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La CiUDAit \ni Dios 



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LA 



CIUDAD DE DIOS 



REVISTA RELIGIOSA, CIENTÍFICA Y LITERARIA 



DEDICADA 



AL (ÍRAN PADRE SAN AGUSTÍN 



Y KEIMl.íAlit l'OR UINVlS 11»; SU ()RÜE\ 



oosa >s.>>x o» >vo to 2vr xoi.Be T >^ e7xo.A. 




VOLUMEN XL 



REDACCIÓN Y ADMINISTRACIÓN 

REAL MONASTERIO DE SAN LORENZO DEL ESCORIAL (MADRID) 

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Madrid, 18%. —Imprenta de L. Aguado. — Ponte ios, h. 



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La Uni\krsalii)ai) del Diluvio 



V LA Or^RA 'HGIPTO Y ASIRÍA RESUCITADOS , (O 



Vindicación del Cardenal Gonzáler y de otros escritores católicos.) 



XL\ 




I- aquí cómo se expresa después el Sr. X'albuena: 
"Arrojados ya del arca — dice — tres de los cuatro 
tipos, porque maldita la falta que en ella hacían, 
volvamos al primero, el de los vertebrados, subdividido por 
el P. V'igil en cinco clases, á saber : mamíferos , aves , rep- 
tiles, anfibios y peces, y hagamos con ellos lo que acabamos 
de ejecutar con los otros tipos. Comenzando por los peces, 
suponemos que no querrán los enemigos del diluvio univer- 
sal convertir el arca de Noé en un estanque, y que dejarán 
en paz á los peces en su elemento,,. — Sin embargo, como 
hay algunos peces pulmonados, y que por lo mismo pueden 
vivir á veces en tierra y aun por meses enteros, podría ocu- 
rrir alguna duda. Pero pasemos adelante: "También hay 



(1) Véase la página 580 del volumen xxxix.— En el artículo xv de 
esta serie, pág. 487 del vol. xxxix, después de las palabras de/ horno, 
se omitieron, por involuntario descuido, las siguientes: pero no es- 
tuvo de más que se salvaran conio se salvaron. Pudo avisar antes d 
Lot para que se J-'hraran él y su familia del incendio de Sodonia... 



LA UNIVERSALIDAD DEL DILUVIO 



que excluir á los anfibios, no sólo porque pueden vivir per- 
fectamente en el agua, sino porque en ella se conservan y 
empollan sus huevos cuando las condiciones del calor, etc., 
les son propicias, pudiéndonos servir de ejemplo la rana^. 

Pues no viven tan perfectamente en el agua. Muchos anu- 
ros y algunos urodelos son propia, si no exclusivamente, te- 
rrestres, en el estado adulto. Y aunque los más pueden vivir 
en el agua, todos tienen que subir á cada paso á la superfi- 
cie para respirar el aire libre, cosa no muy fácil en el di- 
luvio. 

En cuanto á '* conservarse y empollarse los huevos en el 
agua„, dígalo el Ilylodcs nmrtinicensis, que pone en la tie- 
rra, entre las piedras, los huevecillos. de donde salen las ra- 
nitas en su forma definitiva; la Pipa aineyicaiia , que tiene 
una especie de gestación cutánea, saliendo los animalillos 
del dorso de la madre en el estado adulto por haber experi- 
mentado todas sus metamorfosis dentro de las envolturas 
ovales; ó bien los Xotot remas, que, dando un paso más, po- 
seen ya dos grandes bolsas incubatrices. Además, ;cómo 
pudieron sobrevivir los mismos acuáticos en el agua mari- 
na? {Cómo pudieron conservarse los huevos; on las r^y^ocyoo, 
vivíparas, como son ciertas salamandras: 

'Sobran igualmente en el arca los reptiles, á "cuya ge- 
neración ovípara basta el calor atmosférico para que se 
desarrolle el nuevo ser en el huevo (p. 151 )• Por lo mismo 
pudieron muy bien conservarse los huevos, y, retiradas las 
aguas, salir el reptil en aquellos que hubiera sobre la super- 
ficie terrestre „. 

Entonces, ;.por qué no sobran también las aves, por lo 
menos algunas de ellas? Sabemos, en efecto, que hay varias 
especies que no incuban , que dejan sus huevos para ser in- 
cubados por el calor del sol ó por el desarrollado entre ve- 
getales en descomposición, y artificialmente se pudieran in- 
cubar los de todas ellas. En los reptiles tenemos todos los 
inconvenientes antes mencionados, con otros mayores. Al- 
gunos de ellos son ovovivíparos; otros, como las boas, incu- 
ban los huevos, y muchos tienen que prodigar ciertos cui- 
dados á la prole. Aparte de esto, hay otra dificultad general 



LA UNIVERSALIDAD DEL DILUVIO 



que bastaría por sí sola para echar por tierra ese vano re- 
curso á la conservación de los huevos. Por ventura, cuando 
ocurrió el diluvio, ;había huevos de todas las especies? ;Por 
ventura se apresuraron todas á poner, contra las leyes na- 
turales, al ver se acercaba el gran cataclismo? -;Por ventu- 
ra ponen todas ellas, ni aun las de grupos muy vecinos, en 
las mismas épocas del año? 

Pero lo más curioso es que se excluyan así como quiera 
los reptiles, cuando tan maniliestamente van comprendidos 
en las palabras del texto, á ser tomadas sin restricción. "Ni es 
inconveniente— añade el Sr. Valbuena (p. !289)— el que Moi- 
sés cuente, entre los animales recogidos por Noé, é'.v omni 
rcptili , porque la palabra hebrea remesch , que la Vulgata 
traduce reptiles, no tiene la significación zoológica que hoy 
le dan los naturalistas, sino que significa animales pequeños 
y de patas cortas, tales como el conejo, la ardilla, etc.„ 

{Xo ha de ser inconveniente el ex omni vcptili? Cierto 
que la palabra remesch (^^21) "^^ tiene la acepción precisa 
que dan hoy los naturalistas S. la de reptiles; pero también 
lo es que tiene la misma significación general que el reptile 
solía tener entre los latinos y el busTÓv entre los griegos: la 
á^ animal rastrero ó que anda medio arrastrando por la tie- 
rra. Si es verdad que comprende más que á los verdaderos 
reptiles, también lo es que comprende por de pronto, y aun 
en primer lugar, á todos los reptiles terrestres. La palabra 
rc))iescli debe tener aquí el mismo sentido que tiene en el 
capítulo I (vers. 24 y 25). cuando se habla de la obra del 
sexto día, que corresponde de lleno con el período tercia- 
rio. Aquí designa evidentemente, aparte de ciertos mamí- 
feros rastreros, á todos los reptiles terrestres, pues todos 
ellos fueron formados en ese período, según nos muestra la 
paleontología. Así, á xiiferencia de los schevets (yif) ó tan- 
iiiniín (=::irr) de los versículos 20 y 21, que designan propia- 
mente á los monstruosos dragones, en su mayoría acuáti- 
cos, del día quinto ó período secundario, vemescJi designa 
los reptiles terrestres que aún perseveran. Por eso los taií- 
lünnn no figuran en el versículo 28 y siguientes, cuando Dios 
bendice al hombre y le da posesión de toda la creación, por- 



10 LA UNIVERSALIDAD DEL DILUVIO 

que aquellos horrendos monstruos estaban ya todos extin- 
guidos; y, en cambio, liguran por primera vez los peces 
(dagli) (i-f) no mencionados en el día quinto por estar cria- 
dos anteriormente. Por consecuencia, el remesch designa 
mu}' bien á los reptiles terrestres de respiración exclusiva- 
mente aérea (1); y no es posible excluirlos sin restringir el 
sentido del texto, y aun sin hacerle violencia; pues como 
algunos de esos reptiles eran bien conocidos de Noé, debie- 
ron ser encerrados en el arca, aun en sentir de los que res- 
tringimos las palabras iodos los animales '\ los domésticos 
y dcm.is animales conocidos. 



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Vemos, pues, cómo el exagerar las cosas conduce al ex- 
tremo opuesto, y los que más quieren generalizar el texto 
bíblico son los que acaban por restringirlo m;ts que nadie. 
Quedaron, según nuestro autor (loe. cit.), "para encerrar 
en el arca, d fin de que no perecieran en el diluvio, sola- 
mente los uianiíferos y las aves. Por lo cual, si éstos cabían 
en el arca de Noé, están de más todos los cálculos que se 
hagan sobre los otros tipos, clases, órdenes, familias, gé- 
neros y especies. ¿V cabrían todas las especies de mamífe- 
ros y de aves dentro del arcar Evidentetíiente; y para de- 
mostrarlo no vamos á buscar testimonios viejos, ni de ami- 
gos, sino recientes, de hombres versados en la Zoología, y 
por añadidura semimaterialistas. Nos referimos á la Histo- 
ria Universal f^Vafitral querrá decir el Sr. Valbuena) titu 
lada La Creación é impresa... bajo la dirección del Sr. \'i- 
1 ano va y Piera„. 

¿Conque, por lo visto, N'ilanova debía de ser semimate- 
rialista? Si viviera el ilustre sabio, sabría volver por su 
fama de fervoroso católico. 

Por lo demás, dicha obra ni es tan reciente, ni tan com- 



(1) Podrá verse esta cuestión por extenso en nuestra obra La 
Evolítcióti. lib. II, cap. ii. 



LA UMVERSALIDAD DEL DILUVIO 11 

pleta como als^unos piensan : es mds bien un libro de vulga- 
rización propio para divertir á profanos con episodios de 
animales, pero muy poco ú propósito para entrar en hondu- 
ras científicas, y para formarse idea adecuada del estado 
actual de la ciencia; y así se explica el poco aprecio que 
merece de los verdaderos sabios. 

Por lo tanto, para desmentir nuestros datos se debía ha- 
ber recurrido Á obras recientes y de especialistas en la ma- 
teria, y no á La Creación de Brehm. 

Pero dejemos pasar la cita. El texto de dicho autor que 
aduce el Sr. X'albuena, texto que pudiéramos desechar por 
motivos muy justos, en nada nos contradice; pues, con res- 
pecto á los mamíferos, nosotros nada habíamos afirmado, 
y él sólo afirma que el número de especies conocidas hasta 
ahora f^asa de 'J/lDO. :\ do dónde iw pasa, que es lo que se 
buscaba : 

En cuanto A las aves, dice: "En el estado actual de nues- 
tros conocimientos, se describen unas 8.(.)0üespecies„. Esto 
tampoco es precisar ni desmentir la autoridad de un espe- 
cialista posterior como Boucard, que cuenta por su nombre 
hasta \\.(XM especies. "Total de mamíferos y aves, añade 
nuestro respetable impujjnador, lO.CKX); que duplicando el 
número, pues entraron macho y hembra, nos da 20.(X)Ü in- 
dividuos. „—;Y los siete individuos de cada especie de aves 
y de los mamíferos puros?— Después de eliminar los cetá- 
ceos, prosiííue: "De las otras especies, tanto en mamíferos 
como en aves, hay que eliminar muchísimas todavía, por- 
que es harto común contar entre las especies simples va- 
riedades ó ra3as„. — En seguida, confundiendo las razas del 
perro doméstico con las verdaderas especies del género ca- 
nis, dice: "Todas las especies salvajes y domésticas se mez- 
clan y se reproducen entre sí; luego no forman más que una 
sola especie. También se mezclan los lobos y los perros; de 
manera que, aun éstos, pueden reducirse á la única especie 
canina, quedando limitadas las 139 del género á una ó dos. 
Lo mismo podemos decir del género nvsideo, puesto que, 
evidentemente , los osos de todas partes, blancos, negros, 
pardos, etc. , son hermanos v pueden proceder de una sola 



12 LA LXIVEKSALIDAD DEL DILUVIO 

pareja. Nada digamos de los felinos y los simios, cuyas es- 
pecies multiplican los naturalistas, reduciéndose no obs- 
tante d muy pocos , puesto que los otros síMo son varieda- 
des ó razas„. 

;Dónde está el fundamento de tales afirmaciones contra- 
rias á las de todos los naturalistas? Sabido es que hay mu- 
chas especies dudosas, acerca de las cuales disputan los 
sabios, teniéndolas algunos por simples razas; pero tam- 
bién hay razas dudosas que pudieran resultar especies legí- 
timas. Sin embargo, la duda se reduce sólo á las especies 
más afines y á las razas más diversas. Cierto que los trans- 
formistas defienden que no hay distinción esencial entre la 
especie y la raza, y que por lo mismo se puede pasar insen- 
siblemente de una de esas agrupaciones á las otras, mien- 
tras los antitransíormistas sostienen todo lo contrario. Pero 
cuando los más avanzados transformistas, á pesar de que 
esto les perjudica, se ven forzados á reconocer en general 
cierta distinción entre las dos suertes de agrupaciones, y 
admitir como legítimas la inmensa mayoría de las espe- 
cies congéneres, y quizá todas las bigéneres; cuando convie- 
nen á una en confesar esa legitimidad todos los jueces com- 
petentes, ora estén interesados en defenderla, ora lo estén 
i;n negarla, no sabemos cómo el Sr. \'albuena se atreve á 
combatirlos. ¡Con que todo el orden de los monos y toda la 
familia de las félidas se reducen á muy pocas especies! ¡Con 
que el oso polar y el pirenaico no son más que una especie 
sola! ; Adonde vamos á parar? Esto equivale á dar al traste 
de una vez con toda la Zoología y con toda la Paleontología. 

¡Qué pronto falla el Sr. Valbuena esa cuestión que tanto 
da que disputará los grandes naturalistas! Por nuestra parte, 
podemos decir que le hemos consagrado de 309 á 400 pági- 
nas en nuestra obra La Evolución, y estamos muy lejos de 
creer haber llegado á conclusiones del todo precisas. El 
Sr. V^albuena, con sólo invocar el mal llamado criterio prác- 
tico de los cruzamientos fecundos, lo resuelve todo de un 
golpe y en teoría, sin necesidad siquiera de ver lo que su- 
cede en la práctica. "Todas las e.species domésticas y salva- 
jes de perros se mezclan.: -quién lo ha dicho? -•Por ventura 



LA UXIVERSALIDAÜ DEL DILUVIO 13 

se puede mezclar el gran mastín de los Alpes, que tiene 
más de un metro de talla, con el perrito de Méjico, que no 
tiene más que unos once centímetros de altura? Y, en cam- 
bio, ¿no se mezclan la cabra y la oveja, que difieren hasta en 
género y dan por producto los chabines que siglos há viven 
en Chile? ;No se cruzan la cabra y el rebezo, que difieren 
aún más que en género, y el buey con la yegua, á pesar de 
diferir en orden? 

Respecto de las aves, contunde las dudosas razas de la 
paloma doméstica, reducidas justamente por Darwin á una 
sola especie, la Coliiniha livia , con las numerosas especies 
del orden Coliujihw , las cuales, por más que Brehm diga que 
son ;^J(J, no bajan, según Boucard, de unas 48(), y las com- 
prende todas en una sola especie, cuyo nombre se abstiene 
de indicar. Del mismo modo \os g al 1 i jut. que, según este úl- 
timo naturalista, encierran 375 especies, las reduce á otra 
especie sola, y cree que de esas dos especies, una de galli- 
nas y otra de palomas, se derivan todas las formas que en 
dichos dos órdenes existen en la actualidad. 

Según eso. todo el orden de las gaUina- ó gallináceas 
no forma nada más que una especie sola, de modo que la 
gallina es de la misma especie que el pavo, éste idéntico 
con la gallina de Guinea, ésta se reduce á la perdiz, la per- 
diz y la codorniz son pavos reales más pequeños, los pavos 
reales son faisanes, y las diversas formas de faisanes deben 
confundirse con los espléndidos Megapodios, con los mag- 
níficos Argusianos, con la brillante Meleagris ocellata, con 
los Tetraos, los Prtyf y los Sagopus , etc., etc. Asimismo, 
la paloma doméstica no se diferencia de la tórtola, ni ésta 
de los Osniotieron, de las Carpóp/iagas, las Leptotüas, ni 
aun siquiera de las grandes y elegantes Gouras. Así deben 
ya consolarse los ornitólogos de la pérdida del extraño Di- 
dus , porque era una sencilla paloma, que á lo mejor reapa- 
recerá; ni menos deben preocuparse con la no lejana extin- 
ción del Didiiuculos stvigivostrís , porque ése es una palo- 
ma demasiado vulgar. 

f R ^UAN pONZÁLEZ ^RINTERO, 

O. P. 
(CoHclmTá.) 



Hl Drama \AR\n) 



\) 




\ han pasado de moda las estériles discusiones 
acerca de la excelencia relativa de las bellas artes, 
una vez demostrado que todas ellas tienden á idén- 
tico tin, la manifestación de la belleza. Con mejor acuerdo 
se ha estudiado después la manera de tundir en uno los múl- 
tiples y variados medios con que más superabundantomcnte 
pueda lograrse aquel fin, viendo de juntar en un haz lumi- 
noso los rayos que aisladamente sólo podían ser percibidos 
por vistas privilejíiadas. En ese harmónico conjunto, las ar- 
tes se esclarecen con mutuo resplandor, hieren la sensibili- 
dad con más eficacia cercándola por todos lados, por todos 
los sentidos, y hacen más asequible la belleza artística aun 
á los ojos y oídos profanos» porque la realzan y ponen á ma- 
yor altura y á más viva luz, al modo que la mímica y una 
entonación sonora dan sini(ular relieve á las ideas de un 
discurso. Así es cómo la grandiosidad de la salmodia reli- 
giosa resalta, más que en la plaza, en el templo, henchido de 
erluvios artísticos de todo género; y así es también cómo la 
ópera gana quilates al ser llevada del salón de ensayos al 
escenario dispuesto con decoraciones apropiadas. Claro está 
que el carácter contemplativo de la facultad perceptiva de 
la belleza, si bien goza en las síntesis, no excluye el análi- 



(1) Capítulo de un libre 



EL DKAMA LÍRICO 15 



sis; antes bien, como lacukad racional que es, examina con 
rápida investigación la proporción de las diversas partes de 
un todo, y sus conveniencias recíprocas, pues pudiera muy 
bien suceder que, en vez de maridaje, hubiese algo como 
amalgama monstruosa ó abigarramiento de colores. De ahí 
nace que, dentro de los medios expresivos de cada arte, de- 
ben dictarse ciertos preceptos encaminados á regular sus 
mutuas relaciones y el encadenamiento lógico con arreglo 
á la ley fundamental de la oportunidad; y que han de estu- 
diarse con particular esmero aquellas artes que más estre- 
chamente se alian, más elementos comunes entrañan, y más 
inseparables se muestran en toda suerte de manifestaciones 
externas. 

La poesía y la música, licynuinas fíemelas, al decir de 
nuestro gran Salinas, tienen mucho de común, no sólo en su 
origen y en su material artístico, sino también en su estruc- 
tura interna y en los medios de expresión de las representa- 
ciones líricas que requieren el concurso de las diversas ma- 
nifestaciones artísticas; ellas son las que disfrutan la prima- 
cía, las de más virtualidad expresiva, y las que constituyen 
lo esencial del espectáculo. Se concibe un buen drama lírico 
con pobre y aun anacrónica decoración, con mala indumen- 
taria; en una palabra, con la carencia de todo ornato ex- 
terno y complementario; pero no hay drama lírico posible 
sin buenas condiciones literarias ó musicales, prueba evi- 
dente de que ahí es donde radica el mérito intrínseco de la 
obra. Ahí es, pues, donde debe también hacerse hincapié, 
estudiando la estructura íntima de ambas artes, sus compe- 
netraciones y singularidades, sus mutuas influencias, los 
elementos musicales de la poesía y los poéticos de la música; 
para que de esa descomposición calculada y analítica apa- 
rezcan más claros sus puntos de contacto y diferencias ra- 
dicales. 

Así adquirirán valor científico las conclusiones y ten- 
drán el carácter de reglas deducidas, no de una estética ca- 
prichosa y convencional, sino de las entrañas mismas de la 
filosofía aplicada á las artes. 

Apoco que profundicemos, encontraremos en la poesía 



16 EL DRAMA LÍKICO 



distintos factores que la enaltecen y la constituyen en su 
ser. Es un lenguaje, y, como tal, la manifestación de nues- 
tras ideas y sentimientos Á los demás ; pero como no es len- 
guaje común , sino extraordinario y determinado por cir- 
cunstancias desusadas, y por cierto estado particular de re- 
laciones psíquicas, se aparta aún en su estructura interna 
de la exposición sencilla y serena, y busca amplificaciones, 
imágenes y puntos de vista acomodados á la elevación y los 
transportes pasajeros del ánimo. 

Por instinto innato, no fácil de explicar, damos al len- 
guaje sonoridad y harmonía, ó, lo que es lo mismo, condi- 
ciones tambi(5n desusadas de entonación y ritmo. Es decir, 
que á esa manera especial de ser y presentar las cosas en 
su íntima trabazón, en que consiste el fondo po(?tico, agre- 
gamos también algo queextcriormente lo singularice y per- 
feccione. La entonación se obtiene mediante la elección de 
voces sonoras y la distribución oportuna de los acentos; el 
ritmo nace del número de sílabas y la simétrica distribu- 
ción de pausas. Con eso la poesía se exterioriza y perfec- 
ciona, digan lo que quieran los partidarios de la prosa poé- 
tica. Para nuestro objeto, basta saber que en ese génesis de 
la poesía, ó, si se quiere, de la versificación, se halla tam- 
bién el origen de la música: los sonidos musicales no son 
más que una acentuación más rica y variada del lenguaje; 
y, en cuanto al ritmo musical, bien sabido es que antigua- 
mente se identificaba con el de la letra. 

Así es que Esquilo, Sófocles y demás dramaturgos grie- 
gos componian la letra, y juntamente la música de sus tra- 
gedias, como en nuestros días Wagner sus dramas. 

Aparte de sus exageraciones y su falta de originalidad, 
la estética escocesa no anda descaminada, á mi juicio, en 
lo que hace relación á los orígenes y desenvolvimiento de la 
música. Antes que Spencer, y quizá mejor que él, algunos 
de los llamados filósofos sensualistas del siglo pasado, y en- 
tre otros nuestro insigne Eximeno, que sólo tomó de aquel 
sistema la experimentación psico-física, reclamaron para la 
música los honores del lenguaje, pero no así como se quie- 
ra, sino de lenguaje de la pasión. Teoría que, si entonces era 



EL DRAMA LÍRICO 17 



posible fundar en la experiencia y en deducciones naturales, 
hoy adquiere valor de principio científico con los adelantos 
de la Arqueoloiiía musical. Lo mismo en la citaredia ro- 
mana (que era en el arte antiguo lo que hoy las romanzas 
de salón, si hemos de creer al eminente musicólogo (re- 
vaert) que en las primitivas canciones litúrgico -cristianas, 
se ve claro que la música surge del acento en sus tres gra- 
dos ó inflexiones, agudo, grave y circunflejo, y se desen- 
vuelve combinándolos diestramente, resultando más ó me- 
nos complicado, rico y variado el canto conforme se acu- 
mulan y juntan los acentos. Así las piezas litúrgicas de más 
remota antigüedad, tales como el Prefacio, los Credos y, 
sobre todo, la SalmoJi.i, constan sólo de acentos simples, 
correspondiendo á cada sílaba del texto una nota musical. 
No hay más diferencia sino que. mientras en el lenguaje or- 
dinario, la acentuación de la sílaba sólo consiste, ya en la 
elevación de voz, ó ya en cierto apoyo que denota la sílaba 
culminante de la palabra, sin sujeción á tonos determina- 
dos; la acentuación musical aporta nuevos elementos tona- 
les, verificándose conforme á leyes músico-modales, que en 
ia progresiva evolución, y á medida que se va emancipando 
la música, van siendo más numerosas y determinadas. 

Tal vez parecerán ociosas estas disquisiciones históricas, 
ó cuando menos poco pertinentes al caso, y traídas como 
por los cabellos; pero no lo son si se tiene en cuenta que la 
poesía y la música modernas, con su vida independiente y 
próspera, todavía necesitan recordar su origen para apre- 
ciar los vínculos comunes que las unen y los puntos de con- 
tacto cuando se las quiere soldar. En los mutuos sacrificios 
que se imponen las artes al unirse y conspirar á un mismo 
fin, debe presidir cierto discernimiento para saber apreciar 
3' respetar lo esencial del arte, distinguiéndolo de las formas 
advenedizas, y no pocas veces eflorescencias viciosas; fuera 
de que, para determinados efectos, es indispensable el cono- 
cimiento de los elementos primitivos y constantes que, por 
el mero hecho de serlo, constituyen en cierto modo la forma 
consubstancial. Si fijamos ahora nuestra atención, no en el 
elemento tonal, cuyos progresos hemos bosquejado rápida 

2 



18 EL DRAMA LÍRICO 



y someramente, sino en el rítmico, de no menor importan- 
cia, por ser la distribución oportuna de los tonos y caden- 
cias algo así como continuidad sin monotonía , observare- 
mos diferencias radicalísimas entre el arte antiguo y el mo- 
derno. 

Aquella eiiriíniia singular del arte griego, y aun del la- 
tino de los buenos tiempos, nacida de las condiciones prosó- 
dicas de sus respectivas lenguas y de la delicadeza del oído 
ejercitado por larga y esmeradísima educación, parece cosa 
de cuento para los que, sin esa preparación, no alcanzamos 
á distinguir sino á bulto las sílabas largas y breves. El rit- 
mo era entonces más íntimo, algo que latía en las entrañas 
mismas del verso y animaba cada una de sus palabras, ful- 
gurando con luz propia en estas bellezas parciales, y ver- 
tiéndose como raudal bullicioso en la sonora y rotunda cas- 
cada de la estrofa. Tal era la influencia educadora de esa 
poesía que fácilmente transcendía en la práctica á la misma 
prosa, singularmente la oratoria: y así no es de extrañar el 
minucioso estudio con que logró Demóstenes vencer las re- 
beldías nativas de su voz, y la calculada perfección con que 
la emitía el tribuno Cayo Graco, que, al decir de Cicerón, 
solía tener junto á sí á un flautista que le fuese indicando 
las inflexiones de voz y el ritmo (1). Obra fueron de ese ins- 
tinto educado la pompa y la elegancia señoril que campean 
en los escritos del mismo Cicerón, y que agradan á la sim- 
ple lectura, aun cuando es menos asequible el concepto, á 
veces falseado, de sus sentencias. Porque, en definitiva, el 
ritmo no es más que lo que dice San Agustín : ''el movimiento 
que por sí agrada, uiotus qui per se appetituVy^. Las sono- 
ras bagatelas de que habla Horacio, son de más efecto para 
el sentido estético que las más altas verdades con torpe elo- 
cución expuestas. De aquí se infiere cuan estrecha solida- 
ridad une á las dos artes del oído, y cómo se compenetran 
y nutren de recíprocas influencias, enalteciéndose la poesía 
por los elementos musicales, y ennobleciéndose la música 
por los reflejos soberanos de la poesía. 



(1) Cic, De orat. 



EL DRAUA LÍRICO 19 



II 



Verdad es que, si de lo dicho anteriormente aparece fun- 
dado y legítimo el consorcio de la música y la poesía, no 
podrían inferirse reglas prácticas concretas en orden á su 
fusión en la obra dramática: para eso sería preciso estudiar 
dichas artes en su estado actual, y aun tal como en la prác- 
tica se nos ofrecen. 

.Vuestra poesía se halla constituida en su forma por ele- 
mentos e.senciales (número determinado de sílabas y colo- 
cación oportuna de los acentos) y otro accesorio, que es la 
rima. La música, que antes necesitaba de andadores, y rara 
vez ó nunca era puramente instrumental, ha admitido, desde 
que se hizo polifónica, un elemento rítmico convencional, 
distinto enteramente del ritmo del verso, y formas tonales 
tan amplias y variadas, que apenas si es dado reconocer en 
ellas el acento como elemento generador. Es decir, que al 
ritmo libre y alado, racionalmente simétrico, de la música 
antigua, ha sustituido el compás, medida rígida é igualita- 
ria ; y á las tonalidades encerradas en pocas notas, la exube- 
rancia y riqueza de la extensa tonalidad moderna. Con esto 
ya no es la música adorno de la poesía, sino arte indepen- 
diente, con su código de reglas, sus períodos, su fraseo, etc. 
Sus atributos son el dominio del sentimiento, y aun cierta 
acci<>n física sobre el sistema nervioso; pero, estando sus 
medios de expresión basados en el sonido inarticulado, su 
valor ideológico ha de ser por fuerza deficiente. .A.1 unirse, 
pues, ambas artes en el drama lírico, se suman la virtud 
dinámica de la música y la idea consciente de la poesía. 
Pero una y otra necesitan venir á un acuerdo, á cierta tran- 
sacción, sin la cual no sería posible el consorcio que se pie- 
tende establecer entre ellas. 

Ante todo, el drama escrito para ser puesto en música 
no puede tener las condiciones del drama declamable. En 
éste huelgan las tiradas de versos líricos que entorpecen ó 



21) EL DKAMA I.ÍRICO 



retardan ó languidecen la acción que debe ser rápida y viva, 
principalmente en el nudo y desenlace. El elemento lírico 
es de tal modo necesario al drama cantado, que, sin él, la 
música sería parte muy secundaria en la ópera. Y aunque 
es verdad que el recitado musical se pliega y amolda, por 
lo que tiene de canto primitivo, á todo género de conceptos 
más ó menos truncados, su empleo abusivo vendría á cons- 
tituir una especie de transgresión del orden . convirtiendo 
en fin lo que sólo es recurso transitorio. El músico puede, 
y quizá debe exigir al libreto condiciones que le permitan 
encerrarse en explayarse en amplios y rotundos períodos 
musicales, y no los estrechos límites y las arideces de un 
mosaico de temas 6 motivos. Estos pueden servirle para 
bosquejar caracteres y situaciones de ánimo, pero no para 
revestirlos de forma espléndida y desarrollarlos en períodos 
de luminosa transparencia. Dentro de la verosimilitud abso- 
luta, quizá serían más características las frases entrecorta- 
das, los motivos apenas esbozados y los conatos de melodía, 
ó sean los recitados de poca riqueza de tonos y modulacio- 
nes, sobre todo en las situaciones culminantes y violentas, 
pues nunca lo violento puede ser durable; pero consideran- 
do que el drama lírico es, ante todo, creación artística mixta 
de poesía y música, en que se hallan bien avenidas , realzán- 
dose mutuamente las dos artes y mostrando cada una toda 
su riqueza, todos sus recursos de reserva, como en la obra 
de más empeño, se comprende que el sentido estético no se 
satisfaga sino con esa reverberación fulgurante de la belleza 
artística en toda su integridad. Cumplido ese objeto prin- 
cipal, fácilmente se dispensan las inverosimilitudes necesa- 
rias. Tan inverosímil es hacer hablar en castellano correcto 
á Edipo, y aun al Rey Rodrigo ó Pelayo, ó poner en boca 
de cualquier advenedizo versos rotundos y esculturales, 
como presentarlos cantando un aria ó un dúo. El público 
entero opina en esto como el Marqués de Santillana, que 
decía ser «la poesía fingimiento de cosas útiles cubiertas y 
veladas con muy fermosa cobertura •. El toque está, pues, 
en que, dado que se exhiban bellezas artísticas, lo sean en 
el |fondo y en la forma; que no se desnaturalicen los senti- 



EL DRAMA LÍRICO 21 



mientes ni se bastardeen las ideas, y todo ello se exprese 
según la naturaleza de cada arte. 

Así como en una obra dramática escrita en colaboración, 
de modo que uno imagine las situaciones y otro haya de re- 
vestirlas de lenguaje acomodado, el segundo trabaja sobre 
materia impuesta y no se mantendría á la altura debida si 
para situaciones cómicas no hallase rasgos de ingenio y 
chistes convenientes ó los emplease cuando el caso requiera 
gravedad , así también el músico, como colaborador en el 
drama lírico, debe hacer resaltar las situaciones descritas 
por el poeta, encariñarse con las creaciones felices, los mo- 
mentos patéticos, la explosión de afectos puros, poniéndolo 
todo de realce con el lenguaje de la música. El poeta, á su 
vez, debe atender al carácter reposado y difuso de la músi- 
ca, que, falta de precisión, nc puede encerrar sus flotantes 
vaguedades en reducido marco. W poeta corresponde idear 
personajes y situaciones, y combinarlos y diversilicarlos 
con habilidad tal que no induzcan al compositor á la unifor- 
midad monótona ó empalagosa, como sucedería inevitable- 
mente de hacer intervenir .1 la vez personajes no contras- 
tados; debe evitar también los monólogos continuados, y 
distribuir oportunamente los coros, para desterrar el aburri- 
miento que engendra la languidez con la variedad que pro- 
ducen impresiones saludables de cambio. No es esto decir 
que en esa distribución hayan de seguirse los artificiosos 
cánones de la moda clásica. Ésta, lo mismo que las decan- 
tadas unidades, ha cedido el lugar á las leyes del buen gus- 
to, moldeadas en troquel más amplio, y no sometidas á las 
minuciosidades prácticas de la rutina. En eso el arte moder- 
no ha mostrado ser más racionalmente libre, y deben perdo- 
nársele ciertos desenfados y aun extravíos lamentables ori- 
ginados por el abuso de libertad. 

Bien es verdad que, en la aplicación de esos principios del 
buen sentido práctico, no están contextes las opiniones de 
músicos y poetas, y sobre todo las de los críticos, y que, 
según son los matices del gusto en lo que tiene de variable 
en cada época, se ha entendido diversamente la unión de la 
poesía y la música, optando la denominada escuela italiana 



22 i-:l dka.ma lírico 



por cierto paralelismo, y la alemana por la compenetración, 
fines que no era dable obtener sino apelando á procedimien- 
tos distintos en su proceso y alcance. Así es cómo parecen 
hoy á muchos exageradamente líricos los libretos de Metas- 
tasio, y muy independiente y deslijíada la música con que 
de ordinario se les ha revestido; por idéntica causa serií^c- 
ron en el siglo pasado aquellas batallas campales de Picci- 
nistas y Gluckistas, en que intervino toda una pléyade de 
distinguidos artistas y literatos; lucha reproducida después 
entre clasicistas y románticos, y en la segunda mitad del 
presente siglo entre w agneristas y antiwagneristas. 

Como acaece en toda discusión acalorada, se extrema- 
ron las consecuencias hasta un punto inverosímil, y se ver- 
tieron ideas que el insigne autor del Orfeo y de Álcente ja- 
más hubiera patrocinado, ó que por lo menos contrastan 
notablemente con el sereno equilibrio de sus principios, y 
mucho más con sus óperas, en que se atiende á la \erdad 
de expresión sin menoscabo del período musical y del am- 
plio y pacientísimo desarrollo de los motivos. Para músicos 
y poetas resulta provechosa enseñanza la exposición suma- 
ria de aquellas encontradas teorías, de aquel paso de gi- 
gante dado por la estética en sus más inmediatas aplica- 
ciones al drama lírico. 

f R. ÍIUSTOC'UIO DE PrIARTE, 

O. S. A. 
(ContinMarA.) 




Influencia dk la Mujer 



E X L A \' A M I L 1 A CRIS T 1 A \ A O 



II 




. estado lamentable en que antiguamente se halla- 
ba constituida la sociedad doméstica, ponía A los 
hijos en una situación tan perjudicial para ellos 
como para sus padres y para la sociedad misma. La polisfa- 
mia y el divorcio, tan generalizados antes del Cristianismo, 
eran dos elementos que hacían desaparecer de las familias 
la paz y harmonía que deben reinar en ellas, y cuyas fata- 
les consecuencias venían á pagar los desventurados hijos. 
¡Triste condición la de tantos infelices como llegaban á la 
plenitud de la vida sin haber sido objeto de una sincera ca- 
ricia de parte de sus padres! Por fortuna pasó ya aquella 
época infausta, y nos encontramos hoy, sin darnos apenas 
cuenta de cómo ha sucedido, con una organización nueva 
de la familia, en que aparecen harmonizados los intereses 
3' los afectos de los individuos que la componen. ;Quién ha 
obrado esta transformación tan radical y beneficiosa, á la 
que deben principalmente las naciones de Europa el figurar 



(1) Véase la página 314 del volumen xxxix. 



24 INFLUENCIA DE LA MU1ER EN LA FAMILIA CRISIIANA 



á la cabeza de todas las de la Tierra? Nadie más que la Igle- 
sia Católica, cuyas divinas enseñanzas sobre el matrimonio 
constituyen la base de la verdadera civilización. "Gratitud 
eterna, dice Balmes, deben los pueblos europeos al Catoli- 
cismo por haberles conservado la monogamia, que. á no 
dudarlo, ha sido una de las causas que más han contribuido 
á la buena organización de la familia y al realce de la mu- 
jer. ;Cuál sería ahora la situación de Europa, que conside- 
ración disírutaría la mujer, si Lutero, el fundador del Pro- 
testantismo, hubiese alcanzado á inspirar á la sociedad la 
misma indiferencia en este punto que él maniliesta en su 
Conwníafio sobre el Génesis?... ¡Desgraciada Europa !„ (1). 
"Por fin, dice más adelante el ilustre filósofo, el mismo Ca- 
tolicismo, ó la Iglesia católica, y nótese bien que no decimos 
elíCristianismo, con su firmeza en establecer y conservar la 
monogamia y la indisolubilidad del matrimonio, puso un 
freno á los caprichos del varón, y concentró sus sentimien- 
tos hacia su esposa única <! inseparable. Así, con este con- 
junto de causas, pasó la mujer del estado de esclava al ran- 
go de compañera del hombre; así se convirtió el instru- 
mento de placer en digna madre de familia, rodeada de la 
consideración y respeto de los hijos y dependientes; así se 
creó en las familias la identidad de intereses, se garantizó 
la educación de los hijos, resultando esa intimidad en que 
se hermanan marido y mujer, padres é hijos, sin el derecho 
atroz de vida y muerte, sin facultad siquiera para castigos 
demasiado graves; y todo vinculado por lazos robustos, 
pero afianzados en los principios de la sana moral, sosteni- 
dos por las costumbres, afirmados y vigilados por las leyes, 
apoyados en la reciprocidad de intereses, asegurados con 
el sello de la peipetuidad y endulzados por el amor. He aquí 
descifrado el misterio; he aquí explicado á satisfacción el 
origen del realce y de la dignidad de la mujer europea; he 
aquí de dónde nos ha venido esa admirable organización de 
la familia que los europeos poseemos sin apreciarla, sin co- 



tí; El Protestafitismo comparado con el Catolicismo, t. ii, capí- 
tulo XXIV. 



INFLUENCIA DE LA MUJEK EN LA FAMILIA CRISTIANA 25 

nocerla bastante, sin procurar cual debiéramos su conser- 
vación„ (1). 

Según esto, ¿qué influencia ejerce la mujer cristiana res- 
pecto de sus hijos? La misma, y aun mayor, que la que 
ejerce el jefe de familia. La madre es aquí lo que la Divina 
Providencia respecto de todo el mundo, guardadas las debi- 
das proporciones. Así como Dios todo lo ve, lo abarca todo, 
y en todo está presente, del mismo modo, la buena madre 
de familia todo lo examina, todo lo dirige con orden y sua- 
vidad admirables. Pero hay cosas dentro del hogar domés- 
tico que exigen un cuidado ospecialísimo, en las que princi- 
palmente se fija la providencia de la mujer; y son las rela- 
tivas á la educación de los hijos. 

Apenas la mujer adquiere la augusta dignidad de madre, 
experimenta dentro de sí una transformación radical ; su 
corazón se dilata y se enciende en vivas llamas de amor 
puro y desinteresado, inaccesible á las tentaciones del esté- 
ril egoísmo; y desde aquel momento ya no es libre para de- 
jar de abrazarse íntimamente con el sacrificio que el Criador 
y la Naturaleza le imponen, por grande y doloroso que sea. 
Cuando una mujer se reconoce madre, ya no existe para 
ella, fuera de su casa, nada que pueda robarle el amor que 
la arrastra hacia sus hijos. Sus espectáculos, deleites y fies- 
tas consistirán en acariciar á sus pequeñuelos, tomando 
parte en sus alegrías y dolores, porque cifra la propia felici^ 
dad en vivir sólo para ellos. 

{De qué sacrificio no será capaz una mujer que así ama 
á las prendas de su corazón? -; V qué influencia no ejercerá 
en el hogar doméstico una madre que ha concentrado en él 
todos sus afectos y aspiraciones? El destino providencial de 
la mujer sobre la Tierra lleva consigo grandes prerrogati- 
vas y deberes extraordinarios. Colocada en medio de los 
dos elementos más distantes de la familia, la autoridad y la 
obediencia, el poder y la debilidad, sirve maravillosamente 
de lazo de unión entre ellos, á fin de que no se divorcien ni 
se perjudiquen, para que la autoridad no abuse de su poder 



(1) Ib., cap. xxvH. 



26 INFLUENCIA DE LA MLIER EX LA FAMILIA CRISTIANA 

por medio del despotismo, y para que la obediencia no sea 
esclavitud, sino más bien sumisión afectuosa y reverencial. 
A este fin necesita la mujer valerse del amor tierno y comu- 
nicativo que dulcifica y templa el poder del padre cuando 
tiende á convertirse en yug^o abrumador, y mantiene dentro 
de sus verdaderos límites la obediencia de los hijos cuando 
degenera en servilismo forzado, ó cuando cede su puesto Á 
la rebelión contra la autoridad paterna, la más aug^usta que 
existe en el mundo, y al mismo tiempo la más llevadera de 
todas. 

¡Qué triunfos suele consejjuir en este terreno la madre 
de familia! Hace ver al padre que no es señor absoluto de 
sus hijos, que está llamado á hacer las veces de Dios, y que, 
así como Dios se precia más de su misericordia que de su 
rigor y justicia, del mismo modo debe obrar (51 con respecto 
á sus hijos. Represéntale también, al verle propenso á la 
venganza, que aquellas tiernas criaturas son como partes 
de su mismo corazón y sangre de su misma sangre; y ante 
estas consideraciones cede el padre de su injusto rigor, y 
olvida ó castiga con blandura las faltas que lo motivaron. 

Pero no siempre pecan los padres de excesivamente ri- 
gurosos; antes bien suelen ser reprensibles más de ordina- 
rio por el abandono, la abdicación de su autoridad y el es- 
caso cuidado que les merece la educación de sus hijos. De 
aquí que éstos se hagan caprichosos y amigos de su propia 
voluntad, ocasionando innumerables disgustos á toda la fa- 
milia. En semejantes casos endereza la mujer cristiana sus 
esfuerzos á avivar el celo de su marido, y, si no lo consigue, 
ármase ella de autoridad (que para todo tiene recursos el 
corazón de una madre"), y con una entereza tanto más digna 
de encomio cuanto más contraria á los instintos de su bon- 
dad, suple las deficiencias del varón y salva los intereses 
del orden y la justicia en el hogar doméstico. 

Si los hijos tratan de rebelarse contra la autoridad de 
su padre, les hará ver que en ella está representada la del 
mismo Dios, y que no pueden ser felices si no son obedien- 
tes y sumisos; los exhortará á cambiar de actitud por el 
amor que les tiene, por el seno que los concibió y por los 



IXFLUENXIA VE LA MUIEK E\ LA FAMILLA CRISTLWA 27 

pechos que los alimentaron; les traerá A la memoria los años 
que Jesús vivió sujeto <1 José y María, ó los terribles casti- 
gos que Dios manda sobre los hijos díscolos; les pedirá, en 
fin, con lágrimas en los ojos que no quieran matarla á fuerza 
de sinsabores y amarguras. ¿Hay seres humanos capaces 
de resistir á la amorosa violencia de tales razonamientos, 
cuando brotan de los labios de una buena madre? 

Para cumplir con los deberes de que vamos hablando, 
¡cuántos sacrificios se impone á sí misma la mujer cristiana! 
¡cuántas penas sepulta en lo más secreto y profundo de su 
corazón! ¡cuántas lágrimas derramadas en el silencio de la 
noche y en la soledad de su retiro! ¡cuántas oraciones y 
plegarias elevadas al Trono del Altísimo, á fin de conseguir 
de su amorosa bondad y misericordia que trueque el cora- 
zón, ora del esposo, ora de los hijos! 

"En el plan divino, dice el P. Félix, dentro del cual han 
sido trazados el orden y la constitución de la familia, así 
como el padre es la personificación natural del poder, la 
madre, en cambio, es la personificación natural del sacrifi- 
cio. Si la obediencia parece rebajar algo á la madre, el sa- 
crificio la eleva y le da en la familia un ascendiente y un 
imperio moral tan grande, que nada tiene que envidiar al 
marido, dotado por el Criador del poder y de la autori- 
dad„ (1). Lleva consigo la maternidad obligaciones tan pe- 
sadas, como grande es la misión que tiene sobre la Tierra; y 
seguramente no las podría resistir, á no estar ayudada con 
gracias y dones especialísimos. Pero ¡cosa bien extraña! la 
mujer, lejos de llevar su carga con pesadumbre y tristeza, 
se complace en ella y siente una necesidad imperiosa que la 
obliga á sacrificarse en todos los momentos dé la vida por 
el bienestar y la felicidad de sus hijos. Apenas los concibe 
en sus entrañas, lo mismo que después de verlos nacidos, 
¡qué de cuidados y penalidades acarrean á su infatigable so- 
licitud! Pero nada es capaz de hacerla renunciar á la espi- 
nosa tarea para que ha sido destinada por la Divina Provi- 



(1) Le Frogrés par le Crisfitmisme. année 1860, sixiéme Confe- 
réuce. 



2R INFLUENCIA DE LA MUJER EN LA KAMILLA CRISTIANA 

dencia, y con la que muy pronto llega á connaturalizarse, 
encontrándola llena de atractivos inefables y purísimos de- 
leites. 

No contentas las madres, verdaderamente cristianas, con 
haber sustentado la vida de sus hijos por espacio de nueve 
meses, continúan después alimentándolos con la leche de 
sus pechos, como si quisieran inocular así en el corazón de 
los niños sus propios sentimientos, inclinaciones y virtudes. 
¡Infelices criaturas lasque son entregadas en brazos mer- 
cenarios, sólo por el prurito de acomodarse á una moda ri- 
dicula, perniciosa y abiertamente contraria á la naturaleza! 
Léanse las palabras del insigne Fr. Luis de León á este pro- 
p(')SÍto: ''V porque agora, dice en su Perfecta Casada, ha- 
blamos de las madres, entiendan las mujeres, que si no tie- 
nen buenos hijos, gran parte dello es, porque no les son ellas 
enteramente sus madres. Porque no ha de pensar la casada, 
que el ser madre es engendrar y parir un hijo: que en lo pri- 
mero siguió su deleite, y á lo segundo les forzó la necesidad 
natural. V si no hiciesen por ellos más, no sé en cuánta obli- 
gación los pondrían. Lo que se sigue después del parto, es 
el puro oficio de la madre, y lo que puede hacer bueno al 
hijo, y lo que de veras le obliga. Por lo cual téngase por di- 
cho esta perfecta casada, que no lo será, si no cría á sus hi- 
jos: y que la obligación que tiene por su oficio á hacerlos 
buenos, esa misma le pone por necesidad á que los críe á 
sus pechos. Porque con la leche, no digo que se aprende, 
que eso fuera mejor, porque contra lo mal aprendido, es re- 
medio el olvido; sino digo, que se bebe y convierte en subs- 
tancia, y como en la naturaleza todo lo bueno y lo malo que 
hay en aquella de quien se recibe. Porque el cuerpo terne- 
cico de un niño, y que salió como comenzado del vientre, la 
teta le acaba de formar. N' según quedare bien formado el 
cuerpo, ansí le avendrá el alma después, cuyas costumbres 
ordinariamente nascen de sus inclinaciones del. Y si los hi- 
jos salen á los padres de quien nascen, {cómo no saldrán á 
las amas con quien pacen, si es verdadero el refrán espa- 
ñol?... „ "De arte, continúa el sabio Mae.stro, que si el ama es 
borracha, habemos de entender, que el desdichadito beberá 



INFLUENCIA UE LA MUJER EX LA I-A.MILIA CRISTIANA 20 



con la leche el amor al vino: si colérica, si tonta, si desho- 
nesta, si de viles pensamientos y ilnimo, como de ordinario 
lo son, será el niño lo mismo. „ 

Y para que no se diga que esta doctrina del clásico Aíjus- 
tino de Salamanca es anticuada y aplicable sólo á mujeres 
del campo, pero no á las damas que viven en la alta socie- 
dad, véase lo que predicaba el elegante y elocuentísimo 
Padre Félix, desde el pulpito de Nuestra Señora de París, 
al auditorio más aristocrático del mundo : "La madre, dice, 
que padece al dar á luz un hijo, debe también padecer para 
alimentarle. La nutrición del niño por ministerio de la ma- 
dre es una consecuencia de la maternidad y una ley gene- 
ral de la Providencia. La madre que amamanta á su hijo, 
acaba de criarle: dándole de beber en la fuente que Dios 
ha hecho brotar junto al corazón donde está la vida , para 
desarrollar la del hijo, continúa formándole. Lo mismo, des- 
pués de nacido el niño, que antes, prosigue la madre po- 
niendo su sangre en la sangre de su hijo, su carne se con- 
vierte en carne del niño, y su substancia se cambia en subs- 
tancia del mismo: de este modo se podrá llamar con mucha 
más razón madre. Este deseo de transmitirse en un ser, en 
que se quiere reproducir su misma imagen y su misma vida, 
me parece á la vez muy natural, muy legítimo y muy santo; 
y está tan en harmonía con el deseo de la Providencia Divi- 
na, y con el instinto é inclinación de la naturaleza humana, 
que la m.adre que le desecha de sí destruye una de las harmo- 
nías más bellas de la creación ; ella misma se despoja de su 
más alto honor y de su mayor hermosura. En efecto; la ma- 
dre no está en la plenitud de su gloria , ni despide rayos de 
belleza y hermosura, sino cuando tiene en sus brazos al 
niño, pegado á su seno y bebiendo con insaciable sed la vida 
que le da siempre la madre, mediante una leche nutritiva, 
como antes se la comunicó por medio de una sangre gene- 
radora„ (1). 

\'olviendo ahora al punto de partida que ha motivado 
estas largas citas, repito que, la madre que tiene concien- 



(1) Véase la obra arriba citada. 



30 INFLUENCIA DE LA MLJER EN LA KA.M1LL\ CRISTIANA 

cia de su altísima misión en este mundo, no entrega sus hi- 
jos en brazos de una nodriza, sino que ella misma los cría 
y alimenta, dándoles la vida del alma al mismo tiempo que 
la del cuerpo. Esto, que hoy se tiene por cosa indigna de la 
alta sociedad, influye más de lo que se cree en el bienestar 
de las familias; y las verdaderamente cristianas, las que, 
como vulgarmente se dice, viven á la antigua ique en Es- 
paña equivale á decir que viven cristianamente), no permi- 
ten que se introduzca en ellas una costumbre tan irracional 
como funesta, cuando no se justifica con el motivo de im- 
prescindible necesidad. 



^R. fELlX PÉREZ-;^G'.At)0 . 
O. S. A 



(Continuará.) 




,ñ 












?r 




Astronomía 



XXVI 

OTROS MO\ I.MIEXTOS DE LA LUNA 

O son el de traslación y rotación los únicos movi- 
mientos con que la 1 .una bojL^a en el espacio, acom- 
pai'iando á la Tierra y con ésta girando en torno 
del Sol: ya hicimos notar que, considerados en conjunto 
los movimientos y oscilaciones lunares, son de lo más com- 
plicado en la Mecánica celeste. Vimos, al tratar de la tras- 
lación del satélite en torno nuestro, cómo la Luna iba des- 
plazándose de O. al E., á través de las constelaciones, en 
el intervalo de una lunación; pero sin ñjarnos entonces si 
respecto de las estrellas seguía ó no el mismo camino en 
todas las revoluciones. Basta fijarse en ello para notar que 
la Luna oscila también de Norte á Sur, análogamente á lo 
que observamos en el Sol, que se acerca al cénit durante el 
verano, y se retira durante el invierno. Mas antes de entrar 
en otros pormenores, recordemos algunas ideas expuestas 
en artículos precedentes. Vimos, en efecto, que el plano del 
Ecuador y el de la Eclíptica terrestre se cortaban en la línea 
de los equinoccios, formando un ángulo determinado de la 



(1) Véase la pág. 180 del vol. xxxix. 



32 ASTRONOMÍA 



misma amplitud que el que forman el eje del mundo y el de 
la Eclíptica. Explicamos asimismo el movimiento secular 
del primero y del polo en torno del segundo, lo cual se en- 
lazaba con el fenómeno de la rctrogradacióu de los equi- 
noccios. La órbita de la Luna y su plano no coinciden con el 
plano del Ecuador, ni es constante la inclinación con que se 
cortan, de lo cual resulta principalmente la variación de la- 
titud que se observa en la Luna respecto del Ecuador de la 
Tierra. Conviene, pues, que fijemos la posición de la órbita 
lunar, ya respecto del Ecuador terrestre, ya con relación A 
la Eclíptica. 

Refiriendo al plano de ésta las distintas posiciones de 
nuestro satélite en la esfera celeste, se observa que la incli- 
nación de la órbita de la Luna sobre la de la Tierra forma 
un án^íulo de unos 5", 8', 48". Este valor varía, aunque poco, 
periódicamente, en forma análoga A lo dicho respecto de la 
Eclíptica y del Ecuador. El valor máximo de dicho ángulo 
es 5°, 17', .'^", y el mínimo :V', O*, 1", resultando una oscila- 
ción cuya amplitud alcanza á los 17', M" . Si nos imaginamos 
ahora una recta perpendicular en el centro y sobre el plano 
de la órbita lunar, recta que llamaremos eje de la misma 
órbita, se ve que este eje forma con el de la Eclíptica el án- 
gulo rectilíneo que mide la inclinación de ambos planos, 
como hicimos notar también en los ejes del Ecuador y de la 
Eclíptica terrestre. Supongamos también, como allí, lija la 
posición de esta última y en movimiento constante á la ór- 
bita lunar. Los astrónomos, para sensibilizar el fenómeno 
y dar de él una idea más clara en conformidad con la obser- 
vación directa, suponen que la órbita de la Luna y su plano 
es como un círculo que con la inclinación dicha se corta 
con el plano de la órbita terrestre, determinando en la in- 
tersección una recta, cuyos extremos se llaman nodos de 
la Luna, uno ascendente y otro descendente. El primero es 
aquel punto en que nuestro satélite cruza á la órbita de la . 
Tierra pasando del hemisferio Sur al hemisferio \orte de 
los dos en que la esfera celeste queda dividida, no por el 
Ecuador, sino por el plano de la Eclíptica. Como se ve, estos 
puntos nodales son en todo y por todo análogos á los pun- 



ASTRONOMÍA r)3 



tos equinocciales que ya conocemos. Como éstos, tienen 
aquéllos un movimiento retrógrado sobre la órbita terres- 
tre, aunque míis rápido que el que llevan los puntos equinoc- 
ciales; pues mientras éstos emplean más de 25.000 años en 
dar una vuelta completa, los nodos lunares recorren la mis- 
ma Eclíptica en 6.7Q3,3Q días, muy cerca de 18 años y dos 
tercios de año. , 

Es fácil comprender ahora que el eje de la órbita lunar 
forma con el de la Eclíptica un ángulo igual á la inclinación 
de ambos planos, y que con el movimiento de los nodos, sin 
que dicha inclinación salga de los límites indicados, el eje 
primero lleva un movimiento en torno del segundo, consi- 
derado como fijo. De mudo que este movimiento del eje de 
la órbita lunar es también análogo y lleva la misma direc- 
ción que el movimiento cónico del eje terrestre en torno del 
polo de la Eclíptica. \' puesto que la inclinación de ambas ór- 
bitas lunar y terrestre es, por término medio, .')", 9', la aber- 
tura del cono descrito por el eje de la órbita de la luna ten- 
drá 10", IH', quedando envuelto y dentro de la gran hoja có- 
nica descrita por el eje terrestre. Se comprenden, pues, las 
variaciones de oblicuidad entre la órbita lunar y el Ecuador 
terrestre, puesto que no son más que una consecuencia in- 
mediata del movimiento del eje de la primera sobre el de la 
Eclíptica. El eje del mundo y el de la órbita de la Luna se 
alejan y se acercan periódicamente, como queda expuesto, 
abriéndose y cerrándose el ángulo que forman , resultando, 
por tanto, las variaciones en latitud según las cuales cruza 
la Luna diversas constelaciones del firmamento. 

El movimiento del eje de la órbita lunar en torno del 
de la Eclíptica tampoco es uniforme : oscila entre los lími- 
tes 5^ O', V y 5", 8', 48", con la diferencia de 17', 34", que da 
origen al fenómeno llamado nutación de la órbita de la 
Luna, y hace que el movimiento retrógrado de los nodos 
tampoco sea rigurosamente uniforme. Comparando la mar- 
cha en el espacio del eje terrestre y del eje de la órbita lu- 
nar, los dos en torno del de la Eclíptica, se ve que son aná- 
logos, y que ambos tienen su correspondiente nutación, con 
la diferencia de que el pequeño cono de nutación descrito 



34 ASTRONOMÍA 



por el eje de la Luna es de base circular, mientras que el des- 
crito por el eje terrestre es elíptico. 

Para completar estas ideas tan someramente expuestas 
acerca de los movimientos de nuestro satélite, debemos re- 
cordar también los fenómenos que se distinguen con el nom- 
bre de libraciones de la Luna, ó, mejor, balanceos de su 
globo. A simple vista, como no pueden distinguirse los de- 
talles del relieve, parécenos que el disco lunar y sus distin- 
tas regiones conservan una posición invariable respecto de 
los bordes que limitan al astro. Sin embargo, observada la 
Luna mediante un anteojo, y fijando la posición de una man- 
cha, de un cráter ó de una montafla de las que allí abundan, 
se advierte que no sucede del mismo modo, y se demuestra 
que un punto del centro del disco, por ejemplo, cambia de 
posición respecto de los bordes, ya en la dirección del pla- 
no de la órbita á derecha ó izquierda, ya respecto del plano 
ecuatorial del satélite, bien en el que determinan durante 
cada día los centros de la Tierra y del satélite con el punto 
ocupado por un observador cualquiera en la superficie te- 
rrestre. La primera oscilación se llama libración en lons^i- 
tiid, la segunda libración en latitud, y la tercera libra- 
ción (liiinui. Procuremos indicar las causas .1 que obedecen. 

La libración en longitud procede de que el movimiento 
de traslación y de rotación de nuestro satélite, si bien se 
realizan en el mismo tiempo desde el principio de una luna- 
ción hasta la siguiente, no son constantemente uniformes el 
uno con relación al otro en todos los momentos de este pe- 
ríodo; pues mientras el de rotación puede admitirse como 
constantemente uniforme de un día para otro y de un novi- 
lunio al siguiente, el de traslación cambia de velocidad, 
como es sabido, según que la Luna se halle á mayor ó me- 
nor distancia de nosotros, obedeciendo, como los demás 
planetas, á la ley de las áreas descritas por el radio vector. 
Cuando éste es mínimo, el movimiento de traslación es más 
rápido, disminuyendo en velocidad cuando aquella distan- 
cia es máxima. Supongamos un punto en el centro del disco 
lunar. Cuando el satélite está próximo á su apogeo, la tras- 
lación del punto supuesto es menor que su rotación, y esta 



ASTRONOMÍA 



diferencia hace que aparezca dicho punto, no en la h'nea que 
une á la Tierra con la Luna, sino un poco hacia un lado de 
la misma. Al contrario, cuando la distancia es ó se aproxi- 
ma al perií^co, la velocidad de traslación aumenta, y el punto 
pretijado parece tener una posición distinta al otro lado de 
la línea de los centros. Tal es la libración de latitud y la 
causa que la produce. En realidad, este fenómeno no es más 
que un efecto de la posición relativa de los astros con rela- 
ción al centro de nuestro jLjlobo y á los distintos puntos de 
observación sobre la superlície del mismo. 

El eje de rotación de la Luna no es exactamente perpen- 
dicular al plano de su órbita, sino que forma con ésta un 
ángulo de 83°, 23'. Por otra parte, dicho eje se traslada en el 
espacio paralelamente á sí mismo, á pesar Je que el plano 
de la órbita, como hemos dicho, cambia constantemente de 
dirección, conservando con la órbita terrestre una inclina- 
ción que varía poco, como ya sabemos. .Sucede en esto algo 
semejante á lo que ocurre con la Tierra respecto del .Sol. 
Aquí, el paralelismo del eje terrestre en el espacio, unido á la 
inclinación del Ecuador sobre la Eclíptica, hacen que, en el 
transcurso del arto, nuestro globo presente hacia el Sol uno 
ú otro hemisferio, según las épocas solsticiales. Mirada la 
Luna desde la Tierra en el transcurso de una lunación com- 
pleta, un punto cualquiera del centro del disco situado en 
el plano perpendicular al eje de rotación del satélite debe 
aparecer, ya encima, ya debajo del plano de la órbita de la 
Luna, según que ésta se halle en conjunción ó en oposición 
respecto del Sol y de la Tierra. Parecerá, pues, que el globo 
lunar oscila en un plano que, pasando por el centro de nues- 
tro globo, fuese perpendicular al plano orbital de la Luna. 
Tal es, y tales son, las causas á que obedece el fenómeno 
conocido con el nombre de libración en latitud. 

Supongamos, por último, que en el momento de salir la 
Luna determinamos la posición de aquel punto de su disco 
que está en la recta que une al centro de la Luna con el 
centro de la Tierra. Es evidente que, para el observador que 
ve salir el satélite por el Oriente, aquel punto de posición 
determinada aparecerá al Este de la recta que une la vista 



3^ ASTKO.VOMÍA 



del observador con el mismo centro de la Luna. En cambio, 
al pasar el astro por el meridiano del que lo observa (y puede 
suponerse que la Luna pasa próxima al zenit), la visual in- 
dicada y la recta que une los centros lunar y terrestre coin- 
ciden en una sola: el punto observado aparecerá en el mis- 
mo centro del disco de la Luna. Pero, al declinar ésta hacia 
el ocaso . las dos rectas vuelven A dejar de coincidir, for- 
mando un án.iíulo cuyo vértice es el centro de la Luna. El 
punto prefijado en el centro del disco aparece ya un poco 
hacia el Occidente respecto de la visual dirií^ida por el punto 
que el observador ocupa. En esto, que no es más que un 
efecto de perspectiva, consiste la llamada lihracióu diurna 
de nuestro satélite. Después de minuciosas observaciones y 
medidas de estos balanceos, más aparentes que reales, del 
astro de la noche, se ha obtenido para valor de la lihracióu 
i')i loíiíj^itiifi una oscilación de cuatro minutos y veinte se- 
ííundos de ijrado; para la libración en latitud , tres minutos 
y treinta y cinco sesrundos. y para la oscilación diurna 
treinta y dos sei^undos solamente. 

Estudiado nuestro satélite en su orií(en y formación, en 
sus ma.íínitudes aparente y real, en orden á la distancia que 
le separa de la Tierra, en sus íases y movimientos princi- 
pales, ya con relación á nosotros, bien considerado con res- 
pecto á las constelaciones del tirmamento y del Sol, resta 
solamente que completemos el estudio de la compañera de 
la Tierra, analizando la estructura especial de su cubierta 
externa, la topoí^rafía y accidentes que ofrece á la curiosi- 
dad del observador. Antes, sin embar^jo, conviene que nos 
deteníjamos alo^unos momentos sobre el aspecto que presen- 
taría este mundo visible si pudiéramos observarlo desde la 
Luna. 

Desde luego se comprende que nuestro globo, cuya forma 
se aproxima á la esférica, se vería desde la Luna como un 
disco casi circular, cuyo diámetro aparente se aproxima á 
dos grados. ^' que, si prescindimos de los movimientos de 
libración de que hablábamos más arriba, la Tierra parecerá 
ocupar una posición invariable respecto del centro de la 
Luna, apreciándose sólo el movimiento de traslación con 



ASTRONOMÍA iiZ 



respecto á los demás astros y constelaciones. Las libracio- 
nes lunares, ya explicadas, harían aparecer en la Tierra 
movimientos recíprocos de oscilación á uno y otro lado de 
una posición media. Para puntos lunares situados en los 
bordes del disco, la Tierra aparecería, ya sobre, ya bajo el 
horizonte respectivo; pudiendo decirse que, en aquellos pun- 
tos ó regiones terminales de la Luna, la Tierra sale y se 
pone según los períodos de cada libración. 

Respecto del Sol, de los demás planetas y de las estre- 
llas, también es fácil comprender que aparecerían desde la 
Luna con sus movimientos respectivos en torno del satélite. 
El Sol daría, aparentemente por supuesto, una vuelta en 
torno de la Luna en el mismo tiempo que ésta emplea en 
una revolución sinódica respecto del astro central, y así 
proporcionalmente sucedería con los demás astros. Ni hace 
taita apuntar que nuestro globo, iluminado sucesivamente 
por el Sol, presenta para la Luna fases análogas, aunque 
complementarias, á las que la Luna presenta para la Tierra. 
Ésta presenta un hemisferio bañado de luz solar precisa- 
mente cuando en la Luna ocurre un novilunio, y recíproca- 
mente, cuando la Luna está llena, el hemisferio terrestre 
vuelto hacia ella estará á obscuras. Las fases intermedias 
también se corresponden, aunque, como hemos dicho, siendo 
complementarias las unas de las otras. 

El observar la Tierra desde la Luna sería, sin duda , un 
fenómeno más curioso, y también más instructivo, que la ob- 
servación del satélite desde aquí abajo. En primer lugar, 
prorque la Tierra, siendo mucho más grande, presentaría 
más distinción en los límites de las regiones principales, y 
deberían apreciarse con bastante claridad los límites entre 
el Océano y los continentes, aunque á ello se opondrían bas- 
tante las influencias de la atmósfera terrestre. En segundo 
lugar, podría recorrerse toda la superficie del Globo exami, 
nando su superficie en el corto espacio de las veinticuatro 
horas del día, cuando en la Luna sólo podemos hacerlo por 
partes y en un período de unos quince días, sin que jamás 
nos sea posible observar las regiones opuestas á la Tierra. 
Los selenitas, dado que existiesen, y que contaran no más 



38 ASTRÜXOMIA 



que con los imperfectos medios de observación con que aquí 
contamos, puede aseo^urarse que conocerían mejor que nos- 
otros la topografía terrestre, las regiones polares y otros 
muchos puntos que jamás ha podido ver el hombre. En re- 
sumen: si para los habitantes de la Tierra es tan maravi- 
lloso y esplendente el panorama del Universo estelar y pla- 
netario, para los habitantes de la Luna sería el cuadro más 
acabado, pues verían objetos y maravillas que nosotros sólo 
podemos suponer, teniéndolos más cerca. 

Pongamos ahora fin á este pesado artículo resumiendo 
en un cuadro los elementos más principales, tanto astronó- 
micos como físicos, referentes á la Luna. 

1." DiAmeiro aparente de la Luna visia des- 
de la Tierra 1.S68 segundos. 

2." l'aralaje ó radio terrestre visto desde la 

Luna . 3.4-Í.5.7 íJ. 

3." DiánieiT o verdadero de la Luna J.4S1 kilómetros. 

4." I )istaiicia mínima de la Tierra .1 la Luna. 363.2.s;i fd. 

5." Ídem m.lxim.i 4()5.."i0:{ id. 

6.^' Ídem media 3S4.3i»3 id. 

7." Desarrollo de la órbita que recorre la 

Luna 2.4.V1.270 id. 

8." Revolución sidérea y rotación sobre el 

eje '_7'. 7»', 43"', 11* 

*»." Revolución sinódica 2>>'', 12\ -W», 2^ 

10. excentricidad de la órbita O.Qói'^ 

11. Inclinación de la órbita lunar sobre el 

Ecuador del satélite I". 28' 

12. Ídem de la órbita lunar sobre la Lclíptica S". 8', 40" 

13. 1 )istancia media entre la Luna y el Sol.. 14.S.282.6Í» kilómetros. 

14. Ídem m.Lxima ó afelio 1.'>0.7%.7<X' id. 

15. Ídem mínima ó perihelio 14.').7fSS.."i(X) id. 

Ih. Revolución cónica del eje de rotación de 

la Luna en torno del de la Fcllptica 

as*', aflos) 6.7f>3^9^23'", 9» 

17. Revolución retrógrado -sidérea de los 

nodos 6.793'', 3^. 108 

l.s. Movimiento medio diurno de los nodos. . O', 3', 10.6" 

19. Revolución trópica de los nodos i).7QS*,2^i.l40 

20. Revolución sinódica de los nodos 'iU->' hO.S-JS 

21. Inclinación del eje de la Luna respecto 

del plano de la órbita terrestre S8\ 31', 35" 



ASTRONOMÍA 39 



22. Revolución sidérea del perigeo 3.232',57.534 

23. Ídem trópica de ídem 3.23l'*.46 700 

24. Movimiento medio diurno de la Luna en 

longitud 13'. 10', 35" 

25. Revolución sidérea de la Luna con rela- 

ción á un punto fijo 27''. 7'', 43"', 11,5" 

26. ídem con relación á los equinoccios 27'^ 7'', 43"', 4,7' 

27. Revolución anomalística referida A su 

perigeo 27^. 13\ 18"'. 37,4' 

28. Área de la superficie lunar, en el supues- 

to de que su forma sea esférica. 40 mili."* kilóm.* cuad.' 

29. \'olumen 22.063 id. id. cúbicos. 

30. Gravedad en el Ecuador de la Luna y en 

el primer segundo 0,804*^ de metro . 

31. Ídem comparada con la terrestre 0,164 id. 

32. Peso de la Luna 74 trill.^ de toneladas. 

33. Densidad media de la Luna 3,35 

34. Comparada con la de la Tierra 0,60 

Recordemos, finalmente, aljjunos períodos notables que 
resultan de la combinación de los movimientos de la Luna 
y de la Tierra respecto del Sol. Los antijE^uos llamaban S^- 
ros al período de 19 revoluciones sinódicas, equivalentes 
próximamente á 223 lunaciones, que vienen á ser 18 años 
y 11 días, después de los cuales se reproducen los eclipses 
de Sol y de Luna. Lra el único medio que toda la antigüe- 
dad, desde los Caldeos, tuvo para predecir los eclipses, con 
bastante exactitud respecto del día en que habían de ocu- 
rrir, aunque no pudieran determinar exactamente los ins- 
tantes precisos de las fases principales. El ciclo llamado de 
Methon, que consta de 235 lunaciones, servía para predecir 
los plenilunios y novilunios, así como las cuadraturas, pues 
bastaba haber observado y anotado estas fases durante 19 
años consecutivos para tener una guía en la reproducción 
de estos fenómenos. Lo dicho nos parece suficiente para que 
el lector se haya formado una idea muy aproximada del 
papel que nuestro satélite desempeña en el espacio con sus 
complicados movimientos en torno nuestro y del Sol. 

f R. ;^NGEL J^ODRÍGÜEZ, 

O. S A. 










■VS?}-^ ' 'SS5B-" ' *'S»*°' 



o; 



catAlooo 



DE 



JEscriltircs -^guotiiiro toiiañcilcs. jBortiifincsfs o ^njeriraiios. 



(1) 



Tal es la vida del insií,me religioso, del sabio incansable 
P. Fr. Manuel Blanco, uno de los hijos más ilustres entre 
los muchos que cuenta la Provincia del Santísimo Nombre 
de jesús de las islas Mlipinas, desde que los agustinos Ur- 
danetas y Radas y Aguirres... acompañados del general 
Legazpi, enarbolaron en ellas el estandarte adorable de la 
Cruz de Jesucristo. 

En Bulacán, siendo alcalde D. Felipe (robantes, acom- 
pañado t'ste de los Padres Religiosos, para de alguna ma- 
nera dar testimonio del universal aprecio en que era tenido 
el P. Blanco, levantaron Á su memoria una modesta columna 
de piedra, que recuerda á las generaciones futuras el nom- 
bre del primer botánico de Filipinas, del que no morirá en 
la gratitud de los sabios y en el reconocimiento de pobres y 
desamparados. 



íl) Véase la página 444. 



ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 41 



••El P. Blanco, continúa el P. Fernández, era de estatura 
regular, color moreno, cuerpo de medianas proporciones y 
un poco cargado de hombros. En sus negros y hermosos 
ojos se podía adivinar aquel gran talento que residía en su 
grave frente. Aunque parecía de carácter adusto, no obs- 
tante era en su trato muy amable, y su conversación amena 
é instructiva. „ Tenía á ratos cierta grave y modesta joviali- 
dad y felices rasgos de ingenio. Véase una muestra. Su co- 
lor naturalmente moreno, lo era mucho más todavía por el 
ardiente sol de b^ilipinas, que tomaba en sus frecuentes ex- 
cursiones botánicas. Llegó, pues, á Manila una Misión, y al 
ir los recién llegados á ofrecer sus respetos al P. illanco, 
preguntando éste á todos su nombre, llegó á uno que se lla- 
maba de apellido Bueno, y le dijo:— Quiera Dios que su 
apellido le caiga mejor que á mí el mío. — Pero mejor que 
con palabras, se puede conocer el carácter del sapientísimo 
P. Blanco en sus obras, en las que vive y vivirá eterna- 
mente: su sabiduría será ensalzada por todos los pueblos, y 
cantará sus alabanzas la Iglesia, que le contará siempre en 
el número de sus más ilustres hijos. „ Así concluye la bio- 
grafía del P. Blanco el M. R. P. Fr. Celestino Fernández, 
que, como antes indicamos, ha heredado también el espíritu 
observador del insigne naturalista, que ha traducido la hlova 
al idioma de Lacio, y ha tenido la suerte de alcanzar aún, 
y consultar á los amigos y conocidos del autor, oyendo de 
boca de los mismos las virtudes y excelencias del sabio bo- 
tánico. > 

. Admirables, dignas de todo elogio son las inmorta- 
les obras de los esclarecidos botánicos Tournefort, Linneo, 
Jussieu, los dos De Candolle, padre é hijo, Lagasca y Ca- 
vaniiles, etc.; pero estos sabios contaron con medios deque 
no pudo disponer nuestro Misionero. Para escribir sus obras 
leyeron aquellos autores los estudios de sus antepasados, 
consultaron con los contemporáneos, hicieron largos viajes 
por regiones distintas, y á veces la generosidad de las na- 
ciones abonaba los gastos ocasionados por las investigacio- 
nes científicas de los que consagraban su vida á estudios tan 
trabajosos...- Mas el P. Blanco, al escribir su Flava, con- 



42 ESCRITORES AGUSTINOS 



taba con pocos, muy pocos de estos auxilios. Y causa admi- 
ración el que, abrumado de quehaceres, y con vida tan ac- 
tiva y ocupada, pudiese legar al mundo esa obra monumen- 
^tal, sin otros estudios que los adquiridos por afición parti- 
cular, sin más libros al principio, ni medios de consulta, que 
el Sistema \'egetabilium de Linneo y algunos manuscritos 
de otros religiosos, cuyos nombres recuerda con gratitud: 
sin personal que le ayudase, y á cinco mil leguas distante de 
cuanto pudiera aliviarle en su ímprobo trabajo... "No |ie 
tenido, dice en el prólogo á la primera edición de la Flora, 
maestros ni herbarios, ni aun casi libros, cuando empecé 
por afición á entender en esta materia. .\Ii único libro enton- 
ces era el Sistona Vegcfah/'/inin de Linneo. „ 

Hablando de las dificultades que encontraba, hasta para 
averiguar el nombre vulgar de una planta, añade: "^En este 
punto es asombrosa la desidia de los indios; y así, el que se 
quiera dedicar á esta especie de investigaciones, debe pre- 
pararse á sufrir grandes trabajos: ni serán pequeños sus 
disgustos, cuando vea las insuperables dificultades que ten- 
drá que vencer para lograr ver las flores y frutos de los ár- 
boles. Son rarísimos los sujetos que aprecian esta clase de 
ocupaciones, y muchos las miran con desdén. Mil veces me 
he fastidiado por esto mismo, y se han pasado años enteros 
sin dar una plumada en la hlora^. Indicado hemos que no 
entraba en los cálculos del humilde religioso dar á la im- 
prenta el fruto de sus trabajos científicos "Nunca fué mi 
pensamiento, dice, el formar un tratado de plantas, digno 
de la luz pública. Una simple curiosidad me había hecho ir 
escribiendo lo que me parecía interesante^. V también hici- 
mos notar más arriba, que la lozana vegetación de los cam- 
pos de Angat fué lo que le suscitó la idea de emprender sus 
lucubraciones botánicas, y desde entonces aprovechaba to- 
das las ocasiones de adelantar un poco más en el conoci- 
miento de los vegetales. Gozábase en tener algún tiempo 
desocupado para penetrar en los bosques, examinar las es- 
pecies de plantas que encerraban'en sus espesuras, investi- 
gar á qué géneros ó familias pertenecían, en qué ordenes y 
clases debían colocarse. Pero no se limitaba á esto sólo su 



ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 43 

solicitud: la utilidad que el hombre podía sacar de los fru- 
tos, flores, hojas, jugos y troncos de los árboles, era objeto 
muy especial de sus observaciones. Todo lo concerniente á 
la Botánica aplicada fué lo que más llamó la atención del 
P. Blanco, y, en especial, cuanto pertenece á la especie mé- 
dica, en lo cual nos dejó escrita una multitud de secretos 
medicinales desconocidos ó mal aplicados hasta entonces. 
No se desdeñaba probar en su misma persona las virtudes 
de muchas plantas, con el único tin de proporcionar á los 
indios remedios en las dolencias que les aquejan. Y por lo 
que pertenece á Botánica agrícola y económica, puede de- 
cirse que la hlora Filil^ina es una verdadera y completa 
enciclopedia de agricultura, tanto que ha merecido los más 
entusiastas elogios del más célebre entre los botánicos mo- 
dernos, De Candolle. ^ 

Las descripciones que de las plantas da el P. Blanco son 
completas y acabadas, y hasta minuciosas, así en lo tocan- 
te á Botánica geográfica, como en los demás ramos de esta 
ciencia. A 1.20r) asciende el número de especies descritas 
por el sabio agustino. 

La Flora de Filipinas está ordenada según el sistema 
sexual de Linneo, método que principalmente se funda en 
el número de estambres y pistilos, á diferencia del método 
natural, que está fundado esencialmente en la conformidad 
3' relación que las plantas conservan entre sí, y en el cual 
hay que atenerse á la inserción de los estambres y corola. 
No hay menor duda en las presentes circunstancias acerca 
de la superioridad del método natural sobre el artificial, y 
mucho más después que el sabio De Candolle ha introdu- 
cido en él tan grandes modificaciones. Ni desconocía el Pa- 
dre Blanco las ventajas é imperfecciones de uno y de otro 
método; y si bien el sexual del botánico sueco estaba sujeto 
á graves inconvenientes, tales como no ser constante el nú- 
mero de los estambres en todas las plantas pertenecientes á 
un mismo género, y aun entre las flores de una misma plan- 
ta, tampoco el natural de Jussieu está libre de experimen- 
tar variaciones radicales por el tiempo en que escribía el 
botánico filipino; por lo cual, á pesar de reconocer su supe- 



44 ESCRltOKES AOUSTI.VOS 



rioridad, considerábale aún poco más que en embrión, y 
sujeto, por lo mismo, á considerables modificaciones, como, 
en efecto, después ha sucedido. Pero oigamos sus palabras: 
Dice así el sabio agustino: "Este método (el natural), según 
el cual es preciso observar con gran cuidado la inserción 
de los estambres y corola, es sin duda muy superior, y debe 
ser preferido á los otros; porque no se funda, como ellos, 
en la consideración de un solo carácter: por ejemplo, de los 
estambres, que á veces es muy lúbrico, sino en la confor- 
midad y semejanza de todos sus órganos, de los cuales unos 
son de más valor que otros. Caminando por este método, no 
quedan separados y trastornados muchos géneros que exi- 
gen en rigor estar unidos, por tener muchos puntos comu- 
nes de contacto, como sucede e» los otros, y así se proce- 
de con mucha seguridad : guiándose por los otros, siempre 
hay recelo de cngaflar.se. Es verdad que hasta que no estén 
del todo descubiertos los eslabones de la cadena natural de 
las plantas, este método no será más que artificial: pero, 
entre éstos, es indudablemente el mejor„. Con lo dicho en 
este párrafo, que hemos querido copiar íntegro, y aparte 
de otras razones que pudiéramos aducir, queda resuelta la 
dificultad de aquellos que ponían reparo en que el P. Blan- 
co hubiese seguido el sistema sexual de Linneo, y no el na- 
tural de Jussieu. 

Tan luego como se divulgó la noticia de que nuestro re- 
ligioso tenía tan preciosa colección de plantas descritas, no 
cesaron de importunarle amigos y conocidos para que pu- 
blicase trabajos de tanto mérito. S. M. misma Doña .María 
Cristina . que á la sazón era Regente del Reino, dio dos Rea- 
les órdenes, la una en 27 de Marzo de 18^36 y la otra en 4 
del mismo mes de 1S43, para que se imprimiese la Flora de 
hilif>inas, mandando á la vez al Capitán general de Manila 
dispensase al autor toda la protección que estuviese en sus 
facultades, y le determinase con qué mejor podría premiar 
los méritos del sabio botánico. 

Las repetidas instancias de sus amigos, las Reales y dis- 
tinguidas invitaciones de S. -M. la Reina, y los paternales 
mandatos de sus Superiores, movieron, por último, al mo- 



ESPAÑOLES. PORTUGUESES Y AMERICANOS 45 

desto religioso á publicar su manuscrito, saliendo la prime- 
ra edición en un tomo en 4." de lxxviii-887 págs., el año 
de ISol. Creía el autor haber cumplido ya con su objeto; 
pero la aceptación y aplauso general con que el público 
ilustrado recibió el fruto de sus fatigas fueron causa de que 
en poco tiempo se agotasen todos los ejemplares, y los sa- 
bios y los amantes de la ciencia reclamaban se imprimiese 
de nuevo la Flora Filipina. Por esta causa la Real Acade- 
mia Económica de Amigos del País de Filipinas, de la cual 
era socio el P. Blanco, destinó en 21 de Marzo de 1S4Ü cier- 
ta suma de dinero para la reimpresión de la obra. Pacífico 
se hallaba el anciano religioso en su retiro del Convento de 
Nuestra Señora de Guadalupe, cuando le sorprendió la no- 
ticia de lo acordado por la Real Academia; y aunque abru- 
mado por los años y achaques, todavía encontró fuerzas su 
espíritu para emprender la revisión del libro, corregirlo y 
ampliarlo cuanto se lo permitieran las circunstancias. Pero 
Dios no quiso concederle el gusto de ver terminado su tra- 
bajo, y antes que acabase la reimpresión, terminó él los 
días de su vida... 

Antes de entrar de lleno en la descripción de las plantas, 
expuso el P. Blanco, por vía de introducción, las nociones 
principales de Filosofía botánica, á lo cual añadió una breve 
nomenclatura de los términos técnicos más precisos de esta 
ciencia; expuso luego el sistema de Linneo que había de 
servirle de guía en toda la obra, dando una breve explica- 
ción de cada una de las clases, y completando esta parte 
con un resumen de los géneros contenidos en su Flora. 
Viendo la confusión á que estaba sujeta la poligamia (que 
corresponde ú la 23.'"^ clase), y á imitación, como él dice, de 
algunos botánicos, creyó conveniente suprimirla como gru- 
po aparte, intercalando las plantas que á ella perteneciesen 
en los demás géneros , y señalándolas con dos asteriscos. 
Por último, completó su libro con dos índices alfabéticos: el 
uno de los géneros, y el otro de los nombres que los indí- 
genas daban á las plantas, indicando el género á que éstas 
pertenecían. 

Digamos ahora de la tercera edición que acaba de publi- 



46 ESCRITORES AGUSTINOS 



carse... La Provincia del Santísimo Nombre de Jesús de las 
Islas Filipinas, cuyo dif,^no hijo fué el P. Blanco, viendo, no 
sólo la conveniencia, sino la necesidad de una edición nue- 
va, acordó publicar por tercera vez la Flora FíUpifia, que 
empezó en 1877, saliendo y remitiéndola por entregas á los 
subscriptores. 

Cuánto se añadió y mejoró esta última edición, déjase 
conocer con sólo atender á los títulos de los cuatro tomos 
arriba mencionados. 

"Con la corrección hecha en el .Vpéndice, continúa el 
P. Rodríguez, conforme al método natural, quedan zanja- 
das todas las dificultades que antes pudieran hallarse en el 
método scfíuido por el P. Blanco. Los amantes del projíreso 
y de la ciencia tienen hoy en la tercera edición de la Flora 
Fii/piiKi uno y otro método, y pueden á su satisfacción diri- 
girse por cualquiera de ellos para ver, admirar y contem- 
plar las bellezas con que el Criador enriqueció los fértiles 
y lozanos campos lilipinos. Al efecto le ayudarán sobrema- 
nera más de 400 hermosas láminas intercaladas en el texto; 
láminas que, según el parecer de los inteligentes, nada de- 
jan que desear por lo que toca al arte litogrático.„ 

De la edición se han hecho dos tiradas: una de todo lujo, 
y otra menos lujosa. .Aquélla va en papel de hilo superior, 
y las láminas son magnílicos cromos que representan al vivo 
los colores naturales de la planta. Esta se tiró en papel de 
algodón bueno, y las láminas son litogrartadas, en negro y 
hechas con gran perfección. **Creemos haber dicho lo bas- 
tante para poder formar una idea de esa obra monumental, 
colmada de elogios por cuantos sabios han podido verla, 
y premiada en varias Exposiciones: en la última de Ams- 
terdam !le fué adjudicado Fl ¡(rati premio d»' lionor d la 
ciencia... 

„La escena que tuvo lugar en el acto solemne de la adju- 
dicación de los premios en Amsterdam, fué en gran manera 
curiosa, según sabemos por comunicación particular. Un 
español que tuvo la honra de asistir á la solemne ceremonia 
fué objeto de finas y distinguidas atenciones por parte de 
cuantos presentes .se hallaban. \Mtoreáronle públicamente 



ESPAi^OLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 



47 



<1 él y á España, sólo al considerar el mérito relevante de la 
Flora Filipina. Un alemán hubo que, llevado de su entu- 
siasmo, abrazó enternecido el precioso ejemplar de la Flo- 
ra, y, con ella abrazado, dejaba correr por sus mejillas 
abundantes lágrimas.^ 

—Vid., vol. IX y X de la Kev. Aj. 

fR. ^ONIFACIO /WORAL, 
O. 8. A. 












Kfaista Tanomca 




'obre ln Miau parroquial y conventual. — La aplicación de la 
Misa por el pueblo ha ^ido siempre reconocida en la Iglesia 
como una de las obligaciones más estrictas que los clnones 
y la moral prescriben. Hoy es cosa cierta que el Párroco no puede 
substraerse al deber de aplicar la Misa en determinados días perlas 
almas que tiene encomendadas á su cargo, ni en fuerza de la costum- 
bre ni A causa de la pobreza. De otra manera, esa obligacit^n dejaría 
de reconocer el origen divino que todos sin excepciones le conceden. 
Del mismo modo, la Misa conventual, iniciada, como quieren mu- 
chos, en aquellas solemnidades en que los cristianos se coni^regaban 
para oir públicamente y en comunidad la Misa, ha sido preceptuada 
con rigor, y hoy obliga ineludiblemente y en general A todos aquel'os 
que en las Iglesias Catedrales ó Colegiatas han obtenido y poseen 
canonicatos ú otros beneficios corales. La Misa conventual se consi- 
dera como la parte más importante del Oficio Divino, y á la que van 
dirigidos y sirven como de preparación todos los oficios del coro. 
Claro está que, en este sentido, la Misa que se acostumbra á celebrar 
cuotidianamente y á hora fija en los Monasterios ó Conventos no 
exige las solemnidades ni tiene el carácter de Misa conventual pro- 
piamente dicha. Las condiciones que la Misa conventual y parroquial 
exigen, son conocidas y están determinadas en los elementos del De 
recho canónico, por lo cual no es menester expresarlas aquí; pero 
ha de contribuir no poco á esclarecer esta materia las siguientes au- 
torizadas palabras de la Sagrada Congregación de Ritos sobre la 
duda que verán nuestros lectores: 

Sacra Rituum Congregatio ad Decreta, quibus indulget Missam 
solemnem vel etiam Missas lectas in aliqua extrínseca festi vítate, 



REVISTA CANÓNICA 49 



solet adjicere clausulam : dutnmodo non otnittatur Missa conven- 
tualis vel Parochialis, Officio dici respondens, ubi earn celehrandi 
adsit obli^dtio. Porro nonnuIH Ecclesiarum Rectores hujusmodi clau- 
sulae declarationem ad eadem Sacra Con^regatione humillime ro- 
garunt; et ipsa Sacrorum Rituum Congregatio, ad relationem sub- 
scripti Secretarii, re accurate perpensa, declaravit obligationem in 
casu quoad Missam Conventualem, Officio diei respondentem, adesse 
pro Ecclesiis, in quibus ea die fit Officiatura Choralis, juxta Decre- 
tum 6 Junii 1888 ad ii : quoad vero Missam Parochialem, eam officio 
diei conformem esse deberé, quando perag< nda sit cum applicatione 
pro populo. Atque ita rescripsit. Die 21 Februarii 18%.— G//". Card. 
Aloisi-Masella, S. R. C Prnef.— L. f .S.— .4. Tripepi, Secretarius. 



Consultas del Obispo de Flaten. — En el mismo día 21 de Febrero 
del presente año contestaba la Sagrada Congregación de Ritos á las 
preguntas elevadas por el Rmo. Sr. D. Mariano Palermo, Obispo de 
Flaten, en la forma siguiente: 

I. An in accessu Episcopi Ordinarii ad Ecclesiam Cathedralem, 
rei diviníf peragendít causa, sive ipse celebraturus sit sive alter, 
íera turris campanariíe pulsari debeant? 

II. l'trum in casu teneantur Canonici Episcopum, cappa vel ha- 
biiu chorali indutum comitari et deducere? 

III. An in e.xpositione prívala , quando populus benedicitur cum 
Sanctissimo EucharistiíC Sacramento, pyxide clauso, ipsa pyxis co- 
operienda sit velo humerali? 

IV. Utrum , benedicto Caemeterio, censeri debeat benedicta etiam 
Ecclesia, eidem adnexa, et viceversa ? 

Resp. : 

Ad I. Affirtnutive , ad normatn Cicrctnonialis Episcoporum. 
Ad II. Stetur Cteretnoniuli et Decretis. 

Ad III. Affirmative, juxta dccretiim in una Meliten. 23 Februa- 
rii 1839. 
Ad IW Negative ad utrumque. 

Atque ita rescripsit. Die 21 Februarii 18%. — CaJ. Card. Aloisi-Ma- 
sella, S. R. C. Praef.— L. f S.— J. Tripepi , Secretarius. 



Varias dudas del Arzobispo de Cirene. — El Rmo. Sr. D. Nazario 
Begin, Arzobispo de Cirene y Administrador de la diócesis de Que- 
bec, acudió á la Congregación de Ritos en busca de solución á las si- 
guientes dudas : 

I. Ex peculiaribus Indultis Dioecesi Quebecensi concessis, solem- 
nitas quorundam festorum de prxcepto transfertur in Dominicam 

4 



50 REVISTA CANÓNICA 



proximam sequentem, vel ea impedita, in Dominicam proximam an- 
tecedentem; atque ita, ut in Ecclesiis, ubi fit Officiatura cum cantu, 
Missa et \'esperae solemnes de hisce festis, additis Commemoratio- 
nibus juxta Rubricas, perag^antur : in nliis vero única Missa lecta cele- 
bretur. Ilinc quasritur : An siibsi^tat dic , qnti celebratiir ofjiciton 
transfcrcuihe vcl trauslaítc snlt'ntfiiíiUis : 

1.^ Prohibitio celebrandi Missam in Oraioriis mere privatis et 
Missam exequialem prncsente corpore? 

2.** Obligatio Parochorum Missam applicandi pro populo? 

3° Facultas Episcopo concessa conferendi Ordines Sacros diebus 
festivis de praecepto? 

II. Utrum e?edem solemnitates celehrari possint in festis Circun 
cisionis Domini et Ssmav Trinitaiis; dio octava Epiphaniae, Dominica 
Passionis et Dominica in Albis, qu;c festa quaelibct alia, etian Du- 
plicia primie classis, excludunt? 

III An, pluribus occurrentibus solemnitatibus transferendis, una 
vel altera possit ad libitum omitti vel saltem simpliticari per Com- 
memoraiionem sub única conclusione, cum oratione Dominicx pri- 
m;c classis vel fesii , aut solemnitatis ritu, aut privilejjio superiorisr 

I\'. Utrum in parochiali l-xclesia , cujus titulare fcstum ipsa dio 
fuit a populo ex devotione celobrntum >olomnitas debeat nihilomi- 
nus die Dominica perag^i? 

V. An Indultum speciale, 13 Maji 18a>. quo solemnitates transfe- 
rendíc in Dominicam sequentem, eaque impedita, in Dominicam 
proximam praícedentem, ad hanc solam Dominicam restringatur? 

VI. Utrum in Ecclesiis, ubi ex Indulto 13 Martii ISP solemnitas 
translata peragitur cum Missa et \esperis solemnibus, hi qui üsdem 
X'esperis assistunt, Divini OtUcii recitationi satisfaciant ? 

VII. An Ídem Indultum pro Ecclesiis concessum comprehendat 
etiam Oratoria tum publica tum privata? et quatenus Negative ad se- 
cundan! partem , imploratur gratia extensionis ad Oratoria prívala 
Collegiorum, Hospitiorum et aliarum Communitatum, juxta prudens 
Ordinarii judicium in singulis casibus. 

Resp. : 

Ad I. Negntive quotui h''^ . affirwtitive quodd li""' et 3""' 

Ad II. Ncgative. 

Ad 111. Fint de solemtiittite digniori et minus digna trans/era- 
tur ifi proxitnioreui Domitticam liheravi. 

Ad I\'. AJJ'irtnative. 

Ad V. A/firtnative. 

Ad VI. Ad S. Congregíitionein Conrilii. 

Ad \'1I. QiWíid qiticstiouevt: hidultaut comprchendcre fantjon 
Oratoria publica ; quoad püstulati*ni: Non expediré. 

Atque ita rescripsit. Die 6 Martii 18%.— Co;. Card. Aloisi-Masella, 
S. R. C. Praef.— J. Tripepi, Secretarius. 



REVISTA CANÓNICA 



La fiesta de Santo Tomás de Cantorbery es elevada á rito doble 
menor para toda la Iglesia.— SSmus Dominus Xoster Leo Papa XIII, 
referente subscripto Cardinali S. Rituum Congre^^ationi Príefecto, 
communia vota Emorum ac Rmorum Patrum Sacris tuendis Ritibus 
praepositorum, libenter excipiens, Festum Sancti Thomae Episcopi 
Cantuariensis et Martyris ad ritum duplicem minorem pro Universa 
Ecclesia evehere dignatus est, illudque sub praedicto ritu in Calen- 
dario Universali deinceps et in novis editionibus Breviarii Romani 
inscribí decrevit. Contrariis non obstantibus quibuscumque. 

Die 24 Februarii l.s%.— Gi>. Card. Aloisi \íasclla, S. R. C Priief.— 
L. t S.—A. Tripepi . S. R. C. Secretarias. 



Otras dudas expuestas á la Congregación de Ritos. — Con el debi- 
do permiso del Ordinario de Basiiea. un Sacerdote, director del Ca- 
lendario de la diócesis , propuso A la Saturada Congrejíación de Ritos 
las si<íuientes consultas que juzgamos oportuno transcribir ínte^iras: 

I. L'irum in festis SS. Petri Damiani (23 Februarii) et Alphonsi 
M. de Li2:orio 2 Augusti) mutandus sit tertius versas in Hymno: 
Iste Contessor? 

II. In diíJL'cesi Basileensi die 22 Martii sub ritu duplici rainori ce- 
lebratur festum Beati Nicolai de Flüe, qui obiit die 21 Martii 14.S7 
et hujusmodi festum, concurrens cum festo Sancti Benedicti Abba- 
tis, sub ritu duplici majori recolendo. tantum Commemorationem 
habet in primis V'esperis. Quod si incidat in Feriam secundam post 
aliquam Dominicam Quadragesimae vel Dominicam Passionis et de 
ilio recitandus sit Hymnus: Iste Confessor, in primis Vesperis, quse- 
ritur: debetne mutari tertius versus in Hymno, et haec mutatio indi- 
cari in novis editionibus Proprii Dioecesani, a S. Rituum Congrega- 
tione die ^'J Septembris lso9 approbato? 

III. Kalendarium Dioecesanum, a S. Rituum Congregatione appro- 
batum. indicat pro Dominica secunda post Pascha festum SS. Sigis- 
mundi Regis et Soc. Mm. sub ritu duplici minori. Sive ante sive post 
approbationem Kalendarii, praedictum festum omissum fuit, quoties- 
cumque aliud festum dúplex enuntiata Dominica occurrebat, prout 
fit hoc anno, quo celebratur festum Sancti Leonis IX, Papae sub ritu 
duplici 11." classis festo SS. Sigismundi et Soc. penitus omisso. Quae- 
ritur, utrum hac in re bene ordinatum sit Kalendarium? 

W . In Dioecesi Basileensi festum Sacrarum Reliquiarum peragi- 
tur sub ritu duplici majori, Dominica infra Octavam Omnium Sanc- 
torum. Porro quotiescumque littera dominicalis est d saltem pro 
mense Xovembri, deest praedicta Dominica. Etenim festum Omnium 
Sanctorum celebratur die prima mensis, et Dominica sequens est 
dies octava ejusdem festi. Quaeritur, utrum hoc in casu oraitti debeat 



52 RKVISTA CANÓNICA 



festum Sacrarum reliquiarum, ut hucusque factum est, an potius ad 
primam diem liberam, id est diem 19 Decembris transferendum sit? 

V. In editione typica Breviarii Romani legitur sequens Rubrica 
die XVI Septembris: Si festum SS. Cornelii et Cypriani venerit in 
Dominica ñtOfficium de Dominica cum Commemoraiione eorumdem 
in Utrisque V'esperis et Laudibus et ix Lectione histórica (ex tribus 
una) atque commemorationc SS. Euphemi:i. , Luciae et Geminiani 
Mm. in I V'esperis ct Laudibus , omissa Lectione. Porro , quum in prit- 
dicto casu, ubique terrarum recolatur festum vii Dolorum B. M. V. 
pro Dominica iii Septembris adsijjnatum, videtur esse corriji^enda 
haec Rubrica in novis editionibus Breviarii. Hinc quieritur, utrum et 
quomodo hice correctio fieri debeat? 

VL Ex S. R. C. Decreto die 8 Decembris I89">circa celebrationem 
Missic in lícclesia aliena, videtur Sacerdob habens festum duple.x 
L*» Classis non posse celebrare, nisi more votivo Missam conformem 
suo Ofticio, quando ritus alienie Ecclesiae permittit Missas de Requic 
et votivas. Quid agendum in casu? 

Resp.: 
• Ad L No f(iitive , justa Editionem typicam it Afarfyrologiutn Ro- 
manuni. 

Ad I!. A/Jinuaiive . ni ni /este Sane f i Hyacinthi Conf. die 1 ly 
Aufcusfi, 

Ad III. AJJirmaíive et festum SS. Sigistuundi et Soc. quoties im- 
pcditur . peuitus omittatur. 

Ad I\'. Afjirmative ad primam partem, negative ad secumdam, 
nisi ohtincatur Iiuiíiltum pro translatioue. 

Ad \'. Detur Decretum itt Aretina, 7<V Junii 1885ad iv. 

Ad VI. Missa Offieio eon/ormis, sivc de semidupliei sive de quo- 
eitmque dupliei , et in casu, est /estiva: proinde non est votiva , nec 
more votivo dicenda. 

Atque ita rescripsit. Die 14 Martii 18%. — (<?;. Card. Aloisi-Ma- 
sella.S. R. C. Praef.— L. f S.— ^. 7V//>f/)í, Secretarius. 



Sobro el canto litúrgico. — En Marzo último pasado contestaba la 
Sagrada Congregación de Ritos á la siguiente consulta formulada 
por muchos Sacerdotes: 

An intonationes Hymni angelici ac Symboli, necnon singulíe mo- 
dulationes a celebrante in Missa cantata exequend;c, videlicct Ora- 
tionum , Pr;efationis, Orationis Dominicíe et cum relativis respon- 
sionibus ad chorum pertinentibus^ex pra^cepto servari debeant prout 
jacent in Missali,an mutari potius valeant juxta consuetudinem qu.a- 
rumdam Ecclesiarum? 



REVISTA CANÓNICA 53 



Resp.: 

Affirmative ad printant partem: Negative ad secuvidnDt ct qu'am- 
cumqite contruriam cottsuetudinem esse eliininaiida)ii justa Deere- 
tutn 21 Aprilis 1873. Atque ita rescripsil ac servar i mandavit. 
Die 14 Martii 18%.— C«>. Card. Aloisi-Masella, S. R. C. Praef.-L. t S. 
A. T^r/p^pi, Secretarius. 

Es necesario confesar, en vista de las resoluciones preinsertas, 
que, no obstante la frialdad con que hasta ahora se han cumplido los 
preceptos de la Santa Sede referentes al canto de la Iglesia, perma- 
necen hoy en su vigor primitivo. Son innumerables los Sumos Pontí- 
fices que hicieron supremos esfuerzos por reducir d uniformidad el 
canto de la Iglesia, convencidos de que esto contribuye en gran parte 
al esplendor de la fe y á la dignidad del culto. La unidad en los de- 
más ritos sagrados, recomendada por el Concilio de Trento, é intro- 
ducida en la Iglesia universal con aceptación de todos, debía exten- 
derse al canto eclesiástico, como una de las partesde más importancia 
que componen la liturgia. De ahí que las determinaciones de algunos 
Papas, en especial de (Gregorio XUl y Paulo \', sobre la uniformidad 
del canto sagrado, lejos de anticuarse, hayan recibido mayor im- 
pulso, merced á los esfuerzos de Pío IX en su Breve de 1873, y del 
actual Pontífice, á quien se deben las Letras Apostólicas de 1878 y el 
Decreto de 1894, cuyo contenido es una confirmación omnímoda de 
las disposiciones del mismo Pío IX. Eo vel magis, decía este Papa, 
qtwd sit Nobis uiaxivie tu votis, ut cum iu Cívteris, quw ad Sacram 
Liíur^iam pertinent , tutn ctiutn in cattítt, una, cundís in locis ac 
Di(rcesibi4s, eademque ratio servetur qua Romana tititur Ecclesia. 
Id potissimum spectantcs, dice León XIII, ut sic cunctis in locis ac 
Diacesibus, cum in aeteris quce ad Sacratn Liturgiam pertinent , 
tum ctiam in cantu una eademque ratio servetur, qua Romana 
iititur Ecclesia. 

Puede comprenderse por lo dicho la importancia que la Congre- 
gación concede á la respuesta que arriba transcribimos, y por tanto 
la obligación que tienen todas las personas encargadas de dirigir el 
canto litúrgico de sujetarse á esa uniformidad tan sabiamente dis- 
puesta. Por desgracia, los descuidos en esta materia son harto fre- 
cuentes, y nacen de no considerar que el canto adulterado y capri- 
choso es molesto para los que lo oyen, y atrae las burlas del público 
sobre las cosas más sagradas. 



Libros prohibidos últimamente por la Sagrada Congregación del 
índice.— Sacra Congregatio Eminentissimorum ac Reverendissimo- 
rum Sanctae Romanas Ecclesiae Cardinalium á Sanctissimo Domino 
Nostro Leone Papa XIII Sanctaque Sede Apostólica Indici librorum 



54 REVISTA CANÓNICA 



pravfe docirina, eorumdemque proscriptioni, expurgationi ac per- 
missioni in universa christiana República pncpositorum et delega- 
torum , habita in Palatio Apostólico Vaticano die 17 Aprilis 18%, 
damnavit et damnat, proscripsit proscribitque. vel alias damnata 
atque proscripta in Indicem librorum prohibitorum referri mandavit 
et mandat qua^ sequuntur Opera: 

Ferri Enrico.— Z.^ Sctwla Crimínale positiva.— Coníerenza.—Na- 
poli, Knrico Detken Libraio Editore, piazza del I'lebiscilo, IbST). 

hem. — Sociología Crimínale. — Tevza. edizione completamente 
rifatta dei nuovi orizzonti del Diritio e della Procedura pénale.— Fra- 
telli Bocea Librai.— Torino, via Cario Alberto. 3, 1892. 

ítem. — L'omicidio-sia'cidío.— Responsabilitá ^iuridica.— Quarta 
edizione ampliata con nuove ag^^jiunie polemiche, e due tavole grali- 
che.— Torino. E'ratelli Bocea Editori, 1895. 

Ítem.— Z,rt /corta delT ivipittahilitá e la tiegaaione del libero ar- 
bitrio.— Firenze, 1878. 

liem. — L' omicídío iiell antropología crimínale (omicida nato, 
omicida pazzo) con atlante antropologico-statisiico.— Torino. bVatelli 
Bocea Editori, 1895.— Prohib. Decr. ü Decemb. 18Q5. 

Los Jesuítas de puertas adentro. — Ó un barrido hacia afuera, en 
la Compañía í/t'/r^/í.s. — Barcelona. Tipografía de Luis Tasso, 18%. 

Cuite prívi' des Mains Divines de Notre Sauíeur.— Decr. S. Ofl. 
Fer. IV, 6 Febr. 18%. — Quo prohibentur quoque omnia scripta sive 
typis edita, sive non; in quibus speciales formuiac nova devotionis, 
etiam sub prjetextu quod sint privatse, erga SS. Manus D. Ni I. C. 
quomodolibet proponantur et propagentur 

Itaque nemo cujuscumque gradus et conditionis pradicta Opera 
damnata atque proscripta, quocumtjue loco el quocumque idiomatc, 
aut in posterum edere, aut edita Icgere vel retiñere audeat, sed lo- 
corum Ordinariis, aut hasreticíc pravitatis Inquisitoribus ea tradere 
teneatur, sub poenis in índice librorum vetitorum indictis. 

Quibus Sanctissimo Domino Xostro Leoni Pap:E XIII per me 
infrascriptum S. I. C. a Secretis relatis, Sanctitas Sua Decrctum pro- 
bavit, et promulgari prsccepit. In quorum fidem etc. 

Datum Romíe die 1^» Aprilis 18%.= f .Sherapuinus, Card. \'annu- 
telli, Episcopus Tusculanus Fraefectus.=Fr. Marcolínus Cícognaní, 
O. P., a Secretis. — Loco f sigilli. — Die '20 Aprilis 18%.— Elgo infras- 
criptus Mag. Cursorum testor supradictum Decretum allixum et pu- 
blicatum fuisse in Vrbe.— ]'íncentius Benaglia. Mag. Curs. 



fR. ^ENITO JlODRÍGUEZ Y pONZAt,£Z, 
O. S. A. 



CRÓNICA GENERAL 



EXTRANJERO 




OMA.— Esuin para terminarse los trabajos de la Junta encarga- 
da de examinar la cuestión de las ordenaciones anglicanas, las 
s;2¿ cuales, por confesión de los mismos representantes del pro- 
testantismo inglés, deben ser consideradas como de ningún valor. 
Acerca de la impresión favorable ó desfavorable que semejantes de- 
claraciones habrán de producir en Inglaterra, hoy por hoy nada se 
sabe en concreto; si bien se abrigan fundadas esperanzas de que con 
este motivo vuelvan muchos disidentes al seno de la Iglesia Católica. 
—Las corrientes de simpatía que desde hace algún tiempo se han 
establecido entre el Vaticano y la corte imperial de Rusia, se signi- 
fican más y más cada vez por las muestras de consideración y apre- 
cio que Su Santidad viene dando al Tsar Alejandro II. Prueba de ello 
es la Embajada extraordinaria que la Santa Sede proyecta enviar á 
Moscou para que asista á las fiestas de la coronación de dicho So- 
berano. Los diarios de Roma han publicado los nombres de los in- 
dividuos de la Corr;isión, que se compondrá de Mons. Agliardi, Em- 
bajador; Mons. Jenaro Tranto, de los Príncipes de Belmente: Mon- 
señor Fernando Croy, de la ilustre familia de Príncipes de este tí- 
título, que es belga; Mons. Francisco Tomassi, Camarero secreto; 
Conde Marino Saluzzo di Corigliano y el Conde Mario Carpegna, de 
la Guardia Noble Pontificia. El Gobierno ruso, en justa corresponden- 
cia á las delicadas atenciones que León XIII no cesa de prodigarle, 



56 CRÓNICA GENERAL 



ha dispuesto que Mons. Kozlowski, Arzobispo de Mohilew. invitado 
á las ceremonias de la coronación, redacte y presente al Emperador 
una Memoria en que se exponcja con toda claridad la situación de los 
católicos en Rusia y le indique los medios de mejorarla. Se asegura 
que el general Klingenberg, bien conocido por las vejaciones que ha 
hecho sufrir A los católicos en Krozc, será privado de su empleo. Ade- 
más, el Tsar ha dirigido al Romano Pontífice una respetuosa y atenta 
carta en la que se manifiesta animado de los mejores sentimientos en 
favor de los Seminarios católicos y de las buenas relaciones que le 
unen al Vaticano. 

—Las fiestas del aniversario de la Coronación del Tapa, aplaza- 
das con motivo de la derrota sufrida por las tropas italianas en Adua, 
se han celebrado el día 12, con gran concurrencia de fieles. Al solem- 
ne Te Dciini cantado en la Basilica de San Pedro asistieron numero 
sos Prelados y altos funcionarios de la Corte Pontificia y lo más se- 
lecto de la sociedad romana afecta á la Santa .Sede. 

— Aun cuando nada cierto podemos asegurar acerca de la fecha en 
que ha de celebrarse el próximo Consistorio, lo probable es que se 
verifique en Mayo: dícese también que, con objeto de utilizar por más 
tiempo los buenos servicios que Mons. Cretoni y Mons. lacobini vie- 
nen prestando en sus respectivas Nunciaturas de Madrid y Lisboa, no 
serán promovidos á la dignidad cardenalicia hasta el Consistorio si- 
guiente. 

—Dentro de poco se publicarán varias Kncíclicas, en cuya redac- 
ción viene trabajando el Pontífice hace algún tiempo: una de ellas 
está dedicada al milenario del Catolicismo en Hungría; otra versará 
sobre el Primado Pontificio, y la última acerca de los Delegados 
y \'¡carios Apostólicos en los países de Oriente. 



Italia.— Han fracasado las negociaciones de paz entre italianos y 
abisinios, efecto de haberse negado el (7.obierno de Rudini á aceptar 
las proposiciones de Menelik, quien ha insistido en exigir: I.", que 
Italia abandone el protectorado sobre Abisinia; 2.", que renuncie á 
su propósito de poseer un puerto en el mar Rojo; y 3.**, que le entre- 
gue, en concepto de indemnización de guerra, la cantidad de vein- 
ticinco millones de liras. En su consecuencia, el general Baldissera 
ha recibido orden de continuar las hostilidades, y así lo ha hecho, 
marchando con cuarenta y dos mil hombres sobre Adigrat. con ob- 
jeto de levantar el cerco que á esta plaza tienen puesto los derviches. 
Los últimos telegramas anunciaban que el resultado del movimiento 
de las tropas de Baldissera había sido la retirada de los derviches y 
el restablecimiento de comunicaciones con los sitiados, cuyo jefe ha 



CRÓNICA GENERAL 57 



conferenciado largamente con el general del ejército italiano sobre 
asuntos de la campaña. El Negus, por su parte, retiene en su poder 
al coronel Salva, enviado á proponerle las condiciones en que Italia 
admitiría la paz, y amenaza con no entregarle hasta tanto que se le 
devuelvan dos cartas autógrafas dirigidas á Baldissera; además ha 
dado orden de conducir al centro de Abisinia los cuatro mil prisio- 
neros que tiene en su poder y de retirar sus tropas á posiciones del 
interior, donde esperará que pase el período oe las lluvias, á la vez 
que hace aprestos para reanudar la campaña. La Prensa italiana de 
oposición comenta estos hechos, censurando la conducta de Rudini 
por no haber demostrado en las negociaciones la prudencia y tacto 
político que reclamaban las circunstancias, mientras otros diarios 
autorizados defienden el proceder del Gobierno, á su modo de ver 
muy en harmonía con lo que exige el honor de la nación. 

—Sobre los mismos asuntos de África se han distribuido entre los 
senadores y diputados italianos tres Libros verdes, cjue contienen 
los principales documentos referentes á los acontecimientos de ma- 
yor transcendencia ocurridos durante la guerra. De ellos resulta que 
Italia se conformaba con la derogación del tratado de Ucciali , pero á 
condición de que no se concediera á otra potencia el protectorado 
sobre Abisinia. El general Baldissera, obedeciendo á las indicacio- 
nes del Gobierno, deberá sostenerse en Kasala hasta la llegada del 
otoño, época en la que se adoptará una resolución definitiva; que- 
dando, sin embargo, en libertad amplia de obrar como le pareciese 
conveniente en el caso de correr peligro las fuerzas que tiene á sus 
órdenes. Los otros documentos pertenecen á sucesos anteriores y tra- 
tan de la conducta del Gobierno de Crispí y del general Barattieri 
antes y después de la campaña de África. Consta que dicho general 
había pedido refuerzos á su Gobierno, previendo la inminencia de la 
guerra, y que presentó su dimisión al saber que no se le proporcio- 
naban recursos. A raíz de la derrota de Amba-Alagi, el Gobierno de 
Crispí llamó al general Barattieri para que le informase sobre la 
oportunidad de tomar la ofensiva, indicando el número de tropas que 
al efecto le serían necesarias; á lo que Barattieri contestó que se le 
enviasen cuantos refuerzos fuera dable organizar, y que, hasta no ha- 
berlos recibido, le parecía una locura intentar un ataque. También se 
ha sabido, por la publicación de los escritos oficiales que venimos 
resumiendo, la intervención de Inglaterra con el Ras Mangascia 
para que se mantuviese fiel á Italia, y otras negociaciones encami- 
nadas á facilitar el desembarco de las tropas de Humberto. 



* 
* * 



58 CRÓMCA GKN'ERAL 



Francia— Los extravíos del Gabinete Bourgeois, su radicalismo 
sectario y sus condescendencias con los socialistas no podían menos 
de atraerle la animadversión de todos los franceses sensatos, y han 
sido la verdadera causa del cambio de Ministerio ocurrido última- 
mente en la vecina República. Al Senado corresponde la ijloria de 
haber hecho desaparecer de la escena á un (Gobierno que tan íjrave- 
mente comprometía los intereses de la nación. Por ciento setenta y 
un votos contra noventa fué adoptada en dicha Cáinnra, el día 21 de 
Abril, la proposición de Mr. Demole aplazando la aprobación de los 
créditos pedidos para Madagascar hasta que se constituyese un Mi- 
nisterio que tuviera la confianza del Congreso y del Senado. Rsta de- 
rrota colocó .1 Bouríjeois y Á sus colegas en situación desairadísima, 
obligándolos A buscar consuelo en los aplausos de la populachería, asi 
la de la Prensa como la de los diputados radicales. 

El día 23 se presentó en el Congreso el Sr. Bourgeois para dar 
cuenta de la alia traición cometida por los senadores, exponiendo 
su propósito de dimitir, A hn de que un nuevo Gobierno pudiera lograr 
inmediatamente la aprobación parlamentaria de los créditos desti- 
nados A Madagascar. V afladía. para regalar los oídos de la mayor 
parte de sus oyentes: "Como la C.imara de Diputados nos ha honrado 
diferentes veces con votos de confianza, hemos creído que, al presen- 
tar nuestras dimisiones, debíamos venir A presentarnos á los repre- 
sentantes del país para explicar las causas de nuestra retirada. El Mi- 
nisterio se ha esforzado por realizar el programa que expuso al su- 
bir al E'oder. El país lo juzgará,. 

Después de retirarse Bourgeois y sus compañeros de Gabinete 
para ir al Palacio del Elíseo, continuó la sesión, proponiendo el dipu- 
tado Goblet una orden del día por la que se declaraba que el Con- 
greso apoyaría A cualquir Gobierno decidido A continuar en la senda 
emprendida de las reformas democráticas. A ésta siguieron otras 
órdenes del día, entre ellas la del diputado Ricard, concebida en los 
siguientes términos: "La Cámara de Diputados afirma nuevamente 
la preponderancia de los elegidos por sufragio universal y su resolu- 
ción de continuar una política de reformas democráticas.,. 

La primera parte de la orden del día, ó sea la que se refiere al 
sufragio universal, fué adoptada por trescientos nueve votos contra 
treinta y ocho. La segunda lo fué también por cuatrocientos diez y 
siete contra treinta y siete. La votación definitiva del conjunto se ve- 
rificó nominalmente, en medio de la mayor agitación, y obtuvo dos- 
cientos cincuenta y ocho votos en pro y ninguno en contra. 

El Ayuntamiento de París tomó el siguiente acuerdo, tan inopor- 
tuno como antilegal: 

"Considerando que los concejales de París deben manifestar su 
opinión sobre los conflictos que estallan entre los poderes públicos, 
y que la actitud hostil del Senado á toda reforma democrática y so- 



CRÓNICA GENERAL 59 



cial ocasiona en estos momentos una crisis constitucional que pone 
en evidencia los defectos y los peligros de la Constitución de 1875, 
expone las siguientes aspiraciones: 1.* Que la Cámara de los Dipu- 
tados defienda enérgicamente los derechos del sufragio universal, 
que son los de la nación, contra los manejos anticonstitucionales de 
los elegidos por el voto restringido. 2.* Que la Constitución, inapli- 
cable aún para los que desean conservarla, sea revisada inmediata- 
mente por una Asamblea Constituyente. 3.'* Que el Ministerio conti- 
núe en el puesto de combate que le han confiado los elegidos direc- 
tos de la nación „. Esta proposición fué aprobada, á pesar de las pro- 
testas del Prefecto, que, fundándose en la ley . quería impedir que el 
Ayuntamiento tomara acuerdos de carácter político. 

Presentada y emitida, á pesar de todo, la dimisióa del Gabinete 
Bourgeois, comenzaron á circular los nombres de varios personajes 
políticos como probables Presidentes del Consejo, hablándose, entre 
otros, de Peytral, Develle, Uupuy y .Méline. Encargado de constituir 
nuevo Gobierno Mr. Sarrien , fracasó en su tentativa, y la crisis con- 
tinuaba siendo cada vez más laboriosa, hasta que Mr. Méline, el fa- 
moso jefe de los ultraproteccionistas franceses, logró conciliar vo- 
luntades y presentar el día 29 la siguiente lista de Ministros: 

Méline, Presidencia y Agricultura; Darían, Justicia; Hanotau-\, 
Negocios Extranjeros; Barthou, Interior; Cocheri, Hacienda; Gene- 
ral Billot, Guerra; Almirante Besnard, Marina; Rambaud, Instruc- 
ción Pública; Lebon, Colonias; Boucher, Comercio; Turrel, Obras 
Públicas. 

El nuevo Presidente del Consejo supo disponer, con habilidad, 
una votación de la Cámara de los Diputados, que le servirá de de- 
fensa contra las acusaciones de los radicales más furibundos. Hoy 
por hoy no es fácil predecir si el Gabinete Méline gozará de larga y 
próspera vida, á pesar de los augurios pesimistas con que se recibió 
generalmente la noticia de su formación, ó si tendrá que declararse 
pronto vencido ante los gravísimos obstáculos que han de oponerse 
á la realización de su programa. 



* * 



AüSTRiA-HüNGRÍA.— Una vez más se han puesto de relieve la ener- 
gía indomable del partido antisemita y la debilidad del Emperador 
Francisco José. Elegido Lueger por cuarta vez Burgomaestre de Vie- 
na; manifestada en forma elocuentísima la voluntad déla mayoría 
de los electores, aun sabiendo que se ponían enfrente de la voluntad 
de la Corona, parece que la prudencia y aun el instinto de conserva- 
ción indicaban al Soberano que debía respetar la voz del pueblo, que 
era en este caso la de la justicia. Sin embargo, la conducta de Fran- 



60 CRÓNICA GENERAI> 



cisco José ha sido muy diferente de lo que convenía á su buen nom- 
bre y á los intereses de sus subditos, pues no ha vacilado en suplicar 
á Lueger que renuncie el cargo, haciendo valer razones especiosas 
de patriotismo y lealtad que no podía desoir el noble representante 
de la causa católica. Lueger se apresuró á presentar su renuncia, y 
con esto los judíos van ganando, gracias á la inconcebible pusilani- 
midad del Emperador, una batalla que habían perdido en el terreno 
legal. 

« * 



Asia,— Persia.— Ha sido muy comentado por la Prensa europea el 
asesinato del Shah de Persia, llevado á cabo por un fanático de la 
secta de los Babü. Se asegura que existía desde hace tiempo una 
vasta conjuración formada con el objeto de vengar las crueldades 
que el Soberano de Persia cometiera en los afiliados á la doctrina 
religiosa del Buh, célebre reformador del Mahometismo, y fundador 
de la mencionada secta. Tomamos de un diario de Madrid los si- 
guientes detalles del suceso: "El Shah Nasr-ed-I)in se hallaba en el 
patio interior del santuario levantado sobre la tumba de Shah Abdul, 
cuando el criminal se le acercó y disparó sobre él un tiro que le de- 
rribó en tierra. 

.,La mezquita está situada á siete kilómetros de Teherán, la capi- 
tal de Persia, y es uno de los santuarios de aquella Monarquía más 
venerados por los musulmanes. Apenas se oyó el tiro disparado por 
el regicida, vieron los testigos del crimen que el Monarca caía des- 
plomado, dando un grito. Precipitadamente se acercaron al augusto 
herido las personas de la comitiva para socorrerle. El Shah, que no 
podía articular palabra, oprimíase el pecho con una mano, tratando 
inútilmente de contener la abundantísima hemorragia. Llamado in- 
mediatamente el médico de la Legación alemana, resultó su asisten- 
cia completamente inútil. Cuando se presentó el facultativo, el Shah 
trató de incorporarse y cayó otra vez, dejando de existir. Se igno- 
ran la causa y el móvil del crimen„. 

El último Soberano de Persia, uno de los pocos Monarcas orienta- 
les que han visitado á Europa, ha sido indudablemente el más culto 
que ha gobernado el Ivan. Durante su largo reinado, es decir, desde 
el 13 de Octubre de 1H48, ha procurado seguir las huellas de su padre 
Mehemed-Shah, el primer Príncipe kacharo kadjars) que estableció 
relaciones amistosas con los Monarcas de Occidente. Solicitada la 
amistad de \asr-ed-Din por Turquía, Rusia é Inglaterra, declaróse 
neutral durante la guerra de Crimea, concluyó luego un tratado con 
Rusia y dio satisfacciones á la Gran Bretaña en 1857, habiendo pues- 
to después especial empeño en no malquistarse con ninguna potencia 



CRÓNICA GENERAL 61 



europea y en organizar su ejército y la administración de su Estado 
á la moderna. Entre otras reformas figuran la construcción de una 
red telegráfica, la organización del servicio de correos, la autoriza- 
ción para tender algunas líneas férreas y la creación de centros de 
enseñanza, dirigidos por profesores europeos. No por eso renunció á 
los procederes de los Monarcas orientales, y así, en 1869, mandó eje- 
cutar de una manera cruel á los jefes de la nueva secta religiosa lla- 
mada Babismo, y en Septiembre de 1873 ahogó en sangre una rebe- 
lión preparada durante uno de sus largos viajes. 

Gracias á éstos era muy conocido en Europa Nasr-ed-Dín. Em- 
prendió su primer viaje á este continente el 12 de Mayo de 1873, y no 
regresó á Teherán hasta el 6 de Septiembre. Remontó el Volga para 
trasladarse á Moscou y á San Petersburgo, y después de pasar algu- 
nos días en estas ciudades rusas se dirigió á Alemania, á Bélgica y á 
Londres; permaneció quince días en París, y por Suiza, Italia, Aus- 
tria, Constantinopla y Titlis se dirigió .1 Persia. 

En 187S visitó la Exposición Universal de París, y, una vez en su 
patria, publicó sus impresiones de viaje en un libro editado en la Im- 
prenta Real de Teherán , y que fué vertido al inglés. En 1889 hizo 
Nasr-ed-Din su tercero y último viaje á Europa, siguiendo el primi- 
tivo itinerario, ligeramente modificado, y pudo comprender cuan 
disgustado estaba el Czar de la inclinación hacia Inglaterra manifes- 
tada en los anteriores años por el Ciobierno persa. 

No disponemos de espacio para relatar algunos curiosos inciden- 
tes de los viajes del difunto Shah por Europa, ni para reproducir los 
relatos.de los chroniquenrs parisienses durante la última estancia 
del Monarca persa en la capital de la vecina República. Un hermoso 
paje que acompañaba á Nasr-ed-Din, y que, según se ha dicho, érala 
más linda de sus veinte esposas, disfrazada de hombre, ó una de sus 
concubinas, dio pábulo á no pocas hablillas y murmur.-iciones. El 
Shah, Monarca absoluto, era una mezcla de Patriarca y de déspota 
oriental. Implacable con los ministros ineptos ó corr(jm, idos, hasta 
el extremo de haber presenciado la aplicación de una pen.-i de cuatro- 
cientos palos en las plantas de los pies á un consejero que se equivocó 
al calcular el presupuesto de ingresos, se ocupaba, en c.imbio, en di- 
rimir y evitar litigios entre sus subditos, concedía audiencia á cuan- 
tos lo solicitaban y administraba justicia públicamente. X'estía con 
sencillez y paseaba sin aparato ordinariamente por his calles de Te- 
herán, y en las solemnidades aparecía con pompa verdaderamente 
oriental. Su airón ó aigrettc de diamantes, su cinturóii }• su cimitarra 
son célebres por la riqueza; su trono, el del gran Mogol de Dehlí, es 
una maravilla, que, por ser de oro y estar adornado con piedras pre- 
ciosas, vale muchos millones. El difunto Shah deja veinte hijos, seis 
varones y catorce hembras. El primogénito y heredero, que se halla 
en Tabria y regresará inmediatamente á Teherán, es cl Príncipe 



62 CRÓNICA GENERAL 



Muzzaffu-et-Din Mirza Valialid. Nació el 5 de Marzo de 1853, es de- 
cir, cuando sh padre contaba veintidós años de edad, toda vez que 
éste nació el 24 de Abril de 1834. 



* 
* «1 



América— Brasil— Son muy curiosos los datos que publica un 
periódico sobre la reacción inesperada que en esta República se nota 
á favor de las ideas monárquicas: "Allí precisamente— dice— donde 
la revolución, cuyos principios y procedimientos encarnaron mejor 
que en ninj^uno en el difunto Presidente Peixoto, parecía haber des- 
truido hasta la idea de Monarquía, se observa de alj^úii tiempo A esta 
parte un movimiento nacional, algo así como un renacimiento de las 
aspiraciones monárquicas, haciendo concebir grandes esperanzas á 
los partidarios de la Condesa de Hu. Todo el mundo recordará los le- 
vantamientos que en favor de su causa hubo en las provincias de San 
Pablo y de Río del Sur. y fresca está todavía en la memoria de todos 
la epopeya sostenida por el almirante Saldanha da (rama, con cuya 
muerte no hay duda que recibió un golpe tremendo el partido monár- 
quico, de tal modo, que los republicanos anunciaron entonces su ani- 
quilamiento definitivo. Pero no ha sido así; ha pasado algún tiempo y 
los hechos han desmentido aquella predicción. Hn muchos periódicos 
de Europa se ve reflejado el desarrollo creciente é irreductible de la 
propaganda monárquica, no solamente en las provincias, sino tam- 
bién en la misma capital. Los monárquicos brasileños fundají perió- 
dicos que son muy leídos y prosperan, y se dice que dentro del ejér- 
cito cuentan con muchos y poderosos elementos; tanto es así, que el 
cuerpo de oficiales privilegiados que hicieron la revolución republi- 
cana se ha alarmado grandemente, y por medio de un documento pú- 
blico ha protestado de tales hechos, como si en esto tuviera alguien 
la culpa. Este documento de los militares republicanos prueba, mu- 
cho mejor que un libro lleno de razones, el creciente y rápido des- 
arrollo de los partidos monárquicos del Brasil en esta novísima etapa 
de su historia política». 



* 
* • 



CRÓNICA GENERAL 63 



II 

ESPAÑA 



La atención del público, fija hasta hace poco en la campaña de 
Cuba y en los asuntos de la política, ha debido ocuparse con prefe- 
rencia, durante la pasada quincena, en los efectos desastrosos pro- 
ducidos por la prolongada sequía que veníamos experimentando, y 
que ha ocasionado graves perjuicios en determinadas regiones, ame- 
nazando en todas con la pérdida total de la cosecha de cereales. Se 
han hecho rogativas en la mayoría de las poblaciones de España para 
impetrar del Todopoderoso la lluvia que á todo trance necesitaban 
los campos; y afortunadamente no han resultado estériles tantas sú- 
plicas, pues estos últimos días ha llovido lo necesario para salvar los 
intereses agrícolas de la inminente ruina que los amenazaba. Han 
desaparecido los negros pesimismos que hacían concebir los clamo- 
res salidos de todos los puntos de la Península, lamentando las terri- 
bles desgracias que se ofrecían en perspectiva; y hoy podemos con 
mayor tranquilidad volver los ojos á los sucesos de la guerra, que 
cada vez presenta más favorable aspecto. El combate de verdadera 
importancia entre los que se han librado últimamente, es el de Caca- 
rajícara, en el que nuestras tropas realizaron verdaderos prodigios 
de valor, causando A los insurrectos doscientas bajas. Los detalles 
de tan importante hecho de armas se hallan contenidos en el telegra- 
ma que copiamos! continuación: 

"Habona i'.— Según las órdenes que había dado el general Wey- 
1er, las columnas de los generales Suárez Inclán y Bernal debían ba- 
tir juntas las fortificaciones que Maceo había construido en Júcara 
para sostenerse en ellas algún tiempo y dar lugar á que llegaran en 
su au.xilio las fuerzas insurrectas mandadas reconcentrar. Ignórase 
por qué causa no llegó a júcara la columna Bernal. Suárez Inclán, 
al mando de los batallones de San Fernando y Baleares y de una 
sección de artillería, atacó solo al enemigo, en vista de que no llegaba 
el general Bernal. Maceo había construido varias líneas atrinchera- 
das, y en el centro de ellas un fuerte de grandes dimensiones hecho 
con gruesos maderos, y entre ellos tierra fuertemente apisonada. La 
colocación del fuerte es admirable, porque, construido en una altura, 
se aprovecharon de paso los espesos maniguales que existen á dere- 
cha é izquierda del sitio en que aquél está enclavado. Comenzado el 
combate, notóse la dificultad que los maniguales ofrecían al desplie- 



64 CRÓNICA GENERAL 



gue de tropas, y por consiguiente era preciso atacar en columna y 
por los claros de la maleza, que venían á ser verdaderos callejones. 
El enemigo, comprendiendo lo excepcionalmente ventajoso de sus 
posiciones, hizo una resistencia tenaz, dirigiendo nutrido fuego sobre 
nuestras tropas, que se veían forzadas á atacar por los claros de la 
manigua. Desde un principio comenzó á tener la columna muchas 
bajas, y en vista de esto ordenó el general Suárez Incl.ln que la sec- 
ción de artillería avanzase para batir el fuerte. Esta sección ejecutó 
rapidisimamente la orden, y colocándose á cuarenta metros de dis- 
tancia del fuerte, comenzó el fuego. No se pudo fiar A las piezas de 
artillería la destrucción del fuerte, porque en pocos momentos los 
rebeldes hubieran muerto ó herido á la mayor parte de los artilleros. 
Por esta causa se ordenó que la infantería asaltara por distintos pun- 
tos, al propio tiempo que la sección de artillería se er.cargaba de 
abrir brecha. Dada la orden del asalto, atacóse briosamente A la ba- 
yoneta y al grito de ¡viva Esparta! Los rebeldes, A pesar de lo con- 
fiados que estaban en sus atrincheramientos, no pudieron resistir el 
denodado ataque de los soldados de San l-'ernando y Baleares, y des- 
pués de defenderse al machete se retiraron .1 la desbandada. En el 
fuerte sufrieron los enemigos, entre heridos y muertos, doscientas ba- 
jas. Nosotros tenemos que lamentar en este sangriento combate la 
muerte de los tenientes Sres. Husguete y Moneada y de siete solda- 
dos, pertenecientes al batallón de Baleares. De este mismo batallón 
han sido heridos: el comandante Sr. EernAnde/ Buendía, el capitán 
Sr. Herráiz, los tenientes Sres. Arguelles y .Month y veintinueve sol- 
dados. El batallón de San Fernando ha tenido tres soldados muertos, 
y heridos el teniente coronel Sr. Navarro, el capitán Sr. Murcia, el 
teniente Sr. Martínez y veintidós soldados. Contusos de este mismo 
regimiento un comandante, dos oficiales y seis soldados. La sección 
de artillería ha tenido cuatro soldados muertos y otros cuatro heri- 
dos. En el mismo instante en que terminó el combate ordenó el ge- 
neral Suárez Inclán que se formase juicio contradictorio para con- 
ceder la cruz laureada al soldado de Baleares José .Martinez, que fué 
el primero en asaltar el fuerte. Elogiase mucho en este combate, 
donde todos se han conducido bien, el comportamiento del teniente 
de artillería que mandaba la sección y cuyo hombre ignoro, y del co- 
mandante Sr. Navarro y otros.., 

Esto por lo que hace al despacho transcrito; que por lo que se re- 
fiere á las noticias de la F'rensa, son aún más detalladas y satisfac- 
torias para nuestras armas, ya que tristes, y muy tristes, por las do- 
lorosas pérdidas que hemos experimentado. 

Según dichas noticias, en las primeras descargas del enemigo ca- 
yeron muertos varios soldados de Baleares y los tenientes Burguete 
y Moneada, que combatían en primera fila. El Sr. Burguete recibió 
un balazo en la cabeza. El Sr. Moneada otro en el vientre. La muer- 



CRÓMCA GENERAL 65 



i 



te de amt)os valientes fué instantánea. El capitán Sr. Herráiz, que 
mandaba la compañía, sufrió también en los primeros momentos de 
la acción un balazo en una pierna , pero continuó al frente de sus sol- 
dados hasta que su caballo se desplomó muerto de cinco balazos. Así 
y todo, el heroico capitán Herráiz siguió combatiendo á pie. Otro ba- 
lazo, que le atravesó la otra pierna, dio con el valiente en tierra. Por 
fortuna, las heridas que recibió no son de mucha gravedad. La com- 
pañía estaba diezmada. Fuera de combate todos los jefes, hízose car- 
go del mando de la vanguardia un sargento, y reiteró la orden de se- 
guir avanzando. 

En aquellos momentos, verdaderamente angustiosos para tan es- 
caso puñado de valientes, llegaron á la carrera otras compañías. En- 
tonces el ataque de los nuestros fué realmente terrible y decisivo, y 
en una sangrienta carga á la bayoneta los soldados arrojaron á los 
insurrectos de sus trincheras y se apoderaron del fuerte y de todas 
las posiciones del enemigo. El comandante Sr. Fernández, á pesar 
de haber sufrido una fuertísima contusión en un brazo, no abandonó 
su puesto hasta que le obligó á ello un balazo que recibió en una 
pierna. El teniente coronel Sr. Moreno quedó herido en la mano iz- 
quierda, de la cual ha habido que amputarle dos dedos. El teniente 
Sr. Arguelles, aunque fué herido de un balazo en una pierna, siguió 
batiéndose hasta que terminó el combate. Dentro de las posiciones 
del enemigo, que fueron inmediatamente destruidas y quemadas por 
nuestros soldados, se enterraron algunos de los muertos que tuvo la 
columna. Allí mismo se estableció un hospital provisional, y los mé- 
dicos Sr. Carvajal y Calleja estuvieron curando á los heridos. Los 
rebeldes estuvieron durante muchas horas intentando recobrar sus 
posiciones. Varias veces se aproximaron á ellas, pero otras tantas 
fueron rechazados por el fue^o vivísimo que les hicieron nuestras 
avanzadas. 

El general Suárez Inclán, viendo que los heridos de su columna 
corrían nuevo peligro, y además no contando con raciones suficien- 
tes para sostenerse en aquel sitio, dispuso, á las dos de la madrugada, 
que se organizara un convoy para la conducción de los oficiales muer- 
tos y de todos los heridos que resultaron del combate. El triste convoy 
hizo una penosa y peligrosísima marcha, pues los rebeldes no cesa- 
ron durante largo tiempo de hostilizar á la columna. El batallón de 
San Fernando, que hizo el servicio de flanqueo, causando muchas ba- 
jas al enemigo, sufrió tres muertos y veinticinco heridos, entre éstos 
el comandante de Borbón, un capitán de Murcia, con un balazo en 
una pierna, y el teniente Sr. Piñeiro, herido en un brazo. El total de 
las bajas que tuvo la columna en el combate y en la retirada, fué de 
diez y seis muertos y setenta y un heridos. 

Se ha pedido la corbata de San Fernando para el batallón de Ba- 
leares, y la cruz laureada para el teniente de artillería Sr. Arboleda, 

5 



66 CRÓNICA GEXERAL 



que, de los catorce artilleros que llevaba para el servicio de su bate- 
ría, perdió ocho en la batalla. Las bajas del enemigo han sido nume- 
rosísimas. Según confidencias de buen origen, los cabecillas Soca- 
rras, Pilar y Rojo quedaron gravemente heridos. El último de los 
mencionados, que recibió un balazo en el vientre, falleció pocas horas 
después del combate. Sábese también que en este combate el ene- 
migo empleó bombas explosivas y fusiles Mausser. 

—El expediente formado al general Bernal por no haber acudido 
á tiempo en auxilio de la columna Suárez ha servido para poner en 
claro la inculpabilidad de aquel jefe, que por las condiciones del te- 
rreno se vio materialmente imposibilitado de cooperar ala completa 
derrota de los insurrectos. Dice un periódico: 

"Las manifestaciones que este general ha hecho en su descargo, 
son de todo punto convincentes. Dice el general Bernal que, después 
de hacer una penosísima marcha hasta el cafetal de Ragel por sen- 
das muy estrechas, por las cuales los soldados tenían que avanzar de 
uno en uno y perdiendo dos acémilas que se despertaron , se encontró 
sin caminos para continuar marchando. Había empleado siete horas 
en recorrer otros tantos kilómetros. No habiendo, á partir de aquel 
sitio, ningún camino, era lógico consideiar que necesitaría muchos 
días de caminata en recorrer el resto. Los prácticos estuvieron con- 
textes en afirmar que un hombre solo, conocedor del terreno, tardaba, 
cuando había sendas, doce horas en recorrer loque faltaba de cami- 
nata. Para llegar la columna del general Bernal al punto en que ha- 
bía de unirse A las fuerzas que mandaba el general SuArez Inclán A 
la hora lijada de antemano por el Estado .Mayor, sólo quedaba un es- 
pacio de tiempo de unas seis horas. El general Bernal. per!>uadidode 
la imposibilidad de llegar oportunamente, y de que cuantos esfuer- 
zos hiciera en este sentido resultarían del todo inútiles, desistió en 
seguir adelante. Al oir estas declaraciones, parece que en el Estado 
Mayor se contestó al general Bernal recriminándole. Entonces el ge- 
neral replicó en términos duros, pidiendo que se instruyera un expe- 
diente para poder justificarse y regresar en seguida á la Península. 
Esta réplica ha dado motivo á la instrucción del mencionado expe- 
diente. 

„Dc la sinceridad de las manifestaciones hechas en su descargo por 
el general Bernal nadie puede dudar, porque á éste, además de sus 
honrosísimos antecedentes, le abonan las declaraciones de todos los 
prácticos, que aseguran unánimes que aquellos lugares no los ha pi- 
sado jamás ningún insurrecto, al punto que se recuerda como una 
cosa grande que , en determinada ocasión , un solo campesino lograra 
recorrer, á costa de grandes fatigas, aquellos lugares.,. 

En Saratoga sostuvo la columna Aldea una empeñada acción. Los 
insurrectos, viendo que eran muy superiores en número, hicieron 
resistencia, y los nuestros atacaron tan briosamente, que se llegó á 



CRÓNICA GENERAL 67 



pelear cuerpo á cuerpo. El teniente Sr. Redondo recibió un disparo á 
quemarropa que milagrosamente no le hirió. Ap^arráronse el teniente 
y el insurrecto, y cuando estaban luchando en el suelo lle.üó el pro- 
pio jefe de la columna, Sr. Aldea, matando al insurrecto con su 
revólver. Entre otra porción de soldados que lucharon cuerpo A cuer- 
po destacóse el sars^ento Germán Pérez, que se vio atacado por dos 
insurrectos , que venían hacia él machete en mano. El sargento luchó 
con ellos, y á machetazos mató á los dos. Los rebeldes se dieron á 
la fuga, dejando bastantes muertos en poder de la columna Aldea. 

—También es digno de mencionarse el ataque de los insurrectos 
al pueblo de Cruces y la heroica defensa que hizo la guarnición. He 
aquí cómo la describe un diario de Madrid : 

"Las partidas que mandan los cabecillas Alemán, Salduy, Arbo- 
lay .Mamerto Romero y otros, en total cerca de mil hombres, ata- 
caron anoche al pueblo de Cruces. La guarnición se batió valiente- 
mente en las calles á pecho descubierto, rechazando al enemigo, que 
tuvo muchos muertos y heridos. Una compañía del batallón de Za- 
mora se batió de un modo admirable en un punto avalizado. En otra 
calle, el segundo teniente Sr. Serrano, con solos treinta soldados, 
resistió el empuje del grueso del enemigo, logrando rechazarle con 
grandes pérdidas. Los rebeldes dejaron en aquel sitio cinco muertos 
y un herido, y pudieron llevarse otros varios. El herido, que lo estaba 
muy gravemente y que fué apresado por nuestros soldados, es el ca- 
becilla Romero. Duramente escarmentado el enemigo, huyó, des- 
pués de quemar dos casas. En otras calles del pueblo, los insurrectos 
dejaron seis cadáveres. Nosotros tuvimos dos muertos: uno de la 
guerrilla de ingenieros de Cienfuegos, y el otro un soldado de la ter- 
cera compañía de Zamora; dos heridos graves de Barbastro y uno 
de Zamora , y contusos un guerrillero , un segundo teniente de San 
.Marcial y un soldado de Barbastro „. 

l*or último, para hacer mención honrosa de nuestra marina, el 
cañonero Pinsón, recorriendo la costa de Bahía Honda, vio hacia 
Morello numerosos grupos de insurrectos. Del cañonero salieron dos 
botes al mando del alférez de navio Sr. Quesada. Apenas vieron lle- 
gar á los nuestros se dieron á la fuga los rebeldes, abandonando un 
bote que tenían cargado de municiones. El crucero Marqués de la 
Ensenada, llevando á bordo al almirante, vio cerca de las lagunas 
de Cortés que los insurrectos se ocupaban en levantar un fortín. En- 
viáronse del crucero dos botes con infantería de marina, yendo á 
bordo de uno de ellos el almirante Sr. Navarro y sub ayudantes. 
.Mientras los botes ganaban la costa, desde el crucero se hicieron 
treinta y siete disparos de cañón, que ahuyentaron á los insurrectos 
y que destruyeron por completo los trabajos de éstos. Y el crucero 
Reina Mercedes perseguía, á la fecha de cerrar nuestro número, un 
buque sospechoso que se cree es el Bertnuda. 



68 CRÓNICA GENtRAL 



— El entusiasmo patriótico se manifiesta á diario por nuevas mues- 
tras de generoso desprendimiento. Son ya ocho las provincias que 
vienen imitando el ejemplo del Principado de Asturias en la organi- 
zación de batallones de voluntarios, á saber: Madrid, V'alladolid, 
Coruña . Barcelona , Burgos , Granada , Ciudad Real y Zaragoza ; y es 
de creer que aumentará su número con el tiempo. 

—El día 3 del corriente se verificó la solemne traslación de los res- 
tos del eminente poeta D. José Zorrilla al cementerio de V'alladolid, 
patria del inspirado cantor de Granada y de María. La Comisión va- 
llisoletana encargada de presidir la ceremonia se componía de los 
Sres. D. Ángel Alvarez Taladriz, D. Santiago Alba y D. Mariano 
Fernández Cubas, á quienes se unieron gustosamente los ilustres poe- 
tas de aquella ciudad D. Gaspar Núftez de Arce, D. Leopoldo Cano 
y D. Emilio Eerrari. En la estación de V'alladolid esperaban, para 
recibir el cadáver del cantor de las leyendas y á la comitiva que le 
acompai^aba, el Gobernador civil, los generales Molió, Zorrilla, 
Beas, Lasala y Ballesteros; el Alcalde accidental, el Ayuntamiento 
en pleno, el Obispo de Avila, Comisiones civiles y miliiares, y un 
inmenso gentío que llenaba por completo los andenes. Cumplimenta- 
dos el Duque de .Sotomayor y el Ministro por las autoridades, se diri- 
gieron aquéllos al local donde se hospedaron. La conducción del ca- 
dáver de Zorrilla al panteón no se verificó hasta las tres de la tarde. 

A las cinco llegó la carroza al cementerio, y en seguida se proce- 
dió á dar sepultura al cadáver. La fosa fué cubierta con una losa de 
mármol blanco con la siguiente leyenda: .1/ poeta Jos(^ Zorrilla, hijo 
de X'allaciolid. Después del responso, y previa autorización del Car- 
dinal Arzobispo Sr. Cascajares, pronunció un discurso elocuentísi- 
mo el Sr. Núftez de Arce. El autor ilustre de Gri/os del Combate dijo 
que daba á su maestro y hermano Zorrilla el último adió^ en nombre 
de V'alladolid, su pueblo natal. ''Después que desaparezca hasta el re- 
cuerdo personal del poeta— añadió,— quedará su obra de vate genui- 
namente español, aventurero y caballeresco, que no vencerá ningu- 
na fuerza humana. El símbolo de la vida de Zorrilla es la cruz que 
cubre su tumba, cruz á cuya sombra murió su padre, murió él y mo- 
rirán las generaciones españolas mientras España exista.., También 
ha hablado el Ministro en nombre del Gobierno, y el Alcalde ha hecho 
uso de la palabra para dar gracias á todos los concurrentes á la pri- 
mera ceremonia celebrada con motivo de la inauguración del pan- 
teón dedicado á los vallisoletanos ilustres. 

El desfile duró cinco horas. Los Sres. Gamazo, Cascajares, Xúñez 
de Arce, Capitán general, Autoridades, Comisiones y Pueblo demos- 
traron evidentemente, al soportar las molestias de la larguísima ca- 
rrera, el culto que rmden á la memoria del gran poeta. Las Comisio- 
nes de Burgos y demás pueblos importantes de Castilla que vinieron 
para tomar parle en la solemnidad contribuyeron á dar la' mayor 



CRÓNICA GENERAL 69 



suntuosidad á la cariñosa y entusiástica manifestación con que Va- 
lladolid ha demostrado sentir la grandeza del cantor de las tradicio- 
nes y de las glorias nacionales. Todos los balcones de la carrera (tres 
kilómetros tenía ésta dentro de la ciudad) estaban engalanados con 
vistosas colgaduras, en que sobresalían los colores nacionales. En 
las calles estaba apiñada una inmensa multitud, que presenciaba llena 
de respeto el paso de las reliquias del más ilustre de los vallisoleta- 
nos. Figuraban en la procesión las representaciones de la Reina Re- 
gente, del Gobierno, de los Centros y de la Prensa de Madrid ya co- 
nocidos, los periodistas de Valladolid, y sobre todo la juventud de 
esta ciudad, digna por todos conceptos de España. Ante el teatro de 
Calderón, el Orfeón vallisoletano cantó admirablemente un coro alu- 
sivo al acto. 

—La idea separatista comienza i\ abrirse paso en las Islas Filipi- 
nas, merced á las reformas prematuramente implantadas en el Ar- 
chipiélago, á los incesantes esfuerzos de la Masonería, y á los abusos 
cometidos por los funcionarios españoles en el desempeño de sus car- 
gos. Todos los periódicos han publicado la siguiente carta de un co- 
rresponsal de El Correo, documento cuyos conceptos merecen ser 
bien meditados: 

"Sr. Director de El Correo.— M'\ distinguido amigo: Hube de anun- 
ciarle en mi anterior que trataría en ésta de los caracteres esencia- 
les que en Filipinas distinguen ó determinan al "separatismo„, im- 
propia y vulgarmente denominado en nuestras colonias '•filibusteris- 
mo.,, confiado en que, como cuestión palpitante y transcendental en 
nuestra política ultramarina, será del agrado de los ilustrados lecto- 
res de su popular periódico conocer las fases de esa idea antipatrió- 
tica en lo que hace relación con este país, que harto conocidas son, 
por desgracia, en las Antillas. Ciñéndome, pues, á los límites que 
permite una correspondencia de carácter informativo, propóngome 
en ésta dar á conocer someramente los caracteres del separatismo en 
Filipinas, causas que lo producen, su esfera de acción, medios y for- 
ma de propagarse, fines inmediatos ó secundarios que persigue, fines 
últimos ó principales, consecuencias de la independencia, y, por úl- 
timo, medios que, á nuestro juicio, deben de poner en práctica nues- 
tros Gobiernos para que jamás se realice aquélla. 

Son caracteres esenciales y determinantes de la idea separatista 
entre los filipinos que conscientemente la profesan: 1.° Suponer la 
preexistencia de una civilización tagalog (sic) anterior á la domina- 
ción española. 2.® Suponer que la dominación española existe, por 
virtud de pactos, tratados de amistady recíprocas alianzas que nues- 
tros antepasados concertaron con los régulos de estas islas. 3.° Ser 
partidarios de las civilizaciones orientales y refractarios á las occi- 
dentales. 4.° Militar en los partidos ultrademocráticos de España, y 
con especialidad en el republicano. 5.° Combatir á las Corporaciones 



70 CRÓNICA GENERAL 



religiosas que existen en este Archipiélago, excepción hecha de la 
Compañía de Jesús. 6.^ Aparecer como asimilistas en política colo- 
nial. V 7.° Estar afiliados á la Masonería. 

Son causas generadoras de la idea separatista entre los filipinos, 
entre otras muchas difíciles de enumerar: 1." El amor que todo pue- 
blo sometido siente por su independencia. '_'." La cultura intelectual 
á que los ha elevado España. 3.* Los derechos civiles y políticos de 
que gozan. 4.* La inmoralidad administrativa. 5."* El despotismo de 
algunos frailes párrocos. 6.' Algunos abusos de la Guardia Civil 
indígena. 7.* El descuido de nuestros (iobiernos en la elección de 
autoridades y funcionarios públicos. 8." La política de atracción 6 
debilidad seguida por algunos Gobernadores generales. *í.» El ejem- 
plo de las insurrecciones de Cuba, no sofocadas por la fuerza de las 
armas. 

La esfera de acción del separatismo filipino hállase circunscrita 
en la actualidad A la capital del Archipiélago, Manila y su provincia, 
y á las de ííuladn, Pampanga, Nueva lícija, Tárlac, Panga^inán, Ca- 
vite, I-aguna, Hatangas y layabas, en la isla de Luzón, y en las gran- 
des ciudades de las Bisayas, como Iloilo y Cebú; á una Sociedad His- 
pano-Filipina, en la Península, que tan pronto aparece domiciliada en 
Madrid como en Barcelona, y á cuyo cargo y riesgo corre el sosteni- 
miento y dirección de La Solidaridad, y en la vecina colonia inglesa 
de 1 long-Kong, A una especie de Club que lo forman antiguos emigra- 
dos de Tos sucesos de Cavitc y unos cuantos laborantes voUintaria- 
mente expatriados para no sufrir la pena de deportación A las colonias 
del Archipiélago, A que se hicieron acreedores por sus manoio-^ .inti- 
patrióticos. 

Realízase la propaganda separatista por medio de libros, folletos, 
libelos y todo género de impresos clandestinos, injuriosos para la 
dominación española, que son repartidos con profusión y misterio 
por todo el Archipiélago, redactados, las más de las veces, en tosco 
y grosero lenguaje, y con el pie de imprenta en Madrid , Barcelona 
ú Hong-Kong, y rara vez en esta capital. Pero el medio más eficaz, 
solemne y poderoso de esta antipatriótica propaganda son las innu- 
merables logias masónicas que misteriosamente funcionan en las pro- 
vincias antes enumeradas, sin que á la Autoridad le sea dado impe- 
dirlo, porque carece de los necesarios medios de vigilancia. Es la 
Masonería en este Archipiélago, como creo haber ya manifestado en 
una de mis anteriores, la máscara con que se encubre el separatismo, 
y el cáncer social que corroe á los habitantes de este país, sin dis- 
tinción de sexos, que por su natural fantástico y novelesco se adap- 
tan con perfección y entusiasmo peligroso á los misterios, simbolo- 
gías, formulismos, etc., etc., de la masónica secta europea, y contri- 
buyen muy gustosos á las colectas y derramas— como ellos dicen— 
que temporalmente se verifican en las logias para atender á la reali- 



MISCELÁNEA 71 



nación de los fines que persicjuen y á la subsistencia de los laborantes 
expatriados por la defensa de la santa causa. 

Los fines inmediatos ó secundarios que el separatismo filipino 
persis:ue en la actualidad, tenazmente y sin omitir sacrificios de nin- 
gún ííénero, son: 1."' La representación en Cortes. 2.° La expulsión de 
los frailes. Y 3." La asimilación legislativa con la Metrópoli. El fin 
último y principal del separatismo filipino es sacudir el yugo de la 
dominación española, separando este territorio de la unidad nacional. 

Las consecuencias de la independencia de Filipinas serían: 1.* El 
predominio de la raza de color sobre la blanca. 2." Las guerras tirá- 
nicas entre las distintas razas que pueblan el Archipiélago. 3."* El de- 
crecimiento de todo progreso moral y material. Y 4." Ser tributario 
el Archipiélago filipino de los Imperios de China y del Japón,,. 

A continuación el ilustrado corresponsal de El Correo expone los 
medios que, á su juicio, deben emplearse ; y como son muchos y exi- 
gen largas notas de nuestra parte, dejamos la tarea para el número 
próximo. 



MISCELÁNEA 

Reglamento del segando Congreso Eucaristico Nacional de Lugo. 

Artículo 1." El objeto del segundo Congreso Eucaristico Nacional 
será, á la vez que dar público testimonio de amor y veneración á la 
Sagrada Eucaristía adorándola en el perenne y secular tabernáculo 
de la Catedral de Lugo, donde está de manifiesto, el estudiar y pro- 
poner los medios más eficaces de promover en España el mayor culto 
del Santísimo Sacramento. 

Art. 2." En la mañana del 2ti de Agosto, y con toda solemnidad, se 
verificará la apertura del Congreso en la Catedral de la ciudad del 
Santísimo Sacramento, con Misa Pontifical y sermón, que predicará 
uno de los Rmos. Prelados. En el mismo día y por la tarde se cele- 
brará sesión general, precediéndose al final de ella á la constitución 
de las tres Secciones en que ha de dividirse el Congreso. Al anoche- 
cer del mismo día y de los tres siguientes habrá solemnes cultos al 
Santísimo Sacramento en la misma Iglesia Catedral. 

Art. 3.^ En los tres días siguientes y hora oportuna se congregará 
cada una de las Secciones en su local respectivo para discutir los 
temas consignados en el programa y deducir las conclusiones que 
hayan de someterse á la aprobación del Congreso. 

Art./4.° En los días 27 y 28 se celebrará sesión solemne, en la que 



MISCELÁNEA 



los oradores designados por la junta de este Congreso pronunciarán 
discursos sobre los temas que se les propongan por la misma, sin que 
la duración de cada uno pueda exceder de media hora. El día 2^ ten- 
drá lugar la sesión general con el objeto de someter las conclusiones 
acordadas por las Secciones á la definitiva aprobación del Congreso. 
Por la noche se celebrará un Certamen Eucarístico. 

Art. 5.° En la mañana del día '^0 habrá Comunión general, y á 
hora conveniente Misa Pontifical, sermón de clausura del Congreso 
y Te-Dcíitn en acción de gracias. F'or la tarde procesión solemnísima 
con el Santísimo Sacramento. 

Art. b.*' Se formarán turnos de los señores miembros del Congreso 
que voluntariamente se inscriban para velar á su Divina Majestad 
durante la noche de los cuatro primeros días del Congreso. 

Art. 7." El 31 se organizarán dos peregrinaciones, una al Apóstol 
Santiago y otra á Monforte, á venerar las .Sagradas Reliquias. 

Art. 8." Para disponer todo lo concerniente á la celebración del 
Congreso habrá en esta ciudad de Lugo una junta Central y Orga- 
nizadora, compuesta del Centro liucaríslico diocesano, más las per- 
sonas que el Rmo. Prelado designe para que coadyuven al mejor é.xito 
de los trabajos. Los Centros Eucarísticos diocesanos promoverán en 
sus respectivas diócesis la inscripción de socios, y ejecutarán todos 
los encargos que recibieren de la junta Central. 

Art. 9.° La Presidencia del Congreso la tendrá el Prelado de ma- 
yor jerarquía, ó el de mayor antigüedad, según la fecha de su pre- 
conización. Los actos que principalmente estarán bajo la jurisdicción 
del Presidente del Congreso serán el señalamiento de las horas en 
que han de verificarse las funciones religiosas, la celebración de los 
divinos oficios, ó delegación de este derecho en otro Rmo. Prelado, 
la dirección de las discusiones de la sesión general encaminadas á 
aceptar, á modificar las conclusiones propue;.tas, la presidencia del 
Certamen Eucarístico y la resolución de todas las dificultades que 
ocurran mientras dure el Congreso. 

Art. 10. A la junta Central corresponde la designación de los Con- 
gresistas que hayan de pronunciar discursos en las sesiones genera- 
les, y la elección de Presidentes y Secretarios de las Secciones, de- 
biendo tenerse en cuenta que estos últimos cargos sólo pueden con- 
ferirse á individuos que sean socios del Congreso. 

Art. 11. Los socios del Congreso serán todos titulares, con dere- 
cho de voz y voto en las deliberaciones de las Secciones y sesión ge- 
neral, y el de recibir un ejemplar de la Crónica del mismo. Las se- 
ñoras podrán inscribirse como socias honorarias, con derecho á re- 
cibir un ejemplar de la Crónica y billete de asistencia á las solemni- 
dades que se celebren. Por cada inscripción de socio ó socia se abo- 
nará, en el acto de verificarla, la cantidad de siete pesetas. 

Art. 12. Para ser considerado como miembro del Congreso es in- 



MISCELÁNEA 73 



dispensable pedir la inscripción á la Junta Central de Lugo ó A los 
Centros Eucarísticos diocesanos, expresando el nombre, dos apelli- 
dos, profesión y señas de la residencia y domicilio del subscriptor. 
La junta Central remitirá á los Centros Eucarísticos diocesanos 
cuantos recibos de inscripción necesiten. 

Art. 13. A fin de que los trabajos compuestos por los miembros del 
Congreso puedan ser examinados y juzgados convenientemente, será 
preciso se remitan treinta días antes de la sesión inaugural al Presi- 
dente de la junta Central de esta ciudad de Lugo. Por consiguiente, 
todo trabajo que no se hallare en poder de dicho señor el 26 de julio, 
será desechado y considerado como no recibido. 

Art. 14. Los autores consignarán indispensablemente, al final de 
sus trabajos, las conclusiones prácticas que deduzcan de los mismos. 
La junta Central designará los Ponentes que hayan de examinarlos 
y dar cuenta á la Sección respectiva. El Presidente de Sección, oído 
el Ponente de cada trabajo, decidirá si ha de leerse todo ó parte, ó 
únicamente las conclusiones. 

Art. 15. Si los Ponentes, después de examinar bien un trabajo, 
dan informe en el sentido de que aquél no debe ser aceptado, ni para 
ser leído ni para ser impreso, el autor del mismo ningún derecho 
tendrá á reclamar. 

Art. Ib. Las prerrogativas de los Presidentes de Sección serán, en- 
tre otras, las siguientes : designar las horas en que han de reunirse las 
Secciones respectivas; dirigir la discusión de los trabajos examina- 
dos y exhibidos por los Ponentes ; conceder el uso de la palabra á los 
socios ; negarlo á los que no tengan derecho á él ó hayan dado motivo 
justo para no poder hablar en el Congreso, y declarar cuándo ha5'a 
de tenerse por suficientemente ventilado cualquier punto de estudio 
objeto de las tareas de la Sección correspondiente. 

Art. 17. A todo socio del Congreso Eucarístico asiste el derecho 
de hacer las consideraciones que crea oportunas acerca de los pun- 
tos que se estuvieren dilucidando en cualquiera de las Secciones, con 
tal que, al verificarlo, se sujete en todo á lo establecido en el presen- 
te Reglamento. 

Art. 18. Los Presidentes de Sección no permitirán que los orado- 
res empleen más de diez minutos en la exposición ó discusión de un 
punto, ni más de cinco minutos para replicar. 

En casos muy excepcionales, á juicio de los Presidentes, podrán 
éstos conceder por mayor tiempo el uso de la palabra, limitándola á 
lo estrictamente necesario para la exposición de la doctrina. 

Art. 19. Es obligación de todo socio que asista personalmente al 
Congreso hacer saber en la Secretaría de la Junta Central de esta 
ciudad de Lugo cuál sea la calle y cuál el número de la casa en que 
habita, para de este modo poder ser enterado de todo cuanto pueda 
interesarle respecto á asuntos del Congreso Eucarístico. Además, 



74 MISCELÁNEA 



los que ostenten la representación de Corporaciones, periódicos, etc., 
etcétera, deberán acreditarla en Secretaría, donde se les proveerá de 
una tarjeta especial á los efectos oportunos. Sin este requisito no se 
reconocerá representación alguna. 

Nota. — Las inscripciones de rocíos del Congreso Eucaristico se reciben en la Secre- 
taria del mismo, Palacio Episcopal de Lugo, y en todos los Centros Eucaristicos dioce- 



sanos. 



PUNTOS DE ESTUDIO PARA LAS SECCIONES 



SECCIÓN PRIMERA. Fe, SanU Misa, ComuolóD, Adoración y Desagravios. 

A) FE 

Punto 1." Catecismos y necesidad de dar mayor latitud en ellos á 
la explicación de la presencia real de Jesucristo en el Santísimo Sa- 
cramento. 

Punto 2." Docti ina acerca del culto al Sagrado Corazón de lesiis 
en la Eucaristía. 

B) SANT.\ .MISA 

Punto 1." Estímulos para que los seglares se presten á servir las 
Misas rezadas. — Medios para lograr que los niflos de las escuelas pú- 
blicas y privadas asistan en corporación al cumplimiento del pre- 
cepto. 

C) COMUNIÓN 

Punto 1.** Medios para fomentar la frecuente y diaria, según el de- 
seo del Santo Concilio de Trento, expresado en su ses. 23, cap. vi.— 
Necesidad de que en los Estatutos y Reglamentos de toda Cofradía se 
consigne la obligación de la Comunión pascual y en su día por X'iáti- 
co, bajo pena de la privación de socorros y emolumentos á los socios 
que, pudiendo, no cumplan dichos deberes. 

Punto 2." Medios para solemnizar y celebrar dignamente la Co- 
munión pascual de los soldados y asegurar sus frutos. 

D) ADORACIÓN V DESAGRAVIOS 

Punto 1.® Manera de conseguir que la antigua y espaf\ola saluta- 
ción "Bendito y alabado sea el Santísimo Sacramento, vuelva á ser 
de uso tan general como en tiempos pasados.— Importancia de la prác- 
tica de descubrirse ó santiguarse al pasar por delante del templo don- 



MISCELÁNEA 75 



de mora Cristo Sacramentado, y medios de generalizarla— Etiqueta, 
cortesía y compostura que deben observarse dentro del lugar sagra- 
do, y medios de hacerlas respetar y cumplir. 

Punto 2.** Necesidad de reformar el Código Penal vigente en or- 
den á los hurtos y robos sacrilegos, sacrilegios, profanaciones y blas- 
femias contra la Eucaristía : proyecto de reforma. — Medios de asegu- 
rar el eficaz ejercicio de los recursos que la legalidad vigente propor- 
ciona para impedir toda clase de signos exteriores en los templos di- 
sidentes, y el uso de títulos de sus pretendidas jerarquías. 

Punto adicional. Acuerdos del Congreso Eucarístico de Valencia 
no cumplidos, referentes á las materias de esta Sección y sus simila- 
res : medios para realizarlos. 

SECCIÓN SEGUNDA.— Asociaciones j Obras Eocaristicas. 

Punto 1.* Cofradías del Santísimo Sacramento (vulgo Sacramen- 
tales): medios de instalarlas en todas las iglesias parroquiales para 
que ayuden á éstas en las funciones solemnes deNuestro.Señor, Alum- 
brado del Sagrario, Viáticos, etc., etc. — Conveniencia de una función 
breve y diaria al Santísimo Sacramento, vulgo Visita: ¿en todos los 
templos de la población? ¿en los principales? ¿en uno solamente? 

Punto 2." Cuarenta Horas y medios de propagar esta oración, com- 
pletándola, allí donde sea posible, con la Adoración nocturna: ¿cómo 
en las grandes poblaciones? ¿cómo en las pequeñas é iglesias pobres? 

Punto adicional. Acuerdos del Congreso de Valencia no cumpli- 
dos acerca de estos puntos y sus análogos: medios para cumplirlos. 

StCCIÓN TERCÜRA.- Liturgia, Arle, Historia. 
A) LITURGIA 

Punto 1." Catálogo manual para uso de los fieles, de las indulgen- 
cias auténticas y subsistentes concedidas por los Romanos Pontífices 
á las varias prácticas individuales de piedad eucarística. 

Punto 2.*^ Novedades lícitas, y otras que no lo son, introducidas en 
la materia y forma de los vasos y ornamentos sagrados. — Abusos que 
deben desterrarse en la exposición, procesiones y culto del Santísi- 
mo Sacramento. 

Punto 3.° Examen técnico de las alteraciones de que puede y suele 
ser objeto la materia remota de la Eucaristía: especificación de cuán- 
do llegan á invalidar dicha materia, y medios fáciles de descubrirlas. 



76 MISCELÁNEA 



B) ARTE 

Punto 1." Las artes de la pintura, escultura, arquitectura y músi- 
ca, como medios de aumentar la devoción al Santísimo Sacramento: 
educación eucarística de los dedicados á estas nobles artes. 

Punto 2." Concepto artístico religioso de la grande orquesta en 
las funciones eucarísticas: género polifónico, vocal y orfeones en el 
culto del Santísimo Sacramento: conveniencia de que el pueblo tome 
parte en los cantos litúrgicos de la Eucaristía y medios para lograrlo. 

Punto 3." Enumeración y descripción artística de las principales 
custodias, viriles y ostensorios, y de las andas y carrozas procesio- 
nales del Santísimo Sacramento de las iglesias de España. 

C) HISTORIA 

Punto único. Del culto ;l la Sagrada Eucaristía: Memorias (por 
diócesis) no pre>entadas al Congreso de Valencia, y adiciones y rec- 
tificaciones de las que ya lo fueron al mismo. 

Punto adicional. Acuerdos del Congreso de Valencia, no cumpli- 
dos, sobre las materias de esta Sección y sus similares: medios con- 
ducentes .1 su práctica. 

CERTAMEN EÜCARÍSTICO 

El Congreso Eucarístico de Lugo, á ejemplo de los demás, no 
contentándose con narrar los estupendos prodigios que un Dios ena- 
morado de sus criaturas obró para unirse en abrazo estrecho con 
ellas, invita, á los que sientan iluminada su mente con la inspiración 
poética é inflamado su pecho con la llama vehemente del santo entu- 
siasmo, á cantar las inefables dulzuras y bellezas celestiales de ese 
árbol frondoso plantado en medio del jardín de la Iglesia, augurando 
desde luego que, sentados bajo su placidísima sombra, no han de fal- 
tar cristianos vates que, ora entretejan bellas guirnaldas, ora pulsen 
su melódica lira en este certamen de himnos y loores eucarísticos al 
Rey Sacramentado del Amor Divino, en la siguiente forma: 

PROGRAMA 

POESÍA 

Se adjudicarán.— Primero: Un premio y dosrtCc^siYsá las mejores 
Odas sobre la Institución de la Eucaristía.— Stgnnáo : Un premio y 
dos accésits á las Poesías de metro vario que canten las glorias y be- 



MISCELÁNEA 



77 



llezas de la Sagrada Eucaristía.— Tercero: Un premio y dos accésits 
á los Romances castellanos que mejor narren alguna leyenda ó he- 
cho histórico acerca de la Sagrada Eucaristía. —Cuarto: Un premio 
y dos accésits á las mejores Composiciones poéticas sobre la Prime- 
ra Comunión.— Qmnio: Un premio y dos accésits á los Poemas mejo- 
res sobre El Sacrilegio. 

LITERATURA 

Primero. Se adjudicará un premio y dos accésits A los mejores 
trabajos en prosa sobre el tema siguiente: El Sagrado Viático. 

Segundo. Un premio y dos accésits á las mejores narraciones en 
forma de novela, cuyo argumento esté basado en La Exposición del 
Santísimo Sacramento en Lugo. 

PIEDAD 

l^rimero. Se adjudicará un premio al mejor Devocionario Ettca- 
ristico. 
Segundo. Otro premio al mejor Catecismo Eiicarístico. 

MÚSICA 

Primero. Un premio y dos accésits A las Misas de más mérito para 
cuarteto de voces y coros, con acompañamiento de dos órganos, ba- 
sadas en los himnos eucarísticos Adoro te , Lauda Sion , Sacris So- 
Icmniis , Pange Lingua y Tantum ergo, contenidos en el Tratado 
teórico práctico de Canto Gregoriano del P. Eustoquio de Uriarte. 

Segundo. Un premio y dos accésits á un Motete al Santísimo Sa- 
cramento, con letra latina á seis voces de tiples, tenores y bajos, con 
acompañamiento de orquesta, y reducción de ésta para órgano. 

Tercero. Un premio y dos accésits á una Elevación para órgano 
sobre alguno de los himnos eucarísticos. 

Cuarto. Un premio y dos accésits á una colección de Motetes para 
coro unísono y órgano, en estilo popular-religioso y factura y tesi- 
tura tal, que fácilmente puedan ser aprendidos y cantados por el 
pueblo. 

Quinto. Un premio y dos accésits á una Marcha procesional, ba- 
sada en los himnos eucarísticos, para banda. 

Los trabajos de Literatura y Piedad de este certamen habrán de 
remitirse antes del 1.° de Julio al Secretario de la Junta Organiza- 
dora del Congreso en Lugo, Palacio Episcopal, con sobre cerrado, 
y dentro de él una plica que contenga en el sobre unjlema igual al 
del escrito ó composición , incluyendo el nombre y apellidos del au- 
tor V señas de su residencia. Inmediatamente después de adjudicados 



7S MISCELÁNEA 



los premios se quemarán las plicas que contengan los nombres de 
los autores no premiados, y no les serán devueltos los trabajos re- 
mitidos. 

Las composiciones musicales habrán de remitirse en la misma for- 
ma y ser originales é inéditas, debiendo ser presentadas hasta el 15 
de Junio inclusive, para que puedan ser estudiadas y ejecutadas en los 
solemnes cultos del Congreso. El Jurado de estos trabajos se consti- 
tuirá en Madrid. 

No(n. — Un mes antes de la celebración del Certamen se publicará 
la relación de los objetos destinados para premiar á cada uno de los 
trabajos que, á juicio del Jurado, lo merezcan. Los premios para el Ca- 
tecismo Eiicaristico y Devocionario Eii carlstico consistirán en un ob- 
jeto de arte para cada una de las dos obras, el regalo á los autores de 
doscientos ejemplares impresos de las mismas, y la etica/, recomenda- 
ción del Congreso para su adopción y propagación. La primera edi- 
ción de las obras premiadas, que será al menos de mil ejemplares, se 
imprimirá por cuenta de la Junta organizadora del Congreso, y, des- 
pués de indemnizarse de los gastos, devolverá el saldo á los autores, 
los cuales conservarán siempre la propiedad de aquéllas. 

Programa de la Exposición Artíslico-Eucarística Nacional de Logo. 

F'rimero. La E.xposición estará abierta desde el primer día de la 
celebración del Congreso hasta la clausura de la Exposición Regional. 

.Segundo. La Junta Organizadora del Congreso es la encargada 
de la escrupulosa y constante custodia de los objetos que le fueren 
entregados. 

Tercero. La Comisión designada por la Junta Organizadora del 
Congreso es la encargada de disponer cuanto se refiera á esta Expo- 
sición, y la que dará á los expositores que la consulten cuantas expli- 
caciones deseen obtener. 

Cuarto. Los objetos pueden ser de dos clases: ó de propiedad par- 
ticular, ó pertenecientes al culto de las iglesias. La remisión de los 
primeros y su embalaje serán de cargo, cuenta y riesgo del exposi- 
tor, lo mismo que la reexpedición, después de entregados éstos. La 
remisión y devolución de los segundos se hará mediante un convenio 
con la Junta, en que, además de hacer constar por quien corresponda 
el permiso para exponerlos, se estipularán las condiciones y el medio 
seguro de transporte. 

Quinto. Los expositores que deseen remitir objetos lo pondrán 
en conocimiento del Presidente de la Junta del Congreso Eucarís- 
tico, Palacio Episcopal de Lugo, antes del 15 de Julio, dando noticia 
detallada de los objetos que hayan de exponerse, si son de propiedad 
particular ó pertenecientes á iglesias; su carácter antiguo ó moder- 



MISCFL.ÍNEA 79 



no, metal precioso ó común, dimensiones y peso. Dicha Junta se re- 
serva el derecho de admitir ó no los objetos que se ofrezcan para la 
Exposición. 

Sexto. A cada expositor se le entregará una cédula cuadruplicada 
para que la llene y firme, debiendo estar visada y sellada por su Pá- 
rroco si los objetos son de propiedad del interesado, ó por su Prelado 
si lo son de la iglesia. 

Séptimo. Una de dichas cédulas se unirá al objeto remitido, y las 
tres restantes se remitirán al citado Presidente de la junta local del 
Congreso Eucarístico de Lugo. La primera se devolverá al intere- 
sado, después de confrontada con el objeto remitido y anotada la con- 
formidad por el Presidente de la junta para que sirva de resguardo 
al expositor. 

Octavo. Se expresarán en dicha cédula las noticias históricas que 
se sepan del objeto, fábrica, autor ó procedencia, si está destinado á 
la venta, su precio en este caso y domicilio del ejipositor; si se per- 
mite el derecho de copiarla por dibujo ó fotografía. 

Noveno. Los objetos no pueden retirarse del local de la Exposi- 
ción Eucarística hasta que termine la Regional, pero deberán serlo 
dentro de un mes después de la clausura de ésta. 

Décimo. En el último día del Congreso, un Jurado especial, nom- 
brado por la junta Eucarística , adjudicará á los expositores de los 
objetos que lo merezcan los premios siguientes : Gran diploma de ho- 
nor, único.— Medallas de oro, tres.— Medallas de plata, de cobre.— 
Menciones honoríficas. 

Bendito y alabado y adorado sea el Santísimo Sacramento. 




80 



OBSERVACIONES METEOROLÓGICAS 



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El Drama Lírico ^^^ 



III 




L más rudimentario sentido de conveniencia hacía 
comprender que el libreto no debía ser en la ópera 
ú\ un pegadizo, ni menos un pretexto para la música. 
Así fué que, en los primeros toscos ensayos de la misma ópe- 
ra italiana, se observó escrupulosamente el principio de co- 
rrelación, obedeciendo á un instinto racional más que á teo- 
rías discutidas y vulgarizadas. Las églogas pastoriles de la 
fastuosa corte de los Médicis no eran todavía libretos; pero 
los coros y las canciones con que se entreveraban , si aten- 
dían por una parte á amenizar el espectáculo, por otra se 
enderezaban también á dar relieve y desusada energía á 
ciertas situaciones; como que el Renacimiento no tuvo otro 
fin, en esto como en lo demás, sino el de imitar al arte grie- 
$^0, en que era tan perfecta la adecuación de la música á la 
letra. 

Ya á fines de la Edad Media se dibujaban con nota per- 
sonal, y hasta cierto punto inconfundible, las diversas ten- 
dencias y manifestaciones de la música, como es de ver en 
las canciones populares y picarescas, en que se advierte 



(1) Véase la pág. 14. 

La Ciudad de Dios. — Año XVI. — üúm. 560. 



6 



82 EL DRAMA LÍRICO 



alg^o que no es de sabor religioso; y claro está que el Rena- 
cimiento, por sistema y con desesperada obstinación, trató 
de despojarse de la impedimenta litúrgica de los dramas sa- 
grados y misterios, tan toscos y monótonos como ingenuos 
y efusivos; pero el drama lírico humano adoleció también, 
en sus principios, de cierta pesadez y lentitud propias de 
quien no sabe el terreno que pisa. La materia, el asunto del 
drama lírico, era convencional y mitológico, y no parecía 
fácil dentro de ese círculo hallar forma adecuada, acentos 
apasionados, que sólo podían nacer de la sinceridad del 
sentimiento dramático. Fácil era, en tales circunstancias, 
dejarse llevar de los esplendores de la forma, considerar la 
música como arte de entretenimiento, y florear el tema para 
hacerlo gracioso con la variedad, cosa muy hacedera para 
la inventiva de un temperamento meridional como el italia- 
no. En prueba de ello citaré, omitiendo otras composicio- 
nes, un Madrigal , escrito por Caccini para intermedio de 
comedia, y cantado por la Archilei en las bodas del Gran 
Duque Fernando de Médicis, en l.^S9. La canción tiene cier- 
ta severidad y sabor hierático en las palabras 

Dalle pin alte sphere 
Di celesti sircne ; 

pero es tal el cúmulo de mordentes, fioriture y vertiginosi- 
dades de todo género con que la bordaba la cantatriz, que, 
con lo que ha progresado el gusto, apenas concebimos hoy 
hicieran gracia aquellas sublimidades del género barroco. 
Sería curioso un estudio analítico del arte dramático en Ita- 
lia; pero como eso nos llevaría muy lejos de nuestro propó- 
sito, nos contentaremos con decir que, añadido á esa aptitud 
nativa del italiano para las fioriture artísticas el aplauso 
consiguiente del público, de nada servía la concepción del 
artista, que, por otra parte, se veía arrastrado por la avalan- 
cha del gusto pervertido. Otra causa había también más se- 
ria y más digna, que al compositor italiano desviaba del ca- 
mino del acierto, y era el desequilibrio, también meridional, 
de las facultades que deben concurrir en la creación de la 
ópera. Todo pueblo en quien prevalece la vida afectiva, 



EL DRAMA LÍRICO 83 



muestra naturalmente mayor inclinación que á ninguna otra 
de las bellas artes á la música, esencialmente afectiva y pa- 
sional, y la mayor inclinación presupone ó trae consigo más 
determinante y marcada aptitud para una cosa. Por las cau- 
sas y concausas enumeradas, y por otras que se dejan adi- 
vinar, el genio italiano, sin el freno de una educación estéti- 
ca sólida, que no daban de sí los tiempos, y solicitado ade- 
más por el aura y las aficiones populares, debía tropezar 
necesariamente en uno de dos escollos: ó en la variedad in- 
substancial de formas hueras, ó en el desenvolvimiento mo- 
roso déla frase musical sinceramente apasionada; extremos 
ambos viciosos é inconciliables con la verdad de expresión 
dramática, con el compromiso contraído por la música al 
• asociarse al drama. 

Así nació y prosperó, sobre todo en el siglo pasado, la 
ópera italiana, condescendiente con la vanidad de los acto- 
res; ópera escrita muchas veces, y desde luego representa- 
da, en colaboración con el cantor A ó la cantatriz B, con 
cuyos gorgoritos se satisfacía hasta la hartura la frivolidad 
del público. Así derrocharon su vena fácil muchos composi- 
tores escribiendo bajo la sugestión ajena, y aprisionaron me- 
lodías arrobadoras, tesoros de nunca superada belleza, en 
las mallas de un convencionalismo que dio de sí excelentes 
piezas de concierto, más bien que dramas líricos. Arias pri- 
morosas, dúos de inefable dulzura, coros de sólida traba- 
zón; todo e-o y no más se encuentra en muchas óperas italia- 
nas del siglo pasado. Los libretistas se habían acostumbrado 
también á considerar la ópera como obra casi exclusiva- 
mente musical, y se plegaban dócilmente á las exigencias 
del público, que quería versos más que situaciones. Sería 
injusto, sin embargo, hacer extensivo ese juicio severo en 
todas sus partes á los insignes compositores italianos del 
presente siglo: aquí sólo nos referimos al estado de la mú- 
sica dramática italiana en tiempos de Gluck (segunda mitad 
del siglo pasado), para que se aprecie en todo su alcance la 
obra regeneradora del compositor alemán, naturalizado ya 
en Francia. Él mismo lo dice bien claro en el prólogo á su 
obra maestra Alceste: "Me he propuesto poner fin á todos 



84 EL DRAMA LÍRICO 



los abusos que, introducidos á causa de una mal entendida 
vanidad de los cantores, ó por excesiva condescendencia de 
los compositores, desfiguran y afean desde hace tiempo la 
ópera italiana, haciendo del espectáculo más noble y exce- 
lente el más ridículo y enojoso. He tratado de dar á la mú- 
sica su verdadero destino, que es el de realzar la poesía para 
fortificar y enaltecer la expresión de los sentimientos y el 
interés de las situaciones del drama, sin interrumpir la ac- 
ción ni resfriarla con ornamentos superfluos. He creído que 
la música debía añadir á la poesía lo que afíadcn á un dibujo 
correcto la viveza de colores y el feliz consorcio de las cía 
ridades y las sombras, que sirven para animar las figuras 
sin alterar sus contornos^. 

Declaración tan franca y desnuda de embrollos retóri- 
cos, que hoy es como el abecé del arte dramático, sugestio- 
nó con su ignota claridad á los ánimos desapasionados ó 
libres de compromisos de escuela, y hasta hubo partidario 
de la música italiana, como Rousseau, que con noble since- 
ridad se afilió en la nueva secta; que tales venían á ser por 
su fanatismo las colectividades que apoyaban á una ú otra 
escuela, incluyendo aquí, como tercera en discordia, la lla- 
mada puramente francesa, que reconocía por fundadores á 
Ramcau y Lulli. Á los éxitos, primero dudosos y luego 
francos, de Gluck, que logró imponerse con nuevas óperas 
y nuevos prólogos explicativos, contestaron los iíalianistas 
llevando á París á Piccini, compositor italiano entonces en 
boga, como nadie; y desde aquella fecha se deslindaron los 
campos entre piccinistas y gluckistas, descendiendo á la 
ardiente arena de la polémica cuanto encerraba á la sazón 
París de culto é ingenioso, los escritores Suard, Arnaud, 
Marmontel, La Harpe, Ginguené y otros sin cuento. No es 
posible, ni es del caso ahora, referir los mil y un incidentes 
de aquella lucha acerba y despiadada, en que jugaba gran 
papel la sátira Quédese eso para la historia del arte dramá- 
tico, y contentémonos con recoger el resultado provechoso 
de la contienda, de que salió incólume y triunfante el prin 
cipio doctrinal establecido por Gluck. 

La consecuencia más saliente para el punto que tratamos 



EL DRAMA LÍRICO 85 



de esclarecer fué que, desde entonces, el libreto adquirió 
otras condiciones, distinta distribución, mayor vuelo dra- 
mático, más sincera y profunda expresión de afectos. Poetas 
y músicos atendieron en adelante, más que á hacer obras de 
entretenimiento y para lucimiento de estrellas de mucha ó 
poca magnitud, á que de la colaboración de entrambos re- 
sultara una obra artística, perdurable, fundada en la com- 
penetración indisoluble de dos artes igualmente excelsas. 
El poeta adquirió conciencia de su valer; comprendió que 
su papel en el drama lírico no era ya el de simple decora- 
dor, sino que á él incumbía trazar situaciones interesantes, 
acción movida, trama bien conducida, personajes, no sólo 
bien delineados y de correctas facciones, sino vigorosa- 
mente caracterizados; coros motivados que no fueran com- 
parsas automáticas, y pasiones con acentos propios y natu- 
rales, no graduadas por el cálculo. Aun se movía el drama 
dentro del lirismo ; pero no de un lirismo intempestivo y 
sensiblero, sino del que brota del fondo del asunto, de una 
situación hábilmente creada. Los conocidísimos versos líri- 
cos de la Serenata del Fausto sugirieron á Gounod una 
melodía verdaderamente alada, de giros, á la vez que ele- 
gantes, tan intensamente apasionados; y aquellos otros de 
Migtion , no menos conocidos y celebrados, 

Connaistii le pays oii fleurit ioranger, etc. 

que adquieren, con la inspirada música de A. Thomas, no 
sé qué realce, un encanto nostálgico lleno de ideales efluvios 
del paraíso con que sueña la pobre Mignon, si retrasan la ac- 
ción, en manera alguna la resfrían ni languidecen, porque 
prolongan una situación altamente poética y dramática. Por 
otra parte, la apacible ternura amorosa que late en la pri- 
mera, y las poéticas remembranzas en que se mueve la se- 
gunda, nada tienen que ver con las situaciones violentas, con 
la explosión de pasiones enérgicas, que por su misma natu- 
raleza é índole requieren rapidez y viveza de acción. Debe 
tenerlo muy presente el poeta para saber conciliar el inte- 
rés dramático con el lírico, pues sin este último requisito no 
sería posible la ópera en condiciones de verdadero interés. 



86 EL DRAMA LÍRICO 



De lo dicho se infiere que el libreto puede ser bueno aun 
careciendo de riqueza en el orden ideológico, con tal que 
esté bien atendido el elemento afectivo: tanto, que el drama 
docente y tendencioso necesita pasar por la alquitara del 
sentimiento, y aun perder su carácter, para ser representa- 
ble. En música no se resuelven más problemas que los de es- 
tética aplicada. Por eso el Fausto de Scribe y Gounod no 
es ya el drama filosófico de (ioethe; y si á alguien se le ocu- 
rriese la idea de escribir una ópera con el título Abelardo, 
ya no sería éste la inteligencia poderosa descarriada y ente- 
nebrecida por el error, sino el corazón extraviado del aman- 
te de Eloísa. 

En otro orden más elevado, Savonarola no figuraría en 
un drama lírico tanto por su tenacidad ascética llevada á 
un extremo punible, como por la fuerza avasalladora de su 
elocuencia tribunicia, por el dominio sobre las muchedum- 
bres, por la acción dinámica y contagiosa de su fervor. La 
transformación de la sociedad florentina, primogénita del 
Renacimiento, con sus gustos paganos y ruidosas diversio- 
nes , en una especie de Tebaida mística , trocándose los rego- 
cijos carnavalescos en ayes de penitencia, los más precia- 
dos adornos en cilicios, y las canciones profanas en grave 
salmodia ; convirtiéndose también en severos claustros las 
calles , donde antes reverberaba toda elegancia y vanidad, y 
todo ello por la fuerza expansiva de un corazón abierto á las 
muchedumbres , se presta á cambios de decoración y efectos 
dramáticos que, aun con el más perfecto desempeño, sólo 
vendrían á ser trasunto de la realidad. El poeta hallaría en 
un asunto así ideas levantadas, contrastes bien definidos, 
efusión sincera de afectos simpáticos, protagonista bien ca- 
racterizable y personajes diversificados y llenos de vida ; y 
al músico le sería dado lanzarse á rienda suelta por los es- 
pacios imaginarios, hallaría canciones de amores, danzas 
alegres, severidad litúrgica, todo cuanto, puesta en el dintel 
de la edad moderna, puede alcanzar la clarividencia en la 
fecunda que empieza evocando á la vez toda la edad media. 
¿Qué efectos de sonoridades primitivas, extrañas y arcaicas, 
qué coros nutridos, qué refinamientos del arte moderno, qué 



EL DRAMA LÍRICO 87* 



particularidades y bizarrías rítmicas no podrían usarse en 
una obra de ese género? 

No pretendemos enseñar cosas nuevas ni escribir frases 
de efecto, ni fantasear á tontas y á locas, y al citar esos 
asuntos nos reducimos al modesto papel de sugerir, menos 
todavía, de recordar al poeta y al músico las leyes natura- 
les evolutivas de los afectos, de los contrastes, del interés 
dramático que todo artista, por el mero hecho de serlo, 
siente y expresa cumplidamente. Como la iniciativa corres- 
ponde al poeta, á él nos dirigimos aquí principalmente. Tra- 
tándose de ópera seria, ningún asunto se presta tanto á la 
variedad razonable como los históricos, cuando á la impor- 
tancia de los sucesos se junta la conveniente lejanía que los 
embellece con reflejos poéticos, y cierta contextura pura- 
mente humana que los enaltece y anima mucho más que la 
mitología falaz y convencional, tan del agrado de las gene- 
raciones pasadas. En ella las figuras aparecen como incier- 
tas y nebulosas, el paisaje como incoloro y esfumado, las 
situaciones contrahechas, y todo sin carácter, sin el hálito 
evocador de la realidad. 

Precisamente en el drama histórico es donde ha de ha- 
llar solución esa cuestión debatida de nuestra ópera nacio- 
nal. Porque si ésta ha de reflejar fielmente las aspiraciones 
y los sentimientos del pueblo, si han de cantarse sus épicas 
hazafias, sus regocijos y pesares, ninguna forma se hallará 
más adecuada que las canciones anónimas, siempre viejas y 
siempre nuevas, cuyas mismas transformaciones no son sino 
latidos que cada generación ha ido depositando en ellas, no 
aniquilando, sino enriqueciendo su fondo inagotable. Claro 
está que, tratándose de obra artística moderna, es preciso 
conciliar los extremos, y no puede en manera alguna ser la 
ópera nacional un centón ni un mosaico de cantos popula- 
res, sino creación artística fundada en ellos y enriquecida 
con todas las galas y magnificencias del arte moderno. En 
cambio, ¿qué manantiales caudalosos de inspiración no se 
encuentran en las canciones regionales, uniformadas por el 
sello característico de raza, y diversificadas por esa incom- 
parable variedad de tipos y paisajes que retratan, ya las aza- 



88 EL DRAMA LÍRICO 



rosas vicisitudes, ya la apacible existencia de los antiguos 
reinos? ¿Qué colorido no cabe en las orientales, y qué solem- 
ne gravedad en la pintura de nuestros belicosos antepasados? 

Sin duda inspirándose en ese criterio ha sabido Rusia 
crear un arte dramático original y típico, admiración de las 
naciones todas que, ricas de tradiciones y antecedentes, 
creían una profanación el romper con su historia. Desligada 
Rusia de compromisos tradicionales, se ha visto también li- 
bre de la impedimenta de las preocupaciones rutinarias, y á 
favor de las circunstancias se ha encumbrado de un salto al 
pináculo del arte. A nosotros sólo nos queda el recuerdo de 
nuestra pasada grandeza, y el triste consuelo de mostrar 
nuestra ejecutoria sentados ante las ruinas venerables de lo 
pasado. 

La perfecta unidad en las obras dramático-líricas sería 
cosa hacedera si el compositor fuese el autor de la letra. 
Quizá en eso estriba la fuerza toda de la obra uagneriana. 
Sin duda los mismos dramas de Wagner serían más perfec- 
tos si fuesen menos míticos y simbólicos, si bien hay que 
reconocer que la mitología del Norte, con ser etérea y ne- 
bulosa, es más sinceramente ideal que el convencionalismo 
pagano. Wagner pudo contar para la realización de su co- 
losal empresa con los prestigios de lo maravilloso en forma 
más accesible por lo próxima y no gastada, y sobre todo 
con la autoridad del creador independiente y cabal que no 
tenía que mendigar libretos. .-Vutor de la poesía y la música 
de sus óperas, sus dramas no necesitaban metamorfosearse, 
sino que nacían ya alados y en su ser natural, como lengua- 
je acentuado, ó como acentos musicales revestidos de ideas 
y sentimientos. Así se explica la grandeza de Wagner y la 
pequenez de muchos de sus émulos. La ópera wagneriana es 
de suyo tan complicada y de plan tan variadamente combi- 
nado, que sólo en el creador pueden salvarse los inconve- 
nientes del artificio. Es como un laberinto por donde sólo 
puede andar seguro el arquitecto que lo planeara.» 



EL DRAMA LÍRICO 89 



IV 



Si de lo dicho hasta aquí se pueden deducir reglas prác- 
ticas para hacer adaptable la poesía á la música en cuanto 
á su concepto general, situaciones, elemento lírico, etc., 
conviene estudiar ahora la estructura misma de una y otra 
artes, y las afinidades que presenta su respectiva materia 
para la fusión que se intenta. 

Es sabido que en la versificación hay elementos que pu- 
dieran llamarse esenciales, cuales son el número de sílabas 
y la colocación de los acentos, y otro accesorio y como 
adorno y gala de la poesía, que es la rima. Allá, cuando 
prevalecía en la música el ritmo libre, fundado en cierta co- 
rrelación y simetría de los miembros de frase sin sujeción á 
esa medida igualitaria que llamamos compás, cabía mayor 
libertad en el consorcio de la letra y la música. No había 
más ley rítmica para la proporcionalidad de las partes que 
la que hoy regulan las combinaciones métricas, resultando 
cierta manera de simetría en la mezcla de versos endeca- 
sílabos con hcptasílabos y con los de cinco, como sucede 
en el bordón ó pie de estrofa de los sáficos. V así, en el 
canto litúrgico antiguo, en que generalmente se adapta la 
prosa á la música, es fácil distinguir esa proporcionalidad 
y recibir la emoción estética que nace del movimiento orde- 
nado. Satisfecho el sentido estético con esa simetría, era 
innecesario sacrificar la variedad á la rigidez uniforme y 
monótona de la igualdad de los versos en la poesía y del 
compás en la música. A pesar de lo cual, hay gentes para 
quienes el compás es medida indispensable en toda música, 
cuando bien puede decirse á este propósito aquello de ab 
initio non fiiit sic ; y musicólogo de tanta autoridad como 
el insigne Jevaert se permitió decir, que "es un error querer 
hacer del compás una condición indispensable de la música„. 

De ahí es (y lo diremos para terminar esta breve digre- 
sión) que el wagnerismo, con su teoría de la melodía inde- 
finida^(mejor que infinita), á que cabe aplicar cualquier letra. 



90 EL DRAMA LÍRICO 



con apariencia de innovación, viene á ser un procedimiento 
reaccionario, quizá saludable y conveniente. Pero sea de ello 
lo que quiera, conviene considerar la música en su estado 
actual, con sus constitutivos esenciales y accidentales; y en 
ese sentido, aunque el compás sea un mal necesario, y otro 
no menor la cuadratura de la frase, se recomienda, para la 
perfecta unidad de la poesía y la música , que los versos sean 
regrulares en número y cuantidad. La estructura de la oda 
moderna en silvas no encaja en la cuadratura musical sino 
es alambicándola y estrujándola con muchos sudores por 
parte del músico. Se adaptarán los versos sin esfuerzo si 
constituyen estrofas rej^ulares de cuatro ú ocho versos, de 
igual número de sílabas, y sólo por excepción, y para de- 
terminados efectos, pueden constar de más ó menos. 

No se requiere menos cuidado por lo que hace á la dis- 
tribución oportuna de los acentos. Efecto de la misma cua- 
dratura musical es la regularidad con que se suceden las 
notas, ó séase los tiempos fuertes y los débiles. Si, pues, ha 
de haber coincidencia perfecta, será preciso que los versos 
sean idénticos en su estructura. De donde resulta que, si el 
poeta goza de amplia libertad para acentuar, por ejemplo, 
un romance destinado á ser leído, la tiene muy restringida, 
en cambio, si el romance ha de ser cantable. Aquí se debe 
notar un error en que inconsideradamente incurren algunos, 
más dados á juzgar las cosas por instinto que por la relle- 
xión. Es creencia general la de que al acento gramatical de 
las palabras debe corresponder en música nota relativa- 
mente alta: el concepto de sílaba culminante de que goza la 
acentuada en cada palabra no requiere por sí más que cier- 
to apoyo ó fuerza de la voz con que las demás se agrupen 
en torno de ella, formando las palabras algo así como uni- 
dades de la frase. Lo cual se obtiene fácilmente, aun en una 
serie de notas musicales, con sólo recalcar la sílaba acen- 
tuada , como dando á entender que es la principal. Lo que 
importa es que coincidan las sílabas acentuadas con notas 
fuertes, siendo lo demás accesorio. Merecen leerse, por lo 
que ilustran esta materia, los Diálogos literarios de Coll 
y Vehí. 



EL DRAMA LÍRICO ^1 



Aun dado que la versificación destinada al canto se ajuste 
al número determinado de sílabas y la distribución oportuna 
de los acentos, todavía se podría incurrir en absurdos como 
los que se observan en muchas de esas revistas ó zarzueli- 
tas al uso en que rara vez se da á la letra el desahogo y la 
holgura necesarios para hacerla inteligible. Ese defecto sue- 
le nacer, ó de falta de comprensión en el poeta que asocia 
sin discernimiento á una acción ligera versos reposados, ó 
del escaso tacto del músico para comprender las funciones 
de la música en sus relaciones con la letra. Aquí no cabe dar 
reglas detalladas: ó hay buen gusto, y entonces se cumplen 
las leyes de la naturalidad, ó no lo hay, y en ese caso huelga 
toda observación, como no digamos que esas reglas se re- 
funden en las de una buena declamación, que ni debe ser 
exageradamente acelerada, ni de una lentitud soporífera ó 
extemporánea. 

En cuanto al elemento accesorio de la versificación, que, 
como queda dicho, es la rima, sentimos apartarnos de la 
creencia dominante. Todas las razones que se suelen aducir 
en defensa de la rima son muy valederas y están en su lu- 
gar cuando se trata de poesía recitada, mas no refiriéndose 
á la que se ha de poner en música. Es cierto que tal puede 
ser la rapidez y celeridad rítmica del canto que militen aque- 
llas razones que demuestran la conveniencia de la rima, 
como hay que reconocerlo en muchas coplas populares, y 
en general en todos los versos que consten de ocho ó menos 
sílabas, ó cuando esa celeridad nace del ritmo vivo de la 
música, como en los walses cantados. Pero ya que la rima, 
á la vez que ornato, viene á ser un obstáculo serio para la 
versificación, ;por qué mantenerla cuando desaparece la 
primera de las condiciones enumeradas, tal como acontece 
en los lentos y adagios acompañados de versos largos, en 
que la lejanía de las cadencias rimadas hace de todo punto 
innecesario ese adorno? 

f R. ^USTOQülO DE JJrIARTE. 

O. S. A. 
(Concluirá.) 



NOHKRLESOOM Y LA METEOROLOGÍA 



Es prtciso rtconocer la verdad , no dtjarst 
arrastrar de la pasión , para no faltar & lo 
justicia. 




sTA sentencia, puesta como tema de sermón, sin 
citar la obra de que la hemos tomado, es una de 
tantas verdades consignadas, no sólo en el Código 
de la Moral cristiana, sino también en la conciencia del 
que quiera pensar en cristiano. Hace cosa de una docena 
de años, por no retrasar más la fecha, que se discute en Es- 
paña un problema transcendental y de importancia suma, 
lo mismo en el orden teórico que en el práctico, y en el que 
han tomado parte sabios é ignorantes. Mirados desde cierto 
punto de vista el tal problema y su definitiva solución, esta 
importancia y su transcendental alcance no resaltan del mis- 
mo modo, puesto que, con él y sin él resuelto, el mundo se- 
guiría siendo el mismo, y los hombres tan ingratos y conse- 
cuentes como siempre. Verdad es que, sí al problema alu- 
dido se le da media vuelta y se mira á través de otros pris- 
mas, su capital importancia salta á la vista, y nadie la des- 
conoce, todos la confiesan y pregonan, por más que sean los 
menos los que de ella puedan dar razones convincentes. Y 
debe de ser grande y de eficacia suprema, cuando se ob- 
serva que en frecuentes ocasiones produce entusiasmos en 



NOHERLESOOM Y LA METEOROLOGÍA 93 

las multitudes, aprobación en los hombres sensatos, exa- 
cerbación y bilis en algunos, al mismo tiempo que en otros 
cierto desdén mal encubierto, temor de que sea verdad 
aquello de que se trata, y como consecuencia natural, si 
hablan ó escriben, manifestación palmaria de su ignorancia 
y pruebas de poca buena fe. 

Vamos á entrar en materia para no detenernos en preám- 
bulos sin substancia. 

Apenas si han transcurrido quince días desde que en va- 
rios pueblos de la Península se daban muestras de júbilo, se 
quemó mucha pólvora y hubo ¡vivas! y algazaras extraordi- 
narias porque, después de los grandes temores por la pér- 
dida inminente de las cosechas y por el hambre asoladora en 
perspectiva, amén de las calamidades de otra índole que nos 
vienen afligiendo hace algún tiempo, comenzó á renacer la 
esperanza viendo que sobre España caía el premio gordo 
de la Lotería, es decir, la ansiada lluvia que nos había de 
traer más ventajas, porque tocaban á todos, que no el pre- 
mio de Navidad, que se reparte entre pocos. Comenzó á llo- 
ver el dia cuatro, y continuó el cinco y el seis y el siete, etc., 
no sólo agua sobre los sedientos y agostados campos, sino 
también, al decir de algunos periódicos, una verdadera tem- 
pestad de telegramas, cartas, plácemes y felicitaciones so- 
bre el que era causa, según algunos candidos, de la gran 
perturbación atmosférica que tan á tiempo llegaba á reme- 
diar tantas y tantas calamidades. 

Líbrenos Dios de tener por candido á ningún mortal de 
este mundo porque haya tenido el buen acuerdo de felicitar 
calurosamente á Noherlesoom; tal calificativo debe aplicar- 
se al que lo merezca, por el erróneo concepto que tienen 
muchos del papel que desempeña el ya célebre y entendido 
meteorologista palentino, á quien consideramos nosotros 
como una verdadera y legítima gloria nacional, que ha sa- 
bido sobreponerse por su profunda ciencia meteorológica, 
no ya á los meteorologistas españoles, lo cual sería mucho 
ó poco, según se entienda, sino también á todos los de las 
demás naciones en que se estudia la Meteorología con más 
fundamento, con más decisión y con mejores resultados que 



94 NOHERLESOOM Y LA METEOROLOGÍA 

en Esparta. Y la razón de opinar nosotros así es que, des- 
pués de seguir con asiduidad el movimiento científico de esta 
parte de la Física que se llama ciencia de los meteoros; 
después de revisar y estudiar detenidamente las publicacio- 
nes, así nacionales como extranjeras, que tratan de esta 
materia, no hemos podido encontrar ningún meteorólogo de 
profesión ni aficionado que se atreva á lo que León Hermoso 
se atreve, ni haga lo que Noherlesoom hace. Que sea atre- 
vimiento grande el dedicarse á confeccionar pronósticos sin 
motivo ni fundamento, sin estudios previos y sin conocer la 
Meteorología más que por lo que apunta un barómetro, es 
una verdad de que nadie duda y que todos afirman, como no 
dudaríamos nosotros en despreciar los pronósticos de No- 
herlesoom, si nos constase que estaban redactados en ta- 
les condiciones; pero nos consta, por lo contrario, y prue- 
bas de ello hay en abundancia, que León Hermoso conoce 
como ninguno, que sepamos por lo menos, la ciencia de los 
meteoros, que lleva estudiándola hace muy cerca de cua- 
renta artos, que en sus anuncios atiende á algo más que á las 
indicaciones del barómetro, y en estas circunstancias nues- 
tro criterio cambia por completo. V aunque de nada de lo 
dicho nos constase, bastaría para juzgar en favor suyo el 
que sus anuncios estuviesen garantizados, como lo están, 
por el exacto cumplimiento de lo previsto, dentro de los lími- 
tes á que en Meteorología puede aspirarse. 

Para que en todo este asunto resulte predominante la 
nota exagerada, hay en el público que para mientes en los 
pronósticos de Noherlesoom quienes los toman como ver- 
daderas profecías, creyendo de buena fe que basta que 
León Hermoso hable para que las nubes y todos los demás 
elementos le obedezcan. Éstos son los que antes llamábamos 
candidos, á quienes disculpa bastante su ignorancia al to- 
mar, como suele decirse, el rábano por las hojas. Noher- 
lesoom podrá prever y predecir un cambio de temporal, 
un trastorno atmosférico, porque alcanzará á ver antes que 
otros la realización de dichos fenómenos, ó en sus principios 
ó en las causas que han de producirlos. Es decir, predecirá 
por qué ha de suceder, aunque no lo anuncie; pero no se 



MOHERLESOOM Y LA METEOROLOGÍA 95 

formará ni se disipará la más ligera nube porque el me- 
teorologista ó cualquiera otro lo quieran y lo prediquen. 
¡ Ah! Si Dios hubiera concedido á los hombres un poder se- 
mejante, ¡cuántos tratarían de relegar de este mundo hasta 
las regiones imaginarias al que es Autor y Causa primor- 
dial de todas las cosas! Hay otros, que por su profesión, 
por sus estudios, por su ilustración, parece que debieran 
mirar las cosas de otro modo; pero han oído decir, ó han 
leído acaso, que la ciencia (¡y cuidado si llenan la boca con 
esta palabra!) que la ciencia fto conoce medios ni leyes 
para predecir los cambios atmosféricos más allá de vein- 
ticuatro ó de cuarenta y ocho Jtoras... luego, concluyen, 
como si el sofisma fuera argumento* legítimo, es imposible 
que Xoherlesoom acierte y que hable con fundamento. Si la 
Lógica pudiera hablar, protestaría contra tal modo de dedu- 
cir consecuencias. No parece sino que los que así discurren 
son depositarios natos de la ciencia, y que, mientras ellos 
no den su beneplácito, está vedado á todo el mundo el pe- 
netrar en su santuario. Es indudable que, hoy por hoy, la 
ciencia meteorológica que pudiéramos llamar oficial y co- 
rriente, la consignada en los libros, la seguida en los obser- 
vatorios, la que resulta de los trabajos de estos estableci- 
mientos, puestos por el celo de las naciones como vigías y 
salvaguardias de las comarcas terrestres y como salvavidas 
en los horizontes oceánicos; es indudable, decimos, que no 
conoce ni el medio de predecir los trastornos atmosféricos, 
ni menos el medio de preverlos, y prueba de ello es que 
nunca se atreve á adelantar un anuncio más que para el día 
siguiente, y esto entre dudas y vacilaciones que pasarán 
inadvertidas para los profanos, pero que saltan á la vista 
del que entiende algo en esos achaques. 

Todos admiten la posibilidad de la previsión del tiempo 
á larga fecha; pero todos afirman que, hasta la hora pre- 
sente, nadie ha llegado á esa extraordinaria conquista: to- 
dos trabajan, unos más y otros menos, por alcanzarla; pero 
como creen que el descubrimiento está reservado, aunque 
en el siglo xx lo más pronto, para los meteorologistas de 
profesión, no les cabe en la cabeza el que ningún particular 



96 NOHERLESOO.M V LA METEOROLOGÍA 

pueda llegar á ponérseles delante. Por lo demás, meteoro- 
logista y escritor de gran fama, ha dicho con toda solemni- 
dad: "Aunque con los conocimientos actuales en Meteoro- 
logía no puede, hoy por hoy, preverse ni predecirse nin- 
gún cambio de temporal algún tanto remoto, llegará día 
en que esto se haga con la misma exactitud y con tan minu- 
ciosos detalles como se predice un eclipse de Luna ó de Sol^. 
Argumento que pueden utilizar los que niegan la posibili- 
dad de la previsión del tiempo. La razón en que se funda 
el autor aludido no es muy convincente que digamos; pero 
no hay inconveniente en darla por buena. Decía <a\, que así 
como hasta hace cosa de un siglo, por falta de datos sufi- 
cientes, no podían predecirse con toda exactitud muchos de 
los fenómenos astronómicos que hoy se calculan con preci- 
sión matemática , tales como los eclipses , el paso de muchos 
astros por un meridiano determinado, las revoluciones de 
otros, la ocultación de las estrellas por la Luna y los plane- 
tas, las conjunciones, etc. etc., así también vendrá tiempo, 
y no tardando, en que se preverán y predecirán con la mis- 
ma exactitud los cambios y accidentes meteorológicos que 
han de realizarse en la atmósfera; pero que , al fm y al cabo, 
esto será en lo futuro; no puede ser al presente. 

En contra de tales aplazamientos viene, hace años, cla- 
mando León Hermoso: "Esto que la ciencia promete para 
los siglos venideros, creo yo que está más cerca, y para 
mí es cuestión que debe resolverse en el siglo presente; por- 
que, si no contamos con todos y cada uno de los datos que 
darían la solución matemática del problema, como sucede 
en Astronomía, tenemos los suficientes para encontrar una 
solución muy aproximada á la exacta, á la que espero lle- 
gar por el camino que vo}' siguiendo y por el que no quiere 
andar la Meteorología oficial-. Que vengan los fundamen- 
tos, ha dicho ésta; las leyes en que se apoya Noherlesoom, 
si es que las tiene, y entonces, st acierta, creeremos en él. 
Y éste, sin duda, ha dicho para sus adentros: "Como no ha- 
bíais de dar crédito á mis teorías más ó menos científicas, 
si por otra parte salieran fallidos mis pronósticos, quiero 
emprender la senda más fácil de recorrer para que nadie en 



NOHERLESOOM Y LA METEOROLOGÍA 97 

ella tropiece^. Y debe de haber formulado el siguiente ra- 
ciocinio: "El método más seguro para convencer á todo el 
mundo de que conozco leyes desconocidas en Meteorolo- 
gía, y que mis pronósticos no son al acaso, sino que se fun- 
dan en ciencia sólida, basada en la experiencia, son, sin 
duda, los argumentos que llaman á posten'on: anunciaré, 
pues, con quince días de anticipación los cambios atmos- 
féricos, y, si se realizan como tenido proíiietido (1), habré 
dado la prueba más convincente de que el sistema de pre- 
visión por mí seguido es verdadero, legítimo y desde luego 
más científico que los usados en los centros meteorológi- 
cos oficiales de todo el mundo„. Porque "no sabiendo, de- 
cía Nohcrlesoom con fecha 28 de Abril , ningún centro ofi- 
cial español ni extranjero cuándo, cómo y por qué va á 
llover en tan apuradas circunstancias como éstas, si ha}"" 
un individuo que lo sabe y lo expone, no en forma vaga y 
genérica, ambigua y dudosa, llena de vacilaciones y dis- 
tingos, sino con toda clase de detalles, para que pueda com- 
probarse la exactitud del pronóstico y nadie tenga duda de 
su realización, ;podrá afirmarse con justicia que el tal pro- 
nóstico no es científico, y que el qué lo dice es un visionario 
y que está fuera de la realidad de la ciencia, sin más razón 
que por el atraso en que se halla. ..?„ V "lo cierto es, añadía, 
que sin un fundamento incontrovertible, sólido y bien funda- 
do no podrá hacerse tal pronóstico; y al realizarse en todos 
sus detalles, claro es que, el que lo haga, da la mejor demos- 
tración práctica de su sistema, que á todas luces es, por lo 
menos, mejor que lo que hoy se conoce„. El caso es que ni 
un profeta podría hablar en tono de mayor seguridad, aun- 
que nosotros estamos muy lejos de tener como profeta al 
meteorologista español; pues, si así fuese, para nada servi- 
ría invocar el nombre de ciencia humana. 

Noherlesoom lanzó un verdadero reto á la Meteorología 
que se estudia en los libros y en las aulas, y por esta vez al 



(1) Téngase presente que desde el primer número del Boletín Me- 
teorológico que publica Xoherlesoom, viene diciendo que sus pronós- 
ticos no tienen el carácter de infalibles, contra lo que muchos han 
entendido equivocadamente. 

7 



98 NOHF.RLESOOM Y LA METEOROLOGÍA 

menos, después de otras muchas, ha quedado victorioso. 
Razón tenían para felicitarle cuantos han visto que el pro- 
nóstico se ha cumplido en todas sus partes, de lo cual bien 
creemos que no habrá español que dude, pues á todas par- 
tes ha llegado el beneficio, no precisamente del pronóstico, 
sino de su cumplimiento. Hasta las plantas están agradeci- 
das y respiran con libertad, volviendo á la vida que se les 
iba acabando. 

Sería inútil, después de lo acontecido, el analizar párrafo 
por párrafo y día por día los pormenores y detalles minu- 
ciosos con que el célebre meteorologista describió los acon- 
tecimientos atmosféricos que se han realizado durante la 
quincena anterior, comparándolos con los datos oficiales 
recogidos en los Observatorios y los publicados por toda la 
Prensa: no tanto sería trabajo para nosotros, como molestia 
para quien haya tenido la paciencia de leer estas páginas. 
Nos contentaremos con el resumen que el mismo León Her- 
moso hacía de su pronóstico. 

"Aunque tarde, va á llover, como hace meses no llovía 
en nuestra Península. Casi nos parecerá ilusión de los sen- 
tidos cuando lo veamos. Las lluvias se desarrollarán desde 
el 4 hasta el 8 y en los días 11 y 12. Puede decirse que va- 
mos á tener un novenario lluvioso, con algunos intervalos ya 
indicados. Las lluvias de carácter general se producirán en 
los días 4, 5, 7 y 11, que también serán las más abundan- 
tes... „ "Bien puede asegurarse que, por esta vez, hasta sus 
mayores enemigos no querrán que se equivoque Nohcrlo- 
soom—\\dáv\ú 28 de Abril de 189ó.„ 

Glosa. "Aunque tarde, va d llover como hace meses no 
llovía en nuestra Península. „ Aunque tarde para muchas 
comarcas, por lo adelantado de la estación, llovió como 
hacía meses no había llovido en España. "Casi nos pare- 
cerá ilusión de los sentidos cuando lo veamos. „ No ha sido 
ilusión, sino realidad, lo que ha excitado el entusiasmo y el 
aplauso, la alegría y la esperanza de que la Agricultura no 
perderá todo el fruto de sus trabajos. "Las lluvias se des- 
arrollarán desde el 4 hasta el 8 y en los días 11 y 12.„ El 3 se 
notó el principio del cambio atmosférico, á pesar de las per- 



f 



NOHERLESOOM Y LA METEOROLOGÍA 99 

sistentes corrientes del E. y del NE., y de que el barómetro 
no quería bajar. Se acentuó más el cambio el día 4, y el 
barómetro fijo sobre la normal, y los vientos del primer cua- 
drante sin darse por vencidos. Y, sin embargo, las lluvias 
comenzaron el día 4 á extenderse por las regiones del SO. de 
España, y ya el mismo día por la noche llovió poco, pero al 
fin llovió, en Madrid. L-os días en que las lluvias fueron más 
generales han sido, indudablemente, el 11 y el 12. Desde 
el 13 mejoró el tiempo, aunque no han faltado chubascos ais- 
lados en varios puntos de la Península. Contrasta con todo 
esto la previsión del Instituto Central Meteorológico que te- 
nemos en España, que, al decir de malas lenguas, después 
de una gestación laboriosa, costó al Gobierno no poco tra- 
bajo y mucho dinero para sacarlo á lu2, y hoy cuesta á la 
nación lo que la nación puede pagar con mucha dilicultad. 
Decía en su Boletín del día 3: ''La pequeña área de bajas 
presiones relativas del SO. de la Península se ahonda un 
poco, y pudiera originar alguna perturbación local de poca 
importancia; pero la situación general es tan poco favora- 
ble á un cambio radical de régimen como en los pasados 
días^. V al siguiente, 4 de Mayo, añadía: "Ha penetrado en 
la Península, y se halla hoy entre Lagos y Badajoz, la pe- 
queña depresión indicada hace dos días; se ha ahondado un 
milímetro y baja el barómetro en toda esa región; baja que 
se extiende hasta Castilla la V^ieja en un sentido, y hasta 
Madera en el opuesto, al mismo tiempo que aparece una bo- 
rrasca en el Atlántico, al O. de las Azores, y, aunque poco 
marcados, hay síntomas de que se aproxima un cambio de 
régimen„. De modo que el Instituto Central, ni con doce ho- 
ras de anticipación vio ni pudo ver el cambio de situación 
atmosférica que ya teníamos encima: lo más, lo más, cuan- 
do ya habían llegado "síntomas de que se aproximaba.. V 
aun el día 5 le costó trabajo el verlo, no cerca, sino lejano, 
pues decía: "La situación, análoga á la de ayer, es aún más 
favorable á un cambio de régimen importante, todavía le- 
jano y,. Pero ¿no se fijaron esos señores en que el día 5 pasó, 
en Madrid mismo, con carácter francamente lluvioso, aun- 
que Ja lluvia no fuera muy abundante, y que hacía más de 



100 NOHERLESOOM Y LA METEOROLOGÍA 

veinticuatro horas que ya la lluvia se había declarado en 
muchos otros puntos de España, particularmente en el S. 
y SO.? ¡Cómo anda el servicio meteorológico en España! 

Pues bien; yo no quisiera perjudicar á nadie, ni á nadie 
critico: estudio los hechos; soy entusiasta de la Meteorolo- 
gía; deseo que progrese esta ciencia, y que sea protegida, 
porque de ella espero grandes y benéficos resultados, no 
para mí, sino para la sociedad entera; y, sin embargo, digo 
y afirmo con toda franqueza: Si el Instituto Central Me- 
teorológico; si los Observatorios de provincia no han de 
servir para más, ni han de dar otros resultados para la cien- 
cia, para la agricultura, para la industria, para el comer- 
cio, para la navegación, para la sociedad, sufyrimanse úe 
un plumazo; dediqúense los empleados á trabajos más úti- 
les, y destínese esa parte del presupuesto á soconer nece- 
sidades de muchos pobres, á aliviar las contribuciones del 
angustiado labrador que riega los campos con el sudor de 
su frente, al mismo tiempo que cae del cielo la lluvia be- 
néfica. 

Trabajo nos cuesta admitir la sospecha que nos asalta, 
y que desechamos desde luego, acerca de si los resúmenes y 
anuncios probables para el día siguiente, que ha venido pu- 
blicando el Boletín Oficial Metcorolóí^ico del Instituto, esta- 
rán redactados con toda sinceridad y sin prevención ninguna. 
No falta quien crea que se ha procurado aminorar la impor- 
tancia del cambio atmosférico en cuestión, para desvirtuar en 
lo posible el triunfo obtenido por León Hermoso. Rechaza- 
mos, como decíamos, la sospecha; pero si, desgraciadamen- 
te, fuese fundada... sólo diremos que se honrarían muy poco, 
3' que estimarían en mucho menos su lealtad y honradez, su 
sinceridad y buena fe científica, cuantos á esta sospecha die- 
ran motivo; y repetiríamos que es preciso reconocer la ver- 
dad, no dejarse llevar de la pasión, para no faltar á la 
justicia. En algún periódico se ha notado empeño especial 
en afirmar que Noherlesoom fijaba las doce del día cuatro 
para que empezase á llover en Madrid. En el pronóstico que 
publicó León Hermoso no consta tal hora prefijada. 

Noherlesoom se queja de que la ciencia oficial meteoroló- 



NOHERLESOOM Y LA METEOROLOGÍA lOl 

gica ó sus representantes, lejos de favorecerle, como debie- 
ran, en bien de la Meteorología, le han hecho y hacen dura 
guerra; y, según se desprende del progreso y estado de la 
cuestión, parece ser que León Hermoso no se halla inclinado 
á conceder competencia bastante para juzgarle ni contrade- 
cirle á la Meteorología oficial. Hasta qué punto sean justifi- 
cadas las quejas del meteorologista palentino, no somos nos- 
otros los llamados á dilucidarlo. Respecto á competencia de 
los que figuran al frente y al lado de nuestros Observatorios, 
algo puede rastrearse, no por lo que cada uno sepa, que 
para nosotros todos saben mucho y los veneramos como á 
sabios, sino por lo que en nuestros centros de enseñanza 
ojie i al mente se estudia de Meteorología. 

Ha sido práctica bastante común en los Institutos de Es- 
paña el prescindir de la Meteorología propiamente dicha du- 
rante el curso señalado para la Física. Emprendida una ca- 
rrera universitaria por el alumno, claro es que, por milagro, 
volvería á dedicarse al estudio de los meteoros ninguno que 
no perteneciese á la Facultad de Ciencias, Medicina ó Far- 
macia. Estos alumnos tienen, durante la Preparación, un 
curso dedicado á la asignatura de Ampliación de Física. Y 
por más que dicha Ampliación es muy estrecha ordinaria- 
mente, el tratado de Meteorología se supone estudiado du- 
rante el Bachillerato, y, como artículo de lujo, apenas si se 
repasa en las aulas universitarias. Concluida la Prepara- 
ción, hay que descartar los alumnos del ramo de Ciencias 
Naturales , los de Medicina y Farmacia , etc. , quedando sólo 
los de Ciencias Físico-Químicas y Físico-Matemáticas, con 
alguna esperanza de que, durante la carrera, estudiarán 
Meteorología. Transcurre el período de la Licenciatura, en 
que los primeros tienen que estudiar y examinarse de Física 
nuevamente, y los segundos cursan y aprueban dos años de 
Física Superior y otros dos de Prácticas correspondientes, 
y puede asegurarse que sólo por incidencia se piensa en la 
parte meteorológica. Algunos llegan á doctores, y ya se 
deja comprender que en el período del Doctorado no es po- 
sible estudiar lo que no se exige en los programas ni, en opi- 
nión de muchos, vale para nada. 



102 NOHERLESOOM Y LA METEOROLOGÍA 

En las carreras especiales de Ingenieros , etc., ya se toma 
con más interés la ciencia meteorológica, y en algunos ra- 
mos de Ingeniería hay cursos destinados á esta asignatura; 
pero, así y todo, gracias que el alumno estudie bien los Tra- 
tados de Meteorología que suele haber impresos, y que el 
profesor explique. Con este cúmulo de conocimientos en 
achaques meteorológicos, llega á formarse en España el 
gremio de meteorologistas, representantes de lo que, en 
nuestro entender, llama Xoherlesoom Afeíeorología oficial. 
Pero nosotros juzgamos el asunto desde otro punto de vista, 
y creemos sinceramente, atendiendo á lo expuesto, que esa 
ciencia oficial de la Meteorología no puede ni debe preocu- 
par á Noherlesoom, por el sencillo motivo de que semejante 
ciencia no existe en España. 

Ahora, tratándose de si tenemos ó no meteorologistas de 
nota y competencia que sepan más de lo que en las aulas 
oficiales se estudia, ya es asunto de otra índole, y cuestión 
que debemos resolver afirmativamente; porque, sin duda, 
hay en España hombres de ciencia que conocen la Meteoro- 
logía, por lo menos tanto como en los tratados de este ramo 
se consigna, con más los datos de experiencia y observa- 
ción particular que por sí propios y fuera de las aulas han 
adquirido. Pero, por esto mismo, es necesario convenir en 
que, si algo se sabe de fundamental y científico en orden á 
los meteoros, cada cual se lo debe á sus propios esfuerzos, 
á su iniciativa particular y á su interés por ilustrarse, redu- 
ciéndose á nada la parte oficial que en esto pueda haber. 

Con tales precedentes científico-meteorológicos no obra- 
rían bien cuantos, en nombre de la Meteorología oficial, 
combatiesen á León Hermoso; háganlo, si les place, en nom- 
bre de su ciencia propia y en virtud de sus particulares opi- 
niones, pero no invocando lo que no puede favorecerles. Di- 
gan, si bien les parece, que la Meteorología hoy conocida 
en el mundo científico, las leyes formuladas por todos los 
meteorologistas de más fama, los medios de que dispone la 
ciencia de los meteoros, no alcanzan á predecir los cambios 
de un temporal, ni ocho ni quince días antes. No es imposi- 
ble que esto llegue á conseguirse algún día; pero, hoy, nos- 



NOHERLESOOM Y LA METEOROLOGÍA 103 

otrosno podemos, porque no sabemos hacerlo. Si, á pesar de 
esto, se levanta alguien con tantos títulos para saber Mete- 
orología como cualquier otro ó itids, porque haya estudiado 
más, y observado más, y dice: yo sé algo más que todo eso 
en Meteorología; sé como puede predecirse un fenómeno 
atmosférico quince días antes ; y no me negaréis que sé esto, 
y por tanto mds que vosotros, si os anuncio que dentro de 
tantos ó cuantos días lloverá ó hará sol en tales y tales pun- 
tos de la Tierra, con estas y las otras circunstancias, por 
tales ó cuales razones: en un caso así. opinará cualquiera 
que ya no resta, por de pronto, más que esperar al cumpli- 
miento del pronóstico; y si se cumple, la ciencia debe bajar 
la cabeza ante otra ciencia superior y más perfecta, resís- 
tase cuanto quiera el orgullo científico. Lo menos que en 
esto puede hacer el vencido es callarse y no volver á ponerse 
en ridículo, ya que no tenga valor para confesarse vencido 
y tratar de rehabilitarse estudiando mejor lo que no sabía. 
En resumen: entendemos nosotros que, habiendo Noherle- 
soom probado con los hechos, y de un modo tan patente 
como ha visto todo el mundo, que se cumplen sus pronósti- 
cos, no al acaso y en generalidades, sino según una previ- 
sión detallada y razonada, la lógica y la razón exigen que 
se reconozca en él ciencia meteorológica superior á la or- 
dinaria, y es justo que no sólo la Meteorología oficial , sino 
también todos los espartóles, le rindan el tributo de conside- 
ración que se merece, y que en las altas esferas de nuestros 
gobiernos encuentre protección y apoyo incondicionales, 
para que, con mayores ventajas, prosiga sus estudios y am- 
plíe sus conocimientos en bien de la patria y de la sociedad 
entera. No es mucho pedir. 

II 

Mirando ahora por otro aspecto el problema de la pre- 
visión del tiempo, y aun prescindiendo del hecho particu- 
lar que ha motivado este artículo tan pesado y fatigoso, de- 
bemos exponer las razones que nos asisten para expresar- 
nos de este modo , á fin de que nadie se admire de nuestra 



104 NOHERLESOOM Y LA METEOROLOGÍA 

actitud en un asunto de interés grandísimo ciertamente, 
pero que, en particular, poco debiera importarnos. No igno- 
ran los lectores de La Ciudad de Dios que, desde hace diez 
años, viene discutiéndose en esta Revista el mismo proble- 
ma, y que se han analizado las razones en pro y en contra 
de Noherlesoom, precisamente porque el problema es capi- 
tal, y ante su transcendencia nadie debe mostrarse indife- 
rente, y menos en una publicación que procura estar al tan- 
to del movimiento científico general y de las más importan- 
tes cuestiones modernas. Debió de ser por los años de l-SSó, 
y durante el mes de Agosto, cuando por primera vez toma- 
mos en consideración un pronóstico de León Hermoso, y 
desde luego nos pareció atrevido, pues no conocíamos tam- 
poco principio ni ley meteorológica ninguna que pudiera 
servirle de fundamento. Recogimos datos, hicimos observa- 
ciones, consultamos las recogidas en España y fuera de Es- 
paña, y, después de quince días de estudio constante, adqui- 
rimos la convicción de que el pronóstico anticipado no es- 
taba hecho al acaso, pues se había cumplido en sus partes 
principales , y que demostraba en el autor conocimiento 
más que vulgar del asunto que trataba. Así lo consigná- 
bamos entonces, manifestando á la vez los deseos de que 
León Hermoso expusiera y publicara los fundamentos de su 
sistema, para juzgarle con más acierto. Vimos la posibili- 
dad de que aquel hecho particular hubiera ocurrido casual- 
mente, é impulsados por la curiosidad y por el deseo de 
aprender algo nuevo, emprendimos desde entonces un estu- 
dio detenido de los pronósticos de Noherlesoom, compara- 
mos día por día, párrafo por párrafo, fecha por fecha, los 
anuncios anticipados con los hechos después ocurridos, y 
llegamos á persuadirnos de que los pronósticos se cum- 
plían, aunque no todos ni'con aquella exactitud que hubiera 
sido necesaria para tenerlos desde luego como infalibles, 
dentro del orden natural, y de conformidad con la com- 
plicadísima naturaleza del asunto. Más tarde nos decidi- 
mos á publicar algunos de nuestros estudios comparativos, 
siguiendo paso á paso las quincenas sucesivas, según los 
pronósticos iban apareciendo en el Boletín Afeteorold^^ico, 



NOHERLESOOM Y LA METEOROLOGÍA 105 

y las observaciones publicadas por los Boletines extranje- 
ros y las que diariamente acudían al Observatorio de Ma- 
drid de las Estaciones de provincias. Deseábamos que el 
público tuviera datos suficientes, y contrapuestos los unos á 
los otros, para que juzgase según ellos. Como resumen de 
nuestro pesado estudio, llegamos á deducir que el meteoro- 
logista palentino conseguía predecir con bastante exactitud, 
y que se cumplían el 80 por 100 de sus pronósticos. Después 
de esto, aun no hemos interrumpido el estudio que empren- 
dimos hace diez años, y, lejos de disminuir la intensidad de 
nuestras convicciones, se ha aumentado, pues la relación de 
los anuncios cumplidos excede ya del 80 por 100. No ten- 
dríamos inconveniente, si la materia no fuese tan árida para 
los lectores, en demostrar esto mismo con cuadros compa- 
rativos, mediante las observaciones hechas, tanto dentro 
como fuera de España, por más que muchas de ellas merez- 
can bien poca confianza. 

En vista de lo expuesto, ya no parecerá extraño ni fuera 
de su lugar el que hayamos vuelto á agitar estas cuestiones 
en las columnas de La Ciudad de Dios, y que, con toda la 
sinceridad y lealtad que debe tener quien se dirige al públi- 
co, digamos nuestra opinión, y reprobemos el proceder de 
cuantos, sin motivos ni ciencia para ello, sin garantías de 
su competencia, rechacen y combatan y menosprecien un 
problema que debe estudiarse con sinceridad y sin pasiones, 
absteniéndose de tratar injustamente á quienquiera que lo 
estudie para resolverlo, ó que crea haberlo resuelto. Los 
asuntos científicos se tratan científicamente; los errores del 
mismo orden se combaten con la ciencia verdadera, y no con 
cuchufletas de gacetillero, que no deben tener cabida en 
periódicos formales y serios. Si Noherlesoom se equivoca, 
demuéstrese la equivocación en el mismo terreno en que él 
prueba su acierto; y si la Meteorología antigua, oficial y no 
oficial, no cuenta con armas bien templadas para combatir 
científicamente y con esperanzas de salir victoriosa, antes 
teme estrellarse, retírese con sus honores y dé paso á nue- 
vos adelantos , y no sirva de estorbo á los que quieren reali- 
zarlos. No extrañaríamos que toda la prensa se declarara 



106 NOHERLESOOM Y LA METEOROLOGÍA 



enemiga y combatiese á Noherlesoom si, por una parte, no 
hubiera éste dado pruebas de su competencia, y si. por otra, 
los que lo combaten dieran muestras de saber más y discu- 
tiesen, no en la forma en que suelen hacerlo, sino en forma 
científica, con razones y con datos fundados en la observa- 
ción y en la experiencia. Así resplandecería la luz con la 
discusión, se verían los errores si los hay, y, sin peligro de 
faltar á la justicia, se daría á cada cual lo que en justicia le 
corresponde. 

V hay otros detalles que nos causan más extrañeza. No- 
herlesoom, antes que meteorologista, es cristiano ferviente 
y sincero católico, y no comprendemos cómo periódicos que 
de católicos blasonan, sean precisamente los que con más 
sinrazón le atacan. Si emplearan armas de buena ley, y con 
argumentos sólidos trataran de averiguar la verdad, nadie 
tendría por qué quejarse; pero no es ésa, por desgracia, la 
conducta que suelen observar. ;Será por defender los fue- 
ros de la Ciencia y los intereses de la Religión? ¡Donosos 
procedimientos emplean! Empezando por prescindir de la 
justicia y olvidando las leyes de la caridad, acaso, incons 
cientemente, dan armas á los enemigos de la fe para com- 
batir á la Iglesia. ¿Qué tiene que ver la realización de un 
pronóstico anticipado varios días, con las rogativas públi- 
cas que se han hecho á fin de que Dios mandase el beneficio 
de la lluvia? ¿Quién ignora que las cosas que han de reali- 
zarse según las leyes naturales, no las hace Dios por medio 
de milagros? Porque Noherlesoom previese que tales ó cua- 
les días había de llover, y porque Dios, que antes lo tenía 
todo previsto, valiéndose de las condiciones atmosféricas 
por Él predeterminadas ab (eterno, mandase la lluvia bené- 
fica, previas las públicas peticiones que al Cielo se dirigían, 
por intercesión del Santo Patrono de Madrid, ¿pierden algo, 
por ventura, ni el poder divino, ni la infinita misericordia, 
ni el poderoso valimiento ante Dios del Glorioso San Isidro 
Labrador? Si así lo creen algunos periodistas católicos, lla- 
mados á defender la causa de Dios y de su Iglesia, su fe 
está muy lejos de ser aquella fe ilustrada que San Pedro 
exigía á los cristianos, y que todos debemos exigir, siquiera 



NOHERLESOOM Y LA METEOROLOGÍA 107 

á aquellos que se han impuesto el deber de ilustrar á las 
multitudes por medio del periódico. 

Sería ésta ocasión de analizar teológicamente cómo, en 
el caso particular de que tratamos y en otros muchos, se 
harmoniza la previsión de un naturalista meteorólogo con 
los beneficios divinos y el patrocinio de los Santos; pero no 
queremos fatigar más d nuestros lectores prolongando las 
dimensiones del presente artículo. 

Quiera Dios que Noherlesoom siga como hasta ahora 
sumando triunfos, que resuelva por completo el problema 
de la previsión del tiempo, que conteste á sus detractores 
con argumentos como el de la primera quincena de Mayo. 
Seguros estamos que esto no ha de desvirtuar la gloria de 
San Isidro, ni disminuir en un ápice la protección que desde 
el Cielo dispensa á España, ni por ello tampoco han de mo- 
dificarse los planes sapientísimos de la Divina Providencia. 
De este modo, la Iglesia Católica podrá añadir un nuevo 
nombre al catálogo de hijos suyos beneméritos de la cien- 
cia, y tendremos todos un argumento más, en contra de nues- 
tros adversarios, de que ni la Iglesia con sus leyes, ni la Fe 
con sus revelaciones, coartan en lo más mínimo los vuelos 
de la inteligencia humana. Los periódicos á que antes hemos 
aludido, parecen temer que se realice esta nueva conquista. 
Merecen la enhorabuena, no de los católicos ni de la Igle- 
sia, sino de los incrédulos y materialistas, á quienes tanto 
favorecen mezclando sin razón las cosas divinas con las mi- 
serias humanas. Temen que los masones (así lo han dicho) 
se aprovechen de la credulidad del público ignorante para 
ridiculizar el culto católico, y no temen suministrarles ar- 
gumentos con que tratarían de hacer más daño á la santa 
causa de la Religión. 

fR. ^NGEL JlODRJGUEZ, 
O. S. A. 








La Univrrsai.idai) dki. Diluvio 



V LA OBRA "EGIPTO Y ASIRÍA RESUCITADOS. (') 



(Vindicación del Cardenal Goniilex y de otrai etcritaret caiMicot.) 
CCONCLUSIÓN.) 




XXI 



• Mí tenemos, pues, al autor de A7 ciarivinismo en 
^olfa, convertido ahora en un transíormista mil 
\eces más avanzado que Darwin, y que deja muy 
atr;i.s al mismísimo Haíckel. 

Éstos se contentarían, en efecto, con que las actuales 
formas, que llamamos especies orgánicas, se hubieran podi- 
do constituir desde el principio del período cuaternario hasta 
la fecha. En todo ese largo intervalo de tiempo no reclaman, 
en rigor, la formación de ningún género: les bastaría con que 
se hubieran formado simplemente algunas especies ó una 
sola. Pero al Sr. Valbuena le basta el tiempo que media 
desde el diluvio hasta la fecha para la formación de más 
de ochocientas especies que hay en los dos órdenes citados 
de gallinas y palomas, y para que esas especies lleguen á 
diferir en género y hasta en familia. De suerte que, quien 
antes sostenía pro aris et foris que desde la creación acá 



(I) Véase la página 7. 



LA UNIVERSALIDAD DEL DILUVIO 109 

no se pudo derivar ni una sola forma específica de otra, 
ahora, en sólo unos cinco mil años ó menos, halla tiempo 
de sobra, no ya para la transformación de innumerables 
especies, sino para la de muchísimos géneros y familias. 
Por nuestra parte confesamos que , á pesar de habernos 
decidido al fin por el transformismo moderado, apenas te- 
nemos nada de transformistas en comparación del señor 
Valbuena. Admitimos la evolución restringida á las diferen- 
tes clases orgánicas; es decir, creemos que, por regla gene- 
ral, los individuos encerrados en cada clase provienen por 
simple evolución de una forma primitiva, y que las formas 
primitivas de cada clase son irreductibles y se remontan, 
por lo mismo, ít la obra inmediata del Creador. El probar 
esto nos obligó á escribir extensos volúmenes ; pero el señor 
Valbuena anda más aprisa, y de una sola plumada esta- 
blece que dentro de los órdenes se realiza una cosa análo- 
ga en menos de cincuenta siglos; de modo que, á ese paso, 
desde Adán acá se debieron formar los órdenes dentro de 
la clase, y quizá las clases dentro de los tipos, pudiendo és- 
tos derivarse de una sola forma prototípica, que no se re- 
montase ni á la mitad del período terciario. 

Si dichas apreciaciones tuviesen la menor apariencia de 
verdad, ^qué más necesitarían los transformistas aventure- 
ros, los primogénitos del mono, para declararse en triunfo? 
¿Qué deducir de aquí al ver lo exagerado que en sus dos 
libros aparece nuestro erudito autor, así en un sentido como 
en el contrario? Esta sola cosa, del todo evidente : que, en 
uno ó en otro caso, dejó de meditar bien las consecuencias 
que se desprenden de sus doctrinas. 

En el uno concede á los transformistas lo que todos ellos 
desecharán con indignación, no por perjudicial, sino por en- 
teramente gratuito y anticientífico; y en el otro niega hasta 
lo que de puro manifiesto les conceden los más terribles é 
intransigentes adversarios. 

Y termina el Sr. Valbuena diciendo (p. 291): "Conse- 
cuencia: luego todas las palomas son de una sola especie, 
como lo son todas las gallinas, y quedan en dos las 600 es- 
pecies de gallinas y colúmbidas. Si la extensión de este ar- 



lio LA UNIVERSALIDAD DEL DILUVIO 

tículo, harto largo ya, lo permitiera, veríamos cómo se iban 
reduciendo las especies todas hasta un punto tal en que, no 
ya el arca de Noé, sino atalquio' buque mercante, podía 
contenerlas. Los hechos aducidos como muestra son garan- 
tía de nuestras afirmaciones„. 

Y tanto como lo son; porque, á ese paso, no ya cualquier 
buque mercante, sino cualquier lancha de pescadores, podía 
contener lo que queda. — "La dificultad, pues, prosigue (292), 
en que tanto confían los defensores del diluvio restringido, 
tomada de los centenares de miles de especies animales, 
queda reducida á la nada, A pura Jantasinagoria; porque, 
examinando el punto de cerca, se desvanece como el liwno.^ 

Pues, sin embargo, esa fantasmagoría resulta una rea- 
lidad, quizá más grande de lo que antes se pensaba. Y en 
vista de los datos expuestos nos creemos autorizados para 
afirmar, con mayor seguridad que nunca, que, ó se restringe 
el diluvio, ó es preciso encerrar en el arca más de medio 
millón de especies, según habíamos dicho nosotros, ó millón 
y medio de individuos, como asegura el P. Vigil. 



XXll 



Á la dificultad de traer tantas especies al arca, contesta 
el Sr. Valbucna ibid.): "; Y qui(5n ha dicho á esos .señores 
que antes del diluvio estaban repartidos como hoy los bru- 
tos de la tierra y las aves del cielo, cada especie en una re- 
gión, sin hallarse fuera de allí? ¿Quién les ha enseñado que 
no pudo Xoé tenerlos bien próximos todos ellos? ¿La cien- 
cia? De los hechos conocidos se desprende lo contrario„. 

¿Qué hechos serán ésos? Porque lo que enseña la Ciencia, 
lo que la Paleontología y la Geografía zoológica van escla- 
reciendo cada vez más, es la gran ley de sucesión de los ti- 
pos, tan luminosamente expuesta por Owen, y deque tanto 
partido sacaron Darwin y Wallace, sin que ningún natura- 
lista medianamente instruido ose ya ponerlo en duda (1). 



(1) \'. La Evolución, lib. iii^ cap. vi. 



LA UNIVERSALIDAD DEL DILUVIO 111 

Querer desmentir esa ]ey, querer invocar para esto la 
Ciencia, querer negar la distinción de las faunas y que las 
actuales son en cada país la continuación de las cuaterna- 
rias, vale tanto como cerrar los ojos á la luz de la eviden- 
cia." ¿Quién ignora que en Siberia abundan los restos de ele- 
fantes y de otros animales ecuatorianos, casi tanto como en 
África?^ — Lo ignoran todos los sabios; porque esos restos 
no abundan casi tanto, sino incomparablemente más, en Si- 
beria, donde forman inmensos depósitos, verdaderas minas 
de marfil que se vienen explotando desde hace siglos, y que 
no se podrán hallaren ningún punto de África. Pero si todo 
el mundo conoce que abundan tales restos en Siberia, nadie 
tiene autoridad para negar que este hecho entra de lleno en 
el cuadro de las leyes de sucesión y limitación de las faunas. 
La diversidad de las faunas en los distintos países y la 
continuación de ellas en unos países mismos es compatible 
con cierta variación en las mismas, con la fusión parcial 
ocasionada por algunas emigraciones, ó con la reducción 
determinada por los cambiof> de clima, por la invasión de 
los fríos polares, que van impeliendo los animales hacia el 
Ecuador, y con la extinción de especies que estas y otras 
causas determinan. Los animales á que alude el Sr. Val- 
buena son el Mammut }' el Rinoceronte de narices tabicadas, 
los cuales, á diferencia de sus congéneres ecuatoriales, es- 
taban provistos de largas crines para amoldarse al clima de 
Siberia. V, á pesar de eso, las dos especies figuran entre las 
que perecieron con el diluvio, y por eso están acumulados 
sus últimos restos en tanta abundancia. Extinguidos de una 
vez, mal pudieron dejar sucesores en África. Y la gran ley 
de sucesión de los tipos, que dice que las actuales faunas de 
cada región son la continuación, ó, mejor dicho, la descen- 
dencia legítima de las que en las mismas regiones vivían en 
los tiempos antediluvianos y terciarios; esa ley, que es como 
el alma de la Geografía zoológica, brilla tan clara como 
siempre. 

Así, en el caso de que los animales que caracterizan las 
distintas faunas no se hubieran salvado en su propio país 
durante el diluvio, era preciso determinar el modo cómo vi- 



112 LA UNIVERSALIDAD DEL DILUVIO 

nieron al arca y ref^resaron después sin dejar por el camino 
ni un solo representante. A estas cuestiones, que el Sr. Val- 
buena con cierto desenfado llama impertinentes (p. 294), 
responde él con estas otras: "¿Por qué el perro se pone á la 
sombra en verano y al sol en invierno? ¿Por qué...?„ 

Y después de ese ras^^o humorístico, que de seguro no 
convencen! á ninc^ún lector, añade: "Si pasaron los hombres 
á la América é islas, ¿por qué no pudieron pasar los bru- 
tos?„ Pues por la misma causa que ha hecho inventar á los 
primeros el arte de la navejjación y perfeccionarlo maravi- 
llosamente. Dejemos it nuestro autor que eche en cara al 
Emmo. Cardenal Gonziilezy demás particularistas el servir- 
se de arjíumentos legítimos usados por los incrédulos , como 
si la verdad, dicha por quienquiera, debiese ser desechada 
y pospuesta á la mentira. Dejémosle asentar estas dos alir- 
maciones contradictorias: "¿Hay aguas suficientes para cu- 
brir la Tierra? Evidentemente. ¿Dónde están? No lo sabe- 
mos, ni nos hace falta, para deshacer los castillos funda- 
dos sobre ellas^,. Dejémosle dar á entender, citando nada me- 
nos que las palabras de Dios á Job, que nadie puede medir 
las aguas que hay en la Tierra ; porque, si es muy cierto que 
mal podrían ser medidas apelando sólo á un pluviómetro ó 
á cosas por el estilo, los sabios poseen otros medios de me- 
dirlas con la precisión bastante para demostrar que todas 
ellas no llegan, ni con mucho, á la mitad de las necesarias 
para un diluvio rigurosamente universal. Dejémosle suponer 
que las aguas que bastaron á cubrir toda la Tierra, cuando 
era todavía un esferoide perfecto sin ningún relieve orográ 
lico, como al principio de la creación, pudieron cubrirla 
también cuando estaba ya llena de hondonadas inmensas y 
de altísimas montañas; y esto sin necesidad de ningún mi- 
lagro, porque bastan los ai;:entes naturales, á pesar de lo 
que había dicho al hablar de los milagros del diluvio; pues 
la discusión de tantas hipótesis nos obligaría á exponer los 
más elementales principios científicos, hastiando con ello á 
nuestros lectores. 



LA UNIVERSALIDAD DEL DILUVIO 113 



XXIII 

De lo dicho se desprende que no tenemos por acertado 
el criterio con que el Sr. Valbuena resuelve algunas de las 
cuestiones tratadas en su última obra, especialmente en lo 
que se refiere á la universalidad del diluvio; antes bien nos 
parece que el rechazar teorías en que hoy convienen todos 
ó casi todos los sabios, el defender la causa de la rutina 
como si fuese la causa de la legítima tradición, sólo sirve 
para dar armas á los enemigos de nuestra santa fe, y acaso 
contribuya Á extraviar la dirección de los estudios eclesiás- 
ticos en España. 

El deseo de reparar estos males y de poner las cosas en 
su lugar, volviendo, no tanto por nuestra honra cuanto por 
la de otros, cuyo glorioso nombre nunca podremos ver man- 
cillado, fué lo único que nos movió á escribir esta larga se- 
rie de artículos. 

En ella creemos haber demostrado que es insostenible, 
ante los modernos datos de la ciencia , la hipótesis abrazada 
con tanto ardor por el Sr. Valbuena, cuyo ingenio y cuya 
excelente intención somos los primeros en reconocer. 

Concluiremos con las palabras de un ilustre orador de 
Nuestra Señora de París, que trazan la norma del buen exé- 
geta y apologista. Después deVeclamar de parte de los sa- 
bios modestia, el P. Monsabré añade (1): "En cuanto á los 
intérpretes de la Biblia, no están menos obligados que los 
hombres de ciencia á velar sobre sí mismos, si quieren no 
comprometer la nobleza y santidad de su misión. Abstén- 
ganse, pues, de toda desconfianza injusta para con los doc- 
tos, recordando que el hombre no perdió por el pecado, ni 
el derecho ni el poder de sondear los secretos de la natura- 
leza; y que es una bajeza de espíritu el considerar como otros 
tantos conspiradores enemigos de la fe á los que consagran 
su vida á registrar los resultados déla experiencia, y el es- 



{l) Carente , 1875, p. 32 y sig. 

8 



114 LA UNIVERSALIDAD DEL DILUVIO 

tar siempre dispuestos á poner en duda sus descubrimientos, 
temiendo no se hallen en oposición con la palabra de Dios. 
Un creyente que se respeta á sí mismo, no tiene esos vanos 
temores. Nada teme de la falsa ciencia, porque ésta queda 
siempre confundida; nada de la verdadera, porque está siem- 
pre de acuerdo con la verdad. — Los intérpretes de la Biblia 
no han agotado aún todos los sentidos del texto sagrado... 
Aun más: la exégesis tiene el derecho de corregir las in- 
terpretaciones anticuadas, cuando la experiencia nos con- 
vence de su insuficiencia ó de su falsedad^. 

Ahora sólo nos resta advertir que no nos gusta entrar, 
sin extrema necesidad, en polémicas con católicos, porque 
esto sólo sirve, las más de las veces, para agotar inútilmente 
las fuerzas que debían aplicarse al bien común, á la defensa 
y al esclarecimiento de la verdad revelada; pero, en el caso 
presente , nos han obligado á romper nuestro silencio la mis- 
ma gravedad de la materia y el deseo de evitar la difusión 
de algunos errores que podrían acarrear no poco daflo á la 
Ciencia y á la Religión. 

f R. jiVAS pONZAl.£Z ^RINTBRO, 
O. P. 




Influencia de la Mujer 

EN LA FAMILIA CRISTIANA (O 



ÍV 




DEMÁS de dar á luz y criar á sus hijos, queda aún á 
la madre un tercer ministerio, que exige de ella 
cuidados y sacrificios tal vez mayores, yes el mi- 
nisterio de la educación. "Educar un niño, dice el ya cita- 
do P. Ftílix, después de haberle formado con su sangre y 
alimentado con su leche, equivale á darle á luz una tercera 
vez; es el complemento de la maternidad. „ Ministerio subli- 
me, que hace del niño un ángel, por la bondad moral que 
realza los encantos naturales propios de la infancia; minis- 
terio de incomparable grandeza, pero lleno de inquietudes y 
sobresaltos. ¡Qué frutos tan ricos y abundantes pueden lo- 
grar por medio de él las madres de familia! 

El hombre, se ha dicho muchas veces, no es en gran 
parte más que lo que su madre le ha hecho; si bueno, á ella 
se debe principalmente la gloria; y si malo, ella tiene la 
culpa. Esto es tan claro y evidente, que apenas necesita de- 
mostración. 

La primera palabra que aprende á pronunciar el niño es 



(1) Véase la página 23. 



116 INFLUENCIA DE LA MUJER EN LA FAMILIA CRISTIANA 

la palabra madre. Esta dulcísima palabra es en todos los 
idiomas que habla, y ha hablado la humanidad, la más har- 
moniosa, la más dulce, la más tierna y la que más nos impre- 
siona por ser la primera respiración de nuestra alma vir- 
gen, el primer rayo de luz que alumbra nuestros pasos por 
este valle de destierro, la prenda de salvación á que nos 
acog:emos en todas las contrariedades de la vida. El niflo, 
To mismo que el joven, y éste como el anciano, dejan escapar 
de sus labios, al verse amenazados por algún peligro inmi- 
nente, las mismas instintivas exclamaciones: ¡tmidre nüaf 
jtHndre de tni ahita! No hay nada en el corazón de! hombre 
tan íntimo, tan profundo y tan imposible de perderse como 
el recuerdo de una madre. -;Qué habrá de misterioso en todo 
esto? ¿Quién será el artífice que tan profundamente y con 
tanta exactitud ha grabado en nuestro espíritu la imagen 
de nuestra madre, para que no se borre jamás? Indudable- 
mente que la misma naturaleza, ó, mejor dicho, el mismo 
Criador que ha hecho á la madre para el hijo y á éste para 
la madre, y que más fácilmente permite á los hombres ol- 
vidarse de Él, que no olvidar y despreciar y maldecir á la 
que les dio el ser y los llevó dentro de sus entrañas. Quien 
tal hiciese, no sería un hombre, sino más bien un monstruo 
incomprensible. 

Pues bien; figurémonos á una madre cristiana, rodeada 
de todos sus hijos, cumpliendo el más elevado y sublime de 
todos sus ministerios. ¡Qué palabras tan dulces brotan de 
sus labios! ¡Qué discursos tan sencillos y á la vez tan paté- 
ticos dirige á sus queridos hijos! ¡Qué encanto tan particu- 
lar da á todas sus expresiones! La ensefíanza de una madre, 
mezclada de tiernas caricias, ejercida con la sonrisa en los 
labios , y, cuando el caso lo exige , acompañada de las lágri- 
mas, lleva consigo una fuerza tal, que es casi imposible se 
borre jamás de la memoria. El alma del niño es como tabla 
lisa, dispuesta para recibir la primera imagen que se quiera 
pintar en ella. Cuando la madre toma á su cargo formar esta 
imagen, ha de proceder con el fino y delicado tacto del ar- 
tista que se propone hacer una obra maestra, digna de la 
inmortalidad. 



INFLUENCIA DE LA MUJER EN LA FAMILIA CRISTIANA 117 

La primera instrucción que recibe el niño de su madre, es 
la más eficaz y persistente; es la que, por lo común, decide 
respecto de sus ulteriores destinos, y es también insustitui- 
ble de todo punto. Dice á este propósito el erudito y elegan- 
tísimo Luis Vives: ** Ningún idioma aprenden los niños más 
fácilmente, ninguno conservan mejor ni usan con más natu- 
ralidad que el materno, hablándolo siempre con los defec- 
tos ó perfecciones con que le oyeron de boca de sus ma- 
dres„. Añade el mismo autor que, cuando los moros fueron 
arrojados de Valencia, llegaron á esta ciudad muchos varo- 
nes de Aragón y mujeres de Lérida á poblarla; y sucedió 
después, que los hijos que nacieron de padres de distinto 
idioma adoptaron , ó, mejor dicho, aprendieron únicamente 
el de la madre, que es el que hoy hablan los valencianos (1). 

Lo que dice el sabio Luis Vives del idioma se puede apli- 
car á todo lo demás. ¿Qué no logrará de sus hijos una ma- 
dre cuando les habla de la Religión, dándoles á conocer á 
su Padre Celestial? ¿Podrá un hijo olvidarse de quién es el 
hombre á quien debe la existencia? Pues menos aun podrá 
olvidarse de Dios, cuya imagen grabó en el fondo de su es- 
píritu una cristiana y virtuosa madre. 

Buena prueba de esto es la historia de San Agustín. Edu- 
cado cristianamente por Santa Mónica, y enseñado por ella 
desde la cuna á pronunciar el dulcísimo nombre de Jesús, 
nunca dejó de recordarlo con alegría; y en medio de sus de- 
plorables extravíos juveniles lo echaba de menos en los li- 
bros de mayor atractivo para él, como era, por ejemplo, el 
Hortensio , de Cicerón; del cual dice, que no le agradaba 
por completo, á pesar de su arrebatadora y sublime elocuen- 
cia, porque no veía allí escrita en él la palabra que tantas 



(1) Nullum sermonem melius, aut tenacius discunt pueri, nullum 
expressius, quam maternum: illum cum vitiis ipsis aut virtutibus , si 
quid horum habet, roddunt. In Valentiam meam a Jacobo Aragoniae 
rege ex Agarenorum impuritate vindicatam (quo nomine fausta est 
nobis semper illius viri memoria ) in eam ergo , his pulsis , immigrare 
jussi sunt frequentes viri Aragonii, et mulieres lUerdenses, a quibus 
incoleretur: ex utrisque nati filii, sermonem matrum tenuerunt, eum 
quem jam per plures quam ducentos et quinquaginta annos loquimur. 
(De Christiana foemina , lib. ii.) 



118 INFLUEN'CIA DE LA MUJER EN LA FAMILL\ CRISTIANA 

veces oyó pronunciar á su santa madre (1). Esto que de sí 
mismo refiere el gran Obispo de Hipona, ha sucedido y su- 
cede también hoy á muchos Agustines que no lo dicen. 

La educación de una madre cristiana podrá abandonarse 
por algún tiempo, y sobre todo en aquellos momentos en 
que el furioso huracán de las pasiones parece que impide el 
sereno ejercicio de la razón; pero no puede borrarse com- 
pletamente, de tal modo, que no surja más de una vez ese 
recuerdo en la conciencia, ya como un halago de aproba- 
ción, ya como estímulo ó como remordimiento. Pasada la 
tempestad, sobreviene la calma de la reflexión; y entonces, 
en medio del silencio y de la soledad bienhechora, se pre- 
sentará la imagen de la madre idolatrada, modelo de virtu- 
des, que era el encanto de toda la familia; echará en cara 
al mal hijo el olvido en que tiene sus enseñanzas, y aun tal 
vez se figure el desventurado que se aparta de él con horror 
y que le maldice. ¿Será inverosímil que al pensar un hijo, 
que llega á tal situación, en aquellos días que pasó embria- 
gado de felicidad junto á su buena madre, se avergüence de 
no ser ya digno de ella, y trate de merecer sus bendiciones 
y de imitar su ejemplo? 

No es otra la historia de muchos hombres. Comienzan 
siendo ángeles, custodiados por la protectora solicitud ma- 
ternal; se contagian luego por la influencia de las malas 
compafiías; los hacen libertinos é infelices sus mal reprimi- 
das pasiones, y después de una vida azarosa y llena de des- 
engaños se arrepienten de lo pasado y llegan á ser prove- 
chosos para sí, para su familia y para la sociedad, gracias 
á la educación cristiana que recibieron sobre el amoroso 
regazo de su madre. ¡Cuántas conversiones ha logrado este 
solo recuerdo! 

Decía Leibnitz, que "si se reformara la educación, se 



íl) Et hoc solum me in tanta flag^rantia refrangebat, quod nomen 
Christi non erat ibi: quoniam hoc nomen, secundum miserícordiam 
tuam , Domine, hoc nomen salvatoris mei Filii tui , in ipso adhuc lacte 
matris, tenerum cor meum príebiberat et alte retinebat: et quidquid 
sine hoc nomine fuisset, quamvis litteratum et expolitum et veri- 
dicum, non me totum rapiebat. {Con/es., lib. m. cap. 4.") 



INFLUEXCIA DE LA MUJER EN LA FAMILIA CRISTIAN' A 119 

reformaría también el mundo„; pero no añadió aquel gran 
pensador en qué sentido debería reformarse la educación 
para que el mundo marchase por la verdadera senda del 
progreso que le ha trazado la Divina Providencia. Yo expli- 
caría aquella frase en la siguiente forma: que las madres 
cristianas se encarguen de la educación de sus hijos; que la 
desempeñen con verdadero celo, usando de todos los recur- 
sos con que la naturaleza las ha enriquecido, y echando 
mano de todos los medios que su inmensa influencia moral 
les proporciona, ayudándose al mismo tiempo de la gracia 
divina que nunca falta al que la invoca con fervor y con es- 
peranza de conseguirla; en una palabra, que no abandonen 
á sus hijos por ninguna razón y en ninguna circunstancia de 
la vida, y con eso quedarán remediados todos ó casi todos 
los males que afligen A la humanidad. Además, que los va- 
rones ayuden á sus mujeres en el desempeño de este sublime 
ministerio, y así aparecerán generaciones amantes de todo 
lo grande, y tan dignas como capaces de realizarlo. 

Consultemos el testimonio elocuentísimo é infalible de la 
historia, y por él se verá que en todos los pueblos en que la 
mujer ha ocupado en el hogar doméstico el puesto que le 
pertenece; que allí donde la mujer no es una esclava, sino la 
digna compañera del hombre, allí está la verdadera civili- 
zación. Indudablemente, la influencia de la mujer basta para 
transformar y hacer feliz á una familia; y como la sociedad 
no se compone más que de familias, de las mujeres depen- 
derá en gran parte la salvación ó la ruina de las sociedades. 

Al reparo de que las mujeres nada tienen que ver, ordi- 
nariamente, con la legislación política de los pueblos, yo 
respondería que ésta es más bien un efecto que una causa, 
es una resultante de las ideas y las costumbres que en aqué- 
llos dominan; y por consiguiente, logrando que los pueblos 
y los que los gobiernan sean buenos, buenas serán también 
las leyes. Si la justicia y piedad de los padres, según dice 
Cicerón (1), se comunica por medio de los hijos á toda la 



(1) En la obra titulada Sueño de Escipión, pone el orador romano 
en boca de Pablo Escipión estas palabras dirigidas á su hijo Publio: 



120 



INFLUENCIA DE LA MUJER EN LA FAMILIA CRISTIANA 



sociedad, con mayor razón se comunicará á la misma la 
probidad de los legisladores por medio de las leyes. ¿Y aca- 
so no entra por mucho la educación materna en el modo de 
ser de los hombres que llegan á regir los destinos de una 
nación? 



"¡Oh, Escipión!, dice: ama la justicia y piedad, como las amó tu abue- 
lo, y las amé yo tu padre; las cuales, si son grandes en los padres y 
parientes, también lo serán en la patria„. 

fR. fÉLIX J^ÉREZ-^OUADO, 

o. S. A. 
(C0H<hi*rá.) 




^WfeVAVAVAYAVftV/' 



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i 






bibliografía 




ANSENISMO Y RegALISMO EN ESPA*}A. — (DaTOS PARA LA HISTO- 
RIA.) — Cartas ai Sr. Menéndes y Pelayo, por el P. Manuel 
F. Migueles , agustino , Profesor en el Colegio de Mari a Cristina 
del Escorial.— Con las licencias necesarias. — Valladolid , imprenta 
de D. Luis A. Gaviria, 18*^. —Un tomo en 4.", de 482 páginas: pre- 
cio, 4 pesetas. 

Como nuestros subscriptores han podido leer y apreciar las Cartas 
dirigidas al Sr. Menéndez Pelayo sobre q\ Jansenismo y Regalismo 
en España, aunque no los documentos comprobantes, que no se 
publicaron en esta Revista, nos hemos abstenido hasta la fecha de 
emitir juicio acerca de las mismas, que han salido de nuevo á luz en 
forma de libro con documentos inéditos, á instancias de muchos de 
nuestros lectores. Éstos saben que no tenemos costumbre de elogiar 
los trabajos de nuestros compañeros de Redacción, sino que espe- 
ramos á que los extraños juzguen de nuestras obras como mejor les 
plazca. V así, en vez de hablar por cuenta propia, extractaremos, por 
el orden con que fueron apareciendo, algunas de las críticas que 
acerca de esta obra del P. Miguélez se insertaron en distintos perió- 
dicos: 

De El Movimiento Católico: "En la confusión que hoy reina en el 
tecnicismo científico, la primera necesidad del historiador y del hom- 
bre de ciencia es definir las palabras y precisar los conceptos. Esto 
ha hecho el P. Miguélez, después de probar que su obra no es inopor- 
tuna en la presente época, después de registrar con singular fortuna 



122 BIBLIOGRAFÍA 



muchos archivos y de vindicar la fuma de la Orden á que pertene- 
ce, como respecto á toda madre deben hacer sus hijos. Parécenos 
esta obra muy á tiempo dada íl luz, y muy dig^na de ser leída por 
cuantos estudien nuestra historia civil y eclesiástica... Lo que forma 
el principal asunto de este libro es el haber precisado lo que en Es- 
paña se entendió por jansenismo, y haber vindicado la memoria de 
muchos que llevaron entre nosotros este sambenito„. 

De El Correo Español: "La justa fama de que goza la revista 
agustiniana La Ciudad de Dios no necesita confirmación para el que 
lea la hermosa y concienzuda obra que en forma de Cartas publicó 
allí, y después ha recopilado en un tomo, el P. Miijuélez. Son las Car- 
tas ésas un estudio tan interesante como ameno. La historia de Es- 
pafla en el siglo pasado está muy llena de lunares y lagunas que 
impiden formar un juicio exacto sobre los hombres y las cosas. Y en 
ese siglo, quizá más que en muchos otros, la historia de la Iglesia 
es, como pensaba Bossuet, la cifra y el resumen de la Historia Uni- 
versal. Porque los sucesos y cataclismos sociales del siglo xviii, en 
la lucha de los poderes seculares contra la Iglesia tienen sus raíces... 
El P. Miguélez levanta el velo que encubría á los contemporáneos 
aquellas miserias de nuestra patria, y con una imparcialidad y un 
tino grandísimos hace ver la parte que cada uno tomó en los sucesos 
eclesiásticos de entonces; explica el triste papel de la Inquisición, 
convertida en rcgalista; nos revela el secreto del Concordato de 17.i3, 
la cuestión del Paraguay, y, por último, la expulsión y extinción de 
los jeííUítas. Ese último asunto, sobre todo, era el que mayor niebla 
de pasiones tenía en derredor suyo, y ahí es donde más se aquilata 
la noble imparcialidad del P. Miguélez... El autor ha hecho muy bien. 
Los fueros de la Historia son sagrados, y á la verdad, siquiera amar- 
gue, es preciso rendir culto. De ella es precisamente de la que tienen 
menos que temer las cosas y los institutos religiosos. Ella es como el 
fuego que purifica el metal fino, apartándolo de la escoria. V nada 
nos repugna más en estos tiempos que el envilecimiento y la ruindad 
de muchos escritores católicos, que elevan á dogma hasta las perso- 
nas y las corruptelas eclesiásticas y doblan el espinazo ante todo, 
convirtiendo en impecables á los hombres... Lean nuestros amigos 
esa obra, y sentirán simpatía extraordinaria por el cristiano desen- 
fado, la sana independencia de juicio y la vastísima erudición del Pa- 
dre Manuel F. Miguélez„. 

De La Ilustración Católica: "El P. Miguélez... nos ofrece en sus 
Cartas un acabado estudio del movimiento de las ideas religiosas en 
sus relaciones con las doctrinas científicas y con los sistemas de go- 
bierno en España durante el siglo xviii... Resulta de su análisis que 
en las contiendas intestinas entre las diferentes Órdenes religiosas... 
se usó y se abusó del calificativo de jansenista, ni más ni menos que 
se abusa hoy del de liberal... El cuadro pintado por el P. Miguélez, 



BIBLIOGRAFÍA 123 



no sólo ilustra acerca de la época que constituye su asunto, sino que, 
como todos los verdaderos cuadros de historia, derrama torrentes 
de luz para ver bien lo que sucede en nuestro iiempo, pues el hom- 
bre, actor de la historia, es siempre el mismo„. 

Del larjío artículo que dedica á esta obra El Nacional, entresaca- 
mos los siguientes párrafos: 

"En La Ciudad de Dios, revista agustiniana bien conocida, han 
aparecido durante el año pasado unas Cartas con el mismo título que 
va á la cabeza, las cuales pronto han llamado la atención, desper- 
tando sumo interés en el mundo eclesiástico y entre todas las perso- 
nas ilustradas. Reunidas en precioso volumen de 4S2 páginas con su 
prólogo y buen número de documentos, han visto poco hace la luz, no 
sin excitar vivísimas discusiones... 

,,No todos sabrán que en el pasado siglo convino á los jesuítas til- 
dar de jansenismo {\a nota entonces más infamante) á los agustinos, 
y que esto encendió implacable lucha, en que apenas les dejaron de- 
fenderse, y aun no terminada, cuando las tempestades políticas la in- 
terrumpieron. Aunque sordamente, ahora amagaba su reproducción, 
y á esto ocurre el P. Miguélez con sus Cartas. 

Para comprender la importancia de su contenido, hay que tener 
presente la antiquísima disputa sobre la gracia y el libre albedrío, 
que produjo en los tiempos modernos dos sistemas: el de los agusti- 
nos y dominicos, basado en las enseñanzas del Santo Obispo de Hi- 
pona, y el llamado congrnismo, que expuso el jesuíta español Molina 
(muerto en 1601) en su libro Liberi arbitrii , á quien siguieran Suárez 
y toda la Compañía. Clemente VIII impuso silencio á los contendien- 
tes; pero los molinistas continuaron disparando escritos y provoca- 
ron una coalición de Obispos, Clero. Universidades y Órdenes monás- 
ticas en la que entró Jansenio, antes que hubiera jansenismo en el 
mundo; mas como él fué contrario al molinismo, y luego los jansenis- 
tas pretendieron apoyar en '^n Agustín su sistema, no fué menester 
más para que los jesuítas de intento arrojaran el sambenito de janse- 
nismo á todos los que seguían á San Agustín, y aun tratasen de obscu- 
recer y hacer sospechosa tan grande figura. 

De La Época: "Publicadas en La Ciudad de Dios estas Cartas 
dirigidas al eminente historiador Sr. Menéndez Pelayo, vuelven á 
imprimirse, y lo merecen. Guiado el autor, según lo afirma y lo prue- 
ba, por su deseo de ser imparcial, da á cada cual lo suyo y emite jui- 
cios severos, pero nunca mortificantes. No es, pues, su libro, como 
podían temer las gentes deseosas de escándalo, un libro de polémica 
y de agresión. Pero cuanto afirma el sabio agustino está basado en 
documentos de gran valor. El libro se dirige á los católicos, y tiene 
por fin principal demostrar que la grandeza de España ha corrido 
parejas con su amor al Pontificado: mientras no se apartó de él, la 
nación española fué grande. Es éste el resultado del libro del P. Mi- 



124 BIBLIOGRAFÍA 



guélez; pero para llegar á él expone tal suma de datos y tan eruditos 
conocimientos, que hacen de Jansenismo y Regalistno una obra única 
en su género^. 

Entre los periódicos que en provincias han hablado de esta obra, 
citaremos solamente á La Unión Vascongada de San Sebastián, y 
este párrafo, compendio de otros muchos juicios bibliográficos : 

"El P. Miguélez, que ya anteriormente había dado pruebas de sus 
aptitudes para el cultivo de las ciencias históricas, ha puesto el sello 
á su reputación con su obra sobre e\ Jansenismo, que no sólo por la 
discreción que revela y por la juiciosa crítica y copiosa erudición que 
la avaloran, sino hasta por la penetración con que ahonda en el co- 
nocimiento de aquella sociedad y de aquel siglo, es verdadero mo- 
delo de monografías de esta índoIe„. 

Prueba decisiva de que nuestro compañero de Redacción, al es- 
cribir de puntos históricos tan delicados, no rebasó los límites de la 
verdad y de la prudencia, es la elocuente carta que ha recibido de Su 
Eminencia el Cardenal Rampolla, Secretario de Estado de Su Santi- 
dad León XIII, y que dice así: 

"Rdo. P. Fr. Manuel F. Miguélez, Agustino. Real Monasterio del 
Escorial.— Muy estimado F*adre: Con la particular satisfacción que 
siempre me causan así las tareas apostólicas como los trabajos lite- 
rarios á que se dedican individuos de Institutos religiosos encomen- 
dados á mi benevolencia y protección, he recibido los dos ejempla- 
res que usted se ha servido enviarme de su nueva obra titulada /<?>«- 
senismo y Rcgalismo en España; y conformándome gustoso con el 
deseo que usted me nianiñesta en su carta de '1\ de Diciembre últi- 
mo, he puesto uno de ellos en manos de Su Santidad, quedándome con 
el otro. Confío en que mis múltiples ocupaciones no han de retardar- 
me demasiado el gusto de leer detenidamente esa nueva obra de us- 
ted; por ahora no he podido sino hojearla muy ligeramente; pero 
ya he visto que viene enriquecida con importantes documentos, y 
que es testimonio de esmerada diligencia y erudición. 

„Esto me prueba que se dedica usted con ahinco á los estudios 
históricos, lo cual no puede menos de merecer mi aprobación, pues 
sabido es con cuánto interés Nuestro Santísimo Padre, desde el prin- 
cipio de su glorioso Pontificado, ha tratado de fomentar los estudios 
eclesiásticos; y en particular, los Agustinos de España no pueden ha- 
ber olvidado los vehementes deseos que Su íSantidad consignó, en 
Carta memorable, de ver transformado en plantel de sabios el insig- 
ne Monasterio del Escorial , cuya custodia ha cabido providencial- 
mente en suerte á los hijos de San Agustín. 

„La Revista que ahí se publica, y, entre otras muchas, las obras 
de usted y de sus compañeros en la Orden, dan fe de la sinceridad y 
diligencia con que trata de corresponder á los deseos de Su Santidad . 

„Siga usted, pues, en su noble tarea; y con usted sigan cuantos de 



BIBLIOGRAFÍA 125 



SUS hermanos se puedan dedicar á trabajos científicos y literarios, 
sin perjuicio de las tareas apostólicas á que les obliga el glorioso tí- 
tulo de hijos del Gran Doctor de Hipona. 

^Sírvale de aliento en sus estudios la Bendición Apostólica que el 
Padre Santo le envía, y no dude usted de la particular benevolencia 
con que le distingue su afectísimo Protector que le bendice y b. s. m., 
M. Card. Rampol la. —Roma 3 de Enero de 18%.„ 



JosEPHi Fessler quo.ndam Episcopi S. HippoLYTi Institutiones Pa- 

TROLOGIiE QUAS DENUO RECENSUIT , AUXIT, EDIDIT BeRNARDUS JuNG- 

MANN...— Tbw/ II parsaltera.—Gíniponte, ÍH96.—Apud Fr.Pustet. 

Nadie ignora la importancia capital de la Patrología en los estu- 
dios eclesiásticos; y como el conocimiento de las obras de los Santos 
Padres, adquirido por la lectura directa de las mismas, no es asequi- 
ble á la mayor parte de los Sacerdotes, se hace necesario compen- 
diar la riqueza de doctrina que aquéllas contienen en libros como el 
excelente de Fessler, corregido y aumentado por el sabio Canónigo 
lungman. 

Va hemo^. hablado de él en otra ocasión (vol. xxni, p<1gs. 530-31), 
y al juicio que entonces publicó La Ciudad de Dios remitimos á nues- 
tros lectores, advirtiendo sólo que el presente volumen trata de los 
Santos Padres que impugnaron los errores de Nestorio y de Euti- 
quies, y lleva un Apéndice acerca de los Padres y Escritores ecle- 
siásticos sirios y armenios de los siglos v y vi, debido á T. J. Lamy, 
Profesor de Lengua siriaca en la Universidad de Lovaina. 



Nourrisson , memore de I' Instituí. —Volt aire et le volterianisme. 
Parts, P. Lethielleiix , libraire-editeiir, 10 rué Cassette , 1896. — 
Un volumen en 4."', de 670 páginas. 

La falsa historia que ha intentado rehabilitar la memoria de tantos 
monstruos sanguinarios como abortó la revolución francesa de ñnes 
del siglo xviii, no podía menos de adular al hombre que más eficaz- 
mente contribuyó á preparar aquel espantoso cataclismo, cuyas con- 
secuencias está experimentando todavía la Europa entera. El pa- 
triarca de Ferney ha sido y es, para muchos ilusos, un personaje 
completamente distinto de lo que fué en realidad; y de ahí la conve- 
niencia del libro que anunciamos, escrito con sujeción á un criterio 
imparcial, no á favor ni en contra de Voltaire, sino solamente cerca 
de Voltaire. 



126 BIBLIOGRAFÍA 



El laureado expositor de La Filosofía de San Agustín y La Filo- 
sofía de Leibnitz estudia la vida, el car.lcter, las obras y la influen- 
cia de Voltaire á la luz de documentos irrecusables, empleando un 
método escrupulosamente analítico que coloca ante los ojos de los 
lectores todos los datos necesarios para que por sí mismos puedan 
pronunciar el lallo definitivo. Los más cieg;os idólatras de \'okaire 
no tendrí'in derecho á objetar nada contra el diligentísimo bió>írafo 
porque de sus investiíjaciones se deduzca, como se deduce, que el 
autor de La Pncelle fué un mal hijo, un ser degradado por las más 
viles pasiones, cínico en sus costumbres, traidor ti sus amigos y á 
su patria , hipócrita y avaro, insoportable en su trato hasta para quie- 
nes le admiraban fervorosamente, según se demuestra con el ejem- 
plo de Federico II de Prusia; cortt-sano abyecto de este monarca, de 
Luis XV', de la Pompadour y de Catalina II; alma vil é incapaz, no 
sólo de practicar las virtudes, sino de comprenderlas en los demás. 
El talento de Voltaire se distingue por su carácter negativo y demo- 
ledor: de ahí la inconsistencia y vulgaridad de sus teorías sobre los 
grandes problemas relativos al origen de las ideas, á la naturaleza 
del alma, á la libertad, á los atributos de Dios, á la moral y la polí- 
tica; teorías que amplía y razonadamente expone el Sr. Nourrison 
en la segunda parte de su obra. 

No faltará quien eche en ella de menos las apreciaciones sintéti- 
cas que sólo aparecen de cuando en cuando, si se prescinde del epí- 
logo ó conclusión; pero es indudable que el procedimiento seguido 
por el autor, aunque perjudique algún tanto á la elevación y brillan- 
tez del estilo, hace que la verdad de los hechos hable por sí misma 
con irresistible elocuencia, produciendo en el ánimo una convicción 
más profunda que la que puede conseguirse con las galas del arte. 



Orígenes de la Masonería, por NicoldsSerra y Caussa, Presbítero. 
México, José Joaquín Terrazas é hijo, impresores, 1894. — Un vo- 
lumen en 4." de 424 páginas.— De venta en la Librería Católica, 
Pino, f), Barcelona. 

No se puede negar que el Sr. Serra y Caussa ha estudiado muy 
detenidamente la mayor parte de las obras que se han escrito acerca 
de los orígenes de la Masonería, ni que sabe utilizar los datos histó- 
ricos y discurrir con sutileza para llegar á las conclusiones que de 
ellos se desprenden; pero nos parece que faltan pruebas para acre- 
ditar la autenticidad de algunos documentos invocados por el autor, y 
que el fondo anticristiano de la Masonería, y la forma en que apare- 
ce organizada en los últimos tiempos, son dos cosas que importa se- 



BIBLIOGRAFÍA 127 



parar bien, para no confundir lo que hay de común entre aquélla y 
otras sectas con lo que tiene la primera de exclusivamente propio y 
característico. El Sr. Serra y Caussa va refutando los sistemas que 
colocan los orígenes de la misma en el siglo xvii, en el xvi con los so- 
cinianos, en el xiv con los templarios, ó en fechas anteriores de la 
era cristiana con los maniqueos, y se remonta hasta el judaismo 
gnóstico , en el cual se encuentran ya, según el Presbítero mexica- 
no, las doctrinas, los abominables secretos, la hipocresía y todos los 
caracteres de la impiedad masónica. No disponemos de espacio sufi- 
ciente para discutir las múltiples cuestionen que con amplitud trata 
el autor de Los urigeues de In Masonetl/i , y así nos contentaremos 
con decir que la obra es instructiva é interesante, y lo sería niíls si 
no predominara en ella un tono humorístico exagerado y algo impro- 
pio del asunto. 



Doctorado de Santa Teresa de Jesús y de San Juan de la Crlz. 
Escritos respectivamente premiados, el primero en el certamen li- 
terario celebrado en Avila en Octubre de 1894 , y el último en el 
celebrado en Segovia en Noviembre de 1S91 ,con ocasión del tercer 
centenario del extático Doctor , por el Rdo. P. Fr. Eulogio de San 
José , Carmelita Descalzo, Ex-Dejinidt.r de la Orden y Director de 
la Revista CarmelitanoTeresiana S.ax Juan de la Cruz. — Con un 
prólogo del muy ilustre Sr. Ldo. D. Casimiro Erro é Irigoyen, 
Dignidad de Chantre de la S. I. C. de Zamora.— Con licencia de la 
Autoridad eclesi.lstica. — Córdoba, imprenta y librería de El Dia- 
rio, 18%.— Un volumen en 4.° de 222 p.igs. 

Demostrar que las dos lumbreras del Carmelo reúnen todas las 
condiciones necesarias para ser declarados Doctores de la Iglesia, 
es el objeto de este libro, que forman los tr;ib.ijos premiados en los 
certámenes de Ávila y Segovia. Hecha la división que encierra el 
tema siguiente, propuesto por el Sr. Obispo de Ávila: 'Santa Teresa 
de Jesús, considerada como Doctora, en sus relaciones con los teó- 
logos místicos de su época y siglos posieriores„, comienza el autor 
la primera parte, señalando las notas de que debe hallarse revestido 
el que ha de ser honrado con el título de Doctor de la Iglesia, que 
son: eminente doctrina, insigne santidad y solemne declaración 
Pontificia. Sin detenerse á probar, por ser bien reconocida de todos, 
la sublime santidad de la gran heroína española, pasa <1 hacer un li- 
gero estudio de sus inmortales obras , fijándose especialmente en el 
nunca bien ponderado Libro de las Ajoradas, que la Santa escribió 
por mandato del mismo Dios; resuelve las dificultades que pudieran 
ponerse en contra de su tesis, y termina diciendo que sólo falta la so- 



128 BIBLIOGRAFÍA 



lemne declaración Pontificia para que la Reformadora del Carmelo 
pueda ser llamada Doctora de la Iglesia en toda la extensión de la 
palabra. No podemos menos de notar aquí la inexactitud en que in- 
curre el P. Paulino Alvarez, citado en el prólogo por el Sr. Erro, 
al afirmar que no hay un decreto que declare el Doctorado de San 
Agustín y San Ambrosio: más acertado estuvo en este punto el eru- 
dito autor, que consigna hasta el aflo en que fué expedido. 

La segunda parte es una verdadera disertación teológico-mística. 
En ella se remonta el autor hasta los orígenes de esta divina ciencia; 
establece sus múltiples divisiones y objetos para deducir quiénes 
merecen ser llamados Teólogos místicos, y las relaciones que exis- 
ten entre los que brillaron en los tres últimos siglos y la gloriosa 
Reformadora. 

El segundo escrito, que no cede en mérito al primero, tiene con 
éste suma afinidad y va encaminado á demostrar que San Juan de la 
Cruz posee en grado eminente todos los requisitos necesarios para 
ser coronado con la aureola de Doctor de la Iglesia. 



De la Fe católica. Vida y Corona del Justo, por el Obispo de Sa- 
/am«wc<?.— Salamanca, imprenta de Calatrava, 18%.— 8." de xii-25 
páginas. 

Entre las relevantes dotes que engalanan los escritos del Exce- 
lentísimo P. Cámara, resalta siempre, en primer término, la singu- 
lar novedad con que acostumbra á tratar los asuntos más vulgares, 
revistiéndolos así de excepcional interés. En este librito expone, con 
hermosa sencillez é inimitable claridad, lo natural y necesaria que 
es al hombre, desde su infancia, la fe, hasta para aquello que consti- 
tuve el objeto adecuado de nuestras potencias y sentidos. De aquí la 
necesidad de dar asentimiento á las verdades del orden sobrenatu- 
ral que el Señor ha tenido la bondad de revelarnos, y cuyo depósito 
confió á la Iglesia, norma segura é indefectible de todas nuestras 
creencias. 

Nadie más inconsecuente que los incrédulos en materia religiosa. 
"Muchos, dice el filósofo español, no quieren fe, ni aun religión, ¡y la 
fe abunda tanto, aun en las ciencias !„ V el P. Cámara, sabiamente 
añade: "aun en las cosas más ordinarias de la vida, sin ella no pros- 
peran los individuos ni se desenvuelven las sociedades^. 



BIBLIOGRAFÍA 129 



Archivo del bibliófilo filipiso.— Recopilación de documentos his- 
tóricos, cient i/icos, literarios y políticos, y estudios bibliográficos, 
por W. E. Retana. — Tomo i.— Madrid, 1895. (En casa de la viuda 
de M. Minuesa de los Ríos, calle de Miguel Servet, núm. 13.)— 
8.", de 504 págs. en conjunto.— Cada uiio de los trabajos colecciona- 
dos tiene portada y paginación propia. 

Archivo del bibliófilo filipino.— Tomo ii.— Madrid, 18%. (En casa 
de la misma.)— 8.**, de 5.S6 pílgs. en conjunto.— Lo demás como en el 
primero.— Precio de los dos tomos: 4 y 6 pesetas respectivamente. 

He aquí las primeras muestras de una obra que por su carácter, 
por su objeto y contenido está llamada á encauzar y fomentar los es- 
tudios de todo género referentes á nuestras Islas filipinas, al mismo 
tiempo que salvará de injusto olvido, y acaso de irremediable pérdi- 
da, multitud de trabajos parciales, de sumo interés para los futuros 
investigadores. El autor nos dice en los siguientes párrafos del pró- 
logo general que precede al primer tomo de la colección, cuáles ha- 
yan sido los móviles que le han impulsado y cuál el plan de la obra, 
que, hasta cierto punto, puede llamarse nueva en su género; '"Ser- 
vir á los que, deseosos de estudiar en las fuentes primitivas deter- 
minados asuntos filipinos, no pueden verificarlo, sin embargo, por- 
que no les es dable trasladarse á Europa, en algunos de cuyos archi- 
vos y bibliotecas existen esas fuentes, que á través de los años han 
llegado á desaparecer del país donde tuvieron origen; poner al 
alcance de todas las fortunas la copia fiel de papeles preciosos, por 
su rareza ó por su indiscutible utilidad; sacar del polvo en que ya- 
cen manuscritos de interés, y darlos á luz para provecho de todos; 
lanzar al campo de la controversia datos nuevos que puedan con- 
tribuir á la resolución de las cuestiones pendientes aún de fallo de- 
finitivo entre historiadores, geógrafos, lingüistas y, en general, en- 
tre todos aquellos que cultivan cuanto se relaciona con los países del 
Extremo Oriente donde España ha ejercido ó continúa ejerciendo 
más ó menos influencia; contribuir á que no queden inéditos traba- 
jos estimables de autores contemporáneos que, por una ú otra cau- 
sa;, no pueden dar á la imprenta el fruto de sus estudios; fomentar 
la afición á la Bibliografía filipina, por ser éste el mejor medio de 
patentizar lo que allí la inteligencia ha producido y lo que aquí se ha 
trabajado en obsequio de aquel pedazo de España: tales son los mó- 
viles que principalmeiite me han impulsado á fundar el Archivo 6 
Recopilación, que comienza en el presente volumen„. El Sr, Retana 
nos dice luego que se hará mal en juzgar de su empresa por uno ó dos 
volúmenes, toda vez que el plan de la misma es tan variado como 
complejo. 

En realidad, y salvo el parecer del autor, basta la muestra para 
comprender la grandísima importancia y utilidad de su obra: los 

9. 



130 bibliografía 



aficionados á estudios filipinos pueden felicitarse de tener reunidos 
en esta colección multitud de trabajos dispersos de muy difícil adqui- 
sición y no menos difícil consulta, y de que se les proporcione medio 
sencillísimo de dar publicidad A monografías especiales sobre de- 
terminados puntos históricos ó científicos no bien dilucidados, y así 
desaparecen los dos principales obstáculos con que seguramente han 
tropezado hasta ahora cuantos han escrito acerca de estos asuntos. 
No es decible lo que ganarían los trabajos de erudición si estas em- 
presas se generalizasen. Cuando vemos, con la aparición de un do- 
cumento inédito ó de una relación antigua y desconocida, llaquear 
edificios al parecer bien cimentados, preciso es reconocer la utilidad, 
ó más bien la necesidad, de trabajos previos que, como eí del Sr. Re- 
tana, presten los materiales indispensables para la historia. 

Con gusto haríamos una resefla del contenido de ambos tomos, si 
los límites de esta simple nota bibliográfica lo consintiesen. Baste, 
sin embargo, decir que en uno y otro encontrarán los historiadores, 
los geógrafos, los filólogos y naturalistas preciosos documentos para 
sus estudios, y que las relaciones ó memorias antiguas llevan un sello 
tal de autenticidad que dejan plenamente satisfechos los deseos del 
más exigente bibliófilo. Al final de cada U!io de los volúmenes que 
han de constituir la colección, prop(')nese el Sr. Rctana consignar en 
forma breve, y conforme á un sistema nuevo, los copiosísimos datos 
hasta ahora reunidos sobre la Bibliografía general filipina, como me- 
dio más práctico para llegar al conocimiento perfec'.o de la historia 
y cultura españolas en todo lo que dice relación con nuestras pose- 
siones del txtremo Oriente. 



Fiestas DE TOR08 e.n Filipinas.— .í4r//<:///o por W. E. Retatia.— Ma- 
drid, ls% (al/in). Tirada de ochenta cuerpos, hecha á beneficio de 
las formas compuestas para La Política de tspaiía en Ft/ípinas, 
en cuyo número 127, del día 17 de Diciembre de 1S*»5, se publicó este 
trabajo. — Madrid: imprenta de la viuda de M. Minuesa de los Ríos. 
Miguel Servet, 13. Teléfono 651.— Treinta páginas en S.", más 1 s. n. 
para la nota final y el pie de imprenta, más 1 en b. 

No hay para qué recomendar al público el presente folleto: segu- 
ramente que los aficionados á estas curiosas é interesantes bagatelas 
se han repartido ya entre sí los ochenta ejemplares de la tirada, 
guardando el librito con religioso esmero en los respectivos arma- 
rios. Aunque escrita de prisa, según confiesa su autor, puede, no obs- 
tante, la monografía que anunciamos dar una idea clara de lo que 
han sido y son en Filipinas las tan célebres y características fiestas 



BIBLIOGRAFÍA 131 



españolas. Los datos que ha podido reunir el Sr. Retana van conden- 
sados en forma de carta dirigida al Sr. Conde de las Navas, que ha 
hecho profundos estudios y reunido gran caudal de noticias sobre la 
materia. 



Mando del general Weyler e.v Filiplvas, 5 Junio 1888-17 Noviem- 
bre 1891: Apuntes v documentos para la historia política, admi- 
nistrativa Y MILITAR dk DICHAS ISLAS , poY D. W. E. Retana, con 
un prólogo de D. Arcadio /?oí/íí.— Madrid, 18%.— En 8.**, de 437 pá- 
ginas. — Precio, 4 pesetas ejemplar. 

No es la historia antigua de Filipinas el campo exclusivo donde el 
Sr. Retana ejercita su actividad: también conoce como pocos su 
historia contemporánea, y de ello es bien clara prueba, entre otras 
muchas, la presente obra. Tal cúmulo de datos aporta en ella el au- 
tor, que indudablemente bastarán á disipar las acusaciones propa- 
ladas contra el gobierno del general D. Valeriano Weyler en Fili- 
pinas por "sus émulos, envidiosos y desocupados^. Con arreglo á la 
más estricta justicia, é invocando la autoridad de hechos y documen- 
tos oficiales que no dejan lugar á réplicas ni dudas, se demuestran 
aquí las mejoras que el Marqués de Tenerife introdujo en todos los 
ramos de la Administración política y militar del Archipiélago, y los 
descuidos y abusos que reprimió con mano vigorosa. 

Además de los méritos apuntados, tiene la presente obra el de la 
actualidad; porque, ahora que están puestas en el general Weyler las 
esperanzas de todos los buenos españoles para la solución del proble- 
ma cubano, importa sobremanera dar á conocer la historia de sus 
triunfos políticos y militares. 



Otras publicaciones. — Crtr/a pastoral que el Excmo. é limo. Se- 
ñor Dr. D. Juan Muñoz Herrera , Obispo de Málaga, dirige d sus 
muy amados diocesanos cotí motivo de su próxima entrada en la ca- 
pital de la íí/tícé's/s.— Málaga, imprenta de A. Gilabert, 18%.— En 8.*^, 
de 43 páginas. 

—P.José Antonio María de la Iglesia. — Flores de Mayo, ó Mes de 
María, en prosa y verso.—Segunda edición. Con las licencias nece- 
sarias.— Precio, 1,50 pesetas rústica, y 2 en tela con plancha.— Ma- 
drid, 18%, librería religiosa de Enrique Hernández, calle de la Paz, 6. 
En 16.°, de 860 páginas. 



Rf.vísta Cikntífica 




t« flrbrr ¿rm Mlrniprr |if>rj(i«llcinl t« Ioh rnfrrniOH? — El 

Ur. L. Mcnard publica en ti Cosmos un irabajiío acerca del 
particular, sobremanera curioso é interesante, y que voy .1 
dar ;'i conocer Á los lectores de La Ciudad dk Dios en casi su tota- 
lidad. 

Todos sabeinos, y los médicos mejor que nadie, la diferencia que 
hay en el tratamiento de una misma enfermedad, según que el mé- 
dico protese estas ó aquellas ideas, tenga predilección por este ó 
aquel sistema, hasta el punto que. en vista de tanta confusión, algu- 
nos se afilian al más cómodo desde luego y, en muchos casos, el más 
racional y práctico: al sistema cxpecttintc. Hxistía un médico viejo en 
Montpeilier, que aplicaba á los pneumoniacos la sangría. Sus hijos 
siguieron en París la misma carrera de su padre, y, al regresará 
casa, trataron de persuadirle de que la sangría no era conveniente 
para los pneumoniacos , y que el medicamento indicado en esta afec- 
ción era el antimonio. En la inleligenciadel buen padrehicieron mella 
las razones de los hijos, pero no quedó plenamente convencido. Así 
es que. cuando después se le presentaba algún caso de pneumonía, 
ni se atrevía á aplicar la sangría ni el antimonio, y se contentaba con 
repetir muchas veces: "mis hijos me han echado á perder„, saliéndo- 
se sin recetar al enfermo. Con no pequeña admiración suya, observó 
que muchos de los enfermos mejoraban visiblemente, sin más medi- 
camentos que sus proverbiales palabras. 

Hoy, las dos medicinas que tenían perplejo al médico de Montpe- 
ilier, bien puede decirse que han pasado de moda , tanto la una como 
la otra, y que la abstención de todo medicamento ha producido mu- 



REVISTA CIENTÍFICA 133 



I 



chas curas. Parece demostrado que la pneumonía ordinaria liene una 
tendencia espontánea á la cura, y que, por consiguiente, el oficiodel 
médico ha de reducirse á moderar ó combatir ciertos síntomas pre- 
dominantes, que varían según los casos. 

La fiebre es el síntoma más saliente, el de más fácil observación 
y medida desde que se usan los termómetros clínicos, y quizá tam- 
bién el que por mayor número de medios distintos se ha combatido, co- 
nociéndose en la actualidad muchísimos medicamentos antifebriles. 

¿Es conveniente siempre hacer desaparecer la fiebre de los en- 
fermos? Á esta pregunta apenas hay hoy quien dude en contestar 
afirmativamente; y, sin embargo, los últimos trabajos en esta mate- 
ria parecen demostrar lo contrario. 

Cuando un elemento infeccioso se introduce en el organismo, ya 
proceda de un microbio, ya de otro elemento cualquiera, es preciso 
ó que se destruya ó se elimine dicho elemento, á no ser que la natu- 
raleza se habitúe á aquel estado. La elevación de temperatura que 
lleva consigo la fiebre es uno de los medios empleados por el orga- 
nismo para oxidar, quemar en cierto modo, y destruir los principios 
tóxicos existentes en los tejidos Ahora bien; propinar al enfermo 
una medicación que atenúe la fiebre , equivale á despojar á la natura- 
leza de las armas que posee para deshacerse de la causa infecciosa 
que le perturba; y por consiguiente, lejos de ser ventajoso combatir 
la fiebre en determinados casos, resulta notablemente perjudicial.! 

En prueba de esto, pueden citarse las experiencias realizadas por 
el Dr. Chinesse últimamente. Este médico inoculó á varios conejos 
de Indias con un cultivo virulento, apareciendo en seguida la fiebre 
en los animalitos. Les propinó á algunos un medicamento para com- 
batir la fiebre, dejando á los restantes con ella: los primeros morían 
todos, y los segundos salvaban en su mayor parte; es más: si á los 
que se habían enfriado por medio del medicamento se les elevaba la 
temperatura, colocándolos en estufa, todavía algunos salvaban. 

Bueno es que estas noticias y experiencias se tengan en cuenta 
por los médicos. 



Prorediiiiieiitoíji eiupleadoM para la labriearióii «le la iiiar- 

icarina.— Qué sea la margarina, de dónde se obtiene y cuáles son sus 
aplicaciones, sábelo todo el mundo de una manera científica ó de al- 
gún modo práctico: limitémonos, pues, á indicar los diversos proce- 
dimientos que se emplean pava su obtención en las fábricas más acre- 
ditadas. 

La fabricación de la margarina constituye una industria favorable 
en alto grado á la agricultura y á la cría de ganado, porque la leche 
entra en proporción considerable como primera materia. 



134 REVISTA CIENTÍFICA 



La marg^arina no goza del favor del público en general, porque la 
considera como un producto de calidad inferior á la manteca ó como 
una falsificación de ésta ; algunos creen que se obtiene con grasas de 
deshecho ó residuos de matadero, de animales muertos, etc., etc., lo 
cual es completamente inexacto, puesto que la margarina se prepara 
con ingredientes tan puros y saludables como cualquier otro producto 
alimenticio. Que no se venda por manteca, que ni siquiera se la com- 
pare á ella si es de buena calidad, nada más justo; pero también es 
cierto que la margarina est.l llamada A prestar grandes servicios á 
la clase obrera ó poco acomodada, por sus cualidades alimenticias, 
análogas A las de aquélla, y por su precio bastante inferior. 

Existen grandes fábricas de margarina, entre las cuales citaremos 
hoy la de Mr. Otto Monsteel, de Southall, cerca de Londres, cuyas 
condiciones de pulcritud, aseo y limpieza son tales que nada tendría 
que oponer á ellas, no ya el público, sino el higienista más escru- 
puloso. 

En efecto; la luz y ventilación abundantísimas, la blancura del te- 
cho, suelo y paredes, el traje de los operarios, que es de dril, facili- 
tado por la misma fábrica, en la cual se lava siempre que conviene; 
todo predispone el ánimo del visitante en favor del establecimiento 
y de sus propietarios, que han sabido imprimirle tal organización. 

El suelo de la fábrica ocupa una superficie de 647 áreas; y aunque 
de ellas sólo una pequeña parte esté edificada, todos los departamen- 
tos son espaciosos. La mano del obrero jamás toca las materias em- 
pleadas en la fabricación, pues circulan todas de un departamento á 
otro por mecanismos automáticos. El agua es también abundantísi- 
ma: existen treinta y dos fuentes que arrojan 45.000 litros por hora. 

La preparación de la margarina no puede ser más fácil: he aquí 
todo el secreto. Las primeras materias son la oleo-margarina, el acei- 
te de nueces y la leche. La primera de estas tres materias no es más 
que la grasa de buey desprovista por presión de la estearina insolu- 
ble, y procede directamente de los grandes mataderos, envasada en 
barriles ó en panes, que luego se desmenuzan con palas de madera. 
Los trozos se echan en vasijas que tienen doble fondo con un espacio 
para la circulación de agua caliente, y que están provistas de agita- 
dores mecánicos que deshacen los grumos, mientras la grasa se fun- 
de. Las impurezas suben á la superficie y se recogen á medida que 
van apareciendo. 

El aceite vegetal no necesita ninguna preparación especial, y se 
conserva en aljibes hasta el momento de su empleo. 

La leche se recibe diariamente en la fábrica por ferrocarril, en 
cantidad de 22.000 litros todas las mañanas, cuando la producción al- 
canza á cincuenta toneladas. Se coloca en cubas, desde las cuales 
pasa, por canales abiertos, á unos recipientes que la calientan un 
poco hasta que sufre una ligera coagulación. 



REVISTA CIENTÍFICA 135 



La oleo-margarina, el aceite y la leche, algo cuajada, se echan 
en grandes cantidades en recipientes apropiados, de paredes dobles 
y provistos de agitadores de vapor que mezclan y revuelven la masa 
líquida hasta que adquiere cierta consistencia. La margarina sólo se 
parece á la manteca en el color, que , como el de esta última, es en 
parte artificial y más ó menos subido, según el gusto de los diferen- 
tes mercados. 

Una de las cualidades características de la manteca es un grano 
especia] ; y para dárselo también á la margarina, en lugar de verter 
el líquido en moldes y dejarlo enfriar en ellos, lo que le daría tan sólo 
el aspecto de panes de grasa solidificada , se hace caer en chorro muy 
delgado sobre otro chorro de agua fría. La grasa se solidifica en se- 
guida, adquiere estructura granulosa y se^recoge en unos depósitos 
revestidos interiormente de azulejo blanco, en donde se termina la 
elaboración. 

La grasa que sobrenada en la superficie del agua tiene el aspecto 
de copos ó polvillo de color de oro pálido, que los obreros recogen 
con palas de madera y ponen á escurrir durante dos horas en carri- 
tos también de madera. Luego se traslada á unas mesas de trabajo 
circulares, de gran diámetro, donde sufre la primera preparación, 
amasándola con sal; y, finalmente, pasa á otras máquinas que com- 
pletan el trabajo. Al salir de estas máquinas la margarina, puede re- 
ducirse á panes ó envasarse en cuarterolas ó latas. Aunque se fabri- 
can margarinas de diversas clases, todas tienen su color distinto del 
de la manteca y un sabor agradable al paladar. 

Contiene esta fábrica tres calderas de hervidores con purificador 
automático; dos máquinas Compound de condensación y expansión, 
sistema Coliman; cuatro compresores de amoníaco; cuatro dinamos 
y una batería de acumuladores. Por aquí se puede colegir algo de la 
importancia de esta fábrica, la primera del mundo en su género, y tam- 
bién la más acreditada. Si, tomándola por modelo, se construyen otras 
con el mismo objeto, no tardará en ser la margarina el artículo más 
importante de la industria. 







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Revista Canónica 



V>^*^obre la facultad de los rogiilaros para oir confosionos y pre- 
Cjc-*o« dicar. — Según los c.lnoncs, que actualmente subsisten en su 
vigor primitivo, para predicar lícitamente y oir con autoridad legí- 
tima las confesiones de los cristianos es condición imprescindible 
obtener la aprobación del Obispo, ya expresa, como la que se conce- 
de verbalmente, ó tn inscriptis; ya implícita, como sucede general- 
mente cuando se recibe un título ó beneficio que lleva anejas aque- 
llas facultades. "Aunque los Sacerdotes, dice el Concilio Tridenti- 
no (1), reciban en la Ordenación la facultad de absolver los pecados, 
dispone no obstante el Santo Concilio que ningún Sacerdote, aun re- 
gular, pueda oir las confesiones de los seculares, como tampoco de 
los¿Sacerdotes , ni creerse capaz de poderlo hacer si no tiene un bene- 
ficio con título y cura de almas, ó si no lo juzgan idóneo los Obispos, 
ni tiene su aprobación. „ 

Con respecto á los regulares, es indudable, y en ello convienen 
todos los teólogos, que en virtud de las prescripciones del Tridentino 
y de Inocencio XII quedaron anulados en gran parte los privilegios 
que habían obtenido de muchos Papas. En la disciplina actual de la 
Iglesia puede afirmarse, como regla general, que si bien hoy, como 
en otros tiempos, reciben directamente la jurisdicción del Papa, ne- 
cesitan, sin embargo, para oír en confesión á los seculares, de la 
aprobación del Ordinario, al cual, como dice Lehmkuhl, no es lícito 
negarla sin causa razonable. Son innumerables los decretos que para 



(i) Sess. 23 , cap. 15. 



REVISTA CANÓMCA 137 



remediar las arbitrariedades de los Obispos y cohibir las vejaciones 
que algunas veces ejercieron sobre ciertas Comunidades religiosas 
han emanado en ocasiones diferentes de las Congregaciones Roma- 
nas (1). Clemente X fué quien circunscribió de una manera más es- 
tricta y mejor definida la potestad de los Obispos en orden á la apro- 
bación de los regulares. Según las palabras de la Constitución Su- 
perna, no puede el Ordinario retirar á todos los confesores de un 
convento las facultades para oir en confesión, sin consultar á la Sede 
Apostólica. El caso que A continuación insertamos esclarecerá segu- 
ramente los principios por que se rige la disciplina actual, y nos su- 
ministrará un ejemplo de la conducta que ha de observarse en oca- 
siones análogas. 

En Marzo de 18^U, la Sagrada Congregación de Obispos y Regula- 
res declaraba nulo el decreto del Obispo deSaint Dié (Francia) en que 
se constituía como Párroco efectivo de la iglesia de Mattencurt (Mat- 
taincourt) á Mr. Marchal, con exclusión de los Canónigos regulares 
de San Juan de Letrán, quienes reclamaban sus derechos, fundados 
en el contrato bilateral habido en 1878 entre la Corporación y el Obispo 
entonces existente en Saint Dié, y aprobado por la Sagrada Congre- 
gación en el mismo año. Habían motivado aquel convenio las perse- 
cuciones sufridas en Francia por las Comunidades religiosas, y que 
redujeron casi á la extinción á los Canónigos de San Juan de Letrán. 
Esto hizo que el Obispo de Saint Dié llamase á aquellos Religiosos, y, 
mediante un convenio mutuo, erigiesen, con todas las solemnidades 
del Derecho, la nueva casa é iglesia parroquial de Mattencurt en Aba- 
día de los Canónigos regulares , quienes , sin perjuicio de cumplir con 
las obligaciones de su instituto, tenían que servir ó administrar la 
parroquia. 

No tardó en hacerse sobremanera gravoso el contrato. En vista de 
las perturbaciones que en 18S0 originaron las leyes del Gobierno 
francés contra las órdenes religiosas, y de las dificultades consi- 
guientemente creadas para la presentación de un Religioso á la apro- 
bación del Gobierno, aparte de otras múltiples causas que no es del 
caso enumerar, la intervención de los Canónigos en los asuntos de la 
Iglesia se hizo casi imposible, tanto más cuanto que el mismo Ordi- 
nario fué quien más eficazmente contribuyó á despojarles del cargo 
parroquial , por medio de recursos al Gobierno y de acusaciones in- 
dignas, que trajeron consigo la expulsión de los Religiosos; después 
de lo cual, ya el Obispo se creyó autorizado para nombrar un Párro- 
co efectivo, como lo nombró, por un decreto promulgado en Julio 
de 1891 , atropellando derechos y quedando los Canónigos regulares 
sin licencias para oir confesiones en la diócesis. Este decreto, como 



(i ) Collectanea in usum Secretaria Sac. Congr. Episcop. et Regul. cura etc.—Bizzardi 
edita, 1885. 



138 REVISTA CANÓNICA 



dijimos, fué anulado en Marzo de 1894, y en virtud de la anulación, 
el derecho de los Canóni>i;os fué reconocido, nombrándose un Admi- 
nistrador para servir á la parroquia, mientras á los Religiosos se lo 
impidieran las circunstancias anormales en que se encontraban las 
Congregaciones. 

En cuanto á las licencias para confesar, el Procurador general de 
los Canónigos regulares acudió á la Sagrada Congregación pidien- 
do se les restituyesen aquellas facultades de que indebidamente ha- 
bían sido privados. Para ello alega el derecho común elemental , que- 
brantado por el Ordinariti con sus disposiciones evidentemente injus- 
tas, y que deja A la consideración de los Hmmos. Prelados. 

Por el contrario, el Obispo de Saint Dié, informado de) recurso 
que los Religiosos elevaron á la Congregación, sostiene que su con- 
ducta no puede censurarse en justicia. Acata el decreto de 18^4, y en 
su virtud reconoce el derecho de los Canónigos sobre la parroquia de 
Mattencurt; pero cree inoportuno y perjudicial concederles licencias 
de confesar y predicar, y se apoya en las siguientes razones: 1.* No 
debe en conciencia un Prelado conceder una aprobación que más ó 
menos ha de ceder en perjuicio de los fieles; y si las licencias que se 
exigen fuesen concedidas, traerían indudablemente consigo grandes 
escándalos en la parroquia, por las contiendas que tienen que surgir 
necesariamente entre el Administrador secular y los Canónigos re- 
gulares, cuyos intereses, como es notorio, están en relación inversa. 
2.* El Concilio Tridentino, dice el Obispo de Saint Dié, favorece y con- 
firma este mismo derecho en aquellas palabias: "Ningún Sacerdote, 
aunque sea regular, puede oir las confesiones de los seculares si no 
tiene en posesión un beneficio parroquial con cura de almas ó le falta 
la aprobación de los Obispos„. Es opinión común entre teólogos y ca- 
nonistas que el Sacerdote que tuvo, pero ya no tiene, un beneficio pa- 
rroquial, necesita de la aprobación del Obispo, y la misma ley sino- 
dal de la diócesis establece que el Párroco, perdido el beneficio pa- 
rroquial, pierde con él la aprobación para oir confesiones; luego las 
quejas del Procurador general no merecen ser atendidas, porque acu- 
san una privación que no ha existido, y que, por tanto, mal pudo ser 
injusta. Solamente cabe afirmar que, cesando el ejercicio del minis- 
terio pastoral, cesaron con él las facultades de confesar y la aproba- 
ción adquirida, no por un acto positivo del Ordinario, sino por la co- 
lación del beneficio parroquial, en el que va incluida. Siendo, pues, 
cierto que ios Canónigos regulares, al ejercer el cargo de Párrocos 
ó \'icarios en la diócesis de Saint Dié, nunca fueron sometidos á exa- 
men, y que recibieron la aprobación dependientemente del ministe- 
rio sagrado, en vano reclaman el derecho de confesar y creen injus- 
tas las determinaciones del Obispo. 3.* Si á esto se opone, prosigue 
el Prelado de Saint Dié, que los Religiosos conservaron sus derechos 
á la parroquia desde el solemne contrato de 1878, conforme á la res- 



REVISTA CANÓNICA 139 



puesta de la Congregación, y que en consecuencia no perdieron real- 
mente la aprobación, ¿por qué ahora la exigen? ¿por qué chaman que 
se les ha despojado de ella injustamente? 4.* Muchos canonistas, en- 
tre los cuales merece especial mención el Cardenal De Luca, afir- 
man que no puede privarse al Párroco de la aprobación para oir 
confesiones, á no ser que se le substraiga el oficio ó se le suspenda; 
porque la aprobación no procede inmediatamente del Obispo, sino de 
la Iglesia: por tanto, si la aprobación va unida al ejercicio del minis- 
terio parroquial, con él debe extinguirse, y en este caso no puede 
afirmarse, sin notable error, que se despoja de las licencias para 
absolver á los fieles al que deja el ministerio sagrado de la cura de 
almas. 

Á todas estas razones que el Obispo alega, las cuales, como se ve, 
están fundadas en los hechos, debe contestarse que, ateniéndonos á 
los principios del Derecho actual y según el testimonio unánime de 
autorizados canonistas, no puede negar el Obispo, ni á todos los Reli- 
giosos en general ni á los de un Instituto determinado, la facultad 
de oir confesiones y predicar en la diócesis. Si el Obispo alguna vez 
así lo hiciera, los Religiosos podrían quejarse justamente y exigirle 
aquellas atribuciones, las cuales no podría menos de conceder, como 
dice el Cardenal De Luca. Es cierto que los Canónigos regulares, al 
dejar el ejercicio de la cura de almas, perdieron las facultades de con- 
fesar y predicar anejas á ella. Hs también cierto que la aversión del 
pueblo á los Religiosos y la actitud hostil del Gobierno son circuns- 
tancias gravísimas que impiden el fiel desempeño del ejercicio pa- 
rroquial, de la confesión y predicación; pero hay que advertir que 
la privación del ejercicio de la cura de almas sobrevino por interven- 
ción injusta del Gobierno, la cual, ante las leyes eclesiásticas, no 
puede considerarse como causa legítima de tales efectos canónico- 
jurídicos. Estas observaciones fueron más acertadas, al juicio de los 
Emmos. Prelados, y así resolvieron en Febrero último que el Obispo 
estaba obligado á reintegrar á los Religiosos de Mattencurt en las 
facultades para confesar y predicar en la diócesis. 

Dubium. Utrum Episcopus Sancti Deodati teneatur ad redinte- 
grandum tu casu Canónicos Lateranenses Mattincurice commoran- 
tes, in facultatem audiendi confessiones et praedicandi in sua dioe- 
cesi? Resp. Affirmative. 



Exenciones de los Institutos de votos simples de la autoridad de 
los Obispos.— Para conocimiento de las prescripciones del derecho 
nuevo, relativas á la exención de los Institutos de votos simples que 
no tienen el carácter de diocesanos, merecen tenerse en cuenta las 
resoluciones que la Sagrada Congregación ha emitido en favor de 



140 REVISTA CANÓNICA 



las Hermanas del Buen Pastor contra las pretensiones del Obispo 
de Nancy, quien, adem.ls de la jurisdicción que el Derecho actual le 
concede, se arrogaba la potestad dominativa ó económica , intimando 
varias resoluciones- referentes á asuntos administrativos, de los cua- 
les hemos de citar algunos. 

Para mejor hacernos cargo de los derechos de cada una de las 
partes, debemos atender desde luego á la organi/.;ición de aquel Ins- 
tituto, reconocida por la Autoridad competente, y ;i las circunstan- 
cias en que el Obispo pretendía ingerirse en el régimen administra- 
tivo, lista Congregación de Religiosas, ligadas sólo por votos sim- 
ples. ''C halla extendida por varios luuares, y su centro está en la 
ciudad de Angcrs, donde reside una Superiora general. Tienen su 
Cardenal Protector en Roma, al cual están sujetas, según ordenan 
sus Constituciones, citadas por Craisson (Juris canonici , t. ii), y que 
dicen A nuestro propósito: "Esta Congregación estará siempre bajo la 
protección y gobierno de uno de los Cardenales de la Santa Iglesia 
Romana; él tendrá derecho de visita y presidencia, y juzgará, en úl- 
tima instancia, de todas las dificultades ó causas concernientes á la 
Congregación^. 

Al promulgarse las Constituciones, aumentó considerablemente 
el número de Religiosas y la prosperidad del Instituto. Entre todas 
las fundaciones que levantaron, tuvo desde un principio importancia 
suma la de la ciudad de Nancy, á la que opuso grandes dificultades 
la Autoridad eclesiástica, por no ver con buenos ojos la dependencia 
de aquella casa respecto de la principal de Angcrs. El Ordinario de 
la diócesis, creyéndose autorizado para intervenir en los asuntos eco- 
nómicos y en la administración de los bienes que se aplicaban á la 
edificación de la casa de Nancy, formuló varias resoluciones en este 
sentido. Después de varios considerandos para justificar sus medidas 
rigurosas, ordena : 1.°, que se suspendan los trabajos de construcción 
de la capilla del Buen Pastor y sus dependencias; 2.°, que no se re- 
anuden aquellos trabajos mientras no se sometan á su examen las 
cuentas relativas á la construcción. 

Ante estas disposiciones, á las cuales acompañaban otras en ex- 
' tremo minuciosas é impertinentes, la Superiora de Nancy acudió á la 
Superiora General, después al Cardenal Protector, y, por último, á 
la Sagrada Congregación de Obispos y Regulares. 

Dejando á un lado varias consideraciones acerca de los hechos y 
de las personas, que poco pueden aclarar el asunto, y refiriéndonos 
tan sólo á las pruebas de una y otra parte, haremos mención de al- 
gunas de las razones favorables al Obispo de Nancy. El defensor 
prueba el derecho del Obispo, 1.°, por la práctica continua, que des- 
de Pío V se ha venido observando, de sujetar los Institutos de votos 
simples á la jurisdicción de los Obispos, aun en lo que se refiere al 
régimen interno; 2.**, por las dificultades que han de resultar necesa- 



REVISTA CANÓNICA 141 



riamente de no admitir la intervención del Obispo , pues, si ha de se- 
cjuirse la práctica de que cada una de las Superioras locales presen- 
te estos asuntos administrativos á la Superiora General, y ésta al 
Ordinario de la diócesis en que reside, la intervención del último, 
además de ser abiertamente injusta y anticanónica, porque se ingiere 
en asuntos de otras diócesis, resultará las más de las veces inopor- 
tuna, en virtud de las distancias que puede haber entre el convento 
principal y las casas particulares extendidas por todo el mundo; 3.", 
añade que la Comunidad de Hermanos del Buen Pastor está obliga- 
da, en conciencia, á colocar en posición honesta á las niñas que han 
tenido en sus conventos á modo de educandas, y á darles el sustento 
y recursos pecuniarios. 

En pro de las Religiosas se aduce, para defender su independencia 
en los asuntos económicos, la distinción vulgarísima y natural de 
Monjas y Hermanas (Moniales et Soreres), que se comprende con sólo 
comparar sus privilegios y sus obligaciones. La solemnidad de los 
votos, la abdicación del dominio, la clausura en su estricto sentido, 
sólo se refieren á las Monjas y no á las demás Congregaciones de 
votos simples, para las cuales está muy mitigado el rigor de los cáno- 
nes; de donde se colige cuánto se equivocan aquellos que, para de- 
mostrar que los Institutos de votos simples deben depender de los 
Obispos, invocan testimonios y constituciones que sólo atañen á las 
verdaderas Congregaciones regulares de votos solemnes. Todas las 
decisiones de la Sagrada Congregación, todas las sentencias de los 
canonistas que se citan en contra , se explican con esa distinción tan 
sencilla como verdadera. 

En cuanto á la colocación y el sustento que dicen debe darse á 
las niñas que salen después de ser educadas, no puede sostenerse tal 
derecho por titulo ninguno. El fin del Instituto es recibir y sustentar 
á las niñas como á huéspedes, y de la hospitalidad gratuita no se si- 
gue ni puede seguirse un nuevo título de caridad. 

Omitiendo otros argumentos que la brevedad no nos permite con- 
signar, trasladaremos íntegras las resoluciones de la Sagrada Con- 
gregación dictadas en Marzo del año corriente : 

Dubia.—l. An et quomodo Communitas Xanceyen á Bono Pastora 
subjiciatur jurisdiciioni Ordinarii Dioecesani in casu? 

II. Utrum Sórores Xanceyen á Bono Pastore teneantur ad procu- 
randum puellis e Conservatorio egresuris honestum statum, et utrum 
et quomodo teneantur ad praebendura ipsis supellectilem, pecuniseque 
stipem? 

Los Eminentísimos Jueces resolvieron: 

Ad I.""* Negative in ómnibus. 

Ad. 2.'"" Non teneri. 

J^R. ^ENITO JlODRÍGUEZ Y pONZAUEZ, 
O. S. A. 



f A^K* aJu A^ft< «dft« mK« a^K«, «4^. *^K« adft& 







CRÓNICA GENERAL 



EXTRANJERO 




iJOMA. — lis imponderable el ascendiente que va conquistando 
el actual Pontífice sobre la mayor parte de los Gobiernos 

] con su política de paz y con la saludable influencia que ejer- 
ce en todas las cuestiones que ocasionan alj^ún desacuerdo entre Es- 
tados rivales. Nadie ij^nora la gravedad que llepó A revestir desde 
un principio el conflicto entre Buenos Aires y Chile: pues bien, am- 
bas Repúblicas han llegado A un amistoso arreglo, merced á la inter- 
vención pontificia, cuyos antecedentes se encuentran en las dos car- 
tas dirigidas por Su Santidad á los Sres. Castellano, Arzobispo de la 
capital argentina, y Casanova, de Santiago. Los Gobiernos conten- 
dientes han manifestado al Papa, en términos muy expresivos, su 
profundo agradecimiento. 

—Sigue ahora activándose, con más calor que nunca , la causa re- 
ferente á la beatificación de la Venerable Juana de Arco. Con tal 
motivo, el Cardenal Baroccelli, ponente de la misma, ha pronunciado 
un notable discurso en la Congregación de Ritos, diciendo que, no 
obstante la veneración grande de que goza en su patria la célebre 
doncella de Orleans, el pueblo francés ha observado estrictamente 
las órdenes de la Santa Sede prohibiendo todo culto prematuro; lo 
cual honra sobremanera al catolicismo de la vecina República. 

—Con ocasión del mes de Mayo, el Sumo Pontífice ha querido 
ofrecer á la Madre de Dios el homenaje de un precioso libro titulado: 
Leonis XIII in Marianí Virgincmflosculi; colección de poesías en 
que no sólo resaltan la inspiración y el talento de León XIII, sino 



CRÓNICA GENERAL 143 



también su gran piedad y su profunda devoción á la Santísima Vir- 
gen. Sabido es que cuando el Papa actual, fatigado por los negocios 
de su ministerio, quiere proporcionarse algún descanso y honesta 
recreación , se entrega á su trabajo favorito de componer versos lati- 
nos, expresando con elegancia los sentimientos de tierna piedad que 
encierra su corazón. La primera poesía de este nuevo opúsculo es 
una paráfrasis de la inscripción Prcesidium divitice Matris acceptis- 
sima Rosarii prece exoraudum , que se lee en derredor de un her- 
moso medallón grabado en la primera página, y que représenla á la 
Virgen con el divino Infante sentado en un trono y entregando á 
Santo Domingo el rosario: León XIII presenta ante la divina Señora 
á los hijos de la Iglesia, excitándolos á practicar esa bellísima devo- 
ción, que no cesa de recomendar en sus Encíclicas. La segunda parte 
es una elegía á la bendita Madre, auxilio de los cristianos, en donde 
el Papa recuerda los triunfos que la Religión ha obtenido por medio 
del Rosario, ya contra los albigenses, ya contra la media luna en 
las aguas de Lepanto. Kl X'encrable cantor de María tributa también 
un recuerdo á Nuestra Señora del Buen Consejo, cuya imagen se 
venera en la iglesia de los PP. Agustinos en Genezzano, cerca de 
Roma, y cuyo culto se ha extendido por toda Europa. León XIII vi- 
sitó aquel Santuario de muy joven, y desde entonces ha manifestado 
profunda devoción á la Madre del Buen Consejo, queriendo dedicarle, 
como testimonio de su amor, esta graciosa composición poética : 

IvLiüs Adolescens 
Deiparam 

Matrem a Bono Co.vsilio 
supflex implorat. 

Assuevi a puero dulceni te dicerc ina/reni. 
Te prcce , te lotis sollicitare piis. 

Alox pubescenti pieías deferbuit aevo: 
Aíens stítpeí insanis teta citpidinibus. 

Asto, til ptteri fnenior, adsiSj Virgo: vocaris 
Namque boni Mater provida consilii. 

—El Cardenal Galimberti, uno de los consejeros más autorizados 
del Jefe de la Iglesia Católica, falleció el día 7 del corriente, á la una 
de la tarde, en Roma, cuando contaba sesenta años de edad. Nacido 
en la Ciudad Eterna el 2b de Abril de 1836, y habiendo ingresado de 
muy joven en el Colegio Romano, salió de él para pasar al Seminario 
Romano, en donde permaneció durante diez años, hasta ganar la bor- 
la del Doctorado in utvoque, después de lo cual obtuvo una cátedra 
de Historia en el Colegio Urbano de la Propaganda. Entonces publicó 



144 CRÓNICA GENERAL 



muchas obras notables, entre otras la Introductio philosophica ad 
historiam universaní . que dedicó á Pío IX, de santa memoria, con 
ocasión de su Jubileo episcopal. Nombrado Jefe de Secretaría y Con- 
sultor de muchas Congregaciones por el Papa que felizmente reina. 
Monseñor Galimberti fundó en 18S2 el Mo>iHeiir de Rome, que dirigió 
por espacio de tres años. Al retirarse del periodismo, fué llamado á 
presidir la Sagrada Congregación de Negocios eclesiásticos extraor- 
dinarios , en cuyo desempeño supo interpretar admirablemente el 
pensamiento del insigne Pontífice, y fué uno de sus más asiduos y 
notables colaboradores. El gran Canciller Bismarck, el autor del 
Kulturkiunpf, con motivo de las diferencias ocurridas entre España 
y Alemania acerca de la posesión de las Carolinas, propuso el arbi- 
traje del Papa para dirimir la contienda: el Cardenal Galimberti fué 
el encargado de redactar el acta memorable que reconoció el dere- 
cho de nuestra nación, y que es una prueba de la influencia que aún 
ejerce el Pontificado en nuestros días, y de la autoridad que ha sabi'- 
do conquistar en el orden político el ilustre Soberano de Roma que 
hoy rige los destinos de la Iglesia. Este servicio y los prestados, muy 
á satisfacción de León XIII, en la corte de Alemania, á la que fué 
enviado en I^mbajada extraordinaria para felicitar al Emperador 
Guillermo I por su nonagésimo aniversario, y en la de Austria des- 
de 1KS7 hasta fines de 1S92, valieron á Mons. Galimberti ser elevado 
el 16 de Enero de 18^3 á la dignidad cardenalicia, bajo la advocación 
de los Santos Nereo y Aquileyo. Por último, después de confiarle el 
Papa el cargo de Prefecto de los Archivos, que es uno de los empleos 
palatinos, la enfermedad de que no ha mucho tiempo fué atacado, 
puso fin A una vida tan laboriosa y llena de merecimientos— R. I. P. 



* 



Italia.— Con gran ansiedad se han seguido en toda Italia los movi- 
mientos del general Baldissera hacia Adigrat, porque las maniobras 
llevadas á cabo por los tigretinos, abandonando sus fuertes posiciones 
al Norte«de la plaza para replegarse hacia el Sur. obligaban .1 sospe- 
char, ó que no querían encontrarse con Baldissera antes de recibir 
los refuerzos que estaban en camino, ó que dejaban avanzar al cau- 
dillo italiano para atacarle cuando creyesen llegado el momento 
oportuno, l'ero lejos de confirmarse las noticias transmitidas A Roma 
desde Masauah, según las cuales los italianos habían logrado, des- 
pués de una victoria, hacer levantar el sitio de Adigrat, resulta ahora 
que no ha habido encuentros importantes, sino negociaciones con el 
Ras Mangascia para que permitiera la evacuación de la ciudad en 
condiciones análogas á la entrega de Makallé. Como, al llegar el ejér- 
cito italiano á algunos kilómetros de Adigrat, estuviesen los abisinios 



CRÓNICA GENERAL 145 



en las alturas que la rodean, ocupando posiciones formidables, el ^e- 
neral Baldissera comprendió que efectuar la evacuación ante el ene- 
migo, parapetado de tal forma , sería muy expuesto á que se produ- 
jera un nuevo desastre, y optó por usar de los amplios poderes que le 
tenía dados el Gobierno. El objeto de la operación emprendida por 
las tropas italianas era libertar á la guarnición de la consabida plaza, 
y así se comprende que el general Baldissera haya preferido conse- 
guirlo por medio de negociaciones, á arrostrar un combate de éxito 
dudoso y en que quizá hubiera llevado la peor parte. 

—Mientras son tan remisos los italianos por lo que toca .1 las gran- 
des maniobras militares, en las Cámaras parlamentarias no hay se- 
sión en que no se discutan con gran alarde de verbosidad muchas 
órdenes del día encaminadas á ventilar teóricamente los asuntos de 
África y A buscar remedios para el triste estado económico de la na- 
ción. Mientras unos opinan que existe imp^iosa necesidad de conti- 
nuar las hostilidades hasta que se deje i\ salvo el honor de la bandera, 
otros piden que se haga regresar inmediatamente A las tropas que 
operan en África, y que se plantee la acusación al Ministerio Crispí. 
Los segundos atacan á este personaje y lanzan graves acusaciones 
contra su política de expansión y aventuras coloniales, en tanto que 
los primeros le defienden y sostienen la necesidad de que Italia recu- 
pere el terreno perdido en Abisinia, pidiendo al efecto que se ocupen 
de nuevo los territorios donde se ha vertido la sangre italiana á to- 
rrentes, y que el Gobierno mantenga con energía los derechos que 
'fueron concedidos á la nación por el tratado de Ucciali. Tales deseos 
no serán oídos probablemente por los Ministros, puesto que el de la 
Guerra ha reconocido la imposibilidad de llevar adelante la campaña. 
El general Ricoti, que desempeña aquella cartera, ha hecho gravísi- 
mas declaraciones ante la Cámara, y afirma que, en su concepto, es 
necesario abandonar el Tigre y renunciar al protectorado en Abisi- 
nia, ya que para continuar las hostilidades serían necesarios dos 
años, 150.000 hombres y 1.000 millones de liras. Por consiguiente, el 
Gobierno se esforzará por lograr la libertad de los prisioneros, aun- 
que para ello sea necesario pagar rescates, y los límites de la colo- 
nia se fijarán en la línea del Mareb al Belesa. 

— No han sido por fin infructuosos los tratos con el caudillo Mán- 
gasela; pues, según los últimos despachos de Massuah, todos los pri- 
sioneros italianos que se encontraban en Agame han sido puestos en 
libertad, excepto el teniente Poggi , que lo será en breve, así como 
lo estarán también á estas fechas todos los cautivos que existían en 
el Tigre, según promesa empeñada por el jefe abisinio. 



* * 



10 



146 CRÓNICA GENERAL 



Francia.— Dos Presbíteros, MM. Huot y Martín, se han presenta- 
do candidatos al cargo de concejales de París. El Presbítero Naudet 
celebra esta candidatura, y añade en las columnas de Le Monde que, 
si el Clero se hubiese retirado por completo de la política, hubiera 
llegado á ser un conjunto de /amas grandes ó pequeños. La expresión 
es enérgica ; pero, como ahora se dice, harto gráfica. Cuenta Naudet 
que, hablando con un habitante de una gran ciudad de Francia, éste 
le dijo: "He probado ya, á propósito de M***, que se puede ser buen 
maire á pesar de ser católico, y ahora voy á demostrar que un buen 
católico tiene que ser un buen tttatre„. 

— Va ha llegado á París la colosal lente de cristal destinada al 
uran telescopio que va á construirse para la Exposición de 1*^\ y que 
ha de permitir observar la Luna A la distancia de un metro. Todas las 
piezas del gran telescopio son ó serán fabricadas en Francia y por 
íranceses. La lente antes referida ha sido hecha por los talleres de 
Despret, los objetivos fotográfico y astronómico por los de Mantois, 
y el siderostato por Gauticr. Una vez terminado dicho telescopio, 
será el mayor que la ciencia astronómica habrá dirigido ni espacio 
para observarlo. 

* 



Austria.- AI fin no será Lueger Burgomaestre de N'iena; pero 
los semitas y masones nada ganarán en el cambio, pues ha sido ele- 
gido otro católico de acción, M. .Stobrach. por 94 votos contra una 
mayoría insignificante . y al tomar posesión de su cargo ha dicho que 
es indispensable cristianizar la capital del Imperio austríaco. Ha 
dicho más, por si esto era poco: que está dispuesto á dejar su poltro- 
na á Lueger. no bien mejoren las actuales circunstancias. 



« 



Alemania.— El Soberano de Alemania ha dirigido al Emperador 
de Austria, Rey de Hungría, el telegrama siguiente: "En el día de 
hoy, cuando la Hungría se presenta ante la posteridad con mil años 
de gloiia, de los cuales han pasado muchos siglos bajo el cetro de los 
Hapsburgos, te envío mi saludo más sincero. Hago votos por que el 
Re}' y el pueblo de Hungría permanezcan unidos para constituir un 
apoyo duradero de paz entre Hungría y sus fieles aliados.— Guiller- 
mo //„. 



CRÓNICA GENERAL 147 



Inglaterra.— Tirios y troyanos se desatan en inculpaciones vio- 
lentas contra el proceder poco político de los consejeros del Gabi- 
nete británico; y ahora les ha tocado el turno á dos ilustres hombres 
públicos, tales como el ex Ministro Sr. Harcourt y Mr. Seawen Blunt, 
uno de los buenos escritores ingleses. Censura duramente el primero, 
en un discurso pronunciado en el Club Liberal, la política seguida por 
el Gobierno que preside el Marqués de Salisbury, calificando de lo- 
cura la e.xpedición A Dongola , y manifestando, con referencia á la 
cuestión del Transwaal, que Inglaterra no debe nunca hacerse soli- 
daria de la conducta incorrecta de sus subditos en el extranjero. Ha 
publicado el segundo en la Nifwtccnth Ceutury un artículo en que 
combate el proceder británico en Egipto, y la que llamó "aventura de 
Dongola„. Pregunta Mr. Blunt si es cierto que Lord Cromer, alto Co- 
misario inglés en Egipto, había recomendado la ocupación de Rása- 
la, supuesto el consentimiento de los italianos, lo cual bastó para que, 
sin consultarle y contra su voluntad, se dispusiera la expedición á 
Uongola; y tan en absoluto — añade — se prescindió en Londres del 
Egipto, que es quien en apariencia dispone la organización de la em- 
presa expedicionaria, que, hasta el día siguiente de tomado el acuer- 
do en la ciudad del Támesis, ignoraba lo que ocurría el Ministerio 
egipcio. Ni siquiera se consultó al Jedive, al cual presentó luego al- 
gunas vagas excusas Lord Cromer por el error que se habla come- 
tido no enterándole á tiempo. Va, por último, más allá Mr. Blunt, y 
supone que la expedición á Dongola es el resultado de un convenio 
entre Inglaterra y Alemania con el fin de socorrer á los italianos 
en tan críticas circunstancias, esperando la Gran Bretaña que, en 
pago de este servicio prestado á la Triple Alianza, ésta se mostrará 
propicia á que continúe indefinidamente la ocupación de Egipto por 
los ingleses. 

—El descubrimiento y publicación por el Presidente Krüger de 
ciertos documentos que parecen comprobar la complicidad de altos 
funcionarios ingleses del Cabo en el proyecto de invasión del Trans- 
waal, coloca al Gobierno británico en una situación embarazosa por 
demás; porque, prescindiendo de Mr. Cecil Rhodes y de Lord Loch, 
recaen también vehementes sospechas de connivencia sobre Sir H. 
Robinson y Sir Jacobus de Wet, ministro de Inglaterra en Pretoria; 
á lo cual debe añadirse la calidad de los personajes y el silencio que 
guardan ante las revelaciones contenidas en el Libro Verde, distri- 
buido en Valksraed. interpelado en los Comunes por Mres. Bowles y 
Labouchere, el ministro de las Colonias pudo recabar un plazo de 
tres días para pensar bien la respuesta, en la alternativa ó de sacri- 
ficar á algunos de los funcionarios públicos encausados, ó de negar 
hasta lo último la acusación que pesa sobre la nación inglesa; porque 
adoptar medida alguna enérgica respecto á un hombre tan popular 
como Mr. Cecil Rhodes es una cosa muy delicada, y, por otra parte, 



148 CiRÓNICA GENERAL 



el que éste se niegue á dar explicación de su conducta no desvirtúa 
en nada la mancha que afea al Ministro. 

Sin embargo, la lectura de los despachos del Cabo y las decla- 
raciones de los diarios ministeriales permiten todavía la sospecha 
de que el Gobierno británico acaricia el propósito de dar en parte 
satisfacción al Transwaal, deponiendo de sus cargos A dichos tres 
empleados y haciendo que sean reemplazados olicialmente, íl no ser 
Sir H. Robinson, que no será llamado como él no lo demande; y de 
esa manera podr.1 más fácilmente el Gobierno Salisbury modificar la 
opinión pública inglesa poniendo A salvo, ó poco menos, al Dr. ja- 
meson y .1 Mr. Cecil Rhodes. 

—Los rayos Rüntgen van A tener por primera vez aplicación A 
la Cirugía en tiempo de guerra. El ejército anglo egipcio que marchó 
hacia Dongola será provisto de aparatos que permitirán fotografiar 
en el mismo campo de batalla los miembros heridos y descubrir exac- 
tamente el sitio de los proyectiles. 



* 



RisiA.— Tan pronto como se verifiquen las fiestas de la corona- 
ción del Czar en Moscou , Nicolás II tiene pensado emprender un via- 
je por el extranjero. Este viaje tiene por objeto visitar las cortes de 
Berlín y de \'iena para saludar personalmente á los Emperadores 
de Alemania y de Austria, y nada tendría de extraño que, una vez ya 
fuera de su Imperio, el Czar prolongara su viaje y visitara otras ca- 
pitales , entre las cuales no hay para qué decir que se contaría París, 
proporcionando así á los franceses la ocasión de tributarle una gran- 
de y entusiasta acogida. 

• * 

Montenegro.— El Príncipe Nikita, de Montenegro, que profesa la 
religión griega cismática, ha citado á los católicos de su capital Ce- 
tinge y les ha excitado á que funden una iglesia en dicha ciudad. No 
hay más que Un montenegrino católico; los demás son subditos aus- 
tríacos ó turcos, procedentes de Albania. 



* 
* * 



Asia.— Persia.— A juzgar por las noticias recibidas de Teherán, 
parece que eran muchas las personas comprometidas en la conjura- 
ción contra la vida del Shah de Persia, todas ellas afiliadas á la te- 
nible y fanática secta de los babís; y como la conjuración tenía mu- 



CRÓNICA GENERAL 149 



chas ramificaciones, se cree que se necesitará algún tiempo para ter- 
minar la causa. El asesino es un antiguo desterrado, admitido á in- 
dulto por dos veces, y aun pensionado por el Shah: en su fanatismo 
trataba desde hace tiempo de encontrar ocasión de asesinar al Sobe- 
rano, y fué advertido por dos de sus sobrinos, que habitaban el ha- 
rem, de la salida del Monarca asesinado para la mezquita. Refugiado 
el criminal en Constantinopla, el Gobierno de la Puerta mostróse en 
un principio algo rehacio para la entrega del Chey Djeimaledin; pero 
enterado el Sultán, á consecuencia de las declaraciones prestadas 
por el asesino, de que el crimen fué resultado de un complot tramado 
en la casa del citado Djeimaledin, ha resuelto ponerle á disposición 
de las autoridades persas. 

—Proclamado nuevo Shah de Persia el Príncipe heredero de la 
Corona, Mozaffered-Din, procedióse á !a gran ceremonia del reco- 
nocimiento en la mezquita de Teherán, delante de los demás Prínci- 
pes y de los Ministros. 

— Mozaffered-Din, el nuevo Shah de Persia, ha tomado posesión 
del trono sin que se le haya suscitado la menor dificultad que turba- 
ra el orden público en aquel Imperio, aunque existen de antiguo ri- 
validades entre él y su hermano mayor, quien ha sido el primeio en 
ofrecerle su obediencia, y cuyo ejemplo ha sido después imitado por 
otro hermano suyo, Zil-i-Sultán. La adhesión del primero ha sido muy 
apreciada por el nuevo Soberano, que no las tenía todas consigo, 
pues el Príncipe Naib es el hijo mayor del difunto .Shah, habido por 
<5ste en una mujer de condición inferior á su esposo, circunstancia á 
la que se debe que el Naib no haya heredado el trono. Pero su leal- 
tad ha sido tanta, que ha rendido pleito homenaje á su hermano, con- 
formándose con su tranquila situación actual, sin ambicionar, alo 
menos eficazmente, la insegura y peligrosa de Soberano; por lo cual 
Mozaffer ed-Din ha querido premiar su conducta, y le ha ofrecido 
elevarle muy en breve á la condición de valí Ahd, ó heredero pre- 
sunto del trono mientras que el actual Monarca no tenga un hijo. 

— Mozaffer-ed-Din Mirzo es hombre de unos cuarenta años de 
edad, bastante culto y muy aficionado á los asuntos militares y á la 
civilización europea, especialmente á todo aquello que procede de 
Francia. Esto último hace creer á algunos que la influencia de Ingla- 
terra en Persia corre riesgo de perder mucho terreno, pues los rusos 
se aprovecharán de la coyuntura para que sus aliados los franceses 
trabajen en su obsequio. Existe, pues, el peligro de que se entable un 
pugilato entre Inglaterra y Rusia, y nada tendría de extraño que la 
primera, para debilitar el poder del nuevo Shah, favoreciera las as- 
piraciones ambiciosas de su hermano Naib-i-Sultán, el actual Mi- 
nistro de la Guerra, que tiene en estos momentos la doble ventaja de 
hallarse en Teherán y de tener á su disposición la fuerza armada y 
el Tesoro imperial. Para explicación de lo que antecede, bueno será 



150 CRÓNICA GENERAL 



que se note la ingerencia que tienen Rusia é Inglaterra, cada una de 
por sí, en el Imperio persa. Respecto á la primera de las menciona- 
das potencias, para nadie constituye un secreto que los rusos ambi- 
cionan anexionarse las ricas provincias del Norte de Persia. A causa 
de la debilidad de su organización civil y militar, el país de los Shah 
es incapaz de oponer una gran resistencia á los propósitos de Rusia, 
cuya influencia en Teherán fúndase en las numerosas guarniciones 
que posee en la frontera del Norte. Por lo que hace A Inglaterra, ésta 
disfruta de gran predominio en la parte meridional de Persia. de la 
cual hállase separada Rusia por el gran desierto central; mas, á pe- 
sar de esta circunstancia, los ingleses se verán obligados á cuidar de 
mejorar su situación en el país, á fin de prevenir cualquier intrusión 
de otras potencias europeas. Para proveer á esta contingencia, el Go- 
bierno británico tiene pensado emprender activamente la construc- 
ción de grandes vías de comunicación, carreteras y caminos de hie- 
rro por todo el país del Beluchistan. 

—Siendo muy joven el hijo primogénito del difunto Shah, Zil-i-Sul- 
tán, cuyo verdadero nombre es Massud-Mirza, aunque se le conoce 
más generalmente por el de Zil-i-Sultán. que en persa significa Som- 
hra del Monarca, manifestó un odio violento contra su hermano lla- 
mado á ocupar el trono, y hasta contra el mismo Shah. Cuando, 
en 1881, murió el primer Ministro, fué desde Ispahan, en donde era 
Gobernador, á la capital, con propósito de ocupar el puesto que aquél 
dejó vacante. El Shah estuvo inclinado á nombrarlo; pero parece que 
el Príncipe heredero se echó á los pies de su padre y le suplicó que 
no firmase tal nombramiento, porque sería su sentencia de muerte. 
Realmente creía el Príncipe que, si su hermano mayor se quedaba en 
Teherán, peligraba su vida. 

El Shah se dejó convencer con tanta mayor facilidad, cuanto que 
él mismo tenía muy escasa confianza en el terrible Zil-i-Sultán, y 
mandó ejercer la mayor vigilancia, durante el tiempo que su primo- 
génito permaneció en Teherán, para librarse y librar á su segundo 
hijo del veneno, que sigue siendo, según parece, de uso clásico en 
Oriente. Las comidas que hacía el difunto Shah eran cinco al día: 
tres las preparaban personas de su absoluta confianza, otra su madre, 
y la quinta su favorita predilecta. Estas comidas se llevaban al cuar- 
to del Shah en unos aparatos cerrados con llave, para que nadie pu- 
diese tocarlos. A pesar de todas estas precauciones y vigilancias, 
Nasser-ed-Din ha perecido á manos de un asesino, y sus dos hijos 
han llegado á un acuerdo en cuanto á la sucesión del trono. ;Será 
sincero? 

—Nasser-ed-Din ha dejado á su sucesor inmensas riquezas. El Te- 
soro real, encerrado en los sótanos del palacio de Teherán, y que 
aumentó considerablemente durante su reinado, porque rara vez el 
Shah se decidió á tocarle, estaba custodiado día y noche por centi- 



CRÓNICA GENERAL 151 



nelas de su confianza, apostados delante de la puerta sellada que con- 
duce al subterráneo donde están hacinados los millones de oro y 
plata, ya en monedas y alhajas, ya en j^randes láminas y barras de 
aquellos preciosos metales. Tan pegado tenía á ellos el corazón, que, 
con objeto de estar cerca de la puerta de su tesoro, había hecho ins- 
talar sus departamentos particulares encima de aquellas concavida- 
des subterráneas. Además de esas riquezas, que han sido valuadas 
en mil millones, el Shah poseía también otro tesoro de gran valor, 
guardado cuidadosamente bajo llave, bien seguro en un departamen- 
to de Palacio: es una numerosa y abundante colección de diamantes, 
perlas, rubíes, esmeraldas y otras piedras preciosas, entre las que se 
distingue un magnífico diamante que, por su extraordinaria brillan- 
tez, desígnasele con el nombre de "mar de luz„. La joya de esta real 
colección es un globo terrestre de oro macizo, que mide sesenta cen- 
tímetros de diámetro, todo enriquecido de pedrería desde el polo 
Norte al polo Sur, y los nombres de las capitales, señalados en ca- 
racteres persas, están montados sobre brillantes; las Indias, repre- 
sentadas por espléndidas amatistas; África íorma una superficie de 
rubíes; Inglaterra, trazada sobre brillantes, resplandece con los ra- 
yos de luz más vivos, y el Océano está representado por hermosas 
esmeraldas. listas inmensas riquezas han venido todas á parar al do- 
minio del nuevo Shah. 



« 



África. — Se ha realizado la solenme apertura del Parlamento del 
Transwaal, y el discurso leído por el Presidente Krüger se distingue 
por sus tonos pacíficos. En él se atribuye la intentona del Dr. Jame- 
son á malevolencia y fines egoístas; se consigna que, á pesar de las 
últimas turbulencias, las relaciones con las potencias extranjeras 
continúan siendo amistosas, y se expresa que la industria minera si- 
gue muy próspera, y que la cuestión de la mano de obra se presenta 
bajo un aspecto en extremo favorable. 

—Se ha visto y fallado ya en Pretoria el proceso allí formado con- 
tra los complicados en la sublevación de Johannesburgo. Los magis- 
trados boers han sentenciado con verdadero rigor, sin dejarse influir 
por determinadas actitudes de Inglaterra. La pena de muerte se apli- 
cará á cinco de los jefes del Comité de las reformas establecido en 
Johannesburgo, por considerárseles autores del delito de alta trai- 
ción. Además de esos cinco, hay otros sesenta que han sido condena- 
dos á las siguientes penas: dos años de prisión, cincuenta mil pesetas 
de multa y tres años de destierro, que comenzarán á contarse tan 
pronto como termine el tiempo de la prisión. Estas sentencias, sobre 
todo las de muerte, han sido muy comentadas en Inglaterra. La opi- 



152 CRÓNICA GENERAL 



nión se ha excitado allí tanto, que el Gobierno se ha creído en el caso 
de dirigirse al Presidente Krüger pidiéndole muestre su clemencia • 
con los cinco condenados á la última pena, y ha recabado del Jefe 
de la República que se les conmute la pena por otras proporcionadas, 
en cuanto le sea dable á la justicia humana, al delito cometido de 
alta traición. 

— Los malabeles se retiran á los bosques, y así parece que sería 
imprudente perseguirlos en un terreno en que las tropas no podrían 
desplegarse convenientemente, sin que por eso dejen de ser desalo- 
jados los insurrectos de las montañas Matoppo y castigados de ma- 
nera ejemplar. La situación ha mejorado muchísimo en Boulouwayo, 
y de Pretoria comunican que el regio Comisario del Cabo ha sido avi- 
sado por Lord (>rey, encargado de la dirección de los negocios de 
Boulouwayo, de que los matabeles están muy desalentados por los 
frecuentes y recios desastres, y que, por consiguiente, no es necesa- 
ria la presencia de las tropas imperiales. 






América.— Guatemala.— Hl mensaje del Presidente líarrios .lias 
Cíimaras de Guatemala contiene un párrafo que expresa ideas, por 
desgracia, muy contrarias á la enseñanza católica, y es el en que el 
Presidente, que debe de ser gran servidor de las Logias, proclama que 
la instrucción, para ser moral, no necesita de fundamentos religiosos. 
Hace muchos años que Guatemala es el reverso de la medalla del 
Ecuador, y parece que la situación, en vez de modificarse, empeora, 
augurando quizá para aquella Kepública los males que han experi- 
mentado otras de la América espaflola. 



*% 



BoLivL\.— El nombramiento del coronel Pando para Presidente de 
esta República no es solamente un cambio de personas, sino de ré- 
gimen y de política , por el mero hecho de suceder el Sr. Pando, que 
es liberal, á un Presidente conservador. La derrota del candidato 
conservador Sr. Fernández Alonso, antiguo Ministro de la Guerra y 
Vicepresidente de la República, es debido á las disensiones que rei- 
nan en el partido, así como también á la acusación formulada contra 
él de haber empleado los fondos públicos en provecho de su candida- 
tura cuando ejerció la Presidencia durante una enfermedad del señor 
Bautista. 

* * 



CRÓNICA GENERAL 153 



Brasil. — La reacción favorable á las ideas monárquicas, de que 
hablamos en el número anterior, está suscitando grandes protestas y 
ha dado últimamente origen á un motín que iniciaron los alumnos de 
la Escuela Politécnica de Rio Janeiro. Numerosos grupos de estudian- 
tes, á los gritos de ¡Muera la Monarquía! y ¡Viva la República!, han 
atacado á los profesores á quienes se conceptuaba como poco afec- 
tos á las instituciones vigentes, lastimando á varios de ellos y ame- 
nazando al Director. 



II 

Tres son los más importantes asuntos políticos que han ocupado 
en esta quincena la atención del público y de la Prensa : la reclama- 
ción entablada por los Estados Unidos á consecuencia del proceso 
seguido contra los expedicionarios del buque Cotupeíitor ; las opera- 
ciones de la guerra, sostenida con gran dispendio de sangre y dinero 
en Cuba, y, últimamente, la apertura de las Cortes. 

El problema político de nuestras relaciones con el Gobierno de 
Washington sigue en pie; y aunque el Presidente Cleveland no haya 
notificado á España el reconocimiento de la beligerancia en favor de 
los insurrectos cubanos, votado por aquellas Cámaras de traficantes, 
no sólo están las cosas en el mismo estado, sino que han adquirido 
mayor gravedad, pues cuando parecía que la razón y la prudencia 
habían recobrado sus fueros entre los políticos norteamericanos, se 
inicia otro período en que su perfidia se ostenta sin rebozo y á cara 
descubierta. No habrán olvidado nuestros lectores que á fines de 
Abril fué capturada la goleta Competitor, con gran cargamento de di- 
namita, cien Remingtons , treinta y cinco cajas de cartuchos y tres bo- 
tes, por la lancha Mensajero, al mando del comandante Butrón y tri- 
pulada por doce marinos. Apresados cinco de los tripulantes de la ex- 
pedición filibustera de Cayo Hueso, procedió el general Weyler al 
nombramiento de un tribunal de marina que juzgase á aquéllos por 
el Código militar vigente en tiempo de guerra, y conforme á lo pres- 
crito en él contra los que fueren hallados conduciendo de contraban- 
do aprestos militares con destino al enemigo. Según esto, y siguiendo 
el procedimiento sumarísimo que en tales casos y con tales personas 
se emplea por los tribunales militares , falló aquél, condenando á pena 
capital á los cinco procesados. Esta es "la razón de la sinrazón,, con 
que los Estados Unidos han fundado una protesta para estorbar que 
la justicia militar española cumpla sus leyes, invocando un antiguo 
tratado que en las circunstancias actuales no debe tener aplicación. 



154 CRÓNICA GENERAL 



Mr. Olney, Secretario de Estado de la Unión, dirigió extensos telegra- 
mas al Ministro de los Estados Unidos en Madrid y al Cónsul en la 
Habana, Mr. Williams, dándoles formales instrucciones que sirviesen 
de base á la protesta que éste formuló ante la primera Autoridad de 
España en la gran Antilla. El Cónsul norteamericano se mostró ver- 
daderamente provocativo, mientras el Gobierno de los Estados Uni- 
dos interponía una reclamación al de España para que fuesen juzga- 
dos por los tribunales civiles los ciudadanos yankci's detenidos con 
las armas en la mano. Nuestro Gobierno cree también que deben 
tenerse en cuenta las garantías pactadas en el tratado de 17^>5 y re- 
conocidas en el protocolo de 1H77, y en su consecuencia ha ordenado 
se remita la causa A Madrid para que la examine el Tribunal Supre- 
mo de Guerra y Marina, fundándose en que es una cuestión ardua de 
derecho , que no puede ser resuelta por simples impresiones y sin ma 
dura reflexión. Dícese que el criterio del general Weyler es contra- 
rio al de los Ministros, aunque se ha desmentido la noticia de que 
piense dimitir por esta causa. No deja de lisonjear entre tanto nuestro 
patriotismo la unanimidad casi completa con que los periódicos ex- 
tranjeros censuran el proceder incalificable de los Estados Unidos, 
enalteciendo «á la ve/ el heroísmo de los españoles en medio de las 
desgracias que afligen á nuestra nación. 

—La campaña cubana no ha sido tan fecunda en acciones impor- 
tantes como permiten suponer las victorias de los últimos meses , y la 
circunstancia no despreciable de haberse retrasado este año el perío- 
do lluvioso, que ha de contrariarnos mucho en cuanto se inicie. Los 
filibusteros proyectan nuevas operaciones de campaña , contando con 
los recientes reclutamientos hechos por Máximo Gómez en Las Villas 
y Matanzas, y con las expediciones norteamericanas que á diario vie- 
nen á engrosar y mejorar la situación de Maceo con gente y pertre- 
chos de guerra. Al mismo tiempo los voluntarios se niegan á facili- 
tar los planes del Estado Mayor de la isla para que aquéllos, en nú- 
mero de cinco mil, fueran á sustituir en la línea de Mariel-Artemisa á 
otros tantos soldados del ejército regular que habrían de emplearse en 
la persecución incesante de las partidas del mulato que operan en la 
parte occidental de Cuba. Así se explica el pesimismo alarmante de 
algunos partes comunicados desde la Habana, comoel que insertamos 
á continuación, que es del corresponsal de un periódico madrileño: 
"Las noticias que se reciben de la guerra , y las opiniones que re- 
cojo en todas partes , no dejan lugar á duda respecto á que hemos lle- 
gado á un período de incertidumbre que es necesario cese pronto, si- 
quiera haya que apelar á esfuerzos supremos. En telegramas de días 
anteriores he transmitido esta impresión, que he comprobado acu- 
diendo á las personas mejor enteradas de lo que sucede. Para com- 
probar lo que se dice he visitado hoy al general Weyler, el cual se 
muestra muy reservado, porque su situación y las circunstancias le 



CRÓNICA GENERAL 155 



impiden hablar claramente. Á pesar de la reserva del capitán gene- 
ral, no puedo menos de deducir que se halla muy contrariado, porque 
el giro dado en Washington y Madrid al asunto del Bermuda le ha 
impedido castigar á los filibusteros apresados con aquel rigor que las 
leyes determinan , y la opinión española de Cuba pide con unánime y 
ferviente insistencia. Tengo motivos para creer que al general Wey- 
1er le ha disgustado sobremanera que se temple ó dilate el cumpli- 
miento del riguroso y justísimo fallo del Consejo de guerra , especial- 
mente respecto de aquellos filibusteros que, cuando se pedía paradlos 
la pena de muerte en el solemne acto jurídico, hacían gala , no ya de 
serenidad , sino de irónico desdén , diciendo á las personas que les ro- 
deaban: "No nos fusilarán. El Gobierno americano sabrá impedirlo,. 
Este lenguaje, que ha sido sancionado por la conducta del Gobierno 
español, ha producido aquí pésimo efecto, inñuyendo tristemente en 
el ánimo de Weyler. Las explicaciones dadas por el Gobierno, publi- 
cadas por la Prensa ministerial de Madrid, y transmitidas por el ca- 
ble, que pretendían justificar la debilidad de España, no han conven- 
cido á nadie; antes bien han producido sorda irritación, y aun enér- 
gicas protestas. Los periódicos de la Habana , en su mayoría , aplau- 
den el mensaje de la Corona. Verdaderamente , la opinión de los ami- 
gos de España es absolutam ente contraria á las reformas. Hasta al- 
gunos promovedores de ellas dicen hoy que serían inoportunas en los 
presentes momentos. El general Weyler tampoco las considera opor- 
tunas por ahora. En lo que se refiere á la guerra, ha llegado la oca- 
sión de hacer un esfuerzo definitivo. Activase la organización de fuer- 
zas en Pinar del Río. Dos biigadas , que actuarán en el Norte de aque- 
lla provincia, serán mandadas por el general González Muñoz. Pero 
la situación es la siguiente: aun dejando las guarniciones con el me- 
nor número posible de soldados, no se podrá reunir un contingente 
de tropas bastante á dar á las operaciones la actividad y eficacia ne- 
cesarias. No hay medio hoy de enviar al interior de la provincia de 
Pinar del Río las grandes masas de soldados precisas para operar con 
ventaja en aquellos terrenos escabrosot> y accidentados. En Las Lo- 
mas , refugio principal y núcleo fuerte hoy de las partidas de Antonio 
Maceo, haría falta acumular bastante gente, porque la aspereza de 
aquellas sierras lo exige , si se quiere dar un golpe decisivo y rápido. 
No es posible llevar á Pinar del Río fuerzas de otras partes de la isla 
sin peligro de que , al quedar poco amparadas las poblaciones, fueran 
éstas objeto de incendios y ataques por parte de los filibusteros. La 
trocha de Mariel necesita toda la tropa que la defiende, y es necesa- 
rio conservar allí la organización que tanto trabajo ha costado y que 
constituye la única base lógica de operaciones. 

„Según he telegrafiado en días anteriores, se contaba con que los 
voluntarios se prestasen á ir á la línea Mariel para que, ocupando en 
ella determinados sitios, pudiera enviarse á combatir con Antonio 



156 CRÓNICA GKNERAL 



Maceo algunos batallones de los que actualmente se hallan en los 
atrincheramientos de la trocha. Al efecto se h.T sondeado el ánimo de 
los voluntarios y se ha explorado el pensamiento de los más autoriza- 
dos entre ellos; la Prensa ha publicado patrióticos artículos excitan- 
do á los voluntarios para que vayan á ocupar aquellos lugares de ho- 
nor y de peligro. Desgraciadamente, nada de esto ha dado resultado. 
Los voluntarios no han respondido hasta ahora á estos propósitos. 
Siendo tal la situación, l;is personas que mejor pueden conocer las 
necesidades del presente creen que vuelve á plantearse la urgencia 
de que vengan de la Península cuanto antes veinte batallones más, 
para acabar con Antonio Maceo en Pinar del Río é impedir el avance 
de Máximo Gómez y Calixto García. 

„Üii¡mamenie los rebeldes han recibido grandes cantidades de ar- 
mas y municiones. Por mal entendidas consideraciones se ha ocul- 
tado que hace poco se han verificado considerables desembarcos de 
material de guerra enviado desde los Estados Unidos. En el mes de 
Abril, especialmente en sus últimos días, han llegado A diferentes 
puntos de la costa muchos pertrechos para los rebeldes. Los cons- 
tantes defensores de España dicen que si no hacemos el último es- 
fuerzo, si no se aprovecha el retraso con que este año vienen las llu- 
vias y si no se deja al general Weyler completa libertad de acción, 
se matarán las esperanzas hoy muy mermadas^. 

— ¡Por lin ha parecido Máximo Gómez! Ha estado en la jurisdicción 
de SanctiSpiriius, procurando reunir varias partidas para auxiliar á 
Maceo, quizás obligado por las excitaciones de la Junta de Nueva 
York; pero como el general Obregón y otras columnas han seguido 
siempre su rastro, era seguro que, si se decidía á avanzar hacia Occi- 
dente , encontraría numerosas fuerzas á su paso, como así ha suce- 
dido, según los informes de Ei htiparcial, que dicen: 

"La infatigable columna del coronel Segura, después de diez horas 
de marcha, encontró en Ciego Romero un numeroso núcleo de insu- 
rrectos, que ascendería á unos dos mil jinetes El enemigo hizo frente 
á nuestra columna, recibiéndola en orden abierto de combate, con sos- 
tenes y reservas. Fué tan decisivo y valiente el ataque de los solda- 
dos, que el enemigo, no obstante lo excelente de sus posiciones, tuvo, 
después de dos horas de combate, que abandonarlas, pronunciándose 
en desordenada fuga y dejando sobre el campo treinta y dos caballos 
muertos. Unos campesinos han dicho que los rebeldes se llevaron 
treinta hombres muertos y bastantes heridos. La columna siguió en 
persecución del enemigo, encontrando al día siguiente el campa- 
mento donde la noche anterior durmieron los rebeldes. Horas des- 
pués, y en Arroyo Palma, volvió la columna Segura á batir al ene- 
migo, haciéndole muchas bajas, sobre todo con la artillería, que jugó 
principalísimo papel en este nuevo encuentro. De nuestras tropas re- 
sultaron heridos el teniente Sr. Coca y nueve soldados. En estos com- 



CRÓMICA GENERAL 157 



bates se distinguió notablemente el capitán del regimiento de Sevilla 
Sr. Hevia y Ruiz. El resultado de esta valerosa operación ha sido 
frustrar los planes del enemigo en su avance hacia Occidente, por lo 
cual el General en jefe ha felicitado al coronel Segura. Esta partiíja 
se compone, según informes fidedignos, de unos tres mil jinetes, y es 
el resultado de la concentración de rebeldes ordenada por el gencra- 
lisimo. La mandan doce cabecillas, y entre ellos Máximo Gómez, 
Zayas, Calixto García y Carrillo„. 

—Corre como seguro que Máximo Gómez ha movilizado en varias 
partidas nueve ó diez mil hombres, que operan en el Camagüey y 
Las Villas, bastante bien armados, según se dice, y con un contin- 
gente de infantería superior á lo ordinario hasta la fecha. El corres- 
ponsal del AVtt'- York Herald en la Habana dice que el plan del cabe- 
cilla dominicano consiste en concentrar las partidas de José Maceo, 
Pancho Carrillo, Serafín Sánchez, Rodríguez Aguirre, Lacret, Ro- 
que Núñez, Massó y Parra, con un total de diez y ocho mil hombres, 
á fin de atacar la trocha de Mariel por sus dos extremos Norte y Sur 
á la vez, lo cual obligaría á las fuerzas que la guarnecen á acudir á 
las dos partes, dejando sin defensa el centro para que lo atravesaran 
Maceo y sus orientales. Pero entre los militares predomina la creen- 
cía de que Máximo Gómez se propone amenazar las poblaciones im- 
portantes de las provincias centrales para evitar que de éstas se en- 
víen tropas á Pinar del Río. Esta última versión tiene su apoyo en el 
rumor, bastante acreditado, de que el Comandante general de l'uerto 
Príncipe recibió á principios de mes un mensaje de Gómez anu icián- 
dole que en la última decena de Mayo establecerá el bloqueo de 
Puerto Príncipe, é invitándole á que con la mayor premura evacua- 
ran la ciudad las bocas inútiles, toda vez que para la fecha expresada 
quedarían interrumpidas todas las comunicaciones. Aunque esta co- 
municación , si es que existe, se considera como una fanfarronada, 
no cabe duda de que Gómez auxilia mejor á Maceo en la posición cen- 
tral que ocupa que acercándose á la trocha de Artemisa. 

Lo cierto es que los jefes rebeldes han dividido el mando de sus 
fuerzas en tres agrupaciones principales, encargándose Calixto Gar- 
cía de las del departamento Oriental, Máximo Gómez de las del cen- 
tro, y Antonio Maceo de las de Pinar del Río. 

—Con el ceremonial de costumbre verificóse el día 11 la apertura 
de las Cortes, bajo la presidencia de SS. MM. el Rey D. Alfonso XIII 
y la Reina Doña María Cristina, Regente del Reino, acompañados 
de S. A. R. Doña Isabel. La excepcional importancia de las cuestio- 
nes de Cuba, en las que está fija la atención de todos los españoles, 
hacía inevitable que la parte principal del Discurso regio estuviera 
dedicado á aquella materia. En él recuerda S.. M. las leyes votadas 
por las Cortes con objeto de introducir reformas en Cuba y Puerto 
Rico; hace notar cómo, no obstante eso, la insurrección estalló en 



IfjS CRÓNICA GENERAL 



Cuba, porque los rebeldes quieren la independencia y no la autono- 
mía local, y consigna que, si la insurrección triunfa, la obra de la ci- 
vilización cubana se arruinará inevitablemente. La nación española 
no puede abandonar la misión civilizadora que le imponen su historia 
y su honor, y por eso España no retrocede ni retrocederá jamás ante 
los peligros, ni escatima tampoco sacrificios, por exorbitantes que 
sean, para mantener su autoridad y soberanía omnínodas en Cuba ; el 
Gobernador general de dicha isla está plenamente convencido de que 
la aplicación de las reformas tan decantadas no dará los resultados 
que se presumen y calculan, sino que ha de entorpecer los procedi- 
mientos para la difícil obra de la paz. Se asegura además en el dis- 
curso que la insurrección va decreciendo, y que podría estar ya ani- 
quilada si los rebeldes no hubieran recibido frecuentemente socorros 
del extranjero, donde la opinión está muy equivocada en cuanto á la 
situación política y. administrativa de Cuba. El Discurso del Trono 
termina diciendo que para obtener el equilibrio de los presupuestos, 
aunque las circunstancias del momento no sean nada favorables, es 
necesario exigir nuevos sacrificios á los contribuyentes, así como á 
su vez el Gobierno, decidido á mantener el crédito público á todo 
trance, respetará estrictamente las obligaciones contratadas, y en 
especial por lo que toca á capitales extranjeros. 

No hay para qué decir los comentarios de toda clase y los juicios 
opuestísimos de que han sido objeto el Mensaje y la exposición de los 
diversos puntos en él desarrollados. 

— En las actuales circunstancias encierran especialísimo interés 
los siguientes conceptos que expone un diario de Madrid comentando 
la noticia de que el Gobierno trata de comprar en Italia dos acoraza- 
dos de excelente construcción. Dice así el periódico citado: 

"Llegada la hora de los sacrificios por la patria, ninguno de éstos 
le parece grande si en honor y seguridad de aquélla redunda. Qui- 
zás, y aun sin quizás, sería muy discutida esa adquisición, de ser 
otras las circunstancias por las que la nación atraviesa. Hoy, lo que 
cada uno de los hijos de ésta siente es que no haya más barcos igua- 
les que adquirir al mismo precio para nuestra marina de guerra. De 
estos generosos arranques de España, ; cuánto partido sería dable sa- 
car si hubiera en sus gobiernos hombres que tuviesen fe en los mis- 
mos! La diferencia enorme del patriotismo de naciones formadas por 
siglos de tradiciones y glorias comunes, y el de pueblos agrupados 
por la casualidad y los intereses materiales en solo algunos lustros, 
está ahí precisamente. La incalculable suma de energías morales 
que aquéllas representan, no ha sido tomada en consideración por 
nuestros gobernantes. Sólo se ha tenido presente la diferencia de re- 
cursos materiales, de riqueza. De ello proviene ese desaliento, ese 
desmayo que en la voluntad es vacilación continua, y en la inteligen- 
cia imprevisión. 



CRÓNICA GENERAL 159 



^Desde que empezó la guerra de Cuba, era de inmediata eviden- 
cia que el foco de aquel incendio estaba en los Estados Unidos. El Go- 
bierno se imaginó que podía extinguir ese foco á fuerza de pacien- 
cia, de mansedumbre: sin duda por eso no adoptó medida alguna, 
por si era preciso sofocarlo con la energía. Si hace un año se hubiera 
dado, no en los sueltos oficiosos enviados á la Prensa, sino en la rea- 
lidad, todo el posible impulso á las obras de los cruceros protegidos 
que se construyen en el Ferrol, se hubiera facilitado medios y apre- 
miado A la empresa constructora del Carlos l'y se hubiera adquirido 
los barcos de buenas condiciones que había enajenables en el ex- 
tranjero, á estas horas contaríamos con fuerzas navales que nos per- 
mitieran afrontar sin grave riesgo el conflicto con la potencia ame- 
ricana que intenta hipócritamente herir de muerte nuestra soberanía 
en Cuba y descaradamente se burla de nuestro derecho. Con ese ma- 
terial flotante, con un personal escogido de oficiales y jefes, con una 
marinería llena del espíritu patrio, cualidad que jamás tendrán las 
tripulaciones de ios barcos de la Unión, reclutadas entre el personal 
de acarreo que las poblaciones de Europa arrojan á sus playas, otro 
respeto infundiríamos hoy A ]os yafikees. 

„No se ha hecho así, porque todo ello reclamaba mucha actividad, 
mucha vida, muchos y muy penosos cuidados, mucha tensión ner- 
viosa, de ésa que no pueden soportar largos ratos los organismos 
desgastados por el uso y por el tiempo. Se ha querido tomar por base 
de conducta con los Estados Unidos q\ refrán que dice que, "cuando 
uno no quiere, dos no riften^, sin considerar que, sin riña alguna, al 
hallarse uno de esos dos dispuesto á acabar con el otro, acabará mejor 
y más pronto cuanta menos resistencia encuentre. Aparte de que, 
tratándose del pueblo español, cualquiera que con él intente reñir, 
reñirá; porque, en asuntos de honra, pronto se le acaba á aquél el su- 
frimiento. En esa imprevisión, que, de sobrevenir el conflicto, no bas- 
tarán á cubrir todos los sueltos oficiosos del mundo, radica la más 
grave responsabilidad del actual Gobierno. De ahí proceden, desde 
hace un año también, nuestras constantes censuras respecto de la 
materia. 

„¿Por qué, si no, habíamos nosotros de censurar la gestión del ge- 
neral Beránger, cuando nos han faltado palabras para elogiar mere- 
cidamente la gestión de su colega el Ministro de la Guerra? ¿Qué 
más desearíamos nosotros sino hallar tocante al Ministro de Marina 
las ocasiones de aplausos que nos ha proporcionado el general Azcá- 
rraga? ; A cuento de qué habíamos de cometer injusticia con el uno 
y no con el otro? 

,,Es más: nuestra mayor satisfacción sería estimular con el elogio, 
y, en la medida de nuestra fuerza, auxiliar toda labor fecunda, eficaz, 
continua que en ese ramo se produjera. Y esta afirmación la justifi- 
caríamos el día en que el Sr. Cánovas, con uno de esos arranques 



160 CRÓNICA GENEKAL 



con los que ha solido hallar solución A cuestiones no menos difíciles, 
pusiera ese departamento del Estado en condiciones de superiores 
iniciativas, energía, orden y vitalidad. Por ahora únicamente pode- 
mos hacer lo que hacemos hoy: reconocer lo poco de bueno que se 
ejecuta, aunque eso cueste nada barato il la nación^. 

Con efecto, por cada uno de esos buques se paliarán diez y ocho 
millones de pesetas, á pesar de que no pasan de 7.000 toneladas. Pero 
los satisfactorios datos que hay respecto de sus condiciones acallan 
semejantes reparos económicos. Aparte de que, llegado el caso de la 
adquisición, es de suponer que el Gobierno español procurará veri- 
ficarla con la mayor ventaja posible, ya que, por lo que respecta á 
todo género de garantías y seguridades, no nos cabe duda de que 
nada habría que reprochar, dados el patriotismo y la iluí^tración de 
los dignos marinos que se hiciesen cargo de ellos en nombre de 
España. 







O^S!ooíeo3íeo^ 




¿DEBE SER PUBLICA LA EJECUCIÓN DE LA PENA CAPITAL? 



ó 




¡UESTióN es ésta que repetidas veces se ha suscitado 
en nuestros tiempos en libros y revistas, en asam- 
bleas de carácter científico y en proyectos de ley, 
allí donde todavía está en uso la pena de muerte. Podemos 
afirmar que hasta hace pocos años no se había puesto á dis- 
cusión si la última pena debía ejecutarse con publicidad, á la 
luz del día, ante todas las personas que quisieran presenciar- 
la, ó si se había de matar en secreto y sólo con asistencia 
de las personas indispensables para el acto. Los antiguos 
legisladores y criminalistas entendieron que la pena de 
muerte no tendría razón de ser desde el momento en que se 
la despojase de la publicidad, y por tanto de la intimida- 
ción, de la ejemplaridad, del escarmiento, de casi todas las 
cualidades que la hacen útil para los pueblos, y seguramen- 
te habrían escuchado con indignación ó con desdén á quien 
hubiese propuesto lo contrario. 

De entonces acá, poco ha cambiado la multitud que asiste 
al último suplicio; las mismas son las ideas acerca de la 
justicia, los mismos los sentimientos del corazón humano; 
pero ha cambiado el modo de pensar de una gran parte de 
los que se dedican á este género de estudios, y son muchí- 
simos los que hoy protestan y se irritan contra la ejecución 
La Ciiidatl tic Dios. — Aím XVJ. — \úin. 561. 



II 



162 ¿DEBE SER PÚBLICA LA EJECUCIÓN DE LA PENA CAPITAL : 

pública. Tal vez tengan razón ; pero sus argumentos no han 
logrado hacernos opinar del mismo modo. 

La publicidad, según ellos, ofrece gravísimos inconve- 
nientes, tanto para la sociedad como para el reo mismo. 
Respecto de éste, la multitud que ha de presenciar su eje- 
cución le preocupa desde que es puesto en capilla hasta el 
momento de morir. Pensar que ha de subir al cadalso ante 
todo un pueblo; que ha de ser el blanco de tantas miradas, 
de tantos pensamientos , de tan cruel curiosidad ; que su do- 
lor y su agonía, su abatimiento y su muerte han de ser ob- 
jeto de horror para algunos, de Idstima parapocos, de bur- 
la i>ara la mayor parte, de infamante espectáculo para to- 
dos, es lo que ocupa enteramente su imaginación y lo que 
le impide prepararse d morir bien. "^El reo que est;l en ca- 
pilla -dice una célebre escritora — tiene horas contadas para 
recordar su vida, para arrepentirse, para prepararse Á mo- 
rir como cristiano, para hablar con Dios; y ese recogimien- 
to de la última hora viene á turbarse por la presencia ó la 
idea de la multitud, por la necesidad de aparecer como quien 
no teme la muerte, como quien la desafía y se ríe de ella. 
Los criminales no son hombres de fe viva; sus sentimientos 
religiosos son fáciles de distraer por las cosas del mundo; y 
esas calles, y esa plaza, y esa multitud, y ese murmullo, y 
ese magnetismo de las masas cuando lijan su mirada y su 
corazón en un punto, le impresionan, le desvanecen, le fas- 
cinan y le hacen prestar más atención á lo que pensará de 
su valor la multitud, que á lo que de sus culpas le dice el 
Sacerdote; y él, tan habituado á no mirar más que las co- 
sas de la Tierra, tal vez le dirige su última mirada, su últi- 
mo pensamiento, que debía elevarse al Cielo„ (1). Veremos 
luego si estas palabras son tan verdaderas como elocuentes 
y persuasivas. 

La sociedad , se ha dicho también , ningún provecho saca 
de la ejecución pública; antes al contrario, lo oculto, lo mis- 
terioso, lo que se sabe y no se ve, impresiona más que lo 
que se conoce y se presencia. 



(1) Doña Concepción Arenal : El reo, el pueblo y el verdugo, i. 



¿DEBE SER PÚBLICA LA EJECUCIÓN DE LA PKNA CAPITAL? 163 



El patíbulo que se levanta ante la multitud no puede evi- 
tar uno solo de los crímenes impremeditados, cometidos 
bajo el influjo de una pasión violenta, ni es bastante para 
que no se perpetren los que proceden de la reflexión y del 
cálculo. Su ejemplaridad y su intimidación son, por consi- 
guiente, un buen deseo del legislador, pero una mentira en la 
realidad. Por otra parte, la ejecución pública produce efec- 
tos desmoralizadores, causando horror á los hombres honra- 
dos, mientras los criminales lo ven con indiferencia; habi- 
tuando á todos á derramar sangre humana por la costum- 
bre de presenciar semejantes escenas, y por tanto inducien- 
do más bien á cometer el crimen que á apartarse de él; y, 
finalmente, contribuyendo á la formación de costumbres 
sanguinarias y salvajes, por esa cualidad de imitar cuanto 
se ve y cuarkto impresiona, cualidad que se observa princi- 
palmente en los niños. 

He aquí los más notables inconvenientes que ofrece la 
ejecución pública, según sus impugnadores. Esperamos de- 
mostrar que se exageran, y que la publicidad de la ejecu- 
ción es todavía útil para el reo y para la sociedad. 

El reo, desde que se le notifica la sentencia, se halla in • 
dudablemente impresionado, abatido; pero ¿qué es lo que 
le impresiona? {Qué pensamiento el que más le abat£? ¿Es 
el morir en público? ¿Es la idea de la multitud que ha de pre- 
senciar su muerte? No: lo que más le impresiona es la muerte 
misma , importándole poco ó nada la forma de sufrirla. Ante 
la consideración de que va á morir, se desvanece la idea de 
cómo morirá. En el supuesto de que el pensamiento de mo- 
rir en público pase por su mente y le impresione, ¿será esto 
un obstáculo para pensar en Dios, arrepentirse y morir cris- 
tianamente, ó, por el contrario, contribuirá esa misma publi- 
cidad, con el solemne aparato que la rodea, á ayudarle á 
morir bien? Ni en un sentido-ni en otro cabe una afirmación 
absoluta ; pero creemos que, de ordinario, la impresión mis- 
ma de los circunstantes, las lágrimas de muchos, la compa- 
sión de que es objeto el desgraciado reo por parte de todos, 
son grandes motivos de consuelo y resignación en el supre- 
mo dolor de su agonía. El reo tiene amor propio, que pro- 



164 ¿DEBE SER PÚBLICA LA EJECUCIÓN' DE LA PE.VA CAPITAL? 

curará satisfacer aparentando valor }' serenidad en el patí- 
bulo ; pero también tiene corazón , y un corazón capaz toda- 
vía de enternecerse cuando se ve compadecido por los de- 
más, i Cuántos reos habrán experimentado una de las mayo- 
res satisfacciones de su vida en las compasivas miradas de 
la muchedumbre que les insultaba antes de subir al cadalso! 
¡Para cuántos habrán sido las lágrimas de los espectadores 
dulcísimo bálsamo que en aquella hora suprema cierra las 
heridas abiertas en su alma por el abatimiento y el dolor! 
¡Cuántos corazones empedernidos se habrán ablandado ante 
esa multitud que tan indiferente y cruel se supone cuando de 
lejos y á sangre fría se contempla! ¡Cuántos sentenciados, 
á quienes no bastaron los consejos de los buenos amigos ni 
las exhortaciones dtl Sacerdote-, no han podido resistir la 
influencia de ese público imponente, contemplado desde el 
patíbulo, y á (51 tal vez debieron su salvación! 

Recordamos á este propósito un caso notable ocurrido 
en Falencia hacia el año 1878. Un terrible asesino, natural 
del pueblo de Magaz, fué condenado á muerte. Hl Sr. Obis- 
po de la Diócesis envió, para que le preparasen, tres sabios 
y virtuosos Sacerdotes, que nada pudieron conseguir de él. 
Hl mismo Prelado se presentó en la capilla, y, lejos de ablan- 
dar con cariñosas palabras aquel empedernido corazón, sólo 
pudo escuchar los groseros insultos de un salvaje, y tuvo 
que huir de aquel lugar, como se huye de la presencia de 
una fiera. Habiendo llegado al patíbulo acompañado de un 
solo Sacerdote que continuaba exhortándole, más en cum- 
plimiento de su misión que por la esperanza de ver una se- 
ñal de arrepentimiento, todavía llegó la furia del desdichado 
reo á escupir el Santo Crucifijo que tenía delante. El pavor 
que este espectáculo produjo en la inmensa multitud que le 
presenciaba , y el llanto y los gritos que algunas palabras 
del Sacerdote arrancaron de Codos los circunstantes, fueron 
causa tal vez de la salvación de aquella alma. Una supli- 
cante mirada á la imagen de Jesús crucificado y otra al Cielo, 
fueron las inequívocas señales de arrepentimiento en su ago- 
nía. Lo que no pudo conseguir el Sacerdote lo consiguió la 
multitud, y tal vez fué ésta el instrumento de que Dios se va- 



¿DEBE SER PÚBLICA LA EJECUCIÓN DE LA PENA CAPITAL? 165 

lió para salvar á aquel hombre. {Habría muerto así en el 
obscuro rincón de una cárcel? 

Tenemos noticia de este caso y de algunos otros pareci- 
dos; pero la mayor parte de los acontecimientos de esta 
clase son ignorados, por la imposibilidad de que los reos nos 
los manifiesten. Si fuera posible escribir la historia de los 
reos arrepentidos por la sola reflexión de que van á morir 
en público, ó por la saludable impresión que sobre ellos 
ejerce la multitud cuando la ven desde el cadalso, de seguro 
sería una historia interesante y un argumento incontrasta- 
ble en favor de la ejecución pública. 

Los que sostienen que los sentenciados á la pena capital 
únicamente piensan en morir aparentando valor y serenidad 
ante la muchedumbre, no conocen bien el corazón humano, 
y cierran los ojos ante los hechos de todos los días que nos 
dicen lo contrario. Hay, ciertamente, algunos, muy pocos, á 
quienes afecta más la pubhcidad de su muerte que la muerte 
misma; hombres sin religión y sin conciencia, que hacen un 
supremo esfuerzo por aparecer valientes y despreocupados 
ante los demás, desafiando á esa sociedad que les condena, 
riéndose ó aparentando reirse de la muerte, y haciendo alar- 
de de un valor que les falta y de una impiedad que les sobra. 
Estos perversos no merecen el /io?tor de morir en público. 
Hay otros pocos, que realmente suben tranquilos al cadalso 
porque juzgan merecida la pena, están arrepentidos y quie- 
ren hacer pública manifestación de su arrepentimiento, con 
lo cual nada pierde la sociedad. Pero el hecho innegable es 
que, con rarísimas excepciones, el reo sube al cadalso aba- 
tido, anonadado, sin fuerzas para sostenerse, sin dar señal 
alguna de tranquilidad ó indiferencia ante la muerte, ni pro- 
curar siquiera hacer la más mínima manifestación de un 
valor que realmente no tienen. Los que ven esto, los que lo 
saben, los que pueden experimentarlo en casi todas las eje- 
cuciones capitales que tienen lugar, así en España como en 
Francia }'■ en todos los países del mundo, ¿cómo se atreven 
á afirmar que el reo sólo piensa en aparecer como hombre 
de valor ante el público, y que este pensamiento es un obs- 
táculo para morir bien? 



16Ó ¿DEBE SER PÚBLICA LA EJECUCIÓN DE LA PENA CAPITAL? 

Es un error, y además un crimen de lesa humanidad, su- 
poner en absoluto, como suponen los impugnadores de la 
ejecución pública, que la multitud que presencia el último 
suplicio es un conjunto de seres sin corazón, sin sentimiento 
alguno de bondad y lástima para el desgraciado reo, sin que 
sean conducidos al lugar de la ejecución por otro móvil que 
el de la curiosidad ó la cruel satisfacción de ver morir á un 
hombre en el patíbulo. Y, ciertamente, si esto fuese así; si 
fuera verdad que el último suplicio se toma como una sim- 
ple diversión por todos los que á él concurren; que el des- 
graciado reo sólo sirve de curiosidad y escarnio á la multi- 
tud, y que su muerte es presenciada entre burlas, aplausos 
ó silbidos, sin conmover un corazón ni arrancar una sola 
láí^rima, la ejecución pública sería el mayor tormento que 
se podría dar al que la sufre, y aquella indiferencia, y aque- 
llas manifestaciones por parte del público, nos harían com- 
prender que vivimos todavía en pueblos salvajes. Pero, afor- 
tunadamente, no es así; y en nombre de las naciones cristia- 
nas y la verdad demostrada por la experiencia, protestamos 
contra semejantes afirmaciones. 

Xo, no es cierto que la multitud que presencia la muerte 
de un hombre en el patíbulo carezca de todo sentimiento 
humanitario y permanezca indiferente é insensible ante el 
inmenso dolor y la suprema desgracia del desdichado crimi- 
nal; no es cierto que el sentenciado agonice entre las burlas 
sangrientas de las muchedumbres, ni que la más fría indife- 
rencia acompañe á su último suspiro. Quien quiera conven- 
cerse de los sentimientos, del interés y hasta de la simpatía 
que generalmente despierta el reo en los que presencian su 
muerte, no asista á las ejecuciones que se verifiquen en Ma- 
drid ó en cualquiera otra de las grandes poblaciones, donde 
tales actos se ven con frecuencia, y ni se conoce comun- 
mente al reo, ni saben muchos de los concurrentes por qué 
se le ejecuta: no asista tampoco á la ejecución de un desal- 
mado anarquista ó del que muere blasfemando de Dios é in- 
sultando á la sociedad: vayase á otra población de menor 
importancia y presencie allí la muerte de cualquier delin- 
cuente ordinario; observe qué piensan todos los concurren- 



¿DEBE SER PÚBLICA LA EJECUCIÓN DE LA PENA CAPITAL? 167 



tes. Cómo se expresan, cuáles son sus sentimientos, cuál su 
ansiedad en el momento de consumarse el terrible acto; es- 
cuche los gritos de dolor y la suspensión producida por el 
esp;into en la multitud; vea la compasión que en todos los 
corazones produce aquel hombre que va subiendo las gra- 
das del patíbulo, y el deseo unánime de prestarle algún ali- 
vio, si posible fuese, en su inmensa desgracia; contemple 
todo esto, y diga después, si se atreve, que la ejecución pú- 
blica no impresiona á la multitud, ó que la agonía del reo 
se acoge con la más fría indiferencia ó se celebra con el in- 
sulto, la risa y el escarnio. 

En aquel supremo instante en que el sentenciado va á 
morir, todos fijan en él sus miradas y su corazón; sus crí- 
menes se olvidan ; los que antes le odiaban, ahora le compa- 
decen; los que deseaban verle morir, ahora sienten que 
muera; y si en manos de la multitud estuviese el perdonar- 
le, jamás llegaría á ser ejecutado. El reo está persuadido 
de todo esto; lo oye, lo ve desde el patíbulo; y es imposible 
que no se enternezca, que no experimente gran satisfacción 
al ver que se compadecen de él , que se interesan por él, que 
hay quien llore su desgracia y desee vivamente su salva- 
ción. Es imposible que no produzca algún consuelo en el 
condenado á muerte el ver convertido el odio de las muche- 
dumbres en cariño, la anterior alegría en pesar, la vengan- 
za en perdón, los gritos de la ira y del escarnio en manifes- 
taciones de misericordia y de dolor. ¿Experimentaría estos 
consuelos si en la ejecución faltase la publicidad? 

Hemos de confesar que la ejecución pública lleva necesa- 
riamente consigo cierta nota de infamia que ha de herir por 
fuerza el amor propio del reo; pero todo esto se desvanece 
al considerar que la infamia procede del delito y no de la 
pena, y que el acto de la ejecución, lejos de dejar en la me- 
moria del pueblo un recuerdo de ignominia, produce casi 
siempre la compasión hacia el ejecutado y el olvido de sus 
crímenes. Más deshonrada quedaría la memoria del crimi- 
nal si nadie le viese morir, que presentándose ante el públi- 
co y diciendo, con las palabras ó con el silencio, á la mul- 
titud que presencia su muerte: "He cometido un crimen, 



168 ¿DEBE SER PÚBLICA LA EJECUCIÓN DE LA PENA CAPITAL? 

pero ahora le lavo con mi propia sangre: tenía una deuda 
pendiente y ya está pagada; los que habéis aborrecido al 
criminal durante su vida, compadeceos del ejecutado des- 
pués de su muerte „. 

Si ésta se verificase en secreto, sólo permanecería en la 
memoria del pueblo el recuerdo del crimen con la indigna- 
ción y la ignominia que produjo; pero si es presenciada por 
las muchedumbres, comunmente aquel recuerdo se borra 
para dar lugar á los sentimientos de piedad y hlstima que 
en todos despierta el acto de la ejecución. Ahora contéstese 
á esta pregunta: ¿qué es más útil para el reo, morir compa- 
decido ó morir deshonrado? 

Opinamos, pues, que, aun para el mismo reo, es conve- 
niente, por regla general, que la ejecución sea pública; y 
aunque no fuese así importaría poco, pues lo que principal- 
mente debemos tener en cuenta es el bien que pueda produ- 
cir. Veamos si para la sociedad es ó no útil actualmente la 
ejecución pública. 

El electo más importante y más útil de la pena de muerte 
es hoy, y ha sido en todos los tiempos, su ejemplaridad uni- 
da á la intimidaci(')n y al escarmiento. Esta ejemplaridad y 
este escarmiento ¿se conseguirán del mismo modo cuando 
la ejecución es pública que cuando tiene lugar en la celda de 
una prisión, sin más concurso que el de las personas indis- 
pensables para el acto? Lo cual equivale á preguntar: ¿pro- 
duce en nosotros tanta impresión una gran desgracia de que 
tenemos noticia por haberla oído referir, como si la hubié- 
semos presenciado? Si leemos en un periódico que un hom- 
bre ha sido asesinado, ¿nos impresionaremos del mismo 
modo que si lo hubiéramos visto? Si en un choque de trenes 
mueren veinte ó cuarenta personas, y de ello tenemos cono- 
cimiento por una relación cualquiera que se nos hace, ¿po- 
dremos sentir aquella compasión, aquel espanto que senti- 
rían los que oyeron los gritos de los heridos, los que vieron 
la agonía en los moribundos, los cadáveres aplastados, la 
terrible catástrofe con todos sus detalles y todos sus ho- 
rrores? 

A nadie se le ocurrirá dudar sóbrela contestación que á 



¿DEBE SER PÚBLICA LA EJECUCIÓN DE LA PENA CAPITAL? 169 

semejantes preguntas debe darse; y sería ridículo hacerlas 
si no hubiera quien se empeñase en sostener que lo oculto, 
lo desconocido, lo que no se ve causa mayor impresión que 
si se verificase ante nuestros ojos, y que tal vez la ejecu- 
ción en secreto, rodeada de una misteriosa obscuridad, 
produciría más terror, impresionaría mds que realizada á 
la luz del día y en presencia de cuantos A ella quieren con- 
currir. 

Cuando se trata de sostener una opinión, por absurda 
que sea, se acude á todo lo que pueda favorecerla, y casi 
siempre la pasión nos ciega hasta el punto de ver las cosas 
al revés de lo que en sí son. Pongámonos en la realidad de 
los hechos, y veamos imparcialmente cuál de las dos formas 
de ejecución es más ejemplar y ejerce más influencia en el 
ánimo de los criminales. 

Nada tan elocuente en esta materia como los hechos; 
nada, por consiguiente, más lógico que tener en cuenta lo 
que de ordinario acontece, para resolver con acierto la 
cuestión de que tratamos. Pljémonos en un criminal que 
haya sido condenado á muerte y ejecutado en la soledad 
de una cárcel, ó, lo que viene á ser lo mismo para el caso, 
en una población lejana del lugar donde vivió y cometió el 
crimen. {Qué efecto producirá su muerte en sus convecinos, 
en los que trataron con él, en los que directamente sufrie- 
ron el mal causado por sus delitos? Sólo saben jque murió y 
por qué murió, é ignoran cómo se le quitó la vida, qué as- 
pecto presentaba en el acto de la ejecución, cuáles serían 
sus sentimientos; si murió arrepentido ó desesperado, ma- 
nifestando serenidad ó abatimiento; es decir, que ignoran 
todo lo que puede afectarles, todo lo que puede dar materia 
de conversación y vida á las palabras sobre la muerte de 
aquel hombre. Cuanto saben, se dice en breves momentos; y 
después de pocos días, sólo un débil recuerdo quedará de la 
ejecución, del criminal y del crimen. De la ejecución, por-' 
que lo que no se ve, poco ó nada suele impresionar ; y lo que 
no impresiona, fácilmente se olvida; del criminal , porque no 
ha podido grabarse en la imaginación del pueblo en el acto 
de morir: del crimen, porque no se han visto con los ojos 



no ¿DEBF. SER PUBLICA LA EJECUCIÓ.V DE LA PE.VA CAPIT,A.L? 

SUS naturales consecuencias y su inmediata relación con el 
castigo. 

Pero supongamos que ese mismo criminal muere en 
público, y en el mismo lugar en que cometió el crimen, y 
donde es perfectamente conocido de cuantos presencian su 
muerte. Si el pueblo donde tiene lugar la ejecución es de 
escasa importancia y jamás se ha visto allí un espectáculo 
de este género, seguramente asisten á él, no sólo los habi- 
tantes de aquella localidad, sino también otros muchos de 
todos los pueblos comarcanos. Sigámosles hasta el momento 
de consumarse el suplicio de la ejecución, y participemos, 
en cuanto sea posible, de sus impresiones, de su agitación, 
de sus sentimientos. 

No diríamos la verdad si asegurásemos que cuantos con- 
curren á la ejecución del reo van con el fin de recibir una 
lección práctica de moraJidad y para modificar sus costum- 
bres ó cumplir mejor con sus deberes después del terrible 
ejemplo que la justicia humana ha puesto ante sus ojos. No, 
no es esto lo que se proponen al asistir á aquel acto; van 
por pura curiosidad, por ver una cosa que probablemente 
no han visto nunca ni volverán á ver en su vida, juzgando 
por lo que aparece al exterior, la concurrencia ofrece el as- 
pecto de una romería, aunque generalmente se echará de 
ver aquella alegre animación y ruidosa algazara que acom- 
paña siempre á diversiones de este género. Las conversa- 
ciones son comunmente graves, y versan acerca del reo, 
de su vida pasada, del estado en que se encuentra, del es- 
pectáculo que van á presenciar. A medida que se acerca el 
momento de la ejecución, van sintiendo más el terror que se 
apodera de su ánimo todos los que á ella se han propuesto 
asistir; los más débiles experimentan en su interior una lu- 
cha entre la curiosidad que les arrastra hacia el lugar de la 
ejecución y la aterradora idea de ver matar á un hombre, 
que les aconseja quedarse en casa; pero la curiosidad ven- 
ce al fin, y marchan con los demás hasta colocarse al pie 
del patíbulo. 

Aparece el reo entre la multitud, sube al cadalso, y á los 
pocos momentos deja de existir. El terror, la ansiedad, el 



DEBE SER PÚBLICA LA EJECUCIÓN DE LA PEN'A CAPITAL? 171 



espanto del público llega á su colmo. La impresión que todos 
experimentan no puede expresarse sin haberla sentido; bas- 
te decir que son muchas las personas que han perdido la 
salud y aun la vida al presenciar la ejecución de un reo. 
Ahora, que vengan los impu. leñadores de la ejecución pública 
á decir que causa menos impresión que si se realizase en se- 
creto. Ante aquel tremendo espectáculo, ante el angustio- 
so abatimiento y supremo dolor de la víctima, ante aquella 
ignominia y aquella inmensa desgracia. -;podrá sostenerse 
que haya un solo corazón que no se conmueva, que haya 
un solo criminal que piense en continuar con su mala vida? 

Pero no concluye aquí todo. Los que presenciaron el su- 
plicio de muerte han visto subir ai reo al patíbulo; han ob- 
servado su aspecto, su vestido, sus miradas, sus acciones, 
sus movimientos; se han hecho cargo de la tristísima situa- 
ción de aquel hombre; se han fijado en los que le acompa- 
ñaban, en las palabras que le dirigieron; han adivinado, ó 
han creído adivinar, hasta los más profundos pensamientos 
del sentenciado; se han conmovido ante la solemnidad de 
aquel acto; han examinado los trajes de los oficiales de jus- 
ticia, el semblante del verdugo, la fúnebre arquitectura del 
cadalso; han visto por fin la acción del verdugo, funcionar 
el terrible aparato y dejar de existir al desdichado reo. Todo 
lo han visto en sus más minuciosos detalles, y esto les da 
materia de conversación para muchos días y aun para mu- 
chos años, porque impresiones de este género no se borran 
de la imaginación en toda la vida. Este acontecimiento es 
transmitido de unos individuos á otros, de los padres á los 
hijos, de un pueblo á otro pueblo; y cada vez que se cuenta, 
puede decirse que se reproduce de nuevo aquella primera 
impresión, por los detalles con que se refiere y el calor que 
da á sus palabras el conmovido narrador. De suerte, que la 
ejecución pública no sólo afecta al que lo ve, sino también 
al que lo oye referir. 

Nada de cuanto hemos dicho es puramente ideal y arbi- 
trario; es la realidad; es lo que, por regla general, acontece; 
y fácilmente podrá convencerse de ello quien tenga valor 
para asistir á uno de estos tristes espectáculos. 



172 ;debe ser pública la ejecución de la pena capital? 

La ejecución no intimida á las personas honradas, por- 
que no se les ocurre siquiera que algún día puedan hallarse 
en semejante situación, pero contribuye á que jamás lleguen 
á ser criminales; las confirma en sus buenas costumbres, las 
aterra; y el terror que produjo la muerte del reo en los que 
la presenciaron se transmite con toda su fuerza á los demás, 
y se ve prácticamente la relación entre el crimen y aquella 
horrible pena que atormenta todavía la imaginación de los 
que la vieron ejecutar y de los que saben detalladamente 
cómo se ejecutó. Ahora, si aquella lección práctica recibida 
al pie del patíbulo contribuye á reformar las costumbres; si 
inlluye en que los buenos continúen siéndolo y hagan que 
otros también lo sean; si de ello se deduce la gran enseñan- 
za de que cada uno recibe su merecido en la tierra, enton- 
ces, ó la ejecución pública es ejemplar, ó no entendemos lo 
que es la ejemplaridad. 

Se nos ocurre otro medio de hacer que la ejecución pú- 
blica sea aún más provechosa para el pueblo, medio que fe- 
lizmente se ha empleado alguna vez, y es lástima que no se 
emplee con más frecuencia. 

Cuatro palabras dirigidas á la multitud desde el patíbulo 
por cualquiera de los sacerdotes que. de ordinario, acom- 
pañan al reo, relacionadas con el terrible acto que allí se 
acaba de realizar, sería una lección tal vez de mejores re- 
sultados que la que da en silencio el reo mismo. Es difícil 
encontrar en la vida una situación más á propósito para per- 
suadir y conmover á las muchedumbres, por el estado de 
ánimo en que se hallan todos. Sólo un caso recordamos en 
que esto se haya puesto en práctica, y sabemos que sus re- 
sultados no pudieron ser más provechosos, moral y social- 
mente considerados. 

Nada de esto podría conseguirse desde el momento en 
que se suprimiese la publicidad de la ejecución; y no es líci- 
to privar á la sociedad de un bien que tiene derecho á exigir 
de la pena de muerte. 

La ejecución pública, se ha dicho por sus impugnadores, 
no es bastante para evitar un solo crimen, sea impremedi- 
tado, sea producido por la reflexión y el cálculo; el primero 



¿DEBE SER PIBLICA LA EJECUCIÓN DE LA PE.VA CAPITAL? 173 

porque no se piensa; el segundo, porque se fundó en la pro- 
babilidad ó seguridad de no caer bajo la acción de la justi- 
cia. Responderemos brevemente. Respecto de los crímenes 
impremeditados, huelga la observación ; pues hoy, por un 
crimen impremeditado, es muy difícil, si no imposible, que 
se imponga la pena de muerte. En todo caso, nunca es tan 
impremeditado el crimen que no dé lugar á que cruce un solo 
pensamiento por la mente de su autor; y el primero de todos 
será el del patíbulo, si el criminal le ha visto alguna vez. 

Tanto los crímenes que se cometen sin reflexión, como 
los premeditados, continúan existiendo, á pesar de la ejecu- 
ción pública; esto no puede negarse. Pero si el argumento 
en contra de la publicidad ha de tener algún valor, no basta 
decir que, siendo pública la ejecución de la pena de muerte 
todavía se cometen tantos ó cuantos crímenes; que muchos, 
asesinos la han presenciado alguna vez, y, sin embargo, 
matan: es necesario demostrar que, sin el hecho de la pu- 
blicidad, no se cometería ni un solo crimen más de los que 
se cometen, y esto es lo que nunca podrá demostrarse. En- 
tre tanto, continuamos creyendo que la pena capital intimida 
á los criminales, que les infunde terror el patíbulo, y que 
la publicidad de la pena , si alguna vez han asistido á una eje- 
cución, les aterra más todavía. Los criminales temen mo- 
rir, ¿quién lo duda?; temen , sobre todo, morir en el patíbulo; 
y este temor no puede menos de influir en el ánimo de los 
asesinos , y hacer que , siquiera alguna vez , no llegue á con- 
sumarse el crimen que se había meditado. ¡Cuántos delitos 
habrán quedado en proyecto por temor ala pena de muerte! 
¡Cuántos puñales, alzados ya sobre el pecho de un hombre, 
se habrán vuelto á bajar al reproducirse en la memoria del 
asesino aquel patíbulo, aquel terrible espectáculo que un día 
presenció! 

Dícese también que la publicidad de la ejecución contri- 
buye á que las costumbres se perviertan, los hombres se 
hagan más sanguinarios y se cometan más fácilmente los 
crímenes. Muy en su punto estaría esta observación apli- 
cada á ciertos países de la Edad Media, ó ala época revolu- 
cionaria de Francia; pero hecha contra la ejecución actual 



174 ¿DEBE SER PÚBLICA LA EJECUCIÓN DE LA PEXA CAPITAL? 

de la pena de muerte, no la comprendemos. Cierto que en el 
hombre existe la propiedad de imitar aquello que ve, y sobre 
todo aquello que más le impresiona; cierto también que, 
quien se acostumbra á presenciar espectáculos de sangre, 
llega á familiarizarse con ellos, á no sentir repugnancia al- 
guna, y hasta á derramar sangre humana sin gran dificul- 
tad; pero atendamos á lo que realmente acontece y pongá- 
monos en lo justo. Concretándonos á nuestra patria (y lo 
que de Esparta decimos podemos aplicarlo á todas las na- 
ciones de Europa), {cuántos españoles habrán presenciado 
una ejecución? Supongamos que una tercera parte, y esta- 
mos seguros de que nos excedemos; de esta tercera parte, 
¿cuántos la habrán presenciado más de una vez en su vida? 
Muy pocos, casi ninguno. ;Y basta presenciar una vez la 
ejecución de un reo para hacer cambiar de bueno en malo 
el carácter del hombre, para poder decir que se ha acos- 
tumbrado á ver matar, para sostener que después de la eje- 
cución matará con menos repugnancia? Hoy sólo puede apli- 
carse esto al verdugo. 

La ejecución secreta, fuera de no producir casi ningún 
bien en la sociedad, tiene positivos inconvenientes. Unas ve- 
ces el pueblo llegaría á sospechar que tal ó cual delincuen- 
te no había sufrido la pena, y que el dinero, los manejos po- 
líticos ó determinadas recomendaciones le habían ocultado 
y se trataba de engañar al público ; otras veces, por el con- 
trario, la imaginación popular inventaría mil fábulas sobre 
la muerte de ciertos criminales allá en la obscuridad de la 
prisión, fingiendo infames escarnios y horrorosos tormentos, 
porque el pueblo, cuando no ve, adivina ; cuando no sabe, 
inventa. La historia nos suministra hechos que demuestran 
lo que acabamos de decir; y no es necesario citarlos, porque 
son bien conocidos de todos. Por otra parte, en algo se ha 
de distinguir la muerte de un hombre, aunque este hombre 
sea criminal, de la muerte que se da á un perro ; y en el caso 
de que la ejecución fuese secreta, poco se diferenciaría la 
una de la otra. El criminal no muere en público, como supo- 
nen nuestros impugnadores, para ser escarnecido de la mul- 
titud, sino para ser compadecido de la inmensa mayoría de 



fDEBE SER PUBLICA LA EJECUCIÓN DE LA PENA CAPITAL? 175 

los concurrentes. El ser compadecido podrá quizás herir el 
amor propio del reo; pero ve en cambio respetada su digni- 
dad, en cuanto que por él se observa aquella fúnebre cere- 
monia; ve también honrada su muerte por el numeroso con- 
curso que le rodea, y encuentra siempre en la multitud co- 
razones que sientan su desgracia y lágrimas que hagan 
menos dolorosa su agonía. 

Respetamos la opinión de los que no piensan como nos- 
otros, y estimamos en cuanto valen los inconvenientes que 
lleva consigo la ejecución pública; pero creemos que están 
bien compensados con sus ventajas. Opinamos que la publi- 
cidad es todavía útil para los pueblos y aun para el reo 
mismo, y por consiguiente que debe conservarse, á lo me- 
nos como regla general, y sólo por excepción ha de estable- 
cer.se y permitirse la ejecución secreta en ciertos casos, á 
juicio de los tribunales de justicia. Ya lo hemos dicho en 
otra parte: si fuese cierto que toda la solemnidad empleada 
en las ejecuciones de muerte no tiene más objeto que diver- 
tir á las muchedumbres; si fuese cierto que la ejecución pú- 
blica no basta para convertir á un solo criminal ni produce 
efecto alguno provechoso en los que á ella asisten, enton- 
ces no abogaríamos ciertamente por que se suprimiera la 
publicidad: pediríamos la abolición de la misma pena de 
muerte. 

^R. JERÓNIMO /AOUTBS, 
O. S. A. 



í/iv;/^;^wraW^*/R*^i5^*/Mí^^ 



Astronomía ^^ 



XW'II 



LAS NEBULOSAS CELESTES- 




lA naturaleza física no puede presentarse más pri- 
morosamente engalanada, ni ofrecer á nuestra 
vista un cuadro de belleza tan singular, como du- 
rante una noche despejada, tranquila la atmósfera, cuando 
lo majestuoso del silencio y los tibios resplandores de los 
astros realzan el inmenso panorama de los cielos sembrados 
de innumerables perlas y diamantes. Ni hay alma tan insen- 
sible que no se sienta como dulcemente sobrecogida ante la 
contemplación de la inmensidad, cuya imagen ve dibujarse 
en el insondable espacio, cuyos límites parecen ensancharse 
con la obscuridad misma, en que el horizonte sensible se 
aleja, se difunde y se esconde. 

Cuando la Tierra enmudece, ó sólo es interrumpido su 
silencio por el suave mecimiento de las hojas del árbol y 
por el m.urmullo del arroyo que se desliza entre las pie- 
dras, entonces aquellos puntos luminosos, esparcidos co- 
mo al acaso y aparentemente sin orden ni concierto, tacho- 
nando la bóveda celeste, unos con luz lija, inmóvil como 



(1) Véase la página 31 



ASTRONOMÍA 177 



■centinela en su puesto, otros vibrando sin cesar y como co- 
municándose entre sí, mediante un misterioso centelleo... 
^entonces es cuando hablan también con elocuencia sublime 
á los habitantes de este mundo microscópico, que hollamos 
con nuestros pies y amamos como á dulce morada nues- 
tra; nos dicen con su lenguaje simbólico, comprensible ala 
Tez por el corazón y la inteligencia, que cuanto nos rodea 
y tocamos, cuanto la Tierra contiene de majestuoso y su- 
blime , todo es pequeño . una sombra no más de la grandiosa 
sublimidad de aquellos mundos sin ñn , de aquellos planetas, 
de aquellos soles sin cuento. Tanta magniñcencia no puede 
menos de abismar en dulces éxtasis á quien se detiene á 
contemplarla. ¿Y qué mortal , si no en sus alegrías, cuando 
menos en sus penas y dolores, no ha levantado los ojos al 
cielo buscando la paz consoladora que no encuentra en la 
Tierra? 

La irregularidad caprichosa y el aparente desorden con 
que se ven situadas las estrellas en el firmamento, las unas 
formando grupos apiñados, mientras otras, aisladas y como 
desperdigadas en un desierto sin límites, no sólo han lla- 
mado la atención del hombre en todos los tiempos, por los 
contrastes sorprendentes que en ellas se observan , sino que 
ya en aquellas remotas edades dieron margen á la imagina- 
ción de los antiguos para personificar en las constelaciones 
á sus héroes y á sus dioses , á todo lo que querían presentar 
marcado con el sello de lo extraordinario , de lo sublime , de 
lo heroico, de lo divino. 

Desde que el anteojo y el telescopio estrecharon las dis- 
tancias ensanchando á la vez los horizontes, y presentaron 
á la vista del observador objetos nunca imaginados en los 
siglos anteriores; desde que á través de las lentes nos hi- 
cieron penetrar con la mirada más allá de lo que se había 
creído impenetrable y cristalma bóveda celeste, las mara- 
villas del universo aparecieron en todo su esplendor y mag- 
nificencia , multiplicándose en número á medida que el poder 
del anteojo crecía y se multiplicaba. La misteriosa Vía Lác- 
tea, el camino de Santiago para el vulgo español, la in- 
mensa faja de blanquecinas tintas que rodea al firmamento 

12 



178 ASTRONOMÍA 



y con él voltea sobre nuestras cabezas, dejó de ser un arca- 
no desde que la refracción de las lentes y de los prismas 
pusieron de manifiesto que todo era debido á la exorbitante 
acumulación de estrellas, más próximas á la Tierra unas, 
más lejanas otras, pero en su mayor número á inconmen- 
surables distancias separadas de nosotros, proyectadas to- 
das sobre el fondo azul de la bóveda que nos circunda. Pero- 
al mismo tiempo que tan precioso descubrimiento se reali- 
zaba, indicó el anteojo que más allá todavía, en el fondo 
del universo estelar, por encima de esas aglomeraciones 
sorprendentes, existían otras regiones que á través de las 
lentes aparecían como, mirada sin instrumentos, aparece 
la Vía Láctea. Se vio luego que los dilatados ámbitos del 
firmamento estaban sembrados además de las estrellas visi- 
bles y de las innumerables que sólo el telescopio distingue, 
de otros mil y mil puntos luminosos semejantes á las tenues 
nubccillas que en días de verano vense aparecer y luego di- 
siparse, para reaparecer otra vez en las altas regiones de 
nuestra atmósfera. 

La analogía, antes que un conocimiento completo y cien- 
tífico del fenómeno descubierto, condujo á los astrónomos 
á las siguientes hipotéticas afirmaciones. Esas nubecillas 
de los espacios interestelares, esas regiones sumamente le- 
janas que parecen hallarse invadidas por materia cósmica 
y de aspecto vaporoso, deben de ser, ni más ni menos, que 
vías lácteas de otros mundos, parecidas á la nuestra; gru- 
pos más ó menos numerosos de soles tan lejanos de la Tie- 
rra, que, á pesar de la dispersión de las lentes, la vista no 
puede verlos distintos ni separados unos de otros. El uni- 
verso astronómico no es más que un conjunto de nebulosas, 
á una de las cuales pertenece el sistema solar, y dentro de 
la que se mueve con la Tierra y demás planetas. La agru-- 
pación general de los astros que la vista descubre en el fir- 
mamento sin el auxilo del telescopio, debe de tener una for- 
ma más ó menos lenticular: en su interior boga nuestro sis- 
tema, y desde la Tierra vemos las estrellas como de perfil 
y no de plano, respecto del conjunto. 

A medida que fué multiplicándose el poder de los ante- 



ASTRONOMÍA 179 



ojos, se observó que muchas de las nebulosas se resolvían, 
confirmándose estas hipótesis, en miriadas de estrellas; y 
que otras, por el contrario, permanecían en su aspecto ga- 
seiforme y vaporoso. Sólo dos hipótesis cabían ya respecto 
de la naturaleza y constitución de aquellas bandas de luz 
difusa. Ó bien todas eran conglomeraciones de astros dis- 
tintos y formados como los que se habían resuelto en estre- 
llas en el campo del anteojo, y sólo faltaba potencia disper- 
siva en éste para resolverlas, ó, además de las resueltas, 
había realmente nebulosas tales, sin condensar, formadas 
de materia enrarecida en estado de vapor gaseoso , etc. 

Cuidadosas y repetidas observaciones con instrumentos 
de día en día más perfectos y de mayor alcance, y sobre todo 
el análisis espectral, han resuelto la cuestión en harmonía 
con el último supuesto. Así, pues, las nebulosas celestes se 
han clasificado en resolubles y no resolubles. Pertenecen al 
primer grupo todas aquellas que, mediante el anteojo, se 
descomponen en astros distintos ; y además otras que no han 
sido descompuestas por falta de aumento en las lentes, y 
que sin embargo, á juzgar por lo que se ve mediante el pris- 
ma, no pueden estar formadas por materias gaseiformes ni 
vaporosas. El segundo grupo lo constituyen las nebulosas 
verdaderamente tales, que, además de no desdoblarse, ma- 
nifiestan, con caracteres indelebles, el estado de materia no 
condensada ni menos solidificada. De estas últimas, verda- 
deras nebulosas, las hay que presentan uno, dos ó más nú- 
cleos de condensación, gérmenes de nuevos soles que han 
de formarse con el transcurso de los siglos. Y siglos de siglos 
tardan en llegar á la Tierra los destellos de aquella luz tibia 
y suave ; jamás podemos observarlas en su estado actual. En 
algunas, el principio de condensación que se observa, quizá 
haya progresado lo bastante para que no debieran denomi- 
narse nebulosas verdaderas, sino enjambres de estrellas. 

No nos es posible ofrecer aquí ni la más sucinta descrip- 
ción de las nebulosas hasta hoy descubiertas, porque su nú- 
mero es ya muy conocido en los catálogos, y porque no con- 
tamos con espacio ni tiempo bastantes; y en fin, porque el 
mejor medio para darlas á conocer, siquiera en su aspecto 



180 ASTRONOMÍA 



exterior, sería acompañando la descripción con su corres- 
pondiente dibujo. Tampoco contamos con este precioso re- 
curso. Indicaremos, pues, la posición y la forma general de 
algunas de las más principales solamente. 

De las que como verdaderas nebulosas se presentan á 
simple vista ó en anteojos de poco aumento, pero que, sin 
embargo, en los de mayor potencia aparecen descompues- 
tas en miriadas de estrellas, además de las distintas regio- 
nes de la Vía Láctea, pueden observarse como dignos de 
especial mención dos numerosísimos grupos en el hemisferio 
Sur: uno en la constelación del Centauro y otro en la de Tu- 
cán, ambas invisibles para nuestras latitudes. El primero 
de estos grupos es el más rico de estrellas que se ha ob- 
servado en el firmamento; el segundo, aunque menos nu- 
meroso, es más sorprendente, porque las regiones vecinas 
hállanse desprovistas de estrellas, resultando por lo mismo 
de un modo especial el enjambre de soles como solitario en 
las piofundidades del espacio. 

En el mismo hemisferio, en la constelación llamada la 
Cruz del Sur, existe otro grupo brillante, en donde se han 
contado hasta 110 estrellas, próximas las unas á las otras, 
ofreciendo la particularidad, notabilísima por el contraste, 
de haberlas de variados colores. El rojo rubí, el verde es- 
meralda, el azul del zafir con los vivos destellos del dia- 
mante más puro, forman allí la más bella combinación de 
colores, que constituye uno de tantos viistcrios naturales 
que la ciencia de los astros no ha explicado todavía. 

En el hemisferio Norte llaman poderosamente la atención 
del astrónomo el grupo de las Hyades, visible sin necesidad 
de anteojo en la constelación del Toro, así como las Pléya- 
des en la región cercana. Hay otro grupo en Cáncer, que á 
través de las lentes se desdobla en prodigioso número de 
mundos brillantes . y no menos notable que éstos es el grupo 
que se observa en Géminis, si bien no es tan rico como los 
que existen en Perseo y en la constelación de Hércules, por 
no citar también el precioso grupo situado en la constela- 
ción llamada Los Lebreles. 

El número de nebulosas propiamente dichas es muy ere- 



ASTROiNOMIA 181 



cido , como indicábamos más arriba , y se hallan diseminadas 
en el firmamento con bastante irregularidad, habiendo re- 
giones en que abundan más las estrellas de segunda y de 
tercera magnitud, mientras en otras partes no se descubre 
indicios siquiera de nebulosidad. Hace ciento setenta y ocho 
años, Halley sólo conocía seis de estas nubéculas blanquí- 
simas; mas, con el auxilio de su gran telescopio, ya Hers- 
chel examinó en su tiempo y catalogó hasta 1.500. La pri- 
mera que se conoció, señalada en lul2 por Simón Mario, 
hállase en la constelación de Andrómeda. Tiene la forma de 
una elipse muy prolongada, y mejor la de un cigarro, ó 
como dos conos muy estrechos unidos por las bases. El mis- 
mo Simón Mario comparó esta nebulosa, que cuando la at- 
mósfera está despejada se distingue á simple vista, á la lla- 
ma de una bujía mirada á través de una lámina diáfana y no 
transparente del todo, como un cristal deslustrado ó como 
una lámina delgada de asta ó cuerno, según decía Mario. 
Con anteojos de los de más potencia desaparece la íorma 
regular de esta nebulosa, apareciendo, próximas al eje cen- 
tral , líneas obscuras y grupos de estrellas en que el astró- 
nomo Hond ha contado hasta 1.500. El resto no ha podido 
resolverse, y el análisis espectral demuestra que tampoco es 
gaseoso. Sin duda toda ella no es más que una aglomeración 
inmensa de astros, inmensamente distantes de nosotros, y 
que los anteojos no han podido desdoblar todavía. 

En la constelación Virgo, y con anteojo de regular al- 
cance, son muchas las nebulosas que se descubren. Otra se 
observa en Leo, elíptica ó fusiforme en general, como la 
de Andrómeda, aunque con los extremos más estrechos y 
casi en punta afilada. El anillo central lo forman otros va- 
rios retorcidos en espiras; los bordes laterales en toda la 
longitud de la nebulosa aparecen aserrados como una de 
esas lanzas de nuestros igorrotes de Filipinas, en forma 
de saeta múltiple. Mejor acaso se asemejaría esta singular 
nebulosa á la espina dorsal de un pez. Más notable es aún 
la nebulosa que existe en la constelación de los Perros de 
caza, por su figura, en espirales también, con un centro en 
que convergen, por su mayor extensión, por proyectarse 



182 ASTRONOMÍA 



sobre ella multitud de estrellas de diversas magnitudes. No 
todas las espirales están igualmente iluminadas: hacia lo'; 
bordes externos del conjunto, y en la terminación de una do 
estas espiras , hay un foco de condensación intensa , casi tan 
marcado como el que sirve de centro principal á toda la ne- 
bulosa. 

Por su forma y aspecto globular en el centro; por las 
numerosas ramificaciones que de el arrancan , como los bra- 
zos de un pulpo más ó menos encorvados; por los múltiples 
puntos de condensación que presenta, además del núcleo 
central, es acaso más digna de atención que la anterior la 
nebulosa espiral de la constelación Cefee. Su figura general 
tiene algunos puntos de analogía con uno de esos arácnidos 
vellosos que viven en los campos, y que algunos confunden 
con la verdadera tarántula. Kn la misma Vía Láctea, y en la 
región denominada Escudo de Sobieski, obsérvase otra ne- 
bulosa que tiene parecido con la letra griega íi (omcga ma- 
yúscula) algún tanto deformada. 

Kn el Toro se puede admirar asimismo la Crab nébula ó 
nebulosa del Cangrejo, por su semejanza con este crustáceo. 
Quien haya visto, á través del microscopio, el arador de la 
sarna, se formará una idea más exacta de la figura general 
de esta nebulosa, mirada en el campo del anteojo. 

Pero la que se presenta con caracteres excepcionales, 
sorprendentes, como si perteneciera en realidad á un mun- 
do nuevo completamente desconocido, es la gran nebulosa 
de Orion, cerca de la estrella conocida con el nombre de 
la Empuñadura y Cruz de la Espada de Orion. 

Aunque el espectro de las nebulosas es muy débil, ha 
servido, no obstante, para reconocer en muchas de ellas el 
estado gaseoso en ignición, y para determinar alguno de 
sus componentes, como el hidrógeno y el ázoe. La forma en 
espiral que muchas presentan, indica que aquellas masas 
vaporosas están dotadas de un movimiento de rotación, 
quizá rapidísimo, pero cuya velocidad no podemos apreciar 
á una distancia inconmensurable. A pesar de estas distan- 
cias, ocupan grandes extensiones; lo que indic«, al mismo 
tiempo, que el espacio que abarca una nebulosa es también 



ASTRONOMÍA 183 



inmenso. En muchas, como ya queda dicho, se observan 
puntos de materia más condensada que en lo restante, y esto 
ha motivado la opinión, por todos admitida, de que cada 
nebulosa es un sistema de astros que se está formando, ó 
que, por lo menos, en estado de formación se hallaba cuan- 
do de ella partieron las vibraciones luminosas que en la épo- 
ca actual llegan á la Tierra; pues, según hicimos notar an- 
tes de ahora, no hay que perder de vista los dilatados siglos 
que necesita la luz para transmitirse hasta nosotros, sal- 
vando distancias que, por no tener expresiones aritméticas 
que puedan representarlas, se llaman intinitas. 

La consideración de las nebulosas celestes dio margen 
á Laplace para formular su célebre sistema acerca de la for- 
mación del mundo solar y planetario; idea grandiosa, en ver- 
dad, aunque no pase de una mera hipótesis. San Agustín, 
Obispo de Hipona, había indicado la misma idea respecto 
de la formación de los mundos después de la creación de la 
materia primordial. Aquel gran genio africano descubrió de 
un modo intuitivo lo que el anteojo había de manifestarnos 
catorce ó quince siglos después. A pesar de estos descubri- 
mientos, sin duda alguna importantes y transcendentales 
para la ciencia astronómica, ¡cuántas sombras, cuántos 
puntos obscuros existen todavía en el mundo de los astros! 
¡Qué rico en misterios se presenta el universo creado, y cuan 
pequeño es el hombre para darse cuenta exacta de tanta y 
tan misteriosa riqueza! 

fR. ^NQEL JlODRÍQÜEZ, 
O. S. A. 



•■— ^ 



Influencia de la Mujer 

EN LA FAMILIA CRISTIANA ") 



\' 




AFILEMOS ahora de la influencia de la mujer cristiana 
en el bienestar material de la familia. Sabido es 
que la felicidad doméstica depende en parte del 
desahogo y de las comodidades materiales con que se viva; 
porque la pobreza, si no es la voluntaria, no reporta ventaja 
alguna. Por esa razón pedía á Dios el Santo Rey David que 
le diese una decorosa medianía, librándole de la pobreza que 
ahoga el corazón en cuidados congojosos, y también de la 
riqueza excesiva y exorbitante que hace al hombre olvidar- 
se de los verdaderos bienes de la otra vida, y es ocasión de 
muchos vicios por la facilidad de satisfacerlos. No consiste, 
por consiguiente, la felicidad material de una familia en po- 
seer cuantiosos bienes de fortuna, sino en tener lo necesario 
y útil bien administrado. La insaciable codicia y la prodiga- 
lidad dispendiosa se oponen igualmente, aunque por cami- 
nos contrarios, á los fines naturales de la sociedad domésti- 
ca. Cuando los criados son infieles, sin que nadie les vaya A 
la mano; cuando se apodera de una familia el insensato afán 



(1) \'éase la página 115. 



INFLUENCIA DE LA MUJER EN LA FAMILIA CRISTIANA 185 

del lujo incompatible con sus recursos y su posición, que 
trae en pos de sí la miseria como funesto y lógico resultado; 
ó cuando, en sentido opuesto, se trata de amontonar el oro 
antes que de invertirlo convenientemente, señal es de que 
no anda por medio la mano de una mujer previsora, honesta 
y hacendosa. 

A este propósito, nada más oportuno que repetir lo que 
dice el Espíritu Santo, por boca del sabio Rey Salomón, en el 
capítulo XXXI de los Proverbios. Todo él es un elogio entu- 
siasta y admirable de la mujer fuerte, en el cual se ensalzan 
su prodigiosa actividad, su buen sentido práctico y sus in- 
estimables dotes de gobierno. Procuraré, pues, fundar mis 
palabras en las del sagrado texto, aprovechando también las 
observaciones atinadísimas que sobre él hace el insigne 
Fr. Luis de León. 

Comienza el autor de los Proverbios su panegírico de la 
mujer fuerte de un modo muy singular, puesto que pregun- 
ta "dónde podrá hallarse^ (1), como si dudara de su exis- 
tencia; y, sin embargo, la aíirma á continuación al señalar las 
hermosas cualidades que adornan á su heroína. Dice que su 
precio es incalculable', como lo es el de las piedras precio- 
sas que se traen de lejanas tierras; y, concretando algo el 
sentido de sus palabras, añade que "es como la nave de un 
opulento mercader que trae de muy lejos el sustento^ (2). 

El Maestro Fr. Luis de León comenta admirablemente 
este pasaje en su obra arriba citada, diciendo: "Y ansí la 
mujer hacendosa estando asentada no para, durmiendo 
vela, y ociosa trabaja, y cuasi sin sentir cómo ó de qué 
manera , se hace rica. Visto habrá Vmd. alguna mujer como 
ésta, y dentro de su casa debe haber no pequeño ejemplo de 



(1) Midieron fortem quis invenieí? En vez de la palabra fuerte , 
que emplea la Vulgata, se halla en el original hebreo S'^n háil , que 
significa una mujer enriquecida con todos los dones de naturaleza y 
gracia. Así, lo mismo puede s^v fuerte que hermosa, buena, rica, etc. 
La Biblia Ferrariense , traducida por los judíos españoles en el si- 
glo XV, cuya transcripción aljamiada tengo á la vista, emplea la pa- 
labra Dnai37"'5 ) virtuosa. 

•y2) Facta est quasi navis institoris, de longe portan<^ paneni 
suum. 



186 INFLUENCIA DE LA MUJER EN LA FAMILIA CRISTIANA 



aquesta virtud. Pero si no quiere acordarse de sí, y quiere 
ver con cuánta propiedad, y verdad es nao la casera, ponga 
delante de los ojos una mujer que rodea su casa, y que de 
lo que en ella paresce perdido, hace dinero, y compra lana, 
y lino, y junta con sus criadas, lo adereza y lo labra; y verá 
que estándose sentada con sus mujeres volteando el huso 
en la mano, y contando consejas, como la nave, que sin pa- 
rescer que se muda, va navegando, como sin menearse, la 
obra, se teje la tela, y se labra el paño, y se acaban las ri- 
cas labores; y cuando menos pensamos, llenas las velas de 
prosperidad, entra esta nave en el puerto, y comienza á des- 
plegar sus riquezas, y sale de allí el abri^m para los criados, 
y el vestido para los hijos, y las galas suyas, y los arreos 
para su marido, y las camas ricamente labradas, y los ata- 
víos para las paredes y salas, y los labrados hermosos, y el 
abastecimiento de todas las alhajas de casa que es un tesoro 
sin suelo^. 

Continúa el rey Salomón exponiendo las prendas y dotes 
de la buena madre de familia, y dice: "Se levanta cuando 
aun es de noche, y distribuye la ración á sus domésticos y el 
alimento á sus criadas^ (1). La mujer hacendosa, la que gus- 
ta de cumplir con sus obligaciones de ama de casa, y desea 
que todo marche en ella con orden y concierto, procura 
imitar en esto al modelo que aquí describe el Espíritu San- 
to. Muy de mafiana levántase diligente á dar órdenes sobre 
lo que ha de hacerse en aquel día; y conociendo que más 
puede lograr con su presencia que con las manos, atiende 
especialmente á inspeccionar de cerca cuanto ejecutan sus 
criados. "Mucho se engañan, dice Fr. Luis de León, lasque 
piensan que mientras ellas, cuya es la casa y á quien pro- 
piamente toca el bien y el mal della, duermen y se descui- 
dan, cuidará y velará la criada, que no le toca, y que al fin 
lo mirk todo como ajeno... V demás desto del cuidado del 
ama aprenden las criadas á ser cuidadosas; y no osan tener 
en poco aquello en que ven que se emplea la diligencia y el 



(1) De nocte >nrrexit, deditque príedam domesticis suis et ciburia 
ancillis suis. 



INFLUENCIA DE LA MUJER EN LA FAMILIA CRISTIANA 187 

mandamiento de su señora; y como conoscen que su vista 
y provisión della se extiende por todo, parésceies, y con ra- 
zón, que en todo cuanto hacen la tienen por testigo y pre- 
sente; y ansí se animan, no sólo á tratar con fidelidad sus 
obras 3' oficios, sino también á aventajarse señaladamente 
en ellos. Y ansí cresceel bien como espuma, y se mejora la 
hacienda, y reina el concierto, y va desterrado el enojo. „ 

indudablemente, la mujer que cuida con esmero de todo 
lo que pertenece á su casa, verá entrar la abundancia por 
sus puertas, y con la abundancia el sosieo^o y la felicidad. 
Uno de los pensamientos que más atormentan Á los padres 
de familia, es el temor de que sus hijos se queden en este 
mundo mal provistos de lo que han menester para satisfacer 
sus necesidades; pero este temor desaparecerá con la buena 
administración de una mujer virtuosa y diligente. Por esa 
razón, jamás he llegado á comprender la conducta de algu- 
nos maridos que se reservan la dirección de los asuntos eco- 
nómicos de la familia, siendo así que, de ley ordinaria y de- 
jando aparte los casos excepcionales, la mujer tiene el ins- 
tinto del ahorro y sabe acomodarse sin esfuerzo á las minu- 
ciosas atenciones del régimen doméstico, que para el hom- 
bre resultan enojosas, distrayéndole de otras más elevadas 
y más propias de su sexo. La Sagrada Escritura nos dice 
"que la mujer es como una parra cargada de fruto, pegada 
á las paredes de la casa„ (1). El varón que ha logrado la 
dicha de hallar una esposa verdaderamente cristiana, posee 
un tesoro inestimable. Confíe en ella, no le escatime ninguno 
de los derechos que le corresponden, y pasará sus días tran- 
quilos, y su familia no se verá en necesidad (2). 

Si se me objeta que son muy pocas las mujeres parecidas 
á la que retrata Salomón, yo observaré que no ha de redu- 
cirse este número tanto como se cree ordinariamente, y que 
la influencia de una madre en el hogar doméstico es menos 
ostensible que la del varón, pero no menos poderosa ni me- 



(í) üxor tua sicut vitis abundans in lateribus domus tuce. (Sal- 
mo 127.) 

(2) Confidit in ea cor viri sui, et spoliis non indigebit. (Prover- 
bio XXXI.) 



188 INFLUENCIA DE LA MU lER EN LA FAMILIA CRISTIANA 

nos benéfica. Además, si la mujer no se acomoda hoy al tipo 
que le señaló el Espíritu Santo, no es por falta de aptitudes 
en ella, sino por la deplorable educación que recibe; porque 
desde un principio se le suele enseñar, más bien que el cum- 
plimiento de sus obligaciones, el arte de la frivolidad mun- 
dana, encaminado á satisfacer propios y ajenos caprichos; 
porque los ejemplos que ve, y las lecciones que llegan á sus 
oídos, acaban por extraviar su inteligencia, apartándola de 
todo pensamiento serio, si es que á la vez no corrompen su 
corazón. La materia que tocamos es tan delicada y trans- 
cendental, que bien merece un estudio aparte y harto más , 
extenso de lo que permite la índole de este trabajo. 



\'\ 



Cuentan que, preguntado Agesilao acerca de lo que de- 
bía enseñarse á los jóvenes, respondió: "Lo que han de ha- 
cer cuando sean mayores„. Este dicho de aquel filósofo pa- 
recerá, si se quiere, trivial y poco ingenioso, pero nadie se 
atreverá á negar que sea muy práctico. Aquel que se dedica 
á un oficio ó profesión cualquiera, necesita instruirse en las 
reglas ó principios de que, andando el tiempo, se verá en la 
precisión de hacer uso: nunca deben olvidar este axioma los 
que toman á su cargo la educación de la juventud, ni los pa- 
dres de familia respecto de sus hijos. Por lo que hace á la 
mujer, es, sin duda alguna, de excepcional importancia el 
que desde los primeros años comience á aprender lo conve- 
niente á su sexo, á su posición social y á sus futuras obliga- 
ciones. De ahí que los más grandes Santos y los más ilus- 
tres pensadores hayan consagrado sus esfuerzos á la solu- 
ción de este gravísimo problema, en el que se comprenden 
muchos otros relativos al progreso y á la felicidad de todo 
el género humano. 

El Apóstol de las Gentes, á pesar de hallarse agobiado 
con el peso del sublime ministerio que Dios le había confia- 
do, jamás se olvidó, al escribir sus admirables Epístolas, de 



INFLUENCIA DE LA MUJER EN LA FAMILIA CRISTIANA 189 



consagrar buena parte de ellas á la educación é instrucción 
de las mujeres. Persuadido íntimamente de la importancia 
grandísima de la mujer para la propagación y sostenimien- 
to del Cristianismo, interésase grandemente por el perfec- 
cionamiento de la misma, y la prescribe reglas de conducta 
inspiradas por la más alta sabiduría, á fin de que le sirvan 
de guía en sus tres estados de virgen, de esposa y de viuda. 
A ejemplo de San Pablo, todos ó casi todos los Santos 
Padres, tanto los de la Iglesia griega como los de la latina, 
se dedicaron con un cuidado especial á educar y perfeccio- 
nar á la mujer, creyendo firmemente que no había otro ca- 
mino más breve y eficaz para conseguir la reforma del mun- 
do. .Sobre esta base, y como si se hubiesen convenido, tra- 
bajaron sin cesar Tertuliano, Clemente de Alejandría, San 
Cipriano y San Agustín en África, San Jerónimo en Pales- 
tina, San Juan Crisóstomo, San Gregorio Magno y San Am- 
brosio en Europa, todos con el mismo fin y análogos proce- 
dimientos. En tiempos más cercanos á nosotros, tampoco han 
faltado escritores, muchos de ellos santos, que continuaran 
la obra de aquellos grandes maestros: Luis Vives, Fenelón, 
Bossuet y .San Francisco de Sales han escrito algunas de sus 
mejores obras inspirados por el deseo de educar como con- 
viene á la mujer cristiana. 

Por desgracia, hoy parece que se han olvidado los sabios 
preceptos de los autores que acabamos de mencionar; hoy 
se confía todo al cuidado de maestras ó institutrices, que 
suelen ocupar la actividad de sus alumnas en lo que menos 
les interesa. Incalculables y funestísimos han de ser y están 
siendo, como vemos por la experiencia cuotidiana, los resul- 
tados del sistema comunmente empleado en la actualidad 
para la educación de la mujer; sistema en que se pospone lo 
necesario á lo ostentoso y aparente, lo útil á lo superfluo, lo 
que sólo puede considerarse como una habilidad más ó me- 
nos apreciable á lo que constituye una obligación imperiosa, 
dictada por la misma naturaleza. 

¡ Cuántas jóvenes llegan así á la edad de tomar estado sin 
tener idea de cómo se gobierna una casa, necesitando del 
servicio ajeno para todas las labores de la misma ! ¿Bastarán 



190 INFLUENCIA DE LA MUJER EN LA FAMILl \ CRISTIANA 

á compensar esta vergonzosa ijE^norancia los conocimientos 
musicales ó el dominio de aií^ún idioma extranjero, que sólo 
les sirven de ordinario para lisonjear su vanidad, para lucir 
en los salones y conquistar efímeros aplausos? 

El buen sentido, la moral cristiana y la tradición de 
nuestros mayores reprueban de consuno la inania insensata 
de encaminar todas las facultades, todos los actos de la mu- 
jer, al fin único exclusivo de agradar á los demás, y nos ha- 
cen comprender que de este modo se la rebaja indignamen- 
te, se la incapacita para cumplir con sus altísimos destinos, 
y tal vez se inicia un retroceso hacia las ominosas costum- 
bres del sensualismo pagano, que convertían á la compañera 
del hombre en instrumento de placer y de capricho. 

¡Cuíín lejos estamos de aquellos días en que los Santos 
Padres, columnas firmísimas de la Iglesia Católica, dedica- 
ban á las mujeres sus tratados teológicos y escriturarios; 
en que, al mismo tiempo que luchaban acérrimamente con 
los herejes, no se desdeñaban de cuidar de la educación de 
las niñas, como hizo San Jerónimo con la virtuosísima 
Paula, y San Agustín con la angelical Demetriades! 

Conocían muy bien esos hombres extraordinarios la im- 
portancia capital del asunto, y por eso, sin duda, consagra- 
ron gran parte de su vida á dirigir, por el camino de la vir- 
tud, el corazón y la inteligencia de la mujer. iNo podían ol- 
vidar la mayor parte de ellos que habían sido fruto de los 
cuidados ó de las lágrimas de sus virtuosísimas madres, y 
así apreciaban en todo su valor las dotes admirables de la 
mujer dentro del hogar doméstico. 

Esto mismo debe inculcarse hoy á los padres de familia 
en primer lugar, y después á cuantas personas tienen á su 
cargo la educación de la mujer. Se necesita, ante todo, lo- 
grar que comprenda su altísima misión en el mundo; elevar 
su espíritu creando en él hábitos de piedad sincera, de vir- 
tud sólida y á prueba de contradicciones; é instruirla con- 
venientemente, guardando el orden lógico y natural entre 
los conocimientos imprescindibles, los útiles y los depuro 
adorno, sin dar á los últimos una preferencia injustificada. 
Habrá de comenzarse, pues, por la educación moral de 



INFLI'ENCIA DE LA MUJER EN LA FAMILL^ CRISTIANA 191 

la mujer, enseñándola al mismo tiempo á practicar las labo- 
res domésticas, desde las más fáciles hasta las más compli- 
cadas. Puede y debe servir de complemento á tales ense- 
ñanzas la de carácter literario, en la cual no hay nada tan 
preciso como el hablar y escribir correctamente la lengua 
natural y propia, que con frecuencia se olvida por aprender 
las extranjeras. En cuanto á la educación artística, no pasa 
de ser, en la mayor parte de los casos, un lujo estéril y cos- 
toso, ya porque se le dedica largo espacio de tiempo, sin 
alcanzar resultados superiores á los de una tolerable media- 
nía, ya porque las tareas que trae consiíjo el matrimonio 
impiden á las mujeres continuar sus estudios de música, de 
pintura, etc. 

El destino de una buena madre de familia no ha de bus- 
carse fuera de los sagrados muros del hogar, en los cuales 
viene á ser ella como un astro que sólo tiene el movimiento 
de rotación, pero que hace sentir de lejos su influencia, por- 
que todo lo alumbra, hermosea y fecundiza. Sus aspiracio- 
nes deben reducirse á labrar la felicidad de su familia, y de 
esta manera logrará las bendiciones de sus hijos y el amor 
y las alabanzas de su esposo. Sitrrexeriint filii ejiís et bea- 
tisimat)i pradicavertifít, vir ejus et laudavit eam. Tal es 
la verdadera gloria de la mujer; y para que algún día llegue 
á conseguir ese fin, se necesita que la educación utilice y 
perfeccione anteriormente las cualidades con que ha enri- 
quecido la naturaleza al sexo femenino. 

Arduo es el empeño, á la verdad, pero merecedor de to- 
dos los afanes y sacrificios. La Sagrada Escritura parece 
agotar los elogios que pueden hacerse de una persona cuan- 
do habla de la mujer virtuosa. "La bondad de la mujer, 
dice, hace al hombre bueno y feliz y duplica los años de su 
vida„ (1). "¡Oh, qué rica herencia es tener una mujer bue- 
na! Ésta será la mejor recompensa que pueda hacerse al va- 
rón en este mundo por sus buenas obras^ (2'. "El hombre 



(1) Mnlieris honce heatiis vir: ttumerus annorum illiiis dúplex. 
(Eccl , xxvn.) 

(2) Pars bona mulierbona: dabitur viro pro f aclis bonis. Clb. xxvi.) 



192 INFLUENCIA DE LA MUJER EN LA FAMILIA CRISTIANA 

que tiene la dicha de encontrar una mujer buena, ha hallado 
el verdadero bien ; el cual le proporcionará un gozo cumpli- 
do en el Señor„ (1). 

En cambio, mientras la mujer no sepa elevarse á las al- 
turas de la perfección moral, ni practicar el bien haciéndolo 
amable para todos, carecerá del medio más seguro para te- 
ner ascendiente sobre su esposo. Mientras no haya millones 
de madres que digan de todo corazón á sus hijos lo que Doña 
Blanca de Castilla á San Luis: "más quisiera verte muerto 
entre mis brazos, que ver afeada tu alma con un pecado 
mortal„, las familias y la sociedad entera se encontrarán 
todavía lejos de conseguir plenamente sus destinos, y expe- 
rimentarán los mismos males que hoy las afligen. Dios, que 
puede remediarlos, prepara sin duda en esta empresa una 
parte muy principal y muy espléndidos triunfos al heroísmo 
de la mujer cristiana. 



(1) Qui iHvenit mulieretn bomim, iniemí bonutn, «7 hatiriet ju- 
cuuditatcni a Domino. (Ib., xviii.) 

fR. féHX pÉREZ-^QUADO, 
o. S. A. 




ÜN MANUSCRITO DE MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORIAL 



(Apuntes para la historia del género orgánico en los siglos xvi, xvii y xvni.) 




|a aparición de un documento que contribuya á es- 
clarecer un punto cualquiera de la historia musi- 
cal española, es de suyo muy importante, por la es- 
casez de los datos que sobre esta materia poseemos. La es- 
cuela española ha tenido en los pasados sij^los representan- 
tes dignos en todos los diversos géneros del arte; mas, por 
desgracia, apenas son conocidas sus obras, sobre las cuales 
se han propalado innumerables errores, hasta el punto de 
que, para echarlos por tierra, ha sido necesario ofrecer una 
documentación completísima, formada á costa de inmensos 
trabajos, y presentarla al fallo imparcial de todo el mundo. 
Hasta ahora van saliendo con grandísimo honor, de esta em- 
peñada lid, nombres cuyo mérito era juzgado no hace mu- 
cho con desconfianza suma; pero quedan otros que, á pesar 
de las extraordinarias alabanzas de sus contemporáneos, ni 
han merecido ni merecen hoy la atención del historiador 
por el solo delito... de no existir un alma caritativa que dé 
á conocer las producciones de su ingenio. 

Eslava ejerció el primero una obra de misericordia in- 
mensa al publicar la' Lira Sacro-hispana; Pedrell, con su 

13 



194 UN MANUSCRITO DK MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORIAL 

Hispanice schola musica sacra, le supera en generosidad; 
pero ni aquél logró hacer perfecto su trabajo, ni éste lo con- 
seguirá tampoco, porque no es acción de uno, sino de mu- 
chos, la de remediar esta gran necesidad. En cada Catedral, 
encada Cologiata, existe tal vez. en los archivos de música, 
sepultado un compositor de mérito; es necesario resucitarle 
y presentar á la generación presente esa falange descono- 
cida de artistas, para ejemplo y estímulo de todos. Los maes- 
tros de capilla son los encargados de sacar del olvido y obs- 
curidad A esos ilustres muertos, llevando á cabo una em- 
presa tan benemérita como patriótica. Hasta entonces, la 
restauración de la historia artística nacional y del mismo 
arte es un sueño irrealizable (1). 

Nosotros, sin pretender descubrir playas desconocidas, 
sin ambicionar un puesto al lado de nuestros restauradores, 
queremos llevar, hoy que el abandono más lamentable es lo 
común y corriente, un grano de arena á esa obra gigantes- 
ca, y lo hacemos ¡pásmese el lector! con el /udice anotado 
de un libro viejo. Para aquellos que no padecen achaques 
bibliográíicos, esto será de seguro un cúmulo de imperti- 
nencias; mas para los amantes de la historia del arte musi- 
cal espafíol, que afortunadamente cuenta en la actualidad 
con cultivadores de valía, estamos seguros de que nuestro 
humilde trabajo ha de resultar interesante y agradable. 

Se trata, pues, de un manuscrito de principios del siglo 
pasado, que contiene una colección de composiciones del 
género orgánico, pertenecientes en su mayor parte á los si- 
glos XVI y XVII. He aquí sus señas bibliogríTíicas: el libro 
presenta indicios de haber estado encuadernado; le faltan 
las primeras y últimas páginas, y consta de 106 hojas, fo- 
liadas sólo por un lado y en época posterior; la copia es 
de principio ó mediados del siglo xviii, y está signado: 



(1 ) Va que hablamos de la (jlacial indiferencia con que en el día son 
mirados esos trabajos, es deber nuestro señalar una honrosísima ex- 
cepción . En 1888 se publicaron, á e.xpensas del Estado, las Obras esco- 
gidas de Juan Bautista Comes, coleccionadas por D. Juan Bautista 
Guzmán, digno maestro de capilla en Valencia, y actualmente monje 
benedictino. 



UN MANUSCRITO DE MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORIAL l'^f) 

56-Plut.'67-ñ. ArcJiivo Vicarial. Toda la música se halla 
escrita en tres, cuatro ó más pentagramas al uso de aquel 
tiempo, y según las voces ó partes harmónicas á que están 
compuestas las piezas respectivas. 

Por lo que se ve, el libro ha estado, y no hace mucho, en 
otras manos: ¿se contentarían con ponerle la signatura y fo- 
liarlo? Y al hacer esto, ¿no llamarían la atención los nom- 
bres que hoja tras hoja iban apareciendo, y sobre todo los 
de Clavijo y Peraza? Lo ignoramos. De todos modos, escri- 
bimos las presentes líneas con el temorcillo de dar á cono- 
cer lo que otros quizá se tenían muy sabido; pero ahí van, 
sobradas de noticias y sin omitir nada de lo que contiene el 
curioso mamotreto. 

Empezamos, pues, su descripción siguiendo el orden cro- 
nológico en cuanto sea posible, ateniéndonos al nombre de 
los compositores y según lo indican la hechura y gusto de 
sus diversas composiciones. Sea, pues, la primera: 

V¥.R\z\.— Medio registro alto /.'\ tono de I^edraza. 

(Fol.21.) 

Este apellido está escrito dos veces; en la primera se en- 
cuentran enmendadas las letras intermedias desde la ^ á la 3, 
y escrita encima con tinta diferente la sílaba dra; pero, 
Vesultando poco clara la lectura, volvieron á escribir á con- 
tinuación así: de Pedrasa. Fijándose mucho en los rasgos 
de lo primeramente escrito, visibles aún bajo la enmienda 
practicada, y teniendo en cuenta el espacio ocupado por las 
letras del primer apellido, se ve que allí indudablemente de- 
cía : Perada. Esto por una parte, y la mucha semejanza exis- 
tente entre ambas, nos inclinó á creer éste obra del insigne 
organista Francisco de Peraza. 

Dos hermanos existieron de este apellido, Francisco y 
Jerónimo. Del último no registra la historia más hechos que 
el de haber costeado la lápida sepulcral para Francisco; de 
éste, más aventajado en la música, y una notabilidad en el 
órgano, dejó Pacheco, en su Descripción de verdaderos re- 



1% UN MANUSCRITO DE MÚSICA DEL AKCHIVO DEL ESCORIAL 

tratos, uno tan minucioso en detalles y con tan delicados 
perfiles, que es imposible confundirle con ningún otro. Dice 
así(l): 

"... El Racionero Francisco Peraza, excelente Músico de 
Órgano, de mucha invención y caudal y singular en el modo 
de tocar (á quien unos dan por patria á Sevilla, otros á To- 
ledo), fué natural de Salamanca, de gente más honrada que 
rica. Vinieron á esta ciudad sus padres desde Valencia, don- 
de vivían en servicio del Duque de Calabria, líran músicos 
ambos y el padre gran chiriniia: criáronse en esta ciudad 
(Sevilla) él y sus hermanos, y todos fueron famosos en la 
música en diferentes instrumentos... Pero aventajóse tanto 
el gran Francisco F^eraza en la inteligencia déla tecla... que 
en verdad le podemos llamar Padre y .Maestro de esta arte. 
Vivían todos en Toledo, cuando nuestro Peraza, crecido de 
diez y ocho afios. y el menor de sus hermanos, se vino á opo- 
ner á la ración de organista de Sevilla, con los mayores hom- 
bres de su tiempo: cuyo examen por ser muy entendido en 
la música, se halló el ilustrísimo Cardenal D. Rodrigo de 
Castro... y habiendo visto que en la oposición el maestro de 
Capilla Francisco Guerrero daba á los opositores cosas muy 
dificultosas de música, á que apenas se ajustaban, y que lle- 
gando .1 Francisco Pera/.a hacía tantas diferencias sobre lo 
que Guerrero había pedido, que procedía en infinito con ad- 
miración de los circunstantes: juzgando que era gracia na- 
tural... sin más oposición hizo instancia en que se le diese la 
prebenda con más -()< > ducados de Fábrica y todos en Cabil- 
do unánimes votaron. 

„Fué tan insigne en su modo de tocar. . . que el gran Maes- 
tro Guerrero le obligaba á abrazarlo, á tomarle las manos 
y á querérselas besar; y lo mismo sucedía con Felipe Rugier 
(sic), Maestro de la Capilla del Rey Filipo segundo en Ma- 
drid: y ambos afirmaban que tenía un ángel en cada dedo 
También decía de él Pedro Bravo (gran músico de vigüela), 



(1) Libro de Descripción de verdaderos retratos, de Itlustresy Me- 
tnorables varones por francisco Pacheco. En Sevilta J5QQ.— Aquí 
no h.icemos sino el extracto de esta biografía, publicada en la //ws- 
tración Musiiat HispiinoAmcricana. Aiint. 16<S. 



VS MANUSCRITO DE MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORIAL 197 

que sólo Peraza era músico y los demás oficiales de Música. 
Era cosa maravillosa que en un instrumento tan imperfecto 
como el Monocordio, tañía con tanta excelencia y superio- 
ridad, que imitaba en él el tañido de la vigüela de Julio Se 
verino, excelente músico de ocho órdenes, y el mayor que 
se conoció en aquellos tiempos; y así mismo imitaba el ta- 
ñido de Juan Leonardo de la Harpa, que tomó su apellido 
de la excelencia que tenía en aquel instrumento ; imitaba los 
medios registros de vos hiDiiana, y tenor por tiple que se 
halla en todas las monturas de los órganos, siendo el pri- 
mer inventor de ellas, con tanta velocidad y destreza en las 
manos, que ejecutaba en el Monocordio cuanto se le ofre- 
cía á la fantasía. No sólo fué aventajado organista, pero 
gran compositor, y en su tiempo oscurecieron sus villanci- 
cos, changonetas, y motetes á cuanto componían los demás. 
Fué tan eminente en la tecla, que ningún discípulo suyo le 
pudo imitar con el aire, espíritu y profundidad de músico. 
Tocando siempre de tan buen gusto dos mil flores que in- 
ventó, de manera, que á él sólo debe España la gracia y 
primores en el órgano (,como á Felipe Rugier), las noveda- 
des gustosas, con la variedad de fugas largas, hasta él nun- 
ca vistas en Europa... Supo, como se ha dicho, la composi- 
ción de la música extremadamente y por excelencia el dis- 
poner la ordinación, á que llama el italiano tahnlatnr a (ci- 
fra), que es el fuste y nervio del gran tañer, mostrando en 
esto su raro ingenio y perpetuo estudio, de quien dicen to- 
dos que nunca se cansó y enfadó. Pero lo que más realzó 
á este insigne varón fueron las tales donairosas y los saine- 
tes agradables vestidos de tan lindo aire y selectas conso- 
nancias, que cuando oímos algún famoso organista la ma- 
yor alabanza que le damos es decir que parece al gran Pe- 
raza. Finalmente, fué tal su tañido, que como los curiosos, 
van á oir algún nuevo músico, no con menos deseo entraban 
á oir siempre. Donde los entendidos hallaban que advertir y 
admirar, y todos materia de infinitas alabanzas„. 

De modo que el joven organista sevillano se distinguía 
por su independencia y originalidad; pues no otra cosa sig- 
nifican la invención de las mixturas de órgano, el tocar de 



IPR UN MANUSCRITO DE MÚSICA DFL ARCHIVO DEL ESCORIAL 

tan buen gusto dos mil flores (floreos, glosas), la gracia y 
primores , las sales donairosas, y las novedades gustosas 
en el órgano, que á él sólo debe España. 

No pueden convenir mejor los informes dados por Pa- 
checo y los caracteres distintivos de esta composición. En 
ella, á los pocos compases, aparecen esas flores y glosas, 
verdadero atrevimiento en el siglo xvi, la invención indu- 
dablemente de Peraza; vuelven á reproducirse concertadas 
de diverso modo en los compases v<3 y 34, otra vez en el 44, 
en el 60 otra, repiti(?ndose, por último, del 67 hasta termi- 
nar. Que estos floreos y progresiones, con todos sus rasgos 
de mal gusto, y la dureza harmónica peculiar del arte del 
siglo XVI, habían de extrañar á todos al compararlos con 
el aire severo y hasta monótono del género orgánico co- 
rriente, y admirar á los compositores cuando, encerrados 
por los límites de hierro del artiflcio contrapuntístico, ape- 
nas se permitían salir de ellos sin temor de extraviarse por 
caminos no explorados, es natural para todo aquel que co- 
nozca los limitadísimos recursos de un arte en la primera 
(?poca de su desarrollo. La soltura y desembarazo en jugar 
con la melodía, que significaba además una destreza y agi- 
lidad rara en el organista; la manera de glosar con admi- 
rable gracia para aquel tiempo acompai'iamientos suma- 
mente sencillos, era lo singular, lo especialísimo de Peraza. 
Y á esto uniendo el esfuerzo y conato que pone en dar varie- 
dad al disef\o melódico, repetidos en cada frase y período 
de diversa manera, y el profundo conocimiento que poseía 
de todos los recursos del órgano, llegaremos á formarnos 
idea del papel importantísimo representado por el malo- 
grado organista de Sevilla, y del sumo interés de esta com- 
posición para la historia del género orgánico. 

Para concluir, diremos, con referencia á la vida del au- 
tor de esta pieza, que murió en la flor de su edad el 23 de 
Junio del año 1598, dejando ilustres discípulos (si bien nunca 
igualaron al maestro, como testifica Pacheco), muchos ad- 
miradores y un vacío inmenso en la Capilla Sevillana (1). Su 



(1) Francisco Pacheco. Ibid... "Y por decirlo todo en una palabra. 



UN MANUSCRITO DE MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORIAL 199 

cadáver fué sepultado "delante de la capilla de Nuestra Se- 
ñora de la Antigua, con un epitafio castellano en la piedra, 
que le puso su hermano para perpetua memoria„. Á Pache- 
co (1) no le pareció conveniente copiarle, aunque en su tiem- 
po existiría sin duda alguna, dejándonos en cambio otro la- 
tino hallado por él entre los papeles del maestro Francisco 
de Medina, y dice así: 

Hoc conditiis i'st stpitlchro Franciscus Peruc^ 

sitlmaticensis civitatis (i/ummts AlniíC Hispuleiisis 

ecclesiic portionarius. Ule musices decus, ariis quidem 

hinc inde mire solers, in pulsationibus vero prajstan- 

tissimus — Cujus memoria hoc marmoreum monumen- 

tum, suus frater Hieronimus Peraj^a , quondam 
almse Hispalensis ecclesifc nunc vero Toletana portio- 
narius fecit Dicavit. Obiit anno MDXCX'III 
XXllI die jun. 

I 

Reflexionando acerca del paradero délos restos del ilus- 
tre organista, ¿existirán actualmente en el mismo sitio y lu- 
gar que indica Pacheco? Bien merecía averiguarse, y el Ca- 
bildo de Sevilla y el dignísimo maestro que hoy ocupa su 
plaza no son los menos interesados en ello. 



Cla\1}0.— Tiento de 2.'' tono , f>ov Jesolrend , Clabijo. 

(Fol. 104, vers.) 

Sólo el título y el nombre del autor de este Tiento nos 
presentan una joya, y dan idea de la riqueza inmensa ence- 
rrada en el manuscrito cuyo índice hacemos. ¡Una compo- 



su lugar en el órgano no lo ha llegado á ocupar otro alguno, no sólo 
superior, pero ni igual. Aunque sus discípulos, por serlo, ocuparon 
las mejores de las iglesias de España y dos berberiscas, que lo fue- 
ron, llamadas los Alcázares, merecieron ser maestros de muchas 
monjas en el convento de esta ciudad. Llevóle Dios para sí (como es 
de creer de su virtuosa vida) en lo mejor de ella: habiendo servido á 
esta Santa Iglesia diez y seis años, á los treinta y cuatro de su edad, 
el de 1508. „ 
(1) Ibideni. 



200 UN MANLSCRITO DE MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORIAL 

sición de Clavijo! ¡Una obra del que más contribuyó, al 
decir de Eslava, al perfeccionamiento de la escuela orgíí- 
nica española! Es un hallazg^o precioso. 

Llorábanse perdidas las obras del insigne organista, á 
quien tan encomiásticas frases tributa el poeta español Vi- 
cente Espinel (1); pero entre la alegre sorpresa y entusias- 
mo causados por la aparición de una sola con este nombre 
á la cabeza, surgía, por lo raro del caso y la preciosidad 
misma del descubrimiento, la duda de haber existido otro 
Clavijo que amargase todas nuestras dulzuras. La verdad, 
que el incendio del Real Palacio, en 17;34, no es fundamento 
para dar por extraviadas las obras de Maestro de tan uni- 
versal fama y renombre, que debió formar numerosa escue- 
la, que explicó en Salamanca el divino arte, que fué orga- 
nista y maestro de Palacio, y que tantos admiradores tuvo. 
Pero contra el hecho de no aparecer ninguna , ;qu(í había 
de oponerse, sino débiles esperanzas? Y lo peor es. que la 
ausencia de sus obras nada decía en favor del celebrado 
maestro. 

Así pensábamos al leer, hace algunos años, por vez pri- 
mera las breves líneas dedicadas por Eslava á Clavijo. De 



(1) Relaciones de la vida del Escudero Aíarco'i de Ohregón.—Bi- 
blioteca de Autores Rspaftoles... Novelistas posteriores á Cervantes. 
Madrid , Rivadeneyra, 1851. (7?t7</íid;i 3.*, descanso .'x**^ "Tañíanse, 
dice, hablando de la casa de I). Antonio Londoña, en la cual habla 
siempre jauta de excelcntlsitnos músicos . vihuelas de arco con gran- 
de destreza, tecla, arpa, vihuela de mano, por excelentísimos hom- 
bres en todos los instrumentos. Movíanse cuestiones acerca del uso 
de esta ciencia, pero no se ponía en el extremo que estos días se ha 
puesto en casa del maestro Clavijo, donde ha habido junta de lomas 
granado y purificado deste divino, aunque mal premiado ejercicio 
juntábanse en el jardín de su casa el licenciado Gaspar de Torres, 
que en la verdad de herir la cuerda con aire y ciencia, acompañan- 
do la vihuela con gallardísimos pasajes de voz y garganta, llegó al 
extremo que se puede lles^ar; y otros muchos sujetos muy dignos de 
hacer mención de ellos. Pero llegado á oir al mismo maestro Clavijo 
en la tecla , á su hija Doña Bernardina en la arpa, y á Lucas de Matos 
en la vihuela de siete órdenes, imitándose los unos á los otros con 
gravísimos y no usados movimientos, es lo mejor que yo he oido en 
mi vida ; pero la niña , que ahora es monja en Santo Domingo el Real, 
es monstruo de naturaleza en la tecla y arpa.,. 



UN MANUSCRITO DE MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORIAL 201 



I 



las obras de Clavijo, nos decíamos, todas, y de éstas todos 
los ejemplares, ¿habían de estar archivados en Palacio, para 
que un fatalísimo incendio nos privara por completo de ellas? 
No parece muy verosímil. Si tantos fueron sus discípulos, 
¿había de llegar la ingratitud de éstos al extremo de no lle- 
var consigo ni una sola, como recuerdo de los días pasados 
bajo la dirección de tal maestro? Tampoco es creíble. Dos 
únicos recursos de apelación quedaban, á nuestro juicio: 
ó que lo del mérito notabilísimo de Clavijo era una filfa, 
ó que fué el más desgraciado de todos los desgraciados. 
Ni á uno ni á otro encontrábamos respuesta satisfactoria: 
la autoridad de Espinel, contemporáneo y testigo ocular, 
se imponía contra la primera; y lo segundo nos parecía una 
serie de casualidades tan lastimosas como inverosímiles. 
Pero entonces deplorábamos, de lejos, el descuido y negli- 
gencia grandísimos de los señores y duefios absolutos de los 
archivos de música en las Catedrales: hoy, que contempla- 
mos con nuestros propios ojos los desastrosos efectos de esa 
pereza é inacción inconcebibles, optamos por lo segundo, 
sin parecemos una... casualidad. 

Al fin apareció una obra del eminente maestro, tan cui- 
dadosamente trabajada y tiernamente sentida, que bastaría 
á inmortalizarle , y disipará seguramente cuantas sospechas 
y dudas se levantaran contra su mérito. Mas ¿cuáles son los 
fundamentos para afirmar que es del Clavijo del siglo xvi? 
El nombre de Clavijo, bien distintamente escrito, y la misma 
composición. Si nos piden mas pruebas, si nos exigen razo- 
nes más fuertes, aquí serán los sudores y las angustias para 
demostrar la genuinidad de una pieza perteneciente con 
toda evidencia á Clavijo, aunque desprovista de ese lujo de 
datos é indicios superfluos que á veces sólo sirven para en- 
marañar el asunto más claro. La historia del arte orgánico 
español registra el nombre de un solo Clavijo, que sepa- 
mos, de últimos del siglo xvi, profesor en Salamanca, orga- 
nista de Felipe III, y maestro después de su Real Capilla. 
El Tiento hallado pertenece á la misma época, como por sus 
composición, estructura y procedimientos contrapuntísticos 
en él usados se demuestra; además, no es de un Clavijo 



202 UN MANUSCRITO DE MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORIAL 

cualquiera (si otro pudiera haber existido): es de un Clavijo 
eminente, de un excelentísimo artista, de un maestro; y 
éste ;puede ser alguno diferente del alabado por Espinel? 
Hemos de decir que no, cuando tan luminosas pruebas con- 
vergen para probarlo. 

Entrando ahora en investigaciones de muy diverso or- 
den, hay no poco que discurrir y m.ls dudas que disipar 
acerca de la vida y hechos de Clavijo. En las precedentes 
líneas hemos señalado los honrosos cargos desempeñados 
por él en Salamanca y Madrid , tal y como Eslava , sin otros 
argumentos y razones que su honradísima palabra , lo cuen- 
ta; escasos datos, por cierto, y envueltos entre generalidades 
que nada dicen; pero ahí está Saldoni, algo más explícito y 
minucioso. He aquí lo que dice en el Diccionario bioí^rn- 
fico-bihliogyáfico de Efemérides de Músicos españoles (Ma- 
drid . Dubrull, laSO; t. ii. pág.37): "pEnKF.Ro.-Día l.^ 1626. 
Muere en Madrid el ilustre organista compositor Fr. Ber- 
nardo Clavijo. Los escritores contemporáneos le llamaban 
Maestro, por haber sido catedrático de .Música de la Uni- 
versidad de Salamanca antes de que fuera nombrado orga- 
nista y clavicordista de la corte, y también por haber pasa- 
do después á ser .Maestro de la Real Capilla. — .4 nuestro 
muy querido amigo Sr. Asenjo Barbieri {'."> Agosto) se debe 
el que sepamos el día , mes y año del fallecimiento de tan in- 
signe organista; pero también nosotros vamos á decir la 
fecha en que estuvo desempeñando la cátedra de Música de 
la Universidad de Salamanca, que nadie, antes que nos- 
otros, ha señalado. La estuvo, pues, regentando desde l.')94 
hasta el curso 16(>4 al 1605. Su antecesor en dicha plaza lo 
fué el célebre Salinas (13 Enero, tomo i), y el sucesor Fray 
Sebastián Vivanco. (Catálogo.) — Con referencia al insigne 
Espinel (24 Feorero, en este tomo), tenemos noticias suma- 
mente curiosas de Clavijo, que prueban de un modo induda- 
ble fué éste uno de los más celebrados músicos de su época„ . 

Como se ve, Saldoni copia á Eslava, añadiendo de pro- 
pio caudal, y de lo á él comunicado por Barbieri , tres datos 
importantísimos; pero como no aduce más testimonios en 
comprobación que su nunca desmentida hombría de bien. 



UN MANUSCRITO DE MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORIAL '203 



y no siendo este criterio aceptable en materias de Historia 
cuando se encuentran á respetable distancia del historiador, 
nos permitiremos poner en tela de juicio estos descubri- 
mientos biográficos acerca de Clavijo, para buscar en fuen- 
tes más cercanas la verdad histórica. 

Empezando por el segundo de estos datos, á saber, la 
profesión de Religioso atribuida á Clavijo, viénese á la me- 
moria, y ya lo habrá recordado el lector, el pasaje de Vi- 
cente Espinel, poco antes aducido. En él, además de no en- 
contrarse este calificativo de Fr. antes del nombre de Cla- 
vijo, se habla de una Doña Bernardina, monstyiio de la na- 
turalesa en arpa y tecla, ú hija de éste. Y lo extraño del 
caso es, que el mismo Saidoni abre la puerta para consul- 
tar á Espinel (no señala la obra. -;Será esto una picardía?), 
como fuente de noticias sumamente curiosas , que prueban 
de un modo indudable fué éste (Clavijo) uno de los más ce- 
lebrados maestros de su época , pero que desmienten la pro- 
fesión de Religioso que le atribuye. -;No leyó Saidoni el tan 
asendereado texto? ;No se fijó en lo mucho que contrariaba 
á sus pretensiones de hacer Religioso á organista tan ilus- 
tre? Cabría aún la duda, si Espinel hablara en época ante- 
rior á la supuesta mudanza de estado de Clavijo; pero no: el 
insigne Maestro aparece en la obra del escritor castellano 
en el apogeo de su gloria, en la época indudablemente en 
que desempeñó el cargo de organista de Felipe III (1); por- 
que aquella casa y jardines , aquellas juntas de lo más gra- 
nado y purificado de este divino, aunque mal premiado 
ejercicio, y la compañía de su hija Doña Bernardina , dan 
señales de que por entonces no lo era; á no ser que á la ve- 
jez, achacoso y fastidiado del mundo, se retirara á buscar 
un poco de sosiego para su alma, y muerte tranquila en un 



(1) Escudero Marcos de Obregún. (Relación /.*, descanso undé- 
cimo.) "Vi al Abad Salinas, el ciego, el más docto varón en música 
especulativa que ha conocido la antigüedad, no solamente en el gé- 
nero diatónico y cromático, sino también en el harmónico, de quien tan 
poca noticia se tiene hoy, á quien después sucedió Bernardo Clavijo, 
doctísimo en entender y obrar, hoy organista de Felipe Ilí.,, (Pá- 
gina 401.) 



204 UN MANUSCRITO DE MISICA DEL ARCHIVO DEL ESCORIAL 

convento. Añádase á esto, que en los diccionarios bibliográ- 
ficos, en las Bibliotecas de escritores pertenecientes á las 
diversas Órdenes religiosas, no aparece el nombre del ex- 
celentísimo artista, y deduciremos, en resumen, que Cía 
vijo no fué Religioso. 

Vienen ahora los datos, por fiadie antes que Saldoni re- 
feridos , las fechas en que se encierra el desempeño de la cá- 
tedra de Música en Salamanca. Helos aquí: ir)94, 1604 á 1605. 
Para comprobar estas fechas, es necesario saber, en primer 
término, cuándo abandonó la cátedra Salinas, quien, como 
acabamos de ver, le precedió en el cargo (1), y cuándo la 
tomó Pr. Sebastián \'¡ vaneo, su sucesor, según atestigua el 
mismo Saldoni. El li de Hnero de 1590 falleció Salinas, y 
tres años antes pedía su jubilación (2); si ésta no fué conce- 
dida al ilustre ciego, tenemos , sin embargo, cuatro años va- 
cante la clase de Música, cosa muy difícil de creer; mas si 
la obtuvo, como por sus continuos trabajos y asiduidad en 
la explicación de la cátedra se tenía bien merecido, resultan 
siete: y mientras, entre los demás profesores de que hace 
mención Salduni (3), no hay ni un año de interregno, ;por 
qué, sin razones ni pruebas suficientes, hemos de admitir 
tan prolongada vacante entre Salinas y Clavijo? 

No ofrece menos dificultad la indicación del tiempo en que 
desempeñó el magisterio de la Capilla de Felipe III. En los 
apuntes biográficos que anteceden á cada tomo de la Lira 



(1) Véase el último lugar citado de Mspinel. 

(2) Intento de un Diccionario biogrd/ico y bib/ioffrd/ico de Auto- 
res de la provincia de Burgos, escrito por D. Manuel Martines Añi- 
barro y /?/ft's.— Madrid, Manuel Tello, 1890. 

(3) Saldoni: Diccionario, etc.. Tomo 4.'^ Catálogo; páginas 192, 
37:í, 364. Véase la lista de los profesores de música en Salamanca, 
desde Clavijo hasta lbl6, con la fecha que asigna Saldoni á la ocupa- 
ción V abandono de la Clase: Clavijo, 1594. 1604. 1605; Fr. Sebastián 
de Vivanco. 1605, 16'J2. Fr. Roque Martínez, 1623, 1644; Fr. Juan Ver- 
jón de la Real, 1644 y l64í) (señala las dos fechas, páginas 192 y 364), 
U>69; Fr. Antonio de Castro, 1670 y 1676.- ¡Rara coincidencia! Todos 
los sucesores de Clavijo son Religiosos. ¿ Es ésta la causa del engaño 
de Saldoni? Hls fácil; sobre todo si tomó los datos de algún catálogo 
de profesores de Salamanca, y en vez de leer Mr. (Maestro), creyó, 
por alucinación de la vista, que decía Fr. 



UN MANUSCRITO DE MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORIAL 205 

Sacro-hispana, dice Eslava, con referencia al maestro Don 
Matías Romero, conocido vulgarmente con el nombre de el 
Maestro Capitán (siglo xvii, tomo 1.°), que era en 161o maes- 
tro de la Real Capilla, continuando muchos años después 
durante el reinado de Felipe IV. Espinel, por otra parte, en 
los pasajes referentes á Clavijo. no hace mención del citado 
cargo. Si, pues, murió, según el autorizado testimonio de 
Barbieri, en 1626, ¿cuándo desempeñó el magisterio de la 
Real Capilla? (1)... Lo más lógico sería deducir que Clavijo 
no obtuvo semejante puesto; pero ante la autoridad de Es- 
lava y cuantos han hablado de Clavijo nada concluímos 
dejando para otros más afortunados la aclaración de todos 
estos datos. 

En fin, sería cuestión de nunca terminar si hubiéramos 
de buscar el fundamento de las escasas noticias relatadas 
por Eslava y Saldoni: conste, pues, que Clavijo no fué Reli- 
gioso; que es inadmisible la fecha señalada por Saldoni ala 
ocupación de la cátedra de Música en Salamanca, mientras 
no se aduzcan otras pruebas y razones; y, por último, que 
aun está por confirmarse la noticia de si efectivamente ejer- 
ció el magisterio de la Capilla de Palacio, ó si es otro error 
de Saldoni. 

Atendiendo al mérito del Tiento, nuestro juicio se resume 
en muy pocas palabras. La composición descubierta no se 
distingue por esos rasgos atrevidos que hacen presentir nue- 
vos derroteros al arte musical. Clavijo no es innovador; es- 
cribe con solos los recursos del arte de su época; pero, sin 
rebasar esta línea, ¡de qué modo y con qué exquisito gusto 
lo hace! Si pudiéramos ofrecer al mismo tiempo que estas 
líneas la inmortal obra del organista de Felipe líl, haríamos 
notar frase por frase, y compás por compás, los tesoros de 
ciencia é inspiración allí encerrados. ¡Qué originalidad la 
suya! Aquel tan delicado modo de huir de las resoluciones 
trilladas y vulgares, al redondear los períodos, introducien- 



(1) La primera edición de las Relaciones de la vida del escudero 
Marcos de Obregón fué hecha en 1618: este dato es importantísimo, 
pues que Espinel habla algunos años después de la fecha en que dice 
Eslava tenía la dirección de la Real Capilla el Maestro Capitán. 



'J^'Ó ÜN MANUSCRITO ülí MÚSICA DEL ARCHIVO DKL ESCORIAL 

do con singular tino pequeños motivos para volver en se- 
guida con el principal, acompañado de los contrapuntos más 
peregrinos, y aquellas dulcísimas frases que no terminan 
sino al comenzar de otras más suaves y harmoniosas, para 
concluir, por último, en un paso imitado de las voces, hecho 
con suma delicadeza y finura; todo esto realizado por la 
gracia especial del conjunto, en el que parece percibirse las 
suaves ondulaciones de las nubes de incienso elevándose á 
las alturas en aromáticas espirales, revela en Clavijo al co- 
nocedor profundísimo de los secretos del contrapunto y al 
artista inspirado como pocos, 

f R. J-UIS yiLLAUUA, 

O. S. A 
(COHtíHU^r.i.) 








Revista Canónica 




•obre la facultad do los Ordinarios para anticipar ó dispensar 
do la abstinencia en ciertos días solemnes. — Sabido es que el 
Decreto Cuni recenter. emanado de la Inquisición General 
Romana en 5 de Diciembre de 1894, con la confirmación de León XIII, 
autoriza á los Obispos y otros Ordinarios para que, mediando cau- 
sas gravísimas y sólo en festividades de gran concurrencia, puedan 
anticipar la obligación de la abstinencia y ayuno ó dispensar de la 
misma, exceptuando la Cuaresma, las cuatro témporas y las vigilias 
con ayuno. Con este motivo han sido elevadas á la Congregación al- 
gunas consultas que creemos oportuno transcribir, junto con las de- 
claraciones hechas por los Emmos. Padres en 18 de Marzo del pre- 
sente aflo, y aprobadas por Su Santidad. 

I. rtnnn ad hoc ut Episcopus dispensare valeaí ad trami'íem 
dicti Decreii, necesse sit ut festum celebretur semper macano popu- 
lorum coucursii? 

II. UtruiH Episcopus dispensare possit guando agitur tantum 
dt'festis duplicis pnecepti : an etiam quando agitur de alio f esto 
vel de alia catholica solemnitate, ex. g. de centenariis, de peregri- 
nationibus et similibus? 

III. Quomodo sit intelligendus magnus populorum concursus, an 
populorum extraneorum, vel etiam ejusdem civitatis aut lociP 

W . Ulrum Ínter causas gravissimas ob quas Episcopus non so- 
lutn anticipare, sed etiam dispensare potest , assignari valeat grave 
periculum quod abstinentia anticipanda non observetur? 

V. Utrum in diebus exceptisjejunio consecraíis vetitum sit Epis- 



208 REVISTA CANÓNICA 



copis taníum dispensare super abstinentia: vel eíiatn illam anti- 
cipare? 

VI. Ulrum ex raíionabili causa pos,<it Episcopus conimiterc Pa- 
rochis ut ipsi assignent diem in (¡no atiticipari dehcat abstinentia? 

Resp.: 

Ad. I. Affinnative. 

Ad. II. Negative ad primam partetn; affirmative ad secundam, 
modo adsit magnas populorum concursus. 

Ad. III. Attentis ómnibus intelligi potest etianí de concitrsu civi- 
tatis aut loci. Jacto verbo cum Ssmo. 

Ad. 1V^ Affirmative , modo perictilum sit genérale. 

Ad. V. Afjirmative, scilicet utrumque vetitnm est Episcopis. 

Ad. VI. Affirmative. 

J. Mancini Can. Magnoni S. R. et U.J. N. 



Días en quo no se puedo celebrar Misa en oratorios privados. — 
Una de las restricciones que {generalmente acompañan X los rescrip- 
tos en que se concede la facultad de tener oratorio privado donde 
pueda celebrarse el Sacrificio de la Misa, es la excepción de ciertas 
festividades especialísimas, como Natividad, Resurrección, Pente- 
costés, etc., y otros días del aflo denominados soiemniores, en deter- 
minar los cuales no siempre se ha convenido, ni era fácil que se con- 
viniera, sin una declaración satisfactoria, emanada de la Autoridad 
competente. 

Entre las resoluciones m.ls antiguas que se conocen, posteriores 
al Concilio Tridcniino, figura la de la Congregación de Ritos de 17 de 
Noviembre de U07, que dice A este propósito: Solemnes fesíivi tales 
esse et intelligi censuit , pruter festum Paschatis Resurrectionis 
D. N.J.C., feriam l'.in Ctrna Dotnini .festum Ascensionis Domini 
NostriJ. C, festum SS. Apostoloriim Petri et Pauli, festum .Annun- 
ciationis.et festum Assumptioiiis B. M. V., festum omnium Sancto- 
riim, festum Nativitaíis, ac festum EpiphaniiC Dotnini (1). Hay que 
añadir, además, la fiesta del Santo titular de la Iglesia, conforme al 
Decreto de la Sagrada Congregación del Concilio citado por Ferra- 
ris (2). 

Estas declaraciones, tan terminantes al parecer, no señalan, sin 
embargo, de una manera clara y concreta los días mds solemnes á 
que se refieren las concesiones de oratorio privado. La Bula de Bene- 
dicto XIV, dirigida Á los Obispos de Polonia (Bullarium, 1751). con 
el objeto de refrenar abusos y aclarar el derecho y la disciplina en 



(i) GorJtUiui, \ol. 1 (364). 
(2) Loco cit., núm. 49. 



REVISTA CANÓNICA 209 



lo que se refiere á los oratorios, A pesar de ser el documento que se 
cita con mayor frecuencia en estas cuestiones, tampoco ha logrado 
esclarecer todas las dudas ni determinar bien los casos en que es ilí- 
cita la celebración del Santo Sacrificio. Nec Missd, dice el mencio- 
nado documento, cclebrari possií diebus soiemnibus Pasc/ia/is Rc- 
surrectionis, Pentecostés, Nativitutis Domini Nostri J. C, et aliis 
soletnniot'ibus diebus, quos ínter etiam enumerantiir dies Epipha- 
niw.et Ascensionis Domini, Annunciationis, et Assumptionis Bea- 
tce Marice l'irginis, Omniíini Sanctornm, necnou Sanctofiiui Apos- 
tolorutn Petri et Pauli ac Titiilaris Ecclesiic loci. 

Como se ve, en las palabras citadas no se incluyen los días últimos 
de Semana Santa, en los cuales tampoco es lícita la celebración del 
Santo Sacrificio, según Decreto de la Congregación del Concilio 
(13 de Enero de ló8ñ) (1); y como, por otra parte, hacen referencia X 
otras festividades no enumeradas en ninguno de los rescriptos que se 
conocen, tenían que dar ocasión á interpretaciones distintas y á cos- 
tumbres contradictorias. Esto sin contar con que tampoco determi- 
naban la clase de solemnidad que se requiere para que la celebración 
se considere ilícita y no conforme con el privilegio. En su consecuen- 
cia, el Obispo de Barcelona e.vpuso á la Sagrada Congregación, por 
los años de 1839 ó 40, las prácticas existentes en aquella ciudad, en la 
forma que sigue (2): Missa in Oratorio privato non possunt celebrari 
in Festo Titular i Parochiw ubi Oratorium constrmtitm est: in Ora- 
toriis privatis intra Civitateni constructis, debetur ne censeri prohi- 
bitum Sai rum /acere etiam in dic Titnlaris, nempe dii tertia Maji, 
ant tantinn iti Titulari propriw Parochia? A lo cual contestaba la 
Sagrada Congregación de Ritos, en 11 de Abril de 1840; ProhibUiini 
est tantum in festo Patroni Civitatis vel Diucesis, non in festo Ti- 
tnlaris, quod non inducit praceplum aiidiendi Sucrum et absti- 
mndi á servilibns. 

A causa de tales declaraciones, así como de las prácticas diversas 
que en la actualidad se siguen, propúsose esta cuestión, en 1805, á los 
individuos de la Academia Litárgica Romana, quienes, divididos en 
sus pareceres, acudieron .1 la Sagrada Congregación de Ritos con la 
siguiente consulta, formulada por el Presidente de la Academia: 

Quinam veré sint solemniores dies in c/nibns pro ómnibus pecii- 
liare Indultum non habentibus, Missíc sitnt vetitie in privatis Ora- 
toriisP 

Resp. 11/ i per se sunt dies solemniores in casu, qiii dcscribuntur 
in Cíeretnoniali Episcoporitm, Lib. II , cap. XXXIV, n. 2 et servan- 
tur de prcccepto. Atquc ita rescripsit. Die 10 Aprilis 1896. — Caj. 
Card. Alase lia, Pnef. 



(i) Citado por Mach., pág. 267. 
(2) Gardellini, 4.878. 

14 



210 REVISTA CANÓNICA 



El ceremonial de Obispos > Editio typica Raíisbome, 1886, Pus- 
tet), dice así en la pág. 27: 

Celebrare igitur poterit Episcopus, trist ¡egitinie fuerít iiupedi 
tus, in (iic Nativitatis Dmuini Sostrijesu Christi , infesto Epiphauiu- 
Dontiiii, feria quinta iu Cutía Dofnitii.in Dowirtica, Resurrecíiotiis. 
ifí die Ascensiotiis, m Dominica Pentecostés, in festivitatihus Im- 
niaculatíe Conceptionis, Annunciationis et Assuniptionis B. M. Vir- 
ginis. tn fesío S.Josephi B. M. Sponsi. infesto Beatorum Apostólo- 
rum Petri et Paiili. in festo Omniutn Sanctorinn. in festo die titu- 
taris Ecdesiie, et Patroni . in die Anniversario Dedicationis Cathe- 
d ralis Ecclesue, vel etiaw arbitrio suo in aliis festivitatibus per 
annuw, qunndocutnque ei placuerit , cuín caremoniis et solrninita 
tí bus qu(C supra in Capit. VIH /iu;n^ l'i> II. de Missa solentni Epis- 
copo celebrante explicatte fuerunt. 

Resulta, por tanto, que no es posible determinar de una manera 
general, aplicable á todas las naciones y A todos los pueblos, los lími- 
tes á que se extiende la prohibición de celebrar en oratorios priva- 
dos, merced á la variación de hestas obligatorias para cada lugar ó 
nación. \iw I-Vancia. por ejemplo, reducidas á cuatro las festividades 
que obligan de precepto, en virtud de las disposiciones de l'ío \'1I, 
son cuatro los días en los cuales no ^e puede celebrar on oratorio 
privado. 

No obstante, teniendo en cuenta las dos condiciones que la Sagra- 
da Congregación exige para que la celebración del Santo Sacrificio 
se considere prohibida, es muy fácil determinar, para cada uno de los 
lugares, cu;hido se puede, y cuándo no. decir Misa en los oratorios 
privados 



BeHoluciÓD iuiportante sobre las procesiones con el Santisiino.— 
Es lícito, excepto en la solemnidad del Corpus y de su Octava, sacar 
el Santísimo Sacramento en las procesiones que se hacen por la tar- 
de, en honor de la Virijen ó dt- los Santos, pero no llevar en la misma 
sus reliquias ó imágenes, conforme se deduce del caso que expone- 
mos á continuación : 

En el pueblo de jergal, diócesis de Almería, existe la costumbre 
de celebrar anualmente en la dominica segunda de Septiembre una 
fiesta en honor de la \'irgen, con procesión en la que, junto con el 
Sacramento, se sacan imágenes de la Madre de Dios y de los Santos. 

Dudando el Párroco del mencionado pueblo acerca de la legitimi- 
dad de esta práctica, acudió ;i la Sagrada Congregación de Ritos con 
la consulta siguiente: C'truní extra festuní corporis Christi ejusquc 
OctaxHim liceat in honor eiu Beativ Alaria Vir ginis aut Sanctorutn 
in vespcrtinis processionibus deferre Sanctisstmum Eucharistiie 



REVISTA CANÓNICA 211 



Sacramentiim, et etiam Imagines sive reliquias ipsius Beatw Vir- 
ginis ac Sanctornm? La Sag^rada Cono^regación de Ritos contesta: 
Afjirtnative de consensu Ordinarii qnoad primatn partem; Negative 
giíoad secundam.—Die 31 Januarii IS^ó. 

Indudablemente, la procesión de que hablamos puede considerarse 
como exposición pública del Santísimo Sacramento, y, por lo tanto, á 
ella pueden aplicarse también las rúbricas irenerales relativas á la 
mencionada ceremonia. 

Al Obispo es á quien corresponde el cuidado de las cosas santas y 
el régimen de la Iglesia, mucho más cuando se trata de la cosa más 
Santa, que es el augusto Sacramento de la Eucaristía. Prescindiendo 
de las opiniones sobre la conveniencia ó no conveniencia de la fre- 
cuente ó rara exposición del Santísimo, no dudamos afirmar, con San 
Ligorio, que donde exista esa devoción, ct cii/íus augcatur. no me- 
rece reprobación, sino alabanza, siempre que no contribuya, por lo 
demasiado trecuente, á disminuir la reverencia. Por lo demás, nadie 
ignora que para la exposición pública del Santísimo debe haber; 
1.°. causa pública; 2.''. licencia del Ordinario. Todo lo cual lo expresa 
Benedicto XI V en los siguientes términos: Certissimum est huic Sedi 
Apostolicie, !H quibitscunique ecclesiis etiam privilegio immunibus 
sive secular i hits sive regularibus. non licere exponi puhlice divi- 
nant Ettchurisliatn nisi causa publica et Episcopi facultas interve- 
ncrint. 

Respecto de la segunda parte del caso, hay las razones siguientes: 
Siempre que el Santísimo está expuesto al público, debe cuidarse de 
que no haya cosa que pueda distraer la atención, de manera que to- 
dos observen el mayor recogimiento y compostura. Por eso no debe 
haber en el altar donde está reliquias ó imágenes de Santos, con el 
fin de no confundir las tres especies de cultos: Latría, Dulia, Hiper- 
dulia: pues siempre la Iglesia ha tenido sumo cuidado en distin- 
üuirlos. 



Cualidad de la Misa cuando se celebra en iglesias ajenas ú ora- 
torios públicos.— Según el Decreto expedido por la Sagrada Congre- 
gación de Ritos en 9 de Diciembre último, todos y cada uno de los 
Sacerdotes, tanto seculares como regulares, que celebran en igle- 
sias ajenas ó en oratorios públicos, tienen que decir la Misa, sea de 
Santo ó de Beato, esté contenida en el Misal Romano ó en el parti- 
cular de una Orden cualquiera, conforme al Oficio de la misma iglesia 
ú oratorio en que celebran ; á no ser que en aquella iglesia el rito sea 
semidoble ó simple, en cuyo caso pueden decir Misa de Réquiem, 
votiva ó de la feria, si las rúbricas del Misal Romano ó los Decretos 
de la Congregación de Ritos no lo prohiben en aquel día. A este De- 



212 REVISTA CANÓNICA 



creto sigue la derogación de todas las disposiciones que hubiesen 
emanado en contra. 

Ahora bien: muchos regulares, que acostumbran ejercer el mi- 
nisterio de la predicación durante épocas determinadas del año, ob- 
tuvieron de la Santa Sede privilegio para decir en iglesias ajenas 
la Misa que señala el Calendario de su Orden, cuando el color de uno 
y otro Oñcio concuerdan; obtuvieron ademas otro privilegio, en 
fuerza del cual la concesión, una vez hecha por la Sede Apostólica, 
no pudiera ser derogada sino mediante una cláusula revocatoria que 
la cite en concreto ó se extienda en general ;l los privilegios dignos 
de especial mención. Pregúntase: 

IHrum Regulares, de quihus in casu, compreltendantttr suh de- 
creto Sacroruni Rituuin Congregaíionis die 9 Decembris 1895 
edita / 

Respuesta de la Sagrada Congregación: Affirniativc. 

fR. ^BNITO J^0DHfOU£Z Y pONZAUEZ, 
o. 8. A. 




IIT (Xtcctcctcttcctcctcccc€<xcax(xc<^ 






CRÓNICA GENERAL 




EXXRA.NJ ERO 

OMA. — La anunciada Carta de León XIII á los Obispos de Hun- 
<¡íría con motivo de las fiestas del milenario de la fundación 
de aquel reino, es ya generalmente conocida, gracias al entu- 
siasmo de la Prensa católica, que no se ha dado un momento de re- 
poso hasta difundir las saludables enseñanzas contenidas en tan no- 
table documento pontificio. En él aprueba y elogia León XIII las fun- 
ciones organizadas para conmemorar el fausto acontecimiento y dar 
gracias al Todopoderoso por los favores dispensados á Hungría; 
expresa la esperanza de que las fiestas revistan un carácter sincera- 
mente cristiano, y declara que se asocia á ellas en espíritu y de co- 
razón , movido por el ardiente amor que profesa al católico pueblo 
húngaro, cuya inquebrantable adhesión á la Santa Sede no se ha 
desmentido jamás. La Religión católica, observa además el Pontífi- 
ce, ha ejercido una influencia e.xtraordinaria en las diversas vicisi- 
tudes por que ha pasado el reino de Hungría, contribuyendo siempre 
al sostén y aumento de su prosperidad y esplendor, de tal manera 
que, sin la fe cristiana y sin la gracia del Evangelio, el pueblo hún- 
garo hubiese arrastrado sin duda una existencia efímera. La Iglesia 
la enseñó á respetar el derecho de gentes, á dulcificar las costum- 
bres, á obedecer á sus Príncipes y á practicar la fraternidad dentro 
y fuera. León XIII evoca el recuerdo del Duque Geiza, del Santo 
Obispo Adalberto, y sobre todo de San Esteban, modelo de Príncipes 
cristianos, gloria de su pueblo, fiel siervo de María y de San Pedro, 
hijo sumiso de la Iglesia. Á estos dichosos comienzos ha respondido el 
desarrollo ulterior de Hungría, marchando de consuno con lasjóve- 



214 CRÓNICA GENERAL 



nes naciones de la Europa cristiana en las vías de la civilización, ilus- 
trándose notablemente con «grandes hombres por su santidad, por su 
ciencia, por sus gustos literarios y artísticos. Los Soberanos Pontífi- 
ces se han hecho con frecuencia protectores y defensores de la auto- 
nomía húnf^ara con sus subditos, tropas, arbitrajes y oraciones. Basta 
recordar para esto á los l'apas Inocencio XI y Greijorio XIII. El pue- 
blo húni^aro ha dado testimonio de su agradecimiento en muchas oca- 
siones. Juan Ilunyadi, en el siglo xv, y con él los Estados, han dejado 
sobre este punto escritos auténticos dirigidos A N'icoMs \', y lo mismo 
el Rey Matías á Paulo II y muchos otros. Conviene también citar á 
María Teresa y su correspondencia con Clemente .\I1I, que confirmó 
á los Reyes de Hungría en la posesión del título de Reyes Apostóli- 
cos. León XIII añade. .1 las felicitaciones y .1 los elo;^ios concernien- 
tes al pasado, consejos y deseos para lo porvenir. Dice que está ape- 
nado á la vibta de tantos católicos que han caído en la tibieza, en la 
indiferencia y en la ingratitud para con el Catolicismo y la Santa 
Sede. Recuerda sus cartas anteriores, en las cuales prodigó á los 
húngaros pruebas de su paternal solicitud, á fin de demostrarles los 
peligres que les amenazaban y los medios de librarse de ellos. Espera 
que sus amonestaciones no serán vanas, y que el milenario acelerará 
la realización de sus votos para bien de Hungría, con la cesación de 
las malas interpretaciones, con el restablecimiento de la buena har- 
monía entre la Iglesia y el Estado, con el reinado de la verdad, de 
la justicia y caridad, base y fundamento de las sociedades. Que el 
noble pueblo húngaro sepa , termina diciendo León XIII , que puede 
y debe tener confianza absoluta en la autoridad y benevolencia de la 
Sede Apostólica, porque ésta no olvida los servicios prestados por 
Hungría á la causa católica, y siempre conservará á esta nación 
sus antiguas disposiciones de solicitud y de indulgencia paternal. 
León XIII pide para Hungría la protección de la Virgen, de San Es- 
teban y San Adalberto, y concede á los Obispos, al Clero y á todo el 
pueblo húngaro la Bendición Apostólica. 

— El décimo aniversario del natalicio de Alfonso XIll ha sido ce- 
lebrado en Roma de una manera sumamente grata para los españo- 
les. Se inició con una solemnísima función de iglesia en nuestro tem- 
plo de Montserrat y .Santiago, profusamente adornado é iluminado y 
lleno de numerosa concurrencia, en la cual predominaba la colonia 
española. En la tribuna de honor se veían diversos Cardenales, en- 
tre otros sus Eminencias Rampolla , Parochi , Di Pietro y los dos her- 
manos V'annutelli, habiendo impedido la enfermedad del Cardenal 
Bianchi la asistencia de éste, que fué Nuncio en España. En el pres- 
biterio, el personal de la Embajada cerca de la .Santa Sede, de grart 
uniforme , con el Cónsul de España y diferentes Prelados y Generales 
de las Órdenes. Ofició Monseñor Cardona, Vicario Castrense, Cape- 
llán Mayor de la Reina Regente y Obispo titular de Sión. Entonó el 



I RÓNMCA GENERAL 215 



Te Deum el Cardenal Vicario de Roma. Por la noche, los Sres. Merry 
del Val dieron un banquete en el Palacio de España , al que asistieron, 
entre otras personas , los Cardenales Rampolla y Vannutelli , el Prín- 
cipe y Princesa Lancellotti, los Condes de Reverterá, Embajadores 
de Austria-Hunjíria; los Condes Das Antas, que lo son del Rey de 
Portugal cerca del Pontífice; Monseñores Rinaldini y Cavagni, que 
ocupan altos puestos en la Secretaría de Estado; los Consejeros déla 
Embajada austríaca Sres. de Ambros; la señor;» de Benllow, Dama 
Noble de la Orden de María Luisa, iíracia que le fué concedida por 
Alfonso XII por los distinguidos servicios que prestó á la Restaura- 
ción. Estaban igualmente el Ministro Ban^n de Bunder; el de Cetto, 
que representa X Baviera, de cuya familia real es ornamento nues- 
tra Infanta Paz; el Duque de San Martino, que acababa de recibir en 
Niza á los jóvenes Principes de Caserta y de Calabria, procedentes 
de nuestra isla de Cuba; monseñor Merry del Val, Camarero secreto 
del Padre Santo, y el Sr. Heredia. primer Secretario de la Embaja- 
da. En el banquete, que fué suntuoso, se expresaron los más simpá- 
ticos sentimientos hacia el infantil Soberano, su augusta Madre la 
Reina Regente, Su Santidad León XIII y España. 

—Su Santidad acaba de nombrar Prefecto Apostólico de Marrue- 
cos al Rdo. Padre Francisco Cervera, franciscano español, y que es- 
peramos sea digno sucesor del difunto Padre Lerchundi, de inolvida- 
ble memoria. También ha sido destinado á la Prefectura del Alto Ni- 
ger el misionero Padre Carlos Zappa. La presencia en Roma de los 
Prelados de Madras, Colombo é Hydelabad ha dado á conocer los 
progresos del Catolicismo en aquellas regiones lejanas, objeto de los 
incesantes esfuerzos de las Misiones católicas. 

—La Masonería acaba de sufrir una nueva é importante defección. 
El fundador del rito de Menhs y Misraim en Egipto, Gran Hierofante, 
Soberano, Gran Comendador, S. A. Zola, después de treinta años 
de vivir en el error, acaba de entrar en el gremio de la Iglesia cató- 
lica. El nuevo converso ha escrito, firmado y remitido á la autoridad 
eclesiástica una importante declaración sobre las doctrinas masóni- 
cas, abominando de la secta. Como dice muy bien L'Osseyvatoye Ro- 
mano, esta retractación es la más importante que se ha producido 
desde la que subscribió Lord Ripon. entonces Gan Maestre de la Ma- 
sonería inglesa, hoy uno de los hombres eminentes del Catolicismo 
en aquel país. 

Causará mucho ruido y aumentará las inquietudes de todos los 
masones, así como la satisfacción de todas las gentes de buena fe. 

— El día de la Ascensión, el Sumo Pontífice presidió la Asamblea 
reunida en el Vaticano, en la cual . entre otros decretos, se leyó el de 
las virtudes heroicas del Venerable Esteban Bellerini, de la Orden de 
San Agustín, Párroco de Genezzano. Reunida la Sagrada Congrega- 
ción de Ritos con los postuladores de sus respectivos procesos de 



216 CRÓNICA GENERAL 



beatificación, entre éstos los Padres agustinos Rmo. Martinelli, Ge- 
neral de la Orden, y Quintaretti, León XIII pronunció una elocuentí- 
sima alocución expresando el placer que siente cuantas veces pro- 
clama la virtud y milagros de los siervos del Señor, prestando nue- 
vo testimonio á la gloria de Dios y A la divina fecundidad de la Igle- 
sia, Madre de tantos Santos. 

— Escribe de Roma el corresponsal de un periódico de Madrid que 
'•la víspera del natalicio de nuestro Kty, el Padre Santo se dignó re- 
cibir al Obispo de Sión y al Embajador de España, Sr. Merry del V^al, 
que tenía la misión de presentar al aui;usto Padrino del infantil Mo- 
narca el retrato de Alfonso XIll . enviado como regalo por la Reina 
Regente al Papa. El retrato es obra postuma del inolvidable Palma- 
roli . y una de las más felices de su pincel. La figura del Rey , vestido 
de terciopelo negro, con la cabeza descubierta, y llevando al pecho 
el Toisón de Oro. es una pintura preciosa y parecida, llena de vida y 
de gracia. León XIII. que lo contempló largo tiempo, en extremo 
complacido, dijo á los que había reunido en torno suyo para admirar 
el cuadro de Palmaroli. hallándose entre los presentes el Embajador, 
el Obispo de Sión, el Camarero secreto Monseñor Merry del Val 
y los Secretarios Sres. Heredia .Seoane y Gil Delgado, que la Reina 
María Cristina no había podido ofrecerle .sorpresa más grata que este 
don de su amor maternal y de su afecto al Padre común de los fieles. 
En prueba de su gratitud decidió colocar desde el primer momento 
el retrato del Rey en la biblioteca, contigua á su estancia, donde no 
se ve ningún otro cuadro, aunque sí una hermosa imagen de plata de 
la Virgen colocada sobre una columna de pórfido. Después de pasado 
largo tiempo en la contemplación de la obra artística, quedando en 
particular audiencia el Papa y el Embajador. Su Santidad extremó 
sus manifestaciones de amor á España, discurriendo con su eleva- 
ción de miras y alto espíritu de justicia sobre la actitud de los Est.i- 
dos I tiidos en las cuestiones hoy palpitantes con nuestra patria; rei- 
terando lo que tantas veces ha dicho, de que no cesan sus oraciones 
al Señor para que devuelva la paz á España.. 

• • 

1 1 ALIA.— Desde la nutrida votación á favor del Gabinete en la Cá- 
mara de Diputados, la política italiana ha entrado en un período de 
relativa calma; asimismo es indudable que las cosas de África, á 
partir de la ocupación de Adigrat por el general Baldissera . se apro- 
ximan á una solución pacífica. Las esperanzas de la oposición Crispi- 
Sonnino de recobrar el Poder, merced á la inmensa mayoría que an- 
tes de la catástrofe de Adua tenía en el Parlamento actual, se hallan 
por completo desvanecidas, igualmente que sus intentos de perpe- 
tuar !a guerra africana, sosteniendo la línea agresiva de Adigrat, 



CRÓNICA GENERAL 217 



Adua y Axum. Con respecto á la falange más numerosa, que está en 
poder del Negus y que iba en camino de Scioa, las noticias son un 
tanto confusas. Hablase de un rescate general, al que aludió clara- 
mente el último discurso del Marqués de Rudini , Presidente del Con- 
sejo, y de que los centenares de italianos hoy en poder de Menelik 
regresarían á la patria por Zeyla . por ser camino menos molesto, ha- 
biéndolo autorizado Inglaterra. Pero como, al propio tiempo, marcha 
en dirección de la Etiopia una filantrópica Misión italiana, portadora 
de au.xilios de todas clases, recogidos por las damas que en diversas 
ciudades de Italia han abierto la subscripción nacional de la piedad 
en favor de sus desgraciados compatriotas, parecería esto demostrar 
que su repatriación noestá tan inmediata. Lo que de todoesto aparece 
indudable es que, interrumpidas oficialmente las negociaciones para 
la paz entre los Soberanos de Etiopia é Italia , continúan , por conduc- 
tos indirectos , ejerciendo una acción saludable el coronel inglés Sla- 
de, el mayor Salsa, detenido todavía por el Ras Mangascia, que había 
visto de nuevo al Negus, y las influencias rusas, á quienes la Prensa 
francesa, adelantándose á los acontecimientos, atribuye haber reali- 
zado esta paí misma. Aunque en las altas regiones del Gobierno no 
se acredita , hasta ahora, una nueva que de seguro acogería la in- 
mensa mayoría de la nación c*'n júbilo, algo la hace sospechar la no- 
ticia auténtica de que el general Baldisscra, que ya ha enviado al 
golfo napolitano uno de los batallones que tiene á sus órdenes y que 
sufrió bastante en Adua. pide al Gobierno autorización, que le ha sido 
concedida, para repatriar otros ocho batallones y algunas balerías 
de artillería de montaña. X'erdad es que da por motivo de esta medi- 
da el excesivo calor que empieza ya á sentirse en la Eritrea, y la 
anemia que produce á las tropas europeas aquel clima africano; adu- 
ciendo que , aun en el caso de romperse la tregua militar, que en rea- 
lidad existe hoy entre el ejército italiano y el del Negus, en plena re- 
tirada hacia el fondo de la Etiopia es más ventajoso, bajo el aspecto 
sanitario, y no más costoso, el que para el otoño vuelvan estas tropas, 
que entre tanto respirarán los aires natales. Pero como los cañones 
no sufren el fuego abrasador de Massauah , y la dotación de las bate- 
rías es cortísima, el desprenderse de éstas parece indicar bien cla- 
ramente que no existe temor alguno de que se renueven las hostili- 
dades. Debe observarse también que en una de las bases de paz pro- 
puestas por Menelik se indicaba el deseo de que , así como sus tropas 
se retiraban al centro de su Imperio, preludiando el licénciamiento 
de las milicias etíopes, Italia debía retirar todas aquellas fuerzas que 
no fuesen necesarias para la defensa de su colonia y las eventualida- 
des á que pueda dar lugar la conservación de Kassala y la lucha en 
el Sudán, en la cual Abisinia se muestra neutral. Podría sospecharse 
que la repatriación voluntaria de estos batallones, cuando las nego- 
ciaciones oficiales para la paz están interrumpidas, responde á la 



218 CRÓNICA GENERAL 



conveniencia de evitar en un convenio la consignación de una cláu- 
sula semejante y que resultaría innecesaria. El otro polo de las ne 
gociaciones consiste en la evacuación de Adigrat; ésta se realizará- 
lentamente y á medida de las noticias que lleguen. 

—La esperanza de solución pacífica en la cuestión de África ha 
hecho que la renta italiana recobrara en estos días el valor que había 
perdido, ante la perspectiva poco lisonjera de un porvenir incierto. 
Verdad es que las cosechas se presentan bien, y que dura todavía la 
buena impresión causada por las declaraciones financieras hechas al 
Parlamento por el Ministro del Tesoro, Colombo, afirmando que. des- 
cartados los gastos extraordinarios de la guerra , cubiertos con ei em- 
préstito, los presupuestos estarán nivelados, bastando los ciento cua- 
renta millones votados por las Cámaras para la eventualidad de que 
continuasen las hostilidades, una vez suspendidas éstas, para electuar 
los campamentos atrincherados y los ferrocarriles económicos que 
enlazarán á Massauah con Asmara. 

—Solemnísimos fueron los funerales costeados por el Municipio 
de Roma en suíragio de las almas de los militares muertos en Arri- 
ca. Se celebraron en el templo de Santa María de Araceli, en el 
Capitolio, uno de los lugares más memorables de la Ciudad líterna. 
Debe reconocerse que á prestarles tanta grandiosidad contribuyó la 
actitud de los católicos, que acudieron en gran número á Arac<jeli, 
representando al Santo Padre Marco Antonio Colonna. Asistente al 
Solio Pontificio y vastago de aquel otro Colonna que, vencedor en 
Lepanto, recibió verdadera ovación en esta misma iglesia de Ara- 
cali cuando, en el si-lo xvi, se cantó el Te Dcinn por aquella gran 
victoria cristiana. En el túmulo, que constituía verdadera obra de 
arte, sobresalían, entre otras infinitas, dos coronas magníficas, en 
las cuales aparecía escrito en letras de plata: " Humberto I á los va- 
lientes que llalla llora y enaltece.,; y en la otra, de la Reina , con ca- 
racteres de oro: " Margarita á los valientes muertos en África^. Los 
brillantes uniformes, las condecoraciones, los trajes antiguos, y que, 
como los de los suizos del Papa, fueron dibujados por Miguel Ángel; 
los gonfalones romanos, las banderas nacionales, adornando lodo el 
templo; las notas bellísimas de la Misa de Réquiem del Terziani , la 
reunión de todos los Embajadores }' la presencia de las más distin- 
guidas damas de Roma, así pertenecientes al servicio de la Reina 
como á la parte del Patriciado romano afecta al Vaticano, y una con- 
currencia inmensa que se e.xtendia desde la plaza de Venecia hasta 
la colina Capitolina, hicieron en extremo imponentes las e.xequias 
por los muertos en África. 

—Con mucha exactitud reseñaba un corresponsal la situación de 
los italianos en África cuando, en época no muy lejana , decía : 

"El ¡iberalismo es el mismo en todas partes. Italia, caída en poder 
de la Monarquía saboyana-liberal-masónica, sufre sinnúmero de hu- 



CRÓNICA GENERAL 219 



millaciones en África por parte de un Monarca semibárbaro como es 
Menelik. Emperador de Etiopia. Él ha infligido al ejército italiano 
una serie de derrotas de Dogali á Adua , apenas interrumpida por 
los efímeros y pequeños sucesos de Senafé. Menelik tiene prisione- 
ros dos mil quinientos italianos en Scioa. El Gobierno italiano le 
mandó como mensajero para tratar la paz al mayor Salsa , y Mene- 
lik, reteniendo en rehenes á los oficiales italianos hasta que les sean 
devueltas alj^unas cartas suyas, ha mandado dos aldeanos ál general 
Baldissera, portadores de un mensaje de ruptura de las nes^ociacio- 
nes de la paz. La expresión de desprecio del Negus hacia Italia con 
este acto, no podía ser más atroz : la humillación para la nación ita- 
liana no puede ser más terrible. ;,Qué hará ahora el Gobierno del Rey 
Humberto? Nadie lo sabe; nadie puede adivinarlo todavía. Entre 
tanto nada se hace, y probablemente nada podr;l hacerse; tan desgra- 
ciada es la situación que este Gobierno se ha creado con su locura, 
con sus errores y con sus culpas. Volver á empezar la guerra es casi 
imposible, ya por la estación de las lluvias que va á empezar en Abi- 
sinia, ya por lo ruinosísima que es á la hacienda , ya porque la gran 
mayoría de los italianos es contraria á esta empresa africana; ya, 
finalmente, porque un grave descontento, producto de la desmorali- 
zación, e.xiste en las filas del ejército. Permanecer en la inacción y 
sufrir pacientemente los ultrajes de .Menelik y de sus Ras, es el envi- 
lecimiento , la vergüenza, la pérdida de todos los vestigios de digni- 
dad nacional^. 

—La miseria, por otra parte, hace que estallen desórdenes á dia- 
rio en muchas poblaciones, entre las cuales se han señalado Brozzi 
y sus cercanías, donde las huelgas de los trabajadores de las fábri- 
cas de sombreros de paja han revestido tal gravedad, que se hizo 
necesario el envío de algunas fuerzas militares para sostener el or- 
den , ó restablecerle en caso preciso. Pero sobre todo en Cerdeña ha 
llegado á ser tan desesperada y triste la situación de gran parte de 
sus habitantes, que los de Dorgali y Sant'Antioco tienen que buscar 
el alimento por los campos. En Aggino, las cosechas han sido se- 
cuestradas por el fisco, y para pagar los impuestos se han visto obli- 
gados á vender sus propios vestidos; y en Barisardo. Tertencio, 
Barras, es tanta la miseria, que aun los propietarios de la clase me- 
dianamente acomodada no han tenido más remedio que salir de sus 
casas para mendigar un bocado de pan. Hablando de esto Rudini 
con un diputado sardo, que le exponía la deplorable situación de la 
isla, ha dicho que no sólo Cerdeña y Sicilia, sino otras muchas re- 
giones de Italia, se encuentran en las mismas condiciones. 

—No deja de ser curioso el incidente acaecido ha pocos días en 
el Parlamento italiano. Refieren los periódicos que un individuo 
arrojó al hemiciclo, desde la tribuna pública de la Cámara de los Di- 
putados, un pliego. Preso en el acto, resultó ser un antiguo soldado 



220 CRÓNICA GENERAL 



pontificio. Interrogado, dijo que no se propuso más que llamar la 
atención á fin de que el Kstado le satisficiera una cantidad que le 
era en deber, habiendo sido inútiles todas sus reclamaciones para 
conseííuir su objeto. El Presidente de la Cámara amonestó severa- 
mente al detenido, y luego dio orden de que fuera puesto en libertad. 

*% 

Alema.ma. — Dan como cieno los periódicos suecos que Guiller- 
mo II y su esposa tienen proyectado emprender este año un viaje á 
las regiones polares. La augusta pareja pasará algunos días en el 
castillo de Stora Sundby, perteneciente al representante de Alema- 
nia en Stockolmo, y luego se encaminará á \'adsoe para contemplar 
el eclipse total de sol scñ.ilndo por los fastos ;istron<^mic"os para el 
próximo mes de Agosto. 

— l'l Emperador de Alemania, deseando dar una prueba de su alto 
aprecio á la Emperatriz de Rusia con motivo de su coronación, la ha 
nombrado jefe del segundo regimiento de Dragones de la Guardia, 
el cual se llamará en lo sucesivo regimiento úe la Emperatriz .\le- 
jandra de Rusia. 

— Nadie ignora que los católicos alemanes han sabido conquistar- 
se, á fuerza de habilidad y perseverancia, una situación preponde- 
rante en las Cámaras, constituyendo el grupo más numeroso y mejor 
organizado. En la actualidad, el Presidente y el segundo Vicepresi- 
dente del Reichstag pertenecen al llamado Centro Católico, que con* 
memora el vigésimoquinto aniversario de su lundacii.ii, después de 
un cuarto de siglo de luchas y de victorias contra Bismarck y demás 
sectarios. Con tal motivo, está recibiendo dicho Centro gran número 
de entusiastas felicitaciones, entre las cuales figura, en primer tér* 
mino, el siguiente telegrama dirigido por el Emmo. Cardenal Ram- 
polla, en nombre de Su Santidad, al Conde Hompeusch. Presidente 
del Centro Católico del Reichstag alemán: 

•"El Padre Santo felicita cordialmente al Centro Católico del Rei- 
chstag y del Landtag con motivo del xxv aniversario de su funda- 
ción, y, agradeciendo el nuevo homenaje de los miembros de ese 
grupo, les envía afectuosamente la Bendición que han solicitado„. 

No hay duda que la Bendición .\postólica estimulará á los valien- 
tes miembros del Centro á perseverar más y más en sus campañas 
en pro de la causa de Dios y de su Iglesia, ofreciendo á los católicos 
de los restantes países hermosos ejemplos que imitar. 

—Bien notorias son sus tareas contra el duelo en Alemania y sus 
esfuerzos enderezados á conseguir que se imponga á los duelistas la 
pena que merecen de trabajos forzados, recordando que una serie de 
medidas bien concertadas produjo en Inglaterra la supresión de los 
desafíos v un cambio favorable contra los mismos en la opinión pú- 



CRÓNICA GENERAL 221 



blica. En su consecuencia, el Ministro Mr. Botticher, abundando en 
las ideas de un orador del Centro, ha dicho que el Gobierno de nin- 
^ún modo consentiría la publicidad en el mencionado delito; Mr. Ri- 
cher sostuvo que debía mejorarse y completarse la ley que rige so- 
bre los tribunales de honor; y ¡ hasta el socialista Bebel estuvo, en el 
fondo, de acuerdo con los católicos! 

—La Prensa de Berlín se hace eco de un suceso que ha causado 
gran sorpresa en todas las clases sociales. Sabido es que estaban so- 
metidos A un proceso cuarenta y siete socialistas, entre los cuales 
figuraban los principales jefes del socialismo. Pues bien; fl proceso 
ha terminado absolviendo A treinta y dos y condena ndoá ligeras pe- 
nas á los otros quince; es decir, con una derrota moral del Gobierno, 
lis verdad que la sentencia dispone que sea disuelto el Comité cen- 
tral socialista de Berlín, y también algunas Asociaciones electorales 
permanentes. Esta última parte de la sentencia no producirá resulta- 
do alguno positivo, porque las tales Asociaciones se organizarán de 
modo clandestino, y por tanto serán más peligrosas, lín cuanto al 
Comité central de Berlín, los agitadores que le componen hallarán 
siempre medios de concertarse para obrar, y su acción aislada será 
quizá más funesta, ó por lo menos más difícil de vigilar que su acción 
colectiva. El resultado del proceso de Berlín suscitará, sin duda, esas 
ideas de concordia y de salud. VJ aludido proceso fué intentado á los 
socialistas por violación de la ley prusiana sobre las Asociaciones. 
La opinión pública se halla muy sobrexcitada. 



* * 



Francia.— Vuelve á iniciarse la serie de ataques que algunos pe- 
riódicos franceses dirigieron, hará como cosa de medio año, al Presi- 
dente de la República, apelando á idénticos medios que los que enton- 
ces empleó la pasión política para el logro de sus propósitos. He aquí 
lo que leemos en un diario importante del extranjero: "Los ataques 
de que viene siendo blanco de algún tiempo á esta parte el Presiden- 
te Faure, aumentan cada día en violencia. Parece que quiere volver- 
se á empezar per algunos periódicos aquella campaña personal que 
fué conducida tiempo ha contra Fél.x Faure con gran escarnizamien- 
to. El periódico Le Joiir , convertido ahora en órgano de Mr. Bour- 
geois, amenaza con revelaciones sobre la familia del Presidente de 
la República, y asegura que, si publicase todos los documentos que 
posee, Félix Faure no podría permanecer ni un solo instante en el pa- 
lacio del Elíseo. Le Jour añade que el Presidente de la República po- 
dría—si hay oportunidad para ello — ser llamado á responder y justi- 
ficarse de ciertos cargos sobre estipulaciones del tiempo en que fué 
Ministro. El periódico órgano de Bourgeois le hace, además, respon- 



2"J2 CRÓNICA GENERAL 



sable de la manera desacertada como fué organizada la expedición 
de Madaí;ascar„. 

—Los periódicos franceses publican la carta dirigida por el Du- 
que de Orleans al Presidente de la Junta directiva del partido monár- 
quico, en contestación á la que el último le había enviado haciéndole 
algunas observaciones políticas. Es un documento interesante, por- 
que muestra, en la actual crisis de los monárquicos franceses, cuál 
es el pensamiento del sucesor del Conde de París. 

— Nada tiene de e.xtraño que en Francia se trate de demostrar, 
cuantas veces se ofrece ocasión para ello, que se comparten los sen- 
timientos del pueblo moscovita, 'lodas las casas de París y de las 
principales ciudades aparecieron engalanadas el día 2b, en que se 
efectuó la coronación y consagración del Czar de Rusia; el propio 
Presidente, Mr. Faure . se ha puesto á la cabeza de esa manifestación 
rusófila, dando la mejor. muestra de adhesión al Imperio ruso con el 
hecho de haber asistido al Te Deum cantado en acción de gracias en 
la iglesia griega de la ciudad del Sena, y sobre todo por haber diri 
gido ese mismo día al Emperador Nicolás II un telegrama concebido 
en los siguientes términos: "Me complazco en expresar los sinceros 
votos que Francia entera eleva por la dicha personal de \'. M. y por 
la gloria y prosperidad de Rusia. También deposito á los pies de Su 
Majestad la Emperatriz el homenaje de mi respeto, y ruego á Vues- 
tras Majestades que crean en mi profunda adhesión á sus personas„. 

— El Párroco de Sonday, Mr. Blanchaid. procesado por haber dis- 
puesto una procesión f^n su parroquia el Domingo de Ramos, ha com- 
parecido ante los tribunales con noble entereza para defender su con- 
ducta. * Vivimos— dijo— en un país libre, y la primera de todas las li- 
bertades es la de la circulación. Los católicos invocamos ese dere- 
cho, así como reconocemos á los sectarios el de retirarse á sus casas 
á pasar sus ratos de mal humor. „ Aun no se sabe la decisión del tri- 
bunal; pero el Párroco Blanchard ha vencido ya moralinente. Obsér- 
vese que el vtairc, cuando se anunciaba el paso del Presidente 
Mr. Faure por aquel pueblo, mandó comprar una campana nueva, y 
que á renglón seguido de esta orden prohibe las man ifestaciones del 
culto católico. 

— .Muy digna es de que la transcribamos la información de un pe- 
riódico sobre las tiestas que celebra el Catolicismo francés en la his- 
tórica ciudad de Reims. Dice asi: 

"Francia vuelve á ofrecer nuevos ejemplos de propaganda y pro- 
sclitismo católicos, en los que siempre se ha distinguido. Las fiestas 
de Reims se prosiguen espléndidas con el Congreso de la juventud 
Católica. Desde la víspera de la Ascensión, numerosos Irenes, llenos 
de una multitud compacta de entusiastas congresistas que venían de 
todas partes, y un número no menos considerable de peregrinos de- 
seosos de participar de las fiestas del Centenario decimocuarto y de 



CRÓiNlCA GENERAL 223 



aprovecharse de las preciosas gracias concedidas por el Soberano 
Pontífice, desembarcaban en la vieja ciudad de San Remigio. Hl día 
de la Ascensión dieron comienzo las tareas de dicho Congreso de la 
juventud Católica por una Misa en la Catedral, donde tuvo lugar la 
Comunión general. Monseñor Baunard, bien conocido por su alto re- 
nombre de escritor y distinguido orador sagrado, dirigió su elocuen- 
te palabra á los socios. Veíanse reunidos al pie de los altares más de 
dos mil socios de las diversas obras á que pertenece la Juventud Ca- 
tólica, distinguiéndose entre ellos los estudiantes de las Facultades 
de Lila, acompañados de su Rector y de sus Profesores, y los de 
Nancy.de Roubaix, de Epernay y de Saint-Mandé. París hallábase 
representado por numerosas Delegaciones de sus Círculos católicos y 
de sus Patronatos de jóvenes. No faltaban hermanos del otro lado del 
Rhin, representados por una Delegación compuesta de alsacianos y 
loreneses que venían á afirmar sus esperanzas de unirse algún día 
á la madre común. También estaba allí el Círculo de Revignan, la 
Conterencia Olivain, el gran Comité Central de la Juventud Católica 
con su Presidente el Conde de Roquefeuille; la Conferencia Belzunce, 
de Marsella; la Congregación de la Misión, de Francia, y el Círculo 
de la calle de Palud, en la misma ciudad. Las ciudades de Orleans, 
de Tours, de Angers, de Blois y algunas otras dieron también su nu- 
meroso y escogido contingente. No dejaron de asistir con su traje 
tradicional los valerosos bretones, que siempre son los primeros en 
acudir al llamamiento de la Religión y de la Patria. En fin, de todos 
los puntos de F"rancia acudieron los jóvenes católicos para tomar 
pane en uno de esos hermosos Congresos que son la esperanza del 
porvenir para la Iglesia Católica y para la Patria. Después de la Misa 
hubo una reunión en el Palacio Arzobispal, y, aunque enfermo, el sa- 
bio y valeroso Cardenal hizo un esfuerzo generoso por honrar á aque- 
llos buenos católicos. Los facultativos le tenían prescrito un absoluto 
reposo; esto no le impidió de asomarse al balcón para bendecir á los 
huéspedes de su ciudad episcopal. ¡Inolvidable y conmovedor espec- 
t;iculo el que ofrecía este Príncipe de la Iglesia excusándose con lá- 
grimas en los ojos de que la debilidad de sus fuerzas no le permitiese 
contribuir de otra manera que bendiciéndolos á las tareas del Con- 
greso, y lamentándose de ver sus fuerzas hacer traición á su entu- 
siasmo! Las lágrimas surcaban todas las mejillas, y las aclamacio- 
nes repetidas de "¡Viva el Arzobispo!, ¡\'iva el Cardenal de Reims!„, 
han probado al eminente y valeroso defensor de la causa católica 
cuánta afección y cariño le profesan los católicos franceses. A las 
nueve, una Misa solemne reunía en la Catedral á la población de 
Reims y á los peregrinos. ¡Qué perspectiva tan sublime y conmove- 
dora no ofrecerían cuarenta mil voces entonando á una voz, como es 
costumbre en Francia, el símbolo de nuestra fe! Ese grito poderoso, 
retumbando bajo las bóvedas de la secular Catedral, es el grito del 



224 CRÓNICA GENERAL 



alma francesa que afirma y sostiene la le cristiana y está dispuesta 
hasta el martirio por ella.„ 

— La cuestión referente á los proyectos económicos del Gobierno, 
con que han de ser reemplazados los del Gabinete Bourgeois, ha sido 
la preocupación constante y viva de los hombres de negocios, dando 
lugar .1 oscilaciones en la Bolsa de París. Estas reformas de la con- 
tribución directa, en las cuales está incluido el impuesto sobre los in- 
tereses de la Deuda francesa, traen dividido al Ministerio, por creer 
algunos de sus individuos que no es oportuna la indicada medida, 
mientras otros entienden que hay que adoptarla á lin de que los tene- 
dores de la Deuda del l.stado contribuyan, como los de los demás va- 
lores, á las cargas públicas. Los diputados agrarios, que tienen mu- 
cha fuerza en la Cámara, defienden la reforma á todo trance, espe- 
rando lograr alguna rebaja en las enormes cargas que pesan sobre 
la agricultura. 

El Ministro de Negocios Extranjeros, Mr. Hanotau.x, ha deposita- 
do hoy sobre la mesa de la Cámara de Diputados un proyecto decla- 
rando la isla de Madagascar colonia francesa, lüi el preámbulo del 
proyecto declara el Ministro que, aun cuando eran otros los propósi- 
tos del (jobierno francés, en vista de los acuerdos adoptados por el 
Gabinete Bourgeois es menester abandonar la idea del protectora- 
do. Sin embargo, la Reina Ranavalo conservará su titulo y los hono- 
res correspondientes á él, pero sometida á la autoridad de Francia. 
También serán respetados en sus cargos los jefes indígenas, que se- 
rán los encargados de administrar los asuntos interiores del país, 
según las leyes, usos ó instituciones locales. La Cámara de Diputa- 
dos aprobará sin discusión el proyecto de Mr. Hanotau.x. Con él ca- 
ducarán los tratados de comercio existentes entre Madagascar y va- 
rias potencias, así como las concesiones mineras, que han estado á 
pumo de ser ocasión de algunos conflictos internacionales. 



« * 



Turquía.— De nuevo se advierte agitación en varios puntos del 
Imperio. Han sido apresados 1.500 armenios, ante el temor de nuevas 
colisiones con el elemento militar, que comenzaba ya á alterarse, dan- 
do lugar á fundadas suposiciones de que se tramaba una conspira- 
ción contra el orden público. 

— En Canea acaba de estallar un movimiento revolucionario que 
reviste caracteres mucho más graves que la cuestión armenia , pues- 
to que la agresión de los soldados turcos, dirigida principalmente 
contra los subditos del Rey de (irecia, no ha respetado á los repre- 
sentantes de las naciones europeas. 

Los cdvassi'S de los Consulados de Grecia y Rusia han perecido 



CRÓNICA GENERAL 225 



asesinados. Todos los Cónsules han telegrafiado á sus respectivas na- 
ciones pidiendo barcos de guerra. La escuadra inglesa de Malta se 
hizo á la vela para Creta el día 25. En el mismo día , por la noche , sa- 
lió para igual destino el buque de guerra Hovd . que estaba anclado 
en Falerio, y probablemente harán lo mismo los acorazados de Gre- 
cia. Turknan Bajá es impotente para refrenar á la soldadesca, porque 
está en pésimas relaciones con el Gobernador militar Izzedin, sospe- 
choso de hallarse en inteligencia con los rebeldes. No se sabe cuál ha 
sido la causa inmediata de la funesta colisión, porque se hace tanto 
más inexplicable cuanto que Canea es, de todas las poblaciones de 
Creta , la que no ha hecho provocación alguna durante todo el tiempo 
del anómalo régimen de los seis últimos años. Por el contrario, el Go- 
bierno griego y todos los circuios influyentes de Creta se unieron, 
cuando el aplazamiento de la Asamblea, para pedir á los insurrectos 
de Vamo que desistieran de sitiar á la guarnición y de emplear actos 
agresivos hasta que se reuniera aquélla. La situación en Bethymo es 
igualmente muy seria. Parece que en Heraklion reina tranquilidad; 
pero se ha alterado también el orden, viniendo á las manos turcos y 
cristianos en las inmediaciones de \'amo. Se cree que el Gobierno 
francés ha dado órdenes para que el crucero Cuí^mao. estacionado en 
Smirna, salga inmediatamente para Canea, á fin de proteger á los 
subditos franceses. 



Austria HuNf.RíA. — Hungría, que reconoce á San Esteban por fun- 
dador de su Monarquía, acaba de celebrar su milenario con grandes 
fiestas, entre las cuales ha sobresalido, por su imponente solemni- 
dad y extraordinaria pompa, la ceremonia religiosa realizada en la 
MathiaskiPche , en presencia del Rey y de la Reina , de los Príncipes, 
magnates y altos dignatarios. El Cardenal Vaszady pronunció, ante 
el Monarca y su Corte, un elocuente discurso, del que transcribimos 
las siguientes frases: 

"Hemos llegado al si^lo x de nuestra existencia. Con letras de oro 
y de sangre se han escrito los acontecimientos pasados ; nuestros ojos 
no pueden ver lo porvenir. Con la espada ganamos esta patria, y la 
conservamos con la Cruz ; y, aceptando la fe cristiana , entró Hungría 
en la comunidad europea, sin renunciar su nacionalidad^. 

—Toda la Prensa de Viena ha venido dedicando sentidos trabajos 
á la muerte del Archiduque Carlos Luis, acaecida el 19 de Mayo, do- 
blemente sentido pw el alto y merecido prestigio que disfrutaba, 
principalmente entre las clases militares. "Era el Archiduque Carlos 
Luis, aun cuando hermano del Emperador Francisco losé v heredero 
del Trono, uno de los Príncipes austríacos más enemigos del fausto y 
de la pompa cortesana, y de los que menos frecuentaban las fiestas 

15 



226 CRÓNICA GENERAL 



palatinas. Hombre piadoso y fervoroso creyente, nunca pensó en 
asumir las responsabilidades del poder, y siempre se abstuvo de in- 
tervenir en las contiendas políticas; sin embargo, en ciertas ocasio- 
nes no se negaba á aconsejar á su augusto hermano. Aun cuando en 
ningún acto oficial conste que hubiera renunciado sus derechos al 
cetro imperial , todo el mundo sabia, dei.de que murió el desgraciado 
Príncipe Rodolfo, que no ceñiría la corona y que prefería ver á su 
hijo mayor en el trono. De ahí precisamente la popularidad del Ar- 
chiduque, y de ahí el cariño que profesaban los vieneses al difunto 
Príncipe. Había nacido éste en el palacio de Schoenbrunn el 30 de 
julio de lKi3. Hra General de Caballería del ejército, Coronel propie- 
tario del regimiento de Huíanos núm. 7, del de Dragones rusos núme 
ro 24, del t^e Huíanos de Prusia titulado Conde de Donha, núm. M; In- 
dividuo honorario de la Academia Imperial de Ciencias de V'iena, 
Caballero de Ja Orden austríaca del Toisón de Oro y de la del Águila 
Negra, y Ciran Cruz de la Orden de Malta. Se casó en Oresde, el 4 de 
Noviembre de 1S56, con la Princesa Margarita de Sajonia, la cual 
mu!ió el 15 de Septiembre de 1S58; contrajo segundas nupcias con la 
Princesa Anunciación, de la rama de los Borbones de Sicilia, que 
falleció en 4 de Mayo de IS71 , y en terceras nupcias se unió el 'L\ de 
julio de 1873, en el castillo de Neubach, á la Princesa María Teresa 
de Braganza. De su segundo matrimonio tuvo cuatro hijos, y del ter- 
cero dos, que actualmente viven. Las exequias fúnebres del difunto 
Archiduque Carlos Luis han constituido hoy una solemne manifes- 
tación de duelo. La enorme muchedumbre que asistía á las mismas 
ha demostrado con natural emoción la parte que tomaba en el duelo 
de la familia imperial. VA Lmperador ha asistido á la ceremonia, pero 
no el hijo del tinado, I'rancisco Fernando, que se encuentra ausente. 
Con motivo del fallecimiento del Archiduque Carlos Luis, hermano 
del Emperador Francisco José, pasa á ser heredero inmediato de la 
Corona austríaca su hijo el Archiduque Fernando. Mas éste no lo 
será por mucho tiempo, pues sabido es que padece una tuberculosis 
que pone en grave riesgo su existencia. Su estado de salud es tan 
precario, que los médicos le prescriben la permanencia en países de 
clima templado y seco para no exponerle A recaídas que serían mor- 
tales. „ 

* » 

I.VGLATKRRA. — El MinisiTO dc Uis Colonias, Mr. Chamberlain, presi- 
diendo un banquete en el 1 lotel Metropolitano, ha pronunciado un dis- 
curso lamentando que no se hayan disipado loí. contlictos del África 
del Sur. Las causas de la agitación, dijo, siguen subsistentes, y la 
reconciliación de las grandes razas no ha llegado á efectuarse; las 
últimas sentencias dictadas por el Presidente Kruger son poco satis- 



CRÓNICA GENERAL 227 



íactorias, y no contribuyen á realizar las miras de la nación inglesa 
en África ; esperábase má s de la magnanimidad del Jefe de aquel Es- 
tado. El Gobierno de la Gran Bretaña, añadió, cumplirá todas sus 
obligaciones legales, siendo de esperar que sellegue á una inteligen- 
cia anglo-holandesa. El Ministro terminó declarando que la subleva- 
ción de Matabelandia puede considerarse terminada en absoluto. Sin 
embargo, poco tiempo después, despachos particulares de Buluwayo 
anunciaban que los rebeldes volvían A presentarse con carácter ame- 
nazador, y que eran inminentes nuevos encuentros. 

— La Cámara inglesa de los Comunes acaba de celebrar una de las 
sesiones más agitadas y laboriosas de que hay noticia en el espacio 
de algunos años. Desde las tres de la tarde del martes á las nueve de 
la mañana del inmediato día ha estado reunida con objeto de votar 
el hiil sobre salarios agrícolas, en que el Ministro Mr. Balfour tenía 
decidido interés. Cinco diputados de las minorías que rehusaron de- 
jar sus asientos para pasar á los corredores, donde los nhipers recon- 
taban á los asistentes, incurrieron en la pena de suspensión temporal 
(por ocho días) que les impuso el Presidente; y  Semejante medida ha 
contrarrestado el buen efecto que el bando produjo en Cuba y en Es- 
paña , habiendo llegado el disgusto hasta la misma Capitanía General 
de la Habana. 

— El Tribunal Supremo de justicia de Washington, cuyas faculta- 
des son análogas á las del nuestro, ha venido entendiendo, por espa- 
cio de varias semanas y por encargo especial del Gobierno de los 
Estados Unidos, en el proceso instruido contra los oficiales de mari- 
na del buque tilibustero Horsa. El fallo del mencionado Tribunal 
debe establecer jurisprudencia para lo sucesivo; es decir, que la in- 
terpretación dada á las leyes de neutralidad, al condenar ó absolver 
á Wiborg y consortes por haber adquirido y tripulado el vapor Hi)rsa 
con contrabando de guerra de^-tinado á los enemigos de España en 
Cuba, será á la que habrá que atenerse en lo sucesivo en casos seme- 
jantes, y con arreglo á ella el Gobierno de la República habrá de dar 
sus órdenes á sus agentes para que persigan las expediciones filibus- 
teras ó no las persigan, según lo que el Tribunal Supremo declare. 
\' he aquí lo que el Gobierno de los Estados Unidos ha reclamado del 
Tribunal Supremo: que en la resolución que dicte respecto al Horsa 
hje la verdadera interpretación de la ley para que sirva de jurispru- 
dencia. El alto Tribunal ha mantenido la sentencia dictada por el 
Tribunal de distrito del Estado de Pensilvania con relación al capi- 
tán Mr. Wibory, y ha impuesto á éste una multa, además de conde- 
narle á varios meses de prisión por haber capitaneado una expedi- 
ción filibustera contra Cuba. El Tribunal ha declarado que las armas 
y municiones conducidas por el Horsa constituían una expedición 
militar, tal como la designa el espíritu de las leyes sobre neutralidad. 
Xo era necesario que estuviesen armados los individuos que forma- 
ban la expedición para que ésta cayera dentro de las leyes citadas. 
A bordo del Horsa, según el Tribunal, había todos los elementos mi- 
litares necesarios para una expedición filibustera. Si no lo ha hecho 
respecto de los demás tripulantes, ha sido por no hallar prueba bas- 
tante de que sabían la misión que iba á desempeñar el buque. Sobre 
este punto se ha mandado abrir una información suplementaria. Lo 
importante en el caso del Horsa era que el Tribunal Supremo de la 
Unión declarase, como lo ha hecho, que las expediciones filibusteras 
son actos penables con arreglo á las leyes de los Estados Unidos. 
Aplicando esta doctrina del Tribunal Supremo, el Poder Ejecutivo 



234 CRÓNICA GENERAL 



podrá, más libremente que hasta ahora, tomar medidas contra lob 
que traten de organizar nuevas expediciones. 

—La actividad con que las tropas persiguen en Cuba al enemigo 
sin decaer un momento, indica que nuestros soldados no se duermen 
sobre sus laureles, aunque los resultado^ no sean todo lo satisfacto- 
rios que fuera de desear, correspondiendo á las esperanzas concebi- 
das. De todos modos, sigue demostrándose á diario la superioridad 
táctica de las fuerzas leales sobre los insurrectos, conforme lo de- 
muestran los siguientes despachos de la Habana que transcribimos á 
continuación : 

"Una numerosa partida rebelde, que pasaría de mil quinientos 
hombres, y en la cual figuraban varias amazonas, asaltó el barrio de 
Capellanías, cerca de Guan.nja. Los insurrectos, después de cometer 
todo género de excesos, se retiraron, no sin quemar setenta casas. 
La columna del general .Molina, después de perseguir durante once 
horas las partidas que manda el cabecilla Zayas. encontró las avan- 
zadas del enemigo en Polvorosa. Continuó la columna en persecu- 
ción de ellos, y á poco halló el núcleo principal de las partidas ocu- 
pando extensa linca perfectamente defendida Los rebeldes rompie- 
ron un nutrido fuego é intentaron varias veces realizar un movi- 
miento envolvente. Sus propósitos se estrellaron contra el denuedo 
de nuestros soldados, que no solamente rechazaron valerosamente 
cuantos ataques emprendieron los insurrectos, sino que los arroja- 
ron de las posiciones que ocupaban, y se apoderaron de su campa- 
mento, donde recogieron cinco muertos que no habían podido lo> re- 
beldes retirar al pronunciarse en fuga. \l\ general Molina dio orden 
de que la columna continuara persiguiendo á la partida fugitiva. 
Ésta se había hecho fuerte en un antiguo cuartel de guardias civiles, 
desde donde defendía con tenacidad, pocas veces demostrada por los 
rebeldes en e?>ta campaña, el paso del rio. Una sección de caballería, 
compuesta de veinticinco hombres al mando del valeroso capitán se- 
ñor Cortés, dio varias admirables cargas hasta arrojar á los rebel- 
des de la casa-cuartel. La pequeña sección perdió en estas cargas 
siete hombres que quedaron heridos, y catorce caballos. Se distin- 
guieron también notablemente en este combate el comandante del 
batallón de Cuenca D. .Manuel López, que mandaba la vanguardia, y 
el médico D. justo Martín, c^ue estuvo curando los heridos en la mis- 
ma línea de fuego. En este nuevo combate, los rebeldes tuvieron diez 
muertos, entre ellos un ayudante de Máximo Gómez, llamado Mier, 
y unos veinte heridos. Nuestras bajas fueron un soldado muerto y 
diez heridos, la mayoría de ellos por balas explosivas. Kstas partidas 
rebeldes, que iban mandadas, como ya he dicho, por Zayas y por los 
cabecillas Collazo y Tamayo, se encontraron en su huida con la co- 
lumna del coronel N'ario, que las derrotó de nuevo, haciéndolas diez 
muertos y muchos heridos. Los rebeldes abandonaron cien caballos. 



CRÓNICA GENERAL 235 



„La columna que manda el general Suárez Valdés, que se com- 
pone de 1.070 hombres, al salir de Consolación del Sur, encontró nu- 
merosas fuerzas insurrectas parapetadas en la extensa línea de lo- 
mas que hay entre Lajas y el ingenio Potosí. Las partidas rebeldes 
mandábalas Maceo personalmente, quien se propuso rechazar á la 
columna de Suárez X'aldés, aprovechándolos atrincheramientos que 
habían levantado en las citadas lomas. La resistencia de los mambi- 
ses fué tenaz como en pocas ocasiones; pero el general Suárez Val- 
dés no cesó en el ataque hasta hacer huir á los rebeldes. Seis horas 
duró el fuego, que fué muy nutrido, y, al llegar á una distancia de 
ochenta metros de las trincheras, dióse la orden de cargar á la ba- 
yoneta, ataque brioso que los insurrectos no se atrevieron á conte- 
ner. P-1 general Suárez Valdés, que se puso á la cabeza de las tro- 
pas, recibió un balazo en el brazo derecho al comenzar la acción, 
l'ué el primer herido que hubo en ella. A pesar de los consejos de 
sus ayudantes, el General no quiso ceder el mando y continuó diri- 
giendo el ataque. Dos horas más tarde, el general Suárez Valdés 
fué de nuevo herido, librándose por milagro de la muerte. \i\ pro- 
yectil le dio en la cadera; pero como primero chocó con la culata 
del revólver del general , sólo recibió éste una herida contusa. Tam- 
poco consintió el General en dejar el mando de sus tropas, esperando 
para curarse á ocupar las posiciones que Maceo defendía. En las 
trincheras enemigas cogiéronse treinta y cuatro reses y el rancho 
que tenían preparado los rebeldes, muchos caballos y muchas armas. 
V^ióseles llevar algunos muertos y buen número de heridos. En las 
posiciones ganadas recogiéronse treinta y nueve insurrectos ir.uer- 
tos, y entre ellos el titulado comandante Naranjo y dos extranjeros. 
Nosotros hemos tenido veintisiete heridos , algunos graves. El oficial 
de infantería de marina D. Antonio Muster ha recibido una herida 
grave. Cinco soldados sufrieron también heridas leves. En el com- 
bate se distinguieron notablemente el general Molins y los tenientes 
coroneles Sres. Valle, Castilla, Díaz y Vento, el comandante señor 
Reina, y toda una compañía de ingenieros mandada por el capitán 
Sr. Maura, que iba á la vanguardia de la columna. Se elogia mucho 
el comportamiento de la artillería, que intervino en la acción al pro- 
nunciarse en fuga el enemigo. X'arias de las granadas disparadas lo 
fueron con tal acierto, que se vieron caer entre los grupos de rebel- 
des. Éste, según confidencias, dirígese hacia Caimaniago. Durante 
el combate, los dos médicos militares curaron á nuestros heridos en 
la misma línea de fuego. Precisamente en los momentos en que ter- 
minaba la acción rompió á llover de un modo torrencial. El general 
Suárez Valdés entró en San Diego de los Baños. Desde allí, en un 
carruaje, dirigióse á Consolación. El teniente coronel .Sr. Valle, 
que, como dejo dicho, se ha distinguido mucho en el combate , resultó 
milagrosamente ileso. El caballo que montaba sufrió dos balazos, y 



236 CRÓNICA GENERAL 



uno dio en la silla. El titulado comandante insurrecto Naranjo falleció 
cuando lo estaban curando nuestros médicos^. 

No obstante, la situación de los núcleos principales de las fuerzas 
insurrectas siijue siendo la misma, sobre poco m.ls ó menos. M.l.ximo 
Gómez continúa en las \'illas, en la jurisdicción de Sagua; Maceo 
sigue en las Lomas, y envía desde allí algunos grupos para atacar 
la vía férrea ; las partidas de Lacret y de los Gonz.llez, con las cuales 
se han balido las columnas Molina y Nario, se han dirigido á la re- 
gión en que acaban de tener lu^ar los encuentros, para coadyuvar 
al avance de Gómez, ó quizás para arrastrar en su persecución hacia 
el Norte las tropas que le cierran el paso por el ferrocarril de Ma- 
tanzas y el río Hanabana. 

\il bravo coronel M cucada, que perdió uno de sus hijos en la acción 
de Cacarajícara . al saber la pro.ximidad del enemigo á los lugares 
por donde pasaba con su columna conduciendo un convoy, le atacó 
briosamente en Casegre , desalojándole de sus posiciones y causan 
dolé muchas bajas. La guerrilla de San Antonio de los Baftos, al 
mando de un teniente, atacó la partida Collazo y la derrotó, con 
muerte del cabecilla. También hablan lo.s telegramas de dos guar- 
dias civiles que. prisioneros ya y amarrados .1 un áibol, lograron 
desatarse y, acometiendo A los que los rodeaban, mataron i su jeíe 
y pusieron en fuga á los demás. 

— Como de interés excepcional, insertamos algunas declaraciones 
que ha hecho el general Pando al desembarcar en la Península. 
Aunque el (ieneral no hablará acerca de los asuntos de Cuba sino en 
el Senado, cuando se plantee el debate político, sin embargo se afir- 
maba ayer que expresa opiniones muy optimistas sobre la campaña. 
Hn la isla hay unos cuarenta mil insurrectos; pero, de ellos, sólo diez 
y seis mil poseen armas. Todos se encuentran desalentados por la 
constante persecución de las columnas y los escasos recursos con que 
cuentan. Ksto será causa— dice— de que la insurrección en Pinar del 
Río concluya antes de dos ó tres meses si las circunstancias no va- 
rían. Además de la falta de medios para sostener poi- mucho tiempo 
la guerra en Pinar del Río, los insurrectos hállanse obligados á per- 
manecer en aquel país devastado por ellos, merced á la trocha mili- 
tar de Mariel, de la cual el general Pando hizo grandes elogios por 
su eficacia. Añadió el general Pando que las bajas que se hacen á 
las partidas armadas son cubiertas en seguida con los rebeldes que 
carecep de armas. Cree el Sr. Pando que para terminar la guerra 
no hay otro medio que el de las armas; pues, en las presentes circuns- 
tancias, ei planteamiento de reformas políticas en la isla no serviría 
para nada. Respecto de otros asuntos de la campaña, manifestó el 
General que, como era conveniente la mayor reserva, no será él 
quien despliegue los labios para revelarlos. El Sr. Pando aseguró 
que su regreso á la Península no obedece á disentimientos con el ge- 



CRÓNICA GENERAL 237 



neral Weyler, persona á quien admira y A quien guardará siempre 
profundo reconocimiento, sino á razones de patriotismo que á su tiem- 
po expondrá en el Senado. Al decidir volver á la Península, hízolo de 
acuerdo con el General en jefe. 

—El general Weyler ha publicado hoy una circular diciendo que, 
caducando el 10 de junio próximo la disposición en que se concede á 
los pobres ración de etapa , seguirá dándose , durante dos meses, pre- 
vios los requisitos que exige la autoridad civil. Se concederán r>00 gra- 
mos de carne, 125 de arroz y 20 de sal á los mayores de catorce años. 
Para los menores de esta edad, las raciones serán de 250 gramos, 63 
y 10, respectivamente. En la misma circular dispone el Gobernador 
general que se recoja todo el ganado vacuno. (?niregando á los propie- 
tarios de las rcses un recibo de las mismas, siempre que, entre otros 
requisitos , se pruebe que los dueños de aquéllas son personas afectas 
á España. De los beneficios de esta circular, por lo que se refiere á 
las raciones á los pobres, se excluye á las mujeres y á los hijos de los 
insurrectos que se hallan en el campo. Se ordena asimismo que estas 
familias salgan de las poblaciones, para unirse á los rebeldes donde 
éstos se encuentren. 

— Hase asegurado que varios representantes extranjeros habían 
recibido encargo de tener á sus gobiernos minuciosamente informa- 
dos de la manera cómo se hace la guerra en Cuba, y de informarse 
por conductos autorizados de si son ciertas las acusaciones hechas de 
que los insurrectos hacen uso de balas explosivas, atentan contra los 
trenes de viajeros y realizan otros actos condenados por el Convenio 
de Ginebra. Estas instrucciones serán transmitidas á los Cónsules en 
Cuba para que ayuden á la información. Claro es que, si esta infor- 
mación resulta, como no puede menos de resultar, en la evidencia de 
que los filibusteros emplean medios prohibidos por los usos de la gue- 
rra entre naciones civilizadas, los gobiernos extranjeros no tendrán 
otro remedio que considerar á los insurrectos como fuera de la ley. Al 
efecto recordábase que, cuando la insurrección de Cartagena, las na- 
ciones extranjeras consideraron como piratas á los cantonales y de- 
volvieron á España la marina de guerra que les apresaron. La noti- 
cia de esa información intentada por las potencias no tiene nada de 
inverosímil, sobre todo si se tiene en cuenta que ya el Gobierno espa- 
ñol ha debido llamar la atención de las naciones extranjeras acerca 
del asunto. Coincidiendo en cierto modo con lo que anoche se decía, 

escribe La Época: "Los rebeldes continúan demostrando su barba- 
rie, y poniéndose cada vez más fuera del derecho de gentes. Cortar 
una vía férrea para impedir que la utilice el enemigo, podrá no ser 
ilícito; pero poner bombas al paso de los trenes, y más si son de via- 
jeros, es un acto salvaje que priva, al que lo ejecuta, de ser tratado 
con arreglo á las leyes y usos de la guerra. Al realizar las bandas de 

Maceo y Máximo Gómez actos de destrucción de vidas y propieda- 



238 CRÓNICA GENERAL 



des, innecesarios para cualquier fin miliiar. quebrantan todo princi- 
pio de humanidad y se hacen dignos de ser tratados como fieras^. 

El Ministro de la Guerra había interesado al general Weyler para 
que se depure si es cierto que los insurrectos emplean en la guerra 
las balas explosivas. Al efecto se recordará que el general en jefe 
comisionó al Inspector general de Sanidad, Dr. Losada, para que lo 
depurase, examinando las heridas que se suponen causadas por ba- 
las explosivas. Personas llegadas de Cuba por el último correo dicen 
que en la Habana se tenía por indudable que los rebeldes emplean 
balas explosivas, y no como opinión del vulgo, sino por informes de 
hombres de ciencia. Alguna de las personas A que aludimos recuerda 
haber oído referir á los doctores Losada y Atienza uno de los casos 
de herida causada por bala explosiva y apreciaron caracteres muy 
distintos á las lesiones que producen los proyectiles ordinarios. 
—El siguiente telegrama es del General en jefe al Gobierno: 

"Habana, 7— Columna Rodríguez en Lomas Banao, Spíritus, hizo 
dos muertos y dos prisioneros, cogiendo SO caballos y un cajón con 25 
kilos de dinamita, depósito descubierto. Batallón Mérida en Montes 
Lara Bejuco ocupó documentos del cabecilla Leg(in é hizo dos muer- 
tos y un prisionero, cogiendo seis caballos. Partida local atacó al 
grupo de guerrilla de Sitio (irande, \ illas, que auxiliada por desta- 
camento la rechazó, haciéndola cuatro muertos. El coronel Moneada 
batió en Monte Industria (provincia Habana) á las partidas Aguirre, 
Octavio y otras que trataban de ganarle el paso del Río Quento, per- 
.seguidas hasta dispersión Lomas Ciato; les hizo un muerto y 18 heri- 
dos, apresando 7'J caballos. Coronel Tort batió en tiüira Melena á la 
partida Castillo, haciéndole muchas bajas, ocupando caballos y ar- 
mas; herido grave teniente de \ergara I'inrique Pérez y un guerri- 
llero; herido comandante Romerales, de Baleares, y cinco soldados 
contusos. En .San José de las Lajas y Ranchuelos, dos presentados 
con armas y caballos. En Pinar, grupos Díaz y Núflez tirotearon ano- 
che Candelaria; fueron batidos en la obscuridad y rechazados por 
guarnición, causándoles un muerto y cuatro heridos; la tropa un he- 
rido. En línea de .Mariel hubo tiroteo en vanguardia NLiriel y reta- 
guardia Guanajai con grupos enemigos rechazados. General (ionzá- 
lez Muñoz, aislado en San Diego Baños por horroroso temporal llu- 
vias, trata de unirse con general Serrano,. 
— Y lo que sigue es de El Imparcial : 

"Desde Jacksonville, la capital de la Florida, dicen en un tele- 
grama que ha regresado á aquel puerto el vapor filibustero Three 
i'funds. Los tripulantes de éste se vanaglorian de haber conducido 
á las costas de Cuba con el más completo éxito el mayor cargamento 
de fusiles, cañones, municiones, dinamita y otros pertrechos de gue- 
rra que hasta ahora ha sido enviado desde los puertos de los Esta- 
dos Unidos á los insurrectos de la grande Antilla. 



CRÓNICA GENERAL 239 



„En la Capitanía general se han recibido hoy varios partes dando 
cuenta de otras tantas operaciones realizadas por nuestras colum- 
nas. En ninguna de ellas ha ocurrido suceso ó detalle de importan- 
cia. Hoy se habla aquí con gran insistencia de que los insurrectos 
han logrado desembarcar dos expediciones importantes por Maravi 
y Campigney „. 

Para neutralizar, en lo posible, tan ingrata antecedente noticia, 
haremos constar que el Ayuntamiento de Barcelona, inspirándose en 
ios más generosos sentimientos de acendrado patriotismo, ha ofre- 
cido al Gobierno uno de los dos acorazados que se construyen en Ge- 
nova . y sobre los cuales ha recaído el dictamen más favorable de 
parte de los jefes de Marina comisionados para inspeccionarlos; como 
asimismo se asegura que el otro acorazado será también adquirido 
por otro Ayuntamiento de una de las más importantes capitales de 
España. 

— Eln Marahuii se ha formado una llamada "Compañía de tirado- 
res de Mindanao„. Los oficiales y sargentos y la mitad de los cabos 
son peninsulares; el resto de la compañía, indígena. .Su objeto es vi- 
gilar los caminos y explorar los bosques, proteger las marchas y es- 
trechar y afirmarlas relaciones amistosas con los moros, durmiendo 
alguna vez en las mismas rancherías y acostumbrándolos insensible- 
mente á la suavidad del trato con los españoles. El mando superior 
de esta compañía de tiradores ha sido confiado al capitán Seoane, 
cuyo actual empleo supo conquistarse frente al enemigo. Los moros 
siguen atacando cuantas veces pueden á las brigadas que trabajan 
en la construcción del ferrocarril y á la compañía que las protege. 
La primera familia española que se ha instalado en Marahuit es la 
del Conde de Torrealta. La Condesa y su bella hija han ido á vivir 
al distrito de que es Gobernador militar el Conde. 

— Desde el próximo curso de 18% á 1897 , el país vascongado con- 
tará con un nuevo establecimiento de primera y segunda enseñanza 
donde poder educar sólida y cristianamente á sus hijos , cual es el Co- 
lei;io que con el titulo de Nuestra Señora de la Consolación va á 
abrirse en Guernica, bajo la dirección de los Padres Agustinos. El 
Kdo. P. Ángel Rodríguez, Profesor que ha sido en los Colegios de 
María Cristina y de Alfonso XII y autor de varias obras científicas, 
está nombrado Director; el Rdo. P. Fr. Eustoquio de Uriarte, cuyos 
trabajos de Estética musical y de Crítica histórica y literaria son ca- 
lurosamente elogiados por los jueces más eminentes en la materia, 
\icerrector; y Profesores, los PP. Fr. Julio Lozano, Carlos de Mi- 
guel, Miguel Cerezal y Miguel Giráldez. 



240 



OBSERVACIONES METEOROLÓGICAS 



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LA CULTURA ARTÍSTICA V LITERARIA 



E\ TIFÍMPO DE LOS RRVKS CATÓLICOS (O 




ov, con la mism.i verdad que en tiempo del buen 
Cura de los Palacios, repite la voz unánime de la 
historia y afirma el sentir común de nuestro pue- 
blo que, en tiempo de los Reyes Católicos, "fué en España 
„la mayor empinación , triunfo é honra é prosperidad que 
„nunca España tuvo„. Porque si es cierto que los términos 
de nuestra dominación fueron inmensamente mayores en 
tiempo del Emperador y de su hijo, y mayor también el 
peso de nuestra espada y de nuestra política en la balanza 
de los destinos del mundo; toda aquella grandeza, que por 
su misma desproporción con nuestros recursos materiales 
tenía que ser efímera, venía preparada, en lo que tuvo de 
sólida y positiva, por la obra más modesta y más peculiar- 
mente española de aquellos gloriosos monarcas, á quienes 
nuestra nacionalidad debe su constitución definitiva, y el 
molde y forma en que se desarrolló su actividad en todos 



(1; A la exquisita amabilidad de nuestro ilustre amigo el Sr. Me- 
néndez y Pelayo debemos la dicha de ofrecer anticipadamente á 
nuestros lectores este admirable estudio, que forma parte del tomo vj 
de la Antología de /írteos castellanos, próximo á publicarse. (Nota 
de La Redación.) 

La Ciiiil.nl 'ic fliis. — \m XVI. — Jlúm. o62. i6 



242 LA CrLTlRA ARTÍSTICA V LI'IKKARIA 

los Órdenes de la vida durante el siglo más memorable de 
su historia. Lo que de la Edad Media destruyeron ellos, 
destruido quedó para siempre: las instituciones que ellos 
plantearon ó reformaron, han permanecido en pie hasta los 
albores de nuestro siglo; muchas de ellas no han sucumbido 
por consunción, sino de muerte violenta: y aun nos acon- 
tece volver los ojos .1 algunas de ellas cuando queremos 
buscar en lo pasado algún género de consuelo para lo pre- 
sente. 

Aquella manera de tutela, más bien que de dictadura, 
que el genio político providencialmente suele ejercer en las 
sociedades anárquicas y desorganizadas, pocas veces se ha 
presentado en la historia con tanta majestad y tan fiero apa- 
rato de justicia. 

"Recebistes de mano del muy alto Dios (decía á los Re- 
„yes el Dr. Francisco Ortiz, en 14Q'J, en el más elocuente de 
„sus Cinco Tratados) el ceptro real en tiempos tan turba- 
„dos, cuando con peligrosas tempestades toda España se 
^subvertía, cuando más el ardor de las guerras civiles era 
^encendido, cuando ya los derechos de la república acosta- 
„dos iban en total perdición. No había ya lugar su reparo. 
„No había quien sin peligro de su vida sus propios bienes é 
„sin miedo poseyese: todos estaban los estados en aflicción, 
^é con justo temor en las cibdades recogidos; los escondri- 
„jos de los campos con ladronicios manaban sangre. Xo se 
„acecalaban las armas de los nuestros para la defensa de 
„los límites cristianos, mas para que las entrañas de nues- 
„tra patria nuestro cruel fierro penetrase. El enemigo do- 
„méstico sediento bebía la sangre de sus cibdadanos: el ma- 
^yor en fuerza d más ingenioso para engafiar era ya más 
^temido é alabado entre los nuestros; y así estaban todas 
^las cosas fuera del traste de la justicia, confusas é sin a'T* 
^guna tranquilidad turbadas. É allende daquesto, la lei é 
^medida de las contrataciones de los reinos, que es la pe- 
pCunia... con infinitos engaños cada día recebía nuevas for- 
^mas é valor diverso en su materia segund la cobdicia del 
^más cobdicioso, habiendo todos igual facultad para la cu- 
^ñar é desfacer en total perdición de la república. Pues ¿á 



EN TIEMPO DE LOí? REYES CATÓLICOS '243 

„quién eran seguros los caminos públicos: A pocos por 
„cierto: de los arados se llevaban sin defensa las yuntas de 
„los bueyes: las cibdades é villas por los mayores ocupadas 
^; quién las podrá contar? Ya la majestad venerable de las 
^leyes había cubierto su faz: ya la fe del reino era caída... „ 
Ni se tengan éstos por encarecimientos retóricos, de que 
poco necesitaba el orador que tan dignamente supo ensalzar 
la conquista de Granada. Los documentos públicos y priva- 
dos, que dan fe del miserable estado del reino en tiempo de 
Enrique I\', abundan de tal suerte, qu^^casi parece un lugar 
común insistir en esto. Hasta los embajadores extranjeros, 
por ejemplo, los del Duque de Borgoñaen 1473, unían su voz 
al clamor general contra el menosprecio de la justicia y la 
licencia de los poderosos para abatir ít los que no lo eran, y 
la desolación de la república, y los robos que se hacían del 
patrimonio real, y la licencia que se concedía á todos los 
malhechores, "y esto con tanto atrevimiento como si no hu- 
„biera juicio entre los hombres „. Bien conocido es, y quizá 
puede juzgarse apasionado, aunque por su misma insolencia 
sea notable testimonio del escándalo á que las cosas habían 
llegado, el terrible memorial de agravios que los proceres 
alzados contra Enrique W formularon en Burgos en '29 de 
Septiembre de 14/'4. Pero no puede negarse entera fe á lo 
que, no con vagas declamaciones, sino enumerando casos 
particulares, nos dejó escrito Hernando del Pulgar en la 25.* 
de sus Letras, dirigida en 1473 al Obispo de Coria, docu- 
mento doblemente importante por su fecha, anterior en un 
año solo al advenimiento de los Reyes Católicos. Allí se 
encuentran menudamente recopilados "las muertes, robos, 
^quemas, injurias, asonadas, desafíos, fuerzas, juntamien- 
;,tos de gente, roturas que cada día se facen abiindauter en 
^diversas partes del reino „. "Ya vuestra merced sabe (dice 
„el cronista) que el duque de Medina con el Marqués de Cá- 
„diz, el conde de Cabra con don Alonso de Aguilar, tienen 
pCargo de destruir toda aquella tierra de Andalucía, é meter 
^moros cuando alguna parte destas se viere en aprieto. Es- 
.„tos siempre tienen entre sí las discordias vivas é crudas, é 
^crecen con muertes é con robos, que se facen unos á otros 



vi 



244 LA CULTURA ARTÍSTICA V LITERARIA 

„cada día. Agora tienen treguas por tres meses, porque die- 
„sen lugar al sembrar; que se asolaba toda la tierra, parte 
„por la esterilidad del año pasado, parte por la guerra, que 
„no daba lugar cá la labranza del campo... Del reino de Mur- 
tela os puedo bien jurar, señor, que tan ajeno lo reputamos 
„ya de nuestra naturaleza como el reino de Navarra ; porque 
„carta, mensajero, procurador ni cuestor, ni viene de allí ni 
„va de acá más ha de cinco años. La provincia de León tiene 
„cargo de destruir el clavero que se llama maestre de Alcán- 
„tara (1), con algunos alcaides d parientes que quedaron su- 
„cesores en la enemistad del maestre muerto. Iil clavero 
f^sive maestre, siempre duerme con la lanza en la mano, ve- 
nces con cient lanzas, veces con seiscientas... -;Qué dird, 
„pues, señor, del cuerpo de aquella noble cibdad de Toledo, 
„alcázar de emperadores, donde grandes y menores todos 
„ viven una vida bien triste por cierto y desaventurada? Le- 
pVantóse el pueblo con don Juan de Morales é prior de Aro- 
„che, y echaron fuera al conde de Fuensalida é á sus hijos, 
„é á Diego de Ribera que tenía el alcázar, é á todos los del 
„señor maestre (2). Los de fuera echados han fecho guerra 
„á la cibdad, la cibdad también á los de fuera: é como aque- 
„llos cibdadanos son grandes inquisidores de la fe, dad qué 
herejías fallaron en los bienes de los labradores de Fuen- 
salida, que toda la robaron é quemaron, é robaron á Gua- 
damur y otros lugares (3). Los de fuera con este mismo 
celo de la fe, quemaron muchas casas de Burguillos, é 
„ticieron tanta guerra á los de dentro, que llegó á valer en 
„Toledo sólo el cocer de un pan un maravedí por falta de 
„leña... Medina, Valladolid, Toro, Zamora, Salamanca, y 
„eso por ahí está debajo de la cobdicia del alcaide de Cas- 
„tronuño (4). Hase levantado contra él el señor duque de 
„Alba para lo cercar; y no creo que podrá por la ruin dis- 



(1) D. Alonso de Monroy. 

(2) El de Santiago, D. Juan Pacheco. 

(3) Alude á los desmanes contra los conversos. 

(4) Pedro de Mendaña, uno de los mayores facinerosos de aquel 
tiempo. Puso á rescate la mayor parte de las ciudades de Castilla la 
Vieja. 



EN TIEMPO DE LOS REVÉS CATÓLICOS 245 

^posición del reino, é también porque aquel alcaide... allega 
^cada vez que quiere quinientas ó seiscientas lanzas. Andan 
^agora en tratos con él porque dé seguridad para que no 
„robe ni mate. En Campos naturales son las asonadas, é no 
^mengua nada su costumbre por la indisposición del reino. 
„Las guerras de Galicia de que nos solíamos espeluznar, y?L 
pías reputamos cevilesé tolerables, /;;/;;/(7 lícitas. El condes- 
atable, el conde de Treviño, con esos caballeros de las Mon- 
„tañas, se trabajan asaz por asolar toda aquella tierra hasta 
„Fuenterrabía. Creo que salgan con ello según la priesa le 
,.dt1n. No hay míls Castilla; si no, mits guerras habría... 
pHabemos dejado ya de facer alguna imagen de provisión, 
^porque ni se obedesce ni se cumple, y contamos las roturas 
pé casos que acaescen en nuestra Castilla, como si acaescie- 
„sen en Boloña, ó en reinos do nuestra jurisdicción no al- 
pCanzase... Certificóos, señor, que podría bien afirmar que 
„los jueces no ahorcan hoy un hombre por justicia por nin- 
pgún crimen que cometa en toda Castilla, habiendo en ella 
„asaz que lo merescen, como quier que algunos se ahorcan 
^por injusticia... Los procuradores del reino, que fueron 
^llamados tres años ha, gastados é cansados ya de andar 
„acá tanto tiempo, más por alguna reformación de sus fa- 
„ciendas que por conservación de sus consciencias, otorga- 
,.ron pedido é monedas: el qual bien repartido por caballe- 
aros é tiranos que se lo coman, bien se hallará de ciento é 
„tantos cuentos uno solo que se pudiese haber para la des- 
„pensa del Rey. Puedo bien certificar á vuestra merced, que 
«estos procuradores muchas é muchas veces se trabajaron 
^en entender é dar orden en alguna reformación del reino, 
,,é para esto ficieron juntas generales dos ó tres veces: é 
..mirad quán crudo está aún este humor é quán rebelde, que 
„nunca hallaron medicina para le curar; de manera que 
^desesperados ya de remedio se han dejado dello. Los per- 
alados eso mismo acordaron de se juntar para remediar 
^algunas tiranías que se entran su poco á poco en la iglesia, 
^resultantes destotro temporal, é para esto el señor arzobis- 
7,po de Toledo, é otros algunos obispos se han juntado en 
^Aranda. Menos se presume que aprovechará esto.„ 



246 LA CULTURA ARTÍSTICA Y LITERARIA 

Basta este cuadro, cuyas tintas (conforme al genio blan- 
do y misericordioso de Pulgar) son más bien atenuadas que 
excesivas, para comprender el caos de que sacó á Castilla 
la fuerte mano de la Reina Católica, asistida por el genio 
político y la bizarría militar de su consorte. El mal exigía 
remedios heroicos, y por eso fué aplicado sin misericordia 
el cauterio. Ninguno de los más ardientes panegiristas de la 
Reina Católica (¿y quien puede dejar de serlo?) ha contado 
entre sus excelsas cualidades la tolerancia y la mansedum- 
bre excesivas, que cuando hacen torcer la vara de la justi- 
cia, no han de llamarse virtudes, sino vicios. Todos, por el 
contrario, convienen en que fuómás inclinada á segitir la vía 
del rigor que la de la piedad ; "y esto facía (añade su cro- 
„nista Pulgar) por remediar á la gran corrupción de críme- 
^nes que falló en el reino cuando subcedió en él;, (1). Más 
de 1.500 robadores y homicidas desaparecieron de Galicia 
en espacio de tres meses ante el terror infundido por los dos 
jueces pesquisidores que la Reina envió en 14<S1 : cuarenta y 
seis fortalezas fueron derribadas entonces y veinte más tar- 
de: ajusticiados como principales malhechores Pedro de Mi- 
randa y el Mariscal Pero Pardo. Cuando en 1477 la Reina 
puso su tribunal en el alcázar de Sevilla, "fueron sus justi- 
„cias (según el dicho de .Andrés Bernáldez) tan concertadas, 
„tan temidas, tan executivas, tan espantosas á los malos „, 
que más de cuatro mil personas huyeron de la ciudad, unos 
á Portugal, otros á tier/a de moros. Aquietados los bandos 
de Ponces y (Uizmanes; convertido en héroe épico y en 
Aquiles de la cruzada granadina el más terrible de los ban- 
derizos andaluces; allanada en Mérida, en Medellín y en 
Montánchez la desesperada resistencia del feudalismo ex- 



(1) 'En tiempo de los Reyes Católicos, de gloriosa memoria (dice 
„el Dr. Villalobos en el metro 3S de sus Problemas morales) había 
„tanta severidad en los jueces, que ya parecía crueldad, y era enton- 
„ces necesaria, porque aun no estaban apacic:uados del todo estos 
^reinos, ni acabados de domaren ellos los soberbios y tiranos que 
„había, y por eso se hacían muchas carnecerías de hombres, y se 
„cortaban pies y manos y espaldas y cabezas, sin perdonar ni disi- 
„mular el rigor de la justicia.- 



•iN riE.MPO DE LOS REYES CATÓLICOS L'47 



tremeño, sostenido en los hombres hercúleos del clavero de 
Alcántara D. Alonso de Monroy; organizada en las herman- 
dades la resistencia popular contra tiranos y salteadores, 
pudo ponerse mano en la restauración interior del reino, em- 
presa harto más difícil que lo había sido la de vengar la 
afrenta de Aljubarrota en los llanos de Toro, y depositar 
los trofeos de aquella yrtrihiición sobre la tumba del malo- 
grado D. Juan í. 

i\o bastaba decapitar materialmente la anarquía me- 
diante aquellas terríficas y espantables anatomías de que 
habla el Dr Villalobos, sino que era preciso cortarla las 
raíces para impedirla retoñar en adelante. V entonces se le- 
vantó con formidable imperio la potestad regia, nunca más 
acatada y más amada de nuestro pueblo, porque nunca, des- 
de los tiempos de Alfonso XI, habían tenido nuestros reyes 
tan plena conciencia de su deber, y nunca había hecho tanta 
falta lo que enérgicamente llamaban nuestros mayores el ofi- 
cio de rey. V con este oficio cumplieron los Reyes Católicos, 
no ciertamente á sabor de los que hoy reniegan de la tradi- 
ción, ó quisieran amoldarla á sus peculiares antojos, pero 
sí en consonancia con las leyes de nuestra civilización y con 
el impulso general de las monarquías del Renacimiento. 
Puede decirse que en aquel momento solemne quedó lijada 
nuestra constitución histórica. 

La reforma de juros y mercedes de 14S0, verdadera re- 
conquista del patrimonio real, torpemente enajenado por 
D. Enrique IV^; la incorporación de los maestrazgos á la co- 
rona , con lo cual vino á ser imposible la existencia de un 
estado dentro de^otro estado; la prohibición de levantar 
nuevas fortalezas, y allanamiento de muchas de las anti- 
guas, con cuyos muros la tiranía señorial se derrumbó para 
siempre; la centralización del poder mediante los Consejos; 
la nueva planta dada á los tribunales, facilitando la más 
pronta y expedita administración de justicia; el predominio 
cada día creciente de los legistas; la anulación de la aristo- 
rracia como elemento político, no como fuerza social; las 
tentativas de codificación del doctor Montalvo y de Lorenzo 
Galíndez, prematuras sin duda, pero no infecundas; la di- 



248 I.A CL'LTURA ARTÍSTICA Y LITERARIA 

recta y eficaz intervención de la corona en el régimen mu- 
nicipal, hondamente degenerado por la anarquía del siglo 
anterior; el nuevo sistema económico que se desarrolló en 
innumerables pragmáticas, las cuales si pecan de prohibiti- 
vas con exceso, porque quizá lo exigía entonces la defensa 
del trabajo nacional, son dignas de alabanza en lo que toca 
á la simpiiticación de monedas, pesos y medidas, al des- 
arrollo de la industria naval y del comercio interior, al fo- 
mento de la ganadería; la transformación de las bandas gue- 
rreras de la Edad Media en ejército moderno, con su in- 
vencible nervio, la infantería , que por siglo y medio había 
de dar la ley á Europa; y en otro orden de cosas, muy di- 
verso, la cruenta depuración de la raza mediante el formi- 
dable instrumento del Santo Oficio y el edicto de 14^>-; la re- 
forma de los regulares claustrales y observantes, que, rea- 
lizada á tiempo y con mano firme, nos ahorró la revolución 
religiosa del siglo xvi... son aspectos diversos de un mismo 
pensamiento político, cuya unidad y grandeza son visibles 
para todo el que. libre de las pasiones actuales, contemple 
desinteresadamente el espectáculo de la historia. 

A la robustez de la organización interior; á la enérgica 
disciplina que, respetando y vigorizando la gcnuina espon- 
taneidad del carácter nacional , supo encauzar para grandes 
empresas .sus indomables bríos, gastados ha.sta entonces 
míseramente en destrozarse dentro de casa, correspondió 
inmediatamente una expansión de fuerza juvenil y avasalla- 
dora, una primavera de glorias y de triunfos, una concien- 
cia del propio valer, una alegría y soberbia de la vida, que 
hizo á los españoles capaces de  la Jamaica, donde no residió 
nunca; Embajador al Sultán del Cairo; miembro del primi- 
tivo Consejo de Indias; corresponsal asiduo de Papas. Car- 
denales, Príncipes, magnates y hombres de letras, ofrece 
en su persona uno de los más antiguos y clásicos tipos de lo 
que hoy diríamos periodismo noticiero. Mientras otros lati- 
nistas se esforzaban en renovar las formas clásicas de la 
historia y vestir con la t^ga y el laticlavio á los héroes con- 
temporáneos, él escribía día por día, en una latinidad muy 
abigarrada y pintoresca, llena de chistosos neologismos, 
cuanto pasaba á su lado, cuantos chismes y murmuraciones 
oía, dando con todo ello incesante pasto á su propia curio- 
sidad siempre despierta, y á la de sus amigos italianos y es- 
pailoles. Tenía para su ohcio la gran cualidad de interesar- 
se por todo y no tomar excesivo interés por ninguna cosa, 
con lo cual podía pasar sin esfuerzo de un asunto á otro, y 
dictar dos cartas mientras le preparaban el almuerzo. Acos- 
tumbrado á tomar la vida como un espectáculo curioso, gozó 
ampliamente de cuantos portentos le brindaba aquella edad, 
sin igual en la historia; y estuvo siempre colocado en las 
mejores condiciones para verlo y comprenderlo todo, desde 
la guerra de Granada hasta la revuelta de las Comunida- 
des. Su espíritu, generalmente recto, propendía más á la be- 
nevolencia que á la censura, sobre todo con aquellos de 
quienes esperaba honores y mercedes que contentasen su 
vanidad, muy subida de punto, aunque inofensiva, y su muy 
positivo amor á las comodidades y á las riquezas, que la 
fortuna le concedió ciertamente con larga mano. Hombre de 
ingenio fino y sutil, italiano hasta las uñas , quizá presumía 
demasiado de su capacidad diplomática: pero, á lo menos, 



260 LA CULTURA ARTÍSTICA V LITERARL\ 

poseyó en alto serado el don de observación moral, el cono- 
cimiento de los hombres. Sus juicios no han de tomarse por 
definitivos , pero reflejan viva y sinceramente la impresión 
del momento. Él mismo, como todos los escritores de su gé- 
nero, rectifica á cada paso y sin violencia alguna lo que en 
cartas anteriores había consignado. El Opiis Epistolaruin 
es un periódico de noticias en forma epistolar, dividido 
en SrJ números, y no de otro modo debe ser juzgado. Más 
aparato histórico tienen sus ocho Decades de Orbe nozo, 
que fueron un libro de revelación , el primer libro por donde 
la historia del descubrimiento de América vino á difundirse 
en Europa. La latinidad no era muy clásica que digamos; 
pero á pesar de este defecto, que en aquellos tiempos difícil- 
mente se perdonaba , todo el público letrado de Italia devoró 
ávidamente estas Décadas , dando ejemplo de ello el mismo 
Papa León X, que las leía de sobremesa á su sobrina y á 
los Cardenales. Pedro Mártir, siguiendo su peculiar instinto, 
había elegido lo más ameno, lo más exótico, lo más pinto- 
resco y divertido de aquella materia novísima, deteniéndose, 
no poco, en las rarezas de Historia Natural, en los detalles 
antropológicos, y en notar maligna y curiosamente los ri- 
tos, las costumbres y supersticiones de los indígenas, en 
aquello en que más contrastaban con los hábitos del Viejo 
Mundo. Esta especie de curiosidad científica realza sobre- 
manera su libro, además del agrado de su estilo, incorrec- 
tísimo ciertamente y á veces casi bárbaro, pero muy suelto, 
chispeante é ingenioso. Tiene Pedro Mártir, como precep- 
tor y gramático, su importante representación en la histo- 
ria del humanismo español , y pudo escribir sin mucha nota 
de jactancia, aunque en frases de pedantesco y depravado 
gusto, que habían mamado la leche de su doctrina casi to- 
dos los proceres de Castilla (suxerimt tiiea litteraria ubera 
principes Castellae fere omnes), pero cuál fuese la calidad 
de esta leche, no poco desemejante de la láctea libertas de 
Tito Livio, lo están pregonando á voces los mismos escritos 
de .NLártir; y ciertamente que si la severa disciplina de otros 
maestros indígenas, como los Nebrijas, Barbosas, Núfiez y 
Vergaras , no hubiese llevado el gusto por senderos más clá- 



HN TIEMPO Dt: LOS REYES CATÓLICOS 261 

sicos que los de esta latinidad viciada y barroca, que viene 
á ser el calco de una fraseolo§:ía moderna, no hubiera emu- 
lado ni menos excedido la España cldsica del siglo xvi los 
esplendores de la Italia del siglo x\ . 

De todos modos, es harto evidente el servicio que Pedro 
Mártir hizo A la historia de nuestro más glorioso reinado, 
para que por defectos de forma hayamos de regatearle sus 
méritos de observador incansable y curioso, no menos que 
de narrador sensato y lúcido. Más modestos, aunque no me- 
nos positivos, fueron los que la prestó el siciliano Lucio Ma- 
rineo, discípulo de Pomponio Leto, y profesor en Salaman- 
ca de Elocuencia y Poesía Latina desde 1484 hasta 14%, en 
que pasó á ejercer su ministerio al aula regia, acompañando 
luego al Rey Católico en su viaje á Ñapóles (1507) como ca- 
pellán suyo. Su vida, lo mismo que la de Pedro Mártir, se 
prolongó mucho dentro del reinado de Carlos V, y le permi- 
tió dejar varios libros enteramente consagrados á la ilustra- 
ción de nuestras cosas, con espíritu sobremanera encomiás- 
tico, y quizá adulatorio en algún caso. Su correspondencia 
familiar en diez y siete libros, menos explotada hasta ahora 
que la de Mártir, abunda en noticias singulares para nues- 
tra historia política y literaria. En ilustrar los anales de Ara- 
gón, especialmente en el período próximo á su tiempo, fué 
de los primeros; y siempre será consultada con utilidad, 
aunque no sin cautela, la vasta enciclopedia histórico-geo- 
grática que tituló /Je rebits Hispani(e memorahiWnts, cu- 
3'os primeros libros, por su traza y por la variedad de espe- 
cies que en ellos se mezclan, tienen mucho parecido con los 
modernos libros de viajes, así como los últimos pertenecen 
enteramente á la narración histórica, y conducen mucho 
para la ilustración de los reinados de D. Juan II de Aragón 
y de los Reyes Católicos. 

El mismo Marineo Sículo, en una oración dirigida á Car- 
los V, nos dejó curiosa conmemoración de los eruditos es- 
pañoles de su tiempo, contando entre ellos á sus propios dis- 
cípulos y á los de Pedro Mártir, muchos de los cuales nada 
dejaron impreso, pero cuj'o ejemplo influyó mucho por la 
alta prosapia de los que le daban. El Arzobispo de Zarago- 



262 LA CULTURA ARTÍSTICA Y LITERARIA 

za, D. Alíonso de Aragón, hijo bastardo del Rey Católico: 
el Arzobispo de Granada, D. Francisco de Herrera; los 
Obispos de Salamanca y Plasencia, D. Francisco de Bova- 
dilla y D. Gómez de Toledo; el futuro Arzobispo de Sevilla 
é Inquisidor general, D. Alonso Manrique, que en su juven- 
tud había enseñado griego en Alcalá, grande amigo y pro- 
tector de Erasmo; el Cardenal de Monreal, D. Enrique de 
Cardona, y su hermano D. Luis, Obispo de Barcelona; el 
Abad de V^alladolid, D. Alfonso Enríquez, A quien califica 
Marineo de littcyatissimus juvenis; el Obispo de Osma Ca- 
brero, concionator e,s:reí(ius: el Condestable D. Pedro de 
Velasco, á quien Marineo oyó explicar en el gimnasio de 
Salamanca, siendo muy joven, las epístolas de Ovidio y la 
Historia Natural de Plinio; el Marqués de los Vélez, D. Pe- 
dro Fajardo; el Duque de Arcos, D. Rodrigo PoncedeLeón; 
el Marqués de Denia, D. Bernardo de Rojas y Sandoval, que 
emprendió sexagenario el estudio de la gramática latina, y 
llegó á ser eminente en ella; el doctísimo Conde de Oliva, 
D. Serafín Centelles; el Conde de Tendilla, D. Ifíigo López 
de Mendoza, "i7> sapiens et litterisexcultus^\ el Marqués 
de Tarifa y Adelantado de Andalucía, D. Fadrique Enrí- 
quez de Rivera, gran conocedor de la historia antigua, y 
vastago de una dinastía de Mecenas y de cultivadores de las 
letras y de las artes; Rodrigo Tous de Monsalve. patricio 
hispalense, ^omni s^cnerc doctrina' doctissimuSy,... Si á to- 
todos estos nombres aristocráticos, recordados en el discur- 
so de Marineo, se añaden los de sus propios corresponsales 
y los de Pedro Mártir, tales como el Duque de Braganza y 
Guimaraens, P. Juan de Portugal, D. Alonso de Silva, Don 
Diego de Acevedo, Conde de Monterrós, D. García de To- 
ledo y D. Pedro Girón, no podrá menos de formarse muy 
ventajosa idea del ardor desplegado por la nobleza españo- 
la para iniciarse en la nueva cultura, secundando el ejem- 
plo de los Reyes Católicos. 

Pero ni Pedro Mártir, ni Lucio Marineo, ni los Geraldi- 
nos, aventureros literarios más ó menos brillantes, precep- 
tores meramente aristocráticos, hombres harto medianos 
de carácter y de inteligencia, y en los cuales se trasluce 



EX TIEMl'O DE LOS KEYE> >-AiuLICOS 2b3 

siempre algo del advenedizo y del parásito, hubieran podido 
extender la acción del Renacimiento fuera del recmto cor- 
tesano, si no les hubiese secundado, y en parte precedido, 
una legión de humanistas españoles, que con mayor celo y 
desinterés, y con más espíritu didáctico, trabajaron por di- 
fundir en las escuelas de España la noción clásica que ha- 
bían recogido en Italia. Lo primero era la reforma de los 
métodos gramaticales, el abandono de los antiguos y bár- 
baros textos, la formación de los primeros vocabularios y 
la difusión de los autores clásicos, 3'a en su original, ya en 
versiones más ó menos ajustadas. V es cierto que en esta 
parte pocos pueden disputar la prioridad de tiempo á Alonso 
de Falencia, que si no llegó á poseer la lengua griega (á pe- 
sar de haber vivido en la domesticidad del Cardenal Bessa- 
rion y de haber tenido familiar trato con Jorge de Trebi- 
sonda y otros doctos bizantinos , por lo cual sus inlieles y 
revesadas traducciones de Plutarco y de [osefo lograron 
muy poco aprecio, mereció bien de las humanidades latinas 
por trabajos estrictamente íilológicos, que son los más an- 
tiguos de su género en Castilla: el Opiis sinoiiii)ionnii, que 
tenía ya terminado en 147'J, y el Universal V^ocabidario en 
latín y romance, trabajo de su vejez, emprendido por orden 
de la Reina Isabel, y dado á luz en 14*>(), un año antes del 
Diccionario de Antonio de Xebrija, que le lleva grandes 
ventajas y que inmediatamente le sepultó en el olvido. Hoy 
vive Falencia en la memoria de las gentes más bien á título 
de cronista que de lexicógrafo, por más que en la latinidad, 
vigorosa y pintoresca á veces, aunque crespa y enmara- 
ñada, de sus Decadas , bien se trasluzcan los esfuerzos de 
un autor para dominar la prosa clásica, cuyo estudio le sir- 
vió para ensanchar los lindes de la nuestra hasta el grado 
de relativa perfección que muestra la Batalla de los lobos y 
perros, y más todavía el tratado de la Perfección del 
triunfo militar. 

Pero los trabajos de Falencia, si se le considera mera- 
mente como humanista, no fueron más que el preludio de 
los de Antonio de Xebrija, el extirpador de la barbarie, el 
que mezcló (como cantaba el helenista Arias Barbosa) las 



2(4 LA f'lLTUKA ARTÍSTICA V LITERARIA 

sagradas aguas del Permeso con las del Tormes (1). "Fué 
«aquella mi doctrina tan noble (decía el mismo Xebrija con 
Justo aunque poco disimulado orgullo), que aun por testi- 
„monio de los envidiosos y confesión de mis enemigos, todo 
«aquesto se me otorga: que yo fui el primero que abrí 
«tienda de la lengua latina y osé poner pendón para nuevos 
«preceptos... y que ya casi de todo punto desarraigué de 
«toda España los Doctrinales, los Peros Elias y otros nom- 
«bres aun más duros, como los Gaiteros, los Ebrardos, Pas- 
«tranas y otros no sé qué apostizos y contrahechos gramáti- 
«cos, no merecedores de ser nombrados. \' que si cerca de 
«los hombres de nuestra nación alguna cosa se habla de la- 
«tín, todo aquello se ha de referir .1 mí. Es, por cierto, tan 
«grande el galardón destc mi trabajo, que en este género de 
«letras otro mayor no se puede pensar (2)«. 

Nebrija. en efecto, que tornaba de Italia en 1473. des- 
pués de una residencia de diez años, y muchos antes que 
Pedro .Mártir ni Lucio Marineo pensasen en venir ,1 nuestro 
suelo, traía como triunfal despojo de su largo viaje, é iba A 
difundir por medio de la enseñanza, primero en Sevilla, des- 
pués en Salamanca (.i), y finalmente en Alcalá, la última pa- 
labra de la lilología clásica de entonces, es decir, el método 
racional y lilosófico de Lorenzo \'alla, contrapuesto al em- 
pírico y rutinario de los gramáticos anteriores. Su doctrina, 
derramada en innumerables opúsculos, y condensada al fin 
en su extensa Gramática (cuya primera edición es de 1<'<41), 
se alzó triunfante sobre las ruinas del alcázar de la barba- 



(1) Miscttit hic aacn's Tonuini Pennessidos uudis, 
Barhariíinn tiosín» repulit orhe ¡íenns: 
Prmiiis cí in piitriam Flmchiini d<n tasque sórores 
Kou lili i íacla detulit unte diii: 
Pegasidiitnqiie ditsus puro de fonte sacerdos 
Nostra per A ii sontos orgia ferré choros. 

(Esta elegía de Arias Barbosa anda al principio de muchas edicio- 
nes anti^íuas de la Gramática de Xebrija.) 

(2) Prefación de su Vocabulario. 

(3) Specttitr/x aderat tolo Sahnantica muro... 

Cum letii , vídi ,vici... 

(Epístola k Pedro Mitrtir.) 



K.\ TIE.MPO DE LOb REVEs CATÓLICOS 265 

rie, por él abatido en descomunal certamen. Su nombre se 
convirtió en sinónimo de gramíttico, y, desde el siglo xvi 
hasta nuestros días, los artes para enseñar la lengua latina 
siguieron intitulándose con su nombre, aunque poco conser- 
vasen de su doctrina, ni menos del generoso espíritu de alta 
cultura que la informaba. Casi nadie, por ejemplo (salvo Si- 
món Abril, y éste muy tardíamente), le siguió en lo que 
constituía la segunda parte de su método, en lo que impli- 
caba un apartamiento de la tendencia escolástica, una di- 
rección popular. Si en su voluminosa Graiiuítica , escrita 
para uso de los maestros, había seguido la costumbre, uni- 
versal entonces, de exponer los preceptos en lengua latina, 
no por eso cayó en el absurdo (triunfante hasta el siglo pa- 
sado) de creer que fuera cosa conveniente, ni siquiera posi- 
ble, iniciar á nadie en los rudimentos de una lengua, valién- 
dose de la misma lengua que el principiante ignoraba. Por 
eso, siguiendo la alta inspiración de la Reina Católica, escri- 
bió en romance contrapuesto al latín sus Juti'odticciones 
"para que con facilidad puedan aprender todos, y principal- 
emente las religiosas y otras mujeres consagradas á Dios„. 
De este modo (como él decía) "sacaba la novedad de sus 
pObras de la sombra y tinieblas escolásticas á la luz de la 
^corte„. V aun dio un paso más, y por él le debe eterna gra- 
titud nuestro idioma. Su Arte de la Lenpiua Castellana , 
publicado casi providencialmente el mismo año de la con- 
quista del Nuevo Mundo, fué la primera gramática que de 
ninguna lengua vulgar se hubiese dado á la estampa: es, sin 
disputa, el más antiguo de todos los libros de filología ro- 
mance. 

Nebrija. en igual ó mayor grado que cualquier humanis- 
ta italiano de su tiempo, renovó y amplió en su persona aquel 
enciclopédico saber que los antiguos consideraban insepa- 
rable de la profesión, en otro tiempo tan honrada é ilustre, 
de gramático. Porque no sólo fué versado en las lenguas 
griega y hebrea, de las cuales sabemos que compuso tam- 
bién gramáticas que no han llegado á nuestros tiempos, sino 
que abarcó en el círculo de sus estudios la interpretación de 
los autores, así en la materia como en la forma, lo cual le 



266 LA CULTURA ARTÍSTICA Y LITERARIA 

obU^ó á hacer frecuentes excursiones al campo de la Teolo- 
gía, como lo prueban sus Quincuagenas; al del Derecho, 
como lo acredita su Lexicón juris civilis; al de la Arqueo- 
logía, cuando estudió por primera vez el circo y la nauma- 
quia de Múrida; al de las ciencias naturales, como editor de 
Dioscórides; al de la Cosmografía y la Geodesia, y esto no 
meramente en calidad de compilador erudito, sino midien- 
do, por primera vez en Esparta, un grado del meridiano te- 
rrestre, como base para la unidad de un sistema métrico: 
que A esto y á otras innumerables cosas se extendía en el 
Renacimiento la ciencia de los llamados gramáticos. V si á 
esto se añade que Nebrija fue historiador elegante (aunque 
excesivamente retórico y poco original) de las cosas de su 
tiempo, y fué además poeta latino, de sincera inspiración, y 
no de los fabricantes de centones , para prueba de lo cual 
bastaría la hermosa elegía que compuso al visitar, después 
de muchos artos, su patria; nadie podrá dejar de ver en el 
ilustre maestro andaluz la más brillante personificación li- 
teraria de la Esparta de los Reyes Católicos, puesto que na- 
die influyó tanto como él en la general cultura, no sólo por 
su vasta ciencia , robusto entendimiento y poderosa virtud 
asimiladora, sino por su ardor propagandista, á cuyo servi- 
cio puso las indomables energías de su carácter, arrojado, 
independiente y cáustico. Gracias á ello, y á la protección 
resuelta de la Reina Católica y de Cisneros, pudo en toda 
ocasión reivindicar altamente los fueros de la libertad cien- 
tífica, y proseguir impertérrito la reforma de los estudios, 
sin que las fuerzas le desfalleciesen aun en la extrema ancia- 
nidad. V todavía en su lecho de muerte, contemplando im- 
perfecta su obra, llamaba con sus votos quien la completa- 
se, y repetía incesantemente aquel verso virgiliano, que lue- 
go había de recoger el Brócense, considerándose á sí propio 
como el vengador invocado por Nebrija: 

ExoriíiYC aliqnis nostri.^ ex ossn'hus ///,' r 

A su nombre debe ir unido inseparablemente el de su 
grande amigo, y comprofesor de lengua griega, el portugués 
Arias Barbosa, di.scípulo de Angelo Policiano. Poco dejó es- 



£N TIEMPO DE LOS REYES CATÓLICOS 267 

crito, y su nombre fué eclipsado muy pronto por el de su 
más etjregio discípulo el Comendador Griego, Hernán Nú- 
ñez; pero hay justicia en reconocer que Arias Barbosa fué 
el patriarca de los helenistas españoles, y el que en Sala- 
manca inauguró esta enseñanza, por lo cual dijo bien An- 
drés Resende en su Eticoniinin ErasDii: 

(iocuit itinn pfñiiiis iberos 

Hippocrenaco Gruías componere voces 

On- 

Pero la Universidad de Salamanca, nacida en los tiem- 
pos medios, y aferrada todavía á la tradición escolástica, 
debía presentar, como la de París, larga resistencia á los 
humanistas innovadores, que tan diverso sentido traían de 
la vida y de la ciencia. Por otra parte, el régimen excesiva- 
mente democrático de aquellas aulas solía alejar de ellas á 
profesores muy beneméritos. Una votación de estudiantes 
en oposición á cátedra desairó á Nebrija, cargado de años 
y de méritos, y le obligó á trocar las aulas de Salamanca 
por las de Alcalá. Esta Universidad, creada de nueva plan- 
ta por el Cardenal Jiménez en InOS, ofrecía un asilo más 
hospitalario á los nuevos estudios. Su fundador había ex- 
cluido de aquellas aulas la enseñanza del Derecho civil, re- 
duciendo mucho la del canónico. La Teología continuaba 
imperando, pero no ya en su forma antigua, dogmática y po- 
lémica, sino más bien en la de estudio é interpretación del 
texto sagrado, para lo cual el conocimiento de los origina- 
les hebreo y griego y el trabajo crítico de los humanistas 
eran preciso y necesario instrumento. Por eso en el período 
de gloria de la escuela complutense, que abarca los prime- 
ros sesenta años de su vida, se cultivaron en ella con igual 
amor la antigüedad profana y la sagrada (1). Allí brillaron 
simultáneamente el cretense Demetrio Ducas, maestro de 



(1) Este carácter distintivo de la Universidad de Alcalá en la que 
podemos llamar su edad de oro, fué perfectamente expresado por 
Erasmo (ep. 755): Academia Complittensis non aliunde celebritatem 
noniinis auspicata est quam a coniplecíendo linguas ac bonas lit- 
ícras. 



268 LA CULTURA ARTÍSTICA V LITERARIA 



lengua griega; los hebraizantes conversos Alfonso de Za- 
mora. Pablo Coronel y Alfonso de Alcalá; los dos hermanos 
Vergaras, traductor el uno de Aristóteles y el otro de He- 
liodoro, y autor de la más antigua gramática griega com- 
puesta en España, que fué al mismo tiempo una de las más 
difundidas en Europa durante aquel siglo ; el toledano Lo- 
renzo Balbo de Lillo , á quien se debieron correctas edicio- 
nes de Valerio Flaco y Quinto Curcio; el reformador filosó- 
fico Hernán Alfonso de Herrera , primero que osó levantar 
la voz contra los peripatéticos en su Disputación de odio 
levadas contra Aristótil y sus secuaces, precediendo, no 
sólo á las tentativas de Pedro Ramus, sino á las del mismo 
Laüs Vives; Diego López de Stúñiga, docto y acérrimo con- 
tradictor de Erasmo ; Mateo Pascual , fundador del Colegio 
Trilingüe; Pedro Ciruelo, que hermanó el estudio de las Ma- 
temáticas con el de la Teología. De las cuarenta y dos cá- 
tedras que el Cardenal estableció , seis eran de gramática 
latina, cuatro de otras lenguas antiguas, cuatro de retórica 
y ocho de artes, ó sea de filosofía. Erasmo reconoce y pon- 
dera en muchas partes el esplendor científico de Compluto, 
de la cual dice que con más razón podía llamarse -r/-///jTov, 
por ser rica en todo género de sabiduría. 

La grande obra de aquellos egregios varones fué la Po= 
liglota Conip/ntense, monumento de eterna gloria para Es- 
paña, sean cuales fueren sus defectos, enteramente inevita- 
bles entonces ; obra que hace época y señala un progreso en 
la lectura del texto bíblico, y que era en su línea el mayor 
esfuerzo que desde las fíexap/as de Orígenes se había in- 
tentado en el mundo cristiano. La Políglota se hizo inclu- 
yendo, además del texto hebreo, el griego de los Setenta, el 
TarguDí caldaico de Onkelos(sólo para el Pentateuco), uno 
y otro con traducciones latinas interlineales, y la l^ulgata. 
Llena los cuatro primeros tomos el Antiguo Testamento; el 
quinto (que fué el primero en el orden de la impresión) está 
dedicado al Testamento Nuevo (texto griego y latino de la 
Vidgata), y el sexto es de gramáticas }• vocabularios (he- 
breo, caldeo y griego. Los trabajos preparatorios duraron 
diez años. A los artífices de este monumento los hemos nom- 



EN TIEMPO DE LOS REYES CATÓLICOS 269 

brado ya : la parte hebrea corrió á cargo de los tres judíos 
conversos, siendo de Alfonso de Zamora la gramática; en 
la parte griega trabajaron el cretense Ducas, Vergara, el 
Pinciano (Hernán Núñez), y algo Antonio de Nebrija, que 
más bien intervino en la corrección de la Vuls^ata. Códices 
hebreos, los había con abundancia en España, y de mucha 
antigüedad y buena nota, procedentes de nuestras sinago- 
gas, donde siempre se había conservado floreciente la tra- 
dición rabínica. Tampoco faltaban buenos ejemplares lati- 
nos; pero no los había griegos, y hubo que pedirlos al Papa 
León X, que facilitó liberalmente los de la Vaticana, que 
fueron enviados en préstamo á Alcalá, como expresamente 
dice el Cardenal en la dedicatoria, y no copiados en Roma, 
por más que así lo indique su biógrafo Quintanilla. Para 
fundir los caracteres griegos, hebreos y caldeos, nunca vis- 
tos en España, y hacer la impresión, vino Arnao Guillen de 
Brocar, y en menos de cinco años (¡celeridad inaudita, da- 
das las dirtcultades!) se imprimió toda la Biblia, cuyos gas- 
tos ascendieron, según Alvar Gómez, á cincuenta mil escu- 
dos de oro, cantidad enorme para entonces. La impresión 
estaba acabada en 1517, pocos meses antes de la muerte del 
Cardenal; pero no entró en circulación hasta 1520, de cuya 
fecha es el Breve apostólico de León X autorizándola, "por 
juzgar indigno que tan excelente obra permanezca por más 
tiempo en la oscuridad^. El texto griego del Nuevo Testa- 
mento, impreso desde 1514, antes que otra cosa alguna de 
la obra, tiene la gloria de ser el primero que apareció en el 
mundo, anterior en dos años al de Erasmo, cuya primera 
edición es de 1516. Erasmo y los complutenses trabajaron 
con entera independencia, y el merecimiento de los unos en 
nada debe perjudicar al del otro. A decir verdad, ambos tex- 
tos adolecen de no leves defectos, como fundados en códi- 
ces relativamente modernos, y todos de \2i familia bizanti- 
na. -;Quién ha de pedir á aquellas ediciones del siglo xvi, 
primeros vagidos de la ciencia filológica, la exactitud y el 
esmero que en nuestros días ha podido dar á las suyas Tis- 
chendorf, sobretodo después del hallazgo del códice Sinaí- 
tico? Erasmo tuvo que valerse de algunos códices de Basi- 



270 LA CULTURA ARTÍSTICA LITERARIA 

lea muy medianos ; muchas veces corrigió su texto por el 
de la Jlílgata, y en la cuarta, quinta y sexta de sus edicio- 
nes introdujo algunas enmiendas tomadas de la Complu- 
tense. 

Pocos príncipes han igualado á Cisneros en esplendide;: 
como Mecenas y como protector del arte tipogrática. Ade- 
mas de la Políglota , publicó á sus expensas el Misal y el 
J^rcviario Mo2(íral>es , restaurando en parte aquella anti- 
gua liturgia; las Ef^istolas de Santa Catalina de Sena, la 
Escala de San Juan CKniaco, las Meditaciones del Cartu- 
jano, y otros muchos libros de devoción, que reparti**) por 
los conventos de monjas ; el Tostado sobre Ensebio, y luego 
las obras todas del Tostado ; mucha parte de las de Raimun- 
do Lulio, A cuya doctrina tenía especial afición, intervi- 
niendo en las ediciones los famosos lulianos Nicolás de Paz 
y Alonso de Proaza; la Agricultura de Gabriel Alonso de 
Herrera, que repartió entre los labradores, y las obras de 
Medicina de Avicena. Tenía, finalmente, pensado hacer una 
edición greco-latina esmeradísima de todas las obras de 
Aristóteles, empresa tan monumental en su género como la 
Políglota, pero murió antes de ver acabados los trabajos. 
Parte de ellos, en especial los de Juan de X^ergara, todavía 
se conservan entre las preciosas reliquias de la Biblioteca 
Complutense. 

Pero no es del caso detenernos íi tejer los anales de aque- 
lla famosa escuela, que además, por lo que toca á su perío- 
do más brillante, fueron dignamente ilustrados por Alvar 
Gómez de Castro en su vida latina del Cardenal , y por Al- 
fonso García Matamoros en su clásica oración J^ro adseren- 
da liispanorum ernditione. Por otra parte, sería ya tras- 
pasar los límites cronológicos de este reinado el asistir á la 
formación del grupo erasmista, cuyo corifeo en Alcalá fué 
el abad Pedro de Lerma; ni menos enumerar los elegantes 
escritos con que ya en prosa , ya en verso , comenzaban á re- 
novar la facundia del antiguo Lacio Alvar Gómez, señor de 
Pioz, Juan Sobrarlas, Juan Pérez, que latinizó su apellido 
llamándose Pctreyo , Juan Maldonado, y otros muchos hu- 
manistas, cu3'0S mejores trabajos pertenecen al reinado si- 



EN TIEMPO DE 1-OS REYES CATÓLICOS 271 

guíente. Baste decir que en el primer tercio del siglo x\'i la 
cultura greco-latina no se encerraba ya en los centros uni- 
versitarios, sino que muchos profesores privados, algunos 
de ellos eminentes, la difundían por todas las ciudades y vi- 
llas de alguna consideración de Castilla y Andalucía ; en Se- 
govia, Juan Oteo, maestro de Andrés Laguna; en Soria el 
Bachiller Pedro de Rúa, ingenioso censor de lasficciones de 
Fr. Antonio de Guevara; en \'alladolid y en Olmedo Cristó- 
bal de Villalón: en Toledo Alfonso Cedillo, maestro de Alejo 
de \'enegas; en Calahorra el Bachiller de la Pradllla; en 
Santo Domingo de la Calzada Pedro Lastra; en Sevilla Die- 
go de Lora y Cristóbal de Escobar, dignos precursores de 
los Malaras. Medinas y Girones; en Granada Pedro Mota; 
en Éclja un cierto Andrés, á quien por excelencia llamaron 
el Griego. ¿Qué míts? el estudio de las humanidades formó 
parte integrante de la cultura femenil más aristocrática y 
exquisita; y en las cartas de Lucio Marineo, y en el Gy- 
fiecaeum ///s/^anae Mincrvac, que compiló D. Nicolás 
Antonio, viven, juntamente con el nombre de La Latina, 
los de i3oña juana Contreras, Isabel de V'ergara, Antonia 
de Xebrija. la Condesa de Monteagudo, Doña María Pa- 
checo, Doña Mencía de Mendoza, marquesa de Zenete, y 
otras doctas hembras, de una de las cuales, por lo menos 
(Doña Lucía de Medrano), consta, por relación de Marineo, 
el cual habla como testigo ocular, que tuvo cátedra públi- 
ca en la Universidad de Salamanca, dedicándose á la ex- 
planación de los clásicos latinos. V no ha\' duda que el gra- 
do de educación de la mujer, cuando es verdadero cultivo 
del espíritu y no pedantesca ostentación, suele ser el indi- 
cio más seguro del punto de civilización alcanzado por un 
pueblo. 

A esta rápida difusión del saber contribuyó en gran ma- 
nera la prodigiosa invención de la imprenta, que precisa- 
mente entró en España el mismo año en que comenzaron á 
imperar los Rej-es Católicos. De 1474 y 1475 datan las más 
antiguas impresiones de Valencia (el Certamen poetich, el 
Comprehensorinm , el Salustio...), ciudad que tiene la glo- 
ria de haber precedido á todas las de España , en esta como 



272 LA CULTURA ARTÍSTICA V LITERARIA 

en otras maniíestaciones de la cultura (1). Siguiéronla in- 
mediatamente las otras dos capitales de la Corona de Ara- 
gón, Barcelona y Zaragoza, y entre las ciudades de los do- 
minios castellanos Sevilla, en 1476; Salamanca, en 1480; Za- 
mora, en 1482; Toledo, en 14S.-]; Burgos, en 1485; Murcia, 
en 14<S7. En Lisboa existía por lo menos tipografía hebrea 
desde 14<S5. Durante el resto de aquel siglo, la imprenta se 
extiende, no sólo á las ciudades de Lérida, Gerona, Tarra- 
gona, Pamplona, Valladolid y Granada, sino á los monas- 
terios de Miramar en Mallorca (1485) y Monserrat en Qata- 
lufía, y á la villa de Monterrey en Galicia. Pasman el núme- 
ro y variedad de impresiones de estos veintiséis afios, el pri- 
mor y aun la esplendidez de muchas de ellas, la abundancia 
relativa de obras en lengua vulgar, alternando con las lati- 
nas, así clásicas como escolásticas. \' son monumentos de 
la sabiduría legislativa y del generoso espíritu de este rei- 
nado las varias disposiciones encaminadas á favorecer la 
publicación y venta de libros, comenzando por la memorable 
Carta-orden de 2.') de Diciembre de 1477, dirigida á la ciudad 
de Murcia, mandando que Teodorico Alemán, impresor de 
libros de molde en estos reinos, .sea franco de pagar alca- 
balas, almojarifazgo ni otros derechos, por ser uno de los 
principales inventores y factores del arte de hacer libros de 
molde, y exponerse á muchos peligros de la mar, por traer- 
los á España y ennoblecer con ellos las librerías. En 24 de 
Diciembre de 1489 vemos otorgada igual franquicia al libre- 
ro Antón Cortés Florentín, y en 12 de Diciembre de l.ó(J2 á 
Melchor Garricio Benovara, librero de Toledo. 

Merced á este desarrollo de la imprenta se salvó en su 
mayor parte la producción literaria de este tiempo, que 



(1) El opúsculo barcelonés que lleva el título de Pro condcndis 
orationibus y la fecha de l-kxS no es un libro apócrifo, pero es evi- 
dentemente un libro que tiene la fecha equivocada por lo menos en 
veinte años, como lo persuaden todas sus circunstancias tipográficas. 
Es lástima que un patriotismo local mal entendido eternice este error 
y otros en la historia de nuestra tipografía, como acontece con los 
libros impresos en Tolosa, que indisputablemente son de Tolosa de 
Francia, y no de la modesta villa sjuipuzcoana del mismo nombre. 



EN TIEMPO DE LOS REYES CATÓLICOS 273 



quizá por eso parece más considerable que la de épocas an- 
teriores- Abundan en ella, como habían abundado en la cor- 
te literaria de D. Juan II , las traducciones de libros clási- 
cos, predominando entre ellos los de historia: é\ Pliitayco y 
el Josefo, de Alonso de Falencia ; el Apiano, de Alonso Mal- 
donado, y el de Juan de Molina; el Jíilio César, de Diego 
López de Toledo; el Saliistio, de Vidal de Xoya; el Tito 
Lirio, de Fr. Fedro de Vega; el Herodiaiio, de Hernando 
de Flores; el Quinto Cnrcio, catalán, de Fenollet, y el cas- 
tellano de Gabriel de Castañeda; el Frontino, de Diego 
Guillen de Ávila. De poetas de la antigüedad, se tradujeron 
las Mita))iorJosis de Ovidio, al catalán, por Francisco 
Alegre, y al castellano por ün anónimo, cuj'a versión es 
diversa de la del Cardenal Mendoza ; las Bucólicas de Vir- 
gilio, por Juan del Encina, que fué el primero en abando- 
nar la prosa malamente usada hasta entonces para la inter- 
pretación de los poetas; algunas sátiras de Juvenal, por 
D. Jerónimo de Villegas, Frior de Covarrubias. V entre 
otras obras de pasatiempo y amenidad, pasó á nuestra 
lengua El asno de Oro, de Apuleyo, castellanizado con mu- 
cho donaire y viveza de estilo por Diego López de Corte- 
gana, Arcediano de Sevilla. No hay para qué proseguir un 
catálogo que en este lugar resultaría indigesto. Fero no po- 
demos omitir que el predominio de la literatura italiana, tan 
vivo en todo aquel siglo y en el siguiente, se maniíiesta en 
obras tales como el Infierno, de Dante, traducido en coplas 
de arte mayor por el Arcediano de Burgos Fedro Fernández 
de Villegas; un Decanierone de intérprete anónimo, pero 
muy digno de que su nombre se supiera; y varias versiones 
totales ó parciales de los Triunfos, del Fetrarca, por Alvar 
Gómez de Ciudad Real, Antonio de Obregón y otros, aun- 
que ninguno de ellos se atreva todavía á remedar el metro 
del original y prosigan heles á la antigua versificación cas- 
tellana. 

También entre las producciones originales se aventajan 
en número, y por lo común en calidad, las históricas, que 
habían sido el nervio de nuestra literatura durante todo aquel 
siglo. Y á la vez que en algunos narradores oficiales de su- 

18 



274 LA CULTURA ARTÍSTICA V LITEKAKL\ 

cesos contempuráncos y biójírafos de claros varones, como 
Hernando del Pulgar, formado en la escuela de Ferpán Pé- 
rez de Guzmán y del Canciller Ayala, es patente la tenden- 
cia á la observación moral, y junto con ella la aproximacii^r 
á los modelos clásicos, que el autor procura remedar inter- 
calando en el proceso de su relación largas epístolas y aren- 
gas, que indirectamente revelan su pensamiento político: 
en otros más apartados de esta dirección erudita, persiste 
en lo esencial el carácter de la historiografía de los tiempos 
medios, como es de ver en Andrés I^ernáldez, Cura de los 
Palacios, el cual , así como fué el último de nuestros cronis- 
tas, propiamente tales, vino á resultar el más ameno y sa- 
broso de todos ellos, tanto por la grandeza é interés cuasi 
novelesco de las cosas que registra y que en parte vio, cuan- 
to por haber sabido unir á la amable ingenuidad y á la bri- 
llantez pintoresca de los antiguos narradores cierta lucidez, 
cierto método y espíritu de curiosa indagación y arte de 
distribuir y componer la materia, que ellos no solían tener. 
Con la historia de aquellos tiempos se dan la mano, y 
contribuyen á ilustrarla en gran manera, ciertas manifesta- 
ciones, directas ó indirectas, de la elocuencia política, ya 
en razonamientos que á veces no tienen traza de invención 
retórica, como el de Gómez Manrique al pueblo de Toledo, 
ó el de Alonso de Quintanilla proponiendo el establecimiento 
de las Hermandades ; ya en opúsculos de circunstancias, es- 
critos á veces con tan libre espíritu y sentido tan democrá- 
tico como el llamado Libro de los fyensamientos variahles. 
que viene á ser dura acusación contra las tiranías de la no- 
bleza y la opresión de los labradores. Xi en otro género que 
en el oratorio podremos incluir, aunque no conste que fue- 
sen públicamente recitados nunca, la mayor parte de los 
tratados del Dr. Alonso Ortiz, que, en medio del aparato es- 
colar y á veces pedantesco, tiene arranques sublimes de sen- 
timiento patriótico en la oración gratulatoria dirigida á los 
Reyes Católicos después de la conquista de (iranada. De 
Fr. Hernando de Talavera, como de otros grandes oradores 
sagrados, queda más bien el recuerdo de sus obras vivas 
que de sus palabras muertas, pero todavía sus libros de mo- 



EN' TIKMPO DE LOS REYES CATÓLICOS 275 

ral doméstica conservan algún reílejo del alma de aquel 
apostólico varón, al mismo tiempo que aprovechan para el 
estudio de las costumbres de su tiempo. 

En lo didáctico, la lengua comenzaba á ser aplicada á las 
materias más diversas. Villalobos, inspirándose en el Cán- 
tico dex\vicena, exponía en rot)iance trovado, llana y po- 
pularmente, el compendio de los conocimientos médicos de 
su edad, y abría nuevos rumbos á la ciencia en la selección 
que trata de las pestíferas bubas, monografía ponderada 
como dechado de observación por los siñliógrafos más re- 
cientes. Hernán Alonso de Herrera lanzaba en idioma vul- 
gar el primer grito de rebelión contra Aristóteles , y un deu- 
do suyo ennoblecía las labores del campo, exponiéndolas por 
modo tan elegantísimo que hubiera puesto en\idia al mismo 
Columela. 

Las llores de la imaginación engalanaron este robusto 
tronco, y si no nació entonces la novela española, ni enton- 
ces llegó tampoco á su apogeo, todavía hay que contar en- 
tre los timbres literarios de este período la redacción defi- 
nitiva del Amadi's de Gaiila; la concepción sentimental y 
casi K'ertlieriana de la Cárcel de Amor, de Diego de San 
Pedro; la tentativa histórico-novelesca de la Cuestión de 
Amor; y allá á lo lejos, no como forma intermedia entre el 
drama y la novela, sino como obra esencialmente dramá- 
tica, que anuncia y prepara un arte nuevo, la Trac¡;i-come- 
di a de Calixto y Melibea, con su serenidad de mármol clá- 
sico, levantado como piedra miliaria entre la Edad Media y 
el Renacimiento. 

y\4 ARGELINO yVlENÉNDEZ Y FeLAYO. 




'J:-í¡iccJj^-X*y: ^ 




Cío4fr:cí6coJ|ScO 






La Palestina Antigua y Moderna '^ 

(notas dk t-v viaje por el oriente) 



JA KA 




[n casi todas las ciudades importantes de la Pales- 
tina existe un número considerable de judíos, que 
se aumenta de año en año con las emij^raciones de 
los que viven en Austria, Polonia y Rusia. Como el Sultán 
de Constantinopla no manda hacer la estadística de los sub- 
ditos de su Imperio, es muy difícil averiguar con exactitud 
cuántos "íOn los individuos de aquella secta religiosa que ac- 
tualmente moran en la Turquía Asiática; si bien, por los 
cálculos aproximados de personas inteligentes que han vi- 
vido algún tiempo en aquel país, se sabe que forman parte 
de la moderna Jafa unos dos mil á tres mil judíos. 

Nada nuevo podemos decir de esa raza que lleva consigo 
el estigma de la reprobación, que es el ludibrio de las de- 
más naciones, y cuyos adeptos están condenados á perpetua 
infamia, de la que sólo pueden librarse renegando de las 
creencias de sus antepasados. En vano trabajan los judíos 
por suprimir el nombre que en otros tiempos constituía su 
orgullo y su merecida gloria, sustituyéndolo por el de is- 
raelita, pues mientras exista uno de ellos en el mundo que 



(1) Véase la página .56^ del vol. xxxix. 



LA PALESTINA ANTIGUA V MODERNA 277 

permanezca fiel ú. su religión y sus tradiciones, judío se le 
llamará perpetuamente. Los sociólogos escriben y discuten 
mucho sobre las causas de que ese pueblo permanezca, 
después de tantos siglos, en el aislamiento, y sobre si tar- 
dará ó no en entrar de lleno á formar parte de la gran fa- 
milia cristiana. Nosotros creemos que la historia de los ju- 
díos no está próxima á su fin: diseminados por todo el orbe, 
tienen que continuar sujetos á un régimen más duro \' más 
humillante que el de la época de los Faraones; han con- 
servado y conservan su culto y su idioma , y ese culto y ese 
idioma ño concluirán sino con el mundo. No importa que 
el Cristianismo avance en el camino de la civilización y del 
progreso: la idea de que el Mesías ha de venir para elevar- 
los á la cumbre de la prosperidad material, y que los ha de 
conducir á Jerusalén declarándolos dueños del Universo, 
no se aparta nunca de la mente del pueblo deicida, á pesar 
de las persecuciones y los infortunios, á pesar de haber vis- 
to hasta ahora fallidas todas sus esperanzas. 

¡Coincidencia singular! Todos los viernes del año, desde 
las tres de la tarde hasta el día siguiente á la misma hora, 
van centenares de judíos á derramar lágrimas junto á los mu- 
ros de la parte occidental del monumento que en otras eda- 
des se llamaba Templo de Salomón y hoy Mezquita de Omar; 
y allí piden á Dios que ponga fin á tantos males como su- 
fren, que los libre de la gran humillación á que se ven redu- 
cidos, que les mande pronto al Deseado de las Naciones, 
que les perdone sus iniquidades ; pero los miserables no com- 
prenden que, precisamente á la misma hora en que comien- 
zan á llorar, cometieron sus antepasados el más horrendo 
é inaudito de los crímenes, que ellos expían por secreto 
designio de la Providencia; no comprenden que sus plega- 
rias no pueden ser oídas por el Cielo. Muchas veces he visto 
interminables filas de judíos, con los libros de rezo en la 
mano, y que, descendiendo del histórico monte Acra, atra- 
vesaban, no sin graves peligros, el valle deTiropeón, entre 
callejuelas habitadas por moros, para ir á llorar al sitio que 
en Jerusalén se conoce con el nombre de "Llanto de los Ju- 
díos„. Es imposible presenciar con calma y serenidad aque- 



278 LA PALESTINA ANTIGUA V MODERNA 

líos gritos y lamentos desesperados, sin traer á la memoria 
las palabras del Profeta Jeremías vi): "Señor, tus ojos miran 
la ñdelidad: herístelos, y no les dolió; quebrantástelos, y 
rehusaron aceptar la corrección; endurecieron sus caras 
más que una piedra, y no se quieren convertir^. 

La religión de los judíos es bien conocida para que nos 
detengamos á exponerla. Según el reputado autor árabe 
Al-Makricsi, existen dentro del judaismo cuatro sectas re- 
ligiosas, que son los samaritanos, ananistas, karaítas y 
rabinistas; pero las tres primeras están agonizando. Los 
samaritanos, que actualmente no llegan á ciento, veneran 
por metrópoli á la antigua Siquen, hoy llamada Xaplusa, y 
por código religioso y político el Pentateuco, sin admitir 
más libros que los cinco de Moisés, de los cuales conservan 
en la Sinagoga de Siquen un texto antiquísimo, escrito en sa- 
maritano, que ellos hacen elevar á una época muy remota, 
y que llama la atención de cuantos visitan el monte Garisin. 
Los karaítas y ananistas son dos ramas de un mismo tron- 
co, que tienen .su origen hacia el siglo viii de nuestra era, y 
que se diferencian muy poco, conviniendo en no creer más 
que en Moisé? y en los Profetas, y en rechazar todo género 
de tradiciones 

Si he de dar crédito a un )udío de Jerusalén, no hay mas 
que diez ó doce individuos de ambas sectas en toda la 
Palestina (2), fanáticamente execrados por los demás hijos 
de Israel. 

Los rabinistas son los que forman casi la totalidad del 
Judaí.smo, creen en la Biblia y en el Talmud, y muestran 
tanto respeto y dan tanta autoridad á e.ste como á todos los 
libros del Antiguo Testamento, en especial al Talmud de 
Babilonia, compuesto unos doscientos años después del de 
Jerusalén, y que contiene una exposición del dogma y de 
las leyes y costumbres de los judíos. Es de advertir que la 
gente instruida no da crédito á muchas de las ridiculeces 



(1) Cap. 3, V. A. 

(2) En otra parte he escrito que en Jerusalén habia diez mil, pero 
fué debido á una involuntaria confusión de nombres. 



LA PALESTINA ANTIGIA V MODERNA 27*^ 

que se encuentran en el Talmud, inventadas por los anti- 
guos rabinos en odio al Cristianismo. El Credo de los sa- 
bios es poco más ó menos el mismo que redactó Maimóni- 
des en el siglo xii: consta de trece artículos, y respecto del 
duodécimo, donde dice el sabio judío español "que el Me- 
sías no ha venido, pero que es necesario esperarle con cons- 
tancia„, se encuentran los intérpretes de la Ley muy per- 
plejos y no saben qué explicación dar á los textos evidentes 
de los Profetas que anuncian la venida del Salvador. El ra- 
bino, que predica todos los sábados de siete á ocho en la 
Sinagoga, no expone ninguna de las profecías, y prohibe al 
pueblo hablar sobre asunto tan esencial, aconsejando ade- 
máis, para evitar dudas y tranquilizar las conciencias, que 
las preces ordinarias .sean los comentarios del Talmud al 
.Salterio de David. 

Pero como los Sacerdotes no consiguen por medio del 
silencio disipar las dudas del pueblo, éste desobedece los 
consejos de los Doctores de la Ley, y procura leer y meditar 
las Escrituras , no llegando jamás á ver la luz ; de tal suerte, 
que se crean una situación desesperada. Podía yo citar ejem- 
plos de muchos judíos fervorosos que, al hablarles del .Me- 
sías, se quedaban tristes y melancólicos, sin saber qué de- 
cir, suplicándome con las lágrimas en los ojos que no les re- 
cordara semejante idea; porque, en medio de tantas dudas 
y vacilaciones, no tenían otro recurso más que pedir á 
Dios se compadeciese de ellos y terminase de castigarlos, 
sacándalos de este mundo. Las conciencias de los rabinos 
tampoco están tranquilas, y para calmarlas han ideado un 
medio infernal, si hemos de creer lo que cuentan los cristia- 
nos y moros de la Palestina. 

Sabido es que en el Levítico se ordenaba á los judíos el 
sacriticio de los animales para la remisión de los pecados y 
para aplacar la ira del Señor ofendido. Los intérpretes de 
la Ley conocen perfectamente que la profecía de Daniel está 
cumplida desde hace muchos siglos; pero como no existe el 
templo, ni es posible ofrecer víctimas y holocaustos al Altí- 
simo, se han persuadido, según la historia popular, de que, 
participando de la sangre de los cristianos, se hacen una 



2S0 LA PALESTINA ANTICUA ^ MODERNA 

misma cosa con ellos: y en el supuesto de ser jesu-Cristo el 
verdadero Mesías (1), por Él se salvan: y si no lo es, sus con- 
ciencias se tranquilizan observando los preceptos que Dios 
les ordenó antis^uamente. cumpliéndolos del moinr modo que 
pueden. 

Afirman los cristianos y los árabes del Oriente que nin- 
gún rabino se acuesta sin haber bebido, aunque en peque- 
ñísima cantidad . sangre de cristiano, y refieren las desapa- 
riciones de algunos niños secuestrados por los judíos, con 
tales circunstancias y pormenores, que aparentan ser ver- 
daderos. Dicen también que. cuando les falta en aquel país 
sangre cristiana, la llevan de líuropa, y con una gota de 
sangre tienen para mucho tiempo, porque la diluyen en la 
masa del pan .Izimo, y eso es suficiente; y añádese, en fin, 
que esto sólo lo practican los Sacerdotes y la gente instrui- 
da, que no hallan en las h'scrituras ninguna solución para 
sus perplejidades. 

Si en el fondo de esta leyenda hubiese algo de verdad, se 
justificarían las persecuciones de que fueron víctimas los 
hijos de Israel en la Hdad Media , y al mismo tiempo se acla- 
rarían las vidas de los Santos Mártires Dominguito del \'al, 
Seise de la Catedral de Zaragoza, y el niño llamado de la 
(ruardia en Toledo, muertos ambos bárbaramente por los 
infames judíos. 

No queda á esta raza desgraciada otra cosa de aquel an- 
tiguo culto tan aparatoso con que glorificaban á Dios, sino 
la oración y la lectura de los libros santos que por lo gene- 
ral practican en las Sinagogas. No son tan escrupulosos en 
las abluciones como los moros antes de orar, y aun prescin- 
den de ellas con frecuencia, pero superan á los sectarios de 
Mahoma, y, aunque parezca mentira, á los cristianos, en la 
santificación de las fiestas, llegando su escrupulosidad á un 
grado increíble, según se manifiestan en los actos más in- 



(1) Todos los judíos creen en la existencia real de Jesucristo, y 
añaden que fué un Profeta como no lo hubo jamás; pero no le recono- 
cen por Dios, sino como puro hombre; pues, para ellos, el Mesías debe 
ser aquel que constituya á los judíos por dueños y señores del Uni- 
verso. 



LA PALESTINA AXTIGUA V MODERNA 281 

si,ííniñcantcs. A esta delicadeza en la observancia del culto 
exterior no corresponde su espíritu religioso, porque son 
tan corrompidos y de tan abominables costumbres como los 
mahometanos. Está permitido entre ellos la poligamia y el 
divorcio; aunque se dan muy pocos casos de que un hombre 
posea varias mujeres, y sólo los Sefardín, ó sea los judíos 
españoles descendientes de los que fueron expulsados de 
nuestra patria, usan de ese privilegio. El divorcio es bas- 
tante frecuente y se concede con suma facilidad. 

Los judíos son aborrecidos por todos los que profesan 
una religión distinta de la de Moisés, y sobre todo por mu- 
sulmanes y cristianos. Con frecuencia se ve á los niños co- 
ger de las barbas A los infelices israelitas sin respetar su 
edad; y, por más que los ancianos se irritan, no se atreven 
¡X defenderse en público, porque siempre saldrían perdiendo. 
El concepto que tienen los orientales del judío se conocerá 
por algunos de los muchos casos que hemos visto durante 
nuestra permanencia en la Palestina. 

Venía una vez cierto judío del Valle de Josafat á jerusa- 
Icn, y, entrando por la puerta llamada Sitti-Mariam, llegó 
hasta el cuartel militar, donde hubo de darle un desmayo, 
cayendo al suelo sir\ sentido, precisamente junto al lugar 
donde se dice que estaba la Scala Santa antes de ser trasla- 
dada á Roma. Los soldados que se asomaban á la ventana 
le veían con la más absoluta indiferencia; pasaron luego 
unos moros muy graves al lado del infeliz y se contentaron 
con echarle una mirada desdeñosa: detrás de los musulma- 
nes venía un sacerdote griego cismático, que se aproximó 
por curiosidad al paciente para saber quién era, 3' al reco- 
nocerle exclamó riendo : ¡ es un judío I Pasó últimamente por 
aquella calle un católico europeo (siendo del país hubiera 
hecho lo mismo que los anteriores), y, acercándose al judío, 
vio que aun daba señales de vida, buscó un vaso de agua y, 
prestándole los auxilios que su caridad le dictaba, estuvo 
con el pobre israelita algún tiempo, hasta que por casuali- 
dad vio á algunos correligionarios del infeliz é hizo que le 
trasladaran al hospital. En este hecho se reproduce casi á 
la letra la parábola del buen samaritano, y al mismo tiempo 



282 LA PALESTINA ANTIGUA Y MODEKNA 

se demuestra la estimación que en el Oriente se hace de los 
judíos. 

Otro caso vamos á citar, menos curioso pero no menos 
elocuente que el anterior. Hay en jerusalén una calle que 
pasa por delante del Santo Sepulcro, y en la que no pueden 
entrar los judíos, so pena de morir á manos del primer mu- 
sulmán ó cristiano que en ella los encuentre; de modo que 
hay muchos judíos, nacidos y criados en Jerusalén, que Ue- 
í(an á viejos sin haber atravesado dicha calle. No hace mu- 
cho tiempo Ugí^ó una pereíjrinación de rusos, que, sej^ún la 
costumbre común entre los cristianos, tuvieron el gusto de 
quedarse orando toda la noche en el Santo Sepulcro. Du- 
rante ella, los armenios cismáticos prendieron fuego á su 
convento de la iglesia de la Resurrección, con el tin de que 
el Sultán de Constantinopla les permitiese edificar otro me- 
jor, pues el que poseían entonces era inhabitable, y no hay 
forma de obtener autorizaciones como la que ellos solicita- 
ban, á no ser apelando al procedimiento brutal que emplea- 
ron. Al comenzar el incendio, la iglesia estaba cerrada y las 
llaves en poder de los moros, que son los guardianes del 
Santo Sepulcro. En medio de una espantosa confusión for- 
zaron los rusos la puerta, rompiendo la cerradura; pero, 
avisado de lo que ocurría el Gobernador ó Pacha, dispuso 
que bajase la tropa de los cuarteles para poner orden y arre- 
glar la puerta, pues la menor alteración que haya en dicha 
iglesia puede producir un conflicto europeo. El primer me- 
nestral que encontraron los moros al amanecer fué un judío, ' 
á quien obligaron á bajar al Santo Sepulcro con los in.stru- 
mentos de su oficio, y que, al poner la escalera y subir por 
ella para clavar el cerrojo, notando quizá que algún moro ó 
cristiano le hacía alguna señal poco caritativa, se sintió tan 
sobrecogido de espanto que no pudo continuar su tarea, y 
fué preciso sacarle escoltado fuera de la calle entredicha 
para los de su raza. Calcule é infiera de aquí el lector las 
congojas, los sufrimientos continuos que tienen que devorar 
los israelitas modernos establecidos en los países semíticos, 
á diferencia de los judíos europeos, arbitros de la política y 
dioses de la plutocracia internacional. 



LA PALESTINA ANTIGUA Y MODERNA 283 

Cuando por primera vez contempla el viajero la allictiva 
situación de los judíos en la Palestina , comienza por com- 
padecerlos; pero, á medida que los va tratando, concluye 
por abominar de ellos al conocer por experiencia su depra- 
vada índole moral, sus torpes hipocresías y su odio ingénito 
contra el nombre y las personas de los cristianos. 

El tipo físico del hebreo de la Palestina es repulsivo y 
miserable, de cara escuálida, en que apenas se ve rastro de 
barba, y sí sólo unas trenzas de pelo al lado de las orejas. 
Visten de muy diversas maneras, aunque por lo general lle- 
van pantalón, y encima una túnica de color que llega hasta 
las rodillas, ceñida á la cintura con una faja. Las mujeres 
son bastante agraciadas en su juventud , pero no tardan en 
perder todos sus encantos, que tampoco cuidan de suplir con 
los de la indumentaria. Si en las ciudades musulmanas es 
peligroso para un cristiano andar de noche por las calles, lo 
es mucho más para los hebreos , los cuales , al ponerse el sol, 
se retiran apresuradamente á sus casas. Viven los judíos or- 
dinariamente en barrios aislados, y son tales el desaseo y la 
fetidez de sus viviendas, que casi no se comprende cómo no 
mueren asfixiados. Se acuerdan mucho de España, á la que 
tienen por su segunda patria; y al hablar de Isabel la Cató- 
lica, dicen de ella que, por haberlos expulsado, arruinó para 
siempre á la nación: criterio á la verdad equivocado, pero 
que no debe causarnos extrañeza, cuando ha habido y hay 
tantos españoles incapaces de apreciar la bienhechora y 
transcendental influencia de aquella medida, necesaria de 
todo punto para realizar el grandioso pensamiento de la 
unidad catóénez (fol. 54-55 v.) 

Obras de bajos, de tono 8."^, Jiménez, dos 

vajos (fol. 7H-S0.) 

Comienzan obras de todo Juego (3), Bata- 
lla (4), de 6." tono, Jiménez (fol. «1-83 v.) 

Batalla, de 6." tono, Jiménez (fol. 84-&5 v.) 

Obra de 1." tono, de lleno, Jiménez (fol. 85 v.-87.) 

Obra de lleno, l.° to7io, Jiménez, sin paso. (fol. 87 v.-89 v.) 

Henos aquí, sin más datos que las composiciones arriba 



(1) Obra citada, pág. 246. 

(2) Diccionario... de efemérides. Catálogo, pág. 45. 

(3) Esta indicación se refiere al orden con que están coleccionadas 
en el manuscrito las obras orgánicas. 

(4) El título de Batalla tiene su origen en los toques militares que 
se encuentran en esta y la siguiente pieza. 



292 LN MANU.SCKUO D£ MLSICA DHL AKCHIVO DEL ESCORIAL 

enumeradas y un apellido muy común, frente á un organis- 
ta notabilísimo. 

Seis Jinieiies hemos podido encontrar en las biografías 
y libros relacionados con la historia musical española: Xi- 
menez de Oñate, organista del Emperador Carlos V (1); 
Diego Jiménez, maestro de capilla en la Catedral de Cór- 
doba {'2); José Juan Jiménez, de Antequera, que falleció 
en 1572 (3); Juan Jiménez, natural de Albacete (,4); Francis- 
co Jiménez, maestro en la catedral de Albarracín (5); y Xi- 
menes de Luna, maestro en Santo Domingo de la Calzada, 
opositor al magisterio de la Seo de Zaragoza en \(y^ó (0). Po- 
dríase rastrear, por alguna composición perteneciente Á es- 
tos maestros, cuál de ellos era, atendiendo A la semejanza 
de estilo, el autor que buscamos; pero no tenemos á la mano 
otra guía que las piezas conservadas en nuestro manuscrito. 
Desde luego son importantísimos, y arrojan mucha luz en 
esta materia, el acendrado clasicismo y la maravillosa sol- 
tura que resaltan como caracteres principales de Jiménez: 
tiene, es verdad, dejos de anteriores tiempos, y fórmulas me- 
lódicas pertenecientes á la segunda mitad del siglo xvi; pero 



(1) Pedrell: His/yaitt'u- scho/d miisíca sacni...—Vo\. iii, pág. 1." 

(2) Saldoni: Dicciopiario... de eftnyiérides de niúí^icos españoles. 
Tomo IV, pág. 14^.— jiMitNEZ, D. Diego: escribió á fines del siglo xvi 
un libro nominado Lexicón Ecclesiástico: fué maestro de la Catedral 
de Córdoba desde Octubre de l.'íól hasta fin de junio de ir)63, en que 
murió. Jiménez fué en dicho magisterio el sucesor del célebre Ce- 
ballos. 

(i) Saldoni: Jhñíein.pi'íir. 150.— "Jiménez (Ximenez), U. José Juan: 
natural de Antcquera. Estuvo en Roma á principios del siglo xvi, ha- 
biendo pasado posteriormente íl Ñapóles, en donde se estableció, y 
talleció por los años de 1572. Era reputado como uno de los m.1s céle- 
bres organistas de su tiempo.- 

^4) Saldoni: /0¿de»i.—Tomo ni, pág. 252.— "Día 11 (Octubre) 1()77. 
Nace en Albacete el celebrado organista D. Juan Jiménez. „ 

(5) Saldoni: /hidem. — Tomo iv, pág. 150. — "Jiménez ó Ximénez, 
presbítero, D. Francisco: el día 3 de Febrero de 1742 tomó posesión 
del magisterio de la catedral de Albarracín, y en 174^ se trasladó á 
un pueblo de Extremadura. Su antecesor en dicho magisterio fué el 
presbítero D. Matías Antonio Díaz, y su sucesor D. José Marco, pres- 
bítero. 

(6) Pedrell: Dicciotiario biográjico y üiOUogyuJici) ae ninsicoí- t.s- 
paíiol es. — Tomo i, págs. 20 y 152. 



UN MANUSCRITO DE MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORIAL 293 

ia elegancia y galanura de los giros, la gracia y corrección 
de los períodos, le separan á bastante distancia de Cabezón, 
Santa María y Bermudo. 

Dos períodos abraza la época clásica de nuestros orga- 
nistas; en ambos se distinguen, como propiedades esencia- 
les, la pureza de forma y el dominio completo del contra- 
punto, existiendo, sin embargo, notables diferencias entre 
las manifestaciones de uno y otro período. En el primero se 
establece el fundamento de una escuela orgánica bien auto- 
rizada; en el segundo, sin desviarse del camino trazado, se 
adelanta notablemente, hasta casi tocar la meta de su per- 
fección, y los compositores aportan ricos y variados elemen- 
tos al arte. Las obras del Padre Santa María y Cabezón dan 
la más cabal idea acerca del carácter general que presenta 
e! arte orgánico durante aquel período. El principio, estric- 
tamente observado, de hacer cantar con solfa graciosa y de 
buena entonación á cada voz en particular (1), se oponía 
á que brillara en las combinaciones harmónicas de la com- 
posición una melodía principal, y se distinguiera una idea, 
y resaltara finalmente en un plan determinado la unidad de 
sentimiento entre la variedad de la forma. Ese cantar con 
gracia cada una de las voces (el desidcratmn , el colmo de 
la perfección para los compositores de entonces); ese exceso 
de melodía, la destruye por completo, convirtiendo la pieza 
en un vaivén incesante de cantos que se atrepellan, de ideas 
que se confunden, donde nada se entiende ni distingue con 
claridad, y donde, en tin, no hay más reposo que la última 
cadencia, única perceptible. De aquí nace la falta de tino 
para supeditar á una melodía principal todas las demás par- 
tes harmónicas, poca libertad para hacer cantar á una sola 



(1) Fray Tomás de Santa María: Libro llamado \ Arte de tañer 
Fantasía, assi para Tecla \ como para Vihuela, y todo instrumento 
en que se pudiese \ tañer d tres, y á quatro voses, y á mas... Com- 
puesto por el muy Reuerendo padre Fray Tliomas de Saitcta \ Maria, 
de la Orden de Predicadores... V'alladolid, 1565. — (Segunda parte 
Del Jnodo de tañer á concierto...) "Assi mesmo para que la música 
sea mas perfecta, es necesario que cada voz en particular, lleve sol- 
fa graciosa y de buena entonación . y con este aviso se tenga gran 
cuenta, por ser cosa muy esencial et importante.^ (Folio 63.) 



2^)4 r.N MANUSCRITO DE MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORIAL 

VOZ, y la obscuridad expresiva de todas las composiciones 
de aquella época, cumpliéndose mejor que nunca el axioma: 
Liis más luz obscuridad. 

Causante de esta confusión melódica era, por parte de 
los compositores, la preferencia de la música que ellos W^- 
m?ih?íntrauada sobre la suelta (1): aquélla consistía en no 
dejar terminar un motivo ó paso á las voces sin haberse 
iniciado otro diverso, yendo así enlazados, en interminable 
cadena , pasos y motivos, hasta que el autor quisiera darles 
remate; en ésta, la idea melódica se iba desarrollando sen- 
cillamente, con sus pausas y cadencias naturales, sin otro 
artificioso acompañamiento que fáciles contrapuntos, gene- 
ralmente á dúo, donde nada hay que tienda A obscurecer la 
melodía ni se oponfja i1 su desenvolvimiento; y claro es que 
en los principios del arte musical polifónico, como en los de 
todas las demás artes, cuando á cada paso se tropieza con 
los innumerables obstáculos que los medios materiales de 
expresión ofrecen, y la atención se fija casi exclusivamente 
en la labor mecánica, había de ser más del fausto de los com- 
positores el primer «íénero de música, donde se aquilataba 
el arte de combinar sonidos, y se requería muy sinirular co- 
nocimiento de la ciencia , no poco complicada , de componer. 
Por otra parte, el empeño í^randísimo de ajustarse á todos 
los cánones contrapuntísticos, descuidando por completo lo 
que constituye el alma y vida de las artes, contribuía á au- 
mentar esta obscuridad , no dejando percibir en las compo- 
siciones otra cosa que un conjunto de notas hábilmente dis- 
tribuidas entre las voces, de cuya combinación resultaban, 
es verdad, muy aj^radables consonancias, pero que, vacías 
de sentido y faltas de inspiración, concluyen por hacer pe- 
sado y monótono aquel harmonios© concierto. 

Nada rebajan, sin embarg^o, estos defectos, comunes á 
todas las manifestaciones del arte musical en el siglo xvi, el 
mérito inapreciable de sus compositores: sobre toda imper- 



(1) En la Segunda parte del Arte de tañer fantasía, úe\ ya citado y 
célebre organista dominico, es frecuentísimo aducir, como última y 
suprema razón para adoptar determinado género de música , que ésta 
(la preferida) es tnúsica trauadn, y aquélla suelta y adouacia. 



II\ MANUSCRITO PE MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORIAL 295 

fección, descuella el noble título de padres y fundadores de 
la música polifónica; y la historia, al colmarles de elogios, 
no traspasa los límites de la más estricta imparcialidad. 

Por lo que toca al segundo período, es muy notable el 
empuje que en él recibe el arte orgánico: sin desviarse del 
camino trazado por sus antecesores y maestros del siglo xvi, 
los organistas avanzan á pasos agigantados hacia la perfec- 
ción: no es ya el buen trabajo su único cuidado; la expre- 
sión entra por mucho dentro de sus planes, procuran dar 
más claridad y transparencia á las ideas, y es, sobre todo, 
digno de notarse el empefio de hacer más elegantes y va- 
riados los diseños melódicos. Desde luego empieza á des- 
aparecer la confusión del primer período; á través de los 
enmarañados contrapuntos se distinguen claramente glosas 
y melodías sencillas, y entre la obscuridad ábrese paso, al 
rtn, algún que otro rayo luminoso. 

No es menor el adelanto respecto del mecanismo del ins- 
trumento: las difíciles glosas intercaladas en el discurso de 
la composición, y otras mil combinaciones rítmicas no poco 
difíciles, requieren rara habilidad en el ejecutante, y destre- 
za y maestría en el tañer, casi igual á la que hoy se exige de 
un excelente organista. Además, comienzan á conocerse mu- 
chos de los recursos que el órgano ofrece, y se buscan en sus 
bellísimos efectos sonoros nuevos medios de dar gracia y va- 
riedad á las composiciones. A pesar de tan notables diferen- 
cias, no desmiente este segundo período su procedencia de 
la escuela de Cabezón, apareciendo en el fondo idéntico al 
primero: ambos tienen formasy procedimientos iguales; sólo 
que el segundo descubre nuevos horizontes en el campo de 
la melodía, y se distingue por su mayor elegancia y soltura. 

Viniendo ahora al señalamiento de la época á que perte' 
nece el autor de las citadas piezas, hemos de colocarle, en 
vista de los clarísimos datos que aquéllas nos suministran, 
entre los organistas del segundo período. Y en efecto; si 
por la pureza de forma se aproxima Jiménez al siglo xvi, por 
su desenvoltura, por la elegancia de los giros melódicos y 
lo notablemente adelantado de su escuela orgánica , está 
muy cercano y es algo posterior á Aguilera. Entre éste y 



2% LN MAXISCKITO OK MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORIAL 

Jiménez existen mu}' visibles semejanzas: las Batallas de 
Jiménez y la Ensalada de Aguilera son composiciones del 
mismo í^énero, y cuyo carácter y forma indican igual época. 
Podemos, pues, señalar en términos generales las fechas 
entre que fluctúa la vida de Jiménez, diciendo: que nació 
en los últimos años del siglo xvi ó primeros del x\ii, y que 
compuso estas obras hacia la mitad del último. 

Debemos excluir, pues, por razones de incompatibilidad 
cronológica, á Ximénez de Oñate, Diego Jiménez, José 
Juan Jiménez, Francisco Jiménez y aun Juan Jiménez. Del 
único restante. X imenes de Luna, nada podemos aventurar: 
por más que la humilde plaza de Santo Domingo de la Cal- 
zada diga muy poco en su favor, los alientos para oponerse 
al magisterio de la Seo de Zaragoza, á pesar de no haber 
sido el agraciado en las famosas oposiciones de \(^3(^, supo- 
nen mucho. 

Escasos y sumamente incompletos son estos datos, y 
de carácter negativo, pero no deben despreciarse, ya que 
abren camino á más fructuosas investigaciones, y pueden, 
con otros que se adquieran, dar los más lisonjeros resulta- 
dos. ¡ Cuántos volúmenes como el que hoy nos ocupa existen 
en las Bibliotecas y Archivos! En ellos, á no dudarlo, habrá 
composiciones de Jiménez, y quizá, en las portadas y enca- 
bezamientos, una fecha, una brevísima apuntación biográ- 
fica, serán suficientes para averiguar quién fué este desco- 
nocido y excelente organista. 

Con lo dicho anteriormente, no hace falta detenernos en 
el examen de sus obras. Los panf^e lins^ita, los versos de 
sexto tono, las Batallas, que son todo un poemita. al decir 
de un ilustre artista contemporáneo: todas estas piezas, 
siempre correctas, de irreprochable factura, graciosas y 
elegantes en cuanto cabe para su época, revelan en Jiménez 
al consumado maestro é inspirado artista. 

josEPH Jlmenez. Medio rejistro vajo de 6° tono. Jo- 

sephjitfieuez (fol. 7072.) 

Rejistro vajo d íres,Joseph Jivieuez. (fol. 74-7,^ v.) 

La circunstancia singular de haberse encontrado dos pie- 
zas encabezadas con igual apellido que las anteriores, pu- 



U.V MANUSCRITO DE MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORIAL 2*^7 

diera movernos á creer que se trataba de composiciones 
debidas á un mismo autor; pero, bien considerado el caso, 
parécenos más lógico deducir que la distinción de añadir el 
nombre al apellido tiene por objeto señalar dos diferentes 
autores, indicando al uno, el más conocido entonces, con 
sólo el apellido, y al otro con ambas cosas á la vez. Mene 
á dar más fuerza á este modo de pensar la poca ó ninguna 
semejanza existente entre las obras de Jiménez y las de Jo- 
seph Jiménez: las primeras, hijas de un contrapuntista admi- 
rable, conocedor profundo de todos los recursos del órgano, 
de exquisito gusto, que se revela aun en aquellas donde dan 
lastimosas caídas muy distinguidos compositores, como son 
las escritas para determinado registro, v. gr. , para bajo, 
tiple, etc., nos descubren á un gran artista; al paso que las 
segundas, muy apreciables con relación á la época en que se 
escribieron, tienen rasgos de poquísimo gusto, y una mono- 
tonía y pesadez insufribles. 

Por todas las señas que nos dan estas dos composiciones, 
Joseph Jiménez es contemporáneo de Pablo Bruna, y per- 
tenece, como él, á la época decadente del arte orgánico. Bien 
estudiadas, no tienen estas piezas más de bueno que el 
principio. Por lo demás, con referencia á la persona de Jo- 
seph Jiménez, nos encontramos tan á obscuras como res- 
pecto del anterior, sin poder hacer, por ahora, otra cosa 
que esperat á que nuevos descubrimientos pongan en claro 
este y otros puntos de nuestra historia musical. 

fR. J_ÜIS yiLLALBA , 
O. S. A. 




R FAUSTA Científica 




|iro% ('('liHiiiii'iiti» iii«liiMf i'iul il«* la*> rHlHt*iila*« <lel \ÍR> 

uiira. — Ha quedado parcialmente convertido en hecho el pro- 
yecto colosal de utilización de las cataratas del Niágara, en 
que la opinión venía ocupándose de bastantes años atrás. La primera 
parte del proyecto consiste en la alimentación de las turbinas de 5.000 
caballos, á cada una de las cuales corresponde un alternador difáceo 
de i^ual potencia eléctrica. La totalidad del proyecto se extiende al 
aprovechamiento de una tuerza de lióO.OOO caballos; pero en la fábrica 
que ha empezado á funcionar sólo se ha preparado emplazamiento 
para diez turbinas con sus correspondientes dinamos, iguales á las 
dos que se hallan ya en servicio. Habrá, pues, disponible en esta fá- 
brica una fuerza mecánica de ry).<H» caballos. 

Ll aprovechamiento industrial del Niágara ofrece la circunstancia 
de haberse efectuado con los elementos más poderosos de que dispo- 
nen la Mecánica y la Electricidad actualmente. Mucho antes de ahora, 
en 1725, instalóse á orillas del río una fábrica de aserrar, que utilizaba 
para su fuerza una mínima parte de la energía colosal que el cauda- 
loso río posee en su imponentísima cascada. Con varias tentativas, á 
las que la aparición de la máquina de vapor y el progreso del mismo 
pusieron provisionalmente término, transcurrieron los años hasta IH61, 
sin que aquel aprovechamiento aumentara; pero desde este año em- 
pieza verdaderamente la era industrial que beneficia la potencia ex- 
traordinaria acumulada por la Naturaleza en el más formidable y 
grandioso de los saltos. En efecto: por aquella fecha quedó construí- 
do un canal de unos 1.400 metros de longitud , 11 de ancho y 2,40 de 
profundidad, que derivaba del río una cantidad de agua considera- 
ble. Esta agua, embalsada en un grande estanque abierto á 65 metros 
de desnivel respecto del cauce inferior del río, (ii<ífrihui.T<;e entre di- 



KEVJSrA CIENTÍFICA 299 



ferentes fábricas que se fueron creando alrededor del copiosísimo 
embalse. Por medio de pozos en cuyo fondo se hallaba el motor hi- 
dráulico y de túneles para la descarga, el desnivel era aprovechado 
y el agua volvía al Niágara, más allá de la catarata, después de ha- 
ber tendido una potencia que en 1S.S5 llegó á representar más de lO.OOC» 
caballos. Obsérvese que este procedimiento elemental, bastante im- 
perfecto, pero de importancia relativa no escasa, que sirvió para la 
primera captación importante de la fuerza viva del Niágara, es el 
que se ha seguido ahora, salvo la magnitud y la perfección de las 
obras realizadas y la novedad de loselemf-ntos industriales que para 
tan grande empresa se han creado. 

Así se hallaban las cosas cuando el ingeniero Kvershed concibió 
el vastísimo proyecto que en su primera etapa ya ha tenido feliz 
cumplimiento. El autor del proyecto preocupóse ante todo de pre- 
servar las espléndidas cataratas del vandalismo industrial , harto 
indiferente á las magnificencias con que brinda allí la Naturaleza á 
la mirada atónita del hombre. Itl plan con que tan culto propósito se 
concibió, consistía en sangrar el río dos kilómetros más arriba de 
las cataratas y en punto invisible á las miradas de los que acuden A 
contemplar el espectáculo grandioso y único que aquéllas presentan. 
Tras de vicisitudes propias de toda empresa de tamaña magnitud, 
al cabo el proyecto germinó y halló en el Estado y en el capital los 
cooperadores que necesita. Tales vicisitudes, menores desde luego 
que las que hubiera e.xperimentado el pensamiento en Europa, im- 
portan poco á nuestro relato. La obra tuvo su principio en 1889, con 
la constitución definitiva de la Compañía que se propuso realizarla. 
Veamos en qué consiste dicha obra. 

El proyecto primitivo de Mr. Evershed recibió algunas modifica- 
ciones. El que se adoptó definitivamente y se ha realizado en una de 
sus partes principales consiste en la abertura de un canal de deri- 
vación del Niágara , de unos .t'X) metros de longitud, y que, como acá- 
bamos de decir, arranca de la orilla del río, dos kilómetros antes 
del colosal despeñamiento de éste en estruendosa é imponentísima 
cascada. 

El ancho del canal en su origen es de 75 metros, y su profundidad 
de 3,60, habiéndose calculado su caudal para alimentar una fuerza 
conjunta de ÓO.'XX) caballos, cuya primera transformación correspon- 
de á las diez turbinas de eje vertical de que ya hemos hecho mérito. 
Estas turbinas se establecen en el fondo de sus respectivos pozos, á 
la profundidad de 4.^ metros, y reciben el agua canalizada por enor- 
mes tubos de hierro de igual longitud. La potencia que estas turbi- 
nas desarrollan se transfiere á la superficie superior al plano de la 
fábrica por medio de robustísimos árboles tubulares que comunican 
el movimiento al respectivo alternador difáceo, con el que se obra 
la segunda transformación, la de la energía mecánica en energía 



300 REVISTA CIENTÍFICA 



eléctrica. Estos alternadores giran A la velocidad de 2ó0 vueltas por 
minuto. 

El agua, al salir de las turbinas, penetra en un túnel "de 2.100 me- 
tros de longitud y de suave pendiente que la descarga en el cauce 
interior del río, al pie mismo del famoso puente colgante que pone 
en comunicación la orilla americana y la canadense, y en el que sue- 
len situarse pretereniemente los viajeros para contemplar en toda 
la extensión de su salvaje grandeza el panorama incomparable de 
las cascadas. La primera turbina y su alternador giraron por pri- 
mera vez en l.^de Julio pasado, no habiendo empezado un servi- 
cio regular de distribución de la energía hasta fines de Agosto si- 
guiente. 

Aunque la tendencia hacia todo lo grande, que es la característica 
del industrialismo yankee, no dejan\ de dar gran empuje A las explo- 
taciones industriales que constituirán la futura ciudad del Niágara, 
es lo cierto que no basta un corto espacio de tiempo, aunque por tal 
se tenga algunos años, para dar industrial empleo il la totalidad de 
una fuerza tan considerable como la de óO.oOO caballos, que, como 
repetidamente hemos dicho, será la de que se disponga cuando es- 
tén emplazadas las diez turbinas. En previsión de que huelgue buena 
parte de esa energía, la propia Empresa del Niágara se dispone á 
fomentar las explotaciones de carácter industrial, á cuyo efecto se 
ha hecho propietaria de grandes extensiones de terreno, aparte de 
que la adopción de los procedimientos eléctricos para utilizar, trans- 
formada, la fuerza colosal que de las diez turbinas obtendrá, le permi- 
tirán transportarla á distancias considerables. Todo se halla, pues, 
previsto para que no se esterilicen los enormes sacrificios que la Em- 
presa se ha impuesto, habiendo sido en realidad la designación pre- 
via de sistema el punto que más preocupó á los directores del nego- 
cio, y en cuya elección mejor han acreditado su gran tino. Pudieron 
en efecto, elegir entre las transmisiones de la energía mecánica utili- 
zada por las turbinas el sistema de cables teledinámicos, el agua mis- 
ma á la alta presión, ó bien el aire comprimido. Ninguna de estas for- 
mas reunía tanto alcance y elasticidad como la transmisión por medio 
de la corriente eléctrica, y éste fué en definitiva el sistema que preva- 
leció cuando en l.s91 hubo que resolver asunto tan arduo, del que de- 
pendía en gran parte el porvenir de la Empresa. Merced á esta elec- 
ción, la energía substraída á las cataratas se podrá utilizar al pie de 
las mismas en la ciudad industrial que vertiginosamente allí se edi- 
fica, ose podrá eventualmente enviar hasta Búfalo, y si fuere me- 
nester hasta Chicago, porque ya técnicamente no se opone á seme- 
jante transporte ninguna de las limitaciones que todavía no hace mu- 
chos aflos hubieran hecho conceptuarlo imposible. 

Adoptado en su oportuna sazón tal criterio, concediéronse las pre- 
ferencias al sistema de distribución por corrientes alternativas que 



REVISTA CIENTÍFICA 301 



propuso una Compañía norteamericana, la de Wesiinijhouse, á la 
cual encomendóse la construcción del material eléctrico. 

Consignados estos preliminares, vengamos á la descripción de la 
parte eléctrica del aprovechamiento del Niágara. 

Cada turbina ha de mover un alternador de corrientes bifáceas de 
la potencia de 5.<>W caballos, cuyo alternador está montado sobre el 
propio eje de la turbina y al extremo superior del mismo. La veloci- 
dad angular normal del alternador es la misma velocidad de la tur- 
bina, es decir, 27)0 revoluciones por minuto, y con ella se obtendrá en 
.:ada uno de los dos circuitos del alternador una diferencia de poten- 
cial útil de 'J.O<X) volts. Cuando las necesidades de la explotación lo 
requieran, podrán en totalidad, ó parcialmente, agruparse en para- 
lela los alternadores, para lo cual se ha instalado un inmenso cuadro 
de distribución, desde el cual puede regularse la oscilación de cada 
alternador, intercalar ó sacar cada uno de ellos del circuito, y efec- 
tuar, por último, el acoplamiento. La frecuencia de los alternadores 
eligióse deliberadamente bastante baja: 25 periodos por segundo. 
Fuera de la casa de máquinas, enfrente de ella y la opuesta orilla del 
canal, hállase un segundo ediHcio que contiene los transformadores. 
Une á entrambos edilicios un puente que conduce á la casa de trans- 
formadores los cables primarios procedentes de la Poxver-Honse. Es- 
tos cables, lo mismo que los de distribución dentro de una zona de 
cinco kilómetros de radio, tienen forro de plomo para poder ser en- 
terrados. 

Dentro de esta zona, la comente se dará sin transformación. Para 
mayores distancias, ya el potencial se elevará á 10.<X)0 volts, y si es 
menester á "2.^.<»00, cuya transformación inicial se efectuará en el edi- 
ficio de que hemos hecho mérito. Cuando por razón de distancia ha- 
yan de producirse esos elevadísimos potenciales, someteráse la co- 
rriente á una segunda transformación al penetrar en casa del cliente, 
que tendrá por objeto reducir el potencial diferentemente para cada 
caso, según la naturaleza de la aplicación á que se destine la co- 
rriente. 

\ iniendo ahora á la descripción particular del tipo del alternador 
construido, basta considerar la enormidad verdaderamente inusitada 
de su fuerza para imaginarse lo extraordinario de sus dimensiones. 
La altura que tiene es, en efecto, de unos 3,50 metros, y su base ó zó- 
calo alcanza un diámetro de 4,20 metros. El peso total es de 77 tone- 
ladas. En estos generadores bifáceos el inducido es fijo, y el inductor 
constituve el órgano móvil. Esta parte móvil, compuesta del árbol, de 
un casquete esférico que soporta el inductor propiamente dicho, la 
corona de electro-imanes de que éste se forma , las piezas polares, los 
anillos colectores, etc., pesa 31 toneladas. El diámetro exterior de esa 
corona es de 3,50 metros, lo que supone una velocidad tangencial 
de 46 metros por segundo. 



302 REVISTA CIENTÍFICA 



Esa corona lorma la armazón de los inductores: es de acero, obte 
nida de un lingote de 60 toneladas, por medio de la prensa hidráu- 
lica. En la cara interior hállanse los electro-imanes en número de 12, 
y el devanado de estos electrodos lórmanle barras de cobre de sec- 
ción recianj^ular. Todo en estos alternadores es colosal, desusado; y 
como, dado el peso y la velocidad que el sistema inductor tiene, el 
menor desequilibrio podría oria^inar vibraciones peliiírosas, ha ha- 
bido necesidad de poner esmero especialísimo durante la construc- 
ción para obtener un equilibrio en el conjunto de sus pesadas piezas, 
indispensable para preservar de jjravísimos accidentes la máquina y 
la misma instalación. Kl encrase del eje efectúase mediante una cir- 
culación de aceite á alta presión, y para el enfriamiento de los coji- 
netes existe otra de agua. 

Kl inducido es lijo en esta máquina , como suelen serlo en los ge- 
neradores alternativos, principalmente cuando tienen mucha poten- 
cia. El núcleo magnético de este inducido fórmanle hojas delgadas 
de hierro superpuestas, cuyo haz descansa en la base de la máquina, 
alrededor de un núcleo central recibido de fundición con el zócalo 
mismo. Después de prensadas y sujetas esas hojas por tornillos, for- 
man seis coronas, separadas t;ntre si por espacios de aire, que ase- 
guran la ventilación. Los conductores de cobre que corresponden al 
devanado del inducido alójanse en cajas ó muescas de sección rec- 
tangular y abiertas, en número de 187, alrededor de las seis coronas. 
Este devanado es doble, es decir, constituye los circuitos. Para em- 
palmar los extremos de los conductores de cobre hay roblones del 
propio metal , sin perjuicio de la soldadura practicada por vía eléc- 
trica. 

Todas estas precauciones obedecen á la necesidad de disminuir 
la resistencia interior del inducido. Cuanto al aislamiento de los con- 
ductores que le forman, obtiénese por interposición de hojas de mica, 
siendo tan eficaz que resiste al ensayo, efectuando en cada conduc- 
tor con una corriente á l.'i.OOO volts, lo que equivale á un coeficiente 
de seguridad muy elevado, porque, efectivamente, el alternador sólo 
tendrá en trabajo, como diferencia de potencial máxima, 2.4CX) volts- 
La excitación de los alternadores exige, como es sabido, una co- 
rriente continua. Pues bien: ésta se obtiene por transformación de la 
alternativa producida por los mismos generadores en transformado- 
res rotatorios, cuyo manejo se hace cómodamente desde el gran cua- 
dro de distribución. 

Tales son, muy compendiadas, las grandes líneas de la instala- 
ción hecha á orillas del Niágara, con la que se realiza el más vasto 
y transcendental proyecto de utilización y transformación de la ener- 
gía hidráulica que se ha concebido hasta el presente. 



^^^^ ,,^«^^^j^__,9-.-.Q^,-,9^^^^^^^^ ,_^9^^^^9,,^.,^>^^il; 





•i^ K^>^^-J0^2^^^i¿-^ií^,$$^^^ 




Rfa'ista Canónica 




ualidad de la Misa que 8e celebra en las capillas ú oratorios. — 
Kl Hmmo. y Kmo. Sr. Cardenal Cristiano Ernesto Bousset, 
Obispo de Kodez , ha suplicado A la Sa^írada Cono retíación 
de Rüos la solución de la siguiente duda: 

L'triim posí Dccretituí gentrdíe Uie 9 Decembris 1S95 edilitvi 
DE MissA co.N'iOR.Mi Officio Ecclesi.« vel Oratoru fublici, Calenda- 
rio loci , un vero celebranti^ responderé debeant Misic ,qHa' celebran- 
tur in Capcllis Episcoporum, Scniinarioritni ,Colles:iorum. Fiarinn 
Commnniíntuntj Hospitaliían, et Caneritni.^ 

Á lo cual ha contestado la misma Sagrada Congregación , después 
de vista la sentencia de la Comisión Litúrgica, y previo diligente 
examen: Dumnnuio ngatttr de Capellu principali , qute instar Ora- 
torii pitblici ad cffectnni memorati Decreti habenda est , Af firma- 
tive ad I.""!, Negative ad II. "«^ 

Atque ita rescripsit . die 22 Maii 1896.— Caj. Card. Aloisi-Mase- 
II a . S. R. C. Pnef.—A. Tripepi, S. C. R. Secretarins. 



Coronas fúnebres.— El Kmo. Sr. Tobías Patroni, Obispo de Val- 
va y Solmona, temiendo que, con capa de piedad hacia los difuntos, 
se perjudicase el decoro debido á la Casa de Dios, ha suplicado á la 
Sagrada Congregación de Ritos la solución de la siguiente duda : 

An deceat in parietibus Ecclesiie vel pnblici Oratorii suspendere 
coronas mortuorias ttt inibi inaneant? 



304 REVISTA CANÓNICA 



La Sagrada Congregación, visto el voto de la Comisión Litúrgi- 
ca, y pensado con detención el asunto, respondió: Xcgiitiir. 

Atqiie ita yescripsit , die 22 Maii 1896.— C. A.J. Carci. Aloisi-Ma 
sella , S. R. C. Pnef.—A. Tripepi , S. R. C Secreíarius. 



Privilegio para decir la Misa votiva de San Antonio de Padua.— 
Ciim íid Ecclesiam sub nomine siimíi Antonii de Padua, Carnobio 
ndnexain Ordinis Minortiin S. Francisci de Obscrvantia , sitam in 
loco vulgo Brive nuncnpato . in (,allia, Sacerdotes et fideles fre- 
quenter accederé soleant , pite pere¡^rinaíionis cansa , eittndeni sane- 
tuin Con/essoreni ibident veneratnri ; Iwrunt votis satisjactnrns ip- 
sius Cwnobii Cusios, Sanctissimum Doniinum Nostrunt Leoneni^ 
Papaní XIII , stiplex rogavit ut cuilibet Sacerdoli i/ui qualibet vice 
illuc peregrinationem facit , Missain vtttivant de eodeni sancto Ati- 
tonto in pr(€/aía Ecclesia liceat celebrare. .Sanclitas porro Sua , re- 
ferente me infrascripto , Sacne Ritnum Congregationis Pnefecto, 
atiento cnminendationisnf/icio Rmi. í'atris Procuratoris (7cneralis 
Onlinis Mi nerum , precibus bcnigne annuere di guata est ; dummo- 
do non occurrat Dúplex prinve vel secunda' clussis Fesíuin de prw- 
cepto servandum, necnon Feria, Vigilia vel Octava, qutc sit ex pri- 
vilegiatis , scrvatis Ruhricis. Contrariis non obstantibus quibus- 
cumque. 

Die 4 Maii 1696.— C. A. J. Card. Aloisi-Masetla , Pru/.—Aloisius 
Tripepi, S. C. R. Secreíarius. 



Varias consultas elevadas á la Sagrada Congregación.— Desean- 
do los Rdos. Canónigos de la iglesia principal de Pisa que el Clero 
de dicha iglesia se conformase en la celebración de las funciones 
sagradas con las prescripciones de las rúbricas y decretos, propu- 
sieron A la Congregación de Sagrados Ritos las siguientes dudas: 

I. Ad confessionem Clerus in Choro getiua flectit , prtcter Prícsu- 
les et Canónicos, qui , quamvis non sint parati , confessionem fa- 
ciunt, bini et bini stantes ; quod etiatn a Rmo. Capitula statututn 
est, qu<eriíur, an ¡uec praxis sit conformis pnescriptionibus litur- 
gicis? 

II. /;/ processionibus Clero semper pneceditur a cruce liastata 
cum duohits acolytis gesíantibus candelabra ; qu<critur, an idem 
servandum sit in processionibus , qute in Ecclesia Priutatiali Pisa- 
najiunt Sabbatis quadragesimce pnst Completorium, et Dominicis 
á Paschate ad Ascensionem post Tertiatn? 

III. An sustineri queat consuctudo ,\qua Capellanus hebdoma- 



REVISTA CANÓNICA 305 



(iariiís celebrans, et pluvialistie, qui cittn eo icnuní corpus efficiuiit , 
in processionibiis incedant ante Canónicos ? 

IV. Utruní servari possit praxis j qna Sacerdos, pluviali indutiis, 
ad janiíiun Ecc/esiw Clenim processionaliter ingredientem excipiat 
et aqtiu liistyali dspeygaí.^ 

\'. An continiiari possit in Arcliidiucesi Pisanu usiis rocheti, 
loro siipeipellict'i in adniinistiuiíione Sucranwníoyuni.^ 

La Sagrada Congregación de Ritos, visto el voto emitido por los 
Maestros de ceremonias apostólicas, atendiendo también á las cos- 
tumbres especiales de la diócesis pisana, en conformidad con las 
prescripciones litúrgicas, resolvió del siguiente modo: 
Ad I tV II. A ÍJir mutile. 

Ad ÍII. Xegati'iC , et ( elehrantetn pítiatiini cnni dssisteníihus 
prrecedentia frui deberé. 

Ad W . Consuetudo proposita servari potest , dummodo Sacerdos 
aqttain benedictatn per aspersionem det cttncto Clero , non exceptis 
Ciinonicis, celebranti vero per contactum , et pluviali non utatur 
juxta decretntn in una Tanrin. Pra inin<*tititirnni , diei 12 Septeni- 
bris lóO^f, SS, 3530, ad I. 

Ad V. Curet Rtnus. An/iiep. nt siiperpellicei iisitsintnxincatnr, 
Jitxta Rit líale Roinunnin. 

Atqiie ita rescripsit die 22 Jimii 1S95.—C. A.J. Aloisiiis-Mase- 
lia, S. R. C. Prief.—A. Tripepi, S. C. R. Secretarins. 



Sobre la octava de las fiestas.— Algunos Maestros de sagradas 
ceremonias, que tienen íi su cargo la disposición ó dirección de los 
Calendarios particulares, acudieron á la Sagrada Congregación de 
Ritos en demanda de solución para la siguiente duda: 

I. An di es injra Octavam Festi primarii vcl "iecundarii cedant 
semiduplici occnrrenti.' 

II. Utriini di es Octava sequatur rationeni sui Festi primarii vel 
secundara? 

Resp. Ad I. Dies infra Octavam qiuuncumque tanquatn secun- 
darios habendos esse , et cederé cuiqumquc semiduplici ocurrenti. 
Ad II. Afjirmative, nempe: Diem Octavam esse primar iam vel 
secundariam, prouti Festum, ad quod illa pertinet, primar ium vel 
secundarium est. 

Atque ita rescripsit, die 21 Februarii 1S96. — Caj. Card. Aloisi- 
Masella, S. R. C. Pnef. — L. f 5. — Aloissius Tripepi, Secretarins. 



20 



306 REVISTA CANÓNICA 



Docroto general acerca del Aniversario de la Dedicación de la 
Igleaisi.— A d omnes in po^teruvi controiersius circa Anuiversarittw 
dedicaliofiis Eccleí^iw petiitus evellendas , S. R. Cong. Cotniliis pro 
nova Collectiouf aitthcntica Decrctonim evti/gandn , subsii^nata 
die, ad Vaticatiittii habitis, staíiiit nc declarnvil : i. Dedicatiotietn 
Ecclesiif , í'jnsgue proiiide A universa rinnt essc festniti Dotnini. 
II. Hinc Ecclesiapropriu Anuivi'rsariumjitxí a Rubricas solcuinius 
el pri)nntii()ii. aliis t/nibiiSdtnK/ue loconim feslis, ctiam Patroni 
et Titularis, essc per se prteferendutti. tain in occnrsn (¡uain iu con- 
cursn: permitli nihilotninns. tit Faíroni fcstum, ciijuscttmque sit 
persunalis diii>iiíatis, rationc ferial ionis prtidiclo Itniiversario 
pruferalur. III. . Inuiíersarintn vero Dcdicalionis Hcclcsia- non pro- 
priti , uti secundaritint liabcndiim esse, el si ciim aliis (¡nihnscumqtie 
feslis occnrrat vel concurral . servandas essc Rubricas el Decre- 
linn (¡ener. snpcr primariis el secimdariis feslis. \\ . Ejiísdeni 
auleni Dediattionis Ecclesiw si ve propriu sive non propriu Atini- 
versario occnrrente vcl concurrcnlc cunt feslis solemnioribus ¡mi- 
versal i s Ecclesiu-, huc seniper illi pruvalere. personati elianí dii^ni- 
tale poslhabila, jnxla Ruhritas. \ . Quamvis fixa essc dchcal illa 
dies anniversaria Dcdicalintiis Ecctesiit , (¡me infra atinunt a con- 
secraljonc recnrril ; nihilotninus Episcopo Ecclesiam consecranli 
fus in/iwrcre. Jnxla Decrela alias cdila, aliam dictnjixatn, vcl elianí 
Dontinicatn. linnimodn in consecratinnis actu , selif¡cndi . pro illins 
Anniversario (/nolannis sidcninins celebrando: excepiis dnplicibus 
prinne ct secundte classis nniversalis Ecclesiw, necnon quihnscmn 
que /)ontinicis privilec^iatis, el duplicibns priniu classis Ecclesia- 
runí parlirnlarinni. 

Alqne Ha servar/ ntandav/l.—Die 4 Febrnarii lS96.—Cai. Card. 
Aloisi Masella. S. R. C. Pncf.-L. fS.-A/oisius Tripepi. S. R. C. 
Secrelarius. 



^^^^^^ 







¡m 



CRÓNICA GENERAL 



EX'ri>í^\NJEKC> 




o.MA.— lin los Con.sistoiios secreto y público, lijados ya por el 
Romano Pontitict- para el '12 y '2u de éste, se veriñcará la pre- 
conización de los Obispos destinados á las Sillas en la actua- 
lidad vacantes, y el nombramiento de los seis nuevos Cardenales, 
junto con la solemne imposición del capelo A los Príncipes de la Igle- 
sia creados y proclamados anteriormente, y á aquellos de entre los 
nuevos que puedan hallarse en Roma para ese tiempo. Con tal moti- 
vo, Mons. Aglianeli, una vez cumplida su misión extraordinaria en 
Moscou, ha vuelto fi N'iena para desde aquí dirigirse al Consistorio, 
donde se le impondrá la púrpura cardenalicia y será públicamente 
designado para ocupar la Sede Metropolitana de Ferrara, vacante 
desde la muerte del Cardenal Mauri. 

—También el Nuncio de París. Mons. Ferrata, cesará en su cargo 
inmediatamente de haber recibido el birrete de manos del Presi- 
dente de la República: pero en cuanto á los Nuncios de Madrid y 
Lisboa, Monss. Cretoni y jacobini, aun después de nombrados Car- 
denales, continuarán provisionalmente en sus puestos con el título 
de Pronuncios, hasta que en otro Consistorio sean llamados á la so- 
lemne imposición del capelo. 

—Los Emmos. Prelados de \'alladolid y de Urgel han recibido or- 
den de pasar á Roma, donde serán hospedados en el Colegio Espa- 
ñol del Palacio Altemps y obsequiados con una recepción solemne 
que nuestro Embajador dará en su obsequio. 

—Se halla próxima á publicarse la Encíclica sobre la unidad de 



308 CRÓNICA GENERAL 



las Iglesias disidentes que el mismo Romano Pontiíice viene medi- 
tando y componiendo hace algún tiempo: créese, dada la importan- 
cia y gravedad del asunto, que será uno de los más doctos y elo- 
cuentes documentos que han salido de la pluma de León Xlll. 

— Correspondiendo -á las inicuas vejaciones de que la Santa Sede 
viene siendo objeto por parte del Gobierno italiano, el Papa ha es- 
crito y enviado al limperador de Etiopia una carta rogándole que 
ponga en libertad á los dos mil prisioneros italianos cogidos en la 
batalla de Adua y llevados á Scioa. El encargado de entregar á Me- 
nelik la carta del anciano Pontiíice es Mons. Macario, X'icario apos- 
tólico de los católicos del rito copto, el cual se encontraba hacía mu- 
chos días en Roma. Antiguas relaciones han servido de base para 
que ahora el Papa interceda cerca de Menelik en favor de los prisio- 
neros, y permiten esperar que la gestión pontificia sea coronada por 
el mejor éxito. Este nobilísimo acto de caridad apostólica y de ver- 
dadero patriotismo ha producido en Roma y en Italia gran impre- 
sión, pero impresión de amor y de recortocimiento en el ánimo de los 
buenos, de estupor mezclado de envidia y hasta de rabia secreta 
en el ánimo perverso de los radicales, anticlericales y francmaso- 
nes. Da por cierto un periódico que el Rey Humberto habría queri- 
do mandar un personaje de su corte al X'aticano para dar gracias á 
Su Santidad por acto tan generoso; pero del N'aticano se hi/o enten- 
der delicadamente al Quirinal que el Rey Humberto se contentase 
con indicar al Papa esa gratitud. Es un hecho, que ahora por vez pri- 
mera, desde 1870, se ha pronunciado dentro del recinto de la Cámara 
italiana el nombre del Pontífice con veneración y respeto, expresan- 
do en ella su reconocimiento á León Xlll el Gobierno, intérprete del 
sentimiento público. 

El Fanjulla declara que no debe me/.clarse la carta del Papa con 
las discusiones políticas, para no turbar con consideraciones inopor- 
tunas la excelente impresión que ha producido el acto generoso de 
Su Santidad. ''Inclinémonos, dice, ante la caridad cristiana, esplén- 
didamente manifestada por Aquel que es su más alta personificación.,. 
El pueblo italiano ve con entera evidencia que el Papa, aunque re- 
ducido á cautividad, y á pesar del encono de que es objeto, puede, por 
la magnanimidad de su corazón y el supremo ascendiente de que goza, 
prestar grandes servicios á Italia, y se pregunta cuáles no serían és- 
tos, y cuántas ventajas no reportaría al país, si el Sumo Pontífice go- 
zara de la soberana independencia que le compete. El Gobierno no 
puede rechazar el beneficio, porque se trata de libertar dos mil des- 
graciados jóvenes, hijos de Italia, oprimidos por la esclavitud de un 
soberano semibárbaro. ¡Noble manera de vengarse de los enemigos! 



* 
« « 



CRÓNICA GENERAL 309 



Italia. —El hambre invade rápidamente la clase proletaria con 
sintomas alarmantes, poniendo en verdadero aprieto á los grandes 
propietarios, y en grave compromiso al Gobierno y sus delegados, á 
quienes incumbe conjurar las perturbaciones del orden remediando 
tanta miseria como impera en todas partes. Tristísima impresión 
causa la lectura de las noticias procedentes de muchos puntos de Ita- 
lia, entre ios que sobresalen estos días el territorio de Romana, don- 
de la situación de las clases pobres es verdaderamente desesperada 
por la falta de cosecha y los enormes tributos que pesan sobre la pro- 
ducción. En San Angelo recorrió las calles por espacio de dos días 
una multitud de mujeres y niños andrajosos clamando: "¡Pan! ¡Pan! 
¡Tenemos hambre, que se nos dé un bocado de pan!..: después han 
saqueado las panaderías, haciendo necesaria la intervención de fuer- 
zas de la gendarmería, y produciéndose algunas colisiones, de las 
cuales han resultado no pocos heridos, y muchos de los autores de 
aquel atropello detenidos A disposición de la Autoridad, por el solo 
crimen de verse obligados á buscar por fuerza el alimento necesario, 
que el Gobierno y algunos monopolizadores del capital y de la ri- 
queza se niegan con dura entrafia A prestar buenamente y en jus- 
ticia. 

V todavía hay en Italia, como en todas partes, gentes viles y 
egoístas que explotan la miseria de muchos desgraciados, á quienes 
la necesidad reduce A la obligación de recurrir A las agencias y casas 
de préstamos sobre prendas pretorias ó empeños, que hoy viven aiitn- 
ríjíiUas por la Administración, cometiéndose exacciones como la de 
cobrar intereses que oscilan entre el 40 y el 6(J por 100 al año (1!). En 
vista de situación tan precaria, parece que los Ministros de Hacienda 
y de Agricultura, Industria y Comercio de Italia estudian un pro- 
yecto de lej' para reprimir é impedir la usura, que ha llegado á ad- 
quirir proporciones excepcionales en este reino. Las Cámaras de 
Comercio italianas han informado en su casi totalidad en sentido fa- 
vorable á una pronta y severa represión por parte del Gobierno, el 
cual espera obtener en el Parlamento mayoría cuando se vote la ley 
que prepara. No piensan , sin embargo, los Ministros poner el interés 
conforme A una tasa legal, porque saben cuántos medios hay para 
burlar la ley en las contrataciones privadas: sino que van á valerse 
de otros procedimientos, entre los cuales figurará el de severas pena- 
lidades contra los usureros cuando se demuestre que han ejercido su 
reprobada industria. Mas ¿cuándo podrá comprobarse esto si falta 
una tarifa? -;Cuál será el tipo del interés traspasado el cual, pueda 
decirse que han infrigido la ley? 

— Para que se vea el gran poderío y absoluta inlluencia que Cris- 
pí y los suyos mantienen y ejercen en las Cámaras, baste decir que 
el Ministerio Rudini debe su permanencia en el Gobierno, y el no 
haberse visto obligado á ceder su puesto á otro tan malo ó peor que 



310 CRÓ.NMCA GEXKKAL 



él, á un acto excesivo de delicadeza, que se traduce por debilidad y 
cobardía (sic). Pruébalo bien claramente lo sucedido en la Cámara, 
donde el Gabinete Rudini-Ricotti, en una cuestión relativa á los fon- 
dos secretos, que manejó con escasa moralidad la situación anterior, 
quedó con la mayoría de tres votos, que se conceptúa verdadera mi- 
noría, dadas las abstenciones de quince diputados presentes y la in- 
clusión de los sufragios de todos los Ministros y los Subsecretarios en 
la falange ministerial. El asunto, en primer término, no podía presen- 
tarse más favorable al Gobierno, pues que en virtud de grandes es- 
cándalos, denunciados al Parlamento, sobre haberse aplicado fondos 
procedentes del capítulo de hospitales y de las necesidades peniten- 
ciarias á engrosar la suma de los gastos secretos, destinados espe- 
cialmente á la corrupción electoral y á prestar apoyo á la Prensa , se 
había formulado por el diputado relator Astengo un informe en que 
se condenaban tales abusos. Kl Ministerio, no obstante su empeño de 
adoptar para el porvenir medidas que hagan imposibles semejantes 
escándalos, no quiso, por un sentimiento excesivo de delicadeza, 
apoyar la acusación de sus antecesores, de igual manera que se ha 
negado á que la causa formada al general Barattieri se extienda á 
los ministros Crispí, .Moconni y Blanc. á pesar de la responsabilidad 
altísima que les corresponde en los tristes sucesos de África. 

Va que de Harattieri hemos hablado, no dejaremos pasar la oca- 
sión que se nos ofrece para decir que, discutido en la Cámara el per- 
miso para que el general, que es diputado, pudiera ser llevado al 
Consejo de guerra constituido en África, se concedió la autoriza- 
ción, casi por unanimidad, después que la mayoría desechó varias 
enmiendas presentadas por la extrema izquierda pidiendo que se hi- 
ciese extensivo el proceso al Gabinete Crispí. 1^1 tribunal militar ha 
absuelto á Rarattieri, pero inlligiéndole una pena moral gravísima 
al declarar que ha sido inmensa desdicha para Italia que su ejército 
estuviese á las órdenes de un general inepto, desprovisto de todas 
las cualidades necesarias para realizar la empresa que se le había 
coníiado. 

— Al cabo se va debilitando la entereza de que hizo alarde el Go- 
bierno italiano cuando Menelik, movido de sentimientos de humani- 
dad y de compasión á las tropas italianas, obligadas á pagar con su 
sangre los vidrios rotos por Crispí y sus adláteres, presentó las pro- 
posiciones de paz, rechazadas con altanería por Humberto y sus Mi- 
nistros, para volver á plantearlas ellos mismos, casi en iguales tér- 
minos y con parecidas condiciones. 

En busca del Rey Menelik ha salido un ingeniero llamado llg, con 
encargo del Gobierno italiano de someter á aquél un tratado preli- 
minar, en el que .se compromete Italia á declarar nulo y sin ningún 
valor el tratado de Ucciali, renunciando al protectorado sobre Abi- 
sinia; á fijar además la frontera de las posesiones italianas con los 



CKÓMCA GENERAL 311 



dominios del Rey de Etiopia en Mareb, y á pagar los gastos ocasio- 
nados por los primeros y el transporte de los mismos después que fue- 
ran puestos en libertad una vez firmada la paz definitiva. Pero dirá 
Menelik, y con razón, que con haber accedido á sus primitivas ins- 
tancias estaría ya el asunto concluido, sin necesidad de tantas dila- 
ciones. 

* * 



Fkaxcia.— Con pocos días de diferencia han bajado á la tumba dos 
hombres de gran talla en su orden respectivo de estudios y de ideas; 
la Prensa toda ha hablado con preferencia, en sendos artículos y por 
espacio de muchos días, del último de ellos, Julio Simón, eminente 
en la literatura francesa, y célebre en el campo de la política; pero 
pocos, muy pocos, al menos en Kspafta, han hablado en los periódi- 
cos de otro sabio que A. la edad de ochenta y dos años acaba de falle- 
cer, también en l'rancia: el célebre geólogo y miembro del Instituto, 
M. Daubrée, doblemente insigne como sabio y como católico. \Z\ 
primero rindió tributo A las veleidades doctrinarias, si bien parece 
que á última hora se le administr(') la Extremaunción, mientras el se- 
gundo, siempre en su conducta y en sus explicaciones se había por- 
tado como excelente católico, v ha confesado v recibido el Santo 

- - < 

Viático, que él mismo pidió, haciendo recordar con este motivo la 
muerte edificante de Luis Pasteur. ; Cuánto pueden aprender los sa 
/'/V?s con estos ejemplos! 

— Xo es posible desconocer que en l-'rancia reina bastante agita- 
-ión, promovida en París y en algunas otras ciudades importantes 
por los adversarios del clericalismo, que perturban las procesiones 
entonando la Marsellesa. Con estos antecedentes ya puede augurar 
Rochefort en su periódico que "pronto correrá sangre, porque la re- 
volución viene amenazadora.,. Sirva de lenitivo á cuantos imitan la 
fe de Clodoveo, de San Remigio y de la Doncella de Orleans el saber 
que son apreciados en algo de lo mucho que valen los sacrificios que 
se imponen por Dios, por la Patria y por el prójimo, y que tal vez lle- 
guen á ser premiados por los mismos que los persiguen y maltra- 
tan. Eso ha sucedido ahora con Sor María de Chausal, Religiosa fran- 
cesa, que prestó eminentes servicios á los heridos y enfermos en la 
guerra franco-alem.ma de 1.S70, siendo condecorada, aunque siempre 
tarde, por el Gobierno francés con la cruz de la Legión de Honor. El 
Presidente de la República, al imponerle la cruz, le dio las gracias 
en nombre del pueblo y del ejército. 

—El Ministerio Méline ha estado á punto de crearse una situación 
difícil, después de la cual hubiera quizás tenido que retirarse del Po- 
der, porque ahora no se defendía contra los ataques de M. jaurés, 



312 CRÓXICA OENKKAL 



sino contra M. Ribot. Hste turibundo republicano radical ha interpe- 
lado al Gobierno en la Cámara de Üiputados acerca del nombra- 
miento del Sr. Obispo Mathieu para el Arzobispado de Toulouse, y 
censurado tan justa desijjnación, fundándose en el discurso que dicho 
l'relado pronunció recientemente con motivo de haber hecho su pri- 
mera comunión en Angers el Duque de Montpensier, hijo del Conde 
de París. Xada apasiona tanto á los elegidos del sufragio universal 
en la Cámara popular francesa como la cuestión religiosa; por con- 
siguiente, acusar al Gobierno actual de ser protegido v protector del 
Clero, basta para poner en peligro su existencia. \' resultó que 
Mr. Rambaud, Ministro de Instrucción l*ública. no quiso ó no supo 
hablar claro, y que M. Méline estaba en uno de esos días en que todo 
sale mal, llegando á enredarse en su discurso hasta llamar á los Prín- 
cipes de Orleans con el sabroso calificativo de ¡a faiuilia re/ ñau/ e, 
tratando de justificar, en medio de interrupciones y protestas de l.t 
extrema izquierda, el aludido nombramiento, y manifestando que 
Monseñor Mathieu no pudo en manera alguna emitir conceptos de 
carácter político, porque era un Obispo... lihenil. 

—La .ludacia de los anarquistas va en aumento y sigue dando 
muestras de su terrorífica presencia, no sólo en líspafta y Portugal, 
sino también en Francia, en cuya capital acaban estos días de come- 
ter un atentado, aunque no acompañado de los efectos desastrosos 
que el de Barcelona, sin duda por estar mal tabricada la bomba, he- 
cha con una caja de hojadelafo de las empleadas para conservas, y 
cargada con pólvora, cápsulas y balas de revólver, y clavos. 

Con este motivo se ha acentuado más y más el movimiento de la 
opinión contra los anarquistas, hasta el extremo de que, hallándose 
en un sitio público hablando de la última bomba, como un hombre se 
permitiese aplaudir á los dinamiteros, sus interlocutores indignados 
le contestaron dándole de bofetadas y de bastonazos, y pronto los 
transeúntes, á quienes llamó la atención la contienda, tomaron car- 
tas en el asunto, se lanzaron sobre el anarquista, le maltrataron sin 
piedad, le derribaron al suelo cuando ya estaba herido y manchado 
de sangre, y hubieran acabado con él á no interponerse un taquígrafo 
de la Cámara . que con persuasivas palabras logró aplacar la ira 
de la multitud y que el anarquista fuera entregado á los guardias de 
seguridad. F,l detenido será procesado como propagandista del anar- 
quismo. 

— Aprobado por la Comisión de presupuestos de la Cámara fran- 
cesa el proyecto de impuesto sobre la renta, merece ser conocido el 
espíritu de la enmienda del Sr. Plichon acerca del mismo, por estar 
llamada sin duda á producir animados debates. lín dicha enmienda, 
aun reconociendo el derecho del Gobierno á gravar con un impuesto 
la renta, se declara que este derecho sólo debe ejecutarse con gran 
precaución, que el Fstado debe proceder honradamente, y que para 



CRÓNICA GENERAL 313 



ello no tiene más que un medio: la revisión del contrato, ó sea la con 
versión á la par ó la sustitución de un título nuevo ya gravado por el 
impuesto, y no convertible durante cierto número de años. 






AusTRiA-HixGRÍA.— Con motivo de las fiestas del Milenario, ha 
habido ocasión para que los políticos cambien impresiones acerca 
de Europa y las relaciones de amistad entre las potencias que cons- 
tituyen el viejo continente. 

El día 1." del actual fueron recibidas en Budapesth por el Empe- 
rador de Austria las Delegaciones austríaca y húngara. Contestando 
á los discursos de los respectivos Presidentes, el Emperador se ma- 
nifestó satisfecho de que las relaciones de la nación austro -húngara 
con las restantes potencias europeas fueran cada vez más cordiales, 
de lo cual eran elocuentes pruebas las felicitaciones dirigidas por los 
Soberanos extranjeros con motivo de las fiestas del Milenario. S. M. 
Erancisco José terminó su discurso diciendo que la firme y resuelta 
actitud observada por la Triple Alianza en todas las cuestiones que 
afectan A los intereses europeos ha contribuido mucho á que no se 
haya alterado la paz. A pesar de los inquietantes síntomas revelados 
en Oriente durante el año últimamente transcurrido. "La unanimidad 
con que las dos naciones aliadas— añadió el Emperador— han res- 
pondido A los esfuerzos hechos por Austria para el mantenimiento 
del s/atit qiii) en la península de los Balkanes, permite esperar un am- 
plio y pacífico desenvolvimiento de las relaciones internacionales,,. 

—En el importante discurso pronunciado por el Conde de Golu- 
chowsky. Ministro de Negocios Extranjeros en Austria-Hungría, se 
leen las siguientes palabras relativas á Rusia: "El Gobierno ruso ha 
declarado tan categóricamente que el mantenimiento del statn qtio 
y el respeto inviolable de los tratados existentes es el objetivo de su 
política, que no tenemos motivo alguno de desconfianza respecto de 
aquel imperio. Mientras el Gabinete de San Petersburgo continúe 
por el camino emprendido, podrá contar con nuestro apoyo absoluto 
y leal, pues Austria-Hungría no desea más que la consolidación del 
actual estado de cosas en Oriente , el mantenimiento del Imperio 
turco y la independencia y libre desarroll o de los diferentes Estados 
de los Balkanes. Aspira sólo á mantener amistosas relaciones con 
estos Estados é impedir que la influencia de cualquier gran nación 
predomine en dichos países en menoscabo de la influencia de otras 
potencias „. 

Aludiendo á Francia, declaró que Austria-Hungría desea vivir en 
paz con ella , correspondiendo á la benevolencia que en todas las 
cuestiones ha demostrado el Gobierno de París al de Mena, "pu- 



3t4 CRÓNICA r.E.VERAL 



diendo contar, por lo tanto— añadió,— con su cooperación para con- 
jurar cualquier conflicto-. 

Respecto á Inglaterra, dijo que Austria estaba unida con ella por 
simpatías tradicionales. 
. —El limo. Sr. Obispo de Lin/, en Austria, ha publicado una Tas- 
toral en que asegura que pecan los compradores y lectores de ma- 
los periódicos, que en esta materia no cabe diferencia, y que, siendo 
preciso predicar el Evangelio fuera y dentro de las iglesias, hay que 
oponer la publicidad á la publicidad y lo bueno á lo malo, que tanto 
prevalece en nuestros días. Cita el Prelado cierta frase de Pío IX, 
según la cual "un buen periódico hace hoy más que cien predica- 
dores... 

* * 

Inglaterra. — No puede caber la menor duda de que la Gran Bre- 
taña está pasando actualmente por un período de reacción activa ha- 
cia un cambio de ideas religiosas, que pudiera ser muy provechoso 
para apresurar la vuelta de las sectas disidentes al seno del Catolicis 
mo. La Memoria de (iladstone sobre la unión de las Iglesias es en con- 
junto favorable á los católicos, pues reconoce que el progreso tiende 
á esa unión, y que los últimos acontecimientos han sido todos contra- 
rios A los anglicanos. Aplaude los trabajos de algunos sacerdotes 
franceses sobre la validez de las ordenaciones en Inglaterra entre los 
protestantes, y asimismo elogia la prudencia y circunspección del 
Papa al disponer que se estudie este punto en sus antecedentes y 
pormenores. En suma, el documento es optimista y, en nuestro con- 
cepto, tanto ó más favorable á la causa de la unión que las declara- 
ciones de Lord Halifax. menos explícitas de lo que se había pensado. 

Por otra parte vemos que se organizan ya procesiones católicas, 
como la de la Archicofradía de Nuestra Señora de la Merced, que 
tuvo lugar en el populoso barrio de Westbourne, déla ciudad del Tá- 
mesis, con la estatua de la .Santísima Virgen y con asistencia de unas 
diez mil personas, que iban rezando el Rosario, sin que por parte de 
la población protestante se cometiese la menor irreverencia. 

—Inglaterra quiere ser el reverso de la medalla de Austria-Hun- 
gría en eso de apreciaciones sobre la paz europea, y no ha faltado un 
diplomático que interprete en sentido pesimista la situación actual 
de las potencias de nuestro Continente. En efecto, lord Dufferin ha 
dicho en un banquete celebrado en la Cámara de Comercio: "Eu- 
ropa es en la actualidad un campamento militar de varios millones 
de hombres; los puertos están llenos de buques acorazados; por lo 
tanto, Inglaterra se ve en el caso de obrar en legítima defensa. Al 
efecto ha aumentado sus escuadras y la modesta cuota que las cir- 
cunstancias le imponen. La pasión de la extensión militar se des- 



CRÓNICA GENERAL 315 



envuelve de una manera extraordinaria por todo el Globo; las na- 
ciones no son más que un manojo de nervios; el menor incidente 
puede provocar una guerra universal. La misión de la diplomacia 
debe ser impedir que esto suceda, conjurando cuantos conflictos se 
presenten„. 

—Uno de los hombres de mayor sii^nitícación en la política inglesa, 
Lord Kosebery, hállase actualmente viajando por nuestro pais. Ese 
viaje no representa solamente el deseo de conocer y admirar las po- 
blaciones mejores de Lspaña; sino que, según un periódico londo- 
nense, tiene por objeto preparar al público para que reciba sin sor- 
presa su determinación de resignar las funciones de jefe del partido 
liberal por razones de salud. Los contratiempos que ha originado al 
sucesor de Ciladstone la discusión de la jefatura, son el verdadero 
fundamento de esa determinación. Rosebery no quiere que se le dis- 
cuta y ponga por más tiempo en tela de juicio su autoridad , y renun- 
cia al cargo que desempeña , formando además el propósito de vivir 
alejado de las luchas políticas de su país. 

—La sentencia del Tribunal en el asunto de la Caja de la Deuda 
egipcia declara irresponsables á los comisarios é interventores de la 
misma, y condena al Gobierno á pagar á la Caja ocho millones, seis- 
cientos mil francos; pero esto no hace desistir de su empeño á Ingla- 
terra, la cual, lejos de intimidarse, abriga designios más vastos para 
un período de tiempo relativamente corto. El Gobierno ha hecho las 
tales declaraciones por boca de sus Ministros. El primero de ellos. 
Marqués de Salisbury, termin<') un discurso en la Cámara de los Lo- 
res diciendo que las dificultades financieras por que pasa Egipto im- 
piden que por ahora la expedición contra el Sudán pase de Don- 
gola; pero añadió que el Gobierno no debe ocultar que, conseguido 
esto, se propone proseguir las operaciones hacia el Sur. La expedi- 
ci<ín á Dongola, dijo, no es más que la operación preliminar de la re- 
conquista de Kartum. 

También el Ministro de Hacienda, sir Hichs Beachs, en una sesión 
Celebrada en la Cámara de los Comunes, ha declarado que la sen- 
tencia recaída en el asunto de la Caja de la Deuda egipcia en nada 
cambia la situación de Inglaterra, reduciéndose los gastos á una 
operación de aquel Tesoro que anticipará los que ocasionen las tro- 
pas indígenas en la expedición á Suakin. Los gastos de dicha expe- 
dición serán satisfechos con un crédito de quinientas mil libras ester- 
li las. Después se verá lo que proceda hacer, que no será probable- 
^nente otra cosa sino declarar á Egipto posesión británica. 

— Por lo que hace á la tan manoseada cuestión del Transwaal, 
se ha aplazado la vista de la causa formada al doctor Jameson por 
su intentona revolucionaria, y los cuatro prisioneros principalmente 
comprometidos en ella han sido puestos en libertad, después de ha- 
cerles pagar la multa de veinticinco mil libras esterlinas á cada uno, 



316 CRÓNICA GENERAL 



y de arrancarles á todos la promesa de que no volverán á mezclarse 
en los asuntos de Sud-Atrica. con la condición de que, si faltasen á 
este compromiso, serán sentenciados á destierro perpetuo. 



* 
* * 



TuKguÍA.— En los acontecimientos de Creta, que van en progre- 
sión ascendente, se reproducen las sangrientas escenas realizadas 
en Armenia, con novedades >• circunstancias, más para calladas que 
para que vengan á noticia de las gentes cultas. Conocida es la gran 
distancia á que de muy antiguo se han conservado los musulmanes y 
cristianos de la isla de Minos, por antipatías de nacionalidad y reli- 
gión. Hoy la discordia se enciende más y más á medida que la Puer- 
ta desembarca nuevas e.xpediciones militares turcas para sofocar la 
rebeldía de los isleños . cuya furia aumenta al comprender que el 
ejército otomano no es precisamente un elemento de pacificación, 
por lo indisciplinado de su milicia, y porque conduce en sus fil.is á una 
gran parte de los que con furia selvática cometieron miles de atro- 
pellos y matanzas indescriptibles en la Anatolia: los kurdos. Tal es 
también la conducta que éstos observan con los nuevos insurrectos, 
saqueando, matando, incendiando y destruyendo cuanto encuentran 
á su paso, pudiéndoseles calificar de una banda de foragidos que se 
entregan al pillaje y al robo en cuantas poblaciones entran, sin disr 
tinción de clases ni categorías. Las iglesias son profanadas con el 
mayor cinismo, las mujeres violadas, los ancianos y niños pasados 
á cuchillo indistintamente, y todo expuesto á los atropellos de los 
hombres que envió el Sultán para restablecer el orden en Creta. 

Por eso los candiotas han declarado que quieren la ane.xión de la 
isla á Grecia, y que para conseguirlo están dispuestos á luchar hasta 
el último extremo, si no se les otorga el nombramiento de un (iober- 
nador general que ejerza sus funciones bajo la garantía de las poten- 
cias, y la independencia económica de la isla de Creta, como el Co- 
mité de relormas de la isla reclama. A estas peticiones ha contestado 
la Sublime Puerta con una nota á las potencias diciendo que no puede 
aceptar en manera alguna las proposiciones de Grecia acerca de los 
asuntos de Creta. La nota llama además la atención de Europa sobre 
el estado de la isla, del cual pueden surgir graves complicaciones si 
no se pone término á los manejos del Gobierno helénico y de las 
Juntas revolucionarias establecidas en Grecia para proteger y fo- 
mentar la insurrección de la expresada isla. 

Las críticas circunstancias en que se halla Creta, agravadas con 
las tropelías de los soldados turcos, han determinado la interven- 
ción diplomática de los Gabinetes de las seis potencias de primer 
orden ya avezadas á interponer su veto para impedir el abuso del 



CRÓNICA GENERAL 317 



más fuerte. Los informes consulares dan cuenta de que los Embaja- 
dores de Francia é Inglaterra han insistido cerca del Gobierno para 
evitar por todos los medios que se reproduzca la efusión de sangre; 
todas las seis potencias han dirigido observaciones á la Sublime 
Puerta exponiendo que los asesinatos de los cristianos en Creta pro- 
vocarán una liga contra Turquía; el Embajador de Francia en 
Constantinopla, Mr. Cambon. ha recomendado al Sultán la conve- 
niencia de seguir una política de conciliación con objeto de calmar la 
rebelión cretense, y el Cónsul inglés en Creta practica muy activas 
gestiones para la pacificación de la isla, tratando directamente con 
el Gobierno turco. 

El Sultán se ha visto obligado á dar al Gobernador de Creta las 
instrucciones oportunas para favorecer las negociaciones de paz, 
mientras él publica una alocución dirigida á los cretenses para que 
éstos depongan las armas y presenten sus reivindicaciones á la Asam- 
blea de Creta, anunciando que, en caso de persistir en su actitud re- 
belde, la insurrección será reprimida con la mayor energía. En cuan- 
to al origen de todas estas revueltas, un diputado de Atenas escribe 
que son debidas á la mano de Inglaterra, y que los cretenses estarán 
sin ella tan libres como los armenios, y entonces será Grecia la mo- 
ralmente forzada á intervenir en la cuestión; pues cuando el reino 
helénico salió victorioso en la guerra contra Turquía, tampoco las 
potencias permitieron á los griegos que se posesionasen de la isla 
de Creta. 



II 
ESPAÑA 



Ruidoso por demás ha sido el escándalo que, con pública infrac- 
ción de las leyes divinas y humanas, han promovido los generales 
Martínez Campos y Borrero, que por su elevada posición política y 
social estaban obligados á no dar tan pernicioso ejemplo. Merced á la 
oportunidad con que el Gobierno vino en conocimiento de lo que pa- 
saba, pudo impedir que se paralizara el duelo mediante la previa in- 
tervención déla Autoridad superior del distrito militar, Sr. Primo de 
Rivera, quien dictó en el acto las disposiciones oportunas para que 
los duelistas fueran recluidos, cada cual en su domicilio, en cumpli- 
miento del arresto militar. Encargado por el Gobierno el Tribunal 
Supremo de Guerra de depurar la responsabilidad que los referidos 
generales hayan contraído ante las leyes humanas, hállase ya sobre 
la Mesa del Senado el oportuno suplicatorio que aquel alto Tribunal 



318 CRÓNICA GE.XKRAL 



ha dirigido á. tin de despojar al «eneral Borrero de la inmunidad po- 
lítica á que tiene derecho como senador electo que es por Cuenca, 
mientras la Cámara no anule el acta electoral ú otorgue lo suplicado. 
Por de pronto, el general de referencia fué inmediatamente depuesto 
del cargo por Real decreto. 

—Tras un período de silencio, el anarquismo ha reanudado la se- 
rie de sus horrendos crímenes en Barcelona, llenando otra vez de es- 
panto A aquella industriosa ciudad. La capital de Cataluña fué teatro, 
el domingo 7. de un horrible crimen, continuación de los de la Gran 
Vía y el Liceo. Una mano saciílega arrojó una bomba de dinamita 
al paso de la solemne procesión de la Octava del Corpus, que celebra 
con mucha pompa la iglesia de Santa .María del .Mar. Cuando acaba- 
ba de cruzar la Santa Custodia bajo palio por la calle de Cambios Nue- 
vos, estalló la bomba, produciendo espantosa confusión y causando 
muchas víctimas. ¡Detalle digno de notarse! Ksta vez las victimáis 
pertenecen todas .1 la clase popular, son pobres y trabajadores, an- 
cianos ó desvalidos, niftos y mujeres especialmente, que estaban de 
rodillas, porque acababa de pasar Dios; acaso individuos de las fa- 
milias de los anarquistas. 

La Prensa en general, sin distinción de paruuo.s. condena eiiét- 
gicamente el bárbaro atentado cometido en Barcelona, y lod.t la gen- 
te sensata y de algim criterio pide un castigo ejemplar y tan inme- 
diato como lo permita el descubrimiento de los culpables. También 
en las Cortes la protesta contra los autores del salvaje atentado es 
unánime, como unánime es en la nación entera la profunda indigna- 
ción que el crimen ha causado. Sábese que entre los detenidos hay 
un filibustero cubano, llamado Lafont. y un negro ó mulato, indicio 
que permite sospechar si en este crimen de Barcelona habrá mez- 
clada alguna mano separatista para suscitar en In Península 1;i i'-- 
tranquilidad y el terror. 

—Los cablegramas particulares de la Prensa y del General en jefe 
dan cuenta de un glorioso hecho de armas realizado en el Camagüey 
por las columnas de los generales Castellanos y Godoy sobre cinco 
mil insurrectos, mandados personalmente por el gettern/lsun». Máxi- 
mo Gómez había regresado al Camagüey con objeto de ponerse al 
habla con el fugitivo tiohierno insurrecto y con el de lograr algún 
descanso en los montes de la Xajaza. teniendo en cuenta la escasez 
de fuerzas leales que hay en aquellas provincias. El titulado genera- 
llsimo, que lo sacrifica todo al propósito de no tener que entrar en 
fuego, no sólo llevaba las partidas de las Villas encargadas de prote- 
ger su marcha, sino que ya estaba reunido con las del Príncipe. Xo 
contaba el astuto chino viejo con que al general Jiménez Castellanos 
se le había ocurrido realizar una operación combinada con la colum- 
na del general Godoy sobre los citados montes de la Xajaza. Divisa- 
ron las avanzadas de Máximo Gómez el día 10 á las fuerzas leales, 



CRÓNICA GENERAL 319 



que, después de operaciones taticfosas. se hallaban acampadas en las 
extensas sabanas de la Najaza y cerca del río del mismo nombre. 

El enemio;o estaba formado por cinco mil hombres; y como por las 
exploraciones comprendió Gómez la superioridad numérica de los 
suyos, no vaciló en trabar combate, recordando, sin duda, la jornada 
de las Guásimas de la guerra anterior. Ordenó á los suyos la carga 
al machete, contando con el éxito; pero también se equivocan los ge- 
iieralisivios. Las avalanchas de insurrectos envolvieron á las fuer- 
zas españolas en los primeros momentos: creyó Máximo Gómez que 
las tropas estaban desprevenidas, pero sucedió lo contrario. Las 
fuerzas leales esperaron la acometida con tranquilidad heroica, per- 
mitieron llegar al enemigo y, cuando estuvo cerca, contestaron con 
nutrido fuego. 

Transcurrieron las horas. El general Castellanos, con la coníianza 
deque llegaría la columna Godoy, resistía valerosamente; el ene- 
migo, creyendo aislada la columna, se forjó la ilusión de rendirla por 
la fatiga. Cerca de cuarenta horas de combate llevaban, cuando apa- 
reció la columna Godoy, que, de refresco, at.icó briosamente al ene- 
migo, poniéndole en vergonzosa y desesperada huida. Las versiones 
de todos los pasajeros coinciden en asegurar que las bajas del ene- 
migo pasan de quinientas, y que la acción de la N'ajaza ha sido de las 
más rudas y de mayor importancia en la campafla, no sólo por las 
pérdidas de las partidas, sino por quebrantar los proyectos de Gó- 
mez, que consistían en vivir tranquilo en aquellos lugares solitarios. 

— El Soberano l'ontitice ha dirigido á S. M. la Reina Regente de 
España la siguiente carta: 

'Señora: A las continuas demostraciones, siempre para Xós gra- 
tísimas, de afectuosa adhesión con que Vuestra Majestad no cesa de 
rendirnos, ha tenido á bien añadir hace poco una pública }• solemne 
en el discurso dirigido á los representantes de la Nación. Dignase en 
él manifestar con qué íntima complacencia ha acogido nuestra ben- 
dición á las tropas que marchaban á Cuba, y los votos que hacíamos 
por la prosperidad de la empresa que les está encomendada. Damos 
gracias á X'uestra Majestad por este nuevo testimonio de sus religio- 
sos sentimientos y de su veneración á la Silla Apostólica, y de todo 
corazón reiteramos nuestro deseo de que el Señor haga prosperar las 
armas españolas en favor del Trono y de esa católica Nación. {Qué 
decirle después. Señora, del recuerdo tan grato de habernos envia- 
do como regalo el retrato de su augusto hijo? Nos lo hemos agrade- 
cido sobremanera por los vínculos de afecto que de un modo particu- 
lar nos unen al tierno Rey. No podíamos menos de apreciar en alto 
grado los maternales deseos que \'. M. nos expresa respecto á él en 
la respetuosa carta que Nos ha dirigido, y haciendo Nuestros aque- 
llos deseos con efusión de nuestra alma, seguimos fundando en él los 
faustos presagios ya formados en beneficio de toda la Nación. Con 



320 



CRÓNICA OENEKAL 



estos sentimientos de intima y paternal benevolencia hacia V. M. y 
su augusto hijo, Xós invocamos sobre entrambos la abundancia de 
los divinos favores, en prenda de los cuales os concedemos á los dos 
y á toda la Real Familia la Bendición Apostólica. — En el Vaticano, 
á 19 de Mayo de 18%.-León XIII, Papa.,. 

—La escuadra francesa que acaba de llef^ar á La Corufta ha teni- 
do un recibimiento espléndido, en que las autoridades y el vecindario 
todo de aquella capital multiplican las manifestaciones de júbilo y de 
simpatía hacia los marinos de la vecina República , que á su vez se 
esfuerzan por corresponder con la debida gratitud á tan espontáneos 
obsequios. Seguramente ha de ser muy grata la impresión que produ- 
cirá en F'^rancia la noticia de este suceso, en el cual no es difícil ver 
el fausto indicio de una aproximación fraternal y sincera entre las 
dos naciones de aquende y allende los l'irinens, r.in t.-ivomblp nnr.T 
la una como para la otra. 




La Tradición Monoteísta y el Espiritualismo 



EN LAS RELIGIONES PAGANAS 




A no es posible escribir la historia de la humani- 
dad sin salirse de los antigfuos moldes. Como el 
telescopio ha ensanchado los espacios y disminuí- 
do las distancias de la Astronomía, así también los estudios 
y descubrimientos geológicos, etnográficos, paleontológi- 
cos y lingüísticos han abierto una cronología nueva en la 
historia de los grandes Imperios, en las evoluciones y emi- 
graciones de las razas. Los sabios de todos los países se 
sienten hoy arrastrados por un maravilloso impulso al estu- 
dio de la antigüedad más remota, rasgando las espesas nie- 
blas de los siglos con el fin de sorprender en su misma cuna 
á las sociedades primitivas y aproximarlas á nosotros para 
verlas á la luz de sorprendentes descubrimientos científicos, 
que unas veces las-subliman y otras las empequeñecen ante 
nuestra atónita mirada. 

Escudriña y estudia el geólogo las capas y yacimientos 
de la Tierra, y á su voz parecen surgir de la nebulosa, como 
b Ciutlad de Dk». — \D" XVI. — \úin. 561 21 



322 LA TRADICIÓN MONOTEÍSTA Y EL ESPIRITUALISMO 

por ensalmo, los grandes continentes, las más altas monta- 
ñas, los mares y los ríos, las selvas y los áridos páramos, 
y exuberantes y nunca soñadas Faunas y Floras que han 
necesitado siglos y siglos para crecer y desarrollarse, y 
luego morir ó petrificarse para ser cubiertas por otras que 
tenían el mismo derecho á la vida, hasta preparar y hermo- 
sear la pacífica y amplia morada del hombre. Viene el an- 
tropólogo á sorprender á éste en la infancia de la vida, estu- 
diando su constitución orgánica, intelectual y moral, y esta- 
bleciendo teorías de semejanza y filiación entre individuos 
de la misma especie, como anillo de oro que abraza todas 
las generaciones, aunque sean de distintas razas, y les 
presta el imperioso y natural carácter de sociabilidad y de 
cultura, aun en medio del variado campo de costumbres, 
instituciones y régimen de vida diferentes. Y como coro- 
nando ese edificio gigantesco de la ciencia y su fundamento 
humano, el filólogo se apodera del lenguaje, facultad admi- 
rable y característica del hombre que le distingue de las 
otras especies; y al analizar su origen no puede menos de 
remontarlo al de la especie humana, como exclusivo y su- 
blime atribulo de su naturaleza. 

Pero hubo geólogos, antropólogos y aun filólogos que, 
infatuados con sus descubrimientos, no quisieron ver en las 
ciencias al que es Supremo Autor de ellas; antes, preten- 
diendo derrocarle del trono que ocupa en la creación, enta- 
blaron supuestos antagonismos entre la ciencia, así por ellos 
nombrada, y la palabra eterna y divina revelada al hombre; 
dando siempre el triunfo y supremacía á la primera, con 
desprestigio de ellos mismos, por no haber estudiado y pe- 
netrado bien el sentido de la revelación. 

La ciencia llegó á herir los sentimientos del mundo cre- 
yente, á rebajar y empequeñecer la dignidad humana, al 
mismo tiempo que relegaba á Dios al panteón de los mitos 
que han agitado las ideas de casi todas las sociedades paga- 
nas; hasta que, por fin, otros sabios, en nombre de la misma 
ciencia y para orgullo legítimo de ella, sin tener presente 
para nada la palabra divina cscrití^ con solos los descubri- 
mientos científicos demostraron la unidad de la especie ó 



EN LAS RELIGIONES PAGANAS 3f23 

del monogenismo , y con él la verdad de la revelación. Y á 
los nombres de Darwin, Tj^ndall, HíEckcl, Vogt, Pouchet, 
Burmeister, Broca y otros poligenistas, la ciencia verda- 
dera puede oponer hoy los nonibres no menos respetables 
de Richard, Linneo, Buffon, Cuvier y Schubert, Humboldt, 
Juan Müller, Meyer, Geoffroy, Blainville, Serres, Lyell, 
Maury, Quatrefages y otros, cuyo pensamiento acerca del 
monogenismo puede condensarse en estas elocuentes frases 
del célebre Humboldt: ''al cristianismo principalmente per- 
tenece la gloria de haber patentizado la unidad del género 
humano, y de haber hecho penetrar por este medio el senti- 
miento de la dignidad humana en las costumbres y en las 
instituciones de los pueblos„ (1)... "Arraigada así en las pro- 
fundidades de nuestra naturaleza la íntima y fraternal unión 
de toda la especie, erigida al propio tiempo por sus más 
nobles instintos, se nos presenta como una de las grandes 
4deas que presiden <1 la historia de la humanidad „ (2). 

Comprobado por los más eminentes geólogos el origen y 
la formación lenta de la tierra con sus vafiadas capas, mer- 
ced á los grandes factores del calor y sucesivo enfriamiento, 
y admitido también el origen y unidad de la especie, caen 
por su base las teorías más ó menos materialistas sobre la 
eternidad del mundo y el poligenismo, para alzarse sobre 
sus ruinas, como consecuencia consoladora, la idea espiri- 
tualista de la creación del mundo y de la especie humana, 
idea que engrandece al hombre diferenciándole de cuanto le 
rodea; sin que á esa unidad específica se oponga la variedad 
individual, origen distintivo de los caracteres de las razas, 
ramas desprendidas de un gran árbol; como no se oponen á 
la unidad de la Tierra los accidentes del Globo, y al origen 
del lenguaje la multitud de lenguas tan diversas que han 
poblado el Universo; pues, como dice Quatrefages, "la es- 
pecie es la unidad, y las razas son las fracciones de esa 
unidad„. 

Tan fundada opinión científica, muy conforme con la en- 



(1) V. Cosmos, tomo ii, p. 245, en la traducción de Díaz Quintero. 

(2) V. Cosmos, tomo i, p. 379. 



524- LA TRADICIÓN MOrNOTEÍSTA Y EL ESPIRITÜALISMO 

sefíanza bíblica, que hace descender todos los hombres de 
una sola pareja, lleva consigo como consecuencia lógica el 
origen del lenguaje partiendo de un tronco común y biüir- 
cando sus hondas raíces por toda la Tierra. De aquí el que 
la ciencia íilológica trate de establecer, d medida que avan- 
za el estudio profundo de las lenguas, su procedencia uni- 
taria; no obstante que deben hacerse con mucha cautela el 
análisis y la comparación, ímproba tarea en que tantos sa- 
bios se han deslucido, envolviendo á sus lectores en nueva 
confusión babilónica con los medios mismos empleados para 
unificar las lenguas en sus raíces primitivas. 

Herder y í^ott, después de grandes disquisiciones íiloló- 
gicas. vienen ú concluir que el análisis de las lenguas no es 
contrario á la creencia que hace descender á todos los hom- 
bres de una sola pareja; y aunque el sabio orientalista Le- 
normant llama "fantasía pueril y ociosa „ al empeño, por 
otra parte noble y generoso, de reconstituir el idioma pri-« 
mitivo, y añade que la ciencia lingüística no tiene ni tendrá 
jamás medio alguno de conseguir la reducción á la mitad 
de todas las lenguas por el estudio de las raíces, creemos» 
no solamente que no es contrario el estudio de las lenguas 
al monogenismo, sino también que puede desaparecer, con 
mayores y más profundos estudios lingüísticos, esa imposi- 
bilidad aparente que ve Lenormant en la irreductibilidad de 
las lenguas; irreductibilidad que desde luego no entraña la 
ilógica conclusión de los poligenistas; porque, entre otras 
razones, esa supuesta irreductibilidad depende del estada 
actual de la ciencia y los pocos elementos que hoy tiene para 
resolverla. 

En prueba de esto bastará una sencilla observación: ja- 
cobo Grimm afirmaba que su sistema monosilábico se com- 
ponía de algunos cientos de raíces; luego se averiguó que 
los miles de palabras aryanas, europeas y semíticas podían 
reducirse á menos de quinientas raíces en su origen, y antes 
de la separación de las razas; y á medida que se hacen nue- 
vos y más profundos estudios, se van descubriendo nuevas 
y más íntimas relaciones entre los monosílabos primitivos» 
no siendo imposible que, andando el tiempo, el origen del 



EX LAS RELIGIONES PAT.ANAS 325 



lenguaje rompa el misterio que lo envuelve para tortura de 
no pocas inteligencias. 

Hace un siglo se hubiera considerado como herejía filo- 
lógica la afirmación de que el griego y el sánscrito, el latín 
y el alemán tenían un origen común ; y hoy, además de estar 
comprobada la unidad de las lenguas indo-europeas, se abre 
paso la teoría de que también las lenguas semíticas proce- 
dieron de una fuente común y simple; hasta el extremo de 
<jue el mismo Renán, partidario acérrimo del poligenismoy 
enemigo de la unidad del lenguaje, se siente inclinado á 
■creer en la existencia histórica de ese estado primordial por 
las relaciones evidentes de las lenguas semíticas (1). Añá- 
dase que las raíces triiíteras, por tanto tiempo consideradas 
como irreductibles, son hoy tenidas como letras radicales 
del monosílabo, origen de todas las lenguas; y que los mo- 
nosíhibos, en su mayoría, están formados por onomatopcyas 
de idéntica ó parecida significación en todos los idiomas; y 
así se comprenderá más fácilmente la unidad de origen en 
el lenguaje, y el fenómeno admirable que ofrece el hombre 
primitivo en íntimo contacto con la naturaleza tratando de 
imitarla con los sonidos de su palabra. 

Ahora bien: se ha dicho, y con razón, que las primeras 
palabras pronunciadas por el hombre ante el espectáculo 
grandioso del Universo, debieron de ser un himno sublime 
entonado al Creador, á los impulsos irresistibles de gratitud 
<iue anidan en el alma humana. El hombre no había de ser 
menos que la Naturaleza; y si dentro de sí mismo no hubie- 
ra hallado la luz misteriosa de donde surge la idea de Dios, 
los encantos visibles del mundo que le rodeaba le hubieran 
naturalmente despertado la idea de un Creador invisible á 
los ojos del cuerpo, pero muy patente á los del alma. Que 
no es posible, como dice Goethe, que el hombre deje de sen- 
tir en la luz, en el trueno, en el relámpago, en la tempestad, 
€n el perfume de las flores y en los hálitos de la brisa, la pre- 
sencia de un Ser amable que se acerca á nosotros. 

Si, pues, la primera idea que arraigó en el hombre y más 



(1) Renán: De Vorigen du langage, p. 1U7. 



326 LA TRADICIÓN MONOTEÍSTA V EL ESPIRITL'ALISMO 

vivamente quedó impresa en él fué la idea del Supremo 
Hacedor, y si el primero y natural impulso fué el reconoci- 
miento á la Divinidad, ante la que rindió su alma y su cuer- 
po agradecidos al verse dueño absoluto de todo lo creado y 
con nobles aspiraciones á lo imperecedero, por fuerza ha- 
bía de transmitir á sus descendientes esa idea primordial, 
esa adoración y ese culto que por fortuna se han visto de- 
positados siempre, cual gérmenes misteriosos, en las entra- 
ñas de todas las razas y de todas las sociedades, como ca- 
dena que las enlaza y aproxima á su primitivo origen y á 
su nativa dependencia de Dios. Esta idea religiosa que han 
tenido todos los pueblos acerca de la Divinidad, es al mismo 
tiempo la confirmación más terminante de los descubrimien- 
tos de la ciencia en el origen del lenguaje y en la historia de 
todas las naciones; pues aunque la filosofía materialista, y 
principalmente el poligenismo de Darwin y sus partidarios, 
hayan repetido en son de triunfo el primos in orbe déos 
fecit timar de Lucrecio, citando al efecto pueblos y tribus 
que, en opinión de algunos viajeros, carecían de toda idea 
religiosa, es evidente que, en virtud de investigaciones más 
fidedignas y concienzudas, ni aun los hotentotes, considera- 
dos por Le Vaillant como ateos, carecen de religión; antes 
bien admiten un dualismo originario sin duda de otros pue- 
blos. Hoy pueden repetirse como un axioma estas palabras 
del racionalista Ticle: "jamás se ha encontrado una tribu ó 
nación que no creyera en seres superiores; y los viajeros que 
aventuraron la opinión contraria han sido desmentidos des- 
pués por los hechos„. 

Ampliando las mismas ideas el insigne antropólogo Qua- 
trefages, se expresa de este modo : "Aquí está el gran hecho. 
El ateísmo no existe en parte alguna más que en estado 
errático. La masa de las poblaciones está exenta de él, siem- 
pre y en todas partes ; ni una de las grandes razas humanas, 
ni siquiera parte alguna de ellas, es atea. Cualesquiera que 
sean los dogmas y doctrinas de las varias religiones, se en- 
cuentran, como fórmula general que las abraza todas, los 
dos puntos siguientes: creer en seres superiores al hombre, 
capaces de influir sobre su destino en buen ó mal sentido; 



EN LAS RELIGIONES PAGANAS 327 

admitir que para el hombre la existencia no se limita á la 
vida presente, sino que le queda un porvenir después de la 
tumba... Por lo demás, esto no impide que la religiosidad 
tenga sus grados y sus manifestaciones diferentes, como 
diferentes son también los grados y manifestaciones de la 
inteligencia y de la moralidad^ (1). Y adviértase que el autor 
de La especie humana no deduce estas consecuencias, se- 
gún él dice, ni como pensador ni como creyente ó filósofo, 
sino como uatitralista que ante todo busca y hace constar 
IiecJios, los cuales en este punto capital son innegables. La 
misma religión atea que Barthelémy ha querido ver en las 
especulaciones doctrinales del Budhismo, ó en el aniquila- 
miento nirwánico, no significa, para otros más concienzudos 
expositores, la pérdida del ser ; sino un grado de espiritua- 
lidad superior donde el alma se ve libre de nuevas encarna- 
ciones por la entrada en la Nir nana, entrada ó aniquilación 
que para nuestro Cardenal González tiene algún parentesco 
con el éxtasis del alma purificada en el Union del neoplato- 
nismo, con la ventaja de ser en aquélla permanente. 

Si, como hemos visto, la Religión nació con el hombre 
primitivo; si ella constituye una necesidad intrínseca y mo- 
ral de todas las razas, y hasta ha domeñado en algunas épo- 
cas la fiereza salvaje de muchos pueblos, y ejercido en ellos 
benéfica influencia ese ideal consolador de la Divinidad, cual- 
quiera que sea la forma en que se manifieste ó en que el hom- 
bre la conciba, viene á caer por su base la teoría de Au- 
gusto Comte acerca de que e\ fetichismo es la primera ma- 
nifestación teológica de la Humanidad. Tanto dista de ser 
eso cierto, que e\ fetichistno apenas se concibe sino como 
una aberración y degradación de muchos pueblos en sus 
ideas religiosas. Dios no podía permitir que el primer hom- 
bre, hechura de sus divinas manos, tuviese una noción 
errónea de los atributos divinos; porque esa misma noción 
sería transmitida á sus descendientes, y éstos dejarían de 
ser responsables de sus ideas religiosas y del culto dado á la 
Divinidad, por extravagante y ridículo que fuese; provi- 



(1) Quatrefages: VEspCce htimaine, p. 357. 



':{28 LA TRADICIÓN MONOTEÍSTA Y EL ESPIRITUALISMO 

niendo de ahí, como consecuencia irremisible, la teoría ab- 
surda de que todas las religiones serían igualmente acepta- 
bles á los ojos de Dios. 

La idea de la Divinidad ha caminado paralela siempre al 
desarrollo del pensamiento humano. Si el hombre primitivo, 
en más íntimo contacto con Dios, no podía con su razón 
abarcar la esfera de lo infinito, de lo incognoscible, y tenía 
que sujetarse á la norma de lo revelado, que al mismo tiempo 
que ensanchaba los horizontes de sus ideas ponía una ba- 
rrera infranqueable entre la criatura y el Creador, mal po- 
dían las generaciones que le sucedieron obtener una idea 
divina más depurada que el primer hombre. Nunca las ramas 
de un árbol conservan más jugos vitales que el tronco. N' 
que las múltiples ramificaciones del árbol gigantesco de la 
humanidad fueron perdiendo, con el curso de los siglos, la 
savia de vida religiosa, bien lo demuestra la historia de las 
sociedades paganas, en cuyo fetichismo repugnante se ven, 
sin embargo, restos y reminiscencias de ideas y fórmulas ó 
de representaciones anteriores más espirituales. Porque ape- 
nas se explica, para honra de la inteligencia humana, que 
hombre alguno, y ningún pueblo, por atrasado y obscuro 
que viva en sus relaciones con otros pueblos y otras razas, 
llegue á una ignorancia y depravación tales que, al rendir 
culto á un objeto material cualquiera, lo haga por el objeto 
mismo, sin representación metafísica, ideal, espiritual algu- 
na. Los pueblos inventarán las formas de sus dioses; pero 
en esas formas, por rudas y salvajes que sean, verán un 
oculto poder de los fenómenos de la Naturaleza que no com- 
prenden: del sol que calienta sus miembros; del trueno y 
del rayo que los espantan; del árbol y los frutos que los 
alimentan; de las fieras más horribles que los atemorizan; 
é invocarán esa fuerza extraña, ese poder oculto, para que 
los libre de los males que han sentido y que presienten, en 
los mismos ídolos grotescos á quienes, con su adoración, 
tratan de aplacar. Cuanto más atrás se trate de coger el 
hilo de las creencias primitivas, se irá viendo esa especie 
de ente misterioso que anima la Naturaleza, que se difunde 
por toda ella y la empapa, como el agua á la esponja, y que 



EN LAS RELIGIONES PAGANAS 329 

enlaza las evoluciones mitológicas de todos los tiempos. 

De ahí que los mitólogos traten de indagar, con sólo la 
ayuda de la historia y la lingüística, la creencia primitiva y 
simple en ese ente que forma en el fondo la religión de todas 
las sociedades; pero algunos, por no atenerse al relato bí- 
blico, y otros por contradecirle, fiados en sus propias inda- 
gaciones, han perdido el tiempo lastimosamente inventando 
sistemas atrevidos que otros mitólogos vinieron á deshacer, 
sin que en el campo de la ciencia pueda hoy evocarse un 
principio sólido que despeje por completo la incógnita del 
origen de los mitos y el primitivo nombre de los dioses. Ni 
las viejas baldías que entonaba el pueblo en las fiestas de 
Grecia, ni las mismas narraciones religiosas de los sacer- 
dotes antiguos, confundidas y mezcladas con otras nuevas 
por el roce con distintos pueblos, han podido orientar á los 
mitólogos en busca del lazo que á todas debía unirlas en la 
mente de las primeras generaciones. En vano se han re- 
montado algunos á los poetas del Rig-Veda para ver en sus 
sencillas inspiraciones el nombre de sus divinidades: sólo 
han deducido lo que á cualquiera es dado ver, que aquellos 
poetas invocaban Á hidra, <1 Pardjauia y Aditi; pero nada 
acerca de su origen y significación. '1 ampoco resolvió este 
problema Eugenio de Burnouf, estudiando los libros religio- 
sos Naskas de Zoroastro, los más antiguos que, en su sen- 
tir, se conocen , y por lo tanto más próximos á la fuente pri- 
mitiva. 

Sólo la lingüística, aplicando su luminoso principio de la 
unidad á los nombres de los dioses venerados por diversas 
razas, ha logrado abrir nuevos derroteros para la ciencia 
mitológica, casi completando la unidad simbólica de ésta, 
como antes había conseguido demostrar la unidad de la es- 
pecie humana. Una especie única, brotando de la nada al 
soplo de un solo y tínico Creador, en el cual han creído y 
adorado todos los pueblos y todas las razas unidas, con el 
lazo de amor de una creencia, al primer hombre y á la pri- 
mera mujer; una idea espiritual que arranca espontánea- 
mente de la cuna del género humano y se difunde bien 
arraigada en el fondo á través de todas las generaciones, 



330 



LA TRADICIÓN MONOTEÍSTA Y EL ESPIRITCALISMO 



aunque mezclándose y confundiéndose en la forma de ma- 
nifestarse, será siempre la síntesis gigantesca que se levanta 
en el campo de la historia brotando irresistible al calor de 
los descubrimientos científicos y de la suprema verdad re- 
velada, como luz que alumbra los nebulosos anales de la 
humanidad. 

f'R. /dANUKL f. yWlGUÉLEZ, 

O. S. A. 
(Continuará.) 




';\¡M!/íwS\M^S\^\^^«^! 



a? OOCt<XCtC€C)CCCC(Xt^^ 



(•í\^v;\í;iwiví/!V;/^5/^í^^ 



La Antropología Moderna 



(O 



XIV 




o es fácil entenderse con al^^unos transtormistas mo- 
dernos, ya porque no se dignan prestar atención á 
las razones de sus contrarios ó las escuchan con 
cierto desdén olímpico, ya también porque olvidan la Lógi- 
ca con inusitada frecuencia, y los puntos capitales que son 
objeto de la discusión científica. Cuando ésta se da, huel- 
gan las divagaciones por irracionales ó inoportunas: lo ra- 
cional, lo oportuno y lo serio es ir al fondo de la cuestión, 
sentando bien las bases y señalando con claridad los límites 
en que se ha de encerrar aquélla. 

En el número correspondiente al 18 de Abril último pu- 
blica la Reviie Scient ¿fique un artículo titulado "La noción 
de la especie y la nomenclatura-, en el cual el apreciable bo- 
tánico M. A. Acloque dice lo que sigue: "Raros son hoy los 
naturalistas sin preocupaciones que no concedan á las for- 
mas vivientes la tendencia á la variabilidad. La doctrina de 
la fijeza de los caracteres específicos no se puede sostener 
ante el imparcial examen de los hechos; y sus partidarios, 
irreconciliables con la verdad y con la evidencia, pueden 



(1) \'éase la p. 503 del vol. xxxix. 



.^32 LA ANTR0P0LO<'.f A MODERNA 

i 

leer en cuanto les rodea la condenación de su teoría. La 
aptitud para variar se ve en todos los seres, y la misma es- 
pecie humana está sometida á esta ley sin excepción. Hanse 
producido modificaciones importantes, acumuladas por la 
herencia, en la estatura, en las proporciones, en el rostro, 
en la organización general del hombre, según que éste hubo 
de sufrir el influjo de los ardores de los trópicos ó de los 
fríos polares; y ahí está para refutar, con una prueba á to- 
dos accesible, el dogma de la fijeza de las especies, el abis- 
mo profundo que separa al negro del blanco, y al chino del 
curopeo„ (1). 

Con razonamientos de este género hay que desterrar la 
Lógica del mundo, porque, para discurrir así, maldita la falta 
que nos hace. No existen naturalistas, por " raros^ que sean, 
con preocupaciones ó sin ellas (2), pero con sentido común, 
que nieguen á las formas vivientes la tendencia á variar. Lo 
que niegan esos naturalistas llamados "raros„ (quizá no 
porque sean pocos en número, sino porque razonan con- 
forme á las leyes inmutables de la verdad), es que las mo- 
dificaciones en la estatura, en la proporción, en el rostro, 
etcétera, etc., el abismo profundo que separa al negro del 
blanco, al chino del europeo, y en general y en particular 
toda variación producida por el clima ó el medio ó por otras 
causas de las que se aducen, conocidas ó ignoradas, sean 
un argumento en pro del transformismo. El negro y el blan- 
co, el chino y el europeo pertenecen á una misma especie, 
pese á los ardientes deseos de Hacckel y sus vanos admira- 
dores. Hay, además, hechos bastantes en el estudio de la 
adaptación de las razas que prueban lo contrario de lo que 
pretende A. Acloque. Ese abismo profundo de que nos ha- 
bla el botánico francés indica notoriamente que las razas y 
los individuos no son tan plásticos para variar como gra- 
tuitamente se les supone; de no ser así, el abismo se hubiese 
cegado á estas horas. La resistencia del negro á las fiebres 



(1) Rcvue Scicnti fique del 18 de Abril de ISX), p. 4^>. 

(2) Toda razón, débil ó poderosa, contra la teoría transformista se 
incluye hoy en el catálogo de las " preocupaciones „. 



LA ANTROPOLOGÍA MODERNA 333 

palúdicas, y la falta de ella en el blanco; los holandeses, que 
después de tres siglos de existencia en el África no han ad- 
quirido ninguno de los caracteres del negro; los judíos 
"errantes^ y los chinos, que en la indelinida variedad de sus 
habitaciones y de sus cruzamientos con otras razas jamás 
se confunden con éstas; las plantas que cita Ncegeli, que, lle- 
vadas desde Europa A la América, han permanecido idénti- 
cas Á las de Europa, son una prueba en contra de la adap- 
tación. 

Lo que más nos admira en el artículo de A. Acloque es 
que, definiendo la especie con estas palabras: "el conjunto 
de individuos que proceden de un mismo tronco, morfológi- 
camente semejantes en sus principales caracteres^, y aña- 
diendo después la nota fisiológica de "mutua fecundidad^, 
discurra el autor de la manera que acaba de verse. Porque 
si la especie sólo puede racionalmente definirse partiendo de 
la reproducción, claro es que todas las variaciones morfoló- 
gicas nada dicen ó dicen muy poco en favor de la variabili- 
dad de la misma. Para que los defensores de la doctrina evo- 
lutiva puedan convertir y "reconciliar con la verdad y la 
evidencia^ á cuantos no juzgan como ellos, es necesario que 
se den, en la cuestión presente, la evidencia y la verdad; y 
la evidencia y la verdad aquí han de manifestarse, no en las 
variaciones relativas, dentro de ciertos límites, sino.en las 
que alcancen á la reproducción de las especies. Todo cuan- 
to se afirme y compruebe en otro cualquier sentido, es huir 
de la cuestión y andarse por las ramas. 

Nosotros damos á las palabras "adaptación al medio y á 
las condiciones de existencia „ el más amplio y absoluto sig- 
nificado, dentro del cual caben perfectamente las causas 
complejísimas que pueden infiuir directa ó indirectamente en 
el ser vivo: desde las modificaciones misteriosas del óvulo 
hasta la plasticidad ó aptitud del individuo adulto para 
amoldarse á la acción de los agentes exteriores ó interiores, 
como la luz y el calor, el ejercicio y el uso de los órganos, 
la atmósfera, el hábito y la costumbre, los alimentos y la 
actividad de la nutrición, etc., etc. 

Ahora bien : confesamos desde luego que la adaptación 



334 LA ANTROPOLOGÍA MODERNA 

en este generalísimo sentido es causa y fuente de variacio- 
nes. Pero estas variaciones ;confirman la transformación de 
las especies, como desean las escuelas evolucionistas? ;La 
potencia del medio es tal que lo pueda conseguir? Veamos. 

Mientras que Lamarck reñere las modificaciones de los 
organismos á la acción de "esfuerzos interiores „ para ase- 
gurar su estabilidad y harmonía en el medio ambiente, Geof- 
froy Saint-Hilaire las atribuye de un modo exclusivo á la 
acción del medio. Darwin, en su libro De la variación de los 
animales y de las plantas, reconoce con franqueza que limi- 
tó bastante las intluencias de aquél, quizá por dar más real- 
ce á la lucha por la vida, á la herencia y á la selección na- 
tural. En cambio sus discípulos las han exagerado, y Ed. 
Perricr, en su Prefacio á la obra de Quatrcfages Los ému- 
los de Darivin. llega A formular treinta y dos proposiciones 
ó leyes que presiden la evolución orgánica, "regida, no por la 
ley del progreso, sino por la ley de adaptación combinada 
con la ley de economía^. Evidentemente se ha extremado el 
sentido de la adaptación, que es maravillosa y real, y justi- 
fica "la correlación de las formas y subordinación de los ca- 
racteres „ anunciadas por Cuvicr. Se citan innumerables 
ejemplos de organismos acuáticos amoldándose á la vida de 
la tierra, y de organismos terrestres hechos hoy á la vida 
de los mares. Se consignan las variaciones profundas de los 
animales fijos y parásitos internos y la semejanza de adap- 
tación entre los reptiles, las aves y los mamíferos, sin to- 
marse nadie la molestia de alegar un caso concreto y termi- 
nante que demuestre la "transformación de unas especies en 
otras„. 

La adaptación es consecuencia inmediata de la lucha 
por la vida; y las dos colaborando con la herencia y la se- 
lección natural, aunque no sirven para hacernos compren- 
der las causas de la evolución, hacen luz, dicen los transfor- 
mistas, sobre innumerables hechos y relaciones orgánicas, 
principalmente en lo que concierne al valor de los caracte- 
res. Cada insecto fitófago tiene su planta preferida; cada 
parásito, su huésped ó morada predilecta; y, generalmente, 
cada animal está adornado de instintos y costumbres que 



LA ANTROPOLOGÍA MODERNA 335 

parecen relacionarse con su estructura íntima. Esas costum- 
bres y esos hábitos, así como la elevación de la temperatu- 
ra, la presión atmosférica, el ejercicio ó la falta de él, y 
sobre todo los alimentos, son otras tantas causas mecáni- 
cas, físicas y químicas (sin contar las fisiológicas), que pue- 
den dar origen á variaciones más ó menos importantes. Ci- 
temos algún ejemplo. La Acacia dealbata, que en Aus- 
tralia sólo florece en Octubre, llevada á los montes Nilghe- 
rrios, floreció primero en Octubre, y dospués, y en virtud de 
adaptación á las condiciones nuevas de existencia, en Junio, 
en Agosto y en vSeptiembre. 

Como nota oportunamente Quatrefages, muchos fenóme- 
nos que se atribuyen á la selección y á la lucha por la vida 
se deben de un modo exclusivo á las "condiciones de exis* 
tencia„. Así el ilustre zootécnico Jouatt decía, de las diver- 
sas razas inglesas de carneros: "no se conocen sus causas: 
éstas pertenecen al suelo, al clima y á los pastos „. Las di- 
ferencias que hay entre las especies domésticas y salvajes, 
deben atribuirse á los medios distintos en que la selección 
metódica y artificial coloca los animales y las plantas. Las 
investigaciones de Decaisne sobre las plantas de Europa, y 
las de Gubler sobre las enanas, denuncian la acción modi- 
ficadora del medio: ciertas plantas, en algunas montañas, 
sufren en la talla una reducción considerable, y aun se mo- 
difican los órganos principales de su flor. Decaisne ha con- 
seguido, con sólo variar las condiciones de existencia, mu- 
chas formas de una misma planta que se juzgan especies y 
no son más que variedades. 

Los galgos ingleses, que, trasladados á Méjico, se fatiga- 
ban frecuentemente en el ejercicio de la carrera, hubieron 
de sufrir alguna modificación en los órganos del aparato 
respiratorio, pues sus hijos cazaban con notable comodidad 
á pesar de la rarefacción de la atmósfera. M. Joachimstahl, 
repitiendo las experiencias de M. Marey en este mismo año, 
llega á demostrar la adaptación espontánea de los múscu- 
los al cambio de sus funciones. Que la temperatura influye 
igualmente como causa modificadora en los organismos, lo 
han hecho ver Dareste (1891) en los huevos de la galhna. 



336 LA ANTROPOLOGÍA MODERNA 

y Driesch (1893) en los huevos de los mariscos. No faltan 
experinnentadores que retienen á los alimentos, como á cau- 
sa, la ñsonomía característica de los irlandeses, bretones, 
samoyedos y árabes. Las recientísimas investigaciones de 
Mr. Curt Herbst acerca de la influencia que ejerce la modi- 
ficación del medio químico ambiente en el desarrollo de los 
animales, y las de Davenport y .\eal, señalan ít los partida- 
rios de la evolución un nuevo camino, luminoso desde luego, 
pero no tan fecundo como se espera. La aclimatación de 
ciertos organismos ít los medios químicos, exteriores ó in- 
teriores, puestos de relieve por Davenport y Castle, es bien 
conocida hoy; y, como dice un escritor moderno, se pueden 
citar casos innumerables de individuos que resisten "un me- 
dio „ que mata otras formas de la misma especie. Así. la 
Aiigitillula del vinagre suire, con relativa comodidad, la 
eficacia de una proporción de ácido acético, mientras que 
sucumbe á ella la mayoría de sus congéneres: en las fuen- 
tes alcalinas se encuentran muy bien una launa y una flora 
especiales, allí donde otros animales y plantas perecen sin 
demora. Fayrer ha demostrado que las serpientes gozan de 
segura inmunidad en cuanto á la acción de su propio vene- 
no. Esta resistencia, fruto de la adaptación, de la costumbre 
ó del hábito, que se ve también en el hombre, hase confir- 
mado experimentalmentc por Scwall, que en IS^^? empezó 
por inyectar en la sangre de los pichones pequeñas dosis 
del veneno de la culebra de cascabel, capaces de producir 
la muerte; logrando, después de repetidos actos, que aque- 
llos animalitos sufriesen dosis cuatro veces superiores á las 
mortales. Otro tanto consiguieron Kantack, en 1892, con el 
veneno de cobra; Ehrlich, en 1891, con la substancia tóxica 
del ricino, y Calmette, en 1894, con una mezcla de veneno 
de víboras. En algunos vertebrados acuáticos y en verte- 
brados inferiores obtuvieron resultado semejante Beudant, 
Johnson, P. Bert, Massart, de V^irigny ^1), y cualquiera que 



(1) La Rtvuc ScivntijKine , de París, y la Reme de Quesl/ons 
scicntifiques, de Bruselas, han publicado estos y otros numerosos 
datos acerca del asunto. 



LA ANTROPOLOGÍA MODERNA 337 

sea la interpretación de tales experiencias, siempre discuti- 
ble, resulta cierto lo que venimos apuntando. 

Son evidentes además las modificaciones que se notan en 
el organismo de vertebrados é invertebrados que habitan en 
moradas obscuras. Armando de Viré, en sus estudios sobre 
las grutas del Jura, pudo consignar el extraordinario per- 
feccionamiento y la hipertrofia que tienen allí los órganos 
del tacto, junto con la disminución progresiva y decreciente, 
hasta llegar á la atrofia, del órgano de la vista; y bien co- 
nocen los amantes de la Historia Natural el papel que des- 
empeña este órgano en los topos, en los Spa/ax, en los Ba- 
tliyergtis, y en general en todos los roedores que viven en 
galerías subterráneas; en las Cecilias, que no son ciegas 
completamente, aunque hay animales de esta última cate- 
goría, como lo demuestra, además de los conocidos (1), el 
reciente descubrimiento (en Mayo último en Texas, en las 
aguas de un pozo artesiano de cincuenta y cuatro metros 
de profundidad) de algunas especies nuevas de batracios 
relacionadas con el necturiis y el protens, y algunos crus- 
táceos de los géneros antiguos l^ahanonetes y Crangonyx, 
y un género nuevo, el Ciroldnides, que confirman la adap- 
tación al medio. 

Darwin (2) y sus prosélitos dan importancia suma á la 
adaptación por el ejercicio ó falta de él, y citan como caso 
particular de este último extremo el fenómeno que se nota 
en algunos peces aplanados; v. gr., en el rodaballo, que 
tiene de un lado los dos ojos y en el opuesto ninguno. El cli- 
ma, influyendo principalmente en el color, que, según Eimer, 



(1) Los peces de los géneros Ambtyofysis, Typhiciitliys subterra- 
neus; los insectos del género Anophthaltnits y los Claviger; las lom- 
brices terrestres de las galerías subterráneas; los animales que vi- 
ven en la profundidad de las aguas, como el crustáceo Niphargus sti- 
gíns, y en el CynioiiutniíS granulatiis pueden seguirse todas las fases 
de la desaparición de los ojos. También hay moluscos de las aguas 
profundas completamente ciegos : el Pectén fragilis (á 3.000 metros); 
los Eitlima stenostoina, Plenroioma nivalis y el Ocorys sulcata (á 
3.2()0 metros); el Fiisus abyssoruní (á 4.735). Véase Perrier, obra y 
lomo citados últimamente. 

\2) \'éase el cap. v de su Origen de las especies. 

22 



338 LA AXTROPOLOr.l'A MODERNA 

no se debe á la acción de la luz, sino á la afluencia de la 
sangre á la piel bajo el estímulo del calor; los alimentos, 
las ¡substancias químicas introducidas en los organismos, 
ora pior vía de digestión, ora por la hipodérmica... consi- 
déranse como otras dos fuentes de variaciones, según las 
venimos considerando. Hay, sin embargo, dos hechos de 
este género que recuerdan con placer los transformistas, 
y que se pueden resumir así: el observador Schmannke- 
witch modificó la forma de la Artcnña de su nombre, au- 
mentando y disminuyendo alternativamente la salazón del 
agua: los famosos conejos de Porto-Santo, que llevó de 
Europa el español González Zarco, adquirieron particula- 
ridades rarísimas. Pero no es difícil hoy reducir á polvo 
tale.^ argumentos; porque nadie ha demostrado, ni será ca- 
paz de demostrar, que las formas de la Artentia son espe- 
cies nuevas y no variedades de una misma especie. De ©tro 
lado, la historia de los conejos de Porto-Santo se ha conver- 
tido én leyenda mitológica por los estudios de Lataste; sin 
contar con que, aun dado que fuese verdadera historia, la 
deducción era ilegítima, porque no se tuvo en cuenta para 
nada el cruzamiento, piedra de toque en la clasificación de 
las especies. 

Como no suelen darse leyes sin excepción, podíamos 
aquí citar ejemplos innumerables de organismos que no se 
adaptan al medio. \U mismo Oarwin recuerda los patos y 
gansos de pies palmeados, que viven en elevadas regiones y 
no se acercan jamás al agua: el ave de Mugellán, que tiene 
en igual forma dichos óroanos y no le sirven para nadar: el 
colantes cani/>csfn's, que los posee en condiciones para tre- 
par y no trepa, y entre los insectos coleópteros el género 
fíelop/ionts , cuyas especies acuáticas se arrastran porque 
no han sido modificadas sus patas por las influencias del 
medio, uno de los más poderosos que se conocen. 

Ivés Delage cree firmemente en la actividad eficacísima 
de las condiciones de existencia y de la alimentación como 
causa de variaciones. Supongamos, dice, un gran número 
de animales herbívoros que cohabitan en paz y sufrieron 
modificaciones ligeras y débiles: no variarán si las condicio- 



LA ANTROPOLOGÍA MODERNA 33^ 

nes.del medio no varían. Mas supongamos también que los 
pájaros llevaron allí semillas de plantas nuevas que sustitu- 
yan á las antiguas: los herbívoros las comerán, y ese ali- 
mento, introducido poco á poco en la sangre, dará por resul- 
tado una diferenciación y un cambio correlativo en la cons- 
titución psicoquímica de todas sus células, incluso las germi- 
nales. Al principio, esos cambios no serán perceptibles; pero 
se notarán después de muchas generaciones, y el protoplas- 
ma celular se habrá modificado completamente. La sa,ngre 
á su vez obrará en las glándulas y en los restantes órganos,. 
y el animal "habrá variado^. .- 

Tal hipótesis no es inverosímil; pero los investigadores 
futuros se encargarán de decir si algún día se convertirá 
en tesis. De cualquier modo, no deben olvidar los parti- 
darios del transformismo que no se trata, en la cuestión 
presente, de la adaptación individual, sino de la específica; 
no de la ontogenética, que es real, sino de la filogenética, que 
es ilusoria. Los individuos se adaptan y se modifican, según 
su "plasticidad„. bajo las influencias enumeradas, como 
acontece en los músculos, los huesos, los tendones, los te- 
jidos, las glándulas y los nervios; pero la adaptación de la 
especie ó de todos los individuos simultáneamente, que su- 
pone variación radical en las células germinales, es nula. 
Este gran problema, en el cual fijan hoy su atención los 
darwinistas entendidos y discretos, y desconocen todos los 
escritores superficiales, constituirá el triunfo ó la derrota 
del transformismo, porque ni las variaciones débiles nor- 
males, ni las teratológicas, por notables que sean, dan ori- 
gen á especies nuevas. Hay que buscar la variación gene- 
ral, la específica, la que atañe al conjunto de individuos de 
una raza ó á su mayor parte, y sobre muchos caracteres 
á la vez (1). Se dice que la estructura diferente de las dos 
caras de las hojas de la Tuya, y la transformación de las 
mismas en escamas que protegen la yema de invierno, son 
fenómenos de adaptación específica; pero nadie, hasta hoy, 
tuvo valor para demostrarlo. 



(1 ) Véase Ivés Delage , ob. cit., p. 819j 



340 LA ANTROPOLOGÍA MODERNA 

En suma ; existe en el mundo la adaptación de las formas 
orgánicas bajo las influencias del medio, de la alimentación, 
del ejercicio, del hábito ó la costumbre, etc., etc.; pero 
considerar las variaciones resultantes de aquélla como una 
razón poderosa en favor de la transformación de las espe- 
cies, es atrevimiento incalificable en el estado actual de la 
ciencia. En lo que se llama "gran mecanismo del Universo^, 
cada forma orgánica es, por decirlo así, una pieza que tiene 
su lugar bien determinado y su función bien establecida. 
Aunque hay perfeccionamientos y desgastes, no es fácil al- 
terar la máquma con arrebatos de entusiasmo ni con sutile- 
zas y cavilaciones. 

fR. ;ZacarIas /lARTlitEr N'uftsz, 

o. S. A. 
{Coutimuura ) 











m MANUSCRITO DE MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORIAL 



(O 



(Apuntes para la historia del género orgánico en los siglos xvi, xvii y xviii.) 



I- K. DíRGO DE TORRIJOS. 



Otra (Pangc liníjua) d .7 sobre. 

lajo, fr. Diego de Torrijos. .. (í'ol. 19 v.) 
Otra de rejistro va jo d tres, so- 

bretiple,fr.Diegode Torrijas. ( „ n n) 



Los dos Funge lingiia citados, cortísimas composicio- 
nes donde ya se manifiesta con toda claridad la decadencia 
del arte orgánico, y las menos á propósito, por su modo de 
ser, para juzgar del mérito de su autor, no merecen que fije- 
mos nuestra atención en el nombre de Fr. Diego de Torri- 
jos. Pero tratándose de uno de los más fecundos y sabios 
compositores que pasaron por la Capilla escurialense, des- 
conocido de todos nuestros biógrafos, es deber nuestro, 
aunque nos desviemos algo del principal objeto de estas 
líneas, recoger los datos más culminantes de su vida y ha- 
cer el catálogo de sus obras. 

Fr. Diego Díaz, llamado comunmente, del pueblo en que 
nació, Fr. Diego de Torrijos, tomó el hábito de San Jeró- 
nimo en el Real Monasterio del Escorial el año de 1668, y 
profesó el 31 de Diciembre de 1669; recibió las sagradas ór- 
denes en 19 de Mayo de 1674, 24 de Mayo de 1676 y 17 de 



<1) Véase la página 28'}. 



342 UN MANtfSCRITO DE MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORIAL 

Abril de 1677 respectivamente ^1), y ejercitó el magisterio 
de esta Capilla entre los años 1680 y 1690, falleciendo, en fin, 
el 30 de Octubre de 1691 (2). 

Distinguióse mucho en el órgano y arpa, dejando como 
muestras de su facilidad en componer las siguientes obras: 



(1 Libro de órdenes, ff. 80, 82 y 87.— Siendo Prior de esta Casa el 
P. Marcos de Herrera. íué enviado con otros relijíiosos .1 Madrid, 
donde le confirió el Subdiaconado el limo. Sr. Nuncio.— F.l Ilustrísi- 
mo Sr. D. Savo Mellino, Arzobispo de Cesárea y Nuncio de Su San- 
tidad, le ordenó de Diácono en el Escorial, y en Madrid de Pres- 
bítero. 

(2) De la piedad y conocimientos profundos del P. Torrijos en la 
Música da testimonio la siguiente bio^jrafía escrita en las Memorias 
sepulcrales ÚQ csie Monasterio. Dice así: "Sepultura 2^ (ff. 2l3vuel- 
to-214): "En esta misma sepultura está sepultado el P. fr. Diego de 
Torrijos, natural que fué de este mismo lugar en el Arzobispado de 
Toledo, hijo de padres honrados, y desde niño muy inclinado A todo 
género de virtud; fué assimismo de claro entendimiento, y aplicándo- 
le al estudio de la Gramática, salió excelente en ella, por cuya causa 
viéndole un tio suyo aprovechado en ella, y conciuicndo esperanzas 
de feliz progreso en otros mayores estudios quiso aplicarle á ellos: 
mas el sobrino considerando aun en su poca edad los peligros de ella 
quiso asegurarse con mas feliz empleo, qual es el de la ciencia de los 
Santos; para cuya e.xecución determinó poner por obra los sanios 
deseos de que traya preñada el alma desde que le amaneció la luz 
de la razón, estos fueron siempre de ser religioso de \."' V. .S. Ge- 
rónimo. Mas su tio como prudente y discreto temiendo no fuesen es- 
tos deseos mouimientos de niño, y veleydad de muchacho le di.xo que 
por algún tiempo le considerase y encomendase á Dios, y auiendolo 
hecho con mucha instancia, humildad y lágrimas delante de vna 
imagen de Christo Crucificado que llaman de la Sangre, salió deste 
deuoto y santo exercicio confirmado en sus antiguos y santos propó- 
sitos, y vino á ponerlos por execucion pidiendo el hauito en esta 
Santa y R' Cassa de San Lorenzo, donde se le dieron con aproua- 
ción de todos por la buena quenta que dio de su persona en el exa- 
men de Gramática y Música, de que tenia mas que principios. Ves- 
tido pues el hauito y pasado el año de su aprouación con igual corres- 
pondencia á las buenas esperanzas, que desde luego se conciuieron 
de su honrrado y santo proceder se le dio la professión en treynta y 
vno de Diz.'" del año mil seiscientos y sesenta y nuebe; y pareze fué 
con particular acuerdo fuese su Professión en el ultimo dia de mes y 
año, para dexar los resauios de lo antiguo y como desentenderse (si- 
guiendo el precepto del Apóstol) del hombre antiguo con todos sus 
actos, empezar el año nueuo vistiéndose de jesuchristo y haziendose 
nueua criatura, y como tal se huuo todo el tiempo que vivió con 
nuestro Santo Hauito, y en la imitación de su Padre celestial, y dan- 



U.V MANUSCRITO DE MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORi;»L 343 



I 



1. Missa de P/" Mai."' (ó Prop." MatorJ á 12 (tres co- 

ros). 

2. Missa tí 8 sobre el motete " Vulneyasti cor meum^. 

3. Missa á 6. (Hay dos copias. En el papel de Alto de una 



do en esto forma A muchos de se^ruir los mismos pasos con exémplar 
y santa vid.i. Empleóle la obediencia en pocos otficios assi porq.e no 
se inclinaua á ellos, como porq.' la habilidad de la música en que 
lué muy scientilico, y del Órgano y Arpa q.*^ supo tocar sufficiente- 
mente le tenian como destmado al mejor officio, q." es el Diuino, en 
el cual se exercitó alt^unos aftos siendo Maestro de Cap.', y enseñan- 
do música y lo que sabia de orííano assi A algunos nuebos de la es- 
cuela, como A otros nirtos de la hospedería, y estando en su cargo 
recibia, seruia y agassa.xaua con mucha caridad á los huéspedes es- 
ppcialmen.'" á los Religiosos, y particularissimamen.*"" A Tos del Se- 
r.ifico P.f .S. Fran.'". A quienes protfessó cordialísima deuoción, pa- 
reciéndole (y era assi) q.^ en cada vno de ellos recibía yn Christo. 
Los niños de la hospedería h.iUauan en este P.<= fácil prouidencia, 
que no echauan menos la de sus PP." Era muy celoso de q.e estudia- 
sen y aprouechasen el tiempo y frequentassen losS.*'*'* Sacramentos, 
y se ejerciíasen en .SS.»*"' y loables costumbres, especialmen.'c en la 
deuoción del Rosario de N.«" S.» q* regaba juntamente con ellos, y 
en todo se habia como una .Madre solícita y próuida de cada uno. 

Decia missa con mucha deuoción prepar;\ndose para ella con mu- 
chos e.xercicios de oración, penitencia especialm.»* desde los doce 
años de h.lbito hasta q.^ murió, y después daua gracias con mucho 
reposo y no de relámpago, como algunos, considerando la grandega 
y Mag.d de tan diuino huésped con quien se regalaua tiernamente 
mucho tiempo, y procurando auiuar el fuego de su devoción con la 
freq.'f v S.'-» lección de libros deuotos, especialm.'e de los de la ma- 
dre \'enerable María de Jesús de Agreda. Era muy parco en su co- 
mer, y por consiguiente en su dormir, y traia á la raiz de sus carnes 
vn áspero silicio, y disciplirtauase frecuentemente hasta derramar 
de su cuerpo copiosa sangre y finalm.te en estos y otros S.^'"* exerci- 
cios acabó la carrera de su peregrinación en treinta de Octubre del 
Año mili seiscientos y nobenta y vno con muerte subitánea aunque 
no improuissa assi por lo que dexamos dicho en su S.'^ Vida, como 
por hauerle cogido el accidente de un letargo q.e le duró por espacio 
de diez y siete horas después de hauer dicho missa, y dado gracias 
con el reposo q.- solia sin boluer del. y assi podemos decir q.e , reci- 
bida la extrema Vncion, murió con todos sus Sacram.""* Requiescat 
in pace amen „. 

En las mismas Memorias (Sep.* 60) se da noticias de otro Fray 
Diego de Torrijos, Stice/dote profeso del Parral de Se gavia, tañedor 
de tecla hiiftque sabia poco dcste menester y de música, que murió 
á 4 de Octubre , año 1502, .e\ cual no debe coafundirse con el an- 
terior. 



344 UN MANUSCRITO DE MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORIAL 

de ellas dice: Por el P. Fr. Diego de Torrijos de 
lo bueno y onestode sus tiempos. — Dos coros.) 

4. Missa d 12 sobre el '^vuhrerasti cor jneum„. — Debe 

ser un arreglo de la citada en el '2. 

5. Aíissa d 12, d°' Choros. 

6. Missa de Réquiem d 4.— Está unida á las tres prime- 

ras lecciones de difuntos que se siguen, y otras 
composiciones de autor anónimo. En el guión d 
todo se indica el año l(y)3 (1). 

7. Lección 1." del 1." Nocturno del oficio de Difun- 

tos d 4. 
s. Lección /." del 2." nocturno del oficio de Difun- 
tos d 4. 

9. Lección /." del 3." Nocturno del oficio de Difun- 

tos d 4. 

10. Lección de Difuntos. ^ Manus tUtc Dómine y,. 

1 1 . Quis mi/ii Jioc tribuat— Lección 3.* del '2.° \oct. A S, 

tres tiples, 
l'i. Alto Í684. Vísperas ordinarias y de A." S.' d S. 
(Dos coros.) — Faltan papeles del primer coro. 

13. Dixit Dominus á 8. 

14. Dixit Dñs. d 12. 

15. Dixit Dfls. d (V. De dos vajos. 

16. Beatus vir á 8. Tres tiples. 

17. Beatus vir d 8. 

\^. Laúdate Doininum omnes gentes d 8. Tres tiples. 

En el papel de Bajo de J. " Coro se lee: Del P. Fray 

Diego Días ó Torrixos. 
VI Laúdate Dfl. omnes gentes d /i?.— Está señalado el 

año 1604. 

20. Latatus sum d 8... Copióse el año 1743 por José ph 

Crespo. 

21. Lauda Jerusalem d 8... Copióse por Jph. Crespo. 

Año de 1743. 



(1) Esta techa, si no es un apuntamiento casual, hecho en el papel 
sin referirse en nada A las composiciones allí escritas, prueba que el 
P. Torrixos conocía el arte de componer antes de su ingreso en la 
Orden Jeronimiana. 



UN MANUSCRITO DE MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORL-VL 345 

22. In exitu Israel d 10. Dos tiples al Choro primero. 

4 tono. 

23. Credidi d 10. 

24. Credidi propter qitod d S. Dos vajos. 

2f>, Domine probasti me d S. Tres tiples. —En el papel 
de Alto de 2." Coro: Se copió el año 1747 d 12 de 
Septiembre. 

2(>. M(7Lrni/icat d 8. 

27. Maiinificat d 8. 

28. Magnijicat d 8, de 8."" tono alto. 

29. Magníficat d 8, de 4." tono. 

30. Maírnificat d 12, de 4." tono. 

31. BenrdicaniKS d 8... Se copió en el arlo I8t)3. 

32. Benedicamus d 8... En la cubierta se añade : Se pue- 

de (cantar) d 5 y d 6. Otra mano posterior escri- 
bió: es mentira.— Copióme Fr. Antonio de Ex- 
tremerá, año de 176') in Esc\ — Copióse el año 
1792. 

32. Himno de San Pedro y San Pablo d 8, tres tiples. 

Hay tres copias, una de ellas 3.* alta de las demás 
para 4 y 12. 

33. Himno de los apóstoles '^exultet coelum laudibus^ 

d 8, tres tiples. 

34. Himno d San Juan Baptista d /2. — Hay dos co- 

pias. 

35. Hi))ino de la Ascensión, á /z*.— Faltan todos los pa- 

peles excepto el Guión d tocio. 
30. Miserere mei Deus d 12, 2." tono. 

37. Regina Cali Icetere, d 12. 

38. Lamentaciones, d 8. 

39. Sabbato ifi Albis Benedictus Dñs. Deus d 8 voces... 

Copiado por Fr. Pablo Ramoneda. 

40. Sabbato in Albis Lauda Anima mea d 8 voses... Co- 

piado por Fr. Pablo Ramoneda. 
41 Hec di es quam fecit Dñs. A 10. (Tres coros.) 

42. Sequentia 'Lauda Sion Salvatorem „ d 6. Para el 

Corpus. 

43. 1683. Navidad. Villansico Gallego d8. 



346 UN MANUSCRITO DE MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORLAL 

44. J683. Navidad Calenda. V^illansico á 12. '^Anna, 

arma. Guerra, guerra. r, 

45. 1681. Navidad. ""Al son de los instrumentos.,, Vi- 
I llancico á 8. 

46. Villancico á Navidad rí 12, "^ Saludan dulces Cla- 

rines y^. 

47. Corpus. ^Al Enfermo del Arnor.^ l'illancico d 7 . 

48. Corpus. '^Al puerto, al puerto. y^ Villancico á 6. 

49. Corpus. "^ las bodas ret^ias.,, Villancico d 5. 

50. Villancico á San Gerónimo d 12. "" Aves, fuentes, 

flores, selvas. „ 

51. ""Oy con misterio introduce,,, 1681. Villancico A. S. 

Lorenzo. A 12. 

52. "" En consonancias de Guerra.,, Villancico á San Lo- 

renzo. A 8 voz es. 

53. " Vaya de fiesta..^ Villancico á 8. 

54. Villancico. A N."> 1\* S. Gerónimo á 12 (3 coros). 

55. Villancico A 12. "^Avecillas, cantad.^ (^ coros). 

Fr. Josepii Perandreu. Paiije tingíiaá 4.° sobre ba- 
jo, de fr. Joseh, petan- 
dren (lül. 15.) 

Otra sobre tenor, del mismo 
atitur (fol. 15 v.^ 

Otra sobre contralto del mis- 
mo (lol. 16., 

Panjc lingua sobre tiple á 
4."^, del mismo autor. .,. . . (fol. 87 v.) 

Medio Reí^istro alto, de 5.° 
tono por delasolre, de per- 
andreu (fol. 22-28 V.) 

Medio Registro alto de S.° 
tono, perandreu (fol. 29-33 v.) 

Medio Registro, de dos ti- 
ples, S.'' alto del P. fr. 
Jóseph perandreu (fol. 34-30 v.) 

Medio Registro de dos ti- 
ples, del P.fr.Joseph per- 
andreu (fol. 37-41.) 

Medio Registro de dos ti- 
ples, fr- JosepIi , peran- 
dreu (fol. 41 V. -47.) 



UN MANUSCRITO DE ML'SICA DEL ARCHIVO DEL ESCORL-VL 347 

Ni en el Archivo de música de este Real Monasterio, ni 
en los libros de Actas Capitulares , Memorias sepulcrales 
é informes para la admisión de Religiosos, hemos podido 
descubrir indicio alguno respecto del P. Fr. Joseph Peran- 
dreu. Y en verdad que no era necesario: de sus prolijas 
composiciones se deduce inmediatamente, á falta de otras 
noticias, la época á que pertenece su autor, no por cierto 
la más brillante de nuestra escuela orgánica. 

El P. Fr. Joseph Perandreu pertenece á la escuela de 
Bruna; con las mismas pretensiones é iguales ó maj-^ores 
defectos, nos da idea exacta del lastimoso estado á que se 
vio reducida la música de órgano durante los años que me- 
dian entre el ocaso de nuestra escuela clásica á mediados 
del siglo xvn, y los primeros albores del renacimiento del 
género orgánico ya bien entrado el siglo xvni, bajo la po- 
derosa influencia de los Nebra, Líteres, Lidon, Baguer y 
otros; período de larga y laboriosa ge.stación, en el cual 
la falta de gusto sólo sirve para producir ridículos engen- 
dros, ajenos por completo á la severidad del culto religioso. 
En ninguno de los compositores conocidos puede estudiarse 
mejor que en el autor de las obras arriba citadas el lamen- 
table extravío á que condujeron el arte los organistas de los 
últimos años del siglo xvn. Otra vez aparece en él la melo- 
día (si así merece llamarse) en contraposición á los cálculos 
contrapuntísticos, aunque luchando con tan adversa fortu- 
na que quedan muy por debajo de aquéllos los conatos de 
libertad ensayados en el nuevo género. Y es que estas glo- 
sas melódicas se separan por costumbre inveterada del fin 
verdadero del arte, y los innumerables floreos é intermina- 
bles progresiones , á más de estar acompañados muy pobre- 
mente, no revelan idea alguna de buen gusto, 3' careciendo 
de los primores que el contrapunto ofrecía, sin reunir, por 
otro lado, ninguna belleza en los juegos melódicos, hacen 
pesadas y ridiculas las producciones de este último período. 

JOAN Sebastián. Tiento de 2^ tono por Jesol- 

veud , Joan Sebastiáti (fol. 103 V.-104.) 

Al hojear por primera vez nuestro manuscrito, abrigaba- 



348 UN MANUSCRITO DE MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORIAL 



mos cierta esperanza de encontrar en el autor de esta pieza al 
famoso Juan Sebastián Bach; pero bien pronto el examen, 
y no muy detenido, de la composición nos descubrió otro 
insigne y desconocido organista español, cuyo nombre me- 
rece figurar al lado de los de Aguilera y Jiménez, y perte- 
neciente, sin género alguno de duda, á los buenos tiempos 
de nuestra escuela clásica. 

Aunque el Tiento citado ofrece caracteres muy comple- 
jos en su análisis técnico-histórico, saltan desde luego á la 
vista, y son muy dignas de notarse, la tan característica 
glosa cadencial, exclusivamente propia de la escuela espa- 
ñola, de que ya hicimos mención al l>ablar de Aguilera, y la 
variación del compás de compasillo en 320, al terminar el 
Tiento, costumbre muy general, y de la cual se qncuentran 
ejemplos en casi todas las composiciones de los organistas 
españoles de esta época. Tampoco debe pasarse en silencio 
el uso de ciertos acordes, tales como el de quinta aumenta- 
da, séptima de segunda y séptima dominante, que aparecen 
con carácter propio, aunque no practicados, especialmen- 
te el último, con la valentía y libertad de que Jiménez hace 
alarde en su obra de Vajo /." iono, donde le presenta sin 
ambajes ni rodeos, repitiéndole con insistencia. 

Acerca de la persona de Joan Sebastián, nada sabemos, 
viéndonos en la precisión de repetir el estribillo obligatorio 
en trabajos de esta clase: ya aparecerán otras obras que, 
con algún dato colocado en su encabezamiento, serán quizá 
suficientes á despejar la incógnita de la personalidad artís- 
tica del autor. 

Gabriel Serrano. Tiento de S.° tono, Ga- 
briel Serrano (fol. 10") v.-lOó v.) 

Gabriel Serrano es otro de tantos organistas desconoci- 
dos, perteneciente, como el anterior, á los últimos años de 
la época clásica, aunque ya se vislumbra en sus obras el 
principio de la decadencia. 

Anónimo. Versos de 6° tono (14 versos) (fol. 1-2 v.) 

Versos de 9.° tono, por dclasoire (21). . (fol. 4 n v.) 
Á 8.", 4 composiciones (fol. 7-13.) 



UN MANUSCRITO DE MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORIAL 349 

Panje lingua á 3 (fol. 14.) 

Panje lingua á 3, rejistro alto, de dos 

tiples (fol. 14 V.) 

Oí ya sobre tiple , rejistro vajo (fol. „.) 

Obra de I .« tono, de tiple d3 (fol. 56-58.) 

Medio rejistro alto, de S.^ tono (fol. 58 v-60.) 

Medio rejistro de dos tiples de sexto 

tono (fol. 60 V. 62.) 

Vajo de 3.^ tono (íol. 76-77 t.) 

Las anteriores obras pertenecen indudablemente al pa- 
ciente coleccionador de Tientos, versos para el Pange lín- 
gtia, salmos, batallas y todas las demás piezas que ya co- 
noce el lector; de manera que nuestro anónimo reunía, á su 
infatijíable laboriosidad, la inspiración artística. Sin embar- 
go, deben exceptuarse las composiciones d S.'\ cuya copia 
indica anterioridad de tiempo respecto del en que existió el 
monje y organista de este Monasterio que formó el escogido 
repertorio que contiene nuestro manuscrito. Estas últimas 
obras, escritas, al parecer, para dos órganos ó uno solo, 
usando de todos los teclados , son dignas de particular estu- 
dio, por haber sido tan poco cultivado este género, y no ha- 
berse aprovechado en general otros recursos, fuera de los 
que ofrecen las dos manos del organista. Aunque pudiera 
dudarse si son la partitura de una misa ó salmo, etc., á 
ocho voces, sin letra, la notable diferencia que se advierte 
entre el estilo en que se hallan escritas y el de la música 
vocal nos ha inducido á creer que realmente son orgánicas 
las citadas composiciones. 

Atendiendo ahora á las demás ültiniamente enumeradas, 
resaltan notablemente entre todas los treinta y cinco ver- 
sos de 6." y S." tono. Contrastando con la dureza harmóni- 
ca peculiar de las composiciones orgánicas del siglo xvii, 
aparecen en esta hermosa colección algunos de aquéllos, 
abundantes en dulcísimas consonancias, sin que se note 
la más leve aspereza en sus acordes, y tan cuidadosamen- 
te trabajados, escritos con tan singular gracia y buen gus- 
to, que pudieran atribuirse á los organistas españoles más 
eminentes de aquel tiempo. ¡Cuántas salmodias orgánicas 
se han publicado en el siglo xix que no son más que un re- 



350 ÜN MANUSCRITO DE MÚSICA DEL ARCHIVO DEL ESCORIAL 

pertorio de insulsos preludios, donde se revela, al mismo 
tiempo que la falta de conocimientos harmónicos, casi total 
ausencia de sentido común artístico en el compositor! Al 
lado de tan informes engendros, demasiado abundantes por 
desdicha, resalta más el valor de estos versos, compuestos 
con dos siglos de anterioridad, cuando el arte orgánico es- 
taba casi en el primer período de su formación. 

Las restantes obras nada ofrecen de particular; nótase 
en ellas , sin embargo, la influencia de Pablo Bruna, á quien 
debía de ser muy aficionado el autor. Para prueba baste la 
obra de medio registro alto de <S\'^ tono, Á la que sirve de 
tema el mismo que Bruna desarrolla en la suya de medio 
registro vajo. De aquí se deduce también que aun se conser- 
vaba en el estudio del órgano una práctica muy semejante á 
la recomendada por el P. Santa María en los avisos necesa- 
rios al nuevo tañedor (1)... "Assi mesmo procure (el nuevo 
tañedor) tomar de las obras una voz cualquiera, es á saber, 
tiple, ó contra alto, ó tenor, ó bajo, y tañerla con el tiple á 
consonancias á quatro vozes, echando las tres de su cabe- 
za„. En estas composiciones largas, dado que sean del mis- 
mo autor de los juegos de versos, se echan de ver todos los 
defectos propios de la época mucho más claramente que en 
aquéllos. 



(1) Arte de taücr fantasía, J." parte, cap. lii, fol. \'1\ v. 

fR. )_0I8 yiLLALBA, 

O- S. A. 
iConíluirií) 






S^^<3i9i9fSii9«íMm^^^t»íííil¥«^c^ 







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I t^ft.t • •' t-i I i I •• ■ I J I I l< I • «i 



Bl caráctkr moral de Voltaire 




0LTA1RI-. no vio todo lo que hizo, pero hizo todo lo 
que estamos viendo.— Así se expresaba Condorcet 
pocos meses antes de morir trágicamente, y cuan- 
do había presenciado ya las consecuencias de las doctrinas 
en que le había imbuido su maestro. Si el discípulo de Vol- 
taire aludía en esas palabras á la espantosa revolución que 
cubrió de sangre y luto los altares y sembró de ruinas el 
suelo de la infortunada Francia, no tenemos inconveniente 
en aceptarlas por verdaderas, despojándolas, sin embargo, 
de su exageración. 

No puede dudarse de la influencia de Voltaire en la tre- 
menda catástrofe que derribó el trono de Luis XVI; pero 
tampoco cabe afirmar en absoluto que sea obra exclusiva- 
mente su3'a, so pena de atribuir á una causa relativamente 
pequeña efectos de proporciones colosales. El patriarca de 
Ferney contribuyó como nadie á que estallara el terremoto 
que se iba preparando de mucho tiempo atrás en el seno de 
las sociedades, y como nadie fomentó el voraz incendio que 
había de convertir en cenizas las más -firmes y seculares 
instituciones, y amenazar con sus devsradoras llamas á la 



352 EL CARÁCTER MORAL DE VOLTAIKE 

'Europa entera; pero atribuir á un solo individuo esta obra 
en toda su magnitud, sería desconocer la historia de la hu- 
manidad y las leyes que rigen sus destinos. En los grandes 
acontecimientos suelen concurrir muchas y muy complica- 
das influencias, difíciles de separar, y ningún hombre puede 
ser considerado como causa adecuada y única de los mis- 
mos. Los que afirman lo contrario, no advierten que el jefe 
de la incredulidad moderna se concretó á difundir las ideas 
pseudo-ñlosóficas abrazadas antes por muchos de sus con- 
temporáneos, y que Voltaire es engendro de su siglo, más 
bien que el siglo engendro de Voltaire. 

Volviendo á la frase con que hemos encabezado este ar- 
tículo para examinarla desde otro punto de vista, es seguro 
que, si Condorcet pudiera explicarla, nos diría que Voltaire, 
preparando la revolución francesa, había abolido la escla- 
vitud vergonzosa en que se encontraba el universo; que él 
fué el adorador m.1s ferviente de la humanidad, el adalid 
más insigne de todos los que lucharon por el triunfo de la 
conciencia, el campeón más infatigable del progreso y más 
enamorado de la libertad, el Mércules que con los golpes de 
su formidable maza hizo desplomarse el vetusto edificio de 
la tiranía y el fanatismo, etc., etc. En estos ó parecidos tér- 
minos se expresan los admiradores de X'oltaire, no ya los 
que, como Condorcet, alcanzaron sólo los primeros abomi- 
nables frutos que dio de sí la propaganda del mentido após- 
tol, sino los que hoy mismo se empefian en cerrar los ojosa 
la luz de la experiencia. Baste citar, por lo que á Espafía se 
refiere, un pasaje de D. .Manuel de la Revilla. 

"No subscribirá la humanidad presente — escribía aquel ex- 
traviado aunque poderoso ingenio — á todos sus exagerados 
ataques (de Voltaire); no dirá con él Ecrascc V infame; no 
verá como él en la religión el fruto de la impostura, ni apro- 
bará su poema contra Juana de Arco; pero al recordar que 
á él debe la libertad de que hoy disfruta; al pensar que, gra- 
cias á él, ya no hay castas religiosas ni políticas, ni odiosos 
privilegios, ni fieros fanatismos, ni crueles tiranías; al con- 
siderar que, merced á Voltaire, reinarán un día entre los 
hombres la tolerancia, la libertad y .la paz, celebrará con 



EL CARAcTER moral DE VOLTAIRE 353 

creciente entusiasmo las glorias de aquel varón insigne, y, 
lejos de maldecirle como un ilustre poeta español, llena de 
gratitud, de admiración y de respeto ceñirá á la trente del 
defensor de Calas, Labarre y Sirven la corona de lainmor- 
talidad„. 

Para demostrar las equivocaciones que encierra este 
hinchado ditirambo, basta leer la obra publicada reciente- 
mente por Nourrisson (1), y de la cual se deduce, como se 
ha dicho al juzgaría en La Ciudad de Dios, "que el autor de 
La Fucelle fué un mal hijo, un ser degradado por las más 
viles pasiones, cínico en sus costumbres, traidor á sus ami- 
gos y á su patria, hipócrita y avaro, alma vil é incapaz, no 
sólo de practicar las virtudes, sino de comprenderlas en los 
demás„. 

Entregado al desenfreno desde la juventud, en todo bus- 
caba la satisfacción de sus depravados apetitos, sin respeto 
á leyes divinas ni humanas. Hijo desnaturalizado de Fran- 
cia, arráncale aplausos todo lo extranjero; sólo cuando se 
trata de su patria, parece que no acuden á sus labios frases 
de aplauso ni excita su corazón el entusiasmo. Fué político 
sin diplomacia, ñlosofo superficial siempre, descabellado á 
veces, nunca profundo; poeta desprovisto casi de verdade- 
ro y hondo sentimiento, dotado de imaginación lozana, pero 
sujeta á un círculo muy reducido; sociable, pero sin un ver- 
dadero amigo, y dispuesto á venderlos en cualquiera oca- 
sión, si así importaba ;i sus conveniencias. Sus amistades 
comienzan generalmente por la lisonja, continúan fríamente 
á los pocos días, y suelen terminar con la traición. Apenas 
pueden reducirse á número las malas cualidades de Voltai- 
re, mientras que las buenas parecen haber conspirado en 
huir de aquel corazón egoísta y miserable. 

A sus condiciones personales responde el espíritu des- 
tructor y malsano que informa sus escritos, y del que en gran 
parte se han originado las distintas formas del moderno es- 
cepticismo religioso, sin excluir la de las negaciones ateas 
y materialistas. 



(l) Voltairi' et le fíj/Z^mí/z/s;»^.— París, Lethielleux, 18%. 

23 



354 EL CARÁCTER MORAL DE VOLTAIRE 

Uno de los estímulos más eficaces que inducen al hombre 
á combatir con denuedo en las batallas de la vida, uno de los 
consuelos más eficaces que le obligan á levantar los ojos al 
cielo y resignarse con sus infortunios, es, indudablemente, 
la consoladora esperanza de que más allá de la obscuridad 
del sepulcro hay una morada de gloria eterna para los jus- 
tos, y otra de eternos castigos para los malvados. Arrancad 
esta salvadora creencia del seno de las sociedades, y las ha- 
bréis convertido en un infierno; persuadid alas muchedum- 
bres de que la palabra inmortalidad no tiene sentido, de 
que en el hombre no hay nada que se distinga del organis- 
mo caduco y deleznable; de que no existe más Dios que la 
materia increada, y veréis cubrirse de pavorosas nubes la 
conciencia humana, y entronizarse en el mundo la anarquía. 

Pues á ese fin vienen ;í dirigirse, clara ó embozadamente, 
los esfuerzos de V'oltaire, á despecho del vago é infecundo 
deísmo que defendía en algunas ocasiones. Las pakibras del 
jesuíta Le jay: '^ serás el portaestandarte de la impiedad^, 
encierran una verdadera profecía cumplida en todas sus par- 
tes, porque V'oltaire juró encarnizada guerra á la religión, 
y la persiguió con diabólico furor hasta los últimos años de 
su existencia. Lo que no pudo ver realizado fué aquel lo ve- 
remos, que dio por respuesta á M. Herault cuando éste le 
aseguraba que no conseguiría destruir la religión cristiana. 
No desanimaron al sofista de Ferney los obstáculos que se 
oponían á la realización de su empresa, y valiéndose de la 
refinada hipocresía, de la adulación para con los grandes 
personajes y de la sátiracontra sus enemigos, extendió su 
intluencia por toda Europa y tuvo á sus órdenes una falan- 
ge de sofistas, produciendo una re^volución en las ideas que 
muy pronto había de traducirse en sangrientas y pavorosas 
catástrofes. La aspiración capital de* la escuela volteriana 
era destruir al infame (así apellidaban estos monstruos á Je- 
sucristo). "Sea cualquiera el partido que toméis, decía Vol- 
taire á Diderot, yo os recomiendo el infame, es preciso des- 
truirle entre las gentes cultas, y dejarle á la canalla para 
quien se ha fabricado^. 

El primer medio empleado para arrancar la fe del alma 



EL CARÁCTER MORAL DE VOLTAIRB 355 

de los pueblos, fué la persecución de las corporaciones reli- 
giosas, creyendo, y con razón, que, si lograban hacerlas 
desaparecer, privarían al Catolicismo de uno de sus más 
firmes baluartes y se verían libres de los más decididos ad- 
versarios con que necesitaban combatir. Y como la Compa- 
ñía de Jesús estuvo siempre especialmente destinada á sa- 
tisfacer las necesidades de la polémica religiosa desde los 
orígenes del protestantismo, y como el crecido número y la 
organización de sus indi\ iduos la hicieron temible para los 
enciclopedistas, del mismo modo que lo había sido para los 
pseudo-reformadores. contra esta corporación se dirigieron 
principalmente los ataques de la impiedad en el siglo xviii. 
Bien conocían los secuaces de Voltaire el papel que los 
hijos de Loyola representaban en el seno de la Iglesia, y d^ 
ahí el furor con que procuraban desacreditarlos, de ahí e} 
empeño de que fuesen desterrados de todas las naciones ca- 
^tóliCfis, de ahí que Voltaire colocara su mayor dicha en 
verlos arrojados al mar, llevando cada jesuíta un jansenista 
al cuello. Cuando el pérfido Choiseul intenta dar el golpe de- 
cisivo á las Órdenes religiosas, comenzando por la Compa- 
ñía, el patriarca de la impiedad le aplaude frenéticamente, 
y exclama, dirigiéndose A Alembert: '^¡Viyael Ministerio 
de Francia! ¡Viva ante todo M. el Duque de'Choiseul!„ Al 
Marqués de Villevieille decía en una carta, que se rego- 
cijaba cual valiente caballero de la expulsión de los jesuí- 
tas, que el japón tenía la gloria de haber sido.el primer país 
que expulsó á los picaros de Loyola, siendo imitados los ja- 
poneses por los chinos y éstos por Francia y España. "¡Oja- 
lá — proseguía después — se pueda exterminar á todos los 
frailes, que no valen más que estos picaros de Loyola !„ Y 
poco después añade: "Estamos cercados de monstruos^. 
Para que se observe cuánto confiaban en su triunfo los se- 
cuaces de Voltaire, véase lo que contesta Alembert á su 
maestro, que no cesaba de inculcarle la guerra á Jesucris- 
to: "Destruid el infame, me repetís continuamente. ¡Oh, Dios 
mío, dejadla (aludiendo á la Religión) precipitarse por sí 
misma! Corre ella más velozmente que pensáis... No son los 
jansenistas los que matan á los jesuítas: es la Enciclopedia^. 



3.% Fi: CARÁCTER MORAL DE VOLTAIkE 

No á todos manifestaba claramente sus propósitos el pa- 
triarca de Ferney, antes bien hizo con frecuencia ostenta- 
ci(')n pública de religiosidad, y aun se acercaba á los alta- 
res para recibir sacrilegamente el Cuerpo de Jesucristo. E\ 
obrar siempre como un conjurado, ocultando su impiedad 
diabólica bajo la máscara de la hipocresía é inculcando de 
esta manera el lósij^o en las almas incautas, constituye uno 
de los rasgos característicos de Voltaire, y á este programa 
se ajusta su correspondencia: "Confundid al infame cuantía 
podáis; decid osadamente cuanto sentís; herid y ocultad la 
mano. Se os reconocerá; convengo en que hay olfato fino 
para ello, pero no se os podrá convencer^ (1). Lanzar la fle- 
cha y esconder la mano, es frase que V^oltaire recomienda 
incesantemente á sus amigos, citando el ejemplo del Nilo, 
que oculta sus manantiales y derrama por las praderías sus 
benéficas aguas. El descoco y la astucia de Voltaire llega- 
ban hasta la negación de las cosas evidentes y que todo el 
mundo sabía. "No sé porqué furor — clamaba refiriéndose á 
sus amigos— se obstinan en juzgarme autor del Diccionario 
filosófico: el mayor servicio que podéis hacerme es asegu- 
rar, por vuestra cuarta parte de paraíso, que no tengo parte 
alguna en esa obra del infierno. Hay tres ó cuatro perso- 
nas que vociferan que he defendido la buena causa y que 
combato hasta la muerte contra bestias feroces: alabar á 
los hermanos en semejante ocasión es descubrirlos; estas 
buenas almas me bendicen y me pierden... Deberíais, por el 
contrario, decir á voces en las esquinas: no es él. Es preciso 
que haya cien manos invisibles que atraviesen el nionstnto 
y que caiga bajo mil golpes redoblados^ (2). 

No concluyen aquí los artificios maquiavélicos de Vol- 
taire, sino que además acostumbraba á ejercer de moralista 
con la gravedad cómica de los que llevan á Dios continua- 
mente en los labios y nunca en su corazón. "Yo hago que 
me lean públicamente, durante la comida, la Historia de la 
Iglesia y los sermones de Masillón — escribía al Conde de 



(i) Carta A Alambert: Mavo de 17ol. 
(2) Ídem: 1." de Mayo de 1768. 



F.L CARÁCTEK MORAL PE VOLTAIRE T)7 

Arj^^ental.— Me agrada oirlos mientras asistimos á la mesa; 
los antiguos así lo practicaban, y yo soy muy antiguo. Por 
otro lado, soy celosísimo adorador de la Divinidad; siem- 
pre me he opuesto al ateísmo; me embelesan los libros que 
•exhortan á la virtud, desde Confucio hasta Masillón„, etc. Y 
en otro lugar: "Sí, amigos mios: el ateísmo y el fanatis- 
mo son los polos de un universo de confusión y de horror. 
La pequeña zona de la virtud encuéntrase entre estos dos 
polos; caminad con paso seguro por esta senda; sed buenos 
y creed en Dios„. Apenas hay necesidad de contestar al so- 
fisma de los que. alucinados por estas y otras declaracio- 
nes análogas de X'oltaire, nos le presentan como un apóstol 
de la religión natural, aunque opuesto á las que llaman re- 
ligiones positivas. 

El caudillo de los enciclopedistas no pensó nunca en po- 
ner por obra lo que inculcaba á los demás, ni fué conse- 
cuente con los principios fundamentales del esplritualismo, 
ni le importaba nada la creencia en un ser distinto de la ma- 
teria, ni aspiraba á difundir otra fe y otras virtudes que el 
odio al nombre y á la religión y al espíritu de Cristo. Las 
verdaderas convicciones de Voltaire no se diferencial! de 
las de los epicúreos : su Dios es un Dios convencional y mez- 
quino á quien niega cuando le viene bien, ó á quien adora 
(de palabra) cuando se le ofrece coyuntura para infiltrar 
más fácilmente de este modo la ponzoña de sus doctrinas. 

Léanse, en confirmación de lo dicho, los pasajes que va- 
mos á transcribir. En las cartas de Memnio á Cicerón : "Que 
se llame á Dios ser simple... yo no puedo comprender lo 
que es un ser simple„. En los diálogos y entretenimientos 
filosóficos: "Cuando alguien me interroga si después de mi 
muerte subsistirán mis facultades, estoy tentado á pregun- 
tarle á mi vez si subsiste el canto de un ruiseñor después 
que el pájaro ha sido devorado por un águila „. Á los auto- 
res de la Gaceta Literaria: "La esencia suprema, la inteli- 
gencia suprema, el alma de la Naturaleza... he aquí áDios„. 
Y, finalmente, escribiendo á los conjurados que él capita- 
neaba: "¿Hay un Dios tal como se dice, un alma tal cual 
se imagina, y relaciones tales cuales se establecen? ¿Hay al- 



3lS EL CARÁCTER MORAL DE VOLTAlRt 

guna cosa que esperar detrás del sepulcro?... ¿La gloria es 
más que pura ilusión?... ;Son todos los seres iguales delante 
deí gran Ser que anima la Naturaleza?... Que desembrolle 
esto el héroe filósofo; pues, por lo que á mí hace, nada en- 
tiendo„. Así, pues, á juicio de Voltaire, no queda otra cosa 
del alma humana, después de la muerte, que lo que queda 
del canto de un ruiseñor tragado por un águila; y la exis- 
tencia de un Dios personal está sujeta á la duda. Véase 
cómo en definitiva tenemos que venir á confesar que la filo- 
sofía de Voltaire es una filosofía demoledora y esencial- 
mente negativa, su religión la incredulidad, su Dios un fan- 
tasma, y él un refinado hipócrita. 

Pronto explicaremos á qué se reducían su amor á la hu- 
manidad y su patriotismo, ciegamente ensalzados por algu- 
nos panegiristas (1). 



(1) Para no llenar de notas este trabajo , hemos prescindido de co- 
piar los te.xtos oriíjinales de \'oltaire, que pueden verse en la citada 
obra de Nourrison: Voltaire y el Volterianísimo, en las Memorias 
para la Historia del Jacobinismo , por el Abate Barruel, en las Car- 
tas de Mons. Dupanloup sobre el Centenario de \'oltaire, etc., etc. 

J^R. ^AUSTiNO ^Martínez 
o. s. A. 

tCentínumrÁ.) 








CATÁLOGO 



DE 

I-i) 



JÉsfritoreo "^íiustiüps JSsimiioIís, Porluguesea y ^ntericauos. 



1 . /^lora de Filipinas. Según el Sistema de Linneo . Pok 
el P. Fr. Manuel Blanco, Agustino Calleado.— Con las licen- 
cias necesarias.— Manila. Año de 1837. En la imprenta de 
Santo Thomas, por D. Cándido López.— Prólogo.— Intro- 
ducción.— Nomenclatura botánica.— Resumen de los Géne- 
ros de la Obra. 

—Segunda impresión, corregida y aumentada por el 
mismo Autor.— Mixn'úa., imprenta de D. Miguel Sánchez. 
1845. 

— Flora de Filipinas, por el P. Fr. Manuel Blanco, 
Agustino Calzado, adicionada con el Manuscrito inédito 
del P. Fr. Ignacio Mercado , las obras del P. Fr. Antonio 
Llanos y de im Apéndice con todas las nuevas investiga- 
ciones botánicas referentes al Archipiélago Filipino. Gran 
edición hecha á expensas de la Provincia de Agustinos 
Calzados de Filipinas, bajo la dirección cienliflca del 
P. Fr. Andrés Xoves. 



(1) Véase la pág. 40. 



360 ESCRITORES AGUSTINOS 



Tomo Primero. — Manila, establecimiento tipográfico de 
Plana y Compañía, 1877. 

A la vuelta: Editor: Domingo Vidal y Soler, ingeniero 
de Montes. 

—Prólogo. — Flora de Filipinas según el sistema sexual 
de Linneo, por el P. Fr. Manuel Blanco.— Tercera impre- 
sión.— Facsímile autógrafo de Fr. Manuel Blanco. — Biogra- 
fía del Rdo. P. Fr. Manuel Blanco. --Prólogo de la Segunda 
edición. — Texto.- Index. 

Precede Á la portada un grabado en el que aparece un 
grupo de indios y algunos religiosos instruyéndoles. En el 
centro del mismo se lee: A la memoria del P. Blanco. 

Tomo segundo.— Manila, establecimiento tipográfico de 
Plana y Compañía, 1878.— De 418 páginas de tex. y viii. 

Al final de este tomo se lee la siguiente advertencia : ''De- 
seando satisfacer la legítima curiosidad de muchos de nues- 
tros subscriptores, y queriendo ser justos dando á cada uno 
lo que de justicia le pertenece, hacemos constar en este-lu- 
gar que: el R. P. Fr. Celestino Fernández Villar, Agustino 
Calzado, es autor de la versión latina del presente volumen, 
y de la del primero, desde la pág. 67 hasta la 107 inclusive, 
desde la pág. 1*12 hasta la 248 inclusive, y desde la pág. 26.3 
hasta la conclusión del volumen. El mismo sujeto corrigió 
la mayor parte de las pruebas tipográficas y formó los índi- 
ces de ambos volúmenes. El resto de la versión latina y de 
la corrección de pruebas tipográficas es trabajo de los Re- 
verendos Padres Fr. Andrés Naves y Fr. José Rodríguez, 
también Agustinianos Calzados„. Sunm citique. 

Bajo la dirección científica y literaria de los Padres 
Agustinos Cahados Fr. Andrés Naves y Fr. Celestino 
Fernándes- Villar. 

Tomo tercero.— Manila, ibid, 1879.— De 271 páginas de 
tex. y VI de índ. 

Tomo cuarto.— Manila, ibid, ISSO.— Fragmentos de al- 
gunas plantas de Filipinas no incluidas en la Flora de las 
islas déla primera ni de la segunda edición. Dispuestos, 
según el sistema Linneano, por el P. Fr. Antonio Llanos, 
Agustino Calsado. Añadidos con otros trabajos del autor, 



ESPAÑOLES, PORTUGUESES V AMERICANOS 361 

\' vertidos al latín, por el P. Fr. Celestino Ferndndes-Vi- 
llar, del misino Instituto. — Ensayo de una biografía del 
M. R. P. Fr. Antonio Llanos, por Fr. C. F. F.— Prólogo. 
Tex. de los Fragmentos de algunas plantas de Filipinas. 
(Hasta la p:\g. 97, en que se lee una adv^ertencia del Doctor 
M. P. Graels, fechada en Madrid á 20 de Mayo de 1858.)— 
Appendix sive tentamcn aliud novi snpplementi ad Fio- 
rain Insiilarum Philippinarnm. 

' Revisio aliqiiorni)igeneruin, qiur i)i Plora Insidarum 
Philippinaruní secundiv editionis coíitinentur. 

Con paginación distinta sigue: 

Libro de medicinas de esta tierra y declaraciones de 
las virtudes ife los árboles y platitas que están en estas 
Islas Filipinas, compuesto por el P. Predicador Fr. Ig- 
nacio de Mercado Filipense del Orden de San Agustín, 
Jii/'o del Convento de San Pablo de Manila. Corregido é 
ilustrado con las clasificaciones científicas por el P. Fr. Ce- 
lestino Fernández- Villar del mismo Instituto —Apuntes 
para servir á la biografía del P. Pr. Ignacio de Mercado, 
por /•>. C. F. W — índice que terníina en la pág. (r^.—Novis- 
sima Appendix ad Ploram PJiilippinarum R. P. Fr. Em- 
manuelis Blanco. Seu Enumeratio contracta plantarum 
philippenensii'.m liucusque cognitarum. Cum synonimiis 
PP. Blanco, Llanos, Mercado et aliorum auctoritm, auc- 
toribiis PP. Andrés Naves et Celestino Fernandez- Villar, 
Augustinianis.~Ma.ni\sc. Apud Plana et socios, Tipogra- 
phos et Bibliopolas mdccclxxx. — Proemio. — Xovissima Ap- 
pendix ad Floram Philippinarum R. P. Fr. Emmanuelis 
Blanco. Ordíjies Plantarum Dicotyledonearum auctore 
P. Fr. Celestino Fernandes- Villar. Comprende hasta la pá- 
gma 'IVl. — Or diñes Plantarum Monocotyledonearum et 
Acotyledonearum, auctore P. />. Andrea Naves. — In- 
dex novissimir appendicis cum synonimiis Blancoanis et 
Llanoanis qua- genus mutant.—HdstSL la pág. 356. 

— Novissimce Appendicis addenda et corrigenda, Fr. C. 
F. í'. — Prima editio Blancona cum secunda ct tertia con- 
cordata. — Censas generalis Novissimce Appendicis. — Lis- 
ta por orden de familias de las láminas cromo-litografia- 



362 • ESCRITORES AGUSTINOS 



das, que puede servir de clave para encitadernarla en dos 
volúmenes ó colocarlas en sus lugares respectivos. 

Termina el tomo: Casa-hacienda de Mandaloya 23 de 
Marzo de 1882.— Fr. Celestino Fernández-Villar. 

2. Mapa f^eneral de las ahnasgue administran los Pa- 
dres Agustinos Calcados en estas Islas Filipinas, con ex- 
presión de los Religiosos , Conventos , situación topográ- 
fica de los pueblos, industria de sus halntantes v años de 
su fundación. — Formado en IMj. 

(El corazón cubierto con el sombrero cardenalicio.' Ma- 
nila, imprenta de D. Miguel Sítnchez, 1^45. 

Van intercalados en el texto de este Mapa general lus 
mapas de los territorios siguientes: 

De Tondo. Batangas, Bulacan, Pampanga, Pangasinan, 
llocos, Cebú, lloilo. Capis, Antique y Panay. 

Los siete primeros, hasta el de llocos inclusive, fueron 
hechos el 1832. 

Llevan esta nota: Curante R. P. P\ tmmanuele Blanco. 
Jacobus de Arquiza/fc//. Los restantes fueron trabajados 
bajo la dirección del mismo Padre en is;;4 por Alejandro 
Sánchez. 

o. Manga dalit na tagalog al pagíulong su maniatay 
na tanong cristiano: quinatlia sa Orden ni S. Agustín at 
ipinalim'^ag ni P. br. Celestino, Mayordomo sa nasabing 
Orden. 

Con superior permiso. — .Manila, imp. de los Amigos del 
País, á cargo de Est. Plana jorva, l-SOd.-H.'' de 62 p. Pre- 
paración para la muerte, escrita en prosa y verso tagalos, 
y mandada publicar por el R. P. Celestino Mayordomo.) 

Manga dalit na tagalog at pag tutoní^ sa mamatay na 
tanog cristiano: quinatha ni P. Pr. Manuel Blanco, Ex- 
Provincial sa Orden ni S. Agustin, ipinalimhag ni Padre 
Fr. Celestino, Mayordomo sa nasabing Orden, at ipina- 
limhag nang panibao ni P. Fr. P\^lipe Bravo, Prior Pro- 
vincial. — 3.* edición.— Con superior permiso. — Manila, im- 
prenta de los .\migosdel País, calle de Anda. núm. 10, \S'^\. 
De 61 págs. en 24." 

4. Ang. mahusag na paraan nang pag-gamot sa man- 



ESPASOLHS', rORTUGUESES Y AMERICANOS 3Ó3 

ga may saqiiit ayon sa aral ni Tissot. Tinagalog nang 
isang Religioso sa Orden ni Si San Aíj^nstin. — Con supe- 
rior licencia. — 2.* impresión. —En la imprenta de Sampaloc, 
por D. Cayetano J. Etiriquez, año de 1831.— Sin nombre del 
autor. De xxxvi-506págs.. más la tabla. 

En el prólogo al lector, dando cuenta de los motivos que 
le habían inducido íÍ la traducción de esta obra, dice: 

"Al traducir al tagalog esta obra, no me he propuesto 
otro ñn sino poder socorrer de algún modo A los indios en- 
fermos, á quienes, por razón de mi oficio, he visto muchas 
veces en el más triste abandono„. 

En la traducción de esta obra procuró acomodarse de tal 
modo Á las costumbres del país y á la poca capacidad de 
los indígenas, qué en lugar de muchas de las medicinas de 
Tissot, que los indios no podían adquirir, aconsejó otras 
propias del país y fáciles de hallar con tal acierto, y llenan- 
do la obra de tantas observaciones nuevas, ya de otros, ya 
propias, que, más bien que traducción, se puede llamar obra 
nueva, escrita en tagalog elegante, y que merece llamar la 
atención de los sabios. 

—Ang mahusay na pavaan uag pag-gamot sa nianga- 
ntaysaquit ayon su aval ni Tissot. Tinagalog , hinnsay at 
dinagdagan nang M. R. I\ /•>. Manuel Blanco, Expro- 
vincial sa orden ni San Agiistin; at ngayo, i, ipinalilim- 
bag na panibago nang M. R. P. Fr. Felipe Bravo, casa- 
loccoyang Provincial sa natiirang orden. — .Manila, 1884, 
imprenta de los Amigos del País.— 8. '^ de 491! páginas. 

5. Ang cristianong nagliihiñgalo ó ang mabiiting pag 
tiilong sa calolona nang mamatay na taño nang maca- 
pagcamit nang magandang caniatayan catha nang Muy 
R. P. Exprovincial Fr. Manuel Blanco sa Orden ni San 
Agusti}i. Icalimang pagpalimbag. — Tambobong. — Pe- 
queña Imprenta del Asilo de Huérfanos, 1890.— De 48 pá- 
ginas 12.° 

6. Ang di mahalagahang libro nang confesión at co- 
munión ar al baga na icagagayang nang cristiano sa pag- 
cocompisal at paquiquinahang quimatha nang M. R. Pa- 
dre Fr. Manuel Blanco sa orden ni S. Agustín. — Sexta 



364 ESCRITORES AGUSTINOS 



edición.— Guadalupe, Pequeña Imprenta del As^lo de Huér- 
fanos, 1888. 

— Confesión y comunión , ó sea método para disponerse 
el cristiano á recibir dignamente los Sacramentos de la 
Confesión y Comunión , con muchas meditaciones piado- 
sas , propias para el objeto. 

Esta es la última obra que publicó el P. Blanco, y que 
legó á los indios como último testimonio de su ferviente ca- 
ridad, pues aun en los postreros instantes de su vida no cesó 
de trabajar para facilitarles el camino que conduce á la 
eterna bienaventuranza. 

BLANCO (Fr. Ger.akdo) C. 

Nació en 20 de Septiembre de 18;)2, en Rioseco de la pro- 
vincia de Valladolid, y profesó en este Colegio el 27 de Ene- 
ro de 1880. Pasó á Filipinas el 1884. 

Publicó en La Voz de España una serie de artículos li- 
terarios contra un periodista de Manila, bajo el pseudónimo 
de fr. Gerundio. 

2. A. S. As^ustin. Himno por el 1\ Pelipe Dal3ofiore, 
Agustino. Composición poética traducida del italiano y 
publicada en el vol. 8." de la Rev. Agust. 

BLANCO (Fr. Mauricio) C. 

Nació en Pefiaflor, de la provincia de Valladolid, el 22 de 
Septiembre de 1840. y profesó on este Colegio el 18%. Pasó 
á Filipinas el 1871. 

Escribió: 

1. Sermones y platicas en cspatlol, tradt^cidos por otro 
autor al idioma bisaya-panayano. 

Un tomo 4." M. S-, que regularmente verá luego la luz 
pública. 

2. Sermones varios en espaflol. — ün tomo 4." M. S. 

3. Sermones en bisaya-panayano.— Un tomo -I .^^ M. S. 

4. Memoria sobre los servicios político-sociales presta- 
dos por las Órdenes religiosas al Gobierno español en el 
Archipiélago Filipino, M. S. 

Proyecta publicar pronto una Colección completa de 



EbPA Roles, portugueses y americanos 365 



sermones en visaya-panayano. Tiene ya la obra muy ade- 
lantada. 

BLANCO GARCÍA (Fr. Francisco) C. 

Nació en Astorga el 3 de Diciembre de 1864, y profesó en 
el Colegio de Valladolid el 7 de Diciembre de 1880. Tiene 
terminada con gran lucimiento la carrera de Letras, y desde 
la edad de veintitrc^s años viene dedicándose con grandísimo 
fruto al Profesorado en los Colegios de Alfonso XII y Ma- 
ría Cristina del Escorial. Sq clarísimo entendimiento, unido 
á tenaz y felicísima memoria, junto con una laboriosidad 
constante, iniciada en los primeros afios de su carrera ecle- 
siílstica, le han colocado á la altura délos primeros críticos 
literarios de nuestra España, como lo demuestra evidente- 
mente la obra que luego citaremos, y juicios emitidos por 
eminencias en este ramo del saber. hncu(íntrase al presente 
ejerciendo el cargo de Profesor en el Colegio de María Cris- 
tina del Escorial, y bajo su acertada dirección se publica 
bace ya dos años nuestra Revista La CiroAD de Dios. 

Tiene publicado en prosa: 

1. Sor Juana Inés de la O/zr. — Artículos publicados en 
la Revista Agustiniana, vols. iv y \ . 

2. La Reforma particular de la Orden Carmelitana^ 
llevada á caho por Santa Teresa de Jesi'is, comparada con 
la falsa Reforma de Liz/rrí).— Disertación histórica pre- 
miada en el Certamen Teresiano de Salamanca. Se publicó 
en los vols. vi, vii y viii de la Rev. Agnst. 

A. Vindicación y semblanza de Bonifacio VIH. — Estu- 
dio histórico publicado en los vols. x y xi de la Rev. Agitst. 

4. San Agustín y su época. —Rev. Agust., vol. xiii. 

5. Lo que puede y debe ser el Centenario de Fr. Luis de 
León.— La Ciudad de Dios, vol. xxi. 

6. Una novela y un drama.— En el mismo volumen de la 
citada Revista. 

7. Reflexiones acerca de ¡o sublime. — Artículos de Esté- 
tica publicados en los vols. xxii y xxin de La Ciudad de 
Dios. 

8. Discurso pronunciado con motivo de la solemne aper- 



366 ESCRITORES AGUSTINOS, 

tura del curso académico de 1890-91 en el Real Coles^io 
del Escorial. — La Ciudad de Dios, vol. xxiii. Publicado en 
folleto aparte (4.'', de 44 páginas. Madrid, imprenta de la viu- 
da de Hernando. 1890), y también á' continuación de otro 
discurso pronunciado un año antes jv.en ocasión análof^a 
por el P, Teodoro Rodríguez. Ambos Jlevan por título ge- 
neral Las ciencias y las letras en la segunda enseñanza. 
O. La Literatura espaflola en el siglo XIX, por el Pa- 
dre Francisco Blanco García. Agustino, Profesor en el 
Real Colegio del Escorial. — Parte prijnera. — Con las li- 
cencias necesarias. — Madrid. Sdcns de Jubera hermanos, 
editores, Campontanes, 10. W^X.—Impr. de Aguado.— 4°, 
de XV -443 páginas. 

—Parte segunda— Impv. en el mismo lugar y año. — 4.", 
de 636 págs. 

—Parte tercera.— Las Literaturas regionales y la Uis- 
pano-americana. — Madrid, IS^X) — 4.**, de 4()3 páginas.— Un 
buen número de capítulos de estíi obra se publicaron antici- 
padamente en La Ciudad dk Dios: en el volumen xv, Zorri- 
lla y El Duque de Rivas; en el xix. La poesía filosófica y 
social , Tassara y Rui 3 .Aguilera ; en el xxi, El romanticis- 
mo en la poesía lírica. Espronceda,.etc.; en el xxiv. Laño 
vela histórica en España ; er\ ^\ \\\\ Prólogo, traducto- 
res é imitadores de Heine y La poesítj. filosófica, Cam- 
poamor; en el xxvi. Prosa ligera y JLa jiovcla contempo- 
ránea, Valer a; en el .\x\ii , Idea general de la Literatura 
española en el siglo XIX. Los distintos estudios que com- 
ponen el tomo III se han insertado íntegros en nuestra Re- 
vista desde el vol. xxviii hasta el xxxix. 

Entre los innumerables artículos que se han consagrado 
á la Literatura española en el siglo XIX citaremos algunos 
de los más autorizados. Apenas salió á;luz el tomo i, decía 
entre otras cosas el eminente escritor D. Juan Ñutiera, en El 
Heraldo de Madrid (9 de junio de 1891): "En el autor, aun- 
que muy joven ;iún, se descubren prendas y condiciones que 
le hacen apto para tan difícil empresa. Su lenguaje es co- 
rrecto, natural y castizo; su estilo fácil, ¿mimado y sobrio, 
y su juicio imparcial y sereno. Nótase, ,adcin.\s, que el Pa- 



ESPAÑOLES, l'OKTUGUESES Y AMERICANOS 367 

dre ha estudiado con amor su asunto y leconoccy penetra, 
para lo cual le vale, d par de su despejado entendimiento y 
de su exquisito buen gusto, su mucho saber de las antiguas 
literaturas clásicas y de las de todas las naciones de la 
Europa moderna; saber de que no hace alarde, pero que 
deja entrever y adivinar cuando viene á propósito, sin el me- 
nor asomo de impertinencia ó pedantería^. En la Revista 
Ilustrada de Nueva N'ork (Marzo de 1B92) se publicó una 
carta, acompañada del retrato del P. Blanco García, en la 
que el Sr. Valera juzga amplia y encomiásticamente el se- 
gimdo tomo de La Literatura española en el sifclo XIX. 

Dofia Emilia Pardo Bazán consagró á la misma obra un 
largo estudio, inserto en su Xuevo Teatro Crítico (Marzo y 
Abril de 1892), y del que entresacamos el siguiente párrafo: 
"Lo que urge es encarecer como se merece el. estilo fácil, 
grato, ya elevado, ya sencillo, á veces elocuente, y en gene- 
ral adecuado y propio, que distingue al P. Blanco. Selecto 
sin afectación en el lenguaje, suelto y desembarazado en la 
construcción, limpio de dengues de purista como de adoce- 
nados vulgarismos, el l^adre habla claro, adjetiva felizmente 
y ahorra al lector la fatiga que causa, ya la excesiva se- 
quedad, ya el ridículo alambicamiento, ya. la recargada 
pompa del discurso. Es un estilo que se caracteriza, antes 
que por la personalidad, por el equilibrioy la ca.nveniencia. 
Kara vez un autor se ha formado su estilo peculiar é incon- 
fundible á los años del Padre, y sin mucho golpear en el 
yunque. Para historiar las letras, el estilo se ha de tomar 
como medio subordinado, no como objeto, principal , y me- 
nos como fin último. Esto hace el Padre, y .hace muy sabia- 
mente„. 

El reputado crítico que firma con el pseudónimo Zeda 
escribía en La Época (.31 de Agosto de 1891): "Es, en resu- 
men, el libro del P. Blanco una de las obras más interesan- 
tes y mejor escritas de cuantas recientemente se han publi- 
cado en España, y más acreedora, ciertamente, al aplauso 
de las personas cultas que otras muchas. .para. cuyo elogio 
se han agotado todas las exageraciojies.del. ditirambo^. En 
igual criterio está inspirado otro artículo, qu.e..el mismo au- 



368 ESCRITORES AGUSTINOS 



tor publicó después en La Época (29 de Febrero de lsQ2). 

D. Enrique Buxaderas, en La Vangitardia (24 de Julio 
de 1891), D. Francisco Miquel y Badía en el Diario de Bar- 
celona ( 18 y 25 de Noviembre de 1891), y muchos escritores, 
elogiaron también la obra del P. Blanco García, así por su 
fondo como por su forma. 

Entre los juicios que mereció en el extranjero, basta 
mencionar el de la célebre revista írancesa. PoIybihlwN . que 
se insertó traducido en La Ciudad de Dios (voI. xxxi. p.1íí¡- 
nas 370-72). 

10. Los Ají^nsíñios en .Innh'ica dura)ite el siglo X 1 7. 
Artíc. publ. en la revista El Cent otario y reproducido en 
La Ciudad de Dios (vol. xxxix). 

11. Discurso pronunciado en la Academia de la Jjiven- 
tud Católica de Barcelona el día 23 de Abril de IS'^KS.— 
La Ciudad de Dios (vol. xxxi).— Antes lo dieron á conocer 
varias publicaciones de Cataluña. 

12. Lumen in ailo.—Xn. publ. en El Día, en La Civdad 
de Dios (vol. xxxvi), etc. 

13. Penas arriba.— ArUcu\o sobre la novela de este tí- 
tulo.- La Ciudad de Dios (vol. xxxvi). 

Por encardo de la casa Montaner y Simón, de Barcelona, 
ha coleccionado últimamente el P. Blanco un tomo de poe- 
sías castellanas de los siglos xvi y xvii, que no tardará en 
salir í\ luz. En la actualidad prepara otra obra sobre la y/da 
y escritos de Fr. Luis de León. 

En verso: 

14. La violeta.— l^oesiíi de Dubós, traducida del francés. 
Vol VI de la Nev. Agust. 

15. En la muerte de mi madre.— Vo\. ix de la Revista 
Agustiniana- Rcpro^MCxási en varios periódicos y revis- 
tas, y últimamente en hoja suelta, con modificaciones del 
autor. 

1(). El Profeta de una edad. — Rev. Agust., vol. \;.:. 

17. El artista ciego.— Rev. Agust., vol. xi\. — Reprodu- 
cida en La Ilustración Católica. 

18. El laurel de Cernióla.— Drama en un acto y en ver- 
so..., estrenado el 4 de Marzo de 1889 en el Real Colegio 



ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 369 

del Escorial.— Madrid , Librería Católica de Gregorio del 
Amo , impr. de Dubridl, 1889.— 16.'', de 32 páginas. 

19. A la Crus. — Vol. xxii de La Ciudad de Dios. 

20. A Némesis. — Traducción de Lamartine, publicada en 
el extraordinario de Año Nuevo del periódico El Día (IB^H), 
en La Ciudad de Dios (vol. xxxiii), y en otros diarios y re- 
vistas, españoles y americanos. 

21. La dicha y la esperanza. —Sonetos. —En La Ciudad 
de Dios (vol. xxxin), La Ilustración Nacional , etc. 

22. A Jesús crucificado.-'Soneto.—'En el número extra- 
ordinario de Semana Santa publicado por La Unión Cató- 
lica (1H94), y en otros periódicos. 

f R. ^ONIFACIO /^ORAL, 

Aguttiniano. 
(St eontinuará. ) 




24 




Sil* 




Í8'«í»*eí»^'eí»'^^|?>a 



■ «^í^i^ ■''■'«jS^'ep^.^í^ji 



Revista Canónica 




orechos de indemnización. -Cierto individuo, que había per- 
tenecido .1 los l'remohtrateiises de 1-rancia , despedido de su 
Orden por causas legítimas, y declaradas nulas sus dos pro- 
le.iioncs por rescripto de la Sagrada Congregación expedido en julio 
de 18^5, acudió A la Santa Sede, .1 últimos del mismo año. solicitando 
que se le reparasen los muchos perjuicios sufridos durante los siete 
años que permaneció en la Religión. 

Fundaba su ruego: I.", en el hecho de haber contraído enferme- 
dades, originadas por las indiscreciones del Superior, y de las cua- 
les, por consiguiente, debía salir responsable la Orden; 2.", en los 
graves dallos que, al ser despedido, le sobrevinieron, llegando su 
desamparo al extremo de faltarle el necesario sustento. 

El actor, con el objeto de llegar A una conciliación amigable, diri- 
gió una exposición detallada al Arzobispo de Aix , en la que, después 
de referir la historia de su caso y consignar el objeto de sus recla- 
maciones, propone que el asunto se ponga en manos de arbitros, los 
cuales deberían resolver las cuestiones siguientes: 

/ Tiene el Rr/tffioso del caso derecha d una indenin¡'j:ación.^ 
Et qualoms a//irniatii>e : / (fué cantidad dctrrniinada debe re- 
cibir ? 

El Arzobispo de Aix no le dio contestación ninguna; y como tam- 
poco lograse nada del Cardenal Bourret, A quien había expuesto su 
situación, vióse obligado á someter su causa al íallo de la Sagrada 
Congregación en los siguientes términos: 

Ma ditnission de rOrdrc in casu me donnc-l-elle droit á une in- 
dewnitó? 

Defiende la respuesta afirmativa, en atenció:i á que de su expul- 



REVISTA CANÓNICA 371 



sión se le han originado males gravísimos, de los cuales, A su juicio, 
debe ser responsable la Corporación de los Premostratenses, por 
las numerosas injusticias que con él se cometieron, y cuyo resultado 
fué su salida de la Orden. Aparte de las diferentes pruebas que adu- 
ce para evidenciar que quienes motivaron la nulidad de sus dos pro- 
fesiones fueron sus Superiores legítimos, los cuales, usando trámi- 
tes anticanónicos, dieron origen é hicieron fácil una expulsión igno- 
miniosa, dice que, por compromisos de la Congregación, hubo de 
trasladarse á Inglaterra, en donde contrajo una enfermedad, á cau- 
sa de las humedades y fríos del país. Añade que, durante aquellos 
siete años, pudo haber adquirido una regular posición entre el Clero 
secular, y que en la Orden, efecto de un engaño indecoroso, cons- 
ciente ó inconsciente, los Superiores se aprovecharon de su activi- 
dad, para después despedirle tan bruscamente, creándole con ello 
una situación dolorosa y gravemente comprometida. 

Por el contrario, el Procurador general de los Premostratenses 
delicnde que su Congregación no está obligada al resarcimiento de 
ninguno de los daños que el Religioso despedido alega haber experi- 
mentado: 1.", porque la permanencia del citado Religioso en Inglate- 
rra no duró más que cuatro meses en verano; de manera que no hay 
fundamento para atribuirla enfermedad padecida por el ex Religioso 
á la humedad y trío del clima; pues, además de la circunstancia del 
tiempo, -le lavorecían la situación y las condiciones del Monasterio; 
'J.**, porque el trasladarse á aquella isla fué, más que por obediencia, 
por cleccitjn propia y por prescripción facultativa. Además, los per- 
juicios que sobre él han recaído son debidos á culpa suya y no de lá 
Congregación; porque ni la enfermedad ni la nulidad de la profesión 
influyeron para despedirle de la Orden, sino que la verdadera causa 
estuvo en su imperdonable rebeldía y manifiesta contumacia contra 
los Superiores legítimos. Sin esto, la misma Congregación hubiera 
solicitado que se revalidaran los actos anticanónicos, y el Religioso 
habría permanecido en la Orden; pero la conducta de éste dejaba 
mucho que desear en lo que á obediencia y pobreza se refiere. 

Omitiendo otras razones, que se propusieron por ambas partes á 
la Sagrada Congregación en Enero último, y que creemos inútil ex- 
poner circunstanciadamente, la solución de la duda fué como sigue: 
Diibium. — Utruní ct qitomodo locus sit refectioni damnorum in 
casu.' Resp. — Xegntive in ómnibus. 



Sobre altares privilegiados.— Bajo este epígrafe nos proponemos 
esclarecer una cuestión que, si como todos las demás referentes á 
ía misma materia, depende del tenor del privilegio, se ha prestado 
no obstante á interpretaciones distintas y apreciaciones contradicto- 



372 REVISTA CANÓNICA 



rías; lo que equivale á decir que no es fácil la solución, ateniéndo- 
nos sólo á la forma en que se concede el privilegio. ¿Pueden sepa- 
rarse la Misa y la Indulgencia del altar privilegiado? Ó en otros tér- 
minos: ;Tiene valor la indulgencia plenaria en sufragio de un alma 
del Purgatorio cuando no se aplica la Misa por la misma? 

Debemos advertir, ante todo, que la aplicación de la Misa y la de 
la Indulgencia se distinguen realmente y pueden referirse A objeto- 
distinto. De ordinario no se puede aplicar el privilegio personal y 
local á muchas almas; de modo que, en una Misa aplicada por varios 
difuntos, es necesario que la Indulgencia se limite .1 uno de ellos (1): 
mas no siempre se ha tenido por cosa cierta que la aplicación de la 
indulgencia aneja al altar privilegiado deba referirse necesaria- 
mente Á la misma alma por quien se aplicaba la Misa. Craisson (Ma- 
nuíilc Jun's canouici, nüm. 3.540) cita un Decreto de la Sagrada 
Congregación de 31 de Enero de 1H48, y dice que puede ser indepen- 
diente ó distinta una y otra aplicación , siempre que la concesión del 
privilegio no diga lo contrario. Bucceroni {Enchindion.núm. 1 .089} 
cita el mismo Decreto de 1848, cuya doctrina, expuesta por el teólogo 
consultor, puede resumirse en los puntos siguientes: 

1." El Sacrificio (2; y la Indulgencia del altar privilegiado no pue- 
den dividirse, sino que deben aplicarse por un mismo difunto, cuanda 
dice el privilegio qui pro dcfimcto Missaní iti tali Allari dixerit, 
liberat atuniam ejus. 

2° i\o pueden separarse tampoco, cuando la fundación ó el que 
dio el estipendio exigen la Misa en altar privilegiado. 

3.*^ F*ueden separarse, cuando en el Indulto no se lee: />;•'> tic- 
Juncíts. 

4." Pueden también separarse cuando el Sacerdote tiene encar- 
gada la celebración del Sacrificio en un altar no privilegiado, y 
siempre que el altar en que se celebra no exija para ganar la Indul- 
gencia la aplicación de la Misa. 

De donde resulta que, por regla general, la aplicación de la Misa 
y la de la Indulgencia no van mutuamente unidas, si el altar ó el 
que dio el estipendio no exigen otra cosa. 

Hoy, no obstante, ha prevalecido la opinión de que no pueden di- 



(i) II. Num apud Trapenses in Missa, quae qitotidit celebmlur pro phiribus <fra- 
tribui scilicet et beuefactoribus) indulgentia altaris ad unam ex his limitetur . 

III. Num priviltgium inulilt evauril , ex to quod uni ex iis determinalae animae 
non consueverit applicari. 

Resp.: Ad II, Affirmative. Ad III, Xtgativt. ig Junii 1880. — {Acia S. Sot- 
áis XIII, 134.) 

(2) Decreta autlienlica Sacrne Congregationii Indulgeiiliis Sacrisque Rtliqtiiit 
praepositae , ab auno 1668 ad annum 1882, edita jusu et auctoritate Sanctisiimi D. .V. 
Leonis PP. XIII, Ratisbonae. etc., Typis Fnderici Puntet, 1883. 



REVISTA CANÓNICA 373 



vidirse (1) la aplicación de la Misa y la de la Indulgencia, por las 
razones que insertamos á continuación: 

1.-' Las resoluciones antes citadas se refieren á una duda especu- 
lativa y no se limitan A la Indulgencia de altar privilejíiado. 

2.* Aunque los frutos de la Misa y los de la Indulgencia sean por 
sí separables, puesto que reconocen origen distinto; sin embargo, 
dependiendo de la intención de la Iglesia la unión ó separación de 
los mismos, y siendo evidente é indudable que, según las concesiones 
•ó privilegios que el Romano Pontífice concede, es tal la naturaleza 
del altar privilegiado, que no puede aplicarse la Indulgencia sino al 
difunto por quien se celebra el Santo Sacrificio, se sigue legítima- 
mente: 1.° Que, aun dado caso que el indulto ó privilegio no diga que 
se aplique la Misa por el mismo difunto, no puede, sin embargo, cele- 
brarse por el alma de otro, si se ha de ganar la Indulgencia. 'J." Que 
«1 Sacerdote, al celebrar en altar privilegiado, si aplica la Misa por 
solos vivos, no puede aplicar la Indulgencia; y esto consta por el 
Decreto del Santo Oficio (S Julio 1846). 

Que la Iglesia, en los privilegios que ordinariamente concede, ha- 
bló siempre en este sentido, lo prueban el P. Teodoro del Rspiritu 
Santo (De Induliícntiis). y el P. Beringer (Les indiil^ences), que se 
apoyan en el siguiente Üecreto: 

f'lrum ln(inlgentiii plenaria altaris priiilcgiati pcrsonalis 1.° 
debent a Sacerdote qui acíunt caritatis emisit , applicnri anitme, pro 
<iuu Missam celebrat? Aut 2P possit applicari pro libito cuivis de- 
fiiucto? Resp. Ad primaui partem Afjirmative: hoc enim modo pri- 
vilcgiuyti altaris concrditur á Sunini) Poutifice.—Ad secmidain... 
provisu}n in rcsponsionc ad partem primim.—19 de Diciembre 
de lSS5.—(Acta S. Swdis, xviii, .j'37.) 

Para mayor confirmación de la doctrina que de la respuesta pre- 
inserta han deducido los canonistas contemporáneos á que antes hi- 
•cimos referencia, creemos conveniente advertir que, aun prescin- 
diendo de que la aplicación de la indulgencia se haga inmediatamen- 
te por la Iglesia ó por el Sacerdote, es cierto de todas maneras que 
se trata de un acto potestativo de la Iglesia, á cuya voluntad signifi- 
cada en el privilegio tiene que obedecer ineludiblemente la resolu- 
ción del caso; }• siendo susceptibles de explicación las diferentes de- 
cisiones que se citan en contra, y muy conformes con la práctica uni- 
versalmente observada las que niegan que la Indulgencia del altar 
pueda aplicarse á otro queá aquel por quien se aplica la Misa, sigúe- 
se que la doctrina de los autores citados es la más probable y fun- 
dada. La declaración hecha por la Congregación de Indulgencias 
en 1S48 puede explicarse diciendo que se trataba de una pregunta es- 



(i) B. Melata, Analecta EccUsiastica, Febrero de 1895. 



374 REVISTA CANÓNICA 



peculativa, y á la cual tenía que conformarse indudablemente la res- 
puesta. 

Al resolver si puede aplicarse á un alma la Misa y á otra la Indul- 
gencia cuando se pide una Misa en altar privilegiado, hay que hacer 
una distinción; pues, dependiendo de la intención de la Iglesia el con- 
ceder la Indulgencia, si ésta, según el privilegio, va adherida á la ce- 
lebración del Sacrificio y no á la aplicación del mismo, podrán uno y 
otro separarse, y en tal sentido se explica fácilmente la declaración 
hecha en 1848; lo cual no quiere decir que en la práctica no pueda se- 
guirse distinta optMióti, puesío que referentes á ella, y en su confirma- 
ción, podemos citar definiciones más claras, y que atañen perfecta- 
mente á la práctica, como de hecho las tenemos, y son, entre otras, la 
emanada del Santo Oficio en 8 de Julio de 1846 (1) y la de la Congre- 
gación de Indulgencias de U> de Diciembre de 1885, que antes ha sido 
citada. Según esto, podemos fundadamente concluir que, ateniéndo- 
nos á la disciplina vigente y sin necesidad de acudir á los términos 
en que el privilegio está concebido, la aplicación de la Misa y la de 
la Indulgencia son inseparables. 



(i ) S. C. S. O/ficii i yuta 1846. — Lorsquun pritrt dit la mesa pour un vivant á 
un autel privilegié, pettt il appliquer Vindulgence a un ame du purgatoirt, quoi q'uil ne 
lui applique pas It principal fruit de la Messt P 

R. Ntgative, et dtntur Decreta seu Constitutiones Apostólica Summorum Ponliji- 
cum Alexandri VII (22 Ncv. 1662 et 21 yan. 1667/. Clementis IX 'V.n, 1112 1 et 
Innoccntii XI prusertim, qui suorum pradecesorum doctrinas confirmans declaravit in 
Brtvi sub dit 4 Maji 168H promúlgate : Quandocumque sacerdos aliquis Missaní pro 
anima quct Dea in chántate conjuncta ab hac vita migraverit ad praedictum altare ct- 
lebrnverit, anima ipsa de thesauro Ecclesiae per modum suffragii Indulgentiam impe- 
tra bit. 

fR. ^ENITO J?. pONZAKfcZ, 
O. S. A. 




.»J^ 



CRÓNICA GENERAL 



FCXTRANTKRO 




OMA. — Con la solemnidad de costumbre se ha verificado la 
creación de varios Cardenales en el Consistorio celebrado 
11 en el Palacio del Vaticano bajo la presidencia de Su Santi- 
dad León XIII: al mismo tiempo también han sido preconizados nu- 
merosos Arzobispos y Obispos, entre los cuales, en su mayor parte 
italianos, figuran el Sr. Caparros y López, Arcipreste de la Catedral 
de Madrid, designado para la Sede episcopal de Sigiienza, y el actual 
Sr. Obispo de Menorca, para la de Teruel. En la sesión solemne, el 
Papa impuso el capelo cardenalicio, entre otros muchos, al Arzobis- 
po de N'alladolid, Sr. Cascajares, y al Obispo de Urgel, Sr. Casañas, 
asignándoles al primero la iglesia presbiterial de San Bartolomé 
y al segundo la de San Quirico. Dichos Sres. Cardenales españoles 
han recibido en el Palacio de la Embajada española, donde tenían su 
alojamiento, las visitas y felicitaciones del Cuerpo diplomático ex- 
tranjero. Prelados, patricios romanos y todas las notabilidades de la 
colonia española residentes en la capital del mundo católico. El se- 
ñor Merry del Val ha hecho los honores de la casa, y sus ilustres 
huéspedes se han mostrado verdaderamente conmovidos por las se- 
ñaladas muestras de distinción, afecto y respeto de que han venido 
disfrutando por espacio de muchos días. 

—En el texto oficial de la alocución pronunciada por Su Santidad en 
el Consistorio Secreto el 22 de Junio último se contienen marcadas 
alusiones al gran problema de la tan deseada Encíclica. Dice así: "Ve- 
nerables hermanos: Antes de proveer, como es nuestro deber, las 



376 CRÓNICA GIíNERAL 



vacantes de las Sillas episcopales de vuestro eminente Colegio, Nos 
vamos á dirigiros algunas palabras de los deseos que hemos empren- 
dido y que responden especialmente Á los intereses del nombre cris- 
tiano. Los cuidados maternales de la Iglesia no han dejado nunca de 
llamar é invitar á aquellos que el error del espíritu y la desunión 
de corazones ha arrancado funestamente de su seno. Estos últimos 
años, gracias á las circunstancias favorables que no desconocéis, ha 
sucedido que la solicitud de la Iglesia se ha manifestado con más ca- 
lor todavía. Hilas son las que dan los frutos deseados, sostienen el 
espíritu y estimulan la actividad en favor del deseo allí donde se agi- 
ta, y entre tanto, en medio de pueblos separados de N'ós, se ven acen- 
tuar indicios palpables de su propensión á mirar la Iglesia con sim- 
patía, pues que vuelven sus miradas hacia esta Cátedra de San Pedro 
con deseo de renovar la antigua unión. Y como Nos aguardamos 
gran premio delante de Dios, Nos desearíamos vivamente, después 
de lo que ya hemos emprendido y ejecutado sobre la impulsión de la 
caridad apostólica, poder contribuir con la enseñanza y el ejemplo y 
con abundantes razones á aquellos que buscan el reino de Cristo en 
la verdad. Y, puesto que el principio y el fundamento de la doctrina 
cristiana está sostenido en el conocimiento exacto de la Iglesia, Nos 
tenemos resuelto poner de relieve la imagen y la forma de la Iglesia 
según corresponde á su divina constitución, examinando sobre todo 
su carácter de unidad, de donde está la divina marca en toda su evi- 
dencia. Así. pues, si se considera la Iglesia tal como su Divino Autor 
la ha creado y confiado á sus Apóstoles; como los Santos Padres y los 
Doctores, así en Oriente como en Occidente, la han sostenido conti- 
nuamente; en una palabra, tal como la manifiestan los monumentos 
más antiguos, se demuestra que los disidentes quieren la luz y se es- 
timulan para buscar la unidad. Nos hacemos cumplir sinceramente 
este deseo por las Cartas Encíclicas de todos los Obispos, y Nos de- 
seamos colocar este documento bajo los auspicios de los bienaventu- 
rados Pedro y Pablo, Príncipes de los Apóstoles, quienes por sus en- 
señanzas, sus trabajos y su sangre consagraron tan gloriosamente 
los comienzos de la Iglesia única, Esposa de Cristo„. 

—La visita hecha por una gran parte de los marinos de la Escua- 
dra británica del Mediterráneo al Padre común de los fieles consti- 
tuye, al decir de un diario de la corte, un acontecimiento de gran im- 
portancia. "-El Almirante Seymour había indicado á Su Santidad el 
Papa León XIII el deseo que tenían los marineros católicos de su Ilo- 
ta de ofrecer sus homenajes respetuosos al Pontífice, é inmediata- 
mente el Papa, no sólo condescendió á este deseo, sino que se ofre- 
ció á decir la Misa en obsequio de los marineros de la Gran Bretaña, 
permitiendo bondadosamente que pudieran asistirá ella los jefes y 
oficiales protestantes que tuvieran verdadero empeño en presentar- 
se en el X'aticano. Tan hermosa ceremonia se celebró en la Gipilla 



CRÓNICA GENERAL 377 



Sixtina, adornada con trofeos pontificios j-- británicos y tapices de 
Rafael representando la Asunción y la Madonna del Rosario. Junto 
al Círculo de la Juventud Católica de San Pedro, siempre pronto á 
hacer los honores de la Roma Pontificia á los peregrinos, se había or- 
ganizado otro Comité, del cual formaban parte el Duque de Norfolk, 
Lord Dupon, el Marqués de Bute y otros magnates ingleses católicos, 
que quisieron contribuir á la recepción de los católicos ingleses. Se 
puso .1 su disposición un tren especial, vistiendo la marinería el uni- 
forme de gala, y llevando al frente sus distinguidos oficiales. Llega- 
ron ayer muy de mañana, en número que se aproximaba ú. cuatro- 
cientos, á la estación de Trastevere, donde los esperaban, entre otras 
muchas personas, para ofrecerles un ///;/í:/7 el Presidente del Círculo 
de San Pedro, el Prelado, Príncipe y jesuíta Máximo, futuro Carde- 
nal, el Príncipe Lanceloiii, el Rector de la iglesia y Colegio Irlandés 
de San Patricio, y un hermano del Gobernador inglés de la isla de Mal- 
ta, que trazó el programa de la jornada. En el Vaticano les recibieron 
Monseñor O'Connor. Prelado de Inglaterra, y Monseñor Merry del 
\'al, Camarero secreto de Su Santidad é hijo de la Hmbajadora de 
Hspaña. que pasó, como es sabido, su primera juventud en Inglaterra. 
Atravesando esta vistosa comitiva gran parte de la Ciudad Eterna, 
entró por la puerta de bronce en el gran pórtico del Vaticano, donde 
esperaban .1 los ingleses igualmente Comisiones del Círculo de San 
Pedro ; los alumnos de los Colegios Irlandés, Inglés, Americano y Es- 
cocés, con la Guardia suiza, A cuyo lado formaron los marinos. Los 
gendarmes pontificios y la Guardia palatina estaban en la sala regia, 
haciendo los honores en la Sixtina y en el séquito del Pontífice los 
guardias nobles. Algunos centenares de privilegiados, especialmen- 
te damas del alto Patriciado romano, de la colonia inglesa y de escla- 
recidos nombres extranjeros figuraban en la Sixtina al lado de mo- 
destos peregrinos de Padua y de la República de Venezuela, habien- 
do tenido el Santo Padre el feliz pensamiento de unir en aquel lugar 
de concordia á dos pueblos que recientemente han tenido diferencias 
-internacionales. 

Antes de las nueve apareció León XIII en la silla gestatoria, vis- 
tiendo completamente de blanco, con excepción de su mantelina es- 
carlata, guarnecida de armiño, y del solideo color de rosa pálido, 
que cubría la venerable cabeza del Pontífice. El cántico Tu es Pe' 
/r;/s , entonado por la incomparable Capilla que dirige el maestro 
Mustafá, saludó la aparición del Papa, ante el cual se postróla falan- 
ge de marineros ingleses con demostraciones del respeto más pro- 
fundo. Todo se había dispuesto de manera admirable en la Capilla 
Sixtina: la oficialidad de Marina; los soldados, que conservaban la 
admirable disciplina é imperturbabilidad británicas; las tribunas de 
las damas; la destinada á los Caballeros de la Orden de Malta; la 
Guardia Noble, al mando de los exentus Marqueses Sacchetti, Ser- 



378 CRÓNICA GENERAL 



lupi y conde Solicardi; los Prelados y camareros de servicio con 
toda la alta Cámara Pontificia, y los cantores de la Capilla Sixtina, 
que ejecutaron de modo admirable las m.1s escogidas producciones 
de Palestrina, con el S«//í/ayís y el Bcucdictus de Musiafá. A la 
elevación, el son de las trompas angélicas aumentó el efecto de tan 
sublime ceremonia. 

Con precisión admirable, á la voz de mando de sus jefes, toda 
aquella legión de marinos, muchos jóvenes, otros ya curtidos en las 
fatigas del mar, se arrodillaron como movidos por un resorte, mos- 
trando sus rostros.la devoción más profunda. Fra un espectáculo que 
conmovió, no sólo á los católicos, sino á muchos protestantes, espe- 
cialmente A los oficiales que han querido asistir al acto. El Papa ter- 
minó su Misa, que duró casi una hora, y que celebró'sin la menor fa- 
tiga, escuchando después la que, en acción de gracias, ofició Monse- 
ñor Mazzolini , para dar, después de algunos minutos de descanso, la 
solemne Bendición Apostólica á los marinos , que la reciben arrodi- 
llados y profundamente conmovidos. Después, el Padre común de 
los fieles dio á besar su mano á todos los oficiales , guardias marinas 
y veteranos de aquella falange, extendiendo esta gracia á algunos 
protestantes, y entre los protegidos á los simpáticos hijos del Almi- 
rante Seymour, á quien el Pontífice habló amorosamente en la len- 
gua inglesa, encargándole hiciera presentes sus sentimientos de 
aprecio al ilustre jefe de la fiota británica. Llegó al fin el momento 
de volver á subir el Papa en la silla gestatoria, y los marinos, á quie- 
nes había mantenido hasta entonces silenciosos el rii;ür de la disci- 
plina, prorrumpieron en entusiastas ¡burras! que se confundían con 
las aclamaciones del Círculo de la juventud Católica al amado Pon- 
tífice. Terminada la función religiosa, mientras llegaba la hora del 
almuerzo, los marineros se consagraron á visitar los preciosos .Mu- 
seos vaticanos, la cúpula, el templo y el tesoro de San Pedro, para 
reunirse después en el pórtico de Cario Magno, parte del cual se ha- 
bía convertido en sala de banquete, adornada también con banderas, 
gallardetes y estandartes de los colores ingleses y pontificios, pre- 
sidiendo el improvisado y vastísimo salón el retrato del Pontífice. \in 
la mesa de honor había cincuenta y dos puestos, ocupando la presi- 
dencia el Prelado Stonnor con la oficialidad de la Escuadra, algu- 
nos Prelados, Príncipes y Sacerdotes, como los Máximos, Lance- 
lottis, Mazzolini, Merry del \'al, etc., etc. Otras mesas, en forma de 
herradura, se habían dispuesto para los marinos. Sobre su plato t-n- 
contraron éstos una medalla de plata conmemorativa de ésta para 
ellos inolvidable visita. Cuando, á los postres, la música entonó el 
himno á Pío IX y el (íoí/sí7Z'í'///£' (?«í<'«, los aplausos fueron entusias- 
tas. Mons. Stonnor, tomando la palabra, dijo que los más grandes 
Soberanos del mundo eran el Pontífice y la Reina \'ictoria, porque 
tienen subditos en todas las regiones del Universo. El ilustre PrcLido 



CRÓNICA GENERAL 379 



recordó cómo los católicos, bajo el cetro de la Reina, disfrutaban de 
la mayor libertad posible. ""Habéis tenido el honor— añadió dirig^ién- 
dose á los marinos— de oir la Misa oficiada por el Pontífice. Hagamos 
votos por que pueda vivir largfos años todavía, para bien de la lo^lesia, 
de la civilización y de la humanidad. {Qué podré deciros de la Reina 
Victoria, á vosotros sus entusiastas subditos? Ella señala para Ingla- 
terra una época próspera y gloriosa, y creo interpretar vuestros de- 
seos haciendo votos también para que Dios conceda A vuestra Sobe- 
rana larguísima existencia, ¡l^rindo A la salud del Papa y A la de la 
Reina!„ Y el Prelado, alzando su copa, dio tres ¡ burras ! , contestados 
calurosamente por todos, mientras las músicas entonaban de nuevo 
el Dios sahe á la Reina, juntamente con el Tu es Petriis. 

Cien carretelas preparadas en la dilatada plaza de San Pedro 
condujeron A los marinos ingleses íl través de toda la Ciudad Eterna, 
hasta que al Ave María se reunieron en la estación del Trastevere, 
donde el Círculo de San Pedro y el Comité Britílnico les habían pre- 
parado un lunch de honor, que no resultó menos animado que el del 
pórtico de Cario Magno, 

El Soberano Pontífice ha recibido un despacho muy cordial de la 
Reina Victoria en acción de gracias por la espléndida acogida que 
en el \'aticano se ha dispensado á sus subditos católicos de la Escua- 
dra inglesa. 

Italia.— Tomamos de una Revista católica: "Prohibidas en Italia 
hace muchos años por el Ministerio Xicotera las procesiones del Cor- 
pus Christi. lo mismo que otras, han sido en el presente año permi- 
tidas por el Ministerio Rudini. La grandiosa y admirable procesión 
que para la fiesta del Corpus Christi se hacía en San Pedro, dando 
vuelta por todo el pórtico de la gran plaza, con asistencia del Papa, 
de los Cardenales, de toda la Corte Pontificia de gran gala, de los Ca- 
pítulos de las Basílicas patriarcales, de las Órdenes religiosas, etcé- 
tera, etc., no se ha hecho jamás después de la invasión de Roma, ni 
se hará mientras que el Papa esté prisionero en el Vaticano. Pero 
las otras procesiones del Corpus Christi que acostumbraban á salir 
en la octava de esta fiesta de cada una de las parroquias de Roma, 
han sido en parte celebradas en estos días con alguna solemnidad y 
el mayor orden, sin que el populacho excitado por las sectas haya 
tenido la audacia de turbarlo. En algunas ciudades de Italia se ha 
reanudado también la costumbre de la procesión del Corpus Christi 
después de larga interrupción, como en Bolonia, donde esta proce- 
sión no se había celebrado hace veinte años. Lo mismo ha pasado 
en Parma y en otras partes. Los periódicos masónico-judíos han pro- 
movido gran gritería por el restablecimiento de la procesión del 



380 CRÓNICA GENERAL 



Corpus Chrisii. Al oírlos, parece que Italia se haya arruinado, envi- 
lecido, hundido ó está próxima á hundirse ó á "caer como un joven- 
cilio imbécil bajo la tutela del Sacerdote^. Las poblaciones, en cam- 
bio, así en Roma como en otras ciudades, están alegres por este res- 
tablecimiento de las procesiones y han demostrado su contento to- 
mando parte grandísimo número devotamente, adornando las venta- 
nas y arrojando flores al pasar el Santísimo Sacramento^. 

— Aunque, en realidad, la guerra de la Erítrea hace tiempo que ha 
podido considerarse como terminada, faltaba, sin embargo, que así 
se declarase oficialmente, y á este fin acaba de publicar el (lObierno 
italiano un decreto. De modo que la gran expedición, confiada por 
Crispí al garibaldino Barattieri, no ha obtenido más resultado para 
Italia que la pérdida de muchos millones de liras y de muchos miles 
de hombres. 

Alemania. — lin la historia de los pueblos corren la misma suerte 
los acontecimientos memorables y los hombres ilustres que contri- 
buyeron con su talento ó con su espada á la realización de los mis- 
mos. Ejemplo de ello es lo que en la actualidad sucede en la nación 
germánica, la cual acaba de hacer la apoteosis de su constitución 
imperial, inaugurando con toda solemnidad en la montarta Kiffeesser 
el monumento erigido al fundador del Imperio, (luillcrmo I, por subs- 
cripción abierta entre los militares viejos, y que ha alcanzado la ci- 
fra de un millón de marcos. 

El Emperador Guillermo, acompañado del Rey de Wurtemberg y 
de los Grandes Duques de Sajonia, Weimar y de Badén, pronunció 
ante la representación de diez y seis mil Asociaciones un discurso di- 
ciendo que aquel monumento será para las generaciones futuras una 
exhortación á que permanezcan unidas, fieles y abnegadas hacia el 
Emperador y el Imperio, contribuyendo á que éste permanezca in- 
quebrantable en todas las tormentas que pueda reservar el porvenir. 

La Prensa alemana no ha dejado ni un solo día de discutir y co- 
mentar, siempre con apasionamiento, el incidente ocurrido en Mos- 
cou entre dos Príncipes germánicos, así como las manifestaciones 
de carácter más ó menos exclusivista é independiente que se han 
producido en Baviera después de aquel suceso; hecho del cual mu- 
chos deducen que el movimiento de opinión que ahora se ha presenta- 
do paladinamente en algunos Estados alemanes es mucho más profun- 
do de lo que se podía creer antes de que el Presidente de la Cámara 
de Diputados de Baviera felicitara, en nombre del país, á la familia 
reinante "por haber sabido siempre defender la causa de la indepen- 
dencia de la patria„. El Príncipe Luis, cuya popularidad era ya con- 
siderable, se ha convertido, por obra y gracia del incidente de Mos- 



CRÓMCA GENERAL 381 



cou, en el héroe del día, y las Asociaciones políticas le dirigen las 
gracias más calurosas y las más entusiastas felicitaciones. Diríase 
que es la explosión de un sentimiento largo tiempo comprimido, y 
que se manifiesta hoy con tanta mayor violencia cuanto mayor fué la 
resistencia opuesta A su expansión. 

—Hace ya tiempo que viene ocupándose la Alta Cámara del Im- 
perio de derogar la ley de expulsión de la Compañía de Jesús, origi- 
nándose con tal motivo un ruidoso incidente en una de las sesiones del 
Reichstag. Conviene recordar que esta Cámara votó en varias oca- 
siones, la última en 20 de Febrero de 1893, una resolución por la que 
se invitaba al Ciobierno á tomar la iniciativa de derogar la ley de ex- 
pulsión de los jesuítas. Pero como el Gobierno no ha dado á conocer 
todavía su manera de pensar sobre la resolución adoptada por la Cá- 
m ara imperial , el Sr. Conde de Hompesch . individuo del Centro Ca- 
tólico, acaba de suscitar esta cuestión para saber cómo piensa el Go- 
bierno sobre este particular, y en caso contrario saber por qué el 
Consejo Federal había aplazado su decisión . y si el Canciller del Im- 
perio se proponía invitar á esta Asamblea á tomar una resolución en 
al actual legislatura. El Príncipe de Ilohenlohe, Canciller del Impe- 
rio, contestando al Conde de Hompesch, ha hecho la siguiente decla- 
ración : "El Consejo Federal no ha tomado todavía decisión alguna 
á propósito de la resolución del Reichstag de 20 de Febrero de 1895, 
concerniente á la ley sobre los jesuítas. Ha creído que debía abste- 
nerse de decir su parecer acerca de la derogación de la ley sobre los 
jesuítas, porque discutió ya este asunto muy detenidamente en 4 de 
Junio de 18^M y expresó entonces la convicción de que no podía apro- 
bar la derogación de esa ley. La decisión del Consejo Federal se ha 
retaidado porque los Gobiernos confederados han tenido intención 
de concertarse para saber si alguna de las demás Asociaciones so- 
metidas hasta el presente á los efectos de la ley debiera también ser 
derogada. El examen de esta cuestión no ha terminado todavía , pero 
hay motivo para esperar en breve el fin de estas deliberaciones, que 
yo he de procurar que se aceleren,. Á estas declaraciones del< Can- 
ciller alemán siguió un incidente muy ruidoso durante la discusión. 
El socialista Bel dijo que la falta más grande que había cometido el 
Príncipe de Bismarck era el haber desencadenado el Kulturkampf, y 
luego añadió: "El Príncipe de Bismarck dio pruebas de ser un igno- 
rante cuando se trató de apreciar las grandes corrientes de la opi- 
nión„. La derecha protestó ruidosamente, y el antisemita Lieber- 
mann , contestando al diputado socialista, después de insultarle, dijo 
que, si era posible en la tribuna del Reichstag tratar de ignorante 
al Príncipe de Bismarck, esto probaba cuan ignorante y digno de 
lástima era el Presidente del Reichstag. Estas palabras, que se diri- 
gían al Vicepresidente Sr. Schmidt, porque el Presidente Sr. Buol 
estaba disfrutando de licencia, levantaron una tempestad en la iz- 



382 CRÓNICA ''.ENERAL 



quieida y en el centro. El Presidente llamó al orden al orador, y 
aquí terminó el incidente, sin padrinos ni actas más ó menos autén- 
ticos. Volviendo ahora al punto capital de esta reseña, diremos que 
esperamos mucho de la intervención del Canciller católico del Im- 
perio alemán en pro de la abolición de esa ley injusta, que priva á la 
nación alemana de un concurso tan poderoso en favor de su bienes- 
tar moral como le prestaría la vuelta de los jesuítas. 



* 
* « 



Francia.— Una vez más protesta la I'rensa católica contra las ini- 
quidades y atropellos que comete el Gobierno de la vecina República 
con los devotos y fervientes hijos de Clodoveo, y una vez más felici- 
tamos al católico pueblo francés por las vejaciones que le ocasionan 
su acendrado amor y firme adhesión á la doctrina y á las enseñanzas 
de la Santa Iglesia. 

Iniciados hace un mes, continúan todavía los conllicios originados 
por la celebración de procesiones religiosas. A pesar de los bandos 
y de las persecuciones que los católicos sufren en Francia; á pesar 
de la protección descarada que el Gobierno francés otorga á maso- 
nes, judíos y protestantes; á pesar de la disposición que prohibe á la 
Religión católica manifestar públicamente sus piadosas creencias; el 
fervor de cierta parte, la mayor y más principal del pueblo francés, 
es tan grande, que valientemente se opone á las más arbitrarias ór- 
denes de la Autoridad, y no retrocede ante los conllictos que esas ór- 
denes provocan. 

Recientemente llegó á Reims una peregrinación de parisienses 
con objeto de asistir á la función religiosa que había de verificarse 
en la Catedral para conmemorar la conversión al Cristianismo de 
Clodoveo. Apenas los viajeros abandonaron el tren se les acercó un 
agente de la l'olicia y les hizo presente que, según disposición del 
Ayuntamiento de la ciudad, no podía consentirse la manifestación. 
Orden tan infundada produjg la excitación consiguiente en los pere- 
grinos, quienes desplegaron los estandartes que llevaban en son de 
protesta. Los agentes de la Autoridad, sin aguardar á más, cargaron 
brutalmente sobre los grupos, les arrebataron los estandartes é hi- 
cieron varias detenciones. Fn el departamento de Corroze, en su ca- 
pital Tulle, los vecinos pretendieron celebrar la procesión de San 
Juan, llevando en andas al Santo; pero no bien salió la comitiva del 
atrio de la iglesia, cuando una compañía, con su oficial al frente, se 
opuso á que avanzaran los fieles. El Prelado que presidia el acto. dis- 
puso, á pesar de las protestas de los que formaban la procesión y en 
evitación de mayores conflictos, que regresara á la Catedral, como 
se hizo. Los teligreses llenaron el templo y escucharon con satisfac- 



CRÓVICA GENERAL 383 



cióri la palabra del Sr. Obispo, quien, desde el pulpito, protestó en 
foima tan comedida como enéro[ica contra la prohibición de las Auto- 
ridades. El Ministerio francés, no satisfecho con dar órdenes tales, ha 
suspendido por un mes las temporalidades de varios Párrocos que or- 
2:anizaron procesiones el día del Corpus. Ante semejantes inauditas 
persecuciones debemos protestar, á fuer de católicos, de las leyes á 
cuyo amparo se pueden hacer tales cosas contra la Religión que en 
un país tiene más número de adeptos. 

—Afírmase que el día anterior al de la coronación del Czar, el ge- 
neral Boisdeffré, Embajador extraordinario de l«"rancia en aquella 
tiesta, y el Gobierno ruso, firmaron un tratado de alianza cuyas ba- 
ses convinieron la Emperatriz viuda y Faure en la entrevista que tu- 
vieron en la frontera francesa. Francia y Rusia, por virtud de ese 
tratado, se garantizan recíprocamente la integridad de sus territo- 
rios, obligándose á la mutua defensa contra una agresión de otro 
país; pero se reservan su libertad de acción para el caso de que una 
de las dos potencias contratantes ataque á otro Estado. La ratifica- 
ción de este pacto por los jefes de los dos países ha sido aplazada 
para fecha ulterior, porque la Constitución francesa exige que el 
Parlamento apruebe todo tratado antes de su ratificación definitiva. 
Este asunto es ahora el tema de todas las conversaciones, principal- 
mente en los círculos diplomáticos. 



% 



Austria-Hungría. — Con objeto de reglan)enlar la jurisdicción en 
asuntos electorales, la Cámara de Hudapesth acaba de adoptar en se- 
gunda lectura una ley, en uno de cuyos artículos amenaza á los .Sacer- 
dotes que, durante la agitación electoral, "abusen de emblemas reli- 
giosos y de los medios que la Iglesia pone á su disposición^. No sabe- 
mos si muchos de los miembros del Clero húngaro serán víctimas de 
los rayos del Gabinete Bauffy ; lo que sí parece cierto es que ha visto 
claramente su deber en materia político-religiosa, y que el reino de 
San Esteban no estará de hoy más á merced de la francmasonería 3' 
de los judíos. 

No será, por lo tanto, ajena á esta cuestión la Asamblea general 
de los católicos y délas Asociaciones católicas de Hungría, que en los 
días 17, 18, 19 y 20 del próximo mes de Agosto se verificará en Buda- 
pesth mismo. Este Congreso se ocupará principalmente en el desen- 
volvimiento y propaganda de las Asociaciones católicas. Éstas eran 
en Hungría, en 1892, apenas cuarenta, y hoy pasan de cuatrocientas. 
No obstante estos adelantos, la Asamblea estudiará con preferente 
atención los medios más adecuados para que aquellas benéficas y úti- 
lísimas Asociaciones lleguen á establecerse en todos los puntos donde 



384 CRÓNICA GENERAL 



aun no existen. Será Presidente de honor del Congreso el Príncipe 
Primado Cardenal Vaszary, y Presidente efectivo el Conde Nicolás 
Mauricio Esterhazy. Será Secretario general el profesor Edmundo 
de Gyorezy. 

—La muerte del Archiduque Carlos Luis ha hecho sentir al Hin- 
perador la urgente necesidad de pensar en lo venidero y poner íin 
á la incertidumbre q'Ue reinaba en Austria tocante á la sucesión al 
trono, designando como heredero presunto al Archiduque Otón. De 
todas partes se suscitaban dudas, que probablemente no nacían es- 
pontáneas en los ánimos. No ha fallado quien dijera que el Empera- 
dor actual seria el último; y se aseguraba adem;is que, á su muerte, 
Hungría quizá obtuviera la independencia. En Austria misma existe 
un partido antidinástico, poco numeroso pero alentado y mantenido 
secretamente por Prusia, del cual se cree que aguardaba la muerte 
del Emperador para echarse en brazos de Alemania. Existen, pues, 
poderosos elementos de disolución; y el Emperador, que ha demos- 
trado muchas veces no ignorarlo, se ha dado prisa á poner un i eme- 
dio con la designación de sucesor, hecha en la persona del Archidu- 
que Otón. Fernando de Este queda, por lo tanto, relegado asegundo 
término, y su hermano tomará muy pronto el título y las atribucio- 
nes de Principe imperial, el primero después de la muerte de Ro- 
dolfo. 



Inglaterra. — Ihi buen número de diarios ingleses se muestra 
poseído de verdadero furor con motivo de dos despachos del Secre- 
tario de Estado del Transvaal- L'no de ellos está concebido en los si- 
guientes términos: " El Gobierno del Transvaal ve con vivo pesar las 
dilaciones en la información que debe darse sobre la coniplicidad y 
responsabilidad de la Compartía Chañe en lo concerniente á la in- 
vasión del Dr. lameson y de su bando de rebeldes en el territo- 
rio de la República. Nuestro Gobierno considera estar en su derecho 
y ser de su incumbencia el insistir para que este proceso judicial se 
actúe rápidamente, no sólo porque él es la parte ofendida, sino tam- 
bién para poneV á salvo sus intereses en el África del Sur. Nuestro 
Gobierno está igualmente convencido de que es de urgente necesidad 
que todo registro y administración, tanto civil como militar, le sean 
cercenados.'! la Compartía y se transfieran al Ciobierno de Su .Majes- 
tad Britíinica. Tengo orden de insistir sobre este punto, á nombre de 
nuestro Gobierno, y además el honor de rogar á V. E. se digne co- 
municar por telégrafo este despacho al Gobierno de Su Majestad 
Británica„. No pudiendo hallar argumentos de buena ley para refu- 
tar el requerimiento transcrito, la Prensa inglesa , en su mayoría, los 
ha suplido con injurias y amenazas , despachándose A su gusto contra 



CRÓNICA GENERAL 385 



el comunicado y los que en su redacción y transmisión han inter- 
venido. 

—El ^.^ aniversario de la proclamación de la Reina Victoria se ha 
celebrado en todo el Reino Unido. En Londres, las campanas de la Ca- 
tedral de San Pablo y de la Abadía de Westminster fueron echadas á 
vuelo en honor de Su Graciosa Majestad. Una estatua de mármol de 
Carrara, que representa A la Reina tal cual aparecía en 1846, vestida 
con el traje que usaba para las grandes solemnidades parlamentarias, 
llevando en la cabeza la corona real, el cordón de la larretiera cru- 
zando el pecho, el cetro en la diestra mano, y en la siniestra el mun- 
^o, se inauguró en la plaza del Royal Exchange, ante los delegados 
del Municipio y del Lord Mayor, quien pronunció un breve discurso 
al descubrir la estatua , debida al cincel del célebre escultor Thorny- 
croft,de la Real Academia de Londres. La estatua es colosal, pues 
tiene cinco metros de altura , y , á ambos lados de su pedestal , dos bu- 
ques emblemáticos representan el poder marítimo de Inglaterra. 

♦** 

Hoi-ANDA.— ILice grandes progreso* en Holanda la Liga que se 
propone defender el descanso dominical , y que trabaja con dicho ob- 
jeto, no sólo en su país, sino en el extranjero, para que no dispongan 
remesas de género con U acostumbrada abundancia los viernes y sá- 
bados, para no dar tanta ocupación los domingos á sus corresponsa- 
les de los Países Bajos. 

* 
* « 

Dinamarca.— Telegrafían á £/ Heraldo que los periódicos dina- 
marqueses hablan con vivo interés de la política internacional de los 
Estados Unidos, y en los círculos políticos de Copenhague discuten los 
personajes más importantes la alusión que se ha hecho en la Conven- 
ción de San Luis á comprar las Antillas que pertenecen actualmen- 
te á Dinamarca. Supónese que los Ví/;/^É'é's ambicionan poseerla isla 
de San Thomas, por su excelente posición y puerto natural. Créese 
que el Gobierno dinamarqués estaría dispuesto á desprenderse de sus 
posesiones antillanas si le ofreciesen buen precio por ellas. 



« 
* * 



Turquía.— Numerosos son los síntomas que inducen á muchas per- 
sonas á creer que se acerca la inevitable disolución del Imperio. Mien- 
tras que los macedonios, los campesinos de Andrinópolis y de Saló- 
nica no esperan más que una señal del Gobierno de Sofía, que vale 

25 



386 CRÓNICA GENliRAL 



tanto como decir del Czar, para declararse en completa rebelión; 
mientras que la insurrección se presenta cada día más amenazante 
en Cretí^, reprodúcense de nuevo graves tumultos en las provincias 
asiáticas, l^ice á este propósito un diario; 

"Nuevamente nos acercamos álos meses de verano, y otra vez los 
telegramas nos dicen que en Armenia se renovaron las sangrientas 
escenas que el año pasado costaron la vida á tantos centenares de 
cristianos. La verdad es que no puede ser menos halagüeño el estado 
en que se halla el vastísimo Imperio del Sultán; á cualquiera parte 
donde dirija su mirada, sólo descubre motivos de inquietud y des- 
fallecimiento. Kn Armenia misma, ó, para hablar más propiamente, 
en esa porción de la antigua Anatolia donde la población es en su 
mayoría de origen armenio, ó sea cristiana, parecía que debía rei- 
nar, al menos por algún tiempo, la calma del cansancio después de 
los terribles anteriores desastres. Pero no ha sido así, y las heridas, 
apenas cicatrizadas, amenazan abrirse nuevamente. Cualquiera que 
sea el origen de los disturbios de \'an que el telégrafo acaba de co- 
municar, prueban que la tensión de los espíritus no ha disminuido en 
nada en aquellas desgraciadas provincias, y que la atmósfera está 
hoy tan cargada de electricidad como en los primeros días del pasa- 
do otoño. Hl humilde llamamiento dirigido por la Sublime Puerta al 
Embajador en Constantinopla de Su Majestad Británica en demanda 
de auxilio contra los revoltosos de Van, es una confesión asaz sígni- 
íicativa de la impotencia del Gobierno otomano para sofocar por sí 
mismo la rebelión , haya partido ésta de donde haya partido. Es ver- 
dad, sin embargo, que las autoridades otomanas se hallan encerra- 
das en un círculo vicioso, en buena parte por su propia culpa, pues 
serían ahora precisas fuerzas muy considerables para mantener el 
orden, y precisamente el aumento de las tropas turcas contribuirá, 
y no poco, á mantener turbados los espíritus y á desencadenar nue- 
vas y más terribles tempestades, que nadie sabe lo que arrastrarán 
consigo, pues los armenios ven en los soldados del Gran Señor, no á 
los protectores de su vida y de su hacienda, sino antes mejor á los 
cómplices, y muchas veces á los iniciadores, de las más terribles ma- 
tanzas, como lasque inauguraron la especie de guerra civil del año 
pasado. Es lo que todo el mundo se dice : Actualmente hay tan sólo en 
Van dos esqueletos de batallones, y ésta, en verdad, es muy escasa 
fuerza para iinponerse é imponer la paz; pero si hubiese allí mayor 
fuerza, por poca que fuese, ya sería bastante para aterrorizar á los 
cristianos, y quizás para provocar nuevos y más graves conflictos. 
De suerte que por todas partes los remedios se convierten en vene- 
nos para el enfermo, y la mejor buena voluntad del mundo, aun 
cuando se quisiera dedicar á la curación de este moribundo que 
no acaba nunca de morir, tropezaría con obstáculos insuperables. 
Mientras que f n Armenia continúa su nefasta obra la sorda fermen- 



CRÓNICA GENERAL 387 



tación que hemos indicado, no es más halaojüeño el espectáculo que 
nos ofrecen las otras provincias del Imperio turco. La isla de Creta 
se encuentra todavía en plena insurrección, agravada por la miseria 
que se va apoderando de muchas poblaciones, pues ya antes de esta- 
llar la rebelión dejaba de ser muy consolador su estado de tloreci- 
miento. También allí las concesiones que ahora la Puerta hace á los 
cretenses serán poco menos que inútiles, por haber llegado un poqui- 
to tarde, y además han de tener, naturalmente, poca eficacia las pro- 
mesas que se les hacen, cuando la experiencia les ha demostrado, y 
á costa suya siempre , que los tratados son cosa muy frágil y que so- 
lamente se pueden hacer observar cuando se cuenta con bastante 
fuerza para ello. Además, los cretenses ven cómo las potencias eu- 
ropeas, al tiempo que les aconsejan aceptar las proposiciones de paz 
salidas de Constantinopla, se guardan muy bien de garantir que se- 
rán fielmente respetadas por la Sublime Puerta. Se les habla de am- 
nistía, pero no se quiere promulgarla si antes no deponen ellos las 
armas, esto es, si no se desprenden del único medio que ahora po- 
seen para hacerla cumplir exactamente. Esto explica que los creten- 
ses continúen con las armas en la mano, á pesar de las promesas que 
les vienen de Constantinopla, y esto dice también la gravedad que 
esta cuestión encierra„. 

De resultas de una reunión celebrada en Constantinopla por los 
Embajadores extranjeros, se ha acordado proponer al Gobierno de 
la Puerta las siguientes medidas: 

1." Que sea nombrado un gobernador cristiano en la isla de Creta. 
'2.* Que se conceda una amnistía general á los armenios. 3.* Que se 
reúna la Asamblea de los cretenses. La amnistía deberá extenderse 
á todos los armenios que han tomado parte en los recientes aconte- 
cimientos, á excepción de los jefes de nacionalidad turca, los cuales 
serán puestos á disposición de la Puerta , y de los jefes de nacionali- 
dad extranjera, que serán desterrados. 

— El Comité Central de Atenas de auxilios á los cristianos de Cre- 
ta . muy numeroso, y en el que figuran personas distinguidas, acaba 
de celebrar cesión pública. De las declaraciones del Presidente se 
deduce que el Comité ha organizado activa propaganda en Grecia y 
en el extranjero, y ha recibido y recibe considerables donativos, por 
valor de miles de libras esterlinas. Preguntado el mismo Presidente 
en qué serían empleados esos fondos , respondió 'que en armas y mu- 
niciones de guerra^. 

* 
* * 

Bulgaria.— Cuando regrese de la Puerta-Selo, donde permanece- 
rá algunos días en las propiedades que allí posee su hermano, el Prín- 
cipe Fernando de Bulgaria pasará una temporada en la capital de 



388 CRÓNICA GENERAL 



SUS Estados. El Principe necesita descansar de las fatigas de todo 
•género producidas por sus continuos viajes, y además los negocios 
de Estado sufrirían si se retardase demasiado su despacho. En el co- 
rriente mes es esperado en Sofía el Príncipe Nicolás de Montenegro, 
quien debe llegar á Belgrado de un momento á otro. La época de la 
visita del Rey Alejandro de Servia no est.i aún fijada, y de ella de- 
penderá que se anticipe ó no el viaje del Príncipe Fernando ;l las 
aguas de Carlsbad. La Princesa María Luisa pasará casi todo el me* 
de Julio en el espléndido convento de Rilo; pero la Corte se trasla- 
dará el resto del verano á Cuxinogrado, cerca de \'arna 



* m 



Asia. — r///««. — "Las negociaciones oficiales entabladas entre J.i- 
Hung-Chang y el C.obierno alemán son de bastante importancia, 
dado el modo de ser del Imperio chino. El Secretario de Estado ale- 
mán ha celebrado varias conferencias con el Virrey Li-Hung-Chang, 
y, á cambio de establecer derechos especiales de importación de pro- 
ductos chinos, se concede á Alemania el de fijar un pontón ó depósi- 
to de carbón en aguas de China. Como consecuencia, las relaciones 
mercantiles entre ambos países han de recibir impulso, y Alemania 
tendrá un mercado de importancia que habrá de molestar bastante al 
monopolio que venia ejerciendo la C.ran Bretaña. Li-Hung-Chang, al 
presenciar las maniobras militares del ejercito alemán, ha quedado 
altamente satisfecho., 

Japón.— "China y el Japón siguen ocupándose en reunir aprestos 
para una guerra, que será probablemente inevitable en un porvenir 
más ó menos lejano. Mientras el famoso Príncipe Li-Hung Chang re- 
corre todos los arsenales y principales establecimientos industriales 
de Alemania, disponiendo la construcción de buques de guerra y ha- 
ciendo pedidos de armamento moderno, el Mariscal japgnés Mar- 
qués de Yamagata despliega una actividad extraordinaria en su viaje 
por Europa. De regreso de las fiestas de Moscou, en donde repre- 
sentó á su Soberano, ha ido á Bruselas para terminar las condiciones 
de un tratado de comercio entre Bélgica y el Japón, tratado que se 
ínmó por el Vizconde Aoki, Plenipotenciario japonés, y Mr. de Fa- 
vereau, Plenipotenciario belga/^1 .Mariscal Yamagata visita las fá- 
bricas de armas de Lieja, y luego irá á Francia con el mismo obje- 
to, pasando por último á Inglaterra, cuyos grandes astilleros estudia- 
rá detenidamente. 

Que los chinos y los japoneses se batan, que se armen hasta los 
dientes, es cosa que nos interesa medianamente ; pero no nos olvide- 
mos de las Islas Filipinas. Las noticias del Japón dan cuenta de ha- 
ber sido votadas por la Dieta Imperial, en el corto espacio de tres me- 



CRÓNICA GENERAL 389 



ses, ciento veintinueve proposiciones gubernamentales, entre ellas 
algunas tan importantes como las encaminadas á duplicar el ejército 
y la marina en el término de diez años, aumentar el impuesto gene- 
ral en 40 por 100 y crear un nuevo Código civil. Algunas de dichas 
medidas han encontrado, antes de ser votadas, muy enérgica oposi- 
ción. La parte que más interesa á España es la referente al acuer- 
do de doblar en diez aflos el ejército y la escuadra ya poderosa del 
imperio japonés. 

Según noticias de la Prensa inglesa, van á ser construidos en In 
^¡aterra, por encargo del (apon, cuatro acorazados, cuatro cruceros 
de primera clase y dos de segunda. Ademas, el Gobierno del Mikado 
encargará A una casa americana otros dos cruceros de segunda cla- 
se, y varios torpederos.! Francia y Alemania. Otros buques de gue- 
rra se construirán en los astilleros nacionales, montados con arreglo 
á los últimos adelantos modernos.» i 






.África. — Los periódicos publican un despacho de la capital de la 
República sudafricana del Transvaal en que se dice que el Presiden- 
te Fruger ha manifestado, en conferencia que celebró con un perio- 
dista, que no hay razón para temer en aquel país nuevos disturbios. 
Sólo pedimo.s, ha dicho el Presidente, que se nos haga justicia, y es- 
peramos obtenerla. 

No así en otros distintos puntos del Sur africano, donde la rebe- 
lión ha dado grito subversivo, corriéndose como reguero de pólvora. 
Según las últimas noticias de Masholandia, los indígenas de aquella 
región se han levantado en armas contra los blancos, llegando á ser 
la situación tan crítica, que todos los naturales se han adherido al mo- 
vimiento insurreccional, apoderándose los partidos rebeldes á san- 
gre y fuego de varias factorías de los blancos, pasando á cuchillo á 
sus moradores, de los cuales, los que han logrado salvarse de la fero- 
cidad de los negros, se refugian en el fuerte de Salisbury. Se teme 
por la suerte de otras familias blancas que se encuentran indefensas, 
por lo que la intervención militar se juzga indispensable para poner á 
cubierto loe intereses de la civilización. 



« *r 



390 CRÓNICA r.ENF.RAL 



II 



ESPAIÑI A 



Todo el interés político ha estado concentrailo estos día- cii la 
alta Cámara, donde continúa la contestación al Mensaje de la Co- 
rona. Esperábase con impaciencia la intervención del general Mar- 
tínez Campos en el debate suscitado al tratarse de las cuestiones de 
Cuba, y con este motivo se predecían revelaciones de misterios que 
la opinión pública adivina y que el Sr. Cánovas no cree convenien- 
te manifestar por razones de patriotismo. Solemne chasco se han 
llevado los que esperaban del General un discurso que aclarara los 
puntos obscuros de la historia de la actual rebelión: el orador se con- 
cretó á defender su gestión política y militar en el mando de la isla, 
censuró al Gobierno por la solución dada al condicto del Alliame, 
estimó oportuna la implantación de las reformas, y cree que la acti- 
tud poco cortés de los Kstados Unidos da de día en día aliento á la 
insurrección. 

Pero mayor tuc la extrarteza del numeroso público que llenaba las 
tribunas cuando, levantándose el jefe del (>obierno á hacer uso de la 
palabra, lejos de sincerarse, así y á su Gabinete, de las inculpaciones 
que el general Martínez Campos le dirigiera, no hizo más que esqui- 
var la cuestión, dedicando todo su discurso á contestar al Sr. Labra, 
que antes había interpelado al Gobierno, defendiendo que la autono- 
niía, en su concepto incluida en parte en las mismas reformas vota- 
das para Cuba en las Cortes fusionistas por todos los partidos, era el 
verdadero y único medio de poner fin á la guerra. La contestación 
del Sr. Cánovas fué tan enérgica y patriótica como las gratuitas é 
insidiosas afirmaciones del diputado autonomista estaban reclaman- 
do; pero, si bien se mostró hábil en manejar los recursos oratorios, 
defraudó las esperanzas del público sacando el debate del rumbo 
que le había trazado el Sr. Martínez Campos. Lo único que se pudo 
sacar en limpio fué que no se implantarán las tan manoseadas refor- 
mas mientras la insurrección no quede por completo vencida y sub- 
yugada. 

—Bien pronto se aumentará nuestra Escuadra con dos nuevos cru- 
ceros que el Gobierno proyecta comprar á la casa Ansaldo, de (ié- 
nova, donde se han construido las máquinas de los más potentes 
acorazados de la ilota italiana. A juzgar por el dictamen de la Comi- 
sión técnica encargada por el Sr. Beránger de examinar las condi- 
ciones de los buques, éstos superan á los construidos en los arsena- 



CRÓNICA GENERAL It91 



les ingleses, opinión que corroboran varias revistas inglesas que han 
tratado el asunto. 

Para ultimar el contrato ha llegado á Madrid un representante de 
la casa constructora. 

De deseares la adquisición de estos elementos de guerra, toda 
vez que á la falta de fuerzas navales se debe en gran parte la pusila- 
nimidad que muestran nuestros gobernantes ante las injustas recla- 
maciones de los yankees. 

— A raíz del atentado anarquista de Barcelona se reprodujo una 
tez más el clamor de la opinión pública exigiendo medidas enérgi- 
cas contra esa raza de fieras humanas cuyo credo consiste en la des- 
trucción y aniquilamiento de todo lo existente. El Gobierno, cum- 
pliendo en esta ocasión con el deber sacratísimo que le impone la 
defensa del orden social, ha respondido á las excitaciones del senti- 
miento general con la promulgación de un proyecto de ley que tien- 
de á reprimir las espantosas manifestaciones del anarquismo, y á evi- 
tar, en lo posible, las escenas de luto y desolación de que ha sido 
teatro la capital de Cataluña. 

Las disposiciones contenidas en dicho proyecto de ley son las si- 
guientes: 

"Articulo 1.*^ Todos los delitos contra las personas y las cosas que 
se cometan ó intenten cometer por medio de explosivos ó materias 
inflamables, pasarán en adelante á la jurisdicción deCiuerra, siendo 
juzgados por los Consejos de guerra de plaza á quienes correspon- 
da. Otro tanto tendrá lugar en los delitos de que habla la ley de 10 
de julio de 1894 sobre explosivos. Art. 2.° Serán castigados con la 
pena de muerte todos los autores ó cómplices de tales delitos. Los 
encubridores y los reos de conspiración y proposición para cometer 
estos delitos sufrirán la pena de relegación perpetua ó temporal, se- 
gún la gravedad del caso. Art. 3." Los que, sin inducir directamente 
á otros á ejecutar cualquiera de los delitos consignados en el artícu- 
lo anierior, provocasen de palabra, por escrito ó por la imprenta, el 
grabado ú otro medio de¡publicidad, á la perpetración de dichos deli- 
tos, incurrirán en la pena de cadena perpetua si á la provocación 
hubiera seguido la perpetración , y en la inmediata cuando no se rea- 
lice el delito. Art. 4.° Se autoriza al Gobierno para que , oyendo á la 
junta de Autoridades de la respectiva capital de provincia, suprima 
todos los periódicos, centros y lugares de recreo de los anarquistas; 
aunque artificiosamente disimulen sus fines. En otro caso, cuando los 
periódicos, centros y lugares de recreo hagan alarde del título de 
anarquistas, podrá el Gobierno suprimirlos sin oir á la junta de Au- 
toridades. Art. ó.^ Igualmente se autoriza al Gobierno para extrañar 
perpetuamente del Reino á toda persona á quien se le pruebe que 
profesa opiniones anarquistas , con intervención y de acuerdo de la 
referida junta de Autoridades. Si el extrañado en esta forma volviese 



392 CRÓNICA GENERAL 



á la Península, será relegado á alguna colonia lejana, quedando allí 
sujeto al régimen disciplinario que, según la conducta que observe, 
consideren indispensable las Autoridades militares. Art. 6.° Por los 
Ministerios de la Guerra, de Gobernación y de Gracia y Justicia se 
dar;ln las instrucciones convenientes para la ejecución de esta ley. 
Art. 7." Quedan en vigor las disposiciones de la ley de 10 de julio 
de 1894 que no estén modificadas por la presente. Madrid 16 de Junio 
de 1896.— El Presidente del Consejo de Ministros, Antonio Cánovas 
del Castillo,.. 

Contra lo que era de esperar, no á todos ha satisfecho el propó- 
sito de arrancar de raíz la maldita planta del anarquismo; no, cier- 
tamente. 

Pi y Margal!, tan conocido en el mundo político como patrocina^ 
dor del federalismo, del pacto sinalagmático y de no sabemos cuán- 
tos más ideales descabellados, no ha creído rebajarse haciendo en 
El Nuevo Régimen declaraciones favorables al anarquismo y pidien- 
do respeto para toda idea, por ut()pica que sea. 

Ikíena andaría la sociedad con semejantes respetos... N', sin em- 
bargo, no puede negarse que la lógica está de parte del famoso repu- 
blicano; porque una ve/ admitida, sin limitaciones de ningún géne- 
ro, la mal llamada libertad de pensatnienlo, preciso es aceptar tam- 
bién las consecuencias que de ella dimanan, entre las cuales debe 
figurar el derecho de sostener y propagar por medio de la Prensa to- 
das las aberraciones y doctrinas criminales que la inteligencia hu- 
mana es capaz de concebir... V véase cómo la elocuencia de ios he- 
chos viene á demostrar una vez más que, sin la salvadora inlluencia 
moral del Cristianismo, las sociedades están condenadas á precipi- 
tarse irremisiblemente en el horrendo abismo de la disolución y de 
la muerte. 

—Conviene todo el mundo en que el Sr. Comas ha pronunciado un 
discurso notabilísimo acerca del protocolo de 1877. No ha hablado 
como hombre de partido, y menos aún como liberal, sino como espa- 
ñol y persona muy enterada en el asunto. La confirmación terminante 
y rotunda que sus palabras han hallado en el testimonio de los tres 
generales Calleja, Pando y Martínez Cainpos es el mayor golpe que 
ha podido asestarse al desdichadísimo protocolo firmado en malhora 
por el Sr. Cánovas del Castillo. 

—Censuran los periódicos al Sr. Ministro de Ultramar por la for- 
ma amplísima en que pide á las Cortes autorización para recaudar 
fondos con que acudir á las necesidades de la guerra de Cuba, y di- 
cen á este propósito que, comprometiéndose en su proyecto todas las 
garantías de la nación, no conciben cómo el Sr. Ministro de Hacien- 
da puede conformarse con tal demanda. Ello es lo cierto que las Cor- 
tes le han concedido al Sr. Castellano omnímoda facultad para arbi- 
trar recursos sobre la base del tal proyecto. 



CRÓNICA GENERAL 393 



—Conviene ante todo dejar en su puesto las cosas referentes al 
Cónsul americano, general Lee. No es cierto que este señor Jiaya en- 
viado todavía á su Gobierno informe de ningún género acerca de la 
guerra de Cuba. Así lo ha dicho de palabra al general Weyler, y por 
telégrafo á la Prensa. Así lo aseguró el Sr. Cánovas hablando ante 
varios periodistas: «Ya tendrán ustedes noticia de que el general Lee 
ha desmentido lo que le atribuyó el Neiv- York Herald. Kl Gobierno 
ha recibido un despacho del general Weyler diciendo que le ha visi- 
tado el Cónsul norteamericano Mr. Lee para manifestarle que no ha 
enviado á su país informe alguno sobre el curso de la campaña de 
Cuba, y en todo caso no lo haría tampoco en el sentido que se ha su- 
puesto, porque dista mucho de esto el juicio que le merece dicha 
campaña». 

—Escasas son las noticias de Cuba, pero favorables en loque se 
refiere á la materialidad de la guerra, pues menudean las presenta- 
ciones y no í.e interrumpen por completo los hechos de armas, como 
pueden notar nuestros lectores leyendo la i elación de los combates 
últimamente librados. 

Tiene positivo mérito, juzgada militarmente, la operación que con 
rebultado feliz emprendieron laí> tropas en las ásperas sierras de Pi- 
nar del Río. 

Porque se creían seguros allí los rebeldes, habíanse instalado en 
barracones y roturado á su alrededor el terreno con plantaciones 
que asegurasen su alimentación durante los meses lluviosos. Trin- 
cheras bien emplazadas defendían sus campamentos. Pues bien; las 
columnas españolas, hábilmente dirigidas y maniobrando con exac- 
titud matemática, han penetrado en aquel abrigo, en tal forma que 
la resistencia de los insurrectos resultó inútil hasta para producirnos 
bajas, y allí, además de castigar á los rebeldes, lograron nuestras 
tropas inutilizar cuantos elementos habían reunido aquéllos. Copia- 
mos de un diario la siguiente relación del suceso: "El general Gonzá- 
lez .Muñoz dispuso el día 19 que la primera brigada de su división, al 
mando del general Suárez Inclán, se dirigiese sobre Bramales , mar- 
chando él con otra media brigada sobre Manuelita, y ordenando an- 
tes al coronel Echevarría le siguiese por El Vigía hasta ocupar la 
loma de San Claudio. Combinado el movimiento, se dio vista al ene- 
migo en las posiciones que ocupaba en las faldas de la sierra, ba- 
tiéndolas con fuego de cañón y desalojándole rápidamente de ellas. 
Reunidas las dos columnas en Manuelita. se formalizó el ataque á 
las posiciones de los rebeldes, acampados en Las Ánimas y otros 
puntos, cañoneándolas y tomándolas durante la mañana. Formada 
una columna sola con todas las fuerzas, se emprendió la marcha ha- 
cia las lomas de Rubí, haciéndose el flanqueo por seiscientos hom- 
bres al mando del coronel Escario. Los flanqueadores fueron destru- 
yendo á viva fuerza los pequeños campamentos hallados en las lade- 



S94 CRÓNICA GKNERAL 



ras de la sierra. Kstos carnpamentos tenían zanjas y trincheras del 
sistema empleado por los carlistas. A las tres de la tarde se dispuso 
que el batallón de Isabel la Católica ocupase las lomas de Santa Isa- 
bel y pernoctase en los campamentos que encontrase. El general te- 
nía noticia de que en el interior de la sierra existía uno de g^ran im- 
portancia, y se dirigió hacia él con media brigada, oponiéndose el 
enemigo á este movimiento. Trabado el combate, fué el enemigo des- 
alojado de todas sus posiciones, y tomado el cainpamento. Hste y to- 
dos los dem.ls hallados por las columnas estaban construidos con ca- 
rácter permanente; fueron inutilizados y quemados m.ls de trescien- 
tos bohíos, cogiéndose muchas reses, caballos, prisioneros, armas'y 
municiones. Los rebeldes dejaron catorce muertos, entre ellos el ca- 
becilla Revira, ayudante de Delgado, llevándose muchas bajas. En 
la columna resultó herido el teniente D. Isabelo Ballesteros, diez sol- 
dados graves, el médico del batallón de Valladolid, Sr. Jover, y ocho 
soldados leves. En esia operación se ha distinguido el comandante 
D. Modesto Navarro, ayudante del general Suárez Inclán, quien, con 
las guerrillas de Madruga, hizo al enemigo seis muertos, entre ellos 
el cabecilla Octavio Hernández, cuyo cadáver fué identificado. La 
e-xpedición desembarcada del 21 al 22 fué batida por el teniente coro- 
nel Sr. (iastón en la playa de Camacho (Matanzas), siguiendo en su 
persecución. Las guerrillas de la .Salud lograron alcanzar y matar de 
un tiro en la frente, en la finca E\ Corojo, al cabecilla X'arona Mu- 
rías... 

Aparte del hecho citado, sólo hay de interés el desembarco de una 
expedición filibustera, cuyos individuos fueron perseguidos con acti- 
vidad, habiendo pagado algunos con la vida su audacia. Esta expe- 
dición estaba anunciada desde el día Ib de junio. En la costa se notó 
por aquellos días la presencia de fuertes partidas rebeldes, que iban 
con el propósito de proteger su desembarco. Entre los expediciona- 
rios figuraba el cabecilla de la anterior guerra separatista F^icardo 
Trujillo. 

—Los más importantes periódicos de Madrid y de provincias en- 
salzan las manifestaciones de que han sido objeto los marinos fran- 
ceses en la Coruña y el Ferrol, y los ingenieros militares en Barcelo- 
na. La Prensa francesa se mostró en un principio muy satisfecha 
del recibimiento que ha tenido su Escuadra y m.uy inclinada á una 
alianza con nuestro país; pero más tarde, en vista de la actitud indi- 
ferente y aun hostil del Gobierno español , ha cambiado de parecer, y 
ésta es la fecha en que la mayoría de los diarios franceses sostienen 
que de ningún modo estaría dispuesta Francia á auxiliarnos en el 
caso de una guerra con los Estados Unidos. 

— Leemos lo que sigue en un diario de la corte que presume de 
bien informado: 

"Con referencia á cartas recibidas en N'ancouver (América ingle- 



CRÓNICA GENERAL 395 



sa) por el último correo del japón, el Gobierno de esta potencia ha 
recibido del ruso una nota en que se le exige que las tropas japone- 
sas abandonen la isla Formosa cuanto antes. 

Sin duda para exigir en caso necesario que sean atendidas las ex- 
citaciones, Rusia está concentrando un ejército de 100.000 hombres 
y una poderosa escuadra en Vladiwostock. 

También ha llegado á las aguas de la Siberia oriental una nume- 
rosa escuadra inglesa. 

Es de temer, por tanto, que esté incubado otro grave conflicto en 
el Extremo Oriente, y que Rusia é Inglaterra elijan las aguas del 
Japón para continuar la lucha comenzada en Crimea ha cuarenta 
años, y proseguida en las mesetas del Asia central en pequeña esca- 
la, y en las Cancillerías europeas bajo diferentes foímas y con los 
más variados pretextos^. 



Discurso leído por el Emmo. Sr. Nancio de So Santidad, Monseñor Cretoni, 
en el acto de recibir de S. M. la Reina Regente (q. D. g.) la imposición 
de la birreta cardenalicia. 

SEÍs:ORA: 

No hav fuentes más puras y abundantes de la elocuencia como la 
gratitud; y, sin embargo, yo, que vengo aquí poseído de la gratitud 
más profunda por la emoción, de buena gana enmudecería en estos 
solemnes instantes, si con el silencio pudiera satisfacer á mis impres- 
cindibles deberes. Facilítanme , por fortuna, el cumplimiento déla 
obligación imperiosa que me impone este acto memorando, de una 
parte la excelsitud del Pontífice-Rey que se digna enaltecer á quien 
no tiene otro linaje de méritos que los que creyó ver en el hijo obe- 
diente y sumiso la benevolencia del padre; de otra , la suma de virtu- 
des acumuladas en la Soberana ejemplar que representa hoy en este 
templo al Supremo Jerarca. 

¡Qué paralelo tan hermoso y tan justificado podría tejer entre 
ambas colosales figuras un entendimiento más privilegiado que el 
mío! León XIII ama y bendice á su siglo en cuanto éste manifiesta 
de generoso y grande, y le amonesta y le atrae con inefable amor en 
cuanto tiene de audaz y de ensoberbecido. Vos, Señora, cumplís con 



3% CRÓNICA GENERAL 



igual fidelidad vuestros destinos, ilustrando y enriqueciendo vuestro 
pueblo con los recortes y frutos de vuestra inteligencia, discreción y 
prudencia. 

León Xlll va cerrando con su sabiduría y su celo los abismos 
abiertos entre la ambición y la justicia, entre la violencia y el dere- 
pho. Vos supisteis tender escalas y puentes salvadores entre aspira- 
ciones encontradas, y unir con estable concordia espíritus que acari- 
ciaban y mantenían aquellos ideales. 

F.eón Xlll, muy lejos de ahuyentar A los entendimientos extra- 
viados y á los corazones altivos con los rayos del anatema, los domi- 
nó con el raciocinio y los cautivó con la dulzura. Vos, lejos de abri- 
gar rencores contra los enemigos del Trono, no solamente los perdo- 
nasteis, sino Que también los favorecisteis en la medida que lo con- 
sentía la obligación sagrada de ser el ángel tutelar de vuestros au- 
gustos hijos. 

León XIII es alentador sublime de los que trabajan con fe since- 
ra, y los obreros miran en él al padre que consuela y al guía y conse- 
jero que salva. \'os mostráis igualmente al poderoso los medios y las 
venturas de proteger al pobre y al pueblo, siendo constante consola- 
dora de los que sufren, y madre solícita de los desgraciados. 

León Xlll ha impuesto á los publicistas y á los políticos en las es- 
feras del derecho de gentes principios y verdades que estaban des- 
conocidos ú olvidados, y la aureola de su grandeza le mereció ser 
arbitro en los litigios de los príncipes y en los conflictos de las na- 
ciones. \'os habéis infiltrado por admirable modo el espíritu de cle- 
mencia en las prudentes severidades de una legislación sabia , y to- 
dos reconocieron y ensalzaron vuestra equidad y vuestra mode- 
ración. 

A León Xlll le ha tocado vivir en una época de tremendas crisis 
y de situaciones difíciles; pero esas situaciones y crisis elevaron á 
inconmensurable altura su prestigio, porunt: vel divina tantummodo natura invisibilis. quod so- 
lent Monophysitse: sed unus est ex utraque et in utraque natura cum 
visibili tum invisibili ; sic corpus ejus mysticum non vera Ecclesia est 
nisi propter eam rem. quod ejus partes conspicuic vim vitamque du- 
cunt ex donis supernaturalibus rebusque ceteris, unde propria ipsa- 
rum ratjo ac natura efUorescit. Cum autem Ecclesia sit cjusinodi vo- 
lúntate et conslitutionc divina , permnnere sine ulla iniermissione de- 
het i'/nsnwdi \n ;t*ternitate temporum: ni permaneret, profecto nec 
esset condiía ad perennitatem; el Hnis ipse, quo illa contcndit, loco- 
rum esset temporumque corto spatio deíinitus: quod cum veritate 
utrumque pu^nat. Istam ijiitur et visibilium et invisibilium conjunc- 
tionem rerum, quia naturalis atque Ínsita in Ecclesia nutu divino 
inest, tamdiu permanere necesse est, quamdiu ipsa permansura 
Ecclesia. Quare Chrysostomus: Ah Ecclesia itc abstinvas: nihil cnint 
fortius tcctcsia. Spcs tua Ecclesia, salus íua Ecclesia, rcfugiiim 
íiinni Ecclesia. Culo excelsior et Urra latior est illa. Sitmquaux se- 
nescit , sed semper viget. Quanio/neni e/us /innitatcnt stahiiitateni- 
que demoustrans , Scriptura montetn illaní vocal (1). Augusiinus 
vero: Putaitt (^lentilcs) religiotietu nowinis c/iristtani ad ceitunt 
ícDipus in ftoc steculo victurant , et postea non futiiraiu. Pertnanc- 
bit ergo cum solé , quamdiu sol oritur et occidit ; hoc est quamdiu 
témpora isla volvutttuf , non deerit Ecclesia Dei , id est Cfinsíi cor- 
pus in Icrris (2). Idemquc alibi: Xulahit Ecclesia , si nutaverit ínn- 
dameníum: sed unde ntilahit Christus.^... Notí ñútante Clnisto, non 
inclinahitur in steculum steculi. i'bi suttt qui dieunt . pcriise de 
mundo Ecclesimn , quando nec inclinari potest? (3). 

Mis vclut fundamentis utendum veritatem quícrenti. Scilicet Ec- 
clesiam instiiuit formavitque Christus Dominus: propterea natura 
illius cum quícritur cujusmodi sit, caput est nosse quid Christus volue- 
lit quidque reapse eífecerit. Ad hanc reijulam exigenda máxime \\c- 
clesiii; uiiiías est, de qua visum est, communis utilitatis caussA, non- 
nihil his litteris attingerc. 

Profecto unam esse jesu Chrisii germanam Ecclesiam, ex lucu- 
lento ac multiplici sacrarum litterarum testimonio, sic constat inter 
omnes, ut coniradicere christianus nemo ausit. Verum in dijudicanda 
statuendaque natura unitatis, multos varius error de via dellectit. Ec- 
clesiic quidem non solum ortus sed tota consiitutio ad rerum volún- 
tate libera elTcctarum pertinet genus: quocirca ad id quod revera 
gestum est, indicatio est omnis revocanda, exquirendumque non s;me 



(i) Hom. De capto Euíropio, r.. 6. 

(2) InPsal. LXXI, n. S. 

(3) Knarratio in Psal. CIII . sermo 11, n. 5. 



DE UN'ITATE ECCLESIAE 405 



quo pacto una esse Ecclesia queat, sed quo unam esse is voluit. qui 
condidit. 

lamvero, si ad id respicitur quod orestum est, Ecclesiam Jesús 
Christus non talem finxit formavitque, quie communitates plures com- 
plecteretur genere símiles, sed distinctas, ñeque iis vinculis allii^a- 
tas, quie Ecclesiam individuam atque unicam efficerent, eo plañe 
modo, quo Credo unam... Ecclesiam in symbolo fidei profitemur. In 
unitis natura' sortent cooptatnr Ecclesia guie est una , qnaní conan- 
tur haereses in multas discindire. Et essentia ergo et opinione , et 
principio et e.xcellcntia unicam esse dicimus antiquam et catholi- 
Citm Ecclesiam... Cctcrum Ecclesiic qutx/ue eminentia , sicut princi- 
pium constructionis , est ex iinitate , omnia alia siipcrans , et nihil 
hahens sibi simile vel tct/uale (1). Sane Jesús Christus de aedidcio 
ejusmodi mysiico cum loqueretur, Ecclesiam non commemorat nisi 
unam, quam appeW^t suam: (cdi/icabo Ecclesiam meam. Quaecumque, 
praeter hanc, coj^itetur alia, cum non sil per Jesum Chrisium condi- 
ta, Ecclesia Christi vera esse non potest. Quód eminet etiam majáis, 
si divini auctoris propositum consideretur. (^uid enim in condita con- 
dendave Ecclesia petiit, quid voluit Christus Dominus? Hoc scilicet; 
munus Ídem , idemque mandatum in eam continuandum transmittere, 
quod ipse acceperat a Patre. Id plañe siatuerat faciendum, idque re 
elfecit. Sicut misil me Fater, et eg» millo vos (2). Sicut tu me misisti 
in mundinn, el ego misi eos in mundum (3). Jamvero Christi mune- 
ris est vindicare ab intcritu ad salutem quod perierat , hoc est non 
aliquot íjentcs aut civitates, sed omnino hominum, nullo locorum 
temporumve discrimine, universumgenus: venit Filias Jtominis... ut 
salvetur mitndus per ipsum (4). Xec enim aliud nomen esl sub cielo 
datunt hominibus, in quo oporteat nos salvos fierUp). Itaque partam 
per Jesum Christum salutem, simulque beneficia omnia quae inde 
proficiscuntur, late fundere in omnes homines atque ad omnes propa- 
gare aetates debet Ecclesia. Quocirca ex volúntate auctoris sui uni- 
cam in ómnibus terris, in perpetuitate temporum, esse necesse est. 
Plañe plus una ut esse posset, excederé terris et genus hominum fin- 
gere novum atque inauditum oporteret. 

Hoc ipsum de Ecclesia una, quotquot essent ubique et quovis tém- 
pora mortales complexura, vidit ac praesignificavit Isaías, cum fu- 
tura prospicienti, objecta species montis est, celsitudinis exsuperan- 
tia conspicui, qui imaginem Domas Domini , videlicet Ecclesiae, 
expressam gerebat: Et erit in novissimis diebus prceparatus mons 



(i) Clemens Alexandrinus, Stromatum . lib. vii, cap. xvii. 

(2) Joan. , XX, 21. 

(3) Ib., XVII, 18. 

(4) Ib., ni, 17. 

(5) Act., IV, 12. 



406 epístola enxyclica 



domus Domini in vértice moitliuin (1). Atqui iinus iste mons est, ir» 
vértice montium locatus: nua domus Domini, ad quam omnes gentes 
vivendi normam petiturae aliquando contiuerent: Et ftuetit ad eavt 
ojtncs ffoites... et diccrit: venííe et ascendamus ad monte m Dumiiii , 
ct ad domiiin Dei Jacob, et docebit nos vias snas , et atnbnlabinuis 
in seniitis ejus (2j. Quem locum cum Optatus Milevitanus attini^eret, 
Scriptitm est , inquit. in Isaia propheta: ex Sion prodiet lex , et ver- 
bnm Domini de Hierttsalem . Non ergo in illa monte Sion Isaías 
(ispicit vallem, sed in monte sancto, qiti est Ecclesia, qtti per omnem 
orbem romanum captit tiilit snb toto c<vlo... Est ergo spiritalis Sion 
Ecclesia, in qua a Deo Patre rex constitutus est Christus , quic est 
in toto orbe tcf rarnm, in qno est una Ecclesia catliolica (3). Augus- 
linus vero: Qmd tam mani/estitm qtiam mons.* Sed sutil et montes 
ignotí , quia in una parte lerrarum posili sunt... lile autcm mons 
non sic, quia implevil universam f ación terw: et de tilo dcitur; pa- 
patus in cacumine montium (4). lUud accedit.quod Ecclesiam Filius 
Dei mysiicum corpus suum decrevit fore, quocuní ipse velut caput 
conjuniícrelur, ad similitudinem corporis huniani quod suscepit: cui 
quidem iiaturali con^lutinaiione inharet naiurale caput, Sicut ijjitur 
inortalc corpus sibi sumpsit unicum, quod obtulit ad cruciatus et 
necem , ut libtrationis iiumariic pretium exsolverel, sic pariter unum 
habet corpus mysiicum, in quo et cujus ipsius operA facit sanctitatis 
salutisque icternae homines compotcs: Ipsum (Chrislum) dedil (Deus) 
caput supra o>nnem Ecclesiam , qute est corpus ipsius (5). Dispersa 
membra atque sejuncta non possunt eodem cum capite, unum simul 
effcctura corpus. cohaerere. Atqui Paulus, Omnia autem, inquit, 
membra corporis cum sint multa , unum tamen corpus sunt: ita et 
Christus (O). Propterea corpus istud mysticurn compactum ait esse 
ct connexum. Caput Christus: ex quo totunt corpus compactum , et 
contiexinn per omnem juncturam subministrationis , secundum 
operationem in mensuram uniuscujusque membri (7). Quamobrem 
dispersa a membris ceteris siqua membra vagantur, cum eodem at- 
que único capite cono:lutiiiata esse ncqueunt: Unus Deus est, et 
Christus unus, et una Ecclesia ejus ct fides una ct plcbs una in so- 
lidaní corporis unitatem concordia- glutino copúlala. Scindi unitas 
non potest, nec corpus unum discidio conipaginis separar i (tí). Quo 



(i) Isaias, n, 2. 

(2) Ib., 2-3. 

(3) De Schism. Donntist.. lib. iii, n. 2. 

(4) In Epist. Joan., tract. i, n. 13. 

(5) Ephes., I, 22-23. 

(6) I. Corinth., xii, 12. 

(7) Ephes., IV, 15-16. 

(8) S. Cyprianus, De catlt, Eccl. Unilaie, n. 23. 



DE UNITATE ECCLESIAE 407 



melius Ecclesiam etfino^at unicam, similitudiuein animati corporis 
informat, cujus non aliter victura membra sunt, nisi coUií^ata cum 
capite, vim ad se vitalem ex capite ipso traducant: sejuncta, necesse 
est emori: Non potest (Ecclesia)... divulsis laceralione visccribiis in 
frusta discerpi. Quii1(¡tii(i a niatrice ciiscesserit, scorsittn vivere et 
spirare non poterií (\). Mortuum vero corpus quid habet cum vivo 
similitudinis? AV;«(í t'////;i nnt/udni carnem suain odio habuit : sed 
)iiilrit, el foi'et eatn. sicut et Chftst/ifi Ecclesiam: quiU monbra su- 
nnfs corporis ejus, de Ciirne ejus et de ossibus ejiís (2). Aliud igitur 
siinile Christo incohetur caput, alius Chrisius. si pr;etcr eam , quie 
corpus ejus est, fint;i Ecclesiam alteram libeat. Videíe quid caveatis, 
videte quid observetis , videte quid tinieafis. Contingit , ut in cor- 
pore humano, imo de corporc aliquod pnecidtitur membrum, ma- 
nits, digitus, pes: nuinquid pnecisum sequilar anima.* Cum in cor- 
pore essct,vivebat: priccisutn aniillil vilam. Sic et homo christia- 
ñus catholicus est. dum in cor pore vivil: pra\isus,híerelicus fdclus 
csl: membrum amputalnm non siu/uilur spiritus (3). Est iijitur Ec- 
clesia Chrirsii única el perpetua: quicumque seorsum eant, aberrant 
a volúntate et prXíCriptionc Christi Domini, relictoque salutis iti- 
nore.^ad interitum difírediuntur. Quisquís ab Ecclesia segregatus 
titiultera' jungitur. a prumissis Ecclesite scparatur , ncc perveniet 
(til Christi priemia qui reliquit Ecclesiam Christi... Hanc unitatem 
qiii non tenct, non tcnct Dei legem , non tenel Patris et Filii Jidem. 
vitam non tcnet et salutcm (4). 

At vero qui unicam condidit, is idem condidií unam. videlicet 
ejusmodi, ut quotquot in ipsa fuiuri essent, arctissimis vinculis socia- 
ti tenerentur, ita prorsus ut unam gentem, unum re<ínum, corpus 
uium cfficerent: '6'/í//í;i í7>r/)//s, et unus spiritus, sicut vocati cstis 
in una spe vocationis vestr(e{5). Voluntatem hac de re suam Jesús 
Christus sanxit, propinqua jam morte, augusteque consecravit, ita 
Patrem adprecatus: Non pro eis rogo tantum, sed et pro eis, qui 
crcdituri sunt per verbuní eorum in me... ut et ipsi in nobis unum 
sint... ut sint consummafi in unum (6). Imo tam intime nexam jussit 
esse in sectatoribus suis unitatem tamque perfectam, ut conjunctio- 
nem cum Patre suam ratione aliqua imitaretur: Rogo... ut omnes 
unum sint, sicut tu, Pater , in tne, et ego in te (7). Tantas autem inter 
homines ac tam absolutne concordiie necessarium fundamentum est 



(i) S. Cyprianus, De cath. Eccl. Unitate . n. 23. 

(2) Ephes., V, 29-30. 

(3) S. Augustinus, sermo ccLxvn, n. 4. 

(4) S. Cyprianus, De cath. Eccl. Unitate, n, 6. 

(5) Ephes., IV, 4. 

v6) Joan., xvii, 20-21-23. 

(7) Ib., 21. 



408 EPÍSTOLA ENCYCLICA 



convenientia conjunctioque mentium: ex quo conspiratio voluntatum 
atque agendorum similitudo natura gignitur. Quamobrem, pro sui 
diviiiitate consilii, itnitnteni fidei . in Ecclesia sua jussit esse: quic 
quidcm virtus primum est in vinculis iis quíe hominem jungunt Deo, 
et inde nomeny/í/f/^5 accepimus. Units Doniitms, itna/ides, unioii 
haptisma (1): videlicet sicut unus Dominus, et baptisma unum. ita 
omniuní christianorum, qui ubique sunt, unam esse fidem oportet. 
Itaque Paulus Apostolus christianos, ut idem sentiant omnes, efl'u- 
giantque opinionum dissidia non rogat tantum, sed flagitat ac plañe 
obsecra t: Obsecro tiufcni vos, f ral res, per nonien Domitii itosíri 
Jesn Christi : ut idipsnni dicatis omues, et fton siut tu vobis schis- 
mata: sitis <uite»i perfecti in eodeni seHsn, et i ti eadem senlentiti i2). 
Qax loca sane non indigent interprete: satis enim per se loquuntur 
ipsa. Ceteroqui unam esse fidem deberé, qui se profitentur christia- 
nos, vulgo asseniiuntur. Illud poiius maximi momenti ac prorsus ne- 
cessarium, in quo multi errore falluntur, internoscere qu?e sit istius 
species ct forma unitaiis. ()uod ipsum, ut supra fecimus in caussa si- 
mili, non opin:itione aut conjeciura est, sed scientia rei gesta? judi- 
candum : qua.-rendo scilicet stntuondoque qualeni in lidc Anitatem je- 
sús Christus esse prrcceperit. 

Jesu Christi doctrina caelestis, tametsi magnam partem consigna- 
ta litteris afflatu divino, coUigare lamen mentes, permissa hominuní 
ingenio, ipsa non poterat. Erat enim proclive factu ut in varias inci- 
deret atque inter se differenics interpretationes: idque non modo 
propter ipsius vim ac mysteria doctrina?, sed etiam propter humani 
ingenii varietatem, et perturbationem in studia contraria abeuntium 
cupiditatum. \í\ differentia interpretandi dissimilitudines seniiendi 
necessitate nascuntur: hinc controversiie. dissidia, contentiones, qua- 
lia incumbere in Ecclesiam ipsa vidit próxima originibus aetas. De 
haereiicis illud scribit Irenaeus: Scnplnnis quidcm confiteutur. i?/- 
íerpreíationes vero couvertunt (3). Atque Augustinus: Neqi4e euiui 
vatcc sunt ¡ucreses et qutcdnm doginatu perversitatis Ulaquenntiii 
auimds et in prnfunduní prtccipitontiit . nisi dutn scriptunc borne 
inteltiguntur non l>ene (4). Ad conjugandas igitur mentes, ad eífi- 
ciendam tuendamque concordiam sententiarum, ut ut extarent divi- 
nae litterae, omnino erat alio quodam principio opus. Id exigit divina 
sapientia: ñeque enim Deus unam esse íidem velle potuit, nisi con- 
servandíc unitatis rationem quamdam idoncam providisset: quod et 
sacrae littenv perspicue, ut mox dicturi sumus, significant. Certe infi- 
nita Dei potentia nulli est viñeta vel adstricta rei, omniaque sibi habet 



(i) Ephcí.., IV, 5. 

(2) I. Corinth., i, 10. 

(3) Lib. ni, cap. xii, n. 12. 

(4) /w Evang. Joan., tract xviii, cap. v, n. i. 



DE UNITATE ECCLESIAE 409 



obnoxie, velut instrumenta, parentia. De isto igitur piincipiü exter- 
no, dispicicndum, quodnam ex ómnibus, quae essent in potestate sua, 
Christus optarit. Quam ob rem oportet christiani noniinis revocare 
cogitatione primordia. 

Divinis testata litteris, eademque vulgo cognita commemoramus. 
Jesús Christus divinitatem divinamque legaiionem suam miraculo- 
rum \ irtute comprobat: erudire verbo multitudinem ad caelestia in- 
sistit, omninoque jubet ut sibi fides docenti adjungatur, hinc praímiis 
illinc poenis propositis sempiternis: .S7 non fado opera Patris mei , 
nolite crederc ttiihi (1). .S7 opera nonfecisseni ín eis, qmr fiemo aiiits 
fecit pcccatiini non ¡íiiberent {'!). Si antem Jacio (opera), el si niilii 
non i'u/íis creciere, operibiis credite (3). Quaecumque prscipit, eádem 
omnia auctoritate priocipit: in exigendo mentis assensu nihil excipit, 
nihil sccernit, Eorum igitur qui Jesum audissent, si adipisci salutem 
vellent, oflicium fuit non modo doctrinam ejus accipere universe, sed 
tota mente assentiri singulis rebus, quas ipse tradidisset: illud enim 
repugnai, Hdcm vel una in re non adhiberi Deo. 

Maturo in ca."lum reditu, qua ipse poteslate missus a Patre íuerat, 
eadem miitii Apostólos, quos spargere ac disseminare jubet doctri- 
nam suam: Data esí milii oinnis potestas in Cíclo et in térra. Euntes 
ers;o docete oinnes gentes... Docentes eos servare omnia ,qucecinu 
que ¡nandavi vobis (4 . Salvos fore, qui Aposlolis paruissent , qui non 
paruissent, interituros: Qui crediderit et baptizatus fiierit , salvas 
erit: qui vero non crediderit , condemnaltitur (fi). Cumque illud sit 
providentiae Dei máxime congruens, ut muneri praescrtim magno 
atque excellenti pr:eficiat neminem, quin pariter suppeditet unde li- 
ceat rite defungi, idcirco Jesús Christus missurum se ad discípulos 
suos Spiritum veritatis polliciius est, eumque in ipsis perpetuo man- 
surum : .S; atiiem abiero , mittam eum (Paraclitum) ad vos... Cum 
autem veneril Ule Spiritus veritatis, docebit vos omnem verita- 
tem (6). £t ego rogabo Patrem, et alium Paraclitum dabit vobis- 
ut maneaí vobiscum in icternum , Spiritum veritatis... (7). Ule testi, 
moninm per/iibebit de tne: et vos testimonium perhibebitis (8). Hinc 
doctrinam Apostolorum religiose accipi sancteque servari perinde 
imperat ac suam: Qui vos audit, tne audit: qui vos spernit , me sper- 



(i) Joan., X, 37. 

(2) Ib., XV, 24. 

(3) Ib.. X, 38. 

(41 Matt. , XXVIII, 18-19-20. 

(5) Marc, XVI, 16. 

(6) Joan., XVI, 7-13. 

(7) Ib., XIV, 16-17. 

(8) Ib., XV, 26-27. 



410 epístola encyclica 



nit (1) Quamobrem Icgati Apostoli a Jesu Christo sunt non secus ac 
ipse legatus a Paire : Sicut misit me Pater, et ego tttitto vos (2): prop- 
terea quemadmodum dicto audientes Christo esse Apostólos ac discí- 
pulos oportuit, ila pariter fidem adhibere Apostolis debuerant, quos- 
cumque ipsi ex mandato divino docuissent. Erijo Apostolorum ve! 
unum repudiare doctrinic príucepium plañe non plus licuit , quam de 
ipsius Christi doctrina rejecisse quidquam.— Sane Apostolorum vox, 
illapso in eo.r Spiriiu sancto, quamlatissime insonuit.Quacumque ves- 
tifíium posuissent, perhibent se ab ipso jesu legatos. Per qiiem (Je- 
sum Christum) accepimus gratiatn , et apostoi(itnni ad olnuíiendNni 
fidci in oninihiis gctitibns pro nomine ejus (3 : divinamque eoruní le- 
íjaiionem passim Dcus per prodij^ia in aperto ponil: //// ttnfent pro- 
Jecli pru'dicaverunl ubique , Domino cooperante , et sernionem con- 
firmante , sequentihits signis(4).Q\iem verosermonem? eum utique, 
qui id omne comprehenderet , quod ipsi ex map:islro didicissent : pa- 
lam enim aperleque testantur, nihil se eorum posse, quic viderant 
quicque audierant, non loqui. 

Sed, quod alio locodiximus. non erat ejusinodi munus apostoli- 
cum, ut aut cum personis Apostolorum interire posset, aut cum tem- 
pore labi.quippe quod et pubiicum esset et saluti ^eneris humani 
institutum. Apostolis enim mandavit jesús Christus ut pracdicareni 
evangelium omni creatnríc , et portarent nomen ipsins coram gen- 
tihus et rcgibus , et /// sibi testes essent usqne ad ullimtim terne. 
Atque in tanti perfunctione muneris adfore se poUicitus eis est, id- 
que non ad iJiquot vel annos vel nctates, sed in omne tcmpus, nsque 
ad consnninuitioficm s<rcnti. Ouam ad rem Hieronymus: Qni nsque 
ad consumnidíionem sacnii cum discipniis se /ittnnim csse promit- 
tit , et il/os ostendit semper esse victnros et se nunquam a credenti- 
bus recessurum (5). Qwx quidem omnia in solis Apostolis, supremíe 
necessitate ex humana conditione obnoxiis, qui vera esse potuissent? 
Erat igitur provisum divinitus ut magisterium a jesu Christo institu- 
tum non iisdem íinibus, quibus vita Apostolorum, terminarctur . sed 
esset perpetuo mansurum. Propat^atum revera ac velut in nianus de 
manu traditum videmus. Xam consecravere episcopos Apostoli, qui- 
que sibi proxime succederent in ministerio verhi . singillatim desig- 
navere. — Ñeque hoc tantum: illud quoque sanxere in successoribus 
suis, ut et ipsi viros idóneos adlegerent, quos, eadem auctoritate 
auctos, eidem prseficerent docendi officio et muneri: Tu ergo,fili mi, 
confortare in gratia, quic est in Cliristo Jesu: et quu- audistt a me 



(0 


Luc, X, i6. 


(2) 


Joan. , XX, 21. 


(3) 


Rom. ,1,5. 


(4) 


Marc, XVI , 20. 


(5) 


In Matth. , lib. iv , cap. xxvni , v. 20. 



DE UMTATE ECCLESIAE 411 

per niultos testes, hcec comwenda fiítclibiis hoiniítiOits , qiti idonei 
erunt el alias docere (1). Qua de caussa sicut Christus a Deo, et 
Apostoli a Christo, sic episcopi et quotquot Apostolis successore, 
missi ab Apostolis sunt: Apostoli nohis Evungclii pricdicatorcsfacti 
sunt a Domino Jesii Christo , J csus Oirist iis missiís est u Deo. Chris- 
tus igitur ii Deo , et Apostoli a Christo, et facttim cst lítniwque or- 
dinatim ex voluntate Dei... Per regiones igitur et urbes verbitin 
pradicantes ,primitias eartini spiritu ciini probassent , constitiie- 
rtint episcopus et diáconos eorum qiii creditnri erant... Coiistittie- 
runt príedictos, et deinceps ordinal ioneni dederitnt , ut quuní illi 
decessisseut , tninisterium euruní alii viri probaíi exciperenf (2). 
Permanere igitur necesse est ex una parte constans atque immuta- 
bile munus docendi omnia , quae Christus docuerat: ex altera cons- 
tans atque immutabile officium accipiendi protitendique omnem illo- 
rum doctrinan!. Quod praeclare Cyprianus iis verbis illustrat: Ñe- 
que enini Domiuus uoster Jesús Christus, cuní iu Evangelio sito 
test arel ur inimicos sitos esse eos , qui secum non essent, aliquaní 
speciem hareseos designavit: sed ontnes oninino (¡ni sccnni non es- 
sent et secuní non colligentes , gregem snum spargerent , adversa- 
rios esse ostendit , dicens: Qui non est niecum, adversns me est ; et 
qui non mecuní colligit , spargit (3). 

His Ecclesia praeceptis instituía, sui memor officii, nihil egit stu- 
dio et contentionc majore, quam ut integriíatem lidei omni ex parte 
tueretur. Hinc perduellium habere loco et procul amandare a se, qui 
de quolibct doctrin;c su;u capite non secum una sentirent. Ariani, 
Montanistit, Xovatiani, Quartadecumani, Kutychiani certe doctri- 
nan! catholican! non penitus omnem, sed partem aliquam deserue- 
rant: híereticos tamen decláralos, cjectosque ex Ecclesiae sinu quis 
ignorat fuisse? Similique judicio damnati. quotquot pravorum do^ma- 
tum auctores variis temporibus postea consecuti sunt. Nihil periculo- 
sius his ha^reticis esse potest , qui cum integre per omnia decurrant, 
uno tamen verbo, ac si veneni guita, tneram illam ac simplicem 
Jidem Doniinica' et exinde apostoliac traditionis inficiunt (4). ídem 
semper Ecclesiíe mos, idque sanctorum Patrum consentiente judi- 
cio: qui scilicet communionis catholicae expertem et ab Ecclesia ex- 
torrem habere consueverunt, quicumque a doctrina, authentico ma- 
gisterio proposita, vel minimum discessisset. Epiphanius, Augusti- 
nus, Theodoretus haereseon sui quisque temporis magnum recensue- 
re numerum. Alia Augustinus animadvertit posse genera invalesce- 
re, quorum vel uni si quis assentiatur, hoc ipso ab unitate catholica 



(i) II. Tim. ,11, 1-2. 

(2) S. Clemens Rom., Epist. 1 ad Corinth. , capp. xlii-xliv. 

(3) Epist. LXIX ad Magnum, n. i. 

(4 1' Auctor Tractatus de Fide Orthodoxa contra Árlanos. 



412 epístola encvclica 



sejungitur: .\o)¡ o)iinis , qui ¿sta (numeratas videlicet haereses) non 
credit .cnnsequenler ciehet se christiauum catholicitm jatn putare 
vel dicere. Possinit euim et hccreses aliit , quic i ti hoc opere iiostro 
couimcmoratíc notí suhí , ve/ essevel fieri . quaruvt (iliqíuim quts 
quis tenuvrit , christianus catholicus non crit (1). 

Istam lutandae unitati, de qua dicímus, instiiutam diviniíus ratio- 
nem urget beatus Paulus in epístola ad Ephesios; ubi primum monet 
animorum concordiam ma^no studio conservandam : soliiciti servare 
ufíitati-m spiritus in vinculo pacis (2): cumque concordes animi ca- 
ritate esse omni ex parte non possint, nisi mentes de üde conscntiant, 
unam apud omncs vult esse fidem : (ñus Dotninns , nnn ftdes: ac tam 
perfecte quidem unam. ut crrandi discrimen omne prohibeal: IJtjain 
non simus pnrinii flnctunntes , et circHwferamur omni vento doc- 
/rime in neqnititi hominutti , /;/ asttttin ad circutnventiouem erroris. 
Idque non ad lempus servari docet oportere, sed doñee occnrrainus 
atunes in nnitatemjidei... in mensuram ¡etatis plcnitudinis Christi. 
Sed ejujmodi unitatis ubinam Jesús Christus posuii prinripium in- 
choandae, pi;csidium custodiendse? In eo videlicet, quod, Ipse dedil 
qtiosdiini qiiidcín Apostólos... alios anteni pastores, et doctores, ad 
consí4mnuitionet)i sanctornm in opas ministerii , in icdificationcni 
corporis Christt. ()uare vel inde ab ultima vetustate hanc ipsam re- 
gulam doctores Patresque el sequi consueverunt et uno ore defende- 
ré. Ori<;enes: Qaoties auteni (haeretici) canónicas proferitnt scrip- 
tura , in quihus otnnis christiantts consentit et credit , videntnr dice- 
re : eccc in domibus vcrbuní est veritatis. Sed nos illis credere non 
debentus , nec cxire a prima et ecclesiastica traditione , nec aliter 
credere , nisi quemadmodttm per successioncm Ecclesiic Dei tradi- 
deriint nobis (3). Irenxus: Agnitio vera est Apostolorum doctrina... 
secundnm st4Ccessiones episcoporum... qu(C pervenit itsque ad nos 
custoditione sine fictione script tirar um tractatio plenissima (4). Ter- 
tulianus vero: Constaí proinde , omnem doctrinam , qua cum illis 
Ecclesiis aposlolicis nujtricibus et originalibusjideiconspiret, ven- 
tati deputandam , sine dubio tencntem quod lüclcsiír ab Apostolis, 
Apostoli a C/iristo. Christus a Deo accepil... COmmunicamus cum 
Ecclesiis apostolicis , quod nulli doctrina diversa: hoc est testi mo- 
til um veritatis (5). Atque Hilarius: Significat (Christus e navi do- 
cens) eos , qui extra Ecclesiam positi sunt , nullam divini ser monis 
caperc posse intelligentiam. Navis enim Ecclesice typum pncfert , 
intra quam verbum vitie positum et pncdicatum hi qui extra sunt 



(i) De Haeresibus, n. 88. 

(2) IV, 3 et seqq. 

(3) Vltus Interprelatio Commentariorum in Mntt. , n. 46, 

(4) Contra Haereses, lib. iv, cap. xxxni , n. 8. 

(5) De Praescrip., cap. xxi. 



DE UNITATE ECCLESIAE 413 



ct (iretnc modo síc/i/es atque imitiles adjacent , iritelligere uon pos- 
suut (1). Rufinus Grecíorium Xazianzenum laudat et Basilium, quod 
solis diviuw scriptiiru i'oluniinibus operam dabant , earuniqnc in- 
telligeiiíinin non ex propria príssumptione , sed ex tnajoruin scrip- 
tis ct otictoritate seqiicbantur , quos et i'psos ex apostólica sures- 
sione intelligendi regulam snscepisse constabat (2). 

Quamobrem, id quod ex iis, quíe dicta sunt, apparet, instituit Je- 
sús Christus in Ecclesia vivnm , anlhentícntn, idemque perenne >na- 
gistcriuní , quod suapte potestaie auxit , spiritu veritatis intruxit , mi- 
raculis conlirmavit: ejusque prsecepta doctrina* íeque accipi ac sua 
voluit íiravissimeque imperavit.— Quoties igitur hujus verbo magis- 
terii ediciiur, traáiiie divinitus doctrinae complexu hoc contineri vel 
illud , id quisque debet certo credere , verum esse : si falsum esse ullo 
modo posset, illud conscquatur, quod aperte repuijnat, erroris in ho- 
mine ipsum esse auctorem Dcum; Domine, si error esí , a te decepti 
sit))ins (.J). lia omni aniota dubiíandi caussA , uUamne ex iis veritati- 
bus potcst cuiquam fas esse respuere, quin se del hoc ipso prascipi- 
tem in apertam haeresim? quin, sejunctus ab Ecclesia, doctrinam 
chrisiiunam una complexione repudiet universam ? Ea quippe est na- 
tura fidei , ut nihil tam repuj^net quam isla credere, illa rejicere. Fi- 
dem enim Ecclesia prohtetur esse virtntem <upernaturalem , qita, 
Dei adjurante et aspirante gratia . ab eo revelata vera esse credi- 
inns, non propter intrin^eca)n rerttm veritatem natura/i rationislti- 
mine perspectam , sed propier anctoritatem ipsuts Dei rcvelantis, 
qiti nec falli nec /altere poíest (4). Si quid igitur traditum a Deo li- 
queat fuisse, nec tamen creditur, nihil omnino fide divina creditur. 
Quod enim Jacobus Apostolus de delicto judicat in genere morum, 
Ídem de opinionis errore in genere fidei judicandum: Quicttmque... 
ofjendat... in uno, /actas est omninm reus (5): imo de opinionis erro- 
re, multo magis. ünmis enim viólala lex minus proprie de eo dicitur 
qui unum peccavit, propterea quod majestatem Dei legum laioris 
sprevisse, non nisi interpretanda volúntate, videri potest. Contra is, 
qui veritatibus diviniíus acceptis vel uno in capite dissentiat, veris- 
sime ñdem exuit funditus, quippe qui Deum, quatenus summa veritas 
est et proprium mutivum Jidei , recusat vereri : In miiltis mecum, in 
pancis non mecum: sed in his paucis , in quibus non tnecuin, non eis 
prosunt multa, in quibus mecum (b). Ac sane mérito, qui enim su- 
munt de doctrina christiana, quod malunt, ii judicio suo nituntur, non 



(i) Comment. in Matt/i,, xiii , n. i. 

(2) Hist. EccL, lib. II, cap. ix. 

(3) Richardus de S. Victore, De Trin., lib. i , cap. 11. 

(4) Conc. Vat. , sess. ni, cap. ni. 

(5) ". 10. 

(6) S. Augustinus, in Psal. LIV, n. 19. 



414 EPÍSTOLA ENCYCLICA 



fide: iidemque mininic /// captivil(itet}i rcdigcutes onjficni in/eilcc- 
íiim in ()/)SL(¡n¡iini C/in's(í(\), sibimeiipsis veriusobtemperaní, quam 
Deo: Qui in Evangelio quod vnliis, creditis; qnod lut/fis . non ere- 
dilis , vobis potius qnatn Evangelio creditis (2). 

Quocirca nihil Palies in Concilio \'aticano condidere novi, sed 
institutum divinum, veterem atque constantem Ecclcsiae doctrinam, 
ipsamque fidei naluram sequuti sunt,cum illud decrevere: Fide di- 
vina el callioliai ea oninia credcnda sutil , qiiic in verbo Dei scripio 
vel tradito conlinenlur , el ah Ecclesia sive soletnni judicio, sive or- 
dinario el itniversali niagislerio laniqiiain diviniliis reveíala pro- 
ponitnlur {?>). Itaque cuín appareat, omnino in Kcclesia sua velle 
Deum unitatem íidei, compertumque sil cujusmodi eam esse, et quo 
principio tuendam ipse jusserit, liceat Nobis, quoiquot sunt qui non 
animum induxerint aures veriíati claudere, iis Augustini verbis af- 
fari: Ciini igilitr lantutn auxilinni Dei . lant inn profeeluní Jruclum- 
que videanius, dubilahinins nos ejus Ecclesite condere premio, quiv 
usqiic lid con/essioneni generis httniani ab aposlolica Sede per snc- 
cessiones episcoporunt, frustra lucreticis circunilalranlibus, el par- 
lint plebis ipsius judicio, piirlini Coneiliorinn gravilate, partint 
eliam niiraciilorum majeslale daninalis, cithnen auctoritalis obti- 
nuil? Cui nolle primas daré, vel sumnue profecía impielalis esl ,vel 
pnecipitis arroganlitc... El si unaquicque disciplina, quanu/uatn vi- 
lis el facilis , ul percipi possil , doclorem anl magislrum reqniril; 
quid lemertiritc superbitv plenius, quam dirinorum sacramenlorum 
libros et ab intiipretibus suis finlle rognn<rere . rl incoíi^nitos 7 elle 
damnare.^ (4). 

Hoc ii;¡iur sine ulla dubiíatione cst oflicium Hcelesiíe, christia- 
nam doctrinam lueri camque propagare integram atque incorruptam. 
Sed nequáquam in isio sunt omnia : imo ne finis quidem , cujus caussA 
est Ecclesia instituía, olficio isto concludiiur. Quandoquidem, ut je- 
sús Chriütus prosaluie humani generis se ipse devovit, atque huc, 
qua; docuisset quceque pra;cepisset, omnia reiulii, sic jussit Eccle- 
siam quccrerc in veritale doctrinae, quo homines cum sánelos effice- 
ret, tum salvos. — V'erum lanti magnitudinem alque excellentiam pro- 
positi consequi sola lides nullo modo potest : adhiberi necesse esl cum 
Deicultum juslum ac pium, qui máxime sacrificio divino et sacramen- 
lorum communicalione continetur, tum etiam sanciiíatem Icgum ac 
disciplinic — Isla igilur omnia inesse in Ecclesia oporlet, quippe qure 
Servaloris munia in ;evum persequiíur: religionem, quam in ea velut 
;«Cí>/'/)or<?/'/ ille voluit . mortalium generi omni ex parte absolulam 



(i) II. Corinlh. , x, 5. 

(2) S. Augustinus, lib. xvii. Contra Fausttim Manichaeum , cap. iii. 

(3) Ses. III , cap. III. 

(4) De Utilitate Credendi, cap. xvii, n. 35. 



Ulí UXITATE ECCLESIAE 415 



sola praestat: itemque ea. quie ex ordinario providentias consilio sunt 
instrumenia salutis, sola suppeditat. 

At vero quo modo doctrina cíelestis nunquam fuit privatorum ar- 
bitrio inijcniove permissa, sed principio a Jesu tradita, deinceps ei 
separatim, de quo dictum est, cominendata magisterio: sic etiam non 
singulis e populo christiano, verum delectis quibusdam data divini- 
tus tacult'is est perliciendi atque administrandi divina mysteria, una 
cum re<iend¡ gubernandique potestate. Ñeque enim nisi ad Apostó- 
los legitimosque eorum successores ea pertinent a jesu Christo dic- 
ta: Emites in miindum iiniversunt, prudicatc Evangeliiint... bapti- 
zantes eos... Hocfacite in meaní coininemoi ationent... Quorum remi- 
seritis pecciita, reniittiintur eis. Similique ratione non nisi Apostolis, 
quique eis jure successissent, mandavit ut pascerent . hoc est cum 
potestate re^erent universitatem christianorum, quos hoc ipso eis 
subesse deberé atque obtemperare est consequens. Quae quidem of- 
ticia aposlolici muneris omnia ^eneratim Pauii senientia complecti- 
tur: Sic nos existinut homo ut ministros Cliristi , et dispensatores 
mysteriorttm Dei (1). 

Quapropter mortales Jesús Christus, quotquot essent, et quotquot 
essent futuri, universos advocavii, ut ducem se eumdemque servato- 
»cm sequerentur, non tantum seorsum sin<íul¡, sed etiam consociati 
atque invicem re animisque juncli, ut e \. multitudine populus existe- 
rei jure socialus; íidei, finís, rerum ad tinem idonearum coinmunione 
unus, uni eiJemque subjectus potestati. Quo ipse facto principia na- 
luia-, quaí in hominibus societatem sponte gignunt, perfectionem 
naiuricconsentaneam adepturis, omnia in Ecclesia posuit, nimirum 
ut in ea, Ljuotquot tilii Dei esse adoptione volunt, perfectionem digni- 
taii suae congruentem asscqui et retiñere ad salutem possent. Eccle- 
sia igiiur. id quod alias attigimus, dux hominibus est ad cieiestia, 
eidemque hoc est munus assignatum a Deo ut de iis, quíc religionem 
aitingunt, videai ipsa et statuat, et rem christianam libere expedite- 
que judicio suo adminisiret. Quocirca Ecclesiam aut non recte norunt 
aut inique criminaniur qui eam insimulant, velle se in civitatum ra- 
tiones inferre, aut in jura poientatus invadere. Imo Deus perfecit, ut 
Ecclesia esset omnium societatum longe praestantissima: nam quod 
petit ipsa tamquam finem, tanto nobilius est quam quod ceterae pe- 
tuní socictates, quanto naturA gratia divina, rebusque caducis im- 
mortalia sunt praestabiliora bona.— Ergo Ecclesia societas est ortu 
dilina: fine, rebusque fini proxime admoventibus, supernaturalis: 
quod vero coalescit hominibus, humana communitas est. Ideoque in 
sacris litteris passim videmus vocabulis societatis perfectae nuncupa- 
tam. Xominatur enim non modo Domus Dei, Civitas supra montem 
posita, quo convenire gentes omnes necesse est : sed etiam Ovile, cui 



(ij I. Corinth., iv, i. 



416 EPÍSTOLA EXCYCLICA 



prassit pastor unus, et quo recipere se oves Christi omnes debciit : inio 
Regnimi qitod siiscitmií DeiiSj quodque sfnbi't iii (vterumn: derAque 
Corpus Christi, inysíiciím illud quidem, sed tamen vivum apteque 
compositum, multisque conllatum membris; qufe niembra non eum- 
dem actum habent: copulata vero inter se, gobernante ac moderante 
capite, contineniui". jamvero nulla hominum cogitari potest vera ac 
perfecta societas, quin potestate aliquasumma regatur. Debet igitur 
Jesús Christus magistratum Ecclesiac máximum prnefecisse, cui obe- 
diens ac subjecta omnis esset christianorum muliitudo. Qua de caussa 
sicut ad unitatem Kcclesiic, quatenus est cwíus ficicliuní, necessario 
uniías fidei requiritur, ita ad ipsius unitatem, quatenus est divinitus 
constituía societas, requiritur jure divino uuitas regímitiis, qute uni- 
íaletu com>nunionís efficit et complectitur: Ecclesiie autem uiiitas 
in dítobus attenditur: sci/icct in conuexioue nienibroruni Ecclesia; 
ad ifiviccni sen cotumitíiicatioue, et itcrum in ordinv otnninin mtin- 
brorinn Ecclcsice <id iintnn <(ipiit (1).— H.\ quo intclligi licet, excidere 
homines ab l£cclcsi;v unitate non minus schismate, quam lucresi : Jn- 
tcr hwresint et schisnuí hoc esse arbitnuitnr, (¡ncd huresis perver- 
sión dogma liabeat : schisma propter episcopalcni dissensionent ab 
Ecclesia sepuretiir \2). Quibuscum illa Joannis Chrysostomi in eam- 
dem rem sententia concordat: Dico et protestar, Ecclesiatn scindere 
non minus esse maltim, qnam incidere in htcresim (3). Quamobrem 
si nulla potest esse honesta hícresis, pari ratione schisma nullum est, 
quod possit jure factum videri: Non est quicquam gravins sacrile- 
gio sc/nsmaíis... prucidendu unitatis nulla est Justa necessitas (4). 
Quae vero et cujusmodi summa ista potestas sit, cui christianos 
parere oportet universos, non aliter nisi comperta cognitaque volún- 
tate Christi statuendum. Certe in aeternum rex Christus est, item- 
que moderari in ¡cternum tuerique regnum suum e cáelo non visus 
perseverat: sed quia conspicuum illud esse voluit. designare debuit 
qui gereret in terris vices suas, postea quam ipse ad cíclestia rediis- 
set: Si quis autem dicat quod unum capul et unus pastor est C/iris- 
tus, qui est unus unius Ecclesicc sponsus , non sufjicienter respon- 
det. Manijestum est enim, quod ecclesiastica sacramenta ipse Chris- 
tus per ficit : ipse enim est qui baptizat, ipse est qui peccala remit- 
tit, ipse est verus sacerdos, qui se obtulit in ara crucis, et cujus vir- 
tute Corpus ejus in altari quotidic consecratur ; et tamen quia cor- 
poraliter non cum ómnibus fidelibus prusentialiter eral fulurus, 
elegit ministros, per quos prtcdicta fidelibus dispeusaret, ut supra 
(cap. Lxxivi dicfum est. Eudcm igitur ratione. quia prwsentiam 



(i) S. Thomas. 2-> 2-'>e, q. xxxix , a. i. 

(2) S. Hieronymus, Commentar. in Episl. ad Tiiitin ¡cip. 111, v, lo-ii. 

(3) Hom XI, in Epist. ad Ephes., n. 5. 

(4) S. Augustinus, Contra Epistolam Parmeniani , lib. 11, cap. xi, n. 25. 



DE UNITATE ECCLESIAE 417 

coyporalem etat Eccícsiw susíructuyus, oporíuil ut aliciii conimitte- 
ret, qui, loco siii, iiniversalis Ecclesia gereret curani. Hincest qiiod 
Petro dixit ante ascensionetn: Pasee uves meas (1). Jesús Christus 
igitur summum rectorem Ecclesiíu Peirum dedit, idemque sanxit ut 
ejusmodi magistratus saluti communi ad perennitatem institutus, ad 
successores hereditaie transferretur, in quibus Petrus ipse esset auc- 
toritate perpetua superstes. Sane insigne illud promissum beato Pe- 
tro fecit, priEterea nemini : Tií es Petrus. et super hanc petraní (cdi- 
ficabo Ecclesiatn meatti (2). — Ad Peí ruin locutus est Doniinus. ad 
uninn, ideo ut uiiitaten/undaret ex uno ('¿).—i\ulla siquidcni oratio- 
ne pnemissa... taní patreni ejits. quatn ipsuní nomine appellat (bea- 
tus es Simón Bar-Jonaj, et Simunem eum non jam vocari patitur, 
euní sibi pro sua potestatc jam tum ut suum vindicans,sed congrua 
similitudine Petrum a petravocari placuit , puta super quem fun- 
daturus erat suam Eccltsiam (4). í.'uo ex oráculo liquet, Del volún- 
tate jussuque, i£cclesiam in beato Petro, velut aedes in fundamento 
consistere. Aiqui fuiídamenti propria natura et vis est, ut coiíaíren- 
tes efficiat a;des variorum coagmentatione membrorum, itemque ut 
operi sit necessarium vinculum incolumitaiis ac hrmitudinis: quo su- 
bíalo, omnis ccdilicatio Cüllabiiur. Igitur Petri est sustinere Ecclesiam 
tuerique non solubili compage connexam ac firmam. Tantum vero 
explere munus qui, possit sine poiestate jubendi, vetandi, judicandi, 
quae veré propriequey/<A'/5í//i7/ü dicitur? Profecto non nisi potestate 
jurisdictionis stant civitates resque publicae. Principatus honoris ac 
pertenuis illa consulcndi monendique facultas, quam directioncm vo- 
cant, nuUi hominum societati admodum prodesse ñeque ad uniíatem 
ñeque ad firmitudinem queunt. Atque hanc, de qua loquimur, potes- 
tatem illa declarant et confirmant: Et portic inferí non pnevalebunt 
udversus eam.— Quam autem eatn? an enim petrant supra quam 
Christus cedificat Ecclesiam? an Ecclesiam ? Ambigua quippe locn- 
tio est: an quasi unam eamdemque rem, petram et Ecclesiam? Hoc 
ego verum esse existimo, nec enim adversus petram, super quatn 
Christus Ecclesiatn (cdijicat, nec adversus Ecclesiam portee inferí 
prcevalebunt (5). Cujus divinaesententiaeea vis est: quamcumque visi 
invisique hostes vim, quascumque artes adhibuerint, numquam fore 
ut fulla Petro Ecclesia succumbat, aut quoquo modo deficiat: Eccle- 
sia vero tamquam Christí Lcdificiunij qui sapienter cedificavit "^do- 
mum suam supra petram^, portarum inferí capax non est, pr(eva- 
lentíum quidem adversus quemcumque hotninem, qui extra petram 



(i) S. Thonias, Contra Gentiles, lib. iv, cap. lxxvi. 

(2) Matth., XVI, i8. 

(3) S. Pacianus, ad Sempronium, epist. iii, n. 11. 

(4) S. Cyrillus Alexandrinus, in Evang. Joan,, lib. 11, in cap. i, v. xlii. 

(5) Orígenes, Comment. in Matth., tom, xii, n. 11. 

27 



418 EPÍSTOLA EN'CYCLICA 



et Ecclesiam fuent , sed invalidarum advcrsiis illaví (1). Eiijo Ec- 

clesiam suam Deus idcirco commendavit Petro, ut perpetuo incolu- 

mem luior invictus conservaret. Eum igitur auxit potestate debita: 

quia societati hominum re et cum effectu tuendíe, jus imperii in eo 

qui tuetur est necessarium. lllud praeterea jesús adnexuit: Et tibi 

dabo claves regui aeloruni. Plano loqui de Ecclesia perj^it, quam 

paullo ante nuncuparat suam, quamque ¡psam velle se in Petro dixit. 

tamquam in lundamento, statuere. Expressam non modo icdificii, 

sed etiam regni imaginem gerit Ecclesia: ceteroqui insiíjne usita- 

tum imperii claves essc, ncmo nescit. Quapropter claves regni ccclo- 

yuní cum lesus daré Petro pollicetur, potcsiatem etjusin Hlcclesiam 

pollicetur daturum: Filius vero et Patris et siti ipsius coguitionem 

per totinn orbeni illi (Petro) disseniinare connnisit, ac luortali lio- 

mini omucm in arlo potesíntein dedit , diim claves illi íradidit , qui 

Ecclesiam per toliim orbeni terrarnm extehdif. et ciclis /irmioreni 

monstravit (2). Concinunt cetera : Qnodcumque ligaveris super te- 

rram, crit ligatum et in aclis, et quodcumqiie solver is super te- 

rram, erit soluíum et in ca-lis. Liíjandi solvendique translata locutio 

jus ferendarum iegum, item judicandi vindicandique dcsit;nat potes- 

tatem. Qu;v quidem poleslas tantae amplitudinis virtutisque dicitur 

fore, ut quaslibet decreta ejus rata sit hahiturus Deus. Itaque summa 

est planeque sui juris, quippe quae nuUam habei in terris superiorem 

gradu , Ecclesiamque totnm ct quas sunt Ecclesiíc commisa, universa 

complectitur. 

Promissum exsolvitur, quo teinpore Christus Dominus, post anas- 
tasim suam, cum ter a Petro, num se dilifieret plus quam ceteri, qyae- 
sisset, praecipientis in modum ei, /^íjící", ait, agnos meos... pasee oves 
meas (3). Nimirum quotquot essent in ovili suo futuri, omnes illi velut 
pastori committit: Dominus non dulu'tat, qui interrogat, non ut dis- 
ceret , sed ut doceret , quem elevandus in ciclum amoris sui nobis 
velut vicarium relinquebat ... Et ideo quia solus profitetur e.x ómni- 
bus, ómnibus ante/ertur... per/ectiores ut perfectior gubernaret (4). 
Illa vero sunt pastoris oKicia et partes, Sfe<;i se prtebere ducem, cum- 
demque sospitare salubritate pabulorum, prohibendo pericula, caven- 
do insidias, tutando a vi: brevi, regcndo «iubcrnando. Cum ij^itur Pe- 
trus est gregi christianorum pastor impositus, potestatcm accepit 
gubernandi omnes homines, quorum saluti Jesús Christus profuso 
sanguino prospexerat : Cur sanguinem effudit? Ut lias emeret oves, 
quas Petro et successoribus ejus tnididit (5). 

(i) Orígenes, Comment. in Mattii., t. xii . n. ii. 

(2) S. Joannes Chrysostomus, Hom. liv, in Aíafíh., n. z. 

(3) Joan., XXI 16-17. 

(4) S. Ambrosius, Exposit. in Evang. s'ecundum Lucam, lib. x, nn. 175-176. 

(5) S. Joannes Chrysostomus, De Sacerdotio, lib. 11. 



DE UNITATE ECCLESIAE 419 



Quoniamque immutabilis communione fidci christianos omnes 
oportel esse invicem conjunctos, idcirco suaruní virtute precum 
Christus Dominus impetravit Petro, ut in gerenda potestate num- 
quam tide laberetur: Ego aiiteui rogavi pro te, ttt non deficiat fnics 
/Mí/ (1 •• Eidem príeterea mandavitut, quoties témpora posiularent, 
ipse impertiret fratribus suis lumen animi et robur: Confirma fra- 
tres ttios [2}. Quem igitur fundamentum filcclesiae designarat, eum- 
dem esse vult columen fidei: Cui propria auctoritate regnuin dabaí, 
hiijus fidetn firmare non poterat , qitem cuín petrant dirit , firma- 
inentum Ecclrsiíc indicavit? {"i). Hinc ipse lesus certa quaedam nomi- 
na, magnarum indicia rerum, quve sihi pof estafe sitiit propria, volnit 
esse Petro secum participatione cmnmunia (4) , nimirum ut ex com- 
munione titulorum appareret communio potestatis. Ita ipse, qui iapis 
est angtiiaris, in qiio omnis icdificatio constructa crescit in íem- 
pliim sanctum in Domino (5), í'etrum velut lapidcm statuit, quo 
fulta esse Ecclesia deberet. Cnm audisset "petra es y, pneconio noOi- 
litalus est. Quamquam atttem petra est, non ut Christus petra . sed 
ut Petrus petra. Christus enim essentialiter petra inconcussa: Pe- 
trtts vero per petram. Nam Jesús dignitates suas largitiir, nec 
exliauritur... Sacerdns est./acit sacerdotes... petra est , petram fa- 
cit ib}. Rex Ídem Ecclesi;c, qui habet clavem David : qui aperit et 
tierno cttiudit.- claudit et nemo aperit (7), traditis Petro clavihus, 
principem christiana; reipublic?e declaravit. Pariter pastor maxi- 
mus, qui se ipse pastoreni bonum nuncupat (S), agnis atque ovibus 
suis pastorem Pctrum pricposuit; Pasee agnos, pasee oves. Quare 
Chrysostomus: E.ximitis erat inter Apostólos , et os discipulorum et 
va'tus illiits capitt... Simul ostendens ei, oportere deinceps fidere , 
quasi abolita negatione ,/ratriim ei pncjecturam committit... Dicit 
autem: Si antas me, fratribus praceesío (9). Demum qui confirmat in 
omni opere et sermone bono flO), mandavit Petro xxiconjirmaret fra- 
tres suos. Jure igitur Leo magnus: De toto mundo unus Petrus 
eligitur, qui et universarum gentium vocationi et ómnibus Apos- 
íoíis . cunctisque Ecclesiic patribus prceponatur: ut quamvis in po- 
pulo Dei mu/ti sacerdotes sin/ multique pastores, omnes tamen pro- 



(II Luc, XXII, 32. 

(2) Ib. 

(3) S. Ambrosius, De Fide , lib, iv, n. 56. 
{4) S. Leo M., sermo iv, cap. 2. 

(5) Ephes., H, 21. 

(6) Hom., de Poenitentia, n. 4 in appendice opp. S. Basilit. 
<7) Apoc, iii, 7. 

(8) Joan., X, ii. 

(9) Hom. Lxxxviii, in Joan., n. r. 
(10) II. Thessalon., 11, 16. 



420 EPÍSTOLA ENCYCLICA 



prie rcgat Petriis, qiius principalitcr regit et Christus (1). Itemque 
Gregorius niagnus ad Imperatorem Mauriiium Augustum: dinctis 
evaugelium scícfiíibus liquet , quod vocc dominica sancto et om- 
uiiim Apostolorum Petro principi apostólo totius Ecclesite cura 
contrnissa esí... Ecce claves regni calestis acccpit , potestas ei ligan- 
di ac solvendi tribuitiír, et cura ei totius Ecclesice et principatus 
couitniltitiir {2). 

Ejusmodi autem principatum, quoniam constitutione ipsa tempe- 
rationeque Ecclesise, velut pars príecipua, continetur, vidclicet ut 
principium unitatis ac fundamentum incolumitatis perpetuae, nequá- 
quam cuín beato Petro inierire, sed recidere in ejus successores ex 
alio in alium oportuit: Mauet ergo dispositioveritatis, et beatus Pe- 
trus in accepta fortitudine petne perseverans , suscepta Ecclesiie 
gubernaiula non reliquit (3j. Quare Pontífices, qui Petro in episco- 
patu romano succedunt, supreniam Ecclesiae potestatem obtinent 
jure divino. Definnnus .sanctatn .ipostolicatn Scdeni et Ronuuium 
Pontijiccm in universunt orbeni tencre prinuiíuní , et ipsiim Pnnti- 
ficcni Ronianinn successoreni esse beati Petri . principis Apostolo- 
rum, et ver uní Clnisti vicarium totiusque Ecclesiie caput, et otnniuní 
christiauoruní patreni ac doctoreni existere . et ipsi in beato Petro 
pascendi , regcndi ac gubernandi universalem Ecclesiam a Domino 
nostrojesu Uiristo plenam potestatem traditam esse; quemadmo- 
dum etiam m gestis (ecumenicorum conciliorum et in sacris cano- 
nibus continetur (4). Similiter Concilium Lateranense 1\': Romana 
Ecclesia... disponente Domino, supcr omnes alias ordinaria' potes- 
tatis obtinet prinapatum , utpote mater universorum Cluistijide- 
lium et magistra. Antecesserat consensus antiquitatis, quas episco- 
pos romanos sine uUa dubitatione sic semper observavit et coluit ut 
beati Petri legítimos successores. Quem vero lateat quot in eamdem 
rem extent et quam luculenta sanctorum patrum testimonia? Illud 
valde pracclarum Irenici qui cum de Hcclesia romana dissereret, tul 
hanc cnim, inquit, Ecclesiam propter potiorem principalitatem nc- 
cesse est otnnem convenire Ecclesiam (5). Ac Cyprianus itidem de 
Ecclesia romana aflirmat, eam esse Ecclesiie catholica radicem et 
tnatricem (6), Petri Catliedram atque Ecclesiam principalem, unde 
uniías sacerdotalis exorta esí (7). Catliedram Petri appellat quippe 
quam insidet Petri successor: Ecclesiam principalem ob principatum 



(i) Sermo iv, cap. ii. 

(2) Epislvlnriim, lib. v, epist. xx. 

(3) S. Leo M. , sermo iii , cap. 111. 

(4) Concilium Flurentiiitim. 

(5) Contra Hureses, lib iil , cap. in, n. 2. 

(6) Epist. XLViii, ad Corneliuní, n. 3. 
{7) Epist. Lix, ad eumd. , n. 14. 



DE UNITATE ECCLESIAE 421 

Petro ipsi et legitimis successoiibus collatum: nudc ntiifas exorta, 
quia in chiistiana república caussa efficiens unitatis esi Ecclesia ro- 
mana. Quare Hieronymus iis verbis Damasum affatur: Cn)n succes- 
sore piscnfoyis et discípulo crucis loquor... Bcatituditii íme, id est 
Cathedrtc Pctri cotnmitníone cousocior. Super illaní peíram cedifi- 
catam Ecclesiam seto (1). Sollemne illi est, catholicum hominem ex 
conjunctione cum romana Petri sede internoscere : Si qitis Cathcdrce 
Petri jiingitiir , weus est (2). Ñeque absimili ratione Augustinus, pa- 
lam testatus, /;; rumana Ecclesia semper Apostólica' cat/iedrcv vi- 
¡(uisse pfincipdtuní (3), nej^at esse catholicum , quicumque a fide ro- 
mana dissentiat: Non crederis vcrnm Jidcni t enere calliolicaní , qiii 
¡Ídem non doces esse se*vandant romananí (4). ítem Cyprianus: Com- 
municare cum Cornelio, hoc est cum catholica Ecclesia conunitni- 
carc{o). Similiter Maximus Abbas hanc verae lidei veraeque commu- 
nionisnotam essedocet, subesse Pontifici romano: ¡taque si vult hie- 
veticus non esse ñeque audire , non isti aut illi satisfaciat... Fcsti- 
net pro ómnibus sedi romanic satis/acere. Hacenim satisfacía, com- 
tnuniter ul)ique omnes pium hunc et ort/iodoxum pnedicabunt. Xaní 
/rustra solummodo loqtiitur, qui mihi símiles suadendos putat ,et 
non satisfacit et implorat sanctissinne romanorum Ecclesiie beatis- 
simum Papam , id est Apostolicam Sedem. Cujus reí caussam ratio- 
nemquein eo aflirmat residere, quod ab ipso incarnato Dei Verbo, 
sed et ómnibus sattctis synodis , secundum sacros cationes et térmi- 
nos , universarum quir in tolo terrarum orbe sunt sanctarum Dei 
Ecclesiarum in ómnibus et per omnia percepit et )iabet imperium, 
auctoritatem et potcstatem ligandi et solvendi. Cion hoc enim ligat 
et solvit , etiam in ctelo Verbum , quod aelestibus virtutibus princi- 
pal ur (ó). Quod ¡ijiíur erat in fide christiana, quod non una gens, aut 
una aítas, sed aetates omnes, et Oriens pariter atque Occidens agnos- 
cere atque observare consueverat, id meminit, nuUo contradicente, 
ad Ephesinam Synodum Philippus presbyter, a Pontífice leo^atus: 
Nulli dubium est,imo swculis otnnibus notum, quod satictus beatis- 
simusque Petrus , Apostolorum princeps et caput ,fideique cohimna 
et Ecclesiie catholica fundamentum , a Domino nostrojesu Christo, 
salvatore humani gencris ac redemptore , claves rcgni accepit, sol- 
vendique ac ligandi peccata pot estas ipsi data est , qui ad hoc usque 
tempus et semper in suis successoribus vivit et judicium exercet (7). 



(i) Epist. XV, ad Damasum, n. 2. 

(2) Epist. XVI, ad Damasum, n. 2. 

(3) Epist. XLIII, n. 7. 
(4; Sermo cxx, n. 13. 
{5) Epist. LV, n. I. 

(6) Dejloratio ex Epístola ad Petrum illustrem. 

(7) Actio III. 



422 epístola enxyclica 



Eademque de re in omnium cognitione versatur Concilii Chalcedo- 
nensis senteniia: Petrus per Leonon... loquntn:> est {\)\ cui vox Con- 
cilii Constantinopolitani III resonat, tamquam imago: S'/n;í;;//Ys ;/o- 
biscnni concertcibat Apostolontm priiiccfs: itlius enim imitatoreut 
eí Seáis successoreru Jiabiiiviiis fauíoreni... cJiarta et atrauíentum 
videbatur , et per Agatlwnevi Petrits loquebutiir (2). In formula ca- 
tholicae professionis ab Hormisda conceptis verbis, ineunte suecula 
sexto, pi^oposita, cui tum justinianus Imperator, luní Epiphanius, 
Joannes, et Menna Patriarchie subscripserunt. illud est magna vi 
sententiarum declaratum: Quia tion potest Domiui nostrijesu Chris- 
ti prictermitti scntenHa dicentis: Tu es Fetrus, et super hanc pe- 
tram icdificabo Ecclesiam meam... Uac , qn(c dicta sunt. reruní pro- 
bíintiir effectibus, quia in Sede Apostólica citra macu/aní sempcr 
est cathoíica servata religio (3). Nolumus quidem persequi singula: 
libet tamen formulam fidei meminisse, quam Michsel Palaeologus in 
Concilio Lugdunensi II professus est: Ipsa quoqtic sancta romana 
Ecclesia snnnnnm et pientnii primal tun et priiicipatuní supcr uni- 
versam Fccicsiant catholicatn obtinct , qticni se ah ipso Domino in 
beato Petro , Apostolornm principe sive vértice , cttjtis romanus 
Pontifex est successor , cttm potestatis plenitudine recepisse vera- 
.citer ct hnmiliter recognoscit. Et sicnt pru- ccteris tenetnr fidei ve- 
ritatem defenderé , sic et si qmc de fide suborttc fuerint qmestiones, 
stio debent judicio definiri (4). 

Si Petri ejusque successorum plena ac summa po'estas est, ea ta- 
men esse ne putelur sola. Xam qui Petrum l'cclesi;e fundamentum 
posuit, Ídem elegtt duodecim... qnos ct apostólos nominavit (.")). Que 
modo Petri auctoritatem in romano Pontífice perpetuam permanere 
necesse est, sic Episcopi, ¿juod succedunt Apostolis, horum potesta 
tem ordinariam hereditate capiunt; ita ut intimam Ecclesiíc consti- 
tutionem ordo episcoporum nccessario atiingat. Quamquam vero ñe- 
que plenam ñeque universalem ii, ñeque summam obtinent auctori- 
tatem, non tamen vicarii romanorum pontilicum putandi, quia potes- 
tatem gerunt sibi propriam, verissimeque populorum, quos regunt, 
antistites ordinarii dicuntur. 

Verum quia successor Petri unus est, Apostolorum permulii, con- 
sentaneum est perspicere quae sint istorum cum illo, divina constitu- 
tione, necessiiudines.— Ac primo quidem conjunctionis episcoporum 
cum eo qui Petro succedit, non obscura est ñeque dubia necessitas: 
hoc enim soluto nexu, solvitur ac diflluit multitudo ipsa christiano- 



(i) Actio II. 

(2) Actio xviii. 

(3) Post Epistolam XXVI, od omnes Episc. Hispan., n. 4. 

(4) Actio IV. 

(5) Luc, VI, 13. 



DE UNITATE ECCLESIAE 4l23 



rum, iia plañe ui nuUo pacto queat unum corpus confiare unumque 
^re^em: Eccle<.ice saliis in sienimi sacerdotis dignitate poidet , cía 
si non exsors qiuvdiini et ah ómnibus cniinens detur potestas, tot in 
Ecclesia efficientur schismatn, quot sacerdotes (IV Idcirco ad id 
praestat advertere animuin: nihil esse Apostolis seorsum a Petro co- 
llatum; plura seorsum ab Apostolis ac separaiim Petro. Joannes 
Chrysosiomus in Christi edisserenda sententia (Joan, xxi, 15) cuní 
percontatus esset, Cur,aliis piulcrtnissis. de his Chrisfiis Pe/funí 
<i¿/oqitiíiír.' omnino respondet: Exnnius erat inter Apostólos, et os 
discipiiloriiiíi, et cwtns itliiis capul (2). Hic enini unus designatus a 
Christo esl l'undamentum Ecclesiae: ipsi ligandi cop'vA. solvendiqne 
permíssa, cidemque pasccndi data potestas uni. Contra quidquid 
auctoritatis ac muneris accepere Apostoli, conjuncte cum Petro ac- 
cepere : Divina diguatio si quid cu ni eo coniniune ceteris volnit esse 
principibus, nunquitni nisi per ipsuin dedil, quidquid aliis non ne- 
gavit (3j. f't cuní mulla solus accepcril . niliil in queniquam sitie 
ipsius parlicipatioue triinsierit (4). Ex quo plañe intelligiiur, exci- 
dere episcopos jure ac potestate regendi, si a Petro ejusve succes- 
soribus scientes secesserint. Nam a fundamento, quo totum debet 
ledilicium niti, sccessione divelluntur; itaque exclusi icdijicio ipso 
sunt: ob eamdemque caussam ab ovili sejuncti, cui dux est pastor 
maximus, regnoque extorres, cujus uni Petro datas divinitus claves. 
(Juibus rebus rursus nosciniusin constiiucndachrisliana república 
caílestem descriptic nem mentemque divinam. \idelicet cum liccle- 
siam divinus auctor íide etregimine et communione unam esse decre. 
visset, Petrum ejusque succossores delegit in quibus principium foret 
ac velut cenirum unitatis. Quare Cyprianus: Probatio est ad Jidem 
Jacilis compendio veritatis. I. oquilur Dotninus ad Petrum: E^otihi 
dico, inqitií , Quia tu es Petrus... Super unum cedijicat Hcclesiam. Et 
quamzis Apostolis ómnibus post resurreclioncm suam parem po- 
Icstalem tribual : et dicat ; sicut misil me Palcr... lamen ut unita- 
tatem manijestaret , unitatis ejusdem originem ab uno incipientent 
sua auctorilate disposuit (5). Atque üptatus Milevitanus: Negare 
non potes j scire te in urbe Roma Petro primo Calhedram episcopa- 
lemesse collatam, in qua sederit omnium Apostolorum capul Pe- 
trus , unde et Cephas apellatus est : in qua una Catliedra unilas ab 
ómnibus servaretur: tie celeri Apostoli singulas sibi quisque defen- 
derent , ut jam scliismaticiis el peccalor esset , qui contra singula- 



(i) S. Hieronymus, Dialog. Contra Luci/erianos , a. g. 

(2) Hom. Lxxxvni, in Joan., n. i. 

(3) S. Leo M., sermo iv, cap. n. 

(4) Ib. 

{5) De Unit. Eccl,, n. 4. 



424 EPÍSTOLA ENCYCLICA 



rem Cathcdram aUey/im collocaret (1). Unde est illa ipsius Cypriani 
sentcntia, cum haeresim tum schisma ex eo ortum habere «iij^nique, 
quod debita supremae potestati obedienlia abjicitur: Ñeque cnitn 
aliunde hcereses obortce si4Ut auí nata sunt schisv.ata , qiiam tnde 
quod sacerdoíi Dei non obtemperatur , iiec unus ín Ecclesia ad íem- 
pus sacerdos et ad tempiis judex vicc Chrisii cogitaíur (2). Nemo 
igitur, nisi cum Petro cohíereat, participare auctoritatem potest, 
cum absurdum sit opinari, qui extra Hcclesinm est, eum in Ecclesia 
praeesse. Quare Optatus Milevitanus rcprehendebat hoc nomine Do- 
natistns: Contra (/uas portas. (inferiic/í7Z't?s saín tares acccpisse Icgi- 
mus Pctrtiw , principeni scilicet twstrunt, cui a Christo diclttm est: 
tibí dabo claves regui cicloruní, et portic inferí non viucent eas. 
Unde est erpo , quod claves regni ciclorum vobis usurpare contendí 
tís , qui contra cathedram Petrí... tnílítatisP (3). 

Sed Episcoporum ordo tune rite, ut Christus jussit, colligatus cum 
Petro putandus, si Petro subsit eique pareaf. secus in multitudinem 
confusam ac perturbatam necessario delabitur. Fidei et communio- 
nis unitaii rite conservandae, non ^jerere honoris caussA priores par- 
tes, non curam afuere satis est; sed omnino auctoritate est opus vera 
eademque summa, cui obtemperet tota communitas. Quid enim Dei 
Filius spectavit, cum claves regni caelorum uni pollicitus est Petro? 
Summum fasiig;ium potestatis nomine clnvium eo loco dcsijír.ari, usus 
biblícus et Patrum consentientes sentcntiae dubitari non sinunt. Ñe- 
que secus intcrpretari las est, qu;u vel I'etro separatim tributa sunt. 
vel Apostolis conjunctim cuín Petro. Si ligandi, solvendi, pascendi- 
que facultas hoc parit in episcopis. successoribus Apostolorum, ut 
populum quisque suum vera cum potestate regat, certe idem parere 
eadem facultas in eo debet, cui pascendi agnos et oves assigjnatum 
est, Deo auctore, munus: .Yon solum pastoreni (Petrum), sed pasto- 
runí pastoreni {C/iristus) constifuit : pascit igitur Peí rus agnos- 
pascít et oz'cs, pascit /¡líos , pascit et ntatres: regit subditos, regit 
et pru'latos qiiia pricter agnos et oves in Ecclesia nihil est (4j. Hinc 
illii? de Beato Petro singulares veterum locutipnes, quíc in summo 
digniíatis potestatisque gradu locatum luculente prjcdicant. Appe- 
llant passim princípeni catus discipulorum: sanctorum Aposto/o, 
rum princípem: chori illius coryphicum: os Apostolorum omniunt: 
caput illius familiie: orbis totius pra^positum: ínter Apostólos pri- 
muní: Ecclesiic cohnnen. Quas omnia concludere Bernardus iis ver- 
bis videtur ad Eu2:enium Papam: Quís es? Sacerdos magnus , sunt- 
mus pontijex. I u princeps episcoporum, tu Iteres Apostolorum... Tu 



(i) De Schism. Donat., lib. ii. 

(2) Epist. XXII ad Cornelium, n. 5. 

(3) Lib. II, n. 4, 5. 

(4) S. Brunonis Episcopi Signiensis, Lwiment. in yoan. , Part. III , cap. xxi, n. 55. 



DE UNITATE ECCLESIAE 425 



es, cui claves traditie , cui oves creditie sunt. Siuit qtddem et alii 
ccpli ianitores et greffnm pastores; sed tu tanto gloriosius. nuanto et 
diffeyentiiis utriDiique pnv ceteris noDien hereditasti. Habent illi 
Si'hi assi'gnatos greges, sínguli stngulos, tibí aniversi crediti , uni 
HHiis, nec modo ovium, sed et pastor nm, tu inms onininin pastor. 
Uude id probem qmeris. Ex verbo Domini. Cui eni)n , non dico cpis- 
copormn , sed etianí Apostolorum, sic absolníe et indiscrete totee 
cofnmissíe sunt oves? Si vie antas, Petre , pasee oves meas. Qnas? 
illius vel illins populas civitatis ant regionis, aut certi regni? Oves 
meas, inquit : cui non planuní . non dcsignassc aliqíias , sed assig- 
riasse omnes.^ Nihil excipitur. ubi disfingnitiir nihil (1). 

Illud vero abhorret a veritate, et aperte repugnat constitutioni di- 
vinae, jurisdictioni romanorum l'ontificum episcopos subesse singu- 
/os, jus esse; universos, )Ví% non esse. Hace enimomnisest caussa ra- 
tioque tundamenti, ut unitatem stabilitatemque toti potius aedificio, 
quam par/ibns e')us singnlis tucatur. Quod est in caussa, de qua lo- 
quimur. multo verius, quia Chiistus Dominus fundamenti virtute con- 
fieri voluit. ut portae inferi non priuvaleant adversus Hcclesiam. Quod 
promissum divinum constat inter omnes de Ecclesia universa iniel- 
lis^i oportcre, non de síngulis ejus partibus, quippe quae utique vinci 
inferorum ímpetu possunt, nonnullisque earum, ut vincerentur, sin- 
fíillatim evenit. Rursus, qui fírejii praepositus est universo, eum non 
modo in oves dispersas, sed prorsus in multitudinem insimul conafre- 
gatarum habere imperium nccesse est. Xuní rep^at asíatque pastorem 
suum universitas ovium? Num successores Apostolorum, simul con- 
juncti, fundamentum sint, quo Petri successor. adipiscendilirmamen- 
ti caussa, innitaiur? Profecto cujus in potestate sunt claves regni, ei 
jus ntque auctoritas est non tantum in provincias singulares, sed in 
universas simul : et quo modo episcopi in regione quisque sua non so- 
lum privato cuique, sed etiam communitati vera cum potestate prae- 
sunt, ita Pontífices romani, quorum potestas Christianam rempubli- 
cam totam complectitur, omnes ejus partes, etiam unü collectas, sub- 
jectas atque obedientes habent potestati suae. Christus Dominus, 
quod jam dictum satis, Petro ejusque successoribus tribuit ut essent 
vicarii sm, atque eamdem in Ecclesia perpetuo gererent potestatem, 
quam ipsemet gesserat in vita mortali. Num Apostolorum coUegium 
magistro suo praestitisse auctoritate dicatur? 

Hanc vero, de qua dicimus, in ipsum episcoporum collegium po- 
testatem, quam ^acrae littent; tam aperte enuntiant, a'4noscere ac 
testari nullo témpora Ecclesia destitit. Illa sunt in hoc genere effata 
Conciliorum: Romanuní po)itificem de omnium Ecclesiarum prcesu- 
libiis jndicasse legimus: de eo vero qnemquam judicasse , non legi- 



(i) De Consideratione , lib. ii, cap. vm. 



426 epístola encyclica 



mus (Ij. Cujus rei ea ratio redditur, quod aiíctoyitate Sedis Apostoli- 
ccc major non est (2). Quare de Conciliorum decretis Gelasius: 5/67// 
/(/ (¡ttod pn'nia Sedes non ptobaveyat , constare non potnit , sic quod 
illa ccnsuit jiidicanduní , Ecclcsia tota suscepit (3). Sane Concilio- 
rum consulta et decreta, rata habere vel infirmare semper romano- 
rum Pontificum fuit. Conciliabuli liphesini acta rescidit Leo mat^nus: 
Ariminensis, rejecit Damasus: Constantinopolitani, Hadriaiiusl: ca- 
nonem vero xxviii Concilii Chalcedonensis, quod assensu et aucto- 
ritate caruit Sedis Apostolicíc, velut incassum quiddam constat ja- 
cuisse. Recle igitur in Concilio Lateranensi \' Leo X staiuit: Sotnm 
ronianum Pontijiccín , pro íentporc existcnteni , lanujuuní auctori- 
íaleni snpcr omnia conciiia habentem , (am Conciliorunt indicendo- 
nini , transferendoruní , ac dissolvendortini plenuní jus ac potcsta- 
tem habere. nednnt ex suene Scripíuríe testimonio dictis(/ne Patrum 
ac aliorum romanorum Pontijicuní , sacrorumque canonum decre- 
tis, sed propria etiam eontnideni Conciliorum con/essione manifesté 
constat. Sane claves rc^ni c;clorum uni crediías Feíro. iiem li^andi 
solvendique potcstatem Apostolisuna cum Petro coUalam, sacríc lit- 
terae testaniur: at vero summam potestatem sine Petro ei contra 
Petrum unde Apostoli acceperint, nusquam est testatum. Profecto a 
jesu Chrisio nullo pacto accepere. — Quibus de caussis, Concilii Va- 
ticani decreto, quod est de vi et ratione primatus Romani Pontificis, 
non opinio est invecta nova, sed vcius et constans omnium saeculorum 
asserta íides (4). 

Ñeque vero potestati «gemina? eosdem subesse, contussionem ha- 
bet adminisirationis. Tale quicquam suspicari, primum sapientia Dei 
prohibemur, cujus consilio est temperatio isthicc re^íiminis constitu- 
ía, lllud prícterea animadvertendum, tum rerum ordinem mutuasque 
necessitudines periurbari, si bini ma^istratus in populo sint eodem 
gradu , neutro alteri obnoxio. Sed romani pontificis potestas summa 
est, universalis, planeque sui juris; episcoporum verocertiscircums- 
cripta finibus, nec plañe sui juris: Inconveniens est , quod dúo tequa- 
liter super eumdem greaetn constituantur. Sed quod dúo . quorum 
unus alut principalior est, super eamdent plebem constituantur , 
non est inconveniens ; et secunduní hoc super eamdem plebem im- 
mediatc sunt et Sacerdos parochialis et Episcopus et Papa (">). Roma- 



(i) Hadríanus II, in Allocutione III ad Synodum Romanyi an. 86g. Cf. Actio- 
nem VII Concilii Constantinopolitani IV. 

(2) Nicolaus in Epist. LXXXVI ad Michael Imperat. — 7'a/í/ f^rofecto Seda Apos- 
tolicae , cujus auctoritate major non est, judicium a ntmine forc retracta» Jum, ñeque 
cuiqítam de ejus liceat judicare judicio. 

(3) Epist. XXVI ad Episcopos Dardania-, n. 5. 
{4) Ses. IV , cap. iii. 

(5) S. Thomas in IV. Sent., dist. xvii , a. 4, ad q. 4, ad 3. 



DE ÜNITATE ECCLESIAE 427 

ni autem Pontiñces, otñcii sui memores, máxime omnium conservari 
volunt quidquid est in Ecclesia divinitus constitutum: propterea que- 
madmodum potestatem suam ea qua par est cura vigilantiñque tuen- 
tur. ita et dedere et dabunt constanter operam ut sua Episcopus auc- 
toritas salva sit. Imo quidquid Episcopis tribuitur honoris, quidquid 
obsequii, id omne sibimetip'Sis tributum deputant. Meus honor est 
honor universalis Ecclcsiíe. Meus honor est fratrnin nworicm soli- 
(íns vigor. Tune ego veré honoriitns snm , ciiin singn/is (inibnsqnc 
honor debitits non negatur (1). 

His quae dicta sunt , Ecclesiae quidem ima^íinem atque formam ex 
divina conslituiione (idcliter expressimus. l'lura persecutide unitate 
sumus; cujusmodi hanc esse, et quo conservandam principio divinus 
auctor voluerit, satis explicavimus. Quotquot divino muñere benefi- 
cioque contigit, ut In sinu Ecclesiic catholica- tamquam ex ea nati vi- 
vant, eos vocem Nostram apostolicam audituros, non est cur dubite- 
mus: Oves nieíc vocem ineaní diidiunt ('_'). Atque hinc facile suinpse- 
rint quo et erudiantur plenius, et volúntale propensiore cum pasto- 
ribus quisque suis et per eos cum pastorc summo cohaereant, ut tu- 
tius queant intra ovileunicum pcrmanere, fructuumque ex eosaluta- 
rium majorem ubcrtatem capere. Verum aspicientibus Nobis/« awc- 
torem fidei et consitmniaíoreni Jesum (3), cujus vicaria potestate,ta- 
metsi impares dignitati et muneri, fungimur, caritate ejus inflamma- 
tur animus; illudque de se a Christo dictum , de Nobismetipsis non 
sine caussa usurpamus: Alias uves haheo, (¡na non sunt ex hoc ovili: 
et illas oporíet me adílucere , et vocem nwam audient (4). Nos igitur 
audire et caritati Nostrae paternie obsequi ne recusent, quotquot sunt, 
qui impietatem tam late fusam oderunt, et Jesum Christum Filium 
Del eumdemque servatorem generis humani agnoscunt et fatentur, 
sed tamen vagantur ab ejus Sponsa longius. Qui Christum sumunt, to- 
tum sumant nccesse est: Totus Cliristus caput et corpus est: caput 
u)iigenitus Filius Dei , corpus ejus Ecclesia: sponsus et sponsa, dúo 
in carne una. Quicumque de ipso capite a Scripturis sanctis dissen- 
tiunt , etiamsi in ómnibus locis invenianiur in quibtis Ecclesia de- 
siguala est , non sunt in Ecclesia. Et rursus, quicumque de ipso ca- 
pite Scripturis sanctis consentiunt , et unitati Ecclesia non commii- 
nicant , non sunt in Ecclesia (5). Ac pari studio ad eos provolat ani- 
mus Xoster, quos impietatis non funditus corrupit pestilens afllatus, 
quique hoc saltem expetunt, sibi patris esse loco Deum verum, terrae 
cielique opificem. I-Ti quidem apud se reputent ac plañe intelligant, 



(i) S. Gregorius M., Epistolartim , lib. viii, Epist. XXX ad Eulogium. 

(2) Joan, X, 27. 

(3) Hebr., xil, 2. 

(4) Joan., X, 16. 

(5) S. Augustinus, Contra Donatisias Epístola, sive De Unit. Eccl. , cap. iv, n. 7, 



428 epístola* encyclica 



numerari se in hliis Dei nequáquam posse , nisi Iratrem sibi Jesum 
Christum simulque Hcclesiam mfltrem adsciverint. Omnes io^itur pe- 
ramanter, sumpta ex Auo^ustino ipso sententia, compellamus: Ame- 
mus Dominum Deitm nostrum, amemus Ecclesiam ejus: ilhim si- 
cut patrem, islam sicut matrem. .Yerno dicaí: ad idola quidem vado, 
arrcptitios et sortilcgos consulo, sed lamen Dei Ecclesiam non re- 
linquo: catholicHS sum. Tenens malrem, offendisli palrem. Alius 
ilem dicil: absil a me, non consulo sorlilegttm, non qinero arrepti- 
lium. non qna'io divinaliones sacrilegas, non eo ad adorania d(emo- 
nia, non servio I api diluís: sed lamen in parle Donali snm. Quid íibi 
prodesl non offensus pater , qui offensam vindicat )nalrem? Quid 
prodesl si Dominum con/ileris, Deum honoras, ipsum prtcdicas, Fi- 
linm ejus agnoscis, sedenlem ad Palris dexteram con/ileris, et blas- 
phemas Ecclesiam ejus.*... Si haberes aliquem patronum, cui quo- 
tidie obsequereris; si unum crimen de ejus conjuge diceres , nnm 
quid domum ejus inlrares? Tenele crgo, carissimi , léñele omnes 
unanimiler Deum palrem el malrem Ecclesiam (1). 

Plurimum niisericordi Deo confisi, qui máxime potest ánimos ho- 
minum permovcre, et unde vult, et quo vult, impeliere, beni^;nitati 
ejus universos, quos in oratione spectavimus, vehementer commen- 
damus. Cíclestium vero donorum auspicem el benevolentiic Xostr;c 
testem vobis, Venerabiles Fratres, Clero populoque vestro Apostoli- 
cam benedictionem peramanter in Domino imperiimus. 

Datum RonKr apud Sanctum Petrum die xxix Junii, An. mdcccxcvi, 
Pontificatus Nostri décimo nono. 



LEO pp xni 



(i) Enarratio in Psal. LXXXVIII , sermo ii, n. 14. 








La Tradición Monoteísta y el Espíritualismo 



EN LAS RELIGIONES PAGANAS (1) 



H 




I í. el estudio del oriíjen del lenjL{uaje (cosa distinta 
del origen de las lenguas) ha conducido á los sa- 
bios á comprobar la unidad de la especie humana, 
es cosa bien sabida; que ese lenguaje, cuanto más se retro- 
cede en el estudio comparativo de su origen, fué formado 
por el monosílabo como más simple y sencillo y homogéneo, 
parece también evidente, á juzgar por los adelantos de la lin- 
güística. En las mismas lenguas aglutinadas y flexivas, bien 
analizadas, hay raíces que reconocen la existencia anterior 
del monosílabo, aunque envuelto á veces con otros elemen- 
tos y desinencias gramaticales; pero al llegar á las raíces 
monosilábicas no puede darse un paso más atrás, como si 
el monosílabo fuese la esfinge que encierra los más recón- 
ditos misterios del lenguaje. Éste, como todas las cosas hu- 
manas, hubo de tener un carácter evolutivo de ensanche y 
engrandecimiento, sin que pueda fijarse límite alguno que 
determine dónde y cuándo comienzan ó acaban las leyes de 
evolución. ;Se perdería con ésta por completo el carácter 
ostensiblemente monosilábico del lenguaje en su forma pri- 
mitiva? 



(n Véase la página 321. 



430 LA TRADICIÓN MONOTEÍSTA V EL ESPIRITUALISMÜ 

La historia del arte, de la industria, de la ciencia y de 
las religiones nos demuestra que al hundirse una civiliza- 
ción, un pueblo, un imperio ó una raza, no se pierden en 
absoluto sus huellas ; deja siempre algo que transmitir á sus 
descendientes, algo que se encarga de enlazar la tradición. 
De objetos domésticos, al parecer insigniíicantes, deduci- 
mos la cultura de antiguos pueblos; de los borrosos carac- 
teres de su escritura, su civilización; de una simple cere- 
monia religiosa consignada en túmulos ó menhires, su mo- 
ral; de un rito, el esplritualismo de sus creencias. Aunque 
sobre las ruinas y escombros de esas generaciones se alcen 
otras más cultas y adelantadas, podrd siempre decirse que 
éstas aprendieron algo de sus antecesores, por bárbaros que 
se les suponga. ¿No había de suceder lo propio con el len- 
guaje, prenda la más preciada del hombre, y medio efica- 
císimo de transmitir la cultura y adelantos de unos pueblos 
á otros? Por eso dice bien Bunsen : "preguntar si una lengua 
puede empezar por tlexión, es un absurdo^. Iil lenguaje, lo 
mismo que la naturaleza, no obra por saltos; sino que va 
lentamente descubriendo su múltiple variedad sin apartarse 
del todo del tronco primitivo, á la manera que la planta y 
el árbol se esconden virtualmente en la semilla. No importa 
que en la cadena del lenguaje falten eslabones para recons- 
tituir su origen en la forma, mientras que en el fondo halle- 
mos la huella bien marcada y perceptible de su unidad ca- 
racterística por medio de las raíces monosilábicas. 

Hl monosílabo, y en el monosílabo la ononiatopeya apli- 
cada á los nombres de los dioses adorados por los pueblos 
más antiguos, vendrá á iluminar, y acaso á resolver, el pro- 
blema de la unidad simbólica de los mitos, y desde luego 
á evidenciar el esplritualismo en el culto de todos los pue- 
blos paganos. 

No entraré en la debatida cuestión de si Dios inspiró el 
lenguaje al hombre, ó si éste, dotado de la facultad exclu- 
siva de inventarlo, lo aprendió de la naturaleza, que, con 
sus variados y diferentes sonidos, le estimulaba á imitarlos 
con el don de la palabra. Dejemos á los patrocinadores de 
esta última y antitilosófica teoría incurrir en una grosera 



HN LAS KELIGIONES PAGANAS 431 

petición de principio, y no les preguntemos siquiera la razón 
de ese aprendizaje del hombre en el canto de los ndjaros, 
en el zumbido de los insectos y en el ruíjido de las fieras. 
Es cosa rara que los animales enseñasen al hombre á ha- 
blar cuando ellos no sabían. El que dio rumor á los bosques, 
sonido al viento y canto á las aves, ¿no daría también su len- 
guaje peculiar al hombre? V si se admite evolución en el 
origen del lenguaje para el hombre, ¿por qué se deja sin evo- 
lución y aprendizaje ú las aves en sus cantos? ¿Ó es que 
éstas salieron mds perfectas que el hombre de las manos 
del Creador? El hombre, sin el sublime don de la palabra, 
que es la válvula de la inteligencia, se hubiera confundido, 
con el resto de los animales. 

Se imponen, pues, con evidencia y según el casi unáni- 
me parecer de los filólogos más eminentes, desde Michaélis 
hasta Max Muller y Wihtney, el origen y la unidad mono- 
silábica del lenguaje en el hombre primitivo, ora fuese un 
don sobrenatural ó ya se le suponga producto de la activi- 
dad creadora, consciente y voluntaria de la humana inteli- 
gencia. Si parece absurdo el suponer que el hombre apren- 
dió de la naturaleza á hablar, no hay inconveniente, sin 
embargo, en admitir que pudo imitar con la ononiatopeya 
algunos fenómenos naturales; esto es, que la onomatopeya 
supone la facultad del lenguaje en el hombre. 

Con este problema del origen del lenguaje, su unidad y 
evolución, viene estrechamente abrazada la cuestión mag- 
na, transcendental, del origen de las religiones y los cultos, 
en que vamos á entrar de lleno. Hoy ya no se combate á la 
Iglesia negando la posibilidad de la revelación, ni el estado 
de gracia del hombre, ni el pecado original, echando mano 
de las Escrituras, como hacían los antiguos heresiarcas. 
Prescinden de ellas, si no las niegan, los racionalistas mo- 
dernísimos, para caminar derechos á su fin con sólo las ar- 
mas científicas de la antropología, filología y la mitología 
comparadas, y ver de harmonizar el origen de los cultos con 
las evoluciones y necesidades más ó menos conscientes del 
espíritu humano. ¿Cómo? 

El hombre, sujeto á la evolución, admirado y sorpren- 



432 LA TRADICIÓN MO.NOIHISTA Y EL ESPIRITUALIS.MÜ 

dido con el sublime espectáculo de la naturaleza y sus gran- 
diosos fenómenos, que no llegaba á comprender, quiso tam- 
bién imitarlos con los sonidos articulados de la palabra. ;No 
gime el viento en los bosques y avanza rugiente y rumorosa 
la tormenta para caer deshecha sobre el mundo en lluvias y 
relámpagos? ¿No expresan con rugidos las ñeras sus penas 
y alegrías? No había de ser menos el hombre; y como la 
forma más primitiva del lenguaje es el monosílabo, de ahí 
la onoDiatopcya para imitar con el nombre dado á una cosa 
el sonido que ella produce. La palabra Ber, monosílabo el 
más primitivo, raíz inconfundible y existente en las lenguas 
más antiguas, obliga á remontarnos á los orígenes mismos 
del lenguaje, á sorprender las primeras manifestaciones in- 
telectivas de la infancia de la humanidad. Ésta no pudo en- 
tonces tener la cultura de hoy. Figurémonos, por tanto, una 
familia aislada en la edad de piedra, que no tiene noción del 
fuego y sus utilidades para el servicio doméstico. Ella sabe, 
sin embargo, que el sol calienta, que el rayo desprendido de 
las nubes abrasa cuanto toca. Un día se le ocurre á cual- 
quier individuo de esa familia aproximar al fuego una va- 
sija de agua, ésta comienza á calentarse, á bullir y alzarse 
en nubes de vapor por verse comprimida. Y ¡oh pasmo! la 
familia reunida advierte con sorpresa multitud de burbujas 
que se chocan, que se aprietan y se rompen. El agua tiene 
movimiento, hierve, vive. ¿Será un ser animado? ¿Qué es- 
píritu de vida habrá allí dentro? Hl agua, en tanto, sigue in- 
quieta murmurando su bcr , ber. Aquella familia ya encon- 
tró su onomntopcya para expresar el calor, el movimiento, 
la vida; la clave, en fin, del misterio en que se envolvía el 
mundo. Cuando vea asomar por el horizonte los primeros 
rayos del sol, bendecirá en éste al luminoso ser que calien- 
ta sus ateridos miembros; cuando la tempestad ruja desen- 
frenada y el rayo se abra paso á través de las nubes, tem- 
blará acongojado ante ese fuego destructor que hiere y des- 
aparece dejando tras de sí la ruina y el estrago. 

Por ese estilo pueden deducirse las demás onomatopeyas 
de todos los fenómenos naturales. Atraerse ó granjearse el 
amor de esos seres terribles , fuertes y poderosos, debió de 



EN LAS RELIGIONES PAGANAS 433 

ser el afán constante de los hombres primitivos. "Mas ¿có- 
mo lograr su amistad? ¿De qué modo obligarles á ser bue- 
nos y compasivos? Nada más fácil. Ellos, como los hom- 
bres, deben agradecer las dádivas, ablandarse con los rue- 
gos, aplacar su ira y desfogar su cólera con la sangre de 
un ser cualquiera; de ahí la o/renda, la ovación, el sacrifi- 
cio. La religión y el culto surgieron, pues, lógica y espon- 
táneamente del discurso humano en presencia de la natura- 
leza animada. „ (1). No hay que preguntar á los partidarios 
de esta teoría tan infundada cómo se entendió esa familia 
prehistórica antes del fenómeno de la vasija. 

Aunque cueste trabajo , no debemos tomar á risa tal sis- 
tema, admirablemente expuesto y presentado para hacer 
ílaquear la fe de espíritus poco cultos en materias religio- 
sas. La costumbre que tienen algunos escritores católicos 
de refutar en broma los sistemas científicos llenos de erro- 
res filosóficos, ha contribuido también á que los hetero- 
doxos arrojen al olvido nuestros libros de controversia. 

Desde luego se desprende que, de admitir la onomato- 
peya monosilábica para explicar el nombre de los dioses, 
es menester ampliar hasta lo indefinido el vocabulario de 
los monosílabos raíces, y por tanto las onomatopeyas de 
que el hombre se sirvió desde un principio para imitar con 
su voz los fenómenos naturales que le enseñaron á hablar. 
Demos que la palabra bey significó el calor , el movimiento, 
la vida; supongamos igualmente que las onomatopeyas ra- 
dicales ah, av, af son expresiones del soplo, de la respira- 
ción, del espíritu, y señales ciertas del modo de manifes- 
tarse la vida en el Universo; ¿con qué palabras expresaría 
el primer hombre el retumbar del trueno, el bramido de los 
mares, el variadísimo canto de los pájaros, el rugido de 
las fieras, el arrullo de la paloma, el zumbido del insecto, 
la suave luz de la luna y el silencio de la noche, seres, 
estos dos últimos, á quienes prestó especial veneración el 
hombre primitivo, según el sistema mítico? Siendo tan va- 



(1) V. Los Nombres de los Dioses.— Estudios filológicos , por Es- 
tanislao Sánchez Calvo. — Madrid, 1884, pág. 123. 

28 



434 LA TRADICIÓN MONOTEÍSTA Y EL ESPIRITUALISMO 

riados y diversos los sorprendentes fenómenos de la natu- 
raleza, para cada uno tenía necesidad el hombre de inven- 
tar una onomatopeya y un culto, or¡.i>:in;indose tantas divi- 
nidades, cuantos eran los fenómenos que el hombre no po- 
día explicar con su razón. Prodiijar de esa manera inútil los 
nombres de los dioses y el número de las onomatopeyas, 
no ajorada Á los partidarios del sistema mítico, los cuales, 
sorprendidos con esa objeción que les sale al paso, y no pu- 
diendo resolverla con la unidad simbólica Á que tratan de 
reducir, por otra parte, casi todas las primitivas raíces 
monosilábicas y su sij^nificación mítica, afirman, sin prue- 
bas, que, si bien en un principio debieron de existir tantos 
dioses como poderes ocultos eran supuestos en los fenóme- 
nos de la naturaleza, y que ya en los libros védicos había 
cerca de tres mil divinidades entre grandes y pequeñas, sin 
embargo de eso, desde los tiempos más remotos, empezó á 
operarse un movimiento lógico de concentración hacia la 
unidad. lis decir, que el hombre partió, en su desarrollo re- 
ligioso, desde el politeísmo al monoteísmo por los esfuerzos 
de su propia razón. 

Que patrocinasen con entusiasmo esta idea, Á todas lu- 
ces errónea, y cuyas funestas consecuencias no es del caso 
ahora indicar, escritores como Soury, Furst, d'Eichtal, 
Grim y Max Muller, no parecer.1 extraño .1 quien conozca 
sus tendencias racionalistas para negar con tal procedi- 
miento el monoteísmo del pueblo hebreo, harto declarado en 
mil pasajes de las divinas Hscrituras; pero que ese sistema 
arraigase en un espíritu tan culto, sereno y desapasionado 
como el de nuestro insigne compatriota Sánchez Calvo, no 
puede menos de sorprender á los que nos descubrimos con 
respeto ante su privilegiada inteligencia, su inmensa erudi- 
ción y su gusto verdaderamente dtico, cualidades que le 
hacían superior al mismo Soury y Max Muller para sobre- 
ponerse á ciertas teorías que afean y manchan su original 
y luminoso sistema de la onomatopeya aplicada á los nom- 
bres míticos. ¡Perniciosa influencia de lecturas racionalis- 
tas en entendimientos y corazones católicos! 

Por fortuna, contrastan con tan infundadas afirmaciones 



EN LAS RELIGIONES PAGANAS 4?0 

los descubrimientos de los egiptólogos Mariette, de Rouge, 
Pierret y Ebers, los cuales, interpretando antiquísimos je- 
roglíficos, demostraron hasta la evidencia haber existido en 
Asiría y en Egipto la firme creencia en la unidad di\ina mits 
de mil quinientos años antes de Moisés; y que si aún en 
tiempos posteriores hubo politeísmo, en su fondo latía la no- 
ción fundamental de un solo Dios; porque, como dice Mas- 
pero, "cada uno de los actos que ese Dios realizaba sobre la 
naturaleza se consideraba por aquellas razas como produc- 
to de un ser distinto A quien daban un nombre especial^. 
Otro tanto se deduce de las investigaciones epigrílficas he- 
chas en la Fenicia y en la tierra de Canaán por Bogué y 
Bergcr acerca de las diversas modificaciones que el nom- 
bre del único Dios Baal fué adoptando en Tiro y en Sidón, 
convirtiéndose, ti través de los tiempos, en Baal-tsur y 
Baal-sidon. De modo que, aun en presencia de los descu- 
brimientos científicos, puede sentarse la siguiente verdad: 
los pueblos semitas, como los indo-europeos, fueron desde 
su origen monoteístas. Tan cierto es que. en asuntos reli- 
giosos, el retroceder es progresar. 

Repugna intrínsecamente á la divina misericordia la ab- 
surda suposición de que hubiera podido abandonar al hom- 
bre primitivo, hechura de sus manos, á la grosera idea del 
politeísmo; y repugna también á la razón humana el que 
nuestros primeros Padres, por rudos é ignorantes que se les 
suponga, no se hubieran elevado, ante el espectáculo gran- 
dioso de la naturaleza, al conocimiento del Creador. Los 
hombres no abandonan ni se olvidan de sus obras; ;y se 
pretende que las olvide y abandone Dios? He ahí por dónde 
los modernos racionalistas, con su irracional y sucesivo pro- 
greso indefinido, rebajan y empequeñecen la inteligencia hu- 
mana con los medios empleados para engrandecerla. Quie- 
ren fundar todas las creencias solamente en la razón del 
hombre, desenvolviéndose en el curso de las edades, y la ra- 
zón se encarga de destruirlas. Establecen sin pruebas que, 
desde los tiempos más remotos, los hombres inventaron con 
su razón los mitos que adoraban ; y con tal sistema no ven 
que hacen á los hombres inferiores á los mismos fenómenos 



436 LA TRADICIÓN MONOTEÍSTA Y EL ESPIRITL ALISMO 

naturales. Pretenden con la lingüística reducir á una sola 
todas las lenguas monosilábicas, semíticas é indo-europeas 
que antes se creían irreductibles, para de ese modo deter- 
minar la unidad de la especie con la unidad del lenguaje; y 
en vez de aplicar con lógica ese principio unitario á la Re- 
ligión, como primera manifestación del hombre inteligente, 
aun algunos partidarios del monogenismo de la especie hu- 
mana se apartan con horror del nonoteísmo religioso para 
echarse en brazos de la pluralidad de cultos, que suponen 
profesada por el hombre en la infancia de la vida. Si á tales 
sabios no cegase su odio á la Iglesia, les pediríamos que, 
por lo menos, fueran consecuentes en sus procedimientos 
científicos. 

Pero todavía van más lejos los modernos racionalistas 
con sus estudios filológicos aplicados á la Mitología compa- 
rada. Hasta hace cosa de medio siglo creíase universal- 
mente que los mitos eran ficciones imaginadas por los gran- 
des poetas antiguos para cantar las aventuras y heroicida- 
des de los dioses paganos. Nadie tenía noticia de su reali- 
dad histórica. Los libros sagrados de los Vedas fueron la 
luz que vino á iluminar los obscuros horizontes de la nue- 
va ciencia , y dar armas á los librepensadores en sus luchas 
con la religión. Viéronse en los Vedas metáforas y alegorías 
del Sol , la Luna y las estrellas; de las nubes, de las aguas, 
del fuego, del Cielo y de la Tierra; grandiosas evocaciones 
de su benéfico influjo sobre los mortales; himnos consagra- 
dos á cantar las excelencias del día y sus guerras constan- 
tes con las sombras de Ih noche. No fué menester más para 
ver los orígenes de la Religión. Los Vedas eran los libros más 
antiguos del mundo: todos los pueblos se habían inspirado 
en aquellas mismas creencias religiosas de la India. Los Sa- 
cerdotes indios invocaban á Indra, el dios de la atmósfera 
y del rayo, el que excede en poder á todos los dioses, y en 
cuya presencia tiembla la tierra vacilante y se resquebrajan 
las montañas; Varuna había formado todas las cosas, era 
el soberano del mundo; Siirya (el sol) es el inspector que ve 
y conserva todos los seres; Agtit (el fuego) es el mensajero 
de los dioses, el reguiador del culto, el que conserva y da 



EN LAS RELIGIONES PA|-.ANAS 437 

la inmortalidad. En una palabra: los dioses védicos son in- 
mortales, pero no eternos ni existentes por sí mismos; son 
meras representaciones de los fenómenos naturales que, an- 
dando el tiempo, se convirtieron en la imaginación de los 
pueblos indo europeos en seres personalísimos, antropomor- 
fos, dotados de sentimientos humanos, y cuya acción y po- 
der sobre el mundo, envueltos en sublimes metáforas, en 
enigmas indescifrables, dieron origen á los mitos, á la creen- 
cia y adoración de seres trocados en dioses, realmente infe- 
riores al hombre, pero de quienes el hombre ciegamente 
dependía, ignorando la fuerza secreta que los impulsaba. Y 
como todas esas ficciones poéticas de dar los atributos de la 
Divinidad á fenómenos insensibles no tenían fundamento ló- 
gico, dedujeron los racionalistas el sistema mítico que, apli- 
cado al origen de las religiones, da por resultado que el hom- 
bre primitivo no participó de la idea exacta de la Divinidad; 
y que, si tuvo religión y culto, fueron éstos solamente pro- 
ductos del desarrollo de su inteligencia ó de su fantasía, 
acomodados á sus necesidades, pero sin fundamento alguno 
por parte de la comunicación directa del verdadero Dios con 
el hombre. 

Tal es la primera consecuencia que sacan los mitólogos 
de la teogonia y dogma védicos. El mito se remonta al es- 
tado primordial del espíritu humano; á medida que éste 
se desarrollaba iban apareciendo en el estadio del mundo 
las religiones con tendencia á la unidad, pues antes todo 
era politeísmo. Aunque no se habla en los Vedas del mis- 
terio de la Trinidad, que fué formado posteriormente con 
Bvahma , Viclinu y Siva; según Wilson, ya puede con- 
jeturarse algo de él en los tres dioses Indra, Varuna y 
Agnt. que, bien considerados, no son más que un dios, per- 
sonificación del alma del Universo, maJia atma. 

Sería necesario un libro para refutar una por una las es- 
tupendas contradicciones que del sistema mítico se despren- 
den, y hacer ver cómo no están conformes contal sistema 
sus más entusiastas partidarios; pues mientras unos parten 
de la evolución religiosa á través de los mitos para deducir 
la pluralidad de cultos y religiones en el estado primitivo. 



438 LA TRADICIÓN MONOTEÍSTA Y EL ESPIRITI'ALISMO 

Otros, por el contrario, ó niegan esa evolución en el lengua- 
je y en las creencias, ó si la admiten es para sentirse luego 
arrastrados por evidentes testimonios históricos y confesar, 
no sin algún miedo, que, no obstante las marcadas huellas 
que en muchas razas ha dejado el politeísmo, retrocediendo 
más puede verse la unidad de Dios como dogma fundamen- 
tal del género humano. Y no se crea que los que esto últi- 
mo afirman es por afecto al Cristianismo ; todo lo contrario. 
Concediendo Á duras penas que la unidad de Dios se impone 
en la historia de los pueblos, es para deducir que si el Cris- 
tianismo fué un adelanto en la moral, nada nuevo vino á 
enseñarnos con su teogonia, inferior en algunos puntos á la 
pagana; mientras que los heraldos del sistema mítico radi- 
cal, los amantes de la evolución religiosa, sacan esta otra 
consecuencia : el Cristianismo no es más que una nueva fase 
de la Mitología. 

En tanto se ponen de acuerdo en sus procedimientos los 
defensores del sistema mítico aplicado á la Religión, pudié- 
ramos hacerles estas preguntas, por si son capaces de re- 
solverlas: ¿Puede considerarse al Sol como un dios, sin te- 
ner antes idea de una divinidad? ;Se pueden otorgar fácil- 
mente los atributos divinos á los fenómenos naturales, sin 
tener noción de esos atributos? El mito lleva consigo el con- 
cepto de inmortal, de sobrenatural; luego supone ese con- 
cepto. ;Lo tomó de sí mismo el hombre? Entonces el hom- 
bre era superior á los fenómenos naturales, á los mitos, 
como es superior la causa al efecto; mal podía adorarles 
y rendirles culto siendo superior á ellos. ¿Lo tomó de Dios 
ó éste se lo inspiró? Luego Dios existía en la mente de los 
hombres antes que los mitos. Los mitos, por tanto, si exis- 
tieron en el correr de las edades, fueron una aberración de 
la idea primitiva que el hombre tuvo de Dios ; fueron un re- 
sultado, no una causa. 

No puede desconocerse que los esfuerzos y novísimos 
procedimientos empleados por la Lingüística y la Mitología 
comparadas se encaminan á destruir todo el orden de la re- 
velación, á propalar que los personajes bíblicos del Antiguo 
y Nuevo Testamento no pasan de la categoría de mitos. La 



EN LAS RELIGIONES PAGANAS 439 

brecha que ese taimado sistema abre también en la Historia 
es enorme, y ya comienzan á sentirse sus horribles corola- 
rios. Si no se rinde acatamiento á las narraciones bíblicas, 
al libro por excelencia, al que ha tenido y tiene de su par- 
te el sello de Dios y el fallo de la humanidad, ¿qué testimo- 
nio puede evocarse con certeza en los anales de la historia? 
Considerando á Moisés y á Jesucristo como seres míticos, 
¿podrán lógicamente librarse de ese anatema los héroes 
más grandes y gloriosos de todas las naciones? De nada 
servirían para nuestros descendientes los hechos consig- 
nados en las páginas de un libro, ni las inscripciones lito- 
lógicas, ni las pinturas, ni las estatuas y monumentos don- 
de se transmiten las hazañas de los que fueron honra y prez 
del linaje humano. 

En nombre de la Religión y de la Ciencia debemos com- 
batir ese perjudicial sistema que las destruye ambas. Pero, 
al combatirlo en las suposiciones y consecuencias erróneas 
(jue alega, no debemos despreciar los católicos las verda- 
deras conquistas que en el terreno científico ese sistema ha 
hecho, aplicado á esclarecerla historia de las religiones pa- 
ganas. ¿Hay algo que pueda utilizar el apologista católico 
en la Lingüística y Mitología comparadas? 

Veámoslo. 

f'R. /Manuel f. yWiouÉLEz, 
o. s.;a. 

(Continuará.) 







'""^||;i> 



El 1)i:i<i{cií() de Indlltü ^'^ 



w 



El derecho ni-; indulto kn la práctica. — Abusos Lometidos en el ejercicio del de- 
recho de gracia. — Sus consecuencias para la penalidad y para los pueblos. — Causas 
principales de donde nacen. — Regla?: á que debe estar sujeto el derecho de gra- 
cia. — Conclubiún. 




i<)L() respondiendo á circunstancias actuales, á las 
exiíjencias de lo que últimamente se ha escrito acer- 
ca del derecho de gracia, hemos trabajado por es- 
tudiarle en su origen y fundamento; nos hemos detenido en 
demostrar su necesidad ante la administración de la justicia, 
deduciendo con rigurosa lógica su legitimidad intrínseca, 
negada por unos \' exageradamente restringida por otros; y 
hemos procurado, por último, harmonizar el ejercicio de 
este derecho con los modernos principios de la ciencia polí- 
tica. Es decir, que hasta aquí hemos tratado de la parte 
teórica, de las cuestiones suscitadas acerca del derecho de 
indulto en relación con la ciencia penal y las atribuciones 
propias de los Poderes del Estado. Tócanos ahora examinar 
la parte práctica, lo que es el indulto en los hechos, los ma- 
les que su injusta administración produce á la sociedad, y 
los remedios que conviene aplicar para evitarlos ó atenuar 
siquiera sus perniciosos efectos. 



(1) N'éase la página 491 del volumen xx.xix. 



EL DERECHO DE INDULTO 441 

De sumo interés sería este último estudio, si no estu- 
viese ya hecho por cuantos se han ocupado en esta materia, 
pues la cuestión práctica ha sido hasta ahora el objeto pre- 
ferente, y aun exclusivo, de todos los políticos y criminalis- 
tas que han estudiado el derecho de indulto. En España, en 
Inglaterra, en los Estados Unidos, donde quiera que se ha 
escrito algo sobre el derecho de gracia, encontramos una 
condenación, una protesta enérgica contra la facilidad con 
que los gobernantes han otorgado siempre el perdón, y la 
injusticia con que se ha repartido entre los criminales; por 
consiguiente, una voz, una protesta más, agregada al nú- 
mero de las que hasta ahora se han levantado contra el uso 
arbitrario y nada equitativo, por lo regular, de la gracia, 
bien poco puede significar. 

Pero, si tan unánimes encontramos á todos los escrito- 
res en reconocer el mal y en el buen deseo de remediarlo , no 
sucede lo mismo cuando se trata de señalar sus verdaderas 
causas y determinar los más apropiados remedios para con- 
jurarle, siendo muy pocos, á nuestro modo de ver, los que 
han tratado este punto con acierto. Por eso hemos de dar 
mayor importancia á cuanto sirva para reglamentar debi- 
damente el ejercicio del derecho de gracia que á las inúti- 
les declamaciones que suelen encontrarse en cuantos libros 
han tratado de este asunto. 

Que en el ejercicio del derecho de gracia se cometen y 
se han cometido siempre abusos, no hay necesidad alguna 
de demostrarlo: de ello están bien convencidos todos los 
criminalistas, todos los jueces, todos los que se han dedi- 
cado al estudio de la criminología; lo dice la opinión públi- 
ca, lo siente el pueblo, lo ven los mismos que le ejercen. 
Quienquiera que sea el que escriba ó hable sobre este pun- 
to; cualquiera que sea la escuela que siga ó la doctrina que 
defienda, convendrá siempre con nosotros en que el indulto 
se concede á ciegas^ se reparte desatinadamente entre los 
criminales, ha venido á ser con frecuencia una verdadera 
calamidad pública y, no reconociendo en la mayor parte de 
los casos otro fundamento que la voluntad del que le otor- 
ga, tiene, i^r fuerza, que producir entre los penados una 



442 EL DERECHO DE INDULTO 

desigualdad odiosa que irrita los ánimos y contradice A la 
justicia. 

No son de hoy los abusos que en el ejercicio del derecho 
de gracia se cometen : desde que en los pueblos se introdujo 
la costumbre de perdonar á ciertos delincuentes, y esto de- 
pendía de la voluntad de un hombre sin más límites que 
su absoluto poder y sin más trabas que su propia concien 
cia, tuvieron que existir, en mayor ó menor número, los 
abusos que naturalmente se derivan de la arbitrariedad hu- 
mana. Sino hay institución, por santa que sea, ni verdad, 
por bien que se conozca, de que el hombre no haya abusa- 
do , ¿cómo puede concebirse sin un abuso constante el dere- 
cho de perdonar, imperfectamente conocido en su origen y 
fundamento, sin una reglamentación fija, sumamente vago 
en su aplicación, sin más guía para llevarle á la práctica 
que el amplio ó estrecho criterio, y el corazón más ó menos 
compasivo del que había de perdonar? Creemos, pues, que, 
en la institución del derecho de gracia, el uso y el abuso 
nacieron á la vez, juntos han continuado existiendo hasta 
nuestros días, y juntos vivirán por mucho tiempo. 

En más de una ocasión tuvieron que reconocer nuestros 
Reyes absolutos la necesidad de imponerse á sí propios un 
límite en cuanto al número de indultos que habían de con- 
cederse, confesando con estoque ellos mismos abusaban, y 
comprendiendo los males que su excesiva liberalidad ocasio- 
naba á los pueblos. Suele citarse á este propósito una ley de 
D. Juan II, del año 1447, en que se ordena que todos los per- 
dones que se hubieren de conceder anualmente se reserven 
para el Viernes Santo ; que su ntífuero no podrá exceder de 
veinte , y que, si de otra manera ó en mayor número se per- 
donase, semejantes indultos no tendrán valor alguno, aun- 
que estén hechos por el mismo Rey y en virtud de su po- 
der absoluto, y con cualquiera cláusula derogativa de las 
anteriores disposiciones. Ley ridicula, ciertamente, que el 
Soberano se imponía á sí mismo, y podía en cualquier tiem- 
po ser infringida ó derogada por quien la había dado, á pe- 
sar de comprometerse en términos tan explícitos á obser- 
varla; ley, por otra parte, absurda, en cuanto se hace de- 



EL DERECHO DE INDULTO 443 

pender el indulto de la voluntad del que le otorga; pues no 
siendo así, difícil es saber á prior i cuántos reos habrá cada 
año que, en justicia, merezcan perdón, para poder fijar el 
número de indultos que han de concederse. ¿Qué hubiera 
hecho D. Juan II si, después de indultar á veinte reos , acu- 
día pidiendo gracia cualquiera otro que la mereciese con más 
razón que ninguno de los veinte favorecidos? 

Esta y otras leyes parecidas parten de un falso principio: 
de suponer que el indulto depende absolutamente del capri- 
cho de quien haya de ejercitarle; pero en ellas se ve, de to- 
das maneras, que había abusos; que tales abusos eran co- 
nocidos por los mismo>i que los cometían y que pretendían 
remediarlos, imponiéndose ciertas limitaciones, adquiriendo 
voluntariamente una especie de compromiso para no indul- 
tar más que el número de penados que ellos de antemano 
fijasen, y reglamentando á su manera el ejercicio del dere- 
cho de gracia. Desde la fecha de la citada ley hasta ahora, 
han transcurrido más de cuatro siglos, y no se ha hecho 
mucho más en este punto: en la práctica, y aun en la teoría, 
salvo raras excepciones, subsiste el mismo error; la regla- 
mentación del derecho de gracia es nula, de todo punto im- 
potente para hacer de él el uso que reclama la justicia , y los 
abusos son incomparablemente mayores y de más funestas 
consecuencias que en los antiguos tiempos. Por arbitrarios, 
por numerosos que se supongan los indultos otorgados hasta 
el presente siglo, siempre resultará que el indulto era la ex- 
cepción, y los sentenciados que llegaban á sufrir toda la 
pena constituían la regla general , mientras que hoy lo raro, 
lo excepcional es que la gracia no alcance á un penado an- 
tes de extinguir por completo su condena: antiguamente 
apenas se aplicaba el indulto más que á los reos de muerte, 
y los agraciados eran muy pocos, en relación con el número 
excesivo de criminales que llegaban á sufrir la última pena; 
hoy se extiende la gracia á todo género de penados, se re- 
parte sin tino entre delincuentes de todas clases, y á veces, 
por un fausto acontecimiento, por solemnizar una fiesta 
que nada tiene que ver con los que justamente viven priva- 
dos de la libertad, se indulta en masa á innumerables pena- 



444 EL DERECHO DE INDULTO 

dos que desfilan por delante de las prisiones y se esparcen 
luego por distintos puntos, ¡quién sabe si para llevar el te- 
rror á muchos pueblos que vivían tranquilos y escarnecer 
con el logro de su libertad á sus propias víctimas! Dado el 
sistema penitenciario de España, ¿quién no adivina que la 
mayor parte de esos hombres, acostumbrados á la ociosi- 
dad, amaestrados en el crimen y habituados á las privacio- 
nes del presidio, que ya no les intimida, sólo adquieren su 
libertad para ejercitarla en perjuicio de sus semejantes, para 
cometer nuevos delitos, para volver pronto á la prisión de 
donde salieron? Si la pena que sufren es justa, ¿por qué se 
les quiere hacer participantes del regocijo público come- 
tiendo injusticias? Si es útil para los pueblos que esos hom- 
bres no gocen todavía de la libertad que perdieron , ¿por qué 
se priva á la sociedad de ese bien por un motivo que preci- 
samente reclama todo lo contrario de lo que se hace? ¿Por 
qué se pretende hacer un bien en favor de los culpables, 
cuando ese bien cede en perjuicio de los inocentes? Si con 
motivo de un día feliz quiere el Soberano hacer ostentación 
de generosidad y de misericordia , ¿por qué no ejercita estos 
cristianos sentimientos en favor de tantos huérfanos aban- 
donados, de tantas familias honradas que viven en la mise- 
ria, y no en favor de los criminales, que son los que menos 
lo merecen? Se dirá que esta generosidad no cuesta dinero; 
pero es necesario tener en cuenta que tal vez semejantes 
indultos cuestan algo más que el dinero; tal vez cuestan la 
hacienda, la intranquilidad ó la vida de muchas personas 
honradas. 

Estos casos de indulto', sin causa alguna razonable que 
los justifique, vienen á asemejarse al perdón que el hombre 
vengativo y rencoroso otorga á su enemigo, después de ha- 
berle visto humillado y sufriendo muchos días; es decir que, 
habiéndose impuesto el castigo nada más que por indigna- 
ción y por venganza, va mejorando la suerte del castigado 
á medida que se atenúa el resentimiento del vengador; este 
resentimiento llega á extinguirse completamente, y enton- 
ces se levanta el castigo, aun antes del tiempo fijado, bajo 
la influencia de la pasión. Pero la pena que se impone á los 



EL DERECHO DE INDULTO 445 

delincuentes no debe nacer de la venganza ni de resenti- 
miento alguno contra el penado; y si al darse la ley se juz- 
gó justo imponer diez años de presidio por un delito deter- 
minado, tan justa será la pena el primer día de prisión como 
después que pasen ocho ó nueve años. 

Nada tan á propósito para demostrar los abusos que hoy 
se cometen en el ejercicio del derecho de gracia, como re- 
gistrar las Gacetas oficiales correspondientes á un año 
cualquiera, pues los abusos, en mayor ó menor escala, se 
cometen todos los años; ver el número y la clase de indul- 
tos concedidos; y, si posible fuese, fijarnos en todos los me- 
dios que se han empleado hasta llegar á conseguirse. Allí 
veríamos indultos ó conmutaciones de pena por los críme- 
nes más enormes, y otorgados en favor de los más perver- 
sos y temibles delincuentes; allí encontraríamos indultados 
á grandes criminales, dejando sin perdón á otros muchos 
infelices que le merecían mejor que los primeros; allí se nos 
presentarían casos en que, de varios coautores de un delito, 
todos al parecer igualmente culpables, todos sentenciados 
á la misma pena, se indulta á alguno de ellos, y para los 
demás no hay misericordia, sin que podamos dar razón de 
semejante desigualdad ni alcancemos á comprender por qué 
á uno se le otorga la gracia y á los demás se les niega; 
por qué uno sale á gozar de la libertad y otros quedan pu- 
driéndose en la prisión, blasfemando de su suerte, de la so- 
ciedad y de la justicia. 

He aquí una de las más desastrosas consecuencias que 
nacen de los abusos en el ejercicio del derecho de gracia. 
Esa desigualdad en la repartición del indulto, hija de la ar- 
bitrariedad y del capricho, no puede menos de irritar los 
ánimos de cuantos no han conseguido alcanzar misericordia; 
ellos están persuadidos de que la merecen, tal vez con más 
razón que los agraciados; ellos ven que el comportamiento 
de éstos no ha sido mejor que el suyo, y que tal comporta- 
miento, alegado casi siempre como causa del indulto que se 
otorga, es una mentira; ellos saben perfectamente los me- 
dios que cada uno ha puesto en juego para conseguir la li- 
bertad, y que aquellos desgraciados que no la consiguen no 



446 EL DERECHO DE INDULTO 

es porque la merezcan menos, sino porque carecen de pa- 
drinos ó de recursos para lograrlo. Ellos ven todo esto, lo 
saben, se lo dicta su conciencia, y concluyen por conven- 
cerse de que aquella justicia en cuyo nombre han sido cas- 
tigados, aquella justicia que invocaban los jueces para im- 
ponerles la pena que están sufriendo é invocan diariamente 
las personas que tratan de corregirlos, es una palabra sin 
sentido, una palabra que significa tiranía cuando se pro- 
nuncia para castigar, y capricho cuando en su nombre se 
perdona. 

Todos los penados conocen muy bien cuáles son los me- 
dios más apropiados para conseguir el indulto; todos se 
valen ó procuran valerse de ellos para conseguirle; pero 
no todos son igualmente afortunados. Unos van á sus casas 
á gozar de la libertad que alcanzaron, y otros quedan en la 
prisión sin saber cuándo les tocará dejarla. Estos últimos 
trabajarán incesantemente por lograr lo que sus compañe- 
ros han logrado; moverán para ello todos los resortes que 
estén á su alcance, y entre tanto sólo pensarán en la forma 
de conseguir su indulto, y esperarán con ansiedad un día y 
otro el fruto de aquella carta, la mediación de aquel amigo, 
el resultado de aquella recomendación. Durante este tiempo, 
no hay que hablarles de enmienda, de orden ni de discipli- 
na; su pensamiento está únicamente lijo en el negocio de su 
indulto, y no es posible pensar en otra cosa ni hacer nada 
que no se encamine á este fin. Si, á pesar de todo, no logran 
el indulto, entonces la más terrible desesperación se apode- 
ra de ellos; el recuerdo de tantos otros como le han conse- 
guido, quizá con menos méritos, vuelve á atormentarles ; las 
palabras moral, religión, justicia, que alguna vez suenan en 
sus oídos, jamás llegarán á su corazón ni penetrarán en su 
conciencia. 

En esta situación de ánimo, que vayan á hablarles de 
corrección; ¡corrección! ¿y para qué corregirse, si con eso 
no han de conseguir su libertad, que es lo único á que aspi- 
ran? Que procuren hacerles comprender que han obrado 
mal y que su pena es merecida ; pero ¿cómo, si ven que otros 
han obrado peor y se les ha librado de la pena? Que se les 



EL DERECHO DE INDULTO 447 

hable de justicia y de moralidad; pero ¿con qué derecho, si 
alh' donde se invocan estos nombres no han visto más que 
ejemplos de inmoralidad y de injusticia? Que se les trate con 
cariño y se les hable A la conciencia; ¿y qué se conseguirá 
cuando, de hecho, su suerte es más dura que la de otros mu- 
chos, y su conciencia, encallecida con el crimen, quizá se ha 
extinguido en fuerza de presenciar actos contrarios á los 
que ella dicta? De suerte que el indulto tal como hoy se ejer- 
ce; el indulto nacido, no de la buena conducta del agracia- 
do, ni de la utilidad social, ni de nada que se parezca á la 
justicia, sino de la arbitrariedad de quien tiene el derecho 
de otorgarle, se opone á uno de los principales íines de la 
pena, haciendo poco menos que imposible la enmienda de los 
penados. 

Esto por lo que se refiere á los indultos ó rebajas de pena 
particulares; que si atendemos á los generales, que con fre- 
cuencia y por fútiles motivos se dan en España, las conse- 
cuencias son todavía más deplorables y más funestas para 
la penalidad. Una célebre escritora, á quien ya hemos ci- 
tado otras veces, y que tuvo motivos para saber práctica- 
mente lo que en estos casos sucede en las penitenciarías, se 
expresa de este modo: '^L'n día entráis en la prisión, y veis 
que el ruido y el desorden es mayor que el de costumbre: 
¿qué sucede? Que ha corrido la voz de indulto, esparcida no 
se sabe por quién, creída como deseada por todos, y 3'a no 
hay ninguno que se preocupe de otra cosa. 

„Cuando la noticia, que las más veces resulta vana, no lo 
es, á la escena de tumulto sucede otra más deplorable. Al 
anuncio de gracia todos la esperan, porque ya se sabe que 
es otorgada sin ser merecida. ¡Qué desconsuelo, qué decep- 
ción, qué cólera desesperada, al ver la lista de los que sa- 
len en libertad y en la que no está el nombre del que espe- 
ra con ansia que se pronuncia el suyo? ¿V por qué no está 
y están otros? No alcanza la razón, tal vez no existe; acaso 
hay muchas para que estuviera. Es posible que el jefe de la 
prisión, si es persona regular, se duela de que la gracia no 
alcance á muchos que la merecían mejor que los agraciados; 
pero la letra del decreto comprende á unos y excluye á otros, 



448 EL DERECHO DE INDULTO 

y aquéllos se van y éstos se quedan, convencidos todos de 
que los libres tuvieron fortuna y los reclusos desgracia, 
con lo cual no es fácil que se resignen. 

„En todo esto no hay nada de equitativo, de jurídico, di- 
gámoslo, de racional ; es el azar, el acaso; pero como se tra- 
ta de cosas que pueden y deben substraerse á él para enco- 
mendarse á la justicia, al faltar á ella de un modo tan evi- 
dente para los perjudicados y para los favorecidos, se con- 
tribuye á desmoralizar á los unos y á los otros„ (1). 

Hemos dicho que resulta una desigualdad injusta y un 
grave daño para la penalidad, de conceder el indulto sin 
consideración al comportamiento real del penado, y no he- 
mos sido del todo exactos; hay ocasiones en que sí se atien- 
de á la mala conducta del que va á ser indultado; pero es 
precisamente para que consiga el indulto con mayor facili- 
dad. Así ha sucedido alguna vez con ciertos presos rebeldes 
á la disciplina penitenciaria, sobre cuya conducta han infor- 
mado favorablemente los encargados de su vigilancia, para 
que consigan el indulto y no les den más que hacer. Porra- 
ros que sean estos casos, calcúlese la ejemplaridad que se- 
mejantes indultos han de producir en los demás penados, y 
las consecuencias que se seguirán para el orden y régimen 
de las prisiones. Lo peor del caso es que esto tiene muy di- 
fícil remedio, por bien reglamentado que se suponga el ejer- 
cicio del derecho de gracia. 

Otra de las absurdas consecuencias derivadas del dere- 
cho de gracia, tal como hoy se ejerce, es que las penas leves 
se cumplen, de ordinario, indefectiblemente y con todo su 
rigor, porque no se trabaja tanto, ó no se trabaja nada, por 
conseguir el indulto, mientras que es muy raro que una 
pena grave llegue á ejecutarse en toda su extensión sin que 
la gracia haya venido á extinguirla antes del tiempo fijado 
por la ley. De este modo puede darse el caso de que una 
pena venga á ser, en virtud del indulto, de menor duración 
que otra más leve y aplicada á un delito menor, en lo cual 



(1) Concepción Arenal: Ei derecho de gracia ante ¡a Justicia, ca- 
pítulo Ji. 



EL DERECHO DE INDULTO 449 

se ve de un modo evidente la injusticia de castigar con más 
rigor un delito menos grave, y el absurdo de sustituir la ley 
y la justicia por la voluntad del que otorga el indulto. 

Las consecuencias que del abuso del derecho de gracia 
nacen para la sociedad, tal vez no son tan inmediatas; mas 
no por eso son menos perjudiciales. Una de las más funes- 
tas consiste en despojar á las penas más graves de las con- 
diciones que las hacen útiles á los pueblos; pues útil es, para 
evitar ciertos delitos, que las penas con que se castigan 
sean ciertas, se cumplan indefectiblemente, y de este modo 
produzcan en los criminales el saludable terror á que se or- 
denan. Este terror desaparece en gran parte en cuanto que, 
por medio del indulto, se hacen inciertas y el delincuente 
cuenta siempre con una gran probabilidad de que no lleguen 
á ejecutarse. 

La pena capital , que es la que lleva consigo en el más 
alto grado la intimidación, es hoy poco menos que ilusoria, 
gracias al indulto que piden casi todos los condenados á 
muerte, siendo pocos los que no lo consiguen. Dado este he- 
cho indudable, debemos suponer que, al deliberar el delin- 
cuente sobre el crimen que va á ejecutar, piensa en las pro- 
babilidades de llegar á sufrir la pena de muerte, por una 
parte, si cae en poder de la justicia; y por otra, de la impu- 
nidad ó de una rebaja en la pena por medio del indulto; y 
como sabe que éste se consigue casi siempre, encuentra un 
obstáculo menos en su camino para cometer aquel crimen, 
que, de otro modo, tal vez no se atreviera á consumar. De 
suerte que el indulto, prodigado como actualmente se hace, 
ha de ser por fuerza en muchos casos un móvil para perpe- 
trar el crimen. 

Mas no para aquí todo: el reo que llega á sufrir la muer- 
te, habrá solicitado también el indulto, y, ya por no tener 
personas influyentes que se interesasen por él, ya por cual- 
quiera otra circunstancia, no ha logrado alcanzar miseri- 
cordia. Desde el momento en que pierde toda esperanza y 
ve que no hay más remedio que morir, no podrá menos de 
hacerse las siguientes reflexiones: ";Y por qué á tales y 
cuales delincuentes se les concedió el indulto, y á mí se me 

29 



450 EL DERECHO DE INDULTO 

niega? ¿Eran menores sus crímenes que los míos? ¿Mere- 
cían, mejor que yo, ser perdonados ?„ Acaso sabe, ó si no 
sabe adivina , los medios poco justos de que tal reo se valió 
para conseguir la gracia, y va más adelante en sus pregun- 
tas; pero bastan las que ha hecho, tenga ó no tenga razón, 
para convencerse de que su pena no es justa , en cuanto su- 
perior á la de otros tan criminales como él, y para no resig- 
narse con su suerte al compararla con la de los que fueron 
perdonados; todo lo cual será un gravísimo obstáculo para 
morir bien. 

Tanto la pena de muerte como otras de las principales, 
puede decirse que están consignadas en el Código ad térro- 
rein, nada más que como amenaza; pero es necesario tener 
en cuenta que el engaño no puede durar mucho tiempo, y 
hoy todo el mundo sabe que esa amenaza rara vez llega á 
cumplirse; por eso no intimidan á los delincuentes tanto 
como es preciso para apartarles del crimen, y es indudable 
que muchos no habrían llegado á ser criminales si irremisi- 
blemente hubieran de sufrir la pena que les corresponde. 

Otro inconveniente muy grave ofrece el abuso del dere- 
cho de gracia, y es el de contribuir al menosprecio y aun á 
la burla de esas leyes que casi nunca se cumplen, y al des- 
prestigio de los jueces, de cuya sentencia pueden reirse y se 
reirán los criminales al verla anulada por obra y gracia del 
derecho de indulto. La autoridad y las leyes son la vida de 
las sociedades; por consiguiente, el desprestigio de la pri- 
mera y el habitual incumplimiento y menosprecio de las se- 
gundas son causas suficientes para agotar las energías na- 
cionales é ir poco á poco labrando la ruina de los pueblos. 
Si la pena de muerte se prodiga todavía demasiado, restrín- 
jase á menor número de delitos, pero que no sea letra muer- 
ta en los Códigos penales. Si hay otras penas excesivamente 
duras para los delitos á que se aplican, modifiqúense en sen- 
tido más benigno; pero, en bien de la sociedad, cúmplanse 
indefectiblemente. 



f R. JERÓNIMO /Montes, 
o. s. A. 



(Concluirá.) 




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Revista Científica 




;iiei« ¡lila eléoírlra. — Las pilas eléctricas llamadas de óxi- 
do.-í conocidas aciualmenie, y en particular la de Leclanché, 
no pueden funcionar de un modo continuo, y por lo tanto no 
son aplicables A la producción de la luz eléctrica. La pila que va- 
mos á describir, inventada por ^L Auguste Chevalier, produce una 
corriente continua y bastante intensa para poder servir para el alum- 
brado. En comparación con las pilas actuales del tipo indicado, los 
perfeccionamientos que en ella ha introducido se refieren principal- 
mente A dos partes, .1 saber: el vaso poroso y la cabeza del carbón. 

El elemento de la pila se compone, en primer lugar, de un vaso ó 
recipiente exterior, de madera ó de cristal. Engarzado en la pared 
del vaso hay montado un tubo de cristal cerrado por abajo y provisto 
de agujeros practicados en la cara interna, ó sea la que mira al inte- 
rior del vaso. Dentro de este tubo se introduce la barrita de zinc la- 
minado y batido. La solución de sal amoníaco necesaria para excitar 
la pila se introduce en el vaso por el tubo. El zinc se fija y mantiene 
en posición dentro del tubo, por medio de un anillo de caucho que 
sirve al mismo tiempo de tapón. 

Dentro del recipiente se coloca el vaso poroso, que en lugar de ser 
de gres, como de ordinario, está formado por una plancha de maáe- 
ra con incisiones practicadas con la sierra en toda la longitud de la 
plancha, de modo que sólo queda intacta una pequeña porción de 
madera por medio de aros de tela metálica. 

Dentro del vaso y en el fondo del mismo se coloca una capa del- 
gada de bióxido de mercurio, de tres á cuatro milímetros de espesor 
aproximadamente. En el centro del vaso se dispone la placa de car- 



452 REVISTA CIENTÍFICA 



bón, provista en su parte superior de una cabeza de disposición es- 
pecial que constituye el polo positivo. El espacio que rodea el car- 
bón se halla dividido en cuatro compartimientos, por medio de cuatro 
tabiques de cristal y lleno de la mezcla ordinaria de carbón de retor- 
ta y bióxido de manganeso. El vaso estíl cerrado por arriba por una 
gruesa capa de cera que se extiende y recubre al mismo tiempo los 
aros de la tela metálica superiores é inferiores , á fin de proteger me- 
jor el conjunto y garantizar la solidez del vaso. 

El extremo superior de la placa de carbón presenta un orificio 
doblemente cónico para que ofrezca mejor apoyo ,1 los discos metá- 
licos, con preferencia de platino, entre los cuales y dentro del orifi- 
cio se aloja un tubito de cristal, cuyos dos extremos están guarneci- 
dos de arandelas de caucho y se hallan aplicados contra los discos 
de modo que formen junta hermética. 

Un segundo tubito de cristal comunica con el interior del tubo y 
atraviesa el carbón, saliendo al exterior, en donde su extremo se 
tapa, introduciéndose á poca profundidad er. el plomo. Los discos se 
aprietan contra los ensanchamientos del orificio y contra las guarni- 
ciones del tubo. Las piezas se construyen con preferencia de platino. 
Entre las tuercas hay un alambre arrollado en espiral encima de la 
cabeza del carbón. Alrededor del conjunto de estos órganos hay una 
cabeza de plomo moldeada como en las pilas Leclanché y de otros 
sistemas conocidos, la cual presenta un orificio que corresponde con 
el interior de la espiral formada por el alambre. Este orificio recibe 
un tornillo que penetra en el centro de la espiral mencionada y cons- 
tituye el punto de unión del conductor externo. 

Esta nueva pila presenta grandes ventajas, justificadas por los ex- 
perimentos que con ella se han llevado á cabo. 

Gracias al vaso poroso de madera, se evita la polarización del 
zinc; mientras que, en las pilas actuales, la acción que las materias de 
que se compone el vaso de gres ejercen sobre el zinc es tan activa» 
que al cabo de cierto tiempo, relativamente corto, el zinc y el vaso 
en cuestión llegaban á pegarse mutuamente, la madera por otra 
parte, al contrario, se conserva limpia en toda la superficie )' los po- 
ros no llegan nunca á obstruirse: así, pues, si por cualquier razón 
conviene cambiar el zinc, puede hacerse el cambio en cualquier mo- 
mento sin molestia alguna. 

Las incisiones del vaso y los tabiques de su interior tienen por 
objeto aumentar considerablemente la superficie activa del elemen- 
to. Con la disposición dada á la cabeza del carbón se evita también 
la polarización debida á la forma especial del contacto del mercurio; 
y mientras que, en las pilas ordinarias, los efectos de polarización se 
dejan sentir inmediatamente, la nueva pila suministra una corriente 
continua de constante intensidad, pudiendo, por lo tanto, aplicarse 
para producción de luz eléctrica. 



REVISTA CIENTÍFICA 453 



El Fliior«>Mt'0|>o «le FiIíhoii.— Se tenía por cierto que el notable 
descubrimiento de los rayos catódicos, denominados hoy rayos de 
Rüntgen , habría de atraer sobre sí la atención y poderosa inventiva 
de Edison. Así ha sucedido, en efecto. Inmediatamente se puso Edi- 
son á trabajar, y casi instantáneamente dio con lo que buscaba. 

No se puede dudar que el descubrimiento del profesor Rontgen 
estaba llamado á prestar inapreciables servicios á la ciencia en ge- 
neral, y principalmente á la ciencia del diagnóstico médico. Pero toda 
operación fotográfica es relativamente lenta; pues sin contar el tiem- 
po de exposición necesaria , que en el caso de la radiografía es largo, 
hay también que desarrollar la imagen, sacar la prueba, etc. 

Edison se dijo: "lo que puede fotografiarse, puede con más razón 
verse „; y se ocupó en seguida de modificar los tubos de Crookes, de 
modo que pudiesen tener mayor fuerza de alumbrado. Al cabo de dos 
meses, el sabio americano tuvo la satislacción de lograr buen éxito 
en su doble tentativa , como ya lo sabe el mundo entero; pues la Pren- 
sa científica y la diaria de todas parles, inmediatamente propagó la 
noticia de la invención del lluoróscopo. 

.Como queda dicho, Edison se propone doble objeto: ante todo, el 
perfeccionamiento del tubo de Crookes; en seguida, la invención de 
un aparato, el tluoróscopo, que permitiese ver los fenómenos produ- 
cidos por los rayos X ó catódicos, para observarlos directamente y 
sin el auxilio de ninguna operación fotográfica. Después de innume- 
rables ensayos, relativos á la forma, la>> dimensiones, el material de 
los tubos de Crookes, Edison acabó adoptando un tubo de forma elip- 
soidal y como de unas cinco pulgadas de longitud. 

En cada extremidad se encuentran dos discos electrodos de alu- 
minio, colocados en el interior y ligeramente inclinados uno hacia el 
otro. Las extremidades exteriores del tubo se hallan cubiertas con 
unos sombreros metálicos, que forman los electrodos interiores. És- 
tos dan un ()0 por lOÜ, y los anteriores un 40 del efecto total. 

El tubo va herméticamente cerrado por sus dos extremidades , y 
contiene otro tubito que puede comunicar con una bomba de aire del 
modelo de Geissler ó de Sprengel. Al cabo de media hora de funcio- 
nar la bomba, produce el vacío necesario para el completo desarro- 
llo de los rayos catódicos. 

r Faltaba encontrar el aparato fluorescente, la manera de cons- 
truirlo y el mejor medio posible de fluorescencia. Edison empezó á 
probar con la sal de bario, utilizada por el mismo Rontgen, sin que- 
dar satisfecho. ¡Qué largos fueron los ensayos! Más de doscientos 
productos distintos se examinaron sucesivamente. Para probarlos, el 
inventor se sirvió de una caja de cerca de dos pulgadas de ancho y 
como cuatro de largo, que llevaba un agujero en el fondo. Uno de sus 
ayudantes buscaba los productos y se los traía sucesivamente. Se po- 
nía uno en la caja, y Edison tendía la vista al través del agujero de 



454 REVISTA CIENTÍFICA 



la caja, hacia un tubo activo de Crookes. Las pruebas continuaron 
sin interrupción alguna durante cuatro días con sus noches. Se aban - 
donaban multitud de sales, se conservaban otras como suficiente- 
mente fluorescentes; pero la suerte cayó en un tungstato de calcio, 
cerca de ocho veces más enérgico que el platinoci'^nuro de bario. 

El tungstato de calcio se obtiene haciendo fundir á la vez una mez- 
cla de cloruro de calcio, de cloruro de sodio y de tungstato de sodio. 
El producto así obtenido se trata por el agua , que disuelve el cloruro 
de sodio y abandona cristales insolublesde tungstato de calcio. Inme- 
diatamente se les seca y tritura; después se distribuyen en una pan- 
talla de cartón, de modo que formen una superficie lisa y uniforme. 
Esa pantalla se pone en el extremo de la caja de cartón, colocando 
hacia adentro la cara preparada. El otro extremo de la caja se hace 
de modo que rodee la cara por la parte de los ojos. Colocando la mano 
delante de esta caja y haciendo caer sobre ella los rayos X, se verá 
fluorescente toda la superficie, exceptuando algunas sombras debi- 
das al efecto especial; apareciendo los detalles aparecerán con la 
misma perfección, y tal vez mejor que en las radiografías de Rüntgen. 

El tubo de Crookes está encerrado en una caja de madera. Una 
persona pone la mano ó el brazo sobre la caja, y el observador, fiján- 
dose ó poniéndose en la cara el fluoróscopo, ve el estado de los hue- 
sos. Una bobina de inducción con un interruptor de rotación actuado 
por un motor es lo mejor para el caso, pues Edison dice que el con- 
densador contraría el efecto. 

Al hacer sus ensayos Edison puso el tubo que empleó sobre la 
bomba de aire. Gradualmente y á medida que se hacía el vacío se 
notaba la aparición de la fluorescencia, y por medio de un espectrós- 
copo de bolsillo se observaba el período de desaparición de las ban- 
das. Al fin se empezó á notar la radiación délos rayos X. Se puso el 
fluoróscopo en la cara, y su base se presentó brillantemente ilumina- 
da. A cada instante aumentaba la intensidad del efecto, hasta que 
por último se presentaron bruscamente los huesos, viéndoseles los 
contornos con absoluta precisión, al mismo tiempo que los músculos 
desaparecían completamente y como por encanto. 

Presentada la parte inferior del brazo delante del fluoróscopo, dejó 
ver con toda claridad el espacio comprendido entre los huesos, el 
radio y cubito. Un portamonedas, cuyas quijadas de acero no se ha- 
bían abierto, dejaba contar las monedas que encerraba. Puesta una 
tabla de cierto espesor entre el objeto y el instrumento, no disminuía 
el vigor de la imagen sino de una manera insignificante. 

Fácil le es al lector imaginarse, ahora que conoce el fluoróscopo, 
la importancia que tiene para los médicos, y especialmente para los 
cirujanos. 

La gran gloria de Edison acaba de aumentarse con un descubri- 
miento tan maravilloso como los demás suyos que ya se conocían. 



REVISTA CIENTÍFICA 



455 



La Eleoti'iriilail y la iiericiiltiira.— Atendiendo al incremento 
que va tomando la electricidad, parece que en tiempo no muy lejano 
desempeñará un papel bastante importante en los trabajos agrícolas. 

El profesor italiano A. Aloi, en una serie de experimentos que ha 
llevado á cabo, ha demostrado que la electricidad terrestre y la elec- 
tricidad atmosférica favorecen la germinación de las semillas y el 
crecimiento de las plantas. 

Además, M. Bouvier, habiendo observado las variaciones que ex- 
perimentan las plantas sometidas á la acción continua de la luz eléc- 
trica, ha afirmado que la planta alpina cultivada en estas condiciones 
presenta verdaderas analogías con las plantas árticas. 








5» Mí'^fl \S 














Revista Canónica 




IbuBos en la celebración de funerales. — lil Rector de una igle- 
sia parroquial de la diócesis de Sinigaglia, con permiso de su 
Ordinario, propuso á la Sagrada Congregación de Ritos la 
siguiente duda: 

An iti féretro vel íiímtilo, duní pro aliqun defuncto exequia 
finnt, tilín pKVsente , quiim absenté cadavere, exponi valeat ejusdeni 
defuttcti iniíigo; et qmiteniis nciíative , an salteni tolcrari pos^t 
hitjiisntodi nsns, ubi viget. 

La Sagrada Congregación, vista la sentencia de la Comisión Li- 
túrgica, y tratado con detenimiento el asunto, respondió: 

Negative quoad priniant partem; et qnoad alteram: Curanduní 
ut eliminetnr ubusns. 

Atqne ita rescripsit. Die 30 Aprilis 18%. — G/y. Card. Aloisi-Ma- 
sella, S. R. C. rrxíccius.—Aloísiiis Tn pepi s, Secreiarius. 



Un privilegio de la Orden de los Menores de San Francisco.— El 
Reverendísimo P. Comisario General del Orden de los Menores de 
San Francisco en España recibió en Ma\-o último, de la Sagrada 
Congregación de Rito.s, respuesta á una consulta formulada de esta 
manera: 

An per recentiores ejusdem Sacra' Rituum Congregationis pra;s- 
criptiones et declarationes abrogatum fuerit privilegium Hispanis 
concessum k sa: me: Pió Papa \' per Breve 17 Decembris 1570. " Ad 
hoc nos Deus„, quo in iis partibus Missae solemnes, quae canuntur. 



REVISTA CANÓNICA 457 



statuitur et picecipitur ut eae juxta Ecclesiac Toletanae formam in 
Hispaniarum Rejinis ab antiquissimo tempere receptam, decan- 
tentur? 

Respuesta de la Sagrada Congregación : 

Negative ; ct Detiir Decretmn die 7 Jiilii 1894 edititni dique ita 
rescripsit. Die 8 Maji l.S%. — Qiy. Card. Aloisi-AJíise/la, S. R. C. 
Príefectus.— .4/c»/.sí//5 Tripepi, Secretarias. 



Varias consultas expuestas á la Sagrada Congregación de Bitos. 
Cierto sacerdote, confesor y capellán en un Monasterio de Monjas 
Cistercienses, perteneciente á la Ciudad y Diócesis de Gerona, ex- 
puso á la Sagrada Congregación de Ritos las dudas que íI continua- 
ción se siguen: 

Quum juxta Rituale Cisterciense, Communio et Extrema Unctio 
administrandív sint ir.tirmis cum alba et stola et pro ipsarum Com- 
raunione aíTerri debeant in Cálice tot Particuhc, quot sunt infirmae 
coinmunicandie, ac pru;beri ultimie communicatae, aut projici in ig- 
nem vinum ct aqua ablutionis Calicis, quaeritur. 

I. Utrum, quando Sacerdos srecularis administrat praefatis Monia- 
libus Sacramenta, teneatur servare Rituale Cisterciense, an potius 
uti debeat Rituali Romano? 

II. Si servandum sit Rituale Cisterciense, permittiturne saltem 
adhiberi superpelliceum loco albie et pro Communione loco Calicis, 
Pixidem cum pluribus particulis, juxta Ritum Romanum? 

III. Utrum in translatione cadaverum Monialium e loco superiore 
Monasterii ad Chorum inferiorem, efin earum exequiis , exclusa 
Missa Conventuali, servari possit Rituale et Missale Romanum juxta 
consuetudinem vigentem? 

Resp. Ad I. Sacerdo saecularis, de quo in casu, debet uti Rituali 
Romano. 

Ad II. Provisum in primo. 

Ad III. Affirmative, dummodo lex clausurae in ejusmodi transla- 
tionibus non violetur. 

. Atque ita rcscripsit . Die 8 Maji 1896.— Cay. Card. Aloisi-Masella, 

S. R. C. Praefectus.— .4/o/s/Ms Tripepi, Secretarias. 

t 



Decretos de la Sagrada Congregación de Ritos en orden á la bea- 
tificación y canonización de los venerables Esteban Bellesini y Sor 
Juana de Guillen del Orden de nuestro Padre San Agustín. — RO- 
MANA SEU PR.EXESTIXA ET TRIDENTINA.-Super Dubio.- 



458 REVISTA CANÓNICA 



An constet de Virtiiíibus Theoloí^alibu^ Fide , Spe et Cliayiíatc in 
Deiun et Proximum , necuon de Cardinalihus Ptudetitid , Justitia, 
Fortitudine ac tempe rantia , earuttiquc adnexis in giuidn heroico, 
in casu et ad effectum de quo agitur? 

Qui christianse perfectionis ardor \'en. Stephanum Bellesini, ut 
conformisfieret imaginis FU i i Dei, jam usque ab ineunte aetate sin- 
gulariter ceperat, Ídem sane, quin minucretur intcrcessu temporis, 
virum obitis in cxemplum muneribus probatissimum, majori in dies 
studio. ad vitee exitum est prosecutus. jure icjiíur factum. ut viriutes 
ab ipso excultas concordibus omne i;enus suffrasíiis populi cuniula- 
verint, non solum Tridenti ubi hanc lucem hausit, traduclaque nitide 
pueritia humanisque abdicatis sese Christo asseclam statuit darc; et 
Bononiae, ubi, votis inter Au«:ustinianos jam rite conceptis, integra 
profecto laude in litteris vcrsabalur. vcrum etiam Romae, quam in 
Urbem instaurata Europa; pácese recepit, sibique concreditis Ordi- 
nis tyronibus quum doctrin;e tum sanctitatis magister príeluxit; et 
(icnestani preesertim, quod oppidum , ad arduum curionis otficium 
evectus cum sex supra quinquaginta annos cxcessisset, mirum in mo- 
dum illustravit. Immo Acton et Corsi Paires Cardinales, haud pauci 
sacrorum Antistites, aliique quorum est ceteris exemplo antecederé, 
Bellesini solelant Angelum nominatim compellare, et moribus sibi 
adjunctis alterum Aloisium (ionzagam aut Philippum Nerium ; inno- 
centiie fama, longe á multis. ceu solem ab astris, excellentcm; mar- 
t^'rem charitate adactum, cum pra-stantioribus conferendum; ct vir- 
tutis potius prodigium quam decus. l^raterea tantum omnium in se 
obsequium concitavit, ut accesserint quoque adversariorum testimo- 
nia, qui licet alii alus neqiores, animis tamen ad unum adductis in 
eamdem sententiam, Stephanum bette anima fe cissc apprime loque- 
bantur, et nihil, quod .1 Dei optatis vel parumper abesset, esse moli- 
tum. Denique quotquot ejus consuetudine, postremos potissimum un- 
decim annos, u'.erentur, constantiam utrique clero ad imitandum mc- 
morant, qudi, /orina grcgis ex animo ct ómnibus omnia elfectus, non 
modo ludis docendi íere suo institutis, et adolescentibus ad religio- 
sam perfectionem informatis, sed populis etiam, laboribus continen- 
ter exhaustis, ad fidem incensis, praíter ceteros enituit. Quo enim 
devexa jam aetate fractisque viribus debilior, eo acrioribus cordis 
stimulis actus nunquam muneris contentionem remisit athleta Chris- 
ti fortissimus; et robur ab ipso discrimine adeptus, ad meliora sum- 
mopere intendit, magnique nihil duxit praíter Dei gloriam et animo- 
rum salutem provehendam. Ut autem societatis bono consuleret et 
injurias Ecclesiae illatas, arceret, nil scelestorum odio commoveri, 
adhibitasque in se minas spernere enevit, dissolvi cupiens et esse 
cum Christo; atque unum interea sibi in deliciis habere, ut caelestes 
flammas aliorum etiam pectoribus cummaxime incenderet, illis mé- 
rito accensendus, quos Gregorius cognomine Magnus Seraphim vo- 



REVISTA CANÓNICA 459 



cabat, quorum cor m igneni conversuní liicct et urit, quosque ñeque 
Jortitxido , ñeque altitudo. ñeque profunduní, ñeque creatura alia 
potuit separare a charitate Dei. Haec vero omnia suprema sane com- 
mendatione complevit qui, ad civium incolumitatem, vitam quodam- 
modo in agone profundere non renuit. Nam Genestani, dum lethali- 
ter infectis diu noctuque sedulus adesset, lúe ipse correptus, sum- 
mumque boni pastoris príemium assequutus, anima pro ovibus posita, 
nobilissimam mortem oppetiit ipso die quo de V'irgmis Deiparíie Do- 
minae Xostríe lustratione solemnia instituuntur , quarto nonas Fe- 
bruarias anno 1840. 

Quapropter, ut sui memoriam, quum mortalem letatem degeret, 
in omni sanctimoniít genere alte ille impresserat, ita mirum nemini, 
si, statim atque placidissimo fine ad caelestes abiit, potiorem in dies 
omnium fuisse sententiam monumenta testentur de beatorum hono- 
ribus ei comparandis, cujus vita sanctissime acta supernis abunda 
charismatis multisque. ut feruntur, ad sacros ejus ciñeres patratis a 
Deo prodigiis, veluti consecrari videbatur: quique ad se solatorem 
suumque tumulum confugientibus nova adauctus corona facilius 
prospiceret, Ecclesiítque jura, hac temporum vicisiiudine, in digni- 
tatem vindicaret. Itaque tribus vix annis a supremo die óbito elapsis, 
inita jugiter quasstione. ad S. R. C. causa ejus est deducta; adorna- 
tisque pluries summa qua par erat judicii severitate perquisitionibus 
tabulisque confectis, et ceteris ómnibus ad juris normas rite absolu- 
tis, ad virtutum examen, quae universa admiratione cohonestat;e he- 
roicum attingercnt f'astigium, perbrevi devenium est. Quod ut ab ob- 
jectis satis copioseque expediretur, triplici hac de re disccptatione 
est peractuní: nimirum in comitiis anieprícparatoriis tertio calendas 
januarias an. 1890, apud Rmum. Cardinalem Raphaelem Monaco la 
\'alletta, cui munus causíc referendae a Pontiftce Máximo erat de- 
latum; in pr;eparatoriis ad Apostolicum Palatium V'aticanum ad- 
vocatis sexto calendas majas anno 1894; ac demum in generalibus 
ibidem habitis coram Sanctissimo Domino Nostro Leone Papa XIII 
pridie idus novembres an. 1895; quo postremo in csetu Rmus. Cardi- 
nalis Lucidus Maria Parocchi, Episcopus Albanensis, loco Rmi. Car- 
dinalis Monaco la Valletta , dubium ad discutiendum retulit : An cons- 
tet de Virtutibus Theologalibus Fide , Spe et Charitate in Deum ac 
Proximum , nec non de Cardinalibus Prudentia , Justitia , Tempe- 
rantia et Fortitudinc earumque adnexis \'en. Serví Dei Stephani 
Bellesini , in gradit heroico, in casu et ad effection de quo agitur? 

Omnesque qui aderant Rmi. Cardinales et Patres Consultores suf- 
fragia singuli edidere. Sanctitas vero Sua, quamvis adhuc superni 
luminis subsidium rogatura mentem patefacere distulerit, innuit ta- 
men revera Ven. Bellesinium , cujus causa agebatur, comtnuni om- 
nium sententia utrique clero pnccelluisse omnis virtutis exemplar 
insigne. Quapropter ex intima^ quw sibi inesset , persuasione, et ex 



460 • REVISTA CANÓNICA 



perspectis (ilioruin responsis cüepit anspiciiim fore ut opportuno 
tempore decretoriiim judicium juxta communia vota Sibi pr aferré 
contingcret. 

Die autem adveniente, quem faustissimo Christi in coelum ascen- 
dentis triumpho festum recolimus, illis. qui in pervigili parochi mu- 
ñere naviter obeundo se probarunt, adscribere heroem optavit, cu- 
jus industria, Jesu Christi triumphos omni conatu renovare satege- 
rat. Atque Augustinensium enixe ad unum adprecantium vota sola- 
turus, Pater Beatissimus omni solutum dubio animuin pronumque 
persensit ad sententiam, qua ceteros adeximii viri vestigia alacrius 
persequenda inflammaret eju->que virtutes meritis firmatas laudibus 
proponeret , in quas peropportune cuncti ac speciatim curiones in- 
tuerentur. Idcirco Sacro religiosissime peracto, ad hanc V'atiranam 
aulam adiit, solioque pontiñcio insidens ad se accersi jussit Reve- 
rendissimos Cardinales Cajetanum Aloisi-Masella, S. R. C. Praefec- 
tum, et Lucidum Mariam Parochi, nec non R. P. Gustavum Persiani 
Sancta; Fidei Promotoris muñere fungentem, meque simul infras- 
cripium Secretarium; iisque adstantibus solemniter pronunciavit: 
Coustarc de X'irttttibits ThcologuUbus Fide, Spe et Cluiritate in 
Dcum et Proximum, nec non de Cardinalibus Prndcntia, Jnstitia, 
Tentpenintiii et Fortitndine, eamniquc adnexis Ven. Servi Dei Ste- 
phdni fíeüesini , in grndii heroico, in casu et ad effectum de quo 
agitur. 

Quod Decretum in vulgus edi et in .b. R. C. acta referri priEcepit, 
pridie idus majas an. lí^^*t).~Ca/etaniis Card. Aloisi-Masella, S. R. C 
Prsetectus— Z,. f S—Aloisius Tripepi, S. R. C. Secretarius. 



ORIOLEN. — Beatificationis et caxonizationis ven. serv.c Dei 
Sor. joANN-E Guillen monialis PROFESs^t ordinis eremitarum S. Au- 
GusTiNi IN Monasterio S. Sebastiani civitatis Oriolen. — Processus 
Ordinarius in Civitate Oriolensi anno Ihlbconfectus super fama sanc- 
titaiis vitiE, virtutum et miraculorum in genere Servae Dei joannae 
Guillen, próvido divina? sapientiae consilio postremis hisce tempori- 
bus e tenebris erutus esi. Qui Romam delatus et Sacrae Rituum Con- 
gregationi exhibitus una cum novne Inquisitionis actis anno 1888 illic 
adornatis hanc Dei Famulam ad Catholicce Hispanias decus et Ordi- 
nis Augustinianensis splendorem, veluii novum astrum protulit. Joan- 
na, patria Oriolensis natione Hispana, parentibus Honorato et Anna 
Remires de Espejo, opibus et virtute priestantibus, auno 1575 quinto 
Kalendas Januarias orta, sacro baptismi lavacro in Parochiali Eccle- 
sia S. Jacobi abluta fuit. Adhuc infans in Jesum patientem et vulne- 
ratum oculis animoque ferebatur ejusque imaginem pectori orique 
admovenssuavissimeosculabatur. Puellaapuerilibusabstinens.quum 



REVISTA CANÓNICA 461 



solitariam ageret vítam, religiosie praelucebat perfectioni. Ad Syna- 
xim admissa ac frequenter accedens haud multo post, confessario 
probante, virginitatcm Deo devovit, pietate et moribus adeo praecla- 
re se gerens, ut matresfamilias puellis suis Joannam velut angelis 
aemulam indigitarent. Superato post quinquennium certamine quod a 
domesticis et praecipue a matre slrenue sustinuerat , ex ipsius Episco- 
pi Oriolensis consilio, anno 15^7, die loMaii, Asceterium Augustinia- 
nense S. Sebastian! ingressa cst, ubi, suscepto religionis habitu atque 
anno tyrocinii rite expieto, solemnia vota nuncupavit. Puellis novi- 
tiis preeposita regularum observantiam et religiosse vitae coluit per- 
fectionem, una cum illis coram Deo jugiter ambulans. Xeque solum 
puelhe, sed ipsae moniales netate provectíE ejus d¡scíplin?e se subjece- 
runt, quo factum, ut mystica illa vinea ubérrimos ediderit tructus. 
Tándem quum unum supra trigesimum cCtatis annum duceret, Joan- 
na, doloribus ac infirmitaiibus patientissime toleratis, in ipso S. Se- 
bastiani Monasterio, quo ejus mater Deo in bonis operibus serviens 
se receperat, die, quam pnedixerat, secunda Junii anno 16U7 brevem 
hanc vitam cum perenni ac beata commutavit. Oriolensibus civibus 
ad ejus exequias confluentibus, uti memoriae prodilum est, Deus plu- 
ribus et miris modis ostendit acceptissimam sibi luissc animam Fa- 
mulaí suae Joannae, cujus exuviíc, servato Catholicic Ecclesine ritu, 
in ipso S. Sebastiani Asceterio cum magna populi veneratione et 
frequentia depositae (uerunt. Hinc obtigit, ut paucos post annos, uni- 
versa civitate Oriolensi postulante, prícdictus Processus Ordinarius, 
nuper cognitus, adornatus fuerit; cui altera recentior inquisitio acces- 
sit, ut tama sanciimoniae ejusdcm Serva? Dei ad haec usque témpora 
perdurans et crebrescens, eniteret. Hac duplici Ordinaria Inquisitio- 
ne ad Sacram Kituum Congregationem delata, Sanctissimus Domi- 
nus Noster Leo Papa XIII benigne indulsit, ut Dubium de signatura 
Commissionis Introductionis Causae ejusdem I'amulae Dei agi posset 
in Ordinariis Sacrae ipsius Congregationis Comitiis absque interven- 
tu et voto Consultorum. Quare instante Rmo. P. Sebastiano Martine- 
lli Priore et Postulatore Generali Ordinis Hremitarum S. Augustini, 
attentisque posiulatoriis litteris Emorum. ac J^morum. Archiepisco- 
porum Cítsaraugustani et Firmani nec non plurium Sacrorum Antis- 
titum aliorumque virorum ecclesiastica dignitate praestantium, a me 
infranscripto Cardinali Sacrae Rituum Congregationi Praefecto et 
hujusce Causae Relatore, in Ordinario Sacrae ejusdem Congregationi 
Coetu. subsignata die ad Vaticanum coadúnalo, sequens Dubium dis- 
cutiendum propositum fuit: An sif signunda Cummisio Introductio- 
nis Ciinsíe in ctisu et ad cjfectuní de qiio agitiir? Et Sacra ipsa Con- 
gregatio, ómnibus maturo examine perpensis, et audito voce etscrip- 
to R. P. D. G usiavo Persiani Sanctae Fidei Promotoris munus geren- 
te, rescribendum censuit: Afjirmative , seu signandam esse Cornmis- 
sionem,si Sanctissimo Domino placuerit. Die 19 Maii 1896. 



462 REVISTA CAXÓXICA 



Quibus ómnibus Sanctissimo Domino Nostro Leoni PapaeXIIl per 
meipsum infrascriptum Cardinalem relatis, Sanctitas Sua Rescrip- 
tum Sacrae Congregationis ratum habens, propria manu signare dig- 
nata est Commissionem Introdactionis Causic Venerabilis Servae 
Dei Joannae Guillen, praedictae, die 2 Junii eodem anno. 

Cajetanus Carci. Aloisi-MaseUa, S. R. C. Praefectus. — Aloisius 
Tripepi, S. R. C Secretarius. 




iJít.^álS^jlf^Jí^Jít^Jlt^Jis^JliuJit^'/^^J^^ 










CRÓNICA GENERAL 



EXTKAN.IKKO 




lO.MA— El antiguo Embajador francés en el Vaticano, Mr. Lefe- 
bure de Behaine, ha sido condecorado por Su Santidad con la 
cruz de la Orden de Cristo, que es la más alta de las condeco- 
raciones pontificias, en premio de los eminentes servicios prestados .1 
la causado la lijlesia, los cuales han merecido además que el mismo 
León XIII hiciera en público el elogio del mencionado funcionario. 

—La Junta Central de Angustí ñus l'erein, Sociedad alemana de 
la Prensa católica, bajo la protección de San Agustín, ha coleccio- 
nado y remitido al Papa todos los números de las publicaciones ca- 
tólicas alemanas que publicaron artículos sobre el vigésimoquinto 
aniversario del infausto 20 de Septiembre de 1870, fecha de la inva- 
sión de Roma por los modernos bárbaros. 

Al mensaje que acompañaba á esta colección ha contestado Su 
Santidad con una notable carta, de la que tomamos los siguientes 
párrafos, que prueban la singular importancia que León XÍII conce- 
de á la buena Prensa : 

"Entre los muchos medios que , á nuestro juicio , contribuyen de es- 
pecial manera al desarrollo de la vida relgiosa y moral, deben figu- 
rar justamente los periódicos católicos. 

„Por eso Xós no desaprovechamos ocasión de excitar á los católi- 
cos , bien por medio de exhortaciones y consejos , ya por medio de dis- 
tinciones honoríficas, á que presten su cooperación al periodismo, y 
le protejan. 



464 CRÓMCA. GENERAL 



„Nós nos felicitamos al observar que nuestra voz ha sido escucha- 
da en todas partes, pero particularmente en Alemania, donde los 
periódicos adictos á la causa católica se distinguen por su número, 
por su inrtuencia y por la consideración de que gozan,,. 

—Para perpetuo recuerdo de las fiestas conmemorativas de la pri- 
mera Comunión de León XIII, trátase de erigir, con el concurso de 
todos los católicos, un monumento en la ciudad de Viterbo, en cuya 
iglesia de San Ignacio el niño Joaquín Pecci se acercó por vez pri- 
mera á la Mesa Eucarística el 21 de junio de 1821. 

La idea ha sido acogida con entusiasmo, como lo manifiestan los 
numerosos donativos que se recogieron apenas quedó abierta la subs- 
cripción. De los colegios eclesiásticos de Roma, uno de los primeros 
en tomar parte en esta obra demostrativa del afecto que se profesa 
al Sumo Pontífice ha sido el Colegio Español de San José, estableci- 
do en el Palacio Aitemps, de la plaza de San Apolinar, fundado por 
el virtuoso sacerdote de Tortosa D. Manuel Sol, y sabiamente diri- 
gido en la actualidad por el joven presbítero D. Benjamín Miñana, 
de la misma diócesis. Su Santidad ha dirigido al Sr. Obispo de Viter- 
bo una carta alabando el proyecto y mostrando su gratitud á todos 
los buenos católicos que en él han tomado parte. 



* * 



Italia.— La Triple Alianza viene siendo en este país objeto de 
animadas discusiones y blanco elegido por la pasión política para 
descargar sobre él ios tiros de sus inconstancias y veleidades, dán- 
dose el caso de que los mismos que un día la presentan como ele- 
mento perturbador de la política europea, al siguiente la defiendan 
como firmísima garantía de paz y de orden. 

Los recientes debates de la Cámara italiana concernientes al pre- 
supuesto de Negocios Extranjeros han puesto de relieve la poca ló- 
gica y aun la perfidia de los partidarios de M. Crispí, que hacen al 
Gabinete actual una guerra encarnizada y de mala ley. Por un fenó- 
meno singular, los amigos del antiguo Presidente del Consejo, los 
cuales, cuando su jefe estaba en el Poder, velaban con infatigable so- 
licitud por el tratado de la 7>//)//rí?, estiman ahora que ese tratado es 
insuficiente, y piden que se le reforme. M. Fortis, antiguo Subsecre- 
tario de Estado de Crispí, es quien ha explanado esas reclamaciones 
ante la Cámara, y con tal motivo M. Rudini, en vez de preguntar 
simplemente á su importuno demandante por qué razón el Ministerio 
Crispí no había realizado la demanda de reforma, hizo en el Parla- 
mento ciertas declaraciones acerca de algo muy íntimo, que se refie- 
re á la Tríplice , las cuales sentaron muy mal á los elementos guber- 
namentales de Berlín , hasta el punto de que algunos diarios oficiosos 



CRÓNICA GENERAL 465 



del Gobierno alemán las han calificado de inoportunas y hasta in- 
convenientes. 

En vista de tal llamamiento al orden, el Presidente del Consejo 
italiano de Ministros se ha apresurado á comunicar A la Prensa una 
nota oficiosa, declarando después con toda solemnidad en la Cámara 
que sus precedentes explicaciones habían sido mal entendidas. Por el 
momento el incidente parece concluido, pero da lundamenio á sospe- 
char que deje algún vestigio. Con esta ocasión ha venido á esclare- 
cerse un punto de historia muy discutido, constando ahora con ente- 
ra evidencia que el Tratado de la Triple Alianza ha sido modificado 
durante la reciente visita del Emperador Guillermo á Venecia. En 
la capital del Imperio alemán han creído sin duda que no podían que- 
dar en el aire las revelaciones á medias hechas en Roma por el jefe 
del Gobierno sobre ciertos misteriosos tratados convenidos entre 
Alemania, Austria-Hungría é Italia, y han hecho decir por el órga- 
no más autorizado de la Triple Alianza, el Diario de Ginebra, que 
"las modificaciones introducidas en el texto constitutivo de la Triple 
Alianza no tienen el carácter agresivo y de amenaza que en alguna 
parte parece habérseles atribuido, sino todo lo contrario^, pues se 
concretan á limitar la obligación en que se hallan las tres l'otencias 
de prestarse mutua ayuda en el caso de '"invasión del territorio euro- 
peo de una de ellas„. Üe manera que si Italia atacase á Francia, pre- 
textando que los soldados franceses de Túnez habían penetrado en 
Trípoli, ni Austria ni Alemania estarían obligadas á intervenir. 

La crisis ministerial italiana, que, al decir de algunos periódicos 
de Roma, no había probabilidad de que llegara á consumarse, ha es- 
tallado al fin, pero lo más notable es que se haya verificado precisa- 
mente después de obtener el Gobierno un nutridísimo voto de con- 
fianza; lo cual permite suponer que el Marqués de Rudini se ha pro- 
puesto modificary vigorizar su Gabinete con determinados elementos. 

El voto de la Cámara en una cuestión como la de los procedimien- 
tos que deben adoptarse en Sicilia, lo considera el Presidente del 
Consejo favorable ásu persona, colocando al Rey en la precisión de 
dirigirse de nuevo al actual Jefe del Gobierno para formar otro mi- 
nisterio. 

Lo que parece cierto es que los proyectos del general Ricotti , que 
modifican de arriba á abajo la actual situación del ejército, no mere- 
cían la aprobación del Soberano por ofrecer inconvenientes para los 
oficiales, dificultando sus ascensos; razón por la cual el Rey no quiso 
aceptar la dimisión colectiva del Gabinete, y sólo lo hizo de las re- 
nuncias presentadas por el general Ricotti y algunos otros compa- 
ñeros que le apoyaron, exponiendo opiniones contrarias á su jefe. 

La crisis queda, pues, limitada, y el Rey Humberto ha dado su apro- 
bación al nuevo Ministerio, que queda organizado del modo siguien- 
te: Rudini, Presidencia, Interior é interinamente Negocios Extranje- 

30 



466 CRÓNICA GENERAL 



ros; Brin, Marina; Pelloux, Guerra; Costa, justicia; Branca, Hacien- 
da; Luzzatti, Tesoro; Prineti, Obras Públicas; Graciturdo, Instrucción 
Pública; Guicciardini, Agricultura; Sinco, Correos y Telégrafos; Co- 
dronchi, Comisario civil. Ministro sin cartera; la cartera de Nego- 
cios Extranjeros ha sido ofrecida al Sr. Visconti Venosta. 

—El Economista d' Italia publica un importante artículo de M. Luz- 
zatti, antiguo Ministro del Tesoro, d quien se indicaba para ir á Pa- 
rís con el objeto de establecer una inteligencia comercial ó un trata- 
do de comercio entre Francia é Italia. El Sr. Luzzatli desmiente ese 
rumor, por lo menos en cuanto á él se refiere; pero añade luego que 
sólo se trata, por ahora, de vagos deseos manifestados por el Emba- 
jador francés en Roma, y bien acogidos por el Gobierno italiano. 
Ve, por lo tanto, el Sr. Luzzatti la posibilidad de un acuerdo; pero 
declara que todo depende de una mutua buena voluntad. Dice que el 
próximo término del tratado de comercio de Italia y Túnez puede 
contribuir A la conclusión de un acuerdo comercial con Francia, pre- 
vias determinadas concesiones recíprocas. Los derechos de Aduanas 
sobre los géneros italianos, ligeramente aumentados en Túnez, po- 
drían compensarse con la tarifa mínima concedida por Francia á 
Italia. 

Fka.ncia. — Anunciase como probable por ahoia que el Gabinete 
Méline, en vista de la oposición hecha por los oradores de diversos 
grupos al proyecto de ley de impuesto sobre la renta, cuyo autor res- 
ponsable es M. Cochery, iba .1 retirar la moción; pero un discurso pro- 
nunciado en la Cámara de los Diputados por M. Méline nos muestra 
al jefe del Gabinete decidido, por el contrario, X afrontar cualquier 
marejada. Ciertas declaraciones hechas por él serían dignas de un 
hombre político conservador y discreto, si se inspiraran en princi- 
pios de verdadero progreso, principalmente las palabras que ha pro- 
nunciado contra el socialismo, y que son una nueva declaración de 
guerra lanzada contra el partido revolucionario. Va veremos hasta 
dónde puede mantener M. Méline su loable compromiso. Se le juzga- 
ría más capaz de un verdadero esfuerzo contra la revolución si re- 
nunciara á ejercer contra el Clero y los católicos cierta clase de per- 
secuciones tan mezquinas como irritantes. 

—En el Palacio del Elíseo, y con la solemnidad de costumbre, se 
ha verificado la imposición de la birreta cardenalicia á Monseñor Fe- 
rrata, Arzobispo de Tesalónica y Nuncio de Su Santidad en París, en 
cuya ceremonia se han cambiado cordialísimos discursos. El nuevo 
Cardenal dijo que el Papa quiere establecer la paz religiosa en el res- 
peto á las instituciones políticas de los diferentes países, 3'que los ca- 
tólicos se agrupen en patriótica unión para disipar injustas creen- 



CRÓNICA GENERAL 46" 



cias, desvanecer desconfianzas y prodigar A todos las muestras de 
mayor solicitud. 

—A juzgar por las últimas noticias de Madagascar, la situación de 
aquella isla es cada vez más grave. La responsabilidad se atribuye 
principalmente al sistema administrativo implantado en aquella co- 
lonia, el cual revela un gran desconocimiento de las necesidades de 
la misma. El primer funcionario de Francia visita con mucha asidui- 
dad las escuelas protestantes inglesas, y hasta ahora no ha puesto los 
pies en ninguna de las Misiones católicas francesas. En cambio los 
misioneros protestantes son la verdadera causa de la agitación que 
comenzó en el país, la cual ha tomado gran incremento, hasta el pun- 
to de que los indígenas se muestran ahora enemigos encarnizados de 
todos los europeos. Se teme que estalle una grande insurrección al 
grito de ¡ mueran los cristianos !, sin que la primera autoridad france- 
sa se atreva A tomar ninguna medida represiva por no faltar Á sus 
principios políticos. Tales son las noticias de origen privado, por más 
que el Presidente general en Madagascar se empeña en decir que 
la situación de la isla es normal. 



« 
* • 



Alemania.— Con motivo de la cuestión de los jesuítas en el Reichs • 
tag, se recuerda que Bismarck dijo en cierta ocasión: "...la guerra 
contra la Iglesia me ha de salir más cara que las luchas con Fran- 
cia„. Y los hechos han demostrado que tenía razón el Canciller. Lo 
que han perdido los elementos católicos lo han ganado los socialis- 
tas, y de esta suerte se comprende que ahora traben la última refrié- 
ga , impidiendo el cumplimiento de la ley que ha restablecido en Ale- 
mania la Compañía de jesús. Las leyes de excepción sólo pueden 
prevalecer cuando las reclama la opinión pública, lo que no sucede 
en este caso. 

— El Código civil alemán , la importante obra unitaria de la juris- 
dicción civil del Imperio, ha sido por fin aprobado por unanimidad, 
descontadas diez y ocho abstenciones, que se han reclutado entre los 
alsacianos-loreneses, los güelfos y los antisemitas, y el grupo socia- 
lista que votó en contra , así como el diputado bávaro Sig. 

Este Código pone fin á un caos jurídico increíble, porque el Impe- 
rio alemán contaba casi tantas legislaciones civiles como Estados 
confederados; y hasta entre ellos había algunos que contaban con 
muchas legislaciones civiles diversas. Desde el punto de vista jurí- 
dico, el nuevo Código borra todas las prescripciones de las legisla- 
ciones antiguas, y desde el punto de vista político no hará más que 
estrechar los lazos entre los diversos pueblos alemanes, que lamen- 
taban los inconvenientes de la multiplicidad de los Códigos civiles. 



468 CRÓNICA GENERAL 



Inglaterra.— El elemento oficial déla llamada Iglesia anglicana 
no se muestra nada propicio á responder á las paternales exhortacio- 
nes y tendencias de la reciente Encíclica de León Xlll. El Arzobispo 
de York ha contestado al citado documento pontificio con una pro- 
testa, suponiendo equivocadamente que la Carta apostólico-romana 
se halla en desacueido con las Sagradas Escrituras, y declarando 
que los anglicanos no pueden reconocerle ninguna autoridad. 

En ciertos círculos religiosos en que se reúnen los miembros del 
Consejo de la Unión de !a Iglesia anglicana, cuyo Presidente, Lord 
Haliíax, ha tomado una parte tan activa en el movimiento á favor de 
la reunión de la Cristiandad, se había esperado que el Papa hubiese 
hecho algunas concesiones; pero la cana De Lnitnic ha disipado to- 
das las dudas y defraudado al mismo tiempo las infundadas esperan- 
zas de los sectarios. Como ha dicho el Cardenal Vaughan en su carta 
del 29 de junio al Titnes , ciertas personas se figuraban que era posi- 
ble al Padre Santo modificar la doctrina y el dogma, con el fin de fa- 
cilitar la reunión; pero éste es un error en que los católicos no po- 
dían incurrir. Y dice el Cardenal: "de cualquier modo que sea reci- 
bida esa importante Encíclica, todo el mundo admirará su sinceri- 
dad sin reserva y su caridad paternal; lodos reconocerán que viene 
A disipar las teorías vagas y fútiles, ricas únicamente en esperanzas 
engaflosas, y al mismo tiempo, por la gracia de Dios, .1 mostrar cla- 
ramente el camino á los que se crean en el deber de seguirle^. 

— Mientras la gran obra de los Congresos internacionales de 
sabios católicos tan rápidos progresos alcanza en todas partes, y 
mientras en casi todos los países de Europa funcionaban con per- 
fecta regularidad los Comités nacionales, solamente en Inglaterra 
no existían aún; pero, afortunadamente, esta laguna al fin se ha lle- 
nado. El día 29 de junio tuvo lugar la primera sesión del Comité 
británico en la ciudad del Támesis, á la que concurrió extraordi- 
nario número de sabios eclesiásticos y seglares, adoptando impor- 
tantes decisiones, á fin de organizar la participación oficial de los sa- 
bios católicos de la Gran Bretaña y de Irlanda en el Congreso que 
deberá celebrarse el año próximo en Friburgo. Leyóse después una 
carta que Su Eminencia el Cardenal Rampolla , Secretario de Estado 
de Su Santidad , ha dirigido al Presidente , enviándole , en nombre del 
Padre Santo, la bendición apostólica, así como á los demás miem- 
bros del Comité, y á todos los que contribuyan, en la medida de sus 
fuerzas, al sostenimiento de una obra tan útil á la Iglesia. El Comité 
ha recibido ya un considerable número de adhesiones, y la mayor 
parte de los Obispos ingleses han prestado su valioso concurso, nom- 
brando corresponsales en sus diócesis respectivas. 

—La Honorable Compañía de Artillería, antiguo Cuerpo fundado 
en 1638, cuando todavía los Estados Unidos eran colonia inglesa, fué 
completamente derrotada por los separatistas americanos. Consti- 



CRÓ.VICA GENERAL 469 



luidos éstos en República independiente, se reorjíanizó dicho Cuerpo, 
y ahora, con motivo de la celebración del aniversario de aquella in- 
dependencia, los artilleros han hecho una visita á sus camaradas in- 
gleses, siendo recibidos con entusiasmo por el pueblo londonense. 
Kste hecho constituye, tal vez, el fundamento y la base de ciertos 
rumores de Conferencia internacional entre Inglaterra y los Estados 
Unidos, divulgados por la Prensa de Londres estos úíiimos días. He 
aquí los detalles que da un diario de Madrid: 

"^Vn telegrama de Nueva York que publica el Standard y extrac- 
tan algunos periódicos franceses, dice que es probable que se con- 
cierte un convenio angloamericano de arbitraje antes de la reunión 
del Congreso de los Estados Unidos. La correspondencia diplomri- 
tica entre Lord Salisbury y Mr. Olney está bastante adelantada para 
que pueda publicarse en el término de una ó dos semanas. Un tele- 
grama de Ei [niparcial aftade algunos pormenores sobre este asun- 
to. Dice que en los círculos diplomáticos de París se comenta el pro- 
yecto atribuido al primer Ministro inglés y Jefe del Foreign Office, 
Lord Salisbury. Se añade que este estadista ha dado instrucciones al 
Embajador de la (irán Bretaña en Washington, Sir Julián Pauncefo- 
te. á fm de que se entienda con el Secretario de listado norteameri- 
cano, Mr. Olney, acerca de una nota que el foreign Office se pro- 
pone dirigir á los Gabinetes europeos. El objeto de esa nota es pre- 
parar la reunión de una Conferencia diplomática á fin de examinar 
los planes de arbitraje internacional que algunos políticos y escrito- 
res formulan, y que cuentan con muchos partidarios en Inglaterra y 
en América. Los que han lanzado la especie, cuya exactitud no ga- 
rantiza el corresponsal, dicen que los Gabinetes de Madrid y Roma 
se manifiestan dispuestos á apoyar la pretensión de reunir una Con- 
ferencia internacional, y que ésta se celebrará en Londres á fines 
del corriente afto„. 

Sin discutir el grado de probabilidad de estas noticias, que cree 
necesitan confirmación, le parece al mencionado periódico mucho 
más verosímil que se establezca un convenio de arbitraje entre In- 
glaterra y los Estados Unidos— como para resolver la cuestión de 
X'enezuela y las demás análogas que puedan surgir — que no la ex- 
tensión de aquel proyecto á las demás potencias europeas, menos 
dispuestas probablemente á soluciones de este género. 



Austria. — La disgregación que al cabo de cierto tiempo se pro- 
dujo en el partido judio-liberal causó la muerte de dicha agrupa- 
ción política, dejando tan hondos estragos en su constitución, que 
apenas si cuenta ahora con escasas fuerzas para organizarse de nue- 



470 CRÓNICA GENERAL 



vo y renacer, como el ave fénix, de sus cenizas. Con efecto, después 
de una reciente reunión celebrada por algunos individuos liberales 
en la capital de Bohemia, proyéctase la formación de un nuevo par- 
tido que llevará el nombre de "partido progresista alemán„. Quiére- 
se indicar con semejante denominación que en lo sucesivo no se tra- 
tará ya de una agrupación compuesta exclusivamente de los mayo- 
res hacendistas é industriales, sino de un vasto partido reclutado 
indistintan;ente de entre todos los austriacos de lengua alemana^ 
amigos del progreso, es decir, anticlericales. De modo, que lo que se 
pretende es crear y oponer á los socialistas cristianos una asociación 
democrático- liberal. 

El plan es hábil, pero falta que pueda realizarse. Los electores se 
han mostrado adversarios decididos del semitismo internacional, y 
cansados de servir de instrumento á un capitalismo egoísta. 

Pero ese pueblo, cada día más desafecto al liberalismo judío, y 
que poco á poco se ha desentendido de él; ese pueblo burlado , enga- 
ñado por tantos años, tenderá sus brazos á sus fingidos amigos, mu- 
cho más interesados que interesantes. Hay razones para creer que el 
pueblo no hará nada. Sabe muy bien, por experiencia, que entre los 
grandes capitalistas y él no puede existir más relación que la que 
media entre explotadores y explotados, y que se halla fatalmente 
destinado á desempeñar el papel de juguete. A pesar del retumbante 
título de partido "alemán^ y "progresista-, en el fondo siempre será 
el judío pérfido, ambicioso y cruel 

— Ya en otra ocasión anunciamos que los católicos austriacos se 
preparan para una asamblea general en Salzbourgo, que se reunirá 
en los primeros días de Septiembre. A la vista tenemos la elocuente 
convocatoria de la Junta local á todos los católicos de Austria, en la 
cual va inserto todo el programa de los trabajos del próximo Con- 
greso: estudio del pasado; examen de los resultados obtenidos de las 
tres primeras asambleas generales; atenta consideración al presente 
de las necesidades actuales; los medios practicables para remediar 
lo defectuoso y mejorar la situación ; preparación del porvenir con 
resoluciones propias para asegurar el bien de la iglesia , la prosperi- 
dad del Estado y la salvación de la sociedad. Cuestión social, educa- 
ción é instrucción escolar, ciencia y artes, prensa y literatura cató- 
lica, asociaciones, etc.; tales son los temas que han de tratarse en el 
Congreso, en consideración del mayor desarrollo que se está impri- 
miendo en la vida y acción católica en Austria. 

La tarea es vastísima, dicen los firmantes de la proclama, pero 
también es la mejor de las empresas, y á su más brillante desempeño 
deben concurrir todas las buenas voluntades, todos los talentos y to- 
das las inteligencias. 

Un Congreso católico es ya en sí mismo una solemne profesión de 
fe, una prueba de unión, una manifestación de la caridad cristi.Tn.-i. 



CRÓNICA GENERAL 471 



una ocasión de instruirse, ilustrarse, de confortarse y de animarse 
recíprocamente. 

* * 

Portugal. — Los gobernantes del vecino reino, tan débiles para 
soportar las vejaciones que casi á diario tienen que sufrir de la ava- 
salladora influencia déla Gran Bretaña, despliegan ahora todas sus 
energías en perseguir Á la Iglesia, escatimándola lo necesario para 
el sostenimiento de sus ministros, coartándola en el ejercicio de sus 
derechos, y aspirando de ese modo al aniquilamiento de la Religión, 
.1 la secularización del Estado y á arrancar del corazón del pueblo 
lusitano las creencias salvadoras del Catolicismo. 

El Sr. Obispo, Conde de Coimbra , ha publicado una protesta con- 
tra los proyectos del Ministro de Hacienda de Portugal relativos al 
aumento de los derechos del timbre en los actos parroquiales. Parece 
imposible— se habrán dicho los economistas modernos portugueses,— 
pero aun hay algo que sacar de las sacristías. Así como así, hay una 
cuadrilla de ladrones en Francia que, por dedicarse especialmente 
á los robos sacrilegos, se han adjudicado el nombre de sacn'síanes. 
afladiendo al sacrilegio el sarcasmo. 

—Los promovedores del Centenario de la India, en Portugal, pres- 
cinden de la parte religiosa que deberán tener las fiestas. Ningún re- 
cuerdo para los Apóstoles y Misioneros, ninguno para la gigante 
íigura de San Francisco Javier, honra de España, de Portugal y de 
la Iglesia, del que, sin embargo, dice un periódico portugués, cuyas 
frases hemos leído con entusiasmo, "que forman el pedestal de su es- 
tatua galeones de la armada, bastones de virreyes, espadas de sol- 
dados, cargamentos de mercaderías, cries y azagayas de salvajes y 
coronas de reinos que ganó para Dios y Portugal„. ¡Bellas y verda- 
deras palabras! A pesar de que los brahmanes no quieren convertir- 
se, temiendo perder sus privilegios, se han bautizado bastantes y 
figuran en los Seminarios de los jesuítas en Trichinopoly , Calcuta, 
Bombay y Mangalore. El periódico portugués A Orden ¡publica una 
bella oración compuesta para pedir á Dios la conversión de los brah- 
manes, porque éntrelas castas inferiores Se cuenta ya buen número 
de católicos. 



Turquía. — De ayer á hoy, como suele decirse, ha cambiado de 
fase y va ganando terreno la corriente optimista en la complejísima 
cuestión de la isla de Creta. Teniendo en cuenta que las potencias 
europeas, ó cuando menos la mayoría de ellas, estaban interesadas 
en que no se consolidara el movimiento revolucionario de la isla, opi- 
nábase, con muchas probabilidades de acierto, que la rebeldía de 



472 cRóxiCA i;f.neral 



los cretenses acabaría en un término más ó menos lejano, sin que 
cambiara de una manera notable el estado político y social de Creta, 
y sin que introdujera perturbaciones de transcendencia en el seno de 
Empopa. Las naciones europeas reunidas han hecho saber al Gobier- 
no de Atenas que de ningún modo permitirán que Grecia preste el 
menor apoyo material ni moral á la rebelión de los cretenses, y ade- 
más que era indispensable suspender á todo trance los envíos de ar- 
mas y municiones, que desde algunos puntos de las costas griegas se 
venían haciendo á los rebeldes. 

\o es esto sólo: aun entre los mismos insurgentes se empiezan á 
manifestar corrientes conciliatorias, debidas, según se dice, á la in- 
tervención de los cónsules extranjeros, quienes les aconsejan la con- 
formidad con las concesiones que la Puerta les hace, demostrándo- 
les que el Sultán no puede ir más lejos, á menos de consentir él mis- 
mo en la desmembración de su imperio, lo cual es imposible. 

Siendo así, y comprendiendo los cretenses que no podrían resistir 
por mucho tiempo á las tropas del Sultán, algunos de los jefes de la 
insurrección parecen ya inclinados á acogerse al indulto que á todos 
los sublevados concede Abdul-Hamid y aguardarlo todo de su muni- 
ficencia. 



* * 



BÉLciCA. — lin las elecciones últimas de Bélgica, verificadas con 
tranquilidad completa, han obtenido el triunfo los católicos, obser- 
vándose que lo que se llama la masa flotante de electores, no afilia- 
dos á partido alguno, ha votado con los católicos , recelando que ven- 
ciesen los socialistas. 

He aquí los resultados definitivos sobre la composición de la nue- 
va Cámara de Diputados de Bélgica, según los despachos recibidos: 
católicos, 111; liberales radicales, 12; socialistas, 29. La mayoría ca- 
tólica, que en la Cámara anterior era de .'>S votos, será en la actual 
de 70. Estos resultados ponen claramente de manifiesto el gran mo- 
vimiento en sentido católico que se ha operado en Bélgica durante 
estos últimos aflos. 



* * 



Pení.vsula balkA.mca.— No deja de preocuparse la Sublime Puer- 
ta con los acontecimientos que se desenvuelven en la Península de 
los Balkanes. Ha sido significativo el viaje del Príncipe Nikita de 
Montenegro á Belgrado, donde tan entusiasta acogida le han hecho 
la Reina Natalia y el Rey Alejandro. Si desde el punto de vista in- 
terno el suceso es importantísimo para Servia, pues acaba con la 
lucha entre las dos familias que han reinado en ella, dados los lazos 
que unen á los Karageorgevicht con el Soberano de Montenegro, y 



CRÓNICA GENERAL 473 



los que parece van á establecerse entre el Rey Alejandro y la Prince- 
sa Xenio, hija menor de Nikita; también adquiere mayor resonancia 
por el despertar del elemento cristiano en aquellas re£:iones de la an- 
tigua Turquía europea. En la i<;iesia de Belgrado, el Metropolitano 
de Servia excitó á. los Príncipes allí reunidos á renovar las glorias de 
la batalla de Kosowo entre slavos y turcos, cuyo aniversario secular 
se celebraba aquel día; y además se acordó que Alejandro y el Prín- 
cipe Nikita visiten al Príncipe Fernando de Bulgaria en Sofía. La 
Sublime Puerta se promete que Grecia y Rumania se opondrán á los 
planes que Montenegro, Servia y Bulgaria puedan abrigar respecto 
á la Macedonia. El Príncipe Fernando se halla por el momento en 
los baños de los montes Cárpatos, y su esposa la Princesa Luisa en 
el Monasterio de Santa Rita. Se han cambiado cartas muy cordiales 
entre la Princesa de Bulgaria y la Czarina de Rusia; pero el consue- 
lo más grande dado á la madre del Príncipe Boris ha sido la Rosa de 
Oro, que su constancia en la le católica le ha merecido de León XUL 

* 

* * 

Rusia. — Prosigue Mons. Tarmassi negociando con^el Gobierno 
moscovita acerca de los intereses de la Iglesia católica en el reino de 
Polonia. Hállase prohibido á los católicos polacos tratar directamen- 
te con la Santa Sede , teniendo que servirse de un intermediario, que 
es el Ministro del Interior. Esto produce una situación difícil y vio- 
lenta que debe terminar á toda costa, aprovechando las buenas dis- 
posiciones del nuevo Emperador. Visto el proceso de los malhecho- 
res que atropellaron en Kroze á los católicos, han sido aquéllos con- 
denados á penas desde uno á diez años de prisión. Han solicitado in- 
dulto, pero todos creen que se les negará. 

Los Seminarios católicos del reino de Polonia, hasta ahora muy 
desatendidos, recibirán protección del Gobierno ruso, conforme á la 
promesa que Nicolás II ha hecho á Su Santidad en una carta muy res- 
petuosa, y que confirma la cordialidad de relaciones que há tiempo 
existe entre Rusia y el X'aticano. 

* * 

África.— TVrtwsítaa/.— El Parlamento de la República del Trans- 
waal, donde hasta ahora había predominado un espíritu de intransi- 
gencia religiosa de abierta hostilidad á los católicos, ha tomado una 
importante medida, concediendo á éstos los mismos derechos que á 
los protestantes. Por quince votos contra ocho se ha aprobado defini- 
tivamente una ley aboliendo la que prohibía á los católicos apostóli- 
cos romanos el desempeño de todo cargo público. 



474 CRÓNICA GENERAL 



II 

ESPARA 

Ha continuado en ambas Cámaras la contestación al Discurso que 
leyó Su Majestad en la solemne apertura de las Cortes. De este de- 
bate, tanto en el Senado como en el Congreso, nada se ha podido de- 
ducir en lo referente á la forma y medios con que el Gobierno piensa 
terminar la guerra. Acerca del origen de ésta, se ha hablado mucho, 
principalmente por los generales l'ando y Calleja, quienes han de- 
mostrado que la insurrección venía elaborándose desde hacía mucho 
tiempo, á ciencia y paciencia de conservadores y fusionistas, sin que 
se hiciera nada para reprimir la osadía de los filibusteros hasta que 
ocurrieron los acontecimientos de Baire, que todo el mundo preveía 
y anunciaba. Entre las causas del espíritu separatista, que ha al- 
canzado en la Gran Antilla un desarrollo prodigioso, se han enume- 
rado la guerrcTencarnizada que viene haciéndose A la religión, la edu- 
cación impía y antiespañola qu