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CIUDAD DE DIOS
REVISTA RELIGIOSA, CIENTÍFICA Y LITERARIA
DEDICADA
AL (ÍRAN PADRE SAN AGUSTÍN
Y KEIMl.íAlit l'OR UINVlS 11»; SU ()RÜE\
oosa >s.>>x o» >vo to 2vr xoi.Be T >^ e7xo.A.
VOLUMEN XL
REDACCIÓN Y ADMINISTRACIÓN
REAL MONASTERIO DE SAN LORENZO DEL ESCORIAL (MADRID)
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Madrid, 18%. —Imprenta de L. Aguado. — Ponte ios, h.
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La Uni\krsalii)ai) del Diluvio
V LA Or^RA 'HGIPTO Y ASIRÍA RESUCITADOS , (O
Vindicación del Cardenal Gonzáler y de otros escritores católicos.)
XL\
I- aquí cómo se expresa después el Sr. X'albuena:
"Arrojados ya del arca — dice — tres de los cuatro
tipos, porque maldita la falta que en ella hacían,
volvamos al primero, el de los vertebrados, subdividido por
el P. V'igil en cinco clases, á saber : mamíferos , aves , rep-
tiles, anfibios y peces, y hagamos con ellos lo que acabamos
de ejecutar con los otros tipos. Comenzando por los peces,
suponemos que no querrán los enemigos del diluvio univer-
sal convertir el arca de Noé en un estanque, y que dejarán
en paz á los peces en su elemento,,. — Sin embargo, como
hay algunos peces pulmonados, y que por lo mismo pueden
vivir á veces en tierra y aun por meses enteros, podría ocu-
rrir alguna duda. Pero pasemos adelante: "También hay
(1) Véase la página 580 del volumen xxxix.— En el artículo xv de
esta serie, pág. 487 del vol. xxxix, después de las palabras de/ horno,
se omitieron, por involuntario descuido, las siguientes: pero no es-
tuvo de más que se salvaran conio se salvaron. Pudo avisar antes d
Lot para que se J-'hraran él y su familia del incendio de Sodonia...
LA UNIVERSALIDAD DEL DILUVIO
que excluir á los anfibios, no sólo porque pueden vivir per-
fectamente en el agua, sino porque en ella se conservan y
empollan sus huevos cuando las condiciones del calor, etc.,
les son propicias, pudiéndonos servir de ejemplo la rana^.
Pues no viven tan perfectamente en el agua. Muchos anu-
ros y algunos urodelos son propia, si no exclusivamente, te-
rrestres, en el estado adulto. Y aunque los más pueden vivir
en el agua, todos tienen que subir á cada paso á la superfi-
cie para respirar el aire libre, cosa no muy fácil en el di-
luvio.
En cuanto á '* conservarse y empollarse los huevos en el
agua„, dígalo el Ilylodcs nmrtinicensis, que pone en la tie-
rra, entre las piedras, los huevecillos. de donde salen las ra-
nitas en su forma definitiva; la Pipa aineyicaiia , que tiene
una especie de gestación cutánea, saliendo los animalillos
del dorso de la madre en el estado adulto por haber experi-
mentado todas sus metamorfosis dentro de las envolturas
ovales; ó bien los Xotot remas, que, dando un paso más, po-
seen ya dos grandes bolsas incubatrices. Además, ;cómo
pudieron sobrevivir los mismos acuáticos en el agua mari-
na? {Cómo pudieron conservarse los huevos; on las r^y^ocyoo,
vivíparas, como son ciertas salamandras:
'Sobran igualmente en el arca los reptiles, á "cuya ge-
neración ovípara basta el calor atmosférico para que se
desarrolle el nuevo ser en el huevo (p. 151 )• Por lo mismo
pudieron muy bien conservarse los huevos, y, retiradas las
aguas, salir el reptil en aquellos que hubiera sobre la super-
ficie terrestre „.
Entonces, ;.por qué no sobran también las aves, por lo
menos algunas de ellas? Sabemos, en efecto, que hay varias
especies que no incuban , que dejan sus huevos para ser in-
cubados por el calor del sol ó por el desarrollado entre ve-
getales en descomposición, y artificialmente se pudieran in-
cubar los de todas ellas. En los reptiles tenemos todos los
inconvenientes antes mencionados, con otros mayores. Al-
gunos de ellos son ovovivíparos; otros, como las boas, incu-
ban los huevos, y muchos tienen que prodigar ciertos cui-
dados á la prole. Aparte de esto, hay otra dificultad general
LA UNIVERSALIDAD DEL DILUVIO
que bastaría por sí sola para echar por tierra ese vano re-
curso á la conservación de los huevos. Por ventura, cuando
ocurrió el diluvio, ;había huevos de todas las especies? ;Por
ventura se apresuraron todas á poner, contra las leyes na-
turales, al ver se acercaba el gran cataclismo? -;Por ventu-
ra ponen todas ellas, ni aun las de grupos muy vecinos, en
las mismas épocas del año?
Pero lo más curioso es que se excluyan así como quiera
los reptiles, cuando tan maniliestamente van comprendidos
en las palabras del texto, á ser tomadas sin restricción. "Ni es
inconveniente— añade el Sr. Valbuena (p. !289)— el que Moi-
sés cuente, entre los animales recogidos por Noé, é'.v omni
rcptili , porque la palabra hebrea remesch , que la Vulgata
traduce reptiles, no tiene la significación zoológica que hoy
le dan los naturalistas, sino que significa animales pequeños
y de patas cortas, tales como el conejo, la ardilla, etc.„
{Xo ha de ser inconveniente el ex omni vcptili? Cierto
que la palabra remesch (^^21) "^^ tiene la acepción precisa
que dan hoy los naturalistas S. la de reptiles; pero también
lo es que tiene la misma significación general que el reptile
solía tener entre los latinos y el busTÓv entre los griegos: la
á^ animal rastrero ó que anda medio arrastrando por la tie-
rra. Si es verdad que comprende más que á los verdaderos
reptiles, también lo es que comprende por de pronto, y aun
en primer lugar, á todos los reptiles terrestres. La palabra
rc))iescli debe tener aquí el mismo sentido que tiene en el
capítulo I (vers. 24 y 25). cuando se habla de la obra del
sexto día, que corresponde de lleno con el período tercia-
rio. Aquí designa evidentemente, aparte de ciertos mamí-
feros rastreros, á todos los reptiles terrestres, pues todos
ellos fueron formados en ese período, según nos muestra la
paleontología. Así, á xiiferencia de los schevets (yif) ó tan-
iiiniín (=::irr) de los versículos 20 y 21, que designan propia-
mente á los monstruosos dragones, en su mayoría acuáti-
cos, del día quinto ó período secundario, vemescJi designa
los reptiles terrestres que aún perseveran. Por eso los taií-
lünnn no figuran en el versículo 28 y siguientes, cuando Dios
bendice al hombre y le da posesión de toda la creación, por-
10 LA UNIVERSALIDAD DEL DILUVIO
que aquellos horrendos monstruos estaban ya todos extin-
guidos; y, en cambio, liguran por primera vez los peces
(dagli) (i-f) no mencionados en el día quinto por estar cria-
dos anteriormente. Por consecuencia, el remesch designa
mu}' bien á los reptiles terrestres de respiración exclusiva-
mente aérea (1); y no es posible excluirlos sin restringir el
sentido del texto, y aun sin hacerle violencia; pues como
algunos de esos reptiles eran bien conocidos de Noé, debie-
ron ser encerrados en el arca, aun en sentir de los que res-
tringimos las palabras iodos los animales '\ los domésticos
y dcm.is animales conocidos.
X\
Vemos, pues, cómo el exagerar las cosas conduce al ex-
tremo opuesto, y los que más quieren generalizar el texto
bíblico son los que acaban por restringirlo m;ts que nadie.
Quedaron, según nuestro autor (loe. cit.), "para encerrar
en el arca, d fin de que no perecieran en el diluvio, sola-
mente los uianiíferos y las aves. Por lo cual, si éstos cabían
en el arca de Noé, están de más todos los cálculos que se
hagan sobre los otros tipos, clases, órdenes, familias, gé-
neros y especies. ¿V cabrían todas las especies de mamífe-
ros y de aves dentro del arcar Evidentetíiente; y para de-
mostrarlo no vamos á buscar testimonios viejos, ni de ami-
gos, sino recientes, de hombres versados en la Zoología, y
por añadidura semimaterialistas. Nos referimos á la Histo-
ria Universal f^Vafitral querrá decir el Sr. Valbuena) titu
lada La Creación é impresa... bajo la dirección del Sr. \'i-
1 ano va y Piera„.
¿Conque, por lo visto, N'ilanova debía de ser semimate-
rialista? Si viviera el ilustre sabio, sabría volver por su
fama de fervoroso católico.
Por lo demás, dicha obra ni es tan reciente, ni tan com-
(1) Podrá verse esta cuestión por extenso en nuestra obra La
Evolítcióti. lib. II, cap. ii.
LA UMVERSALIDAD DEL DILUVIO 11
pleta como als^unos piensan : es mds bien un libro de vulga-
rización propio para divertir á profanos con episodios de
animales, pero muy poco ú propósito para entrar en hondu-
ras científicas, y para formarse idea adecuada del estado
actual de la ciencia; y así se explica el poco aprecio que
merece de los verdaderos sabios.
Por lo tanto, para desmentir nuestros datos se debía ha-
ber recurrido Á obras recientes y de especialistas en la ma-
teria, y no á La Creación de Brehm.
Pero dejemos pasar la cita. El texto de dicho autor que
aduce el Sr. X'albuena, texto que pudiéramos desechar por
motivos muy justos, en nada nos contradice; pues, con res-
pecto á los mamíferos, nosotros nada habíamos afirmado,
y él sólo afirma que el número de especies conocidas hasta
ahora f^asa de 'J/lDO. :\ do dónde iw pasa, que es lo que se
buscaba :
En cuanto A las aves, dice: "En el estado actual de nues-
tros conocimientos, se describen unas 8.(.)0üespecies„. Esto
tampoco es precisar ni desmentir la autoridad de un espe-
cialista posterior como Boucard, que cuenta por su nombre
hasta \\.(XM especies. "Total de mamíferos y aves, añade
nuestro respetable impujjnador, lO.CKX); que duplicando el
número, pues entraron macho y hembra, nos da 20.(X)Ü in-
dividuos. „—;Y los siete individuos de cada especie de aves
y de los mamíferos puros?— Después de eliminar los cetá-
ceos, prosiííue: "De las otras especies, tanto en mamíferos
como en aves, hay que eliminar muchísimas todavía, por-
que es harto común contar entre las especies simples va-
riedades ó ra3as„. — En seguida, confundiendo las razas del
perro doméstico con las verdaderas especies del género ca-
nis, dice: "Todas las especies salvajes y domésticas se mez-
clan y se reproducen entre sí; luego no forman más que una
sola especie. También se mezclan los lobos y los perros; de
manera que, aun éstos, pueden reducirse á la única especie
canina, quedando limitadas las 139 del género á una ó dos.
Lo mismo podemos decir del género nvsideo, puesto que,
evidentemente , los osos de todas partes, blancos, negros,
pardos, etc. , son hermanos v pueden proceder de una sola
12 LA LXIVEKSALIDAD DEL DILUVIO
pareja. Nada digamos de los felinos y los simios, cuyas es-
pecies multiplican los naturalistas, reduciéndose no obs-
tante d muy pocos , puesto que los otros síMo son varieda-
des ó razas„.
;Dónde está el fundamento de tales afirmaciones contra-
rias á las de todos los naturalistas? Sabido es que hay mu-
chas especies dudosas, acerca de las cuales disputan los
sabios, teniéndolas algunos por simples razas; pero tam-
bién hay razas dudosas que pudieran resultar especies legí-
timas. Sin embargo, la duda se reduce sólo á las especies
más afines y á las razas más diversas. Cierto que los trans-
formistas defienden que no hay distinción esencial entre la
especie y la raza, y que por lo mismo se puede pasar insen-
siblemente de una de esas agrupaciones á las otras, mien-
tras los antitransíormistas sostienen todo lo contrario. Pero
cuando los más avanzados transformistas, á pesar de que
esto les perjudica, se ven forzados á reconocer en general
cierta distinción entre las dos suertes de agrupaciones, y
admitir como legítimas la inmensa mayoría de las espe-
cies congéneres, y quizá todas las bigéneres; cuando convie-
nen á una en confesar esa legitimidad todos los jueces com-
petentes, ora estén interesados en defenderla, ora lo estén
i;n negarla, no sabemos cómo el Sr. \'albuena se atreve á
combatirlos. ¡Con que todo el orden de los monos y toda la
familia de las félidas se reducen á muy pocas especies! ¡Con
que el oso polar y el pirenaico no son más que una especie
sola! ; Adonde vamos á parar? Esto equivale á dar al traste
de una vez con toda la Zoología y con toda la Paleontología.
¡Qué pronto falla el Sr. Valbuena esa cuestión que tanto
da que disputará los grandes naturalistas! Por nuestra parte,
podemos decir que le hemos consagrado de 309 á 400 pági-
nas en nuestra obra La Evolución, y estamos muy lejos de
creer haber llegado á conclusiones del todo precisas. El
Sr. V^albuena, con sólo invocar el mal llamado criterio prác-
tico de los cruzamientos fecundos, lo resuelve todo de un
golpe y en teoría, sin necesidad siquiera de ver lo que su-
cede en la práctica. "Todas las e.species domésticas y salva-
jes de perros se mezclan.: -quién lo ha dicho? -•Por ventura
LA UXIVERSALIDAÜ DEL DILUVIO 13
se puede mezclar el gran mastín de los Alpes, que tiene
más de un metro de talla, con el perrito de Méjico, que no
tiene más que unos once centímetros de altura? Y, en cam-
bio, ¿no se mezclan la cabra y la oveja, que difieren hasta en
género y dan por producto los chabines que siglos há viven
en Chile? ;No se cruzan la cabra y el rebezo, que difieren
aún más que en género, y el buey con la yegua, á pesar de
diferir en orden?
Respecto de las aves, contunde las dudosas razas de la
paloma doméstica, reducidas justamente por Darwin á una
sola especie, la Coliiniha livia , con las numerosas especies
del orden Coliujihw , las cuales, por más que Brehm diga que
son ;^J(J, no bajan, según Boucard, de unas 48(), y las com-
prende todas en una sola especie, cuyo nombre se abstiene
de indicar. Del mismo modo \os g al 1 i jut. que, según este úl-
timo naturalista, encierran 375 especies, las reduce á otra
especie sola, y cree que de esas dos especies, una de galli-
nas y otra de palomas, se derivan todas las formas que en
dichos dos órdenes existen en la actualidad.
Según eso. todo el orden de las gaUina- ó gallináceas
no forma nada más que una especie sola, de modo que la
gallina es de la misma especie que el pavo, éste idéntico
con la gallina de Guinea, ésta se reduce á la perdiz, la per-
diz y la codorniz son pavos reales más pequeños, los pavos
reales son faisanes, y las diversas formas de faisanes deben
confundirse con los espléndidos Megapodios, con los mag-
níficos Argusianos, con la brillante Meleagris ocellata, con
los Tetraos, los Prtyf y los Sagopus , etc., etc. Asimismo,
la paloma doméstica no se diferencia de la tórtola, ni ésta
de los Osniotieron, de las Carpóp/iagas, las Leptotüas, ni
aun siquiera de las grandes y elegantes Gouras. Así deben
ya consolarse los ornitólogos de la pérdida del extraño Di-
dus , porque era una sencilla paloma, que á lo mejor reapa-
recerá; ni menos deben preocuparse con la no lejana extin-
ción del Didiiuculos stvigivostrís , porque ése es una palo-
ma demasiado vulgar.
f R ^UAN pONZÁLEZ ^RINTERO,
O. P.
(CoHclmTá.)
Hl Drama \AR\n)
\)
\ han pasado de moda las estériles discusiones
acerca de la excelencia relativa de las bellas artes,
una vez demostrado que todas ellas tienden á idén-
tico tin, la manifestación de la belleza. Con mejor acuerdo
se ha estudiado después la manera de tundir en uno los múl-
tiples y variados medios con que más superabundantomcnte
pueda lograrse aquel fin, viendo de juntar en un haz lumi-
noso los rayos que aisladamente sólo podían ser percibidos
por vistas privilejíiadas. En ese harmónico conjunto, las ar-
tes se esclarecen con mutuo resplandor, hieren la sensibili-
dad con más eficacia cercándola por todos lados, por todos
los sentidos, y hacen más asequible la belleza artística aun
á los ojos y oídos profanos» porque la realzan y ponen á ma-
yor altura y á más viva luz, al modo que la mímica y una
entonación sonora dan sini(ular relieve á las ideas de un
discurso. Así es cómo la grandiosidad de la salmodia reli-
giosa resalta, más que en la plaza, en el templo, henchido de
erluvios artísticos de todo género; y así es también cómo la
ópera gana quilates al ser llevada del salón de ensayos al
escenario dispuesto con decoraciones apropiadas. Claro está
que el carácter contemplativo de la facultad perceptiva de
la belleza, si bien goza en las síntesis, no excluye el análi-
(1) Capítulo de un libre
EL DKAMA LÍRICO 15
sis; antes bien, como lacukad racional que es, examina con
rápida investigación la proporción de las diversas partes de
un todo, y sus conveniencias recíprocas, pues pudiera muy
bien suceder que, en vez de maridaje, hubiese algo como
amalgama monstruosa ó abigarramiento de colores. De ahí
nace que, dentro de los medios expresivos de cada arte, de-
ben dictarse ciertos preceptos encaminados á regular sus
mutuas relaciones y el encadenamiento lógico con arreglo
á la ley fundamental de la oportunidad; y que han de estu-
diarse con particular esmero aquellas artes que más estre-
chamente se alian, más elementos comunes entrañan, y más
inseparables se muestran en toda suerte de manifestaciones
externas.
La poesía y la música, licynuinas fíemelas, al decir de
nuestro gran Salinas, tienen mucho de común, no sólo en su
origen y en su material artístico, sino también en su estruc-
tura interna y en los medios de expresión de las representa-
ciones líricas que requieren el concurso de las diversas ma-
nifestaciones artísticas; ellas son las que disfrutan la prima-
cía, las de más virtualidad expresiva, y las que constituyen
lo esencial del espectáculo. Se concibe un buen drama lírico
con pobre y aun anacrónica decoración, con mala indumen-
taria; en una palabra, con la carencia de todo ornato ex-
terno y complementario; pero no hay drama lírico posible
sin buenas condiciones literarias ó musicales, prueba evi-
dente de que ahí es donde radica el mérito intrínseco de la
obra. Ahí es, pues, donde debe también hacerse hincapié,
estudiando la estructura íntima de ambas artes, sus compe-
netraciones y singularidades, sus mutuas influencias, los
elementos musicales de la poesía y los poéticos de la música;
para que de esa descomposición calculada y analítica apa-
rezcan más claros sus puntos de contacto y diferencias ra-
dicales.
Así adquirirán valor científico las conclusiones y ten-
drán el carácter de reglas deducidas, no de una estética ca-
prichosa y convencional, sino de las entrañas mismas de la
filosofía aplicada á las artes.
Apoco que profundicemos, encontraremos en la poesía
16 EL DRAMA LÍKICO
distintos factores que la enaltecen y la constituyen en su
ser. Es un lenguaje, y, como tal, la manifestación de nues-
tras ideas y sentimientos Á los demás ; pero como no es len-
guaje común , sino extraordinario y determinado por cir-
cunstancias desusadas, y por cierto estado particular de re-
laciones psíquicas, se aparta aún en su estructura interna
de la exposición sencilla y serena, y busca amplificaciones,
imágenes y puntos de vista acomodados á la elevación y los
transportes pasajeros del ánimo.
Por instinto innato, no fácil de explicar, damos al len-
guaje sonoridad y harmonía, ó, lo que es lo mismo, condi-
ciones tambi(5n desusadas de entonación y ritmo. Es decir,
que á esa manera especial de ser y presentar las cosas en
su íntima trabazón, en que consiste el fondo po(?tico, agre-
gamos también algo queextcriormente lo singularice y per-
feccione. La entonación se obtiene mediante la elección de
voces sonoras y la distribución oportuna de los acentos; el
ritmo nace del número de sílabas y la simétrica distribu-
ción de pausas. Con eso la poesía se exterioriza y perfec-
ciona, digan lo que quieran los partidarios de la prosa poé-
tica. Para nuestro objeto, basta saber que en ese génesis de
la poesía, ó, si se quiere, de la versificación, se halla tam-
bién el origen de la música: los sonidos musicales no son
más que una acentuación más rica y variada del lenguaje;
y, en cuanto al ritmo musical, bien sabido es que antigua-
mente se identificaba con el de la letra.
Así es que Esquilo, Sófocles y demás dramaturgos grie-
gos componian la letra, y juntamente la música de sus tra-
gedias, como en nuestros días Wagner sus dramas.
Aparte de sus exageraciones y su falta de originalidad,
la estética escocesa no anda descaminada, á mi juicio, en
lo que hace relación á los orígenes y desenvolvimiento de la
música. Antes que Spencer, y quizá mejor que él, algunos
de los llamados filósofos sensualistas del siglo pasado, y en-
tre otros nuestro insigne Eximeno, que sólo tomó de aquel
sistema la experimentación psico-física, reclamaron para la
música los honores del lenguaje, pero no así como se quie-
ra, sino de lenguaje de la pasión. Teoría que, si entonces era
EL DRAMA LÍRICO 17
posible fundar en la experiencia y en deducciones naturales,
hoy adquiere valor de principio científico con los adelantos
de la Arqueoloiiía musical. Lo mismo en la citaredia ro-
mana (que era en el arte antiguo lo que hoy las romanzas
de salón, si hemos de creer al eminente musicólogo (re-
vaert) que en las primitivas canciones litúrgico -cristianas,
se ve claro que la música surge del acento en sus tres gra-
dos ó inflexiones, agudo, grave y circunflejo, y se desen-
vuelve combinándolos diestramente, resultando más ó me-
nos complicado, rico y variado el canto conforme se acu-
mulan y juntan los acentos. Así las piezas litúrgicas de más
remota antigüedad, tales como el Prefacio, los Credos y,
sobre todo, la SalmoJi.i, constan sólo de acentos simples,
correspondiendo á cada sílaba del texto una nota musical.
No hay más diferencia sino que. mientras en el lenguaje or-
dinario, la acentuación de la sílaba sólo consiste, ya en la
elevación de voz, ó ya en cierto apoyo que denota la sílaba
culminante de la palabra, sin sujeción á tonos determina-
dos; la acentuación musical aporta nuevos elementos tona-
les, verificándose conforme á leyes músico-modales, que en
ia progresiva evolución, y á medida que se va emancipando
la música, van siendo más numerosas y determinadas.
Tal vez parecerán ociosas estas disquisiciones históricas,
ó cuando menos poco pertinentes al caso, y traídas como
por los cabellos; pero no lo son si se tiene en cuenta que la
poesía y la música modernas, con su vida independiente y
próspera, todavía necesitan recordar su origen para apre-
ciar los vínculos comunes que las unen y los puntos de con-
tacto cuando se las quiere soldar. En los mutuos sacrificios
que se imponen las artes al unirse y conspirar á un mismo
fin, debe presidir cierto discernimiento para saber apreciar
3' respetar lo esencial del arte, distinguiéndolo de las formas
advenedizas, y no pocas veces eflorescencias viciosas; fuera
de que, para determinados efectos, es indispensable el cono-
cimiento de los elementos primitivos y constantes que, por
el mero hecho de serlo, constituyen en cierto modo la forma
consubstancial. Si fijamos ahora nuestra atención, no en el
elemento tonal, cuyos progresos hemos bosquejado rápida
2
18 EL DRAMA LÍRICO
y someramente, sino en el rítmico, de no menor importan-
cia, por ser la distribución oportuna de los tonos y caden-
cias algo así como continuidad sin monotonía , observare-
mos diferencias radicalísimas entre el arte antiguo y el mo-
derno.
Aquella eiiriíniia singular del arte griego, y aun del la-
tino de los buenos tiempos, nacida de las condiciones prosó-
dicas de sus respectivas lenguas y de la delicadeza del oído
ejercitado por larga y esmeradísima educación, parece cosa
de cuento para los que, sin esa preparación, no alcanzamos
á distinguir sino á bulto las sílabas largas y breves. El rit-
mo era entonces más íntimo, algo que latía en las entrañas
mismas del verso y animaba cada una de sus palabras, ful-
gurando con luz propia en estas bellezas parciales, y ver-
tiéndose como raudal bullicioso en la sonora y rotunda cas-
cada de la estrofa. Tal era la influencia educadora de esa
poesía que fácilmente transcendía en la práctica á la misma
prosa, singularmente la oratoria: y así no es de extrañar el
minucioso estudio con que logró Demóstenes vencer las re-
beldías nativas de su voz, y la calculada perfección con que
la emitía el tribuno Cayo Graco, que, al decir de Cicerón,
solía tener junto á sí á un flautista que le fuese indicando
las inflexiones de voz y el ritmo (1). Obra fueron de ese ins-
tinto educado la pompa y la elegancia señoril que campean
en los escritos del mismo Cicerón, y que agradan á la sim-
ple lectura, aun cuando es menos asequible el concepto, á
veces falseado, de sus sentencias. Porque, en definitiva, el
ritmo no es más que lo que dice San Agustín : ''el movimiento
que por sí agrada, uiotus qui per se appetituVy^. Las sono-
ras bagatelas de que habla Horacio, son de más efecto para
el sentido estético que las más altas verdades con torpe elo-
cución expuestas. De aquí se infiere cuan estrecha solida-
ridad une á las dos artes del oído, y cómo se compenetran
y nutren de recíprocas influencias, enalteciéndose la poesía
por los elementos musicales, y ennobleciéndose la música
por los reflejos soberanos de la poesía.
(1) Cic, De orat.
EL DRAUA LÍRICO 19
II
Verdad es que, si de lo dicho anteriormente aparece fun-
dado y legítimo el consorcio de la música y la poesía, no
podrían inferirse reglas prácticas concretas en orden á su
fusión en la obra dramática: para eso sería preciso estudiar
dichas artes en su estado actual, y aun tal como en la prác-
tica se nos ofrecen.
.Vuestra poesía se halla constituida en su forma por ele-
mentos e.senciales (número determinado de sílabas y colo-
cación oportuna de los acentos) y otro accesorio, que es la
rima. La música, que antes necesitaba de andadores, y rara
vez ó nunca era puramente instrumental, ha admitido, desde
que se hizo polifónica, un elemento rítmico convencional,
distinto enteramente del ritmo del verso, y formas tonales
tan amplias y variadas, que apenas si es dado reconocer en
ellas el acento como elemento generador. Es decir, que al
ritmo libre y alado, racionalmente simétrico, de la música
antigua, ha sustituido el compás, medida rígida é igualita-
ria ; y á las tonalidades encerradas en pocas notas, la exube-
rancia y riqueza de la extensa tonalidad moderna. Con esto
ya no es la música adorno de la poesía, sino arte indepen-
diente, con su código de reglas, sus períodos, su fraseo, etc.
Sus atributos son el dominio del sentimiento, y aun cierta
acci<>n física sobre el sistema nervioso; pero, estando sus
medios de expresión basados en el sonido inarticulado, su
valor ideológico ha de ser por fuerza deficiente. .A.1 unirse,
pues, ambas artes en el drama lírico, se suman la virtud
dinámica de la música y la idea consciente de la poesía.
Pero una y otra necesitan venir á un acuerdo, á cierta tran-
sacción, sin la cual no sería posible el consorcio que se pie-
tende establecer entre ellas.
Ante todo, el drama escrito para ser puesto en música
no puede tener las condiciones del drama declamable. En
éste huelgan las tiradas de versos líricos que entorpecen ó
21) EL DKAMA I.ÍRICO
retardan ó languidecen la acción que debe ser rápida y viva,
principalmente en el nudo y desenlace. El elemento lírico
es de tal modo necesario al drama cantado, que, sin él, la
música sería parte muy secundaria en la ópera. Y aunque
es verdad que el recitado musical se pliega y amolda, por
lo que tiene de canto primitivo, á todo género de conceptos
más ó menos truncados, su empleo abusivo vendría á cons-
tituir una especie de transgresión del orden . convirtiendo
en fin lo que sólo es recurso transitorio. El músico puede,
y quizá debe exigir al libreto condiciones que le permitan
encerrarse en explayarse en amplios y rotundos períodos
musicales, y no los estrechos límites y las arideces de un
mosaico de temas 6 motivos. Estos pueden servirle para
bosquejar caracteres y situaciones de ánimo, pero no para
revestirlos de forma espléndida y desarrollarlos en períodos
de luminosa transparencia. Dentro de la verosimilitud abso-
luta, quizá serían más características las frases entrecorta-
das, los motivos apenas esbozados y los conatos de melodía,
ó sean los recitados de poca riqueza de tonos y modulacio-
nes, sobre todo en las situaciones culminantes y violentas,
pues nunca lo violento puede ser durable; pero consideran-
do que el drama lírico es, ante todo, creación artística mixta
de poesía y música, en que se hallan bien avenidas , realzán-
dose mutuamente las dos artes y mostrando cada una toda
su riqueza, todos sus recursos de reserva, como en la obra
de más empeño, se comprende que el sentido estético no se
satisfaga sino con esa reverberación fulgurante de la belleza
artística en toda su integridad. Cumplido ese objeto prin-
cipal, fácilmente se dispensan las inverosimilitudes necesa-
rias. Tan inverosímil es hacer hablar en castellano correcto
á Edipo, y aun al Rey Rodrigo ó Pelayo, ó poner en boca
de cualquier advenedizo versos rotundos y esculturales,
como presentarlos cantando un aria ó un dúo. El público
entero opina en esto como el Marqués de Santillana, que
decía ser «la poesía fingimiento de cosas útiles cubiertas y
veladas con muy fermosa cobertura •. El toque está, pues,
en que, dado que se exhiban bellezas artísticas, lo sean en
el |fondo y en la forma; que no se desnaturalicen los senti-
EL DRAMA LÍRICO 21
mientes ni se bastardeen las ideas, y todo ello se exprese
según la naturaleza de cada arte.
Así como en una obra dramática escrita en colaboración,
de modo que uno imagine las situaciones y otro haya de re-
vestirlas de lenguaje acomodado, el segundo trabaja sobre
materia impuesta y no se mantendría á la altura debida si
para situaciones cómicas no hallase rasgos de ingenio y
chistes convenientes ó los emplease cuando el caso requiera
gravedad , así también el músico, como colaborador en el
drama lírico, debe hacer resaltar las situaciones descritas
por el poeta, encariñarse con las creaciones felices, los mo-
mentos patéticos, la explosión de afectos puros, poniéndolo
todo de realce con el lenguaje de la música. El poeta, á su
vez, debe atender al carácter reposado y difuso de la músi-
ca, que, falta de precisión, nc puede encerrar sus flotantes
vaguedades en reducido marco. W poeta corresponde idear
personajes y situaciones, y combinarlos y diversilicarlos
con habilidad tal que no induzcan al compositor á la unifor-
midad monótona ó empalagosa, como sucedería inevitable-
mente de hacer intervenir .1 la vez personajes no contras-
tados; debe evitar también los monólogos continuados, y
distribuir oportunamente los coros, para desterrar el aburri-
miento que engendra la languidez con la variedad que pro-
ducen impresiones saludables de cambio. No es esto decir
que en esa distribución hayan de seguirse los artificiosos
cánones de la moda clásica. Ésta, lo mismo que las decan-
tadas unidades, ha cedido el lugar á las leyes del buen gus-
to, moldeadas en troquel más amplio, y no sometidas á las
minuciosidades prácticas de la rutina. En eso el arte moder-
no ha mostrado ser más racionalmente libre, y deben perdo-
nársele ciertos desenfados y aun extravíos lamentables ori-
ginados por el abuso de libertad.
Bien es verdad que, en la aplicación de esos principios del
buen sentido práctico, no están contextes las opiniones de
músicos y poetas, y sobre todo las de los críticos, y que,
según son los matices del gusto en lo que tiene de variable
en cada época, se ha entendido diversamente la unión de la
poesía y la música, optando la denominada escuela italiana
22 i-:l dka.ma lírico
por cierto paralelismo, y la alemana por la compenetración,
fines que no era dable obtener sino apelando á procedimien-
tos distintos en su proceso y alcance. Así es cómo parecen
hoy á muchos exageradamente líricos los libretos de Metas-
tasio, y muy independiente y deslijíada la música con que
de ordinario se les ha revestido; por idéntica causa serií^c-
ron en el siglo pasado aquellas batallas campales de Picci-
nistas y Gluckistas, en que intervino toda una pléyade de
distinguidos artistas y literatos; lucha reproducida después
entre clasicistas y románticos, y en la segunda mitad del
presente siglo entre w agneristas y antiwagneristas.
Como acaece en toda discusión acalorada, se extrema-
ron las consecuencias hasta un punto inverosímil, y se ver-
tieron ideas que el insigne autor del Orfeo y de Álcente ja-
más hubiera patrocinado, ó que por lo menos contrastan
notablemente con el sereno equilibrio de sus principios, y
mucho más con sus óperas, en que se atiende á la \erdad
de expresión sin menoscabo del período musical y del am-
plio y pacientísimo desarrollo de los motivos. Para músicos
y poetas resulta provechosa enseñanza la exposición suma-
ria de aquellas encontradas teorías, de aquel paso de gi-
gante dado por la estética en sus más inmediatas aplica-
ciones al drama lírico.
f R. ÍIUSTOC'UIO DE PrIARTE,
O. S. A.
(ContinMarA.)
Influencia dk la Mujer
E X L A \' A M I L 1 A CRIS T 1 A \ A O
II
. estado lamentable en que antiguamente se halla-
ba constituida la sociedad doméstica, ponía A los
hijos en una situación tan perjudicial para ellos
como para sus padres y para la sociedad misma. La polisfa-
mia y el divorcio, tan generalizados antes del Cristianismo,
eran dos elementos que hacían desaparecer de las familias
la paz y harmonía que deben reinar en ellas, y cuyas fata-
les consecuencias venían á pagar los desventurados hijos.
¡Triste condición la de tantos infelices como llegaban á la
plenitud de la vida sin haber sido objeto de una sincera ca-
ricia de parte de sus padres! Por fortuna pasó ya aquella
época infausta, y nos encontramos hoy, sin darnos apenas
cuenta de cómo ha sucedido, con una organización nueva
de la familia, en que aparecen harmonizados los intereses
3' los afectos de los individuos que la componen. ;Quién ha
obrado esta transformación tan radical y beneficiosa, á la
que deben principalmente las naciones de Europa el figurar
(1) Véase la página 314 del volumen xxxix.
24 INFLUENCIA DE LA MU1ER EN LA FAMILIA CRISIIANA
á la cabeza de todas las de la Tierra? Nadie más que la Igle-
sia Católica, cuyas divinas enseñanzas sobre el matrimonio
constituyen la base de la verdadera civilización. "Gratitud
eterna, dice Balmes, deben los pueblos europeos al Catoli-
cismo por haberles conservado la monogamia, que. á no
dudarlo, ha sido una de las causas que más han contribuido
á la buena organización de la familia y al realce de la mu-
jer. ;Cuál sería ahora la situación de Europa, que conside-
ración disírutaría la mujer, si Lutero, el fundador del Pro-
testantismo, hubiese alcanzado á inspirar á la sociedad la
misma indiferencia en este punto que él maniliesta en su
Conwníafio sobre el Génesis?... ¡Desgraciada Europa !„ (1).
"Por fin, dice más adelante el ilustre filósofo, el mismo Ca-
tolicismo, ó la Iglesia católica, y nótese bien que no decimos
elíCristianismo, con su firmeza en establecer y conservar la
monogamia y la indisolubilidad del matrimonio, puso un
freno á los caprichos del varón, y concentró sus sentimien-
tos hacia su esposa única <! inseparable. Así, con este con-
junto de causas, pasó la mujer del estado de esclava al ran-
go de compañera del hombre; así se convirtió el instru-
mento de placer en digna madre de familia, rodeada de la
consideración y respeto de los hijos y dependientes; así se
creó en las familias la identidad de intereses, se garantizó
la educación de los hijos, resultando esa intimidad en que
se hermanan marido y mujer, padres é hijos, sin el derecho
atroz de vida y muerte, sin facultad siquiera para castigos
demasiado graves; y todo vinculado por lazos robustos,
pero afianzados en los principios de la sana moral, sosteni-
dos por las costumbres, afirmados y vigilados por las leyes,
apoyados en la reciprocidad de intereses, asegurados con
el sello de la peipetuidad y endulzados por el amor. He aquí
descifrado el misterio; he aquí explicado á satisfacción el
origen del realce y de la dignidad de la mujer europea; he
aquí de dónde nos ha venido esa admirable organización de
la familia que los europeos poseemos sin apreciarla, sin co-
tí; El Protestafitismo comparado con el Catolicismo, t. ii, capí-
tulo XXIV.
INFLUENCIA DE LA MUJEK EN LA FAMILIA CRISTIANA 25
nocerla bastante, sin procurar cual debiéramos su conser-
vación„ (1).
Según esto, ¿qué influencia ejerce la mujer cristiana res-
pecto de sus hijos? La misma, y aun mayor, que la que
ejerce el jefe de familia. La madre es aquí lo que la Divina
Providencia respecto de todo el mundo, guardadas las debi-
das proporciones. Así como Dios todo lo ve, lo abarca todo,
y en todo está presente, del mismo modo, la buena madre
de familia todo lo examina, todo lo dirige con orden y sua-
vidad admirables. Pero hay cosas dentro del hogar domés-
tico que exigen un cuidado ospecialísimo, en las que princi-
palmente se fija la providencia de la mujer; y son las rela-
tivas á la educación de los hijos.
Apenas la mujer adquiere la augusta dignidad de madre,
experimenta dentro de sí una transformación radical ; su
corazón se dilata y se enciende en vivas llamas de amor
puro y desinteresado, inaccesible á las tentaciones del esté-
ril egoísmo; y desde aquel momento ya no es libre para de-
jar de abrazarse íntimamente con el sacrificio que el Criador
y la Naturaleza le imponen, por grande y doloroso que sea.
Cuando una mujer se reconoce madre, ya no existe para
ella, fuera de su casa, nada que pueda robarle el amor que
la arrastra hacia sus hijos. Sus espectáculos, deleites y fies-
tas consistirán en acariciar á sus pequeñuelos, tomando
parte en sus alegrías y dolores, porque cifra la propia felici^
dad en vivir sólo para ellos.
{De qué sacrificio no será capaz una mujer que así ama
á las prendas de su corazón? -; V qué influencia no ejercerá
en el hogar doméstico una madre que ha concentrado en él
todos sus afectos y aspiraciones? El destino providencial de
la mujer sobre la Tierra lleva consigo grandes prerrogati-
vas y deberes extraordinarios. Colocada en medio de los
dos elementos más distantes de la familia, la autoridad y la
obediencia, el poder y la debilidad, sirve maravillosamente
de lazo de unión entre ellos, á fin de que no se divorcien ni
se perjudiquen, para que la autoridad no abuse de su poder
(1) Ib., cap. xxvH.
26 INFLUENCIA DE LA MLIER EX LA FAMILIA CRISTIANA
por medio del despotismo, y para que la obediencia no sea
esclavitud, sino más bien sumisión afectuosa y reverencial.
A este fin necesita la mujer valerse del amor tierno y comu-
nicativo que dulcifica y templa el poder del padre cuando
tiende á convertirse en yug^o abrumador, y mantiene dentro
de sus verdaderos límites la obediencia de los hijos cuando
degenera en servilismo forzado, ó cuando cede su puesto Á
la rebelión contra la autoridad paterna, la más aug^usta que
existe en el mundo, y al mismo tiempo la más llevadera de
todas.
¡Qué triunfos suele consejjuir en este terreno la madre
de familia! Hace ver al padre que no es señor absoluto de
sus hijos, que está llamado á hacer las veces de Dios, y que,
así como Dios se precia más de su misericordia que de su
rigor y justicia, del mismo modo debe obrar (51 con respecto
á sus hijos. Represéntale también, al verle propenso á la
venganza, que aquellas tiernas criaturas son como partes
de su mismo corazón y sangre de su misma sangre; y ante
estas consideraciones cede el padre de su injusto rigor, y
olvida ó castiga con blandura las faltas que lo motivaron.
Pero no siempre pecan los padres de excesivamente ri-
gurosos; antes bien suelen ser reprensibles más de ordina-
rio por el abandono, la abdicación de su autoridad y el es-
caso cuidado que les merece la educación de sus hijos. De
aquí que éstos se hagan caprichosos y amigos de su propia
voluntad, ocasionando innumerables disgustos á toda la fa-
milia. En semejantes casos endereza la mujer cristiana sus
esfuerzos á avivar el celo de su marido, y, si no lo consigue,
ármase ella de autoridad (que para todo tiene recursos el
corazón de una madre"), y con una entereza tanto más digna
de encomio cuanto más contraria á los instintos de su bon-
dad, suple las deficiencias del varón y salva los intereses
del orden y la justicia en el hogar doméstico.
Si los hijos tratan de rebelarse contra la autoridad de
su padre, les hará ver que en ella está representada la del
mismo Dios, y que no pueden ser felices si no son obedien-
tes y sumisos; los exhortará á cambiar de actitud por el
amor que les tiene, por el seno que los concibió y por los
IXFLUENXIA VE LA MUIEK E\ LA FAMILLA CRISTLWA 27
pechos que los alimentaron; les traerá A la memoria los años
que Jesús vivió sujeto <1 José y María, ó los terribles casti-
gos que Dios manda sobre los hijos díscolos; les pedirá, en
fin, con lágrimas en los ojos que no quieran matarla á fuerza
de sinsabores y amarguras. ¿Hay seres humanos capaces
de resistir á la amorosa violencia de tales razonamientos,
cuando brotan de los labios de una buena madre?
Para cumplir con los deberes de que vamos hablando,
¡cuántos sacrificios se impone á sí misma la mujer cristiana!
¡cuántas penas sepulta en lo más secreto y profundo de su
corazón! ¡cuántas lágrimas derramadas en el silencio de la
noche y en la soledad de su retiro! ¡cuántas oraciones y
plegarias elevadas al Trono del Altísimo, á fin de conseguir
de su amorosa bondad y misericordia que trueque el cora-
zón, ora del esposo, ora de los hijos!
"En el plan divino, dice el P. Félix, dentro del cual han
sido trazados el orden y la constitución de la familia, así
como el padre es la personificación natural del poder, la
madre, en cambio, es la personificación natural del sacrifi-
cio. Si la obediencia parece rebajar algo á la madre, el sa-
crificio la eleva y le da en la familia un ascendiente y un
imperio moral tan grande, que nada tiene que envidiar al
marido, dotado por el Criador del poder y de la autori-
dad„ (1). Lleva consigo la maternidad obligaciones tan pe-
sadas, como grande es la misión que tiene sobre la Tierra; y
seguramente no las podría resistir, á no estar ayudada con
gracias y dones especialísimos. Pero ¡cosa bien extraña! la
mujer, lejos de llevar su carga con pesadumbre y tristeza,
se complace en ella y siente una necesidad imperiosa que la
obliga á sacrificarse en todos los momentos dé la vida por
el bienestar y la felicidad de sus hijos. Apenas los concibe
en sus entrañas, lo mismo que después de verlos nacidos,
¡qué de cuidados y penalidades acarrean á su infatigable so-
licitud! Pero nada es capaz de hacerla renunciar á la espi-
nosa tarea para que ha sido destinada por la Divina Provi-
(1) Le Frogrés par le Crisfitmisme. année 1860, sixiéme Confe-
réuce.
2R INFLUENCIA DE LA MUJER EN LA KAMILLA CRISTIANA
dencia, y con la que muy pronto llega á connaturalizarse,
encontrándola llena de atractivos inefables y purísimos de-
leites.
No contentas las madres, verdaderamente cristianas, con
haber sustentado la vida de sus hijos por espacio de nueve
meses, continúan después alimentándolos con la leche de
sus pechos, como si quisieran inocular así en el corazón de
los niños sus propios sentimientos, inclinaciones y virtudes.
¡Infelices criaturas lasque son entregadas en brazos mer-
cenarios, sólo por el prurito de acomodarse á una moda ri-
dicula, perniciosa y abiertamente contraria á la naturaleza!
Léanse las palabras del insigne Fr. Luis de León á este pro-
p(')SÍto: ''V porque agora, dice en su Perfecta Casada, ha-
blamos de las madres, entiendan las mujeres, que si no tie-
nen buenos hijos, gran parte dello es, porque no les son ellas
enteramente sus madres. Porque no ha de pensar la casada,
que el ser madre es engendrar y parir un hijo: que en lo pri-
mero siguió su deleite, y á lo segundo les forzó la necesidad
natural. V si no hiciesen por ellos más, no sé en cuánta obli-
gación los pondrían. Lo que se sigue después del parto, es
el puro oficio de la madre, y lo que puede hacer bueno al
hijo, y lo que de veras le obliga. Por lo cual téngase por di-
cho esta perfecta casada, que no lo será, si no cría á sus hi-
jos: y que la obligación que tiene por su oficio á hacerlos
buenos, esa misma le pone por necesidad á que los críe á
sus pechos. Porque con la leche, no digo que se aprende,
que eso fuera mejor, porque contra lo mal aprendido, es re-
medio el olvido; sino digo, que se bebe y convierte en subs-
tancia, y como en la naturaleza todo lo bueno y lo malo que
hay en aquella de quien se recibe. Porque el cuerpo terne-
cico de un niño, y que salió como comenzado del vientre, la
teta le acaba de formar. N' según quedare bien formado el
cuerpo, ansí le avendrá el alma después, cuyas costumbres
ordinariamente nascen de sus inclinaciones del. Y si los hi-
jos salen á los padres de quien nascen, {cómo no saldrán á
las amas con quien pacen, si es verdadero el refrán espa-
ñol?... „ "De arte, continúa el sabio Mae.stro, que si el ama es
borracha, habemos de entender, que el desdichadito beberá
INFLUENCIA UE LA MUJER EX LA I-A.MILIA CRISTIANA 20
con la leche el amor al vino: si colérica, si tonta, si desho-
nesta, si de viles pensamientos y ilnimo, como de ordinario
lo son, será el niño lo mismo. „
Y para que no se diga que esta doctrina del clásico Aíjus-
tino de Salamanca es anticuada y aplicable sólo á mujeres
del campo, pero no á las damas que viven en la alta socie-
dad, véase lo que predicaba el elegante y elocuentísimo
Padre Félix, desde el pulpito de Nuestra Señora de París,
al auditorio más aristocrático del mundo : "La madre, dice,
que padece al dar á luz un hijo, debe también padecer para
alimentarle. La nutrición del niño por ministerio de la ma-
dre es una consecuencia de la maternidad y una ley gene-
ral de la Providencia. La madre que amamanta á su hijo,
acaba de criarle: dándole de beber en la fuente que Dios
ha hecho brotar junto al corazón donde está la vida , para
desarrollar la del hijo, continúa formándole. Lo mismo, des-
pués de nacido el niño, que antes, prosigue la madre po-
niendo su sangre en la sangre de su hijo, su carne se con-
vierte en carne del niño, y su substancia se cambia en subs-
tancia del mismo: de este modo se podrá llamar con mucha
más razón madre. Este deseo de transmitirse en un ser, en
que se quiere reproducir su misma imagen y su misma vida,
me parece á la vez muy natural, muy legítimo y muy santo;
y está tan en harmonía con el deseo de la Providencia Divi-
na, y con el instinto é inclinación de la naturaleza humana,
que la m.adre que le desecha de sí destruye una de las harmo-
nías más bellas de la creación ; ella misma se despoja de su
más alto honor y de su mayor hermosura. En efecto; la ma-
dre no está en la plenitud de su gloria , ni despide rayos de
belleza y hermosura, sino cuando tiene en sus brazos al
niño, pegado á su seno y bebiendo con insaciable sed la vida
que le da siempre la madre, mediante una leche nutritiva,
como antes se la comunicó por medio de una sangre gene-
radora„ (1).
\'olviendo ahora al punto de partida que ha motivado
estas largas citas, repito que, la madre que tiene concien-
(1) Véase la obra arriba citada.
30 INFLUENCIA DE LA MLJER EN LA KA.M1LL\ CRISTIANA
cia de su altísima misión en este mundo, no entrega sus hi-
jos en brazos de una nodriza, sino que ella misma los cría
y alimenta, dándoles la vida del alma al mismo tiempo que
la del cuerpo. Esto, que hoy se tiene por cosa indigna de la
alta sociedad, influye más de lo que se cree en el bienestar
de las familias; y las verdaderamente cristianas, las que,
como vulgarmente se dice, viven á la antigua ique en Es-
paña equivale á decir que viven cristianamente), no permi-
ten que se introduzca en ellas una costumbre tan irracional
como funesta, cuando no se justifica con el motivo de im-
prescindible necesidad.
^R. fELlX PÉREZ-;^G'.At)0 .
O. S. A
(Continuará.)
,ñ
?r
Astronomía
XXVI
OTROS MO\ I.MIEXTOS DE LA LUNA
O son el de traslación y rotación los únicos movi-
mientos con que la 1 .una bojL^a en el espacio, acom-
pai'iando á la Tierra y con ésta girando en torno
del Sol: ya hicimos notar que, considerados en conjunto
los movimientos y oscilaciones lunares, son de lo más com-
plicado en la Mecánica celeste. Vimos, al tratar de la tras-
lación del satélite en torno nuestro, cómo la Luna iba des-
plazándose de O. al E., á través de las constelaciones, en
el intervalo de una lunación; pero sin ñjarnos entonces si
respecto de las estrellas seguía ó no el mismo camino en
todas las revoluciones. Basta fijarse en ello para notar que
la Luna oscila también de Norte á Sur, análogamente á lo
que observamos en el Sol, que se acerca al cénit durante el
verano, y se retira durante el invierno. Mas antes de entrar
en otros pormenores, recordemos algunas ideas expuestas
en artículos precedentes. Vimos, en efecto, que el plano del
Ecuador y el de la Eclíptica terrestre se cortaban en la línea
de los equinoccios, formando un ángulo determinado de la
(1) Véase la pág. 180 del vol. xxxix.
32 ASTRONOMÍA
misma amplitud que el que forman el eje del mundo y el de
la Eclíptica. Explicamos asimismo el movimiento secular
del primero y del polo en torno del segundo, lo cual se en-
lazaba con el fenómeno de la rctrogradacióu de los equi-
noccios. La órbita de la Luna y su plano no coinciden con el
plano del Ecuador, ni es constante la inclinación con que se
cortan, de lo cual resulta principalmente la variación de la-
titud que se observa en la Luna respecto del Ecuador de la
Tierra. Conviene, pues, que fijemos la posición de la órbita
lunar, ya respecto del Ecuador terrestre, ya con relación A
la Eclíptica.
Refiriendo al plano de ésta las distintas posiciones de
nuestro satélite en la esfera celeste, se observa que la incli-
nación de la órbita de la Luna sobre la de la Tierra forma
un án^íulo de unos 5", 8', 48". Este valor varía, aunque poco,
periódicamente, en forma análoga A lo dicho respecto de la
Eclíptica y del Ecuador. El valor máximo de dicho ángulo
es 5°, 17', .'^", y el mínimo :V', O*, 1", resultando una oscila-
ción cuya amplitud alcanza á los 17', M" . Si nos imaginamos
ahora una recta perpendicular en el centro y sobre el plano
de la órbita lunar, recta que llamaremos eje de la misma
órbita, se ve que este eje forma con el de la Eclíptica el án-
gulo rectilíneo que mide la inclinación de ambos planos,
como hicimos notar también en los ejes del Ecuador y de la
Eclíptica terrestre. Supongamos también, como allí, lija la
posición de esta última y en movimiento constante á la ór-
bita lunar. Los astrónomos, para sensibilizar el fenómeno
y dar de él una idea más clara en conformidad con la obser-
vación directa, suponen que la órbita de la Luna y su plano
es como un círculo que con la inclinación dicha se corta
con el plano de la órbita terrestre, determinando en la in-
tersección una recta, cuyos extremos se llaman nodos de
la Luna, uno ascendente y otro descendente. El primero es
aquel punto en que nuestro satélite cruza á la órbita de la .
Tierra pasando del hemisferio Sur al hemisferio \orte de
los dos en que la esfera celeste queda dividida, no por el
Ecuador, sino por el plano de la Eclíptica. Como se ve, estos
puntos nodales son en todo y por todo análogos á los pun-
ASTRONOMÍA r)3
tos equinocciales que ya conocemos. Como éstos, tienen
aquéllos un movimiento retrógrado sobre la órbita terres-
tre, aunque míis rápido que el que llevan los puntos equinoc-
ciales; pues mientras éstos emplean más de 25.000 años en
dar una vuelta completa, los nodos lunares recorren la mis-
ma Eclíptica en 6.7Q3,3Q días, muy cerca de 18 años y dos
tercios de año. ,
Es fácil comprender ahora que el eje de la órbita lunar
forma con el de la Eclíptica un ángulo igual á la inclinación
de ambos planos, y que con el movimiento de los nodos, sin
que dicha inclinación salga de los límites indicados, el eje
primero lleva un movimiento en torno del segundo, consi-
derado como fijo. De mudo que este movimiento del eje de
la órbita lunar es también análogo y lleva la misma direc-
ción que el movimiento cónico del eje terrestre en torno del
polo de la Eclíptica. \' puesto que la inclinación de ambas ór-
bitas lunar y terrestre es, por término medio, .')", 9', la aber-
tura del cono descrito por el eje de la órbita de la luna ten-
drá 10", IH', quedando envuelto y dentro de la gran hoja có-
nica descrita por el eje terrestre. Se comprenden, pues, las
variaciones de oblicuidad entre la órbita lunar y el Ecuador
terrestre, puesto que no son más que una consecuencia in-
mediata del movimiento del eje de la primera sobre el de la
Eclíptica. El eje del mundo y el de la órbita de la Luna se
alejan y se acercan periódicamente, como queda expuesto,
abriéndose y cerrándose el ángulo que forman , resultando,
por tanto, las variaciones en latitud según las cuales cruza
la Luna diversas constelaciones del firmamento.
El movimiento del eje de la órbita lunar en torno del
de la Eclíptica tampoco es uniforme : oscila entre los lími-
tes 5^ O', V y 5", 8', 48", con la diferencia de 17', 34", que da
origen al fenómeno llamado nutación de la órbita de la
Luna, y hace que el movimiento retrógrado de los nodos
tampoco sea rigurosamente uniforme. Comparando la mar-
cha en el espacio del eje terrestre y del eje de la órbita lu-
nar, los dos en torno del de la Eclíptica, se ve que son aná-
logos, y que ambos tienen su correspondiente nutación, con
la diferencia de que el pequeño cono de nutación descrito
34 ASTRONOMÍA
por el eje de la Luna es de base circular, mientras que el des-
crito por el eje terrestre es elíptico.
Para completar estas ideas tan someramente expuestas
acerca de los movimientos de nuestro satélite, debemos re-
cordar también los fenómenos que se distinguen con el nom-
bre de libraciones de la Luna, ó, mejor, balanceos de su
globo. A simple vista, como no pueden distinguirse los de-
talles del relieve, parécenos que el disco lunar y sus distin-
tas regiones conservan una posición invariable respecto de
los bordes que limitan al astro. Sin embargo, observada la
Luna mediante un anteojo, y fijando la posición de una man-
cha, de un cráter ó de una montafla de las que allí abundan,
se advierte que no sucede del mismo modo, y se demuestra
que un punto del centro del disco, por ejemplo, cambia de
posición respecto de los bordes, ya en la dirección del pla-
no de la órbita á derecha ó izquierda, ya respecto del plano
ecuatorial del satélite, bien en el que determinan durante
cada día los centros de la Tierra y del satélite con el punto
ocupado por un observador cualquiera en la superficie te-
rrestre. La primera oscilación se llama libración en lons^i-
tiid, la segunda libración en latitud, y la tercera libra-
ción (liiinui. Procuremos indicar las causas .1 que obedecen.
La libración en longitud procede de que el movimiento
de traslación y de rotación de nuestro satélite, si bien se
realizan en el mismo tiempo desde el principio de una luna-
ción hasta la siguiente, no son constantemente uniformes el
uno con relación al otro en todos los momentos de este pe-
ríodo; pues mientras el de rotación puede admitirse como
constantemente uniforme de un día para otro y de un novi-
lunio al siguiente, el de traslación cambia de velocidad,
como es sabido, según que la Luna se halle á mayor ó me-
nor distancia de nosotros, obedeciendo, como los demás
planetas, á la ley de las áreas descritas por el radio vector.
Cuando éste es mínimo, el movimiento de traslación es más
rápido, disminuyendo en velocidad cuando aquella distan-
cia es máxima. Supongamos un punto en el centro del disco
lunar. Cuando el satélite está próximo á su apogeo, la tras-
lación del punto supuesto es menor que su rotación, y esta
ASTRONOMÍA
diferencia hace que aparezca dicho punto, no en la h'nea que
une á la Tierra con la Luna, sino un poco hacia un lado de
la misma. Al contrario, cuando la distancia es ó se aproxi-
ma al perií^co, la velocidad de traslación aumenta, y el punto
pretijado parece tener una posición distinta al otro lado de
la línea de los centros. Tal es la libración de latitud y la
causa que la produce. En realidad, este fenómeno no es más
que un efecto de la posición relativa de los astros con rela-
ción al centro de nuestro jLjlobo y á los distintos puntos de
observación sobre la superlície del mismo.
El eje de rotación de la Luna no es exactamente perpen-
dicular al plano de su órbita, sino que forma con ésta un
ángulo de 83°, 23'. Por otra parte, dicho eje se traslada en el
espacio paralelamente á sí mismo, á pesar Je que el plano
de la órbita, como hemos dicho, cambia constantemente de
dirección, conservando con la órbita terrestre una inclina-
ción que varía poco, como ya sabemos. .Sucede en esto algo
semejante á lo que ocurre con la Tierra respecto del .Sol.
Aquí, el paralelismo del eje terrestre en el espacio, unido á la
inclinación del Ecuador sobre la Eclíptica, hacen que, en el
transcurso del arto, nuestro globo presente hacia el Sol uno
ú otro hemisferio, según las épocas solsticiales. Mirada la
Luna desde la Tierra en el transcurso de una lunación com-
pleta, un punto cualquiera del centro del disco situado en
el plano perpendicular al eje de rotación del satélite debe
aparecer, ya encima, ya debajo del plano de la órbita de la
Luna, según que ésta se halle en conjunción ó en oposición
respecto del Sol y de la Tierra. Parecerá, pues, que el globo
lunar oscila en un plano que, pasando por el centro de nues-
tro globo, fuese perpendicular al plano orbital de la Luna.
Tal es, y tales son, las causas á que obedece el fenómeno
conocido con el nombre de libración en latitud.
Supongamos, por último, que en el momento de salir la
Luna determinamos la posición de aquel punto de su disco
que está en la recta que une al centro de la Luna con el
centro de la Tierra. Es evidente que, para el observador que
ve salir el satélite por el Oriente, aquel punto de posición
determinada aparecerá al Este de la recta que une la vista
3^ ASTKO.VOMÍA
del observador con el mismo centro de la Luna. En cambio,
al pasar el astro por el meridiano del que lo observa (y puede
suponerse que la Luna pasa próxima al zenit), la visual in-
dicada y la recta que une los centros lunar y terrestre coin-
ciden en una sola: el punto observado aparecerá en el mis-
mo centro del disco de la Luna. Pero, al declinar ésta hacia
el ocaso . las dos rectas vuelven A dejar de coincidir, for-
mando un án.iíulo cuyo vértice es el centro de la Luna. El
punto prefijado en el centro del disco aparece ya un poco
hacia el Occidente respecto de la visual dirií^ida por el punto
que el observador ocupa. En esto, que no es más que un
efecto de perspectiva, consiste la llamada lihracióu diurna
de nuestro satélite. Después de minuciosas observaciones y
medidas de estos balanceos, más aparentes que reales, del
astro de la noche, se ha obtenido para valor de la lihracióu
i')i loíiíj^itiifi una oscilación de cuatro minutos y veinte se-
ííundos de ijrado; para la libración en latitud , tres minutos
y treinta y cinco sesrundos. y para la oscilación diurna
treinta y dos sei^undos solamente.
Estudiado nuestro satélite en su orií(en y formación, en
sus ma.íínitudes aparente y real, en orden á la distancia que
le separa de la Tierra, en sus íases y movimientos princi-
pales, ya con relación á nosotros, bien considerado con res-
pecto á las constelaciones del tirmamento y del Sol, resta
solamente que completemos el estudio de la compañera de
la Tierra, analizando la estructura especial de su cubierta
externa, la topoí^rafía y accidentes que ofrece á la curiosi-
dad del observador. Antes, sin embar^jo, conviene que nos
deteníjamos alo^unos momentos sobre el aspecto que presen-
taría este mundo visible si pudiéramos observarlo desde la
Luna.
Desde luego se comprende que nuestro globo, cuya forma
se aproxima á la esférica, se vería desde la Luna como un
disco casi circular, cuyo diámetro aparente se aproxima á
dos grados. ^' que, si prescindimos de los movimientos de
libración de que hablábamos más arriba, la Tierra parecerá
ocupar una posición invariable respecto del centro de la
Luna, apreciándose sólo el movimiento de traslación con
ASTRONOMÍA iiZ
respecto á los demás astros y constelaciones. Las libracio-
nes lunares, ya explicadas, harían aparecer en la Tierra
movimientos recíprocos de oscilación á uno y otro lado de
una posición media. Para puntos lunares situados en los
bordes del disco, la Tierra aparecería, ya sobre, ya bajo el
horizonte respectivo; pudiendo decirse que, en aquellos pun-
tos ó regiones terminales de la Luna, la Tierra sale y se
pone según los períodos de cada libración.
Respecto del Sol, de los demás planetas y de las estre-
llas, también es fácil comprender que aparecerían desde la
Luna con sus movimientos respectivos en torno del satélite.
El Sol daría, aparentemente por supuesto, una vuelta en
torno de la Luna en el mismo tiempo que ésta emplea en
una revolución sinódica respecto del astro central, y así
proporcionalmente sucedería con los demás astros. Ni hace
taita apuntar que nuestro globo, iluminado sucesivamente
por el Sol, presenta para la Luna fases análogas, aunque
complementarias, á las que la Luna presenta para la Tierra.
Ésta presenta un hemisferio bañado de luz solar precisa-
mente cuando en la Luna ocurre un novilunio, y recíproca-
mente, cuando la Luna está llena, el hemisferio terrestre
vuelto hacia ella estará á obscuras. Las fases intermedias
también se corresponden, aunque, como hemos dicho, siendo
complementarias las unas de las otras.
El observar la Tierra desde la Luna sería, sin duda , un
fenómeno más curioso, y también más instructivo, que la ob-
servación del satélite desde aquí abajo. En primer lugar,
prorque la Tierra, siendo mucho más grande, presentaría
más distinción en los límites de las regiones principales, y
deberían apreciarse con bastante claridad los límites entre
el Océano y los continentes, aunque á ello se opondrían bas-
tante las influencias de la atmósfera terrestre. En segundo
lugar, podría recorrerse toda la superficie del Globo exami,
nando su superficie en el corto espacio de las veinticuatro
horas del día, cuando en la Luna sólo podemos hacerlo por
partes y en un período de unos quince días, sin que jamás
nos sea posible observar las regiones opuestas á la Tierra.
Los selenitas, dado que existiesen, y que contaran no más
38 ASTRÜXOMIA
que con los imperfectos medios de observación con que aquí
contamos, puede aseo^urarse que conocerían mejor que nos-
otros la topografía terrestre, las regiones polares y otros
muchos puntos que jamás ha podido ver el hombre. En re-
sumen: si para los habitantes de la Tierra es tan maravi-
lloso y esplendente el panorama del Universo estelar y pla-
netario, para los habitantes de la Luna sería el cuadro más
acabado, pues verían objetos y maravillas que nosotros sólo
podemos suponer, teniéndolos más cerca.
Pongamos ahora fin á este pesado artículo resumiendo
en un cuadro los elementos más principales, tanto astronó-
micos como físicos, referentes á la Luna.
1." DiAmeiro aparente de la Luna visia des-
de la Tierra 1.S68 segundos.
2." l'aralaje ó radio terrestre visto desde la
Luna . 3.4-Í.5.7 íJ.
3." DiánieiT o verdadero de la Luna J.4S1 kilómetros.
4." I )istaiicia mínima de la Tierra .1 la Luna. 363.2.s;i fd.
5." Ídem m.lxim.i 4()5.."i0:{ id.
6.^' Ídem media 3S4.3i»3 id.
7." Desarrollo de la órbita que recorre la
Luna 2.4.V1.270 id.
8." Revolución sidérea y rotación sobre el
eje '_7'. 7»', 43"', 11*
*»." Revolución sinódica 2>>'', 12\ -W», 2^
10. excentricidad de la órbita O.Qói'^
11. Inclinación de la órbita lunar sobre el
Ecuador del satélite I". 28'
12. Ídem de la órbita lunar sobre la Lclíptica S". 8', 40"
13. 1 )istancia media entre la Luna y el Sol.. 14.S.282.6Í» kilómetros.
14. Ídem m.Lxima ó afelio 1.'>0.7%.7<X' id.
15. Ídem mínima ó perihelio 14.').7fSS.."i(X) id.
Ih. Revolución cónica del eje de rotación de
la Luna en torno del de la Fcllptica
as*', aflos) 6.7f>3^9^23'", 9»
17. Revolución retrógrado -sidérea de los
nodos 6.793'', 3^. 108
l.s. Movimiento medio diurno de los nodos. . O', 3', 10.6"
19. Revolución trópica de los nodos i).7QS*,2^i.l40
20. Revolución sinódica de los nodos 'iU->' hO.S-JS
21. Inclinación del eje de la Luna respecto
del plano de la órbita terrestre S8\ 31', 35"
ASTRONOMÍA 39
22. Revolución sidérea del perigeo 3.232',57.534
23. Ídem trópica de ídem 3.23l'*.46 700
24. Movimiento medio diurno de la Luna en
longitud 13'. 10', 35"
25. Revolución sidérea de la Luna con rela-
ción á un punto fijo 27''. 7'', 43"', 11,5"
26. ídem con relación á los equinoccios 27'^ 7'', 43"', 4,7'
27. Revolución anomalística referida A su
perigeo 27^. 13\ 18"'. 37,4'
28. Área de la superficie lunar, en el supues-
to de que su forma sea esférica. 40 mili."* kilóm.* cuad.'
29. \'olumen 22.063 id. id. cúbicos.
30. Gravedad en el Ecuador de la Luna y en
el primer segundo 0,804*^ de metro .
31. Ídem comparada con la terrestre 0,164 id.
32. Peso de la Luna 74 trill.^ de toneladas.
33. Densidad media de la Luna 3,35
34. Comparada con la de la Tierra 0,60
Recordemos, finalmente, aljjunos períodos notables que
resultan de la combinación de los movimientos de la Luna
y de la Tierra respecto del Sol. Los antijE^uos llamaban S^-
ros al período de 19 revoluciones sinódicas, equivalentes
próximamente á 223 lunaciones, que vienen á ser 18 años
y 11 días, después de los cuales se reproducen los eclipses
de Sol y de Luna. Lra el único medio que toda la antigüe-
dad, desde los Caldeos, tuvo para predecir los eclipses, con
bastante exactitud respecto del día en que habían de ocu-
rrir, aunque no pudieran determinar exactamente los ins-
tantes precisos de las fases principales. El ciclo llamado de
Methon, que consta de 235 lunaciones, servía para predecir
los plenilunios y novilunios, así como las cuadraturas, pues
bastaba haber observado y anotado estas fases durante 19
años consecutivos para tener una guía en la reproducción
de estos fenómenos. Lo dicho nos parece suficiente para que
el lector se haya formado una idea muy aproximada del
papel que nuestro satélite desempeña en el espacio con sus
complicados movimientos en torno nuestro y del Sol.
f R. ;^NGEL J^ODRÍGÜEZ,
O. S A.
■VS?}-^ ' 'SS5B-" ' *'S»*°'
o;
catAlooo
DE
JEscriltircs -^guotiiiro toiiañcilcs. jBortiifincsfs o ^njeriraiios.
(1)
Tal es la vida del insií,me religioso, del sabio incansable
P. Fr. Manuel Blanco, uno de los hijos más ilustres entre
los muchos que cuenta la Provincia del Santísimo Nombre
de jesús de las islas Mlipinas, desde que los agustinos Ur-
danetas y Radas y Aguirres... acompañados del general
Legazpi, enarbolaron en ellas el estandarte adorable de la
Cruz de Jesucristo.
En Bulacán, siendo alcalde D. Felipe (robantes, acom-
pañado t'ste de los Padres Religiosos, para de alguna ma-
nera dar testimonio del universal aprecio en que era tenido
el P. Blanco, levantaron Á su memoria una modesta columna
de piedra, que recuerda á las generaciones futuras el nom-
bre del primer botánico de Filipinas, del que no morirá en
la gratitud de los sabios y en el reconocimiento de pobres y
desamparados.
íl) Véase la página 444.
ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 41
••El P. Blanco, continúa el P. Fernández, era de estatura
regular, color moreno, cuerpo de medianas proporciones y
un poco cargado de hombros. En sus negros y hermosos
ojos se podía adivinar aquel gran talento que residía en su
grave frente. Aunque parecía de carácter adusto, no obs-
tante era en su trato muy amable, y su conversación amena
é instructiva. „ Tenía á ratos cierta grave y modesta joviali-
dad y felices rasgos de ingenio. Véase una muestra. Su co-
lor naturalmente moreno, lo era mucho más todavía por el
ardiente sol de b^ilipinas, que tomaba en sus frecuentes ex-
cursiones botánicas. Llegó, pues, á Manila una Misión, y al
ir los recién llegados á ofrecer sus respetos al P. illanco,
preguntando éste á todos su nombre, llegó á uno que se lla-
maba de apellido Bueno, y le dijo:— Quiera Dios que su
apellido le caiga mejor que á mí el mío. — Pero mejor que
con palabras, se puede conocer el carácter del sapientísimo
P. Blanco en sus obras, en las que vive y vivirá eterna-
mente: su sabiduría será ensalzada por todos los pueblos, y
cantará sus alabanzas la Iglesia, que le contará siempre en
el número de sus más ilustres hijos. „ Así concluye la bio-
grafía del P. Blanco el M. R. P. Fr. Celestino Fernández,
que, como antes indicamos, ha heredado también el espíritu
observador del insigne naturalista, que ha traducido la hlova
al idioma de Lacio, y ha tenido la suerte de alcanzar aún,
y consultar á los amigos y conocidos del autor, oyendo de
boca de los mismos las virtudes y excelencias del sabio bo-
tánico. >
. Admirables, dignas de todo elogio son las inmorta-
les obras de los esclarecidos botánicos Tournefort, Linneo,
Jussieu, los dos De Candolle, padre é hijo, Lagasca y Ca-
vaniiles, etc.; pero estos sabios contaron con medios deque
no pudo disponer nuestro Misionero. Para escribir sus obras
leyeron aquellos autores los estudios de sus antepasados,
consultaron con los contemporáneos, hicieron largos viajes
por regiones distintas, y á veces la generosidad de las na-
ciones abonaba los gastos ocasionados por las investigacio-
nes científicas de los que consagraban su vida á estudios tan
trabajosos...- Mas el P. Blanco, al escribir su Flava, con-
42 ESCRITORES AGUSTINOS
taba con pocos, muy pocos de estos auxilios. Y causa admi-
ración el que, abrumado de quehaceres, y con vida tan ac-
tiva y ocupada, pudiese legar al mundo esa obra monumen-
^tal, sin otros estudios que los adquiridos por afición parti-
cular, sin más libros al principio, ni medios de consulta, que
el Sistema \'egetabilium de Linneo y algunos manuscritos
de otros religiosos, cuyos nombres recuerda con gratitud:
sin personal que le ayudase, y á cinco mil leguas distante de
cuanto pudiera aliviarle en su ímprobo trabajo... "No |ie
tenido, dice en el prólogo á la primera edición de la Flora,
maestros ni herbarios, ni aun casi libros, cuando empecé
por afición á entender en esta materia. .\Ii único libro enton-
ces era el Sistona Vegcfah/'/inin de Linneo. „
Hablando de las dificultades que encontraba, hasta para
averiguar el nombre vulgar de una planta, añade: "^En este
punto es asombrosa la desidia de los indios; y así, el que se
quiera dedicar á esta especie de investigaciones, debe pre-
pararse á sufrir grandes trabajos: ni serán pequeños sus
disgustos, cuando vea las insuperables dificultades que ten-
drá que vencer para lograr ver las flores y frutos de los ár-
boles. Son rarísimos los sujetos que aprecian esta clase de
ocupaciones, y muchos las miran con desdén. Mil veces me
he fastidiado por esto mismo, y se han pasado años enteros
sin dar una plumada en la hlora^. Indicado hemos que no
entraba en los cálculos del humilde religioso dar á la im-
prenta el fruto de sus trabajos científicos "Nunca fué mi
pensamiento, dice, el formar un tratado de plantas, digno
de la luz pública. Una simple curiosidad me había hecho ir
escribiendo lo que me parecía interesante^. V también hici-
mos notar más arriba, que la lozana vegetación de los cam-
pos de Angat fué lo que le suscitó la idea de emprender sus
lucubraciones botánicas, y desde entonces aprovechaba to-
das las ocasiones de adelantar un poco más en el conoci-
miento de los vegetales. Gozábase en tener algún tiempo
desocupado para penetrar en los bosques, examinar las es-
pecies de plantas que encerraban'en sus espesuras, investi-
gar á qué géneros ó familias pertenecían, en qué ordenes y
clases debían colocarse. Pero no se limitaba á esto sólo su
ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 43
solicitud: la utilidad que el hombre podía sacar de los fru-
tos, flores, hojas, jugos y troncos de los árboles, era objeto
muy especial de sus observaciones. Todo lo concerniente á
la Botánica aplicada fué lo que más llamó la atención del
P. Blanco, y, en especial, cuanto pertenece á la especie mé-
dica, en lo cual nos dejó escrita una multitud de secretos
medicinales desconocidos ó mal aplicados hasta entonces.
No se desdeñaba probar en su misma persona las virtudes
de muchas plantas, con el único tin de proporcionar á los
indios remedios en las dolencias que les aquejan. Y por lo
que pertenece á Botánica agrícola y económica, puede de-
cirse que la hlora Filil^ina es una verdadera y completa
enciclopedia de agricultura, tanto que ha merecido los más
entusiastas elogios del más célebre entre los botánicos mo-
dernos, De Candolle. ^
Las descripciones que de las plantas da el P. Blanco son
completas y acabadas, y hasta minuciosas, así en lo tocan-
te á Botánica geográfica, como en los demás ramos de esta
ciencia. A 1.20r) asciende el número de especies descritas
por el sabio agustino.
La Flora de Filipinas está ordenada según el sistema
sexual de Linneo, método que principalmente se funda en
el número de estambres y pistilos, á diferencia del método
natural, que está fundado esencialmente en la conformidad
3' relación que las plantas conservan entre sí, y en el cual
hay que atenerse á la inserción de los estambres y corola.
No hay menor duda en las presentes circunstancias acerca
de la superioridad del método natural sobre el artificial, y
mucho más después que el sabio De Candolle ha introdu-
cido en él tan grandes modificaciones. Ni desconocía el Pa-
dre Blanco las ventajas é imperfecciones de uno y de otro
método; y si bien el sexual del botánico sueco estaba sujeto
á graves inconvenientes, tales como no ser constante el nú-
mero de los estambres en todas las plantas pertenecientes á
un mismo género, y aun entre las flores de una misma plan-
ta, tampoco el natural de Jussieu está libre de experimen-
tar variaciones radicales por el tiempo en que escribía el
botánico filipino; por lo cual, á pesar de reconocer su supe-
44 ESCRltOKES AOUSTI.VOS
rioridad, considerábale aún poco más que en embrión, y
sujeto, por lo mismo, á considerables modificaciones, como,
en efecto, después ha sucedido. Pero oigamos sus palabras:
Dice así el sabio agustino: "Este método (el natural), según
el cual es preciso observar con gran cuidado la inserción
de los estambres y corola, es sin duda muy superior, y debe
ser preferido á los otros; porque no se funda, como ellos,
en la consideración de un solo carácter: por ejemplo, de los
estambres, que á veces es muy lúbrico, sino en la confor-
midad y semejanza de todos sus órganos, de los cuales unos
son de más valor que otros. Caminando por este método, no
quedan separados y trastornados muchos géneros que exi-
gen en rigor estar unidos, por tener muchos puntos comu-
nes de contacto, como sucede e» los otros, y así se proce-
de con mucha seguridad : guiándose por los otros, siempre
hay recelo de cngaflar.se. Es verdad que hasta que no estén
del todo descubiertos los eslabones de la cadena natural de
las plantas, este método no será más que artificial: pero,
entre éstos, es indudablemente el mejor„. Con lo dicho en
este párrafo, que hemos querido copiar íntegro, y aparte
de otras razones que pudiéramos aducir, queda resuelta la
dificultad de aquellos que ponían reparo en que el P. Blan-
co hubiese seguido el sistema sexual de Linneo, y no el na-
tural de Jussieu.
Tan luego como se divulgó la noticia de que nuestro re-
ligioso tenía tan preciosa colección de plantas descritas, no
cesaron de importunarle amigos y conocidos para que pu-
blicase trabajos de tanto mérito. S. M. misma Doña .María
Cristina . que á la sazón era Regente del Reino, dio dos Rea-
les órdenes, la una en 27 de Marzo de 18^36 y la otra en 4
del mismo mes de 1S43, para que se imprimiese la Flora de
hilif>inas, mandando á la vez al Capitán general de Manila
dispensase al autor toda la protección que estuviese en sus
facultades, y le determinase con qué mejor podría premiar
los méritos del sabio botánico.
Las repetidas instancias de sus amigos, las Reales y dis-
tinguidas invitaciones de S. -M. la Reina, y los paternales
mandatos de sus Superiores, movieron, por último, al mo-
ESPAÑOLES. PORTUGUESES Y AMERICANOS 45
desto religioso á publicar su manuscrito, saliendo la prime-
ra edición en un tomo en 4." de lxxviii-887 págs., el año
de ISol. Creía el autor haber cumplido ya con su objeto;
pero la aceptación y aplauso general con que el público
ilustrado recibió el fruto de sus fatigas fueron causa de que
en poco tiempo se agotasen todos los ejemplares, y los sa-
bios y los amantes de la ciencia reclamaban se imprimiese
de nuevo la Flora Filipina. Por esta causa la Real Acade-
mia Económica de Amigos del País de Filipinas, de la cual
era socio el P. Blanco, destinó en 21 de Marzo de 1S4Ü cier-
ta suma de dinero para la reimpresión de la obra. Pacífico
se hallaba el anciano religioso en su retiro del Convento de
Nuestra Señora de Guadalupe, cuando le sorprendió la no-
ticia de lo acordado por la Real Academia; y aunque abru-
mado por los años y achaques, todavía encontró fuerzas su
espíritu para emprender la revisión del libro, corregirlo y
ampliarlo cuanto se lo permitieran las circunstancias. Pero
Dios no quiso concederle el gusto de ver terminado su tra-
bajo, y antes que acabase la reimpresión, terminó él los
días de su vida...
Antes de entrar de lleno en la descripción de las plantas,
expuso el P. Blanco, por vía de introducción, las nociones
principales de Filosofía botánica, á lo cual añadió una breve
nomenclatura de los términos técnicos más precisos de esta
ciencia; expuso luego el sistema de Linneo que había de
servirle de guía en toda la obra, dando una breve explica-
ción de cada una de las clases, y completando esta parte
con un resumen de los géneros contenidos en su Flora.
Viendo la confusión á que estaba sujeta la poligamia (que
corresponde ú la 23.'"^ clase), y á imitación, como él dice, de
algunos botánicos, creyó conveniente suprimirla como gru-
po aparte, intercalando las plantas que á ella perteneciesen
en los demás géneros , y señalándolas con dos asteriscos.
Por último, completó su libro con dos índices alfabéticos: el
uno de los géneros, y el otro de los nombres que los indí-
genas daban á las plantas, indicando el género á que éstas
pertenecían.
Digamos ahora de la tercera edición que acaba de publi-
46 ESCRITORES AGUSTINOS
carse... La Provincia del Santísimo Nombre de Jesús de las
Islas Filipinas, cuyo dif,^no hijo fué el P. Blanco, viendo, no
sólo la conveniencia, sino la necesidad de una edición nue-
va, acordó publicar por tercera vez la Flora FíUpifia, que
empezó en 1877, saliendo y remitiéndola por entregas á los
subscriptores.
Cuánto se añadió y mejoró esta última edición, déjase
conocer con sólo atender á los títulos de los cuatro tomos
arriba mencionados.
"Con la corrección hecha en el .Vpéndice, continúa el
P. Rodríguez, conforme al método natural, quedan zanja-
das todas las dificultades que antes pudieran hallarse en el
método scfíuido por el P. Blanco. Los amantes del projíreso
y de la ciencia tienen hoy en la tercera edición de la Flora
Fii/piiKi uno y otro método, y pueden á su satisfacción diri-
girse por cualquiera de ellos para ver, admirar y contem-
plar las bellezas con que el Criador enriqueció los fértiles
y lozanos campos lilipinos. Al efecto le ayudarán sobrema-
nera más de 400 hermosas láminas intercaladas en el texto;
láminas que, según el parecer de los inteligentes, nada de-
jan que desear por lo que toca al arte litogrático.„
De la edición se han hecho dos tiradas: una de todo lujo,
y otra menos lujosa. .Aquélla va en papel de hilo superior,
y las láminas son magnílicos cromos que representan al vivo
los colores naturales de la planta. Esta se tiró en papel de
algodón bueno, y las láminas son litogrartadas, en negro y
hechas con gran perfección. **Creemos haber dicho lo bas-
tante para poder formar una idea de esa obra monumental,
colmada de elogios por cuantos sabios han podido verla,
y premiada en varias Exposiciones: en la última de Ams-
terdam !le fué adjudicado Fl ¡(rati premio d»' lionor d la
ciencia...
„La escena que tuvo lugar en el acto solemne de la adju-
dicación de los premios en Amsterdam, fué en gran manera
curiosa, según sabemos por comunicación particular. Un
español que tuvo la honra de asistir á la solemne ceremonia
fué objeto de finas y distinguidas atenciones por parte de
cuantos presentes .se hallaban. \Mtoreáronle públicamente
ESPAi^OLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS
47
<1 él y á España, sólo al considerar el mérito relevante de la
Flora Filipina. Un alemán hubo que, llevado de su entu-
siasmo, abrazó enternecido el precioso ejemplar de la Flo-
ra, y, con ella abrazado, dejaba correr por sus mejillas
abundantes lágrimas.^
—Vid., vol. IX y X de la Kev. Aj.
fR. ^ONIFACIO /WORAL,
O. 8. A.
Kfaista Tanomca
'obre ln Miau parroquial y conventual. — La aplicación de la
Misa por el pueblo ha ^ido siempre reconocida en la Iglesia
como una de las obligaciones más estrictas que los clnones
y la moral prescriben. Hoy es cosa cierta que el Párroco no puede
substraerse al deber de aplicar la Misa en determinados días perlas
almas que tiene encomendadas á su cargo, ni en fuerza de la costum-
bre ni A causa de la pobreza. De otra manera, esa obligacit^n dejaría
de reconocer el origen divino que todos sin excepciones le conceden.
Del mismo modo, la Misa conventual, iniciada, como quieren mu-
chos, en aquellas solemnidades en que los cristianos se coni^regaban
para oir públicamente y en comunidad la Misa, ha sido preceptuada
con rigor, y hoy obliga ineludiblemente y en general A todos aquel'os
que en las Iglesias Catedrales ó Colegiatas han obtenido y poseen
canonicatos ú otros beneficios corales. La Misa conventual se consi-
dera como la parte más importante del Oficio Divino, y á la que van
dirigidos y sirven como de preparación todos los oficios del coro.
Claro está que, en este sentido, la Misa que se acostumbra á celebrar
cuotidianamente y á hora fija en los Monasterios ó Conventos no
exige las solemnidades ni tiene el carácter de Misa conventual pro-
piamente dicha. Las condiciones que la Misa conventual y parroquial
exigen, son conocidas y están determinadas en los elementos del De
recho canónico, por lo cual no es menester expresarlas aquí; pero
ha de contribuir no poco á esclarecer esta materia las siguientes au-
torizadas palabras de la Sagrada Congregación de Ritos sobre la
duda que verán nuestros lectores:
Sacra Rituum Congregatio ad Decreta, quibus indulget Missam
solemnem vel etiam Missas lectas in aliqua extrínseca festi vítate,
REVISTA CANÓNICA 49
solet adjicere clausulam : dutnmodo non otnittatur Missa conven-
tualis vel Parochialis, Officio dici respondens, ubi earn celehrandi
adsit obli^dtio. Porro nonnuIH Ecclesiarum Rectores hujusmodi clau-
sulae declarationem ad eadem Sacra Con^regatione humillime ro-
garunt; et ipsa Sacrorum Rituum Congregatio, ad relationem sub-
scripti Secretarii, re accurate perpensa, declaravit obligationem in
casu quoad Missam Conventualem, Officio diei respondentem, adesse
pro Ecclesiis, in quibus ea die fit Officiatura Choralis, juxta Decre-
tum 6 Junii 1888 ad ii : quoad vero Missam Parochialem, eam officio
diei conformem esse deberé, quando perag< nda sit cum applicatione
pro populo. Atque ita rescripsit. Die 21 Februarii 18%.— G//". Card.
Aloisi-Masella, S. R. C Prnef.— L. f .S.— .4. Tripepi, Secretarius.
Consultas del Obispo de Flaten. — En el mismo día 21 de Febrero
del presente año contestaba la Sagrada Congregación de Ritos á las
preguntas elevadas por el Rmo. Sr. D. Mariano Palermo, Obispo de
Flaten, en la forma siguiente:
I. An in accessu Episcopi Ordinarii ad Ecclesiam Cathedralem,
rei diviníf peragendít causa, sive ipse celebraturus sit sive alter,
íera turris campanariíe pulsari debeant?
II. l'trum in casu teneantur Canonici Episcopum, cappa vel ha-
biiu chorali indutum comitari et deducere?
III. An in e.xpositione prívala , quando populus benedicitur cum
Sanctissimo EucharistiíC Sacramento, pyxide clauso, ipsa pyxis co-
operienda sit velo humerali?
IV. Utrum , benedicto Caemeterio, censeri debeat benedicta etiam
Ecclesia, eidem adnexa, et viceversa ?
Resp. :
Ad I. Affirtnutive , ad normatn Cicrctnonialis Episcoporum.
Ad II. Stetur Cteretnoniuli et Decretis.
Ad III. Affirmative, juxta dccretiim in una Meliten. 23 Februa-
rii 1839.
Ad IW Negative ad utrumque.
Atque ita rescripsit. Die 21 Februarii 18%. — CaJ. Card. Aloisi-Ma-
sella, S. R. C. Praef.— L. f S.— J. Tripepi , Secretarius.
Varias dudas del Arzobispo de Cirene. — El Rmo. Sr. D. Nazario
Begin, Arzobispo de Cirene y Administrador de la diócesis de Que-
bec, acudió á la Congregación de Ritos en busca de solución á las si-
guientes dudas :
I. Ex peculiaribus Indultis Dioecesi Quebecensi concessis, solem-
nitas quorundam festorum de prxcepto transfertur in Dominicam
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50 REVISTA CANÓNICA
proximam sequentem, vel ea impedita, in Dominicam proximam an-
tecedentem; atque ita, ut in Ecclesiis, ubi fit Officiatura cum cantu,
Missa et \'esperae solemnes de hisce festis, additis Commemoratio-
nibus juxta Rubricas, perag^antur : in nliis vero única Missa lecta cele-
bretur. Ilinc quasritur : An siibsi^tat dic , qnti celebratiir ofjiciton
transfcrcuihe vcl trauslaítc snlt'ntfiiíiUis :
1.^ Prohibitio celebrandi Missam in Oraioriis mere privatis et
Missam exequialem prncsente corpore?
2.** Obligatio Parochorum Missam applicandi pro populo?
3° Facultas Episcopo concessa conferendi Ordines Sacros diebus
festivis de praecepto?
II. Utrum e?edem solemnitates celehrari possint in festis Circun
cisionis Domini et Ssmav Trinitaiis; dio octava Epiphaniae, Dominica
Passionis et Dominica in Albis, qu;c festa quaelibct alia, etian Du-
plicia primie classis, excludunt?
III An, pluribus occurrentibus solemnitatibus transferendis, una
vel altera possit ad libitum omitti vel saltem simpliticari per Com-
memoraiionem sub única conclusione, cum oratione Dominicx pri-
m;c classis vel fesii , aut solemnitatis ritu, aut privilejjio superiorisr
I\'. Utrum in parochiali l-xclesia , cujus titulare fcstum ipsa dio
fuit a populo ex devotione celobrntum >olomnitas debeat nihilomi-
nus die Dominica perag^i?
V. An Indultum speciale, 13 Maji 18a>. quo solemnitates transfe-
rendíc in Dominicam sequentem, eaque impedita, in Dominicam
proximam praícedentem, ad hanc solam Dominicam restringatur?
VI. Utrum in Ecclesiis, ubi ex Indulto 13 Martii ISP solemnitas
translata peragitur cum Missa et \esperis solemnibus, hi qui üsdem
X'esperis assistunt, Divini OtUcii recitationi satisfaciant ?
VII. An Ídem Indultum pro Ecclesiis concessum comprehendat
etiam Oratoria tum publica tum privata? et quatenus Negative ad se-
cundan! partem , imploratur gratia extensionis ad Oratoria prívala
Collegiorum, Hospitiorum et aliarum Communitatum, juxta prudens
Ordinarii judicium in singulis casibus.
Resp. :
Ad I. Negntive quotui h''^ . affirwtitive quodd li""' et 3""'
Ad II. Ncgative.
Ad 111. Fint de solemtiittite digniori et minus digna trans/era-
tur ifi proxitnioreui Domitticam liheravi.
Ad I\'. AJJ'irtnative.
Ad V. A/firtnative.
Ad VI. Ad S. Congregíitionein Conrilii.
Ad \'1I. QiWíid qiticstiouevt: hidultaut comprchendcre fantjon
Oratoria publica ; quoad püstulati*ni: Non expediré.
Atque ita rescripsit. Die 6 Martii 18%.— Co;. Card. Aloisi-Masella,
S. R. C. Praef.— J. Tripepi, Secretarius.
REVISTA CANÓNICA
La fiesta de Santo Tomás de Cantorbery es elevada á rito doble
menor para toda la Iglesia.— SSmus Dominus Xoster Leo Papa XIII,
referente subscripto Cardinali S. Rituum Congre^^ationi Príefecto,
communia vota Emorum ac Rmorum Patrum Sacris tuendis Ritibus
praepositorum, libenter excipiens, Festum Sancti Thomae Episcopi
Cantuariensis et Martyris ad ritum duplicem minorem pro Universa
Ecclesia evehere dignatus est, illudque sub praedicto ritu in Calen-
dario Universali deinceps et in novis editionibus Breviarii Romani
inscribí decrevit. Contrariis non obstantibus quibuscumque.
Die 24 Februarii l.s%.— Gi>. Card. Aloisi \íasclla, S. R. C Priief.—
L. t S.—A. Tripepi . S. R. C. Secretarias.
Otras dudas expuestas á la Congregación de Ritos. — Con el debi-
do permiso del Ordinario de Basiiea. un Sacerdote, director del Ca-
lendario de la diócesis , propuso A la Saturada Congrejíación de Ritos
las si<íuientes consultas que juzgamos oportuno transcribir ínte^iras:
I. L'irum in festis SS. Petri Damiani (23 Februarii) et Alphonsi
M. de Li2:orio 2 Augusti) mutandus sit tertius versas in Hymno:
Iste Contessor?
II. In diíJL'cesi Basileensi die 22 Martii sub ritu duplici rainori ce-
lebratur festum Beati Nicolai de Flüe, qui obiit die 21 Martii 14.S7
et hujusmodi festum, concurrens cum festo Sancti Benedicti Abba-
tis, sub ritu duplici majori recolendo. tantum Commemorationem
habet in primis V'esperis. Quod si incidat in Feriam secundam post
aliquam Dominicam Quadragesimae vel Dominicam Passionis et de
ilio recitandus sit Hymnus: Iste Confessor, in primis Vesperis, quse-
ritur: debetne mutari tertius versus in Hymno, et haec mutatio indi-
cari in novis editionibus Proprii Dioecesani, a S. Rituum Congrega-
tione die ^'J Septembris lso9 approbato?
III. Kalendarium Dioecesanum, a S. Rituum Congregatione appro-
batum. indicat pro Dominica secunda post Pascha festum SS. Sigis-
mundi Regis et Soc. Mm. sub ritu duplici minori. Sive ante sive post
approbationem Kalendarii, praedictum festum omissum fuit, quoties-
cumque aliud festum dúplex enuntiata Dominica occurrebat, prout
fit hoc anno, quo celebratur festum Sancti Leonis IX, Papae sub ritu
duplici 11." classis festo SS. Sigismundi et Soc. penitus omisso. Quae-
ritur, utrum hac in re bene ordinatum sit Kalendarium?
W . In Dioecesi Basileensi festum Sacrarum Reliquiarum peragi-
tur sub ritu duplici majori, Dominica infra Octavam Omnium Sanc-
torum. Porro quotiescumque littera dominicalis est d saltem pro
mense Xovembri, deest praedicta Dominica. Etenim festum Omnium
Sanctorum celebratur die prima mensis, et Dominica sequens est
dies octava ejusdem festi. Quaeritur, utrum hoc in casu oraitti debeat
52 RKVISTA CANÓNICA
festum Sacrarum reliquiarum, ut hucusque factum est, an potius ad
primam diem liberam, id est diem 19 Decembris transferendum sit?
V. In editione typica Breviarii Romani legitur sequens Rubrica
die XVI Septembris: Si festum SS. Cornelii et Cypriani venerit in
Dominica ñtOfficium de Dominica cum Commemoraiione eorumdem
in Utrisque V'esperis et Laudibus et ix Lectione histórica (ex tribus
una) atque commemorationc SS. Euphemi:i. , Luciae et Geminiani
Mm. in I V'esperis ct Laudibus , omissa Lectione. Porro , quum in prit-
dicto casu, ubique terrarum recolatur festum vii Dolorum B. M. V.
pro Dominica iii Septembris adsijjnatum, videtur esse corriji^enda
haec Rubrica in novis editionibus Breviarii. Hinc quieritur, utrum et
quomodo hice correctio fieri debeat?
VL Ex S. R. C. Decreto die 8 Decembris I89">circa celebrationem
Missic in lícclesia aliena, videtur Sacerdob habens festum duple.x
L*» Classis non posse celebrare, nisi more votivo Missam conformem
suo Ofticio, quando ritus alienie Ecclesiae permittit Missas de Requic
et votivas. Quid agendum in casu?
Resp.:
• Ad L No f(iitive , justa Editionem typicam it Afarfyrologiutn Ro-
manuni.
Ad I!. A/Jinuaiive . ni ni /este Sane f i Hyacinthi Conf. die 1 ly
Aufcusfi,
Ad III. AJJirmaíive et festum SS. Sigistuundi et Soc. quoties im-
pcditur . peuitus omittatur.
Ad I\'. Afjirmative ad primam partem, negative ad secumdam,
nisi ohtincatur Iiuiíiltum pro translatioue.
Ad \'. Detur Decretum itt Aretina, 7<V Junii 1885ad iv.
Ad VI. Missa Offieio eon/ormis, sivc de semidupliei sive de quo-
eitmque dupliei , et in casu, est /estiva: proinde non est votiva , nec
more votivo dicenda.
Atque ita rescripsit. Die 14 Martii 18%. — (<?;. Card. Aloisi-Ma-
sella.S. R. C. Praef.— L. f S.— ^. 7V//>f/)í, Secretarius.
Sobro el canto litúrgico. — En Marzo último pasado contestaba la
Sagrada Congregación de Ritos á la siguiente consulta formulada
por muchos Sacerdotes:
An intonationes Hymni angelici ac Symboli, necnon singulíe mo-
dulationes a celebrante in Missa cantata exequend;c, videlicct Ora-
tionum , Pr;efationis, Orationis Dominicíe et cum relativis respon-
sionibus ad chorum pertinentibus^ex pra^cepto servari debeant prout
jacent in Missali,an mutari potius valeant juxta consuetudinem qu.a-
rumdam Ecclesiarum?
REVISTA CANÓNICA 53
Resp.:
Affirmative ad printant partem: Negative ad secuvidnDt ct qu'am-
cumqite contruriam cottsuetudinem esse eliininaiida)ii justa Deere-
tutn 21 Aprilis 1873. Atque ita rescripsil ac servar i mandavit.
Die 14 Martii 18%.— C«>. Card. Aloisi-Masella, S. R. C. Praef.-L. t S.
A. T^r/p^pi, Secretarius.
Es necesario confesar, en vista de las resoluciones preinsertas,
que, no obstante la frialdad con que hasta ahora se han cumplido los
preceptos de la Santa Sede referentes al canto de la Iglesia, perma-
necen hoy en su vigor primitivo. Son innumerables los Sumos Pontí-
fices que hicieron supremos esfuerzos por reducir d uniformidad el
canto de la Iglesia, convencidos de que esto contribuye en gran parte
al esplendor de la fe y á la dignidad del culto. La unidad en los de-
más ritos sagrados, recomendada por el Concilio de Trento, é intro-
ducida en la Iglesia universal con aceptación de todos, debía exten-
derse al canto eclesiástico, como una de las partesde más importancia
que componen la liturgia. De ahí que las determinaciones de algunos
Papas, en especial de (Gregorio XUl y Paulo \', sobre la uniformidad
del canto sagrado, lejos de anticuarse, hayan recibido mayor im-
pulso, merced á los esfuerzos de Pío IX en su Breve de 1873, y del
actual Pontífice, á quien se deben las Letras Apostólicas de 1878 y el
Decreto de 1894, cuyo contenido es una confirmación omnímoda de
las disposiciones del mismo Pío IX. Eo vel magis, decía este Papa,
qtwd sit Nobis uiaxivie tu votis, ut cum iu Cívteris, quw ad Sacram
Liíur^iam pertinent , tutn ctiutn in cattítt, una, cundís in locis ac
Di(rcesibi4s, eademque ratio servetur qua Romana tititur Ecclesia.
Id potissimum spectantcs, dice León XIII, ut sic cunctis in locis ac
Diacesibus, cum in aeteris quce ad Sacratn Liturgiam pertinent ,
tum ctiam in cantu una eademque ratio servetur, qua Romana
iititur Ecclesia.
Puede comprenderse por lo dicho la importancia que la Congre-
gación concede á la respuesta que arriba transcribimos, y por tanto
la obligación que tienen todas las personas encargadas de dirigir el
canto litúrgico de sujetarse á esa uniformidad tan sabiamente dis-
puesta. Por desgracia, los descuidos en esta materia son harto fre-
cuentes, y nacen de no considerar que el canto adulterado y capri-
choso es molesto para los que lo oyen, y atrae las burlas del público
sobre las cosas más sagradas.
Libros prohibidos últimamente por la Sagrada Congregación del
índice.— Sacra Congregatio Eminentissimorum ac Reverendissimo-
rum Sanctae Romanas Ecclesiae Cardinalium á Sanctissimo Domino
Nostro Leone Papa XIII Sanctaque Sede Apostólica Indici librorum
54 REVISTA CANÓNICA
pravfe docirina, eorumdemque proscriptioni, expurgationi ac per-
missioni in universa christiana República pncpositorum et delega-
torum , habita in Palatio Apostólico Vaticano die 17 Aprilis 18%,
damnavit et damnat, proscripsit proscribitque. vel alias damnata
atque proscripta in Indicem librorum prohibitorum referri mandavit
et mandat qua^ sequuntur Opera:
Ferri Enrico.— Z.^ Sctwla Crimínale positiva.— Coníerenza.—Na-
poli, Knrico Detken Libraio Editore, piazza del I'lebiscilo, IbST).
hem. — Sociología Crimínale. — Tevza. edizione completamente
rifatta dei nuovi orizzonti del Diritio e della Procedura pénale.— Fra-
telli Bocea Librai.— Torino, via Cario Alberto. 3, 1892.
ítem. — L'omicidio-sia'cidío.— Responsabilitá ^iuridica.— Quarta
edizione ampliata con nuove ag^^jiunie polemiche, e due tavole grali-
che.— Torino. E'ratelli Bocea Editori, 1895.
Ítem.— Z,rt /corta delT ivipittahilitá e la tiegaaione del libero ar-
bitrio.— Firenze, 1878.
liem. — L' omicídío iiell antropología crimínale (omicida nato,
omicida pazzo) con atlante antropologico-statisiico.— Torino. bVatelli
Bocea Editori, 1895.— Prohib. Decr. ü Decemb. 18Q5.
Los Jesuítas de puertas adentro. — Ó un barrido hacia afuera, en
la Compañía í/t'/r^/í.s. — Barcelona. Tipografía de Luis Tasso, 18%.
Cuite prívi' des Mains Divines de Notre Sauíeur.— Decr. S. Ofl.
Fer. IV, 6 Febr. 18%. — Quo prohibentur quoque omnia scripta sive
typis edita, sive non; in quibus speciales formuiac nova devotionis,
etiam sub prjetextu quod sint privatse, erga SS. Manus D. Ni I. C.
quomodolibet proponantur et propagentur
Itaque nemo cujuscumque gradus et conditionis pradicta Opera
damnata atque proscripta, quocumtjue loco el quocumque idiomatc,
aut in posterum edere, aut edita Icgere vel retiñere audeat, sed lo-
corum Ordinariis, aut hasreticíc pravitatis Inquisitoribus ea tradere
teneatur, sub poenis in índice librorum vetitorum indictis.
Quibus Sanctissimo Domino Xostro Leoni Pap:E XIII per me
infrascriptum S. I. C. a Secretis relatis, Sanctitas Sua Decrctum pro-
bavit, et promulgari prsccepit. In quorum fidem etc.
Datum Romíe die 1^» Aprilis 18%.= f .Sherapuinus, Card. \'annu-
telli, Episcopus Tusculanus Fraefectus.=Fr. Marcolínus Cícognaní,
O. P., a Secretis. — Loco f sigilli. — Die '20 Aprilis 18%.— Elgo infras-
criptus Mag. Cursorum testor supradictum Decretum allixum et pu-
blicatum fuisse in Vrbe.— ]'íncentius Benaglia. Mag. Curs.
fR. ^ENITO JlODRÍGUEZ Y pONZAt,£Z,
O. S. A.
CRÓNICA GENERAL
EXTRANJERO
OMA.— Esuin para terminarse los trabajos de la Junta encarga-
da de examinar la cuestión de las ordenaciones anglicanas, las
s;2¿ cuales, por confesión de los mismos representantes del pro-
testantismo inglés, deben ser consideradas como de ningún valor.
Acerca de la impresión favorable ó desfavorable que semejantes de-
claraciones habrán de producir en Inglaterra, hoy por hoy nada se
sabe en concreto; si bien se abrigan fundadas esperanzas de que con
este motivo vuelvan muchos disidentes al seno de la Iglesia Católica.
—Las corrientes de simpatía que desde hace algún tiempo se han
establecido entre el Vaticano y la corte imperial de Rusia, se signi-
fican más y más cada vez por las muestras de consideración y apre-
cio que Su Santidad viene dando al Tsar Alejandro II. Prueba de ello
es la Embajada extraordinaria que la Santa Sede proyecta enviar á
Moscou para que asista á las fiestas de la coronación de dicho So-
berano. Los diarios de Roma han publicado los nombres de los in-
dividuos de la Corr;isión, que se compondrá de Mons. Agliardi, Em-
bajador; Mons. Jenaro Tranto, de los Príncipes de Belmente: Mon-
señor Fernando Croy, de la ilustre familia de Príncipes de este tí-
título, que es belga; Mons. Francisco Tomassi, Camarero secreto;
Conde Marino Saluzzo di Corigliano y el Conde Mario Carpegna, de
la Guardia Noble Pontificia. El Gobierno ruso, en justa corresponden-
cia á las delicadas atenciones que León XIII no cesa de prodigarle,
56 CRÓNICA GENERAL
ha dispuesto que Mons. Kozlowski, Arzobispo de Mohilew. invitado
á las ceremonias de la coronación, redacte y presente al Emperador
una Memoria en que se exponcja con toda claridad la situación de los
católicos en Rusia y le indique los medios de mejorarla. Se asegura
que el general Klingenberg, bien conocido por las vejaciones que ha
hecho sufrir A los católicos en Krozc, será privado de su empleo. Ade-
más, el Tsar ha dirigido al Romano Pontífice una respetuosa y atenta
carta en la que se manifiesta animado de los mejores sentimientos en
favor de los Seminarios católicos y de las buenas relaciones que le
unen al Vaticano.
—Las fiestas del aniversario de la Coronación del Tapa, aplaza-
das con motivo de la derrota sufrida por las tropas italianas en Adua,
se han celebrado el día 12, con gran concurrencia de fieles. Al solem-
ne Te Dciini cantado en la Basilica de San Pedro asistieron numero
sos Prelados y altos funcionarios de la Corte Pontificia y lo más se-
lecto de la sociedad romana afecta á la Santa .Sede.
— Aun cuando nada cierto podemos asegurar acerca de la fecha en
que ha de celebrarse el próximo Consistorio, lo probable es que se
verifique en Mayo: dícese también que, con objeto de utilizar por más
tiempo los buenos servicios que Mons. Cretoni y Mons. lacobini vie-
nen prestando en sus respectivas Nunciaturas de Madrid y Lisboa, no
serán promovidos á la dignidad cardenalicia hasta el Consistorio si-
guiente.
—Dentro de poco se publicarán varias Kncíclicas, en cuya redac-
ción viene trabajando el Pontífice hace algún tiempo: una de ellas
está dedicada al milenario del Catolicismo en Hungría; otra versará
sobre el Primado Pontificio, y la última acerca de los Delegados
y \'¡carios Apostólicos en los países de Oriente.
Italia.— Han fracasado las negociaciones de paz entre italianos y
abisinios, efecto de haberse negado el (7.obierno de Rudini á aceptar
las proposiciones de Menelik, quien ha insistido en exigir: I.", que
Italia abandone el protectorado sobre Abisinia; 2.", que renuncie á
su propósito de poseer un puerto en el mar Rojo; y 3.**, que le entre-
gue, en concepto de indemnización de guerra, la cantidad de vein-
ticinco millones de liras. En su consecuencia, el general Baldissera
ha recibido orden de continuar las hostilidades, y así lo ha hecho,
marchando con cuarenta y dos mil hombres sobre Adigrat. con ob-
jeto de levantar el cerco que á esta plaza tienen puesto los derviches.
Los últimos telegramas anunciaban que el resultado del movimiento
de las tropas de Baldissera había sido la retirada de los derviches y
el restablecimiento de comunicaciones con los sitiados, cuyo jefe ha
CRÓNICA GENERAL 57
conferenciado largamente con el general del ejército italiano sobre
asuntos de la campaña. El Negus, por su parte, retiene en su poder
al coronel Salva, enviado á proponerle las condiciones en que Italia
admitiría la paz, y amenaza con no entregarle hasta tanto que se le
devuelvan dos cartas autógrafas dirigidas á Baldissera; además ha
dado orden de conducir al centro de Abisinia los cuatro mil prisio-
neros que tiene en su poder y de retirar sus tropas á posiciones del
interior, donde esperará que pase el período oe las lluvias, á la vez
que hace aprestos para reanudar la campaña. La Prensa italiana de
oposición comenta estos hechos, censurando la conducta de Rudini
por no haber demostrado en las negociaciones la prudencia y tacto
político que reclamaban las circunstancias, mientras otros diarios
autorizados defienden el proceder del Gobierno, á su modo de ver
muy en harmonía con lo que exige el honor de la nación.
—Sobre los mismos asuntos de África se han distribuido entre los
senadores y diputados italianos tres Libros verdes, cjue contienen
los principales documentos referentes á los acontecimientos de ma-
yor transcendencia ocurridos durante la guerra. De ellos resulta que
Italia se conformaba con la derogación del tratado de Ucciali , pero á
condición de que no se concediera á otra potencia el protectorado
sobre Abisinia. El general Baldissera, obedeciendo á las indicacio-
nes del Gobierno, deberá sostenerse en Kasala hasta la llegada del
otoño, época en la que se adoptará una resolución definitiva; que-
dando, sin embargo, en libertad amplia de obrar como le pareciese
conveniente en el caso de correr peligro las fuerzas que tiene á sus
órdenes. Los otros documentos pertenecen á sucesos anteriores y tra-
tan de la conducta del Gobierno de Crispí y del general Barattieri
antes y después de la campaña de África. Consta que dicho general
había pedido refuerzos á su Gobierno, previendo la inminencia de la
guerra, y que presentó su dimisión al saber que no se le proporcio-
naban recursos. A raíz de la derrota de Amba-Alagi, el Gobierno de
Crispí llamó al general Barattieri para que le informase sobre la
oportunidad de tomar la ofensiva, indicando el número de tropas que
al efecto le serían necesarias; á lo que Barattieri contestó que se le
enviasen cuantos refuerzos fuera dable organizar, y que, hasta no ha-
berlos recibido, le parecía una locura intentar un ataque. También se
ha sabido, por la publicación de los escritos oficiales que venimos
resumiendo, la intervención de Inglaterra con el Ras Mangascia
para que se mantuviese fiel á Italia, y otras negociaciones encami-
nadas á facilitar el desembarco de las tropas de Humberto.
*
* *
58 CRÓMCA GKN'ERAL
Francia— Los extravíos del Gabinete Bourgeois, su radicalismo
sectario y sus condescendencias con los socialistas no podían menos
de atraerle la animadversión de todos los franceses sensatos, y han
sido la verdadera causa del cambio de Ministerio ocurrido última-
mente en la vecina República. Al Senado corresponde la ijloria de
haber hecho desaparecer de la escena á un (Gobierno que tan íjrave-
mente comprometía los intereses de la nación. Por ciento setenta y
un votos contra noventa fué adoptada en dicha Cáinnra, el día 21 de
Abril, la proposición de Mr. Demole aplazando la aprobación de los
créditos pedidos para Madagascar hasta que se constituyese un Mi-
nisterio que tuviera la confianza del Congreso y del Senado. Rsta de-
rrota colocó .1 Bouríjeois y Á sus colegas en situación desairadísima,
obligándolos A buscar consuelo en los aplausos de la populachería, asi
la de la Prensa como la de los diputados radicales.
El día 23 se presentó en el Congreso el Sr. Bourgeois para dar
cuenta de la alia traición cometida por los senadores, exponiendo
su propósito de dimitir, A hn de que un nuevo Gobierno pudiera lograr
inmediatamente la aprobación parlamentaria de los créditos desti-
nados A Madagascar. V afladía. para regalar los oídos de la mayor
parte de sus oyentes: "Como la C.imara de Diputados nos ha honrado
diferentes veces con votos de confianza, hemos creído que, al presen-
tar nuestras dimisiones, debíamos venir A presentarnos á los repre-
sentantes del país para explicar las causas de nuestra retirada. El Mi-
nisterio se ha esforzado por realizar el programa que expuso al su-
bir al E'oder. El país lo juzgará,.
Después de retirarse Bourgeois y sus compañeros de Gabinete
para ir al Palacio del Elíseo, continuó la sesión, proponiendo el dipu-
tado Goblet una orden del día por la que se declaraba que el Con-
greso apoyaría A cualquir Gobierno decidido A continuar en la senda
emprendida de las reformas democráticas. A ésta siguieron otras
órdenes del día, entre ellas la del diputado Ricard, concebida en los
siguientes términos: "La Cámara de Diputados afirma nuevamente
la preponderancia de los elegidos por sufragio universal y su resolu-
ción de continuar una política de reformas democráticas.,.
La primera parte de la orden del día, ó sea la que se refiere al
sufragio universal, fué adoptada por trescientos nueve votos contra
treinta y ocho. La segunda lo fué también por cuatrocientos diez y
siete contra treinta y siete. La votación definitiva del conjunto se ve-
rificó nominalmente, en medio de la mayor agitación, y obtuvo dos-
cientos cincuenta y ocho votos en pro y ninguno en contra.
El Ayuntamiento de París tomó el siguiente acuerdo, tan inopor-
tuno como antilegal:
"Considerando que los concejales de París deben manifestar su
opinión sobre los conflictos que estallan entre los poderes públicos,
y que la actitud hostil del Senado á toda reforma democrática y so-
CRÓNICA GENERAL 59
cial ocasiona en estos momentos una crisis constitucional que pone
en evidencia los defectos y los peligros de la Constitución de 1875,
expone las siguientes aspiraciones: 1.* Que la Cámara de los Dipu-
tados defienda enérgicamente los derechos del sufragio universal,
que son los de la nación, contra los manejos anticonstitucionales de
los elegidos por el voto restringido. 2.* Que la Constitución, inapli-
cable aún para los que desean conservarla, sea revisada inmediata-
mente por una Asamblea Constituyente. 3.'* Que el Ministerio conti-
núe en el puesto de combate que le han confiado los elegidos direc-
tos de la nación „. Esta proposición fué aprobada, á pesar de las pro-
testas del Prefecto, que, fundándose en la ley . quería impedir que el
Ayuntamiento tomara acuerdos de carácter político.
Presentada y emitida, á pesar de todo, la dimisióa del Gabinete
Bourgeois, comenzaron á circular los nombres de varios personajes
políticos como probables Presidentes del Consejo, hablándose, entre
otros, de Peytral, Develle, Uupuy y .Méline. Encargado de constituir
nuevo Gobierno Mr. Sarrien , fracasó en su tentativa, y la crisis con-
tinuaba siendo cada vez más laboriosa, hasta que Mr. Méline, el fa-
moso jefe de los ultraproteccionistas franceses, logró conciliar vo-
luntades y presentar el día 29 la siguiente lista de Ministros:
Méline, Presidencia y Agricultura; Darían, Justicia; Hanotau-\,
Negocios Extranjeros; Barthou, Interior; Cocheri, Hacienda; Gene-
ral Billot, Guerra; Almirante Besnard, Marina; Rambaud, Instruc-
ción Pública; Lebon, Colonias; Boucher, Comercio; Turrel, Obras
Públicas.
El nuevo Presidente del Consejo supo disponer, con habilidad,
una votación de la Cámara de los Diputados, que le servirá de de-
fensa contra las acusaciones de los radicales más furibundos. Hoy
por hoy no es fácil predecir si el Gabinete Méline gozará de larga y
próspera vida, á pesar de los augurios pesimistas con que se recibió
generalmente la noticia de su formación, ó si tendrá que declararse
pronto vencido ante los gravísimos obstáculos que han de oponerse
á la realización de su programa.
* *
AüSTRiA-HüNGRÍA.— Una vez más se han puesto de relieve la ener-
gía indomable del partido antisemita y la debilidad del Emperador
Francisco José. Elegido Lueger por cuarta vez Burgomaestre de Vie-
na; manifestada en forma elocuentísima la voluntad déla mayoría
de los electores, aun sabiendo que se ponían enfrente de la voluntad
de la Corona, parece que la prudencia y aun el instinto de conserva-
ción indicaban al Soberano que debía respetar la voz del pueblo, que
era en este caso la de la justicia. Sin embargo, la conducta de Fran-
60 CRÓNICA GENERAI>
cisco José ha sido muy diferente de lo que convenía á su buen nom-
bre y á los intereses de sus subditos, pues no ha vacilado en suplicar
á Lueger que renuncie el cargo, haciendo valer razones especiosas
de patriotismo y lealtad que no podía desoir el noble representante
de la causa católica. Lueger se apresuró á presentar su renuncia, y
con esto los judíos van ganando, gracias á la inconcebible pusilani-
midad del Emperador, una batalla que habían perdido en el terreno
legal.
« *
Asia,— Persia.— Ha sido muy comentado por la Prensa europea el
asesinato del Shah de Persia, llevado á cabo por un fanático de la
secta de los Babü. Se asegura que existía desde hace tiempo una
vasta conjuración formada con el objeto de vengar las crueldades
que el Soberano de Persia cometiera en los afiliados á la doctrina
religiosa del Buh, célebre reformador del Mahometismo, y fundador
de la mencionada secta. Tomamos de un diario de Madrid los si-
guientes detalles del suceso: "El Shah Nasr-ed-I)in se hallaba en el
patio interior del santuario levantado sobre la tumba de Shah Abdul,
cuando el criminal se le acercó y disparó sobre él un tiro que le de-
rribó en tierra.
.,La mezquita está situada á siete kilómetros de Teherán, la capi-
tal de Persia, y es uno de los santuarios de aquella Monarquía más
venerados por los musulmanes. Apenas se oyó el tiro disparado por
el regicida, vieron los testigos del crimen que el Monarca caía des-
plomado, dando un grito. Precipitadamente se acercaron al augusto
herido las personas de la comitiva para socorrerle. El Shah, que no
podía articular palabra, oprimíase el pecho con una mano, tratando
inútilmente de contener la abundantísima hemorragia. Llamado in-
mediatamente el médico de la Legación alemana, resultó su asisten-
cia completamente inútil. Cuando se presentó el facultativo, el Shah
trató de incorporarse y cayó otra vez, dejando de existir. Se igno-
ran la causa y el móvil del crimen„.
El último Soberano de Persia, uno de los pocos Monarcas orienta-
les que han visitado á Europa, ha sido indudablemente el más culto
que ha gobernado el Ivan. Durante su largo reinado, es decir, desde
el 13 de Octubre de 1H48, ha procurado seguir las huellas de su padre
Mehemed-Shah, el primer Príncipe kacharo kadjars) que estableció
relaciones amistosas con los Monarcas de Occidente. Solicitada la
amistad de \asr-ed-Din por Turquía, Rusia é Inglaterra, declaróse
neutral durante la guerra de Crimea, concluyó luego un tratado con
Rusia y dio satisfacciones á la Gran Bretaña en 1857, habiendo pues-
to después especial empeño en no malquistarse con ninguna potencia
CRÓNICA GENERAL 61
europea y en organizar su ejército y la administración de su Estado
á la moderna. Entre otras reformas figuran la construcción de una
red telegráfica, la organización del servicio de correos, la autoriza-
ción para tender algunas líneas férreas y la creación de centros de
enseñanza, dirigidos por profesores europeos. No por eso renunció á
los procederes de los Monarcas orientales, y así, en 1869, mandó eje-
cutar de una manera cruel á los jefes de la nueva secta religiosa lla-
mada Babismo, y en Septiembre de 1873 ahogó en sangre una rebe-
lión preparada durante uno de sus largos viajes.
Gracias á éstos era muy conocido en Europa Nasr-ed-Dín. Em-
prendió su primer viaje á este continente el 12 de Mayo de 1873, y no
regresó á Teherán hasta el 6 de Septiembre. Remontó el Volga para
trasladarse á Moscou y á San Petersburgo, y después de pasar algu-
nos días en estas ciudades rusas se dirigió á Alemania, á Bélgica y á
Londres; permaneció quince días en París, y por Suiza, Italia, Aus-
tria, Constantinopla y Titlis se dirigió .1 Persia.
En 187S visitó la Exposición Universal de París, y, una vez en su
patria, publicó sus impresiones de viaje en un libro editado en la Im-
prenta Real de Teherán , y que fué vertido al inglés. En 1889 hizo
Nasr-ed-Din su tercero y último viaje á Europa, siguiendo el primi-
tivo itinerario, ligeramente modificado, y pudo comprender cuan
disgustado estaba el Czar de la inclinación hacia Inglaterra manifes-
tada en los anteriores años por el Ciobierno persa.
No disponemos de espacio para relatar algunos curiosos inciden-
tes de los viajes del difunto Shah por Europa, ni para reproducir los
relatos.de los chroniquenrs parisienses durante la última estancia
del Monarca persa en la capital de la vecina República. Un hermoso
paje que acompañaba á Nasr-ed-Din, y que, según se ha dicho, érala
más linda de sus veinte esposas, disfrazada de hombre, ó una de sus
concubinas, dio pábulo á no pocas hablillas y murmur.-iciones. El
Shah, Monarca absoluto, era una mezcla de Patriarca y de déspota
oriental. Implacable con los ministros ineptos ó corr(jm, idos, hasta
el extremo de haber presenciado la aplicación de una pen.-i de cuatro-
cientos palos en las plantas de los pies á un consejero que se equivocó
al calcular el presupuesto de ingresos, se ocupaba, en c.imbio, en di-
rimir y evitar litigios entre sus subditos, concedía audiencia á cuan-
tos lo solicitaban y administraba justicia públicamente. X'estía con
sencillez y paseaba sin aparato ordinariamente por his calles de Te-
herán, y en las solemnidades aparecía con pompa verdaderamente
oriental. Su airón ó aigrettc de diamantes, su cinturóii }• su cimitarra
son célebres por la riqueza; su trono, el del gran Mogol de Dehlí, es
una maravilla, que, por ser de oro y estar adornado con piedras pre-
ciosas, vale muchos millones. El difunto Shah deja veinte hijos, seis
varones y catorce hembras. El primogénito y heredero, que se halla
en Tabria y regresará inmediatamente á Teherán, es cl Príncipe
62 CRÓNICA GENERAL
Muzzaffu-et-Din Mirza Valialid. Nació el 5 de Marzo de 1853, es de-
cir, cuando sh padre contaba veintidós años de edad, toda vez que
éste nació el 24 de Abril de 1834.
*
* «1
América— Brasil— Son muy curiosos los datos que publica un
periódico sobre la reacción inesperada que en esta República se nota
á favor de las ideas monárquicas: "Allí precisamente— dice— donde
la revolución, cuyos principios y procedimientos encarnaron mejor
que en ninj^uno en el difunto Presidente Peixoto, parecía haber des-
truido hasta la idea de Monarquía, se observa de alj^úii tiempo A esta
parte un movimiento nacional, algo así como un renacimiento de las
aspiraciones monárquicas, haciendo concebir grandes esperanzas á
los partidarios de la Condesa de Hu. Todo el mundo recordará los le-
vantamientos que en favor de su causa hubo en las provincias de San
Pablo y de Río del Sur. y fresca está todavía en la memoria de todos
la epopeya sostenida por el almirante Saldanha da (rama, con cuya
muerte no hay duda que recibió un golpe tremendo el partido monár-
quico, de tal modo, que los republicanos anunciaron entonces su ani-
quilamiento definitivo. Pero no ha sido así; ha pasado algún tiempo y
los hechos han desmentido aquella predicción. Hn muchos periódicos
de Europa se ve reflejado el desarrollo creciente é irreductible de la
propaganda monárquica, no solamente en las provincias, sino tam-
bién en la misma capital. Los monárquicos brasileños fundají perió-
dicos que son muy leídos y prosperan, y se dice que dentro del ejér-
cito cuentan con muchos y poderosos elementos; tanto es así, que el
cuerpo de oficiales privilegiados que hicieron la revolución republi-
cana se ha alarmado grandemente, y por medio de un documento pú-
blico ha protestado de tales hechos, como si en esto tuviera alguien
la culpa. Este documento de los militares republicanos prueba, mu-
cho mejor que un libro lleno de razones, el creciente y rápido des-
arrollo de los partidos monárquicos del Brasil en esta novísima etapa
de su historia política».
*
* •
CRÓNICA GENERAL 63
II
ESPAÑA
La atención del público, fija hasta hace poco en la campaña de
Cuba y en los asuntos de la política, ha debido ocuparse con prefe-
rencia, durante la pasada quincena, en los efectos desastrosos pro-
ducidos por la prolongada sequía que veníamos experimentando, y
que ha ocasionado graves perjuicios en determinadas regiones, ame-
nazando en todas con la pérdida total de la cosecha de cereales. Se
han hecho rogativas en la mayoría de las poblaciones de España para
impetrar del Todopoderoso la lluvia que á todo trance necesitaban
los campos; y afortunadamente no han resultado estériles tantas sú-
plicas, pues estos últimos días ha llovido lo necesario para salvar los
intereses agrícolas de la inminente ruina que los amenazaba. Han
desaparecido los negros pesimismos que hacían concebir los clamo-
res salidos de todos los puntos de la Península, lamentando las terri-
bles desgracias que se ofrecían en perspectiva; y hoy podemos con
mayor tranquilidad volver los ojos á los sucesos de la guerra, que
cada vez presenta más favorable aspecto. El combate de verdadera
importancia entre los que se han librado últimamente, es el de Caca-
rajícara, en el que nuestras tropas realizaron verdaderos prodigios
de valor, causando A los insurrectos doscientas bajas. Los detalles
de tan importante hecho de armas se hallan contenidos en el telegra-
ma que copiamos! continuación:
"Habona i'.— Según las órdenes que había dado el general Wey-
1er, las columnas de los generales Suárez Inclán y Bernal debían ba-
tir juntas las fortificaciones que Maceo había construido en Júcara
para sostenerse en ellas algún tiempo y dar lugar á que llegaran en
su au.xilio las fuerzas insurrectas mandadas reconcentrar. Ignórase
por qué causa no llegó a júcara la columna Bernal. Suárez Inclán,
al mando de los batallones de San Fernando y Baleares y de una
sección de artillería, atacó solo al enemigo, en vista de que no llegaba
el general Bernal. Maceo había construido varias líneas atrinchera-
das, y en el centro de ellas un fuerte de grandes dimensiones hecho
con gruesos maderos, y entre ellos tierra fuertemente apisonada. La
colocación del fuerte es admirable, porque, construido en una altura,
se aprovecharon de paso los espesos maniguales que existen á dere-
cha é izquierda del sitio en que aquél está enclavado. Comenzado el
combate, notóse la dificultad que los maniguales ofrecían al desplie-
64 CRÓNICA GENERAL
gue de tropas, y por consiguiente era preciso atacar en columna y
por los claros de la maleza, que venían á ser verdaderos callejones.
El enemigo, comprendiendo lo excepcionalmente ventajoso de sus
posiciones, hizo una resistencia tenaz, dirigiendo nutrido fuego sobre
nuestras tropas, que se veían forzadas á atacar por los claros de la
manigua. Desde un principio comenzó á tener la columna muchas
bajas, y en vista de esto ordenó el general Suárez Incl.ln que la sec-
ción de artillería avanzase para batir el fuerte. Esta sección ejecutó
rapidisimamente la orden, y colocándose á cuarenta metros de dis-
tancia del fuerte, comenzó el fuego. No se pudo fiar A las piezas de
artillería la destrucción del fuerte, porque en pocos momentos los
rebeldes hubieran muerto ó herido á la mayor parte de los artilleros.
Por esta causa se ordenó que la infantería asaltara por distintos pun-
tos, al propio tiempo que la sección de artillería se er.cargaba de
abrir brecha. Dada la orden del asalto, atacóse briosamente A la ba-
yoneta y al grito de ¡viva Esparta! Los rebeldes, A pesar de lo con-
fiados que estaban en sus atrincheramientos, no pudieron resistir el
denodado ataque de los soldados de San l-'ernando y Baleares, y des-
pués de defenderse al machete se retiraron .1 la desbandada. En el
fuerte sufrieron los enemigos, entre heridos y muertos, doscientas ba-
jas. Nosotros tenemos que lamentar en este sangriento combate la
muerte de los tenientes Sres. Husguete y Moneada y de siete solda-
dos, pertenecientes al batallón de Baleares. De este mismo batallón
han sido heridos: el comandante Sr. EernAnde/ Buendía, el capitán
Sr. Herráiz, los tenientes Sres. Arguelles y .Month y veintinueve sol-
dados. El batallón de San Fernando ha tenido tres soldados muertos,
y heridos el teniente coronel Sr. Navarro, el capitán Sr. Murcia, el
teniente Sr. Martínez y veintidós soldados. Contusos de este mismo
regimiento un comandante, dos oficiales y seis soldados. La sección
de artillería ha tenido cuatro soldados muertos y otros cuatro heri-
dos. En el mismo instante en que terminó el combate ordenó el ge-
neral Suárez Inclán que se formase juicio contradictorio para con-
ceder la cruz laureada al soldado de Baleares José .Martinez, que fué
el primero en asaltar el fuerte. Elogiase mucho en este combate,
donde todos se han conducido bien, el comportamiento del teniente
de artillería que mandaba la sección y cuyo hombre ignoro, y del co-
mandante Sr. Navarro y otros..,
Esto por lo que hace al despacho transcrito; que por lo que se re-
fiere á las noticias de la F'rensa, son aún más detalladas y satisfac-
torias para nuestras armas, ya que tristes, y muy tristes, por las do-
lorosas pérdidas que hemos experimentado.
Según dichas noticias, en las primeras descargas del enemigo ca-
yeron muertos varios soldados de Baleares y los tenientes Burguete
y Moneada, que combatían en primera fila. El Sr. Burguete recibió
un balazo en la cabeza. El Sr. Moneada otro en el vientre. La muer-
CRÓMCA GENERAL 65
i
te de amt)os valientes fué instantánea. El capitán Sr. Herráiz, que
mandaba la compañía, sufrió también en los primeros momentos de
la acción un balazo en una pierna , pero continuó al frente de sus sol-
dados hasta que su caballo se desplomó muerto de cinco balazos. Así
y todo, el heroico capitán Herráiz siguió combatiendo á pie. Otro ba-
lazo, que le atravesó la otra pierna, dio con el valiente en tierra. Por
fortuna, las heridas que recibió no son de mucha gravedad. La com-
pañía estaba diezmada. Fuera de combate todos los jefes, hízose car-
go del mando de la vanguardia un sargento, y reiteró la orden de se-
guir avanzando.
En aquellos momentos, verdaderamente angustiosos para tan es-
caso puñado de valientes, llegaron á la carrera otras compañías. En-
tonces el ataque de los nuestros fué realmente terrible y decisivo, y
en una sangrienta carga á la bayoneta los soldados arrojaron á los
insurrectos de sus trincheras y se apoderaron del fuerte y de todas
las posiciones del enemigo. El comandante Sr. Fernández, á pesar
de haber sufrido una fuertísima contusión en un brazo, no abandonó
su puesto hasta que le obligó á ello un balazo que recibió en una
pierna. El teniente coronel Sr. Moreno quedó herido en la mano iz-
quierda, de la cual ha habido que amputarle dos dedos. El teniente
Sr. Arguelles, aunque fué herido de un balazo en una pierna, siguió
batiéndose hasta que terminó el combate. Dentro de las posiciones
del enemigo, que fueron inmediatamente destruidas y quemadas por
nuestros soldados, se enterraron algunos de los muertos que tuvo la
columna. Allí mismo se estableció un hospital provisional, y los mé-
dicos Sr. Carvajal y Calleja estuvieron curando á los heridos. Los
rebeldes estuvieron durante muchas horas intentando recobrar sus
posiciones. Varias veces se aproximaron á ellas, pero otras tantas
fueron rechazados por el fue^o vivísimo que les hicieron nuestras
avanzadas.
El general Suárez Inclán, viendo que los heridos de su columna
corrían nuevo peligro, y además no contando con raciones suficien-
tes para sostenerse en aquel sitio, dispuso, á las dos de la madrugada,
que se organizara un convoy para la conducción de los oficiales muer-
tos y de todos los heridos que resultaron del combate. El triste convoy
hizo una penosa y peligrosísima marcha, pues los rebeldes no cesa-
ron durante largo tiempo de hostilizar á la columna. El batallón de
San Fernando, que hizo el servicio de flanqueo, causando muchas ba-
jas al enemigo, sufrió tres muertos y veinticinco heridos, entre éstos
el comandante de Borbón, un capitán de Murcia, con un balazo en
una pierna, y el teniente Sr. Piñeiro, herido en un brazo. El total de
las bajas que tuvo la columna en el combate y en la retirada, fué de
diez y seis muertos y setenta y un heridos.
Se ha pedido la corbata de San Fernando para el batallón de Ba-
leares, y la cruz laureada para el teniente de artillería Sr. Arboleda,
5
66 CRÓNICA GEXERAL
que, de los catorce artilleros que llevaba para el servicio de su bate-
ría, perdió ocho en la batalla. Las bajas del enemigo han sido nume-
rosísimas. Según confidencias de buen origen, los cabecillas Soca-
rras, Pilar y Rojo quedaron gravemente heridos. El último de los
mencionados, que recibió un balazo en el vientre, falleció pocas horas
después del combate. Sábese también que en este combate el ene-
migo empleó bombas explosivas y fusiles Mausser.
—El expediente formado al general Bernal por no haber acudido
á tiempo en auxilio de la columna Suárez ha servido para poner en
claro la inculpabilidad de aquel jefe, que por las condiciones del te-
rreno se vio materialmente imposibilitado de cooperar ala completa
derrota de los insurrectos. Dice un periódico:
"Las manifestaciones que este general ha hecho en su descargo,
son de todo punto convincentes. Dice el general Bernal que, después
de hacer una penosísima marcha hasta el cafetal de Ragel por sen-
das muy estrechas, por las cuales los soldados tenían que avanzar de
uno en uno y perdiendo dos acémilas que se despertaron , se encontró
sin caminos para continuar marchando. Había empleado siete horas
en recorrer otros tantos kilómetros. No habiendo, á partir de aquel
sitio, ningún camino, era lógico consideiar que necesitaría muchos
días de caminata en recorrer el resto. Los prácticos estuvieron con-
textes en afirmar que un hombre solo, conocedor del terreno, tardaba,
cuando había sendas, doce horas en recorrer loque faltaba de cami-
nata. Para llegar la columna del general Bernal al punto en que ha-
bía de unirse A las fuerzas que mandaba el general SuArez Inclán A
la hora lijada de antemano por el Estado .Mayor, sólo quedaba un es-
pacio de tiempo de unas seis horas. El general Bernal. per!>uadidode
la imposibilidad de llegar oportunamente, y de que cuantos esfuer-
zos hiciera en este sentido resultarían del todo inútiles, desistió en
seguir adelante. Al oir estas declaraciones, parece que en el Estado
Mayor se contestó al general Bernal recriminándole. Entonces el ge-
neral replicó en términos duros, pidiendo que se instruyera un expe-
diente para poder justificarse y regresar en seguida á la Península.
Esta réplica ha dado motivo á la instrucción del mencionado expe-
diente.
„Dc la sinceridad de las manifestaciones hechas en su descargo por
el general Bernal nadie puede dudar, porque á éste, además de sus
honrosísimos antecedentes, le abonan las declaraciones de todos los
prácticos, que aseguran unánimes que aquellos lugares no los ha pi-
sado jamás ningún insurrecto, al punto que se recuerda como una
cosa grande que , en determinada ocasión , un solo campesino lograra
recorrer, á costa de grandes fatigas, aquellos lugares.,.
En Saratoga sostuvo la columna Aldea una empeñada acción. Los
insurrectos, viendo que eran muy superiores en número, hicieron
resistencia, y los nuestros atacaron tan briosamente, que se llegó á
CRÓNICA GENERAL 67
pelear cuerpo á cuerpo. El teniente Sr. Redondo recibió un disparo á
quemarropa que milagrosamente no le hirió. Ap^arráronse el teniente
y el insurrecto, y cuando estaban luchando en el suelo lle.üó el pro-
pio jefe de la columna, Sr. Aldea, matando al insurrecto con su
revólver. Entre otra porción de soldados que lucharon cuerpo A cuer-
po destacóse el sars^ento Germán Pérez, que se vio atacado por dos
insurrectos , que venían hacia él machete en mano. El sargento luchó
con ellos, y á machetazos mató á los dos. Los rebeldes se dieron á
la fuga, dejando bastantes muertos en poder de la columna Aldea.
—También es digno de mencionarse el ataque de los insurrectos
al pueblo de Cruces y la heroica defensa que hizo la guarnición. He
aquí cómo la describe un diario de Madrid :
"Las partidas que mandan los cabecillas Alemán, Salduy, Arbo-
lay .Mamerto Romero y otros, en total cerca de mil hombres, ata-
caron anoche al pueblo de Cruces. La guarnición se batió valiente-
mente en las calles á pecho descubierto, rechazando al enemigo, que
tuvo muchos muertos y heridos. Una compañía del batallón de Za-
mora se batió de un modo admirable en un punto avalizado. En otra
calle, el segundo teniente Sr. Serrano, con solos treinta soldados,
resistió el empuje del grueso del enemigo, logrando rechazarle con
grandes pérdidas. Los rebeldes dejaron en aquel sitio cinco muertos
y un herido, y pudieron llevarse otros varios. El herido, que lo estaba
muy gravemente y que fué apresado por nuestros soldados, es el ca-
becilla Romero. Duramente escarmentado el enemigo, huyó, des-
pués de quemar dos casas. En otras calles del pueblo, los insurrectos
dejaron seis cadáveres. Nosotros tuvimos dos muertos: uno de la
guerrilla de ingenieros de Cienfuegos, y el otro un soldado de la ter-
cera compañía de Zamora; dos heridos graves de Barbastro y uno
de Zamora , y contusos un guerrillero , un segundo teniente de San
.Marcial y un soldado de Barbastro „.
l*or último, para hacer mención honrosa de nuestra marina, el
cañonero Pinsón, recorriendo la costa de Bahía Honda, vio hacia
Morello numerosos grupos de insurrectos. Del cañonero salieron dos
botes al mando del alférez de navio Sr. Quesada. Apenas vieron lle-
gar á los nuestros se dieron á la fuga los rebeldes, abandonando un
bote que tenían cargado de municiones. El crucero Marqués de la
Ensenada, llevando á bordo al almirante, vio cerca de las lagunas
de Cortés que los insurrectos se ocupaban en levantar un fortín. En-
viáronse del crucero dos botes con infantería de marina, yendo á
bordo de uno de ellos el almirante Sr. Navarro y sub ayudantes.
.Mientras los botes ganaban la costa, desde el crucero se hicieron
treinta y siete disparos de cañón, que ahuyentaron á los insurrectos
y que destruyeron por completo los trabajos de éstos. Y el crucero
Reina Mercedes perseguía, á la fecha de cerrar nuestro número, un
buque sospechoso que se cree es el Bertnuda.
68 CRÓNICA GENtRAL
— El entusiasmo patriótico se manifiesta á diario por nuevas mues-
tras de generoso desprendimiento. Son ya ocho las provincias que
vienen imitando el ejemplo del Principado de Asturias en la organi-
zación de batallones de voluntarios, á saber: Madrid, V'alladolid,
Coruña . Barcelona , Burgos , Granada , Ciudad Real y Zaragoza ; y es
de creer que aumentará su número con el tiempo.
—El día 3 del corriente se verificó la solemne traslación de los res-
tos del eminente poeta D. José Zorrilla al cementerio de V'alladolid,
patria del inspirado cantor de Granada y de María. La Comisión va-
llisoletana encargada de presidir la ceremonia se componía de los
Sres. D. Ángel Alvarez Taladriz, D. Santiago Alba y D. Mariano
Fernández Cubas, á quienes se unieron gustosamente los ilustres poe-
tas de aquella ciudad D. Gaspar Núftez de Arce, D. Leopoldo Cano
y D. Emilio Eerrari. En la estación de V'alladolid esperaban, para
recibir el cadáver del cantor de las leyendas y á la comitiva que le
acompai^aba, el Gobernador civil, los generales Molió, Zorrilla,
Beas, Lasala y Ballesteros; el Alcalde accidental, el Ayuntamiento
en pleno, el Obispo de Avila, Comisiones civiles y miliiares, y un
inmenso gentío que llenaba por completo los andenes. Cumplimenta-
dos el Duque de .Sotomayor y el Ministro por las autoridades, se diri-
gieron aquéllos al local donde se hospedaron. La conducción del ca-
dáver de Zorrilla al panteón no se verificó hasta las tres de la tarde.
A las cinco llegó la carroza al cementerio, y en seguida se proce-
dió á dar sepultura al cadáver. La fosa fué cubierta con una losa de
mármol blanco con la siguiente leyenda: .1/ poeta Jos(^ Zorrilla, hijo
de X'allaciolid. Después del responso, y previa autorización del Car-
dinal Arzobispo Sr. Cascajares, pronunció un discurso elocuentísi-
mo el Sr. Núftez de Arce. El autor ilustre de Gri/os del Combate dijo
que daba á su maestro y hermano Zorrilla el último adió^ en nombre
de V'alladolid, su pueblo natal. ''Después que desaparezca hasta el re-
cuerdo personal del poeta— añadió,— quedará su obra de vate genui-
namente español, aventurero y caballeresco, que no vencerá ningu-
na fuerza humana. El símbolo de la vida de Zorrilla es la cruz que
cubre su tumba, cruz á cuya sombra murió su padre, murió él y mo-
rirán las generaciones españolas mientras España exista.., También
ha hablado el Ministro en nombre del Gobierno, y el Alcalde ha hecho
uso de la palabra para dar gracias á todos los concurrentes á la pri-
mera ceremonia celebrada con motivo de la inauguración del pan-
teón dedicado á los vallisoletanos ilustres.
El desfile duró cinco horas. Los Sres. Gamazo, Cascajares, Xúñez
de Arce, Capitán general, Autoridades, Comisiones y Pueblo demos-
traron evidentemente, al soportar las molestias de la larguísima ca-
rrera, el culto que rmden á la memoria del gran poeta. Las Comisio-
nes de Burgos y demás pueblos importantes de Castilla que vinieron
para tomar parle en la solemnidad contribuyeron á dar la' mayor
CRÓNICA GENERAL 69
suntuosidad á la cariñosa y entusiástica manifestación con que Va-
lladolid ha demostrado sentir la grandeza del cantor de las tradicio-
nes y de las glorias nacionales. Todos los balcones de la carrera (tres
kilómetros tenía ésta dentro de la ciudad) estaban engalanados con
vistosas colgaduras, en que sobresalían los colores nacionales. En
las calles estaba apiñada una inmensa multitud, que presenciaba llena
de respeto el paso de las reliquias del más ilustre de los vallisoleta-
nos. Figuraban en la procesión las representaciones de la Reina Re-
gente, del Gobierno, de los Centros y de la Prensa de Madrid ya co-
nocidos, los periodistas de Valladolid, y sobre todo la juventud de
esta ciudad, digna por todos conceptos de España. Ante el teatro de
Calderón, el Orfeón vallisoletano cantó admirablemente un coro alu-
sivo al acto.
—La idea separatista comienza i\ abrirse paso en las Islas Filipi-
nas, merced á las reformas prematuramente implantadas en el Ar-
chipiélago, á los incesantes esfuerzos de la Masonería, y á los abusos
cometidos por los funcionarios españoles en el desempeño de sus car-
gos. Todos los periódicos han publicado la siguiente carta de un co-
rresponsal de El Correo, documento cuyos conceptos merecen ser
bien meditados:
"Sr. Director de El Correo.— M'\ distinguido amigo: Hube de anun-
ciarle en mi anterior que trataría en ésta de los caracteres esencia-
les que en Filipinas distinguen ó determinan al "separatismo„, im-
propia y vulgarmente denominado en nuestras colonias '•filibusteris-
mo.,, confiado en que, como cuestión palpitante y transcendental en
nuestra política ultramarina, será del agrado de los ilustrados lecto-
res de su popular periódico conocer las fases de esa idea antipatrió-
tica en lo que hace relación con este país, que harto conocidas son,
por desgracia, en las Antillas. Ciñéndome, pues, á los límites que
permite una correspondencia de carácter informativo, propóngome
en ésta dar á conocer someramente los caracteres del separatismo en
Filipinas, causas que lo producen, su esfera de acción, medios y for-
ma de propagarse, fines inmediatos ó secundarios que persigue, fines
últimos ó principales, consecuencias de la independencia, y, por úl-
timo, medios que, á nuestro juicio, deben de poner en práctica nues-
tros Gobiernos para que jamás se realice aquélla.
Son caracteres esenciales y determinantes de la idea separatista
entre los filipinos que conscientemente la profesan: 1.° Suponer la
preexistencia de una civilización tagalog (sic) anterior á la domina-
ción española. 2.® Suponer que la dominación española existe, por
virtud de pactos, tratados de amistady recíprocas alianzas que nues-
tros antepasados concertaron con los régulos de estas islas. 3.° Ser
partidarios de las civilizaciones orientales y refractarios á las occi-
dentales. 4.° Militar en los partidos ultrademocráticos de España, y
con especialidad en el republicano. 5.° Combatir á las Corporaciones
70 CRÓNICA GENERAL
religiosas que existen en este Archipiélago, excepción hecha de la
Compañía de Jesús. 6.^ Aparecer como asimilistas en política colo-
nial. V 7.° Estar afiliados á la Masonería.
Son causas generadoras de la idea separatista entre los filipinos,
entre otras muchas difíciles de enumerar: 1." El amor que todo pue-
blo sometido siente por su independencia. '_'." La cultura intelectual
á que los ha elevado España. 3.* Los derechos civiles y políticos de
que gozan. 4.* La inmoralidad administrativa. 5."* El despotismo de
algunos frailes párrocos. 6.' Algunos abusos de la Guardia Civil
indígena. 7.* El descuido de nuestros (iobiernos en la elección de
autoridades y funcionarios públicos. 8." La política de atracción 6
debilidad seguida por algunos Gobernadores generales. *í.» El ejem-
plo de las insurrecciones de Cuba, no sofocadas por la fuerza de las
armas.
La esfera de acción del separatismo filipino hállase circunscrita
en la actualidad A la capital del Archipiélago, Manila y su provincia,
y á las de ííuladn, Pampanga, Nueva lícija, Tárlac, Panga^inán, Ca-
vite, I-aguna, Hatangas y layabas, en la isla de Luzón, y en las gran-
des ciudades de las Bisayas, como Iloilo y Cebú; á una Sociedad His-
pano-Filipina, en la Península, que tan pronto aparece domiciliada en
Madrid como en Barcelona, y á cuyo cargo y riesgo corre el sosteni-
miento y dirección de La Solidaridad, y en la vecina colonia inglesa
de 1 long-Kong, A una especie de Club que lo forman antiguos emigra-
dos de Tos sucesos de Cavitc y unos cuantos laborantes voUintaria-
mente expatriados para no sufrir la pena de deportación A las colonias
del Archipiélago, A que se hicieron acreedores por sus manoio-^ .inti-
patrióticos.
Realízase la propaganda separatista por medio de libros, folletos,
libelos y todo género de impresos clandestinos, injuriosos para la
dominación española, que son repartidos con profusión y misterio
por todo el Archipiélago, redactados, las más de las veces, en tosco
y grosero lenguaje, y con el pie de imprenta en Madrid , Barcelona
ú Hong-Kong, y rara vez en esta capital. Pero el medio más eficaz,
solemne y poderoso de esta antipatriótica propaganda son las innu-
merables logias masónicas que misteriosamente funcionan en las pro-
vincias antes enumeradas, sin que á la Autoridad le sea dado impe-
dirlo, porque carece de los necesarios medios de vigilancia. Es la
Masonería en este Archipiélago, como creo haber ya manifestado en
una de mis anteriores, la máscara con que se encubre el separatismo,
y el cáncer social que corroe á los habitantes de este país, sin dis-
tinción de sexos, que por su natural fantástico y novelesco se adap-
tan con perfección y entusiasmo peligroso á los misterios, simbolo-
gías, formulismos, etc., etc., de la masónica secta europea, y contri-
buyen muy gustosos á las colectas y derramas— como ellos dicen—
que temporalmente se verifican en las logias para atender á la reali-
MISCELÁNEA 71
nación de los fines que persicjuen y á la subsistencia de los laborantes
expatriados por la defensa de la santa causa.
Los fines inmediatos ó secundarios que el separatismo filipino
persis:ue en la actualidad, tenazmente y sin omitir sacrificios de nin-
gún ííénero, son: 1."' La representación en Cortes. 2.° La expulsión de
los frailes. Y 3." La asimilación legislativa con la Metrópoli. El fin
último y principal del separatismo filipino es sacudir el yugo de la
dominación española, separando este territorio de la unidad nacional.
Las consecuencias de la independencia de Filipinas serían: 1.* El
predominio de la raza de color sobre la blanca. 2." Las guerras tirá-
nicas entre las distintas razas que pueblan el Archipiélago. 3."* El de-
crecimiento de todo progreso moral y material. Y 4." Ser tributario
el Archipiélago filipino de los Imperios de China y del Japón,,.
A continuación el ilustrado corresponsal de El Correo expone los
medios que, á su juicio, deben emplearse ; y como son muchos y exi-
gen largas notas de nuestra parte, dejamos la tarea para el número
próximo.
MISCELÁNEA
Reglamento del segando Congreso Eucaristico Nacional de Lugo.
Artículo 1." El objeto del segundo Congreso Eucaristico Nacional
será, á la vez que dar público testimonio de amor y veneración á la
Sagrada Eucaristía adorándola en el perenne y secular tabernáculo
de la Catedral de Lugo, donde está de manifiesto, el estudiar y pro-
poner los medios más eficaces de promover en España el mayor culto
del Santísimo Sacramento.
Art. 2." En la mañana del 2ti de Agosto, y con toda solemnidad, se
verificará la apertura del Congreso en la Catedral de la ciudad del
Santísimo Sacramento, con Misa Pontifical y sermón, que predicará
uno de los Rmos. Prelados. En el mismo día y por la tarde se cele-
brará sesión general, precediéndose al final de ella á la constitución
de las tres Secciones en que ha de dividirse el Congreso. Al anoche-
cer del mismo día y de los tres siguientes habrá solemnes cultos al
Santísimo Sacramento en la misma Iglesia Catedral.
Art. 3.^ En los tres días siguientes y hora oportuna se congregará
cada una de las Secciones en su local respectivo para discutir los
temas consignados en el programa y deducir las conclusiones que
hayan de someterse á la aprobación del Congreso.
Art./4.° En los días 27 y 28 se celebrará sesión solemne, en la que
MISCELÁNEA
los oradores designados por la junta de este Congreso pronunciarán
discursos sobre los temas que se les propongan por la misma, sin que
la duración de cada uno pueda exceder de media hora. El día 2^ ten-
drá lugar la sesión general con el objeto de someter las conclusiones
acordadas por las Secciones á la definitiva aprobación del Congreso.
Por la noche se celebrará un Certamen Eucarístico.
Art. 5.° En la mañana del día '^0 habrá Comunión general, y á
hora conveniente Misa Pontifical, sermón de clausura del Congreso
y Te-Dcíitn en acción de gracias. F'or la tarde procesión solemnísima
con el Santísimo Sacramento.
Art. b.*' Se formarán turnos de los señores miembros del Congreso
que voluntariamente se inscriban para velar á su Divina Majestad
durante la noche de los cuatro primeros días del Congreso.
Art. 7." El 31 se organizarán dos peregrinaciones, una al Apóstol
Santiago y otra á Monforte, á venerar las .Sagradas Reliquias.
Art. 8." Para disponer todo lo concerniente á la celebración del
Congreso habrá en esta ciudad de Lugo una junta Central y Orga-
nizadora, compuesta del Centro liucaríslico diocesano, más las per-
sonas que el Rmo. Prelado designe para que coadyuven al mejor é.xito
de los trabajos. Los Centros Eucarísticos diocesanos promoverán en
sus respectivas diócesis la inscripción de socios, y ejecutarán todos
los encargos que recibieren de la junta Central.
Art. 9.° La Presidencia del Congreso la tendrá el Prelado de ma-
yor jerarquía, ó el de mayor antigüedad, según la fecha de su pre-
conización. Los actos que principalmente estarán bajo la jurisdicción
del Presidente del Congreso serán el señalamiento de las horas en
que han de verificarse las funciones religiosas, la celebración de los
divinos oficios, ó delegación de este derecho en otro Rmo. Prelado,
la dirección de las discusiones de la sesión general encaminadas á
aceptar, á modificar las conclusiones propue;.tas, la presidencia del
Certamen Eucarístico y la resolución de todas las dificultades que
ocurran mientras dure el Congreso.
Art. 10. A la junta Central corresponde la designación de los Con-
gresistas que hayan de pronunciar discursos en las sesiones genera-
les, y la elección de Presidentes y Secretarios de las Secciones, de-
biendo tenerse en cuenta que estos últimos cargos sólo pueden con-
ferirse á individuos que sean socios del Congreso.
Art. 11. Los socios del Congreso serán todos titulares, con dere-
cho de voz y voto en las deliberaciones de las Secciones y sesión ge-
neral, y el de recibir un ejemplar de la Crónica del mismo. Las se-
ñoras podrán inscribirse como socias honorarias, con derecho á re-
cibir un ejemplar de la Crónica y billete de asistencia á las solemni-
dades que se celebren. Por cada inscripción de socio ó socia se abo-
nará, en el acto de verificarla, la cantidad de siete pesetas.
Art. 12. Para ser considerado como miembro del Congreso es in-
MISCELÁNEA 73
dispensable pedir la inscripción á la Junta Central de Lugo ó A los
Centros Eucarísticos diocesanos, expresando el nombre, dos apelli-
dos, profesión y señas de la residencia y domicilio del subscriptor.
La junta Central remitirá á los Centros Eucarísticos diocesanos
cuantos recibos de inscripción necesiten.
Art. 13. A fin de que los trabajos compuestos por los miembros del
Congreso puedan ser examinados y juzgados convenientemente, será
preciso se remitan treinta días antes de la sesión inaugural al Presi-
dente de la junta Central de esta ciudad de Lugo. Por consiguiente,
todo trabajo que no se hallare en poder de dicho señor el 26 de julio,
será desechado y considerado como no recibido.
Art. 14. Los autores consignarán indispensablemente, al final de
sus trabajos, las conclusiones prácticas que deduzcan de los mismos.
La junta Central designará los Ponentes que hayan de examinarlos
y dar cuenta á la Sección respectiva. El Presidente de Sección, oído
el Ponente de cada trabajo, decidirá si ha de leerse todo ó parte, ó
únicamente las conclusiones.
Art. 15. Si los Ponentes, después de examinar bien un trabajo,
dan informe en el sentido de que aquél no debe ser aceptado, ni para
ser leído ni para ser impreso, el autor del mismo ningún derecho
tendrá á reclamar.
Art. Ib. Las prerrogativas de los Presidentes de Sección serán, en-
tre otras, las siguientes : designar las horas en que han de reunirse las
Secciones respectivas; dirigir la discusión de los trabajos examina-
dos y exhibidos por los Ponentes ; conceder el uso de la palabra á los
socios ; negarlo á los que no tengan derecho á él ó hayan dado motivo
justo para no poder hablar en el Congreso, y declarar cuándo ha5'a
de tenerse por suficientemente ventilado cualquier punto de estudio
objeto de las tareas de la Sección correspondiente.
Art. 17. A todo socio del Congreso Eucarístico asiste el derecho
de hacer las consideraciones que crea oportunas acerca de los pun-
tos que se estuvieren dilucidando en cualquiera de las Secciones, con
tal que, al verificarlo, se sujete en todo á lo establecido en el presen-
te Reglamento.
Art. 18. Los Presidentes de Sección no permitirán que los orado-
res empleen más de diez minutos en la exposición ó discusión de un
punto, ni más de cinco minutos para replicar.
En casos muy excepcionales, á juicio de los Presidentes, podrán
éstos conceder por mayor tiempo el uso de la palabra, limitándola á
lo estrictamente necesario para la exposición de la doctrina.
Art. 19. Es obligación de todo socio que asista personalmente al
Congreso hacer saber en la Secretaría de la Junta Central de esta
ciudad de Lugo cuál sea la calle y cuál el número de la casa en que
habita, para de este modo poder ser enterado de todo cuanto pueda
interesarle respecto á asuntos del Congreso Eucarístico. Además,
74 MISCELÁNEA
los que ostenten la representación de Corporaciones, periódicos, etc.,
etcétera, deberán acreditarla en Secretaría, donde se les proveerá de
una tarjeta especial á los efectos oportunos. Sin este requisito no se
reconocerá representación alguna.
Nota. — Las inscripciones de rocíos del Congreso Eucaristico se reciben en la Secre-
taria del mismo, Palacio Episcopal de Lugo, y en todos los Centros Eucaristicos dioce-
sanos.
PUNTOS DE ESTUDIO PARA LAS SECCIONES
SECCIÓN PRIMERA. Fe, SanU Misa, ComuolóD, Adoración y Desagravios.
A) FE
Punto 1." Catecismos y necesidad de dar mayor latitud en ellos á
la explicación de la presencia real de Jesucristo en el Santísimo Sa-
cramento.
Punto 2." Docti ina acerca del culto al Sagrado Corazón de lesiis
en la Eucaristía.
B) SANT.\ .MISA
Punto 1." Estímulos para que los seglares se presten á servir las
Misas rezadas. — Medios para lograr que los niflos de las escuelas pú-
blicas y privadas asistan en corporación al cumplimiento del pre-
cepto.
C) COMUNIÓN
Punto 1.** Medios para fomentar la frecuente y diaria, según el de-
seo del Santo Concilio de Trento, expresado en su ses. 23, cap. vi.—
Necesidad de que en los Estatutos y Reglamentos de toda Cofradía se
consigne la obligación de la Comunión pascual y en su día por X'iáti-
co, bajo pena de la privación de socorros y emolumentos á los socios
que, pudiendo, no cumplan dichos deberes.
Punto 2." Medios para solemnizar y celebrar dignamente la Co-
munión pascual de los soldados y asegurar sus frutos.
D) ADORACIÓN V DESAGRAVIOS
Punto 1.® Manera de conseguir que la antigua y espaf\ola saluta-
ción "Bendito y alabado sea el Santísimo Sacramento, vuelva á ser
de uso tan general como en tiempos pasados.— Importancia de la prác-
tica de descubrirse ó santiguarse al pasar por delante del templo don-
MISCELÁNEA 75
de mora Cristo Sacramentado, y medios de generalizarla— Etiqueta,
cortesía y compostura que deben observarse dentro del lugar sagra-
do, y medios de hacerlas respetar y cumplir.
Punto 2.** Necesidad de reformar el Código Penal vigente en or-
den á los hurtos y robos sacrilegos, sacrilegios, profanaciones y blas-
femias contra la Eucaristía : proyecto de reforma. — Medios de asegu-
rar el eficaz ejercicio de los recursos que la legalidad vigente propor-
ciona para impedir toda clase de signos exteriores en los templos di-
sidentes, y el uso de títulos de sus pretendidas jerarquías.
Punto adicional. Acuerdos del Congreso Eucarístico de Valencia
no cumplidos, referentes á las materias de esta Sección y sus simila-
res : medios para realizarlos.
SECCIÓN SEGUNDA.— Asociaciones j Obras Eocaristicas.
Punto 1.* Cofradías del Santísimo Sacramento (vulgo Sacramen-
tales): medios de instalarlas en todas las iglesias parroquiales para
que ayuden á éstas en las funciones solemnes deNuestro.Señor, Alum-
brado del Sagrario, Viáticos, etc., etc. — Conveniencia de una función
breve y diaria al Santísimo Sacramento, vulgo Visita: ¿en todos los
templos de la población? ¿en los principales? ¿en uno solamente?
Punto 2." Cuarenta Horas y medios de propagar esta oración, com-
pletándola, allí donde sea posible, con la Adoración nocturna: ¿cómo
en las grandes poblaciones? ¿cómo en las pequeñas é iglesias pobres?
Punto adicional. Acuerdos del Congreso de Valencia no cumpli-
dos acerca de estos puntos y sus análogos: medios para cumplirlos.
StCCIÓN TERCÜRA.- Liturgia, Arle, Historia.
A) LITURGIA
Punto 1." Catálogo manual para uso de los fieles, de las indulgen-
cias auténticas y subsistentes concedidas por los Romanos Pontífices
á las varias prácticas individuales de piedad eucarística.
Punto 2.*^ Novedades lícitas, y otras que no lo son, introducidas en
la materia y forma de los vasos y ornamentos sagrados. — Abusos que
deben desterrarse en la exposición, procesiones y culto del Santísi-
mo Sacramento.
Punto 3.° Examen técnico de las alteraciones de que puede y suele
ser objeto la materia remota de la Eucaristía: especificación de cuán-
do llegan á invalidar dicha materia, y medios fáciles de descubrirlas.
76 MISCELÁNEA
B) ARTE
Punto 1." Las artes de la pintura, escultura, arquitectura y músi-
ca, como medios de aumentar la devoción al Santísimo Sacramento:
educación eucarística de los dedicados á estas nobles artes.
Punto 2." Concepto artístico religioso de la grande orquesta en
las funciones eucarísticas: género polifónico, vocal y orfeones en el
culto del Santísimo Sacramento: conveniencia de que el pueblo tome
parte en los cantos litúrgicos de la Eucaristía y medios para lograrlo.
Punto 3." Enumeración y descripción artística de las principales
custodias, viriles y ostensorios, y de las andas y carrozas procesio-
nales del Santísimo Sacramento de las iglesias de España.
C) HISTORIA
Punto único. Del culto ;l la Sagrada Eucaristía: Memorias (por
diócesis) no pre>entadas al Congreso de Valencia, y adiciones y rec-
tificaciones de las que ya lo fueron al mismo.
Punto adicional. Acuerdos del Congreso de Valencia, no cumpli-
dos, sobre las materias de esta Sección y sus similares: medios con-
ducentes .1 su práctica.
CERTAMEN EÜCARÍSTICO
El Congreso Eucarístico de Lugo, á ejemplo de los demás, no
contentándose con narrar los estupendos prodigios que un Dios ena-
morado de sus criaturas obró para unirse en abrazo estrecho con
ellas, invita, á los que sientan iluminada su mente con la inspiración
poética é inflamado su pecho con la llama vehemente del santo entu-
siasmo, á cantar las inefables dulzuras y bellezas celestiales de ese
árbol frondoso plantado en medio del jardín de la Iglesia, augurando
desde luego que, sentados bajo su placidísima sombra, no han de fal-
tar cristianos vates que, ora entretejan bellas guirnaldas, ora pulsen
su melódica lira en este certamen de himnos y loores eucarísticos al
Rey Sacramentado del Amor Divino, en la siguiente forma:
PROGRAMA
POESÍA
Se adjudicarán.— Primero: Un premio y dosrtCc^siYsá las mejores
Odas sobre la Institución de la Eucaristía.— Stgnnáo : Un premio y
dos accésits á las Poesías de metro vario que canten las glorias y be-
MISCELÁNEA
77
llezas de la Sagrada Eucaristía.— Tercero: Un premio y dos accésits
á los Romances castellanos que mejor narren alguna leyenda ó he-
cho histórico acerca de la Sagrada Eucaristía. —Cuarto: Un premio
y dos accésits á las mejores Composiciones poéticas sobre la Prime-
ra Comunión.— Qmnio: Un premio y dos accésits á los Poemas mejo-
res sobre El Sacrilegio.
LITERATURA
Primero. Se adjudicará un premio y dos accésits A los mejores
trabajos en prosa sobre el tema siguiente: El Sagrado Viático.
Segundo. Un premio y dos accésits á las mejores narraciones en
forma de novela, cuyo argumento esté basado en La Exposición del
Santísimo Sacramento en Lugo.
PIEDAD
l^rimero. Se adjudicará un premio al mejor Devocionario Ettca-
ristico.
Segundo. Otro premio al mejor Catecismo Eiicarístico.
MÚSICA
Primero. Un premio y dos accésits A las Misas de más mérito para
cuarteto de voces y coros, con acompañamiento de dos órganos, ba-
sadas en los himnos eucarísticos Adoro te , Lauda Sion , Sacris So-
Icmniis , Pange Lingua y Tantum ergo, contenidos en el Tratado
teórico práctico de Canto Gregoriano del P. Eustoquio de Uriarte.
Segundo. Un premio y dos accésits á un Motete al Santísimo Sa-
cramento, con letra latina á seis voces de tiples, tenores y bajos, con
acompañamiento de orquesta, y reducción de ésta para órgano.
Tercero. Un premio y dos accésits á una Elevación para órgano
sobre alguno de los himnos eucarísticos.
Cuarto. Un premio y dos accésits á una colección de Motetes para
coro unísono y órgano, en estilo popular-religioso y factura y tesi-
tura tal, que fácilmente puedan ser aprendidos y cantados por el
pueblo.
Quinto. Un premio y dos accésits á una Marcha procesional, ba-
sada en los himnos eucarísticos, para banda.
Los trabajos de Literatura y Piedad de este certamen habrán de
remitirse antes del 1.° de Julio al Secretario de la Junta Organiza-
dora del Congreso en Lugo, Palacio Episcopal, con sobre cerrado,
y dentro de él una plica que contenga en el sobre unjlema igual al
del escrito ó composición , incluyendo el nombre y apellidos del au-
tor V señas de su residencia. Inmediatamente después de adjudicados
7S MISCELÁNEA
los premios se quemarán las plicas que contengan los nombres de
los autores no premiados, y no les serán devueltos los trabajos re-
mitidos.
Las composiciones musicales habrán de remitirse en la misma for-
ma y ser originales é inéditas, debiendo ser presentadas hasta el 15
de Junio inclusive, para que puedan ser estudiadas y ejecutadas en los
solemnes cultos del Congreso. El Jurado de estos trabajos se consti-
tuirá en Madrid.
No(n. — Un mes antes de la celebración del Certamen se publicará
la relación de los objetos destinados para premiar á cada uno de los
trabajos que, á juicio del Jurado, lo merezcan. Los premios para el Ca-
tecismo Eiicaristico y Devocionario Eii carlstico consistirán en un ob-
jeto de arte para cada una de las dos obras, el regalo á los autores de
doscientos ejemplares impresos de las mismas, y la etica/, recomenda-
ción del Congreso para su adopción y propagación. La primera edi-
ción de las obras premiadas, que será al menos de mil ejemplares, se
imprimirá por cuenta de la Junta organizadora del Congreso, y, des-
pués de indemnizarse de los gastos, devolverá el saldo á los autores,
los cuales conservarán siempre la propiedad de aquéllas.
Programa de la Exposición Artíslico-Eucarística Nacional de Logo.
F'rimero. La E.xposición estará abierta desde el primer día de la
celebración del Congreso hasta la clausura de la Exposición Regional.
.Segundo. La Junta Organizadora del Congreso es la encargada
de la escrupulosa y constante custodia de los objetos que le fueren
entregados.
Tercero. La Comisión designada por la Junta Organizadora del
Congreso es la encargada de disponer cuanto se refiera á esta Expo-
sición, y la que dará á los expositores que la consulten cuantas expli-
caciones deseen obtener.
Cuarto. Los objetos pueden ser de dos clases: ó de propiedad par-
ticular, ó pertenecientes al culto de las iglesias. La remisión de los
primeros y su embalaje serán de cargo, cuenta y riesgo del exposi-
tor, lo mismo que la reexpedición, después de entregados éstos. La
remisión y devolución de los segundos se hará mediante un convenio
con la Junta, en que, además de hacer constar por quien corresponda
el permiso para exponerlos, se estipularán las condiciones y el medio
seguro de transporte.
Quinto. Los expositores que deseen remitir objetos lo pondrán
en conocimiento del Presidente de la Junta del Congreso Eucarís-
tico, Palacio Episcopal de Lugo, antes del 15 de Julio, dando noticia
detallada de los objetos que hayan de exponerse, si son de propiedad
particular ó pertenecientes á iglesias; su carácter antiguo ó moder-
MISCFL.ÍNEA 79
no, metal precioso ó común, dimensiones y peso. Dicha Junta se re-
serva el derecho de admitir ó no los objetos que se ofrezcan para la
Exposición.
Sexto. A cada expositor se le entregará una cédula cuadruplicada
para que la llene y firme, debiendo estar visada y sellada por su Pá-
rroco si los objetos son de propiedad del interesado, ó por su Prelado
si lo son de la iglesia.
Séptimo. Una de dichas cédulas se unirá al objeto remitido, y las
tres restantes se remitirán al citado Presidente de la junta local del
Congreso Eucarístico de Lugo. La primera se devolverá al intere-
sado, después de confrontada con el objeto remitido y anotada la con-
formidad por el Presidente de la junta para que sirva de resguardo
al expositor.
Octavo. Se expresarán en dicha cédula las noticias históricas que
se sepan del objeto, fábrica, autor ó procedencia, si está destinado á
la venta, su precio en este caso y domicilio del ejipositor; si se per-
mite el derecho de copiarla por dibujo ó fotografía.
Noveno. Los objetos no pueden retirarse del local de la Exposi-
ción Eucarística hasta que termine la Regional, pero deberán serlo
dentro de un mes después de la clausura de ésta.
Décimo. En el último día del Congreso, un Jurado especial, nom-
brado por la junta Eucarística , adjudicará á los expositores de los
objetos que lo merezcan los premios siguientes : Gran diploma de ho-
nor, único.— Medallas de oro, tres.— Medallas de plata, de cobre.—
Menciones honoríficas.
Bendito y alabado y adorado sea el Santísimo Sacramento.
80
OBSERVACIONES METEOROLÓGICAS
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El Drama Lírico ^^^
III
L más rudimentario sentido de conveniencia hacía
comprender que el libreto no debía ser en la ópera
ú\ un pegadizo, ni menos un pretexto para la música.
Así fué que, en los primeros toscos ensayos de la misma ópe-
ra italiana, se observó escrupulosamente el principio de co-
rrelación, obedeciendo á un instinto racional más que á teo-
rías discutidas y vulgarizadas. Las églogas pastoriles de la
fastuosa corte de los Médicis no eran todavía libretos; pero
los coros y las canciones con que se entreveraban , si aten-
dían por una parte á amenizar el espectáculo, por otra se
enderezaban también á dar relieve y desusada energía á
ciertas situaciones; como que el Renacimiento no tuvo otro
fin, en esto como en lo demás, sino el de imitar al arte grie-
$^0, en que era tan perfecta la adecuación de la música á la
letra.
Ya á fines de la Edad Media se dibujaban con nota per-
sonal, y hasta cierto punto inconfundible, las diversas ten-
dencias y manifestaciones de la música, como es de ver en
las canciones populares y picarescas, en que se advierte
(1) Véase la pág. 14.
La Ciudad de Dios. — Año XVI. — üúm. 560.
6
82 EL DRAMA LÍRICO
alg^o que no es de sabor religioso; y claro está que el Rena-
cimiento, por sistema y con desesperada obstinación, trató
de despojarse de la impedimenta litúrgica de los dramas sa-
grados y misterios, tan toscos y monótonos como ingenuos
y efusivos; pero el drama lírico humano adoleció también,
en sus principios, de cierta pesadez y lentitud propias de
quien no sabe el terreno que pisa. La materia, el asunto del
drama lírico, era convencional y mitológico, y no parecía
fácil dentro de ese círculo hallar forma adecuada, acentos
apasionados, que sólo podían nacer de la sinceridad del
sentimiento dramático. Fácil era, en tales circunstancias,
dejarse llevar de los esplendores de la forma, considerar la
música como arte de entretenimiento, y florear el tema para
hacerlo gracioso con la variedad, cosa muy hacedera para
la inventiva de un temperamento meridional como el italia-
no. En prueba de ello citaré, omitiendo otras composicio-
nes, un Madrigal , escrito por Caccini para intermedio de
comedia, y cantado por la Archilei en las bodas del Gran
Duque Fernando de Médicis, en l.^S9. La canción tiene cier-
ta severidad y sabor hierático en las palabras
Dalle pin alte sphere
Di celesti sircne ;
pero es tal el cúmulo de mordentes, fioriture y vertiginosi-
dades de todo género con que la bordaba la cantatriz, que,
con lo que ha progresado el gusto, apenas concebimos hoy
hicieran gracia aquellas sublimidades del género barroco.
Sería curioso un estudio analítico del arte dramático en Ita-
lia; pero como eso nos llevaría muy lejos de nuestro propó-
sito, nos contentaremos con decir que, añadido á esa aptitud
nativa del italiano para las fioriture artísticas el aplauso
consiguiente del público, de nada servía la concepción del
artista, que, por otra parte, se veía arrastrado por la avalan-
cha del gusto pervertido. Otra causa había también más se-
ria y más digna, que al compositor italiano desviaba del ca-
mino del acierto, y era el desequilibrio, también meridional,
de las facultades que deben concurrir en la creación de la
ópera. Todo pueblo en quien prevalece la vida afectiva,
EL DRAMA LÍRICO 83
muestra naturalmente mayor inclinación que á ninguna otra
de las bellas artes á la música, esencialmente afectiva y pa-
sional, y la mayor inclinación presupone ó trae consigo más
determinante y marcada aptitud para una cosa. Por las cau-
sas y concausas enumeradas, y por otras que se dejan adi-
vinar, el genio italiano, sin el freno de una educación estéti-
ca sólida, que no daban de sí los tiempos, y solicitado ade-
más por el aura y las aficiones populares, debía tropezar
necesariamente en uno de dos escollos: ó en la variedad in-
substancial de formas hueras, ó en el desenvolvimiento mo-
roso déla frase musical sinceramente apasionada; extremos
ambos viciosos é inconciliables con la verdad de expresión
dramática, con el compromiso contraído por la música al
• asociarse al drama.
Así nació y prosperó, sobre todo en el siglo pasado, la
ópera italiana, condescendiente con la vanidad de los acto-
res; ópera escrita muchas veces, y desde luego representa-
da, en colaboración con el cantor A ó la cantatriz B, con
cuyos gorgoritos se satisfacía hasta la hartura la frivolidad
del público. Así derrocharon su vena fácil muchos composi-
tores escribiendo bajo la sugestión ajena, y aprisionaron me-
lodías arrobadoras, tesoros de nunca superada belleza, en
las mallas de un convencionalismo que dio de sí excelentes
piezas de concierto, más bien que dramas líricos. Arias pri-
morosas, dúos de inefable dulzura, coros de sólida traba-
zón; todo e-o y no más se encuentra en muchas óperas italia-
nas del siglo pasado. Los libretistas se habían acostumbrado
también á considerar la ópera como obra casi exclusiva-
mente musical, y se plegaban dócilmente á las exigencias
del público, que quería versos más que situaciones. Sería
injusto, sin embargo, hacer extensivo ese juicio severo en
todas sus partes á los insignes compositores italianos del
presente siglo: aquí sólo nos referimos al estado de la mú-
sica dramática italiana en tiempos de Gluck (segunda mitad
del siglo pasado), para que se aprecie en todo su alcance la
obra regeneradora del compositor alemán, naturalizado ya
en Francia. Él mismo lo dice bien claro en el prólogo á su
obra maestra Alceste: "Me he propuesto poner fin á todos
84 EL DRAMA LÍRICO
los abusos que, introducidos á causa de una mal entendida
vanidad de los cantores, ó por excesiva condescendencia de
los compositores, desfiguran y afean desde hace tiempo la
ópera italiana, haciendo del espectáculo más noble y exce-
lente el más ridículo y enojoso. He tratado de dar á la mú-
sica su verdadero destino, que es el de realzar la poesía para
fortificar y enaltecer la expresión de los sentimientos y el
interés de las situaciones del drama, sin interrumpir la ac-
ción ni resfriarla con ornamentos superfluos. He creído que
la música debía añadir á la poesía lo que afíadcn á un dibujo
correcto la viveza de colores y el feliz consorcio de las cía
ridades y las sombras, que sirven para animar las figuras
sin alterar sus contornos^.
Declaración tan franca y desnuda de embrollos retóri-
cos, que hoy es como el abecé del arte dramático, sugestio-
nó con su ignota claridad á los ánimos desapasionados ó
libres de compromisos de escuela, y hasta hubo partidario
de la música italiana, como Rousseau, que con noble since-
ridad se afilió en la nueva secta; que tales venían á ser por
su fanatismo las colectividades que apoyaban á una ú otra
escuela, incluyendo aquí, como tercera en discordia, la lla-
mada puramente francesa, que reconocía por fundadores á
Ramcau y Lulli. Á los éxitos, primero dudosos y luego
francos, de Gluck, que logró imponerse con nuevas óperas
y nuevos prólogos explicativos, contestaron los iíalianistas
llevando á París á Piccini, compositor italiano entonces en
boga, como nadie; y desde aquella fecha se deslindaron los
campos entre piccinistas y gluckistas, descendiendo á la
ardiente arena de la polémica cuanto encerraba á la sazón
París de culto é ingenioso, los escritores Suard, Arnaud,
Marmontel, La Harpe, Ginguené y otros sin cuento. No es
posible, ni es del caso ahora, referir los mil y un incidentes
de aquella lucha acerba y despiadada, en que jugaba gran
papel la sátira Quédese eso para la historia del arte dramá-
tico, y contentémonos con recoger el resultado provechoso
de la contienda, de que salió incólume y triunfante el prin
cipio doctrinal establecido por Gluck.
La consecuencia más saliente para el punto que tratamos
EL DRAMA LÍRICO 85
de esclarecer fué que, desde entonces, el libreto adquirió
otras condiciones, distinta distribución, mayor vuelo dra-
mático, más sincera y profunda expresión de afectos. Poetas
y músicos atendieron en adelante, más que á hacer obras de
entretenimiento y para lucimiento de estrellas de mucha ó
poca magnitud, á que de la colaboración de entrambos re-
sultara una obra artística, perdurable, fundada en la com-
penetración indisoluble de dos artes igualmente excelsas.
El poeta adquirió conciencia de su valer; comprendió que
su papel en el drama lírico no era ya el de simple decora-
dor, sino que á él incumbía trazar situaciones interesantes,
acción movida, trama bien conducida, personajes, no sólo
bien delineados y de correctas facciones, sino vigorosa-
mente caracterizados; coros motivados que no fueran com-
parsas automáticas, y pasiones con acentos propios y natu-
rales, no graduadas por el cálculo. Aun se movía el drama
dentro del lirismo ; pero no de un lirismo intempestivo y
sensiblero, sino del que brota del fondo del asunto, de una
situación hábilmente creada. Los conocidísimos versos líri-
cos de la Serenata del Fausto sugirieron á Gounod una
melodía verdaderamente alada, de giros, á la vez que ele-
gantes, tan intensamente apasionados; y aquellos otros de
Migtion , no menos conocidos y celebrados,
Connaistii le pays oii fleurit ioranger, etc.
que adquieren, con la inspirada música de A. Thomas, no
sé qué realce, un encanto nostálgico lleno de ideales efluvios
del paraíso con que sueña la pobre Mignon, si retrasan la ac-
ción, en manera alguna la resfrían ni languidecen, porque
prolongan una situación altamente poética y dramática. Por
otra parte, la apacible ternura amorosa que late en la pri-
mera, y las poéticas remembranzas en que se mueve la se-
gunda, nada tienen que ver con las situaciones violentas, con
la explosión de pasiones enérgicas, que por su misma natu-
raleza é índole requieren rapidez y viveza de acción. Debe
tenerlo muy presente el poeta para saber conciliar el inte-
rés dramático con el lírico, pues sin este último requisito no
sería posible la ópera en condiciones de verdadero interés.
86 EL DRAMA LÍRICO
De lo dicho se infiere que el libreto puede ser bueno aun
careciendo de riqueza en el orden ideológico, con tal que
esté bien atendido el elemento afectivo: tanto, que el drama
docente y tendencioso necesita pasar por la alquitara del
sentimiento, y aun perder su carácter, para ser representa-
ble. En música no se resuelven más problemas que los de es-
tética aplicada. Por eso el Fausto de Scribe y Gounod no
es ya el drama filosófico de (ioethe; y si á alguien se le ocu-
rriese la idea de escribir una ópera con el título Abelardo,
ya no sería éste la inteligencia poderosa descarriada y ente-
nebrecida por el error, sino el corazón extraviado del aman-
te de Eloísa.
En otro orden más elevado, Savonarola no figuraría en
un drama lírico tanto por su tenacidad ascética llevada á
un extremo punible, como por la fuerza avasalladora de su
elocuencia tribunicia, por el dominio sobre las muchedum-
bres, por la acción dinámica y contagiosa de su fervor. La
transformación de la sociedad florentina, primogénita del
Renacimiento, con sus gustos paganos y ruidosas diversio-
nes , en una especie de Tebaida mística , trocándose los rego-
cijos carnavalescos en ayes de penitencia, los más precia-
dos adornos en cilicios, y las canciones profanas en grave
salmodia ; convirtiéndose también en severos claustros las
calles , donde antes reverberaba toda elegancia y vanidad, y
todo ello por la fuerza expansiva de un corazón abierto á las
muchedumbres , se presta á cambios de decoración y efectos
dramáticos que, aun con el más perfecto desempeño, sólo
vendrían á ser trasunto de la realidad. El poeta hallaría en
un asunto así ideas levantadas, contrastes bien definidos,
efusión sincera de afectos simpáticos, protagonista bien ca-
racterizable y personajes diversificados y llenos de vida ; y
al músico le sería dado lanzarse á rienda suelta por los es-
pacios imaginarios, hallaría canciones de amores, danzas
alegres, severidad litúrgica, todo cuanto, puesta en el dintel
de la edad moderna, puede alcanzar la clarividencia en la
fecunda que empieza evocando á la vez toda la edad media.
¿Qué efectos de sonoridades primitivas, extrañas y arcaicas,
qué coros nutridos, qué refinamientos del arte moderno, qué
EL DRAMA LÍRICO 87*
particularidades y bizarrías rítmicas no podrían usarse en
una obra de ese género?
No pretendemos enseñar cosas nuevas ni escribir frases
de efecto, ni fantasear á tontas y á locas, y al citar esos
asuntos nos reducimos al modesto papel de sugerir, menos
todavía, de recordar al poeta y al músico las leyes natura-
les evolutivas de los afectos, de los contrastes, del interés
dramático que todo artista, por el mero hecho de serlo,
siente y expresa cumplidamente. Como la iniciativa corres-
ponde al poeta, á él nos dirigimos aquí principalmente. Tra-
tándose de ópera seria, ningún asunto se presta tanto á la
variedad razonable como los históricos, cuando á la impor-
tancia de los sucesos se junta la conveniente lejanía que los
embellece con reflejos poéticos, y cierta contextura pura-
mente humana que los enaltece y anima mucho más que la
mitología falaz y convencional, tan del agrado de las gene-
raciones pasadas. En ella las figuras aparecen como incier-
tas y nebulosas, el paisaje como incoloro y esfumado, las
situaciones contrahechas, y todo sin carácter, sin el hálito
evocador de la realidad.
Precisamente en el drama histórico es donde ha de ha-
llar solución esa cuestión debatida de nuestra ópera nacio-
nal. Porque si ésta ha de reflejar fielmente las aspiraciones
y los sentimientos del pueblo, si han de cantarse sus épicas
hazafias, sus regocijos y pesares, ninguna forma se hallará
más adecuada que las canciones anónimas, siempre viejas y
siempre nuevas, cuyas mismas transformaciones no son sino
latidos que cada generación ha ido depositando en ellas, no
aniquilando, sino enriqueciendo su fondo inagotable. Claro
está que, tratándose de obra artística moderna, es preciso
conciliar los extremos, y no puede en manera alguna ser la
ópera nacional un centón ni un mosaico de cantos popula-
res, sino creación artística fundada en ellos y enriquecida
con todas las galas y magnificencias del arte moderno. En
cambio, ¿qué manantiales caudalosos de inspiración no se
encuentran en las canciones regionales, uniformadas por el
sello característico de raza, y diversificadas por esa incom-
parable variedad de tipos y paisajes que retratan, ya las aza-
88 EL DRAMA LÍRICO
rosas vicisitudes, ya la apacible existencia de los antiguos
reinos? ¿Qué colorido no cabe en las orientales, y qué solem-
ne gravedad en la pintura de nuestros belicosos antepasados?
Sin duda inspirándose en ese criterio ha sabido Rusia
crear un arte dramático original y típico, admiración de las
naciones todas que, ricas de tradiciones y antecedentes,
creían una profanación el romper con su historia. Desligada
Rusia de compromisos tradicionales, se ha visto también li-
bre de la impedimenta de las preocupaciones rutinarias, y á
favor de las circunstancias se ha encumbrado de un salto al
pináculo del arte. A nosotros sólo nos queda el recuerdo de
nuestra pasada grandeza, y el triste consuelo de mostrar
nuestra ejecutoria sentados ante las ruinas venerables de lo
pasado.
La perfecta unidad en las obras dramático-líricas sería
cosa hacedera si el compositor fuese el autor de la letra.
Quizá en eso estriba la fuerza toda de la obra uagneriana.
Sin duda los mismos dramas de Wagner serían más perfec-
tos si fuesen menos míticos y simbólicos, si bien hay que
reconocer que la mitología del Norte, con ser etérea y ne-
bulosa, es más sinceramente ideal que el convencionalismo
pagano. Wagner pudo contar para la realización de su co-
losal empresa con los prestigios de lo maravilloso en forma
más accesible por lo próxima y no gastada, y sobre todo
con la autoridad del creador independiente y cabal que no
tenía que mendigar libretos. .-Vutor de la poesía y la música
de sus óperas, sus dramas no necesitaban metamorfosearse,
sino que nacían ya alados y en su ser natural, como lengua-
je acentuado, ó como acentos musicales revestidos de ideas
y sentimientos. Así se explica la grandeza de Wagner y la
pequenez de muchos de sus émulos. La ópera wagneriana es
de suyo tan complicada y de plan tan variadamente combi-
nado, que sólo en el creador pueden salvarse los inconve-
nientes del artificio. Es como un laberinto por donde sólo
puede andar seguro el arquitecto que lo planeara.»
EL DRAMA LÍRICO 89
IV
Si de lo dicho hasta aquí se pueden deducir reglas prác-
ticas para hacer adaptable la poesía á la música en cuanto
á su concepto general, situaciones, elemento lírico, etc.,
conviene estudiar ahora la estructura misma de una y otra
artes, y las afinidades que presenta su respectiva materia
para la fusión que se intenta.
Es sabido que en la versificación hay elementos que pu-
dieran llamarse esenciales, cuales son el número de sílabas
y la colocación de los acentos, y otro accesorio y como
adorno y gala de la poesía, que es la rima. Allá, cuando
prevalecía en la música el ritmo libre, fundado en cierta co-
rrelación y simetría de los miembros de frase sin sujeción á
esa medida igualitaria que llamamos compás, cabía mayor
libertad en el consorcio de la letra y la música. No había
más ley rítmica para la proporcionalidad de las partes que
la que hoy regulan las combinaciones métricas, resultando
cierta manera de simetría en la mezcla de versos endeca-
sílabos con hcptasílabos y con los de cinco, como sucede
en el bordón ó pie de estrofa de los sáficos. V así, en el
canto litúrgico antiguo, en que generalmente se adapta la
prosa á la música, es fácil distinguir esa proporcionalidad
y recibir la emoción estética que nace del movimiento orde-
nado. Satisfecho el sentido estético con esa simetría, era
innecesario sacrificar la variedad á la rigidez uniforme y
monótona de la igualdad de los versos en la poesía y del
compás en la música. A pesar de lo cual, hay gentes para
quienes el compás es medida indispensable en toda música,
cuando bien puede decirse á este propósito aquello de ab
initio non fiiit sic ; y musicólogo de tanta autoridad como
el insigne Jevaert se permitió decir, que "es un error querer
hacer del compás una condición indispensable de la música„.
De ahí es (y lo diremos para terminar esta breve digre-
sión) que el wagnerismo, con su teoría de la melodía inde-
finida^(mejor que infinita), á que cabe aplicar cualquier letra.
90 EL DRAMA LÍRICO
con apariencia de innovación, viene á ser un procedimiento
reaccionario, quizá saludable y conveniente. Pero sea de ello
lo que quiera, conviene considerar la música en su estado
actual, con sus constitutivos esenciales y accidentales; y en
ese sentido, aunque el compás sea un mal necesario, y otro
no menor la cuadratura de la frase, se recomienda, para la
perfecta unidad de la poesía y la música , que los versos sean
regrulares en número y cuantidad. La estructura de la oda
moderna en silvas no encaja en la cuadratura musical sino
es alambicándola y estrujándola con muchos sudores por
parte del músico. Se adaptarán los versos sin esfuerzo si
constituyen estrofas rej^ulares de cuatro ú ocho versos, de
igual número de sílabas, y sólo por excepción, y para de-
terminados efectos, pueden constar de más ó menos.
No se requiere menos cuidado por lo que hace á la dis-
tribución oportuna de los acentos. Efecto de la misma cua-
dratura musical es la regularidad con que se suceden las
notas, ó séase los tiempos fuertes y los débiles. Si, pues, ha
de haber coincidencia perfecta, será preciso que los versos
sean idénticos en su estructura. De donde resulta que, si el
poeta goza de amplia libertad para acentuar, por ejemplo,
un romance destinado á ser leído, la tiene muy restringida,
en cambio, si el romance ha de ser cantable. Aquí se debe
notar un error en que inconsideradamente incurren algunos,
más dados á juzgar las cosas por instinto que por la relle-
xión. Es creencia general la de que al acento gramatical de
las palabras debe corresponder en música nota relativa-
mente alta: el concepto de sílaba culminante de que goza la
acentuada en cada palabra no requiere por sí más que cier-
to apoyo ó fuerza de la voz con que las demás se agrupen
en torno de ella, formando las palabras algo así como uni-
dades de la frase. Lo cual se obtiene fácilmente, aun en una
serie de notas musicales, con sólo recalcar la sílaba acen-
tuada , como dando á entender que es la principal. Lo que
importa es que coincidan las sílabas acentuadas con notas
fuertes, siendo lo demás accesorio. Merecen leerse, por lo
que ilustran esta materia, los Diálogos literarios de Coll
y Vehí.
EL DRAMA LÍRICO ^1
Aun dado que la versificación destinada al canto se ajuste
al número determinado de sílabas y la distribución oportuna
de los acentos, todavía se podría incurrir en absurdos como
los que se observan en muchas de esas revistas ó zarzueli-
tas al uso en que rara vez se da á la letra el desahogo y la
holgura necesarios para hacerla inteligible. Ese defecto sue-
le nacer, ó de falta de comprensión en el poeta que asocia
sin discernimiento á una acción ligera versos reposados, ó
del escaso tacto del músico para comprender las funciones
de la música en sus relaciones con la letra. Aquí no cabe dar
reglas detalladas: ó hay buen gusto, y entonces se cumplen
las leyes de la naturalidad, ó no lo hay, y en ese caso huelga
toda observación, como no digamos que esas reglas se re-
funden en las de una buena declamación, que ni debe ser
exageradamente acelerada, ni de una lentitud soporífera ó
extemporánea.
En cuanto al elemento accesorio de la versificación, que,
como queda dicho, es la rima, sentimos apartarnos de la
creencia dominante. Todas las razones que se suelen aducir
en defensa de la rima son muy valederas y están en su lu-
gar cuando se trata de poesía recitada, mas no refiriéndose
á la que se ha de poner en música. Es cierto que tal puede
ser la rapidez y celeridad rítmica del canto que militen aque-
llas razones que demuestran la conveniencia de la rima,
como hay que reconocerlo en muchas coplas populares, y
en general en todos los versos que consten de ocho ó menos
sílabas, ó cuando esa celeridad nace del ritmo vivo de la
música, como en los walses cantados. Pero ya que la rima,
á la vez que ornato, viene á ser un obstáculo serio para la
versificación, ;por qué mantenerla cuando desaparece la
primera de las condiciones enumeradas, tal como acontece
en los lentos y adagios acompañados de versos largos, en
que la lejanía de las cadencias rimadas hace de todo punto
innecesario ese adorno?
f R. ^USTOQülO DE JJrIARTE.
O. S. A.
(Concluirá.)
NOHKRLESOOM Y LA METEOROLOGÍA
Es prtciso rtconocer la verdad , no dtjarst
arrastrar de la pasión , para no faltar & lo
justicia.
sTA sentencia, puesta como tema de sermón, sin
citar la obra de que la hemos tomado, es una de
tantas verdades consignadas, no sólo en el Código
de la Moral cristiana, sino también en la conciencia del
que quiera pensar en cristiano. Hace cosa de una docena
de años, por no retrasar más la fecha, que se discute en Es-
paña un problema transcendental y de importancia suma,
lo mismo en el orden teórico que en el práctico, y en el que
han tomado parte sabios é ignorantes. Mirados desde cierto
punto de vista el tal problema y su definitiva solución, esta
importancia y su transcendental alcance no resaltan del mis-
mo modo, puesto que, con él y sin él resuelto, el mundo se-
guiría siendo el mismo, y los hombres tan ingratos y conse-
cuentes como siempre. Verdad es que, sí al problema alu-
dido se le da media vuelta y se mira á través de otros pris-
mas, su capital importancia salta á la vista, y nadie la des-
conoce, todos la confiesan y pregonan, por más que sean los
menos los que de ella puedan dar razones convincentes. Y
debe de ser grande y de eficacia suprema, cuando se ob-
serva que en frecuentes ocasiones produce entusiasmos en
NOHERLESOOM Y LA METEOROLOGÍA 93
las multitudes, aprobación en los hombres sensatos, exa-
cerbación y bilis en algunos, al mismo tiempo que en otros
cierto desdén mal encubierto, temor de que sea verdad
aquello de que se trata, y como consecuencia natural, si
hablan ó escriben, manifestación palmaria de su ignorancia
y pruebas de poca buena fe.
Vamos á entrar en materia para no detenernos en preám-
bulos sin substancia.
Apenas si han transcurrido quince días desde que en va-
rios pueblos de la Península se daban muestras de júbilo, se
quemó mucha pólvora y hubo ¡vivas! y algazaras extraordi-
narias porque, después de los grandes temores por la pér-
dida inminente de las cosechas y por el hambre asoladora en
perspectiva, amén de las calamidades de otra índole que nos
vienen afligiendo hace algún tiempo, comenzó á renacer la
esperanza viendo que sobre España caía el premio gordo
de la Lotería, es decir, la ansiada lluvia que nos había de
traer más ventajas, porque tocaban á todos, que no el pre-
mio de Navidad, que se reparte entre pocos. Comenzó á llo-
ver el dia cuatro, y continuó el cinco y el seis y el siete, etc.,
no sólo agua sobre los sedientos y agostados campos, sino
también, al decir de algunos periódicos, una verdadera tem-
pestad de telegramas, cartas, plácemes y felicitaciones so-
bre el que era causa, según algunos candidos, de la gran
perturbación atmosférica que tan á tiempo llegaba á reme-
diar tantas y tantas calamidades.
Líbrenos Dios de tener por candido á ningún mortal de
este mundo porque haya tenido el buen acuerdo de felicitar
calurosamente á Noherlesoom; tal calificativo debe aplicar-
se al que lo merezca, por el erróneo concepto que tienen
muchos del papel que desempeña el ya célebre y entendido
meteorologista palentino, á quien consideramos nosotros
como una verdadera y legítima gloria nacional, que ha sa-
bido sobreponerse por su profunda ciencia meteorológica,
no ya á los meteorologistas españoles, lo cual sería mucho
ó poco, según se entienda, sino también á todos los de las
demás naciones en que se estudia la Meteorología con más
fundamento, con más decisión y con mejores resultados que
94 NOHERLESOOM Y LA METEOROLOGÍA
en Esparta. Y la razón de opinar nosotros así es que, des-
pués de seguir con asiduidad el movimiento científico de esta
parte de la Física que se llama ciencia de los meteoros;
después de revisar y estudiar detenidamente las publicacio-
nes, así nacionales como extranjeras, que tratan de esta
materia, no hemos podido encontrar ningún meteorólogo de
profesión ni aficionado que se atreva á lo que León Hermoso
se atreve, ni haga lo que Noherlesoom hace. Que sea atre-
vimiento grande el dedicarse á confeccionar pronósticos sin
motivo ni fundamento, sin estudios previos y sin conocer la
Meteorología más que por lo que apunta un barómetro, es
una verdad de que nadie duda y que todos afirman, como no
dudaríamos nosotros en despreciar los pronósticos de No-
herlesoom, si nos constase que estaban redactados en ta-
les condiciones; pero nos consta, por lo contrario, y prue-
bas de ello hay en abundancia, que León Hermoso conoce
como ninguno, que sepamos por lo menos, la ciencia de los
meteoros, que lleva estudiándola hace muy cerca de cua-
renta artos, que en sus anuncios atiende á algo más que á las
indicaciones del barómetro, y en estas circunstancias nues-
tro criterio cambia por completo. V aunque de nada de lo
dicho nos constase, bastaría para juzgar en favor suyo el
que sus anuncios estuviesen garantizados, como lo están,
por el exacto cumplimiento de lo previsto, dentro de los lími-
tes á que en Meteorología puede aspirarse.
Para que en todo este asunto resulte predominante la
nota exagerada, hay en el público que para mientes en los
pronósticos de Noherlesoom quienes los toman como ver-
daderas profecías, creyendo de buena fe que basta que
León Hermoso hable para que las nubes y todos los demás
elementos le obedezcan. Éstos son los que antes llamábamos
candidos, á quienes disculpa bastante su ignorancia al to-
mar, como suele decirse, el rábano por las hojas. Noher-
lesoom podrá prever y predecir un cambio de temporal,
un trastorno atmosférico, porque alcanzará á ver antes que
otros la realización de dichos fenómenos, ó en sus principios
ó en las causas que han de producirlos. Es decir, predecirá
por qué ha de suceder, aunque no lo anuncie; pero no se
MOHERLESOOM Y LA METEOROLOGÍA 95
formará ni se disipará la más ligera nube porque el me-
teorologista ó cualquiera otro lo quieran y lo prediquen.
¡ Ah! Si Dios hubiera concedido á los hombres un poder se-
mejante, ¡cuántos tratarían de relegar de este mundo hasta
las regiones imaginarias al que es Autor y Causa primor-
dial de todas las cosas! Hay otros, que por su profesión,
por sus estudios, por su ilustración, parece que debieran
mirar las cosas de otro modo; pero han oído decir, ó han
leído acaso, que la ciencia (¡y cuidado si llenan la boca con
esta palabra!) que la ciencia fto conoce medios ni leyes
para predecir los cambios atmosféricos más allá de vein-
ticuatro ó de cuarenta y ocho Jtoras... luego, concluyen,
como si el sofisma fuera argumento* legítimo, es imposible
que Xoherlesoom acierte y que hable con fundamento. Si la
Lógica pudiera hablar, protestaría contra tal modo de dedu-
cir consecuencias. No parece sino que los que así discurren
son depositarios natos de la ciencia, y que, mientras ellos
no den su beneplácito, está vedado á todo el mundo el pe-
netrar en su santuario. Es indudable que, hoy por hoy, la
ciencia meteorológica que pudiéramos llamar oficial y co-
rriente, la consignada en los libros, la seguida en los obser-
vatorios, la que resulta de los trabajos de estos estableci-
mientos, puestos por el celo de las naciones como vigías y
salvaguardias de las comarcas terrestres y como salvavidas
en los horizontes oceánicos; es indudable, decimos, que no
conoce ni el medio de predecir los trastornos atmosféricos,
ni menos el medio de preverlos, y prueba de ello es que
nunca se atreve á adelantar un anuncio más que para el día
siguiente, y esto entre dudas y vacilaciones que pasarán
inadvertidas para los profanos, pero que saltan á la vista
del que entiende algo en esos achaques.
Todos admiten la posibilidad de la previsión del tiempo
á larga fecha; pero todos afirman que, hasta la hora pre-
sente, nadie ha llegado á esa extraordinaria conquista: to-
dos trabajan, unos más y otros menos, por alcanzarla; pero
como creen que el descubrimiento está reservado, aunque
en el siglo xx lo más pronto, para los meteorologistas de
profesión, no les cabe en la cabeza el que ningún particular
96 NOHERLESOO.M V LA METEOROLOGÍA
pueda llegar á ponérseles delante. Por lo demás, meteoro-
logista y escritor de gran fama, ha dicho con toda solemni-
dad: "Aunque con los conocimientos actuales en Meteoro-
logía no puede, hoy por hoy, preverse ni predecirse nin-
gún cambio de temporal algún tanto remoto, llegará día
en que esto se haga con la misma exactitud y con tan minu-
ciosos detalles como se predice un eclipse de Luna ó de Sol^.
Argumento que pueden utilizar los que niegan la posibili-
dad de la previsión del tiempo. La razón en que se funda
el autor aludido no es muy convincente que digamos; pero
no hay inconveniente en darla por buena. Decía <a\, que así
como hasta hace cosa de un siglo, por falta de datos sufi-
cientes, no podían predecirse con toda exactitud muchos de
los fenómenos astronómicos que hoy se calculan con preci-
sión matemática , tales como los eclipses , el paso de muchos
astros por un meridiano determinado, las revoluciones de
otros, la ocultación de las estrellas por la Luna y los plane-
tas, las conjunciones, etc. etc., así también vendrá tiempo,
y no tardando, en que se preverán y predecirán con la mis-
ma exactitud los cambios y accidentes meteorológicos que
han de realizarse en la atmósfera; pero que , al fm y al cabo,
esto será en lo futuro; no puede ser al presente.
En contra de tales aplazamientos viene, hace años, cla-
mando León Hermoso: "Esto que la ciencia promete para
los siglos venideros, creo yo que está más cerca, y para
mí es cuestión que debe resolverse en el siglo presente; por-
que, si no contamos con todos y cada uno de los datos que
darían la solución matemática del problema, como sucede
en Astronomía, tenemos los suficientes para encontrar una
solución muy aproximada á la exacta, á la que espero lle-
gar por el camino que vo}' siguiendo y por el que no quiere
andar la Meteorología oficial-. Que vengan los fundamen-
tos, ha dicho ésta; las leyes en que se apoya Noherlesoom,
si es que las tiene, y entonces, st acierta, creeremos en él.
Y éste, sin duda, ha dicho para sus adentros: "Como no ha-
bíais de dar crédito á mis teorías más ó menos científicas,
si por otra parte salieran fallidos mis pronósticos, quiero
emprender la senda más fácil de recorrer para que nadie en
NOHERLESOOM Y LA METEOROLOGÍA 97
ella tropiece^. Y debe de haber formulado el siguiente ra-
ciocinio: "El método más seguro para convencer á todo el
mundo de que conozco leyes desconocidas en Meteorolo-
gía, y que mis pronósticos no son al acaso, sino que se fun-
dan en ciencia sólida, basada en la experiencia, son, sin
duda, los argumentos que llaman á posten'on: anunciaré,
pues, con quince días de anticipación los cambios atmos-
féricos, y, si se realizan como tenido proíiietido (1), habré
dado la prueba más convincente de que el sistema de pre-
visión por mí seguido es verdadero, legítimo y desde luego
más científico que los usados en los centros meteorológi-
cos oficiales de todo el mundo„. Porque "no sabiendo, de-
cía Nohcrlesoom con fecha 28 de Abril , ningún centro ofi-
cial español ni extranjero cuándo, cómo y por qué va á
llover en tan apuradas circunstancias como éstas, si ha}""
un individuo que lo sabe y lo expone, no en forma vaga y
genérica, ambigua y dudosa, llena de vacilaciones y dis-
tingos, sino con toda clase de detalles, para que pueda com-
probarse la exactitud del pronóstico y nadie tenga duda de
su realización, ;podrá afirmarse con justicia que el tal pro-
nóstico no es científico, y que el qué lo dice es un visionario
y que está fuera de la realidad de la ciencia, sin más razón
que por el atraso en que se halla. ..?„ V "lo cierto es, añadía,
que sin un fundamento incontrovertible, sólido y bien funda-
do no podrá hacerse tal pronóstico; y al realizarse en todos
sus detalles, claro es que, el que lo haga, da la mejor demos-
tración práctica de su sistema, que á todas luces es, por lo
menos, mejor que lo que hoy se conoce„. El caso es que ni
un profeta podría hablar en tono de mayor seguridad, aun-
que nosotros estamos muy lejos de tener como profeta al
meteorologista español; pues, si así fuese, para nada servi-
ría invocar el nombre de ciencia humana.
Noherlesoom lanzó un verdadero reto á la Meteorología
que se estudia en los libros y en las aulas, y por esta vez al
(1) Téngase presente que desde el primer número del Boletín Me-
teorológico que publica Xoherlesoom, viene diciendo que sus pronós-
ticos no tienen el carácter de infalibles, contra lo que muchos han
entendido equivocadamente.
7
98 NOHF.RLESOOM Y LA METEOROLOGÍA
menos, después de otras muchas, ha quedado victorioso.
Razón tenían para felicitarle cuantos han visto que el pro-
nóstico se ha cumplido en todas sus partes, de lo cual bien
creemos que no habrá español que dude, pues á todas par-
tes ha llegado el beneficio, no precisamente del pronóstico,
sino de su cumplimiento. Hasta las plantas están agradeci-
das y respiran con libertad, volviendo á la vida que se les
iba acabando.
Sería inútil, después de lo acontecido, el analizar párrafo
por párrafo y día por día los pormenores y detalles minu-
ciosos con que el célebre meteorologista describió los acon-
tecimientos atmosféricos que se han realizado durante la
quincena anterior, comparándolos con los datos oficiales
recogidos en los Observatorios y los publicados por toda la
Prensa: no tanto sería trabajo para nosotros, como molestia
para quien haya tenido la paciencia de leer estas páginas.
Nos contentaremos con el resumen que el mismo León Her-
moso hacía de su pronóstico.
"Aunque tarde, va á llover, como hace meses no llovía
en nuestra Península. Casi nos parecerá ilusión de los sen-
tidos cuando lo veamos. Las lluvias se desarrollarán desde
el 4 hasta el 8 y en los días 11 y 12. Puede decirse que va-
mos á tener un novenario lluvioso, con algunos intervalos ya
indicados. Las lluvias de carácter general se producirán en
los días 4, 5, 7 y 11, que también serán las más abundan-
tes... „ "Bien puede asegurarse que, por esta vez, hasta sus
mayores enemigos no querrán que se equivoque Nohcrlo-
soom—\\dáv\ú 28 de Abril de 189ó.„
Glosa. "Aunque tarde, va d llover como hace meses no
llovía en nuestra Península. „ Aunque tarde para muchas
comarcas, por lo adelantado de la estación, llovió como
hacía meses no había llovido en España. "Casi nos pare-
cerá ilusión de los sentidos cuando lo veamos. „ No ha sido
ilusión, sino realidad, lo que ha excitado el entusiasmo y el
aplauso, la alegría y la esperanza de que la Agricultura no
perderá todo el fruto de sus trabajos. "Las lluvias se des-
arrollarán desde el 4 hasta el 8 y en los días 11 y 12.„ El 3 se
notó el principio del cambio atmosférico, á pesar de las per-
f
NOHERLESOOM Y LA METEOROLOGÍA 99
sistentes corrientes del E. y del NE., y de que el barómetro
no quería bajar. Se acentuó más el cambio el día 4, y el
barómetro fijo sobre la normal, y los vientos del primer cua-
drante sin darse por vencidos. Y, sin embargo, las lluvias
comenzaron el día 4 á extenderse por las regiones del SO. de
España, y ya el mismo día por la noche llovió poco, pero al
fin llovió, en Madrid. L-os días en que las lluvias fueron más
generales han sido, indudablemente, el 11 y el 12. Desde
el 13 mejoró el tiempo, aunque no han faltado chubascos ais-
lados en varios puntos de la Península. Contrasta con todo
esto la previsión del Instituto Central Meteorológico que te-
nemos en España, que, al decir de malas lenguas, después
de una gestación laboriosa, costó al Gobierno no poco tra-
bajo y mucho dinero para sacarlo á lu2, y hoy cuesta á la
nación lo que la nación puede pagar con mucha dilicultad.
Decía en su Boletín del día 3: ''La pequeña área de bajas
presiones relativas del SO. de la Península se ahonda un
poco, y pudiera originar alguna perturbación local de poca
importancia; pero la situación general es tan poco favora-
ble á un cambio radical de régimen como en los pasados
días^. V al siguiente, 4 de Mayo, añadía: "Ha penetrado en
la Península, y se halla hoy entre Lagos y Badajoz, la pe-
queña depresión indicada hace dos días; se ha ahondado un
milímetro y baja el barómetro en toda esa región; baja que
se extiende hasta Castilla la V^ieja en un sentido, y hasta
Madera en el opuesto, al mismo tiempo que aparece una bo-
rrasca en el Atlántico, al O. de las Azores, y, aunque poco
marcados, hay síntomas de que se aproxima un cambio de
régimen„. De modo que el Instituto Central, ni con doce ho-
ras de anticipación vio ni pudo ver el cambio de situación
atmosférica que ya teníamos encima: lo más, lo más, cuan-
do ya habían llegado "síntomas de que se aproximaba.. V
aun el día 5 le costó trabajo el verlo, no cerca, sino lejano,
pues decía: "La situación, análoga á la de ayer, es aún más
favorable á un cambio de régimen importante, todavía le-
jano y,. Pero ¿no se fijaron esos señores en que el día 5 pasó,
en Madrid mismo, con carácter francamente lluvioso, aun-
que Ja lluvia no fuera muy abundante, y que hacía más de
100 NOHERLESOOM Y LA METEOROLOGÍA
veinticuatro horas que ya la lluvia se había declarado en
muchos otros puntos de España, particularmente en el S.
y SO.? ¡Cómo anda el servicio meteorológico en España!
Pues bien; yo no quisiera perjudicar á nadie, ni á nadie
critico: estudio los hechos; soy entusiasta de la Meteorolo-
gía; deseo que progrese esta ciencia, y que sea protegida,
porque de ella espero grandes y benéficos resultados, no
para mí, sino para la sociedad entera; y, sin embargo, digo
y afirmo con toda franqueza: Si el Instituto Central Me-
teorológico; si los Observatorios de provincia no han de
servir para más, ni han de dar otros resultados para la cien-
cia, para la agricultura, para la industria, para el comer-
cio, para la navegación, para la sociedad, sufyrimanse úe
un plumazo; dediqúense los empleados á trabajos más úti-
les, y destínese esa parte del presupuesto á soconer nece-
sidades de muchos pobres, á aliviar las contribuciones del
angustiado labrador que riega los campos con el sudor de
su frente, al mismo tiempo que cae del cielo la lluvia be-
néfica.
Trabajo nos cuesta admitir la sospecha que nos asalta,
y que desechamos desde luego, acerca de si los resúmenes y
anuncios probables para el día siguiente, que ha venido pu-
blicando el Boletín Oficial Metcorolóí^ico del Instituto, esta-
rán redactados con toda sinceridad y sin prevención ninguna.
No falta quien crea que se ha procurado aminorar la impor-
tancia del cambio atmosférico en cuestión, para desvirtuar en
lo posible el triunfo obtenido por León Hermoso. Rechaza-
mos, como decíamos, la sospecha; pero si, desgraciadamen-
te, fuese fundada... sólo diremos que se honrarían muy poco,
3' que estimarían en mucho menos su lealtad y honradez, su
sinceridad y buena fe científica, cuantos á esta sospecha die-
ran motivo; y repetiríamos que es preciso reconocer la ver-
dad, no dejarse llevar de la pasión, para no faltar á la
justicia. En algún periódico se ha notado empeño especial
en afirmar que Noherlesoom fijaba las doce del día cuatro
para que empezase á llover en Madrid. En el pronóstico que
publicó León Hermoso no consta tal hora prefijada.
Noherlesoom se queja de que la ciencia oficial meteoroló-
NOHERLESOOM Y LA METEOROLOGÍA lOl
gica ó sus representantes, lejos de favorecerle, como debie-
ran, en bien de la Meteorología, le han hecho y hacen dura
guerra; y, según se desprende del progreso y estado de la
cuestión, parece ser que León Hermoso no se halla inclinado
á conceder competencia bastante para juzgarle ni contrade-
cirle á la Meteorología oficial. Hasta qué punto sean justifi-
cadas las quejas del meteorologista palentino, no somos nos-
otros los llamados á dilucidarlo. Respecto á competencia de
los que figuran al frente y al lado de nuestros Observatorios,
algo puede rastrearse, no por lo que cada uno sepa, que
para nosotros todos saben mucho y los veneramos como á
sabios, sino por lo que en nuestros centros de enseñanza
ojie i al mente se estudia de Meteorología.
Ha sido práctica bastante común en los Institutos de Es-
paña el prescindir de la Meteorología propiamente dicha du-
rante el curso señalado para la Física. Emprendida una ca-
rrera universitaria por el alumno, claro es que, por milagro,
volvería á dedicarse al estudio de los meteoros ninguno que
no perteneciese á la Facultad de Ciencias, Medicina ó Far-
macia. Estos alumnos tienen, durante la Preparación, un
curso dedicado á la asignatura de Ampliación de Física. Y
por más que dicha Ampliación es muy estrecha ordinaria-
mente, el tratado de Meteorología se supone estudiado du-
rante el Bachillerato, y, como artículo de lujo, apenas si se
repasa en las aulas universitarias. Concluida la Prepara-
ción, hay que descartar los alumnos del ramo de Ciencias
Naturales , los de Medicina y Farmacia , etc. , quedando sólo
los de Ciencias Físico-Químicas y Físico-Matemáticas, con
alguna esperanza de que, durante la carrera, estudiarán
Meteorología. Transcurre el período de la Licenciatura, en
que los primeros tienen que estudiar y examinarse de Física
nuevamente, y los segundos cursan y aprueban dos años de
Física Superior y otros dos de Prácticas correspondientes,
y puede asegurarse que sólo por incidencia se piensa en la
parte meteorológica. Algunos llegan á doctores, y ya se
deja comprender que en el período del Doctorado no es po-
sible estudiar lo que no se exige en los programas ni, en opi-
nión de muchos, vale para nada.
102 NOHERLESOOM Y LA METEOROLOGÍA
En las carreras especiales de Ingenieros , etc., ya se toma
con más interés la ciencia meteorológica, y en algunos ra-
mos de Ingeniería hay cursos destinados á esta asignatura;
pero, así y todo, gracias que el alumno estudie bien los Tra-
tados de Meteorología que suele haber impresos, y que el
profesor explique. Con este cúmulo de conocimientos en
achaques meteorológicos, llega á formarse en España el
gremio de meteorologistas, representantes de lo que, en
nuestro entender, llama Xoherlesoom Afeíeorología oficial.
Pero nosotros juzgamos el asunto desde otro punto de vista,
y creemos sinceramente, atendiendo á lo expuesto, que esa
ciencia oficial de la Meteorología no puede ni debe preocu-
par á Noherlesoom, por el sencillo motivo de que semejante
ciencia no existe en España.
Ahora, tratándose de si tenemos ó no meteorologistas de
nota y competencia que sepan más de lo que en las aulas
oficiales se estudia, ya es asunto de otra índole, y cuestión
que debemos resolver afirmativamente; porque, sin duda,
hay en España hombres de ciencia que conocen la Meteoro-
logía, por lo menos tanto como en los tratados de este ramo
se consigna, con más los datos de experiencia y observa-
ción particular que por sí propios y fuera de las aulas han
adquirido. Pero, por esto mismo, es necesario convenir en
que, si algo se sabe de fundamental y científico en orden á
los meteoros, cada cual se lo debe á sus propios esfuerzos,
á su iniciativa particular y á su interés por ilustrarse, redu-
ciéndose á nada la parte oficial que en esto pueda haber.
Con tales precedentes científico-meteorológicos no obra-
rían bien cuantos, en nombre de la Meteorología oficial,
combatiesen á León Hermoso; háganlo, si les place, en nom-
bre de su ciencia propia y en virtud de sus particulares opi-
niones, pero no invocando lo que no puede favorecerles. Di-
gan, si bien les parece, que la Meteorología hoy conocida
en el mundo científico, las leyes formuladas por todos los
meteorologistas de más fama, los medios de que dispone la
ciencia de los meteoros, no alcanzan á predecir los cambios
de un temporal, ni ocho ni quince días antes. No es imposi-
ble que esto llegue á conseguirse algún día; pero, hoy, nos-
NOHERLESOOM Y LA METEOROLOGÍA 103
otrosno podemos, porque no sabemos hacerlo. Si, á pesar de
esto, se levanta alguien con tantos títulos para saber Mete-
orología como cualquier otro ó itids, porque haya estudiado
más, y observado más, y dice: yo sé algo más que todo eso
en Meteorología; sé como puede predecirse un fenómeno
atmosférico quince días antes ; y no me negaréis que sé esto,
y por tanto mds que vosotros, si os anuncio que dentro de
tantos ó cuantos días lloverá ó hará sol en tales y tales pun-
tos de la Tierra, con estas y las otras circunstancias, por
tales ó cuales razones: en un caso así. opinará cualquiera
que ya no resta, por de pronto, más que esperar al cumpli-
miento del pronóstico; y si se cumple, la ciencia debe bajar
la cabeza ante otra ciencia superior y más perfecta, resís-
tase cuanto quiera el orgullo científico. Lo menos que en
esto puede hacer el vencido es callarse y no volver á ponerse
en ridículo, ya que no tenga valor para confesarse vencido
y tratar de rehabilitarse estudiando mejor lo que no sabía.
En resumen: entendemos nosotros que, habiendo Noherle-
soom probado con los hechos, y de un modo tan patente
como ha visto todo el mundo, que se cumplen sus pronósti-
cos, no al acaso y en generalidades, sino según una previ-
sión detallada y razonada, la lógica y la razón exigen que
se reconozca en él ciencia meteorológica superior á la or-
dinaria, y es justo que no sólo la Meteorología oficial , sino
también todos los espartóles, le rindan el tributo de conside-
ración que se merece, y que en las altas esferas de nuestros
gobiernos encuentre protección y apoyo incondicionales,
para que, con mayores ventajas, prosiga sus estudios y am-
plíe sus conocimientos en bien de la patria y de la sociedad
entera. No es mucho pedir.
II
Mirando ahora por otro aspecto el problema de la pre-
visión del tiempo, y aun prescindiendo del hecho particu-
lar que ha motivado este artículo tan pesado y fatigoso, de-
bemos exponer las razones que nos asisten para expresar-
nos de este modo , á fin de que nadie se admire de nuestra
104 NOHERLESOOM Y LA METEOROLOGÍA
actitud en un asunto de interés grandísimo ciertamente,
pero que, en particular, poco debiera importarnos. No igno-
ran los lectores de La Ciudad de Dios que, desde hace diez
años, viene discutiéndose en esta Revista el mismo proble-
ma, y que se han analizado las razones en pro y en contra
de Noherlesoom, precisamente porque el problema es capi-
tal, y ante su transcendencia nadie debe mostrarse indife-
rente, y menos en una publicación que procura estar al tan-
to del movimiento científico general y de las más importan-
tes cuestiones modernas. Debió de ser por los años de l-SSó,
y durante el mes de Agosto, cuando por primera vez toma-
mos en consideración un pronóstico de León Hermoso, y
desde luego nos pareció atrevido, pues no conocíamos tam-
poco principio ni ley meteorológica ninguna que pudiera
servirle de fundamento. Recogimos datos, hicimos observa-
ciones, consultamos las recogidas en España y fuera de Es-
paña, y, después de quince días de estudio constante, adqui-
rimos la convicción de que el pronóstico anticipado no es-
taba hecho al acaso, pues se había cumplido en sus partes
principales , y que demostraba en el autor conocimiento
más que vulgar del asunto que trataba. Así lo consigná-
bamos entonces, manifestando á la vez los deseos de que
León Hermoso expusiera y publicara los fundamentos de su
sistema, para juzgarle con más acierto. Vimos la posibili-
dad de que aquel hecho particular hubiera ocurrido casual-
mente, é impulsados por la curiosidad y por el deseo de
aprender algo nuevo, emprendimos desde entonces un estu-
dio detenido de los pronósticos de Noherlesoom, compara-
mos día por día, párrafo por párrafo, fecha por fecha, los
anuncios anticipados con los hechos después ocurridos, y
llegamos á persuadirnos de que los pronósticos se cum-
plían, aunque no todos ni'con aquella exactitud que hubiera
sido necesaria para tenerlos desde luego como infalibles,
dentro del orden natural, y de conformidad con la com-
plicadísima naturaleza del asunto. Más tarde nos decidi-
mos á publicar algunos de nuestros estudios comparativos,
siguiendo paso á paso las quincenas sucesivas, según los
pronósticos iban apareciendo en el Boletín Afeteorold^^ico,
NOHERLESOOM Y LA METEOROLOGÍA 105
y las observaciones publicadas por los Boletines extranje-
ros y las que diariamente acudían al Observatorio de Ma-
drid de las Estaciones de provincias. Deseábamos que el
público tuviera datos suficientes, y contrapuestos los unos á
los otros, para que juzgase según ellos. Como resumen de
nuestro pesado estudio, llegamos á deducir que el meteoro-
logista palentino conseguía predecir con bastante exactitud,
y que se cumplían el 80 por 100 de sus pronósticos. Después
de esto, aun no hemos interrumpido el estudio que empren-
dimos hace diez años, y, lejos de disminuir la intensidad de
nuestras convicciones, se ha aumentado, pues la relación de
los anuncios cumplidos excede ya del 80 por 100. No ten-
dríamos inconveniente, si la materia no fuese tan árida para
los lectores, en demostrar esto mismo con cuadros compa-
rativos, mediante las observaciones hechas, tanto dentro
como fuera de España, por más que muchas de ellas merez-
can bien poca confianza.
En vista de lo expuesto, ya no parecerá extraño ni fuera
de su lugar el que hayamos vuelto á agitar estas cuestiones
en las columnas de La Ciudad de Dios, y que, con toda la
sinceridad y lealtad que debe tener quien se dirige al públi-
co, digamos nuestra opinión, y reprobemos el proceder de
cuantos, sin motivos ni ciencia para ello, sin garantías de
su competencia, rechacen y combatan y menosprecien un
problema que debe estudiarse con sinceridad y sin pasiones,
absteniéndose de tratar injustamente á quienquiera que lo
estudie para resolverlo, ó que crea haberlo resuelto. Los
asuntos científicos se tratan científicamente; los errores del
mismo orden se combaten con la ciencia verdadera, y no con
cuchufletas de gacetillero, que no deben tener cabida en
periódicos formales y serios. Si Noherlesoom se equivoca,
demuéstrese la equivocación en el mismo terreno en que él
prueba su acierto; y si la Meteorología antigua, oficial y no
oficial, no cuenta con armas bien templadas para combatir
científicamente y con esperanzas de salir victoriosa, antes
teme estrellarse, retírese con sus honores y dé paso á nue-
vos adelantos , y no sirva de estorbo á los que quieren reali-
zarlos. No extrañaríamos que toda la prensa se declarara
106 NOHERLESOOM Y LA METEOROLOGÍA
enemiga y combatiese á Noherlesoom si, por una parte, no
hubiera éste dado pruebas de su competencia, y si. por otra,
los que lo combaten dieran muestras de saber más y discu-
tiesen, no en la forma en que suelen hacerlo, sino en forma
científica, con razones y con datos fundados en la observa-
ción y en la experiencia. Así resplandecería la luz con la
discusión, se verían los errores si los hay, y, sin peligro de
faltar á la justicia, se daría á cada cual lo que en justicia le
corresponde.
V hay otros detalles que nos causan más extrañeza. No-
herlesoom, antes que meteorologista, es cristiano ferviente
y sincero católico, y no comprendemos cómo periódicos que
de católicos blasonan, sean precisamente los que con más
sinrazón le atacan. Si emplearan armas de buena ley, y con
argumentos sólidos trataran de averiguar la verdad, nadie
tendría por qué quejarse; pero no es ésa, por desgracia, la
conducta que suelen observar. ;Será por defender los fue-
ros de la Ciencia y los intereses de la Religión? ¡Donosos
procedimientos emplean! Empezando por prescindir de la
justicia y olvidando las leyes de la caridad, acaso, incons
cientemente, dan armas á los enemigos de la fe para com-
batir á la Iglesia. ¿Qué tiene que ver la realización de un
pronóstico anticipado varios días, con las rogativas públi-
cas que se han hecho á fin de que Dios mandase el beneficio
de la lluvia? ¿Quién ignora que las cosas que han de reali-
zarse según las leyes naturales, no las hace Dios por medio
de milagros? Porque Noherlesoom previese que tales ó cua-
les días había de llover, y porque Dios, que antes lo tenía
todo previsto, valiéndose de las condiciones atmosféricas
por Él predeterminadas ab (eterno, mandase la lluvia bené-
fica, previas las públicas peticiones que al Cielo se dirigían,
por intercesión del Santo Patrono de Madrid, ¿pierden algo,
por ventura, ni el poder divino, ni la infinita misericordia,
ni el poderoso valimiento ante Dios del Glorioso San Isidro
Labrador? Si así lo creen algunos periodistas católicos, lla-
mados á defender la causa de Dios y de su Iglesia, su fe
está muy lejos de ser aquella fe ilustrada que San Pedro
exigía á los cristianos, y que todos debemos exigir, siquiera
NOHERLESOOM Y LA METEOROLOGÍA 107
á aquellos que se han impuesto el deber de ilustrar á las
multitudes por medio del periódico.
Sería ésta ocasión de analizar teológicamente cómo, en
el caso particular de que tratamos y en otros muchos, se
harmoniza la previsión de un naturalista meteorólogo con
los beneficios divinos y el patrocinio de los Santos; pero no
queremos fatigar más d nuestros lectores prolongando las
dimensiones del presente artículo.
Quiera Dios que Noherlesoom siga como hasta ahora
sumando triunfos, que resuelva por completo el problema
de la previsión del tiempo, que conteste á sus detractores
con argumentos como el de la primera quincena de Mayo.
Seguros estamos que esto no ha de desvirtuar la gloria de
San Isidro, ni disminuir en un ápice la protección que desde
el Cielo dispensa á España, ni por ello tampoco han de mo-
dificarse los planes sapientísimos de la Divina Providencia.
De este modo, la Iglesia Católica podrá añadir un nuevo
nombre al catálogo de hijos suyos beneméritos de la cien-
cia, y tendremos todos un argumento más, en contra de nues-
tros adversarios, de que ni la Iglesia con sus leyes, ni la Fe
con sus revelaciones, coartan en lo más mínimo los vuelos
de la inteligencia humana. Los periódicos á que antes hemos
aludido, parecen temer que se realice esta nueva conquista.
Merecen la enhorabuena, no de los católicos ni de la Igle-
sia, sino de los incrédulos y materialistas, á quienes tanto
favorecen mezclando sin razón las cosas divinas con las mi-
serias humanas. Temen que los masones (así lo han dicho)
se aprovechen de la credulidad del público ignorante para
ridiculizar el culto católico, y no temen suministrarles ar-
gumentos con que tratarían de hacer más daño á la santa
causa de la Religión.
fR. ^NGEL JlODRJGUEZ,
O. S. A.
La Univrrsai.idai) dki. Diluvio
V LA OBRA "EGIPTO Y ASIRÍA RESUCITADOS. (')
(Vindicación del Cardenal Goniilex y de otrai etcritaret caiMicot.)
CCONCLUSIÓN.)
XXI
• Mí tenemos, pues, al autor de A7 ciarivinismo en
^olfa, convertido ahora en un transíormista mil
\eces más avanzado que Darwin, y que deja muy
atr;i.s al mismísimo Haíckel.
Éstos se contentarían, en efecto, con que las actuales
formas, que llamamos especies orgánicas, se hubieran podi-
do constituir desde el principio del período cuaternario hasta
la fecha. En todo ese largo intervalo de tiempo no reclaman,
en rigor, la formación de ningún género: les bastaría con que
se hubieran formado simplemente algunas especies ó una
sola. Pero al Sr. Valbuena le basta el tiempo que media
desde el diluvio hasta la fecha para la formación de más
de ochocientas especies que hay en los dos órdenes citados
de gallinas y palomas, y para que esas especies lleguen á
diferir en género y hasta en familia. De suerte que, quien
antes sostenía pro aris et foris que desde la creación acá
(I) Véase la página 7.
LA UNIVERSALIDAD DEL DILUVIO 109
no se pudo derivar ni una sola forma específica de otra,
ahora, en sólo unos cinco mil años ó menos, halla tiempo
de sobra, no ya para la transformación de innumerables
especies, sino para la de muchísimos géneros y familias.
Por nuestra parte confesamos que , á pesar de habernos
decidido al fin por el transformismo moderado, apenas te-
nemos nada de transformistas en comparación del señor
Valbuena. Admitimos la evolución restringida á las diferen-
tes clases orgánicas; es decir, creemos que, por regla gene-
ral, los individuos encerrados en cada clase provienen por
simple evolución de una forma primitiva, y que las formas
primitivas de cada clase son irreductibles y se remontan,
por lo mismo, ít la obra inmediata del Creador. El probar
esto nos obligó á escribir extensos volúmenes ; pero el señor
Valbuena anda más aprisa, y de una sola plumada esta-
blece que dentro de los órdenes se realiza una cosa análo-
ga en menos de cincuenta siglos; de modo que, á ese paso,
desde Adán acá se debieron formar los órdenes dentro de
la clase, y quizá las clases dentro de los tipos, pudiendo és-
tos derivarse de una sola forma prototípica, que no se re-
montase ni á la mitad del período terciario.
Si dichas apreciaciones tuviesen la menor apariencia de
verdad, ^qué más necesitarían los transformistas aventure-
ros, los primogénitos del mono, para declararse en triunfo?
¿Qué deducir de aquí al ver lo exagerado que en sus dos
libros aparece nuestro erudito autor, así en un sentido como
en el contrario? Esta sola cosa, del todo evidente : que, en
uno ó en otro caso, dejó de meditar bien las consecuencias
que se desprenden de sus doctrinas.
En el uno concede á los transformistas lo que todos ellos
desecharán con indignación, no por perjudicial, sino por en-
teramente gratuito y anticientífico; y en el otro niega hasta
lo que de puro manifiesto les conceden los más terribles é
intransigentes adversarios.
Y termina el Sr. Valbuena diciendo (p. 291): "Conse-
cuencia: luego todas las palomas son de una sola especie,
como lo son todas las gallinas, y quedan en dos las 600 es-
pecies de gallinas y colúmbidas. Si la extensión de este ar-
lio LA UNIVERSALIDAD DEL DILUVIO
tículo, harto largo ya, lo permitiera, veríamos cómo se iban
reduciendo las especies todas hasta un punto tal en que, no
ya el arca de Noé, sino atalquio' buque mercante, podía
contenerlas. Los hechos aducidos como muestra son garan-
tía de nuestras afirmaciones„.
Y tanto como lo son; porque, á ese paso, no ya cualquier
buque mercante, sino cualquier lancha de pescadores, podía
contener lo que queda. — "La dificultad, pues, prosigue (292),
en que tanto confían los defensores del diluvio restringido,
tomada de los centenares de miles de especies animales,
queda reducida á la nada, A pura Jantasinagoria; porque,
examinando el punto de cerca, se desvanece como el liwno.^
Pues, sin embargo, esa fantasmagoría resulta una rea-
lidad, quizá más grande de lo que antes se pensaba. Y en
vista de los datos expuestos nos creemos autorizados para
afirmar, con mayor seguridad que nunca, que, ó se restringe
el diluvio, ó es preciso encerrar en el arca más de medio
millón de especies, según habíamos dicho nosotros, ó millón
y medio de individuos, como asegura el P. Vigil.
XXll
Á la dificultad de traer tantas especies al arca, contesta
el Sr. Valbucna ibid.): "; Y qui(5n ha dicho á esos .señores
que antes del diluvio estaban repartidos como hoy los bru-
tos de la tierra y las aves del cielo, cada especie en una re-
gión, sin hallarse fuera de allí? ¿Quién les ha enseñado que
no pudo Xoé tenerlos bien próximos todos ellos? ¿La cien-
cia? De los hechos conocidos se desprende lo contrario„.
¿Qué hechos serán ésos? Porque lo que enseña la Ciencia,
lo que la Paleontología y la Geografía zoológica van escla-
reciendo cada vez más, es la gran ley de sucesión de los ti-
pos, tan luminosamente expuesta por Owen, y deque tanto
partido sacaron Darwin y Wallace, sin que ningún natura-
lista medianamente instruido ose ya ponerlo en duda (1).
(1) \'. La Evolución, lib. iii^ cap. vi.
LA UNIVERSALIDAD DEL DILUVIO 111
Querer desmentir esa ]ey, querer invocar para esto la
Ciencia, querer negar la distinción de las faunas y que las
actuales son en cada país la continuación de las cuaterna-
rias, vale tanto como cerrar los ojos á la luz de la eviden-
cia." ¿Quién ignora que en Siberia abundan los restos de ele-
fantes y de otros animales ecuatorianos, casi tanto como en
África?^ — Lo ignoran todos los sabios; porque esos restos
no abundan casi tanto, sino incomparablemente más, en Si-
beria, donde forman inmensos depósitos, verdaderas minas
de marfil que se vienen explotando desde hace siglos, y que
no se podrán hallaren ningún punto de África. Pero si todo
el mundo conoce que abundan tales restos en Siberia, nadie
tiene autoridad para negar que este hecho entra de lleno en
el cuadro de las leyes de sucesión y limitación de las faunas.
La diversidad de las faunas en los distintos países y la
continuación de ellas en unos países mismos es compatible
con cierta variación en las mismas, con la fusión parcial
ocasionada por algunas emigraciones, ó con la reducción
determinada por los cambiof> de clima, por la invasión de
los fríos polares, que van impeliendo los animales hacia el
Ecuador, y con la extinción de especies que estas y otras
causas determinan. Los animales á que alude el Sr. Val-
buena son el Mammut }' el Rinoceronte de narices tabicadas,
los cuales, á diferencia de sus congéneres ecuatoriales, es-
taban provistos de largas crines para amoldarse al clima de
Siberia. V, á pesar de eso, las dos especies figuran entre las
que perecieron con el diluvio, y por eso están acumulados
sus últimos restos en tanta abundancia. Extinguidos de una
vez, mal pudieron dejar sucesores en África. Y la gran ley
de sucesión de los tipos, que dice que las actuales faunas de
cada región son la continuación, ó, mejor dicho, la descen-
dencia legítima de las que en las mismas regiones vivían en
los tiempos antediluvianos y terciarios; esa ley, que es como
el alma de la Geografía zoológica, brilla tan clara como
siempre.
Así, en el caso de que los animales que caracterizan las
distintas faunas no se hubieran salvado en su propio país
durante el diluvio, era preciso determinar el modo cómo vi-
112 LA UNIVERSALIDAD DEL DILUVIO
nieron al arca y ref^resaron después sin dejar por el camino
ni un solo representante. A estas cuestiones, que el Sr. Val-
buena con cierto desenfado llama impertinentes (p. 294),
responde él con estas otras: "¿Por qué el perro se pone á la
sombra en verano y al sol en invierno? ¿Por qué...?„
Y después de ese ras^^o humorístico, que de seguro no
convencen! á ninc^ún lector, añade: "Si pasaron los hombres
á la América é islas, ¿por qué no pudieron pasar los bru-
tos?„ Pues por la misma causa que ha hecho inventar á los
primeros el arte de la navejjación y perfeccionarlo maravi-
llosamente. Dejemos it nuestro autor que eche en cara al
Emmo. Cardenal Gonziilezy demás particularistas el servir-
se de arjíumentos legítimos usados por los incrédulos , como
si la verdad, dicha por quienquiera, debiese ser desechada
y pospuesta á la mentira. Dejémosle asentar estas dos alir-
maciones contradictorias: "¿Hay aguas suficientes para cu-
brir la Tierra? Evidentemente. ¿Dónde están? No lo sabe-
mos, ni nos hace falta, para deshacer los castillos funda-
dos sobre ellas^,. Dejémosle dar á entender, citando nada me-
nos que las palabras de Dios á Job, que nadie puede medir
las aguas que hay en la Tierra ; porque, si es muy cierto que
mal podrían ser medidas apelando sólo á un pluviómetro ó
á cosas por el estilo, los sabios poseen otros medios de me-
dirlas con la precisión bastante para demostrar que todas
ellas no llegan, ni con mucho, á la mitad de las necesarias
para un diluvio rigurosamente universal. Dejémosle suponer
que las aguas que bastaron á cubrir toda la Tierra, cuando
era todavía un esferoide perfecto sin ningún relieve orográ
lico, como al principio de la creación, pudieron cubrirla
también cuando estaba ya llena de hondonadas inmensas y
de altísimas montañas; y esto sin necesidad de ningún mi-
lagro, porque bastan los ai;:entes naturales, á pesar de lo
que había dicho al hablar de los milagros del diluvio; pues
la discusión de tantas hipótesis nos obligaría á exponer los
más elementales principios científicos, hastiando con ello á
nuestros lectores.
LA UNIVERSALIDAD DEL DILUVIO 113
XXIII
De lo dicho se desprende que no tenemos por acertado
el criterio con que el Sr. Valbuena resuelve algunas de las
cuestiones tratadas en su última obra, especialmente en lo
que se refiere á la universalidad del diluvio; antes bien nos
parece que el rechazar teorías en que hoy convienen todos
ó casi todos los sabios, el defender la causa de la rutina
como si fuese la causa de la legítima tradición, sólo sirve
para dar armas á los enemigos de nuestra santa fe, y acaso
contribuya Á extraviar la dirección de los estudios eclesiás-
ticos en España.
El deseo de reparar estos males y de poner las cosas en
su lugar, volviendo, no tanto por nuestra honra cuanto por
la de otros, cuyo glorioso nombre nunca podremos ver man-
cillado, fué lo único que nos movió á escribir esta larga se-
rie de artículos.
En ella creemos haber demostrado que es insostenible,
ante los modernos datos de la ciencia , la hipótesis abrazada
con tanto ardor por el Sr. Valbuena, cuyo ingenio y cuya
excelente intención somos los primeros en reconocer.
Concluiremos con las palabras de un ilustre orador de
Nuestra Señora de París, que trazan la norma del buen exé-
geta y apologista. Después deVeclamar de parte de los sa-
bios modestia, el P. Monsabré añade (1): "En cuanto á los
intérpretes de la Biblia, no están menos obligados que los
hombres de ciencia á velar sobre sí mismos, si quieren no
comprometer la nobleza y santidad de su misión. Abstén-
ganse, pues, de toda desconfianza injusta para con los doc-
tos, recordando que el hombre no perdió por el pecado, ni
el derecho ni el poder de sondear los secretos de la natura-
leza; y que es una bajeza de espíritu el considerar como otros
tantos conspiradores enemigos de la fe á los que consagran
su vida á registrar los resultados déla experiencia, y el es-
{l) Carente , 1875, p. 32 y sig.
8
114 LA UNIVERSALIDAD DEL DILUVIO
tar siempre dispuestos á poner en duda sus descubrimientos,
temiendo no se hallen en oposición con la palabra de Dios.
Un creyente que se respeta á sí mismo, no tiene esos vanos
temores. Nada teme de la falsa ciencia, porque ésta queda
siempre confundida; nada de la verdadera, porque está siem-
pre de acuerdo con la verdad. — Los intérpretes de la Biblia
no han agotado aún todos los sentidos del texto sagrado...
Aun más: la exégesis tiene el derecho de corregir las in-
terpretaciones anticuadas, cuando la experiencia nos con-
vence de su insuficiencia ó de su falsedad^.
Ahora sólo nos resta advertir que no nos gusta entrar,
sin extrema necesidad, en polémicas con católicos, porque
esto sólo sirve, las más de las veces, para agotar inútilmente
las fuerzas que debían aplicarse al bien común, á la defensa
y al esclarecimiento de la verdad revelada; pero, en el caso
presente , nos han obligado á romper nuestro silencio la mis-
ma gravedad de la materia y el deseo de evitar la difusión
de algunos errores que podrían acarrear no poco daflo á la
Ciencia y á la Religión.
f R. jiVAS pONZAl.£Z ^RINTBRO,
O. P.
Influencia de la Mujer
EN LA FAMILIA CRISTIANA (O
ÍV
DEMÁS de dar á luz y criar á sus hijos, queda aún á
la madre un tercer ministerio, que exige de ella
cuidados y sacrificios tal vez mayores, yes el mi-
nisterio de la educación. "Educar un niño, dice el ya cita-
do P. Ftílix, después de haberle formado con su sangre y
alimentado con su leche, equivale á darle á luz una tercera
vez; es el complemento de la maternidad. „ Ministerio subli-
me, que hace del niño un ángel, por la bondad moral que
realza los encantos naturales propios de la infancia; minis-
terio de incomparable grandeza, pero lleno de inquietudes y
sobresaltos. ¡Qué frutos tan ricos y abundantes pueden lo-
grar por medio de él las madres de familia!
El hombre, se ha dicho muchas veces, no es en gran
parte más que lo que su madre le ha hecho; si bueno, á ella
se debe principalmente la gloria; y si malo, ella tiene la
culpa. Esto es tan claro y evidente, que apenas necesita de-
mostración.
La primera palabra que aprende á pronunciar el niño es
(1) Véase la página 23.
116 INFLUENCIA DE LA MUJER EN LA FAMILIA CRISTIANA
la palabra madre. Esta dulcísima palabra es en todos los
idiomas que habla, y ha hablado la humanidad, la más har-
moniosa, la más dulce, la más tierna y la que más nos impre-
siona por ser la primera respiración de nuestra alma vir-
gen, el primer rayo de luz que alumbra nuestros pasos por
este valle de destierro, la prenda de salvación á que nos
acog:emos en todas las contrariedades de la vida. El niflo,
To mismo que el joven, y éste como el anciano, dejan escapar
de sus labios, al verse amenazados por algún peligro inmi-
nente, las mismas instintivas exclamaciones: ¡tmidre nüaf
jtHndre de tni ahita! No hay nada en el corazón de! hombre
tan íntimo, tan profundo y tan imposible de perderse como
el recuerdo de una madre. -;Qué habrá de misterioso en todo
esto? ¿Quién será el artífice que tan profundamente y con
tanta exactitud ha grabado en nuestro espíritu la imagen
de nuestra madre, para que no se borre jamás? Indudable-
mente que la misma naturaleza, ó, mejor dicho, el mismo
Criador que ha hecho á la madre para el hijo y á éste para
la madre, y que más fácilmente permite á los hombres ol-
vidarse de Él, que no olvidar y despreciar y maldecir á la
que les dio el ser y los llevó dentro de sus entrañas. Quien
tal hiciese, no sería un hombre, sino más bien un monstruo
incomprensible.
Pues bien; figurémonos á una madre cristiana, rodeada
de todos sus hijos, cumpliendo el más elevado y sublime de
todos sus ministerios. ¡Qué palabras tan dulces brotan de
sus labios! ¡Qué discursos tan sencillos y á la vez tan paté-
ticos dirige á sus queridos hijos! ¡Qué encanto tan particu-
lar da á todas sus expresiones! La ensefíanza de una madre,
mezclada de tiernas caricias, ejercida con la sonrisa en los
labios , y, cuando el caso lo exige , acompañada de las lágri-
mas, lleva consigo una fuerza tal, que es casi imposible se
borre jamás de la memoria. El alma del niño es como tabla
lisa, dispuesta para recibir la primera imagen que se quiera
pintar en ella. Cuando la madre toma á su cargo formar esta
imagen, ha de proceder con el fino y delicado tacto del ar-
tista que se propone hacer una obra maestra, digna de la
inmortalidad.
INFLUENCIA DE LA MUJER EN LA FAMILIA CRISTIANA 117
La primera instrucción que recibe el niño de su madre, es
la más eficaz y persistente; es la que, por lo común, decide
respecto de sus ulteriores destinos, y es también insustitui-
ble de todo punto. Dice á este propósito el erudito y elegan-
tísimo Luis Vives: ** Ningún idioma aprenden los niños más
fácilmente, ninguno conservan mejor ni usan con más natu-
ralidad que el materno, hablándolo siempre con los defec-
tos ó perfecciones con que le oyeron de boca de sus ma-
dres„. Añade el mismo autor que, cuando los moros fueron
arrojados de Valencia, llegaron á esta ciudad muchos varo-
nes de Aragón y mujeres de Lérida á poblarla; y sucedió
después, que los hijos que nacieron de padres de distinto
idioma adoptaron , ó, mejor dicho, aprendieron únicamente
el de la madre, que es el que hoy hablan los valencianos (1).
Lo que dice el sabio Luis Vives del idioma se puede apli-
car á todo lo demás. ¿Qué no logrará de sus hijos una ma-
dre cuando les habla de la Religión, dándoles á conocer á
su Padre Celestial? ¿Podrá un hijo olvidarse de quién es el
hombre á quien debe la existencia? Pues menos aun podrá
olvidarse de Dios, cuya imagen grabó en el fondo de su es-
píritu una cristiana y virtuosa madre.
Buena prueba de esto es la historia de San Agustín. Edu-
cado cristianamente por Santa Mónica, y enseñado por ella
desde la cuna á pronunciar el dulcísimo nombre de Jesús,
nunca dejó de recordarlo con alegría; y en medio de sus de-
plorables extravíos juveniles lo echaba de menos en los li-
bros de mayor atractivo para él, como era, por ejemplo, el
Hortensio , de Cicerón; del cual dice, que no le agradaba
por completo, á pesar de su arrebatadora y sublime elocuen-
cia, porque no veía allí escrita en él la palabra que tantas
(1) Nullum sermonem melius, aut tenacius discunt pueri, nullum
expressius, quam maternum: illum cum vitiis ipsis aut virtutibus , si
quid horum habet, roddunt. In Valentiam meam a Jacobo Aragoniae
rege ex Agarenorum impuritate vindicatam (quo nomine fausta est
nobis semper illius viri memoria ) in eam ergo , his pulsis , immigrare
jussi sunt frequentes viri Aragonii, et mulieres lUerdenses, a quibus
incoleretur: ex utrisque nati filii, sermonem matrum tenuerunt, eum
quem jam per plures quam ducentos et quinquaginta annos loquimur.
(De Christiana foemina , lib. ii.)
118 INFLUEN'CIA DE LA MUJER EN LA FAMILL\ CRISTIANA
veces oyó pronunciar á su santa madre (1). Esto que de sí
mismo refiere el gran Obispo de Hipona, ha sucedido y su-
cede también hoy á muchos Agustines que no lo dicen.
La educación de una madre cristiana podrá abandonarse
por algún tiempo, y sobre todo en aquellos momentos en
que el furioso huracán de las pasiones parece que impide el
sereno ejercicio de la razón; pero no puede borrarse com-
pletamente, de tal modo, que no surja más de una vez ese
recuerdo en la conciencia, ya como un halago de aproba-
ción, ya como estímulo ó como remordimiento. Pasada la
tempestad, sobreviene la calma de la reflexión; y entonces,
en medio del silencio y de la soledad bienhechora, se pre-
sentará la imagen de la madre idolatrada, modelo de virtu-
des, que era el encanto de toda la familia; echará en cara
al mal hijo el olvido en que tiene sus enseñanzas, y aun tal
vez se figure el desventurado que se aparta de él con horror
y que le maldice. ¿Será inverosímil que al pensar un hijo,
que llega á tal situación, en aquellos días que pasó embria-
gado de felicidad junto á su buena madre, se avergüence de
no ser ya digno de ella, y trate de merecer sus bendiciones
y de imitar su ejemplo?
No es otra la historia de muchos hombres. Comienzan
siendo ángeles, custodiados por la protectora solicitud ma-
ternal; se contagian luego por la influencia de las malas
compafiías; los hacen libertinos é infelices sus mal reprimi-
das pasiones, y después de una vida azarosa y llena de des-
engaños se arrepienten de lo pasado y llegan á ser prove-
chosos para sí, para su familia y para la sociedad, gracias
á la educación cristiana que recibieron sobre el amoroso
regazo de su madre. ¡Cuántas conversiones ha logrado este
solo recuerdo!
Decía Leibnitz, que "si se reformara la educación, se
íl) Et hoc solum me in tanta flag^rantia refrangebat, quod nomen
Christi non erat ibi: quoniam hoc nomen, secundum miserícordiam
tuam , Domine, hoc nomen salvatoris mei Filii tui , in ipso adhuc lacte
matris, tenerum cor meum príebiberat et alte retinebat: et quidquid
sine hoc nomine fuisset, quamvis litteratum et expolitum et veri-
dicum, non me totum rapiebat. {Con/es., lib. m. cap. 4.")
INFLUEXCIA DE LA MUJER EN LA FAMILIA CRISTIAN' A 119
reformaría también el mundo„; pero no añadió aquel gran
pensador en qué sentido debería reformarse la educación
para que el mundo marchase por la verdadera senda del
progreso que le ha trazado la Divina Providencia. Yo expli-
caría aquella frase en la siguiente forma: que las madres
cristianas se encarguen de la educación de sus hijos; que la
desempeñen con verdadero celo, usando de todos los recur-
sos con que la naturaleza las ha enriquecido, y echando
mano de todos los medios que su inmensa influencia moral
les proporciona, ayudándose al mismo tiempo de la gracia
divina que nunca falta al que la invoca con fervor y con es-
peranza de conseguirla; en una palabra, que no abandonen
á sus hijos por ninguna razón y en ninguna circunstancia de
la vida, y con eso quedarán remediados todos ó casi todos
los males que afligen A la humanidad. Además, que los va-
rones ayuden á sus mujeres en el desempeño de este sublime
ministerio, y así aparecerán generaciones amantes de todo
lo grande, y tan dignas como capaces de realizarlo.
Consultemos el testimonio elocuentísimo é infalible de la
historia, y por él se verá que en todos los pueblos en que la
mujer ha ocupado en el hogar doméstico el puesto que le
pertenece; que allí donde la mujer no es una esclava, sino la
digna compañera del hombre, allí está la verdadera civili-
zación. Indudablemente, la influencia de la mujer basta para
transformar y hacer feliz á una familia; y como la sociedad
no se compone más que de familias, de las mujeres depen-
derá en gran parte la salvación ó la ruina de las sociedades.
Al reparo de que las mujeres nada tienen que ver, ordi-
nariamente, con la legislación política de los pueblos, yo
respondería que ésta es más bien un efecto que una causa,
es una resultante de las ideas y las costumbres que en aqué-
llos dominan; y por consiguiente, logrando que los pueblos
y los que los gobiernan sean buenos, buenas serán también
las leyes. Si la justicia y piedad de los padres, según dice
Cicerón (1), se comunica por medio de los hijos á toda la
(1) En la obra titulada Sueño de Escipión, pone el orador romano
en boca de Pablo Escipión estas palabras dirigidas á su hijo Publio:
120
INFLUENCIA DE LA MUJER EN LA FAMILIA CRISTIANA
sociedad, con mayor razón se comunicará á la misma la
probidad de los legisladores por medio de las leyes. ¿Y aca-
so no entra por mucho la educación materna en el modo de
ser de los hombres que llegan á regir los destinos de una
nación?
"¡Oh, Escipión!, dice: ama la justicia y piedad, como las amó tu abue-
lo, y las amé yo tu padre; las cuales, si son grandes en los padres y
parientes, también lo serán en la patria„.
fR. fÉLIX J^ÉREZ-^OUADO,
o. S. A.
(C0H<hi*rá.)
^WfeVAVAVAYAVftV/'
;\M^swíWííw?
?^^m
i
bibliografía
ANSENISMO Y RegALISMO EN ESPA*}A. — (DaTOS PARA LA HISTO-
RIA.) — Cartas ai Sr. Menéndes y Pelayo, por el P. Manuel
F. Migueles , agustino , Profesor en el Colegio de Mari a Cristina
del Escorial.— Con las licencias necesarias. — Valladolid , imprenta
de D. Luis A. Gaviria, 18*^. —Un tomo en 4.", de 482 páginas: pre-
cio, 4 pesetas.
Como nuestros subscriptores han podido leer y apreciar las Cartas
dirigidas al Sr. Menéndez Pelayo sobre q\ Jansenismo y Regalismo
en España, aunque no los documentos comprobantes, que no se
publicaron en esta Revista, nos hemos abstenido hasta la fecha de
emitir juicio acerca de las mismas, que han salido de nuevo á luz en
forma de libro con documentos inéditos, á instancias de muchos de
nuestros lectores. Éstos saben que no tenemos costumbre de elogiar
los trabajos de nuestros compañeros de Redacción, sino que espe-
ramos á que los extraños juzguen de nuestras obras como mejor les
plazca. V así, en vez de hablar por cuenta propia, extractaremos, por
el orden con que fueron apareciendo, algunas de las críticas que
acerca de esta obra del P. Miguélez se insertaron en distintos perió-
dicos:
De El Movimiento Católico: "En la confusión que hoy reina en el
tecnicismo científico, la primera necesidad del historiador y del hom-
bre de ciencia es definir las palabras y precisar los conceptos. Esto
ha hecho el P. Miguélez, después de probar que su obra no es inopor-
tuna en la presente época, después de registrar con singular fortuna
122 BIBLIOGRAFÍA
muchos archivos y de vindicar la fuma de la Orden á que pertene-
ce, como respecto á toda madre deben hacer sus hijos. Parécenos
esta obra muy á tiempo dada íl luz, y muy dig^na de ser leída por
cuantos estudien nuestra historia civil y eclesiástica... Lo que forma
el principal asunto de este libro es el haber precisado lo que en Es-
paña se entendió por jansenismo, y haber vindicado la memoria de
muchos que llevaron entre nosotros este sambenito„.
De El Correo Español: "La justa fama de que goza la revista
agustiniana La Ciudad de Dios no necesita confirmación para el que
lea la hermosa y concienzuda obra que en forma de Cartas publicó
allí, y después ha recopilado en un tomo, el P. Miijuélez. Son las Car-
tas ésas un estudio tan interesante como ameno. La historia de Es-
pafla en el siglo pasado está muy llena de lunares y lagunas que
impiden formar un juicio exacto sobre los hombres y las cosas. Y en
ese siglo, quizá más que en muchos otros, la historia de la Iglesia
es, como pensaba Bossuet, la cifra y el resumen de la Historia Uni-
versal. Porque los sucesos y cataclismos sociales del siglo xviii, en
la lucha de los poderes seculares contra la Iglesia tienen sus raíces...
El P. Miguélez levanta el velo que encubría á los contemporáneos
aquellas miserias de nuestra patria, y con una imparcialidad y un
tino grandísimos hace ver la parte que cada uno tomó en los sucesos
eclesiásticos de entonces; explica el triste papel de la Inquisición,
convertida en rcgalista; nos revela el secreto del Concordato de 17.i3,
la cuestión del Paraguay, y, por último, la expulsión y extinción de
los jeííUítas. Ese último asunto, sobre todo, era el que mayor niebla
de pasiones tenía en derredor suyo, y ahí es donde más se aquilata
la noble imparcialidad del P. Miguélez... El autor ha hecho muy bien.
Los fueros de la Historia son sagrados, y á la verdad, siquiera amar-
gue, es preciso rendir culto. De ella es precisamente de la que tienen
menos que temer las cosas y los institutos religiosos. Ella es como el
fuego que purifica el metal fino, apartándolo de la escoria. V nada
nos repugna más en estos tiempos que el envilecimiento y la ruindad
de muchos escritores católicos, que elevan á dogma hasta las perso-
nas y las corruptelas eclesiásticas y doblan el espinazo ante todo,
convirtiendo en impecables á los hombres... Lean nuestros amigos
esa obra, y sentirán simpatía extraordinaria por el cristiano desen-
fado, la sana independencia de juicio y la vastísima erudición del Pa-
dre Manuel F. Miguélez„.
De La Ilustración Católica: "El P. Miguélez... nos ofrece en sus
Cartas un acabado estudio del movimiento de las ideas religiosas en
sus relaciones con las doctrinas científicas y con los sistemas de go-
bierno en España durante el siglo xviii... Resulta de su análisis que
en las contiendas intestinas entre las diferentes Órdenes religiosas...
se usó y se abusó del calificativo de jansenista, ni más ni menos que
se abusa hoy del de liberal... El cuadro pintado por el P. Miguélez,
BIBLIOGRAFÍA 123
no sólo ilustra acerca de la época que constituye su asunto, sino que,
como todos los verdaderos cuadros de historia, derrama torrentes
de luz para ver bien lo que sucede en nuestro iiempo, pues el hom-
bre, actor de la historia, es siempre el mismo„.
Del larjío artículo que dedica á esta obra El Nacional, entresaca-
mos los siguientes párrafos:
"En La Ciudad de Dios, revista agustiniana bien conocida, han
aparecido durante el año pasado unas Cartas con el mismo título que
va á la cabeza, las cuales pronto han llamado la atención, desper-
tando sumo interés en el mundo eclesiástico y entre todas las perso-
nas ilustradas. Reunidas en precioso volumen de 4S2 páginas con su
prólogo y buen número de documentos, han visto poco hace la luz, no
sin excitar vivísimas discusiones...
,,No todos sabrán que en el pasado siglo convino á los jesuítas til-
dar de jansenismo {\a nota entonces más infamante) á los agustinos,
y que esto encendió implacable lucha, en que apenas les dejaron de-
fenderse, y aun no terminada, cuando las tempestades políticas la in-
terrumpieron. Aunque sordamente, ahora amagaba su reproducción,
y á esto ocurre el P. Miguélez con sus Cartas.
Para comprender la importancia de su contenido, hay que tener
presente la antiquísima disputa sobre la gracia y el libre albedrío,
que produjo en los tiempos modernos dos sistemas: el de los agusti-
nos y dominicos, basado en las enseñanzas del Santo Obispo de Hi-
pona, y el llamado congrnismo, que expuso el jesuíta español Molina
(muerto en 1601) en su libro Liberi arbitrii , á quien siguieran Suárez
y toda la Compañía. Clemente VIII impuso silencio á los contendien-
tes; pero los molinistas continuaron disparando escritos y provoca-
ron una coalición de Obispos, Clero. Universidades y Órdenes monás-
ticas en la que entró Jansenio, antes que hubiera jansenismo en el
mundo; mas como él fué contrario al molinismo, y luego los jansenis-
tas pretendieron apoyar en '^n Agustín su sistema, no fué menester
más para que los jesuítas de intento arrojaran el sambenito de janse-
nismo á todos los que seguían á San Agustín, y aun tratasen de obscu-
recer y hacer sospechosa tan grande figura.
De La Época: "Publicadas en La Ciudad de Dios estas Cartas
dirigidas al eminente historiador Sr. Menéndez Pelayo, vuelven á
imprimirse, y lo merecen. Guiado el autor, según lo afirma y lo prue-
ba, por su deseo de ser imparcial, da á cada cual lo suyo y emite jui-
cios severos, pero nunca mortificantes. No es, pues, su libro, como
podían temer las gentes deseosas de escándalo, un libro de polémica
y de agresión. Pero cuanto afirma el sabio agustino está basado en
documentos de gran valor. El libro se dirige á los católicos, y tiene
por fin principal demostrar que la grandeza de España ha corrido
parejas con su amor al Pontificado: mientras no se apartó de él, la
nación española fué grande. Es éste el resultado del libro del P. Mi-
124 BIBLIOGRAFÍA
guélez; pero para llegar á él expone tal suma de datos y tan eruditos
conocimientos, que hacen de Jansenismo y Regalistno una obra única
en su género^.
Entre los periódicos que en provincias han hablado de esta obra,
citaremos solamente á La Unión Vascongada de San Sebastián, y
este párrafo, compendio de otros muchos juicios bibliográficos :
"El P. Miguélez, que ya anteriormente había dado pruebas de sus
aptitudes para el cultivo de las ciencias históricas, ha puesto el sello
á su reputación con su obra sobre e\ Jansenismo, que no sólo por la
discreción que revela y por la juiciosa crítica y copiosa erudición que
la avaloran, sino hasta por la penetración con que ahonda en el co-
nocimiento de aquella sociedad y de aquel siglo, es verdadero mo-
delo de monografías de esta índoIe„.
Prueba decisiva de que nuestro compañero de Redacción, al es-
cribir de puntos históricos tan delicados, no rebasó los límites de la
verdad y de la prudencia, es la elocuente carta que ha recibido de Su
Eminencia el Cardenal Rampolla, Secretario de Estado de Su Santi-
dad León XIII, y que dice así:
"Rdo. P. Fr. Manuel F. Miguélez, Agustino. Real Monasterio del
Escorial.— Muy estimado F*adre: Con la particular satisfacción que
siempre me causan así las tareas apostólicas como los trabajos lite-
rarios á que se dedican individuos de Institutos religiosos encomen-
dados á mi benevolencia y protección, he recibido los dos ejempla-
res que usted se ha servido enviarme de su nueva obra titulada /<?>«-
senismo y Rcgalismo en España; y conformándome gustoso con el
deseo que usted me nianiñesta en su carta de '1\ de Diciembre últi-
mo, he puesto uno de ellos en manos de Su Santidad, quedándome con
el otro. Confío en que mis múltiples ocupaciones no han de retardar-
me demasiado el gusto de leer detenidamente esa nueva obra de us-
ted; por ahora no he podido sino hojearla muy ligeramente; pero
ya he visto que viene enriquecida con importantes documentos, y
que es testimonio de esmerada diligencia y erudición.
„Esto me prueba que se dedica usted con ahinco á los estudios
históricos, lo cual no puede menos de merecer mi aprobación, pues
sabido es con cuánto interés Nuestro Santísimo Padre, desde el prin-
cipio de su glorioso Pontificado, ha tratado de fomentar los estudios
eclesiásticos; y en particular, los Agustinos de España no pueden ha-
ber olvidado los vehementes deseos que Su íSantidad consignó, en
Carta memorable, de ver transformado en plantel de sabios el insig-
ne Monasterio del Escorial , cuya custodia ha cabido providencial-
mente en suerte á los hijos de San Agustín.
„La Revista que ahí se publica, y, entre otras muchas, las obras
de usted y de sus compañeros en la Orden, dan fe de la sinceridad y
diligencia con que trata de corresponder á los deseos de Su Santidad .
„Siga usted, pues, en su noble tarea; y con usted sigan cuantos de
BIBLIOGRAFÍA 125
SUS hermanos se puedan dedicar á trabajos científicos y literarios,
sin perjuicio de las tareas apostólicas á que les obliga el glorioso tí-
tulo de hijos del Gran Doctor de Hipona.
^Sírvale de aliento en sus estudios la Bendición Apostólica que el
Padre Santo le envía, y no dude usted de la particular benevolencia
con que le distingue su afectísimo Protector que le bendice y b. s. m.,
M. Card. Rampol la. —Roma 3 de Enero de 18%.„
JosEPHi Fessler quo.ndam Episcopi S. HippoLYTi Institutiones Pa-
TROLOGIiE QUAS DENUO RECENSUIT , AUXIT, EDIDIT BeRNARDUS JuNG-
MANN...— Tbw/ II parsaltera.—Gíniponte, ÍH96.—Apud Fr.Pustet.
Nadie ignora la importancia capital de la Patrología en los estu-
dios eclesiásticos; y como el conocimiento de las obras de los Santos
Padres, adquirido por la lectura directa de las mismas, no es asequi-
ble á la mayor parte de los Sacerdotes, se hace necesario compen-
diar la riqueza de doctrina que aquéllas contienen en libros como el
excelente de Fessler, corregido y aumentado por el sabio Canónigo
lungman.
Va hemo^. hablado de él en otra ocasión (vol. xxni, p<1gs. 530-31),
y al juicio que entonces publicó La Ciudad de Dios remitimos á nues-
tros lectores, advirtiendo sólo que el presente volumen trata de los
Santos Padres que impugnaron los errores de Nestorio y de Euti-
quies, y lleva un Apéndice acerca de los Padres y Escritores ecle-
siásticos sirios y armenios de los siglos v y vi, debido á T. J. Lamy,
Profesor de Lengua siriaca en la Universidad de Lovaina.
Nourrisson , memore de I' Instituí. —Volt aire et le volterianisme.
Parts, P. Lethielleiix , libraire-editeiir, 10 rué Cassette , 1896. —
Un volumen en 4."', de 670 páginas.
La falsa historia que ha intentado rehabilitar la memoria de tantos
monstruos sanguinarios como abortó la revolución francesa de ñnes
del siglo xviii, no podía menos de adular al hombre que más eficaz-
mente contribuyó á preparar aquel espantoso cataclismo, cuyas con-
secuencias está experimentando todavía la Europa entera. El pa-
triarca de Ferney ha sido y es, para muchos ilusos, un personaje
completamente distinto de lo que fué en realidad; y de ahí la conve-
niencia del libro que anunciamos, escrito con sujeción á un criterio
imparcial, no á favor ni en contra de Voltaire, sino solamente cerca
de Voltaire.
126 BIBLIOGRAFÍA
El laureado expositor de La Filosofía de San Agustín y La Filo-
sofía de Leibnitz estudia la vida, el car.lcter, las obras y la influen-
cia de Voltaire á la luz de documentos irrecusables, empleando un
método escrupulosamente analítico que coloca ante los ojos de los
lectores todos los datos necesarios para que por sí mismos puedan
pronunciar el lallo definitivo. Los más cieg;os idólatras de \'okaire
no tendrí'in derecho á objetar nada contra el diligentísimo bió>írafo
porque de sus investiíjaciones se deduzca, como se deduce, que el
autor de La Pncelle fué un mal hijo, un ser degradado por las más
viles pasiones, cínico en sus costumbres, traidor ti sus amigos y á
su patria , hipócrita y avaro, insoportable en su trato hasta para quie-
nes le admiraban fervorosamente, según se demuestra con el ejem-
plo de Federico II de Prusia; cortt-sano abyecto de este monarca, de
Luis XV', de la Pompadour y de Catalina II; alma vil é incapaz, no
sólo de practicar las virtudes, sino de comprenderlas en los demás.
El talento de Voltaire se distingue por su carácter negativo y demo-
ledor: de ahí la inconsistencia y vulgaridad de sus teorías sobre los
grandes problemas relativos al origen de las ideas, á la naturaleza
del alma, á la libertad, á los atributos de Dios, á la moral y la polí-
tica; teorías que amplía y razonadamente expone el Sr. Nourrison
en la segunda parte de su obra.
No faltará quien eche en ella de menos las apreciaciones sintéti-
cas que sólo aparecen de cuando en cuando, si se prescinde del epí-
logo ó conclusión; pero es indudable que el procedimiento seguido
por el autor, aunque perjudique algún tanto á la elevación y brillan-
tez del estilo, hace que la verdad de los hechos hable por sí misma
con irresistible elocuencia, produciendo en el ánimo una convicción
más profunda que la que puede conseguirse con las galas del arte.
Orígenes de la Masonería, por NicoldsSerra y Caussa, Presbítero.
México, José Joaquín Terrazas é hijo, impresores, 1894. — Un vo-
lumen en 4." de 424 páginas.— De venta en la Librería Católica,
Pino, f), Barcelona.
No se puede negar que el Sr. Serra y Caussa ha estudiado muy
detenidamente la mayor parte de las obras que se han escrito acerca
de los orígenes de la Masonería, ni que sabe utilizar los datos histó-
ricos y discurrir con sutileza para llegar á las conclusiones que de
ellos se desprenden; pero nos parece que faltan pruebas para acre-
ditar la autenticidad de algunos documentos invocados por el autor, y
que el fondo anticristiano de la Masonería, y la forma en que apare-
ce organizada en los últimos tiempos, son dos cosas que importa se-
BIBLIOGRAFÍA 127
parar bien, para no confundir lo que hay de común entre aquélla y
otras sectas con lo que tiene la primera de exclusivamente propio y
característico. El Sr. Serra y Caussa va refutando los sistemas que
colocan los orígenes de la misma en el siglo xvii, en el xvi con los so-
cinianos, en el xiv con los templarios, ó en fechas anteriores de la
era cristiana con los maniqueos, y se remonta hasta el judaismo
gnóstico , en el cual se encuentran ya, según el Presbítero mexica-
no, las doctrinas, los abominables secretos, la hipocresía y todos los
caracteres de la impiedad masónica. No disponemos de espacio sufi-
ciente para discutir las múltiples cuestionen que con amplitud trata
el autor de Los urigeues de In Masonetl/i , y así nos contentaremos
con decir que la obra es instructiva é interesante, y lo sería niíls si
no predominara en ella un tono humorístico exagerado y algo impro-
pio del asunto.
Doctorado de Santa Teresa de Jesús y de San Juan de la Crlz.
Escritos respectivamente premiados, el primero en el certamen li-
terario celebrado en Avila en Octubre de 1894 , y el último en el
celebrado en Segovia en Noviembre de 1S91 ,con ocasión del tercer
centenario del extático Doctor , por el Rdo. P. Fr. Eulogio de San
José , Carmelita Descalzo, Ex-Dejinidt.r de la Orden y Director de
la Revista CarmelitanoTeresiana S.ax Juan de la Cruz. — Con un
prólogo del muy ilustre Sr. Ldo. D. Casimiro Erro é Irigoyen,
Dignidad de Chantre de la S. I. C. de Zamora.— Con licencia de la
Autoridad eclesi.lstica. — Córdoba, imprenta y librería de El Dia-
rio, 18%.— Un volumen en 4.° de 222 p.igs.
Demostrar que las dos lumbreras del Carmelo reúnen todas las
condiciones necesarias para ser declarados Doctores de la Iglesia,
es el objeto de este libro, que forman los tr;ib.ijos premiados en los
certámenes de Ávila y Segovia. Hecha la división que encierra el
tema siguiente, propuesto por el Sr. Obispo de Ávila: 'Santa Teresa
de Jesús, considerada como Doctora, en sus relaciones con los teó-
logos místicos de su época y siglos posieriores„, comienza el autor
la primera parte, señalando las notas de que debe hallarse revestido
el que ha de ser honrado con el título de Doctor de la Iglesia, que
son: eminente doctrina, insigne santidad y solemne declaración
Pontificia. Sin detenerse á probar, por ser bien reconocida de todos,
la sublime santidad de la gran heroína española, pasa <1 hacer un li-
gero estudio de sus inmortales obras , fijándose especialmente en el
nunca bien ponderado Libro de las Ajoradas, que la Santa escribió
por mandato del mismo Dios; resuelve las dificultades que pudieran
ponerse en contra de su tesis, y termina diciendo que sólo falta la so-
128 BIBLIOGRAFÍA
lemne declaración Pontificia para que la Reformadora del Carmelo
pueda ser llamada Doctora de la Iglesia en toda la extensión de la
palabra. No podemos menos de notar aquí la inexactitud en que in-
curre el P. Paulino Alvarez, citado en el prólogo por el Sr. Erro,
al afirmar que no hay un decreto que declare el Doctorado de San
Agustín y San Ambrosio: más acertado estuvo en este punto el eru-
dito autor, que consigna hasta el aflo en que fué expedido.
La segunda parte es una verdadera disertación teológico-mística.
En ella se remonta el autor hasta los orígenes de esta divina ciencia;
establece sus múltiples divisiones y objetos para deducir quiénes
merecen ser llamados Teólogos místicos, y las relaciones que exis-
ten entre los que brillaron en los tres últimos siglos y la gloriosa
Reformadora.
El segundo escrito, que no cede en mérito al primero, tiene con
éste suma afinidad y va encaminado á demostrar que San Juan de la
Cruz posee en grado eminente todos los requisitos necesarios para
ser coronado con la aureola de Doctor de la Iglesia.
De la Fe católica. Vida y Corona del Justo, por el Obispo de Sa-
/am«wc<?.— Salamanca, imprenta de Calatrava, 18%.— 8." de xii-25
páginas.
Entre las relevantes dotes que engalanan los escritos del Exce-
lentísimo P. Cámara, resalta siempre, en primer término, la singu-
lar novedad con que acostumbra á tratar los asuntos más vulgares,
revistiéndolos así de excepcional interés. En este librito expone, con
hermosa sencillez é inimitable claridad, lo natural y necesaria que
es al hombre, desde su infancia, la fe, hasta para aquello que consti-
tuve el objeto adecuado de nuestras potencias y sentidos. De aquí la
necesidad de dar asentimiento á las verdades del orden sobrenatu-
ral que el Señor ha tenido la bondad de revelarnos, y cuyo depósito
confió á la Iglesia, norma segura é indefectible de todas nuestras
creencias.
Nadie más inconsecuente que los incrédulos en materia religiosa.
"Muchos, dice el filósofo español, no quieren fe, ni aun religión, ¡y la
fe abunda tanto, aun en las ciencias !„ V el P. Cámara, sabiamente
añade: "aun en las cosas más ordinarias de la vida, sin ella no pros-
peran los individuos ni se desenvuelven las sociedades^.
BIBLIOGRAFÍA 129
Archivo del bibliófilo filipiso.— Recopilación de documentos his-
tóricos, cient i/icos, literarios y políticos, y estudios bibliográficos,
por W. E. Retana. — Tomo i.— Madrid, 1895. (En casa de la viuda
de M. Minuesa de los Ríos, calle de Miguel Servet, núm. 13.)—
8.", de 504 págs. en conjunto.— Cada uiio de los trabajos colecciona-
dos tiene portada y paginación propia.
Archivo del bibliófilo filipino.— Tomo ii.— Madrid, 18%. (En casa
de la misma.)— 8.**, de 5.S6 pílgs. en conjunto.— Lo demás como en el
primero.— Precio de los dos tomos: 4 y 6 pesetas respectivamente.
He aquí las primeras muestras de una obra que por su carácter,
por su objeto y contenido está llamada á encauzar y fomentar los es-
tudios de todo género referentes á nuestras Islas filipinas, al mismo
tiempo que salvará de injusto olvido, y acaso de irremediable pérdi-
da, multitud de trabajos parciales, de sumo interés para los futuros
investigadores. El autor nos dice en los siguientes párrafos del pró-
logo general que precede al primer tomo de la colección, cuáles ha-
yan sido los móviles que le han impulsado y cuál el plan de la obra,
que, hasta cierto punto, puede llamarse nueva en su género; '"Ser-
vir á los que, deseosos de estudiar en las fuentes primitivas deter-
minados asuntos filipinos, no pueden verificarlo, sin embargo, por-
que no les es dable trasladarse á Europa, en algunos de cuyos archi-
vos y bibliotecas existen esas fuentes, que á través de los años han
llegado á desaparecer del país donde tuvieron origen; poner al
alcance de todas las fortunas la copia fiel de papeles preciosos, por
su rareza ó por su indiscutible utilidad; sacar del polvo en que ya-
cen manuscritos de interés, y darlos á luz para provecho de todos;
lanzar al campo de la controversia datos nuevos que puedan con-
tribuir á la resolución de las cuestiones pendientes aún de fallo de-
finitivo entre historiadores, geógrafos, lingüistas y, en general, en-
tre todos aquellos que cultivan cuanto se relaciona con los países del
Extremo Oriente donde España ha ejercido ó continúa ejerciendo
más ó menos influencia; contribuir á que no queden inéditos traba-
jos estimables de autores contemporáneos que, por una ú otra cau-
sa;, no pueden dar á la imprenta el fruto de sus estudios; fomentar
la afición á la Bibliografía filipina, por ser éste el mejor medio de
patentizar lo que allí la inteligencia ha producido y lo que aquí se ha
trabajado en obsequio de aquel pedazo de España: tales son los mó-
viles que principalmeiite me han impulsado á fundar el Archivo 6
Recopilación, que comienza en el presente volumen„. El Sr, Retana
nos dice luego que se hará mal en juzgar de su empresa por uno ó dos
volúmenes, toda vez que el plan de la misma es tan variado como
complejo.
En realidad, y salvo el parecer del autor, basta la muestra para
comprender la grandísima importancia y utilidad de su obra: los
9.
130 bibliografía
aficionados á estudios filipinos pueden felicitarse de tener reunidos
en esta colección multitud de trabajos dispersos de muy difícil adqui-
sición y no menos difícil consulta, y de que se les proporcione medio
sencillísimo de dar publicidad A monografías especiales sobre de-
terminados puntos históricos ó científicos no bien dilucidados, y así
desaparecen los dos principales obstáculos con que seguramente han
tropezado hasta ahora cuantos han escrito acerca de estos asuntos.
No es decible lo que ganarían los trabajos de erudición si estas em-
presas se generalizasen. Cuando vemos, con la aparición de un do-
cumento inédito ó de una relación antigua y desconocida, llaquear
edificios al parecer bien cimentados, preciso es reconocer la utilidad,
ó más bien la necesidad, de trabajos previos que, como eí del Sr. Re-
tana, presten los materiales indispensables para la historia.
Con gusto haríamos una resefla del contenido de ambos tomos, si
los límites de esta simple nota bibliográfica lo consintiesen. Baste,
sin embargo, decir que en uno y otro encontrarán los historiadores,
los geógrafos, los filólogos y naturalistas preciosos documentos para
sus estudios, y que las relaciones ó memorias antiguas llevan un sello
tal de autenticidad que dejan plenamente satisfechos los deseos del
más exigente bibliófilo. Al final de cada U!io de los volúmenes que
han de constituir la colección, prop(')nese el Sr. Rctana consignar en
forma breve, y conforme á un sistema nuevo, los copiosísimos datos
hasta ahora reunidos sobre la Bibliografía general filipina, como me-
dio más práctico para llegar al conocimiento perfec'.o de la historia
y cultura españolas en todo lo que dice relación con nuestras pose-
siones del txtremo Oriente.
Fiestas DE TOR08 e.n Filipinas.— .í4r//<:///o por W. E. Retatia.— Ma-
drid, ls% (al/in). Tirada de ochenta cuerpos, hecha á beneficio de
las formas compuestas para La Política de tspaiía en Ft/ípinas,
en cuyo número 127, del día 17 de Diciembre de 1S*»5, se publicó este
trabajo. — Madrid: imprenta de la viuda de M. Minuesa de los Ríos.
Miguel Servet, 13. Teléfono 651.— Treinta páginas en S.", más 1 s. n.
para la nota final y el pie de imprenta, más 1 en b.
No hay para qué recomendar al público el presente folleto: segu-
ramente que los aficionados á estas curiosas é interesantes bagatelas
se han repartido ya entre sí los ochenta ejemplares de la tirada,
guardando el librito con religioso esmero en los respectivos arma-
rios. Aunque escrita de prisa, según confiesa su autor, puede, no obs-
tante, la monografía que anunciamos dar una idea clara de lo que
han sido y son en Filipinas las tan célebres y características fiestas
BIBLIOGRAFÍA 131
españolas. Los datos que ha podido reunir el Sr. Retana van conden-
sados en forma de carta dirigida al Sr. Conde de las Navas, que ha
hecho profundos estudios y reunido gran caudal de noticias sobre la
materia.
Mando del general Weyler e.v Filiplvas, 5 Junio 1888-17 Noviem-
bre 1891: Apuntes v documentos para la historia política, admi-
nistrativa Y MILITAR dk DICHAS ISLAS , poY D. W. E. Retana, con
un prólogo de D. Arcadio /?oí/íí.— Madrid, 18%.— En 8.**, de 437 pá-
ginas. — Precio, 4 pesetas ejemplar.
No es la historia antigua de Filipinas el campo exclusivo donde el
Sr. Retana ejercita su actividad: también conoce como pocos su
historia contemporánea, y de ello es bien clara prueba, entre otras
muchas, la presente obra. Tal cúmulo de datos aporta en ella el au-
tor, que indudablemente bastarán á disipar las acusaciones propa-
ladas contra el gobierno del general D. Valeriano Weyler en Fili-
pinas por "sus émulos, envidiosos y desocupados^. Con arreglo á la
más estricta justicia, é invocando la autoridad de hechos y documen-
tos oficiales que no dejan lugar á réplicas ni dudas, se demuestran
aquí las mejoras que el Marqués de Tenerife introdujo en todos los
ramos de la Administración política y militar del Archipiélago, y los
descuidos y abusos que reprimió con mano vigorosa.
Además de los méritos apuntados, tiene la presente obra el de la
actualidad; porque, ahora que están puestas en el general Weyler las
esperanzas de todos los buenos españoles para la solución del proble-
ma cubano, importa sobremanera dar á conocer la historia de sus
triunfos políticos y militares.
Otras publicaciones. — Crtr/a pastoral que el Excmo. é limo. Se-
ñor Dr. D. Juan Muñoz Herrera , Obispo de Málaga, dirige d sus
muy amados diocesanos cotí motivo de su próxima entrada en la ca-
pital de la íí/tícé's/s.— Málaga, imprenta de A. Gilabert, 18%.— En 8.*^,
de 43 páginas.
—P.José Antonio María de la Iglesia. — Flores de Mayo, ó Mes de
María, en prosa y verso.—Segunda edición. Con las licencias nece-
sarias.— Precio, 1,50 pesetas rústica, y 2 en tela con plancha.— Ma-
drid, 18%, librería religiosa de Enrique Hernández, calle de la Paz, 6.
En 16.°, de 860 páginas.
Rf.vísta Cikntífica
t« flrbrr ¿rm Mlrniprr |if>rj(i«llcinl t« Ioh rnfrrniOH? — El
Ur. L. Mcnard publica en ti Cosmos un irabajiío acerca del
particular, sobremanera curioso é interesante, y que voy .1
dar ;'i conocer Á los lectores de La Ciudad dk Dios en casi su tota-
lidad.
Todos sabeinos, y los médicos mejor que nadie, la diferencia que
hay en el tratamiento de una misma enfermedad, según que el mé-
dico protese estas ó aquellas ideas, tenga predilección por este ó
aquel sistema, hasta el punto que. en vista de tanta confusión, algu-
nos se afilian al más cómodo desde luego y, en muchos casos, el más
racional y práctico: al sistema cxpecttintc. Hxistía un médico viejo en
Montpeilier, que aplicaba á los pneumoniacos la sangría. Sus hijos
siguieron en París la misma carrera de su padre, y, al regresará
casa, trataron de persuadirle de que la sangría no era conveniente
para los pneumoniacos , y que el medicamento indicado en esta afec-
ción era el antimonio. En la inleligenciadel buen padrehicieron mella
las razones de los hijos, pero no quedó plenamente convencido. Así
es que. cuando después se le presentaba algún caso de pneumonía,
ni se atrevía á aplicar la sangría ni el antimonio, y se contentaba con
repetir muchas veces: "mis hijos me han echado á perder„, saliéndo-
se sin recetar al enfermo. Con no pequeña admiración suya, observó
que muchos de los enfermos mejoraban visiblemente, sin más medi-
camentos que sus proverbiales palabras.
Hoy, las dos medicinas que tenían perplejo al médico de Montpe-
ilier, bien puede decirse que han pasado de moda , tanto la una como
la otra, y que la abstención de todo medicamento ha producido mu-
REVISTA CIENTÍFICA 133
I
chas curas. Parece demostrado que la pneumonía ordinaria liene una
tendencia espontánea á la cura, y que, por consiguiente, el oficiodel
médico ha de reducirse á moderar ó combatir ciertos síntomas pre-
dominantes, que varían según los casos.
La fiebre es el síntoma más saliente, el de más fácil observación
y medida desde que se usan los termómetros clínicos, y quizá tam-
bién el que por mayor número de medios distintos se ha combatido, co-
nociéndose en la actualidad muchísimos medicamentos antifebriles.
¿Es conveniente siempre hacer desaparecer la fiebre de los en-
fermos? Á esta pregunta apenas hay hoy quien dude en contestar
afirmativamente; y, sin embargo, los últimos trabajos en esta mate-
ria parecen demostrar lo contrario.
Cuando un elemento infeccioso se introduce en el organismo, ya
proceda de un microbio, ya de otro elemento cualquiera, es preciso
ó que se destruya ó se elimine dicho elemento, á no ser que la natu-
raleza se habitúe á aquel estado. La elevación de temperatura que
lleva consigo la fiebre es uno de los medios empleados por el orga-
nismo para oxidar, quemar en cierto modo, y destruir los principios
tóxicos existentes en los tejidos Ahora bien; propinar al enfermo
una medicación que atenúe la fiebre , equivale á despojar á la natura-
leza de las armas que posee para deshacerse de la causa infecciosa
que le perturba; y por consiguiente, lejos de ser ventajoso combatir
la fiebre en determinados casos, resulta notablemente perjudicial.!
En prueba de esto, pueden citarse las experiencias realizadas por
el Dr. Chinesse últimamente. Este médico inoculó á varios conejos
de Indias con un cultivo virulento, apareciendo en seguida la fiebre
en los animalitos. Les propinó á algunos un medicamento para com-
batir la fiebre, dejando á los restantes con ella: los primeros morían
todos, y los segundos salvaban en su mayor parte; es más: si á los
que se habían enfriado por medio del medicamento se les elevaba la
temperatura, colocándolos en estufa, todavía algunos salvaban.
Bueno es que estas noticias y experiencias se tengan en cuenta
por los médicos.
Prorediiiiieiitoíji eiupleadoM para la labriearióii «le la iiiar-
icarina.— Qué sea la margarina, de dónde se obtiene y cuáles son sus
aplicaciones, sábelo todo el mundo de una manera científica ó de al-
gún modo práctico: limitémonos, pues, á indicar los diversos proce-
dimientos que se emplean pava su obtención en las fábricas más acre-
ditadas.
La fabricación de la margarina constituye una industria favorable
en alto grado á la agricultura y á la cría de ganado, porque la leche
entra en proporción considerable como primera materia.
134 REVISTA CIENTÍFICA
La marg^arina no goza del favor del público en general, porque la
considera como un producto de calidad inferior á la manteca ó como
una falsificación de ésta ; algunos creen que se obtiene con grasas de
deshecho ó residuos de matadero, de animales muertos, etc., etc., lo
cual es completamente inexacto, puesto que la margarina se prepara
con ingredientes tan puros y saludables como cualquier otro producto
alimenticio. Que no se venda por manteca, que ni siquiera se la com-
pare á ella si es de buena calidad, nada más justo; pero también es
cierto que la margarina est.l llamada A prestar grandes servicios á
la clase obrera ó poco acomodada, por sus cualidades alimenticias,
análogas A las de aquélla, y por su precio bastante inferior.
Existen grandes fábricas de margarina, entre las cuales citaremos
hoy la de Mr. Otto Monsteel, de Southall, cerca de Londres, cuyas
condiciones de pulcritud, aseo y limpieza son tales que nada tendría
que oponer á ellas, no ya el público, sino el higienista más escru-
puloso.
En efecto; la luz y ventilación abundantísimas, la blancura del te-
cho, suelo y paredes, el traje de los operarios, que es de dril, facili-
tado por la misma fábrica, en la cual se lava siempre que conviene;
todo predispone el ánimo del visitante en favor del establecimiento
y de sus propietarios, que han sabido imprimirle tal organización.
El suelo de la fábrica ocupa una superficie de 647 áreas; y aunque
de ellas sólo una pequeña parte esté edificada, todos los departamen-
tos son espaciosos. La mano del obrero jamás toca las materias em-
pleadas en la fabricación, pues circulan todas de un departamento á
otro por mecanismos automáticos. El agua es también abundantísi-
ma: existen treinta y dos fuentes que arrojan 45.000 litros por hora.
La preparación de la margarina no puede ser más fácil: he aquí
todo el secreto. Las primeras materias son la oleo-margarina, el acei-
te de nueces y la leche. La primera de estas tres materias no es más
que la grasa de buey desprovista por presión de la estearina insolu-
ble, y procede directamente de los grandes mataderos, envasada en
barriles ó en panes, que luego se desmenuzan con palas de madera.
Los trozos se echan en vasijas que tienen doble fondo con un espacio
para la circulación de agua caliente, y que están provistas de agita-
dores mecánicos que deshacen los grumos, mientras la grasa se fun-
de. Las impurezas suben á la superficie y se recogen á medida que
van apareciendo.
El aceite vegetal no necesita ninguna preparación especial, y se
conserva en aljibes hasta el momento de su empleo.
La leche se recibe diariamente en la fábrica por ferrocarril, en
cantidad de 22.000 litros todas las mañanas, cuando la producción al-
canza á cincuenta toneladas. Se coloca en cubas, desde las cuales
pasa, por canales abiertos, á unos recipientes que la calientan un
poco hasta que sufre una ligera coagulación.
REVISTA CIENTÍFICA 135
La oleo-margarina, el aceite y la leche, algo cuajada, se echan
en grandes cantidades en recipientes apropiados, de paredes dobles
y provistos de agitadores de vapor que mezclan y revuelven la masa
líquida hasta que adquiere cierta consistencia. La margarina sólo se
parece á la manteca en el color, que , como el de esta última, es en
parte artificial y más ó menos subido, según el gusto de los diferen-
tes mercados.
Una de las cualidades características de la manteca es un grano
especia] ; y para dárselo también á la margarina, en lugar de verter
el líquido en moldes y dejarlo enfriar en ellos, lo que le daría tan sólo
el aspecto de panes de grasa solidificada , se hace caer en chorro muy
delgado sobre otro chorro de agua fría. La grasa se solidifica en se-
guida, adquiere estructura granulosa y se^recoge en unos depósitos
revestidos interiormente de azulejo blanco, en donde se termina la
elaboración.
La grasa que sobrenada en la superficie del agua tiene el aspecto
de copos ó polvillo de color de oro pálido, que los obreros recogen
con palas de madera y ponen á escurrir durante dos horas en carri-
tos también de madera. Luego se traslada á unas mesas de trabajo
circulares, de gran diámetro, donde sufre la primera preparación,
amasándola con sal; y, finalmente, pasa á otras máquinas que com-
pletan el trabajo. Al salir de estas máquinas la margarina, puede re-
ducirse á panes ó envasarse en cuarterolas ó latas. Aunque se fabri-
can margarinas de diversas clases, todas tienen su color distinto del
de la manteca y un sabor agradable al paladar.
Contiene esta fábrica tres calderas de hervidores con purificador
automático; dos máquinas Compound de condensación y expansión,
sistema Coliman; cuatro compresores de amoníaco; cuatro dinamos
y una batería de acumuladores. Por aquí se puede colegir algo de la
importancia de esta fábrica, la primera del mundo en su género, y tam-
bién la más acreditada. Si, tomándola por modelo, se construyen otras
con el mismo objeto, no tardará en ser la margarina el artículo más
importante de la industria.
"f^^-^^-if-^-i^r^^^^^}^.^
•-^^^^^^^lí^^^
Revista Canónica
V>^*^obre la facultad de los rogiilaros para oir confosionos y pre-
Cjc-*o« dicar. — Según los c.lnoncs, que actualmente subsisten en su
vigor primitivo, para predicar lícitamente y oir con autoridad legí-
tima las confesiones de los cristianos es condición imprescindible
obtener la aprobación del Obispo, ya expresa, como la que se conce-
de verbalmente, ó tn inscriptis; ya implícita, como sucede general-
mente cuando se recibe un título ó beneficio que lleva anejas aque-
llas facultades. "Aunque los Sacerdotes, dice el Concilio Tridenti-
no (1), reciban en la Ordenación la facultad de absolver los pecados,
dispone no obstante el Santo Concilio que ningún Sacerdote, aun re-
gular, pueda oir las confesiones de los seculares, como tampoco de
los¿Sacerdotes , ni creerse capaz de poderlo hacer si no tiene un bene-
ficio con título y cura de almas, ó si no lo juzgan idóneo los Obispos,
ni tiene su aprobación. „
Con respecto á los regulares, es indudable, y en ello convienen
todos los teólogos, que en virtud de las prescripciones del Tridentino
y de Inocencio XII quedaron anulados en gran parte los privilegios
que habían obtenido de muchos Papas. En la disciplina actual de la
Iglesia puede afirmarse, como regla general, que si bien hoy, como
en otros tiempos, reciben directamente la jurisdicción del Papa, ne-
cesitan, sin embargo, para oír en confesión á los seculares, de la
aprobación del Ordinario, al cual, como dice Lehmkuhl, no es lícito
negarla sin causa razonable. Son innumerables los decretos que para
(i) Sess. 23 , cap. 15.
REVISTA CANÓMCA 137
remediar las arbitrariedades de los Obispos y cohibir las vejaciones
que algunas veces ejercieron sobre ciertas Comunidades religiosas
han emanado en ocasiones diferentes de las Congregaciones Roma-
nas (1). Clemente X fué quien circunscribió de una manera más es-
tricta y mejor definida la potestad de los Obispos en orden á la apro-
bación de los regulares. Según las palabras de la Constitución Su-
perna, no puede el Ordinario retirar á todos los confesores de un
convento las facultades para oir en confesión, sin consultar á la Sede
Apostólica. El caso que A continuación insertamos esclarecerá segu-
ramente los principios por que se rige la disciplina actual, y nos su-
ministrará un ejemplo de la conducta que ha de observarse en oca-
siones análogas.
En Marzo de 18^U, la Sagrada Congregación de Obispos y Regula-
res declaraba nulo el decreto del Obispo deSaint Dié (Francia) en que
se constituía como Párroco efectivo de la iglesia de Mattencurt (Mat-
taincourt) á Mr. Marchal, con exclusión de los Canónigos regulares
de San Juan de Letrán, quienes reclamaban sus derechos, fundados
en el contrato bilateral habido en 1878 entre la Corporación y el Obispo
entonces existente en Saint Dié, y aprobado por la Sagrada Congre-
gación en el mismo año. Habían motivado aquel convenio las perse-
cuciones sufridas en Francia por las Comunidades religiosas, y que
redujeron casi á la extinción á los Canónigos de San Juan de Letrán.
Esto hizo que el Obispo de Saint Dié llamase á aquellos Religiosos, y,
mediante un convenio mutuo, erigiesen, con todas las solemnidades
del Derecho, la nueva casa é iglesia parroquial de Mattencurt en Aba-
día de los Canónigos regulares , quienes , sin perjuicio de cumplir con
las obligaciones de su instituto, tenían que servir ó administrar la
parroquia.
No tardó en hacerse sobremanera gravoso el contrato. En vista de
las perturbaciones que en 18S0 originaron las leyes del Gobierno
francés contra las órdenes religiosas, y de las dificultades consi-
guientemente creadas para la presentación de un Religioso á la apro-
bación del Gobierno, aparte de otras múltiples causas que no es del
caso enumerar, la intervención de los Canónigos en los asuntos de la
Iglesia se hizo casi imposible, tanto más cuanto que el mismo Ordi-
nario fué quien más eficazmente contribuyó á despojarles del cargo
parroquial , por medio de recursos al Gobierno y de acusaciones in-
dignas, que trajeron consigo la expulsión de los Religiosos; después
de lo cual, ya el Obispo se creyó autorizado para nombrar un Párro-
co efectivo, como lo nombró, por un decreto promulgado en Julio
de 1891 , atropellando derechos y quedando los Canónigos regulares
sin licencias para oir confesiones en la diócesis. Este decreto, como
(i ) Collectanea in usum Secretaria Sac. Congr. Episcop. et Regul. cura etc.—Bizzardi
edita, 1885.
138 REVISTA CANÓNICA
dijimos, fué anulado en Marzo de 1894, y en virtud de la anulación,
el derecho de los Canóni>i;os fué reconocido, nombrándose un Admi-
nistrador para servir á la parroquia, mientras á los Religiosos se lo
impidieran las circunstancias anormales en que se encontraban las
Congregaciones.
En cuanto á las licencias para confesar, el Procurador general de
los Canónigos regulares acudió á la Sagrada Congregación pidien-
do se les restituyesen aquellas facultades de que indebidamente ha-
bían sido privados. Para ello alega el derecho común elemental , que-
brantado por el Ordinariti con sus disposiciones evidentemente injus-
tas, y que deja A la consideración de los Hmmos. Prelados.
Por el contrario, el Obispo de Saint Dié, informado de) recurso
que los Religiosos elevaron á la Congregación, sostiene que su con-
ducta no puede censurarse en justicia. Acata el decreto de 18^4, y en
su virtud reconoce el derecho de los Canónigos sobre la parroquia de
Mattencurt; pero cree inoportuno y perjudicial concederles licencias
de confesar y predicar, y se apoya en las siguientes razones: 1.* No
debe en conciencia un Prelado conceder una aprobación que más ó
menos ha de ceder en perjuicio de los fieles; y si las licencias que se
exigen fuesen concedidas, traerían indudablemente consigo grandes
escándalos en la parroquia, por las contiendas que tienen que surgir
necesariamente entre el Administrador secular y los Canónigos re-
gulares, cuyos intereses, como es notorio, están en relación inversa.
2.* El Concilio Tridentino, dice el Obispo de Saint Dié, favorece y con-
firma este mismo derecho en aquellas palabias: "Ningún Sacerdote,
aunque sea regular, puede oir las confesiones de los seculares si no
tiene en posesión un beneficio parroquial con cura de almas ó le falta
la aprobación de los Obispos„. Es opinión común entre teólogos y ca-
nonistas que el Sacerdote que tuvo, pero ya no tiene, un beneficio pa-
rroquial, necesita de la aprobación del Obispo, y la misma ley sino-
dal de la diócesis establece que el Párroco, perdido el beneficio pa-
rroquial, pierde con él la aprobación para oir confesiones; luego las
quejas del Procurador general no merecen ser atendidas, porque acu-
san una privación que no ha existido, y que, por tanto, mal pudo ser
injusta. Solamente cabe afirmar que, cesando el ejercicio del minis-
terio pastoral, cesaron con él las facultades de confesar y la aproba-
ción adquirida, no por un acto positivo del Ordinario, sino por la co-
lación del beneficio parroquial, en el que va incluida. Siendo, pues,
cierto que ios Canónigos regulares, al ejercer el cargo de Párrocos
ó \'icarios en la diócesis de Saint Dié, nunca fueron sometidos á exa-
men, y que recibieron la aprobación dependientemente del ministe-
rio sagrado, en vano reclaman el derecho de confesar y creen injus-
tas las determinaciones del Obispo. 3.* Si á esto se opone, prosigue
el Prelado de Saint Dié, que los Religiosos conservaron sus derechos
á la parroquia desde el solemne contrato de 1878, conforme á la res-
REVISTA CANÓNICA 139
puesta de la Congregación, y que en consecuencia no perdieron real-
mente la aprobación, ¿por qué ahora la exigen? ¿por qué chaman que
se les ha despojado de ella injustamente? 4.* Muchos canonistas, en-
tre los cuales merece especial mención el Cardenal De Luca, afir-
man que no puede privarse al Párroco de la aprobación para oir
confesiones, á no ser que se le substraiga el oficio ó se le suspenda;
porque la aprobación no procede inmediatamente del Obispo, sino de
la Iglesia: por tanto, si la aprobación va unida al ejercicio del minis-
terio parroquial, con él debe extinguirse, y en este caso no puede
afirmarse, sin notable error, que se despoja de las licencias para
absolver á los fieles al que deja el ministerio sagrado de la cura de
almas.
Á todas estas razones que el Obispo alega, las cuales, como se ve,
están fundadas en los hechos, debe contestarse que, ateniéndonos á
los principios del Derecho actual y según el testimonio unánime de
autorizados canonistas, no puede negar el Obispo, ni á todos los Reli-
giosos en general ni á los de un Instituto determinado, la facultad
de oir confesiones y predicar en la diócesis. Si el Obispo alguna vez
así lo hiciera, los Religiosos podrían quejarse justamente y exigirle
aquellas atribuciones, las cuales no podría menos de conceder, como
dice el Cardenal De Luca. Es cierto que los Canónigos regulares, al
dejar el ejercicio de la cura de almas, perdieron las facultades de con-
fesar y predicar anejas á ella. Hs también cierto que la aversión del
pueblo á los Religiosos y la actitud hostil del Gobierno son circuns-
tancias gravísimas que impiden el fiel desempeño del ejercicio pa-
rroquial, de la confesión y predicación; pero hay que advertir que
la privación del ejercicio de la cura de almas sobrevino por interven-
ción injusta del Gobierno, la cual, ante las leyes eclesiásticas, no
puede considerarse como causa legítima de tales efectos canónico-
jurídicos. Estas observaciones fueron más acertadas, al juicio de los
Emmos. Prelados, y así resolvieron en Febrero último que el Obispo
estaba obligado á reintegrar á los Religiosos de Mattencurt en las
facultades para confesar y predicar en la diócesis.
Dubium. Utrum Episcopus Sancti Deodati teneatur ad redinte-
grandum tu casu Canónicos Lateranenses Mattincurice commoran-
tes, in facultatem audiendi confessiones et praedicandi in sua dioe-
cesi? Resp. Affirmative.
Exenciones de los Institutos de votos simples de la autoridad de
los Obispos.— Para conocimiento de las prescripciones del derecho
nuevo, relativas á la exención de los Institutos de votos simples que
no tienen el carácter de diocesanos, merecen tenerse en cuenta las
resoluciones que la Sagrada Congregación ha emitido en favor de
140 REVISTA CANÓNICA
las Hermanas del Buen Pastor contra las pretensiones del Obispo
de Nancy, quien, adem.ls de la jurisdicción que el Derecho actual le
concede, se arrogaba la potestad dominativa ó económica , intimando
varias resoluciones- referentes á asuntos administrativos, de los cua-
les hemos de citar algunos.
Para mejor hacernos cargo de los derechos de cada una de las
partes, debemos atender desde luego á la organi/.;ición de aquel Ins-
tituto, reconocida por la Autoridad competente, y ;i las circunstan-
cias en que el Obispo pretendía ingerirse en el régimen administra-
tivo, lista Congregación de Religiosas, ligadas sólo por votos sim-
ples. ''C halla extendida por varios luuares, y su centro está en la
ciudad de Angcrs, donde reside una Superiora general. Tienen su
Cardenal Protector en Roma, al cual están sujetas, según ordenan
sus Constituciones, citadas por Craisson (Juris canonici , t. ii), y que
dicen A nuestro propósito: "Esta Congregación estará siempre bajo la
protección y gobierno de uno de los Cardenales de la Santa Iglesia
Romana; él tendrá derecho de visita y presidencia, y juzgará, en úl-
tima instancia, de todas las dificultades ó causas concernientes á la
Congregación^.
Al promulgarse las Constituciones, aumentó considerablemente
el número de Religiosas y la prosperidad del Instituto. Entre todas
las fundaciones que levantaron, tuvo desde un principio importancia
suma la de la ciudad de Nancy, á la que opuso grandes dificultades
la Autoridad eclesiástica, por no ver con buenos ojos la dependencia
de aquella casa respecto de la principal de Angcrs. El Ordinario de
la diócesis, creyéndose autorizado para intervenir en los asuntos eco-
nómicos y en la administración de los bienes que se aplicaban á la
edificación de la casa de Nancy, formuló varias resoluciones en este
sentido. Después de varios considerandos para justificar sus medidas
rigurosas, ordena : 1.°, que se suspendan los trabajos de construcción
de la capilla del Buen Pastor y sus dependencias; 2.°, que no se re-
anuden aquellos trabajos mientras no se sometan á su examen las
cuentas relativas á la construcción.
Ante estas disposiciones, á las cuales acompañaban otras en ex-
' tremo minuciosas é impertinentes, la Superiora de Nancy acudió á la
Superiora General, después al Cardenal Protector, y, por último, á
la Sagrada Congregación de Obispos y Regulares.
Dejando á un lado varias consideraciones acerca de los hechos y
de las personas, que poco pueden aclarar el asunto, y refiriéndonos
tan sólo á las pruebas de una y otra parte, haremos mención de al-
gunas de las razones favorables al Obispo de Nancy. El defensor
prueba el derecho del Obispo, 1.°, por la práctica continua, que des-
de Pío V se ha venido observando, de sujetar los Institutos de votos
simples á la jurisdicción de los Obispos, aun en lo que se refiere al
régimen interno; 2.**, por las dificultades que han de resultar necesa-
REVISTA CANÓNICA 141
riamente de no admitir la intervención del Obispo , pues, si ha de se-
cjuirse la práctica de que cada una de las Superioras locales presen-
te estos asuntos administrativos á la Superiora General, y ésta al
Ordinario de la diócesis en que reside, la intervención del último,
además de ser abiertamente injusta y anticanónica, porque se ingiere
en asuntos de otras diócesis, resultará las más de las veces inopor-
tuna, en virtud de las distancias que puede haber entre el convento
principal y las casas particulares extendidas por todo el mundo; 3.",
añade que la Comunidad de Hermanos del Buen Pastor está obliga-
da, en conciencia, á colocar en posición honesta á las niñas que han
tenido en sus conventos á modo de educandas, y á darles el sustento
y recursos pecuniarios.
En pro de las Religiosas se aduce, para defender su independencia
en los asuntos económicos, la distinción vulgarísima y natural de
Monjas y Hermanas (Moniales et Soreres), que se comprende con sólo
comparar sus privilegios y sus obligaciones. La solemnidad de los
votos, la abdicación del dominio, la clausura en su estricto sentido,
sólo se refieren á las Monjas y no á las demás Congregaciones de
votos simples, para las cuales está muy mitigado el rigor de los cáno-
nes; de donde se colige cuánto se equivocan aquellos que, para de-
mostrar que los Institutos de votos simples deben depender de los
Obispos, invocan testimonios y constituciones que sólo atañen á las
verdaderas Congregaciones regulares de votos solemnes. Todas las
decisiones de la Sagrada Congregación, todas las sentencias de los
canonistas que se citan en contra , se explican con esa distinción tan
sencilla como verdadera.
En cuanto á la colocación y el sustento que dicen debe darse á
las niñas que salen después de ser educadas, no puede sostenerse tal
derecho por titulo ninguno. El fin del Instituto es recibir y sustentar
á las niñas como á huéspedes, y de la hospitalidad gratuita no se si-
gue ni puede seguirse un nuevo título de caridad.
Omitiendo otros argumentos que la brevedad no nos permite con-
signar, trasladaremos íntegras las resoluciones de la Sagrada Con-
gregación dictadas en Marzo del año corriente :
Dubia.—l. An et quomodo Communitas Xanceyen á Bono Pastora
subjiciatur jurisdiciioni Ordinarii Dioecesani in casu?
II. Utrum Sórores Xanceyen á Bono Pastore teneantur ad procu-
randum puellis e Conservatorio egresuris honestum statum, et utrum
et quomodo teneantur ad praebendura ipsis supellectilem, pecuniseque
stipem?
Los Eminentísimos Jueces resolvieron:
Ad I.""* Negative in ómnibus.
Ad. 2.'"" Non teneri.
J^R. ^ENITO JlODRÍGUEZ Y pONZAUEZ,
O. S. A.
f A^K* aJu A^ft< «dft« mK« a^K«, «4^. *^K« adft&
CRÓNICA GENERAL
EXTRANJERO
iJOMA. — lis imponderable el ascendiente que va conquistando
el actual Pontífice sobre la mayor parte de los Gobiernos
] con su política de paz y con la saludable influencia que ejer-
ce en todas las cuestiones que ocasionan alj^ún desacuerdo entre Es-
tados rivales. Nadie ij^nora la gravedad que llepó A revestir desde
un principio el conflicto entre Buenos Aires y Chile: pues bien, am-
bas Repúblicas han llegado A un amistoso arreglo, merced á la inter-
vención pontificia, cuyos antecedentes se encuentran en las dos car-
tas dirigidas por Su Santidad á los Sres. Castellano, Arzobispo de la
capital argentina, y Casanova, de Santiago. Los Gobiernos conten-
dientes han manifestado al Papa, en términos muy expresivos, su
profundo agradecimiento.
—Sigue ahora activándose, con más calor que nunca , la causa re-
ferente á la beatificación de la Venerable Juana de Arco. Con tal
motivo, el Cardenal Baroccelli, ponente de la misma, ha pronunciado
un notable discurso en la Congregación de Ritos, diciendo que, no
obstante la veneración grande de que goza en su patria la célebre
doncella de Orleans, el pueblo francés ha observado estrictamente
las órdenes de la Santa Sede prohibiendo todo culto prematuro; lo
cual honra sobremanera al catolicismo de la vecina República.
—Con ocasión del mes de Mayo, el Sumo Pontífice ha querido
ofrecer á la Madre de Dios el homenaje de un precioso libro titulado:
Leonis XIII in Marianí Virgincmflosculi; colección de poesías en
que no sólo resaltan la inspiración y el talento de León XIII, sino
CRÓNICA GENERAL 143
también su gran piedad y su profunda devoción á la Santísima Vir-
gen. Sabido es que cuando el Papa actual, fatigado por los negocios
de su ministerio, quiere proporcionarse algún descanso y honesta
recreación , se entrega á su trabajo favorito de componer versos lati-
nos, expresando con elegancia los sentimientos de tierna piedad que
encierra su corazón. La primera poesía de este nuevo opúsculo es
una paráfrasis de la inscripción Prcesidium divitice Matris acceptis-
sima Rosarii prece exoraudum , que se lee en derredor de un her-
moso medallón grabado en la primera página, y que représenla á la
Virgen con el divino Infante sentado en un trono y entregando á
Santo Domingo el rosario: León XIII presenta ante la divina Señora
á los hijos de la Iglesia, excitándolos á practicar esa bellísima devo-
ción, que no cesa de recomendar en sus Encíclicas. La segunda parte
es una elegía á la bendita Madre, auxilio de los cristianos, en donde
el Papa recuerda los triunfos que la Religión ha obtenido por medio
del Rosario, ya contra los albigenses, ya contra la media luna en
las aguas de Lepanto. Kl X'encrable cantor de María tributa también
un recuerdo á Nuestra Señora del Buen Consejo, cuya imagen se
venera en la iglesia de los PP. Agustinos en Genezzano, cerca de
Roma, y cuyo culto se ha extendido por toda Europa. León XIII vi-
sitó aquel Santuario de muy joven, y desde entonces ha manifestado
profunda devoción á la Madre del Buen Consejo, queriendo dedicarle,
como testimonio de su amor, esta graciosa composición poética :
IvLiüs Adolescens
Deiparam
Matrem a Bono Co.vsilio
supflex implorat.
Assuevi a puero dulceni te dicerc ina/reni.
Te prcce , te lotis sollicitare piis.
Alox pubescenti pieías deferbuit aevo:
Aíens stítpeí insanis teta citpidinibus.
Asto, til ptteri fnenior, adsiSj Virgo: vocaris
Namque boni Mater provida consilii.
—El Cardenal Galimberti, uno de los consejeros más autorizados
del Jefe de la Iglesia Católica, falleció el día 7 del corriente, á la una
de la tarde, en Roma, cuando contaba sesenta años de edad. Nacido
en la Ciudad Eterna el 2b de Abril de 1836, y habiendo ingresado de
muy joven en el Colegio Romano, salió de él para pasar al Seminario
Romano, en donde permaneció durante diez años, hasta ganar la bor-
la del Doctorado in utvoque, después de lo cual obtuvo una cátedra
de Historia en el Colegio Urbano de la Propaganda. Entonces publicó
144 CRÓNICA GENERAL
muchas obras notables, entre otras la Introductio philosophica ad
historiam universaní . que dedicó á Pío IX, de santa memoria, con
ocasión de su Jubileo episcopal. Nombrado Jefe de Secretaría y Con-
sultor de muchas Congregaciones por el Papa que felizmente reina.
Monseñor Galimberti fundó en 18S2 el Mo>iHeiir de Rome, que dirigió
por espacio de tres años. Al retirarse del periodismo, fué llamado á
presidir la Sagrada Congregación de Negocios eclesiásticos extraor-
dinarios , en cuyo desempeño supo interpretar admirablemente el
pensamiento del insigne Pontífice, y fué uno de sus más asiduos y
notables colaboradores. El gran Canciller Bismarck, el autor del
Kulturkiunpf, con motivo de las diferencias ocurridas entre España
y Alemania acerca de la posesión de las Carolinas, propuso el arbi-
traje del Papa para dirimir la contienda: el Cardenal Galimberti fué
el encargado de redactar el acta memorable que reconoció el dere-
cho de nuestra nación, y que es una prueba de la influencia que aún
ejerce el Pontificado en nuestros días, y de la autoridad que ha sabi'-
do conquistar en el orden político el ilustre Soberano de Roma que
hoy rige los destinos de la Iglesia. Este servicio y los prestados, muy
á satisfacción de León XIII, en la corte de Alemania, á la que fué
enviado en I^mbajada extraordinaria para felicitar al Emperador
Guillermo I por su nonagésimo aniversario, y en la de Austria des-
de 1KS7 hasta fines de 1S92, valieron á Mons. Galimberti ser elevado
el 16 de Enero de 18^3 á la dignidad cardenalicia, bajo la advocación
de los Santos Nereo y Aquileyo. Por último, después de confiarle el
Papa el cargo de Prefecto de los Archivos, que es uno de los empleos
palatinos, la enfermedad de que no ha mucho tiempo fué atacado,
puso fin A una vida tan laboriosa y llena de merecimientos— R. I. P.
*
Italia.— Con gran ansiedad se han seguido en toda Italia los movi-
mientos del general Baldissera hacia Adigrat, porque las maniobras
llevadas á cabo por los tigretinos, abandonando sus fuertes posiciones
al Norte«de la plaza para replegarse hacia el Sur. obligaban .1 sospe-
char, ó que no querían encontrarse con Baldissera antes de recibir
los refuerzos que estaban en camino, ó que dejaban avanzar al cau-
dillo italiano para atacarle cuando creyesen llegado el momento
oportuno, l'ero lejos de confirmarse las noticias transmitidas A Roma
desde Masauah, según las cuales los italianos habían logrado, des-
pués de una victoria, hacer levantar el sitio de Adigrat, resulta ahora
que no ha habido encuentros importantes, sino negociaciones con el
Ras Mangascia para que permitiera la evacuación de la ciudad en
condiciones análogas á la entrega de Makallé. Como, al llegar el ejér-
cito italiano á algunos kilómetros de Adigrat, estuviesen los abisinios
CRÓNICA GENERAL 145
en las alturas que la rodean, ocupando posiciones formidables, el ^e-
neral Baldissera comprendió que efectuar la evacuación ante el ene-
migo, parapetado de tal forma , sería muy expuesto á que se produ-
jera un nuevo desastre, y optó por usar de los amplios poderes que le
tenía dados el Gobierno. El objeto de la operación emprendida por
las tropas italianas era libertar á la guarnición de la consabida plaza,
y así se comprende que el general Baldissera haya preferido conse-
guirlo por medio de negociaciones, á arrostrar un combate de éxito
dudoso y en que quizá hubiera llevado la peor parte.
—Mientras son tan remisos los italianos por lo que toca .1 las gran-
des maniobras militares, en las Cámaras parlamentarias no hay se-
sión en que no se discutan con gran alarde de verbosidad muchas
órdenes del día encaminadas á ventilar teóricamente los asuntos de
África y A buscar remedios para el triste estado económico de la na-
ción. Mientras unos opinan que existe imp^iosa necesidad de conti-
nuar las hostilidades hasta que se deje i\ salvo el honor de la bandera,
otros piden que se haga regresar inmediatamente A las tropas que
operan en África, y que se plantee la acusación al Ministerio Crispí.
Los segundos atacan á este personaje y lanzan graves acusaciones
contra su política de expansión y aventuras coloniales, en tanto que
los primeros le defienden y sostienen la necesidad de que Italia recu-
pere el terreno perdido en Abisinia, pidiendo al efecto que se ocupen
de nuevo los territorios donde se ha vertido la sangre italiana á to-
rrentes, y que el Gobierno mantenga con energía los derechos que
'fueron concedidos á la nación por el tratado de Ucciali. Tales deseos
no serán oídos probablemente por los Ministros, puesto que el de la
Guerra ha reconocido la imposibilidad de llevar adelante la campaña.
El general Ricoti, que desempeña aquella cartera, ha hecho gravísi-
mas declaraciones ante la Cámara, y afirma que, en su concepto, es
necesario abandonar el Tigre y renunciar al protectorado en Abisi-
nia, ya que para continuar las hostilidades serían necesarios dos
años, 150.000 hombres y 1.000 millones de liras. Por consiguiente, el
Gobierno se esforzará por lograr la libertad de los prisioneros, aun-
que para ello sea necesario pagar rescates, y los límites de la colo-
nia se fijarán en la línea del Mareb al Belesa.
— No han sido por fin infructuosos los tratos con el caudillo Mán-
gasela; pues, según los últimos despachos de Massuah, todos los pri-
sioneros italianos que se encontraban en Agame han sido puestos en
libertad, excepto el teniente Poggi , que lo será en breve, así como
lo estarán también á estas fechas todos los cautivos que existían en
el Tigre, según promesa empeñada por el jefe abisinio.
* *
10
146 CRÓNICA GENERAL
Francia.— Dos Presbíteros, MM. Huot y Martín, se han presenta-
do candidatos al cargo de concejales de París. El Presbítero Naudet
celebra esta candidatura, y añade en las columnas de Le Monde que,
si el Clero se hubiese retirado por completo de la política, hubiera
llegado á ser un conjunto de /amas grandes ó pequeños. La expresión
es enérgica ; pero, como ahora se dice, harto gráfica. Cuenta Naudet
que, hablando con un habitante de una gran ciudad de Francia, éste
le dijo: "He probado ya, á propósito de M***, que se puede ser buen
maire á pesar de ser católico, y ahora voy á demostrar que un buen
católico tiene que ser un buen tttatre„.
— Va ha llegado á París la colosal lente de cristal destinada al
uran telescopio que va á construirse para la Exposición de 1*^\ y que
ha de permitir observar la Luna A la distancia de un metro. Todas las
piezas del gran telescopio son ó serán fabricadas en Francia y por
íranceses. La lente antes referida ha sido hecha por los talleres de
Despret, los objetivos fotográfico y astronómico por los de Mantois,
y el siderostato por Gauticr. Una vez terminado dicho telescopio,
será el mayor que la ciencia astronómica habrá dirigido ni espacio
para observarlo.
*
Austria.- AI fin no será Lueger Burgomaestre de N'iena; pero
los semitas y masones nada ganarán en el cambio, pues ha sido ele-
gido otro católico de acción, M. .Stobrach. por 94 votos contra una
mayoría insignificante . y al tomar posesión de su cargo ha dicho que
es indispensable cristianizar la capital del Imperio austríaco. Ha
dicho más, por si esto era poco: que está dispuesto á dejar su poltro-
na á Lueger. no bien mejoren las actuales circunstancias.
«
Alemania.— El Soberano de Alemania ha dirigido al Emperador
de Austria, Rey de Hungría, el telegrama siguiente: "En el día de
hoy, cuando la Hungría se presenta ante la posteridad con mil años
de gloiia, de los cuales han pasado muchos siglos bajo el cetro de los
Hapsburgos, te envío mi saludo más sincero. Hago votos por que el
Re}' y el pueblo de Hungría permanezcan unidos para constituir un
apoyo duradero de paz entre Hungría y sus fieles aliados.— Guiller-
mo //„.
CRÓNICA GENERAL 147
Inglaterra.— Tirios y troyanos se desatan en inculpaciones vio-
lentas contra el proceder poco político de los consejeros del Gabi-
nete británico; y ahora les ha tocado el turno á dos ilustres hombres
públicos, tales como el ex Ministro Sr. Harcourt y Mr. Seawen Blunt,
uno de los buenos escritores ingleses. Censura duramente el primero,
en un discurso pronunciado en el Club Liberal, la política seguida por
el Gobierno que preside el Marqués de Salisbury, calificando de lo-
cura la e.xpedición A Dongola , y manifestando, con referencia á la
cuestión del Transwaal, que Inglaterra no debe nunca hacerse soli-
daria de la conducta incorrecta de sus subditos en el extranjero. Ha
publicado el segundo en la Nifwtccnth Ceutury un artículo en que
combate el proceder británico en Egipto, y la que llamó "aventura de
Dongola„. Pregunta Mr. Blunt si es cierto que Lord Cromer, alto Co-
misario inglés en Egipto, había recomendado la ocupación de Rása-
la, supuesto el consentimiento de los italianos, lo cual bastó para que,
sin consultarle y contra su voluntad, se dispusiera la expedición á
Uongola; y tan en absoluto — añade — se prescindió en Londres del
Egipto, que es quien en apariencia dispone la organización de la em-
presa expedicionaria, que, hasta el día siguiente de tomado el acuer-
do en la ciudad del Támesis, ignoraba lo que ocurría el Ministerio
egipcio. Ni siquiera se consultó al Jedive, al cual presentó luego al-
gunas vagas excusas Lord Cromer por el error que se habla come-
tido no enterándole á tiempo. Va, por último, más allá Mr. Blunt, y
supone que la expedición á Dongola es el resultado de un convenio
entre Inglaterra y Alemania con el fin de socorrer á los italianos
en tan críticas circunstancias, esperando la Gran Bretaña que, en
pago de este servicio prestado á la Triple Alianza, ésta se mostrará
propicia á que continúe indefinidamente la ocupación de Egipto por
los ingleses.
—El descubrimiento y publicación por el Presidente Krüger de
ciertos documentos que parecen comprobar la complicidad de altos
funcionarios ingleses del Cabo en el proyecto de invasión del Trans-
waal, coloca al Gobierno británico en una situación embarazosa por
demás; porque, prescindiendo de Mr. Cecil Rhodes y de Lord Loch,
recaen también vehementes sospechas de connivencia sobre Sir H.
Robinson y Sir Jacobus de Wet, ministro de Inglaterra en Pretoria;
á lo cual debe añadirse la calidad de los personajes y el silencio que
guardan ante las revelaciones contenidas en el Libro Verde, distri-
buido en Valksraed. interpelado en los Comunes por Mres. Bowles y
Labouchere, el ministro de las Colonias pudo recabar un plazo de
tres días para pensar bien la respuesta, en la alternativa ó de sacri-
ficar á algunos de los funcionarios públicos encausados, ó de negar
hasta lo último la acusación que pesa sobre la nación inglesa; porque
adoptar medida alguna enérgica respecto á un hombre tan popular
como Mr. Cecil Rhodes es una cosa muy delicada, y, por otra parte,
148 CiRÓNICA GENERAL
el que éste se niegue á dar explicación de su conducta no desvirtúa
en nada la mancha que afea al Ministro.
Sin embargo, la lectura de los despachos del Cabo y las decla-
raciones de los diarios ministeriales permiten todavía la sospecha
de que el Gobierno británico acaricia el propósito de dar en parte
satisfacción al Transwaal, deponiendo de sus cargos A dichos tres
empleados y haciendo que sean reemplazados olicialmente, íl no ser
Sir H. Robinson, que no será llamado como él no lo demande; y de
esa manera podr.1 más fácilmente el Gobierno Salisbury modificar la
opinión pública inglesa poniendo A salvo, ó poco menos, al Dr. ja-
meson y .1 Mr. Cecil Rhodes.
—Los rayos Rüntgen van A tener por primera vez aplicación A
la Cirugía en tiempo de guerra. El ejército anglo egipcio que marchó
hacia Dongola será provisto de aparatos que permitirán fotografiar
en el mismo campo de batalla los miembros heridos y descubrir exac-
tamente el sitio de los proyectiles.
*
RisiA.— Tan pronto como se verifiquen las fiestas de la corona-
ción del Czar en Moscou , Nicolás II tiene pensado emprender un via-
je por el extranjero. Este viaje tiene por objeto visitar las cortes de
Berlín y de \'iena para saludar personalmente á los Emperadores
de Alemania y de Austria, y nada tendría de extraño que, una vez ya
fuera de su Imperio, el Czar prolongara su viaje y visitara otras ca-
pitales , entre las cuales no hay para qué decir que se contaría París,
proporcionando así á los franceses la ocasión de tributarle una gran-
de y entusiasta acogida.
• *
Montenegro.— El Príncipe Nikita, de Montenegro, que profesa la
religión griega cismática, ha citado á los católicos de su capital Ce-
tinge y les ha excitado á que funden una iglesia en dicha ciudad. No
hay más que Un montenegrino católico; los demás son subditos aus-
tríacos ó turcos, procedentes de Albania.
*
* *
Asia.— Persia.— A juzgar por las noticias recibidas de Teherán,
parece que eran muchas las personas comprometidas en la conjura-
ción contra la vida del Shah de Persia, todas ellas afiliadas á la te-
nible y fanática secta de los babís; y como la conjuración tenía mu-
CRÓNICA GENERAL 149
chas ramificaciones, se cree que se necesitará algún tiempo para ter-
minar la causa. El asesino es un antiguo desterrado, admitido á in-
dulto por dos veces, y aun pensionado por el Shah: en su fanatismo
trataba desde hace tiempo de encontrar ocasión de asesinar al Sobe-
rano, y fué advertido por dos de sus sobrinos, que habitaban el ha-
rem, de la salida del Monarca asesinado para la mezquita. Refugiado
el criminal en Constantinopla, el Gobierno de la Puerta mostróse en
un principio algo rehacio para la entrega del Chey Djeimaledin; pero
enterado el Sultán, á consecuencia de las declaraciones prestadas
por el asesino, de que el crimen fué resultado de un complot tramado
en la casa del citado Djeimaledin, ha resuelto ponerle á disposición
de las autoridades persas.
—Proclamado nuevo Shah de Persia el Príncipe heredero de la
Corona, Mozaffered-Din, procedióse á !a gran ceremonia del reco-
nocimiento en la mezquita de Teherán, delante de los demás Prínci-
pes y de los Ministros.
— Mozaffered-Din, el nuevo Shah de Persia, ha tomado posesión
del trono sin que se le haya suscitado la menor dificultad que turba-
ra el orden público en aquel Imperio, aunque existen de antiguo ri-
validades entre él y su hermano mayor, quien ha sido el primeio en
ofrecerle su obediencia, y cuyo ejemplo ha sido después imitado por
otro hermano suyo, Zil-i-Sultán. La adhesión del primero ha sido muy
apreciada por el nuevo Soberano, que no las tenía todas consigo,
pues el Príncipe Naib es el hijo mayor del difunto .Shah, habido por
<5ste en una mujer de condición inferior á su esposo, circunstancia á
la que se debe que el Naib no haya heredado el trono. Pero su leal-
tad ha sido tanta, que ha rendido pleito homenaje á su hermano, con-
formándose con su tranquila situación actual, sin ambicionar, alo
menos eficazmente, la insegura y peligrosa de Soberano; por lo cual
Mozaffer ed-Din ha querido premiar su conducta, y le ha ofrecido
elevarle muy en breve á la condición de valí Ahd, ó heredero pre-
sunto del trono mientras que el actual Monarca no tenga un hijo.
— Mozaffer-ed-Din Mirzo es hombre de unos cuarenta años de
edad, bastante culto y muy aficionado á los asuntos militares y á la
civilización europea, especialmente á todo aquello que procede de
Francia. Esto último hace creer á algunos que la influencia de Ingla-
terra en Persia corre riesgo de perder mucho terreno, pues los rusos
se aprovecharán de la coyuntura para que sus aliados los franceses
trabajen en su obsequio. Existe, pues, el peligro de que se entable un
pugilato entre Inglaterra y Rusia, y nada tendría de extraño que la
primera, para debilitar el poder del nuevo Shah, favoreciera las as-
piraciones ambiciosas de su hermano Naib-i-Sultán, el actual Mi-
nistro de la Guerra, que tiene en estos momentos la doble ventaja de
hallarse en Teherán y de tener á su disposición la fuerza armada y
el Tesoro imperial. Para explicación de lo que antecede, bueno será
150 CRÓNICA GENERAL
que se note la ingerencia que tienen Rusia é Inglaterra, cada una de
por sí, en el Imperio persa. Respecto á la primera de las menciona-
das potencias, para nadie constituye un secreto que los rusos ambi-
cionan anexionarse las ricas provincias del Norte de Persia. A causa
de la debilidad de su organización civil y militar, el país de los Shah
es incapaz de oponer una gran resistencia á los propósitos de Rusia,
cuya influencia en Teherán fúndase en las numerosas guarniciones
que posee en la frontera del Norte. Por lo que hace A Inglaterra, ésta
disfruta de gran predominio en la parte meridional de Persia. de la
cual hállase separada Rusia por el gran desierto central; mas, á pe-
sar de esta circunstancia, los ingleses se verán obligados á cuidar de
mejorar su situación en el país, á fin de prevenir cualquier intrusión
de otras potencias europeas. Para proveer á esta contingencia, el Go-
bierno británico tiene pensado emprender activamente la construc-
ción de grandes vías de comunicación, carreteras y caminos de hie-
rro por todo el país del Beluchistan.
—Siendo muy joven el hijo primogénito del difunto Shah, Zil-i-Sul-
tán, cuyo verdadero nombre es Massud-Mirza, aunque se le conoce
más generalmente por el de Zil-i-Sultán. que en persa significa Som-
hra del Monarca, manifestó un odio violento contra su hermano lla-
mado á ocupar el trono, y hasta contra el mismo Shah. Cuando,
en 1881, murió el primer Ministro, fué desde Ispahan, en donde era
Gobernador, á la capital, con propósito de ocupar el puesto que aquél
dejó vacante. El Shah estuvo inclinado á nombrarlo; pero parece que
el Príncipe heredero se echó á los pies de su padre y le suplicó que
no firmase tal nombramiento, porque sería su sentencia de muerte.
Realmente creía el Príncipe que, si su hermano mayor se quedaba en
Teherán, peligraba su vida.
El Shah se dejó convencer con tanta mayor facilidad, cuanto que
él mismo tenía muy escasa confianza en el terrible Zil-i-Sultán, y
mandó ejercer la mayor vigilancia, durante el tiempo que su primo-
génito permaneció en Teherán, para librarse y librar á su segundo
hijo del veneno, que sigue siendo, según parece, de uso clásico en
Oriente. Las comidas que hacía el difunto Shah eran cinco al día:
tres las preparaban personas de su absoluta confianza, otra su madre,
y la quinta su favorita predilecta. Estas comidas se llevaban al cuar-
to del Shah en unos aparatos cerrados con llave, para que nadie pu-
diese tocarlos. A pesar de todas estas precauciones y vigilancias,
Nasser-ed-Din ha perecido á manos de un asesino, y sus dos hijos
han llegado á un acuerdo en cuanto á la sucesión del trono. ;Será
sincero?
—Nasser-ed-Din ha dejado á su sucesor inmensas riquezas. El Te-
soro real, encerrado en los sótanos del palacio de Teherán, y que
aumentó considerablemente durante su reinado, porque rara vez el
Shah se decidió á tocarle, estaba custodiado día y noche por centi-
CRÓNICA GENERAL 151
nelas de su confianza, apostados delante de la puerta sellada que con-
duce al subterráneo donde están hacinados los millones de oro y
plata, ya en monedas y alhajas, ya en j^randes láminas y barras de
aquellos preciosos metales. Tan pegado tenía á ellos el corazón, que,
con objeto de estar cerca de la puerta de su tesoro, había hecho ins-
talar sus departamentos particulares encima de aquellas concavida-
des subterráneas. Además de esas riquezas, que han sido valuadas
en mil millones, el Shah poseía también otro tesoro de gran valor,
guardado cuidadosamente bajo llave, bien seguro en un departamen-
to de Palacio: es una numerosa y abundante colección de diamantes,
perlas, rubíes, esmeraldas y otras piedras preciosas, entre las que se
distingue un magnífico diamante que, por su extraordinaria brillan-
tez, desígnasele con el nombre de "mar de luz„. La joya de esta real
colección es un globo terrestre de oro macizo, que mide sesenta cen-
tímetros de diámetro, todo enriquecido de pedrería desde el polo
Norte al polo Sur, y los nombres de las capitales, señalados en ca-
racteres persas, están montados sobre brillantes; las Indias, repre-
sentadas por espléndidas amatistas; África íorma una superficie de
rubíes; Inglaterra, trazada sobre brillantes, resplandece con los ra-
yos de luz más vivos, y el Océano está representado por hermosas
esmeraldas. listas inmensas riquezas han venido todas á parar al do-
minio del nuevo Shah.
«
África. — Se ha realizado la solenme apertura del Parlamento del
Transwaal, y el discurso leído por el Presidente Krüger se distingue
por sus tonos pacíficos. En él se atribuye la intentona del Dr. Jame-
son á malevolencia y fines egoístas; se consigna que, á pesar de las
últimas turbulencias, las relaciones con las potencias extranjeras
continúan siendo amistosas, y se expresa que la industria minera si-
gue muy próspera, y que la cuestión de la mano de obra se presenta
bajo un aspecto en extremo favorable.
—Se ha visto y fallado ya en Pretoria el proceso allí formado con-
tra los complicados en la sublevación de Johannesburgo. Los magis-
trados boers han sentenciado con verdadero rigor, sin dejarse influir
por determinadas actitudes de Inglaterra. La pena de muerte se apli-
cará á cinco de los jefes del Comité de las reformas establecido en
Johannesburgo, por considerárseles autores del delito de alta trai-
ción. Además de esos cinco, hay otros sesenta que han sido condena-
dos á las siguientes penas: dos años de prisión, cincuenta mil pesetas
de multa y tres años de destierro, que comenzarán á contarse tan
pronto como termine el tiempo de la prisión. Estas sentencias, sobre
todo las de muerte, han sido muy comentadas en Inglaterra. La opi-
152 CRÓNICA GENERAL
nión se ha excitado allí tanto, que el Gobierno se ha creído en el caso
de dirigirse al Presidente Krüger pidiéndole muestre su clemencia •
con los cinco condenados á la última pena, y ha recabado del Jefe
de la República que se les conmute la pena por otras proporcionadas,
en cuanto le sea dable á la justicia humana, al delito cometido de
alta traición.
— Los malabeles se retiran á los bosques, y así parece que sería
imprudente perseguirlos en un terreno en que las tropas no podrían
desplegarse convenientemente, sin que por eso dejen de ser desalo-
jados los insurrectos de las montañas Matoppo y castigados de ma-
nera ejemplar. La situación ha mejorado muchísimo en Boulouwayo,
y de Pretoria comunican que el regio Comisario del Cabo ha sido avi-
sado por Lord (>rey, encargado de la dirección de los negocios de
Boulouwayo, de que los matabeles están muy desalentados por los
frecuentes y recios desastres, y que, por consiguiente, no es necesa-
ria la presencia de las tropas imperiales.
América.— Guatemala.— Hl mensaje del Presidente líarrios .lias
Cíimaras de Guatemala contiene un párrafo que expresa ideas, por
desgracia, muy contrarias á la enseñanza católica, y es el en que el
Presidente, que debe de ser gran servidor de las Logias, proclama que
la instrucción, para ser moral, no necesita de fundamentos religiosos.
Hace muchos años que Guatemala es el reverso de la medalla del
Ecuador, y parece que la situación, en vez de modificarse, empeora,
augurando quizá para aquella Kepública los males que han experi-
mentado otras de la América espaflola.
*%
BoLivL\.— El nombramiento del coronel Pando para Presidente de
esta República no es solamente un cambio de personas, sino de ré-
gimen y de política , por el mero hecho de suceder el Sr. Pando, que
es liberal, á un Presidente conservador. La derrota del candidato
conservador Sr. Fernández Alonso, antiguo Ministro de la Guerra y
Vicepresidente de la República, es debido á las disensiones que rei-
nan en el partido, así como también á la acusación formulada contra
él de haber empleado los fondos públicos en provecho de su candida-
tura cuando ejerció la Presidencia durante una enfermedad del señor
Bautista.
* *
CRÓNICA GENERAL 153
Brasil. — La reacción favorable á las ideas monárquicas, de que
hablamos en el número anterior, está suscitando grandes protestas y
ha dado últimamente origen á un motín que iniciaron los alumnos de
la Escuela Politécnica de Rio Janeiro. Numerosos grupos de estudian-
tes, á los gritos de ¡Muera la Monarquía! y ¡Viva la República!, han
atacado á los profesores á quienes se conceptuaba como poco afec-
tos á las instituciones vigentes, lastimando á varios de ellos y ame-
nazando al Director.
II
Tres son los más importantes asuntos políticos que han ocupado
en esta quincena la atención del público y de la Prensa : la reclama-
ción entablada por los Estados Unidos á consecuencia del proceso
seguido contra los expedicionarios del buque Cotupeíitor ; las opera-
ciones de la guerra, sostenida con gran dispendio de sangre y dinero
en Cuba, y, últimamente, la apertura de las Cortes.
El problema político de nuestras relaciones con el Gobierno de
Washington sigue en pie; y aunque el Presidente Cleveland no haya
notificado á España el reconocimiento de la beligerancia en favor de
los insurrectos cubanos, votado por aquellas Cámaras de traficantes,
no sólo están las cosas en el mismo estado, sino que han adquirido
mayor gravedad, pues cuando parecía que la razón y la prudencia
habían recobrado sus fueros entre los políticos norteamericanos, se
inicia otro período en que su perfidia se ostenta sin rebozo y á cara
descubierta. No habrán olvidado nuestros lectores que á fines de
Abril fué capturada la goleta Competitor, con gran cargamento de di-
namita, cien Remingtons , treinta y cinco cajas de cartuchos y tres bo-
tes, por la lancha Mensajero, al mando del comandante Butrón y tri-
pulada por doce marinos. Apresados cinco de los tripulantes de la ex-
pedición filibustera de Cayo Hueso, procedió el general Weyler al
nombramiento de un tribunal de marina que juzgase á aquéllos por
el Código militar vigente en tiempo de guerra, y conforme á lo pres-
crito en él contra los que fueren hallados conduciendo de contraban-
do aprestos militares con destino al enemigo. Según esto, y siguiendo
el procedimiento sumarísimo que en tales casos y con tales personas
se emplea por los tribunales militares , falló aquél, condenando á pena
capital á los cinco procesados. Esta es "la razón de la sinrazón,, con
que los Estados Unidos han fundado una protesta para estorbar que
la justicia militar española cumpla sus leyes, invocando un antiguo
tratado que en las circunstancias actuales no debe tener aplicación.
154 CRÓNICA GENERAL
Mr. Olney, Secretario de Estado de la Unión, dirigió extensos telegra-
mas al Ministro de los Estados Unidos en Madrid y al Cónsul en la
Habana, Mr. Williams, dándoles formales instrucciones que sirviesen
de base á la protesta que éste formuló ante la primera Autoridad de
España en la gran Antilla. El Cónsul norteamericano se mostró ver-
daderamente provocativo, mientras el Gobierno de los Estados Uni-
dos interponía una reclamación al de España para que fuesen juzga-
dos por los tribunales civiles los ciudadanos yankci's detenidos con
las armas en la mano. Nuestro Gobierno cree también que deben
tenerse en cuenta las garantías pactadas en el tratado de 17^>5 y re-
conocidas en el protocolo de 1H77, y en su consecuencia ha ordenado
se remita la causa A Madrid para que la examine el Tribunal Supre-
mo de Guerra y Marina, fundándose en que es una cuestión ardua de
derecho , que no puede ser resuelta por simples impresiones y sin ma
dura reflexión. Dícese que el criterio del general Weyler es contra-
rio al de los Ministros, aunque se ha desmentido la noticia de que
piense dimitir por esta causa. No deja de lisonjear entre tanto nuestro
patriotismo la unanimidad casi completa con que los periódicos ex-
tranjeros censuran el proceder incalificable de los Estados Unidos,
enalteciendo «á la ve/ el heroísmo de los españoles en medio de las
desgracias que afligen á nuestra nación.
—La campaña cubana no ha sido tan fecunda en acciones impor-
tantes como permiten suponer las victorias de los últimos meses , y la
circunstancia no despreciable de haberse retrasado este año el perío-
do lluvioso, que ha de contrariarnos mucho en cuanto se inicie. Los
filibusteros proyectan nuevas operaciones de campaña , contando con
los recientes reclutamientos hechos por Máximo Gómez en Las Villas
y Matanzas, y con las expediciones norteamericanas que á diario vie-
nen á engrosar y mejorar la situación de Maceo con gente y pertre-
chos de guerra. Al mismo tiempo los voluntarios se niegan á facili-
tar los planes del Estado Mayor de la isla para que aquéllos, en nú-
mero de cinco mil, fueran á sustituir en la línea de Mariel-Artemisa á
otros tantos soldados del ejército regular que habrían de emplearse en
la persecución incesante de las partidas del mulato que operan en la
parte occidental de Cuba. Así se explica el pesimismo alarmante de
algunos partes comunicados desde la Habana, comoel que insertamos
á continuación, que es del corresponsal de un periódico madrileño:
"Las noticias que se reciben de la guerra , y las opiniones que re-
cojo en todas partes , no dejan lugar á duda respecto á que hemos lle-
gado á un período de incertidumbre que es necesario cese pronto, si-
quiera haya que apelar á esfuerzos supremos. En telegramas de días
anteriores he transmitido esta impresión, que he comprobado acu-
diendo á las personas mejor enteradas de lo que sucede. Para com-
probar lo que se dice he visitado hoy al general Weyler, el cual se
muestra muy reservado, porque su situación y las circunstancias le
CRÓNICA GENERAL 155
impiden hablar claramente. Á pesar de la reserva del capitán gene-
ral, no puedo menos de deducir que se halla muy contrariado, porque
el giro dado en Washington y Madrid al asunto del Bermuda le ha
impedido castigar á los filibusteros apresados con aquel rigor que las
leyes determinan , y la opinión española de Cuba pide con unánime y
ferviente insistencia. Tengo motivos para creer que al general Wey-
1er le ha disgustado sobremanera que se temple ó dilate el cumpli-
miento del riguroso y justísimo fallo del Consejo de guerra , especial-
mente respecto de aquellos filibusteros que, cuando se pedía paradlos
la pena de muerte en el solemne acto jurídico, hacían gala , no ya de
serenidad , sino de irónico desdén , diciendo á las personas que les ro-
deaban: "No nos fusilarán. El Gobierno americano sabrá impedirlo,.
Este lenguaje, que ha sido sancionado por la conducta del Gobierno
español, ha producido aquí pésimo efecto, inñuyendo tristemente en
el ánimo de Weyler. Las explicaciones dadas por el Gobierno, publi-
cadas por la Prensa ministerial de Madrid, y transmitidas por el ca-
ble, que pretendían justificar la debilidad de España, no han conven-
cido á nadie; antes bien han producido sorda irritación, y aun enér-
gicas protestas. Los periódicos de la Habana , en su mayoría , aplau-
den el mensaje de la Corona. Verdaderamente , la opinión de los ami-
gos de España es absolutam ente contraria á las reformas. Hasta al-
gunos promovedores de ellas dicen hoy que serían inoportunas en los
presentes momentos. El general Weyler tampoco las considera opor-
tunas por ahora. En lo que se refiere á la guerra, ha llegado la oca-
sión de hacer un esfuerzo definitivo. Activase la organización de fuer-
zas en Pinar del Río. Dos biigadas , que actuarán en el Norte de aque-
lla provincia, serán mandadas por el general González Muñoz. Pero
la situación es la siguiente: aun dejando las guarniciones con el me-
nor número posible de soldados, no se podrá reunir un contingente
de tropas bastante á dar á las operaciones la actividad y eficacia ne-
cesarias. No hay medio hoy de enviar al interior de la provincia de
Pinar del Río las grandes masas de soldados precisas para operar con
ventaja en aquellos terrenos escabrosot> y accidentados. En Las Lo-
mas , refugio principal y núcleo fuerte hoy de las partidas de Antonio
Maceo, haría falta acumular bastante gente, porque la aspereza de
aquellas sierras lo exige , si se quiere dar un golpe decisivo y rápido.
No es posible llevar á Pinar del Río fuerzas de otras partes de la isla
sin peligro de que , al quedar poco amparadas las poblaciones, fueran
éstas objeto de incendios y ataques por parte de los filibusteros. La
trocha de Mariel necesita toda la tropa que la defiende, y es necesa-
rio conservar allí la organización que tanto trabajo ha costado y que
constituye la única base lógica de operaciones.
„Según he telegrafiado en días anteriores, se contaba con que los
voluntarios se prestasen á ir á la línea Mariel para que, ocupando en
ella determinados sitios, pudiera enviarse á combatir con Antonio
156 CRÓNICA GKNERAL
Maceo algunos batallones de los que actualmente se hallan en los
atrincheramientos de la trocha. Al efecto se h.T sondeado el ánimo de
los voluntarios y se ha explorado el pensamiento de los más autoriza-
dos entre ellos; la Prensa ha publicado patrióticos artículos excitan-
do á los voluntarios para que vayan á ocupar aquellos lugares de ho-
nor y de peligro. Desgraciadamente, nada de esto ha dado resultado.
Los voluntarios no han respondido hasta ahora á estos propósitos.
Siendo tal la situación, l;is personas que mejor pueden conocer las
necesidades del presente creen que vuelve á plantearse la urgencia
de que vengan de la Península cuanto antes veinte batallones más,
para acabar con Antonio Maceo en Pinar del Río é impedir el avance
de Máximo Gómez y Calixto García.
„Üii¡mamenie los rebeldes han recibido grandes cantidades de ar-
mas y municiones. Por mal entendidas consideraciones se ha ocul-
tado que hace poco se han verificado considerables desembarcos de
material de guerra enviado desde los Estados Unidos. En el mes de
Abril, especialmente en sus últimos días, han llegado A diferentes
puntos de la costa muchos pertrechos para los rebeldes. Los cons-
tantes defensores de España dicen que si no hacemos el último es-
fuerzo, si no se aprovecha el retraso con que este año vienen las llu-
vias y si no se deja al general Weyler completa libertad de acción,
se matarán las esperanzas hoy muy mermadas^.
— ¡Por lin ha parecido Máximo Gómez! Ha estado en la jurisdicción
de SanctiSpiriius, procurando reunir varias partidas para auxiliar á
Maceo, quizás obligado por las excitaciones de la Junta de Nueva
York; pero como el general Obregón y otras columnas han seguido
siempre su rastro, era seguro que, si se decidía á avanzar hacia Occi-
dente , encontraría numerosas fuerzas á su paso, como así ha suce-
dido, según los informes de Ei htiparcial, que dicen:
"La infatigable columna del coronel Segura, después de diez horas
de marcha, encontró en Ciego Romero un numeroso núcleo de insu-
rrectos, que ascendería á unos dos mil jinetes El enemigo hizo frente
á nuestra columna, recibiéndola en orden abierto de combate, con sos-
tenes y reservas. Fué tan decisivo y valiente el ataque de los solda-
dos, que el enemigo, no obstante lo excelente de sus posiciones, tuvo,
después de dos horas de combate, que abandonarlas, pronunciándose
en desordenada fuga y dejando sobre el campo treinta y dos caballos
muertos. Unos campesinos han dicho que los rebeldes se llevaron
treinta hombres muertos y bastantes heridos. La columna siguió en
persecución del enemigo, encontrando al día siguiente el campa-
mento donde la noche anterior durmieron los rebeldes. Horas des-
pués, y en Arroyo Palma, volvió la columna Segura á batir al ene-
migo, haciéndole muchas bajas, sobre todo con la artillería, que jugó
principalísimo papel en este nuevo encuentro. De nuestras tropas re-
sultaron heridos el teniente Sr. Coca y nueve soldados. En estos com-
CRÓMICA GENERAL 157
bates se distinguió notablemente el capitán del regimiento de Sevilla
Sr. Hevia y Ruiz. El resultado de esta valerosa operación ha sido
frustrar los planes del enemigo en su avance hacia Occidente, por lo
cual el General en jefe ha felicitado al coronel Segura. Esta partiíja
se compone, según informes fidedignos, de unos tres mil jinetes, y es
el resultado de la concentración de rebeldes ordenada por el gencra-
lisimo. La mandan doce cabecillas, y entre ellos Máximo Gómez,
Zayas, Calixto García y Carrillo„.
—Corre como seguro que Máximo Gómez ha movilizado en varias
partidas nueve ó diez mil hombres, que operan en el Camagüey y
Las Villas, bastante bien armados, según se dice, y con un contin-
gente de infantería superior á lo ordinario hasta la fecha. El corres-
ponsal del AVtt'- York Herald en la Habana dice que el plan del cabe-
cilla dominicano consiste en concentrar las partidas de José Maceo,
Pancho Carrillo, Serafín Sánchez, Rodríguez Aguirre, Lacret, Ro-
que Núñez, Massó y Parra, con un total de diez y ocho mil hombres,
á fin de atacar la trocha de Mariel por sus dos extremos Norte y Sur
á la vez, lo cual obligaría á las fuerzas que la guarnecen á acudir á
las dos partes, dejando sin defensa el centro para que lo atravesaran
Maceo y sus orientales. Pero entre los militares predomina la creen-
cía de que Máximo Gómez se propone amenazar las poblaciones im-
portantes de las provincias centrales para evitar que de éstas se en-
víen tropas á Pinar del Río. Esta última versión tiene su apoyo en el
rumor, bastante acreditado, de que el Comandante general de l'uerto
Príncipe recibió á principios de mes un mensaje de Gómez anu icián-
dole que en la última decena de Mayo establecerá el bloqueo de
Puerto Príncipe, é invitándole á que con la mayor premura evacua-
ran la ciudad las bocas inútiles, toda vez que para la fecha expresada
quedarían interrumpidas todas las comunicaciones. Aunque esta co-
municación , si es que existe, se considera como una fanfarronada,
no cabe duda de que Gómez auxilia mejor á Maceo en la posición cen-
tral que ocupa que acercándose á la trocha de Artemisa.
Lo cierto es que los jefes rebeldes han dividido el mando de sus
fuerzas en tres agrupaciones principales, encargándose Calixto Gar-
cía de las del departamento Oriental, Máximo Gómez de las del cen-
tro, y Antonio Maceo de las de Pinar del Río.
—Con el ceremonial de costumbre verificóse el día 11 la apertura
de las Cortes, bajo la presidencia de SS. MM. el Rey D. Alfonso XIII
y la Reina Doña María Cristina, Regente del Reino, acompañados
de S. A. R. Doña Isabel. La excepcional importancia de las cuestio-
nes de Cuba, en las que está fija la atención de todos los españoles,
hacía inevitable que la parte principal del Discurso regio estuviera
dedicado á aquella materia. En él recuerda S.. M. las leyes votadas
por las Cortes con objeto de introducir reformas en Cuba y Puerto
Rico; hace notar cómo, no obstante eso, la insurrección estalló en
IfjS CRÓNICA GENERAL
Cuba, porque los rebeldes quieren la independencia y no la autono-
mía local, y consigna que, si la insurrección triunfa, la obra de la ci-
vilización cubana se arruinará inevitablemente. La nación española
no puede abandonar la misión civilizadora que le imponen su historia
y su honor, y por eso España no retrocede ni retrocederá jamás ante
los peligros, ni escatima tampoco sacrificios, por exorbitantes que
sean, para mantener su autoridad y soberanía omnínodas en Cuba ; el
Gobernador general de dicha isla está plenamente convencido de que
la aplicación de las reformas tan decantadas no dará los resultados
que se presumen y calculan, sino que ha de entorpecer los procedi-
mientos para la difícil obra de la paz. Se asegura además en el dis-
curso que la insurrección va decreciendo, y que podría estar ya ani-
quilada si los rebeldes no hubieran recibido frecuentemente socorros
del extranjero, donde la opinión está muy equivocada en cuanto á la
situación política y. administrativa de Cuba. El Discurso del Trono
termina diciendo que para obtener el equilibrio de los presupuestos,
aunque las circunstancias del momento no sean nada favorables, es
necesario exigir nuevos sacrificios á los contribuyentes, así como á
su vez el Gobierno, decidido á mantener el crédito público á todo
trance, respetará estrictamente las obligaciones contratadas, y en
especial por lo que toca á capitales extranjeros.
No hay para qué decir los comentarios de toda clase y los juicios
opuestísimos de que han sido objeto el Mensaje y la exposición de los
diversos puntos en él desarrollados.
— En las actuales circunstancias encierran especialísimo interés
los siguientes conceptos que expone un diario de Madrid comentando
la noticia de que el Gobierno trata de comprar en Italia dos acoraza-
dos de excelente construcción. Dice así el periódico citado:
"Llegada la hora de los sacrificios por la patria, ninguno de éstos
le parece grande si en honor y seguridad de aquélla redunda. Qui-
zás, y aun sin quizás, sería muy discutida esa adquisición, de ser
otras las circunstancias por las que la nación atraviesa. Hoy, lo que
cada uno de los hijos de ésta siente es que no haya más barcos igua-
les que adquirir al mismo precio para nuestra marina de guerra. De
estos generosos arranques de España, ; cuánto partido sería dable sa-
car si hubiera en sus gobiernos hombres que tuviesen fe en los mis-
mos! La diferencia enorme del patriotismo de naciones formadas por
siglos de tradiciones y glorias comunes, y el de pueblos agrupados
por la casualidad y los intereses materiales en solo algunos lustros,
está ahí precisamente. La incalculable suma de energías morales
que aquéllas representan, no ha sido tomada en consideración por
nuestros gobernantes. Sólo se ha tenido presente la diferencia de re-
cursos materiales, de riqueza. De ello proviene ese desaliento, ese
desmayo que en la voluntad es vacilación continua, y en la inteligen-
cia imprevisión.
CRÓNICA GENERAL 159
^Desde que empezó la guerra de Cuba, era de inmediata eviden-
cia que el foco de aquel incendio estaba en los Estados Unidos. El Go-
bierno se imaginó que podía extinguir ese foco á fuerza de pacien-
cia, de mansedumbre: sin duda por eso no adoptó medida alguna,
por si era preciso sofocarlo con la energía. Si hace un año se hubiera
dado, no en los sueltos oficiosos enviados á la Prensa, sino en la rea-
lidad, todo el posible impulso á las obras de los cruceros protegidos
que se construyen en el Ferrol, se hubiera facilitado medios y apre-
miado A la empresa constructora del Carlos l'y se hubiera adquirido
los barcos de buenas condiciones que había enajenables en el ex-
tranjero, á estas horas contaríamos con fuerzas navales que nos per-
mitieran afrontar sin grave riesgo el conflicto con la potencia ame-
ricana que intenta hipócritamente herir de muerte nuestra soberanía
en Cuba y descaradamente se burla de nuestro derecho. Con ese ma-
terial flotante, con un personal escogido de oficiales y jefes, con una
marinería llena del espíritu patrio, cualidad que jamás tendrán las
tripulaciones de ios barcos de la Unión, reclutadas entre el personal
de acarreo que las poblaciones de Europa arrojan á sus playas, otro
respeto infundiríamos hoy A ]os yafikees.
„No se ha hecho así, porque todo ello reclamaba mucha actividad,
mucha vida, muchos y muy penosos cuidados, mucha tensión ner-
viosa, de ésa que no pueden soportar largos ratos los organismos
desgastados por el uso y por el tiempo. Se ha querido tomar por base
de conducta con los Estados Unidos q\ refrán que dice que, "cuando
uno no quiere, dos no riften^, sin considerar que, sin riña alguna, al
hallarse uno de esos dos dispuesto á acabar con el otro, acabará mejor
y más pronto cuanta menos resistencia encuentre. Aparte de que,
tratándose del pueblo español, cualquiera que con él intente reñir,
reñirá; porque, en asuntos de honra, pronto se le acaba á aquél el su-
frimiento. En esa imprevisión, que, de sobrevenir el conflicto, no bas-
tarán á cubrir todos los sueltos oficiosos del mundo, radica la más
grave responsabilidad del actual Gobierno. De ahí proceden, desde
hace un año también, nuestras constantes censuras respecto de la
materia.
„¿Por qué, si no, habíamos nosotros de censurar la gestión del ge-
neral Beránger, cuando nos han faltado palabras para elogiar mere-
cidamente la gestión de su colega el Ministro de la Guerra? ¿Qué
más desearíamos nosotros sino hallar tocante al Ministro de Marina
las ocasiones de aplausos que nos ha proporcionado el general Azcá-
rraga? ; A cuento de qué habíamos de cometer injusticia con el uno
y no con el otro?
,,Es más: nuestra mayor satisfacción sería estimular con el elogio,
y, en la medida de nuestra fuerza, auxiliar toda labor fecunda, eficaz,
continua que en ese ramo se produjera. Y esta afirmación la justifi-
caríamos el día en que el Sr. Cánovas, con uno de esos arranques
160 CRÓNICA GENEKAL
con los que ha solido hallar solución A cuestiones no menos difíciles,
pusiera ese departamento del Estado en condiciones de superiores
iniciativas, energía, orden y vitalidad. Por ahora únicamente pode-
mos hacer lo que hacemos hoy: reconocer lo poco de bueno que se
ejecuta, aunque eso cueste nada barato il la nación^.
Con efecto, por cada uno de esos buques se paliarán diez y ocho
millones de pesetas, á pesar de que no pasan de 7.000 toneladas. Pero
los satisfactorios datos que hay respecto de sus condiciones acallan
semejantes reparos económicos. Aparte de que, llegado el caso de la
adquisición, es de suponer que el Gobierno español procurará veri-
ficarla con la mayor ventaja posible, ya que, por lo que respecta á
todo género de garantías y seguridades, no nos cabe duda de que
nada habría que reprochar, dados el patriotismo y la iluí^tración de
los dignos marinos que se hiciesen cargo de ellos en nombre de
España.
O^S!ooíeo3íeo^
¿DEBE SER PUBLICA LA EJECUCIÓN DE LA PENA CAPITAL?
ó
¡UESTióN es ésta que repetidas veces se ha suscitado
en nuestros tiempos en libros y revistas, en asam-
bleas de carácter científico y en proyectos de ley,
allí donde todavía está en uso la pena de muerte. Podemos
afirmar que hasta hace pocos años no se había puesto á dis-
cusión si la última pena debía ejecutarse con publicidad, á la
luz del día, ante todas las personas que quisieran presenciar-
la, ó si se había de matar en secreto y sólo con asistencia
de las personas indispensables para el acto. Los antiguos
legisladores y criminalistas entendieron que la pena de
muerte no tendría razón de ser desde el momento en que se
la despojase de la publicidad, y por tanto de la intimida-
ción, de la ejemplaridad, del escarmiento, de casi todas las
cualidades que la hacen útil para los pueblos, y seguramen-
te habrían escuchado con indignación ó con desdén á quien
hubiese propuesto lo contrario.
De entonces acá, poco ha cambiado la multitud que asiste
al último suplicio; las mismas son las ideas acerca de la
justicia, los mismos los sentimientos del corazón humano;
pero ha cambiado el modo de pensar de una gran parte de
los que se dedican á este género de estudios, y son muchí-
simos los que hoy protestan y se irritan contra la ejecución
La Ciiidatl tic Dios. — Aím XVJ. — \úin. 561.
II
162 ¿DEBE SER PÚBLICA LA EJECUCIÓN DE LA PENA CAPITAL :
pública. Tal vez tengan razón ; pero sus argumentos no han
logrado hacernos opinar del mismo modo.
La publicidad, según ellos, ofrece gravísimos inconve-
nientes, tanto para la sociedad como para el reo mismo.
Respecto de éste, la multitud que ha de presenciar su eje-
cución le preocupa desde que es puesto en capilla hasta el
momento de morir. Pensar que ha de subir al cadalso ante
todo un pueblo; que ha de ser el blanco de tantas miradas,
de tantos pensamientos , de tan cruel curiosidad ; que su do-
lor y su agonía, su abatimiento y su muerte han de ser ob-
jeto de horror para algunos, de Idstima parapocos, de bur-
la i>ara la mayor parte, de infamante espectáculo para to-
dos, es lo que ocupa enteramente su imaginación y lo que
le impide prepararse d morir bien. "^El reo que est;l en ca-
pilla -dice una célebre escritora — tiene horas contadas para
recordar su vida, para arrepentirse, para prepararse Á mo-
rir como cristiano, para hablar con Dios; y ese recogimien-
to de la última hora viene á turbarse por la presencia ó la
idea de la multitud, por la necesidad de aparecer como quien
no teme la muerte, como quien la desafía y se ríe de ella.
Los criminales no son hombres de fe viva; sus sentimientos
religiosos son fáciles de distraer por las cosas del mundo; y
esas calles, y esa plaza, y esa multitud, y ese murmullo, y
ese magnetismo de las masas cuando lijan su mirada y su
corazón en un punto, le impresionan, le desvanecen, le fas-
cinan y le hacen prestar más atención á lo que pensará de
su valor la multitud, que á lo que de sus culpas le dice el
Sacerdote; y él, tan habituado á no mirar más que las co-
sas de la Tierra, tal vez le dirige su última mirada, su últi-
mo pensamiento, que debía elevarse al Cielo„ (1). Veremos
luego si estas palabras son tan verdaderas como elocuentes
y persuasivas.
La sociedad , se ha dicho también , ningún provecho saca
de la ejecución pública; antes al contrario, lo oculto, lo mis-
terioso, lo que se sabe y no se ve, impresiona más que lo
que se conoce y se presencia.
(1) Doña Concepción Arenal : El reo, el pueblo y el verdugo, i.
¿DEBE SER PÚBLICA LA EJECUCIÓN DE LA PKNA CAPITAL? 163
El patíbulo que se levanta ante la multitud no puede evi-
tar uno solo de los crímenes impremeditados, cometidos
bajo el influjo de una pasión violenta, ni es bastante para
que no se perpetren los que proceden de la reflexión y del
cálculo. Su ejemplaridad y su intimidación son, por consi-
guiente, un buen deseo del legislador, pero una mentira en la
realidad. Por otra parte, la ejecución pública produce efec-
tos desmoralizadores, causando horror á los hombres honra-
dos, mientras los criminales lo ven con indiferencia; habi-
tuando á todos á derramar sangre humana por la costum-
bre de presenciar semejantes escenas, y por tanto inducien-
do más bien á cometer el crimen que á apartarse de él; y,
finalmente, contribuyendo á la formación de costumbres
sanguinarias y salvajes, por esa cualidad de imitar cuanto
se ve y cuarkto impresiona, cualidad que se observa princi-
palmente en los niños.
He aquí los más notables inconvenientes que ofrece la
ejecución pública, según sus impugnadores. Esperamos de-
mostrar que se exageran, y que la publicidad de la ejecu-
ción es todavía útil para el reo y para la sociedad.
El reo, desde que se le notifica la sentencia, se halla in •
dudablemente impresionado, abatido; pero ¿qué es lo que
le impresiona? {Qué pensamiento el que más le abat£? ¿Es
el morir en público? ¿Es la idea de la multitud que ha de pre-
senciar su muerte? No: lo que más le impresiona es la muerte
misma , importándole poco ó nada la forma de sufrirla. Ante
la consideración de que va á morir, se desvanece la idea de
cómo morirá. En el supuesto de que el pensamiento de mo-
rir en público pase por su mente y le impresione, ¿será esto
un obstáculo para pensar en Dios, arrepentirse y morir cris-
tianamente, ó, por el contrario, contribuirá esa misma publi-
cidad, con el solemne aparato que la rodea, á ayudarle á
morir bien? Ni en un sentido-ni en otro cabe una afirmación
absoluta ; pero creemos que, de ordinario, la impresión mis-
ma de los circunstantes, las lágrimas de muchos, la compa-
sión de que es objeto el desgraciado reo por parte de todos,
son grandes motivos de consuelo y resignación en el supre-
mo dolor de su agonía. El reo tiene amor propio, que pro-
164 ¿DEBE SER PÚBLICA LA EJECUCIÓN' DE LA PE.VA CAPITAL?
curará satisfacer aparentando valor }' serenidad en el patí-
bulo ; pero también tiene corazón , y un corazón capaz toda-
vía de enternecerse cuando se ve compadecido por los de-
más, i Cuántos reos habrán experimentado una de las mayo-
res satisfacciones de su vida en las compasivas miradas de
la muchedumbre que les insultaba antes de subir al cadalso!
¡Para cuántos habrán sido las lágrimas de los espectadores
dulcísimo bálsamo que en aquella hora suprema cierra las
heridas abiertas en su alma por el abatimiento y el dolor!
¡Cuántos corazones empedernidos se habrán ablandado ante
esa multitud que tan indiferente y cruel se supone cuando de
lejos y á sangre fría se contempla! ¡Cuántos sentenciados,
á quienes no bastaron los consejos de los buenos amigos ni
las exhortaciones dtl Sacerdote-, no han podido resistir la
influencia de ese público imponente, contemplado desde el
patíbulo, y á (51 tal vez debieron su salvación!
Recordamos á este propósito un caso notable ocurrido
en Falencia hacia el año 1878. Un terrible asesino, natural
del pueblo de Magaz, fué condenado á muerte. Hl Sr. Obis-
po de la Diócesis envió, para que le preparasen, tres sabios
y virtuosos Sacerdotes, que nada pudieron conseguir de él.
Hl mismo Prelado se presentó en la capilla, y, lejos de ablan-
dar con cariñosas palabras aquel empedernido corazón, sólo
pudo escuchar los groseros insultos de un salvaje, y tuvo
que huir de aquel lugar, como se huye de la presencia de
una fiera. Habiendo llegado al patíbulo acompañado de un
solo Sacerdote que continuaba exhortándole, más en cum-
plimiento de su misión que por la esperanza de ver una se-
ñal de arrepentimiento, todavía llegó la furia del desdichado
reo á escupir el Santo Crucifijo que tenía delante. El pavor
que este espectáculo produjo en la inmensa multitud que le
presenciaba , y el llanto y los gritos que algunas palabras
del Sacerdote arrancaron de Codos los circunstantes, fueron
causa tal vez de la salvación de aquella alma. Una supli-
cante mirada á la imagen de Jesús crucificado y otra al Cielo,
fueron las inequívocas señales de arrepentimiento en su ago-
nía. Lo que no pudo conseguir el Sacerdote lo consiguió la
multitud, y tal vez fué ésta el instrumento de que Dios se va-
¿DEBE SER PÚBLICA LA EJECUCIÓN DE LA PENA CAPITAL? 165
lió para salvar á aquel hombre. {Habría muerto así en el
obscuro rincón de una cárcel?
Tenemos noticia de este caso y de algunos otros pareci-
dos; pero la mayor parte de los acontecimientos de esta
clase son ignorados, por la imposibilidad de que los reos nos
los manifiesten. Si fuera posible escribir la historia de los
reos arrepentidos por la sola reflexión de que van á morir
en público, ó por la saludable impresión que sobre ellos
ejerce la multitud cuando la ven desde el cadalso, de seguro
sería una historia interesante y un argumento incontrasta-
ble en favor de la ejecución pública.
Los que sostienen que los sentenciados á la pena capital
únicamente piensan en morir aparentando valor y serenidad
ante la muchedumbre, no conocen bien el corazón humano,
y cierran los ojos ante los hechos de todos los días que nos
dicen lo contrario. Hay, ciertamente, algunos, muy pocos, á
quienes afecta más la pubhcidad de su muerte que la muerte
misma; hombres sin religión y sin conciencia, que hacen un
supremo esfuerzo por aparecer valientes y despreocupados
ante los demás, desafiando á esa sociedad que les condena,
riéndose ó aparentando reirse de la muerte, y haciendo alar-
de de un valor que les falta y de una impiedad que les sobra.
Estos perversos no merecen el /io?tor de morir en público.
Hay otros pocos, que realmente suben tranquilos al cadalso
porque juzgan merecida la pena, están arrepentidos y quie-
ren hacer pública manifestación de su arrepentimiento, con
lo cual nada pierde la sociedad. Pero el hecho innegable es
que, con rarísimas excepciones, el reo sube al cadalso aba-
tido, anonadado, sin fuerzas para sostenerse, sin dar señal
alguna de tranquilidad ó indiferencia ante la muerte, ni pro-
curar siquiera hacer la más mínima manifestación de un
valor que realmente no tienen. Los que ven esto, los que lo
saben, los que pueden experimentarlo en casi todas las eje-
cuciones capitales que tienen lugar, así en España como en
Francia }'■ en todos los países del mundo, ¿cómo se atreven
á afirmar que el reo sólo piensa en aparecer como hombre
de valor ante el público, y que este pensamiento es un obs-
táculo para morir bien?
16Ó ¿DEBE SER PÚBLICA LA EJECUCIÓN DE LA PENA CAPITAL?
Es un error, y además un crimen de lesa humanidad, su-
poner en absoluto, como suponen los impugnadores de la
ejecución pública, que la multitud que presencia el último
suplicio es un conjunto de seres sin corazón, sin sentimiento
alguno de bondad y lástima para el desgraciado reo, sin que
sean conducidos al lugar de la ejecución por otro móvil que
el de la curiosidad ó la cruel satisfacción de ver morir á un
hombre en el patíbulo. Y, ciertamente, si esto fuese así; si
fuera verdad que el último suplicio se toma como una sim-
ple diversión por todos los que á él concurren; que el des-
graciado reo sólo sirve de curiosidad y escarnio á la multi-
tud, y que su muerte es presenciada entre burlas, aplausos
ó silbidos, sin conmover un corazón ni arrancar una sola
láí^rima, la ejecución pública sería el mayor tormento que
se podría dar al que la sufre, y aquella indiferencia, y aque-
llas manifestaciones por parte del público, nos harían com-
prender que vivimos todavía en pueblos salvajes. Pero, afor-
tunadamente, no es así; y en nombre de las naciones cristia-
nas y la verdad demostrada por la experiencia, protestamos
contra semejantes afirmaciones.
Xo, no es cierto que la multitud que presencia la muerte
de un hombre en el patíbulo carezca de todo sentimiento
humanitario y permanezca indiferente é insensible ante el
inmenso dolor y la suprema desgracia del desdichado crimi-
nal; no es cierto que el sentenciado agonice entre las burlas
sangrientas de las muchedumbres, ni que la más fría indife-
rencia acompañe á su último suspiro. Quien quiera conven-
cerse de los sentimientos, del interés y hasta de la simpatía
que generalmente despierta el reo en los que presencian su
muerte, no asista á las ejecuciones que se verifiquen en Ma-
drid ó en cualquiera otra de las grandes poblaciones, donde
tales actos se ven con frecuencia, y ni se conoce comun-
mente al reo, ni saben muchos de los concurrentes por qué
se le ejecuta: no asista tampoco á la ejecución de un desal-
mado anarquista ó del que muere blasfemando de Dios é in-
sultando á la sociedad: vayase á otra población de menor
importancia y presencie allí la muerte de cualquier delin-
cuente ordinario; observe qué piensan todos los concurren-
¿DEBE SER PÚBLICA LA EJECUCIÓN DE LA PENA CAPITAL? 167
tes. Cómo se expresan, cuáles son sus sentimientos, cuál su
ansiedad en el momento de consumarse el terrible acto; es-
cuche los gritos de dolor y la suspensión producida por el
esp;into en la multitud; vea la compasión que en todos los
corazones produce aquel hombre que va subiendo las gra-
das del patíbulo, y el deseo unánime de prestarle algún ali-
vio, si posible fuese, en su inmensa desgracia; contemple
todo esto, y diga después, si se atreve, que la ejecución pú-
blica no impresiona á la multitud, ó que la agonía del reo
se acoge con la más fría indiferencia ó se celebra con el in-
sulto, la risa y el escarnio.
En aquel supremo instante en que el sentenciado va á
morir, todos fijan en él sus miradas y su corazón; sus crí-
menes se olvidan ; los que antes le odiaban, ahora le compa-
decen; los que deseaban verle morir, ahora sienten que
muera; y si en manos de la multitud estuviese el perdonar-
le, jamás llegaría á ser ejecutado. El reo está persuadido
de todo esto; lo oye, lo ve desde el patíbulo; y es imposible
que no se enternezca, que no experimente gran satisfacción
al ver que se compadecen de él , que se interesan por él, que
hay quien llore su desgracia y desee vivamente su salva-
ción. Es imposible que no produzca algún consuelo en el
condenado á muerte el ver convertido el odio de las muche-
dumbres en cariño, la anterior alegría en pesar, la vengan-
za en perdón, los gritos de la ira y del escarnio en manifes-
taciones de misericordia y de dolor. ¿Experimentaría estos
consuelos si en la ejecución faltase la publicidad?
Hemos de confesar que la ejecución pública lleva necesa-
riamente consigo cierta nota de infamia que ha de herir por
fuerza el amor propio del reo; pero todo esto se desvanece
al considerar que la infamia procede del delito y no de la
pena, y que el acto de la ejecución, lejos de dejar en la me-
moria del pueblo un recuerdo de ignominia, produce casi
siempre la compasión hacia el ejecutado y el olvido de sus
crímenes. Más deshonrada quedaría la memoria del crimi-
nal si nadie le viese morir, que presentándose ante el públi-
co y diciendo, con las palabras ó con el silencio, á la mul-
titud que presencia su muerte: "He cometido un crimen,
168 ¿DEBE SER PÚBLICA LA EJECUCIÓN DE LA PENA CAPITAL?
pero ahora le lavo con mi propia sangre: tenía una deuda
pendiente y ya está pagada; los que habéis aborrecido al
criminal durante su vida, compadeceos del ejecutado des-
pués de su muerte „.
Si ésta se verificase en secreto, sólo permanecería en la
memoria del pueblo el recuerdo del crimen con la indigna-
ción y la ignominia que produjo; pero si es presenciada por
las muchedumbres, comunmente aquel recuerdo se borra
para dar lugar á los sentimientos de piedad y hlstima que
en todos despierta el acto de la ejecución. Ahora contéstese
á esta pregunta: ¿qué es más útil para el reo, morir compa-
decido ó morir deshonrado?
Opinamos, pues, que, aun para el mismo reo, es conve-
niente, por regla general, que la ejecución sea pública; y
aunque no fuese así importaría poco, pues lo que principal-
mente debemos tener en cuenta es el bien que pueda produ-
cir. Veamos si para la sociedad es ó no útil actualmente la
ejecución pública.
El electo más importante y más útil de la pena de muerte
es hoy, y ha sido en todos los tiempos, su ejemplaridad uni-
da á la intimidaci(')n y al escarmiento. Esta ejemplaridad y
este escarmiento ¿se conseguirán del mismo modo cuando
la ejecución es pública que cuando tiene lugar en la celda de
una prisión, sin más concurso que el de las personas indis-
pensables para el acto? Lo cual equivale á preguntar: ¿pro-
duce en nosotros tanta impresión una gran desgracia de que
tenemos noticia por haberla oído referir, como si la hubié-
semos presenciado? Si leemos en un periódico que un hom-
bre ha sido asesinado, ¿nos impresionaremos del mismo
modo que si lo hubiéramos visto? Si en un choque de trenes
mueren veinte ó cuarenta personas, y de ello tenemos cono-
cimiento por una relación cualquiera que se nos hace, ¿po-
dremos sentir aquella compasión, aquel espanto que senti-
rían los que oyeron los gritos de los heridos, los que vieron
la agonía en los moribundos, los cadáveres aplastados, la
terrible catástrofe con todos sus detalles y todos sus ho-
rrores?
A nadie se le ocurrirá dudar sóbrela contestación que á
¿DEBE SER PÚBLICA LA EJECUCIÓN DE LA PENA CAPITAL? 169
semejantes preguntas debe darse; y sería ridículo hacerlas
si no hubiera quien se empeñase en sostener que lo oculto,
lo desconocido, lo que no se ve causa mayor impresión que
si se verificase ante nuestros ojos, y que tal vez la ejecu-
ción en secreto, rodeada de una misteriosa obscuridad,
produciría más terror, impresionaría mds que realizada á
la luz del día y en presencia de cuantos A ella quieren con-
currir.
Cuando se trata de sostener una opinión, por absurda
que sea, se acude á todo lo que pueda favorecerla, y casi
siempre la pasión nos ciega hasta el punto de ver las cosas
al revés de lo que en sí son. Pongámonos en la realidad de
los hechos, y veamos imparcialmente cuál de las dos formas
de ejecución es más ejemplar y ejerce más influencia en el
ánimo de los criminales.
Nada tan elocuente en esta materia como los hechos;
nada, por consiguiente, más lógico que tener en cuenta lo
que de ordinario acontece, para resolver con acierto la
cuestión de que tratamos. Pljémonos en un criminal que
haya sido condenado á muerte y ejecutado en la soledad
de una cárcel, ó, lo que viene á ser lo mismo para el caso,
en una población lejana del lugar donde vivió y cometió el
crimen. {Qué efecto producirá su muerte en sus convecinos,
en los que trataron con él, en los que directamente sufrie-
ron el mal causado por sus delitos? Sólo saben jque murió y
por qué murió, é ignoran cómo se le quitó la vida, qué as-
pecto presentaba en el acto de la ejecución, cuáles serían
sus sentimientos; si murió arrepentido ó desesperado, ma-
nifestando serenidad ó abatimiento; es decir, que ignoran
todo lo que puede afectarles, todo lo que puede dar materia
de conversación y vida á las palabras sobre la muerte de
aquel hombre. Cuanto saben, se dice en breves momentos; y
después de pocos días, sólo un débil recuerdo quedará de la
ejecución, del criminal y del crimen. De la ejecución, por-'
que lo que no se ve, poco ó nada suele impresionar ; y lo que
no impresiona, fácilmente se olvida; del criminal , porque no
ha podido grabarse en la imaginación del pueblo en el acto
de morir: del crimen, porque no se han visto con los ojos
no ¿DEBF. SER PUBLICA LA EJECUCIÓ.V DE LA PE.VA CAPIT,A.L?
SUS naturales consecuencias y su inmediata relación con el
castigo.
Pero supongamos que ese mismo criminal muere en
público, y en el mismo lugar en que cometió el crimen, y
donde es perfectamente conocido de cuantos presencian su
muerte. Si el pueblo donde tiene lugar la ejecución es de
escasa importancia y jamás se ha visto allí un espectáculo
de este género, seguramente asisten á él, no sólo los habi-
tantes de aquella localidad, sino también otros muchos de
todos los pueblos comarcanos. Sigámosles hasta el momento
de consumarse el suplicio de la ejecución, y participemos,
en cuanto sea posible, de sus impresiones, de su agitación,
de sus sentimientos.
No diríamos la verdad si asegurásemos que cuantos con-
curren á la ejecución del reo van con el fin de recibir una
lección práctica de moraJidad y para modificar sus costum-
bres ó cumplir mejor con sus deberes después del terrible
ejemplo que la justicia humana ha puesto ante sus ojos. No,
no es esto lo que se proponen al asistir á aquel acto; van
por pura curiosidad, por ver una cosa que probablemente
no han visto nunca ni volverán á ver en su vida, juzgando
por lo que aparece al exterior, la concurrencia ofrece el as-
pecto de una romería, aunque generalmente se echará de
ver aquella alegre animación y ruidosa algazara que acom-
paña siempre á diversiones de este género. Las conversa-
ciones son comunmente graves, y versan acerca del reo,
de su vida pasada, del estado en que se encuentra, del es-
pectáculo que van á presenciar. A medida que se acerca el
momento de la ejecución, van sintiendo más el terror que se
apodera de su ánimo todos los que á ella se han propuesto
asistir; los más débiles experimentan en su interior una lu-
cha entre la curiosidad que les arrastra hacia el lugar de la
ejecución y la aterradora idea de ver matar á un hombre,
que les aconseja quedarse en casa; pero la curiosidad ven-
ce al fin, y marchan con los demás hasta colocarse al pie
del patíbulo.
Aparece el reo entre la multitud, sube al cadalso, y á los
pocos momentos deja de existir. El terror, la ansiedad, el
DEBE SER PÚBLICA LA EJECUCIÓN DE LA PEN'A CAPITAL? 171
espanto del público llega á su colmo. La impresión que todos
experimentan no puede expresarse sin haberla sentido; bas-
te decir que son muchas las personas que han perdido la
salud y aun la vida al presenciar la ejecución de un reo.
Ahora, que vengan los impu. leñadores de la ejecución pública
á decir que causa menos impresión que si se realizase en se-
creto. Ante aquel tremendo espectáculo, ante el angustio-
so abatimiento y supremo dolor de la víctima, ante aquella
ignominia y aquella inmensa desgracia. -;podrá sostenerse
que haya un solo corazón que no se conmueva, que haya
un solo criminal que piense en continuar con su mala vida?
Pero no concluye aquí todo. Los que presenciaron el su-
plicio de muerte han visto subir ai reo al patíbulo; han ob-
servado su aspecto, su vestido, sus miradas, sus acciones,
sus movimientos; se han hecho cargo de la tristísima situa-
ción de aquel hombre; se han fijado en los que le acompa-
ñaban, en las palabras que le dirigieron; han adivinado, ó
han creído adivinar, hasta los más profundos pensamientos
del sentenciado; se han conmovido ante la solemnidad de
aquel acto; han examinado los trajes de los oficiales de jus-
ticia, el semblante del verdugo, la fúnebre arquitectura del
cadalso; han visto por fin la acción del verdugo, funcionar
el terrible aparato y dejar de existir al desdichado reo. Todo
lo han visto en sus más minuciosos detalles, y esto les da
materia de conversación para muchos días y aun para mu-
chos años, porque impresiones de este género no se borran
de la imaginación en toda la vida. Este acontecimiento es
transmitido de unos individuos á otros, de los padres á los
hijos, de un pueblo á otro pueblo; y cada vez que se cuenta,
puede decirse que se reproduce de nuevo aquella primera
impresión, por los detalles con que se refiere y el calor que
da á sus palabras el conmovido narrador. De suerte, que la
ejecución pública no sólo afecta al que lo ve, sino también
al que lo oye referir.
Nada de cuanto hemos dicho es puramente ideal y arbi-
trario; es la realidad; es lo que, por regla general, acontece;
y fácilmente podrá convencerse de ello quien tenga valor
para asistir á uno de estos tristes espectáculos.
172 ;debe ser pública la ejecución de la pena capital?
La ejecución no intimida á las personas honradas, por-
que no se les ocurre siquiera que algún día puedan hallarse
en semejante situación, pero contribuye á que jamás lleguen
á ser criminales; las confirma en sus buenas costumbres, las
aterra; y el terror que produjo la muerte del reo en los que
la presenciaron se transmite con toda su fuerza á los demás,
y se ve prácticamente la relación entre el crimen y aquella
horrible pena que atormenta todavía la imaginación de los
que la vieron ejecutar y de los que saben detalladamente
cómo se ejecutó. Ahora, si aquella lección práctica recibida
al pie del patíbulo contribuye á reformar las costumbres; si
inlluye en que los buenos continúen siéndolo y hagan que
otros también lo sean; si de ello se deduce la gran enseñan-
za de que cada uno recibe su merecido en la tierra, enton-
ces, ó la ejecución pública es ejemplar, ó no entendemos lo
que es la ejemplaridad.
Se nos ocurre otro medio de hacer que la ejecución pú-
blica sea aún más provechosa para el pueblo, medio que fe-
lizmente se ha empleado alguna vez, y es lástima que no se
emplee con más frecuencia.
Cuatro palabras dirigidas á la multitud desde el patíbulo
por cualquiera de los sacerdotes que. de ordinario, acom-
pañan al reo, relacionadas con el terrible acto que allí se
acaba de realizar, sería una lección tal vez de mejores re-
sultados que la que da en silencio el reo mismo. Es difícil
encontrar en la vida una situación más á propósito para per-
suadir y conmover á las muchedumbres, por el estado de
ánimo en que se hallan todos. Sólo un caso recordamos en
que esto se haya puesto en práctica, y sabemos que sus re-
sultados no pudieron ser más provechosos, moral y social-
mente considerados.
Nada de esto podría conseguirse desde el momento en
que se suprimiese la publicidad de la ejecución; y no es líci-
to privar á la sociedad de un bien que tiene derecho á exigir
de la pena de muerte.
La ejecución pública, se ha dicho por sus impugnadores,
no es bastante para evitar un solo crimen, sea impremedi-
tado, sea producido por la reflexión y el cálculo; el primero
¿DEBE SER PIBLICA LA EJECUCIÓN DE LA PE.VA CAPITAL? 173
porque no se piensa; el segundo, porque se fundó en la pro-
babilidad ó seguridad de no caer bajo la acción de la justi-
cia. Responderemos brevemente. Respecto de los crímenes
impremeditados, huelga la observación ; pues hoy, por un
crimen impremeditado, es muy difícil, si no imposible, que
se imponga la pena de muerte. En todo caso, nunca es tan
impremeditado el crimen que no dé lugar á que cruce un solo
pensamiento por la mente de su autor; y el primero de todos
será el del patíbulo, si el criminal le ha visto alguna vez.
Tanto los crímenes que se cometen sin reflexión, como
los premeditados, continúan existiendo, á pesar de la ejecu-
ción pública; esto no puede negarse. Pero si el argumento
en contra de la publicidad ha de tener algún valor, no basta
decir que, siendo pública la ejecución de la pena de muerte
todavía se cometen tantos ó cuantos crímenes; que muchos,
asesinos la han presenciado alguna vez, y, sin embargo,
matan: es necesario demostrar que, sin el hecho de la pu-
blicidad, no se cometería ni un solo crimen más de los que
se cometen, y esto es lo que nunca podrá demostrarse. En-
tre tanto, continuamos creyendo que la pena capital intimida
á los criminales, que les infunde terror el patíbulo, y que
la publicidad de la pena , si alguna vez han asistido á una eje-
cución, les aterra más todavía. Los criminales temen mo-
rir, ¿quién lo duda?; temen , sobre todo, morir en el patíbulo;
y este temor no puede menos de influir en el ánimo de los
asesinos , y hacer que , siquiera alguna vez , no llegue á con-
sumarse el crimen que se había meditado. ¡Cuántos delitos
habrán quedado en proyecto por temor ala pena de muerte!
¡Cuántos puñales, alzados ya sobre el pecho de un hombre,
se habrán vuelto á bajar al reproducirse en la memoria del
asesino aquel patíbulo, aquel terrible espectáculo que un día
presenció!
Dícese también que la publicidad de la ejecución contri-
buye á que las costumbres se perviertan, los hombres se
hagan más sanguinarios y se cometan más fácilmente los
crímenes. Muy en su punto estaría esta observación apli-
cada á ciertos países de la Edad Media, ó ala época revolu-
cionaria de Francia; pero hecha contra la ejecución actual
174 ¿DEBE SER PÚBLICA LA EJECUCIÓN DE LA PEXA CAPITAL?
de la pena de muerte, no la comprendemos. Cierto que en el
hombre existe la propiedad de imitar aquello que ve, y sobre
todo aquello que más le impresiona; cierto también que,
quien se acostumbra á presenciar espectáculos de sangre,
llega á familiarizarse con ellos, á no sentir repugnancia al-
guna, y hasta á derramar sangre humana sin gran dificul-
tad; pero atendamos á lo que realmente acontece y pongá-
monos en lo justo. Concretándonos á nuestra patria (y lo
que de Esparta decimos podemos aplicarlo á todas las na-
ciones de Europa), {cuántos españoles habrán presenciado
una ejecución? Supongamos que una tercera parte, y esta-
mos seguros de que nos excedemos; de esta tercera parte,
¿cuántos la habrán presenciado más de una vez en su vida?
Muy pocos, casi ninguno. ;Y basta presenciar una vez la
ejecución de un reo para hacer cambiar de bueno en malo
el carácter del hombre, para poder decir que se ha acos-
tumbrado á ver matar, para sostener que después de la eje-
cución matará con menos repugnancia? Hoy sólo puede apli-
carse esto al verdugo.
La ejecución secreta, fuera de no producir casi ningún
bien en la sociedad, tiene positivos inconvenientes. Unas ve-
ces el pueblo llegaría á sospechar que tal ó cual delincuen-
te no había sufrido la pena, y que el dinero, los manejos po-
líticos ó determinadas recomendaciones le habían ocultado
y se trataba de engañar al público ; otras veces, por el con-
trario, la imaginación popular inventaría mil fábulas sobre
la muerte de ciertos criminales allá en la obscuridad de la
prisión, fingiendo infames escarnios y horrorosos tormentos,
porque el pueblo, cuando no ve, adivina ; cuando no sabe,
inventa. La historia nos suministra hechos que demuestran
lo que acabamos de decir; y no es necesario citarlos, porque
son bien conocidos de todos. Por otra parte, en algo se ha
de distinguir la muerte de un hombre, aunque este hombre
sea criminal, de la muerte que se da á un perro ; y en el caso
de que la ejecución fuese secreta, poco se diferenciaría la
una de la otra. El criminal no muere en público, como supo-
nen nuestros impugnadores, para ser escarnecido de la mul-
titud, sino para ser compadecido de la inmensa mayoría de
fDEBE SER PUBLICA LA EJECUCIÓN DE LA PENA CAPITAL? 175
los concurrentes. El ser compadecido podrá quizás herir el
amor propio del reo; pero ve en cambio respetada su digni-
dad, en cuanto que por él se observa aquella fúnebre cere-
monia; ve también honrada su muerte por el numeroso con-
curso que le rodea, y encuentra siempre en la multitud co-
razones que sientan su desgracia y lágrimas que hagan
menos dolorosa su agonía.
Respetamos la opinión de los que no piensan como nos-
otros, y estimamos en cuanto valen los inconvenientes que
lleva consigo la ejecución pública; pero creemos que están
bien compensados con sus ventajas. Opinamos que la publi-
cidad es todavía útil para los pueblos y aun para el reo
mismo, y por consiguiente que debe conservarse, á lo me-
nos como regla general, y sólo por excepción ha de estable-
cer.se y permitirse la ejecución secreta en ciertos casos, á
juicio de los tribunales de justicia. Ya lo hemos dicho en
otra parte: si fuese cierto que toda la solemnidad empleada
en las ejecuciones de muerte no tiene más objeto que diver-
tir á las muchedumbres; si fuese cierto que la ejecución pú-
blica no basta para convertir á un solo criminal ni produce
efecto alguno provechoso en los que á ella asisten, enton-
ces no abogaríamos ciertamente por que se suprimiera la
publicidad: pediríamos la abolición de la misma pena de
muerte.
^R. JERÓNIMO /AOUTBS,
O. S. A.
í/iv;/^;^wraW^*/R*^i5^*/Mí^^
Astronomía ^^
XW'II
LAS NEBULOSAS CELESTES-
lA naturaleza física no puede presentarse más pri-
morosamente engalanada, ni ofrecer á nuestra
vista un cuadro de belleza tan singular, como du-
rante una noche despejada, tranquila la atmósfera, cuando
lo majestuoso del silencio y los tibios resplandores de los
astros realzan el inmenso panorama de los cielos sembrados
de innumerables perlas y diamantes. Ni hay alma tan insen-
sible que no se sienta como dulcemente sobrecogida ante la
contemplación de la inmensidad, cuya imagen ve dibujarse
en el insondable espacio, cuyos límites parecen ensancharse
con la obscuridad misma, en que el horizonte sensible se
aleja, se difunde y se esconde.
Cuando la Tierra enmudece, ó sólo es interrumpido su
silencio por el suave mecimiento de las hojas del árbol y
por el m.urmullo del arroyo que se desliza entre las pie-
dras, entonces aquellos puntos luminosos, esparcidos co-
mo al acaso y aparentemente sin orden ni concierto, tacho-
nando la bóveda celeste, unos con luz lija, inmóvil como
(1) Véase la página 31
ASTRONOMÍA 177
■centinela en su puesto, otros vibrando sin cesar y como co-
municándose entre sí, mediante un misterioso centelleo...
^entonces es cuando hablan también con elocuencia sublime
á los habitantes de este mundo microscópico, que hollamos
con nuestros pies y amamos como á dulce morada nues-
tra; nos dicen con su lenguaje simbólico, comprensible ala
Tez por el corazón y la inteligencia, que cuanto nos rodea
y tocamos, cuanto la Tierra contiene de majestuoso y su-
blime , todo es pequeño . una sombra no más de la grandiosa
sublimidad de aquellos mundos sin ñn , de aquellos planetas,
de aquellos soles sin cuento. Tanta magniñcencia no puede
menos de abismar en dulces éxtasis á quien se detiene á
contemplarla. ¿Y qué mortal , si no en sus alegrías, cuando
menos en sus penas y dolores, no ha levantado los ojos al
cielo buscando la paz consoladora que no encuentra en la
Tierra?
La irregularidad caprichosa y el aparente desorden con
que se ven situadas las estrellas en el firmamento, las unas
formando grupos apiñados, mientras otras, aisladas y como
desperdigadas en un desierto sin límites, no sólo han lla-
mado la atención del hombre en todos los tiempos, por los
contrastes sorprendentes que en ellas se observan , sino que
ya en aquellas remotas edades dieron margen á la imagina-
ción de los antiguos para personificar en las constelaciones
á sus héroes y á sus dioses , á todo lo que querían presentar
marcado con el sello de lo extraordinario , de lo sublime , de
lo heroico, de lo divino.
Desde que el anteojo y el telescopio estrecharon las dis-
tancias ensanchando á la vez los horizontes, y presentaron
á la vista del observador objetos nunca imaginados en los
siglos anteriores; desde que á través de las lentes nos hi-
cieron penetrar con la mirada más allá de lo que se había
creído impenetrable y cristalma bóveda celeste, las mara-
villas del universo aparecieron en todo su esplendor y mag-
nificencia , multiplicándose en número á medida que el poder
del anteojo crecía y se multiplicaba. La misteriosa Vía Lác-
tea, el camino de Santiago para el vulgo español, la in-
mensa faja de blanquecinas tintas que rodea al firmamento
12
178 ASTRONOMÍA
y con él voltea sobre nuestras cabezas, dejó de ser un arca-
no desde que la refracción de las lentes y de los prismas
pusieron de manifiesto que todo era debido á la exorbitante
acumulación de estrellas, más próximas á la Tierra unas,
más lejanas otras, pero en su mayor número á inconmen-
surables distancias separadas de nosotros, proyectadas to-
das sobre el fondo azul de la bóveda que nos circunda. Pero-
al mismo tiempo que tan precioso descubrimiento se reali-
zaba, indicó el anteojo que más allá todavía, en el fondo
del universo estelar, por encima de esas aglomeraciones
sorprendentes, existían otras regiones que á través de las
lentes aparecían como, mirada sin instrumentos, aparece
la Vía Láctea. Se vio luego que los dilatados ámbitos del
firmamento estaban sembrados además de las estrellas visi-
bles y de las innumerables que sólo el telescopio distingue,
de otros mil y mil puntos luminosos semejantes á las tenues
nubccillas que en días de verano vense aparecer y luego di-
siparse, para reaparecer otra vez en las altas regiones de
nuestra atmósfera.
La analogía, antes que un conocimiento completo y cien-
tífico del fenómeno descubierto, condujo á los astrónomos
á las siguientes hipotéticas afirmaciones. Esas nubecillas
de los espacios interestelares, esas regiones sumamente le-
janas que parecen hallarse invadidas por materia cósmica
y de aspecto vaporoso, deben de ser, ni más ni menos, que
vías lácteas de otros mundos, parecidas á la nuestra; gru-
pos más ó menos numerosos de soles tan lejanos de la Tie-
rra, que, á pesar de la dispersión de las lentes, la vista no
puede verlos distintos ni separados unos de otros. El uni-
verso astronómico no es más que un conjunto de nebulosas,
á una de las cuales pertenece el sistema solar, y dentro de
la que se mueve con la Tierra y demás planetas. La agru--
pación general de los astros que la vista descubre en el fir-
mamento sin el auxilo del telescopio, debe de tener una for-
ma más ó menos lenticular: en su interior boga nuestro sis-
tema, y desde la Tierra vemos las estrellas como de perfil
y no de plano, respecto del conjunto.
A medida que fué multiplicándose el poder de los ante-
ASTRONOMÍA 179
ojos, se observó que muchas de las nebulosas se resolvían,
confirmándose estas hipótesis, en miriadas de estrellas; y
que otras, por el contrario, permanecían en su aspecto ga-
seiforme y vaporoso. Sólo dos hipótesis cabían ya respecto
de la naturaleza y constitución de aquellas bandas de luz
difusa. Ó bien todas eran conglomeraciones de astros dis-
tintos y formados como los que se habían resuelto en estre-
llas en el campo del anteojo, y sólo faltaba potencia disper-
siva en éste para resolverlas, ó, además de las resueltas,
había realmente nebulosas tales, sin condensar, formadas
de materia enrarecida en estado de vapor gaseoso , etc.
Cuidadosas y repetidas observaciones con instrumentos
de día en día más perfectos y de mayor alcance, y sobre todo
el análisis espectral, han resuelto la cuestión en harmonía
con el último supuesto. Así, pues, las nebulosas celestes se
han clasificado en resolubles y no resolubles. Pertenecen al
primer grupo todas aquellas que, mediante el anteojo, se
descomponen en astros distintos ; y además otras que no han
sido descompuestas por falta de aumento en las lentes, y
que sin embargo, á juzgar por lo que se ve mediante el pris-
ma, no pueden estar formadas por materias gaseiformes ni
vaporosas. El segundo grupo lo constituyen las nebulosas
verdaderamente tales, que, además de no desdoblarse, ma-
nifiestan, con caracteres indelebles, el estado de materia no
condensada ni menos solidificada. De estas últimas, verda-
deras nebulosas, las hay que presentan uno, dos ó más nú-
cleos de condensación, gérmenes de nuevos soles que han
de formarse con el transcurso de los siglos. Y siglos de siglos
tardan en llegar á la Tierra los destellos de aquella luz tibia
y suave ; jamás podemos observarlas en su estado actual. En
algunas, el principio de condensación que se observa, quizá
haya progresado lo bastante para que no debieran denomi-
narse nebulosas verdaderas, sino enjambres de estrellas.
No nos es posible ofrecer aquí ni la más sucinta descrip-
ción de las nebulosas hasta hoy descubiertas, porque su nú-
mero es ya muy conocido en los catálogos, y porque no con-
tamos con espacio ni tiempo bastantes; y en fin, porque el
mejor medio para darlas á conocer, siquiera en su aspecto
180 ASTRONOMÍA
exterior, sería acompañando la descripción con su corres-
pondiente dibujo. Tampoco contamos con este precioso re-
curso. Indicaremos, pues, la posición y la forma general de
algunas de las más principales solamente.
De las que como verdaderas nebulosas se presentan á
simple vista ó en anteojos de poco aumento, pero que, sin
embargo, en los de mayor potencia aparecen descompues-
tas en miriadas de estrellas, además de las distintas regio-
nes de la Vía Láctea, pueden observarse como dignos de
especial mención dos numerosísimos grupos en el hemisferio
Sur: uno en la constelación del Centauro y otro en la de Tu-
cán, ambas invisibles para nuestras latitudes. El primero
de estos grupos es el más rico de estrellas que se ha ob-
servado en el firmamento; el segundo, aunque menos nu-
meroso, es más sorprendente, porque las regiones vecinas
hállanse desprovistas de estrellas, resultando por lo mismo
de un modo especial el enjambre de soles como solitario en
las piofundidades del espacio.
En el mismo hemisferio, en la constelación llamada la
Cruz del Sur, existe otro grupo brillante, en donde se han
contado hasta 110 estrellas, próximas las unas á las otras,
ofreciendo la particularidad, notabilísima por el contraste,
de haberlas de variados colores. El rojo rubí, el verde es-
meralda, el azul del zafir con los vivos destellos del dia-
mante más puro, forman allí la más bella combinación de
colores, que constituye uno de tantos viistcrios naturales
que la ciencia de los astros no ha explicado todavía.
En el hemisferio Norte llaman poderosamente la atención
del astrónomo el grupo de las Hyades, visible sin necesidad
de anteojo en la constelación del Toro, así como las Pléya-
des en la región cercana. Hay otro grupo en Cáncer, que á
través de las lentes se desdobla en prodigioso número de
mundos brillantes . y no menos notable que éstos es el grupo
que se observa en Géminis, si bien no es tan rico como los
que existen en Perseo y en la constelación de Hércules, por
no citar también el precioso grupo situado en la constela-
ción llamada Los Lebreles.
El número de nebulosas propiamente dichas es muy ere-
ASTROiNOMIA 181
cido , como indicábamos más arriba , y se hallan diseminadas
en el firmamento con bastante irregularidad, habiendo re-
giones en que abundan más las estrellas de segunda y de
tercera magnitud, mientras en otras partes no se descubre
indicios siquiera de nebulosidad. Hace ciento setenta y ocho
años, Halley sólo conocía seis de estas nubéculas blanquí-
simas; mas, con el auxilio de su gran telescopio, ya Hers-
chel examinó en su tiempo y catalogó hasta 1.500. La pri-
mera que se conoció, señalada en lul2 por Simón Mario,
hállase en la constelación de Andrómeda. Tiene la forma de
una elipse muy prolongada, y mejor la de un cigarro, ó
como dos conos muy estrechos unidos por las bases. El mis-
mo Simón Mario comparó esta nebulosa, que cuando la at-
mósfera está despejada se distingue á simple vista, á la lla-
ma de una bujía mirada á través de una lámina diáfana y no
transparente del todo, como un cristal deslustrado ó como
una lámina delgada de asta ó cuerno, según decía Mario.
Con anteojos de los de más potencia desaparece la íorma
regular de esta nebulosa, apareciendo, próximas al eje cen-
tral , líneas obscuras y grupos de estrellas en que el astró-
nomo Hond ha contado hasta 1.500. El resto no ha podido
resolverse, y el análisis espectral demuestra que tampoco es
gaseoso. Sin duda toda ella no es más que una aglomeración
inmensa de astros, inmensamente distantes de nosotros, y
que los anteojos no han podido desdoblar todavía.
En la constelación Virgo, y con anteojo de regular al-
cance, son muchas las nebulosas que se descubren. Otra se
observa en Leo, elíptica ó fusiforme en general, como la
de Andrómeda, aunque con los extremos más estrechos y
casi en punta afilada. El anillo central lo forman otros va-
rios retorcidos en espiras; los bordes laterales en toda la
longitud de la nebulosa aparecen aserrados como una de
esas lanzas de nuestros igorrotes de Filipinas, en forma
de saeta múltiple. Mejor acaso se asemejaría esta singular
nebulosa á la espina dorsal de un pez. Más notable es aún
la nebulosa que existe en la constelación de los Perros de
caza, por su figura, en espirales también, con un centro en
que convergen, por su mayor extensión, por proyectarse
182 ASTRONOMÍA
sobre ella multitud de estrellas de diversas magnitudes. No
todas las espirales están igualmente iluminadas: hacia lo';
bordes externos del conjunto, y en la terminación de una do
estas espiras , hay un foco de condensación intensa , casi tan
marcado como el que sirve de centro principal á toda la ne-
bulosa.
Por su forma y aspecto globular en el centro; por las
numerosas ramificaciones que de el arrancan , como los bra-
zos de un pulpo más ó menos encorvados; por los múltiples
puntos de condensación que presenta, además del núcleo
central, es acaso más digna de atención que la anterior la
nebulosa espiral de la constelación Cefee. Su figura general
tiene algunos puntos de analogía con uno de esos arácnidos
vellosos que viven en los campos, y que algunos confunden
con la verdadera tarántula. Kn la misma Vía Láctea, y en la
región denominada Escudo de Sobieski, obsérvase otra ne-
bulosa que tiene parecido con la letra griega íi (omcga ma-
yúscula) algún tanto deformada.
Kn el Toro se puede admirar asimismo la Crab nébula ó
nebulosa del Cangrejo, por su semejanza con este crustáceo.
Quien haya visto, á través del microscopio, el arador de la
sarna, se formará una idea más exacta de la figura general
de esta nebulosa, mirada en el campo del anteojo.
Pero la que se presenta con caracteres excepcionales,
sorprendentes, como si perteneciera en realidad á un mun-
do nuevo completamente desconocido, es la gran nebulosa
de Orion, cerca de la estrella conocida con el nombre de
la Empuñadura y Cruz de la Espada de Orion.
Aunque el espectro de las nebulosas es muy débil, ha
servido, no obstante, para reconocer en muchas de ellas el
estado gaseoso en ignición, y para determinar alguno de
sus componentes, como el hidrógeno y el ázoe. La forma en
espiral que muchas presentan, indica que aquellas masas
vaporosas están dotadas de un movimiento de rotación,
quizá rapidísimo, pero cuya velocidad no podemos apreciar
á una distancia inconmensurable. A pesar de estas distan-
cias, ocupan grandes extensiones; lo que indic«, al mismo
tiempo, que el espacio que abarca una nebulosa es también
ASTRONOMÍA 183
inmenso. En muchas, como ya queda dicho, se observan
puntos de materia más condensada que en lo restante, y esto
ha motivado la opinión, por todos admitida, de que cada
nebulosa es un sistema de astros que se está formando, ó
que, por lo menos, en estado de formación se hallaba cuan-
do de ella partieron las vibraciones luminosas que en la épo-
ca actual llegan á la Tierra; pues, según hicimos notar an-
tes de ahora, no hay que perder de vista los dilatados siglos
que necesita la luz para transmitirse hasta nosotros, sal-
vando distancias que, por no tener expresiones aritméticas
que puedan representarlas, se llaman intinitas.
La consideración de las nebulosas celestes dio margen
á Laplace para formular su célebre sistema acerca de la for-
mación del mundo solar y planetario; idea grandiosa, en ver-
dad, aunque no pase de una mera hipótesis. San Agustín,
Obispo de Hipona, había indicado la misma idea respecto
de la formación de los mundos después de la creación de la
materia primordial. Aquel gran genio africano descubrió de
un modo intuitivo lo que el anteojo había de manifestarnos
catorce ó quince siglos después. A pesar de estos descubri-
mientos, sin duda alguna importantes y transcendentales
para la ciencia astronómica, ¡cuántas sombras, cuántos
puntos obscuros existen todavía en el mundo de los astros!
¡Qué rico en misterios se presenta el universo creado, y cuan
pequeño es el hombre para darse cuenta exacta de tanta y
tan misteriosa riqueza!
fR. ^NQEL JlODRÍQÜEZ,
O. S. A.
•■— ^
Influencia de la Mujer
EN LA FAMILIA CRISTIANA ")
\'
AFILEMOS ahora de la influencia de la mujer cristiana
en el bienestar material de la familia. Sabido es
que la felicidad doméstica depende en parte del
desahogo y de las comodidades materiales con que se viva;
porque la pobreza, si no es la voluntaria, no reporta ventaja
alguna. Por esa razón pedía á Dios el Santo Rey David que
le diese una decorosa medianía, librándole de la pobreza que
ahoga el corazón en cuidados congojosos, y también de la
riqueza excesiva y exorbitante que hace al hombre olvidar-
se de los verdaderos bienes de la otra vida, y es ocasión de
muchos vicios por la facilidad de satisfacerlos. No consiste,
por consiguiente, la felicidad material de una familia en po-
seer cuantiosos bienes de fortuna, sino en tener lo necesario
y útil bien administrado. La insaciable codicia y la prodiga-
lidad dispendiosa se oponen igualmente, aunque por cami-
nos contrarios, á los fines naturales de la sociedad domésti-
ca. Cuando los criados son infieles, sin que nadie les vaya A
la mano; cuando se apodera de una familia el insensato afán
(1) \'éase la página 115.
INFLUENCIA DE LA MUJER EN LA FAMILIA CRISTIANA 185
del lujo incompatible con sus recursos y su posición, que
trae en pos de sí la miseria como funesto y lógico resultado;
ó cuando, en sentido opuesto, se trata de amontonar el oro
antes que de invertirlo convenientemente, señal es de que
no anda por medio la mano de una mujer previsora, honesta
y hacendosa.
A este propósito, nada más oportuno que repetir lo que
dice el Espíritu Santo, por boca del sabio Rey Salomón, en el
capítulo XXXI de los Proverbios. Todo él es un elogio entu-
siasta y admirable de la mujer fuerte, en el cual se ensalzan
su prodigiosa actividad, su buen sentido práctico y sus in-
estimables dotes de gobierno. Procuraré, pues, fundar mis
palabras en las del sagrado texto, aprovechando también las
observaciones atinadísimas que sobre él hace el insigne
Fr. Luis de León.
Comienza el autor de los Proverbios su panegírico de la
mujer fuerte de un modo muy singular, puesto que pregun-
ta "dónde podrá hallarse^ (1), como si dudara de su exis-
tencia; y, sin embargo, la aíirma á continuación al señalar las
hermosas cualidades que adornan á su heroína. Dice que su
precio es incalculable', como lo es el de las piedras precio-
sas que se traen de lejanas tierras; y, concretando algo el
sentido de sus palabras, añade que "es como la nave de un
opulento mercader que trae de muy lejos el sustento^ (2).
El Maestro Fr. Luis de León comenta admirablemente
este pasaje en su obra arriba citada, diciendo: "Y ansí la
mujer hacendosa estando asentada no para, durmiendo
vela, y ociosa trabaja, y cuasi sin sentir cómo ó de qué
manera , se hace rica. Visto habrá Vmd. alguna mujer como
ésta, y dentro de su casa debe haber no pequeño ejemplo de
(1) Midieron fortem quis invenieí? En vez de la palabra fuerte ,
que emplea la Vulgata, se halla en el original hebreo S'^n háil , que
significa una mujer enriquecida con todos los dones de naturaleza y
gracia. Así, lo mismo puede s^v fuerte que hermosa, buena, rica, etc.
La Biblia Ferrariense , traducida por los judíos españoles en el si-
glo XV, cuya transcripción aljamiada tengo á la vista, emplea la pa-
labra Dnai37"'5 ) virtuosa.
•y2) Facta est quasi navis institoris, de longe portan<^ paneni
suum.
186 INFLUENCIA DE LA MUJER EN LA FAMILIA CRISTIANA
aquesta virtud. Pero si no quiere acordarse de sí, y quiere
ver con cuánta propiedad, y verdad es nao la casera, ponga
delante de los ojos una mujer que rodea su casa, y que de
lo que en ella paresce perdido, hace dinero, y compra lana,
y lino, y junta con sus criadas, lo adereza y lo labra; y verá
que estándose sentada con sus mujeres volteando el huso
en la mano, y contando consejas, como la nave, que sin pa-
rescer que se muda, va navegando, como sin menearse, la
obra, se teje la tela, y se labra el paño, y se acaban las ri-
cas labores; y cuando menos pensamos, llenas las velas de
prosperidad, entra esta nave en el puerto, y comienza á des-
plegar sus riquezas, y sale de allí el abri^m para los criados,
y el vestido para los hijos, y las galas suyas, y los arreos
para su marido, y las camas ricamente labradas, y los ata-
víos para las paredes y salas, y los labrados hermosos, y el
abastecimiento de todas las alhajas de casa que es un tesoro
sin suelo^.
Continúa el rey Salomón exponiendo las prendas y dotes
de la buena madre de familia, y dice: "Se levanta cuando
aun es de noche, y distribuye la ración á sus domésticos y el
alimento á sus criadas^ (1). La mujer hacendosa, la que gus-
ta de cumplir con sus obligaciones de ama de casa, y desea
que todo marche en ella con orden y concierto, procura
imitar en esto al modelo que aquí describe el Espíritu San-
to. Muy de mafiana levántase diligente á dar órdenes sobre
lo que ha de hacerse en aquel día; y conociendo que más
puede lograr con su presencia que con las manos, atiende
especialmente á inspeccionar de cerca cuanto ejecutan sus
criados. "Mucho se engañan, dice Fr. Luis de León, lasque
piensan que mientras ellas, cuya es la casa y á quien pro-
piamente toca el bien y el mal della, duermen y se descui-
dan, cuidará y velará la criada, que no le toca, y que al fin
lo mirk todo como ajeno... V demás desto del cuidado del
ama aprenden las criadas á ser cuidadosas; y no osan tener
en poco aquello en que ven que se emplea la diligencia y el
(1) De nocte >nrrexit, deditque príedam domesticis suis et ciburia
ancillis suis.
INFLUENCIA DE LA MUJER EN LA FAMILIA CRISTIANA 187
mandamiento de su señora; y como conoscen que su vista
y provisión della se extiende por todo, parésceies, y con ra-
zón, que en todo cuanto hacen la tienen por testigo y pre-
sente; y ansí se animan, no sólo á tratar con fidelidad sus
obras 3' oficios, sino también á aventajarse señaladamente
en ellos. Y ansí cresceel bien como espuma, y se mejora la
hacienda, y reina el concierto, y va desterrado el enojo. „
indudablemente, la mujer que cuida con esmero de todo
lo que pertenece á su casa, verá entrar la abundancia por
sus puertas, y con la abundancia el sosieo^o y la felicidad.
Uno de los pensamientos que más atormentan Á los padres
de familia, es el temor de que sus hijos se queden en este
mundo mal provistos de lo que han menester para satisfacer
sus necesidades; pero este temor desaparecerá con la buena
administración de una mujer virtuosa y diligente. Por esa
razón, jamás he llegado á comprender la conducta de algu-
nos maridos que se reservan la dirección de los asuntos eco-
nómicos de la familia, siendo así que, de ley ordinaria y de-
jando aparte los casos excepcionales, la mujer tiene el ins-
tinto del ahorro y sabe acomodarse sin esfuerzo á las minu-
ciosas atenciones del régimen doméstico, que para el hom-
bre resultan enojosas, distrayéndole de otras más elevadas
y más propias de su sexo. La Sagrada Escritura nos dice
"que la mujer es como una parra cargada de fruto, pegada
á las paredes de la casa„ (1). El varón que ha logrado la
dicha de hallar una esposa verdaderamente cristiana, posee
un tesoro inestimable. Confíe en ella, no le escatime ninguno
de los derechos que le corresponden, y pasará sus días tran-
quilos, y su familia no se verá en necesidad (2).
Si se me objeta que son muy pocas las mujeres parecidas
á la que retrata Salomón, yo observaré que no ha de redu-
cirse este número tanto como se cree ordinariamente, y que
la influencia de una madre en el hogar doméstico es menos
ostensible que la del varón, pero no menos poderosa ni me-
(í) üxor tua sicut vitis abundans in lateribus domus tuce. (Sal-
mo 127.)
(2) Confidit in ea cor viri sui, et spoliis non indigebit. (Prover-
bio XXXI.)
188 INFLUENCIA DE LA MU lER EN LA FAMILIA CRISTIANA
nos benéfica. Además, si la mujer no se acomoda hoy al tipo
que le señaló el Espíritu Santo, no es por falta de aptitudes
en ella, sino por la deplorable educación que recibe; porque
desde un principio se le suele enseñar, más bien que el cum-
plimiento de sus obligaciones, el arte de la frivolidad mun-
dana, encaminado á satisfacer propios y ajenos caprichos;
porque los ejemplos que ve, y las lecciones que llegan á sus
oídos, acaban por extraviar su inteligencia, apartándola de
todo pensamiento serio, si es que á la vez no corrompen su
corazón. La materia que tocamos es tan delicada y trans-
cendental, que bien merece un estudio aparte y harto más ,
extenso de lo que permite la índole de este trabajo.
\'\
Cuentan que, preguntado Agesilao acerca de lo que de-
bía enseñarse á los jóvenes, respondió: "Lo que han de ha-
cer cuando sean mayores„. Este dicho de aquel filósofo pa-
recerá, si se quiere, trivial y poco ingenioso, pero nadie se
atreverá á negar que sea muy práctico. Aquel que se dedica
á un oficio ó profesión cualquiera, necesita instruirse en las
reglas ó principios de que, andando el tiempo, se verá en la
precisión de hacer uso: nunca deben olvidar este axioma los
que toman á su cargo la educación de la juventud, ni los pa-
dres de familia respecto de sus hijos. Por lo que hace á la
mujer, es, sin duda alguna, de excepcional importancia el
que desde los primeros años comience á aprender lo conve-
niente á su sexo, á su posición social y á sus futuras obliga-
ciones. De ahí que los más grandes Santos y los más ilus-
tres pensadores hayan consagrado sus esfuerzos á la solu-
ción de este gravísimo problema, en el que se comprenden
muchos otros relativos al progreso y á la felicidad de todo
el género humano.
El Apóstol de las Gentes, á pesar de hallarse agobiado
con el peso del sublime ministerio que Dios le había confia-
do, jamás se olvidó, al escribir sus admirables Epístolas, de
INFLUENCIA DE LA MUJER EN LA FAMILIA CRISTIANA 189
consagrar buena parte de ellas á la educación é instrucción
de las mujeres. Persuadido íntimamente de la importancia
grandísima de la mujer para la propagación y sostenimien-
to del Cristianismo, interésase grandemente por el perfec-
cionamiento de la misma, y la prescribe reglas de conducta
inspiradas por la más alta sabiduría, á fin de que le sirvan
de guía en sus tres estados de virgen, de esposa y de viuda.
A ejemplo de San Pablo, todos ó casi todos los Santos
Padres, tanto los de la Iglesia griega como los de la latina,
se dedicaron con un cuidado especial á educar y perfeccio-
nar á la mujer, creyendo firmemente que no había otro ca-
mino más breve y eficaz para conseguir la reforma del mun-
do. .Sobre esta base, y como si se hubiesen convenido, tra-
bajaron sin cesar Tertuliano, Clemente de Alejandría, San
Cipriano y San Agustín en África, San Jerónimo en Pales-
tina, San Juan Crisóstomo, San Gregorio Magno y San Am-
brosio en Europa, todos con el mismo fin y análogos proce-
dimientos. En tiempos más cercanos á nosotros, tampoco han
faltado escritores, muchos de ellos santos, que continuaran
la obra de aquellos grandes maestros: Luis Vives, Fenelón,
Bossuet y .San Francisco de Sales han escrito algunas de sus
mejores obras inspirados por el deseo de educar como con-
viene á la mujer cristiana.
Por desgracia, hoy parece que se han olvidado los sabios
preceptos de los autores que acabamos de mencionar; hoy
se confía todo al cuidado de maestras ó institutrices, que
suelen ocupar la actividad de sus alumnas en lo que menos
les interesa. Incalculables y funestísimos han de ser y están
siendo, como vemos por la experiencia cuotidiana, los resul-
tados del sistema comunmente empleado en la actualidad
para la educación de la mujer; sistema en que se pospone lo
necesario á lo ostentoso y aparente, lo útil á lo superfluo, lo
que sólo puede considerarse como una habilidad más ó me-
nos apreciable á lo que constituye una obligación imperiosa,
dictada por la misma naturaleza.
¡ Cuántas jóvenes llegan así á la edad de tomar estado sin
tener idea de cómo se gobierna una casa, necesitando del
servicio ajeno para todas las labores de la misma ! ¿Bastarán
190 INFLUENCIA DE LA MUJER EN LA FAMILl \ CRISTIANA
á compensar esta vergonzosa ijE^norancia los conocimientos
musicales ó el dominio de aií^ún idioma extranjero, que sólo
les sirven de ordinario para lisonjear su vanidad, para lucir
en los salones y conquistar efímeros aplausos?
El buen sentido, la moral cristiana y la tradición de
nuestros mayores reprueban de consuno la inania insensata
de encaminar todas las facultades, todos los actos de la mu-
jer, al fin único exclusivo de agradar á los demás, y nos ha-
cen comprender que de este modo se la rebaja indignamen-
te, se la incapacita para cumplir con sus altísimos destinos,
y tal vez se inicia un retroceso hacia las ominosas costum-
bres del sensualismo pagano, que convertían á la compañera
del hombre en instrumento de placer y de capricho.
¡Cuíín lejos estamos de aquellos días en que los Santos
Padres, columnas firmísimas de la Iglesia Católica, dedica-
ban á las mujeres sus tratados teológicos y escriturarios;
en que, al mismo tiempo que luchaban acérrimamente con
los herejes, no se desdeñaban de cuidar de la educación de
las niñas, como hizo San Jerónimo con la virtuosísima
Paula, y San Agustín con la angelical Demetriades!
Conocían muy bien esos hombres extraordinarios la im-
portancia capital del asunto, y por eso, sin duda, consagra-
ron gran parte de su vida á dirigir, por el camino de la vir-
tud, el corazón y la inteligencia de la mujer. iNo podían ol-
vidar la mayor parte de ellos que habían sido fruto de los
cuidados ó de las lágrimas de sus virtuosísimas madres, y
así apreciaban en todo su valor las dotes admirables de la
mujer dentro del hogar doméstico.
Esto mismo debe inculcarse hoy á los padres de familia
en primer lugar, y después á cuantas personas tienen á su
cargo la educación de la mujer. Se necesita, ante todo, lo-
grar que comprenda su altísima misión en el mundo; elevar
su espíritu creando en él hábitos de piedad sincera, de vir-
tud sólida y á prueba de contradicciones; é instruirla con-
venientemente, guardando el orden lógico y natural entre
los conocimientos imprescindibles, los útiles y los depuro
adorno, sin dar á los últimos una preferencia injustificada.
Habrá de comenzarse, pues, por la educación moral de
INFLI'ENCIA DE LA MUJER EN LA FAMILL^ CRISTIANA 191
la mujer, enseñándola al mismo tiempo á practicar las labo-
res domésticas, desde las más fáciles hasta las más compli-
cadas. Puede y debe servir de complemento á tales ense-
ñanzas la de carácter literario, en la cual no hay nada tan
preciso como el hablar y escribir correctamente la lengua
natural y propia, que con frecuencia se olvida por aprender
las extranjeras. En cuanto á la educación artística, no pasa
de ser, en la mayor parte de los casos, un lujo estéril y cos-
toso, ya porque se le dedica largo espacio de tiempo, sin
alcanzar resultados superiores á los de una tolerable media-
nía, ya porque las tareas que trae consiíjo el matrimonio
impiden á las mujeres continuar sus estudios de música, de
pintura, etc.
El destino de una buena madre de familia no ha de bus-
carse fuera de los sagrados muros del hogar, en los cuales
viene á ser ella como un astro que sólo tiene el movimiento
de rotación, pero que hace sentir de lejos su influencia, por-
que todo lo alumbra, hermosea y fecundiza. Sus aspiracio-
nes deben reducirse á labrar la felicidad de su familia, y de
esta manera logrará las bendiciones de sus hijos y el amor
y las alabanzas de su esposo. Sitrrexeriint filii ejiís et bea-
tisimat)i pradicavertifít, vir ejus et laudavit eam. Tal es
la verdadera gloria de la mujer; y para que algún día llegue
á conseguir ese fin, se necesita que la educación utilice y
perfeccione anteriormente las cualidades con que ha enri-
quecido la naturaleza al sexo femenino.
Arduo es el empeño, á la verdad, pero merecedor de to-
dos los afanes y sacrificios. La Sagrada Escritura parece
agotar los elogios que pueden hacerse de una persona cuan-
do habla de la mujer virtuosa. "La bondad de la mujer,
dice, hace al hombre bueno y feliz y duplica los años de su
vida„ (1). "¡Oh, qué rica herencia es tener una mujer bue-
na! Ésta será la mejor recompensa que pueda hacerse al va-
rón en este mundo por sus buenas obras^ (2'. "El hombre
(1) Mnlieris honce heatiis vir: ttumerus annorum illiiis dúplex.
(Eccl , xxvn.)
(2) Pars bona mulierbona: dabitur viro pro f aclis bonis. Clb. xxvi.)
192 INFLUENCIA DE LA MUJER EN LA FAMILIA CRISTIANA
que tiene la dicha de encontrar una mujer buena, ha hallado
el verdadero bien ; el cual le proporcionará un gozo cumpli-
do en el Señor„ (1).
En cambio, mientras la mujer no sepa elevarse á las al-
turas de la perfección moral, ni practicar el bien haciéndolo
amable para todos, carecerá del medio más seguro para te-
ner ascendiente sobre su esposo. Mientras no haya millones
de madres que digan de todo corazón á sus hijos lo que Doña
Blanca de Castilla á San Luis: "más quisiera verte muerto
entre mis brazos, que ver afeada tu alma con un pecado
mortal„, las familias y la sociedad entera se encontrarán
todavía lejos de conseguir plenamente sus destinos, y expe-
rimentarán los mismos males que hoy las afligen. Dios, que
puede remediarlos, prepara sin duda en esta empresa una
parte muy principal y muy espléndidos triunfos al heroísmo
de la mujer cristiana.
(1) Qui iHvenit mulieretn bomim, iniemí bonutn, «7 hatiriet ju-
cuuditatcni a Domino. (Ib., xviii.)
fR. féHX pÉREZ-^QUADO,
o. S. A.
ÜN MANUSCRITO DE MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORIAL
(Apuntes para la historia del género orgánico en los siglos xvi, xvii y xvni.)
|a aparición de un documento que contribuya á es-
clarecer un punto cualquiera de la historia musi-
cal española, es de suyo muy importante, por la es-
casez de los datos que sobre esta materia poseemos. La es-
cuela española ha tenido en los pasados sij^los representan-
tes dignos en todos los diversos géneros del arte; mas, por
desgracia, apenas son conocidas sus obras, sobre las cuales
se han propalado innumerables errores, hasta el punto de
que, para echarlos por tierra, ha sido necesario ofrecer una
documentación completísima, formada á costa de inmensos
trabajos, y presentarla al fallo imparcial de todo el mundo.
Hasta ahora van saliendo con grandísimo honor, de esta em-
peñada lid, nombres cuyo mérito era juzgado no hace mu-
cho con desconfianza suma; pero quedan otros que, á pesar
de las extraordinarias alabanzas de sus contemporáneos, ni
han merecido ni merecen hoy la atención del historiador
por el solo delito... de no existir un alma caritativa que dé
á conocer las producciones de su ingenio.
Eslava ejerció el primero una obra de misericordia in-
mensa al publicar la' Lira Sacro-hispana; Pedrell, con su
13
194 UN MANUSCRITO DK MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORIAL
Hispanice schola musica sacra, le supera en generosidad;
pero ni aquél logró hacer perfecto su trabajo, ni éste lo con-
seguirá tampoco, porque no es acción de uno, sino de mu-
chos, la de remediar esta gran necesidad. En cada Catedral,
encada Cologiata, existe tal vez. en los archivos de música,
sepultado un compositor de mérito; es necesario resucitarle
y presentar á la generación presente esa falange descono-
cida de artistas, para ejemplo y estímulo de todos. Los maes-
tros de capilla son los encargados de sacar del olvido y obs-
curidad A esos ilustres muertos, llevando á cabo una em-
presa tan benemérita como patriótica. Hasta entonces, la
restauración de la historia artística nacional y del mismo
arte es un sueño irrealizable (1).
Nosotros, sin pretender descubrir playas desconocidas,
sin ambicionar un puesto al lado de nuestros restauradores,
queremos llevar, hoy que el abandono más lamentable es lo
común y corriente, un grano de arena á esa obra gigantes-
ca, y lo hacemos ¡pásmese el lector! con el /udice anotado
de un libro viejo. Para aquellos que no padecen achaques
bibliográíicos, esto será de seguro un cúmulo de imperti-
nencias; mas para los amantes de la historia del arte musi-
cal espafíol, que afortunadamente cuenta en la actualidad
con cultivadores de valía, estamos seguros de que nuestro
humilde trabajo ha de resultar interesante y agradable.
Se trata, pues, de un manuscrito de principios del siglo
pasado, que contiene una colección de composiciones del
género orgánico, pertenecientes en su mayor parte á los si-
glos XVI y XVII. He aquí sus señas bibliogríTíicas: el libro
presenta indicios de haber estado encuadernado; le faltan
las primeras y últimas páginas, y consta de 106 hojas, fo-
liadas sólo por un lado y en época posterior; la copia es
de principio ó mediados del siglo xviii, y está signado:
(1 ) Va que hablamos de la (jlacial indiferencia con que en el día son
mirados esos trabajos, es deber nuestro señalar una honrosísima ex-
cepción . En 1888 se publicaron, á e.xpensas del Estado, las Obras esco-
gidas de Juan Bautista Comes, coleccionadas por D. Juan Bautista
Guzmán, digno maestro de capilla en Valencia, y actualmente monje
benedictino.
UN MANUSCRITO DE MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORIAL l'^f)
56-Plut.'67-ñ. ArcJiivo Vicarial. Toda la música se halla
escrita en tres, cuatro ó más pentagramas al uso de aquel
tiempo, y según las voces ó partes harmónicas á que están
compuestas las piezas respectivas.
Por lo que se ve, el libro ha estado, y no hace mucho, en
otras manos: ¿se contentarían con ponerle la signatura y fo-
liarlo? Y al hacer esto, ¿no llamarían la atención los nom-
bres que hoja tras hoja iban apareciendo, y sobre todo los
de Clavijo y Peraza? Lo ignoramos. De todos modos, escri-
bimos las presentes líneas con el temorcillo de dar á cono-
cer lo que otros quizá se tenían muy sabido; pero ahí van,
sobradas de noticias y sin omitir nada de lo que contiene el
curioso mamotreto.
Empezamos, pues, su descripción siguiendo el orden cro-
nológico en cuanto sea posible, ateniéndonos al nombre de
los compositores y según lo indican la hechura y gusto de
sus diversas composiciones. Sea, pues, la primera:
V¥.R\z\.— Medio registro alto /.'\ tono de I^edraza.
(Fol.21.)
Este apellido está escrito dos veces; en la primera se en-
cuentran enmendadas las letras intermedias desde la ^ á la 3,
y escrita encima con tinta diferente la sílaba dra; pero,
Vesultando poco clara la lectura, volvieron á escribir á con-
tinuación así: de Pedrasa. Fijándose mucho en los rasgos
de lo primeramente escrito, visibles aún bajo la enmienda
practicada, y teniendo en cuenta el espacio ocupado por las
letras del primer apellido, se ve que allí indudablemente de-
cía : Perada. Esto por una parte, y la mucha semejanza exis-
tente entre ambas, nos inclinó á creer éste obra del insigne
organista Francisco de Peraza.
Dos hermanos existieron de este apellido, Francisco y
Jerónimo. Del último no registra la historia más hechos que
el de haber costeado la lápida sepulcral para Francisco; de
éste, más aventajado en la música, y una notabilidad en el
órgano, dejó Pacheco, en su Descripción de verdaderos re-
1% UN MANUSCRITO DE MÚSICA DEL AKCHIVO DEL ESCORIAL
tratos, uno tan minucioso en detalles y con tan delicados
perfiles, que es imposible confundirle con ningún otro. Dice
así(l):
"... El Racionero Francisco Peraza, excelente Músico de
Órgano, de mucha invención y caudal y singular en el modo
de tocar (á quien unos dan por patria á Sevilla, otros á To-
ledo), fué natural de Salamanca, de gente más honrada que
rica. Vinieron á esta ciudad sus padres desde Valencia, don-
de vivían en servicio del Duque de Calabria, líran músicos
ambos y el padre gran chiriniia: criáronse en esta ciudad
(Sevilla) él y sus hermanos, y todos fueron famosos en la
música en diferentes instrumentos... Pero aventajóse tanto
el gran Francisco F^eraza en la inteligencia déla tecla... que
en verdad le podemos llamar Padre y .Maestro de esta arte.
Vivían todos en Toledo, cuando nuestro Peraza, crecido de
diez y ocho afios. y el menor de sus hermanos, se vino á opo-
ner á la ración de organista de Sevilla, con los mayores hom-
bres de su tiempo: cuyo examen por ser muy entendido en
la música, se halló el ilustrísimo Cardenal D. Rodrigo de
Castro... y habiendo visto que en la oposición el maestro de
Capilla Francisco Guerrero daba á los opositores cosas muy
dificultosas de música, á que apenas se ajustaban, y que lle-
gando .1 Francisco Pera/.a hacía tantas diferencias sobre lo
que Guerrero había pedido, que procedía en infinito con ad-
miración de los circunstantes: juzgando que era gracia na-
tural... sin más oposición hizo instancia en que se le diese la
prebenda con más -()< > ducados de Fábrica y todos en Cabil-
do unánimes votaron.
„Fué tan insigne en su modo de tocar. . . que el gran Maes-
tro Guerrero le obligaba á abrazarlo, á tomarle las manos
y á querérselas besar; y lo mismo sucedía con Felipe Rugier
(sic), Maestro de la Capilla del Rey Filipo segundo en Ma-
drid: y ambos afirmaban que tenía un ángel en cada dedo
También decía de él Pedro Bravo (gran músico de vigüela),
(1) Libro de Descripción de verdaderos retratos, de Itlustresy Me-
tnorables varones por francisco Pacheco. En Sevilta J5QQ.— Aquí
no h.icemos sino el extracto de esta biografía, publicada en la //ws-
tración Musiiat HispiinoAmcricana. Aiint. 16<S.
VS MANUSCRITO DE MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORIAL 197
que sólo Peraza era músico y los demás oficiales de Música.
Era cosa maravillosa que en un instrumento tan imperfecto
como el Monocordio, tañía con tanta excelencia y superio-
ridad, que imitaba en él el tañido de la vigüela de Julio Se
verino, excelente músico de ocho órdenes, y el mayor que
se conoció en aquellos tiempos; y así mismo imitaba el ta-
ñido de Juan Leonardo de la Harpa, que tomó su apellido
de la excelencia que tenía en aquel instrumento ; imitaba los
medios registros de vos hiDiiana, y tenor por tiple que se
halla en todas las monturas de los órganos, siendo el pri-
mer inventor de ellas, con tanta velocidad y destreza en las
manos, que ejecutaba en el Monocordio cuanto se le ofre-
cía á la fantasía. No sólo fué aventajado organista, pero
gran compositor, y en su tiempo oscurecieron sus villanci-
cos, changonetas, y motetes á cuanto componían los demás.
Fué tan eminente en la tecla, que ningún discípulo suyo le
pudo imitar con el aire, espíritu y profundidad de músico.
Tocando siempre de tan buen gusto dos mil flores que in-
ventó, de manera, que á él sólo debe España la gracia y
primores en el órgano (,como á Felipe Rugier), las noveda-
des gustosas, con la variedad de fugas largas, hasta él nun-
ca vistas en Europa... Supo, como se ha dicho, la composi-
ción de la música extremadamente y por excelencia el dis-
poner la ordinación, á que llama el italiano tahnlatnr a (ci-
fra), que es el fuste y nervio del gran tañer, mostrando en
esto su raro ingenio y perpetuo estudio, de quien dicen to-
dos que nunca se cansó y enfadó. Pero lo que más realzó
á este insigne varón fueron las tales donairosas y los saine-
tes agradables vestidos de tan lindo aire y selectas conso-
nancias, que cuando oímos algún famoso organista la ma-
yor alabanza que le damos es decir que parece al gran Pe-
raza. Finalmente, fué tal su tañido, que como los curiosos,
van á oir algún nuevo músico, no con menos deseo entraban
á oir siempre. Donde los entendidos hallaban que advertir y
admirar, y todos materia de infinitas alabanzas„.
De modo que el joven organista sevillano se distinguía
por su independencia y originalidad; pues no otra cosa sig-
nifican la invención de las mixturas de órgano, el tocar de
IPR UN MANUSCRITO DE MÚSICA DFL ARCHIVO DEL ESCORIAL
tan buen gusto dos mil flores (floreos, glosas), la gracia y
primores , las sales donairosas, y las novedades gustosas
en el órgano, que á él sólo debe España.
No pueden convenir mejor los informes dados por Pa-
checo y los caracteres distintivos de esta composición. En
ella, á los pocos compases, aparecen esas flores y glosas,
verdadero atrevimiento en el siglo xvi, la invención indu-
dablemente de Peraza; vuelven á reproducirse concertadas
de diverso modo en los compases v<3 y 34, otra vez en el 44,
en el 60 otra, repiti(?ndose, por último, del 67 hasta termi-
nar. Que estos floreos y progresiones, con todos sus rasgos
de mal gusto, y la dureza harmónica peculiar del arte del
siglo XVI, habían de extrañar á todos al compararlos con
el aire severo y hasta monótono del género orgánico co-
rriente, y admirar á los compositores cuando, encerrados
por los límites de hierro del artiflcio contrapuntístico, ape-
nas se permitían salir de ellos sin temor de extraviarse por
caminos no explorados, es natural para todo aquel que co-
nozca los limitadísimos recursos de un arte en la primera
(?poca de su desarrollo. La soltura y desembarazo en jugar
con la melodía, que significaba además una destreza y agi-
lidad rara en el organista; la manera de glosar con admi-
rable gracia para aquel tiempo acompai'iamientos suma-
mente sencillos, era lo singular, lo especialísimo de Peraza.
Y á esto uniendo el esfuerzo y conato que pone en dar varie-
dad al disef\o melódico, repetidos en cada frase y período
de diversa manera, y el profundo conocimiento que poseía
de todos los recursos del órgano, llegaremos á formarnos
idea del papel importantísimo representado por el malo-
grado organista de Sevilla, y del sumo interés de esta com-
posición para la historia del género orgánico.
Para concluir, diremos, con referencia á la vida del au-
tor de esta pieza, que murió en la flor de su edad el 23 de
Junio del año 1598, dejando ilustres discípulos (si bien nunca
igualaron al maestro, como testifica Pacheco), muchos ad-
miradores y un vacío inmenso en la Capilla Sevillana (1). Su
(1) Francisco Pacheco. Ibid... "Y por decirlo todo en una palabra.
UN MANUSCRITO DE MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORIAL 199
cadáver fué sepultado "delante de la capilla de Nuestra Se-
ñora de la Antigua, con un epitafio castellano en la piedra,
que le puso su hermano para perpetua memoria„. Á Pache-
co (1) no le pareció conveniente copiarle, aunque en su tiem-
po existiría sin duda alguna, dejándonos en cambio otro la-
tino hallado por él entre los papeles del maestro Francisco
de Medina, y dice así:
Hoc conditiis i'st stpitlchro Franciscus Peruc^
sitlmaticensis civitatis (i/ummts AlniíC Hispuleiisis
ecclesiic portionarius. Ule musices decus, ariis quidem
hinc inde mire solers, in pulsationibus vero prajstan-
tissimus — Cujus memoria hoc marmoreum monumen-
tum, suus frater Hieronimus Peraj^a , quondam
almse Hispalensis ecclesifc nunc vero Toletana portio-
narius fecit Dicavit. Obiit anno MDXCX'III
XXllI die jun.
I
Reflexionando acerca del paradero délos restos del ilus-
tre organista, ¿existirán actualmente en el mismo sitio y lu-
gar que indica Pacheco? Bien merecía averiguarse, y el Ca-
bildo de Sevilla y el dignísimo maestro que hoy ocupa su
plaza no son los menos interesados en ello.
Cla\1}0.— Tiento de 2.'' tono , f>ov Jesolrend , Clabijo.
(Fol. 104, vers.)
Sólo el título y el nombre del autor de este Tiento nos
presentan una joya, y dan idea de la riqueza inmensa ence-
rrada en el manuscrito cuyo índice hacemos. ¡Una compo-
su lugar en el órgano no lo ha llegado á ocupar otro alguno, no sólo
superior, pero ni igual. Aunque sus discípulos, por serlo, ocuparon
las mejores de las iglesias de España y dos berberiscas, que lo fue-
ron, llamadas los Alcázares, merecieron ser maestros de muchas
monjas en el convento de esta ciudad. Llevóle Dios para sí (como es
de creer de su virtuosa vida) en lo mejor de ella: habiendo servido á
esta Santa Iglesia diez y seis años, á los treinta y cuatro de su edad,
el de 1508. „
(1) Ibideni.
200 UN MANLSCRITO DE MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORIAL
sición de Clavijo! ¡Una obra del que más contribuyó, al
decir de Eslava, al perfeccionamiento de la escuela orgíí-
nica española! Es un hallazg^o precioso.
Llorábanse perdidas las obras del insigne organista, á
quien tan encomiásticas frases tributa el poeta español Vi-
cente Espinel (1); pero entre la alegre sorpresa y entusias-
mo causados por la aparición de una sola con este nombre
á la cabeza, surgía, por lo raro del caso y la preciosidad
misma del descubrimiento, la duda de haber existido otro
Clavijo que amargase todas nuestras dulzuras. La verdad,
que el incendio del Real Palacio, en 17;34, no es fundamento
para dar por extraviadas las obras de Maestro de tan uni-
versal fama y renombre, que debió formar numerosa escue-
la, que explicó en Salamanca el divino arte, que fué orga-
nista y maestro de Palacio, y que tantos admiradores tuvo.
Pero contra el hecho de no aparecer ninguna , ;qu(í había
de oponerse, sino débiles esperanzas? Y lo peor es. que la
ausencia de sus obras nada decía en favor del celebrado
maestro.
Así pensábamos al leer, hace algunos años, por vez pri-
mera las breves líneas dedicadas por Eslava á Clavijo. De
(1) Relaciones de la vida del Escudero Aíarco'i de Ohregón.—Bi-
blioteca de Autores Rspaftoles... Novelistas posteriores á Cervantes.
Madrid , Rivadeneyra, 1851. (7?t7</íid;i 3.*, descanso .'x**^ "Tañíanse,
dice, hablando de la casa de I). Antonio Londoña, en la cual habla
siempre jauta de excelcntlsitnos músicos . vihuelas de arco con gran-
de destreza, tecla, arpa, vihuela de mano, por excelentísimos hom-
bres en todos los instrumentos. Movíanse cuestiones acerca del uso
de esta ciencia, pero no se ponía en el extremo que estos días se ha
puesto en casa del maestro Clavijo, donde ha habido junta de lomas
granado y purificado deste divino, aunque mal premiado ejercicio
juntábanse en el jardín de su casa el licenciado Gaspar de Torres,
que en la verdad de herir la cuerda con aire y ciencia, acompañan-
do la vihuela con gallardísimos pasajes de voz y garganta, llegó al
extremo que se puede lles^ar; y otros muchos sujetos muy dignos de
hacer mención de ellos. Pero llegado á oir al mismo maestro Clavijo
en la tecla , á su hija Doña Bernardina en la arpa, y á Lucas de Matos
en la vihuela de siete órdenes, imitándose los unos á los otros con
gravísimos y no usados movimientos, es lo mejor que yo he oido en
mi vida ; pero la niña , que ahora es monja en Santo Domingo el Real,
es monstruo de naturaleza en la tecla y arpa.,.
UN MANUSCRITO DE MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORIAL 201
I
las obras de Clavijo, nos decíamos, todas, y de éstas todos
los ejemplares, ¿habían de estar archivados en Palacio, para
que un fatalísimo incendio nos privara por completo de ellas?
No parece muy verosímil. Si tantos fueron sus discípulos,
¿había de llegar la ingratitud de éstos al extremo de no lle-
var consigo ni una sola, como recuerdo de los días pasados
bajo la dirección de tal maestro? Tampoco es creíble. Dos
únicos recursos de apelación quedaban, á nuestro juicio:
ó que lo del mérito notabilísimo de Clavijo era una filfa,
ó que fué el más desgraciado de todos los desgraciados.
Ni á uno ni á otro encontrábamos respuesta satisfactoria:
la autoridad de Espinel, contemporáneo y testigo ocular,
se imponía contra la primera; y lo segundo nos parecía una
serie de casualidades tan lastimosas como inverosímiles.
Pero entonces deplorábamos, de lejos, el descuido y negli-
gencia grandísimos de los señores y duefios absolutos de los
archivos de música en las Catedrales: hoy, que contempla-
mos con nuestros propios ojos los desastrosos efectos de esa
pereza é inacción inconcebibles, optamos por lo segundo,
sin parecemos una... casualidad.
Al fin apareció una obra del eminente maestro, tan cui-
dadosamente trabajada y tiernamente sentida, que bastaría
á inmortalizarle , y disipará seguramente cuantas sospechas
y dudas se levantaran contra su mérito. Mas ¿cuáles son los
fundamentos para afirmar que es del Clavijo del siglo xvi?
El nombre de Clavijo, bien distintamente escrito, y la misma
composición. Si nos piden mas pruebas, si nos exigen razo-
nes más fuertes, aquí serán los sudores y las angustias para
demostrar la genuinidad de una pieza perteneciente con
toda evidencia á Clavijo, aunque desprovista de ese lujo de
datos é indicios superfluos que á veces sólo sirven para en-
marañar el asunto más claro. La historia del arte orgánico
español registra el nombre de un solo Clavijo, que sepa-
mos, de últimos del siglo xvi, profesor en Salamanca, orga-
nista de Felipe III, y maestro después de su Real Capilla.
El Tiento hallado pertenece á la misma época, como por sus
composición, estructura y procedimientos contrapuntísticos
en él usados se demuestra; además, no es de un Clavijo
202 UN MANUSCRITO DE MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORIAL
cualquiera (si otro pudiera haber existido): es de un Clavijo
eminente, de un excelentísimo artista, de un maestro; y
éste ;puede ser alguno diferente del alabado por Espinel?
Hemos de decir que no, cuando tan luminosas pruebas con-
vergen para probarlo.
Entrando ahora en investigaciones de muy diverso or-
den, hay no poco que discurrir y m.ls dudas que disipar
acerca de la vida y hechos de Clavijo. En las precedentes
líneas hemos señalado los honrosos cargos desempeñados
por él en Salamanca y Madrid , tal y como Eslava , sin otros
argumentos y razones que su honradísima palabra , lo cuen-
ta; escasos datos, por cierto, y envueltos entre generalidades
que nada dicen; pero ahí está Saldoni, algo más explícito y
minucioso. He aquí lo que dice en el Diccionario bioí^rn-
fico-bihliogyáfico de Efemérides de Músicos españoles (Ma-
drid . Dubrull, laSO; t. ii. pág.37): "pEnKF.Ro.-Día l.^ 1626.
Muere en Madrid el ilustre organista compositor Fr. Ber-
nardo Clavijo. Los escritores contemporáneos le llamaban
Maestro, por haber sido catedrático de .Música de la Uni-
versidad de Salamanca antes de que fuera nombrado orga-
nista y clavicordista de la corte, y también por haber pasa-
do después á ser .Maestro de la Real Capilla. — .4 nuestro
muy querido amigo Sr. Asenjo Barbieri {'."> Agosto) se debe
el que sepamos el día , mes y año del fallecimiento de tan in-
signe organista; pero también nosotros vamos á decir la
fecha en que estuvo desempeñando la cátedra de Música de
la Universidad de Salamanca, que nadie, antes que nos-
otros, ha señalado. La estuvo, pues, regentando desde l.')94
hasta el curso 16(>4 al 1605. Su antecesor en dicha plaza lo
fué el célebre Salinas (13 Enero, tomo i), y el sucesor Fray
Sebastián Vivanco. (Catálogo.) — Con referencia al insigne
Espinel (24 Feorero, en este tomo), tenemos noticias suma-
mente curiosas de Clavijo, que prueban de un modo induda-
ble fué éste uno de los más celebrados músicos de su época„ .
Como se ve, Saldoni copia á Eslava, añadiendo de pro-
pio caudal, y de lo á él comunicado por Barbieri , tres datos
importantísimos; pero como no aduce más testimonios en
comprobación que su nunca desmentida hombría de bien.
UN MANUSCRITO DE MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORIAL '203
y no siendo este criterio aceptable en materias de Historia
cuando se encuentran á respetable distancia del historiador,
nos permitiremos poner en tela de juicio estos descubri-
mientos biográficos acerca de Clavijo, para buscar en fuen-
tes más cercanas la verdad histórica.
Empezando por el segundo de estos datos, á saber, la
profesión de Religioso atribuida á Clavijo, viénese á la me-
moria, y ya lo habrá recordado el lector, el pasaje de Vi-
cente Espinel, poco antes aducido. En él, además de no en-
contrarse este calificativo de Fr. antes del nombre de Cla-
vijo, se habla de una Doña Bernardina, monstyiio de la na-
turalesa en arpa y tecla, ú hija de éste. Y lo extraño del
caso es, que el mismo Saidoni abre la puerta para consul-
tar á Espinel (no señala la obra. -;Será esto una picardía?),
como fuente de noticias sumamente curiosas , que prueban
de un modo indudable fué éste (Clavijo) uno de los más ce-
lebrados maestros de su época , pero que desmienten la pro-
fesión de Religioso que le atribuye. -;No leyó Saidoni el tan
asendereado texto? ;No se fijó en lo mucho que contrariaba
á sus pretensiones de hacer Religioso á organista tan ilus-
tre? Cabría aún la duda, si Espinel hablara en época ante-
rior á la supuesta mudanza de estado de Clavijo; pero no: el
insigne Maestro aparece en la obra del escritor castellano
en el apogeo de su gloria, en la época indudablemente en
que desempeñó el cargo de organista de Felipe III (1); por-
que aquella casa y jardines , aquellas juntas de lo más gra-
nado y purificado de este divino, aunque mal premiado
ejercicio, y la compañía de su hija Doña Bernardina , dan
señales de que por entonces no lo era; á no ser que á la ve-
jez, achacoso y fastidiado del mundo, se retirara á buscar
un poco de sosiego para su alma, y muerte tranquila en un
(1) Escudero Marcos de Obregún. (Relación /.*, descanso undé-
cimo.) "Vi al Abad Salinas, el ciego, el más docto varón en música
especulativa que ha conocido la antigüedad, no solamente en el gé-
nero diatónico y cromático, sino también en el harmónico, de quien tan
poca noticia se tiene hoy, á quien después sucedió Bernardo Clavijo,
doctísimo en entender y obrar, hoy organista de Felipe Ilí.,, (Pá-
gina 401.)
204 UN MANUSCRITO DE MISICA DEL ARCHIVO DEL ESCORIAL
convento. Añádase á esto, que en los diccionarios bibliográ-
ficos, en las Bibliotecas de escritores pertenecientes á las
diversas Órdenes religiosas, no aparece el nombre del ex-
celentísimo artista, y deduciremos, en resumen, que Cía
vijo no fué Religioso.
Vienen ahora los datos, por fiadie antes que Saldoni re-
feridos , las fechas en que se encierra el desempeño de la cá-
tedra de Música en Salamanca. Helos aquí: ir)94, 1604 á 1605.
Para comprobar estas fechas, es necesario saber, en primer
término, cuándo abandonó la cátedra Salinas, quien, como
acabamos de ver, le precedió en el cargo (1), y cuándo la
tomó Pr. Sebastián \'¡ vaneo, su sucesor, según atestigua el
mismo Saldoni. El li de Hnero de 1590 falleció Salinas, y
tres años antes pedía su jubilación (2); si ésta no fué conce-
dida al ilustre ciego, tenemos , sin embargo, cuatro años va-
cante la clase de Música, cosa muy difícil de creer; mas si
la obtuvo, como por sus continuos trabajos y asiduidad en
la explicación de la cátedra se tenía bien merecido, resultan
siete: y mientras, entre los demás profesores de que hace
mención Salduni (3), no hay ni un año de interregno, ;por
qué, sin razones ni pruebas suficientes, hemos de admitir
tan prolongada vacante entre Salinas y Clavijo?
No ofrece menos dificultad la indicación del tiempo en que
desempeñó el magisterio de la Capilla de Felipe III. En los
apuntes biográficos que anteceden á cada tomo de la Lira
(1) Véase el último lugar citado de Mspinel.
(2) Intento de un Diccionario biogrd/ico y bib/ioffrd/ico de Auto-
res de la provincia de Burgos, escrito por D. Manuel Martines Añi-
barro y /?/ft's.— Madrid, Manuel Tello, 1890.
(3) Saldoni: Diccionario, etc.. Tomo 4.'^ Catálogo; páginas 192,
37:í, 364. Véase la lista de los profesores de música en Salamanca,
desde Clavijo hasta lbl6, con la fecha que asigna Saldoni á la ocupa-
ción V abandono de la Clase: Clavijo, 1594. 1604. 1605; Fr. Sebastián
de Vivanco. 1605, 16'J2. Fr. Roque Martínez, 1623, 1644; Fr. Juan Ver-
jón de la Real, 1644 y l64í) (señala las dos fechas, páginas 192 y 364),
U>69; Fr. Antonio de Castro, 1670 y 1676.- ¡Rara coincidencia! Todos
los sucesores de Clavijo son Religiosos. ¿ Es ésta la causa del engaño
de Saldoni? Hls fácil; sobre todo si tomó los datos de algún catálogo
de profesores de Salamanca, y en vez de leer Mr. (Maestro), creyó,
por alucinación de la vista, que decía Fr.
UN MANUSCRITO DE MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORIAL 205
Sacro-hispana, dice Eslava, con referencia al maestro Don
Matías Romero, conocido vulgarmente con el nombre de el
Maestro Capitán (siglo xvii, tomo 1.°), que era en 161o maes-
tro de la Real Capilla, continuando muchos años después
durante el reinado de Felipe IV. Espinel, por otra parte, en
los pasajes referentes á Clavijo. no hace mención del citado
cargo. Si, pues, murió, según el autorizado testimonio de
Barbieri, en 1626, ¿cuándo desempeñó el magisterio de la
Real Capilla? (1)... Lo más lógico sería deducir que Clavijo
no obtuvo semejante puesto; pero ante la autoridad de Es-
lava y cuantos han hablado de Clavijo nada concluímos
dejando para otros más afortunados la aclaración de todos
estos datos.
En fin, sería cuestión de nunca terminar si hubiéramos
de buscar el fundamento de las escasas noticias relatadas
por Eslava y Saldoni: conste, pues, que Clavijo no fué Reli-
gioso; que es inadmisible la fecha señalada por Saldoni ala
ocupación de la cátedra de Música en Salamanca, mientras
no se aduzcan otras pruebas y razones; y, por último, que
aun está por confirmarse la noticia de si efectivamente ejer-
ció el magisterio de la Capilla de Palacio, ó si es otro error
de Saldoni.
Atendiendo al mérito del Tiento, nuestro juicio se resume
en muy pocas palabras. La composición descubierta no se
distingue por esos rasgos atrevidos que hacen presentir nue-
vos derroteros al arte musical. Clavijo no es innovador; es-
cribe con solos los recursos del arte de su época; pero, sin
rebasar esta línea, ¡de qué modo y con qué exquisito gusto
lo hace! Si pudiéramos ofrecer al mismo tiempo que estas
líneas la inmortal obra del organista de Felipe líl, haríamos
notar frase por frase, y compás por compás, los tesoros de
ciencia é inspiración allí encerrados. ¡Qué originalidad la
suya! Aquel tan delicado modo de huir de las resoluciones
trilladas y vulgares, al redondear los períodos, introducien-
(1) La primera edición de las Relaciones de la vida del escudero
Marcos de Obregón fué hecha en 1618: este dato es importantísimo,
pues que Espinel habla algunos años después de la fecha en que dice
Eslava tenía la dirección de la Real Capilla el Maestro Capitán.
'J^'Ó ÜN MANUSCRITO ülí MÚSICA DEL ARCHIVO DKL ESCORIAL
do con singular tino pequeños motivos para volver en se-
guida con el principal, acompañado de los contrapuntos más
peregrinos, y aquellas dulcísimas frases que no terminan
sino al comenzar de otras más suaves y harmoniosas, para
concluir, por último, en un paso imitado de las voces, hecho
con suma delicadeza y finura; todo esto realizado por la
gracia especial del conjunto, en el que parece percibirse las
suaves ondulaciones de las nubes de incienso elevándose á
las alturas en aromáticas espirales, revela en Clavijo al co-
nocedor profundísimo de los secretos del contrapunto y al
artista inspirado como pocos,
f R. J-UIS yiLLAUUA,
O. S. A
(COHtíHU^r.i.)
Revista Canónica
•obre la facultad do los Ordinarios para anticipar ó dispensar
do la abstinencia en ciertos días solemnes. — Sabido es que el
Decreto Cuni recenter. emanado de la Inquisición General
Romana en 5 de Diciembre de 1894, con la confirmación de León XIII,
autoriza á los Obispos y otros Ordinarios para que, mediando cau-
sas gravísimas y sólo en festividades de gran concurrencia, puedan
anticipar la obligación de la abstinencia y ayuno ó dispensar de la
misma, exceptuando la Cuaresma, las cuatro témporas y las vigilias
con ayuno. Con este motivo han sido elevadas á la Congregación al-
gunas consultas que creemos oportuno transcribir, junto con las de-
claraciones hechas por los Emmos. Padres en 18 de Marzo del pre-
sente aflo, y aprobadas por Su Santidad.
I. rtnnn ad hoc ut Episcopus dispensare valeaí ad trami'íem
dicti Decreii, necesse sit ut festum celebretur semper macano popu-
lorum coucursii?
II. UtruiH Episcopus dispensare possit guando agitur tantum
dt'festis duplicis pnecepti : an etiam quando agitur de alio f esto
vel de alia catholica solemnitate, ex. g. de centenariis, de peregri-
nationibus et similibus?
III. Quomodo sit intelligendus magnus populorum concursus, an
populorum extraneorum, vel etiam ejusdem civitatis aut lociP
W . Ulrum Ínter causas gravissimas ob quas Episcopus non so-
lutn anticipare, sed etiam dispensare potest , assignari valeat grave
periculum quod abstinentia anticipanda non observetur?
V. Utrum in diebus exceptisjejunio consecraíis vetitum sit Epis-
208 REVISTA CANÓNICA
copis taníum dispensare super abstinentia: vel eíiatn illam anti-
cipare?
VI. Ulrum ex raíionabili causa pos,<it Episcopus conimiterc Pa-
rochis ut ipsi assignent diem in (¡no atiticipari dehcat abstinentia?
Resp.:
Ad. I. Affinnative.
Ad. II. Negative ad primam partetn; affirmative ad secundam,
modo adsit magnas populorum concursus.
Ad. III. Attentis ómnibus intelligi potest etianí de concitrsu civi-
tatis aut loci. Jacto verbo cum Ssmo.
Ad. 1V^ Affirmative , modo perictilum sit genérale.
Ad. V. Afjirmative, scilicet utrumque vetitnm est Episcopis.
Ad. VI. Affirmative.
J. Mancini Can. Magnoni S. R. et U.J. N.
Días en quo no se puedo celebrar Misa en oratorios privados. —
Una de las restricciones que {generalmente acompañan X los rescrip-
tos en que se concede la facultad de tener oratorio privado donde
pueda celebrarse el Sacrificio de la Misa, es la excepción de ciertas
festividades especialísimas, como Natividad, Resurrección, Pente-
costés, etc., y otros días del aflo denominados soiemniores, en deter-
minar los cuales no siempre se ha convenido, ni era fácil que se con-
viniera, sin una declaración satisfactoria, emanada de la Autoridad
competente.
Entre las resoluciones m.ls antiguas que se conocen, posteriores
al Concilio Tridcniino, figura la de la Congregación de Ritos de 17 de
Noviembre de U07, que dice A este propósito: Solemnes fesíivi tales
esse et intelligi censuit , pruter festum Paschatis Resurrectionis
D. N.J.C., feriam l'.in Ctrna Dotnini .festum Ascensionis Domini
NostriJ. C, festum SS. Apostoloriim Petri et Pauli, festum .Annun-
ciationis.et festum Assumptioiiis B. M. V., festum omnium Sancto-
riim, festum Nativitaíis, ac festum EpiphaniiC Dotnini (1). Hay que
añadir, además, la fiesta del Santo titular de la Iglesia, conforme al
Decreto de la Sagrada Congregación del Concilio citado por Ferra-
ris (2).
Estas declaraciones, tan terminantes al parecer, no señalan, sin
embargo, de una manera clara y concreta los días mds solemnes á
que se refieren las concesiones de oratorio privado. La Bula de Bene-
dicto XIV, dirigida Á los Obispos de Polonia (Bullarium, 1751). con
el objeto de refrenar abusos y aclarar el derecho y la disciplina en
(i) GorJtUiui, \ol. 1 (364).
(2) Loco cit., núm. 49.
REVISTA CANÓNICA 209
lo que se refiere á los oratorios, A pesar de ser el documento que se
cita con mayor frecuencia en estas cuestiones, tampoco ha logrado
esclarecer todas las dudas ni determinar bien los casos en que es ilí-
cita la celebración del Santo Sacrificio. Nec Missd, dice el mencio-
nado documento, cclebrari possií diebus soiemnibus Pasc/ia/is Rc-
surrectionis, Pentecostés, Nativitutis Domini Nostri J. C, et aliis
soletnniot'ibus diebus, quos ínter etiam enumerantiir dies Epipha-
niw.et Ascensionis Domini, Annunciationis, et Assumptionis Bea-
tce Marice l'irginis, Omniíini Sanctornm, necnou Sanctofiiui Apos-
tolorutn Petri et Pauli ac Titiilaris Ecclesiic loci.
Como se ve, en las palabras citadas no se incluyen los días últimos
de Semana Santa, en los cuales tampoco es lícita la celebración del
Santo Sacrificio, según Decreto de la Congregación del Concilio
(13 de Enero de ló8ñ) (1); y como, por otra parte, hacen referencia X
otras festividades no enumeradas en ninguno de los rescriptos que se
conocen, tenían que dar ocasión á interpretaciones distintas y á cos-
tumbres contradictorias. Esto sin contar con que tampoco determi-
naban la clase de solemnidad que se requiere para que la celebración
se considere ilícita y no conforme con el privilegio. En su consecuen-
cia, el Obispo de Barcelona e.vpuso á la Sagrada Congregación, por
los años de 1839 ó 40, las prácticas existentes en aquella ciudad, en la
forma que sigue (2): Missa in Oratorio privato non possunt celebrari
in Festo Titular i Parochiw ubi Oratorium constrmtitm est: in Ora-
toriis privatis intra Civitateni constructis, debetur ne censeri prohi-
bitum Sai rum /acere etiam in dic Titnlaris, nempe dii tertia Maji,
ant tantinn iti Titulari propriw Parochia? A lo cual contestaba la
Sagrada Congregación de Ritos, en 11 de Abril de 1840; ProhibUiini
est tantum in festo Patroni Civitatis vel Diucesis, non in festo Ti-
tnlaris, quod non inducit praceplum aiidiendi Sucrum et absti-
mndi á servilibns.
A causa de tales declaraciones, así como de las prácticas diversas
que en la actualidad se siguen, propúsose esta cuestión, en 1805, á los
individuos de la Academia Litárgica Romana, quienes, divididos en
sus pareceres, acudieron .1 la Sagrada Congregación de Ritos con la
siguiente consulta, formulada por el Presidente de la Academia:
Quinam veré sint solemniores dies in c/nibns pro ómnibus pecii-
liare Indultum non habentibus, Missíc sitnt vetitie in privatis Ora-
toriisP
Resp. 11/ i per se sunt dies solemniores in casu, qiii dcscribuntur
in Cíeretnoniali Episcoporitm, Lib. II , cap. XXXIV, n. 2 et servan-
tur de prcccepto. Atquc ita rescripsit. Die 10 Aprilis 1896. — Caj.
Card. Alase lia, Pnef.
(i) Citado por Mach., pág. 267.
(2) Gardellini, 4.878.
14
210 REVISTA CANÓNICA
El ceremonial de Obispos > Editio typica Raíisbome, 1886, Pus-
tet), dice así en la pág. 27:
Celebrare igitur poterit Episcopus, trist ¡egitinie fuerít iiupedi
tus, in (iic Nativitatis Dmuini Sostrijesu Christi , infesto Epiphauiu-
Dontiiii, feria quinta iu Cutía Dofnitii.in Dowirtica, Resurrecíiotiis.
ifí die Ascensiotiis, m Dominica Pentecostés, in festivitatihus Im-
niaculatíe Conceptionis, Annunciationis et Assuniptionis B. M. Vir-
ginis. tn fesío S.Josephi B. M. Sponsi. infesto Beatorum Apostólo-
rum Petri et Paiili. in festo Omniutn Sanctorinn. in festo die titu-
taris Ecdesiie, et Patroni . in die Anniversario Dedicationis Cathe-
d ralis Ecclesue, vel etiaw arbitrio suo in aliis festivitatibus per
annuw, qunndocutnque ei placuerit , cuín caremoniis et solrninita
tí bus qu(C supra in Capit. VIH /iu;n^ l'i> II. de Missa solentni Epis-
copo celebrante explicatte fuerunt.
Resulta, por tanto, que no es posible determinar de una manera
general, aplicable á todas las naciones y A todos los pueblos, los lími-
tes á que se extiende la prohibición de celebrar en oratorios priva-
dos, merced á la variación de hestas obligatorias para cada lugar ó
nación. \iw I-Vancia. por ejemplo, reducidas á cuatro las festividades
que obligan de precepto, en virtud de las disposiciones de l'ío \'1I,
son cuatro los días en los cuales no ^e puede celebrar on oratorio
privado.
No obstante, teniendo en cuenta las dos condiciones que la Sagra-
da Congregación exige para que la celebración del Santo Sacrificio
se considere prohibida, es muy fácil determinar, para cada uno de los
lugares, cu;hido se puede, y cuándo no. decir Misa en los oratorios
privados
BeHoluciÓD iuiportante sobre las procesiones con el Santisiino.—
Es lícito, excepto en la solemnidad del Corpus y de su Octava, sacar
el Santísimo Sacramento en las procesiones que se hacen por la tar-
de, en honor de la Virijen ó dt- los Santos, pero no llevar en la misma
sus reliquias ó imágenes, conforme se deduce del caso que expone-
mos á continuación :
En el pueblo de jergal, diócesis de Almería, existe la costumbre
de celebrar anualmente en la dominica segunda de Septiembre una
fiesta en honor de la \'irgen, con procesión en la que, junto con el
Sacramento, se sacan imágenes de la Madre de Dios y de los Santos.
Dudando el Párroco del mencionado pueblo acerca de la legitimi-
dad de esta práctica, acudió ;i la Sagrada Congregación de Ritos con
la consulta siguiente: C'truní extra festuní corporis Christi ejusquc
OctaxHim liceat in honor eiu Beativ Alaria Vir ginis aut Sanctorutn
in vespcrtinis processionibus deferre Sanctisstmum Eucharistiie
REVISTA CANÓNICA 211
Sacramentiim, et etiam Imagines sive reliquias ipsius Beatw Vir-
ginis ac Sanctornm? La Sag^rada Cono^regación de Ritos contesta:
Afjirtnative de consensu Ordinarii qnoad primatn partem; Negative
giíoad secundam.—Die 31 Januarii IS^ó.
Indudablemente, la procesión de que hablamos puede considerarse
como exposición pública del Santísimo Sacramento, y, por lo tanto, á
ella pueden aplicarse también las rúbricas irenerales relativas á la
mencionada ceremonia.
Al Obispo es á quien corresponde el cuidado de las cosas santas y
el régimen de la Iglesia, mucho más cuando se trata de la cosa más
Santa, que es el augusto Sacramento de la Eucaristía. Prescindiendo
de las opiniones sobre la conveniencia ó no conveniencia de la fre-
cuente ó rara exposición del Santísimo, no dudamos afirmar, con San
Ligorio, que donde exista esa devoción, ct cii/íus augcatur. no me-
rece reprobación, sino alabanza, siempre que no contribuya, por lo
demasiado trecuente, á disminuir la reverencia. Por lo demás, nadie
ignora que para la exposición pública del Santísimo debe haber;
1.°. causa pública; 2.''. licencia del Ordinario. Todo lo cual lo expresa
Benedicto XI V en los siguientes términos: Certissimum est huic Sedi
Apostolicie, !H quibitscunique ecclesiis etiam privilegio immunibus
sive secular i hits sive regularibus. non licere exponi puhlice divi-
nant Ettchurisliatn nisi causa publica et Episcopi facultas interve-
ncrint.
Respecto de la segunda parte del caso, hay las razones siguientes:
Siempre que el Santísimo está expuesto al público, debe cuidarse de
que no haya cosa que pueda distraer la atención, de manera que to-
dos observen el mayor recogimiento y compostura. Por eso no debe
haber en el altar donde está reliquias ó imágenes de Santos, con el
fin de no confundir las tres especies de cultos: Latría, Dulia, Hiper-
dulia: pues siempre la Iglesia ha tenido sumo cuidado en distin-
üuirlos.
Cualidad de la Misa cuando se celebra en iglesias ajenas ú ora-
torios públicos.— Según el Decreto expedido por la Sagrada Congre-
gación de Ritos en 9 de Diciembre último, todos y cada uno de los
Sacerdotes, tanto seculares como regulares, que celebran en igle-
sias ajenas ó en oratorios públicos, tienen que decir la Misa, sea de
Santo ó de Beato, esté contenida en el Misal Romano ó en el parti-
cular de una Orden cualquiera, conforme al Oficio de la misma iglesia
ú oratorio en que celebran ; á no ser que en aquella iglesia el rito sea
semidoble ó simple, en cuyo caso pueden decir Misa de Réquiem,
votiva ó de la feria, si las rúbricas del Misal Romano ó los Decretos
de la Congregación de Ritos no lo prohiben en aquel día. A este De-
212 REVISTA CANÓNICA
creto sigue la derogación de todas las disposiciones que hubiesen
emanado en contra.
Ahora bien: muchos regulares, que acostumbran ejercer el mi-
nisterio de la predicación durante épocas determinadas del año, ob-
tuvieron de la Santa Sede privilegio para decir en iglesias ajenas
la Misa que señala el Calendario de su Orden, cuando el color de uno
y otro Oñcio concuerdan; obtuvieron ademas otro privilegio, en
fuerza del cual la concesión, una vez hecha por la Sede Apostólica,
no pudiera ser derogada sino mediante una cláusula revocatoria que
la cite en concreto ó se extienda en general ;l los privilegios dignos
de especial mención. Pregúntase:
IHrum Regulares, de quihus in casu, compreltendantttr suh de-
creto Sacroruni Rituuin Congregaíionis die 9 Decembris 1895
edita /
Respuesta de la Sagrada Congregación: Affirniativc.
fR. ^BNITO J^0DHfOU£Z Y pONZAUEZ,
o. 8. A.
IIT (Xtcctcctcttcctcctcccc€<xcax(xc<^
CRÓNICA GENERAL
EXXRA.NJ ERO
OMA. — La anunciada Carta de León XIII á los Obispos de Hun-
<¡íría con motivo de las fiestas del milenario de la fundación
de aquel reino, es ya generalmente conocida, gracias al entu-
siasmo de la Prensa católica, que no se ha dado un momento de re-
poso hasta difundir las saludables enseñanzas contenidas en tan no-
table documento pontificio. En él aprueba y elogia León XIII las fun-
ciones organizadas para conmemorar el fausto acontecimiento y dar
gracias al Todopoderoso por los favores dispensados á Hungría;
expresa la esperanza de que las fiestas revistan un carácter sincera-
mente cristiano, y declara que se asocia á ellas en espíritu y de co-
razón , movido por el ardiente amor que profesa al católico pueblo
húngaro, cuya inquebrantable adhesión á la Santa Sede no se ha
desmentido jamás. La Religión católica, observa además el Pontífi-
ce, ha ejercido una influencia e.xtraordinaria en las diversas vicisi-
tudes por que ha pasado el reino de Hungría, contribuyendo siempre
al sostén y aumento de su prosperidad y esplendor, de tal manera
que, sin la fe cristiana y sin la gracia del Evangelio, el pueblo hún-
garo hubiese arrastrado sin duda una existencia efímera. La Iglesia
la enseñó á respetar el derecho de gentes, á dulcificar las costum-
bres, á obedecer á sus Príncipes y á practicar la fraternidad dentro
y fuera. León XIII evoca el recuerdo del Duque Geiza, del Santo
Obispo Adalberto, y sobre todo de San Esteban, modelo de Príncipes
cristianos, gloria de su pueblo, fiel siervo de María y de San Pedro,
hijo sumiso de la Iglesia. Á estos dichosos comienzos ha respondido el
desarrollo ulterior de Hungría, marchando de consuno con lasjóve-
214 CRÓNICA GENERAL
nes naciones de la Europa cristiana en las vías de la civilización, ilus-
trándose notablemente con «grandes hombres por su santidad, por su
ciencia, por sus gustos literarios y artísticos. Los Soberanos Pontífi-
ces se han hecho con frecuencia protectores y defensores de la auto-
nomía húnf^ara con sus subditos, tropas, arbitrajes y oraciones. Basta
recordar para esto á los l'apas Inocencio XI y Greijorio XIII. El pue-
blo húni^aro ha dado testimonio de su agradecimiento en muchas oca-
siones. Juan Ilunyadi, en el siglo xv, y con él los Estados, han dejado
sobre este punto escritos auténticos dirigidos A N'icoMs \', y lo mismo
el Rey Matías á Paulo II y muchos otros. Conviene también citar á
María Teresa y su correspondencia con Clemente .\I1I, que confirmó
á los Reyes de Hungría en la posesión del título de Reyes Apostóli-
cos. León XIII añade. .1 las felicitaciones y .1 los elo;^ios concernien-
tes al pasado, consejos y deseos para lo porvenir. Dice que está ape-
nado á la vibta de tantos católicos que han caído en la tibieza, en la
indiferencia y en la ingratitud para con el Catolicismo y la Santa
Sede. Recuerda sus cartas anteriores, en las cuales prodigó á los
húngaros pruebas de su paternal solicitud, á fin de demostrarles los
peligres que les amenazaban y los medios de librarse de ellos. Espera
que sus amonestaciones no serán vanas, y que el milenario acelerará
la realización de sus votos para bien de Hungría, con la cesación de
las malas interpretaciones, con el restablecimiento de la buena har-
monía entre la Iglesia y el Estado, con el reinado de la verdad, de
la justicia y caridad, base y fundamento de las sociedades. Que el
noble pueblo húngaro sepa , termina diciendo León XIII , que puede
y debe tener confianza absoluta en la autoridad y benevolencia de la
Sede Apostólica, porque ésta no olvida los servicios prestados por
Hungría á la causa católica, y siempre conservará á esta nación
sus antiguas disposiciones de solicitud y de indulgencia paternal.
León XIII pide para Hungría la protección de la Virgen, de San Es-
teban y San Adalberto, y concede á los Obispos, al Clero y á todo el
pueblo húngaro la Bendición Apostólica.
— El décimo aniversario del natalicio de Alfonso XIll ha sido ce-
lebrado en Roma de una manera sumamente grata para los españo-
les. Se inició con una solemnísima función de iglesia en nuestro tem-
plo de Montserrat y .Santiago, profusamente adornado é iluminado y
lleno de numerosa concurrencia, en la cual predominaba la colonia
española. En la tribuna de honor se veían diversos Cardenales, en-
tre otros sus Eminencias Rampolla , Parochi , Di Pietro y los dos her-
manos V'annutelli, habiendo impedido la enfermedad del Cardenal
Bianchi la asistencia de éste, que fué Nuncio en España. En el pres-
biterio, el personal de la Embajada cerca de la .Santa Sede, de grart
uniforme , con el Cónsul de España y diferentes Prelados y Generales
de las Órdenes. Ofició Monseñor Cardona, Vicario Castrense, Cape-
llán Mayor de la Reina Regente y Obispo titular de Sión. Entonó el
I RÓNMCA GENERAL 215
Te Deum el Cardenal Vicario de Roma. Por la noche, los Sres. Merry
del Val dieron un banquete en el Palacio de España , al que asistieron,
entre otras personas , los Cardenales Rampolla y Vannutelli , el Prín-
cipe y Princesa Lancellotti, los Condes de Reverterá, Embajadores
de Austria-Hunjíria; los Condes Das Antas, que lo son del Rey de
Portugal cerca del Pontífice; Monseñores Rinaldini y Cavagni, que
ocupan altos puestos en la Secretaría de Estado; los Consejeros déla
Embajada austríaca Sres. de Ambros; la señor;» de Benllow, Dama
Noble de la Orden de María Luisa, iíracia que le fué concedida por
Alfonso XII por los distinguidos servicios que prestó á la Restaura-
ción. Estaban igualmente el Ministro Ban^n de Bunder; el de Cetto,
que representa X Baviera, de cuya familia real es ornamento nues-
tra Infanta Paz; el Duque de San Martino, que acababa de recibir en
Niza á los jóvenes Principes de Caserta y de Calabria, procedentes
de nuestra isla de Cuba; monseñor Merry del Val, Camarero secreto
del Padre Santo, y el Sr. Heredia. primer Secretario de la Embaja-
da. En el banquete, que fué suntuoso, se expresaron los más simpá-
ticos sentimientos hacia el infantil Soberano, su augusta Madre la
Reina Regente, Su Santidad León XIII y España.
—Su Santidad acaba de nombrar Prefecto Apostólico de Marrue-
cos al Rdo. Padre Francisco Cervera, franciscano español, y que es-
peramos sea digno sucesor del difunto Padre Lerchundi, de inolvida-
ble memoria. También ha sido destinado á la Prefectura del Alto Ni-
ger el misionero Padre Carlos Zappa. La presencia en Roma de los
Prelados de Madras, Colombo é Hydelabad ha dado á conocer los
progresos del Catolicismo en aquellas regiones lejanas, objeto de los
incesantes esfuerzos de las Misiones católicas.
—La Masonería acaba de sufrir una nueva é importante defección.
El fundador del rito de Menhs y Misraim en Egipto, Gran Hierofante,
Soberano, Gran Comendador, S. A. Zola, después de treinta años
de vivir en el error, acaba de entrar en el gremio de la Iglesia cató-
lica. El nuevo converso ha escrito, firmado y remitido á la autoridad
eclesiástica una importante declaración sobre las doctrinas masóni-
cas, abominando de la secta. Como dice muy bien L'Osseyvatoye Ro-
mano, esta retractación es la más importante que se ha producido
desde la que subscribió Lord Ripon. entonces Gan Maestre de la Ma-
sonería inglesa, hoy uno de los hombres eminentes del Catolicismo
en aquel país.
Causará mucho ruido y aumentará las inquietudes de todos los
masones, así como la satisfacción de todas las gentes de buena fe.
— El día de la Ascensión, el Sumo Pontífice presidió la Asamblea
reunida en el Vaticano, en la cual . entre otros decretos, se leyó el de
las virtudes heroicas del Venerable Esteban Bellerini, de la Orden de
San Agustín, Párroco de Genezzano. Reunida la Sagrada Congrega-
ción de Ritos con los postuladores de sus respectivos procesos de
216 CRÓNICA GENERAL
beatificación, entre éstos los Padres agustinos Rmo. Martinelli, Ge-
neral de la Orden, y Quintaretti, León XIII pronunció una elocuentí-
sima alocución expresando el placer que siente cuantas veces pro-
clama la virtud y milagros de los siervos del Señor, prestando nue-
vo testimonio á la gloria de Dios y A la divina fecundidad de la Igle-
sia, Madre de tantos Santos.
— Escribe de Roma el corresponsal de un periódico de Madrid que
'•la víspera del natalicio de nuestro Kty, el Padre Santo se dignó re-
cibir al Obispo de Sión y al Embajador de España, Sr. Merry del V^al,
que tenía la misión de presentar al aui;usto Padrino del infantil Mo-
narca el retrato de Alfonso XIll . enviado como regalo por la Reina
Regente al Papa. El retrato es obra postuma del inolvidable Palma-
roli . y una de las más felices de su pincel. La figura del Rey , vestido
de terciopelo negro, con la cabeza descubierta, y llevando al pecho
el Toisón de Oro. es una pintura preciosa y parecida, llena de vida y
de gracia. León XIII. que lo contempló largo tiempo, en extremo
complacido, dijo á los que había reunido en torno suyo para admirar
el cuadro de Palmaroli. hallándose entre los presentes el Embajador,
el Obispo de Sión, el Camarero secreto Monseñor Merry del Val
y los Secretarios Sres. Heredia .Seoane y Gil Delgado, que la Reina
María Cristina no había podido ofrecerle .sorpresa más grata que este
don de su amor maternal y de su afecto al Padre común de los fieles.
En prueba de su gratitud decidió colocar desde el primer momento
el retrato del Rey en la biblioteca, contigua á su estancia, donde no
se ve ningún otro cuadro, aunque sí una hermosa imagen de plata de
la Virgen colocada sobre una columna de pórfido. Después de pasado
largo tiempo en la contemplación de la obra artística, quedando en
particular audiencia el Papa y el Embajador. Su Santidad extremó
sus manifestaciones de amor á España, discurriendo con su eleva-
ción de miras y alto espíritu de justicia sobre la actitud de los Est.i-
dos I tiidos en las cuestiones hoy palpitantes con nuestra patria; rei-
terando lo que tantas veces ha dicho, de que no cesan sus oraciones
al Señor para que devuelva la paz á España..
• •
1 1 ALIA.— Desde la nutrida votación á favor del Gabinete en la Cá-
mara de Diputados, la política italiana ha entrado en un período de
relativa calma; asimismo es indudable que las cosas de África, á
partir de la ocupación de Adigrat por el general Baldissera . se apro-
ximan á una solución pacífica. Las esperanzas de la oposición Crispi-
Sonnino de recobrar el Poder, merced á la inmensa mayoría que an-
tes de la catástrofe de Adua tenía en el Parlamento actual, se hallan
por completo desvanecidas, igualmente que sus intentos de perpe-
tuar !a guerra africana, sosteniendo la línea agresiva de Adigrat,
CRÓNICA GENERAL 217
Adua y Axum. Con respecto á la falange más numerosa, que está en
poder del Negus y que iba en camino de Scioa, las noticias son un
tanto confusas. Hablase de un rescate general, al que aludió clara-
mente el último discurso del Marqués de Rudini , Presidente del Con-
sejo, y de que los centenares de italianos hoy en poder de Menelik
regresarían á la patria por Zeyla . por ser camino menos molesto, ha-
biéndolo autorizado Inglaterra. Pero como, al propio tiempo, marcha
en dirección de la Etiopia una filantrópica Misión italiana, portadora
de au.xilios de todas clases, recogidos por las damas que en diversas
ciudades de Italia han abierto la subscripción nacional de la piedad
en favor de sus desgraciados compatriotas, parecería esto demostrar
que su repatriación noestá tan inmediata. Lo que de todoesto aparece
indudable es que, interrumpidas oficialmente las negociaciones para
la paz entre los Soberanos de Etiopia é Italia , continúan , por conduc-
tos indirectos , ejerciendo una acción saludable el coronel inglés Sla-
de, el mayor Salsa, detenido todavía por el Ras Mangascia, que había
visto de nuevo al Negus, y las influencias rusas, á quienes la Prensa
francesa, adelantándose á los acontecimientos, atribuye haber reali-
zado esta paí misma. Aunque en las altas regiones del Gobierno no
se acredita , hasta ahora, una nueva que de seguro acogería la in-
mensa mayoría de la nación c*'n júbilo, algo la hace sospechar la no-
ticia auténtica de que el general Baldisscra, que ya ha enviado al
golfo napolitano uno de los batallones que tiene á sus órdenes y que
sufrió bastante en Adua. pide al Gobierno autorización, que le ha sido
concedida, para repatriar otros ocho batallones y algunas balerías
de artillería de montaña. X'erdad es que da por motivo de esta medi-
da el excesivo calor que empieza ya á sentirse en la Eritrea, y la
anemia que produce á las tropas europeas aquel clima africano; adu-
ciendo que , aun en el caso de romperse la tregua militar, que en rea-
lidad existe hoy entre el ejército italiano y el del Negus, en plena re-
tirada hacia el fondo de la Etiopia es más ventajoso, bajo el aspecto
sanitario, y no más costoso, el que para el otoño vuelvan estas tropas,
que entre tanto respirarán los aires natales. Pero como los cañones
no sufren el fuego abrasador de Massauah , y la dotación de las bate-
rías es cortísima, el desprenderse de éstas parece indicar bien cla-
ramente que no existe temor alguno de que se renueven las hostili-
dades. Debe observarse también que en una de las bases de paz pro-
puestas por Menelik se indicaba el deseo de que , así como sus tropas
se retiraban al centro de su Imperio, preludiando el licénciamiento
de las milicias etíopes, Italia debía retirar todas aquellas fuerzas que
no fuesen necesarias para la defensa de su colonia y las eventualida-
des á que pueda dar lugar la conservación de Kassala y la lucha en
el Sudán, en la cual Abisinia se muestra neutral. Podría sospecharse
que la repatriación voluntaria de estos batallones, cuando las nego-
ciaciones oficiales para la paz están interrumpidas, responde á la
218 CRÓNICA GENERAL
conveniencia de evitar en un convenio la consignación de una cláu-
sula semejante y que resultaría innecesaria. El otro polo de las ne
gociaciones consiste en la evacuación de Adigrat; ésta se realizará-
lentamente y á medida de las noticias que lleguen.
—La esperanza de solución pacífica en la cuestión de África ha
hecho que la renta italiana recobrara en estos días el valor que había
perdido, ante la perspectiva poco lisonjera de un porvenir incierto.
Verdad es que las cosechas se presentan bien, y que dura todavía la
buena impresión causada por las declaraciones financieras hechas al
Parlamento por el Ministro del Tesoro, Colombo, afirmando que. des-
cartados los gastos extraordinarios de la guerra , cubiertos con ei em-
préstito, los presupuestos estarán nivelados, bastando los ciento cua-
renta millones votados por las Cámaras para la eventualidad de que
continuasen las hostilidades, una vez suspendidas éstas, para electuar
los campamentos atrincherados y los ferrocarriles económicos que
enlazarán á Massauah con Asmara.
—Solemnísimos fueron los funerales costeados por el Municipio
de Roma en suíragio de las almas de los militares muertos en Arri-
ca. Se celebraron en el templo de Santa María de Araceli, en el
Capitolio, uno de los lugares más memorables de la Ciudad líterna.
Debe reconocerse que á prestarles tanta grandiosidad contribuyó la
actitud de los católicos, que acudieron en gran número á Arac<jeli,
representando al Santo Padre Marco Antonio Colonna. Asistente al
Solio Pontificio y vastago de aquel otro Colonna que, vencedor en
Lepanto, recibió verdadera ovación en esta misma iglesia de Ara-
cali cuando, en el si-lo xvi, se cantó el Te Dcinn por aquella gran
victoria cristiana. En el túmulo, que constituía verdadera obra de
arte, sobresalían, entre otras infinitas, dos coronas magníficas, en
las cuales aparecía escrito en letras de plata: " Humberto I á los va-
lientes que llalla llora y enaltece.,; y en la otra, de la Reina , con ca-
racteres de oro: " Margarita á los valientes muertos en África^. Los
brillantes uniformes, las condecoraciones, los trajes antiguos, y que,
como los de los suizos del Papa, fueron dibujados por Miguel Ángel;
los gonfalones romanos, las banderas nacionales, adornando lodo el
templo; las notas bellísimas de la Misa de Réquiem del Terziani , la
reunión de todos los Embajadores }' la presencia de las más distin-
guidas damas de Roma, así pertenecientes al servicio de la Reina
como á la parte del Patriciado romano afecta al Vaticano, y una con-
currencia inmensa que se e.xtendia desde la plaza de Venecia hasta
la colina Capitolina, hicieron en extremo imponentes las e.xequias
por los muertos en África.
—Con mucha exactitud reseñaba un corresponsal la situación de
los italianos en África cuando, en época no muy lejana , decía :
"El ¡iberalismo es el mismo en todas partes. Italia, caída en poder
de la Monarquía saboyana-liberal-masónica, sufre sinnúmero de hu-
CRÓNICA GENERAL 219
millaciones en África por parte de un Monarca semibárbaro como es
Menelik. Emperador de Etiopia. Él ha infligido al ejército italiano
una serie de derrotas de Dogali á Adua , apenas interrumpida por
los efímeros y pequeños sucesos de Senafé. Menelik tiene prisione-
ros dos mil quinientos italianos en Scioa. El Gobierno italiano le
mandó como mensajero para tratar la paz al mayor Salsa , y Mene-
lik, reteniendo en rehenes á los oficiales italianos hasta que les sean
devueltas alj^unas cartas suyas, ha mandado dos aldeanos ál general
Baldissera, portadores de un mensaje de ruptura de las nes^ociacio-
nes de la paz. La expresión de desprecio del Negus hacia Italia con
este acto, no podía ser más atroz : la humillación para la nación ita-
liana no puede ser más terrible. ;,Qué hará ahora el Gobierno del Rey
Humberto? Nadie lo sabe; nadie puede adivinarlo todavía. Entre
tanto nada se hace, y probablemente nada podr;l hacerse; tan desgra-
ciada es la situación que este Gobierno se ha creado con su locura,
con sus errores y con sus culpas. Volver á empezar la guerra es casi
imposible, ya por la estación de las lluvias que va á empezar en Abi-
sinia, ya por lo ruinosísima que es á la hacienda , ya porque la gran
mayoría de los italianos es contraria á esta empresa africana; ya,
finalmente, porque un grave descontento, producto de la desmorali-
zación, e.xiste en las filas del ejército. Permanecer en la inacción y
sufrir pacientemente los ultrajes de .Menelik y de sus Ras, es el envi-
lecimiento , la vergüenza, la pérdida de todos los vestigios de digni-
dad nacional^.
—La miseria, por otra parte, hace que estallen desórdenes á dia-
rio en muchas poblaciones, entre las cuales se han señalado Brozzi
y sus cercanías, donde las huelgas de los trabajadores de las fábri-
cas de sombreros de paja han revestido tal gravedad, que se hizo
necesario el envío de algunas fuerzas militares para sostener el or-
den , ó restablecerle en caso preciso. Pero sobre todo en Cerdeña ha
llegado á ser tan desesperada y triste la situación de gran parte de
sus habitantes, que los de Dorgali y Sant'Antioco tienen que buscar
el alimento por los campos. En Aggino, las cosechas han sido se-
cuestradas por el fisco, y para pagar los impuestos se han visto obli-
gados á vender sus propios vestidos; y en Barisardo. Tertencio,
Barras, es tanta la miseria, que aun los propietarios de la clase me-
dianamente acomodada no han tenido más remedio que salir de sus
casas para mendigar un bocado de pan. Hablando de esto Rudini
con un diputado sardo, que le exponía la deplorable situación de la
isla, ha dicho que no sólo Cerdeña y Sicilia, sino otras muchas re-
giones de Italia, se encuentran en las mismas condiciones.
—No deja de ser curioso el incidente acaecido ha pocos días en
el Parlamento italiano. Refieren los periódicos que un individuo
arrojó al hemiciclo, desde la tribuna pública de la Cámara de los Di-
putados, un pliego. Preso en el acto, resultó ser un antiguo soldado
220 CRÓNICA GENERAL
pontificio. Interrogado, dijo que no se propuso más que llamar la
atención á fin de que el Kstado le satisficiera una cantidad que le
era en deber, habiendo sido inútiles todas sus reclamaciones para
conseííuir su objeto. El Presidente de la Cámara amonestó severa-
mente al detenido, y luego dio orden de que fuera puesto en libertad.
*%
Alema.ma. — Dan como cieno los periódicos suecos que Guiller-
mo II y su esposa tienen proyectado emprender este año un viaje á
las regiones polares. La augusta pareja pasará algunos días en el
castillo de Stora Sundby, perteneciente al representante de Alema-
nia en Stockolmo, y luego se encaminará á \'adsoe para contemplar
el eclipse total de sol scñ.ilndo por los fastos ;istron<^mic"os para el
próximo mes de Agosto.
— l'l Emperador de Alemania, deseando dar una prueba de su alto
aprecio á la Emperatriz de Rusia con motivo de su coronación, la ha
nombrado jefe del segundo regimiento de Dragones de la Guardia,
el cual se llamará en lo sucesivo regimiento úe la Emperatriz .\le-
jandra de Rusia.
— Nadie ignora que los católicos alemanes han sabido conquistar-
se, á fuerza de habilidad y perseverancia, una situación preponde-
rante en las Cámaras, constituyendo el grupo más numeroso y mejor
organizado. En la actualidad, el Presidente y el segundo Vicepresi-
dente del Reichstag pertenecen al llamado Centro Católico, que con*
memora el vigésimoquinto aniversario de su lundacii.ii, después de
un cuarto de siglo de luchas y de victorias contra Bismarck y demás
sectarios. Con tal motivo, está recibiendo dicho Centro gran número
de entusiastas felicitaciones, entre las cuales figura, en primer tér*
mino, el siguiente telegrama dirigido por el Emmo. Cardenal Ram-
polla, en nombre de Su Santidad, al Conde Hompeusch. Presidente
del Centro Católico del Reichstag alemán:
•"El Padre Santo felicita cordialmente al Centro Católico del Rei-
chstag y del Landtag con motivo del xxv aniversario de su funda-
ción, y, agradeciendo el nuevo homenaje de los miembros de ese
grupo, les envía afectuosamente la Bendición que han solicitado„.
No hay duda que la Bendición .\postólica estimulará á los valien-
tes miembros del Centro á perseverar más y más en sus campañas
en pro de la causa de Dios y de su Iglesia, ofreciendo á los católicos
de los restantes países hermosos ejemplos que imitar.
—Bien notorias son sus tareas contra el duelo en Alemania y sus
esfuerzos enderezados á conseguir que se imponga á los duelistas la
pena que merecen de trabajos forzados, recordando que una serie de
medidas bien concertadas produjo en Inglaterra la supresión de los
desafíos v un cambio favorable contra los mismos en la opinión pú-
CRÓNICA GENERAL 221
blica. En su consecuencia, el Ministro Mr. Botticher, abundando en
las ideas de un orador del Centro, ha dicho que el Gobierno de nin-
^ún modo consentiría la publicidad en el mencionado delito; Mr. Ri-
cher sostuvo que debía mejorarse y completarse la ley que rige so-
bre los tribunales de honor; y ¡ hasta el socialista Bebel estuvo, en el
fondo, de acuerdo con los católicos!
—La Prensa de Berlín se hace eco de un suceso que ha causado
gran sorpresa en todas las clases sociales. Sabido es que estaban so-
metidos A un proceso cuarenta y siete socialistas, entre los cuales
figuraban los principales jefes del socialismo. Pues bien; fl proceso
ha terminado absolviendo A treinta y dos y condena ndoá ligeras pe-
nas á los otros quince; es decir, con una derrota moral del Gobierno,
lis verdad que la sentencia dispone que sea disuelto el Comité cen-
tral socialista de Berlín, y también algunas Asociaciones electorales
permanentes. Esta última parte de la sentencia no producirá resulta-
do alguno positivo, porque las tales Asociaciones se organizarán de
modo clandestino, y por tanto serán más peligrosas, lín cuanto al
Comité central de Berlín, los agitadores que le componen hallarán
siempre medios de concertarse para obrar, y su acción aislada será
quizá más funesta, ó por lo menos más difícil de vigilar que su acción
colectiva. El resultado del proceso de Berlín suscitará, sin duda, esas
ideas de concordia y de salud. VJ aludido proceso fué intentado á los
socialistas por violación de la ley prusiana sobre las Asociaciones.
La opinión pública se halla muy sobrexcitada.
* *
Francia.— Vuelve á iniciarse la serie de ataques que algunos pe-
riódicos franceses dirigieron, hará como cosa de medio año, al Presi-
dente de la República, apelando á idénticos medios que los que enton-
ces empleó la pasión política para el logro de sus propósitos. He aquí
lo que leemos en un diario importante del extranjero: "Los ataques
de que viene siendo blanco de algún tiempo á esta parte el Presiden-
te Faure, aumentan cada día en violencia. Parece que quiere volver-
se á empezar per algunos periódicos aquella campaña personal que
fué conducida tiempo ha contra Fél.x Faure con gran escarnizamien-
to. El periódico Le Joiir , convertido ahora en órgano de Mr. Bour-
geois, amenaza con revelaciones sobre la familia del Presidente de
la República, y asegura que, si publicase todos los documentos que
posee, Félix Faure no podría permanecer ni un solo instante en el pa-
lacio del Elíseo. Le Jour añade que el Presidente de la República po-
dría—si hay oportunidad para ello — ser llamado á responder y justi-
ficarse de ciertos cargos sobre estipulaciones del tiempo en que fué
Ministro. El periódico órgano de Bourgeois le hace, además, respon-
2"J2 CRÓNICA GENERAL
sable de la manera desacertada como fué organizada la expedición
de Madaí;ascar„.
—Los periódicos franceses publican la carta dirigida por el Du-
que de Orleans al Presidente de la Junta directiva del partido monár-
quico, en contestación á la que el último le había enviado haciéndole
algunas observaciones políticas. Es un documento interesante, por-
que muestra, en la actual crisis de los monárquicos franceses, cuál
es el pensamiento del sucesor del Conde de París.
— Nada tiene de e.xtraño que en Francia se trate de demostrar,
cuantas veces se ofrece ocasión para ello, que se comparten los sen-
timientos del pueblo moscovita, 'lodas las casas de París y de las
principales ciudades aparecieron engalanadas el día 2b, en que se
efectuó la coronación y consagración del Czar de Rusia; el propio
Presidente, Mr. Faure . se ha puesto á la cabeza de esa manifestación
rusófila, dando la mejor. muestra de adhesión al Imperio ruso con el
hecho de haber asistido al Te Deum cantado en acción de gracias en
la iglesia griega de la ciudad del Sena, y sobre todo por haber diri
gido ese mismo día al Emperador Nicolás II un telegrama concebido
en los siguientes términos: "Me complazco en expresar los sinceros
votos que Francia entera eleva por la dicha personal de \'. M. y por
la gloria y prosperidad de Rusia. También deposito á los pies de Su
Majestad la Emperatriz el homenaje de mi respeto, y ruego á Vues-
tras Majestades que crean en mi profunda adhesión á sus personas„.
— El Párroco de Sonday, Mr. Blanchaid. procesado por haber dis-
puesto una procesión f^n su parroquia el Domingo de Ramos, ha com-
parecido ante los tribunales con noble entereza para defender su con-
ducta. * Vivimos— dijo— en un país libre, y la primera de todas las li-
bertades es la de la circulación. Los católicos invocamos ese dere-
cho, así como reconocemos á los sectarios el de retirarse á sus casas
á pasar sus ratos de mal humor. „ Aun no se sabe la decisión del tri-
bunal; pero el Párroco Blanchard ha vencido ya moralinente. Obsér-
vese que el vtairc, cuando se anunciaba el paso del Presidente
Mr. Faure por aquel pueblo, mandó comprar una campana nueva, y
que á renglón seguido de esta orden prohibe las man ifestaciones del
culto católico.
— .Muy digna es de que la transcribamos la información de un pe-
riódico sobre las tiestas que celebra el Catolicismo francés en la his-
tórica ciudad de Reims. Dice asi:
"Francia vuelve á ofrecer nuevos ejemplos de propaganda y pro-
sclitismo católicos, en los que siempre se ha distinguido. Las fiestas
de Reims se prosiguen espléndidas con el Congreso de la juventud
Católica. Desde la víspera de la Ascensión, numerosos Irenes, llenos
de una multitud compacta de entusiastas congresistas que venían de
todas partes, y un número no menos considerable de peregrinos de-
seosos de participar de las fiestas del Centenario decimocuarto y de
CRÓiNlCA GENERAL 223
aprovecharse de las preciosas gracias concedidas por el Soberano
Pontífice, desembarcaban en la vieja ciudad de San Remigio. Hl día
de la Ascensión dieron comienzo las tareas de dicho Congreso de la
juventud Católica por una Misa en la Catedral, donde tuvo lugar la
Comunión general. Monseñor Baunard, bien conocido por su alto re-
nombre de escritor y distinguido orador sagrado, dirigió su elocuen-
te palabra á los socios. Veíanse reunidos al pie de los altares más de
dos mil socios de las diversas obras á que pertenece la Juventud Ca-
tólica, distinguiéndose entre ellos los estudiantes de las Facultades
de Lila, acompañados de su Rector y de sus Profesores, y los de
Nancy.de Roubaix, de Epernay y de Saint-Mandé. París hallábase
representado por numerosas Delegaciones de sus Círculos católicos y
de sus Patronatos de jóvenes. No faltaban hermanos del otro lado del
Rhin, representados por una Delegación compuesta de alsacianos y
loreneses que venían á afirmar sus esperanzas de unirse algún día
á la madre común. También estaba allí el Círculo de Revignan, la
Conterencia Olivain, el gran Comité Central de la Juventud Católica
con su Presidente el Conde de Roquefeuille; la Conferencia Belzunce,
de Marsella; la Congregación de la Misión, de Francia, y el Círculo
de la calle de Palud, en la misma ciudad. Las ciudades de Orleans,
de Tours, de Angers, de Blois y algunas otras dieron también su nu-
meroso y escogido contingente. No dejaron de asistir con su traje
tradicional los valerosos bretones, que siempre son los primeros en
acudir al llamamiento de la Religión y de la Patria. En fin, de todos
los puntos de F"rancia acudieron los jóvenes católicos para tomar
pane en uno de esos hermosos Congresos que son la esperanza del
porvenir para la Iglesia Católica y para la Patria. Después de la Misa
hubo una reunión en el Palacio Arzobispal, y, aunque enfermo, el sa-
bio y valeroso Cardenal hizo un esfuerzo generoso por honrar á aque-
llos buenos católicos. Los facultativos le tenían prescrito un absoluto
reposo; esto no le impidió de asomarse al balcón para bendecir á los
huéspedes de su ciudad episcopal. ¡Inolvidable y conmovedor espec-
t;iculo el que ofrecía este Príncipe de la Iglesia excusándose con lá-
grimas en los ojos de que la debilidad de sus fuerzas no le permitiese
contribuir de otra manera que bendiciéndolos á las tareas del Con-
greso, y lamentándose de ver sus fuerzas hacer traición á su entu-
siasmo! Las lágrimas surcaban todas las mejillas, y las aclamacio-
nes repetidas de "¡Viva el Arzobispo!, ¡\'iva el Cardenal de Reims!„,
han probado al eminente y valeroso defensor de la causa católica
cuánta afección y cariño le profesan los católicos franceses. A las
nueve, una Misa solemne reunía en la Catedral á la población de
Reims y á los peregrinos. ¡Qué perspectiva tan sublime y conmove-
dora no ofrecerían cuarenta mil voces entonando á una voz, como es
costumbre en Francia, el símbolo de nuestra fe! Ese grito poderoso,
retumbando bajo las bóvedas de la secular Catedral, es el grito del
224 CRÓNICA GENERAL
alma francesa que afirma y sostiene la le cristiana y está dispuesta
hasta el martirio por ella.„
— La cuestión referente á los proyectos económicos del Gobierno,
con que han de ser reemplazados los del Gabinete Bourgeois, ha sido
la preocupación constante y viva de los hombres de negocios, dando
lugar .1 oscilaciones en la Bolsa de París. Estas reformas de la con-
tribución directa, en las cuales está incluido el impuesto sobre los in-
tereses de la Deuda francesa, traen dividido al Ministerio, por creer
algunos de sus individuos que no es oportuna la indicada medida,
mientras otros entienden que hay que adoptarla á lin de que los tene-
dores de la Deuda del l.stado contribuyan, como los de los demás va-
lores, á las cargas públicas. Los diputados agrarios, que tienen mu-
cha fuerza en la Cámara, defienden la reforma á todo trance, espe-
rando lograr alguna rebaja en las enormes cargas que pesan sobre
la agricultura.
El Ministro de Negocios Extranjeros, Mr. Hanotau.x, ha deposita-
do hoy sobre la mesa de la Cámara de Diputados un proyecto decla-
rando la isla de Madagascar colonia francesa, lüi el preámbulo del
proyecto declara el Ministro que, aun cuando eran otros los propósi-
tos del (jobierno francés, en vista de los acuerdos adoptados por el
Gabinete Bourgeois es menester abandonar la idea del protectora-
do. Sin embargo, la Reina Ranavalo conservará su titulo y los hono-
res correspondientes á él, pero sometida á la autoridad de Francia.
También serán respetados en sus cargos los jefes indígenas, que se-
rán los encargados de administrar los asuntos interiores del país,
según las leyes, usos ó instituciones locales. La Cámara de Diputa-
dos aprobará sin discusión el proyecto de Mr. Hanotau.x. Con él ca-
ducarán los tratados de comercio existentes entre Madagascar y va-
rias potencias, así como las concesiones mineras, que han estado á
pumo de ser ocasión de algunos conflictos internacionales.
« *
Turquía.— De nuevo se advierte agitación en varios puntos del
Imperio. Han sido apresados 1.500 armenios, ante el temor de nuevas
colisiones con el elemento militar, que comenzaba ya á alterarse, dan-
do lugar á fundadas suposiciones de que se tramaba una conspira-
ción contra el orden público.
— En Canea acaba de estallar un movimiento revolucionario que
reviste caracteres mucho más graves que la cuestión armenia , pues-
to que la agresión de los soldados turcos, dirigida principalmente
contra los subditos del Rey de (irecia, no ha respetado á los repre-
sentantes de las naciones europeas.
Los cdvassi'S de los Consulados de Grecia y Rusia han perecido
CRÓNICA GENERAL 225
asesinados. Todos los Cónsules han telegrafiado á sus respectivas na-
ciones pidiendo barcos de guerra. La escuadra inglesa de Malta se
hizo á la vela para Creta el día 25. En el mismo día , por la noche , sa-
lió para igual destino el buque de guerra Hovd . que estaba anclado
en Falerio, y probablemente harán lo mismo los acorazados de Gre-
cia. Turknan Bajá es impotente para refrenar á la soldadesca, porque
está en pésimas relaciones con el Gobernador militar Izzedin, sospe-
choso de hallarse en inteligencia con los rebeldes. No se sabe cuál ha
sido la causa inmediata de la funesta colisión, porque se hace tanto
más inexplicable cuanto que Canea es, de todas las poblaciones de
Creta , la que no ha hecho provocación alguna durante todo el tiempo
del anómalo régimen de los seis últimos años. Por el contrario, el Go-
bierno griego y todos los circuios influyentes de Creta se unieron,
cuando el aplazamiento de la Asamblea, para pedir á los insurrectos
de Vamo que desistieran de sitiar á la guarnición y de emplear actos
agresivos hasta que se reuniera aquélla. La situación en Bethymo es
igualmente muy seria. Parece que en Heraklion reina tranquilidad;
pero se ha alterado también el orden, viniendo á las manos turcos y
cristianos en las inmediaciones de \'amo. Se cree que el Gobierno
francés ha dado órdenes para que el crucero Cuí^mao. estacionado en
Smirna, salga inmediatamente para Canea, á fin de proteger á los
subditos franceses.
Austria HuNf.RíA. — Hungría, que reconoce á San Esteban por fun-
dador de su Monarquía, acaba de celebrar su milenario con grandes
fiestas, entre las cuales ha sobresalido, por su imponente solemni-
dad y extraordinaria pompa, la ceremonia religiosa realizada en la
MathiaskiPche , en presencia del Rey y de la Reina , de los Príncipes,
magnates y altos dignatarios. El Cardenal Vaszady pronunció, ante
el Monarca y su Corte, un elocuente discurso, del que transcribimos
las siguientes frases:
"Hemos llegado al si^lo x de nuestra existencia. Con letras de oro
y de sangre se han escrito los acontecimientos pasados ; nuestros ojos
no pueden ver lo porvenir. Con la espada ganamos esta patria, y la
conservamos con la Cruz ; y, aceptando la fe cristiana , entró Hungría
en la comunidad europea, sin renunciar su nacionalidad^.
—Toda la Prensa de Viena ha venido dedicando sentidos trabajos
á la muerte del Archiduque Carlos Luis, acaecida el 19 de Mayo, do-
blemente sentido pw el alto y merecido prestigio que disfrutaba,
principalmente entre las clases militares. "Era el Archiduque Carlos
Luis, aun cuando hermano del Emperador Francisco losé v heredero
del Trono, uno de los Príncipes austríacos más enemigos del fausto y
de la pompa cortesana, y de los que menos frecuentaban las fiestas
15
226 CRÓNICA GENERAL
palatinas. Hombre piadoso y fervoroso creyente, nunca pensó en
asumir las responsabilidades del poder, y siempre se abstuvo de in-
tervenir en las contiendas políticas; sin embargo, en ciertas ocasio-
nes no se negaba á aconsejar á su augusto hermano. Aun cuando en
ningún acto oficial conste que hubiera renunciado sus derechos al
cetro imperial , todo el mundo sabia, dei.de que murió el desgraciado
Príncipe Rodolfo, que no ceñiría la corona y que prefería ver á su
hijo mayor en el trono. De ahí precisamente la popularidad del Ar-
chiduque, y de ahí el cariño que profesaban los vieneses al difunto
Príncipe. Había nacido éste en el palacio de Schoenbrunn el 30 de
julio de lKi3. Hra General de Caballería del ejército, Coronel propie-
tario del regimiento de Huíanos núm. 7, del de Dragones rusos núme
ro 24, del t^e Huíanos de Prusia titulado Conde de Donha, núm. M; In-
dividuo honorario de la Academia Imperial de Ciencias de V'iena,
Caballero de Ja Orden austríaca del Toisón de Oro y de la del Águila
Negra, y Ciran Cruz de la Orden de Malta. Se casó en Oresde, el 4 de
Noviembre de 1S56, con la Princesa Margarita de Sajonia, la cual
mu!ió el 15 de Septiembre de 1S58; contrajo segundas nupcias con la
Princesa Anunciación, de la rama de los Borbones de Sicilia, que
falleció en 4 de Mayo de IS71 , y en terceras nupcias se unió el 'L\ de
julio de 1873, en el castillo de Neubach, á la Princesa María Teresa
de Braganza. De su segundo matrimonio tuvo cuatro hijos, y del ter-
cero dos, que actualmente viven. Las exequias fúnebres del difunto
Archiduque Carlos Luis han constituido hoy una solemne manifes-
tación de duelo. La enorme muchedumbre que asistía á las mismas
ha demostrado con natural emoción la parte que tomaba en el duelo
de la familia imperial. VA Lmperador ha asistido á la ceremonia, pero
no el hijo del tinado, I'rancisco Fernando, que se encuentra ausente.
Con motivo del fallecimiento del Archiduque Carlos Luis, hermano
del Emperador Francisco José, pasa á ser heredero inmediato de la
Corona austríaca su hijo el Archiduque Fernando. Mas éste no lo
será por mucho tiempo, pues sabido es que padece una tuberculosis
que pone en grave riesgo su existencia. Su estado de salud es tan
precario, que los médicos le prescriben la permanencia en países de
clima templado y seco para no exponerle A recaídas que serían mor-
tales. „
* »
I.VGLATKRRA. — El MinisiTO dc Uis Colonias, Mr. Chamberlain, presi-
diendo un banquete en el 1 lotel Metropolitano, ha pronunciado un dis-
curso lamentando que no se hayan disipado loí. contlictos del África
del Sur. Las causas de la agitación, dijo, siguen subsistentes, y la
reconciliación de las grandes razas no ha llegado á efectuarse; las
últimas sentencias dictadas por el Presidente Kruger son poco satis-
CRÓNICA GENERAL 227
íactorias, y no contribuyen á realizar las miras de la nación inglesa
en África ; esperábase má s de la magnanimidad del Jefe de aquel Es-
tado. El Gobierno de la Gran Bretaña, añadió, cumplirá todas sus
obligaciones legales, siendo de esperar que sellegue á una inteligen-
cia anglo-holandesa. El Ministro terminó declarando que la subleva-
ción de Matabelandia puede considerarse terminada en absoluto. Sin
embargo, poco tiempo después, despachos particulares de Buluwayo
anunciaban que los rebeldes volvían A presentarse con carácter ame-
nazador, y que eran inminentes nuevos encuentros.
— La Cámara inglesa de los Comunes acaba de celebrar una de las
sesiones más agitadas y laboriosas de que hay noticia en el espacio
de algunos años. Desde las tres de la tarde del martes á las nueve de
la mañana del inmediato día ha estado reunida con objeto de votar
el hiil sobre salarios agrícolas, en que el Ministro Mr. Balfour tenía
decidido interés. Cinco diputados de las minorías que rehusaron de-
jar sus asientos para pasar á los corredores, donde los nhipers recon-
taban á los asistentes, incurrieron en la pena de suspensión temporal
(por ocho días) que les impuso el Presidente; y Semejante medida ha
contrarrestado el buen efecto que el bando produjo en Cuba y en Es-
paña , habiendo llegado el disgusto hasta la misma Capitanía General
de la Habana.
— El Tribunal Supremo de justicia de Washington, cuyas faculta-
des son análogas á las del nuestro, ha venido entendiendo, por espa-
cio de varias semanas y por encargo especial del Gobierno de los
Estados Unidos, en el proceso instruido contra los oficiales de mari-
na del buque tilibustero Horsa. El fallo del mencionado Tribunal
debe establecer jurisprudencia para lo sucesivo; es decir, que la in-
terpretación dada á las leyes de neutralidad, al condenar ó absolver
á Wiborg y consortes por haber adquirido y tripulado el vapor Hi)rsa
con contrabando de guerra de^-tinado á los enemigos de España en
Cuba, será á la que habrá que atenerse en lo sucesivo en casos seme-
jantes, y con arreglo á ella el Gobierno de la República habrá de dar
sus órdenes á sus agentes para que persigan las expediciones filibus-
teras ó no las persigan, según lo que el Tribunal Supremo declare.
\' he aquí lo que el Gobierno de los Estados Unidos ha reclamado del
Tribunal Supremo: que en la resolución que dicte respecto al Horsa
hje la verdadera interpretación de la ley para que sirva de jurispru-
dencia. El alto Tribunal ha mantenido la sentencia dictada por el
Tribunal de distrito del Estado de Pensilvania con relación al capi-
tán Mr. Wibory, y ha impuesto á éste una multa, además de conde-
narle á varios meses de prisión por haber capitaneado una expedi-
ción filibustera contra Cuba. El Tribunal ha declarado que las armas
y municiones conducidas por el Horsa constituían una expedición
militar, tal como la designa el espíritu de las leyes sobre neutralidad.
Xo era necesario que estuviesen armados los individuos que forma-
ban la expedición para que ésta cayera dentro de las leyes citadas.
A bordo del Horsa, según el Tribunal, había todos los elementos mi-
litares necesarios para una expedición filibustera. Si no lo ha hecho
respecto de los demás tripulantes, ha sido por no hallar prueba bas-
tante de que sabían la misión que iba á desempeñar el buque. Sobre
este punto se ha mandado abrir una información suplementaria. Lo
importante en el caso del Horsa era que el Tribunal Supremo de la
Unión declarase, como lo ha hecho, que las expediciones filibusteras
son actos penables con arreglo á las leyes de los Estados Unidos.
Aplicando esta doctrina del Tribunal Supremo, el Poder Ejecutivo
234 CRÓNICA GENERAL
podrá, más libremente que hasta ahora, tomar medidas contra lob
que traten de organizar nuevas expediciones.
—La actividad con que las tropas persiguen en Cuba al enemigo
sin decaer un momento, indica que nuestros soldados no se duermen
sobre sus laureles, aunque los resultado^ no sean todo lo satisfacto-
rios que fuera de desear, correspondiendo á las esperanzas concebi-
das. De todos modos, sigue demostrándose á diario la superioridad
táctica de las fuerzas leales sobre los insurrectos, conforme lo de-
muestran los siguientes despachos de la Habana que transcribimos á
continuación :
"Una numerosa partida rebelde, que pasaría de mil quinientos
hombres, y en la cual figuraban varias amazonas, asaltó el barrio de
Capellanías, cerca de Guan.nja. Los insurrectos, después de cometer
todo género de excesos, se retiraron, no sin quemar setenta casas.
La columna del general .Molina, después de perseguir durante once
horas las partidas que manda el cabecilla Zayas. encontró las avan-
zadas del enemigo en Polvorosa. Continuó la columna en persecu-
ción de ellos, y á poco halló el núcleo principal de las partidas ocu-
pando extensa linca perfectamente defendida Los rebeldes rompie-
ron un nutrido fuego é intentaron varias veces realizar un movi-
miento envolvente. Sus propósitos se estrellaron contra el denuedo
de nuestros soldados, que no solamente rechazaron valerosamente
cuantos ataques emprendieron los insurrectos, sino que los arroja-
ron de las posiciones que ocupaban, y se apoderaron de su campa-
mento, donde recogieron cinco muertos que no habían podido lo> re-
beldes retirar al pronunciarse en fuga. \l\ general Molina dio orden
de que la columna continuara persiguiendo á la partida fugitiva.
Ésta se había hecho fuerte en un antiguo cuartel de guardias civiles,
desde donde defendía con tenacidad, pocas veces demostrada por los
rebeldes en e?>ta campaña, el paso del rio. Una sección de caballería,
compuesta de veinticinco hombres al mando del valeroso capitán se-
ñor Cortés, dio varias admirables cargas hasta arrojar á los rebel-
des de la casa-cuartel. La pequeña sección perdió en estas cargas
siete hombres que quedaron heridos, y catorce caballos. Se distin-
guieron también notablemente en este combate el comandante del
batallón de Cuenca D. .Manuel López, que mandaba la vanguardia, y
el médico D. justo Martín, c^ue estuvo curando los heridos en la mis-
ma línea de fuego. En este nuevo combate, los rebeldes tuvieron diez
muertos, entre ellos un ayudante de Máximo Gómez, llamado Mier,
y unos veinte heridos. Nuestras bajas fueron un soldado muerto y
diez heridos, la mayoría de ellos por balas explosivas. Kstas partidas
rebeldes, que iban mandadas, como ya he dicho, por Zayas y por los
cabecillas Collazo y Tamayo, se encontraron en su huida con la co-
lumna del coronel N'ario, que las derrotó de nuevo, haciéndolas diez
muertos y muchos heridos. Los rebeldes abandonaron cien caballos.
CRÓNICA GENERAL 235
„La columna que manda el general Suárez Valdés, que se com-
pone de 1.070 hombres, al salir de Consolación del Sur, encontró nu-
merosas fuerzas insurrectas parapetadas en la extensa línea de lo-
mas que hay entre Lajas y el ingenio Potosí. Las partidas rebeldes
mandábalas Maceo personalmente, quien se propuso rechazar á la
columna de Suárez X'aldés, aprovechándolos atrincheramientos que
habían levantado en las citadas lomas. La resistencia de los mambi-
ses fué tenaz como en pocas ocasiones; pero el general Suárez Val-
dés no cesó en el ataque hasta hacer huir á los rebeldes. Seis horas
duró el fuego, que fué muy nutrido, y, al llegar á una distancia de
ochenta metros de las trincheras, dióse la orden de cargar á la ba-
yoneta, ataque brioso que los insurrectos no se atrevieron á conte-
ner. P-1 general Suárez Valdés, que se puso á la cabeza de las tro-
pas, recibió un balazo en el brazo derecho al comenzar la acción,
l'ué el primer herido que hubo en ella. A pesar de los consejos de
sus ayudantes, el General no quiso ceder el mando y continuó diri-
giendo el ataque. Dos horas más tarde, el general Suárez Valdés
fué de nuevo herido, librándose por milagro de la muerte. \i\ pro-
yectil le dio en la cadera; pero como primero chocó con la culata
del revólver del general , sólo recibió éste una herida contusa. Tam-
poco consintió el General en dejar el mando de sus tropas, esperando
para curarse á ocupar las posiciones que Maceo defendía. En las
trincheras enemigas cogiéronse treinta y cuatro reses y el rancho
que tenían preparado los rebeldes, muchos caballos y muchas armas.
V^ióseles llevar algunos muertos y buen número de heridos. En las
posiciones ganadas recogiéronse treinta y nueve insurrectos ir.uer-
tos, y entre ellos el titulado comandante Naranjo y dos extranjeros.
Nosotros hemos tenido veintisiete heridos , algunos graves. El oficial
de infantería de marina D. Antonio Muster ha recibido una herida
grave. Cinco soldados sufrieron también heridas leves. En el com-
bate se distinguieron notablemente el general Molins y los tenientes
coroneles Sres. Valle, Castilla, Díaz y Vento, el comandante señor
Reina, y toda una compañía de ingenieros mandada por el capitán
Sr. Maura, que iba á la vanguardia de la columna. Se elogia mucho
el comportamiento de la artillería, que intervino en la acción al pro-
nunciarse en fuga el enemigo. X'arias de las granadas disparadas lo
fueron con tal acierto, que se vieron caer entre los grupos de rebel-
des. Éste, según confidencias, dirígese hacia Caimaniago. Durante
el combate, los dos médicos militares curaron á nuestros heridos en
la misma línea de fuego. Precisamente en los momentos en que ter-
minaba la acción rompió á llover de un modo torrencial. El general
Suárez Valdés entró en San Diego de los Baños. Desde allí, en un
carruaje, dirigióse á Consolación. El teniente coronel .Sr. Valle,
que, como dejo dicho, se ha distinguido mucho en el combate , resultó
milagrosamente ileso. El caballo que montaba sufrió dos balazos, y
236 CRÓNICA GENERAL
uno dio en la silla. El titulado comandante insurrecto Naranjo falleció
cuando lo estaban curando nuestros médicos^.
No obstante, la situación de los núcleos principales de las fuerzas
insurrectas siijue siendo la misma, sobre poco m.ls ó menos. M.l.ximo
Gómez continúa en las \'illas, en la jurisdicción de Sagua; Maceo
sigue en las Lomas, y envía desde allí algunos grupos para atacar
la vía férrea ; las partidas de Lacret y de los Gonz.llez, con las cuales
se han balido las columnas Molina y Nario, se han dirigido á la re-
gión en que acaban de tener lu^ar los encuentros, para coadyuvar
al avance de Gómez, ó quizás para arrastrar en su persecución hacia
el Norte las tropas que le cierran el paso por el ferrocarril de Ma-
tanzas y el río Hanabana.
\il bravo coronel M cucada, que perdió uno de sus hijos en la acción
de Cacarajícara . al saber la pro.ximidad del enemigo á los lugares
por donde pasaba con su columna conduciendo un convoy, le atacó
briosamente en Casegre , desalojándole de sus posiciones y causan
dolé muchas bajas. La guerrilla de San Antonio de los Baftos, al
mando de un teniente, atacó la partida Collazo y la derrotó, con
muerte del cabecilla. También hablan lo.s telegramas de dos guar-
dias civiles que. prisioneros ya y amarrados .1 un áibol, lograron
desatarse y, acometiendo A los que los rodeaban, mataron i su jeíe
y pusieron en fuga á los demás.
— Como de interés excepcional, insertamos algunas declaraciones
que ha hecho el general Pando al desembarcar en la Península.
Aunque el (ieneral no hablará acerca de los asuntos de Cuba sino en
el Senado, cuando se plantee el debate político, sin embargo se afir-
maba ayer que expresa opiniones muy optimistas sobre la campaña.
Hn la isla hay unos cuarenta mil insurrectos; pero, de ellos, sólo diez
y seis mil poseen armas. Todos se encuentran desalentados por la
constante persecución de las columnas y los escasos recursos con que
cuentan. Ksto será causa— dice— de que la insurrección en Pinar del
Río concluya antes de dos ó tres meses si las circunstancias no va-
rían. Además de la falta de medios para sostener poi- mucho tiempo
la guerra en Pinar del Río, los insurrectos hállanse obligados á per-
manecer en aquel país devastado por ellos, merced á la trocha mili-
tar de Mariel, de la cual el general Pando hizo grandes elogios por
su eficacia. Añadió el general Pando que las bajas que se hacen á
las partidas armadas son cubiertas en seguida con los rebeldes que
carecep de armas. Cree el Sr. Pando que para terminar la guerra
no hay otro medio que el de las armas; pues, en las presentes circuns-
tancias, ei planteamiento de reformas políticas en la isla no serviría
para nada. Respecto de otros asuntos de la campaña, manifestó el
General que, como era conveniente la mayor reserva, no será él
quien despliegue los labios para revelarlos. El Sr. Pando aseguró
que su regreso á la Península no obedece á disentimientos con el ge-
CRÓNICA GENERAL 237
neral Weyler, persona á quien admira y A quien guardará siempre
profundo reconocimiento, sino á razones de patriotismo que á su tiem-
po expondrá en el Senado. Al decidir volver á la Península, hízolo de
acuerdo con el General en jefe.
—El general Weyler ha publicado hoy una circular diciendo que,
caducando el 10 de junio próximo la disposición en que se concede á
los pobres ración de etapa , seguirá dándose , durante dos meses, pre-
vios los requisitos que exige la autoridad civil. Se concederán r>00 gra-
mos de carne, 125 de arroz y 20 de sal á los mayores de catorce años.
Para los menores de esta edad, las raciones serán de 250 gramos, 63
y 10, respectivamente. En la misma circular dispone el Gobernador
general que se recoja todo el ganado vacuno. (?niregando á los propie-
tarios de las rcses un recibo de las mismas, siempre que, entre otros
requisitos , se pruebe que los dueños de aquéllas son personas afectas
á España. De los beneficios de esta circular, por lo que se refiere á
las raciones á los pobres, se excluye á las mujeres y á los hijos de los
insurrectos que se hallan en el campo. Se ordena asimismo que estas
familias salgan de las poblaciones, para unirse á los rebeldes donde
éstos se encuentren.
— Hase asegurado que varios representantes extranjeros habían
recibido encargo de tener á sus gobiernos minuciosamente informa-
dos de la manera cómo se hace la guerra en Cuba, y de informarse
por conductos autorizados de si son ciertas las acusaciones hechas de
que los insurrectos hacen uso de balas explosivas, atentan contra los
trenes de viajeros y realizan otros actos condenados por el Convenio
de Ginebra. Estas instrucciones serán transmitidas á los Cónsules en
Cuba para que ayuden á la información. Claro es que, si esta infor-
mación resulta, como no puede menos de resultar, en la evidencia de
que los filibusteros emplean medios prohibidos por los usos de la gue-
rra entre naciones civilizadas, los gobiernos extranjeros no tendrán
otro remedio que considerar á los insurrectos como fuera de la ley. Al
efecto recordábase que, cuando la insurrección de Cartagena, las na-
ciones extranjeras consideraron como piratas á los cantonales y de-
volvieron á España la marina de guerra que les apresaron. La noti-
cia de esa información intentada por las potencias no tiene nada de
inverosímil, sobre todo si se tiene en cuenta que ya el Gobierno espa-
ñol ha debido llamar la atención de las naciones extranjeras acerca
del asunto. Coincidiendo en cierto modo con lo que anoche se decía,
escribe La Época: "Los rebeldes continúan demostrando su barba-
rie, y poniéndose cada vez más fuera del derecho de gentes. Cortar
una vía férrea para impedir que la utilice el enemigo, podrá no ser
ilícito; pero poner bombas al paso de los trenes, y más si son de via-
jeros, es un acto salvaje que priva, al que lo ejecuta, de ser tratado
con arreglo á las leyes y usos de la guerra. Al realizar las bandas de
Maceo y Máximo Gómez actos de destrucción de vidas y propieda-
238 CRÓNICA GENERAL
des, innecesarios para cualquier fin miliiar. quebrantan todo princi-
pio de humanidad y se hacen dignos de ser tratados como fieras^.
El Ministro de la Guerra había interesado al general Weyler para
que se depure si es cierto que los insurrectos emplean en la guerra
las balas explosivas. Al efecto se recordará que el general en jefe
comisionó al Inspector general de Sanidad, Dr. Losada, para que lo
depurase, examinando las heridas que se suponen causadas por ba-
las explosivas. Personas llegadas de Cuba por el último correo dicen
que en la Habana se tenía por indudable que los rebeldes emplean
balas explosivas, y no como opinión del vulgo, sino por informes de
hombres de ciencia. Alguna de las personas A que aludimos recuerda
haber oído referir á los doctores Losada y Atienza uno de los casos
de herida causada por bala explosiva y apreciaron caracteres muy
distintos á las lesiones que producen los proyectiles ordinarios.
—El siguiente telegrama es del General en jefe al Gobierno:
"Habana, 7— Columna Rodríguez en Lomas Banao, Spíritus, hizo
dos muertos y dos prisioneros, cogiendo SO caballos y un cajón con 25
kilos de dinamita, depósito descubierto. Batallón Mérida en Montes
Lara Bejuco ocupó documentos del cabecilla Leg(in é hizo dos muer-
tos y un prisionero, cogiendo seis caballos. Partida local atacó al
grupo de guerrilla de Sitio (irande, \ illas, que auxiliada por desta-
camento la rechazó, haciéndola cuatro muertos. El coronel Moneada
batió en Monte Industria (provincia Habana) á las partidas Aguirre,
Octavio y otras que trataban de ganarle el paso del Río Quento, per-
.seguidas hasta dispersión Lomas Ciato; les hizo un muerto y 18 heri-
dos, apresando 7'J caballos. Coronel Tort batió en tiüira Melena á la
partida Castillo, haciéndole muchas bajas, ocupando caballos y ar-
mas; herido grave teniente de \ergara I'inrique Pérez y un guerri-
llero; herido comandante Romerales, de Baleares, y cinco soldados
contusos. En .San José de las Lajas y Ranchuelos, dos presentados
con armas y caballos. En Pinar, grupos Díaz y Núflez tirotearon ano-
che Candelaria; fueron batidos en la obscuridad y rechazados por
guarnición, causándoles un muerto y cuatro heridos; la tropa un he-
rido. En línea de .Mariel hubo tiroteo en vanguardia NLiriel y reta-
guardia Guanajai con grupos enemigos rechazados. General (ionzá-
lez Muñoz, aislado en San Diego Baños por horroroso temporal llu-
vias, trata de unirse con general Serrano,.
— Y lo que sigue es de El Imparcial :
"Desde Jacksonville, la capital de la Florida, dicen en un tele-
grama que ha regresado á aquel puerto el vapor filibustero Three
i'funds. Los tripulantes de éste se vanaglorian de haber conducido
á las costas de Cuba con el más completo éxito el mayor cargamento
de fusiles, cañones, municiones, dinamita y otros pertrechos de gue-
rra que hasta ahora ha sido enviado desde los puertos de los Esta-
dos Unidos á los insurrectos de la grande Antilla.
CRÓNICA GENERAL 239
„En la Capitanía general se han recibido hoy varios partes dando
cuenta de otras tantas operaciones realizadas por nuestras colum-
nas. En ninguna de ellas ha ocurrido suceso ó detalle de importan-
cia. Hoy se habla aquí con gran insistencia de que los insurrectos
han logrado desembarcar dos expediciones importantes por Maravi
y Campigney „.
Para neutralizar, en lo posible, tan ingrata antecedente noticia,
haremos constar que el Ayuntamiento de Barcelona, inspirándose en
ios más generosos sentimientos de acendrado patriotismo, ha ofre-
cido al Gobierno uno de los dos acorazados que se construyen en Ge-
nova . y sobre los cuales ha recaído el dictamen más favorable de
parte de los jefes de Marina comisionados para inspeccionarlos; como
asimismo se asegura que el otro acorazado será también adquirido
por otro Ayuntamiento de una de las más importantes capitales de
España.
— Eln Marahuii se ha formado una llamada "Compañía de tirado-
res de Mindanao„. Los oficiales y sargentos y la mitad de los cabos
son peninsulares; el resto de la compañía, indígena. .Su objeto es vi-
gilar los caminos y explorar los bosques, proteger las marchas y es-
trechar y afirmarlas relaciones amistosas con los moros, durmiendo
alguna vez en las mismas rancherías y acostumbrándolos insensible-
mente á la suavidad del trato con los españoles. El mando superior
de esta compañía de tiradores ha sido confiado al capitán Seoane,
cuyo actual empleo supo conquistarse frente al enemigo. Los moros
siguen atacando cuantas veces pueden á las brigadas que trabajan
en la construcción del ferrocarril y á la compañía que las protege.
La primera familia española que se ha instalado en Marahuit es la
del Conde de Torrealta. La Condesa y su bella hija han ido á vivir
al distrito de que es Gobernador militar el Conde.
— Desde el próximo curso de 18% á 1897 , el país vascongado con-
tará con un nuevo establecimiento de primera y segunda enseñanza
donde poder educar sólida y cristianamente á sus hijos , cual es el Co-
lei;io que con el titulo de Nuestra Señora de la Consolación va á
abrirse en Guernica, bajo la dirección de los Padres Agustinos. El
Kdo. P. Ángel Rodríguez, Profesor que ha sido en los Colegios de
María Cristina y de Alfonso XII y autor de varias obras científicas,
está nombrado Director; el Rdo. P. Fr. Eustoquio de Uriarte, cuyos
trabajos de Estética musical y de Crítica histórica y literaria son ca-
lurosamente elogiados por los jueces más eminentes en la materia,
\icerrector; y Profesores, los PP. Fr. Julio Lozano, Carlos de Mi-
guel, Miguel Cerezal y Miguel Giráldez.
240
OBSERVACIONES METEOROLÓGICAS
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LA CULTURA ARTÍSTICA V LITERARIA
E\ TIFÍMPO DE LOS RRVKS CATÓLICOS (O
ov, con la mism.i verdad que en tiempo del buen
Cura de los Palacios, repite la voz unánime de la
historia y afirma el sentir común de nuestro pue-
blo que, en tiempo de los Reyes Católicos, "fué en España
„la mayor empinación , triunfo é honra é prosperidad que
„nunca España tuvo„. Porque si es cierto que los términos
de nuestra dominación fueron inmensamente mayores en
tiempo del Emperador y de su hijo, y mayor también el
peso de nuestra espada y de nuestra política en la balanza
de los destinos del mundo; toda aquella grandeza, que por
su misma desproporción con nuestros recursos materiales
tenía que ser efímera, venía preparada, en lo que tuvo de
sólida y positiva, por la obra más modesta y más peculiar-
mente española de aquellos gloriosos monarcas, á quienes
nuestra nacionalidad debe su constitución definitiva, y el
molde y forma en que se desarrolló su actividad en todos
(1; A la exquisita amabilidad de nuestro ilustre amigo el Sr. Me-
néndez y Pelayo debemos la dicha de ofrecer anticipadamente á
nuestros lectores este admirable estudio, que forma parte del tomo vj
de la Antología de /írteos castellanos, próximo á publicarse. (Nota
de La Redación.)
La Ciiiil.nl 'ic fliis. — \m XVI. — Jlúm. o62. i6
242 LA CrLTlRA ARTÍSTICA V LI'IKKARIA
los Órdenes de la vida durante el siglo más memorable de
su historia. Lo que de la Edad Media destruyeron ellos,
destruido quedó para siempre: las instituciones que ellos
plantearon ó reformaron, han permanecido en pie hasta los
albores de nuestro siglo; muchas de ellas no han sucumbido
por consunción, sino de muerte violenta: y aun nos acon-
tece volver los ojos .1 algunas de ellas cuando queremos
buscar en lo pasado algún género de consuelo para lo pre-
sente.
Aquella manera de tutela, más bien que de dictadura,
que el genio político providencialmente suele ejercer en las
sociedades anárquicas y desorganizadas, pocas veces se ha
presentado en la historia con tanta majestad y tan fiero apa-
rato de justicia.
"Recebistes de mano del muy alto Dios (decía á los Re-
„yes el Dr. Francisco Ortiz, en 14Q'J, en el más elocuente de
„sus Cinco Tratados) el ceptro real en tiempos tan turba-
„dos, cuando con peligrosas tempestades toda España se
^subvertía, cuando más el ardor de las guerras civiles era
^encendido, cuando ya los derechos de la república acosta-
„dos iban en total perdición. No había ya lugar su reparo.
„No había quien sin peligro de su vida sus propios bienes é
„sin miedo poseyese: todos estaban los estados en aflicción,
^é con justo temor en las cibdades recogidos; los escondri-
„jos de los campos con ladronicios manaban sangre. Xo se
„acecalaban las armas de los nuestros para la defensa de
„los límites cristianos, mas para que las entrañas de nues-
„tra patria nuestro cruel fierro penetrase. El enemigo do-
„méstico sediento bebía la sangre de sus cibdadanos: el ma-
^yor en fuerza d más ingenioso para engafiar era ya más
^temido é alabado entre los nuestros; y así estaban todas
^las cosas fuera del traste de la justicia, confusas é sin a'T*
^guna tranquilidad turbadas. É allende daquesto, la lei é
^medida de las contrataciones de los reinos, que es la pe-
pCunia... con infinitos engaños cada día recebía nuevas for-
^mas é valor diverso en su materia segund la cobdicia del
^más cobdicioso, habiendo todos igual facultad para la cu-
^ñar é desfacer en total perdición de la república. Pues ¿á
EN TIEMPO DE LOí? REYES CATÓLICOS '243
„quién eran seguros los caminos públicos: A pocos por
„cierto: de los arados se llevaban sin defensa las yuntas de
„los bueyes: las cibdades é villas por los mayores ocupadas
^; quién las podrá contar? Ya la majestad venerable de las
^leyes había cubierto su faz: ya la fe del reino era caída... „
Ni se tengan éstos por encarecimientos retóricos, de que
poco necesitaba el orador que tan dignamente supo ensalzar
la conquista de Granada. Los documentos públicos y priva-
dos, que dan fe del miserable estado del reino en tiempo de
Enrique I\', abundan de tal suerte, qu^^casi parece un lugar
común insistir en esto. Hasta los embajadores extranjeros,
por ejemplo, los del Duque de Borgoñaen 1473, unían su voz
al clamor general contra el menosprecio de la justicia y la
licencia de los poderosos para abatir ít los que no lo eran, y
la desolación de la república, y los robos que se hacían del
patrimonio real, y la licencia que se concedía á todos los
malhechores, "y esto con tanto atrevimiento como si no hu-
„biera juicio entre los hombres „. Bien conocido es, y quizá
puede juzgarse apasionado, aunque por su misma insolencia
sea notable testimonio del escándalo á que las cosas habían
llegado, el terrible memorial de agravios que los proceres
alzados contra Enrique W formularon en Burgos en '29 de
Septiembre de 14/'4. Pero no puede negarse entera fe á lo
que, no con vagas declamaciones, sino enumerando casos
particulares, nos dejó escrito Hernando del Pulgar en la 25.*
de sus Letras, dirigida en 1473 al Obispo de Coria, docu-
mento doblemente importante por su fecha, anterior en un
año solo al advenimiento de los Reyes Católicos. Allí se
encuentran menudamente recopilados "las muertes, robos,
^quemas, injurias, asonadas, desafíos, fuerzas, juntamien-
;,tos de gente, roturas que cada día se facen abiindauter en
^diversas partes del reino „. "Ya vuestra merced sabe (dice
„el cronista) que el duque de Medina con el Marqués de Cá-
„diz, el conde de Cabra con don Alonso de Aguilar, tienen
pCargo de destruir toda aquella tierra de Andalucía, é meter
^moros cuando alguna parte destas se viere en aprieto. Es-
.„tos siempre tienen entre sí las discordias vivas é crudas, é
^crecen con muertes é con robos, que se facen unos á otros
vi
244 LA CULTURA ARTÍSTICA V LITERARIA
„cada día. Agora tienen treguas por tres meses, porque die-
„sen lugar al sembrar; que se asolaba toda la tierra, parte
„por la esterilidad del año pasado, parte por la guerra, que
„no daba lugar cá la labranza del campo... Del reino de Mur-
tela os puedo bien jurar, señor, que tan ajeno lo reputamos
„ya de nuestra naturaleza como el reino de Navarra ; porque
„carta, mensajero, procurador ni cuestor, ni viene de allí ni
„va de acá más ha de cinco años. La provincia de León tiene
„cargo de destruir el clavero que se llama maestre de Alcán-
„tara (1), con algunos alcaides d parientes que quedaron su-
„cesores en la enemistad del maestre muerto. Iil clavero
f^sive maestre, siempre duerme con la lanza en la mano, ve-
nces con cient lanzas, veces con seiscientas... -;Qué dird,
„pues, señor, del cuerpo de aquella noble cibdad de Toledo,
„alcázar de emperadores, donde grandes y menores todos
„ viven una vida bien triste por cierto y desaventurada? Le-
pVantóse el pueblo con don Juan de Morales é prior de Aro-
„che, y echaron fuera al conde de Fuensalida é á sus hijos,
„é á Diego de Ribera que tenía el alcázar, é á todos los del
„señor maestre (2). Los de fuera echados han fecho guerra
„á la cibdad, la cibdad también á los de fuera: é como aque-
„llos cibdadanos son grandes inquisidores de la fe, dad qué
herejías fallaron en los bienes de los labradores de Fuen-
salida, que toda la robaron é quemaron, é robaron á Gua-
damur y otros lugares (3). Los de fuera con este mismo
celo de la fe, quemaron muchas casas de Burguillos, é
„ticieron tanta guerra á los de dentro, que llegó á valer en
„Toledo sólo el cocer de un pan un maravedí por falta de
„leña... Medina, Valladolid, Toro, Zamora, Salamanca, y
„eso por ahí está debajo de la cobdicia del alcaide de Cas-
„tronuño (4). Hase levantado contra él el señor duque de
„Alba para lo cercar; y no creo que podrá por la ruin dis-
(1) D. Alonso de Monroy.
(2) El de Santiago, D. Juan Pacheco.
(3) Alude á los desmanes contra los conversos.
(4) Pedro de Mendaña, uno de los mayores facinerosos de aquel
tiempo. Puso á rescate la mayor parte de las ciudades de Castilla la
Vieja.
EN TIEMPO DE LOS REVÉS CATÓLICOS 245
^posición del reino, é también porque aquel alcaide... allega
^cada vez que quiere quinientas ó seiscientas lanzas. Andan
^agora en tratos con él porque dé seguridad para que no
„robe ni mate. En Campos naturales son las asonadas, é no
^mengua nada su costumbre por la indisposición del reino.
„Las guerras de Galicia de que nos solíamos espeluznar, y?L
pías reputamos cevilesé tolerables, /;;/;;/(7 lícitas. El condes-
atable, el conde de Treviño, con esos caballeros de las Mon-
„tañas, se trabajan asaz por asolar toda aquella tierra hasta
„Fuenterrabía. Creo que salgan con ello según la priesa le
,.dt1n. No hay míls Castilla; si no, mits guerras habría...
pHabemos dejado ya de facer alguna imagen de provisión,
^porque ni se obedesce ni se cumple, y contamos las roturas
pé casos que acaescen en nuestra Castilla, como si acaescie-
„sen en Boloña, ó en reinos do nuestra jurisdicción no al-
pCanzase... Certificóos, señor, que podría bien afirmar que
„los jueces no ahorcan hoy un hombre por justicia por nin-
pgún crimen que cometa en toda Castilla, habiendo en ella
„asaz que lo merescen, como quier que algunos se ahorcan
^por injusticia... Los procuradores del reino, que fueron
^llamados tres años ha, gastados é cansados ya de andar
„acá tanto tiempo, más por alguna reformación de sus fa-
„ciendas que por conservación de sus consciencias, otorga-
,.ron pedido é monedas: el qual bien repartido por caballe-
aros é tiranos que se lo coman, bien se hallará de ciento é
„tantos cuentos uno solo que se pudiese haber para la des-
„pensa del Rey. Puedo bien certificar á vuestra merced, que
«estos procuradores muchas é muchas veces se trabajaron
^en entender é dar orden en alguna reformación del reino,
,,é para esto ficieron juntas generales dos ó tres veces: é
..mirad quán crudo está aún este humor é quán rebelde, que
„nunca hallaron medicina para le curar; de manera que
^desesperados ya de remedio se han dejado dello. Los per-
alados eso mismo acordaron de se juntar para remediar
^algunas tiranías que se entran su poco á poco en la iglesia,
^resultantes destotro temporal, é para esto el señor arzobis-
7,po de Toledo, é otros algunos obispos se han juntado en
^Aranda. Menos se presume que aprovechará esto.„
246 LA CULTURA ARTÍSTICA Y LITERARIA
Basta este cuadro, cuyas tintas (conforme al genio blan-
do y misericordioso de Pulgar) son más bien atenuadas que
excesivas, para comprender el caos de que sacó á Castilla
la fuerte mano de la Reina Católica, asistida por el genio
político y la bizarría militar de su consorte. El mal exigía
remedios heroicos, y por eso fué aplicado sin misericordia
el cauterio. Ninguno de los más ardientes panegiristas de la
Reina Católica (¿y quien puede dejar de serlo?) ha contado
entre sus excelsas cualidades la tolerancia y la mansedum-
bre excesivas, que cuando hacen torcer la vara de la justi-
cia, no han de llamarse virtudes, sino vicios. Todos, por el
contrario, convienen en que fuómás inclinada á segitir la vía
del rigor que la de la piedad ; "y esto facía (añade su cro-
„nista Pulgar) por remediar á la gran corrupción de críme-
^nes que falló en el reino cuando subcedió en él;, (1). Más
de 1.500 robadores y homicidas desaparecieron de Galicia
en espacio de tres meses ante el terror infundido por los dos
jueces pesquisidores que la Reina envió en 14<S1 : cuarenta y
seis fortalezas fueron derribadas entonces y veinte más tar-
de: ajusticiados como principales malhechores Pedro de Mi-
randa y el Mariscal Pero Pardo. Cuando en 1477 la Reina
puso su tribunal en el alcázar de Sevilla, "fueron sus justi-
„cias (según el dicho de .Andrés Bernáldez) tan concertadas,
„tan temidas, tan executivas, tan espantosas á los malos „,
que más de cuatro mil personas huyeron de la ciudad, unos
á Portugal, otros á tier/a de moros. Aquietados los bandos
de Ponces y (Uizmanes; convertido en héroe épico y en
Aquiles de la cruzada granadina el más terrible de los ban-
derizos andaluces; allanada en Mérida, en Medellín y en
Montánchez la desesperada resistencia del feudalismo ex-
(1) 'En tiempo de los Reyes Católicos, de gloriosa memoria (dice
„el Dr. Villalobos en el metro 3S de sus Problemas morales) había
„tanta severidad en los jueces, que ya parecía crueldad, y era enton-
„ces necesaria, porque aun no estaban apacic:uados del todo estos
^reinos, ni acabados de domaren ellos los soberbios y tiranos que
„había, y por eso se hacían muchas carnecerías de hombres, y se
„cortaban pies y manos y espaldas y cabezas, sin perdonar ni disi-
„mular el rigor de la justicia.-
•iN riE.MPO DE LOS REYES CATÓLICOS L'47
tremeño, sostenido en los hombres hercúleos del clavero de
Alcántara D. Alonso de Monroy; organizada en las herman-
dades la resistencia popular contra tiranos y salteadores,
pudo ponerse mano en la restauración interior del reino, em-
presa harto más difícil que lo había sido la de vengar la
afrenta de Aljubarrota en los llanos de Toro, y depositar
los trofeos de aquella yrtrihiición sobre la tumba del malo-
grado D. Juan í.
i\o bastaba decapitar materialmente la anarquía me-
diante aquellas terríficas y espantables anatomías de que
habla el Dr Villalobos, sino que era preciso cortarla las
raíces para impedirla retoñar en adelante. V entonces se le-
vantó con formidable imperio la potestad regia, nunca más
acatada y más amada de nuestro pueblo, porque nunca, des-
de los tiempos de Alfonso XI, habían tenido nuestros reyes
tan plena conciencia de su deber, y nunca había hecho tanta
falta lo que enérgicamente llamaban nuestros mayores el ofi-
cio de rey. V con este oficio cumplieron los Reyes Católicos,
no ciertamente á sabor de los que hoy reniegan de la tradi-
ción, ó quisieran amoldarla á sus peculiares antojos, pero
sí en consonancia con las leyes de nuestra civilización y con
el impulso general de las monarquías del Renacimiento.
Puede decirse que en aquel momento solemne quedó lijada
nuestra constitución histórica.
La reforma de juros y mercedes de 14S0, verdadera re-
conquista del patrimonio real, torpemente enajenado por
D. Enrique IV^; la incorporación de los maestrazgos á la co-
rona , con lo cual vino á ser imposible la existencia de un
estado dentro de^otro estado; la prohibición de levantar
nuevas fortalezas, y allanamiento de muchas de las anti-
guas, con cuyos muros la tiranía señorial se derrumbó para
siempre; la centralización del poder mediante los Consejos;
la nueva planta dada á los tribunales, facilitando la más
pronta y expedita administración de justicia; el predominio
cada día creciente de los legistas; la anulación de la aristo-
rracia como elemento político, no como fuerza social; las
tentativas de codificación del doctor Montalvo y de Lorenzo
Galíndez, prematuras sin duda, pero no infecundas; la di-
248 I.A CL'LTURA ARTÍSTICA Y LITERARIA
recta y eficaz intervención de la corona en el régimen mu-
nicipal, hondamente degenerado por la anarquía del siglo
anterior; el nuevo sistema económico que se desarrolló en
innumerables pragmáticas, las cuales si pecan de prohibiti-
vas con exceso, porque quizá lo exigía entonces la defensa
del trabajo nacional, son dignas de alabanza en lo que toca
á la simpiiticación de monedas, pesos y medidas, al des-
arrollo de la industria naval y del comercio interior, al fo-
mento de la ganadería; la transformación de las bandas gue-
rreras de la Edad Media en ejército moderno, con su in-
vencible nervio, la infantería , que por siglo y medio había
de dar la ley á Europa; y en otro orden de cosas, muy di-
verso, la cruenta depuración de la raza mediante el formi-
dable instrumento del Santo Oficio y el edicto de 14^>-; la re-
forma de los regulares claustrales y observantes, que, rea-
lizada á tiempo y con mano firme, nos ahorró la revolución
religiosa del siglo xvi... son aspectos diversos de un mismo
pensamiento político, cuya unidad y grandeza son visibles
para todo el que. libre de las pasiones actuales, contemple
desinteresadamente el espectáculo de la historia.
A la robustez de la organización interior; á la enérgica
disciplina que, respetando y vigorizando la gcnuina espon-
taneidad del carácter nacional , supo encauzar para grandes
empresas .sus indomables bríos, gastados ha.sta entonces
míseramente en destrozarse dentro de casa, correspondió
inmediatamente una expansión de fuerza juvenil y avasalla-
dora, una primavera de glorias y de triunfos, una concien-
cia del propio valer, una alegría y soberbia de la vida, que
hizo á los españoles capaces de la Jamaica, donde no residió
nunca; Embajador al Sultán del Cairo; miembro del primi-
tivo Consejo de Indias; corresponsal asiduo de Papas. Car-
denales, Príncipes, magnates y hombres de letras, ofrece
en su persona uno de los más antiguos y clásicos tipos de lo
que hoy diríamos periodismo noticiero. Mientras otros lati-
nistas se esforzaban en renovar las formas clásicas de la
historia y vestir con la t^ga y el laticlavio á los héroes con-
temporáneos, él escribía día por día, en una latinidad muy
abigarrada y pintoresca, llena de chistosos neologismos,
cuanto pasaba á su lado, cuantos chismes y murmuraciones
oía, dando con todo ello incesante pasto á su propia curio-
sidad siempre despierta, y á la de sus amigos italianos y es-
pailoles. Tenía para su ohcio la gran cualidad de interesar-
se por todo y no tomar excesivo interés por ninguna cosa,
con lo cual podía pasar sin esfuerzo de un asunto á otro, y
dictar dos cartas mientras le preparaban el almuerzo. Acos-
tumbrado á tomar la vida como un espectáculo curioso, gozó
ampliamente de cuantos portentos le brindaba aquella edad,
sin igual en la historia; y estuvo siempre colocado en las
mejores condiciones para verlo y comprenderlo todo, desde
la guerra de Granada hasta la revuelta de las Comunida-
des. Su espíritu, generalmente recto, propendía más á la be-
nevolencia que á la censura, sobre todo con aquellos de
quienes esperaba honores y mercedes que contentasen su
vanidad, muy subida de punto, aunque inofensiva, y su muy
positivo amor á las comodidades y á las riquezas, que la
fortuna le concedió ciertamente con larga mano. Hombre de
ingenio fino y sutil, italiano hasta las uñas , quizá presumía
demasiado de su capacidad diplomática: pero, á lo menos,
260 LA CULTURA ARTÍSTICA V LITERARL\
poseyó en alto serado el don de observación moral, el cono-
cimiento de los hombres. Sus juicios no han de tomarse por
definitivos , pero reflejan viva y sinceramente la impresión
del momento. Él mismo, como todos los escritores de su gé-
nero, rectifica á cada paso y sin violencia alguna lo que en
cartas anteriores había consignado. El Opiis Epistolaruin
es un periódico de noticias en forma epistolar, dividido
en SrJ números, y no de otro modo debe ser juzgado. Más
aparato histórico tienen sus ocho Decades de Orbe nozo,
que fueron un libro de revelación , el primer libro por donde
la historia del descubrimiento de América vino á difundirse
en Europa. La latinidad no era muy clásica que digamos;
pero á pesar de este defecto, que en aquellos tiempos difícil-
mente se perdonaba , todo el público letrado de Italia devoró
ávidamente estas Décadas , dando ejemplo de ello el mismo
Papa León X, que las leía de sobremesa á su sobrina y á
los Cardenales. Pedro Mártir, siguiendo su peculiar instinto,
había elegido lo más ameno, lo más exótico, lo más pinto-
resco y divertido de aquella materia novísima, deteniéndose,
no poco, en las rarezas de Historia Natural, en los detalles
antropológicos, y en notar maligna y curiosamente los ri-
tos, las costumbres y supersticiones de los indígenas, en
aquello en que más contrastaban con los hábitos del Viejo
Mundo. Esta especie de curiosidad científica realza sobre-
manera su libro, además del agrado de su estilo, incorrec-
tísimo ciertamente y á veces casi bárbaro, pero muy suelto,
chispeante é ingenioso. Tiene Pedro Mártir, como precep-
tor y gramático, su importante representación en la histo-
ria del humanismo español , y pudo escribir sin mucha nota
de jactancia, aunque en frases de pedantesco y depravado
gusto, que habían mamado la leche de su doctrina casi to-
dos los proceres de Castilla (suxerimt tiiea litteraria ubera
principes Castellae fere omnes), pero cuál fuese la calidad
de esta leche, no poco desemejante de la láctea libertas de
Tito Livio, lo están pregonando á voces los mismos escritos
de .NLártir; y ciertamente que si la severa disciplina de otros
maestros indígenas, como los Nebrijas, Barbosas, Núfiez y
Vergaras , no hubiese llevado el gusto por senderos más clá-
HN TIEMPO Dt: LOS REYES CATÓLICOS 261
sicos que los de esta latinidad viciada y barroca, que viene
á ser el calco de una fraseolo§:ía moderna, no hubiera emu-
lado ni menos excedido la España cldsica del siglo xvi los
esplendores de la Italia del siglo x\ .
De todos modos, es harto evidente el servicio que Pedro
Mártir hizo A la historia de nuestro más glorioso reinado,
para que por defectos de forma hayamos de regatearle sus
méritos de observador incansable y curioso, no menos que
de narrador sensato y lúcido. Más modestos, aunque no me-
nos positivos, fueron los que la prestó el siciliano Lucio Ma-
rineo, discípulo de Pomponio Leto, y profesor en Salaman-
ca de Elocuencia y Poesía Latina desde 1484 hasta 14%, en
que pasó á ejercer su ministerio al aula regia, acompañando
luego al Rey Católico en su viaje á Ñapóles (1507) como ca-
pellán suyo. Su vida, lo mismo que la de Pedro Mártir, se
prolongó mucho dentro del reinado de Carlos V, y le permi-
tió dejar varios libros enteramente consagrados á la ilustra-
ción de nuestras cosas, con espíritu sobremanera encomiás-
tico, y quizá adulatorio en algún caso. Su correspondencia
familiar en diez y siete libros, menos explotada hasta ahora
que la de Mártir, abunda en noticias singulares para nues-
tra historia política y literaria. En ilustrar los anales de Ara-
gón, especialmente en el período próximo á su tiempo, fué
de los primeros; y siempre será consultada con utilidad,
aunque no sin cautela, la vasta enciclopedia histórico-geo-
grática que tituló /Je rebits Hispani(e memorahiWnts, cu-
3'os primeros libros, por su traza y por la variedad de espe-
cies que en ellos se mezclan, tienen mucho parecido con los
modernos libros de viajes, así como los últimos pertenecen
enteramente á la narración histórica, y conducen mucho
para la ilustración de los reinados de D. Juan II de Aragón
y de los Reyes Católicos.
El mismo Marineo Sículo, en una oración dirigida á Car-
los V, nos dejó curiosa conmemoración de los eruditos es-
pañoles de su tiempo, contando entre ellos á sus propios dis-
cípulos y á los de Pedro Mártir, muchos de los cuales nada
dejaron impreso, pero cuj'o ejemplo influyó mucho por la
alta prosapia de los que le daban. El Arzobispo de Zarago-
262 LA CULTURA ARTÍSTICA Y LITERARIA
za, D. Alíonso de Aragón, hijo bastardo del Rey Católico:
el Arzobispo de Granada, D. Francisco de Herrera; los
Obispos de Salamanca y Plasencia, D. Francisco de Bova-
dilla y D. Gómez de Toledo; el futuro Arzobispo de Sevilla
é Inquisidor general, D. Alonso Manrique, que en su juven-
tud había enseñado griego en Alcalá, grande amigo y pro-
tector de Erasmo; el Cardenal de Monreal, D. Enrique de
Cardona, y su hermano D. Luis, Obispo de Barcelona; el
Abad de V^alladolid, D. Alfonso Enríquez, A quien califica
Marineo de littcyatissimus juvenis; el Obispo de Osma Ca-
brero, concionator e,s:reí(ius: el Condestable D. Pedro de
Velasco, á quien Marineo oyó explicar en el gimnasio de
Salamanca, siendo muy joven, las epístolas de Ovidio y la
Historia Natural de Plinio; el Marqués de los Vélez, D. Pe-
dro Fajardo; el Duque de Arcos, D. Rodrigo PoncedeLeón;
el Marqués de Denia, D. Bernardo de Rojas y Sandoval, que
emprendió sexagenario el estudio de la gramática latina, y
llegó á ser eminente en ella; el doctísimo Conde de Oliva,
D. Serafín Centelles; el Conde de Tendilla, D. Ifíigo López
de Mendoza, "i7> sapiens et litterisexcultus^\ el Marqués
de Tarifa y Adelantado de Andalucía, D. Fadrique Enrí-
quez de Rivera, gran conocedor de la historia antigua, y
vastago de una dinastía de Mecenas y de cultivadores de las
letras y de las artes; Rodrigo Tous de Monsalve. patricio
hispalense, ^omni s^cnerc doctrina' doctissimuSy,... Si á to-
todos estos nombres aristocráticos, recordados en el discur-
so de Marineo, se añaden los de sus propios corresponsales
y los de Pedro Mártir, tales como el Duque de Braganza y
Guimaraens, P. Juan de Portugal, D. Alonso de Silva, Don
Diego de Acevedo, Conde de Monterrós, D. García de To-
ledo y D. Pedro Girón, no podrá menos de formarse muy
ventajosa idea del ardor desplegado por la nobleza españo-
la para iniciarse en la nueva cultura, secundando el ejem-
plo de los Reyes Católicos.
Pero ni Pedro Mártir, ni Lucio Marineo, ni los Geraldi-
nos, aventureros literarios más ó menos brillantes, precep-
tores meramente aristocráticos, hombres harto medianos
de carácter y de inteligencia, y en los cuales se trasluce
EX TIEMl'O DE LOS KEYE> >-AiuLICOS 2b3
siempre algo del advenedizo y del parásito, hubieran podido
extender la acción del Renacimiento fuera del recmto cor-
tesano, si no les hubiese secundado, y en parte precedido,
una legión de humanistas españoles, que con mayor celo y
desinterés, y con más espíritu didáctico, trabajaron por di-
fundir en las escuelas de España la noción clásica que ha-
bían recogido en Italia. Lo primero era la reforma de los
métodos gramaticales, el abandono de los antiguos y bár-
baros textos, la formación de los primeros vocabularios y
la difusión de los autores clásicos, 3'a en su original, ya en
versiones más ó menos ajustadas. V es cierto que en esta
parte pocos pueden disputar la prioridad de tiempo á Alonso
de Falencia, que si no llegó á poseer la lengua griega (á pe-
sar de haber vivido en la domesticidad del Cardenal Bessa-
rion y de haber tenido familiar trato con Jorge de Trebi-
sonda y otros doctos bizantinos , por lo cual sus inlieles y
revesadas traducciones de Plutarco y de [osefo lograron
muy poco aprecio, mereció bien de las humanidades latinas
por trabajos estrictamente íilológicos, que son los más an-
tiguos de su género en Castilla: el Opiis sinoiiii)ionnii, que
tenía ya terminado en 147'J, y el Universal V^ocabidario en
latín y romance, trabajo de su vejez, emprendido por orden
de la Reina Isabel, y dado á luz en 14*>(), un año antes del
Diccionario de Antonio de Xebrija, que le lleva grandes
ventajas y que inmediatamente le sepultó en el olvido. Hoy
vive Falencia en la memoria de las gentes más bien á título
de cronista que de lexicógrafo, por más que en la latinidad,
vigorosa y pintoresca á veces, aunque crespa y enmara-
ñada, de sus Decadas , bien se trasluzcan los esfuerzos de
un autor para dominar la prosa clásica, cuyo estudio le sir-
vió para ensanchar los lindes de la nuestra hasta el grado
de relativa perfección que muestra la Batalla de los lobos y
perros, y más todavía el tratado de la Perfección del
triunfo militar.
Pero los trabajos de Falencia, si se le considera mera-
mente como humanista, no fueron más que el preludio de
los de Antonio de Xebrija, el extirpador de la barbarie, el
que mezcló (como cantaba el helenista Arias Barbosa) las
2(4 LA f'lLTUKA ARTÍSTICA V LITERARIA
sagradas aguas del Permeso con las del Tormes (1). "Fué
«aquella mi doctrina tan noble (decía el mismo Xebrija con
Justo aunque poco disimulado orgullo), que aun por testi-
„monio de los envidiosos y confesión de mis enemigos, todo
«aquesto se me otorga: que yo fui el primero que abrí
«tienda de la lengua latina y osé poner pendón para nuevos
«preceptos... y que ya casi de todo punto desarraigué de
«toda España los Doctrinales, los Peros Elias y otros nom-
«bres aun más duros, como los Gaiteros, los Ebrardos, Pas-
«tranas y otros no sé qué apostizos y contrahechos gramáti-
«cos, no merecedores de ser nombrados. \' que si cerca de
«los hombres de nuestra nación alguna cosa se habla de la-
«tín, todo aquello se ha de referir .1 mí. Es, por cierto, tan
«grande el galardón destc mi trabajo, que en este género de
«letras otro mayor no se puede pensar (2)«.
Nebrija. en efecto, que tornaba de Italia en 1473. des-
pués de una residencia de diez años, y muchos antes que
Pedro .Mártir ni Lucio Marineo pensasen en venir ,1 nuestro
suelo, traía como triunfal despojo de su largo viaje, é iba A
difundir por medio de la enseñanza, primero en Sevilla, des-
pués en Salamanca (.i), y finalmente en Alcalá, la última pa-
labra de la lilología clásica de entonces, es decir, el método
racional y lilosófico de Lorenzo \'alla, contrapuesto al em-
pírico y rutinario de los gramáticos anteriores. Su doctrina,
derramada en innumerables opúsculos, y condensada al fin
en su extensa Gramática (cuya primera edición es de 1<'<41),
se alzó triunfante sobre las ruinas del alcázar de la barba-
(1) Miscttit hic aacn's Tonuini Pennessidos uudis,
Barhariíinn tiosín» repulit orhe ¡íenns:
Prmiiis cí in piitriam Flmchiini d<n tasque sórores
Kou lili i íacla detulit unte diii:
Pegasidiitnqiie ditsus puro de fonte sacerdos
Nostra per A ii sontos orgia ferré choros.
(Esta elegía de Arias Barbosa anda al principio de muchas edicio-
nes anti^íuas de la Gramática de Xebrija.)
(2) Prefación de su Vocabulario.
(3) Specttitr/x aderat tolo Sahnantica muro...
Cum letii , vídi ,vici...
(Epístola k Pedro Mitrtir.)
K.\ TIE.MPO DE LOb REVEs CATÓLICOS 265
rie, por él abatido en descomunal certamen. Su nombre se
convirtió en sinónimo de gramíttico, y, desde el siglo xvi
hasta nuestros días, los artes para enseñar la lengua latina
siguieron intitulándose con su nombre, aunque poco conser-
vasen de su doctrina, ni menos del generoso espíritu de alta
cultura que la informaba. Casi nadie, por ejemplo (salvo Si-
món Abril, y éste muy tardíamente), le siguió en lo que
constituía la segunda parte de su método, en lo que impli-
caba un apartamiento de la tendencia escolástica, una di-
rección popular. Si en su voluminosa Graiiuítica , escrita
para uso de los maestros, había seguido la costumbre, uni-
versal entonces, de exponer los preceptos en lengua latina,
no por eso cayó en el absurdo (triunfante hasta el siglo pa-
sado) de creer que fuera cosa conveniente, ni siquiera posi-
ble, iniciar á nadie en los rudimentos de una lengua, valién-
dose de la misma lengua que el principiante ignoraba. Por
eso, siguiendo la alta inspiración de la Reina Católica, escri-
bió en romance contrapuesto al latín sus Juti'odticciones
"para que con facilidad puedan aprender todos, y principal-
emente las religiosas y otras mujeres consagradas á Dios„.
De este modo (como él decía) "sacaba la novedad de sus
pObras de la sombra y tinieblas escolásticas á la luz de la
^corte„. V aun dio un paso más, y por él le debe eterna gra-
titud nuestro idioma. Su Arte de la Lenpiua Castellana ,
publicado casi providencialmente el mismo año de la con-
quista del Nuevo Mundo, fué la primera gramática que de
ninguna lengua vulgar se hubiese dado á la estampa: es, sin
disputa, el más antiguo de todos los libros de filología ro-
mance.
Nebrija. en igual ó mayor grado que cualquier humanis-
ta italiano de su tiempo, renovó y amplió en su persona aquel
enciclopédico saber que los antiguos consideraban insepa-
rable de la profesión, en otro tiempo tan honrada é ilustre,
de gramático. Porque no sólo fué versado en las lenguas
griega y hebrea, de las cuales sabemos que compuso tam-
bién gramáticas que no han llegado á nuestros tiempos, sino
que abarcó en el círculo de sus estudios la interpretación de
los autores, así en la materia como en la forma, lo cual le
266 LA CULTURA ARTÍSTICA Y LITERARIA
obU^ó á hacer frecuentes excursiones al campo de la Teolo-
gía, como lo prueban sus Quincuagenas; al del Derecho,
como lo acredita su Lexicón juris civilis; al de la Arqueo-
logía, cuando estudió por primera vez el circo y la nauma-
quia de Múrida; al de las ciencias naturales, como editor de
Dioscórides; al de la Cosmografía y la Geodesia, y esto no
meramente en calidad de compilador erudito, sino midien-
do, por primera vez en Esparta, un grado del meridiano te-
rrestre, como base para la unidad de un sistema métrico:
que A esto y á otras innumerables cosas se extendía en el
Renacimiento la ciencia de los llamados gramáticos. V si á
esto se añade que Nebrija fue historiador elegante (aunque
excesivamente retórico y poco original) de las cosas de su
tiempo, y fué además poeta latino, de sincera inspiración, y
no de los fabricantes de centones , para prueba de lo cual
bastaría la hermosa elegía que compuso al visitar, después
de muchos artos, su patria; nadie podrá dejar de ver en el
ilustre maestro andaluz la más brillante personificación li-
teraria de la Esparta de los Reyes Católicos, puesto que na-
die influyó tanto como él en la general cultura, no sólo por
su vasta ciencia , robusto entendimiento y poderosa virtud
asimiladora, sino por su ardor propagandista, á cuyo servi-
cio puso las indomables energías de su carácter, arrojado,
independiente y cáustico. Gracias á ello, y á la protección
resuelta de la Reina Católica y de Cisneros, pudo en toda
ocasión reivindicar altamente los fueros de la libertad cien-
tífica, y proseguir impertérrito la reforma de los estudios,
sin que las fuerzas le desfalleciesen aun en la extrema ancia-
nidad. V todavía en su lecho de muerte, contemplando im-
perfecta su obra, llamaba con sus votos quien la completa-
se, y repetía incesantemente aquel verso virgiliano, que lue-
go había de recoger el Brócense, considerándose á sí propio
como el vengador invocado por Nebrija:
ExoriíiYC aliqnis nostri.^ ex ossn'hus ///,' r
A su nombre debe ir unido inseparablemente el de su
grande amigo, y comprofesor de lengua griega, el portugués
Arias Barbosa, di.scípulo de Angelo Policiano. Poco dejó es-
£N TIEMPO DE LOS REYES CATÓLICOS 267
crito, y su nombre fué eclipsado muy pronto por el de su
más etjregio discípulo el Comendador Griego, Hernán Nú-
ñez; pero hay justicia en reconocer que Arias Barbosa fué
el patriarca de los helenistas españoles, y el que en Sala-
manca inauguró esta enseñanza, por lo cual dijo bien An-
drés Resende en su Eticoniinin ErasDii:
(iocuit itinn pfñiiiis iberos
Hippocrenaco Gruías componere voces
On-
Pero la Universidad de Salamanca, nacida en los tiem-
pos medios, y aferrada todavía á la tradición escolástica,
debía presentar, como la de París, larga resistencia á los
humanistas innovadores, que tan diverso sentido traían de
la vida y de la ciencia. Por otra parte, el régimen excesiva-
mente democrático de aquellas aulas solía alejar de ellas á
profesores muy beneméritos. Una votación de estudiantes
en oposición á cátedra desairó á Nebrija, cargado de años
y de méritos, y le obligó á trocar las aulas de Salamanca
por las de Alcalá. Esta Universidad, creada de nueva plan-
ta por el Cardenal Jiménez en InOS, ofrecía un asilo más
hospitalario á los nuevos estudios. Su fundador había ex-
cluido de aquellas aulas la enseñanza del Derecho civil, re-
duciendo mucho la del canónico. La Teología continuaba
imperando, pero no ya en su forma antigua, dogmática y po-
lémica, sino más bien en la de estudio é interpretación del
texto sagrado, para lo cual el conocimiento de los origina-
les hebreo y griego y el trabajo crítico de los humanistas
eran preciso y necesario instrumento. Por eso en el período
de gloria de la escuela complutense, que abarca los prime-
ros sesenta años de su vida, se cultivaron en ella con igual
amor la antigüedad profana y la sagrada (1). Allí brillaron
simultáneamente el cretense Demetrio Ducas, maestro de
(1) Este carácter distintivo de la Universidad de Alcalá en la que
podemos llamar su edad de oro, fué perfectamente expresado por
Erasmo (ep. 755): Academia Complittensis non aliunde celebritatem
noniinis auspicata est quam a coniplecíendo linguas ac bonas lit-
ícras.
268 LA CULTURA ARTÍSTICA V LITERARIA
lengua griega; los hebraizantes conversos Alfonso de Za-
mora. Pablo Coronel y Alfonso de Alcalá; los dos hermanos
Vergaras, traductor el uno de Aristóteles y el otro de He-
liodoro, y autor de la más antigua gramática griega com-
puesta en España, que fué al mismo tiempo una de las más
difundidas en Europa durante aquel siglo ; el toledano Lo-
renzo Balbo de Lillo , á quien se debieron correctas edicio-
nes de Valerio Flaco y Quinto Curcio; el reformador filosó-
fico Hernán Alfonso de Herrera , primero que osó levantar
la voz contra los peripatéticos en su Disputación de odio
levadas contra Aristótil y sus secuaces, precediendo, no
sólo á las tentativas de Pedro Ramus, sino á las del mismo
Laüs Vives; Diego López de Stúñiga, docto y acérrimo con-
tradictor de Erasmo ; Mateo Pascual , fundador del Colegio
Trilingüe; Pedro Ciruelo, que hermanó el estudio de las Ma-
temáticas con el de la Teología. De las cuarenta y dos cá-
tedras que el Cardenal estableció , seis eran de gramática
latina, cuatro de otras lenguas antiguas, cuatro de retórica
y ocho de artes, ó sea de filosofía. Erasmo reconoce y pon-
dera en muchas partes el esplendor científico de Compluto,
de la cual dice que con más razón podía llamarse -r/-///jTov,
por ser rica en todo género de sabiduría.
La grande obra de aquellos egregios varones fué la Po=
liglota Conip/ntense, monumento de eterna gloria para Es-
paña, sean cuales fueren sus defectos, enteramente inevita-
bles entonces ; obra que hace época y señala un progreso en
la lectura del texto bíblico, y que era en su línea el mayor
esfuerzo que desde las fíexap/as de Orígenes se había in-
tentado en el mundo cristiano. La Políglota se hizo inclu-
yendo, además del texto hebreo, el griego de los Setenta, el
TarguDí caldaico de Onkelos(sólo para el Pentateuco), uno
y otro con traducciones latinas interlineales, y la l^ulgata.
Llena los cuatro primeros tomos el Antiguo Testamento; el
quinto (que fué el primero en el orden de la impresión) está
dedicado al Testamento Nuevo (texto griego y latino de la
Vidgata), y el sexto es de gramáticas }• vocabularios (he-
breo, caldeo y griego. Los trabajos preparatorios duraron
diez años. A los artífices de este monumento los hemos nom-
EN TIEMPO DE LOS REYES CATÓLICOS 269
brado ya : la parte hebrea corrió á cargo de los tres judíos
conversos, siendo de Alfonso de Zamora la gramática; en
la parte griega trabajaron el cretense Ducas, Vergara, el
Pinciano (Hernán Núñez), y algo Antonio de Nebrija, que
más bien intervino en la corrección de la Vuls^ata. Códices
hebreos, los había con abundancia en España, y de mucha
antigüedad y buena nota, procedentes de nuestras sinago-
gas, donde siempre se había conservado floreciente la tra-
dición rabínica. Tampoco faltaban buenos ejemplares lati-
nos; pero no los había griegos, y hubo que pedirlos al Papa
León X, que facilitó liberalmente los de la Vaticana, que
fueron enviados en préstamo á Alcalá, como expresamente
dice el Cardenal en la dedicatoria, y no copiados en Roma,
por más que así lo indique su biógrafo Quintanilla. Para
fundir los caracteres griegos, hebreos y caldeos, nunca vis-
tos en España, y hacer la impresión, vino Arnao Guillen de
Brocar, y en menos de cinco años (¡celeridad inaudita, da-
das las dirtcultades!) se imprimió toda la Biblia, cuyos gas-
tos ascendieron, según Alvar Gómez, á cincuenta mil escu-
dos de oro, cantidad enorme para entonces. La impresión
estaba acabada en 1517, pocos meses antes de la muerte del
Cardenal; pero no entró en circulación hasta 1520, de cuya
fecha es el Breve apostólico de León X autorizándola, "por
juzgar indigno que tan excelente obra permanezca por más
tiempo en la oscuridad^. El texto griego del Nuevo Testa-
mento, impreso desde 1514, antes que otra cosa alguna de
la obra, tiene la gloria de ser el primero que apareció en el
mundo, anterior en dos años al de Erasmo, cuya primera
edición es de 1516. Erasmo y los complutenses trabajaron
con entera independencia, y el merecimiento de los unos en
nada debe perjudicar al del otro. A decir verdad, ambos tex-
tos adolecen de no leves defectos, como fundados en códi-
ces relativamente modernos, y todos de \2i familia bizanti-
na. -;Quién ha de pedir á aquellas ediciones del siglo xvi,
primeros vagidos de la ciencia filológica, la exactitud y el
esmero que en nuestros días ha podido dar á las suyas Tis-
chendorf, sobretodo después del hallazgo del códice Sinaí-
tico? Erasmo tuvo que valerse de algunos códices de Basi-
270 LA CULTURA ARTÍSTICA LITERARIA
lea muy medianos ; muchas veces corrigió su texto por el
de la Jlílgata, y en la cuarta, quinta y sexta de sus edicio-
nes introdujo algunas enmiendas tomadas de la Complu-
tense.
Pocos príncipes han igualado á Cisneros en esplendide;:
como Mecenas y como protector del arte tipogrática. Ade-
mas de la Políglota , publicó á sus expensas el Misal y el
J^rcviario Mo2(íral>es , restaurando en parte aquella anti-
gua liturgia; las Ef^istolas de Santa Catalina de Sena, la
Escala de San Juan CKniaco, las Meditaciones del Cartu-
jano, y otros muchos libros de devoción, que reparti**) por
los conventos de monjas ; el Tostado sobre Ensebio, y luego
las obras todas del Tostado ; mucha parte de las de Raimun-
do Lulio, A cuya doctrina tenía especial afición, intervi-
niendo en las ediciones los famosos lulianos Nicolás de Paz
y Alonso de Proaza; la Agricultura de Gabriel Alonso de
Herrera, que repartió entre los labradores, y las obras de
Medicina de Avicena. Tenía, finalmente, pensado hacer una
edición greco-latina esmeradísima de todas las obras de
Aristóteles, empresa tan monumental en su género como la
Políglota, pero murió antes de ver acabados los trabajos.
Parte de ellos, en especial los de Juan de X^ergara, todavía
se conservan entre las preciosas reliquias de la Biblioteca
Complutense.
Pero no es del caso detenernos íi tejer los anales de aque-
lla famosa escuela, que además, por lo que toca á su perío-
do más brillante, fueron dignamente ilustrados por Alvar
Gómez de Castro en su vida latina del Cardenal , y por Al-
fonso García Matamoros en su clásica oración J^ro adseren-
da liispanorum ernditione. Por otra parte, sería ya tras-
pasar los límites cronológicos de este reinado el asistir á la
formación del grupo erasmista, cuyo corifeo en Alcalá fué
el abad Pedro de Lerma; ni menos enumerar los elegantes
escritos con que ya en prosa , ya en verso , comenzaban á re-
novar la facundia del antiguo Lacio Alvar Gómez, señor de
Pioz, Juan Sobrarlas, Juan Pérez, que latinizó su apellido
llamándose Pctreyo , Juan Maldonado, y otros muchos hu-
manistas, cu3'0S mejores trabajos pertenecen al reinado si-
EN TIEMPO DE 1-OS REYES CATÓLICOS 271
guíente. Baste decir que en el primer tercio del siglo x\'i la
cultura greco-latina no se encerraba ya en los centros uni-
versitarios, sino que muchos profesores privados, algunos
de ellos eminentes, la difundían por todas las ciudades y vi-
llas de alguna consideración de Castilla y Andalucía ; en Se-
govia, Juan Oteo, maestro de Andrés Laguna; en Soria el
Bachiller Pedro de Rúa, ingenioso censor de lasficciones de
Fr. Antonio de Guevara; en \'alladolid y en Olmedo Cristó-
bal de Villalón: en Toledo Alfonso Cedillo, maestro de Alejo
de \'enegas; en Calahorra el Bachiller de la Pradllla; en
Santo Domingo de la Calzada Pedro Lastra; en Sevilla Die-
go de Lora y Cristóbal de Escobar, dignos precursores de
los Malaras. Medinas y Girones; en Granada Pedro Mota;
en Éclja un cierto Andrés, á quien por excelencia llamaron
el Griego. ¿Qué míts? el estudio de las humanidades formó
parte integrante de la cultura femenil más aristocrática y
exquisita; y en las cartas de Lucio Marineo, y en el Gy-
fiecaeum ///s/^anae Mincrvac, que compiló D. Nicolás
Antonio, viven, juntamente con el nombre de La Latina,
los de i3oña juana Contreras, Isabel de V'ergara, Antonia
de Xebrija. la Condesa de Monteagudo, Doña María Pa-
checo, Doña Mencía de Mendoza, marquesa de Zenete, y
otras doctas hembras, de una de las cuales, por lo menos
(Doña Lucía de Medrano), consta, por relación de Marineo,
el cual habla como testigo ocular, que tuvo cátedra públi-
ca en la Universidad de Salamanca, dedicándose á la ex-
planación de los clásicos latinos. V no ha\' duda que el gra-
do de educación de la mujer, cuando es verdadero cultivo
del espíritu y no pedantesca ostentación, suele ser el indi-
cio más seguro del punto de civilización alcanzado por un
pueblo.
A esta rápida difusión del saber contribuyó en gran ma-
nera la prodigiosa invención de la imprenta, que precisa-
mente entró en España el mismo año en que comenzaron á
imperar los Rej-es Católicos. De 1474 y 1475 datan las más
antiguas impresiones de Valencia (el Certamen poetich, el
Comprehensorinm , el Salustio...), ciudad que tiene la glo-
ria de haber precedido á todas las de España , en esta como
272 LA CULTURA ARTÍSTICA V LITERARIA
en otras maniíestaciones de la cultura (1). Siguiéronla in-
mediatamente las otras dos capitales de la Corona de Ara-
gón, Barcelona y Zaragoza, y entre las ciudades de los do-
minios castellanos Sevilla, en 1476; Salamanca, en 1480; Za-
mora, en 1482; Toledo, en 14S.-]; Burgos, en 1485; Murcia,
en 14<S7. En Lisboa existía por lo menos tipografía hebrea
desde 14<S5. Durante el resto de aquel siglo, la imprenta se
extiende, no sólo á las ciudades de Lérida, Gerona, Tarra-
gona, Pamplona, Valladolid y Granada, sino á los monas-
terios de Miramar en Mallorca (1485) y Monserrat en Qata-
lufía, y á la villa de Monterrey en Galicia. Pasman el núme-
ro y variedad de impresiones de estos veintiséis afios, el pri-
mor y aun la esplendidez de muchas de ellas, la abundancia
relativa de obras en lengua vulgar, alternando con las lati-
nas, así clásicas como escolásticas. \' son monumentos de
la sabiduría legislativa y del generoso espíritu de este rei-
nado las varias disposiciones encaminadas á favorecer la
publicación y venta de libros, comenzando por la memorable
Carta-orden de 2.') de Diciembre de 1477, dirigida á la ciudad
de Murcia, mandando que Teodorico Alemán, impresor de
libros de molde en estos reinos, .sea franco de pagar alca-
balas, almojarifazgo ni otros derechos, por ser uno de los
principales inventores y factores del arte de hacer libros de
molde, y exponerse á muchos peligros de la mar, por traer-
los á España y ennoblecer con ellos las librerías. En 24 de
Diciembre de 1489 vemos otorgada igual franquicia al libre-
ro Antón Cortés Florentín, y en 12 de Diciembre de l.ó(J2 á
Melchor Garricio Benovara, librero de Toledo.
Merced á este desarrollo de la imprenta se salvó en su
mayor parte la producción literaria de este tiempo, que
(1) El opúsculo barcelonés que lleva el título de Pro condcndis
orationibus y la fecha de l-kxS no es un libro apócrifo, pero es evi-
dentemente un libro que tiene la fecha equivocada por lo menos en
veinte años, como lo persuaden todas sus circunstancias tipográficas.
Es lástima que un patriotismo local mal entendido eternice este error
y otros en la historia de nuestra tipografía, como acontece con los
libros impresos en Tolosa, que indisputablemente son de Tolosa de
Francia, y no de la modesta villa sjuipuzcoana del mismo nombre.
EN TIEMPO DE LOS REYES CATÓLICOS 273
quizá por eso parece más considerable que la de épocas an-
teriores- Abundan en ella, como habían abundado en la cor-
te literaria de D. Juan II , las traducciones de libros clási-
cos, predominando entre ellos los de historia: é\ Pliitayco y
el Josefo, de Alonso de Falencia ; el Apiano, de Alonso Mal-
donado, y el de Juan de Molina; el Jíilio César, de Diego
López de Toledo; el Saliistio, de Vidal de Xoya; el Tito
Lirio, de Fr. Fedro de Vega; el Herodiaiio, de Hernando
de Flores; el Quinto Cnrcio, catalán, de Fenollet, y el cas-
tellano de Gabriel de Castañeda; el Frontino, de Diego
Guillen de Ávila. De poetas de la antigüedad, se tradujeron
las Mita))iorJosis de Ovidio, al catalán, por Francisco
Alegre, y al castellano por ün anónimo, cuj'a versión es
diversa de la del Cardenal Mendoza ; las Bucólicas de Vir-
gilio, por Juan del Encina, que fué el primero en abando-
nar la prosa malamente usada hasta entonces para la inter-
pretación de los poetas; algunas sátiras de Juvenal, por
D. Jerónimo de Villegas, Frior de Covarrubias. V entre
otras obras de pasatiempo y amenidad, pasó á nuestra
lengua El asno de Oro, de Apuleyo, castellanizado con mu-
cho donaire y viveza de estilo por Diego López de Corte-
gana, Arcediano de Sevilla. No hay para qué proseguir un
catálogo que en este lugar resultaría indigesto. Fero no po-
demos omitir que el predominio de la literatura italiana, tan
vivo en todo aquel siglo y en el siguiente, se maniíiesta en
obras tales como el Infierno, de Dante, traducido en coplas
de arte mayor por el Arcediano de Burgos Fedro Fernández
de Villegas; un Decanierone de intérprete anónimo, pero
muy digno de que su nombre se supiera; y varias versiones
totales ó parciales de los Triunfos, del Fetrarca, por Alvar
Gómez de Ciudad Real, Antonio de Obregón y otros, aun-
que ninguno de ellos se atreva todavía á remedar el metro
del original y prosigan heles á la antigua versificación cas-
tellana.
También entre las producciones originales se aventajan
en número, y por lo común en calidad, las históricas, que
habían sido el nervio de nuestra literatura durante todo aquel
siglo. Y á la vez que en algunos narradores oficiales de su-
18
274 LA CULTURA ARTÍSTICA V LITEKAKL\
cesos contempuráncos y biójírafos de claros varones, como
Hernando del Pulgar, formado en la escuela de Ferpán Pé-
rez de Guzmán y del Canciller Ayala, es patente la tenden-
cia á la observación moral, y junto con ella la aproximacii^r
á los modelos clásicos, que el autor procura remedar inter-
calando en el proceso de su relación largas epístolas y aren-
gas, que indirectamente revelan su pensamiento político:
en otros más apartados de esta dirección erudita, persiste
en lo esencial el carácter de la historiografía de los tiempos
medios, como es de ver en Andrés I^ernáldez, Cura de los
Palacios, el cual , así como fué el último de nuestros cronis-
tas, propiamente tales, vino á resultar el más ameno y sa-
broso de todos ellos, tanto por la grandeza é interés cuasi
novelesco de las cosas que registra y que en parte vio, cuan-
to por haber sabido unir á la amable ingenuidad y á la bri-
llantez pintoresca de los antiguos narradores cierta lucidez,
cierto método y espíritu de curiosa indagación y arte de
distribuir y componer la materia, que ellos no solían tener.
Con la historia de aquellos tiempos se dan la mano, y
contribuyen á ilustrarla en gran manera, ciertas manifesta-
ciones, directas ó indirectas, de la elocuencia política, ya
en razonamientos que á veces no tienen traza de invención
retórica, como el de Gómez Manrique al pueblo de Toledo,
ó el de Alonso de Quintanilla proponiendo el establecimiento
de las Hermandades ; ya en opúsculos de circunstancias, es-
critos á veces con tan libre espíritu y sentido tan democrá-
tico como el llamado Libro de los fyensamientos variahles.
que viene á ser dura acusación contra las tiranías de la no-
bleza y la opresión de los labradores. Xi en otro género que
en el oratorio podremos incluir, aunque no conste que fue-
sen públicamente recitados nunca, la mayor parte de los
tratados del Dr. Alonso Ortiz, que, en medio del aparato es-
colar y á veces pedantesco, tiene arranques sublimes de sen-
timiento patriótico en la oración gratulatoria dirigida á los
Reyes Católicos después de la conquista de (iranada. De
Fr. Hernando de Talavera, como de otros grandes oradores
sagrados, queda más bien el recuerdo de sus obras vivas
que de sus palabras muertas, pero todavía sus libros de mo-
EN' TIKMPO DE LOS REYES CATÓLICOS 275
ral doméstica conservan algún reílejo del alma de aquel
apostólico varón, al mismo tiempo que aprovechan para el
estudio de las costumbres de su tiempo.
En lo didáctico, la lengua comenzaba á ser aplicada á las
materias más diversas. Villalobos, inspirándose en el Cán-
tico dex\vicena, exponía en rot)iance trovado, llana y po-
pularmente, el compendio de los conocimientos médicos de
su edad, y abría nuevos rumbos á la ciencia en la selección
que trata de las pestíferas bubas, monografía ponderada
como dechado de observación por los siñliógrafos más re-
cientes. Hernán Alonso de Herrera lanzaba en idioma vul-
gar el primer grito de rebelión contra Aristóteles , y un deu-
do suyo ennoblecía las labores del campo, exponiéndolas por
modo tan elegantísimo que hubiera puesto en\idia al mismo
Columela.
Las llores de la imaginación engalanaron este robusto
tronco, y si no nació entonces la novela española, ni enton-
ces llegó tampoco á su apogeo, todavía hay que contar en-
tre los timbres literarios de este período la redacción defi-
nitiva del Amadi's de Gaiila; la concepción sentimental y
casi K'ertlieriana de la Cárcel de Amor, de Diego de San
Pedro; la tentativa histórico-novelesca de la Cuestión de
Amor; y allá á lo lejos, no como forma intermedia entre el
drama y la novela, sino como obra esencialmente dramá-
tica, que anuncia y prepara un arte nuevo, la Trac¡;i-come-
di a de Calixto y Melibea, con su serenidad de mármol clá-
sico, levantado como piedra miliaria entre la Edad Media y
el Renacimiento.
y\4 ARGELINO yVlENÉNDEZ Y FeLAYO.
'J:-í¡iccJj^-X*y: ^
Cío4fr:cí6coJ|ScO
La Palestina Antigua y Moderna '^
(notas dk t-v viaje por el oriente)
JA KA
[n casi todas las ciudades importantes de la Pales-
tina existe un número considerable de judíos, que
se aumenta de año en año con las emij^raciones de
los que viven en Austria, Polonia y Rusia. Como el Sultán
de Constantinopla no manda hacer la estadística de los sub-
ditos de su Imperio, es muy difícil averiguar con exactitud
cuántos "íOn los individuos de aquella secta religiosa que ac-
tualmente moran en la Turquía Asiática; si bien, por los
cálculos aproximados de personas inteligentes que han vi-
vido algún tiempo en aquel país, se sabe que forman parte
de la moderna Jafa unos dos mil á tres mil judíos.
Nada nuevo podemos decir de esa raza que lleva consigo
el estigma de la reprobación, que es el ludibrio de las de-
más naciones, y cuyos adeptos están condenados á perpetua
infamia, de la que sólo pueden librarse renegando de las
creencias de sus antepasados. En vano trabajan los judíos
por suprimir el nombre que en otros tiempos constituía su
orgullo y su merecida gloria, sustituyéndolo por el de is-
raelita, pues mientras exista uno de ellos en el mundo que
(1) Véase la página .56^ del vol. xxxix.
LA PALESTINA ANTIGUA V MODERNA 277
permanezca fiel ú. su religión y sus tradiciones, judío se le
llamará perpetuamente. Los sociólogos escriben y discuten
mucho sobre las causas de que ese pueblo permanezca,
después de tantos siglos, en el aislamiento, y sobre si tar-
dará ó no en entrar de lleno á formar parte de la gran fa-
milia cristiana. Nosotros creemos que la historia de los ju-
díos no está próxima á su fin: diseminados por todo el orbe,
tienen que continuar sujetos á un régimen más duro \' más
humillante que el de la época de los Faraones; han con-
servado y conservan su culto y su idioma , y ese culto y ese
idioma ño concluirán sino con el mundo. No importa que
el Cristianismo avance en el camino de la civilización y del
progreso: la idea de que el Mesías ha de venir para elevar-
los á la cumbre de la prosperidad material, y que los ha de
conducir á Jerusalén declarándolos dueños del Universo,
no se aparta nunca de la mente del pueblo deicida, á pesar
de las persecuciones y los infortunios, á pesar de haber vis-
to hasta ahora fallidas todas sus esperanzas.
¡Coincidencia singular! Todos los viernes del año, desde
las tres de la tarde hasta el día siguiente á la misma hora,
van centenares de judíos á derramar lágrimas junto á los mu-
ros de la parte occidental del monumento que en otras eda-
des se llamaba Templo de Salomón y hoy Mezquita de Omar;
y allí piden á Dios que ponga fin á tantos males como su-
fren, que los libre de la gran humillación á que se ven redu-
cidos, que les mande pronto al Deseado de las Naciones,
que les perdone sus iniquidades ; pero los miserables no com-
prenden que, precisamente á la misma hora en que comien-
zan á llorar, cometieron sus antepasados el más horrendo
é inaudito de los crímenes, que ellos expían por secreto
designio de la Providencia; no comprenden que sus plega-
rias no pueden ser oídas por el Cielo. Muchas veces he visto
interminables filas de judíos, con los libros de rezo en la
mano, y que, descendiendo del histórico monte Acra, atra-
vesaban, no sin graves peligros, el valle deTiropeón, entre
callejuelas habitadas por moros, para ir á llorar al sitio que
en Jerusalén se conoce con el nombre de "Llanto de los Ju-
díos„. Es imposible presenciar con calma y serenidad aque-
278 LA PALESTINA ANTIGUA V MODERNA
líos gritos y lamentos desesperados, sin traer á la memoria
las palabras del Profeta Jeremías vi): "Señor, tus ojos miran
la ñdelidad: herístelos, y no les dolió; quebrantástelos, y
rehusaron aceptar la corrección; endurecieron sus caras
más que una piedra, y no se quieren convertir^.
La religión de los judíos es bien conocida para que nos
detengamos á exponerla. Según el reputado autor árabe
Al-Makricsi, existen dentro del judaismo cuatro sectas re-
ligiosas, que son los samaritanos, ananistas, karaítas y
rabinistas; pero las tres primeras están agonizando. Los
samaritanos, que actualmente no llegan á ciento, veneran
por metrópoli á la antigua Siquen, hoy llamada Xaplusa, y
por código religioso y político el Pentateuco, sin admitir
más libros que los cinco de Moisés, de los cuales conservan
en la Sinagoga de Siquen un texto antiquísimo, escrito en sa-
maritano, que ellos hacen elevar á una época muy remota,
y que llama la atención de cuantos visitan el monte Garisin.
Los karaítas y ananistas son dos ramas de un mismo tron-
co, que tienen .su origen hacia el siglo viii de nuestra era, y
que se diferencian muy poco, conviniendo en no creer más
que en Moisé? y en los Profetas, y en rechazar todo género
de tradiciones
Si he de dar crédito a un )udío de Jerusalén, no hay mas
que diez ó doce individuos de ambas sectas en toda la
Palestina (2), fanáticamente execrados por los demás hijos
de Israel.
Los rabinistas son los que forman casi la totalidad del
Judaí.smo, creen en la Biblia y en el Talmud, y muestran
tanto respeto y dan tanta autoridad á e.ste como á todos los
libros del Antiguo Testamento, en especial al Talmud de
Babilonia, compuesto unos doscientos años después del de
Jerusalén, y que contiene una exposición del dogma y de
las leyes y costumbres de los judíos. Es de advertir que la
gente instruida no da crédito á muchas de las ridiculeces
(1) Cap. 3, V. A.
(2) En otra parte he escrito que en Jerusalén habia diez mil, pero
fué debido á una involuntaria confusión de nombres.
LA PALESTINA ANTIGIA V MODERNA 27*^
que se encuentran en el Talmud, inventadas por los anti-
guos rabinos en odio al Cristianismo. El Credo de los sa-
bios es poco más ó menos el mismo que redactó Maimóni-
des en el siglo xii: consta de trece artículos, y respecto del
duodécimo, donde dice el sabio judío español "que el Me-
sías no ha venido, pero que es necesario esperarle con cons-
tancia„, se encuentran los intérpretes de la Ley muy per-
plejos y no saben qué explicación dar á los textos evidentes
de los Profetas que anuncian la venida del Salvador. El ra-
bino, que predica todos los sábados de siete á ocho en la
Sinagoga, no expone ninguna de las profecías, y prohibe al
pueblo hablar sobre asunto tan esencial, aconsejando ade-
máis, para evitar dudas y tranquilizar las conciencias, que
las preces ordinarias .sean los comentarios del Talmud al
.Salterio de David.
Pero como los Sacerdotes no consiguen por medio del
silencio disipar las dudas del pueblo, éste desobedece los
consejos de los Doctores de la Ley, y procura leer y meditar
las Escrituras , no llegando jamás á ver la luz ; de tal suerte,
que se crean una situación desesperada. Podía yo citar ejem-
plos de muchos judíos fervorosos que, al hablarles del .Me-
sías, se quedaban tristes y melancólicos, sin saber qué de-
cir, suplicándome con las lágrimas en los ojos que no les re-
cordara semejante idea; porque, en medio de tantas dudas
y vacilaciones, no tenían otro recurso más que pedir á
Dios se compadeciese de ellos y terminase de castigarlos,
sacándalos de este mundo. Las conciencias de los rabinos
tampoco están tranquilas, y para calmarlas han ideado un
medio infernal, si hemos de creer lo que cuentan los cristia-
nos y moros de la Palestina.
Sabido es que en el Levítico se ordenaba á los judíos el
sacriticio de los animales para la remisión de los pecados y
para aplacar la ira del Señor ofendido. Los intérpretes de
la Ley conocen perfectamente que la profecía de Daniel está
cumplida desde hace muchos siglos; pero como no existe el
templo, ni es posible ofrecer víctimas y holocaustos al Altí-
simo, se han persuadido, según la historia popular, de que,
participando de la sangre de los cristianos, se hacen una
2S0 LA PALESTINA ANTICUA ^ MODERNA
misma cosa con ellos: y en el supuesto de ser jesu-Cristo el
verdadero Mesías (1), por Él se salvan: y si no lo es, sus con-
ciencias se tranquilizan observando los preceptos que Dios
les ordenó antis^uamente. cumpliéndolos del moinr modo que
pueden.
Afirman los cristianos y los árabes del Oriente que nin-
gún rabino se acuesta sin haber bebido, aunque en peque-
ñísima cantidad . sangre de cristiano, y refieren las desapa-
riciones de algunos niños secuestrados por los judíos, con
tales circunstancias y pormenores, que aparentan ser ver-
daderos. Dicen también que. cuando les falta en aquel país
sangre cristiana, la llevan de líuropa, y con una gota de
sangre tienen para mucho tiempo, porque la diluyen en la
masa del pan .Izimo, y eso es suficiente; y añádese, en fin,
que esto sólo lo practican los Sacerdotes y la gente instrui-
da, que no hallan en las h'scrituras ninguna solución para
sus perplejidades.
Si en el fondo de esta leyenda hubiese algo de verdad, se
justificarían las persecuciones de que fueron víctimas los
hijos de Israel en la Hdad Media , y al mismo tiempo se acla-
rarían las vidas de los Santos Mártires Dominguito del \'al,
Seise de la Catedral de Zaragoza, y el niño llamado de la
(ruardia en Toledo, muertos ambos bárbaramente por los
infames judíos.
No queda á esta raza desgraciada otra cosa de aquel an-
tiguo culto tan aparatoso con que glorificaban á Dios, sino
la oración y la lectura de los libros santos que por lo gene-
ral practican en las Sinagogas. No son tan escrupulosos en
las abluciones como los moros antes de orar, y aun prescin-
den de ellas con frecuencia, pero superan á los sectarios de
Mahoma, y, aunque parezca mentira, á los cristianos, en la
santificación de las fiestas, llegando su escrupulosidad á un
grado increíble, según se manifiestan en los actos más in-
(1) Todos los judíos creen en la existencia real de Jesucristo, y
añaden que fué un Profeta como no lo hubo jamás; pero no le recono-
cen por Dios, sino como puro hombre; pues, para ellos, el Mesías debe
ser aquel que constituya á los judíos por dueños y señores del Uni-
verso.
LA PALESTINA AXTIGUA V MODERNA 281
si,ííniñcantcs. A esta delicadeza en la observancia del culto
exterior no corresponde su espíritu religioso, porque son
tan corrompidos y de tan abominables costumbres como los
mahometanos. Está permitido entre ellos la poligamia y el
divorcio; aunque se dan muy pocos casos de que un hombre
posea varias mujeres, y sólo los Sefardín, ó sea los judíos
españoles descendientes de los que fueron expulsados de
nuestra patria, usan de ese privilegio. El divorcio es bas-
tante frecuente y se concede con suma facilidad.
Los judíos son aborrecidos por todos los que profesan
una religión distinta de la de Moisés, y sobre todo por mu-
sulmanes y cristianos. Con frecuencia se ve á los niños co-
ger de las barbas A los infelices israelitas sin respetar su
edad; y, por más que los ancianos se irritan, no se atreven
¡X defenderse en público, porque siempre saldrían perdiendo.
El concepto que tienen los orientales del judío se conocerá
por algunos de los muchos casos que hemos visto durante
nuestra permanencia en la Palestina.
Venía una vez cierto judío del Valle de Josafat á jerusa-
Icn, y, entrando por la puerta llamada Sitti-Mariam, llegó
hasta el cuartel militar, donde hubo de darle un desmayo,
cayendo al suelo sir\ sentido, precisamente junto al lugar
donde se dice que estaba la Scala Santa antes de ser trasla-
dada á Roma. Los soldados que se asomaban á la ventana
le veían con la más absoluta indiferencia; pasaron luego
unos moros muy graves al lado del infeliz y se contentaron
con echarle una mirada desdeñosa: detrás de los musulma-
nes venía un sacerdote griego cismático, que se aproximó
por curiosidad al paciente para saber quién era, 3' al reco-
nocerle exclamó riendo : ¡ es un judío I Pasó últimamente por
aquella calle un católico europeo (siendo del país hubiera
hecho lo mismo que los anteriores), y, acercándose al judío,
vio que aun daba señales de vida, buscó un vaso de agua y,
prestándole los auxilios que su caridad le dictaba, estuvo
con el pobre israelita algún tiempo, hasta que por casuali-
dad vio á algunos correligionarios del infeliz é hizo que le
trasladaran al hospital. En este hecho se reproduce casi á
la letra la parábola del buen samaritano, y al mismo tiempo
282 LA PALESTINA ANTIGUA Y MODEKNA
se demuestra la estimación que en el Oriente se hace de los
judíos.
Otro caso vamos á citar, menos curioso pero no menos
elocuente que el anterior. Hay en jerusalén una calle que
pasa por delante del Santo Sepulcro, y en la que no pueden
entrar los judíos, so pena de morir á manos del primer mu-
sulmán ó cristiano que en ella los encuentre; de modo que
hay muchos judíos, nacidos y criados en Jerusalén, que Ue-
í(an á viejos sin haber atravesado dicha calle. No hace mu-
cho tiempo Ugí^ó una pereíjrinación de rusos, que, sej^ún la
costumbre común entre los cristianos, tuvieron el gusto de
quedarse orando toda la noche en el Santo Sepulcro. Du-
rante ella, los armenios cismáticos prendieron fuego á su
convento de la iglesia de la Resurrección, con el tin de que
el Sultán de Constantinopla les permitiese edificar otro me-
jor, pues el que poseían entonces era inhabitable, y no hay
forma de obtener autorizaciones como la que ellos solicita-
ban, á no ser apelando al procedimiento brutal que emplea-
ron. Al comenzar el incendio, la iglesia estaba cerrada y las
llaves en poder de los moros, que son los guardianes del
Santo Sepulcro. En medio de una espantosa confusión for-
zaron los rusos la puerta, rompiendo la cerradura; pero,
avisado de lo que ocurría el Gobernador ó Pacha, dispuso
que bajase la tropa de los cuarteles para poner orden y arre-
glar la puerta, pues la menor alteración que haya en dicha
iglesia puede producir un conflicto europeo. El primer me-
nestral que encontraron los moros al amanecer fué un judío, '
á quien obligaron á bajar al Santo Sepulcro con los in.stru-
mentos de su oficio, y que, al poner la escalera y subir por
ella para clavar el cerrojo, notando quizá que algún moro ó
cristiano le hacía alguna señal poco caritativa, se sintió tan
sobrecogido de espanto que no pudo continuar su tarea, y
fué preciso sacarle escoltado fuera de la calle entredicha
para los de su raza. Calcule é infiera de aquí el lector las
congojas, los sufrimientos continuos que tienen que devorar
los israelitas modernos establecidos en los países semíticos,
á diferencia de los judíos europeos, arbitros de la política y
dioses de la plutocracia internacional.
LA PALESTINA ANTIGUA Y MODERNA 283
Cuando por primera vez contempla el viajero la allictiva
situación de los judíos en la Palestina , comienza por com-
padecerlos; pero, á medida que los va tratando, concluye
por abominar de ellos al conocer por experiencia su depra-
vada índole moral, sus torpes hipocresías y su odio ingénito
contra el nombre y las personas de los cristianos.
El tipo físico del hebreo de la Palestina es repulsivo y
miserable, de cara escuálida, en que apenas se ve rastro de
barba, y sí sólo unas trenzas de pelo al lado de las orejas.
Visten de muy diversas maneras, aunque por lo general lle-
van pantalón, y encima una túnica de color que llega hasta
las rodillas, ceñida á la cintura con una faja. Las mujeres
son bastante agraciadas en su juventud , pero no tardan en
perder todos sus encantos, que tampoco cuidan de suplir con
los de la indumentaria. Si en las ciudades musulmanas es
peligroso para un cristiano andar de noche por las calles, lo
es mucho más para los hebreos , los cuales , al ponerse el sol,
se retiran apresuradamente á sus casas. Viven los judíos or-
dinariamente en barrios aislados, y son tales el desaseo y la
fetidez de sus viviendas, que casi no se comprende cómo no
mueren asfixiados. Se acuerdan mucho de España, á la que
tienen por su segunda patria; y al hablar de Isabel la Cató-
lica, dicen de ella que, por haberlos expulsado, arruinó para
siempre á la nación: criterio á la verdad equivocado, pero
que no debe causarnos extrañeza, cuando ha habido y hay
tantos españoles incapaces de apreciar la bienhechora y
transcendental influencia de aquella medida, necesaria de
todo punto para realizar el grandioso pensamiento de la
unidad catóénez (fol. 54-55 v.)
Obras de bajos, de tono 8."^, Jiménez, dos
vajos (fol. 7H-S0.)
Comienzan obras de todo Juego (3), Bata-
lla (4), de 6." tono, Jiménez (fol. «1-83 v.)
Batalla, de 6." tono, Jiménez (fol. 84-&5 v.)
Obra de 1." tono, de lleno, Jiménez (fol. 85 v.-87.)
Obra de lleno, l.° to7io, Jiménez, sin paso. (fol. 87 v.-89 v.)
Henos aquí, sin más datos que las composiciones arriba
(1) Obra citada, pág. 246.
(2) Diccionario... de efemérides. Catálogo, pág. 45.
(3) Esta indicación se refiere al orden con que están coleccionadas
en el manuscrito las obras orgánicas.
(4) El título de Batalla tiene su origen en los toques militares que
se encuentran en esta y la siguiente pieza.
292 LN MANU.SCKUO D£ MLSICA DHL AKCHIVO DEL ESCORIAL
enumeradas y un apellido muy común, frente á un organis-
ta notabilísimo.
Seis Jinieiies hemos podido encontrar en las biografías
y libros relacionados con la historia musical española: Xi-
menez de Oñate, organista del Emperador Carlos V (1);
Diego Jiménez, maestro de capilla en la Catedral de Cór-
doba {'2); José Juan Jiménez, de Antequera, que falleció
en 1572 (3); Juan Jiménez, natural de Albacete (,4); Francis-
co Jiménez, maestro en la catedral de Albarracín (5); y Xi-
menes de Luna, maestro en Santo Domingo de la Calzada,
opositor al magisterio de la Seo de Zaragoza en \(y^ó (0). Po-
dríase rastrear, por alguna composición perteneciente Á es-
tos maestros, cuál de ellos era, atendiendo A la semejanza
de estilo, el autor que buscamos; pero no tenemos á la mano
otra guía que las piezas conservadas en nuestro manuscrito.
Desde luego son importantísimos, y arrojan mucha luz en
esta materia, el acendrado clasicismo y la maravillosa sol-
tura que resaltan como caracteres principales de Jiménez:
tiene, es verdad, dejos de anteriores tiempos, y fórmulas me-
lódicas pertenecientes á la segunda mitad del siglo xvi; pero
(1) Pedrell: His/yaitt'u- scho/d miisíca sacni...—Vo\. iii, pág. 1."
(2) Saldoni: Dicciopiario... de eftnyiérides de niúí^icos españoles.
Tomo IV, pág. 14^.— jiMitNEZ, D. Diego: escribió á fines del siglo xvi
un libro nominado Lexicón Ecclesiástico: fué maestro de la Catedral
de Córdoba desde Octubre de l.'íól hasta fin de junio de ir)63, en que
murió. Jiménez fué en dicho magisterio el sucesor del célebre Ce-
ballos.
(i) Saldoni: Jhñíein.pi'íir. 150.— "Jiménez (Ximenez), U. José Juan:
natural de Antcquera. Estuvo en Roma á principios del siglo xvi, ha-
biendo pasado posteriormente íl Ñapóles, en donde se estableció, y
talleció por los años de 1572. Era reputado como uno de los m.1s céle-
bres organistas de su tiempo.-
^4) Saldoni: /0¿de»i.—Tomo ni, pág. 252.— "Día 11 (Octubre) 1()77.
Nace en Albacete el celebrado organista D. Juan Jiménez. „
(5) Saldoni: /hidem. — Tomo iv, pág. 150. — "Jiménez ó Ximénez,
presbítero, D. Francisco: el día 3 de Febrero de 1742 tomó posesión
del magisterio de la catedral de Albarracín, y en 174^ se trasladó á
un pueblo de Extremadura. Su antecesor en dicho magisterio fué el
presbítero D. Matías Antonio Díaz, y su sucesor D. José Marco, pres-
bítero.
(6) Pedrell: Dicciotiario biográjico y üiOUogyuJici) ae ninsicoí- t.s-
paíiol es. — Tomo i, págs. 20 y 152.
UN MANUSCRITO DE MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORIAL 293
ia elegancia y galanura de los giros, la gracia y corrección
de los períodos, le separan á bastante distancia de Cabezón,
Santa María y Bermudo.
Dos períodos abraza la época clásica de nuestros orga-
nistas; en ambos se distinguen, como propiedades esencia-
les, la pureza de forma y el dominio completo del contra-
punto, existiendo, sin embargo, notables diferencias entre
las manifestaciones de uno y otro período. En el primero se
establece el fundamento de una escuela orgánica bien auto-
rizada; en el segundo, sin desviarse del camino trazado, se
adelanta notablemente, hasta casi tocar la meta de su per-
fección, y los compositores aportan ricos y variados elemen-
tos al arte. Las obras del Padre Santa María y Cabezón dan
la más cabal idea acerca del carácter general que presenta
e! arte orgánico durante aquel período. El principio, estric-
tamente observado, de hacer cantar con solfa graciosa y de
buena entonación á cada voz en particular (1), se oponía
á que brillara en las combinaciones harmónicas de la com-
posición una melodía principal, y se distinguiera una idea,
y resaltara finalmente en un plan determinado la unidad de
sentimiento entre la variedad de la forma. Ese cantar con
gracia cada una de las voces (el desidcratmn , el colmo de
la perfección para los compositores de entonces); ese exceso
de melodía, la destruye por completo, convirtiendo la pieza
en un vaivén incesante de cantos que se atrepellan, de ideas
que se confunden, donde nada se entiende ni distingue con
claridad, y donde, en tin, no hay más reposo que la última
cadencia, única perceptible. De aquí nace la falta de tino
para supeditar á una melodía principal todas las demás par-
tes harmónicas, poca libertad para hacer cantar á una sola
(1) Fray Tomás de Santa María: Libro llamado \ Arte de tañer
Fantasía, assi para Tecla \ como para Vihuela, y todo instrumento
en que se pudiese \ tañer d tres, y á quatro voses, y á mas... Com-
puesto por el muy Reuerendo padre Fray Tliomas de Saitcta \ Maria,
de la Orden de Predicadores... V'alladolid, 1565. — (Segunda parte
Del Jnodo de tañer á concierto...) "Assi mesmo para que la música
sea mas perfecta, es necesario que cada voz en particular, lleve sol-
fa graciosa y de buena entonación . y con este aviso se tenga gran
cuenta, por ser cosa muy esencial et importante.^ (Folio 63.)
2^)4 r.N MANUSCRITO DE MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORIAL
VOZ, y la obscuridad expresiva de todas las composiciones
de aquella época, cumpliéndose mejor que nunca el axioma:
Liis más luz obscuridad.
Causante de esta confusión melódica era, por parte de
los compositores, la preferencia de la música que ellos W^-
m?ih?íntrauada sobre la suelta (1): aquélla consistía en no
dejar terminar un motivo ó paso á las voces sin haberse
iniciado otro diverso, yendo así enlazados, en interminable
cadena , pasos y motivos, hasta que el autor quisiera darles
remate; en ésta, la idea melódica se iba desarrollando sen-
cillamente, con sus pausas y cadencias naturales, sin otro
artificioso acompañamiento que fáciles contrapuntos, gene-
ralmente á dúo, donde nada hay que tienda A obscurecer la
melodía ni se oponfja i1 su desenvolvimiento; y claro es que
en los principios del arte musical polifónico, como en los de
todas las demás artes, cuando á cada paso se tropieza con
los innumerables obstáculos que los medios materiales de
expresión ofrecen, y la atención se fija casi exclusivamente
en la labor mecánica, había de ser más del fausto de los com-
positores el primer «íénero de música, donde se aquilataba
el arte de combinar sonidos, y se requería muy sinirular co-
nocimiento de la ciencia , no poco complicada , de componer.
Por otra parte, el empeño í^randísimo de ajustarse á todos
los cánones contrapuntísticos, descuidando por completo lo
que constituye el alma y vida de las artes, contribuía á au-
mentar esta obscuridad , no dejando percibir en las compo-
siciones otra cosa que un conjunto de notas hábilmente dis-
tribuidas entre las voces, de cuya combinación resultaban,
es verdad, muy aj^radables consonancias, pero que, vacías
de sentido y faltas de inspiración, concluyen por hacer pe-
sado y monótono aquel harmonios© concierto.
Nada rebajan, sin embarg^o, estos defectos, comunes á
todas las manifestaciones del arte musical en el siglo xvi, el
mérito inapreciable de sus compositores: sobre toda imper-
(1) En la Segunda parte del Arte de tañer fantasía, úe\ ya citado y
célebre organista dominico, es frecuentísimo aducir, como última y
suprema razón para adoptar determinado género de música , que ésta
(la preferida) es tnúsica trauadn, y aquélla suelta y adouacia.
II\ MANUSCRITO PE MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORIAL 295
fección, descuella el noble título de padres y fundadores de
la música polifónica; y la historia, al colmarles de elogios,
no traspasa los límites de la más estricta imparcialidad.
Por lo que toca al segundo período, es muy notable el
empuje que en él recibe el arte orgánico: sin desviarse del
camino trazado por sus antecesores y maestros del siglo xvi,
los organistas avanzan á pasos agigantados hacia la perfec-
ción: no es ya el buen trabajo su único cuidado; la expre-
sión entra por mucho dentro de sus planes, procuran dar
más claridad y transparencia á las ideas, y es, sobre todo,
digno de notarse el empefio de hacer más elegantes y va-
riados los diseños melódicos. Desde luego empieza á des-
aparecer la confusión del primer período; á través de los
enmarañados contrapuntos se distinguen claramente glosas
y melodías sencillas, y entre la obscuridad ábrese paso, al
rtn, algún que otro rayo luminoso.
No es menor el adelanto respecto del mecanismo del ins-
trumento: las difíciles glosas intercaladas en el discurso de
la composición, y otras mil combinaciones rítmicas no poco
difíciles, requieren rara habilidad en el ejecutante, y destre-
za y maestría en el tañer, casi igual á la que hoy se exige de
un excelente organista. Además, comienzan á conocerse mu-
chos de los recursos que el órgano ofrece, y se buscan en sus
bellísimos efectos sonoros nuevos medios de dar gracia y va-
riedad á las composiciones. A pesar de tan notables diferen-
cias, no desmiente este segundo período su procedencia de
la escuela de Cabezón, apareciendo en el fondo idéntico al
primero: ambos tienen formasy procedimientos iguales; sólo
que el segundo descubre nuevos horizontes en el campo de
la melodía, y se distingue por su mayor elegancia y soltura.
Viniendo ahora al señalamiento de la época á que perte'
nece el autor de las citadas piezas, hemos de colocarle, en
vista de los clarísimos datos que aquéllas nos suministran,
entre los organistas del segundo período. Y en efecto; si
por la pureza de forma se aproxima Jiménez al siglo xvi, por
su desenvoltura, por la elegancia de los giros melódicos y
lo notablemente adelantado de su escuela orgánica , está
muy cercano y es algo posterior á Aguilera. Entre éste y
2% LN MAXISCKITO OK MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORIAL
Jiménez existen mu}' visibles semejanzas: las Batallas de
Jiménez y la Ensalada de Aguilera son composiciones del
mismo í^énero, y cuyo carácter y forma indican igual época.
Podemos, pues, señalar en términos generales las fechas
entre que fluctúa la vida de Jiménez, diciendo: que nació
en los últimos años del siglo xvi ó primeros del x\ii, y que
compuso estas obras hacia la mitad del último.
Debemos excluir, pues, por razones de incompatibilidad
cronológica, á Ximénez de Oñate, Diego Jiménez, José
Juan Jiménez, Francisco Jiménez y aun Juan Jiménez. Del
único restante. X imenes de Luna, nada podemos aventurar:
por más que la humilde plaza de Santo Domingo de la Cal-
zada diga muy poco en su favor, los alientos para oponerse
al magisterio de la Seo de Zaragoza, á pesar de no haber
sido el agraciado en las famosas oposiciones de \(^3(^, supo-
nen mucho.
Escasos y sumamente incompletos son estos datos, y
de carácter negativo, pero no deben despreciarse, ya que
abren camino á más fructuosas investigaciones, y pueden,
con otros que se adquieran, dar los más lisonjeros resulta-
dos. ¡ Cuántos volúmenes como el que hoy nos ocupa existen
en las Bibliotecas y Archivos! En ellos, á no dudarlo, habrá
composiciones de Jiménez, y quizá, en las portadas y enca-
bezamientos, una fecha, una brevísima apuntación biográ-
fica, serán suficientes para averiguar quién fué este desco-
nocido y excelente organista.
Con lo dicho anteriormente, no hace falta detenernos en
el examen de sus obras. Los panf^e lins^ita, los versos de
sexto tono, las Batallas, que son todo un poemita. al decir
de un ilustre artista contemporáneo: todas estas piezas,
siempre correctas, de irreprochable factura, graciosas y
elegantes en cuanto cabe para su época, revelan en Jiménez
al consumado maestro é inspirado artista.
josEPH Jlmenez. Medio rejistro vajo de 6° tono. Jo-
sephjitfieuez (fol. 7072.)
Rejistro vajo d íres,Joseph Jivieuez. (fol. 74-7,^ v.)
La circunstancia singular de haberse encontrado dos pie-
zas encabezadas con igual apellido que las anteriores, pu-
U.V MANUSCRITO DE MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORIAL 2*^7
diera movernos á creer que se trataba de composiciones
debidas á un mismo autor; pero, bien considerado el caso,
parécenos más lógico deducir que la distinción de añadir el
nombre al apellido tiene por objeto señalar dos diferentes
autores, indicando al uno, el más conocido entonces, con
sólo el apellido, y al otro con ambas cosas á la vez. Mene
á dar más fuerza á este modo de pensar la poca ó ninguna
semejanza existente entre las obras de Jiménez y las de Jo-
seph Jiménez: las primeras, hijas de un contrapuntista admi-
rable, conocedor profundo de todos los recursos del órgano,
de exquisito gusto, que se revela aun en aquellas donde dan
lastimosas caídas muy distinguidos compositores, como son
las escritas para determinado registro, v. gr. , para bajo,
tiple, etc., nos descubren á un gran artista; al paso que las
segundas, muy apreciables con relación á la época en que se
escribieron, tienen rasgos de poquísimo gusto, y una mono-
tonía y pesadez insufribles.
Por todas las señas que nos dan estas dos composiciones,
Joseph Jiménez es contemporáneo de Pablo Bruna, y per-
tenece, como él, á la época decadente del arte orgánico. Bien
estudiadas, no tienen estas piezas más de bueno que el
principio. Por lo demás, con referencia á la persona de Jo-
seph Jiménez, nos encontramos tan á obscuras como res-
pecto del anterior, sin poder hacer, por ahora, otra cosa
que esperat á que nuevos descubrimientos pongan en claro
este y otros puntos de nuestra historia musical.
fR. J_ÜIS yiLLALBA ,
O. S. A.
R FAUSTA Científica
|iro% ('('liHiiiii'iiti» iii«liiMf i'iul il«* la*> rHlHt*iila*« <lel \ÍR>
uiira. — Ha quedado parcialmente convertido en hecho el pro-
yecto colosal de utilización de las cataratas del Niágara, en
que la opinión venía ocupándose de bastantes años atrás. La primera
parte del proyecto consiste en la alimentación de las turbinas de 5.000
caballos, á cada una de las cuales corresponde un alternador difáceo
de i^ual potencia eléctrica. La totalidad del proyecto se extiende al
aprovechamiento de una tuerza de lióO.OOO caballos; pero en la fábrica
que ha empezado á funcionar sólo se ha preparado emplazamiento
para diez turbinas con sus correspondientes dinamos, iguales á las
dos que se hallan ya en servicio. Habrá, pues, disponible en esta fá-
brica una fuerza mecánica de ry).<H» caballos.
Ll aprovechamiento industrial del Niágara ofrece la circunstancia
de haberse efectuado con los elementos más poderosos de que dispo-
nen la Mecánica y la Electricidad actualmente. Mucho antes de ahora,
en 1725, instalóse á orillas del río una fábrica de aserrar, que utilizaba
para su fuerza una mínima parte de la energía colosal que el cauda-
loso río posee en su imponentísima cascada. Con varias tentativas, á
las que la aparición de la máquina de vapor y el progreso del mismo
pusieron provisionalmente término, transcurrieron los años hasta IH61,
sin que aquel aprovechamiento aumentara; pero desde este año em-
pieza verdaderamente la era industrial que beneficia la potencia ex-
traordinaria acumulada por la Naturaleza en el más formidable y
grandioso de los saltos. En efecto: por aquella fecha quedó construí-
do un canal de unos 1.400 metros de longitud , 11 de ancho y 2,40 de
profundidad, que derivaba del río una cantidad de agua considera-
ble. Esta agua, embalsada en un grande estanque abierto á 65 metros
de desnivel respecto del cauce inferior del río, (ii<ífrihui.T<;e entre di-
KEVJSrA CIENTÍFICA 299
ferentes fábricas que se fueron creando alrededor del copiosísimo
embalse. Por medio de pozos en cuyo fondo se hallaba el motor hi-
dráulico y de túneles para la descarga, el desnivel era aprovechado
y el agua volvía al Niágara, más allá de la catarata, después de ha-
ber tendido una potencia que en 1S.S5 llegó á representar más de lO.OOC»
caballos. Obsérvese que este procedimiento elemental, bastante im-
perfecto, pero de importancia relativa no escasa, que sirvió para la
primera captación importante de la fuerza viva del Niágara, es el
que se ha seguido ahora, salvo la magnitud y la perfección de las
obras realizadas y la novedad de loselemf-ntos industriales que para
tan grande empresa se han creado.
Así se hallaban las cosas cuando el ingeniero Kvershed concibió
el vastísimo proyecto que en su primera etapa ya ha tenido feliz
cumplimiento. El autor del proyecto preocupóse ante todo de pre-
servar las espléndidas cataratas del vandalismo industrial , harto
indiferente á las magnificencias con que brinda allí la Naturaleza á
la mirada atónita del hombre. Itl plan con que tan culto propósito se
concibió, consistía en sangrar el río dos kilómetros más arriba de
las cataratas y en punto invisible á las miradas de los que acuden A
contemplar el espectáculo grandioso y único que aquéllas presentan.
Tras de vicisitudes propias de toda empresa de tamaña magnitud,
al cabo el proyecto germinó y halló en el Estado y en el capital los
cooperadores que necesita. Tales vicisitudes, menores desde luego
que las que hubiera e.xperimentado el pensamiento en Europa, im-
portan poco á nuestro relato. La obra tuvo su principio en 1889, con
la constitución definitiva de la Compañía que se propuso realizarla.
Veamos en qué consiste dicha obra.
El proyecto primitivo de Mr. Evershed recibió algunas modifica-
ciones. El que se adoptó definitivamente y se ha realizado en una de
sus partes principales consiste en la abertura de un canal de deri-
vación del Niágara , de unos .t'X) metros de longitud, y que, como acá-
bamos de decir, arranca de la orilla del río, dos kilómetros antes
del colosal despeñamiento de éste en estruendosa é imponentísima
cascada.
El ancho del canal en su origen es de 75 metros, y su profundidad
de 3,60, habiéndose calculado su caudal para alimentar una fuerza
conjunta de ÓO.'XX) caballos, cuya primera transformación correspon-
de á las diez turbinas de eje vertical de que ya hemos hecho mérito.
Estas turbinas se establecen en el fondo de sus respectivos pozos, á
la profundidad de 4.^ metros, y reciben el agua canalizada por enor-
mes tubos de hierro de igual longitud. La potencia que estas turbi-
nas desarrollan se transfiere á la superficie superior al plano de la
fábrica por medio de robustísimos árboles tubulares que comunican
el movimiento al respectivo alternador difáceo, con el que se obra
la segunda transformación, la de la energía mecánica en energía
300 REVISTA CIENTÍFICA
eléctrica. Estos alternadores giran A la velocidad de 2ó0 vueltas por
minuto.
El agua, al salir de las turbinas, penetra en un túnel "de 2.100 me-
tros de longitud y de suave pendiente que la descarga en el cauce
interior del río, al pie mismo del famoso puente colgante que pone
en comunicación la orilla americana y la canadense, y en el que sue-
len situarse pretereniemente los viajeros para contemplar en toda
la extensión de su salvaje grandeza el panorama incomparable de
las cascadas. La primera turbina y su alternador giraron por pri-
mera vez en l.^de Julio pasado, no habiendo empezado un servi-
cio regular de distribución de la energía hasta fines de Agosto si-
guiente.
Aunque la tendencia hacia todo lo grande, que es la característica
del industrialismo yankee, no dejan\ de dar gran empuje A las explo-
taciones industriales que constituirán la futura ciudad del Niágara,
es lo cierto que no basta un corto espacio de tiempo, aunque por tal
se tenga algunos años, para dar industrial empleo il la totalidad de
una fuerza tan considerable como la de óO.oOO caballos, que, como
repetidamente hemos dicho, será la de que se disponga cuando es-
tén emplazadas las diez turbinas. En previsión de que huelgue buena
parte de esa energía, la propia Empresa del Niágara se dispone á
fomentar las explotaciones de carácter industrial, á cuyo efecto se
ha hecho propietaria de grandes extensiones de terreno, aparte de
que la adopción de los procedimientos eléctricos para utilizar, trans-
formada, la fuerza colosal que de las diez turbinas obtendrá, le permi-
tirán transportarla á distancias considerables. Todo se halla, pues,
previsto para que no se esterilicen los enormes sacrificios que la Em-
presa se ha impuesto, habiendo sido en realidad la designación pre-
via de sistema el punto que más preocupó á los directores del nego-
cio, y en cuya elección mejor han acreditado su gran tino. Pudieron
en efecto, elegir entre las transmisiones de la energía mecánica utili-
zada por las turbinas el sistema de cables teledinámicos, el agua mis-
ma á la alta presión, ó bien el aire comprimido. Ninguna de estas for-
mas reunía tanto alcance y elasticidad como la transmisión por medio
de la corriente eléctrica, y éste fué en definitiva el sistema que preva-
leció cuando en l.s91 hubo que resolver asunto tan arduo, del que de-
pendía en gran parte el porvenir de la Empresa. Merced á esta elec-
ción, la energía substraída á las cataratas se podrá utilizar al pie de
las mismas en la ciudad industrial que vertiginosamente allí se edi-
fica, ose podrá eventualmente enviar hasta Búfalo, y si fuere me-
nester hasta Chicago, porque ya técnicamente no se opone á seme-
jante transporte ninguna de las limitaciones que todavía no hace mu-
chos aflos hubieran hecho conceptuarlo imposible.
Adoptado en su oportuna sazón tal criterio, concediéronse las pre-
ferencias al sistema de distribución por corrientes alternativas que
REVISTA CIENTÍFICA 301
propuso una Compañía norteamericana, la de Wesiinijhouse, á la
cual encomendóse la construcción del material eléctrico.
Consignados estos preliminares, vengamos á la descripción de la
parte eléctrica del aprovechamiento del Niágara.
Cada turbina ha de mover un alternador de corrientes bifáceas de
la potencia de 5.<>W caballos, cuyo alternador está montado sobre el
propio eje de la turbina y al extremo superior del mismo. La veloci-
dad angular normal del alternador es la misma velocidad de la tur-
bina, es decir, 27)0 revoluciones por minuto, y con ella se obtendrá en
.:ada uno de los dos circuitos del alternador una diferencia de poten-
cial útil de 'J.O<X) volts. Cuando las necesidades de la explotación lo
requieran, podrán en totalidad, ó parcialmente, agruparse en para-
lela los alternadores, para lo cual se ha instalado un inmenso cuadro
de distribución, desde el cual puede regularse la oscilación de cada
alternador, intercalar ó sacar cada uno de ellos del circuito, y efec-
tuar, por último, el acoplamiento. La frecuencia de los alternadores
eligióse deliberadamente bastante baja: 25 periodos por segundo.
Fuera de la casa de máquinas, enfrente de ella y la opuesta orilla del
canal, hállase un segundo ediHcio que contiene los transformadores.
Une á entrambos edilicios un puente que conduce á la casa de trans-
formadores los cables primarios procedentes de la Poxver-Honse. Es-
tos cables, lo mismo que los de distribución dentro de una zona de
cinco kilómetros de radio, tienen forro de plomo para poder ser en-
terrados.
Dentro de esta zona, la comente se dará sin transformación. Para
mayores distancias, ya el potencial se elevará á 10.<X)0 volts, y si es
menester á "2.^.<»00, cuya transformación inicial se efectuará en el edi-
ficio de que hemos hecho mérito. Cuando por razón de distancia ha-
yan de producirse esos elevadísimos potenciales, someteráse la co-
rriente á una segunda transformación al penetrar en casa del cliente,
que tendrá por objeto reducir el potencial diferentemente para cada
caso, según la naturaleza de la aplicación á que se destine la co-
rriente.
\ iniendo ahora á la descripción particular del tipo del alternador
construido, basta considerar la enormidad verdaderamente inusitada
de su fuerza para imaginarse lo extraordinario de sus dimensiones.
La altura que tiene es, en efecto, de unos 3,50 metros, y su base ó zó-
calo alcanza un diámetro de 4,20 metros. El peso total es de 77 tone-
ladas. En estos generadores bifáceos el inducido es fijo, y el inductor
constituve el órgano móvil. Esta parte móvil, compuesta del árbol, de
un casquete esférico que soporta el inductor propiamente dicho, la
corona de electro-imanes de que éste se forma , las piezas polares, los
anillos colectores, etc., pesa 31 toneladas. El diámetro exterior de esa
corona es de 3,50 metros, lo que supone una velocidad tangencial
de 46 metros por segundo.
302 REVISTA CIENTÍFICA
Esa corona lorma la armazón de los inductores: es de acero, obte
nida de un lingote de 60 toneladas, por medio de la prensa hidráu-
lica. En la cara interior hállanse los electro-imanes en número de 12,
y el devanado de estos electrodos lórmanle barras de cobre de sec-
ción recianj^ular. Todo en estos alternadores es colosal, desusado; y
como, dado el peso y la velocidad que el sistema inductor tiene, el
menor desequilibrio podría oria^inar vibraciones peliiírosas, ha ha-
bido necesidad de poner esmero especialísimo durante la construc-
ción para obtener un equilibrio en el conjunto de sus pesadas piezas,
indispensable para preservar de jjravísimos accidentes la máquina y
la misma instalación. Kl encrase del eje efectúase mediante una cir-
culación de aceite á alta presión, y para el enfriamiento de los coji-
netes existe otra de agua.
Kl inducido es lijo en esta máquina , como suelen serlo en los ge-
neradores alternativos, principalmente cuando tienen mucha poten-
cia. El núcleo magnético de este inducido fórmanle hojas delgadas
de hierro superpuestas, cuyo haz descansa en la base de la máquina,
alrededor de un núcleo central recibido de fundición con el zócalo
mismo. Después de prensadas y sujetas esas hojas por tornillos, for-
man seis coronas, separadas t;ntre si por espacios de aire, que ase-
guran la ventilación. Los conductores de cobre que corresponden al
devanado del inducido alójanse en cajas ó muescas de sección rec-
tangular y abiertas, en número de 187, alrededor de las seis coronas.
Este devanado es doble, es decir, constituye los circuitos. Para em-
palmar los extremos de los conductores de cobre hay roblones del
propio metal , sin perjuicio de la soldadura practicada por vía eléc-
trica.
Todas estas precauciones obedecen á la necesidad de disminuir
la resistencia interior del inducido. Cuanto al aislamiento de los con-
ductores que le forman, obtiénese por interposición de hojas de mica,
siendo tan eficaz que resiste al ensayo, efectuando en cada conduc-
tor con una corriente á l.'i.OOO volts, lo que equivale á un coeficiente
de seguridad muy elevado, porque, efectivamente, el alternador sólo
tendrá en trabajo, como diferencia de potencial máxima, 2.4CX) volts-
La excitación de los alternadores exige, como es sabido, una co-
rriente continua. Pues bien: ésta se obtiene por transformación de la
alternativa producida por los mismos generadores en transformado-
res rotatorios, cuyo manejo se hace cómodamente desde el gran cua-
dro de distribución.
Tales son, muy compendiadas, las grandes líneas de la instala-
ción hecha á orillas del Niágara, con la que se realiza el más vasto
y transcendental proyecto de utilización y transformación de la ener-
gía hidráulica que se ha concebido hasta el presente.
^^^^ ,,^«^^^j^__,9-.-.Q^,-,9^^^^^^^^ ,_^9^^^^9,,^.,^>^^il;
•i^ K^>^^-J0^2^^^i¿-^ií^,$$^^^
Rfa'ista Canónica
ualidad de la Misa que 8e celebra en las capillas ú oratorios. —
Kl Hmmo. y Kmo. Sr. Cardenal Cristiano Ernesto Bousset,
Obispo de Kodez , ha suplicado A la Sa^írada Cono retíación
de Rüos la solución de la siguiente duda:
L'triim posí Dccretituí gentrdíe Uie 9 Decembris 1S95 edilitvi
DE MissA co.N'iOR.Mi Officio Ecclesi.« vel Oratoru fublici, Calenda-
rio loci , un vero celebranti^ responderé debeant Misic ,qHa' celebran-
tur in Capcllis Episcoporum, Scniinarioritni ,Colles:iorum. Fiarinn
Commnniíntuntj Hospitaliían, et Caneritni.^
Á lo cual ha contestado la misma Sagrada Congregación , después
de vista la sentencia de la Comisión Litúrgica, y previo diligente
examen: Dumnnuio ngatttr de Capellu principali , qute instar Ora-
torii pitblici ad cffectnni memorati Decreti habenda est , Af firma-
tive ad I.""!, Negative ad II. "«^
Atque ita rescripsit . die 22 Maii 1896.— Caj. Card. Aloisi-Mase-
II a . S. R. C. Pnef.—A. Tripepi, S. C. R. Secretarins.
Coronas fúnebres.— El Kmo. Sr. Tobías Patroni, Obispo de Val-
va y Solmona, temiendo que, con capa de piedad hacia los difuntos,
se perjudicase el decoro debido á la Casa de Dios, ha suplicado á la
Sagrada Congregación de Ritos la solución de la siguiente duda :
An deceat in parietibus Ecclesiie vel pnblici Oratorii suspendere
coronas mortuorias ttt inibi inaneant?
304 REVISTA CANÓNICA
La Sagrada Congregación, visto el voto de la Comisión Litúrgi-
ca, y pensado con detención el asunto, respondió: Xcgiitiir.
Atqiie ita yescripsit , die 22 Maii 1896.— C. A.J. Carci. Aloisi-Ma
sella , S. R. C. Pnef.—A. Tripepi , S. R. C Secreíarius.
Privilegio para decir la Misa votiva de San Antonio de Padua.—
Ciim íid Ecclesiam sub nomine siimíi Antonii de Padua, Carnobio
ndnexain Ordinis Minortiin S. Francisci de Obscrvantia , sitam in
loco vulgo Brive nuncnpato . in (,allia, Sacerdotes et fideles fre-
quenter accederé soleant , pite pere¡^rinaíionis cansa , eittndeni sane-
tuin Con/essoreni ibident veneratnri ; Iwrunt votis satisjactnrns ip-
sius Cwnobii Cusios, Sanctissimum Doniinum Nostrunt Leoneni^
Papaní XIII , stiplex rogavit ut cuilibet Sacerdoli i/ui qualibet vice
illuc peregrinationem facit , Missain vtttivant de eodeni sancto Ati-
tonto in pr(€/aía Ecclesia liceat celebrare. .Sanclitas porro Sua , re-
ferente me infrascripto , Sacne Ritnum Congregationis Pnefecto,
atiento cnminendationisnf/icio Rmi. í'atris Procuratoris (7cneralis
Onlinis Mi nerum , precibus bcnigne annuere di guata est ; dummo-
do non occurrat Dúplex prinve vel secunda' clussis Fesíuin de prw-
cepto servandum, necnon Feria, Vigilia vel Octava, qutc sit ex pri-
vilegiatis , scrvatis Ruhricis. Contrariis non obstantibus quibus-
cumque.
Die 4 Maii 1696.— C. A. J. Card. Aloisi-Masetla , Pru/.—Aloisius
Tripepi, S. C. R. Secreíarius.
Varias consultas elevadas á la Sagrada Congregación.— Desean-
do los Rdos. Canónigos de la iglesia principal de Pisa que el Clero
de dicha iglesia se conformase en la celebración de las funciones
sagradas con las prescripciones de las rúbricas y decretos, propu-
sieron A la Congregación de Sagrados Ritos las siguientes dudas:
I. Ad confessionem Clerus in Choro getiua flectit , prtcter Prícsu-
les et Canónicos, qui , quamvis non sint parati , confessionem fa-
ciunt, bini et bini stantes ; quod etiatn a Rmo. Capitula statututn
est, qu<eriíur, an ¡uec praxis sit conformis pnescriptionibus litur-
gicis?
II. /;/ processionibus Clero semper pneceditur a cruce liastata
cum duohits acolytis gesíantibus candelabra ; qu<critur, an idem
servandum sit in processionibus , qute in Ecclesia Priutatiali Pisa-
najiunt Sabbatis quadragesimce pnst Completorium, et Dominicis
á Paschate ad Ascensionem post Tertiatn?
III. An sustineri queat consuctudo ,\qua Capellanus hebdoma-
REVISTA CANÓNICA 305
(iariiís celebrans, et pluvialistie, qui cittn eo icnuní corpus efficiuiit ,
in processionibiis incedant ante Canónicos ?
IV. Utruní servari possit praxis j qna Sacerdos, pluviali indutiis,
ad janiíiun Ecc/esiw Clenim processionaliter ingredientem excipiat
et aqtiu liistyali dspeygaí.^
\'. An continiiari possit in Arcliidiucesi Pisanu usiis rocheti,
loro siipeipellict'i in adniinistiuiíione Sucranwníoyuni.^
La Sagrada Congregación de Ritos, visto el voto emitido por los
Maestros de ceremonias apostólicas, atendiendo también á las cos-
tumbres especiales de la diócesis pisana, en conformidad con las
prescripciones litúrgicas, resolvió del siguiente modo:
Ad I tV II. A ÍJir mutile.
Ad ÍII. Xegati'iC , et ( elehrantetn pítiatiini cnni dssisteníihus
prrecedentia frui deberé.
Ad W . Consuetudo proposita servari potest , dummodo Sacerdos
aqttain benedictatn per aspersionem det cttncto Clero , non exceptis
Ciinonicis, celebranti vero per contactum , et pluviali non utatur
juxta decretntn in una Tanrin. Pra inin<*tititirnni , diei 12 Septeni-
bris lóO^f, SS, 3530, ad I.
Ad V. Curet Rtnus. An/iiep. nt siiperpellicei iisitsintnxincatnr,
Jitxta Rit líale Roinunnin.
Atqiie ita rescripsit die 22 Jimii 1S95.—C. A.J. Aloisiiis-Mase-
lia, S. R. C. Prief.—A. Tripepi, S. C. R. Secretarins.
Sobre la octava de las fiestas.— Algunos Maestros de sagradas
ceremonias, que tienen íi su cargo la disposición ó dirección de los
Calendarios particulares, acudieron á la Sagrada Congregación de
Ritos en demanda de solución para la siguiente duda:
I. An di es injra Octavam Festi primarii vcl "iecundarii cedant
semiduplici occnrrenti.'
II. Utriini di es Octava sequatur rationeni sui Festi primarii vel
secundara?
Resp. Ad I. Dies infra Octavam qiuuncumque tanquatn secun-
darios habendos esse , et cederé cuiqumquc semiduplici ocurrenti.
Ad II. Afjirmative, nempe: Diem Octavam esse primar iam vel
secundariam, prouti Festum, ad quod illa pertinet, primar ium vel
secundarium est.
Atque ita rescripsit, die 21 Februarii 1S96. — Caj. Card. Aloisi-
Masella, S. R. C. Pnef. — L. f 5. — Aloissius Tripepi, Secretarins.
20
306 REVISTA CANÓNICA
Docroto general acerca del Aniversario de la Dedicación de la
Igleaisi.— A d omnes in po^teruvi controiersius circa Anuiversarittw
dedicaliofiis Eccleí^iw petiitus evellendas , S. R. Cong. Cotniliis pro
nova Collectiouf aitthcntica Decrctonim evti/gandn , subsii^nata
die, ad Vaticatiittii habitis, staíiiit nc declarnvil : i. Dedicatiotietn
Ecclesiif , í'jnsgue proiiide A universa rinnt essc festniti Dotnini.
II. Hinc Ecclesiapropriu Anuivi'rsariumjitxí a Rubricas solcuinius
el pri)nntii()ii. aliis t/nibiiSdtnK/ue loconim feslis, ctiam Patroni
et Titularis, essc per se prteferendutti. tain in occnrsn (¡uain iu con-
cursn: permitli nihilotninns. tit Faíroni fcstum, ciijuscttmque sit
persunalis diii>iiíatis, rationc ferial ionis prtidiclo Itniiversario
pruferalur. III. . Inuiíersarintn vero Dcdicalionis Hcclcsia- non pro-
priti , uti secundaritint liabcndiim esse, el si ciim aliis (¡nihnscumqtie
feslis occnrrat vel concurral . servandas essc Rubricas el Decre-
linn (¡ener. snpcr primariis el secimdariis feslis. \\ . Ejiísdeni
auleni Dediattionis Ecclesiw si ve propriu sive non propriu Atini-
versario occnrrente vcl concurrcnlc cunt feslis solemnioribus ¡mi-
versal i s Ecclesiu-, huc seniper illi pruvalere. personati elianí dii^ni-
tale poslhabila, jnxla Ruhritas. \ . Quamvis fixa essc dchcal illa
dies anniversaria Dcdicalintiis Ecctesiit , (¡me infra atinunt a con-
secraljonc recnrril ; nihilotninus Episcopo Ecclesiam consecranli
fus in/iwrcre. Jnxla Decrela alias cdila, aliam dictnjixatn, vcl elianí
Dontinicatn. linnimodn in consecratinnis actu , selif¡cndi . pro illins
Anniversario (/nolannis sidcninins celebrando: excepiis dnplicibus
prinne ct secundte classis nniversalis Ecclesiw, necnon quihnscmn
que /)ontinicis privilec^iatis, el duplicibns priniu classis Ecclesia-
runí parlirnlarinni.
Alqne Ha servar/ ntandav/l.—Die 4 Febrnarii lS96.—Cai. Card.
Aloisi Masella. S. R. C. Pncf.-L. fS.-A/oisius Tripepi. S. R. C.
Secrelarius.
^^^^^^
¡m
CRÓNICA GENERAL
EX'ri>í^\NJEKC>
o.MA.— lin los Con.sistoiios secreto y público, lijados ya por el
Romano Pontitict- para el '12 y '2u de éste, se veriñcará la pre-
conización de los Obispos destinados á las Sillas en la actua-
lidad vacantes, y el nombramiento de los seis nuevos Cardenales,
junto con la solemne imposición del capelo A los Príncipes de la Igle-
sia creados y proclamados anteriormente, y á aquellos de entre los
nuevos que puedan hallarse en Roma para ese tiempo. Con tal moti-
vo, Mons. Aglianeli, una vez cumplida su misión extraordinaria en
Moscou, ha vuelto fi N'iena para desde aquí dirigirse al Consistorio,
donde se le impondrá la púrpura cardenalicia y será públicamente
designado para ocupar la Sede Metropolitana de Ferrara, vacante
desde la muerte del Cardenal Mauri.
—También el Nuncio de París. Mons. Ferrata, cesará en su cargo
inmediatamente de haber recibido el birrete de manos del Presi-
dente de la República: pero en cuanto á los Nuncios de Madrid y
Lisboa, Monss. Cretoni y jacobini, aun después de nombrados Car-
denales, continuarán provisionalmente en sus puestos con el título
de Pronuncios, hasta que en otro Consistorio sean llamados á la so-
lemne imposición del capelo.
—Los Emmos. Prelados de \'alladolid y de Urgel han recibido or-
den de pasar á Roma, donde serán hospedados en el Colegio Espa-
ñol del Palacio Altemps y obsequiados con una recepción solemne
que nuestro Embajador dará en su obsequio.
—Se halla próxima á publicarse la Encíclica sobre la unidad de
308 CRÓNICA GENERAL
las Iglesias disidentes que el mismo Romano Pontiíice viene medi-
tando y componiendo hace algún tiempo: créese, dada la importan-
cia y gravedad del asunto, que será uno de los más doctos y elo-
cuentes documentos que han salido de la pluma de León Xlll.
— Correspondiendo -á las inicuas vejaciones de que la Santa Sede
viene siendo objeto por parte del Gobierno italiano, el Papa ha es-
crito y enviado al limperador de Etiopia una carta rogándole que
ponga en libertad á los dos mil prisioneros italianos cogidos en la
batalla de Adua y llevados á Scioa. El encargado de entregar á Me-
nelik la carta del anciano Pontiíice es Mons. Macario, X'icario apos-
tólico de los católicos del rito copto, el cual se encontraba hacía mu-
chos días en Roma. Antiguas relaciones han servido de base para
que ahora el Papa interceda cerca de Menelik en favor de los prisio-
neros, y permiten esperar que la gestión pontificia sea coronada por
el mejor éxito. Este nobilísimo acto de caridad apostólica y de ver-
dadero patriotismo ha producido en Roma y en Italia gran impre-
sión, pero impresión de amor y de recortocimiento en el ánimo de los
buenos, de estupor mezclado de envidia y hasta de rabia secreta
en el ánimo perverso de los radicales, anticlericales y francmaso-
nes. Da por cierto un periódico que el Rey Humberto habría queri-
do mandar un personaje de su corte al X'aticano para dar gracias á
Su Santidad por acto tan generoso; pero del N'aticano se hi/o enten-
der delicadamente al Quirinal que el Rey Humberto se contentase
con indicar al Papa esa gratitud. Es un hecho, que ahora por vez pri-
mera, desde 1870, se ha pronunciado dentro del recinto de la Cámara
italiana el nombre del Pontífice con veneración y respeto, expresan-
do en ella su reconocimiento á León Xlll el Gobierno, intérprete del
sentimiento público.
El Fanjulla declara que no debe me/.clarse la carta del Papa con
las discusiones políticas, para no turbar con consideraciones inopor-
tunas la excelente impresión que ha producido el acto generoso de
Su Santidad. ''Inclinémonos, dice, ante la caridad cristiana, esplén-
didamente manifestada por Aquel que es su más alta personificación.,.
El pueblo italiano ve con entera evidencia que el Papa, aunque re-
ducido á cautividad, y á pesar del encono de que es objeto, puede, por
la magnanimidad de su corazón y el supremo ascendiente de que goza,
prestar grandes servicios á Italia, y se pregunta cuáles no serían és-
tos, y cuántas ventajas no reportaría al país, si el Sumo Pontífice go-
zara de la soberana independencia que le compete. El Gobierno no
puede rechazar el beneficio, porque se trata de libertar dos mil des-
graciados jóvenes, hijos de Italia, oprimidos por la esclavitud de un
soberano semibárbaro. ¡Noble manera de vengarse de los enemigos!
*
« «
CRÓNICA GENERAL 309
Italia. —El hambre invade rápidamente la clase proletaria con
sintomas alarmantes, poniendo en verdadero aprieto á los grandes
propietarios, y en grave compromiso al Gobierno y sus delegados, á
quienes incumbe conjurar las perturbaciones del orden remediando
tanta miseria como impera en todas partes. Tristísima impresión
causa la lectura de las noticias procedentes de muchos puntos de Ita-
lia, entre ios que sobresalen estos días el territorio de Romana, don-
de la situación de las clases pobres es verdaderamente desesperada
por la falta de cosecha y los enormes tributos que pesan sobre la pro-
ducción. En San Angelo recorrió las calles por espacio de dos días
una multitud de mujeres y niños andrajosos clamando: "¡Pan! ¡Pan!
¡Tenemos hambre, que se nos dé un bocado de pan!..: después han
saqueado las panaderías, haciendo necesaria la intervención de fuer-
zas de la gendarmería, y produciéndose algunas colisiones, de las
cuales han resultado no pocos heridos, y muchos de los autores de
aquel atropello detenidos A disposición de la Autoridad, por el solo
crimen de verse obligados á buscar por fuerza el alimento necesario,
que el Gobierno y algunos monopolizadores del capital y de la ri-
queza se niegan con dura entrafia A prestar buenamente y en jus-
ticia.
V todavía hay en Italia, como en todas partes, gentes viles y
egoístas que explotan la miseria de muchos desgraciados, á quienes
la necesidad reduce A la obligación de recurrir A las agencias y casas
de préstamos sobre prendas pretorias ó empeños, que hoy viven aiitn-
ríjíiUas por la Administración, cometiéndose exacciones como la de
cobrar intereses que oscilan entre el 40 y el 6(J por 100 al año (1!). En
vista de situación tan precaria, parece que los Ministros de Hacienda
y de Agricultura, Industria y Comercio de Italia estudian un pro-
yecto de lej' para reprimir é impedir la usura, que ha llegado á ad-
quirir proporciones excepcionales en este reino. Las Cámaras de
Comercio italianas han informado en su casi totalidad en sentido fa-
vorable á una pronta y severa represión por parte del Gobierno, el
cual espera obtener en el Parlamento mayoría cuando se vote la ley
que prepara. No piensan , sin embargo, los Ministros poner el interés
conforme A una tasa legal, porque saben cuántos medios hay para
burlar la ley en las contrataciones privadas: sino que van á valerse
de otros procedimientos, entre los cuales figurará el de severas pena-
lidades contra los usureros cuando se demuestre que han ejercido su
reprobada industria. Mas ¿cuándo podrá comprobarse esto si falta
una tarifa? -;Cuál será el tipo del interés traspasado el cual, pueda
decirse que han infrigido la ley?
— Para que se vea el gran poderío y absoluta inlluencia que Cris-
pí y los suyos mantienen y ejercen en las Cámaras, baste decir que
el Ministerio Rudini debe su permanencia en el Gobierno, y el no
haberse visto obligado á ceder su puesto á otro tan malo ó peor que
310 CRÓ.NMCA GEXKKAL
él, á un acto excesivo de delicadeza, que se traduce por debilidad y
cobardía (sic). Pruébalo bien claramente lo sucedido en la Cámara,
donde el Gabinete Rudini-Ricotti, en una cuestión relativa á los fon-
dos secretos, que manejó con escasa moralidad la situación anterior,
quedó con la mayoría de tres votos, que se conceptúa verdadera mi-
noría, dadas las abstenciones de quince diputados presentes y la in-
clusión de los sufragios de todos los Ministros y los Subsecretarios en
la falange ministerial. El asunto, en primer término, no podía presen-
tarse más favorable al Gobierno, pues que en virtud de grandes es-
cándalos, denunciados al Parlamento, sobre haberse aplicado fondos
procedentes del capítulo de hospitales y de las necesidades peniten-
ciarias á engrosar la suma de los gastos secretos, destinados espe-
cialmente á la corrupción electoral y á prestar apoyo á la Prensa , se
había formulado por el diputado relator Astengo un informe en que
se condenaban tales abusos. Kl Ministerio, no obstante su empeño de
adoptar para el porvenir medidas que hagan imposibles semejantes
escándalos, no quiso, por un sentimiento excesivo de delicadeza,
apoyar la acusación de sus antecesores, de igual manera que se ha
negado á que la causa formada al general Barattieri se extienda á
los ministros Crispí, .Moconni y Blanc. á pesar de la responsabilidad
altísima que les corresponde en los tristes sucesos de África.
Va que de Harattieri hemos hablado, no dejaremos pasar la oca-
sión que se nos ofrece para decir que, discutido en la Cámara el per-
miso para que el general, que es diputado, pudiera ser llevado al
Consejo de guerra constituido en África, se concedió la autoriza-
ción, casi por unanimidad, después que la mayoría desechó varias
enmiendas presentadas por la extrema izquierda pidiendo que se hi-
ciese extensivo el proceso al Gabinete Crispí. 1^1 tribunal militar ha
absuelto á Rarattieri, pero inlligiéndole una pena moral gravísima
al declarar que ha sido inmensa desdicha para Italia que su ejército
estuviese á las órdenes de un general inepto, desprovisto de todas
las cualidades necesarias para realizar la empresa que se le había
coníiado.
— Al cabo se va debilitando la entereza de que hizo alarde el Go-
bierno italiano cuando Menelik, movido de sentimientos de humani-
dad y de compasión á las tropas italianas, obligadas á pagar con su
sangre los vidrios rotos por Crispí y sus adláteres, presentó las pro-
posiciones de paz, rechazadas con altanería por Humberto y sus Mi-
nistros, para volver á plantearlas ellos mismos, casi en iguales tér-
minos y con parecidas condiciones.
En busca del Rey Menelik ha salido un ingeniero llamado llg, con
encargo del Gobierno italiano de someter á aquél un tratado preli-
minar, en el que .se compromete Italia á declarar nulo y sin ningún
valor el tratado de Ucciali, renunciando al protectorado sobre Abi-
sinia; á fijar además la frontera de las posesiones italianas con los
CKÓMCA GENERAL 311
dominios del Rey de Etiopia en Mareb, y á pagar los gastos ocasio-
nados por los primeros y el transporte de los mismos después que fue-
ran puestos en libertad una vez firmada la paz definitiva. Pero dirá
Menelik, y con razón, que con haber accedido á sus primitivas ins-
tancias estaría ya el asunto concluido, sin necesidad de tantas dila-
ciones.
* *
Fkaxcia.— Con pocos días de diferencia han bajado á la tumba dos
hombres de gran talla en su orden respectivo de estudios y de ideas;
la Prensa toda ha hablado con preferencia, en sendos artículos y por
espacio de muchos días, del último de ellos, Julio Simón, eminente
en la literatura francesa, y célebre en el campo de la política; pero
pocos, muy pocos, al menos en Kspafta, han hablado en los periódi-
cos de otro sabio que A. la edad de ochenta y dos años acaba de falle-
cer, también en l'rancia: el célebre geólogo y miembro del Instituto,
M. Daubrée, doblemente insigne como sabio y como católico. \Z\
primero rindió tributo A las veleidades doctrinarias, si bien parece
que á última hora se le administr(') la Extremaunción, mientras el se-
gundo, siempre en su conducta y en sus explicaciones se había por-
tado como excelente católico, v ha confesado v recibido el Santo
- - <
Viático, que él mismo pidió, haciendo recordar con este motivo la
muerte edificante de Luis Pasteur. ; Cuánto pueden aprender los sa
/'/V?s con estos ejemplos!
— Xo es posible desconocer que en l-'rancia reina bastante agita-
-ión, promovida en París y en algunas otras ciudades importantes
por los adversarios del clericalismo, que perturban las procesiones
entonando la Marsellesa. Con estos antecedentes ya puede augurar
Rochefort en su periódico que "pronto correrá sangre, porque la re-
volución viene amenazadora.,. Sirva de lenitivo á cuantos imitan la
fe de Clodoveo, de San Remigio y de la Doncella de Orleans el saber
que son apreciados en algo de lo mucho que valen los sacrificios que
se imponen por Dios, por la Patria y por el prójimo, y que tal vez lle-
guen á ser premiados por los mismos que los persiguen y maltra-
tan. Eso ha sucedido ahora con Sor María de Chausal, Religiosa fran-
cesa, que prestó eminentes servicios á los heridos y enfermos en la
guerra franco-alem.ma de 1.S70, siendo condecorada, aunque siempre
tarde, por el Gobierno francés con la cruz de la Legión de Honor. El
Presidente de la República, al imponerle la cruz, le dio las gracias
en nombre del pueblo y del ejército.
—El Ministerio Méline ha estado á punto de crearse una situación
difícil, después de la cual hubiera quizás tenido que retirarse del Po-
der, porque ahora no se defendía contra los ataques de M. jaurés,
312 CRÓXICA OENKKAL
sino contra M. Ribot. Hste turibundo republicano radical ha interpe-
lado al Gobierno en la Cámara de Üiputados acerca del nombra-
miento del Sr. Obispo Mathieu para el Arzobispado de Toulouse, y
censurado tan justa desijjnación, fundándose en el discurso que dicho
l'relado pronunció recientemente con motivo de haber hecho su pri-
mera comunión en Angers el Duque de Montpensier, hijo del Conde
de París. Xada apasiona tanto á los elegidos del sufragio universal
en la Cámara popular francesa como la cuestión religiosa; por con-
siguiente, acusar al Gobierno actual de ser protegido v protector del
Clero, basta para poner en peligro su existencia. \' resultó que
Mr. Rambaud, Ministro de Instrucción l*ública. no quiso ó no supo
hablar claro, y que M. Méline estaba en uno de esos días en que todo
sale mal, llegando á enredarse en su discurso hasta llamar á los Prín-
cipes de Orleans con el sabroso calificativo de ¡a faiuilia re/ ñau/ e,
tratando de justificar, en medio de interrupciones y protestas de l.t
extrema izquierda, el aludido nombramiento, y manifestando que
Monseñor Mathieu no pudo en manera alguna emitir conceptos de
carácter político, porque era un Obispo... lihenil.
—La .ludacia de los anarquistas va en aumento y sigue dando
muestras de su terrorífica presencia, no sólo en líspafta y Portugal,
sino también en Francia, en cuya capital acaban estos días de come-
ter un atentado, aunque no acompañado de los efectos desastrosos
que el de Barcelona, sin duda por estar mal tabricada la bomba, he-
cha con una caja de hojadelafo de las empleadas para conservas, y
cargada con pólvora, cápsulas y balas de revólver, y clavos.
Con este motivo se ha acentuado más y más el movimiento de la
opinión contra los anarquistas, hasta el extremo de que, hallándose
en un sitio público hablando de la última bomba, como un hombre se
permitiese aplaudir á los dinamiteros, sus interlocutores indignados
le contestaron dándole de bofetadas y de bastonazos, y pronto los
transeúntes, á quienes llamó la atención la contienda, tomaron car-
tas en el asunto, se lanzaron sobre el anarquista, le maltrataron sin
piedad, le derribaron al suelo cuando ya estaba herido y manchado
de sangre, y hubieran acabado con él á no interponerse un taquígrafo
de la Cámara . que con persuasivas palabras logró aplacar la ira
de la multitud y que el anarquista fuera entregado á los guardias de
seguridad. F,l detenido será procesado como propagandista del anar-
quismo.
— Aprobado por la Comisión de presupuestos de la Cámara fran-
cesa el proyecto de impuesto sobre la renta, merece ser conocido el
espíritu de la enmienda del Sr. Plichon acerca del mismo, por estar
llamada sin duda á producir animados debates. lín dicha enmienda,
aun reconociendo el derecho del Gobierno á gravar con un impuesto
la renta, se declara que este derecho sólo debe ejecutarse con gran
precaución, que el Fstado debe proceder honradamente, y que para
CRÓNICA GENERAL 313
ello no tiene más que un medio: la revisión del contrato, ó sea la con
versión á la par ó la sustitución de un título nuevo ya gravado por el
impuesto, y no convertible durante cierto número de años.
AusTRiA-HixGRÍA.— Con motivo de las fiestas del Milenario, ha
habido ocasión para que los políticos cambien impresiones acerca
de Europa y las relaciones de amistad entre las potencias que cons-
tituyen el viejo continente.
El día 1." del actual fueron recibidas en Budapesth por el Empe-
rador de Austria las Delegaciones austríaca y húngara. Contestando
á los discursos de los respectivos Presidentes, el Emperador se ma-
nifestó satisfecho de que las relaciones de la nación austro -húngara
con las restantes potencias europeas fueran cada vez más cordiales,
de lo cual eran elocuentes pruebas las felicitaciones dirigidas por los
Soberanos extranjeros con motivo de las fiestas del Milenario. S. M.
Erancisco José terminó su discurso diciendo que la firme y resuelta
actitud observada por la Triple Alianza en todas las cuestiones que
afectan A los intereses europeos ha contribuido mucho á que no se
haya alterado la paz. A pesar de los inquietantes síntomas revelados
en Oriente durante el año últimamente transcurrido. "La unanimidad
con que las dos naciones aliadas— añadió el Emperador— han res-
pondido A los esfuerzos hechos por Austria para el mantenimiento
del s/atit qiii) en la península de los Balkanes, permite esperar un am-
plio y pacífico desenvolvimiento de las relaciones internacionales,,.
—En el importante discurso pronunciado por el Conde de Golu-
chowsky. Ministro de Negocios Extranjeros en Austria-Hungría, se
leen las siguientes palabras relativas á Rusia: "El Gobierno ruso ha
declarado tan categóricamente que el mantenimiento del statn qtio
y el respeto inviolable de los tratados existentes es el objetivo de su
política, que no tenemos motivo alguno de desconfianza respecto de
aquel imperio. Mientras el Gabinete de San Petersburgo continúe
por el camino emprendido, podrá contar con nuestro apoyo absoluto
y leal, pues Austria-Hungría no desea más que la consolidación del
actual estado de cosas en Oriente , el mantenimiento del Imperio
turco y la independencia y libre desarroll o de los diferentes Estados
de los Balkanes. Aspira sólo á mantener amistosas relaciones con
estos Estados é impedir que la influencia de cualquier gran nación
predomine en dichos países en menoscabo de la influencia de otras
potencias „.
Aludiendo á Francia, declaró que Austria-Hungría desea vivir en
paz con ella , correspondiendo á la benevolencia que en todas las
cuestiones ha demostrado el Gobierno de París al de Mena, "pu-
3t4 CRÓNICA r.E.VERAL
diendo contar, por lo tanto— añadió,— con su cooperación para con-
jurar cualquier conflicto-.
Respecto á Inglaterra, dijo que Austria estaba unida con ella por
simpatías tradicionales.
. —El limo. Sr. Obispo de Lin/, en Austria, ha publicado una Tas-
toral en que asegura que pecan los compradores y lectores de ma-
los periódicos, que en esta materia no cabe diferencia, y que, siendo
preciso predicar el Evangelio fuera y dentro de las iglesias, hay que
oponer la publicidad á la publicidad y lo bueno á lo malo, que tanto
prevalece en nuestros días. Cita el Prelado cierta frase de Pío IX,
según la cual "un buen periódico hace hoy más que cien predica-
dores...
* *
Inglaterra. — No puede caber la menor duda de que la Gran Bre-
taña está pasando actualmente por un período de reacción activa ha-
cia un cambio de ideas religiosas, que pudiera ser muy provechoso
para apresurar la vuelta de las sectas disidentes al seno del Catolicis
mo. La Memoria de (iladstone sobre la unión de las Iglesias es en con-
junto favorable á los católicos, pues reconoce que el progreso tiende
á esa unión, y que los últimos acontecimientos han sido todos contra-
rios A los anglicanos. Aplaude los trabajos de algunos sacerdotes
franceses sobre la validez de las ordenaciones en Inglaterra entre los
protestantes, y asimismo elogia la prudencia y circunspección del
Papa al disponer que se estudie este punto en sus antecedentes y
pormenores. En suma, el documento es optimista y, en nuestro con-
cepto, tanto ó más favorable á la causa de la unión que las declara-
ciones de Lord Halifax. menos explícitas de lo que se había pensado.
Por otra parte vemos que se organizan ya procesiones católicas,
como la de la Archicofradía de Nuestra Señora de la Merced, que
tuvo lugar en el populoso barrio de Westbourne, déla ciudad del Tá-
mesis, con la estatua de la .Santísima Virgen y con asistencia de unas
diez mil personas, que iban rezando el Rosario, sin que por parte de
la población protestante se cometiese la menor irreverencia.
—Inglaterra quiere ser el reverso de la medalla de Austria-Hun-
gría en eso de apreciaciones sobre la paz europea, y no ha faltado un
diplomático que interprete en sentido pesimista la situación actual
de las potencias de nuestro Continente. En efecto, lord Dufferin ha
dicho en un banquete celebrado en la Cámara de Comercio: "Eu-
ropa es en la actualidad un campamento militar de varios millones
de hombres; los puertos están llenos de buques acorazados; por lo
tanto, Inglaterra se ve en el caso de obrar en legítima defensa. Al
efecto ha aumentado sus escuadras y la modesta cuota que las cir-
cunstancias le imponen. La pasión de la extensión militar se des-
CRÓNICA GENERAL 315
envuelve de una manera extraordinaria por todo el Globo; las na-
ciones no son más que un manojo de nervios; el menor incidente
puede provocar una guerra universal. La misión de la diplomacia
debe ser impedir que esto suceda, conjurando cuantos conflictos se
presenten„.
—Uno de los hombres de mayor sii^nitícación en la política inglesa,
Lord Kosebery, hállase actualmente viajando por nuestro pais. Ese
viaje no representa solamente el deseo de conocer y admirar las po-
blaciones mejores de Lspaña; sino que, según un periódico londo-
nense, tiene por objeto preparar al público para que reciba sin sor-
presa su determinación de resignar las funciones de jefe del partido
liberal por razones de salud. Los contratiempos que ha originado al
sucesor de Ciladstone la discusión de la jefatura, son el verdadero
fundamento de esa determinación. Rosebery no quiere que se le dis-
cuta y ponga por más tiempo en tela de juicio su autoridad , y renun-
cia al cargo que desempeña , formando además el propósito de vivir
alejado de las luchas políticas de su país.
—La sentencia del Tribunal en el asunto de la Caja de la Deuda
egipcia declara irresponsables á los comisarios é interventores de la
misma, y condena al Gobierno á pagar á la Caja ocho millones, seis-
cientos mil francos; pero esto no hace desistir de su empeño á Ingla-
terra, la cual, lejos de intimidarse, abriga designios más vastos para
un período de tiempo relativamente corto. El Gobierno ha hecho las
tales declaraciones por boca de sus Ministros. El primero de ellos.
Marqués de Salisbury, termin<') un discurso en la Cámara de los Lo-
res diciendo que las dificultades financieras por que pasa Egipto im-
piden que por ahora la expedición contra el Sudán pase de Don-
gola; pero añadió que el Gobierno no debe ocultar que, conseguido
esto, se propone proseguir las operaciones hacia el Sur. La expedi-
ci<ín á Dongola, dijo, no es más que la operación preliminar de la re-
conquista de Kartum.
También el Ministro de Hacienda, sir Hichs Beachs, en una sesión
Celebrada en la Cámara de los Comunes, ha declarado que la sen-
tencia recaída en el asunto de la Caja de la Deuda egipcia en nada
cambia la situación de Inglaterra, reduciéndose los gastos á una
operación de aquel Tesoro que anticipará los que ocasionen las tro-
pas indígenas en la expedición á Suakin. Los gastos de dicha expe-
dición serán satisfechos con un crédito de quinientas mil libras ester-
li las. Después se verá lo que proceda hacer, que no será probable-
^nente otra cosa sino declarar á Egipto posesión británica.
— Por lo que hace á la tan manoseada cuestión del Transwaal,
se ha aplazado la vista de la causa formada al doctor Jameson por
su intentona revolucionaria, y los cuatro prisioneros principalmente
comprometidos en ella han sido puestos en libertad, después de ha-
cerles pagar la multa de veinticinco mil libras esterlinas á cada uno,
316 CRÓNICA GENERAL
y de arrancarles á todos la promesa de que no volverán á mezclarse
en los asuntos de Sud-Atrica. con la condición de que, si faltasen á
este compromiso, serán sentenciados á destierro perpetuo.
*
* *
TuKguÍA.— En los acontecimientos de Creta, que van en progre-
sión ascendente, se reproducen las sangrientas escenas realizadas
en Armenia, con novedades >• circunstancias, más para calladas que
para que vengan á noticia de las gentes cultas. Conocida es la gran
distancia á que de muy antiguo se han conservado los musulmanes y
cristianos de la isla de Minos, por antipatías de nacionalidad y reli-
gión. Hoy la discordia se enciende más y más á medida que la Puer-
ta desembarca nuevas e.xpediciones militares turcas para sofocar la
rebeldía de los isleños . cuya furia aumenta al comprender que el
ejército otomano no es precisamente un elemento de pacificación,
por lo indisciplinado de su milicia, y porque conduce en sus fil.is á una
gran parte de los que con furia selvática cometieron miles de atro-
pellos y matanzas indescriptibles en la Anatolia: los kurdos. Tal es
también la conducta que éstos observan con los nuevos insurrectos,
saqueando, matando, incendiando y destruyendo cuanto encuentran
á su paso, pudiéndoseles calificar de una banda de foragidos que se
entregan al pillaje y al robo en cuantas poblaciones entran, sin disr
tinción de clases ni categorías. Las iglesias son profanadas con el
mayor cinismo, las mujeres violadas, los ancianos y niños pasados
á cuchillo indistintamente, y todo expuesto á los atropellos de los
hombres que envió el Sultán para restablecer el orden en Creta.
Por eso los candiotas han declarado que quieren la ane.xión de la
isla á Grecia, y que para conseguirlo están dispuestos á luchar hasta
el último extremo, si no se les otorga el nombramiento de un (iober-
nador general que ejerza sus funciones bajo la garantía de las poten-
cias, y la independencia económica de la isla de Creta, como el Co-
mité de relormas de la isla reclama. A estas peticiones ha contestado
la Sublime Puerta con una nota á las potencias diciendo que no puede
aceptar en manera alguna las proposiciones de Grecia acerca de los
asuntos de Creta. La nota llama además la atención de Europa sobre
el estado de la isla, del cual pueden surgir graves complicaciones si
no se pone término á los manejos del Gobierno helénico y de las
Juntas revolucionarias establecidas en Grecia para proteger y fo-
mentar la insurrección de la expresada isla.
Las críticas circunstancias en que se halla Creta, agravadas con
las tropelías de los soldados turcos, han determinado la interven-
ción diplomática de los Gabinetes de las seis potencias de primer
orden ya avezadas á interponer su veto para impedir el abuso del
CRÓNICA GENERAL 317
más fuerte. Los informes consulares dan cuenta de que los Embaja-
dores de Francia é Inglaterra han insistido cerca del Gobierno para
evitar por todos los medios que se reproduzca la efusión de sangre;
todas las seis potencias han dirigido observaciones á la Sublime
Puerta exponiendo que los asesinatos de los cristianos en Creta pro-
vocarán una liga contra Turquía; el Embajador de Francia en
Constantinopla, Mr. Cambon. ha recomendado al Sultán la conve-
niencia de seguir una política de conciliación con objeto de calmar la
rebelión cretense, y el Cónsul inglés en Creta practica muy activas
gestiones para la pacificación de la isla, tratando directamente con
el Gobierno turco.
El Sultán se ha visto obligado á dar al Gobernador de Creta las
instrucciones oportunas para favorecer las negociaciones de paz,
mientras él publica una alocución dirigida á los cretenses para que
éstos depongan las armas y presenten sus reivindicaciones á la Asam-
blea de Creta, anunciando que, en caso de persistir en su actitud re-
belde, la insurrección será reprimida con la mayor energía. En cuan-
to al origen de todas estas revueltas, un diputado de Atenas escribe
que son debidas á la mano de Inglaterra, y que los cretenses estarán
sin ella tan libres como los armenios, y entonces será Grecia la mo-
ralmente forzada á intervenir en la cuestión; pues cuando el reino
helénico salió victorioso en la guerra contra Turquía, tampoco las
potencias permitieron á los griegos que se posesionasen de la isla
de Creta.
II
ESPAÑA
Ruidoso por demás ha sido el escándalo que, con pública infrac-
ción de las leyes divinas y humanas, han promovido los generales
Martínez Campos y Borrero, que por su elevada posición política y
social estaban obligados á no dar tan pernicioso ejemplo. Merced á la
oportunidad con que el Gobierno vino en conocimiento de lo que pa-
saba, pudo impedir que se paralizara el duelo mediante la previa in-
tervención déla Autoridad superior del distrito militar, Sr. Primo de
Rivera, quien dictó en el acto las disposiciones oportunas para que
los duelistas fueran recluidos, cada cual en su domicilio, en cumpli-
miento del arresto militar. Encargado por el Gobierno el Tribunal
Supremo de Guerra de depurar la responsabilidad que los referidos
generales hayan contraído ante las leyes humanas, hállase ya sobre
la Mesa del Senado el oportuno suplicatorio que aquel alto Tribunal
318 CRÓNICA GE.XKRAL
ha dirigido á. tin de despojar al «eneral Borrero de la inmunidad po-
lítica á que tiene derecho como senador electo que es por Cuenca,
mientras la Cámara no anule el acta electoral ú otorgue lo suplicado.
Por de pronto, el general de referencia fué inmediatamente depuesto
del cargo por Real decreto.
—Tras un período de silencio, el anarquismo ha reanudado la se-
rie de sus horrendos crímenes en Barcelona, llenando otra vez de es-
panto A aquella industriosa ciudad. La capital de Cataluña fué teatro,
el domingo 7. de un horrible crimen, continuación de los de la Gran
Vía y el Liceo. Una mano saciílega arrojó una bomba de dinamita
al paso de la solemne procesión de la Octava del Corpus, que celebra
con mucha pompa la iglesia de Santa .María del .Mar. Cuando acaba-
ba de cruzar la Santa Custodia bajo palio por la calle de Cambios Nue-
vos, estalló la bomba, produciendo espantosa confusión y causando
muchas víctimas. ¡Detalle digno de notarse! Ksta vez las victimáis
pertenecen todas .1 la clase popular, son pobres y trabajadores, an-
cianos ó desvalidos, niftos y mujeres especialmente, que estaban de
rodillas, porque acababa de pasar Dios; acaso individuos de las fa-
milias de los anarquistas.
La Prensa en general, sin distinción de paruuo.s. condena eiiét-
gicamente el bárbaro atentado cometido en Barcelona, y lod.t la gen-
te sensata y de algim criterio pide un castigo ejemplar y tan inme-
diato como lo permita el descubrimiento de los culpables. También
en las Cortes la protesta contra los autores del salvaje atentado es
unánime, como unánime es en la nación entera la profunda indigna-
ción que el crimen ha causado. Sábese que entre los detenidos hay
un filibustero cubano, llamado Lafont. y un negro ó mulato, indicio
que permite sospechar si en este crimen de Barcelona habrá mez-
clada alguna mano separatista para suscitar en In Península 1;i i'--
tranquilidad y el terror.
—Los cablegramas particulares de la Prensa y del General en jefe
dan cuenta de un glorioso hecho de armas realizado en el Camagüey
por las columnas de los generales Castellanos y Godoy sobre cinco
mil insurrectos, mandados personalmente por el gettern/lsun». Máxi-
mo Gómez había regresado al Camagüey con objeto de ponerse al
habla con el fugitivo tiohierno insurrecto y con el de lograr algún
descanso en los montes de la Xajaza. teniendo en cuenta la escasez
de fuerzas leales que hay en aquellas provincias. El titulado genera-
llsimo, que lo sacrifica todo al propósito de no tener que entrar en
fuego, no sólo llevaba las partidas de las Villas encargadas de prote-
ger su marcha, sino que ya estaba reunido con las del Príncipe. Xo
contaba el astuto chino viejo con que al general Jiménez Castellanos
se le había ocurrido realizar una operación combinada con la colum-
na del general Godoy sobre los citados montes de la Xajaza. Divisa-
ron las avanzadas de Máximo Gómez el día 10 á las fuerzas leales,
CRÓNICA GENERAL 319
que, después de operaciones taticfosas. se hallaban acampadas en las
extensas sabanas de la Najaza y cerca del río del mismo nombre.
El enemio;o estaba formado por cinco mil hombres; y como por las
exploraciones comprendió Gómez la superioridad numérica de los
suyos, no vaciló en trabar combate, recordando, sin duda, la jornada
de las Guásimas de la guerra anterior. Ordenó á los suyos la carga
al machete, contando con el éxito; pero también se equivocan los ge-
iieralisivios. Las avalanchas de insurrectos envolvieron á las fuer-
zas españolas en los primeros momentos: creyó Máximo Gómez que
las tropas estaban desprevenidas, pero sucedió lo contrario. Las
fuerzas leales esperaron la acometida con tranquilidad heroica, per-
mitieron llegar al enemigo y, cuando estuvo cerca, contestaron con
nutrido fuego.
Transcurrieron las horas. El general Castellanos, con la coníianza
deque llegaría la columna Godoy, resistía valerosamente; el ene-
migo, creyendo aislada la columna, se forjó la ilusión de rendirla por
la fatiga. Cerca de cuarenta horas de combate llevaban, cuando apa-
reció la columna Godoy, que, de refresco, at.icó briosamente al ene-
migo, poniéndole en vergonzosa y desesperada huida. Las versiones
de todos los pasajeros coinciden en asegurar que las bajas del ene-
migo pasan de quinientas, y que la acción de la N'ajaza ha sido de las
más rudas y de mayor importancia en la campafla, no sólo por las
pérdidas de las partidas, sino por quebrantar los proyectos de Gó-
mez, que consistían en vivir tranquilo en aquellos lugares solitarios.
— El Soberano l'ontitice ha dirigido á S. M. la Reina Regente de
España la siguiente carta:
'Señora: A las continuas demostraciones, siempre para Xós gra-
tísimas, de afectuosa adhesión con que Vuestra Majestad no cesa de
rendirnos, ha tenido á bien añadir hace poco una pública }• solemne
en el discurso dirigido á los representantes de la Nación. Dignase en
él manifestar con qué íntima complacencia ha acogido nuestra ben-
dición á las tropas que marchaban á Cuba, y los votos que hacíamos
por la prosperidad de la empresa que les está encomendada. Damos
gracias á X'uestra Majestad por este nuevo testimonio de sus religio-
sos sentimientos y de su veneración á la Silla Apostólica, y de todo
corazón reiteramos nuestro deseo de que el Señor haga prosperar las
armas españolas en favor del Trono y de esa católica Nación. {Qué
decirle después. Señora, del recuerdo tan grato de habernos envia-
do como regalo el retrato de su augusto hijo? Nos lo hemos agrade-
cido sobremanera por los vínculos de afecto que de un modo particu-
lar nos unen al tierno Rey. No podíamos menos de apreciar en alto
grado los maternales deseos que \'. M. nos expresa respecto á él en
la respetuosa carta que Nos ha dirigido, y haciendo Nuestros aque-
llos deseos con efusión de nuestra alma, seguimos fundando en él los
faustos presagios ya formados en beneficio de toda la Nación. Con
320
CRÓNICA OENEKAL
estos sentimientos de intima y paternal benevolencia hacia V. M. y
su augusto hijo, Xós invocamos sobre entrambos la abundancia de
los divinos favores, en prenda de los cuales os concedemos á los dos
y á toda la Real Familia la Bendición Apostólica. — En el Vaticano,
á 19 de Mayo de 18%.-León XIII, Papa.,.
—La escuadra francesa que acaba de llef^ar á La Corufta ha teni-
do un recibimiento espléndido, en que las autoridades y el vecindario
todo de aquella capital multiplican las manifestaciones de júbilo y de
simpatía hacia los marinos de la vecina República , que á su vez se
esfuerzan por corresponder con la debida gratitud á tan espontáneos
obsequios. Seguramente ha de ser muy grata la impresión que produ-
cirá en F'^rancia la noticia de este suceso, en el cual no es difícil ver
el fausto indicio de una aproximación fraternal y sincera entre las
dos naciones de aquende y allende los l'irinens, r.in t.-ivomblp nnr.T
la una como para la otra.
La Tradición Monoteísta y el Espiritualismo
EN LAS RELIGIONES PAGANAS
A no es posible escribir la historia de la humani-
dad sin salirse de los antigfuos moldes. Como el
telescopio ha ensanchado los espacios y disminuí-
do las distancias de la Astronomía, así también los estudios
y descubrimientos geológicos, etnográficos, paleontológi-
cos y lingüísticos han abierto una cronología nueva en la
historia de los grandes Imperios, en las evoluciones y emi-
graciones de las razas. Los sabios de todos los países se
sienten hoy arrastrados por un maravilloso impulso al estu-
dio de la antigüedad más remota, rasgando las espesas nie-
blas de los siglos con el fin de sorprender en su misma cuna
á las sociedades primitivas y aproximarlas á nosotros para
verlas á la luz de sorprendentes descubrimientos científicos,
que unas veces las-subliman y otras las empequeñecen ante
nuestra atónita mirada.
Escudriña y estudia el geólogo las capas y yacimientos
de la Tierra, y á su voz parecen surgir de la nebulosa, como
b Ciutlad de Dk». — \D" XVI. — \úin. 561 21
322 LA TRADICIÓN MONOTEÍSTA Y EL ESPIRITUALISMO
por ensalmo, los grandes continentes, las más altas monta-
ñas, los mares y los ríos, las selvas y los áridos páramos,
y exuberantes y nunca soñadas Faunas y Floras que han
necesitado siglos y siglos para crecer y desarrollarse, y
luego morir ó petrificarse para ser cubiertas por otras que
tenían el mismo derecho á la vida, hasta preparar y hermo-
sear la pacífica y amplia morada del hombre. Viene el an-
tropólogo á sorprender á éste en la infancia de la vida, estu-
diando su constitución orgánica, intelectual y moral, y esta-
bleciendo teorías de semejanza y filiación entre individuos
de la misma especie, como anillo de oro que abraza todas
las generaciones, aunque sean de distintas razas, y les
presta el imperioso y natural carácter de sociabilidad y de
cultura, aun en medio del variado campo de costumbres,
instituciones y régimen de vida diferentes. Y como coro-
nando ese edificio gigantesco de la ciencia y su fundamento
humano, el filólogo se apodera del lenguaje, facultad admi-
rable y característica del hombre que le distingue de las
otras especies; y al analizar su origen no puede menos de
remontarlo al de la especie humana, como exclusivo y su-
blime atribulo de su naturaleza.
Pero hubo geólogos, antropólogos y aun filólogos que,
infatuados con sus descubrimientos, no quisieron ver en las
ciencias al que es Supremo Autor de ellas; antes, preten-
diendo derrocarle del trono que ocupa en la creación, enta-
blaron supuestos antagonismos entre la ciencia, así por ellos
nombrada, y la palabra eterna y divina revelada al hombre;
dando siempre el triunfo y supremacía á la primera, con
desprestigio de ellos mismos, por no haber estudiado y pe-
netrado bien el sentido de la revelación.
La ciencia llegó á herir los sentimientos del mundo cre-
yente, á rebajar y empequeñecer la dignidad humana, al
mismo tiempo que relegaba á Dios al panteón de los mitos
que han agitado las ideas de casi todas las sociedades paga-
nas; hasta que, por fin, otros sabios, en nombre de la misma
ciencia y para orgullo legítimo de ella, sin tener presente
para nada la palabra divina cscrití^ con solos los descubri-
mientos científicos demostraron la unidad de la especie ó
EN LAS RELIGIONES PAGANAS 3f23
del monogenismo , y con él la verdad de la revelación. Y á
los nombres de Darwin, Tj^ndall, HíEckcl, Vogt, Pouchet,
Burmeister, Broca y otros poligenistas, la ciencia verda-
dera puede oponer hoy los nonibres no menos respetables
de Richard, Linneo, Buffon, Cuvier y Schubert, Humboldt,
Juan Müller, Meyer, Geoffroy, Blainville, Serres, Lyell,
Maury, Quatrefages y otros, cuyo pensamiento acerca del
monogenismo puede condensarse en estas elocuentes frases
del célebre Humboldt: ''al cristianismo principalmente per-
tenece la gloria de haber patentizado la unidad del género
humano, y de haber hecho penetrar por este medio el senti-
miento de la dignidad humana en las costumbres y en las
instituciones de los pueblos„ (1)... "Arraigada así en las pro-
fundidades de nuestra naturaleza la íntima y fraternal unión
de toda la especie, erigida al propio tiempo por sus más
nobles instintos, se nos presenta como una de las grandes
4deas que presiden <1 la historia de la humanidad „ (2).
Comprobado por los más eminentes geólogos el origen y
la formación lenta de la tierra con sus vafiadas capas, mer-
ced á los grandes factores del calor y sucesivo enfriamiento,
y admitido también el origen y unidad de la especie, caen
por su base las teorías más ó menos materialistas sobre la
eternidad del mundo y el poligenismo, para alzarse sobre
sus ruinas, como consecuencia consoladora, la idea espiri-
tualista de la creación del mundo y de la especie humana,
idea que engrandece al hombre diferenciándole de cuanto le
rodea; sin que á esa unidad específica se oponga la variedad
individual, origen distintivo de los caracteres de las razas,
ramas desprendidas de un gran árbol; como no se oponen á
la unidad de la Tierra los accidentes del Globo, y al origen
del lenguaje la multitud de lenguas tan diversas que han
poblado el Universo; pues, como dice Quatrefages, "la es-
pecie es la unidad, y las razas son las fracciones de esa
unidad„.
Tan fundada opinión científica, muy conforme con la en-
(1) V. Cosmos, tomo ii, p. 245, en la traducción de Díaz Quintero.
(2) V. Cosmos, tomo i, p. 379.
524- LA TRADICIÓN MOrNOTEÍSTA Y EL ESPIRITÜALISMO
sefíanza bíblica, que hace descender todos los hombres de
una sola pareja, lleva consigo como consecuencia lógica el
origen del lenguaje partiendo de un tronco común y biüir-
cando sus hondas raíces por toda la Tierra. De aquí el que
la ciencia íilológica trate de establecer, d medida que avan-
za el estudio profundo de las lenguas, su procedencia uni-
taria; no obstante que deben hacerse con mucha cautela el
análisis y la comparación, ímproba tarea en que tantos sa-
bios se han deslucido, envolviendo á sus lectores en nueva
confusión babilónica con los medios mismos empleados para
unificar las lenguas en sus raíces primitivas.
Herder y í^ott, después de grandes disquisiciones íiloló-
gicas. vienen ú concluir que el análisis de las lenguas no es
contrario á la creencia que hace descender á todos los hom-
bres de una sola pareja; y aunque el sabio orientalista Le-
normant llama "fantasía pueril y ociosa „ al empeño, por
otra parte noble y generoso, de reconstituir el idioma pri-«
mitivo, y añade que la ciencia lingüística no tiene ni tendrá
jamás medio alguno de conseguir la reducción á la mitad
de todas las lenguas por el estudio de las raíces, creemos»
no solamente que no es contrario el estudio de las lenguas
al monogenismo, sino también que puede desaparecer, con
mayores y más profundos estudios lingüísticos, esa imposi-
bilidad aparente que ve Lenormant en la irreductibilidad de
las lenguas; irreductibilidad que desde luego no entraña la
ilógica conclusión de los poligenistas; porque, entre otras
razones, esa supuesta irreductibilidad depende del estada
actual de la ciencia y los pocos elementos que hoy tiene para
resolverla.
En prueba de esto bastará una sencilla observación: ja-
cobo Grimm afirmaba que su sistema monosilábico se com-
ponía de algunos cientos de raíces; luego se averiguó que
los miles de palabras aryanas, europeas y semíticas podían
reducirse á menos de quinientas raíces en su origen, y antes
de la separación de las razas; y á medida que se hacen nue-
vos y más profundos estudios, se van descubriendo nuevas
y más íntimas relaciones entre los monosílabos primitivos»
no siendo imposible que, andando el tiempo, el origen del
EX LAS RELIGIONES PAT.ANAS 325
lenguaje rompa el misterio que lo envuelve para tortura de
no pocas inteligencias.
Hace un siglo se hubiera considerado como herejía filo-
lógica la afirmación de que el griego y el sánscrito, el latín
y el alemán tenían un origen común ; y hoy, además de estar
comprobada la unidad de las lenguas indo-europeas, se abre
paso la teoría de que también las lenguas semíticas proce-
dieron de una fuente común y simple; hasta el extremo de
<jue el mismo Renán, partidario acérrimo del poligenismoy
enemigo de la unidad del lenguaje, se siente inclinado á
■creer en la existencia histórica de ese estado primordial por
las relaciones evidentes de las lenguas semíticas (1). Añá-
dase que las raíces triiíteras, por tanto tiempo consideradas
como irreductibles, son hoy tenidas como letras radicales
del monosílabo, origen de todas las lenguas; y que los mo-
nosíhibos, en su mayoría, están formados por onomatopcyas
de idéntica ó parecida significación en todos los idiomas; y
así se comprenderá más fácilmente la unidad de origen en
el lenguaje, y el fenómeno admirable que ofrece el hombre
primitivo en íntimo contacto con la naturaleza tratando de
imitarla con los sonidos de su palabra.
Ahora bien: se ha dicho, y con razón, que las primeras
palabras pronunciadas por el hombre ante el espectáculo
grandioso del Universo, debieron de ser un himno sublime
entonado al Creador, á los impulsos irresistibles de gratitud
<iue anidan en el alma humana. El hombre no había de ser
menos que la Naturaleza; y si dentro de sí mismo no hubie-
ra hallado la luz misteriosa de donde surge la idea de Dios,
los encantos visibles del mundo que le rodeaba le hubieran
naturalmente despertado la idea de un Creador invisible á
los ojos del cuerpo, pero muy patente á los del alma. Que
no es posible, como dice Goethe, que el hombre deje de sen-
tir en la luz, en el trueno, en el relámpago, en la tempestad,
€n el perfume de las flores y en los hálitos de la brisa, la pre-
sencia de un Ser amable que se acerca á nosotros.
Si, pues, la primera idea que arraigó en el hombre y más
(1) Renán: De Vorigen du langage, p. 1U7.
326 LA TRADICIÓN MONOTEÍSTA V EL ESPIRITL'ALISMO
vivamente quedó impresa en él fué la idea del Supremo
Hacedor, y si el primero y natural impulso fué el reconoci-
miento á la Divinidad, ante la que rindió su alma y su cuer-
po agradecidos al verse dueño absoluto de todo lo creado y
con nobles aspiraciones á lo imperecedero, por fuerza ha-
bía de transmitir á sus descendientes esa idea primordial,
esa adoración y ese culto que por fortuna se han visto de-
positados siempre, cual gérmenes misteriosos, en las entra-
ñas de todas las razas y de todas las sociedades, como ca-
dena que las enlaza y aproxima á su primitivo origen y á
su nativa dependencia de Dios. Esta idea religiosa que han
tenido todos los pueblos acerca de la Divinidad, es al mismo
tiempo la confirmación más terminante de los descubrimien-
tos de la ciencia en el origen del lenguaje y en la historia de
todas las naciones; pues aunque la filosofía materialista, y
principalmente el poligenismo de Darwin y sus partidarios,
hayan repetido en son de triunfo el primos in orbe déos
fecit timar de Lucrecio, citando al efecto pueblos y tribus
que, en opinión de algunos viajeros, carecían de toda idea
religiosa, es evidente que, en virtud de investigaciones más
fidedignas y concienzudas, ni aun los hotentotes, considera-
dos por Le Vaillant como ateos, carecen de religión; antes
bien admiten un dualismo originario sin duda de otros pue-
blos. Hoy pueden repetirse como un axioma estas palabras
del racionalista Ticle: "jamás se ha encontrado una tribu ó
nación que no creyera en seres superiores; y los viajeros que
aventuraron la opinión contraria han sido desmentidos des-
pués por los hechos„.
Ampliando las mismas ideas el insigne antropólogo Qua-
trefages, se expresa de este modo : "Aquí está el gran hecho.
El ateísmo no existe en parte alguna más que en estado
errático. La masa de las poblaciones está exenta de él, siem-
pre y en todas partes ; ni una de las grandes razas humanas,
ni siquiera parte alguna de ellas, es atea. Cualesquiera que
sean los dogmas y doctrinas de las varias religiones, se en-
cuentran, como fórmula general que las abraza todas, los
dos puntos siguientes: creer en seres superiores al hombre,
capaces de influir sobre su destino en buen ó mal sentido;
EN LAS RELIGIONES PAGANAS 327
admitir que para el hombre la existencia no se limita á la
vida presente, sino que le queda un porvenir después de la
tumba... Por lo demás, esto no impide que la religiosidad
tenga sus grados y sus manifestaciones diferentes, como
diferentes son también los grados y manifestaciones de la
inteligencia y de la moralidad^ (1). Y adviértase que el autor
de La especie humana no deduce estas consecuencias, se-
gún él dice, ni como pensador ni como creyente ó filósofo,
sino como uatitralista que ante todo busca y hace constar
IiecJios, los cuales en este punto capital son innegables. La
misma religión atea que Barthelémy ha querido ver en las
especulaciones doctrinales del Budhismo, ó en el aniquila-
miento nirwánico, no significa, para otros más concienzudos
expositores, la pérdida del ser ; sino un grado de espiritua-
lidad superior donde el alma se ve libre de nuevas encarna-
ciones por la entrada en la Nir nana, entrada ó aniquilación
que para nuestro Cardenal González tiene algún parentesco
con el éxtasis del alma purificada en el Union del neoplato-
nismo, con la ventaja de ser en aquélla permanente.
Si, como hemos visto, la Religión nació con el hombre
primitivo; si ella constituye una necesidad intrínseca y mo-
ral de todas las razas, y hasta ha domeñado en algunas épo-
cas la fiereza salvaje de muchos pueblos, y ejercido en ellos
benéfica influencia ese ideal consolador de la Divinidad, cual-
quiera que sea la forma en que se manifieste ó en que el hom-
bre la conciba, viene á caer por su base la teoría de Au-
gusto Comte acerca de que e\ fetichismo es la primera ma-
nifestación teológica de la Humanidad. Tanto dista de ser
eso cierto, que e\ fetichistno apenas se concibe sino como
una aberración y degradación de muchos pueblos en sus
ideas religiosas. Dios no podía permitir que el primer hom-
bre, hechura de sus divinas manos, tuviese una noción
errónea de los atributos divinos; porque esa misma noción
sería transmitida á sus descendientes, y éstos dejarían de
ser responsables de sus ideas religiosas y del culto dado á la
Divinidad, por extravagante y ridículo que fuese; provi-
(1) Quatrefages: VEspCce htimaine, p. 357.
':{28 LA TRADICIÓN MONOTEÍSTA Y EL ESPIRITUALISMO
niendo de ahí, como consecuencia irremisible, la teoría ab-
surda de que todas las religiones serían igualmente acepta-
bles á los ojos de Dios.
La idea de la Divinidad ha caminado paralela siempre al
desarrollo del pensamiento humano. Si el hombre primitivo,
en más íntimo contacto con Dios, no podía con su razón
abarcar la esfera de lo infinito, de lo incognoscible, y tenía
que sujetarse á la norma de lo revelado, que al mismo tiempo
que ensanchaba los horizontes de sus ideas ponía una ba-
rrera infranqueable entre la criatura y el Creador, mal po-
dían las generaciones que le sucedieron obtener una idea
divina más depurada que el primer hombre. Nunca las ramas
de un árbol conservan más jugos vitales que el tronco. N'
que las múltiples ramificaciones del árbol gigantesco de la
humanidad fueron perdiendo, con el curso de los siglos, la
savia de vida religiosa, bien lo demuestra la historia de las
sociedades paganas, en cuyo fetichismo repugnante se ven,
sin embargo, restos y reminiscencias de ideas y fórmulas ó
de representaciones anteriores más espirituales. Porque ape-
nas se explica, para honra de la inteligencia humana, que
hombre alguno, y ningún pueblo, por atrasado y obscuro
que viva en sus relaciones con otros pueblos y otras razas,
llegue á una ignorancia y depravación tales que, al rendir
culto á un objeto material cualquiera, lo haga por el objeto
mismo, sin representación metafísica, ideal, espiritual algu-
na. Los pueblos inventarán las formas de sus dioses; pero
en esas formas, por rudas y salvajes que sean, verán un
oculto poder de los fenómenos de la Naturaleza que no com-
prenden: del sol que calienta sus miembros; del trueno y
del rayo que los espantan; del árbol y los frutos que los
alimentan; de las fieras más horribles que los atemorizan;
é invocarán esa fuerza extraña, ese poder oculto, para que
los libre de los males que han sentido y que presienten, en
los mismos ídolos grotescos á quienes, con su adoración,
tratan de aplacar. Cuanto más atrás se trate de coger el
hilo de las creencias primitivas, se irá viendo esa especie
de ente misterioso que anima la Naturaleza, que se difunde
por toda ella y la empapa, como el agua á la esponja, y que
EN LAS RELIGIONES PAGANAS 329
enlaza las evoluciones mitológicas de todos los tiempos.
De ahí que los mitólogos traten de indagar, con sólo la
ayuda de la historia y la lingüística, la creencia primitiva y
simple en ese ente que forma en el fondo la religión de todas
las sociedades; pero algunos, por no atenerse al relato bí-
blico, y otros por contradecirle, fiados en sus propias inda-
gaciones, han perdido el tiempo lastimosamente inventando
sistemas atrevidos que otros mitólogos vinieron á deshacer,
sin que en el campo de la ciencia pueda hoy evocarse un
principio sólido que despeje por completo la incógnita del
origen de los mitos y el primitivo nombre de los dioses. Ni
las viejas baldías que entonaba el pueblo en las fiestas de
Grecia, ni las mismas narraciones religiosas de los sacer-
dotes antiguos, confundidas y mezcladas con otras nuevas
por el roce con distintos pueblos, han podido orientar á los
mitólogos en busca del lazo que á todas debía unirlas en la
mente de las primeras generaciones. En vano se han re-
montado algunos á los poetas del Rig-Veda para ver en sus
sencillas inspiraciones el nombre de sus divinidades: sólo
han deducido lo que á cualquiera es dado ver, que aquellos
poetas invocaban Á hidra, <1 Pardjauia y Aditi; pero nada
acerca de su origen y significación. '1 ampoco resolvió este
problema Eugenio de Burnouf, estudiando los libros religio-
sos Naskas de Zoroastro, los más antiguos que, en su sen-
tir, se conocen , y por lo tanto más próximos á la fuente pri-
mitiva.
Sólo la lingüística, aplicando su luminoso principio de la
unidad á los nombres de los dioses venerados por diversas
razas, ha logrado abrir nuevos derroteros para la ciencia
mitológica, casi completando la unidad simbólica de ésta,
como antes había conseguido demostrar la unidad de la es-
pecie humana. Una especie única, brotando de la nada al
soplo de un solo y tínico Creador, en el cual han creído y
adorado todos los pueblos y todas las razas unidas, con el
lazo de amor de una creencia, al primer hombre y á la pri-
mera mujer; una idea espiritual que arranca espontánea-
mente de la cuna del género humano y se difunde bien
arraigada en el fondo á través de todas las generaciones,
330
LA TRADICIÓN MONOTEÍSTA Y EL ESPIRITCALISMO
aunque mezclándose y confundiéndose en la forma de ma-
nifestarse, será siempre la síntesis gigantesca que se levanta
en el campo de la historia brotando irresistible al calor de
los descubrimientos científicos y de la suprema verdad re-
velada, como luz que alumbra los nebulosos anales de la
humanidad.
f'R. /dANUKL f. yWlGUÉLEZ,
O. S. A.
(Continuará.)
';\¡M!/íwS\M^S\^\^^«^!
a? OOCt<XCtC€C)CCCC(Xt^^
(•í\^v;\í;iwiví/!V;/^5/^í^^
La Antropología Moderna
(O
XIV
o es fácil entenderse con al^^unos transtormistas mo-
dernos, ya porque no se dignan prestar atención á
las razones de sus contrarios ó las escuchan con
cierto desdén olímpico, ya también porque olvidan la Lógi-
ca con inusitada frecuencia, y los puntos capitales que son
objeto de la discusión científica. Cuando ésta se da, huel-
gan las divagaciones por irracionales ó inoportunas: lo ra-
cional, lo oportuno y lo serio es ir al fondo de la cuestión,
sentando bien las bases y señalando con claridad los límites
en que se ha de encerrar aquélla.
En el número correspondiente al 18 de Abril último pu-
blica la Reviie Scient ¿fique un artículo titulado "La noción
de la especie y la nomenclatura-, en el cual el apreciable bo-
tánico M. A. Acloque dice lo que sigue: "Raros son hoy los
naturalistas sin preocupaciones que no concedan á las for-
mas vivientes la tendencia á la variabilidad. La doctrina de
la fijeza de los caracteres específicos no se puede sostener
ante el imparcial examen de los hechos; y sus partidarios,
irreconciliables con la verdad y con la evidencia, pueden
(1) \'éase la p. 503 del vol. xxxix.
.^32 LA ANTR0P0LO<'.f A MODERNA
i
leer en cuanto les rodea la condenación de su teoría. La
aptitud para variar se ve en todos los seres, y la misma es-
pecie humana está sometida á esta ley sin excepción. Hanse
producido modificaciones importantes, acumuladas por la
herencia, en la estatura, en las proporciones, en el rostro,
en la organización general del hombre, según que éste hubo
de sufrir el influjo de los ardores de los trópicos ó de los
fríos polares; y ahí está para refutar, con una prueba á to-
dos accesible, el dogma de la fijeza de las especies, el abis-
mo profundo que separa al negro del blanco, y al chino del
curopeo„ (1).
Con razonamientos de este género hay que desterrar la
Lógica del mundo, porque, para discurrir así, maldita la falta
que nos hace. No existen naturalistas, por " raros^ que sean,
con preocupaciones ó sin ellas (2), pero con sentido común,
que nieguen á las formas vivientes la tendencia á variar. Lo
que niegan esos naturalistas llamados "raros„ (quizá no
porque sean pocos en número, sino porque razonan con-
forme á las leyes inmutables de la verdad), es que las mo-
dificaciones en la estatura, en la proporción, en el rostro,
etcétera, etc., el abismo profundo que separa al negro del
blanco, al chino del europeo, y en general y en particular
toda variación producida por el clima ó el medio ó por otras
causas de las que se aducen, conocidas ó ignoradas, sean
un argumento en pro del transformismo. El negro y el blan-
co, el chino y el europeo pertenecen á una misma especie,
pese á los ardientes deseos de Hacckel y sus vanos admira-
dores. Hay, además, hechos bastantes en el estudio de la
adaptación de las razas que prueban lo contrario de lo que
pretende A. Acloque. Ese abismo profundo de que nos ha-
bla el botánico francés indica notoriamente que las razas y
los individuos no son tan plásticos para variar como gra-
tuitamente se les supone; de no ser así, el abismo se hubiese
cegado á estas horas. La resistencia del negro á las fiebres
(1) Rcvue Scicnti fique del 18 de Abril de ISX), p. 4^>.
(2) Toda razón, débil ó poderosa, contra la teoría transformista se
incluye hoy en el catálogo de las " preocupaciones „.
LA ANTROPOLOGÍA MODERNA 333
palúdicas, y la falta de ella en el blanco; los holandeses, que
después de tres siglos de existencia en el África no han ad-
quirido ninguno de los caracteres del negro; los judíos
"errantes^ y los chinos, que en la indelinida variedad de sus
habitaciones y de sus cruzamientos con otras razas jamás
se confunden con éstas; las plantas que cita Ncegeli, que, lle-
vadas desde Europa A la América, han permanecido idénti-
cas Á las de Europa, son una prueba en contra de la adap-
tación.
Lo que más nos admira en el artículo de A. Acloque es
que, definiendo la especie con estas palabras: "el conjunto
de individuos que proceden de un mismo tronco, morfológi-
camente semejantes en sus principales caracteres^, y aña-
diendo después la nota fisiológica de "mutua fecundidad^,
discurra el autor de la manera que acaba de verse. Porque
si la especie sólo puede racionalmente definirse partiendo de
la reproducción, claro es que todas las variaciones morfoló-
gicas nada dicen ó dicen muy poco en favor de la variabili-
dad de la misma. Para que los defensores de la doctrina evo-
lutiva puedan convertir y "reconciliar con la verdad y la
evidencia^ á cuantos no juzgan como ellos, es necesario que
se den, en la cuestión presente, la evidencia y la verdad; y
la evidencia y la verdad aquí han de manifestarse, no en las
variaciones relativas, dentro de ciertos límites, sino.en las
que alcancen á la reproducción de las especies. Todo cuan-
to se afirme y compruebe en otro cualquier sentido, es huir
de la cuestión y andarse por las ramas.
Nosotros damos á las palabras "adaptación al medio y á
las condiciones de existencia „ el más amplio y absoluto sig-
nificado, dentro del cual caben perfectamente las causas
complejísimas que pueden infiuir directa ó indirectamente en
el ser vivo: desde las modificaciones misteriosas del óvulo
hasta la plasticidad ó aptitud del individuo adulto para
amoldarse á la acción de los agentes exteriores ó interiores,
como la luz y el calor, el ejercicio y el uso de los órganos,
la atmósfera, el hábito y la costumbre, los alimentos y la
actividad de la nutrición, etc., etc.
Ahora bien : confesamos desde luego que la adaptación
334 LA ANTROPOLOGÍA MODERNA
en este generalísimo sentido es causa y fuente de variacio-
nes. Pero estas variaciones ;confirman la transformación de
las especies, como desean las escuelas evolucionistas? ;La
potencia del medio es tal que lo pueda conseguir? Veamos.
Mientras que Lamarck reñere las modificaciones de los
organismos á la acción de "esfuerzos interiores „ para ase-
gurar su estabilidad y harmonía en el medio ambiente, Geof-
froy Saint-Hilaire las atribuye de un modo exclusivo á la
acción del medio. Darwin, en su libro De la variación de los
animales y de las plantas, reconoce con franqueza que limi-
tó bastante las intluencias de aquél, quizá por dar más real-
ce á la lucha por la vida, á la herencia y á la selección na-
tural. En cambio sus discípulos las han exagerado, y Ed.
Perricr, en su Prefacio á la obra de Quatrcfages Los ému-
los de Darivin. llega A formular treinta y dos proposiciones
ó leyes que presiden la evolución orgánica, "regida, no por la
ley del progreso, sino por la ley de adaptación combinada
con la ley de economía^. Evidentemente se ha extremado el
sentido de la adaptación, que es maravillosa y real, y justi-
fica "la correlación de las formas y subordinación de los ca-
racteres „ anunciadas por Cuvicr. Se citan innumerables
ejemplos de organismos acuáticos amoldándose á la vida de
la tierra, y de organismos terrestres hechos hoy á la vida
de los mares. Se consignan las variaciones profundas de los
animales fijos y parásitos internos y la semejanza de adap-
tación entre los reptiles, las aves y los mamíferos, sin to-
marse nadie la molestia de alegar un caso concreto y termi-
nante que demuestre la "transformación de unas especies en
otras„.
La adaptación es consecuencia inmediata de la lucha
por la vida; y las dos colaborando con la herencia y la se-
lección natural, aunque no sirven para hacernos compren-
der las causas de la evolución, hacen luz, dicen los transfor-
mistas, sobre innumerables hechos y relaciones orgánicas,
principalmente en lo que concierne al valor de los caracte-
res. Cada insecto fitófago tiene su planta preferida; cada
parásito, su huésped ó morada predilecta; y, generalmente,
cada animal está adornado de instintos y costumbres que
LA ANTROPOLOGÍA MODERNA 335
parecen relacionarse con su estructura íntima. Esas costum-
bres y esos hábitos, así como la elevación de la temperatu-
ra, la presión atmosférica, el ejercicio ó la falta de él, y
sobre todo los alimentos, son otras tantas causas mecáni-
cas, físicas y químicas (sin contar las fisiológicas), que pue-
den dar origen á variaciones más ó menos importantes. Ci-
temos algún ejemplo. La Acacia dealbata, que en Aus-
tralia sólo florece en Octubre, llevada á los montes Nilghe-
rrios, floreció primero en Octubre, y dospués, y en virtud de
adaptación á las condiciones nuevas de existencia, en Junio,
en Agosto y en vSeptiembre.
Como nota oportunamente Quatrefages, muchos fenóme-
nos que se atribuyen á la selección y á la lucha por la vida
se deben de un modo exclusivo á las "condiciones de exis*
tencia„. Así el ilustre zootécnico Jouatt decía, de las diver-
sas razas inglesas de carneros: "no se conocen sus causas:
éstas pertenecen al suelo, al clima y á los pastos „. Las di-
ferencias que hay entre las especies domésticas y salvajes,
deben atribuirse á los medios distintos en que la selección
metódica y artificial coloca los animales y las plantas. Las
investigaciones de Decaisne sobre las plantas de Europa, y
las de Gubler sobre las enanas, denuncian la acción modi-
ficadora del medio: ciertas plantas, en algunas montañas,
sufren en la talla una reducción considerable, y aun se mo-
difican los órganos principales de su flor. Decaisne ha con-
seguido, con sólo variar las condiciones de existencia, mu-
chas formas de una misma planta que se juzgan especies y
no son más que variedades.
Los galgos ingleses, que, trasladados á Méjico, se fatiga-
ban frecuentemente en el ejercicio de la carrera, hubieron
de sufrir alguna modificación en los órganos del aparato
respiratorio, pues sus hijos cazaban con notable comodidad
á pesar de la rarefacción de la atmósfera. M. Joachimstahl,
repitiendo las experiencias de M. Marey en este mismo año,
llega á demostrar la adaptación espontánea de los múscu-
los al cambio de sus funciones. Que la temperatura influye
igualmente como causa modificadora en los organismos, lo
han hecho ver Dareste (1891) en los huevos de la galhna.
336 LA ANTROPOLOGÍA MODERNA
y Driesch (1893) en los huevos de los mariscos. No faltan
experinnentadores que retienen á los alimentos, como á cau-
sa, la ñsonomía característica de los irlandeses, bretones,
samoyedos y árabes. Las recientísimas investigaciones de
Mr. Curt Herbst acerca de la influencia que ejerce la modi-
ficación del medio químico ambiente en el desarrollo de los
animales, y las de Davenport y .\eal, señalan ít los partida-
rios de la evolución un nuevo camino, luminoso desde luego,
pero no tan fecundo como se espera. La aclimatación de
ciertos organismos ít los medios químicos, exteriores ó in-
teriores, puestos de relieve por Davenport y Castle, es bien
conocida hoy; y, como dice un escritor moderno, se pueden
citar casos innumerables de individuos que resisten "un me-
dio „ que mata otras formas de la misma especie. Así. la
Aiigitillula del vinagre suire, con relativa comodidad, la
eficacia de una proporción de ácido acético, mientras que
sucumbe á ella la mayoría de sus congéneres: en las fuen-
tes alcalinas se encuentran muy bien una launa y una flora
especiales, allí donde otros animales y plantas perecen sin
demora. Fayrer ha demostrado que las serpientes gozan de
segura inmunidad en cuanto á la acción de su propio vene-
no. Esta resistencia, fruto de la adaptación, de la costumbre
ó del hábito, que se ve también en el hombre, hase confir-
mado experimentalmentc por Scwall, que en IS^^? empezó
por inyectar en la sangre de los pichones pequeñas dosis
del veneno de la culebra de cascabel, capaces de producir
la muerte; logrando, después de repetidos actos, que aque-
llos animalitos sufriesen dosis cuatro veces superiores á las
mortales. Otro tanto consiguieron Kantack, en 1892, con el
veneno de cobra; Ehrlich, en 1891, con la substancia tóxica
del ricino, y Calmette, en 1894, con una mezcla de veneno
de víboras. En algunos vertebrados acuáticos y en verte-
brados inferiores obtuvieron resultado semejante Beudant,
Johnson, P. Bert, Massart, de V^irigny ^1), y cualquiera que
(1) La Rtvuc ScivntijKine , de París, y la Reme de Quesl/ons
scicntifiques, de Bruselas, han publicado estos y otros numerosos
datos acerca del asunto.
LA ANTROPOLOGÍA MODERNA 337
sea la interpretación de tales experiencias, siempre discuti-
ble, resulta cierto lo que venimos apuntando.
Son evidentes además las modificaciones que se notan en
el organismo de vertebrados é invertebrados que habitan en
moradas obscuras. Armando de Viré, en sus estudios sobre
las grutas del Jura, pudo consignar el extraordinario per-
feccionamiento y la hipertrofia que tienen allí los órganos
del tacto, junto con la disminución progresiva y decreciente,
hasta llegar á la atrofia, del órgano de la vista; y bien co-
nocen los amantes de la Historia Natural el papel que des-
empeña este órgano en los topos, en los Spa/ax, en los Ba-
tliyergtis, y en general en todos los roedores que viven en
galerías subterráneas; en las Cecilias, que no son ciegas
completamente, aunque hay animales de esta última cate-
goría, como lo demuestra, además de los conocidos (1), el
reciente descubrimiento (en Mayo último en Texas, en las
aguas de un pozo artesiano de cincuenta y cuatro metros
de profundidad) de algunas especies nuevas de batracios
relacionadas con el necturiis y el protens, y algunos crus-
táceos de los géneros antiguos l^ahanonetes y Crangonyx,
y un género nuevo, el Ciroldnides, que confirman la adap-
tación al medio.
Darwin (2) y sus prosélitos dan importancia suma á la
adaptación por el ejercicio ó falta de él, y citan como caso
particular de este último extremo el fenómeno que se nota
en algunos peces aplanados; v. gr., en el rodaballo, que
tiene de un lado los dos ojos y en el opuesto ninguno. El cli-
ma, influyendo principalmente en el color, que, según Eimer,
(1) Los peces de los géneros Ambtyofysis, Typhiciitliys subterra-
neus; los insectos del género Anophthaltnits y los Claviger; las lom-
brices terrestres de las galerías subterráneas; los animales que vi-
ven en la profundidad de las aguas, como el crustáceo Niphargus sti-
gíns, y en el CynioiiutniíS granulatiis pueden seguirse todas las fases
de la desaparición de los ojos. También hay moluscos de las aguas
profundas completamente ciegos : el Pectén fragilis (á 3.000 metros);
los Eitlima stenostoina, Plenroioma nivalis y el Ocorys sulcata (á
3.2()0 metros); el Fiisus abyssoruní (á 4.735). Véase Perrier, obra y
lomo citados últimamente.
\2) \'éase el cap. v de su Origen de las especies.
22
338 LA AXTROPOLOr.l'A MODERNA
no se debe á la acción de la luz, sino á la afluencia de la
sangre á la piel bajo el estímulo del calor; los alimentos,
las ¡substancias químicas introducidas en los organismos,
ora pior vía de digestión, ora por la hipodérmica... consi-
déranse como otras dos fuentes de variaciones, según las
venimos considerando. Hay, sin embargo, dos hechos de
este género que recuerdan con placer los transformistas,
y que se pueden resumir así: el observador Schmannke-
witch modificó la forma de la Artcnña de su nombre, au-
mentando y disminuyendo alternativamente la salazón del
agua: los famosos conejos de Porto-Santo, que llevó de
Europa el español González Zarco, adquirieron particula-
ridades rarísimas. Pero no es difícil hoy reducir á polvo
tale.^ argumentos; porque nadie ha demostrado, ni será ca-
paz de demostrar, que las formas de la Artentia son espe-
cies nuevas y no variedades de una misma especie. De ©tro
lado, la historia de los conejos de Porto-Santo se ha conver-
tido én leyenda mitológica por los estudios de Lataste; sin
contar con que, aun dado que fuese verdadera historia, la
deducción era ilegítima, porque no se tuvo en cuenta para
nada el cruzamiento, piedra de toque en la clasificación de
las especies.
Como no suelen darse leyes sin excepción, podíamos
aquí citar ejemplos innumerables de organismos que no se
adaptan al medio. \U mismo Oarwin recuerda los patos y
gansos de pies palmeados, que viven en elevadas regiones y
no se acercan jamás al agua: el ave de Mugellán, que tiene
en igual forma dichos óroanos y no le sirven para nadar: el
colantes cani/>csfn's, que los posee en condiciones para tre-
par y no trepa, y entre los insectos coleópteros el género
fíelop/ionts , cuyas especies acuáticas se arrastran porque
no han sido modificadas sus patas por las influencias del
medio, uno de los más poderosos que se conocen.
Ivés Delage cree firmemente en la actividad eficacísima
de las condiciones de existencia y de la alimentación como
causa de variaciones. Supongamos, dice, un gran número
de animales herbívoros que cohabitan en paz y sufrieron
modificaciones ligeras y débiles: no variarán si las condicio-
LA ANTROPOLOGÍA MODERNA 33^
nes.del medio no varían. Mas supongamos también que los
pájaros llevaron allí semillas de plantas nuevas que sustitu-
yan á las antiguas: los herbívoros las comerán, y ese ali-
mento, introducido poco á poco en la sangre, dará por resul-
tado una diferenciación y un cambio correlativo en la cons-
titución psicoquímica de todas sus células, incluso las germi-
nales. Al principio, esos cambios no serán perceptibles; pero
se notarán después de muchas generaciones, y el protoplas-
ma celular se habrá modificado completamente. La sa,ngre
á su vez obrará en las glándulas y en los restantes órganos,.
y el animal "habrá variado^. .-
Tal hipótesis no es inverosímil; pero los investigadores
futuros se encargarán de decir si algún día se convertirá
en tesis. De cualquier modo, no deben olvidar los parti-
darios del transformismo que no se trata, en la cuestión
presente, de la adaptación individual, sino de la específica;
no de la ontogenética, que es real, sino de la filogenética, que
es ilusoria. Los individuos se adaptan y se modifican, según
su "plasticidad„. bajo las influencias enumeradas, como
acontece en los músculos, los huesos, los tendones, los te-
jidos, las glándulas y los nervios; pero la adaptación de la
especie ó de todos los individuos simultáneamente, que su-
pone variación radical en las células germinales, es nula.
Este gran problema, en el cual fijan hoy su atención los
darwinistas entendidos y discretos, y desconocen todos los
escritores superficiales, constituirá el triunfo ó la derrota
del transformismo, porque ni las variaciones débiles nor-
males, ni las teratológicas, por notables que sean, dan ori-
gen á especies nuevas. Hay que buscar la variación gene-
ral, la específica, la que atañe al conjunto de individuos de
una raza ó á su mayor parte, y sobre muchos caracteres
á la vez (1). Se dice que la estructura diferente de las dos
caras de las hojas de la Tuya, y la transformación de las
mismas en escamas que protegen la yema de invierno, son
fenómenos de adaptación específica; pero nadie, hasta hoy,
tuvo valor para demostrarlo.
(1 ) Véase Ivés Delage , ob. cit., p. 819j
340 LA ANTROPOLOGÍA MODERNA
En suma ; existe en el mundo la adaptación de las formas
orgánicas bajo las influencias del medio, de la alimentación,
del ejercicio, del hábito ó la costumbre, etc., etc.; pero
considerar las variaciones resultantes de aquélla como una
razón poderosa en favor de la transformación de las espe-
cies, es atrevimiento incalificable en el estado actual de la
ciencia. En lo que se llama "gran mecanismo del Universo^,
cada forma orgánica es, por decirlo así, una pieza que tiene
su lugar bien determinado y su función bien establecida.
Aunque hay perfeccionamientos y desgastes, no es fácil al-
terar la máquma con arrebatos de entusiasmo ni con sutile-
zas y cavilaciones.
fR. ;ZacarIas /lARTlitEr N'uftsz,
o. S. A.
{Coutimuura )
m MANUSCRITO DE MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORIAL
(O
(Apuntes para la historia del género orgánico en los siglos xvi, xvii y xviii.)
I- K. DíRGO DE TORRIJOS.
Otra (Pangc liníjua) d .7 sobre.
lajo, fr. Diego de Torrijos. .. (í'ol. 19 v.)
Otra de rejistro va jo d tres, so-
bretiple,fr.Diegode Torrijas. ( „ n n)
Los dos Funge lingiia citados, cortísimas composicio-
nes donde ya se manifiesta con toda claridad la decadencia
del arte orgánico, y las menos á propósito, por su modo de
ser, para juzgar del mérito de su autor, no merecen que fije-
mos nuestra atención en el nombre de Fr. Diego de Torri-
jos. Pero tratándose de uno de los más fecundos y sabios
compositores que pasaron por la Capilla escurialense, des-
conocido de todos nuestros biógrafos, es deber nuestro,
aunque nos desviemos algo del principal objeto de estas
líneas, recoger los datos más culminantes de su vida y ha-
cer el catálogo de sus obras.
Fr. Diego Díaz, llamado comunmente, del pueblo en que
nació, Fr. Diego de Torrijos, tomó el hábito de San Jeró-
nimo en el Real Monasterio del Escorial el año de 1668, y
profesó el 31 de Diciembre de 1669; recibió las sagradas ór-
denes en 19 de Mayo de 1674, 24 de Mayo de 1676 y 17 de
<1) Véase la página 28'}.
342 UN MANtfSCRITO DE MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORIAL
Abril de 1677 respectivamente ^1), y ejercitó el magisterio
de esta Capilla entre los años 1680 y 1690, falleciendo, en fin,
el 30 de Octubre de 1691 (2).
Distinguióse mucho en el órgano y arpa, dejando como
muestras de su facilidad en componer las siguientes obras:
(1 Libro de órdenes, ff. 80, 82 y 87.— Siendo Prior de esta Casa el
P. Marcos de Herrera. íué enviado con otros relijíiosos .1 Madrid,
donde le confirió el Subdiaconado el limo. Sr. Nuncio.— F.l Ilustrísi-
mo Sr. D. Savo Mellino, Arzobispo de Cesárea y Nuncio de Su San-
tidad, le ordenó de Diácono en el Escorial, y en Madrid de Pres-
bítero.
(2) De la piedad y conocimientos profundos del P. Torrijos en la
Música da testimonio la siguiente bio^jrafía escrita en las Memorias
sepulcrales ÚQ csie Monasterio. Dice así: "Sepultura 2^ (ff. 2l3vuel-
to-214): "En esta misma sepultura está sepultado el P. fr. Diego de
Torrijos, natural que fué de este mismo lugar en el Arzobispado de
Toledo, hijo de padres honrados, y desde niño muy inclinado A todo
género de virtud; fué assimismo de claro entendimiento, y aplicándo-
le al estudio de la Gramática, salió excelente en ella, por cuya causa
viéndole un tio suyo aprovechado en ella, y conciuicndo esperanzas
de feliz progreso en otros mayores estudios quiso aplicarle á ellos:
mas el sobrino considerando aun en su poca edad los peligros de ella
quiso asegurarse con mas feliz empleo, qual es el de la ciencia de los
Santos; para cuya e.xecución determinó poner por obra los sanios
deseos de que traya preñada el alma desde que le amaneció la luz
de la razón, estos fueron siempre de ser religioso de \."' V. .S. Ge-
rónimo. Mas su tio como prudente y discreto temiendo no fuesen es-
tos deseos mouimientos de niño, y veleydad de muchacho le di.xo que
por algún tiempo le considerase y encomendase á Dios, y auiendolo
hecho con mucha instancia, humildad y lágrimas delante de vna
imagen de Christo Crucificado que llaman de la Sangre, salió deste
deuoto y santo exercicio confirmado en sus antiguos y santos propó-
sitos, y vino á ponerlos por execucion pidiendo el hauito en esta
Santa y R' Cassa de San Lorenzo, donde se le dieron con aproua-
ción de todos por la buena quenta que dio de su persona en el exa-
men de Gramática y Música, de que tenia mas que principios. Ves-
tido pues el hauito y pasado el año de su aprouación con igual corres-
pondencia á las buenas esperanzas, que desde luego se conciuieron
de su honrrado y santo proceder se le dio la professión en treynta y
vno de Diz.'" del año mil seiscientos y sesenta y nuebe; y pareze fué
con particular acuerdo fuese su Professión en el ultimo dia de mes y
año, para dexar los resauios de lo antiguo y como desentenderse (si-
guiendo el precepto del Apóstol) del hombre antiguo con todos sus
actos, empezar el año nueuo vistiéndose de jesuchristo y haziendose
nueua criatura, y como tal se huuo todo el tiempo que vivió con
nuestro Santo Hauito, y en la imitación de su Padre celestial, y dan-
U.V MANUSCRITO DE MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORi;»L 343
I
1. Missa de P/" Mai."' (ó Prop." MatorJ á 12 (tres co-
ros).
2. Missa tí 8 sobre el motete " Vulneyasti cor meum^.
3. Missa á 6. (Hay dos copias. En el papel de Alto de una
do en esto forma A muchos de se^ruir los mismos pasos con exémplar
y santa vid.i. Empleóle la obediencia en pocos otficios assi porq.e no
se inclinaua á ellos, como porq.' la habilidad de la música en que
lué muy scientilico, y del Órgano y Arpa q.*^ supo tocar sufficiente-
mente le tenian como destmado al mejor officio, q." es el Diuino, en
el cual se exercitó alt^unos aftos siendo Maestro de Cap.', y enseñan-
do música y lo que sabia de orííano assi A algunos nuebos de la es-
cuela, como A otros nirtos de la hospedería, y estando en su cargo
recibia, seruia y agassa.xaua con mucha caridad á los huéspedes es-
ppcialmen.'" á los Religiosos, y particularissimamen.*"" A Tos del Se-
r.ifico P.f .S. Fran.'". A quienes protfessó cordialísima deuoción, pa-
reciéndole (y era assi) q.^ en cada vno de ellos recibía yn Christo.
Los niños de la hospedería h.iUauan en este P.<= fácil prouidencia,
que no echauan menos la de sus PP." Era muy celoso de q.e estudia-
sen y aprouechasen el tiempo y frequentassen losS.*'*'* Sacramentos,
y se ejerciíasen en .SS.»*"' y loables costumbres, especialmen.'c en la
deuoción del Rosario de N.«" S.» q* regaba juntamente con ellos, y
en todo se habia como una .Madre solícita y próuida de cada uno.
Decia missa con mucha deuoción prepar;\ndose para ella con mu-
chos e.xercicios de oración, penitencia especialm.»* desde los doce
años de h.lbito hasta q.^ murió, y después daua gracias con mucho
reposo y no de relámpago, como algunos, considerando la grandega
y Mag.d de tan diuino huésped con quien se regalaua tiernamente
mucho tiempo, y procurando auiuar el fuego de su devoción con la
freq.'f v S.'-» lección de libros deuotos, especialm.'e de los de la ma-
dre \'enerable María de Jesús de Agreda. Era muy parco en su co-
mer, y por consiguiente en su dormir, y traia á la raiz de sus carnes
vn áspero silicio, y disciplirtauase frecuentemente hasta derramar
de su cuerpo copiosa sangre y finalm.te en estos y otros S.^'"* exerci-
cios acabó la carrera de su peregrinación en treinta de Octubre del
Año mili seiscientos y nobenta y vno con muerte subitánea aunque
no improuissa assi por lo que dexamos dicho en su S.'^ Vida, como
por hauerle cogido el accidente de un letargo q.e le duró por espacio
de diez y siete horas después de hauer dicho missa, y dado gracias
con el reposo q.- solia sin boluer del. y assi podemos decir q.e , reci-
bida la extrema Vncion, murió con todos sus Sacram.""* Requiescat
in pace amen „.
En las mismas Memorias (Sep.* 60) se da noticias de otro Fray
Diego de Torrijos, Stice/dote profeso del Parral de Se gavia, tañedor
de tecla hiiftque sabia poco dcste menester y de música, que murió
á 4 de Octubre , año 1502, .e\ cual no debe coafundirse con el an-
terior.
344 UN MANUSCRITO DE MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORIAL
de ellas dice: Por el P. Fr. Diego de Torrijos de
lo bueno y onestode sus tiempos. — Dos coros.)
4. Missa d 12 sobre el '^vuhrerasti cor jneum„. — Debe
ser un arreglo de la citada en el '2.
5. Aíissa d 12, d°' Choros.
6. Missa de Réquiem d 4.— Está unida á las tres prime-
ras lecciones de difuntos que se siguen, y otras
composiciones de autor anónimo. En el guión d
todo se indica el año l(y)3 (1).
7. Lección 1." del 1." Nocturno del oficio de Difun-
tos d 4.
s. Lección /." del 2." nocturno del oficio de Difun-
tos d 4.
9. Lección /." del 3." Nocturno del oficio de Difun-
tos d 4.
10. Lección de Difuntos. ^ Manus tUtc Dómine y,.
1 1 . Quis mi/ii Jioc tribuat— Lección 3.* del '2.° \oct. A S,
tres tiples,
l'i. Alto Í684. Vísperas ordinarias y de A." S.' d S.
(Dos coros.) — Faltan papeles del primer coro.
13. Dixit Dominus á 8.
14. Dixit Dñs. d 12.
15. Dixit Dfls. d (V. De dos vajos.
16. Beatus vir á 8. Tres tiples.
17. Beatus vir d 8.
\^. Laúdate Doininum omnes gentes d 8. Tres tiples.
En el papel de Bajo de J. " Coro se lee: Del P. Fray
Diego Días ó Torrixos.
VI Laúdate Dfl. omnes gentes d /i?.— Está señalado el
año 1604.
20. Latatus sum d 8... Copióse el año 1743 por José ph
Crespo.
21. Lauda Jerusalem d 8... Copióse por Jph. Crespo.
Año de 1743.
(1) Esta techa, si no es un apuntamiento casual, hecho en el papel
sin referirse en nada A las composiciones allí escritas, prueba que el
P. Torrixos conocía el arte de componer antes de su ingreso en la
Orden Jeronimiana.
UN MANUSCRITO DE MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORL-VL 345
22. In exitu Israel d 10. Dos tiples al Choro primero.
4 tono.
23. Credidi d 10.
24. Credidi propter qitod d S. Dos vajos.
2f>, Domine probasti me d S. Tres tiples. —En el papel
de Alto de 2." Coro: Se copió el año 1747 d 12 de
Septiembre.
2(>. M(7Lrni/icat d 8.
27. Maiinificat d 8.
28. Magnijicat d 8, de 8."" tono alto.
29. Magníficat d 8, de 4." tono.
30. Maírnificat d 12, de 4." tono.
31. BenrdicaniKS d 8... Se copió en el arlo I8t)3.
32. Benedicamus d 8... En la cubierta se añade : Se pue-
de (cantar) d 5 y d 6. Otra mano posterior escri-
bió: es mentira.— Copióme Fr. Antonio de Ex-
tremerá, año de 176') in Esc\ — Copióse el año
1792.
32. Himno de San Pedro y San Pablo d 8, tres tiples.
Hay tres copias, una de ellas 3.* alta de las demás
para 4 y 12.
33. Himno de los apóstoles '^exultet coelum laudibus^
d 8, tres tiples.
34. Himno d San Juan Baptista d /2. — Hay dos co-
pias.
35. Hi))ino de la Ascensión, á /z*.— Faltan todos los pa-
peles excepto el Guión d tocio.
30. Miserere mei Deus d 12, 2." tono.
37. Regina Cali Icetere, d 12.
38. Lamentaciones, d 8.
39. Sabbato ifi Albis Benedictus Dñs. Deus d 8 voces...
Copiado por Fr. Pablo Ramoneda.
40. Sabbato in Albis Lauda Anima mea d 8 voses... Co-
piado por Fr. Pablo Ramoneda.
41 Hec di es quam fecit Dñs. A 10. (Tres coros.)
42. Sequentia 'Lauda Sion Salvatorem „ d 6. Para el
Corpus.
43. 1683. Navidad. Villansico Gallego d8.
346 UN MANUSCRITO DE MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORLAL
44. J683. Navidad Calenda. V^illansico á 12. '^Anna,
arma. Guerra, guerra. r,
45. 1681. Navidad. ""Al son de los instrumentos.,, Vi-
I llancico á 8.
46. Villancico á Navidad rí 12, "^ Saludan dulces Cla-
rines y^.
47. Corpus. ^Al Enfermo del Arnor.^ l'illancico d 7 .
48. Corpus. '^Al puerto, al puerto. y^ Villancico á 6.
49. Corpus. "^ las bodas ret^ias.,, Villancico d 5.
50. Villancico á San Gerónimo d 12. "" Aves, fuentes,
flores, selvas. „
51. ""Oy con misterio introduce,,, 1681. Villancico A. S.
Lorenzo. A 12.
52. "" En consonancias de Guerra.,, Villancico á San Lo-
renzo. A 8 voz es.
53. " Vaya de fiesta..^ Villancico á 8.
54. Villancico. A N."> 1\* S. Gerónimo á 12 (3 coros).
55. Villancico A 12. "^Avecillas, cantad.^ (^ coros).
Fr. Josepii Perandreu. Paiije tingíiaá 4.° sobre ba-
jo, de fr. Joseh, petan-
dren (lül. 15.)
Otra sobre tenor, del mismo
atitur (fol. 15 v.^
Otra sobre contralto del mis-
mo (lol. 16.,
Panjc lingua sobre tiple á
4."^, del mismo autor. .,. . . (fol. 87 v.)
Medio Reí^istro alto, de 5.°
tono por delasolre, de per-
andreu (fol. 22-28 V.)
Medio Registro alto de S.°
tono, perandreu (fol. 29-33 v.)
Medio Registro, de dos ti-
ples, S.'' alto del P. fr.
Jóseph perandreu (fol. 34-30 v.)
Medio Registro de dos ti-
ples, del P.fr.Joseph per-
andreu (fol. 37-41.)
Medio Registro de dos ti-
ples, fr- JosepIi , peran-
dreu (fol. 41 V. -47.)
UN MANUSCRITO DE ML'SICA DEL ARCHIVO DEL ESCORL-VL 347
Ni en el Archivo de música de este Real Monasterio, ni
en los libros de Actas Capitulares , Memorias sepulcrales
é informes para la admisión de Religiosos, hemos podido
descubrir indicio alguno respecto del P. Fr. Joseph Peran-
dreu. Y en verdad que no era necesario: de sus prolijas
composiciones se deduce inmediatamente, á falta de otras
noticias, la época á que pertenece su autor, no por cierto
la más brillante de nuestra escuela orgánica.
El P. Fr. Joseph Perandreu pertenece á la escuela de
Bruna; con las mismas pretensiones é iguales ó maj-^ores
defectos, nos da idea exacta del lastimoso estado á que se
vio reducida la música de órgano durante los años que me-
dian entre el ocaso de nuestra escuela clásica á mediados
del siglo xvn, y los primeros albores del renacimiento del
género orgánico ya bien entrado el siglo xvni, bajo la po-
derosa influencia de los Nebra, Líteres, Lidon, Baguer y
otros; período de larga y laboriosa ge.stación, en el cual
la falta de gusto sólo sirve para producir ridículos engen-
dros, ajenos por completo á la severidad del culto religioso.
En ninguno de los compositores conocidos puede estudiarse
mejor que en el autor de las obras arriba citadas el lamen-
table extravío á que condujeron el arte los organistas de los
últimos años del siglo xvn. Otra vez aparece en él la melo-
día (si así merece llamarse) en contraposición á los cálculos
contrapuntísticos, aunque luchando con tan adversa fortu-
na que quedan muy por debajo de aquéllos los conatos de
libertad ensayados en el nuevo género. Y es que estas glo-
sas melódicas se separan por costumbre inveterada del fin
verdadero del arte, y los innumerables floreos é intermina-
bles progresiones , á más de estar acompañados muy pobre-
mente, no revelan idea alguna de buen gusto, 3' careciendo
de los primores que el contrapunto ofrecía, sin reunir, por
otro lado, ninguna belleza en los juegos melódicos, hacen
pesadas y ridiculas las producciones de este último período.
JOAN Sebastián. Tiento de 2^ tono por Jesol-
veud , Joan Sebastiáti (fol. 103 V.-104.)
Al hojear por primera vez nuestro manuscrito, abrigaba-
348 UN MANUSCRITO DE MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORIAL
mos cierta esperanza de encontrar en el autor de esta pieza al
famoso Juan Sebastián Bach; pero bien pronto el examen,
y no muy detenido, de la composición nos descubrió otro
insigne y desconocido organista español, cuyo nombre me-
rece figurar al lado de los de Aguilera y Jiménez, y perte-
neciente, sin género alguno de duda, á los buenos tiempos
de nuestra escuela clásica.
Aunque el Tiento citado ofrece caracteres muy comple-
jos en su análisis técnico-histórico, saltan desde luego á la
vista, y son muy dignas de notarse, la tan característica
glosa cadencial, exclusivamente propia de la escuela espa-
ñola, de que ya hicimos mención al l>ablar de Aguilera, y la
variación del compás de compasillo en 320, al terminar el
Tiento, costumbre muy general, y de la cual se qncuentran
ejemplos en casi todas las composiciones de los organistas
españoles de esta época. Tampoco debe pasarse en silencio
el uso de ciertos acordes, tales como el de quinta aumenta-
da, séptima de segunda y séptima dominante, que aparecen
con carácter propio, aunque no practicados, especialmen-
te el último, con la valentía y libertad de que Jiménez hace
alarde en su obra de Vajo /." iono, donde le presenta sin
ambajes ni rodeos, repitiéndole con insistencia.
Acerca de la persona de Joan Sebastián, nada sabemos,
viéndonos en la precisión de repetir el estribillo obligatorio
en trabajos de esta clase: ya aparecerán otras obras que,
con algún dato colocado en su encabezamiento, serán quizá
suficientes á despejar la incógnita de la personalidad artís-
tica del autor.
Gabriel Serrano. Tiento de S.° tono, Ga-
briel Serrano (fol. 10") v.-lOó v.)
Gabriel Serrano es otro de tantos organistas desconoci-
dos, perteneciente, como el anterior, á los últimos años de
la época clásica, aunque ya se vislumbra en sus obras el
principio de la decadencia.
Anónimo. Versos de 6° tono (14 versos) (fol. 1-2 v.)
Versos de 9.° tono, por dclasoire (21). . (fol. 4 n v.)
Á 8.", 4 composiciones (fol. 7-13.)
UN MANUSCRITO DE MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORIAL 349
Panje lingua á 3 (fol. 14.)
Panje lingua á 3, rejistro alto, de dos
tiples (fol. 14 V.)
Oí ya sobre tiple , rejistro vajo (fol. „.)
Obra de I .« tono, de tiple d3 (fol. 56-58.)
Medio rejistro alto, de S.^ tono (fol. 58 v-60.)
Medio rejistro de dos tiples de sexto
tono (fol. 60 V. 62.)
Vajo de 3.^ tono (íol. 76-77 t.)
Las anteriores obras pertenecen indudablemente al pa-
ciente coleccionador de Tientos, versos para el Pange lín-
gtia, salmos, batallas y todas las demás piezas que ya co-
noce el lector; de manera que nuestro anónimo reunía, á su
infatijíable laboriosidad, la inspiración artística. Sin embar-
go, deben exceptuarse las composiciones d S.'\ cuya copia
indica anterioridad de tiempo respecto del en que existió el
monje y organista de este Monasterio que formó el escogido
repertorio que contiene nuestro manuscrito. Estas últimas
obras, escritas, al parecer, para dos órganos ó uno solo,
usando de todos los teclados , son dignas de particular estu-
dio, por haber sido tan poco cultivado este género, y no ha-
berse aprovechado en general otros recursos, fuera de los
que ofrecen las dos manos del organista. Aunque pudiera
dudarse si son la partitura de una misa ó salmo, etc., á
ocho voces, sin letra, la notable diferencia que se advierte
entre el estilo en que se hallan escritas y el de la música
vocal nos ha inducido á creer que realmente son orgánicas
las citadas composiciones.
Atendiendo ahora á las demás ültiniamente enumeradas,
resaltan notablemente entre todas los treinta y cinco ver-
sos de 6." y S." tono. Contrastando con la dureza harmóni-
ca peculiar de las composiciones orgánicas del siglo xvii,
aparecen en esta hermosa colección algunos de aquéllos,
abundantes en dulcísimas consonancias, sin que se note
la más leve aspereza en sus acordes, y tan cuidadosamen-
te trabajados, escritos con tan singular gracia y buen gus-
to, que pudieran atribuirse á los organistas españoles más
eminentes de aquel tiempo. ¡Cuántas salmodias orgánicas
se han publicado en el siglo xix que no son más que un re-
350 ÜN MANUSCRITO DE MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORIAL
pertorio de insulsos preludios, donde se revela, al mismo
tiempo que la falta de conocimientos harmónicos, casi total
ausencia de sentido común artístico en el compositor! Al
lado de tan informes engendros, demasiado abundantes por
desdicha, resalta más el valor de estos versos, compuestos
con dos siglos de anterioridad, cuando el arte orgánico es-
taba casi en el primer período de su formación.
Las restantes obras nada ofrecen de particular; nótase
en ellas , sin embargo, la influencia de Pablo Bruna, á quien
debía de ser muy aficionado el autor. Para prueba baste la
obra de medio registro alto de <S\'^ tono, Á la que sirve de
tema el mismo que Bruna desarrolla en la suya de medio
registro vajo. De aquí se deduce también que aun se conser-
vaba en el estudio del órgano una práctica muy semejante á
la recomendada por el P. Santa María en los avisos necesa-
rios al nuevo tañedor (1)... "Assi mesmo procure (el nuevo
tañedor) tomar de las obras una voz cualquiera, es á saber,
tiple, ó contra alto, ó tenor, ó bajo, y tañerla con el tiple á
consonancias á quatro vozes, echando las tres de su cabe-
za„. En estas composiciones largas, dado que sean del mis-
mo autor de los juegos de versos, se echan de ver todos los
defectos propios de la época mucho más claramente que en
aquéllos.
(1) Arte de taücr fantasía, J." parte, cap. lii, fol. \'1\ v.
fR. )_0I8 yiLLALBA,
O- S. A.
iConíluirií)
S^^<3i9i9fSii9«íMm^^^t»íííil¥«^c^
í^:
I t^ft.t • •' t-i I i I •• ■ I J I I l< I • «i
Bl caráctkr moral de Voltaire
0LTA1RI-. no vio todo lo que hizo, pero hizo todo lo
que estamos viendo.— Así se expresaba Condorcet
pocos meses antes de morir trágicamente, y cuan-
do había presenciado ya las consecuencias de las doctrinas
en que le había imbuido su maestro. Si el discípulo de Vol-
taire aludía en esas palabras á la espantosa revolución que
cubrió de sangre y luto los altares y sembró de ruinas el
suelo de la infortunada Francia, no tenemos inconveniente
en aceptarlas por verdaderas, despojándolas, sin embargo,
de su exageración.
No puede dudarse de la influencia de Voltaire en la tre-
menda catástrofe que derribó el trono de Luis XVI; pero
tampoco cabe afirmar en absoluto que sea obra exclusiva-
mente su3'a, so pena de atribuir á una causa relativamente
pequeña efectos de proporciones colosales. El patriarca de
Ferney contribuyó como nadie á que estallara el terremoto
que se iba preparando de mucho tiempo atrás en el seno de
las sociedades, y como nadie fomentó el voraz incendio que
había de convertir en cenizas las más -firmes y seculares
instituciones, y amenazar con sus devsradoras llamas á la
352 EL CARÁCTER MORAL DE VOLTAIKE
'Europa entera; pero atribuir á un solo individuo esta obra
en toda su magnitud, sería desconocer la historia de la hu-
manidad y las leyes que rigen sus destinos. En los grandes
acontecimientos suelen concurrir muchas y muy complica-
das influencias, difíciles de separar, y ningún hombre puede
ser considerado como causa adecuada y única de los mis-
mos. Los que afirman lo contrario, no advierten que el jefe
de la incredulidad moderna se concretó á difundir las ideas
pseudo-ñlosóficas abrazadas antes por muchos de sus con-
temporáneos, y que Voltaire es engendro de su siglo, más
bien que el siglo engendro de Voltaire.
Volviendo á la frase con que hemos encabezado este ar-
tículo para examinarla desde otro punto de vista, es seguro
que, si Condorcet pudiera explicarla, nos diría que Voltaire,
preparando la revolución francesa, había abolido la escla-
vitud vergonzosa en que se encontraba el universo; que él
fué el adorador m.1s ferviente de la humanidad, el adalid
más insigne de todos los que lucharon por el triunfo de la
conciencia, el campeón más infatigable del progreso y más
enamorado de la libertad, el Mércules que con los golpes de
su formidable maza hizo desplomarse el vetusto edificio de
la tiranía y el fanatismo, etc., etc. En estos ó parecidos tér-
minos se expresan los admiradores de X'oltaire, no ya los
que, como Condorcet, alcanzaron sólo los primeros abomi-
nables frutos que dio de sí la propaganda del mentido após-
tol, sino los que hoy mismo se empefian en cerrar los ojosa
la luz de la experiencia. Baste citar, por lo que á Espafía se
refiere, un pasaje de D. .Manuel de la Revilla.
"No subscribirá la humanidad presente — escribía aquel ex-
traviado aunque poderoso ingenio — á todos sus exagerados
ataques (de Voltaire); no dirá con él Ecrascc V infame; no
verá como él en la religión el fruto de la impostura, ni apro-
bará su poema contra Juana de Arco; pero al recordar que
á él debe la libertad de que hoy disfruta; al pensar que, gra-
cias á él, ya no hay castas religiosas ni políticas, ni odiosos
privilegios, ni fieros fanatismos, ni crueles tiranías; al con-
siderar que, merced á Voltaire, reinarán un día entre los
hombres la tolerancia, la libertad y .la paz, celebrará con
EL CARAcTER moral DE VOLTAIRE 353
creciente entusiasmo las glorias de aquel varón insigne, y,
lejos de maldecirle como un ilustre poeta español, llena de
gratitud, de admiración y de respeto ceñirá á la trente del
defensor de Calas, Labarre y Sirven la corona de lainmor-
talidad„.
Para demostrar las equivocaciones que encierra este
hinchado ditirambo, basta leer la obra publicada reciente-
mente por Nourrisson (1), y de la cual se deduce, como se
ha dicho al juzgaría en La Ciudad de Dios, "que el autor de
La Fucelle fué un mal hijo, un ser degradado por las más
viles pasiones, cínico en sus costumbres, traidor á sus ami-
gos y á su patria, hipócrita y avaro, alma vil é incapaz, no
sólo de practicar las virtudes, sino de comprenderlas en los
demás„.
Entregado al desenfreno desde la juventud, en todo bus-
caba la satisfacción de sus depravados apetitos, sin respeto
á leyes divinas ni humanas. Hijo desnaturalizado de Fran-
cia, arráncale aplausos todo lo extranjero; sólo cuando se
trata de su patria, parece que no acuden á sus labios frases
de aplauso ni excita su corazón el entusiasmo. Fué político
sin diplomacia, ñlosofo superficial siempre, descabellado á
veces, nunca profundo; poeta desprovisto casi de verdade-
ro y hondo sentimiento, dotado de imaginación lozana, pero
sujeta á un círculo muy reducido; sociable, pero sin un ver-
dadero amigo, y dispuesto á venderlos en cualquiera oca-
sión, si así importaba ;i sus conveniencias. Sus amistades
comienzan generalmente por la lisonja, continúan fríamente
á los pocos días, y suelen terminar con la traición. Apenas
pueden reducirse á número las malas cualidades de Voltai-
re, mientras que las buenas parecen haber conspirado en
huir de aquel corazón egoísta y miserable.
A sus condiciones personales responde el espíritu des-
tructor y malsano que informa sus escritos, y del que en gran
parte se han originado las distintas formas del moderno es-
cepticismo religioso, sin excluir la de las negaciones ateas
y materialistas.
(l) Voltairi' et le fíj/Z^mí/z/s;»^.— París, Lethielleux, 18%.
23
354 EL CARÁCTER MORAL DE VOLTAIRE
Uno de los estímulos más eficaces que inducen al hombre
á combatir con denuedo en las batallas de la vida, uno de los
consuelos más eficaces que le obligan á levantar los ojos al
cielo y resignarse con sus infortunios, es, indudablemente,
la consoladora esperanza de que más allá de la obscuridad
del sepulcro hay una morada de gloria eterna para los jus-
tos, y otra de eternos castigos para los malvados. Arrancad
esta salvadora creencia del seno de las sociedades, y las ha-
bréis convertido en un infierno; persuadid alas muchedum-
bres de que la palabra inmortalidad no tiene sentido, de
que en el hombre no hay nada que se distinga del organis-
mo caduco y deleznable; de que no existe más Dios que la
materia increada, y veréis cubrirse de pavorosas nubes la
conciencia humana, y entronizarse en el mundo la anarquía.
Pues á ese fin vienen ;í dirigirse, clara ó embozadamente,
los esfuerzos de V'oltaire, á despecho del vago é infecundo
deísmo que defendía en algunas ocasiones. Las pakibras del
jesuíta Le jay: '^ serás el portaestandarte de la impiedad^,
encierran una verdadera profecía cumplida en todas sus par-
tes, porque V'oltaire juró encarnizada guerra á la religión,
y la persiguió con diabólico furor hasta los últimos años de
su existencia. Lo que no pudo ver realizado fué aquel lo ve-
remos, que dio por respuesta á M. Herault cuando éste le
aseguraba que no conseguiría destruir la religión cristiana.
No desanimaron al sofista de Ferney los obstáculos que se
oponían á la realización de su empresa, y valiéndose de la
refinada hipocresía, de la adulación para con los grandes
personajes y de la sátiracontra sus enemigos, extendió su
intluencia por toda Europa y tuvo á sus órdenes una falan-
ge de sofistas, produciendo una re^volución en las ideas que
muy pronto había de traducirse en sangrientas y pavorosas
catástrofes. La aspiración capital de* la escuela volteriana
era destruir al infame (así apellidaban estos monstruos á Je-
sucristo). "Sea cualquiera el partido que toméis, decía Vol-
taire á Diderot, yo os recomiendo el infame, es preciso des-
truirle entre las gentes cultas, y dejarle á la canalla para
quien se ha fabricado^.
El primer medio empleado para arrancar la fe del alma
EL CARÁCTER MORAL DE VOLTAIRB 355
de los pueblos, fué la persecución de las corporaciones reli-
giosas, creyendo, y con razón, que, si lograban hacerlas
desaparecer, privarían al Catolicismo de uno de sus más
firmes baluartes y se verían libres de los más decididos ad-
versarios con que necesitaban combatir. Y como la Compa-
ñía de Jesús estuvo siempre especialmente destinada á sa-
tisfacer las necesidades de la polémica religiosa desde los
orígenes del protestantismo, y como el crecido número y la
organización de sus indi\ iduos la hicieron temible para los
enciclopedistas, del mismo modo que lo había sido para los
pseudo-reformadores. contra esta corporación se dirigieron
principalmente los ataques de la impiedad en el siglo xviii.
Bien conocían los secuaces de Voltaire el papel que los
hijos de Loyola representaban en el seno de la Iglesia, y d^
ahí el furor con que procuraban desacreditarlos, de ahí e}
empeño de que fuesen desterrados de todas las naciones ca-
^tóliCfis, de ahí que Voltaire colocara su mayor dicha en
verlos arrojados al mar, llevando cada jesuíta un jansenista
al cuello. Cuando el pérfido Choiseul intenta dar el golpe de-
cisivo á las Órdenes religiosas, comenzando por la Compa-
ñía, el patriarca de la impiedad le aplaude frenéticamente,
y exclama, dirigiéndose A Alembert: '^¡Viyael Ministerio
de Francia! ¡Viva ante todo M. el Duque de'Choiseul!„ Al
Marqués de Villevieille decía en una carta, que se rego-
cijaba cual valiente caballero de la expulsión de los jesuí-
tas, que el japón tenía la gloria de haber sido.el primer país
que expulsó á los picaros de Loyola, siendo imitados los ja-
poneses por los chinos y éstos por Francia y España. "¡Oja-
lá — proseguía después — se pueda exterminar á todos los
frailes, que no valen más que estos picaros de Loyola !„ Y
poco después añade: "Estamos cercados de monstruos^.
Para que se observe cuánto confiaban en su triunfo los se-
cuaces de Voltaire, véase lo que contesta Alembert á su
maestro, que no cesaba de inculcarle la guerra á Jesucris-
to: "Destruid el infame, me repetís continuamente. ¡Oh, Dios
mío, dejadla (aludiendo á la Religión) precipitarse por sí
misma! Corre ella más velozmente que pensáis... No son los
jansenistas los que matan á los jesuítas: es la Enciclopedia^.
3.% Fi: CARÁCTER MORAL DE VOLTAIkE
No á todos manifestaba claramente sus propósitos el pa-
triarca de Ferney, antes bien hizo con frecuencia ostenta-
ci(')n pública de religiosidad, y aun se acercaba á los alta-
res para recibir sacrilegamente el Cuerpo de Jesucristo. E\
obrar siempre como un conjurado, ocultando su impiedad
diabólica bajo la máscara de la hipocresía é inculcando de
esta manera el lósij^o en las almas incautas, constituye uno
de los rasgos característicos de Voltaire, y á este programa
se ajusta su correspondencia: "Confundid al infame cuantía
podáis; decid osadamente cuanto sentís; herid y ocultad la
mano. Se os reconocerá; convengo en que hay olfato fino
para ello, pero no se os podrá convencer^ (1). Lanzar la fle-
cha y esconder la mano, es frase que V^oltaire recomienda
incesantemente á sus amigos, citando el ejemplo del Nilo,
que oculta sus manantiales y derrama por las praderías sus
benéficas aguas. El descoco y la astucia de Voltaire llega-
ban hasta la negación de las cosas evidentes y que todo el
mundo sabía. "No sé porqué furor — clamaba refiriéndose á
sus amigos— se obstinan en juzgarme autor del Diccionario
filosófico: el mayor servicio que podéis hacerme es asegu-
rar, por vuestra cuarta parte de paraíso, que no tengo parte
alguna en esa obra del infierno. Hay tres ó cuatro perso-
nas que vociferan que he defendido la buena causa y que
combato hasta la muerte contra bestias feroces: alabar á
los hermanos en semejante ocasión es descubrirlos; estas
buenas almas me bendicen y me pierden... Deberíais, por el
contrario, decir á voces en las esquinas: no es él. Es preciso
que haya cien manos invisibles que atraviesen el nionstnto
y que caiga bajo mil golpes redoblados^ (2).
No concluyen aquí los artificios maquiavélicos de Vol-
taire, sino que además acostumbraba á ejercer de moralista
con la gravedad cómica de los que llevan á Dios continua-
mente en los labios y nunca en su corazón. "Yo hago que
me lean públicamente, durante la comida, la Historia de la
Iglesia y los sermones de Masillón — escribía al Conde de
(i) Carta A Alambert: Mavo de 17ol.
(2) Ídem: 1." de Mayo de 1768.
F.L CARÁCTEK MORAL PE VOLTAIRE T)7
Arj^^ental.— Me agrada oirlos mientras asistimos á la mesa;
los antiguos así lo practicaban, y yo soy muy antiguo. Por
otro lado, soy celosísimo adorador de la Divinidad; siem-
pre me he opuesto al ateísmo; me embelesan los libros que
•exhortan á la virtud, desde Confucio hasta Masillón„, etc. Y
en otro lugar: "Sí, amigos mios: el ateísmo y el fanatis-
mo son los polos de un universo de confusión y de horror.
La pequeña zona de la virtud encuéntrase entre estos dos
polos; caminad con paso seguro por esta senda; sed buenos
y creed en Dios„. Apenas hay necesidad de contestar al so-
fisma de los que. alucinados por estas y otras declaracio-
nes análogas de X'oltaire, nos le presentan como un apóstol
de la religión natural, aunque opuesto á las que llaman re-
ligiones positivas.
El caudillo de los enciclopedistas no pensó nunca en po-
ner por obra lo que inculcaba á los demás, ni fué conse-
cuente con los principios fundamentales del esplritualismo,
ni le importaba nada la creencia en un ser distinto de la ma-
teria, ni aspiraba á difundir otra fe y otras virtudes que el
odio al nombre y á la religión y al espíritu de Cristo. Las
verdaderas convicciones de Voltaire no se diferencial! de
las de los epicúreos : su Dios es un Dios convencional y mez-
quino á quien niega cuando le viene bien, ó á quien adora
(de palabra) cuando se le ofrece coyuntura para infiltrar
más fácilmente de este modo la ponzoña de sus doctrinas.
Léanse, en confirmación de lo dicho, los pasajes que va-
mos á transcribir. En las cartas de Memnio á Cicerón : "Que
se llame á Dios ser simple... yo no puedo comprender lo
que es un ser simple„. En los diálogos y entretenimientos
filosóficos: "Cuando alguien me interroga si después de mi
muerte subsistirán mis facultades, estoy tentado á pregun-
tarle á mi vez si subsiste el canto de un ruiseñor después
que el pájaro ha sido devorado por un águila „. Á los auto-
res de la Gaceta Literaria: "La esencia suprema, la inteli-
gencia suprema, el alma de la Naturaleza... he aquí áDios„.
Y, finalmente, escribiendo á los conjurados que él capita-
neaba: "¿Hay un Dios tal como se dice, un alma tal cual
se imagina, y relaciones tales cuales se establecen? ¿Hay al-
3lS EL CARÁCTER MORAL DE VOLTAlRt
guna cosa que esperar detrás del sepulcro?... ¿La gloria es
más que pura ilusión?... ;Son todos los seres iguales delante
deí gran Ser que anima la Naturaleza?... Que desembrolle
esto el héroe filósofo; pues, por lo que á mí hace, nada en-
tiendo„. Así, pues, á juicio de Voltaire, no queda otra cosa
del alma humana, después de la muerte, que lo que queda
del canto de un ruiseñor tragado por un águila; y la exis-
tencia de un Dios personal está sujeta á la duda. Véase
cómo en definitiva tenemos que venir á confesar que la filo-
sofía de Voltaire es una filosofía demoledora y esencial-
mente negativa, su religión la incredulidad, su Dios un fan-
tasma, y él un refinado hipócrita.
Pronto explicaremos á qué se reducían su amor á la hu-
manidad y su patriotismo, ciegamente ensalzados por algu-
nos panegiristas (1).
(1) Para no llenar de notas este trabajo , hemos prescindido de co-
piar los te.xtos oriíjinales de \'oltaire, que pueden verse en la citada
obra de Nourrison: Voltaire y el Volterianísimo, en las Memorias
para la Historia del Jacobinismo , por el Abate Barruel, en las Car-
tas de Mons. Dupanloup sobre el Centenario de \'oltaire, etc., etc.
J^R. ^AUSTiNO ^Martínez
o. s. A.
tCentínumrÁ.)
CATÁLOGO
DE
I-i)
JÉsfritoreo "^íiustiüps JSsimiioIís, Porluguesea y ^ntericauos.
1 . /^lora de Filipinas. Según el Sistema de Linneo . Pok
el P. Fr. Manuel Blanco, Agustino Calleado.— Con las licen-
cias necesarias.— Manila. Año de 1837. En la imprenta de
Santo Thomas, por D. Cándido López.— Prólogo.— Intro-
ducción.— Nomenclatura botánica.— Resumen de los Géne-
ros de la Obra.
—Segunda impresión, corregida y aumentada por el
mismo Autor.— Mixn'úa., imprenta de D. Miguel Sánchez.
1845.
— Flora de Filipinas, por el P. Fr. Manuel Blanco,
Agustino Calzado, adicionada con el Manuscrito inédito
del P. Fr. Ignacio Mercado , las obras del P. Fr. Antonio
Llanos y de im Apéndice con todas las nuevas investiga-
ciones botánicas referentes al Archipiélago Filipino. Gran
edición hecha á expensas de la Provincia de Agustinos
Calzados de Filipinas, bajo la dirección cienliflca del
P. Fr. Andrés Xoves.
(1) Véase la pág. 40.
360 ESCRITORES AGUSTINOS
Tomo Primero. — Manila, establecimiento tipográfico de
Plana y Compañía, 1877.
A la vuelta: Editor: Domingo Vidal y Soler, ingeniero
de Montes.
—Prólogo. — Flora de Filipinas según el sistema sexual
de Linneo, por el P. Fr. Manuel Blanco.— Tercera impre-
sión.— Facsímile autógrafo de Fr. Manuel Blanco. — Biogra-
fía del Rdo. P. Fr. Manuel Blanco. --Prólogo de la Segunda
edición. — Texto.- Index.
Precede Á la portada un grabado en el que aparece un
grupo de indios y algunos religiosos instruyéndoles. En el
centro del mismo se lee: A la memoria del P. Blanco.
Tomo segundo.— Manila, establecimiento tipográfico de
Plana y Compañía, 1878.— De 418 páginas de tex. y viii.
Al final de este tomo se lee la siguiente advertencia : ''De-
seando satisfacer la legítima curiosidad de muchos de nues-
tros subscriptores, y queriendo ser justos dando á cada uno
lo que de justicia le pertenece, hacemos constar en este-lu-
gar que: el R. P. Fr. Celestino Fernández Villar, Agustino
Calzado, es autor de la versión latina del presente volumen,
y de la del primero, desde la pág. 67 hasta la 107 inclusive,
desde la pág. 1*12 hasta la 248 inclusive, y desde la pág. 26.3
hasta la conclusión del volumen. El mismo sujeto corrigió
la mayor parte de las pruebas tipográficas y formó los índi-
ces de ambos volúmenes. El resto de la versión latina y de
la corrección de pruebas tipográficas es trabajo de los Re-
verendos Padres Fr. Andrés Naves y Fr. José Rodríguez,
también Agustinianos Calzados„. Sunm citique.
Bajo la dirección científica y literaria de los Padres
Agustinos Cahados Fr. Andrés Naves y Fr. Celestino
Fernándes- Villar.
Tomo tercero.— Manila, ibid, 1879.— De 271 páginas de
tex. y VI de índ.
Tomo cuarto.— Manila, ibid, ISSO.— Fragmentos de al-
gunas plantas de Filipinas no incluidas en la Flora de las
islas déla primera ni de la segunda edición. Dispuestos,
según el sistema Linneano, por el P. Fr. Antonio Llanos,
Agustino Calsado. Añadidos con otros trabajos del autor,
ESPAÑOLES, PORTUGUESES V AMERICANOS 361
\' vertidos al latín, por el P. Fr. Celestino Ferndndes-Vi-
llar, del misino Instituto. — Ensayo de una biografía del
M. R. P. Fr. Antonio Llanos, por Fr. C. F. F.— Prólogo.
Tex. de los Fragmentos de algunas plantas de Filipinas.
(Hasta la p:\g. 97, en que se lee una adv^ertencia del Doctor
M. P. Graels, fechada en Madrid á 20 de Mayo de 1858.)—
Appendix sive tentamcn aliud novi snpplementi ad Fio-
rain Insiilarum Philippinarnm.
' Revisio aliqiiorni)igeneruin, qiur i)i Plora Insidarum
Philippinaruní secundiv editionis coíitinentur.
Con paginación distinta sigue:
Libro de medicinas de esta tierra y declaraciones de
las virtudes ife los árboles y platitas que están en estas
Islas Filipinas, compuesto por el P. Predicador Fr. Ig-
nacio de Mercado Filipense del Orden de San Agustín,
Jii/'o del Convento de San Pablo de Manila. Corregido é
ilustrado con las clasificaciones científicas por el P. Fr. Ce-
lestino Fernández- Villar del mismo Instituto —Apuntes
para servir á la biografía del P. Pr. Ignacio de Mercado,
por /•>. C. F. W — índice que terníina en la pág. (r^.—Novis-
sima Appendix ad Ploram PJiilippinarum R. P. Fr. Em-
manuelis Blanco. Seu Enumeratio contracta plantarum
philippenensii'.m liucusque cognitarum. Cum synonimiis
PP. Blanco, Llanos, Mercado et aliorum auctoritm, auc-
toribiis PP. Andrés Naves et Celestino Fernandez- Villar,
Augustinianis.~Ma.ni\sc. Apud Plana et socios, Tipogra-
phos et Bibliopolas mdccclxxx. — Proemio. — Xovissima Ap-
pendix ad Floram Philippinarum R. P. Fr. Emmanuelis
Blanco. Ordíjies Plantarum Dicotyledonearum auctore
P. Fr. Celestino Fernandes- Villar. Comprende hasta la pá-
gma 'IVl. — Or diñes Plantarum Monocotyledonearum et
Acotyledonearum, auctore P. />. Andrea Naves. — In-
dex novissimir appendicis cum synonimiis Blancoanis et
Llanoanis qua- genus mutant.—HdstSL la pág. 356.
— Novissimce Appendicis addenda et corrigenda, Fr. C.
F. í'. — Prima editio Blancona cum secunda ct tertia con-
cordata. — Censas generalis Novissimce Appendicis. — Lis-
ta por orden de familias de las láminas cromo-litografia-
362 • ESCRITORES AGUSTINOS
das, que puede servir de clave para encitadernarla en dos
volúmenes ó colocarlas en sus lugares respectivos.
Termina el tomo: Casa-hacienda de Mandaloya 23 de
Marzo de 1882.— Fr. Celestino Fernández-Villar.
2. Mapa f^eneral de las ahnasgue administran los Pa-
dres Agustinos Calcados en estas Islas Filipinas, con ex-
presión de los Religiosos , Conventos , situación topográ-
fica de los pueblos, industria de sus halntantes v años de
su fundación. — Formado en IMj.
(El corazón cubierto con el sombrero cardenalicio.' Ma-
nila, imprenta de D. Miguel Sítnchez, 1^45.
Van intercalados en el texto de este Mapa general lus
mapas de los territorios siguientes:
De Tondo. Batangas, Bulacan, Pampanga, Pangasinan,
llocos, Cebú, lloilo. Capis, Antique y Panay.
Los siete primeros, hasta el de llocos inclusive, fueron
hechos el 1832.
Llevan esta nota: Curante R. P. P\ tmmanuele Blanco.
Jacobus de Arquiza/fc//. Los restantes fueron trabajados
bajo la dirección del mismo Padre en is;;4 por Alejandro
Sánchez.
o. Manga dalit na tagalog al pagíulong su maniatay
na tanong cristiano: quinatlia sa Orden ni S. Agustín at
ipinalim'^ag ni P. br. Celestino, Mayordomo sa nasabing
Orden.
Con superior permiso. — .Manila, imp. de los Amigos del
País, á cargo de Est. Plana jorva, l-SOd.-H.'' de 62 p. Pre-
paración para la muerte, escrita en prosa y verso tagalos,
y mandada publicar por el R. P. Celestino Mayordomo.)
Manga dalit na tagalog at pag tutoní^ sa mamatay na
tanog cristiano: quinatha ni P. Pr. Manuel Blanco, Ex-
Provincial sa Orden ni S. Agustin, ipinalimhag ni Padre
Fr. Celestino, Mayordomo sa nasabing Orden, at ipina-
limhag nang panibao ni P. Fr. P\^lipe Bravo, Prior Pro-
vincial. — 3.* edición.— Con superior permiso. — Manila, im-
prenta de los .\migosdel País, calle de Anda. núm. 10, \S'^\.
De 61 págs. en 24."
4. Ang. mahusag na paraan nang pag-gamot sa man-
ESPASOLHS', rORTUGUESES Y AMERICANOS 3Ó3
ga may saqiiit ayon sa aral ni Tissot. Tinagalog nang
isang Religioso sa Orden ni Si San Aíj^nstin. — Con supe-
rior licencia. — 2.* impresión. —En la imprenta de Sampaloc,
por D. Cayetano J. Etiriquez, año de 1831.— Sin nombre del
autor. De xxxvi-506págs.. más la tabla.
En el prólogo al lector, dando cuenta de los motivos que
le habían inducido íÍ la traducción de esta obra, dice:
"Al traducir al tagalog esta obra, no me he propuesto
otro ñn sino poder socorrer de algún modo A los indios en-
fermos, á quienes, por razón de mi oficio, he visto muchas
veces en el más triste abandono„.
En la traducción de esta obra procuró acomodarse de tal
modo Á las costumbres del país y á la poca capacidad de
los indígenas, qué en lugar de muchas de las medicinas de
Tissot, que los indios no podían adquirir, aconsejó otras
propias del país y fáciles de hallar con tal acierto, y llenan-
do la obra de tantas observaciones nuevas, ya de otros, ya
propias, que, más bien que traducción, se puede llamar obra
nueva, escrita en tagalog elegante, y que merece llamar la
atención de los sabios.
—Ang mahusay na pavaan uag pag-gamot sa nianga-
ntaysaquit ayon su aval ni Tissot. Tinagalog , hinnsay at
dinagdagan nang M. R. I\ /•>. Manuel Blanco, Expro-
vincial sa orden ni San Agiistin; at ngayo, i, ipinalilim-
bag na panibago nang M. R. P. Fr. Felipe Bravo, casa-
loccoyang Provincial sa natiirang orden. — .Manila, 1884,
imprenta de los Amigos del País.— 8. '^ de 491! páginas.
5. Ang cristianong nagliihiñgalo ó ang mabiiting pag
tiilong sa calolona nang mamatay na taño nang maca-
pagcamit nang magandang caniatayan catha nang Muy
R. P. Exprovincial Fr. Manuel Blanco sa Orden ni San
Agusti}i. Icalimang pagpalimbag. — Tambobong. — Pe-
queña Imprenta del Asilo de Huérfanos, 1890.— De 48 pá-
ginas 12.°
6. Ang di mahalagahang libro nang confesión at co-
munión ar al baga na icagagayang nang cristiano sa pag-
cocompisal at paquiquinahang quimatha nang M. R. Pa-
dre Fr. Manuel Blanco sa orden ni S. Agustín. — Sexta
364 ESCRITORES AGUSTINOS
edición.— Guadalupe, Pequeña Imprenta del As^lo de Huér-
fanos, 1888.
— Confesión y comunión , ó sea método para disponerse
el cristiano á recibir dignamente los Sacramentos de la
Confesión y Comunión , con muchas meditaciones piado-
sas , propias para el objeto.
Esta es la última obra que publicó el P. Blanco, y que
legó á los indios como último testimonio de su ferviente ca-
ridad, pues aun en los postreros instantes de su vida no cesó
de trabajar para facilitarles el camino que conduce á la
eterna bienaventuranza.
BLANCO (Fr. Ger.akdo) C.
Nació en 20 de Septiembre de 18;)2, en Rioseco de la pro-
vincia de Valladolid, y profesó en este Colegio el 27 de Ene-
ro de 1880. Pasó á Filipinas el 1884.
Publicó en La Voz de España una serie de artículos li-
terarios contra un periodista de Manila, bajo el pseudónimo
de fr. Gerundio.
2. A. S. As^ustin. Himno por el 1\ Pelipe Dal3ofiore,
Agustino. Composición poética traducida del italiano y
publicada en el vol. 8." de la Rev. Agust.
BLANCO (Fr. Mauricio) C.
Nació en Pefiaflor, de la provincia de Valladolid, el 22 de
Septiembre de 1840. y profesó on este Colegio el 18%. Pasó
á Filipinas el 1871.
Escribió:
1. Sermones y platicas en cspatlol, tradt^cidos por otro
autor al idioma bisaya-panayano.
Un tomo 4." M. S-, que regularmente verá luego la luz
pública.
2. Sermones varios en espaflol. — ün tomo 4." M. S.
3. Sermones en bisaya-panayano.— Un tomo -I .^^ M. S.
4. Memoria sobre los servicios político-sociales presta-
dos por las Órdenes religiosas al Gobierno español en el
Archipiélago Filipino, M. S.
Proyecta publicar pronto una Colección completa de
EbPA Roles, portugueses y americanos 365
sermones en visaya-panayano. Tiene ya la obra muy ade-
lantada.
BLANCO GARCÍA (Fr. Francisco) C.
Nació en Astorga el 3 de Diciembre de 1864, y profesó en
el Colegio de Valladolid el 7 de Diciembre de 1880. Tiene
terminada con gran lucimiento la carrera de Letras, y desde
la edad de veintitrc^s años viene dedicándose con grandísimo
fruto al Profesorado en los Colegios de Alfonso XII y Ma-
ría Cristina del Escorial. Sq clarísimo entendimiento, unido
á tenaz y felicísima memoria, junto con una laboriosidad
constante, iniciada en los primeros afios de su carrera ecle-
siílstica, le han colocado á la altura délos primeros críticos
literarios de nuestra España, como lo demuestra evidente-
mente la obra que luego citaremos, y juicios emitidos por
eminencias en este ramo del saber. hncu(íntrase al presente
ejerciendo el cargo de Profesor en el Colegio de María Cris-
tina del Escorial, y bajo su acertada dirección se publica
bace ya dos años nuestra Revista La CiroAD de Dios.
Tiene publicado en prosa:
1. Sor Juana Inés de la O/zr. — Artículos publicados en
la Revista Agustiniana, vols. iv y \ .
2. La Reforma particular de la Orden Carmelitana^
llevada á caho por Santa Teresa de Jesi'is, comparada con
la falsa Reforma de Liz/rrí).— Disertación histórica pre-
miada en el Certamen Teresiano de Salamanca. Se publicó
en los vols. vi, vii y viii de la Rev. Agnst.
A. Vindicación y semblanza de Bonifacio VIH. — Estu-
dio histórico publicado en los vols. x y xi de la Rev. Agitst.
4. San Agustín y su época. —Rev. Agust., vol. xiii.
5. Lo que puede y debe ser el Centenario de Fr. Luis de
León.— La Ciudad de Dios, vol. xxi.
6. Una novela y un drama.— En el mismo volumen de la
citada Revista.
7. Reflexiones acerca de ¡o sublime. — Artículos de Esté-
tica publicados en los vols. xxii y xxin de La Ciudad de
Dios.
8. Discurso pronunciado con motivo de la solemne aper-
366 ESCRITORES AGUSTINOS,
tura del curso académico de 1890-91 en el Real Coles^io
del Escorial. — La Ciudad de Dios, vol. xxiii. Publicado en
folleto aparte (4.'', de 44 páginas. Madrid, imprenta de la viu-
da de Hernando. 1890), y también á' continuación de otro
discurso pronunciado un año antes jv.en ocasión análof^a
por el P, Teodoro Rodríguez. Ambos Jlevan por título ge-
neral Las ciencias y las letras en la segunda enseñanza.
O. La Literatura espaflola en el siglo XIX, por el Pa-
dre Francisco Blanco García. Agustino, Profesor en el
Real Colegio del Escorial. — Parte prijnera. — Con las li-
cencias necesarias. — Madrid. Sdcns de Jubera hermanos,
editores, Campontanes, 10. W^X.—Impr. de Aguado.— 4°,
de XV -443 páginas.
—Parte segunda— Impv. en el mismo lugar y año. — 4.",
de 636 págs.
—Parte tercera.— Las Literaturas regionales y la Uis-
pano-americana. — Madrid, IS^X) — 4.**, de 4()3 páginas.— Un
buen número de capítulos de estíi obra se publicaron antici-
padamente en La Ciudad dk Dios: en el volumen xv, Zorri-
lla y El Duque de Rivas; en el xix. La poesía filosófica y
social , Tassara y Rui 3 .Aguilera ; en el xxi, El romanticis-
mo en la poesía lírica. Espronceda,.etc.; en el xxiv. Laño
vela histórica en España ; er\ ^\ \\\\ Prólogo, traducto-
res é imitadores de Heine y La poesítj. filosófica, Cam-
poamor; en el xxvi. Prosa ligera y JLa jiovcla contempo-
ránea, Valer a; en el .\x\ii , Idea general de la Literatura
española en el siglo XIX. Los distintos estudios que com-
ponen el tomo III se han insertado íntegros en nuestra Re-
vista desde el vol. xxviii hasta el xxxix.
Entre los innumerables artículos que se han consagrado
á la Literatura española en el siglo XIX citaremos algunos
de los más autorizados. Apenas salió á;luz el tomo i, decía
entre otras cosas el eminente escritor D. Juan Ñutiera, en El
Heraldo de Madrid (9 de junio de 1891): "En el autor, aun-
que muy joven ;iún, se descubren prendas y condiciones que
le hacen apto para tan difícil empresa. Su lenguaje es co-
rrecto, natural y castizo; su estilo fácil, ¿mimado y sobrio,
y su juicio imparcial y sereno. Nótase, ,adcin.\s, que el Pa-
ESPAÑOLES, l'OKTUGUESES Y AMERICANOS 367
dre ha estudiado con amor su asunto y leconoccy penetra,
para lo cual le vale, d par de su despejado entendimiento y
de su exquisito buen gusto, su mucho saber de las antiguas
literaturas clásicas y de las de todas las naciones de la
Europa moderna; saber de que no hace alarde, pero que
deja entrever y adivinar cuando viene á propósito, sin el me-
nor asomo de impertinencia ó pedantería^. En la Revista
Ilustrada de Nueva N'ork (Marzo de 1B92) se publicó una
carta, acompañada del retrato del P. Blanco García, en la
que el Sr. Valera juzga amplia y encomiásticamente el se-
gimdo tomo de La Literatura española en el sifclo XIX.
Dofia Emilia Pardo Bazán consagró á la misma obra un
largo estudio, inserto en su Xuevo Teatro Crítico (Marzo y
Abril de 1892), y del que entresacamos el siguiente párrafo:
"Lo que urge es encarecer como se merece el. estilo fácil,
grato, ya elevado, ya sencillo, á veces elocuente, y en gene-
ral adecuado y propio, que distingue al P. Blanco. Selecto
sin afectación en el lenguaje, suelto y desembarazado en la
construcción, limpio de dengues de purista como de adoce-
nados vulgarismos, el l^adre habla claro, adjetiva felizmente
y ahorra al lector la fatiga que causa, ya la excesiva se-
quedad, ya el ridículo alambicamiento, ya. la recargada
pompa del discurso. Es un estilo que se caracteriza, antes
que por la personalidad, por el equilibrioy la ca.nveniencia.
Kara vez un autor se ha formado su estilo peculiar é incon-
fundible á los años del Padre, y sin mucho golpear en el
yunque. Para historiar las letras, el estilo se ha de tomar
como medio subordinado, no como objeto, principal , y me-
nos como fin último. Esto hace el Padre, y .hace muy sabia-
mente„.
El reputado crítico que firma con el pseudónimo Zeda
escribía en La Época (.31 de Agosto de 1891): "Es, en resu-
men, el libro del P. Blanco una de las obras más interesan-
tes y mejor escritas de cuantas recientemente se han publi-
cado en España, y más acreedora, ciertamente, al aplauso
de las personas cultas que otras muchas. .para. cuyo elogio
se han agotado todas las exageraciojies.del. ditirambo^. En
igual criterio está inspirado otro artículo, qu.e..el mismo au-
368 ESCRITORES AGUSTINOS
tor publicó después en La Época (29 de Febrero de lsQ2).
D. Enrique Buxaderas, en La Vangitardia (24 de Julio
de 1891), D. Francisco Miquel y Badía en el Diario de Bar-
celona ( 18 y 25 de Noviembre de 1891), y muchos escritores,
elogiaron también la obra del P. Blanco García, así por su
fondo como por su forma.
Entre los juicios que mereció en el extranjero, basta
mencionar el de la célebre revista írancesa. PoIybihlwN . que
se insertó traducido en La Ciudad de Dios (voI. xxxi. p.1íí¡-
nas 370-72).
10. Los Ají^nsíñios en .Innh'ica dura)ite el siglo X 1 7.
Artíc. publ. en la revista El Cent otario y reproducido en
La Ciudad de Dios (vol. xxxix).
11. Discurso pronunciado en la Academia de la Jjiven-
tud Católica de Barcelona el día 23 de Abril de IS'^KS.—
La Ciudad de Dios (vol. xxxi).— Antes lo dieron á conocer
varias publicaciones de Cataluña.
12. Lumen in ailo.—Xn. publ. en El Día, en La Civdad
de Dios (vol. xxxvi), etc.
13. Penas arriba.— ArUcu\o sobre la novela de este tí-
tulo.- La Ciudad de Dios (vol. xxxvi).
Por encardo de la casa Montaner y Simón, de Barcelona,
ha coleccionado últimamente el P. Blanco un tomo de poe-
sías castellanas de los siglos xvi y xvii, que no tardará en
salir í\ luz. En la actualidad prepara otra obra sobre la y/da
y escritos de Fr. Luis de León.
En verso:
14. La violeta.— l^oesiíi de Dubós, traducida del francés.
Vol VI de la Nev. Agust.
15. En la muerte de mi madre.— Vo\. ix de la Revista
Agustiniana- Rcpro^MCxási en varios periódicos y revis-
tas, y últimamente en hoja suelta, con modificaciones del
autor.
1(). El Profeta de una edad. — Rev. Agust., vol. \;.:.
17. El artista ciego.— Rev. Agust., vol. xi\. — Reprodu-
cida en La Ilustración Católica.
18. El laurel de Cernióla.— Drama en un acto y en ver-
so..., estrenado el 4 de Marzo de 1889 en el Real Colegio
ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 369
del Escorial.— Madrid , Librería Católica de Gregorio del
Amo , impr. de Dubridl, 1889.— 16.'', de 32 páginas.
19. A la Crus. — Vol. xxii de La Ciudad de Dios.
20. A Némesis. — Traducción de Lamartine, publicada en
el extraordinario de Año Nuevo del periódico El Día (IB^H),
en La Ciudad de Dios (vol. xxxiii), y en otros diarios y re-
vistas, españoles y americanos.
21. La dicha y la esperanza. —Sonetos. —En La Ciudad
de Dios (vol. xxxin), La Ilustración Nacional , etc.
22. A Jesús crucificado.-'Soneto.—'En el número extra-
ordinario de Semana Santa publicado por La Unión Cató-
lica (1H94), y en otros periódicos.
f R. ^ONIFACIO /^ORAL,
Aguttiniano.
(St eontinuará. )
24
Sil*
Í8'«í»*eí»^'eí»'^^|?>a
■ «^í^i^ ■''■'«jS^'ep^.^í^ji
Revista Canónica
orechos de indemnización. -Cierto individuo, que había per-
tenecido .1 los l'remohtrateiises de 1-rancia , despedido de su
Orden por causas legítimas, y declaradas nulas sus dos pro-
le.iioncs por rescripto de la Sagrada Congregación expedido en julio
de 18^5, acudió A la Santa Sede, .1 últimos del mismo año. solicitando
que se le reparasen los muchos perjuicios sufridos durante los siete
años que permaneció en la Religión.
Fundaba su ruego: I.", en el hecho de haber contraído enferme-
dades, originadas por las indiscreciones del Superior, y de las cua-
les, por consiguiente, debía salir responsable la Orden; 2.", en los
graves dallos que, al ser despedido, le sobrevinieron, llegando su
desamparo al extremo de faltarle el necesario sustento.
El actor, con el objeto de llegar A una conciliación amigable, diri-
gió una exposición detallada al Arzobispo de Aix , en la que, después
de referir la historia de su caso y consignar el objeto de sus recla-
maciones, propone que el asunto se ponga en manos de arbitros, los
cuales deberían resolver las cuestiones siguientes:
/ Tiene el Rr/tffioso del caso derecha d una indenin¡'j:ación.^
Et qualoms a//irniatii>e : / (fué cantidad dctrrniinada debe re-
cibir ?
El Arzobispo de Aix no le dio contestación ninguna; y como tam-
poco lograse nada del Cardenal Bourret, A quien había expuesto su
situación, vióse obligado á someter su causa al íallo de la Sagrada
Congregación en los siguientes términos:
Ma ditnission de rOrdrc in casu me donnc-l-elle droit á une in-
dewnitó?
Defiende la respuesta afirmativa, en atenció:i á que de su expul-
REVISTA CANÓNICA 371
sión se le han originado males gravísimos, de los cuales, A su juicio,
debe ser responsable la Corporación de los Premostratenses, por
las numerosas injusticias que con él se cometieron, y cuyo resultado
fué su salida de la Orden. Aparte de las diferentes pruebas que adu-
ce para evidenciar que quienes motivaron la nulidad de sus dos pro-
fesiones fueron sus Superiores legítimos, los cuales, usando trámi-
tes anticanónicos, dieron origen é hicieron fácil una expulsión igno-
miniosa, dice que, por compromisos de la Congregación, hubo de
trasladarse á Inglaterra, en donde contrajo una enfermedad, á cau-
sa de las humedades y fríos del país. Añade que, durante aquellos
siete años, pudo haber adquirido una regular posición entre el Clero
secular, y que en la Orden, efecto de un engaño indecoroso, cons-
ciente ó inconsciente, los Superiores se aprovecharon de su activi-
dad, para después despedirle tan bruscamente, creándole con ello
una situación dolorosa y gravemente comprometida.
Por el contrario, el Procurador general de los Premostratenses
delicnde que su Congregación no está obligada al resarcimiento de
ninguno de los daños que el Religioso despedido alega haber experi-
mentado: 1.", porque la permanencia del citado Religioso en Inglate-
rra no duró más que cuatro meses en verano; de manera que no hay
fundamento para atribuirla enfermedad padecida por el ex Religioso
á la humedad y trío del clima; pues, además de la circunstancia del
tiempo, -le lavorecían la situación y las condiciones del Monasterio;
'J.**, porque el trasladarse á aquella isla fué, más que por obediencia,
por cleccitjn propia y por prescripción facultativa. Además, los per-
juicios que sobre él han recaído son debidos á culpa suya y no de lá
Congregación; porque ni la enfermedad ni la nulidad de la profesión
influyeron para despedirle de la Orden, sino que la verdadera causa
estuvo en su imperdonable rebeldía y manifiesta contumacia contra
los Superiores legítimos. Sin esto, la misma Congregación hubiera
solicitado que se revalidaran los actos anticanónicos, y el Religioso
habría permanecido en la Orden; pero la conducta de éste dejaba
mucho que desear en lo que á obediencia y pobreza se refiere.
Omitiendo otras razones, que se propusieron por ambas partes á
la Sagrada Congregación en Enero último, y que creemos inútil ex-
poner circunstanciadamente, la solución de la duda fué como sigue:
Diibium. — Utruní ct qitomodo locus sit refectioni damnorum in
casu.' Resp. — Xegntive in ómnibus.
Sobre altares privilegiados.— Bajo este epígrafe nos proponemos
esclarecer una cuestión que, si como todos las demás referentes á
ía misma materia, depende del tenor del privilegio, se ha prestado
no obstante á interpretaciones distintas y apreciaciones contradicto-
372 REVISTA CANÓNICA
rías; lo que equivale á decir que no es fácil la solución, ateniéndo-
nos sólo á la forma en que se concede el privilegio. ¿Pueden sepa-
rarse la Misa y la Indulgencia del altar privilegiado? Ó en otros tér-
minos: ;Tiene valor la indulgencia plenaria en sufragio de un alma
del Purgatorio cuando no se aplica la Misa por la misma?
Debemos advertir, ante todo, que la aplicación de la Misa y la de
la Indulgencia se distinguen realmente y pueden referirse A objeto-
distinto. De ordinario no se puede aplicar el privilegio personal y
local á muchas almas; de modo que, en una Misa aplicada por varios
difuntos, es necesario que la Indulgencia se limite .1 uno de ellos (1):
mas no siempre se ha tenido por cosa cierta que la aplicación de la
indulgencia aneja al altar privilegiado deba referirse necesaria-
mente Á la misma alma por quien se aplicaba la Misa. Craisson (Ma-
nuíilc Jun's canouici, nüm. 3.540) cita un Decreto de la Sagrada
Congregación de 31 de Enero de 1H48, y dice que puede ser indepen-
diente ó distinta una y otra aplicación , siempre que la concesión del
privilegio no diga lo contrario. Bucceroni {Enchindion.núm. 1 .089}
cita el mismo Decreto de 1848, cuya doctrina, expuesta por el teólogo
consultor, puede resumirse en los puntos siguientes:
1." El Sacrificio (2; y la Indulgencia del altar privilegiado no pue-
den dividirse, sino que deben aplicarse por un mismo difunto, cuanda
dice el privilegio qui pro dcfimcto Missaní iti tali Allari dixerit,
liberat atuniam ejus.
2° i\o pueden separarse tampoco, cuando la fundación ó el que
dio el estipendio exigen la Misa en altar privilegiado.
3.*^ F*ueden separarse, cuando en el Indulto no se lee: />;•'> tic-
Juncíts.
4." Pueden también separarse cuando el Sacerdote tiene encar-
gada la celebración del Sacrificio en un altar no privilegiado, y
siempre que el altar en que se celebra no exija para ganar la Indul-
gencia la aplicación de la Misa.
De donde resulta que, por regla general, la aplicación de la Misa
y la de la Indulgencia no van mutuamente unidas, si el altar ó el
que dio el estipendio no exigen otra cosa.
Hoy, no obstante, ha prevalecido la opinión de que no pueden di-
(i) II. Num apud Trapenses in Missa, quae qitotidit celebmlur pro phiribus <fra-
tribui scilicet et beuefactoribus) indulgentia altaris ad unam ex his limitetur .
III. Num priviltgium inulilt evauril , ex to quod uni ex iis determinalae animae
non consueverit applicari.
Resp.: Ad II, Affirmative. Ad III, Xtgativt. ig Junii 1880. — {Acia S. Sot-
áis XIII, 134.)
(2) Decreta autlienlica Sacrne Congregationii Indulgeiiliis Sacrisque Rtliqtiiit
praepositae , ab auno 1668 ad annum 1882, edita jusu et auctoritate Sanctisiimi D. .V.
Leonis PP. XIII, Ratisbonae. etc., Typis Fnderici Puntet, 1883.
REVISTA CANÓNICA 373
vidirse (1) la aplicación de la Misa y la de la Indulgencia, por las
razones que insertamos á continuación:
1.-' Las resoluciones antes citadas se refieren á una duda especu-
lativa y no se limitan A la Indulgencia de altar privilejíiado.
2.* Aunque los frutos de la Misa y los de la Indulgencia sean por
sí separables, puesto que reconocen origen distinto; sin embargo,
dependiendo de la intención de la Iglesia la unión ó separación de
los mismos, y siendo evidente é indudable que, según las concesiones
•ó privilegios que el Romano Pontífice concede, es tal la naturaleza
del altar privilegiado, que no puede aplicarse la Indulgencia sino al
difunto por quien se celebra el Santo Sacrificio, se sigue legítima-
mente: 1.° Que, aun dado caso que el indulto ó privilegio no diga que
se aplique la Misa por el mismo difunto, no puede, sin embargo, cele-
brarse por el alma de otro, si se ha de ganar la Indulgencia. 'J." Que
«1 Sacerdote, al celebrar en altar privilegiado, si aplica la Misa por
solos vivos, no puede aplicar la Indulgencia; y esto consta por el
Decreto del Santo Oficio (S Julio 1846).
Que la Iglesia, en los privilegios que ordinariamente concede, ha-
bló siempre en este sentido, lo prueban el P. Teodoro del Rspiritu
Santo (De Induliícntiis). y el P. Beringer (Les indiil^ences), que se
apoyan en el siguiente Üecreto:
f'lrum ln(inlgentiii plenaria altaris priiilcgiati pcrsonalis 1.°
debent a Sacerdote qui acíunt caritatis emisit , applicnri anitme, pro
<iuu Missam celebrat? Aut 2P possit applicari pro libito cuivis de-
fiiucto? Resp. Ad primaui partem Afjirmative: hoc enim modo pri-
vilcgiuyti altaris concrditur á Sunini) Poutifice.—Ad secmidain...
provisu}n in rcsponsionc ad partem primim.—19 de Diciembre
de lSS5.—(Acta S. Swdis, xviii, .j'37.)
Para mayor confirmación de la doctrina que de la respuesta pre-
inserta han deducido los canonistas contemporáneos á que antes hi-
•cimos referencia, creemos conveniente advertir que, aun prescin-
diendo de que la aplicación de la indulgencia se haga inmediatamen-
te por la Iglesia ó por el Sacerdote, es cierto de todas maneras que
se trata de un acto potestativo de la Iglesia, á cuya voluntad signifi-
cada en el privilegio tiene que obedecer ineludiblemente la resolu-
ción del caso; }• siendo susceptibles de explicación las diferentes de-
cisiones que se citan en contra, y muy conformes con la práctica uni-
versalmente observada las que niegan que la Indulgencia del altar
pueda aplicarse á otro queá aquel por quien se aplica la Misa, sigúe-
se que la doctrina de los autores citados es la más probable y fun-
dada. La declaración hecha por la Congregación de Indulgencias
en 1S48 puede explicarse diciendo que se trataba de una pregunta es-
(i) B. Melata, Analecta EccUsiastica, Febrero de 1895.
374 REVISTA CANÓNICA
peculativa, y á la cual tenía que conformarse indudablemente la res-
puesta.
Al resolver si puede aplicarse á un alma la Misa y á otra la Indul-
gencia cuando se pide una Misa en altar privilegiado, hay que hacer
una distinción; pues, dependiendo de la intención de la Iglesia el con-
ceder la Indulgencia, si ésta, según el privilegio, va adherida á la ce-
lebración del Sacrificio y no á la aplicación del mismo, podrán uno y
otro separarse, y en tal sentido se explica fácilmente la declaración
hecha en 1848; lo cual no quiere decir que en la práctica no pueda se-
guirse distinta optMióti, puesío que referentes á ella, y en su confirma-
ción, podemos citar definiciones más claras, y que atañen perfecta-
mente á la práctica, como de hecho las tenemos, y son, entre otras, la
emanada del Santo Oficio en 8 de Julio de 1846 (1) y la de la Congre-
gación de Indulgencias de U> de Diciembre de 1885, que antes ha sido
citada. Según esto, podemos fundadamente concluir que, ateniéndo-
nos á la disciplina vigente y sin necesidad de acudir á los términos
en que el privilegio está concebido, la aplicación de la Misa y la de
la Indulgencia son inseparables.
(i ) S. C. S. O/ficii i yuta 1846. — Lorsquun pritrt dit la mesa pour un vivant á
un autel privilegié, pettt il appliquer Vindulgence a un ame du purgatoirt, quoi q'uil ne
lui applique pas It principal fruit de la Messt P
R. Ntgative, et dtntur Decreta seu Constitutiones Apostólica Summorum Ponliji-
cum Alexandri VII (22 Ncv. 1662 et 21 yan. 1667/. Clementis IX 'V.n, 1112 1 et
Innoccntii XI prusertim, qui suorum pradecesorum doctrinas confirmans declaravit in
Brtvi sub dit 4 Maji 168H promúlgate : Quandocumque sacerdos aliquis Missaní pro
anima quct Dea in chántate conjuncta ab hac vita migraverit ad praedictum altare ct-
lebrnverit, anima ipsa de thesauro Ecclesiae per modum suffragii Indulgentiam impe-
tra bit.
fR. ^ENITO J?. pONZAKfcZ,
O. S. A.
.»J^
CRÓNICA GENERAL
FCXTRANTKRO
OMA. — Con la solemnidad de costumbre se ha verificado la
creación de varios Cardenales en el Consistorio celebrado
11 en el Palacio del Vaticano bajo la presidencia de Su Santi-
dad León XIII: al mismo tiempo también han sido preconizados nu-
merosos Arzobispos y Obispos, entre los cuales, en su mayor parte
italianos, figuran el Sr. Caparros y López, Arcipreste de la Catedral
de Madrid, designado para la Sede episcopal de Sigiienza, y el actual
Sr. Obispo de Menorca, para la de Teruel. En la sesión solemne, el
Papa impuso el capelo cardenalicio, entre otros muchos, al Arzobis-
po de N'alladolid, Sr. Cascajares, y al Obispo de Urgel, Sr. Casañas,
asignándoles al primero la iglesia presbiterial de San Bartolomé
y al segundo la de San Quirico. Dichos Sres. Cardenales españoles
han recibido en el Palacio de la Embajada española, donde tenían su
alojamiento, las visitas y felicitaciones del Cuerpo diplomático ex-
tranjero. Prelados, patricios romanos y todas las notabilidades de la
colonia española residentes en la capital del mundo católico. El se-
ñor Merry del Val ha hecho los honores de la casa, y sus ilustres
huéspedes se han mostrado verdaderamente conmovidos por las se-
ñaladas muestras de distinción, afecto y respeto de que han venido
disfrutando por espacio de muchos días.
—En el texto oficial de la alocución pronunciada por Su Santidad en
el Consistorio Secreto el 22 de Junio último se contienen marcadas
alusiones al gran problema de la tan deseada Encíclica. Dice así: "Ve-
nerables hermanos: Antes de proveer, como es nuestro deber, las
376 CRÓNICA GIíNERAL
vacantes de las Sillas episcopales de vuestro eminente Colegio, Nos
vamos á dirigiros algunas palabras de los deseos que hemos empren-
dido y que responden especialmente Á los intereses del nombre cris-
tiano. Los cuidados maternales de la Iglesia no han dejado nunca de
llamar é invitar á aquellos que el error del espíritu y la desunión
de corazones ha arrancado funestamente de su seno. Estos últimos
años, gracias á las circunstancias favorables que no desconocéis, ha
sucedido que la solicitud de la Iglesia se ha manifestado con más ca-
lor todavía. Hilas son las que dan los frutos deseados, sostienen el
espíritu y estimulan la actividad en favor del deseo allí donde se agi-
ta, y entre tanto, en medio de pueblos separados de N'ós, se ven acen-
tuar indicios palpables de su propensión á mirar la Iglesia con sim-
patía, pues que vuelven sus miradas hacia esta Cátedra de San Pedro
con deseo de renovar la antigua unión. Y como Nos aguardamos
gran premio delante de Dios, Nos desearíamos vivamente, después
de lo que ya hemos emprendido y ejecutado sobre la impulsión de la
caridad apostólica, poder contribuir con la enseñanza y el ejemplo y
con abundantes razones á aquellos que buscan el reino de Cristo en
la verdad. Y, puesto que el principio y el fundamento de la doctrina
cristiana está sostenido en el conocimiento exacto de la Iglesia, Nos
tenemos resuelto poner de relieve la imagen y la forma de la Iglesia
según corresponde á su divina constitución, examinando sobre todo
su carácter de unidad, de donde está la divina marca en toda su evi-
dencia. Así. pues, si se considera la Iglesia tal como su Divino Autor
la ha creado y confiado á sus Apóstoles; como los Santos Padres y los
Doctores, así en Oriente como en Occidente, la han sostenido conti-
nuamente; en una palabra, tal como la manifiestan los monumentos
más antiguos, se demuestra que los disidentes quieren la luz y se es-
timulan para buscar la unidad. Nos hacemos cumplir sinceramente
este deseo por las Cartas Encíclicas de todos los Obispos, y Nos de-
seamos colocar este documento bajo los auspicios de los bienaventu-
rados Pedro y Pablo, Príncipes de los Apóstoles, quienes por sus en-
señanzas, sus trabajos y su sangre consagraron tan gloriosamente
los comienzos de la Iglesia única, Esposa de Cristo„.
—La visita hecha por una gran parte de los marinos de la Escua-
dra británica del Mediterráneo al Padre común de los fieles consti-
tuye, al decir de un diario de la corte, un acontecimiento de gran im-
portancia. "-El Almirante Seymour había indicado á Su Santidad el
Papa León XIII el deseo que tenían los marineros católicos de su Ilo-
ta de ofrecer sus homenajes respetuosos al Pontífice, é inmediata-
mente el Papa, no sólo condescendió á este deseo, sino que se ofre-
ció á decir la Misa en obsequio de los marineros de la Gran Bretaña,
permitiendo bondadosamente que pudieran asistirá ella los jefes y
oficiales protestantes que tuvieran verdadero empeño en presentar-
se en el X'aticano. Tan hermosa ceremonia se celebró en la Gipilla
CRÓNICA GENERAL 377
Sixtina, adornada con trofeos pontificios j-- británicos y tapices de
Rafael representando la Asunción y la Madonna del Rosario. Junto
al Círculo de la Juventud Católica de San Pedro, siempre pronto á
hacer los honores de la Roma Pontificia á los peregrinos, se había or-
ganizado otro Comité, del cual formaban parte el Duque de Norfolk,
Lord Dupon, el Marqués de Bute y otros magnates ingleses católicos,
que quisieron contribuir á la recepción de los católicos ingleses. Se
puso .1 su disposición un tren especial, vistiendo la marinería el uni-
forme de gala, y llevando al frente sus distinguidos oficiales. Llega-
ron ayer muy de mañana, en número que se aproximaba ú. cuatro-
cientos, á la estación de Trastevere, donde los esperaban, entre otras
muchas personas, para ofrecerles un ///;/í:/7 el Presidente del Círculo
de San Pedro, el Prelado, Príncipe y jesuíta Máximo, futuro Carde-
nal, el Príncipe Lanceloiii, el Rector de la iglesia y Colegio Irlandés
de San Patricio, y un hermano del Gobernador inglés de la isla de Mal-
ta, que trazó el programa de la jornada. En el Vaticano les recibieron
Monseñor O'Connor. Prelado de Inglaterra, y Monseñor Merry del
\'al, Camarero secreto de Su Santidad é hijo de la Hmbajadora de
Hspaña. que pasó, como es sabido, su primera juventud en Inglaterra.
Atravesando esta vistosa comitiva gran parte de la Ciudad Eterna,
entró por la puerta de bronce en el gran pórtico del Vaticano, donde
esperaban .1 los ingleses igualmente Comisiones del Círculo de San
Pedro ; los alumnos de los Colegios Irlandés, Inglés, Americano y Es-
cocés, con la Guardia suiza, A cuyo lado formaron los marinos. Los
gendarmes pontificios y la Guardia palatina estaban en la sala regia,
haciendo los honores en la Sixtina y en el séquito del Pontífice los
guardias nobles. Algunos centenares de privilegiados, especialmen-
te damas del alto Patriciado romano, de la colonia inglesa y de escla-
recidos nombres extranjeros figuraban en la Sixtina al lado de mo-
destos peregrinos de Padua y de la República de Venezuela, habien-
do tenido el Santo Padre el feliz pensamiento de unir en aquel lugar
de concordia á dos pueblos que recientemente han tenido diferencias
-internacionales.
Antes de las nueve apareció León XIII en la silla gestatoria, vis-
tiendo completamente de blanco, con excepción de su mantelina es-
carlata, guarnecida de armiño, y del solideo color de rosa pálido,
que cubría la venerable cabeza del Pontífice. El cántico Tu es Pe'
/r;/s , entonado por la incomparable Capilla que dirige el maestro
Mustafá, saludó la aparición del Papa, ante el cual se postróla falan-
ge de marineros ingleses con demostraciones del respeto más pro-
fundo. Todo se había dispuesto de manera admirable en la Capilla
Sixtina: la oficialidad de Marina; los soldados, que conservaban la
admirable disciplina é imperturbabilidad británicas; las tribunas de
las damas; la destinada á los Caballeros de la Orden de Malta; la
Guardia Noble, al mando de los exentus Marqueses Sacchetti, Ser-
378 CRÓNICA GENERAL
lupi y conde Solicardi; los Prelados y camareros de servicio con
toda la alta Cámara Pontificia, y los cantores de la Capilla Sixtina,
que ejecutaron de modo admirable las m.1s escogidas producciones
de Palestrina, con el S«//í/ayís y el Bcucdictus de Musiafá. A la
elevación, el son de las trompas angélicas aumentó el efecto de tan
sublime ceremonia.
Con precisión admirable, á la voz de mando de sus jefes, toda
aquella legión de marinos, muchos jóvenes, otros ya curtidos en las
fatigas del mar, se arrodillaron como movidos por un resorte, mos-
trando sus rostros.la devoción más profunda. Fra un espectáculo que
conmovió, no sólo á los católicos, sino á muchos protestantes, espe-
cialmente A los oficiales que han querido asistir al acto. El Papa ter-
minó su Misa, que duró casi una hora, y que celebró'sin la menor fa-
tiga, escuchando después la que, en acción de gracias, ofició Monse-
ñor Mazzolini , para dar, después de algunos minutos de descanso, la
solemne Bendición Apostólica á los marinos , que la reciben arrodi-
llados y profundamente conmovidos. Después, el Padre común de
los fieles dio á besar su mano á todos los oficiales , guardias marinas
y veteranos de aquella falange, extendiendo esta gracia á algunos
protestantes, y entre los protegidos á los simpáticos hijos del Almi-
rante Seymour, á quien el Pontífice habló amorosamente en la len-
gua inglesa, encargándole hiciera presentes sus sentimientos de
aprecio al ilustre jefe de la fiota británica. Llegó al fin el momento
de volver á subir el Papa en la silla gestatoria, y los marinos, á quie-
nes había mantenido hasta entonces silenciosos el rii;ür de la disci-
plina, prorrumpieron en entusiastas ¡burras! que se confundían con
las aclamaciones del Círculo de la juventud Católica al amado Pon-
tífice. Terminada la función religiosa, mientras llegaba la hora del
almuerzo, los marineros se consagraron á visitar los preciosos .Mu-
seos vaticanos, la cúpula, el templo y el tesoro de San Pedro, para
reunirse después en el pórtico de Cario Magno, parte del cual se ha-
bía convertido en sala de banquete, adornada también con banderas,
gallardetes y estandartes de los colores ingleses y pontificios, pre-
sidiendo el improvisado y vastísimo salón el retrato del Pontífice. \in
la mesa de honor había cincuenta y dos puestos, ocupando la presi-
dencia el Prelado Stonnor con la oficialidad de la Escuadra, algu-
nos Prelados, Príncipes y Sacerdotes, como los Máximos, Lance-
lottis, Mazzolini, Merry del \'al, etc., etc. Otras mesas, en forma de
herradura, se habían dispuesto para los marinos. Sobre su plato t-n-
contraron éstos una medalla de plata conmemorativa de ésta para
ellos inolvidable visita. Cuando, á los postres, la música entonó el
himno á Pío IX y el (íoí/sí7Z'í'///£' (?«í<'«, los aplausos fueron entusias-
tas. Mons. Stonnor, tomando la palabra, dijo que los más grandes
Soberanos del mundo eran el Pontífice y la Reina \'ictoria, porque
tienen subditos en todas las regiones del Universo. El ilustre PrcLido
CRÓNICA GENERAL 379
recordó cómo los católicos, bajo el cetro de la Reina, disfrutaban de
la mayor libertad posible. ""Habéis tenido el honor— añadió dirig^ién-
dose á los marinos— de oir la Misa oficiada por el Pontífice. Hagamos
votos por que pueda vivir largfos años todavía, para bien de la lo^lesia,
de la civilización y de la humanidad. {Qué podré deciros de la Reina
Victoria, á vosotros sus entusiastas subditos? Ella señala para Ingla-
terra una época próspera y gloriosa, y creo interpretar vuestros de-
seos haciendo votos también para que Dios conceda A vuestra Sobe-
rana larguísima existencia, ¡l^rindo A la salud del Papa y A la de la
Reina!„ Y el Prelado, alzando su copa, dio tres ¡ burras ! , contestados
calurosamente por todos, mientras las músicas entonaban de nuevo
el Dios sahe á la Reina, juntamente con el Tu es Petriis.
Cien carretelas preparadas en la dilatada plaza de San Pedro
condujeron A los marinos ingleses íl través de toda la Ciudad Eterna,
hasta que al Ave María se reunieron en la estación del Trastevere,
donde el Círculo de San Pedro y el Comité Britílnico les habían pre-
parado un lunch de honor, que no resultó menos animado que el del
pórtico de Cario Magno,
El Soberano Pontífice ha recibido un despacho muy cordial de la
Reina Victoria en acción de gracias por la espléndida acogida que
en el \'aticano se ha dispensado á sus subditos católicos de la Escua-
dra inglesa.
Italia.— Tomamos de una Revista católica: "Prohibidas en Italia
hace muchos años por el Ministerio Xicotera las procesiones del Cor-
pus Christi. lo mismo que otras, han sido en el presente año permi-
tidas por el Ministerio Rudini. La grandiosa y admirable procesión
que para la fiesta del Corpus Christi se hacía en San Pedro, dando
vuelta por todo el pórtico de la gran plaza, con asistencia del Papa,
de los Cardenales, de toda la Corte Pontificia de gran gala, de los Ca-
pítulos de las Basílicas patriarcales, de las Órdenes religiosas, etcé-
tera, etc., no se ha hecho jamás después de la invasión de Roma, ni
se hará mientras que el Papa esté prisionero en el Vaticano. Pero
las otras procesiones del Corpus Christi que acostumbraban á salir
en la octava de esta fiesta de cada una de las parroquias de Roma,
han sido en parte celebradas en estos días con alguna solemnidad y
el mayor orden, sin que el populacho excitado por las sectas haya
tenido la audacia de turbarlo. En algunas ciudades de Italia se ha
reanudado también la costumbre de la procesión del Corpus Christi
después de larga interrupción, como en Bolonia, donde esta proce-
sión no se había celebrado hace veinte años. Lo mismo ha pasado
en Parma y en otras partes. Los periódicos masónico-judíos han pro-
movido gran gritería por el restablecimiento de la procesión del
380 CRÓNICA GENERAL
Corpus Chrisii. Al oírlos, parece que Italia se haya arruinado, envi-
lecido, hundido ó está próxima á hundirse ó á "caer como un joven-
cilio imbécil bajo la tutela del Sacerdote^. Las poblaciones, en cam-
bio, así en Roma como en otras ciudades, están alegres por este res-
tablecimiento de las procesiones y han demostrado su contento to-
mando parte grandísimo número devotamente, adornando las venta-
nas y arrojando flores al pasar el Santísimo Sacramento^.
— Aunque, en realidad, la guerra de la Erítrea hace tiempo que ha
podido considerarse como terminada, faltaba, sin embargo, que así
se declarase oficialmente, y á este fin acaba de publicar el (lObierno
italiano un decreto. De modo que la gran expedición, confiada por
Crispí al garibaldino Barattieri, no ha obtenido más resultado para
Italia que la pérdida de muchos millones de liras y de muchos miles
de hombres.
Alemania. — lin la historia de los pueblos corren la misma suerte
los acontecimientos memorables y los hombres ilustres que contri-
buyeron con su talento ó con su espada á la realización de los mis-
mos. Ejemplo de ello es lo que en la actualidad sucede en la nación
germánica, la cual acaba de hacer la apoteosis de su constitución
imperial, inaugurando con toda solemnidad en la montarta Kiffeesser
el monumento erigido al fundador del Imperio, (luillcrmo I, por subs-
cripción abierta entre los militares viejos, y que ha alcanzado la ci-
fra de un millón de marcos.
El Emperador Guillermo, acompañado del Rey de Wurtemberg y
de los Grandes Duques de Sajonia, Weimar y de Badén, pronunció
ante la representación de diez y seis mil Asociaciones un discurso di-
ciendo que aquel monumento será para las generaciones futuras una
exhortación á que permanezcan unidas, fieles y abnegadas hacia el
Emperador y el Imperio, contribuyendo á que éste permanezca in-
quebrantable en todas las tormentas que pueda reservar el porvenir.
La Prensa alemana no ha dejado ni un solo día de discutir y co-
mentar, siempre con apasionamiento, el incidente ocurrido en Mos-
cou entre dos Príncipes germánicos, así como las manifestaciones
de carácter más ó menos exclusivista é independiente que se han
producido en Baviera después de aquel suceso; hecho del cual mu-
chos deducen que el movimiento de opinión que ahora se ha presenta-
do paladinamente en algunos Estados alemanes es mucho más profun-
do de lo que se podía creer antes de que el Presidente de la Cámara
de Diputados de Baviera felicitara, en nombre del país, á la familia
reinante "por haber sabido siempre defender la causa de la indepen-
dencia de la patria„. El Príncipe Luis, cuya popularidad era ya con-
siderable, se ha convertido, por obra y gracia del incidente de Mos-
CRÓMCA GENERAL 381
cou, en el héroe del día, y las Asociaciones políticas le dirigen las
gracias más calurosas y las más entusiastas felicitaciones. Diríase
que es la explosión de un sentimiento largo tiempo comprimido, y
que se manifiesta hoy con tanta mayor violencia cuanto mayor fué la
resistencia opuesta A su expansión.
—Hace ya tiempo que viene ocupándose la Alta Cámara del Im-
perio de derogar la ley de expulsión de la Compañía de Jesús, origi-
nándose con tal motivo un ruidoso incidente en una de las sesiones del
Reichstag. Conviene recordar que esta Cámara votó en varias oca-
siones, la última en 20 de Febrero de 1893, una resolución por la que
se invitaba al Ciobierno á tomar la iniciativa de derogar la ley de ex-
pulsión de los jesuítas. Pero como el Gobierno no ha dado á conocer
todavía su manera de pensar sobre la resolución adoptada por la Cá-
m ara imperial , el Sr. Conde de Hompesch . individuo del Centro Ca-
tólico, acaba de suscitar esta cuestión para saber cómo piensa el Go-
bierno sobre este particular, y en caso contrario saber por qué el
Consejo Federal había aplazado su decisión . y si el Canciller del Im-
perio se proponía invitar á esta Asamblea á tomar una resolución en
al actual legislatura. El Príncipe de Ilohenlohe, Canciller del Impe-
rio, contestando al Conde de Hompesch, ha hecho la siguiente decla-
ración : "El Consejo Federal no ha tomado todavía decisión alguna
á propósito de la resolución del Reichstag de 20 de Febrero de 1895,
concerniente á la ley sobre los jesuítas. Ha creído que debía abste-
nerse de decir su parecer acerca de la derogación de la ley sobre los
jesuítas, porque discutió ya este asunto muy detenidamente en 4 de
Junio de 18^M y expresó entonces la convicción de que no podía apro-
bar la derogación de esa ley. La decisión del Consejo Federal se ha
retaidado porque los Gobiernos confederados han tenido intención
de concertarse para saber si alguna de las demás Asociaciones so-
metidas hasta el presente á los efectos de la ley debiera también ser
derogada. El examen de esta cuestión no ha terminado todavía , pero
hay motivo para esperar en breve el fin de estas deliberaciones, que
yo he de procurar que se aceleren,. Á estas declaraciones del< Can-
ciller alemán siguió un incidente muy ruidoso durante la discusión.
El socialista Bel dijo que la falta más grande que había cometido el
Príncipe de Bismarck era el haber desencadenado el Kulturkampf, y
luego añadió: "El Príncipe de Bismarck dio pruebas de ser un igno-
rante cuando se trató de apreciar las grandes corrientes de la opi-
nión„. La derecha protestó ruidosamente, y el antisemita Lieber-
mann , contestando al diputado socialista, después de insultarle, dijo
que, si era posible en la tribuna del Reichstag tratar de ignorante
al Príncipe de Bismarck, esto probaba cuan ignorante y digno de
lástima era el Presidente del Reichstag. Estas palabras, que se diri-
gían al Vicepresidente Sr. Schmidt, porque el Presidente Sr. Buol
estaba disfrutando de licencia, levantaron una tempestad en la iz-
382 CRÓNICA ''.ENERAL
quieida y en el centro. El Presidente llamó al orden al orador, y
aquí terminó el incidente, sin padrinos ni actas más ó menos autén-
ticos. Volviendo ahora al punto capital de esta reseña, diremos que
esperamos mucho de la intervención del Canciller católico del Im-
perio alemán en pro de la abolición de esa ley injusta, que priva á la
nación alemana de un concurso tan poderoso en favor de su bienes-
tar moral como le prestaría la vuelta de los jesuítas.
*
* «
Francia.— Una vez más protesta la I'rensa católica contra las ini-
quidades y atropellos que comete el Gobierno de la vecina República
con los devotos y fervientes hijos de Clodoveo, y una vez más felici-
tamos al católico pueblo francés por las vejaciones que le ocasionan
su acendrado amor y firme adhesión á la doctrina y á las enseñanzas
de la Santa Iglesia.
Iniciados hace un mes, continúan todavía los conllicios originados
por la celebración de procesiones religiosas. A pesar de los bandos
y de las persecuciones que los católicos sufren en Francia; á pesar
de la protección descarada que el Gobierno francés otorga á maso-
nes, judíos y protestantes; á pesar de la disposición que prohibe á la
Religión católica manifestar públicamente sus piadosas creencias; el
fervor de cierta parte, la mayor y más principal del pueblo francés,
es tan grande, que valientemente se opone á las más arbitrarias ór-
denes de la Autoridad, y no retrocede ante los conllictos que esas ór-
denes provocan.
Recientemente llegó á Reims una peregrinación de parisienses
con objeto de asistir á la función religiosa que había de verificarse
en la Catedral para conmemorar la conversión al Cristianismo de
Clodoveo. Apenas los viajeros abandonaron el tren se les acercó un
agente de la l'olicia y les hizo presente que, según disposición del
Ayuntamiento de la ciudad, no podía consentirse la manifestación.
Orden tan infundada produjg la excitación consiguiente en los pere-
grinos, quienes desplegaron los estandartes que llevaban en son de
protesta. Los agentes de la Autoridad, sin aguardar á más, cargaron
brutalmente sobre los grupos, les arrebataron los estandartes é hi-
cieron varias detenciones. Fn el departamento de Corroze, en su ca-
pital Tulle, los vecinos pretendieron celebrar la procesión de San
Juan, llevando en andas al Santo; pero no bien salió la comitiva del
atrio de la iglesia, cuando una compañía, con su oficial al frente, se
opuso á que avanzaran los fieles. El Prelado que presidia el acto. dis-
puso, á pesar de las protestas de los que formaban la procesión y en
evitación de mayores conflictos, que regresara á la Catedral, como
se hizo. Los teligreses llenaron el templo y escucharon con satisfac-
CRÓVICA GENERAL 383
cióri la palabra del Sr. Obispo, quien, desde el pulpito, protestó en
foima tan comedida como enéro[ica contra la prohibición de las Auto-
ridades. El Ministerio francés, no satisfecho con dar órdenes tales, ha
suspendido por un mes las temporalidades de varios Párrocos que or-
2:anizaron procesiones el día del Corpus. Ante semejantes inauditas
persecuciones debemos protestar, á fuer de católicos, de las leyes á
cuyo amparo se pueden hacer tales cosas contra la Religión que en
un país tiene más número de adeptos.
—Afírmase que el día anterior al de la coronación del Czar, el ge-
neral Boisdeffré, Embajador extraordinario de l«"rancia en aquella
tiesta, y el Gobierno ruso, firmaron un tratado de alianza cuyas ba-
ses convinieron la Emperatriz viuda y Faure en la entrevista que tu-
vieron en la frontera francesa. Francia y Rusia, por virtud de ese
tratado, se garantizan recíprocamente la integridad de sus territo-
rios, obligándose á la mutua defensa contra una agresión de otro
país; pero se reservan su libertad de acción para el caso de que una
de las dos potencias contratantes ataque á otro Estado. La ratifica-
ción de este pacto por los jefes de los dos países ha sido aplazada
para fecha ulterior, porque la Constitución francesa exige que el
Parlamento apruebe todo tratado antes de su ratificación definitiva.
Este asunto es ahora el tema de todas las conversaciones, principal-
mente en los círculos diplomáticos.
%
Austria-Hungría. — Con objeto de reglan)enlar la jurisdicción en
asuntos electorales, la Cámara de Hudapesth acaba de adoptar en se-
gunda lectura una ley, en uno de cuyos artículos amenaza á los .Sacer-
dotes que, durante la agitación electoral, "abusen de emblemas reli-
giosos y de los medios que la Iglesia pone á su disposición^. No sabe-
mos si muchos de los miembros del Clero húngaro serán víctimas de
los rayos del Gabinete Bauffy ; lo que sí parece cierto es que ha visto
claramente su deber en materia político-religiosa, y que el reino de
San Esteban no estará de hoy más á merced de la francmasonería 3'
de los judíos.
No será, por lo tanto, ajena á esta cuestión la Asamblea general
de los católicos y délas Asociaciones católicas de Hungría, que en los
días 17, 18, 19 y 20 del próximo mes de Agosto se verificará en Buda-
pesth mismo. Este Congreso se ocupará principalmente en el desen-
volvimiento y propaganda de las Asociaciones católicas. Éstas eran
en Hungría, en 1892, apenas cuarenta, y hoy pasan de cuatrocientas.
No obstante estos adelantos, la Asamblea estudiará con preferente
atención los medios más adecuados para que aquellas benéficas y úti-
lísimas Asociaciones lleguen á establecerse en todos los puntos donde
384 CRÓNICA GENERAL
aun no existen. Será Presidente de honor del Congreso el Príncipe
Primado Cardenal Vaszary, y Presidente efectivo el Conde Nicolás
Mauricio Esterhazy. Será Secretario general el profesor Edmundo
de Gyorezy.
—La muerte del Archiduque Carlos Luis ha hecho sentir al Hin-
perador la urgente necesidad de pensar en lo venidero y poner íin
á la incertidumbre q'Ue reinaba en Austria tocante á la sucesión al
trono, designando como heredero presunto al Archiduque Otón. De
todas partes se suscitaban dudas, que probablemente no nacían es-
pontáneas en los ánimos. No ha fallado quien dijera que el Empera-
dor actual seria el último; y se aseguraba adem;is que, á su muerte,
Hungría quizá obtuviera la independencia. En Austria misma existe
un partido antidinástico, poco numeroso pero alentado y mantenido
secretamente por Prusia, del cual se cree que aguardaba la muerte
del Emperador para echarse en brazos de Alemania. Existen, pues,
poderosos elementos de disolución; y el Emperador, que ha demos-
trado muchas veces no ignorarlo, se ha dado prisa á poner un i eme-
dio con la designación de sucesor, hecha en la persona del Archidu-
que Otón. Fernando de Este queda, por lo tanto, relegado asegundo
término, y su hermano tomará muy pronto el título y las atribucio-
nes de Principe imperial, el primero después de la muerte de Ro-
dolfo.
Inglaterra. — Ihi buen número de diarios ingleses se muestra
poseído de verdadero furor con motivo de dos despachos del Secre-
tario de Estado del Transvaal- L'no de ellos está concebido en los si-
guientes términos: " El Gobierno del Transvaal ve con vivo pesar las
dilaciones en la información que debe darse sobre la coniplicidad y
responsabilidad de la Compartía Chañe en lo concerniente á la in-
vasión del Dr. lameson y de su bando de rebeldes en el territo-
rio de la República. Nuestro Gobierno considera estar en su derecho
y ser de su incumbencia el insistir para que este proceso judicial se
actúe rápidamente, no sólo porque él es la parte ofendida, sino tam-
bién para poneV á salvo sus intereses en el África del Sur. Nuestro
Gobierno está igualmente convencido de que es de urgente necesidad
que todo registro y administración, tanto civil como militar, le sean
cercenados.'! la Compartía y se transfieran al Ciobierno de Su .Majes-
tad Britíinica. Tengo orden de insistir sobre este punto, á nombre de
nuestro Gobierno, y además el honor de rogar á V. E. se digne co-
municar por telégrafo este despacho al Gobierno de Su Majestad
Británica„. No pudiendo hallar argumentos de buena ley para refu-
tar el requerimiento transcrito, la Prensa inglesa , en su mayoría, los
ha suplido con injurias y amenazas , despachándose A su gusto contra
CRÓNICA GENERAL 385
el comunicado y los que en su redacción y transmisión han inter-
venido.
—El ^.^ aniversario de la proclamación de la Reina Victoria se ha
celebrado en todo el Reino Unido. En Londres, las campanas de la Ca-
tedral de San Pablo y de la Abadía de Westminster fueron echadas á
vuelo en honor de Su Graciosa Majestad. Una estatua de mármol de
Carrara, que representa A la Reina tal cual aparecía en 1846, vestida
con el traje que usaba para las grandes solemnidades parlamentarias,
llevando en la cabeza la corona real, el cordón de la larretiera cru-
zando el pecho, el cetro en la diestra mano, y en la siniestra el mun-
^o, se inauguró en la plaza del Royal Exchange, ante los delegados
del Municipio y del Lord Mayor, quien pronunció un breve discurso
al descubrir la estatua , debida al cincel del célebre escultor Thorny-
croft,de la Real Academia de Londres. La estatua es colosal, pues
tiene cinco metros de altura , y , á ambos lados de su pedestal , dos bu-
ques emblemáticos representan el poder marítimo de Inglaterra.
♦**
Hoi-ANDA.— ILice grandes progreso* en Holanda la Liga que se
propone defender el descanso dominical , y que trabaja con dicho ob-
jeto, no sólo en su país, sino en el extranjero, para que no dispongan
remesas de género con U acostumbrada abundancia los viernes y sá-
bados, para no dar tanta ocupación los domingos á sus corresponsa-
les de los Países Bajos.
*
* «
Dinamarca.— Telegrafían á £/ Heraldo que los periódicos dina-
marqueses hablan con vivo interés de la política internacional de los
Estados Unidos, y en los círculos políticos de Copenhague discuten los
personajes más importantes la alusión que se ha hecho en la Conven-
ción de San Luis á comprar las Antillas que pertenecen actualmen-
te á Dinamarca. Supónese que los Ví/;/^É'é's ambicionan poseerla isla
de San Thomas, por su excelente posición y puerto natural. Créese
que el Gobierno dinamarqués estaría dispuesto á desprenderse de sus
posesiones antillanas si le ofreciesen buen precio por ellas.
«
* *
Turquía.— Numerosos son los síntomas que inducen á muchas per-
sonas á creer que se acerca la inevitable disolución del Imperio. Mien-
tras que los macedonios, los campesinos de Andrinópolis y de Saló-
nica no esperan más que una señal del Gobierno de Sofía, que vale
25
386 CRÓNICA GENliRAL
tanto como decir del Czar, para declararse en completa rebelión;
mientras que la insurrección se presenta cada día más amenazante
en Cretí^, reprodúcense de nuevo graves tumultos en las provincias
asiáticas, l^ice á este propósito un diario;
"Nuevamente nos acercamos álos meses de verano, y otra vez los
telegramas nos dicen que en Armenia se renovaron las sangrientas
escenas que el año pasado costaron la vida á tantos centenares de
cristianos. La verdad es que no puede ser menos halagüeño el estado
en que se halla el vastísimo Imperio del Sultán; á cualquiera parte
donde dirija su mirada, sólo descubre motivos de inquietud y des-
fallecimiento. Kn Armenia misma, ó, para hablar más propiamente,
en esa porción de la antigua Anatolia donde la población es en su
mayoría de origen armenio, ó sea cristiana, parecía que debía rei-
nar, al menos por algún tiempo, la calma del cansancio después de
los terribles anteriores desastres. Pero no ha sido así, y las heridas,
apenas cicatrizadas, amenazan abrirse nuevamente. Cualquiera que
sea el origen de los disturbios de \'an que el telégrafo acaba de co-
municar, prueban que la tensión de los espíritus no ha disminuido en
nada en aquellas desgraciadas provincias, y que la atmósfera está
hoy tan cargada de electricidad como en los primeros días del pasa-
do otoño. Hl humilde llamamiento dirigido por la Sublime Puerta al
Embajador en Constantinopla de Su Majestad Británica en demanda
de auxilio contra los revoltosos de Van, es una confesión asaz sígni-
íicativa de la impotencia del Gobierno otomano para sofocar por sí
mismo la rebelión , haya partido ésta de donde haya partido. Es ver-
dad, sin embargo, que las autoridades otomanas se hallan encerra-
das en un círculo vicioso, en buena parte por su propia culpa, pues
serían ahora precisas fuerzas muy considerables para mantener el
orden, y precisamente el aumento de las tropas turcas contribuirá,
y no poco, á mantener turbados los espíritus y á desencadenar nue-
vas y más terribles tempestades, que nadie sabe lo que arrastrarán
consigo, pues los armenios ven en los soldados del Gran Señor, no á
los protectores de su vida y de su hacienda, sino antes mejor á los
cómplices, y muchas veces á los iniciadores, de las más terribles ma-
tanzas, como lasque inauguraron la especie de guerra civil del año
pasado. Es lo que todo el mundo se dice : Actualmente hay tan sólo en
Van dos esqueletos de batallones, y ésta, en verdad, es muy escasa
fuerza para iinponerse é imponer la paz; pero si hubiese allí mayor
fuerza, por poca que fuese, ya sería bastante para aterrorizar á los
cristianos, y quizás para provocar nuevos y más graves conflictos.
De suerte que por todas partes los remedios se convierten en vene-
nos para el enfermo, y la mejor buena voluntad del mundo, aun
cuando se quisiera dedicar á la curación de este moribundo que
no acaba nunca de morir, tropezaría con obstáculos insuperables.
Mientras que f n Armenia continúa su nefasta obra la sorda fermen-
CRÓNICA GENERAL 387
tación que hemos indicado, no es más halaojüeño el espectáculo que
nos ofrecen las otras provincias del Imperio turco. La isla de Creta
se encuentra todavía en plena insurrección, agravada por la miseria
que se va apoderando de muchas poblaciones, pues ya antes de esta-
llar la rebelión dejaba de ser muy consolador su estado de tloreci-
miento. También allí las concesiones que ahora la Puerta hace á los
cretenses serán poco menos que inútiles, por haber llegado un poqui-
to tarde, y además han de tener, naturalmente, poca eficacia las pro-
mesas que se les hacen, cuando la experiencia les ha demostrado, y
á costa suya siempre , que los tratados son cosa muy frágil y que so-
lamente se pueden hacer observar cuando se cuenta con bastante
fuerza para ello. Además, los cretenses ven cómo las potencias eu-
ropeas, al tiempo que les aconsejan aceptar las proposiciones de paz
salidas de Constantinopla, se guardan muy bien de garantir que se-
rán fielmente respetadas por la Sublime Puerta. Se les habla de am-
nistía, pero no se quiere promulgarla si antes no deponen ellos las
armas, esto es, si no se desprenden del único medio que ahora po-
seen para hacerla cumplir exactamente. Esto explica que los creten-
ses continúen con las armas en la mano, á pesar de las promesas que
les vienen de Constantinopla, y esto dice también la gravedad que
esta cuestión encierra„.
De resultas de una reunión celebrada en Constantinopla por los
Embajadores extranjeros, se ha acordado proponer al Gobierno de
la Puerta las siguientes medidas:
1." Que sea nombrado un gobernador cristiano en la isla de Creta.
'2.* Que se conceda una amnistía general á los armenios. 3.* Que se
reúna la Asamblea de los cretenses. La amnistía deberá extenderse
á todos los armenios que han tomado parte en los recientes aconte-
cimientos, á excepción de los jefes de nacionalidad turca, los cuales
serán puestos á disposición de la Puerta , y de los jefes de nacionali-
dad extranjera, que serán desterrados.
— El Comité Central de Atenas de auxilios á los cristianos de Cre-
ta . muy numeroso, y en el que figuran personas distinguidas, acaba
de celebrar cesión pública. De las declaraciones del Presidente se
deduce que el Comité ha organizado activa propaganda en Grecia y
en el extranjero, y ha recibido y recibe considerables donativos, por
valor de miles de libras esterlinas. Preguntado el mismo Presidente
en qué serían empleados esos fondos , respondió 'que en armas y mu-
niciones de guerra^.
*
* *
Bulgaria.— Cuando regrese de la Puerta-Selo, donde permanece-
rá algunos días en las propiedades que allí posee su hermano, el Prín-
cipe Fernando de Bulgaria pasará una temporada en la capital de
388 CRÓNICA GENERAL
SUS Estados. El Principe necesita descansar de las fatigas de todo
•género producidas por sus continuos viajes, y además los negocios
de Estado sufrirían si se retardase demasiado su despacho. En el co-
rriente mes es esperado en Sofía el Príncipe Nicolás de Montenegro,
quien debe llegar á Belgrado de un momento á otro. La época de la
visita del Rey Alejandro de Servia no est.i aún fijada, y de ella de-
penderá que se anticipe ó no el viaje del Príncipe Fernando ;l las
aguas de Carlsbad. La Princesa María Luisa pasará casi todo el me*
de Julio en el espléndido convento de Rilo; pero la Corte se trasla-
dará el resto del verano á Cuxinogrado, cerca de \'arna
* m
Asia. — r///««. — "Las negociaciones oficiales entabladas entre J.i-
Hung-Chang y el C.obierno alemán son de bastante importancia,
dado el modo de ser del Imperio chino. El Secretario de Estado ale-
mán ha celebrado varias conferencias con el Virrey Li-Hung-Chang,
y, á cambio de establecer derechos especiales de importación de pro-
ductos chinos, se concede á Alemania el de fijar un pontón ó depósi-
to de carbón en aguas de China. Como consecuencia, las relaciones
mercantiles entre ambos países han de recibir impulso, y Alemania
tendrá un mercado de importancia que habrá de molestar bastante al
monopolio que venia ejerciendo la C.ran Bretaña. Li-Hung-Chang, al
presenciar las maniobras militares del ejercito alemán, ha quedado
altamente satisfecho.,
Japón.— "China y el Japón siguen ocupándose en reunir aprestos
para una guerra, que será probablemente inevitable en un porvenir
más ó menos lejano. Mientras el famoso Príncipe Li-Hung Chang re-
corre todos los arsenales y principales establecimientos industriales
de Alemania, disponiendo la construcción de buques de guerra y ha-
ciendo pedidos de armamento moderno, el Mariscal japgnés Mar-
qués de Yamagata despliega una actividad extraordinaria en su viaje
por Europa. De regreso de las fiestas de Moscou, en donde repre-
sentó á su Soberano, ha ido á Bruselas para terminar las condiciones
de un tratado de comercio entre Bélgica y el Japón, tratado que se
ínmó por el Vizconde Aoki, Plenipotenciario japonés, y Mr. de Fa-
vereau, Plenipotenciario belga/^1 .Mariscal Yamagata visita las fá-
bricas de armas de Lieja, y luego irá á Francia con el mismo obje-
to, pasando por último á Inglaterra, cuyos grandes astilleros estudia-
rá detenidamente.
Que los chinos y los japoneses se batan, que se armen hasta los
dientes, es cosa que nos interesa medianamente ; pero no nos olvide-
mos de las Islas Filipinas. Las noticias del Japón dan cuenta de ha-
ber sido votadas por la Dieta Imperial, en el corto espacio de tres me-
CRÓNICA GENERAL 389
ses, ciento veintinueve proposiciones gubernamentales, entre ellas
algunas tan importantes como las encaminadas á duplicar el ejército
y la marina en el término de diez años, aumentar el impuesto gene-
ral en 40 por 100 y crear un nuevo Código civil. Algunas de dichas
medidas han encontrado, antes de ser votadas, muy enérgica oposi-
ción. La parte que más interesa á España es la referente al acuer-
do de doblar en diez aflos el ejército y la escuadra ya poderosa del
imperio japonés.
Según noticias de la Prensa inglesa, van á ser construidos en In
^¡aterra, por encargo del (apon, cuatro acorazados, cuatro cruceros
de primera clase y dos de segunda. Ademas, el Gobierno del Mikado
encargará A una casa americana otros dos cruceros de segunda cla-
se, y varios torpederos.! Francia y Alemania. Otros buques de gue-
rra se construirán en los astilleros nacionales, montados con arreglo
á los últimos adelantos modernos.» i
.África. — Los periódicos publican un despacho de la capital de la
República sudafricana del Transvaal en que se dice que el Presiden-
te Fruger ha manifestado, en conferencia que celebró con un perio-
dista, que no hay razón para temer en aquel país nuevos disturbios.
Sólo pedimo.s, ha dicho el Presidente, que se nos haga justicia, y es-
peramos obtenerla.
No así en otros distintos puntos del Sur africano, donde la rebe-
lión ha dado grito subversivo, corriéndose como reguero de pólvora.
Según las últimas noticias de Masholandia, los indígenas de aquella
región se han levantado en armas contra los blancos, llegando á ser
la situación tan crítica, que todos los naturales se han adherido al mo-
vimiento insurreccional, apoderándose los partidos rebeldes á san-
gre y fuego de varias factorías de los blancos, pasando á cuchillo á
sus moradores, de los cuales, los que han logrado salvarse de la fero-
cidad de los negros, se refugian en el fuerte de Salisbury. Se teme
por la suerte de otras familias blancas que se encuentran indefensas,
por lo que la intervención militar se juzga indispensable para poner á
cubierto loe intereses de la civilización.
« *r
390 CRÓNICA r.ENF.RAL
II
ESPAIÑI A
Todo el interés político ha estado concentrailo estos día- cii la
alta Cámara, donde continúa la contestación al Mensaje de la Co-
rona. Esperábase con impaciencia la intervención del general Mar-
tínez Campos en el debate suscitado al tratarse de las cuestiones de
Cuba, y con este motivo se predecían revelaciones de misterios que
la opinión pública adivina y que el Sr. Cánovas no cree convenien-
te manifestar por razones de patriotismo. Solemne chasco se han
llevado los que esperaban del General un discurso que aclarara los
puntos obscuros de la historia de la actual rebelión: el orador se con-
cretó á defender su gestión política y militar en el mando de la isla,
censuró al Gobierno por la solución dada al condicto del Alliame,
estimó oportuna la implantación de las reformas, y cree que la acti-
tud poco cortés de los Kstados Unidos da de día en día aliento á la
insurrección.
Pero mayor tuc la extrarteza del numeroso público que llenaba las
tribunas cuando, levantándose el jefe del (>obierno á hacer uso de la
palabra, lejos de sincerarse, así y á su Gabinete, de las inculpaciones
que el general Martínez Campos le dirigiera, no hizo más que esqui-
var la cuestión, dedicando todo su discurso á contestar al Sr. Labra,
que antes había interpelado al Gobierno, defendiendo que la autono-
niía, en su concepto incluida en parte en las mismas reformas vota-
das para Cuba en las Cortes fusionistas por todos los partidos, era el
verdadero y único medio de poner fin á la guerra. La contestación
del Sr. Cánovas fué tan enérgica y patriótica como las gratuitas é
insidiosas afirmaciones del diputado autonomista estaban reclaman-
do; pero, si bien se mostró hábil en manejar los recursos oratorios,
defraudó las esperanzas del público sacando el debate del rumbo
que le había trazado el Sr. Martínez Campos. Lo único que se pudo
sacar en limpio fué que no se implantarán las tan manoseadas refor-
mas mientras la insurrección no quede por completo vencida y sub-
yugada.
—Bien pronto se aumentará nuestra Escuadra con dos nuevos cru-
ceros que el Gobierno proyecta comprar á la casa Ansaldo, de (ié-
nova, donde se han construido las máquinas de los más potentes
acorazados de la ilota italiana. A juzgar por el dictamen de la Comi-
sión técnica encargada por el Sr. Beránger de examinar las condi-
ciones de los buques, éstos superan á los construidos en los arsena-
CRÓNICA GENERAL It91
les ingleses, opinión que corroboran varias revistas inglesas que han
tratado el asunto.
Para ultimar el contrato ha llegado á Madrid un representante de
la casa constructora.
De deseares la adquisición de estos elementos de guerra, toda
vez que á la falta de fuerzas navales se debe en gran parte la pusila-
nimidad que muestran nuestros gobernantes ante las injustas recla-
maciones de los yankees.
— A raíz del atentado anarquista de Barcelona se reprodujo una
tez más el clamor de la opinión pública exigiendo medidas enérgi-
cas contra esa raza de fieras humanas cuyo credo consiste en la des-
trucción y aniquilamiento de todo lo existente. El Gobierno, cum-
pliendo en esta ocasión con el deber sacratísimo que le impone la
defensa del orden social, ha respondido á las excitaciones del senti-
miento general con la promulgación de un proyecto de ley que tien-
de á reprimir las espantosas manifestaciones del anarquismo, y á evi-
tar, en lo posible, las escenas de luto y desolación de que ha sido
teatro la capital de Cataluña.
Las disposiciones contenidas en dicho proyecto de ley son las si-
guientes:
"Articulo 1.*^ Todos los delitos contra las personas y las cosas que
se cometan ó intenten cometer por medio de explosivos ó materias
inflamables, pasarán en adelante á la jurisdicción deCiuerra, siendo
juzgados por los Consejos de guerra de plaza á quienes correspon-
da. Otro tanto tendrá lugar en los delitos de que habla la ley de 10
de julio de 1894 sobre explosivos. Art. 2.° Serán castigados con la
pena de muerte todos los autores ó cómplices de tales delitos. Los
encubridores y los reos de conspiración y proposición para cometer
estos delitos sufrirán la pena de relegación perpetua ó temporal, se-
gún la gravedad del caso. Art. 3." Los que, sin inducir directamente
á otros á ejecutar cualquiera de los delitos consignados en el artícu-
lo anierior, provocasen de palabra, por escrito ó por la imprenta, el
grabado ú otro medio de¡publicidad, á la perpetración de dichos deli-
tos, incurrirán en la pena de cadena perpetua si á la provocación
hubiera seguido la perpetración , y en la inmediata cuando no se rea-
lice el delito. Art. 4.° Se autoriza al Gobierno para que , oyendo á la
junta de Autoridades de la respectiva capital de provincia, suprima
todos los periódicos, centros y lugares de recreo de los anarquistas;
aunque artificiosamente disimulen sus fines. En otro caso, cuando los
periódicos, centros y lugares de recreo hagan alarde del título de
anarquistas, podrá el Gobierno suprimirlos sin oir á la junta de Au-
toridades. Art. ó.^ Igualmente se autoriza al Gobierno para extrañar
perpetuamente del Reino á toda persona á quien se le pruebe que
profesa opiniones anarquistas , con intervención y de acuerdo de la
referida junta de Autoridades. Si el extrañado en esta forma volviese
392 CRÓNICA GENERAL
á la Península, será relegado á alguna colonia lejana, quedando allí
sujeto al régimen disciplinario que, según la conducta que observe,
consideren indispensable las Autoridades militares. Art. 6.° Por los
Ministerios de la Guerra, de Gobernación y de Gracia y Justicia se
dar;ln las instrucciones convenientes para la ejecución de esta ley.
Art. 7." Quedan en vigor las disposiciones de la ley de 10 de julio
de 1894 que no estén modificadas por la presente. Madrid 16 de Junio
de 1896.— El Presidente del Consejo de Ministros, Antonio Cánovas
del Castillo,..
Contra lo que era de esperar, no á todos ha satisfecho el propó-
sito de arrancar de raíz la maldita planta del anarquismo; no, cier-
tamente.
Pi y Margal!, tan conocido en el mundo político como patrocina^
dor del federalismo, del pacto sinalagmático y de no sabemos cuán-
tos más ideales descabellados, no ha creído rebajarse haciendo en
El Nuevo Régimen declaraciones favorables al anarquismo y pidien-
do respeto para toda idea, por ut()pica que sea.
Ikíena andaría la sociedad con semejantes respetos... N', sin em-
bargo, no puede negarse que la lógica está de parte del famoso repu-
blicano; porque una ve/ admitida, sin limitaciones de ningún géne-
ro, la mal llamada libertad de pensatnienlo, preciso es aceptar tam-
bién las consecuencias que de ella dimanan, entre las cuales debe
figurar el derecho de sostener y propagar por medio de la Prensa to-
das las aberraciones y doctrinas criminales que la inteligencia hu-
mana es capaz de concebir... V véase cómo la elocuencia de ios he-
chos viene á demostrar una vez más que, sin la salvadora inlluencia
moral del Cristianismo, las sociedades están condenadas á precipi-
tarse irremisiblemente en el horrendo abismo de la disolución y de
la muerte.
—Conviene todo el mundo en que el Sr. Comas ha pronunciado un
discurso notabilísimo acerca del protocolo de 1877. No ha hablado
como hombre de partido, y menos aún como liberal, sino como espa-
ñol y persona muy enterada en el asunto. La confirmación terminante
y rotunda que sus palabras han hallado en el testimonio de los tres
generales Calleja, Pando y Martínez Cainpos es el mayor golpe que
ha podido asestarse al desdichadísimo protocolo firmado en malhora
por el Sr. Cánovas del Castillo.
—Censuran los periódicos al Sr. Ministro de Ultramar por la for-
ma amplísima en que pide á las Cortes autorización para recaudar
fondos con que acudir á las necesidades de la guerra de Cuba, y di-
cen á este propósito que, comprometiéndose en su proyecto todas las
garantías de la nación, no conciben cómo el Sr. Ministro de Hacien-
da puede conformarse con tal demanda. Ello es lo cierto que las Cor-
tes le han concedido al Sr. Castellano omnímoda facultad para arbi-
trar recursos sobre la base del tal proyecto.
CRÓNICA GENERAL 393
—Conviene ante todo dejar en su puesto las cosas referentes al
Cónsul americano, general Lee. No es cierto que este señor Jiaya en-
viado todavía á su Gobierno informe de ningún género acerca de la
guerra de Cuba. Así lo ha dicho de palabra al general Weyler, y por
telégrafo á la Prensa. Así lo aseguró el Sr. Cánovas hablando ante
varios periodistas: «Ya tendrán ustedes noticia de que el general Lee
ha desmentido lo que le atribuyó el Neiv- York Herald. Kl Gobierno
ha recibido un despacho del general Weyler diciendo que le ha visi-
tado el Cónsul norteamericano Mr. Lee para manifestarle que no ha
enviado á su país informe alguno sobre el curso de la campaña de
Cuba, y en todo caso no lo haría tampoco en el sentido que se ha su-
puesto, porque dista mucho de esto el juicio que le merece dicha
campaña».
—Escasas son las noticias de Cuba, pero favorables en loque se
refiere á la materialidad de la guerra, pues menudean las presenta-
ciones y no í.e interrumpen por completo los hechos de armas, como
pueden notar nuestros lectores leyendo la i elación de los combates
últimamente librados.
Tiene positivo mérito, juzgada militarmente, la operación que con
rebultado feliz emprendieron laí> tropas en las ásperas sierras de Pi-
nar del Río.
Porque se creían seguros allí los rebeldes, habíanse instalado en
barracones y roturado á su alrededor el terreno con plantaciones
que asegurasen su alimentación durante los meses lluviosos. Trin-
cheras bien emplazadas defendían sus campamentos. Pues bien; las
columnas españolas, hábilmente dirigidas y maniobrando con exac-
titud matemática, han penetrado en aquel abrigo, en tal forma que
la resistencia de los insurrectos resultó inútil hasta para producirnos
bajas, y allí, además de castigar á los rebeldes, lograron nuestras
tropas inutilizar cuantos elementos habían reunido aquéllos. Copia-
mos de un diario la siguiente relación del suceso: "El general Gonzá-
lez .Muñoz dispuso el día 19 que la primera brigada de su división, al
mando del general Suárez Inclán, se dirigiese sobre Bramales , mar-
chando él con otra media brigada sobre Manuelita, y ordenando an-
tes al coronel Echevarría le siguiese por El Vigía hasta ocupar la
loma de San Claudio. Combinado el movimiento, se dio vista al ene-
migo en las posiciones que ocupaba en las faldas de la sierra, ba-
tiéndolas con fuego de cañón y desalojándole rápidamente de ellas.
Reunidas las dos columnas en Manuelita. se formalizó el ataque á
las posiciones de los rebeldes, acampados en Las Ánimas y otros
puntos, cañoneándolas y tomándolas durante la mañana. Formada
una columna sola con todas las fuerzas, se emprendió la marcha ha-
cia las lomas de Rubí, haciéndose el flanqueo por seiscientos hom-
bres al mando del coronel Escario. Los flanqueadores fueron destru-
yendo á viva fuerza los pequeños campamentos hallados en las lade-
S94 CRÓNICA GKNERAL
ras de la sierra. Kstos carnpamentos tenían zanjas y trincheras del
sistema empleado por los carlistas. A las tres de la tarde se dispuso
que el batallón de Isabel la Católica ocupase las lomas de Santa Isa-
bel y pernoctase en los campamentos que encontrase. El general te-
nía noticia de que en el interior de la sierra existía uno de g^ran im-
portancia, y se dirigió hacia él con media brigada, oponiéndose el
enemigo á este movimiento. Trabado el combate, fué el enemigo des-
alojado de todas sus posiciones, y tomado el cainpamento. Hste y to-
dos los dem.ls hallados por las columnas estaban construidos con ca-
rácter permanente; fueron inutilizados y quemados m.ls de trescien-
tos bohíos, cogiéndose muchas reses, caballos, prisioneros, armas'y
municiones. Los rebeldes dejaron catorce muertos, entre ellos el ca-
becilla Revira, ayudante de Delgado, llevándose muchas bajas. En
la columna resultó herido el teniente D. Isabelo Ballesteros, diez sol-
dados graves, el médico del batallón de Valladolid, Sr. Jover, y ocho
soldados leves. En esia operación se ha distinguido el comandante
D. Modesto Navarro, ayudante del general Suárez Inclán, quien, con
las guerrillas de Madruga, hizo al enemigo seis muertos, entre ellos
el cabecilla Octavio Hernández, cuyo cadáver fué identificado. La
e-xpedición desembarcada del 21 al 22 fué batida por el teniente coro-
nel Sr. (iastón en la playa de Camacho (Matanzas), siguiendo en su
persecución. Las guerrillas de la .Salud lograron alcanzar y matar de
un tiro en la frente, en la finca E\ Corojo, al cabecilla X'arona Mu-
rías...
Aparte del hecho citado, sólo hay de interés el desembarco de una
expedición filibustera, cuyos individuos fueron perseguidos con acti-
vidad, habiendo pagado algunos con la vida su audacia. Esta expe-
dición estaba anunciada desde el día Ib de junio. En la costa se notó
por aquellos días la presencia de fuertes partidas rebeldes, que iban
con el propósito de proteger su desembarco. Entre los expediciona-
rios figuraba el cabecilla de la anterior guerra separatista F^icardo
Trujillo.
—Los más importantes periódicos de Madrid y de provincias en-
salzan las manifestaciones de que han sido objeto los marinos fran-
ceses en la Coruña y el Ferrol, y los ingenieros militares en Barcelo-
na. La Prensa francesa se mostró en un principio muy satisfecha
del recibimiento que ha tenido su Escuadra y m.uy inclinada á una
alianza con nuestro país; pero más tarde, en vista de la actitud indi-
ferente y aun hostil del Gobierno español , ha cambiado de parecer, y
ésta es la fecha en que la mayoría de los diarios franceses sostienen
que de ningún modo estaría dispuesta Francia á auxiliarnos en el
caso de una guerra con los Estados Unidos.
— Leemos lo que sigue en un diario de la corte que presume de
bien informado:
"Con referencia á cartas recibidas en N'ancouver (América ingle-
CRÓNICA GENERAL 395
sa) por el último correo del japón, el Gobierno de esta potencia ha
recibido del ruso una nota en que se le exige que las tropas japone-
sas abandonen la isla Formosa cuanto antes.
Sin duda para exigir en caso necesario que sean atendidas las ex-
citaciones, Rusia está concentrando un ejército de 100.000 hombres
y una poderosa escuadra en Vladiwostock.
También ha llegado á las aguas de la Siberia oriental una nume-
rosa escuadra inglesa.
Es de temer, por tanto, que esté incubado otro grave conflicto en
el Extremo Oriente, y que Rusia é Inglaterra elijan las aguas del
Japón para continuar la lucha comenzada en Crimea ha cuarenta
años, y proseguida en las mesetas del Asia central en pequeña esca-
la, y en las Cancillerías europeas bajo diferentes foímas y con los
más variados pretextos^.
Discurso leído por el Emmo. Sr. Nancio de So Santidad, Monseñor Cretoni,
en el acto de recibir de S. M. la Reina Regente (q. D. g.) la imposición
de la birreta cardenalicia.
SEÍs:ORA:
No hav fuentes más puras y abundantes de la elocuencia como la
gratitud; y, sin embargo, yo, que vengo aquí poseído de la gratitud
más profunda por la emoción, de buena gana enmudecería en estos
solemnes instantes, si con el silencio pudiera satisfacer á mis impres-
cindibles deberes. Facilítanme , por fortuna, el cumplimiento déla
obligación imperiosa que me impone este acto memorando, de una
parte la excelsitud del Pontífice-Rey que se digna enaltecer á quien
no tiene otro linaje de méritos que los que creyó ver en el hijo obe-
diente y sumiso la benevolencia del padre; de otra , la suma de virtu-
des acumuladas en la Soberana ejemplar que representa hoy en este
templo al Supremo Jerarca.
¡Qué paralelo tan hermoso y tan justificado podría tejer entre
ambas colosales figuras un entendimiento más privilegiado que el
mío! León XIII ama y bendice á su siglo en cuanto éste manifiesta
de generoso y grande, y le amonesta y le atrae con inefable amor en
cuanto tiene de audaz y de ensoberbecido. Vos, Señora, cumplís con
3% CRÓNICA GENERAL
igual fidelidad vuestros destinos, ilustrando y enriqueciendo vuestro
pueblo con los recortes y frutos de vuestra inteligencia, discreción y
prudencia.
León Xlll va cerrando con su sabiduría y su celo los abismos
abiertos entre la ambición y la justicia, entre la violencia y el dere-
pho. Vos supisteis tender escalas y puentes salvadores entre aspira-
ciones encontradas, y unir con estable concordia espíritus que acari-
ciaban y mantenían aquellos ideales.
F.eón Xlll, muy lejos de ahuyentar A los entendimientos extra-
viados y á los corazones altivos con los rayos del anatema, los domi-
nó con el raciocinio y los cautivó con la dulzura. Vos, lejos de abri-
gar rencores contra los enemigos del Trono, no solamente los perdo-
nasteis, sino Que también los favorecisteis en la medida que lo con-
sentía la obligación sagrada de ser el ángel tutelar de vuestros au-
gustos hijos.
León XIII es alentador sublime de los que trabajan con fe since-
ra, y los obreros miran en él al padre que consuela y al guía y conse-
jero que salva. \'os mostráis igualmente al poderoso los medios y las
venturas de proteger al pobre y al pueblo, siendo constante consola-
dora de los que sufren, y madre solícita de los desgraciados.
León Xlll ha impuesto á los publicistas y á los políticos en las es-
feras del derecho de gentes principios y verdades que estaban des-
conocidos ú olvidados, y la aureola de su grandeza le mereció ser
arbitro en los litigios de los príncipes y en los conflictos de las na-
ciones. \'os habéis infiltrado por admirable modo el espíritu de cle-
mencia en las prudentes severidades de una legislación sabia , y to-
dos reconocieron y ensalzaron vuestra equidad y vuestra mode-
ración.
A León Xlll le ha tocado vivir en una época de tremendas crisis
y de situaciones difíciles; pero esas situaciones y crisis elevaron á
inconmensurable altura su prestigio, porunt: vel divina tantummodo natura invisibilis. quod so-
lent Monophysitse: sed unus est ex utraque et in utraque natura cum
visibili tum invisibili ; sic corpus ejus mysticum non vera Ecclesia est
nisi propter eam rem. quod ejus partes conspicuic vim vitamque du-
cunt ex donis supernaturalibus rebusque ceteris, unde propria ipsa-
rum ratjo ac natura efUorescit. Cum autem Ecclesia sit cjusinodi vo-
lúntate et conslitutionc divina , permnnere sine ulla iniermissione de-
het i'/nsnwdi \n ;t*ternitate temporum: ni permaneret, profecto nec
esset condiía ad perennitatem; el Hnis ipse, quo illa contcndit, loco-
rum esset temporumque corto spatio deíinitus: quod cum veritate
utrumque pu^nat. Istam ijiitur et visibilium et invisibilium conjunc-
tionem rerum, quia naturalis atque Ínsita in Ecclesia nutu divino
inest, tamdiu permanere necesse est, quamdiu ipsa permansura
Ecclesia. Quare Chrysostomus: Ah Ecclesia itc abstinvas: nihil cnint
fortius tcctcsia. Spcs tua Ecclesia, salus íua Ecclesia, rcfugiiim
íiinni Ecclesia. Culo excelsior et Urra latior est illa. Sitmquaux se-
nescit , sed semper viget. Quanio/neni e/us /innitatcnt stahiiitateni-
que demoustrans , Scriptura montetn illaní vocal (1). Augusiinus
vero: Putaitt (^lentilcs) religiotietu nowinis c/iristtani ad ceitunt
ícDipus in ftoc steculo victurant , et postea non futiiraiu. Pertnanc-
bit ergo cum solé , quamdiu sol oritur et occidit ; hoc est quamdiu
témpora isla volvutttuf , non deerit Ecclesia Dei , id est Cfinsíi cor-
pus in Icrris (2). Idemquc alibi: Xulahit Ecclesia , si nutaverit ínn-
dameníum: sed unde ntilahit Christus.^... Notí ñútante Clnisto, non
inclinahitur in steculum steculi. i'bi suttt qui dieunt . pcriise de
mundo Ecclesimn , quando nec inclinari potest? (3).
Mis vclut fundamentis utendum veritatem quícrenti. Scilicet Ec-
clesiam instiiuit formavitque Christus Dominus: propterea natura
illius cum quícritur cujusmodi sit, caput est nosse quid Christus volue-
lit quidque reapse eífecerit. Ad hanc reijulam exigenda máxime \\c-
clesiii; uiiiías est, de qua visum est, communis utilitatis caussA, non-
nihil his litteris attingerc.
Profecto unam esse jesu Chrisii germanam Ecclesiam, ex lucu-
lento ac multiplici sacrarum litterarum testimonio, sic constat inter
omnes, ut coniradicere christianus nemo ausit. Verum in dijudicanda
statuendaque natura unitatis, multos varius error de via dellectit. Ec-
clesiic quidem non solum ortus sed tota consiitutio ad rerum volún-
tate libera elTcctarum pertinet genus: quocirca ad id quod revera
gestum est, indicatio est omnis revocanda, exquirendumque non s;me
(i) Hom. De capto Euíropio, r.. 6.
(2) InPsal. LXXI, n. S.
(3) Knarratio in Psal. CIII . sermo 11, n. 5.
DE UN'ITATE ECCLESIAE 405
quo pacto una esse Ecclesia queat, sed quo unam esse is voluit. qui
condidit.
lamvero, si ad id respicitur quod orestum est, Ecclesiam Jesús
Christus non talem finxit formavitque, quie communitates plures com-
plecteretur genere símiles, sed distinctas, ñeque iis vinculis allii^a-
tas, quie Ecclesiam individuam atque unicam efficerent, eo plañe
modo, quo Credo unam... Ecclesiam in symbolo fidei profitemur. In
unitis natura' sortent cooptatnr Ecclesia guie est una , qnaní conan-
tur haereses in multas discindire. Et essentia ergo et opinione , et
principio et e.xcellcntia unicam esse dicimus antiquam et catholi-
Citm Ecclesiam... Cctcrum Ecclesiic qutx/ue eminentia , sicut princi-
pium constructionis , est ex iinitate , omnia alia siipcrans , et nihil
hahens sibi simile vel tct/uale (1). Sane Jesús Christus de aedidcio
ejusmodi mysiico cum loqueretur, Ecclesiam non commemorat nisi
unam, quam appeW^t suam: (cdi/icabo Ecclesiam meam. Quaecumque,
praeter hanc, coj^itetur alia, cum non sil per Jesum Chrisium condi-
ta, Ecclesia Christi vera esse non potest. Quód eminet etiam majáis,
si divini auctoris propositum consideretur. (^uid enim in condita con-
dendave Ecclesia petiit, quid voluit Christus Dominus? Hoc scilicet;
munus Ídem , idemque mandatum in eam continuandum transmittere,
quod ipse acceperat a Patre. Id plañe siatuerat faciendum, idque re
elfecit. Sicut misil me Fater, et eg» millo vos (2). Sicut tu me misisti
in mundinn, el ego misi eos in mundum (3). Jamvero Christi mune-
ris est vindicare ab intcritu ad salutem quod perierat , hoc est non
aliquot íjentcs aut civitates, sed omnino hominum, nullo locorum
temporumve discrimine, universumgenus: venit Filias Jtominis... ut
salvetur mitndus per ipsum (4). Xec enim aliud nomen esl sub cielo
datunt hominibus, in quo oporteat nos salvos fierUp). Itaque partam
per Jesum Christum salutem, simulque beneficia omnia quae inde
proficiscuntur, late fundere in omnes homines atque ad omnes propa-
gare aetates debet Ecclesia. Quocirca ex volúntate auctoris sui uni-
cam in ómnibus terris, in perpetuitate temporum, esse necesse est.
Plañe plus una ut esse posset, excederé terris et genus hominum fin-
gere novum atque inauditum oporteret.
Hoc ipsum de Ecclesia una, quotquot essent ubique et quovis tém-
pora mortales complexura, vidit ac praesignificavit Isaías, cum fu-
tura prospicienti, objecta species montis est, celsitudinis exsuperan-
tia conspicui, qui imaginem Domas Domini , videlicet Ecclesiae,
expressam gerebat: Et erit in novissimis diebus prceparatus mons
(i) Clemens Alexandrinus, Stromatum . lib. vii, cap. xvii.
(2) Joan. , XX, 21.
(3) Ib., XVII, 18.
(4) Ib., ni, 17.
(5) Act., IV, 12.
406 epístola enxyclica
domus Domini in vértice moitliuin (1). Atqui iinus iste mons est, ir»
vértice montium locatus: nua domus Domini, ad quam omnes gentes
vivendi normam petiturae aliquando contiuerent: Et ftuetit ad eavt
ojtncs ffoites... et diccrit: venííe et ascendamus ad monte m Dumiiii ,
ct ad domiiin Dei Jacob, et docebit nos vias snas , et atnbnlabinuis
in seniitis ejus (2j. Quem locum cum Optatus Milevitanus attini^eret,
Scriptitm est , inquit. in Isaia propheta: ex Sion prodiet lex , et ver-
bnm Domini de Hierttsalem . Non ergo in illa monte Sion Isaías
(ispicit vallem, sed in monte sancto, qiti est Ecclesia, qtti per omnem
orbem romanum captit tiilit snb toto c<vlo... Est ergo spiritalis Sion
Ecclesia, in qua a Deo Patre rex constitutus est Christus , quic est
in toto orbe tcf rarnm, in qno est una Ecclesia catliolica (3). Augus-
linus vero: Qmd tam mani/estitm qtiam mons.* Sed sutil et montes
ignotí , quia in una parte lerrarum posili sunt... lile autcm mons
non sic, quia implevil universam f ación terw: et de tilo dcitur; pa-
patus in cacumine montium (4). lUud accedit.quod Ecclesiam Filius
Dei mysiicum corpus suum decrevit fore, quocuní ipse velut caput
conjuniícrelur, ad similitudinem corporis huniani quod suscepit: cui
quidem iiaturali con^lutinaiione inharet naiurale caput, Sicut ijjitur
inortalc corpus sibi sumpsit unicum, quod obtulit ad cruciatus et
necem , ut libtrationis iiumariic pretium exsolverel, sic pariter unum
habet corpus mysiicum, in quo et cujus ipsius operA facit sanctitatis
salutisque icternae homines compotcs: Ipsum (Chrislum) dedil (Deus)
caput supra o>nnem Ecclesiam , qute est corpus ipsius (5). Dispersa
membra atque sejuncta non possunt eodem cum capite, unum simul
effcctura corpus. cohaerere. Atqui Paulus, Omnia autem, inquit,
membra corporis cum sint multa , unum tamen corpus sunt: ita et
Christus (O). Propterea corpus istud mysticurn compactum ait esse
ct connexum. Caput Christus: ex quo totunt corpus compactum , et
contiexinn per omnem juncturam subministrationis , secundum
operationem in mensuram uniuscujusque membri (7). Quamobrem
dispersa a membris ceteris siqua membra vagantur, cum eodem at-
que único capite cono:lutiiiata esse ncqueunt: Unus Deus est, et
Christus unus, et una Ecclesia ejus ct fides una ct plcbs una in so-
lidaní corporis unitatem concordia- glutino copúlala. Scindi unitas
non potest, nec corpus unum discidio conipaginis separar i (tí). Quo
(i) Isaias, n, 2.
(2) Ib., 2-3.
(3) De Schism. Donntist.. lib. iii, n. 2.
(4) In Epist. Joan., tract. i, n. 13.
(5) Ephes., I, 22-23.
(6) I. Corinth., xii, 12.
(7) Ephes., IV, 15-16.
(8) S. Cyprianus, De catlt, Eccl. Unilaie, n. 23.
DE UNITATE ECCLESIAE 407
melius Ecclesiam etfino^at unicam, similitudiuein animati corporis
informat, cujus non aliter victura membra sunt, nisi coUií^ata cum
capite, vim ad se vitalem ex capite ipso traducant: sejuncta, necesse
est emori: Non potest (Ecclesia)... divulsis laceralione visccribiis in
frusta discerpi. Quii1(¡tii(i a niatrice ciiscesserit, scorsittn vivere et
spirare non poterií (\). Mortuum vero corpus quid habet cum vivo
similitudinis? AV;«(í t'////;i nnt/udni carnem suain odio habuit : sed
)iiilrit, el foi'et eatn. sicut et Chftst/ifi Ecclesiam: quiU monbra su-
nnfs corporis ejus, de Ciirne ejus et de ossibus ejiís (2). Aliud igitur
siinile Christo incohetur caput, alius Chrisius. si pr;etcr eam , quie
corpus ejus est, fint;i Ecclesiam alteram libeat. Videíe quid caveatis,
videte quid observetis , videte quid tinieafis. Contingit , ut in cor-
pore humano, imo de corporc aliquod pnecidtitur membrum, ma-
nits, digitus, pes: nuinquid pnecisum sequilar anima.* Cum in cor-
pore essct,vivebat: priccisutn aniillil vilam. Sic et homo christia-
ñus catholicus est. dum in cor pore vivil: pra\isus,híerelicus fdclus
csl: membrum amputalnm non siu/uilur spiritus (3). Est iijitur Ec-
clesia Chrirsii única el perpetua: quicumque seorsum eant, aberrant
a volúntate et prXíCriptionc Christi Domini, relictoque salutis iti-
nore.^ad interitum difírediuntur. Quisquís ab Ecclesia segregatus
titiultera' jungitur. a prumissis Ecclesite scparatur , ncc perveniet
(til Christi priemia qui reliquit Ecclesiam Christi... Hanc unitatem
qiii non tenct, non tcnct Dei legem , non tenel Patris et Filii Jidem.
vitam non tcnet et salutcm (4).
At vero qui unicam condidit, is idem condidií unam. videlicet
ejusmodi, ut quotquot in ipsa fuiuri essent, arctissimis vinculis socia-
ti tenerentur, ita prorsus ut unam gentem, unum re<ínum, corpus
uium cfficerent: '6'/í//í;i í7>r/)//s, et unus spiritus, sicut vocati cstis
in una spe vocationis vestr(e{5). Voluntatem hac de re suam Jesús
Christus sanxit, propinqua jam morte, augusteque consecravit, ita
Patrem adprecatus: Non pro eis rogo tantum, sed et pro eis, qui
crcdituri sunt per verbuní eorum in me... ut et ipsi in nobis unum
sint... ut sint consummafi in unum (6). Imo tam intime nexam jussit
esse in sectatoribus suis unitatem tamque perfectam, ut conjunctio-
nem cum Patre suam ratione aliqua imitaretur: Rogo... ut omnes
unum sint, sicut tu, Pater , in tne, et ego in te (7). Tantas autem inter
homines ac tam absolutne concordiie necessarium fundamentum est
(i) S. Cyprianus, De cath. Eccl. Unitate . n. 23.
(2) Ephes., V, 29-30.
(3) S. Augustinus, sermo ccLxvn, n. 4.
(4) S. Cyprianus, De cath. Eccl. Unitate, n, 6.
(5) Ephes., IV, 4.
v6) Joan., xvii, 20-21-23.
(7) Ib., 21.
408 EPÍSTOLA ENCYCLICA
convenientia conjunctioque mentium: ex quo conspiratio voluntatum
atque agendorum similitudo natura gignitur. Quamobrem, pro sui
diviiiitate consilii, itnitnteni fidei . in Ecclesia sua jussit esse: quic
quidcm virtus primum est in vinculis iis quíe hominem jungunt Deo,
et inde nomeny/í/f/^5 accepimus. Units Doniitms, itna/ides, unioii
haptisma (1): videlicet sicut unus Dominus, et baptisma unum. ita
omniuní christianorum, qui ubique sunt, unam esse fidem oportet.
Itaque Paulus Apostolus christianos, ut idem sentiant omnes, efl'u-
giantque opinionum dissidia non rogat tantum, sed flagitat ac plañe
obsecra t: Obsecro tiufcni vos, f ral res, per nonien Domitii itosíri
Jesn Christi : ut idipsnni dicatis omues, et fton siut tu vobis schis-
mata: sitis <uite»i perfecti in eodeni seHsn, et i ti eadem senlentiti i2).
Qax loca sane non indigent interprete: satis enim per se loquuntur
ipsa. Ceteroqui unam esse fidem deberé, qui se profitentur christia-
nos, vulgo asseniiuntur. Illud poiius maximi momenti ac prorsus ne-
cessarium, in quo multi errore falluntur, internoscere qu?e sit istius
species ct forma unitaiis. ()uod ipsum, ut supra fecimus in caussa si-
mili, non opin:itione aut conjeciura est, sed scientia rei gesta? judi-
candum : qua.-rendo scilicet stntuondoque qualeni in lidc Anitatem je-
sús Christus esse prrcceperit.
Jesu Christi doctrina caelestis, tametsi magnam partem consigna-
ta litteris afflatu divino, coUigare lamen mentes, permissa hominuní
ingenio, ipsa non poterat. Erat enim proclive factu ut in varias inci-
deret atque inter se differenics interpretationes: idque non modo
propter ipsius vim ac mysteria doctrina?, sed etiam propter humani
ingenii varietatem, et perturbationem in studia contraria abeuntium
cupiditatum. \í\ differentia interpretandi dissimilitudines seniiendi
necessitate nascuntur: hinc controversiie. dissidia, contentiones, qua-
lia incumbere in Ecclesiam ipsa vidit próxima originibus aetas. De
haereiicis illud scribit Irenaeus: Scnplnnis quidcm confiteutur. i?/-
íerpreíationes vero couvertunt (3). Atque Augustinus: Neqi4e euiui
vatcc sunt ¡ucreses et qutcdnm doginatu perversitatis Ulaquenntiii
auimds et in prnfunduní prtccipitontiit . nisi dutn scriptunc borne
inteltiguntur non l>ene (4). Ad conjugandas igitur mentes, ad eífi-
ciendam tuendamque concordiam sententiarum, ut ut extarent divi-
nae litterae, omnino erat alio quodam principio opus. Id exigit divina
sapientia: ñeque enim Deus unam esse íidem velle potuit, nisi con-
servandíc unitatis rationem quamdam idoncam providisset: quod et
sacrae littenv perspicue, ut mox dicturi sumus, significant. Certe infi-
nita Dei potentia nulli est viñeta vel adstricta rei, omniaque sibi habet
(i) Ephcí.., IV, 5.
(2) I. Corinth., i, 10.
(3) Lib. ni, cap. xii, n. 12.
(4) /w Evang. Joan., tract xviii, cap. v, n. i.
DE UNITATE ECCLESIAE 409
obnoxie, velut instrumenta, parentia. De isto igitur piincipiü exter-
no, dispicicndum, quodnam ex ómnibus, quae essent in potestate sua,
Christus optarit. Quam ob rem oportet christiani noniinis revocare
cogitatione primordia.
Divinis testata litteris, eademque vulgo cognita commemoramus.
Jesús Christus divinitatem divinamque legaiionem suam miraculo-
rum \ irtute comprobat: erudire verbo multitudinem ad caelestia in-
sistit, omninoque jubet ut sibi fides docenti adjungatur, hinc praímiis
illinc poenis propositis sempiternis: .S7 non fado opera Patris mei ,
nolite crederc ttiihi (1). .S7 opera nonfecisseni ín eis, qmr fiemo aiiits
fecit pcccatiini non ¡íiiberent {'!). Si antem Jacio (opera), el si niilii
non i'u/íis creciere, operibiis credite (3). Quaecumque prscipit, eádem
omnia auctoritate priocipit: in exigendo mentis assensu nihil excipit,
nihil sccernit, Eorum igitur qui Jesum audissent, si adipisci salutem
vellent, oflicium fuit non modo doctrinam ejus accipere universe, sed
tota mente assentiri singulis rebus, quas ipse tradidisset: illud enim
repugnai, Hdcm vel una in re non adhiberi Deo.
Maturo in ca."lum reditu, qua ipse poteslate missus a Patre íuerat,
eadem miitii Apostólos, quos spargere ac disseminare jubet doctri-
nam suam: Data esí milii oinnis potestas in Cíclo et in térra. Euntes
ers;o docete oinnes gentes... Docentes eos servare omnia ,qucecinu
que ¡nandavi vobis (4 . Salvos fore, qui Aposlolis paruissent , qui non
paruissent, interituros: Qui crediderit et baptizatus fiierit , salvas
erit: qui vero non crediderit , condemnaltitur (fi). Cumque illud sit
providentiae Dei máxime congruens, ut muneri praescrtim magno
atque excellenti pr:eficiat neminem, quin pariter suppeditet unde li-
ceat rite defungi, idcirco Jesús Christus missurum se ad discípulos
suos Spiritum veritatis polliciius est, eumque in ipsis perpetuo man-
surum : .S; atiiem abiero , mittam eum (Paraclitum) ad vos... Cum
autem veneril Ule Spiritus veritatis, docebit vos omnem verita-
tem (6). £t ego rogabo Patrem, et alium Paraclitum dabit vobis-
ut maneaí vobiscum in icternum , Spiritum veritatis... (7). Ule testi,
moninm per/iibebit de tne: et vos testimonium perhibebitis (8). Hinc
doctrinam Apostolorum religiose accipi sancteque servari perinde
imperat ac suam: Qui vos audit, tne audit: qui vos spernit , me sper-
(i) Joan., X, 37.
(2) Ib., XV, 24.
(3) Ib.. X, 38.
(41 Matt. , XXVIII, 18-19-20.
(5) Marc, XVI, 16.
(6) Joan., XVI, 7-13.
(7) Ib., XIV, 16-17.
(8) Ib., XV, 26-27.
410 epístola encyclica
nit (1) Quamobrem Icgati Apostoli a Jesu Christo sunt non secus ac
ipse legatus a Paire : Sicut misit me Pater, et ego tttitto vos (2): prop-
terea quemadmodum dicto audientes Christo esse Apostólos ac discí-
pulos oportuit, ila pariter fidem adhibere Apostolis debuerant, quos-
cumque ipsi ex mandato divino docuissent. Erijo Apostolorum ve!
unum repudiare doctrinic príucepium plañe non plus licuit , quam de
ipsius Christi doctrina rejecisse quidquam.— Sane Apostolorum vox,
illapso in eo.r Spiriiu sancto, quamlatissime insonuit.Quacumque ves-
tifíium posuissent, perhibent se ab ipso jesu legatos. Per qiiem (Je-
sum Christum) accepimus gratiatn , et apostoi(itnni ad olnuíiendNni
fidci in oninihiis gctitibns pro nomine ejus (3 : divinamque eoruní le-
íjaiionem passim Dcus per prodij^ia in aperto ponil: //// ttnfent pro-
Jecli pru'dicaverunl ubique , Domino cooperante , et sernionem con-
firmante , sequentihits signis(4).Q\iem verosermonem? eum utique,
qui id omne comprehenderet , quod ipsi ex map:islro didicissent : pa-
lam enim aperleque testantur, nihil se eorum posse, quic viderant
quicque audierant, non loqui.
Sed, quod alio locodiximus. non erat ejusinodi munus apostoli-
cum, ut aut cum personis Apostolorum interire posset, aut cum tem-
pore labi.quippe quod et pubiicum esset et saluti ^eneris humani
institutum. Apostolis enim mandavit jesús Christus ut pracdicareni
evangelium omni creatnríc , et portarent nomen ipsins coram gen-
tihus et rcgibus , et /// sibi testes essent usqne ad ullimtim terne.
Atque in tanti perfunctione muneris adfore se poUicitus eis est, id-
que non ad iJiquot vel annos vel nctates, sed in omne tcmpus, nsque
ad consnninuitioficm s<rcnti. Ouam ad rem Hieronymus: Qni nsque
ad consumnidíionem sacnii cum discipniis se /ittnnim csse promit-
tit , et il/os ostendit semper esse victnros et se nunquam a credenti-
bus recessurum (5). Qwx quidem omnia in solis Apostolis, supremíe
necessitate ex humana conditione obnoxiis, qui vera esse potuissent?
Erat igitur provisum divinitus ut magisterium a jesu Christo institu-
tum non iisdem íinibus, quibus vita Apostolorum, terminarctur . sed
esset perpetuo mansurum. Propat^atum revera ac velut in nianus de
manu traditum videmus. Xam consecravere episcopos Apostoli, qui-
que sibi proxime succederent in ministerio verhi . singillatim desig-
navere. — Ñeque hoc tantum: illud quoque sanxere in successoribus
suis, ut et ipsi viros idóneos adlegerent, quos, eadem auctoritate
auctos, eidem prseficerent docendi officio et muneri: Tu ergo,fili mi,
confortare in gratia, quic est in Cliristo Jesu: et quu- audistt a me
(0
Luc, X, i6.
(2)
Joan. , XX, 21.
(3)
Rom. ,1,5.
(4)
Marc, XVI , 20.
(5)
In Matth. , lib. iv , cap. xxvni , v. 20.
DE UMTATE ECCLESIAE 411
per niultos testes, hcec comwenda fiítclibiis hoiniítiOits , qiti idonei
erunt el alias docere (1). Qua de caussa sicut Christus a Deo, et
Apostoli a Christo, sic episcopi et quotquot Apostolis successore,
missi ab Apostolis sunt: Apostoli nohis Evungclii pricdicatorcsfacti
sunt a Domino Jesii Christo , J csus Oirist iis missiís est u Deo. Chris-
tus igitur ii Deo , et Apostoli a Christo, et facttim cst lítniwque or-
dinatim ex voluntate Dei... Per regiones igitur et urbes verbitin
pradicantes ,primitias eartini spiritu ciini probassent , constitiie-
rtint episcopus et diáconos eorum qiii creditnri erant... Coiistittie-
runt príedictos, et deinceps ordinal ioneni dederitnt , ut quuní illi
decessisseut , tninisterium euruní alii viri probaíi exciperenf (2).
Permanere igitur necesse est ex una parte constans atque immuta-
bile munus docendi omnia , quae Christus docuerat: ex altera cons-
tans atque immutabile officium accipiendi protitendique omnem illo-
rum doctrinan!. Quod praeclare Cyprianus iis verbis illustrat: Ñe-
que enini Domiuus uoster Jesús Christus, cuní iu Evangelio sito
test arel ur inimicos sitos esse eos , qui secum non essent, aliquaní
speciem hareseos designavit: sed ontnes oninino (¡ni sccnni non es-
sent et secuní non colligentes , gregem snum spargerent , adversa-
rios esse ostendit , dicens: Qui non est niecum, adversns me est ; et
qui non mecuní colligit , spargit (3).
His Ecclesia praeceptis instituía, sui memor officii, nihil egit stu-
dio et contentionc majore, quam ut integriíatem lidei omni ex parte
tueretur. Hinc perduellium habere loco et procul amandare a se, qui
de quolibct doctrin;c su;u capite non secum una sentirent. Ariani,
Montanistit, Xovatiani, Quartadecumani, Kutychiani certe doctri-
nan! catholican! non penitus omnem, sed partem aliquam deserue-
rant: híereticos tamen decláralos, cjectosque ex Ecclesiae sinu quis
ignorat fuisse? Similique judicio damnati. quotquot pravorum do^ma-
tum auctores variis temporibus postea consecuti sunt. Nihil periculo-
sius his ha^reticis esse potest , qui cum integre per omnia decurrant,
uno tamen verbo, ac si veneni guita, tneram illam ac simplicem
Jidem Doniinica' et exinde apostoliac traditionis inficiunt (4). ídem
semper Ecclesiíe mos, idque sanctorum Patrum consentiente judi-
cio: qui scilicet communionis catholicae expertem et ab Ecclesia ex-
torrem habere consueverunt, quicumque a doctrina, authentico ma-
gisterio proposita, vel minimum discessisset. Epiphanius, Augusti-
nus, Theodoretus haereseon sui quisque temporis magnum recensue-
re numerum. Alia Augustinus animadvertit posse genera invalesce-
re, quorum vel uni si quis assentiatur, hoc ipso ab unitate catholica
(i) II. Tim. ,11, 1-2.
(2) S. Clemens Rom., Epist. 1 ad Corinth. , capp. xlii-xliv.
(3) Epist. LXIX ad Magnum, n. i.
(4 1' Auctor Tractatus de Fide Orthodoxa contra Árlanos.
412 epístola encvclica
sejungitur: .\o)¡ o)iinis , qui ¿sta (numeratas videlicet haereses) non
credit .cnnsequenler ciehet se christiauum catholicitm jatn putare
vel dicere. Possinit euim et hccreses aliit , quic i ti hoc opere iiostro
couimcmoratíc notí suhí , ve/ essevel fieri . quaruvt (iliqíuim quts
quis tenuvrit , christianus catholicus non crit (1).
Istam lutandae unitati, de qua dicímus, instiiutam diviniíus ratio-
nem urget beatus Paulus in epístola ad Ephesios; ubi primum monet
animorum concordiam ma^no studio conservandam : soliiciti servare
ufíitati-m spiritus in vinculo pacis (2): cumque concordes animi ca-
ritate esse omni ex parte non possint, nisi mentes de üde conscntiant,
unam apud omncs vult esse fidem : (ñus Dotninns , nnn ftdes: ac tam
perfecte quidem unam. ut crrandi discrimen omne prohibeal: IJtjain
non simus pnrinii flnctunntes , et circHwferamur omni vento doc-
/rime in neqnititi hominutti , /;/ asttttin ad circutnventiouem erroris.
Idque non ad lempus servari docet oportere, sed doñee occnrrainus
atunes in nnitatemjidei... in mensuram ¡etatis plcnitudinis Christi.
Sed ejujmodi unitatis ubinam Jesús Christus posuii prinripium in-
choandae, pi;csidium custodiendse? In eo videlicet, quod, Ipse dedil
qtiosdiini qiiidcín Apostólos... alios anteni pastores, et doctores, ad
consí4mnuitionet)i sanctornm in opas ministerii , in icdificationcni
corporis Christt. ()uare vel inde ab ultima vetustate hanc ipsam re-
gulam doctores Patresque el sequi consueverunt et uno ore defende-
ré. Ori<;enes: Qaoties auteni (haeretici) canónicas proferitnt scrip-
tura , in quihus otnnis christiantts consentit et credit , videntnr dice-
re : eccc in domibus vcrbuní est veritatis. Sed nos illis credere non
debentus , nec cxire a prima et ecclesiastica traditione , nec aliter
credere , nisi quemadmodttm per successioncm Ecclesiic Dei tradi-
deriint nobis (3). Irenxus: Agnitio vera est Apostolorum doctrina...
secundnm st4Ccessiones episcoporum... qu(C pervenit itsque ad nos
custoditione sine fictione script tirar um tractatio plenissima (4). Ter-
tulianus vero: Constaí proinde , omnem doctrinam , qua cum illis
Ecclesiis aposlolicis nujtricibus et originalibusjideiconspiret, ven-
tati deputandam , sine dubio tencntem quod lüclcsiír ab Apostolis,
Apostoli a C/iristo. Christus a Deo accepil... COmmunicamus cum
Ecclesiis apostolicis , quod nulli doctrina diversa: hoc est testi mo-
til um veritatis (5). Atque Hilarius: Significat (Christus e navi do-
cens) eos , qui extra Ecclesiam positi sunt , nullam divini ser monis
caperc posse intelligentiam. Navis enim Ecclesice typum pncfert ,
intra quam verbum vitie positum et pncdicatum hi qui extra sunt
(i) De Haeresibus, n. 88.
(2) IV, 3 et seqq.
(3) Vltus Interprelatio Commentariorum in Mntt. , n. 46,
(4) Contra Haereses, lib. iv, cap. xxxni , n. 8.
(5) De Praescrip., cap. xxi.
DE UNITATE ECCLESIAE 413
ct (iretnc modo síc/i/es atque imitiles adjacent , iritelligere uon pos-
suut (1). Rufinus Grecíorium Xazianzenum laudat et Basilium, quod
solis diviuw scriptiiru i'oluniinibus operam dabant , earuniqnc in-
telligeiiíinin non ex propria príssumptione , sed ex tnajoruin scrip-
tis ct otictoritate seqiicbantur , quos et i'psos ex apostólica sures-
sione intelligendi regulam snscepisse constabat (2).
Quamobrem, id quod ex iis, quíe dicta sunt, apparet, instituit Je-
sús Christus in Ecclesia vivnm , anlhentícntn, idemque perenne >na-
gistcriuní , quod suapte potestaie auxit , spiritu veritatis intruxit , mi-
raculis conlirmavit: ejusque prsecepta doctrina* íeque accipi ac sua
voluit íiravissimeque imperavit.— Quoties igitur hujus verbo magis-
terii ediciiur, traáiiie divinitus doctrinae complexu hoc contineri vel
illud , id quisque debet certo credere , verum esse : si falsum esse ullo
modo posset, illud conscquatur, quod aperte repuijnat, erroris in ho-
mine ipsum esse auctorem Dcum; Domine, si error esí , a te decepti
sit))ins (.J). lia omni aniota dubiíandi caussA , uUamne ex iis veritati-
bus potcst cuiquam fas esse respuere, quin se del hoc ipso prascipi-
tem in apertam haeresim? quin, sejunctus ab Ecclesia, doctrinam
chrisiiunam una complexione repudiet universam ? Ea quippe est na-
tura fidei , ut nihil tam repuj^net quam isla credere, illa rejicere. Fi-
dem enim Ecclesia prohtetur esse virtntem <upernaturalem , qita,
Dei adjurante et aspirante gratia . ab eo revelata vera esse credi-
inns, non propter intrin^eca)n rerttm veritatem natura/i rationislti-
mine perspectam , sed propier anctoritatem ipsuts Dei rcvelantis,
qiti nec falli nec /altere poíest (4). Si quid igitur traditum a Deo li-
queat fuisse, nec tamen creditur, nihil omnino fide divina creditur.
Quod enim Jacobus Apostolus de delicto judicat in genere morum,
Ídem de opinionis errore in genere fidei judicandum: Quicttmque...
ofjendat... in uno, /actas est omninm reus (5): imo de opinionis erro-
re, multo magis. ünmis enim viólala lex minus proprie de eo dicitur
qui unum peccavit, propterea quod majestatem Dei legum laioris
sprevisse, non nisi interpretanda volúntate, videri potest. Contra is,
qui veritatibus diviniíus acceptis vel uno in capite dissentiat, veris-
sime ñdem exuit funditus, quippe qui Deum, quatenus summa veritas
est et proprium mutivum Jidei , recusat vereri : In miiltis mecum, in
pancis non mecum: sed in his paucis , in quibus non tnecuin, non eis
prosunt multa, in quibus mecum (b). Ac sane mérito, qui enim su-
munt de doctrina christiana, quod malunt, ii judicio suo nituntur, non
(i) Comment. in Matt/i,, xiii , n. i.
(2) Hist. EccL, lib. II, cap. ix.
(3) Richardus de S. Victore, De Trin., lib. i , cap. 11.
(4) Conc. Vat. , sess. ni, cap. ni.
(5) ". 10.
(6) S. Augustinus, in Psal. LIV, n. 19.
414 EPÍSTOLA ENCYCLICA
fide: iidemque mininic /// captivil(itet}i rcdigcutes onjficni in/eilcc-
íiim in ()/)SL(¡n¡iini C/in's(í(\), sibimeiipsis veriusobtemperaní, quam
Deo: Qui in Evangelio quod vnliis, creditis; qnod lut/fis . non ere-
dilis , vobis potius qnatn Evangelio creditis (2).
Quocirca nihil Palies in Concilio \'aticano condidere novi, sed
institutum divinum, veterem atque constantem Ecclcsiae doctrinam,
ipsamque fidei naluram sequuti sunt,cum illud decrevere: Fide di-
vina el callioliai ea oninia credcnda sutil , qiiic in verbo Dei scripio
vel tradito conlinenlur , el ah Ecclesia sive soletnni judicio, sive or-
dinario el itniversali niagislerio laniqiiain diviniliis reveíala pro-
ponitnlur {?>). Itaque cuín appareat, omnino in Kcclesia sua velle
Deum unitatem íidei, compertumque sil cujusmodi eam esse, et quo
principio tuendam ipse jusserit, liceat Nobis, quoiquot sunt qui non
animum induxerint aures veriíati claudere, iis Augustini verbis af-
fari: Ciini igilitr lantutn auxilinni Dei . lant inn profeeluní Jruclum-
que videanius, dubilahinins nos ejus Ecclesite condere premio, quiv
usqiic lid con/essioneni generis httniani ab aposlolica Sede per snc-
cessiones episcoporunt, frustra lucreticis circunilalranlibus, el par-
lint plebis ipsius judicio, piirlini Coneiliorinn gravilate, partint
eliam niiraciilorum majeslale daninalis, cithnen auctoritalis obti-
nuil? Cui nolle primas daré, vel sumnue profecía impielalis esl ,vel
pnecipitis arroganlitc... El si unaquicque disciplina, quanu/uatn vi-
lis el facilis , ul percipi possil , doclorem anl magislrum reqniril;
quid lemertiritc superbitv plenius, quam dirinorum sacramenlorum
libros et ab intiipretibus suis finlle rognn<rere . rl incoíi^nitos 7 elle
damnare.^ (4).
Hoc ii;¡iur sine ulla dubiíatione cst oflicium Hcelesiíe, christia-
nam doctrinam lueri camque propagare integram atque incorruptam.
Sed nequáquam in isio sunt omnia : imo ne finis quidem , cujus caussA
est Ecclesia instituía, olficio isto concludiiur. Quandoquidem, ut je-
sús Chriütus prosaluie humani generis se ipse devovit, atque huc,
qua; docuisset quceque pra;cepisset, omnia reiulii, sic jussit Eccle-
siam quccrerc in veritale doctrinae, quo homines cum sánelos effice-
ret, tum salvos. — V'erum lanti magnitudinem alque excellentiam pro-
positi consequi sola lides nullo modo potest : adhiberi necesse esl cum
Deicultum juslum ac pium, qui máxime sacrificio divino et sacramen-
lorum communicalione continetur, tum etiam sanciiíatem Icgum ac
disciplinic — Isla igilur omnia inesse in Ecclesia oporlet, quippe qure
Servaloris munia in ;evum persequiíur: religionem, quam in ea velut
;«Cí>/'/)or<?/'/ ille voluit . mortalium generi omni ex parte absolulam
(i) II. Corinlh. , x, 5.
(2) S. Augustinus, lib. xvii. Contra Fausttim Manichaeum , cap. iii.
(3) Ses. III , cap. III.
(4) De Utilitate Credendi, cap. xvii, n. 35.
Ulí UXITATE ECCLESIAE 415
sola praestat: itemque ea. quie ex ordinario providentias consilio sunt
instrumenia salutis, sola suppeditat.
At vero quo modo doctrina cíelestis nunquam fuit privatorum ar-
bitrio inijcniove permissa, sed principio a Jesu tradita, deinceps ei
separatim, de quo dictum est, cominendata magisterio: sic etiam non
singulis e populo christiano, verum delectis quibusdam data divini-
tus tacult'is est perliciendi atque administrandi divina mysteria, una
cum re<iend¡ gubernandique potestate. Ñeque enim nisi ad Apostó-
los legitimosque eorum successores ea pertinent a jesu Christo dic-
ta: Emites in miindum iiniversunt, prudicatc Evangeliiint... bapti-
zantes eos... Hocfacite in meaní coininemoi ationent... Quorum remi-
seritis pecciita, reniittiintur eis. Similique ratione non nisi Apostolis,
quique eis jure successissent, mandavit ut pascerent . hoc est cum
potestate re^erent universitatem christianorum, quos hoc ipso eis
subesse deberé atque obtemperare est consequens. Quae quidem of-
ticia aposlolici muneris omnia ^eneratim Pauii senientia complecti-
tur: Sic nos existinut homo ut ministros Cliristi , et dispensatores
mysteriorttm Dei (1).
Quapropter mortales Jesús Christus, quotquot essent, et quotquot
essent futuri, universos advocavii, ut ducem se eumdemque servato-
»cm sequerentur, non tantum seorsum sin<íul¡, sed etiam consociati
atque invicem re animisque juncli, ut e \. multitudine populus existe-
rei jure socialus; íidei, finís, rerum ad tinem idonearum coinmunione
unus, uni eiJemque subjectus potestati. Quo ipse facto principia na-
luia-, quaí in hominibus societatem sponte gignunt, perfectionem
naiuricconsentaneam adepturis, omnia in Ecclesia posuit, nimirum
ut in ea, Ljuotquot tilii Dei esse adoptione volunt, perfectionem digni-
taii suae congruentem asscqui et retiñere ad salutem possent. Eccle-
sia igiiur. id quod alias attigimus, dux hominibus est ad cieiestia,
eidemque hoc est munus assignatum a Deo ut de iis, quíc religionem
aitingunt, videai ipsa et statuat, et rem christianam libere expedite-
que judicio suo adminisiret. Quocirca Ecclesiam aut non recte norunt
aut inique criminaniur qui eam insimulant, velle se in civitatum ra-
tiones inferre, aut in jura poientatus invadere. Imo Deus perfecit, ut
Ecclesia esset omnium societatum longe praestantissima: nam quod
petit ipsa tamquam finem, tanto nobilius est quam quod ceterae pe-
tuní socictates, quanto naturA gratia divina, rebusque caducis im-
mortalia sunt praestabiliora bona.— Ergo Ecclesia societas est ortu
dilina: fine, rebusque fini proxime admoventibus, supernaturalis:
quod vero coalescit hominibus, humana communitas est. Ideoque in
sacris litteris passim videmus vocabulis societatis perfectae nuncupa-
tam. Xominatur enim non modo Domus Dei, Civitas supra montem
posita, quo convenire gentes omnes necesse est : sed etiam Ovile, cui
(ij I. Corinth., iv, i.
416 EPÍSTOLA EXCYCLICA
prassit pastor unus, et quo recipere se oves Christi omnes debciit : inio
Regnimi qitod siiscitmií DeiiSj quodque sfnbi't iii (vterumn: derAque
Corpus Christi, inysíiciím illud quidem, sed tamen vivum apteque
compositum, multisque conllatum membris; qufe niembra non eum-
dem actum habent: copulata vero inter se, gobernante ac moderante
capite, contineniui". jamvero nulla hominum cogitari potest vera ac
perfecta societas, quin potestate aliquasumma regatur. Debet igitur
Jesús Christus magistratum Ecclesiac máximum prnefecisse, cui obe-
diens ac subjecta omnis esset christianorum muliitudo. Qua de caussa
sicut ad unitatem Kcclesiic, quatenus est cwíus ficicliuní, necessario
uniías fidei requiritur, ita ad ipsius unitatem, quatenus est divinitus
constituía societas, requiritur jure divino uuitas regímitiis, qute uni-
íaletu com>nunionís efficit et complectitur: Ecclesiie autem uiiitas
in dítobus attenditur: sci/icct in conuexioue nienibroruni Ecclesia;
ad ifiviccni sen cotumitíiicatioue, et itcrum in ordinv otnninin mtin-
brorinn Ecclcsice <id iintnn <(ipiit (1).— H.\ quo intclligi licet, excidere
homines ab l£cclcsi;v unitate non minus schismate, quam lucresi : Jn-
tcr hwresint et schisnuí hoc esse arbitnuitnr, (¡ncd huresis perver-
sión dogma liabeat : schisma propter episcopalcni dissensionent ab
Ecclesia sepuretiir \2). Quibuscum illa Joannis Chrysostomi in eam-
dem rem sententia concordat: Dico et protestar, Ecclesiatn scindere
non minus esse maltim, qnam incidere in htcresim (3). Quamobrem
si nulla potest esse honesta hícresis, pari ratione schisma nullum est,
quod possit jure factum videri: Non est quicquam gravins sacrile-
gio sc/nsmaíis... prucidendu unitatis nulla est Justa necessitas (4).
Quae vero et cujusmodi summa ista potestas sit, cui christianos
parere oportet universos, non aliter nisi comperta cognitaque volún-
tate Christi statuendum. Certe in aeternum rex Christus est, item-
que moderari in ¡cternum tuerique regnum suum e cáelo non visus
perseverat: sed quia conspicuum illud esse voluit. designare debuit
qui gereret in terris vices suas, postea quam ipse ad cíclestia rediis-
set: Si quis autem dicat quod unum capul et unus pastor est C/iris-
tus, qui est unus unius Ecclesicc sponsus , non sufjicienter respon-
det. Manijestum est enim, quod ecclesiastica sacramenta ipse Chris-
tus per ficit : ipse enim est qui baptizat, ipse est qui peccala remit-
tit, ipse est verus sacerdos, qui se obtulit in ara crucis, et cujus vir-
tute Corpus ejus in altari quotidic consecratur ; et tamen quia cor-
poraliter non cum ómnibus fidelibus prusentialiter eral fulurus,
elegit ministros, per quos prtcdicta fidelibus dispeusaret, ut supra
(cap. Lxxivi dicfum est. Eudcm igitur ratione. quia prwsentiam
(i) S. Thomas. 2-> 2-'>e, q. xxxix , a. i.
(2) S. Hieronymus, Commentar. in Episl. ad Tiiitin ¡cip. 111, v, lo-ii.
(3) Hom XI, in Epist. ad Ephes., n. 5.
(4) S. Augustinus, Contra Epistolam Parmeniani , lib. 11, cap. xi, n. 25.
DE UNITATE ECCLESIAE 417
coyporalem etat Eccícsiw susíructuyus, oporíuil ut aliciii conimitte-
ret, qui, loco siii, iiniversalis Ecclesia gereret curani. Hincest qiiod
Petro dixit ante ascensionetn: Pasee uves meas (1). Jesús Christus
igitur summum rectorem Ecclesiíu Peirum dedit, idemque sanxit ut
ejusmodi magistratus saluti communi ad perennitatem institutus, ad
successores hereditaie transferretur, in quibus Petrus ipse esset auc-
toritate perpetua superstes. Sane insigne illud promissum beato Pe-
tro fecit, priEterea nemini : Tií es Petrus. et super hanc petraní (cdi-
ficabo Ecclesiatn meatti (2). — Ad Peí ruin locutus est Doniinus. ad
uninn, ideo ut uiiitaten/undaret ex uno ('¿).—i\ulla siquidcni oratio-
ne pnemissa... taní patreni ejits. quatn ipsuní nomine appellat (bea-
tus es Simón Bar-Jonaj, et Simunem eum non jam vocari patitur,
euní sibi pro sua potestatc jam tum ut suum vindicans,sed congrua
similitudine Petrum a petravocari placuit , puta super quem fun-
daturus erat suam Eccltsiam (4). í.'uo ex oráculo liquet, Del volún-
tate jussuque, i£cclesiam in beato Petro, velut aedes in fundamento
consistere. Aiqui fuiídamenti propria natura et vis est, ut coiíaíren-
tes efficiat a;des variorum coagmentatione membrorum, itemque ut
operi sit necessarium vinculum incolumitaiis ac hrmitudinis: quo su-
bíalo, omnis ccdilicatio Cüllabiiur. Igitur Petri est sustinere Ecclesiam
tuerique non solubili compage connexam ac firmam. Tantum vero
explere munus qui, possit sine poiestate jubendi, vetandi, judicandi,
quae veré propriequey/<A'/5í//i7/ü dicitur? Profecto non nisi potestate
jurisdictionis stant civitates resque publicae. Principatus honoris ac
pertenuis illa consulcndi monendique facultas, quam directioncm vo-
cant, nuUi hominum societati admodum prodesse ñeque ad uniíatem
ñeque ad firmitudinem queunt. Atque hanc, de qua loquimur, potes-
tatem illa declarant et confirmant: Et portic inferí non pnevalebunt
udversus eam.— Quam autem eatn? an enim petrant supra quam
Christus cedificat Ecclesiam? an Ecclesiam ? Ambigua quippe locn-
tio est: an quasi unam eamdemque rem, petram et Ecclesiam? Hoc
ego verum esse existimo, nec enim adversus petram, super quatn
Christus Ecclesiatn (cdijicat, nec adversus Ecclesiam portee inferí
prcevalebunt (5). Cujus divinaesententiaeea vis est: quamcumque visi
invisique hostes vim, quascumque artes adhibuerint, numquam fore
ut fulla Petro Ecclesia succumbat, aut quoquo modo deficiat: Eccle-
sia vero tamquam Christí Lcdificiunij qui sapienter cedificavit "^do-
mum suam supra petram^, portarum inferí capax non est, pr(eva-
lentíum quidem adversus quemcumque hotninem, qui extra petram
(i) S. Thonias, Contra Gentiles, lib. iv, cap. lxxvi.
(2) Matth., XVI, i8.
(3) S. Pacianus, ad Sempronium, epist. iii, n. 11.
(4) S. Cyrillus Alexandrinus, in Evang. Joan,, lib. 11, in cap. i, v. xlii.
(5) Orígenes, Comment. in Matth., tom, xii, n. 11.
27
418 EPÍSTOLA EN'CYCLICA
et Ecclesiam fuent , sed invalidarum advcrsiis illaví (1). Eiijo Ec-
clesiam suam Deus idcirco commendavit Petro, ut perpetuo incolu-
mem luior invictus conservaret. Eum igitur auxit potestate debita:
quia societati hominum re et cum effectu tuendíe, jus imperii in eo
qui tuetur est necessarium. lllud praeterea jesús adnexuit: Et tibi
dabo claves regui aeloruni. Plano loqui de Ecclesia perj^it, quam
paullo ante nuncuparat suam, quamque ¡psam velle se in Petro dixit.
tamquam in lundamento, statuere. Expressam non modo icdificii,
sed etiam regni imaginem gerit Ecclesia: ceteroqui insiíjne usita-
tum imperii claves essc, ncmo nescit. Quapropter claves regni ccclo-
yuní cum lesus daré Petro pollicetur, potcsiatem etjusin Hlcclesiam
pollicetur daturum: Filius vero et Patris et siti ipsius coguitionem
per totinn orbeni illi (Petro) disseniinare connnisit, ac luortali lio-
mini omucm in arlo potesíntein dedit , diim claves illi íradidit , qui
Ecclesiam per toliim orbeni terrarnm extehdif. et ciclis /irmioreni
monstravit (2). Concinunt cetera : Qnodcumque ligaveris super te-
rram, crit ligatum et in aclis, et quodcumqiie solver is super te-
rram, erit soluíum et in ca-lis. Liíjandi solvendique translata locutio
jus ferendarum iegum, item judicandi vindicandique dcsit;nat potes-
tatem. Qu;v quidem poleslas tantae amplitudinis virtutisque dicitur
fore, ut quaslibet decreta ejus rata sit hahiturus Deus. Itaque summa
est planeque sui juris, quippe quae nuUam habei in terris superiorem
gradu , Ecclesiamque totnm ct quas sunt Ecclesiíc commisa, universa
complectitur.
Promissum exsolvitur, quo teinpore Christus Dominus, post anas-
tasim suam, cum ter a Petro, num se dilifieret plus quam ceteri, qyae-
sisset, praecipientis in modum ei, /^íjící", ait, agnos meos... pasee oves
meas (3). Nimirum quotquot essent in ovili suo futuri, omnes illi velut
pastori committit: Dominus non dulu'tat, qui interrogat, non ut dis-
ceret , sed ut doceret , quem elevandus in ciclum amoris sui nobis
velut vicarium relinquebat ... Et ideo quia solus profitetur e.x ómni-
bus, ómnibus ante/ertur... per/ectiores ut perfectior gubernaret (4).
Illa vero sunt pastoris oKicia et partes, Sfe<;i se prtebere ducem, cum-
demque sospitare salubritate pabulorum, prohibendo pericula, caven-
do insidias, tutando a vi: brevi, regcndo «iubcrnando. Cum ij^itur Pe-
trus est gregi christianorum pastor impositus, potestatcm accepit
gubernandi omnes homines, quorum saluti Jesús Christus profuso
sanguino prospexerat : Cur sanguinem effudit? Ut lias emeret oves,
quas Petro et successoribus ejus tnididit (5).
(i) Orígenes, Comment. in Mattii., t. xii . n. ii.
(2) S. Joannes Chrysostomus, Hom. liv, in Aíafíh., n. z.
(3) Joan., XXI 16-17.
(4) S. Ambrosius, Exposit. in Evang. s'ecundum Lucam, lib. x, nn. 175-176.
(5) S. Joannes Chrysostomus, De Sacerdotio, lib. 11.
DE UNITATE ECCLESIAE 419
Quoniamque immutabilis communione fidci christianos omnes
oportel esse invicem conjunctos, idcirco suaruní virtute precum
Christus Dominus impetravit Petro, ut in gerenda potestate num-
quam tide laberetur: Ego aiiteui rogavi pro te, ttt non deficiat fnics
/Mí/ (1 •• Eidem príeterea mandavitut, quoties témpora posiularent,
ipse impertiret fratribus suis lumen animi et robur: Confirma fra-
tres ttios [2}. Quem igitur fundamentum filcclesiae designarat, eum-
dem esse vult columen fidei: Cui propria auctoritate regnuin dabaí,
hiijus fidetn firmare non poterat , qitem cuín petrant dirit , firma-
inentum Ecclrsiíc indicavit? {"i). Hinc ipse lesus certa quaedam nomi-
na, magnarum indicia rerum, quve sihi pof estafe sitiit propria, volnit
esse Petro secum participatione cmnmunia (4) , nimirum ut ex com-
munione titulorum appareret communio potestatis. Ita ipse, qui iapis
est angtiiaris, in qiio omnis icdificatio constructa crescit in íem-
pliim sanctum in Domino (5), í'etrum velut lapidcm statuit, quo
fulta esse Ecclesia deberet. Cnm audisset "petra es y, pneconio noOi-
litalus est. Quamquam atttem petra est, non ut Christus petra . sed
ut Petrus petra. Christus enim essentialiter petra inconcussa: Pe-
trtts vero per petram. Nam Jesús dignitates suas largitiir, nec
exliauritur... Sacerdns est./acit sacerdotes... petra est , petram fa-
cit ib}. Rex Ídem Ecclesi;c, qui habet clavem David : qui aperit et
tierno cttiudit.- claudit et nemo aperit (7), traditis Petro clavihus,
principem christiana; reipublic?e declaravit. Pariter pastor maxi-
mus, qui se ipse pastoreni bonum nuncupat (S), agnis atque ovibus
suis pastorem Pctrum pricposuit; Pasee agnos, pasee oves. Quare
Chrysostomus: E.ximitis erat inter Apostólos , et os discipulorum et
va'tus illiits capitt... Simul ostendens ei, oportere deinceps fidere ,
quasi abolita negatione ,/ratriim ei pncjecturam committit... Dicit
autem: Si antas me, fratribus praceesío (9). Demum qui confirmat in
omni opere et sermone bono flO), mandavit Petro xxiconjirmaret fra-
tres suos. Jure igitur Leo magnus: De toto mundo unus Petrus
eligitur, qui et universarum gentium vocationi et ómnibus Apos-
íoíis . cunctisque Ecclesiic patribus prceponatur: ut quamvis in po-
pulo Dei mu/ti sacerdotes sin/ multique pastores, omnes tamen pro-
(II Luc, XXII, 32.
(2) Ib.
(3) S. Ambrosius, De Fide , lib, iv, n. 56.
{4) S. Leo M., sermo iv, cap. 2.
(5) Ephes., H, 21.
(6) Hom., de Poenitentia, n. 4 in appendice opp. S. Basilit.
<7) Apoc, iii, 7.
(8) Joan., X, ii.
(9) Hom. Lxxxviii, in Joan., n. r.
(10) II. Thessalon., 11, 16.
420 EPÍSTOLA ENCYCLICA
prie rcgat Petriis, qiius principalitcr regit et Christus (1). Itemque
Gregorius niagnus ad Imperatorem Mauriiium Augustum: dinctis
evaugelium scícfiíibus liquet , quod vocc dominica sancto et om-
uiiim Apostolorum Petro principi apostólo totius Ecclesite cura
contrnissa esí... Ecce claves regni calestis acccpit , potestas ei ligan-
di ac solvendi tribuitiír, et cura ei totius Ecclesice et principatus
couitniltitiir {2).
Ejusmodi autem principatum, quoniam constitutione ipsa tempe-
rationeque Ecclesise, velut pars príecipua, continetur, vidclicet ut
principium unitatis ac fundamentum incolumitatis perpetuae, nequá-
quam cuín beato Petro inierire, sed recidere in ejus successores ex
alio in alium oportuit: Mauet ergo dispositioveritatis, et beatus Pe-
trus in accepta fortitudine petne perseverans , suscepta Ecclesiie
gubernaiula non reliquit (3j. Quare Pontífices, qui Petro in episco-
patu romano succedunt, supreniam Ecclesiae potestatem obtinent
jure divino. Definnnus .sanctatn .ipostolicatn Scdeni et Ronuuium
Pontijiccm in universunt orbeni tencre prinuiíuní , et ipsiim Pnnti-
ficcni Ronianinn successoreni esse beati Petri . principis Apostolo-
rum, et ver uní Clnisti vicarium totiusque Ecclesiie caput, et otnniuní
christiauoruní patreni ac doctoreni existere . et ipsi in beato Petro
pascendi , regcndi ac gubernandi universalem Ecclesiam a Domino
nostrojesu Uiristo plenam potestatem traditam esse; quemadmo-
dum etiam m gestis (ecumenicorum conciliorum et in sacris cano-
nibus continetur (4). Similiter Concilium Lateranense 1\': Romana
Ecclesia... disponente Domino, supcr omnes alias ordinaria' potes-
tatis obtinet prinapatum , utpote mater universorum Cluistijide-
lium et magistra. Antecesserat consensus antiquitatis, quas episco-
pos romanos sine uUa dubitatione sic semper observavit et coluit ut
beati Petri legítimos successores. Quem vero lateat quot in eamdem
rem extent et quam luculenta sanctorum patrum testimonia? Illud
valde pracclarum Irenici qui cum de Hcclesia romana dissereret, tul
hanc cnim, inquit, Ecclesiam propter potiorem principalitatem nc-
cesse est otnnem convenire Ecclesiam (5). Ac Cyprianus itidem de
Ecclesia romana aflirmat, eam esse Ecclesiie catholica radicem et
tnatricem (6), Petri Catliedram atque Ecclesiam principalem, unde
uniías sacerdotalis exorta esí (7). Catliedram Petri appellat quippe
quam insidet Petri successor: Ecclesiam principalem ob principatum
(i) Sermo iv, cap. ii.
(2) Epislvlnriim, lib. v, epist. xx.
(3) S. Leo M. , sermo iii , cap. 111.
(4) Concilium Flurentiiitim.
(5) Contra Hureses, lib iil , cap. in, n. 2.
(6) Epist. XLViii, ad Corneliuní, n. 3.
{7) Epist. Lix, ad eumd. , n. 14.
DE UNITATE ECCLESIAE 421
Petro ipsi et legitimis successoiibus collatum: nudc ntiifas exorta,
quia in chiistiana república caussa efficiens unitatis esi Ecclesia ro-
mana. Quare Hieronymus iis verbis Damasum affatur: Cn)n succes-
sore piscnfoyis et discípulo crucis loquor... Bcatituditii íme, id est
Cathedrtc Pctri cotnmitníone cousocior. Super illaní peíram cedifi-
catam Ecclesiam seto (1). Sollemne illi est, catholicum hominem ex
conjunctione cum romana Petri sede internoscere : Si qitis Cathcdrce
Petri jiingitiir , weus est (2). Ñeque absimili ratione Augustinus, pa-
lam testatus, /;; rumana Ecclesia semper Apostólica' cat/iedrcv vi-
¡(uisse pfincipdtuní (3), nej^at esse catholicum , quicumque a fide ro-
mana dissentiat: Non crederis vcrnm Jidcni t enere calliolicaní , qiii
¡Ídem non doces esse se*vandant romananí (4). ítem Cyprianus: Com-
municare cum Cornelio, hoc est cum catholica Ecclesia conunitni-
carc{o). Similiter Maximus Abbas hanc verae lidei veraeque commu-
nionisnotam essedocet, subesse Pontifici romano: ¡taque si vult hie-
veticus non esse ñeque audire , non isti aut illi satisfaciat... Fcsti-
net pro ómnibus sedi romanic satis/acere. Hacenim satisfacía, com-
tnuniter ul)ique omnes pium hunc et ort/iodoxum pnedicabunt. Xaní
/rustra solummodo loqtiitur, qui mihi símiles suadendos putat ,et
non satisfacit et implorat sanctissinne romanorum Ecclesiie beatis-
simum Papam , id est Apostolicam Sedem. Cujus reí caussam ratio-
nemquein eo aflirmat residere, quod ab ipso incarnato Dei Verbo,
sed et ómnibus sattctis synodis , secundum sacros cationes et térmi-
nos , universarum quir in tolo terrarum orbe sunt sanctarum Dei
Ecclesiarum in ómnibus et per omnia percepit et )iabet imperium,
auctoritatem et potcstatem ligandi et solvendi. Cion hoc enim ligat
et solvit , etiam in ctelo Verbum , quod aelestibus virtutibus princi-
pal ur (ó). Quod ¡ijiíur erat in fide christiana, quod non una gens, aut
una aítas, sed aetates omnes, et Oriens pariter atque Occidens agnos-
cere atque observare consueverat, id meminit, nuUo contradicente,
ad Ephesinam Synodum Philippus presbyter, a Pontífice leo^atus:
Nulli dubium est,imo swculis otnnibus notum, quod satictus beatis-
simusque Petrus , Apostolorum princeps et caput ,fideique cohimna
et Ecclesiie catholica fundamentum , a Domino nostrojesu Christo,
salvatore humani gencris ac redemptore , claves rcgni accepit, sol-
vendique ac ligandi peccata pot estas ipsi data est , qui ad hoc usque
tempus et semper in suis successoribus vivit et judicium exercet (7).
(i) Epist. XV, ad Damasum, n. 2.
(2) Epist. XVI, ad Damasum, n. 2.
(3) Epist. XLIII, n. 7.
(4; Sermo cxx, n. 13.
{5) Epist. LV, n. I.
(6) Dejloratio ex Epístola ad Petrum illustrem.
(7) Actio III.
422 epístola enxyclica
Eademque de re in omnium cognitione versatur Concilii Chalcedo-
nensis senteniia: Petrus per Leonon... loquntn:> est {\)\ cui vox Con-
cilii Constantinopolitani III resonat, tamquam imago: S'/n;í;;//Ys ;/o-
biscnni concertcibat Apostolontm priiiccfs: itlius enim imitatoreut
eí Seáis successoreru Jiabiiiviiis fauíoreni... cJiarta et atrauíentum
videbatur , et per Agatlwnevi Petrits loquebutiir (2). In formula ca-
tholicae professionis ab Hormisda conceptis verbis, ineunte suecula
sexto, pi^oposita, cui tum justinianus Imperator, luní Epiphanius,
Joannes, et Menna Patriarchie subscripserunt. illud est magna vi
sententiarum declaratum: Quia tion potest Domiui nostrijesu Chris-
ti prictermitti scntenHa dicentis: Tu es Fetrus, et super hanc pe-
tram icdificabo Ecclesiam meam... Uac , qn(c dicta sunt. reruní pro-
bíintiir effectibus, quia in Sede Apostólica citra macu/aní sempcr
est cathoíica servata religio (3). Nolumus quidem persequi singula:
libet tamen formulam fidei meminisse, quam Michsel Palaeologus in
Concilio Lugdunensi II professus est: Ipsa quoqtic sancta romana
Ecclesia snnnnnm et pientnii primal tun et priiicipatuní supcr uni-
versam Fccicsiant catholicatn obtinct , qticni se ah ipso Domino in
beato Petro , Apostolornm principe sive vértice , cttjtis romanus
Pontifex est successor , cttm potestatis plenitudine recepisse vera-
.citer ct hnmiliter recognoscit. Et sicnt pru- ccteris tenetnr fidei ve-
ritatem defenderé , sic et si qmc de fide suborttc fuerint qmestiones,
stio debent judicio definiri (4).
Si Petri ejusque successorum plena ac summa po'estas est, ea ta-
men esse ne putelur sola. Xam qui Petrum l'cclesi;e fundamentum
posuit, Ídem elegtt duodecim... qnos ct apostólos nominavit (.")). Que
modo Petri auctoritatem in romano Pontífice perpetuam permanere
necesse est, sic Episcopi, ¿juod succedunt Apostolis, horum potesta
tem ordinariam hereditate capiunt; ita ut intimam Ecclesiíc consti-
tutionem ordo episcoporum nccessario atiingat. Quamquam vero ñe-
que plenam ñeque universalem ii, ñeque summam obtinent auctori-
tatem, non tamen vicarii romanorum pontilicum putandi, quia potes-
tatem gerunt sibi propriam, verissimeque populorum, quos regunt,
antistites ordinarii dicuntur.
Verum quia successor Petri unus est, Apostolorum permulii, con-
sentaneum est perspicere quae sint istorum cum illo, divina constitu-
tione, necessiiudines.— Ac primo quidem conjunctionis episcoporum
cum eo qui Petro succedit, non obscura est ñeque dubia necessitas:
hoc enim soluto nexu, solvitur ac diflluit multitudo ipsa christiano-
(i) Actio II.
(2) Actio xviii.
(3) Post Epistolam XXVI, od omnes Episc. Hispan., n. 4.
(4) Actio IV.
(5) Luc, VI, 13.
DE UNITATE ECCLESIAE 4l23
rum, iia plañe ui nuUo pacto queat unum corpus confiare unumque
^re^em: Eccle<.ice saliis in sienimi sacerdotis dignitate poidet , cía
si non exsors qiuvdiini et ah ómnibus cniinens detur potestas, tot in
Ecclesia efficientur schismatn, quot sacerdotes (IV Idcirco ad id
praestat advertere animuin: nihil esse Apostolis seorsum a Petro co-
llatum; plura seorsum ab Apostolis ac separaiim Petro. Joannes
Chrysosiomus in Christi edisserenda sententia (Joan, xxi, 15) cuní
percontatus esset, Cur,aliis piulcrtnissis. de his Chrisfiis Pe/funí
<i¿/oqitiíiír.' omnino respondet: Exnnius erat inter Apostólos, et os
discipiiloriiiíi, et cwtns itliiis capul (2). Hic enini unus designatus a
Christo esl l'undamentum Ecclesiae: ipsi ligandi cop'vA. solvendiqne
permíssa, cidemque pasccndi data potestas uni. Contra quidquid
auctoritatis ac muneris accepere Apostoli, conjuncte cum Petro ac-
cepere : Divina diguatio si quid cu ni eo coniniune ceteris volnit esse
principibus, nunquitni nisi per ipsuin dedil, quidquid aliis non ne-
gavit (3j. f't cuní mulla solus accepcril . niliil in queniquam sitie
ipsius parlicipatioue triinsierit (4). Ex quo plañe intelligiiur, exci-
dere episcopos jure ac potestate regendi, si a Petro ejusve succes-
soribus scientes secesserint. Nam a fundamento, quo totum debet
ledilicium niti, sccessione divelluntur; itaque exclusi icdijicio ipso
sunt: ob eamdemque caussam ab ovili sejuncti, cui dux est pastor
maximus, regnoque extorres, cujus uni Petro datas divinitus claves.
(Juibus rebus rursus nosciniusin constiiucndachrisliana república
caílestem descriptic nem mentemque divinam. \idelicet cum liccle-
siam divinus auctor íide etregimine et communione unam esse decre.
visset, Petrum ejusque succossores delegit in quibus principium foret
ac velut cenirum unitatis. Quare Cyprianus: Probatio est ad Jidem
Jacilis compendio veritatis. I. oquilur Dotninus ad Petrum: E^otihi
dico, inqitií , Quia tu es Petrus... Super unum cedijicat Hcclesiam. Et
quamzis Apostolis ómnibus post resurreclioncm suam parem po-
Icstalem tribual : et dicat ; sicut misil me Palcr... lamen ut unita-
tatem manijestaret , unitatis ejusdem originem ab uno incipientent
sua auctorilate disposuit (5). Atque üptatus Milevitanus: Negare
non potes j scire te in urbe Roma Petro primo Calhedram episcopa-
lemesse collatam, in qua sederit omnium Apostolorum capul Pe-
trus , unde et Cephas apellatus est : in qua una Catliedra unilas ab
ómnibus servaretur: tie celeri Apostoli singulas sibi quisque defen-
derent , ut jam scliismaticiis el peccalor esset , qui contra singula-
(i) S. Hieronymus, Dialog. Contra Luci/erianos , a. g.
(2) Hom. Lxxxvni, in Joan., n. i.
(3) S. Leo M., sermo iv, cap. n.
(4) Ib.
{5) De Unit. Eccl,, n. 4.
424 EPÍSTOLA ENCYCLICA
rem Cathcdram aUey/im collocaret (1). Unde est illa ipsius Cypriani
sentcntia, cum haeresim tum schisma ex eo ortum habere «iij^nique,
quod debita supremae potestati obedienlia abjicitur: Ñeque cnitn
aliunde hcereses obortce si4Ut auí nata sunt schisv.ata , qiiam tnde
quod sacerdoíi Dei non obtemperatur , iiec unus ín Ecclesia ad íem-
pus sacerdos et ad tempiis judex vicc Chrisii cogitaíur (2). Nemo
igitur, nisi cum Petro cohíereat, participare auctoritatem potest,
cum absurdum sit opinari, qui extra Hcclesinm est, eum in Ecclesia
praeesse. Quare Optatus Milevitanus rcprehendebat hoc nomine Do-
natistns: Contra (/uas portas. (inferiic/í7Z't?s saín tares acccpisse Icgi-
mus Pctrtiw , principeni scilicet twstrunt, cui a Christo diclttm est:
tibí dabo claves regui cicloruní, et portic inferí non viucent eas.
Unde est erpo , quod claves regni ciclorum vobis usurpare contendí
tís , qui contra cathedram Petrí... tnílítatisP (3).
Sed Episcoporum ordo tune rite, ut Christus jussit, colligatus cum
Petro putandus, si Petro subsit eique pareaf. secus in multitudinem
confusam ac perturbatam necessario delabitur. Fidei et communio-
nis unitaii rite conservandae, non ^jerere honoris caussA priores par-
tes, non curam afuere satis est; sed omnino auctoritate est opus vera
eademque summa, cui obtemperet tota communitas. Quid enim Dei
Filius spectavit, cum claves regni caelorum uni pollicitus est Petro?
Summum fasiig;ium potestatis nomine clnvium eo loco dcsijír.ari, usus
biblícus et Patrum consentientes sentcntiae dubitari non sinunt. Ñe-
que secus intcrpretari las est, qu;u vel I'etro separatim tributa sunt.
vel Apostolis conjunctim cuín Petro. Si ligandi, solvendi, pascendi-
que facultas hoc parit in episcopis. successoribus Apostolorum, ut
populum quisque suum vera cum potestate regat, certe idem parere
eadem facultas in eo debet, cui pascendi agnos et oves assigjnatum
est, Deo auctore, munus: .Yon solum pastoreni (Petrum), sed pasto-
runí pastoreni {C/iristus) constifuit : pascit igitur Peí rus agnos-
pascít et oz'cs, pascit /¡líos , pascit et ntatres: regit subditos, regit
et pru'latos qiiia pricter agnos et oves in Ecclesia nihil est (4j. Hinc
illii? de Beato Petro singulares veterum locutipnes, quíc in summo
digniíatis potestatisque gradu locatum luculente prjcdicant. Appe-
llant passim princípeni catus discipulorum: sanctorum Aposto/o,
rum princípem: chori illius coryphicum: os Apostolorum omniunt:
caput illius familiie: orbis totius pra^positum: ínter Apostólos pri-
muní: Ecclesiic cohnnen. Quas omnia concludere Bernardus iis ver-
bis videtur ad Eu2:enium Papam: Quís es? Sacerdos magnus , sunt-
mus pontijex. I u princeps episcoporum, tu Iteres Apostolorum... Tu
(i) De Schism. Donat., lib. ii.
(2) Epist. XXII ad Cornelium, n. 5.
(3) Lib. II, n. 4, 5.
(4) S. Brunonis Episcopi Signiensis, Lwiment. in yoan. , Part. III , cap. xxi, n. 55.
DE UNITATE ECCLESIAE 425
es, cui claves traditie , cui oves creditie sunt. Siuit qtddem et alii
ccpli ianitores et greffnm pastores; sed tu tanto gloriosius. nuanto et
diffeyentiiis utriDiique pnv ceteris noDien hereditasti. Habent illi
Si'hi assi'gnatos greges, sínguli stngulos, tibí aniversi crediti , uni
HHiis, nec modo ovium, sed et pastor nm, tu inms onininin pastor.
Uude id probem qmeris. Ex verbo Domini. Cui eni)n , non dico cpis-
copormn , sed etianí Apostolorum, sic absolníe et indiscrete totee
cofnmissíe sunt oves? Si vie antas, Petre , pasee oves meas. Qnas?
illius vel illins populas civitatis ant regionis, aut certi regni? Oves
meas, inquit : cui non planuní . non dcsignassc aliqíias , sed assig-
riasse omnes.^ Nihil excipitur. ubi disfingnitiir nihil (1).
Illud vero abhorret a veritate, et aperte repugnat constitutioni di-
vinae, jurisdictioni romanorum l'ontificum episcopos subesse singu-
/os, jus esse; universos, )Ví% non esse. Hace enimomnisest caussa ra-
tioque tundamenti, ut unitatem stabilitatemque toti potius aedificio,
quam par/ibns e')us singnlis tucatur. Quod est in caussa, de qua lo-
quimur. multo verius, quia Chiistus Dominus fundamenti virtute con-
fieri voluit. ut portae inferi non priuvaleant adversus Hcclesiam. Quod
promissum divinum constat inter omnes de Ecclesia universa iniel-
lis^i oportcre, non de síngulis ejus partibus, quippe quae utique vinci
inferorum ímpetu possunt, nonnullisque earum, ut vincerentur, sin-
fíillatim evenit. Rursus, qui fírejii praepositus est universo, eum non
modo in oves dispersas, sed prorsus in multitudinem insimul conafre-
gatarum habere imperium nccesse est. Xuní rep^at asíatque pastorem
suum universitas ovium? Num successores Apostolorum, simul con-
juncti, fundamentum sint, quo Petri successor. adipiscendilirmamen-
ti caussa, innitaiur? Profecto cujus in potestate sunt claves regni, ei
jus ntque auctoritas est non tantum in provincias singulares, sed in
universas simul : et quo modo episcopi in regione quisque sua non so-
lum privato cuique, sed etiam communitati vera cum potestate prae-
sunt, ita Pontífices romani, quorum potestas Christianam rempubli-
cam totam complectitur, omnes ejus partes, etiam unü collectas, sub-
jectas atque obedientes habent potestati suae. Christus Dominus,
quod jam dictum satis, Petro ejusque successoribus tribuit ut essent
vicarii sm, atque eamdem in Ecclesia perpetuo gererent potestatem,
quam ipsemet gesserat in vita mortali. Num Apostolorum coUegium
magistro suo praestitisse auctoritate dicatur?
Hanc vero, de qua dicimus, in ipsum episcoporum collegium po-
testatem, quam ^acrae littent; tam aperte enuntiant, a'4noscere ac
testari nullo témpora Ecclesia destitit. Illa sunt in hoc genere effata
Conciliorum: Romanuní po)itificem de omnium Ecclesiarum prcesu-
libiis jndicasse legimus: de eo vero qnemquam judicasse , non legi-
(i) De Consideratione , lib. ii, cap. vm.
426 epístola encyclica
mus (Ij. Cujus rei ea ratio redditur, quod aiíctoyitate Sedis Apostoli-
ccc major non est (2). Quare de Conciliorum decretis Gelasius: 5/67//
/(/ (¡ttod pn'nia Sedes non ptobaveyat , constare non potnit , sic quod
illa ccnsuit jiidicanduní , Ecclcsia tota suscepit (3). Sane Concilio-
rum consulta et decreta, rata habere vel infirmare semper romano-
rum Pontificum fuit. Conciliabuli liphesini acta rescidit Leo mat^nus:
Ariminensis, rejecit Damasus: Constantinopolitani, Hadriaiiusl: ca-
nonem vero xxviii Concilii Chalcedonensis, quod assensu et aucto-
ritate caruit Sedis Apostolicíc, velut incassum quiddam constat ja-
cuisse. Recle igitur in Concilio Lateranensi \' Leo X staiuit: Sotnm
ronianum Pontijiccín , pro íentporc existcnteni , lanujuuní auctori-
íaleni snpcr omnia conciiia habentem , (am Conciliorunt indicendo-
nini , transferendoruní , ac dissolvendortini plenuní jus ac potcsta-
tem habere. nednnt ex suene Scripíuríe testimonio dictis(/ne Patrum
ac aliorum romanorum Pontijicuní , sacrorumque canonum decre-
tis, sed propria etiam eontnideni Conciliorum con/essione manifesté
constat. Sane claves rc^ni c;clorum uni crediías Feíro. iiem li^andi
solvendique potcstatem Apostolisuna cum Petro coUalam, sacríc lit-
terae testaniur: at vero summam potestatem sine Petro ei contra
Petrum unde Apostoli acceperint, nusquam est testatum. Profecto a
jesu Chrisio nullo pacto accepere. — Quibus de caussis, Concilii Va-
ticani decreto, quod est de vi et ratione primatus Romani Pontificis,
non opinio est invecta nova, sed vcius et constans omnium saeculorum
asserta íides (4).
Ñeque vero potestati «gemina? eosdem subesse, contussionem ha-
bet adminisirationis. Tale quicquam suspicari, primum sapientia Dei
prohibemur, cujus consilio est temperatio isthicc re^íiminis constitu-
ía, lllud prícterea animadvertendum, tum rerum ordinem mutuasque
necessitudines periurbari, si bini ma^istratus in populo sint eodem
gradu , neutro alteri obnoxio. Sed romani pontificis potestas summa
est, universalis, planeque sui juris; episcoporum verocertiscircums-
cripta finibus, nec plañe sui juris: Inconveniens est , quod dúo tequa-
liter super eumdem greaetn constituantur. Sed quod dúo . quorum
unus alut principalior est, super eamdent plebem constituantur ,
non est inconveniens ; et secunduní hoc super eamdem plebem im-
mediatc sunt et Sacerdos parochialis et Episcopus et Papa (">). Roma-
(i) Hadríanus II, in Allocutione III ad Synodum Romanyi an. 86g. Cf. Actio-
nem VII Concilii Constantinopolitani IV.
(2) Nicolaus in Epist. LXXXVI ad Michael Imperat. — 7'a/í/ f^rofecto Seda Apos-
tolicae , cujus auctoritate major non est, judicium a ntmine forc retracta» Jum, ñeque
cuiqítam de ejus liceat judicare judicio.
(3) Epist. XXVI ad Episcopos Dardania-, n. 5.
{4) Ses. IV , cap. iii.
(5) S. Thomas in IV. Sent., dist. xvii , a. 4, ad q. 4, ad 3.
DE ÜNITATE ECCLESIAE 427
ni autem Pontiñces, otñcii sui memores, máxime omnium conservari
volunt quidquid est in Ecclesia divinitus constitutum: propterea que-
madmodum potestatem suam ea qua par est cura vigilantiñque tuen-
tur. ita et dedere et dabunt constanter operam ut sua Episcopus auc-
toritas salva sit. Imo quidquid Episcopis tribuitur honoris, quidquid
obsequii, id omne sibimetip'Sis tributum deputant. Meus honor est
honor universalis Ecclcsiíe. Meus honor est fratrnin nworicm soli-
(íns vigor. Tune ego veré honoriitns snm , ciiin singn/is (inibnsqnc
honor debitits non negatur (1).
His quae dicta sunt , Ecclesiae quidem ima^íinem atque formam ex
divina conslituiione (idcliter expressimus. l'lura persecutide unitate
sumus; cujusmodi hanc esse, et quo conservandam principio divinus
auctor voluerit, satis explicavimus. Quotquot divino muñere benefi-
cioque contigit, ut In sinu Ecclesiic catholica- tamquam ex ea nati vi-
vant, eos vocem Nostram apostolicam audituros, non est cur dubite-
mus: Oves nieíc vocem ineaní diidiunt ('_'). Atque hinc facile suinpse-
rint quo et erudiantur plenius, et volúntale propensiore cum pasto-
ribus quisque suis et per eos cum pastorc summo cohaereant, ut tu-
tius queant intra ovileunicum pcrmanere, fructuumque ex eosaluta-
rium majorem ubcrtatem capere. Verum aspicientibus Nobis/« awc-
torem fidei et consitmniaíoreni Jesum (3), cujus vicaria potestate,ta-
metsi impares dignitati et muneri, fungimur, caritate ejus inflamma-
tur animus; illudque de se a Christo dictum , de Nobismetipsis non
sine caussa usurpamus: Alias uves haheo, (¡na non sunt ex hoc ovili:
et illas oporíet me adílucere , et vocem nwam audient (4). Nos igitur
audire et caritati Nostrae paternie obsequi ne recusent, quotquot sunt,
qui impietatem tam late fusam oderunt, et Jesum Christum Filium
Del eumdemque servatorem generis humani agnoscunt et fatentur,
sed tamen vagantur ab ejus Sponsa longius. Qui Christum sumunt, to-
tum sumant nccesse est: Totus Cliristus caput et corpus est: caput
u)iigenitus Filius Dei , corpus ejus Ecclesia: sponsus et sponsa, dúo
in carne una. Quicumque de ipso capite a Scripturis sanctis dissen-
tiunt , etiamsi in ómnibus locis invenianiur in quibtis Ecclesia de-
siguala est , non sunt in Ecclesia. Et rursus, quicumque de ipso ca-
pite Scripturis sanctis consentiunt , et unitati Ecclesia non commii-
nicant , non sunt in Ecclesia (5). Ac pari studio ad eos provolat ani-
mus Xoster, quos impietatis non funditus corrupit pestilens afllatus,
quique hoc saltem expetunt, sibi patris esse loco Deum verum, terrae
cielique opificem. I-Ti quidem apud se reputent ac plañe intelligant,
(i) S. Gregorius M., Epistolartim , lib. viii, Epist. XXX ad Eulogium.
(2) Joan, X, 27.
(3) Hebr., xil, 2.
(4) Joan., X, 16.
(5) S. Augustinus, Contra Donatisias Epístola, sive De Unit. Eccl. , cap. iv, n. 7,
428 epístola* encyclica
numerari se in hliis Dei nequáquam posse , nisi Iratrem sibi Jesum
Christum simulque Hcclesiam mfltrem adsciverint. Omnes io^itur pe-
ramanter, sumpta ex Auo^ustino ipso sententia, compellamus: Ame-
mus Dominum Deitm nostrum, amemus Ecclesiam ejus: ilhim si-
cut patrem, islam sicut matrem. .Yerno dicaí: ad idola quidem vado,
arrcptitios et sortilcgos consulo, sed lamen Dei Ecclesiam non re-
linquo: catholicHS sum. Tenens malrem, offendisli palrem. Alius
ilem dicil: absil a me, non consulo sorlilegttm, non qinero arrepti-
lium. non qna'io divinaliones sacrilegas, non eo ad adorania d(emo-
nia, non servio I api diluís: sed lamen in parle Donali snm. Quid íibi
prodesl non offensus pater , qui offensam vindicat )nalrem? Quid
prodesl si Dominum con/ileris, Deum honoras, ipsum prtcdicas, Fi-
linm ejus agnoscis, sedenlem ad Palris dexteram con/ileris, et blas-
phemas Ecclesiam ejus.*... Si haberes aliquem patronum, cui quo-
tidie obsequereris; si unum crimen de ejus conjuge diceres , nnm
quid domum ejus inlrares? Tenele crgo, carissimi , léñele omnes
unanimiler Deum palrem el malrem Ecclesiam (1).
Plurimum niisericordi Deo confisi, qui máxime potest ánimos ho-
minum permovcre, et unde vult, et quo vult, impeliere, beni^;nitati
ejus universos, quos in oratione spectavimus, vehementer commen-
damus. Cíclestium vero donorum auspicem el benevolentiic Xostr;c
testem vobis, Venerabiles Fratres, Clero populoque vestro Apostoli-
cam benedictionem peramanter in Domino imperiimus.
Datum RonKr apud Sanctum Petrum die xxix Junii, An. mdcccxcvi,
Pontificatus Nostri décimo nono.
LEO pp xni
(i) Enarratio in Psal. LXXXVIII , sermo ii, n. 14.
La Tradición Monoteísta y el Espíritualismo
EN LAS RELIGIONES PAGANAS (1)
H
I í. el estudio del oriíjen del lenjL{uaje (cosa distinta
del origen de las lenguas) ha conducido á los sa-
bios á comprobar la unidad de la especie humana,
es cosa bien sabida; que ese lenguaje, cuanto más se retro-
cede en el estudio comparativo de su origen, fué formado
por el monosílabo como más simple y sencillo y homogéneo,
parece también evidente, á juzgar por los adelantos de la lin-
güística. En las mismas lenguas aglutinadas y flexivas, bien
analizadas, hay raíces que reconocen la existencia anterior
del monosílabo, aunque envuelto á veces con otros elemen-
tos y desinencias gramaticales; pero al llegar á las raíces
monosilábicas no puede darse un paso más atrás, como si
el monosílabo fuese la esfinge que encierra los más recón-
ditos misterios del lenguaje. Éste, como todas las cosas hu-
manas, hubo de tener un carácter evolutivo de ensanche y
engrandecimiento, sin que pueda fijarse límite alguno que
determine dónde y cuándo comienzan ó acaban las leyes de
evolución. ;Se perdería con ésta por completo el carácter
ostensiblemente monosilábico del lenguaje en su forma pri-
mitiva?
(n Véase la página 321.
430 LA TRADICIÓN MONOTEÍSTA V EL ESPIRITUALISMÜ
La historia del arte, de la industria, de la ciencia y de
las religiones nos demuestra que al hundirse una civiliza-
ción, un pueblo, un imperio ó una raza, no se pierden en
absoluto sus huellas ; deja siempre algo que transmitir á sus
descendientes, algo que se encarga de enlazar la tradición.
De objetos domésticos, al parecer insigniíicantes, deduci-
mos la cultura de antiguos pueblos; de los borrosos carac-
teres de su escritura, su civilización; de una simple cere-
monia religiosa consignada en túmulos ó menhires, su mo-
ral; de un rito, el esplritualismo de sus creencias. Aunque
sobre las ruinas y escombros de esas generaciones se alcen
otras más cultas y adelantadas, podrd siempre decirse que
éstas aprendieron algo de sus antecesores, por bárbaros que
se les suponga. ¿No había de suceder lo propio con el len-
guaje, prenda la más preciada del hombre, y medio efica-
císimo de transmitir la cultura y adelantos de unos pueblos
á otros? Por eso dice bien Bunsen : "preguntar si una lengua
puede empezar por tlexión, es un absurdo^. Iil lenguaje, lo
mismo que la naturaleza, no obra por saltos; sino que va
lentamente descubriendo su múltiple variedad sin apartarse
del todo del tronco primitivo, á la manera que la planta y
el árbol se esconden virtualmente en la semilla. No importa
que en la cadena del lenguaje falten eslabones para recons-
tituir su origen en la forma, mientras que en el fondo halle-
mos la huella bien marcada y perceptible de su unidad ca-
racterística por medio de las raíces monosilábicas.
Hl monosílabo, y en el monosílabo la ononiatopeya apli-
cada á los nombres de los dioses adorados por los pueblos
más antiguos, vendrá á iluminar, y acaso á resolver, el pro-
blema de la unidad simbólica de los mitos, y desde luego
á evidenciar el esplritualismo en el culto de todos los pue-
blos paganos.
No entraré en la debatida cuestión de si Dios inspiró el
lenguaje al hombre, ó si éste, dotado de la facultad exclu-
siva de inventarlo, lo aprendió de la naturaleza, que, con
sus variados y diferentes sonidos, le estimulaba á imitarlos
con el don de la palabra. Dejemos á los patrocinadores de
esta última y antitilosófica teoría incurrir en una grosera
HN LAS KELIGIONES PAGANAS 431
petición de principio, y no les preguntemos siquiera la razón
de ese aprendizaje del hombre en el canto de los ndjaros,
en el zumbido de los insectos y en el ruíjido de las fieras.
Es cosa rara que los animales enseñasen al hombre á ha-
blar cuando ellos no sabían. El que dio rumor á los bosques,
sonido al viento y canto á las aves, ¿no daría también su len-
guaje peculiar al hombre? V si se admite evolución en el
origen del lenguaje para el hombre, ¿por qué se deja sin evo-
lución y aprendizaje ú las aves en sus cantos? ¿Ó es que
éstas salieron mds perfectas que el hombre de las manos
del Creador? El hombre, sin el sublime don de la palabra,
que es la válvula de la inteligencia, se hubiera confundido,
con el resto de los animales.
Se imponen, pues, con evidencia y según el casi unáni-
me parecer de los filólogos más eminentes, desde Michaélis
hasta Max Muller y Wihtney, el origen y la unidad mono-
silábica del lenguaje en el hombre primitivo, ora fuese un
don sobrenatural ó ya se le suponga producto de la activi-
dad creadora, consciente y voluntaria de la humana inteli-
gencia. Si parece absurdo el suponer que el hombre apren-
dió de la naturaleza á hablar, no hay inconveniente, sin
embargo, en admitir que pudo imitar con la ononiatopeya
algunos fenómenos naturales; esto es, que la onomatopeya
supone la facultad del lenguaje en el hombre.
Con este problema del origen del lenguaje, su unidad y
evolución, viene estrechamente abrazada la cuestión mag-
na, transcendental, del origen de las religiones y los cultos,
en que vamos á entrar de lleno. Hoy ya no se combate á la
Iglesia negando la posibilidad de la revelación, ni el estado
de gracia del hombre, ni el pecado original, echando mano
de las Escrituras, como hacían los antiguos heresiarcas.
Prescinden de ellas, si no las niegan, los racionalistas mo-
dernísimos, para caminar derechos á su fin con sólo las ar-
mas científicas de la antropología, filología y la mitología
comparadas, y ver de harmonizar el origen de los cultos con
las evoluciones y necesidades más ó menos conscientes del
espíritu humano. ¿Cómo?
El hombre, sujeto á la evolución, admirado y sorpren-
432 LA TRADICIÓN MO.NOIHISTA Y EL ESPIRITUALIS.MÜ
dido con el sublime espectáculo de la naturaleza y sus gran-
diosos fenómenos, que no llegaba á comprender, quiso tam-
bién imitarlos con los sonidos articulados de la palabra. ;No
gime el viento en los bosques y avanza rugiente y rumorosa
la tormenta para caer deshecha sobre el mundo en lluvias y
relámpagos? ¿No expresan con rugidos las ñeras sus penas
y alegrías? No había de ser menos el hombre; y como la
forma más primitiva del lenguaje es el monosílabo, de ahí
la onoDiatopcya para imitar con el nombre dado á una cosa
el sonido que ella produce. La palabra Ber, monosílabo el
más primitivo, raíz inconfundible y existente en las lenguas
más antiguas, obliga á remontarnos á los orígenes mismos
del lenguaje, á sorprender las primeras manifestaciones in-
telectivas de la infancia de la humanidad. Ésta no pudo en-
tonces tener la cultura de hoy. Figurémonos, por tanto, una
familia aislada en la edad de piedra, que no tiene noción del
fuego y sus utilidades para el servicio doméstico. Ella sabe,
sin embargo, que el sol calienta, que el rayo desprendido de
las nubes abrasa cuanto toca. Un día se le ocurre á cual-
quier individuo de esa familia aproximar al fuego una va-
sija de agua, ésta comienza á calentarse, á bullir y alzarse
en nubes de vapor por verse comprimida. Y ¡oh pasmo! la
familia reunida advierte con sorpresa multitud de burbujas
que se chocan, que se aprietan y se rompen. El agua tiene
movimiento, hierve, vive. ¿Será un ser animado? ¿Qué es-
píritu de vida habrá allí dentro? Hl agua, en tanto, sigue in-
quieta murmurando su bcr , ber. Aquella familia ya encon-
tró su onomntopcya para expresar el calor, el movimiento,
la vida; la clave, en fin, del misterio en que se envolvía el
mundo. Cuando vea asomar por el horizonte los primeros
rayos del sol, bendecirá en éste al luminoso ser que calien-
ta sus ateridos miembros; cuando la tempestad ruja desen-
frenada y el rayo se abra paso á través de las nubes, tem-
blará acongojado ante ese fuego destructor que hiere y des-
aparece dejando tras de sí la ruina y el estrago.
Por ese estilo pueden deducirse las demás onomatopeyas
de todos los fenómenos naturales. Atraerse ó granjearse el
amor de esos seres terribles , fuertes y poderosos, debió de
EN LAS RELIGIONES PAGANAS 433
ser el afán constante de los hombres primitivos. "Mas ¿có-
mo lograr su amistad? ¿De qué modo obligarles á ser bue-
nos y compasivos? Nada más fácil. Ellos, como los hom-
bres, deben agradecer las dádivas, ablandarse con los rue-
gos, aplacar su ira y desfogar su cólera con la sangre de
un ser cualquiera; de ahí la o/renda, la ovación, el sacrifi-
cio. La religión y el culto surgieron, pues, lógica y espon-
táneamente del discurso humano en presencia de la natura-
leza animada. „ (1). No hay que preguntar á los partidarios
de esta teoría tan infundada cómo se entendió esa familia
prehistórica antes del fenómeno de la vasija.
Aunque cueste trabajo , no debemos tomar á risa tal sis-
tema, admirablemente expuesto y presentado para hacer
ílaquear la fe de espíritus poco cultos en materias religio-
sas. La costumbre que tienen algunos escritores católicos
de refutar en broma los sistemas científicos llenos de erro-
res filosóficos, ha contribuido también á que los hetero-
doxos arrojen al olvido nuestros libros de controversia.
Desde luego se desprende que, de admitir la onomato-
peya monosilábica para explicar el nombre de los dioses,
es menester ampliar hasta lo indefinido el vocabulario de
los monosílabos raíces, y por tanto las onomatopeyas de
que el hombre se sirvió desde un principio para imitar con
su voz los fenómenos naturales que le enseñaron á hablar.
Demos que la palabra bey significó el calor , el movimiento,
la vida; supongamos igualmente que las onomatopeyas ra-
dicales ah, av, af son expresiones del soplo, de la respira-
ción, del espíritu, y señales ciertas del modo de manifes-
tarse la vida en el Universo; ¿con qué palabras expresaría
el primer hombre el retumbar del trueno, el bramido de los
mares, el variadísimo canto de los pájaros, el rugido de
las fieras, el arrullo de la paloma, el zumbido del insecto,
la suave luz de la luna y el silencio de la noche, seres,
estos dos últimos, á quienes prestó especial veneración el
hombre primitivo, según el sistema mítico? Siendo tan va-
(1) V. Los Nombres de los Dioses.— Estudios filológicos , por Es-
tanislao Sánchez Calvo. — Madrid, 1884, pág. 123.
28
434 LA TRADICIÓN MONOTEÍSTA Y EL ESPIRITUALISMO
riados y diversos los sorprendentes fenómenos de la natu-
raleza, para cada uno tenía necesidad el hombre de inven-
tar una onomatopeya y un culto, or¡.i>:in;indose tantas divi-
nidades, cuantos eran los fenómenos que el hombre no po-
día explicar con su razón. Prodiijar de esa manera inútil los
nombres de los dioses y el número de las onomatopeyas,
no ajorada Á los partidarios del sistema mítico, los cuales,
sorprendidos con esa objeción que les sale al paso, y no pu-
diendo resolverla con la unidad simbólica Á que tratan de
reducir, por otra parte, casi todas las primitivas raíces
monosilábicas y su sij^nificación mítica, afirman, sin prue-
bas, que, si bien en un principio debieron de existir tantos
dioses como poderes ocultos eran supuestos en los fenóme-
nos de la naturaleza, y que ya en los libros védicos había
cerca de tres mil divinidades entre grandes y pequeñas, sin
embargo de eso, desde los tiempos más remotos, empezó á
operarse un movimiento lógico de concentración hacia la
unidad. lis decir, que el hombre partió, en su desarrollo re-
ligioso, desde el politeísmo al monoteísmo por los esfuerzos
de su propia razón.
Que patrocinasen con entusiasmo esta idea, Á todas lu-
ces errónea, y cuyas funestas consecuencias no es del caso
ahora indicar, escritores como Soury, Furst, d'Eichtal,
Grim y Max Muller, no parecer.1 extraño .1 quien conozca
sus tendencias racionalistas para negar con tal procedi-
miento el monoteísmo del pueblo hebreo, harto declarado en
mil pasajes de las divinas Hscrituras; pero que ese sistema
arraigase en un espíritu tan culto, sereno y desapasionado
como el de nuestro insigne compatriota Sánchez Calvo, no
puede menos de sorprender á los que nos descubrimos con
respeto ante su privilegiada inteligencia, su inmensa erudi-
ción y su gusto verdaderamente dtico, cualidades que le
hacían superior al mismo Soury y Max Muller para sobre-
ponerse á ciertas teorías que afean y manchan su original
y luminoso sistema de la onomatopeya aplicada á los nom-
bres míticos. ¡Perniciosa influencia de lecturas racionalis-
tas en entendimientos y corazones católicos!
Por fortuna, contrastan con tan infundadas afirmaciones
EN LAS RELIGIONES PAGANAS 4?0
los descubrimientos de los egiptólogos Mariette, de Rouge,
Pierret y Ebers, los cuales, interpretando antiquísimos je-
roglíficos, demostraron hasta la evidencia haber existido en
Asiría y en Egipto la firme creencia en la unidad di\ina mits
de mil quinientos años antes de Moisés; y que si aún en
tiempos posteriores hubo politeísmo, en su fondo latía la no-
ción fundamental de un solo Dios; porque, como dice Mas-
pero, "cada uno de los actos que ese Dios realizaba sobre la
naturaleza se consideraba por aquellas razas como produc-
to de un ser distinto A quien daban un nombre especial^.
Otro tanto se deduce de las investigaciones epigrílficas he-
chas en la Fenicia y en la tierra de Canaán por Bogué y
Bergcr acerca de las diversas modificaciones que el nom-
bre del único Dios Baal fué adoptando en Tiro y en Sidón,
convirtiéndose, ti través de los tiempos, en Baal-tsur y
Baal-sidon. De modo que, aun en presencia de los descu-
brimientos científicos, puede sentarse la siguiente verdad:
los pueblos semitas, como los indo-europeos, fueron desde
su origen monoteístas. Tan cierto es que. en asuntos reli-
giosos, el retroceder es progresar.
Repugna intrínsecamente á la divina misericordia la ab-
surda suposición de que hubiera podido abandonar al hom-
bre primitivo, hechura de sus manos, á la grosera idea del
politeísmo; y repugna también á la razón humana el que
nuestros primeros Padres, por rudos é ignorantes que se les
suponga, no se hubieran elevado, ante el espectáculo gran-
dioso de la naturaleza, al conocimiento del Creador. Los
hombres no abandonan ni se olvidan de sus obras; ;y se
pretende que las olvide y abandone Dios? He ahí por dónde
los modernos racionalistas, con su irracional y sucesivo pro-
greso indefinido, rebajan y empequeñecen la inteligencia hu-
mana con los medios empleados para engrandecerla. Quie-
ren fundar todas las creencias solamente en la razón del
hombre, desenvolviéndose en el curso de las edades, y la ra-
zón se encarga de destruirlas. Establecen sin pruebas que,
desde los tiempos más remotos, los hombres inventaron con
su razón los mitos que adoraban ; y con tal sistema no ven
que hacen á los hombres inferiores á los mismos fenómenos
436 LA TRADICIÓN MONOTEÍSTA Y EL ESPIRITL ALISMO
naturales. Pretenden con la lingüística reducir á una sola
todas las lenguas monosilábicas, semíticas é indo-europeas
que antes se creían irreductibles, para de ese modo deter-
minar la unidad de la especie con la unidad del lenguaje; y
en vez de aplicar con lógica ese principio unitario á la Re-
ligión, como primera manifestación del hombre inteligente,
aun algunos partidarios del monogenismo de la especie hu-
mana se apartan con horror del nonoteísmo religioso para
echarse en brazos de la pluralidad de cultos, que suponen
profesada por el hombre en la infancia de la vida. Si á tales
sabios no cegase su odio á la Iglesia, les pediríamos que,
por lo menos, fueran consecuentes en sus procedimientos
científicos.
Pero todavía van más lejos los modernos racionalistas
con sus estudios filológicos aplicados á la Mitología compa-
rada. Hasta hace cosa de medio siglo creíase universal-
mente que los mitos eran ficciones imaginadas por los gran-
des poetas antiguos para cantar las aventuras y heroicida-
des de los dioses paganos. Nadie tenía noticia de su reali-
dad histórica. Los libros sagrados de los Vedas fueron la
luz que vino á iluminar los obscuros horizontes de la nue-
va ciencia , y dar armas á los librepensadores en sus luchas
con la religión. Viéronse en los Vedas metáforas y alegorías
del Sol , la Luna y las estrellas; de las nubes, de las aguas,
del fuego, del Cielo y de la Tierra; grandiosas evocaciones
de su benéfico influjo sobre los mortales; himnos consagra-
dos á cantar las excelencias del día y sus guerras constan-
tes con las sombras de Ih noche. No fué menester más para
ver los orígenes de la Religión. Los Vedas eran los libros más
antiguos del mundo: todos los pueblos se habían inspirado
en aquellas mismas creencias religiosas de la India. Los Sa-
cerdotes indios invocaban á Indra, el dios de la atmósfera
y del rayo, el que excede en poder á todos los dioses, y en
cuya presencia tiembla la tierra vacilante y se resquebrajan
las montañas; Varuna había formado todas las cosas, era
el soberano del mundo; Siirya (el sol) es el inspector que ve
y conserva todos los seres; Agtit (el fuego) es el mensajero
de los dioses, el reguiador del culto, el que conserva y da
EN LAS RELIGIONES PA|-.ANAS 437
la inmortalidad. En una palabra: los dioses védicos son in-
mortales, pero no eternos ni existentes por sí mismos; son
meras representaciones de los fenómenos naturales que, an-
dando el tiempo, se convirtieron en la imaginación de los
pueblos indo europeos en seres personalísimos, antropomor-
fos, dotados de sentimientos humanos, y cuya acción y po-
der sobre el mundo, envueltos en sublimes metáforas, en
enigmas indescifrables, dieron origen á los mitos, á la creen-
cia y adoración de seres trocados en dioses, realmente infe-
riores al hombre, pero de quienes el hombre ciegamente
dependía, ignorando la fuerza secreta que los impulsaba. Y
como todas esas ficciones poéticas de dar los atributos de la
Divinidad á fenómenos insensibles no tenían fundamento ló-
gico, dedujeron los racionalistas el sistema mítico que, apli-
cado al origen de las religiones, da por resultado que el hom-
bre primitivo no participó de la idea exacta de la Divinidad;
y que, si tuvo religión y culto, fueron éstos solamente pro-
ductos del desarrollo de su inteligencia ó de su fantasía,
acomodados á sus necesidades, pero sin fundamento alguno
por parte de la comunicación directa del verdadero Dios con
el hombre.
Tal es la primera consecuencia que sacan los mitólogos
de la teogonia y dogma védicos. El mito se remonta al es-
tado primordial del espíritu humano; á medida que éste
se desarrollaba iban apareciendo en el estadio del mundo
las religiones con tendencia á la unidad, pues antes todo
era politeísmo. Aunque no se habla en los Vedas del mis-
terio de la Trinidad, que fué formado posteriormente con
Bvahma , Viclinu y Siva; según Wilson, ya puede con-
jeturarse algo de él en los tres dioses Indra, Varuna y
Agnt. que, bien considerados, no son más que un dios, per-
sonificación del alma del Universo, maJia atma.
Sería necesario un libro para refutar una por una las es-
tupendas contradicciones que del sistema mítico se despren-
den, y hacer ver cómo no están conformes contal sistema
sus más entusiastas partidarios; pues mientras unos parten
de la evolución religiosa á través de los mitos para deducir
la pluralidad de cultos y religiones en el estado primitivo.
438 LA TRADICIÓN MONOTEÍSTA Y EL ESPIRITI'ALISMO
Otros, por el contrario, ó niegan esa evolución en el lengua-
je y en las creencias, ó si la admiten es para sentirse luego
arrastrados por evidentes testimonios históricos y confesar,
no sin algún miedo, que, no obstante las marcadas huellas
que en muchas razas ha dejado el politeísmo, retrocediendo
más puede verse la unidad de Dios como dogma fundamen-
tal del género humano. Y no se crea que los que esto últi-
mo afirman es por afecto al Cristianismo ; todo lo contrario.
Concediendo Á duras penas que la unidad de Dios se impone
en la historia de los pueblos, es para deducir que si el Cris-
tianismo fué un adelanto en la moral, nada nuevo vino á
enseñarnos con su teogonia, inferior en algunos puntos á la
pagana; mientras que los heraldos del sistema mítico radi-
cal, los amantes de la evolución religiosa, sacan esta otra
consecuencia : el Cristianismo no es más que una nueva fase
de la Mitología.
En tanto se ponen de acuerdo en sus procedimientos los
defensores del sistema mítico aplicado á la Religión, pudié-
ramos hacerles estas preguntas, por si son capaces de re-
solverlas: ¿Puede considerarse al Sol como un dios, sin te-
ner antes idea de una divinidad? ;Se pueden otorgar fácil-
mente los atributos divinos á los fenómenos naturales, sin
tener noción de esos atributos? El mito lleva consigo el con-
cepto de inmortal, de sobrenatural; luego supone ese con-
cepto. ;Lo tomó de sí mismo el hombre? Entonces el hom-
bre era superior á los fenómenos naturales, á los mitos,
como es superior la causa al efecto; mal podía adorarles
y rendirles culto siendo superior á ellos. ¿Lo tomó de Dios
ó éste se lo inspiró? Luego Dios existía en la mente de los
hombres antes que los mitos. Los mitos, por tanto, si exis-
tieron en el correr de las edades, fueron una aberración de
la idea primitiva que el hombre tuvo de Dios ; fueron un re-
sultado, no una causa.
No puede desconocerse que los esfuerzos y novísimos
procedimientos empleados por la Lingüística y la Mitología
comparadas se encaminan á destruir todo el orden de la re-
velación, á propalar que los personajes bíblicos del Antiguo
y Nuevo Testamento no pasan de la categoría de mitos. La
EN LAS RELIGIONES PAGANAS 439
brecha que ese taimado sistema abre también en la Historia
es enorme, y ya comienzan á sentirse sus horribles corola-
rios. Si no se rinde acatamiento á las narraciones bíblicas,
al libro por excelencia, al que ha tenido y tiene de su par-
te el sello de Dios y el fallo de la humanidad, ¿qué testimo-
nio puede evocarse con certeza en los anales de la historia?
Considerando á Moisés y á Jesucristo como seres míticos,
¿podrán lógicamente librarse de ese anatema los héroes
más grandes y gloriosos de todas las naciones? De nada
servirían para nuestros descendientes los hechos consig-
nados en las páginas de un libro, ni las inscripciones lito-
lógicas, ni las pinturas, ni las estatuas y monumentos don-
de se transmiten las hazañas de los que fueron honra y prez
del linaje humano.
En nombre de la Religión y de la Ciencia debemos com-
batir ese perjudicial sistema que las destruye ambas. Pero,
al combatirlo en las suposiciones y consecuencias erróneas
(jue alega, no debemos despreciar los católicos las verda-
deras conquistas que en el terreno científico ese sistema ha
hecho, aplicado á esclarecerla historia de las religiones pa-
ganas. ¿Hay algo que pueda utilizar el apologista católico
en la Lingüística y Mitología comparadas?
Veámoslo.
f'R. /Manuel f. yWiouÉLEz,
o. s.;a.
(Continuará.)
'""^||;i>
El 1)i:i<i{cií() de Indlltü ^'^
w
El derecho ni-; indulto kn la práctica. — Abusos Lometidos en el ejercicio del de-
recho de gracia. — Sus consecuencias para la penalidad y para los pueblos. — Causas
principales de donde nacen. — Regla?: á que debe estar sujeto el derecho de gra-
cia. — Conclubiún.
i<)L() respondiendo á circunstancias actuales, á las
exiíjencias de lo que últimamente se ha escrito acer-
ca del derecho de gracia, hemos trabajado por es-
tudiarle en su origen y fundamento; nos hemos detenido en
demostrar su necesidad ante la administración de la justicia,
deduciendo con rigurosa lógica su legitimidad intrínseca,
negada por unos \' exageradamente restringida por otros; y
hemos procurado, por último, harmonizar el ejercicio de
este derecho con los modernos principios de la ciencia polí-
tica. Es decir, que hasta aquí hemos tratado de la parte
teórica, de las cuestiones suscitadas acerca del derecho de
indulto en relación con la ciencia penal y las atribuciones
propias de los Poderes del Estado. Tócanos ahora examinar
la parte práctica, lo que es el indulto en los hechos, los ma-
les que su injusta administración produce á la sociedad, y
los remedios que conviene aplicar para evitarlos ó atenuar
siquiera sus perniciosos efectos.
(1) N'éase la página 491 del volumen xx.xix.
EL DERECHO DE INDULTO 441
De sumo interés sería este último estudio, si no estu-
viese ya hecho por cuantos se han ocupado en esta materia,
pues la cuestión práctica ha sido hasta ahora el objeto pre-
ferente, y aun exclusivo, de todos los políticos y criminalis-
tas que han estudiado el derecho de indulto. En España, en
Inglaterra, en los Estados Unidos, donde quiera que se ha
escrito algo sobre el derecho de gracia, encontramos una
condenación, una protesta enérgica contra la facilidad con
que los gobernantes han otorgado siempre el perdón, y la
injusticia con que se ha repartido entre los criminales; por
consiguiente, una voz, una protesta más, agregada al nú-
mero de las que hasta ahora se han levantado contra el uso
arbitrario y nada equitativo, por lo regular, de la gracia,
bien poco puede significar.
Pero, si tan unánimes encontramos á todos los escrito-
res en reconocer el mal y en el buen deseo de remediarlo , no
sucede lo mismo cuando se trata de señalar sus verdaderas
causas y determinar los más apropiados remedios para con-
jurarle, siendo muy pocos, á nuestro modo de ver, los que
han tratado este punto con acierto. Por eso hemos de dar
mayor importancia á cuanto sirva para reglamentar debi-
damente el ejercicio del derecho de gracia que á las inúti-
les declamaciones que suelen encontrarse en cuantos libros
han tratado de este asunto.
Que en el ejercicio del derecho de gracia se cometen y
se han cometido siempre abusos, no hay necesidad alguna
de demostrarlo: de ello están bien convencidos todos los
criminalistas, todos los jueces, todos los que se han dedi-
cado al estudio de la criminología; lo dice la opinión públi-
ca, lo siente el pueblo, lo ven los mismos que le ejercen.
Quienquiera que sea el que escriba ó hable sobre este pun-
to; cualquiera que sea la escuela que siga ó la doctrina que
defienda, convendrá siempre con nosotros en que el indulto
se concede á ciegas^ se reparte desatinadamente entre los
criminales, ha venido á ser con frecuencia una verdadera
calamidad pública y, no reconociendo en la mayor parte de
los casos otro fundamento que la voluntad del que le otor-
ga, tiene, i^r fuerza, que producir entre los penados una
442 EL DERECHO DE INDULTO
desigualdad odiosa que irrita los ánimos y contradice A la
justicia.
No son de hoy los abusos que en el ejercicio del derecho
de gracia se cometen : desde que en los pueblos se introdujo
la costumbre de perdonar á ciertos delincuentes, y esto de-
pendía de la voluntad de un hombre sin más límites que
su absoluto poder y sin más trabas que su propia concien
cia, tuvieron que existir, en mayor ó menor número, los
abusos que naturalmente se derivan de la arbitrariedad hu-
mana. Sino hay institución, por santa que sea, ni verdad,
por bien que se conozca, de que el hombre no haya abusa-
do , ¿cómo puede concebirse sin un abuso constante el dere-
cho de perdonar, imperfectamente conocido en su origen y
fundamento, sin una reglamentación fija, sumamente vago
en su aplicación, sin más guía para llevarle á la práctica
que el amplio ó estrecho criterio, y el corazón más ó menos
compasivo del que había de perdonar? Creemos, pues, que,
en la institución del derecho de gracia, el uso y el abuso
nacieron á la vez, juntos han continuado existiendo hasta
nuestros días, y juntos vivirán por mucho tiempo.
En más de una ocasión tuvieron que reconocer nuestros
Reyes absolutos la necesidad de imponerse á sí propios un
límite en cuanto al número de indultos que habían de con-
cederse, confesando con estoque ellos mismos abusaban, y
comprendiendo los males que su excesiva liberalidad ocasio-
naba á los pueblos. Suele citarse á este propósito una ley de
D. Juan II, del año 1447, en que se ordena que todos los per-
dones que se hubieren de conceder anualmente se reserven
para el Viernes Santo ; que su ntífuero no podrá exceder de
veinte , y que, si de otra manera ó en mayor número se per-
donase, semejantes indultos no tendrán valor alguno, aun-
que estén hechos por el mismo Rey y en virtud de su po-
der absoluto, y con cualquiera cláusula derogativa de las
anteriores disposiciones. Ley ridicula, ciertamente, que el
Soberano se imponía á sí mismo, y podía en cualquier tiem-
po ser infringida ó derogada por quien la había dado, á pe-
sar de comprometerse en términos tan explícitos á obser-
varla; ley, por otra parte, absurda, en cuanto se hace de-
EL DERECHO DE INDULTO 443
pender el indulto de la voluntad del que le otorga; pues no
siendo así, difícil es saber á prior i cuántos reos habrá cada
año que, en justicia, merezcan perdón, para poder fijar el
número de indultos que han de concederse. ¿Qué hubiera
hecho D. Juan II si, después de indultar á veinte reos , acu-
día pidiendo gracia cualquiera otro que la mereciese con más
razón que ninguno de los veinte favorecidos?
Esta y otras leyes parecidas parten de un falso principio:
de suponer que el indulto depende absolutamente del capri-
cho de quien haya de ejercitarle; pero en ellas se ve, de to-
das maneras, que había abusos; que tales abusos eran co-
nocidos por los mismo>i que los cometían y que pretendían
remediarlos, imponiéndose ciertas limitaciones, adquiriendo
voluntariamente una especie de compromiso para no indul-
tar más que el número de penados que ellos de antemano
fijasen, y reglamentando á su manera el ejercicio del dere-
cho de gracia. Desde la fecha de la citada ley hasta ahora,
han transcurrido más de cuatro siglos, y no se ha hecho
mucho más en este punto: en la práctica, y aun en la teoría,
salvo raras excepciones, subsiste el mismo error; la regla-
mentación del derecho de gracia es nula, de todo punto im-
potente para hacer de él el uso que reclama la justicia , y los
abusos son incomparablemente mayores y de más funestas
consecuencias que en los antiguos tiempos. Por arbitrarios,
por numerosos que se supongan los indultos otorgados hasta
el presente siglo, siempre resultará que el indulto era la ex-
cepción, y los sentenciados que llegaban á sufrir toda la
pena constituían la regla general , mientras que hoy lo raro,
lo excepcional es que la gracia no alcance á un penado an-
tes de extinguir por completo su condena: antiguamente
apenas se aplicaba el indulto más que á los reos de muerte,
y los agraciados eran muy pocos, en relación con el número
excesivo de criminales que llegaban á sufrir la última pena;
hoy se extiende la gracia á todo género de penados, se re-
parte sin tino entre delincuentes de todas clases, y á veces,
por un fausto acontecimiento, por solemnizar una fiesta
que nada tiene que ver con los que justamente viven priva-
dos de la libertad, se indulta en masa á innumerables pena-
444 EL DERECHO DE INDULTO
dos que desfilan por delante de las prisiones y se esparcen
luego por distintos puntos, ¡quién sabe si para llevar el te-
rror á muchos pueblos que vivían tranquilos y escarnecer
con el logro de su libertad á sus propias víctimas! Dado el
sistema penitenciario de España, ¿quién no adivina que la
mayor parte de esos hombres, acostumbrados á la ociosi-
dad, amaestrados en el crimen y habituados á las privacio-
nes del presidio, que ya no les intimida, sólo adquieren su
libertad para ejercitarla en perjuicio de sus semejantes, para
cometer nuevos delitos, para volver pronto á la prisión de
donde salieron? Si la pena que sufren es justa, ¿por qué se
les quiere hacer participantes del regocijo público come-
tiendo injusticias? Si es útil para los pueblos que esos hom-
bres no gocen todavía de la libertad que perdieron , ¿por qué
se priva á la sociedad de ese bien por un motivo que preci-
samente reclama todo lo contrario de lo que se hace? ¿Por
qué se pretende hacer un bien en favor de los culpables,
cuando ese bien cede en perjuicio de los inocentes? Si con
motivo de un día feliz quiere el Soberano hacer ostentación
de generosidad y de misericordia , ¿por qué no ejercita estos
cristianos sentimientos en favor de tantos huérfanos aban-
donados, de tantas familias honradas que viven en la mise-
ria, y no en favor de los criminales, que son los que menos
lo merecen? Se dirá que esta generosidad no cuesta dinero;
pero es necesario tener en cuenta que tal vez semejantes
indultos cuestan algo más que el dinero; tal vez cuestan la
hacienda, la intranquilidad ó la vida de muchas personas
honradas.
Estos casos de indulto', sin causa alguna razonable que
los justifique, vienen á asemejarse al perdón que el hombre
vengativo y rencoroso otorga á su enemigo, después de ha-
berle visto humillado y sufriendo muchos días; es decir que,
habiéndose impuesto el castigo nada más que por indigna-
ción y por venganza, va mejorando la suerte del castigado
á medida que se atenúa el resentimiento del vengador; este
resentimiento llega á extinguirse completamente, y enton-
ces se levanta el castigo, aun antes del tiempo fijado, bajo
la influencia de la pasión. Pero la pena que se impone á los
EL DERECHO DE INDULTO 445
delincuentes no debe nacer de la venganza ni de resenti-
miento alguno contra el penado; y si al darse la ley se juz-
gó justo imponer diez años de presidio por un delito deter-
minado, tan justa será la pena el primer día de prisión como
después que pasen ocho ó nueve años.
Nada tan á propósito para demostrar los abusos que hoy
se cometen en el ejercicio del derecho de gracia, como re-
gistrar las Gacetas oficiales correspondientes á un año
cualquiera, pues los abusos, en mayor ó menor escala, se
cometen todos los años; ver el número y la clase de indul-
tos concedidos; y, si posible fuese, fijarnos en todos los me-
dios que se han empleado hasta llegar á conseguirse. Allí
veríamos indultos ó conmutaciones de pena por los críme-
nes más enormes, y otorgados en favor de los más perver-
sos y temibles delincuentes; allí encontraríamos indultados
á grandes criminales, dejando sin perdón á otros muchos
infelices que le merecían mejor que los primeros; allí se nos
presentarían casos en que, de varios coautores de un delito,
todos al parecer igualmente culpables, todos sentenciados
á la misma pena, se indulta á alguno de ellos, y para los
demás no hay misericordia, sin que podamos dar razón de
semejante desigualdad ni alcancemos á comprender por qué
á uno se le otorga la gracia y á los demás se les niega;
por qué uno sale á gozar de la libertad y otros quedan pu-
driéndose en la prisión, blasfemando de su suerte, de la so-
ciedad y de la justicia.
He aquí una de las más desastrosas consecuencias que
nacen de los abusos en el ejercicio del derecho de gracia.
Esa desigualdad en la repartición del indulto, hija de la ar-
bitrariedad y del capricho, no puede menos de irritar los
ánimos de cuantos no han conseguido alcanzar misericordia;
ellos están persuadidos de que la merecen, tal vez con más
razón que los agraciados; ellos ven que el comportamiento
de éstos no ha sido mejor que el suyo, y que tal comporta-
miento, alegado casi siempre como causa del indulto que se
otorga, es una mentira; ellos saben perfectamente los me-
dios que cada uno ha puesto en juego para conseguir la li-
bertad, y que aquellos desgraciados que no la consiguen no
446 EL DERECHO DE INDULTO
es porque la merezcan menos, sino porque carecen de pa-
drinos ó de recursos para lograrlo. Ellos ven todo esto, lo
saben, se lo dicta su conciencia, y concluyen por conven-
cerse de que aquella justicia en cuyo nombre han sido cas-
tigados, aquella justicia que invocaban los jueces para im-
ponerles la pena que están sufriendo é invocan diariamente
las personas que tratan de corregirlos, es una palabra sin
sentido, una palabra que significa tiranía cuando se pro-
nuncia para castigar, y capricho cuando en su nombre se
perdona.
Todos los penados conocen muy bien cuáles son los me-
dios más apropiados para conseguir el indulto; todos se
valen ó procuran valerse de ellos para conseguirle; pero
no todos son igualmente afortunados. Unos van á sus casas
á gozar de la libertad que alcanzaron, y otros quedan en la
prisión sin saber cuándo les tocará dejarla. Estos últimos
trabajarán incesantemente por lograr lo que sus compañe-
ros han logrado; moverán para ello todos los resortes que
estén á su alcance, y entre tanto sólo pensarán en la forma
de conseguir su indulto, y esperarán con ansiedad un día y
otro el fruto de aquella carta, la mediación de aquel amigo,
el resultado de aquella recomendación. Durante este tiempo,
no hay que hablarles de enmienda, de orden ni de discipli-
na; su pensamiento está únicamente lijo en el negocio de su
indulto, y no es posible pensar en otra cosa ni hacer nada
que no se encamine á este fin. Si, á pesar de todo, no logran
el indulto, entonces la más terrible desesperación se apode-
ra de ellos; el recuerdo de tantos otros como le han conse-
guido, quizá con menos méritos, vuelve á atormentarles ; las
palabras moral, religión, justicia, que alguna vez suenan en
sus oídos, jamás llegarán á su corazón ni penetrarán en su
conciencia.
En esta situación de ánimo, que vayan á hablarles de
corrección; ¡corrección! ¿y para qué corregirse, si con eso
no han de conseguir su libertad, que es lo único á que aspi-
ran? Que procuren hacerles comprender que han obrado
mal y que su pena es merecida ; pero ¿cómo, si ven que otros
han obrado peor y se les ha librado de la pena? Que se les
EL DERECHO DE INDULTO 447
hable de justicia y de moralidad; pero ¿con qué derecho, si
alh' donde se invocan estos nombres no han visto más que
ejemplos de inmoralidad y de injusticia? Que se les trate con
cariño y se les hable A la conciencia; ¿y qué se conseguirá
cuando, de hecho, su suerte es más dura que la de otros mu-
chos, y su conciencia, encallecida con el crimen, quizá se ha
extinguido en fuerza de presenciar actos contrarios á los
que ella dicta? De suerte que el indulto tal como hoy se ejer-
ce; el indulto nacido, no de la buena conducta del agracia-
do, ni de la utilidad social, ni de nada que se parezca á la
justicia, sino de la arbitrariedad de quien tiene el derecho
de otorgarle, se opone á uno de los principales íines de la
pena, haciendo poco menos que imposible la enmienda de los
penados.
Esto por lo que se refiere á los indultos ó rebajas de pena
particulares; que si atendemos á los generales, que con fre-
cuencia y por fútiles motivos se dan en España, las conse-
cuencias son todavía más deplorables y más funestas para
la penalidad. Una célebre escritora, á quien ya hemos ci-
tado otras veces, y que tuvo motivos para saber práctica-
mente lo que en estos casos sucede en las penitenciarías, se
expresa de este modo: '^L'n día entráis en la prisión, y veis
que el ruido y el desorden es mayor que el de costumbre:
¿qué sucede? Que ha corrido la voz de indulto, esparcida no
se sabe por quién, creída como deseada por todos, y 3'a no
hay ninguno que se preocupe de otra cosa.
„Cuando la noticia, que las más veces resulta vana, no lo
es, á la escena de tumulto sucede otra más deplorable. Al
anuncio de gracia todos la esperan, porque ya se sabe que
es otorgada sin ser merecida. ¡Qué desconsuelo, qué decep-
ción, qué cólera desesperada, al ver la lista de los que sa-
len en libertad y en la que no está el nombre del que espe-
ra con ansia que se pronuncia el suyo? ¿V por qué no está
y están otros? No alcanza la razón, tal vez no existe; acaso
hay muchas para que estuviera. Es posible que el jefe de la
prisión, si es persona regular, se duela de que la gracia no
alcance á muchos que la merecían mejor que los agraciados;
pero la letra del decreto comprende á unos y excluye á otros,
448 EL DERECHO DE INDULTO
y aquéllos se van y éstos se quedan, convencidos todos de
que los libres tuvieron fortuna y los reclusos desgracia,
con lo cual no es fácil que se resignen.
„En todo esto no hay nada de equitativo, de jurídico, di-
gámoslo, de racional ; es el azar, el acaso; pero como se tra-
ta de cosas que pueden y deben substraerse á él para enco-
mendarse á la justicia, al faltar á ella de un modo tan evi-
dente para los perjudicados y para los favorecidos, se con-
tribuye á desmoralizar á los unos y á los otros„ (1).
Hemos dicho que resulta una desigualdad injusta y un
grave daño para la penalidad, de conceder el indulto sin
consideración al comportamiento real del penado, y no he-
mos sido del todo exactos; hay ocasiones en que sí se atien-
de á la mala conducta del que va á ser indultado; pero es
precisamente para que consiga el indulto con mayor facili-
dad. Así ha sucedido alguna vez con ciertos presos rebeldes
á la disciplina penitenciaria, sobre cuya conducta han infor-
mado favorablemente los encargados de su vigilancia, para
que consigan el indulto y no les den más que hacer. Porra-
ros que sean estos casos, calcúlese la ejemplaridad que se-
mejantes indultos han de producir en los demás penados, y
las consecuencias que se seguirán para el orden y régimen
de las prisiones. Lo peor del caso es que esto tiene muy di-
fícil remedio, por bien reglamentado que se suponga el ejer-
cicio del derecho de gracia.
Otra de las absurdas consecuencias derivadas del dere-
cho de gracia, tal como hoy se ejerce, es que las penas leves
se cumplen, de ordinario, indefectiblemente y con todo su
rigor, porque no se trabaja tanto, ó no se trabaja nada, por
conseguir el indulto, mientras que es muy raro que una
pena grave llegue á ejecutarse en toda su extensión sin que
la gracia haya venido á extinguirla antes del tiempo fijado
por la ley. De este modo puede darse el caso de que una
pena venga á ser, en virtud del indulto, de menor duración
que otra más leve y aplicada á un delito menor, en lo cual
(1) Concepción Arenal: Ei derecho de gracia ante ¡a Justicia, ca-
pítulo Ji.
EL DERECHO DE INDULTO 449
se ve de un modo evidente la injusticia de castigar con más
rigor un delito menos grave, y el absurdo de sustituir la ley
y la justicia por la voluntad del que otorga el indulto.
Las consecuencias que del abuso del derecho de gracia
nacen para la sociedad, tal vez no son tan inmediatas; mas
no por eso son menos perjudiciales. Una de las más funes-
tas consiste en despojar á las penas más graves de las con-
diciones que las hacen útiles á los pueblos; pues útil es, para
evitar ciertos delitos, que las penas con que se castigan
sean ciertas, se cumplan indefectiblemente, y de este modo
produzcan en los criminales el saludable terror á que se or-
denan. Este terror desaparece en gran parte en cuanto que,
por medio del indulto, se hacen inciertas y el delincuente
cuenta siempre con una gran probabilidad de que no lleguen
á ejecutarse.
La pena capital , que es la que lleva consigo en el más
alto grado la intimidación, es hoy poco menos que ilusoria,
gracias al indulto que piden casi todos los condenados á
muerte, siendo pocos los que no lo consiguen. Dado este he-
cho indudable, debemos suponer que, al deliberar el delin-
cuente sobre el crimen que va á ejecutar, piensa en las pro-
babilidades de llegar á sufrir la pena de muerte, por una
parte, si cae en poder de la justicia; y por otra, de la impu-
nidad ó de una rebaja en la pena por medio del indulto; y
como sabe que éste se consigue casi siempre, encuentra un
obstáculo menos en su camino para cometer aquel crimen,
que, de otro modo, tal vez no se atreviera á consumar. De
suerte que el indulto, prodigado como actualmente se hace,
ha de ser por fuerza en muchos casos un móvil para perpe-
trar el crimen.
Mas no para aquí todo: el reo que llega á sufrir la muer-
te, habrá solicitado también el indulto, y, ya por no tener
personas influyentes que se interesasen por él, ya por cual-
quiera otra circunstancia, no ha logrado alcanzar miseri-
cordia. Desde el momento en que pierde toda esperanza y
ve que no hay más remedio que morir, no podrá menos de
hacerse las siguientes reflexiones: ";Y por qué á tales y
cuales delincuentes se les concedió el indulto, y á mí se me
29
450 EL DERECHO DE INDULTO
niega? ¿Eran menores sus crímenes que los míos? ¿Mere-
cían, mejor que yo, ser perdonados ?„ Acaso sabe, ó si no
sabe adivina , los medios poco justos de que tal reo se valió
para conseguir la gracia, y va más adelante en sus pregun-
tas; pero bastan las que ha hecho, tenga ó no tenga razón,
para convencerse de que su pena no es justa , en cuanto su-
perior á la de otros tan criminales como él, y para no resig-
narse con su suerte al compararla con la de los que fueron
perdonados; todo lo cual será un gravísimo obstáculo para
morir bien.
Tanto la pena de muerte como otras de las principales,
puede decirse que están consignadas en el Código ad térro-
rein, nada más que como amenaza; pero es necesario tener
en cuenta que el engaño no puede durar mucho tiempo, y
hoy todo el mundo sabe que esa amenaza rara vez llega á
cumplirse; por eso no intimidan á los delincuentes tanto
como es preciso para apartarles del crimen, y es indudable
que muchos no habrían llegado á ser criminales si irremisi-
blemente hubieran de sufrir la pena que les corresponde.
Otro inconveniente muy grave ofrece el abuso del dere-
cho de gracia, y es el de contribuir al menosprecio y aun á
la burla de esas leyes que casi nunca se cumplen, y al des-
prestigio de los jueces, de cuya sentencia pueden reirse y se
reirán los criminales al verla anulada por obra y gracia del
derecho de indulto. La autoridad y las leyes son la vida de
las sociedades; por consiguiente, el desprestigio de la pri-
mera y el habitual incumplimiento y menosprecio de las se-
gundas son causas suficientes para agotar las energías na-
cionales é ir poco á poco labrando la ruina de los pueblos.
Si la pena de muerte se prodiga todavía demasiado, restrín-
jase á menor número de delitos, pero que no sea letra muer-
ta en los Códigos penales. Si hay otras penas excesivamente
duras para los delitos á que se aplican, modifiqúense en sen-
tido más benigno; pero, en bien de la sociedad, cúmplanse
indefectiblemente.
f R. JERÓNIMO /Montes,
o. s. A.
(Concluirá.)
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Revista Científica
;iiei« ¡lila eléoírlra. — Las pilas eléctricas llamadas de óxi-
do.-í conocidas aciualmenie, y en particular la de Leclanché,
no pueden funcionar de un modo continuo, y por lo tanto no
son aplicables A la producción de la luz eléctrica. La pila que va-
mos á describir, inventada por ^L Auguste Chevalier, produce una
corriente continua y bastante intensa para poder servir para el alum-
brado. En comparación con las pilas actuales del tipo indicado, los
perfeccionamientos que en ella ha introducido se refieren principal-
mente A dos partes, .1 saber: el vaso poroso y la cabeza del carbón.
El elemento de la pila se compone, en primer lugar, de un vaso ó
recipiente exterior, de madera ó de cristal. Engarzado en la pared
del vaso hay montado un tubo de cristal cerrado por abajo y provisto
de agujeros practicados en la cara interna, ó sea la que mira al inte-
rior del vaso. Dentro de este tubo se introduce la barrita de zinc la-
minado y batido. La solución de sal amoníaco necesaria para excitar
la pila se introduce en el vaso por el tubo. El zinc se fija y mantiene
en posición dentro del tubo, por medio de un anillo de caucho que
sirve al mismo tiempo de tapón.
Dentro del recipiente se coloca el vaso poroso, que en lugar de ser
de gres, como de ordinario, está formado por una plancha de maáe-
ra con incisiones practicadas con la sierra en toda la longitud de la
plancha, de modo que sólo queda intacta una pequeña porción de
madera por medio de aros de tela metálica.
Dentro del vaso y en el fondo del mismo se coloca una capa del-
gada de bióxido de mercurio, de tres á cuatro milímetros de espesor
aproximadamente. En el centro del vaso se dispone la placa de car-
452 REVISTA CIENTÍFICA
bón, provista en su parte superior de una cabeza de disposición es-
pecial que constituye el polo positivo. El espacio que rodea el car-
bón se halla dividido en cuatro compartimientos, por medio de cuatro
tabiques de cristal y lleno de la mezcla ordinaria de carbón de retor-
ta y bióxido de manganeso. El vaso estíl cerrado por arriba por una
gruesa capa de cera que se extiende y recubre al mismo tiempo los
aros de la tela metálica superiores é inferiores , á fin de proteger me-
jor el conjunto y garantizar la solidez del vaso.
El extremo superior de la placa de carbón presenta un orificio
doblemente cónico para que ofrezca mejor apoyo ,1 los discos metá-
licos, con preferencia de platino, entre los cuales y dentro del orifi-
cio se aloja un tubito de cristal, cuyos dos extremos están guarneci-
dos de arandelas de caucho y se hallan aplicados contra los discos
de modo que formen junta hermética.
Un segundo tubito de cristal comunica con el interior del tubo y
atraviesa el carbón, saliendo al exterior, en donde su extremo se
tapa, introduciéndose á poca profundidad er. el plomo. Los discos se
aprietan contra los ensanchamientos del orificio y contra las guarni-
ciones del tubo. Las piezas se construyen con preferencia de platino.
Entre las tuercas hay un alambre arrollado en espiral encima de la
cabeza del carbón. Alrededor del conjunto de estos órganos hay una
cabeza de plomo moldeada como en las pilas Leclanché y de otros
sistemas conocidos, la cual presenta un orificio que corresponde con
el interior de la espiral formada por el alambre. Este orificio recibe
un tornillo que penetra en el centro de la espiral mencionada y cons-
tituye el punto de unión del conductor externo.
Esta nueva pila presenta grandes ventajas, justificadas por los ex-
perimentos que con ella se han llevado á cabo.
Gracias al vaso poroso de madera, se evita la polarización del
zinc; mientras que, en las pilas actuales, la acción que las materias de
que se compone el vaso de gres ejercen sobre el zinc es tan activa»
que al cabo de cierto tiempo, relativamente corto, el zinc y el vaso
en cuestión llegaban á pegarse mutuamente, la madera por otra
parte, al contrario, se conserva limpia en toda la superficie )' los po-
ros no llegan nunca á obstruirse: así, pues, si por cualquier razón
conviene cambiar el zinc, puede hacerse el cambio en cualquier mo-
mento sin molestia alguna.
Las incisiones del vaso y los tabiques de su interior tienen por
objeto aumentar considerablemente la superficie activa del elemen-
to. Con la disposición dada á la cabeza del carbón se evita también
la polarización debida á la forma especial del contacto del mercurio;
y mientras que, en las pilas ordinarias, los efectos de polarización se
dejan sentir inmediatamente, la nueva pila suministra una corriente
continua de constante intensidad, pudiendo, por lo tanto, aplicarse
para producción de luz eléctrica.
REVISTA CIENTÍFICA 453
El Fliior«>Mt'0|>o «le FiIíhoii.— Se tenía por cierto que el notable
descubrimiento de los rayos catódicos, denominados hoy rayos de
Rüntgen , habría de atraer sobre sí la atención y poderosa inventiva
de Edison. Así ha sucedido, en efecto. Inmediatamente se puso Edi-
son á trabajar, y casi instantáneamente dio con lo que buscaba.
No se puede dudar que el descubrimiento del profesor Rontgen
estaba llamado á prestar inapreciables servicios á la ciencia en ge-
neral, y principalmente á la ciencia del diagnóstico médico. Pero toda
operación fotográfica es relativamente lenta; pues sin contar el tiem-
po de exposición necesaria , que en el caso de la radiografía es largo,
hay también que desarrollar la imagen, sacar la prueba, etc.
Edison se dijo: "lo que puede fotografiarse, puede con más razón
verse „; y se ocupó en seguida de modificar los tubos de Crookes, de
modo que pudiesen tener mayor fuerza de alumbrado. Al cabo de dos
meses, el sabio americano tuvo la satislacción de lograr buen éxito
en su doble tentativa , como ya lo sabe el mundo entero; pues la Pren-
sa científica y la diaria de todas parles, inmediatamente propagó la
noticia de la invención del lluoróscopo.
.Como queda dicho, Edison se propone doble objeto: ante todo, el
perfeccionamiento del tubo de Crookes; en seguida, la invención de
un aparato, el tluoróscopo, que permitiese ver los fenómenos produ-
cidos por los rayos X ó catódicos, para observarlos directamente y
sin el auxilio de ninguna operación fotográfica. Después de innume-
rables ensayos, relativos á la forma, la>> dimensiones, el material de
los tubos de Crookes, Edison acabó adoptando un tubo de forma elip-
soidal y como de unas cinco pulgadas de longitud.
En cada extremidad se encuentran dos discos electrodos de alu-
minio, colocados en el interior y ligeramente inclinados uno hacia el
otro. Las extremidades exteriores del tubo se hallan cubiertas con
unos sombreros metálicos, que forman los electrodos interiores. És-
tos dan un ()0 por lOÜ, y los anteriores un 40 del efecto total.
El tubo va herméticamente cerrado por sus dos extremidades , y
contiene otro tubito que puede comunicar con una bomba de aire del
modelo de Geissler ó de Sprengel. Al cabo de media hora de funcio-
nar la bomba, produce el vacío necesario para el completo desarro-
llo de los rayos catódicos.
r Faltaba encontrar el aparato fluorescente, la manera de cons-
truirlo y el mejor medio posible de fluorescencia. Edison empezó á
probar con la sal de bario, utilizada por el mismo Rontgen, sin que-
dar satisfecho. ¡Qué largos fueron los ensayos! Más de doscientos
productos distintos se examinaron sucesivamente. Para probarlos, el
inventor se sirvió de una caja de cerca de dos pulgadas de ancho y
como cuatro de largo, que llevaba un agujero en el fondo. Uno de sus
ayudantes buscaba los productos y se los traía sucesivamente. Se po-
nía uno en la caja, y Edison tendía la vista al través del agujero de
454 REVISTA CIENTÍFICA
la caja, hacia un tubo activo de Crookes. Las pruebas continuaron
sin interrupción alguna durante cuatro días con sus noches. Se aban -
donaban multitud de sales, se conservaban otras como suficiente-
mente fluorescentes; pero la suerte cayó en un tungstato de calcio,
cerca de ocho veces más enérgico que el platinoci'^nuro de bario.
El tungstato de calcio se obtiene haciendo fundir á la vez una mez-
cla de cloruro de calcio, de cloruro de sodio y de tungstato de sodio.
El producto así obtenido se trata por el agua , que disuelve el cloruro
de sodio y abandona cristales insolublesde tungstato de calcio. Inme-
diatamente se les seca y tritura; después se distribuyen en una pan-
talla de cartón, de modo que formen una superficie lisa y uniforme.
Esa pantalla se pone en el extremo de la caja de cartón, colocando
hacia adentro la cara preparada. El otro extremo de la caja se hace
de modo que rodee la cara por la parte de los ojos. Colocando la mano
delante de esta caja y haciendo caer sobre ella los rayos X, se verá
fluorescente toda la superficie, exceptuando algunas sombras debi-
das al efecto especial; apareciendo los detalles aparecerán con la
misma perfección, y tal vez mejor que en las radiografías de Rüntgen.
El tubo de Crookes está encerrado en una caja de madera. Una
persona pone la mano ó el brazo sobre la caja, y el observador, fiján-
dose ó poniéndose en la cara el fluoróscopo, ve el estado de los hue-
sos. Una bobina de inducción con un interruptor de rotación actuado
por un motor es lo mejor para el caso, pues Edison dice que el con-
densador contraría el efecto.
Al hacer sus ensayos Edison puso el tubo que empleó sobre la
bomba de aire. Gradualmente y á medida que se hacía el vacío se
notaba la aparición de la fluorescencia, y por medio de un espectrós-
copo de bolsillo se observaba el período de desaparición de las ban-
das. Al fin se empezó á notar la radiación délos rayos X. Se puso el
fluoróscopo en la cara, y su base se presentó brillantemente ilumina-
da. A cada instante aumentaba la intensidad del efecto, hasta que
por último se presentaron bruscamente los huesos, viéndoseles los
contornos con absoluta precisión, al mismo tiempo que los músculos
desaparecían completamente y como por encanto.
Presentada la parte inferior del brazo delante del fluoróscopo, dejó
ver con toda claridad el espacio comprendido entre los huesos, el
radio y cubito. Un portamonedas, cuyas quijadas de acero no se ha-
bían abierto, dejaba contar las monedas que encerraba. Puesta una
tabla de cierto espesor entre el objeto y el instrumento, no disminuía
el vigor de la imagen sino de una manera insignificante.
Fácil le es al lector imaginarse, ahora que conoce el fluoróscopo,
la importancia que tiene para los médicos, y especialmente para los
cirujanos.
La gran gloria de Edison acaba de aumentarse con un descubri-
miento tan maravilloso como los demás suyos que ya se conocían.
REVISTA CIENTÍFICA
455
La Eleoti'iriilail y la iiericiiltiira.— Atendiendo al incremento
que va tomando la electricidad, parece que en tiempo no muy lejano
desempeñará un papel bastante importante en los trabajos agrícolas.
El profesor italiano A. Aloi, en una serie de experimentos que ha
llevado á cabo, ha demostrado que la electricidad terrestre y la elec-
tricidad atmosférica favorecen la germinación de las semillas y el
crecimiento de las plantas.
Además, M. Bouvier, habiendo observado las variaciones que ex-
perimentan las plantas sometidas á la acción continua de la luz eléc-
trica, ha afirmado que la planta alpina cultivada en estas condiciones
presenta verdaderas analogías con las plantas árticas.
5» Mí'^fl \S
Revista Canónica
IbuBos en la celebración de funerales. — lil Rector de una igle-
sia parroquial de la diócesis de Sinigaglia, con permiso de su
Ordinario, propuso á la Sagrada Congregación de Ritos la
siguiente duda:
An iti féretro vel íiímtilo, duní pro aliqun defuncto exequia
finnt, tilín pKVsente , quiim absenté cadavere, exponi valeat ejusdeni
defuttcti iniíigo; et qmiteniis nciíative , an salteni tolcrari pos^t
hitjiisntodi nsns, ubi viget.
La Sagrada Congregación, vista la sentencia de la Comisión Li-
túrgica, y tratado con detenimiento el asunto, respondió:
Negative quoad priniant partem; et qnoad alteram: Curanduní
ut eliminetnr ubusns.
Atqne ita rescripsit. Die 30 Aprilis 18%. — G/y. Card. Aloisi-Ma-
sella, S. R. C. rrxíccius.—Aloísiiis Tn pepi s, Secreiarius.
Un privilegio de la Orden de los Menores de San Francisco.— El
Reverendísimo P. Comisario General del Orden de los Menores de
San Francisco en España recibió en Ma\-o último, de la Sagrada
Congregación de Rito.s, respuesta á una consulta formulada de esta
manera:
An per recentiores ejusdem Sacra' Rituum Congregationis pra;s-
criptiones et declarationes abrogatum fuerit privilegium Hispanis
concessum k sa: me: Pió Papa \' per Breve 17 Decembris 1570. " Ad
hoc nos Deus„, quo in iis partibus Missae solemnes, quae canuntur.
REVISTA CANÓNICA 457
statuitur et picecipitur ut eae juxta Ecclesiac Toletanae formam in
Hispaniarum Rejinis ab antiquissimo tempere receptam, decan-
tentur?
Respuesta de la Sagrada Congregación :
Negative ; ct Detiir Decretmn die 7 Jiilii 1894 edititni dique ita
rescripsit. Die 8 Maji l.S%. — Qiy. Card. Aloisi-AJíise/la, S. R. C.
Príefectus.— .4/c»/.sí//5 Tripepi, Secretarias.
Varias consultas expuestas á la Sagrada Congregación de Bitos.
Cierto sacerdote, confesor y capellán en un Monasterio de Monjas
Cistercienses, perteneciente á la Ciudad y Diócesis de Gerona, ex-
puso á la Sagrada Congregación de Ritos las dudas que íI continua-
ción se siguen:
Quum juxta Rituale Cisterciense, Communio et Extrema Unctio
administrandív sint ir.tirmis cum alba et stola et pro ipsarum Com-
raunione aíTerri debeant in Cálice tot Particuhc, quot sunt infirmae
coinmunicandie, ac pru;beri ultimie communicatae, aut projici in ig-
nem vinum ct aqua ablutionis Calicis, quaeritur.
I. Utrum, quando Sacerdos srecularis administrat praefatis Monia-
libus Sacramenta, teneatur servare Rituale Cisterciense, an potius
uti debeat Rituali Romano?
II. Si servandum sit Rituale Cisterciense, permittiturne saltem
adhiberi superpelliceum loco albie et pro Communione loco Calicis,
Pixidem cum pluribus particulis, juxta Ritum Romanum?
III. Utrum in translatione cadaverum Monialium e loco superiore
Monasterii ad Chorum inferiorem, efin earum exequiis , exclusa
Missa Conventuali, servari possit Rituale et Missale Romanum juxta
consuetudinem vigentem?
Resp. Ad I. Sacerdo saecularis, de quo in casu, debet uti Rituali
Romano.
Ad II. Provisum in primo.
Ad III. Affirmative, dummodo lex clausurae in ejusmodi transla-
tionibus non violetur.
. Atque ita rcscripsit . Die 8 Maji 1896.— Cay. Card. Aloisi-Masella,
S. R. C. Praefectus.— .4/o/s/Ms Tripepi, Secretarias.
t
Decretos de la Sagrada Congregación de Ritos en orden á la bea-
tificación y canonización de los venerables Esteban Bellesini y Sor
Juana de Guillen del Orden de nuestro Padre San Agustín. — RO-
MANA SEU PR.EXESTIXA ET TRIDENTINA.-Super Dubio.-
458 REVISTA CANÓNICA
An constet de Virtiiíibus Theoloí^alibu^ Fide , Spe et Cliayiíatc in
Deiun et Proximum , necuon de Cardinalihus Ptudetitid , Justitia,
Fortitudine ac tempe rantia , earuttiquc adnexis in giuidn heroico,
in casu et ad effectum de quo agitur?
Qui christianse perfectionis ardor \'en. Stephanum Bellesini, ut
conformisfieret imaginis FU i i Dei, jam usque ab ineunte aetate sin-
gulariter ceperat, Ídem sane, quin minucretur intcrcessu temporis,
virum obitis in cxemplum muneribus probatissimum, majori in dies
studio. ad vitee exitum est prosecutus. jure icjiíur factum. ut viriutes
ab ipso excultas concordibus omne i;enus suffrasíiis populi cuniula-
verint, non solum Tridenti ubi hanc lucem hausit, traduclaque nitide
pueritia humanisque abdicatis sese Christo asseclam statuit darc; et
Bononiae, ubi, votis inter Au«:ustinianos jam rite conceptis, integra
profecto laude in litteris vcrsabalur. vcrum etiam Romae, quam in
Urbem instaurata Europa; pácese recepit, sibique concreditis Ordi-
nis tyronibus quum doctrin;e tum sanctitatis magister príeluxit; et
(icnestani preesertim, quod oppidum , ad arduum curionis otficium
evectus cum sex supra quinquaginta annos cxcessisset, mirum in mo-
dum illustravit. Immo Acton et Corsi Paires Cardinales, haud pauci
sacrorum Antistites, aliique quorum est ceteris exemplo antecederé,
Bellesini solelant Angelum nominatim compellare, et moribus sibi
adjunctis alterum Aloisium (ionzagam aut Philippum Nerium ; inno-
centiie fama, longe á multis. ceu solem ab astris, excellentcm; mar-
t^'rem charitate adactum, cum pra-stantioribus conferendum; ct vir-
tutis potius prodigium quam decus. l^raterea tantum omnium in se
obsequium concitavit, ut accesserint quoque adversariorum testimo-
nia, qui licet alii alus neqiores, animis tamen ad unum adductis in
eamdem sententiam, Stephanum bette anima fe cissc apprime loque-
bantur, et nihil, quod .1 Dei optatis vel parumper abesset, esse moli-
tum. Denique quotquot ejus consuetudine, postremos potissimum un-
decim annos, u'.erentur, constantiam utrique clero ad imitandum mc-
morant, qudi, /orina grcgis ex animo ct ómnibus omnia elfectus, non
modo ludis docendi íere suo institutis, et adolescentibus ad religio-
sam perfectionem informatis, sed populis etiam, laboribus continen-
ter exhaustis, ad fidem incensis, praíter ceteros enituit. Quo enim
devexa jam aetate fractisque viribus debilior, eo acrioribus cordis
stimulis actus nunquam muneris contentionem remisit athleta Chris-
ti fortissimus; et robur ab ipso discrimine adeptus, ad meliora sum-
mopere intendit, magnique nihil duxit praíter Dei gloriam et animo-
rum salutem provehendam. Ut autem societatis bono consuleret et
injurias Ecclesiae illatas, arceret, nil scelestorum odio commoveri,
adhibitasque in se minas spernere enevit, dissolvi cupiens et esse
cum Christo; atque unum interea sibi in deliciis habere, ut caelestes
flammas aliorum etiam pectoribus cummaxime incenderet, illis mé-
rito accensendus, quos Gregorius cognomine Magnus Seraphim vo-
REVISTA CANÓNICA 459
cabat, quorum cor m igneni conversuní liicct et urit, quosque ñeque
Jortitxido , ñeque altitudo. ñeque profunduní, ñeque creatura alia
potuit separare a charitate Dei. Haec vero omnia suprema sane com-
mendatione complevit qui, ad civium incolumitatem, vitam quodam-
modo in agone profundere non renuit. Nam Genestani, dum lethali-
ter infectis diu noctuque sedulus adesset, lúe ipse correptus, sum-
mumque boni pastoris príemium assequutus, anima pro ovibus posita,
nobilissimam mortem oppetiit ipso die quo de V'irgmis Deiparíie Do-
minae Xostríe lustratione solemnia instituuntur , quarto nonas Fe-
bruarias anno 1840.
Quapropter, ut sui memoriam, quum mortalem letatem degeret,
in omni sanctimoniít genere alte ille impresserat, ita mirum nemini,
si, statim atque placidissimo fine ad caelestes abiit, potiorem in dies
omnium fuisse sententiam monumenta testentur de beatorum hono-
ribus ei comparandis, cujus vita sanctissime acta supernis abunda
charismatis multisque. ut feruntur, ad sacros ejus ciñeres patratis a
Deo prodigiis, veluti consecrari videbatur: quique ad se solatorem
suumque tumulum confugientibus nova adauctus corona facilius
prospiceret, Ecclesiítque jura, hac temporum vicisiiudine, in digni-
tatem vindicaret. Itaque tribus vix annis a supremo die óbito elapsis,
inita jugiter quasstione. ad S. R. C. causa ejus est deducta; adorna-
tisque pluries summa qua par erat judicii severitate perquisitionibus
tabulisque confectis, et ceteris ómnibus ad juris normas rite absolu-
tis, ad virtutum examen, quae universa admiratione cohonestat;e he-
roicum attingercnt f'astigium, perbrevi devenium est. Quod ut ab ob-
jectis satis copioseque expediretur, triplici hac de re disccptatione
est peractuní: nimirum in comitiis anieprícparatoriis tertio calendas
januarias an. 1890, apud Rmum. Cardinalem Raphaelem Monaco la
\'alletta, cui munus causíc referendae a Pontiftce Máximo erat de-
latum; in pr;eparatoriis ad Apostolicum Palatium V'aticanum ad-
vocatis sexto calendas majas anno 1894; ac demum in generalibus
ibidem habitis coram Sanctissimo Domino Nostro Leone Papa XIII
pridie idus novembres an. 1895; quo postremo in csetu Rmus. Cardi-
nalis Lucidus Maria Parocchi, Episcopus Albanensis, loco Rmi. Car-
dinalis Monaco la Valletta , dubium ad discutiendum retulit : An cons-
tet de Virtutibus Theologalibus Fide , Spe et Charitate in Deum ac
Proximum , nec non de Cardinalibus Prudentia , Justitia , Tempe-
rantia et Fortitudinc earumque adnexis \'en. Serví Dei Stephani
Bellesini , in gradit heroico, in casu et ad effection de quo agitur?
Omnesque qui aderant Rmi. Cardinales et Patres Consultores suf-
fragia singuli edidere. Sanctitas vero Sua, quamvis adhuc superni
luminis subsidium rogatura mentem patefacere distulerit, innuit ta-
men revera Ven. Bellesinium , cujus causa agebatur, comtnuni om-
nium sententia utrique clero pnccelluisse omnis virtutis exemplar
insigne. Quapropter ex intima^ quw sibi inesset , persuasione, et ex
460 • REVISTA CANÓNICA
perspectis (ilioruin responsis cüepit anspiciiim fore ut opportuno
tempore decretoriiim judicium juxta communia vota Sibi pr aferré
contingcret.
Die autem adveniente, quem faustissimo Christi in coelum ascen-
dentis triumpho festum recolimus, illis. qui in pervigili parochi mu-
ñere naviter obeundo se probarunt, adscribere heroem optavit, cu-
jus industria, Jesu Christi triumphos omni conatu renovare satege-
rat. Atque Augustinensium enixe ad unum adprecantium vota sola-
turus, Pater Beatissimus omni solutum dubio animuin pronumque
persensit ad sententiam, qua ceteros adeximii viri vestigia alacrius
persequenda inflammaret eju->que virtutes meritis firmatas laudibus
proponeret , in quas peropportune cuncti ac speciatim curiones in-
tuerentur. Idcirco Sacro religiosissime peracto, ad hanc V'atiranam
aulam adiit, solioque pontiñcio insidens ad se accersi jussit Reve-
rendissimos Cardinales Cajetanum Aloisi-Masella, S. R. C. Praefec-
tum, et Lucidum Mariam Parochi, nec non R. P. Gustavum Persiani
Sancta; Fidei Promotoris muñere fungentem, meque simul infras-
cripium Secretarium; iisque adstantibus solemniter pronunciavit:
Coustarc de X'irttttibits ThcologuUbus Fide, Spe et Cluiritate in
Dcum et Proximum, nec non de Cardinalibus Prndcntia, Jnstitia,
Tentpenintiii et Fortitndine, eamniquc adnexis Ven. Servi Dei Ste-
phdni fíeüesini , in grndii heroico, in casu et ad effectum de quo
agitur.
Quod Decretum in vulgus edi et in .b. R. C. acta referri priEcepit,
pridie idus majas an. lí^^*t).~Ca/etaniis Card. Aloisi-Masella, S. R. C
Prsetectus— Z,. f S—Aloisius Tripepi, S. R. C. Secretarius.
ORIOLEN. — Beatificationis et caxonizationis ven. serv.c Dei
Sor. joANN-E Guillen monialis PROFESs^t ordinis eremitarum S. Au-
GusTiNi IN Monasterio S. Sebastiani civitatis Oriolen. — Processus
Ordinarius in Civitate Oriolensi anno Ihlbconfectus super fama sanc-
titaiis vitiE, virtutum et miraculorum in genere Servae Dei joannae
Guillen, próvido divina? sapientiae consilio postremis hisce tempori-
bus e tenebris erutus esi. Qui Romam delatus et Sacrae Rituum Con-
gregationi exhibitus una cum novne Inquisitionis actis anno 1888 illic
adornatis hanc Dei Famulam ad Catholicce Hispanias decus et Ordi-
nis Augustinianensis splendorem, veluii novum astrum protulit. Joan-
na, patria Oriolensis natione Hispana, parentibus Honorato et Anna
Remires de Espejo, opibus et virtute priestantibus, auno 1575 quinto
Kalendas Januarias orta, sacro baptismi lavacro in Parochiali Eccle-
sia S. Jacobi abluta fuit. Adhuc infans in Jesum patientem et vulne-
ratum oculis animoque ferebatur ejusque imaginem pectori orique
admovenssuavissimeosculabatur. Puellaapuerilibusabstinens.quum
REVISTA CANÓNICA 461
solitariam ageret vítam, religiosie praelucebat perfectioni. Ad Syna-
xim admissa ac frequenter accedens haud multo post, confessario
probante, virginitatcm Deo devovit, pietate et moribus adeo praecla-
re se gerens, ut matresfamilias puellis suis Joannam velut angelis
aemulam indigitarent. Superato post quinquennium certamine quod a
domesticis et praecipue a matre slrenue sustinuerat , ex ipsius Episco-
pi Oriolensis consilio, anno 15^7, die loMaii, Asceterium Augustinia-
nense S. Sebastian! ingressa cst, ubi, suscepto religionis habitu atque
anno tyrocinii rite expieto, solemnia vota nuncupavit. Puellis novi-
tiis preeposita regularum observantiam et religiosse vitae coluit per-
fectionem, una cum illis coram Deo jugiter ambulans. Xeque solum
puelhe, sed ipsae moniales netate provectíE ejus d¡scíplin?e se subjece-
runt, quo factum, ut mystica illa vinea ubérrimos ediderit tructus.
Tándem quum unum supra trigesimum cCtatis annum duceret, Joan-
na, doloribus ac infirmitaiibus patientissime toleratis, in ipso S. Se-
bastiani Monasterio, quo ejus mater Deo in bonis operibus serviens
se receperat, die, quam pnedixerat, secunda Junii anno 16U7 brevem
hanc vitam cum perenni ac beata commutavit. Oriolensibus civibus
ad ejus exequias confluentibus, uti memoriae prodilum est, Deus plu-
ribus et miris modis ostendit acceptissimam sibi luissc animam Fa-
mulaí suae Joannae, cujus exuviíc, servato Catholicic Ecclesine ritu,
in ipso S. Sebastiani Asceterio cum magna populi veneratione et
frequentia depositae (uerunt. Hinc obtigit, ut paucos post annos, uni-
versa civitate Oriolensi postulante, prícdictus Processus Ordinarius,
nuper cognitus, adornatus fuerit; cui altera recentior inquisitio acces-
sit, ut tama sanciimoniae ejusdcm Serva? Dei ad haec usque témpora
perdurans et crebrescens, eniteret. Hac duplici Ordinaria Inquisitio-
ne ad Sacram Kituum Congregationem delata, Sanctissimus Domi-
nus Noster Leo Papa XIII benigne indulsit, ut Dubium de signatura
Commissionis Introductionis Causae ejusdem I'amulae Dei agi posset
in Ordinariis Sacrae ipsius Congregationis Comitiis absque interven-
tu et voto Consultorum. Quare instante Rmo. P. Sebastiano Martine-
lli Priore et Postulatore Generali Ordinis Hremitarum S. Augustini,
attentisque posiulatoriis litteris Emorum. ac J^morum. Archiepisco-
porum Cítsaraugustani et Firmani nec non plurium Sacrorum Antis-
titum aliorumque virorum ecclesiastica dignitate praestantium, a me
infranscripto Cardinali Sacrae Rituum Congregationi Praefecto et
hujusce Causae Relatore, in Ordinario Sacrae ejusdem Congregationi
Coetu. subsignata die ad Vaticanum coadúnalo, sequens Dubium dis-
cutiendum propositum fuit: An sif signunda Cummisio Introductio-
nis Ciinsíe in ctisu et ad cjfectuní de qiio agitiir? Et Sacra ipsa Con-
gregatio, ómnibus maturo examine perpensis, et audito voce etscrip-
to R. P. D. G usiavo Persiani Sanctae Fidei Promotoris munus geren-
te, rescribendum censuit: Afjirmative , seu signandam esse Cornmis-
sionem,si Sanctissimo Domino placuerit. Die 19 Maii 1896.
462 REVISTA CAXÓXICA
Quibus ómnibus Sanctissimo Domino Nostro Leoni PapaeXIIl per
meipsum infrascriptum Cardinalem relatis, Sanctitas Sua Rescrip-
tum Sacrae Congregationis ratum habens, propria manu signare dig-
nata est Commissionem Introdactionis Causic Venerabilis Servae
Dei Joannae Guillen, praedictae, die 2 Junii eodem anno.
Cajetanus Carci. Aloisi-MaseUa, S. R. C. Praefectus. — Aloisius
Tripepi, S. R. C Secretarius.
iJít.^álS^jlf^Jí^Jít^Jlt^Jis^JliuJit^'/^^J^^
CRÓNICA GENERAL
EXTKAN.IKKO
lO.MA— El antiguo Embajador francés en el Vaticano, Mr. Lefe-
bure de Behaine, ha sido condecorado por Su Santidad con la
cruz de la Orden de Cristo, que es la más alta de las condeco-
raciones pontificias, en premio de los eminentes servicios prestados .1
la causado la lijlesia, los cuales han merecido además que el mismo
León XIII hiciera en público el elogio del mencionado funcionario.
—La Junta Central de Angustí ñus l'erein, Sociedad alemana de
la Prensa católica, bajo la protección de San Agustín, ha coleccio-
nado y remitido al Papa todos los números de las publicaciones ca-
tólicas alemanas que publicaron artículos sobre el vigésimoquinto
aniversario del infausto 20 de Septiembre de 1870, fecha de la inva-
sión de Roma por los modernos bárbaros.
Al mensaje que acompañaba á esta colección ha contestado Su
Santidad con una notable carta, de la que tomamos los siguientes
párrafos, que prueban la singular importancia que León XÍII conce-
de á la buena Prensa :
"Entre los muchos medios que , á nuestro juicio , contribuyen de es-
pecial manera al desarrollo de la vida relgiosa y moral, deben figu-
rar justamente los periódicos católicos.
„Por eso Xós no desaprovechamos ocasión de excitar á los católi-
cos , bien por medio de exhortaciones y consejos , ya por medio de dis-
tinciones honoríficas, á que presten su cooperación al periodismo, y
le protejan.
464 CRÓMCA. GENERAL
„Nós nos felicitamos al observar que nuestra voz ha sido escucha-
da en todas partes, pero particularmente en Alemania, donde los
periódicos adictos á la causa católica se distinguen por su número,
por su inrtuencia y por la consideración de que gozan,,.
—Para perpetuo recuerdo de las fiestas conmemorativas de la pri-
mera Comunión de León XIII, trátase de erigir, con el concurso de
todos los católicos, un monumento en la ciudad de Viterbo, en cuya
iglesia de San Ignacio el niño Joaquín Pecci se acercó por vez pri-
mera á la Mesa Eucarística el 21 de junio de 1821.
La idea ha sido acogida con entusiasmo, como lo manifiestan los
numerosos donativos que se recogieron apenas quedó abierta la subs-
cripción. De los colegios eclesiásticos de Roma, uno de los primeros
en tomar parte en esta obra demostrativa del afecto que se profesa
al Sumo Pontífice ha sido el Colegio Español de San José, estableci-
do en el Palacio Aitemps, de la plaza de San Apolinar, fundado por
el virtuoso sacerdote de Tortosa D. Manuel Sol, y sabiamente diri-
gido en la actualidad por el joven presbítero D. Benjamín Miñana,
de la misma diócesis. Su Santidad ha dirigido al Sr. Obispo de Viter-
bo una carta alabando el proyecto y mostrando su gratitud á todos
los buenos católicos que en él han tomado parte.
* *
Italia.— La Triple Alianza viene siendo en este país objeto de
animadas discusiones y blanco elegido por la pasión política para
descargar sobre él ios tiros de sus inconstancias y veleidades, dán-
dose el caso de que los mismos que un día la presentan como ele-
mento perturbador de la política europea, al siguiente la defiendan
como firmísima garantía de paz y de orden.
Los recientes debates de la Cámara italiana concernientes al pre-
supuesto de Negocios Extranjeros han puesto de relieve la poca ló-
gica y aun la perfidia de los partidarios de M. Crispí, que hacen al
Gabinete actual una guerra encarnizada y de mala ley. Por un fenó-
meno singular, los amigos del antiguo Presidente del Consejo, los
cuales, cuando su jefe estaba en el Poder, velaban con infatigable so-
licitud por el tratado de la 7>//)//rí?, estiman ahora que ese tratado es
insuficiente, y piden que se le reforme. M. Fortis, antiguo Subsecre-
tario de Estado de Crispí, es quien ha explanado esas reclamaciones
ante la Cámara, y con tal motivo M. Rudini, en vez de preguntar
simplemente á su importuno demandante por qué razón el Ministerio
Crispí no había realizado la demanda de reforma, hizo en el Parla-
mento ciertas declaraciones acerca de algo muy íntimo, que se refie-
re á la Tríplice , las cuales sentaron muy mal á los elementos guber-
namentales de Berlín , hasta el punto de que algunos diarios oficiosos
CRÓNICA GENERAL 465
del Gobierno alemán las han calificado de inoportunas y hasta in-
convenientes.
En vista de tal llamamiento al orden, el Presidente del Consejo
italiano de Ministros se ha apresurado á comunicar A la Prensa una
nota oficiosa, declarando después con toda solemnidad en la Cámara
que sus precedentes explicaciones habían sido mal entendidas. Por el
momento el incidente parece concluido, pero da lundamenio á sospe-
char que deje algún vestigio. Con esta ocasión ha venido á esclare-
cerse un punto de historia muy discutido, constando ahora con ente-
ra evidencia que el Tratado de la Triple Alianza ha sido modificado
durante la reciente visita del Emperador Guillermo á Venecia. En
la capital del Imperio alemán han creído sin duda que no podían que-
dar en el aire las revelaciones á medias hechas en Roma por el jefe
del Gobierno sobre ciertos misteriosos tratados convenidos entre
Alemania, Austria-Hungría é Italia, y han hecho decir por el órga-
no más autorizado de la Triple Alianza, el Diario de Ginebra, que
"las modificaciones introducidas en el texto constitutivo de la Triple
Alianza no tienen el carácter agresivo y de amenaza que en alguna
parte parece habérseles atribuido, sino todo lo contrario^, pues se
concretan á limitar la obligación en que se hallan las tres l'otencias
de prestarse mutua ayuda en el caso de '"invasión del territorio euro-
peo de una de ellas„. Üe manera que si Italia atacase á Francia, pre-
textando que los soldados franceses de Túnez habían penetrado en
Trípoli, ni Austria ni Alemania estarían obligadas á intervenir.
La crisis ministerial italiana, que, al decir de algunos periódicos
de Roma, no había probabilidad de que llegara á consumarse, ha es-
tallado al fin, pero lo más notable es que se haya verificado precisa-
mente después de obtener el Gobierno un nutridísimo voto de con-
fianza; lo cual permite suponer que el Marqués de Rudini se ha pro-
puesto modificary vigorizar su Gabinete con determinados elementos.
El voto de la Cámara en una cuestión como la de los procedimien-
tos que deben adoptarse en Sicilia, lo considera el Presidente del
Consejo favorable ásu persona, colocando al Rey en la precisión de
dirigirse de nuevo al actual Jefe del Gobierno para formar otro mi-
nisterio.
Lo que parece cierto es que los proyectos del general Ricotti , que
modifican de arriba á abajo la actual situación del ejército, no mere-
cían la aprobación del Soberano por ofrecer inconvenientes para los
oficiales, dificultando sus ascensos; razón por la cual el Rey no quiso
aceptar la dimisión colectiva del Gabinete, y sólo lo hizo de las re-
nuncias presentadas por el general Ricotti y algunos otros compa-
ñeros que le apoyaron, exponiendo opiniones contrarias á su jefe.
La crisis queda, pues, limitada, y el Rey Humberto ha dado su apro-
bación al nuevo Ministerio, que queda organizado del modo siguien-
te: Rudini, Presidencia, Interior é interinamente Negocios Extranje-
30
466 CRÓNICA GENERAL
ros; Brin, Marina; Pelloux, Guerra; Costa, justicia; Branca, Hacien-
da; Luzzatti, Tesoro; Prineti, Obras Públicas; Graciturdo, Instrucción
Pública; Guicciardini, Agricultura; Sinco, Correos y Telégrafos; Co-
dronchi, Comisario civil. Ministro sin cartera; la cartera de Nego-
cios Extranjeros ha sido ofrecida al Sr. Visconti Venosta.
—El Economista d' Italia publica un importante artículo de M. Luz-
zatti, antiguo Ministro del Tesoro, d quien se indicaba para ir á Pa-
rís con el objeto de establecer una inteligencia comercial ó un trata-
do de comercio entre Francia é Italia. El Sr. Luzzatli desmiente ese
rumor, por lo menos en cuanto á él se refiere; pero añade luego que
sólo se trata, por ahora, de vagos deseos manifestados por el Emba-
jador francés en Roma, y bien acogidos por el Gobierno italiano.
Ve, por lo tanto, el Sr. Luzzatti la posibilidad de un acuerdo; pero
declara que todo depende de una mutua buena voluntad. Dice que el
próximo término del tratado de comercio de Italia y Túnez puede
contribuir A la conclusión de un acuerdo comercial con Francia, pre-
vias determinadas concesiones recíprocas. Los derechos de Aduanas
sobre los géneros italianos, ligeramente aumentados en Túnez, po-
drían compensarse con la tarifa mínima concedida por Francia á
Italia.
Fka.ncia. — Anunciase como probable por ahoia que el Gabinete
Méline, en vista de la oposición hecha por los oradores de diversos
grupos al proyecto de ley de impuesto sobre la renta, cuyo autor res-
ponsable es M. Cochery, iba .1 retirar la moción; pero un discurso pro-
nunciado en la Cámara de los Diputados por M. Méline nos muestra
al jefe del Gabinete decidido, por el contrario, X afrontar cualquier
marejada. Ciertas declaraciones hechas por él serían dignas de un
hombre político conservador y discreto, si se inspiraran en princi-
pios de verdadero progreso, principalmente las palabras que ha pro-
nunciado contra el socialismo, y que son una nueva declaración de
guerra lanzada contra el partido revolucionario. Va veremos hasta
dónde puede mantener M. Méline su loable compromiso. Se le juzga-
ría más capaz de un verdadero esfuerzo contra la revolución si re-
nunciara á ejercer contra el Clero y los católicos cierta clase de per-
secuciones tan mezquinas como irritantes.
—En el Palacio del Elíseo, y con la solemnidad de costumbre, se
ha verificado la imposición de la birreta cardenalicia á Monseñor Fe-
rrata, Arzobispo de Tesalónica y Nuncio de Su Santidad en París, en
cuya ceremonia se han cambiado cordialísimos discursos. El nuevo
Cardenal dijo que el Papa quiere establecer la paz religiosa en el res-
peto á las instituciones políticas de los diferentes países, 3'que los ca-
tólicos se agrupen en patriótica unión para disipar injustas creen-
CRÓNICA GENERAL 46"
cias, desvanecer desconfianzas y prodigar A todos las muestras de
mayor solicitud.
—A juzgar por las últimas noticias de Madagascar, la situación de
aquella isla es cada vez más grave. La responsabilidad se atribuye
principalmente al sistema administrativo implantado en aquella co-
lonia, el cual revela un gran desconocimiento de las necesidades de
la misma. El primer funcionario de Francia visita con mucha asidui-
dad las escuelas protestantes inglesas, y hasta ahora no ha puesto los
pies en ninguna de las Misiones católicas francesas. En cambio los
misioneros protestantes son la verdadera causa de la agitación que
comenzó en el país, la cual ha tomado gran incremento, hasta el pun-
to de que los indígenas se muestran ahora enemigos encarnizados de
todos los europeos. Se teme que estalle una grande insurrección al
grito de ¡ mueran los cristianos !, sin que la primera autoridad france-
sa se atreva A tomar ninguna medida represiva por no faltar Á sus
principios políticos. Tales son las noticias de origen privado, por más
que el Presidente general en Madagascar se empeña en decir que
la situación de la isla es normal.
«
* •
Alemania.— Con motivo de la cuestión de los jesuítas en el Reichs •
tag, se recuerda que Bismarck dijo en cierta ocasión: "...la guerra
contra la Iglesia me ha de salir más cara que las luchas con Fran-
cia„. Y los hechos han demostrado que tenía razón el Canciller. Lo
que han perdido los elementos católicos lo han ganado los socialis-
tas, y de esta suerte se comprende que ahora traben la última refrié-
ga , impidiendo el cumplimiento de la ley que ha restablecido en Ale-
mania la Compañía de jesús. Las leyes de excepción sólo pueden
prevalecer cuando las reclama la opinión pública, lo que no sucede
en este caso.
— El Código civil alemán , la importante obra unitaria de la juris-
dicción civil del Imperio, ha sido por fin aprobado por unanimidad,
descontadas diez y ocho abstenciones, que se han reclutado entre los
alsacianos-loreneses, los güelfos y los antisemitas, y el grupo socia-
lista que votó en contra , así como el diputado bávaro Sig.
Este Código pone fin á un caos jurídico increíble, porque el Impe-
rio alemán contaba casi tantas legislaciones civiles como Estados
confederados; y hasta entre ellos había algunos que contaban con
muchas legislaciones civiles diversas. Desde el punto de vista jurí-
dico, el nuevo Código borra todas las prescripciones de las legisla-
ciones antiguas, y desde el punto de vista político no hará más que
estrechar los lazos entre los diversos pueblos alemanes, que lamen-
taban los inconvenientes de la multiplicidad de los Códigos civiles.
468 CRÓNICA GENERAL
Inglaterra.— El elemento oficial déla llamada Iglesia anglicana
no se muestra nada propicio á responder á las paternales exhortacio-
nes y tendencias de la reciente Encíclica de León Xlll. El Arzobispo
de York ha contestado al citado documento pontificio con una pro-
testa, suponiendo equivocadamente que la Carta apostólico-romana
se halla en desacueido con las Sagradas Escrituras, y declarando
que los anglicanos no pueden reconocerle ninguna autoridad.
En ciertos círculos religiosos en que se reúnen los miembros del
Consejo de la Unión de !a Iglesia anglicana, cuyo Presidente, Lord
Haliíax, ha tomado una parte tan activa en el movimiento á favor de
la reunión de la Cristiandad, se había esperado que el Papa hubiese
hecho algunas concesiones; pero la cana De Lnitnic ha disipado to-
das las dudas y defraudado al mismo tiempo las infundadas esperan-
zas de los sectarios. Como ha dicho el Cardenal Vaughan en su carta
del 29 de junio al Titnes , ciertas personas se figuraban que era posi-
ble al Padre Santo modificar la doctrina y el dogma, con el fin de fa-
cilitar la reunión; pero éste es un error en que los católicos no po-
dían incurrir. Y dice el Cardenal: "de cualquier modo que sea reci-
bida esa importante Encíclica, todo el mundo admirará su sinceri-
dad sin reserva y su caridad paternal; lodos reconocerán que viene
A disipar las teorías vagas y fútiles, ricas únicamente en esperanzas
engaflosas, y al mismo tiempo, por la gracia de Dios, .1 mostrar cla-
ramente el camino á los que se crean en el deber de seguirle^.
— Mientras la gran obra de los Congresos internacionales de
sabios católicos tan rápidos progresos alcanza en todas partes, y
mientras en casi todos los países de Europa funcionaban con per-
fecta regularidad los Comités nacionales, solamente en Inglaterra
no existían aún; pero, afortunadamente, esta laguna al fin se ha lle-
nado. El día 29 de junio tuvo lugar la primera sesión del Comité
británico en la ciudad del Támesis, á la que concurrió extraordi-
nario número de sabios eclesiásticos y seglares, adoptando impor-
tantes decisiones, á fin de organizar la participación oficial de los sa-
bios católicos de la Gran Bretaña y de Irlanda en el Congreso que
deberá celebrarse el año próximo en Friburgo. Leyóse después una
carta que Su Eminencia el Cardenal Rampolla , Secretario de Estado
de Su Santidad , ha dirigido al Presidente , enviándole , en nombre del
Padre Santo, la bendición apostólica, así como á los demás miem-
bros del Comité, y á todos los que contribuyan, en la medida de sus
fuerzas, al sostenimiento de una obra tan útil á la Iglesia. El Comité
ha recibido ya un considerable número de adhesiones, y la mayor
parte de los Obispos ingleses han prestado su valioso concurso, nom-
brando corresponsales en sus diócesis respectivas.
—La Honorable Compañía de Artillería, antiguo Cuerpo fundado
en 1638, cuando todavía los Estados Unidos eran colonia inglesa, fué
completamente derrotada por los separatistas americanos. Consti-
CRÓ.VICA GENERAL 469
luidos éstos en República independiente, se reorjíanizó dicho Cuerpo,
y ahora, con motivo de la celebración del aniversario de aquella in-
dependencia, los artilleros han hecho una visita á sus camaradas in-
gleses, siendo recibidos con entusiasmo por el pueblo londonense.
Kste hecho constituye, tal vez, el fundamento y la base de ciertos
rumores de Conferencia internacional entre Inglaterra y los Estados
Unidos, divulgados por la Prensa de Londres estos úíiimos días. He
aquí los detalles que da un diario de Madrid:
"^Vn telegrama de Nueva York que publica el Standard y extrac-
tan algunos periódicos franceses, dice que es probable que se con-
cierte un convenio angloamericano de arbitraje antes de la reunión
del Congreso de los Estados Unidos. La correspondencia diplomri-
tica entre Lord Salisbury y Mr. Olney está bastante adelantada para
que pueda publicarse en el término de una ó dos semanas. Un tele-
grama de Ei [niparcial aftade algunos pormenores sobre este asun-
to. Dice que en los círculos diplomáticos de París se comenta el pro-
yecto atribuido al primer Ministro inglés y Jefe del Foreign Office,
Lord Salisbury. Se añade que este estadista ha dado instrucciones al
Embajador de la (irán Bretaña en Washington, Sir Julián Pauncefo-
te. á fm de que se entienda con el Secretario de listado norteameri-
cano, Mr. Olney, acerca de una nota que el foreign Office se pro-
pone dirigir á los Gabinetes europeos. El objeto de esa nota es pre-
parar la reunión de una Conferencia diplomática á fin de examinar
los planes de arbitraje internacional que algunos políticos y escrito-
res formulan, y que cuentan con muchos partidarios en Inglaterra y
en América. Los que han lanzado la especie, cuya exactitud no ga-
rantiza el corresponsal, dicen que los Gabinetes de Madrid y Roma
se manifiestan dispuestos á apoyar la pretensión de reunir una Con-
ferencia internacional, y que ésta se celebrará en Londres á fines
del corriente afto„.
Sin discutir el grado de probabilidad de estas noticias, que cree
necesitan confirmación, le parece al mencionado periódico mucho
más verosímil que se establezca un convenio de arbitraje entre In-
glaterra y los Estados Unidos— como para resolver la cuestión de
X'enezuela y las demás análogas que puedan surgir — que no la ex-
tensión de aquel proyecto á las demás potencias europeas, menos
dispuestas probablemente á soluciones de este género.
Austria. — La disgregación que al cabo de cierto tiempo se pro-
dujo en el partido judio-liberal causó la muerte de dicha agrupa-
ción política, dejando tan hondos estragos en su constitución, que
apenas si cuenta ahora con escasas fuerzas para organizarse de nue-
470 CRÓNICA GENERAL
vo y renacer, como el ave fénix, de sus cenizas. Con efecto, después
de una reciente reunión celebrada por algunos individuos liberales
en la capital de Bohemia, proyéctase la formación de un nuevo par-
tido que llevará el nombre de "partido progresista alemán„. Quiére-
se indicar con semejante denominación que en lo sucesivo no se tra-
tará ya de una agrupación compuesta exclusivamente de los mayo-
res hacendistas é industriales, sino de un vasto partido reclutado
indistintan;ente de entre todos los austriacos de lengua alemana^
amigos del progreso, es decir, anticlericales. De modo, que lo que se
pretende es crear y oponer á los socialistas cristianos una asociación
democrático- liberal.
El plan es hábil, pero falta que pueda realizarse. Los electores se
han mostrado adversarios decididos del semitismo internacional, y
cansados de servir de instrumento á un capitalismo egoísta.
Pero ese pueblo, cada día más desafecto al liberalismo judío, y
que poco á poco se ha desentendido de él; ese pueblo burlado , enga-
ñado por tantos años, tenderá sus brazos á sus fingidos amigos, mu-
cho más interesados que interesantes. Hay razones para creer que el
pueblo no hará nada. Sabe muy bien, por experiencia, que entre los
grandes capitalistas y él no puede existir más relación que la que
media entre explotadores y explotados, y que se halla fatalmente
destinado á desempeñar el papel de juguete. A pesar del retumbante
título de partido "alemán^ y "progresista-, en el fondo siempre será
el judío pérfido, ambicioso y cruel
— Ya en otra ocasión anunciamos que los católicos austriacos se
preparan para una asamblea general en Salzbourgo, que se reunirá
en los primeros días de Septiembre. A la vista tenemos la elocuente
convocatoria de la Junta local á todos los católicos de Austria, en la
cual va inserto todo el programa de los trabajos del próximo Con-
greso: estudio del pasado; examen de los resultados obtenidos de las
tres primeras asambleas generales; atenta consideración al presente
de las necesidades actuales; los medios practicables para remediar
lo defectuoso y mejorar la situación ; preparación del porvenir con
resoluciones propias para asegurar el bien de la iglesia , la prosperi-
dad del Estado y la salvación de la sociedad. Cuestión social, educa-
ción é instrucción escolar, ciencia y artes, prensa y literatura cató-
lica, asociaciones, etc.; tales son los temas que han de tratarse en el
Congreso, en consideración del mayor desarrollo que se está impri-
miendo en la vida y acción católica en Austria.
La tarea es vastísima, dicen los firmantes de la proclama, pero
también es la mejor de las empresas, y á su más brillante desempeño
deben concurrir todas las buenas voluntades, todos los talentos y to-
das las inteligencias.
Un Congreso católico es ya en sí mismo una solemne profesión de
fe, una prueba de unión, una manifestación de la caridad cristi.Tn.-i.
CRÓNICA GENERAL 471
una ocasión de instruirse, ilustrarse, de confortarse y de animarse
recíprocamente.
* *
Portugal. — Los gobernantes del vecino reino, tan débiles para
soportar las vejaciones que casi á diario tienen que sufrir de la ava-
salladora influencia déla Gran Bretaña, despliegan ahora todas sus
energías en perseguir Á la Iglesia, escatimándola lo necesario para
el sostenimiento de sus ministros, coartándola en el ejercicio de sus
derechos, y aspirando de ese modo al aniquilamiento de la Religión,
.1 la secularización del Estado y á arrancar del corazón del pueblo
lusitano las creencias salvadoras del Catolicismo.
El Sr. Obispo, Conde de Coimbra , ha publicado una protesta con-
tra los proyectos del Ministro de Hacienda de Portugal relativos al
aumento de los derechos del timbre en los actos parroquiales. Parece
imposible— se habrán dicho los economistas modernos portugueses,—
pero aun hay algo que sacar de las sacristías. Así como así, hay una
cuadrilla de ladrones en Francia que, por dedicarse especialmente
á los robos sacrilegos, se han adjudicado el nombre de sacn'síanes.
afladiendo al sacrilegio el sarcasmo.
—Los promovedores del Centenario de la India, en Portugal, pres-
cinden de la parte religiosa que deberán tener las fiestas. Ningún re-
cuerdo para los Apóstoles y Misioneros, ninguno para la gigante
íigura de San Francisco Javier, honra de España, de Portugal y de
la Iglesia, del que, sin embargo, dice un periódico portugués, cuyas
frases hemos leído con entusiasmo, "que forman el pedestal de su es-
tatua galeones de la armada, bastones de virreyes, espadas de sol-
dados, cargamentos de mercaderías, cries y azagayas de salvajes y
coronas de reinos que ganó para Dios y Portugal„. ¡Bellas y verda-
deras palabras! A pesar de que los brahmanes no quieren convertir-
se, temiendo perder sus privilegios, se han bautizado bastantes y
figuran en los Seminarios de los jesuítas en Trichinopoly , Calcuta,
Bombay y Mangalore. El periódico portugués A Orden ¡publica una
bella oración compuesta para pedir á Dios la conversión de los brah-
manes, porque éntrelas castas inferiores Se cuenta ya buen número
de católicos.
Turquía. — De ayer á hoy, como suele decirse, ha cambiado de
fase y va ganando terreno la corriente optimista en la complejísima
cuestión de la isla de Creta. Teniendo en cuenta que las potencias
europeas, ó cuando menos la mayoría de ellas, estaban interesadas
en que no se consolidara el movimiento revolucionario de la isla, opi-
nábase, con muchas probabilidades de acierto, que la rebeldía de
472 cRóxiCA i;f.neral
los cretenses acabaría en un término más ó menos lejano, sin que
cambiara de una manera notable el estado político y social de Creta,
y sin que introdujera perturbaciones de transcendencia en el seno de
Empopa. Las naciones europeas reunidas han hecho saber al Gobier-
no de Atenas que de ningún modo permitirán que Grecia preste el
menor apoyo material ni moral á la rebelión de los cretenses, y ade-
más que era indispensable suspender á todo trance los envíos de ar-
mas y municiones, que desde algunos puntos de las costas griegas se
venían haciendo á los rebeldes.
\o es esto sólo: aun entre los mismos insurgentes se empiezan á
manifestar corrientes conciliatorias, debidas, según se dice, á la in-
tervención de los cónsules extranjeros, quienes les aconsejan la con-
formidad con las concesiones que la Puerta les hace, demostrándo-
les que el Sultán no puede ir más lejos, á menos de consentir él mis-
mo en la desmembración de su imperio, lo cual es imposible.
Siendo así, y comprendiendo los cretenses que no podrían resistir
por mucho tiempo á las tropas del Sultán, algunos de los jefes de la
insurrección parecen ya inclinados á acogerse al indulto que á todos
los sublevados concede Abdul-Hamid y aguardarlo todo de su muni-
ficencia.
* *
BÉLciCA. — lin las elecciones últimas de Bélgica, verificadas con
tranquilidad completa, han obtenido el triunfo los católicos, obser-
vándose que lo que se llama la masa flotante de electores, no afilia-
dos á partido alguno, ha votado con los católicos , recelando que ven-
ciesen los socialistas.
He aquí los resultados definitivos sobre la composición de la nue-
va Cámara de Diputados de Bélgica, según los despachos recibidos:
católicos, 111; liberales radicales, 12; socialistas, 29. La mayoría ca-
tólica, que en la Cámara anterior era de .'>S votos, será en la actual
de 70. Estos resultados ponen claramente de manifiesto el gran mo-
vimiento en sentido católico que se ha operado en Bélgica durante
estos últimos aflos.
* *
Pení.vsula balkA.mca.— No deja de preocuparse la Sublime Puer-
ta con los acontecimientos que se desenvuelven en la Península de
los Balkanes. Ha sido significativo el viaje del Príncipe Nikita de
Montenegro á Belgrado, donde tan entusiasta acogida le han hecho
la Reina Natalia y el Rey Alejandro. Si desde el punto de vista in-
terno el suceso es importantísimo para Servia, pues acaba con la
lucha entre las dos familias que han reinado en ella, dados los lazos
que unen á los Karageorgevicht con el Soberano de Montenegro, y
CRÓNICA GENERAL 473
los que parece van á establecerse entre el Rey Alejandro y la Prince-
sa Xenio, hija menor de Nikita; también adquiere mayor resonancia
por el despertar del elemento cristiano en aquellas re£:iones de la an-
tigua Turquía europea. En la i<;iesia de Belgrado, el Metropolitano
de Servia excitó á. los Príncipes allí reunidos á renovar las glorias de
la batalla de Kosowo entre slavos y turcos, cuyo aniversario secular
se celebraba aquel día; y además se acordó que Alejandro y el Prín-
cipe Nikita visiten al Príncipe Fernando de Bulgaria en Sofía. La
Sublime Puerta se promete que Grecia y Rumania se opondrán á los
planes que Montenegro, Servia y Bulgaria puedan abrigar respecto
á la Macedonia. El Príncipe Fernando se halla por el momento en
los baños de los montes Cárpatos, y su esposa la Princesa Luisa en
el Monasterio de Santa Rita. Se han cambiado cartas muy cordiales
entre la Princesa de Bulgaria y la Czarina de Rusia; pero el consue-
lo más grande dado á la madre del Príncipe Boris ha sido la Rosa de
Oro, que su constancia en la le católica le ha merecido de León XUL
*
* *
Rusia. — Prosigue Mons. Tarmassi negociando con^el Gobierno
moscovita acerca de los intereses de la Iglesia católica en el reino de
Polonia. Hállase prohibido á los católicos polacos tratar directamen-
te con la Santa Sede , teniendo que servirse de un intermediario, que
es el Ministro del Interior. Esto produce una situación difícil y vio-
lenta que debe terminar á toda costa, aprovechando las buenas dis-
posiciones del nuevo Emperador. Visto el proceso de los malhecho-
res que atropellaron en Kroze á los católicos, han sido aquéllos con-
denados á penas desde uno á diez años de prisión. Han solicitado in-
dulto, pero todos creen que se les negará.
Los Seminarios católicos del reino de Polonia, hasta ahora muy
desatendidos, recibirán protección del Gobierno ruso, conforme á la
promesa que Nicolás II ha hecho á Su Santidad en una carta muy res-
petuosa, y que confirma la cordialidad de relaciones que há tiempo
existe entre Rusia y el X'aticano.
* *
África.— TVrtwsítaa/.— El Parlamento de la República del Trans-
waal, donde hasta ahora había predominado un espíritu de intransi-
gencia religiosa de abierta hostilidad á los católicos, ha tomado una
importante medida, concediendo á éstos los mismos derechos que á
los protestantes. Por quince votos contra ocho se ha aprobado defini-
tivamente una ley aboliendo la que prohibía á los católicos apostóli-
cos romanos el desempeño de todo cargo público.
474 CRÓNICA GENERAL
II
ESPARA
Ha continuado en ambas Cámaras la contestación al Discurso que
leyó Su Majestad en la solemne apertura de las Cortes. De este de-
bate, tanto en el Senado como en el Congreso, nada se ha podido de-
ducir en lo referente á la forma y medios con que el Gobierno piensa
terminar la guerra. Acerca del origen de ésta, se ha hablado mucho,
principalmente por los generales l'ando y Calleja, quienes han de-
mostrado que la insurrección venía elaborándose desde hacía mucho
tiempo, á ciencia y paciencia de conservadores y fusionistas, sin que
se hiciera nada para reprimir la osadía de los filibusteros hasta que
ocurrieron los acontecimientos de Baire, que todo el mundo preveía
y anunciaba. Entre las causas del espíritu separatista, que ha al-
canzado en la Gran Antilla un desarrollo prodigioso, se han enume-
rado la guerrcTencarnizada que viene haciéndose A la religión, la edu-
cación impía y antiespañola qu