacidas al fecundo calor de la Iglesia, y no para ser escla- 
vas unas de otras más que con el vínculo de la fe y la cari- 
dad que debe unirlas á todas en Jesucristo. 

Ahora bien: ¿sería el espíritu jansenista quien movió á 
los agustinianos á acrecentar el número de los enemigos 
de la ilustre Compañía de Jesús cuando sonó la hora de su 
expulsión y extinción? 

Pronto lo veremos. 

I^R. /AauVKL. f. yVllGUÉLEZ, 
Agustiniano. 



Astronomía ^^^ 



XÍH 



LAS MANCHAS SOLARES 




JAMOS dicho que la intensidad luminosa, y aun 
calon'lica, no es uniforme en todos los puntos de la 
superficie solar. Basta, en efecto, diriíjir un an- 
teojo de mediana potencia, y recorrer con él el disco del as- 
tro, para observar inmediatamente puntos obscuros, aisla- 
dos, ó formando grupos que ocupan m«1só menos extensión, 
se.íjún los casos. Si la observación se repite durante unos 
días sejíuidos, y hasta de un día al siguiente, se nota que 
aquellos puntos obscuros, conservando sus distancias y 
posiciones relativas, cambian de lugar, como si recorriesen 
el disco del Sol del uno al otro borde. Cuando el anteojo ó 
telescopio empleados son de regular aumento, se distingue 
con claridad, en aquellas partes del Sol privadas de luz ó no 
luminosas, una región central más obscura que las regiones 
que la rodean. La primera región se llama núcleo, y las 
otras, aunque impropiamente, penumbra de la mancha so- 
lar. Frecuentemente los núcleos de sombra son varios en 
una misma mancha, circunscritos por fajas brillantes y por 



(1) Véase la pág. 170. 



ASTRONOMÍA 25,") 



la penumbra, que varía, de intensidad, siendo tanto menos 
obscura, cuanto más cerca se halla de los límites exterio- 
res de la mancha. 

Es digno de notarse que las manchas solares no apare- 
cen indistintamente en todas las regiones de la superficie 
del astro, sino en dos zonas intermedias entre el ecuador 
del Sol y sus dos polos. La zona intermedia, que pudiéra- 
mos asemejarla á la zona tórrida geográfica ó de la Tierra, 
abraza unos 20 grados, 10" á cada lado del ecuador del Sol: 
en ella, muy raras veces se han visto manchas (1). Estas 
aparecen comúnmente entre los 10" y SS*' hacia el Sur, y 
dentro de los mismos límites hacia el Norte. Fuera de esta 
latitud heliocéntrica (así se llama refiriéndose al Sol, como 
para la Tierra se dice latitud geocéntrica ó geográfica), 
tampoco se ha observado el fenómeno de que venimos ha- 
blando. 

El movimiento de las manchas verifícase de Este á Oes- 
te; es decir, para nuestro hemisferio, mirando al astro, sus 
manchas aparecen por el borde del disco que mira al Orien- 
te, ó sea por el lado de nuestra izquierda, y desaparecen 
por el otro lado, después de haber descrito, aparentemente 
para nosotros, líneas rectas ó curvas, según las épocas del 
año. Pero ni todas las manchas parten del borde oriental, 
ni todas llegan hasta el occidental, porque unas se forman 
en las regiones intermedias, y otras se desvanecen antes de 
llegar al lado del Poniente. Además de este movimiento de 
traslación, tienen, por lo común, otro de rotación, ó mejor 
ciclónico, semejante al que suele tomar el aire atmosférico 
en las tempestades terrestres. Este movimiento no siempre 
se observa ni parece ser tan regular como el de traslación; 
pero sí es constante el cambio de forma en el aspecto gene- 



(l) En el mes de Agosto de 1893 se observaron algunos grupos, 
casi en la misma línea ecuatorial. Se citan, además, otros casos en 
que las manchas solares se han presentado en latitudes superiores 
á 33°. Lalande observó una en 1780 á los 40°; á los 4P Laussier, 
en 1840. En 1850 apareció otra, observada por Carrington, á 45° de la- 
titud, y, como caso completamente excepcional y extraordinario, las 
observadas por Lahire y Humboldt á los 70 grados. 



256 ASTRONOMÍA 



ral de las manchas; cambios que se verifican, muchas veces 
con velocidad asombrosa, á vista del observador. La causa 
de que las trayectorias de las manchas aparezcan, ya recti- 
líneas, bien curvilíneas, proviene de un efecto de perspec- 
tiva, motivado por las posiciones relativas del plano ecuato- 
rial del astro y de las que ocupa la Tierra al recorrer su ór- 
bita. E\ hecho es fácil de comprender. Si el plano de la eclíp- 
tica y el eje de rotación del Sol fueran perpendiculares, las 
trayectorias indicadas serían siempre paralelas al plano 
ecuatorial del Sol y al de la órbita terrestre. Los dos planos 
se cortan, pues, en una línea común ; y solamente cuando 
la Tierra cruza por esta línea parecerá recto el camino 
recorrido por las manchas; en las demás épocas, dicho 
camino es una curva ó parte de curva elíptica, ya con- 
vexa hacia el polo boreal del Sol, ya hacia el polo austral 
del niismo. Así, pues, hacia principios de Diciembre, las 
manchas parece que describen líneas rectas, cuya dirección 
es desde el borde del Este hacia el borde del Noroeste del 
Sol. Desde esta época hasta principios de Junio, lastraj'ec- 
torias son curvas, cuya convexidad está vuelta hacia el 
Norte, y su concavidad hacia el polo opuesto. A primeros 
de Junio, las líneas de que tratamos vuelven á parecer rec- 
tas, pero con la dirección de Noroeste á Sudoeste del disco 
solar. A partir de esta fecha, hasta últimos de Noviembre, 
nuevamente vuelven á ser líneas curvas los caminos reco- 
rridos por las manchas del Sol; mas la curvatura y conve- 
xidad de las mismas son opuestas á las que se observan 
desde Diciembre á Junio. Aquí no hay más que un efecto 
de perspectiva, según la proyección cónica de las líneas di- 
chas desde la Tierra en que se halla el punto de proyección 
sobre el disco del astro del día. Por lo demás, las manchas, 
en su movimiento real de traslación, recorren sensiblemen- 
te líneas paralelas al plano ecuatorial solar. 

Siendo un hecho de observación constante el movimiento 
de traslación de las manchas solares de Este á Oeste, se- 
gún acabamos de indicar, dos hipótesis pudieran hacerse 
respecto del asiento ó del lugar real en que el fenómeno se 
verifica, presentando al observador aquellos puntos obscu- 



ASTRONOMÍA 257 



I 



ros que interceptan parte de la luz del rey del sistema pla- 
netario. Ó tales sombras son á manera de nubes ó cuerpos 
opacos que pasan entre el astro y la Tierra, pero á cierta 
distancia de la superficie luminosa de aquél, ó bien dichas 
manchas forman parte y están como adheridas en la misma 
fotosfera. La primera hipótesis fué lo primero que se ocu- 
rrió á los astrónomos que empezaron, desde Galileo, á fijar- 
se en fenómeno tan sorprendente y admirable; tanto más, 
cuanto que la opinión vulgar creía que el Sol era un cuerpo 
celeste absolutamente puro, en el cual no debía de existir la 
más leve sombra ni impureza de ningún género. Soñaron 
otros también con planetas hasta entonces desconocidos, 
cuya perspectiva desde la Tierra se proyectaba sobre el 
disco del Sol cuando pasaban por entre éste y nosotros. 
Pero si así fuese, la pro3''ección de esos cuerpos opacos ó 
planetas de formas tan caprichosas, recorriendo órbitas 
más ó menos lejanas del astro central , sería distinta y no 
podría coincidir sobre la misma región solar cuando el fe- 
nómeno fuera observado á la vez desde puntos distintos de 
nuestro Globo, á la manera que indicábamos al tratar de 
los pasos de Venus por delante del .Sol. Tal hecho jamás se 
ha comprobado respecto de las manchas cuya proyección 
y asiento coinciden en el mismo punto del astro del día, 
siendo los mismos para todos los observadores, en cual- 
quiera parte de la Tierra en que se hallen. Esto demues- 
tra, sin género alguno de duda, que el fenómeno de las 
manchas solares tiene su asiento en la misma superficie del 
astro. Más aún: no sólo no se hallan las manchas, ó la cau- 
sa que las produce, separadas de la superficie visible del 
globo central, sino que se ha demostrado ser cavidades pro- 
fundas, á manera de cavernas y simas abiertas en la cor- 
teza más ó menos sólida, ó bien pastosa ó pulverulenta, 
como parece ser lo más probable, del astro rey de nuestro 
sistema. Hase medido también, comprobando esto mismo, 
la profundidad de muchas de estas cavernas y aberturas so- 
lares, producidas acaso, no sólo por erupciones hacia el ex- 
terior dpi Sol, sino también por verdaderos hundimientos de 
aquella materia candente y en agitación constante. M. Faye 

17 



258 ASTRONOMÍA 



ha comprobado que la profundidad del núcleo central de las 
manchas solares alcanza á veces 3.600 kilómetros. 

Del lugar y asiento en que el fenómeno principia, se 
desarrolla y termina (acabamos de consignar que es en la 
costra solar y no en la cromosfera gaseosa), se deduce, que 
el movimiento con que se trasladan de Oriente á Occidente 
las manchas, no es propio de éstas, sino del Sol que gira 
sobre su eje de rotación; por más que aun en las mismas man- 
chas se observan movimientos propios independientes del 
que lleva el astro, y no siempre en la misma dirección de Este 
á Oeste, lo cual es A la vez una prueba incontrastable de que 
la supcrlicie solar está mu}' lejos de ser sólida. La incrusta- 
ción, por decirlo así, de las manchas en esta superficie, la 
traslación de las mismas del uno al otro borde del disco, han 
venido á demostrar con evidencia lo que ya antes se había 
sospechado: la rotación del Sol sobre un eje, y el tiempo in- 
vertido en cada revolución. 

Desde que aparece una mancha por el lado oriental del 
astro, hasta que se despide por el borde opuesto, si es que 
no se desvanece durante este trayecto, suelen transcurrir 
por ttírmino medio de trece á catorce días, según la latitud 
solar por donde pasa. Hay manchas que se forman, se 
desarrollan y desaparecen, como si fueran disipadas, en el 
corto período de algunos días. Otras, por el contrario, pa- 
san por delante del disco, dan vuelta por el borde del Oeste 
y por la parte opuesta á la Tierra, volviendo á presentarse 
por el borde del Este, recorriendo una, dos, tres ó más veces 
el mismo camino. Así ha podido medirse la velocidad de su 
movimiento, ó mejor la del movimiento del astro, ya que las 
manchas, como decíamos hace poco, se hallan adheridas y 
como incrustadas en su superficie; y véase por qué medio 
ha venido á demostrarse con toda evidencia que el Sol, lejos 
de estar inmóvil, gira sobre un eje de rotación, como los pla- 
netas, y probablemente como todos los demás astros del Uni- 
verso. La rotación solar, según aparece por el curioso fenó- 
meno de las manchas, se verifica en unos veinticinco días, 
como tiempo mínimo, hasta veintiocho, como máximo; pero 
tal movimiento de rotación debe ser uniforme, y es preciso 



ASTROXO.MÍA 259 



buscar la causa de estas diferencias aparentes. Las causas 
que á ello contribuyen son de dos clases: la una que tiene su 
explicación en el movimiento de traslación de la Tierra, y 
la otra en que la misma masa solar lleva distinta velocidad 
angular, según las distintas latitudes. 

Supongamos que en un día determinado y hora fija se 
calcula la posición de una mancha, por ejemplo en el mo- 
mento de aparecer por un borde ó de desaparecer por el 
otro, durante la revolución completa hasta que la mancha 
vuelva á ocupar el mismo punto de partida: la Tierra, cuyo 
movimiento por la órbita llévala misma dirección, es decir, 
de derecha á izquierda respecto del Sol, se ha trasladado 
avanzando más de 24 grados en su camino. De modo que 
la mancha solar y la Tierra no volverán á ocupar la misma 
posición relativa sino después que la primera haya recorri- 
do, además de la revolución completa, los 24 ó 25 grados 
que la segunda haya adelantado. Por este concepto, pues, 
el movimiento de la Tierra hace que el de rotación del Sol 
aparesca menor, ó que la vuelta de la misma mancha se re- 
tarde; pero siendo esto un fenómeno distinto de lo que en 
realidad sucede en la rotación del astro central, se hace 
preciso corregir los errores que resultan de esta combina- 
ción de movimientos. Los astrónomos no se han detenido 
ante estas pequeñas dificultades: hechas cuidadosamente 
todas las correcciones necesarias, resulta que el astro solar 
gira sobre un eje, completando una revolución en veinticinco 
días, ocho horas, nueve minutos y treinta y seis segundos 
como término medio, con una inclinación del mismo eje 
sobre la eclíptica de 7 grados, nueve minutos y doce segun- 
dos. Decíamos también, que la velocidad de rotación no es 
la misma en todas las latitudes del inmenso Globo central. 
Ésta, en efecto, disminuye del ecuador á los polos, como 
puede verse por los siguientes datos: En el ecuador mismo, 
la revolución se verifica en veinticinco días, cuatro horas y 
cinco minutos próximamente. A los 15 grados de latitud, en 
veinticinco dias y medio, tardando veintiocho días en dar 
una vuelta las regiones situadas hacíalos 48 grados de lati- 
tud heliocéntrica. Más allá de estas latitudes apenas han po- 



260 ASTRONOMÍA 



dido observarse manchas, único medio de apreciar la rota- 
ción del Sol; pero la analogía conduce á afirmar que su 
velocidad aumenta hasta los polos. Tal hecho singular y 
sorprendente no tendría explicación satisfactoria, si el Sol 
fuese un sólido rígido y consistente. En cambio demuestra 
su estado de fluidez ó pastosidad. 

Si lo que llevamos expuesto acerca de la aparición de 
las manchas solares, de sus movimientos ciclónicos y de 
traslación, con la rotación del astro, de la periodicidad de 
este movimiento, etc., es rigurosamente exacto, no puede 
afirmarse lo mismo cuando se trata de indagar la naturaleza 
íntima del mismo fenómeno, pues, cuanto acerca del asunto 
se diga, no puede ser más que hipotcítico. Ya Galileo, á raíz 
del descubrimiento de estos puntos obscuros en el astro del 
día, atribuyó el hecho á nubes de humo y vapores flotantes 
en la atmósfera solar. Lalande, con otros, opinó que eran 
sombras proyectadas por montañas gigantescas existentes 
en la superficie del Sol. La primera opinión, como la que 
atribuía dichas sombras al paso de cuerpos opacos por 
delante del astro, hemos dicho que no podía sostenerse, ya 
que las manchas son más bien cavidades, cuyo fondo está 
más bajo que el nivel medio de la superficie. Tampoco puede 
admitirse el parecer de Lalande, porque está en oposición 
con los movimientos propios de las manchas. Otros han 
afirmado que las manchas del Sol eran producidas por la 
reunión de escorias y materias opacas salidas del interior 
del astro en sus erupciones volcánicas, quedando luego 
dichos materiales flotando en la superficie del Sol, la cual 
suponían en estado líquido. Algo parecido se observa aquí 
en el Globo terrestre cuando ocurren erupciones de volcanes 
submarinos, formándose sobre la superficie de las aguas 
como islas fiotantes de escorias, piedra pómez, etc. Corrien- 
tes de materia solar ó de la atmósfera misma del astro, rela- 
tivamente fría y, por decirlo así, apagada, dirigidas de arri- 
ba hacia la superficie del astro, han sido para otros y son 
causa bastante para extinguir y ocultar parcialmente la ra- 
diación lumínica del hirviente 6 inflamado centro del siste- 
ma planetario. Así explican el fenómeno de las manchas 



astronomía 



261 



Spencer y otros astrónomos ingleses. M. Faj^e atribu3'e la 
formación y naturaleza de las manchas á la distinta veloci- 
dad de rotación de las zonas solares. La diferencia de esta 
velocidad en la materia fotosférica da origen, según él, á 
verdaderos torbellinos giratorios de eje vertical, análogos 
á los que se producen en una masa de agua al salir por una 
abertura del fondo del depósito. Dichos torbellinos en el Sol 
absorben las radiaciones de la materia luminosa, y ejercien- 
do, por un movimiento rotatorio, una aspiración, según el 
eje vertical, hacia las regiones más frías de la cromosfera, 
hay un descenso notable de temperatura en los materiales 
arrastrados, y consiguientemente una disminución en las 
radiaciones luminosas de los mismos, formándose así la 
parte más obscura que constituye el núcleo de la mancha. 
Así se explica también la ausencia ó rareza de dicho fenó- 
meno en la zona ecuatorial; pues en ella la diferencia de 
velocidad en la rotación de la materia solar es mucho menor, 
y los torbellinos no pueden formarse. En vista de la varie- 
dad de opiniones que acerca de la naturaleza y origen de las 
manchas solares se han expuesto desde que empezó á ob- 
servarse el fenómeno, y siguen exponiéndose en la actuali- 
dad, bien puede afirmarse que la cuestión está por resolver 
todavía, y lo estará acaso por mucho tiempo. 



XIV 

PERIODICIDAD EN LA APARICIÓN DE LAS MANCHAS SOLARES 

Aunque raro es el día en que, recorriendo con cuidado el 
disco del Sol, no se observe en él alguna mancha, ó indicios 
por lo menos de alguna que termina ó de otra que empieza 
á formarse, el fenómeno no presenta siempre el mismo gra- 
do de intensidad, habiendo grandes diferencias entre los mí- 
nimos y los máximos de estas manifestaciones de la energía 
y actividad del astro central. En el Globo terrestre puede 
decirse que, más ó menos constantemente, siempre hay en 
su superficie alguna manifestación de sus movimientos seis- 



262 ASTRONOMÍA 



micos, temblore» de tierra, exacerbaciones y alternativas 
en la actividad de sus volcanes, desaparición de unos y ori- 
gen de otros, etc.; pero no siempre la energía y frecuencia 
con que aparecen estos fenómenos terrestres tienen el mis- 
mo grado de intensidad. Cosa parecida ocurre en el Sol, en 
cuanto á sus manchas y protuberancias y erupciones se re- 
fiere; con la diferencia notable de que en la Tierra aun no 
ha podido determinarse periodicidad ninguna en la repro- 
ducción de los movimientos 3' agitaciones que en ella se rea- 
lizan, cuando en el astro central esta periodicidad y suce- 
sión entre los máximos y mínimos en el desenvolvimiento de 
la energía solar es un hecho absolutamente demostrado por 
la experiencia repetida desde hace más de medio siglo. En 
efecto: vienen contándose las manchas del Sol día por día y 
año por año, ya por unos, ya por otros astrónomos, des- 
de 1826. De la discusión de estos datos y de los promedios 
obtenidos resulta un período de once años próximamente, 
durante el cual se reproducen los máximos y mínimos en las 
que pudi(?ramos llamar palpitaciones del inmenso globo que 
nos ilumina y da calor. Este período de once años no es com- 
pletamente exacto; sus puntos extremos oscilan entre nue- 
ve, diez y hasta cerca de doce años. Así, el primer máximo 
observado fu(í en 1828; el segundo nueve años más tarde, 
en 1837; y épocas de máxima actividad solar han sido tam- 
bién los años 1848, 1860, 1871, 1883, y durante el año ante- 
rior 1893, hasta el presente, en que debe de estar terminando 
el máximo (1), para empezar á disminuir la frecuencia de la 
aparición de las manchas solares. En esta misma Revista, 
en la "Sección Científica„, hemos dado cuenta más de una 
vez de los fenómenos más notables observados durante este 
período que finaliza. Fueron notabilísimas por sus gigantes- 
cas dimensiones las manchas estudiadas en Agosto y No- 



(1) Ha sido de los más abundantes y de caracteres más extraordi- 
narios. Algunos astrónomos creen que este máximo llegó á su más 
alto grado el 24 de Diciembre anterior, y que desde entonces va en 
disminución el fenómeno. M. H. Bruguiére señala un período de 
poco más de cuatro años entre el último mínimo (Noviembre de 1)589) 
y el último máximo (Diciembre de 1893). 



ASTRONOMÍA 263 

viembre de 1893; las de Febrero último en este mismo año, 
desde cuya fecha no han escaseado los grupos en número, 
por más que sus dimensiones hayan sido más reducidas. En 
Mayo y en Junio hemos observado algunas bastante exten- 
sas. El m.inimo inmediato debe ocurrir dentro de cinco ó 
seis años, casi coincidiendo con el fin del siglo presente y 
principios del que viene. A contar desde el año 1833, en que 
hubo un mínimo, hase repetido en los años 1843, 1855, 1867, 
1878 y entre 1889 y 1890. Se ha observado que, por regla 
general, pasa menos tiempo desde un mínimo cualquiera al 
máximo siguiente, que desde el máximo al mínimo que viene 
después. 

¿Y cuál será la causa verdaderamente productora, asi 
de las manchas solares como de la periodicidad de su des- 
arrollo? Se ignora aún. Todo lo que vamos viendo nos dice 
claramente que el Sol es el centro, el origen, el foco de 
energías tan admirables como gigantescas; pero pasando de 
aquí á la investigación de la causa inmediata, determinante 
de sus manifestaciones accidentales ó periódicas, la ciencia 
enmudece, y la experiencia ya no encuentra punto de apoyo 
en qué fijarse. La causa determinante de las oscilaciones 
observadas en la energía solar pudiera ser interna ó exter- 
na al mismo astro: sin lo primero, difícil será que lleguemos 
á conocer con certeza en qué consiste y cómo obra. Si di- 
cha causa es externa, hay que buscarla en la influencia 
atractiva, ó eléctrica ó magnética, ejercida por los demás 
astros, y aun quizá pertenecientes á otros sistemas, sobre 
el que hace de centro en el nuestro. Se comprende que el 
problema, si no imposible, es de solución complicadísima y 
exige aún muchos años de observación y mayores perfec- 
cionamientos en la ciencia de los astros. 

Las manchas del Sol, su maj^or ó menor desarrollo, etc., 
no son fenómenos que constituyan solamente un asunto de 
mera curiosidad para el astrónomo, el físico y el meteorolo- 
gista habitantes en la Tierra. La Astrología antigua creyó 
neciamente en las influencias de los astros, llevando consi- 
go esta creencia las consecuencias del más insensato fata- 
lismo. Ho\% lamentando la mucha malicia y no poca igno- 



264 ASTRONOMÍA 



rancia de unos que hacían de maestros, y compadeciendo 
la simplicidad y candidez de otros, rechazamos justamente 
aquellas creencias absurdas, como en todos los tiempos las 
rechazaron y anatematizaron cuantos, como los Doctores 
de la Iglesia, tenían ideas exactas de la creación y fines del 
mundo universo, de la naturaleza, libre aibedrío y destinos 
del hombre, y de la Sabiduría y Providencia del Ser Supre- 
mo. Cierto que en el mundo civilizado han desaparecido, en 
cuanto al nombre, las ridiculeces astrológicas; pero en reali- 
dad existen creencias, mejor errores, más absurdos todavía 
y más repugnantes por el aparato de falsa 6 infatuada cien- 
cia con que pretenden revestir sus descabelladas aserciones. 
"Desengáñese usted — se oye decir á algunos infelices: — la 
vida del hombre, sus acciones, lo que llamamos sus defectos 
ó virtudes, sus dichas y desventuras, no son todo ello más 
que resultado fatal de la suerte, de las circunstancias en 
que vive, de la educación recibida, de las necesidades en que 
se encuentra...; la libertad humana, el libre aibedrío del 
hombre no existen. „ Y se afirma esto sin salvar siquiera en 
principio^ sin reconocer aquellas verdades de sentido ínti- 
mo de cuya evidencia no puede despojarse nuestra natura- 
leza, que clama desde el fondo de la conciencia, con esa mis- 
ma libertad de que se ve adornada: ¡Mentira, contradicción 
palmaria entre lo que siento y conozco y lo que mis labios 
pronuncian! ¡Y de qué modo tan distinto hablan esos seño- 
res cuando alguien quiere tratarlos como á seres no libres! 
Si estos errores no son más funestos y degradantes que los 
admitidos por la Astrología antigua, y como tales no se con- 
sideran, bien puede asegurarse también que no existe la luz 
del Sol ni sus influencias, no fatales, sino benéficas, sobre la 
Tierra y la vida que en la Tierra se desarrolla. Perdónenos 
el lector esta digresión, motivada al considerar el rebaja- 
miento y abyección á que han llegado tantas inteligencias 
y tantos corazones depravados y corrompidos por la igno- 
rancia primero, y después por las pasiones mal encauzadas. 
Decíamos que, además de la influencia lumínica y calo- 
rífica del Sol sobre la Tierra, ejercía el astro sobre nuestro 
planeta influencias de otra índole menos conocidas, pero 



ASTRONOMÍA 265 



acaso tanto ó más eficaces. Las oscilaciones de la aguja 
magnética hállanse íntimamente relacionadas con la varia- 
ción diurna y anual del calor solar recibido en la Tierra. 
La declinación magnética se verifica, como es sabido, hacia 
uno y otro lado del meridiano magnético. Si nos colocamos 
mirando hacia el polo, la marcha de la aguja es la siguiente: 
desde las once de la noche hasta las ocho de la mañana se 
dirige hacia el Este; llega al punto máximo de oscilación 
diurna, desde donde retrocede hacia el Oeste, encontrán- 
dose en su máxima desviación de la izquierda hacia la una 
de la tarde; vuelve á retroceder, dirigiéndose hacia la dere- 
cha, hasta las ocho de la tarde; y desde esta hora cambia 
de marcha y llega al punto de donde partió á las once de la 
noche. De modo que, en el transcurso de veinticuatro horas, 
la aguja magnética completa dos oscilaciones pasando cua- 
tro veces por el meridiano. Las máximas diurnas corres- 
ponden á las ocho de la mañana hacia el Este, y á la una de 
la tarde hacia el Oeste. Aunque este fenómeno es general 
y se verifica en todos los puntos del Globo, presenta, no obs- 
tante, sus correspondientes irregularidades, producidas unas 
veces por la proximidad de algunas montañas, especial- 
mente si en ellas hay hierro, y otras causadas por tempes- 
tades eléctricas, auroras polares, etc. Así como la declina- 
ción magnética tiene máximos y mínimos diarios, los tiene 
también anuales, y otros que pueden llamarse seculares. 
La discusión y comparación de las observaciones magnéti- 
cas han probado, además, que la aguja imantada sigue en 
sus movimientos, en sus máximos y mínimos periódicos, 
con marcada coincidencia á los máximos y mínimos de la 
actividad solar, por lo que se relaciona con las manchas y 
erupciones en el Sol. Se ha observado, en efecto, en la de- 
clinación magnética un período también de unos once años, 
cuyos puntos extremos parecen coincidir con los extremos 
de exacerbación en el Sol. Con el fenómeno de las manchas 
en épocas de su apogeo hanse visto, por otra parte, coinci- 
dir las auroras polares y otras manifestaciones eléctricas 
en la atmósfera terrestre. De aquí la opinión, cada vez más 
robustecida por nuevas comprobaciones, de que las man- 



266 ASTRONOMÍA 



chas en el Sol, el magnetismo terrestre y las fant^lsticas 
auroras en los polos de la Tierra son tres fenómenos cos- 
mológicos íntimamente enlazados, y tan dependientes los 
unos de los otros como si fueran efectos de una misma 
causa. Pero, fuerza es confesarlo, este punto no es todavía 
una verdad demostrada para la ciencia moderna. Se nece- 
sitan aún datos más completos, en mayor número, y estu- 
dio más detenido sobre los mismos. 

Y menos se conoce aún la relación que puede existir en- 
tre las variaciones y manifestación de la actividad del Sol, 
reflejada especialmente por sus manchas, erupciones y pro- 
tuberancias, con los cambios y alteraciones atmosféricos 
terrestres desde el punto de vista meteorológico y mudan- 
zas del temporal. Porque, además de la causa general que 
por necesidad hay que reconocer en el Sol, originaria de 
todos los trastornos atmosféricos y de los distintos cli- 
mas en la superficie terrestre, deben de existir en el mismo 
astro otras energías especiales cuj'o modo de obrar nos es 
desconocido, aunque no por ello es menos eficaz para modi- 
ficar los efectos de la causa general. ¿Por qué, considera- 
dos en conjunto, unos años resultan más calurosos y otros 
más fríos? ¿Por qué los unos son lluviosos y los otros más 
secos? .Si el modo de obrar de las causas, tanto telúricas 
como extratclúricas, fuera uniforme, constante ó al menos 
periódico, parece que de las mismas propiedades deberían 
gozar los efectos. ^', no obstante, ¡ se nota tanta variedad en 
la realización y desenvolvimiento de fenómenos atmosféri- 
cos! Puntos son todos éstos y cuestiones de tanta importan- 
cia, como son desconocidos y poco estudiados. Sobre ellos 
quisiéramos llamar la atención de los aficionados á observar 
las maravillas del mundo físico. Hace dos años que, relati- 
vamente á los anteriores y considerando en conjunto toda 
la superficie terrestre, parece que las lluvias caídas han sido 
más abundantes. ¿Podrá considerarse este máximo lluvioso 
relacionado con el máximo de las manchas solares? Allá 
por los años 1884-85 hubo otra coincidencia de la misma ín- 
dole entre el máximo de exacerbación solar que terminaba 
y las abundantes lluvias que entonces cayeron. Nada nos 



ASTROXOMÍA 267 



atrevemos á afirmar respecto de esto, por falta de datos 
completos relativos á la mayor ó menor cantidad de lluvias 
en unos y otros años; pero el asunto merece un estudio 
detenido, reuniendo y comparando entre sí los elementos 
meteorológicos, determinando la marcha de los mismos 
para poder parangonarla con las oscilaciones de la activi- 
dad solar. Demos tiempo y esperemos con paciencia: tal 
estudio llegará á realizarse. Tentativas aisladas se han he- 
cho, ya estudiando las lluvias, bien las tempestades eléctri- 
cas; pero no bastan estas tentativas, si se concretan á una 
sola localidad: es necesario, á nuestro entender, abrazar en 
conjunto toda ó casi toda la superficie terrestre, si el proble- 
ma ha de recibir una solución completa. 

Antes de terminar este artículo citaremos, nada más, 
otro fenómeno curioso, aunque hasta hoy desconocido en su 
esencia. En el equinoccio de primavera por la tarde, y en el 
de otoño por la mañana, y cuando la atmósfera está despe- 
jada y pura, después de terminar los crepúsculos en la pri- 
mera época, y antes de empezar los mismos en la segunda, 
se observa un resplandor tenue, suave, muy desleído, que 
no impide ver á través de él las estrellas de tercera magni- 
tud ; resplandor en forma de pirámide, cuya base parece apo- 
yarse en el horizonte en donde se ha ocultado el Sol por la 
tarde y por donde va á salir por la mañana, y cuyo vértice 
termina á los 20, 30 y hasta 50 grados de altura. El eje de 
esta banda, más luminosa que lo restante del obscuro firma- 
mento, pasa por el Sol y está inclinado sobre el horizonte, 
siguiendo la dirección del plano de la eclíptica. Se conoce 
este fenómeno con el nombre de lus zodiacal, porque siem- 
pre ocupa parte de la faja llamada zodiaco, y en la misma 
dirección que ella. Mucho se ha dicho y escrito acerca de 
estos resplandores, bastante parecidos, aunque menos inten- 
sos, al de la vía láctea, mirada á simple vista ; pero hasta 
hoy puede afirmarse que nada cierto se sabe de la natura- 
leza y causa del fenómeno. Unos han dicho que es como una 
dilatación inmensa de la atmósfera solar; otros, que acaso 
como un anillo de materia cósmica, envolvente de la atmós- 
fera terrestre, é iluminada por los rajaos del Sol; y otros, 



268 ASTRONOMÍA 



por fin, una prolongación de los crepúsculos de la Tierra, 
cuya atmósfera es para ellos de más altura que lo que ordi- 
nariamente se admite. No nos detendremos en examinar las 
razones en que unos y otros apoyan sus hipótesis, pues, en 
realidad de verdad, ninguna es concluyente ni satisfactoria. 
En la larga serie de artículos que llevamos publicados, 
hemos manifestado algo solamente de lo que es, por sus 
efectos, el astro majestuoso que nos ilumina, núcleo del 
mundo planetario y centro de actividad y de vida, cuyas 
palpitaciones inmensas déjanse sentir, no sólo en la Tierra, 
sino hasta más allá de Neptuno. La Astronomía moderna 
nos ha descubierto maravillas sin cuento en el rey de los 
astros, y cada vez nos manifiesta algo nuevo y más prodi- 
gioso acerca de su modo de ser, indicando que aun nos falta 
mucho por descubrir, é invitándonos á la investigación de 
los misterios naturales que el astro encierra. Por eso se 
trabaja con constancia, y el Sol es actualmente objeto de 
no interrumpidas observaciones, tanto en liiuropa como en 
América y en Asia. Todos los días y á todas horas, el arte 
fotográfico traslada á las placas y al papel cuantos deta- 
lles son susceptibles de poderse apreciar desde la Tierra en 
el astro del día. Esperemos: antes de pocos aflos, el estudio 
y conocimiento físico del Sol será más maravilloso que lo 
es al presente, con haber llegado á tan alto grado de perfec- 
ción la Física solar. 

f R. ^NGEL JlODRÍGUEZ, 
Agustiniano- 

(CoHtinuari.) 








Progresos del Alumbrado 



TT 



EL ALUMBRADO MODERNO (1) 




ORA es ya de decir algo acerca del alumbrado que 
con razón podemos llamar del día, pues lo invade 
todo, utilizándose sus potentes resplandores lo 
mismo en los suntuosos palacios de los grandes, que en las 
modestas viviendas de las clases menos acomodadas; en las 
grandes fábricas, almacenes y comercios, que en los humil- 
des talleres y tiendas de objetos baladíes; en las ciudades 
donde se cuentan por millones los habitantes, que en los 
pueblos cuyo número de vecinos no pasa de algunos cente- 
nares. 

El alumbrado eléctrico es todavía de ayer; pero es j^a tal 
su virtud y poder, que llena de estupefacción y asombro á 
cuantos le contemplan. Si levantase de la tumba su venera- 
ble cabeza la pléyade inmensa de sabios que desde Thales 
de Mileto, que nos habla de la electricidad descubierta en 
el ámbar amarillo, hasta el inmortal Davy, que hizo brotar 



(1) \'éase la pág. 191. 



270 PROGRESOS DEL ALUMBRADO 



entre las puntas de dos carbones el arco voltaico, cuyos ful- 
gores se asemejan á los del rey de los astros, y pudiese con- 
templar una población cubierta por la obscuridad de la 
noche, }'■ en un momento dado, cual si resonase en los aires 
un creador //<?/ lux, viese que se transformaba la escena, 
comenzando á brillar millares de focos eléctricos distri- 
buidos por las calles y plazas con orden y simetría, su ad- 
miración sería tan grande, que seguramente apenas podrían 
convencerse de que no eran víctimas de las ilusiones de un 
sueño ó de los trampantojos de un hechicero. 

vSeis siglos antes de la era cristiana se descubre en el .1m- 
bar amarillo un agente, hasta entonces desconocido, al que 
provisionalmente, y por no encontrar palabra que expresase 
algo de su misteriosa esencia, se le designa con el nombre 
del cuerpo donde por primera vez se descubren sus efectos, 
los cuales en aquel entonces se reducían á la atracción de 
cuerpos ligeros, como pedacitos de papel, barbillas de plu- 
ma, médulas de saúco, etc.: tan antigua y humilde es la 
cuna de ese misterioso agente que es hoy el alma y la vida 
de todo lo más grande y magnífico de la moderna civili- 
zación. 

Desde tan remota época hasta mediados del siglo xviii, 
en que Franklin inventa el pararrayos, puede decirse que el 
estudio de la electricidad estuvo estacionado; y ni aun des- 
pués del útilísimo invento del sabio norte-americano se vis- 
lumbraban los portentos que con el fluido eléctrico habían 
de realizarse en menos de un siglo. La contienda entablada 
á fines del siglo pasado entre Galvani y Volta acerca de la 
verdadera causa de los fenómenos observados por el prime- 
ro en las ancas de una rana, fué el impulso gigantesco, 
aunque quizá inconsciente, que hizo dar al estudio de la 
electricidad un salto colosal, de donde arranca la nueva y 
más frondosa rama de la Física, es decir, la electro-di- 
námica. 

Volta, como comprobación práctica de la hipótesis por 
él sustentada, da á luz la pila que lleva su nombre; la cual, 
aunque adolezca de los gravísimos defectos que impiden 
hoy su uso, posee el mérito incomparable de ser el pri- 



PROGRESOS DEL ALUMBRADO 271 



mer generador conocido de corriente eléctrica; es decir, el 
primer generador de esa misteriosa energía que, transfor- 
mada en signos telegráficos ó en sonidos telefónicos, enlaza 
ciudades con ciudades y reinos con reinos, convirtiendo á 
la humanidad en una sola familia, y que, al encontrarse 
coartada en su descomunal carrera por las resistencias del 
carbón, pone en tal movimiento á las moléculas de éste, 
que aparece el fuego y brota á raudales la luz blanca y her- 
mosa como la del alba. 

En 180S se realizó esta maravilla, y á Davy le correspon- 
de la inmarcesible gloria de haber sido el inventor del arco 
voltaico. Para conseguir su objeto, el físico citado hizo co- 
municar con dos barritas de carbón, terminadas en pun- 
ta, los rcóforos de una pila de Volta compuesta de 2.000 
elementos; juntó luego los dos extremos libres de los car- 
bones, y, al separarlos, pudo observar que entre uno y 
otro existía una especie de llama brillante y algo curva, 
cuya longitud iba creciendo con la distancia de los carbo- 
nes, hasta llegar á un punto en que desapareció de repente, 
sin haber podido conseguir producirla de nuevo, por más 
que aproximaba las puntas de los carbones, mientras no 
verificó un segundo contacto, con su correspondiente sepa- 
ración, entre las referidas puntas. Estudiado con detenimien- 
to el arco de Davy, ha podido observarse que está formado 
por partículas incandescentes de carbón que van de un polo 
á otro, del positivo al negativo principalmente, por lo cual 
se gasta el carbón positivo doble que el negativo; y aunque 
la llama sea muy brillante, lo son mucho más las puntas de 
los carbones que la corriente pone y mantiene al blanco, 
procediendo de ellas la mayor parte de la luz emitida por 
los arcos voltaicos. Como, de ordinario, al hacer una insta- 
lación eléctrica se trata de distribuir la luz con la mayor 
igualdad posible, la potencia de los arcos que más se usan es 
de 250, 500 y 1.000 bujías: casos hay, no obstante, en que el 
poder lumínico de los arcos asciende á millares de bujías, 
y lo mismo pudieran construirse de millones. Sólo con la 
electricidad se ha podido conseguir concentrar en un solo 
punto tan extraordinaria potencia lumínica: la luz de una 



272 PROGRESOS D¿L ALUMBRADO 



lámpara de aceite ó de petróleo, de una bujía y de un me- 
chero de gas, al lado de los modernos arcos voltaicos, pro- 
yecta sombra. ¡Tal es la intensidad de la luz eléctrica! 

La cualidad indicada anteriormente avalora tanto el ar- 
co voltaico que lo hace irreemplazable en ciertos usos ; y en 
otros, como la iluminación de los faros, aventaja incompa- 
rablemente átodo otro sistema de alumbrado. 

Mas no todas son ventajas en el arco voltaico, ni sirve 
de excepción á la regla general de que no hay nada perfec- 
to en este mundo. Dos son las dificultades principales con 
que se ha tocado al querer utilizarlo en el alumbrado ordi- 
nario : una insoluble hasta la fecha, y la otra casi oriUada por 
completo. El inconveniente mayor del arco voltaico, y que 
casi lo inutiliza para el alumbrado doméstico, es la imposi- 
bilidad de distribuir bien la luz; pues con él hay puntos don- 
de la luz es excesiva, y en cambio hay otros donde se deja 
sentir la falta de ella. Esto, unido A lo embarazoso del proce- 
dimiento, comparado con la incandescencia, con otras des- 
ventajas no despreciables, hace creer que nunca será prác- 
tico el uso del arco voltaico para el alumbrado doméstico. 

La otra dificultad do cuantía, y que, después de no peque- 
ños esfuerzos, se halla vencida casi totalmente, es lo difícil 
de regular la luz. Con el uso de los carbones van gastándo- 
se, y por lo tanto la distancia entre los dos va siendo cada 
vez mayor, de suerte que llega un momento en que es excesi- 
va y la luz comienza á palidecer, y, de no aproximíirlos, aca- 
ba por extinguirse. Como la distancia que ha de existir entre 
los carbones debe ser siempre la misma, y el dedicar un in- 
dividuo á ir aproximándolos á medida que se vayan usando 
resulta prácticamente imposible por lo dispendioso, se vio 
desde luego la necesidad imperiosa, si los potentes fulgores 
del arco habían de utilizarse, de un mecanismo automático 
capaz de conservar siempre á la misma distancia los car- 
bones. 

En l'^48 aparecieron los primeros reguladores automáti- 
cos, debidos á Staite, Petri y Foucault, y desde entonces es 
copiosísimo el número de los inventados, pudiendo dividir- 
se en dos grandes grupos: el de los mono fot os, ó sea de los 



PROGRESOS DEL ALUMBRADO 273 



que para cada aparato es preciso disponer de un circuito 
especial; y el de los polifotos, los cuales puedenser interca- 
lados de dos en dos, ó de tres en tres, etc., en el mismo cir- 
cuito. Estos se subdividen en reguladores diferenciales y 
en derivación. No creemos del caso entrar en detalles acer- 
ca de estos aparatos. 

Un paso míts, y el alumbrado eléctrico se halla en dispo- 
sición de entrar de lleno en el uso público y doméstico. La 
incandescencia eléctrica ha sido el ultimo y mds perfecto 
adelanto, y el paso necesario para que la luz eléctrica pudie- 
se con razón considerarse como el verdadero alumbrado 
moderno. Las lámparas incandescentes son aparatos en los 
que se obtiene la luz mediante la incandescencia producida 
por el paso de una corriente eléctrica á través de una subs- 
tancia poco ó nada combustible y mala conductora. Es cosa 
sabida, que la resistencia que encuentra un cuerpo al mo- 
verse, varía en cada medio, crece siempre proporcional- 
mcnte al cuadrado de la velocidad, y que la energía perdida, 
sólo en apariencia, se transforma en calor. Estos principios 
son el fundamento de la incandescencia eléctrica. 

Hay dos clases de lámparas incandescentes: unas en que 
la parte luminosa se halla al aire libre, y otras en que va en- 
cerrada en una bombita de cristal donde previamente se ha 
hecho el vacío. Las primeras aparecieron por el año 1878, 
debidas á la inventiva del inglés Werderman y el francés 
Rej^nier: aunque ingeniosas, gozaron de una existencia efí- 
mera, por no poder competir con las pertenecientes al otro 
sistema de incandescencia. Como las segundas tienen im- 
portancia suma, porque merced á ellas se ha hecho prácti- 
co el alumbrado eléctrico, discútese mucho entre los físicos 
acerca de quién es el verdadero inventor y cuya es la glo- 
ria de tan útilísimo adelanto. Desde luego puede afirmarse 
que la idea de producir la luz eléctrica en el vacío no tiene 
nada de nueva. Ya en 1841 Moleyns obtuvo un privilegio de 
invención en c\iy2i memoria se habla de la producción de luz 
eléctrica, dotada de conveniente fijeza, por el paso de la 
corriente á través de un conductor encerrado en un globo 
de vidrio vacío. En 1845 se hicieron en Inglaterra por Starr 

i8 



274 PROGRESOS DEL ALUMBRADO 

de Cincinnati y Knig los ensayos de dos modelos de lámpa- 
ras de incandescencia en el vacío, en una de las cuales la 
parte luminosa era una laminita sumamente delgada y es- 
trecha de platino, y en la otra el filamento era de carbón. 
La idea de Starr de Cincinnati fué utilizada por Staite, y 
propuso la sustitución del platino por un hilo de iridio en- 
corvado en forma de herradura. Como este metal es caro, 
pensó en el carbón, é indicó un medio para fabricar un fila- 
mento de ncííro de humo. En el mismo 1845 Tomás Wrijjh 
y Dehaut inventaron lámparas de incandescencia. 

En 185S nos encontramos con los notables trabajos de 
Chaníjy, realizados en Bélí^ica: parece ser que este físico 
construyó c hizo funcionar una lámpara de incandescencia 
muy semejante en todo á las actuales. Lodyg^uine sacó pri- 
vileijio de invención por el año 1873 de una lámpara que, 
según él, gozaba de las siguientes cualidades: 

1.'' "Comparada— dice — mi lámpara con las de arco vol- 
taico, debe dar más luz á igualdad de corriente, ó consumir 
menos energía eléctrica para una misma cantidad de luz.„ 

2.* "El empleo de un filamento de carbón muy delgado, 
como materia luminosa, ha de resolver el problema de 
la división de la luz, pues para ello bastará dar mayor ó 
menor longitud á dicho filamento. „ 

3.* "Se conseguirá además con esta lámpara una econo- 
mía, por suprimir la combustión, y por lo tanto el gasto de 
los carbones, á lo cual se añade la supresión del regulador; 
aparato siempre costoso, complicado, difícil de manejar y 
sin la perfección necesaria para realizar de lleno su objeto, 
ó sea dar fijeza á la luz.„ 

Las preinsertas excelentes cualidades asignadas á su 
lámpara por Lodyguine no pasaron de la categoría de her- 
mosos sueños acariciados por el inventor, á cuya completa 
realización no se ha llegado aún. Las afirmaciones del cita- 
do físico fueron hechas conforme á lo que él comprendía 
debiera ser y antes de realizar las experiencias, en donde 
tuvo ocasión, harto desagradable, de convencerse de que la 
inteligencia humana ha ido siempre mucho más allá que la 
destreza de las manos de los más hábiles artífices. 



PROGRESOS DEL ALUMBRADO 275 

Edison, el inventor del fonógrafo, y, pese á quien pese, 
uno de los físicos más ilustres de nuestro siglo, es el que 
en 1880 dio con su lámpara resuelto el problema del alum- 
brado eléctrico por incandescencia. Las lámparas se han 
ido progresivamente perfeccionando, siendo muy conside- 
rable el número de diversos tipos de ellas hoy existentes, y 
coinciden todas en lo esencial, que puede reducirse á una 
bombita de cristal, un filamento de carbón encorvado y sol- 
dado por sus extremos con dos hilos de platino muy peque- 
ños, cuyos otros dos extremos salen fuera de la bombita y 
se sueldan á dos piezas metálicas aisladas entre sí. Edison, 
después de repetidas experiencias, pudo convencerse de que 
el mejor carbón para las lámparas era el de bambú de tres 
años. Hoy, gracias á la gran competencia entre las diversas 
casas constructoras, las lámparas incandescentes son rela- 
tivamente económicas, y vienen á costar próximamente la 
décima parte de lo que antes se pagaban: su duración me- 
dia, funcionando en circunstancias normales, es de unas mil 
horas. 

No obstante la perfección relativa de las actuales lám- 
paras, dejan aún bastante que desear. El rendimiento de 
ellas desciende extraordinariamente con el uso; de suerte 
que, al cabo de unas cuantas horas, la de 16 bujías, v. gr., 
apenas da 15, y así continúa disminuyendo el poder lumíni- 
co, hasta quedar reducido á una cuarta parte, ó menos, del 
primitivo, si antes no se destruye el filamento ó se rompe 
la bombita de cristal. A esto se añade que la luz, blanca y 
simpática en un principio, va tomando un tinte rojizo-ama- 
rillento que le priva de sus encantos y hermosura. Por ma- 
nera que es preciso trabajar aún mucho en las lámparas 
incandescentes para que estén á la altura á que se encuen- 
tra hoy la producción de la electricidad. No hay para qué 
decir que, forzando las lámparas, se puede llegar á un ren- 
dimiento extraordinario y á la obtención de una luz blan- 
quísima; pero debe tenerse muy en cuenta que tan indiscu- 
tible ventaja lleva de contrapeso el que se inutilizan en se- 
guida. 

Lo concerniente á la instalación se halla hoy á envidia- 



276 PROGRESOS DEL ALUMBRADO 



ble altura. Los cortacircuitos, aparatitos destinados á evi- 
tar que los conductores puedan adquirir temperaturas in- 
convenientes, con lo cual queda ahuyentado todo peligro de 
incendio, vienen á ser una especie de válvulas de seguridad 
de la corriente eléctrica. Los conductores, fabricados en la 
actualidad con grande esmero y perfección, resultan de 
agradable aspecto y con la flexibilidad que se desee, pres- 
tándose á hacer un tendido fácil y vistoso; esto, si no se pre- 
fiere llevarlos completamente ocultos y que aparezca la luz 
en las lámparas como por arte de encantamiento, lo cual 
salta á la vista, es de sorprendente efecto. Mediante los in- 
terruptores, las luces se pueden encender y apagar desde 
donde convenga ó al dueño de la instalación se le antoje: 
se pueden colocar á la entrada de las habitaciones, para no 
tener necesidad de usar de luces supletorias ó andar á tien- 
tas al entrar ó salir de aquéllas; no es difícil disponer el 
aparato de tal suerte que la misma puerta al entrar encien- 
da la luz y al salir la apague, comodidad tanto más aprecia- 
ble cuanto de ella más se disfruta. Para que, durmiendo á 
obscuras, se pueda tener luz en cualquier momento en que 
se despierte sin verse precisado á descubrirse ni aun mover- 
se, hay interruptores móviles que, al acostarse, se meten 
debajo de las almohadas y pueden utilizarse en cualquiera 
hora de la noche que se crea conveniente. 

Esto por lo que hace á lo imprescindible para una buena 
instalación de alumbrado eléctrico; pues en lo tocante á la 
parte ornamental, hay la misma ó mayor variedad, riqueza 
y lujo que antiguamente. 

j^B. JeODORO j^ODRÍGÜEZ, 
Agustiuiauo. 




CCCCCCCiOOOCCCCCCCCC^^^^ 









CATÁLOGO 



DE 



lEorriloico ,-j\i}uo(iiipo Jtoiiañoíco. partii^ueoeo y ,-\ii|Cficiiito 



(i) 



ABASÓLO (Fr. Ángel) C. 

Nació en Viirre, de la provincia de Álava, el L*^37, y pro- 
fesó en el Colegio de Valladolid el 1860. Pasó á Filipinas 
el 1869, y después de administrar los pueblos de Dumalag y 
Cápiz fué á las misiones de China, en que permaneció cor- 
tísimo tiempo, regresando por motivos de salud al Archi- 
piélago, donde administró los pueblos de San Miguel y Mia- 
gao. Al presente se encuentra con el cargo de Presidente en 
nuestra casa de Gracia. 

Escribió." 

Novena ni S. Martín, Obispo cag Patrón sa Dumalag 



(1) Quien haya hojeado la colección de nuestra Revista Agusti- 
niana, habrá podido notar cómo á poco de nacer comenzó á publicar- 
se en la misma el Catálogo de escritores agustinos españoles, por- 
tugueses y americanos. No se ocultaba que en aquellos principios no 
contábamos con datos bastantes para hacer un trabajo ni aun media- 
namente perfecto; pero era menester comenzar de alguna manera 
la obra, dejando al tiempo y á la constancia el cargo de mejorarla. 
A medida que adelantábamos en la labor, se iba recogiendo mayor 
abundancia de datos y noticias; y al llegar á la L, me invitaron á que 



278 ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, 

nga qiiiiibiíJiat sa pitlong nga bíiiisaya ni P. Ángel Ahd- 
solo, cura sadto sa amo nga banna.— Segunda edición. Ma- 
nila. Imprenta de Santa Cruz. Carriedo, núm. 20, 1885. — De 
16 págs. en 8.° 

ABELLA (Fr. Cristóbal) C. 

Nació en San Mateu, de la provincia de Valencia, y pro- 
fesó el 1631 en el convento del mismo Valencia. Fuií Doctor 
en Teología }• Calificador del Santo Oficio, llevando por mu- 
chos años el peso de casi todos los negocios y consultas del 
Santo Tribunal. Tuvo el cargo de Prior en los conventos de 
Játiva y Castellón, y en 1657 ejerció el de Provincial. Vivió 
siempre ocupado en la oración y el estudio, y murió santa- 
mente el 108U. 

Escribió: 

1 . Scrnuhi en las /¡estas de \ 'alenda d la buena nueva 
de la Canonización del Glorioso Padre y Pastor Santo 
Tomas de Villa?¡nei'(i.— Valencia, por Gerónimo Vilagrasa, 
1659.-4.° 

2. Sentencia reciisationis in fr. Andream Acnar. — 
jord., t. 1.", p. 492.-Rod., p. 9b.— Cat. delabib. deS. Fel. 

ABREU (Fk. Felipe) C. 

Profesó en nuestro convento de Lisboa. Fué Doctor en 
Teología, y señalóse como filósofo. Por mandado de Juan I\', 
Rey de Portugal, enseñó Teologfa en Évora. Murió en 
Coimbra el 1659, y en su sepulcro se encuentra el siguiente 
epitafio: 

/r. Philifypum de Abren, Doctor em Theologum in liac 

añadiese á cada escritor algunos dates biográficos, como lo hicimos 
hasta acabar con la Z. De modo que los escritores correspondientes 
á la primera mitad de las letras del alfabeto no llevan biografía al- 
guna; y por otra parte las noticias, así de autores como de obras de 
nuevo adquiridas, que tocan á esta primera mitad, están ahora au- 
mentadas en más de! duplo, razón por la cual nos hemos determinado 
á publicar el Catalogo de Escritores á contar desde la A hasta la L 
inclusive, para que los que poseen la colección de nuestra Revista 
puedan tener completo, en cuanto sea posible, el trabajo que se refie- 
re á la Bibliografía agustiniana española. — F/'. B. M. 



PORTUGUESES Y AMERICANOS 279 



i 



Academia Sacres Biblice primarium, imo Ovaciilum, spe- 
ctilative Vespevariinn, sed Pvincipem, Concionatovia^ co- 
limien, Historice ArcJiiviun, Oratorice exemplay, Religio- 
iiís exemplinn, iiivida sorte prceyeptioii (tanto eniín indii- 
geret fatum) excepit 11 Mají aun. 1659, cetatis pvope 59. 
Dejó manuscritas en la biblioteca de Nuestra Señora de 
Gracia, en Lisboa, las siguientes obras: 

1. Conunentarimn de Scala Jacob. 

2. De adovaiione et dotibiis gloriosis. 

3. David Princeps Perfectas. 

— Barb. Mach., t. 2.*^, p. 67. — Ossing, p. 13. 

ABRHU Y FIGUEROA (Fr. Fernando) C. 

Ninguna noticia biográfica hemos podido encontrar acer- 
ca de este religioso, que debió de pertenecer á la Provincia 
del Perú, y florecía á mediados del siglo xvii. 

Escribió: 

1. Sitniario de lo que resulta en Flecho y en Derecho de 
los Monoriales dados al Rey el año de 1634 sobre rete- 
ner los Sínodos ó Estipendios que paga su Magestad en 
las Indias d los Curas Doctrineros. — Imp. en fol. 

2. Representación sobre que se haga examen de los 
cuatro novenos para dar á los Curas y Doctrineros con- 
grua, y de la Real Hacienda y Encomiendas.— Dt 62 hojas, 
impresa en fol. 

3. Memorial al Presidente de Indias sobre que se des- 
pachen los Memoriales presentados en el Consejo. — Impre- 
sa en fol. 

4. Memorial sobre la verdad de sus Representaciones 
en cuanto á la Regalía de la Brea, y otros en aumento de 
la Real Hacienda, y alivio de los Indios, con un Sumario 
de lo que contiene el que dio al Rey. — Imp. en fol. 

5. Respuesta d los reparos que se le opusieron de or- 
den del Consejo. — Imp. en fol. 

6. Memorial sobre que se le cumpliese la Merced que 
su Magestad le había hecho el año 1649. — Imp. en fol. 

7. Medios útiles y necesarios para remunerar la Real 



280 ESCRITORES AGUSTINOS ESPA5Í0LES, 

Hacienda en los Tesoros del Peni, y todas las Indias, so- 
bre cuyo desempeño se despacharon cinco Reales Cedidas. 
Imp. en fol.; León Pin., col. 7(^.— índice de la bibl. de San 
Felipe el Real. 

AGOSTA Fr. Francisco) C. 

Nació en Coria de la provincia de Sevilla, y por los años 
de 1555 pasó al Nuevo Mundo. Yendo en una ocasión de 
caza con un amigo, aconteció que disparó sin querer sobre 
el mismo, y le mató. Fué tal el sentimiento que concibió á 
la vista de tan doloroso suceso, que determinó morir para 
el mundo haciéndose religioso, como lo ejecutó vistiendo el 
hábito de San Agustín en el convento de Méjico afio de 1560. 
Aunque era ya de alguna edad, como tenía buen entendi- 
miento, hizo la carrera de los estudios con mucho prove- 
cho. Fué Prior de los conventos de Pázquaro, Valladolid y 
de la casa de Charo, á hi cual gobernó por más de veinte 
años. Fué religioso muy dado al estudio y á la oración. De 
él dice el P. Basalenque que "de día y de noche se estaba 
en la celda orando ó leyendo; que en esto excedió á los Pa- 
dres primitivos en materia de clausura en la celda; y así 
leyó muchísimos libros, y todos los marginaba, y no se 
halla en la librería de Charo, ni de Valladolid, libro que no 
lo pasase, con ser grandes librerías^. 

Murió en el convento de Valladolid el 1605. 

Acerca de lo que escribió, dice el P. Matías Escobar en 
su Americana T/iehaida: "Escribió un Arte en la dificultosa 
lengua Pirnida... Escribió varios tomos Sermonarios de la 
referida lengua, que aun hoy perseveran con la traducción 
de los Sacramentos. Son muy dificultosos para leer á los 
presentes, y así huyen del trabajo los nuevos Ministros. Fué 
mucho lo que escribió y estudió; prueba son los muchos 
márgenes que se ven suyos ho\'' en día en la librería de 
Charo; sólo sobre los Psalmos de David he visto un tomo 
marginado con altísimos conceptos de este Padre, cuyas 
citas podían, si se trasladasen, competir con las célebres ex- 
posiciones de Leblanc y Lorino„. Por lo que hace al Arte 



PORTUGUESES y AMERICANOS 281 

de la lengua Pirnida, confiesa el P. Basalenque que se sir- 
vió de él para formar el que imprimió él mismo. — Basalen- 
que, Hist. de Mich., t. 2.°, p. 9A.—Am. Theb., p. 111.— Berist., 
t. l.^p. 9. 

AGOSTA (Fr. Francisco de) C. 

Perteneció á la Provincia de Andalucía. Sólo he podido 
hallar este dato, que le trae Nic. Ant. — B. N., t. 1.°, p. 396. 

Escribió: 

Vida prodigiosa y heroycas virtudes de la venerable 
Jíadre María de Jesús, religiosa carmelita descalsa del 
convento de San Joseph y Santa Teresa, de la imperial 
ciudad de Toledo. Dedícala d la Madre Priora y religio- 
sas del mismo convento el Padre Maestro Fray Fran- 
cisco de Acosta, religioso del Orden de nuestro Padre San 
Agustín. —Año 1648, en Madrid, por Domingo García y Mo- 
rras.— 4.*^ 

ADRIANO (Fk. Juan) G. 

Gopio del P. Grijalva lo que sigue: "Llegó, pues, en esta 
barcada (el 1557) el P. Fr. Juan Adriano, que salió del Go- 
legio de Alcalá, donde por su singular ingenio y mucho es- 
tudio era ya persona notoria y de grandes esperanzas. 
Luego que vino pasó á la Provincia de Mechoacán, donde, 
en muy breve tiempo, aprendió la lengua Tarasca... Así 
acabó su peregrinación nuestro amantísimo Padre Fr. Juan 
Adriano (año de 1593), después de haber regido la Provincia 
dos veces en el oficio de Provincial, y la casa de Méjico, 
siendo Prior, tres veces; otras tres, Prior de la Puebla; otras 
tres, Difinidor. Pobló muchos Gonventos; porque tenía sin- 
gular gracia en grangear voluntades para augmento de su 
Religión; y así personalmente fundó á Xalisco, Tonallán, 
Ocotlán, Zacatecas, Guasaca. Fué gran lengua Tarasca, y 
administró aquellos indios con tal caridad, hasta que la Re- 
ligión tuvo necesidad de su persona, y le trujo á México. 
Fué Gatedrático de Escritura de la Real Universidad; el 
mayor predicador y de mayor acepción que ha habido en 



282 ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, 

estos Reinos, y el hombre más estimado de toda la Repú- 
blica... Fué devotísimo de la gloriosa virgen Santa Cecilia... 
Hacía siempre certámenes de todo género de poesía, cele- 
brando las virtudes de aquella santa„... El mismo, p. 94 
y 200. 

Beristain, citando á Eguiara, dice que el P. Adrián dejó 
manuscritos varios opúsculos teológicos, concionatorios y 
poéticos, cuyos títulos no expresa. — El mismo, t. 1.", p. 13. 

AGANDURU MORIZ (Vr. Rodrigo^ D. 

El P. Rodrigo, á quien el historiador Landazori hace na- 
tural de Orio, en la provincia de Vizcaya, acaso por proce- 
der de dicho pueblo su padre D. Antonio Aganduru, nació 
en la ciudad de Valladolid, y fué bautizado en la parroquia 
de San Juan. Profesó en el convento del Portillo el 1601, en 
manos de Fr. Alonso de la Anunciación, tomando desde en- 
tonces el apellido de San Miguel, con el cual se encuentra 
citado en las Crónicas de la Orden. Terminada la carrera 
eclesiástica con gran aprovechamiento, pasó á Filipinas, 
donde aprendió en breve el tagalo, y dando comienzo á sus 
tareas apostólicas en la provincia de Zambales, recorriólos 
montes de Marivelez, y fundó los pueblos de Cabcaben, 
Marivelcz, Bagac, Morong y Subic, trabajando no poco en 
los de Masinloc é Iba, y dejando fabricadas en todos los di- 
chos pueblos iglesias y casas parroquiales. Consiguió cris- 
tianizar y redujo á vivir en poblado á muchos indios que 
habitaban en los montes; y para instruirles y civilizarles, 
componíales en su idioma versos y comedias morales. En la 
isla de Bolinao, después de aprender el idioma de los natu- 
rales, convirtió y bautizó á innumerables indios, y fundó 
también convento. De orden de sus Superiores regresó á 
España con el fin de conducir al Archipiélago ministros 
evangélicos, y de vuelta en Manila terminó la iglesia y con- 
vento de San Nicolás de Tolentino, y fundó otros varios 
conventos. Levantó un colegio extramuros de Manila, y 
otro en los términos de Sampaloc Emprendió de nuevo el 
viaje á España, viniendo por Persia, donde hizo muchas 



PORTUGUESES Y AMERICANOS 283 

conversiones, y en Caldea redujo á la obediencia de la Silla 
Apostólica á los principales disidentes, quienes le dieron 
una carta para Su Santidad, prometiéndole respeto 3' obe- 
diencia. Cumplida su misión en Roma, se embarcó para 
Barcelona, de donde pasó á Orio. y aquí murió, lleno de 
méritos y virtudes, el 26 de Diciembre de 1626. 
Escribió ; 

1 . Historia general de las Islas Occidentales d la Asia 
adyacentes , llamadas Filipinas, poí el Padre Fray Ro- 
drigo de Aganduru Moris, Calificador del Santo Oficio de 
la Inquisición. 

Se encontraba M. S. en la biblioteca del Sr. D. Mariano 
de Zabalburu, y se imprimió por vez primera en la Colec- 
ción de docnnientos inéditos para la Historia de España. 
Tomo 78.— Madrid. Imprenta de Miguel Ginesta, 1882, y 
parte del tomo 79. 

2. Persecución padecida por los cristianos en el reino 
del Japón.— M. S. 

3. Sermones.— Vn tomo. M. S. 

4. Tratado en que se prueba la venida del J^erho En- 
carnado, Mesías prometido de los profetas y Escrituras 
Santas. 

Escribióle, estando en la Caldca, con el fin de confundir 
á los rabinos que negaban la venida de Jesucristo al mundo. 

5. Arte y Vocabulario de la lengua Tagala. — M. S. 

6. Cronicón del origen de todos los imperios orientales. 
M. S. 

7. Cronología de los Reyes y sus reinos.— ^l. S. 

8. Relaciones del mundo. — M. S. 

9. Sumario de sus viajes, y frutos de su predicación. 
Escritos por mandado de Urbano VIII, quien mandó de- 
positarlos en la biblioteca Barberiana. 

10. Dibujó muchos mapas de islas , provincias y mares. 
Acerca de estos mapas y del paradero que tuvieran los 

escritos del P. Rodrigo, dice la Historia General de Des- 
calzos lo que sigue: 

"Aquí (en Goa) acabó de reconocer el P. Fr. Rodrigo los 
libros que había escrito hasta allí, y bien copiados los en- 



284 ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, 

cuaderno en pergamino, con sus mapas pintados; que en 
esto tuvo tanto primor, que el molde pudiera envidiar su 
pluma. Yo (el P. Luis de Jesús) tengo uno que admira la 
sutileza y puntualidad de la estampa, viendo en tan pequeño 
espacio delineadas las partes del mundo que describe, que 
no parece posible haber imprenta de tanto aseo. 

„Todo se desvaneció y deshizo con su temprana muerte; 
porque mientras D. Miguel Calimpas Moriz ^el indio que 
siempre le acompañaba) vino á la Corte Á dar aviso de su 
muerte, y fué un religioso nuestro ú recoger los papeles, ya 
los parientes habían dispuesto de todo, ó lo más, presentan- 
do unos por sus pretensiones, dando otros por sus particu- 
lares intereses. Algunos estiin en poder de graves Ministros; 
dicen que para imprimirlos. Hasta ho}'' no se ha hecho, á lo 
menos con el nombre del autor; mas creemos que muchos 
han salido á pública luz, aunque intitulados de quien no los 
trabajó. „ 

Acaso la obra arriba indicada con el núm. 2 sea la misma 
que Nicolás Antonio cita con el siguiente título: 

Conversión de las Filipinas y Japón de los Agttstinos 
Descahos; y obediencia que en nombre de aquella cris- 
tiandad se dio d la Santa Sede goherndndold Crbano VIII. 
M. S. que se guardaba en la biblioteca del Emmo. Barberi- 
ni. — Ilist. Gen. de Desc, t. 2.^, p. 76 y sig.— Nic. Ant., B. N., 
vol. 2 .^ p. 270.— L. Pin., c. 635.— Oss., p. 16 y 73. 

AGREDA (Fr. íNicolAs de) C. 

"Natural de Navarra y de los primeros fundadores de la 
provincia del Santísimo Nombre de Jesús de Religiosos de 
San Agustín de Méjico, enviado por Santo Tomás de Villa- 
nueva en 1d3d. Dos años después fué electo Vicario Provin- 
cial de la Nueva España, y en 1541 regresó á Europa con el 
fin de procurar nuevos operarios evangélicos. Asistió á un 
Capítulo Provincial, presidido por el Rvmo. Scripando, y 
sufragó como Prior de Cempoala y Procurador de Méjico; 
y electo en dicha asamblea Prior de Pamplona, murió allí. 
Había asistido en Méjico al Sínodo Provincial celebrado 
en 1539, en calidad de teólogo. „ 



PORTUGUESES Y AMERICANOS 285 

Escribió: 

Dictamen sobre que á los indios neófitos se les debe ad- 
ministrar el Sacramento de la Eucaristía. — M. S. presenta- 
do al referido Concilio Provincial. 

— Berist., t. 1.°, p. 15.— Grij., p. 36. 

AGUDO (Fr. Guillermo) D. 

Al frente de la Importante Cuestión que puede afectar 
gravemente á la existencia de las Islas Filipinas.— Ma.- 
drid, 1863, y adhiriendo su firma el P. Celestino Mayordomo, 
va un escrito del P. Agudo, de 15 págs. en fol., cuyo objeto 
es refutar el folleto que con el título ác Dociinientos impor- 
tantes para la citestióji pendiente sobre la provisión de 
curatos en Filipinas publicó en Madrid el Consejero Se- 
fior Padilla, hijo de aquellas islas. 

El P. Agudo pone el dedo en la llaga, y hace ver las in- 
tenciones filibusteras de los que influyeron en la publicación 
del dicho folleto. 

AGUADO (Fr. Juan) C. 

Natural de Palomeque, del Arzobispado de Toledo. Pro- 
fesó el 1733 en el convento de Agustinos de dicha ciudad, y 
habiendo pasado á Filipinas administró los pueblos de 
Batan, Guimbal, Jaro, Miagao, Cápiz, Dumalag, Duman- 
gas, Igbaras, Cabastúan, Matacgug y Bugason, donde mu- 
rió en 1781. 

Escribió: 

Explicación de los Mandamientos de Dios, de la Santa 
Iglesia, y de los Santos Sacramentos, traducidos fielmen- 
te del castellano al idioma bisaya-hiligueyna por im Re- 
ligioso Agustino Calzado, siendo Cura en la Isla de Pd- 
7iay. Para instrucción de los indios, y para los Padres 
Ministros que aprendan la lengua bisaya. — M. S. que se 
encontraba en poder del P. Fr. Mauricio Blanco, Cura de 
lloilo. 



286 ESCRITORES AGrSTIVOS ESPAÑOLES, 

AGUIAR íFr. Diego) C. 

Natural de la Nueva España, Lector de Teología y 
Prior de varios conventos. Fué nombrado Procurador de 
las Cortes de Madrid y Roma, y habiendo regresado de 
Europa, hiciéronle cronista de la Provincia, y, como tal, es- 
cribió: 

Scgitnda parte de la Historia de la Provincia del San- 
tísimo Nombre de Jesús de Religiosos Agustinos de Mé- 
jico, ó continuación de la que publicó el P. Maestro Gri' 
jaiva. 

Esta obra permanecía manuscrita en el archivo de nues- 
tro convento de Méjico, y hablan de ella Bermúdcz de Cas- 
tro en su Catálogo de los escritores angelopolitanos, y el 
Maestro Torres en la Vida del Obispo Santa Cruz. — Be- 
rist., tomo 1.°, p. 17. 

ÁGUILA (Fr. Diego del) C. 

Perteneció Á la Provincia de Andalucía. En la de Nueva 
Espafia fué Provincial de la de Mcchoacán, y habiendo pa- 
sado íl Filipinas, administró los pueblos de Tondo y Pasig. 
Murió el 16'J8. 

Escribió dos tomos de sermones panegíricos en taga- 
log.— Os. 

AGLTLAR íFr. Alonso de) C. 

Hijo de hábito del convento de Córdoba, fué Catedrático 
de Prima de Teología, Rector del Colegio de la Concepción 
de Cabra, fundado por su tío D. Luis de Aguilar, y Direc- 
tor de la Escuela de Cristo de dicha villa. 

Corren impresas en tres tomos en 4.*" las Pláticas que 
predicaba en la mencionada Escuela de Cristo. — Reguera. 

AGUILAR (Fr. Antonio) C. 

Hijo de hábito del convento de Córdoba. Fué insigne teó- 
logo escolástico, y tan versado en la doctrina de nuestro 
renombrado Egidio Romano, cuyas obras cuidó de dar áluz 
en la imprenta de dicho convento, que, no hallándose el li- 



PORTUGUESES V AMERICANOS 287 

bro IV de sus vSentencias, lo compiló el P. Aguilar de otras 
varias obras del sabio agustino. Desempeñó el cargo de 
Prefecto de los estudios hasta su muerte, que tuvo lugar 
el 1700. 

He aquí las palabras que el P. Aguilar dirige al lector en 
el prólogo del dicho iv libro de las Sentencias, cuya porta- 
da abajo pondremos: 

"Debitis igitur a^quissimisque postulatis obsecundando, 
jam Quartus Sententiarum Liber prodit in lucem; non ille 
qui a pcritissimis antiquiscjue Scriptoribus per Nostrum 
Magistrum elaboratum refertur, nam optime .-Egidianae 
constat Scholae, Augustinianic Proli, universoque Orbi, nul- 
libi hucusque sub prelo sudasse, nec ad nostra témpora 
in manuscriptis prolabisse: deficiente raro ne disquisitos, 
alium quem in suis scriptis promiscué propinavit, prout va- 
luimus, accurate edolavimus. Ordinem ac methodum in 
rcliquis sententiarum libris servatum hic tenemus. Nihil 
mei in eo invenies, nisi laborcm in concinnando dispersa, et 
collocando Doctoris verba... „ 

1 . Coifiincntan'uui Deati ^Egidii Coluinncc Rotnani Or- 
di'nis Divi Aiigitstiní olífn Gcneralis, Sacres Tlieologice 
Doctoris Fundatissimi , Archiepiscopi Bitiiricensis, et 
S. R. Ecclesiip Cardi)ialis in Qiiartuin libriim Sententia- 
rum , mine primum in lucem editum, siimmo stiidio et in- 
dustria hinc inde ex ejusdem operibus excerptnm, et non 
levi labore dispositum per R. P. Fratrem Antonium de 
Aguilar, hgahrensem in Sacra Theologia Magistrum, 
S. Inquisitionis Qualificatorem, Ex-Diffinitorem inter 
alia nnoiera Bocthicce Provincice, et Episcopatus Malaci- 
tani Examinatorem Synodalem, fidelissimis annotationi- 
bus in marginibus affixis quibus quisque inveniet, unde 
simt de prompta verba Doctoris. lllustrissimo ac Reve- 
rendissimo D. D. Emmanueli a Sancto Thoma et Mendo- 
sa, Episcopo Almerensi, electoque ad Malacitanam Dioece- 
sim. — Cum licentiis Cordubae: ExTypog. Augustin. Anno 
Dni. MDCCMII. 

2. Certamen Theologicum. — Ind. de laBibl. de S. Fel. — 
Reg. 



288 ESCRITORES AGUSTINOS ESPa5vOLES, 

AGUILAR (Diego) C. 

Natural de Zapotlán el Grande, en la diócesis de Michoa- 
cán. Fué el primero que en la Provincia de San Nicolás de 
Tolentino enseñó Filosofía moderna, y Teología por la 
obra de nuestro esclarecido Berti. Obtuvo el grado de Maes- 
tro, y fué Prior de los conventos de Querétaro y Celaj'^a. 
Pasó á la corte de España con el cargo de Procurador, y de 
vuelta en América murió sexagenario, en su pueblo natal, 
hacia fines del siglo xviii. 

Escribió: 

Sermón Panegyrico de San \icol(ís de lolentñio que 
con el motivo de un nuevo Altar que en la Iglesia Parro- 
quial de la Nobilísima Ciudad de Santa Fe y Real de Mi- 
nas de Guanajuato le dedicó D. Ranuhi Luis de Aramia, 
Alguacil mayor del Santo Tribunal de la Inquisición, Re- 
gidor y Alcalde Ordinario que fui^ de la expresada Ciu- 
dad, predicó el R. 1\ Maestro Fr. Diego Aguilar, Prior 
que fué del convento de Nuestra Señora de los Dolores de 
la Ciudad de Querótaro, ExDefinidor de su provincia de 
Religiosos Agustinos de Michoacan y actual Prior del 
convento de Zelaya. Sócalo d lus el ifiencionado Caballe- 
ro, y lo dedica al Gremio de la Minería de dic/ia Ciudad. 
Impreso en México por D. Felipe de Zúñiga y Ontiveros, 
calle del Espíritu Santo, año de 1782.-4." de 5 hoj. de prel. y 
26 págs. de tex.— Museo Michoacano, pág. 18, del 1890.- Be- 
rist., t. I.'', p. 19. 

AGUILAR (Fk. Francisco) C. 

Fué este religioso uno de los que acompañaron al vene- 
rable P. Fr. Rodrigo de Solís cuando éste pasó el 1569 á la 
Provincia de Aragón con el fin de reformarla. Hácenle al- 
gunos natural de Écija, é hijo de hábito del convento de 
San Agustín de Salamanca. 

Escribió: 

Libro de Indulgencias y gracias concedidas por Nues- 
tro Muy Sancto Padre Gregorio XIII, y por otros Sum- 
mos Pontífices d los coffrades de la Correa del Glorioso 



PORTUGUESES Y AMERICANOS 



289 



Padre y bienaventurado Doctor de la Iglesia Sane Agus- 
tín. Con un tractado en que se resmna la materia de In- 
dulgencias, por el Maestro Fr. Francisco de Aguilar, Ca- 
thedrático de Sagrada Escriptura en la Universidad de 
Lérida, Frayle del mismo Orden. — Con licencia en Barce- 
lona. Impreso en casa Hubert Gotart. Año 1584. 

Divídese la obra en cuatro tratados. En el primero se 
habla del origen de la religión de los Ermitaños de San 
Agustín, santos y varones ilustres que ha tenido, hábitos 
propios de la misma, de la cinta ó correa, y de las indul- 
gencias y privilegios de que goza. El segundo trata de las 
indulgencias de Roma, Jerusalén, Santiago y otras de que 
gozan los cofrades de la correa. En el tercero se hallan los 
Breves del Papa y Patentes del General de la Orden que 
comunican á los cofrades el fruto de las obras buenas que 
se hacen en la Religión Agustiniana, y las ordenanzas de 
los cinturados de San Agustín de Bolonia. Contiene, por úl- 
timo, el cuarto un breve sumario y epílogo en que se declara 
qué sean las indulgencias, y el modo de ganarlas. — Jord., 
t. 3.^ p. 282.-OSS., p. 19.— N. A., t. l.^ p. 397. 

^R. ^ONiFACio /Moral, 

Agustiniano. 
(Continuará.) 




19 









OA<ecos<»s<.d 



■Vi-^í 




3xeoD3JoXlío3 



bibliografía 




OANNIS DeVOTI InSTITLTIOMM C/WONICARt'M LIBRORIM TERTII 

ET oiARTí, adnotafionea a P. Mathia Comea Ordinis Prtc- 
íHattoram. — Mattilíe, Typis Collcgii Sattcti Thotuíc Aquiua- 
tis, lS93.—Vn folleto en 8.® 

Como lo indica el título del folleto que examinamos, redúcese éste 
á una serie de notas á los libros iii y iv de las Instituciones Canóni- 
cas del ilustre Devoti, y que por lo mismo pertenecen al tratado De 
Jiidícú's. Con pusto hemos leído los 32 números que contiene, y en 
ellos hemos podido apreciar la erudición y buen criterio de su ilus- 
trado autor, especialmente en aquellos puntos que trata con m.ls ex- 
tensión, como es, entre otros, la cuestión tan debatida en otro tiempo 
sobre el foro competente de los Párrocos Regulares en las Islas Fili- 
pinas: explica el P. r,<')mez en este número porqué, ú pesar de las 
Bulas Firmandis, Cuní tniper y Cum altas, de Benedicto XI\', han 
continuado en su vigor los privilegios que el Breve de San Pío \' Ex- 
poní nobis concede á los Religiosos que tengan cura de almas: ex- 
pone después cómo se estableció contra todo derecho y sigue obser- 
vándose la costumbre de que el Obispo dé institución y colación ca- 
nónica á los Curas Regulares; costumbre que puede decirse tiene 
fuerza de ley, porque cuenta ya con la prescripción de más de un 
siglo, y porque, habiendo protestado los Provinciales de las órdenes 
Religiosas, la Santa Sede guardó completo silencio. Como conse- 
cuencia de esto parece natural que los Curas Regulares sean Pá- 
rrocos propios, á pesar de lo cual, por costumbre también estable- 
cida y además por determinaciones civiles, cuando algún Párroco 
tiene nombramiento en Capítulo ó fuera de él para otro cargo, está 
obligado á admitir dicho nombramiento. Resulta, pues — dice el Pa- 



BIBLIOGRAFÍA 291 



dre Gómez, —que los Párrocos Regulares, una vez recibida la colación 
canónica, son verdaderos Beneficiados con jurisdicción ordinaria; 
pero se consideran como Relioiosos que viven intra claustra, espe- 
cialmente en aquello que pertenece á los votos de pobreza y obe- 
diencia, ó sujetos en los asuntos parroquiales lo mismo á sus Superio- 
res que al Ordinario. 

De intento nos hemos detenido en este punto, que tan magistral- 
mente está tratado, porque constituye una especie, digámoslo así, de 
derecho nuevo, poco conocido fuera de las Islas Filipinas. Por lo de- 
más, en todos los asuntos que toca el autor se echa de ver gran cla- 
ridad de ideas y mucha precisión, condiciones muy necesarias en 
todo libro dedicado á la enseñanza. 



Diccio.VARio DK x\xTiGÜEDADES CRISTIANAS: Comprende desde los 
principios del Cristianismo hasta la Edad Media exclusive. Obra 
escrita en Jraucés por M. el Abate Marti gny, Canónigo de Belley 
(Francia), socio correspondiente de la Sociedad Nacional de Anti- 
cuarios de Francia, y traducido de la t'tltitna edición francesa por 
D. Rafael Fernánder. Ramire::;, Licenciado en Afedicinay Cirugía. 
Ilustrada con 675 grabados en el texto, y dedicada al Eminen- 
tísimo Cardenal Fr. Ce ferino González.— Vn vol. en 4." mayor 
de XXXIV-RS6 págs. 

Este Diccionario no es un trabajo original; es un libro traducido. 
Hace veinticinco años dióse á luz la primera edición en Francia, su 
país natal, y han transcurrido doce desde que se publicara la segun- 
da. Libro para nosotros nuevo en la Península, obra importantísima 
y de incontestable utilidad, teniendo en cuenta, como dice Monseñor 
Gérault de Langalerie, Arzobispo de Auch, al censurar la primera 
edición, que los profanos ignoran, y muchos eclesiásticos conocen 
de manera asaz incompleta , las cuestiones religiosas que en las 
páginas de este libro se tocan y tratan. 

Aunque pudiera creerse que se trata de una obra enderezada sólo 
á ilustrar á la juventud con el conocimiento del culto externo y de la 
liturgia, M. Martigny ha sabido dar á conocer la íntima relación 
que ha}' entre los misterios y las verdades de la Religión cristiana 
con sus manifestaciones sensibles; por donde su trabajo viene á re- 
sultar una apología de muy subidos quilates en defensa de los princi- 
pios de nuestra fe. 

En los seis primeros siglos de nuestra era, que esta obra abraza y 
comprende, Martigny acude diligente y presuroso á todos los campos 
de la religión y de la ciencia, ya estudiando el Culto como la Icono- 
grafía, ya la Arquitectura como la Numismática, ora las Institu- 



292 BIBLIOGRAFÍA 



cioiies como Xa. Indumentaria: es decir, todo loque puede contribuir 
al conocimiento de la antigüedad cristiana. 

Es, ciertamente, libro de inmensa erudición y lectura, y responde 
entre nosotros ú. una gran necesidad que ha tiempo se hacía sentir. 
Dícelo con su gran autoridad el Sr. Menéndez y Pelayo en la censu- 
ra que le fué encomendada por el Sr. Obispo de Madrid-Alcal.l, en 
los siguientes términos: 'Tanto la obra como la traducción me pare- 
cen dignas de toda alabanza. Xo sólo no he encontrado proposición 
alguna contraria al dogma católico ni á las buenas costumbres, sino 
que en todo el libro respira la niAs sincera piedad, unida al más fer- 
viente entusiasmo por las antigüedades de la edad heroica de la Igle- 
sia. La obra del Abate Martigny tiene indispensable mérito como re- 
sumen de las más modernas investigaciones acerca de los primeros 
siglos cristianos, especialmente de los que se contienen en las innu- 
merables publicaciones del Comendador Juan Bautista Rossi, prin- 
cipal representante hoy de esta rama de la erudición. La forma de 
diccionario facilita e.xiraordinariainente el manejo del libro, agru- 
pando en cada artículo las noticias más importantes, que costaría 
gran trabajo encontrar en los libros, revistas y folletos donde están 
diseminadas. Una traducción de esta obra era de todo punto indis- 
pensable para facilitar la enseflanza de la Arqueología cristiana en 
los Seminarios, donde ya han comenzado á establecerse cátedras con 
este propósito. Kl .Sr. Fernández ha llevado á término su difícil tarca 
con toda exactitud y esmero„. 

Lleva la obra 075 grabados intercalados en el texto, y amplísimos 
índices, tanto de los artículos como de los grabados, que facilitan el 
manejo del libro. 

Véndese en la Librería Católica de D. Gregorio del Amo y en las 
principales del reino, al precio de 20 pesetas én rústica y 23 encua- 
dernada en pasta. 




te-'Q- 



¿YpJoY ó»-'¿^stH 



Revista Científica 




«'l«Mlikt4»M fcrrot iai'loM. — OhliiravinM ú olidii'ailofOM 
i«iiM»iiiátio«>M (l4> liiM liiiotiM fV'i'retiN. -ScñulcM liiiiiiiio- 
NUM il4> alariiia. — \ii<m4»n iii«mIí«im «!<> r%'i(ai* aulniiiáii- 

caiiiciitt' luM clioiiiioM il»* treiicM. el<*. «'te— Hace cosa de tres 
años, ó poco más, que en revistas y periódicos han podido leerse con 
frecuencia títulos parecidos á los transcritos, que indican medios, 
más ó menos ingeniosos, propuestos por los inventores para evitar 
las inmensas desgracias que con demasiada frecuencia experimenta 
la humatiidad ambulante. Al decir de cada inventor, su invento es 
el más eficaz, el más económico y el más sencillo. A los competido- 
res no debe de parecerles así, puesto que cada cual cree haber tenido 
más acierto que los otros. Lo cierto es que ningún sistema se adopta 
definitivamente y los viajeros marchan, encajonados en los coches, 
con la misma exposición á estrellarse que hace diez años. Del tele- 
dikto inventado por nuestro querido compañero el P. Teodoro Ro- 
dríguez, nada hemos de decir, j^a que varias veces se ha descrito en 
esta misma Revista y es bien conocido de nuestros lectores. Instala- 
do se halla el aparato en las estaciones que hay entre el Escorial y 
Madrid, esperando á que se realicen las pruebas definitivas. Esen- 
cialmente es un telégrafo que habla á todo el público que quiera con- 
sultarlo, cuando, el telégrafo hasta ahora empleado, sólo se dejaba 
entender directamente por el telegrafista de la estación. Es un ade- 
lanto digno de tenerse en cuenta. 

El obturador ferroviario pertenece también á otro agustino, que 
se halla actualmente en Filipinas, conocido de los lectores de La 



294 REVISTA CIENTÍMCA 



Ciudad de Dios por lo:^ irabajos que en ella han visto del P. Salvador 
Pons. De su invento da cuenta J. B. Zaldívar en La Ilustración Fili- 
pina. De él dice lo siguiente: "Creemos, salvo mejor parecer, que el 
sistema obturador del P. Pons ofrece más garantías de seguridad 
que el sistema de señales ópticas. La razón es sencilla. Siempre que 
el aparato funcionare normalmente, al salir el tren de una estación, 
queda obturada la vía en la estación de arribo, hacia donde aquél se 
dirige; y por tanto, mientras la vía no se despeje, es imposible que 
por la misma parta otro tren en dirección contraria A la del prime- 
ro„. Es fácil comprender la manera de funcionar de dicho obturador 
automático: lo que costaría, para ponerlo en práctica, no puede de- 
terminarse sin intentar las pruebas. El agente principal, ya se supone, 
es la electricidad. 

Sean dos estaciones A y B. Kn el momento de ponerse en marcha 
un tren que sale de A , hacia la estación B, el mismo tren en A cie- 
rra el circuito de la corriente (también puede abrirlo, si así quiere 
disponerse el mecanismo): en uno ú otro caso, dicha corriente, por 
medio de electroimanes, mueve un aparato que intercepta la vía en 
la estación B. De modo que de ésta no puede salir la máquina hacia 
la estación A, á menos de descarrilar. Como las señales de estarla 
vía interceptada habían de ser patentes, tanto para los guarda-agu- 
jas como para el maquinista y demás empleados, y aun para el públi- 
co, imposible el que se intentase siquiera la salida de B hacia A. Si el 
tren de la estación B arranca el primero, entonces el cierre de la vía 
se verifica en la estación A, y la máquina aquí dispuesta no tiene 
más remedio que esperarse. 

l'n señor Catedrático del Seminario de Madrid publicó el aflo an- 
terior la descripción de otro invento destinado á lo mismo. Si mal no 
recordamos, se reducía á que una bocina eléctrica avisase automáti- 
camente al maquinista, en el caso de venir otro tren en dirección 
opuesta y correr peligro de un encuentro. Sentimos no tener á mano 
dicha descripción, para recordar más detalles del mecanismo y fun- 
cionamiento del aparato. Se han borrado de nuestra memoria. 

Por último. La Ciudad de Dios dio cuenta, en 20 de Enero último, 
de un sistema de señales ópticas, lámparas incandescentes, coloca- 
das, siempre en dirección de la vista del maquinista, á lo largo de la 
vía. El tren que viene en contra del que va, iría apagando automáti- 
camente dichas lámparas ; de modo que, el no ver las luces, sería para 
el director de la máquina la señal de alarma. Este sistema podría ser 
de utilidad durante la noche, y aun en los túneles. Durante el día... 
las lámparas tendrían que ser obscuras... y no sé cómo podrían apa- 
garse. Este sistema, sin embargo, hase puesto en ejecución en New 
Jersey, en el túnel de 1.3<X) metros de Wechawken, en la línea de 
West Shore. Podría aumentarse la lista de inventos destinados al 
mismo fin ; pero basten los citados, ya que, de no hacer el aprecio de- 



REVISTA CIENTÍFICA 2^">5 



bido de lo poco, creíble es que también se mirará con indiferencia lo 
mucho. Los resultados prácticos finales, nulos han sido hasta el pre- 
sente, no tanto por las imperfecciones que pudieran tener unos y 
otros sistemas, cuanto por la indolencia de los que aprecian poco la 
vida, aunque tengan que viajar entre peligros. Después de todo, 
cuando no se ha querido hacer caso, ó no se ha hecho el caso que se 
debe, de los avisos y ventajas que de mancomún nos ofrecen gene- 
rosos la ciencia y los sabios, no tendremos derecho á quejarnos de 
nada aunque todos los días se reproduzcan escenas como la de Quin- 
tanilleja. 



Kí oólí'rH.— Está visto que el terrible huésped del Ganges no nos 
abandona todos los años en uno ú otro punto, con mayor ó menor in- 
tensidad en esta ó aquella estación, pero al fin siempre nos encon- 
tramos con la existencia de esa pavorosa epidemia cuyo nombre es, 
en los oídos de algunos, sinónimo de muerte y desolación. 

Tiempo hace ya que se sabe que el cólera va acompañado de mu- 
chedumbre inmensa de bacterias, pero puede dudarse si éstas son la 
causa ó el efecto; y admitido como cierto lo primero, queda la duda, 
mejor dicho, es preciso averiguar cómo los microbios producen sus 
mortales efectos, para ver de combatirlos con verdadero conoci- 
miento de causa. A este fin se han enderezado los trabajos de Emme- 
rich y Tsubsi, llegando á resultados prácticos que pudieran dar la cla- 
ve segura para el conocimiento de los medios de combatir el cólera. 
Dichos observadores han comprobado que el bacilo del cólera po- 
see en alto grado y más que ningún otro la propiedad de transfor- 
mar en ácido nitroso los nitratos y el carbonato de amonio conteni- 
dos en los líquidos donde se cultivan. 

Esta propiedad de las bacterias coléricas hizo sospechar á Emme- 
rich y Tsubsi que los funestos efectos del cólera eran debidos á en- 
venenamiento producido por los nitritos que se derivan del ácido ni- 
troso: para ver si sus sospechas eran fundadas y podían pasar á la 
categoría de verdades, comenzaron una serie de experiencias que 
les condujeron á los resultados siguientes: 

Con 50 miligramos de nitrito de sodio en el estómago ó debajo de 
la piel, mediante inyecciones hipodérmicas, consiguieron matar en 
pocas horas á los conejos de Indias. En una hora sucumbieron los pe- 
rros á que se propinó de 0,3 á 1 gramo del nitrito á que hemos hecho 
referencia. Los síntomas observados en dichos animales son en todo 
parecidos á los producidos por el cólera. 

Aunque no abundan los datos acerca de los efectos producidos en 
los hombres por el envenenamiento con los nitritos, sábese, no obs- 
tante, que cinco ó seis decigramos introducidos en el estómago del 



2% 



REVISTA CIENTÍF'ICA 



hombre ocasionan un envenenamiento cuyos síntomas tienen gran- 
dísima analogía con los del cólera: al poco tiempo de tomar el vene- 
no aparecen los vértigos, náuseas, vómitos, evacuaciones, diarrea hi- 
potermia, aceleración, y luego lentitud en los movimientos respira- 
torios y el pulso, cianosis muy manifiesta en el semblante, disminu- 
ción en la orina é intenso frío en las extremidades. 

Salta á la vista que los preinsertos síntomas son en todo parecidos 
á los que se observan en los atacados del cólera. 

No es peculiar de la bacteria colérica la producción de nitritos: 
existen otras que gozan de la misma propiedad, lo cual explica un 
fenómeno en la apariencia raro, y que hasta la lecha no tenía expli- 
cación satisfactoria, y es la existencia de casos aislados de síntomas 
coleriformes sin poder encontrar el bacilo del cólera. 

Preciso es que se continúen por los bacteriólogos los trabajos ini- 
ciados por Emmerich y Tsubsi para ver si son ciertos en todas sus 
partes los resultados por ellos obtenidos; }' si así fuese, bien podría- 
mos afirmar que no se hallaba muy lejos el día en que dispondríamos 
de una medicina eficaz contra el cólera, pues para todo veneno que 
no desorganice inmediatamente los tejidos existe un antídoto. 





T>r,>í^^ííí^s^5s 



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^.« 



Revista Canónica 




extensión de la Constitución 'Nupor^ de Inocencio XII, sobre 
la celebración de la Misa y sus efectos para los Regnlares. — 
El Kvdo. P. Procurador Cieneral de la Congregación de 
la Santa Cruz y Pasión de Nuestro Señor Jesucristo proponía á la Sa- 
grada Congregación del Concilio las dudas siguientes: 

/.""» Aii decreta super celebratione Missarutn ac prohihitione 
illas moderandi, sen reducendi etc. etnanata a S. Congregatione 
S. R. E. Car dina lium Conc. Trid. Interpretnm, et inserta ab Ino- 
centio PP. Xll in sna Constitiitione diei 23 Dec. an. 1697 quie in- 
cipit "Xuper„ obligent cutn pacnis in iisdem decreiis contentiSj non 
solutn in Italia et insnlis adjacentibus, sed etiam in aliis regioni- 
bus in casu. 

2."'» An Jiaberi debeat legitime celebratuní Capitiilum Provin- 
dale extra Italianí cid inter/uit cuní voce activa et pasiva, quídam 
Superior localis, qui ob meraní oblivionem, prout ipse ait, secu>n 
non detulerat attestationem ab ómnibus sacerdotibus sui recesus 
subscriptam et juratam de Missarum onerum integra satisfactione 
in casu. 

Respuesta de la Sagrada Congregación del Concilio: Ad /."'« Af- 
firmative: ad 2.""' Pro gratia sanotionis ad cautelatn. 

La importancia práctica que encierra esta doctrina canónica re- 
clama algunas consideraciones sobre la cuestión, que seguramente 
no serán reputadas inútiles ó superfluas por nuestros lectores. 

En el año 1625 el Papa Urbano VIH elevó á la forma de decreto 
general en la Constitución Cum scepe algunas declaraciones de la 
Congregación del Concilio en las cuales se prescribían oportunos 



1:98 REVISTA CANÓNICA 



remedios para evitar en la celebración de la Misa toda clase de abu- 
sos de sabor simoniaco. La Constitución de Urbano \'1I1, no sólo fué 
confirmada ó renovada en 1697 por el Papa Inocencio XII en la Cons- 
titución Xiiper á que aluden las resoluciones que preceden, sino que, 
al inculcar el cumplimiento de los decretos de su predecesor, añadió 
nuevas disposiciones que sancionó con severísimas penas. 

Siendo imposible reducir X breve compendio la amplísima doctri- 
na canónica de la Constitución de Inocencio XII, nos limitaremos á 
recordar aquí las declaraciones m.1s importantes y las que están rela- 
cionadas con el caso concreto ít que se refiere la nueva resolución 
que hemos apuntado arriba. La Constitución Xuper comprende dos 
secciones generales: la parte dispositiva y la sección penal. La pri- 
mera parte contiene sabias y oportunas disposiciones para evitar toda 
injusticia en el cumplimiento de las obligaciones contraídas en or- 
den A la celebración de la Misa. Prohibe al efecto á los Obispos, Pre- 
lados Reculares, Sínodos diocesanos y Capítulos Generales reducir 
las cargas de las Misas por cualquiera razón ó pretexto. Igualmente 
prohibe á todos los Rectores de las iglesias, así Seculares como Regu- 
lares, aceptar cargas perpetuas sin el consentimiento e.xpreso y es- 
crito del Obispo ó del \'icario general respectivamente; así como re- 
cibir limosnas de nuevas Misas manuales, cuando no se hubiesen cum- 
plido aún las obligaciones anteriormente aceptadas ó no se hallasen 
en condiciones de satisfacer desahogadamente á nuevos compromi- 
sos. Prohibe también celebrar las Misas por medio de otras personas 
reteniendo parte de la limosna recibida. Siguen inmediatamente 
veinte dudas, con sus respectivas resoluciones emanadas de la Sa- 
grada Congregación del Concilio, acerca de ios puntos anteriores; y 
finalmente, para prevenir cualquier abuso de este género entre los 
Regulares, se dictan oportunas disposiciones sobre les réditos de cada 
convento y sobre el número respectivo de Religiosos. — En la segunda 
parte de esta Constitución añade Inocencio XII algunas prescripcio- 
nes preceptivas y penales, ordenadas á asegurar con mayor eficacia 
el cumplimiento de tan sagradas obligaciones. Al efecto, los Recto- 
res de las iglesias, así Regulares como Seculares, estarán obligados á 
escribir en tablillas ó carteles, 3' en lugar público y manifiesto, todas 
las cargas diarias, de modo que sea fácil á todos comprender, si es ó 
no compatible la aceptación de nuevos compromisos. Además existi- 
rán en la sacristía dos libros, destinado el uno para consignar el cum- 
plimiento de cargas permanentes, y reservado el otro para las Misas 
manuales. Mándase á los Regulares depositar la limosna de las Misas 
manuales en una caja particular, y cerrada con dos llaves, debiendo 
retener una el Superior local y otra algún Religioso que designarán 
los Padres del Capítulo del convento, ante los cuales se dará cuenta to- 
dos los meses de la limosna recibida y del respectivo cumplimiento de 
las Misas. Los Superiores Regulares que contraviniesen á las disposi- 



REVISTA CANÓMCA 299 



ciones que preceden (entiéndase las relativas á los libros y carteles 
destinados á consignar las Misas) quedarán privados ipso fació et abs- 
jie alia dcclaratione de voz activa y pasiva. Bajo la misma pena ipso 
Jacto inatrrenda se manda á los Superiores locales presentar al Capí- 
tulo provincial la cuenta de todas las cargas aceptables y cumplidas 
ab ómnibus sacerdotibus conventiis subscriptain et juratatn. A su 
vez los Provinciales y sus Vicarios, así como los Visitadores de Pro- 
vincia, quedarán privados de voz activa y pasiva en el Capítulo ge- 
neral si no dan cuenta de la observancia y ejecución de estos decre- 
tos en la Provincia respectiva. Y en fin, para evitar el olvido de estas 
disposiciones, y para que no prevalezca cualquiera costumbre contra- 
ria, los Rectores de las iglesias seculares expondrán públicamente 
en la sacristía una copia de estos decretos, y los Superiores Regula- 
res (locales) cuidarán de que esta Constitución sea públicamente leí- 
da en refectorio, en la feria sexta después del primer domingo de 
Adviento, y en la que sigue inmediatamente después de la octava del 
Corpus, bajo la misma pena de privación de voz activa y pasiva ipso 
fado iticiirrenda. 

Viniendo ahora á la cuestión últimamente resuelta en la Sagrada 
Congregación del Concilio, ©frécense desde luego dos puntos doctri- 
nales de mu}' diversa naturaleza, refiriéndose el uno á la extensión de 
la ley, y el otro á las condiciones necesarias para incurrir en la pena 
canónica. 

Acerca del primer punto resuelve la Sagrada Congregación del 
Concilio que la Constitución Xnper obliga, no sólo en Italia é islas 
adyacentes, sino también en las demás regiones católicas, así en la 
parte dispositiva como en la sanción penal. Bastaría, en efecto, la 
simple lectura de la Constitución de Inocencio XII, para quedar con- 
vencido de esta verdad. Se trata en ella de corregir abusos tan injus- 
tos y reprobables en Italia como en cualquiera otra nación católica, 
y con este único fin se establecen medidas oportunas y disposiciones 
preventivas para evitar cualquier desorden é injusticia en una mate- 
ria tan delicada. Por otra parte, la suposición contraria carece en ab- 
soluto de todo fundamento, puesto que en la Constitución Nuper no 
se encuentra una sola frase ó palabra por donde pueda conjeturarse 
que la intención del Pontífice ó el espíritu de la ley es susceptible 
de tales restricciones. La única dificultad que podría surgir contra 
esta doctrina sería la circunstancia de no haber sido aceptada ó 
practicada en los demás países la Constitución de Inocencio XII, en 
todas sus disposiciones y decretos, con la misma solicitud y universa- 
lidad que en Italia. Diríase, por tanto, que la ley en este caso ha sido 
derogada por la costumbre. Mas esta razón no ha parecido bastante 
eficaz para eludir la fuerza de la ley, ni la costumbre contraria se ha 
conceptuado por la Santa Sede como racional y legítima. Uno de los 
varios decretos que se preparaban en el Concilio \'aticano tenía por 



300 REVISTA CANÓNICA 



objeto inculcar la observancia de la Constitución Nitper en todas las 
regiones. Suponíase, por consiguiente, que en todas partes subsistía 
la obligación de la ley, aunque en muchas se faltase, con maN'or ó 
menor culpabilidad. ^'Qiiia íamen quie in iisdeni decretis (Urba- 
ni VIH et Innocentii XII) salubriter sancita fuerunt non ubique lo- 
corum diligenter servantur inde necessitas concillare cdendi decre- 
tutn, quod huic malo aptuní, et quoad ej'us fieri possit remedium 
ajjeratur. Conviene observar, sin embargo, que las iglesias del Clero 
secular podrían eximirse de esa ley en virtud de una costumbre legí- 
tima con más facilidad que las iglesias de los Regulares, teniendo en 
cuenta, por una parte, que la Constitución de Inocencio XII ha estado 
siempre vigente en Roma, donde se halla el centro de todas las Or. 
denes Religiosas, y por otra la ley de uniformidad que debe existir 
siempre en las prácticas de una misma corporación. Lo que no ofrece 
género de duda es que en aquellos conventos donde, como sucede en 
este Real Monasterio, se da pública lectura en los días designados á 
la mencionada Constitución, deberán estar vigentes sus decretos y 
disposiciones, así como la sanción penal, por ser incompatible esta 
práctica con la legitimidad de una costumbre contraria á las dispo- 
siciones de la ley; de otra suerte, la lectura pública de la Constitu- 
ción resultaría ilusoria. 

Descendiendo á la segunda parte de la declaración dada por la 
Sagrada Congregación del Concilio, en el caso presente fácil es 
descubrir en ella la aplicación lógica de la doctrina que precede. Si, 
como se ha indicado arriba, la Constitución Nuper tiene fuerza de 
le}' vigente fuera de Italia, incurrirán, ipso Jacto, en la privación 
de voz activa y pasiva aquellos Superiores locales que no presentan 
en el Capítulo provincial las cuentas corrientes de las Misas celebra- 
das con el testimonio escrito y jurado de todos los Sacerdotes del 
convento. En este caso, el voto del Superior negligente sería nulo y 
podría trascender hasta hacer nula la elección del Provincial, y de 
ningún valor todos los actos del Capítulo. Esto sucedería únicamente 
cuando aquel voto hubiera sido el decisivo en la elección, ó sea el 
que hubiera inclinado la mayoría de sufragios en favor del Provincial 
electo. Por eso la Sagrada Congregación del Concilio no declara 
nulo en absoluto el Capítulo provincial donde uno de los vocales ca- 
rece de voz activa, limitándose únicamente á subsanar el acto de la 
elección, ad cautelam. 



La intervención de la mujer en el servicio de la Misa. — Con este 
mismo título hemos dado á conocer á nuestros lectores (núm. 5 Fe- 
brero, pág. 237) una resolución de la Sagrada Congregación de Ritos 
en que, suponiendo lícito el ministerio de la mujer en la Misa para 



REVISTA CAXÓ.MCA 301 



responder á distancia, y en caso de urgente necesidad, se declaraba 
que no se puede considerar como de necesidad urgente el caso or- 
dinario en que el Sacerdote no encuentra quien le sirva en la Misa 
cuando se celebra por pura devoción y no para cumplir con un pre- 
cepto. 

Habiéndose presentado últimamente nuevas dudas acerca de esas 
decisiones, el Emmo. Prefecto de la Sagrada Congregación de Ritos 
ha mandado suspender provisionalmente la declaración anterior, en 
esta forma: 

Novit A. Tua qiiod diibio ab Ipsamet pyiposito circa mulieris 
tuinis/en'uní in Missa, Sacra hcec Riínn)}i Congregatio negative 
rescribeiidum ccnsuit die qiiarta Augiisiti, anno siiperiore. Qiiiini 
inde Jiac de re ad Eantdcm fiuunulla qtice sita pervcncrint, idein sa- 
criirn Concilittniy nova in ¡isdti>i allata ratiotiiim mo>nenta statitit 
pcrpoideuda, atque intcrini pnefati diei Rescriptmn non esse exe- 
cttíiofii mandandion. (Romae die 12 Januarii 1894.) 

En el lugar citado de nuestra Revista podrán verse las razones 
del pro y del contra; así como la indicación general de aquellas cir- 
cunstancias que podrían hacer recomendable el ministerio de la mu- 
jer en la Misa. 



Erocción de las cofradías del Rosario en las iglesias de rito 
oriental.— El Rvmo. P. Procurador General del Orden de Santo 
Domingo ponía en conocimiento de la Sagrada Congregación de in- 
dulgencias las repetidas súplicas de algunos sacerdotes católicos de 
rito oriental, en las cuales se expresaba el vivo deseo de erigir ca- 
nónicamente en sus iglesias cofradías del Santísimo Rosario. Pero 
habiendo razones para dudar de la legitimidad de estos actos de 
erección, si hubiera de procederse en ellos sin implorar antes el con- 
sentimiento e.xpreso de la Santa Sede, el Rvmo. P. Procurador Ge- 
neral expone á la Sagrada Congregación las dudas siguientes: 

J° An absque ulla speciali licencia Sanctcn Sedis, sed tantum 
vigore faciiltatnni qitibus iitiiiir snprenins tnoderator Ordinisprce- 
dicatormn in erectione Confraternitatnnt pro ecclesiis latini ritus, 
püssit etiatn et valeat Conjraternitates quce sunt proprice ordinis 
in Ecclesiis alterius ritiis, puta ritns grceci armeni etc. erigere? 
Et quatenus affirmative. 

2.^ Quananí formula sacerdotes alterius ritus quam latini, uti 
debeajit pro benedictione Rosarioruní aliisque ccerimoniis quce lo- 
cuní haber e possunt in actu receptionis sodaliumP 

Respuesta de la Sagrada Congregación de Indulgencias en el 
día 21 de Junio de 1893 : 

Ad J.'"" Affirmative prcevio tamen consensu Episcopi respectivi 
ritus orientalis. 



302 REVISTA CANÓNICA 



Ad 2.""' Orator rectirrat aU Sacraui Congregationetn Chrístiano 
nomini propagando prcepositayn. 

Esta declaración debe aplicarse á la erección de todas las demás 
Cofradías dependientes de los Superiores Generales de las Ordenes 
Religiosas, siendo substancialmente idénticas las facultades apostó- 
licas que tienen todos los Generales^de las Ordenes con respecto íl la 
Cofradía respectiva. 

Según esto, cualquiera Cofradía dependiente de las Ordenes Re- 
ligiosas podrá erigirse canónicamente, aun en las iglesias de rito 
oriental, sin más requisitos que el consentimiento expreso del Obispo 
respectivo; debiéndose recurrir, sin embargo, á la Sagrada Congre- 
gación de Propaganda para obtener la aprobación de la fórmula li- 
túrgica con que deben ser adscritos los cofrades. 



fR. j^ONORATO DEL J KU^ 
AKuitiniano. 






^ 




!> 






Hb>;- u 













CRÓNICA GENERAL 



I^OMA 




E est;i imprimiendo, según telegrama de fecha reciente, una 
nueva lincíclica de León XIII, referente á las manifestacio- 
[ ncs de adhesión A la Iglesia realizadas con motivo del Jubileo 
episcopal de Su Santidad, lil Sumo Pontífice recuerda en ella la in- 
lluencia benéfica y la acción pacificadora del Pontificado en el mun- 
do, y hace votos para que se restablezca en la opinión el verdadero 
concepto de la autoridad moral que, como apóstol de la verdadera 
Maternidad y de la justicia , ejerce entre los pueblos el Vicario de 
Jesucristo. 

— Conocemos algunos pormenores de la decisión tomada en Roma 
por la Congregación competente acerca de la música religiosa. Pa- 
rece que se sostiene el decreto de 1884, que á su vez no es más que la 
confirmación de los cánones tridentinos. Se recomiendan las obras 
de Palestrina y de sus discípulos é imitadores. En cuanto al canto 
llano, se deja á los Obispos en libertad de aceptar ó no las ediciones 
famosas de Ratisbona. Se ha acordado no renovar el privilegio con- 
cedido, á M. Pustet para esas ediciones, }' que terminará en el 
año 1900. Las ediciones de los Benedictinos no han recibido especial 
aprobación, ni han sido rechazadas; por lo tanto, podrán emplearse 
en el canto litúrgico, donde quiera que los Prelados lo tengan por 
conveniente. 

—Si se necesitase alguna prueba del completo desamparo en que 
por razón del cisma ha quedado la Iglesia griega, se tendría á la 
mano en las actuales cuestiones que el Patriarca de Constantinopla 



304 CRÓNICA GENERAL 



sostiene con el Gobierno turco á propósito de la creación de nuevas 
diócesis en Macedonia. Mientras los latinos, que son representados 
por el Papa, obtienen valiosas concesiones y estdn autorizados para 
acudir, aun en cuestiones civiles, al tribunal de los Obispos, los grie- 
gos cismáticos no logran la m.ls insignilicante concesión del Gobier- 
no otomano y van perdiendo poco A poco todos los privilegios de que 
gozaban, porque detrás de ellos no está León XIII, sino un Prelado 
que más que otra cosa parece un funcionario público que se subleva 
cuando defiende sus derechos. 

—La situación en que con alarmante frecuencia se encuentran la 
mayor parte de los jefes ó Magistrados supremos de las naciones de 
Europa, sin saber qué resolución dar á los conflictos políticos y par- 
lamentarios, da mucho en qué pensar á los que miran al día de ma- 
ñana, no contentándose con salir del paso en el momento. Acaban de 
ocurrir importantes crisis políticas en Hungría, Italia, Francia y 
Bulgaria. Los respectivos jefes de esos Estados se han visto grave- 
mente comprometidos en la solución de la crisis, porque ningún par- 
tido político podía comprometerse á formar un Gabinete con carac- 
teres de alguna estabilidad, en vista del fraccionamiento de los orga- 
nismos políticos que han de sostenerlos. V.n Italia, acaso mejor que 
en otra parle, se ha palpado la magnitud del compromiso. Quería el 
Gobierno hacer especialmente responsable de sus planes financieros 
á la Cámara, y propuso el nombramiento de una Comisión compuesta 
de Ifi individuos, que en realidad había de proponer lo que el Gobier- 
no deseaba. Los jefes de los grupos parlamentarios comprendieron 
la maniobra, y se negaron á secundar el plan. Dimitió el Ministerio, 
pero con esto el conflicto era cada vez mayor; no había un partido 
en condiciones de sustituir al que se retiraba, y fué necesario ceder 
ante la actitud de la Cámara, arrinconar el proyecto causa déla 
derrota, y sacrificar á alguno de los consejeros más principalmente 
interesados en que el proyecto prosperase. Tal ha sucedido en Roma 
en la última quincena, durante la cual sólo ha existido una sombra 
de Gobierno. 

Hace veinte días anunciaba Crispí desde la tribuna parlamenta- 
ria que no era posible reducir más los gastos; que la seguridad, que 
la dignidad de Italia y otra porción de zarandajas se lo impedían ; mas 
al presentarse al frente del nuevo Gabinete ha anunciado que desis- 
te de aumentar la contribución territorial ; que acepta los .50 millones 
de economías propuestos por la Comisión parlamentaria, y que re- 
nuncia también á que el pormenor de las economías lo determine el 
Parlamento por medio de una Comisión; punto que provocó, con la 
derrota moral del anterior Gobierno, la crisis ahora resuelta. Ade- 
más dijo el Presidente del Consejo, que una Comisión de Generales 
del Ejército y de la Armada estudiará las economías que pueden ha- 
cerse en Guerra v Marina. 



CRÓNICA GENERAL 305 



II 

EXTRANJERO 

Austria-Hungría. — Acabamos de decir que estaba en crisis el 
Gabinete húngaro. La causa la saben ya nuestros lectores : el haber 
sido rechazado por la Cámara de los Señores el pro3'ecto de matri- 
monio civil, patrocinado por el Gobierno. Conocemos también la so- 
lución que se ha dado al conílicto: Wekerle, Presidente del Ministe- 
rio caído, lo es también del nuevo. Dícese que el Emperador Fran- 
cisco José le facilitará cuantos medios necesite para que prospere el 
malhadado proyecto, y con tal ayuda se aprestan los liberales hún- 
garos, instrumentos del judaismo y de la masonería, á luchar brava- 
mente contra los sentimientos católicos de aquel noble país. ¡Bien 
por los Emperadores católicos que están á partir un piñón con los 
judíos y los masones, ó que, por lo menos, se amoldan á sus exigen- 
cias endiabladas! Así se deduce de lo que nos dice un telegrama: 
Wekerle expuso su programa al presentarse en la Cámara de los 
Diputados al frente del nuevo Ministerio, el cual programa no se di- 
ferenciará '^ en nada del anterior; añadiendo que /rt Corona reconoce 
la necesidad de la adopción del proyecto de ley de matrimonio civil. 
El Doctor Wekerle manifiesta su esperanza de que la Cámara de los 
Magnates se inclinará ante esta necesidad. Las palabras del Jefe del 
Gabinete han contribuido á poner de manifiesto la gravedad de las 
circunstancias y el alcance de la lucha entre la Iglesia y el Estado 
en Hungría^. 

— El día 15 del corriente ocurrió una tremenda catástrofe en las 
minas de hulla de Karvin, á consecuencia de una explosión. Se cal- 
cula que habrá unos l'/J muertos. No se puede intentar siquiera un 
reconocimiento en el lugar del siniestro, porque la explosión ha 
incendiado la mina: por la misma razón no han podido extraerse los 
cadáveres. 

* * 

L\GL.\ TERRA. — La Gran Bretaña, consecuente con sus tradiciones 
en punto á anexionarse cuanto le sale al paso ó está al alcance de sus 
larguísimas uñas, trata de extender éstas á varios territorios del Es- 
tado independiente del Congo, á consecuencia de un arreglo ó con- 
venio con Bélgica. No sabemos si esta vez le saldrá bien la cuenta, 
porque tiene en este punto enemigos poderosos, "Francia reclama — 
ha dicho un ministro inglés en la Cámara de los Comunes — el dere- 

20 



306 CRÓNICA CE.NERAL 



cho de preexistencia en el Congo; Alemania protesta contra el arre- 
glo anglo-congolés, declarando que la cesión del territorio compren- 
dido entre Tanganika y el lago Alberto Eduardo exige su asenti- 
miento; y el Embajador de Turquía ha declarado que la Sublime 
Puerta considera al Wadclai como parte integrante de Egipto. „ Los 
franceses en particular están muy irritados con lo sucedido; y al 
declarar su Ministro de Estado que Francia no permitirá nunca ta- 
maña infracción de los tratados internacionales, para lo cual refor- 
zará los puntos importantes cercanos á aquellos territorios con fuer- 
tes destacamentos, se produjo un entusiasmo indescriptible en la Cá- 
mara, adoptando por unanimidad (eran 512 votos) una orden del día 
como voto de confianza al Gobierno por su actitud patriótica. 

* * 

Francia.— El celebérrimo ingeniero Carlos Lesseps ha sido jubi- 
lado por la Compañía del Canal de Suez, que se debe á su K^nio. ^ su 
constancia y desprendimiento. Este acuerdo fué adoptado en junta 
general de accionistas, por 1.2^' votos contra 4.S<), y concede cuantio- 
sas pensiones á Lesseps, A su esposa é hijos. Tanto las pensiones de 
los hijos célibes como la de la madre, en caso de muerte, se reparti- 
rán entre los supervivientes, por parles iguales. Las viudas de los 
hijos casados en la actualidad tendrán derecho á continuar disfrutan- 
do de la parte correspondiente á sus maridos difuntos. 

Los gastos y derechos devengados por la constitución de esta 
renta vitalicia ascienden á 1.50.(X)0 francos, que los administradores 
de la Compañía han satisfecho de su bolsillo particular. La escritura 
de donación constituye un hábil trabajo jurídico, para evitar que los 
acreedores de Panamá puedan, como han hecho con los sueldos y 
emolumentos del Conde de Lesseps, embargar esta renta, que viene 
á salvar de la miseria á la familia del "gran francés „, como le llamó 
Gambetta. 

Para comprender la incuria con que el Conde de Lesseps miraba 
sus intereses particulares, basta considerar que si, al constituir la 
Sociedad del Canal de Suez, hubiera estipulado que se le reservara 
nada más que un 2 por 100 de los beneficios, su renta por este concep- 
to habría pasado de un millón de francos durante veinte años. Toda 
la fortuna que le quedaba á éste reducíase á un hotel en París, una 
modesta propiedad en Bellevue , desalquilada, y el chaleau de La 
Chesnaye, donde el pobre anciano, clavado en un sillón, inmóvil, 
sordo, obscurecida su inteligencia bajo el peso de sus ochenta y ocho 
años, sin conciencia ni voluntad, perdida la noción del tiempo y 
borrada la memoria de sus grandezas, pasa la vida con indiferen- 
cia infantil por cuanto en torno su^'o cruje y se desmorona, consti- 
tuyendo el desastroso desenlace del tremendo drama de su vida. 



CRÓNICA GENERAL :^'^7 



—Días pasados se preparaba en Bar-le-Duc una espléndida fiesta 
religiosa en honor de luana de Arco, á la que debían asistir, á más 
de la música de un regimiento de la población, gran número de 
oficiales, todos los cuales hallábanse ya reunidos á la puerta de la 
iglesia, cuando, á consecuencia de una orden telegráfica, procedente 
del Ministerio de la Guerra , prohibiéndoles que asistiesen á la pro- 
cesión, tuvieron todos que marcharse. 

—Las principales curaciones en Lourdes desde Abril de 1S93 hasta 
Abril de 1894 han sido las siguientes: cánceres, 2; tísicos, 13-, enfer- 
medades del estómago, 7; caries y tumores blancos, 11; parálisis y 
ataxias, 6; atrofias musculares, 7; asmas, 3; enfermedades nervio- 
sas, 6; ídem de los ojos, 2; hidropesías, 2; hernias, 2; abscesos, 3; reu- 
matismos, 3; mal llamado de Pott, 3. Total: 70 casos rigurosamente 
examinados por la Oficina Médica de Investigaciones; siendo de no- 
tar que sólo hay calificadas seis enfermedades nerviosas, lo que 
puede servir de respuesta á los incrédulos, que todo lo califican de 
nervioso, hipnótico ó sugestivo, en casos de apuro como éstos, con- 
traviniendo las nociones más elementales de la ciencia. 

—Preocupan bastante A la opinión los continuos combates que tie- 
nen que sostener con los piratas tonkineses las columnas francesas, 
y que demuestran que, á pesar de todas las seguridades dadas por 
el Gobernador de la colonia, M. de Lanessan, falta todavía mucho 
para que la pacificación total de la IndoChina sea un hecho, ni aun 
en el mismo Delta. El último combate de que se tiene noticia ha sido 
comunicado por un despacho de Saigon, de anteayer, que anuncia 
que una columna de 130 hombres, mandados por un capitán de infan- 
tería de Marina, tuvo un choque con la banda del jefe pirata Hoang 
.Mau en Lao-Kai. Los franceses tuvieron 15 heridos, entre ellos un 
teniente. El silencio del despacho sobre las pérdidas del enemigo 
hace creer que los franceses han sufrido un descalabro. 






Bulgaria.— El Bismarck de Bulgaria, el tremendo dictador que 
tanto ha dado que hablar á la prensa europea con las atrocidades 
que se le atribuían, ha tenido una caída ruidosa. Usando la frase de 
Fernando VII, era el tapón de la botella de cerveza, y, al saltar, ha 
dejado flanco el paso á la espuma de las pasiones. En Sofía ha habi- 
do una verdadera asonada contra el primer Ministro dimisionario, 
tan pronto como se supo que abandonaba el poder. Se han quemado 
sus retratos; ha habido colisiones entre los partidarios y los enemi- 
gos del dictador; la fuerza pública ha tenido que dar cargas, y el Vi- 
cepresidente de la Sobranié (Parlamento) ha sido arrojado por una 
ventana á la calle. La casa de Stambuloff, cuyo nombre ponía miedo 



308 CRÓNICA GENERAL 



el día antes en el ánimo de los habitantes de la ciudad, tuvo que ser 
custodiada militarmente para impedir un atropello. En provincias 
también ha habido desórdenes. 

Se van aclarando las causas de la caída del Ministro búlgaro. No 
ha sido una vulgar aventura el motivo que le ha obligado á abando- 
nar el poder. El Príncipe Fernando de Coburgo, temeroso deque re- 
cayera sobre él la impopularidad de Stambuloíf entre ciertos ele- 
mentos, ó cansado de la tutela de este político, parece que conspira- 
ba en secreto contra su Ministro, y hasta se dice que subvencionaba 
al periódico que más vivos ataques dirigía al Ministerio. Por último, 
cuando se creyó bastante fuerte, comenzó á manifestar á Stambuloíf 
su deseo de librarse de él, recibiendo y agasajando á los mismos po- 
líticos que éste trataba sin miramientos y consideraba sospechosos y 
aun traidores. Es posible que el deseo de congraciarse con Rusia, de 
cuya influencia ha sido adversario Stambuloff, haya tenido gran par- 
te en el cambio de actitud del Príncipe, debido, según algunos, á los 
consejos de su madre la Princesa Clementina. 

No puede negarse que Stambuloíf ha prestado grandes servicios 
á su país, haciendo de él uno de los Estados más prósperos de los Bal- 
kanes; pero su reputación de ciucldad y su despotismo le habían 
creado muchas antipatías. A raíz del fusilamiento del mayor Panitza, 
la prensa francesa dijo de él horrores, tratándole de asesino mise- 
rable. El l^ríncipe I^'ernando ha emprendido un camino peligroso al 
separarse del que hasta ahora ha sido el más firme sostén de su sobe- 
ranía, que no está reconocida por las potencias expresamente, y que 
se halla muy expuesta á eventualidades como las que quitaron el tro- 
no á Alejandro de Battenberg. Un periódico ruso, el Novosti^ declara 
que con la caída de Stambuloff no se da por satisfecho el partido na- 
cional búlgaro, que aspira al destronamiento del Príncipe. Posible 
es, con todo, que el nuevo Gobierno de Bulgaria consiga mejorar las 
relaciones con el poderoso Imperio del Norte. 

+ 

América. — El Presidente de la República del Salvador, general 
Ezeta, ha sido derrotado por los insurrectos, que hacen de aquel Es- 
tado mangas y capirotes. Para que se vea cómo las gastan los ame- 
ricanos del Centro cuando tratan de aniquilar á un enemigo, tras- 
ladamos aquí la pintura de una escena debida á un testigo presen- 
cial: "Lo que pone el colmo al horror es el hecho vandálico realiza- 
do por las turbas sublevadas, las cuales hicieron descarrilar el tren 
en que se dirigía el Presidente de la República, D. Carlos Ezeta, para 
ponerse á la cabeza de las operaciones. Las tropas aguardaban lle- 
nas de ardimiento la llegada del caudillo. El momento de la acción 
decisiva se aproximaba. Todo pasó sin novedad hasta la Ceiba. Pero 



CRÓXICA GENERAL 309 



cuando el tren presidencial se hallaba cerca de Ateos, en las prime- 
ras horas de la mañana, en una curva, á uno de cuyos lados hay un 
precipicio, una mano mil veces cobarde había preparado celada cri- 
minal y alevosa. 

Desprendidos algunos pernios de los raíles en este punto, el tren 
se lanzó al abismo. Fué aquél un cuadro aterrador. Afds de 300 de- 
fensores de la legalidad perecieron en horrible hacinamiento. Entre 
sus gritos de dolor escuchábanse imprecaciones tremendas contra 
los traidores. El general Ezeta, Presidente de la República y gene- 
ral en jefe de su ejército, había escapado ileso con las personas que 
le acompañaban en el último coche del tren que sufrió la catástrofe.,, 

— Los del Paraguay se han portado como caballeros; nada de gue- 
rras sangrientas ni descarrilamientos: han cogido con mucho respe- 
to á su Presidente, Sr. González, y le han deportado á Buenos Aires. 
Morinigo se ha hecho cargo de la Presidencia, á fin de ir preparando 
la elección del nuevo Presidente, que deberá efectuarse en Noviem- 
bre próximo, á favor del Sr. Egusquiza. Pedir más moderación, sería 
gollería. 



líl 
ES RAÑA 

Hace cosa de dos meses vive el Gobierno español en relaciones 
especialísimas con el .Senado. No hemos de explicar por centésima 
vez el origen de esas relaciones; pero es necesario indicar algo so- 
bre el nuevo aspecto que presenta esa quisicosa: habiendo afirmado 
el Duque de Tetuán que el Gobierno vivía por la benevolencia de la 
Corona, el Sr. Moret vino á decir que necesitaba conocer la opinión 
del Senado, provocando en una ú otra forma la cuestión de confian- 
za. Se cabildeó mucho acerca de la manera cómo se había esto de 
verificar, acordándose por los prohombres del partido gobernante 
presentar una proposición de confianza al Sr. Sagasta para resolver 
el conflicto con la Comisión de Tratados por los medios reglamenta- 
rios que estime oportunos. ¿Y qué se habrá hecho con esto? Que las 
cosas seguirán como hasta aquí, conviene á saber: que la Comisión 
de Tratados no dará dictamen, y que, si lo da, lo hará tarde y mal 
para el Gobierno. Lo cual quiere decir que el conflicto seguirá en 
pie, y aun agravado con las tentativas del Gobierno para sacar de su 
cauce las cosas. Si ésta es, como se teme, la solución, se impone una 
crisis más ó menos amplia en breve plazo. Entre tanto, Dios nos 
coja prevenidos. 

—El acontecimiento más importante de la quincena ha sido la 



310 CRÓNICA GENERAL 



muerte, no se sabe si natural ó violenta, pero de todos modos repen- 
tina, del Sultán de Marruecos, Mule5'-Hassan. Al pronto se temieron 
graves complicaciones; España, sobre todo, tenía motivos para pre- 
ocuparse muy seriamente : peligraba la indemnización por lo de Meli- 
llu, y hasta se temía que alguna nación europea quisiese aprovechar 
el río revuelto para pescar en Marruecos algo que hace tiempo bus- 
ca. Parece ser, sin embargo, que se aleja todo motivo de inquietud, 
en vista de la pacífica proclamación del tercer hijo del difunto Sul- 
tán, joven de diez y siete años, por nombre Abd-ei-Azis. Las pobla- 
ciones más importantes del desquiciado Imperio le han admitido sin 
chistar, sino con gran entusiasmo; y aunque su hermano mayor, el 
llamado Príncipe Tuerto, se prepara á reivindicar los que él llama 
sus derechos, los que entienden de esos achaques aseguran que los 
pueblos del Imperio considerarán como á un enemigo de Mahoma al 
que intente rebelarse, puesto que los mantenedores del Islam defien- 
den á Abd-el-Azis. 

—He aquí el texto de la nota en que el Visir El-Gharnit da cuenta 
á los representantes de las naciones europeas en Tánger de la muer- 
te de MulcyHassan y de la proclamación de Abd-el-Azis: "Nuestro 
amo y señor el Príncipe de les creyentes, obediente siempre con los 
mándalos de Alah. hase marchado á las regiones de la clemencia. 
Todos reunidos hemos proclamado como sucesor á nuestro muy que- 
rido amo, su hijo Muley- Abd-el-Azis. Lo que os participamos para que 
lo hagáis saber á vuestros Gobiernos, para quienes queremos }• de- 
seamos todos los favores de Alah. Por ser amigos de Marruecos, el 
original de esta acta le enviamos á nuestro amo Mulcy-Abd-el-Azis, 
que Alah proteja y ensalce como su más fervoroso siervo.— Sidi- 
Fedulel-Ghaniit.^ 

Abd-el-Azis, obrando por inspiración propia, ó, lo que es más 
creíble, bien aconsejado por los que le rodean, empieza su reinado 
con actos que son aplaudidos por su pueblo. Para atraerse á los fa- 
náticos ha hecho celebrar sacrificios de reses en los Diarabuts de 
los santones inmediatos á Rabat. Otra resolución suya más impor- 
tante acaba de ser conocida. Ha nonibrado jalifa ó Lugarteniente en 
Fez á Muley-Ismael, el más temible de sus competidores, lian salido 
correos de Rabat anunciándolo así á las principales poblaciones y 
kabilas. 

— El general Blanco, Capitán general de Filipinas, ha dirigido á 
los Ministros de Ultramar y Guerra el telegrama siguiente con fe- 
cha 13: "El general González Parrado, al frente de una fuerte colum- 
na, se ha apoderado, después de rudas fatigas y combates, de las po- 
siciones atrincheradas de Tomarnol, Pumba, Matapad y reducto de 
Manapán, á cinco kilómetros de Ulama en los montes de Guimba. 
derrotando completamente á los moros; después de porfiada resis- 
tencia, huyeron en desorden perseguidos por nuestras tropas, cau- 



CRÓNICA GENERAL 311 



sándoles 16 muertos y muchos heridos. Por nuestra parte hubo cua- 
tro muertos y 12 heridos. Recomiendo especialmente á V. E. al citado 
general por la inteligencia y decisión con que ha llevado á cabo esta 
importante operación, y á las tropas á sus órdenes por su entusiasta 
bizarría. La salud del ejército continúa siendo satisfactoria, y su es- 
píritu cada día más levantado. Solicito autorización para elevar pro- 
puesta por las operaciones y combates ocurridos hasta la fecha. — 
Blanco^. 



AIISCELÁNKA 



Carta-Pastoral de los Reverendos Prelados españoles que han ido á Roraa 
acompañando á la Peregrinación Nacional Obrera de 1894. 

I 

.1 nuestros (¡niíiUos hijos cu el Señor los tnioíibros de tu Peregrina- 
ción Nacional Obrera: d cuantos en espíritu se unieron d ellos, 
y d todo el Clero y fieles de nuestras Diócesis. 

SotlicHi servare unitaiem spirttiis in vinculo pa- 
m... veritatem facientes -.h chántate, crescamus in 
itio per omnia qui ett Caput, Chri¡ltii. (Ephes., IV, 
3. 15) 

Solícitos en guardar la unidad del espíritu en 
vinculo de paz... practicando verdad en caridad, 
crezcamos en todas cosas en Aquel que es la Cabeza, 
Cristo. (S. Hablo á los Epes., IV, 3, 15.) 

Regresados felizmente á nuestra patria, amadísimos peregrinos, 
después de la manifestación asombrosa de vues^"a fe y vuestra cor- 
dura en Roma, es cosa de alzar el corazón á Dios y rendirle profundo 
agradecimiento, porque Él, dispensador de todos los bienes, ha rei- 
nado y resplandecido entre vosotros, levantando vuestra empresa y 
vuestro nombre á la alteza de lo admirable y sublime. Somos nos- 
otros los primeros admiradores de vuestra insigne obra; eco además 
de aquella palabra auLTUsta del Papa que puso el sello al asombro ge- 
neral reconociéndoos la primacía entre todas las demostraciones 
espléndidas de las naciones enderezadas á celebrar las fiestas de su 
jubileo. ¡Alabado sea Dios, y pregonen todas las criaturas su glo- 
ria, porque así ha ensalzado vuestra Peregrinación y bendecido el 
nombre de España! 

¡Oh qué dulce es la memoria del bien obrar! ¡Qué grato al alma 



312 MISCELÁNEA 



revolver en sus pensamientos el recuerdo del buen nombre conquis- 
tado! ¡Qué consolador para nosotros refrescar nuestro espíritu con 
la imaginación de tantos cuadros y escenas edificantes! 

Salió la romería, en todos los ángulos de España, guiada por sus 
Pastores, desde los templos del Señor, donde se invocó la protección 
del Cielo y robusteció la fe con la virtud de los Sacramentos, al eco 
de la palabra divina y entusiastas himnos sagrados, y por doquiera 
que pasaba dejaba la huella luminosa de la cultura y el buen olor de 
las virtudes. 

Ante la provocación parcial de algún punto y la incivil despedida 
de unos desalmados; ante el denuesto y el silbido, y aun las piedras 
y los disparos, se respondió con bendiciones por los Prelados agre- 
didos, y con heroicas muestras de prudencia y mansedumbre por los 
que formaban en las filas de la Peregrinación. 

Aquel pasaje sombrío sirvió, por altos juicios de Dios, para resalte 
más claro de vuestra romería, porque se avivó el sentimiento de dig- 
nidad en toda España, y el mismo grito de indignación resonó en 
todos sus ámbitos, hasta lanzarse unánime voto de protesta en las 
Cortes, con lo cual se declaró á la Peregrinación eminentemente ca- 
tólica y española. \'osotros recordaréis la honda sensación que esa 
protesta labró en el extranjero, merced á la cual abriéronse nuevos 
caminos á la romería, cubiertos de flores, por los respetos y benévola 
acogida que se granjeó en todos los lugares. 

Roma es testigo, y los huéspedes todos que pueblan la Ciudad 
Eterna, del correcto comportamiento de los grupos de españoles que 
invadían calles }• plazas, y penetraban en tiendas, museos y santua- 
rios, haciendo que en toda Roma se hablase la lengua de Cervantes; 
pero testigo elocuente, pregonador sincero, que, por nada apasiona- 
dos órganos de la voz pública, prestó testimonio de la hidalguía y la 
piedad de nuestro pueblo. El nativo sentimiento de caballerosidad es- 
pañola se despertó más vivo que nunca en nuestros obreros al pisar 
las calles de Roma: "Aquí tenemos que dar limosna á cuantos pobres 
nos pidan ,., hemos oído decir de humildes peregrinos. Cuando los ro- 
manos les contemplaban orando en las iglesias, de rodillas en el santo 
suelo, sin arrimo á ninguna parte, exclamaban aquéllos edificados: 
"Así adoran á Dios los españoles„. 

Visitaban los jardines del Vaticano algunos obreros de la Peregri- 
nación, en ocasión que otros operarios italianos proseguían las obras 
allí proyectadas de un pabellón de verano; y por el anhelo de hacer 
algo por el Papa, pidieron los españoles les permitiesen un turno de 
trabajo; el cual obtenido, y tomadas las herramientas, trabajaron por 
dos horas con tal limpieza y primor, y sobre todo con tal gusto }• sa- 
boreamiento, que se terminó aquella labor entre los aplausos de los 
obreros pontificios. 

¿Cuándo se vio en Roma una comunión de hombres tan numerosa 



MISCELÁNEA 313 



y prolongada como la de San Lorenzo, adonde acudieron nuestros 
peregrinos casi al día siguiente de su fatigoso viaje, extramuros de 
la ciudad, á pie en su mayor número _v empapados en agua de la per- 
sistente lluvia? 

De las aclamaciones en el Vaticano á la vista del Papa, no hay 
descripción que no sea pálida: sueltos allí el represado cariño y la 
fogosidad vehemente de nuestro pueblo, ni el irresistible empuje de 
las agitadas olas del Océano presta cabal imagen de las oleadas de 
fervor y entusiasmo con que al emocionado Pontífice incesantemen- 
te se le vitoreaba. Y ese pueblo incomparable rezaba á poco, silen- 
cioso y recogido, al postrarse su Padre y Pastor ante los aliares, 
porque tan piadoso era en sus estrepitosos hosannas como en el sua- 
ve murmullo de las plegarias del Rosario. 

De boca en boca corría esta frase en Roma en aquellos memora- 
bles días, repetida por labios muy autorizados: "Esta romería es 
como una Misión dada por los españoles„. ¡ Oh cuánto creció y se agi- 
gantó el nombre español en Roma por esta edificante Peregrinación 
en la capital del orbe católico, para que así sonara más engrande- 
cido en todas las naciones! 

Replegado ha quedado el antiguo y dilatado poderío de España á 
la región de su nombre )' pocas colonias más; nuestra influencia po- 
lítica, nuestro comercio, las letras y la industria las lloramos en de- 
cadencia: pero es consolador ver, en los mismos días de nuestra pe- 
quenez territorial, que atesoramos en nuestro seno algún germen fe- 
cundo y poderoso, el cual hace que en el Concilio \'aticano nuestros 
Obispos sean los más unidos, resueltos y admirados del mundo; en 
las fiestas jubilares del Papa, de todos los ejércitos europeos, el es- 
pañol quien le haya dedicado más obras literarias; y en la competen- 
cia de los pueblos cristianos para demostrar con las Peregrinaciones 
su adhesión al Pontífice, el pueblo español, con ser de los más dis- 
tantes, el que ha alcanzado la palma de la primacía. Esa es la misma 
razón, el mismo secreto por qué Napoleón, desde la altura de su ge- 
nio, nunca quiso declarar la guerra á España, sino que se vio arras- 
trado por las imprevisiones de uno de sus generales. ¡Oh pueblo he- 
roico por tu fe y tu carácter, digno de mejor suerte! 

De ahí que la complacencia y la satisfacción de nuestro Santí- 
simo Padre León XIII por los brillantes rasgos de vuestra religiosi- 
dad, la habéis visto dibujada en su bondadoso semblante; en aquel 
avance de los brazos, efusión de su alma paternal, para derramaros 
larga y copiosa bendición: lo habéis oído igualmente de sus augustos 
labios. "Ya he encargado al Secretario de Estado — nos decía á los 
Obispos — que estos días cesen las gestiones de las tareas ordinarias: 
en este mes no pienso más que en vosotros; en estos días soy espa- 
ñol: hispanus stini.„ "Bendiga á España „, le pedía un peregrino á 
Su Santidad; }• contestaba dulcemente el Papa: "Hijo mío, no pienso 



314 MISCELÁNEA 



en otra cosa„. Y al ver tanto rosario y medallas presentados á su ben- 
dición, exclamaba sonriente: "¿Pero no se han agotado ya las tien- 
das de objetos religiosos?„ Ni menos oportuno y amable se mostró al 
verse rodeado de los oficiales y marinos de los vapores de la Peregri- 
nación; pues al serle presentado el capitán de uno de ellos, le pre- 
guntaba el Papa: "¿Capitán de cuál vapor? — Del León XIII, Santí- 
simo Padre. — ¿Del León XIIJ? ¿Le dejaréis ir á pique? — Padre 
Santo, León XIII no se hunde jamás. — ¿De modo que sois mi capi- 
tán?— Sí, y Vuestra Santidad mi Rey„. 

Cierto: ése es el Soberano, Vicario de Jesucristo, aclamado por 
nuestro pueblo, digno de la fe de España. .Soberana figura que simbo- 
liza al Espíritu que sobrenadaba en las turbulentas aguas del génesis 
del mundo; reflejo de la Providencia, que suave j' fuertemente di- 
rige los destinos de las naciones; que con su cabeza inspirada y se- 
rena, las armas de la mansedumbre y la calma, va guiando la nave 
de la Iglesia, en un mar de recias olas y cerrada noche, rumbo al 
puerto de la salvación social, sin que los Estados le auxilien, simples 
espectadores, asombrados á lo más, de cómo es Rey de los corazo- 
nes en la época y reinado del acero y el anarquismo. 

Y vosotros, amadísimos peregrinos, habéis consolado á ese cora- 
zón magnánimo, lo habéis empapado en el baño de inefables dulzu- 
ras, le habéis dado del elixir de la vida (que el consuelo es lo que la 
anima y la alarga), para que se dilate su vida preciosa, inmaculada 
maravilla del siglo xix. 

AI anuncio deque ibais á visitarle, quiso ííl honrar el nombre de 
España y ofreceros los cuadros más esplendorosos del Culto con la 
beatificación de dos Apóstoles de nuestra patria: Beatos Juan de 
Ávila y Diego de Cádiz. X'osotros habéis venerado á vuestros com- 
patricios y obsequiado al Proclamador de sus heroicas virtudes. 

Aun más: que si vuestra presencia en Roma ha vigorizado la per- 
sona del Papa reinante, no ha defendido menos la causa santa del 
Pontificado. Vuestras aclamaciones, que para los ineptos parecerían 
perdidas en las bóvedas de San Pedro, para los hombres pensadores 
y avisados eran gritos que resonaban muy lejos, el eco de los cuales 
decía en mil telegramas al universo m.undo que la cuestión de Roma 
está viva y palpitante, como palpitante y ardoroso estaba vuestro pe- 
cho. ¿Por qué, llevando sólo el rosario en las manos, aunque fuerais 
más de 14.000, se os ha obligado á entrar en Roma divididos en dos 
expediciones? Es que hay más gente que vosotros, quienes, mal que 
les pese, acaban por reconocer que el Papa no debe vivir sujeto en 
las doradas prisiones del \'aticano. 

Nuestros plácemes, pues, más halagüeños á todos los peregrinos, 
á las Juntas diocesanas y sus fervientes promovedores, á las Cáma- 
ras españolas y á S. M. la Reina, que se dignó adherirse, por los obre- 
ros de su casa y su regio telegrama, á tan brillante manifestación 



MISCELÁNEA 315 



católica; nuestra enhorabuena más cumplida y cordial bendición al 
Excmo. Sr. Marqués de Comillas, Caballero Gran Cruz de la Pontifi- 
cia Orden de Cristo. 

II 

Iil efecto primario de la Peregrinación está alcanzado por manera 
sorprendente ; pero á todos ocurrirá que la obra es de suyo tan fecun- 
da, que debe producir ulteriores provechos. Nos hemos acercado á 
Roma para adherirnos á las enseñanzas de la Cátedra de Pedro, y 
que todos nos vean colocados al lado del Papa que es luz del mundo, 
como Aquel de quien es Vicario; piedra sobre que descansan á una el 
edificio de la Iglesia y el edificio de la sociedad, y á quien, en los 
grandes conflictos y en las grandes crisis, puede y debe acudirse en 
demanda de consejo. Cúmplenos, pues, para colmo de nuestra ventu- 
ra y nuestra honra, presentarnos ahora como defensores de las ense- 
ñanzas pontificias, celosos observantes de las recomendaciones del 
Vicario de Jesucristo. Y lo primero de todo, testigos de las angustias 
de nuestro querido Padre, no cesaremos de orar por que sus días de 
tribulación acaben cuanto antes, y proclamar por todas partes la ur- 
gente necesidad de que viva el Papa con la independencia que él re- 
clama para el mismo ejercicio de sus funciones espirituales. 

Atenderemos al bienestar de nuestra nación y perfeccionamiento 
de nuestro espíritu, prestando atento oído á los mandatos y consejos 
de nuestro i'adre y Pastor. 

El cual, tomando pie de la empresa realizada por los obreros pe- 
regrinos, recordó con vivo encarecimiento á los Obispos el celo por 
los Círculos de industriales cristianos, á fin de ilustrar y moralizar á 
la clase trabajadora, respondiendo á las excitaciones de su Encíclica 
De conditione opificnm, y ahorrar á la sociedad días de luto y de 
vergüenza. "Para esto — decía el Papa — es menester avivar el fuego 
de la caridad, estrechar los vínculos de los católicos por la unión san- 
tificadora del amor divino.,, 

Seguramente, en España podíamos atajar la difusión de las ideas 
disolventes, no llorando los daños en el rincón del hogar, ni gritando 
estérilmente contra los Gobiernos, que al fin suelen ser engendro del 
voluntario sufragio, sino desplegando todos más actividad, dando 
nuestro nombre para la causa de Dios, y parte de los caudales para 
el alivio del prójimo menesteroso. Ésta es la más eficaz repre- 
sión del anarquismo y saneamiento del árbol dañado de la libertad. 
El cuadro que representó Valencia en la tarde del 11 de Abril á la 
despedida de los peregrinos, no puede hablar más alto y convincen- 
te. De un lado obreros fascinados por las sectas, de otro los obreros 
educados por la Religión. 

Los sectarios, huérfanos del noble sentimiento de la hospitalidad 



316 MISCELÁNEA 



y del respeto á las gentes, insultan y escarnecen á respetables sacer- 
dotes y dignas señoras, y apelan al silbido como expresión de sus 
sentimientos, olvidando que son racionales y con uso de la palabra, 
para rebajarse al nivel de las fieras. Degradados á tanto extremo, 
¿qué maravilla apedrearan cobardemente á tres Obispos, uno tras 
otro, cuando los peregrinos se hallaban ya á bordo de los vapores? 
Distínguense las fieras del hombre en la carencia de pudor; pudie- 
ron hallarse faltos de él los que silbaban; pero á sus conciudadanos 
les enrojecieron el rostro y llenaron de vergüenza. Una voz, la más 
autorizada del mundo, ha declarado que, no sólo renunciaron por 
ello al título de cristianos, sino también al de españoles. 

Pero volved la vista á los obreros educados por la Iglesia: respe- 
tan á las gentes, agradecen los favores, bendicen á Dios, sufren pa- 
cientes las tribulaciones, y llenan el espacio de vítores y cánticos. 
Granjéanse las simpatías de las naciones, los aplausos del Papa, y á 
su patria la conquistan envidiable nombre. A su paso dejan aquel 
buen olor del Apóstol, que es como bendición del Cielo, Christi bo- 
flus odor smntís Deo (1). Tales son los frutos de la educación cris- 
tiana. 

Las sectas convierten los caballeros en viles esclavos, los obreros 
en máquinas infernales; la Religión, á los operarios los transforma 
en caballeros, á los señores en héroes de la caridad, bálsamo de las 
llagas sociales. Descubierto el remedio de las dolencias de la huma- 
nidad, y recomendado tan vivamente por el Papa, urge su aplicación 
en todas las ciudades y pueblos de la patria. 

Por esto el venerado-Pontífice nos encarecía lanío la multiplica- 
ción de los Patronatos y Círculos de obreros, de los cuales espera in- 
calculables bienes para la Iglesia y para la sociedad. "Yo quisiera — 
nos decía — que no sólo en cada ciudad y en cada pueblo, sino en 
cada parroquia, hubiese un Círculo de obreros católicos en que, 
aparte de otros conocimientos útiles, se cimentasen más en el de la 
Religión, explicada por celosos Sacerdotes. Así aprenderían á cum- 
plir fielmente con los deberes de cristianos los de la vida de fami- 
lia, los del trabajo y la industria, los de la vida social, influyendo po- 
derosamente en la moralidad pública y en el bienestar común. „ 

Al Clero y al pueblo, á los que abundan en bienes y á los que vi- 
ven del trabajo, transmitimos las palabras del Pastor Supremo, y á 
todos pedimos con instancia que vengan en auxilio nuestro para lle- 
var á la práctica su santo deseo y exhortación paternal. 

Los frutos de estos centros, conocidos son doquiera se han instituí- 
do; á ellos toca no pequeña gloria de la Peregrinación; á ellos buena 
parte de cuanto en elogio de la misma se ha dicho y hemos recorda- 



(i) II ad Cor. 2.0 15. 



MISCELÁNEA 317 



do. Multipliqúense en todas partes estos Círculos y Patronatos que 
aproximan y aunan todas las clases, y se multiplicarán á la par los 
frutos de orden moral y social. 

Y en este punto no cabe excusa, para la concordia de los ánimos y 
unión de los que se apellidan hijos de la Iglesia Católica. A él pueden 
concurrir los que militan en diversas agrupaciones ó partidos políti- 
cos, ya que, por desgracia nuestra, nos hallamos deshechos en frac- 
ciones, y deshechos nos hallamos porque falta la abnegación; y no 
se tiene ésta, porque falta también la fe sencilla y filial, que en la sa- 
biduría, en la prudencia 3' en el amor del \'¡cario de Cristo á todos 
sus hijos, ha de poner todo el que católico quiera llamarse y serlo 
realmente. 

Diversas escuelas tiene aún la ciencia teológica, lo que es mues- 
tra de la variedad y pequeAez de los ingenios humanos; pero en pun- 
tos nada sustanciales, obscuros para la razón y no aclarados por la 
revelación divina. En éstos, definidos una vez por la Iglesia, la creen- 
cia de los teólogos es unánime, significando el homenaje del entendi- 
miento humano á la palabra infalible de Dios in captivitatem redi- 
gentes oniHcm intellecluam in obseqniuní Chn'sti (1 . Por fuerza en 
las escuelas filosóficas y políticas se impone la variedad de opiniones 
y partidos; pero al tocar los puntos de la Religión, exigidos por la 
Iglesia, reclamados por el Papa y los Prelados, es menester resplan- 
dezca la unión de los católicos. ¡Qué hermosa y brillante ha resulta- 
do la Peregrinación en que nos ocupamos, fruto de la concordia de 
los ánimos y la sumisión á los legítimos Pastores! A nadie deben ser- 
vir de embarazo sus aficiones particulares ó ideales políticos para 
estas empresas santas; y si tal acaeciera, bien puede desechar una 
idea opuesta á las reclamaciones de su conciencia religiosa, buscan- 
do ante todo y sobre todo el Reino de Dios y su justicia (2), á fin de 
que, agrupados todos al pie de la Cruz, dispuestos por ella á cual- 
quier sacrificio, trabaje cada cual, en su esfera y en la medida de sus 
fuerzas, para que en las familias y en los pueblos reine el Príncipe de 
la paz. Cristo Jesús, Rey de reyes y Señor de los que dominan (3). 

Y claro está que, como siempre se halla trabada la lucha entre el 
bien y el mal, y no hay pactada tregua entre la luz y las tinieblas, el 
Papa nos manda y ruega que, en la situación en que las circunstancias 
nos colocan, en ella trabajemos compactos por los sagrados intereses 
de la Religión y la Patria, no llevados del amargo pesimismo, sino 
alentados del buen espíritu, el cual pone de su parte cuanto se le al- 
canza, esperando en la Providencia Divina que guiará nuestros es- 



(i) II ad Cor. lo. 5. 

(2) Matth. 6.0 83. 

(3) I Tim. 6.0 15. 



318 MTSCELÁNKA 



fuerzos, dándonos lo que mejor nos convenga. Dejai^se llevar del es- 
píritu de abandono ó destrucción, inactivo y maldiciente, más propio 
que de cristianos, es de tendencia satánica y germen de anarquismo. 
La Iglesia sana y restaura las cosas en Cristo: es obra de Dios la 
sociedad, y la Iglesia la ama y defiende. 

Por la razón natural alcanzamos que es necesaria la autoridad en 
el mundo, igualmente que á la autoridad son debidos el respeto y la 
obediencia. Y quiso Dios, por el bien de la sociedad misma, robuste- 
cer y confirmar tanto estas luces y doctrinas, que en diversas mane- 
ras nos las ha enseñado en las Sagradas Letras de uno y otro Testa- 
mento, y señaladamente en el Nuevo, por boca del Príncipe de los 
Apóstoles y el Apóstol de las gentes. "Deber es nuestro— nos ha di- 
cho el Papa — sujetarnos respetuosamente á los poderes constituidos; 
y vosotros sabéis que Nosotros somos los primeros en el cumplimiento 
de ese deber, y así lo hemos declarado en memorables documentos. „ 
El ser estas palabras y enseñanzas del Papa tan claras y obvias, tan 
recientes y solemnes, no permite que de parte nuestra haya más que 
acatamiento y veneración hacia ellas. 

Sujeción respetuosa: para nosotros son como palabras sacramen- 
tales. Kstas palabras no son grito de combate, sino luz de atracción: 
no deben aumentar las discordias, sino aunar las voluntades. Pueden 
moverse los católicos por todo el campo de las leyes patrias; que no 
dejan de estar sujetos á los poderes constituidos los que respetan las 
leyes y ajustan á ellas su conducta. Excusado es declarar que la ley 
ha de ser justa para ser ley, conforme enseña el santo Obispo de Hi- 
pona; como que también exige rendida obediencia, mientras no sea 
evidente su injusticia, esto es, su oposición á la ley de Dios ó de su 
Iglesia. Las palabras del Papa han de ser escuchadas y bien recibi- 
das, lo mismo las que nos halagan como las que nos piden sacrificios 
para el bienestar común. 

¡ Ah! Su Santidad nos decía: "Vosotros, hijos amadísimos, bien lo 
habéis comprendido; y Nos es grato admirar en esta grandiosa de- 
mostración la expresión elocuente de Nuestro pensamiento y del an- 
sioso deseo de Nuestro corazón de ver concertadas todas las clases 
sociales bajo el amparo de la caridad cristiana, que es vínculo de 
perfección^ (1). 

Si esta reina de las virtudes, efusiva y pacificadora, alzase su tro- 
no en nuestras almas, nada más sería preciso aconsejar: ella es luz 
é ingenio, y todo lo rico y hermoso, como lo ponderó San Pablo al 
describir sus cualidades (2). 

Por esta razón os la deseamos tanto, y la recomendamos con la 
instancia y encarecimiento de San Pablo al escribir á sus discípulos 



(i) Col. 3.0 14. 

(2) I.' Ad Cor. 13. 4. 



MISCELÁNEA 31^ 



dispersos por el Asia: "Sobre todo, mantened constante la mutua ca- 
ridad entre vosotros: Ante oninia auíem, niuíuam in vobistnetipsis 
charitatein continitaw habentes; porque la caridad cubre la muche- 
dumbre de pecados„ (1). 

El Dios de la paciencia y del consuelo, amadísimos en el Señor, 
os dé á sentir una misma cosa entre vosotros, conforme á Jesucris- 
to (2), .1 fin de que. teniendo una misma caridad, un mismo ánimo, 
unos mismos pensamientos (3), os veáis colmados de todo gozo }' de 
paz en el creer para que abundéis en esperanza y en la virtud del 
Espíritu Santo, y unánimes á una boca glorifiquéis á Dios Padre de 
Xuestro Señor Jesucristo (4). 

Descienda sobre vosotros y permanezca siempre la bcndicicm de 
Dios Omnipotente Padre, t Hijo ^ y Espíritu ^ Santo. 

Sevilla 18 de Mayo de 1804.— t Benito, Cardenal Sun~ y forés. 
Arzobispo de Sevilla.— yos^ María, Arzobispo de Santiago.- 7bí;/<ís, 
Arzobispo de Tarragona.— C/>/V7í:o, Arzobispo de Valencia.— y 05^, 
Arzobispo -Obispo de Madrid -.\lcalá. — Vicente, Obispo de Cádiz.— 
Manuel Marta, Obispo de Jaén.— yos^. Obispo de Segovia.— A/Zm^, 
Obispo de Barcelona.— 5í7/z;í/í/or, Obispo de \'vgQ\.—Ra)íión, Obispo 
de \"\\.oñv[. — Marcelo, Obispo de Málaga.— yo5^ María, Obispo de 
\"\c\\.—Fray Tomás, Obispo de Salamanca.— /?<////(>;/, Obispo de Ovie- 
do.— (Trí-^ono María, Obispo de Lugo.— --1;í/o«/o, Obispo de Pamplo- 
na. —J/c/rm/íO, Obispo de Europo, Auxiliar de Zaragoza.— ///<?«, Obis- 
po de Tarazona.— yMrtTw, Obispo de \v'\\a..—Fray Francisco, Obispo 
de Badajoz— /^r</vyost*, Obispo de ]aca.—Enri(/ne, Obispo de Paten- 
cia. — Victoriano, Obispo de Osma. 



I) 1 Petr. 4.0 S. 

(2) Roma. 15. 8. 

(3) Philip. 2.0, 2. 

(4) Rom. 15. 




320 



OBSERVACIONES METEOROLÓGICAS 



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LETRAS APOSTÓLICAS 



DE 



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NUESTRO santísimo SEÑOR 

POR LA PROVIDENCIA DIVINA PAPA LEÓN XIH. 

Á TODOS LOS PRÍNCIPES V NACIONES ^ALIU V PAZ EN EL SE.^OR. 




|os e.spl(5ndidos testimonios de pública congratula- 
ción que en recuerdo de los principios de nuestro 
Episcopado recibimos el aílo anterior de todas las 
partes del mundo, y A los cuales ha puesto recientemente el 
colmo la insigne piedad de la nación española, fueron para 



SANCTISSIMI DOMINI NOSTRI LEONIS 

DIVINA PROYIDHNTIA PAPAE XIII 

epístola apostólica 



PRJNCIPIBUS POPULISQUE UNIVERSIS 
LKO PP. XIII 

Snlutem et pacem in Domino. 

R.ECLARA gratulationis publicae testimonia, quse teto superio- 
re anno, ob memoriam primordiorum episcopatus Nostri, 
undique accepimus, qua;que próximo tempore insignis His- 
panorum pietas cumulavit, huno in primis attulere Nobis laetitiae íru- 
ctum, quod in illa similitudine concordiaque voluntatum eluxit Ec- 




La Ciihlail tic Dios. — \m \1V. — \i'ini. 245. 



21 



322 Lfc-TRAS APOSTÓLICAS 



Nos motivo déla más viva complacencia, principalmente 
porque en aquella semejanza y conformidad de voluntades 
vimos resplandecer la unidad déla I^ílesia y su maravillosa 
unión con el Sumo Pontífice. Parecía en aquellos días que 
el mundo católico, como olvidado de todo lo demás, había 
fijado su mirada y su pensamiento en el Palacio del Vatica- 
no. Las embajadas de los Príncipes, las muchedumbres de 
los romeros, el afecto que rebosaba en las cartas de felici- 
tación, la santidad de las ceremonias con que se solemnizó 
aquel acto, manifestaban muy claramente que, en lo que 
toca á la reverencia y acatamiento á la Sede Apostólica, los 
católicos todos no tienen más que un solo corazón y una 
sola alma. Todo lo cual fué para Nos ocasión de tanto ma- 
yor acarado y alejíría, cuanto respondía admirablemente á 
Nuestros pensamientos y á toda Nuestra manera de proce- 
der; supuesto que, conociendo las necesidades de los tiem- 
pos que alcanzamos, y teniendo presentes los deberes que 
Nos impone Nuestro carj^o, en todo el curso de Nuestro Pon- 
tificado á una cosa hemos dirigido constantemente la mira y 
en una cosa hemos puesto todo Nuestro empefío, ora ense- 
ñásemos, ora obrásemos; es á saber: en unir apretadamen- 
te con Nos á todos los pueblos y naciones, y en poner en la 
más viva claridad la saludable influencia que ejerce el Pon- 
tificado Romano en todos los órdenes de la vida. Así, rendi- 
mos en primer lui^ar las más cumplidas gracias, y se las de- 

clesiíe unitas, ejusque cum Pontifico máximo mira conjunctio. \Mde- 
batur per eos dies orbis catholicus, quasi rerum ceteraruiii cepisset 
oblivio in aedibus Vaticanis obtutum oculorum animique cogitatio- 
nem defixisse. Principum legationes, peregrinorum frequentia, ple- 
na; amoris epistohe, ciTerimoniae sanctissimic id aperte significabant, 
in obsequio ApostolicíC Sedis cor unum esse omnium caiholicorum 
et animam unam. Qxivc res hoc etiam accidit jucundior et gratior, 
quia cum consiliis coeptisque Xostris admodum congruens. Siquidem 
gnari temporum et memores officii, in omni pontificatus Nostri cur- 
su, hoc constanter spectavimus, atque hoc, quantum docendo agcn- 
doque potuimus, conati sumus, colligare Xobiscum arctius omnes 
gentes omnesque populos, atque in conspicuo poneré vim ponctifica- 
tus romani salutarem in omnes partes. Máximas igitur et agimus et 
habemus gratias primum quidem benignitati divinas, cujus muñere 
beneficioque id aetatis incólumes attigimus: deinde viris principi- 
bus, episcopis, clero, privalisque universis, quotquot multiplici tes- 



DE S. S. LEÓN XIII 323 



bemos aún mayores á la Misericordia Divina, á cuyo favor 
y soberana largueza debemos el haber llegado con salud á 
la avanzada edad que alcanzamos; y en segundo lugar se 
las rendimos también muy cumplidamente á los Príncipes, 
á los Obispos, al Clero y á todos los individuos particulares 
que con sus múltiples manifestaciones de devoción y de aca- 
tamiento han querido honrar el carácter de Nuestra repre- 
sentación y la sagrada dignidad de Nuestro Ministerio, y 
juntamente dar algún consuelo á Nuestro corazón en tiem- 
po ciertamente muy oportuno. 

Aunque en realidad de verdad, para que este consuelo 
fuese del todo completo, han faltado no pocas circunstan- 
cias. Porque, en medio de las manifestaciones populares de 
alegría y de devoción que se tributaban á Nuestra Persona, 
ni por un momento dejó de estar presente en Nuestro áni- 
mo una muchedumbre inmensa de gentes de todo punto ex- 
traña á la alegría común de los católicos, parte por estar 
privadas de la doctrina del Evangelio; parte porque, si 
bien cristiana, disiente, sin embargo, de la creencia católi- 
ca. V lo que entonces gravemente Nos afligía. Nos aflige y 
apesadumbra ahora; ya que no es posible dejar de experi- 
mentar en el alma el más profundo dolor al poner la aten- 
ción en muchedumbre tan grande del linaje humano que se 
aparta y aleja de Nos como extraviada del camino. 

Ahora bien ; como sea verdad que desempeñamos en la 

tificatione pietaiis et obsequii dedere operam, ut personam ac dig- 
nitatem Nostram honore, Nosque privatum opportuno solatio affi- 
cerent. 

Quamquam ad plenum solidumque solatium, multum sane defuit. 
Xam Ínter ipsas popularis Isetithc studiique significationes, obv^ersa- 
batur animo multitudo itigens, in illo gestientium catholicorum con- 
sensu aliena, partim quod, evangelicae sapienti?e est omnino ex- 
pers, partim quod, licet christiano iniíiata nomini, a fide catholica 
dissidei. Qua regraviter commovebamur, commovemur: ñeque enim 
fas est sine intimo doloris sensu cogitationem intendere in tantam ge- 
neris humani partem longe a Xobis, velut itinere devio, digredien- 
tem. — Jamvero, cum Dei omnipotentis vices in terris geramus, qui 
vult omnes homines salvos fieri et ad agnitionem veritatis venire, 
cumque Xos et sera aetas et amara curarum ad humanum urgeant 
exilum, visum est redemptoris magistrique nostri Jesu Christi in eo 
imitari exemplum, quod proxime ad caelestia rediturus summis pre- 



324 LETRAS APOSTÓLICAS 



Tierra las veces de aquel Dios Todopoderoso que quiere que 
todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la 
verdad; y como, por otra parte, lo avanzado de Nuestra 
edad y la acerbidad de Nuestras penas Nos vayan empujan- 
do al término de la vida. Nos ha parecido que debíamos imi- 
tar el ejemplo de Nuestro Redentor y Maestro Jesucristo, 
el cual, estando <1 punto de volver al cielo, suplicó entraña- 
blemente al Dios Padre que sus discípulos y seguidores fue- 
sen una sola cosa de mente y de corazón: Ruego... que to- 
dos sean una cosa, así como tú, ¡oh Padre!, en m( y yo en 
ti, áfm de que ellos sean tambiíhi una cosa en nosotros. 
{Joan., XVH, 20-21.) La cual plegaria y divina deprecación, 
como comprenda no solamente á los que creían entonces en 
Jesucristo, sino á todos lo que en adelante habían de creer 
en Él, esta circunstancia Nos da ocasión muy oportuna 
para manifestar confiadamente la ansiedad de Nuestros de- 
seos y para procurar, en cuanto está de Nuestra parte, que 
toda la universalidad de los hombres, sin distinción de na- 
ciones ni lugares, sea llamada y movida .1 la divina unidad 
de la fe. 

Excitada Nuestra alma por la caridad, la cual corre más 
pronta y aceleradamente allá donde es mayor la necesidad 
del remedio, vuela la mente en primer lugar á aquellas na- 
ciones, las más desgraciadas ciertamente entre todas, que, 
ó no han recibido todavía la luz del Evangelio, ó, si de he- 

cibus a Dco Paire llaj;ilavit. ut .iluinni scciatorcsquc sui et mente el 
animo unum íicreni: Ro^o... ut omncs iinuui siftt, si'cut tu Pater in 
me et ego in te, ut et ipsi in ttobis utiumsint. (Joan, X Vil, 20-21. )Quae 
quidem precatio obsecralioque divina, quoniam non eos tantum com- 
plectilurqui tune in Jesum Christum credercnt, sed ctiam quotquot 
crediiuri reliquo tempere essenl, idciico dat illa Nobis causam non 
ineptam aperiendi fidenter vota Nostra, conandique, quoad possu- 
mus, ut homines, nullo generis locorumve discrimine, ad fidei divi- 
nae unitatem vocentur atque incitentur universi. 

Urgente propositum caritate, qua> illuc accurit celerius, ubi opi- 
tulandi necessitas major, primum quidem provolat animus ad genles 
omnium misérrimas, quíe Evangelii lumen vel nullo modo accepe- 
runt, vel acceptum, incuria seu longinquitate, restinxerunt: propte- 
reaque Deum ignorant, et in summo errore versantur. Quoniam sa- 
lus omnis a Jesu Christo proficiscitur. uec eniiu atiud uo>nen est sub 
calo (iatii)ií hoDiiiiibits, in quo nos oporteat salvos fier i fAct., IV, 12), 



DE S. S. LEÓX XIII 325 



■cho la recibieron, han dejado que se apagase en ellas, ó por 
propio descuido, ó por el correr y las vicisitudes de los tiem- 
pos; de lo cual ha resultado el no conocer á Dios y el estar 
sumidas en el mayor de los errores. Y como quiera que 
toda salvación tiene su origen en Jesucristo, supuesto que 
no hay debajo del cielo otro nombre dado d hs hombres 
en el cual debamos ser salvos {Act., Y\, 12), el más vivo y 
eficaz de Nuestros deseos es qué este sacrosanto nombre de 
Jesús no tarde en extenderse y penetrar por todas las re- 
giones del universo. En verdad, nunca ha dejado la Iglesia 
de desempeñar este oficio que Dios Nuestro Señor le enco- 
mendó; porque ¿en qué otra cosa ha trabajado por espacio 
de diez y nueve siglos, en qué se ha empleado con maj'or celo 
y perseverancia que en traer á los pueblos á la luz de la 
verdad y á la profesión y cumplimiento de las lej'es cristia- 
nas? Aun hoy día los predicadores del Evangelio, con la au- 
toridad que de Nos han recibido, atraviesan con frecuencia 
los mares para penetrar hasta los últimos confines de la 
tierra, y no pasa día en que no pidamos A Dios que sea ser- 
vido, en su misericordia, de acrecentar el número de los 
ministros sagrados que sepan desempeñar dignamente el 
cargo apostólico y que no duden en sacrificar sus comodi- 
dades, su salud, y aun, si llegare el caso, su vida misma por 
la dilatación del reino de Jesucristo. 

Pues, joh Salvador y Padre del linaje humano, Cristo 

votorum Nostrorum hoc est máximum, posse sacrosancto Jesu nomi- 
ne cunetas terrarum plagas celeriter imbuí atque compleri. Qua in 
re munus efticere sibi demandatum a Deo Ecclesia quidem nullo tem- 
pere prsetermiáit. Quid enim undeviginti sttcula laboravit, quid egit 
studio constantiaque majore, quam ut ad veritatem atque instituta 
christiana gentes adduceret? Hodieque frequenter maria transmit- 
tunt, ad ultima loca progressuri, ex auctoritate Xostra praecones 
Evangelii: quotidieque a Deo contendimus ut multiplicare benigne 
velit sacrorum administros, dignos muñere apostólico, qui scilicet 
commoda sua et incolumiíatem et vitam ipsam, si res postulaverit, 
pro Christi regno amplificando non dubitent devovere. 

Tu vero propera, humani generis servator et parens Jesu Christe: 
exequi ne difieras quod olim te dixisti facturum, ut cum exaltatus 
esses a térra, omnia traheres ad te ipsum. Ergo illabere aliquando 
atque ostende te multitudini inñnitae, beneficiorum maximorum , quse 
cruore tuo peperisti mortalibus, adhuc experti: excita sedentes in 



326 LETRAS APOSTÓLICAS 



Jesús, apresúrate, no dilates más el cumplimiento de lo que 
prometiste que con el tiempo habías de hacer; esto es, que, 
después de ser levantado sobre la tierra, atraerías hacia 
Tí todas las cosas! Ven al fin, y muéstrate á las innumera- 
bles muchedumbres que están todavía privadas del cúmulo 
inmenso de bienes que alcanzaste á los hombres con el pre- 
cio de tu sangre; despierta á los que están sentados en las 
tinieblas y en la sombra de la muerte, para que, iluminados 
con los rayos de tu sabiduría y de tu poder, en Tí y por Tí 
sean perfectos y consignados en ano. 

Al pensar en el misterio de esta unidad, viénese natural- 
mente á la memoria la universalidad de las naciones que la 
Misericordia Divina se dignó hace tiempo sacar de los anti- 
guos inveterados errores á la sabiduría del Evangelio. Nada, 
en verdad, hay más grato para recordarse, nada más propio 
para exaltar la Providencia amorosa de Dios, que el recuer- 
do de aquellos tiempos en que la fe divinamente recibida era 
considerada como patrimonio común é indivisible de todos; 
cuando los pueblos civilizados, distintos por sus lugares, por 
sus caracteres 3^ por sus costumbres, si bien diferían y des- 
conformaban entre sí, y aun se hostilizaban á veces en otras 
cosas, estaban, sin embargo, todos fuertemente unidos en lo 
que tocaba á la Religión por la unidad de la creencia cristia- 
na. Al traer á la memoria esta unidad, aflígese amargamen- 
te el corazón de que, con el andar de los tiempos, excitán- 

tenebris ct umbra mortis, ut radiis illusirati sapientisc virtutisque 
tuae, in te et per te sint consm)i)it(iti in iniinn. 

Cujus quidem unitatis sacramentum cogitantibus, ocurrit Nobis 
universitas populorum, quos ab erroribus diuturnis ad evangelicam 
sapientiam divina pietas jamdiu traduxit. \ihil prefecto ad recorda- 
tionem jucundius, ñeque ad laudem providentissimi numinis prascla- 
rius veterum memoria temporum, cum fides divinilus accepta patri- 
monium commune atque individuum vulgo habebatur: cum excultas 
humanitate gentes, locis, ingenio moribus dissitas, licct alus de rebus 
Sccpe dessiderent, dimicarent, nihilominus in eo, quod ad religionem 
pertinet, fides christiana universas conjugabat. Ad hujus recoidatio- 
nem memoriíE, nimis aegre fert animus, quod successu aetatum, sus- 
picionibus inimicitiisque commotis, magnas ac florentes nationes de 
sinu Ecclesiaí romanas male auspicata témpora abstraxerint. Utcum- 
que sit. Nos quidem gratia confisi misericordiaque omnipotentis Dei, 
qui novit unus opitulandi maturitates, et cujus in potestate est eo, quo 



DE S. S. LEÓX XIII 327 



dose las malas sospechas y las enemistades, haj^a la perver- 
sidad de los siglos arrancado del seno de la Iglesia Romana 
á grandes y florecientes naciones. Como quiera que ello haya 
sido, Nos, confiados en la gracia y en la misericordia de Dios 
Todopoderoso, único conocedor de los tiempos y de las sa- 
zones de los remedios, y en cuya mano está el inclinar 
adonde es servido las voluntades de los hombres, Nos diri- 
gimos á estas naciones, y con caridad verdaderamente pa- 
ternal las exhortamos y conjuramos á que, dejando á un lado 
las diferencias que de nosotros las tienen apartadas, vuelvan 
todas it la unidad de la fe. 

Y en primer lugar tendemos la vista con especial entra- 
ñable afecto al Oriente, de donde salió y tomó principio la 
salvación del gínero humano para derramarse de allí por 
toda la redondez de la Tierra. Sí; la ansiosa expectación de 
Nuestros deseos Nos infunde la alegre esperanza de que no 
estct muy lejos el día en que estas Iglesias orientales, tan 
esclarecidas por la fe y por la gloria de sus antepasados, 
tornen al pundo de donde se apartaron. V tanto más coníia- 
damente lo esperamos, cuanto que no son muy grandes las 
diferencias que las separan de nosotros; antes bien, si se ex- 
ceptúan unas pocas cosas, en lo demíts de tal manera con- 
venimos, que para la defensa de los dogmas católicos saca- 
mos no pocas veces los testimonios y los argumentos de la 
doctrina, de las prácticas y de los ritos que son usados hoy 

vult, volúntales hominum tlectere, ad eas ipsas nationes adjicimus 
animum, easdemque caritate paterna hortamur atque obsecramus, 
ut rediré, compositis dissidiis, velint ad unitatem. 

Ac primo peramanter respicimus ad Orientem, unde in orbem uni- 
versum initio profecta salus, videlicet expectatio desiderii Nostri 
jucundam spem inchoare jubet, non longe abfore ut redeant, unde 
discessere, fide avita gloriaque vetere illustres, Ecclesiae orientales. 
Eo vel magis quod non ingenti discrimine sejunguntur: imo, si pauca 
excipias, sic celera conseniimus, ut in ipsis catholici nominis vindi- 
ciis non raro ex doctrina, ex more, ex ritibus, quibus orientales utun- 
tur, testimonia atque argumenta promamus. Prascipuum dissidii ca- 
pul, de romani Pontificis primalu. Verum respiciant ad initia, videant 
quid majores senserint sui, quid próxima originibus aetas tradiderit. 
Inde enimvero illud Christi divinum testimonium: Tu es Petrus, et 
super hanc petram cedificabo Ecclesiam meam, luculenter extat de 
roraanis pontificibus comprobatum. Atque in Pontificum numero ele- 



328 LETRAS APOSTÓLICAS 



en los pueblos de Oriente. Punto principal de la disidencia 
es el que se refiere al Primado del Pontífice de Roma. 

Pero miren á los orígenes, vean lo que acerca de esto 
sintieron sus mayores, atiendan á lo que fué enseñado en los 
tiempos próximamente inmediatos A los principios del Cris- 
tianismo, y verán cómo aquel divino testimonio de Cristo: 
7>/ eres Pedro, y sobre esta piedra edí/icarc' mí Iglesia, 
resulta allí manifiestamente verificado de los Pontífices Ro- 
manos; y tanto es así, que no pocos de estos Pontífices fue- 
ron elcí(idos del mismo Oriente, entre ellos Anacleto, Eva- 
risto, Aniceto, Eleuterio, Zósimo, Agatón, la mayor parte 
de los cuales, después de gobernar sabia y santamente la 
Iglesia, tuvieron la dicha de consagrarla con el derrama- 
miento de su sangre. Es á todos notorio cuílndo, por qué y 
por quiénes fué principiada y promovida la desventurada 
discordia. Antes que el hombre separase lo que Dios había 
unido, en todas las naciones del orbe católico era santo y 
venerando el nombre de la Sede Apostólica, y tanto el 
Oriente como el Occidente, con conformidad de doctrinas y 
sin sombra alguna de duda, obedecían al Pontífice de Roma, 
legítimo sucesor de San Pedro, y como tal Vicario de Jesu- 
cristo en la Tierra. En confirmación de esto, si queremos 
averiguar los principios de la disidencia, vemos que el mis- ' 
mo Focio tuvo cuidado de enviar Á Roma Legados que ne- 
gociasen sus asuntos; y por su parte el Sumo Pontífice Ni- 
etos ex Oriente ipso non paucos prisca vidit íctas, imprimisque Ana- 
clctum, Evaristum, Anicetum, Elcutherium, Agathonem, Zosimum: 
quorum plerisque contigit, ul universa? christianic reipublica.- admi- 
nislraiioncm sapienter sanclcque gestam profuso etiam sanguine 
consecrarent.— Plañe liquet quo icmpore, qua causa, quibus auctori- 
bus infelix excítala discordia. Ante illud tempus, quo tempore homo 
separavit, quod Deus conjunxerat, sanctum erat apud omnes chris- 
tiani orbis gentes Sedis Apostólica; nomen, romanoque F^onlilici, ut 
beati Petri successori legitimo, ob eamque rem jesu Chrisli in terris 
vicario, Oricns pariter atque Occidens consentientibus sentenliis 
sine ulla dubitalione parebant.— Hanc ob causam, si respiciatur ad 
inilia dissidii, Photius ipse oratores de rebus suis Romam destinan - 
dos curavit: Nicolaus vero 1 Pontifex Maximus Constantinopolim le- 
gatos suos, nullo contra dicente, ab Urbe misit, ut Ignatii Patriar- 
cha: causam diligcnter investí gareut, ct Sedi Apostólica plenis ac 
tferacibus re/errent ituiiciis: ita ut tota rei gestpe historia primatum 



DK s. s. LEÓx xin 329 



colas I, sin que nadie se opusiese á ello, envió también desde 
Roma á Constantinopla sus Legados que examinaren por 
si mismos y con diligencia la causa del Patriarca Igini- 
cío, dfin de dar cuenta de ella d la Santa Sede con prue- 
bas de todo punto completas y veraces; por manera, que 
toda la historia de los acontecimientos confirma clarísima- 
mente el Primado de la Silla Romana con quien era enton- 
ces la disidencia. Finalmente, nadie ig^nora que, tanto en el 
grande y general Concilio Lugdunensc segundo como en el 
Florentino, todos, así griegos como latinos, de una voz y 
con cspontílneo consentimiento, sancionaron como dogma 
de fe la potestad suprema de los Pontífices Romanos. 

Hemos querido traer á la memoria todas estas cosas de- 
liberadamente y muy de propósito, por ser ellas como unas 
invitaciones al restablecimiento de la paz, y con tanto mds 
motivo cuanto que Nos parece al presente ver en los orien- 
tales un ánimo m.1s tranquilo y accesible, y aun cierta bené- 
vola propensión hacia los católicos. Hase visto esto no ha 
mucho en ciertas ocasiones en que, habiendo algunos cató- 
licos ido al Oriente por motivos de devoción, han recibi- 
do de ellos pruebas mu}' señaladas de benevolencia y de 
amistad. 

Así Nuestro corazón se abre hacia vosotros, ¡ oh todos 
los que disentís de la Iglesia Católica, ora seáis griegos, ora 
de cualquier otro rito oriental! Con todo el ardor de Núes- 

romante Sedis, quacum dissensus tum erumpebat, aperte confirmet. — 
Denique in Conciliis macuñis tum Lugdunensi II, tum Florentino, su- 
preniam romanorum Pontiticum potestatem nemo ignorat, facili con- 
sensione et una omnes voce, latinos gríecosque ut dogma sanxisse. 
Ista quidem ob hanc rem consulto revocavimus, quia ad reconci- 
liandam pacem velut invitamenta sunt: eo vel magis, quod hoc tem- 
pore perspicere in orientalibus videmur multo mitiorem erga catho- 
licos animum, imo propensionem quamdam benevolentis voluntatis. 
Id nominatim non multo ante apparus, cum scilicet nostris, pietatis 
causa in Oiientem advectis, egregia humanitatis amicitiseque prses- 
tita officia vidimus. — Itaque os Nostrnm patct í7í/z;os,quotquot estis, 
gríEco aliove orientali ritu. Tlcclesiae calholicae discordes. Magno- 
pere velimus, reputet unusquisque apud se illam Bessarionis ad pa- 
ires vestros plenam amoris gravitatisque orationem : Quce nobis re- 
linquetur apud Deiini responsio, qitare ajratribus divisi fuerinius , 
quos ut uniret et ad iinum ovile redigeret, ipse descendit de copio, 



330 LETRAS APOSTÓLICAS 



tra alma deseamos que cada uno de vosotros recuerde y 
medite aquellas gravísimas palabras y tan llenas de verda- 
dera caridad que dirigía á vuestros padres el Cardenal Be- 
sarión : ¿Qué podremos responder en el acatamiento de 
Dios cuando nos pregunte por qué nos separamos de nues- 
tros hermanos, para cuya unión y reducción d un solo re- 
baño descendió Él mismo del cielo, y fué encarnado y cru- 
cificado? ¿Cuál podrá ser nuestra de/ensa en presencia 
de nuestros venideros? No toleremos tal cosa, ¡oh mis bue- 
nos Padres!: no abriguemos tal pensamiento; no mirónos 
tan mal por nuestro bien y por el de nuestros hertnanos. 
Fijaos bien y delante de Dios en lo que os pedimos. No 
es ningún interés humano lo que Nos mueve ú exhortaros á 
la reconciliación y unión con la Iglesia Romana, sino el im 
pulso de la divina caridad y el celo de la salvación de todos. 
Mas esta unión la entendemos plena y perfecta, ya que no 
podría ser tal la que no trajese consigo más que una cierta 
vaga concordancia en los dogmas que se han de creer, y 
una comunicación en las relaciones de la fraterna caridad. 
La verdadera unión entre los cristianos es la que quiso ú 
instituyó el Fundador de la Iglesia, Jesucristo, y que con- 
siste en la unidad de la creencia y del gobierno. Con esto 
no tenéis para qué temer que, con motivo de la dicha unión. 
Nos ó Nuestros sucesores hayan de quitaros nada de vues- 
tros derechos, de los privilegios de vuestros Patriarcas y de 



inca nía/ US et crucifixus est P qtue nostra dcfcnsio erit apud ¡costeros 
nostros? non patiamur h(FC , Paires optinii: non habeanins hanc 
sentcn/iavi. non ita nialc nobis consiílantns et tiostríS. — Qnx sint 
postúlala Xosira. probé per se ipsa et coram Deo perpendiie. XullA 
quidem humana re, sed caritate divina, communisque salutis studio 
permoti, reconciliationem conjunctionemque cum Ecclesia romana 
suademus : conjunctionem intelligimus plcnam ac perfectam: lalis 
enim esse nullo modo potest ea, quie, nihil amplius inducat, quam cer- 
tam aliquam dogmatum credendorum concordiam fraternaeque cari- 
tatis commutationem. Vera conjunctio inter christianos est, quam 
auctor Ecclesiae Jesús Christus instituit voluitque, in fidei et regimi- 
nis unilale consistens. Ñeque est cur dubitctis, quidquam propterea 
vel Nos vel successores Nostros de jure vestros, de patriachalibus 
privilegiis, de rituali cujusque Ecclesia; consuetudine deiracturos. 
Quippe hoc ctiamfuit, idemque est perpetuo futurumin consilio disci- 
plinaque Apostolicse Sedis positum, propriis cujusque populi origi- 



DE S. S. LEÓX XIII 331 



los ritos que se usan en vuestras Iglesias particulares; como 
quiera que haya sido siempre y lo será en adelante punto 
de la prudencia disciplinar de la Iglesia el dar grande im- 
portancia, según es justo y saludable, á los orígenes y á las 
costumbres propias de cada uno de los pueblos. 

Restablecida y consumada la unión, no es decible la dig- 
nidad y el esplendor con que la Bondad Divina acrecentará 
la gloria de vuestras Iglesias. ¡Ojalá, pues, atienda la infini- 
ta misericordia de Dios á la plegaria que vosotros mismos 
la dirigís. Has que cesen ¡as divisiones (FlaJTov -k (r/.',7uaTa 
TG»v£xx)>r.T'.¿)v.— /;/ liturgia S. Basilii), V recoge d los dispersos 
y torna al camino d los que andan extraviados, y tinelos d 
tu santa católica y apostólica Iglesia. (Toj; bxopr.'.ojAÉvoj; 

ETZ'.ooviYctys , TO'j; ?:£■::) avr.a'cVCij; ÉV.avayaYe , xa-, -j'/a-lo/ vn áy'.a tou 

xaOo/.'.xf, xa\ a-o7To).!.x/, KxxAY.oía. — Ibid.) ¡Ojalá seáis rcstituídos 
á aquella una y santa fe que á nosotros no menos que á vos- 
otros legó la primitiva antigüedad cristiana; fe que invio- 
lablemente guardaron vuestros padres; que ilustraron á 
porfíii con el esplendor de sus virtudes, con la nobleza de 
sus ingenios, con la excelencia de su doctrina, un Atanasio, 
un Basilio, un Gregorio xVacianceno, un Juan Crisóstom.o, 
los dos Cirilos y otros muchísimos, cuya gloria pertenece 
igualmente á una y otra Iglesia como herencia común de 
honor }' de grandeza. 

Y aquí sea lícito dirigirnos singularmente á vosotros, 

nibus moribusque ex Eequo et bono non parce tribuere. — At vero re- 
dintegrata nobiscum communione, mirum profecto quanta Ecclesiis 
vestris dig^nitas quantum decus, divino muñere, accedet. Sic igitur 
vestram ipsorum supplicationem Deus perbenigne audiat, Fac ees- 
setit schismata ecdesianivi {VLilz^yj -.i <s..\-;'jxi% tüúve ./."/.T.aiüj/ (/« liturg., 
S. Basilii.) atque, Congrega dispersos et reduc errantes, et conjun- 
ge sanctce tuce catholicce et apostolicce Ecclesice í Toj; ¿7xopn!7¡jivojíí 
eriTuvávavi , toú; T:£-AavT,;j£vo'j; i~%\k'i%'[-.^ /.al sú- aijío/ -rf, i'/ia aoj /.aOoXt.f, /.¡xl 
áT:o<r:oX:/.T, ExxXr.ff'a. — Ib.), sic ac illam restituamini unam sanctamque 
fidem, quam ultima vetustas nobis perinde vobisque constantissime 
traditit; quam patres ac majores vestriinviolate servarunt: quam. ip- 
sam splendore virtutum magnitudine ingenii, excelentia doctrinae 
certatim illustravere Athanasius, Basilius, Gregorius Nazianzenus, 
Joannes Chrysostomus, uterque Cyrillus, aliique magni complures, 
quorum gloria ad utramque Ecclesiam verissime pertinet, tamquam 
communis quaedam dignitatis haereditas. 



332 LETRAS APOSTÓLICAS 



¡oh pueblos todos de la raza eslavónica!, la prez de cuj'o 
nombre es testificada por muchísimos monumentos de la 
Historia. Ya sabéis las grandes cosas que por el bien de los 
eslavos llevaron á cabo vuestros padres en la fe los San- 
tos Cirilo y Metodio, cuya gloria no ha muchos años pro- 
curamos Nos acrecentar con los honores que les eran me- 
recidamente debidos. Por su influencia y por sus trabajos 
recibieron la mayor parte de las naciones de vuestra raza 
los bienes de la cultura y de la salvación cristiana, en virtud 
de los cuales existió por largo tiempo entre la Eslavonia y 
los Pontífices Romanos hermosa reciprocidad de beneficios 
por una parte, y de fidelísima devoción por otra. Y si fuú des- 
gracia tristísima de los tiempos la que apartó á gran porción 
de vuestros antepasados de la profesión de la fe romana, 
considerad las ventajas que os resultarían de la vuelta de la 
unidad. A este abrazo os invita continuamente la Iglesia, 
pronta .1 prodigaros los multiplicados tesoros de bienestar, 
de prosperidad y de grandeza de que es dcpositaria. 

Llevados de igual afecto de caridad, volvemos la vista á 
los pueblos que, por extrañas vicisitudes de las cosas y de 
los tiempos, se separaron en los últimos siglos de la unión 
con la Iglesia Romana. Dando al olvido los varios aconteci- 
mientos de las edades pasadas, levanten su pensamiento por 
encima de todo lo humano, y con ánimo únicamente deseoso 
de la verdad y de la eterna salvación fijen la mente en la 

Vosque nominatim compellare hoc loco liceat, Slavorum gentes 
universas, quarum clariludinem nominis complura rerum gestarum 
monumenta testanlur. Nostis quam cgrep:ie de Slavis merucrint san- 
cti ¡11 fide patios CjTÜlus et Methodius, quorum memoriam Nosme- 
tipse honore debito augendam aliquot ante annis curavimus. Eorum 
virtute et laboribus parta plerisque e genere vestro populis humani- 
tas et salus. Quo factuin ut Slavoniam inter et romanos Pontifices 
pulcherrima vicissitudo hinc beneficiorum, illinc fidelissimíc pietatis 
diu extiterit. Quod si majores vestros misera tcmporum calamitas 
magnam partem a profcsione romana alienavit, considérate quanti 
sit rediré ad unitatem. Vos quoque Ecclesia pergit ad suum revoca- 
re complcxum, salutis, prosperitatis, magnitudinis presidium multi- 
plex prrebitura. 

Caritate non minore ad populos respicimus, quos, recentiore me- 
moria, insólita quícdam rerum temporumque conversio ab Ecclesia 
romana sejunxit. V'ariis exactorum temporum casibus oblivione di- 



DE S. S. LEÓN XIII 333 



Iglesia, tal como fué fundada por Cristo; y si comparan con 
ella sus congregaciones y el estado en que se encuentra en 
ellas la Religión, concederán fácilmente que, olvidados de 
los orígenes de la fe, han caído de varias maneras en no 
pocos errores y adoptado novedades en muchos y gravísi- 
mos puntos de doctrina; y aun no podrán menos de confesar 
que de aquel patrimonio de verdad que, al apartarse de la 
Iglesia, se llevaron consigo los autores de las novedades, ya 
no queda entre ellos ninguna fórmula de fe cierta y autori- 
zada; antes bien hase llegado á tal punto, que muchos no 
tienen reparo en arrancar aun el mismo fundamento en que 
estriba toda la Religión y la esperanza única de los hom- 
bres, es á saber: la naturaleza divina de Nuestro Salvador 
Jesucristo; de igual manera, á los libros del Antiguo y del 
Nuevo Testamento, de los cuales afirmaban antes haber sido 
divinamente inspirados, ya les niegan hoy la divina autori- 
dad; lo cual, por otra parte, no podía menos de suceder, una 
vez concedida á todos la facultad de interpretarlos conforme 
al sentido y juicio privado. Ha resultado de todo esto el 
haberse erigido la conciencia de cada cual en guía y norma 
única de la vida, rechazada toda otra regla de obrar; el ha- 
berse dado lugar á mil maneras de opinar discordes entre 
sí, y, en fin, el haberse originado sectas innumerables, mu- 
chas de las cuales van á parar á las afirmaciones del natn- 
ralisifio ó del raciofia/ismo. 

missis, cogitationcm supra humana omnia erigant, animoque verita- 
tis et salutis unice cupido, reputent apud se constitutam a Christo 
Ecclesiam. Quacum si velint congregationes conferre suas, et quo 
loco in lilis religio sit ;cstimare, facile dabunt, sed quidem mullis ma- 
ximisque in rebus, primordiorum oblitos, ad nova eirore vario deílu- 
xisse; ñeque diffitebuntur, ex eo velut patrimonio verilatis, quod no- 
varum rerum auctores secum in secessione avexerant, nullam fere 
formulan! fidei certam atque auctoritate praeditam apud ipsossuper- 
esse. Immo vero illuc jam deventum, ut multi non vereantur funda- 
mentum ipsum conveliere, in quo religio tota et spes omnis morta- 
lium unice nititur, quod est divina Jesu Christi Servatoris natura. Pa- 
riter, quos antea novi veterisque Testamenti libros affirmabant divi- 
no afflatu conscriptos, eis nunc lalem abnegant auctoritatem: quod 
sane, data cuilibet potestate interpretandi sensu judicioque suo, om- 
nino consequi erat necesse.— Hinc sua cujusque conscientia, sola dux 
et norma vita;, qualibet alia rejecta agendi regula: hinc pugnantes in- 



334 LETRAS APOSTÓLICAS 



Por esta razón, desconfiados de unir los entendimientos 
en unas mismas ideas, se atienen ya únicamente á predicar 
y recomendar la unión de la hermanable caridad. Muy bien 
está esto en verdad; como quiera que es necesario que este- 
mos todos unidos por los lazos de la caridad mutua, ya que 
esto fu(í lo que nos mandó principalmente Jesucristo, y ésta 
quiso que fuese la señal característica de sus seguidores, es 
á saber: amarse los unos á los otros. Pero ¿cómo podrá la 
perfecta caridad unir los ánimos, si antes no ha unido las 
inteligencias la conformidad de la fe? Por esto, muchos de 
éstos de quienes hablamos, hombres verdaderamente de 
sano criterio y amadores de la verdad, han buscado en la 
Iglesia Católica el camino seguro de la salvación, como 
quienes entendían que de ninguna manera podían estar uni- 
dos con Jesucristo, su Cabeza, si no estaban unidos con su 
Cuerpo, que es la Iglesia, ni tener la fe sincera de Cristo si 
no admitían su legítimo magisterio, confiado á Pedro y á sus 
sucesores. Al obrar así reconocieron representada en la 
Iglesia Romana la forma y la imagen de la Iglesia verdadera, 
claramente manifestada por las notas que Dios, su funda- 
dor, quiso estampar en ella; y así ha habido entre ellos no 
pocos, dotados de grandes talentos y de mucha sagacidad 
de ingenio para el estudio de la antigüedad, que han ilus- 
trado con sus excelentes escritos la continuada existencia 
de la Iglesia Romana desde los Apóstoles hasta nuestros 

ler se opiniones et scct;c muliipliccs, eicdemque persa-pe in natura- 
lisini el niíiona/isnii placita abeuntes. Quocircn, desperato scntcn- 
tiarum consensu, jam conjunctionem pr.xdicant et commendam fia- 
ternic caiitatis. Atque id sane veré: quandoquidem caritate mutua 
conjuncli esse universi debemus. Id enini máxime lesus Christus prne- 
cepit, atque hanc voluit esse scctarorum suorum notam, diligcre in- 
tense. Verum qui potest copulare ánimos perfecta caritas, si concor- 
des mentes non effecerit fides?— His de causis complures eorum de 
quibus loquimur sano judicio, veritatisque studiosi. certam salutis 
viam in Hcclesia catholica qu.'csivere, cum plañe intelligerent ne- 
quáquam se posse cum lesu Christo tamquam capite esse conjun- 
ctos, cujus non adhícrescerent corpori, quod est Ecclesia: nec since- 
ram Chrisli fidem adipisci, cujus magisterium legitimnm Petro et 
successoribus traditum, repudiarent. li videlicet in lücclesia romana 
expressam ver;v Ecclesia: speciem atque imaginem dispexcre, indi- 
tis ab auctore Deo notis plañe conspicuam : ideoque in ipsis numeran- 



DE S. S. LEÓN XIU 335 



días, la integridad de los dogmas y la perseverancia de la 
disciplina. 

Teniendo, pues, á la vista el ejemplo de estos varones, 
muévaos más el corazón que nuestras palabras, ¡oh" herma- 
nos nuestros!, los que hace ya más de tres siglos que discor- 
dáis de nosotros en puntos de fe cristiana; y vosotros tam- 
bién todos los que, por cualquier otra causa, os habéis se- 
parado de nosotros. 

Vayamos todos Juntos á la unidad de la fe y del cono- 
cimiento del Hijo de Dios. (Efes. IV, 13.) Permitid que os 
invitemos, y aun, llenos de la más viva caridad, os alargue- 
mos la mano para atraeros á esta unidad, que nunca faltó 
ni puede faltar jamás en ninguna manera. La Iglesia, Madre 
común de todos, os llama hace tiempo hacia sí; os esperan 
con ansiosos deseos todos los católicos, para que, en unión 
con nosotros, sirváis santamente á Dios, enlazados con el 
lazo de la profesión de un mismo Evangelio, de una misma 
fe y de una misma esperanza en una perfecta y consumada 
caridad. 

Para dar su último punto al harmonioso concierto de la 
unidad, que por todo extremo deseamos, resta hablar de 
aquellos que, esparcidos por todo el mundo, son objeto cons- 
tante de nuestros pensamientos y afanes, es á saber: los ca- 
tólicos, á quienes la profesión de la fe romana, así como los 
hace obedientes á la .Sede Apostólica, así los mantiene uni- 

tur niulti, acri judicio acerrimoque ad anliquitatem excutiendam in- 
genio, qui Ecclesiie romaníc ab Apostolis continuationem, dogmatum 
integritatem, disciplinae constantiam scriptis egregiis illustrarint. 
Igitur horum virorum proposito exemplo, compella vos plus animus 
quam oratio, fratres nostri, qui tria jam saecula nobiscum de íide 
christiana dissidetis, itemque vos, quotcumque deinceps quavis de 
causa seorsum a nobis abiistis. Occurramus omnes in unitatonfidei 
ct agnitionibus filii Dci. ¡EpJi., IV, 13.) Ad hanc unitatem, quae nuUo 
tempore Ecclesiie catholicíc defuit, nec potest ulla ratione deesse, si- 
nite ut vos invitemus, dextramque peramanter porrigamus. Vos Ec- 
clesia, communis parens, jamdiu revocat ad se, vos catholici univer- 
si fraterno desiderio expectant, ut sánete nobiscum colatis Deum, 
unius Evangelii, unius fidei, unius spei professione in caritate perfe- 
cta conjuncti. 

Ad plenum optatissimae unitatis concentum, reliquunt est, ut ad 
eos, quotquot toto orbe sunt, transgrediatur oratio, quorum in salute 



336 LETRAS APOSTÓLICAS 



dos con Jesucristo. No es necesario que sean tastos exhorta- 
dos á la verdadera y santa unidad, puesto que, por la bon- 
dad divina, ya la poseen ; pero sí han de ser amonestados, no 
sea que; arreciando de todas partes los peligros, corrompan 
con su pereza y desidia este sumo beneficio de Dios. 

Para ello, según lo exijan las circunstancias, tomen como 
regla de su sentir y de su obrar las enseñanzas que en otras 
ocasiones hemos dado á las naciones católicas, ya á todas 
en general, ya Á cada una de ellas en particular; y ante todo 
y sobre todo asienten como le}' suprema de su obrar que bas- 
que obedecer al magisterio y á la autoridad de la Iglesia, no 
estrecha ni recelosamente, sino de todo corazón y de rendi- 
da y gustosa voluntad y en todas y cada una de las cosas. 

Sobre lo cual adviertan y ponderen bien cuántos perjui- 
cios acarrea á la unidad cristiana el error que de varias 
mancias ha obscurecido y aun borrado del todo en no po- 
cos la verdadera forma ó idea de la Iglesia. Esta Iglesia, 
por voluntad y ordenación de Dios, es una sociedad, en su 
gL'nero perfecta, que tiene por oficio y encargo adoctrinar 
á los hombres en los preceptos y cnsei^anzas del Evangelio 
y conducirlos á la felicidad que les está destinada en el cie- 
lo, fomentando en ellos la entereza de las costumbres y el 
ejercicio de las virtudes cristianas. Y siendo una sociedad 
perfecta, según hemos dicho, tiene por el mismo caso una 
eficacia y una influencia para las cosas de la vida, no pres- 

diu cvigilaiU cutic co^iíaiiuiiL-squc N'ostr;v: calholicos inu-lligimus, 
quos romaníu professio fiJei uti obedientes facit Apostolicíe Sedi, ita 
tenet cum Jesu Christo conjunclos. Non ii quidem ad veram san- 
ctamque unitatem cohortandi , quippc cujus jam sunl, divina bonitate, 
compotes: nioneiidi tanicn ne, iniíiavanlibus undique periculis sum- 
mum Dei bcneficium socordia atque ignavia, conumpant.— Hujus 
rei gratia quse Nosmelipsi gentibus catholicis vel universis vel sin- 
gulis alia documenta dcdimus, ex iis cogitandi agendique normam 
opportune sumnnt: illudque imprimís velut summam sibi legem sta- 
tuant, magisterio auctoritatiquc lílcclesise non anguste, non diflidcn- 
ter, sed toto animo et perlibente volúntate ómnibus in rebus esse pa- 
rendum.— Qua in re animum advertant illud , quam valde sit unitati 
christianas perniciosum, quod germanam formam nolionemque Ec- 
clesicC varius opinionum error passim obscuravit, delcvit. Ea quippe, 
Dei conditoris volúntate ac jussusocietas est genere suo perfecta; cu- 
jus officium ac munus est imbuere praeceptis institutisque evangeli- 



DE S. S. LEÓN XÍH 337 



tada de fuera, sino inserta en ella divinamente y por su pro- 
pia é íntima naturaleza; y por la misma causa goza de la 
facultad de hacer y promulgar leyes, y en hacer estas leyes 
no está sujeta á nadie, así como es necesario que en las de- 
más cosas que son de su derecho tenga absoluta libertad. 

La cual libertad no es tal que pueda ser á nadie ocasión 
de recelo ó malevolencia, puesto que la Iglesia no ambicio- 
na el poderío ni se deja llevar de la pasión, sino que única- 
mente busca y quiere y desea defender en los hombres los 
fueros de la virtud, y por este medio y camino atender á su 
eterna salvación. Por lo cual es costumbre en ella usar de 
benignidad y de indulgencia verdaderamente maternal; an- 
tes sucede no pocas veces que, acomodándose en muchas 
cosas á las condiciones de los estados, no aplica toda la 
fuerza de su derecho, como lo prueban los Concordatos que 
ha solido hacer con los reinos. 

Nada hay más ajeno de ella que arrebatar para sí algo 
de los derechos que pertenecen al Estado, aunque también 
es necesario que el mismo Estado respete los derechos de 
la Iglesia y procure no arrogarse parte ninguna de estos 
derechos. 

Ahora bien; si fijamos la atención en la realidad de las 
cosas y de los acontecimientos que pasan ante nosotros, 
¿qué es lo que vemos? Ha pasado ya á ser costumbre en 
muchísimos el tener á la Iglesia en sospecha, desdeñarla, 

ciá ^enus humanum, tuendaque integritate morum et christianarum 
exercitatione virtutum, ad eam. quae unicuique hominum proposita 
in ccelis est, felicitatem adducere. Quoniamque societas est, uti dixi- 
mus, perfecta, idcirco vim habet virtutemque vitae, non extrinsecus 
hauslam, sed consilio divino et suapte natura insitam: eademque de 
causa nativam habet legum ferendarum potestatem, in iisque feren- 
dis rectum est eam subesse nemini: itemque alus in rebus, quae sint 
juris sui , oportet esse liberam. Quae tamen libertas non est ejusmodi, 
ut ullum det ícmulationi invidiaeque locum: non enim potentiam con- 
sectatur Ecclesia, ñeque ulla cupiditate sua impellitur, sed hoc vult, 
hoc expetit unice, tueri in hominibus officia virtutum, et hac ratione, 
hac via, sempiternae eorum saluti consulere. Ideoque facilitatem in- 
dulgentiamque maternam adhibere solet: imo etiam non rare contin- 
git, ut plura temporibus civitatum tribuens, uti jure suo abstineat: 
quod sane pacta ipsa abunde testantur cuní imperiis seepe conventa.— 
Nihil magis ab ea alienum, quaní rapere ad se quicquam de jure im- 

22 



338 LETRAS APOSTÓLICAS 



aborrecerla y aun pérfidamente calumniarla; y, lo que es 
de mayor gravedad, el procurar con todo empeño y efica- 
cia hacerla servir al poder de los gobernantes de los Esta- 
dos. De aquí ha resultado el despojarla de sus bienes y el 
oprimir y poner en angustia su libertad; de aquí el haber 
rodeado de mil dificultades la formación religiosa de la ju- 
ventud destinada al sagrado ministerio, el haber disuelto y 
aun prohibido las Comunidades religiosas, defensas y ba- 
luartes de ia Religión; de aquí, en una palabra, el haberse 
vuelto Á poner en ejecución, y aun m.is acerbamente, las 
doctrinas todas y las obras de los regalistas. Todo lo cual 
no es ciertamente sino oprimir violentamente los derechos 
santísimos de la Iglesia, cosa que no puede menos de oca- 
sionar sumas desdichas al mismo Estado, por ser manifies- 
tamente contraria i\ los designios divinos. Porque es verdad 
que Dios, Señor y Creador de este mundo, y que con altísi- 
ma providencia dio á la sociedad humana la autoridad ci- 
vil y la sagrada para que la gobernasen, quiso en verdad 
que estas autoridades fuesen distintas; pero no quiso que 
obrasen separadamente y por sí, ni menos que se hostili- 
zasen; antes bien, así el querer del mismo Dios, como el 
bien común de esta sociedad, absolutamente exigen que en 
regirla y gobernarla ande perfectamente unido el poder ci- 
vil con el sagrado y eclesiástico. Tiene, en verdad, el Esta- 
do sus derechos, y los tiene asimismo la Iglesia ; pero es ne- 

pcrii : sed vicisim vercalur inipcrium ncccsse est jura Ecclesiic, ca- 
veatque ne ullam ex lis parleni ad se traducat. — Nunc vero, si res et 
lacla spectcntur, cujusmodi est temporum cursus? Hcclesiam videli- 
cet suspectam habere, fastidire, odisse, invidiose criminari nimis 
mulli consuevcre: quodque multo gravius, id agunt omni ope et con- 
tentione, ut ditioni gubernalorum civitatis faciant servientem. Hinc 
sua ipsi et erepta bona, et dcducta in augustum libertas: hinc aluin- 
noruní sacri ordinis circumjecta difficultatibus institutio: perlal;c in 
Clerum singulari severitate leges: dissolutic, prohibiiíí;, óptima chris- 
tiani nominis prnesidia religiosorum sodalitates: brevi, regalista- 
runí príccepta atque acta acerbius renovata. Hoc quidcm est vim at- 
ierre sanctissimis lícclesiic juribus: quod máxima gitrnit civilatibus 
mala, propterea quod cum divinis consiliis aperte pugnat. Princeps 
enim atque opifex mundi Deus, qui hominum congregationi et civi- 
lem et sacram potestatem providentissime praeposuit, disiinctas qui- 
dem permanere eas voluit, at vero sejunctas esse et confligerc ve- 



DE S. S. LEÓ.V XIII 339 



r 



cesario que el uno y la otra se enlacen con el vínculo de la 
unión y de la concordia. Procediendo así unidos, resultará 
que en las relaciones entre la Iglesia y el Estado se evite la 
perturbación que actualmente los aflige; perturbación impru- 
dentísima por muchos títulos, y á todos los hombres de bien 
justamente enojosa; con lo cual se conseguirá al mismo tiem- 
po que, no confundiéndose ni separándose las relaciones del 
Estado y de la Iglesia, den los individuos de esta sociedad 
al César lo que es del César y á Dios lo que es de Dios. 

De igual suerte que de la división y contraste de las po- 
testades civil y eclesiástica amaga inmenso peligro á la uni- 
dad de la secta llamada masonería, cuya funesta influencia 
hace tiempo que está perturbando á las naciones, especial- 
mente á las católicas. Aprovechándose del favor que le ha 
dado la turbulencia de los tiempos y envalentonada con su 
poder, con sus riquezas y con el éxito feliz de sus empresas, 
esfuérzase con sumo empeño en afirmar su dominación y en 
dilatarla más y más extendidamente, y, abandonando sus 
escondrijos y la obscuridad de sus asechanzas, ha salido á 
la pública luz de los Estados y hase asentado en esta ciudad, 
capital del Catolicismo, como para desafiar la misma majes- 
tad divina. Y, lo que es el extremo de toda calamidad: donde 
quiera que ha fijado su planta ha influido é insinuádose en to- 
das las clases de la sociedad y en todas las instituciones del 
Estado, ganosa de apoderarse del gobierno supremo para 

tuit. Quinimmo cum Üei ipsius voluntas, tum commune societatis 
humante bonum omnino postulat, ut potestas civilis in regendo gu- 
bernandoque cum ecclesiastica conveniat. Hinc sua et propria sunt 
imperio jura atque officia, sua ítem Ecclesiíe: sed alterum cum alte- 
ra concordia vinculo colligatum esse necesse est. — Ita sane futurum, 
ut Ecclesiae imperiique necessitudines mutuae ab illa sese expediant 
perturbatione, quít nunc est, non uno nomine impróvida, bonisque 
ómnibus permolesta: pariterque impetrabitur , ut non permixtis, 
ñeque dissociatis utriusque rationibus, reddant cives quce sunt Ccesa- 
ris, Ovsari; qiuc siint Dei, Deo. 

Simili modo magnum unitatem discrimen ab ea hominum secta im- 
pendet, qufe Massonica nominatur, cujus funesta vis nationes prae- 
sertim catholicas jamdiu premit. Turbulentorum temporum nacta fa- 
vorem, viribusque et opibus et successu insolescens, dominatum 
suum firmius constabilire, latiusque propagare summa ope contendit. 
Jamque ex latebra et insidiis in lucem erupit civitatum, atque in hac 



340 LETRAS APOSTÓLICAS 



rcííirlo y manejarlo á su arbitrio. Inmensa, ciertamente, es 
esta desgracia, ya que es manifiesta ít todos la perversidad 
de las doctrinas de esta secta y la maldad de sus intentos y 
designios. Con el pretexto de vindicar el derecho humano 
y de reformar la sociedad civil, hace guerra declarada al 
Cristianismo; rechaza la doctrina revelada; desprecia como 
supersticiosos los deberes que nos impone la Religión, la di- 
vinidad de los Sacramentos, lo mAs augusto que hixy en la 
Tierra; esfuérzase en quitar todo carítcter cristiano al matri- 
monio, ú. la familia, á la educación de la juventud, á todas 
las instituciones, así públicas como particulares, y aún es 
osada á arrancar del corazón de los pueblos el respeto y 
acatamiento que deben á la autoridad humana y divina. Por 
otra parte, enseña que el hombre debe rendir culto .1 la Na- 
turaleza, y que los principios que de ésta se derivan han de 
ser la norma por la cual se ha de apreciar y regular toda 
verdad, toda honestidad y toda justicia. De lo cual, como 
claramente se entiende, es inducido el hombre á abrazar 
poco más ó menos las costumbres de los gentiles y toda su 
manera de vivir, y aun peor y más viciosa, por haberse mul- 
tiplicado hoy los regalos y los incentivos. Por todo esto, 
aunque en otras ocasiones lo hemos dicho, y cierto con gra- 
vísimas palabras, hoj' la vigilancia y solicitud apostólica 
Nos amonestan á que insistamos en lo mismo, avisando y 
aconsejando una y otra vez que, en tan gran peligro como 

Urbe ipsa, calholici nominis principe, quasi iJei numen lacessitura 
consedit. Ouod vero calaniitosissimum cst, ubicumque vesligium po- 
suit, ibi in omnes seso ordines in oinniaque insliluta reipublicíE inferí, 
si tándem summam arbitriumque oblineat. Calamitosissimum id qui- 
dem : ejus enim manifesta est quum opinionum pravitas, tum consilio- 
rum ncquiíia. Perspeciem vindicandi juris humani civilisque societa- 
tis instaurandív, Christianuní nomen hostiliter petit: traditam a Deo 
doctrinan! repudiat : olficia pietatis, divina sacramenta, tales res au- 
gustiores, tamquam superstitiosa viiuperat: de matrimonio, de fami- 
lia, de adolescentium inslitutione , de privata omni et publica disci- 
plina, christianam formam delrahere nititur, oninemque humanae et 
divinic potestalis reverentiam ex animo evcllcre populoium. Ptíecí- 
pit vero colendam homini esse naluram, atque hujus unius principiis 
aestimari ac dirigi veritatem, honestatem, justitiam oportere. Quo 
pacto, uti perspicum est, compellitur homo ad mores ferie vitaeque 
consuetudinem ethnicorum, eamque multiplicatis illecebris vitiosio- 



DE S. S. LEÓN XIII 341 



nos amenaza, nunca serán tantas las precauciones que se to- 
men, que no deban tomarse aún mayores. ¡Quiera la bondad 
divina alejar de nosotros tan perversos designios! Mas en- 
tienda y persuádase el pueblo cristiano de que es necesario 
sacudir alguna vez el j'ugo vergonzosísimo de esta secta; 
sacúdanlo más especialmente los italianos y los franceses. 
Con qué armas y por qué medios, ya lo hemos indicado 
otra vez. La victoria es segura, confiando en aquel divino 
adalid que dijo: Yo he vencido al MiDido. (Joan., XVI, 33.) 

Apartados estos dos peligros, y restituidos á la unidad 
de la fe los reinos y los Estados, no es ponderable el reme- 
dio eficacísimo que lograrían los males que deploramos, y 
la abundancia de bienes que de ello resultaría á todos. Indi- 
quemos los principales. 

Concierne el primero de estos bienes á la dignidad y á 
la acción de la Iglesia; la cual recibiría de este estado de 
cosas el honor que se le debe, y como repartidora de la ver- 
dad y de la gracia evangélica, recorrería su camino, libre 
de toda mala voluntad y gozando de la libertad que le es 
necesaria. V haría esto con singulares ventajas para los 
Estados; pues como sea la maestra y la enseñadora de los 
hombres y la guía señalada por Dios al género humano, 
puede contribuir muy eficaz y oportunamente á moderar 
en bien común las graves revoluciones y transformaciones 
de los pueblos, desenvolver, según la oportunidad de los 

reni. — I lac de re, quamquam alias a nobis gravissimeque est dictum, 
Apostólica tamen vigilantia inonemur in ídem ut insistamus, etiam 
atque etiam monentes, in tam prítsenti periculo nullas esse camiones 
tantas, quin suscipiendic sint majores. Clemens prohibeat Deus nefa- 
ria consilia: sentiat tamen atque intelligat populus christianus indi- 
gnisimum sectae jugum e.xcutiendum aliquando esse, excutiantque 
enixius. qui durius premuntur, Itali et Galli. Quibus armis, qua ratio- 
ne id rectius possint, jam nos ipsi demonstravimus: ñeque victoria 
incerta eo fidentibus duce, cujus perstat divina vox: Ego vici mun- 
dum. {Job, XVI, 33.j 

ütroque depulso periculo, restitutisque ad ñdei unitatem imperiis 
et civitaiibus, mirum quam efficax medicina malorum et quanta bo- 
norum copia manaret. Pra^cipua libet attingere. 

Pertinet primum ad dignitatem ac muñera Ecclesise; quae quidem 
receptura esset honoris gradu debitum, atque iter suum et invidia 
vacuum et libértate munitum pergeret, administra evangelicae veri- 



342 LETRAS APOSTÓLICAS 



tiempos, los negocios más intrincados, y fomentar los fueros 
de la virtud y de la justicia, que son las bases firmísimas de 
los Estados. 

En se.£íundo lugar, lograríase que las naciones se acer- 
casen y uniesen más entre sí, cosa muy de desear en estos 
tiempos para precaver los terribles peligros de las guerras. 
A la vista tenemos el estado de Europa. Hace ya muchos 
años que se vive más en la apariencia que en la realidad de 
la paz. Asediadas de mutuas sospechas, todas las naciones, 
en general, prosiguen á porfía armándose con pertrechos 
de guerra. La inexperta adolescencia, apartada del consejo* 
y de la enseñanza de la familia, es lanzada á los peligros 
de la vida militar; la robusta juventud es trasladada del 
cultivo de los campos, de la tranquilidad de los estudios, 
del comercio, de la industria, al ejercicio de las armas. De 
aquí el agotarse con gastos enormes el Erario público, el 
mermarse y consumirse la riqueza de los Estados, el em- 
pobrecerse las fortunas de los particulares. Ahora bien; no 
es posible que se sostenga por más tiempo semejante paz 
armada. -íHay que decir que éste es el estado natural de la 
sociedad civil? Pues no podemos salir de este estado ni lo- 
grar paz de verdad sino por favor y gracia especial de 
Jesucristo, puesto que para refrenar la ambición y el ape- 
tito de lo ajeno y la emulación y la envidia, causas podero- 
sas y principales de las guerras, nada hay tan á propósito 

tatiset gratire; idque singulari cum salute civitatum. Ea enim cum 
magistra sit ct dux geminum generi a Deo data, conferre operam po- 
test pr.-rcipue accomodatam maximis tcmporum conversionibus in 
commune bonum temperandis, causis vel impcditissimis oportuno di- 
rimcndis, recto justoque, quae firmissima sunt fundamenta reipubli- 
cae, provehendo. 

Praeclara deinde conjunctionis internationes accessiofieret, desi- 
deranda máxime hoc tempore, ad l.xtra bellorum discrimina pra?ca- 
venda. Ante oculos habemus Europae témpora. Multos jam annos 
plus specie in pace vivitur quam re. Insidentibus suspicionibus mu- 
tuis, singulíe fere gentes pergunt certatim instruere sese apparatu 
bellico. Impróvida adolescentium retas procul parentum consilioma- 
gisterioquo in pericula truditur vitrc militaris: validissima pubes ab 
agrorum cultura, a studiis optimis, a mercaturis, ab artiíiciis, ad ar- 
ma traducitur. Hinc exhausta magnis sumptibus agraria, attrilae, ci- 
vitatum opes, afflicta fortuna privatorum: jamque ea, quas nunc est, 



DE S. S. LEÓN XIll 343 



como la virtud y la justicia que se inspiran en la ley cristia- 
na, y bajo cu3'a influencia pueden mantenerse íntegros los 
derechos de las naciones y guardarse la santidad de los 
tratados y perseverar firmes los vínculos de la fraternidad 
universal, fija y asentada que sea una vez en los ánimos 
aquella verdad: La justicia levanta d las naciones, (Pro- 
verbios, XIV, 34.) 

Y no menos que en lo que toca á lo exterior puede resul- 
tar de lo que vamos diciendo á lo interior de los Estados una 
salvaguardia de bienestar mucho más segura y eficaz que 
el que pueden ofrecerles las leyes y las armas, como quiera 
que nadie deja de ver cómo de día en día van acrecentándo- 
se los peligros de la seguridad y tranquilidad públicas, cons- 
pirando las sectas de los revolucionarios, según lo testifican 
la atrocidad de los hechos, para la perturbación y destruc- 
ción de los Estados. Dos son, en verdad, las cuestiones que 
con grande empeño se agitan hoy día, es á saber: la social 
y la política: una y otra, sin duda gravísimas, y para cuya 
recta y sabia resolución, si bien se propongan y adopten 
loables propósitos y temperamentos y ensayos, nada hay 
tan eficaz como el educar universalmcnte los ánimos en la 
conciencia y regla de sus deberes, conforme al principio in- 
terior de la fe cristiana. 

De la cuestión social no ha mucho que tratamos de intento 
y en este sentido, tomando los principios del Evangelio y de 

veluti procincia, pax diutius ferri non potest. Civilis hominum con- 
junctionis talemne esse natura staium? Atqui hinc evadere, et pacem 
veri nominis adipisci nisi Jesu Christi beneficio, non possumus. Et 
enim ad ambitionem, ad appetentiam alieni, ad aemulationem cohi- 
bendam, quíe sunt máxima; bellorum, faces, christiana virtute impri- 
misque justitia, nihil est aplius: cujusipsius virtutis muñere tum jura 
gentium et religiones l'oederum integra esse possunt, tum germanita- 
tis vinculo firmiter permanere eo persuaso: Justitia clevat gentem. 

Pariter domi suppetet inde praesidium salutis publicas multo cer- 
tius ac validius, quam quod leges et arma praebent. Siquidem nemo 
non videt, ingravescere quotidie pericula incolumitatis et tranquilli- 
tatis publicae, cum seditiosorum sectge, quod crebra tesiatur facino- 
rum atrocitas, in eversiones conspirent atque excidia civitatum. Sci- 
licet magna contentione agitatur ea dúplex causa, quam soctalem, 
quam politicam appellant. Utraque sane gravissima : atque utrique 



344 LETRAS APOSTÓLICAS 



la razón natural. Para la acertada resolución de la cuestión 
política, cuyo fin es conciliar la libertad con la autoridad, 
cosas que muchos confunden en la idea y desatentadamente 
separan en el hecho, mucha y muy provechosa enseilanza 
puede sacarse de la Filosofía cristiana. Porque una vez 
asentado, y de común acuerdo establecido, que cualquiera 
que sea la forma de gobierno que se haya adoptado en un 
Estado, la autoridad viene de Dios, entiende inmediatamen- 
te la razón que en unos es legítimo el derecho de mandar y 
en otros es conforme y ajustado el deber de obedecer, y en 
ninguna manera contrario A la dignidad humana, pues que, 
por una parte, verdaderamente mds se obedece Á Dios que 
no al hombre, y por otra ha intimado la Soberana Majestad 
juicio severísimo <1 los que mandan si no representan justa 
y rectamente su Divina Persona. Por lo demás, la libertad 
de los individuos A nadie puede ser mal vista ni ocasionada 
á sospechas, supuesto que en las cosas que son verdaderas, 
rectas y relacionadas con la pública tranquilidad á nadie 
perjudica. 

En fin, si se mira la inlluencia que ejerce de suyo la Igle- 
sia, madre y pacificadora de príncipes y de pueblos, y naci- 
da para ayudarlos con su autoridad y consejo, aparecerá 
más claro que la luz cuánto puede contribuir al bien común 
el que todas las naciones procuren sentir y profesar lo mis- 
mo en lo referente á la creencia cristiana. 

sapienter justeque dirimendic, quamvis laudabilia, studia, tempera- 
menta, experimenta sint in medio consulta, tamen nihil aliud tam 
opportunum fuerit, quam si passim animi ad conscientiatn rejjulam- 
que officii ex interiore fidei christianaí principio informcntur.— De 
sociali causa in hanc sententiam a Xobis non multo anie, dala opera, 
tractatum est sumptis ab Evangelio, itemque a naturali rationi prin- 
cipiis.— E)€ c^^us^i pofif tea, libertatis cum potestate conciliandic gra- 
tia, quas multi notione confundunt ct re intemperanter distrahuní, ex 
chrisiiana philosophia vis derivari potest perutilis. Xam hoc pósito, 
et omnium assensu approbato, quiecumque demum sit forma reipu- 
publicíe, auctoritatem esse a Deo, continuo ratio perspicit, legitimum 
esse in aliisjus imperandi, consentaneum in alus officium parendi, 
ñeque id dignitati contrarium, quia Deo verius quam homini paretur: 
a Deo aulem judicimn durissiniion üs qiti priesimt denuntiatum 
est, nisi personam ejus recte justeque gesserint. Libertas vero sin- 
gulorum nemini potest esse suspecta et invisa, quia nocens nemini, 



DE S. S. LEÓN XtlI 345 



Pensando en esto y aspirando á ello con toda la ansiedad 
de Nuestros deseos, vislumbra Nuestra mente el estado de 
cosas que se establecería en la Tierra; y él es tal, que nada 
hay que pueda ser más grato á la vista que la muchedum- 
bre de bienes que de este estado habrían de seguirse. Por- 
que apenas puede imaginar la fantasía el progreso que se 
abriría de improviso con la paz y la tranquilidad á toda 
suerte de prosperidad y excelencia, fomentándose toda clase 
de adelantos en los estudios, y fundándose y engrandecién- 
dose, conforme á la le}'' cristiana y según lo que acerca de 
ellos hemos prescrito, los gremios de agricultores, artesa- 
nos é industriales, con cuyo aunado auxilio se reprimiría la 
voracidad de la usura, y se ensancharía el campo dé los 
provechosos trabajos. 

Esta grandeza de bienes, no circunscrita á los confines 
de las naciones civilizíidas, rebasaría inmediatamente á las 
demás. Porque hay que tener en cuenta que, como dijimos 
al principio, hay aún pueblos innumerables que hace ya mu- 
chos siglos y edades que están aguardando quien les lleve la 
luz de la verdad y de la civilización. Cierto que los consejos 
de la Sabiduría Divina están ocultos y muy lejos de la inteli- 
gencia humana; con todo, no es posible negar que, si en gran 
parte de la Tierra está aún extendida la miserable supersti- 
ción, hay que atribuir no pequeña culpa de esto á las dife- 
rencias nacidas en materia de Religión. 

in iis quíE vera sunt, quse recta, quív cum publica tranquillitate con- 
juncta, versabitur. — Denique si illud spectetur , quid possit populo- 
rum ac principium parenset conciliairix Hcclesia, ad utrosque juvan- 
dos auctoritate consilioque suo nata, tum máxime apparebit quantum 
salutis communis intersit, ut gentes universa; inducant animum idem 
de fide christiana sentiré idem profiteri. 

Isla quidem cogitantes ac toto animo concupiscentes, longe intue- 
mur qualis esset rerum ordo in terris futurus, nec quidquam novimus 
consequentium bonorum contemplatione jucundius. Fingi vix animo 
potest, quantus ubique gentium repente foret ad omnem excellentiam 
prosperitatemque cursus, constituía tranquillitate et otio, incitatis 
ad incrementa litteris, conditis insuper auctisque chrisiiano more, 
secundum praescripta Nos'.ra, agricolarum, opiñcum, industriorum 
consociationibus, auarum ope et vorax reprimatur usura, et utilium 
laborum campus dilatetur. 

Quorum vis beneficiorum, humanarum atque excultarum gentium 



346 LETRAS APOSTÓLICAS 



En realidad de verdad, en lo que puede alcanzar el hu- 
mano entendimiento, argumentado de los acontecimientos, 
el destino señalado por Dios á la Europa parece consistir 
en llevar á todas las regiones del globo los bienes de la cul- 
tura cristiana. Los principios 3' los progresos de obra tan 
grande, resultado del trabajo de las edades anteriores, en- 
caminábanse á toda prisa á gloriosos acrecentamientos, 
cuando en el siglo xvi estalló repentinamente la discordia. 
Con ella, desunida la Cristiandad en varias partes con las 
divisiones y contiendas, y quebrantándose con las luchas y 
guerras las fuerzas de Europa, las expediciones sagradas 
hubieron de experimentar la funesta influencia de los tiem- 
pos. Y habiendo perseverado las causas de la discordia, ¿qué 
extraño es que una porción tan grande del linaje humano 
esté aún sumida en la barbarie de las costumbres y en la 
locura de la superstición? Pues para bien común de todos, 
procuremos á una y con el mayor empeño restablecer la 
antigua concordia. Para lo cual, y para propagar los bienes 
que se consiguen de la sabiduría cristiana, son, en verdad, 
muy á propósito los tiempos que corren, ya. que nunca como 
hoy penetraron más íntimamente en los ánimos los senti- 
mientos de la fraternidad humana, ni en ningún siglo parece 
que ha tenido el hombre tanto empeño como en el nuestro 
para ir en busca de sus semejantes, á fin de conocerlos y 
ayudarlos. Hoy los trenes y los vapores recorren con in- 

nequaqiKun ciicuinscripta linibus, lon^e lalcque, velut abunJanlissi- 
mus amnis, dellueret. lllud enim cst considerandum, quod initio dixi- 
mus, gentes muliiiudine infinitas plura jam siccula et aetates pracsto- 
lari, a quo lumen veritatis humanitatisque accipiant. Certe, quod per- 
tinet ad senipiternam populoruin salutem, alterna? mentís consilia 
longissime sunt ab hominum inlelligentia remota: nihilominus, si per 
varias terrarum plagas tam est adhuc infelix superstitio diffusa, id 
non mínima ex parte vitío dandum subortís de relígíone dissidiis. 
Nam, quantum valet mortalis ratío ex rerum eventis existimare, hoc 
plañe videtur Europie munus assignatum a Deo, ut chrístianam gen- 
tium humanitatem ad omnes térras sensim perferat. Cujus tanti ope- 
ris initia progressusque, superiorum ¿etatum parta laboribus, ad laeta 
incrementa properabant, cum repente discordia síeculo xvi deílagra- 
vit. Discerpto disputationibus dissidiisque nomine christíano, cxte- 
nuatis Europas per contentiones et bella viribus, funestam temporum 
vim sacrae expeditiones sensere. Insidentibus discordíae causis, quid 



DE S. S. LEÓN XIII 347 



creíble celeridad la inmensidad de las tierras y de los mares, 
contribuyendo grandemente, no sólo á fomentar la contra- 
tación de los pueblos y la estudiosidad de los ingeniosos, 
sino tambi(!n á esparcir desde el Oriente hasta el Ocaso la 
palabra divina. 

No desconocemos cuan larga y laboriosa empresa sea el 
restablecimiento del orden de cosas á que aspiramos, ni fal- 
tarán quizás quienes piensen que Nos dejamos llevar de ex- 
cesiva confianza y que ansiamos más lo que debe desearse 
que no lo que debe esperarse. Pero Nos ponemos toda Nues- 
tra esperanza, 3' aun toda Nuestra confianza, en Cristo Je- 
sús, Redentor del género humano, teniendo muj^ presentes 
en la memoria las grandes empresas llevadas á cabo por 
la locura de la Cruz 3' de su predicación, con asombro y 
confusión de la sahídiirfa de este ni mido. En especial, y 
mu3' señaladamente, suplicamos á los príncipes 3' goberna- 
dores de los Estados que, conforme les dicte su prudencia 
civil 3' el fiel cuidado que deben tener de sus pueblos, esti- 
men Nuestros consejos según su verdad y los fomenten con 
su autoridad 3' favor. Aunque no se lograra más que una 
parte de los bienes á que aspiramos, no sería éste pequeño 
bien en medio del inmenso abatimiento de las cosas que 
alcanzamos, cuando la inquietud y la impaciencia por el 
presente se unen al temor 3' al recelo de lo porvenir. 

Los últimos años del siglo pasado dejaron á Europa harta 

mirum si tam magna pars mortalium moribus inhumanis et vesanis 
ritibus implícita tenetur? Omnis igitur pari studio demus operam ut 
concordia vetus communis boni causa, restiluatur. Ejusmodi recon- 
ciliand;t concordiac, pariterque beneficiis christianae sapientise late 
propagandis, opportuna máxime fluunt témpora, propterea quod hu- 
manse fraternitatis sensa nunquam altius in ánimos pervasere, ñeque 
ulla aetate visus homo sui similes, noscendi opitulandique causa, stu- 
diosius anquirere. Inmensos terrarum marisque tractus celeritate in- 
credibili currus et navigia transvehuntur; quae sane egregios usus 
aferunt, non ad commercia tantum modo curiositatemque ingenioso- 
rum, sed etiam ad verbum Dei ab ortu solis ad occasum late disse- 
minandum. 

Non sumus nescii, quam diuturni laboriosique negotii sit rerum. 
ordo, quem restitutum optamus: nec fortasse deerunt, qui Nos arbi- 
trentur nimiae indulgere spei, atque cptanda magis, quam expectan- 
da quaerere. Sed Nos quidem spem omnem ac plañe fiduciam eolio- 



348 LETRAS APOSTÓLICAS DE S. S. LEÓN XIII 

de ruinas y trémula con las convulsiones: {por qué este siglo, 
que se acerca á más andar á su término, no ha de dejar, por 
el contrario, como en herencia al linaje humano los felices 
auspicios de la concordia, y, juntamente con ellos, la espe- 
ranza de los bienes imponderables que están contenidos en 
la unidad déla fe? 

Quiera Dios, rico en misericordia, y en cuyo poder es- 
tán los tiempos y los momentos, acceder favorablemente á 
Nuestros deseos, y haga en su clemencia soberana que se 
realice pronto aquella promesa de Jesucristo: Harásc un 
solo rebaño y un solo Pastor. (Joan, X, 16.) 

Dado en Roma, junto á San Pedro, día XX de junio del 
año de MDCCCXCIV, de Nuestro Pontificado el décimo- 
séptimo. 

León PP. XIIí. 

camus in humani generis Servatore jcsu Christo, probé memores, 
quae olim et quanta per stultitiam Crucis et praedicationis ejus patra- 
ta sint, hiijtts niundi obstupescente et confusa í»Y//>/t'«//</.— Principes 
vero ct rectores civitatum noniinatim rogamus, velint pro civilipru- 
dentia sua et fideli populorum cura contsilia Xostra ex veritate icsti- 
mare, velint auctoritate et gratia fovere. QuíEsitorum fructuum si 
vei pars provenerit, non id minimi fuerit beneficii loco in tanta re- 
rum omnium inclinatione, quando impatienlia pracsentium temporum 
cum formidine jungilur futurorum. 

Extrema sílcuIí superioris fessam cladibus trepidamque pertur- 
bationibus Europam reliquere. llaec, quse ad exitum properat tetas, 
quidni, versa vice, humano generi hícreditate transmittat auspicia 
concordia.' cum spe maximoruní bonorum, quaí in unitate íidei chris- 
liange continentur? 

Adsit optalis votisque Xostris rf/zv5 in misericordia Deus, cujus 
in poí estáte témpora sunt et niotuenta, benignissimeque implere ma- 
turet divinum illud Jcsu Christi promissum, fiat unum ovile et unus 
pastor. {Jotin.,X, 16.) 

Datum Komae ex yEdibus \'aticani die xx junii mdcccxciv, Ponti- 
ficatus Nostri decimoséptimo. 

Leo PP. XIII. 




\<9j u^ 



El Pentateuco v la Arqueología Prehistórica ^'^ 




-PUES de haber demostrado contra las mal justifi- 
cadas impugnaciones de la crítica racionalista la 
unidad y harmonía de los dos capítulos del Géne- 
sis, donde se refiere con todas sus circunstancias la historia 
de la creación del hombre, podemos pasar ahora con ma- 
yor confianza y seg^uridad al estudio comparativo de la 
historia bíblica y de los monumentos más autorizados de la 
antiiíücdad pagana. 

Ateniéndonos al sentido literal de los dos relatos del Gé- 
nesis, la historia bíblica de la creación del género humano 
puede compendiarse en dos interesantes revelaciones: Dios 
creó al hombre (según el capítulo primero) con un procedi- 
miento y una solemnidad especial que no empleó en la crea- 
ción de los demás seres vivientes, consistiendo esa forma pe- 
culiar (según el capítulo II) en que el mismo Dios modeló el 
cuerpo humano formándolo del barro de la tierra, infundien- 
do en él un espíritu de vida que lleva impresa la imagen del 
Creador. — La mujer no fué creada simultáneamente con el 
hombre, sino algún tiempo después, pero también por ac- 



(1) \'éase el tomo xxxiii, pág. 337. 



350 EL PENTATEUCO 



ción inmediata de Dios, con la sola particularidad de haber 
suministrado la materia de esta última creación una porción 
del cuerpo del primer hombre. 

Si es verdad que las tradiciones de todos los pueblos an- 
tiguos son siempre la derivación más ó menos exacta de al- 
guna enseñanza ó revelación primitiva, como se ha podido 
observar en todos los asuntos de que hemos tratado hasta 
ahora, desde luego podemos suponer que hechos y circuns- 
tancias tan interesantes como los de la historia de nuestro 
origen no habían de pasar inadvertidos en las doctrinas re- 
ligiosas de las primeras razas, y sin dejar por lo menos 
algún vestigio en las tradiciones universales. 

El origen terrestre del cuerpo del primer hombre es en 
efecto una idea generalísima que no ha desaparecido en 
ninguna de las antiguas cosmogonías, así como la crea- 
ción del hombre por obra inmediata de Dios se encuentra 
en todas las tradiciones que conservaron la idea de un Dios 
personal no alterada con la nebulosa concepción panteísti- 
ca. Las tradiciones helénicas y romanas son quizá las me- 
nos explícitas en la enseñanza relativa al origen de nuestra 
especie, no siendo fácil precisar, si el primer hombre apare- 
ció en la tierra por generación espontánea ó por acción de 
los dioses; pero permanece siempre la idea del origen te- 
rrestre del cuerpo humano. Los dayaks de la isla de Borneo 
retienen también como una enseñanza sagrada que el hom- 
bre fué formado de la tierra. Más terminantes aún que las 
anteriores son las antiguas tradiciones religiosas de la 
América; pues entre las tribus salvíijes de la región septen- 
trional se encontraba la tradición sagrada que refiere, que el 
gran Espíritu formó del barro las figuras del primer hom- 
bre y déla primera mujer, que animó después con el soplo 
de su boca; concepto que se conservaba igualmente entre 
las tribus meridionales, y particularmente en la cosmogonía 
del Perú, en la cual el primer hombre creado por la Omni- 
potencia de Dios recibe el nombre de Alpa Camas, ó sea 
tierra animada. 

Prescindiendo de esa categoría de tradiciones cuyo ori- 
gen y valor histórico no están bien definidos aún por la críti- 



Y LA AROUEOLOGÍA PREHiSTÓRICA 351 



ca moderna, y ateniéndonos á las doctrinas tradicionales de 
los pueblos civilizados de la más remota antigüedad, se nos 
ofrecen principalmente tres grandes pueblos, el egipcio, el 
persa y el asirio-babilónico, cuyas ideas religiosas acerca 
del origen del hombre presentan tales puntos de contacto 
con la historia bíblica, que no es posible desconocer la uni- 
dad y harmonía que existe entre todas ellas. La tradición 
egipcia considera al hombre como una emanación del ojo 
del dios Ra-Harmakhu, que hizo germinar del légamo del 
Nilo la substancia material de que fué modelado el cuerpo 
humano; á ese acto sucedió otra operación demiúrgica que 
terminó la obra predilecta , comunicando al hombre el alma 
y la inteligencia: esta última acción, que las razas asiáticas 
del Egipto atribuyeron á la diosa Sekhet, y que las razas ne- 
gras de la zona meridional adjudicaron á Horus, es consi- 
derada como la obra maestra del demiurgo supremo Khnum 
en las tradiciones religiosas de la raza indígena central, que 
se ha gloriado siempre de ser la más noble entre todas las 
razas que poblaron aquellas regiones. Existe, pues, en las 
tradiciones egipcias no sólo el concepto del origen terres- 
tre del cuerpo humano, sino también la ¡dea de la creación 
inmediata. Lo mismo se observa en las tradiciones sagra- 
das del pueblo persa. La religión de Zoroastro es, entre to- 
das las religiones primitivas, la que con mayor claridad ex- 
pone el origen de todas las cosas, atribuyendo la creación á 
un acto libre de un Dios personal distinto de la materia pri- 
mordial del Universo. Ese Dios es Ahura Mazdá, el Dios 
bueno y grande que ha creado el Universo en seis períodos, 
y que ha coronado su obra con la creación del hombre. El 
primero de los humanos, salido sin mancha de las manos de 
Dios, recibe en su origen el nombre de Gay ornar etan, esto 
es, vida mortal. Aquí terminan las indicaciones de las es- 
crituras más antiguas de los persas atribuidas á Zoroastro. 
Pero existe en ese pueblo un libro religioso, intitulado el 
Bundehesh, consagrado á la exposición de una Cosmogo- 
nía completa, y donde encontramos una historia más cir- 
cunstanciada de los orígenes de nuestra especie; aunque, por 
ser esa escritura de época más reciente, no ha podido librar- 



352 EL PF.NTA TErCÜ 



se de las ficciones de la fábula (1). Según el BundcJiesh, el 
Dios grande Ahura Mazdd pone término á la creación, pro- 
duciendo al mismo tiempo el hombre tipo (Gayomaretan) y 
el toro tipo, dos criaturas de una pureza perfecta. Tres mil 
años vivieron los dos sobre la tierra en un estado de bien- 
andanza que excluía todo temor de mal que la perturbase 
hasta el momento en que Agromeniu, el representante del 
principio malo, comenzó á desplegar su poder en el mundo. 
Un día hiere de muerte al toro tipo; pero de esa víctima ino- 
cente nacen las plantas útiles y los animales que sirven al 
hombre. Treinta años después sucumbe también Gayomare- 
tan bajo los crueles golpes de Agromeniu; pero de la sangre 
pura del hombre tipo, derramada en la tierra, germinan el 
hombre y la mujer, los dos progenitores de la especie hu- 
mana. La idea de la creación del hombre tipo por acción 
inmediata de Dios existe, pues, en las tradiciones sagradas 
de los persas lo mismo que en las del pueblo egipcio. 

\'¡nicndo, finalmente, al pueblo asirio-babilónico, cuya 
remotísima antigüedad es una garantía de la pureza de sus 
tradiciones religiosas, recordaremos en primer lugar lo que 
ya hemos indicado en otra ocasión al hacer la comparación 
entre la Cosmogonía mosaica y la que nos ofrecen las tradi- 
ciones asirlas. El relato cosmogónico caldeo peculiar de 
Babilonia, que Beroso, sacerdote del Dios Belo, describió en 
lengua griega cuatro siglos antes de Jesucristo, nos dice 
que el hombre fué modelado, á manera de una estatua, del 
barro terrestre amasado con la sangre de Dios, recibiendo 
por esa comunicación de la sangre divina el espíritu de vida 
y de inteligencia. "Viendo el Dios Belo — dice Beroso — que 
la tierra estaba desierta, se cortó la cabeza ; y entonces los 
otros dioses, amasando la tierra con la sangre que caía, for- 
maron al hombre; por eso los hombres tienen inteligencia y 
participan del pensamiento divino. „ Prescindiendo de las 



(1) De ese libro ha dicho no obstante Lennormant: "La redacción 
que poseemos es posterior ala conquista de la Persia por los musul. 
manes. A pesar de esa data reciente, refiere tradiciones de las cuales 
todos los sabios competentes han reconocido el carácter antiguo y pu- 
ramente indígena^. {Histoire ancienne de VOrient , t. i, p. 25.) 



Y LA ARQUEOLOGÍA PREHISTÓRICA 353 

ideas confusas de monoteísmo y politeísmo, que se hallan 
aquí mezcladas en una escena verdaderamente ridicula, los 
hechos siguen en ese relato el mismo orden que en la na- 
rración del capítulo segundo del Génesis. La tierra desierta 
se hace fecunda; entonces el hom.bre es amasado del barro, 
y Dios le infunde con un soplo de vida el espíritu y la inte- 
ligencia. Por otra parte, en la narración de Beroso debe es- 
tar bien expresada la doctrina tradicional de los antiguos 
babilonios. Las tablillas cuneiformes de Jorge Smith, tan 
deterioradas, por desgracia, en aquellos fragmentos que 
formaban parte de la última narración cosmogónica relati- 
va á la creación del hombre y de los animales, no han podi- 
do iluminarnos de una manera segura para conocer todas 
lascircunstancias de las antiquísimas tradiciones asirias. Sin 
embargo, los sabios más competentes han comprendido con 
Smith, que en aquellos fragmentos se describe una reunión 
de los dioses para deliberar sobre la creación de los ani- 
males, lo que parece ser un vestigio de la tradición primi- 
tiva expresada en el Génesis con aquella frase que atribuye 
Moisés al Creador: facianiíts honiinetn ad iniagñiein et 
siDiilititdiiicju nostrani. También ha podido comprobarse 
con los documentos cuneiformes que la especie humana 
fué obra inmediata de Dios, y que la vida y el espíritu del 
hombre deben su origen á un acto peculiar de la Divini- 
nad. Véase cómo ha inducido esta verdad el eminente asi- 
riólogo Lennormant, fundándose en los datos incompletos 
de las tablillas de Smith, y comparándolos con otros docu- 
mentos cuneiformes: "Nosotros — dice — sabemos de una ma- 
nera positiva que aquel de los inmortales que estaba allí re- 
presentado como quien "formó con sus manos la raza de los 
hombres„. y como "quien creó la humanidad para ser some- 
tida á los dioses„, era Ea, el Dios de la inteligencia suprema, 
el maestro de toda la sabiduría; el Dios de la vida pura; el 
director de la pureza; el que vivifica los muertos; el mi- 
sericordioso con quien existe la vida. Esto nos enseña una 
letanía de reconocimiento, que nos ha sido conservada so- 
bre el fragmento de una tablilla de arcilla, la cual formaba 
quizá parte de la colección de los poemas cosmogónicos. 

23 



354 EL PENTATEUCO 



Uno de los títulos más habituales de Ea es el de Señor de la 
especie humana. Rácese también más de una vez mención, 
entre los documentos religiosos, de relaciones entre este 
Dios y el hombre que es cosa suya„ (1). 

En resumen, las cosmogonías de la más remota antigüe- 
dad, cuyo valor histórico está bien definido por la crítica 
moderna, coinciden substancialmente con la historia bíblica 
acerca del origen terrestre del cuerpo humano por acción 
inmediata de Dios y de la infusión del alma por otro acto 
especial de la Divinidad. No es posible, por tanto, impugnar 
la doctrina del Génesis hebreo sin negar antes la autoridad 
histórica de las tradiciones universales del género humano, 
reflejadas en las ensei^anzas religiosas de todos los pueblos 
primitivos. 

En nuestros días han manifestado algunos autores cató- 
licos tendencias bastante decididas á separarse del concep- 
to tradicional de la creación inmediata del primer hombre 
y conciliar el texto sagrado del Génesis con las teorías del 
darwinismo antropológico. Según ese sistema, patrocinado 
principalmente por Miwart, y tolerado quizá con demasia- 
da condescendencia por Duilhé de Saint Projet, el origen 
del cuerpo humano sería la transformación de un cuerpo 
beluino, dejando á la acción inmediata de Dios únicamen- 
te la creación y la infusión del alma espiritual en el mo- 
mento en que la bestia llegó á adquirir la organización 
corpórea conveniente. Si la doctrina del Génesis fuese una 
enseñanza aislada, cuyo verdadero sentido no pudiera fijar- 
se y completarse más con el sentido de las tradiciones sa- 
gradas de los pueblos primitivos, aun así habría de trope- 
zar el apologista católico con gravísimas dificultades en el 
mismo relato bíblico, donde se describe la creación del 
hombre con tales circunstancias, que parece imposible con- 
ciliarias con la hipótesis de la creación mediata del cuerpo 
humano sin violentar demasiado el lenguaje de la Escritura. 
¿Qué juicio merecerá esa hipótesis en el terreno de la críti- 
ca, cuando se considera que la idea de la creación inmedia- 



^1) Histoire ancienne de VOrient, t. i, pág. 23. 



Y LA ARQUEOLOGÍA PREHISTÓRICA 355 

ta se encuentra ig"ualmente en las tradiciones religiosas de 
todos los pueblos primitivos? Ya hemos indicado en varias 
ocasiones, que los hechos que son del dominio de la historia 
deben demostrarse principalmente con autoridades históri- 
cas, y no tanto con las hipótesis científicas, mayormente 
cuando éstas no encuentran en la ciencia positiva un funda- 
mento seguro que las sustente. No pretendemos discutir 
ahora el valor científico de la teoría darwinista, que es la 
única razón que ha movido á algunos autores católicos á 
forzar el lenguaje bíblico con esas interpretaciones violen- 
tas. Nadie negará, sin embargo, que la hipótesis darwinista 
se halla muy lejos de ser científicamente demostrada. Los 
partidarios más decididos de esa teoría reconocen la impo- 
sibilidad del tránsito ó transformación de las especies según 
las leyes hoy existentes en la naturaleza; y para probar la 
posibilidad del fenómeno han querido suponer que hubo una 
época en que las leyes naturales debían de favorecer á la 
evolución sucesiva de los tipos primordiales que dio por re- 
sultado la múltiple variedad de los seres vivientes que hoy 
pueblan la tierra. Es una hipótesis que se funda en otra hi- 
pótesis. No negaremos, sin embargo, que es una hipótesis 
atractiva, y que sería también muy racional, en algún con- 
cepto, si nos limitásemos únicamente á explicar por ella el 
origen de las especies inferiores al hombre, puesto que sim- 
plifica la creación de una manera digna y muy conveniente 
á los atributos de la Divinidad. Nada hay, por otra parte, 
que la contradiga en el relato histórico del Génesis, ni en 
los sanos principios de la Teología católica. Algo más hostil 
que la Teología y la Exégesis es, en tal concepto, para el 
darwinismo el rigor inflexible de la ciencia positiva. 

Mas cuando se intenta explicar por esa hipótesis el origen 
de la especie humana, las dificultades se multiplican, no sólo 
en el campo de la ciencia, sino también en el de la Teología 
y Exégesis bíblica. Es verdad que la teoría darwinista es 
una concepción grandiosa y elevada, que no carece de va- 
lor filosófico y teológico al simplificar la obra de Dios en un 
solo acto creador, dejando ala virtud de las leyes por él es- 
tablecidas el desenvolvimiento y última perfección de los 



356 EL PENTATEUCO 



seres. No es posible disimular la fuerza de este raciocinio, 
que ya en el siglo v inducía á San Agustín á formular en sus 
explicaciones del Génesis teorías algo parecidas á la hipó- 
tesis darwinista, sosteniendo la creación simultánea de los 
primeros gérmenes de la vida y la aparición sucesiva de 
los seres creados, como efecto natural de las leyes preesta- 
blecidas. Pero, á pesar de existir una razón profunda de con- 
veniencia en esos elevados conceptos de la creación, otras 
consideraciones no menos dignas y elevadas impidieron al 
genio de Hipona aplicar la teoría de la creación mediata y 
progresiva al origen del cuerpo humano. Desde luego es pre- 
ciso reconocer en el origen del mundo dos creaciones inme- 
diatas, que no es posible simplificar en una sola obra de Dios: 
la del mundo material, y la del espiritual y suprasensible. 
Admitida esa dualidad, no será ya impropio de la grandeza 
y harmonía de las obras divinas admitir una tercera crea- 
ción, no solamente para el alma humana, sino también para 
todo el hombre, que es la última obra de Dios y el epílogo de 
todas las creaciones donde vienen á unirse en vínculo ver- 
daderamente misterioso las perfecciones creadas del mundo 
espiritual y del mundo corpóreo. Esta idea, que debilita 
mucho la fuerza del argumento contrario, se refleja también 
en el texto bíblico cuando, después de describirnos la crea- 
ción de los seres inferiores con las frases //«/ Jux,gen}ü)iet 
térra, etc.; al llegar á la creación del hombre nos representa 
al Creador como haciendo una solemne cons\l\i^.yfacial)l^^s 
Jioniineni ad imaginctn et siniiliíudine/n )iostram,y luego 
nos dice que formó Dios al hombre del barro y le infundió un 
espíritu, 3' entonces (y no antes) aquel barro se animó y ad- 
quirió la vida: ct facttis est homo in animam viventem. 

Los Santos Padres de la Iglesia han visto en esta solem- 
nidad con que fueron creados, así el cuerpo como el alma 
del primer hombre, otra razón profunda de conveniencia y 
decoro para la Divinidad. Dios, al hacer aquella solemne 
consulta antes de formar al hombre á su imagen y semejan- 
za, dicen los Santos Doctores, consideraba la nobleza de esta 
criatura, no tanto por lo que es en sí como por el altísimo 
misterio de la futura encarnación del \"erbo que debía cfec- 



V LA ARQUEOLOGÍA PREHISTÓRICA 



S57 



tuarse en nuestra naturaleza. '^Recogito, dice Tertuliano, 

totiDH illi Deuin occupatum ac deditum Christiis cogi- 

tabatiir Iwmofutiirus. Esta sola consideración bastaría por 
sí sola para no resignarse tan fílcilmente con la teoría del 
origen beluino del cuerpo humano. La única razón de con- 
veniencia que en algún concepto podría justificar esas in- 
terpretaciones forzadas del lenguaje bíblico, que tienden á 
excluir la creación inmediata del hombre, queda, por tanto, 
completamente anulada con otras razones de conveniencia 
contraria no menos notables. De manera, que la razón ilu- 
minada por la fe, la palabra clara y terminante de la Escri- 
tura y las tradiciones sagradas de todos los pueblos primi- 
tivos, conspiran unánimemente á una misma verdad, atribu- 
lando el origen del cuerpo y del alma del primer hombre á 
la acción inmediata del Creador Supremo. 

J^R. ^ONORATO DEL yAL, 
A^ustiniano. 

(Cii«<i>»M<jrá.; 










Las Catalogaciones 



EN LA BIBLIOTECA DE LA SANTA IGLESIA DE TOLEDO 




NTRE las preciosas colecciones de libros impresos y 
manuscritos atesorados en las Catedrales españo- 
las con la inteligente discreción que nace del ver- 
dadero saber, ha sido considerada siempre como primera, 
en la calidad y en el número de las obras alle^íadas, la que 
se nombra en el epíí^rafe de estos breves apuntes. 

Difícil tarea es puntualizar el origen y paulatino progre- 
so de las bibliotecas eclesiásticas españolas que fueron for- 
mílndose, bajo la protección de insignes Obispos, al amparo 
de ilustres cenobios, y tal vez en el humilde albergue de las 
iglesias parroquiales, en cuyas escuelas se difundía la cien- 
cia cristiana. Transcurren siglos y siglos entre luchas ince- 
santes, cuyos repetidos estragos son testimonios únicamen- 
te de la desolación y de la ruina que todo lo aniquilaban; y 
apenas encudntranse datos fehacientes que á los tesoros 
literarios reunidos en las iglesias se refieran, hasta que la 
mayor parte del territorio español es arrebatado á los sec- 
tarios de Mahoma, cuando las Catedrales se alzan con la 
majestad correspondiente al culto cristiano; cuando sirven 
de refugio á las ciencias y á las letras las silenciosas mora- 
das de los monjes, y ofrecen enseñanzas de sólido saber las 
retiradas aulas de las iglesias. No fué la de Toledo más 



DE LA SANTA IGLESIA DE TOLEDO 359 

afortunada en este punto, según las investigaciones lleva- 
das á cabo hasta el presente. 

Verdad es que el diligente investigador P. Tailhan (1) 
dedica una página á la biblioteca de la Santa Iglesia de To- 
ledo, tomando de los escritos de San Julián datos de verda- 
dera estima. Según este insigne Prelado afirma, en su Co- 
mentarius i'ti Naíiitm PropJietam (2), la colección de libros 
existentes en el tesoro literario de la Santa Iglesia toledana, 
corriendo la centuria séptima, era muy rica en escritos de 
Santos Padres, así latinos como griegos; y si bien de auto- 
res profanos sólo cita los tratados De República y De Re- 
thorica, de Cicerón, esto tampoco prueba que no poseyese 
otros escritos, de la antigüedad latina sobre todo, como en 
alguna otra biblioteca de aquellos tiempos acontecía. Tan 
sólo la biblioteca riquísima de San Isidoro pudo y debió 
acrecentar con preciosas copias de sus numerosísimos tex- 
tos la colección capitular que paulatinamente, aunque sin 
tregua, se había ido formando en la insigne Basílica. Tam- 
poco es improbable que, al fallecimiento del glorioso Doctor 
de las Espartas, mayor ó menor parte de sus códices vinie- 
sen á enriquecer el tesoro literario de la Iglesia de Toledo. 

Por desdicha, la invasión de los árabes vino á aniquilar, 
ó por lo menos á dispersar, nuestras antiguas bibliotecas 
eclesiásticas; y de muchas de sus riquezas literarias bien 
puede asegurarse que perecieron á manos de los fanáticos 
sectarios del Corán, salvando un corto número los cristia- 
nos que felizmente pudieron huir de la España central y 
meridional á refugiarse en las montañas de Asturias. 

Pero de la época que podemos llamar histórica para la 
biblioteca de la Catedral primada de las Españas, por la 
certidumbre de datos documentales, nos suministran curio- 
sos datos dos artículos del archivero D. José Foradada y 



(1) Appendice sur les bibliotheques espagnoles du haut moyett 
age. — Forma parte de la excelente obra del P. Cahier titulada Nou- 
veaux melanges d'archeologie, dliistoire et de litterature sur le inO' 
yen age. 

(2) SS. PP. Toletanorum quotqiiot extanl opera...— Tovao ii, Ma- 
triti, 1785. 



360 LAS CATALOGACIONES EN LA BIBLIOTECA 

Castán (1) y una Memoria inédita del bibliotecario D. José 
María Octavio de Toledo, nuestro compañero muy amado, 
en quien la más sincera y delicada modestia no bastó para 
ocultar su reconocida pericia; y de ambos escritos extrac- 
taremos lo que interesar pueda en esta rápida reseña, ya 
que, por nuestra parte, muy poco podemos añadirles. 

No se han encontrado datos fehacientes acerca de su exis- 
tencia y estado durante las más azarosas centurias de la 
Edad Media; y si después de haber sido definitivamente re- 
cobrada del poder de los mahometanos la célebre ciudad de 
los Concilios, estableció j-a su Santa Iglesia archiepiscopal, 
se ignora si junto al tesoro de ornamentos, vasos sagrados 
y otros objetos preciosos, propios del culto, acopió un teso- 
ro literario de cuanto las ciencias eclesiásticas compren- 
dían entonces, destinado á la instrucción del Clero. 

Hacia el año 1380, D. Pedro Tenorio, que á la sazón ocu- 
paba la Silla de Toledo, cedió á la Catedral la selecta y co- 
piosa colección de obras que componían su particular biblio- 
teca, no indicando el documento que suministra dato tan 
precioso, si ésta fué la única base de la librería que debe al 
Cabildo toledano cuidadosa y durable conservación, ó si se 
agregó á existencias anteriores de la biblioteca primitiva, 
creada en los últimos reinados de la Monarquía visigoda, 
desmembrada sin duda, y tal vez hasta perdida en gran par- 
te durante los terribles trastornos consiguientes á la inva- 
sión y conquista musulmanas, si bien, andando los tiempos, 
pudo volver á ser humilde fundamento de la que se tornó 
rica y numerosa con la colección de libros del Cardenal Te- 
norio. Para conservar debidamente una colección tan pre- 
ciosa, este mismo Prelado señaló acomodo en una pieza del 
claustro, cuya construcción costeaba entonces ; y tal vez sea 
la estancia misma que definitivamente ha ocupado la Biblio- 
teca, si bien mejorada con espaciosa holgura para sucesi- 
vos acrecentamientos en las épocas de los Cardenales Men- 
doza y Jiménez de Cisneros, y, por último, en la de Loren- 



(l) Los publicó la Revista de Archivos^ Bibliotecas y Museos, en 
el tomo VII, págs. 49-54, 65-69. 



DE LA SAXTA IGLESIA DE TOLEDO 361 

zana, á fines del pasado siglo. Tal como existe, tan hermoso 
salón abovedado mide 80 pies de longitud por 30 de anchu- 
ra escasos, con proporcionada elevación de techo, y recibe 
abundante luz de cuatro grandes ventanas que dan á la calle 
de la Chapinería. 

El Catálogo más antiguo de la rica colección de libros 
existentes en la Catedral toledana lleva la fecha de 1455, y 
se debe á los comisionados del Cabildo Pedro Rodríguez 
del Durazno, Canónigo, y Rodrigo Fernández, Racionero y 
Bibliotecario, que lo redactaron al renunciar el segundo su 
cargo, con el fin de formalizar la entrega de tan preciosos 
códices, cuando Francisco Fernández, tambicjn Racionero, 
habúi de reemplazarle. En perfecto estado de conservación 
se halla tan interesante trabajo bibliográfico, superior segu- 
ramente á cuantos después se hicieron para dar á conocer 
el selecto contenido de la Biblioteca de la Santa Iglesia to- 
ledana; y á esta feliz circunstancia se debe que se hallen re- 
señadas en sus folios importantes obras, dando un total de 
368 volúmenes, entre los cuales hállanse los donados por 
D. Pedro Tenorio, cuya mayor parte se distinguen todavía 
por llevar sus armas en la margen inferior de la primera hoja. 

Tan rica base (que bien merece calificarse así esta nu- 
merosa colección de costosos códices, allegada cuando toda- 
vía la imprenta no había dado en España su primer fruto 
de fecha segura) reclamaba cuantiosos y frecuentes acre- 
centamientos, más fáciles cuando alcanzó gran desarrollo el 
arte tipográfico en la Península ibérica; y al justo afán de 
aumentar su fondo científico y literario corresponde, sin 
duda, la carta en cuyo texto se suplica á D. Diego de Men- 
doza done sus libros á la Santa Iglesia de Toledo, "que para 
comprallos no tiene dineros, ni aun otro príncipe ninguno, 
porque son raros y escogidos, cuales apenas en Europa se 
podrían hallar„, obligándose á dedicarle todos los años un 
aniversario solemne, '^y á poner un bulto suyo en parte que 
le agrade, con sus armas y con su nombre, y esta mesma 
diligencia se hará en las primeras hojas de todos los libros, 
y si más ventajas quisiesse, podrase tratar de ello y ver lo 
que hay lugar de hacerse„. 



362 LAS CATALOGACÍOXES EN LA BIBLIOTECA 



Corriendo el año 1578, cuando ya llevaba cinco el bachi- 
ller Jerónimo de Torres sirviendo en la Biblioteca, con un 
salario de ocho mil maravedises y un tanto, "que fué más de 
la mitad menos de lo que merece, por cada pliego de lo que 
trasladasen, indica que no le habían cumplido "darle ayudas 
de costa y mejor salario y otros aprovechamientos^, cuando, 
en la confianza de obtenerlos, había aceptado aquel puesto; 
pero sin duda sus copias, cotejos, correcciones j-- apostillas, 
unificando pasajes incorrectos, tanto en los códices como en 
las obras impresas, y su asistencia constante á la librería 
del Cabildo, movieron al Arzobispo D. García de Loaisa 
Girón á ordenar que, por una vez, se le diesen al clérijío 
Torres seis mil maravedís como ayuda de costa: cantidad 
que, ciertamente, no parece proporcionada con el servicio. 

Examina el Sr. Octavio de Toledo, en su Mrnion'a, los 
datos que señalan aumentos en la famosa Biblioteca cuya 
existencia reseñamos, corriendo épocas posteriores á las 
fechas del Catálogo de Durazno y de los trabajos de Torres; 
y como por ellos se ve claramente cuál era, en cada tiempo, 
el número de las obras aliebradas, no será inoportuno que 
repitamos aquí textualmente las indicaciones de nuestro 
dilis^cnte compañero, sobre todo cuando se refieren á los 
índices existentes en la Catedral primada de las Españas. 

En el de 1591, hecho en tiempo del Cardenal Quiroga, y 
para cuj'a redacción se tendrían en cuenta, indudablemente, 
los anteriores trabajos de arreglo llevados á término por el 
erudito Canónigo D. Juan Bautista Pérez, debieron agre- 
garse á las anticuas existencias los acrecentamientos y las 
valiosas donaciones debidas á los Arzobispos Mendoza, Cis- 
neros, Fonseca, Tavera }' Siliceo, mientras ocuparon la Si- 
lla toledana; y así es que aparecen ya en esa época 1.128 
volúmenes, de los cuales 673 eran manuscritos y 455 impre- 
sos, probando que en el espacio de 135 años ascendió el 
aumento á 305 volúmenes manuscritos y 455 impresos. En 
este mismo Índice (1) se hallan dos notas al fin, de las cua- 



(1) Según indica el Sr. Foradada, le copió en limpio Bartolomé 
de Villaviciosa, quien recibió por su trabajo 80 rs., en 18 de Mayo 
de 15^1. 



DE LA SANTA IGLESIA DE TOLEDO 363 



les la primera se refiere á la entrega de la librería hecha 
al Bibliotecario Juan de la Serna, con fecha del 12 de Junio 
de 1614, expresando que constaba entonces de 1.218 volúme- 
nes; y la segunda trata de otra entrega al Bibliotecario Bar- 
tolomé Díaz, en el día 2 de Mayo de 1624, en la cual ya se 
cuentan 1.260 volúmenes, siendo 687 los manuscritos y 573 
los impresos, y deduciéndose de estos guarismos, que en los 
33 años transcurridos desde 1591 á 1624 entraron á enrique- 
cer la colección 14 manuscritos y 118 impresos. 

Existe otro Catálogo correspondiente d la visita que hizo 
á la Biblioteca D. Bernardo de Sandoval y Rojas con los 
Diputados del Cabildo, en el año 1605, estando ésta entonces 
á cargo del Canónigo Tesorero D. Francisco Morejón; pero 
en el volumen que lo contiene tan sólo sirve .1 nuestro pro- 
pósito un inventario con la fecha del año 1(364, copia de 
otro que se guardaba en la Contaduría de la Fábrica de la 
Santa Iglesia, y en el cual, sin indicar cuántos eran los mu- 
chos libros "que para entonces^, según dice, "habían fal- 
tado„, cuenta 1.201 volúmenes; no siendo fácil distinguir 
cuál era el número de los manuscritos y cuál el de los impre- 
sos, por no estar expresado en la mayoría de los artículos. 

Por el orden de las fechas sigue á los anteriores Catá- 
logos una copia del que hicieron en 1727, ocupando la Silla 
de Toledo el Cardenal Astorga, los RR. PP. Benedictinos 
Fraj' Diego Mccolaeta y Fray Martín Sarmiento, que com- 
prende 748 manuscritos y 622 impresos. Por tanto, el au- 
mento realizado desde 1624 á 1727, ó sea en este período de 
103 años, se limitó á 61 manuscritos y 49 impresos. 

Por último, á fines del siglo pasado, el ilustre Cardenal 
Lorenzana remitió desde Roma el magnífico legado que de 
su librería hizo el Cardenal Zelada á la Santa Iglesia de To- 
ledo. Constaba de 1.540 volúmenes manuscritos, 5 impresos 
3' varias curiosidades, después guardadas en los cajones de 
la mesa que se halla en el centro del salón de la Biblioteca; 
y á todo eso añadió el Sr. Lorenzana, por su parte, 30 ma- 
nuscritos litúrgicos que adquirió en la capital del orbe cató- 
lico, corriendo el año 1798, la mayor parte del siglo xvii, 
todos en vitela y con preciosas iluminaciones. 



364 LAS CATALOGACIONES E.\ LA BIBLIOTECA 



Habiéndose aumentado así en dos tantos más el conte- 
nido de la Biblioteca de la Catedral toledana, se creyó nece- 
sario, con razón, hacer nuevos índices; y recibió del Cabildo 
este honroso encargo el Religioso agustiniano Fray Lorenzo 
Frías Pérez, que lo llevó á término en el año 1807, y copió 
el Presbítero D. Juan Francisco Villalobos de Arteaga, 
no aquél y su hermano D. Joaquín, como el Sr. Foradada 
ha probado con un documento que textualmente lo declara. 
Este Catálogo da un total de 2.458 volúmenes manuscritos 
y 905 impresos; y descontando de ellos los 1.570 manuscri- 
tos y 5 impresos remitidos de Roma, resulta que ú. fines 
del siglo último existían 888 volúmenes manuscritos y 900 
impresos, siendo por tanto el aumento, en un período de 73 
años (desde 1727 á 1800) de 140 volúmenes manuscritos y 
278 impresos. 

Viniendo á nuestros días, la JJeinoria del Sr. Octavio 
de Toledo suministra también curiosas noticias adquiridas 
por nuestro amigo, desempeñando una comisión directa- 
mente relacionada con la librería del Cabildo catedral 
toledano. 

En el recuento con que pHncipió A dar cumplimiento á 
las órdenes del Gobierno, corriendo el año 1869, encontró 
2.501 volúmenes manuscritos y 990 impresos, echando en 
falta dos manuscritos y tres impresos de los que reseña el 
índice del P. Frías; pero en cambio halló 45 volúmenes de 
los primeros y 91 de los segundos, que ni estaban cataloga- 
dos ni tenían colocación en los estantes, y cuyo mayor nú- 
mero sería probablemente adquirido en los años que median 
desde 1807 á 1868. 

El cotejo llevado á término para confrontar las obras 
con los artículos correspondientes del Índice de posterior 
fecha sirvió de ocasión para notar graves errores en ese 
trabajo del P. Frías. Hállase dividido en cuatro partes: la 
primera contiene los nombres de los autores por orden alfa- 
bético; la segunda, los sobrenombres ó apellidos; la tercera, 
los argumentos ó materias; la cuarta, los numerales de los 
estantes y de los cajones; pero existe un considerable nú- 
mero de volúmenes que, comprendiendo varias obras, no 



DE LA SAXTA IGLESIA D£ TOLEDO 3Óó 

tienen reseñada sino la primera en el índice de materias, 
no constando tampoco los respectivos nombres y apellidos 
de los autores que las escribieron; con frecuencia se hallan 
citadas como anónimas obras estampadas en el siglo pri- 
mero de la imprenta, que llevan en el texto el nombre de su 
autor; no pocas veces se halla tomado por tal el traductor 
ó el tipógrafo; no faltan errores de localidades y de fechas; 
y hasta existen en sus folios artículos redactados en caste- 
llano, refiriéndose á obras escritas en diferente idioma, en 
la mayor parte de los casos sin indicar cuál es la lengua del 
texto. 

Para poder apreciar mejor el tesoro literario de tan im- 
portante Biblioteca, el Sr. Octavio de Toledo principió su 
tarea redactando un índice de autores por orden alfabético 
de apellidos, que, tratándose de los códices, contiene las in- 
dicaciones siguientes:* 1." Apellido del autor, seguido del 
nombre ó nombres entre paréntesis, ó por el título, cuando 
la obra es anónima. 2.'' Título de la misma. 3.^ Copia íntegra 
de los principios y fines del texto; de cada volumen, si consta 
de varios; ó de cada parte, si en varias está dividida; con- 
servando las abreviaturas y ortografía del original; seña- 
lando los fines de línea, el folio recto ó verso, la columna y 
la línea en que principia y termina, y encerrando entre pa- 
réntesis las iniciales, cuando son adornadas ó de colores, ó 
están escritas al margen. 4."^ Volúmenes ó partes de que 
consta, y tamaño en centímetros ó milímetros, teniendo en 
cuenta todo lo alto y ancho de los folios. 5.* Total de folios 
que llena el texto y los que tenga en blanco en los principios 
y fines, advirtiendo si están ó no numerados; si en una, en 
dos ó en más columnas; con cuántas líneas en cada página; 
si es constante su número; si lleva notas marginales ó inter- 
lineadas; cuál es el carácter de la letra; la fecha de la escri- 
tura, si consta en el códice, ó, en caso contrario, la época 
probable á que pertenece; las iluminaciones; si está escrito 
en pergamino, vitela ó papel; y en fin, cualquier signo que 
dé luz acerca de la obra ó de otro punto cualquiera. Se indica 
á continuación si las iniciales, capitales y versales están 
adornadas en negro, en colores ó en oro; si tiene ilustracio- 



366 LAS CATALOGACIONES EX LA BIBLIOTECA DE LA S. I. DE TOLEDO 

nes, orlas marginales, etc.; y se termina con la descripción 
de las notas que algunas veces existen en el verso de las 
tablas, en los folios preliminares ó en los últimos, y dan á 
conocer los personajes que poseyeron la obra, para quién 
se copió ó escribió, el coste que tuvo en determinada fecha» 
y cualquier pormenor que aumente su mérito. 6.* y última: 
Lo que á la encuademación se refiere. Además, conviene 
advertir, que, cuando un volumen comprende más de una 
obra, de un mismo autor ó de varios, separa una raya hori- 
zontal la descripción de cada una, y se expresa al fin que se 
hallan encuadernadas en un volumen, y, en el caso de ser 
varios los autores, se hacen remisiones para cada apellido. 
No alcanzó el Sr. Octavio de Toledo á terminar tan im- 
portante índice, que hubiera necesitado mucho mayor espa. 
ció del que á su comisión se concedió; pero á su celo, á su 
laboriosidad y á su pericia se debe que asciendan á unas 
650 las papeletas reseñando manuscritos de singular mérito, 
y á 593 las que describen todos los impresos, de mucha 
estima en general; y justo sería que con ellas, dadas á la 
estampa, lograsen satisfacer, en parte, su legítima curiosi- 
dad los eruditos y los aficionados, aun cuando algunos vie- 
sen frustradas sus esperanzas de hallarse en la Catedral de 
Toledo las actas originales de los Concilios españoles, y 
papiros y plúmbeos y becerros y cartularios con preciosos 
monumentos de la historia y de las letras patrias, que nunca 
imaginaron encontrar en otros archivos y en otras biblio- 
tecas. 

JORIBIO DEL pAMPILLX), 
Catedrático de la Escuela de Diplomática. 



La Antropología moderna 




|0S filósofos antiguos no entendieron por Antropo- 
logía lo que hoy se entiende en las cátedras uni- 
versitarias. Los horizontes de esta ciencia eran 
ayer más reducidos que ho}'; pero estaban mejor definidos 
sus límites y era más conocido su campo, lleno de aspere- 
zas y misterios, es cierto, pero coronado por la aureola de 
la inmortalidad en una vida futura. Probablemente esos mis- 
terios lo serán siempre para el humano entendimiento; y 
lo que los antiguos afirmaron quedará en pie, á pesar de to- 
das las diatribas insulsas de algunos modernistas y de los 
descubrimientos de laboratorio. 

Xo quisiéramos que alguien, menos avisado ó con ciertas 
ridiculas preocupaciones de escuela, interpretase nuestras 
palabras en mal sentido. Estamos, no obstante, acostum- 
brados á esas interpretaciones (1). Mas, para que nadie pue- 
da dudar del significado de nuestras palabras, bueno es que 
ampliemos la idea que envuelven. Admiradores entusiastas 



(1) La Reme desRevues, en el pasado Diciembre, hacía la crítica 
de nuestro discurso La Fisiología de las células con estas pala- 
bras: "Continuación de un estudio contra la Ciencia Moderna,,. Es 
decir, contra la ciencia de algunos colaboradores de esa Revista, 
materialistas empedernidos. 



3Ó?1 LA ANTROPOLOGÍA MODERNA 

de todo progreso verdíidero y de los nuevos descubrimien- 
tos, creemos sinceramente (es una opinión como otra cual- 
quiera) que la Antropología de hoy, ó mejor dicho, lo que 
se llama Psicología contemporánea (1), que viene á ser un 
capítulo de aquélla, irá agrupando miles de hechos averi- 
guados diariamente; iluminará con los resplandores del mi- 
croscopio, \^ con el auxilio de los reactivos y métodos de in- 
vestigación experimental, alguna ó algunas de las recondi- 
teces psicológicas; pero la interpretación de esos hechos 
siempre será deficiente. Las grandes cuestiones que propu- 
sieron los filósofos antiguos, jamás serán satisfactoriamente 
resueltas en lo que tienen de fundamental y hondo. 

El hombre todo, es decir, el alma y el cuerpo íntimamen- 
te unidos, es el objeto de la antigua y moderna Antropología 
y el problema que hay que resolver; y para llegar á la solu- 
ción es forzoso despejar muchas incógnitas. Los antropólo- 
gos modernos, con rarísimas y preeminentes excepciones, 
dan por despejada la incógnita principal, que es el alma: los 
fisiólogos materialistas, candida ó maliciosamente, creen 
que en este mundo todo se explica por la Mecánica y la Geo- 
metría. Lo que no cae en las divisiones del metro ó bajo el 
ángulo del compás y bajo la mirada del observador super- 
ficial de la cascara y nunca del fondo, de los efectos y no de 
Las causas... todo, irremisiblemente todo, es inútil y estéril 
para la ciencia moderna. 

Por el contrario, la antigua Escolástica, tan injusta é irra- 
cionalmente desdeñada hoy en ciertas aulas y en muchos 
libros, siguió una dirección distinta en sus arduas investiga- 
ciones. Se la ha culpado y se la culpa de haber formado cas- 
tillos en el aire y edificado en arena movediza, porque sus 
raciocinios eran completamente vacíos de realidad, y no te- 
nían fundamento alguno en la experiencia ; de igual manera 
que se la hace responsable de las cavilaciones de alguno de 
los filósofos que tenían poco ó nada de escolásticos. Así, por 
vía de ejemplo, es corriente hoy, en las obras de Fisiología 



(.1) El Dr. Letamendi llama petulante este calificativo. Véase La 
criuiinalidiid ante la Ciencia^ pág. 40. — Madrid, 1SS3. 



LA ANTROPOLOGÍA MODERNA 3b9 

con vistas á la Psicología, el afirmar que la Filosofía de la 
Escuela se hizo solidaria del separatismo psicológico de 
Descartes; lo cual manifiesta en los calumniadores supina 
ignorancia de esa Filosofía sana y robusta. 

Si por experiencia se entiende el hábil manejo del bistu- 
rí y del micrótomo, del microscopio y del reactivo, del com- 
pás de gruesos ó del calibre, del cstereógrafo de Broca ó del 
cranióforo de Topinard, etc., etc., en este caso no fueron 
antrop(Mogos los antiguos, porque no usaron esos preciosos 
instrumentos. Mas si por experiencia se entiende, no única- 
mente lo que cae bajo el dominio del sentido bruto y exter- 
no, sino también lo que cada hombre aprecia en su interior, 
sea del orden que fuere, material ó inmaterial, espiritual ó 
sensible, sensación ó idea, dolor físico ó moral, entonces es 
necesario reconocer que los antiguos filósofos fueron expe- 
rimentadores en grado último. Basta hojear el libro de Ne- 
mesio titulado De natiiya honii)iis. No hicieron uso del mi- 
croscopio porque no existía ; pero en cambio usaron un ins- 
trumento que vale infinitamente más que los mejores y más 
potentes microscopios del mundo; la luz intelectual, que 
no está sujeta al ángulo de abertura ni á la eficacia del co- 
lorante; que evalúa sin micrómetros y copia sm cámaras; 
que aumenta su poder resolutivo sin inmersiones homogé- 
neas á medida que discurre, y penetra en los lugares más 
secretos, delicados y misteriosos sin lentes apocromáticas; 
porque esa luz no es de las que necesitan condensadores que 
las aprisionen, ni polarizadores que las descompongan: su 
poder resolutivo y amplificador es la virtud del alma, y su 
condensador la lógica. 

Así, únicamente así pudieron los escolásticos recorrer 
las vías impalpables de nuestras operaciones más nobles, y 
sorprender su principio y raíz para elevarse á la contem- 
plación de nuestra naturaleza animal y racional, á la visión 
de nuestro espíritu, en el espejo de sus actos, deduciendo 
consecuencias muy legítimas, relativas á nuestro origen 
terreno y destino futuro. Si con tales procedimientos no lo- 
graron desvanecer todas las sombras que envuelven los an- 
tros psicológicos, porque la Fisiología, la Histología y lo 

24 



370 LA ANTROPOLOGÍA MODERNA 



que hoy se llama Psico-Física no les ayudaron con la ob- 
servación exterior, no las desvanecerán tampoco los nue- 
vos experimentadores, que suelen omitir en sus trabajos la 
observación interior por aborrecer la Metafísica, base y 
fundamento de todo discurso y progreso en el vastísimo 
campo de la Antropología racional. 

Pero bueno es que dejemos para lugar más oportuno es- 
tas consideraciones (que nos sugieren ciertos escritores mo- 
dernos malavenidos con la Religión y con la misma cien- 
cia), limitando el objeto de estas líneas al desarrollo del epí- 
grafe que las encabeza. Sin pretensiones de ningún género 
vamos á exponer de un modo generalísimo y en breve sín- 
tesis algo de lo que se quiere significar con esta palabra 
Afitropoloífia, algunos de los problemas á que se pretende 
dar solución y el fin á que tienden algunos de sus cultiva- 
dores entusiastas, que rayan en fanáticos. 

El ilustre Geoffroy Saint-liilaire dijo de la Antropología 
de su tiempo que era "una ciencia estrecha y rastrera; cien- 
cia muerta y de tal condición, que puede estudiarse en un 
museo ó en un anfiteatro. Y que, en virtud del positivismo 
que la informa, no tiene lógica ni dignidad^. En 1879, 
M. Adriano Arcelin, geólogo insigne, paleontólogo eminen- 
te y antropólogo no despreciable, reforzaba la protesta de 
Saint -Hilaire al hablar de la escuela antropológica de Bro- 
ca. "En el programa de esta escuela — decía, — el Universo 
aparece sin Dios, el hombre sin alma, la humanidad sin mo- 
ral y sin creencias religiosas, y la libertad está sustituida 
por leyes físicas é infiexibles„ (1). 

Y esto lo dijeron cuando no habían aparecido ciertos li- 
bros que andan en manos de muchos y que deben ser escán- 
dalo para todos los que se dedican á esta parte de la huma- 
na cultura. Varias de esas obras tenemos á la vista: la 
impresión que nos han causado es de horror }'■ asco. Sin 
nombrar por ahora (de ella trataremos después) la Antro- 
pología criminal á lo Perrero y Lombroso, de la que pudié- 
ramos llamar científica, ;quién tiene alientos para leer con 



(1) Véase Reviie des quaestions scierit i fiques. — Octubre, 1879. 



LA ANTROPOLOGÍA MODERNA 371 

ánimo sereno y paciencia inquebrantable libros, v. gr., como 
el de Ch. Debierre, L Ho)nme avant V Hisioire {?-¿\.x\'s,, 1888), 
mezcla de pedanterías y blasfemias, de cuentos prehistóri- 
cos é insípidos ditirambos de orador huero? En nuestra des- 
dichada España, en la cual abundan los de esta clase, son 
pocos los que hasta hoy saben Antropología. No obstante, 
se oye de cuando en cuando la voz de algún Odón de Buen, 
librepensador y ateo sin envolturas, como se manifestó al 
defender su programa (así lo dijo"» en las oposiciones á la 
cátedra de Historia Natural de Barcelona: hombre muy la- 
borioso y hablador, pero en cuyos escritos no se ve ciencia 
ni arte, ni cosa que se les parezca (1). Esto no le impide col- 
mar de diatribas insulsas la Biblia 3' á su int(5rprcte infali- 
ble la Iglesia Católica, y de piropos de energúmeno los es- 
tudios prehistóricos. 

Más dafio quizá que las peroratas y los libros de Odón 
de Buen há seguramente causado y tal vez causa en las 
almas jóvenes, y aun en las adultas no robustecidas con los 
principios de una Filosofía sana, la Enciclopedia popular 
ilustrada de Ciencias y Artes, publicada por Federico 
Gillman. El nombre de enciclopedista suena mal en los 
oídos de todo aquel que recuerde la historia pasada y co- 
nozca las tendencias á lo superficial y á lo vacío en los 
hombres del presente. Las enciclopedias y bibliotecas po- 
pulares, contando rarísimas excepciones, suelen ser cate- 



(l) En el año pasado se creó la Cátedra de Antropología en la 
Universidad Central. La ganó, sin contrincante, el ¡lustrado antro- 
pólogo Sr. D. ^lanuel Antón, que explicó esta ciencia durante el cur- 
so con verdadero entusiasmo y habilidad. Aunque allí los alumnos 
tienen criterio suficiente para distinguir lo bueno de lo malo y la 
paja del trigo, la asignatura de Antropología es quizá la más delica- 
da de todas las asignaturas, para exponerla al público. Oímos, ¡que no 
faltó gran cosa para que le diesen á Odón tal Cátedra! No lo pudimos 
creer, porque es seguro que Odón no sabe medir un cráneo. Cierta- 
mente que esto no importa, pues se llevó la Cátedra de Barcelona, á 
pesar de las cosas que dijo en el ejercicio teórico, y á pesar de que 
confundió en el práctico el Gypüetus barbaíus, ave de rapiña de me- 
tro y medio de altura, con el Caprimulgus ruficoliSy que es un pája- 
ro del tamaño de una tórtola. ¡Cómo nos hace reir la ciencia de este 
pobre incrédulo! ¡Es el descubridor del Hipparion en La Garriga! 



372 LA ANTROPOLOr.ÍA MODERNA 



cismos dosimétricos del Arte ó de la Ciencia, cuya virtua- 
lidad engendra pedantes y charlatanes por el estilo de los 
sofistas griegos. Si se añade que es un español de ideas per- 
versas el que arregla y traduce esos libros, desde luego 
puede asegui-arse que son detestables la obra y el fin del 
traductor. Entre los numerosísimos ejemplares que podía- 
mos elegir en confirmación de lo dicho, no se nos olvi- 
dan algunos de los lujosos traductores de Ernesto Hiiíckel 
y compañía. 

El procedimiento que emplean para que la edición se 
venda, ya le conocemos todos los españoles: precede siem- 
pre á la publicación un prospecto monstruo de bombos y 
campanillas con que llaman la atención de los aficionados; 
después, el anuncio que los hipnotiza con estas ó semejantes 
palabras: "Hemos recurrido á las fuentes más autorizadas 
en nuestro país y en el extranjero: nos concretamos á la ex- 
posición pura y simple de principios sólidos, de sus lógicas 
consecuencias en el terreno de la Ciencia y del Arte, y de 
sus múltiples aplicaciones en la práctica^. 

Así decía el prospecto-reclamo de la obra del ingeniero 
de Minas Federico Gillman, á quien sería notoriamente 
injusto negar relativa cultura y conceder elección buena en 
parte de sus trabajos. Tal acontece, v. gr., en el estudio ti- 
tulado Civilisación, por el cual únicamente le citamos aquí 
de pasada y con preferencia á otros, pues trata de la ci- 
vilización prehistórica 6 histórica. ¡Qué historia y prehis- 
toria! Cualquiera escribe enciclopedias así. ¡Excelente civi- 
lización van ít aprender las personas "bien educadas, los jó- 
venes aplicados y los niños curiosos„ en ese fárrago indi- 
gesto y kilométrico de horrendas blasfemias y mentiras 
científicas, dignas déla pluma de Clemencia Royer, la após- 
tata educanda del Colegio del Sagrado Corazón! ¡V pensar 
que hay padres de familia que ponen esas obras en manos 
de sus hijos!!! (1). 



(1) El hacer conmemoración de los libros del catedríltico de Bar- 
celona y de Gillman, es porque creemos sinceramente que son de lo 
peor y más dañoso que se ha escrito en España. Quizá no hubiera sido 



LA AXTROPOLOGÍA MODERNA 373 

Signo de los tiempos es el abuso que hacen de las cien- 
cias naturales gran número de escritores, incapaces de 
comprender lo que aquéllas significan en su esfera más alta, 
sus maravillosas relaciones con la sociedad y con los indi- 
viduos á los cuales deben civilisar intelectual y moral- 
mente, poniendo d sus ojos los secretos arrebatados á la na- 
turaleza, palabra viviente de Dios, Señor de las Ciencias y 
fuente de toda inspiración y luz. Y hoy, el nombre sacro- 
santo de Dios, razón suprema de todas las cosas, se supri- 
me por miedo ó por gala en los libros mejores de las perso. 
ñas llamadas sabias; por miedo, para no formar en torno 
suyo "la conspiración del silenciOj,; y por gala, con el objeto 
de aparecer independientes en medio de tantas leyes que les 
sujetan y misterios que les abruman (1). ¿Cuál es la causa 
de esa timidez en los buenos y de ese fanatismo en los 
malos, sino el espíritu indiferente de los unos y la perver- 
sión de los otros? Hemos llegado á una época en que se 
hace necesario trocar aquel axioma memorable, botiiim est 
diffusivinii siit\ por el nialnifi est diffiísivnin siii, para ex- 
plicar esa cobardía juvenil de las almas mejores, ese retrai- 
miento mal entendido de algunos creyentes, ese pundonor 
afectado de ciertos católicos que por igual motivo se reti- 
ran de la política, dejando el campo libre al pandillaje; que 
se abstienen de consagrar su pluma á la defensa de Dios en 
la vida pública y en la privada. 

Son conmovedoras las quejas de insignes escritores ante 



tan funesta la Antropología psíquica con que nos amenazó D. Nico- 
lás Salmerón, según el testimonio de M. Pelayo. 

Desde Tubino y Vilanova, que fueron los pincipales vulgarizadores 
de los estudios antropológicos y prehistóricos en nuestra patria, has- 
ta el extravagante Pompeyo Gener, socio de la de Antropología de 
París, se cuentan muy pocos aficionados á esta ciencia, como los 
Sres. Oloriz y Antón, Aranzadi, Hoyos; algunos que han medido y 
miden cráneos, y otros autores de obras de Historia Natural, en las 
cuales se difunden solapadamente ideas perversísimas. Mayor es el 
número de abogados y médicos que defienden hoy con entusiasmo in- 
fantil las doctrinas de la Antropología criminal. 

(1) Una Revista norte-americana ha reproducido un trabajo cien- 
tífico de la nuestra, suprimiendo todas las palabras como éstas: "Dios, 
religión, templo„, etc. 



374 LA ANTROPOLOGÍA ^lODERNA 



la impasibilidad de sus correligionarios y el desprecio y ludi- 
brio de los que pretenden arrancar de esta sociedad, moral- 
mente moribunda, lo único que puede resucitarla: las creen- 
cias. El vicio cunde como cáncer roedor, matando en las al- 
mas jóvenes todo conato de virtud y virilidad, y hace algún 
tiempo que vienen realizándose las leyes malignamente he- 
reditarias del error intelectual y de la ignorancia petulante. 

Es seguro que en ninguna rama de las ciencias natura- 
les se han cumplido estas leyes como en la Antropología, 
ciencia en sí nobilísima, y espléndida corona de aquéllas. 
Pero á esta misma nobleza es proporcional el daño que pue- 
de causar y realmente ha producido en muchos vacilantes 
en la fe y ávidos de nuevas teorías. ¡Qué serie de invencio- 
nes, qué tempestad de noticias y de fábulas vestidas con el 
ropaje de la Ciencia acerca de los tiempos llamados prehis- 
tóricos! Quien lea las obras de Gabriel de Mortillet, v.gr., ó 
las de M. Cartailhac, no ha de encontrar meticulosas é injus- 
tas las frases de Saint -Hilaire y de Arcelin arriba transcri- 
tas. No puede decirse que son acentos aislados esas impreca- 
ciones nefandas que en nombre de una ciencia que empezó 
ayer nos dirigen los materialistas y positivistas del día; 
porque el mal es generalísimo y común en los antropólo- 
gos. Si hay excepciones honrosas, como Quatrefages, ya 
se sabe que confirman la regla. 

¿Puede haber ideal más elevado en los estudios experi- 
mentales, que el que persigue la Antropología? Examinar 
al hombre en su detalle y conjunto, como individuo y como 
socio, particular y colectivamente; describir las razas hu- 
manas que pueblan este planeta microscópico que se llama 
Tierra; conocer sus diferencias y analogías; determinarlos 
grados de parentesco que las unen; evaluar los caracteres 
que las distinguen anatómica, fisiológica, intelectual y mo- 
ralmente; buscar con paciencia las causas que modifican 
esos caracteres, y su influjo sobre el organismo en determi- 
nadas condiciones; señalarlos límites de los cambios que 
pueden sufrir en virtud de internos ó externos principios; y 
después de todo, ó como resultante de esto, elevarse á las 
grandes cuestiones filosóficas siguientes: ¿Cuál fué la cuna 



LA ANTROPOLOGÍA MODER.VA Ó/O 

del hombre; en qué dichosa región se oyó el primer gemido 
maternal; cuál la alborada del entendimiento humano, su 
desarrollo y sus caídas; en dónde hay vestigios de sus hue- 
llas; cuáles son las ruinas de sus monumentos, industrias y 
artes; y, por último, arrancar á las sombras de tiempos re- 
motísimos el secreto de la vida racional y libre, la fecha de 
su edad, el nihnero de sus años, de sus individuos y espe- 
cies, con el objeto de dar á éstos un puesto fijo y permanen- 
te en la maravillosa escala animal, y poder trazar así la his- 
toria del pensamiento, del sentimiento, de la religión, de las 
costumbres, de las leyes, de las lenguas y de las sociedades? 
La Paleontología, la Geología, la Anatomía humana y com- 
parada, la Lingüística, la Arqueología, la Etnología, la His- 
toria íntegra de todos los pueblos y la Filosofía de esa mis- 
ma Historia; la Sociología moderna; las exploraciones en 
las capas terrestres, y los Congresos de Spezia y Neuchatel, 
de París y Copenhague, de Bolonia y Bruselas, de Stokol- 
mo, Budapesth y Lisboa, todo hace creer que ha de llegar 
una época en que la prehistoria se convierta en historia, y 
terminen esas disputas, á veces nobles y otras ruines, con 
que se agita la multitud de hombres científicos en el extenso 
campo de la Antropología. 

Quizá no haya ciencia humana de experimentación que 
trate cuestiones tan altas y hondas y que llame con tanta 
eficacia la atención del hombre. Pero los escritores que la 
emplean como máquina de guerra contra lo más santo que 
existe en el mundo, la desprestigian ó no la entienden. Nada, 
absolutamente nada puede oponerse á la religión en nom- 
bre de esta ciencia, realmente creada en nuestros tiempos; 
y cualquier mediano filósofo que no sepa medir cráneos, ni 
aun conozca fósiles, puede someter á examen crítico todo lo 
que la Antropología general encierra, empezando por la 
misma definición, si se entera antes de lo que afirma la ma- 
yoría de los antropólogos, que se apoyan en datos ya discu- 
tibles ó ya evidentes, pero cuya interpretación no es siem- 
pre racional y lógica. 

Yr. ^ACARÍAS yVlARTÍNEZ, 

Agustiniftuo. 
(Continuará.) 







5XiSODÍgCO®0© 



(Jcígoo^Xgo© 






JoK'^-v'J'^-^íSoí) 



BIliLlOGRAFIA 




:iKAS DE l^RAV N'lCENTK SOLANO, DE LA OrDEN DE MeVORKS EN 

L \ Repi BLiCA DEL EdAiíOR, prcccíHdas de la biografía del 
iiufot, por Antonio Burrero C— Barcelona. Establecimiento 

tipográfico de "La Hormi^ja de Oro„, 1892- 18')3. — Dos tomos en 4.o 

menor de 489 y 515 páginas, respectivamente. 

Fué el P. Solano (1791?-1865) un polígrafo en cuyas obras se trata 
de las mñs variadas materias, desde la Teología moral y el Derecho 
canónico hasta las Ciencias físicas y naturales y la amena literatu- 
ra; un polemista de acerado estilo; un hombre de vasta erudición, 
de vivo ingenio y apasionado del saber. No tiene su pluma la ele- 
gancia de Juan Montalvo, otro prosista famoso del Ecuador; pero 
no ofende en cambio con los artificios, la brillantez falsa y las con- 
torsiones del lenguaje en que se deleitaba el autor de los Sieíe tra- 
tados. 

La propaganda de las sanas ¡deas contó en el P. Solano con un re- 
presentante ;l quien temían sus enemigos por el calor del ataque y de 
la defensa, por la libertad de espíritu con que dijo siempre lo que le 
pareció verdadero y justo, y por la misma llaneza de la expresión 
con que se acomodaba á la capacidad de los lectores ignorantes. 

Fuerza es reconocer que sus escritos, coleccionados hoy, no ense- 
ñarán mucho á las personas ilustradas, y que más de una vez se re- 
sienten de la precipitación con que hubieron de ser redactados, y de 
faltas de corrección y buen gusto; pero en su tiempo reportaron gran 
utilidad, y no hay que juzgarlos prescindiendo de esta y otras cir- 
cunstancias. 

La sección más original é interesante es la política, en lo que se 
i-efiere á la República del Ecuador y á las demás sud-americanas. 



BIBLIOGRAFÍA 37i 



Sin apartarse de la ortodoxia católica, habla el P. Solano con inde- 
pendencia de criterio, no sólo acerca de las formas de gobierno, en- 
salzando la popular y democrática, sino de otros puntos escabrosos 
como la libertad de imprenta, defendida por él con las limitaciones 
que imponen la religión y la moral, y de la necesidad de los partidos 
de oposición, que también admite y patrocina, aunque con la reserva 
que indican las siguientes palabras, harto aplicables, por desgracia, 
á las naciones europeas; "Pero ¿qué es lo que sucede en la mayor 
parte de las Repúblicas de América? La oposición no tiene otro ob- 
jeto que hacer la guerra al Gobierno bajo cualquier pretexto. Este 
sistema, propio de los pueblos poco adelantados en la civiliiüación, ha 
detenido el progreso en México, en el Centro-América y en las demits 
Repúblicas hispano-americanas... 



Horas dk Luz, por Luis Rain de Vin, barón de Hervés. — Con censu- 
ra eclesiástica. Madrid, 1S')4. L'n vol. en S° de xiv-l'xS páginas.— 
Precio, 3 pesetas. 

Mijo de una profunda crisis interior, de esas que remueven las 
profundidades del alma y transforman su manera de ser, inspirándo- 
le nuevas creencias y nuevos sentimientos, este volumen de poesías 
tiene ante todo el mérito de la sinceridad. En sus páginas late la ar- 
dorosa fe del creyente, que protesta indignada contra el positivismo 
infiltrado en la ciencia, en el arte y en las costumbres de la sociedad 
contemporánea, y que, sintiendo la sed del bien y de la belleza ver- 
daderos, aparta la vista de las miserias del mundo para fijarla en las 
alturas resplandecientes donde la felicidad tiene su asiento. 

Las voces misteriosas con que en la soledad hablan al poeta la 
Religión, los recuerdos de su infancia, las ansiedades inquietas de 
su espíritu, y las venerables sombras de sus antepasados que duer- 
men tranquilamente al amparo de la cruz por cu\"o triunfo combatie- 
ron, forman un concierto harmónico en que la pureza y elevación 
del pensamiento excluyen todo propósito ruin y mezquino, y dejan 
en segundo término la habilidad técnica y los encantos de la forma. 

Rain de \'íu usa preferentemente de la rima becqueriana, cuya li- 
bertad y desembarazo se acomodan muy bien al carácter vago de la 
inspiración dominante en Horas de Luz, que no cabe en los moldes 
rígidos de la estrofa regular y está pidiendo las ondulaciones á que 
se presta el diestro manejo de la asonancia. 

Por lo mismo que Ram de \'íu atiende más á la excelencia del 
fondo que á la corrección nimia de la frase, pudiera un rebuscador 
de defectos señalar en sus composiciones tal cual prosaísmo, tal cual 
verso duro ó premioso; pero nada demostraría contra lo que hemos 
afirmado. 



378 BIBLIOGRAFÍA 



Véase una muestra, escogida por su brevedad, entre las muchas 
con que nos brinda el lomo: 

Besos, suspiros y lágrimas, 
de esta vida compañeros, 
¿quién puede hablar vuestra lengua? 
¿quién sabe vuestros misterios? 
;Cu.1l es el rey de los tres? 
¿es la lágrima, es el beso 
ó es el suspiro quizás? 
¡Ah! no lo sé; pero veo 
que el beso nace en el alma 
y queda en los labios preso; 
las lágrimas caen á tierra ; 
sólo el suspiro va al cielo. 



El gran Misterio de la Santísima Trinidad, por el J¡nio. Sr. Dotí 
Fr . Josó M. de Portugal , Obis,po de S/«rt/oa.— Segunda edición. 
México, 18<)4.— Un tomo en 8.« de fvX) páginas. 

Otras veces hemos tenido ya el placer de elogiar y encomendar á 
nuestros lectores varias obras importantes del celoso y laborioso se- 
ñor Obispo de Sinaloa, que no perdona medio oportuno para hacer- 
bien á las almas con las lucubraciones importantes de su claro enten- 
dimiento. La que ahora examinamos, quizá sea la mejor que ha bro- 
tado de su pluma, y sin duda la en que ha puesto más empeño su ilus- 
tre autor, no sólo por el asunto, profundísimo de suyo, cuanto por la 
Ibrma que le da realce y avalora. Con la Sagrada Escritura y los li- 
bros De Trinitdíe de San .Agustín por guía, ha di.scurrido el limo. Se- 
ñor Obispo de Sinaloa por el gran Misterio de la Santísima Trinidad, 
pasmo y asombro de las inteligencias más privilegiadas, que, si no 
han podido comprenderlo, han sabido explicarlo con relativa clari- 
dad ante la mirada estupefacta de los hombres, en cuanto á los mis- 
mos hombres es dado, sin contradicciones con la humana razón, como 
han soñado algunos orgullosos. 

Obra profunda y de atrevido vuelo es ésta, y donde el sabio autor 
se nos ha evidenciado como teólogo habilísimo y sutil , no menos que 
como místico que alcanza grandes alturas. 

Nosotros le felicitamos de corazón , deseando que no sea ésta la 
última obra suya que tengamos la dicha de elogiar y encomendar á 
nuestros lectores. 



BIBBIOGRAFÍA 3/9 



Pexsamie.vtos y Consejos para la Juventud estudiosa, por el Padre 
Adolfo de Doss, de la Compañía de Jesús. Obra vertida al caste- 
llano de la séptima edición alemana, por D. Vicente Orti y Esco- 
laño, y aprobada y reco>nendada por los limos. Sres. Arzobispo- 
Obispo de Madrid-Alcalá, Arzobispo de Fribiirgo y Obispo de San 
José de Costa Rica. — Con un magnífico grabado. — Friburgo de 
Brisgovia (Alemania), 1S94. B. Herder, librero-editor pontiíicio. — 
12." rúst., XIV y 600 págs. — Precio: en rústica, 5 francos; encuader- 
nado lujosamente en tela, con cortes encarnados, 6,50 francos. 

La preciosa obrita que hoy anunciamos á nuestros lectores está 
consagrada de un modo particular, como lo indica el título, á los jó- 
venes, con el fin de excitar la piedad en unos y de volver al buen ca- 
mino á otros. Por esa razón la ha escrito su autor en un estilo sen- 
cillo, tomado en su mayor parte de la Sagrada Escritura , y á la vez 
apasionado y afectuoso, encaminado il herir las delicadísimas fibras 
del corazón de la juventud. lístá dividida en cuatro libros, según los 
grados de la vida espiritual, ó sea para ayudar ;i los que comienzan, 
á los que continúan, á los que progresan y á los que han conseguido 
llegar á la perfección. Las ocho ediciones que se han hecho de este 
libro, y las muchas traducciones á diversos idiomas, le recomiendan 
mejor y más eficazmente que lo pudiéramos hacer nosotros. 



Apuntes de ÍIistokia de España, por D. Isidro Vilasccu y Ríiis, 
Presbítero, Licenciado en Sagrada Teología . — 'ÁQg\JiX\á:i edición. 
Con licencia del Diocesano. — Barcelona, Imprenta y Librería de 
"La Hormiga de Oro„, 1893.— 8.° cartoné, 423 págs. 

He aquí un ameno compendio de Historia de España, que abarca 
hasta los hechos más recientes de nuestros días. Nada más difícil que 
reducir á un breve cuadro de exposición el cúmulo de acontecimien- 
tos cuya trama constituye nuestra historia, y, sin embargo de esto, 
el Sr. \'ilaseca ofrece al público, en forma ordenada y concisa, las 
ideas más generales y de mayor interés de ella, si bien algunos con- 
ceptos indican poco aprecio á las modernas investigaciones histérico- 
críticas. 



Ejercicio de perfección y virtudes cristianas^ /joy el R. P.Alonso 
Rodríguez : compendiado por el Ihno. y Rvmo. Sr. D. Fr. José 
M. Portugal ., Obispo de 5/míí/oí7.— Segunda edición. Méjico. Li- 
brería Religiosa. Herrero Hermanos, 1894.- Un tomo, 3ó6 páginas 
en 8.« 

Cuanto se diga de esta obra clásica, tan célebre por su doctrina y 



380 BIBLIOGRAFÍA 



unción como por su estilo llano y hermoso, sin afeites, es poco res- 
pecto de su indiscutible mérito. 

Lo que debemos hacer constar es que el Sr. Obispo de Sinaloa, 
reconociendo su utilidad y provecho para las personas espirituales, 
ha hecho este hermoso compendio de dicha obra, quitando de ella los 
ejemplos vulgares, y quizA demasiado crédulos, tomados de antiguos 
cronicones, y dejando íntegra y pura su sólida doctrina, que puede 
servir para todos los tiempos, y muy particularmente para los actua- 
les, en bien de las almas. 

El primor de la impresión nada tampoco deja que desear. El libro, 
pues, resulta muy manuable, y desearíamos que las almas piadosas 
se empaparan en su sabrosa lectura. 

Hállase de venta en casa del Sr. Del Amo, Paz, 6, Madrid. 



El estado religioso. — Discurso leído para obtener el grado de 
Doctor en Derecho, por D. Antonio Isidoro y Garda, Presbítero.— 
Madrid. Establecimiento tipográfico de P. Xúñez. 18^3. — Folleto 
en J." menor. 

Este discurso, que es un compendio razonado y claro de la doc- 
trina que comprende la historia y vicisitudes más generales del es- 
tado religioso , además de aparecer informado por un criterio sano é 
investigador, y expuesto en estilo claro y sin pretensiones de ele- 
vado, tiene la ventaja de un método expositivo muy conforme á ra- 
zón. En las cuatro partes en que está dividida la materia del asunto 
se trata del origen, de la esencia, de las especies y de la importancia 
del estado religioso; de modo que, aunque no sea un estudio com- 
pleto, encierra lo más importante acerca de la idea que escogió el 
Sr. García para tema de su discurso. 



-Otras publicaciones: Política económica de Ibiza en el siglo X VII 
(Estudio histórico por Enriqne Fajarnésy 7"«r.— Palma. Tipogra- 
fía de Felipe Guasp, 1893.— Un folleto en 8.° de 66 págs. 
-La Confederación de las clases. El programa de un nuevo partido. 
Madrid. Imprenta de los hijos de M. G. Hernández, 1S'>4. —Folleto 
en 8.** de 16 págs. — Precio, 10 céntimos. 



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Revista Canónica 




idas sobre la adscripción de los fieles á diversas cofradías, y 
derechos del Párroco cuando no existe Rector de las mis- 
mas— Fl Señor Obi?ípo de Basilea ha expuesto á la Sagitada 
Congrerjación de Indulgencias dos cuestiones que han surgido en su 
diócesis acerca de la adscripción de los fieles á diversas cofradías, 
cuando éstas llevan un mismo fin general en su institución; y sobre 
los derechos del Párroco para adscribir á los cofrades, cuando no se 
ha constituido canónicamente Rector en alguna de ellas. 

En la primera duda expone el Sr. Obispo, que en la diócesis de 
Basilea existen dos cofradías, una de ellas con el título del Sagrado 
Corazón de Jesús, y la otra con el título de Adoración perpetua del 
Sagrado Corazón de Jesús. En consecuencia, se pregunta si pueden 
pertenecer los fieles simultáneamente á estas dos cofradías, cuyo 
culto tiene el mismo objeto principal; y en el caso de no permitirse, 
á cuál de ellas deberán quedar afiliados aquellos que hasta ahora han 
pertenecido á las dos. La Sagrada Congregación, con fecha 13 de Fe- 
brero de 1894, declara que los fieles pueden adscribirse simultánea- 
mente á esas cofradías, que llevan el mismo fin principal y el mismo 
objeto de culto. 

/. Utrumfuleles utrique confraternitati, quce ¿detn objectum cul- 
tiii exhibetj siniiil adscribí valeant: et quatenus negative, ii Christi- 
fideles, qui prcedictis conjraternitatibus jam adscripíi reperiuntur, 
citinatn adscripti sint retinetidi? Ad I. Affirmative ad 1. partem: 
ad 2. parleui provisutn in 1 . 



3S2 REVISTA CANÓNICA 



La segunda cuestión propuesta por el Sr. Obispo de Basilea tiene 
por objeto la legitimidad de la adscripción de los fieles A una de di- 
chas cofradías, efectuada por el Párroco ó por sus X'icarios con dele- 
jración del mismo, no habiéndose constituido expresamente Rector ó 
Capellán en la erección canónica. A esas dudas responde la Sagrada 
Congregación, que el Párroco no ha podido adscribir á los fieles á di- 
chas cofradías, ni los Vicarios ni ningún delegado del Párroco pue- 
den suplir sus veces en estos actos, si el Párroco no ha obtenido fa- 
cultades para subdelegar. A la súplica en que se pide la subsanación 
de los actos de adscripción, en el caso de ser nulos, la .Sagrada Con- 
gregación exige que se presente en forma la petición de la gracia 
deseada. 

//. Citm Rector prcBdictie Confratcrnitntis, sub titulo SS. Cordis 
/esu, expressc non Jiicrit cons'itutns in erectione ípsius Conjrater- 
7iitatis nfrnni parochna, cui erectioptem postnlaverat, et Jacile nti 
Rector fidhítiís est, valide ad^criberc potuerit fidcles euiem Confra- 
tcrnitati ; et , qiiatenits nef^ative, petifur sanafio adscriptoruní ¡ni- 
cusque indebite pcriictorunt. 

II I . An Vicarii ejusdeni parochi ex ejua mandato valide coopta- 
ra potuerit c/tristi/ideles in Confraternitatem, et quatcnns ncgati- 
ve, Ítem pctitnr snnntio adscriptornm. 

Ad 11. Scsiiítive quoiid 1 . partem; quoad 2. cxhibeatnr snplex li- 
leí I US pro sanatione. 

Ad 111. Negative quoad 1. partem. nisi parodio fuerit lacla m 
concessione facultas subdelegandi suos vicarios aut alios sibi bene- 
visos pnesb} teros juxta id quod alias decrevit haec 5. Con gregal io 
in una Auxiensi sub die 22 Augustt 1842: quoad 2. itcm exhibeatur 
suplex libellus . quatenus in parodio dejecerit facultas subdele- 
ga nd i. 



Sentoneia del Tribunal do la Bota española sobre la c impoten- 
cia de este Tribunal Supremo para recibir las apelaciones de los 
clérigos —Reproducimos la siguiente sentencia, pronunciada por el 
Supremo Tribunal de la Rota, en que se declara nulo el procedi- 
miento por el Sr. Gobernador eclesiástico de Sevilla en fulminación 
de censuras contra el Párroco de San Miguel de Jerez de la Fron- 
tera, después de haber apelado éste ante dicho Tribunal .Supremo. 
La sentencia está amplísimamente razonada y nos dispensa de ha- 
cer observaciones previas para la inteligencia del asunto contro- 
vertido. 

"Sentencia.— limos. Sres. Fernández Zunzúnegui, Sánchez Juá- 
rez, Mulle de la Cerda, 

„\'istos: 



REVISTA CANÓNICA 383 



«Resultando que á consecuencia de una cuestión surgida en la 
iglesia parroquial de San Miguel de Jerez de la Frontera, acerca de 
si debían ser considerados y tenidos por Curas ecónomos, ó por sim- 
ples Coadjutores, dos sacerdotes que prestaban sus servicios en la 
misma iglesia, el Cura párroco D. Salvador Castilla, por haberse ne- 
gado á reconocer las facultades que elEmmo. Sr. Cardenal Arzobis- 
po de la Diócesis tenía dadas á los dichos dos sacerdotes, bajo el pri- 
mer concepto fué procesado criminalmente en el Provisorato de Se- 
villa como reo de desobediencia, y suspenso por esta causa ad can- 
/6'/í/m de oficio y beneficio; y que, habiéndosele denegado la apela- 
ción que de este auto interpuso, acudió en queja al Excmo. y Reve- 
rendísimo Sr. Nuncio con la Rota, recayendo, con fecha 14 de Julio 
de 18<^3, sentencia de este Supremo Tribunal, por la cual se admitía la 
indicada apelación libremente y en ambos efectos, mandando en su 
virtud que fuesen remitidos á este Tribunal los autos de referencia. 

«Resultando que vuelto al ejercicio de su importante ministerio 
en la susodicha parroquia el Cura propio D. Salvador Castilla, éste 
mantuvo su antigua resistencia á reconocer facultades y derechos 
de Ecónomos íl los repetidos presbíteros, originándose de aquí con- 
flictos muy sensibles, que const an en acta notarial, entre unos y otros 
ministros del santuario, representantes y servidores todos de la au- 
toridad de la Iglesia, con ruina espiritual de los fieles y con hondo 
desprestigio de la autoridad misma, á. causa de lo cual, el entonces 
Gobernador eclesiástico. Sede plena del Arzobispado de Sevilla, 
Dr. D. IVancisco Bermúdez de Cañas, dirigió oficio al párroco de 
San Miguel de Jerez, intimándole, bajo las penas y censuras á que 
pudiera hacerse acreedor, en caso de desobediencia, á que cesara de 
impedir á los Curas ecónomos de aquella iglesia el ejercicio de sus 
funciones como tales curas, y abandonar el camino de tenaz oposi- 
ción y resistencia á los mandatos del Emmo. y Rvmo. Sr. Cardenal 
Arzobispo de la Diócesis; siendo la respuesta del Sr. Castilla á esta 
comunicación de su superior jerárquico, según los únicos datos que 
en la pieza de Sala constan, la de que sobre ese punto no estaba su- 
jeto á otro Tribunal que al Supremo de la Rota, que es quien de él 
conocía, por virtud de la apelación que libremente y en ambos efec- 
tos le había sido admitida: 

«Resultando que con fecha 2') del mismo mes de Agosto, el Gober- 
nador eclesiástico de Sevilla, por medio del Arcipreste de la ciudad 
de Jerez y ante Notario, dirigió al Párroco Castilla un oficio debi- 
damente testimoniado en autos, cuyo tenor es el que sigue: "Vista la 
resistencia que, no obstante nuestras caritativas exhortaciones, opo- 
ne usted á guardar y cumplir los mandatos de nuestro Prelado, per- 
sistiendo en impedir la canónica y legítima jurisdicción que los dos 
Curas ecónomos que existen en esa iglesia deben ejercer, ex injor- 
mata conscientia.; y cumpliendo las órdenes del Emmo. y Rvmo. .Se- 



384 REVISTA CANÓNICA 



ñor Cardenal Arzobispo, hemos venido en declarar A usted, como por 
el presente le declaramos, incurso en la excomunión maj'or, reser- 
vada ?)iodo speciali á Su Santidad, 6." de la Bula Apostoliccv Seciis, 
contra impedioitcs directe vel iudirecte cxcrcitimu jurisdictionis 
ecclesiasticce sive interni sive extermfori,y en su virtud ordenamos 
quede usted suspenso de oficio, beneficio y licencias ministeriales, 
hasta que reciba la absolución de dicha censura de la Autoridad á 
quien competa y se someta en un todo á las superiores disposiciones 
del mismo Emmo. y Rvmo. Prelado.— Lo que comunicamos á usted 
para su conocimiento y demAs efectos. — Dios guarde á usted muchos 
años.— Sevilla 25 de Agosto de l.s^S. — Dr. Francisco Hermúdez de 
Cañas, Gobernador eclesiástico. Sede plena. — Hay un sello del Ar- 
zobispado de Sevilla.— Sr. ü. .Salvador Castilla, Cura propio de San 
Miguel de Jerez„. 

„Resultando que el Párroco L). Salvador Castilla (según también lo 
que aparece en el corriente rollo ) protestó en el acto de dicho decre- 
to de excomunión, y apeló de su nulidad para ante la Rota, formulan- 
do al tercer día un escrito razonado, que entregó al Arcipreste de 
Jerez, por ser éste quien le había comunicado aquella orden; y que, 
no habiendo recaído providencia alguna, presentó Castilla, por me- 
dio de acta notarial, nuevo escrito al referido Arcipreste, insistien- 
do en su apelación para ante el Tribunal de la Rota, sin que el Go- 
bernador eclesiástico de Sevilla se dignara tampoco resolver cosa al- 
guna; en vista de cuyo proceder, dicho Párroco acudió nuevamente 
en queja al lixcmo. y Rvmo. Sr. Nuncio de Su Santidad con la Rota, 
quien cometió el conocimiento de este segundo recurso al mismo tur- 
no que debía entender de los autos principales: 

.Resultando que expedido, con inserción del recurso de queja del 
Párroco de San Miguel, el correspondiente despacho al discreto Pro- 
visor del Tribunal Eclesiástico de Sevilla, á fin de que informara con 
justificación de los hechos en dicho escrito consignados, fué el mismo 
señor Cardenal Arzobispo quien tuvo á bien remitir el informe pedi- 
do, dirigiéndose á este Tribunal por conducto del citado Provisor, y 
cuyo texto literal es el siguiente: "Arzobispado de Sevilla.— El Car- 
denal Arzobispo de Sevilla, contestando al despacho dirigido á su 
Provisor por el Supremo Tribunal de la Rota de la Nunciatura Apos- 
tólica, fecha 26 de Octubre del corriente año, á virtud de un recurso 
de queja interpuesto por el Presbítero D. Salvador Castilla y Rodrí- 
guez, Cura propio de la parroquia de .San Miguel de Jerez de esta 
nuestra Archidiócesis, contra el Gobernador eclesiástico, declarán- 
dole incurso en la excomunión mayor, 6.'' de la Bula Apostólica; Se- 
áis, y suspendiéndole ex informata conscientia de oficio, beneficio y 
licencias ministeriales, dice: Que siendo el Gobernador eclesiástico, 
Sede plena, sólo un delegado de su jurisdicción y autoi idad, cuyos 
actos han sido todos aprobados por la misma, sólo á.esta jurisdicción 



REVISTA CANÓNICA 385 



corresponde la responsabilidad de los mismos, que acepta y hace 
suya. En su virtud, y con el debido respeto al Tribunal Supremo de la 
Rota de la Nunciatura, manifiesta que no reconoce en él competen- 
cia para juzgar de hechos y resoluciones que han obedecido sólo á 
un proceso gubernativo, y otros A determinaciones adoptadas ex in- 
fórmala consciciitia, por lo que espera que el Tribunal Supremo de 
la Rota se inhiba del conocimiento de ellos. —No obstante, no puede 
menos de consignar que los hechos, causa del procedimiento apela- 
do, son distintos y posteriores á los que fueron causa del proceso cri- 
minal formado A dicho Presbítero Sr. Castilla, y que está bajo el dis- 
creto juicio del Tribunal Supremo de la Rota. — Que aun cuando, por 
equivocación inadvertida del oficial que redactó la comunicación di- 
rigida al Sr. Castilla, aparece en ella la frase ex infornuita co/iscien- 
íia antecediendo á todo el decreto, en el dictado por el Gobernador 
eclesiástico, y en el que publicó en el Boletín Eclesiástico el mismo 
día, aparece perfectamente distinguido que el Presbítero Sr. Casti- 
lla fué declarado incurso en la excomunión, mediante expediente gu- 
bernativo, y suspenso ex infórmala conscientia; error que pudo co- 
nocer el apelante si no se hubiese negado por dos veces, en los días 9 
y 11 de Septiembre, A recibir la comunicación del Gobernador ecle- 
siástico, entregada por el Notario eclesiástico, en que, además de co- 
rregir dicha equivocación, se le notificaba no haber lugar á la ape- 
lación interpuesta para ante el Supremo Tribunal, dejándole libre su 
acción para recurrir al que sólo pueda ser en esta cuestión compe- 
tente. En vista de lo que suspende la información de los hechos, para 
cuando se acuda por el Sr. Presbítero D. Salvador Castilla y Rodrí- 
guez ante la debida jurisdicción. Devuélvase á nuestro Provisor el 
despacho del Supremo Tribunal de la Rota, para que con este .infor- 
me lo remita al mismo. — Sevilla 8 de Noviembre de 1893. — Benito^ 
Cardenal Ars:obispo de Sevilla ,. 

„Resultandoque del informe del Emmo. Sr. Cardenal Arzobispo se 
dio el correspondiente traslado á la parte del Párroco de San Miguel 
de Jerez, la cual expuso en escrito de 30 de Noviembre cuanto creyó 
conveniente á su derecho, pasando seguidamente los autos al llus- 
trísimo Sr. Auditor fiscal, el cual emitió en IS de Diciembre dicta- 
men favorable á las pretensiones del Sr. Castilla; dictamen que por 
providencia del 20 se mandó poner de manifiesto en la Secretaría, 
siendo luego declarados concusos los autos para sentencia: 

„Considerando que la competencia de la Rota para entender y dic- 
tar fallo en la cuestión que se ventila está fuera de toda controversia, 
tratándose como aquí se trata de materia esencial y necesariamente 
contenciosa, y que declararse este Tribunal incompetente sería ir á 
un tiempo contra la conciencia, contra la justicia y contra la altísima 
representación de que se halla investido por las dos supremas potes- 
tades: 

25 



3S6 REVISTA CANÓNICA 



„Considerando que este turno de la Rota está obligado por modo 
ineludible á discurrir y resolver sobre el incidente sometido á su jui- 
cio, tomando exclusivamente por base de su examen y de sus resolu- 
ciones el decreto comunicado al Párroco de San Miguel de Jerez, 
D. Salvador Castilla, con fecha 25 de Agosto del próximo pasado 
año, y cuyo tenor consta en el tercer resultando de esta sentencia: 

^Considerando que las terribles penas en semejantes formas im- 
puestas al l'árroco Castilla son manifiestamente nulas, porque, aparte 
de todos los vicios de nulidad que ellas entrañarían, siempre infligi- 
das en aquellos otros distintos términos á que el informe con justifi- 
cación, fecha 8 de Noviembre, se refiere, según que el Ministerio Fis- 
cal de la Rota explica y prueba con tanto detenimiento y tanta abun- 
dancia de doctrina ; aparte de esto, decimos, e¡ tenor del citado decre- 
to de 23 de Agosto dirigido por el Gobernador eclesiástico al Párro- 
co Castilla muestra patentemente desde luego la nulidad que nace 
del absurdo jurídico de la oposición de conceptos que hay en fulmi- 
nar por el procedimiento ex ittformnta cottscicntia una excomunión 
mayor é imponer al par la suspensión de oficio y beneficio, sobre 
otros grandes defectos tiene el de ser innecesaria y estéril, como 
contenida ya en la primera censura, todo lo cual está prohibido por el 
derecho, y es doctrina común de los canonistas: 

^Considerando que de estas faltas substanciales de procedimiento, 
causativas de la nulidad de las censuras, el presente turno de la Rota 
sólo puede hacer cargos y exigir responsabilidades al Gobernador 
eclesiástico, Sede plena, del Arzobispado de Sevilla, cuyos actos, 
en lo que se refiere al actual recurso de queja, caen de lleno bajo la 
jurisdicción de este Supremo Tribunal, y que el informe suscrito por 
el Enimo. y Rvmo. Sr. Cardenal Arzobispo de Sevilla, si bien da so- 
brado testimonio de la nobleza y magnanimidad con que tan esclare- 
cido Príncipe de la Iglesia acude en excusa y en defensa del dele- 
gado de su autoridad en la Diócesis, no ofrece razonamientos efi- 
caces para legitimar la conducta del susodicho Gobernador ecle- 
siástico: 

«Considerando que, si bien los hechos últimos del Sr. Castilla por 
los cuales impuso á éste el Gobernador eclesiástico las censuras ape- 
ladas, son distintos y posteriores á los que originaron el proceso cri- 
minal que hoy se tramita en este Tribunal Supremo, es al mismo 
tiempo innegable que el espíritu, los propósitos, los móviles que de- 
terminaron la realización de aquellos hechos, ni reconocen más que 
una sola causa, ni se encaminan más que á un solo fin, esto es: no 
considerar á los Ecónomos sino como Coadjutores, }' defender la juris- 
dicción íntegra y única del Cura párroco de la misma iglesia, así 
como los hechos distintos del Tribunal Metropolitano de Sevilla, y 
los del Gobernador eclesiástico, Sede plena, tampoco se proponían 
otro objeto que mantener la autoridad de los citados Ecónomos y 



REVISTA CAXÓ.NICA 387 



constreñir al Sr. Castilla á que los respetase como á tales en el mi- 
nisterio y administración de la parroquia: 

„Considerando que una vez asentada, como es de rigor, la rectifi- 
cación que antecede, basta, por otra parte, fijarse en esa distinción 
que el informe de 6 de Noviembre establece entre los hechos que 
motivaron la suspensión ad cantelam impuesta al Párroco de San 
Miguel por el Tribunal Eclesiástico de Sevilla en 17 de Febrero del 93, 
y los que después dieron lugar al decreto del 25 de Agosto, para 
comprender al punto, cómo á la superior ilustración y al muy recto 
criterio del Emmo. Cardenal Arzobispo de Stvilla no se ocultaba la 
gravedad y trascendencia de que hubiese impuesto su delegado 
nuevas censuras á D. Salvador Castilla en asunto que estaba ya so- 
metido á la resolución de este Tribunal Supremo, y cuándo, por con- 
siguiente, carecía de jurisdicción el Gobernador eclesiástico respec- 
to del referido Párroco en la esfera del litigio sostenido: 

«Considerando, en fin, que ya porque la sentencia declaratoria de 
censuras era en el caso presente apelable, ya porque, cuando la ape- 
lación de toda censura es interpuesta ex capite niilUtatis^ debe ser 
admitida lo mismo en el efecto suspensivo que en el devolutivo, se- 
gún explícitamente lo previene Benedicto WW en su Bula Ad luili- 
tanlis lícclcsiic regitncu: 

„Vistas las disposiciones canónicas aplicables al caso, especial- 
mente /!/ s/ cxprc^nm, Lcx coHScnstitnJf. de upellatiotu'bus, cap. sol- 
licitudincm 54, tit. XXNTII, lib. II, cap. I, til. XI, lib. \', in VI, con 
todos los textos legales citados por el limo. Sr. Auditor fiscal, y de 
conformidad con éste: " 

„F(il/anws: que debemos resolver, y resolvemos, haber lugar al 
recurso de queja deducido por el Párroco de San Miguel de Jerez 
contra el Gobernador eclesiástico. Sede plena, del Arzobispado de 
Sevilla, por denegación de apelación de las censuras contenidas en 
el decreto de 25 de Agosto último. Declaramos notoriamente írrita, 
y por tanto nula y de ningún valor, la imposición de dichas censuras, 
en las cuales no ha de ser tenido por incurso dicho Párroco, al cual 
se le reservan cuantos derechos puedan asistirle para reclamar la 
indemnización de daños y perjuicios que hayan podido ocasionarle; 
y condenamos al Gobernador eclesiástico D. Francisco Bermúdez 
de Cañas al pago de todas las costas causadas en este incidente, 
previniéndole, además, que en lo sucesivo se abstenga cuidadosa- 
mente de imponer censuras de ningún género por cuestiones cuyo 
conocimiento y cuya resolución se hallan encomendadas á este Tri- 
bunal Supremo. 

„Lo proveyeron, mandaron y firmaron los Ilustrísimos señores Au- 
ditores de la Rota de la Ximciatura Apostólica en España. En Madrid 
íl8de Febrero de 1S'^4.„ 



388 RKVISTA CANÓNICA 



La ejecución de las dispensas matrimoniales antes de la presen- 
taciÓQ dol Hescripto Apostólico. — Por disposición expresa del Dere- 
cho eclesiástico (cap. 12, De appcllatiouibus, Conc. Trid., Ses. XXII, 
cap. 5.°, De Rejorynationc), el Ordinario diocesano carece de toda ju- 
risdicción para ejecutar los Breves Apostólicos de dispensas matri- 
moniales antes que le sea presentado el documento original. Tenien- 
do en cuenta esta ley canónica, el Sr. Obispo de Nicotera y Tropea 
preguntaba á la Sagrada Penitenciaría, si esa ley irritante subsiste 
aun en el caso en que el mismo Comisionado Apostólico, cuyo oficio 
es transmitir desde Roma los Breves y Rescriptos de la Santa Sede, 
dá parte al Ordinario de la concesión de una dispensa; y qué debe 
hacerse con aquellos matrimonios que por causas urgentísimas fue- 
ron celebrados en esta forma. La Sagrada Congregación responde 
(l.ó de Enero de 1804) que la ley irritante subsiste aun en este caso, y 
que los matrimonios celebrados con ese procedimiento deben revali- 
darse, previa nueva ejecución de la dispensa. 

I. Qucsta canónica disposizione si applica anche aquel le dispen- 
se tnatrinioniale , delie qitali , appcna concesse dd partecipazione 
air Ordinario i I proprio Spedi/.ioniere Apostólico rcsidenlc in 
Roma. 

11. Che i* da/arsi se raífnalc l'cscovo scopre che alcuni ntatri- 
nionii, per canse nrs^cn/issinic /nroíio contratti dopo la partccipa- 
.zione dello Spcdizionierc c pritna che la Caria avesse i I Brete orí- 
ginale, tncntrc le parti sonó in hnona fede. 

Respuesta de la Sagrada Penitenciaría: 

Ad !.">" Affirniative. 

Ad II.<'>» Opas esse nova dispensaíionuní executione. 

En el número del 2<) de Marzo de esta Revista (pág. 4/8) podrán ver 
nuestros lectores otra resolución análoga del Santo Oficio que decla- 
ra nulas estas dispensas cuando el Ordinario procede á su ejecución 
despuc's de adquirir noticia por telégrafo de la concesión apostólica 
y antes de obtener el documento original; exceptúase allí el caso en 
que la noticia telegráfica haya sido comunicada de oficio y con la au- 
toridad de la Santa Sede. La última declaración de la Sagrada Pe- 
nitenciaría está relacionada con este dictamen y excepción del Santo 
Oficio, viniendo á indicar, que no debe considerarse como noticia ofi- 
cial, emanada con autoridad de la Santa Sede, la que comunica al 
Ordinario el despachador de documentos apostólicos, residente en 
Roma, aun cuando intervenga mandato expreso de la Santa Sede. 



I^R. ]-IONORATO DEL yAL, 
Agustiniano. 











CRÓNICA GENERAL 



ROMA 




üESTROs lectores saben ya que se han restablecido las rela- 
ciones diplomdticas entre Rusia y el Vaticano, ün periódico 
^l tan sectario como // Diritto no puede menos de reconocer y 
confesar que la creación de la Embajada rusa en el Vaticano es un 
acontecimiento de extraordinaria f^iavedad: ve en esta resolución 
del Emperador un efecto causado por la reciente Encíclica á los Obis- 
pos polacos y un verdadero triunfo del Pontificado. Dice más // Di- 
ritto: el nuevo acontecimiento indica que va mejorando la posición 
del Papa en el derecho internacional europeo, y gastándose el pres- 
tigio de la revolución italiana; tanto que, si las cosas no varían de 
aspecto, habrán de proferir los revolucionarios el mea culpa. Conclu- 
ye diciendo, que León XIII ha dado una lección á los políticos extran- 
jeros que en los últimos años ya no hacían caso de Rusia, y que acre- 
dita su habilidad mostrándose orientalista y slavófilo. El artículo de 
// Diritto ha sido, á su vez, otro acontecimiento en la política de los 
sectarios. 

Pues bien; al anunciarse la nueva Encíclica, con cuya publica- 
ción honramos las columnas de nuestra Revista, decía un telegrama 
de San Petersburgo: "Se aguarda con gran interés en los centros 
oficiales, y en particular en la Procuración del Santo Sínodo, el texto 
de la Encíclica de León XIII á los cristianos orientales. Varios pe- 
riódicos recuerdan con este motivo las negociaciones iniciadas en 
tiempos de Alejandro I para la unión de las dos Iglesias; y por más 



390 CRÓNICA GENERAL 



que en la actualidad el proyecto parezca prematuro, se cree, sin em- 
barf^o, que no ofrece hoy su realización tantas dificultades como años 
atrás, por abrigarse la seguridad de que ahora Roma no intentaría 
nada que debilitase en lo más mínimo la acción del poder civil„. 
Para dar á estas últimas palabras el valor que tienen, es preciso te- 
ner en cuenta su procedencia. Mas, descontado ese perfil, es digna de 
notarse la expectación que la Rncíclica había despertado, aun antes 
de publicarse, en regiones hasta ahora inaccesibles para las ense- 
ñanzas del Vaticano, por el ignorante apasionamiento con que eran 
recibidas. Por ahora nos contentamos con hacer notar la coinciden- 
cia del establecimiento de cordiales relaciones entre Rusia y el Va- 
ticano y la publicación de la sobredicha encíclica, rogando á Dios 
ilumine con su divina luz á las gentes y pueblos que la desconocen, ó 
que solamente la han vislumbrado. 

—Días pasados murió cerca de Castellamare el célebre garibaldi- 
no y Ministro que fué de Víctor Manuel y de Humberto, Barón de Ni- 
cotera, después de haberse reconciliado con la Iglesia. Con este mo- 
tivo dice VUnivers, de París: "Repetimos nuestra afirmación de 
que el Barón deNicotera murió en el seno de la Iglesia; y añadire- 
mos ahora que se confesó y comulgó dos veces antes de morir. Un 
sacerdote de Castellamare, Dom (iabriel Visco, fué quien le asistió, 
y sus funerales verdaderos se verificaron en la iglesia de San Ciro, 
de la sobredicha ciudad, que es la más próxima al sitio donde murió 
Nicotera. 

^Cierto que los francmasones habían montado una guardia en el 
hotel en que Nicotera estaba enfermo, para impedir que se le acerca- 
ra ningún sacerdote; pero el celo fraternal de la Srta. Nicotera, her- 
mana del moribundo, supo burlar las intrigas de la secta,,. 

Mil ejemplos demuestran cada día que, si se puede vivir alejado de 
Dios y persiguiendo á su Santa Iglesia, entrambas cosas resultan ba- 
gaje peligrosísimo para el viaje de la eternidad. 

— El Vaticano ha salido triunfante en las recientes negociaciones 
con Austria y Turquía á propósito de los católicos Mirditas. Quería 
el Austria comprender á estos pueblos en su protectorado, juntamen- 
te con los católicos moradores de la Ruuielia ó Turquía europea; 
protestaron los Minutas ante Su Santidad, y León XIII, de completo 
acuerdo con el Sultán Abd-ul-llamid, ha resuelto el problema nom- 
brando Vicario Apostólico de los Mirditas á Mons. Doroteo, alumno 
de la Propaganda Romana. Un firman especial ha reconocido como 
válido el nombramiento del Pontífice. 

—El día I.*' del corriente fué asesinado en Liorna el Sr. Baudi, 
director de los periódicos La Gaceta Liornesa y El Telégrafo, por un 
desconocido que le asestó una puñalada. Este crimen produjo en toda 
Italia verdadera consternación. La prensa, herida en uno de sus más 
conocidos y conspicuos representantes, ha empezado á llamar la aten- 



CKÓNICA GENERAL 391 



ción del Gobierno sobre la extensión de las doctrinas anarquistas. 
Algo tarde es ; pero más vale tarde que nunca. No se hará esperar en 
Italia una ley especial contra los anarquistas. Hace pocos días esca- 
pó Crispi por milag^ro de una muerte segura; ahora ha muerto un pe- 
riodista distinguido, y quieras que no, tienen que venir todos á confe- 
sar con la Iglesia, que no es lícito predicar doctrinas que no deben 
llevarse á la práctica; y que, si es criminal el brazo que maneja la 
daga, aun lo es más la inteligencia que pervierte los corazones y per- 
turba las cabezas. 



II 
EXTKANTKKO 

Alf.man'ia.— En Possen, ciudad de Polonia, perteneciente hoy al 
Imperio alemán, se ha celebrado un Congreso de católicos polacos, 
y allí se han reunido también los católicos alemanes de Berlín, ha- 
biendo reinado entre ellos la mayor harmonía. Los alemanes apoya- 
ron los esfuerzos de los polacos en la cuest¡<5n del idioma y su empleo 
en la enseñanza religiosa. Les apoyaron también en sus deseos de 
erigir una Universidad católica en Possen, donde dominen los profe- 
sores polacos. Para lo porvenir, pueden resultar importantes estos 
sentimientos al objeto de calmar las prevenciones existentes entre 
los católicos polacos y alemanes, las que aparecieron muy claramente 
en las últimas elecciones para el Reichstng. En el Congreso polaco 
dominó una tendencia moderada. 

Los polacos se hallaban divididos en dos partidos: •'partido de la 
Corte„, al que pertenecía la mayoría de los sacerdotes y de los no- 
bles, y "partido del pueblo-,. El último echó en cara al primero las 
numerosas concesiones que había hecho al Gobierno, sobre todo en 
el asunto del aumento del ejército; dijo que no le satisfacían las con- 
cesiones del Ministerio, y manifestó su oposición en tempestuosas 
reuniones. La "nueva era,,, tratando con suavidad á los polacos, ha 
conseguido, no sólo ventajas parlamentarias, sino también resultados 
morales. Una gran parte en la tranquila marcha del Congreso Católico 
la ha tenido el Arzobispo von Stableski, acogido con alegría por los 
polacos nacionales, tras de su antecesor, que era alemán. Es Prelado 
sumamente hábil, que posee el alemán como si fuese su lengua ma- 
terna; que antes había representado brillante papel como diputado, y 
mantenido siempre excelentes relaciones con el Centro. En Possen 
se condujo con el tacto más acabado, apartó á sus compatriotas de 
entusiasmos exagerados, y en la reunión de los católicos alemanes 
fué recibido con aplausos como orador. 



392 CRÓNICA OEXERAL 



— La prensa alemana da cuenta del contlicto que se ha producido 
en Berlín entre los cerveceros y socialistas. Estos últimos habían 
puesto en entredicho <1 alo^unos cafés y cervecerías por motivos po- 
líticos, declarando que ningún buen socialista daría en lo sucesivo ni 
un céntimo de ganancia á estos establecimientos. Kntonces, los cas- 
tigados con este ostracismo decidieron tomar represalias, y se com- 
prometieron ano ceder jamás sus locales para reuniones socialistas, 
y los cerveceros á no suministrar cerveza á los establecimientos cuya 
clientela es socialista. Los periódicos nacionales-liberales aplauden 
la energía de que dan muestras los cerveceros, no dejándose imponer 
por los socialistas. Como éstos son muy numerosos entre la clase 
obrera de Berlín, es seguro que los establecimientos que se han pues- 
to enfrente de ellos sufrirán pérdidas considerables. 

Con todo, las represalias demostrarán á los partidarios de Bebel 
y Liebknecht los inconvenientes del boycottage A que con tanta fre- 
cuencia apelan. La prensa berlinesa, al hablar de este hecho, le con- 
sidera como un indicio de la mutua animosidad que media entre los 
socialistas y burgueses. 

— L'n pequeño incidente ha bastado para que se manifiesten bien A 
las claras los resentimientos de los dinamarqueses contra Alemania. 
El solo hecho de haber sido expulsada del Ducado de Schleswig una 
compartía de actores daneses, ha bastado para que todas las clases 
de la sociedad hayan mostrado una irritación desproporcionada á la 
insignificancia de la medida. Los dueños de y n chis han resuelto no 
tomar parte en las pró.ximas regatas de Kiel, que presidirá el Empe- 
radiDr Guillermo, y va tomando cuerpo la idea de abrir una subscrip- 
ción nacional á favor de la compañía expulsada. En l;is cervecerías 
dícese que se cantan con entusiasmólos himnos patrióticos y hostiles 
á Alemania. 

Francia.— Difícil es que á estas fechas ignore ninguno de nues- 
tros lectores lo acaecido en Lyon á las nueve y media de la noche 
del día 24 de Junio último; pero es imposible omitir en esta sección un 
relato, aunque breve, de tan tristes sucesos. Aquel mismo día había 
llegado de París el Presidente de la República, M. Carnot, con mo- 
tivo de la E.\posic¡t'>n : acababa de asistir en el Palacio del Comercio 
á la gran comida que había preparado el Municipio, y salía de allí, 
entre las aclamaciones de la multitud, para dirigirse al Teatro Prin- 
cipal, cuando se subió un individuo al estribo del coche, y le ases- 
tó terrible puñalada, dejándole mortalmente herido. Trasladado á 
la Prefectura, recibió á poco la visita del Sr. Arzobispo, con quien 
se confesó; y cuando ya se acercaba el trance de la muerte, el mismo 
Prelado le administró la Extremaunción. M. Carnot murió á las 



CRÓNICA GENERAL 393 



doce y cuarenta y cinco minutos de la madrugada. El asesino es ita- 
liano, y llámase Giovanni Jerónimo Santo, de oficio panadero, de 22 
años de edad y furibundo anarquista. Se ha dicho, al parecer con vi- 
sos de verdad, que este asesinato era resultado de un complot anar- 
quista: añádese que en Cette, donde vivía últimamente el asesino, 
hubo hace poco una reunión de siete anarquistas, siendo Giovanni 
designado en ella por la suerte para la comisión del crimen. 

Según la Constitución francesa, A la muerte del Presidente quedó 
al frente del Poder Ejecutivo el Presidente del Consejo de Ministros, 
que lo era M. Dupuy; y según la propia Constitución, el Presidente 
del Senado debía reunir A la mayor brevedad las Cámaras para pro- 
ceder A la elección de Presidente. El día 27, A la una y diez minutos 
de la tarde, se abrió la sesión de la Asamblea, bajo la presidencia de 
M. Challemel-Lacour, y después de varios incidentes borrascosísi- 
mos, promovidos por los socialistas, se procedió á la elección, que dio 
el siguiente resultado: 

Número de votantes, S51 ; votos nulos, 6; sufragios emitidos, 817); 
mayoría absoluta, 423. Obtuvieron: M. Casimir-Perier, 451 votos; 
M. Brisson, 19.í; M. Dupuy, 91 ; M. Arago, .')3. 

Al publicar este resultado, los socialistas, vociferando como ener- 
gúmenos ó como poseídos, promovieron un espantoso tumulto, gritan- 
do: "¡Abajóla reacción! ¡Fuera esos miserables lacayos! ¡Viva la 
revolución social!., M. Challemel-I.acour, dominando el escándalo á 
fuerza de gritos y campanillazos, proclamó á Pcricr l'residentc de la 
República, y levantó la sesión inmediatamente. Generalmente las 
gentes de orden, lo mismo en Francia que en las demás naciones, han 
recibido bien la electión de Casimir-Perier; pero los bandos avanza- 
dos han prorrumpido en alaridos salvajes. 

Forman contraste la absoluta insignificancia personal del difunto 
Presidente y la gran talla política del nuevo. Carnot era, más que otra 
cosa, una figura decorativa, y por eso mismo se atenía escrupulosa- 
mente al cumplimiento de sus deberes constitucionales. Siempre con 
oído atento á las tendencias manifestadas por la Cámara popular, se 
doblegaba con docilidad de niño á las exigencias de la misma. Casi- 
mir-Perier, en cambio, es hombre de grandes iniciativas y de una 
energía indomable, al decir de los que pasan por conocedores de su 
carácter; por eso mismo es fácil que tropiece en su gestión con ma- 
yores dificultades que su antecesor, y desde luego los partidos extre- 
mos le han hecho blanco de sus iras. 

Verificada la elección presidencial, Dupuy presentó la dimisión 
del Ministerio; pero habiendo renunciado Bardou á formarle nuevo, 
por el delicado estado de su salud, puede asegurarse que seguirá el 
mismo Gabinete bajo la presidencia del propio Dupuy. 

— Al asesinato del Presidente sucedieron en Lyon escenas van- 
dálicas contra los varios establecimientos italianos que hay en la ciu- 



3^4 CRÓNICA GENERAL 



dad ; escenas que los franceses se co mplacen en atribuir á malhecho- 
res. Convengamos en que en un centro como Lyon nunca faltan gen- 
tes bastante cortas de entendederas para confundir al individuo con 
la nación á que pertenece. De ahí los bárbaros atropellos contra los 
italianos. 

Las últimas noticias afirman que se han hecho numerosas prisio- 
nes de anarquistas en París y en Roma. Estas prisiones están sin duda 
relacionadas con los dos asesinatos que acaban de cometer esos cri- 
minales, y que, con ser tan dolorosos, acaso produzcan algún bien, 
abriendo los ojos de tantos que voluntariamente los cierran á la luz. 



* 



América. — También la Rcf>ública-tnodelo experimenta las agita- 
ciones propias de todos los pueblos civilizados. Se había hecho creer 
al mundo que los Estados l'nidos era el país de las delicias, la nueva 
Jauja, donde no existía hombre ni familia que hubiese ni hambre ni 
sed; mas lodo debe de ser pintar como querer. Los periódicos de 
todo el país, así como las noticias diarias que se reciben, demuestran 
que siguen los desórdenes y las violencias por parte de los huelguis- 
tas en todos los distritos mineros, á pesar de las fuertes medidas in- 
tentadas para poner coto á ellos. En el distrito de Cripple Ceek (Co 
lorado) impera el terror, corriendo los ancianos, las mujeres y los ni- 
ños á refugiarse en los parajes más seguros, ante el temor de que la 
policía ataque á 1 .800 huelguistas que, perfectamente armados, se han 
atrincherado en Bull-Hill. Los mineros se han apoderado de M. Wood, 
presidente de una de las más ricas Compañías hulleras, y lo conser- 
van en rehenes para asegurar su triunfo. En el Ohío y en la Indiana 
los huelguistas hacen saltar los puentes de las líneas férreas para im- 
pedir la circulación de los trenes. En la N'irginia del Oeste han que- 
mado las estaciones y las oficinas de las minas, y echan dinamita en 
los pozos de éstas. Las autoridades han comenzado á movilizar tro- 
pas con ariillería para reprimir estos alentados y concluir con tan 
insostenible estado de cosas. 

—En la América del Sur corren vientos belicosos. Al Norte del 
Perú parece ser que se organiza la revolución, intentando sustituir, 
no sabemos con quién, al actual Presidente de la República. En el 
Brasil, donde ha tiempo se dio por terminada la guerra, ésta prosi- 
gue, y tememos que proseguirá largo tiempo. Las inmensas distan- 
cias que separan á unas regiones de otras favorecen á los revol- 
tosos. 



CRÓNICA GENERAL 3*^ 



III 

ESPAÑA 

Sigue agitadísimo el mar, casi nunca en calma, de la política espa- 
ñola; eso que A estas fechas no queda apenas más que cierta á ma- 
nera de resaca, ó como restos de la furiosa tormenta pasada. Ya se 
se sabe; en cuanto aprieta un poco el calor, temporal encima. Es el 
caso que la ya famosa Comisión del Senado, encargada de dar, digo, 
de no dar dictamen acerca del tratado con Alemania, sigue en sus 
trece; el Gobierno á su vez, empeñado en que el tratado ha de pasar, 
y los conservadores, juntamente con varios fusionistas, de quienes 
la mayoría de la Comisión es órgano, en que nones. ¿Qué hacer en 
tal conflicto? No sabemos A punto fijo A qué cabeza fusionista se le 
ocurrió la estupenda idea de proponer un voto de confianza A favor 
del Sr. Sagasta, para que éste arreglase el asunto ; ello es que la idea 
maduró, que se presentó la proposición, que los conservadores pi- 
dieron la lectura de no sabemos qué articulo del Reglamento, y los 
fusionistas en seguida el de otro; y aquí fué Troya; es decir, lo de 
Troya creo que no llegó á tanto. 

La prensa adicta al sistema está inconsolable por las heridas que 
recibe el parlamentarismo con tales escenas, que ella divulga A los 
cuatro vientos, y pondera, y á veces exagera. Por si no era bastante 
la medida para acabar de desprestigiar sistemas mejor fundados y 
más razonables que el parlamentarismo, el escándalo se repitió al día 
siguiente, y para remachar bien el clavo se reprodujo en el Congreso, 
porque un Sr. Morales interpeló al Ministro de la Gobernación sobre 
las cantidades que recibe el Gobernador de Madrid (cantidades de 
cu3'a inversión da cuenta exacta al público) por tolerar juegos prohi- 
bidos en ciertos centros de la corte. En el salón de sesiones de la Cá- 
mara popular se oyeron frases durísimas; pero nada fueron en com- 
paración de las que hubieron de cruzarse en los pasillos del Congre- 
so, donde además se oyeron sonoras bofetadas y palos, que darían 
envidia á los mozos del concejo de Pilona. De aquí surgió eso que 
llaman un lance. 

Cuanto al fondo de las cuestiones que con tales motivos se han 
ventilado, el Gobierno ha dicho cosas peregrinas. Respecto del juego 
ha venido á decir que siempre se ha jugado, }• que, siendo imposible 
evitarlo, es santo y digno invertir lo que produce en obras de cari- 
dad. En orden al duelo, el Ministerio no ha tenido noticia, no se ha 
enterado de nada. Una buena parte de la prensa, mientras arremete 
furiosa contra el Ministro de la Gobernación porque permite lo que 



396 CRÓNICA GENERAL 



la ley taxativamente prohibe respecto del juego, aboga por.que se 
eche un velo sobre esos malditos lances, vergüenza de todo pueblo 
■civilizado. Así anda todo, manga por hombro. 

— Dícese á última hora que el Gobierno piensa poner Á discusión 
los presupuestos, por si puede sacarlos adelante; pero hay gentes 
maliciosas cuya opinión es que el Ministerio es el único que á tal 
discusión se opone, aunque no puede manifestarlo, por el bien pare- 
cer. Aun para terminar esa discusión es ya tarde, puesto que ha días 
empezó el nuevo año económico, y es claro, aún será mucho m;ts tar- 
de para empezar. Lo que tal vez se discuta, si bien es difícil que lle- 
gue á ser ley, es el proyecto sobre auxilio ;í los ferrocarriles. 

Hay en ese proyecto, entre las ventajas que se ofrecen A las Com- 
partías, otras condiciones que podrían resultar beneficiosas para la 
nación. Por la importancia que tienen, reproducimos los artículos 
siguientes: 

"Art. 4." También se obligan (las Compartías) A construir y explo- 
tar las líneas férreas de vía normal y de vía estrecha comprendidas 
en las provincias ó zonas donde se desarrolle la esfera de acción de 
sus servicios. 

La explotación por las Compartías de las líneas secundarias con- 
cluirá al terminar el período de concesión más largo de las líneas A 
que a Huyan. 

Art. 5." El Kstado garantizará á las Compartías el interés del <> 
por IW del capital empleado en la construcción de las líneas á que 
se refiere el artículo anterior. 

La valoración de este capital se hará de común acuerdo entre el 
Ministerio de Fomento y la Compartía constructora, comprendiendo 
todos los conceptos que integren el coste efectivo de las líneas y del 
material necesario para su explotación. 

Podrá, sin embargo, el Gobierno abrir concurso público para ad- 
judicar la construcción de las expresadas líneas, admitiendo proposi- 
ciones que mejoren el tipo de interés que el Estado garantiza. 

Las acciones, obligaciones ó cualquier otro signo de crédito que 
emitan las Compartías para la construcción y explotación de dichas 
líneas, se domiciliarán en España. 

Art. o." Las Compartías se obligarán á construir las carreteras 
afluentes á sus estaciones y que pongan á éstas en comunicación con 
los pueblos situados dentro de la zona de 10 kilómetros, tanto á la de- 
recha como á la izquierda de la vía. 

El presupuesto de cada una de estas carreteras, así como las con, 
dicioncs de la contrata y plazos para el pago de su importe, se fijará 
por el Ministerio de Fomento, con el asentimiento de las Compartías- 
y servirán de base para su adjudicación en pública subasta si hubiera 
postores que mejorasen el precio establecido. 

Caso de no haber postores en la subasta, se considerará la Com- 



CRÓNICA GENERAL 397 



pañía adjudicataria del servicio por el importe del presupuesto y con 
las mismas condiciones que se hubiera anunciado en la subasta, ha- 
ciendo efectiva en esta forma la obli^jación consignada en el pcárrafo 
primero. „ 

— Ya hemos vuelto á los motines que se van haciendo endémicos 
en España todos los veranos. Nada menos que cuatro han ocurrido 
durante la última quincena, casi todos por cuestión de impuestos. 
Abrió la marcha el pueblo de Salcedo, en Pontevedra, habiendo cos- 
tado la vida á tres ó cuatro personas; siguió Huesear. donde hubo un 
muerto; Cuéllar presenció la tercera bronca, que produjo una vícti- 
ma, cerrando la lista por ahora Toledo, donde las verduleras arma- 
ron un escándalo mayúsculo, negándose á pagar no sabemos qué im- 
puesto al Municipio. 

También en Madrid ha habido un poquito de bronca por parte de 
los verduleras. El motín tuvo lugar en la plaza de la Cebada, donde 
se reunió gran parte de la fuerza pública para evitar que la cosa no 
pasase más adelante. La causa, según se dijo, fué porque los encar- 
gados de recaudar los consumos querían cobrar los de la lechuga y 
escarola sin descontar desperdicios, como se había hecho hasta aho- 
ra. Entonces las verduleras, que de una manera ú otra quieren ha- 
cerse respetar, se negaron á admitir los géneros procedentes de la 
provincia de .Madrid, y con eso dejaron el día 3 á toda la Corte sin 
lechuga y sin escarola ; artículo casi de necesidad en este tiempo tan 
caluroso. Está visto que las verduleras siempre y en todas partes son 
lo mismo. 

— Anoche circularon por Madrid noticias alarmantes relativas á 
haberse descubierto en esta Corte un complot anarquista, añadién- 
dose que S. M. l;i Reina había sido objeto ayer tarde de un alentado 
por parte de un hombre que, á la salida del túnel que del Campo del 
Moro comunica con el camino de la Casa de Campo, esperaba el paso 
de la Reina Regente, y al verla se abalanzó al carruaje con adema- 
nes que hicieron sospechosas sus intenciones. 

Decíase que aquel individuo, tan pronto como advirtió que se acer- 
caba el coche, adelantóse á su encuentro, metiendo la mano en los 
bolsillos interiores de la americana como si buscase con gran preci- 
pitación alguna cosa que llevara en ellos, y que, al notarlo varios 
guardias de Seguridad que cubrían la carrera, arrojáronse sobre 
el tal sujeto y lo condujeron á la Delegación, y luego al Gobierno 
civil. 

Nosotros procuramos averiguar el fundamento de estos rumores, 
y de nuestros informes resulta que se trata pura y simplemente de 
un infeliz mendigo que llevaba un memorial, y para entregárselo 
á S. M. se apro.\imó precipitadamente á su carruaje,, á tiempo que se 
registraba los bolsillos para sacar la solicitud. 

Sus movimientos llamaron la atención de los guardias y éstos le 



398 CRÓXICA GENERAL 



detuvieron "breves instantes, hasta que se puso en claro cuáles eran 
las intenciones del pobre hombre. 

También se decía anoche que la policía iba á practicar algunos 
registros domiciliarios en determinadas casas. 

—El caritativo Sr. Marqués de Cubas ha estado á punto de ser 
víctima de un atropello. El martes 2, hallándose inspeccionando las 
obras' de la nueva Catedral, se le acercó un sujeto de mala catadura, 
pidiéndole trabajo. El Sr. Marqués le contestó que no dependía de él 
el darle ó no trabajo, sino del inspector de aquellas obras; y viendo 
el mal gesto que su interlocutor ponía, le llevó á una de las oficinas 
allí instaladas. Entonces, el que pedía trabajo sacó un formón, con 
intento de herir al Sr. Marqués; pero no pudo realizar su criminal de- 
seo, porque al mismo tiempo se le echaron encima dos obreros que 
se hallaban presentes, saliendo los dos heridos de la refriega, y el 
Sr. Marqués completamente libre. Dios habrá querido premiar, aun 
en esta vida, las muchísimas buenas obras que hace. 

—Ha sido colocada en !a gruta de Argel donde estuvo oculto Cer- 
vantes, en unión de otros catorce cristianos, la lápida conmemorativa 
enviada por el Almirante, jefes y oíiciales de nuestra escuadra de ins- 
trucción del Mediterráneo, y otra por la colonia española en Argel, 
que, entusiasta por el nombre de Esparta, ha contribuido á los gastos. 
Se habrá colocado también un magnífico busto de Cervantes. 




OBSERVACIONES METEOROLÓGICAS 



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Religión y moral dh los griegos 




sCKiBiKNDo Cicerón á su hermano, que desempe- 
fíabíi un cargo de importancia en Atenas, le decía: 
"Recuerda que mandas á griegos que han civili- 
zado á todos los pueblos del mundo, enseñándoles la dulzura 
y la humanidad, y que Roma les debe las luces que la ilu- 
minan„. Estas palabras del primer orador del Lacio, discí- 
pulo ilustre de Atenas y entusiasta cual pocos de las glorias 
de Grecia, han hallado eco en todos los siglos y en todas 
las naciones; han resonado de una manera especial, en las 
dos últimas centurias, en Francia y en España. 

Mucho, en efecto, se ha hablado y se ha escrito en todos 
los siglos, sobre todo en la edad moderna, acerca de la 
cultura y civilización de Grecia; de esa pequeña porción de 
tierra europea que llenó el mundo con el ruido de sus armas, 
los cantos de sus poetas, el brillo de sus ciencias y el esplen- 
dor de sus artes; de esa nación que, á pesar de su pequenez 
é insignificancia, llegó á dominarlas todas, imponiendo con- 
diciones á sus mismos vencedores, pues les dio sus leyes, 
sus dioses, sus costumbres y, sobre todo, sus ciencias y sus 
artes; de esa nación, en fin, tan pequeña y de tan grande y 
tan brillante historia, que, con su genio poético y su carácter 
la Ciudad do Oios. — Aíin XIV. — Ni'im. 216 26 



402 RELIGIÓN V MORAL DK LOS r.RIR<.0> 



vivo y emprendedor, operó grandiosa y benéfica revolución 
en el mundo de las ideas, 

Pero en ningún siglo se ha hablado y se ha escrito más 
de Grecia y de su cultura que en el siglo presente, el cual, 
como ha dicho muy bien un ilustre escritor, se va aproxi- 
mando al Paganismo tanto como se separa del Cristianismo. 
En su afán de prescindir de Dios y de las doctrinas religio- 
sas que Él mismo vino ú enseñar A los hombres, los sabios 
modernos, olvidando esas doctrinas, acuden á la razón 
humana, ensalzada y glorificada, dicen ellos, en los an- 
tiguos griegos, los cuales, prescindiendo del verdadero Dios 
y de toda religión positiva, hicieron tantos progresos en las 
ciencias y en las artes, llegando á un punto á que es difícil 
llegar, y mucho más superar. De ahí el empeño que hoy se 
nota de buscar en sus libros, en sus artes, en su religión, y 
sobre todo en su moral, el tipo y modelo de la perfección en 
la cultura y en la civilización, en la conducta moral y reli- 
giosa, que ha llegado A ser profundamente pagana y aun 
más libre que la de sus mi-^mos modelos, escogidos, como 
no podía menos, entre los peores, para realizar mejor sus 
ideales y prescindir por completo de toda idea moral y 
religiosa, en una palabra, del Cristianismo: que es lo que 
principalmente se proponen, y en lo que de hecho más 
se han paganizado, y, si cabe la frase, se han helenizado: 
porque, á nuestro juicio. Paganismo es hoy sinónimo de he- 
lenismo para cierta clase de personas cuya religión corre 
parejas con su moral. Suénales mal llamarse paganos ó imi- 
tadores suyos, y les parece mejor apellidarse helenos ó 
imitadores de los antiguos griegos, cuya historia se presenta 
á nuestra imaginación rodeada de no sé qué aureola de 
magnificencia y de grandeza. 

Vista, pues, y reconocida esa tendencia del Paganismo 
moderno, disfrazado con el seudónimo de progreso en las 
artes, en las ciencias, y sobre todo en religión y moral; visto 
el funesto empeño, que ha llegado á hacerse de moda y de 
buen tono entre ciertas gentes, de pensar, hablar y obrar 
helénicamente, sin conocer al pueblo griego más que en su 
parte débil y viciosa; cuantos se precien de filo-helénicos, en 



RELIGIÓX Y MORAL DE LOS «.RIEGOS 403 



el buen sentido de la palabra, y hayan estudiado detenida- 
mente los escritos y la historia íntima y verdadera de este 
pueblo en los tiempos de Pericles, de Clistenes, de Fidias y 
de Praxiteles, modelos que tratan de imitar los sabios y ar- 
tistas modernos, difícilmente podrán contener la justa indig- 
nación que naturalmente causa el ver que ú hombres tan 
(grandes y tan ilustres se les haga pasar por impíos y liber- 
tinos; que á su sombra, y bajo sus preclaros nombres, tra- 
ten de ocultarse todas las malas pasiones, y se les presente 
como hombres descreídos é inmorales, sin fe en Dios y sin 
religión positiva, y, sobre todo, sin principios de moralidad 
y de orden. 

Esta consideración nos ha movido il hacer algunas 
reflexiones que brotan espontáneamente del conocimiento 
de la gloriosa historia de aquel pueblo tan grande y tan des- 
graciado, acaso por haber sido tan grande; de aquellos 
hombres tan ilustres y de quienes tanto tenemos que apren- 
der hasta los mismos cristianos, á pesar de que vivieron 
privados de la brillante luz de la fe y de los valiosos auxilios 
que presta á la razón humana en la investigación de la ver- 
dad y en la práctica del bien. 

Porque no hay que perder de vista que el pueblo griego 
era gentil, idólatra y politeísta, aunque con un politeísmo 
ilustrado, y, digámoslo así, científico; no con el politeísmo 
brutal y grosero de otros muchos pueblos antiguos y mo- 
dernos. Observadores atentos de la naturaleza, y dotados de 
una imaginación poética, creadora, que eso quiere decir 
-ou.TT,;, y de una aptitud extraordinaria para las artes, veían 
en todos los fenómenos cósmicos, en todas las evoluciones 
y manifestaciones de la naturaleza, en los grandes cataclis- 
mos que cambiaban la superficie de la tierra, otros tantos 
fenómenos sobrenaturales obrados por seres superiores, á 
quienes ellos daban el nombre de dioses, dema3'or ó menor 
poder, según el fenómeno que les atribuían. De ahí provino 
la clasificación que hicieron de los dioses del Olimpo en 
gi-andes y pequeños; y con su admirable habilidad y des- 
treza, como les imaginaron, así les reprodujeron con los atri- 
butos del fenómeno que creían obrado por cada uno de ellos, 



4Ó4 RELK.IÓN V MOKAL DE LOS GRIEGOS 



y de la virtud que les atribuían; lo que contribuyó podero- 
samente á su admirable progreso en las artes. Porque las 
primeras y más celebradas obras del arte griej^o, las que 
más se han admirado y se admiran, y le han dado nombre }' 
gloria imperecedera, son las que al culto de los dioses y de 
los héroes se referían. Para el estatuario y el pintor helé- 
nico, la religión y la poesía eran el ideal más fecundo, el 
origen de sus más sublimes concepciones y maravillosas 
obras. 

No hay que perder de vista tampoco, y es necesario re- 
conocerlo, que el pueblo griego, por su carácter y su genio, 
por sus condiciones climatológicas y geográficas, por la 
feracidad de su suelo, cubierto de profundos valles y exten- 
sas llanuras, con dilatadas costas y magníficos puertos; pol- 
la riqueza de su lengua, la más flexible y la más apta para 
expresar de mil diferentes modos los pensamientos de la 
mente y los afectos del corazón, y por vivir en medio del 
mundo oriental y del occidental, disponía, en virtud de tan 
ventajosas circunstancias, de inmensos caudales, disfrutaba 
de grandes comodidades y gozaba de toda clase de place- 
res fáciles, como ellos les llamaban. Por esto, sin duda, ad- 
quirió costumbres algo libres, se hizo alegre y expansivo, 
amigo de diversiones y de espectáculos; y, por lo mismo, no 
es de maravillar que algunas veces, y aun muchas, se en- 
tregase á la satisfacción ilícita de las pasiones; pero, en ge- 
neral, las costumbres públicas, y sobre todo las leyes, eran 
morigeradas y dirigidas todas á formar un pueblo virtuoso, 
activo, valiente y sufrido, capaz de emprender y realizar 
grandes hazañas, como las realizó. Los famosos juegos pú- 
blicos que se celebraban todos los años, y las fiestas religio- 
sas que se observaban con toda escrupulosidad, eran otros 
tantos certámenes de destreza y de viril energía, y al mismo 
tiempo de virtudes cívicas; otras tantas exposiciones del in- 
genio en todas sus manifestaciones. 

Sin grandes sacrificios, sin una vida morigerada, labo- 
riosa y llena de privaciones, y por lo mismo de virtudes mo- 
rales, no se forma nunca pueblo tan heroico como el griego. 
Por esto, sin duda, el Apóstol de las gentes lo pone por 



í 



RLLIGIÓX Y MORAL DE LOS GRIEGOS -105 

modelo á los fieles de Corinto (1/^ Cor. O, 25), exhortándoles 
á hacer, por conseguir la corona incorruptible del cielo, los 
sacrificios que los griegos hacían por conseguir la corona 
corruptible de la tierra en los grandes juegos olímpicos. 

Es cierto que el pueblo griego, en medio de grandes y 
admirables virtudes, tuvo grandes vicios, á pesar de los cua- 
les fué y puede ser modelo de religiosidad y de moral pú- 
blica. Los que hicieron el Partenón con sus mil estatuas y 
establecieron los grandes juegos nacionales, no eran ni po- 
dían ser inmorales é irreligiosos, y mucho menos ateos. 
Estas dos grandes cualidades, que hicieron al pueblo heleno 
tan grande y tan glorioso, deben, ante todo, imitar los que 
tanto empeño ponen en presentarles como modelo de civili- 
zación, de cultura, y hasta de buen gusto. 

Vamos, pues, íI comprobar este aserto aduciendo al- 
gunos datos históricos acerca de la religión y de la moral 
de los griegos, especialmente en sus mejores tiempos; ha- 
ciendo sobre ellos algunas rellexiones para hacer ver á los 
modernos helenos que el verdadero progreso en las ciencias 
y en las artes no está reñido con la religión y la moral, 
antes bien una de las causas que más eficazmente contri- 
buyeron á la deslumbradora cultura griega fueron las ideas 
religiosas y morales de hombres tan eminentes como Pe- 
ricles, Fidias, Píndaro, Demóstenes, Platón y Aristóteles; 
ideas defectuosas y erróneas en su mayor parte, pero su- 
ficientes para inculcar en el ánimo de los mortales el temor 
y respeto á seres superiores, ante quienes tendrían que dar 
cuenta algún día de sus actos. 

No pretendemos, por tanto, hacer una apología completa 
del pueblo griego: somos los primeros en reconocer que 
tuvo muchos y grandes vicios y manifiestos errores; que su 
religión y su moral distaban de las nuestras cuanto dista el 
cielo de la tierra; á pesar de lo cual, teniendo en cuenta las 
circunstancias en que se hallaban, las dificultades que te- 
nían que vencer, y la fcilta de medios para vencerlas, puede 
asegurarse que lo mucho bueno que hicieron fué de gran- 
dísimo mérito; y que si aquellos hombres de tan admirables 
virtudes cívicas y morales, guiados por la sola luz de la 



4C6 RELIGIÓN Y MORAL DE LOS GRIEGOS 

razón y apoyados únicamente en las fuerzas de la natura- 
leza }'■ en su amor á la patria y A la gloria mundana, hicie- 
ron tantos sacrificios, hubieran sido unos héroes, más aún» 
unos grandes santos, si hubieran dispuesto de los medios de 
que nosotros disponemos. 

Esta es la idea que la conducta de aquel gran pueblo ha 
sugerido en todo tiempo á los pensadores católicos, espe- 
cialmente Á los Padres de la Iglesia, que, siguiendo el ejem- 
plo de San Pablo, alegaban muchas veces esta razón para 
estimular á los cristianos á la práctica de la virtud; y esta 
idea igualmente nos ha movido á nosotros á escribir estas 
líneas para quitar á los partidarios del progreso moderno 
todo pretexto de imitar en lo malo á los antiguos griegos, 
á quienes toman por modelo. Éstos, desde luego, no eran 
ateos ni tampoco irreligiosos: creían en Dios, en un ser su- 
premo, real y personal, y daban culto, después de Él, á los 
dioses secundarios, como si dijéramos á los santos; cosas 
ambas de que ahora se trata de prescindir y se prescinde, 
como de mal gusto y poca cultura. V como no hay ni puede 
haber religión sin moral, así como no hay ni puede haber 
moral sin religión, las creencias religiosas del pueblo grie- 
go le imponían ciertas virtudes que ellos practicaron fiel- 
mente; y esto es lo que decimos que se debe imitar y es 
imitable. 

II 

La Religión de los pueblos está íntimamente relacionada 
con su Historia, así como ésta lo está con el origen de los 
mismos. ¿Y cuál fué el origen del pueblo griego? Difícil es 
asegurarlo. "La cuestión de origen — dice Duruy — es para 
todos los pueblos primitivos muy difícil de resolver, porque 
existen muchos siglos antes de que tengan historia „: \'esto 
sucedió con el pueblo griego. 

No conocían á sus antepasados; así que se creyeron na- 
cidos en aquel suelo, es decir, que eran autóctonos. Una 
sola ciencia puede arrojar alguna luz sobre esas tinieblas: 
la Filología. El estudio comparado de las lenguas ha revé- 



RELIGIÓN Y MORAL DE LOS GRIEGOS 407 



lado que los indios, los persas, los griegos, los celtas y los 
eslavos tuvieron antecesores comunes, cuya cuna fué la 
Bactriana y los países vecinos, formando la gran fami- 
lia aria. Todos los esfuerzos en contrario — dice el citado 
autor — no han podido anular aún esa revelación de la uni- 
dad primitiva de la raza de los arios. Los griegos son, por 
tanto, una rama de La raza indo-europea, y esto nos ha de 
servir de base para averiguar su religión. 

A los primeros albores, muy vacilantes aún, que la His- 
toria, ó m.ls bien la Poesía, difunde por las antiguas edades 
helenas, aparece un gran pueblo perdido en la noche de los 
tiempos, el de los pelasgos, que parece haber ocupado el 
Asia Menor y la Grecia, donde introdujeron su lengua y sus 
dioses, adoptados después una y otros por los helenos. El 
más antiguo oráculo de Grecia fué, en efecto, el Júpiter 
Dodoneo, que Homero llama el Pehlsgico. Según las antiguas 
tradiciones, esos mismos pelasgos se componían de una mul- 
titud de tribus separadas, que formaron luego al Sur del 
Danubio, entre el Adriático y el Mar Negro, tres grupos 
principales: los ilirios, los tracios y los pelasgos; y, en efecto, 
todos los pueblos establecidos en esos países parece ser que 
han tenido desde su origen estrechas relaciones: en las le- 
yendas se les asocia con frecuencia, y es creíble que muchas 
divinidades que adoraron los primeros pueblos de Grecia 
procediin de Macedonia y de Tesalia. 

"Los tracios — dice Herodoto — constituyen, después de 
los indios, la más grande de todas las naciones; y si hubie- 
ran tenido un solo jefe, ó de haber sabido gobernarse, hu- 
bieran sido invencibles. „ Habitaban al Oriente de los ilirios 
en el Asia Menor, y parece que una rama de ese pueblo se 
extendió á través de la Macedonia hasta la Pieria, donde al- 
canzó un grado relativamente elevado de civilización, y 
desde donde ejerció considerable influencia sobre Grecia. 
Rendía culto á Ares (Marte), dios de las batallas, y á Her- 
mes (Mercurio), dios de los pastores, en cayo honor levan- 
taban montones de piedra á orilla de los caminos; origen, 
sin duda-, de los famosos Hermes que tanto figuraron después 
en la historia helénica. 



40S RKLK.IÓX V MORAL DF. LOS CRIEOOS 



De Tracia igualmente lleí^aron á Grecia los principales 
dioses: de ella procedían las Musas, castas diosas nacidas en 
la Pieria macedónica; Júpiter, á quien los griegos represen- 
taban sentado sóbrelas nubes que cubren la cima del Olim- 
po; Apolo, divinidad asiática; y por último Baco, que tuvo 
adoradores en Tracia y Macedonia mucho tiempo antes que 
en Grecia. En Tracia también decían ellos que habían nacido 
los primeros poetas, Orfeo, Museo y Eumolpos. Homero no 
habla de ellos, pero sí de Thamyris, el músico de Tracia, 
que osó desafiar á las Musas en el canto, y Á quien ellas 
castigaron, por la derrota que les había hecho sufrir, rom- 
piendo su lira y privándole de la voz. En época posterior, 
cuando Grecia tenía ya formados la mayor parte de los 
pueblos, esos mismos tracios penetraron, según dicen, con 
sus dioses y sus leyendas hasta Daulis, en la Fócida, y se 
establecieron en las pendientes del Helicón, donde enseña- 
ban la tumba de Orfeo y el templo de las Musas; y hasta al 
Ática, donde establecieron, con los misterios de Eleusis, el 
culto de Ceres. 

A juzgar, pues, por las tradiciones y las probabilidades 
históricas deducidas de la ¡^""ilología y de la Mitografía. po^ 
demos decir, aunque sin absoluta certeza, que los pelasgos 
helénicos bajaron de las regiones del Norte, y después de 
atravesar la Tracia y la Macedonia ocuparon el F.piro y la 
Tesalia, acercándose desde allí cnda vez más á la Grecia 
central y al Peloponeso, donde el Ática y la Arcadia fueron 
consideradas como la cuna de toda la raza. 

Con estas nociones preliminares ya es fácil deducir cuál 
sería la Religión de los primitivos griegos, y decir con ra- 
zón y con mucho fundamento, como lo han dicho los expo- 
sitores católicos, que fué la Religión primitiva y verdadera 
la del pueblo hebreo. La Filología comparada no deja ya la 
menor duda acerca de este importantísimo punto, confir- 
mando las tradiciones conservadas á través de los siglos en 
los cantos de los poetas griegos, aunque envueltas con mil 
fábulas y errores. Si los pelasgos, lo mismo que los helenos, 
formaban parte de la gran familia aria, hallándose ésta en 
comunicación con el pueblo hebreo, y muchas veces, espe- 



RKLIGIÓN V IMORAL Dl£ LOS r.RlEi.OS 409 



cialmente en los largos años de la cautividad, viviendo jun- 
tos, no es de extrañar, y aun es muy natural y se explica, 
que tuvieran ideas muy concretas acerca de Dios y de la 
Creación; que fueran en el fondo monoteístas. Y si después, 
olvidando las noticias incoherentes, aunque exactas, quede 
ellos habían recibido, admitieron ó inventaron muchos dio- 
ses, con lo que se obscureció algún tanto el monoteísmo, no 
tardaron en hacerle aparecer de nuevo más claro y lumino- 
so los filósofos, que, dicho sea para gloria suya, con la luz 
natural y las vagas ideas monoteístas que conservaban sus 
tradiciones y leyendas, proclamaron y defendieron la uni- 
dad de Dios, á pesar de las leyes y de las supersticiones de 
su tiempo, arrostrando las iras de los anfictiones y del pue- 
blo, bebiendo unos impávidos la cicuta, y sufriendo otros la 
pena del ostracismo. 

Hn medio de la confusión de ideas que tenían los helenos, 
recibidas de una manera incompleta de los libros mosaicos 
y del trato y comunicación con los hebreos, careciendo de 
un cuerpo de doctrina teológica y sobrenatural, y no pu- 
diendo, por otra parte, obtener leyes ni principios fijos de la 
naturaleza, hicieron salir de ella dioses que su imaginación 
joven y risueña había descubierto detrás del mundo visible. 
Después los multiplicaron hasta lo infinito y modificaron su 
historia, revistiendo de galas las concepciones que nacían 
del espectáculo siempre cambiante de la naturaleza. La 
Poesía, que un escritor antiguo llamaba \i\gran imaginería, 
refleja toda impresión en una imagen, y, después de cierto 
tiempo, toda imagen se convierte en persona; y por eso, 
para los griegos, eminentemente poetas, los dioses no eran 
más que fuerzas de la naturaleza ó manifestaciones de la 
actividad física, que luego convirtieron en hombres buenos 
y malos, como los hay ahora; y precisamente porque repre- 
sentaban á la humanidad, vivieron tanto. Aristóteles, en su 
Política, lo confiesa claramente: "El hombre— dice — ha 
hecho los dioses á su imagen, y también les ha dado sus 
costumbres„. 

Y hacían esto, concillaban su fantasía con la realidad, 
resolviendo el problema de hacer vivir entre ellos á las divi- 



410 RELIGIÓN V MOKAL 1>K LOS (iKIEi.OS 



nidades sin verlas, atribuyéndolas un cuerpo de naturaleza 
particular, impalpable, incorruptible, que podía tomar todas 
las formas que quisiera, sin perder nunca la belleza que tan 
pronto se aja en los mortales. Así, la Ihimada Tetis, para con- 
solar á su hijo Aquiles— dice Homero— sale de los profundos 
abismos del mar; es un vapor ligero que asciende sobre las 
blanquecinas olas. Minerva, queriendo prevenir Á Nausicaa 
en favor deUlises,deslízasecomoun leve soplo enla rica mo- 
rada donde descansa la regia virgen, y para hablar con ella 
toma las facciones de una de sus compañeras. Toda la J/i'a 
da y la Odisea están llenas de ingeniosos pasos en que los 
dioses se hacían visibles y tomaban diferentes formas cuan- 
do querían mezclarse en los combates delante de Troya, ó 
en las aventuras y conflictos de Ulises; de este modo los 
dioses estaban presentes en todas partes por la fe, sin que se 
les pudiera reconocer en ninguna, como no fuera por los 
pensamientos que despertaban en las almas. Sometidos, se- 
gún ellos, Á la necesidad de nutrirse, dábanles por alimento 
el néctar y la ambrosía en los banquetes celebrados en las 
cimas del Olimpo, y en la tierra el humo de los sacrificios, 
creyendo granjearse tanto más sus favores, cuanto mayor 
era la cantidad de humo que se elevaba hasta el cielo. 

llerodoto, el primer historiador del mundo después de 
Moisés, considera los poemas de Homero y Hesiodo como 
el origen de todas las creencias religiosas de Grecia; "por- 
que ellos — dice -fueron los que hicieron la Teogonia, dan- 
do á los dioses su nombre, sus honores y su forma„. Sea de 
ello lo que quiera, lo cierto es que de la Religión griega so- 
lamente conocemos bien su última forma, la que tomó cuan- 
do el tiempo y la reflexión hubieron de poner orden en el 
caos de las antiguas creaciones, cuando las ideas espon- 
táneas de las primeras edades tomaron cuerpo y fueron 
reemplazadas por las combinaciones poéticas y por los ar- 
tificios de los tiempos posteriores; en una palabra, cuando 
la /liada llegó á ser la Biblia helénica. 

Pero los pelasgos no habían olvidado en su emigración 
todas las ideas que recibieran, en el centro del Asia, de los 
arios sus hermanos; y, por esa influencia de los recuerdos. 



RF.Lir.IÓX Y MORAL DE LOS GRIEGOS 411 



el culto de la naturaleza y del Dios puro se mezcló con la 
concepción de fuerzas físicas que, por una abstracción fácil 
de hacer, tomaban de la materia y de las ideas cósmicas su- 
geridas por los fenómenos ó por el conjunto de las cosas. Así 
los primeros griegos, lo mismo que los hebreos de los tiem- 
pos patriarcales, honraron al Ser Supremo sin templos y sin 
imágenes. "Durante largo tiempo — dice Herodoto — no co- 
nocieron la imagen de ningún Dios.^ I.a nevada cima de los 
montes servía de altar al que, como pura luz del cielo, llegó 
luego á ser Zeo, el Brillante; y, hasta en las edades poste- 
riores, Zeo siguió siendo el Dios de las alturas, llamándose- 
le también, como al Jehovah mosaico, el Altísimo, j'V.ttoí; y, 
según Pausanias, las tres Peliades, ó sacerdotisas de Dódo- 
na, el primer templo de Grecia, le invocaban ya con este 
nombre soberano, diciendo: Zeú; r,v, Zíj? ett-,, Zí j; Iisz-z-j.'., w ^xi-^j. 
Zs'j: Zeo era, Zeo es, Zeo será, ¡oh gran Zeo!: palabras mis- 
teriosas y sublimes que estaban grabadas en el frontispicio 
del templo, y que parecerían tomadas del Apocalipsis de San 
Juan (1. 4), si no hubieran sido anteriores, pero que demues- 
tran el mismo origen, la doctrina revelada. V cuando qui- 
sieron ponerle en más íntima relación con ellos, llamábanle 
Padre de las cosas vivientes, y Padre viviente, Zeus Pater, 
de donde vino el nombre romano de Júpiter. Su culto domi- 
naba en tres de los lugares que la Historia nos presenta 
como los primeramente habitados en Grecia: en Dódona 
(Epiro), en el Licio, la más alta cima de la Arcadia, y en 
el monte Dicté (en Creta). Esta silenciosa adoración del 
Dios puro, del Dios Padre, autor de toda vida, revela cla- 
ramente una idea monoteísta. 

Al culto del Cielo asocióse luego el de la Tierra. "Al 
Cielo puro — dice Esquilo — le agrada penetrar en la Tierra, 
y la Tierra aspira á ese himeneo. La lluvia que cae del Cielo 
la fecunda, y entonces produce para los mortales los pastos 
de los ganados y las mieses.„ El mismo pensamiento ence- 
rraba la invocación dirigida á Zeo por las Peliades de Dó- 
dona. "La Tierra produce frutos: hónrala con el nombre de 
Madre „: y se llamó Tierra Madre, -ff^ i'P-) l^'^'V. y en dórico 
Aa-jAár/ip, de donde se deriva Demeter, una de las esposas de 



412 UELir.lÓX Y MOKAL OK LOS ^KIEGOS 



Zeo, que los griegos sicilianos é italiotas llamaron luego 
Ceres. 

De este modo el antropomorfisnio iba desprendiéndose 
del antiguo naturalismo; pero aun tardaron en llegar los 
enlaces y generaciones de los dioses. Así, por ejemplo, 
juno (llera, el AmaV "la reina de los cielos, la de sandalias 
de oro„, fud largo tiempo, no la esposa de Zeo, del sobera 
no de los dioses, sino la virgen celeste, rizpOévo;, que reinaba 
en Argos. Con las creencias de los tiempos primitivos se 
relaciona el culto del fuego, Vesta (Hostia), que ardía siem- 
pre en el hogar doméstico, en el altar de los dioses, y en el 
hogar público de los estados, ó que brotaba misteriosamen- 
te de la profundidad de las tierras volcíínicas, ó de Vulca- 
no (Hefaisitos). Este dios, el Agni (ignis) de los Vedas, era 
el gran artesano del Universo: idea aria, que se encuentra 
en !os misterios pelásgicos deSamotracia, y que indudable- 
mente tomaron de los libros de Moisés y de los ritos y cere- 
monias del Templo de Salomón, en donde nunca se extin- 
guía el fuego sagrado. Por último. Pan y Kermes, dioses 
de los campos y de los pastores de Arcadia, no eran más 
que personificaciones del principio de la generación. 

El procedimiento habitual, por consiguiente, en la le- 
yenda de los griegos fué tomar una de las ideas contenidas 
en la concepción general de su dios para transformarla en 
una nueva divinidad, que comenzaba una vida particular 
donde el elemento antiguo se confundía hasta perderse en 
la mezcla con otros elementos nuevos. El espíritu de los 
griegos, su imaginación poética, era un espejo de mil face- 
tas, cada una de las cuales reflejaba uno de los infinitos as- 
pectos de la naturaleza: su ingenioso politeísmo, divinizan- 
do los fenómenos naturales y las pasiones de los hombres, 
los bienes y los males, debía necesariamente multiplicar los 
dioses hasta lo infinito. He aquí lo que se puede dar como 
importación de los pelasgos en la Religión helénica, y los 
dioses que á ellos debieron el honor de habitar en el Olimpo. 

También recibieron de los fenicios de Sidón, y por con- 
siguiente del Asia, el culto áe su divinidad protectora, As- 
tartc ó Afrodita (Venus), con cuya imagen adornaban la 



KELI'.IÓ.V ^■ MdKAL DE LOS GKIIÍGOS \\3 



proa de sus naves para preservarlas del furor de las olas; 
lo cual expresaron los griegos diciendo que había nacido 
de la blanca espuma de las ondas amargas. Más tarde, la 
deidad siria, convertida en diosa del amor, fué la creación 
más encantadora y poética del espíritu religioso de los hele- 
nos, y por doquiera tuvo altares é imágenes que realizaron 
el tipo más perfecto de la belleza femenina. Poseidon ó Nep- 
tuno, el dios del mar, debió ser también una de las más an- 
tiguas divinidades del país, importada del Asia por los hele- 
nos, con Rea, la Cibeles frigia y Minerva (Atena). Ésta no 
fué en los primeros días el símbolo de las cualidades mora- 
les que Minerva representó más tarde, sino una personifi- 
cación de las aguas, que naturalmente la ponía en relación 
con Neptuno, aunque no para el himeneo, porque, estéril 
como la onda amarga, mantúvose siempre virgen. Poste- 
riormente fué la divinidad guerrera que Homero nos pre- 
senta, protegiendo á los héroes con su égida en medio de 
los combates. Pero era necesario que la diosa de las aguas 
incorruptibles y del aire impalpable llegara á ser también la 
de la castidad y dj la pureza. Cuando el politeísmo griego, 
desviándose del naturalismo por el progreso de los tiempos 
y de las ¡deas, se espiritualizó, sustituyendo á la personifi- 
cación de las fuerzas fatales de la materia la de las cuali- 
dades morales atribuidas á los dioses á medida que se re- 
conocían en el hombre, entonces Palas, Atena, Minerva, áa- 
lida del cerebro de Júpiter, como su pensamiento divino, 
convirtióse en la deidad industrial y en la fuerza inteligente 
á que nada puede resistir, llegando á ser la diosa virgen del 
Partenón (que eso significa ri7f,ft¿vov, templo de la virgen), 
la protectora de Atenas, la diosa de la» artes y de las cien- 
cias. Ésta también es una idea hebraica. 

Pero el más importante de los movimientos religiosos 
fué la introducción en Grecia del culto de Apolo (el Sol), el 
dios eternamente joven y hermoso, personificación de la luz 
radiante por él creada, Ajx/.y^v/.c. Los dos primeros altares 
que Apolo tuvo en la Helada se erigieron en el Olimpo y en 
la roca de Délos; pero hubo luego otro que les eclipsó por 
su nombradía, y fué el que los cretenses levantaron en 



414 KELIGIÓX V .MOKAL DE LOS ORIECOS 



Crisa, á orillas del golfo de Corinto, y que más tarde tras- 
ladaron á Delfos, en medio de las rocas del Parnaso, sitio 
majestuoso é imponente, favorable además para la seguri- 
dad de los sacerdotes y para la fe de los peregrinos. Re- 
sultando de aquí, que Apolo llegó á ser la gran divinidad 
de las dos mitades del mundo helénico: de los jonios en 
Délos, y de los dorios en Delfos, y por excelencia el dios 
civilizador de Grecia, destructor de los monstruos (Pitón); 
el que más que ninguno otro exigía la pureza física y moral; 
el que, rodeado de las Musas }' de las Gracias, seducía á 
los inmortales con sus cantos y con los acordes de su dora- 
da lira; el que revelaba á los hombres las cosas futuras y 
hería á los malos con sus flechas de oro. 

Bajo la influencia de las ideas relacionadas con el culto 
do Apolo se produjo una civilización más elevada, y co- 
menzó una nueva era en la vida griega. La sociedad se or- 
ganiza mejor, la vida urbana se desarrolla, y erfgensc tem- 
plos á los dioses: los cantos y la música sustituj^cn á los 
gritos salvajes, y los dioses se acercan al hombre y le reve- 
lan sus designios por la voz de los oráculos, pues Júpiter 
había dado á Apolo la inspiración divina haciéndole sentar 
en el trono profético. Las costumbres se dulcifican también, 
como era natural: al culpable no se le condena ya á una 
muerte cierta y horrorosa, y el crimen deja de ser un es- 
tigma hereditario que deba castigarse en la posteridad del 
delincuente. La expiación puede borrar el pecado, y el re- 
mordimiento quebrantar la fuerza vengadora de los Erin- 
nias. El mundo de la harmonía, de la luz, de la inteligencia 
y de la gracia sustituye al del caos, de las tinieblas, de la 
fuerza y del terror. Delfos es el centro de este mundo civi- 
lizado, como lo es de todo el Universo, y desde allí el dios 
asirio difunde en la raza helénica la inspiración de la poe- 
sía, de la música y de las artes, así como también la reve- 
lación del pensamiento divino "que no se detiene jamás„. 
Todas las tribus helénicas adoptaron su culto, y al pie de 
sus altares se encontraron, unidos por la misma fe y por la 
misma oración, el hombre de sangre dórica y el griego de 
raza jónica, llegando Píndaro, como intérprete de unos y 



RKLIG lÓN V MOKAL DE LOS ORlRí.OS 41.') 



Otros, á atribuirle algunos caracteres, los principales, del 
Jehovah mosaico. "Dios Todopoderoso — le dice en las Pi- 
ucas: —Tú. conoces el fin último y las vías de todas las co- 
sas: Tú cuentas las hojas que la primavera hace brotar, }' 
los granos de arena que las olas y los vientos impetuosos 
arrastran sobre la playa: Tú ves claramente lo que ha de 
ser y la causa de ello.,, Palabras y creencias que están con- 
formes con las ideas y doctrinas expuestas en todo tiempo 
por los poetas y filósofos, como en su lugar veremos: por 
ellas se ve que la idea monoteísta flotaba vagamente en 
medio de las nubes del politeísmo. ¿ Cómo puede decirse que 
los hombres que tales ideas tenían, y tales oraciones diri- 
gían á la Divinidad, no creían en la existencia de un Dios 
Tnico y Supremo, y en sus soberanos atributos? 

Pues estas ideas, estas creencias, están conformes con 
ias de los indios orientales del Asia, que creían también en 
la existencia de un Dios criador y conservador de todas las 
cosas. Megástenes, que acompañó á Alejandro Magno, con 
Neario y otros muchos sabios de Grecia, da testimonio de 
ello, citando las palabras que el brahmán Maudanis dirigió 
al gran conquistador : " Dios —le dijo ,— Dios, que lo ha cria- 
do todo, provee á todos los seres de cuanto necesitan para 
la subsistencia. Él lo ve todo, está presente á todo, y nada 
podría escapar á sus penetrantes miradas „. Y Estrabón, 
que es el que cita estas palabras, añade: "No pudo sino en 
la antigua tradición (la mosaica) aprender Maudanis á ha- 
blar tan dignamente del Ser de los seres„. (Estrab., lib. xv.) 
Va veremos más adelante cómo estas ideas y creencias se 
conservaron siempre en Grecia, y aun se desarrollaron y 
perfeccionaron en sus mejores tiempos, llegando á formar la 
sublime filosofía de Sócrates y de Aristóteles y la teología 
casi cristiana de Platón, como la llamó su gran admirador 
San Ao^ustín. 

Resulta, pues, de todo lo dicho, por los datos que nos han 
suministrado la Filología y la Mitografía, y que conviene 
tener muy presentes, que los griegos recibieron su lengua 
y su teogonia del Norte y del Oriente del Asia, y también, 
aunque menos, de la Fenicia; y por consiguiente, sus tradi- 



416 KELIGIÓN V MOKAL Üh I. OS (.RIKGüS 



cioncs y creencias acerca de Dios y de sus atributos, así 
como de los acontecimientos mds importantes y más ruido- 
sos del mundo, fueron reminiscencias, ideas vagas y noti- 
cias sueltas de la tradición verdadera, de la tradición he- 
braica, como luego más detalladamente veremos. 

De ninguna manera puede sostenerse que los griegos re- 
cibieran de Egipto sus dioses y su lengua, como algunos han 
querido sostener, fundados quizá solamente en el testimo- 
nio de Herodoto; el cual, hablando de los dioses, dice que, 
según las sacerdotisas de ílcliópolis, los griegos habían to- 
mado de los egipcios los nombres de sus dioses; y Apuleyo 
lo repite diciendo: "Egipto es el templo del mundo „. Ya ve- 
remos luego la fe que merece este testimonio de Herodoto. 
Esta opinión, bastante generalizada antiguamente, ha sufri- 
do grandes transformaciones, gracias á los modernos des- 
cubrimientos filológicos. Por el conocimiento que se ha ad- 
quirido de los libros de los Vedas, nos ha sido dado averi- 
guar el origen de ciertas divinidades de Grecia; así como, 
con ayuda del sánscrito, se ha podido encontrar la filiación 
délas lenguas. Esto es lo que ha hecho últimamente M. A. 
iVIaury en su Historia de las religiones de la Grecia anti- 
gua:— q\ primer dato de ese precioso libro es la semejanza 
de las más antiguas divinidades griegas con las de los Ve- 
das: éste descubrimiento ha sido el triunfo de la Filología 
comparada. La misma opinión sostiene M. J. Girard en su 
obra El sentimiento religioso en Grecia desde Homero d 
Esquilo ; y S. Havet en su Cristianismo y sus orígenes des- 
de Homero al siglo 1 7. 

f F . piHKIANO ^RRIBAS, 

Aguttiniann. 

I Continuar.', I 



El Congkhso científico internacional 



DE LOS CATÓLICOS 




ACE días que llegó á nuestras manos la grata invi- 
tación para el que se ha de celebrar en Bruselas 
en el 4 del próximo Septiembre. Nos la propor- 
cionó generoso el muy ilustre y poco conocido profesor en 
el Museo de Ciencias de Madrid D. Francisco de Paula 
Martínez y Sáez, verdadero maestro en Vertebrados y En- 
tomología, y uno de los pocos naturalistas españoles que po- 
demos presentar sin vergüenza ante los naturalistas extran- 
jeros. 

Los Congresos se van haciendo tan frecuentes desde los 
últimos años, que no pasa un mes sin que se celebre alguno. 
Hay Congresos de todo y para todo, y en general todos son 
provechosos, si se exceptúan los pavlainentarios por inúti- 
les, los de librepensadores y socialistas por ridículos, y los 
de anarquistas por sus resoluciones tremendas de incendiar 
cuanto existe y propósitos deliberados de degollar á toda 
persona viviente, desde el Soberano, Rey ó Presidente de 

27 



418 EL COVGRESO CIENTÍFICO INTERNACIO.VAL 

República, hasta el ciudadano humilde, trabajador y pa- 
cífico. 

Puede asegurarse, sin exageración, que todos los ramos 
de la humana cultura han tenido ya sus Congresos corres- 
pondientes; y se han discutido con igual calor y distintos 
procedimientos, lo mismo las altas cuestiones metafísicas y 
matemáticas, que las económicas (5 industriales. En estos 
certámenes de las inteligencias, falta averiguar cuáles son 
los más necesarios y urgentes en el estado actual de la civi- 
lización y del progreso, si por estas palabras se entiende lo 
que debe entenderse en verdad, no lo que significan con 
ellas ciertos escritores raros que aman mejor el placer que la 
virtud, la sensación que la idea y el cuerpo que el espíritu. 

El lector ilustrado que siga con mirada fija el movimiento 
del mundo, y vea los elementos complejos de que están for- 
madas las modernas sociedades, y sin detenerse en la super- 
ficie (que ya va pareciendo á todos áspera, accidentada 
y escabrosa como los terrenos volcánicos), penetre en el 
fondo donde rugen y se revuelven los principios terribles 
que han de estallar más temprano ó más tarde, produciendo 
esas asperezas 3' accidentes; si es imparcial y ama la virtud 
y el bien, la paz y el orden, fundamento necesario para el 
bienestar de los pueblos, notará que la falta de creencias en 
los individuos es el carácter de las sociedades modernas y 
causa eficiente de todos los males y desdichas que las acom- 
pañan, como la inmoralidad en la vida privada y en la pú- 
blica. Porque las doctrinas materialistas han hecho creer á 
gentes cultas que el hombre es únicamente un agregado de 
átomos, cual el azúcar y el vitriolo, regido por las leyes in- 
flexibles de la Geometría, cuyo origen innoble y próximo es 
un mono antropoideo (que tiene su primera forma determi- 
nada en el Amphioxns lanceolatits), cuyo porvenir depende 
del ma\'or número de expansiones protoplasmáticas de las 
células nerviosas ó de su contenido estructural, 3' cu3'o des- 
tino es semejante al del leopardo y del tigre, que transmiten 
á sus hijos, por conductos misteriosos, todos los odios san- 
grientos 3' necesarios en una lucha sin dignidad 3^ sin glo- 
ria. ¡Cuántos nombres recordamos en este instante! 



DE LOS CATÓLICOS 419 



De esa falta ó amortecimiento de las creencias nace 
también el deseo inmoderado de tomar la parte mejor en 
esta especie de paraíso mahometano de placeres y de ilu- 
siones que se han forjado los hombres en la tierra: porque 
si allá arriba no existe nada y abajo existe todo, la Natura- 
leza es infalible y la más avasalladora y suprema de las ló- 
gicas, y la que deduce consecuencias más le<íítimas. El res- 
peto á la autoridad tampoco tiene fundamento si, como 
predican los apóstoles de las nuevas doctrinas, no existe 
Aquel que reparte coronas y distribuye imperios, y si es 
cierto que la libertad humana no tiene trabas, límites ni 
fronteras. El juicioso lector podrá ir deshilachando esta 
madeja de los telares materialistas y positivistas. 

Sólo cumple á nosotros tomar el hilo del asunto de los 
Congresos para continuar el artículo. Nos entusiasman de 
verdad todas las reuniones en que se da un impulso á la 
ciencia, al arte ó á la industria, ya revelando á las gentes 
secretos fecundos, ya manifestándoles bellezas desconoci- 
das, ya enseñándoles nuevos derroteros y rumbos nuevos 
por donde forzosamente han de ir. ¿Quién conoce el límite 
infranqueable de lo que puede hacer el hombre en provecho 
de la humanidad? Pero, como demostró hace años un orador 
ilustre en el pulpito de Nuestra Señora de París, el progre- 
so será retroceso si no dirige su mirada hacia Aquel que 
tiene en su mano la vida y la muerte de las naciones, que 
es Principio y fin de todas las existencias, Causa de las cau- 
sas. Primero y principal motor de todos los movimientos, 
Señor de las Ciencias y Artes, y que ha dicho á todos los se- 
res racionales y libres: "Sed perfectos, como lo es vuestro 
Padre celestialn. 

No olvidando estas consideraciones, y teniendo en cuen- 
ta lo que dejamos consignado acerca del estado actual del 
mundo, á nadie extrañará que juzguemos de más trascen- 
dencia é importancia para la sociedad los Congresos reli- 
giosos que los anatómicos y antropológicos, físicos, quími- 
cos, etc. Para hacer que los pueblos verdaderamente progre- 
sen no basta medirles el cráneo, ni curarles una glándula, ni 
ofrecerles un cuerpo nuevo, una nueva máquina ó una mina 



420 EL CONCRESO CIENTÍFICO INTERNACIONAL 



de riqueza material. Sin omitir estos auxiliares, antes bien 
utilizándolos y perfeccionándolos, lo que más se necesita 
hoy es curar las enfermedades del espíritu, decir á las mu- 
chedumbres cuál es su origen, cuáles sus deberes y cuál su 
destino ultramundano, haciendo, en suma, que estos pue- 
blos, hijos pródigos del siglo xix, vuelvan á la casa paterna 
de la Religión. 

A favorecer la realización de esta empresa gigantesca 
están destinados los Congresos católicos, que podemos divi- 
dir en dos órdenes: unos, llamados ya Congresos católicos 
nacionales (y quizá más útiles serían los Concilios provin- 
ciales), que propagan las doctrinas religiosas, fomentan las 
instituciones consagradas al ejercicio de la caridad y ense- 
ñanza, purifican con las doctrinas religiosas la atmósfera 
malsana de las fábricas y de los talleres (en donde hay per- 
sonas ignaras que no creen en Dios porque se lo han dicho 
algunos escritorzuelos (í quienes no conviene i/ue Dios exis- 
ta), y sirven, por último, para unir corazones católicos se- 
parados por cuestiones impertinentes, desagradables y casi 
siempre más ó menos escandalosas. Estos Congresos repre- 
sentan algo así como la voz del padre que llora ante la 
desdicha de sus hijos, ó al fervoroso misionero que predica 
la penitencia á los que creen, esperan y aman religiosa aun- 
que remisamente. 

Los otros Congresos, como éste internacional de católi- 
cos, son esencialmente científicos; es decir, que sus tareas 
están dentro del campo de la Ciencia en sus diversas ramas 
y manifestaciones. "Cada individuo de los que concurren á 
ellos (asegura la circular que tenemos á la vista), aporta el 
testimonio de lo que sabe, ya por sus investigaciones perso- 
nales, ya por el estudio de las ajenas; todos tratan la Cien- 
cia con sinceridad y permanecen fieles á su espíritu y mé- 
todo propios; pero, como son católicos, no tienen contra la 
verdad revelada las prevenciones y prejuicios fundados en 
la pasión ó la ignorancia de los dogmas, ni atribuyen á éstos 
incompatibilidades con la verdad científica. Además, el apo- 
logista de la Religión no puede cultivar á la vez todas las 
ciencias, y se ve en la necesidad de leer en obras de según- 



DE LOS CATÓUCOS 421 



da mano las afirmaciones científicas que no siempre están 
ajustadas á los últimos adelantos de la investigación. El sa- 
bio católico puede prestar al apologista servicios mu}'' im- 
portantes, proporcionándole datos científicos seguros, mos- 
trándole lo que está realmente probado por la Ciencia, lo 
que es dudoso y atrevido, lo que puede rechazarse, y lo 
que, sin estar demostrado todavía, tiene una gran probabili- 
dad científica y no debe negarse temerariamente con el pe- 
ligro de tener que retractarse en breve... La divisa de este 
Congreso Científico Internacional, es la Ciencia unida á 
la Fe.„ 

Los Congresos como éste representan, pues, agrupación 
y enlace de verdades científicas hechos por aquellos que ya 
están unidos por una misma Religión, por unos mismos Sa- 
cramentos y un mismo Padre: son, respecto de los católi- 
cos, un certamen de todo punto necesario en estos días de 
lucha y de combate contra la Iglesia; certamen en el cual 
hay ráfagas de luz que van de una parte á otra á disipar las 
sombras de los que han empezado á dudar, y en ellos se 
aprende lo que se ignoraba y no se olvida tan fácilmente; 
porque se graba en la memoria con más tenacidad lo que 
resulta de la discusión ardiente y viva. 

Respecto de los enemigos de nuestras creencias, estos 
certámenes son , por decirlo así, lo que San Pablo en el 
Areópago de Atenas: un condensador ó batería eléctrica 
que ilumina los entendimientos de muchos ó descarga terri- 
blemente sobre la cabeza de las escuelas sin Dios. 

Sin Él vive buen número de las escuelas del día y de per- 
sonas llamadas sabias, que también se reúnen en Congre- 
sos y publican obras de gran valer en contra de la Religión 
y en nombre de la Ciencia. Para "que los hijos de las ti- 
nieblas no sean más prudentes que los hijos de la luz„, y 
porque de la unión resulta la fuerza, se celebra el Congreso 
Internacional Científico de Católicos. Ya no debe existir nin- 
gún espíritu vulgar que, cuando se hable de ciencias natu- 
rales, crea que todo se reduce á contar los artejos de los in- 
sectos ó á inventar cuentos prehistóricos. Muchos se han 
inventado; pero también es verdad que algunos apologistas 



422 F.I. CONGRESO CIENTÍFICO INTERNACIONAL 

se han puesto en ridículo y han puesto en peligro la Religión 
por ese procedimiento exclusivista. 

Precisamente las más grandes cuestiones que hoy agitan 
la humanidad, de las ciencias naturales han surgido, y en el 
campo de las ciencias naturales se discuten y resuelven. Las 
pruebas de esta afirmación están dadas con solo indicar que 
allí es donde forman su plan de estrategia los enemigos, y 
allí es donde forman el suyo los católicos extranjeros. Es 
forzoso y justo reconocer que hoy vale más para la Exégesis 
bíblica la magnífica obra de Vigouroux que cualquiera an- 
tigua introducción á la Sagrada Escritura, y para defender 
la antigüedad del hombre vale más que la misma Suma Teo- 
lógica el estudio de la época glaciar; como para defender 
la existencia del alma anfe los modernos materialistas es 
más conveniente y oportuno el estudio del sistema nervioso 
que los libros de Aristóteles ó de los escolásticos. 

Todo se debe unir, esto y aquello. Se dice de los fran- 
ceses y de los belgas que son superficiales en la exposi- 
ción de las doctrinas teológicas. En cambio, ellos pueden 
decir de los españoles que, si ya no pertenecen á la raza de 
los teólogos armados del siglo xvi, ignoran generalmente 
(hay excepciones algo honrosas) los nuevos caminos de las 
doctrinas científicas. No sabemos cuál será peor ante los 
heterodoxos ilustrados, si el lanzar una herejía ó un desati- 
no científico, porque aquélla no suele entenderse, y éste se 
celebra con risotadas. Malos son el desatino y la herejía, 
y por eso conviene, para evitar una y otro, el estudio simul- 
táneo y profundo de la Religión y de la Ciencia. El apolo- 
gista que no reúna tales condiciones debe dejar esa misión, 
á la que no está llamado; porque ni sabrá burlar las aco- 
metidas del enemigo, ni podrá luchar con armas iguales, ni 
arrebatar el lauro de la victoria sin que la Religión pierda 
nada de su grandeza y dignidad. 

Desearíamos que los sacerdotes españoles (cuyas firmas 
son muy escasas en la lista del Congreso Internacional 
Científico de Católicos) se diesen cuenta de los nuevos argu- 
mentos que hoy se oponen á los Libros Santos y á los dog- 
mas de la Religión y de otros que se han de excogitar. Sa- 



DE LOS CATÓLICOS 423 



bemos que el Diccionario Apologético de la Fe cristiana 
anda ya en manos de muchos sacerdotes; pero esa obra no 
bastará para lo futuro. Cada día se descubren hechos y se 
interpretan y explican racional ó inacionalmente: la falsa 
ciencia los utiliza á su capricho y antojo: }'■ el apologista 
que no se entere de cómo se fuerzan los hccJios para ha- 
cerlos mentir, se verá atolondrado, sin saber qué res- 
ponder. 

A orillar estas deficiencias viene el Congreso de Bruse- 
las, gloriosa continuación de los de París en 1888 y 18^1, de 
los cuales el primero "dio como resultado 73 trabajos rela- 
tivos á las ciencias religiosas, filosóficas, jurídicas, histó- 
ricas, matemáticas, físicas y naturales, y el segundo la pu- 
blicación de ocho gruesos cuadernos que contienen 122 Me- 
morias. A 2(X) monografías asciende el número en ambas 
reuniones, y es de esperar que en los futuros Congresos se 
forme una útilísima enciclopedia científica, en todo confor- 
me con el espíritu católico „. Exégesis, Asiriología, Egipto- 
logía, Epigrafía, Ciencia de las Religiones, Oeología, Pa- 
leontología, Biología, Antropología, Matemáticas y Botáni- 
ca... todo tiene alh' su digno representante de fama justa y 
universal. 

Los que vean con dolor cómo avanzan las oleadas de la 
impiedad invadiéndolo todo, pueden consolarse con las re- 
fiexiones siguientes : en el campo vastísimo de la Ciencia, 
los católicos, aunque son los menos, no son los peores ni los 
de menor crédito. Bélgica solamente, pequei^.a en territorio 
y copiosísima en frutos de toda clase, verdadero jardín de 
aclimataciones científicas, tiene sacerdotes que van con 
gloria á la cabeza del movimiento intelectual del mundo. 
Sin mencionar los sabios alemanes, italianos é ingleses, 
aún nos queda el consuelo, que nos ofrecen Bélgica y Fran- 
cia, de poder presentar sin vergüenza en el teatro de las lu- 
chas científico-religiosas un Alberto Gaudry, un Lapparent 
y un abate Carnoy, ante los cuales so-n raquíticos pigmeos 
los Carthailhac, Carlos Letourneau y Gabriel de Mor- 
tillet. 

¡Dios acelere el tiempo en que los hombres de Ciencia 



424 EL CO\t.RE>0 CIKNTÍFICO I \rKK\.\riONAI. HE LOS CATÓLICO^ 

vayan á colgar sus trofeos del lábaro santo de la Cruz, y á 
disipar sus ignorancias con los resplandores de la lámpara 
del Santuario! 

Advertencia. Los lectores que deseen subscribirse al Con- 
greso Científico Internacional de los Católicos deben dirigir la sú- 
plica al Tesorero del Comité Kspaflol, D. José de Madariaga, calle 
de Zurbano, núm. 22, Madrid. La subscripción cuesta 10 Irancos y 
da derecho á un ejemplar de las Actas y Memorias del Congreso 
(que valen mucho másl, y .1 una tarjeta de entrada en todas las se- 
siones del mismo. 

^R. ^Sacarías /Martínez, 

.\guttinÍBUo. 



/vM/ Colrgic dtl Escorial, Julio dt 1Ü94. 






h^N V 



/*. A + A + A -I 






i— -Tí—T^—Tjr -7, .";T<" "ÍTV-Tlr ■; rP '-TV -7^"/7>~ "?^- •??■■" '-Tí" "TT^ '-T-'—'P' '^~ ♦ ■< 



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WV4- V^ SA+ V+ -N^^ ^ 





>J' *" Vf, >V. iWi i'iV.iVf, 1^1 ^t* ^ii'.i'A', -V' ♦*! 



LA EXISTENCIA DE DIOS Y LA CIENCIA ATEA 



(1) 



IX 




\ iRh todos los argumentos empicados desde la más 
remota antigüedad hasta nuestros días para de- 
mostrar la existencia de Dios, ninguno más común 
ni más al alcance de la generalidad de los hombres como el 
denominado físico-teológico, simplemente tclcológico ó de 
las causas finales. Es el argumento tradicional y clásico 
por excelencia; el que en diversas formas se encuentra, no 
sólo en las obras de los teólogos y filósofos cristianos, sino 
también en las de los mismos paganos; el que ya en su tiem- 
po empleaba el autor del libro de La Sabiduría para conven- 
cer á los adoradores de falsos dioses de insensatez y locura; 
el que se ha hecho tan vulgar que no le desconocen ni aun 
los más rudos é ignorantes. Se presta admirablemente en 
su exposición }' desarrollo á los arranques oratorios, á la 
magnificencia y brillantez de estilo, á las formas más ade- 
cuadas para conmover los corazones y llevar el pleno con- 
vencimiento á las inteligencias. 

El orden y universal concierto que reina en el mundo; las 
maravillas sin cuento esparcidas aquí y allá con prodigali- 
dad pasmosa; las lej'es fijas é invariables á que obedecen 
todos y cada uno de los seres; los lazos de misteriosa unión 



(1) \'éase la pág. 548 del volumen xxxiii. 



426 LA KXIbTF.NClA DE DIOS 



que entre unos y otros existen; las tendencias y secretos 
impulsos que los determinan á obrar en el sentido más apro- 
piado para la consecución de su bienestar; la perfecta con- 
formidad que existe entre el órgano y sus actos; la admi- 
rable disposición de las cosas en número, peso y medida, 
todo nos conduce al conocimiento de una inteligencia sobe- 
rana y ordenadora. Sin su intervención no es posible expli- 
carnos la regularidad y constancia de las leyes que presiden 
al desenvolvimiento de los seres, ni concebir siquiera esa 
maravillosa harmonía que cantan los poetas, admiran los 
sabios y llena de estupor á todos. 

Atendiendo, sin duda, á la eficacia de este argumento han 
procurado los enemigos de la existencia de Dios amontonar 
objeciones y dificultades, mil veces resueltas, para lograr 
destruir prueba tan universal y concluyente; han ideado hipó- 
tesis sobre hipótesis con objeto de explicar de alguna manera 
esos hechos tan significativos y sorprendentes que, aun para 
los más ciegos, atestiguan la intervención de una inteligencia 
ordenadora. Los sistemas cosmogónicos de los antiguos ma- 
terialistas han sido desenterrados y reproducidos bajo nue- 
vas formas en estos últimos tiempos: nada de cuanto pueda 
interpretarse en sentido favorable á la formación casual del 
mundo y desenvolvimiento inconsciente de los seres, ha pa- 
sado desapercibido á los flamantes defensores del nircaní- 
ct'snio brutal. Desde el arbitrario y absurdo sistema de Leu- 
cipo, Demócrito y lípicuro, hasta los agitados vórtices de 
Descartes; desde la virtud plástica y conocimiento instintivo 
atribuidos por Iistraton y otros filósofos griegos á los áto- 
mos, hasta las mónadas conscientes de Leibnitz y el moderno 
psiqíiísiHO (1), que, cansado ya de materia inerte y fuerza 



. 1) Est.i hipótesis, destituida por completo de fundamento, es una 
reminiscencia, mejor dicho, una exposición más amplia y en términos 
más ampulosos del antiguo hilozoisvw griego. .Según esta novísima 
doctrina, no hemos de seguir considerando inerte á la materia, sino 
que hemos de reconocer en ella conocimiento, volición y facultad 
sensitiva. Véase cómo se explica Naegeli, acérrimo y entusiasta de- 
fensor de tan singular como extravagante teoría: "Encontramos — 
dice— en la escala ínfima y más sencilla de la organización de la ma- 
teria que ha llegado á nuestro conocimiento, esencialmente el mismo 



V LA CIEXCIA ATEA 427 



ciega, reconoce hasta en los elementos más insignificantes 
de la materia una vida peculiar, inmanente y dotada de co- 
nocimiento; de todo se han servido los modernos sabios para 
descartar del mundo las causas finales y no verse precisa- 
dos á confesar la existencia de un ser extramundano, á cu- 
yas soberanas disposiciones se deban el concierto y harmo- 
nía que reina en el universo. Pero en vano se afanan y agi- 
tan ; en vano ponen en tortura su inteligencia para encon- 
trar una solución satisfactoria en conformidad con sus ideas 
á los hechos que constantemente hieren nuestra vista, di- 
ciéndonos: sin inteligencia no hay orden: donde quiera que 
hay medios adecuados para la consecución de un fin, es for- 
zoso suponer un conocimiento previo que disponga las cosas 
de manera que, venciendo todas las dificultades, se obten- 
gan los fines que se pretenden : aquí estamos nosotros para 
atestiguar ese orden, esos medios y esos fines. 



fenómeno que se nos présenla como sensación consciente en la esca- 
la suprema. La diferencia entre ésta y aquélla es sólo gradual, pues 
que en la escala más alta los afectos sólo se han vuelto, á consecuen- 
cia de la mayor riqueza orgánica, más complejos, más delicados y 
mucho más vivos, merced á la agrupación más numerosa de molécu- 
las... El espíritu humano no es más que la evolucitjii más sublime de 
los procesos espirituales que vivifican y mueven toda la naturaleza... 
Así como la piedra no caería al suelo si no sintiese la proximidad de 
la tierra, el gusano que piso no se retorcería si careciese de senti- 
miento, y el cerebro no obraría racionalmente si no tuviera concien- 
cia„. Lotze se expresa en estos términos: "La unidad indivisible de 
cada uno de estos seres simples (materiales) nos consiente admitir en 
él una reunión de las impresiones externas que le corresponden en 
formas de percepción y delectación. Toda presión y toda tensión que 
sufre la materia, así la tranquilidad del seguro equilibrio, como el 
rompimiento de antiguas relaciones, todo esto no sólo sucede, sino 
que, sucediendo, es á la vez objeto de algún deleite. Ninguna parte de 
cuanto existe carece ya de alma ni de vida; sólo una parte de lo que 
sucede, esto es, aquellos movimientos que comunican las afecciones 
de un ser con las de otro, se entreveran, á manera de un mecanismo 
externo, entre la plenitud de los seres animados, y les acarrean á to- 
dos las ocasiones y excitaciones para el variado desarrollo de su vida 
interna^. [Mikrokosmos^ 2." edición, tomo i, págs. 405406.; A este te- 
nor se expresan Zoellner, Meynert, Carlos du Prel y otros naturalis- 
tas. Dígasenos si esto no es magna magnonini deliramenta docto- 
riim. i A cuántos absurdos conduce el necio empeño de negar la exis- 
tencia de Dios! 



42S LA EXISTENCIA DK OIO» 

He ahí en pocas palabras lo más substancial del argu- 
mento teleológico que M. Saisset formula silogísticamente 
de esta manera: "Todo efecto en el que se descubren medios 
proporcionados para conseguir un fin, supone unacausain- 
teligente: es así que en el universo se ven por todas partes 
medios adecuados para la consecución de fines, luego el 
universo es efecto de una causa inteligente^, (1). La propo- 
sición mayor de ese silogismo es evidente; y aunque algu- 
nos la censuran como tautológica, no por eso deja de ex- 
presar una verdad innegable. Sólo á la inteligencia corres- 
ponde proponer un fin y escoger los medios adecuados para 
realizarlo: donde no preside esa soberana del mundo ideal, 
podrán darse efectos más ó menos sorprendentes y mara- 
villosos, pero sólo como meros resultados de un conjunto 
de causas obrando al acaso y sin dirección ninguna fija, 
nunca como fines determinados previstos anteriormente á 
la acción de esas causas. Pero no hemos de insistir en cosa 
tan clara y manifiesta; la dificultad está en la proposición 
menor, y contra ella dirigen sus tiros los enemigos de las 
causas finales. En aclarar, por tanto, la menor y en des- 
hacer los reparos de los que con tanto encono la combaten, 
es en lo que hemos de insistir. 

Sin necesidad de grandes esfuerzos ni de ahondar mucho 
en los fenómenos que todos los días tenemos ante los ojos, 
será fácil deducir á cualquiera, si no se halla preocupado por 
determinadas doctrinas, que tanto orden en medio de varie- 
dad tan prodigiosa, tanta constancia y regularidad en la for- 
mación de los seres, en la sucesión de los tiempos, en el giro 
de los astros, en el desarrollo y crecimiento de las plantas 
y animales, en las vicisitudes todas por que pasan cuantos 
seres constituyen el mundo, no son debidos al acaso, ni me- 
ros efectos de la multitud de causas que intervienen ciega- 
mente en la producción de tales fenómenos, sino que supo- 
nen un plan preconcebido, una inteligencia superior que lo 
disponga y ordene todo con alta sabiduría. Sin descenderá 
pormenores, sólo considerando el conjunto harmónico que 



(1) Essdi de Pililos. Relig., t. ii. pág. 234. 



V LA CIENCIA ATEA 429 



nos ofrece la naturaleza, nos vemos precisados á confesar 
que hay algo superior á las leyes mecánicas y biológicas, á 
las acciones y reacciones químicas, á los estímulos é impre- 
siones sensibles, á las corrientes eléctricas ó fluidos nervio- 
sos, á todo lo que afecta ó puede afectar nuestros sentidos; 
porque todo ello, sin un impulso secreto, sin una dirección 
sapientísima, sin un designio admirable que lo determine á 
la producción de los distintos efectos á que está ordenado, 
sería impotente para causar tanta maravilla y tan sin igual 
concierto como en esta gran máquina del mundo admi- 
ramos. 

"rQuién creería — escribe Fenelon — que la Iliada de Ho- 
mero, ese poema tan perfecto, no ha sido fruto del genio de 
un gran poeta, sino efecto de un puro acaso, que al arrojar 
confusamente las letras todas del alfabeto, como se arrojan 
los dados sobre una mesa, las juntó todas precisamente con 
el orden necesario para describir, en versos llenos de har- 
monía y variedad, tan grandes acontecimientos, para colo- 
carlos y agruparlos de la manera más conveniente, para 
pintar cada objeto con toda la gracia, nobleza y verdad; en 
una palabra, para hacer hablar á cada personaje según su 
carácter y de un modo tan sencillo y apasionado? Razónese 
y sutilícese cuanto se quiera, jamás podrá convencerse á un 
hombre sensato de que la Iliada no tiene más autor que el 
acaso. Cicerón decía lo mismo de los finales de Ennio, y 
añadía que él acaso nunca compondría un solo verso; y, por 
tanto, mucho menos un poema. ;Por qué, pues, ha de creer 
ese hombre sensato acerca del Universo, sin disputa mucho 
más admirable que la Iliada, lo que el sentido común no le 
consiente afirmar de ese poema?„ (1). Ese razonamiento tan 
sencillo y ese ejemplo tan conocido, son la expresión obvia 
y natural del juicio que espontáneamente brota en nuestro 
espíritu en presencia de las maravillosas obras de la Natu- 
raleza. Hasta los niños de pocos años se reirían del que inten- 
tase hacerlos ver que máquina tan perfecta y acabada, y que 
con tanta regularidad funciona, es obra de un puro acaso. 



1 1 De i'existence de Dieu, chap. 1. 



430 LA EXISTENCIA DE DIOS 



Plácenos referir á este propósito el ingenioso medio de 
que se valió el insigne filósofo escocés M. Beattie para ins- 
truir á su hijo, niño de pocos años, que comenzaba á leer, en 
los principios religiosos, y grabar hondamente en su espí- 
ritu la idea de la Providencia. Él mismo, sin manifestar á 
nadie el asunto, trazó con el dedo en un departamento del 
jardín las iniciales de su hijo, y, echando en los surcos semi- 
llas de plantas, las cubrió con tierra y se retiró. "Diez días 
después — nos dice — se me acerca el niño corriendo, 3- lleno 
de admiración me dice que su nombre había aparecido en 
el jardín. Me sonreí al escucharle, é hice como que no daba 
importancia A sus palabras; pero él insistía en conducirme 
á ver lo que había sucedido. — .Sí — le dije al llegar al lugar, — 
veo que es como me lo contabas, mas no hay en esto cosa 
alguna sorprendente; es un puro acaso;— y me marché. Pero 
él me siguió, y, atajando mis pasos, me dijo con una serie- 
dad impropia de sus años: — Eso no puede ser una cosa ca- 
sual: es preciso que alguien haya sembrado las plantas para 
obtener tal resultado. — Quizá no fueran ésas sus palabras, 
pero sí la substancia de su pensamiento. — ¿Tú crees — le dije— 
que lo que se nos presenta de un modo tan regular, como 
son las letras de tu nombre, no puede ser efecto del acaso?— 
Sí — contestó él con firmeza,— 3'o lo creo así. — Está bien: 
mírate á ti mismo, considera tus manos y tus dedos, tus 
piernas y tus pies y todos tus miembros: ¿no te parecen muy 
bien ordenados y muy útiles para valerte de ellos? — .Sin 
disputa. — ¿Podrán ser el resultado del acaso? — No — con- 
testó,— eso no puede ser: alguno debe haberme hecho.— ¿Y 
quién es ese alguno? — le dije. — Xo lo sé — me respondió. — 
E!ntonces le di á conocer el nombre del gran Ser que ha he- 
cho todo este mundo, y le expliqué, acerca de la Naturaleza, 
cuanto creí apropiado á su tierna inteligencia. La lección le 
impresionó vivamente y nunca la echó en olvido, así como 
tampoco la circunstancia que lamotivó„ (1). Esa lección tan 
provechosa la está dando el mundo todos los días, á pesar 
de lo cual son muchos los que se obstinan en no escucharla, 



(1) Véase Janet, Les canses /¡nales, lib. 11, chap. 1. 



V LA CIENCIA ATEA 431 



dejándose arrastrar de vanas é insubstanciales hipótesis, me- 
jor dicho, manifiestos despropósitos, antes que doblegar su 
rebelde inteligencia á una verdad de sentido común. 

Y si del conjunto admirable del Universo descendemos á 
un examen superficial y ligero de los distintos reinos de la 
Naturaleza, porque otra cosa no consiente la índole de nues- 
tro trabajo, veremos con más claridad aún la mano sapien- 
tísima de un Soberano artífice que todo lo ha dispuesto y 
ordenado con maravillosa destreza. En el reino mineral pre- 
siden, á las variadas transformaciones Á que se presta, lej^es 
fijas, en conformidad de las cuales se operan todos los cam- 
bios de que son susceptibles las distintas substancias que le 
componen. Los átomos muestran una especial tendencia 
para unirse con otros, pero no de una manera indiferente, 
sino con marcada predilección hacia unos, y con no menos 
clara exclusión de otros. Esa tendencia connatural al átomo 
nos explica por qud, á pesar de ser tan pocos los elementos 
simples de la materia, es tanta la riqueza y variedad de los 
minerales, abundando más aquellos que son necesarios para 
el sostenimiento de la vida vegetal y animal que los que 
sólo son útiles para casos excepcionales. El oxígeno, el hi- 
drógeno, el carbono y el nitrógeno, elementos sin los cuales 
sería imposible la vida, abundan extraordinariamente, ora 
libres ó bien combinados con otras substancias, en tales 
proporciones que, modificadas sus propiedades ingénitas, 
resulten las más aptas para el desarrollo y crecimiento de 
los seres vivientes. 

Las diferentes formas á que se adaptan los minerales en 
sus múltiples combinaciones, son otro argumento irrepro- 
chable en favor del plan admirable que ha presidido á la 
formación de los seres. Esas formas geométricas tan regu- 
lares que toman los cuerpos al cristalizar, suponen una idea 
directora que ha fijado de antemano las leyes á que habían 
de ajustarse; porque, entre la multitud de formas regulares 
ó irregulares á que puede plegarse la materia, observamos 
que, dejando otras innumerables, escoge siempre alguno de 
los seis ó siete sistemas cristalográficos, tan conocidos de 
lo mineralogistas. ;Por qué esa inclinación, más bien que 



432 LA EXISTENCIA \)E DIOS 



Otra distinta? ;Por qué ha de ser constante esa forma de 
agrupaciones y no han de resultar otras variedades, puesto 
que tanto la materia como su movimiento, como las cir- 
cunstancias todas en que se encuentra, son indiferentes para 
tomar una ú otra? Sin duda porque preexiste un principio 
de orden, conforme al cual es forzoso que obren. Admitir 
otra cosa; suponer que, por un caso puramente fortuito, ha 
encontrado la indiferencia de la materia una determinación 
tan constante y uniforme como la que en ella observamos, 
siendo tantas y tan encontradas las fuerzas que sobre ella 
obran, es acogerse al absurdo sistema del puro acaso. 

Y no se nos diga que, entre la multitud de estados posi- 
bles, alguno había de tomar, y que, obedeciendo il las leyes 
naturales, esa forma y no otra era la más adecuada. Esa 
respuesta nada nos dice; quiere aclararnos un misterio, y 
nos conduce á otro mayor. Porque ó la materia, antes de 
adoptar las formas mencionadas, tenía ya una determinada, 
6 se encontraba en completo desorden. Si lo primero, cabe 
preguntar: ;por qué abandonó aquel estado y tomó otro dis- 
tinto? Si lo segundo, entonces es necesario suponer una 
fuerza extrínseca que, obrando sobre ella, la haga adoptar 
esas formas y no otras; lo cual nos conduce sin remedio á 
la ley de la finalidad. I^rque no basta la mera posibilidad 
en cosas diferentes de suyo, como la materia, para explicar 
el tránsito de un estado á otro; es preciso, además, una de- 
terminación por parte de algún agente extrínseco. Y estos 
agentes, ó tienen conciencia de lo que hacen, en cuyo caso 
salta á la vista que se proponen conseguir un lin, ú obran 
ciegamente; lo cual, ni resuelve el problema, ni es concebi- 
ble, como se desprende de las indicaciones antes hechas. 

Quizá se invoque la absurda doctrina del moderno psi- 
i}uísnio para salir de ese atolladero; pero las aseveraciones 
de que todo en el mundo está animado; que todo, hasta los 
elementos primordiales de la materia, siente, piensa y cono- 
ce, son pura fantasía, ensueños deslumbradores, si se quiere, 
pero al fin meros ensueños, á los que no corresponde reali- 
dad alguna. El mismo Virchow, materialista empedernido, 
se creyó obligado á corregir las afirmaciones de Xaegeli 



Y LA CIENCIA ATEA 4.'>3 



que dejamos apuntadas. ";Hxiste — dice — una necesidad po- 
sitiva de extender el terreno de los procesos espirituales más 
allá déla esfera de aquellos cuerpos en los que los vemos 
verificarse en realidad? No tengo inconveniente en dar por 
bueno que los átomos de carbono tengan espíritu ó que le 
adquieran en unión con la sociedad plastidularia ; pero no sé 
en qué haya de reconocer eso. Esto es jugar con las palabras 
no más. Si declaro la atracción }'■ repulsión fenómenos es- 
pirituales, fenómenos psíquicos, tiro la psiquis por la venta- 
na, pues deja de ser psiquis. Expliqúense, por fin y en hora 
buena, los fenómenos del espíritu humano de manera psíqui- 
ca; pero, por de pronto, entiendo que no es nuestro oficio 
confundir las dos clases de fenómenos ; al contrario, nues- 
tro deber es mantenerlas estrictamente allí donde las reco- 
nocemos... Sostengo también que es únicamente provecho- 
so (y abrigo la más firme convicción de que de otro modo 
no adelantaremos nada) que encerremos los fenómenos es- 
pirituales en la región donde se nos presenten procesos ver- 
daderamente espirituales, y que no presúmanlos (anómcnos 
espirituales donde pueden existir, pero no donde no adver- 
timos nada visible, audible, sensible, y en general cognos- 
cible, que pueda ser designado como manifestación de un 
principio espiritual^. No hay, por tanto, razón alguna para 
acudir á doctrina tan falta de fundamento; pero, aun en el 
caso de que así fuera, resultaría una verdad la existencia de 
causas finales. 

De las ligeras consideraciones que acerca del mundo 
inorgánico hemos hecho, se deduce que, para explicarnos el 
orden y concierto que en él se descubre, no nos basta acudir 
á las teorías del niecanicisino, dinamismo ó psiqíiismo. sino 
que es forzoso presuponer una causa inteligente que dirige 
y ordena los elementos materiales para la realización de un 
plan preconcebido; verdad que resaltará más con lo que 
pensamos decir acerca del mundo orgánico. 

Yr. Jomas j^odrígüez, 

Agustiniano. 
[Continuará.) 



28 







CATALOCiO 



DE 



Itorrttorco l\i)notiiiro nf!o|i¡iriolfO. ]|loiíiií)neof3 y ^meriraiioi 



(IV 



AGrU.AK (h'K. juA\)C 

Hijo del convento de Salamanca, donde murió el Ui63. 
"Por los años de 1643 — dice el P. \'idal -era Catedrático 
de Escoto, En breve ascendió Á la Cátedra de Vísperas, que 
muchos años leyó con jírande aplauso, como antes la Cáte- 
dra de Durando y Filosofía moral... En la literaria arena 
tantos fueron sus triunfos, cu.'intos sus congresos; bien que 
su pronto, eficaz y agudo ingenio de tal suerte penetraba 
los enlcndimientos de los concertantes, que á ninguno hería 
con ofensa. Señoreóse de las buenas y floridas letras, que 
suelen llamarse humanas; y con ellas, con su rara elocuen- 
cia y gracia en el decir, y lo que es más, con sus religiosí- 
simas costumbres, se llev(') la atención y admiración de 
todos. „ 
Escribió: 

1. Publicó en \(>Aí^ dos Sermones: uno de X. P. S: Agus- 
tín, y el otro de Santa Teresa. 



(l) Véase la pág. 277. 



I'ORTrGUKSES V AMERIC A.NUS 43.'l 



2. Petición d la Universidad de Salamanca. — Lant., vo- 
]iiinen3, p. 162.-Vid. t. 2.^ p. \A\.-lnd.dela Bib.deS.F. 

AGUILAR (Fr. Lorenzo) C. 

Perteneció á la Provincia del Smo. Nombre de Jesús de 
Méjico, y llegó á ser Presentado en Teología. 

Escribió: 

Manifiesto pov las sagradas religiones de S. Agustín, 
N, Señora del Carmen, N. Señora de la Merced, Compa- 
ñía de Jesi'is, y demás desta Nueva-España sobre la pre- 
cedencia que intenta introducir la sagrada provincia de 
la seraphica descalces de San Diego de esta Nueva- Es- 
paña. — Impresso en México en la imprenta de Juan Joseph 
Guillena Carrascoso. Año de 1701. — Cat. LXXI de Ros., 
núm. 1.372.~Ber., t. 1.", p. 21. 

AGUILAR (Sor Vicenta Rita). 

Xació en Valencia el 23 de Abril de 1710, y profesó en el 
convento de San Juliíln, extramuros de dicha ciudad, que 
siempre se ha distinguido por su mucha observancia. Co- 
municóla el Señor gracias extraordinarias, y entre otras 
cuéntase que en ciertos casos tuvo el don de profecía y co- 
nocimiento del interior de algunas personas á quienes avi- 
saba de lo que convenía para bien de sus almas. También, 
con luz que recibía del cielo, daba delicadas y atinadas in- 
terpretaciones y explicaciones de algunos pasajes obscuros 
de las Sagradas Escrituras. Murió en opinión de santidad el 
15 de Abril de 178v5. Algunos años después se hicieron so- 
lemnes exequias, y se publicaron sus virtudes, siendo su 
panegirista el célebre agustino Fr. Francisco Hurtado. 

Escribió varios cuadernos y muchas cartas de orden de 
su confesor. "Estos escritos— dice Fuster — sólo versan so- 
bre materias de su espíritu, y formarán como un tomo en 4/' 
regular. Existen originales de mano de la Venerable en la 
librería de su elogiador el P. M. Hurtado. Todos ellos res- 
piran simplicidad evangélica, y están concebidos en un len- 
guaje candoroso y puro, como puede verse en dicho sermón, 
donde ocurren casi planas enteras copiadas á la letra de los 



436 EscKnoRKí; AOisriNos españoles. 



escritos de la Venerable. „ Fuster, M'h. Vnln., i. _'. , p. \\(\— 
B. Ec, t. l.^ p. 231. 

AGUILERA ( Fr. José de ) C. 

Nació en Salamanca, de D. Antonio de Aguilera, Conde 
de Casasola, y profesó en el convento de dicha ciudad el 
16M4. "^Para los estudios— dice el P. Vidal— fué encomen- 
dado al muy ingenioso y ajíudo Lector Fr. Pedro Manso, y 
tuvo allí por condiscípulo al W Fr. Matías Terán. Por lo 
que toca á las letras, si no ganó ásu Lector, no fué inferior 
á él. Ya se advierte en los escritos de uno y otro, y le vi- 
mo.s con admiración en las domésticas disputas, donde nada 
menos teníamos que aprender de la solidez y profundidad 
del discípulo, que de la ingeniosidad y penetración del maes- 
tro. Pero de nuestro Aguilera tuvimos que aprender otra 
cosa mucho más importante, esto es: su rara modestia y 
compostura aun en el fervor de las disputas... En la virtud 
no sé á cu.1l, de las muchas con que nos edificó, concederé la 
ventaja. 'J^"es ó cuatro se hicieron muy visibles: su rara hu- 
mildad, su silencio y retiro, y su veracidad ó extremado 
amor á la verdad. La Religión le honró de cuantos modos 
pudo; pero de cuantas honras pudo huir, de tantas huyó. 
Trájole primero la Provincia en esta Universidad, en la de 
Alcalá luego, donde, acreditándonos mucho con sus letras, 
nos honró más con el ejemplo. Trasladóle finalmente al in- 
signe Colegio de la Corte, y fué lo mismo que trasladarle 
al Egipto ó desiertos déla Tebaida; porque, á excepción de 
las inexcusables asistencias á las funciones literarias, la Cor- 
te ni sus calles sintieron que tal hombre estaba en Madrid. „ 

"Jubilado ya de las Lecturas, se volvió á esta su casa, 
enteramente resuelto á ocupar (como lo dijo la experiencia) 
los días y las noches con Dios, y con la lección en las obras 
de Santo Tomás de Aquino, á las que, como diremos, fué 
extremadamente apasionado. Era, sino el primero, uno de 
los primeros acreedores al honor del Magisterio; pero su 
humildad, ni pensarlo le permitía. El P. Mtro. Fr. Fran- 
cisco Aviles, grande honrador de las letras y virtud, sin que 
nuestro Aguilera lo entendiese, le solicitó, y obtuvo la gracia 



POKrLGlESliS V AMliRlCA.NOS 437 

del Rmo. General. Tomó puntos para el examen acostum- 
brado... En la mañana destinada á la funci(')n, con toda se- 
renidad representó al Prior que no podía ocupar el tiempo 
inútilmente, porque en las veinticuatro horas había hallado 
que lo poco que en el discurso de sus estudios había sabi- 
do, se le había olvidado enteramente... Por lo que el Prior 
hubo de echar por el atajo, y usando de su autoridad man- 
darle que sencillamente, y sin afectación, mostrase esta su 
tamaña i<4 norancia ante los examinadores. Obedeció, y mos- 
tró lo que todos sabían, y él solo ignoraba. Con lo cual, mal 
de su grado, hubo de recibir el de Maestro. Hicidronlc los 
Superiores Prior de Ciudad-Rodrigo, Visitador de la Pro- 
vincia y Prior del Convento de Síin P'elipe el Real de Ma- 
drid. Ambos Piioratos renunció. „ 

Algunos años antes de su muerte padeció penosísimas 
enfermedades, llegando hasta el extremo de no poder leer 
ni conversar, según tenía de atormentada la cabeza. Habien- 
do vivido con la inocencia de un niño y limpieza de un án- 
gel, murió en Febrero de 17 J^): 

Escribió: 

CursHS PJn/osop/iicus i'/i I res tomos di vi sus auctore 
R. P. Fr. Jüscfylio de Aí(iitlera, Sídmauticeusi Ordinis 
Eremilarum .S. P. Auí^ustini, Provinciíc Castellce Aliimuo, 
Mcigistro i)i Sacra Tlicoloí^ia, iii CoDiplulensi CoIIegio 
olini ineriiissiffio Primario, Coiiventiisque Civitatensis 
electo Priore. Tomus primus. Dialecticam parvam et ma- 
gnam complectens. Dilectissimis jiinioribus fratribiis 
ejusdon Provincice dicatus, et in lucem editas a R. Adm. 
P. M. Fr. Francisco de Aviles Hispaniarum Assistente 
Generali, pradictceque Proiincice Ex-Rectore Provincia- 
li, et Provinciale act nal i. — Anno 1719. Matriti: Ex Typo- 
graphia Francisci de Hiero. 

Cursas Pliilosophicas. Tomus secundus. Qucestiones in 
octo libros Phisicorum continens...—\li\\.ñú, 1720. Ex Ti- 
pographia Heredum Emmanuelis Ruiz de Murga. 

Tomus tertius. Continens tractatus de Generatione et 
Anima Auctore... Additur de mundo et coelo, tractatus Ap- 
pendix. Charissimce scholastic(E juventuti prcedictfv Pro- 



438 ESCRITORES AGUSTINOS ESPA.^OLES. 

vincice ejus nomine dicattts, et in lucem editu^ a R. ddm. 
P. M. F. Francisco de Aviles, Hispaniarnni Fx-Assisten- 
te General i, semel et iterum Ex-Provinciali Castellcr, Col- 
legiqne Matritensis Doniincc Marice de Araq'oti. actuali 
Rectore.— Anuo 1722. MantiuL' Carpctanorum, ex Typog. 
Nicolai Rodríguez Franco.- Superiorum permissu. 

Trac tal US Siininuilarnni, pro coninwdiori Tyronnin sí li- 
dio exlractatiis de philosophico Tliontistico Cursn, Rev. 
adni. I\ Miis^. Pr. Josephi de Aí^uilera augustiniani, ni 
Compliitensi Collegio olini Mrritissimi Priniarii, Ex- Vi- 
sitaíoris Provincia- Castell(C,et Civttatis Regalisqiie San- 
cti Pliilippi Mídritensis Conventnuní elecli Prioris. — An- 
no 1720. Ordinis, Reg. Senatus, ac ( )rd¡narii Superiorum 
permissu.— 12.", de 217 páginas. 

Tradujo al latín el Tratado de la Corona de Xnesíra Se- 
ñora, del Beato Alonso de Orozco, el cual se encuentra pu- 
blicado en el tomo 4.° de las obras latinas del mismo. 

A lo ya citado, añade el P. Vidal: "Dedicóse 'A escribir 
un gran tomo, que él mismo decía que sería muy útil, de 
Melaphysica, y preparaba otro de los puntos de Gratia; 
pero Nuestro Seflor le cortó sus ideas y deseos con las pro- 
lixas cnffTmrd.ides y dolores^. — El mismo, t. 2.'', p. 159. 

AGUlKKl!; (Fr. Andrés de) C. 

Natural de X'izcaya, ú hijo de hdbito del convento de Sa- 
lamanca. Fué' uno de los que Santo Tomás de Villanucva, 
siendo Provincial de la de Castilla, envió á Méjico en IS:*') 
para que atendiesen á la conversión de los indios. Allí per- 
maneció por espacio de veintinueve años, ocupado constan- 
temente en la propagación de la fe y aumento de las nuevas 
cristiandades. Dispuso la Providencia que fuese uno de los 
elegidos que con el P. Urdaneta y sus compañeros habían 
de pasar ;1 las islas que tomaron el nombre de Filipinas, 
adonde llegaron el 1565. Enviáronle á España para que diese 
cuenta al Rey D. Felipe II del descubrimiento hecho, y 
en 1575 le tenemos ya de vuelta en el Archipiélago, acom- 
pañado de otros religiosos agustinos, que él procuró le si- 
guieran en tan santa empresa. 



PORTUGUESRS Y AMERICANOS 439 



Con motivo de la llegada á Manila del primer Obispo, 
Fray Domingo de Salazar, se suscitaron algunas cuestiones 
acerca de los privilegios de que gozaban los religiosos; y 
con el fin de poner las cosas en su lugar, y tranquilizar las 
conciencias, regresó de nuevo á España, donde, para el 
arreglo de su negocio, hubo de escribir lo que abajo indica- 
remos. Se dirigió después á Roma, y recabó muchos é im- 
portantes privilegios. Abrumado de trabajos, embarcóse 
para Méjico, de donde partió otra vez para Filipinas el 1593. 
A su llegada al Archipiélago le hicieron Prior del convento 
de Manila, y en Septiembre del dicho año murió, lleno de 
méritos y virtudes. 

Escribió: 

1 . Defensa de los derechos y privilegios de los Religio- 
sos Misioneros de filipinas, inquietados por el nuevo 
Obispo de é'//as.- Madrid, 15(S3, fol. 

2. Cartas al Sr. Obispo D. Fray Domingo de Salasar, 
escritas desde Méjico á Manila. 

Se encuentran impresas en la Crónica de San Gregorio 
de Filipinas, y en las Conquistas de Filipinas por (laspar 
de S. Ag.— Herist., t. 1"., p. 24.— Vid. t. 1.°, p. 404. 

• \. Carta al limo. Sr. Arzobispo de Méjico, Gobernador 
y Capitán General de Xueva España, dando noticia del 
descubrimiento de las islas nombradas de Armenio en la 
costa del Sur (año 1588). 

Publ. en el tom. 13 de Doc. ined. para la Historia, 
páginas 545-49. 

4. Informe exponiendo la importancia de continuar 
los descubrimientos hacia el Poniente desde los /4" de 
latitud.— Bibb. Marit. esp. de Navarrete, t. 1.*", p. 71. 

AGUIRRE (Fr. Juaíí) C. 

Natural de Armayona, en Vizcaya. Profesó en el con- 
vento de Badaya el 1681, y en Filipinas administró los pue- 
blos de Agonoy y Calumpit, donde murió el 1712. 

Escribió la Vida de Santa Verónica, que se conserva 
manuscrita en la biblioteca de nuestro convento de Manila. 



440 KSCRITOUES A(,LSTI.\Ob EííFA.ÑOLES , 



AGUIRRE (Fr. Miguel) C. 

Nació en la ciudad de la Plata, del reino del Perú, y des- 
pués de haber estudiado Gramiítica y Filosofía en el colejíio 
de San Martín de Lima, donde obtuvo beca, ingresó de no- 
vicio en el convento de dicha ciudad el 1619. Terminada con 
grande aprovechamiento la carrera de sus estudios, fué su- 
cesivamente nombrado Lector en Artes del colegio de San 
Ildefonso, de Teología en el de Chuquisaca, y de Prima en el 
de Lima. Honróle la Universidad con el grado de Doctor, y 
le encargó la Cátedra de Teología. Fué Calificador y Con- 
sultor del Santo Oficio, y Examinador sinodal de varias Dió- 
cesis. Con poderes de la Provincia, Universidad y de algu- 
nas Comunidades religiosas, vino á Madrid para el arreglo 
de ciertos negocios, y el \(ñ') se encontró en Roma con el 
fin de votar en Capítulo por su Provincia. Brindáronle con la 
mitra, que no quiso admitir. De vuelta en España, quiso 
aplicar sus talentos á escribir una obra de las Graudcsas de 
María, que no pudo terminar, por los negocios á que hubo 
de atender. Fué devotísimo de la Virgen Santísima en su 
milagrosa imagen de Copacavana, cuya invocación procuró 
extender por todas partes. Murió en el convento de Recole- 
tos de Madrid el \(V^A. 

Imprimió: 

Población de Wildivia; Mol i vos y medios de hacerla; 
Defensas del Reino del Perú f^ara resistir las invasiones 
enemigas de mar y tierra; Paces pedidas por los indios 
de Chile, aceptadas y capituladas por el Gobernador. 
ímpr. en Lima, año de U>47. En fol.— Al fin tiene un Nuevo 
Aviso de lo sucedido en Chile hasta el 11 de Mayo del mismo 
año. -Pinelo, c. 657.— N. A. B. N., t. 11, p. 12^X— Tern., pá- 
gina 116.-//. G.deDesc, t. 4.^ p. 70.— Gall. t. 3.°, fol. 698. 

Con fecha 12 de Junio de 1646, dio la aprobación de la 
obra: Sueño de Antonio Maldonado. — Lima, 1646. 

AGURTO (Fr. Pedro de) C 

"Fr. Pedro de Agurto fué natural de Méjico, é hijo del 
escribano Sancho López de Agurto. Sirvió de paje al Ilus- 



FOK rUGl'ESES V A MIÍRICANOS 441 

trísimo Sr. Zumárraga, y éste le dejó en su testamento un 
legado de veinte pesos de tepiisque. Aunque Beristain dice 
que profesó en 1560, vemos por la Crónica de Plaza que 
ya era Religioso de San Agustín cuando en 8 de Agosto 
de 1553 se matriculó en la nueva Universidad. Desempeñó 
cargos principales en su Orden: fué Prior del convento de 
Méjico y primer Rector del Colegio de San Pablo. En 1584 le 
eligieron Provincial, y en 1585 asistió al tercer Concilio Me- 
xicano como teólogo consultor. Durante la ausencia de 
Fr. Alonso de la Vera Cruz á España en 1562, le sustituyó 
en la Cátedra de Escritura déla Universidad. Supo las len- 
guas mexicana y tarasca, en las cuales predicó á los indios. 
Pasaba por el mejor canonista de su tiempo; y cuando los 
Obispos ó su Orden le consultaban, daba por respuesta un 
breve tratado sobre la materia. En 1595 fué nombrado pri- 
mer Obispo de Zebú en Filipinas, adonde fundó un hos- 
pital para enfermos de todds naciones y cultos^ con tal li- 
beralidad, que le concedió hasta su propia cama; habiendo 
tenido que pedir prestada otra al mismo hospital parii dor- 
mir aquella noche. Resplandeció en todas virtudes, especial- 
mente en mortificación y castidad, y se le atribuyeron mila- 
gros. Después de una larguísima y terrible agonía, falleció 
el 14 de Octubre de 1608.„— Icaz. 

Abierto el sepulcro seis meses después de muerto, en- 
contraron su cuerpo entero, sano y tratable, y despidiendo 
olor agradabilísimo. 
Escribió : 

/. Privilegios de los Regulares. 

Encontrábase manuscrito en la librería del conv. de San 
Francisco de Tecuzio. 

2. Tractado de que se deven administrar los Sacra- 
mentos de la Santa Eucharistia y Extremavnction á los 
indios de esta nuena España. Compuesto por el muy Re- 
uerendo Padre Fray Pedro de Agiirto, Lector de Artes y 
Theologia en el Monesterio de Sancto Aiigiistino de Mé- 
xico. 

(Escudo que representa un corazón en el mar atravesa- 
do con tres flechas.) 



442 ESCRITORES ac;l'sti.\o> kspa5;oles, 

En México. En casa de Antonio de Espinosa 1573. —Al 
final: Imprimióse este Tractado en la ^ran Ciudad de Méxi- 
co, en casa de Antonio de Espinosa. Con licencia del muy 
excelente señor D. Martin Enriquez Visorrey desta nueua 
España y de los muy yllustres señores Dean y Cabildo, 
sede vacante desta dicha Ciudad: Acabóse de imprimir á 
veynte y dos de Abril de mil y quinientos y setenta y tres 
años. 

En 8." de 01 ff. con prelim. en letra romana y el texto 
gótico. Lleva licencias del Virrey D. Martin Enriquez, del 
Provincial Fr. Juan Adriano, del Dean y Cabildo; y las 
aprobaciones del P. Melchor de los Reyes y del Dr. Barbo- 
sa.— Grijal., p. 153.— Berist., t. 1.", p. '_>^).— Nic. A., t. '2.\ 
p. líSñ.— Oss, p. 18.— Icaz, p. 187. 

ACxUSTIN (Fr. Antoxio) C. 

Vivió en el siglo x\i y perteneció á la Provincia de Ara- 
gón. Fué religioso muy docto en las Sagradas P'scrituras, 
y murió en 1577. 

Escribió: 

1. CoiiiDicntaria iti nlraaiquc Episíolaní /). Pduli ad 

TiiUOtJtCHDl. 

2. Libnt}}i Siracli ¿n locos conmiiincs dtv/sit. anno 1572. 
Oss., p. 88. 

AGUSTÍN (Fr. Francisco de S.) D. 

Nació en Sevilla el 1651, y profesó en el convento de 
Agustinos Descalzos de dicha ciudad. Siempre fué modelo 
de virtudes y dechado de perfección. Leyó Teología y fué 
Prelado de los conventos de Almagro y Toboso, Secretario 
de provincia y Definidor general. Adornóle Dios de gran- 
des talentos para la predicación, á que añadió singular es- 
tudio de las Sagradas Escrituras y SS. PP., llegando á ser 
tenido por uno de los mayores oradores de su tiempo. Mu- 
rió, según la Crónica, el 1690; aunque Aran, de Var. pone 
su fallecimiento el 1607. 



POKTI'GIESES Y AMERICANOS 



441 



Escribió tres tomos: Marial, Santoral y Cuaresma. — 
Hist. G. de Desc, t. 4.", p. 577. — Arana de Var., núme- 
ro 2, p. 48. 

AGUSTÍN (Fr. Francisco de S.). 

Ignoramos qué Francisco sea éste, del cual, en el índice 
de la librería de San Felipe el Real, se cita un Sermón del 
Santísimo Cristo de Burgos. — Imp., ibid. 

fR, ^ONIFACIO yVlORAL, 
Agustiniano. 

(Continuará.) 





. X • *Y 



--^^^•^ '-•i-^ -^~y — > ^ 



■^^•J'X-'^ 







■^-íXvaXa/lCáá)' 



LOPE DE VEGA Y EL BEATO ALONSO DE OROZCO 




ZGAMOS que nuestros lectores han de ver con gus- 
to el documento que á continuación publicamos, 
copiado literalmente del proceso instruido en la 
causa de Beatificación y Canonización del Beato Alonso de 
Orozco. Consérvase original todo el proceso en el Real Co- 
legio de Agustinos de Valladolid, y entre los testigos figu- 
ran con sus firmas autógrafas no pocos hombres ilustres de 
aquella época. Por el renombre literario de que justamente 
gozan hemos de citar entre esas firmas la de D. Francisco 
de Quevedo y la de Lope de V^ega. La declaración siguien- 
te es la del inmortal Fénix de los ingenios, que, como en 
ella se dice, conoció al Beato "desde que tuvo (Lope) uso de 
razón hasta que murió (el siervo de Dios) de vista, trato y 
comunicación^. Por referirse á varón tan santo y por ser 
del gran poeta, merece conocerse este curioso documento. 



La Redacción. 



LOPE DE VEGA V EL BEATO ALONSO 44r> 



Información sumaria de la cansa de Beatiñcación y Canonización del 
P. Fr. Alonso de Orozco, hecha en Madrid en 1619.— (Folios 277 al 279.) 

En la villa de Madrid á treinta dias del mes de Ju- 
nio de mili y seiscientos y diez y nuebe años el d.^ pa- 
dre fray Juan de Herrera para la dicha berificacion 
de la santidad i milagros del dicho bencrable padre 
fray Alonso de orozco ante el dicho señor licenciado 
gon(;alo dclosrrios juez susodicho ante mi el presente 
notario puesto por testiijo a lope de bej^a carpió cle- 
rijío presbitero Procurador fiscal de la cámara apos- 
tólica en el ar(;"obispado de toledo y notario app.'" de 
escripto en el archib rromano (familiar del S.'" officio 
de la inquis.°"') y vecino desta villa de madrid que 
bibc en casa propia en la calle de francos del cual 
serrecebio juramento en forma in berbo sacerdotis y 
auiendolo fecho bien y cumplidamente prometió de 
decir verdad, y siendo preíj.'''' por el dicho interroga- 
torio dixo lo seg.*'= 

1. a la primera preg.* dixo que noconocio a los pa- 
dres de dicho santo orozco solo le conoció all dicho 
santo orozco desde que tubo huso de rragon hasta que 
murió de bista trato y comunicación, y el dicho res- 
ponde 

gl.* a las generales de la ley=dixo ser de hedad de cin- 
quenta y tres años poco mas ó menos y que no le 
tocan las generales de la ley. y el dicho responde 

2. a la segunda preg/=hasta la octaba dixo que las 
tiene por ciertas y el 

8. d." responde á la octaba preg.'' dixo que sabe en la es- 
timación grande que estubo el dicho santo orozco 
anssi entre los reyes y Principes y Perlados y Caba- 
lleros y de todo el concurso de la gente como barón 
tan justo y santo como lo fue el santo orozco y el d.*^ 
responde 



446 LOPE DE VEGA 



9. a la nobena preg.'"^=dixo que la sabe como en ella 
se contiene, y el d." responde 

10. a la decima preg.'*='dixo que sabe que su bida del 
d.** santo orozco fue uniforme por todo el discurso de 
su bida en toda Perfección maci<;a de santidad con 
un tesón cristiano y perfecto sin que el testigo haya 
visto ni entendido que en el hubiese jamas quiebra en 
cossa alguna, y el dich." responde. 

11. a la honcena preg.*= 

dixo que lo que de ella sabe es que el te.*' sabe la 
grande penitencia que hacia en su bida el dich.° sancto 
orozco fatigando su cuerpo con trabajos sin cessar y 
una perfecta mortificación y en materia de sueño que 
estando el test." una noche en san felipe en que habia 
una grande fiesta le oj'o dar unos grandes sospiros 
inbocando el nombre de Dios y como el tes.** se ad- 
miro de aquello algunos padres del dich." combento le 
dixieron al testigo que hera costumbre que el dich.** 
santo tenia en todo el discurso de su bida y aunque 
este tes.** entro algunas beces en su celda no bio ja- 
mas en ella cama ninguna=y la celda sabe fue la mas 
minima y peor de dich." combento y muy poco hor- 
nato y los bestidos humildes y el dich.° tes." rres- 
ponde 
12 a la doce hasta la preg.'"* veinte y una que las tiene 
por ciertas por haber oido lo en ellas contenido y el 
dich." tes." rresponde 

21 a la veinteiuna preg.^-^dixo que sabe de sus traba- 
jos el espiritual que paso muchas veces y oyó decir 
de sus grandes Persecuciones que de hordinario le 
hivo el demonio y el dich." rresponde 

22 a la veinteidos hasta la preg.'' veinteiseis = que las 
tiene por ciertas y el dich." rresponde 

26 a las veinteiseis = preg.'^=d¡xo que dice lo que dicho 
tiene en la preg.'** octaba y el dicho rresponde 
a la veintisiete que se remite al letrero 
ala veintiocho hasta la preg."' treinta y tres dixo 
que las tiene por ciertas y dicho tes." rresponde 



27 



V EL MKATO ALONSO 447 



X^ a las treinta y tres preg.''=dixo que sabe que escri- 
bió muchos libros de gran doctrina y exemplo para 
las almas y que an sido generalmente estimados como 
de barón sancto y docto y el dich.'' rresponde 

M ala treinta y quatro preg.''dixo = queun dia le contó 
don luis de bargas manrique que es ya difunto que 
habiendo ido la condessa de siruela su hermana y su 
madre a san felipe y habiéndole llamado al d.'' santo 
se recojio a una capilla como otras beces solían por- 
que tenian grande debocion y amistad con el=salio y 
hablando con la d." condessa le bio la toca casi cerca 
de los ojos=y preguntando la causa le respondió que 
tenia la fi'ente con una Plema salada que le iba co- 
miendo el rostro que estaba con grandissima pena 
porque ningún rrcmedio la aprovechaba =3' que des- 
cubriéndole la toca para que la biese="el d." santo la 
dixo que lo encomendase a Dios y le puso la saliba de 
su boca con sus dedos y luego al punto se le quito y 
esto sabe por abersele contado por el d." don Luis y 
otras personas=y asi mismo oyó decir en el dicho 
combento de san felipe y en otras partes que abiendo- 
sele caido a un nobicio del d." combento un vidro o 
un jarro hallándose el d" nobicio aílixido el dicho 
sancto le consolo y llebanto los pedagos por sus ma- 
nos y echando la bendición se quedo luego sano y 
bueno = y el dicho sabe de esta preg." 

3^) a la treinta y cinco Preg.* dixo=que a oído decir 
que nuestro señor a obrado muchos milagros por me- 
dio del sancto orozco con la dicha santa correa y el 
d.** rresponde 

36 a la treinte y seis preg.*''— dixo que la tiene por cier- 
ta y el d.** rresponde 

37 a la treinta y siete y a las demás preg." hasta las 
cinquenta y cinco preg.^^ = dixo que las tiene por cier- 
tas y verdaderas y el dicho rresponde 

55 a la cincuenta y cinco preg.-^ == dixo que las sabe 
como en ellos se contiene y el á.° rresponde 

56 a la cincuenta y seis preg.=* = dixo que por su mu- 



44S 



LOPE DE VEGA Y EL BEATO ALONSO 



cha santidad bida y virtud lo tiene por cossa cierta- 
todo lo cual es la berdad para el juramento que higo en 
que se afirmo y rratiíko y firmo de su nombre = tes- 
tado dixo = y oyó decir = ;¿o bala que es ap.° y fa- 
ffiHiar del sancto officio de la inqnissiciou = bala. 

Lope de Veija Carpió. 

Klli.d'» Rrios. 

ante my 
Juan de alegria 

uol." 




i^:o®o>Sofe ¿c.»:o{gcoacC ©oííSooíí5oo^>d^ 






3:>'v^>3:':->:x>¥ot> 



HIliLIOr.RAMA 




A FE EN LA DiviMDAD DE JESiCRiSTO. — Conferencia predica- 
da en la iglesia de la Magdalena, durante la Cuarestna 
de lS92.por el Revdo. P. Didon (O. P.). Traducción directa 
del /ranees. — \Jn tomito en 4." de xxv-194 páginas.— M(?xico, Gui- 
llermo Herrero y C", editores.— Librería religiosa, San José el 
Real, 3, almacén. Callejón de Santa Clara, 10, \mx. 

Ocho son las Conferencias predicadas en la iglesia de la Magda- 
lena por el P. Didon. Todas ellas revelan al profundo pensador, filó- 
sofo y orador elocuente que, conociendo los males de que adolece la 
sociedad contemporánea, sabe aplicar los remedios oportunos, y con 
la libertad característica del apóstol de Jesucristo se dirige á los in- 
crédulos cuya génesis patentiza, les invita á que presenten las razo- 
nes fundamentales en que se han apoyado desde los judíos, gnósticos 
y arríanos hasta los deístas del siglo pasado y racionalistas del pre- 
sente para negar la Divinidad de Jesucristo; redúcelas, por decirlo 
así, á un cuerpo de doctrina, manifiesta su futilidad, y, después de 
rebatirlas y triturarlas, demuestra con abrumadores argumentos la 
solidez é inmutabilidad de la fe en la Divinidad de Jesucristo: pro- 
piedades estas dos últimas tan exclusivas del dogma católico, que 
ellas por sí solas bastan para poner de relieve el antagonismo que 
existe entre aquél y el error, ya que las notas esenciales de éste son 
la inestabilidad y la variación. 

Xo hay punto de importancia, relativo al tema de las Conferen- 

29 



450 BlBLlOí. RAFIA 



cias , que el P. Didon no haya hecho pasar por el tamiz de una crítica 
escrupulosa. "La creencia católica— dice el sabio dominico— lleva en- 
carnada en sí misma tal vitalidad y tantas energías, que, cuanto más 
la combaten los enemigos, adquiere más pujanza y vigor. Los impíos 
no pueden negarlo; esta verdad es un hecho clarísimamente eviden- 
ciado en nuestro siglo; es como una balsa de aceite que Ilota siempre 
sobre todas las borrascas y tempestades. „ 

Ll P. Didon, con su arrebatadora elocuencia, que habla al corazón, 
á la vez que lleva el convencimiento á la más obcecada inteligencia, 
nos recuerda tres grandes figuras de la elocuencia sagrada, tres 
grandes filósofos, los tres invencibles atletas que desde la cátedra 
sagrada de Nuestra Seftora de París admiraron al mundo: los Padres 
Lacordaire, Félix y Monsabré. 

El traductor, fiel intérprete del pensamiento del P. Didon, se ha 
esmerado en trasladar á nuestra lengua la elegancia del original, 
superando todas las dificultades é imprimiendo en la traducción ese 
tinte harmonioso y peculiar del idioma de Cervantes. 



Jesús oitkagk ol- le .mois des oi'pkobkes, /)í//' le hí. P. Ucidier, Mis- 
sionnaire du Sacré-Cceur. — París, Tequi, Libraire-Lditeur, 33, Rué 
du Cherche-Midi, 18U. — Un tomo en 12.", xxn-300.— Precio en rús- 
tica, 2 francos. 

No ha mucho que los periódicos franceses dieron cuenta de c<)mo 
una tal Lucía Claraz, gran oriente de la logia femenina intitulada 
La Regenerada, con impiedad inaudita se llegaba á los altares y, 
después de haber recibido en su boca sacrilega el Sacramento de 
Amor, lo guardaba con el fin satánico de escarnecerle de manera ho- 
rrible en los antros masónicos. \ reparar estos y análogos ultrajes 
que á diario recibe nuestro amantísimo jesús de parte de los malva- 
dos, va enderezada la obrita objeto de estas líneas. Así como el mes 
de Mayo se dedica á María, y no faltan libros en que cada día del 
mes se excita con ejemplos y consideraciones piadosas la devoción á 
la N'iígen, así también el Rvdo. P. Deidier tuvo la feliz ocurrencia de 
preparar su Mes de oprobios, dedicado á jesús ultrajado, escogiendo 
para el caso el mes de Febrero, tiempo en que de ordinario tienen 
lugar las mundanas fiestas del Carnaval, y más suelen abundar los 
desacatos y ofensas hacia nuestro adorable Redentor. 

Dedícalos primeros veintiséis días á la consideración délos ultra- 
jes que nuestro Divino Señor recibe, ya en su cuerpo, ya en los diver- 
sos afectos de su espíritu, y, ya también, en las perfecciones que son 
propias de su divinidad; y consagra los demás días á explanar los 
medios de que se pueden valer para reparar los tales ultrajes las. al- 
mas que tienen la dicha de celar por la honra y gloria de jesús inju- 



BIBLIOGRAFÍA 451 



riado. Comienza cada Ejercicio con una tierna y persuasiva consi- 
deración, á que siguen oportunas reflexiones que llegan al alma, y 
termina con algún edificante ejemplo, despertando en el ánimo de los 
lectores amor y agradecimiento, y determinaciones generosas deja- 
más ofender á quien tanto se humilló y padeció por los hombres. Nos 
parece inspiración providencial la idea, y acertadísimo el modo como 
desenvuelve su pensamiento. 



FlLOSOFÍ.A. ANTIGUA POÉTICA DEL DoCTOR AlONSO LÓPEZ Pl.\CIA.N0, 

médico cesáreo, ahora nuevamente publicada, con una Introduc- 
ción y notas, por D. Pedro Mufios Peña, Catedrático numerario 
de Retórica y Poética en el Instituto de Segunda enseñansa de 
Valladolid. — W !i\\:\áo\'\á, 1894. — Un vol. en S." mayor de xxxiv-.511 
páginas.— Precio, 8 pesetas. 

Si el reimprimir un buen libro puede ser á veces más útil que el 
componer otro original y de menos mérito, nadie podrá negar que en 
la publicación que anunciamos se dan reunidas todas las circunstan- 
cias deseables para hacer indiscutible esta verdad. La Filosofía an- 
tigua poética constituye el tratado de preceptiva literaria más com- 
pleto que se escribió en España durante el siglo xvi, y á la vez que 
demuestra la extraordinaria altura á que llegaron nuestros ingenios 
en aquella época gloriosísima dentro de la esfera de la teoría artís- 
tica, como en todas las demás fases del progreso intelectual, encie- 
rra una abundancia de doctrina que no es común hallar en obras muy 
recientes y celebradas. 

Ya el Sr. Menéndez y Pelayo había analizado la del Pinciano y 
puesto de relieve su gran valer en la Historia de las ideas estéticas 
en España; pero hacía falta dar á conocer íntegramente un tesoro 
que para la generalidad estaba escondido, por lo raros que eran los 
ejemplares de la Filosofía antigua poética; hacía falta también con- 
cordar sus enseñanzas con las de los autores eminentes que en nues- 
tros días han renovado la ciencia de lo bello. 

Así lo comprendió el Sr. Muñoz Peña al añadir las copiosas y opor- 
tunas anotaciones con que va enriquecida esta edición, y que sirven 
para aclarar el sentido de muchos pasajes, y alguna vez para corre- 
gir tal cual afirmación inexacta. 



Errores sociales. Tipos corrientes, dibuj.ados por sí propios, por el 
M. Rvdo. P. Fr. Pablo Bozal Lejalde , religioso Agustino. — Tam- 
bobong, 1893. — Un vol. en 16.° de 2^0 páginas. 

Como pudieran parecer interesados y sospechosos de parcialidad 
los elogios que hiciéramos de esta obra de un querido Hermano núes- 



452 



BIBLIOGRAFÍA 



tro, nos limitamos á consignar que la ha recomendado eficazmente 
una buena parte de la prensa católica, y que su contenido es muy á 
propósito para neutralizar la propaganda de ideas disolventes, de la 
que son víctimas, por desgracia, tantas inteligencias. El autor hace 
hablar á los representantes de las varias escuelas que se oponen al 
triunfo de la verdad católica en el orden político y social, presentan- 
do como remedio de todos los males que aquejan á las naciones civi- 
lizadas los fecundóse inmortales principios de la fe. Libros como el 
presente no sólo valen por su mérito intrínseco, sino porque demues- 
tran que nuestros heroicos misioneros de Filipinas saben hermanar el 
celo en el ejercicio de su sagrado ministerio con el amor entrañable 
al cultivo de la verdadera ciencia. 




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Revista Científica 



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¿ ^ujlj rulados de Ni 
í^ *^ffl ley para que q 



Olí ú .\ii«'«u lorU. — En el Congreso de los Di- 
ueva V'ork se ha presentado un proyecto de 
ey para que queden unidas Nueva York y Washington por 
una vía eléctrica que permita salvar á los viajeros la distancia que 
media entre dichas poblaciones con velocidad incomparablemente 
superior A la de todos los trenes actuales. La nueva empresa se titula 
JVdfiona/ Rapid Tran^yt Co)n/)any, y el proyecto ha pasado á estu- 
dio é informe de una Comisión técnica. 

Después de exponer los peticionarios cómo la locomoción por el 
vapor ha tocado á su límite de velocidad, afirman que la nueva vía 
entre Washington y Nueva York será aérea, y que los trenes podrán 
adquirir la velocidad de 120 millas por hora, ó sea unos 25"0 kilóme- 
tros, y esto con economía y sin peligro de funestos accidentes. Los 
rails de la vía serán de acero, sostenidos por postes también de acero 
ó de hierro. 

El capital será de 15.000.000 á 25.000.000 de pesos, distribuido en 
acciones de 100 pesos. 

Los peticionarios se comprometen á verificar el transporte de via- 
jeros, correspondencia, etc., con velocidad no inferior de 100 millas 
(160 kilómetros) por hora. La fuerza encargada de imprimir tan pas- 
mosa velocidad á los vehículos es hidráulica, y t ¡mada del río Po- 
tomac, que está próximo á Washington. No hay para qué decir que 
la energía hidráulica, para ser aplicada, se transforma previamente 
en energía eléctrica, para lo cual es preciso hacer la correspon- 
diente instalación eléctrica. 



454 REVISTA CIENTÍFICA 



Cada vehículo llevara cuatro motores, dos para cada par de rue- 
das, dando 700 revoluciones por minuto. 

Muy halagüeño es indudablemente el poder trasladarse de Madrid 
á San Sebastián en dos horas y media; pero es lo cierto que, si esa 
rapidez había de ser á costa de la seguridad, desde luego se puede 
afirmar que las personas sensatas jamás pondrían los pies en un ve- 
hículo del cual, con bastante probabilidad, saldrían para el hospital 
ó el cementerio. Por esta razón, si el proyecto de la National Rapid 
Transyt Compatiy se limitase solamente al cambio de motor para 
adquirir grandes velocidades prescindiendo de la vía, bien se podría 
aseverar, sin ser profeta, que el dicho proyecto seria un terdadero 
fracaso. Una vez colocada la vía y los carruajes en condiciones á pro- 
pósito para que sin peligro puedan darse e.vtraordinarias velocida- 
des, la cosa cambia por completo, y es de creer que, no tardando mu- 
cho, veremos pasar por delante de nuestros ojos los trenes como si 
fuesen sombras que careciesen de realidad. 



t"!! I «1 <'■■<«•» «!«' >t«|tor )»iii h;í«h«.— No hace mucho tiempo habla- 
mos de la caldera Serpolleí , perfectísima en su género y formada 
por tubos de acero aplastados y arrollados en espiral, con la cual se 
podía conseguir presiones de 170 atmósferas, sin peligro de deforma- 
ción ó explosión de los tubos. El pedir más, parece que sería gollería; 
y, sin embargo, la prensa extranjera nos da cuenta de otro generador 
de vapor debido á la inventiva deM. Chatenet, que aventaja, al pa- 
recer, á la caldera Serpollet. 

La nueva caldera produce el vapor á torrentes y casi instantánea- 
mente. Su fundamento es el siguiente: en vez de colocar el agua en 
la caldera, como se hace en las hoy usadas, ó inyectarla en tubos 
elevados á temperatura muy grande, como sucede en la recientísima 
de Serpollet, M. Chatenet hace penetrar el agua pulverizada en una 
serie de tubos horizontales colocados en el hogar, en los cuales se 
convierte al instante en vapor. La pulverización se consigue mediante 
un aparato auxiliar que consume próximamente un caballo de fuerza. 
Las condiciones que avaloran el generador Chatenet son su enorme 
potencia de vaporización, unida á no despreciable economía en la 
construcción, y el ser inexplosible por no existir en ella depósito al- 
guno de agua; pues, según queda indicado, ésta va entrando poco á 
poco en los tubos y se transforma inmediatamente en vapor. 

Dada la manera de ser de la caldera descrita, es de temer que no 
posea toda aquella duración que sería de desear, y que el recalenta- 
miento de los tubos altere su estructura y cohesión, explosionando al 
tomar el vapor altas presiones. Dícese que la humedad interior de- 
fiende al generador Chatenet de este peligro. El tiempo nos lo dirá. 



REVISTA CIENUVlCA 455 



l'ii iiurTo fiiHil eniiiaíiol.— Con gusto reproducimos en esta sec- 
ción las noticias que traen los periódicos de estos últimos días acer- 
ca de un nuevo fusil debido á la inventiva de nuestro compatriota, el 
teniente coronel Sr. Vaca. 

Según estas noticias, cuya exactitud no garantizamos, la nueva 
arma consta de seis piezas principales: cañón rectangular ó tubo de 
fuerza, manguito, varilla, muelle, espiral y disparador. 

Todas estas piezas son sólidas y de fácil construcción, con la cir- 
cunstancia especial de que el cañón sólo tendrA unos cincuenta cen- 
tímetros de longitud, siendo la total del arma un metro. 

El manguito constituye la recámara elástica, funciona á la vez 
como émbolo y es válvula de seguridad. El corte del cañón hace las 
veces de yunque. 

El disparador es un botón ó saliente colocado en la parte superior 
de la garganta, y el seguro una corredera situada en la parte opues- 
ta, necesitándose la combinación de dos fuerzas para producir el dis- 
paro; el pulgar y el índice de la mano derecha ejecutan esta acción, 
y la posición natural del brazo derecho para hacer fuego, obtenién- 
dose un buen seguro y el disparador al pecho, evitándose el fuerte 
tirón que en la actualidad se hace en el disparador, y que produce, 
como resultado inmediato, la descomposición de la puntería. 

El percutor, ó sea la varilla, obra en sentido del eje del cañón. Se 
prepara el arma automáticamente. 

El rectángulo ó tubo de fuerza está aislado del calor, que se des- 
arrolla en el cañón y manguito. Este se limpia en cada disparo. 

li\ alza tendrá pocas posiciones, por la mucha tensión de la trayec- 
toria. 

No tiene extractor este sistema; los casquillos caen al suelo por 
la combinación del mecanismo al efectuar la carga, que se prepara 
con suma rapidez. 

El cartucho es de fácil construcción y de poco peso. 

El fulminante está situado en la cara interna de la base anterior 
del cilindro que contiene la pólvora, y no ofrece ningún peligro su 
uso. 

Una de las dos partes en que se divide el cartucho al efectuarse 
el disparo sirve de freno al movimiento del manguito, y las dos obtu- 
ran por completo los extremos de la recámara. 

Este fusil, de sistema español, se diferencia de los demás por la 
sencillez, ligereza, resistencia y efectos. 

Parte balística : principia la inflamación de la pólvora de adelante 
hacia atrás, y se quema toda la carga antes de ponerse en movimien- 
to el proyectil. 

La cantidad de calor desprendida por la transformación de la ma- 
teria será la máxima que se puede desarrollar como consecuencia 
del trabajo que hacen los gases al poner en movimiento el manguito- 



456 



REVISTA CIENTÍFICA 



El cañón puede ser muy corto, por ser secundarias sus funciones al 
quemarse la pólvora antes de ponerse en movimiento el proyectil. 

El gran rozamiento que tiene que vencer el manguito por efecto 
de la dilatación de la parte de cilindro que se comprime contra el 
corte del cañón, y la resistencia que le presenta el muelle espiral, ha- 
cen insensible el retroceso y aumenta la detención de los gases en la 
recámara. 

El movimiento del manguito hacia adelante le comunica una se- 
gunda impresión al proyectil antes de salir del cañón, y hace que la 
fuerza impulsiva sea igual en todo su recorrido. 

Se economiza mucha pólvora en cada disparo. 

Y, finalmente, puede asegurarse que la disciplina en el fuego, pro- 
blema capital en las modernas armas, queda resuelta en este sistema 
por disponer el soldado de dos clases de cartuchos: uno para dispa- 
rar sobre las masas y otro para las guerrillas; y como el cartucho de 
varios proyectiles es el que se ha de emplear como de repetición, y 
el de un solo proyectil como el normal, es fácil hacer comprender al 
soldado el uso de ellos, amén de ser m.1s lento el consumo de los car- 
tuchos de un solo proyectil. 

Mucho celebraremos que, en los experimentos que seguramente 
han de hacerse, se confirmen todas estas noticias acerca del nuevo 
fusil español. Hasta que estos experimentos se verifiquen, nos con- 
tentaremos con apuntar los anteriores datos, y desde luego felicita- 
mos al Sr. Vaca por su nueva invención y su noble deseo de dar á 
nuestro ejército arma propia, sin necesidad de acudir, como hasta 
ahora, ;í extraños descubrimientos, con gran perjuicio de los inte- 
reses é industria nacionales. 




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Revista Canónica 




ibsistencia de Ins convenciones sobro Parroquias y Benefi- 
cios sancionadas por decreto Apostólico. — Aunque es doc- 
ij trina canónica, bien definida en la letrislación de la Ifjlesia, 
que los contratos hechos por los Obispos sobre Beneficios eclesiás- 
ticos obligan A sus sucesores cuando han sido aprobados por algún 
decreto de la Santa Sede, conviene recordar el dictamen que en 9 de 
Marzo de este mismo arto ha emitido la Sagrada Congregación de 
Obispos y de Regulares sobre un ruidoso litigio de este género, del 
cual se desprende también la ineficacia de las leyes civiles para im- 
pedir ó suspender los efectos de las leyes eclesiásticas. 

El Sr. Obispo de la Diócesis de Saint Dié, Monseñor Briey, me- 
diante un convenio aprobado en 187S por decreto de la misma Con- 
gregación, entregaba á la Orden de Canónigos Regulares de San 
Agustín la dirección y administración de una parroquia en Maltain- 
court, donde se veneran los restos del Beato Pedro Fourrier, refor- 
mador de la Orden y apóstol de Lotharingia. Algunos años subsistió 



* Rectificación.— 7 A causa de la obscuridad del manuscrito se hizo en la impren- 
ta una modificación errónea del texto en la « Revista canónica» del número anterior, que 
nos apresuramos á corregir por tratarse de un error substancial. En el último punto de 
la página 388, donde se dice: tno debe considerarse como noticia oficial emanada con 
autoridad de la Santa Sede la que comunica al Ordinario el despachador de documen- 
tos apostólicos residente en Roma, aun cuando intervenga mandato expreso de la San- 
ta Sede •, léase »cuando no interviene mandato expreso de la Santa Sede». Suponemos 
que el avisado lector habrá hecho ya por si mismo esta corrección, una vez que la su- 
giere espontáneamente todo el razonamiento que precede. 



4.08 REVISTA CANÓNICX 



el convenio sin perturbación ni contratiempo, quedando el antiguo 
Párroco con el solo título nominal y un honorario conveniente, pero 
administrando la Parroquia uno de dichos Canónigos aprobado por 
el Sr. Obispo de la Diócesis. Tampoco llegó á turbarse la paz, ni con 
el Callecimiento del Párroco titular, ni con los famosos decretos 
de IftSO contra las Ordenes religiosas, pues el Sr. Obispo Briey, teme- 
roso de que el Gobierno francés abusase del Patronato en perjuicio 
del dicho convenio, hizo un nuevo contrato con la Orden de Canóni- 
gos en virtud del cual fué presentado al Ciobierno para el título de 
Párroco un Sacerdote del Clero secular, permaneciendo como Pá- 
rroco efectivo en el fuero eclesiástico un Sacerdote regular presen- 
tado por el Superior de la Orden y aprobado por el Sr. Obispo. El li- 
tigio ruidoso, que llegó á interesar al Senado francés, comenzó á la 
muerte del Sr. Obispo Briey, á quien sucedió Monseñor Sinnois; pues 
creyéndose éste con derecho para rescindir el contrato de su prede- 
cesor, con decreto episcopal de 18 de junio de 1891 , nombró Párroco 
efectivo á un Sacerdote del Clero secular, excluyendo á los Canóni- 
gos Regulares del ejercicio de todo derecho sobre la Parroquia de 
Mattaincourt. Las razones en que se fundaba el Sr. Obispo para justi- 
ficar su determinación, eran dos principalmente : 1.* Que el convenio 
de su antecesor debió ser nulo en su origen, como contrario á las 
leyes nacionales de ISOM que excluyeron á los Regulares de la admi- 
nistración de las Parroquias de Francia. 2.' Que en el contrato he- 
cho por su antecesor se sancionábala perpetuidad del mismo, excep- 
tuándose el caso en que una fuerza mayor lo hiciera insostenible. 
Esta fuerza mayor parecía existir ya, puesto que las autoridades de 
Alattaincourt se habían sublevado contra el derecho de los Canóni- 
gos, hasta el punto de cerrar las puertas de la Iglesia Parroquial con 
su proceder violento. 

No obstante, el Superior de la Orden reclamó ante la Santa Sede 
contra el decreto episcopal de 18 de Junio de 1891 desvirtuando el 
valor aparente de las razones alegadas con oportunas observacio- 
nes. A la primera razón respondía que, prescindiendo del sentido y 
valor canónico que pudieran tener las leyes de 1.S09, lo único cierto 
en la cuestión es que con ellas no se ha despojado á la Santa Sede 
del derecho pleno para disponer lo que en algún caso particular juz- 
gara oportuno; derecho de que realmente ha usado al aprobar el 
contrato entre el Sr. Obispo Briey y los Canónigos Regulares. A la 
segunda razón replicaba, que el acto de las autoridades de Mattain- 
court no puede considerarse como la imposición de una fuerza ma- 
yor que obligue á rescindir el contrato, principalmente si se tiene en 
cuenta que el Senado francés había reprobado y cohibido última- 
mente los abusos de esas autoridades locales. Añadía á esto que se- 
mejantes atentados, según consta por un documento leído en el 
Senado por el Ministro Sr. Constans, habían sido sugeridos en la 



REVISTA CAN'Ó.VICA 45^^ 



misma Curia íípiscopal, con el fin de poner las cosas en tales condi- 
ciones, que la Santa Sede se viese comprometida á prescindir del 
contrato por ella misma ratificado. 

Otros puntos de litigio se alegaron, que no es preciso reproducir, 
para ilustrar la cuestión. Ponderadas finalmente todas las razones en 
pro y en contra, la Sagrada Congregación de Obispos .v de Regulares 
resolvió la cuestión controvertida anulando el decreto del Sr. Obis- 
po de Saint Cié. 

An decretmn episcopale diei IS Jiinii IS') 1 sustineatur in casu. 
Respuesta de la Sagrada Congregación: Negative. 

Como hemos indicado arriba, esta sentencia definitiva supone dos 
principios de doctrina canónica incontestables, esto es: la subsisten- 
cia y obligación permanente de los contratos episcopales cuando ha 
intervenido la ratificación de la Sede Apostólica, y la ineficacia de 
las leyes civiles para suspender los efectos de las leyes eclesiásticas. 



Declaraciones de la Sagrada Congregación de Ritos sobre el 
Símbolo de San Atanasio, responso Libérame, Domine> y conraemo- 
racióa del Santo Patrono.— Consignamos aquí las tres declaraciones 
emanadas de la Sagrada Congregación de Ritos acerca de los tres 
puntos litúrgicos que indica este epígrafe: 

En la primera declaración , dada en 17 de Noviembre de 18*)3, en 
respuesta al Sr. Arzobispo de Buenos Aires, se resuelve que el 
Símbolo de San Atanasio, Quicumque vull salviis esse, debe rezarse 
en el día de la Octava de la Santísima Trinidad, cuando es ésta la 
fiesta titular de la Iglesia. — C/í;;/ prcrjatic MetropoUtamc Ecclesice 
Tilularis sit Siinctissiuia Trinitas, ideoque IpsÍKs fcstuui cuín oc- 
tava in Archidincesi Boneareusi celebratiir; hinc quíerilur: an die 
octava Syniboluní S. Athnn.isii — Quicumque vull salvus esse — in 
Hora Prinm recitandum sn't ul in die /esto. — Respuesta de la Sa- 
grada Congregación de Ritos: Affirmalive juxta decretum in una 
Einsidlen. die 5 Maji 1135. En el decreto á que alude esta última 
respuesta se declaraba que el Símbolo de San Atanasio no debe 
rezarse en todos los días de la Infraoctava de la Santísima Trinidad, 
aunque sea la fiesta titular de la Iglesia, sino únicamente en el día de 
la fiesta y en el día de la Octava. 

La s^^'gunda resolución que indica el epígrafe es una respuesta, di- 
rigida por el Emmo. Prefecto de la Congregación de Ritos al Señor 
Obispo de Cava, en que se declara tolerable la costumbre existente 
en una Parroquia de aquella Diócesis de cantar el Libérame, Domine 
en la misma casa de donde se extrae el cadáver. Rever endissime 
Domine uli fraler. Quoad consuetudinem vigenlem in paroccia 
Ssmi. Salvatoris loci vulgo Passiano nuncupati ultra fines istius 



460 KEVISIA CANÓNICA 



Cavensis Di(£ceseos, vi cujus a sodalibus Coufraterttitatis saticto- 
riini Apostolormn Joannis ac Thounv in domo a qiia cadáver defer- 
tur,cantari solet Res¡yonsoriiim Libérame, Domine, petitam injor- 
mationem transjnissit Amplitudo Tua per Hileras diei 30 Septeni- 
bris clapsi. Sacra porro hiec Rilunvi Congregalio rationibus ab 
Amplitudiíie Tua deductis atque ab injrascriplo secretario relatis 
maturo examine perpensis, rescribendum censuit: Expositam con- 
suetudinem tolerari posse. 

La última declaración á que se alude en el epígrafe es la res- 
puesta á una duda del Sr. Obispo de Montpellier acerca de la conme- 
moración del Santo Patrono de un lu^jar ó Parroquia cuando es dis- 
tinto del Santo Titular de la iglesia. Declara la Sagrada Congregación 
de Ritos, con fecha (> de Abril de 1.S94, que aquellos Sacerdotes que 
forman el Clero de una iglesia determinada, en el caso de ser distintos 
el Santo Titular de la iglesia y el Santo Patrono del lugar, deben ha- 
cer, siempre que la rúbrica lo ordena, conmemoración del Santo Ti- 
tular, y también del Santo Patrono, cuando así lo haya introducido la 
costumbre. An commemoratio Paíroni ¡oci qui a Tilulari Ecclesiie 
diferí ,f adeuda sil ab illis qui aiicut Ecciesia^ st riele addicti suní, 
Ha ut dupliccm commemoraliovcm agcrc fciteanlur, nempe, pri- 
mam de loci Patrono, alleram de Tilulari Ecclesiie. Respuesta de 
la Sagrada Congregación de Ritos: Ajjirmative de Tilulari Eccle- 
si(r; atque eliatn de Patrono si vigeat consuetudo. 



El matrimonio ontre católicos y cismáticos. El Bautismo y educa- 
ción de los hijos cuando los padres son de diverso rito católico. — Con 
fecha 11 de Abril de IS04, el Kmmo. Cardenal Prefecto de la Sagrada 
Congregación de Propaganda fide, en contestación A algunas du- 
das propuestas por el Sr. Obispo de Fort-Waine, declara que en la 
celebración del matrimonio mixto entre católicos y cismáticos deben 
exigirse las mismas condiciones canónicas que en los matrimonios 
contraídos entre católic os y herejes; y tocante al Bautismo y educa 
ción de los hijos nacidos de padres católicos, pero de rito diverso, de- 
termina como norma general que, así los hijos como las hijas, deben 
ser bautizados y educados en el rito católico del padre. 

llluslrissime el Rme. Domine: 

Lilteris luis ad hanc 5. Congregationem quicdam proposuisli 
dubia quorum solulionem postulabas, nempe: 

7.° An matrimonia Catholicos inter el Scliismaticos, qua^ in 
hisce regionibusfacile evenire possunt , quoad condiliones canóni- 
cas praniHíi sólitas, cequiparanda sint malrimoniis mixlis i. e: Ca- 
tholicos inter el hier éticos (baptisalos) contrahendis. 

2." Utro in ritu baptisari el educari debeantjilii filiísqiie paren- 



REVISTA CANÓNICA 461 



titni Calholicortint quident sed ad diversos ritus pertinentittm ve- 
liiti ad Romaman, Ruíhoiutu, Arviennw, etc. 

Porro ómnibus maíure perpensis respondendum censeo propo. 
siíis diíblis ut sequitur: 

Ad 1 »m Afjirmative. 

Ad 2."'" Filiifatuilias gencrntivi loquendo haptizari et educari 
debent in ritti putris. 



La aplicación de la Misa en el caso de binación.— Según repetidas 
declaraciones emanadas de la Santa Sede en muy diversas formas y 
para muchos casos particulares, es ya doctrina elemental en Derecho 
que el Sacerdote A quien por alguna razón canónica le est;'i permiti- 
do celebrar dos ó m.is veces en un mismo día. no puede recibir limos- 
na ó estipendio por la aplicación de la Misa ó Misas adicionales, sin 
privilegio especial de la Sede Apostólica, que rara vez se concede, 
y siempre con la limitación de adjudicar la limosna, ó á un Semina- 
rio pobre, ó á alguna Obra pía. Fn la presente resolución, que recor- 
damos A nuestros lectores, se trata de un Presbítero de Friburgo que, 
poseyendo en propiedad un beneficio ó capellanía, le está encomen- 
dado temporáneamente el régimen y administración de una Parro- 
quia con la obligación consiguiente de aplicar la Misa pro populo, y 
se pregunta á la Sagrada Congregación del Concilio si en este caso, 
y habiendo obtenido ya la facultad de binar, puede dicho Sacerdote 
aplicar una de las dos Misas para satisfacer á las cargas de su bene- 
ficio. Es de notar que en la fundación de este beneficio se impone al 
beneficiado la obligación de celebrar cuatro Misas todas las sema- 
nas, determinando además el fundador como días fijos los domingos 
y fiestas de precepto, es decir, aquellos días en que debe aplicar la 
otra Misa pro populo. Según esto, se pregunta: 

1.*» Uírum oneri ipsi, tamquatn beneficio incumbenti, quavis do- 
minica applicandi pro Jundatoribus, satis/acere possit per secun- 
dcim AJissam, quam prccter .Ifissmn parochialem pro parochia An- 
dehhojen applicandam celebrat. 

Respuesta de la Sagrada Congregación del Concilio en 14 de 
Abril de 1894: 

Ad J .'"" Vigore etc. attentis etc. pro gratia ad cautelam ad trien- 
ni/im si tandiu etc. 

Siguen otras dudas, en la suposición que dicha facultad no pudie- 
ra concederse, como la de trasladar la Misa del beneficio á otro día 
de la semana, á pesar de la voluntad contraria del fundador, ó la de 
ceder parte de los réditos del beneficio en favor de alguna obra pía, 
ó celebrar en dichos días por medio de otro Sacerdote, entregándole 
el estipendio correspondiente. Para estas dudas no había lugar una 



462 REVISTA CANÓNICA 



resolución directa, una vez que han sido preocupadas en la primera 
decisión: 

Ad 1 .<•"* et 2.""'. Provisum. 

Tocante X la primera duda, la Sagrada Congregación del Concilio 
no ha querido resolver de una manera directa la cuestión general» 
limit;lndose únicamente á conceder la gracia ó dispensa para el caso 
particular ad caiitehun, lo cual indica que la ley canónica es verda- 
deramente dudosa en esas circunstancias. En general está prohibido, 
no sólo recibir limosna por la segunda Misa, sino también aplicarla 
con el fin de satisfacer á alguna obligación de rigurosa justicia, como 
son las obligaciones de los beneficios en que por razón de la Misa se 
perciben frutos ó réditos temporales. Mas, en el caso presente, es ne- 
cesario cumplir las leyes del fundador del beneficio que exigen la ce- 
lebración de la Misa en los días festivos, y por consiguiente no es po- 
sible trasladarla á otro día de la semana en que no se aplique la Misa 
pro populo. Por otra parte, substraer la parte de réditos correspon- 
diente á la Misa de los días festivos, sería disminuir notablemente 
los frutos del beneficio. Parece, pues, lo más probable que en este 
ca:5u particular pueden percibirse lícitamente todos los réditos del 
beneficio ó capellanía, sin e.vcluir los que proporcionalmente corres- 
ponden á las Misas celebradas en los días en que se aplica otra Misa 
pro populo; debiéndose equiparar al caso en que un solo Párroco 
posee en propiedad dos parroquias, el cual tendría obligación de apli- 
car dos Misas pro populo, sin perder por eso parte alguna de los fru- 
tos de ambos beneficios. 

Conviene recordar que el rigor de la ley general que prohibe reci- 
bir limosna por la segunda .Misa, ó extinguir con ella alguna obliga- 
ción de justicia, no prohibe aplicarla para satisfacer á otras obligacio- 
nes que, aunque presenten un aspecto de justicia, están basadas prin- 
cipalmente en la caridad. En las Órdenes religiosas, por ejemplo, 
como en algunas Cofradías, existe para los Sacerdotes la mutua obli- 
gación de aplicar una ó más Misas por el eterno descanso de los Reli- 
giosos ó Cofrades difuntos. En este caso, aunque la obligación pro- 
venga de un pacto ó contrato, el Sacerdote que por cualquiera motivo 
obtuviese la facultad de binar, podría aplicar la segunda Misa para 
satisfacer á estas obligaciones. 

f R. I^ONORATO DEL /aL, 
.Xgustiniano. 






CRÓNICA GENERAL 



KOMA 




[|ov motivo de las exhibiciones anarquista*-, de que ha sido te 
rriblc ejemplar el asesinato de Carnot , y A consecuencia, 
también de la medida reparadora , adoptada por el (Gobierno 
francés, devolviendo sus temporalidades al Sr. Arzobispo de Lyon^. 
y sobreseyendo la causa que se le había Ibrmado, va á publicarse un 
documento pontificio, tal vez en forma de carta á aquel venerable 
l^relado, para inculcar A los católicos franceses las enseñanzas que 
se desprenden de estos sucesos. 

—No es cierto que Su Santidad haya enviado corona alguna para 
el féretro de Carnot , ni era creíble que lo hubiera hecho, porque no 
tienen puesto en la liturjiia católica. Esto no impide que un periódico 
haya descrito esta imaginaria corona, como D. Quijote describía las 
facciones de Amadís de Gaula. El autor de la descripción es un pe- 
riodista inglés, que esta vez ha desmentido su raza metiéndose en 
libros de caballerías, de que es tan poco entusiasta. 

—Les Santos Juan de Dios y Camilo de Lelis han sido declarados 
Protectores de los hospitales y de todos los enfermos, y San Vicente 
de Paul de las Congregaciones y Sociedades caritativas del mundo 
católico. 

Se ha publicado la aprobación de la Misa y Oficio del Beato Fiay 
Diego de Cádiz y del Beato Juan de Avila. 

También se ha publicado el juicio que forma la Congregación de 
Ritos de las obras de la venerable Luisa de Marillac, cofundadora de 
las Hermanas de la Caridad, y de los escritos de Sor María Magda- 
lena Postel y del venerable Mariano de Rocca Cásale, lego de los 
Menores Observantes. 



464 CKÓXICA GENERAL 

— Baccclli , Miiiibtio de Instrucción Pública en Italia, que repeti- 
das veces se había declarado leal subdito pontificio en tiempo de 
Pío IX, ha señalado como tema de premios en el presente curso el 
que sigue: 

"20 de Septiembre de 1S70. Toma de l^oma. Por este acontecimien- 
to se cumpl ieron los deseos de tantos pensadores, mártires y héroes. 
El candidato deberá expresar qué clase de sentimientos despierta en 
su alma esta fecha memorable, y qué afectos deben inspirarle, á ñn 
de ser, al terminar sus estudios, un buen ciudadano. „ 

Y, claro está : el alumn o que desea obtener el premio, se hará tan 
crispiniano como Crispí 3' tan garibaldino como Garibaldi. De esta 
manera se empieza por torcer los sentimientos de la juventud , y asf 
se quiere consolidar la situación creada en 187<.). 

—Se ha publicado el programa de concurso para un monumento 
que se trata de erigir á la memoria del \'enerable Tomás de Kcinpis, 
Canónigo regular del Orden de San Agustín, autor de La Imitación 
de Cristo. Podrán tomar parte en el concurso los artistas holandeses 
y extranjeros, debiéndose remitir los proyectos al Secretario de la 
Comisión para el monumento antes del día 15 de Enero de 1895. 

El monumento ha de tener la forma de sepulcro, puesto que debe 
contener los restos mortales de Tomás de Kempis, que descansan 
ahora en Zivolle. Se colocará en la iglesia católica de San Miguel, 
de esta última población. El Secretario de la Comisión y el Jurado se 
halla en Amsterdám. Al proyecto que sea calificado en primer lugar, 
se le concederá un premio de l.CMX) florines (2.100 francos). 

—El periódico sectario de Roma J¡ Mcssagcro aplaude sin rebozo 
aquel párrafo de la última Encíclica en que se trata de la paz y del 
desarme. Las frases de II AJcsisagero merecen citarse. "Al Papa, que 
invoca la paz, que predica el desarme, que denuncia las engañado- 
ras apariencias de la paz armada, oponemos nosotros grandes ejér- 
citos generales, pródigamente retribuidos, y monstruosos presu- 
puestos de guerra, que arrebatan el pan á los obreros y contribuyen 
á la ruina de los mismos. V lo peor es que no tenemos con qué reme- 
diar esos males ni sabemos consolar á sus víctimas, pues sólo pode- 
mos asegurarles que todo irá de mal en peor, y que los temores de 
hoy serán desgracias mañana, y así hasta el infinito. „ 

Este párrafo de // Messngero es uno de los más elocuentes comen- 
tarios de la última Encíclica. 

—El Consejero municipal de Ñapóles caballero Luis de Matteis 
propuso en el Ayuntamiento de esta capital que se diesen las gracias 
al Papa León XIII por haber publicado la última Encíclica, en que 
se contienen los principios que pueden salvar la sociedad. 

El Ayuntamiento se adhiri»'» con entusiasmo á la proposición de 
Matteis. 



CRÓNICA GENERAL 4tS5 



II 

EX r K A NJ E K O 

Alemania. — Nada menos que 32 reuniones de socialistas se verifi- 
<:aron el día 12 del corriente en Berlín y sus cercanías, pronuncián- 
dose violentísimos discursos contra los cerveceros, que, haciendo 
catsa común con los burg^ueses, se n¡ep:an A ceder sus locales para 
las reuniones socialistas. Los principales jefes de los diferentes gru- 
llos hicieron s^randes esfuerzos para que se tomaran resoluciones ex- 
tremas contra las cervecerías que forman parte del Sindicato; pero 
sus predicaciones no consiguieron el objeto apetecido, y las reunio- 
nes se disolvieron sin tomar ningún acuerdo definitivo, y sin produ- 
cir alteraciones en el orden público. 

—La prensa conservadora ataca duramente al Canciller Caprivi, 
porque no propone al Reichstag leyes excepcionales contra los anar- 
quistas. Ya vamos viendo que entre el Sr. Sagasta y dicho Canciller 
hay más de un punto de semejanza, aunque en el Senado se reían los 
abuelos del mismo porque nuestro cuasi Cnnriller fu-iionista quería 
hombrearse con el de Alemania. 

Verdad es que nosotros tenemos una ley nuevecita contra el anar- 
quismo; pero tan enteca y para poco, que, á pesar de ella, seguirán 
divulgándose doctrinas disolventes, como si tal cosa. 

Basta leer los periódicos franceses para comprender cuan viva 
impresión ha causado en Francia el acto generoso y hábil del Empe- 
rador de Alemania, acto que califica un diario francés de verdadera- 
mente regio, al devolver la libertad á los dos oficiales de aquel país 
presos por espionaje en Glatz, á fin de manifestar de este modo sus 
simpatías á Francia por el duelo que la aflige. 

El Embajador de Alemania en París, Conde de Munster, se pre- 
sentó en el Elíseo por orden del Emperador, y comunicó á M. Perier 
la noticia en estos términos: 

"Señor Presidente : S. M. el Emperador, mi Soberano, me encarga 
que os renueve la expresión de su sentimiento por la muerte de 
M. Carnot, y al mismo tiempo que os haga presente que, en señal de 
respeto á la memoria del difunto Presidente y en testimonio de su 
simpatía hacia su sucesor en la Presidencia de la República y hacia 
el Gobierno francés, ha dado orden de poner en libertad á los dos ofi- 
ciales franceses detenidos en Glatz.. 

M. Perier, visiblemente conmovido, contestó: "Os ruego, señor 
Embajador, que manifestéis mi viva gratitud á S. M. el Emperador. 

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466 CRÓNICA GENERAL 



En un día comu éste, su noble pensamiento llegará al corazón de to. 
dos los franceses^. 

En la iglesia de Nuestra Señora, después de los funerales de 
M. Carnot, á que concurrió el Embajador de Alemania, como todo e! 
Cuerpo diplomático, se acercaron al Conde de Munster el Presidente 
del Senado, M. ChallemelLacour, y muchos personajes políticos, para 
manifestarle cuánto les había impresionado el acto del Emperador. 

—Según últimos telegram.-is, parece ser que tenemos ya el cólera 
en Berlín. Uno del 19 dice así: "Desde que se divulgó la noticia de 
haberse registrado casos de cólera en Dantzig y en Hamburgo, se 
temía que la epidemia invadiese esta capital, por lo mismo que la-> 
autoridades no se manifestaban tan diligentes como otras veces para 
adoptar precauciones. Hoy se ha anunciado ya oficialmente la exis- 
tencia de la infección en esta población. L'na mujer que había llega- 
do hace pocos días desde San Petersburgo, fué atacada ayer por el 
cólera. Los síntomas eran tales, que ningún médico de los que exami 
naron á la enferma dudó acerca del carácter del padecimiento. Esta 
mañana ha sido conducida la paciente al departamento del hospital 
de Moabit destinado á los coléricos. Se han adoptado medidas d<\ 
precaución en el mencionado establecimiento, y ha sido desinfectada 
la habitación en que estaba alojada la mujer invadida^. 



♦ * 



Austria-Hlm.ría.— Un diario católico francés dice que Hungría 
está madura para el liberalismo, y tiene razón: el proyecto de ma 
trimonio civil ha sido aprobado sin discusión ni enmiendas aun en la 
Cámara de los Señores, gracias al nombramiento de nuevos vocale-) 
que el Emperador ha autorizado al Ministerio liberal. Detrás de 
este proyecto hay otros tres, inspirados en el mismo espíritu, y que 
se presume serán igualmente aprobados. De estos tan lamentables 
triunfos de los sectarios debe seguramente hacerse responsables á 
los judíos y á los masones, que en Hungría se han envalentonado man 
que en otras partes; ellos sabrán por qué. 

— Acaba de celebrarse en Presburgo (Hungría) un Congreso Ca 
tólico. Su primer acto ha sido protestar contra ia nueva ley del ma- 
trimonio civil, pidiendo al Emperador-Rey que la derogue. Después 
se ha tratado de organizar las provincias para que en las épocas 
electorales sea más decisiva que hasta ahora la influencia católica. 
La discusión se ha sostenido en alemán y en húngaro. Cuanto á l.t 
derogación de la desdichada ley del matrimonio civil, seguramcnt<: 
que nada conseguirán, puesto que Francisco José, por razones que 
se ha guardado en su real pecho, ha contribuido dicazmente á su es- 
tablecimiento. 



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* * 



CKÓMCA GENERAL 467 



Rusia.— La infección colérica se desarrolla en Rusia de una ma- 
nera alarmante. En la capital presenta carácter más violento que el 
aflo pasado; el número de defunciones con relación al de invasiones 
es también mayor que durante la anterior epidemia. Esta se ha exten- 
dido por toda la ciudad, en tanto que hace un año, á fuerza de ener- 
gía, estuvo limitada á un distrito. 

Por término medio hay en los hospitales 4«X) coléricos sometidos á 
tratamientos. El día 14 hubo 218 invasiones y 69 defunciones. Es de 
advertir que en los días de mayor recrudescencia no excedió de üO el 
número de defunciones durante el año último. 

Las autoridades han adoptado las más riourosas precauciones 
para contener el desarrollo de la infección. El Prefecto ha ordenado 
que permanezcan cerradas las tabernas los domingos y demás días 
festivos, en tanto que no desaparezca la epidemia. 

La Dirección de Sanidad ha dispuesto que se lijen en todos los 
sitios públicos carteles en que se recomiendan las precauciones 
higiénicas que cada familia ha de emplear para evitar la invasión, y 
las que han de adoptarse con los individuos atacados. 

En todos los edificios públicos, en los teatros, fábricas y talleres 
se practican enérgicas desinfecciones; las direcciones de los ferro- 
carriles han a listado numerosos jóvenes para que auxilien á los mé- 
dicos, y han organizado lazaretos y carruajes de ambulancia en las 
líneas de San Petersburgo á Moscow y V'arsovia. 

En San Petersburgo y sus arrabales han sido convertidos en hos- 
pitales varios edificios públicos, y el Ayuntamiento ha mandado á los 
dueños de fondas y restaurants que tengan constantemente prepara- 
das grandes cantidades de agua hervida para distribuirla gratuita- 
mente á los pobres. 

La infección se va propagando por muchas provincias. 

En Cronstadt hubo 57 casos y \5 defunciones en la primera quin- 
cena del mes actual; en Varsovia, 33 y 21, respectivamente, desde 
el 1." al 7 de Julio; en Kielest, 119 y M; en Estonia, 7 y 3; en Kovno, 
187 y 46 durante dos semanas; e