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La Ciudad de Dios 



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LA 



CIUDAD DE DIOS 



REVISTA QUINCENAL 



RELIGIOSA, CIENTÍFICA Y LITERARIA 



DEDICADA 



AL GRAN PADRE SAN AGUSTÍN 



Y PUBLICADA POR LOS PP. AGUSTINOS DEL ESCORIAL 



Con aprobación eclesiástica. 



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VOLUMEN LVII 



REDACCIÓN Y ADMINISTRACIÓN 

REAL MONASTERIO BE SAN LORENZO DEL ESCORIAL (MADRID) 

1902 



m 

V.57 



MADRID, 1902. 1mi\ DBLA V.ii.a i; ¡Ii.ia dk (i 

Bordadores, W 



LA FÓRMULA DE LA 11ÓN DE LOS CATÓLICOS 



XII 

La tesis y la hipótesis. 

Gran polvareda levantó en el campo católico, y aun fuera 
de él, como que dio ocasión á cuchufletas de mal gusto y 
hasta á coplitas de zarzuela, la distinción de la tesis y la hi- 
pótesis, y del per se y el per accidens, con que el Sr. Pidal 
justificó su evolución y la de los católicos que le siguieron 
desde el retraimiento al campo de la legalidad. Y sin em- 
bargo, la distinción no tenía de nuevo más que las fórmulas, 
y aun de éstas sólo era nueva la primera para los que no 
prestaban atención al movimiento del pensamiento católico 
en el extranjero, donde era ya común y corriente, desde que 
en 1 836 la introdujo el después cardenal Deschamps, y la 
segunda para los que habían olvidado ó no habían saludado 
siquiera las sabias enseñanzas de los grandes teólogos cató- 
licos. La teoría era bien antigua y de bien autorizado origen, 
como que la expuso ya con su luminosa intuición de genio 
San Agustín, como que era corriente entre los antiguos teó- 
logos y moralistas, como que en España estaba reciente- 
mente explanada con su acostumbrado vigor de raciocinio y 
de análisis por el insigne Balmes en su libro verdaderamente 
monumental El Protestantismo comparado con el Catoli- 
cismo (i), y aun aplicada á España en relación con las cir- 
cunstancias de su tiempo en sus Escritos políticos (2). La 



(1) Balmes: El Protestantismo comparado con el Catolicismo en sus 
relaciones con la civilización europea, tomo iv, páginas 24 y siguien- 
tes: edición de Barcelona, 1869. 

(2) Balmes: Escritos políticos , páginas 246 y siguientes. — Ma- 
drid, 1847. 



LA FÓRMULA DE LA UNIÓN DE LOS CATÓLICOS 



práctica era tan antigua como la Iglesia, en prueba de lo cual 
bastará citar la lentitud y prudencia con que transformó ins- 
tituciones y costumbres paganas, su conducta con los bárba- 
ros para cristianizarlos y suavizar poco á poco sus instintos 
brutales y sus tendencias guerreras, y más que nada, su 
prudente campaña de diecinueve siglos para dulcificar pri- 
mero, transformar después y preparar últimamente la aboli- 
ción de la esclavitud , hecho que, como indestructible sin 
graves inconvenientes, ha tolerado, á pesar de ser de todo 
en todo contrario á sus principios. Los que tan rotundamen- 
te afirman que la Iglesia nunca ha transigido, tendrán razón 
si se refieren á la doctrina, á los principios, á la tesis ¡ que 
siempre ha proclamado muy alto, y respecto de la cual, ni 
el Sr. Pidal pedía, ni ningún católico puede admitir transac- 
ciones; mas para extender su afirmación á los hechos, á la 
hipótesis, que es de lo que se trata, es preciso negar ó des- 
conocer la historia entera de la Iglesia, la más prudente, la 
más benigna y tolerante, la más mesurada en su acción de 
todas las instituciones, la única en la historia que ha prefe- 
rido siempre como procedimiento la evolución á la revo- 
lución. 

Finalmente, doctrina y práctica son en realidad tan anti- 
guas como el mundo, como sugeridas la primera por el sim- 
ple sentido común y aconsejada la segunda por la más ele- 
mental prudencia. Que una cosa es el ideal acariciado y otra 
la parte de él que permiten realizar las circunstancias; que 
en la aplicación de las teorías no han de perderse de vista 
los hechos; que sin dejar de proclamar los principios, se 
puede, y á veces se debe, transigir con hechos contrarios 
que se imponen; que en ocasiones hay que renunciar á lo 
mejor para no poner en riesgo lo bueno; que se debe tolerar 
un mal menor cuando para remediarlo se corre el peligro de 
otro más grave ó hay que sacrificar un gran bien, todo esto 
lo ha creído y lo cree, lo ha practicado y practica siempre 
la humanidad, que sacrifica un miembro para salvar la vida i 



LA FORMULA DE LA UNION DE LOS CATÓLICOS 



que se contenta con lo que puede cuando ve la imposibilidad 
de lo que quiere, que nunca expone lo cierto por lo dudoso, 
que estima siempre más pájaro en mano que ciento volando. 
Sólo los Quijotes tratan de realizar el ideal en el mundo 
prescindiendo de la realidad, y la realidad los aplasta en 
forma de molinos de viento ó de desalmados yangüeses. 
Todo el mundo graduaría de loco al ingeniero que, trazando 
una línea recta en el mapa, pretendiera luego seguirla inva- 
riablemente en la construcción de un ferrocarril. Sin dejar 
de ser axiomático en geometría que la línea recta señala la 
menor distancia entre dos puntos; sin dejar de ser verdad 
que el mejor camino es el que más se aproxima á la línea 
recta, y que á ella debe acercarse cuanto pueda el ingeniero, 
en la realidad está limitada esta aspiración por las irregula- 
ridades del terreno, que exigen vueltas y revueltas, túneles 
y puentes, subidas y bajadas. 

A esto sencillamente se reduce la tan famosa distinción: 
tesis, es decir, la línea recta como aspiración á que ha de 
tender el ingeniero; hipótesis, ó sea, el ferrocarril con el me- 
nor número posible de rodeos, pero con todos los que exija 
la seguridad personal; tesis, esto es, el ideal acariciado que 
no ha de perderse nunca de vista y al cual se ha de procurar 
acercar la realidad cuanto se pueda; hipótesis, es á saber, la 
parte de ese ideal que permiten realizar sin grave peligro las 
circunstancias; tesis, los principios y las doctrinas, que deben 
proclamarse muy alto, y respecto de los cuales no cabe tran- 
sacción; hipótesis, las aplicaciones prácticas con las transac- 
ciones que impongan la necesidad ó la prudencia; tesis, el 
derecho; hipótesis, el hecho; tesis, la concepción pura, her- 
mosa, radiante del artista y del filósofo; hipótesis, la obra de 
arte ó la aplicación concreta, siempre sometidas á las impu- 
rezas de la realidad, siempre inferiores á la concepción, pero 
tanto más perfectas cuanto más se acercan á ella. Podrá dis- 
cutirse si el trazado del ferrocarril podría acercarse más á 
la línea recta, si la realidad puede aproximarse más al ideal 



LA FORMÓLA DE LA UNIÓN DB LOS CATÓLICOS 



el hecho al derecho, las aplicaciones á los principios, la obra 
de arte á la concepción; pero la teoría en sí misma, la dis- 
tinción fundamentalísima entre el orden ideal y el real y en- 
tre los principios y los hechos, es absolutamente indiscutible. 
Cabia, en el caso concreto del Sr. Pidal, discutirse si las cir- 
cunstancias de España eran tales que hicieran necesaria 6 
conveniente la aceptación de la Constitución con su ar- 
tículo ii, y claro es que la solución de este punto depen- 
día de la apreciación de esas circunstancias, cuestión en que, 
supuesta la disposición de ánimo, de que también hacía pro- 
fesión el Sr. Pidal, á aceptar las determinaciones de la auto- 
ridad competente, cabía honesta diversidad de opiniones 
dentro de la doctrina católica. Podía, á lo más, penetrando 
en el terreno vedado de las intenciones, y prescindiendo de 
nobles y honradas protestas, explicarse la distinción como una 
añagaza con que disimular la apostasía; lo cual sería contra- 
rio á la caridad cristiana y á las terminantes prohibiciones 
del Papa, que hablando de las divisiones de los católicos es- 
pañoles, reprobaba «la temeridad en sospechar y la malicia 
en acriminar:» lo que nunca debió hacerse es combatirle en 
virtud de principios y doctrinas que jamás puso en duda; 
condenar como heterodoxa una distinción perfectísimamente 
ortodoxa, hacerles á él y á sus partidarios sospechosos cuan - 
do menos en la fe para muchos católicos, sin motivo ninguno 
justificado. 

Hoy no puede ya caber duda racional á nadie de la per- 
fecta ortodoxia de esa distinción considerada como doctrina 
general, ni hubiera cabido nunca si, en vez de dejarse inspi- 
rar por prevenciones políticas y personales, se hubiera aten- 
dido más á las enseñanzas de la Iglesia, y si la defensa de su 
doctrina hubiera estado principalmente encomendada á teó- 
logos y no á políticos. Pío IX, á quien nos citan como el tipo 
de la intransigencia; Pío IX, el Pontífice del Syllabus, el 
que condenó las llamadas libertades modernas ni más ni me- 
nos y en igual sentido que las condena León XIII y que no 



LA FÓRMULA DE LA UNIÓN DE LOS CATÓLICOS 



puede menos de condenarlas la Iglesia, cuando se las consi- 
dera como derechos (habenda omnino loco jurhtmj, recono- 
ce que á veces pueden tolerarse como simples hechos por la 
presión de las circunstancias y para evitar mayores males 
fimperantibus rerum adjunctis ad graviora mala vitanda) ( i ) . 
Pero el documento que más luz ha arrojado en este punto ha 
sido la carta de Su Santidad León XIII á los católicos belgas, 
dirigida á hacer desaparecer las disensiones que entre ellos 
había suscitado una cuestión idéntica en su mayor parte á la 
que se ventilaba en España: la aceptación ó no aceptación 
de la Constitución de aquel país, mucho más radical que la 
española. «Ciertamente, decía el Papa, con más anhelo que 
nadie deseamos Nos que la sociedad humana se constituya 
según el ideal cristiano, y que la divina virtud de Cristo pe- 
netre y circule por todas las instituciones sociales... Sin em- 
bargo, todos los católicos, si desean trabajar con provecho 
para el bien común, han de tener siempre presente y seguir 
con fidelidad la prudente conducta que en esas materias sue- 
le observar la Iglesia, que, sin dejar de defender con inviola- 
ble firmeza la integridad de sus celestiales enseñanzas y los 
principios de la justicia, y sin dejar de emplear todo su es- 
fuerzo por conseguir que esos mismos principios informen los 
actos privados y las instituciones y costumbres públicas, 
presta, sin embargo, la atención debida á la realidad, á los 
lugares y á los tiempos, y con frecuencia, como sucede por 
lo común en las cosas humanas, se ve obligada á tolerar por 
algún tiempo ciertos males imposibles ó muy difíciles de evi- 
tar sin abrir camino á males y perturbaciones más gra- 
ves» (2). Y con mayor solemnidad declara lo mismo en la en- 
cíclica Immortale Dei, donde, después de exponer magistral- 



(1) Caria de Su Santidad Pío IX, dirigida en 1875 al profesor 
Carlos Périn. 

(2) Encíclica de Su Santidad León XIII á los obispos de Bélgica : 
3 de Agosto de 1881. 



10 LA FÓRMULA DE LA UNIÓN DE L08 CATÓLICOS 

mente la tesis, indica la posibilidad de la hipótesis por estas pa- 
labras: «Tampoco resulta de aquí motivo alguno razonable 
para acusar á la Iglesia de más rígida de lo justo en la suavi- 
dad y tolerancia, ó de enemiga de la genuina y legítima li- 
bertad. Ciertamente; si la Iglesia reprueba como ilícito se 
den los mismos derechos á diversas religiones que á la verda- 
dera, no por eso, sin embargo, condena á aquellos gobernan- 
tes que, con el fin de lograr un gran bien ó de evitar un gran 
mal, toleran prácticamente la pluralidad de cultos en su na- 
ción. También es práctica constante de la Iglesia evitar cui- 
dadosamente que nadie sea forzado á abrazar la fe católica 
contra su voluntad, porque, según sabiamente advierte San 
Agustín, el hombre no puede creer si no es espontáneamente .» 
Admitida hoy ya generalmente esta doctrina, la cuestión 
ha pasado del terreno de los principios al de los hechos, en 
que desde sus comienzos debía haberse planteado. ¿Está 
España en la tesis, ó en la hipótesis? He aquí la cuestión tal 
como hoy está planteada, y cuya previa solución estiman 
muchos condición precisa para la organización de las fuer- 
zas católicas. Entremos de lleno en el problema, para al- 
gunos pavoroso, y que, bien examinado, se reduce á una 
de tantas malas inteligencias como, sin fundamento serio, 
dividen á los católicos españoles. Véase cómo pinta la hipó- 
tesis un escritor de innegable talento, y se comprenderá el 
horror que inspira y la resistencia formidable á declarar á 
España en semejante situación. «Si estamos en la hipótesis, 
entonces hemos de dar la tolerancia religiosa por definitiva- 
mente establecida, como un hecho indestructible, del cual 
es indispensable partir. Si estamos en la hipótesis, debemos 
renunciar á la unidad católica, y recibir lo que buenamente 
nos den, como el vencido del vencedor, como el esclavo de 
su amo, templando á fuerza de prudencia y mansedumbre 
su enojo, y utilizando todos los medios para hacérnoslo pro- 
picio. Si estamos en la hipótesis, hay que aceptar la Cons- 
titución liberal sincera y lealmente, sin subterfugios ni según- 



LA FÓRMULA DE LA UNIÓN DB LOS CATÓLICOS 11 



das intenciones, á lo menos si no damos á estas expresiones 
un sentido demasiado laxo. Si estamos en la hipótesis, es 
porque la causa católica ha perdido el pleito en España, y 
en cualquier camino que parezca conducirnos á ella deberá 
levantarse un poste con la tétrica inscripción del Dante: las- 
ciate ogni speran^a. Afirmar que estamos en la hipótesis es 
el pesimismo más negro y desesperante que conocemos.» 
Horrible, ¿no es verdad? Pues bien: todo este cuadro tan 
negro, es puramente fantástico: la hipótesis no es eso en 
ninguna parte, y menos que en ninguna en España. 

La tesis cristiana puede considerarse, ó en la totalidad 
de sus principios y aplicaciones, en toda su integridad, y 
entonces se identifica con la total perfección cristiana pri- 
vada y públicamente considerada, ó con relación á uno ó 
más puntos determinados, como, por ejemplo, la unidad 
católica. Considerada en el primer sentido, la hipótesis es y 
ha sido siempre y siempre será, en mayor ó menor grado, la 
situación de todos los países del mundo mientras exista el 
mundo. Porque, lo repito, aunque mi afirmación anterior de 
esta verdad axiomática haya escandalizado á alguien más 
piadoso que avisado: la tesis cristiana en toda su integridad 
es un hermoso ideal que nunca se ha realizado, ni aun en la 
España de San Fernando, que se me ha citado en contra, 
porque la integridad de esa tesis excluye todos los males 
sociales y todos los pecados públicos, como la prostitución, 
que existieron entonces como han existido siempre, y la es- 
clavitud, que existía entonces y no existe ahora, y la barra- 
ganía de los clérigos, entonces casi corriente; porque la in- 
tegridad de esa tesis exige que todos los gobernantes sean 
santos, y alrededor de San Fernando y en su misma corte 
no faltaron pecadores; porque la integridad de esa tesis ex- 
cluye hasta el pecado venial y las simples imperfecciones, 
de las cuales no estuvo exento ni el mismo San Fernando, 
como no lo está, según doctrina dogmática, ni lo ha estado 
ni lo estará jamás ningún hombre, con las únicas excepciones 



12 LA FÓRMULA DE LA UNIÓN DE LOS CATÓLICOS 

de Jesucristo y su Madre. Ni siquiera en relación con la 
cuestión concreta de la unidad católica se realizó la tesis 
cristiana en tiempo de San Fernando, porque no logró que 
en toda España se adorase á Jesucristo, sino que dejó sub- 
sistente el reino moro de Granada, y se alió con su rey Ben 
Alhamar para la conquista de Sevilla, y porque en su mismo 
reino toleró á los mudejares el culto de Mahoma. Si á pesar 
de ello fué Santo y está canonizado, eso solamente probará 
que para ser Santo y subir á los altares, no es necesario 
realizar la tesis cristiana en toda su integridad, sino esfor- 
zarse cuanto sea posible por llegar á ella, como se esforzó 
San Fernando, dando en ese camino verdaderos pasos de 
gigante con la conquista de Sevilla y Córdoba; y que, en esas 
condiciones, se puede servir á Dios y ser Santo, lo mismo 
desde la hipótesis que desde la tesis (i). Declararse, pues, 
en estado de hipótesis en relación con la tesis en toda su in- 
tegridad, es una generalidad que no puede asustar á nadie, 
que sólo envuelve la idea de hallarse un país incluido en 
la imposibilidad universal de realizar el ideal cristiano, y sólo 
puede haber error ó peligro en señalar un límite concreto á 
la posibilidad de acercarse á él. En este sentido amplísimo 



(i) Otro caso de realización de la tesis que cita mi descono- 
cido impugnador, es el de una comunidad en la cual no encontró el 
Visitador materia de pecado mortal. O tiene el autor de esta obser- 
vación muy pobre idea de la altísima excelencia de la tesis, es decir, 
de la absoluta perfección cristiana, cuando con tan poco se contenta 
para darla por realizada, ó no se ha fijado en la circunstancia de la 
integridad á que yo me refería. Teniendo, además, en cuenta que al 
conocimiento de un Visitador, que no es un confesor, no pueden 
llegar los pecados ocultos, creo que lo que como excelencia especia- 
lísima de esa comunidad alega el articulista, es cosa común y co- 
rriente en todas las comunidades, á lo menos en las que yo conozco, 
y que aquellas en que un Visitador pueda encontrar materia habi- 
tual de pecado mortal, han de estar tan relajadas, que fuera mejor 
se disolvieran. 



LA FÓRMULA DE LA UNIÓN DE LOS CATÓLICOS 13 

no hay, pues, necesidad de declarar que estamos en la hipó- 
tesis^ ni más ni menos que todas las naciones de la tierra. 

Considerada ahora la tesis en relación con la cuestión de- 
terminada de la unidad católica, para concretar la signifi- 
cación de la hipótesis hay que establecer primero las supo- 
siciones siguientes: i .% que ningún católico español admite la 
tolerancia de cultos como principio absoluto, como derecho 
natural, como tesis; suposición fundada, no sólo en el hecho 
de que ninguna de las fracciones en que están divididos los 
católicos españoles la ha considerado así, sino en que nin- 
gún católico del mundo puede así considerarla sin renegar de 
su fe; 2. a , que, en consecuencia, todos los católicos que ad- 
miten en España la tolerancia de cultos, la admiten única- 
mente como hecho impuesto por las circunstancias del mo- 
mento, indestructible quizá, hoy por hoy, dados los medios 
de acción de los católicos y dadas las resistencias que ha- 
bían de encontrar, pero no definitivo é irreformable; supo- 
sición fundada en la naturaleza misma del hecho, esencial- 
mente contingente, bajo cuyo concepto únicamente la ad- 
miten; 3. a , que al aceptarla con tal carácter, ni necesitan ni 
pueden en conciencia renunciar á la tesis como esperanza 
más ó menos fundada y como aspiración más ó menos pró- 
xima, sino que para variar las circunstancias que hoy ha- 
cen indestructible el hecho y remover los obstáculos que 
impiden la restauración de la unidad católica, emplearán to- 
dos los medios legales hasta lograr restaurarla ó acercarse á 
ella cuanto sea posible; suposición esta última fundada en 
el estricto deber que todo católico tiene de luchar por reali- 
zar en el mundo, en la medida de lo posible, el ideal cristia- 
no. En estas condiciones, únicas en que puede admitirse, y 
en que de hecho admiten algunos católicos la hipótesis, ni 
hay que clavar ningún poste con tétricas inscripciones dan- 
tescas, ni dar como' definitivo nada, ni renunciar á aspira- 
ción ninguna. La aceptación de una Constitución no deja de 
ser leal y sincera porque no se le reconozca la inmutabilidad, 



14 LA FÓRMULA DE LA UNIÓN DB LOS CATÓLICO 8 



que no es carácter de ningún código humano ni de ninguna 
institución humana, y porque, respetándola y todo como he- 
cho mientras lo sea, no renuncien los católicos al derecho, 
que tienen todos los ciudadanos, de pedir su revisión cuan- 
do la crean posible ó necesaria por los medios que para el 
caso concede la misma Constitución; ni hay en este propósi- 
to subterfugios ni segundas intenciones una vez que franca y 
lealmente se declara por ila simple declaración de aceptarla 
como hecho y no como derecho, como hipótesis y no como 
tesis, como punto de partida y no como aspiración, como 
medio y no como fin» No significa, finalmente, recibir lo 
que buenameate nos den, sino recoger por de pronto la parte 
de la deuda que se nos entrega para poder á su tiempo re- 
clamarla toda. Y aunque eso significara, ¿es quizá preferible 
renunciar á todo por no aceptar una parte? Desde el terreno 
de la tesis, ¿hemos hecho los católicos otra cosa durante un 
siglo que perdonar la vida á nuestros adversarios desde el 
fondo del pozo, como el portugués del cuento? Por no recibir 
lo que se nos viene á mano ¿hemos conseguido otra cosa que 
quedarnos sencillamente sin nada? Declarándonos en tesis 
hemos sido los parias de la nación, y desde el conde de 
Aranda han dispuesto á su gusto los impíos de los destinos 
de España: declarándonos en hipótesis, podremos no mejo- 
rar, pero es imposible que empeoremos. Una hipótesis acti- 
va y enérgica es mil veces preferible á una tesis nominal 
y cruzada de brazos. 

Establecida asi la verdadera significación de la hipótesis, 
planteemos ahora la cuestión en su aplicación á España: ¿es- 
tamos en la tesis ó en la hipótesis? Desde luego, si damos á 
los términos su verdadera significación, la cuestión está re- 
suelta con unanimidad por todos: el hecho en España no es 
desgraciadamente la tesis; el hecho es la Constitución con 
su artículo 1 1: estamos en la hipótesis.— «Es verdad, se re- 
plica; pero no se trata del estado de hecho, sino del estado 
de derecho. Somos los católicos los más y los mejores: teñe- 



LA FÓRMULA DE La UNIÓN DE LOS CATÓLICOS. 15 

mos derecho á todo: estamos en la tesis.» Pero con esta in- 
variable cantilena no se hace más que sacar la cuestión com- 
pletamente de quicio. Entendámonos: ¿se trata del derecho 
en su obvio y natural sentido, en su sentido absoluto? En 
ese caso hay un error fundamental de supuesto, que consis- 
te en la suposición de que la hipótesis pueda ser, ni en Es- 
paña ni en ninguna parte del mundo, ni hoy ni nunca, un 
estado de derecho, cuando por su naturaleza es siempre y 
en todas partes estado de puro hecho. El derecho estricto es 
en todas partes y en todos tiempos la tesis, porque en todas 
partes y en todos los tiempos tienen los mismos derechos el 
bien y la verdad, y nunca ni en ningún punto tienen derecho 
alguno el error ni el mal. Ni la mayoría aumenta ni la mino- 
ría disminuye los derechos que la verdad y el bien tienen por 
su naturaleza é independientemente de la voluntad de los 
hombres, y todas las mayorías del mundo no pueden hacer 
que lo malo sea bueno ni verdadero lo falso. No se trata , 
pues, ni puede tratarse del derecho, que es idéntico é inde- 
pendiente de toda circunstancia de tiempo y de espacio. Al 
preguntar si estamos en la tesis ó en la hipótesis, no se pre- 
gunta en rigor si tenemos el derecho, porque eso no puede 
preguntarse entre católicos, porque el derecho se presupone 
que en todas partes lo tenemos, mejor dicho, lo tiene la ver- 
dad, lo tiene Jesucristo, independientemente de una mayoría 
que le apoye, y aunque el mundo entero lo contradijera: se 
pregunta únicamente si tenemos t\poder. Reducida, pues, la 
cuestión á sus verdaderos términos, puede formularse así: 
¿Podemos los católicos españoles implantar la tesis, es decir, 
la unidad católica? Pero la posibilidad más ó menos próxima, 
más ó menos perfecta, la admiten todos los católicos españo- 
les; los que creen que estamos en la tesis, porque en esa po- 
sibilidad se fundan; los que sostienen que estamos en la hi- 
pótesis, porque aspiran á la tesis, y nadie puede aspirar á lo 
imposible. Luego no se trata de la posibilidad en absoluto, 
sino con relación á la acción inmediata y á los medios de que 



16 I A FÓRMULA DE LA UNIÓN DE LOS CATÓLICOS 

— , i 

para ella disponen actualmente los católicos españoles. He 
aquí, según esto, la cuestión en sus términos precisos: ¿tene- 
mos los católicos españoles en nuestra mano los medios de 
imponer la tesis, ó para llegar á ella tenemos necesidad de 
empezar por aceptar la hipótesis? 

Aquí es donde viene á cuento examinar si , en efecto, te- 
nemos los católicos mayoría, y si, en caso de tenerla, es de 
tal naturaleza que nos dé el poder efectivo de restablecer la 
tesis. Y ocurre aquí con los que rechazan la hipótesis, una 
cosa que sería singularísima si no fueran las contradicciones 
fenómeno tan frecuente en el espíritu humano; una diferen- 
cia de procedimientos que á otro propósito he hecho ya an- 
teriormente notar. Guando se trata de probar que los católi- 
cos constituímos la inmensa mayoría, la casi totalidad de la 
nación, ensanchan la manga hasta el punto de considerar 
como tales á todos los que con ese dictado figuran en las es- 
tadísticas oficiales; y cuando examinan á personas, partidos 
é instituciones, la estrechan de tai manera, que, aplicado su 
criterio, quedan los católicos reducidos á una exigua mino- 
ría. El mismo ingenioso autor, que con tan horrendos colores 
pintaba la hipótesis, se funda en una parte, para rechazarla, 
en que somos la mayoría, y excluye en otras del Catolicismo 
á más de media España. Para él «la única verdadera divi- 
sión que existe entre los católicos españoles, es entre carlis- 
tas é integristas,» porque, en efecto, «en España no existen 
católicos constitucionales,» ó no pasan de «media docena,» 
y los católicos alfonsinos de «cuatro soldados y un cabo,» y 
aun esos pocos, muy sospechosos; ni siquiera incluye á la 
masa neutra, «la cual lo mismo puede adjudicarse al libera- 
lismo que al Catolicismo.)) Téngase además en cuenta que, 
para dicho señor, el liberalismo es, sin distinción ninguna, á 
carga cerrada y en cualquiera de sus fases y sus grados, ab- 
solutamente incompatible con el Catolicismo, y que para el 
pueblo español «ha sido siempre sinónimo constitucional de 
liberal, y si no en abstracto, en concreto ha acertado por su 



LA FÓRMULA DE LA UNIÓN DE LOS CATÓLICOS 1? 



buen instinto Pocas veces se ha presentado con más franca 
y terrible crudeza la intransigencia integro-carlista: he aquí 
borrado de una plumada del catálogo del Catolicismo á todo 
el mundo oficial de España, á todos los afiliados á partidos 
distintos del carlista é integrista, á todos los que, sin estar 
afiliados á ninguno, son alfonsinos ó simplemente liberales, 
aunque se llamen así en el sentido realmente universal en Es- 
paña (¡preciosa confesión que más adelante he de tomar en 
cuenta!) de constitucionales; á toda la masa neutra, á la que 
tenemos la desgracia de pertenecer tantos religiosos, tantos 
sacerdotes, tantos Prelados que, siguiendo los consejos del 
Papa, no queremos afiliarnos á ningún partido. Después de 
tan formidable poda, de tan espantoso zafarrancho, ¿quedan 
todavía católicos en España? Sí: los carlistas y los integris- 
tas. ¿Pero se puede sostener en serio que son carlistas ó in- 
tegristas la mitad siquiera de los españoles? Dudo yo que 
sinceramente lo crea el autor de tan paradójicas como ex- 
tremosas afirmaciones. ¡Lucidos estábamos si no hubiera en 
España más católicos! Pero, á mayor abundamiento, adviér- 
tase que los integristas se separaron del carlismo declarán- 
dole liberal y heterodoxo en virtud de las mismas, exacta- 
mente las mismas razones por las cuales se ha lanzado el 
anatema á otros partidos; añádase que con iguales razones, 
y además por las condenaciones fulminadas por los Obis- 
pos y el Papa contra el integrismo, condenan los carlistas 
como heterodoxos á los integristas, y... resultará que no 
hay católicos en España. Afortunadamente, no es ese el cri- 
terio del Episcopado y del Papa, únicos autorizados para ex- 
pedir ó negar patentes de catolicismo. Conforme á ese cri- 
terio, no tenemos que restar con una mano lo que sumamos 
con otra; y sin admitir que sean verdaderos católicos todos 
los que así se llaman privada y públicamente, tampoco ex- 
cluimos á tantos que ños quedemos sin mayoría. Sí: afortu- 
nadamente, en España son católicos, aunque no siempre 
cumplan con sus deberes de tales, porque no es lo mismo ser 

2 



18 LA FÓRMULA DB LA UNIÓN DE LOS CATÓLICOS. 

católico que ser santo, la inmensa mayoría de los que se dan 
ese nombre, y se dan ese nombre, sin distinción de partidos, 
la casi totalidad de los españoles. Tenemos, pues, indudable 
y abrumadora mayoría. 

Pero vamos al segundo punto, á saber: si esta mayoría 
es de tal naturaleza que nos dé el poder de restaurar la uni- 
dad católica. ¿Basta para eso el número si están cruzados de 
brazos? Indudablemente no: es necesario que esa mayoría se 
decida á obrar* Pero ¿basta la acción aislada de cada uno 
por cuenta propia, la acción acaso opuesta de distintos ban- 
dos que luchan encarnizadamente entre sí y contrarrestan, 
si es que no neutralizan, sus esfuerzos? Indudablemente tam- 
poco: el simple número no es nada sin la organización y la 
cooperación unánime al mismo fin. El mero hecho de poseer 
mayoría no nos da, en consecuencia, el poder, sino á con- 
dición de que esté bien organizada y emprenda una activa 
lucha. Tal es la aspiración de León XIII, el ideal del Epis- 
copado, el sueño dorado de los que desean obedecer al Papa. 
Dirán los enemigos de la hipótesis que ellos también desean 
esa organización; y así será en teoría, pero no dan muchas 
pruebas de la eficacia de esos deseos, cuando ellos son el 
principal obstáculo con sus exclusiones arbitrarias de los de- 
más católicos, con su empeño decidido de imponer en mate- 
rias opinables su criterio personal ó sus convicciones políti- 
cas, con sus francas ó veladas resistencias á las direcciones 
pontificias, con la inadmisible pretensión de que la unión se 
verifique donde ellos quieren, y no donde quiere el Papa. La 
organización es imposible si no se empieza por obedecer. 
Mas dejando á un lado la cuestión de responsabilidades, la 
triste realidad, sea la culpa de quien fuere, es que hoy no 
estamos organizados, que estamos lastimosamente divididos, 
que, por consiguiente, toda nuestra mayoría es completa- 
mente inútil, que no nos da el poder, no ya para llegar á la 
tesis, sino ni siquiera para detener la corriente invasora y 
creciente de las ideas revolucionarias. Aun por este concepto 



LA FÓRMULA DE LA UNIÓN DE LOS CATÓLICOS. 19 

estamos desgraciadamente en la hipótesis, y en una hipóte- 
sis tanto más lamentable cuanto que es voluntaria. 

Ahondemos un poco más en la materia, que todavía no 
está agotada. Demos por realizada la organización de las 
fuerzas católicas: ¿tendremos ya con eso el poder para impo- 
ner inmediatamente la unidad católica, y deberemos, por 
consiguiente, considerarnos constituidos en tesis, y tomarla 
como punto de partida, ó habremos de partir todavía de la 
hipótesis? Tampoco puede ofrecer dudas, desde el aspecto 
puramente religioso, la solución de ese punto, en el cual 
queda la cuestión reducida á la de la conveniencia ó no con- 
veniencia de la lucha legal. Si la lucha ha de emprenderse 
dentro de la legalidad, claro es que hay que empezar por 
colocarnos en ese terreno y aceptar como hecho y provisio- 
nalmente la Constitución, mientras no tengamos medios de 
modificarla. Pero, siendo la mayoría y estando ya organiza- 
dos, ¿no podremos empezar por exigir la tesis é imponerla 
desde el primer momento? Por los medios legales, evidente- 
mente no. Claro es quepor los medios ilegales mucho menos, 
porque bien á la vista está lo que con ellos hemos logrado 
hasta ahora y el camino que hemos llevado hacia la tesis; 
pero ahora no tratamos de los medios ilegales, con los cuales 
no debemos contar como católicos. Pues bien: ¿qué medios 
legales pueden darnos el poder de imponer la tesis? No el em- 
pleo de la simple fuerza del número sin tener en cuenta la ca- 
lidad. Es necesario que no nos forjemos ilusiones peligrosas 
y contraproducentes: de nada nos sirve tener mayoría mien- 
tras sea principalmente popular ó aristocrática: tenemos ios 
extremos, pero nos faltan en el suficiente grado los elementos 
que hby deciden la suerte de las naciones: el capital, el ta- 
lento y la fuerza. Si fuera una verdad la democracia; si en 
todo el mundo no fueran una farsa las elecciones; si el pue- 
blo pudiera votar libremente conforme á sus sentimientos, 
una mayoría popular como la que tenemos en España daría 
el triunfo á los católicos: desgraciadamente no es así; el 



20 LA FÓRMULA DE LA UNIÓN DE LOS CATÓLICOS 



triunfo lo conseguirá indefectiblemente quien reúna más ele- 
mentos en las clases directoras, en la prensa, en los Cuerpos 
Colegisladores, en la ciencia, en el ejército y en la banca. 
La organización de las fuerzas católicas ha de limitarse de 
hecho, por de pronto, á los católicos de cierto grado de cul- 
tura; para que alcance á las* masas hasta conseguir some- 
terlas á una enérgica disciplina, ha de pasar mucho tiempo, 
tanto menor cuanto más activa sea la labor de propaganda. 
El pueblo es católico á la manera que únicamente lo puede 
ser en todas partes el pueblo, con la sencilla fe del carbo- 
nero, sin grandes filosofías ni discusiones de derecho públi- 
co: es tan rico en sentimientos como escaso en ideas, que 
aun cuando las tiene, se concretan' en imágenes y no en abs- 
tracciones metafísicas: sus aspiraciones políticas se reducen 
en la generalidad á que haya paz y justicia y se cobren po- 
cas contribuciones: en religión, mientras les respeten su 
cura, su Virgen y su iglesia, todos los Gobiernos son buenos. 
Una impiedad manifiesta, descarada y expresada en lenguaje 
suficientemente cínico, ó en hechos suficientemente brutales 
para que el pueblo la advierta, le exaspera hasta arrojarle á 
empuñar el fusil en defensa de su fe, alrededor de la bandera 
que invoque el nombre de Dios, y entonces asoma en él y se 
manifiesta en brava y desesperada lucha la antigua veta del 
guerrillero y la madera del héroe y del mártir; pero la gue- 
rra lenta y sorda no llega á sus oídos, las teorías sutilmente 
disolventes no están á su alcance, los errores insidiosos ex- 
ceden su ruda comprensión, las blasfemias envueltas en re- 
tórica le parecen acaso verdades de fe : almas nobilísimas, 
pero sencillas é inexpertas, son materia apta para el engaño 
de los hipócritas y dócil instrumento de toda casta de polí- 
ticos, mientras no hagan pública profesión de una brutal im- 
piedad. Esta es la masa sana, robusta, fuerte, pero incons- 
ciente, mientras un rudo golpe no sacuda con violencia sus 
sentimientos cristianos: éste el núcleo que constituye la es- 
peranza de los buenos, y lo será en realidad cuando se le 



LA FÓRMULA DE LA UNIÓN DE LOS CATÓLICOS. 21 

haya educado, y cuando por una acción vigorosa, que ha de 
empezar desde arriba, se le logre sustraer á las innumerables 
presiones de las intrigas políticas. Hay que ilustrar al pueblo 
acerca de sus deberes y hay que garantir su libertad: hasta 
entonces no podremos contar eficazmente con él. 

Y en este punto, preciso es reconocer que, merced al 
retraimiento de los católicos influyentes, todos los recursos 
están en manos de nuestros enemigos. Bien saben ellos que 
el pueblo no es suyo; pero no le necesitan, porque ni en Es- 
paña ni en ninguna parte es el pueblo principalmente quien 
decide las cuestiones de trascendencia para la nación sino en 
casos muy extremos, y aun entonces por impulso y bajo la 
dirección de elementos que no son populares. En todas par- 
tes es, y no puede menos de ser, una inmensa mentira res- 
pecto á la mayor parte de las cuestiones políticas lo que se 
llama opinión pública; el pueblo siente más que piensa, su 
pensamiento se limita á las grandes verdades y á los grandes 
errores, y fuera de eso, y á veces hasta en eso, le falta base 
para formarse opinión, y el cacique ó el periódico se encar- 
gan de pensar por él; quizá ni aun eso, sino de sacar las con- 
secuencias prácticas de un pensamiento que ya les dan ela- 
borado de arriba. Porque hasta en la prensa, hasta en las 
altas regiones de la política abundan más los hombres adoce- 
nados, los borregos de Panurgo y aun las positivas calaba- 
zas, que los ingenios capaces de pensar por cuenta propia, y 
aun entre éstos son muchos los que adolecen de pereza inte- 
lectual para formarse una opinión, y más aún los petulantes 
de mala fe que lo echan todo á barato hablando de todo sin 
entender de nada. Total: media docena de cabezas que saben 
á dónde van, una prensa venal que se encarga de echar las 
campanas á vuelo en obsequio á quien la paga, un rebaño de 
inocentes, de perezosos ó de estúpidos que juran en la verdad 
de cuanto dice el periódico antes de romper la faja, y cátate 
la opinión. Así se explica que pueblos católicos estén domina- 
dos por gobernantes ateos, y que, una ínfima minoría de in- 



22 LA FÓRMULA. DE LA UNIÓN DE LOS CATÓLICOS 

crédulos avasalle á toda una nación de creyentes. Desenga- 
ñémonos: no es cuestión principalmente de cantidad, sino de 
calidad; no del número de fuerzas, sino de posiciones y de 
oportunidad: por las posiciones pudo implantarse en España 
la República cuando apenas había republicanos, y no pudo 
triunfar D. Carlos con cien mil valientes á sus órdenes; por 
la oportunidad pudo hacer un simple sargento García lo que 
en otras circunstancias no hubiera podido un ejército. Tener 
mayoría entre los hombres capaces de pensar ó poderosos 
para influir con el dinero, con las armas ó con la Gaceta, 
eso es ser dueños del país: las demás mayorías, y sobre todo 
la mayoría popular, salvos los casos extremos, no sirven, sin 
a otra, absolutamente para nada práctico. Agrupar los ele- 
mentos intelectuales é influyentes de que disponemos, con- 
quistar los que por no encontrar en nosotros campo adecua- 
do á sus aptitudes y aspiraciones legítimas están en campos 
distintos, pero que vendrían al nuestro cuando en él pudieran 
ejercer su actividad; facilitar el camino á los que por debili- 
dad ó cobardía ó compromisos adquiridos no están á nues- 
tro lado, sintiendo como nosotros; adquirir alianzas con las 
fuerzas afines en los intereses comunes; ensanchar todo lo 
posible el campo para que en él quepan más, y emprender 
resueltamente el camino de la conquista de la prensa, del 
ejército y de la Gaceta, ese es el único procedimiento verda- 
deramente eficaz. 

Resta únicamente averiguar, entre los sentidos que puede 
ofrecer la cuestión de si estamos en la tesis ó en la hipótesis, 
el referente, no al poder, digámoslo así, subjetivo de los ca- 
tólicos para restaurar la tesis, sino á la posibilidad objetiva 
de esta restauración, ó á lo que puede llamarse estado de de- 
recho en un sentido relativo. ¿Se encuentra España en las 
condiciones en que, según la doctrina católica, está permiti- 
da, y aun quizás es necesaria, la tolerancia de cultos? ¿Res- 
ponde el art. n de la Constitución á una verdadera ne- 
cesidad ó á una seria conveniencia? Considerada la cuestión 



LA FÓRMULA DE LA UNIÓN DK LOS CATÓLICOS 23 



por lo tocante á lo pasado, al tiempo en que tal ley se esta- 
bleció, indudablemente no existía necesidad ni conveniencia 
capaz de justificarla; y aunque para ello no hubiera más ra- 
zones, bastaría la protesta pontificia. Por lo que mira á lo 
presente y á lo porvenir, puede asegurarse que depende en 
su mayor parte de la conducta que observemos los católicos. 
Si nos unimos y emprendemos una activa campaña de propa- 
ganda y de acción, podremos quizá detener la corriente, ya 
demasiado poderosa, de la impiedad: si seguimos cruzados 
de brazos, quizás la corriente se convierta en arrolladura 
catarata que todo lo inunde, y el mal, que ya va cundiendo 
al pueblo y ha corrompido el de las grandes poblaciones y 
centros fabriles, se comunique al de los campos, aún sano en 
su mayor parte. Este aspecto de la cuestión es el más oscuro 
y difícil de resolver; pero, en cambio, es también el más in- 
útil de investigar. ¿Conduce á algo práctico para la organi- 
zación de las fuerzas católicas, ni para su acción legal inme- 
diata, la discusión de ese punto? Para la organización y para 
acción legal, absolutamente á nada. 

Es necesario que los católicos aprendamos á ser prácticos 
y á prescindir de cuestiones bizantinas sobre galgos y poden- 
cos, que nos dividen sin fruto. Aquí lo que sé necesita no 
son grandes discusiones, sino mucha voluntad y rigurosa dis- 
ciplina. Si alguna vez nos hallamos en período constituyente, 
estará la cuestión en su lugar, y entonces bastará para re- 
solverla obedecer ciegamente lo que manden el Papa y los 
Obispos. Hoy estamos, como dicen los Prelados del Con- 
greso de Burgos, en un período de reconquista. Pelayo no 
necesitó averiguar si podía reconquistar toda España para 
comprender su obligación de luchar en Covadonga: resistió 
hasta donde pudo, pero no con estériles protestas y vacías 
proclamaciones de tesis ni de derechos, sino con acción vi- 
gorosa, y dio comienzo á aquella heroica restauración de la 
tesis que duró siete siglos. No sabemos, ni nos importa 
saber, cuánto durará esta restauración: lo que sabemos, como 



24 LA FÓRMULA DE LA UNIÓN DE LOS CATÓLICOS 

Pelayo, es nuestro deber actual de rechazar á los nuevos 
mahometanos posesionados de España. Para que un niño 
aprenda á andar, no es necesario previamente demostrarle 
que puede: se le echa á andar y basta. El movimiento se 
demuestra andando, y el poder resolviéndose á obrar. Eche- 
mos á andar los católicos hacia la tesis, desde los cuatro 
peñascos que nos quedan en Covadonga, con ánimo de no 
parar hasta Granada, y resolución de no detenernos sino 
ante obstáculos insuperables: cuando éstos se nos impongan, 
sabremos adonde llega nuestro poder y en qué grado nos 
hallamos de la hipótesis. Si nos empeñamos en empezar por 
Granada, probablemente perderemos hasta Covadonga. Su- 
puesta en todos la buena voluntad, á los que tengan de nues- 
tro poder mezquina idea, la realidad les hará ver, según una 
frase célebre, qué fáciles son las cosas difíciles-, á los que la 
tengan exagerada, se encargará de demostrarles otra verdad 
que no es célebre, pero que es también exacta: qué difíciles 
son las cosas fáciles: los optimistas recibirán desengaños, y 
los pesimistas concluirán por exclamar con el Segismundo 
de La Vida es sueño: 

¡Vive Dios que pudo ser! 

P. Conrado Muínos Sáenz. 
{Continuará.) 



AURELIO PRUDENCIO CLEMENTE 

ESTUDIO BIOGRÁFICO-CRÍTICO 



I 

La poesía religiosa antes de Prudencio. 

La traducción literal de la palabra poema es creación, y la de 
poeta, creador: en este sentido Dios es el verdadero poeta, y el 
universo su poema. Para el verdadero creyente la creación es 
como una música, una harmonía, en las cuales cada palabra, cada 
objeto, por insignificante que sea, son como notas que cantan in- 
cesantemente la gloria del Supremo Ser. La simple vista de un 
pajarillo, de una flor, de un insecto eran-bastantes para que se re- 
produjera este concierto en el alma de San Francisco de Asís, y 
el corazón extático de Santa Teresa de Jesús desfogaba su amor 
componiendo versos en alabanza de su Dios. 

Los anales de todas las naciones prueban que la poesía no es 
el arte de las épocas de calamidades y de persecución: en los pri- 
meros siglos de la Iglesia, que fueron siglos de sangre y de luto, 
los cristianos pensaban únicamente en prepararse al martirio: po- 
dían muy bien prescindir de las pompas del culto y contentarse 
con la meditación de los misterios de la fe en la soledad de las Ca- 
tacumbas. La primera poesía de la época heroica del Cristianismo 
fueron los Salmos de David, que los sacerdotes y los fieles rezaban 
juntos siete veces al día. La Iglesia necesitaba entonces apologías 
y no poemas. Consideraban los Obispos de las Catacumbas á la pa- 
labra, no como inútil adorno, según la empleaban los retóricos de 
la antigua Grecia, sino como instrumento potentísimo para la 
conversión de las muchedumbres idólatras; por medio de ella ani- 
maban á los fieles y les exhortaban á sufrir el martirio. El lujo 
literario que se permitían los primeros cristianos consistía en la 
meditación de las Actas de los mártires, que los diáconos leían en 



26 AURELIO PRUDENCIO CLEMENTE 

aquellas reuniones subterráneas, y donde hallaban los fieles la en- 
señan/a y el ejemplo de toda clase de virtudes; enseñanza y ejem- 
plo que veían también encarnados en sus Pastores, siempre dis- 
puestos á derramar su sangre por la fe, y en los sepulcros de los 
Santos, entre los cuales constantementes vivían. 

Para que la poesía cristiana pudiera levantar el vuelo era ne - 
cesado que se permitiese á los fieles salir libremente de sus subte- 
rráneos retiros, que se les dejase presentarse en las públicas asam- 
bleas, que pudiesen gozar de una libertad absoluta y adorar libre- 
mente en los templos nuevos al Dios desconocido ú olvidado por 
la antigüedad pagana. La derrota de Majencio abrió las puertas 
de la capital del Imperio al hijo de Elena; Constantino, triunfante 
por la Cruz, inclinó su imperial cabeza bajo la mano del santo Pon- 
tífice que le regeneró en las aguas del bautismo; las basílicas se 
levantaron ricas y suntuosas en Roma y en Bizancio, y los cris- 
tianos, hasta entonces perseguidos como fieras, oyeron á sus pas- 
tores celebrar la fe y la piedad del Emperador. Había cesado la 
guerra contra Jesucristo, y los mismos paganos, admirados por 
cambio tan maravilloso y repentino, confesaban que sólo el ver- 
dadero Dios podía ser el autor de tan gran milagro. De esta uni- 
versal admiración fué testigo ocular el historiador Eusebio, el 
cual refiere que, deseando los cristianos, en el colmo del júbilo, ce- 
lebrar por medio de cánticos y de himnos la inesperada libertad 
concedida á la Iglesia, y no teniendo composiciones adecuadas 
para la circunstancia, se limitaron á cantar los Salmos prof éticos 
de David que catorce siglos antes había anunciado esta milagrosa 
con versión del mundo. 

Una maravillosa primavera empezó para la Iglesia: los ídolos, 
que desde ya mucho tiempo y á pesar de todos los esfuerzos de los 
Emperadores para mantener su culto, caían solos, cayeron después 
mucho más rápidamente cuando los soberanos del mundo se con* 
vertieron á la religión del verdadero Dios: las letras y la cultura in- 
telectual facilitaron la derrota definitiva del paganismo. Una verda- 
dera florescencia de genios se levantó intantáneamente en todas las 
provincias del imperio: Lactancio, con un latín digno del man ora- 
do]- romano, escribió su Tratado de la muerte de los perseguida* 
res; Eusebio de- ( lesárea, el padre de- la historia eclesiástica, publicó 
griego su gran trabajo De la preparación y demostración evan* 
V"/;San Atanasio, arriesgando van la vida, puso un di- 

que- insuperable á la invasión del arrianismo; San Hilario de Poi- 



ESTUDIO B10GRÁFICO0RÍTICO 27 



tiers, en su diócesis y hasta en su destierro, escribió sus doce libros 
sobre el misterio de la Santísima Trinidad, en estilo tan brillante y 
arrebatador, que San Jerónimo le llamó el Ródano de la elocuen- 
cia latina; San Ambrosio, inspirado en santa libertad, resiste á un 
Emperador; el genio y los trabajos de San Agustín no están elogia- 
dos suficientemente con el título de Platón cristiano; San Gregorio 
Nazianzeno, San Efrén, San Cirilo y muchos otros dan, en las pro- 
vincias de Oriente, golpes mortales á la idolatría. Los eruditos 
consultan á San Jerónimo en todas las cuestiones difíciles de la 
Sagrada Escritura; los monasterios se llenan de monjes, bajo la 
santa y suave dirección de Basilio y del hijo de Mónica; los Con- 
cilios se reúnen protegidos por los mismos Emperadores; labios 
elocuentes alaban á Dios porque hizo maravillas en favor de su 
Iglesia; los sabios sostienen á la Religión con su ciencia, los igno- 
rantes según el mundo la edifican con sus virtudes y con sus mi- 
lagros. Entonces se levantaron también los poetas cristianos, y á 
este unánime concierto de alabanzas y de aclamaciones unieron 
los suaves acordes de su piadosa lira. 

La historia de la poesía latina cristiana puede dividirse en cua- 
tro épocas muy caracterizadas. La primera abarca dos siglos y 
medio, es decir, la segunda mitad del siglo IV, el V y el VI. Los 
poetas de este primer período, aunque ya en ellos se notan los sín- 
tomas de la decadencia, se esfuerzan por aproximarse en cuanto 
á la forma, á la versificación, al ritmo y á la pureza del lenguaje, 
á los autores de la época de Augusto. En las obras de los poetas 
cristianos se encuentran palabras del todo nuevas y desconocidas 
por los clásicos, y nuevas acepciones de los vocablos antiguos; 
así, por ejemplo, las palabras charitas, baptisma, apostolatus, 
poenitentia y otras muchas deben su existencia ó su actual signi- 
ficación á la influencia de la religión cristiana en la literatura y en 
las costumbres. Aurelio Prudencio Clemente es, sin duda ninguna, 
el mejor y más original poeta latino de esta primera época. 

El epitalamio escrito por Venancio Fortunato, obispo de Poi- 
tiers (1), en ocasión de las bodas de Sigeberto con Brunequilda, la 



(1) Las mejores ediciones de las obras de este escritor son la de Lu- 
cni, impresa en Roma en el año 1786, reproducida por Migne, Patrolo- 
gía, tomo lxxxviii, y la de los Monumenta Germanice histórica, cuya 
traducción francesa, debida á los señores Ricquier y Carlos Nisard, ha 
sido impresa en París en el año 18cS4. 



28 AURELIO PRUDENCIO CLEMENTE 

vida de San Martín en cuatro cantos y algunos himnos religiosos 
del mismo autor, son las mejores producciones del segundo perío- 
do de la literatura cristiana, que llega hasta fines del siglo IX, y 
que es una época de decadencia. Se notan grandes esfuerzos en 
los autores para conformarse á la latinidad de los antiguos maes- 
tros; pero se ve que los que hablan y escriben el latín no son ya 
los habitantes del Lacio: las inversiones del período, tan natura- 
les al genio romano, resultan violentas, faltan la redondez y la 
majestad de las frases, y hay oscuridad y falta de naturalidad en 
la expresión de los pensamientos. 

La tercera época llega hasta el siglo XII y la calificaremos con 
el título de período de transición. Los bárbaros, ya dueños de toda 
Europa, imponen poco á poco su lengua y sus costumbres. El latín 
vulgar, mezclado con los términos de los conquistadores, da ori- 
gen á nuevos idiomas, conocidos bajo el nombre de lenguas romá- 
nicas ó romances. Nithard ó Nithares, nieto de Carlomagno é his- 
toriador de Carlos el Calvo, nos ha dejado con su historia de las 
divisiones entre los hijos de Ludovico Pío, documentos preciosísi- 
mos sobre las primeras manifestaciones de la lengua románica 
francesa. La fórmula del juramento de Strasburgo, que se encuen- 
tra en el libro tercero de Nithard, puede considerarse como el mo- 
delo auténtico más antiguo y más [perfecto de la niñez de dicha 
lengua. Dé la existencia de un romance castellano dan también 
testimonio las cartas de fundación de los monasterios de Covadon- 
ga y de Santa María de Obona, por los reyes de Asturias, inicia- 
dores de la Reconquista, en las cuales van entreverados no pocos 
términos nuevos con los latinos, y desaparece el hipérbaton ; lo 
cual se acentúa en los fueros y cartas pueblas, hasta convertirse en 
el primitivo castellano en el fuero de Aviles, hoy de nuevo admiti- 
do como auténtico. 

Los Obispos con la fundación de las escuelas episcopales, y los 
religiosos con la creación de las monacales, lucharon todavía mu- 
cho en favor del latín clásico; y á pesar de la decadencia intelec- 
tual de aquella época, han llegado hasta nosotros poesías, debidas 
casi todas á monjes, y en las cuales se encuentran chispazos de 
genio y de verdadero talento poético. Adán de San Víctor, canó- 
nigo regular de San Germán, cerca de París, acaso el mejor es- 
critor de esta tercera época, revela su talento principalmente cu 
obras de devoción: escribió él misino su epitafio en diez versos que 
hasta la Revolución francesa se podían leer sobre su tumba en el 



ESTUDIO BIOGRÁFICO-CRÍTICO 29 



claustro de la misma abadía de San Germán, y en el cual se ha- 
llaban los dos versos siguientes, cuya concisión y elegancia hon- 
rarían á cualquier poeta de la época más pura de la latinidad: 

Unde superbit homo, cujus conceptio culpa, 
N'asci poena, labor vita, necesse morir 

El cuarto y último período se extiende desde el siglo XII hasta 
el pleno desenvolvimiento de las lenguas neo-latinas, y es un ver- 
dadero renacimiento del arte cristiano. El metro greco-latino clá- 
sico, fundado en la cuantidad, desaparece por completo y cede su 
lugar al metro popular, basado en el número de sílabas y el acen- 
to, y exornado con la gala de la rima, que desde entonces reina 
como soberana en la poesía. La lengua no es más que un medio 
para expresar pensamientos sublimes, que alcanzando los últimos 
límites de la ternura y del lirismo, hacen olvidar la forma algunas 
veces imperfecta ó abandonada. Para los poetas de esta última 
época, la rima, constantemente rechazada por los antiguos clási- 
cos, era un medio eficacísimo para que las estrofas quedasen gra- 
badas en la memoria de las muchedumbres. Con Jacopone de Todi, 
Tomás de Celano y Santo Tomás de Aquino, la Secuencia llegó 
hasta una altura desconocida, y el Stabat Mater y el Dies irce se- 
rrín siempre modelos inimitables de este género de poesía exclusi- 
vamente religiosa. 

Prudencio es el verdadero padre de la poesía latina cristiana : 
1 os autores anteriores á él sólo habían arrancado acordes imper- 
fectos á la lira religiosa. Comodiano de Gaza, el primer poeta cris- 
tiano cuyos escritos han llegado hasta nosotros, apenas merece el 
título de poeta. Gennadio, en su libro de los Escritores- eclesiásti- 
cos, decía de Comodiano: Scripsit mediocri sermone, quasiversu, 
libram contra paganos. La expresión quasi versu es muy apro- 
piada, porque los de Comodiano, rigurosamente hablando, no me- 
recen este nombre, á lo menos en su sentido clásico : no se en- 
cuentran ni hexámetros, ni dáctilos, ni espondeos ; son nada más 
que líneas desiguales, en cada una de las cuales tiene mucho cui- 
dado de encerrar una idea. El Carmen Apolo geticum adversas 
j náceos et gentes ha sido publicado por primera vez en 1852 por 
el cardenal Pitra en eVSpicilegium Solesmense, sirviéndose para 
esta publicación de un antiguo manuscrito perteneciente á la Bi- 
blioteca de lord Philipps. Este Carmen está dividido en cuatro 
libros: Comodiano hace la exposición del dogma cristiano, habla 



80 AURELIO PRUDENCIO CLEMENTE 

de las profecías, del nacimiento, de la vida y muerte del Redentor, 
de la conversión del pueblo judío, de la venida del Anticristo, de 
la última persecución, del juicio final, y acaba describiendo la se- 
paración de los buenos y de los malos* Las Instructwnes, olvida- 
das por muchos siglos, fueron descubiertas en el XVII por el 
P. Sirmond, y publicadas enToulen 1650, 'porRigault. Constan 
de ochenta cantos divididos entres partes: la primera, dirigidacon- 
tra los paganos, prueba la locura del culto de los ídolos; la segun- 
da trata del Anticristo, de la resurrección de la carne y del juicio 
final; la última es una exhortación á los catecúmenos y á los fieles 
para que vivan santamente y practiquen todas las virtudes. 

He aquí los primeros versos con los cuales Comodiano empieza 
su Carmen Apolo geticum: el lector podrá apreciar por sí mismo 
la exactitud de la expresión de Genadio: Scripsit quasiversu. 

Quis poterit unum proprie Dcum nosse coelorum 
Nisi quem is tulerit ab errore profundo? 
Errabam ignarus, spatians, spe captus inani, 
Dum furor aetatis primas me portabat in auras. 
Plus eram quam palea levior; quasi centum adessent 
In humeris capita, sic praeceps quocumque ferebar... 

Sin embargo, á pesar de esta dureza de estilo, del giro de las 
frases que hieren desagradablemente al oído, las obras de Como- 
diano no carecen en absoluto de mérito; revela en ellas un alma 
candorosísima, un ardentísimo amor á Jesucristo y á los pobres, y 
el fervor de un hombre preparado al martirio (1). 

Cayo Vecio Aquilino Juvenco, primero entre los poetas cristia- 
nos que produjo España, merece, con más razón que Comodiano, 
la aureola de poeta. San Jerónimo dice que fué sacerdote (2 de no- 
bilísima estirpe, y que floreció en tiempo del emperador Constan- 
tino (3). Lleno Juvenco de entusiasmo, y maravillado al ver la mila- 
grosa victoria de la Cruz sobre los dioses romanos, hasta entonces 
considerados como invencibles, invoca la musa cristiana para can- 
tar el triunfo del Crucificado. La HiMorin Evangélica , frute del 



i Véase la Historia litterariá auctorum ecclesiasticorum , de 
William Cave: dos tomos en folio, ( )xl'ord, 171 () . 
2 Epístola LXX. 

I v I 'iris illust ., cap. lxxxiv. 



ESTUDIO B10GRÁF1CO-CRÍTICO 31 



asombro que causó al mundo la inesperada conversión de Cons- 
tantino, fué una concepción original, grandiosa y hasta atrevida, 
porque el presbítero español, para realizar su magnífica idea, no 
podía inspirarse en ninguna de las obras del siglo de Augusto, 
llenas de mentidas creaciones que dejaban el campo abierto á la 
imaginación sin freno; debía, para llevar á cabo su plan, fijarse 
en la majestad de Horacio, en la dulzura de Virgilio, en la abun- 
dancia de Ovidio, y al mismo tiempo encerrarse en los estrechos 
límites de la más escrupulosa verdad. La obra de Juvenco, ya por 
la época en que escribió, ya por la manera de llevarla á cabo, no 
puede ser más feliz é importante, porque puede considerarse para 
los latinos como la primera concordancia de los cuatro Evange- 
listas. 

Mirada desde este punto de vista, la Historia Evangélica pue- 
de compararse, con muchas ventajas, á la Christiada, de Vida, y 
á la Messiada, de Klopstock: el autor déla Christiada, obedecien- 
do á la influencia del renacimiento pagano del siglo XVI, mezcla 
muchas veces lo sagrado con lo profano, las ficciones mitológicas 
se encuentran al lado de las profecías, y los dioses griegos y ro- 
manos, entrando en escena en asunto tan eminentemente cristiano, 
parece que rebajan la majestad de la augusta figura del Redentor; 
y aunque la versificación del obispo de Alba Pompeya (1) se acer- 
ca mucho más que la de Juvenco á la elegancia virgiliana, el 
autor de la Historia Evangélica es, sin embargo, superior á Vida 
por la vigorosa concepción, por la exactitud en relatar los hechos 
y por la unción que se desprende de sus escritos. La Messiada, de 
Klopstock, es una de las más sublimes concepciones del espíritu 
humano: el vigor, la riqueza y la elevación del lenguaje, los sen- 
timientos profundos, la brillantez de la imaginación, el estilo fas- 
cinador, el movimiento y la acción, particularmente de los prime- 
ros cantos, colocan la epopeya de Klopstock al lado de la Divina 
Commedia, de Dante: sin embargo, el autor alemán, dejándose 
muchas veces arrastrar por la viveza de su imaginación, introdu- 
ce descripciones de cosas ó doctrinas que están en oposición con 
la verdad; así el episodio del pecado y del' arrepentimiento del 



(1) Alba Pompeya, en italiano Alba sopra ü Tañara, es una ciudad 
de 9.800 almas, situada á 40 kilómetros S. E. de Turín. Fué patria del 
emperador Pertinax y del Papa Inocencio I. Vida fué Obispo de ésta 
ciudad por espacio de 34 años. 



&2 AURELIO PRUDENCIO OLEUENTB 

ángel caído es verdaderamente tierno y sublime, pero está en con- 
tradicción con lo que nos enseña la Fe. 

Jamás se permitió Juvenco la más pequeña ficción, sino que 
sigue con tal fidelidad el relato evangélico, que muchos de sus 
versos parecen traducción literal del texto sagrado. San Lucas 
había escrito en el primer capítulo de su Evangelio: Fuit in diebus 
Herodis, regís Judece, sacerdos quídam nomine Zacharías... (1); 
y Juvenco, para expresar la misma idea, empieza así su primer 
libro: 

Rcx fuit Herodes Judaea in gente cruentas, 
Sub quo servatur justus, templique sacerdos, 
Zacharías... etc. 

Podríamos citar muchísimos trozos que prueban la fidelidad del 
presbítero español en parafrasear los santos libros; mas para no 
molestar al lector con comparaciones inútiles, nos limitaremos á 
la siguiente. San Mateo, en el capítulo vm, hace la descripción de 
la tempestad milagrosamente calmada por el Redentor, con estas 
palabras: Et ascendente eo in naviculam, secuti sunt enm disci- 
puli ejus. Et ecce motus magnus factus est in mar i, ita tit navi- 
ctila operiretur JIuctibus; ipse vero dormiebat. Et accesserunt ad 
eitm discipuli e/us } et suscitaverunt eum, dicentes: Domine, salva 
nos, perimusf Et dicit eis Jesús: Quid timidi estis, módica? fidei? 
Tune surgens, imperavit ventis et mari\ etfacta est tranquilinas 
magna (2). Veamos ahora cómo la musa de Juvenco pinta esta 
tempestad: 

Conscendunt navem, ventoque inflata tumescunt 
Yola suo, Huctuque volat stridente carina. 
Postquam altum tenuit puppis, consur^ere ab iris 
Pontus et immensis hinc inde tumescerc ventis 
Instat, et ad ccelum rábidos sustollere montes. 
Et mine mole ferit puppim, nunc turbine proram, . 
Illix>>L|iic SUper laterum tabúlala receptafit 
Fluctus, disiectoque aperitur ten-a profundo. 
intcn-a in puppi somnura carpebat Jesús. 
Illum discipuli pariter nautseque paventes 



1 Vcrs. 5. 

2 Vcrs. 23et seq. 



ESTUDIO BlOGRAFIfJO-CKÍTlCO 33 

E vigilaré rogant, pontique pericula monstrant. 
Ule dehinc: — Quam nulla subest íiducia vobis! 
Infidos ánimos timor irruit...!— Inde proccllis 
Jmpc -rat. ét placidam sternit supér ajquora paccm (1). 

Esta misma exactitud en reproducir escrupulosamente las ideas 
y hasta los últimos detalles del Evangelista, constituye para ju- 
venco un gravísimo obstáculo: no teniendo la pretensión de ha- 
cer una historia original del Nuevo Testamento, y encerrándose 
voluntariamente en los estrechos límites de una traducción en 
verso, era muy natural que el trabajo de Juvenco revelase la su- 
jeción de un espíritu á quien se impide tomar vuelo. Pero, apenas 
puede aprovechar lo ocasión de descargarse del peso que volun- 
tariamente se había impuesto y seguir su inspiración, llega hasta 
lo sublime. Verdaderamente tal se manifiesta en los veintisiete 
hexámetros de que se compone su prólogo, suficiente por sí solo 
para adjudicar á su autor, sin restricción alguna, el título de poe- 
ta. He aquí esta valiosísima joya: 

Immortale nihil mundi compage tenetur, 
Non orbis, non regía hominum, non áurea Roma, 
Non mare, non tellus, non ígnea sidera coeli. 
Nam statuit genitor rerum irrevocabile tempus, 
5 Quo cunctum torrens rapiet flamma ultima mundum. 
Sed tamen innúmeros nomines, sublimia facta 
Et virtutis honos in témpora tonga frequentant: 
Accumulant quorum famam, laudesque poetae. 
Hoc celsi cantus, Smyrnae de fonte fluentes. 

10 Illos Minciadre celebrat dulcedo Maronis, J 
Xec minor ipsorum discurrit gloria vatum, 
Quaí manet aeternae similis, dum saecla volabunt, 
Et vértigo poli térras, atque aequora circum 
Aethera, siderum justo moderamine volvet. 

15 Quod si tam longam meruerunt carmina famam, 
Quae veterum gestis hominum mendacia nectunt, 
Nobis certa lides seternae in saecula laudis 
Immortale decus tribuet, meritumque rependet. 
Xam mihi carmen erit Christi vitalia gesta, 

20 Divinum in populis falsi sine crimine donum, 
Nec metus, ut mundi rapiant incendia secum 
Hoc opus: hoc etenim forsan me subtrahet igni 



/l) Lib. n, vers. 25, 38. 



Sí AURELIO PRUDENCIO CLEMENTE 



Tune, qunm fíamivoma descended nube coroscaris 
Judex, altithroni genitoris gloria, Christus. 
25 Ergo age, sanctificus adsit mihi carminis auctor 
Spiritus, ct puro menteña riget aniñe canentis 
Dulas Jordanis, ut Christo digna loquamur. 

¡Prólogo magnífico y que puede ventajosamente compararse a 
la exposición de Los Mártires y de Chateaubriand! 

La lectura de las obras de Juvenco puede tener para nosotros 
otros atractivos de mucha utilidad: estudiando la Historia Ecle- 
siástica desde el punto de vista arqueológico, podemos fácilmente 
advertir cómo en la primitiva Iglesia se interpretaban muchos 
textos del Evangelio hoy negados, suprimidos ó erróneamente 
explicados por los hijos de la Reforma: así, por manera de ejem- 
plo, al describir Juvenco la institución de la Santísima Eucaristía, 
habla en términos tan claros, que no dejan duda alguna sobre la 
creencia de la primitiva Iglesia acerca de la presencia real, pro- 
bando al mismo tiempo que el catolicismo de las Catacumbas pro- 
fesaba los mismos dogmas que el catolicismo de hoy. Dice Juvenco 
en el libro iv: 

I [sec ubi dicta dedit, palmis sibf frangere panem, 
I )i\ isumque dchinc tradit, sancteque precatus, 
Discípulos do<:u\t propri/tm se ir adere corpas. 
Mine calicem sumit Dominus, vinoque repletum 
Magnis sanctiticat verbis, potumque ministrat, 
Edocuitque sitiun se divisisse cruorem. 
Atquc ait: Hic sangiñs populi delicia remití el , 
Hunc pótate meum 



Refiere San Jerónimo (1) que Aquilino Juvenco escribió otras 
poesías sobre los Sacramentos, pues después de mencionar la refe- 
rida Historia Eclesiástica^ añade: Nonnulla eodem metro eoni- 
posuit aci Sacramentorum ordinem pcrtinentia. Otros autores le 
atribuyen también algunos fragmentos de poemas sobre el ( '.énesis, 
el Éxodo, el Levítico, los Números, el Deuteronomio y el libro de 
Josué. El erudito. D. Faustino Arévalo insertó en los apéndices que 
siguen á la Historia Eclesiástica y como atribuidas á Juvenco, 
además del Carmen in Genesim, un himno intitulad»» De Laudibus 



1 /vi 'iris /////>/., cap. i.\ \\i\ 



ESTUDIO BlOGrRÁFlCO-CRÍTICO 35 



Domini, en 148 versos, y el Trüimphus Christi Heroicus,que cons- 
ta de 108. Pero, dice Amador de los Ríos (1), á pesar de la anti- 
güedad probada de estos preciosos monumentos, ni el estilo, ni la 
forma poética, ni la manera de emplear, aunque para combatirla, 
la mitología, nos autorizan para adjudicar sin grandes escrúpulos 
estas tres obras al español Juvenco. Los himnos sobre los Sacra- 
mentos, de que nos da noticia San Jerónimo, completarían sin 
duda la grande obra que se propuso llevar á cabo, solemnizando 
la paz que gozaba la Iglesia y sublimando su doctrina. 

Juvenco era mucho más conocido y mucho más estudiado y 
apreciado en la Edad Media que en nuestros días. Publio Fausto 
Andrelini, que en el siglo XV explicó por treinta años un célebre 
curso de Literatura en la Universidad de París, escogió como tema 
del año XII de su profesorado, el poema de Juvenco. Hizo impri- 
mir con mucho esmero una edición de las obras de nuestro poeta, 
y al fin del libro puso el siguiente aviso: Tu ctutem cum ex chris- 
tianis pare nf ¿bus christiamis natus sis, Juvcncumct christiaiium 
poetam et de christiana fide disserentem, nocturna ver sato mana, 
ver sato diurna, ne semper gentiles tuos poetas, tuos oratoresvel 
legere vel audire videaris. Nihil profecto pulchrius venustiusque 
est quaiu divina mysteria eleganti carmine ülustrata non ig- 
norare. 

Hablando de la poesía cristiana, no podemos pasar por alto el 
nombre de San Dámaso, otra gloria de España y del Pontificado 
Romano. Nació Dámaso en el año 306 en Argelagués, provincia de 
Gerona, y murió octogenario en Roma después de un glorioso pon- 
tificado de dieciocho años. Algunos historiadores afirman equivo- 
vocadamente que nació en Roma, reconociendo, sin embargo, que 
era hijo de un español, al cual hacen sucesivamente lector, diá- 
cono, y por fin presbítero del título de San Lorenzo. El erudito 
Pérez Bayer, en su obra Damassns et Laurentius Hispanis as- 
sertiet vindicati, estudió á fondo esta cuestión, y desde que publi- 
có dicha obra en Roma, nadie se ha atrevido á decir que no fuera 
San Dámaso español. Elegido en el año 366 para ocupar la Cátedra 
de San Pedro, no solamente gobernó la Iglesia de Cristo con pru- 
dencia y sabiduría, sino que también trabajó muchísimo en el cul- 
tivo de las artes y las letras. Profundamente versado en la litera- 



1 Historia crítica de la Literatura española, parte i, cap. v. 



86 AURELIO PRUDENCIO CLEMENTE 



ura latina, leía asiduamente las obras de los contemporáneos de 
Horacio y Virgilio, y componía él mismo versos latinos, que desti- 
naba por lo ordinario para adornar las tumbas de los mártires. 
Mandó que se trasladasen las reliquias de los Santos Crisanto, 
Daría, Mauro, Félix, Adaucto, Proto y Jacinto, y en la entrada de 
la galería que conduce á la tumba de estos dos últimos Santos, 
hizo poner dos magníficas placas de mármol, para las cuales com- 
puso los dos siguientes epitafios, que pueden dar una idea de sus 
versos. 



Extremo tumulus latuit sub aggere montis, 

Huno Damasus monstrat, servat quod memora piorum. 

Te Protum retinet melior sibi regia coeli, 

Sanguine purpureo sequeris, Hyacinthe, probatus. 

Germani fratres, animis ingentibus ambo, 

f lie victor meruit palmam, prior ille coronam. 



Aspice descensum, cernes mirabile factum, 
Sanctorum monumenta vides patefacta sepulcris. 
Martyris hic Proti tumulis jacet atque Hyacinthi 
Quem jamdudum tegeret mors, térra, caligo. 
Hoe Theodorus opns constmxit presbyter, instans 
Ut Domini plebem opera majora tenerent. 

A pesar del estilo, un poco duro, los versos de San Dámaso re- 
velan un alma piadosa, humilde, llena de ardentísimo amor á Dios 
y de gran respeto á los mártires, y aun con todos sus defectos, pue- 
de considerársele como el padre de la poesía lapidaria cristiana 
Se conservan todavía cuarenta epigramas y fragmentos poéticos 
de este Papa, que el filólogo Maittaire insertó en su Opera etfrag» 
nuuta veterum poetar um latinornm (1). 

Entre los poetas cristianos, San Ambrosio es el que más pun- 
tos de comparación tiene con Prudencio: Ambrosio y Prudencio 

ribieron contra Sí maco, prefecto de Roma, deseoso de restable- 
cer el culto y el altar de la Victoria: los dos compusieron himnos 



(1) Londres, i T i : ;. 



ESTUDIO BIOGRÁFICO-CRÍT1CO 37 



en alabanza de Dios para las diferentes horas del día y para gra- 
bar en la inteligencia popular las verdades de la fe . 

Tiene el hombre gusto instintivo por la poesía: la dulzura del 
verso, la armonía de la rima halagan sus oídos; la regularidad de 
la versificación ayuda muchísimo para que las ideas se graben 
en la memoria. Los herejes fueron los primeros que utilizaron este 
medio para popularizar sus errores: siendo las disputas teológicas 
demasiado elevadas para el entendimiento de las muchedumbres, 
emplearon al dirigirse á ellas el verso y el canto, y lograron 
por tal medio lo que nunca hubieran obtenido con sus sofismas 
y con sus argucias. Destilar insensiblemente en los versos los erro- 
res de la herejía, cantarlos con aires nuevos acompañándolos 
de instrumentos musicales , era un método poco costoso y muy 
apto para despertar la curiosidad del pueblo, y con la curiosidad 
el deseo de aprender de memoria estas poesías que , una vez 
grabadas en la inteligencia, predisponían la voluntad de las mu- 
chedumbres para escuchar y aprender sin repugnancia la explica- 
ción de los errores que ya materialmente habían aprendido. Refiere 
Tertuliano que el hereje Valentín compuso himnos y cánticos úni- 
camente destinados para que sirviesen de expresión de sus doctri- 
nas. En el siglo IV había hecho el arrianismo estragos incalcula- 
bles en la Iglesia de Oriente y de Occideine: el pueblo y una gran 
parte del clero, engañados por la confusión introducida de propó- 
sito por los herejes acerca de las dos palabras consubstancial y 
semejante en la substancia, profesaban, casi sin saberlo, los errores 
de Arrio, y esta invasión fué tan general y tan espantosa, que des- 
pués de la insidia del Concilio de Rímini, llegó á decir San Jeró- 
nimo que al día siguiente se despertó el mundo asustadísimo de 
ver que se había vuelto arriano. La diócesis de Milán no pudo sus- 
traerse á esta epidemia, y como los herejes se mostraban cada día 
más atrevidos, San Ambrosio tuvo que encerrarse en su basílica 
para huir de las persecuciones de sus encarnizados enemigos: mu- 
chos fieles, deseosos de participar de los peligros que amenazaban 
á su Pastor, se encerraron con él en la iglesia y pasaban el tiempo 
cantando las alabanzas del Señor. En esta ocasión compuso sus 
himnos San Ambrosio: el pueblo los recibió con la reverencia de- 
bida á la santidad de su autor, y alternándolos con el canto de los 
Salmos, daba un admirable espectáculo de recogimiento. Es de 
creer que estos fervorosos fieles daban al canto tal expresión, que 
no se podía oírles sin sentirse profundamente conmovido, pues re- 



38 AURELIO PRUDENCIO CLEMENTE 



fiere San Agustín que al oir él mismo, todavía pagano, las melo- 
días de la iglesia de Milán, se enternecía hasta el punto de derra- 
mar copiosas lágrimas (1). 

No compuso San Ambrosio todos los himnos que se le atribu- 
yen: algunos fueron compuestos por los fieles, y el Santo apro- 
baba la composición y la admitía al honor de ser cantada en la 
iglesia. Es muy difícil distinguir las composiciones de San Am- 
brosio de las otras que llevan su nombre. Entre los himnos que se 
pueden atribuir al santo Doctor con relativa certeza, se citan los 
siguientes: Javn lucís orto sidere, Nunc sánete nobis Spiritus, 
Rector potens verax Deus, Rerum Deus tenax vigor, O lux 
beata Trinitas, Deus creator omntum, Veni Redemptor gentium, 
Jesu nostra redemptio, Conditor alme siderum, Lucís creator 
optime, y algunos más. Todos los himnos citados han sido inscri- 
tos en el Breviario Romano, y algunos de ellos han sido modifica- 
dos en la época de la corrección del Breviario. Lo que particular- 
mente llama la atención en los himnos de San Ambrosio es que las 
estrofas están regularmente compasadas para que se puedan can- 
tar con suma facilidad: cada verso contiene un sentido completo, 
y el canto nunca se para dejando la idea suspendida. Estas com- 
posiciones no son obras maestras por cierto: el metro, desde el 
punto de vista clásico, es defectuoso, las palabras algunas veces 
violentadas; pero de todas ellas se desprende un aroma de piedad 
que encanta. Todos conocen el Te Deum laudamus, para que haga 
falta hablar aquí de este himno sublime, libre de todo metro, é 
improvisado, en un acceso de amor divino, por dos de los mayores 
Doctores de la Iglesia; composición que bastaría para coronar con 
la aureola de poeta á sus dos autores, San Ambrosio y San 
Agustín. 

Para no omitir á ningún poeta cristiano de esta época, nombra- 
remos solamente á un cierto Antonio que escribió un canto contra 
los paganos. Los críticos no saben decirnos quién es este Antonio, 
ni á qué nación pertenecía; solamente sabemos, según lo que coá : 
fiesa él mismo en su poema, que era filósofo y poeta convertido 



i Quantum flevi in hymnis et canticis tuis, suave sonantis ecclesiee 
hwe vocibus commotus acriter. Voces iUarínfluebant auribus meis t d 
eliquebatur veritas in cor meum, et exaestuabat ¡nde affectus pietatis, 
<t currebant laerynrue, el bene mihi eral cum illis. Con/., lib. ix, ca- 
pitulo vi. 



ESTUDIO BIOGRÁFICO-CRÍTIOO 3!) 

del paganismo á la religión católica. Buscando la verdad, encon- 
tró, como San Agustín, la paz y la felicidad en la fe cristiana. Así 
da principio á su poema: 

Discussi, fateor, sectas, Antonius, orrmes; 
Plurima quaestvi, per singula quaeque cucurri, 

Sed nihil inveni thelius quam creciere Cristo. 
I loe ego disposui leni eonsc ribero versu... 1 

Aunque la versificación de Antonio sea ordinariamente lánguida 
y defectuosa, se encuentran algunos versos bastante felices, últi- 
mos chispazos de una época moribunda. 

Podríamos pasar por alto el Psalmus contra partem Dona// 
de San Agustín, porque si hemos de juzgar por las declaraciones 
de su autor, esta composición no es un poema, y el obispo de Hi- 
pona quiso solamente concentrar en muy pocas palabras las prin- 
cipales verdades de la fe católica, á fin de que el pueblo pudiese 
aprenderlas más fácilmente y estar así prevenido contra los erro- 
res de Donato. «Yo no quise escribir en verso, dice el Santo Doc- 
tor (2), por miedo de que la necesidad métrica me obligara á in- 
troducir algunas expresiones poco empleadas enfc*e la gente del 
pueblo.» 

Estas últimas expresiones, no obstante, nos dan la clave para 
comprender que al negar San Agustín á su obra el título de poema, 
entendía esta palabra en su sentido clásico, cual correspondía al 
antiguo y atildado profesor de retórica y al brillante poeta que tan 
señalados triunfos había obtenido durante su juventud en los tea- 
tros de Cartago. En el amplio sentido moderno, el Psalmus es un 
verdadero poema en que San Agustín, dejando á un lado sus pre- 
ocupaciones de preceptista y de clásico, adoptó los metros y los 
procedimientos de la poesía popular, bárbaros en el concepto de 
los retóricos, en atención al fin eminentemente popular también 
que se proponía. En cambio de lo que él consideraba como un de- 
fecto, ni más ni menos que Lope de Vega cerraba los preceptos 
con cien llaves al escribir sus inmortales dramas, el gran obispo 
de Hipona creaba la poesía moderna adoptando ya sistemática- 
mente la rima. Para la literatura española ofrece el poema de San 
Agustín particularísimo interés, por ser el molde original en que 



(1) Véase la Patrología de Migne, tomo v, 

(2) Lib. i De Retract ., cap. xx. 



40 AURELIO PRUDENCIO CLEMENTE 

se vació el más castizamente español de los géneros poéticos espa- 
ñoles, el romance, que algunos creyeron de origen árabe, hasta 
que D. Luis Fernández-Guerra demostró que tiene abolengo tan 
ilustre como el de San Agustín (1). 

Puede, sin embargo, en cuanto al fondo, considerarse esta obra 
como una serie de sentencias, al fin de cada cual se observa una 
especie de asonancia muy útil para que los fieles pudieran fácil- 
mente retenerlos de memoria. He aquí los primeros versos de este 
salmo: 

Omncs qui gaudetis de pace, modo verum judicate. 
Abundantia peccatorum solet fratres conturbare. 
Propter hoc Dominus noster voluit nos pnemonerc, 
Comparans regnum coelorum retículo misso in mare... 

No hablaremos del poema en contra de Marción, ni del que 
tiene por título De ligno vitce, que algunos escritores atribuyen á 
Tertuliano: los críticos modernos, por razones muy atendibles, no 
reconocen á este Padre de la Iglesia la paternidad de estas obras; 
nada diremos tampoco del poema intitulado De Passione Domini, 
atribuido por algunos á Lactancio, porque no podemos admitir que 
este célebre apologista sea el autor de una obra tan informe: pasa- 
remos á hablar de composiciones cuyo valor literario es incontes- 
tablemente superior á todos los nombrados anteriormente, y que 
han valido á su autor el glorioso titulo de Horacio cristiano. 

P. Antón ix o M. Tox.va-Barthkt, 

O. S. A. 

(Continuará.) 



(1) Memorias de la Real Academia ¡Española, tomo lv, páginas5¡¿1 
y siguientes.— Véase también: influencia de los Agustinos en la pac 
sfa castellana, discurso del P. Conrado Mulfios Sáenz en el Álbum 
del X V Centenario de la Conversión de San Agustín. 



LAS CAUSAS FINALES EN LA CIENCIA (1 



Ciertamente, del catedrático que así se expresara ante sus 
alumnos, teniendo delante de los ojos todas las maravillas asom- 
brosas de la fecundación y de la embriogenia descritas por él, ca- 
bría decir que era más cerrado y torpe que el último de sus discí- 
pulos, ó que estaba atrofiada en su alma la facultad discursiva. Por- 
que si el mecanicismo, tal como Kant lo definió, es «el encadena- 
miento de los fenómenos que se unen y suceden según la ley de 
causa y efecto, sin que intervenga para nada la finalidad»; si lo 
mecánico (como declara P. Janet), aplicado al estudio de los fe- 
nómenos vitales no supone arte, ni medida, ni industria, y, en con- 
secuencia, ni previsión inteligente; si en la naturaleza no hay fines 
de ninguna clase, ¿cómo es que la naturaleza los persigue siempre 
y tiende á realizarlos conforme á leyes sapientísimas reguladoras 
que suponen evidentemente un Legislador? Porque no es creíble 
que haya mecanicista en el mundo que se atreva á negar racional- 
mente la finalidad que persigue la naturaleza, lo mismo en la apa- 
rición de los órganos sexuales que en el acto fecundante y en las 
fases^odas del desarrollo embrionario, y en general, en toda repro- 
ducción orgánica de cualquier género ó categoría. El milagro más 
estupendo que puedan contemplar los siglos venideros será el ver 
que la naturaleza, bruta, ciega y fatal, imprevisora é inconsciente, 
sin cálculos, sin objeto y sin fin, dé origen á tantas maravillas con- 
certadas, á un orden sin semejante en el mundo inerte, á perfectas 
armonías entre las funciones y la estructura de cada ser orgánico; 
prevea todas las futuras operaciones del individuo, de la especie y 
la raza, y en conformidad con esa previsión sapientísima y profé- 
tica, digámoslo así, evite los obstáculos que se presentan en el ca- 
mino que ha de recorrer, pese los elementos que han de entrar en 
la construcción del edificio, y mida las energías constructoras y 
calcule todos los medios para realizar sus fines admirables y evi- 
dentes á los ojos de todo observador sensato é imparcial. 



(1) Véase el vol. lvi, pág. 561 



42 LAS CAUSAS FINALES EN LA CIENCIA 

No se nos oculta que los mecanícistas y organicistas responden 
que los fines y los medios, las leyes y el cálculo que la naturaleza 
orgánica parece manifestar en sus obras, son, ó el resultado de fe- 
lices «encuentros,» ó de venturosas combinaciones de las energías 
de la materia, ó producto de la misma organización. Respecto de 
lo primero, huelga decir que deben contarse por millones de millo- 
nes los «encuentros» necesarios para la formación de una célula; 
mucho más para la formación de un tejido; más aún, para dar ori- 
gen á un sistema, á un órgano ó á un aparato, á la estructura y la 
función de los elementos generadores y á su poder de perpetuar la 
vida de la especie (hasta el amor estéril de los viejos es una prue- 
ba de finalidad); más todavía, para establecer la división celular 
y del trabajo, las leyes que la presiden ó el movimiento que le ace- 
lera; aún más para la creación de la sensibilidad y los instintos, é 
indefinidamente más para el génesis y las operaciones de la razón 
humana, en donde la finalidad es más clara que la luz del día. Ver 
esa luz esplendorosa y cerrar los ojos á sus influencias benéficas, 
es condenarse á vivir perpetuamente en la región de las sombras, 
en donde, como en el infierno, imperan el desorden y el error abso- 
lutos. Los partidarios del sistema mecanicista que, al aplicar el 
método deductivo á los estudios biológicos, reconocen la existencia 
de la causa final, y sin embargo la rechazan con el objeto de esta- 
blecer entre los hechos sencillos elementales y los complejos supe- 
riores un lazo de unión, elaborado por la Química exclusivamente, 
para que del estudio de los primeros se deduzca la comprensión 
total de los segundos, condenan á la ciencia á no explicar jamás 
ni los superiores ni los elementales; ó no dicen lo que sienten, ó no 
saben lo que dicen (1). Porque sí, como hemos demostrado ya, el 
mismo concierto de los astros con sus leyes sapientísimas y regu- 
ladoras, y el conjunto de las arquitecturas cristalinas, atómicas y 
moleculares, aunque intervengan allí de un modo tan eficaz las 
energías mecánicas, son inexplicables sin idea de fin, ¿cuánto mil- 
lo serán los «edificios» y los fenómenos biológicos, que distan de los 
inertes mucho más que la tierra de los cielos? 

Y ya es tiempo de oir los reparos de i<>^ organicistas, que decla- 
ran ron tono autoritario, y convencidos tic que formulan una gran 
verdad, que todas^esas armonías y rs<>- prodigios estupendos son 

i Por ejemplo, Kélix Le D&ntzc* RevuePhilosophique. París t Ju« 
Ho j Agosto de 190Í. 



LAS CAUSAS FINALES EN LA CIENCIA 4tt 



«efecto de la organización.» Alguno de los lectores recordará aque- 
lla frase célebre: «el opio hace dormir porque tiene la virtud ador- 
mecedora.» El ilustre y más acérrimo defensor de la moderna 
Biomecánica ó de la Mecánica del desarrollo, W. Roux, en quien 
reconocemos facultades extraordinarias de investigador experi- 
mental, que pocos suelen tener, dice que «el organismo contiene en 
sí la razón de su estructura y de la conformación de todos sus ele- 
mentos;» hay en él fuerzas auto-formadoras y auto-reguladoras, 
que con la ayuda y el concurso de las ambientes que están siempre 
en ejercicio y son siempre necesarias, «no como simple condición 
de actividad, sino como elemento esencial de la determinación últi- 
ma» á que llegan en sus operaciones, son causa de todos los fenó- 
menos orgánicos. El origen de esas fuerzas maravillosas es bas- 
tante oscuro, y Roux lo contina, dando como base la constitución 
de los elementos físicos y químicos de las substancias, en la lucha 
de las células principalmente, y en la acción morfógena de la ex- 
citación funcional , que es consecuencia inmediata y también su 
causa primera. Supongamos, ó estímese como cierto, que una cé- 
lula más favorecida que las otras por virtud de la alimentación, 
vence á las restantes: diferenciada químicamente y con substancias 
muy aptas y propias para manifestar su trabajo en cierto y deter- 
minado sentido, por efecto de la lucha se diferenciarán también ca- 
racterísticamente todas sus energías. En suma: la excitación fun- 
cional es la causa principalísima de los elementos y de las funcio- 
nes celulares, lo que determina la estructura de los tejidos y es- 
tablece en todo el cuerpo la armonía resultante de la correlación 
de los órganos (1). 

Pocas palabras son suficientes para hacer la crítica de este bri- 
llante sistema, admirado por unos y combatido por otros, pero 
siempre dejando aparte el ingenio y el talento de su más célebre 
defensor. En nuestro humilde sentir, en el óvulo fecundado, orga- 
nismo en miniatura, fuente maravillosa de tantas operaciones, re- 
side la, causa inmediata de las mismas: él, animado por un princi- 
pio de que ahora no hemos de hablar, aparece previsor, calcula- 
dor, inteligente, si podemos expresarnos así, después de haber des- 
crito algunas de aquéllas en anteriores estudios. Pero ¿cuál es ó 



(1) Véase á Ivés Delage: La structiire du Protoplasmc et les théo- 
ríes sur Vhérédité et les granas problemes de la Biologie genérale. 
París, 18%, pag. 720 y sií>\s. 



44 LAS CAUSAS FINALES EN LA CIENCIA 



cuáles son las causas de todos esos admirables fenómenos? Es evi- 
dentísimo que hay causas eficientes de orden físico y químico, y 
de otro orden que los mecanicistas están obligados á reconocer 
ante uno cualquiera de los fenómenos más groseros de la vida or- 
gánica; v. gr., ante el de la asimilación. Pero evidentísimo es 
también que esas causas solas, sin que para nada intervenga la 
causa final, no son bastantes á dar origen á obra tan estupenda 
como es el organismo, ni siquiera á un vaso, á un nervio ó á un 
músculo. La fidelidad, la constancia, la sabiduría y la previsión, 
el cálculo y las leyes, conforme á las cuales trabajan las células, 
sin entorpecerse ni contradecirse mutuamente; el impulso que lle- 
van todas para construir el edificio orgánico admirable y encanta- 
dor, son irrecusables testimonios capaces de convencer al más obs- 
tinado de que allí existen fines particulares sujetos armónicamente 
á un fin general. Ahora bien: ¿cuál es la causa, cuál es el impulso 
de aquéllos y de éste? La excitación funcional de Roux supone 
una causa, porque las células utilizan las energías «del modo más 
conveniente para realizar sus operaciones; «la lucha de los ele- 
mentos supone también una causa (como la suponen la adaptación y 
la herencia) que no puede ser la lucha misma; y una causa supone 
también el privilegio de algunas células para vencer á las restan- 
tes, aunque, como declara Ivés Delage, si la influencia de esa lu- 
cha fuera real y tan común como Roux desea, no habría plasmas 
permanentes desde el origen de la especie, ni quedarían intactas 
las substancias químicas que hay en cada célula, pues son las mis- 
mas en el embrión y en el niño que en el adulto y en el viejo: esa 
influencia se haría notoria en la ontogénesis ó en los individuos 
perfectos. Con la excitación funcional no se da cuenta, ni de la di- 
ferenciación y división de las células, ni de las funciones celulares 
diferentes; y la regeneración de los órganos, como la división del 
trabajo, las leyes que lo regulan, la ontogénesis íntegra, la heren- 
cia y la transmisión de los caracteres específicos é individuales, 
son impenetrables misterios en el sistema organicista. A Rou\ y 
á todos sus partidarios no les queda más que un camino para salir 
del apuro en que se encuentran al explicar los fenómenos biológi- 
cos. Ese camino es confinar en las moléculas químicas celulares 
esas fuerzas auto-formadoras y regaladoras y esa excitación fun- 
cional', y aunque hemos demostrado que con la Química solamente 
no se comprende ningún fenómeno vital, propiamente dicho, en 
caso cabe preguntar todavía de dónde \ ienen á las moléculas 



LAS CAUSAS FINALES EN LA CIENCIA 45 



químicas esas fuerzas. Si son inherentes á la naturaleza, si son 
efecto del impulso primordial que «orienta toda la actividad del 
ser;» si radican en las mismas entrañas de los organismos; si son 
el resultado del apetito natural (como decían los antiguos filósofos), 
de un peso interno que llamaría San Agustín, el amor con que todas 
las criaturas cumplen sus destinos presentes ó caminan á realizar 
los futuros... entonces todos los sistemas mecanicistas, ora invo- 
quen para explicar las palpitaciones de la vida factores materia- 
les ó fantásticos, llámense partículas ó moléculas, plastídulas ó 
pangenas, bioblastos, ¿diobla st os ó bióforos, ó fuerzas morfóge- 
nas de la excitación funcional , todos, absolutamente todos, tienen 
que venir á parar al sistema finalista; porque á esas fuerzas inhe- 
rentes al organismo, á ese impulso que mueve y dirige todos los 
elementos y funciones, dando á cada substancia su lugar y á cada 
célula su trabajo, conforme á leyes reguladoras, á un plan, á un 
orden y á un fin, hemos llamado nosotros causa final ó causas 
finales. 

Así lo reconoce Von Hanstein .en su obra El Protoplasma, 
donde analiza con exactitud escrupulosa la embriogenia de los ve- 
getales y animales, y concluye proclamando la existencia de un 
«plan organizador,» de «un impulso interno» que es el origen de 
todas las armonías y operaciones orgánicas, irreductible á la co- 
hesión molecular ó á la afinidad atómica. Ese impulso interno no 
es visible directamente á los ojos humanos, aunque se amplifique 
el poder de visión con los objetivos apocromáticos actuales; pero es 
evidente á la mirada intelectual del hombre que no sea miope y 
tenga idea de lo que es la inducción analógica. 

Demostrado ya que todo organismo es y será siempre misterio 
inaccesible á los partidarios del sistema mecanicista (y de otros 
sistemas), fácilmente puede llevarse la convicción al ánimo del 
más incrédulo, recorriendo la escala vegetal ó animal, de que en 
todos y en cada uno de los seres comprendidos en una y otra, hay 
finalidad de plan y finalidad de uso, es decir, que lo mismo en la 
Anatomía que en la Fisiología de cada ser orgánico encontrare- 
mos tantas pruebas de finalidad, como en el acto fecundante y en 
la ontogénesis. Una centena de volúmenes no son bastantes para 
explanar con toda la amplitud posible la proposición formulada; y 
limitándonos al estudio de un organismo superior, v. gr., al orga- 
nismo del hombre, las páginas que hubiéramos de escribir, conden- 
sando mucho, apenas cabrían en una docena de libros. Mas para 



46 LAS CAUSAS FINALES EN LA CIENCIA 



hacer ver la finalidad en la escala zoológica y la impotencia del 
mecanicismo para explicar cualquier fenómeno de la vida, es sufi- 
ciente indicar algunos, y ese es nuestro humilde propósito. 

Newton pronunció una vez las palabras siguientes: «el órgano 
de la visión no pudo hacerse sin pleno conocimiento de la óptica;» 
y Trendelenburg expresó lo mismo en distinta forma: «para el 
Pensamiento que hizo el órgano de la vista, la naturaleza de la luz 
y los recursos de la vida orgánica eran transparentes como el 
cristal.» Cabe decir lo mismo ante el estudio completo de cualquier 
animal inferior ó superior que seguramente despertará en toda 
alma bien nacida los entusiasmos sinceros que sentía Eulero en sus 
«Cartas á una Princesa alemana» (1), admirando la estructura del 
órgano citado. Refiriéndose á éste, declaraba el mismo Carlos 
Richet, en la Revista Científica de París (2), que es insensato ne- 
gar allí la finalidad; porque tales son las conveniencias complejas 
que en aquél se realizan, tal la relación de la causa y el efecto, y tal 
el conjunto de sus elementos constitutivos, maravillosos hasta en 
sus detalles más mínimos é insignificantes en apariencia, que, racio- 
nalmente hablando, es imposible no confesar que todo ello fué pre- 
visto y querido por una Inteligencia y una Voluntad que Richet no 
nombra, pero que todo el mundo sabe cuáles son. Atribuir al acaso 
ó á la adaptación fortuita el origen de los elementos que constitu- 
yen el aparato visual, y el de la cuenca orbitaria y de los restantes 
órganos que lo protegen, de las envolturas delicadas que lo rodean, 
de la curvatura del cristalino, de la posición exacta y las densida- 
des de las sustancias que refractan la luz, y, sobre todo, de la es- 
tructura y el funcionalismo de la retina y del nervio óptico... es una 
falta de sinceridad y de sentido común, que es el menos común de 
los sentidos. Porque no es dado á la razón del hombre comprender, 
aunque se invoquen como factores todas las palabras sonoras de 
la ciencia mecanicista, que puedan ser resultado de aquellos fac- 
tores la inmensa multitud de conveniencias complejas, de cálculos 
sabiamente realizados en todos los elementos del órgano visual, 
desde la córnea transparente á'las fibras del nervio óptico, des Je 



1 Principalmente en la m.i. HelmholtZ señaló algunos defectos del 
órgano de la vista. Mas de que hubiera podido construirse mejor no se 
deduce que lo esté mal y s¡n aptitud para cumplir el fin que tiene en el 
mundo. 

2) [uliodel898, 



LAS CAUSAS FINALES BN LA CIENCIA 47 

la esclerótica á la membrana hialoides, v. gr., la aberración de 
esfericidad corregida por el iris y el cristalino, que para eso tiene 
más poder refringente en el centro que en la superficie; la acomo- 
dación á las distancias, debida al cambio de la curvatura de éste en 
su cara anterior; la presencia de la púrpura retiniana producida por 
el epitelio pigmentario de la retina, y en ésta las maravillosas capas 
que la constituyen en toda la escala de los vertebrados; pues entre 
otros hechos innumerables que podíamos citar, bastan los siguien- 
tes para persuadirse de que en la retina hay un plan sapientísimo 
y admirable: «las células y las fibras retinianas se hallan más regu- 
larmente dispuestas que en otros centros nerviosos; hay perfecta 
y bien determinada orientación de los cilindros-ejes, que son siem- 
pre descendentes, y una disposición ex professo (dice Cajal), de 
las capas internas y externas para las conexiones intercelulares: 
hay relación entre el volumen de las células horizontales y la 
abundancia de bastoncitos: el número de plexos en la zona plexi- 
forme interna está siempre en proporción con el número y la pe- 
quenez de las células bipolares; cada célula ganglionar de la reti- 
na de los mamíferos tiene una representación dinámica diferente, 
según su forma, extensión y el número de territorios en donde han 
de terminar sus arborizaciones: la retina de todos los vertebrados 
contiene células epiteliales esencialmente idénticas, y quizá su fin 
sea, no sólo sostener los elementos nerviosos, sino también aislar 
los cuerpos y tallos protoplasmáticos, con el objeto de impedir la 
comunicación horizontal de las corrientes al nivel de las capas de 
los granos» (1). Las fibras de Muller, llamadas de sostén, se extien- 
den de un lado á otro á través de las capas de la parte cerebral de 
la retina y la cubren y protegen como una armadura: entre las di- 
ferentes células nerviosas que tiene aquélla, sólo los conos y los 
bastones son sensibles á la luz: «los conos son aparatos de impre- 
sión que transforman las vibraciones luminosas en corrientes 
ópticas, merced á un trabajo foto-mecánico ó foto-químico, y se 
contraen para defenderse del exceso de luz y para acomodarse á 
los diversos colores» (2). Hay una estupenda asociación de treinta 
y ocho mil obreros, es decir, de treinta y ocho mil fibras (3), de que 



(1) Santiago R. y Cajal: La Retine de* Vertebres^ W9Z. 

(2) Gómez Ocaña. 

(3) En opinión de Salzer, hay 438.000, y seoún Krause, 400.000 an- 
chas y otras 400.000 delgadas y linas. 



48 LA8 CAUSAS FINALE8 EN LA CIENCIA 

se compone el nervio óptico, cada una de las cuales corresponde á 
siete ú ocho conos, á cien bastoncitos y á siete células pigmenta- 
rias, y están todas unidas para transmitir el movimiento en frac- 
ciones de segundo. Por último, los movimientos de los ojos son 
simultáneos ó sinérgicos, porque la inervación es uniforme; «los 
músculos extrínsecos sirven para poner la pantalla en la dirección 
deseada; el músculo ciliar, para el enfocamiento; el diafragma-iris 
para regular la cantidad de luz: los ojos tienden á colocarse, con 
relación al objeto, en la actitud necesaria para que la imagen de 
éste se forme en el sitio más conveniente, es decir, en la, f orea cen~ 
t ralis* (1) en cuya superficie hay mayor número de conos y más 
delicadamente construidos que en otras partes de la retina, y en 
donde cada milímetro cuadrado, en opinión de Milne-Edwards, re- 
produce más de treinta mil puntos del objeto. 

Ante esa multitud de conveniencias complejas, es imposible 
negar la finalidad, la previsión y el cálculo . Todas las explicacio- 
nes del origen del órgano visual son inútiles; la de Darwin, como 
la moderna que señala como causa del crecimiento de las expan- 
siones de las células nerviosas los movimientos amiboides y la sen- 
sibilidad quimiotáxica de los neuroblastos» excitables por las subs- 
tancias segregadas por cierta clase de células. Pero esto, dice Ca- 
jal (2), presupone otras cosas inexplicables: «la existencia de cier- 
tas condiciones químicas y morfológicas primordiales, como la pri- 
mera distribución de las células epiteliales y conjuntivas, que son 
como la barrera que se opone al crecimiento en direcciones deter- 
minadas, y la producción de substancias atractivas ó repulsivas, 
según leyes preexistentes, y la suspensión ó transformación de la 
propiedad quimiotáxica de cada elemento en determinadas épo- 
cas, etc., etc.» 

Darwin, sin conocer todas estas relaciones maravillosas de los 
elementos retiñíanos y el admirable plan de estructura del órgano 
de la visión, hizo esfuerzos grandísimos para dar idea de cómo 
pudo formarse aquél. Véase, en resumen, su doctrina, expuesta 



i I >r. Márquez: "Nuevas consideraciones acerca de los entrecruza* 
mientos motores del aparato de la visión... Revista trimestral micro* 
zrájica, Junio y Diciembre de 1900, v Revista Ibero- Americana Üe 
(finias Médicas, Junio de 1901, 

(2) La Retine des Vertebres, citada, 



LAS CAUSAS FINALES BN LA CIENCIA 49 

en el Origen de las especies (1). Para realizar empresa tan gran- 
de, Darwin supone como primer esbozo de la escala visual «un 
tejido sarcódico sin nervios» ni nada que se le parezca, ó un «ner- 
vio óptico rodeado de células de color y cubierto por una piel diá- 
fana, pero sin lente alguna ni otro cuerpo refringente. Los peces- 
estrellas de mar están adornados de una materia gelatinosa que 
no forma imágenes, pero que concentra los rayos luminosos; esa 
concentración de los rayos es el paso primero para explicar el 
origen del órgano de la vista. En los articulados existe ya un ner- 
vio óptico revestido de un pigmento que constituye una especie de 
pupila, pero sin lente aún ni otro aparato óptico.» Si se pregunta 
á Darwin quién es capaz de comprender el salto mortal de lo pri- 
mero á lo segundo, es decir, del tejido sarcódico al nervio de la 
visión, responde que deben tenerse en cuenta «las numerosas for- 
mas de animales extinguidas y el poder déla selección natural, 
con cuya virtud hay que admitir que pudo formarse una estruc- 
tura, siquiera sea tan perfecta como los ojos del águila, aunque en 
este caso no haya pruebas de transición.» Lo cierto es que ello se 
ha realizado «por cambios y modificaciones muy ligeras y gradua- 
les,» no profundas ni simultáneas: se ven algunas de esas modifi- 
caciones en el Branquiostoma ó Amphioxus lanceolatus, que 
tiene por órgano de la vista «un pequeño saco de piel trasparente, 
provisto de un nervio y revestido de pigmento.» Es verdad que 
«tratando de la formación de los ojos, con sus maravillosos carac- 
teres, es indispensable que la razón sustituya á la fantasía; y 
como hemos experimentado en nosotros mismos las dificultades 
que ofrece la materia, no nos sorprende que vacilen otros en dar 
al principio de la selección natural extensión tan sorprendente.» 
Sin embargo, «si comparamos los ojos con un instrumento óptico, 
tenemos que imaginar una espesa capa de tejido transparente, cu- 
yos espacios están rellenos de fluido, y que posea en su parte infe- 
rior un nervio sensible á la luz, y suponer luego que cada parte de 
-esta capa está continuamente cambiando poco á poco en densidad, 
de tal modo que se separa en capas de diferentes densidades y espe- 
sor, colocadas á diferentes distancias unas de otras, y en cuya su- 
perficie se verifiquen lentos cambios de forma. Además, podemos 
suponer también que hay un poder, representado por la selección 



(t) Traducción española de Enrique Godínez: Madrid, 1877, pági- 
nas 193 y siguientes. 

4 



50 LAS CAUSAS FINALES BN LA CIENCIA 



natural ó por el continuo sobrevivir de los más aptos, que nota sin 
cesar y con intención las alteraciones más ligeras en las capas diá- 
fanas, para conservar cuidadosamente aquellas que, en circuns- 
tancias variadas de cualquier manera ó en cualquier grado, tiendan 
á producir una imagen más distinta: debemos suponer que cada 
nuevo estado del instrumento se multiplica por millones y qut 
conserva hasta que se produce otro mejor, destruyéndose entonces 
todos los antiguos. En los cuerpos que viven, la variación causará 
alteraciones ligeras; la generación las multiplicará casi hasta lo 
infinito, y la selección natural entresacará con habilidad indefecti- 
ble cada mejora realizada. Si sigue este procedimiento durante 
millares de años y durante cada uno de ellos en millares de indivi- 
duos de muchas clases, ¿no podríamos entonces creer que llegaría 
á formarse de este modo un instrumento óptico vivo tan superior 
á uno de cristal, como las obras del Creador lo son á las del hom- 
bre?» 

¡ Ah! Si es obra de la acción directa ó indirecta del Creador, en- 
tonces sólo tenemos que oponer que no hacen falta esos procedi- 
mientos lentos y trabajosos realizados en millares de años* y en 
millones de individuos; porque el que dijo una vez fial lux y la 
luz fué creada , pudo en un instante crear el órgano que pu- 
diese gozar de los purísimos resplandores de aquélla. Si Dios no 
usó de ese procedimiento rápido que no excluye las variaciones 
accidentales y no específicas causadas por las fuerzas mecánicas, 
físicas ó químicas del medio interior ó ambiente, sino del lento y 
gradual descrito por Darwin y sus prosélitos, entonces hay necesi- 
dad de demostrarlo. En la ciencia positiva no basta preguntar con 
Darwin «si tenemos derecho para suponer que el Creador tra- 
baja con poderes intelectuales semejantes á los del hombre» para 
inferir que «así como el telescopio ha sido perfeccionado por tos 
esfuerzos de las mayores inteligencias humanas, en el órgano de la 
visión se usó de un procedimiento semejante» (1). Hay que hacerlo 
ver con hechos numerosos y con pruebas que no dejen lugar a la 
duda, porque el número de incrédulos positivistas es indefinido. 
Hasta que llegue ese día feliz, la doctrina darwiniana de la selec- 
ción natural quedará en las regiones de la hipótesis, donde «la 
fantasía» suele brutalmente excluir el justo y pacifico dominio de 
la razón serena, como se ve en el conjunto de suposiciones ridícu- 



1 1 ( >bra rilada, ib., ib. 



LAS CAUSAS FINALES EN LA CIENCIA 51 

las que hace Darwin para dar cuenta de la formación del aparato 
visual. Porque la aparición del «tejido sarcódico,» el salto mortal 
que da la Naturaleza desde ese tejido á la estructura de un nervio 
óptico (salto inexplicable con el recurso pobrísimo de la multi- 
tud de formas extinguidas); el origen de la «capa transparente 
llena de fluido y que concentra los rayos, porque tiene en su parte 
inferior un nervio sensible á la luz;» esa serie de cambios de «es- 
pesor y densidad, superficiales y lentos, » en la forma y en la es- 
tructura de aquélla, todas son gratuitas suposiciones, impropias 
para convencer á nadie de la probabilidad de una hipótesis, aun- 
que se haga intervenir como factor indispensable la selección dar- 
winiana. Porque las palabras «creador» y «poder representado pol- 
la selección natural que ve incesante é intencionalmente las altera- 
ciones más ligeras y conserva con cuidado las más á propósito para 
producir una imagen más distinta, entresacando con habilidad in- 
defectible las mejoras realizadas,» son de significación muy dudo- 
sa en la pluma de Darwin (1), como puede notar el lector en la 
vaguedad de las frases transcritas. Si con ese «poder representado 
por la selección natural» quiere significarse un medio de que la 
providencia divina se vale para. llevar á cabo sus obras estupen- 
das ó humildes, entonces, la finalidad es tan evidente como la luz 
del sol, porque la suponen esos atisbos, esas «intenciones» y esos 
«cuidados» para conservar siempre lo más útil y ventajoso. Pero 
si á la selección natural, como es lo más probable, se la da el sig 
niñeado de un poder inconsciente, de una fuerza ciega y panteís- 
tica ( contradictoria é inconcebible porque discurre y ordena sien- 
do ciega y fatal), máquina de guerra en la gran mecánica del Uni- 
verso, factor único ó uno de los principales en cuya virtud se cum- 
ple la armonía total de los seres, entonces, aun así interpretada, no 
se sustrae á la idea de fin, porque va escogiendo siempre «lo más 
útil y ventajoso;» y en este sentido tienen razón Koelliker y Noegeli 
al afirmar que «aquellos que reniegan de las causas finales no se 
distinguen de los teólogos finalistas.» 

Pero es el caso que, así interpretada la selección natural, la se- 



(1) Sobre todo después de haber escrito La Descendencia. Según 
Híeckel (Conferencia 2. a y Los Enigmas, páginas 298 y 99), el gran mé- 
rito de Darwin consiste en explicar mecánicamente, mediante la selec- 
ción natural, todos los fenómenos de la vida orgánica, el santo enigma 
"del mundo,,.— Claro es que para excluir la acción de un Creador. 



52 LAS CAUSAS FINALES EN LA CIENCIA 

lección de lo iíti'1, está desterrada de la ciencia fl) y no hay por 
qué arrepentirse de que la hayan desterrado los modernos investi- 
gadores; porque tal como Darvvin la entendía ó la entiende Herbert- 
Spencer, combinada con la adaptación, es un trasto inútil, un re- 
curso quimérico que no sirve para explicar el más insignificante 
de los fenómenos biológicos. 

P. Zacarías Martínkz-Xi'xkz, 

o. s. A. 
( Continuará.) 



(1) Lo hemos demostrado en los Estudios biológicos, 1. a serie, pági- 
na 344 y siguientes. 



LA «NEO-ESCOLÁSTICA* 

AL COMENZAR EL SIGLO XX 



I 

El presente artículo no tiene más objeto que poner á la vista del 
lector un cuadro sencillo, y en sus líneas más generales, del estado 
de la filosofía católica al comenzar el siglo XX. Sin entrar en deta- 
lles minuciosos, ni en particularidades de crítica y exposición de 
las ideas, procuraremos exponer per summa capita, pero con datos 
fehacientes, el renacimiento vigoroso, creciente y lleno de vida del 
pensamiento especulativo en los centros del mundo católico. 

Al llamamiento del gran León XIII hacia una orientación co- 
mún de la filosofía cristiana, han despertado las fuerzas intelectua- 
les, deponiendo sus divergencias, para entrar unidas por el ca- 
mino señalado de la tradición y de las ciencias: eruditos, sabios y 
filósofos, hombres de fe y de buena voluntad han concurrido de 
todas partes á la reconstrucción del edificio filosófico, sobre la base 
firme de la historia, de la ciencia y de la especulación racional. La 
encíclica ¿Eterni Patris formará época en la historia, no ya sólo 
del pensamiento católico, sino del pensamiento humano. Un filósofo 
herbertiano, Durdik, concluía ya en 1887 su Historia de la filo- 
sofía moderna con estas palabras: «Después de la encíclica ¿Eter- 
ni Patris, la filosofía ha entrado en un período nuevo, habiéndose 
iniciado en esta dirección un movimiento poderoso, que formará 
época en la historia» (1). De entonces acá el movimiento se ha 
agrandado en proporciones extraordinarias, para entrar pujante y 
decidido en el siglo XX. Santo Tomás representará en este siglo 
la especulación racional, prudente y del buen sentido, asentada 
sobre dos bases sólidas y amplísimas de la tradición histórica y de 
la inducción científica; ella ocupará un medio entre las exageracio- 
nes del idealismo subjetivista y su crítica demoledora, y las nega- 
ciones brutales del materialismo positivista, y en ella encontrarán 
solución á sus dudas escépticos y desesperados, y cuantos leal- 



(1) Véase en la Revue phüosophique el artículo de M. Picavet: Le 
moiivement néo-tomiste; año 1892, vol. i, pág. 294. 



54 LA NKO-BSCOLÁSTICA AL COMENZAR EL SIGLO XX 

mente busquen un ideal que garantice la vida intelectual, moral, 
social y religiosa de la humanidad. 

Alemania, Bélgica, Francia, Italia, Suiza, España, Austria- 
Hungría, los Estados Unidos, han respondido al llamamiento: en 
todas estas naciones ha vibrado más ó menos poderoso el entusias- 
mo, y se ha manifestado la actividad de los sabios ofreciéndose á 
concurrir á la realización del pensamiento de León XIII, en los 
órdenes filosófico, científico y social. Los congresos nacionales ha- 
bidos en todas ellas han proclamado como una de las necesidades 
principales en los tiempos presentes el cultivo intenso de la ciencia 
católica, la fundación de centros en donde puedan formarse, sin 
menoscabo de su fe, hombres sabios y creyentes, y la creación de 
grandes sociedades científicas. La publicación de multitud de revis- 
tas de carácter general ó especial con el fin de unlversalizar más y 
más la ciencia cristiana, haciéndola llegar á las regiones más 
apartadas del mundo, es una prueba bien evidente de que la ini- 
ciativa y los esfuerzos generosos no han caído en el vacío. Final- 
mente, los Congresos científicos internacionales, á fin de dar más 
cohesión á los trabajos esparcidos y aumentar su eficacia, han ve- 
nido á coronar la obra, estrechando y poniendo en comunicación 
los hombres y las ideas, rompiendo las barreras nacionales, ya que 
para la fe y para la ciencia no deben existir; imitando en esto á 
aquella época de los grandes pensadores medioevales, cuando la 
ciencia y su enseñanza revestían carácter internacional. 

De este movimiento general sólo un aspecto nos interesa, y 
es la filosofía especulativa. En este punto debemos consignar, an- 
tes que nada, que las tendencias no han llegado á ser del todo 
uniformes al presente. La falta de una orientación fija en el mayor 
número de pensadores católicos de los dos primeros tercios del 
siglo último, y las múltiples cuanto desdichadas tentativas, aunque 
generosas, de formar un cuerpo de doctrina que oponer á la inva- 
sión materialista y racionalista, sin tener en cuenta la gran tradi- 
ción católica, engendraron una educación viciosa y refractaria á 
todo lo que sea volver á las aguas puras del pasado. Esta educa- 
ción ha sido profunda y duradera en Francia, debido á las hondas 
raíces que allí echaron las doctrinas de Descarna, afianzada en los 
centros oficiales con el espiritualismo indefinido é incoloro de 
( «.iisin primero, después de Ravaison, y últimamente con el Peno- 
menismo subjetivista kantiano, como el enseñado por Boutroux en 
la Sorbona, unido al sentimentalismo moral en el orden práctico. 



LA NEO-ESCOLÁSTICA AL COMENZAR EL SIGLO XX 55 

En estos últimos años ha habido, debemos decirlo, un desfile bas- 
tante general al campo de la tradición. Por oposición al grupo an- 
terior, hay otro de criterio estrecho, y tan aferrado á la tradición 
«orno aislado del mundo de las ideas en que vivimos, que sueña 
peligros en cuanto ha producido el pensamiento moderno, y sin 
cuidarse de hacer la selección de lo bueno y lo malo, lo condena 
todo en absoluto, y entiende que la filosofía debe limitarse á des- 
envolver los principios por procedimientos deductivos y á priori. 
Para ellos la filosofía no admite progreso, y debe ser cultivada y 
expuesta como lo hubiera hecho cualquier filósofo del siglo XIII 
ó X VI. Estos son en gran número, pero sin fuerza positiva: el ma- 
yor obstáculo que ofrecen al desenvolvimiento de las ideas, consis- 
te en su terca pasividad. El tercer grupo, finalmente, ha escrito á 
la cabeza de su programa este hermoso lema, tomado de la encí- 
clica ¿Eterni Patris: Vetera novis augere et perficere; y su pensa- 
miento es unir á la gran tradición cristiana y escolástica las cien- 
cias del presente, de cuya unión resulte una verdadera filosofía 
científica. Dos cosas se proponen llevar á cabo, y ya tienen andado 
gran parte del camino: primera, poner á la luz del día y estudiar 
en toda su extensión las ideas del pasado, especialmente de los 
grandes pensadores de la Edad Media, y restituirles su influencia 
en el pensamiento de épocas posteriores, y todo con su verdadero 
sentido histórico-crítico; y segunda, dar á la construcción filosó- 
fica una base científica, completándola con lo bueno que pueda 
hallarse en la filosofía moderna. De aquí resultará un eclecticismo 
racional y prudente, en donde al lado de la tradición con su buen 
sentido, tendrán cabida las últimas inducciones de la ciencia y las 
cuestiones nuevas suscitadas por la especulación intelectual, que- 
dando lugar en su anchuroso campo al progreso filosófico. 

Esta dirección, conocida con el nombre de neo-escolástica ó 
neo-tomista, por inspirarse en Santo Tomás con preferencia á los 
demás escolásticos, es la que nos proponemos describir aquí su- 
cintamente. Su exuberante vitalidad aparecerá bien manifiesta con 
sólo enumerar las múltiples instituciones y centros de cultura que 
ha producido en estos últimos años, y las obras de carácter general 
y especial, y más que nada, la labor constante y estudio de cuestio- 
nes especulativas y prácticas, que suponen el sinnúmero de publi- 
caciones periódicas, ya exclusivamente filosóficas, ya de carácter 
general y de aplicación á los problemas morales y sociales. 



5tí LA NEO-ESCOLÁSTICA AL COMENZAR EL SIGLO XX 



II 

Comenzaremos nuestra sencilla excursión filosófica por Ale- 
mania, por ser donde primero, y mucho antes de la publicación de 
la encíclica ¿Eterni Patris, se inició el movimiento hacia la tra- 
dición, para combatir, sobre terreno firme, la influencia perniciosa 
del idealismo y escepticismo germánicos. En medio de las crueles 
é injustas opresiones de que, en el siglo pasado han sido víctimas 
los católicos alemanes, y quizá por esto mismo, no les han faltado 
hombres de alma grande, que conduciendo á las masas por los ca- 
minos de la fe y de la ciencia, les han preparado mejores días 
rompiendo el yugo de la esclavitud é imponiéndose el respeto de 
sus opresores. El punto de partida de la acción católica data de la 
época del primer Kulturkampf: encarcelado el Arzobispo de Co- 
lonia en el castillo de Minden, en Noviembre de 1837, un grito ge- 
neral de indignación se levantó, no sólo en la Prusia católica, sino 
en toda la Germania; entonces fué cuando el ilustre Góerres, pro- 
fesor en Coblentza, genio literario de prodigiosa erudición y elo- 
cuencia calurosa y vibrante, escribió su famoso Athanasius, diri- 
giendo un llamamiento á todos los católicos de la Germania, espe- 
cialmente de Ba viera y del Rhin, para la unión y para el combate. 
Desde entonces el nombre de Goerres ha sido para los católicos 
alemanes un símbolo y una bandera. Gracias á su obra, cuando, 
después del triunfo de las armas alemanas sobre Francia, y de la 
reorganización del Imperio, lanzó sobre los católicos el Canciller 
de hierro sus leyes de proscripción en el segundo y más terrible 
Kulturkampf, se encontraron éstos con cierta organización y en 
disposición de luchar y resistir. Lo que hizo Windthorst en el te- 
rreno político, lo llevó á cabo en el científico la asociación Gberres- 
Gesellschaft , que, reuniendo en torno suyo las fuerzas intelectua- 
les de los católicos, se propuso difundir por medio de la prensa las 
buenas ideas, á la vez que fomentar el cultivo de las ciencias, \ 
preparar así hombres con que asegurar para lo futuro la perma- 
nencia del triunfo. Hoy la Goerres-Gesellschaft, cuyo centro está 
en Bonn, cuenta con miles de asociados repartidos por todo el Im- 
perio; y ya que las circunstancias le han impedido organizar cen 
tros universitarios exclusivamente católicos, como es su propósito. 
ha fomentado por todas partes la creación de agrupaciones ó* 
círculos estudiantiles, los rúales hoy pasan de 100, con Hunde 



LA NEO-ESCOLÁSTICA AL COMENZAR EL SIGLO XX 57 

conservar y afirmar su fe y formar á la vez hombres de ciencia y 
adiestrados en la lucha en todos los terrenos para lo porvenir (1). 
A la cabeza de esta asociación científica encontramos al preclaro 
filósofo é ilustre orador, miembro de las dos Cámaras bávara y del 
Imperio, von Hertling, que con el profesor Heinrich y el célebre his- 
toriador y después Cardenal Hergenrother fueron los principales 
iniciadores de la misma en 1871; y además, hombres tan eminentes 
como el historiador Janssen, Hettinger, Hafner, Gutberlet, Sieber, 
jefe del centro, sucesor de Windthorst, etc. Dividida en secciones 
la Góerres-Gesellschaft, ha promovido la filosófica, única que por 
el momento nos interesa, la difusión y el cultivo, entre los católicos, 
de los estudios filosóficos, inspirándose en el más puro escolasti- 
cismo, pero sin perder de vista el estado actual del pensamiento. 
Resolvió, en primer término, publicar una nueva edición de la 
Summa theologica y philosophica de Santo Tomás, haciendo una 
revisión crítica del texto, de que carecían las anteriores, y aña- 
diendo notas que facilitasen su inteligencia. Ya se habían comen- 
zado los trabajos preparatorios de la misma, cuando León XIII 
dispuso la conocida edición príncipe, de que hablaremos después, y 
la presidencia desistió de su propósito. El Dr. Schneid exponía 
así el programa filosófico de la sección. La vuelta á la escolástica 
debe hacerse respecto á la doctrina y al método: ni una ni otro han 
sido sugeridos por las condiciones históricas de un siglo, sino que 
se adaptan á todos los siglos y á todos los tiempos, porque expre- 
san los resultados de las leyes racionales y de la experiencia. La 
antigua filosofía soporta el examen de la crítica moderna, y deja 
ancho campo al progreso del pensamiento. Y no es que la escolás- 
tica haya de tenerse como un sistema perfecto y acabado: hay en 
él algunas cuestiones que no han sido tratadas; otras, las que de- 
penden del progreso de las ciencias naturales, lo han sido defec- 
tuosamente, y á nosotros toca perfeccionarle y desenvolver sus 
principios en relación con el estado actual de la sociedad y de la 
ciencia. El carácter predominante del pensamiento moderno es la 
crítica y el análisis; la síntesis es la gran necesidad de la ciencia 



(1) Sobre el movimiento científico católico en Alemania puede leer- 
se un extenso trabajo de C. E. Agliardi, publicado en la Rivista in- 
ternamonale di scienze sociali e discipline ausiliare, bajo el epígrafe 
de I cattolici della Germaniá nel campo scientifico. (Roma, año 1898, 
vol. xvn, pág. 363, y xvm, págs. 40, 179 y 329.) 



58 LA NEO-ESCOLÁSTICA AL COMBNZA.R EL SIGLO XX 

presente. Ni el positivismo, ni mucho menos la doctrina del filóso- 
fo de Konigsberg pueden satisfacer esta necesidad; solamente la 
filosofía tradicional reúne condiciones de dar unidad á esa % inmen - 
sidad de materiales dispersos, elaborados por la crítica y el análi- 
sis; porque es la única que posee principios de solidez inconmovi- 
ble, porque su sistema es tan grandioso y tan amplio, que dentro 
de él cabe toda la realidad, las verdades, tanto del orden natural 
como sobrenatural ; y finalmente, porque es el único donde se 
armonizan y completan los dos métodos del análisis y de la sínte- 
sis (1). Los trabajos de la sección filosófica, presidida por los pro- 
fesores Gutberlet, Hafner, Bach, Hagemann, Mattes, Schmid, 
Schneid y Schut, han sido publicados en el Jahresbericht der Sec- 
tion für Philosophie, hasta 1888, en que, vencidas las dificultades 
que se oponían á una publicación periódica, apareció la importan- 
te revista filosófica titulada Phüosopkisches Jharbuch, bajo la di- 
rección de los profesores de la Universidad de Fulda, Gutberlet y 
Phole, este último profesor hoy en la Universidad católica de 
Washington. Es esta gran publicación un modelo de lo que en 
nuestros días debe ser una revista de filosofía cristiana, y tanto 
por sus trabajos como por su información científica, está reputada 
como una de las primeras de este género en Alemania. De criterio 
amplio y levantado, é inspirada en los pensadores de la tradición 
católica, especialmente de Santo Tomás, cuyos principios trata de 
relacionar con el estado presente de la ciencia y de la filosofía mo- 
dernas, realiza con toda exactitud el hermoso lema: in dubiis li- 
bertas, in necessariis unitas, in ómnibus charitas (2). 



(1) Discurso del Dr. Schneid en la reunión general de la Sociedad, 
tenida en Munich en 1879.— Véase. Jahresbericht . 

(2) Gutberlet exponía en el primer número de la Revista el lin que 
con ella se proponía y su criterio doctrinal. .Vuestro guía, dice, debe 
ser principalmente Santo Tomás, porque con él llegó la filosofía cris- 
tiana á su mayor desenvolvimiento; piro esto no quita que debamos 
completarla y perfeccionarla, y aun separarnos de Santo Tomás siem- 
pre que mis principios no aparezcan en perfecta armonía con la verdad 
y con la ciencia. A los adversarios del tomismo les dice que no care- 
cerá de libertad y de independencia. Es preciso dar á conocer las doc- 
trinas de Santo Tomás, v compararlas con las obras de la filosofía 
griega, sobre todo con las de Aristóteles, estudiadas según la crítica 
moderna, con las de los Padrea de la iglesia y de los escritores cris- 
tianos anteriores y posteriores á 61. Es necesario también conocer las 



LA NEO-ESCOLÁSTICA AL COMENZAR EL 8IGLO XX r )<) 

Dos años antes, en 1886, había visto la luz pública en Pader- 
born, y después en Munster, el Jharbuchfür Phüosophie und spc- 
culative Theologie, dirigida por el profesor Ernesto Commer; y en 
en 1888 otra revista filosófica Saint- Thontasblciter, en Ratisbona, 
por C. M. Scheneider, inspiradas también en la filosofía tradicio- 
nal, y especialmente en Santo Tomás. Al lado de éstas ven la luz 
pública otras muchas é importantes revistas, de carácter más ge- 
neral; pero en las que predominan los trabajos de filosofía especu- 
lativa ó práctica, y sobre todo de asuntos morales y 'sociales: so- 
lamente enumeramos el Katholik de Maguncia, entre cuyos escri- 
tores se cuenta el ilustre filósofo Stockl; la Natur und Offenbarung 
en Munster; en Tubinga la Theologische Quartalschrift ; en Ins- 
pruck la Zeitschrift fiir katholische Theologie; en Munich las His- 
torisch-politische Blatter fur das katholische Deutschland, y en 
Friburgo de Brisgovia la redactada por los PP. Jesuítas, Stimmen 
aus Maria-Laach. Si nos hemos detenido de una manera especial 
en este género de publicaciones periódicas, es porque creemoos 
son el índice que mejor revela el cultivo de la ciencia y su exten- 
sión; mejor aún que los libros donde sistemáticamente se exponen 
las doctrinas. 

En cuanto á las obras expositivas, tanto generales como de 
cuestiones particulares y de aplicación, y aquellas en que se com- 
baten los errores de la filosofía moderna, son numerosas las escri- 
tas en estos últimos años; pero su descripción nos apartaría del fin 
que en estas líneas nos hemos propuesto, de presentar un cuadro 
lo más general posible del estado de los estudios filosóficos. Con- 
signaremos tan sólo los autores de más renombre y celebridad, y 
son, entre otros: Kleutgen, von Hertling, Gutberlet, Commer, 
Platz, Schneid, Stockl, Baümker, Baumann, Pawlicki*Cathrein, 
Meyer y Pesch, los autores de la Philosophia Lacensis, obra mo- 
numental de once volúmenes, concluida este año, y que constituye 
una verdadera enciclopedia filosófico-escolástica. 

Aunque más tardío, este movimiento de ideas ha comenzado y 



obras filosóficas que aparecen en ambos mundos, para señalar á los 
católicos aquellas que puede serles útil consultar, y ponerles en guar- 
dia contra las que contienen doctrinas opuestas á la fe cristiana. He 
aquí el programa de la revista Philosophisches Jahrbuch, y bien po- 
demos afirmar, dice Pieavet, después de haber leído sus volúmenes, 
que ha cumplido bien su promesa. (Véase la Revue phil., lug. cit.) 



60 LA NEO-ESCOLÁ8TICA AL COMENZAR EL SIGLO XX 



se va generalizando también en Austria-Hungría. En 1892 se or 
ganizó una sociedad de acción católica, bajo el mismo plan y con 
idénticos fines que la Góerres-Gesellschaft alemana, con la cual 
se halla en mutuas relaciones, y que lleva el nombre de Sociedad 
científica Leonina (Leo Gesellschaft) . La sección filosófica, presi- 
dida por el historiador de la filosofía y profesor de Cracovia, Paw- 
licki, ha producido muchos y excelentes trabajos de filosofía y 
apologética, é influye no poco en la orientación del pensamiento y 
en la enseñanza filosófica de las universidades y demás centros 
del Estado (1). Al mismo tiempo se constituía en Budapest una 
asociación para los estudios filosóficos con el título de Santo To- 
más, la cual, desde 1885, viene publicando una importante revis- 
ta, Bólcseleti Jolyoirat, escrita toda ella con criterio escolástico 
y en vista del estado actual de la ciencia (2). 

III 

La acción católica, en el último tercio de siglo, ha traído en 
Bélgica el triunfo completo y decisivo en todos los terrenos cientí- 
fico, social y político. La mejor parte de este triunfo se debe á la 
Universidad libre de Lo vaina, que, gracias á la libertad amplísima 
de enseñanza consignada en las leyes, ha logrado extender por 
toda la masa social del país las ideas sanas del Catolicismo, suplan- 
tando al racionalismo de Krause, Ahrens yTiberghien,que durante 
medio siglo venía constituyendo la base de la ciencia oficial. Es 
cierto que los anticatólicos se han aprovechado de la misma liber- 
tad de enseñanza para organizar la Universidad libre de Bruselas, 
fundada por Th. Verhaegen, donde imperan el racionalismo y el 
positivismo^ pero la organización superior de la católica de Lo vai- 
na, su profesorado entusiasta y de lo más selecto entre los repre- 
sentantes de la ciencia belga, y la actividad incansable de la mis- 
ma, manifestada en doce publicaciones periódicas consagradas á 
las distintas ramas del saber, amén de la multitud de obras que 



(1) Hace mucho tiempo que la LeO'Gesellschafi persigue la idea de 
establecer una gran universidad católica en Salzburgo, ha remitido ya 
los fondos necesarios y procederá pronto á su fundación. 

(2) Véase en la citada Rivista intemasionale el interesante ar 
tículo del mismo C. E. Agliardi, La scienea cristiana in Austria <• /</ 
Leo-Gesellschaft, vol. x\ , año 1M ( >7, pags, 3 24. 



LA NEO-ESCOLÁSTICA AL COMENZAR EL SIGLO XX 61 



salen de este Centro y de la propaganda incesante organizando 
asociaciones científicas, así como de los trabajos que aquí se ha 
dado en llamar extensión universitaria, han eclipsado totalmente 
á la de Bruselas; mientras que las ideas de Lo vaina penetran en 
todos los centros intelectuales de la nación. La Universidad de Lo. 
vaina puede ponerse como modelo de actividad científica, digno de 
ser imitado entre los católicos de otras naciones; ella ha dado el 
triunfo en todos los terrenos á los católicos, siendo á la vez una 
garantía y una esperanza para lo porvenir. 

León XIII ha mirado siempre con predilección este centro de 
cultura cristiana, y en él es donde ha querido encarnar su pensa- 
miento respecto de la enseñanza de la filosofía, expresado en la 
encíclica ¿Éter ni Patris. A raíz de su publicación, ordenó el Pa- 
dre Santo la creación en la Universidad lovaniense de una clase 
de filosofía tomista: tal fué el origen modesto de una institución 
que, independiente más tarde de la Universidad, nos ofrece hoy 
un ejemplo vivo de lo que en los tiempos presentes debe ser la en- 
señanza filosófica; que en la forma y en el fondo es una verdadera 
filosofía científica. Esta institución lleva el nombre de Escuela de 
Santo Tomás de Aquino {Instituto superior de filosofía^. En el 
sentir de los grandes pensadores cristianos, no debe ser la filosofía 
conjunto de conceptos puros de la razón, independientes de la cien- 
cia experimental, como lo han pensado todos los filósofos indepen- 
dientes de Descartes acá, y por una ceguera inexplicable se venía 
creyendo entre los partidarios de la tradición escolástica; sino que 
debe formar el coronamiento de las ciencias particulares, con cu- 
yas inducciones últimas ha de estar la filosofía en relación inme- 
diata; y este pensamiento de la Edad Media, en mal hora olvidado 
por un injustificado divorcio entre la filosofía y la ciencia, es lo 
que se ha querido reconstruir prácticamente con la fundación del 
Instituto superior de filosofía. De tal modo está organizada en él 
la enseñanza, que á cada rama especial de la filosofía va unido un 
grupo correspondiente de ciencias analíticas ó experimentales: la 
cosmología con las ciencias físicas y matemáticas; la psicología, 
además de cursos de psico-fisiología con los correspondientes tra- 
bajos de laboratorio, lleva consigo las ciencias naturales ó biológi- 
cas; la criteriología va unida con las ciencias históricas, y la filo- 
sofía moral con las ciencias morales, y especialmente con las so- 
ciales, económicas y políticas. Al terminar el siglo, en que todos 
los sistemas filosóficos parecen buscar un apoyo seguro en la cien- 



C>2 LA NEO- ESCOLÁSTICA AL COMENZAR BL SIGLO XX 

cia, cabe al instituto de Lovaina la gloria de ser el primero, hoy 
el único centro en donde se ha llevado á la práctica la unión de la 
ciencia especulativa con las ciencias experimentales. Uno de los 
puntos en que convinieron los representantes de las distintas es- 
cuelas en el Congreso filosófico de París (1900), era respecto a la 
necesidad de unir la especulación racional á la inducción cientí- 
fica; y como ejemplo práctico, alguien entre los asambleístas se- 
ñaló la organización de la enseñanza filosófica en el instituto de 
Lovaina. 

Al frente del Instituto está desde su fundación Mons. D. Mer- 
cier, hombre de actividad incansable, de inteligencia clara y pe- 
netrante, de profundas convicciones en la virtualidad de la filoso- 
fía escolástica, conocedor como pocos del estado actual de las 
ideas. Alentado constantemente por León XIII, se ha propuesto, 
en unión con otros colaboradores, participantes de las mismas 
convicciones y del mismo entusiasmo, deshacer el divorcio entre 
la filosofía y la ciencia, que, rompiendo las tradiciones medioeva- 
les, habíase ido acentuando más en los siglos posteriores: es decir, 
formar una filosofía escolástico-científica. Pero hoy, dice en su 
discurso pronunciado en el Congreso católico de Malinas (1891), 
los esfuerzos individuales son impotentes para abarcar de una vez 
el campo inmenso de la ciencia, cuya extensión aumenta cada día, 
y sintetizar sus resultados; por eso, añade, es necesario que la 
asociación supla la insuficiencia del trabajo individual, que los 
hombres de análisis y de síntesis se reúnan para crear, por su co- 
mercio diario y acción común, un medio apropiado al desenvolvi- 
miento armónico de la ciencia y déla filosofía. Tal es el fin de la 
Escuela especial de filosofía que León XIII, el magnánimo restau- 
rador de los estudios fundamentales, ha querido fundar en Lovai- 
na, bajo la advocación de Santo Tomás de Aquino, «esa encarna- 
ción potente del espíritu de observación unido al espíritu de sínte- 
sis; ese trabajador genial, cuya idea constante fué la de fecundar 
la iilosofía por la ciencia, al mismo tiempo que elevar la ciencia a 
las alturas de la filosofía» (1). 

Al frente de las distintas secciones filosóficas se hallan hombres 
de ciencia, como de Vulf, eminente historiador de la filosofía belga 



(1) Rapport sur /es études stfpérieürés de philosaphie, presenté un 
(Sangres de Malinas le 9 Septembve de t$91 y par Mgr. Mercier. 
I .mivain, 1891. 



LA NEO-ESCOLÁSTICA AL COMENZAR EL SIGLO XX f>3 

medioeval; Thiery, conocido por sus trabajos de psicología expe- 
rimental, y director del laboratorio psicológico; de Nys, por sus es- 
tudios de cosmología, y Deploige, director de la sección de cien- 
cias sociales; y completan el profesorado del Instituto los profeso- 
res de las diferentes facultades de la Universidad, médicos y cien- 
tíficos, Sibenaler, Meunier, Ide, Pasquier, Cauchie, De Lanstshee- 
re, Van Overberg, Legrand y Forget. La influencia educativa del 
Instituto no se limita á la enseñanza interior, sino que, siendo á la 
vez centro de una gran Asociación filosófica, extiende su radio de 
acción por toda Bélgica, manteniendo vivo el entusiasmo por el 
cultivo de la filosofía especulativa y práctica. Esta asociación 
tiene como órganos, donde se publican sus trabajos, la Revue Néo- 
Scolastique, Revue Social e Catholique y la Revue Catholíque de 
Droit. 

Entre las publicaciones de carácter general, en donde se da 
gran cabida á los trabajos filosóficos, debemos citar especialmente 
la importantísima titulada Revue de Questions scienti fiques, ór- 
gano de la Societé scienti fique de Bruxelles, que cuenta entre sus 
miembros lo más selecto de la ciencia y filosofía belgas. Esta So- 
ciedad , que ha celebrado el vigésimo quinto aniversario de su 
existencia, dirigió en 1890 un mensaje á S. S. León XIII, «de ad- 
hesión perfecta y explícita á la doctrina filosófica de Santo Tomás, 
según las recomendaciones de muchos documentos pontificios, y 
en particular de la encíclica ¿Éter ni Patris.» Hasta hoy «hemos 
sido fieles á nuestra declaración, escribe M. Marsión, profesor de 
la Universidad de Gante, en uno de los últimos números de dicha 
Revista, y al dejarnos conducir por las direcciones pontificias, he- 
mos ido á la vez por el camino del progreso científico» (1). Final- 
mente, como testimonio fehaciente del poderoso movimiento de la 
filosofía en Bélgica, nos bastará con enumerar, además de los ya 
citados, otros nombres bien conocidos por sus escritos: el P. Caste- 
lein, Wan Beddingen, Lépidi, Dupont, Dummermuth, De San, La- 
house, Halleux, Degraene, Marliére, Forget, etc., etc. 

Respecto á Holanda, la nación donde el protestantismo, ade- 



(1) Véase nuestro folleto titulado El Instituto superior de filosofía 
en la Universidad de Lovaina, 1901, Madrid, donde se da noticia deta- 
llada "de su organización, tendencias filosóficas en que se inspira, de 
los progresos realizados y de las esperanzas que sus frutos auguran 
para el porvenir de la filosofía escolástica." 



64 LA NEO- ESCOLÁSTICA AL COMENZAR EL SIGLO XX 

más de acaparar la enseñanza oficial, reviste un carácter de in- 
transigencia sin semejante, debemos consignar un hecho muy sig- 
nificativo, y que revela la importancia del movimiento tomista. 
Jamás se había visto ocupar las cátedras de filosofía en las univer- 
sidades holandesas á ningón católico; y no obstante estos prece- 
dentes, el Gobierno y el claustro de la Universidad de Amsterdam 
dispusieron la creación, en 1894, de una clase de filosofía de Santo 
Tomás, cuya inauguración fué un acontecimiento, con asistencia 
de representantes del Gobierno, de los Obispos y de todo el profe- 
sorado. Las explicaciones de la doctrina tomista, encomendadas 
al sabio y elocuente P. de Groot, y oídas por vez primera en el pri- 
mer centro universitario de Holanda, atrajeron numerosa concu- 
rrencia de sabios y profesores, en su mayoría protestantes, obte- 
niendo un éxito ruidosísimo (1). Este nuevo mundo de ideas igno- 
rado ó desdeñado hasta entonces, había ya provocado la admira- 
ción imparcial de pensadores independientes, como los profesores 
Pierson, Van der Wick y Van der Vlugt. «¡Qué sorpresa, escribe 
este último, para los que nunca conocieron á Santo Tomás sino 
por relaciones falseadas de otros, si llega el día feliz en que puedan 
encontrarse en contacto inmediato con su pensamiento, leyendo 
directamente sus obras! . . . Un pensador como este no pertenece á 
una generación, pertenece á todos los siglos...» (2) 

P. Marcelino Arnáiz. 



(1) Véase el artículo L ' istituzione di una cathedra di filosofía 
di S. Tommaso nelVUniversitá di Amsterdam, en la Riv, ínter., 
año 1894, vol. vi, pág. 547. 

(2) Véase la Revue Néo-Scolastique, Enero de 1SQ4, núm. 1, pág. 7. 



BIBLIOGRAFÍA 



Ktudes sur les Evangiles, par le Pére V. Rose, O. P., professeur á 
l'Université de Fribourg.— París.— II Welter. Un tomo en 4.° me- 
nor, 336 págs. 

L a obra del docto dominico P. Rose es un hermoso y bien fundado 
estudio de algunas cuestiones selectas de crítica moderna relativa á la 
autenticidad de los Evangelios y al valor exegético de la fórmula 
evangélica Hijo de Dios con que se designa la persona de Jesucristo. 
El autor plantea con claridad y resuelve victoriosamente los más inte- 
resantes problemas de la crítica y de la exéresis en el aspecto susodi- 
cho, demostrando primeramente, contra la crítica adversa de 1 larnack, 
que la forma cuádruple de los Evangelios subsistió ya en sus orígenes 
y era umversalmente conocida en la primera mitad del siglo segundo. 
Pasa luego á demostrar la unidad doctrinal de los cuatro Evangelios 
en lo tocante al concepto sobrenatural de la persona de Jesucristo; el 
sentido también sobrenatural ó espiritual del reino de I >ios y de la nue- 
va paternidad divina con respecto al hombre. Explica luego v compara 
las dos fórmulas evangélicas, Hijo del hombre é Hijo de Dios, igual- 
mente aplicadas á Jesucristo, y pone terminó \l los estudios sobre los 
Evangelios, demostrando la misión redentora de Jesús y la verdad his- 
tórica de la Resurrección. La obra, no solamente es interesante por la 
naturaleza de las cuestiones y por la actualidad de los puntos contro- 
vertidos, sino también por la forma en que está escrita, y que parece la 
más eficaz para atraer á los hombres incrédulos por la inteligencia y 
por el corazón.— P. Honorato del Val. 



Mallorca durante la primera revolución (1808 á 1814), por Miguel 
S. Oliver.— Palma, imprenta de Amengual, 1901.— Un volumen de 
680págs. en 4.° 

Con entera verdad, y sin ningún linaje de apasionamientos, podemos 
encarecer el valor positivo de esta obra, escrita con esa limpieza y bri- 
llantez de frase y con la natural elegancia en estilo que son propieda- 
des exclusivas de los grandes escritores; obra riquísima en datos pere- 
grinos y de erudición escogida y oportuna, pensada con madurez de 
juicio y con *el espíritu reflexivo de quien sabe descifrar el sentido 
oculto de los acontecimientos; obra, en fin, que juzgamos digna de ex- 

5 



66 BIBLIOGRAFÍA 



traordinaria alabanza, por resplandecer en ella, además del mérito le- 
gítimo como manifestación histórica, las cualidades y ventajas de un 
trabajo artístico que deleita y atrae el ánimo del lector como un inte- 
resante pasaje novelesco. El Sr. Oliver, conocido ya como brillante 
prosista y profundo crítico por sus estudios literarios, ha conseguido 
con su reciente libro resucitar, ó á lo menos representar en cuerpo y 
Blma, toda una época histórica, del mismo modo que su maestro el ve- 
nerable Quadrado logró también lo propio en su admirable estudio 
Forenses y ciudadanos. 

Exprimiendo con mano de artista el jugo de preciosos manuscritos 
relativos á aquellos tiempos, ha condensado lo más característico y ge- 
nuino de una generación no lejana, es verdad, ni completamente des- 
conocida, pero sí estudiada siempre de un modo demasiado general y 
vago, ó atendiendo únicamente á un aspecto parcial de la misma. Ha 
procurado el escritor mallorquín, como él mismo indica en el prólogo 
del libro, hacer una selección de sucesos, detalles y párrafos expresi- 
vos, diciendo al lector: aquella sociedad pasó, pero he aquí su huella, 
la misma que ha respetado el tiempo; he aquí su lenguaje, el mismo 
que habló y escribió; he aquí sus despojos, sus atavíos y su perfume, 
los mismos que la engalanaron. Y nadie crea que lo limitado del esce- 
nario prive, en nada, de interés y de importancia al recito histórico. 
Palma fué en aquella sazón, fuera de Cádiz v u la única ciudad española 
libre siempre de enemigos y aquella en que mayor fermentación inte- 
lectual y política se produjo. Estudiado este grupo, no hay más que 
prolongar la perspectiva y tendríamos una historia nacional, porque el 
problema es únicamente cuantitativo, no de calidad.,, 

Con todo nuestro entusiasmo felicitamos al docto director de La Al- 
mudaina por su hermoso libro, cuya lectura estimamos necesaria para 
quien desee conocer de un modo cabal y exacto una de las épocas más 
agitadas y revueltas de nuestra historia. Inútil es advertir que en tra- 
bajos de esta índole es de todo punto imposible que todos los juicios \ 
consideraciones sean indiscutibles; pero sí añadiremos que- el Sr. Oli- 
ver lo ha sacrificado todo á la fidelidad histórica.— P. R. del I 'alie. 



Año Sacro, por D. Félix Sarda y Salvanv, presbítero, Director de- la 
Revista Popular.— Barcelona. Librería yTipografía Católica, $01. 
I )<»s tomos de 561 y 580 págS,; 4." rústica. 

Harto conocido es el Sr. Sarda y Salvany para que nos detengamos 
ae|uí á hacer su presentación á nuestros lectór< 5. Aparte de su bondad 

intrínseca, el solo nombre- del ilustre é infatigable autor del Año Sacro 

es por sí garantía suficiente de su utilidad é importancia. Todas las 
obras de tan entusiasta v apostólico propagador de las buenas lecturas, 



BIBLIOGRAFÍA 67 



han producido y producirán saludables y copiosos frutos en todas las 
clases de la sociedad, habiendo merecido por ello repetidos alientos y 
bendiciones de nuestro Santísimo Padre León XIII; pero el Año Sacre, 
que podría considerarse como nuevo por su forma, ha de producir, á 
nuestro juicio, más abundancia de bienes por su peculiar carácter. En 
él ha acertado á reunir (el Sr. Sarda los misterios y festividades más 
principales del año, haciendo de cada uno amenísimos estudios por su 
fondo, á veces poético, y por su forma, siempre clara, natural y asequi- 
ble á todas las inteligencias, y dando un sustancioso compendio de lec- 
tura útil y provechosa, de instrucción sólida y necesaria, y de apología 
valiente de nuestra santa religión. Una nota altamente simpáticajencon- 
tramos también en el Año Sacro, y es la unión que en él se hace de la 
teoría con la práctica, intercalando su autor el modo de santificar cada 
día de los meses de Marzo, Mayo, Junio y Octubre, dedicados á San 
José, á la Virgen, al Sagrado Corazón de Jesús y al Rosario, y precio- 
sas novenas con que celebrar otras solemnes festividades. 

Como se ve, pues, el Año Sacro reúne cuantas condiciones se pue- 
dan exigir á obras de su género, que son al mismo tiempo de lectura 
amena y piadosa y de devoción cristiana, destinadas á producir salu- 
dables frutos en todo género de lectores, y especialmente en el seno de 
la familia, que es la piedra de toque, por decirlo así, de la espiritual 
regeneración del mundo. Ya era conocido antes de ahora el Año Sacro, 
y su aceptación entusiasta y universal prueba, mejor que cuanto nos- 
otros digamos, su verdadero interés. El año pasado, con motivo de la 
celebración del Jubileo, publicó el Sr. Sarda esta segunda edición, gran- 
demente aumentada y enriquecida con muchos y preciosos fotograba- 
dos.— P. G. Antolin. 



Timoteo, ó Cartas á un joven teólogo , obra postuma del célebre 
apologista Francisco Hettinger, doctor en Filosofía y Teología, y 
profesor de esta última facultad, ofrecida á los seminaristas y sacer- 
dotes de los países de lengua española, por el presbítero Diego Las- 
tras.— Friburgo de Brisgovi a t ( Alemania), 1901.— B. Herder, librero- 
editor pontificio.— En 8.° (xvm-620 págs.) l'óO francos. 

El nombre del sabio apologista Hettinger es garantía más que sufi- 
ciente del mérito científico de la presente obra, y la aceptación que el 
ilustrado clero alemán le ha dispensado es su mayor elogio. Pero 
aparte los caracteres extrínsecos que recomiendan el libro Timoteo, 
no tememos afirmar ser más notables y dignas de estima aquellas notas 
ó propiedades intrínsecas sólo conocidas del que atentamente medite 
las sabias doctrinas, magistrales enseñanzas y útilísimos consejos con- 
tenidos en el libro que examinamos. Conócese desde las primeras pági- 



68 BIBLIOGRAFÍA 



nasal maestro consumado en la formación de los sacerdotes, al hombre 
lleno del espíritu y ciencia divinas que, tomando como de la mano al 
joven movido por tocación al estado .sacerdotal, despliega ante sus 
ojos el vastísimo cuadro de la importancia del sacerdocio, de los estu- 
dios indispensables y necesaria práctica de las virtudes requeridas por 
la Iglesia para el digno desempeño de la cura de almas. La vocación, 
el estudio de las humanidades, la filosofía y teología, las ciencias, el 
arte, la Sagrada Escritura, la historia de la Iglesia, la liturgia, en 
suma, todo cuanto debe practicar el seminarista desde los primeros 
pasos que da en la carrera eclesiástica, hasta dejarle colocado ejer- 
ciendo sus funciones en el puesto que Dios le señalare, todo se encuen- 
tra en este libro expuesto con sencillez de forma, pero de un modo 
enteramente original en el fondo, que es ló que constituye, á nuestro 
juicio, su mérito más notable; pues las Cartas á un joven teólogo no 
son un cuerpo de consejos pedagógicos ó de carácter disciplinar, sino, 
por el contrario, luminosas síntesis reveladoras de estudios profundos 
y gran conocimiento del asunto, sobre cada uno de los problemas que 
entrañan la preparación religiosa y científica, y el ejercicio del nuevo 
sacerdote. Es, en fin, un guía experimentado y seguro que enseña la 
importancia que debe atribuirse á cada uno de los estudios, los errores 
que se han de evitar, y los frutos que deben recogerse. ¡ Dichosos, dice 
el Sr. Orti y Lara, los jóvenes teólogos que, buscando un faro para su 
mente, un plan para sus estudios y un guía para su vida sacerdotal, 
toman en sus manos y leen con gusto estas admirables cartas, donde se 
ofrece ante sus ojos, con todos los atractivos de la belleza sobrenatu- 
ral, la preciosa margarita déla sabiduría y de la piedad que deben 
hrillar en el sacerdote!— P. Lucio Conde Padierna. 



Panegíricos pe la Santísima Virgen v de algunos Santos, por el 

Rdo. P. Nicolás Cáceres, de la Compañía de Jesús.— Obra aprobada y 
recomendada por varios señores Obispos.— Friburgo de Brisgovia 
(Alemania), 1901, B. Herder, librero-editor pontificio. Tomo n, s." 
íxu-628 págs.) Kr.(>, ."><>. 

Hablamos en otra ocasión del primer volumen di- esta obra, y poco 
añadiremos sobre el jnieio que nos merece el segundo. Tocos libros, 
ciertamente, han visto la luz pública en la América española .sobre ora- 
toria sagrada, resultando ser esta rama dé literatura cristiana escasa 

en demasía, poco api-opiada á las necesidades del pueblo y desconocida 
del extranjero. Esto no significa carencia de oradores renombrados: 
conocemos a algunos, y nos honramos con su amistad; lo que significa 
es que teniendo cada nación, cada pueblo, sus necesidades, sus \ irtudes 
y vii-ios peculiares, necesita también un género de predicación adapta- 



BIBLIOGRAFÍA 69 



do y conveniente á las circunstancias de tiempo, lugar, ilustración y 
demás condiciones del auditorio. Dicho se está que contravienen á este 
sano consejo, de común sentido, los sacerdotes que equiparan el audi- 
torio de las ciudades americanas con el selecto que admiró la razonada 
y deslumbradora elocuencia del P. Félix en Xuestra Señora de París. 
Por extraño que parezca, así es, y tiene su fácil explicación en que 
existen pocas obras de oratoria sagrada nacidas en aquellos países y 
acomodadas á las condiciones de aquellas cristiandades. El Pulpito 
Americano es, pues, una obra oportuna; su autor, el ilustrado P. Cá- 
ceres, infatigable obrero en la viña del Señor, cuyas relevantes dotes 
oratorias cautivan á la sociedad de la capital de Colombia, y cuya tama 
justamente merecida ha resonado dentro y fuera de su patria, ha dado 
generoso impulso á este ramo de la literatura cristiana con la publica- 
ción de la presente obra, prestando un servicio digno de gratitud á todos 
sus compañeros en el apostolado, y mereciendo por este título caluro- 
sos plácemes de varios señores Obispos de Europa y América. Ade- 
más del mérito de la oportunidad y del ejemplo, es notable el trabajo 
del docto hijo de San Ignacio, porque ostenta en él conocimientos no 
vulgares en las ciencias preparatorias del sacerdocio, la Filosofía y 
Teología; destreza en el manejo de la Sagrada Escritura y de los Pa- 
dres de la Iglesia; sus testimonios elegidos en general atinadamente, 
aplicados con maestría en selecto lenguaje, aunque adolece de térmi- 
nos que pudiéramos llamar americanismos, por usarse sólo en aque- 
llas repúblicas: todo esto embellece su libro y hace de él como un rico 
arsenal de testimonios, argumentos y oportunas reflexiones adonde 
pueden acudir los predicadores á pertrecharse de toda clase de conoci- 
mientos útilísimos para el buen desempeño de la predicación; seguros 
de encontrar multitud de datos y noticias dispersas en muchas obras 
de adquisición difícil para la mayor parte de los sacerdotes, y reunidos 
en pequeño volumen, gracias á la paciente y entusiasta labor del bene- 
mérito P. Cáceres. Notamos, sin embargo, en la aplicación de los tex- 
tos de la Sagrada Escritura, que extiende, á nuestro juicio, demasiado su 
sentido acomodaticio, echando de ver que un texto es aplicado á cosas 
muy diferentes. Sin que esto sea un defecto, sí es algún tanto arbitra- 
rio. Lo mismo decimos en el traducir el sentido de alguna que otra 
frase bíblica: sirva de ejemplo ésta: Tota pulchra es, árnica mea, et 
macula non est in te, que aplicada á la Concepción Inmaculada de Ma- 
ría, traduce así: ''El misterio de la Concepción Inmaculada es el de la 
belleza de María.,, Con todo, merece recomendación la obra, y de de- 
sear es la publicación del tercero y último volumen para completar- 
la.— P. Lucio Conde. 



BIBLIOGRAFÍA 



Fede e Sciexza.— // Dogma e Vevoíuáionismo^ dal Sac, L)ott. Cario 
Kabiani.- Roma: Federico Pustet, 1901.— Vol. i, 88 págs, Vol. n, 
95 págs. en R°— 1,80 peseta. 

Breve y sencilla exposición de los más importantes argumentos, ba- 
sados en la experiencia y autoridad de los patronos del evolucionismo, 
sirve á modo de introducción al primer volumen de la presente obra, á 
la vez que manifiesta el estado de la cuestión y el origen, prodigioso 
desarrollo é increíble expansión del evolucionismo. Sin más preámbu- 
los, afronta el doctor Fabiani con verdadera destreza todas las obje- 
ciones de los evolucionistas, haciéndose cargo del mérito científico de 
sus observaciones, las analiza en sus principios y consecuencias, sin 
herir las convicciones ni fustigar duramente al adversario; resuelve 
una á una todas las dificultades, oponiendo autoridades á autoridades 
y experiencias contra experiencias. Mucha erudición ostenta el doctor 
Fabiani; tanta, que algunas veces resulta, á nuestro modo de ver, enfa- 
dosa esa interminable lista de nombres de toda nación y clase, que se 
interponen y dificultan la lectura de la obra, siempre recomendable 
por su ortodoxia, su fin altamente noble, cual es la defensa de la ver- 
dad revelada, y hasta por su método expositivo profundamente tradi- 
cional. La refutación del evolucionismo aplicado al reino vegetal y 
animal, ocupa gran parte de los dos volúmenes; mas en el segundo trata 
la espinosa cuestión de la conciliación del evolucionismo con los dogmas 
de la Iglesia, y después de narrar de un modo conciso las opiniones de 
renombrados apologistas católicos, favorables á la conciliación, pasa á 
examinar si se puede aplicar la evolución al hombre, y si es posible'tal 
conciliación evolucionista con el dogma católico. Algunos espíritus 
asustadizos concedieron tanta importancia á las experiencias realiza- 
das en pro del evolucionismo, que no temieron admitir sus principios y 
aplicaciones hasta para el cuerpo del hombre; pero el autor de El 
Dogma y el evolucionismo , partiendo de que éste no está probado 
científicamente, que no es más que una hipótesis brillante y de fácil 
eonprensión, pero que no ha llegado á la certeza de la tesis, se inclina 
más bien á la intransigencia, y adoptando el creavit otnnia simitl para 
el reino inorgánico y el animal, admite la acción divina en el desenvol- 
vimiento de los seres, y con relación al hombre, se inclina en favor de 
su origen tal como fué narrado por Moisés en el Génesis, Finalmente, 
analiza en v\ capítulo último la prudente conducta de la [glesia res- 
pecto á la evolución y sus doctrinas, y en las célebres cuestiones dé 
Galileo v Cristóbal Colón, digno remato á está pequeña obra de apolo- 
gética destinada á ilustrar las mentes do la juventud estudiosa oscure- 
cidas con los especiosos argumentos di- ios evolucionistas, y de ios que 

proclaman en todos los tonos el monstruoso é inexistente antagonismo 
entre la ciencia y la le l\ Lucio (Onde Padierna. 



BIBLIOGRAFÍA 71 



Cursus Theologi^e Moralis, progvammati collationumde Theologia 
mor al i a clero pampilonensis diceveseos habitar um accommodatus, 
et jiixta hodiernam doctrinam dispositus, ab Eustachio Jaso et Gil, 
sacrae Theologiae doctore, in Seminario conciliari pampilonensi Rec- 
toris V i ees gerente et Theologiae fundamentalis professore.— Volu- 
men Y. Quaesita continens pertinentia ad annum 1883.— 269 páginas 
en 4.°.— Pampilonae. Ex Typographia Nemesii Aramburu, 1901. 
Reunir en breve y sustancioso compendio los puntos más culminan- 
tes de la doctrina moral que se refiere á los sacramentos de la Euca- 
ristía y Penitencia, y acomodar todo esto al método y forma que hoy 
suele emplearse en este género de estudios, es el objeto que se propo- 
ne el !Sr. Jaso y Gil en la presente obra, titulada Cursus Theologice 
Moralis. Dentro del reducido campo en que voluntariamente se ha en- 
cerrado el autor, no podemos decir que esté mal desenvuelto el asunto 
de este libro, antes bien, desde la primera hasta la última de sus pági- 
nas se nota claridad en las ideas, rigor en el método, templanza en el 
criterio, y aun, si se quiere, abundancia relativa en la doctrina y pro- 
fusión en las citas de los más caracterizados moralistas; pero si hemos 
de hablar con sinceridad, desearíamos ver empleadas en algo de más 
fuste y trascendencia las buenas prendas que adornan y garantizan al 
Sr. Jaso y Gil un éxito feliz en el estudio de la Moral. Es un dolor que 
hombres de positivo mérito, por timidez ó excesiva humildad se con- 
tenten con leves escarceos en las páginas de un folleto, que al fin y á la 
postre ha de ir á descansar en los empolvados rincones de las bibliote- 
cas, y no traten de dejar bien sentado su nombre en el catálogo de las 
ciencias con obras de más alto vuelo y más reconocida utilidad y pro- 
vecho. 

No censuramos, pues, la obra del Sr. Jaso y Gil; pero como en ella 
se dejan entrever todas las cualidades de un buen expositor de Teolo- 
gía moral, nos creemos en el deber de exigir algo más de lo contenido 
en un compendio tan sencillo, es decir, que esperamos se decida á es- 
cribir una obra fundamental y completa.— i 5 . B. G. 



Orate, fratres, seu Euchologium ad usum sacerdotum et clerico- 
rum. Collegit, disposuit, edidit P. Gaudentius.— Friburgi Brisgoviae, 
sumptibus Herder, 1901. En 8.° rúst. de 515 págs. 
Hermoso devocionario en que ha reunido su autor las devociones 
que, para mejor santificarse, han de practicar los sacerdotes; escrito en 
lenguaje sencillo y afectuoso que «recuerda el empleado por algunos 
Santos Padres en sus excitaciones y homilías, con Id. ventaja de haber 
preferido en él las oraciones y devociones enriquecidas con indulgen- 
cias. Le juzgamos de utilidad grandísima para todos los sacerdotes. — 
P. G. Antolín. 



72 BIBLIOGRAFÍA 



El Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, compuesto por Mi 
guel k de Cervantes Saavedra.— Edición microscópica ilustrada con 
dibujos de M. Ángel, grabados por Carretero y Sampietro.— Madrid: 
Saturnino Calleja, l ( X)2.-Un vol. de OW págs. en 16.° 

. Presentada con el gusto y la elegancia característica del acreditado 
editor Sr. Calleja, esta edición, verdaderamente microscópica, del Qui- 
jote, más que obra práctica para la lectura, á no ser para ojos de lince, 
es un capricho de buen género, un alarde de habilidad tipográfica y un 
homenaje de admiración á la obra inmortal de Cervantes, digna de ser 
reproducida en todas las formas y con toda clase de elementos. El li- 
brito del Sr. Calleja es además un bonito regalo para niños de buena 
vista, que pueden ejercitarse en la lectura de caracteres menudísimos, 
y habituarse á saborear el libro más admirable y admirado de nuestra 
literatura.— P. C. M. 



*-<r ¿¿Si-V 1tVr&£>^> 



CRÓNICA 



DE LA REAL BIBLIOTECA ESCURIALENSE 



DICIEMBRE DE 1901 



INCUNABLES ESPAÑOLES. — En estos meses de frío 
intenso, en los que la actividad humana parece rehuir como por 
instinto toda ocupación seria de la inteligencia para entregarse de 
lleno á las dulces expansiones del sentimiento dentro del reducido 
círculo de la familia, forzosamente han de ser muy escasas las 
noticias de interés y actualidad que merezcan consignarse en la 
presente Crónica. Esta circunstancia, en cambio, nos permitirá 
continuar la descripción de los incunables españoles del Escorial, 
con el fin que ya conocen nuestros lectores, de contribuir en la 
medida de nuestras fuerzas á la mayor perfección de la obra 
magna en que un sabio extranjero se propone refundir, corregir 
y adicionar el primero, y hasta ahora único trabajo serio que tene- 
mos sobre la materia, debido á la inteligente curiosidad y al celo 
del benemérito agustino P. Méndez. Aunque las circunstancias 
hayan variado bastante desde el tiempo en que escribió aquel 
diligente y modestísimo religioso, y afortunadamente no puedan 
hoy lamentarse tantos casos y cosas como entonces y después 
ocurrieron respecto al empleo y triste destino de algunos libros 
antiguos, todavía importa mucho y es obra patriótica extender á 
gran número de personas el conocimiento y aprecio de este géne- 
ro de preciosidades, para evitar que se destruyan ó vayan á enri- 
quecer colecciones extranjeras por incuria ó ignorancia de sus po- 
seedores. 

Hemos descrito hasta ahora ediciones incunables, casi totalmen- 
te desconocidas de los bibliógrafos; y aunque las que en adelante 
examinaremos aparecen ya casi todas registradas ó descritas en 
una ú otra monografía, hemos creído, sin embargo, necesario ha- 



74 CRÓNICA DE LA REAL BIBLIOTECA ESCURíALBNSE 

cer de ellas una descripción nueva y detallada, que se ajuste á los 
procedimientos actuales y subsane las omisiones y defectos en 
que generalmente han incurrido los antiguos bibliógrafos. 

24. Bonaventura (S).— Incendium amoris.— Monserrat, Juan 
Luschner, 27 de Mayo 1499. 

8.°— 32 hs. sin fol.— sign. a— d 8 .— á línea tirada.— 27 lin. por 
pág.— let. jgót. de tres tamaños— capitales impresas suplidas al- 
guna vez por minúsculas.— Filigr. torre con una cruz encima. 

Port. «Liber sancti Bonauenture | qui incendium amoris dici= | 
tur alias régimen conscien= | tie velfons vite.» A la vuelta, gra- 
bado en madera que parece ser el escudo del Monasterio.— Fol. (2). 
«(E) Uigilans vero aíaz | meam tanqzfrigiditate...»— Sign. b: «vel 
affettum supnorum ciuivm vel ad ipsum...» Fol. dij. lin. 22: «Finü 
paruum bonü vel regi= | men conscietie sancti Bona= | uenture 
qd' uocat, fons vite.— Ib. verso: «Incipit opus contemplatóis doc= | 
toris seraphici Sancti Bonauéture | per hebdomadam.» Fol. (dvm.): 
«Amen. Finit opusculum sancti Bonauentu= | re meditationum.»— 
Id. verso «fc Explicit paruO bonü: siue regime" | conscientie: quod 
vocatur fons vite | vna cum ope contemplationis. ad | omnes ho- 
ras canónicas per totaz | hebdomadam a seraphico doctore | san- 
cto bonauentura editum. ad per I máxima vtilitatez in vita spiri- 
tua= | li proficere cupientium in Monaste | rio beate Marie virgi- 
nis de monte | serrato, ordinis sancti benedicti de | obseruantia. 
Impressum per Joha i nez luscher alamanü. Sub impensis | eius- 
dem monasterii. Anno domini | Millesimo quadringetesimo nona= 
— gesimonono. xxvij, mensis Maij. — | Deo gratias.» — Méndez, 
página 174. n°. 38.— Hain. n°. 3.500. 

25. Bonaventura (S). Meditation es. — Monserrat, Juan Lus- 
chner. 16 de Abril 1499. 

8.°— 196 hs. sin num.— Sign: a— z x 8 ^ 6 .— 27 lin. por pág. — let. 
gót. de tres tamaños.— Capitales impresas, sustituidas, al fin, por 
minúsculas.— Filigrana: torre con una cruz encima. 

Port: «Liber meditationu vite do | mini nostris iesu christi.» 
Fol. (2). «Prologus meditationu vi= | te dñi nri iesu xpi. Cap. j.»— 
Luego sigue la tabla que acaba á la vuelta de la 7. a hoja — Fol. (8). 
«<& Incipit prologus meditationüz | vite domnii nostri Jesuchristi 
s'm | deuotum sanctuz Bonaucnturam. | Capitulum. j.— (I)Ntcr alia 
virtutuz | * lauduz...»— Sign. b: «Clara matre ac ducfssa tua...» 
Acaba en el fol. (197), con el siguiente colofón: «& Expliciüt me- 
ditatioes quas san= | ctus scripsit BonauStura de vitaet | passione 



CRÓNICA DE LA REAL BIBLIOTECA ESCURIALENSE 



domini nostri Jesu christi. | ad permaxima vtilitate in vita spi= i 
rituali proficere cupiétium, in Mo | nasterio beate Marie de monte 
ser= | rato, ordinis sancti Benedicti d'ob= | seruantia Impressum. 
per Johanez luschner alamanum, Sub impensis | eiusdem monas- 
terij. Anno dñi. M.° | cccc.° lxxxxviiij. xvj. mens' Aprilis. | Deo 
gratias.» Escudo del monasterio, abreviado del que aparece á la 
vuelta de la portada del «Incendium amoris.» 

Los dos tratados anteriores se hallan encuadernados en un vo- 
lumen, en 8.° perg. bastante usado.— Méndez, pág. 173, núm. 35. 

26. Buenaventura (S.)— Estimulo de amor.— S. 1., n. de impr. 
y a. [Tolosa de Francia— Enrique. Mayer— hacia 1489.] 

4.°— 145 X 9o mm .— 160 hs, s. num. y s. recl. nireg.— Sign. a—v, 
de8hs.-let got. de un solo tamaño.— huecos paralas capitales 
en b. ú ocupados por minúsculas.— 25 lin. por pag.— Solo se nume- 
ran en el pliego a las hojas 2. a y 3. a y en los demás la 1. a y 3. a , 
siempre con las cifras romanas / y //. 

Hoja en b.— Fol. a i. (e) Nel nombre de dios padre x dios | fijo i 
de dios spiritu santo... Amen.— Este libro el qual coveniblemente 
puede ser | llamado estimulo de amor del muy dulce x piadoso ihesu 
en tres partes es departido t | compúsolo el doctor seráfico frey 
buena vé | tura de la orden de los fray res menores— (E) N la pri- 
mera parte se tracta...» etc. Sigue la tabla de lo que contienen las 
tres partes en que está dividido el libro, y la de los capítulos de la 
primera parte, seguida inmediatamente del texto que empieza á la 
v. del fol. a ij. lin. 12: «(C) Orred gentes 4 venid de todas partes...» 
—Fol. {i vi v ): Tabla y texto de la 2. a parte. —Fol. o tv: Tabla y texto 
en la 3. a parte. En el texto el cap. 15 está numerado XVII, y sigue 
la equivocación hasta el final. Termina todo el texto á la v. del fol. 
v. vn v , lin. 13: «do trabtado por que loe a dios todo spiritu | amen.» 
—Ultima h. en b., con estas palabras mss. «este es el mas escelente q 
puede auer en todos los libros.» Los caracteres de este impreso son 
idénticos á los empleados en el Boecio de consolación (Tolosa, por 
maestro Enrrique Mayer, 1488), que tengo delante. Después le en- 
cuentro atribuido al mismo impresor por Mr. Maignen.— Méndez- 
Hidalgo, p. 400, n. 19. 

27. [Bula de indulgencia plenaria concedida á favor de la 
Iglesia de Pamplona.]— Sin indicaciones tipográficas [¿Pamplona, 
Guillen de Brocar, h. 1499?] 

Hoja volante de 75 X 155 mm impresa por una sola cara y en el 
sentido de su longitud, con caracteres góticos menudos, menos los 



76 CRÓNICA DE LA REAL BIBLIOTECA ESCURIALBNSE 

de la 1. a línea, que son más grandes y gruesos. Tiene 18 líneas. En 
el espacio en blanco que se dejó para el nombre de la persona en 
cuyo favor se otorgase la gracia, se escribió primero el de Catha- 
lina de Sada, tachado después y suplido por el de Miguel de Ver- 
net. La indulgencia la concedió Alejandro VI á favor de los que 
contribuyesen con limosnas á la reparación de dicha iglesia. Está 
la h. autorizada con el sello especial del Cabildo, en negro, y otro 
no bien definido en seco. Comienza: «Vniuersis xpi fidelib': Salute in 
dño. Nos prior % capitulo ecclie | cathedralis pápilonens'...» Es de 
suponer que la imprimiese en dicha ciudad Guillen de Brocar que 
tenia allí oficina en los últimos años del siglo xv. Se halla este do- 
cumento adherido al interior de la 2. a tapa del impreso 85-vn-21 que 
contiene varios incunables extranjeros. 

28. Cartagena (D. Alonso de).— Oracional de Fernán Pérez- 
Murcia, Gabriel Loy2 Arinyo y M. Lope de la Roca, 26 de Marzo 
de 1487. 

Fol.— 198 X 135 mm .— 84 hs. s. num. y s. recl. ni reg.— Sign. 
a— /* 8 i 6 k 8 l 6 — 32 lin. por pag. -letra got. de un tamaño.— huecos para 
las capitales enb.; ocupados por letras mayúsculas de mano en 
rojo y azul.— Filigrana: mano y estrella.— Ejemplar bien conser- 
vado, de amplios márgenes. En el margen inferior de la 2. a hoja 
hay un escudo de armas pintado en colores. 

1. a h. en b.— fol. aij: «Tractado que se llama oronal de femad 
peres, por que contie j ne respuesta a algunas questiones q fizo el 
noble cauallero ferná | p'es de guzmá al reuerendo padre virtuoso 
perlado don alfonso | de cartajena de buena memoria obispo de bur- 
gos, tocantes á la | fiel * deuota orón ^c— Prologo.— (C) Uydaua 
noble varón q los ciuiles trabajos...» Fol. a iij v , lin. 4. a : «Letra men- 
sajera de ferna peres.» Fol. a iiij. lin- 7 : «pfacio | () Odre dezir á vos 
studioso cauallero.»— Fol. a iiij v «Respuesta — Capitulo primero— 
( ) Reo yo muy prudente varón nó vos ser abscondido...» Signé él 
texto dividido en 58 capítulos y un ultílogo que acaba con el fol. 
(i vi) vuelto. «Siglos. Amen Deo gracias. 

Fol. kj: «Conteplacion mezclada con orón copuesta en latin. 
* tornada en | lenguaje castellano por el reuerendo padre virtuoso 
pifiado don al | fonso d' Cartagena... sobre el psalmo del prophcta 
dauid q comisca judgame dios: este psalmo | dize el sacerdote.. >etc. 
Traduce el salmo y le comenta verso por verso terminando á la 
vuelta del fol. k vm. 

Fol. 1 i v : «Aqueste es comienco de vn tractado que fizo sañt i<>- 



CRÓNICA OH LA RBAL BIBUOTKCA JflSCUKÍ ALKNSE 77 

han crisosto | mo arcobpo de costantinopla el qual demuestra, t 
concluye que | ninguna persona se daña, o es dañada si no por s> r 
mesma, * el rey | don iua ij de castilla, * de león de muy gl'iosa 
memoria lo embio | al reuerendo padre virtuoso perlado don alfon- 
so de Cartagena— obpo de burgos para q le embiase sobre ello su 
declaración.— ( ) o so q a qualesquier psonas.» 

Fol. 1 ij: «Comieco déla glosa, x declarado quel reuerendo pa- 
dre virtuoso | perlado don alfonso d'cartagena... fizo sobre el dicho 
comisco x pfacio d' sant. iua crisostomo.— ( ) mbiome madar vra 
excelencia...» 

Fol. (1 v. v ) «Coplas q fizo el noble cauallero femad perez d' 
guzman sobre la | muerte del reueredo padre virtuoso piado don 
alfonso d'eartage | na de laudable memoriaobpo d'burgos su buen 
amigo.»— (A) quel Séneca espiro...» 

El fol. 1 vi v , col 1. a contiene la última copla y el siguiente colo- 
fón: «A gloria, * alabanca de nro sal | uador y redemptorihu xpo. 
fue | este libro destos tres tractados | acabado en la mny noble, x 
leal | cibdad de murcia, por manos d' | los honrados Gabriel loys 
ari | nyo notario, x maestre Lope de | la roca Impressores d' li- 
bros lu | nes a xxvi dias de marco año | de mil, x cccc. 1 xxxvij. 
años.» 

En la misma Biblioteca existe otro ejemplar de esta hermosa 
edición, pero falto del cuadernillo k, ó sea del 2.° tratado: Contem- 
plación mesclada de oración. El ejemplar existente en el estudio 
florecianoyqueelP. Méndez describe en su Tipografía, (pág. 151, 
n. 2) estaba igualmente falto del tercer opúsculo. V. Florez, Es- 
paña Sagrada, t. xxvi, pág. 397 y sig.; Méndez, ib.; Diosdado Ca- 
ballero y otros. 

29. Castrovol (Fr. Petrus de).— Scriptum seu commentum 
super libros Ethicorum.— Illerdse, Henricus Botell, 2 Aprilis, 1489. 

Fol. a dos col.— 208x136 mm. — 210 hs. s. num.— Sign. a — vr s 
stvu-z, de 8 hs., menos el t que es de 10.— let. got. de dos tamaños, 
—minúsculas en los huecos de las capitales. — Filigr.: cabeza, línea 
perpendicular y estrella.— Buen papel.— Hermoso ejemplar, proce- 
dente de la librería de D. Diego de Mendoza. 

1. a h. en b.— Fol. a ij, col. 1. a : «Incipit scriptü seu cometo su | 
per libros ethico4 philo- sophi ari | stotelis factü per fratre petrü 
de || castrouol ordis frm mino4: ac sa | ere theologie magistrum 
natione | hyspanü de regno ligionSsi: x de | villa vocata mayorga 
•quodqklem | scriptn seu comento factü e super | nona traslatione 



73 CRÓNICA DE LA REAL BIBLIOTECA BSCURIALENSE 



leonardi aretini. — (P) Roposui hoc op formare karissime...» Ter- 
mina el texto al fol. (z VII), col. 1. a , con este colofón: «Doctoris 
preclarissimi Reueredi mri pe | tri fris de castrouol sacri ordinis 
mk>4 p' | fessoris eximii lectura explicit sup'libros | ethico4 s'm 
noua leonardi aretini transía | tione dignissima studiosissime emé- 
data | et castigata p Reuerendz magistrum | fratre gaspare cascant 
eiusdez vite ac re | ligionis pfessore. Cathedram alme lecti | onis 
theologie ordinarie legete I insigni | ylerdesi vniuersitate. Et p 
dñm hencü I botell psbiter4 ylerde impressa ano saluti | fere na- 
tiuitatis domini nostri iesu cristi | - 1489. die. n. mesis aprilis. Dicto 
autz | opus p prefatuz eximiuz doctorem fuit in | ceptum die. 25. 
aprilis anno. 1479. Et | ab eode feliciter fuit consumatO. 20 die. mé | 
sis septebris i vigilia sancti Mathei apo | stoli * euangeliste anni. 
1480.»— Columna en b.— Incipit registrum.— Pag. en b. Méndez-Hi- 
dalgo, pag. 111. 

30. Catalina de Sena (Santa). — Epístolas y oraciones.— 
[¿Siglo XV?] 

Este impreso, que incluimos en la primera lista abreviada de 
incunables escurialenses, sospechándole como tal por el aspecto 
de su papel granuloso y de sus hermosos caracteres góticos muy 
semejantes á los empleados por Hurus en los últimos años del 
siglo XV, no es sino un ejemplar incompleto de la edición hecha en 
Alcalá de Henares, en 1512, por el célebre tipógrafo Arnao Guillen 
de Brocar. Aunque le faltan las hojas 1, 8 y 9 de los preliminares, 
y la última en que se contenía el colofón, en los demás detalles 
coincide exactamente con la descripción que de este libro hace el 
Sr. García en su Tipografía Complutense, n.° 12, considerándole, 
y muy justamente, como una de las más bellas ediciones de Alcalá. 

31. «Gathonem glosatum | et moralisatum.— S. 1., n. de 
impr. y a. [¿Caesaraugustae, G. Coci, 1500?| 

4.° 135x85 mm- 70 hs. sin num. y s. recl. ni reg. — Sign. a-ir i 
let. gót. de dos tamaños.— huecos para las capitales, solo en los 
preliminares y en el comienzo del texto. 

Pon. con el tit. trascrito.— v. en b.— fol. a 2: «(Sj vmmi deus 
largi= | tor premij...» Es la invocación, á la que sigueen el mismo 
folio el prólogo «(L) Egimus in cántico prouerbio* salomonís...» 
que termina al fol. (a v), lin. 36, con' estas palabras: lli^ \ isis 
littera videa t'» Fol. (a V v «) (O Um animaduertere...» Termina 
el texto de los dísticos y del comentario al fol. (i v) «ExpIiciCM 
glosule cathoniset est verbum defectiouO.» Sigxie una pág. y una 



CRÓNICA DE LA REAL BIBLIOTECA ESCURIALBNSB 79 



h. en b...— Por la invocación y la copia de textos bíblicos que se 
leen en el prólogo, se comprende que el glosador sea un eclesiás- 
tico, quizás el M. Martín García, autor de una traducción en verso 
castellano, ó más bien aragonés, de los mismos dísticos catonianos. 
En el prólogo se exponen las diferentes opiniones de los críticos 
acerca del autor y época á que pertenecen las célebres sentencias 
que llevan el nombre de Catón. El impreso, á juzgar por su papel 
y sus caracteres tipográficos, pudiera muy bien ser de fecha pos- 
terior á la señalada; pero le considero de todos modos como pro- 
cedente de Zaragoza y de las prensas de Coci. 

32. Cesar (Gayo Julio). — Los comentarios.— Toledo, Pedro 
Hagembach, 14 de Julio 1498. 

Fol. á dos colum.— 216x154 mm, 10 hs. de tabla y proemio, s. 
num. -f- CLIX fols.-hl h. en b. -f-5 hs. s. num. de índice geográfico.— 
sign. a 6 b 4 a— C 6 D 3 1 6 (la 1. a en b.) —Capitales de adorno, menos en 
los comienzos de los libros, en que están sustituidas por minúscu- 
las.— let. gót. de dos tamaños— 42 lín. por pág.— Ejemplar bien 
conservado. 

Port.: (Esc. de armas de los Reyes Católicos, y debajo el título.) 
«Los comentarios de Gayo Julio | Cesar.»— v. en b.— Tabla de los 
comentarios.— col. y pag. b— Fol. (b. IV). «Prohemio.— Traslació 
d' los cometari | os de Gayo iulio cesar de la | tin en romace fecha 
por. f rey | Diego lopez de Toledo co | mendador de Castilnouo: | 
de la orde d' Alcatara fijo de | Ferrñdaluarez de Toledo: | Secre- 
tario del Rey do Fer I dinado: * Reyna doña Is«a= | bel señores 
nros: y del su cósejo: y comí | enea el prohemio enderescado por el 
dicho comedador al serenissimo príncipe | don Juan nuestro señor. 
— (L) Os antiguos sabios Romanos...» Fol. I: Libro primero etc. 
Fol. LXIIII v col. 2. a : «Prohemio de Aulo hircio | en el octavo 
libro de la gue= | rra de f rancia que añadió en ¡ los comentarios 
de Gayo 1 julio cesar.— (f) oreado con tus cótinuas bozes balba...» 
Termina este libro al fol. LXXIIII, col 2. a , y siguen los tres libros 
de Cesar «de la guerra con los ciudadanos Romanos.»— Fol. CIX v : 
col. 1. a : «Libro quarto de los comentarios d' Aulo hircio o opio 
de la guerra de Alexandria.» Fol. CXXXIII v - «Libro quinto de los 
comentarios d' Aulo... déla guerra de África.» Fol. CLI. «Libro 
sexto de los comentarios dA.uk>.. . de la guerra de España.» 
Fol. CLIX v - Colofón: «Aquise acaban los comentarios de Ga= | 
yo julio Cesar en rromace. Imprimidos en la muy noble | ciudad 
de Toledo á costa del muy horrado mercader. Mel | chior gorricio, 



M) CBÓNJCA DE LA RFAL BIBLIOTECA V8CUR1 ÁLENSE 



por maestre Pedro hagembach alemán. A | quatorze del mes de 
julio, Año del nascimiento de nue= | stro señor Jhesu cristo 
de M.CCCC.XCVIII años.— Esc. del impr.— ¿h. en b?-«Tabla de 
los lugares, x prouincias x Rios.»— Pag. en b. 

El traductor tenía diecisiete años cuando hizo ésta versión 
en 1497.— Pérez Pastor: Imprenta en Toledo, n.° 11. 



.Libros recibidos.— El Excmo. Sr. Duque de Loubat acaba 
de honrar á esta Biblioteca con un nuevo y espléndido regalo, 
enviándole un ejemplar de la obra monumental recientemente 
publicada por el doctor Seler , con el siguiente título : « Codex 
Fejérváry-Mayer. Eine altmexikanische Bilderhandschrift der 

Free Public Museums in Liverpool (-^-), auf kosten Seiner Ex- 

eellenz des Herzogs von Loubat herausgegeben. Erlautert von doc- 
tor Eduard Seler, Professorfüramerikanische Sprach-Volk-und Al- 
terthumskunde an der Universitat in Berlín. —Berlín. MDCCCCI.» 
Es un volumen en folio, portada á dos tintas, de vi -230 páginas 
(dedicatoria al Duque, texto ilustrado con numerosos grabados é 
índice), mas 22 láminas con figuras, en tinta roja. Aunque el objeto 
principal de la obra es explicar el códice pictórico anunciado en 
la portada, y cuya reproducción foto-litográfica hemos recibido 
anteriormente, el Dr. Seler aprovecha cuantos elementos le pro- 
porcionan otras recientes publicaciones loubatiana$ del mismo ca- 
rácter para difundir nueva y copiosa luz sobre el calendario, el ri- 
tual y otras antigüedades de los pueblos nahuatles. Lo lamentable 
es que mientras la Universidad de Berlín cuenta, con una cátedra 
para la explicación de la historia primitiva americana, cuya fun- 
dación se debe igualmente á la munificencia del duque de Loubat, 
apenas existe un solo representante de estos estudios en España, 
en cuyas bibliotecas y archivos necesariamente han de encerrarse 
aún preciosos documentos que ilustren la historia antigua de las 
que fueron nuestras colonias. Bien es verdad que tenemos para 
rato con el estudio de la propia historia, *in que nos metamos ú 
averiguar la ajena. 

Entre los prospectos ^ recibidos merecen especial mención, por 
tratarse de una versión latina del Heptateueo, anteriora la de San 



CRÓNICA DK LA REJAL BIBLIOTECA ESCURIALBNSE 81 



Jerónimo, contenida en un hermoso códice uncial del siglo IV, 
único en su género, el de Codex Lugdumensis Hept at cuchi vel 
scptem primorum Biblicc librorum versio latina antiquissitna 
Lugdunensis Ecclesice, prima 7 Galliarum Sedis. Lucís opera in 
lucem editus, sumptibus Dr. E. Pelagaud, qui prefatus est et 
adjecit prolegomena histórica et exegetica. (Lugduni, apud Em. 
Vitte. 3. Platea Bellecour. 3. MCMI.I La reproducción exacta de 
este famoso códice bíblico por los procedimientos anastásicos de la 
Casa Albert Frish, de Berlín, viene á satisfacer por completo las 
exigencias de la crítica, de la filología y de la paleografía, que 
hasta ahora sólo contaban con un medio imperfecto de estudio en 
la publicación anteriormente hecha de este texto por los procedi- 
mientos ordinarios. Se hacen tiradas en papel de Holanda, en pa- 
pel del Japón y en pergamino, cuyos ejemplares costarán respec- 
tivamente 300, 500 y 1.400 francos. 

Acaba de publicarse el primer volumen del Dictionnaire des 
Ventes d' Art faites en France et á V Etranger pendant les X VIII me 
et XIX' ne siecleSy de Mr. H. Mireur, que ha de prestar inmensos 
servicios á cuantos se interesan en cuestiones de Arte. En esta 
obra, que constará de 6 á 8 volúmenes, al precio de 25 francos cada 
uno, aparecerá el resultado de más de 3.000 ventas públicas de 
cuadros, estampas, miniaturas, etc.; se registrarán los nombres de 
cerca de 30.000 artistas y los precios de 150.000 piezas aproxima- 
damente. 



Noticias.— En virtud de las diligencias hechas para relacionar 
á esta Biblioteca con los grandes centros literarios de Europa, y 
que hasta ahora nos vienen dando resultados muy satisfactorios, 
pronto recibiremos, á cambio de La Ciudad de Dios, las importan- 
tísimas Memorias que publica la Sección de Filosofía y Letras de 
la Academia Imperial de Viena, y que contienen estudios de espe- 
cialísimo interés para nuestra Biblioteca. 

—Tenemos delante el primer cuaderno de la notable Revista de 
bibliografía catalana, que desde Enero del próximo pasado año 
de 1901 publica en excelente papel y con exquisito gusto tipográ- 
fico la imprenta y librería U Avene, de Barcelona. Es lástima 
que sus editores se limiten á las publicaciones en los dialectos de 
Cataluña, Baleares, Rosellón y Valencia, que podrían reducirse 

6 



82 CRÓNICA DB LA KKAL BIBLIOTECA BSCL'RlALBNSB 



á una sección de la misma Revista, y no abarquen toda la produc- 
ción literaria de dichas regiones. De todos modos > la nueva Revista 
promete ser un excelente medio de información en el maremágnum 
de publicaciones modernas, y viene á demostrar una vez más la 
necesidad imperiosa del inventario ó la estadística literaria para 
que los amantes del saber puedan estar al corriente del movimien- 
to intelectual. 

— La Revista de Archivos, órgano importantísimo de los estu- 
dios de erudición en España, contiene en su número de Noviembre 
último dos artículos que interesan de algún modo á la Biblioteca 
del Escorial. Titúlase el primero Una vindicación del astrónomo 
árabe Albatenio y una rectificación á Platón de Tivoli, Regio- 
montano y Delambre, y en él utiliza el Sr. D. Ramón Escandón el 
texto original de Albatenio, recientemente publicado por Nallino, 
conforme al códice escurialense, para corregir las apreciaciones 
inexactas que respecto al astrónomo árabe formularon los mencio- 
nados autores. El otro artículo, suscrito por A. Aguiló, versa acer- 
ca de la Colección de encuademaciones, que perteneció á D. Ma- 
nuel Rico y Sinobas y que ha sido recientemente adquirida por el 
Estado para la Biblioteca Nacional. En dicha colección aparecen 
noventa encuademaciones como procedentes de nuestra Biblioteca'. 

—En virtud de Real orden de 2 de Diciembre, han sido devueltos 
á esta Biblioteca los códices P-ni-2, L-n-12 (mss. de San. Pedro Pas- 
cual) y S-n- 13 (varios) que habían sido remitidos á la Biblioteca 
particular de S. M., los dos primeros en 9 de Junio de 1900 para 
ser copiados por la persona que designase la Comunidad de Reli- 
giosas de Alarcón, y el último en 19 de Marzo de 1901, para ser 
estudiado por D. R. Menéndez Pidal. En virtud de otra Real orden 
de la misma fecha se remite á dicha Biblioteca, y á petición de- 
Sr. Menéndez Pidal, el códice escurialense Y-j-2, que es primera 
parte del X-i-4, remitido ya á la misma dependencia y con el mismo 
objeto en 24 de Agosto de 1900. 

—La sala de lectura y estudio sólo se ha visto frecuentada este 
mes por varios Padres Agustinos del Monasterio y de los Colegios 
de D. Alfonso XII y de doña María Cristina. 

—Desde el 1.° de Diciembre, y por iniciativa del Exemo. Sr. In- 
tendente de la Real Casa y Patrimonio, que no pierde ocasión al- 
guna para aumentar los atractivos de la octava maravilla, queda 
abierta al público la exposición permanente de bordados y otros 
objetos artísticos que se acaba de instalar en la Sala Prioral baja. 



CRÓNICA DE LA REAL BIBLIOTECA ESCURIALENSB 83 

contigua al museo de pinturas, conocido con el nombre de Salas 
Capitulares. La Biblioteca, en cuyas vitrinas se exhibía ya lo más 
peregrino que conserva en materia de miniaturas y encuadema- 
ciones artísticas, ha contribuido á la nueva instalación con un li- 
bro de dibujos estarcidos, de los que sirvieron, según se cree, para 
elaborar los espléndidos ornamentos de esta Basílica. Dicho libro 
procede del estante 28, consagrado casi exclusivamente á guardar 
dibujos y estampas. 

P. Benigno Fernández, 

O. S. A, 

1.° Enero 1902. 



CRÓNICA GENERAL 



Madrid-Escorial, t.° (fe Huero de ¡002 
I 

EXTRANJERO 



Roma.— En el Consistorio secreto celebrado por Su Santidad en la 
última quincena de Diciembre pronunció el Papa una magnífica y sen- 
tida alocución deplorando los males que puede reportar á Italia el pro- 
yecto de ley acerca del divorcio. Con sumo gusto reproduciríamos 
aquí, si el espacio de esta Crónica lo consintiese, el documento íntegro 
lleno de serena amargura y de venerable majestad, y en el cual palpi- 
tan lo* sentimientos dolorosos que atormentan el alma del augusto 
Pontífice en los últimos años de su larga y gloriosa vida. "Aun cuando 
quisiéramos hablaros de agradables asuntos, empezó diciendo León XIII, 
sin embargo, nos vemos obligados y como constreñidos por las circuns- 
tancias actuales á haceros partícipes de las amarguras por consecuen- 
cia de las cuales^este último período de nuestra vida transcurre en me- 
dio de perpetua inquietud. Las causas que dañan á la paz de la Reli- 
gión católica son múltiples, se las halla en todas partes, y ninguna de 
ellas está desprovista de gravedad. No es Nuestro deseo señalarlas 
ahora una por una; pero sí queremos llamar la atención sobre un peli- 
gro extraordinariamente grave para la fe y las costumbres, un azote 
interior y doméstico que no debe, en manera alguna, tomar cuerpo sin 
que Nos levantemos la voz. ;Era necesario que Italia, después de las 
terribles revoluciones por que ha atravesado, se hallase expuesta al 
mal supremo del divorcio, que atenta contra la santidad del matrimonio 
y que relaja los sagrados lazos de familia, respetados hasta ahora aun 
por las discordias civiles? Si los años dan alguna autoridad, si Nuestra 
voz apostólica tiene la Influencia que merece, si, en fin, el interés pa- 
ternal que nos inspira nuestra patria común se tiene en algo, no sólo 
advertimos, sino que también conjuramos ardientemente, por cuanto 
estimen más querido y más sagrado, á todos los que hayan de deliberar 
sobre el proyecto de ley de divorcio, para que renuncien á hacerlo... 

Últimamente se ocupó el Consistorio en la provisión de Sedes epis- 
copales de España, siendo designados: el Sr. obispo de Jaén, para la 



CRÓNICA GENERAL. 85 



de Madrid; el de Tarazona, para Zaragoza; el de Menorca, para Jaén, y 
el Sr. Salvador y Barrera, canónigo del Sacro Monte de Granada, para 
Tarazona. 

—El día 23 de Diciembre recibió Su Santidad al Sacro Colegio que, 
según costumbre, acudió á felicitarle. León XIII dirigió la palabra á la 
Corte pontificia lamentando las graves dificultades que embarazan ac- 
tualmente la bienhechora influencia de la Iglesia. "Se trata, dijo, de ha- 
cer á las masas enemigas de la Iglesia; se persigue á las Ordenes 
religiosas y se hacen leyes en oposición á las que son eternas.,, Aludien- 
do al socialismo, que amenaza á la organización social, y para com- 
batirle, dice que sólo los católicos pueden hacerlo, siguiendo las ins- 
trucciones de la Iglesia, único medio también. de aliviar á las clases 
populares. Nuevamente condenó el divorcio y recomendó la unión de los 
católicos para contrarrestar el creciente progreso del socialismo. 

—La Sagrada Congregación de Ritos se reunió hace días para deli- 
berar acerca de las materias siguientes: 1. a Introducción de la causa de 
beatificación y canonización de lasierva de Dios María Dionisia del Ver- 
bo Encarnado, capuchina profesa en el monasterio de Fanane, en la 
archidiócesis de Módena. 2. a Aprobación y concesión de los Oficios y 
Misas en honor de algunos Santos de Escocia, así como los elogios que 
deben figurar en el apéndice del Martirologio de aquellos Santos. 
3. a Aprobación y concesión del Oficio y Misa en honor de los bienaven- 
turados mártires Francisco, Isidoro Gagelin y José Marchand, de la 
Sociedad de Misiones extranjeras, domiciliada en París. 4. a Aproba- 
ción y concesión á la Orden de San Juan de Dios de la secuencia para 
la Misa de su Santo Fundador. 5. a Reconocimiento y estudio de la nue- 
va edición, corregida y aumentada, del Misal ambrosiano. 

—La reina Margarita, viuda de Humberto I, acaba de devolver á 
los Capuchinos de Roma parte de los bienes que les fueron confiscados 
en 1871. Desde dicha fecha el convento de la plaza Barberini era pro- 
piedad del Estado. Parte del edificio había sido demolido para la aper- 
tura de una nueva calle, otra parte pertenecía á la enfermería de los 
religiosos de Roma, y el jardín estaba arrendado á la Administración 
de Propiedades del Estado, con lo cual los Capuchinos no tenían una 
pulgada de terreno suyo; pero habiendo sido puesto en venta el citado 
jardín, lo adquirió la reina Margarita para devolvérselo á sus legíti- 
mos propietarios» 

—VOsservatore Romano publicó recientemente una nota de mucho 
interés para los polemistas católicos, la cual ha sido reproducida por 
toda la prensa de gran circulación, y objeto de muchos comentarios. 
Dicha nota dice así: "Algunos redactores de periódicos ó Revistas cató- 
licas se permiten á veces contestar con palabras injuriosas á sus cole- 
gas y dar á las polémicas un tono de arrogancia y acritud que sienta 
muy mal á su profesión de católicos, agria cada vez más los ánimos y 



86 CRÓNICA GENERAL. 

no puede menos de producir funestas divisiones en el campo de la ac- 
ción católica. Las polémicas de este género deben cesar inmediatamen- 
te, por sumisión á la augusta voluntad que el Padre Santo ha manifes- 
tado en más de una ocasión, y que recientemente ha confirmado en el 
Breve dirigido al Congreso católico de Tarento. En este documento ha 
invitado y exhortado vivamente á los que se consagran á la acción ca- 
tólica á dejar á un lado toda discusión y á dirigir jasí las fuerzas de to- 
dos á un solo y exclusivo objeto, con el fin de que no se busque ya más 
en vano entre ellos los frutos de la armonía y de la concordia.,, 

* 
* * 

Inglaterra.— El asunto de interés capital y el que mantiene siem- 
pre vivos los temores del Gobierno británico es, sin disputa, la campaña 
terrible del Transvaal. Y la guerra sigue durando, y los alientos del 
pueblo boer, lejos de decaer, son tan vigorosos hoy como al romperse 
las hostilidades, y los sobresaltos y desastres del ejército inglés se su- 
ceden con una constancia aterradora. Difícil es predecir nada que ten- 
ga probabilidades de seguridad en esa lucha tan asombrosa y heroica. 
Después de la desgracia que acompañó á las armas inglesas en la pri- 
mera quincena del mes pasado, por haber empleado los boers la gue- 
rra de guerrillas, nuevos desastres, y algunas tremendas derrotas han 
sobrevenido recientemente á las mismas, y en puntos en que constaba 
oficialmente que no quedaba un boer en pie de guerra. 

Por de pronto, las Pascuas de Navidad son terribles para los ingle- 
ses que combaten en el Sur de África. En 1899 debían festejar alegre- 
mente la Nochebuena en Pretoria. Sabido es lo que pasó entonces. Lord 
Roberts fué á Pretoria en 1900, pero en medio de luchas y preocupacio- 
nes que aun este año impidieron á los ingleses festejaren paz esta fecha 
memorable. Por lo menos los ingleses esperaban resarcirse este año. 
Los boers no estaban todavía reducidos á la sumisión, pero ésta no se 
haría esperar mucho. Lord Kitchener avanzaba en su empresa á pasos 
de gigante; con sus líneas atrincheradas, con sus columnas volantes, 
ganaba terreno constantemente. Desde hacía ocho días 'no se hablaba 
más que de expediciones rapidísimas dirigidas contra los boers. La des 
moralización, la impotencia aumentaban de día en día. Pronto presen' 
tarían proposiciones de paz. lira cosa hecha, y en rVetoria" como en 
Londres, la Christmas de 1901 iba á aparecer sobre deliciosas perspec- 
tivas. Y en todo esto no había más que ilusión, como la ha habido siem 
pre en Ion megalómanos d»- Londres \ del Cabo desde Los orígenes de 
la guerra. Los boers no estaban desanimados ni inactivos, Se estaban 
preparando; y si desde hace ocho días lord Kitchener no hablaba del 
• n< migo masque para señalar incidentes afortunados, a la postre se 
ha visto obligado á confesar que ios boers no se han presentado nunca 



CRÓNICA GENERAL. 87 



<xm mayor actividad, ni nunca han sido más temibles. Según los tele- 
gramas de Londres, ha habido encuentros en el África austral en toda 
la línea (mejor sería decir en todas las líneas), y en el Cabo ha hecho su 
aparición un nuevo comando boer. En el Orange y en el Transvaal, los 
subordinados de lord Kitchener han experimentado vivas emociones. 
Los telegramas relatan estos encuentros con una sobriedad en los de- 
talles y resultados, que dicen mucho acerca de los aspectos desagrada- 
bles de esta guerra para los ingleses. Lo de Vredefort, lo de Tafelkop, 
lo de Beguiderlyn, en el que lord Kitchener habla de pérdidas impor- 
tantes sin mencionarlas, parecen haber sido encuentros eminentemente 
desagradables para los ingleses. Si ni en 1899, ni en 1900, ni en 1901 han 
podido disfrutar las Pascuas con la felicidad apetecida, consuélense 
pensando que las podrán disfrutar en 1902; y si al llegar esta fecha no 
han conseguido todavía la pacificación absoluta de los boers, apunten 
a las Pascuas de 1903, y así sucesivamente. 

—A última hora anuncian los telegramas la noticia de un espantoso 
descalabro para los ingleses en Tweefontein. El mismo lord Kitchener 
telegrafía diciendo que la mitad de la columna Firman ha sido hecha 
prisionera por los boers. El da por enteramente cierto que hubo en di- 
cho encuentro seis oficiales muertos, nueve heridos y cuatro desapare- 
cidos ó prisioneros. Los informes del Gobierno atribuyen el hecho á 
una sorpresa y á la superioridad numérica del enemigo. Sin (embargo, 
se dice que los boers no llegaban á 1.300 hombres, y que el número de 
prisioneros hechos por ellos asciende á más de la mitad de dicha cifra. 
La prensa inglesa no acierta á explicarse lo que ha pasado en Twee- 
fontein, y que un comando importante como el de Dewet, compuesto 
de 1.200 hombres, pudiera trepar, á lo alto del monte, ocupado por los 
ingleses, sin que los centinelas se dieran cuenta de lo que ocurría ni 
pudiera organizarse la defensa. Un diario de oposición denomina al ci- 
tado hecho "otro Majuba," y dice que los ingleses se han entregado ne- 
ciamente al enemigo. El fuerte se hallaba completamente aislado, y el 
oficial que lo mandaba ha dado pruebas de gran negligencia no escalo- 
nando los centinelas necesarios. El ejemplo de Majuba hubiera servido 
.de enseñanza. La prensa alemana cree que la situación de los ingleses 
en el África del Sur es sumamente precaria; que todos los puestos dé- 
biles tendrán que ser reforzados con tropas procedentes de la Colonia 
del Cabo, dejando, por consecuencia, á su capital en evidente peligro. 
Impónese, pues, el envío inmediato de mayores refuerzos, y ya se había 
pensado en sacarlos de la India inglesa; pero tampoco la situación de 
ésta permite distraer fuerzas. Inglaterra conseguirá, sin duda, alistar 
algunos millares de voluntarios, á costa de grandes sacrificios pecunia- 
rios; pero sin las condiciones necesarias para entrar en campaña en 
seguida, y el pueblo inglés reconoce ya que sin hacer grandes conce- 
siones no podrá lograrse la paz. 



88 CRÓNICA GENERAL. 



—Coincidiendo en gran parte con este modo de pensar, hace unos 
días pronunció un discurso de gran resonancia política lord Rosebery, 
el cual, hablando de la guerra sudafricana, llega á afirmar lo siguien- 
te: -Inglaterra se ha atraído la mala voluntad de casi todas las nacio- 
nes del globo, lo cual constituye un elemento lleno de peligros más ó 
menos inmediatos. Las naciones europeas tienen la falsa idea de que la 
guerra que hemos emprendido es la de un Imperio poderoso, animado 
de la sed de oro, contra dos pequeñas repúblicas. Desde los comienzos 
de la guerra se habría debido dirigir á los agentes del Rey en el extran- 
jeroun telegrama recapitulando las medidas que habíamos tomado para 
obtener justiciaparanuestrosconnacionalesque habitaban el Transvaal, 
negociaciones que terminaron en lo que yo considero como el ataque 
motivado del Gobierno boer contra el territorio británico. Así se ha- 
bría atenuado la animosidad de las demás naciones." Lord Rosebery 
protestó luego contra los ataques de los periódicos extranjeros al ejér- 
cito inglés, y añadió: "Es necesario proseguir la guerra hasta el fin 
con toda la energía y con todos los recursos de que somos capaces. 
Nuestro honor, nuestra reputación, el porvenir del Sur de África exi- 
gen que terminemos esta guerra con tanto vigor y rapidez como sea 
posible. Pero yo creo que el término natural de la guerra es una paz 
regular y un arreglo regular. Por este motivo, yo acogería favorable- 
mente toda proposición de paz procedente de una autoridad responsa 
ble, y más especialmente si estas proposiciones venían del Gobierno 
desterrado, que en parte se encuentra en el país habitado actualmente 
por Krüger. Puede suceder que sea éste un Gobierno desacreditado, 
por más que no está probado que lo sea ante su propio pueblo. Pero es 
el único Gobierno que ha estado en guerra con Inglaterra, y que, en 
defecto de otro, conserva todavía algunos vestigios de su pasada auto- 
ridad." 



Alemania.— A la vez que el vicealmirante de la escuadra íran- 
ha dado una prueba gallarda de buen sentido y de levantadas miras e! 
Kaiser alemán, manifestando su aversión enérgica á enante se relaeio 
ne con el duelo. El hecho fué harto carioso y merece consignarse. Pitre 
Berliner Tagebiatt: "Nos llega de Postdam una noticia de extraordi- 
naria importancia relativa a una escena que 96 desarrolló allí el 1." de 

Diciembre. En dicho día, el emperador al salir de la iglesia se dirigió 
A pie al cuartel en que se aloja el primer regimiento de la Guardia, 
donde estaban reunidos todos los oficiales del mism<». Además, se ha- 
llaban presentes el ministro de la GueWa, von Gossltr, y el teniente 
general von Kessel. Todos eM<>s preparativos hadan suponer que w 

trataba de un aeto militar de extraordinaria importanei;i, y la oxpeeta- 

ción aumentaba ai ver que el Emperador no vestía el uniforme del re- 



CRÓNICA GENERAL. 89 



pimiento, como acostumbra en tales casos, sino el de húsares de la 
Guardia. Se aguardaban importantes declaraciones del Emperador; 
pero nadie sabía cómo habían de hacerse. Se nos ha referido que el Em- 
perador tuvo noticia de que dos jóvenes oficiales del regimiento, hijos 
de distinguidos generales, habían dicho en un banquete que, á pesar de 
las prohibiciones del Emperador, se batirían si se ofendía su honor. 
Después del almuerzo, que se sirvió en el cuartel al Emperador, mandó 
éste que el coronel von Plettenberg repitiese sus terminantes disposi- 
ciones contra el duelo. Acto seguido el Emperador ordenó que se ade- 
lantasen los dos oficiales en cuestión, cuyos padres estaban presentes, 
y dijo ante toda la- oficialidad: u Aunque al padre de uno de ellos le 
aprecio y distingo mucho, y el padre del otro es uno de los generales 
más eminentes, expulsaré á sus hijos del ejército sin contemplación 
ninguna, como lo haré con cualquier otro oficial, sea quien sea, que no 
observe mis disposiciones terminantes contra el duelo. No llevo el uni- 
forme de mi regimiento, porque este hecho me ha disgustado en alto 
grado, y lamento que esos jóvenes oficiales hayan motivado este dis- 
gusto^ Dicho esto, el Emperador se despidió de la oficialidad saludan- 
do militarmente. Estas palabras del Soberano tienen excepcional im- 
portancia. En adelante ya sabe todo oficial alemán que al reparar pol- 
las armas cualquier ofensa inferida á su honor, contraviene á las ór- 
denes imperiales y se hace reo de insubordinación. Y aunque estas dis- 
posiciones se contraen al ejército, es de esperar que producirán saluda- 
ble efecto en todas las clases de la sociedad.,, 



América: Chile y la Argentina,— La cuestión suscitada por motivo 
de territorios en ambas repúblicas, ha tenido muchas complicaciones y 
tantas fases, que hoy no sabemos á punto fijo cuál ha de ser su resolu- 
ción definitiva. Al principio se creyó por todos que lograría el conflic- 
to un término satisfactorio para los dos pueblos contendientes, acudien- 
do al arbitraje del rey de Inglaterra y separando entrambas repúblicas 
sus tropas de los terrenos en litigio; pero poco después de haberse fir- 
mado el protocolo, el Heraldo de Nueva York publicó un despacho de 
Buenos Aires afirmando que el Sr. Pórtela, ministro plenipotenciario 
de la Argentina, advirtió que se había modificado en dicho protocolo, 
que ponía término á las diferencias pendientes, una palabra que cam- 
biaba el sentido de una cláusula. Al decir de un telegrama de Was- 
hington recibido la pasada noche, informes de origen diplomático afir- 
man que se ha abierto de nuevo la controversia entre la Argentina y 
Chile. Añaden que la firma del protocolo ha producido gran descon- 
tento en Buenos Aires. Aseguran que el representante de la Argentina 
en Chile, Sr. Pórtela, en su última entrevista con el Sr. Yáñez, minis- 
tro de Negocios Extranjeros de Chile, le manifestó que le era de todo 



90 CRÓNICA GENERAL. 



punto imposible dar su conformidad á ciertas condiciones anteriormen- 
te por él aceptadas, y en particular á la que se reñere á la retirada de 
la policía argentina del territorio de Ultima Esperanza y al arbitraje 
del rey de Inglaterra, Lo más grave, sin embargo, del despacho men- 
cionado es la siguiente frase: "Este cambio de actitud se considera como 
una ruptura entre Chile y la Argentina. r — P. R. del V. 



u 

ESPAÑA 

Ya tenemos cerradas las Cortes y á los ministeriales bañándose en 
agua de rosas, porque al fin ha quedado legalizada la situación econó- 
mica. No podrá quejarse el Sr. Sagasta de las oposiciones, pues le han 
dado pruebas de una verdadera disciplina parlamentaria á la que han 
sacrificado todo interés de partido. La comisicn de presupuestos ha 
estado también muy galante con el Gobierno. Todo, al fin, se ha arre- 
glado pro bono pacis como asunto é interés de familia bien avenida. 
Que el presupuesto de ingresos es deficientísimo y en no pocos capítu- 
los andan la justicia y la equidad por los suelos, todos lo reconocen, sin 
exceptuar gran parte de la mayoría, y hasta algún individuo de la co- 
misión; pero eso, claro está, pierde toda su importancia ante la necesi- 
dad parlamentaria de no empezar el año 1902 sin que fuera ley votada 
en Cortes la farsa del presupuesto. Enmiendas y artículos adicionales 
los ha habido á porrillo: algunas, como las del diputado carlista Sr. Llo- 
rens, recargando el impuesto sobre las localidades de las corridas de to- 
ros con el 100 por 100, y otra elevando el impuesto sobre los sueldos que 
se cobren en el extranjero á un 50 por 100, siempre que el cargo que re- 
tribuyen no requiera la ausencia de España en los que los ejercen, de- 
bieran haberse aceptado sin discusión; pero eso ¿hubiera sido faltar 
abiertamente á un plan premeditado, y, por lo tanto, fueron desechadas 
sin explicar siquiera las razones de la repulsa. Igual suerte ha corrido 
también otra del Sr. Paraíso, proponiendo la supresión total del im- 
puesto de consumos, y expresando las contribuciones que habrían de 
sustituirle, enmienda que, aunque sólo fuera por el interés especialí8Í- 
mo que- hace tiempo viene concediéndose á la cuestión de consumos, 
de la que tanto se ha escrito, debiera haber merecido otra acogida del 
Gobierno y de- la comisión, para dar á lo menos al presupuesto alguna 
apariencia de formal. A nadie ha satisfecho la obra presentada por el 
Sr. Urzáiz, y mucho menos la* manera de aprobarla. Para hacer lo que 
hacemos con los presupuestos, ha dicho uno de ios prohombres de la 
política, sería mejor que en adelante la obra financiera se (redujese á 
este artículo único: "En el año próximo se gastará lo que se quiera 



CRÓNICA GENERAL. 91 



cobrará lo que se pueda;,, crítica sangrienta de la farsa política en to- 
dos los órdenes. Como es natural, poquísima importancia han podido 
conceder las Cortes á los demás asuntos políticos en la quincena: al- 
gún golpe de efecto como el del Sr. Romero Robledo al hablar de la 
justicia en Asturias, y las pitadas de los diputados libertarios, dispues- 
tos siempre á convertir el salón de sesiones en teatro de motines y 
escándalos, amén de cierta frase gorda del señor conde de Romanones 
pronunciada desde el banco azul del Congreso, y á la que puso muy 
oportuno correctivo el Sr. Navarrorreverter llamando al señor conde 
Ministro de la educación nacional, han sido las únicas notas de sensa- 
ción que han dado variedad á la obligada monotonía de los presu- 
puestos. Un incidente ruidosísimo, sin embargo, ha sido objeto de vivos 
comentarios y ha podido tener, si no ha de tener todavía, trascenden- 
cia política. La infame campaña emprendida por la parte más avan- 
zada de la prensa radical contra la real familia, tuvo una repercusión 
en el Congreso, que obligó á una alta personalidad á exponer al señor 
Sagasta sus quejas contra las autoridades que dentro y fuera del Con- 
greso dejaban indefensa hasta la honra personal de la !más elevada re- 
presentación de las instituciones. Con tal motivo se habló con insisten- 
cia de una inminente crisis,"corrieron rumores de proyectos de inter- 
vención muy enérgica de los militares en el asunto, y circularon mu- 
chas versiones de diverso género. Parece que la campaña, llevada 
hasta un punto que indica el más hondo rebajamiento moral y un com- 
pleto desconocimiento de toda noción de caballerosidad, es el prólogo 
destinado á preparar luctuosos días para cuando el rey D. Alfonso XIII 
llegue á la mayor edad. 

—Uno de los asuntos que más han dado que hablar, y no sin razón, 
ha sido el reciente decreto del Sr. Ministro de la Guerra sobre "el ma- 
trimonio entre militares,, de tanta trascendencia, y que cuando llegue 
el día de su discusión, ha de producir indudablemente acaloradas po- 
lémicas. El general Weyler ha dicho que no tiene un criterio cerrado, 
y que atenderá las observaciones que se le hagan siempre que se con- 
serve lo sustancial del decreto; pero como precisamente en lo sus- 
tancial del mismo es donde radican las justísimas y tremendas protes- 
tas que ha levantado, no sabemos la actitud que tomará el Sr. Minis- 
tro de la Guerra en la campaña que contra él ha de hacerse cuando se 
lleve á las Cortes. Nosotros, por hoy, ni tenemos espacio para ello, ni 
queremos entrar en el análisis de esa disposición: sólo diremos que, á 
nuestro juicio, ese decreto es altamente depresivo, y que su implanta- 
ción traería como consecuencia necesaria una serie de desórdenes y 
disturbios en el orden moral, llevaría la intranquilidad al seno de las 
familias, y haría grandes estragos en el elemento militar. No {creernos 
que prospere, porque chocará contra la opinión casi unánime del pue- 
blo y será combatido por el mismo ejército, aunque otra cosa nos pu- 



92 CRÓNICA GHNBRAL. 



dieran hacer creer las apariencias con que ha de revestir su actitud la 
disciplina de la Ordenanza. 

Además de este decreto, ha dado otro el general Weyler sobre reti- 
ros de las escalas activas, que ha merecido un aplauso del ejército, y 
tiene anunciado otro prohibiendo á los militares vestir de paisano. ¡Oja- 
lá pudiéramos aplaudir el del matrimonio como aplaudimos éstas últi- 
mas disposiciones, que realmente redundarán en prestigio y realzarán 
la dignidad militar...! 

—Durante toda la quincena viene dando materia á la prensa la im- 
ponente huelga de Barcelona. Comenzó el día 16 lanzándose á la calle 
unos 8.000 obreros de las artes metalúrgicas, y días después se hacía 
general. Aunque, afortunadamente, los huelguistas se han mantenido en 
una actitud relativamente pacífica, no han faltado atropellos, sustos, 
heridos y demás lindezas que llevan siempre consigo éstos desórdenes 
sociales. Al cerrar esta Crónica, la huelga sigue sin dar señales de can- 
sancio y sin llegar á un acuerdo entre obreros y patronos. Caracteres 
tan graves, por lo menos, como la de Barcelona reviste la huelga que 
ha vuelto á recrudecerse en Cádiz. El Sr. Sagasta, en un Consejo de Mi- 
nistros, se ha felicitado por el buen aspecto que presenta el conflicto 
obrero, y cree que no esté lejana la solución. El que no se consuela es 
porque no quiere, y la verdad es que tantos y tan repetidos han sido 
los disturbios y los escándalos obreros durante el poder liberal, que 
ya casi nos vamos acostumbrando. Claro es que en esto hay mucho 
de arbitrario, y no todos aprecian la cuestión con la sangre fría y la 
frescura del Gobierno. La prensa, en general, está bastante pesimista, 
y si no, ahí va como prueba lo que dice un diario de la corte, al anali- 
zar el estado actual, qué para el presidente del Consejo es tan tranqui- 
lizador. u En Barcelona, dice el periódico á que aludimos, la huelga 
toma caracteres gravísimos; los grupos de socialistas apedrean á Los 
agentes de Orden público, y éstos disuelven los grupos á estacazos. En 
Castellón de la Plana más de k quinientas familias quedarán en la mi- 
seria absoluta por la paralización de los talleres. En Elche está á 
punto de estallar el mismo conflicto. En Cádiz la intranquilidad conti- 
núa y se teme quede un momento á otro vuelva á rodar por las ca- 
lles el motín anarquista y sacrilego. Mientras tanto, la prensa repu- 
blicana redobla sus procaces insultos á las instituciones fundamentales; 
la Asamblea, titulada de Los Amigos de la Enstftansa, no bien ha 
inaugurado, sus tareas, mejor dicho, en el acto de inaugurarlas, se ha 
manifestado francamente demagógica, hasta el punto de que el señor 
conde de Romanónos ha tenido que aetuar de CODS4 r\ ador; en esto 

congresillo el Sr. Sales > Ferré ha despotricado acerca de la degene 

ración de las estirpes regias, con aplauso de la concurrencia v DOChOl 
no del ministro de la Corona que presidía el acto." 

Vecrologla. Ha fallecido en la Seo tic Urgelel limo. s r. I >. Ramón 



CRÓNICA GENERAL. 93 



Cabanas, Obispo de aquella diócesis. Además de Obispo, era príncipe 
cosoberano del Valle de Andorra, haciendo poco tiempo que con tal 
carácter había visitado este último punto, con objeto de prestar el obli- 
gado juramento. El Sr. Cabanas había tomado posesión en 24 de Sep- 
tiembre último de la diócesis que regía, cuando ha venido á sorpren- 
derle la muerte. 

—No ha sido sólo la muerte de tan ilustre Prelado la que ha llevado 
el dueloá los corazones cristianos: otra muerte que será muy llorada, 
es la del Excmo. Sr. Marqués de Vallejo, persona conocidísima y de 
caritativos y piadosos sentimientos, como lo demuestran los muchos 
establecimientos benéficos edificados y sostenidos á sus expensas, en- 
tre otros, el hospital de epilépticos de Carabanchel, el asilo de los 
huérfanos de la Guardia civil de Valdemoro, y varios más en diversas 
poblaciones. Fué diputado á Cortes desde 1859 á 1865, y senador vita- 
licio hasta el 68. Cánovas le concedió de nuevo la senaduría vitalicia 
en 1877. En estos últimos años permanecía alejado de la vida política. 
Fué el primer marqués de |Vallejo, título que se le concedió en 1864. 
Era también caballero investido con el collar de la Orden de Carlos III, 
caballero gran cruz de Isabel la Católica, individuo de la Real Maes- 
tranza de Caballería de Zaragoza, caballero de la Orden del Mérito 
Militar, vocal de la Junta provincial de Beneficencia de Madrid y gen- 
tilhombre de cámara con ejercicio. 

—También ha fallecido, con tan cristiana muerte como era de espe- 
rar de su piadosa vida, nuestro querido amigo D. Arturo G. de Terán, 
Administrador del Real Patrimonio en El Escorial. Encomendamos á 
Dios el alma del buen amigo V acompañamos á su religiosa familia en 
su justo dolor.— R. I. P. 

P. R. G. 



MISCELÁNEA 



DOCUMENTOS REFERENTES 

AL CONGRESO CATÓLICO DE COMPOSTELA EN 1902 



Carta del Emmo. y Rmo. Sr. Cardenal Rampolla al Eminentísimo 
Sr. Cardenal Arzobispo de Compostela. 

Eminentísimo y Reverendísimo señor mío estimadísimo. 



Habiendo cumplido con gusto el encargo que V. E. me hacía en su 
apreciable carta del 16 del mes que va á terminar, me es muy grato el 
informarle que el Padre Santo se ha enterado con placer de la diligen- 
cia que V. E. emplea en preparar y disponer todo cuanto puede facili- 
tar el buen resultado del Congreso Católico que en el año próximo debí 
celebrarse en esa ilustre ciudad. El Padre Santo se ha dignado lijar de 
un modo especial su augusta atención sobre los puntos del programa 
que me ha comunicado V. E., y encontrándolos acomodados al criterio 
de oportunidad en cuanto al tiempo, y de eficacia práctica respeto al fin, 
ha tenido palabras de mucha alabanza para V. E. y para los Prelados 
que le auxilian en orden al mencionado Congreso. A la especial dili- 
gencia que los Prelados do la Provincia compostelana empleen en los 
preparativos de la futura Asamblea, corresponderá, sin duda, cuando 
llegue la hora de su celebración, el celo de los demás Obispos de Espa 
ña; por lo cual es de esperar que el Congreso que so celebre ¡unto al 

sepulcro del Apóstol Santiago, residir de gran utilidad para los int< 

m-s religiosos deesa nación. El Padre Santo endereza desde ahora á 
tal fin la especial bendición, que con toda la efusión de mi alma envia a 
V. E. y á sus sufragáneos. Mientras me complazco en Informarle' de 
estos benévolos afectos del ánimo de Su Santidad, le beso humildemen- 
te las manos, y consentimiento de profunda veneración me honro de 



MISCELÁNEA 95 



ser de V. E. humildísimo, devotísimo servidor verdadero.— M. Carde- 
nal R ampolla.— Roma 29 de Octubre de 1901.— Al Sr. Cardenal José 
Martín de Herrera, Arzobispo de Santiago de Compostela. 



Acuerdos tomados en la oonferenoia episoopal oelebrada en Mon- 
doñedo por los Prelados de esta Provincia eclesiástica en los 
dias 10, 11 y 12 de Ootnbre de 1901. 

Congreso Católico.— Sesiones del Congreso. Se propondrán á su 
examen las Memorias que versen sobre los siguientes temas: 

1.° Independencia de Su Santidad el Papa. 

2.° Defensa de las Ordenes religiosas en España. 

Y 3.° La libertad académica de la enseñanza, según la ley funda- 
mental. 

Cada tema será objeto de una Sección, sin perjuicio de que el Conse- 
jo lo subdividida en varios puntos para su más amplio desarrollo. Tam- 
bién podrá señalar otro tema sobre la llamada cuestión social, que será 
objeto de una cuarta Sección. 

Conferencias privadas de los Prelados.— Los Prelados celebrarán 
conferencias privadas durante el Congreso, y sus acuerdos se consig- 
narán¿en libro reservado, que llevará el Obispo-Secretario nombrado 
en la primera conferencia. 

Será objeto preferente de estas conferencias el estudio de los medios 
más eficaces de realizar en toda España la unión de los católicos, se- 
gún las bases dictadas en el Congreso de Burgos, y para que sea más 
práctica la acción del Consejo Central de Congresos y la de la Comi- 
sión ejecutiva de Obispos, presidida por el Emmo. Cardenal Primado. 
Se ruega á nuestro Cardenal Arzobispo que invite especialmente á 
dicho Cardenal Primado para que se digne presidir el Congreso próxi- 
mo de Santiago. 

Sesiones públicas del Congreso.— Los discursos de las sesiones pú- 
blicas versarán sobre los temas siguientes: \ 

1.° Mercedes que España, y principalmente Compostela, deben al 
Pontificado Romano. 

2.° Acción que incumbe á los católicos, en las actuales circunstan- 
cias, para la defensa de las Ordenes religiosas. 

3.° Derechos de los padres de familia en la instrucción y educación 
de sus hijos. 

4.° Derechos de la Iglesia en la enseñanza pública, sea oficial ó 
libre. 

5.° La democracia cristiana. 



96 MI8CBLÁNBA 



V ().° Las manifestaciones públicas y externas del culto católico, 
según las lew-. 

Para tomar parte en la discusión de los puntos puestos al estudio d»* 
las Secciones del Congreso, se necesita: 

1.° Haberse inscrito en la Secretaría de la Sección como individuo 
de la misma Sección. 

'2.° Pedir la palabra por escrito antes de abrirse la sesión respecti- 
va, con expresión del tema que se propone desarrollar. 

3.° No se permitirán más de tres discursos en pro del tema de la po- 
nencia, y otros tres en contra. 

Y 4.° Caso de que se hayan inscrito más oradores, se dará la prefe- 
rencia en pro al primero que se haya inscrito, y en contra al que se 
aparte más del dictamen de la ponencia. 

(Continuará.) 



«^«r^v^X" ^jP+r^gy^-^— 



LAS CAUSAS FINALES EN LA CIENCIA 



(i) 



Ni con la selección natural por sí sola, como la entendía Dar- 
win, ni combinada con la adaptación, como quiere Herbert-Spen- 
cer, ni con la teoría quimiotáxica, cabe comprender el origen de 
los órganos de los sentidos. Si la doctrina de estos señores y de 
sus numerosos partidarios explicase, siquiera de un modo grosero, 
la aparición de una mancha de pigmento en una sustancia sar- 
códica, capaz de iniciar la estructura y el funcionalismo de un 
elemento óptico, no les exigiríamos la explicación ni siquiera 
de los glóbulos coloreados de los conos retiñíanos de las aves, ó 
de los bastoncitos verdes de los batracios (2), ó de los dos em- 
palme^ nerviosos y protoplasmáticos que hay en las capas de la 
retina, justos y precisos para dar paso á la conmoción visual, ni 
otras asombrosas maravillas como se ven en el órgano de la 
visión de los vertebrados, y mucho menos el origen de las lágri- 



(1) Véase la pág. 41 de este volumen. 

(2) Gómez Ocafta, en su Fisiología Humana, tomo n, pág; 282-3, 
Madrid, 1900, pregunta '"por qué están á contraluz los conos y los bas- 
tones, mirando á la coroides, en vez "de estar dirigidos hacia el humor 
vitreo, por donde la luz llega,,, y dice: "porque la Naturaleza se ha 
preocupado en asegurar la visión de los animales con todas las ilumi- 
naciones. Esos aparatos de visión, sobre todo los bastones, son extraor- 
dinariamente sensibles á las vibraciones luminosas, y para defenderse 
del exceso de luz, aparecen vueltos hacia la coroides, no recibiendo 
más cantidad de aquélla que la que refleja esta membrana.., De lo con- 
trario quedarían ciegos los animales. Los conos desempeñan el papel 
principal en la visión de los objetos, y de aquellos pende la acuidad vi- 
sual y la apreciación de los colores. 

En los conos de las aves y reptiles hay esferitas coloreadas diferen- 
temente (azules, anaranjadas, etc.), pero sobre todo rojas. En las rápeas 
diurnas, como las águilas, dice Cajal, las esferitas rojas y amarillas de 
los conos tienen por objeto moderar la violencia de los rayos de onda 
breve, para que resulten en justa proporción con los de onda más larga, 
es decir, que eliminan radiaciones de breve longitud de onda. Todos 
estos hechos prueban evidentísimámente que hay finalidad en el órgano 
de la visión de los animales. 

La Ciudad de Dios..- Año XXII.— Núm. 692. 7 



98 LAS CAU8A8 FINALES EN LA CIENCIA 

mas producidas por ideas y sentimientos sublimes. Mas preten- 
der dar cuenta de esos prodigios sin la racional explicación de 
lo primero, es una prueba de atrevimiento y osadía, por no califi- 
carlo de otro modo. «Las equilibraciones directas ó indirectas del 
organismo para que ciertos parajes del epidermis se adapten á la 
acción de las ondulaciones del éter ó del aire, combinadas con la 
influencia perfeccionadora de la selección útil,» son palabras hue- 
ras para engañar á los tontos, y no tienen significación alguna 
positiva como lenguaje de la ciencia en el estudio del órgano vi- 
sual; porque «hay que convenir en que es casi imposible imaginar 
la aparición ó el modo de formación de ciertas variaciones inicia- 
les que representan el punto de partida de la evolución. Así, por 
ejemplo, no se concibe bien por qué las manchas pigmentarias ú 
ojos rudimentarios de los vermes {Turbellaria, Trematodes , etc.) 
son redondas, pares, y residen precisamente sobre la piel que cubre 
el ganglio supra-esofágico, y no sobre la correspondiente á otros 
focos nerviosos-, ni por qué andando el tiempo apareció delante de 
la mancha pigmentaria y del nervio subyacente, nada menos que 
un espesamiento epidérmico lenticular, cuyo radio, índice de re- 
fracción, etc., etc., parecen calculados para proyectar una imagen 
distinta en la expansión del nervio óptico. Menester es confesar 
que, aun apelando al principio de selección natural, es imposible 
explicar satisfactoriamente estos maravillosos aparatos de rela- 
ción, causa eficiente probable de la superior jerarquía dinámica 
del ganglio cefaloideo y del oficio rector que éste ejerce, sobre to- 
dos los demás focos gangliónicos» (1). Más aún: «cuando se esta- 
blece en el órgano de la vista el campo visual común, se crea, en 
virtud de una adaptación anatómica y fisiológica, el fascículo di- 
recto. Este fenómeno extraordinario de adaptación (2) es sin 
disputa una de las mayores dificultades que pueden oponerse á la 
doctrina corriente (3) de la selección natural. En efecto; en armo- 
nía con los principios del darwinismo, habría que imaginar un 
mamífero de visión panorámica, el cual, en virtud de variación, 
hubiera logrado aumentar la movilidad de sus ojos hasta el punto 
de superponer una parte del campo visual; pero como semejante 



(1) Santiago R. y Caja!: & sistema nervioso del hombri y de los 

vertebrados, tomo i, pág. 8. 

(2) Supongámoslo asi 

(3) Ya no lo es. 



LAS CAUSAS FINALES EN LA CIENCIA 99 

mutación, no acompañada de creación de fascículo directo, aca- 
rreó la diplopia, e» decir, un grave defecto de la visión, no se con- 
cibe cómo la selección natural pudo fijar y acentuar progresiva- 
mente una disposición notoriamente perjudicial al animal en que 
se inició. Para que la selección pudiera obrar en este caso, fuera 
preciso suponer que, en cuanto apareció el campo común, se des- 
entrecruzó inmediatamente una parte de las fibras ópticas cruza- 
das, precisamente las correspondientes á los sectores externos ó 
temporales de ambas retinas afectas á imágenes iguales, porque 
sólo á éste título podría la mencionada alteración axial ser prove- 
chosa; pero hay que confesar que semejante adaptación anatómica 
instantánea, realizada sin gradaciones, es absolutamente incom- 
prensible. La dificultad aumenta todavía si consideramos que los 
puntos retiñíanos de imagen común, no sólo debieron de provocar 
dicho desentrecruzamiento, sino el arribo de las fibras directas 
exactamente al mismo paraje de los ganglios ópticos (y por inter- 
medio de nuevas neuronas al mismo punto del cerebro), donde se 
arborizan los tubos ópticos cruzados del lado opuesto, es decir, los 
encargados de representar en la corteza del cerebro igual detalle 
de la imagen visual; y todo esto sin tanteos ni disposiciones in- 
termediarias, dado que la citada disposición sólo puede ser útil en 
cuanto es acabada en todas sus partes» (1). 

En suma: la selección natural y todos los sistemas inventados 
para explicar de algún modo el órgano de la visión, son impoten- 
tes para hacernos comprender el más mínimo de los detalles; y 
cuando se estudian, sin prejuicios sistemáticos ni odios ruines á lo 
sobrenatural, el plan y la estructura de aquel órgano admirable, 
la estupenda asociación de sus elementos, la delicadeza de sus 
convenientes relaciones , la exquisita previsión en fábrica tan 
asombrosa, la inmensa multitud de conveniencias complejas difici- 
lísimas de realizar y allí realizadas (2), es imposible no reconocer, 



(1) Santiago R. y Cajal: "Estructura del kiasma óptico y teoría ge 
neral de los entrecruzamientos de las vías nerviosas... Revista trimes- 
tral micrográfica, vol. ni, pái^. 38, Madrid, 1898. 

(2) M. deHartmann enumera las trece siguientes: libras nerviosas; 
su transformación en tejido muy impresionable, como es la retina; una 
cámara oscura; una distancia focal generalmente en armonía con el 
índice de refracción relativo al aire y al medio del órgano de Ya vista; 
una distancia focal capaz de variar con la ayuda de contracciones di- 



100 LAS CAUSAS FINALES EN LA CIENCIA. 



con Carlos Richet, que la arquitectura de ese órgano ha sido in- 
tencional .prevista y querida. ¿Por. quién? Los gibantes sabios mo- 
dernos se avergüenzan de confesarlo; pero Newton y Eulero, qne 
no son pigmeos en la historia de la ciencia, llenos de admiración y 
respeto pronunciaron este nombre sacratísimo: Dios, que ha crea- 
do todas las cosas «en peso, medida y número.» 

Veamos si se confirma esta verdad en el estudio del oído hu- 
mano, Aquí, como en el órgano de la visión, nos es forzoso pres- 
cindir de multitud de detalles innecesarios á nuestro objeto, que 
consiste en hacer patentes, no todas, sino algunas pruebas de fina- 
lidad en el mundo de los organismos. Para realizar esa empresa, 
mucho más difícil de lo que parece, invocaremos en ocasiones de- 
terminadas, omitiendo nuestras observaciones propias, el testimo- 
nio de modernos é ilustres investigadores, pues para eso sirven los 
nuevos descubrimientos científicos en la confirmación de una doc- 
trina cualquiera. El trabajo es humilde y oscuro, lleno de aspere- 
zas y aridez; pero los que conozcan las exigencias del día, no ne- 
garán que es el más práctico y útil, y desde luego, dada la escasa 
preparación filosófica de los sabios incrédulos, el más eficaz para 
convencerles de que en la estructura y en las funciones de los or- 
ganismos ha intervenido un Principio inteligente. 

El estudio del oído es, como el del aparato de la visión, una prue- 
ba evidentísima de finalidad. Los mecanicistas tienen horror á esa 
palabra, y sin embargo, usan á cada momento el lenguaje teleológi- 
co, como hoy se dice. Abramos cualquier libro clásico de Anatomía 
ó Fisiología, aunque haya sido escrito por un acérrimo defensor 



versas, según la distancia del objeto y los ojos; una cantidad de luz re- 
gulada por las contracciones y dilataciones del iris; la transformación 
de ondas luminosas en ondas lijas por los órganos terminales de los 
conos y bastoncitos; la visión estereoscópica producida por el dualism > 
de los ojos; la movilidad coordinada de éstos; la nitidez de La imagen 
visual que va creciendo desde la periferia al centro de la retina y que 

permite la fijeza y la atención; la dirección refleja del pumo de vista 
distinto hacia el punto más claro del campo visual, facilitando la edu- 
cación de la mirada y la formación de percepciones extensas; el humor 
lacrimal constante y necesario para la transparencia; la defensa de 
órgano tan delicado por la arcada superciliar, por los movimien* 
tos reflejos de los párpados, Las pestañas, etc., etc. Philo&ophieae 

i Inc. Introducción, cap. n. Añádanselas transcritas, y la suma de con 

veniencias complejas es muy considerable. 



LAS CAUSAS FINALES BN LA CIENCIA 101 



de la materia y de la fuerza, y nos convenceremos de esa verdad 
notoria, ya en la descripción del conjunto del oído humano ó de 
los elementos que lo constituyen. La membrana timpánica debía 
de vibrar fuertemente con los sonidos que están al unísono con el 
propio de ella, y muy débilmente con los sonidos restantes : nadie 
negará que para la audición sería una desventaja manifiesta. Pues 
bien; ese inconveniente se halla descartado, porque sin contar con 
que la estructura ó la masa de la membrana timpánica es muy 
débil, la cadena de los huesecillos opone gran resistencia á las vi- 
braciones de ese órgano, y las atenúa, debilita y modera de tal 
modo, que todas las vibraciones son uniformes ó iguales, aunque 
tengan diferente longitud de onda. Son admirables la disposición 
y la forma de la cadena de los huesecillos, así como la acción de 
los pequeños músculos que los mueven con el objeto de hacer va- 
riar la tensión de la membrana. Por ejemplo: el músculo del mar- 
tillo sirve para proteger al órgano de la audición, impidiendo que 
los choques de gran intensidad sean transmitidos á las terminacio- 
nes del nervio acústico; esas variaciones de tensión en la membra- 
na timpánica realizadas por el músculo del martillo, son causa de 
que varíe también el sonido propio de aquélla, y la hacen apta 
para vibrar con sonidos fuertes ó débiles; viene á ser ante las vi- 
braciones, lo que es el iris ante los rayos de la luz.. La resonancia 
de la membrana del tímpano, según Fick, se debe á su forma em- 
budada y á la adhesión del mango del martillo en su cara interna: 
las fibras radiadas y cortas de aquel órgano en la porción más 
alta del segmento anterior, están destinadas, al decir de Kessel, á 
los sonidos agudos, y las más largas del segmento posterior, á los 
sonidos graves. Los huesecillos tienen dos fines: el de transmitir 
las vibraciones sonoras al líquido del laberinto y servir de punto 
de inserción á los músculos, modificando convenientemente la ten- 
sión de la membrana y la presión del líquido de aquél. La trompa 
de Eustaquio tiene por objeto mantener en equilibrio de presión 
el aire de la caja timpánica con el de la faringe; de otro modo la 
membrana no podría vibrar tan fácilmente; los cirros vibrátiles de 
la trompa en sus células epiteliales contribuyen al desagüe de la 
secreción de la caja, y porque la trompa se cierra, las vibraciones 
pueden transmitirse á la cadena de los huesecillos (1). 



(1) Véase Landois: Traite' de Physiologie humaine, pág. 878 y si- 
guientes. 



102 LAS CAUSAS FINALES EN LA CIENCIA 

Dejemos la palabra al Dr. Forns, que ha publicado un estudio 
profundo acerca del órgano del oído en la Revista Ibero- America- 
na de Ciencias médicas (1). «El peñasco tiene una dureza excep- 
cional entre todos los huesos del esqueleto, porque el objeto de su 
contextura ebúrnea es defender á los delicadísimos órganos que 
contiene, pudiendo asegurar que su único fin es la protección y el 
aislamiento. La poca cohesión que tiene con las porciones timpá- 
nica y escamosa sirve para amortiguar los traumatismos que pu- 
diera sufrir, y que de otro modo perjudicarían considerablemente á 
los delicadísimos órganos que encierra. El peñasco está constituí- 
do por tejido nervioso y esqueleto, ó sea en mutua y directa rela- 
ción; porque siendo las vibraciones sonoras de transmisión corpó- 
rea, y efectuándose, por tanto, en virtud de cambios infinitesimales 
de presión, si no tuviese un esqueleto muy compacto, duro é inex- 
tensible, ó si abundasen órganos ó espacios intermedios entre el 
esqueleto y los elementos sensitivos, carecería de la precisión ma- 
temática que requiere este aparato para desempeñar la serie de 
delicadísimas funciones para que fué creado el laberinto mem- 
branoso. 

«La disposición de sencillez del laberinto parecerá enmara- 
ñada ó incomprensible al que no vea la disposición de órganos 
que aloja y la infinidad de usos para que se creó. El caracol tiene la 
forma de su nombre, y no otra, porque como su objeto es distribuir 
ordenadamente las terminaciones de las neuronas del acústico en 
el epitelio sensorial del órgano de Corti, en ninguna otra disposi- 
ción posible que no sea la espiroidea, podría economizarse la can- 
tidad de trayecto nervioso ni ocupar menos espacio, ni tener más 
solidez y menos peso: esto en cuanto á la coltimela. El conducto 
coclear es cilindro-cónico prolongado, para obtener resistencia y 
reducción de materia. El caracol aparece en su mayor parte por 
delante del nivel del conducto auricular para asegurar su protec- 
ción propia, economizándose medios materiales de resistencia. El 
llamado promontorio se halla al posible alcance de las injurias ex- 
teriores; mas por eso es excepcional su solidez, y tiene su forma 
abovedada de convexidad externa, y por añadidura, tiene las tor- 
tuosidades del conducto auditivo externo carnoso, para dificultar 
su vulnerabilidad. El vestíbulo se halla colocado detrás del cara-» 



<\) Junio de 1899 



LAS CAUSAS FINALES EN LA CIENCIA 103 



col, y los conductos semicirculares están por detrás y arriba, por- 
que esa es la natural tendencia á alojarse en sitio recóndito y se- 
guro, y es fácil comprender que encontrándose el conducto caro- 
tídeo necesariamente por delante del caracol, y debiendo recibir la 
inervación del mismo tronco que éste, no quedaba otro espacio 
disponible donde aquéllos se pudieran alojar que por detrás y en- 
cima del vestíbulo. Las ventanas oval y redonda están colocadas 
en la parte más posterior de la pared interna de la caja para que- 
dar en el sitio mejor protegido, donde sean difícilmente lesionables 
por los cuerpos extraños que pueden violentamente penetrar por 
e1 meato auditivo. El caracol y el vestíbulo están contiguos para 
ahorrar trayecto nervioso y espacio. Cada conducto semicircular 
tiene un extremo ampuloso, porque en él ha de desarrollarse la 
terminación neuro-epitelial para convertirse en órgano sensitivo. 
El conducto llamado rompe-olas está en la parte más anterior de 
la cápsula laberíntica, y no se encuentra por fuera ó detrás de 
estos órganos, porque obedece á la ley de topografía general de las 
arterias y se coloca del lado de la flexión articular, buscando la 
mayor seguridad posible; y está en forma de escuadra de car- 
pintero, para evitar que el embate sanguíneo vaya á repercutir di- 
rectamente en el riego de órganos tan delicados como son los con- 
tenidos en la cavidad craneal; lo mismo ocurre en las arterias ver- 
tebrales. Siendo .tan importante como es la carótida interna, su 
envoltura ósea es tan delgada y casi deleznable en su relación ex- 
terna y posterior con la cara anterior de la caja timpánica, porque 
esta misma región se halla ya protegida por la porción escamosa, 
que no á humo de pajas posee la apófisis yugal ó zigomática . El 
conducto del facial tiene dos codos en el interior del peñasco, uno 
encima del caracol, y otro á la entrada del canal petro-mastoideo, 
por varias razones, y todas potísimas: necesita un codo anterior 
para dar cabida en él á una expansión ganglionar (ganglio ge- 
niculado) y emergencia á los nervios petrosos profundos, mayor y 
menor, para lo cual existe el orificio anónimo de Ferrein; como 
tiene después que salir del cráneo por sitio defendido de las inju- 
rias exteriores y necesita protección, al atravesar la caja, lo hace 
por el sitio más seguro, inabordable por el meato auricular, cual 
es por encima y adentro del músculo interno del martillo; y si ro- 
dea á la ventana oval por arriba y detrás y se hace luego descen- 
dente, ello es debido á que ha de dar una rama motora al músculo 
estapedio y salir por la parte más escondida del hueso: por el agu- 



104 LAS CAUSAS FINALES EN LA CIENCIA 

jero estilo-mastoideo... El nervio facial tiene varias expansiones f 
entre ellas el ganglio geniculado, que da un recodo anguloso, por- 
que con esa forma adquiere más desarrollo en menor espacio, y 
como aquél debe facilitar una rama al músculo estapedio que se 
halla detrás de la ventana vestibular en la pared posterior de la 
caja timpánica, de ahí que tenga que formar dos curvaturas; la 
anterior, horizontal, que pasa inmediatamente junto al músculo, y 
la posterior para salir por ese lugar sólido y seguro, al abrigo de 
las influencias externas... La escama del temporal es la región del 
cráneo más endeble, porque debiendo estar reforzada la protec- 
ción de esa región por la almohadilla carnosa del crotáfites, queda 
compensado lo primero con lo segundo, y se economizan peso y 
materia ósea. La apófisis zigomática existe, para favorecer la re- 
sistencia total de la calavera, uniendo el cráneo y la cara: así se 
ahorra materia y se refuerza la fosa pterigoidea, que de otro modo 
sería poco resistente y muy vulnerable, por su forma cóncava ha- 
cia el exterior. La región mastoidea no se desarrolla hasta des- 
pués de nacer, porque la Naturaleza tiene horror á la holganza y 
á la inutilidad; y como el desarrollo es lento en el recién nacido 
(que tarda en aprender á sentir y á moverse), esa tardanza ó esa 
lentitud dan tiempo á la humana torpeza para que el desarrollo 
óseo se vaya completando á medida de las necesidades y las exi- 
gencias que el ejercicio de sentir y moverse requieren: ello evita 
hacer de más ó de menos, y la Naturaleza hace siempre y justa. 
mente lo necesario. La porción mastoidea del temporal tiene por 
objeto ampliar la superficie de inserción, para qué en ella se ad- 
hiera gran número de músculos destinados á mover la cabeza so- 
bre el cuello, y es tanto más gruesa cuanto más robustos sean los 
músculos. El hueso temporal crece muy despacio y su desarrollo 
se completa muy tardíamente, porque es sumamente complejo y 
variado en sus fines; así el peñasco se hace pronto perfecto y ad- 
quiere gran solidez porque conviene que proteja los aparatos de 
la audición y del equilibrio de los órganos que encierra; condicio- 
nes necesarias para los presentes y futuros movimientos infantiles. 
No se desarrollan hasta bastante tarde el conducto auditivo y la 
mastoides, porque así, al nacer, la flexibilidad de las partes cra- 
neales permite mayor reducción délos diámetros encefálicos! y 
después de nacer, por razón idéntica. La forma y la estructura dé 
la cavidad del oído medio no dejan indefensas ó fácilmente vulne- 
rables á estas regiones, porque se encuentra reforzado el esqueU 



LAS CAUSAS FINALES EN LA CIENCIA 105 

to por una acertadísima y complicada disposición de las partes 
blandas, etc., etc.» (1). 

Añádanse á esas conveniencias complejas las siguientes, que son 
complejísimas: la comunicación de todas las cavidades del laberin- 
to, la prodigiosa estructura de todos los elementos y sus mutuas 
relaciones; el caracol, que según Ed. Perder, aparece á la mirada 
del hombre como un inmenso piano de tres mil cuerdas vibrantes; 
el aparato vestibular, «mecanismo de reflejos motores para com- 
pensar rápidamente y por vía refleja los desequilibrios de posición 
de la cabeza y del tronco;» y, en el órgano de Corti, el aparato de 
sostén, las arcadas constituidas por dos ó tres pilares respectiva- 
mente, las células ciliadas cilindricas en donde terminan las fibras 
del nervio coclear, y que, según Hensen y Waldeyer, ascienden á 
veinte mil, cada una de las cuales tiene dieciséis ó veinte pes- 
tañas; las células auditivas externas, cuyo número, en opinión del 
gran histólogo Retzius, es de doce mil; la membrana reticulada 
que cubre á éstas y á las arcadas de Corti y que une toda esa mul- 
titud de elementos; y la otra membrana (tectoriá), de exquisita deli- 
cadeza, espesa y muelle, que cubre los cirros; las diminutas partes 
elásticas que hay en el extremo de cada una de las fibras del nervio 
acústico para vibrar bajo la influencia de las ondas sonoras; los 
conductores que las transmiten, desde el órgano de Corti «que las 
recoge primero por la expansión protoplasmática de las células 
bipolares del ganglio espiral del caracol, para llevarlas al bulbo, 
al cuerpo trapezoide y al tubérculo cuadrigémino posteriori» la 
misma percepción de la altura de las vibraciones simples y el ca- 
rácter musical de las vibraciones complejas, etc., etc.: y si después 
de contemplar toda esa multitud de conveniencias realizadas, esa 
previsión delicadísima, ese arte maravilloso, esas disposiciones de 
economía de materia, tiempo y espacio, esa sabiduría patente en 
cada uno de los elementos, y en el conjunto de la fábrica del oído, 
'en su plan estructural ó en sus funciones... hay algún sabio del 
día que se atreva á negar la acción de un Principio inteligente, 
de un Entendimiento sapientísimo, le diremos (con Galeno) que 
«carece de él y no comprende ni su propia imbecilidad, ni la sabi- 
duría de Dios:» ñeque suam imbecillitatem ñeque opificis sapien- 
tiam; intellectu caret (2). Porque si en las obras artificiales y más 



(1) El Dr. Forns nombra á Dios á lo último de su trabajo. 

(2) Galeno: De usté partium corporis humani, libros iij y iv. Cita- 



10f> LAS CAUSAS FINALES BN LA CIENCIA 



estupendas del hombre no hay ninguna que remotamente pueda 
compararse á cualquiera de los órganos descritos, ¿con qué falta de 
sentido filosófico y común se reconoce inteligencia y finalidad en 
las primeras y se niega á los segundos? Los segundos son incom- 
prensibles para la razón humana, si en la creación délos mismos no 
ha intervenido la finalidad, y en consecuencia un entendimiento. 
Pueden invocarse todas las teorías ingeniosas ó estúpidas, excogi- 
tadas para dar cuenta de los fenómenos vitales: ya hemos criticado 
algunas de ellas, y el lector se habrá persuadido de que cuando se 
llega al origen, no de un órgano ó de un aparato, sino al de un te- 
jido ó una simple célula, á los cambios mínimos que en éstas se rea- 
lizan, la pobre ciencia humana tiene que humillar su frente en el 
polvo y exclamar: «no sé;» porque todas esas teorías son inútiles, 
y la ciencia verdadera no se erige con palabras vacías ó fórmulas 
sonoras. Pero cuando la razón sana y perspicaz estudia progresi- 
vamente la complicación de los organismos, un órgano ó un apa- 
rato cualquiera de las formas superiores, con todas las maravillas 
de su función y su estructura, entonces estima como cosa baladí el 
que en la partícula viviente más mínima que puede observarse al 
microscopio, se asocien, según Maxwell, dos mil Iones de molécu- 
las orgánicas, veinticinco mil millones en la cabeza de un esper- 
matozoide y veinticinco billones en el óvulo fecundado que ha de 
dar origen á otro ser. Nada es todo eso en comparación de los fenó- 
menos que allí tienen lugar y de la estructura y la función de un 
órgano como la vista ó el oído. Y si lo primero no se explica por el 
acaso, que no tiene realidad alguna y está condenado matemática- 
mente por el cálculo de las probabilidades y filosóficamente por el 
sentido común, lo segundo es el misterio de los misterios, si no 
hay finalidad é inteligencia; y la inteligencia, pese á los pseudo- 
filósofos modernos, es irreductible al mecanismo. «La finalidad, le- 
jos de ser la más oscura, es la más inteligible de las causas.» (1) 

P. Zacarías Maim í.nkx-Xi' \k/, 
o. s. A. 
(Continuará.) 



mus la traducción hecha por Regio de Calabria, y corregida por Agus- 
tín Gadaldino. ( Galeno se refiere á todo el organismo en ese pasaje que 

puede apurarse aquí. 
(1; M V. Marin, en la ReVue Scientijiqne de París, l >de Noviembre 

de!1M0l 



LA CRISIS DE LA MORAL 



Cuando á despecho de todas las reformas legislativas y de las 
previsiones de la política interior de los Estados, se nota un ascen- 
so continuo de temperatura en la fiebre de revolución social, y los 
problemas que la fomentan se van multiplicando de día en día por 
virtud del antagonismo de intereses entre las clases de la sociedad 
y bajo la influencia de ideales heterogéneos que se reparten el do- 
minio del movimiento intelectual contemporáneo, no puede menos 
de interesar vivamente el ánimo de cuantos se preocupan por esas 
cuestiones expuestas á la solución del porvenir, la corriente varia- 
dísima y compleja de las ideas relativas al problema moral que 
hoy se agita en toda las escuelas y que constituye una de las más 
hondas perturbaciones que padece en la actualidad el espíritu hu- 
mano. 

A muchos sorprenderá indudablemente la denuncia que hoy se 
hace de la moral, suponiéndola víctima de una crisis y en un esta- 
do de transición violenta, incompatible con el carácter de inmuta- 
bilidad que en ella reconocieron nuestros antepasados. Los parti- 
darios de la tradición se resistirán siempre, de acuerdo con el sen- 
tido común, á que se hable de crisis de la moral. Y en efecto: ¿qué 
nos dice la tenacidad constante del fallo humano en la aprobación 
ó reprobación de ciertas acciones ó determinadas costumbres? 
¿Cuándo los alardes sublimes del heroísmo, la larga práctica del 
sacrificio y la fidelidad en el cumplimiento del deber no atrajeron 
la veneración y simpatía de los pueblos, ó la traición y el perjurio 
no excitaron un sentimiento de viva repulsión en el alma de todo 
hombre sincero y honrado? ¿A quién se oculta esa ley, de un orden 
superior al del mundo físico, y que preside al desarrollo de nuestra 
libre actividad en relación con el fin último, y quién no siente en 
el fondo de su alma la presencia de esa misteriosa luz, que alum- 
bra nuestros pasos por la escabrosa pendiente de la vida; que, pro- 
yectada sobre el oleaje cqnstante de los acontecimientos humanos, 
nos muestra el trágico duelo de la historia entre la iniquidad y el 
bien, y que extendiendo sus reflejos á los horizontes de lo porve- 
nir, nos ofrece dos metas opuestas y dos caminos distintos, el del 



108 LA CRISIS DE LA MORAL 

perfeccionamiento de nuestro ser por la práctica de la justicia, ó 
el de su ruina y muerte por el desorden de nuestra conducta?... Y 
cuando, á pesar de los triunfos de la iniquidad en la historia y de 
las negaciones escépticas y disolventes de los filósofos, la virtud 
apareció siempre á los ojos de los hombres llena de atracción y 
hermosura, y las nociones del deber, del mérito, del sacrificio, de 
la sanción, subsisten en la conciencia de todos los mortales é in- 
forman toda la economía de la vida práctica, ¿cómo puede hablar- 
se de crisis de la moral, sin que se falsifique el concepto de la 
misma? 

Ciertamente, no hay motivo que justifique esa suposición si se 
refiere á la moral en sus constitutivos esenciales. Las discusiones 
á que da origen en nuestros días, y los múltiples ensayos de expli- 
cación racional que acerca de ella se han formulado durante el 
transcurso del siglo XIX, demuestran su realidad y subsistencia, y 
al mismo tiempo la gran importancia que se le concede. Es indu- 
dable que ese grito de alarma tiene una significación, aunque muy 
diversa de la que ofrece á primera vista, y es el fracaso de las mo- 
dernas teorías, el desconcierto de las inteligencias en orden á dar 
un fundamento á la moral y explicar todas sus irradiaciones en el 
mundo de la vida práctica. Deplorables han sido los resultados de 
la crítica por virtud del fanatismo irreligioso que ataca á la mayor 
parte de los pensadores modernos, en cuyas manos se convierte 
frecuentemente el escalpelo del análisis en ariete destructor que 
no respeta ni aun las convicciones más arraigadas déla concien- 
cia. Pero de ahí ¿puede provenir alguna sombra de inquietud res- 
pecto á la desaparición de los principios morales? Todo lo contra- 
rio: las negaciones extremosas por sí mismas se confunden, y con- 
tra ellas levantará siempre la voz de protesta el sentido común. 
Por eso debiera decirse más propiamente que quien pasa por esa 
grave crisis que hoy se deplora, no es tanto la moral como el es- 
píritu de nuestros contemporáneos, cuyos alardes de individualis- 
mo intelectual y religioso habían de tener su natural sanción en 
el actual descrédito de todas las invenciones de la filosofía noví- 
sima. 

Bajo la influencia de una predisposición sistemática contrata 
metafísica de los antiguos, y especialmente contra el orden sobre- 
natural, el espíritu hipercrítico de los modernos, lejos de ceñirse á 
corregir y perfeccionar la obra de las generaciones precedentes, 
respetando el tesoro de verdades depuradas por el crisol de un 



LA CRISIS DE LA MORAL 109 



sincero y prolongado estudio, la batió ab imis fundamentis hasta 
pretender la extirpación de los requerimientos más vivos de la 
conciencia humana. Se repudió el misterio por incompatible con 
la soberanía de la ciencia, que proscribe las cosas que no se ven ni 
se palpan. Se relegó al mundo de las utopías, ó cuando menos de 
lo desconocido, la idea del Ser Supremo, del alma y de su porve- 
nir; y las aspiraciones religiosas del corazón, esta sed de lo infini- 
to que abrasa el pecho de todos los mortales, que no se somete á 
las violentaciones depresivas de la rigidez estoica ni capitula jamás 
con los bienes efímeros de la presente vida, se consideraron como 
una aberración mística del sentimiento ó Como un exceso de la 
imaginación á que nada en la naturaleza responde, y que, por lo 
tanto, no debe preocupar á los hombres de ciencia. Así, tronchado 
el árbol de la tradición y destruida la herencia santa de una larga 
serie de generaciones, desmontada por la osadía la máquina de or- 
denados principios y legítimas consecuencias con que fueron enri- 
queciendo nuestros antepasados el pensamiento cristiano, y muti- 
lada la realidad por la negación previa de una gran parte de la 
misma, se pensó en fundar la moral sobre bases científicas, es de- 
cir, independientes de toda intervención extraña á nuestra misma 
naturaleza, y sin que en ella ejercieran influjo las preocupaciones 
teológicas de los pasados tiempos. Esfuerzos titánicos de investi- 
gación filosófica, magníficos planes y audaces teorías de todas 
suertes, puso aV servicio de la causa el espíritu revolucionario de 
los innovadores. Unos llamaron en su apoyo á las ciencias físicas 
y naturales, á la psicología y á la historia, inquiriendo en ellas la 
luz justificativa de sus hipótesis, mientras que otros, abstrayéndo- 
se del mundo de los vivos á la soledad del yo, trataron de dar á 
éste el poder maravilloso de fabricar 1 el cuadro inmenso de la crea- 
ción entera, con las leyes físicas y morales que la regulan. En uno 
y otro bando, á pesar dé sus encontradas tendencias, dominaba el 
mismo ideal de la autonomía del hombre, y alentaba la esperanza 
dé un porvenir más dichoso, de una vida más feliz que la repre- 
sentada por la superstición que nos amenaza constantemente des- 
de lo alto del cielo. Pero ¿cuál ha sido la suerte de todas esas teo- 
rías destinadas á la obra de reconstrucción de la moral? 

Después de un siglo de discusión y de lucha, en el'que han apa- 
recido vastísimos sistemas que hacen honor al genio de sus auto- 
res, maravillosas síntesis filosóficas celebradas á su aparición como 
otros tantos triunfos de la redención nueva, hoy, en el campo mis- 



110 LA CRISIS DE LA MORAL 



mo racionalista, cunde la voz del desaliento y se desvanecen las 
halagüeñas esperanzas, prematuramente concebidas, de resolver 
el problema de nuestros destinos, y de ver á la sociedad guiada 
por leyes humanas y sin el sello terrible de la divina sanción. Al 
fin se conviene en que, si es muy fácil destruir, en cambio cuesta 
grandes fatigas edificar; y la empresa se hace en absoluto irrea- 
lizable cuando, como en el presente caso, se dejan las bases de la 
construcción á merced de las corrientes desoladoras del criticismo, 
que, según decía el ilustre D'Hulst, es la enfermedad constitucio- 
nal de las inteligencias contemporáneas. 

De ahí ha provenido esa alternativa constante de negación y 
erección de sistemas, de entusiasmo y desfallecimiento en la de- 
fensa de unas mismas doctrinas, de exaltación y tristeza en los es- 
píritus, que caracterizan al siglo XIX. Es el fruto natural déla crí- 
tica sin límites de la época moderna. Y después de tan prolongados 
esfuerzos para fundar la llamada moral laica, preguntad á las ac- 
tuales escuelas: ¿En qué consiste la ley moral? ¿Qué norma debe 
seguir el hombre en los actos conscientes de la vida? ¿Existe la 
obligación? Y en este caso, ¿cuál es su raíz y fundamento? ¿Existe 
verdaderamente la moralidad en el sentido que de ordinario se da 
á esta palabra?..,. En vano pretenderéis hallar una misma solu- 
ción entre los apóstoles del racionalismo; porque, como dice Fouil- 
lée, tout est remis en question. Nada hay suficientemente esta- 
blecido y sobre lo cual no se note la acción deletérea de la insana 
crítica al uso. Así r no preguntéis tampoco por el sistema de moral 
que han inventado nuestros contemporáneos para reemplazar á la 
teoría proscrita de nuestros antepasados. Sentirían hasta confu- 
sión y aturdimiento para dar una respuesta satisfactoria, y esa 
precisamente constituiría la mejor prueba del engaño que pade- 
cen. Porque «fuera de la gran tradición cristiana, dice el ya citado 
D'Hulst, no existe la moral, sino las morales» (1). 

Sorprendería, en efecto, por su amplitud y heterogeneidad, el 
inventario que pudiera formarse con los sistemas, más ó menos tí- 
picos, presentados en esa Exposición permanente , abierta por el 
racionalismo para la exhibición de sus productos. La concurren- 
cia no ha podido ser más numerosa ni más variados lov géneros, 
gracias á la diversidad de factores que han intervenido en su con- 
fección, como las tradiciones y el temperamento de raza, la educa- 



1 Les fomhiments de la moral ¡ti 



LA CRISIS DE LA MORAL 111 



ción y el medio ambiente, cuyo fatal influjo en los dictados de la 
conciencia constituye un dogma para la mayor parte de las escue- 
las contemporáneas. Ello es que, sobre las ruinas de lo pasado, y 
para suplantar á la antigua moral del orden en el dominio de las 
inteligencias y de las costumbres, nuestros modernos han inventa- 
do esa lista de morales que luchan por el cetro de la hegemonía y 
que se llaman moral utilitaria, moral evolucionista, moral al- 
truista, moral del deber, moral de la compasión, moral de la be- 
lleza, moral de la esperanza, etc., etc.; todas las cuales gozan de 
mayor ó menor prestigio, pero todas tienen su coro de admirado- 
res y adeptos y ejercen particular influencia en otras manifesta- 
ciones del pensamiento y de la vida contemporáneos. Ni hay que 
decir á qué grados de confusión llegamos cuando se oye hablar de 
la moral anarquista, de la moral animal, de la moral inmoral, 
que son como el inri puesto sobre la frente de cuantos se llaman 
rei vindicadores de la libertad de pensar. 

Ante ese espectáculo de confusión y desorden, padecen induda- 
blemente los mismos que han contribuido á su génesis y desarro- 
llo. Se lamentan los excesos á que ha dado lugar el individualis- 
mo reinante, y se ve con pena ese hacer y deshacer continuo de 
teorías bajo cuya pluralidad creciente parecen sucumbir hasta los 
principios más elementales de la moral; pero mientras tanto, na- 
die se considera responsable de la actual anarquía, ni renuncia al 
virus del racionalismo, generador de las calamidades que se de- 
ploran. Por una persuasión artificial de que la contradicción y lu- 
cha de los sistemas significa actividad progresiva y fecunda labor 
del pensamiento humano, la lista de morales inventadas desde 
hace un siglo, permanece abierta; y aunque ninguna de ellas haya 
logrado resistir al juicio de la crítica sensata, todas, sin embargo, 
están á la orden del día y coexisten amigablemente, á pesar de sus 
divergencias, debido al espíritu de emancipación que por igual las 
informa. 

La desorientación de los entendimientos respecto del problema 
moral es uno de los caracteres que mejor distinguen al siglo XIX, 
y que verdaderamente reflejan el estado de vacilación é inquietud 
por que pasa el alma moderna. Afirmar la moral, con independen- 
cia de toda religión y metafísica, constituye la empresa magna, 
común á las escuelas reformistas contemporáneas. Entre las que 
iniciaron este movimiento figuran principalmente David Hume y 



112 LA CRISIS DE LA MORAL 

Kant, quienes, no sólo comparten entre sí el triste patronato sobre 
el escepticismo asfixiante que domina en nuestros días, sino que 
además tienen la gloria funesta de haber sentado respectivamente 
las bases del empirismo sensualista y del idealismo en moral, que 
son las dos grandes y opuestas direcciones á que en general obe- 
dece el pensamiento moderno. Suprimido por inaccesible á la com- 
prensión humana el ideal ultramundano déla tradición, el ininteli- 
gible Ser que el sentido común cree percibir más allá de las fron- 
teras del mundo, como fin de todas las cosas y legislador de nues- 
tra conciencia, había que afianzar de nuevo el edificio moral inqui- 
riendo dentro de este mundo en que vivimos el principio regulador 
de nuestra existencia individual y social , y suministrando un sen- 
tido y una dirección á las aspiraciones del alma. Los mencionados 
filósofos lo intentaron; pero aislados de la realidad por la barrera 
infranqueable del universal escepticismo, sus teorías morales pue- 
den considerarse más bien á modo de casas de refugio levantadas 
sobre el océano de la duda, que como construcciones erigidas so- 
bre terreno firme. De todas maneras, ellos pretendieron edificar 
contrarrestando los desastres de la especulación escéptica. Y 
mientras Hume se acoge á la naturaleza sensible como á única ta- 
bla de salvación, y sobre ella bosqueja los primeros principios del 
experimentalismo hedonista, que venía á ser una restauración de 
la ética de Epicuro, Kant, por el contrario, busca un apoyo en la 
razón práctica individual, independiente y absoluta, que por sí 
misma va reconstruyendo el edificio arruinado por la razón teóri- 
ca, y cuya primera manifestación es el Deber, categórico, inescru- 
table, especie de divinidad sustraída á toda crítica, que preside en 
el santuario de la conciencia y que nos exige todos los homenajes 
de una veneración incondicional. 

Consideradas como métodos ó tendencias distintas, ambas teo- 
rías han logrado perpetuarse en las modernas escuelas, bien que, 
á pesar de su oposición, se hayan hecho mutuamente no pocas con- 
cesiones. De ellas arrancan las dos corrientes actuales, represen 
tadas por el naturalismo y el idealismo, que lian predominado 
respectivamente en Inglaterra y Alemania, y que han mantenido 
una lucha constante en los últimos cien años por apoderarse sobre- 
todo del cerebro francés. Va en los tiempos inmediatos á su apari- 
ción, vemos al hedonismo, transportado á Francia por Diderot, 
Helvecio > demás comparsa de materialistas, contribuir eficaz- 
mente á las catástrofes de la revolución, y poco después al kantis- 



LA CRI8IS DE LA MORAL 



113 






mo reinar sobre las inteligencias por mucho tiempo, debido á que 
constituía una reacción contra las doctrinas sensualistas, cuyos 
amargos frutos acababan de experimentarse. No fué, sin embargo, 
muy duradero el dominio de la «moral del deber;» pues aparte 
los defectos de construcción que entrañaba y que inútilmente han 
pretendido corregir los discípulos de Kant, la época tendía, por 
múltiples causas, hacia la investigación y contemplación de la na- 
turaleza; por lo cual no eran lo más á propósito 1as abstracciones 
y vaciedades del formalismo intuicionista de los kantianos. 

Entretanto, Augusto Comte anunciaba al mundo la invención 
del método positivista, llamado por su virtud mágica á resolver 
«la gran crisis, política y moral de las sociedades» de que ya él se 
lamenta, y cuya novedad distintiva consiste, más que todo, en la 
negación de parte de la realidad, ó en la limitación á que sujeta las 
facultades humanas, declarando incognoscible ó quimérico cuan- 
to concierne á la naturaleza de los seres y no puede someterse á la 
observación de los sentidos. El conocimiento único digno de tal 
nombre, se reduce para el positivista al de los fenómenos y leyes 
naturales, sin que sea dable penetrar en el mundo de lo suprasen- 
sible. La observación de los hechos es la base única y el único cri- 
terio del conocimiento científico, y todas las funciones legítimas de 
nuestras facultades se limitan á clasificar y reunir en ordenados 
grupos los hechos de experiencia, y á saber aplicarlos en el estudio 
de las relaciones de la vida humana. Conocida es la clasificación 
que Comte hacía de las ciencias, apoyada sobre su mayor ó me- 
nor generalidad, y cuya distribución jerárquica se elevaba de lo 
simple á lo complejo, del orden material hasta el orden social. Se 
duda si el patriarca del positivismo admitió la moral en el núme- 
ro de las ciencias; pero es lo cierto que, ya formando parte de la 
sociología, ó bien constituyendo por sí misma un orden distinto 
del de las demás, ocupa entre todas la cima de la escala por su 
mayor complicación de fenómenos, y porque su perfecto conoci- 
miento implica como preliminar el conocimiento de las otras cien- 
cias. De ahí que, siendo éstas relativas, y estando en un progreso 
continuo, la moral no puede ser más que relativa, y su porvenir 
depende del de la astronomía, la física, la biología y la socio- 
logía. 

Aparte de esto, que se refiere más bien al método, tiene A. Com- 
te doctrinas morales y religiosas de las que no es posible prescin- 
dir cuando se trata de conocer su pensamiento. En conformidad 

8 



114 LA CRISIS DE LA MORAL 

con el empirismo positivista, y á causa de la preeminencia dada á 
la sociología, procede en sus investigaciones acerca de la moral 
por el análisis y evaluación de los hechos sociales; procedimiento 
que le lleva á establecer como regla de la vida práctica la teoría 
del altruismo, fundada en la superioridad de los instintos simpáti- 
cos sobre los egoístas. Amar á los hombres que perpetúan en los 
pueblos la ciencia, el arte, la civilización, la bondad, la justicia, el 
desinterés, y olvidar á los envilecidos por el ocio y el crimen, he 
ahí el primer precepto de la moral altruista de Comte. Sobre ella 
trató de edificar una religión con sus presbíteros, sus templos y su 
liturgia, reemplazando el culto de Dios por el culto sistemático de 
la Humanidad en el que esperaba ver realizada la convergencia 
intelectual y moral de todos los hombres. Pero tan halagüeñas y 
acariciadas esperanzas se desvanecieron muy pronto ante las 
deserciones numerosas de sus primeros prosélitos, á quienes el pre- 
sunto pontífice de la religión nueva recriminaba como exentos de 
voluntad y energía, y como «positivistas sin corazón.» Únicamen- 
te Laffite, con algunos más, se conservó dócil al misticismo maniá- 
tico de su maestro, llegando hasta modelar la fórmula de plegaria 
á la humanidad que había de insertarse en el ceremonial del nue- 
vo culto. 

Lo que sí ha permanecido de la obra de A. Comte es la siste- 
matización del método exclusivamente empirista en la inquisición 
de la moral, y la afirmación arbitraria y anticientífica de que ésta 
depende en absoluto y como un corolario de los datos que nos su- 
ministran las demás ciencias positivas. Firmes en esa convicción, 
los sabios dieron rienda suelta á la ambición y anhelo de revelar 
el enigma de nuestros destinos y descifrar de una vez para siem- 
pre el sentido de la vida humana sin hacer intervenir esas quime- 
ras de ultratumba que han atormentado constantemente á los 
hombres. En la física y la química, en la biología y en la historia 
natural, en la psicología empírica y la sociología, según las apee* 
elaciones y gustos de cada uno, había de encontrarse la razón su- 
ficiente de todos los hechos morales. Comte fué el primen» en dar 
el ejemplo, procediendo por el análisis histórico de la humanidad. 
Littré, rebelde al misticismo y á las preferencias por la sociología 
de su maestro, pretendió abordar el problema por la fisiología y ia 
química. La escuela inglesa continuó sus tradiciones psicológico- 
empíricas con Stuart-Mill, y mas tarde con Darwin y Spen er, < 
quienes se debe la grandiosa hipófisis de la «evolución» que nofi 



LA CRISIS DE LA MORAL 115 



hace asistir á la génesis y desarrollo de los mundos, de las espe- 
cies animales, del hombre y de la conciencia moral; teoría que, á 
pesar de no haber pasado por el filtro de la sanción empírica, pre- 
gonaron, sin embargo, los positivistas como un triunfo irrefraga- 
ble de la ciencia. En Francia, sobre todo, debido al carácter idea- 
lista y místico del genio meridional, se inició aquella gran corrien- 
te de los llamados intelectuales, que, como Ernesto Renán, son- 
reían á la edad de oro en que el planeta estaría gobernado por una 
asamblea aristocrática de sabios. ¿Cómo dudar de la virtualidad de 
la ciencia para dirigir á • las sociedades por los caminos del bien? 
«La ciencia, decía Berthelot, posee la única fuerza moral sobre la 
que puede fundarse la dignidad de la persona humana y constituir- 
se las sociedades futuras. Ella establecerá los tiempos benditos de 
la igualdad y de la fraternidad de todos ante la ley santa del tra- 
bajo... La ciencia imprime en todos los corazones la convicción de 
la solidaridad, fundada en el sentimiento de nuestros verdaderos 
intereses y en el deber imperativo de la justicia... La moral no tie- 
ne otras bases que las que le proporciónala ciencia... El triunfo 
universal de ésta asegurará á los hombres el máximum de la di- 
cha y de la moralidad.» 

Berthelot ha conseguido un puesto de honor entre los más in- 
signes químicos del mundo; pero es también de los más auténticos 
continuadores de los filósofos de la Enciclopedia, según le dijo 
en ocasión solemne Julio Lemaitre (1). El ilustre sabio debiera ha- 
ber concretado las bases nuevas proporcionadas á la moral por la 
ciencia positivista, para así poder juzgar de su tan ponderada efi- 
cacia redentora. Se habla de la solidaridad como de una gran con- 
quista del positivismo. Mas contra ello protesta la idea de la «lu- 
cha por la vida,» de la «selección,» de la «concurrencia vital» y de 
la «distinción de razas», nacida en el cerebro positivista, y hoy do- 
minante en todas las esferas de la actividad social. Otros, en cam- 
bio, dirán: «la caridad, la piedad y el altruismo son restos de un 
pasado que estamos viendo fenecer. La caridad es un sentimiento 
antisocial y nocivo, que no se conocerá en el porvenir» (2). ¿Se tra- 
ta de imponer la justicia como un imperativo categórico al que na- 



(1) Discurso contestación al de Mr. Berthelot con motivo" de la en- 
trada de éste en la Academia Francesa. v -: 

(2) Le Bon: Psycologie du Socialisme. 



116 LA CRISIS DB LA MORAL 



die tiene el derecho de sustraerse? Muy bien; pero se os dirá que 
«la justicia es el triunfo de la fuerza» (Novicow); y aunque la frase 
parezca un poco brutal, no hay duda que á ella se conforman y 
asienten muchas inteligencias ofuscadas por el naturalismo posi- 
tivista. Mejor estaría confesar que «las aventuras son muy fre- 
cuentes por parte de los sabios, quienes en el orgullo de sus des- 
cubrimientos especiales, se imaginan muchas veces haber dado 
con el secreto universal; pero felizmente los sabios no son la 
ciencia» (1). 

Obedeciendo á inspiración distinta, y como reacción contra las 
extremosidades del empirismo inglés, vemos desarrollarse en la se- 
gunda mitad del siglo XIX otra corriente de opinión no menos he- 
terogénea que la anteriormente indicada; y es la del idealismo. La 
moral, para los que siguen esta tendencia, no constituye un pro- 
ducto del desenvolvimiento social ó cósmico, según pretenden los 
evolucionistas, sino que por sí misma se afirma y sostiene libre de 
toda alteración y mudanza, sirviendo ella, en cambio, de pedestal 
á la metafísica, á la religión y aun, para algunos, á la ciencia. Por 
lo tanto, al relativismo de la moral positiva oponen los idealistas 
la inmutabilidad de los principios morales, al determinismo mecá- 
nico, la libertad, siquiera sea fenoménica ó aparente: á la ley prác- 
tica objetiva, la ley originaria del interior. Esto, sin embargo, se 
refiere más bien á la escuela neocriticista, representada princi- 
palmente por Renouvier, en Francia, y que á pesar de ser la más 
adicta al kantismo, tiene, no obstante, doctrinas propias que la se- 
paran un mundo del filósofo alemán, y que forman precisamente 
la parte más vulnerable del sistema (2). También Carlos Secretan 
coincide con el neocriticismo en admitir la primacía de la moral; 
pero al mismo tiempo se aleja de él y apela á la experiencia para 
dar un contenido al deber abstracto délos kantianos (3), creyendo 
encontrarlo en la solidaridad y simpatía. 

Más detenida atención merece la moral del pesimismo, así por 



(1) A. Fouillée: L'hegetnonte de la science <•/ de la philosophie, 
V Fouillée: Critique des systémes de moróle contentporaíns. 

En un libro reciente, titulado Charles Secretan et la philosophU 
kantienne, su autor, J. Duproix, hace notar la gran importancia que 
tiene la experiencia en la filosofía ele Secretan, contra lo establecido 
por Mr. Pillon en su estudio sobr< el mismo filósofo. 



LA CR18IS DB LA MORAL 117 



la gran boga de que ha disfrutado en los últimos cuarenta años, 
como por su significación en medio de las corrientes optimistas del 
pensamiento y de las magníficas promesas con que han alborota- 
do constantemente los heraldos de la redención humana por el 
progreso científico. Contrastan, á la verdad, los alardes de triun- 
fo y la fe imperturbable del racionalismo en la virtualidad de la 
ciencia para dirigir á los hombres, con los tristes desengaños que 
experimentan las sociedades contemporáneas. Ante la sombría 
perspectiva que nos ofrecen por una parte los espectros del indi- 
vidualismo anárquico y del socialismo igualitario, esperando el día 
de las reivindicaciones y de las venganzas, y por otra las estadís- 
ticas denunciando el ascenso constante de la criminalidad y de 
la degeneración moral y física entre las muchedumbres, ¿no de- 
bieran interpretarse más bien los optimismos de los que nos doran 
los horizontes del porvenir con las adquisiciones progresivas de la 
ciencia como ironías sarcásticas dirigidas contra la realidad de 
los hechos? Admiremos las grandes conquistas materiales é indus- 
triales, los descubrimientos maravillosos arrebatados al secreto de 
la naturaleza; pero la moral no es una cuestión de pura higiene, 
ni puede resultar de los choques ó transformaciones de las ener- 
gías del mundo físico. El dolor es universal, y especialmente 
allí donde no templan sus. ardores las auras refrigerantes de la es- 
peranza. Aun entre las clases aristocráticas del talento y la rique- 
za en los tiempos de mayor alborozo en el «banquete de la vida,» 
el dolor destila sus gotas de amargura, tanto más intensa cuanto 
más delicados son los nervios y más exquisita la educación inte- 
lectual. A nuestra edad, por lo mismo que se ha progresado tanto 
dentro y fuera de los caminos del .bien, y que ha sido tan fuerte la 
exaltación de los espíritus, hambrientos y nunca satisfechos de 
imaginarias conquistas, tocaba presenciar mayores fatigas é in- 
quietudes que las que atormentaron á los hombres en cualquier 
otra época de la historia. Así se explica cómo el pesimismo ha 
podido ejercer tan señalada influencia sobre el pensamiento con- 
temporáneo. 

La moral de la compasión , dada por Schopenhauer, se dirige á 
proporcionarnos un consuelo en medio de nuestras imprescindi- 
bles dolencias, y sin embargo, ha contribuido á reavivar su amar- 
gura. La naturaleza es esencialmente malvada, dice; ella nos ins- 
pira el egoísmo y el deseo de vivir, raíz de todos nuestros sufri- 
mientos. ¿Cómo hemos de sustraernos á la tiranía fatal del dolor? 



118 LA CRISIS DE LA MORAL 



En la vida de ningún modo, porque ya ella es un mal. Únicamente 
lo conseguiremos mediante la absorción de nuestra existencia en 
el «nirvana» de Budha. La moral, de consiguiente, es«la negación 
práctica de la realidad del mundo físico.» Para combatir el mal se 
hace necesario suprimir en nosotros los anhelos de vivir, casti- 
gar el cuerpo con todas las prácticas del ascetismo, renunciar á 
la vida individual y confundir nuestro corazón con el del prójimo 
por medio de la piedad de sus miserias, hasta que lleguemos todos 
á desaparecer después del aniquilamiento de nuestra personali- 
dad, en el vacío ideado por Budha. 

Este sistema será un anacronismo en la historia del siglo XIX; 
pero el éxito que ha obtenido en Alemania y Francia demuestra 
el cansancio intelectual y el hastío de espíritu que padecen nues- 
tros contemporáneos después de corridas tantas aventuras en pos 
de utópicas conquistas. 

Hagamos mención de la moral de la Esperanza, propuesta por 
Alfredo Fouillée en sustitución de los demás sistemas que él con- 
sidera frustrados. Es una combinación sagaz de elementos disper- 
sos pertenecientes al idealismo y evolucionismo, sometidos á la 
atracción del Ideal altruista, cuya victoria sobre el egoísmo instin- 
tivo, ó no razonado, nos dará la moral del porvenir. Pocas analo- 
gías con el pensamiento de Fouillée tiene el del célebre filósofo y 
poeta Guyau, convertido del idealismo platónico y kantiano al 
evolucionismo positivista, del que se mostró original intérprete en 
su Esquisse d'une mor ale, obra muy aplaudida en Francia. El fin 
de la moral, dice, está «en la plenitud de la vida intensiva y ex- 
tensiva bajo su aspecto físico y mental.» El deber es la necesidad 
de expansionar el poder interior, la sobreabundancia de vida que 
hay en el hombre: «nada de dirección del pensamiento ni de la 
conciencia.» La vida ha de, ser total, independiente de toda res- 
tricción exterior. Mas, pudiendo desarrollarse la vida en diversas 
direcciones, ¿cuál de ellas ha de prevalecer? Guyau da la preferen- 
cia á la sociabilidad del individuo, al amor y simpatía de los hom- 
bres entre sí mediante lo que él llama «fusión creciente de las sen- 
sibilidades.» Otros, en cambio, darán la preferencia al desarrollo 
egoísta de la vida, y de ello tenemos un ejemplo bien manities- 
to en ¡Nietzschel 

«El esfuerzo por vivir y dilatar la vida propia, decía, he ahí 
la ley fundamental de la existencia. Es necesario decir si á cuan- 
to hace la vida exuberante, lujuriosa, tropical; sí al error, á la 



LA CRISIS DE LA MORAL 119 



guerra, al mal, en caso de que nos convengan» (1). «Que el hom- 
bre , desengañado de toda creencia en un más allá , se con- 
centre en la presente vida, y procure darle una intensidad nueva: 
duro á los otros; porque la piedad es una tentación y un error.» 
Nietzsche desprecia la moral cristiana, llamándola moral de los 
esclavos y propia de gente degenerada y miserable. La verdadera 
moral es la de los hombres fuertes que desprecian y tiranizan á 
los pueblos, que rechazan todo instinto que no sea egoísta, que se 
deleitan con las amarguras del pobre y con el derramamiento de 
sangre inocente. La humanidad figura un lodazal inmundo sobre 
el que se eleva insultante y gozosa la flor del superhomo, del bur- 
lón insigne, superior á todos los semi-dioses del Olimpo, y que dis- 
frutará especialmente con la perspectiva sangrienta de los com- 
bates, etc. 

Los maestros de este feroz anarquista de la moral han sido 
Kant, Scheling, Hegel, Fichte, Darwin, Guyau, Stirner y otros. 
Compadezcámosle, aunque él no nos lo agradezca. «Amaos los 
unos á los otros.» «La dicha consiste en vivir para los demás,» nos 
dice el celebrado pintor de la vida moral, León Tolstoi, que ha he- 
cho de la piedad una religión, y que por lo mismo puede conside- 
rarse como antípoda intelectual de Nietzsche, y continuador dé 
Schopenhauer, si la piedad en uno y en otro no tuviera tan distinto 
sentido. El amor, según el novelista ruso, constituye la sustancia 
de la vida, según la ley suprema que debe fijar todas nuestras as- 
piraciones. Al egoísmo, á la sensualidad, á la injuria, opone la ca- 
ridad, la pureza de costumbres, el perdón. Cree en la doctrina de 
Jesucristo, porque no halla otra que proporcione igual suma de 
bienes á los pueblos. Sin embargo, esa doctrina ha sido corrompi- 
da por la tradición eclesiástica, que nos ha desorientado en la in- 
vestigación del verdadero bien. En el Evangelio interpretado por 
la razón individual es donde se encuentra el sentido de la vida hu- 
mana, que condena todo instinto egoísta y que nos preceptúa la 
mutua tolerancia, la no resistencia al bien ni al mal, la participa- 
ción de todos igualmente en los bienes que constituyen el patrimo- 
nio de la humanidad. De ahí que sea necesaria una reorganización 
completa de las sociedades, fundada sobre el comunismo del tra- 
bajo y de sus frutos, y mediante el acrecentamiento del amor, al 



(1) V. Lichtenberger: La philosophie de Nietssche. 



120 LA CRISIS DE LA MORAL 



cual está encargada la realización del reinado de Dios en la 
tierra. 

El pensamiento de Tolstoi ha pasado por fases muy diversas, y 
aun pudiera decirse que ha realizado una completa evolución des- 
de el individualismo egoísta de su juventud hasta el hipermisticis- 
mo religioso que revela en sus últimos escritos, donde todo viene 
á reducirlo á la identificación de nuestro ser con Dios, con el Ser 
universal manifestado al alma humana, no por los dogmas de las 
religiones ni por los falsos dictados de la ciencia ó de la civiliza- 
ción, sino por nuestra conciencia misma. 

La moral apoyada en el sentimiento de lo bello tiene también 
sus partidarios, que forman la que se llama escuela estética, y entre 
los cuales descuellan, particularmente y por diversos títulos, Ra- 
vaisson en Francia y Ruskin en Inglaterra. Ambos convienen con 
Tolstoi en que el hombre no ha nacido tanto para pensar como 
para amar. La contemplación admirativa de la naturaleza, la 
persecución de lo bello en las acciones humanas, la purificación 
'de la vida por la virtud soberana del arte, he ahí los grandes ele- 
mentos moralizadores de la sociedad. 

Dentro de estas corrientes más generales existen otras de no 
pequeña importancia y con caracteres más ó menos distintivos, 
cuya indicación sería harto fatigosa, además de superflua, para los 
fines que nos hemos propuesto. Difícilmente se encontrarán dos 
autores que convengan en la explicación total de sus teorías, al pa- 
recer análogas . La historia de cada escuela se reduce á un quitar 
y poner constante de piezas, según los diversos humores de sus 
adictos, como lo testifica la «evolución» de Spencer y el «formalis- 
mo» kantiano, modificados por todas las maneras posibles hasta 
nuestros días, y que prometen aún dar mucho juego á las genera- 
ciones futuras, si Dios no mandaun nuevo Sócrates que deshaga la 
enmarañada urdimbre de prejuicios voluntarios é involuntarios 
que detienen en muchos espíritus el paso á la luz de la verdad. 

Hn vista de la heterogeneidad creciente de sistemas y de la in 
eficacia en todos reconocida para dar solución á los problemas mo- 
rales, algunos han querido poner orden en el campo racionalista y 
contrarrestar la influencia perversa ejercida en la sociedad por el 
individualismo imperante, haciendo un llamamiento á todos los 
hombres sinceros y de buena voluntad, con el linde constituir a 
modo de agrupaciones éticas destinadas á moralizar á las muche- 



LA CRISIS DB LA MORAL. 121 

dumbres por la predicación del amor mutuo, de la piedad y de la 
justicia, y en que se prescindiera de toda discusión de principios. 
Renunciar á la verdad objetiva, que es motivo de disgregación y 
de lucha, y trabajar únicamente por la propagación de los senti- 
mientos morales comunes á todos los hombres, como la fraternidad 
y el desinterés, he ahí el programa de esa nueva dirección inspirada 
en las tendencias simpáticas de Tolstoi. A ella pertenece la Unión 
para la acción moral, sociedad fundada en 1891 por Pablo Desjar- 
dins y algunos amigos suyos, como Lagneau, y que hoy cuenta 
con más de mil quinientos adeptos dedicados en su mayor parte á 
la primera enseñanza (1). Nada de dogmatismo ni de especulación 
científica: libertad omnímoda de espíritu, tolerancia completa de 
opiniones individuales, resistencia á toda intrusión de discusiones 
metafísicas, y solamente una disposición común de ánimos favora- 
ble al desarrollo de todos los buenos sentimientos que perfeccio- 
nan á la humanidad, es el rasgo característico de la Unión. No hay 
que decir los absurdos que entraña ese divorcio de la teoría y la 
práctica, de la ciencia y la moral, inadmisible para cuantos tienen 
conciencia de la solidaridad que debe existir entre las facultades 
cognoscitivas y las afectivas. 

Semejante á esta empresa de Mr. Desjardins, recibida con 
gran aceptación en Francia, es la que se ha propuesto la Society 
for Ethical Culture, inaugurada por Mr. Adler en Nueva- York, y 
cuyo programa expone Mr. Bargy en estos términos: «Nuestra úni- 
ca creencia fundamental es la fe en el bien. Este Credo se funda en 
la realidad. Nosotros no pretendemos otra cosa más que la volun- 
tad común de practicar lo que todo el mundo profesa. Tratamos 
de concentrar sobre la vida moral el entusiasmo y el carácter ri- 
tual que han sido en otro tiempo propios de la religión» (2). 

Esto es una demostración palpable del desconcierto que impe- 
ra entre los mismos racionalistas y del fracaso de todas sus vanas 
promesas con que han fascinado al espíritu superficial de nuestra 
época. 

La empresa de M. Adler, después de todo, ha venido á consti- 
tuir una secta más entre las innumerables que componen el pro- 
testantismo en la América del Norte. 



(1) Véase Le Congrés international de phüosophie reseñado por 
A. Lalande en la Revue Phüosophique , número de Noviembre de 1900. 

(2) Revue Phüosophique, loe. cit. 



122 LA CRISI8 DE LA MORAL 



Además de la Unión antes mencionada, se han establecido en 
algunas capitales de la vecina República las llamadas Universi- 
dades populares, cuyos frutos dejan mucho que desear aun á sus 
mismos organizadores. Las conferencias, se decía en una exposi- 
ción presentada al Congreso internacional de Flosofía de 1900, se 
hacen demasiado al azar: no hay adaptación á las condiciones del 
público, ni uniformidad: los conferenciantes no se conocen, ni se 
entienden, y cada uno habla de lo que le viene en talante. Mien- 
tras tanto, la contradicción de ideas allí emitidas no basta para 
reanimar el espíritu de crítica, y en realidad no sirve sino para 
crear confusión y aumentar el desprecio de tales instituciones. 

A este género de apostolado pertenecen también las conferen- 
cias dadas por eminentes maestros de diversa filiación intelectual 
en el Colegio libre de Ciencias sociales de París durante los dos úl- 
timos años, y que se han publicado en dos volúmenes, notables por 
la heterogeneidad de lecciones que encierran. «La escuela, dice 
Croiset, uno de sus fundadores, está constituida por un grupo de 
hombres de buena voluntad que, sin renunciar á sus opiniones pri- 
vadas, se hallan de acuerdo sobre dos puntos: , en la importancia 
de las ideas morales, y en la fecundidad de la iniciativa particular 
en todas las cosas... No elegiremos ningún sistema: cada uno po- 
drá decir sinceramente lo que piensa. Deseamos contribuir á crear 
una agitación moral, persuadidos de que las diferentes teorías 
pueden, como las sectas en . Inglaterra y América, existir una al 
lado de otra para aprovechamiento de todos.» Y Boutroux añade: 
«Debemos habituarnos á ver puestos en cuestión los principios de 
la vida práctica como se discuten ias teorías y las hipótesis de la 
ciencia de la naturaleza. El conflicto de las opiniones no debe 
asombrarnos más en una parte que en otra... Sin embargo (en 
nuestras lecciones de moral) nos atendremos á las máximas co- 
munmente aceptadas por los más honrados de la sociedad.» Es 
decir que, á pesar de los derechos de investigación científica, 
Boutroux pide que la enseñanza sea conservadora. «Pero insinuar 
las máximas de los más honrados, replica Paulhan, es dar ya por 
resuelto el problema; porque pudiera suceder que esas gentes más 
honradas de la sociedad no sean las que comunmente pasan por 
tales. En el caso de que el ¡maestro ó educador tuviera ideas in- 
dependientes no conformistas, se vería quizás en la precisión de 
mentir y de violar de este modo las reglas que él mismo recomien- 
da á sus discípulos.» 



LA CRISIS DE LA MORAL 123 



Y que la discrepancia de ideas entre los colaboradores de 
Croiset y Boutroux alcance muy grandes proporciones, nos lo de- 
muestran los dos volúmenes de conferencias pertenecientes á los 
dos cursos de 1899 y 1900, cuyo carácter podemos conocer por la 
crítica que de ellos hace el semipositivista Paulhan. «Yo confieso* 
dice, respecto del primero, que las divergencias son lo que más 
me ha impresionado. Sin duda que todas las teorías morales se 
pueden reducir, si hay empeño en ello, á la misma unidad abstrac- 
ta; pero esto sólo es posible despojándolas de todo cuanto tienen 
de preciso y de concreto. En realidad, y reflexionando sobre las 
teorías, tales como se nos presentan, me parece que apenas se en- 
tiende nadie... Aun en aquellos puntos en que parece haber uni- 
dad, temo que ésta no sea más que una apariencia. Yo veo bien, 
por ejemplo, que todos los autores tengan el culto de la tolerancia 
y de la idea del deber; pero de hecho, no solamente cada uno en- 
tiende el deber concreto á su manera, sino que sería imposible el 
acuerdo hasta sobre el concepto exacto del deber (sur ce que 
c'est au juste que le devoir) (1). Paulhan aplaude, sin embargo, las 
tentativas de los conferenciantes, porque «la agitación puede ser 
fecunda, suscitar movimiento de ideas y contribuir á la formación 
de escuelas que realicen algún progreso. Esto sería no pequeño re- 
sultado, y nada prueba que sea imposible conseguirlo. Dar á las 
teorías ocasión de revelarse mejor al público, de esparcirse, desen- 
volverse y completarse, es cosa que merece la pena de que se in- 
tente.» Está bien; pero alguien podría decir de esa gran feria de 
los sistemas morales lo que dijo de la historia uno de nuestros 
contemporáneos: que es «una gran escuela de inmoralidad.» 

P. Benito R. González, 

o. s. A. 
(Continuará.) 



(1) Véase Revue Philosophique, Fevrier, 1900. 



ANTIGUA LISTA 

DE MANUSCRITOS LATINOS Y GRIEGOS INÉDITOS 

DEL ESCORIAL 



Códices Biblioteca MS. qui nusquam impressi inveniuntnr. 

(Bib). Escorial. -Sec. de Impresos -49-H-28. Fols. 144-147.) 



II 

[manuscripti gr^eci] 



(Continuación) 

72. Eprem syri sermones aliquot ut habes in eius titulo 
in catalogo (i). [Sermo in transfigurationem Domini et incor- 
poralem eius adven tum. v A -4. — Sermo de secundo adventu. 
Id. de his qui passionibus sunt obnoxii et honores reposcunt. 
Id. de judicio, et desiderio, et compunctione. Id. de Ascesi 
sive exercitatione. v-A-9. — Sermo in secundum Domini ad- 
ventum, et de divina et minime ficta chántate, iv-e-25, iv-I-i 1 , 
iii-A-i 5.— ítem in secundum Domini adventum. 1-I-1 1 , iv-K-9, 
111-M-14.— Sermo de his qui in christo dormierunt. i-l-u. 
Sermo de pulcherrimo Joseph. 1-I-1 1, 11-A-18, iii-a-i 2.— [Ser- 
mo de meretice, et de ungüento.] iv-I-i 1, 11-A-18. — Sermo de 
futuro judicio et de compunctione. 1-K-1. — Sermo de Anti- 
christi adventu et saeculi consumatione. n-K-8, iv-K-9, 12; 
iv-a-i3. — Sermones de Ascesi víginti quatuor. 111-K-2. Alii 



(1) La raya perpendicular con que generalmente separa el Padre 
Alaejos los diferentes títulos y signaturas, la indicaremos en lo suce- 
sivo con un punto 6 una coma, según los casos. 



ANTIGUA LISTA DE MANUSCRITOS LATINOS Y GRIEGOS 125 

sermones ascetici 4. or iii-K-8. — De efficacitate dsemonis bo- 
num odio habentibus. iii-K-i 7. —Sermones ascetici sex. iv- 
K-8. — Ad adolescentes quomodo rationis curam habere de- 
beant. iv-K-12. — Sermo in vita B. Andronici. i-a-8. — Sermo 
animae utilis, et praecatio. 1-A-9. — Sermo de compunctione 
et utilitate. i-a-i3, i 5. — Sermones paraenetici varii. 11-A-17. — 
Sermo in Danielem prophetam, et in sanctos tres pueros. 
n-A-18. — De Abraham et Isaac sermones dúo. Ib. — In lau- 
dem SS. Martyrum Salvatoris Nostri Jesuchristi qui in uni- 
verso mundo martyrium subiere. Ib. 

73. Ephrem episcopi chersonis de miraculo S. Clementis 
in Puerum. i-Z-5. 

74. Zoroastris quaedam de maximis hominibus. De duo- 
bus contrariis sermonibus Protagorii et Pirronii. De feris 
aliquibus in rebus secundum rationem operantibus. De men- 
sura et proportione. Ex eius Politicis quaedam. 11-Z-7. De 
Caniculae ortu et signis. ii-e-16. 

75. Zosimi Abb. capita. vi-r-5. ex eius vita quaedam. 

V-A-I3. 

76. Zosimi Thebei misticus liber. 11-Z-4. 

77. Zosimi Panopolite comment. a legitimarum. De com- 
positione aquarum: Paraeneses ad eos qui artem agrediuntur. 
De sacra arte facturae solis et lunae. 11-Z-4. 

78. Helii Philosophi in quinqué voces Porph. iv-B-21. 

79. Helii Presbyteri anthologium. rv-E-21. 

80. Heracliti imper. De chime et auri confection. 1-Z-10. 

81. Heronis Alexandrini quaedam de Geometría et Me- 
chanica non invenio impressa habes ea sub litera. n-Z-io, 
iv-B-26, v-B-18, iv-A-14, 11-2-20, m-Z-3, iv-Z-4, 1-Z-7, ii-Z-io, 

JV-A-23. 

82. Hesichii Alexandrini (1) de virtute modestiae sermo. 
v-a-i3 I in Prophetas minores capita et argumenta. 1-I-7. 



(1) En el Cat. «Hierosolimitani.» 



126 ANTIGUA LISTA DE MANUSCRITOS LATINOS Y GRIEGOS 

sententiae. in-K-3 (i), sermones de Resurrect. ii-a-io. De 
Lázaro. n-A-18. De Hipopante domini. iv-A-9. argumentum 
in Psalmos, v-2-10. ha3C non invenio impressa. 

83. Theodosii Judei Archiphereceti: liber de christi sacer- 
dotio in libro qui a Iudeis absconditus erat, in-K-3. 

84. Theodoti de natiuir 9 xpi sermo. ii-e-12. 

85. Theodoiide hymnis.rv-0-3. de verbis atticis. iv-£-5. 

86. Theodoreti in esaiam expositio. 1--J-7. vide in eius. 
tit.° quae non sunt adhuc impressa.. curatio graecanicorum 
affectuum. [m-1-2, 3] de ascética conuersatione. de amore 
diurno. [111-Í-4]. 

87. Theodori Bizantii ennarratio. iv-a-i3. 

88. Theodori duce Lascaris. Oratio de laudibus Patris 
sui. De laudibus Niceae. Funebris in obitu Federici imp. in 
laudem Georgii Acropolite et omnia quas habes in catalogo, 
praeter libros de communicatione naturali [v-B-19, iv-r-18.] 
qui impressi sunt. [Apologeticus ad quosdam amicos eius qui 
enixé contenderant sponsam ei tradere. 1-A-8.— -Ad Muzalo- 
nem Dominum Georgium interrogantem quales esse oporteat 
servos erga Dóminos, et dóminos erga servos. Ib. — De lau- 
dibus veris et in Gratiosum. Ib. — Comedia adversus Bagiu- 
lum sibi pessimum existentem. Ib. — Ad quemdamCrispinum 
qui iocose de ipso loquebatur. Ib. — Canon in Sanctissimam 
Deiparam. iv-B-3. — Alter canon Acathisti in eámdem. Ib. — 
Praecationes coilectae ex Sacra Scriptura, magna autem ex 
parte ex Sancto Ephrem, propter eos qui volunt bellum pus- 
sionibus et propriis voluptatibus inferre. Ib. — Christianae 
Theologiae libri septem. iv-A-21.— In Annuntiationem sanc- 
tissimae Deiparae et semper virginis Maride sermo. Ib.] 

89. Theodori Hermopolite exp.° aliquorum titulorum co- 

dicíS. U-Z-I2; 



(1) En la lista y en el Cat. 11-K-3, equivocadamente, pues el có- 
dice correspondiente á esta signatura existe a'm, y no contiene las 
mencionadas Sentencias. 



INÉDITOS DHL ESCORIAL 127 



90. Theodori Abucare multa habes in códice, h-a-i et 
vi- r -7, et iv- 1- 1, quae non sunt impressa hucusque. [De Dei 
nominibus. ii-ai. — Disputado demonstrans quod pater sem- 
per generat, filius vero semper generatur. Ib. — Disputatio al- 
tera contra Nestorianos (1) Ib. — Alia disputatio contra Ja- 
cobitas (2) Ib. — De máxime propria differentia. Ib. — De tem- 
pore. Ib. — Doctrina compendiosa dedivinis nominibus et de 
comunibus sanctissimse Trinitatis et de propriis cuiusque per- 
sonan . Ib. — Interroga tiones Origenistarum adversus fidelem. 
Ib. — Responsio ad infidelem interrogantem. Ib. — Communis 
appetitio a música translata. Ib. — Musicae regulae sectio. Ib. 
—De densitate. Ib. — De analogiis. Ib. — Quomodo oporteat 
occupariseusuperaridiversorumacies. Ib. — Compendiarium 
opus Philosophiae. Ib. — Numerorum concissior phasis. Ib. — 
Musicae sinopsis accuratissima. Ib. — Ad postulantem demon- 
strationem sibi reddi ex discursu quod sit Deus. vi-T-y. — In- 
terrogado Arabum ad christianum. Ib. — De christianorum 
haeresibus scholia. iv-I-i (3). 

91. Theodori Metochitae omnia quae napes in catalogo 
praeter commentaria in Aristotelis Phiam. — [Doxologia in 
Deum, et de sua, et regionis habitatione. — In Deiparam, 
itemque de regionis mansione. — In Gregorium Bulgariae ar- 
chiepiscopum. — In Nicephor. Gregoram monitiones ex pro- 
priib suis operibus. — De magno Athanasio.— De tribus sum- 
mis sacerdotibus Basilio Magno, Gregorio Theologo, et Joan- 
ne Chrisostomo. — Oratio funebris de Augusta Irene Coniu- 
ge lmperatoris Andronici Paleologi — Alia Oratio funebris in 
obitu iuvenis lmperatoris Michaelis Paleologi.— Alia oratio 
funebris in obitu Generi sui Caesaris Joannis Palaelogi. — 



(1) Correg. al margen «Nestorianum.» 

(2) Correg. al margen. «Jacobitam.» 

(3) Col vi lo escribió en el margen del Catálogo dos veces la nota 
hcec non sunt illius, aunque no se sabe á punto cierto á qué obras se 
refiere de las allí apuntadas como de Teodoro Abucara. 



128 ANTIGUA LISTA DE MANUSCRITOS LATINOS Y GRIEGOS 

De Mathematico genere philosophiae et praecipue harmónico. 
— De Sapiente Xantopulo Nicephoro et de propriis libris. — 
Ad suum consobrinum Protasichretem, et de priori ipsorum 
vitae. — In eumdem item et de vitae molestia. — In eumdem 
item, et de inequalitate rerum huius saeculi. — In eumdem 
post mutationem fortunae suae, libri 4. — Astronómica? insti- 
tutionis epitome, liber primus. 1-B-9. — Epistolae 76 ad diver- 
sos. iv-B-24. — ítem Epistolar 48 ad diversos. n-I-io. — Ma- 
thematica. i-r-i. — Qualis sit usus explicationis quorumdam 
capitum per quae frequenter Ptolomaeus astronómicas enu- 
merationes, et mathematicarum demostrationum argumenta 
concludit. i-r-i.— Commentariae in magnam compositionem 
Ptolomei. i-r -1 . — De variis logicae et utriusque Philosophiae 
argumentis capita ioo.'11-r-i. — De Urbibus et gentibus capi- 
ta 20. 11-r-i. — Sententiosae significationes. m-2-14, i-Z-3. — 
Threni sive lamentationes super hominum vita. iv-Z-8.] 

92. Theodori Magistri de laudibus S. Pauii. nK-5, [rv- 

K-H-] 

93. Theodori Meliteniotis omnia quae sunt in catalogo. — 

[Ex primae astronomicae tribiblo, sive calcuiorum collectio- 
ne. i-A -5. — Proaemice in astronomiam. v-H-3. — Quid sit As- 
tronomía, et a quibus a principio inventa ad Graecos postea 
pervenit: quisque sit scopus mathematicae, et magnas compo- 
sitionis v-H-3.] 

94. Theodori Prodromi omnia, praeter expositiones in 
Posteriora. [Expositio in Moscopuli grammaticam. v-A-n. 
—Altera expositio in cañones Dominicorum Festorum expo- 
sitorum a Sanctis poetis Cosmae et Joanne. iv-Z-18, i-e-5, 
iv-I-io, iv-M-i. — Eiusdem et Josephi expositio in Psalmos. 
iv- o -7, v-Z-12. — Thetrastica iambica et heroica in ea quae 
summatim dicta sunt in veteri creatione super exameron. 
iv-e-10.] 

95. Theodori Trimitunton episcopi vitae S. Joannis chr- 
sostomi. i-M-i3. 

96. Theophili Philosophi Primitiae militares, et de ofñcio 



INÉDITOS DEL ESCORIAL 129 

obstreticandi. m-A -5, 7. item de Vrinis. v-H-16, iv-2-14. 

97. Theophilacti in Prophetas minores, non est impres- 
sus nisi oseas et Joñas. i-H-i3. item sermo de Praesentatio- 
ne B. Mariae. [11- e -i3.] 

98. Theophylacti simocatis dialogus de naturalibus quaes- 
tionibus. 11-2-19. oecumenica historia. 11-B-4, 1-1 -7. 

99. Theo nis smyrnaúde PlatonisArithmetica. niZ-2. De 
locis ad Platonis lectionem in mathematicis conducentibus 
i-a-3. De Música, iv-r-10. 

100. Theocaro de hymnis. iv-B-3. 

101. Jacobi fratris domini de natiuitate B. Mariae histo- 
ria. v-a-6. prohibitum est opus. 

102. Jamblichi Historici de rebus Babyloniis et impera- 
toribus eius. iv-E-18. 

io3. Ignatii Monachi capita varia. iv-Z-18. 

104, Ierothei Philosophi carmina lapidis Philosopho- 
rum. 11Z-4. 

io5. Ieroclis com mentada in Pytagore dicta. nr-B-i5, et 
alibi; [iv-A-25.] 

106. Hippolyti Romani omnia [Quod Dominus quo tem- 
pore passus est typicum agnum non edit. n-A-20. — De Su- 
sanna. 1-I-7. — Eiusdem et Ammonii expositio in Danielem. 
1-I-7. — Eiusdem de consumatione saeculi et de Antichristo, 
et expositio in Danielem Prophetam, quomodo vidit regna; 
et de secundo adventu. 1-I-1 1, m-K-16, m-A-19.] 

P. Benigno Fernández, 
o. s. A. 
(Continuará.) 



«^crvo^ *3LW> \D^->- 



DE 



PRIMERA Y SEGUNDA PARTE 
Razón del titulo y de la división del Capitulo en dos partes. 

Tratando de Meteorología, así dinámica como estática, tanto 
endógena como esógena, antigua y moderna, terrestre ó planeta- 
ria, se pueden escribir gruesos volúmenes compuestos de largos 
libros, y en ellos numerosos capítulos. Mas como en el asunto 
que pensamos tratar en la serie de artículos que hoy comienza, 
habremos de referirnos á cuestiones muy concretas entre las que 
estudia ó puede estudiar la vastísima ciencia de los metéoros, de 
aquí la razón del título con que bautizamos el presente trabajo, 
que, si corto con relación á lo que pudiera prolongarse, no lo 
será tanto que no nos dé materia para entretener durante algún 
tiempo al curioso lector, con cuya benevolencia contamos por 
anticipado. 

Dividimos el capítulo en dos partes: una que tratará de cosas 
viejas, y otra de cosas nuevas. Aquéllas las llamamos así, porque 
son más ó menos conocidas para el lector amigo y para la mayo- 
ría de los que sigan su ejemplo, leyendo las unas y las otras: á 
éstas las calificamos de nuevas, porque, sin desechar las viejas, 
antes con ellas por base, trataremos de explicar cuestiones y he- 
chos que parecerá atrevimiento los expongamos nosotros en la 
forma que pensamos hacerlo. Y aquí hemos de manifestar que si 
antes dábamos por supuesta la benevolencia del lector, por lo que 
se refiere al conjunto del Capítulo, k ahora, y para esta segunda 
parte, espe'ramos también su crítica, que nos será tanto mas agra- 
dable, cuanto más severa, siempre que venga adornada con los 
caracteres de imparcialidad, animada por el amor á la ciencia, 
y dispuesta á dar razón de sus. juicios, lo mismo que a exigirla 
de nosotros, en pro de nuestras aseveración es. Asi vestida, no du- 
daremos en ofrecerle la mano de amigos sinceros tan pronto como 
se digne presentarse. Sólo en un orden de ideas rehuiríamos ira- 
bar relaciones con ella, y sería cuando, más qiu- en el fondo dé las 
cuestiones, se entretuviese en la forma; tnás que en lo esencial, 



UN CAPÍTULO DE METEOROLOGÍA DINÁMICA 131 

en lo puramente accidental; porque respecto de la forma sólo as- 
piramos á darnos á entender con claridad y precisión, haciendo 
más caso de la gramática que de la retórica: y en cuanto á lo 
accidental, como accidental lo dejaremos pasar sin mirarlo á la 
cara. A la benevolencia agregue, pues, el lector la dosis de pa- 
ciencia necesaria para soportar nuestro lenguaje deslabazado 
y sin primores; atienda al fondo, examínelo detenidamente con 
la imparcialidad supuesta; y . si así resultamos condenados ante 
el tribunal de su crítica, apoyada, como se supone, en razones 
tanto ó más poderosas que las expuestas por nosotros, ó las 
que expongamos si fuere necesario, no dude que seremos los pri- 
meros en unirnos á él para cantar el himno de la victoria por am- 
bos alcanzada, en contra del error que en mal hora se hubiese 
introducido en mi escasa inteligencia. 

PRIMERA PARTE 

TEORÍA GENERAL DE LA CIRCULACIÓN AÉREA, SEGÚN LAS IDEAS 
CORRIENTES EN METEOROLOGÍA 



Meteorología estática y Meteorología dinámica.— Oscilación 
diurna del barómetro.— Marea atmosférica. 

Meteorología estática y meteorología dinámica. Así como la 
Meteorología estática estudia los fenómenos de la atmósfera en 
una localidad determinada, en una región más ó menos extensa 
de la superficie terrestre, de un modo, por decirlo así, aislado é 
independiente, sin relacionar los metéoros allí ocurridos con los 
en otras partes observados; indagando, no las causas generales 
de los mismos, sino las particulares; no las lejanas, sino las que 
inmediatamente influyen en los hechos; la Meteorología dinámica, 
por el contrario, fijándose especialmente en los grandes movi- 
mientos atmosféricos manifestados por las corrientes aéreas, in- 
dicadas por las bajas y altas presiones barométricas, considera 
los metéoros locales no más que como efectos variados de la causa 
general, cuyo origen, desarrollo y manifestaciones á través de la 
masa gaseosa que nos rodea, constituyen el objeto principal de 
su estudio. 



182 UN CAPÍTULO DE METEOROLOGÍA DINÁMICA 



Un descenso barométrico apenas significa otra cosa, para la 
Meteorología estática, que una disminución más ó menos impor- 
tante del peso del aire en la localidad de observación y cercanías. 
Si acompañan ó sobrevienen vientos y lluvias, etc., el fenómeno 
se explica sin ir á buscar su causa lejos de la misma región. El 
calor del sol, como agente primario, los vientos cálidos ó fríos de 
rumbos adecuados, ó la calma atmosférica, con otras circunstan- 
cias, han contribuido á enrarecer el.aire ó aumentado su densidad. 
Elevándose en el primer caso á las capas superiores de la atmós- 
fera, sustituido á su vez por el aire más frío ó más denso de las 
regiones vecinas, estableciéndose así como una lucha de fuerzas 
encontradas, mezclándose las capas de mayor temperatura im- 
pregnadas de vapor acuoso, con las de temperatura más baja, el 
equilibrio estático atmosférico deja de existir, originándose de tal 
modo y por otras circunstancias que sería largo enumerar, la 
condensación acuosa , las manifestaciones eléctricas , según la 
estación, la lluvia, la nieve y demás metéoros. 

En cambio, para la Meteorología dinámica, prescindiendo de 
las pequeñas oscilaciones diurnas del barómetro, que al fin ex- 
plica también dinámicamente, causados ^por la acción del sol y de 
la luna sobre la . atmósfera, el descenso barométrico observado 
significaría que, más ó menos próximo á la localidad de obser- 
vación, existe un centro perturbador del equilibrio, que por el 
Norte ó por el Sur ó por algún otro rumbo, pasa, corre y se tras- 
lada á otros parajes, ó al de observación se aproxima, una depre- 
sión barométrica de la cual depende la que el barómetro señala, 
de cuya intensidad y amplitud podría juzgarse si , al mismo tiempo 
que las indicaciones locales del instrumento , pudiera precisarse 
la distancia á que de él se encuentra el centro principal de la 
onda perturbadora, en torno del cual la experiencia demuestra 
que giran los vientos regular ó irregularmente, fuertes ó suaves, 
según las posiciones relativas ocupadas por el observador y por 
el centro ciclónico, y según la importancia del mismo. 

Marea atmosférica Hemos mencionado las pequeñas oscila* 
»-¡<mes diurnas del barómetro, causadas casi directamente por la 
fuerza atractiva del sol y de la luna sobre la masa aérea, en forma 
semejante á las producidas por la misma (ansa en la masa líquida 
de los mares. V para que ea la exposición de la materia que he- 
mos de tratar en lo suceairo nos encontremos más expeditos, diga- 
mos desde luego algunas palabras atería de la marea luniSÓlaf 



UN CAPÍTULO DE METEOROLOGÍA DINÁMICA 133 



atmosférica, cuya existencia es tan real como la que en el Océano 
diariamente se observa, 

En tiempo normal y tranquilo, cuando el barómetro no es per- 
turbado por la influencia de bajas ó altas presiones cercanas , de 
modo que el instrumento no está sometido á cambios bruscos de 
presión, se observa que de diez á once y media de la mañana, y á 
veces hasta las doce del día, la presión barométrica crece en una 
cierta cantidad, de medio á dos milímetros —como caso extraor- 
dinario este último extremo— para descender luego la misma can- 
tidad ó algo más desde las doce hasta las tres ó cuatro de la tarde. 
Durante la noche, de diez á doce horas de la misma, en tiempo 
normal también ocurre otro máximo, al que sigue un pequeño mí- 
nimo sobre las cuatro á las seis de la mañana. La oscilación noc- 
turna es, como se sabe, menor que la diurna. La observación de 
esta última, aunque sea de tan corta amplitud, puede ser útil para 
rastrear algo acerca de la persistencia, hasta el día siguiente, de la 
tranquilidad atmosférica que ahora suponemos reinante, ó la pro- 
babilidad de alguna perturbación que se avecina. En efecto, si la 
pequeña ondulación ascendente en la curva barométrica no se ha 
iniciado de once á once y media, sino que se conserva el mismo 
nivel, ó acaso con alguna tendencia al descenso, suele ser indicio 
casi seguro de que la presión general disminuye, y de que el des- 
censo se acentuará más después de las doce. Este detalle, al pare- 
cer insignificante, suele ser uno de los primeros indicios, especial- 
mente en el verano, cuando la altura del barómetro oscila próxi- 
ma á la normal de las tormentas eléctricas de la estación. Y será 
un indicio tanto más segurp, cuanto á las mismas horas sea el ca- 
lor más sofocante. Al contrario, sí el barómetro está relativamen- 
te alto y á las doce de la mañana no se presenta el pequeño des- 
censo indicado, puede asegurarse la continuación del tiempo tran- 
quilo, á no ser que la falta de descenso sea producido por un alza 
rápida y extraordinaria, en cuyo caso podría ser indicio de per- 
turbaciones no lejanas que no es del caso examinar ahora. 

La oscilación diurna descrita no es, como pudiera creerse, pro- 
ducida por la fuerza atractiva del sol á lo menos como causa prin- 
cipal, sino por la acción calorífica del mismo. Parece que la acción 
calorífica, lo propio que la fuerza de atracción solar, lejos de 
producir sobre el barómetro un aumento de presión, deberán de dar 
margen al fenómeno contrario, pues el efecto inmediato de la 
atracción será la disminución correspondiente en el peso del aire. 



134 UN CAPÍTULO D.B METEOROLOGÍA DINÁMICA 



Tanto para el sol como para la luna, esta influencia sobre la masa 
aérea, si bien muy considerable en su totalidad, puede decirse que 
es insignificante en un punto dado, y que apenas se hace sensible 
en el barómetro. Superior á la del sol es la acción lunar, y sin em- 
bargo, ni aun ésta puede observarse directamente por medio de 
los barómetros ordinarios y de sistemas hasta la fecha conocidos. 
Hay, sí, otra marea lunisolar atmosférica causada por la fuerza 
combinada de la atracción de los dos astros; pero esta marea no es 
diurna, sino mensual, porque sigue á la luna en su curso en torno 
de la tierra. De estudios hechos antes de ahora y publicados en 
La Ciudad de Dios (1), hemos deducido que el máximo de esta ma- 
rea lunar corresponde al primer cuadrante, dándose á conocer 
por el mínimo barométrico correspondiente. El máximo baromé- 
trico y el mínimo de la acción lunar coinciden con el último cuar- 
to menguante. En resumen, creemos que tanto la marea solar como 
la producida por la luna en nuestra atmósfera, cuya existencia 
juzgamos real por otra parte, ó no influyen, ó influyen poquísimo 
en lo que hemos llamado oscilación diurna del barómetro, cuya 
causa encontramos en la acción calorífica del astro del día. 

En efecto, dilatado el aire por la influencia directa y continua- 
da del sol, á medida que en su movimiento aparente va cruzando 
los meridianos terrestres, aquel fluido tiende á elevarse en la at- 
mósfera en forma de un cono irregular, cuyo eje tiende siempre á 
coincidir con la línea que une los centros 'del sol y de la tierra , 
bien que su posición verdadera se conserve siempre al Este del 
meridiano que á dicha línea corresponde. Mejor que á un cono, 
pudiéramos comparar esta elevación del aire á una gran montaña 
oriental cuya base se extiende desde oriente hasta el mediodía y 
cuya cúspide ó región más alta corresponde á un meridiano más 
ó menos próximo al que el sol ocupa, pero hacia el Este del astro. 
Es decir, prescindiendo del hemisferio opuesto, la masa aérea há- 
llase más elevada por la causa dicha en el semihemisferio oriental 
que en el occidental respecto del punto que el sol ocupa. Se ve, 
pues, que el astro del día es causa constante de un desnivel aéreo 
más ó menos grande, según la diferencia de temperatura en uno y 
otro semihemisferio, los dos bañados por e! sol, pero el dé la re- 
gión oriental más caliente, porque por aquella parte viene el foco 



(i) Suüc pressione atmosf etico, e me reloxioni con la/asi t poM 
./ni// deíla luna. Roma, 1900. 



UN CAPÍTULO DE METEOROLOGÍA DINÁMICA 135 

calorífico ejerciendo su influencia por más tiempo y más directa- 
mente. Con mayor ó menor intensidad, dependiente de la diferen- 
cia de nivel, la masa aérea viene corriéndose, siguiendo el curso 
diurno del astro de Oriente á Poniente. Al oriente ha de ser por 
necesidad menos rápida y más suave la pendiente formada por la 
montaña aérea, mientras que al poniente, por lo contrario, des- 
ciende con más rapidez. Y es consecuencia natural que el aire 
tienda á precipitarse desde las capas superiores de la atmósfera 
hacia esta última región. Añádase á esto el retraso que por la 
fluidez del elemento lleva la atmósfera por efecto del movimiento 
diurno de la tierra. Por el momento damos por supuesto un estado 
atmosférico tranquilo, y prescindimos de otras causas de perturba- 
ción que pudieran influir ó modificar de algún modo el fenómeno 
de que tratamos. En este supuesto, veamos lo que debe ocurrir, y 
qué efectos deberán producirse en el barómetro. 

Fijémonos en un meridiano terrestre, y para comprender mejor 
los pormenores del fenómeno atmosférico, supongámoslo 15 ó 20 
grados al Este del punto de observación elegido. Son las nueve ó 
las diez de la mañana. Hacia el Este la onda aérea levantada por 
el sol; la columna de aire que gravita sobre el barómetro que te- 
nemos á la vista, es menos alta que las. correspondientes á las re- 
giones orientales. Sin embargo, como en éstas es inferior la densi- 
dad del aire, la mayor altura atmosférica puede estar compensa- 
da, en cuanto á la presión se refiere, por la mayor densidad del 
aire más frío de la localidad en que nos hallamos. El primer efecto 
del calor solar es, pues, disminuir la presión, lo mismo que el de 
la fuerza atractiva del astro: las dos causas se suman para produ- 
cir un efecto mayor. Tanto por la una como por la otra, las pre- 
siones barométricas de la región oriental no pueden ser más eleva- 
das que en el punto de observación. 

En tales circunstancias, y sin que el calor solar haya produci- 
do todos sus efectos en nuestro meridiano, las corrientes aéreas 
superiores del Este se precipitan silenciosamente sobre nuestra re- 
gión, siguiendo el curso antes descrito: la columna de aire que an- 
tes suponíamos más corta, crece en altura, no tanto porque el aire 
se haya dilatado, cuanto por las masas que sobre ella van acumu- 
lándose. Ha llegado el momento en que el barómetro comienza á 
elevarse, mientras que el sol se aproxima incesantemente á nues- 
tro meridiano. La onda atmosférico-solar sigue su curso, jamás in- 
terrumpido desde que la Tierra gira sobre su eje y es fecundizada 



136 UN CAPÍTULO DB METEOROLOGÍA DINÁMICA 

por el astro del día; pero á partir de este punto, más ó menos pró- 
ximo á las doce Idel día, mientras nosotros y nuestro barómetrol 
q ue damos ya dentro de la gran montaña aérea y hacia el Este de 
sol, el aire continúa su marcha invisible, precipitándose por la pen- 
diente occidental para reforzar la presión hacia el Occidente, des- 
cargando, por decirlo así, parte del peso que gravitaba sobre 
nuestro barómetro, que con fidelidad admirable nos va señalando 
estas alternativas de altos y bajos en la curva que describe. El 
mínimo que sigue al máximo de la mañana, ocurre de tres á cua 
tro de la tarde, reforzado porque para un punto dado de la tierra 
coincide casi á la misma hora con el máximo término del día, cuyo 
efecto inmediato hemos dicho que era disminuir la densidad de la 
masa aérea correspondiente. 

Sin duda porque la periodicidad del paso de la luna por un me- 
ridiano dado de la tierra no es tan regular como la del paso del 
sol, las manifestaciones en el barómetro de la marea diurna amai- 
no están tan bien conocidas. Ni debe olvidarse que siendo esta ma- 
rea, no efecto del calor, sino de la fuerza de atracción, está demos- 
trado que es muy poco sensible en los barómetros actuales; como 
poco sensible, menos todavía, lo es la marea solar producida por 
la misma causa, por la atracción. Para nuestro intento considera- 
mos como accidentales estos pormenores; por lo mismo no insisti- 
remos más en ellos. 

P. Ángel Rodríguez de Prada, 
o. s. A., 
Director del Observatorio del Vaticano. 
(Continuará.) 



LA SABIDURÍA EN LA MANO 
PENSAMIENTOS, RELATOS 1 CONSEJOS . 

ESCRITOS POR EL RDO. PADRE ALBERTO MARÍA WEISS, 0. P 



PREFACIO 



Muchas veces se me ha manifestado el deseo de que escribiera 
un libro que en breve espacio tratara los principales problemas 
religiosos de actualidad en tal forma, que interesara é instruyese 
á los lectores cultos sin imponerles prolijas y hondas investigacio- 
nes. A pesar de la dificultad de conciliar ambas cosas, me he dejado 
convencer, he cedido á esas instancias, y he aquí el resultado de la 
atrevida empresa. Quiera Dios que esta humilde apología popular 
no sea del todo indigna de nuestra santa causa, ya que, si había 
de responder á su objeto, tendría que ser una obra maestra en mi- 
niatura, como destinada á describir la más grandiosa de todas las 
obras de arte, á cantar la epopeya de los hechos de Dios en la 
humanidad, el drama en el cual la sabiduría y omnipotencia divi- 
nas preparan el reino eterno de Dios ideado desde la eternidad, 
por medio de criaturas rebeldes é imperfectas. 

Al hacer este ensayo he pensado especialmente en la juventud 
reflexiva, y muy en particular en los estudiantes. Persona experi- 
mentada me ha manifestado la duda de que un libro como éste, que 
no puede leerse de un tirón, sino que ha de meditarse, pueda agra- 
dar á la juventud. A pesar de ello, abrigo la esperanza de conquis- 
tar con él modesto lugar en algunos corazones juveniles, pues 
recuerdo con placer el afán con que, siendo yo estudiante, iba á 
caza de frases breves y expresivas, y coleccionaba pensamientos 
sueltos. Yo, por lo menos, hubiera entonces devorado un libro de 
esta índole. De todos modos, confío en que se puede entregar á los 
jóvenes esta colección, sin peligro de que estropeen su estilo, lo 
cual ya es por sí solo una recomendación. Por ellos principalmente 



138 LA SABIDURÍA BN LA MANO 



he hecho mis excursiones al terreno de la poesía, pues á la juven- 
tud es á quien tienen más exacta aplicación aquellas palabras: 

El puro razonar es seco y frío; 
Mas quien el corazón sabe ganar, 
Alas consigue dar al albedrío, 
Y aun á la inteligencia hace volar. 

Finalmente , ha sido mi intención escribir un manual que se 
pueda llevar en el bolsillo y sea nnfiel compañero en horas tran- 
quilas ó amargas. Hay momentos en la vida humana, y no son ra- 
ros, en que se siente el ánimo desfallecido para todo empeño serio, 
momentos de cansancio corporal y espiritual, como consecuencia 
de grandes aflicciones, trabajos mentales demasiado intensos, ó de 
enfermedades recientes. En esos momentos, la soledad y quietud, 
con una ocupación fácil que nos impida engolfarnos en el dolor, es 
medicina probada para el espíritu. La mejor Hermana de la Cari- 
dad es entonces un librito que dé poco que leer y mucho que pen- 
sar. Por no abundar los de este género, he ido recogiendo para 
mi uso particular pensamientos en verso y prosa, según se me iban 
ocurriendo, de los cuales he entresacado los que forman la presen- 
te colección. Al escogerlos es fácil suponer que me han guiado 
como único criterio mis impresiones personales, pues de ellos unos 
han nacido en el lecho de la enfermería, otros son fruto de solita- 
rios paseos, de forzosa quietud ó de fastidiosos viajes en ferroca- 
rril, y no pocos me han dulcificado horas de angustias ó ayudado 
á utilizar el tiempo en que negocios difíciles y sin relación entre sí 
hacían imposible toda ocupación mental ordenada. 

Tal vez dispone Dios esos estados de alma; tal vez los bendice 
justamente en el momento en que se siente la respiración jadeante 
bajo el peso de la cruz, para que almas agobiadas, que padecen y 
luchan, encuentren rasgos semejantes y en ellos una fuerza que 
las eleve hacia Dios, un ejemplo que les haga tolerables sus penas, 
y paz y serenidad que les compensen sus luchas. Todo aquel á 
quien Dios juzgue digno de participar de la Cruz de su Hijo, com- 
prenderá la confianza con que expreso este deseo. 

No es en manera alguna el objeto de este libro la enseñanza di- 
dáctica y demostrativa. Quien tal esperase, experimentaría un des- 
engaño. Gran parte de él se dirige á excitar la reflexión espon- 
tánea del lector; lo demás, á tranquilizarle y animarle. Hay en ese 



LA SABIDURÍA EN LA MANO 



conjunto cosas que entran en él únicamente como adorno, otras 
enderezadas á proporcionar solaz á la inteligencia fatigada y so- 
siego al corazón, y muchas encaminadas á edificar religiosamente 
al alma y levantarla á Dios. Aquí ó allá es de esperar que se note 
en este libro, más vivido que pensado, no lo que hoy ha dado en 
llamarse pesimismo, sino gotas de sangre del corazón ó granos de 
sal de lágrimas; drogas sin las cuales no tiene virtud medicinal 
ninguna obra del ingenio, ni conserva largo tiempo el buen sabor 
ni se gana las simpatías de la flor de la humanidad, constituida por 
los que saben callar y sufrir. 

De buena gana hubiera prestado más atención á las considera- 
ciones que hacen risueña la vida y á la comprensión artística del 
mundo y la naturaleza, si los límites del libro no me hubieran de- 
tenido. Conviene que sepa el mundo que la sabiduría cristiana, le- 
jos de condenar el placer ni la alegría legítima, comprende el me- 
dio de hacer ver á mejor luz y convertir en enseñanza ó en diver- 
sión muchas cosas que por parecer insignificantes pasan de ordi- 
nario inadvertidas, y hechos cuya meditación se evita por fastidio- 
sa. Esa alegría cristiana que se regocija con los encantos déla 
naturaleza, eternamente joven y bella; esa alegre y sana disposi- 
ción de ánimo que descubre siempre en las cosas y en los hombres 
algo que consuela ó que engrandece, es el contrapeso indispensa- 
ble de las penas de la vida, impuestas por la experiencia en este 
mundo y por la lucha para conquistar el otro. 

Esta cristiana concepción del mundo, maravillosamente variado 
y sin embargo harmónico; alegre y serio, blando y fuerte; esta 
concepción, graciosa flor que embalsama los desiertos de la tierra 
como los risueños oasis de la mansión celestial, quisiera, en la me- 
dida de mis fuerzas, expresar en este libro de tal modo, que pacifi- 
cado el espíritu y el corazón del lector, fortificado en el amor y res- 
peto al Cristianismo y su Fundador divino, animado en el servicio 
de Dios, le armase de valor para soportar con calma el peso de la 
vida. 

Dígnese el Señor bendecir estas páginas, escritas para su glo- 
ria, y dar á sus lectores la 

Paz. 



140 LA SABIDURÍA BN LA MANO 



I. DIOS 

1. El camino para ir d Dios. 

Nadie resiste tu luz inmensa, 
No hay mente humana que alcance á Ti; 
Tan sólo un alma sencilla y pura 
Hasta tu trono puede subir. 

2. El libro del mundo. 

«Tienen los litros su suerte,» decían ya los antiguos. Esta suer- 
te cambia según el grado de civilización de los hombres. Para el 
bárbaro, un libro se reduce á una multitud de signos incomprensi- 
bles, que le parecen misteriosos y extraños, y no comprende que 
puedan decirle cosa alguna. Para el que sabe leer, tienen sus ca- 
racteres lenguaje muy variado aunque esto no significa que en 
su totalidad lo comprenda. Para que un libro penetre en el alma, 
en cuanto á su contenido completo, la enseñe, la corrija, la encan- 
te, tiene que estar el lector versado en la materia, ó por lo menos 
tratar seriamente de estarlo . 

El necio lee y el sabio lee: 
Mas ¡cuan distintos los frutos son! 
Vuela-a las cumbres de luz el sabio 
Y el necio gira sin dirección. 

El más grandioso, el más rico, el más artístico de los libros es 
el mundo; libro gigantesco escrito por la mano de Dios; libro cu- 
yas letras son las innumerables criaturas. Quien no ha ejercitado 
bastante el entendimiento para poderle leer, no hace más que ver 
las cosas: las admira tal vez, pero no entiende su sentido. Un natu- 
ralista y un artista vulgares lo leen, sin duda, de corrido, llegan 
hasta explicarse las leyes según las cuales están construidas sus 
diferentes frases; pero no alcanzan á comprender el conjunto de 
la obra, á la manera que el vetusto filólogo que analiza hasta las 
sílabas de Homero, no descubre en él otra cosa que leyes grama- 
ticales, y por entre la materialidad de las palabras se pierde á sus 
ojos toda la hermosura de la poesía. Pocos son los hombres de es- 
píritu suficientemente libre y superior para elevarse de los versos 
al conjunto, de los detalles al gran pensamiento que el porta quiso 
expresar en su obra. 



LA SABIDURÍA EN LA MANO 141 



Lo mismo sucede con ese grandioso poema de Dios que se 
llama el universo: sólo le comprende quien tiene la inteligencia 
bastante elevada y desprendida de la tierra para escuchar la voz 
interior que, al contemplar esta obra maravillosa, le dice cuan ad- 
mirable es su Creador. Así se eleva de la belleza del mundo al 
origen de todo lo bello, de donde procede toda belleza visible, y 
exclama con el poeta: 

Del sol y las estrellas extasiado 
Mi espíritu contempla el esplendor; 
Subo hasta el ventisquero, y a mis plantas 
Admiro el mar inmenso y bullidor. 
Todo me habla de Dios: de su grandeza 
Me hablan el cielo y el rugiente mar: 
Cada rayo de luz es un reflejo 
De ese inmenso y eterno luminar. 

3. La colmena. 

Más orden que en el mundo se advierte en la colmena: 
Entre el bullir inquieto y el incesante ardor, 
Un fin, de las abejas los actos encadena: 
¿Será quizás al hombre la abeja superior? 

Hay una inteligencia que el universo ordena, 
Que aun en la inerte masa ostenta su fulgor: 
Por ella, un orden rige la acción de la colmena, 
SI curso de los astros, las hojas de la flor. 

4. Filosofía realista, 

—¿Tendrá usted la amabilidad de explicarme qué camino han 
seguido las ideas y los sentimientos del hombre hasta que en su 
inteligencia se ha arraigado la idea de un Ser Supremo? 

—Perdone usted: esas preguntas son demasiado vagas y sutiles 
para mi, que soy un realista de tomo y lomo, y enemigo de rodeos. 
Usted mismo juzgará cuando le conteste con otra pregunta. Díga- 
me usted: ¿qué fué lo primero, el huevo ó la gallina? 

—¿El huevo ó la gallina? ¡Vaya una pregunta ridicula! 

—No tai. Respóndame usted. ¿Cuál de los dos existió primero? 

—Espere usted que reflexione un poco . ■ 

—Pero ¿qué responde usted? 



142 LA SABIDURÍA EN LA MANO 



—¡Mire usted qué idea!... Esa pregunta vuelve á cualquiera el 
juicio. 

— Ea; vamos despacio. Yo le diré á usted mi opinión sobre el 
particular, y tal vez le sea más fácil responder cuando yo le pon- 
ga sobre la pista. A mí me parece que primero debió de existir la 
gallina. ¿De qué sirven todos los huevos del mundo si no hay una 
gallina para incubarlos? 

—Cierto: pero ¿cómo nos hacemos con ella? En mi vida he visto 
una que no proceda de un huevo. 

—Yo tampoco, pero eso no importa: por mí no hay inconve- 
niente en suponer, si usted lo prefiere, que el huevo existió pri- 
mero. 

— Sí, pero eso tampoco es posible. ¿De dónde vendría el huevo, 
no habiendo gallina que lo pusiera? 

—Eso mismo estaba yo pensando. Y sin embargo, una de las 
dos cosas tuvo que existir antes que la otra. No hay más remedio 
que decidirse por una: ó por la gallina ó por el huevo. 

—Tiene usted razón. Pues bien; digamos que el huevo... Pero, 
no; eso es imposible... Entonces, la gallina... Pero... ¡tampoco!... 
¡Demonio!... ¡Es cosa de volverse loco!... Y, sin embargo, hay que 
llegar á una conclusión, porque esto no puede continuar hasta lo 
infinito. » 

—Según eso, ¿quedamos en que fué la gallina? 

—Sea. Digamos, pues: la gallina existió antes que el huevo. 

—Perfectamente. Pero me parece que lo mismo da. Lo único 
indudable es que una de las dos cosas ha tenido que ser anterior á 
la otra: lo de menos es cuál ha sido. Convenido, sin embargo: la 
gallina fué lo primero. 

—Convenido. 

—Pero si ella fué lo primero, antes de ella no había nada. De la 
nada no se hace nada, y, sin embargo, nos encontramos con algo. 
¿Cómo ha sido eso? Antes, nada; y de repente, ¡cátate una gallina! 

—Es verdad: por ahí no se va á ninguna parte. Prefiero decir 
<jue el huevo fué lo primero. 

— Aceptado también. Pero si fué lo primero, tampoco había 
nada antes de él, y, sin embargo, ahí está. ¿De dónde ha salido? 

—¡Hombre!... Tal ve/ se haya formado de otra cosa. 

—Pero líjese usted en que esta casando á la ciencia eon el tal 
vez. ¡Qué insulto al realismo! ¿I la visto usted nunca formarse un 
huevo de otra cosa que de la gallina? En esc- punto soy menos 



LA SABIDURÍA EN LA MANO 143 

_^_ ^ , ^ ^ _ 

crédulo que usted. Pase, sin embargo; pero tendremos que esa otra 
cosa fué lo primero, y no haremos más que trasladar á esa cosa la 
misma pregunta. 

—Es verdad. Pero ¿no podía venir eso también de otra cosa, 
ésta á su vez de otra, y así indefinidamente?... ¿Es acaso necesario 
que haya habido una primera cosa? Ha de saber usted que soy par- 
tidario de la teoría de Darwin. 

— ¡Cuidado! No evoque usted á su maestro, que se revolvería en 
la tumba. Darwin sirve para descoyuntar á todos los monos del 
mundo, como Hegel á todas las ideas, y perdone usted este lenguaje 
a un realista. Pero aquí no vienen para nada á cuento Darwin ni 
Hegel. Si usted me viene con millones de cosas hasta llevar nues- 
tro huevo al primitivo protoplasma, lejos de haber dado un paso, 
estaremos todavía al principio de la cuestión. Lo que existía antes 
de todas esas cosas de que usted habla, era, sin duda alguna, lo 
primero. Hasta lo infinito no podemos seguir, como usted mismo 
ha reconocido; puesto que en donde no hay nada primero, no hay 
comienzo, y donde no hay comienzo, no hay continuación. Donde 
hay un segundo, tiene que haber habido un primero, y lo primero 
es el comienzo, y antes del comienzo no hay nada. Volvamos, pues, 
á nuestra gallina y á nuestro huevo. Aquí tenemos la gallina, á 
la que hemos atribuido el segundo lugar; por manera que el huevo 
es lo primero, y antes de él no hay nada. Tenemos, sin embargo, 
gallina y huevo. ¿De dónde han venido? Esa es la pregunta clara: 
venga ahora contestación clara también. 

— ¡Esto es para desesperarse!... La gallina no puede haberse 
hecho á sí misma; el huevo, todavía menos. Yantes de ellos no 
había nada... De nada, no sale nada... Y, sin embargo, ambos 
están ahí... No hay escape: ó de la nada se han hecho ellos mismos, 
ó alguien los ha hecho de la nada. 

—Creo inútil refutar la primera suposición, puesto que usted 
mismo lo ha hecho. De la nada, no se hace nada: nadie niega el 
valor de este principio . Luego queda sólo la posibilidad de que 
alguien haya hecho el huevo de la nada. Advierta, sin embargo, 
que la expresión de la nada es, aun en esta suposición, inexacta. 
De nada, nadie puede hacer algo. 

—Estamos conformes, porque lo contrario sería suponer un 
milagro . 

— Hétenos, pues, en el punto adonde usted quería llevarme con 
su primera pregunta. Los hombres han llegado á la idea de Dios, 



144 LA SABIDURÍA EN LA MANO 



no por violentos y precipitados saltos intelectuales, ni por aberra- 
ciones del sentimiento, sino por reflexión tranquila; no porque 
fueran locos, sino porque no querían llegar á serlo. 

Para hablar, pues, como buen realista, esta es mi contestación: 
La idea de la causa primera, ó sea de Dios, brotó espontáneamente 
en el espíritu del primer ser inteligente que vio la primera gallina 
ó el primer huevo, el huevo-mundo gaseoso de Laplace, si usted 
quiere. Porque no tuvo más remedio que decirse: ó admito un 
Creador, ó me vuelvo loco. 

Por la traducción directa del alemán. 
Paz de Borbón. 
(Continuará.) 



REVISTA DE REVISTAS 



Razón y Fe.— Madrid, Enero de 190& 

El Evangelio de la escuela crítica, por el I*. Litio Murillo. En 
el estudio y refutación de las teorías racionalistas modernas referen- 
tes al sobrenaturalismo bíblico, utiliza al presente el articulista el 
folleto que con el título de Esencia del Cristianistno^ dio á luz, poco 
tiempo ha, el profesor Harnack, de Berlín, saludado con entusiasmo 
por sus correligionarios y admiradores como el portaestandarte de la 
ciencia novísima teológica y crítica. Sigúele paso á paso, por ser el 
libro, en opinión de la prensa sectaria, la fórmula más completa y la 
expresión más exacta de la escuela racionalista, y después de extrac- 
tarle minuciosamente, recorriéndole página por página, le parece al 
P. Murillo que lucha entre líneas el espíritu del folletista con "cierta 
rectitud nativa de su alma, la niebla acumulada encima por las pre- 
ocupaciones de secta, y una resolución decidida á mantenerse atrin- 
cherado en el naturalismo radical, á pesar de las reclamaciones de 
la razón y de la Historia, cuya elocuencia se siente, pero que, por des- 
gracia, son ahogadas por aquella lastimosa disposición... Pugnan ver- 
daderamente en el ánimo de Harnack las afirmaciones teóricas y la 
desi Tipción que hace de la vida práctica en el protestantismo y en la 
religión católica. u La Iglesia romana, escribe, en su estado y Con- 
gregaciones religiosas, posee un elemento de vida profundo. En todos 
tiempos ha producido santos, y los produce hoy. Hállanse en , ella 
familiaridad con Dios, humildad sincera, consagración completa de la 
vida en servicio de sus hermanos; muchos de sus miembros llevan so- 
bre sí la cruz de Cristo y ejercitan aquel juicio de sí mismos y disfrutan 
aquel gozo en Dios, que alcanzaron un San Pablo y un San Agustín. 
La lectura de La Imitación de Cristo alimenta la vida religiosa indi- 
vidual, y un fuego que arde con llama propia... ;Y cómo puede desco- 
nocerse que esta Iglesia..,, por sus grandes teólogos de la Edad Media, 
ha aplicado con fruto el Evangelio á muchas circunstancias de la vida, 
y ha creado una ética cristiana...? Hay en esta Iglesia cristianos cua- 
les los excita el Evangelio, de vida severa y llenos de caridad, henchi- 
dos de gozo y paz en Dios.,, 



i-0 



14G REVISTA DB REVISTAS 



Revista Contemporánea.— 15 de Diciembre de 1901. -Madrid. 

Délas huelgas agrarias en España, por Lorenzo Domínguez.- 
Después de haber expuesto el autor en los artículos anteriores la ver- 
dadera y especial naturaleza de las huelgas agrarias, sus destructo- 
res efectos y los resultados infinitamente más funestos que los ocasio- 
nados por las industriales, concluye su importante y oportuno trabajo 
determinando algunos de los medios para evitarlas, ó á lo menos, "si 
esto no es posible en el estado actual del mundo y el especial de nues- 
tro país, de aminorar sus daños y perniciosos efectos... „ 

Desde luego convenimos con el autor, en que no es la mejor manera 
de acabar con las huelgas el hacer su elogio, ni consentir la predica- 
ción y propaganda anarquista, ni alentarlas dejando que tome cuerpo 
el motín, "como vienen practicando las autoridades civiles,,, no; seme- 
jantes procedimientos, lejos de disminuir, harán que las huelgas au- 
menten en número é intensidad, dejando sentir, cada vez con más arro- 
lladura fuerza, sus fatales, demoledoras y funestas cuanto trascenden- 
tales consecuencias. 

Proponen algunos, como medios para evitar las huelgas, la disminu- 
ción de las horas de trabajo, el aumento del jornal, el abaratamiento 
de las subsistencias, y hasta la organización por el Estado del trabajo 
mismo, etc. El articulista opina que estas concesiones, por justas que 
se las suponga, no acabarían con las huelgas, antes al contrario, las 
aumentarían. "Mejor sería, dice , la subdivisión de la propiedad; mas 
no hay que ir á lo casi imposible de un golpe. „ Bastaría, por el pron- 
to, con lo primero; lo segundo vendría después, poco á poco, natu- 
ralmente y sin esfuerzos. Estos serían los remedios más radicales y 
eficaces del mal; pero como ni uno ni otro pueden aplicarse, según 
reconoce el mismo articulista, mientras la educación y los desengaños 
no cambien el estado psicológico actual de la mayor parte délos tra- 
bajadores, sus costumbres y su manera de ser, "¿qué conviene hacer, 
mientras tanto, para evitar las huelgas, terminarlas pronto y bien. 
cuando las haya, y disminuir sus daños?» El autor no cree que sea él 
mejor remedio la intervención de «personas influyentes, al que tanta 
importancia dan algunos, ni ,1a creación de Jurados mixtos para re 
solver las cuestiones entre patronos y obreros; porque, para que 
tos dieran resultados satisfactorios, se necesitaría hacer obligatorias 
sus decisiones, lo cual ofrece peligros de suma gravedad, sobre todo 
en España, dada nuestra vida y manera especial de sei : amén de que 
para ello sería menester asimismo "un gran sentido de justicia ene! 
ciudadano y en las costumbres, v ¡ese alto espíritu no existe, por des 
gracia, entre nosotros. „ 

Tampoco hace falta ni conviene legislar sobre huelgas, puesto que 
en nuestra legislación se contienen preceptos suficientemente eficaces, 



REVISTA DB RBVISTAS 147 



si quieren y saben aplicarse oportunamente, para reprimirlas y evitar 
sus males y perniciosas consecuencias. El autor cita varias leyes, de las 
cuales pueden valerse los obligados á mirar por el bien de la sociedad 
amenazada, si quieren cumplir con su obligación. *'Y, sobre todo, dice, 
;á qué hacer nuevas leyes para dejarlas incumplidas, sin que su alcan- 
ce salga de las columnas de la Gaceta? Con la legislación existente 
basta y sobra para evitar los peligros de las huelgas. Lo que falta y no 
parece por ninguna parte, es Gobierno y autoridad para cumplir y 
hacer cumplir lo que está ya ordenado y prescrito y no se cumple.,, 

Xos hemos extendido más de lo que permiten los estrechos moldes 
de esta sección, porque de veras desearíamos ver secundados los no- 
bles deseos del autor, de que los Gobiernos y los hombres pensadores 
tijen preferentemente la atención en este capitalísimo y temeroso pro- 
blema, que amenaza concluir con el orden social existente* causará 
la ruina completa del país, si los que pueden y tienen obligación de 
hacerlo, no ponen pronto y eticaz remedio. ¡Vergüenza da decir que 
desde hace un año ó más, venimos saliendo casi casi á huelga por se- 
mana! 



Boletín de la Real Academia de la Historia. Enero, 1902. Ma- 
drid. 

Un documento nuevo de Beatriz Enriques de Arana, por Rafael 
Ramírez de Arellano. La importancia del documento está en su prin- 
cipio, que dice así: "Yo Beatriz Enriquez de Harana, hija de -Pedro de 
Torquemada, difunto, que Dios aya, vecina que so en la muy noble e 
muy leal cibdad de Cordoua en la collación de Santo Domingo conoz- 
co e otorgo...' 1 , lo cual cree el articulista es una prueba concluyeme de 
que no estuvo casada con Cristóbal Colón, ni con otro alguno, puesto 
que no dice "'viuda ó mujer que fué del almirante D. Cristóbal Colon ó 

de y no hay caso de una escritura de viuda que no esté encabezada 

en términos semejantes. El documento es un contrato de arrendamien- 
to de por vida de una huerta y un pedazo de viña á Juan Ruiz, y se en- 
cuentra en el protocolo del escribano Juan Rodríguez Trujillo y está 
autorizado con la firma autógrafa de Beatriz. 



La Lectura, Revista de Ciencias y Artes.— Madrid, Diciembre 
de 1901. 

España y su Literatura en el extranjero á través de los siglos, por 
Arturo Farinelli (conclusión).— Ahora precisamente va á hacer un 



148 UfcViíSTA L>1¿ KU VISTAS 

año, el día l 4 ' Je Knero de 1901 se reunía en el Ateneo de Madrid le 
más selecto que encierra la corte en literatura, en ciencias y en artes 
para oír disertar á Arturo Farinelli sobre nuestra influencia en el ex- 
tranjero á través de los siglos; el nombre de Farinelli es popular en 
Kspaña entre la gente de letras, se le cuenta casi como uno de nuestros 
ingenios, se habla de él como se habla de un amigo del alma, con el 
respeto es verdad, que merecen siempre los hombres que como él han 
sabido colocarse los primeros entre los primeros, pero también con esa 
franqueza cariñosa que establece una corriente de simpatía y de cari- 
ño hacia las personas que se identifican con nuestros sentimientos y 
comparten con nosotros alegrías y tristezas. Todas sus obras respiran 
un cariño acendrado á las cosas de España; ha hecho estudios profun- 
dos de nuestra literatura y de nuestra historia; él admira como ningu- 
no todo kr típicamente español de nuestros monumentos literarios y 
tiene fe en las virtudes del pueblo, que ha correspondido al sabio ita- 
liano con un agradecimiento y un cariño sin límites. 

El tema de la conferencia— publicada hoy por vez primera— era 
vastísimo y forzosamente había de limitarse á tocar, más bien que á 
desarrollar, los puntos culminantes, sobre todo al hablar del siglo XVI, 
en que casi éramos los señores de la tierra; pero no por eso vaya á 
creerse que es, como él dice con una modestia que le honra, "pobre 
reseña, por extremo superficial,,, no; lleva el sello del autor, y con eso 
está dicho todo con relación á los aciertos; le entusiasman la novela 
picaresca y el teatro; pero sobre todo, la literatura mística, esa litera- 
tura que nos envidian las naciones todas y que es quizá lo más carac- 
terístico de nuestro ingenio y de nuestra raza. Con acierto admirable 
recorre á grandes rasgos y expone las relaciones literarias de España 
con las demás naciones de Europa; pone á la vista la influencia de 
nuestros hombres y de nuestros libros en libros y hombres extranje- 
ros; reduce á su justo límite los desatinos v las injusticias, las exalta- 
ciones y los ditirambos que se nos han prodigado, y termina lamentán- 
dose de que, á fuerza de hablar de decadencia, hayan hallado eco esas 
falsas alarmas en almas españolas; "triste, sacrilego pesimismo (fice en 
un hermoso período es éste que paraliza el vigor, y cortando las ala> 
de l.i esperanza, corta la vida del porvenir... Kl nos ha comprendido y 
sabe dónde está el remedio: "amarla vida nacional, amarla verdadera, 
profundamente, en todas sus fases históricas, es condición primera para 
la dicha y prosperidad del porvenir. I. a tradición del pensamiento, la 
herencia de los padres, hay que guardarlas con cuidado y cariño, no di 
voreiándose nunca del pasado, y no airándose tampoco por oto, mar- 
chando con serena frente junto á otras naciones, valiéndose Jo su era 
puje civilizador. „ 

{Ahí (Cuanto le agradecemos estás palabras y cuanto bien habría 

hecho con ellas á Rspafla, si las tomasen como norma de ^u conducta 



REVISTA DE REVISTAS 149 



los que, hablándonos á todas horas de regeneración, quieren ahogar 
todas nuestras tradiciones, todas nuestras glorias y vestir á Kspaña 
con el último figurín de Francia ó Inglaterra! 



Revista Íbero-Ambricana de Ciencias médicas. Diciembre de 19()1.— 
Madrid. 

Vacilaciones didácticas cu Citología, por el Dr. Eduardo García 
Sola.— Laméntase de la espantosa anarquía que reina entre los histó- 
logos sobre la composición química y estructura de las células en todos 
sus elementos, que suelen reducirse al ectoblasto, protoplasma, núcleo 
celular, centrosoma, esfera atractiva y nucléola. Y tratando de inves- 
tigar las causas de los errores citológicos, atribuyelas al prurito que 
domina á los micrógraíos de generalizar descubrimientos particula- 
res, fundando hipótesis con poca lógica inductiva, y á la deficiencia de 
la técnica histológica, pues es lo cierto que el observador, con la serie 
de preparaciones microscópicas y reactivos químicos que usa, modifica 
los elementos anatómicos, siendo de advertir que ordinariamente 
examina células muertas, é ignórase hasta qué punto la extinción de 
la vida cambiará el estado y la asociación de los componentes nuclea- 
res y protopl asmáticos, ni qué alteraciones morfológicas ocurrirán en 
a disposición de los detalles de estructura que antes ostentaba la ma- 
teria viva. Para orientarse en esta confusión y prevenir los errores, 
aconseja la investigación citológica en células vivas dispuestas en su 
ordinario medio ambiente, con proscripción de todo reactivo enérgico, 
sin olvidar el precepto de Flemming, que dice que los detalles estruc- 
turales sólo revelados por la acción de los reactivos y que no corres- 
ponden á formas idénticas ó semejantes observadas en la célula viva, 
deben considerarse exentos de realidad y estimarlos como produc- 
ciones artificiales debidas al influjo de dichos reactivos. 

—Estudios biológicos sobre defensas orgánicas, por el Dr. A. Ma- 
llo Herrera.— Para completar su largo trabajo el Sr. Mallo Herrera, 
cierra hoy el ciclo de las defensas orgánicas, estudiándolas en las rela- 
ciones que pueden tener con la oncología, sin invadir el campo de la 
bacteroterapia, operoterapia y sueroterapia, por caer fuera del plan 
metódico que concibió al desenvolver su pensamiento en esta serie de 
artículos. Obsesionados, más que seducidos, por la teoría papasitaria; 
pero siempre con el noble afán de descubrir el microbio del cáncer, y 
en general de los neoplasmas, han tomado algunos oncólogos por bac- 
terias, sacaromicetos y coccidias las formaciones patológicas de dege- 
neración celular. La serenidad del bacteriólogo sólo ha visto en los 
que creen en la causa microbiana de los tumores, un error de interpre- 



150 REVISTA DE REVISTAS 



tación; y así se explica que los leucocitos, lejos de lanzarse á resistir 
la invasión neoplasmática, cumpliendo su misión fagocitaria, huyen 
ante las células neoplásicas. Deduce, entre otras conclusiones, que el 
estudio de las defensas organjcas encierra una importancia de primer 
orden, tanto para la biología como para la medicina, siendo el ideal 
de la terapéutica su conocimiento y* utilización. 



Revista de Aragón.— Enero, 1902. Zaragoza. 

Con dos interesantes trabajos inaugura esta Revista su sección filo- 
sófica: uno del conocido arabista Miguel Asín, bajo el título de La 
psicología de la creencia según Algasel, donde el autor trata de pre- 
sentar al místico persa como observador psicólogo delicado y profundo, 
concretando su estudio á las ideas expuestas por el teólogo musulmán 
en la obra titulada Libro para apartar al vulgo del estudio de la teolo- 
gía. Es el segundo trabajo continuación de una serie de artículos publi- 
cados durante el año anterior, con el título de La filosofía en el si- 
glo JtlX, por el distinguido profesor A. Gómez Izquierdo. En este 
número hace un breve resumen del estado actual de los estudios de 
psicología fisiológica, especialmente en Alemania y en América, seña- 
lando los procedimientos y las tendencias que la informan. 



Etudes. París 5 de Enero de 1902. 

La Ligue des femmes francaises, por Augusto Regnabel.— -La 
religión y el patriotismo escarnecidos por el actual Gobierno francés 
con sus últimas leyes referentes á la enseñanza congregacionista, han 
inspirado á un numeroso grupo de nobles (damas de Lyon la ¡dea de 
hacer un llamamiento á todas sus compañeras de Francia, y constituir 
una liga general para combatir en las próximas elecciones á los can- 
didatos del despotismo imperante, impuesto por el judaismo y la maso- 
nería. Con este motivo han firmado un manifiesto protestando contra 
la eonducta de los sectarios en la última legislatura, y de que "los des- 
tinos de la nación estén confiados á los que maldicen de la patria... KV- 
claman *<1 respeto de la religión, denunciada por los déspotas del poder 
al odio do los ignorantes,., el derecho de madres á la educación di- sus 
hijos, y la libertad de elegir sus maestros en conformidad con ios dic- 
tados de su conciencia. La patria, la propiedad y la libertad amena 
zadas por los sectarios y por los socialistas, esto es, por "Ion tiranos > 
los malhechores,,, constituyen el lema para cuya-defensa se unen to- 
das las damas amantes de Francia. 

El articulista señala la oportunidad providencial de esta confedera' 



REVISTA DB RBVI8TA8 151 



ción de imitadoras de Juana de Arco, llamadas á ejercer muy benefi- 
ciosa influencia en los destinos de la nación, precisamente en estos 
tiempos en que con la religión, la libertad y la justicia, corre peligro 
de ruina la misma Francia. En la próxima lucha electoral, dice, no se 
trata de que prevalezca una ú otra forma de gobierno, sino de si Fran- 
cia continuará sus gloriosas tradiciones de nación poderosa y cristiana, 
ó por el contrario, reproducirá el ejemplo de Polonia, desgarrada por 
la revolución interior y expuesta á ser víctima de la ambición de sus 
dos enemigas Inglaterra y Alemania. La obra de iniquidad y de divi- 
sión entre hermanos comenzó con la entronización de la tiranía legal 
personificada por el actual Ministerio, vil instrumento de las logias y 
dispuesto, si vence en la lucha, á proscribir del país la religión y &> 
matar las libertades de la mitad de los ciudadanos franceses. Urge, 
pues, la coalición de todos los buenos patriotas para detener la corrien- 
te demoledora del socialismo impío que amenaza con tode género de 
violencias y desafueros al orden social. 

— La ciencia francesa en Rusia durante el siglo XVIII.— Astróno- 
mos y misioneros según datos inéditos (conclusión), por José Brucker. 
—En el número anterior (20 de Diciembre) disertó largamente el Padre 
Brucker sobre los trabajos científicos de los hermanos Delisle (José 
Nicolás y Luis de La C royere,), sabios astrónomos que honraron la 
ciencia francesa en Rusia, á donde fueron, llamados por el czar Pedro 
el Grande, para dirigir los estudios del Observatorio de San Peters- 
burgo, y completar la cartografía del país. Al mismo tiempo indicaba 
la colaboración que los Deslisle solicitaron de los misioneros de China 
para la realización de su cometido. Entre estos misioneros se distinguió 
principalmente el P. Antonio Gaubil, que mantuvo correspondencia 
constante con los citados sabios, y con las Academias de París y de 
San Petersburgo. El presente artículo señala más al detalle las comu- 
nicaciones habidas entre los académicos del imperio moscovita y los 
jesuítas franceses ae Pekín, cuyos servicios eran de agradecer, así por 
su gran competencia científica, como por la alta estima de que fueron 
objeto en la corte de los Emperadores chinos, á quienes en varios casos 
sirvieron de intérpretes y consejeros en los asuntos concernientes á las 
relaciones de uno y otro país. A este propósito recuerda el P. Brucker 
la historia gloriosa de las tres residencias que en el siglo XVIII tenían 
los jesuítas en Pekín, dos pertenecientes á la misión portuguesa y otra 
á la misión francesa, en la que figuraron el P. Domingo Parrenín, ini- 
ciador de la cartografía de la China, y el P. Gaubil, que por sus traba- 
jos mereció muchas distinciones de las más i.otables sociedades cientí- 
ficas de Europa. El artículo abunda en datos interesantes sobre los 
beneficios que prestaron al mundo sabio los misioneros del Oriente. 

— El desenvolvimiento de las ideas morales en Platón , por Julio 
Lebreton.— El pensamiento filosófico de Platón ofrece diversos aspee- 



152 REVISTA DE RRVISTAS 



tos, correspondientes á distintas épocas de su vida. Sin embanco, hasta 
el presente ha sido difícil discernir bien las fases de esta evolución. Se 
han dividido sus obras en dos grupos principales, el primero compuesto 
por los diálogos socráticos, y el segundo por todos los demás, de cuya 
comparación se deducía que el término de su evolución intelectual fué 
la creencia en las ideas subsistentes. En los últimos treinta años se han 
publicado valiosos trabajos de crítica sobre las fechas que correspon- 
den á cada una de sus obras, los cuales, analizados recientemente por 
Lutoslawski en su libro The Origin and growth of Plato 'slogic (18 ( »7 . 
vienen á concluir con la existencia de un tercer grupo (Parménides 
Sophi st a— Política— Philebus— Timceus— Critias—De le g ¿bus) de cuy< > 
examen resulta, según este autor, que Platón ya no concibe las ideas 
como sustancias exteriores, sino como productos de nuestra alma, 
resolviéndose así en monismo el dualismo anteriormente admitido. 
Aun clasificadas de esta manera las obras del gran filósofo, no es fácil 
conocer bien su metafísica, debido á la poca precisión del lenguaje y á 
las dificultades de separar muchas veces la teoría del mito. El articu- 
lista juzga más á propósito para conocer la evolución de la filosofía 
platónica, fijarse en la de las ideas morales, porque ellas implican la 
variación del concepto del mundo, y además, porque de ellas habla 
Platón en todos sus diálogos. Esto le lleva á examinar las teorías de 
los tres períodos señalados por la crítica, concluyendo que en el pri- 
mero la moral platónica es socrática ó utilitaria, y que en el segundo 
viene á confundirse con la Belleza del mundo inteligible ó de las ideas 
sustanciales, teoría que no fué definitiva, sino [que á ella siguió otra 
de que hablará el autor en el próximo artículo. 



Revue de la Sijissk catholique.— Novembre et Decembrc, 1901. 
Friburg. 

Considerations cst etiques sur riioumie, par Jaceoud. -El hombro, 
admirable y brevísimo compendio de toda la realidad del universo, es 
también, dice el articulista, un resumen de la belleza extendida por io- 
dos los seres de la creación. 

Hay, pues, en el hombre la belleza plástica y viviente que resulta de 
la regularidad, proporción y armonía de sus íonnas, de la pureza, va- 
riedad y suavidad en los contornos y líneas de sus miembros, de la es 
belleza y posición vertical de su cuerpo y de la regularidad y ligereza 
de sus actitudes y movimientos, y cu conformidad de todo esto hay 
también la belleza intelectual y moral que, brotando de lo íntimo del 
alma, invade y compenetra la materia, lorniando así un armonioso con 
junto, en el cual sirve la materia para concretar y este riorizar la in 
irínseca belleza del espíritu, y éste, á su vez, para elevar, ennoblecer 5 



REVISTA DE REVISTAS 158 



purificar la belleza física del cuerpo. De ahí es que las bellas artes, en 
la imposibilidad de manifestar la belleza moral é intelectual en toda su 
pureza y realidad, han tomado al hombre como objeto preferente de su 
estudio, por revelarse en él, de una manera más clara y evidente, estos 
das órdenes de belleza. 

Aun considerado el hombre desde el punto de vista puramente plás- 
tico, merece el primer puesto en el reino de la creación visible. Así lo 
han entendido los artistas, cuando al representar la Divinidad, ó un es- 
píritu cualquiera, lo han hecho por medio de la forma humana. 

Después de enumerar el autor las íuentes de la belleza plástica en 
el hombre y describir con verdadera minuciosidad los elementos cons- 
titutivos de la misma, hace notar que todas las razas tienen su belleza 
peculiar, si bien es cierto que sólo en el tipo de la raza blanca llegan 
los miembros á su completo y armónico desarrollo, y, por tanto, al ple- 
no desenvolvimiento y expresión de la belleza. Pero en el cuerpo hu- 
mano hay mucho más que la forma de un momento dado. No es la for- 
ma externa del cuerpo una forma estable y permanente, sino viva y en 
continuo movimiento, y asilas artes plásticas no han de reproducir 
una ligura quieta y sin vida, sino un punto dado de un cuerpo en mo- 
vimiento. Además, según la edad y el sexo, la belleza exige el predo- 
minio de unos ú otros elementos, según que la forma externa haya 
de manifestar los instintos candorosos del niño, la ternura y delicadeza 
de la mujer, ó, en lin, la energía y el vigoroso temple del hombre. 

Pero sobre la belleza puramente corporal que resulta de la propor- 
ción y simetría de las partes y su todo, y la regularidad y ligereza de los 
movimientos del -cuerpo humano, hay la belleza intelectual y # moral, 
que resulta de las operaciones de la inteligencia y voluntad, las cuales 
se revelan de una manera especial en la fisonomía del rostro. Con la 
belleza del espíritu quedan encubiertos y disimulados todos los defec- 
tos físicos, como puede verse en los viejos, en los cuales, á pesar de 
haber desaparecido casi por completo la belleza plástica, queda, sin 
embargo, en su rostro el suave resplandor de la belleza espiritual, que 
atrae, no sólo el respeto y veneración, sino también el. cariño y el afec- 
to. En la mirada, en la sonrisa, y en general en todas las maravillosas 
y repentinas mutaciones del semblante, es, dice el articulista, donde 
principalmente se manifiesta la vida interna del hombre, y, por tanto, 
donde más claramente se puede ver la belleza ó deformidad del espí- 
ritu. La tranquilidad ó inquietud de la conciencia, la bondad innata del 
alma, la turbulencia de las pasiones, la serenidad y sosiego de un es- 
píritu bien equilibrado, el candor, la vigorosa intuición del genio y todo 
cuanto hay de bueno ó malo en el hombre, todo se manifiesta en la con- 
figuración especial del rostro, y sobre todo en la mirada, límpida y se- 
rena en el niño, bondadosa y recatada en la mujer, vigorosa y sostenida 
en el hombre, triste y apagada en el anciano. Por eso las artes plásticas 



154 HEVI8TA DH REVISTAS 

tienen por objeto la reproducción de la fisonomía, y por eso también 
son tanto más perfectas, cuanto la reproducción es más fiel. 

Dicho esto y la gradación de las bellas artes en la expresión de la 
belleza humana, pasa el articulista á exponer la profunda diferencia 
que hay entre las artes de la antigüedad y el arte cristiano, y termina 
explicando la forma en que el hombre puede llegar al conocimiento de 
la hermosura divina y los medios de que se han valido los artistas para 
representarla. 

Tal es, á grandes rasgos, la materia de este precioso artículo, fruto 
sin duda de observación directa y personal, y que, por tanto, da con 
anticipación muy buenas nuevas del libro á que ha de pertenecer. 



La Civíi/tá Cattolica.— Roma 21 de Diciembre de 1901. 

Para explicar una idea entre católicos.— Es inútil, dicen algunos 
católicos de Italia, inculcar á nuestro pueblo los derechos del Vicario 
de Cristo; lo urgente y necesario es trabajar sin descanso en cristiani- 
zar á ese pueblo, que es sin duda, la preparación más eficaz y el cami- 
no más seguro para restituir al Papa su independencia y libertad de 
acción: "ya que sólo en una sociedad renovada, según los principios 
cristianos, podemos encontrar, no sólo la posición decorosa, sino tole- 
rable del Papa. r Sin negar la conveniencia y hasta la necesidad de infil- 
trar en el pueblo sanas doctrinas y cristianas enseñanzas, como medio 
de llegar al deseado fin de la independencia del Papa, debe rechazarse 
la doctrina sostenida por ese pequeño grupo de católicos, como des- 
agradable, inoportuna y caprichosa; pues pugna con las enseñanzas 
y repetidas protestas de Su Santidad León XIII, manifestadas en mul- 
titud de alocuciones, cartas y encíclicas. La citada fórmula prestase á 
interpretaciones tan monstruosas que rayan en las doctrinas condena- 
das por la Iglesia en el tristemente célebre ex-jesuíta P. Curci; y la 
razón es porque, interpretando esa doctrina en sentido exclusivo, 
quiere decir que- la actual campaña para la reivindicación de los de- 
rechos é independencia del Pontífice impide la cristianización del pue- 
blo, hace odiosos el Papado y el clero, lo que no dista mucho de la 
errónea afirmación del ex-Padre Curci, quien hacía responsable al 
Tapa del decaimiento religioso por defender la libertad de la iglesia. 

lis un grave error, además, separar de la enseñanza cristiana del 
pueblo la idea de la independencia del Pontificado, lo mismo que creer 
en la cristianización de ese pueblo sin su completa libertad de acción. 
pues fácil es comprender la importancia y necesidad de- la acción libre 
del Pontífice para la conservación y aumento del Cristianismo en la 
sociedad; y respecto al pueblo italiano, dícenos la Historia cómo á ilu- 
dida que ha decrecido la influencia de la Iglesia se han aumentado las 



RBVISTA DE REVISTAS 156 



sectas masónicas, que han propagado la irreligión y sumido al pueblo 
de Italia en lamentable postración moral: dígannos los católicos que sos- 
tienen esa fórmula, si por tales medios se puede llegar á la verdadera 
libertad del Pontífice; ó si no es medio más pronto, eficaz y seguro el de 
la independencia de la Iglesia para la salvación del pueblo. De todo lo 
dicho deduce el articulista la conclusión siguiente: es sustancialmente 
erróneo aquel programa de acción católica que subordine la indepen- 
dencia del Pontífice á cualquier otra causa, por santa y urgente que se 
la suponga. 

4 de Enero de 1902. 

El divorcio á la ///.o de la doctrina católica.— Con motivo del 
proyecto de ley sobre el divorcio recientemente agitado en Italia, pro, 
nuncio Su Santidad León XIII una sentida y magistral alocución en el 
Consistorio del 16 de Diciembre último, exponiendo la doctrina cató- 
lica sobre la naturaleza, fines y santidad del matrimonio cristiano, 
acentuando en frases rebosantes de sentimiento y amargura las conse- 
cuencias, tristes por demás, que acarreará á la sociedad italiana el 
antimoral y anticristiano proyecto de divorcio, dado que se realice. 
Ahora bien; el articulista dedica el presente trabajo á glosar la citada 
alocución, siguiendo punto por punto las indicaciones luminosas, pro- 
fundas y sabiamente expuestas por Su Santidad. 

Trata del peligro que amenaza á la moral en Italia, llamado por 
el Pontífice intestinum et domesticum, de las condiciones de todo 
matrimonio, su santidad, unidad y perpetuidad; prueba ser el matri- 
monio un contrato. natural por su fin, su fundamento jurídico y porque 
está íntimamente conexo á la naturaleza, doctrina opuesta en todo á 
la de los patrocinadores del divorcio, quienes afirman que siendo todo 
matrimonio simplemente un contrato, puede ser rescindido á voluntad 
de los contrayentes: ideas son éstas rechazadas muchas veces por la 
Santa Sede, contrarias á la doctrina católica y perniciosas á la socie- 
dad. Con mucho tino cita el autor de este oportuno trabajo, al ministro 
Pisonelli, quien afirmó en el diseño del primer Código civil presentado 
en 1865, lo siguiente: "Se ha dicho que el matrimonio es un contrato. 
Si con esta afirmación se pretende que en el matrimonio existen algu- 
nas de las condiciones inherentes á los demás contratos, es una ver- 
dad; pero se incurre en error si con aquella proposición se quiere sig- 
nificar que el matrimonio no es otra cosa más que un contrato. Ha es- 
tado y estará siempre en la conciencia de todos los hombres impresa 
esta verdad, que son distintos esencialmente estos dos hechos: la venta 
de un poder y el matrimonio;,, esta convicción íntima de que todo 
hombre honesto y cristiano no puede despojarse, es el grito de la natu- 
raleza, es una ley que podrán pisotear los legisladores de Italia, pero 
nunca ahogar su fuerza obligatoria. Pasa luego á exponer la doctrina 



156 REVISTA L»E REVISTAS 



católica respecto al matrimonio sacramento, aduce las pruebas que 
pueden encontrarse en cualquier libro de teología, y se ocupa de la 
práctica de La Iglesia en sostener á través de los siglos esta doctrina. 



Ri vista di Física-, Matemática é Scienze naturaw.- Pavía, Diciem- 
bre de 1901 . 

Los inventos de Mons. Cerebotani.— Como complemento al estudio 
en que el ilustre profesor R. Ferrini dio á conocer los geniales descu- 
brimientos del sabio sacerdote Mons. Cerebotani, de que ya tienen 
noticia nuestros lectores, publica hoy la excelente Revista de Pavía 
seis hermosísimos grabados en acero con una descripción minuciosa 
del mismo autor, y el juicio que de tales trabajos ha hecho una publi- 
cación tan autorizada entre los hombres de ciencia como la Rivista 
Scientijico-Indnstriale, con la cual estamos conformes al creer que los 
aparatos de Mons. Cerebotani deben pasar de la categoría de instru- 
mentos de experiencia y demostración, á la de las aplicaciones prác- 
ticas. 

—El péndulo horizontal en Sismometría, por D. Rafael Stiattesi, 
Director del Observatorio de Quarto di Castello (Firenze).— La Sis- 
motnetria, patrimonio, hasta hace muy pocos años de una docena de 
admiradores entusiastas, ha entrado francamente en el periodo de las 
grandes conquistas, y en el último quinquenio ha alcanzado un desen- 
volvimiento rapidísimo, gracias á la perfección que se ha logrado en los 
aparatos registradores de los fenómenos sísmicos que acusan hoy con 
una precisión admirable las menores perturbaciones de la costra te- 
rrestre, áuná las distancias más fabulosas. Estos maravillosos resulta- 
dos, se deben al feliz descubrimiento y á la aplicación de los péndulos 
horizontales para medir las pulsaciones de la tierra; la sensibilidad de 
otos aparatos es de tal naturaleza, que en sus diagramas quedan regis- 
trados, no sólo los movimientos rápidos que inician tocias las manifesta- 
nes sísmicas, sino también las ondulaciones que forman en su completo 
desarrollo. 

El Sr. Stiattesi hace á grandes rasgos la historia de- la sismometria, 
y describe los distintos aparatos que han ido sucedí endose en la evolu 
ción progresiva de esta rama do la ciencia, tan curiosa como intere 
sante, hasta llegar á los hoy por hoy insustituibles péndulos horizonta- 
les, llevados á una perfección maravillosa por el mismo Sr Stiattesi. 
que viene siendo el campeón decidido de estos estudios. 



REVISTA DE REVISTAS 167 



RlVISTA &TERNAZIONALE DI SciKN'ZK SOCIALI É DISCIPLINE AUSILIA K IK. 

Diciembre de 1901, Roma. 

La cuestión social, por Andrea Cappellazzi.— La cuestión por anto- 
nomasia, no sólo objetiva, sino subjetivamente considerada, no sólo de 
derecho, sino también de hecho, es la cuestión social, que sólo cede en 
importancia á la religiosa; porque así como el alma es vida del cuerpo 
y energía de la materia, la religión es alma, principio y término de la 
vida social; en tan alto grado, que la cuestión social, en su última mani- 
festación, sólo se trata entre los catúlieos-soeiales y los socialistas: los 
primeros, que acentúan sus convicciones y manifestaciones religiosas; 
los segundos que, no sólo virtual, sino formalmente, hacen alarde de 
irreligiosidad y ateísmo. Con gran competencia expone el autor la 
magnitud y dificultades de dicha cuestión, analizando los tres carac- 
teres que presenta en su desenvolvimiento. Históricamente, por la ra- 
pidez con que ha adquirido las gigantescas proporciones que hoy tiene; 
psicológicamente, por el estado anormal del hombre moderno, pero 
anormalidad tan general, que todo lo abarca; economía, ciencia, moral, 
religión; moralmente, y este carácter está íntimamente relacionado 
con el anterior, por el desorden moral que impera en la sociedad mo- 
derna. En todos los tiempos y en todas las sociedades ha existido con 
el bien el mal; pero en la actual impera el riiabolismo, esa conciencia 
de [& inconsciencia moral, esa inmoralidad querida por esfuerzo de la 
misma conciencia, y que es la última expresión de la inmoralidad. 
Claro está que, además de éstas, existen otras concausas del presente 
desorden social, que han contribuido á agravarlo en su aspecto econó- 
mico , hasta implantar una verdadera esclavitud económica mucho 
más cruel y terrible que la antigua esclavitud civil y política. Porque 
la cuestión económica presente tan graves caracteres, ¿se puede afir- 
mar que sea el fundamento y fin del desorden social? No, responde el 
autor, sino que es una consecuencia, quizás la última, quizás la más 
peligrosa, pero también es fácil que llegue á ser la causa de una ver- 
dadera resurrección social. Por eso cree que debe aceptarse el doble 
programa propuesto por el ilustre profesor Toniolo, en sus comentarios 
á la encíclica La democracia cristiana: el uno urgente, que se refiere 
á la cuestión económica; el otro normal, y que comprende la cuestión 
social íntegra. Claro está que uno y otro han de ir basados en las sal- 
vadoras enseñanzas dadas por el gran León XIII en sus grandiosas 
fincíelicas, y principalmente. en la ya citada sobre la democracia cris- 
tiana. 

—El Feminismo, por Filippo Crispolti.— El mismo apasionamiento 
y las mismas exageraciones que en nuestro tiempo se observan al tratar 
de resolver otros varios problemas, se pueden apreciar en el tan deba- 



158 REV18TA DE RBVÍ8TA8 

tido del feminismo. Mientras una parte, quizás la más numerosa y sen 
sata, cree que la mujer, por su naturaleza, está destinada á permanecer 
en casa, aspirando únicamente á ser el ángel tutelar de la familia, con- 
forme al epígrafe romano, domui mansil, lananí fecit , y porque no 
todas puedan ejercer ciertas profesiones consideradas hasta ahora por 
viriles, juzgan que ninguna deberá ejercerlas, otra parte, por el con- 
trario, afirma que la mujer puede abandonar el hogar y lanzarse, lo 
mismo que el hombre, á luchar por la vida en todas las ocupaciones 
compatibles con la dignidad humana, fundándose en que todas podrán 
tener derechos iguales al hombre y ejercer funciones que hasta ahora 
se creían privativas de él, habiendo demostrado la realidad que han 
existido algunas mujeres que dignamente han desempeñado dichas fun- 
ciones y gozado de tales derechos. Hasta los tiempos presentes — dice 
el autor — no se ha considerado como verdadera cuestión el feminismo. 
La revolución francesa, con sus sueños de igualdad y libertad, con 
su equivocación en creer que la uniformidad era una necesidad supre- 
ma de la sociedad, dio origen al movimiento feminista, creando las dos 
tendencias absolutas, antes indicadas. Napoleón, el encarnizado per- 
seguidor de Mad. de Stael, está al frente de la primera, y el filósofo 
Condorcet, jacobino como el anterior, capitanea á la segunda, cuyas 
ideas principales expone en sus Ensayos sobre el progreso del espíri- 
tu humano. Fruto del emancipad onismo de Condorcet ha sido el mo- 
vimiento feminista de Francia, Inglaterra, Estados Unidos... á media- 
dos del pasado siglo, que porque el matrimonio implicaba sujeción de 
la mujer al marido, proclama el amor libre; porque las creencias reli- 
giosas suponían aquellas relaciones, reniega de toda religión y se de- 
clara ateo. A continuación habla el autor del excéntrico feminismo es- 
candinavo, expuesto por Ibseu en su comedia Nora y y de otro que no 
consiste en gritar y pedir derechos, sino en trabajar. Distingue el femi- 
nismo de las profesiones y el educativo. El primero le resuelve, no con 
el criterio de los tiempos presentes, todos óninguno\ sino con el verda- 
deramente criterio cristiano: alguno sí, alguno no. Permítanse, dice. 
!as profesiones viriles á algunas mujeres, á poquísimos mujeres, siendo 
instrumento de esta limitación la fuerza de la costumbre privativa; 
edúqueselas convenientemente, no con el propósito de hacer competen- 
cia á los hombres, sino para ser sus dignas compañeras, sirviendo de 
tipo la hermana de San Ambrosio, Marcelina, anillo santo entro los dos- 
oxtremos, la casa y", el claustro»; sublime encarnación del candor teme 
niño con el ingenio viril y el ánimo social. Esta es la gran enseñanza 
del Cristianismo, un donde la mayor proximidad á i >ios fué reservada 
una mujer: 

. f questa tim fra gl'twtnini 
Únicamente amata* 



REVISTA DB REVISTAS • 169 



-Continúa además el trabajo comenzado en el número anterior y 
que tiene por título Pensamientos sobre la Filosofía de la Historia, 
por Luí gi Caissotti di Chiusano. 



The Catholic University Bulletin.— October, 1901.— Washington. 

El Catolicismo en la Edad Media, por Thomas J. Shahan.— Mucho 
y bueno se ha escrito del siglo XVI acá, que bien á las claras demues- 
tra la influencia casi universal que ejerció la Iglesia católica durante 
los turbulentos y bárbaros siglos de la Edad Media, en el sostenimiento 
y desarrollo de la verdadera civilización en todos los órdenes de la 
vida humana; y muy pocos habrá todavía, exceptuados los que obsti- 
nadamente cierran sus ojos á la luz del sol, que no lo reconozcan así 
y la proclamen creadora de los grandes principios sociales, que desde 
entonces han sido, son y serán la base fundamental é inconmovible de 
todas las legislaciones justas y eminentemente equitativas. Cuadro 
amplísimo es el que presenta Mr. Shahan para encerrarle en el estro 
cho marco de un artículo; mas ha sabido de tal modo sintetizarle, pre- 
sentando á la vez los hechos característicos, que indudablemente [da 
cabal idea de todos los gérmenes civilizadores depositados en la socie- 
dad por el Catolicismo. La Iglesia católica, libre ya de la opresión y 
persecución horrible de los Emperadores romanos, y consentida salir 
de las Catacumbas sobre la haz de la tierra, civilizó aquellos pueblos 
bárbaros, que en ola avasalladora invadieron y deshicieron el secular 
imperio de Occidente. Ella les enseñó el origen de toda potestad, que 
es Dios, para que así mejor la respetasen y obedeciesen; [la fraternidad 
universal como hijos de un mismo Padre que prescribía la caridad mu- 
tua y sincera y la genuina y legítima democracia, que en vano predi- 
can hoy como doctrina ó invención suya tantos apóstoles de la menti- 
ra. Ella santificó los deberes correlativos del matrimonio, ennoble- 
ciendo la sublime misión de la mujer, y condenó cuanto se opone á la 
unidad de este Sacramento, que es también opuesto al bien común de 
la sociedad. Las ciencias, las letras y las artes, todo hubiera perecido 
en el general naufragio de aquellos tiempos, á no haber brotado de su 
seno tantos Obispos y tantos monjas que, olvidándose de sí, sacrifica- 
ron su vida toda en beneficio y provecho de los demás, enseñando en 
el pórtico de la iglesia ó á las puertas k del monasterio los fueros legíti- 
mos de la justicia y toda, clase de conocimientos y de industrias, am- 
parando á los pobres y desvalidos, señalando las obligaciones mutuas 
de los amos y los criados, y conservando en sus bibliotecas el tesoro 
científico de la antigüedad. Todo cuanto constituye una civilización 
gehüina y verdadera, ha sido siempre enseñado por el Catolicismo, 



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The Ecclesiastical Kk\ ikw.- December, 1901. Nueva York. 

Agrapha, ó sentencias no escritas de Nuestro Señor, por Thomas 
|. Shahan.— El Evangelio de San Juan concluye con las siguientes pala- 
bras: "Pero hay otras muchas cosas que Jesús hizo; las cuales, si se hu- 
bieran escrito, creo que el mundo no hubiera sido capaz de encerrar su> 
libros;., y estas palabras juntamente con la general moderación narra- 
tiva de los cuatro Evangelios, dieron lugar á otros evangelios apó- 
crifos que se propalaron entonces como genuinos Dice el articulista 
que los gentiles, en los principios de la Era cristiana, fueron los prime- 
ros en desvirtuar el Evangelio genuino, propalando entre la gente ruda 
é ignorante que no sólo Jesús, sino también los Apóstoles, fueron los 
principales protagonistas de las narraciones espurios; y después, aun 
mismos cristianos, llevados unas veces del entusiasmo de afianzar más 
y más las verdaderas creencias en el pueblo, y no pocas impelidos por 
desterrar las doctrinas heréticas y los principios destructores de la 
verdad. Entre esos escritos apócrifos cuéntanse el Evangelio que apa- 
reció entre los egipcios y el que lleva por título Las Memorias de Cle- 
mente, que no es otra cosa que una especie de fábula salpicada de he 
rejías, en cuya trama cayeron los primeros cristianos por la falsa filo- 
sofía del mundo, y no por la verdad santa de Cristo. Por.la misma razón 
se discutió en las asambleas de Roma la autenticidad de los retratos de 
Jesucristo, siendo acérrima defensora una tal Marcelina, perteneciente 
al carpocracianismo, y los Emperadores Adriano, su predecesor Tibe- 
rio y su sucesor Alejandro Severo, que no tenían más pruebas de sus 
afirmaciones que el haber eucontrado en el cementerio de Domitila una 
noble cabeza, la cual revelaba ser el retrato del Dios-Hombre, al paso 
que otros afirman no ser más que rasgos del religioso eclecticismo que 
dominaba en tiempo de dichos Emperadores, ó como dice San Ireneo (1): 
"imagines quidem depictas... dicentes formam Christi factam a Pííato 
il 1<> temporc quo fuit Jesús cum hominibus.„ San Agustín, en confirma- 
ción de esto, diee que en los siglos IV y V no se conocía imagen alguna 
lú-nuina de Cristo y sus Apóstoles, existiendo Cínicamente una tradición 
familiar, discutida tenazmente, aunque basada en la interpretación de- 
masiado literal del Viejo Testamento. 

{Existen sentencias no escritas de Nuestro Señor, fuera dt los Evan 
gelios? lista cuestión, aunque ha sido debatida en todos los tiempos, 
apareciendo con tal motivo infinidad de documentos, es indudable que 
hoy no ofrece apenas dificultad alguna en su creencia, teniendo en 
»uenta lo que dice Clemente de Alejandría, de que en mi tiempo había 
una activa tradición de la Iglesia en escrita y no escrita; y San Basilio. 
en su pequeño libro sobre el Kspíritu Santo, dice: "Siria una nimiedad 



tí) Aáv. Hatr. y i, £1. 



RKVISTA PE REVISTAS 



161 



rechazar tales tradiciones, porque no gozan sobre la tierra de la auto- 
ridad escrita, é injuriaríamos tal vez sin intención los Evangelios en su 
verdadera esencia. „ San Ireneo, tratando sobre el mismo asunto, habla 
á los celtas del Evangelio escrito en sus corazones sin tinta ni papel, y 
el presbítero Papias, en la segunda centuria, escribió un libro sobre los 
oráculos de nuestro Señor, libro que fué muy leído en los siglos IV y V; 
y aunque no ha llegado aún á comprobarse si fué un comentario sobre 
los Evangelios, basado en la tradición oral ó en los Evangelios canó- 
nicos, es indudable que dicho libro revela un conocimiento admirable 
con respecto á las tradiciones fuera del Evangelio y referentes á Nues- 
tro Señor, viniendo en su apoyo los últimos escritos, tanto protestantes 
como católicos, que han aparecido con el título: Die Agrapha 1889 en 
la monumental obra de Resch, criticada y arreglada por Mr. James 
Hardy Ropes en 1896. 



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11 



REVISTA CANÓNICA 



¿Pueden los Obispos añadir nuevas cargas á los beneficios, 6 
imponerlas en el edicto para concursos y oposiciones? II derecho 
común prohibe en términos bien claros cualquiera disminución en los 
beneficios (tit. xm, Ut beneficia sine diminutione conferantuv, lib. m), 
y el Concilio de Trento (sess. 25, cap. v, De Ref.) confirma expresa- 
mente esa doctrina, al prescribir que nada en aquéllos se altere, sino 
que se cumpla fielmente lo consignado en la erección ó fundación del 
beneficio, y cuanto por ley ó costumbre legítima deba observarse. 

Prescindiendo ahora de los varios modos como pueden experimen- 
tar alteración los beneficios, nos limitamos á consignar los tres actos 
opuestos á la rúbrica preceptiva del citado título de las Decretales. 
Estos son: 1.°, exigir del agraciado el abono de alguna cantidad al con- 
ferirle el beneficio; 2.°, las pensiones, y 3.°, la imposición de nuevas 
cargas. Lo primero está absolutamente prohibido y condenado como 
simoniaco para todos los coladores inferiores al Romano Pontífice 
(sess. 25, cap. iv); y en cuanto á las pensiones, los canonistas general- 
mente conceden á los Obispos el que con justa causa, y sin perjuicio 
de la prudente congrua para la honesta sustentación del beneficiado, 
cuyo asentimiento se exige también, puedan imponerlas, pero sólo tem- 
porales. Como se ve, estos dos casos no ofrecen serias dificultades, y 
por consiguiente , restringimos la cuestión al último, por ser de más 
trascendencia y más práético, pues no es raro leer, especialmente en 
España, en los edictos para oposiciones á canonjías, cláusulas del si- 
guiente ó parecido tenor: "El que fuere nombrado estará obligado á 
levantar las cargas comunes á los demás canónigos... y ademas tendrá 
la especial que le imponemos... de predicar," etc. (Cadena: Ptocedi* 
alientos eclesiásticos, 2. a edición, vol. i, pág. 289.) 

Vamos, pues, á investigar brevemente, primero, si el derecho gene- 
ral autoriza tales imposiciones, y segundo, si los Obispos de España 
tienen la potestad que supone la cláusula transcrita, por el derecho 
especial concordado. 

I. Al exponer el referido título xn, y dilucidar la cuestión presente, 
todos los canonistas convienen en que la ley que entraña la rúbrica 
/// ecclesiastica beneficia sine ditnin,utione conferantur, prohibe ter 
minantementc la imposición de nuevas cargas en los beneficios. Muchos 
tienen por tan cierto y absoluto ese principio, que ni siquiera se detie 
nen á aclararlo, y de los que l<> exponen, algunos, como Fagnano 



REVISTA CANÓNICA 163 



(cap. Significatum, de Pneb., n. 2), Pirhing (tit. xn, n. 67) y Reiffcnstucl 
(tit. xn, lib. m, núms. 6-7), resueltamente y sin excepción alo-ana, ense- 
ñan que los Obispos no tienen tal derecho. De Angelis (in d. tit. n), 
sostiene lo mismo, exceptuando sólo el caso de urgente necesidad de 
la iglesia, para lo cual se funda en lo que comúnmente, según él, dicen 
los doctores al exponer el capítulo último, título xiv del libro primero 
de las Decretales', Sebastianelli (De Rebus, n. 241) se limita á consig- 
nar las prescripciones del Tridentino relativas á este punto,ySanti 
(in d. tit. n. 3-4), después de afirmar que la doctrina canónica general 
favorece de una manera clara á Reiffenstuel, escribe: "Cum vero c. 11 
(De Prcebendis, lib. ni), novis dispositionibus non fuerit abrogatum; 
hinc doctores et interpretes ajunt, ob urgentem necessitatem posse 
Episcopum beneficio vacanti honestum onus imponere et a fortiori posse 
modiíicationem inducere in oneribus jam existentibus, ut eorumdem 
implementum utilius EcclesiíC resultet. r Conf. Pasqual: De Sacrificio 
Missa?, q. 844, n. 11, et Pitonius, De controv. patrón, alleg. 100, n. 29.) 

Muy respetable es la autoridad de Santi; pero juzgamos que en la 
cuestión presente es de muy poco ó ningún peso, porque las razones 
en que se apoya carecen de fundamento sólido. Alega el capítulo xi 
De Prccbend., y, siguiendo la interpretación que con la Glosa dan el 
Abad, Butri, el Cardenal y otros antiguos canonistas, sostiene que Ale- 
jandro III actuaba de juez en la contienda suscitada por el prepósito y 
cabildo de Isle y un sacerdote á quien aquéllos impusieron cierta 
carga al conferirle un beneficio; y revistiendo, por consiguiente, la de- 
cisión el carácter de sentencia, que fué incluida en el cuerpo del dere- 
cho, lógico es concluir que no se trata de una simple confirmación útil 
de lo que inútilmente habían hecho dichos superior y cabildo, sino de 
una verdadera ley, en virtud de la cual pueden los coladores inferiores 
al Papa imponer honestas y nuevas cargas en los beneficios, cuando así 
lo exige la necesidad de la iglesia. Ahora bien, arguye el mismo doc- 
tor; esa ley no ha sido posteriormente derogada, luego es indudable 
que á los Obispos compete el derecho de que se trata. 

Tal es el razonamiento de Santi, cuyo valor intrínseco estriba en dos 
supuestos, á juicio nuestro, falsos; porque, en primer lugar, supone 
que hubo lite, ló cual no está muy en armonía con el contexto del ca- 
pítulo SigHificatum, pues en éste se expresa con harta claridad la 
concordia con que de ambos lados se procedió: Significatum est no- 
bis, quos cuidam sacerdoti prcebendam imam in Ecclesia vestra, 
communi volúntate dedistis, tía qnod Missa (nisi corporis infirmi- 
tate gravatus sitj debeat quotidie celebrare; et Ecclesiam vestr'am 
nonnisi communi tam Pr&positi , quam Capituli conseiisu possif 
dimitiere , vel cUiquam prcebendee Ulitis anniversarium delegare. 
La Glosa, con los intérpretes que la copian sin alegar razones, limítanse 
á decir que al vacar el beneficio en cuestión, el superior y cabildo le 



1$4 KhlMSTA CANÓNICA 



impusieran las dos nuevas cargas que allí se mencionan, y con tal 
grávame* pasó al nuevo beneficiado; pero González, uno de los más 
autorizados comentaristas de las Decretales, escribe á este propósito: 
-Sed licet ha;c interpretatio vera sit, quatenus supponit Episcopum 
posse beneficio vacanti novum onus adjicere spirituali , ut probavi 
in d. cap. Majaribus; tamen presentí decisioni non convenit, cum aper- 
te ex ea constet, tempore collationis conditionem illam adjectamfuisse... 
Linde cum in praesenti eam Ecclesise pnebenda collata fuisset sub spiri- 
rituali modo, videlicet cum onere celebrandi Missam, mérito Alexan- 
der III hujusmodi collationem, tamquam ab omni simonice labe immu- 
nem approbavit.,, (Colum., in lib. ni, tit. v, cap. xi, c.) No existiendo lite 
mal puede la resolución reunir el carácter de sentencia. Y notemos de 
paso que esas colaciones con pactos, modos ó condiciones previas, son 
en general contrarias al derecho, que sólo admite su valides cuando 
consta de la antecedente y libre aceptación por parte del beneficiado; 
de modo que la nueva carga sea, no real ó perpetua, sino exclusiva- 
mente personal, á manera de favor que el beneficiado otorga á su igle- 
sia, y aun en este caso la jurisprudencia canónica dista mucho de re- 
conocer la licitud de tales imposiciones, cuando aparece algo de coac- 
ción moral. Es, pues, evidente que el contexto del capítulo y la 
interpretación de los doctores que Santi aduce en apoyo de la conclu- 
sión que arriba transcribimos, destruyen el primer supuesto. 

Dada, y no concedida, la legitimidad de esa primera suposición, 
juzgamos que ni aun así sería admisible la segunda, esto es, que la 
supuesta ley que aquélla entrañaba, subsistiera, porque el Concilio 
Tridentino manda expresamente que en materia de beneficios no se 
altere nada de cuanto por la fundacicn, erección ó por legítimos de- 
cretos está determinado, y es á todas luces manifiesto que, si los cola- 
dores inferiores al Papa tuvieran derecho para imponer nuevas cargas 
é introducir alguna reforma en las preestablecidas, como asegura 
Santi, deberíamos afirmar que el Tridentino, en esta parte (cap. v, 
-» $S. xxv de Rcf.) no estaba vigente, conclusión que no creemos dr- 
il» -nda canonista alguno. Además, Fagnano, que fué durante algunos 
años secretario de la Sagrada Congregación del Concilio, no solo 
está en abierta contradicción con lo que sostiene Santi, sino que- afirma 
sin rodeos: 1.°, que el capitulo Significatum prueba lo contrario de lo 
que dicen la Glosa, el Abad y otros, que se concretan á copiar la in- 
sostenible aclaración del glosista, pues Alejandro ll l confirmó útil 
mente lo que el Superior y Cabildo de Isle inútilmente habían hedió, 
según se colige de las palabras Tnstitutionem eatenus confirmamHs$ 
to mismo i nseftan Pirhing, Reiffenstuel y I ><• Angelis; _.", que á la 
imposición de nuevas cargas se oponen, además del Tridentino, el ea 

pítulo (*//;;/ dilcilHs (de eonsih tudinc y el decreto del Concilio I a 

teranense III Rrohibcmus vu, de censibus), y :V\ que los Eminentfsfc 



REVISTA CANÓNICA 



165 



mos Intérpretes del Tridentino habían repetidas veces declarado que 
los Obispos no tenían tal potestad, y cita al efecto algunas decisiones. 
Careciendo de todo fundamento jurídico la (peculiarísima interpreta- 
ción de Santi, viene al suelo el edificio que sobre aquélla levanta, y sólo 
queda en pie el argumento de autoridad; pero ya se ha visto que éste 
flaquea en su base, puesto que el mismo González, que parece atribuir 
á los Obispos el discutido derecho, niega que del capítulo Significatum 
pueda deducirse la consecuencia que establece la Glosa, desautorizada 
además por el contexto obvio de aquél y por autores tan respetables 
como Pirhing, Fagnano, Reiffenstuel y De Angelis, é implícitamente 
al menos por el Tridentino y las Resoluciones de la Sagrada Congre- 
gación; y, como el Abad, el Cardenal, Butri y cuantos admiten la doc- 
trina que sienta la Glosa, sólo se fundan en lo que ésta dice, sigúese 
que eliminada la interpretación de la Glosa, el argumento de autoridad 
desaparece. Véase lo que escribe Reiffenstuel á este propósito: "Faten- 
dum tamen quod Glossa in cit. cap. Significatum, v. Ita quod et plu- 
res Doctores ibideni in Summario de Praebend. velint, quod Praela- 
tus cum capitulo possint prebendas vacanti honestum onus imponere; 
ita videlicet, ut quinad illam praebendam eligitur, onus illud subiré de- 
beat, ut res transeat, cum suo onere. Verum hcec sententia vel est in- 
telligenda de liminefundationis beneficii... vel accedente auctoritate 
apostólica, conformiter proxime dictis, vel erit relinquenda. Nam, 
quod etiam fundatoris successor de consensu Episcopi, non possit alte- 
rare, seu derogare qualitatibus in limine fundationis appositis (et mul- 
to minus Collator) ex professo dictum est supra,, (lug. cit., n. 7. Y sin 
embargo, Reiífenstuel reconoce en los Obispos la potestad de imponer 
y reservar pensiones temporales, siempre que se atengan á los requi- 
sitos canónicos, 

Esta doctrina aparece plenamente confirmada por la jurispruden- 
cia canónica, que establecen repetidas resoluciones de la Sagrada 
Congregación del Concilio, las cuales omitimos por brevedad; pero 
que pueden verse en la gran colección de Pallottini y en la de Zam- 
boni. Plácenos, no obstante, consignar aquí las que este autor refiere 
en un párrafo (1) (vol. ív, verb. Beneficia, § xx): "Nova onera pne- 
ter illa in fundatione data non imponentur (Leod. Benef., 27 Jun. 1774, 
§ 4). Ideoque sustineri nequit episcopale decretum, quo fundationes 
mutat, novas leges, novaque onera praeter illas fundationes imponit, vel 
beneficiis vel beneficiarii (ibid). Non ut in potestate Episcopi, nec fwere- 
dis, qui nihil de suo contribuit, onera superaddere, praeter ea quic fue- 
runt a fundatore expressa; (Mont. Fal., 25 Jan. 1721 §6.) Neccesse est ut 
tabulan edantur, quo dignosci possit onera beneficii, cum nequeant 



(1) Pueden además consultarse. el v< 
copus, § i.) 



L (veri). Benefici(tlus,% iv) y el vol. n (\erfa. Epis- 



166 REVISTA CANÓNICA 



Episcopi earum leges variare. (Vercellen., 12 Sept. 1756, §2.) Quia post 
completan» fundationem beneficii, nec Episcopus auctoritate ordina" 
ria, nec ipsemet fundator, nova onera et conditiones adjicere potest. 
Prame$t. Conc, 20 Aug. 1774, § 16.) Nihilominus si Summus Pontifex, 
suprema qua pollet auctoritate, nova onera imposuerit, vel imposita 
confirmaverit, tune tenetur beneficiatus ea subiré atque adimplere 
(Ibid). Auctoritas ordinaria vSatis non est ad novum superaddendum 
onus beneficio jam erecto, sed requiritur in id potestas pontificia. 
(Velit. Resid. et Serv. chor., 20Mart. 1798, § 5.) Nec officit centenaria 
^ubsequuta observantia, sive quia independenter beneficiatus a suis 
decessoribus possidet beneficium; sive quia de infecto constat oneris 
initio ex ordinaria potestate (ibid.),, Y en otro lugar (verb. Episco- 
pus, § 11): "Nequit Episcopus nova onera canonicatibus imponere, quae 
imposita non fuerunt in primseva illorum erectione (Civit. Cast., 

20 Aug. 1774, § 8.) Episcopus nequit nova onera beneficiis addere, quae 
in illorum institutione imposita non fuerunt (Pisan., Cas. resid., 

21 Nov. 1761, § 2.) Creemos sean suficientes estas citas para demostrar 
cuál haya sido el sentir de la Sagrada Congregación del Concilio y la 
jurisprudencia por ella sentada en la cuestión que ventilamos. 

Al exponer nuestra opinión acerca de las obligaciones y derechos 
del canónigo lectoral (1), hicimos referencia á la resolución dada el 
1901 in Pacensi, y deber nuestro es darla á conocer á los lectores, tan- 
to más cuanto que viene á corroborar plenamente la doctrina que como 
cierta é indiscutible venimos defendiendo. Antes, empero, séanos per- 
mitido examinar hasta qué punto concede González á los Obispos la 
potestad de imponer nuevas cargas en los beneficios, y cuál es el fun- 
damento de De Angelis al opinar que, en caso de urgente necesidad, 
rómpete á los Prelados tal derecho, pues descartada la sentencia de 
Santi por insostenible, réstanos discutir las afirmaciones de los dos ci- 
tados doctores, ya que los demás, ó no tocan la cuestión, como Schmalz- 
grueber, García (De Beneficiis), Pirro Corrado (Praxis Beneficialis) 
y Sottero (De re beneficiali), ó siguen por la sola autoridad de la Glosa 
lo que ésta dice sobre el capítulo SigniJicatHtn, como Laymann, citado 
por Leurenio (Forum beneficíale, pág. 2. a , quest. 776). Al sentar Gon- 
zález la afirmación arriba consignada, dice que la prueba en el comen- 
tario al capítulo Majoribus (vni, De prcebend. etdignit.) y y por consi- 
guiente, aquélla no tiene otro alcance que el que en este lugar la da. 
Ahora bien: de dicho capítulo deduce, con la generalidad de los cano- 
nistas, ti siguiente principio: "Prcebcndas, seu beneficia dividí non de* 
bent¡ y al responder en los núrn>. 5, «>, ~ v 8, -\ las dificultades, habla 
sólo y exclusivamente de la división de beneficios y reserva de pensio- 
nes, lo cual, dice, puede hacer el Obispo, siempre que haya causas i 



(!) Vfawe la lievista (lanmica, en nuestro número dé -" de Diciembre diurno 



REVISTA CANÓNICA 167 

timas y observe las demás prescripciones canónicas; luego González 
concede lo que nosotros no hemos negado; pero ¿por ventura dice una 
sola palabra acerca de la imposición de nuevas cargas en el sentido en 
que nosotros la hemos propuesto? No defiende, pues, el insigne comen- 
tarista conquense la conclusión de Santi. 

Para discutir el valor de lo que afirma De Angelis, cúmplenos trans- 
cribir sus palabras: "Et praebendis jam erectis nova onera auctoritate 
Ordinarii impossi non posse saepius declaravit S. C. Concilii, prout re- 
ferí Fagnanus, cap. Significatum de Praebendis, nn. 3 et seqq. Ñeque 
aliud probat summatio et Glosae in cit. capite; ut enim in ipso capite 
concluditur, istae novae impositiones non valent, nisi accesserit Apostó- 
lica? Sedis venia; proinde sola auctoritate Ordinarii istae non constituis- 
scnt. Excipe, nisi necessitas Ecclesiae urgeret pro servitio Ecclesiae, 
prout notandum cit. tit. xiv, lib. i, nam beneficia constituía sunt pro 
servitio Ecclesiae." Como se ve, De Angelis, aunque por distinto cami- 
no, viene á sentar una conclusión parecida á la de Santi; pero bien exa- 
minado lo que aquél dice al exponer el título xiv (De cetate, ordine et 
qualit. pratficiend.y n. 3.°, in fine), difiere notablemente de éste, pues á 
la cuestión, "si el prelado puede obligar aun clérigo á recibir otras ór- 
denes que las anejas al beneficio," responde que "regularmente no 
puede," y luego añade: "At quia beneficia dantur propter servitium 
Ecclesiae; 'si servitium Ecclesiae id expostulet, posse jure compelli ad 
ulteriorem ordinem assumendum communiter tenent canonistae, et tra- 
dunt in cap. lin. h. tit." De modo que Santi sienta la proposición en ge- 
neral, fundándose en el cap. Significatum, que ya hemos visto indica 
todo lo contrario, mientras De Angelis la restringe al solo caso enun- 
ciado, de conformidad con las prescripciones del capítulo vi del citado 
título xiv, no del último, como equivocadamente escribe, pues éste de- 
clara indignos de beneficios eclesiásticos á los que carecen de la ciencia 
necesaria para llenar los deberes anejos. Podrá objetársenos' que la ra- 
zón alegada por De Angelis es general y aplicable, por tanto, á toda 
imposición de nuevas cargas, que será legítima siempre que lo exijan 
la necesidad ó utilidad de la Iglesia; pues, como oportunamente advier- 
te Fagnano al comentar dicho capítulo vi, en derecho se equiparan esas 
dos causas; pero creemos que no es lógica la consecuencia, puesto que 
De Angelis limita la ley general expresada en el tit. xn, por la excep- 
ción contenida en el cap. vi, á que expresamente se refiere (1). Y esto 
basta para concluir que De Angelis defiende lo mismo que Fagnano, 
Pirhing y Reiffenstuel, es decir, la verdadera doctrina canónica que 
entraña la rúbrica ut ecclesiastica beneficia sine disminutione confe- 
rantur, confirmada por la Sagrada Congregación del Concilio en mu- 



(1) Fitonio (allegat. cap. de conlrov.patronat., n. 29), citado por Santi, según parece, 
n favor de su infundada tesis, enseña esto mismo por vía de excepción. 



168 REVISTA CANÓNICA 



chas ocasiones y muy recientemente in Pacetisi, que vamos á exponer. 

Los estatutos del cabildo de Badajoz ordenan que "los capitulares 
prediquen los sermones no asignados á los canónigos de oficio, según 
la práctica vigente en aquella catedral" (cap. ni); y esta prescripción, 
confirmada por la Sagrada Congregación del Concilio el 31 de Enero 
de 1874, se observó hasta 1892, en que al convocar á oposiciones para la 
prebenda lectoral, el Rmo. Prelado imponía en el edicto seis ser- 
mones al que la obtuviese, sin perjuicio de otros dos que por estatuto 
le correspondían, y de la obligación de explicar. Terminados los ejer- 
cicios y preguntados los opositores si aceptaban las cargas dichas, to- 
dos respondieron afirmativamente, y el agraciado D. Tirso Lozano, 
antes de recibir la institución canónica, reiteró su promesa confirmán- 
dola con juramento. En virtud de ese nuevo gravamen impuesto al 
Lectoral, los canónigos que no eran de oficio quedaban exentos de la 
obligación prescrita por los estatutos; pero no obstante, el Lectora] 
cumplió lo prometido hasta Noviembre de 1899, en que pidió al Obispo 
y al Cabildo le exonerasen de esa carga; y denegada por éstos la súpli- 
ca, recurrió á la Sagrada Congregación del Concilio, la cual, según el 
estilo de.la Curia, no quiso resolver sin oir previamente el voto de aqué- 
llos, que, como era de suponer, fué totalmente opuesto á la demanda 
del canónigo teólogo. El Prelado y el' Cabildo, en su informe, sostenían 
la legalidad de la nueva carga, puesto que, además de haber sido li- 
bremente aceptada por el interesado, se fundaba en la costumbre vi- 
gente en España desde el Concordato de 1851, del cual arranca; y por 
otra parte, la Nunciatura Apostólica ratificó esa costumbre, confirma- 
da posteriormente por la Sagrada Congregación del Concilio el 22 de 
Abril de 1882, in Salmanticen.— El Lectoral de Salamanca que, ade- 
más de ser ya anciano, estaba enfermo, y por sus relevantes méritos ^ 
había hecho acreedor á que se le otorgase la gracia, pidió á la Sagrada 
Congregación que le exonerase de la carga de cuatro sermones añadi- 
dos á la obligación de exponer la Sagrada Escritura. "An Canonu u> 
Lectoralis infirmitate impeditus teneatur onus quatuor per annum con- 
cionum litteris editorialibus ipsi impositum per substitutum et propriis 
expensis adimplere in eam?" Resp.: ' A f firmad ve. u De donde deducían 
los informantes que la Sagrada Congregación había expresamente 
aprobado el principio que ellos sentaban. 

A estas razones, cuya Ineficacia comprenderá desde luego cualquie- 
ra que esté medianamente versado en el derecho eclesiástico general > 
en el especial de España, contestó victoriosamente el I ,ectoral, oponien- 
do la ley expresa del título xn, por nosotros antes referida, la cual 

sólo admite la excepción indicada, > negando que el derecho concorda 
do autorice á los obispos para imponer nuevas cargas en los beneficios; 

pues ni el Concordato de 1861, ni el convenio adicional de- In o. qj 1. \ ;il 

guna posterior, conceden semejante facultad, que, además de ser dero 



REVISTA CANÓNICA 169 



gatoria del derecho positivo común, impediría á los gravados el fiel 
cumplimiento de las cargas anejas al beneficio. El decreto del b de Di- 
ciembre de 1888 se refiere exclusivamente á los canonicatos de gracia 
que desde ese acuerdo deban ser provistos por oposición, y si, según 
consta por la declaración del mismo decreto (14 de Noviembre de 1890), 
á dichos canónigos sólo puede imponérseles una carga especial, no va- 
rias disyuntivamente, ¿por qué á los de oficio ha de añadirse otra á la 
preexistente? 

El limo. Sr. Secretario de la Sagrada Congregación del Coni 
cilio, al proponer á la resolución de los Emmos. Consultores la pre- 
sente causa, decía: "Quamobrem novi oneris impositionem, quaj ip- 
sum afficiat beneficium exploratissimi juris est, ab Episcopo decern- 
non posse,,, y refutaba el argumento deducido de la respuesta dada á la 
causa in Saimanticen, ya que aquí no se trataba de si había sido ó no 
legítima la imposición de la carga, sino de si, supuesta ésta, pósito one- 
re, el Lectoral, por hallarse enfermo, debía levantarla por medio de 
sustituto pagado por él, y sólo á esto fué respondido afirmativamente. 

El Lectoral de Badajoz añadía que á la aceptación de la nueva carga 
no le era permitido oponerse, sopeña de cerrarse el camino á la pre- 
benda, y por otra parte no aparece probado que él conociese las pres- 
cripciones de los estatutos hasta después úe haber recibido la colación 
canónica: no fué, por consiguiente, francamente voluntaria. Pero á esto 
respondemos, con el limo. Secretario, que si bien es cierto que los 
Obispos no pueden imponer nuevas cargas reales en los beneficios, sin 
embargo, cuando éstas sólo afectan á la persona del beneficiado y éste 
consiente, cúmplese la regla comúnmente admitida por los juriscon- 
sultos: onus, quod uti reale haberi non potest, jit persónate afjiciens 
personam contrahentium, de- la cual constan algunos ejemplos en 
el derecho (cap. v de transaction., y la doctrina canónica acerca de las 
pensiones): Ahora bien: si se reconoce al Obispo la potestad de impo- 
ner cargas personales en las condiciones, que indicamos al citar á Gon- 
zález, sigúese que el Lectoral de Badajoz no tenía razón al quejarse; 
pues aunque el Prelado y el Cabildo obraron contra derecho, la libre 
aceptación por su parte alteraba completamente los términos de la 
cuestión. Sin embargo, siempre será reprobable toda coacción en casos 
como el presente; y que de ordinario existe la coacción se evidencia con 
reflexionar que si los opositores rehusaran aceptar las condiciones del 
edicto, serían excluidos, y entre dos males optan por el menor; de modo 
que la aceptación es libre, sí, pero voluntaria sólo secundum quid. 

Expuesto lo cual, fácil es comprender el alcance de la respuesta 
dada por la Sagrada Congregación del Concilio el 23 de Febrero de 
1001 á la súplica del Lectoral de Badajoz. Hela aquí: Attentis ómni- 
bus, orator acquiescat, et scribatur Episcopo ad mente m: como si di- 
jera: "puesto que, si no con plena voluntad, á lo menos libremente acep- 



170 RBV18TA CANÓNICA 



tola nueva carga, según parece evidenciarlo el cumplimiento déla 
misma durante siete años sin reclamaciones, confórmese.,, No creemos 
haya canonista alguno que de esta resolución pretenda deducir argu- 
mento favorable á la infundada opinión de Santi; porque eso equival- 
dría á cegar voluntariamente, y pasar por alto las circunstancias de la 
causa y las condiciones especiales de la respuesta, sobre todo la cláusu- 
la scribatur Episcopo ad mentem, la cual ignoramos; pero creemos no 
es necesario conocerla, pues ó mucho nos equivocamos, ó lo que tal 
cláusula implica es un aviso al Sr. Obispo y al Cabildo, previniéndoles 
que se abstengan de imponer nuevas cargas en los edictos convocato- 
rios; porque si otra cosa significara, antójasenos que sería tanto como 
declarar legítimo el apéndice que en aquéllos suele aparecer. 



P. Pedro Rodríguez, 
o. s. A. 



(Se continuará,) 



CRÓNICA GENERAL 



Madrid-Escorial, 15 de Enero de 1Q02 

I 

EXTRANJERO 



Roma.— En nuestra crónica anterior indicamos algo sobre la sentidí- 
sima alocución que, con motivo del proyecto de ley acerca del divorcio 
en Italia, pronunció el Tapa en e] Consistorio celebrado el 16 de Di- 
ciembre. Aquellas palabras tan enternecedoras y prudentes, en que se 
sentía latir un nobilísimo sentimiento de amargura y se descubría por 
modo maravilloso la grandeza de ánimo que hoy, como siempre, es 
carácter y cualidad distintiva del venerable anciano León XIII, no se 
han apagado estérilmente, como ora de temer de la condición de los 
tiempos. Interpretando las ideas y sentimientos del Papa, el cardenal 
Parochi, vicecanciller de la Santa Iglesia y secretario de la Santa In- 
quisición Universal y Romana, ha dirigido, en nombre de los Cardenales 
que componen aquella Sagrada Congregación romana, de la cual el 
Papa es Prefecto, una carta á todos los Arzobispos y Obispos de Italia. 
En ella, el cardenal Parochi empieza por recordar la alocución de Su 
Santidad pronunciada en el Consistorio de 16 de Diciembre, y refirién- 
dose á las tristes consecuencias que resultarían si se votase ese proyec- 
to de ley, el Cardenal pide al Episcopado que recuerde al pueblo cris- 
tiano dicha alocución y que le exponga la doctrina cristiana sobre el 
matrimonio, demostrándole la santidad de él, del cual hizo Nuestro 
Señor Jesucristo un Sacramento. Añade que estas enseñanzas deben 
ser esparcidas en las iglesias, en los catecismos, en los periódicos y en 
los opúsculos. Además, dice que es preciso citar al pueblo la se- 
sión XIV del Concilio de Trento, referente al matrimonio, así como los 
ejemplos históricos que demuestran que la Iglesia ha negado siempre 
el divorcio. Finalmente, aconseja que se combatan los pretextos espe- 
ciosos invocados en favor del divorcio, y declara que la Santa Sede se 
ha opuesto siempre á él, y si á veces sus protestas se han adaptado á 
los tiempos y á las circunstancias, esto sólo hace el elogio de la pruden- 
cia de la Iglesia, que no ha dejado jamás de protestar. 

—En la forma que suele emplearse en tales casos, el conde Szecsen 



172 CRÓNICA GENERAL. 



ha presentado al Padre Santo las cartas credenciales que le acreditan 
como embajador del imperio austro-húngaro en el Vaticano. El reem- 
plazo del conde Reverterá por el conde de Szecsen ha sido comentadí- 
simo, existiendo sobrados motivos para ello, por considerarse general- 
mente este cambio de embajadores como una prueba más de los senti- 
mientos hostiles de la Italia oficial para con el Soberano Pontífice y de 
las dificultades que la situación actual de Roma ocasiona á cada instan- 
te, no tan sólo á la Santa Sede, sino á todas las cancillerías en sus rela- 
ciones con el Vaticano. No bien fué conocido el nombramiento, apresu- 
róse á manifestar la prensa liberal que el nuevo embajador austríaco 
llegaba á Roma encargado de una misión delicadísima: la de obtener 
del Papa la promesa de que se dignaría recibir en audiencia al empe- 
rador Francisco José, aunque el ¡.emperador de Austria se decidiera á 
visitar á los reyes de Italia en el Quirinal. Añadían los periódicos á que 
nos referimos, que la negativa del Soberano Pontífice impediría el 
viaje del Emperador á Roma, viniendo, por tanto, á ser imposible tam- 
bién el viaje de los reyes de Italia á la capital del imperio austro-hún- 
garo. He aquí cómo se expresa La Tribuna: "Ignoramos si el conde 
Szecsen viene á Roma encargado de tal misión; pero si es verdad, le 
auguramos desde luego un completo fracaso. El cardenal secretario 
de Estado viene acentuando la política del Vaticano en sentido abier- 
tamente hostil á la participación del imperio austríaco en la Triple 
Alianza, porque en ella ve el reconocimiento oficial y solemne de los 
acontecimientos de 1870. Una transacción como la que se dice que va á 
intentar el conde Szecsen, vendría á constituir la bancarrota de la in- 
transigencia vaticana. He aquí lo que nosotros tenemos por seguro: te- 
niendo en cuenta razones de política interior, el emperador Francisco 
José ha creído necesario solicitar del Vaticano permiso para realizar 
una visita que los deberes internacionales debieran haberle impulsado 
á realizar hace ya bastante tiempo. Pues bien; el rey de Italia, por al- 
tas razones de dignidad nacional y personal, tampoco podrá visitar á 
su aliado, por correrse el albur de que esta visita no fuera devuelta, 
como ya ha sucedido otras veces.,, 

Siguiendo tradicional y verdadera costumbre, los voluntarios del 
antiguo ejército pontilicio, por conducto de SUS oficiales supervivientes, 
han ofrecido este año al Papa el homenaje de su inquebrantable adhe- 
sión á la Santa Sede. El mensaje fué leído por el general ronde Pian- 
ciani. Contestó al mensaje León Mil expresando la satisfacción que 

inundaba SU alma al Vtt reunidos en derredor suyo, una ve/ más, á 

gloriosos restos del heroico y sufridísimo ejército pontificio, "La 

muerte, dijo el Papa, va produciendo, en Cada dí;i que pasa, hueCOS do 

lorosoB en sus filas; y en tanto Píos, que vamos encorvándonos, cada 
vez más, al peso de los anos, hemos de pasar por 1.1 amargura d< 
rivii á tantos fieles soldados. Tan sólo la misericordia divina sos 



CKÓNlCA GENERAL. 1 Tí) 

tiene nuestra vida. Acaso el Señor, en sus inescrutables designios, cuen- 
te con Nos, todavía, para alguna empresa propicia á la ventura de su 
iglesia. „ León XIII manifestó luego el amor que su corazón experimen- 
ta hacia los que un día combatieron por la causa del Pontificado, y re- 
cordó cómo en su paternal solicitud les había proporcionado un retiro 
seguro y tranquilo páralos días de la ancianidad. El Padre Santo ex- 
presó la esperanza que le anima de poderlos aún recibir el año próxi- 
mo, si Dios se digna otorgarle la gracia de celebrar el vigésimoquinto 
aniversario de su exaltación al trono pontificio; y, últimamente, les dio 
las gracias por su fidelidad y por su adhesión á las personas de los Pon- 
tífices, en la defensa de los cuales vertieron su sangre. El Papa habló 
luego, en particular, con cada uno de los antiguos soldados del ejército 
pontificio, terminando tan conmovedora audiencia con la bendición 
apostólica. 

*** 



Francia, — Hn la palestra de la oratoria, abierta para todos los cam- 
peones de la palabra, Waldeck-Rousseau ha batido el record con una 
constancia admirable. Toda una buena temporada viene llenando la 
prensa sus columnas con los discursos que, sin dar paz á la lengua, 
ha pronunciado en Saint-Etienne. Quien se fijase únicamente en esa 
exuberancia de floreos y lirismos, pudiera convencerse de que éramos 
nosotros los que dábamos todavía la pauta al mundo. Claro está que, 
ocultas en el ropaje de la retórica, van todas las astucias y perfidias 
de un alma diplomática, viniendo á parar todo ello, si bien se mira, 
en alardes y fruiciones de la vanidad satisfecha, ó en la malévola in- 
tención de chupar la sangre al desvalido, bajo cierta forma menos es- 
candalosa que la de un salteador curtido en el oficio. Como no es fácil 
dar idea de los muchos discursos del presidente del Gabinete francés, 
expondremos el contenido de los dos más importantes, á saber: el que 
trata de la expansión colonial en Francia, y el que contiene la labor 
ejecutada por el actual Gobierno. 

En el banquete ofrecido por la Sociedad Geográfica á los minis- 
tros, Waldeck-Rousseau pronunció un discurso, encaminado á demos- 
trar los progresos realizados por Francia en su expansión colonial. 
Dijo que el dominio de la nación en sus colonias, que en 1871 no excedía 
de 800.000 kilómetros cuadrados, en 1900 pasaba de seis millones, sin 
incluir la Argelia ni Túnez. El conjunto de importaciones y exportacio- 
nes, que en 1871 se elevaba á 222 millones, excedió en 1900 de la suma 
de 7.800 millones, de los cuales la parte correspondiente á Francia es 
de 5.090. El Sr. Waldeck-Rousseau añadió que estos resultados se deben 
á una política atenta y vigilante, y deben motivar la mayor confianza 



174 - CRÓNICA OENBRAL. 



para el porvenir. Terminó brindando por los exploradores y colonos 
franceses. Después del banquete dé 300 cubiertos, ofrecido por la Socie- 
dad de Geografía y celebrado en el palacio municipal, los ministros 
.latieron á la inauguración del monumento levantado á Francisco 
Garnier, primer explorador y conquistador del Tonkín, muerto cerca 
de Hanoi. MM. Lanessan, Decrais y Harmand, ministro plenipotencia- 
rio (en representación del de Negocios Extranjeros, Mr. Delcassé), pro- 
nunciaron sentidos discursos, consagrados á la buena memoria de Gar- 
nier, y haciendo constar que su obra está terminada y realizado su sue- 
no, pues la bandera francesa flota desde la muerte de aquél en Tonkín. 

En el banquete de los republicanos del departamento de Loira, mon- 
sieur Waldeck-Rousseau expuso la labor realizada por el Gabinete que 
preside, formado por todas las fracciones republicanas. La tranquili- 
dad, dijo, se ha restablecido y se han votado leyes tan importantes 
como las de Asociaciones, las de carácter obrero y las de organización 
de la defensa nacional terrestre, marítima y colonial, así como el afian- 
zamiento de la influencia francesa en el Celeste Imperio. La visita de 
la escuadra italiana á Tolón ha demostrado que sabemos inspirar sim- 
patías, y la del Czar, que sabemos fortalecer las alianzas. Consolidando 
la República, el Gobierno ha trabajado para la paz.., E lorador se felici- 
ta de las buenas relaciones internacionales, y dice que el Gobierno ha 
servido mejor al país que lo hubiera hecho una política de fanfarrone- 
ría y campanario. Espera que las próximas elecciones producirán un 
Parlamento que se apoye solamente en los elementos republicanos, y 
termina diciendo que el siglo XX surge sobre las ruinas de la Monar- 
quía tradicional, el orleanismo y el imperio, y que la democracia se dis- 
pone á hacer justicia de las varias parodias y falsificaciones groseras 
de un patriotismo sincero ó un espíritu revolucionario. 

Como resultado natural de tanta verdad, y como prueba palmaria 
de que el hombre ha perdido su inocencia primitiva, conviene transcri- 
bir este despacho: "Las silbas y manifestaciones de desagrado realiza- 
das en Saint-Etienne contra los ministros, de que ha dado cuenta el te- 
légrafo, parecen haber obedecido á los trabajos realizados por el par- 
tido socialista francés. Este, en el manifiesto que publicó en vísperas 
de la llegada de los ministros, protestó enérgicamente :contra el entu- 
siasmo de encargo en el rebaño que forma la muchedumbre, contra la 
actitud de la municipalidad y contra la visita de los tiranos s/< 

El periódico alemán Berlina- Tageblatt reconoce que Italia tiene 
perfecto derecho á entenderse con Francia para el mantenimiento de la 
paz universal, lo mismo que Alemania ha tratado de organizar SUS re 
laciones con Rusia. La única potencia, añade, á quien puede interesar 
la armonía franco-italiana, es Inglaterra, cuya situación en el Medite- 
rráneo se halla afectada necesariamente por toda reforma en el equili 
brio actual. Pero Inglaterra es también quien ha contribuido másá que 



CRÓNICA GENERAL. 175 



Italia se arroje en brazos de Francia, por la falta de miramientos que 
ha tenido con aquélla, después de Fashoha, y por la debilidad militar 
que ha evidenciado la guerra sudafricana. 



*** 



Inglaterra.— Mucho más que las vicisitudes de la guerra y que el 
curso de los sucesos interiores, más todavía que los preparativos para 
la solemne coronación del Rey y que cuanto pueda ocurrir con tal mo- 
tivo en la gran metrópoli, ha concentrado la atención de los ingleses 
principalmente y de todos los políticos del mundo, el reñido tiroteo de 
frases y el duelo oratorio entablado recientemente entre Chamberlain y 
el conde de Bulow. Inglaterra y Alemania estaban representadas en 
esos dos paladines de la palabra, el primero de los cuales es ministro 
de las colonias británicas, y el segundo es gran canciller del imperio 
alemán. Con el correcto estilo que exigen las astucias de la forma di- 
plomática, ambos personajes se han tirado á fondo; y de creer es que 
la cosa continúe, dado que el odio 'mutuo de los imperios contendientes 
está en las entrañas y no obedece á repulsión momentánea. Chamber- 
lain inició el combate en Birmingham con un discurso de tonos arrogan- 
tes y provocativos, aunque es de advertir que la prensa alemana viene 
asaeteando hace mucho tiempo al prestigio y amor propio de los ingle- 
ses, con chacotas muy punzantes y con juicios y caricaturas de una in- 
tención ferocísima y fecunda en recursos de toda ley. El ministro de las 
Colonias dijo que Inglaterra es la más liberal del mundo; pero también 
tuvo que reconocer que es asimismo la más aborrecida de los pueblos. 
"Nos envidian, .añadió, nos ultrajan vergonzosamente, nos acechan sin 
cesar esperando tener ocasión de causarnos daño, deseosos siempre de 
la ruina de Inglaterra. No debe esto atribuirse á la mala política de los 
Gobiernos británicos, pues aconteció lo propio en tiempo de Pitt y de 
lord Palmerston.,, El orador, en brillantes períodos, sostuvo después 
que, en vista de la situación de las cosas, la Gran Bretaña debe conti- 
nuar en su espléndido aislamiento. Luego se expresó en estos términos: 
"Es mil veces preferible la guerra al abandono de los derechos que 
hemos heredado de nuestros mayores. „ La National Revicw, de Lon- 
dres, publicó, casi á la vez, un artículo en el cual se esfuerza en demos- 
trar que hay que aislar á Alemania. El autor de este trabajo afirma 
que en el imperio alemán se excita el odio contra Inglaterra y que los 
ingleses deben desconfiar de Alemania y precaverse contra esta poten- 
cia, entendiéndose con Rusia y Francia. Toda inteligencia de Inglaterra 
con Rusia en el Extremo Oriente, dice, ejercería grande influencia en 
nuestras relaciones con Francia. Hay que reconocer que los franceses 
están predispuestos contra nosotros, y que las causas de esta antipatía 



l?(j CRÓNICA GENERAL. 



900 m;h comprensibles que las de los alemanes; baste recordar la cues- 
tión de 1« ashoda y nuestra actitud en el proceso Dreyfus; pero, á pesar 
de i sto, no existe motivo o-rave que separe á Francia de Inglaterra, 
ptuando la cuestión de Terranova, que cada día tiene menor im- 
portancia. 

A las palabras de Chamberlain contestó inmediatamente el canciller 
en la forma que indica el siguiente despacho: "Berlín 8.— En la sesión 
celebrada hoy por el Reischstag (Parlamento alemán), el canciller 
conde de Bulow, respondiendo á varias observaciones del Sr. Stolber 
Vernigrod, acerca de las críticas lanzadas contra el ejército alemán por 
el ministro inglés Mr. Chamberlain, ha manifestado que cuando un mi- 
nistro necesite justificar su política, procederá bien no haciendo figurar 
al extranjero en el asunto; ó si lo hace figurar, debe realizarlo obser - 
vando las necesarias y prudentes precauciones. De otra suerte, se corre 
el peligro de lastimar á la nación de referencia. Respecto á la Triple 
Alianza, el Canciller ha dicho que sigue viva, aunque limitada á la de- 
fensiva. Es la continuación de la política impuesta por la paz después de 
la caída de Napoleón, política que no exige determinadas alianzas ni 
sacrificios militares ni navales. El acuerdo franco-italiano no es, pues, 
contrario á la Triple Alianza.,, Y añadió: "Continuaremos manteniendo 
la Triple Alianza de una manera firme y poderosa, á fin de que nuestra 
amistad sea considerada en su justo precio y nuestra enemistad no sea 
indiferente para nadie... Los comentarios alas anteriores palabras son 
casi innumerables, entendiendo cada cual el sentido y alcance de ellas 
á su modo. El mismo Chamberlain ha vuelto á la carga, mientras que 
respondiendo á los buenos deseos de la National Review el periódico 
alemán Berliner Tageblatt, y haciéndose cargo de lo dicho por el mi, 
nistro Sr. Chamberlain respecto á que Inglaterra es la nación más odia - 
da del mundo, dice que es sensible no haya añadido las causas de este 
odio, y suple su omisión en estos términos: "Los motivos del odio son el 
espíritu intrigante de la Gran Bretaña, su doblez, sus desleales manio- 
bras para con las naciones fuertes y su brutalidad y rapacidad para 
con las débiles. - 



AMÉRICA. En los Estados de America bulle la sangre revoluciona 
ria, que es un prodigio: rara es la república que goza actualmente de 
los beneficios de la paz, antes por el contrario, parece que el genio de 
la discordia se ha apoderado ele los ánimos de aquellas gentes, y las 
algaradas y levantamientos constituyen su estado normal. Lo más 
grav<- es la cuestión chileno-argentina, que por cierto, lejos de resol" 
verse pacíficamente, se agrava y complica cada vez más y en forma 
que ambas repúblicas se están armando para la lucha, á toda prisa; 



CRÓNICA GENERAL. 177 



pero además, á juzgar por un despacho de Guayaquil que publica el 
Heraldo de Nueva York, se ha agravado el conflicto entre el Perú y 
el Ecuador. Esta última república ha enviado fuerzas importantes á la 
frontera oriental, con orden de ocupar el territorio invadido por los 
peruanos. Es, pues, de temer que surja un choque armado. Al mismo 
tiempo, el Gobierno de Quito ha dirigido al de Lima una nota formu- 
lando enérgicas reclamaciones en vista de la violación de la frontera. 
Esto sólo es una ligera muestra de la situación de algunos Estados 
americanos; de todos ellos se puede decir que el que no tiene empeñada 
la lucha con el vecino, la tiene dentro de casa y quizá más enconada 
y desastrosa, como en Venezuela, ó la espera con gusto al verla á las 
puertas. 

II 

ESPAÑA 

Poquísimo interés ha despertado en la nación la vida política de 
la quincena, que se ha distinguido por la carencia casi absoluta de 
novedades. Agotado, por ahora, el tema de la crisis, los asiduos con- 
currentes á los mentideros políticos y los chicos de ¡a prensa se han 
lanzado de lleno al campo de las suposiciones y han resuelto, claro 
está, cada cual según sus intereses particulares, los problemas pen- 
dientes más ó menos relacionados con la res publica. Se ha hablado 
con insistencia de una gran concentración política bajo la presidencia 
de Montero Ríos, y en la que entrarían los Sres. Maura y Duque de 
Tetuán; rumores que no dejaban de tener un fundamento serio, pues 
eran la única explicación que podía darse á las frecuentes visitas á la 
Reina, del Sr. Presidente del Senado. Semejantes propósitos, sin em- 
bargo, y semejante partido de concentración, es hoy un absurdo, al 
decir de los amigos de Sagasta y Silvela, á quienes se les sublevan los 
nervios sólo con pensar en una interrupción del turno pacífico de los dos 
partidos en la dirección de los negocios públicos. Asunto es éste en el 
que nada se puede aventurar, y mucho menos fundándose en las opi- 
niones de la prensa política, escrita toda ella bajo las inspiraciones de 
la pasión de partido; pero es un hecho muy significativo esa nueva ten- 
dencia política de las pequeñas agrupaciones, cansadas ya del aleja- 
miento sistemático del poder, y nada tendría de particular que el día 
menos pensado, acortando distancias, suavizando asperezas, ó dicho 
sea con el tecnicismo político, encontrando la tan deseada fórmula de 
conciliación de derechos é intereses, se realice ese acto varias veces 
fracasado por la intransigencia de la ambición. El tiempo se encargará 
de aclarar todas las dudas. 

Otra de las noticias que ha hecho fortuna en los círculos políti- 

12 



178 CRÓNICA GENERAL. 



eos, ha sido la que daba como completa y definitivamente acordado el 
ingreso del Sr. Maura y los suyos en la Unión conservadora, y hasta 
llegó á decirse que el Sr. Maura aprovecharía la primera oportunidad 
para hacer la declaración oficial; pero ¡vaya usted á hacer caso de 
cabalas y profecías ae políticos! 

Después de esto, ha sido materia de vivos comentarios una confe- 
rencia celebrada con el general Weyler por el cardenal Sancha, en 
que se supone hablaron del reciente decreto del Ministro de la 
Guerra acerca del matrimonio de los militares, y principalmente de 
los artículos referentes á la penalidad que se establece para los que le 
contraigan in articulo mortis. Y ya que del Sr. Weyler hablamos, 
bueno será decir que es casi el único Ministro que da señales de vida y 
actividad, con lo que va ganándose simpatías aun entre sus enemigos 
políticos. Un día de estos ha publicado la Gaceta su nuevo decreto so- 
bre la ley de retiros, y se espera de un momento á otro el anunciado, 
que prohibirá á los militares vestir de paisano. Lo que ha sido un gran 
fracaso y un nuevo disgusto, por consiguiente, para el Ministro de 
Hacienda, ha sido su famoso empréstito de 125 millones para recoger 
los pagarés del Tesoro que están en poder del Banco; la concurrencia 
ha sido escasísima, y el resultado, hasta la fecha, por demás desconso- 
lador, pues las suscripciones no llegan aún á 50 millones de pesetas; 
en vista de lo cual dícese que el Sr. Urzáiz se encuentra muy contra- 
riado y que desea abandonar la cartera. Por lo pronto, dase como se- 
guro que la suscripción quedará abierta hasta que se cubran los 125 mi- 
llones; pero al paso que va, tendremos obligaciones del Tesoro para 
unos días. 

—El lunes 20 se reanudaron las sesiones de Cortes, para las que ya 
se ha avisado á domicilio, como es costumbre. Parece ser que el Go- 
bierno hace cuestión de honor su palabra, y se decide por fin á hacer 
algo que levante un poco su prestigio. Lo primero que se discutirá en 
las Cortes serán las leyes provincial y municipal y el tan asendereado 
proyecto del pago en oro; después les seguirán probablemente los 
proyectos del Ministro de la Guerra y los preparativos para la coro- 
nación del Rey. 

—Pobre ha sido, como decíamos al principio, la quincena en asuntos 
políticos de verdadera importancia; pero, en cambio, hemos tenido á 
la orden del día el escándalo y el motín, que es lo único que hace me- 
m.-s viene siendo la nota sensacional é interesante. Por de pronto, la 
huelga de Barcelona continúa casi en el mismo estado y promete dar 
juego; pues aunque aparentemente reina tranquilidad, como dicen casi 
todos los días los partes oficiales, lo cierto es que los obreros en los 
mcetiugs y fuera de ellos manifiestan á las claras su descontento, 
pronuncian discursos violentísimos contra el burgués y la propiedad, 
y todo indica que la enfermedad social va ganando terreno; que \ a 



CRÓNICA GBNFJRAL. 179 



tomando proporciones alarmantes, y que ya no puede curarse con pa- 
liativos y concesiones que nada resuelven; porque el mal está en el 
corazón y sólo una medida radical } r enérgica, basada en los principios 
de la más estricta justicia y que armonice los derechos con los debe- 
res, puede acabar con este estado anormal y violento que amenaza 
convertirse en el modo de ser ordinario de nuestra vida social. 

Otra de las huelgas que más ha preocupado al Gobierno, si es que 
á éste le preocupa ya algo, ha sido la de las cigarreras de Madrid, que 
llegó á tomar proporciones muy graves, desde el momento en que va- 
rios grupos libertarios y sociedades obreras tomaron carta en el asun- 
to y determinaron celebrar un mitin en el teatro Barbieri para adhe- 
rirse á las peticiones de las cigarreras. 

Ya se resiste la pluma á relatar más escándalos, y aún queda otro 
más vergonzoso y humillante que los anteriores, y que ha tenido por 
teatro la hermosísima ciudad de la Virgen del Pilar. La traslación á 
Murcia del famoso gobernador Sr. Avedillo, el que abrazó á los salva- 
jes alborotadores el día del motín contra el Jubileo, fué el pretexto 
para que los elementos radicales organizasen una manifestación de 
protesta que convocada con una proclama soez con bastante anticipa- 
ción para que pudieran preverse sus consecuencias, terminó con una 
bárbara agresión al Colegio de los Padres de la Compañía de Jesús, 
donde pegaron fuego á una puerta y cometieron á sus anchas toda clase 
de tropelías durante cerca de tres horas, sin que el Gobernador, que 
había arengado á las turbas dándoles las gracias por la manifestación, 
so dignara enviar las fuerzas que por teléfono se le pidieron desde el 
primor momento, ni tuviera á bien contestar siquiera, porque se li al la- 
ha comiendo. Tan evidente ha sido la complicidad del Sr. Avedillo, 
que el Gobierno mismo se vio obligado á destituirle por telégrafo. Dí- 
eese, á pesar de todo, que en una próxima combinación se le desagra- 
viará. 

— Con gran satisfacción registramos en nuestra crónica, después 
de tantas cosas tristes, la siguiente carta que nuestro Santísimo Padre 
León XIII ha dirigido al Sr. Cardenal Casañas, obispo de Barcelona. 
Recordarán nuestros lectores la gran polvareda que levantó en el 
campo liberal y libertario la hermosísima Pastoral con que saludó á 
sus nuevos diocesanos el sabio y virtuoso Sr. Casañas. Pues bien: á los 
disgustos que entonces le propinaron los políticos y la prensa sectaria, 
ha seguido la satisfacción que acaba de proporcionarle el Padre Santo 
con las siguientes letras: "Roma 10 de Diciembre de 1901 .—Señor 
cardenal Salvador Casañas y Pagés, obispo de Barcelona.— Eminentí- 
simo y reverendísimo señor mío: Recibidos los dos ejemplares de la 
Carta pastoral que Su Eminencia ha dirigido á sus nuevos diocesanos 
de Barcelona, me he apresurado á poner en manos de S u Santidad el 
destinado á él, así como la carta conque los acompañaba. Su San- 



180 CRÓNICA GENERAL. 



tidad acogió uno y otra con muestras de particular agrado, compla- 
ciéndose en ver en este noble acto pastoral de Su Eminencia desarro- 
llada ampliamente y tan felizmente la verdadera base de la paz, así 
de la familia como de la sociedad. De ello se congratula con Su Emi- 
nencia, y mientras le agradece el homenaje, así como los devotos sen- 
timientos expresados en su citada carta, concede con vivo afecto la 
apostólica bendición á Su Eminencia, al clero y fieles todos de esa dió- 
cesis. A los de Su Santidad añado mis finos sentimientos de gratitud 
por haberme favorecido con un ejemplar de dicha Pastoral, y formando 
ardientes votos para que la óptima semilla esparcida por Su Eminencia 
ya en su entrada en ese vasto campo, dé copiosos frutos, ruégole dé 
por reiterados los sentimientos de profunda veneración, con los cuales, 
besándole humildemente la mano, me honro en ser de Su Eminencia 
humildísimo y devotísimo servidor verdadero.— M. Cardenal Rampollo,. 
Necrología.— Acaba de bajar al sepulcro después de una muerte tan 
cristiana, como fué su vida, el ilustre poeta y novelista de Santander, 
D. Amos Escalante. Nació el Sr. Escalante en dicha ciudad el 30 de 
Marzo de 1831, consiguiendo veinte años después el título de licenciado 
en Ciencias. Desde muy joven distinguióse en el cultivo de las letras, 
haciendo bien pronto célebre el pseudónimo de Juan García con que 
colaboró en varias publicaciones de Madrid y provincias, La Época y 
La Ilustración Española y Americana entre ellas. Débense á su plu- 
ma los siguientes libros: Del Manzanares al Darro, publicado en 1863; 
Del Ebro al Tíber , en 1864 ; Costas y montañas , en 1871 ; En la 
playa, en 1873; su hermosa novela Ave maris Stella, que apareció 
en 1877, y un volumen de poesías intitulado Marinas, Flores y En la 
Montaña, que se publicó en Santander en 1890. Escribió un trabajo ad- 
mirable acerca de La Montañesa, que formó parte de la obra Las mu- 
jeres españolas, portuguesas y americanas; y en el homenaje al ilus- 
tre Menéndez Pelayo, hay del Sr. Escalante unos Estudios históricos 
de erudición española, que contienen interesantes noticias acerca de 
las antigüedades montañesas. Fué un inspirado poeta, un buen novelis- 
ta y un docto historiador. 

—También acaba de morir, después de recibir los Santos Sacramen- 
tos y la bendición apostólica, el presidente de Sala del Tribunal Supre 
mo, Sr. Garnica. (R. I. P.) 



MISCELÁNEA 

DOCUMENTOS REFERENTES 

AL CONGRESO CATÓLICO DE COMPOSTELA EN 1902 . 

Reglamento del Congreso Católloo Nacional de Compostela. 



Artículo t.° El objeto del Congreso es defender los intereses de la 
Religión, los derechos de la Iglesia y del Pontificado, difundir la educa- 
ción é instrucción cristianas y acordar los medios para la restauración 
moral de la sociedad. 

Art. 2.° Se prohibe mezclarse dentro del Congreso en asuntos me- 
ramente políticos, entablar discusión sobre los mismos y tomar parte en 
las luchas de los partidos. 

Art. 3.° El Presidente será el Prelado de mayor jerarquía ó antigüe- 
dad que asistiere. Al mismo corresponde convocar las sesiones, dirigir 
la discusión, tomar la iniciativa en los asuntos que se traten, y proponer 
los Vicepresidentes que deban sustituirle. 

Art. 4.° Para facilitar y dirigir de una manera provechosa los tra- 
bajos del Congreso y entender en lo que se refiere á su celebración, se 
constituirá inmediatamente en Santiago una Junta nombrada y presidi- 
da por el Rmo. Prelado de la diócesis. Esta Junta designará las Comi- 
siones que estime convenientes para su objeto. Asimismo se constituirá 
en cada diócesis una Junta bajo la presidencia del Rmo. Prelado, que 
nombrará los Vocales de la misma. 

Art. 5.° Los miembros del Congreso son titulares ú honorarios. Los 
primeros son los que se inscriben para tomar parte en las sesiones, así 
particulares como generales, sujetándose á lo prescrito en este Regla- 
mento; tienen derecho á asistir á todas las sesiones, á emitir su sufragio 
en los asuntos que sea preciso resolver por votación, á presentar en las 



182 MI8CRLÁNBA 



sesiones particulares, de palabra ó por escrito, la enmienda ó proposi- 
ción que estimen fundada, y á recibir la Crónica en que se publiquen 
los trabajos del Congreso. 

Art. 6.° Los miembros honorarios son los que se inscriben con la 
mira de proteger y auxiliar al Congreso con su influencia personal ó 
social, con donativos, suscriciones, ó de cualquiera otra manera que 
les sea posible. No toman parte activa en las discusiones, votaciones y 
trabajos científicos del Congreso; pero tienen derecho á asistir á las se- 
siones públicas y á recibir igualmente la Crónica mencionada. 

Art. 7.° Para ser miembro del Congreso debe pedirse anticipada- 
mente la inscripción á la Secretaría de la. Junta de Santiago por medio 
del Secretario de la de cada diócesis, remitiendo 10 pesetas, destinadas 
á sufragar los gastos del Congreso. En la petición debe expresarse bajo 
cuál de las dos clases desea ser inscrito el aspirante, cuál es su nombre, 
apellido y domicilio y la Sección á que desea agregarse. Hecha la ins- 
cripción, la Secretaría de la Junta remitirá al interesado el diploma 
respectivo y le proporcionará oportunamente el billete personal é in- 
transferible, cuya exhibición es de todo punto necesaria para asistir á 
las sesiones. 

Art. 8.° Las sesiones del Congreso serán públicas y privadas, y es- 
tas generales y particulares 

Art. 9.° Las sesiones públicas serán tres, á niás de la inaugural y 
de clausura, y en ellas no se permitirá discusión alguna. En cada una 
se leerán ó pronunciarán dos discursos sobre dos de los puntos señala- 
dos. Con el fin de que el acto no se prolongue demasiado, ningún dis- 
curso pasará de tres cuartos de hora. 

Art. 10. Todos estos discursos estarán á cargo de los oradores invi- 
tados por la Presidencia de la Junta. 

Art. 11. Las sesiones privadas generales, á ras que podrán concu- 
rrir todos los inscritos como socios titulados y observando las condicio- 
nes señaladas en la Conferencia Episcopal de Mondoñedo, tendrán por 
objeto aprobar definitivamente las conclusiones votadas por cada Sec- 
ción y tomar otroS acuerdos que la Presidencia crea conveniente some- 
ter á la votación del Congreso. 

Art. 12. Las sesiones particulares son las que celebran las Seccio- 
nes encargadas de discutir y votar las conclusiones que deban propo- 
nerse á la aprobación definitiva del Congreso, y á ellas tendrán derecho 
de asistir los socios que se hubieren inscrito para cada una de dichas 
Secciones. Serán presididas por el Prelado que designe el Presidente 
del Congreso, de acuerdo con la Junta, el cual nombrará también un 
Vicepresidente y un Secretario. 

Art. 13. Los trabajos de las Secciones, que forman la parte más im- 
portante del Congreso, versarán sóbrelos puntos ó temas designados 
en la Conferencia Kpiscopal de Mondoñedo. 



MISCELÁNEA 183 



Art. 14. Los miembros titulares del Congreso que quieran escribir 
Memorias sobre los ñuscados temas, deberán presentarlas firmadas 
en la Secretaría de la Junta con un mes, por lo menos, de anticipación 
al día en que se inaugure el Congreso . En estos escritos debe procurar- 
se la brevedad posible y formularse conclusiones prácticas sobre el 
punto de estudio que en ellos se examine, sin cuyo requisito no serán 
admitidos. 

Art. 15. La Junta nombrará para cada Sección una Ponencia, que 
examinará las Memorias presentadas, y resumiéndolas, formulará so- 
bre cada tema la conclusión prática que haya de discutirse 

Art. 16. Abierta la sesión, informará la Ponencia sobre las Memo- 
rias presentadas por el orden de temas, y propondrá, si así conviniere, 
la lectura íntegra ó parcial de las mismas, como antecedente de la con- 
clusión que ha de ser discutida y aprobada. Los socios que crean opor- 
tuno modificar ó ampliar los términos en que esté aquélla formulada, 
harán uso de la palabra con la venia del Presidente y por el ordan con 
que la hubieren pedido. 

Art. 17. Debiendo la discusión ser tranquila y encaminada al único 
fin que se propone la Asamblea, se concederán diez minutos para emitir 
cada uno su dictamen, y cinco para la rectificación. La Ponencia ten- 
drá el derecho y el cargo de hablar después de cada discurso, para 
contestar ó para encauzar la discusión. Si algún socio se propusiera 
hacer un discurso más largo sobre alguno de los temas propuestos, de- 
berá pedir permiso al Presidente con veinticuatro horas de anticipa- 
ción; y obtenido, podrá usar de la palabra durante treinta minutos. 

Art. 18. Declarado por el Presidente que el punto está suficiente- 
mente discutido, y formulada en definitiva por la Ponencia la conclu- 
sión que se propone, quedará sometida á la aprobación del Congreso. 

Art. 19. La Junta se reserva el derecho de añadir algún otro tema 
y proponerlo á la Sección respectiva, anunciándolo con el tiempo nece- 
sario para que pueda ser estudiado por los socios. Igualmente se reser- 
va el de aceptar algún trabajo importante, aun de persona no inscrita 
como socio, sobre puntos no contenidos en el programa, y someterlo al 
estudio de alguna de las Secciones, ó proponer á la Presidencia su lee 
tura en sesión pública. 

Art. 20. Las Memorias enviadas á las Secciones, y aceptadas por la 
Ponencia, serán luego publicadas en la Crónica del Congreso, cuando 
menos en extracto. 

Art. 21. Todas las noches, mientras dure el Congreso, se reunirán 
los Presidentes de Sección con el Presidente y Vicepresidente de la 
Asamblea, para darles cuenta de las discusiones y de todo lo referente 
á los acuerdos que se hubieren adoptado y resolver sobre los que con- 
venga proponer en lo sucesivo á las mismas Secciones, ó al Congreso 
en Junta general. Cuando á juicio del Presidente se hubiera de proce- 



184 MISCELÁNEA 



der á votación para tomar algún acuerdo, así en las' sesiones generales 
como particulares, se resolverá el asunto por mayoría de votos, y en 
caso de empate decidirá el Presidente respectivo. 

Art. 22. La expresada Junta de Santiago queda encargada de resol- 
ver las dudas y obviar las dificultades en los casos no previstos en este 
Reglamento. 

Art. 23. El programa para el Congreso, que habrá de inaugurarse 
el 19 de Julio, se publicará oportunamente. 

Santiago 17 de Noviembre de 1901. — f El Cardenal Arzobispo de 
Compostela. 



LAS CAUSAS FINALES EN LA CIENCIA 



(i) 



Veamos si es notoria la finalidad en el sistema superior de todos 
los organismos, último grado y manifestación última de la materia 
organizada, y en las formas de superior jerarquía, bosque impene- 
trable de millones y millones de células de tipos diferentes, que 
unidas por contigüidad, distribuyen sus hebras delicadísimas é 
inexplicables resortes por todas las regiones del cuerpo, para darle 
equilibrio y regular todos sus actos. Como dijimos otra vez, por 
ellas secreta y silenciosamente palpita la vida; ellas, con la ayuda 
de otra fuerza inmaterial, forman, recogen y transmiten la sensa- 
ción grata ó ingrata; en ellas están la cuna del placer y los antros 
donde se forja el dolor; en ellas se reflejan el ritmo de los cielos, los 
encantos de la tierra y las armonías universales, y todo tiene ecos 
y resonancias. Máquina estupenda, la más compleja, noble y acti- 
va de cuantas se conocen en el mundo inerte y en el mundo orgá- 
nico, guarda innumerables secretos, que nunca se han de revelar 
totalmente á la insaciable curiosidad de la razón humana; porque, 
sin temor de ser desmentidos por nadie que discurra y píense (psi- 
cólogo ó fisiólogo) como manda Dios, podemos decir que, á pesar 
de todas las investigaciones futuras, por delicadas, maravillosas 
y sublimes que sean, jamás podrá claramente el hombre conocer 
en esta vida miserable la unión sustanciad del alma y el cuerpo, 
ni de qué modo funcionan los sentidos, dibuja la fantasía, inventa 
la imaginación, crea la inteligencia, y se mueve la libertad. Y 
todos esos secretos ignorados, envueltos en las sagradas som- 
bras del misterio, en cierta manera se esconden, como en un 
santuario, en la trama sutil y en las ramificaciones inefables del 
sistema nervioso, bajo cuyas capas elabora su plan curativo la 
razón del médico, y el guerrero su plan de batalla, y el pintor la 
combinación de colores, y el músico los sonidos, y el sabio la idea, 
el matemático sus fórmulas, y el filósofo el principio y la ley: la 
ciencia y el arte surgen de ahí en todo su esplendor y con todas 
sus maravillas. 



(1) Véase la pág. 97 de este volumen. 
La Ciudad de Dios.- Año XXII.— Núm. 69a 13 



186 LAS CAUSAS FINALES EN LA CIENCIA 

No es ocasión oportuna para realizar nuestro propósito descri- 
bir detalladamente el sistema de que venimos hablando (1), sufi- 
ciente por sí solo para demostrar la acción soberana de una inte- 
ligencia creadora, por lo que nos limitaremos á inquirir si hay en él 
pruebas de finalidad y, por consiguiente, de esa Inteligencia sapien- 
tísima. La anatomía microscópica pudiera suministrarnos una muí - 
titud de ellas, relativas al plan y á la estructura del gran sistema 
de la vida de relación y nutritiva, con el estudio de las tres mem- 
branas delicadas que cubren el encéfalo, la complicación prodi- 
giosa del cerebro, su corteza y sus pedúnculos, del cerebelo y los 
suyos respectivos, de la médula espinal y el bulbo raquídeo, del 
istmo, la protuberancia anular y los tubérculos cuadrigéminos, 
del gran simpático con sus plexos admirables, la disposición de la 
sustancia gris y la blanca, etc., etc. Todo ello constituye una suma 
enorme de conveniencias complejísimas realizadas. La fisiología 
íntegra pudiera aportar aún mayor contingente de pruebas, ora 
enseñándonos cuáles son las funciones maravillosas de cada uno 
de aquellos territorios, de donde arrancan los pares de nervios 
craneales y los treinta y un raquídeos; ora con mostrarnos sola- 
mente los nombres que dan los fisiólogos á los nervios; nervios 
centrífugos que pueden ser motores, moderadores, tróficos ó nu- 
tritivos, secretorios ó glandulares; nervios centrípetos, sensibles, 
sensoriales y reflejos; por último, nervios inter centrales ó que sir- 
ven para poner en comunicación á unos centros con otros, para 
que no falte nada á esa inmensa red parecida á las de hilos tele- 
gráficos, aunque no pueda confundirse jamás la corriente sensitiva 
con la eléctrica. Si al lector prudente le parece oir en ese lenguaje 
el lenguaje de las causas finales, no hay ni puede haber anató- 
mico ó fisiólogo que así no lo estime, si los prejuicios sistemáticos 
y el odio de escuela no han matado en su alma la sinceridad y el 
sentido común: sería una contradicción palmaria entre la palabra 
y la idea, la realidad y el estudio que de ella hace la razón del 
hombre; sería la negación absoluta de la ciencia misma. Porque 
el fundamento de la ciencia son las leyes, y toda ley supone con- 
cordancia de hechos y cosas distintas, conveniencias más ó menos 
complejas realizadas, constantes y seguras, perpetuas y re mi- 
lares. 



(1) Ya lo hicimos en parte en la primera Berie de 1<>- I<±tu<ii<>» Hiv 

/óticos, páginas 7» ;'i 120. 



LAS CAUSAS FINALES EN LA CIENCIA 187 



Ahora bien: ¿se dan esas conveniencias y esas leyes en el siste- 
ma nervioso? No nos detengamos en el estudio de la anatomía ma- 
croscópica y la fisiología general de los centros, en donde son evi- 
dentísimas. Descendamos á la fina y delicada anatomía de los 
elementos celulares que nos han revelado los modernos histólogos 
con los nuevos métodos de investigación científica. Huelga adver- 
tir que como entre esos investigadores el que ocupa hoy lugar 
preeminente en el mundo es nuestro insigne maestro Cajal, hemos 
de invocar su testimonio en este artículo repetidas veces, por no 
decir exclusivamente. El sistema nervioso del hombre y los verte- 
brados, la Revista trimestral micrográfica, la Histología nor- 
mal y diferentes Memorias (1) que hemos citado en otras ocasio- 
nes, han de suministrarnos pruebas de finalidad suficientes para 
convencer al más fanático mecanicista. 

Descartemos las células araneiformes ó neuróglicas que sirven 
de sostén á las células nerviosas propiamente dichas, y quizá para 
aislar los conductores de la corriente sensitiva envuelta en el mis- 
terio. La neurona ó célula nerviosa perfecta, digámoslo así, se 
compone de un cuerpo celular y de varias expansiones, llamadas 
nerviosas, protoplasmáticas ó dendríticas: las expansiones de la 
primera clase son los axones ó cilindros-ejes, que pueden ser fibras 
medulares ú órganos de la vida de relación, y amedulares ó desti- 
nadas á la vida orgánica. Basta considerar la estructura de cada 
cilindro-eje, para ver sin esfuerzos que la sabiduría ha intervenido 
en su formación, asignando á cada elemento un lugar y un fin pre- 
meditados, innegables en la sustancia especial (que reviste á la 
fibra nerviosa), constituida por grasa y albúmina, llamada miel i - 
na, que tiene por objeto aislar la corriente; en la vaina de Schwan, 
aparato protector de las sustancias anteriores; en los discos de sol- 
dadura que mantienen el axon en su posición central y dan acceso 
á las corrientes de imbibición; en las cisuras de Lanterman, que, 
por su permeabilidad á los plasmas nutritivos, sirven de medio 
para renovar el líquido que baña al conductor nervioso, etc., etc. 
Se ve igualmente el fin en la estructura de la neurona conside- 
rada en conjunto, pues tiene «un aparato para recibir la corriente 
sensitiva mediante el cuerpo celular y las expansiones protoplas- 



(1) Entre otras, la enviada al Congreso médico internacional de 
Roma: Consideraciones generales sobre la morfología de la c elida 
nerviosa, 1894. 



|80 LAS CAU8A8 FINALES EN LA CIENCIA 



máticas; otro para conducir á aquélla, merced al cilindro-eje ya 
descrito; y, por último, otro de aplicación ó emisión de la corrien- 
te, en las arborizaciones terminales y varicosas de la expansión 
funcional. El volumen del cuerpo de la céluía nerviosa se subor- 
dina al diámetro del axon, y sobre todo al número y robustez de 
las ramificaciones laterales y terminales... La riqueza y la lon- 
gitud de las expansiones dendríticas guardan relación con el nú- 
mero de fibrillas terminales nerviosas con las cuales debe mante- 
ner la célula íntimos contactos. El rasgo fisiológico característico 
de unas y otras expansiones es el que sigue: las protoplasmáticas 
llevan la corriente de fuera á dentro, hasta el cuerpo celular; los 
cilindro-ejes la llevan de dentro á fuera. En suma: toda neurona 
es un aparato complicado generador y conductor de la corriente 
sensitiva. 

Examinando el Dr. Cajal las variantes que hay entre el axon y 
el soma ó cuerpo de la célula, se pregunta: «¿Son caprichos de la 
Naturaleza, ó tienen alguna significación fisiológica?» Y responde: 
Nos cuesta trabajo trabajo admitir que son simple resultado de 
mecanismos evolutivos y que no tengan un fin ó designio utilita- 
rios perseguido por la Naturaleza, y establece las tres leyes ad- 
mirables que van á continuación, robustecidas con una multitud de 
pruebas y datos que nada dejan que desear á los más escrupulo- 
sos: «1 . a , ley de economía de tiempo, evidente en las células mono- 
polares de los ganglios raquídeos, en la sustancia blanca de la 
médula y del cerebro, en los ganglios de los invertebrados y en 
las bifurcaciones en Y de los tubos nerviosos; pues se da el he- 
cho paradójico de que el progreso consista en marchar de lo com- 
plejo á lo simple, de la bipolaridad ó doble expansión de las célu- 
las nerviosas á la monopolaridad ó expansión única. Y es indudable 
la utilidad de semejante variación; pues al convertir en recto ó 
casi recto el trayecto flexuoso y primitivo, se acorta sobremanera 
el tiempo necesario para conducir la corriente; además es venta- 
josa para el animal esa conducción rápida de impresiones, ya 
para defenderse, ya para capturar los alimentos: 2.*, ley de ahorn 
de materia. En las células que tienen forma de cavado, en los gra- 
nos del cerebelo y en otros corpúsculos cerebrales, la expansión 
funcional ó cilindro-eje sale de lo alto de una expansión protoplas- 
mátiea. ;Por qué? La explicación es tan sencilla como terminante: 
por economía de protop/asma, es decir, de trayecto inútil, ya del 
axon, ya de las ramas terminales de éste, ora de las expansiones 



LAS CAUSAS FINALES EN LA CIENCIA 189 

dendríticas.» Cajal lo prueba con hechos numerosos, que no he- 
mos de citar aquí por no alargar demasiado este artículo. Sólo di- 
remos que en virtud de esta ley segunda, Cajal previo, a priori, 
ciertas estructuras y direcciones anatómicas de expansiones pro- 
toplasmáticas que después confirmó a posterior i . Es una prueba 
que hay que añadir á lo que dijimos respecto de la utilidad de las 
causas finales: 3. a , ley de economía de espacio «ó sea que en todo 
foco nervioso, las células están dispuestas de tal modo que sin 
menoscabo de la extensión de las superficies de contacto ó de su 
conexión intercelular, el cuerpo y las expansiones ocupan el me- 
nor espacio posible , evitándose la formación de vacíos y lagunas. 
Para satisfacer á esta importante ley y la Naturaleza emplea un 
procedimiento tan sencillo como ingenioso: consiste en alojar los 
somas ó cuerpos celulares, las partes más voluminosas de las neu- 
ronas (porque encierran el núcleo y las inclusiones cromáticas) en 
aquellos sitios pobres de expansiones dendríticas y escasos ó fal- 
tos de arborizaciones nerviosas terminales.» Datos innumerables 
del cerebro, del cerebelo, del lóbulo óptico, etc., etc., y principal- 
mente de la retina, «donde esa ley se cumple con minucioso rigor,» 
vienen á confirmarla. Consecuencia deducida por Cajal: «esas le- 
yes, en la inmensa mayoría de los casos, son los factores ideoló- 
gicos á que parece haber obedecido la Naturaleza en el modela- 
miento, en la posición y orientación de las células nerviosas y de 
sus expansiones.» Ante esas leyes sapientísimas fácilmente se ve 
el error lamentable de Ivés Delage cuando declara que «la Natu- 
raleza, para' realizar sus fines, sigue los caminos más apartados y 
diversos, desperdiciando inútilmente el tiempo y las energías, pre- 
cisamente porque no obedece á una fuerza sola sino á muchas y 
diferentes.» 

La superior protección de las neuronas sensitivas en los vermes, 
contra las influencias dañosas del ambiente, al abandonar el epi- 
dermis y al concentrarse en planos mesodérmicos cada vez más 
profundos (y en donde se ve también la ley del ahorro de proto- 
plasma), supone una causa justa. ¿Cuál es? Cajal la da como in- 
cógnita, pero declara que se admiran allí "útiles disposiciones... 
Las leyes que parecen haber presidido á la evolución y al perfec- 
cionamiento del sistema nervioso son éstas: u la multiplicación de 
neuronas ó de conductores con el fin de aumentar las asociaciones 
entre diversos órganos y tejidos: la diferenciación morfológica y 
estructural de las neuronas para adaptarla más convenientemente 



190 LAS CAUSAS FINALES BN LA CIENCIA 

al papel transmisor que deben desempeñar: la unificación ó con- 
centración de las masas nerviosas ó ley del ahorro del protoplasma 
transmisoí y de tiempo para conducir la corriente. „ "La dife- 
renciación obedece á dos fines: al enriquecimiento de las asocia- 
ciones celulares y á la celeridad de la transmisión de la onda ner- 
viosa.,, Si se trata de inquirir por qué, en la escala animal, el 
sistema nervioso se va diferenciando y complicando progresiva- 
mente, no esperemos que nos dé luz la "ley de integración longi- 
tudinal y transversal,, 'formulada por Herbert Spencer, pues esa 
le yno explica de ninguna manera "la economía provechosa que 
sacó el organismo de tales concentraciones ó integraciones. „ 

Todo está dispuesto en peso, medida y número: u sm duda para 
dar mejor albergue á los órganos de la vida vegetativa (á las vis- 
ceras), cuyos movimientos pudieran menoscabar gravemente la 
integridad de los conductores, la Naturaleza ha ladeado la posi- 
ción de la cadena gangliónica, yuxtaponiéndola á una de las pa- 
redes déla gran cavidad hemal... En virtud de la tendencia al 
ahorro de protoplasma, los ganglios primitivamente pares se han 
reunido en la línea media, y es evidente que con tal concentración 
ha disminuido la longitud de las comisuras transversales necesa- 
rias para establecer solidaridad funcional en cada par de ganglios. 
A igual ley obedece la integración longitudinal de los focos ner- 
viosos, tan manifiesta en los vertebrados: su aproximación longitu- 
dinal hará que disminuya el curso de los conductores economizán- 
dose protoplasma superfluo, y obteniéndose mayor celeridad en la 
transmisión. De todo ello sale ganancioso el cerebro, ya que por 
una parte le llegarán más pronto las excitaciones sensitivas, y 
por otra podrá obrar con mayor rapidez sobre las neuronas mo- 
trices. Añadamos aún que la disminución de las distancias longi- 
tudinales que median entre las neuros motrices permitirá á las 
fibras de la vía piramidal abarcar, con una relativamente poco 
extensa arbórización, un considerable número de células. Se ve, 
pues, que la Naturaleza ha resuelto á favor de la concentración 
longitudinal y transversal de los ganglios, este importante pro- 
blema: crear el mayor número posible de asociaciones con la me- 
nor longitud posible de conductores, y esto sin daño, antes bien 
con notable beneficio, en muchos casos, de la celeridad de la trans- 
misión de la corriente unitiva... La progresiva diferenciación del 
sistema nervioso parece responder á este fin esencial; mejorar y 
ampliar el acto reflejo haciendo Intervenir en la conducción mu- 



LAS CAUSAS FINALES EN LA CIENCIA 191 



chas series de neuronas de asociación, para que de este modo 
todos ó casi todos los músculos del organismo puedan entrar en 
juego y desenvuelvan actos admirablemente coordinados y con- 
gruentes á la defensa del animal. „ 

Consignemos, por último, que "la emergencia lateral del 
nervio facial cerca del surco de los nervios mixtos, obedeee á una 
ley económica: la del ahorro de agujeros craneales y vertebrales. 
Es finalidad utilitaria, y sólo con ella se puede comprender la con- 
vergencia de las raíces motoras y sensitivas de los nervios en un 
mismo orificio de la columna vertebral... En la sustancia gris, el 
caudal de colaterales de las vías constitutivas de la sustancia 
blanca está en razón inversa de la longitud de éstas: esa ley se 
halla establecida por el principio teleológico de ahorro de proto- 
plasma conductor... Se da la existencia de vías directas y cruza- 
das, en el sistema nervioso, para que cada foco de igual nombre 
pueda llevar su acción á ambos lados de la médula ó del cerebro... 
Si el organismo fuese indiferente al sentido de la conducción de 
la onda nerviosa, es inconcebible la existencia de esas dobles vías, 
una para el aparato motor y otra para el sensitivo: no habría, 
verbigracia, en el músculo dos especies de tubos nerviosos , unos 
centrífugos ó motores, y otros centrípetos ó sensitivos (los termina- 
dos en los husos de Kühne), sino una sola expansión, de la cual bro- 
tarían á la vez tubos destinados á las placas motrices y tubos aca- 
bados en las terminaciones sensitivas. Mas con disposición seme- 
jante, sería casi imposible evitarlas interferencias...,, La finali- 
dad se ve en la posición y en las conexiones de la vía motriz 
voluntaria y en las vías sensitivas centrales: en la vía piramidal 
"las dislocaciones de la motriz nos parece responder afines eco- 
nómicos, y particularmente á las leyes de economía de espacio y 
de materia. No hay más que comparar las dimensiones relativas 
del cordón posterior en los pequeños mamíferos y en el hombre, 
para deducir fácilmente la rasón económica de las citadas dislo- 
caciones, que son también manifiestas, y por exigencias iguales, 
en otras vías nerviosas; recuérdense las acústicas posteriores, el 
nervio hipogloso, órganos cuya posición es variable conforme al 
volumen de los focos ó cordones que deben costear... En la Natu- 
raleza viva parece imperar aquel principio teleológico establecido 
por Pfluger, á saber: que la causa de una necesidad orgánica es 
también la causa de la satisfacción de esta necesidad... La sensi- 
bilidad ó capacidad de impresión del aparato sensitivo guarda 



192 LAS CAUSAS FINALES EN LA CIENCIA 

verosímilmente proporción con la extensión y riqueza de las rami- 
ficaciones de la arborización terminal: así son poco sensibles los 
corpúsculos de Pacini y de Krause, que sólo tienen un tallo ner- 
vioso en el extremo; mientras que son exquisitamente sensibles 
los representados por los órganos genitales, en que hay lilamentos 
nerviosos que constituyen riquísimas, complicadas y apelotonadas 
arborizaciones... La sensibilidad diferencial (ó sea la distancia mí- 
nima necesaria para apreciar como distintas dos impresiones si- 
multáneas), estará en razón directa del número de tubos nervio- 
sos, y por tanto, de aparatos terminales independientes. La ener- 
gía de las ondas vibrantes por el axon, y las expansiones colate- 
rales, es proporcional al diámetro de los conductores... „ No es 
menos clara "la ley de conducción ó avalancha de conducción, en 
las impresiones visuales, auditivas y olfatorias, en virtud de la 
cual la onda nerviosa recogida por una expansión protoplasmátiea 
y transmitida á los centros por una sola ñbra nerviosa, se propaga 
por cientos y miles de células de un centro cortical.,, (1) 

Tal es (en lo poquísimo que de ella se conoce) la gran obra del 
sistema nervioso en la escala de los animales: cada organismo tic 
ne aquel que "responde precisamente á sus propias exigencias, en 
su clase perfecto y útil, sin redundancias ó cosas superfluas en la 
estructura, porque la Naturaleza repugna lo superfluo y lo inade- 
cuado.,, En presencia de esas maravillas estupendas, podemos de- 
cir á los mecanicistas: si donde quiera que haya un orden complejo, 
formado por inmensa multitud de elementos y funciones diferentes 
y aun contrarios, es imposible á la razón humana negar en él la 
intervención de una idea directriz, de una inteligencia sabia y or- 
denadora de todas las sustancias, funciones y elementos, porque 
entonces la razón humana se niega á sí misma, á la vez que des- 
truye la base de toda ciencia; si es imposible recusar la finalidad 
allí donde hay leyes, previsión y gran variedad de "conveniencias, 
complejísimas realizadas, ahí ¡oh mecanicistas insensatos! tenéis 



(1) Hay evidentemente finalidad de plan en la unidad de composi- 
ción de la corteza gris del cerebelo, pues "á pesar uV las variaciones de 
tamaño y disposición macroscópica de este- órgano, cada detalle de- or- 
ganización descubierto en los mamíferos aparece fielmente reproduci 
do en los vertebrados inferiores, adquiriendo, por tanto, la fijeza, el 
vigor y la generalidad de una lejr biológica. « (Cajal: /*."/ sistema ner- 
vioso, etc., fascículo \, pág.373.- Diciembre de 1901.) 



LAS CAUSAS FINALES EN LA CIENCIA 193 



todas esas condiciones en el gran sistema de la vida de relación y 
de la vida orgánica; en los millones de células que forman ese bos- 
que impenetrable del sistema nervioso, no abigarrado y confuso, 
sino armónico y perfecto; en la prodigiosa estructura de todas las 
neuronas con sus laboratorios desconocidos para crear la corrien- 
te, con sus expansiones bien diferenciadas por carácter fisiológico 
para recibirla ó transmitirla, y en la solidaridad fraternal de unas 
con otras y de todas con el conjunto; en la admirable composición 
de cada cilindro-eje y en la sabiduría de cada una de las sustan- 
cias que lo constituyen; en la proporcionalidad calculada del ta- 
maño de la célula y las conexiones que ha de tener y los fines 
que ha de cumplir; en esa previsión exquisita con que se da alber- 
gue, protección y defensa á visceras delicadas é importantes; en 
esas leyes útiles y sabiamente económicas, preestablecidas con el 
objeto de ahorrar tiempo, materia y espacio, en todo lo que al sis- 
tema se refiere; en su diferenciación progresiva, en su génesis y 
desenvolvimiento, en la misma ley de integración longitudinal y 
transversal; en el hecho (de innegable aunque por hoy ignorada 
significación psicológica) de permanecer indiviso, desde el origen, 
el sistema nervioso cerebral, aunque se perfeccione en extensión 
y con las graduales diferencias de sus neuronas, mientras que el 
sensitivo-sensorial crece ya por extensión, ya por multiplicación 
de sus células; en esas vías inefables por donde la corriente viene 
y va, y en donde se ocultan, como en un santuario, riquísimos teso- 
ros de sabiduría y poder, vedados quizá para siempre á la curio- 
sidad del hombre. Sabiduría y poder, y por consiguiente finalidad, 
supone la existencia de esas vías dobles, directas y cruzadas, en 
cuya virtud la onda nerviosa puede arribar á ambos lados de la 
médula ó del cerebro, evitando las interferencias del camino; y 
la diferenciación de la neurona primordial en célula sensitiva y 
motriz, y esos mismos aparatos, fantásticos ó reales, llamados por 
Flechsig "centros y fibras de asociación y de proyección,,, esas 
cuatro esferas interiores de la corteza gris del cerebro, coloca- 
das en cuatro respectivos lóbulos (1) como fuentes ó cunas miste- 
riosas de toda sensación grata ó ingrata, suponen igual y evidente- 
mente idea de finalidad, orden y sabiduría, aunque nunca deben 
considerarse como generadoras de la libertad y el pensamiento, 



(1) 



En el parietal, frontal, occipital y temporal 



194 LAS CAUSAS FINALES EN LA CIENCIA 

según proclamáis vosotros ¡oh psicólogos ignorantes y materialis- 
tas empedernidos! 

¿Cómo explicáis vosotros, sin ideas de fin y de orden, todas 
esas maravillas? Verdaderamente son "ingeniosas,, las respuestas: 
la selección, la adaptación, la ontogenia y la filogenia, la histo- 
i»énesis de los nervios y de los órganos de los sentidos corporales, 
son palabras nada más, con que podéis convencer á los idiotas y 
á los miopes de espíritu, pero nunca al que tenga una ráfaga de 
entendimiento y de sentido común. Las "células ganglionares lla- 
madas psíquicas son las más perfectas y con ellas pueden expli- 
carse igualmente las relaciones de los músculos y los órganos de 
los sentidos que son las funciones más sublimes del alma y del pen- 
samiento. La energía específica no es cualidad innata del sistema 
nervioso; procede de la adaptación que ha alcanzado la actividad 
de las células epidérmicas, donde los nervios terminan. En virtud 
de las grandes leyes de la división del trabajo, esas células epidér- 
micas no diferenciadas lograron conseguir ciertas energías espe- 
ciales; así, unas recogieron la excitación de los rayos luminosos, 
otras las de las ondas sonoras, otras la de los colores, etc. y, claro 
es, en el curso de los siglos, esa excitación llevó tras sí modifica- 
ciones consiguientes y graduales de propiedades anatómico-fisioló- 
gicas, y á la ves se modificaron los nervios sensibles: la selección 
todo lo mejoró, creando instrumentos tan maravillosos como el oído 
y la vista, en donde se ven una disposición admirable y un fin lítil 
que nos puede llevar á creer en la hipótesis errónea de una crea- 
ción según un plan preconcebido. Pero las causas verdaderas son 
el ejercicio, la costumbre ó el hábito, la selección y la herencia... El 
origen del alma nerviosa está en las Medusas: gracias á la adap- 
tación, todos los órganos se diferenciaron, los ojos y el oído, el tac- 
to, el olfato y el gusto. Nació todo de la distinción y de la concien- 
cia de las excitaciones diversas, como las diferencias de los múscu- 
los se deben á los movimientos arbitrarios del animal, cuando 
nada, cuando digiere, cuando captura á la presa, „ etc. (1). El lector 
que busque pruebas de las afirmaciones transcritas, perderá la pa- 
ciencia y el tiempo: son afirmaciones categóricas, y no hay que pe- 



i\) Iheckcl: Les Enigmes, páginas 188, 340, 447 y siguientes. Tan 
grande <•* la ignorancia de este hombre, que hablando de los descu- 
brimientos realizados en el sistema nervioso, no cita á Cajal. Con eso 
<>tá dicho todo. 



las Causas finales en la ciencia 196 

dir razón al sabio profesor de la Universidad de Jena, que sin duda 
alguna, al redactar esas páginas acerca del sistema nervioso, tuvo 
reblandecimiento de la médula espinal ó de los pedúnculos cere- 
brales. Por lo cual es imposible discutir con ciertos sabios moder- 
nos, porque á la blasfemia y á la necedad no se contesta nunca. 
;Qué adelantaríamos con exigir a Haeckel y á todos los mecanicis- 
tas \& confirmación experimental de esos discursos fútiles y ultra- 
ridículos, si estos hombres que no creen en nada bueno creen fir- 
mísimamente en todas esas maravillas estupendas que nadie vio, 
porque tuvieron lugar allá en la remota lejanía de las edades, en 
los tiempos de Maricastaña? Porque el problema está precisamente 
en hacer ver cómo sin sabiduría, sin legislador, sin fin, sin plan y 
sin orden ni concierto, se realizaron las grandes leyes de la divi- 
sión del trabajo celular (que es lo importante); en virtud de qué 
energías mecánicas, físicas ó químicas, cada célula epidérmica 
pudo concentrar las vibraciones del éter de modo tan admirable, 
que la excitación en ella causada había de ser su signo caracterís- 
tico; cómo se originaron la distinción de los elementos y la con- 
ciencia de las excitaciones diferentes, y, por último, de qué ma- 
nera prodigiosa y oculta, sin fin ni causa ordenadora, tuvo lugar 
la formación de estructuras tan complicadas, de tan sabias "dispo- 
siciones,,, defines tan útiles como los que revela el estudio de la 
vista y el oído. Mientras la respuesta sea el silencio, nosotros re- 
cusamos esa hipótesis de Haeckel y todas sus similares, porque 
ninguna "explica la causa teleológica en virtud de la cual los me- 
canismos de la evolución embrionaria se pusieron al servicio del 
nuevo detalle morfológico,, (1). La selección, la adaptación, el 
ejercicio, el hábito ó la costumbre, no son causas ni factores, y 
necesitan ser explicadas: la ontogenia (y la filogenia suponiendo 
que exista), si sirve para algo, es para describir el hecho, no para 
dar cuenta de él: con ellas y con todas las teorías acerca de la 
ontogenia del gran sistema de la vida orgánica y de relación, les 
parece á algunos investigadores "que han iluminado el antro tene- 
broso, cuando en realidad sólo se ha explorado la entrada desde 
la cual se presentan más lejanos y negros sus imponentes abis- 
mos,, (2). 



(1) Cajal: El sistema nervioso del hombre y los vertebrados, t. 
pág. 106. 

(2) Cajal: ib., ib., pág. 561. 



19*5 LA8 CAUSAS PINALB8 BN LA CIENCIA 



Aún estáis ¡oh mecanicistas! en el vestíbulo del templo; no ha- 
béis hecho más que llamar á la puerta, arañando la superficie ó la 
cascara del sistema nervioso, del cual no habéis desenredado las 
mallas ni contado los hilos, ni sabéis cómo se relacionan todas sus 
neuronas: la fisiología cerebral está en la cuna, y puede decirse 
que hasta hoy los descubrimientos histológicos, preciosos y admi- 
rables, constituyen un conjunto de verdades abstractas; porque lo 
importante y lo práctico es el conocimiento de la función: ni si- 
quiera sabéis explicar por qué la neurona se diferencia en sensi- 
tiva y motriz, ni la división delicada de los vasos sangíneos al 
penetrar en las regiones del cerebro, llevando las sustancias nu- 
tritivas á todas las células; ni las doce ó quince ramificaciones del 
nervio olfatorio para internarse por los agujeros (inexplicables 
también) de la lámina cribosa del etmoides; ni dais cuenta del acto 
reflejo más sencillo ni de la excitación más vulgar y grosera. Y no 
obstante, queréis poner en el santuario vuestra mano sacrilega, y 
(dejando á los futuros investigadores la empresa dificilísima de 
explicar el tránsito de la excitación al hecho de conciencia, el ori- 
gen de la libertad y el pensamiento) decís que en ese templo nada 
fué previsto y ordenado; que de sus notorias y grandes y estu- 
pendas maravillas, hay que excluir á su soberano Artífice! Pero 
no lo conseguiréis: mientras haya un cerebro en el mundo, un alma 
que piense conforme á los dictados de la razón y de la ciencia, al 
adivinar los prodigios de bondad, sabiduría y poder ocultos en la 
trama del sistema nervioso, dirá con David, aunque no sea fisió- 
logo ni psicólogo: mirabilis facta est scientia tua ex me; et non 
potero ad eam (1); "¡cuan admirable es el conocimiento que se 
adquiere de Ti, gran Dios, sólo por el estudio de este cuerpo mío; 
nunca podré comprender totalmente las maravillas de esta fábri- 
ca! „ En la puerta del templo se estrellarán ¡oh ateos de formas 
diferentes! todos vuestros esfuerzos satánicos y vuestras blasfe- 
mias horrendas y estúpidas, como las olas del mar ante la roca 
inmóvil. Non poteritis ad eam. 



P, X.UAk'ÍAS M AK'I í\K/.-\'f\H/. 

0. S. \. 
( nnttnuard.) 



I David: Psal. un, v. 6: 



LA «NEO-ESCOLASTICA'> 

AL COMENZAR EL SIGLO XX (1) 



IV 



Si no tan uniforme como en Alemania y Bélgica, ha sido quizá 
más pujante y vigoroso que en estas naciones el renacimiento de 
la filosofía cristiana en Francia. Allí, gracias al predominio secu- 
lar del espíritu cartesiano en los centros oficiales y aun eclesiás- 
ticos, ofrece este movimiento un carácter más ecléctico. No obs- 
tante los resabios de esta educación, hoy los católicos, con pocas 
excepciones (2), se van convenciendo de la necesidad de abandonar 
las anteriores posiciones, para combatir unidos sobre el terreno 
firme de la tradición aristotélico-escolástica. La actividad desple- 
gada en estos últimos años ha sido grande entre los pensadores 
católicos; y buena prueba de ello son el sinnúmero de instituciones, 
revistas y obras doctrinales y expositivas que han contribuido 
á regenerar la filosofía sobre las dos bases de la tradición y de la 
ciencia. 

Convencidos de que el triunfo de una idea no depende tanto de 
su valor intrínseco, cuanto de su intervención en las luchas inte- 



(1) Véase la pág. 53 de este volumen. 

(2) Estas excepciones son: ó cartesianos eclécticos, ó subjeti vistas, 
que achacan á la escuela el ser exageradamente intelectualista. Po- 
dríamos, entre otros, citar al abate H. Martin, autor de una obra, La 
demonstration phüosophique, mandada retirar de la venta á causa de 
sus tendencias al escepticismo intelectual; el abate Ch. Denis, director 
de los Anuales de pJiilosophie chrétienne, que con M. Blondel, el 
P. Laberthoniére, el P. Prémont, y en parte también Fonsegrive y 
Broglie, han recibido la influencia de las doctrinas de Kant, sobre todo 
de su filosofía práctica. La acción de Kant sobre los pensadores cató- 
licos se debe, además, al dominio universal que el filósofo de Koenigs- 
berg ejerce hoy en Francia, al prestigio de un gran pensador, profun- 
damente religioso, enamorado del bien y de la verdad, M. Ollé-Lapru- 
ne, que consagró todas las energías de su alma grande é idealista á 
curar el escepticismo de sus contemporáneos. 



198 LA NE0-E8C0LASTICA AL COMBNZAR EL SIGLO XX 

lectuales y de su influencia social, han abandonado el sistema de 
retraimiento, que tenía recluidas las doctrinas del pasado en los 
centros eclesiásticos, para presentarlas á la luz del día y en todos 
los terrenos como la mejor solución de los problemas que agitan 
el pensamiento contemporáneo, y como las que mejor expresan los 
dictados del buen sentido. Los resultados de esfuerzos tan genero- 
sos no han caído en el vacío, habiendo logrado despertar en los 
adversarios la curiosidad primero, y después el interés creciente 
hacia un sistema de ideas olvidado y que se creía totalmente 
muerto. Así, hemos visto á la R evite philosophique tratar repetidas 
veces en estos últimos diez años, y hasta preocuparse "de esta 
invasión de doctrinas antiguas que de nuevo aparecen en escena 
disputando á los sistemas modernos el dominio de las inteligen- 
cias,, (1). En 1894 era llamado M. Gardair á explicar en la Sorbona 
y ante un auditorio selecto donde se hallaban representadas todas 
las ideas, un curso libre de filosofía de Santo Tomás, despertando 
vivas simpatías y admiración general entre amigos y adversarios 
hacia unas doctrinas injustamente desdeñadas porque eran desco- 
nocidas; y que expuestas en lenguaje moderno, se prestaban admi- 
rablemente á sintetizar los resultados científicos, y á satisfacer 
plenamente á los problemas planteados en la filosofía moderna. He- 
mos visto también á los mantenedores de la tradición intervenir en 
el concierto general de las ideas: tomar parte, por ejemplo, al lado 
de los representantes de los otros sistemas, en la Sociedad de con- 
ferencias morales, que anualmente se celebran en París, y acudir 
á los Congresos internacionales de Filosofía y de Psicología de 1900, 
en los cuales tuvieron no pequeña representación. 

Mons. de Hulst, hombre de carácter levantado é indomable, y 
gran conocedor de las circunstancias del presente, ha sido uno de 
los que más han contribuido á este renacimiento de la ciencia ca- 
tólica en Francia, y, sobre todo, á dar unidad y orientación á las 
fuerzas intelectuales. "Hoy, solía repetir, la ciencia es apóstata, y 



(1) Véanse en la Revue philosophique los trabajos bien documen- 
tados de M. Picavet, Le mpuvemeni néo-thomiste cu Europe et en 
Amérique, año 1K92, vol. i, pág. 281; Travaux sur Id scolastique et le 
néo-thomisme, año 1893, tomo í, pág. 394; y otro con el mismo titulo en 
el número de Enero de 18%, pág. 48. Puede verse también el estadio 
bibliográfico del mismo autor (año (892, tomo i, pag. 100), acerca de la 
revista neo-escolástica de Gutberlet, Philosopkisches Jahrbuch, 



LA NEO-ESCOLÁSTICA AL COMENZAR EL SIGLO XX W9 



es preciso que esta ciencia, que ha renegado de Dios, vuelva á Él... 
A la ciencia blasfema es necesario oponer una ciencia cristia- 
na, que se imponga el respeto de los hombres, y que imponga á los 
hombres el respeto de Dios. ., Tal fué la preocupación constante á 
que consagró su vida, su clara inteligencia y su inquebrantable 
voluntad, nunca doblegada, ni por los prejuicios y suspicacias de 
dentro, ni por los embates de fuera. Su ilusión era la creación de 
un gran centro de cultura, donde pudieran formarse hombres de fe 
y de ciencia, y que vio realizado en 1875, con el nombre de Instituto 
Católico de París. Nombrado Director Mons. de Hulst, y reuniendo 
en torno suyo á los sabios de más valer, logró consolidar la grande- 
obra, no sin tener que vencer grandes resistencias, y el Instituto es 
hoy uno de los centros mejor reputados del mundo católico por su 
organización, por la alta competencia de su profesorado, y por los 
beneficiosos resultados que ha traído á la Iglesia de Francia. Con 
respecto á la ciencia filosófica, cuya enseñanza le fué encomendada 
en el Instituto, creía que era necesario volver á la tradición sin ex- 
cluir el progreso; pedir á Aristóteles y á Santo Tomás la clave per- 
dida de la verdadera metafísica, y abrir con ella los tesoros déla 
ciencia moderna. Mons. de Hulst no era de aquellos aferrados al 
pasado, que creen deber contentarse con repetir á Santo Tomás . 
"Es necesario, dice, imitar á este gran pensador, y hacer hoy lo 
que hubiera él hecho en nuestro lugar, disponiendo de todas las 
conquistas con que, de entonces acá, se ha enriquecido el espíritu 
humano. La escolástica de hoy debe estar ampliamente abierta á 
todos los progresos, sin temer ni desdeñar ninguna verdad, y ha 
de saber aprovecharse de cuanto haya legítimo en las doctrinas 
contrarias. Sólo en estas condiciones podrá salir de las escuelas 
eclesiásticas y aparecer en la escena intelectual del mundo, para 
hacer obra defensiva y conquistadora; de este modo el siglo XX 
podrá ser testigo de un gran duelo entre dos doctrinas que se re- 
partirán el dominio intelectual: el monismo evolucionista y el pe- 
ripatetismo cristiano» (1). A ejemplo y con el mismo fin que el Ins- 
tituto católico en Paris, se han fundado Universidades libres en 
otras ciudades de Francia: en Lille, en Angers, en Tolosa y en 
Lyon. En tod is ellas la orientación filosófica, mantenida por emi- 
nentes profesores, es uniforme, y según las instrucciones dadas 
por Leój. XIII en la encíclica Aíterni Patris. 



(1) Conférence de Namur % pag. 154. 



'200 LA NEO-B8COLÁSTICA AL COMBNZAR EL SlGLO XX 

Sería prolijo enumerar aquí los trabajos y obras doctrinales 
que se han producido en las distintas ramas de la ciencia filosófica. 
Nos limitaremos á citar los nombres más conocidos: Vaílet, Grar- 
delaude, Farges, d'Hulst, Domet de Vorges, Gardair, Broglie, Bu- 
lliot, Elias Blanc, Monsabré, Coconnier, Regnon, Peillaube, Fon- 
segrive, Piat, Maisonneuve y otros muchos. Existen hoy en Francia 
tres importantes revistas de carácter exclusivamente filosófico, des 
tinadas á estudiar las cuestiones actuales según los principios de 
la escuela y á propagar sus principios: los Anuales de Philoso- 
phie Chrctienne, fundada hace ya sesenta y dos años por el tradf- 
cionalista Bonnetty con la colaboración de Bonald, de Maistre, 
Bautain, Ráulica y Lammennais, cuyas ideas abandonó hace ya 
muchos años; la Revue Thomiste (1893), dirigida por el P. Cocon- 
nier, y últimamente ha comenzado á publicarse en Diciembre- 
de 1899 la Revue de Philosophie, de carácter más ecléctico, bajo la 
dirección del Rdo. P. Peillaube. Débese añadir á las anteriores el 
liulletin de V Instituí catholique, además de otras muchas publi- 
caciones de carácter general ó científico, pero que insertan nume- 
rosos trabajos de filosofía especulativa ó práctica. 

El movimiento neo-tomista de las naciones inmediatas ha re- 
percutido en Suiza, que tiene un digno representante de esta es- 
cuela en N. Kauffmann, profesor en Lucerna. Los Estados católi- 
cos sostienen además una Universidad en Friburgo, cuyas facul- 
tades de Filosofía y Teología están encomendadas á los Padres Do- 
minicos. Entre sus profesores merecen citarse los Padres N. del 
Prado (español), Coconnier y demás redactores de la Revue Tho- 
miste que, aunque publicada en Suiza, tiene la mayoría de sus lee 
tores en Francia. 



V 



La Universidad Gregoriana de Roma, inspirada directamente 
por León XIII, ha contribuido poderosamente á uniformar el pen- 
samiento católico según las doctrinas del Ángel de las Escuelas. 
Merced á su carácter internacional, puesto que en ella forman su 
espíritu ysu inteligencia eclesiásticos de todo el mundo católico, h;i 
influido tanto como en los centTOS eclesiásticos de Italia, en l«>s de 

las demás naciones de Europa y de América. Poco después de pu- 



LA NRO-BSCOLÁSTICA AL COMENZAR BL SIGLO XX 201 

blicada la Encíclica ¿Eterni Patris, en donde el inmortal Pontífice 
excitaba con repetidas instancias á los sabios del mundo católico 
á volver "á las aguas más puras del saber, tales como las que pro- 
ceden del Doctor Angélico en caudal abundante é inagotable, „ 
fundó el mismo León XIII la Academia Romana di San Tomma- 
so, con el ñn de fomentar y propagar los principios de la filosofía 
tomista; á la vez que se comenzaba (1880) la edición pontificia, 
completa y esmeradísima, de las obras de Santo Tomás, ilustradas 
con los comentarios de Cayetano y de Silvestre de Ferrara. 

En este movimiento han intervenido hombres tan eminentes 
como Sanseverino, Signoriello, Prisco, Liberatore, Zigliara, Cor- 
noldi y otros muchos. En 1880 comenzó á publicarse en Pía cencía 
la revista filosófica Divus Thomas; y en 1881 la Accademia Ro- 
mana di San Tommaso d'Aquino, órgano de la sociedad filosófi- 
ca de este nombre; las cuales, con otras de carácter más univer- 
sal, como la Civiltá cattolica en Roma, la Sciensa italiana en Bo- 
lonia y la Scuola cattolica en Milán, mantienen las direcciones 
pontificias. Debemos confesar que estas doctrinas apenas habían 
ejercido influencia alguna en Italia, fuera de los centros eclesiásti- 
cos; en los oficiales del Estado se repartía el dominio entre los par- 
tidarios de Rosmini y Gioberti, de' Hegel, de Kant, y sobre todo 
los positivistas. En los últimos seis años se ha iniciado la acción 
científica de los católicos, apoyada por los Congresos nacionales, 
cuyo principal resultado ha sido la organización de una gran So- 
ciedad científica, á modo dé la Góerres-Gesellschaft alemana; en- 
tre sus miembros más activos se halla el eminente sociólogo y pro- 
fesor de la Universidad de Pisa, G. Toniolo, director de la Rivista 
internas i onale di sciense sociali é discipline ausiliarie. Esta so- 
ciedad tiene por objeto estimular el estudio de las ciencias físicas, 
históricas y sociales, en armonía con los principios de la filosofía 
católica y escolástica. 

El renacimiento de la escolástica en los centros católicos de 
Europa ha tenido su eco también en Inglaterra, y más particular- 
mente en Irlanda. El movimiento de aproximación de algunas 
iglesias disidentes hacia la católica, y la influencia de los New- 
man, Manning y Vaughan, han atraído la atención de los espíri- 
tus h icia los principios filosóficos del pasado. Entre los represen- 
tantes de esta filosofía merecen citarse Saint-George Mivart, pro- 
fesor en Kensington, y elP. Chark, del Colegio de Stonyhurst, que 
ha dirigido la publicación de una obra monumental en siete volú- 

14 



202 L.A NBO-B8COLÁ8TICA AL COMENZAR BL SIGLO XX 

menes, terminada este año. Y estas mismas ideas son las que ins- 
piran multitud de publicaciones, sobre todo en Irlanda. 

A nadie es desconocida la actividad desplegada por los católi 
eos de los Estados Unidos, de la que tanta parte se debe á los Pre- 
lados, y más particularmente á Gibbon é Ireland. Para la acción 
científica se pensó en crear una Universidad católica en Washing- 
ton, cuya primera piedra fué colocada solemnemente el 24 de Mayo 
de 1888, con asistencia de 25 Obispos y Arzobispos, de represen- 
tación del Gobierno y del entonces presidente Cleveland. Hoy la 
Universidad, bajo la protección del Papa y la inmediata del Epis- 
copado, ocupa una situación prestigiosa, y ejerce decisiva influen- 
cia sobre los demás centros católicos de la República. Para la en- 
señanza filosófica cuenta con un selecto profesorado: además del 
Dr. Pohle, de quien ya hemos hecho mención, Thomas Bouquillon, 
eminente moralista, y E. A. Pace, profesor de psicología y direc- 
tor del laboratorio psicológico, principales escritores del CathoUc 
University Bulletin, consagrado en su mayor parte á cuestiones 
de filosofía especulativa y práctica, según los principios de Santo 
Tomás. A estos nombres pudieran añadirse otros, como el Padre 
Zhan, no desconocido en Europa, y otras importantes revistas que 
mantienen y propagan los ideales de la tradición católica. 

En Méjico, en la América Central y Meridional se acentúa tam- 
bién de día en día la influencia de este renacimiento general de la 
escolástica; y no sólo en los centros eclesiásticos, sino también en 
los oficiales de los distintos Estados se advierte la tendencia á vol- 
ver á las ideas salvadoras del pasado (1). 



(1) De propósito hemos pasado por alto á España, en esta reseña 
neral del movimiento neo-escolástico; y no es que creamos, con M. I 'i 
cavet, que en España "ni han pensado en filosofía ni en tomismo., que 
es fácil desacertar cuando se habla de lo que no se conoce; creemos, 
muy al contrario, que España no ha sido ajena áeste movimiento ¿ene 
ral. Bastaría con citar tres grandes figuras, que han hecho renacer el 
espíritu íilosófico de la tradición, y cada una de ellas con rasgos incon- 
fundibles: Balmes, el P. Zefcrino y el P. Urráburu; sin contar otras - 
cundarias de verdadera importancia. Pero dejamos para otra ocasión, 
y cv\ distinta forma, hablar del cultivo dé la filosofía escolástica en Es 
paña en el siglo XIX. 



LA NEO-ESCOLÁSTICA AL COMENZAR EL SIGLO XX 203 



VI 



Hemos dicho al principio de nuestro estudio que en el progra- 
ma neo-tomista entraba como parte muy principal la revisión del 
pasado: el estudio, con espíritu crítico, del verdadero pensamiento 
filosófico de la Edad Media, de la influencia que en él han tenido 
ideas anteriores, y de la parte que le corresponde en el desenvol- 
miento filosófico de épocas posteriores. 

"Durante los tres últimos siglos, escribe Mons. Mercier, ha ve- 
nido corriendo muy general y valedera la opinión de que, desde la 
decadencia de las escuelas de Grecia hasta la publicación del Dis- 
curso del Método, había quedado muerto el pensamiento filosófico, 
sin producir nada que con justicia mereciese la atención de los sa- 
bios. La escolástica era considerada durante esta época general- 
mente como una especie de parodia burlesca de la verdadera filo- 
sofía; y no han faltado historiadores que como á tal la hayan des- 
preciado sin escrúpulo. La Revolución francesa fué como una vio- 
lenta sanción que puso el sello á esta impopularidad universal, 
ante la cual parecieron abismarse en el olvido las más grandes y 
hermosas obras, dignas de admiración y de inmortal respeto. Hoy, 
debido á los numerosos y concienzudos trabajos de erudición his- 
tórica en el dominio de la filosofía, hechos con espíritu sereno é in- 
dependiente, y gracias también á la inconsistencia y á las incerti- 
dumbres del pensamiento moderno, que reclama cada día más im- 
periosamente la necesidad de una orientación definitiva, se estudia 
con más ardor y se aprecia con más justicia la grande y sólida 
tradición de la escuela. Hoy se conviene ya generalmente entre los 
adversarios de la escolástica en que la Edad Media, en su conjunto, 
no fué época de esterilidad, y en que no es merecedora del descré- 
dito acumulado sobre ella por los siglos que nos han precedido; en 
particular se reconoce en los siglos XIII y XI V una era de gran fe- 
cundidad, en que florecieron las síntesis filosóficas más variadas, 
vigorosos renacimientos del pensamiento de Platón, de San Agus- 
tín, de los Padres de la Iglesia y sobre todo del aristotelismo, al 
cual dieron nueva vida infundiéndole savia nueva. 

Ya en el siglo de los enciclopedistas protestaron contra las 
bufonadas y epítetos burlescos, que era la manera corriente de 



201 l<A NEO-ESCOLÁSTICA AL COMENZAR EL SIGLO XX 



juzgar la escolástica, hombres tan grandes como- Leibnitz, quien, 
sobreponiéndose alas preocupaciones de sus contemporáneos, decía 
«haber mucho oro confundido con la escoria;» y de G erando, ecléc- 
tico como Leibnitz, y semejante en las ideas á Cóndor cet, no sólo 
hacía justicia á los escolásticos, sino que discutía y rechazaba las 
aserciones tan injustas como desdeñosas de Condillac. A principios 
del siglo XIX comenzó á hacerse alguna luz sobre la civilización 
medioeval; una corriente de ideas que tiene su punto de partida en 
Cousin y sus discípulos, favoreció grandemente el estudio de la filo- 
sofía escolástica, siquiera las circunstancias hayan sido obstácu- 
lo para apreciarla en su justo valor (1). Durante el último tercio del 
siglo pasado los estudios de crítica y erudición sobre la filosofía de 
la Edad Media , se han acrecentado por modo extraordinario. 
Stókl, profesor en el Seminario de Munster, publicaba, en 1866, 
tres volúmenes de historia de filosofía medioeval (2) los cuales, por 
el conocimiento profundo de las ideas, conservan hoy todavía un 
gran valor de exposición doctrinal, no obstante los defectos de eru- 
dición, atendidos los trabajos realizados desde entonces. B. Hau- 
reau, miembro del Instituto de Francia, escribía poco después su 
Histoire de la Philosophie scolástique, en tres volúmenes, que en 
sentido opuesto á Stockl, si es de gran valor por su abundante do- 
cumentación, revela un conocimiento insuficiente y muchas veces 
erróneo de las doctrinas escolásticas (3). A la vez Prantl ha estu- 



(1) Citaremos los trabajos más importantes de esta primera época, 
sobre todo en Francia: Rousselot, Etudes sur la philosophie en Fnui- 
ce dans leMoyen Age; 2 volúmenes. Saint-René Taillandier: Scot Evi- 
géne et la Philosophie scolástique. A. Jourdain: Rechevches critiques 
sur l'áge et Vongine des traductions latines d' Avistóte. Olleris: 
CEuvres de Gevbet; Cousin, Ifitroduction aux oeuvves inédites d'Abé- 
lard y (Euvves d'Abélavd. Michaud, G. de Chavnpeaux; Ch. de Rému- 
sat, Anselme de Cantovbévy.y Abelavd; Ravaisson, Mémoire sur lo 
philosophie d' Avistóte ches les Avahes; Munct, Mélanges de pliiloso- 
phiejuive et avabe; Renán, Averróes et VAverroísme, A.& Fraoc. 
Ch. Jourdain: La philosophie de Saint Thomas d'Aquih; etc., etc, 

\ éase H artículo de Th. Picavefc l-c mouvemenl neo thotniste, en la 
Rev. pliil., año 1SQ2, vol. i, pái;\ 281.) 

(2) A. Stockl: Geschichte d. Philos. des Mitlelalters, Maguncia^ 
1KM y 1866. 

Haukp.au: Histoire de tu Philosoph. scolástique. París, IntlMsso. 
La nhra de Haureau ha sido inmensa; sus trabajos han sido publicados 



LA NEO-ESCOLÁSTICA AL COMENZAR EL SIGLO XX 2C5 

diado cuestiones relativas á la historia de la lógica medioeval, en 
una obra muy erudita y de gran valor (1). Durante los últimos 
quince años, dice De Wulf en el Prefacio de su Histoire de la Phi- 
losophie médiévale (2), la publicación de textos importantes y de 
numerosas monografías ha venido á dar un nuevo impulso á los 
estudios históricos de la filosofía de la Edad Media. Se acumu- 
lan materiales, se depuran las fuentes, y se comienzan á publi- 
car algunos de los innumerables manuscritos filosóficos disemina- 
dos en las grandes bibliotecas. Debemos advertir que no contribu- 
yen á este fin trabajadores aislados, sino también sociedades crea- 
das con este objeto. Podemos señalar dos: la sabia escuela de 
Baeunker, profesor en la Universidad de Breslau, que desde 1891 
viene publicando las Beitrage sur Geschichte der Philosophie 
des Mittelalters; y la más reciente, titulada Société de Scolastique 
médiévale, fundada en París por Th. Picavet, maestro de confe- 
rencias en las escuela de Estudios Superiores de la Sorbona (3). 
Debemos enumerar además principalmente los trabajos de Ehrle 
y Denifte en los Archiv. für Litteratur und Kirchengeschichte 
des Mittelalters, y en la publicación monumental del Chartula- 
rium Univcrsitatis Parisiensis; y los trabajos especiales de Ru- 
bezinscky, Clerval, Vacant, Mandoanet, etc., sin contar las histo- 
rias generales de la Edad Media, escritas en vista de los nuevos 
estudios de erudición, como las de Erdmann (4) y Veberwegs- 
Heinze (5). Merecen también especial mención los trabajos de 



en varias revistas, y en una colee. Notices et extr. des man. latins de 
laBibl.nat. (6 vol. en .8.°, París, 1890-1893), editadas en los últimos 
años de su vida. 

(1) Prantl; Geschichte de Logi im Abendlande, 4. a ed. 1870. Lei- 
pzig. 

(2) Louvain, París, Alean., 1900.— Véase en el vol. liv deLA Ciudad 
de Dios, pao-. r>45, una nota bibl. de esta importante obra de M. Wulf. 

(3) Respecto á los trabajos y obras publicadas por estas dos socieda- 
des hasta 1898, puede leerse el interesantísimo estudio de M. de Wulf, 
Les recentes travaux sur V Histoire de la Philosophie médiévale, pu- 
blicado en la Revue Neo-Scolastique, año 1898, pág. 67.— Véanse tam- 
bién los citados artículos de Picavet en la Rev. phü. 

(4) J. E. Erdmann: Grundis d. Geschichte d. Philosophie, Berlín, 
Benno Erdmann, 1896. 

(5) Veberwgs-Heinze: Grund. d, Geschichte d. Phü. II Th. Die 
mittlere oder der patristische und scolastische Zeit— Berlín, 1898. 



206 LA NKO-RSCOLÁ8TICA AL COMENZAR BL SIGLO XX 

Wulf , profesor en el Instituto filosófico de Lovairia, quien además 
de la obra general ya citada, ha publicado otros estudios relativos 
á la filosofía belga medioeval, organizador además y director de 
La Societé d'histoire de philosophie médiévale, en el mismo Insti- 
tuto (1). Trendelenburg, el restaurador del aristotelismo en Alema- 
nia, Hering, Contren, Kleutgen, Werner y otros muchos, son tam- 
bién nombres beneméritos de la historia de la filosofía escolástica. 

Esta breve reseña demuestra que pasaron ya tantos años de 
descrédito acumulado sobre las ideas de la Edad Media; por fin, la 
historia imparcial ha comenzado á hacer la justicia negada por el 
desdén y la ignorancia. El camino andado en pocos años, ha sido 
inmenso. No muy lejos aún de nuestros días, en la primera mitad 
del siglo XIX, apareció en Roma una historia de la filosofía, lle- 
vando al frente dos Nihil obstat, y dos Imprimatur , de 180 pági- 
nas, de las cuales una no completa, estaba dedicada á la Edad 
Media, y en donde ni siquiera se hacía mención de Santo Tomás, 
y en cambio se llamaba á Bacon Magnus omnium instaurator (2), 
á tal extremo había llegado el descrédito acumulado sobre la es- 
colástica durante tres siglos, aun entre los que estaban más obli- 
gados á sostenerla. En medio siglo las cosas han cambiado total- 
mente; y cuenta que, como se ha visto por la relación anterior, 
muchos trabajos, y no los de menos valor, los de Haureau y 
Picavet, sin contar otros, han partido del campo opuesto á las 
ideas escolásticas. 

Como prueba del cambio de opinión que se va operando entre 
los hombres de ciencia, respecto de la Edad Media, citaremos, 
entre otros, el testimonio de hombre tan conocido y tan poco 
afecto á la escolástica, como Huxley: «En parte alguna del mun- 
do, escribe, había llegado á formarse en estos tiempos (siglo XII), 
enciclopedia del saber en los tres órdenes (teología , filosofía y ex- 



(1) Además de la obra va mencionada, ha publicado de Wult'otros 
importantes trabajos relativos á la escolástica, siendo los principales: 
Histoire de la Philosophie scolastique dans /es Pays-Bas ei la Prin- 
ci pauté de Liége\ y los /iludes sur H cari de (Jand Louvain, et Alean, 
París, 1895.) Ha comenzado además ;í publicar La Collection u Les PW- 
losophes Belges. u 

i' V. Parkisson: Phacesol Catholic Philosophy inclín. XIX tocen- 
turv, inserto en el (<>n/p. rend* da CoHgrés scient, < allí de Bruxeles.* 
Scien, phil '., p. 471. 



LA NEO-ESCOLÁSTICA AL COMENZAR EL SIGLO XX 207 

periencia), como la que puede hallarse en estas obras (de los esco- 
lásticos). La filosofía escolástica constituye un monumento prodi- 
gioso de paciencia y de genio, en donde el espíritu humano em- 
prendió la construcción de una teoría del universo lógicamente 
deducida, poniendo á contribución todos los materiales de que 
entonces podía disponer. Y esta teoría no ha muerto ni está en- 
terrada, como equivocadamente muchos han supuesto. Muy al 
contrario, existe hoy un gran número de estudiosos, de cultura y 
ciencia más que ordinarias, y con frecuencia de un poder y vigor 
de inteligencia nada comunes, que buscan en esta teoría la mejor 
explicación de las cosas que hasta aquí se haya dado en toda la 
historia del pensamiento humano. Y lo que es aún más de notar, 
estos hombres, pensando según las ideas escolásticas, hablan, sin 
embargo, el lenguaje de la filosofía moderna.» (1) En especial, no 
es hoy raro ver cómo entre los pensadores no cristianos se levan- 
tan voces, aportando apreciables homenajes á la superioridad de 
Santo Tomás, y á la importancia de este movimiento hacia sus 
enseñanzas. «Se me ha acusado con razón, escribe R. von Ihering, 
profesor en la Universidad de Góttinga, y la misma acusación 
puede hacerse con justicia á los filósofos modernos y á los teólogos 
protestantes en general, de haber ignorado los vigorosos pensa- 
mientos de Santo Tomás de Aquino. Cuando he llegado yo á co- 
nocer esta poderosa inteligencia, me he preguntado con sorpresa, 
¿cómo es posible que verdades como las que él ha expuesto hayan 
podido jamás caer entre nosotros en olvido tan completo? ¡Qué de 
errores se hubieran evitado de haber guardado fielmente sus doc- 
trinas! Por mi parte, de haberlas conocido un poco antes, creo que 
no hubiera escrito mi libro, puesto que las ideas fundamentales 
que había de publicar, estaban ya expresadas con claridad per- 
fecta y admirable fecundidad de concepción en este gran pen- 
sador» (2). 



(1) Th. H. Huxley, Select Works: Animal automatisen and other 
essays, p. 233. New- York, 1886.— Cit. en Los Orig. de la Psic. contemp. 
deD. Mercier, p. 384; trad. cast.— Madrid, 1901. 

(2) Rudolpho von Ihering: Der Zweck im Recht, p. 16Í. — Cit. por 
Mercier, ibid. p. 382. 



208 LA NEO-E8COLÁ8TICA AL COMENZAR EL 6IGLO XX 



VII 

La filosofía católica, según se desprende de esta sencilla expo- 
sición, ha encontrado su orientación definitiva. No son impulsos ó 
esfuerzos aislados, es una tendencia general de todas partes donde 
se cultiva la ciencia. Th. Picavet lo confiesa con generosa impar- 
cialidad: «Los neo-tomistas, dice, hacen la apología de Santo To- 
más, y le piden sus principios directores; hacen ver los errores de 
la historia de la filosofía, las grandes lagunas de nuestros histo 
riadores de la Edad Media; editan las obras de los grandes pen- 
sadores, exponen sus doctrinas, y ponen á la vista lo que de ellos 
han tomado los modernos. Los católicos unidos por el tomismo, 
que completan con una amplia información científica, son hoy los 
maestros del pensamiento en Bélgica, se cuenta con ellos en Ale- 
mania y en América, y su influencia se agranda cada día en Fran- 
cia, en Holanda y en Suiza» (1). 

La revolución intelectual comenzada por los hombres del Re- 
nacimiento, y consolidada por Bacon y Descartes , trajo consigo 
el descrédito injusto de las doctrinas de la Edad Media, que, si no 
murieron, porque las grandes ideas nunca mueren, vivieron una 
vida oscura y vergonzante, faltas de hombres que supieran man- 
tenerlas dignamente, y apartadas de las luchas del pensamiento. 
Recluida la escolástica durante tres siglos en los centros eclesiás- 
ticos, y víctima de su timidez, se ha dado cuenta al finalizar el 
siglo XIX de los deberes que le imponen el valor intrínseco de sus 
doctrinas y la virtualidad de sus principios, y sale á la luz pública 
para tomar parte en el movimiento general de las ideas y con- 
quistar el terreno perdido. Las tentativas desacertadas de los 
Bonald, Bautain, Lamennais, así como de los Rosmini, Gioberti, 
Ubaghs y Laforet, para construir de nueva planta la filosofía 
cristiana sin pedir inspiración al pasado, desaparecieron para no 
volver más: justo es que se tribute á su memoria un recuerdo de 
gratitud; la generosidad de los esfuerzos conque intentaron poner 
un dique á la invasión de ideas anticristianas es acreedora á núes» 
tros homenajes; pero sus ideas bien muertas están. 

La filosofía escolástica tiene en su favor la garantía del genio 
y de la tradición histórica, comenzando por Aristóteles, siguiendo 



(1) Revuephil., año 18%, vol. i, p. 77-7*. 



LA NEO-ESCOLÁSTICA AL COMENZAR EL SIGLO XX 209 

por los Padres de la Iglesia, llenando toda la Edad Media, y con- 
tinuando, aunque más oscuramente, en los siglos posteriores, sin 
solución de continuidad; no es labor individual ni de una genera- 
ción, sino de todas las generaciones; tiene además la garantía de 
la unidad y armonía de sus principios acerca de Dios, del hombre 
y de la Naturaleza, y, por último, tiene en su favor los dictados del 
buen sentido garantizando la vida intelectual, moral y social de 
la humanidad. En estas condiciones, y cuando los espíritus cansa- 
dos de pasar de uno á otro sistema, y de buscar inútilmente algo 
que satisfaga las aspiraciones humanas y traiga la paz al alma y 
á la sociedad, son presa del más desesperado escepticismo, las in- 
teligencias sinceras podrán ver en la filosofía cristiana la mejor 
solución á los problemas de la naturaleza y de la vida. Estas solu- 
ciones, es cierto, no podrán halagar á la vanidad pueril de fabri- 
carse un nombre que pase á la historia, entrando por sendas tor- 
tuosas y desconocidas para conquistarse los aplausos de pensador 
original, y no es difícil persuadirse cómo en las especulaciones 
filosóficas del último siglo, han intervenido más estos motivos de 
vanidad egoísta que las convicciones sinceras y el amor á la ver- 
dad; pero no faltan inteligencias rectas que buscan la verdad des- 
interesadamente y por amor á la misma. 

P. Marcelino Arnáiz, 

o. s. A. 



AURELIO PRUDENCIO CLEMENTE 



ESTUDIO BIOGRÁFÍCO-CRÍTICO 



(Continuación .) 
II 

Biografía de Prudencio. 

Los profundos estudios de J. B. de Rossi sobre arqueología 
cristiana han dado grandísima importancia á las obras poéticas 
de Prudencio; y este insigne poeta, casi voluntariamente olvidado 
á fines del siglo XVIII y en los primeros años del XIX, es hoy ob- 
jeto de estudio y de la atención general de los eruditos. El año 
1882 descubrió J. B. de Rossi en las Catacumbas de Roma una 
inscripción del pontífice San Dámaso relativa al martirio de San 
Hipólito: era la misma lápida que Prudencio había visto y que le 
sirvió de base para la composición de su himno en honor de aquel 
Santo mártir. Este descubrimiento de De Rossi fué más que sufi- 
ciente para que cayeran por sí solas las afirmaciones de los arqueó- 
logos Dollinger, Kraus, Müntz y De Smidt, los cuales pretendían 
que el himno xi del Peristéfanon, dedicado á cantar el triunfo de 
San Hipólito, era puro parto de la imaginación de nuestro poeta (1) 
y que no se le podía atribuir valor histórico alguno. Tomando por 
argumento la lápida que acababa de descubrir y cuya autenticidad 
no cabía poner en duda, De Rossi, y después de él M. Allard, pudie- 
ron victoriosamente sostener y probar la tesis contraria. Gracias á 
Dios, se empieza hoy á sacudir el polvo bajo el cual yacían olvi- 
dadas hace muchos años las obras de Prudencio. M. Puech y 
M. Allard, en Francia; Clemente Brockaus en Alemania; J. B. Brys 
t*n Bélgica; Menéndez y Pelayo y el conde de la Vinaza en Espa- 
ña, han hecho estudios serios acerca de nuestro poeta, y han de- 
mostrado hasta la evidencia que las composiciones literarias de 



i Véase Müntz: Etudes sur Vhistoire de la peinture ct de l'icono* 
graphie chrétiennes, pág. 17. 



ESTUDIO BIOGRÁFICO-CRÍTICO 211 

Prudencio podían figurar entre las obras de los mejores clásicos 
latinos. 

¿Quién es Prudencio y cuál fué su patria? Sabemos que era es- 
pañol, y nacido en la antigua provincia Tarraconense, puntos 
sobre los cuales están conformes todos los historiadores y biógra- 
fos; pero el lugar preciso en donde vio la luz, es todavía objeto 
de discusión entre los doctos y eruditos. Prescindiendo en abso- 
luto, como destituidas de fundamento, de la opinión de Pedro 
Crinito y de Pedro Mantuano, al afirmar respectivamenie que na- 
ció en Italia y en Asturias, examinaremos brevemente las pruebas 
alegadas por los que sostienen que fué zaragozano ó calagurrita- 
no. Zaragoza y Calahorra se disputan, en efecto, la gloria de ha- 
ber sido la cuna del gran poeta, y las razones alegadas por una y 
otra parte son tan serias, que es muy difícil, por no decir imposi- 
ble, determinar á cuál de ellas se ha de adjudicar la gloria. A 
nuestro humilde juicio, las pruebas citadas por los partidarios 
de Zaragoza son de más peso que las alegadas por los de Cala- 
horra, sin que pretendamos por esto haber deshecho una duda 
que los mejores críticos no se han atrevido á resolver. García de 
Loaisa, Ambrosio de Morales, Mariana, D. Tomás Tamayo de 
Vargas y D. Nicolás Antonio resuelven la cuestión en favor de 
Calahorra, apoyándose en estos versos del primero de los himnos 
del Peristéfanon: Ad Hemeterium et Celecionium calagurri- 
taños: 

1 15 Hoc"bonum Salvator ipse, quo fruamur, praestitit, 
Martyrum quum membra nostro consecravit oppido: 
Sospitant quae nunc colonos, quos Iberos alluit, 

y en el de los dieciocho mártires zaragozanos, donde después de 
enumerar las santas reliquias poseídas por varias ciudades, dice: 

31 Nostra gestabit Calagurris ambos 
Quos veneramur.... 

Mas si con estas expresiones nostro consecravit oppido y nos- 
tra gestabit Calagurris, hubiera querido Prudencio referirse á 
su ciudad nativa, no hubiera usado análogas expresiones al ha- 
blar de otras ciudades, y según veremos más adelante, emplea los 
mismos términos cuando habla de Zaragoza. Las aplicaciones del 
pronombre nostra, observa el Sr. Conde de la Vinaza, no pueden 
entenderse más que en el sentido de que Calahorra pertenecía al 



212 AURELIO PRUDENCIO CLEMENTE 

Convento ó Cancillería de Zaragoza, cabeza de la Edetania ó Se- 
detania. Y no de otra suerte se explican las siguientes palabras del 
himno de San Fructuoso: 

O triplex honor, o triforme culmen, 
Quo nostrae caput excitatnr urbis, 
Cunctis urbibus eminens iberis! 

145 Exultare tribus libet patronis, 

Quorum praesidio fovemur omnes 
Terrarum populi pyrenearum, 

donde, por referirse á Tarragona, como metrópoli civil de la pro- 
vincia en la cual nació el poeta, la llama nostra. 

Otros autores, prescindiendo del argumento fundado en ese 
pronombre, deducen que Prudencio fué calagurritano, de los cua- 
tro siguientes versos: 

Nos Vasco Hiberus üividit 
Binis remotos Alpibus , 
Trans cottianorum juga 
Trans et Pyrenas ninguidos. 

Aunque estos versos puedan aplicarse á Calahorra, no consti- 
tuyen, sin embargo, argumento decisivo en su favor, porque pue- 
den aplicarse á muchos lugares de la ribera del Ebro, y entre ellos 
á Zaragoza. 

Lupercio y Bartolomé Leonardo de Argensola , Aldo Manucio, 
Antonio de Nebrija, D. Martín Carrillo y otros muchos afirman 
que la verdadera cuna de nuestro poeta fué la actual capital de 
Aragón, parecer á que se inclina igualmente el P. Risco. Los 
mismos argumentos alegados en favor de Calahorra se encuen- 
tran también citados en favor de Zaragoza, porque solamente en 
el himno de los dieciocho mártires zaragozanos las expresiones 
noster populus ú otras análogas se encuentran empleadas nada 
menos que siete veces. Este himno empieza con las siguientes 
palabras: 

1 Bis novem noster populus suh uno 
Martyrum serval ciñeres sepulcro: 
Caesaraugustám rocitamus Urbetn: 

Res CUi tanta eSt 



ESTUDIO BIOGRÁFÍCO-CRÍTICO 213 



62 Ipsa vix Roma in solio locata 

Te decus nostrum, superare in isto 
Muñere digna est 

Noster est, quamvis procul hinc in urbe 
Passus ignota dederit sepulcri 
Gloriam victor, prope littus altae 
100 Forte Sagunti. 

Noster et nostra puer in palaestra, 
Arte virtutis, fideique olivo 
Unctus, horrendum didicit domare 
Viribus hostem, etc., etc. 

¿Puede inferirse de estas palabras que Prudencio naciese en 
Zaragoza? El pronombre posesivo nuestro no comprende en sí 
únicamente á los naturales de un determinado lugar, provincia ó 
reino, sino también á todos los que son de una misma nación; y si, 
como pretenden muchos autores, escribió Prudencio sus obras en 
Roma ó en cualquier otro punto fuera de España, no debe nadie 
extrañar que emplee el pronombre noster indistintamente en fa- 
vor de Zaragoza y de Calahorra; porque en estas circunstancias 
significaría sencillamente español. La estrofa correspondiente al 
número 62: Ipsa vix Roma, etc., que acabamos de citar, parece 
confirmar esta opinión: estos versos instituyen una especie de pa- 
ralelo, ó, mejor dicho, rivalidad entre Roma, capital del Imperio, 
dueña del mundo, regada con la sangre de un número incalculable 
de mártires, y "España; Prudencio, entusiasmándose al considerar 
los numerosísimos mártires que en su patria derramaron su san- 
gre en testimonio de la fe cristiana, exclama y parece que quiere 
decir: En este punto no tiene nada España que envidiar á Roma: 
los mártires de Calahorra son nuestros, los de Zaragoza son nues- 
tros también; Roma tiene sus héroes y éstos no han faltado á 
España. 

En las obras de Prudencio se encuentran muchos pasajes en 
los cuales indica el poeta claramente que tenía casa y familia en 
Zaragoza, considerando como gran honor el pertenecer á la grey 
del obispo Valeriano. Todos los eruditos están conformes en que 
Zaragoza, hasta fines del siglo IV, tuvo tres Obispos llamados 
Valerio ó Valeriano, los cuales ciñeron la mitra en 288, 307 y 380 
respectivamente. ¿A cuál de estos tres alude Prudencio en sus 
obras? Es este un dato importantísimo para la solución de la difi- 



214 AURELIO PRUDENCIO CLEMENTE 

cuitad. Dejando á un lado al primer Valerio ,. muerto muchos 
años antes del nacimiento de Prudencio, todo se reduce á saber si 
el poeta quiere hablar del segundo ó del tercer Valeriano. Si se 
refiere al segundo, tenía que ser éste muy anciano cuando nació el 
poeta, y sería razón bastante grave para suponer que nació sub- 
dito del obispo de Zaragoza y perteneció de esta manera á la grey 
de Valeriano. Dice el P. Risco que el Obispo á quien se refiere 
Prudencio, no es distinto del Valerio segundo, en cuyo tiempo se 
celebró el Concilio primero de Zaragoza; el Sr. Conde de la Vinaza 
y Ruinart sostienen que fué el tercer Valeriano, al cual dedica 
Prudencio su himno en honor de San Hipólito. Esta segunda opi- 
nión no resuelve la dificultad, porque un individuo puede muy bien 
ser subdito de un Obispo sin haber nacido en su diócesis, pues 
basta el domicilio habitual en los límites de la jurisdicción episco- 
pal. Sin embargo, el simple hecho de haber dedicado el poeta un 
himno al obispo Valeriano, pareció dificultad bastante seria á los 
partidarios de Calahorra, entre los cuales Ambrosio de Morales, 
no pudiendo negar la existencia de Valeriano, la admitió, mas fué 
para hacerle obispo de Calahorra, afirmación abiertamente erró- 
nea, porque ninguno de los eruditos que han tratado de los Obispos 
de esta ciudad, registra en su catálogo ningún Valerio ó Valeria- 
no; y, lo que es más, hasta 457 no registran el nombre de ningún 
Obispo. 

Por amor á la brevedad, no haremos detallada mención de lo 
que sobre la verdadera patria de Prudencio han dicho eminentes 
autoridades, como Juan Vaseo, Chamillard, Jacobo Spiegelio, 
Sixto Senense y otros, que afirman haber nacido el poeta en Za- 
ragoza, y nos limitaremos á transcribir la opinión del P. Risco, cv 
tada por Rodríguez de Castro en su Biblioteca Española (1): "Con 
mayor solidez que los autores mencionados habla de la patria de 
Prudencio el erudito P. Mtro. Fr. Manuel Risco, de la Orden de 
San Agustín, en el tomo xxxi de la España Sagrada, desde la pá- 
gina 92 hasta la 109, en donde manifiesta su singular literatura, 
acendrada crítica y apreciable ingenuidad, así en la producción 
de los dictámenes de los sabios que han tratado de este punto, 
como en la juiciosa censura que hace de los dichos de cada uno de 
ellos; y después de examinados todos con la mayor reflexión, se 
inclina á que Prudencio fué natural de la ciudad de Zaragoza .. 



(1) Pág. 222. 



ESTUDIO BIOGRÁFIOO-CRÍTIOO 215 



Cuando un crítico de la talla del P. Risco no se atreve á exponer 
categóricamente su juicio acerca de esta cuestión, sería sobre- 
manera temerario pronunciarnos definitivamente en favor de 
unos y contra otros, y repetiremos lo que dijo hace pocos años uno 
de los últimos editores délas obras de Prudencio; que después de 
haber estudiado á fondo esta cuestión, consultados todos los docu- 
mentos, registrado las principales bibliotecas, llegó á esta conclu- 
sión: Quae cum ita sint } certam Hispaniae urbem utpote poetae 
patriam constituí posse despero (1). 

Ninguno de los escritores contemporáneos de Prudencio nos ha 
dejado detalles acerca de su juventud; pero sus obras arrojan al- 
guna luz para esclarecer los primeros años de su vida. En el pró- 
logo del Catemerinon, que puede considerarse como la introduc- 
ción de todas sus obras, nos ha dado algunos datos que recogere- 
mos para reconstituir su biografía. Un pasaje de este prólogo nos 
permite deducir exactamente la fecha de su nacimiento; pues dice 
haber visto la luz bajo el consulado del anciano Salia: 

24 Oblitum veteris me Saliae Cónsul is arguens, 
Sub quo prima dies mihi 

Registrando los Fastos Romanos, se encuentra que el cónsul 
Salia, nombrado por Prudencio, era colega de Flavio Filipo, bajo 
el reinado de los emperadores Constante y Constancio, y que ejer- 
cía la autoridad consular en el año 1100 de Roma, correspondiente 
al año 348 de la Era vulgar. Pasó el poeta la niñez en las escuelas 
de primeras letras, en las que el látigo, que Marcial llama feru- 
laeque tristes sceptra pedagogorum (2), aguijaba su aplicación. 

7 Aetas prima crepantibus 
Flevit sub ferulis 

A los dieciséis años, revestido de la toga viril, frecuentó los cursos 
de los retóricos, mientras que despertándose la naturaleza, empe- 
zaron los vicios á anidarse en su corazón. 

mox docuit toga 

Infectum vitiis falsa loqui, non sine crimine: 
10 Tum lasciva protervitas, 

Et luxus petulans (heu pudet ac piget!) 
Foedavit juvenem nequitiae sordibus ac luto. 



(1) Obbar.: Proleg ; cap. í. 

(2) Ep. lxii. 






216 AURELIO PRUDENCIO CLEMENTE 

Si hubiéramos de tomar estas palabras al pie de la letra, debe- 
ríamos sacar como consecuencia que el poeta fué entonces un jo- 
ven disoluto y libertino que, empleando parte del tiempo en el es- 
tudio de las leyes y de la literatura, pasaba el resto alegremente, 
escandalizando al mundo con su conducta disipada. Sin embargo, 
del conjunto de su misma confesión y de muchos pasajes de sus 
obras se desprende tal aroma de ingenuidad y modestia, que pode- 
mos creer, sin alejarnos de la verdad, que exageró voluntariamen- 
te las faltas de su primera juventud, como hizo también San Agus- 
tín en sus Confesiones, donde se acusa del robo de unas manzanas, 
todavía no maduras, como de un grave pecado. Cuando Prudencio 
escribía sus obras tenía ya cincuenta y siete años; la nieve que ha- 
bía empezado á caer sobre su venerable cabeza y la vida ejempla- 
rísima que entonces observaba, podían hacerle mirar las faltas de 
su juventud desde un punto de vista muy distinto, y es cosa natu- 
ralísima que una persona sólidamente piadosa y humilde hable de 
sí con desprecio, y acaso lo que nos parece exageración no sea 
más que efecto del horror que tiene al pecado. No queremos de- 
cir con esto que Prudencio fuese de joven un santo; pero aun su- 
puesto que sus palabras expresen la paira verdad, la humillación 
que buscó en su vejez con esta confesión pública, sería más que 
suficiente para rehabilitarle en el concepto de todos. 

Fascinado por la idea de la gloria, abandonó momentáneamen- 
te las declamaciones del Foro, y dedicóse á la carrera de las ar- 
mas: la sed del triunfo le empujó á aceptar los terribles peligros de 
la guerra: 

Ex in jurgia túrbidos 
Armarunt ánimos, et male pertinax 
15 Vincendi studium subjacuit casibus asperis. 

Grande debía de ser la ciencia de Prudencio, grande su fama 
de juez íntegro para que Teodosio, buen conocedor de los verda- 
deros méritos, le nombrara por dos veces gobernador de impor- 
tantes ciudades, en las cuales, administrando la justicia sin acep- 
ción de personas, se cautivó inmediatamente el amor de toda la 
gente honrada. Gozaba ésta de seguridad perfecta bajo el mando 
del íntegro varón, mientras que los malvados encontraban en él 
un enemigo implacable. Tal debió de ser la fama de su impar- 
cialidad y justicia que el mismo que, con tan profunda humil- 
dad exageró las faltas de su juventud, no pudo ocultar, por ser 



ESTUDIO BIOGRÁFiCO-CRÍTICO 217 

cosa conocida de todos, cómo gozaban los buenos y cómo tembla- 
ban los criminales. 

16 Bis legum moderamine 

Frenos nobilium reximus urbium: 

Jus civile bonis reddimus, terruimus reos. 

Concluido el tiempo del mando, quiso Teodosio recompensar 
los altos méritos del gobernador y le promovió á una altísima dig- 
nidad, llamándole cerca de su imperial persona. 

Tándem militiae gradu 
20 Evectum pietas Principis extulit, 

Assumptum propnus stare jubens ordine próximo. 

Es casi imposible determinar exactamente el género de honor 
de que habla Prudencio: Aldo Manucio y Lilio aseguran que el 
poeta alcanzó la dignidad consular, fundándose para ello en las 
iniciales V. C, qué después de su nombre se ven en los códices 
antiguos: sin embargo, estas letras tanto pueden significar Vir 
Consularis como Vir Clarissimus, y esta última interpretación 
parece cuadrar mejor á tan insigne poeta. Gerardo Vosio, en su 
Historia Latina, dice que, además del cargo palatino, fué Pru- 
dencio Prefecto de Roma, sin que para afirmarlo aduzca testimo- 
nio alguno. La afirmación de Manucio contradice casi á la historia, 
porque en los Fastos Romanos no se encuentra durante el reinado 
de Teodosio y de Honorio ningún cónsul llamado Prudencio. ¿Fué 
acaso nombrado vicario en España ó conde de primer orden? ¿Fué 
elevado á la dignidad aproximado, con facultad de intervenir en 
los consejos imperiales? Nada puede precisarse acerca de este 
punto: solamente podemos observar que la dignidad que más acer- 
caba á la persona imperial era la de patricio romano, y no parece 
inverosímil que ésta fuera la promoción de Prudencio, recompensa 
que se daba á hombres cuyos grandes servicios les hacían conside- 
rar como beneméritos de la patria. 

Fué ciertamente ésta la época más interesante de la vida de 
Prudencio. Roma presentaba entonces un espectáculo muy extra- 
ño: la gente patricia y la clase ilustrada profesaban ya en gran 
parte la religión del Crucificado; gran parte de la plebs había tam- 
bién aceptado las nuevas doctrinas; sin embargo, no habían pasa- 
do bastantes años desde la conversión del gran Constantino para 
que la ley evangélica produjese aquella suavidad de costumbres 

15 



218 AURELIO PRUDENCIO CLEMENTE 

tan particular del Cristianismo. Mil y más años de predominio de 
barbarie é inhumanidad dejan huellas tan profundas, que un siglo 
de reformas, aun radicales, no es bastante para hacerlas desapare- 
cer por completo. La transformación de las costumbres, del senti- 
miento y de las inclinaciones del pueblo necesita ordinariamente 
mucho tiempo. Al empezar el siglo quinto, era ya Roma cristiana; 
pero en el pueblo quedaban numerosas supersticiones que la luz 
del Evangelio no había logrado disipar completamente, y entre las 
cuales se debía enumerar el culto 3^ la gran veneración con que 
los paganos y muchos cristianos honraban el altar y la estatua de 
la Victoria. Parecía éste un paladio que aseguraba á la ciudad de 
las siete colinas el dominio del mundo; á la sombra de este altar 
parecía que Roma. podía descansar tranquila y mirar con seguri- 
dad el porvenir de su imperio. Ante la Victoria se reunían las 
asambleas de los senadores, y ante ella venían los Emperadores á 
prestar sus juramentos: resumía todas las demás divinidades ro- 
manas, representando el derecho teocrático pagano con toda su 
historia militar y política. 

Alzada por Augusto después de la batalla de Actium en la Cu- 
ria Hostilia en honor de Julio César, fué la Victoria para los ha- 
bitantes de la ciudad del Tíber la divinidad más querida. Por 
espacio de cuatro siglos, el humo del incienso y de los perfumes 
de Arabia, sin interrupción quemados sobre su altar, significaban 
claramente el cariño del pueblo para su divinidad predilecta. 
Constantino el Grande, después de la victoria del Puente Milvio, 
no se atrevió á derribarla; pero su hijo Constancio abolió este 
culto, que fué otra vez restaurado bajo el reinado de Juliano el 
Apóstata. Sus sucesores Joviano y Valentiniano el Viejo lo tole- 
raron; pero Graciano, el primero de los Césares que se despojó de 
la blanca túnica, símbolo de la dignidad pontificia, no solamente 
mandó que fuese destruida, sino además suprimió las subvenciones 
pecuniarias destinadas á su culto, á todos los sacerdotes paganos 
y á las siete últimas vestales encargadas de conservar el fuego 
sagrado. En el año 382, Símaco, Prefecto de Roma, en nombre de 
algunos senadores paganos, suplicó á Graciano restableciese éste 
culto y devolviese á los sacerdotes y á las vestales las cantidades 
suprimidas. Entonces San Dámaso, á la sazón Soberano Pontífice, 
envió á San Ambrosio una petición de los senadores cristianos, 
c-n la cual protestaban contra las pretensiones de Símaco. Gradas 
ala intervención de estos dos santos varones, el Emperador re- 



ESTUDIO BIOGRÁFIOO-CRÍTICO . 219 

chazó la súplica de los paganos. Pasados apenas dos años, bajó 
Graciano al sepulcro, y aprovechando Símaco esta coyuntura, 
presentó una nueva petición al emperador Valentiniano el Joven, 
esperando de la falta de edad y experiencia del Monarca una con* 
testación favorable; pero el obispo de Milán, acordándose de la 
carta y de la misión de que estuvo anteriormente encargado por 
San Dámaso, intervino en el asunto, y escribió contra Símaco, 
combatiendo victoriosamente todos sus argumentos. Fué tan elo- 
cuente San Ambrosio, y sus razones tan perentorias, que Valenti- 
niano no creyó justo ni conveniente escuchar las pretensiones de 
su Prefecto. No se desalentó por tantas negativas el anciano Sí- 
maco: apenas el conde Arbogasto hubo proclamado Emperador al 
gramático Eugenio, tuvo éste que rechazar dos nuevas peticiones 
en favor de la Victoria; pero Símaco, que conocía la debilidad del 
nuevo Soberano, presentó una tercera, que tuvo mejor éxito que 
las dos primeras. El culto de la Victoria fué restablecido, y Síma- 
co pudo considerarse dichoso aquel día, pero su felicidad apenas 
duró un año, pues en 394 derrotó Teodosio los ejércitos de Eugenio, 
y después de haberle decapitado, anuló todo lo que había hecho 
en favor de los ídolos. Diez años después, cuando en el reinado de 
Honorio, á quien correspondió la parte occidental en la división 
del Imperio hecha por Teodosio al morir, empezaron los godos á 
amenazar seriamente á Italia, vio Símaco en este peligro ocasión 
propicia para formular una nueva súplica, en la cual pretendía 
que para alejar á los bárbaros del centro del Imperio, era indis- 
pensable recurrir á la protección de la diosa Victoria y restablecer 
en el Capitolio su culto y su altar. Contra esta última petición in- 
vocó Prudencio su musa, y escribió dos libros para combatir este 
clamor del paganismo moribundo. El resultado de la lucha no podía 
ser dudoso: en los versos del poeta aragonés triunfó el Cristianis- 
mo para no ser ya jamás vencido, y Símaco, desesperando de ver 
restaurados el fuego de Vesta y el altar de la Victoria, se retiró 
para morir oscuramente en 409. 

Entretanto llegó á Roma un monje de Oriente llamado Telé- 
maco, el día mismo en que el pueblo solemnizaba el sexto consu- 
lado de Honorio con los crueles espectáculos de los gladiado- 
res. Parejas sin número yacían muertas sobre la arena dorada del 
Anfiteatro de Flavio ; .el pueblo, hambriento de estos bárbaros 
juegos, aplaudía frenéticamente á los campeones, cuya destreza 
había desarmado ó dado muerte al adversario . Horrorizado á la 



22^ AURELIO PRUDENCIO CLEMENTE 

vista de este inútil derramamiento de sangre humana, se lanza Te- 
lémaco en medio de los combatientes intentando separarlos; llegan 
á él las maldiciones y las piedras que le arroja la plebe furibunda 
de ver un desconocido oponerse á sus queridos espectáculos; los 
mismos gladiadores, embrutecidos, no saben ni quiénes, ni lo que 
pide, y le dan el golpe de gracia. Cayó Telémaco rogando á Dios 
que su sangre fuese la última derramada en aquel lugar santifica- 
do por el triunfo de tantos mártires. ¡El último mártir del Coliseo 
debía ser un héroe del amor al prójimo! 

Acababa entonces Prudeneio de publicar sus dos libros contra 
Símaco, que tuvieron gran aceptación en el mundo de los literatos. 
Lleno de horror Honorio por la muerte de San Telémaco, y alen- 
tado por los argumentos de la obra del poeta, firmó aquél mismo 
año un enérgico edicto prohibiendo severamente toda clase de lu- 
chas entre gladiadores, y rechazó definitivamente el último es- 
fuerzo del paganismo, que no podía todavía resignarse al derribo 
del altar de la Victoria. 

Cincuenta y seis años tenía Prudencio cuando acabó su polé- 
mica contra Símaco; las riquezas y los honores no ejercían en él 
influjo alguno; el ruido y el movimiento de la corte le eran moles- 
tos; el lujo exagerado del palacio imperial repugnaba á la natura- 
leza sencilla del poeta, y ya pensaba seriamente en retirarse á la 
vida privada. «Mis canas, dice, me avisan de cuántas veces he 
visto, después del hielo, nacer las rosas; ya ha llegado el tiempo 
de que me repita á mí mismo: A pesar de los honores que he teni- 
do, mi alma debe pronto abandonar este mundo; Dios, bajo cuya 
mano voy á caer dentro de poco, no ha sido el objeto de mis sus- 
piros. En los últimos días de esta vida mortal, permítase por lo 
menos á mi alma pecadora renunciar á su locura y alabar á Dios 
con palabras, si no puede hacerlo con virtudes. Que cante de día 
las alabanzas del Señor, y que no pase una sola noche sin que 
le dé las más expresivas gracias.» 

22 Haec dum vita vol.ms agit, 
Irn-psit súbito canities seni, 



Quam multas hyemes volyerit, <"t cosas 

Pratis post glaciem reddíderit, ni\ capitis próbat. 



ESTUDIO BIOGRÁFICO CRÍTICO 221 

Dicendum mihi: Quisquís es, 

Mundum, quem coluit, mens tua perdidit. 

Non siínt illa Dei, quae studuit, cnjns habeberis* 

Atqui fine sub ultimo 
'Si Peccatrix anima stultitiam exuat: 

Saltem voce Deum concelcbrct, si mentís nequit. 

1 lymnis continuet dies, 

Nec nox ulla vacet, quin Dominum canat. 

Dimitiendo los cargos y dignidades palatinas, separóse del ser- 
vicio del Emperador y regresó á España para dedicarse únicamen- 
te á la salvación de su alma y á la composición de sus trabajos. El 
primer fruto de este retiro fué el Ka8Tip.epivtsv (de los himnos), obra 
admirable en doce cantos, en los cuales se explaya la piadosa alma 
del poeta en acciones de gracias á Dios. Empezó en seguida el 
primer himno del Uep* a-csaavújv (de las coronas) que tuvo que suspen- 
pender momentáneamente por graves negocios que le obligaron 
á regresar á Italia. Pasando por lmola, visitó con grandísima de- 
voción la tumba del santo mártir Casiano, que le sirvió de tema 
para una de sus más hermosas composiciones. «Pasando yo por el 
Forum Cornelii (lmola), fui á prosternarme ante las reliquias de 
San Casiano, y repasaba en mi espíritu todos mis pecados y mis 
miserias. Lloré, y cuando levanté los ojos todavía bañados de lá- 
grimas, vi en un cuadro una multitud de niños que con sus estile- 
tes atormentaban á un pobre anciano. Pregunté, y el guardia del 
santuario me explicó aquel cuadro, y díjome: "Veo que tu alma 
"está oprimida por secretos dolores: si quieres hallar la paz y la 
"tranquilidad, ruega al poderoso patrono de lmola.., Hice lo que 
me dijo el guardia, y cuando derramé en ferviente plegaria to- 
dos los dolores de mi alma, sentí renacer la tranquilidad dentro de 
mi corazón. Continué mi viaje, y después de un feliz regreso, 
canto ahora á Casiano» (1). 

La estancia de Prudencio en Roma le dejó indelebles recuerdos; 
la visita á las Catacumbas le inspiró para componer nuevos him- 
nos, entre los cuales sobresale el hermosísimo en honor de San Hi- 
pólito. Más tarde compuso la obra intitulada Aji^pt^evia (del origen 



(1) Hymn. IX in Perist., v. 99 et seq. 



222 AURELIO PRUDENCIO CLEMENTE 



del pecado); á la cual siguió el poema, que podemos llamar polémi- 
co, titulado A«o8tó«c {apoteosis ó de la Divinidad) destinado á com 
batir las herejías del siglo IV y más particularmente la del dualis 
mo de Marción y. los errorres de los Gnósticos, Sabelianos, limoni- 
tas y Patripasianos. «Para coronar dignamente este sólido edificio, 
dice Amador de los Rios(l), presentaba Prudencio el Combate del 
alma ( l '*ux°f xa X Í3t ) la lucha que las virtudes y los vicios empeñan den- 
tro del corazón humano, pensamiento no presentido siquiera por 
los poetas de la gentilidad, quienes, dominados por la creencia del 
destino, despojaban al hombre de toda libertad, sometiéndole al 
infando yugo del ciego fatalismo.» La última obra del poeta ara- 
gonés es el Aitto/5'.ov, y es una serie de cuarenta y ocho cuartetos 
en que resume la historia del Antiguo y Nuevo Testamento. 

Suponen algunos autores que Prudencio murió á los setenta y 
siete años de edad; pero ningún autor contemporáneo nos ha deja- 
do el menor indicio del año y del sitio preciso en que murió el gran 
poeta. No fué la humildad la única virtud de Prudencio; sus piado- 
sos versos nos prueban su desprendimiento de los bienes de este 
mundo. Nos dice que no podía hacer grandes limosnas porque, á 
pesar de las dignidades con que fué honrado y de los altísimos car- 
gos que desempeñó, poseía escasos bienes, apenas suficientes para 
su frugal sustento (2). Todos los días celebraba las alabanzas del 
Señor; no hacía más que una comida al día, y ésta al crepúscu- 
lo de la tarde, y componíase de legumbres, miel y frutas. De cuan- 
do en cuando parece que se permitía el lujo de comer un poco de 
pescado, y absteníase por completo de los manjares compuestos 
de carnes de animales cuadrúpedos, propios, decía él, de hom- 
bres salvajes (3). 

En todas las épocas fueron muy apreciadas por los eruditos las 
obras de Prudencio, y las ediciones de sus trabajos se multiplica- 
ron en todas partes. La primera fué la de Deventer en 1472, en 4.°: 
las más modernas son la de Faustino Arévalo, Roma, 1788; de Fray 
Lamberto Gil, Zaragoza, 1803; de Obbar, Tübinga, 1845; y la de 
Dressel, Leipzig, 1860. 

Terminaremos esta sencilla biografía con el elogio que el Padre 



i Historia crítica de la Literatura española, parte i, cap. 

_' Praet. m /'cris/. 
(3) Hymn. III, Cathem. 



ESTUDIO BIOGRÁF1CO-URÍTICO 223 

Risco hace de Prudencio en la España Sagrada: "No podrá conocer 
suficientemente cuan dignas son de los elogios más relevantes las 
obras del famoso Prudencio, sino el que, después de instruido en 
todo género de letras, las leyere con particular estudio y aplica- 
ción, y la ingenuidad y nobleza de su espíritu. Tan excelentes se 
manifiestan en ellas todas las dotes de un buen poeta, que los crí- 
ticos más severos han calificado á Prudencio por el más sabio de 
los poetas cristianos. Aun Erasmo, cuya libertad é inmoderación 
en la crítica son bien notorias, se ha esmerado en prodigarle las 
más subidas alabanzas. En una parte le dedica este elogio: unus 
ínter christianos veré foecundus poeta; en otra dice que respira 
en sus poesías tanta copia de erudición y santidad, que merece ser 
contado entre los Doctores más graves de la Iglesia; en otra, final- 
mente, le llama nuestro Píndaro. Su estilo dulce, fácil y puro, 
se levanta sobre la costumbre y genio de su siglo, y llega á imitar 
el del tiempo de Augusto. Por esta razón San Sidonio Apolinar lo 
compara con Horacio, y San Isidoro, á quien tengo por autor de 
los versos que adornaban su propia biblioteca, escritos en alaban- 
za de los Padres que en ella se contenían, ensalza á nuestro Pru- 
dencio, comparándole con Virgilio, Flaco, Ovidio, Persio, Lucano 
y Papinio. Mucho más apreciables son sus escritos por el fondo de 
inestimable valor que contienen. Descúbrese en ellos una piedad 
sólida, una caridad encendida, y un amor ardiente á todo lo celes- 
tial y divino; por todas sus partes se ven esparcidos castísimos 
afectos de amor á Dios, dulcísimos sentimientos de su misericor- 
dia y humildísimas gracias á sus beneficios. Ellos describen el cul- 
to primitivo de los Santos Mártires y sus reliquias, el gran poder 
y valimiento de los mismos en la divina presencia, y encierran 
máximas excelentes de moral y hermosos ejemplos de las costum- 
bres antiguas de la Iglesia cristiana. En ellos resplandece una 
profunda erudición de las ciencias divinas y humanas; por ellos 
puede adquirirse noticia de una gran parte de la disciplina anti- 
gua, de las disputas de los filósofos, de ]os ritos y costumbres de los 
gentiles. Y lo que es más de admirar, hallánse en ellos muy fre- 
cuentemente sentencias de libros sagrados y de los Santos Pa- 
dres, prueba evidente del estudio y sabiduría de Prudencio; y los 
errores de los paganos y herejes están convencidos con tanta va- 
riedad de argumentos, que habiendo yo cotejado los discursos de 
nuestro poeta en favor de la fe con los escritos de los teólogos más 
doctos de estos tiempos, que han podido aprovecharse de tantos 



224 AURKLIO PRUDENCIO OLEMENTK 



como son los que han precedido, he hallado que trae Prudencio to- 
dos los argumentos con que hoy se vindican de las cavilaciones 
heréticas los dogmas de nuestra santa Fe. Vive en estas obras el 
aprovechamiento común, proponiéndose el mismo designio los que 
las comentaron é ilustraron por el uso de las escuelas públicas... 
Aun los heterodoxos no han querido defraudar á los suyos de este 
preciosísimo tesoro. „ 



(Continuará.) 



P. Axtoxixo M. Toxxa-Barthet, 
o. s. A. 



UH CAPITULO DE METEOROLOGÍA DIUCA 



II 



Corrientes generales atmosférioas. — Origen de las mismas en el 
calor solar.— Corriente que parte del Ecuador.— Desviación de la 
misma en nuestro hemisferio hacia el N. O. Cambio al N. E. 



Origen de las corrientes aéreas en el calor del sol. El astro del 
día, con su constante irradiación calorífica, da origen del mismo 
modo á otras corrientes del fluido aéreo más importantes que la 
descrita, y que puede considerarse como una derivación de aqué- 
llas. No sólo como consecuencia del calor solar en la zona tórrida', 
en que constantemente y en mayor escala se produce el mismo fe- 
nómeno de la elevación del aire, sino también por efecto del movi- 
miento diurno de la tierra, la atmósfera conserva en la zona ecua- 
torial la altura máxima sobre la superficie terrestre. Conviene con- 
siderar por separado las dos causas de este hecho importante. Por 
la segunda, ó sea por la fuerza centrífuga, en el movimiento diur- 
no desarrollada, el aire se eleva en el Ecuador más que en el resto 
de ambos hemisferios, y la misma fuerza tiende á conservarlo 
en las altas regiones; pero como la corriente de elevación es cons- 
tante y el aire no puede pasar en altura de un cierto límite, nece- 
sariamente se deslizará hacia uno y otro lado para dar lugar al 
que viene detrás impulsado por la misma fuerza, siempre constan- 
te y uniforme. Por la primera causa de las indicadas, ó sea por el 
calor solar, el aire se eleva del mismo modo; pero cambiando cons- 
tantemente la dirección del impulso, y por lo mismo la intensidad 
de la fuerza ascendente, según las zonas que sucesivamente va re- 
calentando el sol; el aire tiende por su propio peso al descenso, y 
desviado por la corriente ascendente, deberá deslizarse también 
hacia uno y otro hemisferio. Se ve que las dos causas contribuyen 
al mismo resultado. El vértice de la cumbre de la montaña aérea 
de que hemos hecho mérito, es ahora la línea ecuatorial ; desde 
ella, y en forma de inmenso plano inclinado, se desliza la masa 



226 UN CAPÍTULO DE METEOROLOGÍA DINÁMICA 

aérea por las últimas y más elevadas capas de la atmósfera terres- 
tre, extendiéndose sobre el uno y el otro hemisferio (1). 

Este fenómeno de constante aspiración ecuatorial no podría 
realizarse si de las zonas contiguas no afluyese el aire para ocupar 
el espacio que va quedando vacío; de modo que mientras en las 
regiones superiores la masa aérea, como majestuoso y dilatado río, 
va corriéndose hacia los polos, por las regiones más bajas córrese 
hacia el ecuador la masa aérea de los polos. Comencemos por ana- 
lizar la primera de esas dos corrientes, que unidas constituyen de 
un modo general el admirable fenómeno de la circulación aérea. 
Corriente que parte del Ecuador. Mientras la temperatura ele- 
vada del aire procedente de la zona ecuatorial se conserva más 
alta que la del aire generalmente más frío que al Ecuador afluye, 
las dos corrientes, más ó menos opuestas en dirección, forman, 
por decirlo así, dos estratos independientes, que corren á distintas 
alturas. Pero el aire ecuatorial, alejándose del foco calorífico, se 
enfría y condensa y desciende más y más, y llega á encontrarse 
con la corriente contraria; la mezcla comienza á verificarse, la 
temperatura tiende á nivelarse, las fuerzas se contrarrestan mu- 
tuamente, debiendo resultar, como consecuencia de la lucha enta- 
blada, un estado de equilibrio atmosférico permanente ó sólo acci- 
dentalmente perturbado en cuanto á los grandes movimientos 
aéreos se refiere. Y lo notable es que, de conformidad con estas 
consideraciones teóricas, la experiencia viene á confirmar la exis- 
tencia de una zona geográfica no lejana de los trópicos, en que 
acaecen los indicados fenómenos, en que la presión barométrica 
oscila entre límites muy estrechos y se conserva generalmente 
más elevada que en el resto de la superficie terrestre. 

Si los movimientos de rotación y de traslación de la Tierra no 
fueran un hecho patente, bastarían á demostrarlo las consideracio- 
nes que vamos haciendo. Si fuera el Sol el que girase en torno de 
nuestro globo durante veinticuatro horas, podría asegurarse que el 
dinamismo atmosférico apenas ofrecería otros pormenores que los 
anteriormente descritos; esas dos grandes corrientes generales, del 



(1) Al hablar en este capitulo de ecuador, linea ecuatorial, zona 
ecuatorial, nos referimos al ecuador térmico, más bien que al ecuador 
geográfico, excepto en el i aso, i orno en el párrafo anterior, en que ui- 

cho ecuador se relacione con el movimiento diurno; tná.^ lárdese com- 
prenderá mejor la distinción que ahora indicamos, 



UN CAPÍTULO DE METEOROLOGÍA DINÁMIGA 227 

Ecuador á los polos y de éstos al Ecuador con una zona intermedia 
de cruce y de mezcla y de mutua, aunque parcial, neutralización 
de ambas. La observación de los hechos demuestra, por el contra- 
rio, cosa muy distinta. Para comprender mejor todo el mecanismo 
atmosférico, y darnos cuenta de las admirables leyes á que está so- 
metido, prescindamos de toda la masa gaseosa que nos rodea, y 
fijemos la imaginación en una molécula de aire situada en el Ecua- 
dor y próxima á la superficie terrestre. 

Se comprende bien que esta molécula, como cuanto sobre la 
tierra existe, se encuentra dotada de un movimiento hacia el Este, 
comunicado por la.rotación del globo. Es evidente, por otra parte, 
que este movimiento es inferior al de otra molécula análoga situa- 
da en el extremo superior de la misma vertical, pues todo esto es 
consecuencia inmediata de las leyes de rotación de los cuerpos, 
aunque por formar nosotros mismos parte del conjunto movible, 
marchando hacia el Este con la misma velocidad que los cuerpos 
que nos rodean, este movimiento sea para nosotros insensible é 
inobservable. Dilatada, pues, la molécula de aire supuesta por la 
acción solar, elévase más y más en el seno de la atmósfera. Vea- 
mos lo que sucede y el camino que emprende. ¿Seguirá la vertical 
del punto de partida? Imposible de todo punto; porque, siendo me- 
nor su movimiento de rotación hacia el Este que el que lleva la 
molécula del extremo superior de la dicha vertical, cuándo la infe- 
rior haya llegado á la misma altura, necesariamente se hallará á 
mucha distancia al Oeste de la otra transportada velozmente hacia 
el Oriente. Es tan sencillo y fácil de com.prender esto, que bastaría 
conocer el movimiento ascensional del aire para señalar con pre- 
cisión, en un momento determinado , la posición que ocupasen 
cada una de las moléculas supuestas al llegar la inferior á las úl- 
timas elevadas capas atmosféricas. Y aquí, para nuestro intento, 
no tanto debemos fijarnos en el avance de la masa aérea hacia el 
Este por efecto del movimiento diurno, cuanto en la dirección 
opuesta, que por fin adquiere y constantemente lleva la gran co- 
rriente ecuatorial. Porque, además de lo dicho, según lo cual la 
molécula que parte elevada por el calor solar de la superficie te- 
rrestre ecuatorial, describe una trayectoria oblicua respecto de la 
vertical del punto de partida é inclinada al Oeste, hay que añadir 
otras dos causas muy importantes, que contribuyen al mismo efec- 
to: 1. a , la marea solar ya descrita y corriéndose en pos del astro de 
Oriente á Poniente; 2. a , el retraso que forzosamente experimenta la 



228 UN CAPÍTULO DE METEOROLOGÍA DINÁMICA 

masa aérea en ei movimiento de rotación diurna,. motivado por la 
fluidez del aire, ya que la atmósfera y el resto del globo no forman 
un sistema rígido de fuerzas. Esto no obstante, es bien manifiesto 
que, más ó menos retardada y aun con una resultante efectiva ha- 
cia el Oeste, la masa aérea es arrastrada por la Tierra en su mo- 
vimiento de rotación diurna hacia el Este, adquiriendo su mayor 
velocidad en esta dirección, en las regiones más elevadas de la 
atmósfera, en que dicha velocidad de rotación es siempre mayor 
que la correspondiente á las capas inferiores. 

A partir de este momento, la molécula de aire llegada á aque- 
llas alturas hállase solicitada por tres fuerzas principales: 1. a , la 
de rotación hacia el Este; 2, a , su contraria hacia el Oeste, produci- 
da por las causas ya expuestas, y 3. a , la del propio peso, que con- 
trarrestada por el movimiento ascendente de otras moléculas en 
dirección de la vertical, hace que la molécula supuesta, desvián- 
dose del Ecuador y con tendencia al descenso, se incline oblicua- 
mente hacia los polos terrestres. Veamos de seguir la trayectoria 
resultante de estas tres fuerzas. De las tres, mientras la molécula 
no se aleje del Ecuador, la tercera es la más débil. De las dos pri- 
meras, la más intensa es, sin duda, la de rotación hacia el Este. 
Suponiendo no más que una altura de 60 kilómetros en la atmósfe- 
ra ecuatorial, valor sin duda inferior á la realidad, el radio ecua- 
torial prolongado hasta este límite mide 6.438.253 metros. La mo- 
lécula aérea giraría en torno al eje terrestre con la velocidad de 
468 metros por segundo de tiempo, si formase con la parte sólida un 
todo rígido; mientras que, tocando con el suelo, la velocidad por 
segundo es menos de 464 metros. En la misma hipótesis de 60 kiló- 
metros de altura para la atmósfera, admitamos como máxima la 
velocidad ascendente de la molécula aérea 5 metros al segundo: 
tardará en recorrer los 60 kilómetros desde el suelo hasta la su- 
perficie atmosférica, doce mil segundos, equivalentes á tres horas 
veinte minutos aproximadamente. Podemos imaginarnos dos mo- 
léculas situadas, una sobre la superficie terrestre y la otra en el 
extremo de la vertical, á 60 kilómetros de altura. En los doce mil 
segundos la primera habrá recorrido hacia el Este 5.568 kilóme- 
tros, y la segunda 5.617; luego, cuando la primera haya recorrido 
los 60 kilómetros hasta colocarse á la misma altura de la segunda, 
aquélla se hallará 49 kilómetros al Oeste de ésta, precindiendo de 
la velocidad que la inferior va ganando hada el Este á medida 
que se eleva en la atmósfera. 1 A un kilómetro habrá ganado eu 



UN CAPÍTULO DE METEOROLOGÍA DINÁMICA 229 



este sentido 0,0666... metros, en doscientos segundos. A dos kiló- 
metros y en doble tiempo 0,1233... metros, y así sucesivamente; 
de modo que á los 60 kilómetros tendremos 0,0666... X 60 = 4 me- 
tros, para seguir corriendo en pos ' de la otra con la A^elocidad 
de 468. 

Así resulta, como efecto final, que la molécula inferior se ha 
trasladado al Oeste con una velocidad media de unos cuatro me- 
tros al segundo. Téngase ahora en cuenta, por una parte, que esta 
velocidad aumenta disminuyendo la fuerza ascensional, y que los 
cinco metros que hemos supuesto, son acaso demasiado. Por otra 
parte, la misma velocidad al Oeste crece proporcionalmente á la 
altura de la atmósfera, y se comprenderá con facilidad el origen y 
existencia de la gran corriente aérea ecuatorial, que á manera de 
gigantesco río gira y envuelve por la zona tórrida al globo te- 
rrestre. 

La explicación que de su causa y origen acabamos de dar, pa- 
recen os sencilla y del todo conforme con las leyes de la Mecánica. 
Generalicemos ahora estas mismas ideas para concretarlas en una 
fórmula. Sean 

a = altura de la atmósfera. 

r — radio ecuatorial de la Tierra. 

T = valor en segundos de las venticuatro horas al día; se ten- 
drá evidentemente: 

Velocidad de rotación del aire á la altura a 

2 * {r 4- a) 
V ~ T 

Velocidad en la superficie terrestre 

2 w /' 

Diferencia de ambas velocidades 

j — 2 * ( r + a "> 2nr _?_ r íL 
T T T 

Durante el tiempo t que la molécula inferior emplea en ascen- 
der á la altura a, el aire superior habrá recorrido hacia el Este el 
espacio: 

2 n (r >+ a) . . . 2 * r 

- ~ x t , v el inferior — — — x t : 



230 UN CAPÍTULO DE METEOROLOGÍA DINÁMICA 



luego á la altura a, las dos moléculas supuestas se encontrarán á 
la distancia 

2 ata 

= = d t. 
T 

Pero en t tiempo la molécula ascendente gana en velocidad de 
rotación la diferencia d; y la distancia definitiva entre las dos mo- 
léculas será en consecuencia: 

2 nat 2r.g 2 *a(t — \) 
T " T T 

valor que representa á la altura a lo que hacia el Oeste se ha des- 
viado el aire ascendente, respecto de la vertical del punto de par- 
tida. 

Este espacio, dividido por A, nos da evidentemente la velocidad 
del aire en la unidad de tiempo: de donde 

2««(/-l) 

I t S ' 

El tiempo A es función de 1# velocidad ascensional y de la altura 
a, y viceversa. Llamemos á aquélla n. Se deduce: 

n = — ó t = — 

t u 

Sustituyamos este último valor en la ecuación (t) en lugar de /. 
La expresión de V se transforma en esta otra 

v= ^tpi (2) 

Asimismo t es función de la velocidad de rotación adquirida por 
el aire ascendente y de la diferencia 

2~ a 

d = - , 
T 

de velocidades tocando al suelo y á la altura a. Llamemos ;;/ á 
aquella aceleración. Se tiene 

; d 2 v (l 

ni T ni 

Sustituyamos este valor en (1) y reduciendo se obtendrá 

F= 2 ^" / .'" / ' 3) 

Cualquiera de las tres fórmulas darán La velocidad Pde la co- 
rriente aérea superior ecuatorial, siempre que se supongan cono- 



UN CAPÍTULO DE METEOROLOGÍA DINÁMICA 231 



cidas la altura de la atmósfera y la velocidad ascendente; ó la 
misma- altura y la aceleración rotatoria del aire ascendente. Su- 
pongamos, por ejemplo a=100 kilómetros, y un metro por segun- 
do dé fuerza ascensional: / será entonces 100.000 segundos y m= 
0,00007272 de metro. Con esta hipótesis, y aplicando cualquiera de 
las (1), (2), (3), se obtiene para Fia velocidad de 7 metros y 272 mi- 
límetros. El valor de la aceleración m se puede determinar en cada 
caso y para una altura elegida, por la fórmula 

2t// 

tn = — „ 
t T 

en que h es la altura presupuesta, Tes conocido y t representará 
el momento que quiera fijarse. De forma que si por algún medio 
fuera posible medir la velocidad ascendente del aire levantado en 
el Ecuador por la acción calorífica del sol, la trayectoria de una 
molécula podría determinarse en el seno de la atmósfera con la 
misma exactitud que en un plano se puede trazar la ruta de un 
móvil cualquiera cuya velocidad y dirección nos fuesen cono- 
cidas. 

Desviación de la corriente ecuatorial hacia el N. O. en nuestro 
hemisferio. Cambio al N. E. Partimos del supuesto de que la at- 
mósfera terrestre tiene un límite superior; es decir, que el aire, 
por más que ascienda, llega á una altura en que, más ó menos frío 
por efecto de la irradiación, la fuerza ascendente es neutralizada 
por el propio peso del fluido, bien que éste pierda en densidad á 
medida que se aleja del centro de atracción terrestre. Admitir lo 
contrario, esto es, una dilatación indefinida de la atmósfera, sería 
dar por un hecho cierto que antes de muchos años perecerían la 
humanidad y los demás vivientes por asfixia, porque el aire nos 
abandonaba, sin que aquí se cumpliese la admirable ley de las com- 
pensaciones. Afortunadamente, no hay que temer este desastre, 
pues el aire, después de recorrer un trayecto más ó menos largo, 
siguiendo desde aquellas alturas la marcha aparente del Sol, como 
si quisiera mostrársele agradecido por la fuerza que le ha comu- 
nicado para subir á ellas, vuelve, como forzado por la ley que rige 
sus movimientos, á descender poco á poco. Y ¡cosa admirable! las 
mismas que lo han impulsado hasta aquellas elevadas regiones 
obligándole á emprender, su marcha definitiva de Oriente á Po- 
niente, con sólo modificarse en sus intensidades respectivas, son 
la causa que lo hace cambiar de dirección hasta casi obligarle á 



232 UN CAPÍTULO DE METEOROLOGÍA DINÁMICA 



tomarla diametralmente opuesta. Examinemos detenidamente este 
curioso fenómeno, digno de fijar la atención de cuantos se com- 
placen en admirar las leyes del Universo y en ensalzar, al contem- 
plarlas, la sabiduría infinita del Legislador que las ha impuesto, no 
menos que á los mundos estelares, á una insignificante molécula 
de aire. El lector sabrá dispensarnos si una vez más apelamos á su 
benevolencia, deteniéndonos quizá demasiado en esta materia. Pa- 
récenos que el asunto lo merece. 

Volvamos, pues, á fijarnos en nuestra viajante molécula aérea, 
y con la imaginación acompañémosla en sus largas excursiones 
por los ámbitos atmosféricos. En el momento en que cesa la fuerza 
ascensional, comienza el peso del aire á inclinarlo al descenso. Por 
otra parte, la aceleración rotatoria adquirida durante el ascenso 
ha llegado á su máximo, y en parte contrarresta la fuerza con que 
la molécula aérea marcha hacia Occidente. El peso la inclina á des- 
cender, y la aceleración hacia Oriente retarda su marcha contra- 
ria: el descenso no puede verificarse según la vertical, porque á 
ello se opone el impulso del aire ascendente. Este impulso, teóri- 
camente hablando, debe ser máximo en la misma línea ó zona 
ecuatorial térmica; luego, para nuestro hemisferio, la molécula ó 
moléculas aéreas deben desbordarse hacia el polo. Tenemos, al lle- 
gar á este punto, dos fuerzas principales; una la que causa este 
desborde, y otra la misma con que el aire se mueve al Oeste; ésta 
mayor, aquélla menor é inclinada hacia el suelo y hacia el polo; 
luego la resultante trayectoria de la molécula se desviará de la di- 
rección paralela al ecuador, y algo inclinada también, se dirigirá 
hacia el ONO. Lo que no era más que una molécula solapara 
simplificar la exposición, se transforma por las mismas causas en 
verdadero torrente que comienza á deslizarse en la dirección di- 
cha, y más ó menos inclinada respecto de la vertical de cada pun- 
to. Y como las causas señaladas no sólo perseveran, sino que cre- 
ce la densidad y disminuye la que al Oeste lo impulsaba, el aire va 
poco á poco cambiando de rumbo, y sucesivamente se dirige al 
SO., ON., O., y N.; porque á medida que del Ecuador se aleja si- 
guiendo su curso, la temperatura disminuye, y por lo mismo el 
peso aumenta; la fuerza de rotación, si bien disminuye también, 
porque la distancia al centro va siendo menor, se conserva, no obs- 
tante, superior á la de las capas más bajas de la atmósfera; y 
como consecuencia inmediata mecánicamente necesaria, el movi- 
miento se inclina cada vez más hacia el polo, y llega un punto en 



UN CAPÍTULO DE METEOROLOGÍA DINÁMICA 233 

que la dirección de la corriente se confunde con la de los meridia- 
nos geográficos. El inmenso río aéreo no detiene aquí su curso, á 
pesar de que su velocidad parece disminuirse como sucede con los 
ríos de agua en las planicies y en las curvas de sus cauces. Las 
fuerzas dichas continúan obrando en el sentido expuesto, y la co- 
rriente aérea acaba por dirigirse decididamente hacia el N. E. con 
tendencia á recurvar de nuevo desde esta última dirección hacia 
el polo ; porque la componente de rotación disminuye más y más, 
mientras que la de densidad aumenta, á medida que del Ecuador 
se aleja. 

Un hecho parecido, casi idéntico, que nos hará comprender me- 
jor este dinamismo atmosférico, ocurre constantemente en el mar 
Altántico. La gran corriente del golfo de Méjico, que desde allí 
viene con sus aguas templadas á dulcificar los climas del O. y N. O. 
de Europa, tiene su origen y describe una trayectoria análoga en 
todo y por todo á la corriente atmosférica de que venimos hablan- 
do. En efecto: este dilatado río, cuyo cauce forman las mismas 
aguas del Océano, parte, como es bien sabido, desde las proximi- 
dades del golfo de Guinea al Oeste de África, sigue paralela a! 
Ecuador hasta el continente americano, y allí, reflejado en tierra 
firme, desvíase en nuestro hemisferio hacia el N. O., invadiendo el 
golfo de Méjico, en donde recurva y de donde parte con velocidad 
creciente y en dirección N. E., ni más ni menos que como hemos 
dicho de la corriente aérea. Hay, sin embargo, una diferencia no- 
table. La vuelta de la corriente líquida, su cambio de dirección en 
el mar de las Antillas y en el Golfo, pudiera explicarse como un 
hecho de reflexión, por el obstáculo que América opone á su curso 
por la zona ecuatorial. 

En la atmósfera parece que no existen tales obstáculos, y la 
causa de la recurva hay que buscarla sólo en las fuerzas y por los 
motivos de que hemos hecho mérito. Si para explicarla recurva 
de las corrientes marinas se apelase también á las mismas fuer- 
zas, es decir, á la originada por la rotación diurna y al propio peso 
del líquido, habría que añadir que la interposición del continente 
americano coadyuvaba, no obstante, á la realización del mismo fe- 
nómeno. Más tarde veremos que hasta en la atmósfera, si no con- 
tinentes que se opongan al paso de la corriente ecuatorial aérea, 
existe algo que produce ó coadyuva al mismo efecto. Para nos- 
otros, las mismas leyes rigen el uno y el otro fenómeno, con la di- 
ferencia dé que, mientras la corriente ecuatorial marina es deteni- 

16 



234 UN CAPÍTULO DE METEOROLOGÍA DINÁMICA 

da en su curso por los continentes y como obligada á cambiar 
bruscamente de dirección, la corriente aérea gira libre en torno al 
Ecuador, desde donde se desbordan, como dejamos expuesto, las 
corrientes laterales hacia los polos. Por esto en el Océano las co- 
rrientes marinas, como la del Golfo, son ríos aislados, más ó me- 
nos extensos, al mismo tiempo que en la atmósfera la masa aérea 
superior forma un solo torrente en cada hemisferio, á lo menos 
desde el Ecuador hasta los límites de la zona tórrida. De allí en 
adelante, la regularidad del fenómeno comienza á interrumpirse, 
precisamente como en la corriente Gulf-stream al aproximarse á 
Europa, se ensancha, se divide y subdivide según las condiciones 
de los parajes por donde va pasando. Pero de esto, con relación á 
la corriente atmosférica, volveremos á tratar oportunamente. 

P. Ángel Rodríguez de Prada, 

o. s. A., 

Director del Observatorio del Vaticano. 
(Continuará.) 



EL QUID CONGRESO CIENTÍFICO INTERNACIONAL 

DE CATÓLICOS (i) 



SECCIÓN SÉPTIMA 



Filología, Arqueología y Epigrafía. 

Seis fueron las sesiones celebradas por esta sección, en las cua- 
les se leyeron varios importantes trabajos de reputados arqueó- 
logos y filólogos, dando algunos de ellos materia para interesantes 
discusiones. 

.La filología griega fué el asunto más tratado, y entre los erudi- 
tos estudios que sobre varios puntos tocantes á ello se presentaron, 
hallamos uno del Dr. Drerup, de Munich, sobre la historia del al- 
fabeto griego, según las inscripciones: otro del Dr. Gitlbauer, de 
Viena,. que tomando pie de la edición de una nueva Antología 
griega, hecha por H. Stadtmüller, propone algunas correcciones 
que, á su juicio, deben hacerse en una nueva edición, y que se re- 
fieren principalmente á varios lugares del libro vn de la de Stadt- 
müller: otro del Dr. Pawlicki, de Cracovia, sobre la importancia 
de la estilometría platónica para determinar el orden cronológico 
de las obras del divino Platón: otro del Dr. Sturm, de Eichstatt, 
dando cuenta del descubrimiento de un idilio griego, hasta ahora 
desconocido, y hallado en un manuscrito vaticano. 

El resto de los trabajos leídos en esta sección, fuera de algunos 
pocos, como el del Dr. Koschwitz, de Marburg, que trata de la re- 
forma del método empleado en la enseñanza de las lenguas mo- 
dernas, estudian algún punto de arqueología, siendo la cristiana 
el objeto de la mayor parte de las disertaciones. Así el Dr. Kirsch, 
de Friburgo, estudia la forma de las antiguas basílicas cristianas 
en *el Norte de África. El Dr. Führer, de Bamberg, da cuenta de 



(1) Véase la pág. 573, del vol. lvi. 



236 EL QUINTO CONGRESO CIENTÍFICO INTERNACIONAL 

los resultados obtenidos en su última excursión arqueológica por 
Sicilia, hecha por orden del Instituto Imperial de Arqueología en 
Alemania. El Dr. Drerup, de Munich, trata del teatro griego de 
Siracusa: el Dr. Weyman, de Munich, estudia los Epigramas del 
Papa Dámaso I: el Dr. Ohlenschlager, de Munich, se ocupa en las 
varias señales que pueden servir para reconocer las antiguas 
vías ó caminos; y finalmente, el Dr. Morawski, de Cracovia, estu- 
dia un punto de filología latina, tratando de averiguar el influjo 
que las escuelas retóricas ejercieron en la literatura latina de la 
edad de plata. 

Además de estos trabajos leídos en las sesiones públicas, hay 
otros varios presentados por autores ausentes. 

Entre éstos aparecen, uno de Mr. l'Abbé Mennier, de Nevers, 
que contiene un estudio morfológico de los pronombres personales 
latinos en los actuales dialectos niverneses. Otro .del Dr. Fr. Scer- 
bo, de Florencia, acerca de la importancia que se ha de dar á la 
Fisiología en la Glottología. Algunos, por último, estudian algún 
punto especial de literatura clásica, y entre éstos haremos men- 
ción, por lo que á nuestros literatos pueda interesar, del estudio del 
Dr. Schwering, de Mün^ter, sobre el influjo de Cervantes en la li- 
teratura alemana de los siglos XVII y XVIII. 

SECCIONES OCTAVA, NONA Y DÉCIMA 

Matemáticas y ciencias naturales. 

Estas tres secciones reunidas en una sola, celebraron seis se- 
siones, en las cuales fueron leídos y discutidos los siguientes tra- 
bajos: , 

1.° Uno del Dr. Bühler, de Tubinga, sobre el influjo de la for- 
mación geológica de un terreno en los métodos de cultivo. 

2° Otro del Dr. Weinschenk, de Munich, sobre el Eozoon ba- 
várico. 

3.° Otro del Dr. Lossen, de Konigsberg, acerca de las relacio- 
nes cuantitativas en las combinaciones or^ánieas 

4.° El Dr. Westermaier, de Friburgo, hace algunas considera- 
ciones sobre la anatomía fisiológica de las plantas, en general -y en 
particular. 

f>.° Kl Dr. Goettler, de Munich, trata acerca del problema del 



DE CATÓLICOS 237 



trazado de las curvas circulares de tercer orden y de las bicircu- 
lares de cuarto orden. 

6.° El Dr. Maier, de Shaufling, trata de los ensayos hechos con 
la luz de uranio. 

7.° El Dr. Giovannozzi, de Florencia, expone los progresos y 
el porvenir de la sismología. 

8.° El Dr. Cerebotani, de Munich, estudia el problema de la te- 
legrafía en todas direcciones. 

9.° El Dr. Hagen, de Washington, trata de las estrellas erráti- 
cas y dobles. 

10. El Dr. Schlitchte, de Biberach, expone los últimos progre- 
sos hechos en la aplicación de los rayos Róntgen á la medicina. 

12. El Dr. Almera, canónigo de la Catedral de Barcelona, ha- 
bló de las zonas graptolíticas en la mencionada provincia. 

13. El Dr. Maltatti, de Inspruk, trata de la fuerza vital.. 

14. El Dr. Baumgarten, de Wórishofen, de la hidroterapia del 
porvenir. 

15. El Dr. Backer, de París, de la unidad de la célula en su 
formación y en su desarrollo. 

16. El Dr. Eushoff trata del descubrimiento de las fuentes del 
Nilo. 

17. El Dr. Sickenberger, de Passau, habla de un aparato de su 
invención, á que ha dado el nombre de Planetarium. 

18. El Dr. Weiss, de Freising, hace algunas investigaciones 
acerca de las enfermedades de las plantas. 

19. El Dr. Wasmann, de Luxemburgo, hace algunas curiosas 
observaciones sobre ciertas especies de hormigas. 

20. Mr. l'Abbé Raclot, de Langres, habló de una rosa de los 
vientos destinada al cálculo de los medios diurnos y de la direc- 
ción del viento. 

21. El Dr. Cerebotani, de Munich, trata de un nuevo instru- 
mento geodésico universal de su invención , llamado teletopó- 
metro. 

22. El trabajo del Dr. Alfoni, leído por el Dr. Giovannozzi r 
versa sobre el valor y la interpretación de las huellas sismográfi- 
cas en los terremotos locales. 

23. Por último, el Dr. Berten, de Munich, trató de la importan- 
cia que para la salud tienen el cuidado y limpieza de la boca y los 
-dientes. 

Además, de estos trabajos leídos en las varias sesiones celebra- 



238 EL QUINTO CONGRBSO CIENTÍFICO INTERNACIONAL 

das, hay otros varios, pertenecientes á estas mismas materias, en- 
viados por autores que no asistieron al Congreso. 

Entre éstos citaremos el del Dr. Mansión, de Gante, sobre la 
demostración del teorema de J. Bernoulli; otra del Dr. Merchich, 
de Horvat-Kimle (Hungría), escrito en latín y que trata de geome- 
tría non-euclidea inepte conficta; otro del P. Toublini, de Bolonia, 
sobre la unificación del calendario; otro del P. Bertelli, de Floren- 
cia, que discute algunas hipótesis geogénicas; otro del Dr. Cirera, 
de Barcelona, que propone un método fácil para regenerar los tu- 
bos empleados para la producción de los rayos Rontgen; otro del 
Dr. Fitzpatrick, de Liverpool, sobre la flora del período carboní- 
fero; otro del Dr. Boiteux, de Versalles, sobre la génesis evolucio- 
naría de los tipos zoológicos, y otro, finalmente, del Dr. Venter, 
de Barcelona, acerca de la medicina en Cataluña del siglo XI 
al XIX. 

Eloíno Nácar, 

Presbítero. 



BIBLIOGRAFÍA 



El Delito: sus causas y remedios, por César Lombroso, traducción 
' de Bernaldo de Quirós.— Madrid. Lib. de Victoriano Suárez, 1902.— 
Un volumen en 8.° de 652 páginas. 

El autor de este libro goza de fama nada envidiable en la literatura 
de Antropología criminalista. Fundador de una escuela vana y super- 
ficial, esencialmente perversa, antifilosófica é inhumana, que tiene por 
fundamento la negación de la libertad del hombre, del mérito y el de- 
mérito, del mal y del bien, del vicio y la virtud, y por columnas del 
edificio estadísticas incoloras, insípidas é inodoras, la mejor de las cua- 
les es una mentira, ya porque se ha hecho con datos insuficientes ó es- 
cogidos, ya por la interpretación arbitraria y fantástica que muchas 
veces se dio á algunas de ellas, César Lombroso ha podido contar los 
fracasos por sus libros, si no ante la multitud de semi-analfabetos, ávi- 
dos de cosas nuevas, que le leen y admiran, ante los hombres de cien- 
cia, sensatos é imparciales; alguno, como Gastón Richard, estima que 
la escuela lombrosiana se encuentra en el período agónico. Contribuyen 
á prolongar ese estado de agonía, y á impedir que avance la muerte, 
de una parte la prodigiosa actividad del jefe de la escuela, que con 
unas cuantas medidas antropológicas, los retratos de los delincuentes, 
y ciertas combinaciones numéricas de prestidigitador, zurce un libro 
en un dos por tres; de otra, el ruido fenomenal de bombos y platillos 
con que se anuncia siempre la aparición de una obra de Lombroso; la 
candidez de tantos lectores infelices, ayunos de ciencia ó hambrientos 
de doctrinas que santifiquen el placer de la carne y de la sangre; la 
falta de inteligencias que discurran por cuenta propia, y, por último, 
el medio positivista en que respiran y se mueven. 

El presente libro va dedicado á Max Nordau "que ha recogido los fru- 
tos más fecundos,, de la escuela lombrosiana, á la cual "se ha acusado 
injustamente de haber abandonado el estudio de las causas económi- 
cas y sociales del delito y de no haber sabido sugerir ningún remedio 
contra él.„ Teniendo en cuenta la dedicatoria á Nordau, y dada la fres- 
cura proverbial de Lombroso para saltar por todos los puentes de la 
Lógica y eludir las dificultades del camino, es de temer que el remedio 
sea peor que la enfermedad. De tres partes y un apéndice consta la obra 
de Lombroso; en la primera trata de la etiología del delito, es decir, de 
la influencia que en él tienen el clima y los metéoros, las estaciones y 
los meses,, el calor y el frío, las montañas y los terrenos, la civilización 



240 BIBLIOGRAFÍA 



y la raza, la barbarie y la prensa, la instrucción y. el alcoholismo, la 
riqueza y la miseria, la herencia y la religión, la edad y el sexo, el es- 
tado y las profesiones, las cárceles y los periódicos, etc., etc. Xo nega- 
mos que entre muchas mentiras hay algunas verdades en esta parte 
primera; por ejemplo, cuando dice Lombroso que la prensa periodís- 
tica principalmente suele ser causa de delitos sin número con sus per- 
niciosos relatos; que las cárceles, como hoy se hallan, son escuelas de 
corrupción contagiosa para los presidiarios jóvenes y aun para los vie- 
jos; que la civilización, tal como hoy se entiende, en vez de atenuar, 
aumenta los crímenes en muchas ocasiones, por las luces que da á los 
delincuentes, etc., etc. Pero nos parece soberanamente ridículo, cuando 
al distribuir los crímenes por meses y estaciones, estima los meses 
como causa eficiente de los delitos. Porque si la concusión, las estafas 
y los falsificadores llegan al mayor número posible en Septiembre, Oc- 
tubre y Noviembre, es porque "entonces tienen lugar, como en ninguna 
época del año, los arrendamientos y arreglos financieros,, y toda clase 
de negocios. ¿Y qué diremos de la influencia que tienen en el crimen los 
terrenos Jurásico, calizo, granítico y arcilloso, el índice cefálico y el 
color de los cabellos, la presión aérea y las fuentes termales? Para 
convencer á los necios, tanto valen las estadísticas á que recurre Lom- 
broso con el fin de demostrar esas proposiciones absurdas, como las 
palabras de sectario con que afirma, sin prueba de ninguna clase, que 
"ningún católico italiano que ve asesinar á un hombre querrá ser testi- 
go, por costumbre contraída bajo el 'gobierno de los Papas;„ que la 
Religión sólo tiene influencia bienhechora cuando suprime las fórmulas 
del culto; que en los países de ateos y de protestantes hay menos 
crímenes que en los católicos. Aunque fuese verdad tanta mentira, era 
necesario indicar en los mapas geográficos el lugar de los países ateos; 
y en cuanto á los protestantes, Lombroso olvidó la raza; porque la 
raza y no la virtud cadavérica del protestantismo sería la causa de tal 
fenómeno. 

La parte segunda trata de la profilaxis y terapéutica del delito. ¿Qué 
seguridad y confianza puede inspirarnos el autor que resbala tan fre- 
cuentemente en el lodo y en el cieno de esa escuela donde se manchan 
todos los alumnos? ¿Qué remedios aplicará al delito y al delincuente, si 
confiesa con otro autor extraviado, Sergi, que la "moral es instintiva» 
engendra monstruos y debilita el carácter del hombre,, y que la Reli- 
gión, no sólo es inútil contra el delito, sino perjudicial, "á no ser cuando 
se halle en estado latente y se transforma en pasión violenta?.. En cam- 
bio, "con el pletismógrafo de Mosso se penetra con exactitud matemá- 
tica en lo más recóndito del alma criminal,, ¡y vean ustedes! les frutes 
la excursión en ésta y en la tercera parte, síntesis y aplicación de las 
de penas. Con el libre cambio, el ensanche- de las calles, las autopsias, 
el matrimonio de los cufas, la abolición de las romerías y sobre todo de 



BIBLIOGRAFÍA 241 



las comunidades monásticas "tan inclinadas al odio y á la maldad," y 
del celibato eclesiástico, aunque no es el que da mayor contingente de 
crímenes de pederastía..., se evitarían los delitos contra las costumbres, 
los envenamientos, los robos, el contrabando y las violaciones. El di- 
vorcio sería el mejor antídoto contra los delitos sexuales; no importa 
que se disuelva la familia. Para evitar la pereza y la lascivia precoces, 
no hay remedios más excelentes que la gimnasia, los paseos y las dan- 
zas al aire libre!! El problema social se resuelve de una vez para siem- 
pre con la equitativa retribución del trabajo, ejerciendo la caridad, 
pero "no con el antiguo espíritu monástico, sino conforme al espíritu 
nuevo.,, Dom Bosco y Bartolomé Longo no pueden compararse con el 
Dr. Barnaldo (protestante), los Baptistas y los que dirigen el "Ejército 
de Salvación. „ Es verdad que Lombroso tiene pocas noticias de la ca- 
ridad católica (pág. 395) y le ha costado mucho el saberlas (ib. ib.). 
Para evitar los crímenes de mujeres, como las riñas, el robo, etc., lo 
mejor es, en vez de la prisión, cortarlas el pelo, porque de esa manera 
se hiere la vanidad femenil. No debe castigarse el aborto (pág. 553) 
porque no es delito; la madre, y sobre todo la soltera, es libre y tiene 
derecho á hacer lo que le plazca. Tampoco debe castigarse el infanti- 
cidio, pues el niño muerto era una carga y una deshonra: la prisión es 
perjudicial á los jóvenes y á los viejos: para el delincuente pasional, 
el remordimiento es el castigo mayor (pág. 558); no merece penas el 
cómplice en el suicidio, porque este acto no sólo no es crimen, sino una 
mejora y una ventaja para la sociedad. A los duelistas y á los difama- 
dores debe dejárseles en libertad, porque no causan daño ni ofrecen 
peligro de ninguna clase (pág. 563). El adulterio es inmoral, pero no 
merece castigo, como tampoco los delincuentes de la política, que son 
enajenados y dignos de lástima (pág. 558). El único remedio contra los 
delitos que merezcan penas, está en el Probation System de los Esta- 
dos Unidos, sobre todo para los jóvenes criminales que no vuelven á la 
sociedad sino cuando se han trocado en tímidos corderos. Todo debe 
quedar absuelto, porque el delito no depende de nuestra voluntad, 
como tampoco la locura. Sin embargo, en ocasiones conviene la pena 
de muerte, como pena de justicia relativa, cuando el criminal es rein- 
cidente por tercera vez ó cuarta. 

El delito es un fenómeno natural, como la muerte y el nacimiento 
del hombre, y como ellos necesario; todo mal moral es efecto de males 
físicos. En el criminal nato, de escasa capacidad craneal, de frente 
hundida, de huesos wornianos, de mandíbulas enormes, de prognatismo 
notable, de grandes orejas y apéndice lemúrido, de costillas y vérte- 
bras supernumerarias, zurdo ab initio, de caninos salientes y de cal- 
vicie y canicie tardías, etc., etc., son irresistibles todos los impulsos. 
¿Que por qué se le castiga si es incorregible? ¡Ah! Si es necesario el 
delito, también es necesaria la defensa, fundamento de las penas; y 



242 BIBLIOGRAFÍA. 



así como se levantan diques para contener un torrente, así deben le- 
vantarse para contener los crímenes: debemos librarnos de los crimi- 
nales como de las fieras. Pero no conviene matar al criminal, si no es 
en rarísimas ocasiones; lo que conviene y urge es reformarle con la 
cultura, utilizando después sus energías. "No está lejano el tiempo en 
que veamos en la humanidad la eliminación de las plantas carnívoras 
y la multiplicación de las simbióticas. „ 

Tales son, en resumen, los corolarios de esta pseudo-ciencia que 
nació en un manicomio, continuó en un presidio y terminará exponién- 
dose en una jaula de fieras. Carnívora y criminal nata, todas las sim- 
biosis imaginables, todos los sistemas penitenciarios futuros, aun los 
más excelentes, no bastarán a curarla. Si en alguna ocasión es lícita 
la pena de muerte, nunca mejor que ahora debe decretarse contra esa 
escuela, reincidente por décima vez: sería una gran mejora para la 
sociedad. Porque de ese modo quedaría seca en parte una de las fuen- 
tes envenenadas del crimen; la de las malas lecturas. Y se lograría 
atenuar los impulsos selváticos del atavismo. 

Los traductores que contribuyen á difundir las lecturas perversas 
con bibliotecas de pedantes, escogiendo lo peorcito de las obras extran- 
jeras, son responsables, ante Dios y ante la sociedad, de su obra mala. 
Merecen, por lo menos, que se les aplique el Probation System y el 
pletismógrafo de Mosso. Esta obra está condenada por la Iglesia y por 
la Filosofía, por la Ciencia y por el Arte, por la educactón y el sen- 
tido común.— P. Z. Martínez Núñez. 



Triunfos del amor de Dios, por el P. Fr. Juan de los Ángeles, (re- 
impresión), Madrid.— Librería de Gregorio del Amo, 1901. 

Idea noble y fecunda la de propagar por medio de nuevas reimpre- 
siones las obras de nuestros ascéticos y místicos, especialmente aque- 
llas cuyos ejemplares más escasean, y en las cuales resplandecen de 
un modo maravilloso el valor intrínseco de la especulación doctrinal y 
las excelencias de una forma literaria más acabada y admirable. 

El libro de Fr. Juan de los Ángeles: Diálogos de la conquista del 
reino de Dios, apareció hace algunos años, llevando al frente una in- 
troducción ó estudio crítico del atildado y castizo escritor D. Miguel 
Mir. Para justificar las grandes y calurosas alabanzas con que el ilus- 
tre prologuista encomia el mérito excepcional del autor de dicha obra, 
no hay cosa más á propósito que leer con algún detenimiento aquellos 
diálogos tan luminosos y regalados, y proseguir la lectura con los 
Triunfos del amor de Dios. Este tratado os de Lomas rico y sustan- 
cioso que produjo la escuela franciscana, toe ante á filosofía del amor; 
V, además del conocimiento psicológico, que es completo y verdadera- 



BIBLIOGRAFÍA 243 



mente profundo, hay en ese libro tanta dulzura de lenguaje, un estilo 
tan apacible y hermoso, tal variedad y limpieza de frase y, para ex- 
presarlo todo en una palabra, un arte tan natural y supremo en la 
narración, que son contados los autores clásicos que se leen con tanto 
gusto y deleite. Verdad es que Fr. Juan de los Angeles logró la envi- 
diable suerte de vivir en aquellos tiempos en que la lengua castellana 
llegó al período de sazón perfecta y á tan alto grado de esplendor, que 
pudo ser, y fué de hecho, instrumento de comunicación de los divinos 
amores é intérprete maravilloso de las trazas y grados con que obra 
la gracia en las almas, y oráculo de las ansias encendidas y de los go- 
ces suavísimos que experimenta el corazón de los fieles amantes al 
entregarse de lleno á las dulzuras del Amado. Pocos escritores alcan- 
zaron hermanar en unión tan íntima y fecunda la riqueza del asunto, 
el orden en la exposición y los prodigios de la forma artística , como lo 
consiguió el dulcísimo franciscano cuyas obras recomendamos con 
toda el alma á cuantos no sean de los que él llamaba bachilleres del 
mundo, y conserven un ápice de sentido estético para apreciar tales 
maravillas de doctrina y de dicción. Quien tenga nuestro juicio por 
desmedida alabanza, ó quizá por estímulo de anuncio editorial, que lea 
la introducción citada del P. Mir, ó el magnífico elogio que consagra 
al autor el Sr. Menéndez Pelayo en el segundo tomo de la Historia de 
las ideas estéticas, si es que no puede apreciar con la simple lectura 
del libro que anunciamos, la razón que justifique estos encarecimien- 
tos.-/ 3 . R. del Valle. 



Laureles: Obras poéticas de D. Ángel del Arco, Correspondiente de 
la Academia de la Historia.— Tarragona, Imp. deF. Aris é hijo, 1901. 

Con decir que las composiciones incluidas en este volumen han ob- 
tenido el honroso título de Laureles en los tribunales de certámenes 
públicos, excusaría toda crítica ulterior y la exposición de las razones 
en que pueda fundarse todo encarecimiento y alabanza, de no haberse 
hecho tan general la aversión á cuanto procede de los juegos florales. 
Sin discutir aquí la sinrazón de tal antipatía, podemos afirmar que el 
Sr. D. Ángel del Arco es un poeta de ideas sanas, lo cual no es de poca 
monta hoy en día, de sentimiento sincero, de versificación desembara- 
zada y sonora, poeta que posee brillante fantasía y que canta asuntos 
levantados y generosos. La justicia nos mueve á decir también que no 
es de esos escritores que encarnan las ideas y sentimientos de una 
edad, y en los cuales habla la voz de todo un pueblo, como acontece 
en los genios de excepcional grandeza; pero como todo es relativo, 
entre las áureas medianías merece puesto de honor y sincera ala- 
banza, y ya que los dii majores de la poesía son harto raros siempre, 



244 BIBLIOGRAFÍA 



tributemos nuestros elogios á los que mantienen encendido el fuego 
sagrado de la inspiración en esos períodos de escasez y penuria que 
se suceden entre la pérdida de un genio verdadero y la aparición de 
otro.— P. R. del Valle. 



Economía, por D. Adolfo Buylla y Alegre, Catedrático de la Uni- 
versidad de Oviedo.— Barcelona, Juan Gili. 1901. 

Con gran alteza de miras y sumo provecho para la cultura nacio- 
nal viene publicando el Sr. Gili una biblioteca de Manuales enci- 
clopédicos, en que con criterio ortodoxo, con claridad de método, y con 
la mayor brevedad posible ofrece al público diversos tratados científi- 
cos y literarios, escritos por ingenios reputadísimos en las materias que 
exponen, y puestos á la venta en condiciones de baratura casi inconce- 
bible. Digna de todo elogio es indudablemente tan fecunda empresa, 
de la que pueden redundar grandísimas ventajas á cuantos deseen co- 
nocer en poco tiempo y sin coste alguno apenas, las cuestiones fun- 
damentales y cuanto atañe á cualquiera de las materias contenidas en 
esos volúmenes. Hemos leído los Elementos de literatura preceptiva 
y de Estética, por D. Manuel Pereña; la Historia de los conflictos in- 
ternacionales, por D. Joaquín Fernández Prida; un tratado histórico 
de Organografía\ musical antigua española, por el Sr. Pedrell, y 
ahora acaba de ponerse á la venta un compendioso y acertadísimo 
estudio de Economía, del Sr. Buylla. 

En todas estas obras resplandecen la claridad y sencillez en la expo- 
sición, orden y método en el plan, y sobre todas estas cualidades, sumo 
gusto en ceñirse el autor á lo principal, prescindiendo de largas digre- 
siones y de cuanto pueda oscurecer el asunto capital. Es, sin duda, el 
procedimiento más acertado y el que mayor utilidad puede reportar á 
los lectores; y bien merece esa biblioteca el aplauso y ayuda de los 
amantes de las buenas enseñanzas y de la divulgación científica y lite- 
raria. En este trabajo del Sr. Buylla, además de todo lo concerniente á 
la economía, como son el concepto y principios generales de la misma, 
los diversos estudios comprendidos en las ideas de consumo de indus- 
tria y relación de cambio, hay una historia sucinta y completa á la vei 
de las doctrinas económicas, abarcando desde las teorías de los países 
de Oriente y las de Grecia y Roma, hasta las múltiples formas del so- 
cialismo moderno. 

Con verdadero entusiasmo felicitamos al Sr. Gili por la propaganda 
cristiana y científica que está llevando á cabo en su biblioteca de Ma- 
nuales enciclopédicos, lo mismo que en la de Escritores católicos, y 
la famosísima Biblioteca elzevir, donde recoge 1<>s frutos más precio- 
sos déla literatura contemporánea.—/ 5 . R. del Valle 



bibliografía 245 



De genuino morali systemate S. Alphonsi.— Dissertatio irenico- 
critica, auctore D. Majólo de Caigni, O. S. B.— Brugis, Desclée, de 
Brouwer, et Soc., 1901.— En 4.°, de 312 páginas; precio: 5 francos. 

Poco tiempo hace, hablamos en esta sección de otra obra del sabio 
P. Mayeul, en la que demostraba, no sólo la licitud, sino la posible con- 
formidad completa del equiprobabilismo y del probabilismo moderado, 
que son las dos opiniones en que andan divididos los partidarios de la 
doctrina moral de San Alfonso. Muchas é importantísimas ventajas ha- 
bían de seguirse á penitentes y confesores, indicaba allí el ilustre be- 
nedictino, de la conciliación sincera entre unos y otros, además de ser 
único, según todas las probabilidades, el sistema enseñado por el escla- 
recido obispo de Santa Águeda. A realizar esa conciliación ha dedi- 
cado durante largo tiempo el autor, su talento y actividad, y á ese fin 
nobilísimo dirige ahora también la exposición que en la presente obra 
Jhace del sistema moral genuino de San Ligorio. 

Se divide en dos partes generales que el autor llama histórica y ju- 
rídica. Como quien ha seguido paso á paso las vicisitudes todas que ha 
presentado en la historia y aún presenta en nuestros días tan famosa 
controversia, hace el P. Mayeul en la primera parte, libre de todo pre- 
juicio y apasionamiento, una sustanciosa síntesis de las infundadas in- 
terpretaciones que tanto los probabilistas como los equiprobabilistas 
han dado á algunos testimonios de San Alfonso; é inteligente conoce- 
dor él, no sólo de la letra, sino del espíritu de la doctrina del santo 
Obispo, se propone demostrar con pasajes de sus diversas obras, escri- 
tas en diferente tiempo, cómo San Ligorio abrazó virtualmente ya des- 
de el principio el probabilismo moderado, que después nochizo otra cosa 
que exponer con más luminosa claridad, establecer con creciente fir- 
meza y aplicar con mayor seguridad y rectitud, perfeccionándole poco 
á poco de tal manera, que si bien parece haberle cambiado después 
quoad partem integralem, nunca, sin embargo, en cuanto á su sustan- 
cia. En la parte jurídica, después de largos y eruditos preliminares 
acerca de la naturaleza de la duda, de la opinión probable y de la 
certeza moral, para cuyo esclarecimiento acude con frecuencia á las 
fuentes puras y autorizadas del Angélico Doctor y de San Alfonso, 
establece y prueba que entendió el Santo por opinión certe notabiliter- 
que pvobabilior, suficiente para engendrar certeza moral, la que subje- 
tivamente así parece al confesor, y que en la práctica se confunde con 
la notabiliter probabilior y totalmente distinta de la moraliter et per 
se probabilissima. . 

Si en teoría consigue ó no el P. Mayeul realizar esa tan deseada con- 
ciliación, no nos creemos nosotros autorizados para declararlo así, y 
mucho menos teniendo en cuenta que tanto en el probabilismo como en 
el equiprobabilismo, militan defensores de talento indiscutible y fama 



246 REVISTA CIENTÍFICA 



reconocida; pero deseamos de corazón que en bien de todos cesen esas 
polémicas, generalmente inútiles é infecundas, y unos y otros se den 
un abrazo fraternal. Por nuestra parte nos limitamos sólo á recomen- 
dar el detenido estudio de la obra del sabio benedictino.— P. G. An~ 
tolin. 



Jos. Antonelli Sac— Pro coxceptu impotente et sterilitatis relate 
ad matrimoniüm.— Roma, Pustet, 1901.— En 4.°, de 115 págs, 

Publicó el año 1900 el Sr. Antonelli la primera edición de este folle- 
to, refutando algunas opiniones de Eschbach; mas contestado por éste, 
edita ahora la segunda, deshaciendo sus reparos y confirmando con 
nueva doctrina sus anteriores aseveraciones sobre este asunto. Además 
de su ilustrada competencia, invoca el autor en su estudio los últimos 
experimentos de la fisiología moderna.— P. G. Antolín. 



Apuntes HiSTÓRico-CRÍTicos5o¿>r^ algunos escritores eclesiásticos anti- 
guos y modernos, por el Dr. D. Eduardo Juárez de Negrón y Valdés, 
presbítero.— Valladolid, Imprenta de José Manuel de la Cuesta, 1901. 
En 4.°, de 143 págs. 

En tan corto número de páginas no era posible hacer un estudio 
completo de cincuenta y cuatro escritores, casi todos ellos de fama 
universal y grandísima importancia en la historia de la Iglesia, y así 
lo reconoce el autor en las siguientes palabras: "Cierto que nuestro 
libro no merece el título de obra elemental, ni tampoco tiene el ca- 
rácter de una historia crítica en relación con las exigencias de la 
ciencia; nos limitamos á modestos y sencillos apuntes, escritos sin 
pretensiones de ningún género. „ Mas dentro de la naturaleza de 
apuntes no se puede negar que ha sabido el Sr. Juárez, con la lim- 
pieza y claridad de estilo demostrada ya en otras obras, hacer sus- 
tanciosas síntesis, presentando en pocas líneas el carácter general 
y distintivo de cada escritor, dando así reunido lo que es fruto de 
largas vigilias y prolongados estudios. A quien entienda algo de este 
linaje de estudios y tenga en cuenta la multitud de datos que ha de 
manejar el autor, no le debe sorprender encontrar todavía algunas 
afirmaciones, que si en algún tiempo pudieron tener probabilidades á 
su favor, hoy están ya totalmente desmentidas, como sucede ron la 
patria del insigne Fr. Luis de León. I >c todos modos, juzgamos la pre- 
sente obra de indiscutible utilidad para cuantos deseen común- en 
poco tiempo la obra realizada cu las ciencias y en las letras por esa 
gloriosa pléyade de escritores eclesiásticos. 



BIBLIOGRAFÍA 247 



Termina el Sr. Juárez su obra demostrando la importancia del estu- 
dio de los Santos Padres y escritores eclesiásticos, invitando á él con 
su acostumbrada elocuencia á cuantos formen y militen en el glorioso 
ejército del Catolicismo. Si nuestro parecer desautorizado algo valiera, 
le uniríamos con gusto al del autor. No seamos los españoles los últi- 
mos en ese hermoso despertar de esta clase de estudios en el extranje- 
ro.— P. G. Antolín. 



La Verdad cristiana: Cartas á un librepensador, por D. Francisco 
García Cuevas, Magistrado de los Tribunales españoles. Con licen- 
cia de la Autoridad eclesiástica.— Madrid, R. Velasco, impresor: 351) 
páginas en 8.° mayor, rúst.: 5 pesetas. 

La activa y constante labor anticristiana y antimoral de los repre- 
sentantes del mal llamado pensamiento libre, favorecida por la igno- 
rancia y credulidad de los que sólo ven y juzgan por el prisma del pe- 
riódico sectario y del libro que, á nombre del progreso, infiltra en las 
almas el veneno de la irreligión, produce como consecuencia triste, 
aunque lógica, la confusión más espantosa en las ideas sobre los princi- 
pios fundamentales del cristianismo y el aumento creciente de la indife- 
rencia, que abre de día en día más profundo el abismo entre la religión 
católica y el pueblo. En semejantes circunstancias nunca se recomen- 
darán bastantemente obras como La Verdad cristiana, que contribu- 
yan á ilustrar las inteligencias entenebrecidas con las predicaciones 
del racionalismo; que instruyan á los que blasfeman de lo que ignoran, 
demostrándoles que los católicos no creen á ciegas, sin reflexión ni es- 
tudio, sino de Una manera racional; que reanimen los sentimientos cris- 
tianos, adormecidos; refuten una vez más los sofismas y errores de los 
enemigos de la fe; manifiesten la hermosura incomparable del Cristia- 
nismo, y proclamen los beneficios prestados á la moral y cultura de los 
pueblos. Todo lo abraza el libro del Sr. Cuevas, escrito en estilo senci- 
llo, sin pretensiones de maestro, ni profundas indagaciones filosóficas 
ni científicas, pero sí rebosando un sentimiento profundamente cristia- 
no que cautiva y hace agradable la lectura. En la obra que anun- 
ciamos encontrarán nuestros lectores un tratado expositivo donde se 
dilucidan los puntos más importantes de la Religión, como el Credo, 
los Sacramentos, etc., sirviendo, por consiguiente, de guía al católico 
que desee profundizar algo en el conocimiento de sus creencias, al sa- 
cerdote en sus exhortaciones catequísticas, y, finalmente, al que ofus- 
cado por la duda busque desapasionadamente la luz de la verdad. 
— P. L. Conde. . . 



218 BIBLIOGRAFÍA 



El deber jurídico social , por D. Manuel Muñoz Flores, presbítero. 
Madrid, 1900; 254 páginas. 

Dice el autor en el prólogo á la presente obra que las ideas en ella 
desarrolladas "son muy viejas y de todos sabidas,, y que se mantiene 
ajeno á todo proselitismo de escuela, porque cree "que lo natural no ne- 
cesita aprenderlo de nadie, „ pudiendo estudiarlo á la luz de la propia 
razón, atenta únicamente al pensamiento de la Religión católica. Con 
esto conocen ya los lectores el carácter del libro que anunciamos. Sin 
embargo, creemos que el autor piensa demasiado humildemente de sí 
mismo, al decir que las ideas por él emitidas son del dominio de todos, 
aunque constituyan un legado de la antigüedad. Sabemos el descon- 
cierto que reina entre los partidarios del Derecho nuevo para explicar 
lo que es el deber, la solidaridad, el progreso, la potestad civil, etc.; y 
el esclarecimiento de los principios del derecho natural y el recuerdo 
de la gran tradición cristiana, la única que puede poner orden en la pre- 
sente anarquía de los espíritus, siempre serán un mérito para todo es- 
critor que aspira, en la medida de sus fuerzas, á remediar los males 
que padecen las sociedades contemporáneas. 

Dedica el Sr. Muñoz los tres primeros capítulos al estudio de la per- 
fectibilidad individual y social del hombre y al del Deber en general y 
el Deber jurídico que le sirven como preliminares para el tratado de la 
sociedad, en la que considera sus leyes (Solidaridad, Amor, Libertad, 
Progreso), su más alta representación (Autoridad), y los fines de ésta 
en relación con las necesidades ó medios de perfección del individuo 
que pertenecen al orden material (Propiedad, Trabajo), al orden moral 
(Instrucción, Educación). La doctrina por el autor sustentada es la tra- 
dicional de los autores cristianos, expuesta en forma de disertaciones 
concienzudas, que revelan en él completa posesión del asunto y un co- 
nocimiento general (aunque no pretenda manifestarlo) de las teorías 
racionalistas del siglo pasado. Los capítulos referentes al ejercicio de 
la potestad civil, á la propiedad y al trabajo con las múltiples cuestio- 
nes allí debatidas, nos parecen, si no los de más valor, por lo menos los 
que despiertan mayor interés, aunque á juicio nuestro debiera el autor 
haberse extendido algo más sobre los límites de la intervención del 
listado en la economía y sobre las atribuciones de la Iglesia cómo cus- 
todia del orden moral en los pueblos. Quizás en nuestra diversa apre- 
ciación acerca de la importancia mayor de los últimos capítulos influya 
el defecto capital que encontramos en toda la obra, pero sobre todo en 
la primera parte, y es la Imprecisión y vaguedad de conceptos, la en- 
mienda ó correción constante dirigida á aclarar las ideas y el desaliño 
total de la forma que hacen penosa la lectura y producen una impresión 
desfavorable y muy diversa de la que merece el fondo excelente del 
libro. I\ Benito R '. Gonzdlen* 



BIBLIOGRAFÍA 249 



Primera fase de la evolución social y política (La familia antigua: 
su carácter general).— Memoria doctoral de D. José R. Carrascosa 
y Molero, Licenciado en Derecho civil y canónico.— Orense, 1901, 
en 8.°; 82 páginas. 

La familia, como primer tipo de organización social, sus fundamen 
tos, composición y carácter, constituyen el objeto del presente estudio, 
que' el autor divide en dos partes; en la primera examina y combate las 
teorías sociológicas contrarias á la precedencia histórica del patriarca, 
do, y en la última investiga el carácter general de las primitivas socie- 
dades, fundándose en los datos que nos suministra la historia respecto 
de los tiempos del antiguo patriarcalismo. No hemos de escatimar elo- 
gios al autor de esta preciosa obrita, que llamamos así atendiendo 
únicamente á su poco volumen, y que merecería llamarse Obra grande, 
no sólo por la magnitud de las cuestiones que encierra, sino también 
por la exposición clara y por las galas del estilo con que ha sabido pre- 
sentárnoslas el joven abogado Sr. Carrascosa.—/ 5 . Benito R. González 



17 



REVISTA CIENTÍFICA 



SUMARIO: Noticias astronómicas . —Sobre la naturaleza de los ra- 
yos en bola. -El Fotógrafo fono— El Selenio y el Radio— £1 re- 
sonador Oudin y los rayos X Constitución del aire —Datos y 
descubrimientos químicos. Navegación aérea— Telegrafía sin 
hilos. 



A pesar de la irregularidad con que ha venido publicándose la sec- 
ción presente, hemos procurado que constasen en ella los descubrimien- 
tos y aplicaciones científicos de importancia, cuyo conocimiento podría 
interesar á la mayoría de los lectores de La Ciudad de Dios. En lo su- 
cesivo, mientras dificultades de ajuste ú otras exigencias de nuestra 
publicación no lo impidieren, daremos una reseña mensual con el ca- 
rácter antes apuntado y con el propósito de vulgarizar noticias que por 
su índole merezcan ser del dominio de toda persona ilustrada. Reco- 
giendo los datos y observaciones que pertenecen al período de tiempo 
transcurrido desde la fecha de la última crónica á la actual, podemos 
ampliar nuestra información sobre la nueva estrella de Perseo con los 
resultados obtenidos por Deslandres en el estudio espectroscopio) del 
mencionado astro. Dirigíanse principalmente los esfuerzos del astróno- 
mo francés á comprobar la existencia de las rayas verdes característi- 
cas de las nebulosas, hecho que el observador citado sólo se atrevió á 
afirmar como muy probable, pero que posteriormente ha recibido plena 
confirmación en Pulkova, y se halla en perfecto acuerdo con las trazas 
de materia nebulosa que al Sur del astro aparecen en las fotografías 
sacadas en Konigstuhl por M. Wolf . De todo ello parece deducirse que 
la Nova Persei^ con sus fases alternativas de brillo creciente y decre- 
ciente, en que ora predomina la luz de las protuberancias solares, ora 
la de las nebulosas, pasa en la actualidad por el período crítico de su 
constitución definitiva en estrella nebulosa. 

—El estudio de los electos de refracción, que sirve á los astrónomos, 
entre otras cosas, para reconocer la existencia de atmósfera en los pla- 
netas, ha permitido á M. Perrin demostrar una vez más el enrareci- 
miento extremo de la materia constitutiva de los cometas, incapaz de 
producir desviación alguna ¿preciable en la dirección de les rayos lu- 
minosos que la atraviesan. No obstante la sensibilidad y precisión del 
aparato empleado en la determinación de la distancia angular de dos 



REVISTA CIENTÍFICA 251 



estrellas, ha sido imposible reconocer la menor variación de la misma 
en el momento de observarla á través del núcleo del cometa 1899, 1. 
Esta extraordinaria tenuidad explica las frecuentes deformaciones 
que experimentan la mayoría de los cometas bajo la influencia de la 
atracción y de otras causas, dificultando el reconocimiento de los que 
son considerados como periódicos. 

—El estereoscopio, que hasta ahora se ha considerado como instru- 
mento puramente recreativo, cree M. Hamy que es susceptible de ser 
aplicado á investigaciones astronómicas, prestando valiosos servicios á 
la ciencia, ya sólo, ya en combinación con otros aparatos. Sabido es que 
la impresión del relieve producida por el estereoscopio nace de la su- 
perposición de las dos imágenes que se obtienen fotografiando un objeto 
cualquiera desde dos puntos que den las perspectivas correspondientes 
á cada ojo. Para vistas estereoscópicas de edificios y paisajes se em- 
plean ordinariamente cámaras de doble objetivo, cuya separación re- 
produce el relieve de los objetos más próximos, pero no el de los situa- 
dos á distancias tales que en su comparación la de los objetivos venga 
á resultar inapreciable. Aun tratándose de éstos, puede, sin embargo, 
conseguirse el mismo fin, aumentando en la proporción conveniente la 
distancia de donde se toman las fotografías; y al efecto se emplea una 
cámara sencilla que se sitúa en puntos previamente determinados de 
la dirección perpendicular al rayo visual. Por lo que hace á la Luna, el 
movimiento mismo de balanceo en longitud y latitud, conocido con el 
nombre de libración, hace variar la perspectiva de los relieves del he- 
misferio que mira á la Tierra, siendo de consiguiente posible tomar 
desde un mismo punto y en épocas oportunas fotografías superponibles 
estereoscópicamente y que produzcan el resultado apetecido, conforme 
lo ha demostrado' en la práctica M. Julio Franz. Las estrellas que tienen 
paralaje anual apreciable podrán ser reconocidas fácilmente, mediante 
el estereoscopio, en fotografías obtenidas en fechas distantes entre sí 
seis meses. Pero de donde M. Hamy se promete la aplicación más impor- 
tante del estereoscopio es de la combinación del mismo con los apara- 
tos de dispersión. "Imaginemos, dice, que se obtienen dos fotografías 
de una imagen monocromática de un astro que presenten detalles bien 
definidos empleando dos aparatos dispersivos idénticos, y dispuestos 
de modo que el sentido de la dispersión difiera en 180° en las dos prue- 
bas. En virtud del principio Doppler-Fizeau, los puntos del astro móvi- 
les sobre la línea de puntería serán separados por la dispersión, y sus 
imágenes desviadas en dirección opuesta en los dos clichés. Colocados 
éstos en el estereoscopio, deben producir la ilusión de un relieve cuyo 
espesor dará la representación geométrica de los valores relativos de 
las velocidades correspondientes á los diferentes puntos del astro obser- 
vado.,, Los movimientos interiores de las nebulosas gaseiformes, los de 
Ja atmósfera solar, corona exterior ó interior, etc., son también fenó- 



252 RM VISTA CIENTÍFICA 



menos acerca de los cuales el procedimiento indicado suministraría 
datos nuevos é interesantes. 

—Una de las manifestaciones más curiosas de la electricidad at- 
mosférica es la que da origen á la formación de globos de fuego deno- 
minados rayos en forma de bola. La reproducción artificial del metéo- 
ro la había conseguido G. Planté hace años, pero sin llegar á una ex- 
plicación satisfactoria acerca del modo en que el fenómeno se engendra 
en la naturaleza. Modernamente M. Hesechus, después de varias expe- 
riencias que le han llevado á obtener, mediante corrientes alternativas 
de alto potencial, esferoides de fuego exactamente iguales á los obser- 
vados en el desarrollo de algunas tempestades, ha emitido la hipótesis 
de que la citada variedad del rayo consiste en una masa de nitrógeno 
puesta en combustión por descargas defuertes oscilaciones. La manera 
de operar de M. Hesechus es como sigue: coloca un recipiente lleno de 
agua cerca de un transformador de corriente alternativa de 1000 voltios, 
y pone uno de los polos de ésta en contacto con la superficie del líquido, 
uniendo el otro polo á una placa de cobre dispuesta horizontal mente so- 
bre el agua y á una distancia de dos á tres centímetros. Desde que la 
máquina comienza á funcionar, brotan de todos los puntos de la placa 
penachos de rayos envueltos por una llama clara que se transforma al 
poco tiempo en un esferoide coloreado unas veces de rojo ó amarillo y 
otras de azul, violeta ó blanco, según los cambios de tensión déla 
corriente. Dicha masa ígnea se fracciona en otras de forma análoga, 
dotadas de una movilidad extrema que pasan constantemente de un bor- 
de á otro de la placa, acompañando su movimiento de un ruido particu- 
lar, y reflejando en suma las particularidades todas que se refieren de 
los rayos en forma de bola. Sea ó no la hipótesis de Hesechus la ver- 
dadera explicación del fenómeno natural, la experiencia descrita me 
rece ser consignada como la más á propósito para dar en los gabinete- 
de física, bien surtidos, una idea del modo con que el extraño metéoro 
eléctrico puede verificarse. 

—En la crónica anterior se nos ofreció ocasión de describir el telegrá- 
fono de Waldemar Paulsen, haciendo notar sus ventajas sobre el fonó- 
grafo, en calidad de registrador telefónico; el nuevo aparato de qué á 
continuación vamos á dar idea á mi< Stros lectores, al par que se presta 
A idéntico objeto, supera á todos Los anteriores en la perfección con que 
puede adaptarse al cinematógrafo, comunicando á las figuras de éste 
el uso de la palabra. El ingeniero alemán Kulum-r, autor del invento. 
le ha designado con el nombre de Fot ograf áfono, por ser la luz como 
( n el fotófono de Bell, el agente que no sólo reproduce sino que tija 
además el sonido. Las vibraciones sonoras se comunican por medio de 
una disposición especial á la llama de una Lámpara dé arco, colocada 
delante del objetivo de un cinematógrafo preparado para impresionar, 
obteniéndose así en la cinta una serie de fotografías correspondientes é 



KKVJSTA CIENTÍFICA 253 

las oscilaciones sucesivas de la llama Después del revelado y fijado, 
operaciones que se efectúan por los procedimientos ordinarios, se coloca 
la cinta en el cinematógrafo, y se la desarrolla ante una lámpara eléc- 
trica con reflector, de modo que la luz que pasa á través de la serie de 
fotografías, caiga sobre una resistencia en selenio intercalada en el 
circuito de una pila y teléfonos magnéticos. Los cambios de resistencia 
determinados en el selenio por la acción más ó menos enérgica de la 
luz, modifican la intensidad de la corriente, originando en las membra- 
nas metálicas de los teléfonos vibraciones análogas á las que el sonido 
haya producido en la llama vibrante. 

Fácilmente se comprende ya cómo pueden obtenerse cintas de cine- 
matógrafos, capaces de reproducir simultáneamente el movimiento y 
la palabra. Bastará para ello fotografiar en una misma banda de sufi- 
ciente anchura las lases todas del desarrollo de una escena con los so- 
nidos que la acompañan. La cinematografía y fonotografía resultarán 
así suficientemente sincrónicas para dar lugar á una ilusión completa; 
puesto que la diferencia de velocidades del sonido y la luz, á la escasa 
distancia en que se opera, no ha de introducir en la reproducción des- 
acuerdo que difiera en cantidad apreciable del que existe en la misma 
realidad. Sin duda alguna, que antes de llegar á la perfección de los 
resultados, será preciso efectuar ensayos pacientes y laboriosos; pero 
el proyecto es realizable y la constancia proverbial de los inventores 
alemanes responde del éxito. 

—En la reseña que precede, hemos hablado de la notable propiedad 
que tiene el selenio de modificar bajo la acción de la luz su resistencia 
al paso de una corriente eléctrica. Este hecho, conocido desde el último 
tercio del siglo pasado, y utilizado para la construcción del fotófono, 
ha inducido á varios experimentadores á averiguar si se verificaría 
también con los rayos Roentgen y los procedentes de los nuevos -cuer- 
pos radioactivos. Lo primero ha sido demostrado por Mr. Perreau, 
hace algunos años, y, por lo que al radio se refiere, las experiencias de 
Mr. Bloch, del año último han evidenciado una influencia de la misma 
índole, si bien no tan rápida como las anteriores. Sobre las propieda- 
des físicas y químicas del radio son tan curiosas como interesantes las 
investigaciones llevadas á cabo por M. Curie y Becquerel. Todos los 
cuerpos pueden adquirir la irradiación característica de la sustancia 
citada, manteniéndolos durante algún tiempo, juntamente con ella ó con 
su solución acuosa, en recipientes cerrados. Hay además sustancias 
como las fosforescentes á la luz y algunas otras que brillan sometidas 
á la acción del bario radífero; propiedad que se debe á la radio-activi- 
dad que les comunica la presencia del radio, y que por tal razón recibe 
el nombre de inducida. El radio obra químicamente sobre el fósforo 
blanco, transformándole en rojo; reduce el bicloruro de mercurio en 
presencia del ácido oxálico; destruye los tejidos orgánicos; tiñe la por- 



254 REVISTA CIBNTlFICA 



celana, el papel, la sal ¿jema y la silvina; y al vidrio,- ademas de colo- 
rearlo de azul ó pardo oscuro, le hace fosforescente por el calor. 

—En la obtención de los rayos X, tan frecuentemente utilizados por 
la Medicina y Cirugía, bien como poderosos auxiliares del diagnóstico, 
ora como recurso eficacísimo para determinar la presencia de cuerpos 
extraños en el organismo, se emplean hoy, de preferencia al carrete 
de Rhumkorff, máquinas electrostáticas del género Wimhurst, entre las 
que descuella por sus excelentes resultados la ideada por nuestro ilus- 
tre compatriota el P. Martínez, S. J. Se ha observado, no obstante, que 
las máquinas Wimhurst, si para ciertas aplicaciones radiográficas 
aventajan al carrete y evitan además la producción de eritemas, en 
otras que exijan mayor potencia en los tubos Crooks, dan radiografías 
deficientes. Mr. Demerliac se propuso resolver la dificultad reuniendo 
á los alternadores que engendran corrientes alternativas de gran fre- 
cuencia y tensión, las cuales, aparte de su inocuidad perfectamente de- 
mostrada, poseen virtudes curativas muy notables; y en efecto, parece 
haberlo conseguido aplicando un alternador al resonador Oudin con 
el que produce los rayos X en las condiciones apetecidas. Gracias á la 
disposición ideada por Demerliac, queda eliminado el carrete Ruhm- 
korf f y el uso de circuitos que necesitan comunicación con el suelo por 
uno de sus polos, circunstancia importante que permite radiografiar en 
cualesquiera condiciones y sin temor de accidentes de ningún género. 
—El químico inglés W. Ramsay, umversalmente conocido por sus in- 
vestigaciones acerca de la constitución del aire atmosférico, presenta 
como resumen de sus trabajos los siguientes datos, que son la última 
palabra de la ciencia en esta materia. El aire, mezcla de oxígeno y ni- 
trógeno principalmente, en la que entran además cantidades variables 
de otras sustancias, como el anhídrido carbónico, ozono, amoníaco, al- 
gunos carburos de hidrógeno, etc., contiene en 100 partes de volumen, 
0,937 de argón, 1 ó 2 partes de neonpor 100. 000, la misma cantidad de 
helium por 1.000.000, una de krypton en la cantidad antes citada, y 
una de xenón por 20.000.000. Las propiedades más importantes de los 
nuevos gases son las transcritas á continuación: el helium tiene un 
poso atómico de 3,96; su densidad les de 1,08, y posee un índice de re- 
fracción igual á 0,124: la densidad del neón es de ( ),%; y su poso ató- 
mico, 19,92, con un índice de refracción r de 0,235. El argón, krypton 
y xenón, mejor conocidos que los anteriores, presentan los caracteres 
siguientes: El peso atómico del primero es 39,92; su densidad en el 
tado gaseoso es 19,96, y en el estado líquido 1,212; hierve á 186°, 1 C: 
tiene su punto de fusión á —1H7", 9; 'la temperatura y presión críticas 
son respectivamente —117°, 4 y 10 milímetros, '_', v el índice de refrac- 
ción del gas es 0,968.— El krypton tiene un pese atómico de 81,56; so 
densidad en estado gaseoso es 10,78, y en el estado líquido 2,156; hierve 
á - 151°, 7 C; se funde á loo"; sll temperatura critica es 62°, 5, \ la 



11BV1STA CIENTÍFICA 2$5 



presión 41 mm., 24; con un índice de refracción igual ,á 1,450. Finalmen- 
te, el xenón posee un peso atómico de 128; su densidad en el estado 
gaseoso es 64; y en el estado líquido 3,52; hierve á —109°, 1 C; se funde 
á --140 o ; la temperatura y presión crítica del mismo son : 14°,75 y 
43 mm., 50; y el índice de refracción en el estado gaseoso es 2,368. 

—La Química ha descubierto en el tabaco tres nuevos alcaloides, 
que han reeibido el nombre de nicoteína, nicotinina y nicotelina; las 
propiedades físicas y químicas de las nuevas bases orgánicas, así como 
sus efectos fisiológicos, son objeto del estudio de los autores del descu- 
brimiento, Amé Pictet y Rotschy. Agregaremos á esta noticíala de que 
los Sres. Frouin y Molinier, después de repetidas experiencias practi- 
cadas en animales con el alcohol, han llegado á establecer los hechos 
siguientes: 1.°, que el alcohol produce una hipersecreción del jugo gás- 
Irico, y 2.°, que este resultado se debe á una excitación especial produ- 
cida en el sistema nervioso, y no al estímulo determinado en las extre- 
midades nerviosas de la lengua y paladar, 

—La prensa toda, científica y no científica, ha publicado con multitud 
de detalles el gran triunfo obtenido en París el 19 de Octubre pasado 
por el joven y ya célebre aeronauta brasileño Santos Dumont. Su glo- 
bo dirigible ejecutó maravillosamente las maniobras v recorrido seña- 
lados de antemano para merecer el premio Deutsch de 100.000 francos, 
saliendo del parque del aero-club en dirección á la torre Eiffel, y regre- 
sando, después de haberla doblado, al punto mismo de partida. El pro- 
blema de la navegación aérea está «resuelto en principio, aunque sean 
necesarios todavía largos y perseverantes esfuerzos para introducir 
los perfeccionamientos que necesita, como medio práctico de locomo- 
ción. Las experiencias de Santos Dumont han eclipsado á todas las an- 
teriores, sin exceptuar las del conde Zeppelin, que tanta resonancia 
alcanzaron en su tiempo, y constituyen el primer ejemplo demostrativo 
é incontestable de dirección de los globos. Anticipándose algunos días 
al victorioso ensayo de Dumont, otro aeronauta no menos audaz, Mr. de 
la Vaulx, intentó atravesar en globo el Mediterráneo, saliendo de To- 
lón con rumbo á las costas de África. Para mayor seguridad de la ex- 
pedición, se había dispuesto que el aeróstato no se moviese libremente, 
sino más bien en forma de globo cautivo, mediante cables que partiendo 
del cordaje de la barquilla, fueran á sumergirse en el mar por sus ex- 
tremos. Flotadores especiales y aparatos de estabilidad sujetos á las 
extremidades de los cables contribuían á mantener el globo á la altura 
de 50 metros sobre la superficie del agua, y también á modificar su di- 
rección y velocidad, de modo que pudiera ser escoltado, durante la 
travesía, por un crucero y un vapor capaz de recogerlo y conducirlo á 
tierra en caso de avería. A pesar de todas estas precauciones, el pro- 
yecto no llegó á realizarse como de Vaulx y sus compañeros lo habían 
concebido; y el globo, después de haberse mantenido por espacio de 



25G RBVISTA CIENTÍFICA 



cuarenta y dos horas en el aire, hubo de ser recogido á bordo, afortu- 
nadamente sin novedad alguna para los aeronautas. 

—La telegrafía sin hilos comienza ya á prestar sus servicios en los 
buques y trenes, siendo varias las Compañías extranjeras que adoptan 
el sistema Marconi. El célebre físico continúa haciendo ensayos para 
ver de conseguir la comunicación entre Europa y América, empn isa 
no sólo realizable, sino realizada, si hemos de creer al inventor italia- 
no. El 11 de Diciembre— refiere el mismo,— cuando la cometa hubo ele- 
vado el hilo á una altura -de 400 pies, en la estación transmisora, esta- 
blecida en San Juan de Terranova, se registraron en el cabo Lizard, 
en Cornouailles (S. O. de Inglaterra) cierto número de señales consis- 
tentes en letras previamente convenidas.,, Con posterioridad se ha 
anunciado el regreso de Marconi á Inglaterra para reforzar la estación 
del cabo Lizard. En España se ha ejecutado también con éxito satis- 
factorio la transmisión de despachos entre Ceuta y Tarifa con aparatos 
sistema Cervera, y se anuncian para muy en breve nuevos ensayos de 
comunicación con buques desde las citadas estaciones. 



Juan Mateos 

O. S. A. 



CRÓNICA GENERAL 



Madrid-Escorial, 5 de Febrero de 1 ^02. 

I 
EXTRANJERO 



Roma. — Como espléndido coronamiento de su glorioso pontificado, 
Su Santidad no deja de adoptar todos los medios posibles á fin de ini- 
ciar y fomentar eficacísimamente el cultivo de las ciencias y letras. 
Recientemente acaba de nombrar una Comisión encargada de exami- 
nar cuantos estudios bíblicos vienen hoy realizándose en las diversas 
naciones de Europa y de América. De la Comisión forman parte, en 
Roma, tres Cardenales, que son los Emmos. Parochi, Segna, y Vives 
y Tudó, y gran número de teólogos consultores. El Secretario general 
de la Comisión es el Rdo. P. David Flemming, Vicario general de los 
Hermanos Menores. Esta Comisión tendrá en cada nación un corres- 
ponsal encargado de remitir á Roma cuantos estudios bíblicos se reali- 
cen en el país de su residencia. 

He aquí los nombres de los corresponsales extranjeros de la Comi- 
sión cardenalicia de estudios bíblicos que acaba de organizar el Sobe- 
rano Pontífice: en Italia, el P. Gismondi, profesor de Sagrada Escritu- 
ra en la Universidad Gregoriana, y el Rdo. P. Ancelli, abad de Monte- 
Casino; en Francia, el abate Vigouroux; en Bélgica, el Dr. Van-Hoe- 
naker, de la Universidad de Lovaina; en Holanda, el abate Poels; en 
Alemania, el P. Hummelauer, y en Inglaterra, el abate Roberto Clark. 
Hablando de esta nueva Comisión, escriben desde Roma á L'Osserva- 
tore Cattolico: "El Padre Santo sigue, con atención que no desmaya, el 
vuelo que los estudios bíblicos han tomado en la mayor parte de las na- 
ciones de Europa. Quiere el Papa, sobreponiéndose en este punto á 
ciertas tendencias demasiado restrictivas, que los sabios católicos apli- 
cados al estudio de la exégesis bíblica disfruten de una razonable liber- 
tad. Acaso alguno pueda, en cuestiones secundarias, caer en el error, 
pero es cosa ya sabida que errare humanum est . Tales errores, por 



258 CRÓNICA GENERAL. 



otra parte, no serán perniciosos en orden á la doctrina, ya ;que todos 
reconocen y acatan las verdades definidas y el magisterio infalible de 
la Iglesia. Todos no marcharán, seguramente, por la misma senda; 
pero como proclama el dicho vulgar, "por todas partes se va á Roma." 
Por tal manera, los estudios bíblicos se desenvolverán cada día más 
entre los pueblos católicos, y mediante ellos surgirá un nuevo incre- 
mento de ciencia y de vida religiosa." 

—Firme y constante en anunciar sin treguas las máximas fecundísi- 
mas para el bienestar social y para gloria de la Iglesia, el mismo Padre 
Santo dirigió el mes pasado una carta que ha dado origen á numerosos 
comentarios, dedicada al arzobispo de Bourges. De esta carta del Papa 
son las siguientes importantes palabras: "Esa turbación que se advier- 
te en los espíritus y en la conducta de vuestros conciudadanos, es mo- 
tivo para Nos de indecible angustia, tanto más, cuanto que Nos tenemos 
conciencia de no haber omitido, en nuestro amor de Padre, acto ni pa- 
labra alguna capaces de preservaros de las desventuras que lamentáis. 
Nos estamos persuadidos de que muchas amarguras nos hubieran sido 
evitadas y también grandes calamidades á vuestra patria, si todos 
cuantos en Francia se enorgullecen con el dictado de católicos hubieran 
escuchado atentos Nuestra voz, apresurándose á obedecerla. Y ahora 
ya no resta otra esperanza de obtener mejores resultados, si no es pro- 
curando, en primer término, la unión de los espíritus. Obra magna es 
ésta, á la cual deben consagrarse con predilección los redactores de los 
periódicos católicos. Pero Nos lo confesamos con dolor: son muchos los 
periodistas que franca ó disimuladamente emplean sus plumas en la 
odiosa tarea de tergiversar Nuestras enseñanzas y torcer el sentido de 
Nuestros consejos. Tan sólo nos resta, pues, pedir á Dios con todas las 
fuerzas de Nuestro espíritu, que mire con ojos de misericordia á esa 
Francia, á la que amamos tanto. Nos deseamos que todos los hombres 
de bien cumplan asimismo este deber de la oración, para que Dios se 
muestre misericordioso con nosotros y remedie las presentes desven- 
turas, engendradas no tan sólo por la injusticia délos adversarios 
sino acaso también por la imprudencia de los buenos " 

Y como si hubiera estado poco explícito en esta carta, refieren los 
corresponsales de Roma que en una audiencia concedida á monseñor 
Péchenard, insistió León XIII en las mismas ideas, recalcando con vi- 
gorosa insistencia en el pensamiento de acatar los poderes constituidos; 
y en tal forma, que pocos días después decía La Tribuna: "León XIII 
ha declarado que no resta otro medio á los franceses católicos sino el 
de adherirse á la república, es decir, al Gobierno establecido. Al ha- 
blar de este modo, Su Santidad se ha mostrado consecuente con todas 
sus anteriores declaraciones relativas á la Dación francesa. Pero ¿no 
existe aquí una verdadera contradicción con lo que el mismo León XIII 
ha ordenado en repetidas ocasiones :i los católicos italianos- 



CRÓNICA GENERAL. 259 



Tal objeción es muy antigua y ha sido ya cien veces refutada. Léanse 
las siguientes palabras, tomadas de la carta dirigida por León XIII en 
3 de Mayo de 1892 á los Cardenales franceses: "Preténdese por algu- 
nos que Nos seguimos, por lo que respecta á Francia, una conducta 
distinta á la observada con Italia; de modo que Nos habríamos por tal 
manera incurrido en gravísima contradicción con Nos mismo. Nada de 
esto es cierto. Al decir á los católicos franceses que acepten el poder 
constituido, Nos atendemos, ante todo, á la salvaguardia de los intere- 
ses religiosos que Nos están confiados. Y precisamente la salvaguardia 
de tales intereses religiosos es la que nos impone en Italia el deber de 
reclamar la libertad plenísima que á Nos corresponde por nuestro su- 
blime cargo de Jefe de la Iglesia; libertad que no existe de hecho en 
tanto que el Vicario de Jesucristo no sea independiente de toda otra 
humana soberanía." 

—De Roma comunican que, favorecidos por un tiempo espléndido, 
continúan los trabajos para la reconstrucción del Forum Romano, con 
los esparcidos fragmentos de columnas, arquitrabes, frisos, etc., que 
las excavaciones han puesto al descubierto desde hace* años, y que 
vuelven á ser colocados en su respectivo lugar primitivo. En la actua- 
lidad .se ocupan principalmente en la recomposición del atrio del pala- 
cio de las Vestales, con su fila de columnas, de las cuales se han puesto 
recientemente al descubierto las bases. Las excavaciones de la Vid 
Sacra continúan activamente. Entre el templo de Antonino y Faustino 
y el Heroon, de Rómulo, han sido descubiertos algunos trozos de ca- 
mino antiguo y vestigios de construcciones que señalan decadencia del 
Forum y del arte romano en aquella época. Otros trozos de la Vía Sa- 
cra, de adoquines poligonales, han sido descubiertos hacia la parte del 
Arco de Tito, cerca del punto en que la Vía hacía recodo y estaba cor- 
tada por dos paredes colosales. En el mismo flanco del Arco se ha en- 
contrado un espacio cubierto por grandes baldosas cuadradas y rodea- 
da de paredes de ladrillo, sobre el cual fueron construidas las gradas 
del templo llamado de Venus y Roma. Allí, en donde la Vía Sacra 
tuerce hacia el Arco de Tito, ha sido hallado un cuniculus de paredes 
reticuladas y de sólida bóveda, que pasaba por debajo de la misma vía. 
Trabajos ulteriores darán á conocer sus puntos de entrada y de salida; 
Las excavaciones para desembarazar el Vicus Tuscus han puesto al 
descubierto algunos paños de pared de ladrillo y muchos fragmentos 
de vasos de la Edad Media, vidriados y coloridos. Dentro de poco po- 
dremos pisar el mismo suelo de la Roma antigua y toda la Vía Sacra, 
por donde pasaban los carros triunfales de los Césares. 

—Tres Congresos católicos se han celebrado en Italia en los últimos 
días del mes de Enero. El día 23 se reunió en Vicenza el de delegados 
de las Sociedades católicas de socorros mutuos; el 26 tuvo lugar en 
Milán el de delegados de Uniones profesionales, Uniones rurales, Li- 



260 CRÓNICA GENERAL. 



gas del trabajo y de todas las organizaciones de clase; V el 30 se reunió 
en Parma el de delegados de las Sociedades cooperativas católicas de 
crédito, de trabajo, de seguros, de consumos, de producción y otras si- 
milares. 

—El Emmo. Cardenal Dell'Olio, arzobispo de Benevento, que acaba 
de morir en Roma, nació en Bisceglie, provincia de Bari, el 27 de Di- 
ciembre de 1847; fué nombrado en 1891 obispo de Rossano, y trasladado 
en 1898 á la Sede arzobispal de Benevento. Fué creado Cardenal en el 
Consistorio de 15 de Abril de 1901. El difunto es el 138.° individuo del 
Sacro Colegio fallecido desde el advenimiento de León XIII á la Silla 
Pontificia. El Decano del Sacro Colegio es en la actualidad el eminen- 
tísimo cardenal Pietro Celesia, arzobispo de Palermo, que nació el 
año 1814. 



Alemania.— Telegrafían de Berlín que el consejero Medern ha diri- 
gido al Reíchstag, en forma de petición, un proyecto de ley contra el 
duelo, cuyos puntos principales son los siguientes: 

"Únicamente se permitirán los duelos de estudiantes, conocidos con 
el nombre de mensuren, los cuales se reducen á algunos asaltos en 
condiciones inofensivas. Las provocaciones se castigarán con seis me- 
ses de arresto. Los testigos que fijen las condiciones de la lucha serás 
castigados con arresto de dos meses á dos años, si las condiciones son 
tales que puedan causar la muerte á los combatientes. Se castigar;! el 
duelo con arresto de tres meses á dos años; si en él resulta muerto al- 
guno de los combatientes, la pena mínima será de tres años. Si un due- 
lista mata ó hiere á su adversario, faltando á las reglas del duelo, será 
considerado como reo de asesinato. Los testigos no serán castigados si 
han hecho esfuerzos para evitar el duelo, haciéndolo aplazar por tres 
meses. „ 

Estas medidas, como comprenderá el lector, no pueden satisfacer 
enteramente á las personas de sentimientos religiosos; pero, así y todo, 
forman un elocuente contraste con la lenidad con que en algunos lista 
dos católicos se procede respecto del duelo. 

—En el Parlamento alemán se discutió la cuestión referente á la lev 
contra los Jesuítas. Los individuos del partido llamado del Imperio se 
opusieron á la vuelta á Alemania di- los Padres de la Compañía; en 
eambio los socialistas se declararon opuestos á la lev de excepción, por 
eonsiderarla contraria á los buenos principios de derecho, los polacos 
se expresaron en el mismo sentido. Los conservadores y los nacionales 
liberales insistieron en que no debía abolirse la l( y contra la Compañía 
de Jesús. Un diputado independiente se lamentó de qu< 36 promovieran 



CRÓNICA GENERAL. 201 



debates que alarman las conciencias, sobre todo tratándose de una reli- 
gión como la católica, que cuenta en Alemania con muchos millones de 
Heles. 



Francia.— El asunto capital de la política exterior francesa se cifra 
en el modo de captarse hábilmente las simpatías del Emperador ma- 
rroquí, á fin de ejercer influencia grande y decisiva en el Norte de 
África, así como todo lo concerniente á política interior se refiere á la 
próxima elección de diputados. La rivalidad de Francia é Inglaterra 
en Marruecos acaba de evidenciarse una vez más con motivo del viaje 
á Tánger y Rabat del buque de guerra inglés Illustrious. Con efecto; 
la sorpresa del embajador inglés ha debido ser muy grande al enterar- 
se de que otra representación francesa le había precedido en el mismo 
viaje, y mayor aún al conocerse el artículo del Diario de los Debates, 
diciendo que Francia no puede prescindir de lo que ocurre en Marrue- 
cos, ni consentir que otra potencia pueda sustituirla en su influencia 
cerca del Sultán. 

Respecto del segundo punto, además de una carta hermosísima del 
cardenal Richard, ha sido muy aplaudido el discurso que con igual 
motivo pronunció en la Cámara Mr. Rauline, presidente de edad. 

"Dentro de pocos meses, dijo, volverá el país á ejercer sus derechos 
en los comicios, siendo durante un día el arbitro de sus destinos; y ja- 
más, hay que reconocerlo, habrá tenido que cumplir con sus deberes 
electorales en circunstancias que, como las presentes, reclamen más 
firmeza en sus principios, ni más clarividencia en su elección. {May bien, 
en la derecha.) 

„¡Ojalá que al hacerlo escuche la voz de los que profesan el amor á 
la Patria, el respeto al Ejército, el culto á la bandera! (Salva de aplau- 
sos en la derecha y en el centro, y murmullos prolongados en la iz- 
quierda. La extrema izquierda no se atreve á chistar.) 

„Si invoco esos principios, en los que fui educado, es porque con 
ellos llegó Francia á ser grande, fuerte y poderosa, por la admirable 
fecundidad de su patriotismo. (Nuevos aplausos.) 

„Si despierto esos recuerdos del pasado, es porque encierran en sí 
saludables enseñanzas. Y creo que no puede haber más elevada ni mas 
digna aspiración de nuestro patriotismo común, que la de desear que 
la futura fortuna de Francia lleguej á igualar á las gloriosas tradi- 
ciones de su historia. (Calurosos aplausos en la derecha y en el centro.) 

„Esa es la esperanza suprema de mi ancianidad, y pido á Dios (es- 
truendosos aplausos en la derecha), sí, pido á Dios (nuevos aplausos) 
que prolongue mis días lo bastante para verla realizada por completo.» 

(Doble salva de aplausos en la derecha y en el centro y bravos, en 



262 CRÓNICA GENERAL. 



diferentes bancos de la Cámara. Los Ministros también aplauden, y 
son imitados por la mayoría. La ovación es general é indescriptible, y 
se prolonga durante algunos minutos.) 

Sí, es verdad; á Dios es á quien hay que pedir cosas tan altas: y esos 
Ministros y esa mayoría que aplaudieron las palabras elocuentísimas 
de Mr. Rauline, debían haber enrojecido de vergüenza como mantene- 
dores de una política atea. 

—En el parque de Monceau, en el lugar llamado del Árbol muerto, 
situado á la izquierda del gran paseo central que desde el boulevard 
Malesherbes va á la avenida Hoche, se va á levantar en París un mo- 
numento á Gounod. El monumento ha sido ya esculpido en mármol, y 
se compone de un alto pedestal, sobre el que está colocado el busto del 
ilustre compositor. En el pie hay un grupo formado por Margarita, 
Julieta y Safo á la derecha, y el Genio al lado de la Armonía con un 
clavicordio delante y un poco á la izquierda del conjunto. 

Este monumento se inaugurará en el año actual. 



Inglaterra.— La lucha retórica entablada entre el Canciller ale- 
mán, conde de Bulow, y el Ministro de Colonias extranjeras inglesas, 
Chamberlain, parece haberse terminado con un desenlace pacífico. 
Según los informes remitidos por el corresponsal de un periódico cató- 
lico de Madrid, los reyes de Inglaterra han abandonado la residencia 
de Sandringham, en Norfolk, y han vuelto á tomar posesión de Marlbo- 
rough-house, su residencia londonense. Apenas llegado el rey á Pala- 
cio, recibió en audiencia especial al barón von Senden-Bibra, gran al- 
mirante de la flota alemana, portador de una carta autógrafa del 
emperador de Alemania á su real tío de Inglaterra. No es la primera 
vez que el más alto personaje de la Marina alemana se presenta en la 
corte de Inglaterra; ya vino una vez en 18%, para traer una carta 
autógrafa á la reina Victoria. Era al día siguiente del famoso telegra- 
ma dirigido por Guillermo II al presidente Krüger. Esta vez se pre- 
senta aquí el almirante al siguiente día del discurso antibritánico del 
canciller von Bulow. 

La presencia del almirante von Senden-Bibra en Marlhorough- 
house, y la comida dada en el palacio inglés de la Wilhelm-Strassi . 
en Berlín, prueban que se ha restablecido la inteligencia entre Eduar- 
do VII y su imperial sobrino. 

Kl lenguaje de las prensas inglesa y alemana se ha resentido inme- 
diatamente, y de ambos lados del mar del Norte se defienden las cfc 
cunstanci as atenuantes de una pretendida mala inteligencia, 

En este asunto se hacen concesiones recíprocas; la prensa alemana 



CRÓNICA GENERAL. 263 



empleaba estos días un lenguaje tan anglófobo, que excedía verdade- 
ramente de la medida. La prensa inglesa correspondía, y ahora parece 
querer calmarse. Sin embargo, The Times no se oculta de decir al 
canciller von Bulow algunas verdades amargas. El gran órgano in- 
glés dice que el discurso antibritánico del Canciller alemán es senci- 
llamente una maniobra para obtener del Reichstag alemán el voto 
de las tarifas aduaneras, como se obtuvo en otra ocasión con un 
discurso antibritánico , la votación del aumento de la escuadra. Las 
cuentas recíprocas quedan en el fiel, porque Chamberlain no tiene nada 
que reprochar al canciller von Bulow, y éste ha pagado su deuda al 
Ministro inglés. 

—La guerra, la terrible guerra de la potencia marítima más formi- 
dable del mundo contra un pequeño pueblo de campesinos que no 
cuenta más que 10.000 combatientes, continúa. El Gobierno ha querido 
hacer entrever el próximo fin de esta terrible lucha entre el Goliat in- 
glés y el David boer; pero los acontecimientos se empeñan en desmen- 
tirle. El valor no discutido de las tropas inglesas, el establecimiento de 
blockaus fortificados en todas las comarcas donde continúa la lucha; 
los campos de reconcentrados, antes tan amargamente reprochados por 
la prensa inglesa á los generales españoles, no bastan para asegurar la 
victoria final á las armas inglesas Lord Kitchener continúa pidiendo 
tropas de refresco y municiones de guerra. Canadá, Nueva Zelanda y 
Australia le envían refuerzos; los arsenales del Reino Unido le envían 
pólvora y armas, pero Botha y Dewet no se rinden. Hace dos años v 
medio que dura esta terrible guerra de 250.000 hombres de tropas ague- 
rridas contra algunos millares de campesinos; y el Reino Unido para 
luchar contra ellos 1 ha tenido que gastar la suma colosal de 4.315 mi- 
llones de francos. "Se ha gastado, por lo tanto, anualmente, más del 
importe completo de todos los impuestos directos é indirectos del Rei- 
no, que no ascienden más que á 1.600 millones de francos. 

Un hecho reciente, cuyos resultados se ignoran todavía, ha desper- 
tado sobremanera el interés y las esperanzas de cuantos desean ver 
terminada esa guerra tan especial y tan poco honrosa para Inglaterra. 
Trátase de una nota dirigida por el Gobierno de Holanda al de la Gran 
Bretaña, manifestando vivos deseos de un arreglo amistoso que resta- 
blezca la paz entre ambos pueblos contendientes. Al cerrar esta cró- 
-nica no hay noticia alguna de la respuesta que Inglaterra ha dado al 
Gobierno holandés, y los últimos despachos sólo son conjeturas más ó 
menos fundadas de periodistas y de corresponsales;; pero en esas mis- 
mas conjeturas se advierten indicios pesimistas y temores de que ira. 
case tan generoso propósito y siga la campaña con todos sus horrores 
tan espantosos y prolongados. Coméntase mucho el telegrama que el 
corresponsal de Le Temps en La Haya ha dirigido á su periódico. El 
texto de dicho despacho dice así: "Sé de buen origen que el viaje del 



2<i4 CRÓNICA QBNERAL. 



ministro holandés Kuyper fué preparado con el consentimiento del Mi- 
nistro inglés, como igualmente las negociaciones entabladas. La acción 
del Gabinete de La Haya está apoyada por algunos Gobiernos de la 
Europa continental. El texto de la nota del Gobierno holandés no se 
conoce todavía. r El periódico Petit Parisién publica un despacho de 
Londres, en el cual se dice que el Gobierno de la Gran Bretaña ha 
manifestado al de Holanda que aguarde algunas horas la respuesta á 
su nota, por haberse remitido un cuestionario al gobernador del Cabo< 
Mr. Milne, al primer ministro, Mr. Spriggs, y al general Kitchener. Hl 
hecho de que Inglaterra haya accedido á entrar en negociaciones es 
motivo de satisfacción general en el país, aunque se teme que no den 
resultado. Le Matin inserta hoy un despacho de Londres diciendo ser 
exacto que Holanda ha pedido un salvoconducto, pero no para nego- 
ciadores holandeses. De todas maneras, Inglaterra ha rechazado la 
pretensión citada. The Daily Telegraph cree que el secretario de Ne- 
gocios Extranjeros, marqués de Landsdowne, ha contestado al Go- 
bierno holandés que no puede la comunicación del mismo servir de 
base á las negociaciones, pues el citado Gobierno carece de personali- 
dad para tratar en nombre de los boers combatientes ó de sus delega- 
dos, así como para toda proposición de carácter práctico. Algunos pe- 
riódicos ingleses publican un extracto ó síntesis de la nota del Gobier- 
no holandés, de que tanto se viene hablando estos días. Dicho docu- 
mento se halla redactado en términos tan amistosos como respetuosos, 
y expresa el sincero disgusto del pueblo holandés por la prolongación 
de la campaña y el deseo de que se restablezca pronto la paz. Declara 
á continuación el Gobierno hallarse dispuesto á facilitar por todos los 
medios que los beligerantes puedan llegar á un arreglo, y se pone á 
disposición de la Gran Bretaña para el caso de que Holanda pudiera 
ejercer semejante mediación. 



Estados Unidos.— Parece que corren vientos bastante duros para 
los yanquis en Filipinas. Los mismos periódicos de Nueva York consa- 
gran actualmente largos artículos á describir la situación de lósame 
ricanos en el Archipiélago filipino, y en general, los juicios de la prensa 
son á cual más pesimistas. Algunos periódicos insertan el discurso 
pronunciado en Boston por el Sr. Schurman, presidente que fué de la 
Comisión filipina, el cual declaró que, dadas las dificultades presentes 
para que los Estados UnidOS puedan imponer mi dominio en aquellas 
islas, no existe más que una solución posible: declarar la independen 
cía del archipiélago. El Heraldo de Nueva York' publica tina extensa 
información de una de sus corresponsales en Manila, respecto de la 
actitud y organización de ios tagalos. Bl corresponsal afirma que lo*> 



CRÓNICA GBfÍBRAL. 



filipinos se muestran cada vez más dispuestos á luchar contra la domi- 
nación americana. Dice también que los indígenas están organizados 
militarmente mucho mejor que lo estaban al verificarse la captura de 
Aguinaldo. Censura los informes de las autoridades americanas en Fi- 
lipinas, por las inexactitudes que contienen. Agrega que la policía or- 
ganizada por los americanos conspira contra la dominación de los mis- 
mos. Termina diciendo que de los 50.000 soldados yanquis que forman el 
ejército de ocupación, sólo de unos 12.000 puede disponerse, pues los de- 
más se encuentran enfermos en los hospitales. "A causa de todo esto— 
añade el corresponsal— la disciplina está muy relajada, y es grande la 
desmoralización en el ejército americano.,, De las 75 provincias de que 
se compone el archipiélago, 36 solamente han admitido el Gobierno ci- 
vil que se les ha impuesto, y aun algunas de las mismas lo han hecho 
por las fuerzas militares que residen en ellas, como lo prueba el hecho 
de que apenas se alejan éstas, vuelve á estallar la rebelión. Los ameri- 
canos, al lanzarse á esta conquista, desconocían la topografía y varie- 
dad de razas y dialectos del archipiélago, no esperando seguramente 
encontrarse en las montañas de la isla de Luzón tribus salvajes que 
recuerdan á los pieles rojas de América. En la actualidad los norteame- 
ricanos, y los igorrotes especialmente, se entienden por signos, y en 
tales circunstancias no es muy fácil el planteamiento de escuelas y 
sanatorios que quieren los conquistadores, y mucho menos la cobranza 
de impuestos... 



II 

ESPAÑA 



Con mucha mayor insistencia que en la pasada quincena, pero con 
los mismos resultados prácticos, hase hablado en pasillos y salones del 
tan manoseado tema de la crisis; materia de todas las conversaciones 
más ó menos políticas ha sido, á su vez, fin principal del extraordinario 
movimiento que se ha notado entre bastidores, donde las ambiciones 
y los intereses egoístas aguardaban con ansia el momento de levantarse 
el telón para ser los primeros en apoderarse de la escena; pero, hasta 
la fecha, el Sr. Sagasta no ha tirado de la cuerda, y dicho se está que 
sin ese requisito indispensable no puede haber cambio de decoración. 
Es verdad que no hay un solo político, fuera ni dentro del partido fu- 
sionista, que no dé por fracasado al Gobierno y considere un hecho in- 
discutible la crisis, aplazada sólo por no se sabe qué miras ocultas del 
Sr. Sagasta; de ahí que todos los días se espere eso que dicen estar en 
la conciencia de todos, que es inevitable, que ha debido plantearse en 

18 



266 CRÓNICA GBNBRAL. 



iodos los Consejos y surgir de todos los choque* y obstáculos que el 
Gobierno ha encontrado en las Cortes; hasta ha llegado á alirmarse que 
ya *e le ha propuesto al Sr. Sagasta esa solución en altísimas esfera*; 
y como una prueba de los malos vientos que corren para el presidente 
del Consejo en la plaza de Oriente, dice El Liberal: "Para nadie es un 
secreto que los nombramientos de los senadores vitalicios han ido á Pa- 
lacio varias veces en la cartera del presidente del Consejo, y han vuel- 
to sin ser firmados... 

De manera que en todas partes, en la prensa, en las Cámaras, en los 
pasillos, ya nadie disimula sus convicciones; sólo el Sr. Sagasta se ex- 
traña de que se hable de crisis, salta por todos los obstáculos, con la ha- 
bilidad que siempre le ha caracterizado; y cuando algún Ministro, como 
se ha dicho hace pocos días del de Agricultura, le presenta su dimisión, 
se la devuelve diciéndole que no está de humor para oir hablar de esa* 
cosas. 

Intimamente relacionada con la crisis que se espera, anda otra cues- 
tión que trae muy preocupados á nuestros hombres públicos, y que es 
el verdadero punto de partida para explicarse todas las pequeneces de 
la política y de los políticos, hoy más que nunca impacientes por levan- 
tarse á un punto que les permita dominar Ja escena en la nueva fase 
en que van á entrar, dentro de poco, nuestras cosas; aunque no hubiera 
otras razones, ésta explicaría por sí sola suficientemente la situación 
por extremo desconsoladora que está atravesando nuestra política; si- 
tuación anormal en que la han puesto, no sólo los desaciertos y las de- 
bilidades del Gobierno, que para salir á ílote, en distintas ocasiones no 
ha sabido encontrar otro medio gubernamental que el de abrir en su 
ya gastado palacio una brecha con vistas á la república libertaria, por 
lo que justamente ha merecido una censura enérgica de todos los que 
aún conservan un resto de dignidad en el Congreso. \o ha sido sólo 
el Gobierno, han sido todos, absolutamente todos los que sienten la 
ambición del poder, y saben perfectamente que el hecho que *e ave- 
cina ha de influir notablemente en hombres y en idea* y todo depende 
del lugar que unos y otros ocupen en aquel momento crítico. 

No es fácil adivinar lo que dará por resultado este choque terrible 
de pasiones y de intereses encontrados, pero *í es fácil prever que no 
será nada bueno; la prensa toda, sin exceptuar la ministerial, no* pinta 
la situación con tintas muy negras; los pera najes políticos desconfían 
todos unos de otros, se recelan de los más amigos, y no disimulan sus 
rencores. Moret no ha rectificado las impresiones sombrías que le atri- 
buyó el Heraldo; Vega Armijo afirma que el partido liberal ha perdido 
el tiempo de un modo lastimoso, y que el actual < robierno carree' en ab 
*oluto de autoridad; según Romero Robledo, u si Sagasta no cambia de 
rumbo, el 17 de Mayo jurará <•! Rey cn\ la* tropas y el ni >tín en las 
calles; y los hombres político* tendrán que plantearse el problema de ní 



CRÓNICA GKNKRAL. 267 



deben retirarse de la política ó aplicar su actividad y esfuerzos á cam- 
bios más hondos que los que supone la variación de un Ministerio." 
Maura acaba de decir que hay que volverlo todo al revés, y que si la 
revolución no se hace desde arriba no tardará en venir de abajo; y como 
remate de esta situación tan deliciosa, El Siglo, órgano en la prensa de 
la fracción tetuanista, dice en un artículo que titula Indefensión del 
Monarca, que el mal de que se lamenta se inició, en términos y condi- 
ciones alarmantes, cuando en Octubre de 1890 abandonó el poder el se- 
ñor Sil vela, aconsejando la formación de un Gabinete, el más peligroso 
de cuantos á la sazón hubieran podido constituirse. 

Pero faltaba á esta obra algo así como la cúspide del escándalo, y 
esa gloria ha correspondido, según el I)r. Moliner y El Pueblo, ala 
visita del Ministro de Instrucción pública á la hermosa ciudad de Va- 
lencia. Delante di- un Ministro de la Corona ha sido silbada la Marcha 
Real y aplaudida la Marsellesa: y para que nada faltara á la escena, 
fué cubierto con un velo el retrato de la augusta persona de S. M. la 
Reina Recente. 

La prensa de Valencia asegura que los republicanos fueron los que 
desde el primer momento se colocaron al lado del consejero de S. M. 

La verdad es que El Siglo tiene razón al decir que, ciertos ó dudo- 
sos, tales hechos debían á estas horas haber sido ya depurados por las 
autoridades de Valencia, y que la impunidad, lo mismo allí que en otras 
partes, es el único remedio que al Gobierno del Sr. Sagasta se le ocu- 
rre para poner coto á tales desmanes. 

Olvida El Siglo que el Sr. Sagasta declaró, no una, sino varias ve- 
ces, que siempre caería del lado déla libertad. 

En todo eso hay que buscar la clave que explica los cabildeos que 
han seguido haciéndose durante toda la quincena para llegar á la tan 
historiada concentración que se impone, al decir de los prohombres que 
están fuera del turno pacífico, pero que no aparece por ninguna parte, 
y que será difícil llevar á cabo, por la sencilla razón de que nadie se 
presta á dejar su puesto de jefe indiscutible para ir á ocupar un lugar 
secundario; todos quieren concentrarse, porque se han convencido que 
de otro modo no hay posibilidad siquiera de acercarse al poder,* pero 
nadie cede de su derecho; de ahí que hayan fracasado hasta ahora 
cuantas tentativas se han hecho. 

Hase hablado mucho también de las gestiones hechas por el Sr. Mo 
ret, en nombre del presidente del Consejo, para atraer al fusionismo á 
todos los que se prestaran á ello, abarcando desde los conservadores 
disidentes hasta las avanzadas del progresismo, sin desechar á los mis- 
mos republicanos moderados; pero tan disparatada idea ha sido enér- 
gicamente desechada, y hablando de ella decía el Sr. Romero Robledo: 
Si se trata de añadir unos cuantos nombres á la lista de fusionistas, yo 
no estoy dispuesto á colaborar en tan pequeña empresa, y todo lo que 



268 CRÓNICA GENERAL. 



no sea declarar disueltos los actuales partidos y buscar nuevas agrupa 
ciones, me parece completamente inútil... 

—Las Cortes se abrieron, cerno estaba anunciado, el día 20, pero sin 
entusiasmo nirgvno, y así contincan, con una frialdad inconcebible; en 
el Senado ha pasado algún día sin sesión por falta ue asuntos, y en el 
Congreso ha ocurrido casi lo mismo. Sólo el escándalo y el insulto per- 
sonal divierten ya á los padres de la patria; y cuando ha habido algo 
de eso es cuando se ha notado alguna animación. En la Alta Cámara no 
se registra más que la interpelación del Sr. Danvila acerca del decreto 
del Ministro de la Guerra referente al matrimonio de los militares, de- 
creto que ha censurado enérgicamente, y el discurso del señor conde 
délas Almenas, alabando el proyecto del Sr.Urzáiz sobre la circulación 
fiduciaria. El reanudado debate sobre sindicatos agrícolas no ha logra- 
do despertar interés, y el tan esperado debate político anunciado por 
las minorías, y que pensaba explanar el general López Domínguez, se 
ha convertido en agua de borrajas. 

—Alguna más animación ha habido en el Congreso, donde el Sr. Osma 
ha consumido sólo cuatro ó cinco sesiones, combatiendo el dictamen de 
la comisión sobre el proyecto de ley referente al pago en oro de los de- 
rechos de Aduanas. El Sr. Uría promovió un incidente ruidoso, hacien- 
do una pregunta acerca de las causas de la dimisión del Sr. Pidal, "di- 
misión, decía él, que no se comprende sin haber ido acompañada de la 
del Sr. Ministro de Estado. La única sesión en que realmente hubo el 
movimiento extraordinario de los días de fiesta ha sido la en que se vo- 
taron las actas pendientes y la candidatura para la comisión que ha de 
dar dictamen sobre el proyecto de ley modificando la del Banco de Es- 
paña; la candidatura de oposición se componía casi en absoluto de mi- 
nisteriales, que sostuvieron enérgicamente sus nombres, dando una ne- 
gativa rotunda al Sr. Sagasta, al aconsejarles la retirada. La lucha fué 
muy empeñada, pero al fin triunfó en todas las secciones la candidatura 
ministerial. 

Después de esto, lo único que llama la atención, en el Diario de Se- 
siones es el escándalo mayúsculo promovido el día 25 con la interpela 
eión del Dr. Moliner acerca de los sucesos de Valencia, de cuya 
sesión dice un periódico de la corte lo siguiente, que no tenemos incon- 
veniente en suscribir: 

"Lamentable por todos conceptos fué el espectáculo ofrecido ayer 
en el Congreso por los Sres Moliner, conde de R< manones y Soriano. 
Las minorías abandonaron el salón, y tales caracteres llegó á revestir 
el incidente, que los mismos republicanos dejaron sólo al Sr. Soriano, 
cuando éste, después de la prórroga, continuó su di» urso, 

,I.n sucedido, como dice con mucha razón un periódico, es una 
secuencia del estado de anarquía en que \ ivimos. El ( robierno ha per 
dido toda autoridad, tanto en las maconas como en las minoría; rotos 



CRÓNICA GENERAL. 269 



todos los lazos de la disciplina, del respeto y aun de la mutua conside- 
ración, las Cámaras ofrecen hoy á los ojos de cuantos contemplan sus 
debates, el más deplorable de los espectáculos. 

„Cosnte que el Ministro no ha tenido otra ayuda que la del Sr. Soria- 
no, como el Gobierno no tiene otra que la de los republicanos, ó diga- 
mos mejor de los jacobinos, de los cuales detestan ya hasta sus antiguos 
correligionarios... 

—El nuevo decreto del Sr. Ministro de Hacienda reduciendo la circu- 
1 ación fiduciaria del Banco de España, ha levantado una polvareda 
tremenda, y será motivo para una discusión muy empeñada, por las 
novedades que viene á introducir en la naturaleza y modo dé funcio- 
nar de nuestro primer establecimiento de crédito. También se ha leído 
ya en el Congreso un decreto del Ministro de Gracia y Justicia sobre 
responsabilidad judicial, y se dice que en breve presentará el general 
Weyler á las Cortes otro estableciendo la instrucción militar obligato- 
ria. Y basta de política. 

—El estado de las huelgas de Barcelona parece ser que toca á su 
término, y que muy pronto se trabajará en todas las fábricas: esto dicen 
los comunicados oficiales; pero es muy significativo el hecho, tan diver- 
samente comentado por la prensa, de los obreros de cierto mitin, que 
después de decidir continuar lo mismo, consintieron en señalar sus ma- 
nos con el sello de la sociedad de resistencia, para que fuese perfecta- 
mente conocido cualquiera que recurriese al trabajo; el hecho es alta- 
mente significativo, y pudiera dificultar mucho más el ya complicadí- 
simo problema social. 

—Para que todo sea triste en la presente quincena, se registran en 
ella dos de esas catástrofes que llenan de consternación á un pueblo, y 
de que dan noticia los siguientes telegramas: "Barcelona 18 (0'23 m.)— 
Acaba de ocurrir en el puente Vilumara un hecho en extremo doloroso, 
y que llena de luto á infinidad de familias. En el citado sitio se hallaban 
esta noche trabajando los obreros que actualmente prestan sus servi- 
cios en la fábrica propiedad del Sr, Jover, sintiéndose de pronto un 
estampido formidable que llenó. de espanto á cuantos le oyeron. La 
terrible explosión era debida á haber reventado una caldera de la refe- 
rida fábrica. El edificio se ha derrumbado en medio de un estrépito 
ensordecedor, quedando sepultados muchos obreros. Hay gran número 
de muertos y heridos. Para calcular la fuerza de la explosión, baste 
decir que el cadáver del director de la fábrica, D. Juan Chapes, fué á 
parar á la plaza del pueblo, que está á bastante distancia del lugar de 
la catástrofe. En cuanto tuvieron conocimiento las autoridades de 
Manresa de tan triste suceso,, marcharon, en unión de la Cruz Roja, al 
sitio del siniestro. Toda la comarca se encuentra consternada con des- 
gracia tan enorme.,,— Tan triste suceso no ha podido menos de exci- 
tar al Gobierno, y ha concedido 50.000 pesetas para socorrer á las yk - 



270 CRÓNICA GENERAL. 



tima> y á las familias de los muertos. El otro telegrama dice así: 
( r igo 29 (11 -35 n).— Hoy se han hecho públicos los detalles de la horro- 
rosa explosión de la caldera del cañonero Cóndor. Este salió al medio 
día á impedir que las traineras pescasen en sitios prohibidos. El caño- 
nero sorprendió á unas cuantas que estaban pescando, y como las inti- 
mase á que se rindieran y le desobedecieran, el comandante ordenó 
hacer fuego. Al parar la máquina sobrevino la catástrofe. Se ha com- 
pletado la lista délas víctimas, y son: cinco desaparecidos, cinco falle- 
cidos, cuatro heridos, de ellos tres graves y uno leve, uno enfermo, y 
cuatro ilesos. „ 

—Dicen de Tánger, con referencia á noticias de Wazán, que nume- 
rosos moros de la kabila de Beninsara se presentaron delante de la 
tienda de la expedición militar, inmolando bueyes en señal de que pe- 
dían clemencia; pero el delegado de¿ Sultán contestó que no podía per- 
donarlos por haber desobedecido el mandato imperial. Al mismo tiem- 
po les dijo que entregaran cuanto antes los cautivos españoles, pues de 
lo contrario el castigo que recibirían sería mucho mayor. El Sultán ha 
hecho publicar bandos ofreciendo 20 pesetas por cada cabeza de Benin- 
sara y 40 por cada rebelde de éstos vivo. El jefe de las operaciono. 
Rushia-Bagdadi, ha enviado cartas al Gobierno, manifestándole que se 
halla todo dispuesto para castigar á la kabila raptora de los cautivos 
españoles. A las fuerzas imperiales se ha unido el jefe de la expedición 
sherifliana, que se envió hace tres años á castigar las kabilas del Riff. 



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LAS CAUSAS FINALES EN LA CIENCIA 



(i) 



No es necesario escribir un libro entero de Anatomía, Fisiolo- 
gía ó Embriogenia para hacer ver la finalidad en el organismo 
del hombre ó de cualquiera de los animales, como creemos haber- 
la hecho patente en el estudio del sistema nervioso, del oído y del 
órgano de la visión. Basta enumerar los elementos que lo consti- 
tuyen, indicar superficialmente lo que es un tejido, órgano ú apa- 
rato, la delicadeza, la fortaleza y la solidez de unas sustancias, la 
elasticidad y la suavidad de otras, la adherencia y extensión de 
aquéllas, la configuración y la posición de éstas, el juego de los 
resortes, la diligente anatomía de la estructura, la espontaneidad 
vital de cada función, y, por último, el cálculo admirable con que 
la naturaleza, en multitud de circunstancias, prevé evidentemente 
conflictos futuros y contingencias posibles, etc., etc., para conven- 
cer al más fanático mecanicista de que en cualquier organismo 
hay infinidad de pruebas de la causa final. Pero existen hombres 
que, después de haber pasado algún tiempo en las salas de disec- 
ción, son impotentes para subir á cualquier aula de Filosofía con 
el objeto de aprender las reglas de la Lógica, directoras del pen- 
samiento en la investigación de la verdad y dique de contención á 
los extravíos del raciocinio. Si es indudable que en muchas oca- 
siones el frecuente contacto con la materia atrofia las energías de 
la sensibilidad, no es menos cierto que el estudio prolongado y ex- 
clusivo de la abrumadora multitud de los detalles ahoga en algu- 
nos escritores la potencia filosófica y les impide elevarse de los 
efectos á las causas. Si así no fuese, ¿quién podría comprender esa 
ceguedad inaudita, ese estado pasivo é indiferente de algunos y 
aun de muchos hombres de ciencia que ven y palpan las maravi- 
llas del cuerpo humano, á cuyo estudio consagraron los desvelos 
de su vida, y no obstante son incapaces, no ya de elevar (á seme- 
janza de Galeno) un himno de reverencia y gratitud á su soberano 
Artífice, sino de adivinar la sabiduría y el poder que presidieron á 
su formación? Porque el odio inconcebible que algunos autores ma- 



(1 ) Véase la pág. 185 de este volumen. 
La Ciudad de Dios.- Año XXII.-Núm. 694- 19 



274 LAS CAUSAS FINALES EN LA CIRNCIA 

nitiestan contra las causas finales , se explica por otros motivos, 
todos injustos y blasfemos; pero no se alcanza, sino es por lo que 
queda apuntado, que haya un alma bien nacida, libre de preocu- 
paciones de escuela y de odios sectarios y ruines, que al contem- 
plar u la obra-modelo de la creación sensible (al decir del gran 
Cruveilher), en la perfección de sus detalles y la armonía de su 
conjunto,, (1) niegue que el cuerpo del hombre es obra de un 
principio inteligente, manifiesto á la luz del sol en el cúmulo de 
conveniencias complejas allí realizadas. 

Examinemos rápidamente el edificio construido, dejando para 
lugar más oportuno, para cualquiera de los capítulos siguientes, 
la descripción de algunos fenómenos fisiológicos. Es indudable 
que en todo organismo hay orden y plan conforme á leyes sapien- 
tísimas reguladoras, inexplicables sin legislador: y nadie que no 
esté demente, negará esas cualidades al organismo humano, donde 
brillan con más esplendor que en parte alguna de la creación or- 
gánica. Para realizar ese plan y ese orden se han agrupado en 
admirable concierto más de sesenta tr ilíones de células, cada una 
con su fin peculiar y propio, y en mayor número aún las sustan- 
cias químicas, moléculas y átomos de qué las células constan, y 
las cuales dan origen á ese heterogéneo y estupendo conjunto de 
glándulas y vasos, epitelios y membranas, huesos y cartílagos, 
nervios, músculos y tendones, etc., etc., reducido todo á una uni- 
dad, al cuerpo humano, donde el órgano más humilde supera infi- 
nitamente las obras más portentosas de la humana inteligencia. En 
la superficie de la estatua viva existe el epitelio cutáneo, consti- 
tuido por sustancias endurecidas ó muertas que forman verdade- 
ras cotas de malla que la cubren y hacen impermeable y resisten- 
te, y cuyo número está en razón directa de los roces y presiones 
que tenga que sufrir. Como los epitelios protectores de la piel y 
las mucosas, se distinguen también por su actividad funcional y 
calculada, el pavimentoso y el cilindrico, el corneal, el de células 
con chapa y el de pestañas vibrátiles, los epitelios secretores como 
el glandular, los absorbentes como el de las vellosidades del intes- 
tino, los filtradores ó de diálisis como el de las serosas y los vasos, 
y, por último, los sensoriales ó neuro-epitelios que sirven, en los 



{{) Tratado <((• Anatomía descriptiva, traducido por una 
de médicos-cirujanos. Madrid, 1861. introducción. 



LAS CAUSAS FINALES EN LA CIENCIA 275 



órganos de los sentidos, para recoger la excitación gustativa, lu- 
minosa ó acústica, etc., etc. 

La armadura delicada y resistente del edificio está constituida 
por más de doscientos huesos, cada uno de los cuales, por su es- 
tructura y origen, su posición y su forma, su consistencia pétrea 
y elástica, son una maravilla de arte y de belleza que no pueden 
imitar los escultores más hábiles del mundo. Evidentemente se ve 
la finalidad premeditada en los osteoblastos, que son como la can- 
tera viva que ha de suministrar todos los materiales necesarios 
para las columnas de la fábrica, y de un modo particular en los 
osteoclastos que absorben, desgastan, corroen por virtud digesti- 
va, modelan y pulen esos toscos sillares, con seguridad y preci- 
sión, y sin vacilaciones ni tanteos, como llevados por sabio instin- 
to ó por una inteligencia constructora de tales maravillas, que adi- 
vina el lugar, la posición y la forma y la resistencia de cada hue- 
so, y la medida, la superficie y el volumen que ha de tener, es de- 
cir, que prevé lo futuro ó las funciones ulteriores de las palancas 
transmisoras del movimiento, el apoyo y el sostén que han de pres- 
tar á las partes blandas y delicadas, ó las cavidades en que han de 
alojarlas con cuidados exquisitos. Todo está previsto y ordenado en 
la estructura y en la forma de cada hueso. Así, por ejemplo, u el 
radio es el que da á la mano el movimiento de rotación; para ello 
no sólo invade superiormente la articulación del codo, con el obje- 
to de que su acción alcance, al húmero, sino que por debajo se 
apropia la mayor parte del cóndilo carpiano para aumentar sus 
conexiones con él y así moverlo mejor y con más facilidad. La 
rodilla, además de sus movimientos necesarios para que la pro- 
gresión se verifique con holgura, debe sostener el peso del tronco 
que le transmite el muslo, sirviendo á éste de sostén y de base. 
Para ello sus caras articulares se ensanchan, extendiéndose en su- 
perficie y ganando en estabilidad lo que pierde en movimiento,, (1). 
Hicimos ver esa previsión y sabiduría, al tratar de los huesos que 
constituyen el órgano del oído; si los límites de este estudio no lo 
impidieran, podíamos demostrarlas igual y fácilmente en todas y 
en cada una de las columnas de la fábrica del organismo del 
hombre. 

Gran parte de las cavidades formadas por los huesos y los es- 

(1) Barcia Caballero, profesor de Anatomía descriptiva y de Em- 
briología en la Universidad de Santiago. "Discurso inaguraL de 1899. 



270 LAS CAUSAS FINALES KN LA CIENCIA 

pacios que median entre las visceras, se llenan con las sustancias 
del tejido adiposo adornadas con otro doble fin: de servir de almo- 
hadas, digámoslo así, á los órganos importantes, y principalmente 
á la piel con el objeto de evitar los roces y las presiones externas; 
además, son malas conductoras del calórico é impiden la irradia- 
ción del calor animal, conservándolo en las épocas de frío. Pero 
donde mejor se ve la finalidad calculada de las células adiposas, es 
en la producción y conservación de las grasas neutras para los 
tiempos de carestía y de hambre ó de excesivos gastos en el tra- 
bajo de la máquina viviente. Nadie negará que hay previsión de 
conflictos futuros. Para realizar la unión prodigiosa de tantos 
elementos diferentes del organismo, el tejido conjuntivo se distri- 
bu} T e por el cuerpo haciéndole flexible y elástico en haces multipli- 
cados y en vistosas redes, adaptándose á las exigencias de la está- 
tica y de la mecánica animal; "su utilidad orgánica procede preci- 
samente de su pasividad y de sus propiedades físicas, que le pres- 
tan condiciones adecuadas para unir y proteger los órganos 
movibles,, (1) permitiéndoles absorber los líquidos nutritivos y di- 
fundirlos en los tejidos inmediatos, á los cuales se asocia como 
excelente compañero. 

Sobre las columnas del edificio orgánico se halla tendido el te- 
jido muscular, que completa la forma de aquél con sus lazos y cru- 
zamientos maravillosos y sus propiedades calculadas; para llevar 
á cabo tal empresa se unen más de cuatrocientos músculos, cuyo 
número y, sobre todo, cuyo tamaño está en razón directa de la 
potencia motora, necesaria á los movimientos de los órganos y en 
admirable proporción con la resistencia que han de encontrar en el 
ejercicio de sus funciones. Desde la planta del pie (en cuyo dorso 
hay un gran músculo extensor, indispensable para re; il i zar y faci- 
litar la marcha, con otro supernumerario destinado á igual fin) 
hasta el cuello y la cabeza, todo está dispuesto, en el sistema mus- 
cular, en peso, medida y número y conforme á leyes sapientísimas 
reguladoras que la ciencia humana no ha comprendido aún total- 
mente, porque no conoce la íntima arquitectura de aquél ni la 
causa determinante de las contracciones musculares, y muy poco 
de la manera cómo se verifican, y menos todavía el mojo, ignora- 
do por los químicos, con que la libra transforma el calor en fuer- 
za mecánica, ni siquiera Cómo se engendra aquél. Lo que no se 



(1) Cajal, 



LA8 CAUSAS FINALES EN LA CIENCIA 277 

puede negar es que las fibras musculares, lisas ó estriadas, con sus 
movimientos respectivos, lentos ó rápidos, bajo la influencia del 
sistema nervioso, son como señales del mundo que nos circunda; 
palancas activas y transmisoras del movimiento, sin ellas no pue- 
den tener lugar ni las acciones urgentísimas del corazón ó del 
aparato respiratorio , ni las indispensables de lqs sentidos : la 
vida orgánica y la de relación serían inútiles, y el cuerpo del hom- 
bre, condenado á perpetua inmovilidad como una estatua de piedra. 
No es necesario describir las estupendas maravillas encerradas 
en el sistema de los músculos, para hacer ver la sabiduría que pre- 
sidió á su formación: la finalidad premeditada se demuestra con la 
siguiente pregunta: ¿por qué el tejido muscular es contráctil? Evi- 
dentísima es en la agrupación de las tres clases de fibras muscula- 
res en el estómago, y de los cinco millones que se distribuyen 
en las glándulas mucosas, según Perrier; en la regularidad per- 
fecta de sístole y diástole y en el movimiento simultáneo de las 
que constituyen el corazón, que no lo hacen como en otros órga- 
nos porque el resultado sería fatal; en la disposición sabia y distin- 
ta de las fibras de- las aurículas y los ventrículos, pues con el objeto 
de estrechar por todas partes y con exactitud y constancia la ca- 
vidad interna auricular, se cruzan muy oportunamente las dos ca- 
pas de fibras estriadas transversales y longitudinales; en las fibras 
circulares que rodean en su origen, á los troncos venosos, y cuya 
contracción es simultánea con la pared interna de las aurículas, 
con el fin sapientísimo de activar el desagüe de la sangre en las 
segundas é impedir un excesivo reflujo en las venas. Como decla- 
ra Pablo Janet (1), el fisiólogo antifinalista dirá que el corazón se 
contrae porque es un músculo y esa propiedad de contraerse es 
común á todos ellos; la sangre se lanza á las arterias y á las ve- 
nas, porque el sistema de válvulas que se abren y cierran á la vez, 
la obligan á realizar ese movimiento continuo: así se explican el 
efecto por la causa y los movimientos del corazón y del sistema 
circulatorio por la naturaleza del corazón y del sistema. Pero no 
basta eso; hace falta explicar y saber cómo se ordenaron los ele- 
mentos constitutivos de los músculos y como se hicieron contrác- 
tiles; por qué empezaron á contraerse desde el embrión, antes de 
presentar sus estrias características; de qué modo misterioso, sin 



(1) Obra citada, páginas 168-150. Véase también el folleto del P. Fol- 
ghera, titulado Hasard ou Providence.— París, 1900. 



278 LAS CAUSAS FINALES KN LA CIENCIA 

plan, ni orden ni fin, la ciega naturaleza, empleando un tejido sin- 
gularmente contráctil, dándole esa forma precisa y determinada, 
y no otra, la estructura y la disposición más convenientes para 
realizar sus capitales funciones, ha construido ese magnífico tem- 
plo con la sabiduría que revelan las cavidades que contiene y las 
membranas que le cubren (así como las tres túnicas de las arterias 
y las dos de las venas, los capilares sanguíneos y linfáticos), la 
admirable disposición de cada una de sus fibras y sus válvulas, y 
sus vasos coronales, y la regularidad de sus movimientos, todos 
precisos y oportunos, todos apropiados, para llevar, por innume- 
rables ramificaciones de diámetros y calibres diversos, hasta las 
regiones más humildes y escondidas el torrente circulatorio que 
lava y purifica, elimina, fecunda y anima cuanto toca* 

Mil veces no: ía razón del hombre no puede comprender que„ sin 
la previsión y sin el cálculo de an artífice, las arterias destinadas 
á alimentar á los tejidos dé la vida de relación y orgánica, no pe- 
netren nunca allí sin haberse ramificado previamente en delica- 
dísimos capilares, para no perturbar á los nervios en sus funciones 
importantísimas (1); ni la agrupación de más de treinta sustancias 
diversas que constituyen la sangre y dan origen á cinco catego- 
rías de distintos elementos, cada uno con su fin peculiar caracte- 
rístico, y en donde se ven, además del plan y la estructura prodi- 
giosa, "muchas disposiciones que no han sido creadas para desem- 
peñar una función actual fisiológica, sino para ocurrir á conflic- 
tos posibles, aunque extraordinarios, entre el organismo y los 
agentes exteriores,, (2). Dejemos el estudio de los glóbulos blancos 
para el capítulo de las defensas orgánicas, y detengamos la consi- 
deración solamente en los glóbulos rojos y en los hematoblastos ó 
plaquetas sanguíneas. En cuanto al plan y á la función de aqué- 
llos, se sabe que son células muertas, y, sin embargo, la tenacidad 
de su composición supone evidentemente una causa inmaterial 
(como confiesan los mismos mecanicistas) y un fin premeditado. 
Porque el hematíe, ó glóbulo rojo, oxidasa verdadera en el lenguaje 
de la química, para llevar á todos los órganos y aparatos, tejido- 
y células,. aun las más humildes y recónditas, el oxígeno déla 



(1) Lo confiesa el materialista Testut en su Tratada de Anatomía 
humana, traducción de Coraminas y Riera. 

(2) S. R. Cajal: Elementos de Histología Normal, pág. 227. Ma- 
drid. 1895. 



LAS CAUSAS FINALES EN LA CIENCIA 279 



vida, excitando la actividad sobre las materias que han de que- 
marse, lo atrae, conserva y retiene con tanta fuerza y tesón (digá- 
moslo así), contra todos los agentes exteriores que pueden disolver 
su hemoglobina, que no hay nada semejante en el mundo inorgá- 
nico que se pueda comparar á esas energías, inexplicables por las 
fuerzas de la materia. Porque con ninguna de las leyes mecánicas, 
físicas ó químicas cabe explicar cómo el glóbulo rojo, rico en po- 
tasa y en fosfatos y nadando en el suero de la sangre, que abunda 
en sosa, retiene á aquélla tenazmente y rechaza á ésta por un ver- 
dadero fenómeno de repulsión; y de ningún modo cabe compren- 
der, en el sistema mecanicista, que el hematíe Jije y condense más 
oxígeno que el que le pertenece por las leyes de la osmosis. Sólo 
hay una respuesta dada por la doctrina de las causas finales: para 
salir al encuentro de contingencias futuras. Con análogo fin ul- 
terior están los hematoblastos de Hayen ó las plaquetas sanguí- 
neas de Bizzorero, para que, cuando por cualquier causa se rompa 
el tejido de un elemento vascular, se multipliquen con asombrosa 
rapidez y se agrupen, como ejército bien ordenado, en series de 
columnas, revestidas por una cubierta de contorno doble, con el 
objeto de impedir la extravasación de la sangre (1). Igual destino 
premeditado tienen las fibras sinápticas de Ranvier, que acuden 
presurosas, como si recibieran el impulso de una mano hábil y 
experta, á la cicatrización de las heridas y de las llagas. Estos 
modos de prevenir los conflictos futuros y las contingencias 
'posibles bastan á derruir completamente todas las hipótesis ab- 
surdas de los enemigos de la fuerza vital y de las causas finales. Si 
algún filósofo ó algún hombre de ciencia "experimental,, se atreve 
á afirmar lo contrario, hay que tenerle profunda lástima, porque 
desconoce en absoluto lo que son la ciencia y la filosofía. 

Igualmente notorias aparecen la finalidad y la energía inmate- 
rial de la vida en otros hechos y fenómenos de que ahora habla- 
remos con brevedad suma; por ejemplo, en la materia sebácea, 
sabiamente dispuesta para evitar que se seque la piel y bañar los 
apéndices filiformes que la cubren; en la grasa y en las fibras elás- 
ticas de las membranas sinoviales, destinadas al fin útilísimo de 
favorecer las articulaciones: en las redes vasculares, arteriales y 
venosas del mesenterio, á que han dado el nombre de admirables 



(1) Al tratar de las defensas orgánicas, hablaremos de otra función 
que realizan estos elementos predestinados. 



280 LAS CAUSAS FINALES EN LA CIENCIA 

los mismos fisiólogos; en el cierre oportuno de* la epiglotis p(tr<i 
impedir que se tuerza, con fatales resultados, el curso de los ali- 
mentos, los cuales no podrían arribar al estómago con sólo la pe- 
santez, sin el auxilio conveniente de las fibras circulares y es- 
triadas esofágicas: en la sabia fabricación del considerable nú- 
mero de agujeros en la lámina cribosa del etmoides, para abrir 
fácil camino á las ramificaciones del nervio olfatorio, y en la hen- 
didura que da paso al filete etmoidal procedente de la rama oftál- 
mica, de Willis; en la naturaleza y estructura de los pulmones, 
flexibles y elásticos, para adaptarse á todos los cambiosde volumen 
de la cavidad torácica sin que las pleuras se separen jamás una 
de otra. El hombre necesita para vivir abundante oxígeno, y por 
consiguiente, exponer una gran superficie á la acción del aire sobre 
la sangre. El arquitecto del cuerpo humano suministró ese recurso 
con los alvéolos, que ascienden á la considerable cifra de ochocien- 
tos nueve millones y medio (1), originando una superficie de ochen- 
ta y un metros cuadrados, esto es, cincuenta y cuatro veces mayor 
que la cutánea. Poco menos es la extensión de los capilares san- 
guíneos en los pulmones. ¿Qué fuerza pudo crear esas maravillas 
calculadas? 

La finalidad y la fuerza vital se admiran en las glándulas sali- 
vares y principalmente en las llamadas células "oscuras,, ó "se- 
milunas,, de Giannuzi, pues unas descansan mientras otras segre- 
gan; en el intestino que apenas absorbe, si no lo rechaza, al fluo- 
ruro y al sulfato de sodio, que no sirven para nutrir, y en cambio 
deja paso libre, á pesar de tener éste las mismas propiedades os- 
móticas que aquéllos, al cloruro de sodio que nutre positivamen- 
te (2); en la secreción urinaria de los ríñones, „que no depende 
sólo, dice Landois, de las fuerzas físicas; por el contrario, gran 
número de hechos obligan á admitir que la actividad vital de las 
células glandulares especiales tiene un papel importantísimo» (3). 
Si se pregunta por qué la albúmina del suero de la sangre no pasa 
á la secreción urinaria, y por qué el epitelio de la vejiga se opone 



(1) Según Sée. I íay que notar qm- es un cálculo aproximado por de 
fecto. Algunos creen que son 1.800 millones. 

(2) Véase el hermoso trabajo del l >r. Risueño, "I >iscurso inaugural, 
pronunciado en la Universidad de Vallado lid, l (, <>!. 

Traite de Physiologie humaine, pág. 501 



LAS CAUSAS FINALES EN LA CIENCIA 281 

de un modo tenaz al tránsito, por sus paredes, de esa secreción, 
mientras que la albúmina de huevo inyectada en la sangre se di- 
suelve y aparece repentinamente allí, y el tránsito aquel tiene 
lugar después de la muerte..., la respuesta tiene que ser finalista, 
como en el inverso fenómeno del epitelio del intestino, que deja 
paso, á través de sus paredes, á los alimentos elaborados con tanta 
facilidad y rapidez, que en muchas ocasiones es imposible su estu- 
dio. El jugo gástrico digiere casi todos los tejidos vivientes, y, 
cuando el hombre exhala el postrer suspiro, desaparece la mucosa 
del estómago con frecuencia y prontitud, por auto-digestión. ;Por 
qué el estómago, cuando vive el hombre, no se digiere á sí propio? 
¿Cómo el jugo gástrico no cumple con esa ley fatal á que parece 
estar sometido? Los fisiólogos responden: porque lo impiden la 
mucosa del estómago, que es, al decir de Claudio Bernard, como 
un vaso impermeable de porcelana, y la circulación sanguínea; 
mientras haya sangre en movimiento, no es de temer ese percance 
lastimoso, porque la sangre, que es alcalina, neutraliza la acción 
de aquel jugo, y ya se sabe que la digestión no tiene lugar en un 
medio ácido. Está bien, aunque la respuesta no satisface á todos; 
pero falta saber qué energía pudo crear esas disposiciones tan 
asombrosas y estupendas, sin previsión, sin fin ni objeto: ahí está 
la incógnita. 

Pero no adelantemos ideas sin haber llegado aún al estudio de 
las glándulas. La finalidad de plan y de uso son evidentes como 
la luz del sol, en todas y en cada una de las piezas de la máquina 
del organismo, en su estructura y en los elementos que las consti- 
tuyen, en su forma y utilidad, en sus movimientos y relaciones, 
todas necesarias para la vida armónica del conjunto, lo mismo en 
los órganos de que hemos hablado que en los restantes (1), de que 
no hemos hecho mención por no rebasar los límites impuestos á 
este trabajo: en la elección hábil de sustancias alimenticias, reali- 
zada por las células; y en la producción del calórico animal, no 
sólo para mantener igual temperatura á despecho de las influen- 
cias exteriores, sino para dar el equivalente térmico á cada uno 
de los movimientos de los órganos en sus funciones respectivas, es 
decir, que el organismo compensa de un modo regular, sabio y 
constante, el calor que gasta con el' que produce; en la acumula- 



da Uno de los más notables es el aparato de la voz humana. 



282 LA8 CAUSAS FINALES BN LA CIENCIA 

ción del calor dentro del cuerpo cuando las pérdidas lo hacen dis- 
minuir; en el " rendimiento „ útil y sin semejante de la máquina hu- 
mana (por el cual supera á todas las fabricadas por el hombre) 
pues, á expensas de una misma cantidad de energía potencial, pro- 
duce menos calor y más trabajo; en la concordancia sapientísima 
del tiempo en que el hijo va á nacer y la preparación del líquido nu- 
tritivo con que han de alimentar á éste los pechos de la madre; por 
último, en el equilibrio orgánico, ó balance de nutrición, entre las 
sustancias absorbidas y asimiladas, por el cual se reparan las ave- 
rías, se ''cubren,, todos los gastos, se saldan todas las deudas, se 
llenan las lagunas, se compensan las pérdidas, se cicatrizan las 
llagas y se sustituye lo viejo por lo nuevo con la maravillosa rege- 
neración de los tejidos. 

La razón , la ciencia y el sentido común proclaman unánime- 
mente que es imposible explicar, contando sólo con las fuerzas 
mecánicas, y prescindiendo del fin y la ley, esos portentos y mara- 
villas, esos problemas sobre todos los problemas matemáticos; la 
ordenada agrupación de más de sesenta Mitones de células que 
constituyen el organismo, ó la de seis y aun trece millones de gló- 
bulos rojos en cada milímetro cúbico de sangre; ese plan sublime 
y esa arquitectura modelo de la máquina humana, sin igual entre 
todas las conocidas; esas disposiciones sabias y manifiestas en la 
estructura de la superficie cutánea (sin lo cual el organismo ten- 
dría mucho que sufrir), en las fibras del esófago y en la mucosa 
estomacal; en el arte que revelan el pulmón y la lámina cribosa 
del etmoides, Ja materia sebácea y las propiedades del tejido con- 
juntivo y de los huesos para dar hospitalidad segura y generosa á 
las más importantes visceras: esas razones directas, esos cálculos 
realisados entre la potencia y la resistencia, entre la acción y la 
reacción, bien notorias en la piel y en los músculos, en el esque- 
leto, en las leyes reguladoras del calórico y en el equilibrio orgá- 
nico; esos fines ulteriores, esa previsión de lo porvenir, esas in- 
tuiciones proféticas (digámoslo de algún modo), con que los hema- 
tíes y las plaquetas, las células adiposas y las fibras sinópticas de 
Ranvier, los osteoblastos y osteoclastos acuden á remediar ¡as con- 
tingencias posibles y los futuros conflictos; esa variedad indefini- 
da de elementos encadenados á la unidad del organismo del hom- 
bre. Creer que un "sólo elemento prodigiosamente multiplicado y 
no menos prodigiosamente transformado da origen á ese organismo 
que parece concentrar en sí propio la creación entera, y no ver tras 



t 

LAS CAUSAS FINALES EN LA CIENCIA 283 

de él al divino Artífice,, (1); confesar que las energías ciegas y fa- 
tales han podido formar todo ese conjunto de maravillas, sin idea 
directriz y sin inteligencia ordenadora, es lo mismo que creer en 
efectos sin causa, en leyes sin legislador, "ver la miel rebosar en 
los panales y dudar de la abeja;,, (2) es la estupidez más insensata, 
en su más ínfimo grado. 

No: "no puede haber satisfactoria solución de los problemas 
biológicos si se recusa la acción de una inteligencia ordenadora 
fuera y por encima de las leyes generales de la materia;,, (3) y to- 
dos los anatómicos y fisiólogos que busquen la verdad en el orga- 
nismo del hombre, sin prejuicios sistemáticos ni odios ruines de 
escuela, deben repetir las palabras del ilustre Morgani, que hacien- 
do un día la disección de un cadáver, dejó caer el bisturí, excla- 
clamando: "¡Ah! ¡Si yo pudiera amar á Dios como le conozco!,,, ó 
cantar el himno sublime de Galeno: sacrum sermonem quem ego 
contutor is nostri vernm hymnum compono...; qnce sapientia, quce 
virtus } qnce bonitas/ ¡Cuan grandes son el poder y la sabiduría de 
Dios en el organismo humano, testimonio el más cierto de aquella 
inefable bondad y manantial eterno de gracias que debemos tribu- 
tarle por tantos beneficios!,, (4) No hacerlo así, es la blasfemia más 
horrenda y la más horrenda ingratitud. 

P. Zacarías Martínez-Núñez, 

o. s. A. 
(Continuará.) 



(1) Barcia Caballero: Discurso citado. 

(2) Balart: Dolores. 

(3) Murphy. 

(4) De usu partium cor por is kumani, traducción de Nicolás de Re- 
gio de Calabria. Venecia, 158(3, lib. ni. 



UH CAPITULO PE ITEÍtOÉ IÍIO 



III 

Corrientes que parten del Polo —Corrientes locales —Perturba- 
ciones de las corrientes generales atmosféricas. -Los ciclones. 

Corrientes que parten del Polo.— Admitiendo como hecho irre- 
cusable que el aire, en una ú otra forma, se traslada del Ecuador á 
los polos, hay que admitir por necesidad de compensación, que de 
los polos vuelve al Ecuador. No pudiendo la molécula aérea, por 
lo anteriormente dicho, seguir la dirección de un meridiano para 
ganar el polo, y siendo la dirección general de su movimiento de 
SÓ. al NE., á partir de la primera recurva, necesariamente ha tra- 
zado algo así como una espiral esférica en torno á nuestro hemis- 
ferio, antes de internarse en aquellas heladas regiones. Retroce- 
damos, pues, desde el polo Norte, adonde hemos llegado sin nece- 
sidad de las expediciones arriesgadas que intrépidos navegantes 
han emprendido, sin conseguir su objeto. Es natural suponer que 
el aire, ya por la baja temperatura de las regiones heladas, ya pol- 
la mayor proximidad al centro de atracción, y ya porque se ha 
anulado la fuerza centrífuga y de rotación diurna, adquiere en los 
polos el máximo de densidad, y, si se quiere, el mínimo de movi- 
miento. Su propio peso y el impulso del que, procedente del mis- 
mo origen, viene detrás, son las únicas fuerzas que le obligan á 
caminar arrastrándose por los suelos con preferencia á mecerse 
en grandes alturas. Supongamos que su primera dirección es pa- 
ralela á ó según un meridiano. Alejándose del polo, gana en tem- 
peratura y tiende á elevarse; la fuerza centrífuga, que parte de 
cero, comienza á desarrollarse. Crécela aceleración hacia el Este; 
pero crece más el retraso en dirección contraria. Vuelve á repe- 
tirse el mismo fenómeno que en el Ecuador, cuando hemos supues- 
to la molécula elevada por la acción calorífica de] astro del día. 
Aquí como allí, hay dos fuer/as principales cuya resultante nos 
dará la dirección de la trayectoria. Aquí estas tuerzas son: una el 
impulso en dirección perpendicular á los paralelos geográficos, la 
tendencia del aire á ganar las zonas ecuatoriales, motivada por la 



UN CAPÍTULO DE METEOROLOGÍA DINÁMICA 285 



necesidad de dejar el campo libre al aire que viene detrás; otra el 
retraso hacia Occidente, provocado por el movimiento diurno. La 
resultante, pues, se inclinará al SO. más ó menos, según la inten- 
sidad relativa de las dos fuerzas que obran. 

Así, las corrientes polares, dirigiéndose al Ecuador, soplan del 
NE., con rumbo contrario en general al que llevan las corrientes 
que del Ecuador arrancan, y después de su primera recurva en las 
zonas tropicales. Estos dos ríos aéreos pueden correr independien- 
temente el uno del otro y sin encontrarse en la mayor extensión 
de sus trayectorias respectivas. En general debe admitirse que el 
aire, al correr del Ecuador al polo, va por las regiones elevadas 
de la atmósfera, y al volver del polo al Ecuador corre por las re- 
giones más bajas. Y si no existiesen otros agentes perturbadores 
de la ley general, teóricamente podría afirmarse que desde la 
zona tórrida á los polos, y de éstos al Ecuador, mientras el aire 
ecuatorial desciende constantemente, el aire polar constantemente 
se eleva, pero conservándose esta segunda corriente siempre á 
menor altura de aquélla. Sin embargo, los hechos no correspon- 
den á esta hipótesis: en realidad, los fenómenos no suceden así, 
afortunadamente para nosotros y para cuantos viven en los cli- 
mas que llamamos templados, y aun en los fríos; manifestándose- 
nos en las mismas evoluciones, al parecer tan caprichosas, del 
aire atmosférico, una ley providencial en que acaso no todos ha- 
yan parado su atención. Si las dos corrientes marchasen más ó 
menos paralelasen opuesta dirección y sin encontrarse, las zonas 
templadas no tendrían existencia sobre la tierra. No habría más 
que la zona tórrida y 'las zonas frías. En el caso de que la corrien- 
te polar marchase más baja que la ecuatorial, los fríos excesivos 
reinarían constantemente en nuestras latitudes, y en la hipótesis 
contraria, tendríamos casi siempre calores tropicales. Hay, pues, 
una región en que las dos corrientes se encuentran, se entrecru- 
zan y mezclan, produciendo, á la vez que cierta nivelación de tem- 
peratura, una tranquilidad relativa de la masa aérea. Más tarde 
trataremos de circunscribir geográficamente esta región según ob- 
servaciones recogidas en varios puntos, concretándonos por el mo- 
mento á afirmar que dicha zona oscila acercándose ó alejándose 
del Ecuador según las estaciones, según la posición de la Tierra 
respecto del Sol. Esta afirmación no tendría fundamento si el eje 
terrestre fuese perpendicular al plano de la Eclíptica, y si ésta y el 
Ecuador coincidiesen en un solo plano; porque en tal caso, la re- 



2*>6 UN CAPÍTULO DE METEOROLOGÍA DINÁMICA 

gión indicada, además de ser muy estrecha, coincidiría con los pa- 
ralelos geográficos. 

Corrientes locales.— Las direcciones aisladas de las corrientes 
locales puede decirse que apenas tienen relación, ó á lo menos 
esta relación es menos conocida, con las dos grandes corrientes 
que hemos descrito. Es sumamente difícil concretar y someter á 
un estudio racional la dependencia entre unos y otros fenómenos. 
En esto sólo vemos una excepción: si pudieran observarse en las 
regiones polares, allí probablemente las corrientes próximas á la 
superficie terrestre se verían marchar directamente hacia el S. En 
la zona tórrida, á uno y otro lado, pero á poca distancia del Ecua- 
dor, tratándose de corrientes muy elevadas, apenas son observa- 
bles sino cuando hay nubes sobre el horizonte. A los lados de la 
zona tórrida los alisios y monzones dicen lo que hay de seguro y 
ciertamente conocido en el asunto. En las zonas templadas, la mar- 
cha del aire en las capas próximas á la superficie de la tierra va 
siempre modificada por el relieve topográfico de los continentes. 
Sólo en una grande onda atmosférica que ponga en conmoción una 
extensa masa de aire, es fácil establecer observaciones seguras 
acerca de la dirección general del viento. En los demás casos, y 
dentro de ciertos límites de altura, las observaciones anemoscópi- 
cas significan bien poco. Lo ordinario es que, mientras una veleta 
señala una dirección, otra, pocos metros más alta, la indica distin- 
ta, y si hay nubes, marchan én dirección que con las otras se cru- 
za, y más arriba los cirros se mueven en otra contraria. Es cierto 
que un observador experimentado sabrá darse perfectamente ra- 
zón de lo que significan estas diferencias, y la interpretación ge- 
nuina del fenómeno general; pero también es verdad que aquellos 
observatorios en que, para conocer los rumbos del viento, atiendan 
sólo á sus anemóscopos más ó menos perfeccionados, adelantarán 
muy poco en el problema de la circulación aérea. 

Infiérese de lo dicho que este importantísimo problema abraza 
dos partes muy distintas: una, cuanto se refiere á la circulación ge 
neral de la atmósfera terrestre; otra, el conjunto de sus manifesta- 
ciones particulares según localidades y tiempos diversos, según la 
altura á que los movimientos del aire se examinen. De la primera 
parte hemos dicho lo bastante para dar una idea general del fenó- 
meno. La segunda no entra en nuestro plan, sino accidental- 
mente. 

Perturbaciones de las corrientes generales atmosféricas.-^ 



UN CAPÍTULO DE METEOROLOGÍA DINÁMICA 287 



Queda establecido que, limitándonos tan sólo al movimiento de 
traslación del aire desde el Ecuador á los polos y de éstos al Ecua- 
dor, el problema de la circulación atmosférica resulta sencillo, fá- 
cil de comprender como un simple caso de mecánica. La dificultad 
aparece cuando se trata de investigar las causas modificadoras y 
perturbadoras del fenómeno general; aquellas, decimos, que dan 
origen á los trastornos atmosféricos, á las grandes ondas que re- 
corren la superficie terrestre , manifestadas por las profundas 
depresiones barométricas; á las tempestades siempre más ó menos 
ciclónicas, y, como consecuencia, á los variadísimos metéoros coti- 
dianamente registrados en los numerosos Observatorios disemina- 
dos como vigías en la superficie de los continentes, y en los mismos 
buques que surcan los mares. Estudiemos, pues, con algún deteni- 
miento el origen, desarrollo y marcha general de esos grandes 
trastornos en que la masa aérea, circunscrita por un cilindro de 
radio gigantesco, se pone en movimiento en torno á un eje que á su 
vez se traslada, recorriendo en el seno de la atmósfera prolonga- 
das distancias, manifestándonos en su base las energías de su 
fuerza, sembrando la desolación en unas partes, mientras que en 
otras, aportando benéficas lluvias, fecundiza los campos, purifica 
y renueva el aire que respiramos, modifica la temperatura y rea- 
viva la naturaleza. Comencemos por dar un nombre genérico á 
esta clase de fenómenos. Los meteorologistas los denominan: 

Ciclones.— Hagamos notar, en primer término, que si los ciclo- 
nes no constituyen una parte, una derivación de la corriente general 
procedente del Ecuador y dirigida á los polos, están con ella tan 
íntimamente enlazados, que bien pudieran confundirse, si, por otra 
parte, los ciclones no se desarrollasen como se desarrollan, de tiem- 
po en tiempo, y aquella corriente no se especificase por su cons- 
tante permanencia. Por esta razón habremos de repetir con fre- 
cuencia ideas ya expuestas, que nos harán más pesados; pero con- 
fiamos que todo ello ha de contribuir al mejor esclarecimiento del 
asunto. 

Es un hecho admitido por la Meteorología moderna, y demos- 
trado por la experiencia, que el origen de estos grandes movi- 
mientos atmosféricos arranca, no precisamente del Ecuador, sino 
de una zona intermedia entre la línea ecuatorial y los trópicos; 
que el movimiento inicial de traslación es del E. al O., eleván- 
dose más y más hacia el NO., N. y NE.; exactamente como hemos 
dicho de la corriente general. De modo que toda la trayectoria de 



2t> UN CAPÍTULO DE METEOROLOGÍA DINÁMICA 



un ciclón puede dividirse en tres fases principales: l. u , desde su 
origen hasta que comienza á inclinarse del O. al NO. y.N.; 2. a , des- 
de este punto hasta que en latitudes de zonas templadas, adonde 
llega con dirección más ó menos exacta al NE., ó se dilata per- 
diendo en intensidad y dando margen á otros centros ciclónicos se- 
cundarios, ó siguiendo su curso, entrando en la 3. a fase, gira tanto 
más inclinado al N. cuanto mayor es la latitud por donde pasa, El 
primero y segundo trozo, sobre todo el segundo de esta trayecto- 
ria, que unidos forman una parábola poco regular, están, á no du- 
darlo, mejor estudiados, porque las circunstancias de su desarrollo 
son más regulares, la marcha más uniforme, prestándose mejor al 
estudio de observación. No sucede otro tanto con el resto de la tra- 
yectoria, en que aquellos caracteres pierden mucho de su regulari- 
dad, y en que, sin duda, las condiciones topográficas y orográficas 
de los continentes han de influir de modo muy eficaz en su des- 
envolvimiento progresivo. Lo cierto es que á latitudes algo supe- 
riores al trópico son sumamente variables la forma en que los ci- 
clones se presentan, los cambios de su dirección y la velocidad con 
que se trasladan. Cuando se trate, pues, de explicar hechos con- 
cretos en la materia de que vamos hablando, conviene distinguir 
los caracteres geográficos, topográficos y orográficos de las regio- 
nes por donde cruzan tales metéoros. 

Dentro de las zonas templadas, donde mejor y con asiduidad 
más constante se han estudiado los ciclones, es en los Estados Uni- 
dos, donde los servicios meteorológicos están perfectamente orga- 
nizados. Más al Sur, en las Antillas, débese el estudio acabado y 
perfecto sobre los ciclones de aquella región, al español P. Vinos. 
Lo mismo en la parte oriental y SE. de los Estados Unidos que en 
las Antillas y centro de América, existe una causa que poderosa- 
mente influye en el desarrollo de los movimientos ciclónicos. Tal 
es la corriente marítima de que ya hemos hecho mérito. 

El norteamericano Loomis ha estudiado los caracteres de 485 
tempestades ciclónicas observadas en los Estados Unidos. Del exa 
men de las mismas deduce la dirección general de sus trayectorias 
en la segunda rama, de SO. al NE. con la inclinación N. 81° E.; ó 
sea 9 o respecto de las tangentes á los paralelos geográ lieos, osci- 
lando esta dirección general entre los límites N. 68° E. y X. 102. 
ó bien entre una dirección máxima hacia el polo de 22° y máxima 
hacia el S. de 12° con respecto á la línea LO. Respecto de la velo- 
ridad de traslación, el mismo autor deduce un valor medio de 41 



UN CAPÍTULO DB METEOROLOGÍA DINÁMICA 289 



kilómetros por hora entre los límites extremos de 28 kilómetros 
como mínimo y 53 como máximo. El período de comparación adop- 
tado por Loomis es de 24 horas, y es dé notar que la velocidad de 
que se trata dista mucho de ser regular en las latitudes á que se 
refiere, habiendo ocasiones en que la velocidad horaria alcanza y 
pasa los 80 kilómetros. Por esta razón la velocidad media de 41 
kilómetros por hora nos parece menor que la verdadera. Esta de- 
pende principalmente, en nuestro sentir, de la situación atmosfé" 
rica de las regiones hacia las cuales el ciclón se dirige, y de aque- 
llas de donde viene. Un anticiclón de más ó menos importancia 
puede oponerse á la marcha y en parte modificar la dirección de 
la onda ciclónica que trata de invadirlo, ó, por lo menos, aminora 
su movimiento. Así, por ejemplo, para citar casos concretos, suce- 
de á veces que al O. de las costas ibéricas parece como fijarse du- 
rante un día ó más un centro ciclónico, y como de un salto y de 
la noche á la mañana, y como sin cruzar la distancia intermedia, 
aparece situado en el Mediterráneo ó en el Cantábrico. El mismo 
fenómeno ocurre frecuentemente á latitudes más elevadas al Oeste 
y NO. de Irlanda, región que pudiéramos llamar predilecta de las 
grandes depresiones atmosféricas. Detenidas allí por más ó menos 
tiempo, suelen de improviso dar un salto hacia el centro de Europa 
ó hacia el NE. El hecho es singular, y no siempre bastan á expli- 
carlo ni las resistencias que á la marcha del ciclón pueden oponer 
las altas presiones con que debe luchar, ni la falta de energía im- 
pulsiva para vencerlas. 

Por lo que pudiera valer, consignaremos aquí una idea que, si 
no en todos, en muchos de los casos indicados puede dar explica- 
ción del fenómeno Admitimos desde luego que ni todas las depre- 
siones atmosféricas se trasladan con la misma velocidad, ni ésta es 
uniforme en todo el trayecto. Sin embargo, nótese que las deten- 
ciones aludidas obsérvanse principalmente en parajes donde las ob- 
servaciones que luego se utilizan para trazar las isóbaras, son in- 
completas porque pertenecen á puntos ocupados por las aguas del 
Océano; y puede ocurrir que, faltando el conocimiento exacto de 
la región O., N. O. y S. O., el centro del ciclón se suponga más 
adelante de lo que en realidad se encuentra, y que la depresión 
que como centro se señala, no sea más que las primeras avanzadas 
del mínimo central . 

Dedúcese de todo esto que los valores medios que puedan obte- 
nerse del examen de la velocidad y dirección de los ciclones en 

20 



290 UN CAPÍTULO DE METEOROLOGÍA DINÁMICA 



una región dada, no pueden servir de base segura para deter- 
minar con acierto y anticipación notable el rumbo, intensidad y 
avance de los mismos, mientras al propio tiempo no se tengan muy 
en cuenta las influencias anticiclónicas y multitud de detalles más r 
que no es del caso enumerar ahora. Con esto el problema se com- 
plica, y si bien uno y otro fenómeno, el ciclón y el anticiclón, con- 
tribuyen ambos á la resultante de una fase determinada, el con- 
cretar la ley inmediata que la determina es sumamente difícil. 

Por lo que concierne á Europa y aun al Asia, las tempestades 
ciclónicas vienen ordinariamente con dirección S. O. á N. E. Como 
en el S. y S. E. de los Estados Unidos, tiene en el N. O. de Europa 
muy señalada importancia la influencia de la corriente del Gulf 
stream. El N. O. de Irlanda es la vía más frecuentada por las in- 
vasiones océano-atmosféricas; pero no es la única, ya que á to- 
das latitudes, desde el trópico de Cáncer para arriba, penetran 
en nuestras regiones y en las regiones asiáticas las fuerzas gigan- 
tescas de esas ondas aéreas, de efectos bien conocidos de todos, 
aunque no sean meteorologistas. 

Pudiéramos acumular datos, concretar fechas, calcular veloci- 
dades, medir extensiones, trazar trayectorias ciclónicas sobre un 
mapa, en abundancia y en todas las regiones de nuestro continen- 
te, con sólo utilizar el cúmulo de observaciones recogidas desde 
hace medio siglo; pero, además de ser esto un trabajo de mucho 
tiempo, y juzgándolo, como lo juzgamos, de utilidad práctica sola- 
mente relativa, especialmente para el fin que nos proponemos, 
resultando ya bastante monótono el asunto que tratamos, paréce- 
nos más oportuno prescindir de ello, ya que aun sin esto no falta 
materia para largo entretenimiento. 

Esto no obstante, y ya que hemos citado un autor americano 
como autoridad, por tratarse de cosas de su casa, permítasenos ci- 
tar también otros que nos confirmen acerca de lo que pasa en la 
nuestra. En Francia está Plumandon, meteorologista competente, 
á quien sus paisanos deben reglas prácticas muy acertadas para 
conocer la proximidad de un ciclón que amenaza, y el modo de re- 
gularse durante la visita del mismo. No sabemos hasta qué punto 
puede tener cabida en esta materia el nombre del vicario de Za- 
rauz, dedicado, según parece, á anunciar la próxima llegada de las 
tempestades atmosféricas á las regiones cantábricas. Carecemos 
de datos suficientes para poder juzgarte con acierto. Sabemos, sí, 
que no se trata de un imposible, y que muy bien puede haber llega- 



UN CAPÍTULO DB METEOROLOGÍA DINÁMICA 291 

do dicho señor al conocimiento de ciertos pormenores, ciertos in- 
dicios atmosféricos que le sirvan de guía más ó menos fiel en cada 
caso particular: sus anuncios, supuestos estos conocimientos loca- 
les, serán tanto más fundados, cuanto, además de esto, más pro- 
fundamente conozca el señor vicario las leyes de la circulación 
aérea. Que si este conocimiento científico no le abona, creemos po- 
der asegurarle que con sólo las observaciones locales, las tempes- 
tades que anuncie le darán repetidos chascos, porque ó no llegarán 
siempre cuando las espera, ó se marcharán por caminos imprevis- 
tos. Como quiera que sea, y á fuer de españoles, plácenos cuanto 
en nuestra patria pueda contribuir al estudio de la ciencia de los 
metéoros. En punto á ciclones merece lugar especial el francés 
Faye, y por esto mismo aplazamos para más tarde el hablar de este 
sabio con mayor detenimiento. 

Dejamos dicho que la vía más frecuentada por las invasiones 
ciclónicas del Atlántico pasa por el NNO. de las Islas Británicas; 
pero que no es la única, ni mucho menos. Las que arriban por 
aquellas latitudes ó algo más bajas, penetrando ordinariamente 
por los Países Bajos, siguen su curso á través de Alemania. Otras 
se inclinan hacia Escandinavia ó al Báltico, corriéndose por el 
N. de Rusia ó perdiéndose hacia las regiones polares. Aparecen 
otras por las islas Azores, arriban á las costas portuguesas, y cor- 
tando el ángulo NO. de la Península Ibérica, cruzan el Cantábri- 
co y Francia hacia el centro de Europa. Más al S., y frecuentemen- 
te tocando en Canarias y casi costeando el NO. de África, invaden 
el S. de España, agitan el Estrecho, hacen sentir su influencia en 
el SE. y E. déla Península, para irá desarrollar una actividad 
más enérgica en los golfos de Lyon y Genova, cruzan la Alta Italia 
ó el centro y pasan al Adriático. Del mismo modo, las que arriban 
al S. de Italia, y aun muchas que cruzan por el centro, proceden ó 
han pasado antes por el continente africano, trayendo consigo im- 
preso el sello de sus ardientes climas, caracterizadas por la tempe- 
ratura elevada de los vientos siroco y S., que tanto enervan y apla- 
nan las fuerzas de los habitantes de esta región, produciendo en 
ellos algo así como modorra, relajamiento de los músculos, dolores 
de cabeza, etc. 

Tal es la regla más general respecto de la ruta seguida por las 
tempestades al NO., O. y S. de Europa; pero como la mayoría de 
las reglas, cuenta también ésta con sus correspondientes excep- 
ciones. 



292 UN CAPÍTULO DE METEOROLOGÍA DINÁMICA 

V en efecto; si rarísima vez se observa que liria tempestad re- 
trocede, emprendiendo, por ejemplo, un rumbo de E. á O. ó de NE. 
áSO., lo que constituirá siempre una verdadera anomalía, no es 
tan raro el que una depresión ciclónica se traslade del NO. al 
SE. y con más frecuencia de S. á N. Tal sucede con algunas, 
como ya hemos hecho notar, que apareciendo por el NO., llegan 
al mar Cantábrico, y á través de los Pirineos, entran en el Medite- 
rráneo, salvan la Italia y córrense al Asia. Ocurre también en oca- 
siones que se presenta una depresión por el Atlántico al SO. de 
España, y en vez de internarse en la Península, dirígese casi pa- 
ralelamente á las costas de Portugal con rumbo al N., como si las 
montañas de la Península presentasen un obstáculo insuperable y 
rechazasen la invasión. Como hacia aquellas regiones del Atlán- 
tico no tenemos más puntos de observación que Canarias, es difí- 
cil conocer en estos casos si las trayectorias de estas tempestades, 
antes de llegar á las costas occidentales de la Península, traen 
ya la dirección determinada de S. á N., ó si la cambian al encon- 
trarse con tierra firme. 

P. Ángel Rodríguez de Prada, 

o. s. A., 

Director del Observatorio del Vaticano. 
(Continuará.) 



-S*<¿**&%7d\'€X r 4?** L ~- 



AURELIO PRUDENCIO CLEMENTE 

ESTUDIO BIOGRÁFICO-CRÍTICO 



(Continuación.) 
III 

Obra* de Prudencio. 

§ 1. LOS DOS LIBROS CONTRA SÍMACO 



Habiendo suficientemente hablado en el precedente artículo acer- 
ca de la ocasión aprovechada por Prudencio para escribir sus dos 
libros contra el senador pagano, nos limitaremos ahora á dar un 
breve resumen de esta magnífica obra. El prólogo del primer libro 
es una hermosa composición en versos asclepiádeos, en que el poeta 
establece un paralelo entre el Prefecto de Roma y la víbora que en 
la isla de Malta picó en la mano á San Pablo; veneno de víbora in- 
ofensiva como los argumentos de Símaco, sin fuerza para engañar 
á la sociedad romana, ya cristiana en casi su totalidad (1). Em- 
pleando el verso heroico, comienza Prudencio su primer libro pro- 
bando lo absurdo del culto de los ídolos. Júpiter, Saturno, Mercu- 
rio, Venus, Marte, etc., eran pequeños soberanos ó personajes de 
alguna importancia, que aprovechando la profunda ignorancia del 
pueblo, se hicieron adorar como dioses para justificar, ó mejor di- 
cho, divinizar hasta sus vicios y sus infamias. Las maravillosas 
hazañas del padre de los dioses son sencillamente la historia adul- 
terada y poetizada de los culpables amores de un antiguo rey. 



(1) Es un hecho verdaderamente sorprendente que desde la llegada 
de San Pablo á Malta, las víboras de aquella isla, que anteriormente 
tenían un violentísimo veneno (Act. Apost., xxviii, 3 y sig.) le han per- 
dido por completo. La constante tradición de los malteses atribuye este 
portento á San Pablo. Recientes estudios emprendidos por una socie- 
dad protestante con el fin de desmentir esta tradición, han dado por re" 
sultado la confirmación del hecho milagroso. 



2U4 AURELIO PRUDENCIO CLEMENTE 

«Con raro ingenio, dice Prudencio (1), multiplicando el malicioso 
Júpiter sus engaños, imaginó nuevas alevosías, y cambiando de 
aspecto según las circunstancias, hizo creer que era buey, águila 
rapaz, cisne voluptuoso ó lluvia de oro que fecundaba el seno de 
una joven. ¡ Desdichados pueblos , con qué excesiva facilidad 
escucharon los engaños de un astuto malvado!» Al lado del culto 
prestado á estas divinidades de primer orden, seguía el pres- 
tado á los genios, á los héroes, á los semidioses y á las potencias 
invisibles. La introducción de esta clase de culto debía atribuirse, 
según Prudencio, a las presiones y violencias ejercidas por los 
tiranos. «La estupidez de un pueblo embrutecido permitía que cada 
príncipe pasara con todos sus vicios á las eternas y felices mora- 
das de los Campos Elíseos. El más pequeño palacio tenía una te- 
rrible majestad: se honró á los reyes y á los potentados, ofrecién- 
doles incienso y dedicando templos á su memoria. Los primeros 
que tributaron estos honores no lo hicieron ni por amor ni por con- 
vicción: el temor de terribles castigos implantó lo que tú ¡oh wSíma- 
co! llamas las costumbres de la patria. Cuando desaparecieron los 
contemporáneos de estas divinidades, la posteridad ignorante no 
se atrevió á negar los honores divinos á aquellos cu)^os cuerpos 
descansaban en negras urnas de mármol sobre los altares» (2). 

El culto de casi todas las divinidades paganas tiene, sobre poco 
más ó menos, el mismo origen: la voz popular adjudicaba á veces 
el título de divinidad á algunos hombres cuyas hazañas ó fuerzas 
corporales se consideraban como extraordinarias. Se formaron le- 
yendas populares relacionadas con las vicisitudes de la nación: 
vencedor ó vencido, el pueblo conservaba su culto nacional, ó lo 
abandonaba para observar los ritos supersticiosos del vencedor. 
Mientras que algunas naciones reconocían como dioses á sus anti- 
guos reyes, otras otorgaban los honores divinos á las fuerzas de la 
naturaleza personificándolas. «Nuestros padres han considerado 
como otras tantas divinidades á todos los objetos que les admira- 
ban en la Tierra y el Océano, es decir: los montes y los valles, los 
mares y los ríos, el hielo y el fuego. Representaron todo esto bajo 



(1) Quodque novo ingenio versattts Júpiter, astas 
Multíplices, variosque dolos texebat, ut illum, 
Verteré quum vellet..., etc. 

In Jove } Epigrama tn, ver& l<> ti seq. 

(2) /// Boceo, Epig, vii, vers, -i e< seq. 



B8TUD10 BIOGRÁFICO-CRÍTICO 295 

distintas figuras, y dieron á las mudas estatuas fantásticos nom- 
bres: así al Océano le llamaron Neptuno, los ríos se poblaron de 
ninfas, los bosques de dríadas. El mismo fuego, creado exclusiva- 
mente para nuestro uso, tiene el nombre de Vulcano... Las horri- 
bles sombras que llenan los Tártaros son capaces de dar dioses á 
Roma... ¿No tiene acaso Plutón numerosos santuarios en la capital 
del Imperio? ¡Y en honor de estas espantosas divinidades cae el 
desdichado gladiador inmolado sobre la arena de los anfitea- 
tros!» (1). Roma, vencedora del mundo, en vez de imponer el culto 
de sus dioses á las naciones vencidas, adoptó, por el contrario, las 
divinidades de los pueblos subyugados; los dioses griegos y galos, 
como los de Sajonia y de Tracia, recibían incienso en el grandioso 
Panteón de Agripa: el pueblo romano aceptaba sin dificultad los 
preceptos de este culto sensual cuya práctica era demasiado fácil. 
Después de trazar con mano maestra este tristísimo cuadro, 
habla Prudencio del milagroso triunfo de la Cruz, cuya imagen 
estaba impresa en el lábaro del gran Constantino. Admiradas las 
muchedumbres por la muerte de tantos miles de mártires y asus- 
tadas por este inesperado milagro, abandonaron en masa las anti- 
guas supersticiones para confesar públicamente que el Crucificado 
es el único y verdadero Dios; los adoradores de las vergonzosas 
divinidades ya no forman más que una despreciable minoría. 
«Mira ¡oh Símaco! estremecerse de gozo los padres conscriptos, 
los luminares del mundo; mira la asamblea de los viejos Catones 
revestirse de lajiermosa blanca túnica y del manto de la piedad, 
mientras se despojan de las insignias del pontificado; todos adelan- 
tan el paso para ingresar en los templos sin mancha de los naza- 
renos. La noble familia de los Evandros, los descendientes de 
Anio, los parientes de Probo, corren todos para recibir el Sacra- 
mento de la regeneración; el heredero de la familia de los Oli- 
brios, cuyo nombre se halla inscrito en los fastos consulares, in- 
clina la segur de Bruto ante la tumba de un mártir y humilla el 
hacha ausoniana ante la majestad de Cristo... Mira ahora al pueblo 
¡oh Símaco! y dime: ¿Dónde está aquella turba que antaño hon- 



(1) Quidquid humus, pelagus, coelum mirabile gignunt 

Id duxere déos, colles, freta, ilumina, flammas, 
Heec sibi per varias formata elementa figuras 
Cpnstituere patres... 

Epigr anima xiv, vers. 1 et seq. 



5<»fi AURELIO PRUDENCIO CLEMENTE 

raba el sangriento altar de Júpiter? Las infelices muchedumbres, 
obligadas á subir hasta los tejados para encontrar sus miserables 
habitaciones, se aglomeran al rededor del monte Vaticano, donde 
se conservan los preciosos restos de Pedro, ó corren á la basílica 
de Letrán para venerar el sagrado madero de la Cruz ó para reci- 
bir en su frente la unción verdaderamente real del santo cris" 
ma» (1). 

Más concreto es el libro segundo, en el cual combate directa- 
mente Prudencio el discurso de Sí maco. Después de confesar en 
versos glicónicos su confianza en Jesucristo y pedirle su ayuda 
para no naufragar en el mar hinchado de la retórica del senador 
pagano, expone las sofísticas razones de su adversario, comba- 
tiéndolas punto por punto. Pretendía Símaco que la estatua y el 
altar de la Victoria habían sido la causa de todas las grandezas 
del imperio, y que, gracias á este culto, se sometió el mundo entero 
al Senado romano. Contesta Prudencio explicando la causa de las 
victorias de Roma en los designios de la Providencia: la unidad 
política del universo debía facilitar la propagación del Evangelio. 
«Romanos, yo os diré por qué tan estupendas victorias han coro- 
nado vuestros esfuerzos; os diré la razón por la cual vuestra glo- 
ria ha alcanzado un grado tan sublime, y os probaré por qué vues- 
tras armas han subyugado al mundo entero. Dios había decretado 
que las naciones, divididas por diversos idiomas y distintas reli- 
giones, se uniesen bajo el mismo cetro... Los distintos pueblos for- 
maron así como una misma familia... fué esto uno de los medios 
empleados por Dios para preparar la vía de Cristo» (2). Insistía 
Símaco para que no se mudara nada en las antiguas costumbres 
y se conservase fielmente un culto que desde la más remota anti- 
güedad habían rodeado los antepasados del mayor respeto y cari- 
ño. Para probar lo equivocado de esta pretensión, demuestra Pru- 
dencio lo absurdo que es el empeño de querer conservar un error 
únicamente porque es antiguo, y vuelve el mismo argumento con- 
tra su adversario, demostrándole que no es el politeísmo, sino el 



(1) Exultare Patres videas, pulcherrima mundi 

Lumina, conciliumque senum ¿estire Catomnú 
Candidiore toga, niveura pietatis amictum 
Sumere et exuvias deponere pontificales. 

Epigramma w. irers. I el seq 

2 ( mitra Sim. % lib. ii, sectio n, vera. 6 et seq 



ESTUDIO BIOGRÁFICO-CRÍTICO 297 



culto del verdadero y único Dios, la religión más antigua, por no 
ser la idolatría más que la corrupción de la revelación primitiva. 
Hace aquí el poeta una maravillosa descripción de la manera como 
Roma multiplicaba sus dioses. «En medio de las humeantes ruinas 
de los templos, la mano armada del vencedor apoderóse de los 
ídolos enemigos, y arrastrándoles á Roma como cautivos, los ado- 
ró después como divinidades. Este ídolo fué tomado el día del sa- 
queo de Corinto; este otro fué salvado del incendio que consumía 
á Atenas. El triunfo sobre Cleopatra enriqueció á Roma con nue- 
vos dioses con cabeza de perro; la batalla ganada sobre las arenas 
de Amón dio á Roma ídolos con cornamenta. Cuantas veces reci- 
bía la capital con aplauso el carro de algún general triunfante, 
aumentaba el Senado el número de los altares, y la invencible 
Roma adoraba estos despojos como si fueran otras tantas divini- 
dades» (1). j 

Vuelve después Prudencio el argumento contra su adversario 
probándole que no es el politeísmo la religión más antigua, sino, 
al contrario, el culto del único Dios. En la época del diluvio, y 
más anteriormente aún, el monoteísmo era la religión de los hom- 
bres primitivos que poblaron el universo: á medida que iba multi- 
plicándose la especie humana, varias tribus se separaban, aleján- 
dose del núcleo principal, que conservaba intacta la revelación di- 
vina. Estas tribus, abandonadas así mismas, corrompieron poco á 
poco las verdaderas tradiciones, é insensiblemente se infiltraron 
muchas supersticiones que fatalmente debían ir á parar á la idola- 
tría. El fetiquismo nunca ha sido y no será nunca el signo distin- 
tivo de una nación floreciente, y es, por el contrario, la señal más 
segura de un pueblo que corre hacia su decadencia: así es que la 
misma antigüedad del paganismo, en vez de ser prenda más segu- 
ra en favor de la verdad religiosa, le da formas más absurdas y 
hasta vergonzosas. Pretendía también arnaco que el Emperador 
dejase libertad completa para todos los cultos, afirmando que se 
podía llegar al conocimiento de la verdad por distintos caminos. 
A este sofisma contesta el poeta diciendo que, como es una la ver- 



il) ínter fumantes templorum armata ruinas 

Dextera victoris, simulacra hostilia cepit, 
Et captiva domum venerans ceu numina vexit. 
Hoc signum rapuit bimaris de strage Corinthi. .. 
Lib . ii, sectio ni, vers. 73 et seq. 



298 AURELIO PRUDENCIO CLEMENTE 

dad, uno también es el camino que conduce hacia ella; sólo el 
error es múltiple y variado. 

Mudando de rumbo, habla Símaco de la supresión de las vesta- 
les, afirmando que ésta no podía tener otro resultado que el de irri- 
tar á los dioses, y que todas las calamidades que afligían entonces 
al imperio eran un justo castigo del cielo. «Es posible, dice irónica- 
mente Prudencio, que tus dioses se hayan equivocado, porque si 
el Olimpo estuviese airado contra los cristianos, deberían ser és- 
tos los castigados y no los idólatras; pero resulta lo contrario: las 
familias cristianas, bendecidas de Dios, van siempre progresando, 
sus campos están bien trabajados y compensan ampliamente el su- 
dor derramado por los labradores, mientras que los adoradores de 
los dioses de bronce y mármol, con la depravación de sus costum- 
bres autorizada por el ejemplo de los mismos dioses, aceleran cada 
día más la decadencia de la patria: éstos, sí, y no la supresión de 
las vestales, son los crímenes que piden venganza y que mere- 
cen ejemplar castigo.» Insiste el poeta sobre este punto afirman- 
do que no puede ser la supresión de las vestales la causa de la de- 
cadencia del imperio, porque, aun supuesto el caso de que se en- 
contraran algunas de éstas de vida y costumbres irreprensibles, 
todas las demás ofrecían á Vesta una pureza (si pureza puede lla- 
marse) forzosa, y costumbres muy dudosas (1). Estas vírgenes ves- 
tales, símbolo de lo más puro y espiritual que soñó el paganismo, 
eran odiosas é infames, comparadas con las vírgenes mártires del 
Cristianismo. Termina el poema con las palabras siguientes (2): 
«Quiero ahora examinar cuál es el valor de la virginidad de las 
vestales; cuál es la ley que reglamenta toda la gloria de su pudor. 



(1) Sed si Vestalis ulciscitur ista puellas 

Pestis, ab infido quae gignitur improba mundo, 
Cur non Christicolúm tantum populatur agellos, 
Per quos Virginibus vestris stata dona negantur?... 

Sectio vm , vers. 90 et seq. 

(2) Quae nunc Vestalis sit virginhas honestas 
Discutiam, qua lege regat decus omne pudor i s. 
Ac primum parvae teneris capiuntur in annis, 
Ante voluntatis propriae quam libera Secta 
Laude pudicitiae ferreos, et amore Deorum, 
Justa maritandi condemnat \ inrulasexus... 

Secti»> vm, veis. 156 et seq. 



E8TUDIO BIOGRÁFICO-CRÍTICO 299 

Se empieza por apoderarse de ellas desde la más tierna edad, an- 
tes de que por un libre acto de su voluntad, por un fervoroso de- 
seo de conservar la castidad y por sincera devoción á los dioses, 
hayan rechazado los vínculos del matrimonio que tenían derecho 
á contraer. El paganismo, á pesar de sus esfuerzos, no puede 
consagrar para el servicio de sus altares malditos más que un pu- 
dor forzoso... Para estas pobres desdichadas solamente queda 
una esperanza: que un día se les permitirá encender las antorchas 
del himeneo, reservando para este acto tardío sus canas y su fiso- 
nomía decrépita... Ya ancianas, después de abandonar sus pia- 
dosas ocupaciones, buscan los vínculos del matrimonio, maldicien- 
do el fuego sagrado al cual habían dedicado su juventud... Mien- 
tras que preciosas cintas adornan sus perfumados cabellos, y que 
sacerdotisas sin esposo atizan los aborrecidos carbones, las llevan 
por las plazas y por los anfiteatros como una pompa pública.» Có- 
modamente sentadas en un carro y con el rostro descubierto, se 
presentan las vírgenes como un espectáculo á la ciudad que aplau 
de: este casto pudor, esta piedad que nunca debería ver la san- 
gre humana, va á sentarse en los primeros lugares del circo para 
hartarse de los crueles combates de los gladiadores, para refrige- 
rar sus ojos con la vista de los muertos y de los heridos. Se sien- 
ta... y goza al ver todas las sangrientas luchas. «¡Oh alma cando- 
rosa y tierna! exclama irónicamente Prudencio (1): se levanta 
cuando ve un buen golpe, y cuando el vencedor clava su arma en 
la garganta de la víctima, dice que son éstas sus verdaderas deli- 
cias, y la modesta virgen, volviendo el pulgar hacia el suelo, man- 
da romper el corazón de la víctima tendida sobre la arena. ¿Y por 
esto ¡oh Símaco! se deben respetar lasvestales como vigilantes pro- 
tectoras del Lacio, de la majestad de Roma, como si presenciando 
estos actos rescataran la vida del pueblo y aseguraran la salva- 
ción de la gente patricia? ¿Es acaso porque tienen gracia especial 
en adornar su cuello con les cabellos, porque ciñen su frente con 
ricas cintas y enguirnaldan su cabeza con flores? ¿Es porque bajo 
tierra, sin más testigos que las negras sombras, degüellan las víc- 



(1) O tenerum, mitemque animum! consurgit ad ictus, 
Et quoties victor ferrum jugulo inferit, illa 
Delicias ait esse suas, pectusque jacentis 
Virgo modesta jubet converso pollice rumpi. ... 

Sectio viii, vers. 186 et seq. 



800 AURELIO PRUDENCIO CLEMENTE 



timas lústrales murmurando imperceptibles plegarias?» Una fer- 
vorosa súplica al Emperador para que no se deje engañar por los 
especiosos soñsmas del Prefecto de Roma, concluye esta obra, rica 
en las más hermosas galas de elocución, de un vigor y de una elo- 
cuencia que subyugan. 

§ 2. EL Ka6-n(ji£ptvG)V, 

Una de las más hermosas composiciones del poeta aragonés es, 
sin duda alguna, el libro de poéticas meditaciones y cotidianas 
plegarias que intituló Kae^cpivav , ó sea el libro de los himnos. «La 
belicosa España, escribió M. Villemain (1), aquella comarca que 
una afinidad meridional había muy temprano mezclado con el genio 
de sus itálicos dueños, celebraba con la lira religiosa el culto nue- 
vo. Como había producido anteriormente á Lucano y Marcial para 
cantar la monstruosa grandeza y los vicios de Roma, produjo tam- 
bién un cantor armonioso y puro para celebrar las virtudes de la 
Iglesia que salía de las Catacumbas... Prudencio describe la vida 
cristiana con sus obligaciones de cada día... Bajo la impresión del 
espectáculo de la naturaleza, relacionado con el corazón del hom- 
bre, señalaba por medio de himnos las principales horas y las divi- 
siones del tiempo. El encanto de estos cantares consiste en la 
santidad, en el recogimiento, en el contraste de esta pureza reli- 
giosa con los vicios del mundo profano; y, en fin, en la esperanza 
de la vida espiritual, superior á todos los sentimientos de la exis- 
tencia de este mundo.» Un poco más adelante, hablando el mismo 
autor de las estrofas que en el Catemérinon consagra Prudencio á 
la memoria de los Santos Inocentes, saludándoles como la flor de 
los mártires, añade: «Estos versos no perecerán jamás, y se canta- 
rán en la última tierra bárbara que el Cristianismo descubra y 
bendiga.» No añadiremos una sola palabra á lo que acaba de decir- 
nos el secretario perpetuo de la Academia Francesa; profanaría- 
mos la crítica de aquel gran literato, de tan exquisito y seguro 
gusto, y cuya admiración no se equivoca. 

Es verdaderamente vergonzoso para el mundo literario que las 
obras de Estacio, Claudiano y otros muchos se encuentren en casi 
todas las colecciones de clásicos latinos, mientras que los versos de 
Prudencio, infinitamente superiores á los de ellos, no hayan toda- 



(l) Essai sur Pindare et la poQsie lyrique, 



ESTUDIO BIOGRÁFICO-CRÍTICO 801 

vía hallado su lugar correspondiente. Para decir la verdad, no de- 
beríamos extrañar semejante anomalía , porque en una época 
frivola como la nuestra, el solo título de poeta cristiano suele es- 
pantar á los espíritus superficiales; y, sin embargo, el Catemérinon 
revela un verdadero genio poético. No se sabe qué admirar más, si 
la constante elevación de los pensamientos, ó la elegancia, suavi- 
dad y concisión del estilo. El lector que se propusiera estudiar de 
verdad y profundizar esta obra, se convencería fácilmente de que, 
si Prudencio no es superior á los poetas de la antigüedad pagana, 
puede ocupar entre, ellos uno de los primeros lugares; pero como 
sublimidad de pensamientos y patético, no tiene más que rivales. 

El Catemérinon empieza con una oda en versos* glicónicos, 
asclepiádeos y coriambos: en ella nos da preciosos detalles sobre 
su vida, de los cuales ya hemos hablado en el precedente artículo. 
El cuerpo de la obra consta de doce himnos ó meditaciones poéti- 
cas: el primero, intitulado cid gallicinium y es un canto. monócolo- 
dímetro, compuesto de versos yámbicos, arquilóquicos y actaléc- 
ticos, y comienza con esta estrofa, que la Iglesia emplea en su 
liturgia: 

Ales diei nuntius 

Lucem propinquam praecinit: 

Nos excitator mentium 

Jam Christus ad vitam vocat (1). 

Inspirándose Prudencio en aquellas palabras de San Pablo: 
Hora est jam nos de somno surgere... nox prcecessit, dies autem 
appropinquavü (2), invita á los fieles á que se levanten en segui- 
da que oigan el canto del gallo. Para nuestro poeta, el canto del 
gallo es el símbolo de la voz de Jesucristo que resuena en el silen- 
cio de la noche para que las almas abandonen las sombras del pe- 
cado . Este simbolismo lo sacó Prudencio de muchas pinturas de 
las Catacumbas de Roma, en algunas de las cuales, no solamente 
se ve un gallo aliado de San Pedro, sino también al lado de Jesu- 
cristo. En la Edad Media, el gallo era el símbolo más común, y re- 
presentaba al predicador increpando á los pecadores. Por esto, en 
muchísimas iglesias de aquella época las veletas de las torres te- 



(1) Hymn. in Laudibus Feriae III, 

(2) AdRom., xm, 12. 



302 AURELIO PRUDENCIO CLEMENTE 

nían ordinariamente la forma de un gallo (1). Recuerda luego el 
poeta cómo el príncipe de los Apóstoles se arrepintió al oir el canto 
del gallo, nos invita á arrepentimos de nuestras culpas siempre 
que oigamos este canto, y termina rogando á Jesucristo disipe este 
sueño nefasto, que rompa las cadenas de la noche, destruyendo el 
antiguo pecado y derramando sobre nosotros nueva luz. 

Tu, Christe, somnum disjice: 
Tu rumpe noctis vincula; 
Tu solve peccatum vetus, 
100 Novumque lumen ingere. 

El metro del segundo himno, intitulado Hymnus matutinas, es 
idéntico al anterior y tiene tal elegancia, que Villemain le compara 
con las mejores composiciones de Horacio. Dice Prudencio que Je- 
sucristo es la verdadera luz del alma, y todas las tinieblas del pe- 
cado se disipan inmediatamente cuando Dios reina en el corazón 
del fiel cristiano: hace después en pocos versos una magnífica des- 
cripción del movimiento que se observa en Roma en las primeras 
horas del día: 

Heec hora cunctis utilis, 

Qua quisque, quod studet, gerat; 

Miles, togatus, navita, 
40 Opifex, arator, institor. 

Illum forensis gloria, 

Hunc triste raptat classicum: 

Mercator hinc ac rusticus 

Avara suspirant lucra. 

Los cristianos no debemos poner nuestras aficiones en las ri- 
quezas de este mundo, ni en la usura, ni en las vanas flores de la 



(1) Durando de Mende (1237-1296), en su Rationale divinunt, nos ex- 
plica el simbolismo de este animal. "El gallo, dice, que se ve en el 
pináculo de las iglesias, es la figura de los predicadores; porque este 
animal, siempre vigilante hasta á media noche, anuncia las horas des- 
pertando á los que duermen, y advierte que el sol va á Levantarse. To- 
das estas particularidades tienen para nosotros un sentido misterioso: 
el mundo es la noche; los que duermen BOU los admiradores de este 
mundo, porque duermen en las tinieblas del pecado: el gallo es el pre- 

dicador que anuncia con valentía la palabra de i >ios, despertando a ios 
que duermen y excitándoles a abandonar sus malas costumbres, y pa 
decir: ¡Ay de los que duermen!,, 



ESTUDIO BIOGRÁFICO CRÍTICO 303 

elocuencia; nuestra principal obligación es conocer á Cristo, ro- 
gándole con un corazón humilde, y prosternarnos ante El doblan- 
do nuestras rodillas, llorando y salmodiando. Un día nuevo invita 
á todos los fieles para que practiquen nuevas virtudes: debemos 
vivir sin cometer un solo pecado, porque en el cielo reside un tes- 
tigo que ve hasta nuestros pensamientos más recónditos, y este 
testigo será un día nuestro juez, á quien nadie podrá engañar: 

Hic testis, hic est arbiter, 
110 Hic intuetur quidquid est, 
Humana quod mens concipit: 
Hunc nemo fallit judicem. 

El tercer himno, un canto alcmanio, es una de las mejores com- 
posiciones de Prudencio. Empezando por una invocación á Jesu- 
cristo, creador de la luz, el Hytnnus ante cibum nos recuerda con 
cuántas acciones de gracias recibían los primeros cristianos de 
manos de Dios el pan de cada día, cómo evitaban el lujo en las 
mesas y los excesos de la intemperancia. Sus comidas eran sobrias 
y formaban gran contraste con los excesos de los paganos; no se 
coronaban de rosas, no esparcían perfumes, no invitaban á mú- 
sicos ni llamaban á gladiadores para agradar al oído ó dis- 
traer la vista. Expone luego cómo Dios creó al hombre, rey de 
toda la creación, concediéndole para su uso las frutas de la tierra, 
la carne y la leche de los rebaños, los pájaros que caen en sus la- 
zos, como también los peces que se dejan engañar por el cebo y 
los anzuelos. Recuerda cómo una sola desobediencia perdió á nues- 
tros primeros padres, y cómo Jesucristo, el Verbo del Padre, se 
hizo hombre para rescatarnos de las funestas consecuencias de 
una comida culpable. Empleando en este himno un ritmo más difí- 
cil que en los dos anteriores, en los cuales domina el verso yám- 
bico, exhorta á su musa para que desprecie la facilidad con la cual 
se trenzan las coronas de hiedra para ceñir su frente con los di- 
fíciles versos dactilicos. 

Sperne, Camena, leves hederás, 
Cingere témpora queis sólita es, 
Sertaque mystica dactylico 
Texere docta liga strophio, 
30 Laude Dei redimita comas. 

La décimaoctava estrofa de este himno nos recuerda un pasaje 
de las meditaciones poéticas de Lamartine. No es improbable que 



804 AURELIO PRUDENCIO CLEMENTE 

el cantor de La caída de un ángel tuviera á la vista las obras del 
poeta aragonés, ni mucho menos extrañaríamos que, teniéndolas 
entre manos, en determinadas ocasiones le hubiera tomado por 
modelo: el hecho es que hay tal semejanza entre varios versos de 
Prudencio y otros de Lamartine, que muchos del último parecen 
imitación de los del primero. Como ejemplo citaremos estas estro- 
fas, y el lector podrá compararlas por sí mismo: 

DE PRUDENCIO 

Te, pater optime, mane novo, 
Solis et órbita cum media est, 
Te quoque, luce sub occidua, 
Sumere cum monet hora cibum, 
90 Nostra, Deus, canet harmonía. 

DE LAMARTINE 

Et pour obtenir chaqué don 
Que chaqué jour tu fais éclore, 
A midi, le soir, a Faurore 
Que faut-il? Prononcer ton nom. 

(Hymnede l'enfant á son réveil.) 

El himno cuarto, en verso monócolo endecasílabo, llamado 
Hymnus post cibum, es un canto de acción de gracias y un elogió 
de la templanza. Cuando la refección es parca, dice el poeta, los 
corazones están mejor dispuestos para recibir y conservar la 
gracia de Dios, verdadero alimento del alma. Cuenta después 
cómo Daniel, en la fosa de los leones, recibió milagrosamente 
los manjares que le negaban sus encarnizados enemigos: las fieras 
se amansan delante del Profeta arrodillado que pide á Dios el pan 
de cada día, y un mensajero celeste recibe la orden de proporcio- 
narle los alimentos necesarios. Saboreó Daniel el celeste festín, v 
levantando los brazos y el rostro al cielo, cantó el Alleluya en ac- 
ción de gracias. Este himno, además del mérito literario, tiene la 
ventaja de probar, por lo menos indirectamente, la remotísima an- 
tigüedad de la liturgia romana. Es hoy indiscutible que desde los 
primeros días del Cristianismo hubo un estilo litúrgico que se filé 
perpetuando en la Iglesia por medio de la tradición. Los primeros 
cristianos nunca se sentaban á la mesa sin haber anteriormente 
invocado la bendición de Dios sobre los alimentos, y nunca se le- 






ESTUDIO BIOGRÁPICO-CRÍTICÓ 305 

vantaban sin haber dado las correspondientes gracias. Estas anti- 
guas formas, modificadas poco á poco, constituyeron la bendición 
litúrgica actual que se encuentra en el Breviario Romano. El 
himno cuarto está impregnado de este estilo, y es sumamente fácil 
ver la afinidad ó la casi identidad de lenguaje que existe entre los 
versos del himno y las fórmulas deprecatorias empleadas en la 
bendición litúrgica de la mesa. Haremos solamente una sencilla 
comparación: en los antiguos breviarios monásticos, la fórmula 
de la bendición de la mesa en los días de ayuno es la siguiente: 
Largitor omnium bonorum benedicat colationem servorum suo- 
rum. Y Prudencio, después de decir cómo Daniel cantó el allelu- 
ya, añade: 

Sic nos muneribus tuis refecti, 
Largitor Deus omnium bonorum, 
75 Grates reddimus, et sacramus hymnos. 

El himno ad incensum lucernae ha sido ocasión de una contro- 
versia. El P. Arévalo lo intitula: De novo lumine paschalis sab- 
bati, pretendiendo que Prudencio lo escribió para que lo cantasen 
en la noche del Sábado Santo, y como prueba de su opinión cita va- 
rios versos en los cuales alude el poeta al fuego nuevo que se ben- 
dice en esta solemnidad. Sin embargo, todos los manuscritos más 
antiguos dicen ad incensum lucernae, y este título está hoy adop- 
tado en todas las ediciones modernas. Hermann- Adalberto Daniel, 
en su Thesaurus' hymnologicus, dice: «Praeter mss. codd. auctori- 
tatem, id suadet libri Cathemerinon ordo, ut quintus hymnus intel- 
ligendus sit de vesperis, in quibus solemni more accendi lucernas 
Prudentii aevo mos fuerit.» Efectivamente, el orden que da Pru- 
dencio á sus meditaciones poéticas prueba que este himno, como 
los cuatro anteriores y el que sigue, eran composiciones que de- 
bían cantarse diariamente. Empieza el poeta por dar gracias á 
Dios de que no se ha limitado á crear el sol y la luna para alum- 
brarnos, sino que ha enseñado á los hombres la manera de herir 
determinada piedra para sacar chispas, verdaderas semillas de 
luz. Recuerda la luz milagrosa que precedía á los israelitas en el 
desierto, y canta en hermosísimos versos asclepiádeos las mara- 
villas que hizo Dios para salvar á su pueblo de la esclavitud de 
Egipto. El Cristo, luz verdadera, es causa de regocijo para todas 
las criaturas: se alegraron las almas de los santos Patriarcas que 
estaban prisioneras en el Limbo cuando le vieron salir triunfante 

21 



306 AURELIO PRUDKNCIO CLKMENTR 

de las tinieblas de la muerte como un sol resplandeciente. Habla 
luego de los sentimientos piadosos que deben llenar el corazón de 
los íieles cuando, todas las noches, se encienden las lámparas, y 
acaba su himno con esta magnífica plegaria: 

Tu lux vera oculis, lux quoque sensibus, 

Intus tu speculum, tu speculum foris, 
155 Lumen quod famulans offero, suscipe, 

Tinctum pacifici chrismatis unguine: 

Per Christum genitum, summe Pater, tuum, 

In quo visibilis stat tibi gloria; 

Qui noster Dominus, qui tuus unicus 
160 Spirat de patrio cor de Paraclitum: 

Per quem splendor, honos, laus, sapientia, 

Majestas, bonitas, et pietas tua 

Regnum continuat nomine triplici 

Texens perpetuis saecula saeculis. 

El sexto, Hymnus ante somnum y en versos yámbicos anacreón- 
ticos, termina la primera serie del Catemérinon, destinada á ala- 
bur á Dios en las diversas horas del día. Nos recuerda el poeta 
cómo Dios quiso someter nuestros débiles miembros á la ley del 
sueño para moderar nuestro cansancio con un remedio agradable: 
se suspenden los trabajos del día, y cada uno busca el necesario 
descanso: el pobre y el desdichado pueden por algunos momentos 
olvidar sus miserias y sus dolores: sólo los malvados llevan hasta 
en el sueño el castigo de sus vicios, teniendo horribles representa- 
ciones: 

At, qui coinquinatum 
Vitiis cor impiavit, 
.">.") Lusos pavor e multo 
Species vidct tremendas. 

El justo, cuya fantasía no está manchada con los impuros de- 
seos, duerme tranquilo, porque no conoce las terribls agitacio- 
nes que martirizan el corazón del criminal. Muchas veces se sirvió 
1 )ios del sueño de los justos para manifestarles los secretos del por- 
venir; así lo vio el patriarca José, y también en un sueño vio el 
evangelista San Juan al Cordero de Dios que le revelaba impene- 
trables misterios. Recomienda después á todos los cristianos no 
acostarse nunca sin haber trazado sobre la frente y el corazón 



ESTUDIO BIOGRÁFICO-CRÍTICO 307 

la señal de la santa Cruz. «Esta señal, dice, espanta á los espíri- 
tus malignos, y el alma, libre de toda clase de lazos, podrá, hasta 
en el mismo sueño, pensar en Jesucristo.» 

Fac, cum vocante somno 

Castum petis cubile, 
130 Frontem locumque cordis 

Crucis figura signet. 

Crux pellit omne crimen: 

Fugiunt crucem tenebrae: 
135 Tali dicata signo 

Mens fluctuare nescit. 



Corpus licet fatiscens 
150 Jaceat recline paulum, 
Christum tamen sub ipso 
Meditabimur sopore. 



(Continuará.) 



P. Axtonino M. Tonna-Barthet, 

O. S. A. 



-•^♦*-S>£^^| 



ANTIGUA LISTA 

DE MANUSCRITOS LATINOS Y GRIEGOS INÉDITOS 

DEL ESCORIAL 



Códices Biblioteca MS. qui nusquam impressi invenitmtur. 

(Bibl. Escorial. -Sec. de Impresos- 49- n-28. Fols. 144-147.) 



II 

[manuscripti grjeci] 

(Continuación) 



107. Isaac Argyri omnia. [Opus novorum Librorum 
continentium (i) res a principio anni 6976 creationis mundi. 
vi-A-22, iv-A-14. — Cañones astrologici. ivB-19. — De solari- 
bus et lunaribus circulis et hos sequentibus, iv-B-19. — Me- 
thodus rationabilior solarium et lunarium circulorum et hos 
sequentium (2), et de Paschae inventione. Itemque de Ieiunio 
sanctorum Apostolorum, et correctione Paschalii, et alior. 
multorum. iv-B-20, v-H-3. — Demonstratio, quod magis prin- 
cipale initium sit solarium et lunarium circulorum dies trige- 
simus Septembris et qua de causa in solaribus, in Octobris 
primam diem translatum est, in lunaribus vero in primam 
Januarii. ívB 20, m-r-i5, v-H-3. — Methodus de Paschate 



(1) Colvilo corrige al margen «Canonum Astronomicorum ab 
anno 6976. 

(2) Colvilo corrige: «Cyclorum et quae independentt 



ANTIGUA LISTA DE MANUSCRITOS LATINOS Y GRIBÓOS 309 

inveniendo. iv-B-20— Alia methodus de Jeiunio Sanctorum 
Apostolorum, et de Paschae correctione. Ib. — De inventione 
quadraturarum laterum quae non dicuntur quadranguli nume- 
rorun. Ib. — Brevis inventio secundum quaesitum Romanum 
mensem praesentis anni; locique et temporis tabularum , et 
omnium lunarium secundum libellos novos translatos ex 
magna Ptolomaei constitutione. Ib. — Tractatus in Pérsicos 
fáciles canonas astronomiae. iv-B-20, m-r-i5, v-H-3. — De 
nocte et die, mense et anno. iv-B-20. — Expositio astrolabii- 
iv-B-20, v-H 3. — Alia expositio Astrolabii. iv-B-20. — De- 
monstrado, quod trigesimus dies Septembris sit initium anni, 
etnullus alius praster hunc, in qua et de solaribus et lunaribus 
periodis, quas plurimi circuios vocant, artificiosa reddifur. 
111- r -1 5. — Methodus, qua fácile invenimus Pérsicos coelos in 
simplicibus annis stellarum secundum libellos superius scrip- 
tos. Ib. — Methodus et interpretationes circulorum Pascha- 
lium et aliorum necessariorum. Ib. — Quomodo commutare 
debeamus non recta triangulorum in recta, et de alus figu- 
ris. iv- r- 1 3.— Methodus Geodesiae i. dimensionis locorum, 
certa et brevis. n-z-3. — Scholium in primam figuram descrip- 
tionis in plano. Ib. — De duodecim ventis, versibus politi- 
cis. Ib. — Libellus correctionis Paschae correctus á Nicephoro 
Gregora, cuius et Argyrus in predicta methodo meminit. 
v H-3. — Alius libellus temporis Paschalis et carnisprivii, et 
aliorum, quo nunc utimur. v-H-3. — De inventione funda- 
menti Lunae, indictionis, et legalis Paschatis; et ad sciendum 
quae ebdomadis dies principium cuiusque mensis sit. Ib.] 

108. Isaac syri Taxeoti de viaticis et vrinis 11-A -9. 

109. Isaaci Angeli imper. manifest. de suffragiis. ii-z-12. 

110. S. Joannis euangeliste sermo de dormit. e B, Mariae, 
et de euangelio suo. [v- A -4, m-M-14.] 

ni. Joan. Argyropili solutiones dubiorum. 111-B-19. De 
Papa Nicolao, v- a -27. consolatio de mor te filiorum cantha- 
cuzeni. iv-H-19. 

112. Joannis Bechii Patriarche Constantinop. de unione 



310 ANTIGUA LISTA DE MANUSCRITOS LATINOS Y GRIEGOS 

et pace ecclesiarum veteris et novae Romae. iv-A-17. ^ e spiri- 
tus sancti processione a Patre et Filio. v-Z-7. 

1 1 3. Joan. Geometre interpretatio Hymnorum. v-B-8, et 
Psalmorum. [vi-B-n] carmina de Passione S. Pantaleonis. 
m-M-17. 

1 14. Joan. Glycae de syntaxi. 111-B-7. de motu manus ar- 
tis musiese. vi-B-19, 18. (1). 

1 1 5. Joan. Zonare expositio canonum de resurreciione 
mortuorum, et praecepti Moisis de non ordinandis sacerdo- 
libus deformibus. [in-A-16, vi-A-21.] 

116. Joannis itali omnia. [Synopsis quinqué vocum 
Porpbyrii. iv-B-21. — Synopsis iterum organi Philosophiae 
Ib.— Dubise solutiones in illud dictum, ars artium et scien- 
tia scientiarum. i-E 3. — Expositio in 2. 3 et 4 m librum to- 
picorum. Ib.— Ad Impera torem Andronicum interrogantem 
de Dialéctica. Ib. — De syllogismorum materia et composi- 
tione ipsorum. Ib.— De Problematis ex genere. Ib. — Me- 
fhodus Rhetoricae breviter explicaba. Ib. — De tribus syllo- 
gismorum figuris. Ib.] 

117. Joan. Cameterii, et Joannis Patriarche constantinop. 
omnia. [Joannis Camaterii Canicli, de Astrorum dispositione 
compendium et de alus coelestibus. iv- r-i3. — Joan. Patriar- 
che Const. Camaterii, Responsio et solutio ad ei adlatas du- 
bias responsiones á quodam Armeno Episcopo nomine Nar- 
ses.vi-B-9. — Evangélica dicta et super haec animadversio- 
nes, et super animadversiones obiectiones Beccii. iv-A-17, 
vi-H-5.— Synodica actio habita ad manifestandum quomodo 
dictum illud Gregorii Nysseni sit depravatum: Spiritus autem 
sanctus ex patre dicitur et ex filio esseattestatum. iv-a- 17. — 
Disputatio veluti ex persona imperatoris Andronici Paeolo- 
gi filii Michaelis, latinis consentientis cum Cardinalibus. 
v-H-5.] 



(i) Eln.°i9 está tachado en el Catálogo, y ambos tienen por 
única sustitución vi- 6 -24. 



INÉDITOS DEL ESCORIAL 311 

118. Joan. Cantacuzeni orationes contra Judeos 9. in-M- 
19. paraphrasis in ethica Arist. 1-E-1 1 . 

119. Joannis Carpathii capita Practica. v-A-18. admoni- 
toria alia 100. rv-E-21. alia Theologica 117. iv-E-21. 

120. Joan. Monach¿ symboli expositio. v-A-11. Interro- 
gado ad Nicolaum Patriarcam. m- 8-1 1. epístola ad Belisa- 
rium. 1-M-2, 20. 

121. Joan. Constantinopolitani De legationibus Gentium 
ad Romanos et Rom. ad gentes. 1-B-4. 

122. Joannis Monachi differentise confitentium peccata. 

IV- 6-2. 

123. Joannis Moschíi omnia. [Occursus sive responsio ad 
eos qui dicunt ex patre simulque et ex filio procederé spiri- 
tum sanctum. iv-A-16. — Oratio funebris in obitu iilustrissi- 
mi ducis Lucse Notarae. Ib.] 

124. Joannis Nesteutae canonarium et alia omnia. 11-Z-14, 
11-K-2. [De Dionysio Alexandrino, quod et ipse adversus 
Arianam hasresim sentiebat, ut Niaena Synodus; et frustra 
ipsum accusant Ariani tamquam illis consentientem. n-z-14. 
De calliditate et hypocrisi Arianorum et quomodo transfor- 
mati seducere contendunt qui eos noncognoscunt. Ib. Opinio 
Theodori Mopsuestiae, JNestorii,et Eutychis. Ib. — De Jeiunio 
et de eleemosyna et poenitentia, sermones 2. n-K-2. Sermo 
in testo Palmarum. Ib.] 

125. Joannis Xiphilini de sponsalibus. 11-Z-12. 

126. Joannis chartophilacis Pediaseni omnia. [Expositio 
particulans in ea quae apud Cleomedem explicatione indi- 
gent. iv-B-19, iv-T-y, 1-Z-4, n-Z-3. — Synopsis de dimensione 
et pariitione térras. 1- r -14, iv-r-4,8, 1-^-4. — In Theocriti 
Syringem. ni-A-19. — De septem Stellis. n-Z-3.] 

127. Joan. Grammatici in Arithmeticam Nicomachi. 
[i-r -9, 16; v-A-26] — De usu et fabrica Astrolabii. [iv-B-20, 
111-r - 1 5, iv- r -4, 11-A-12, v-H-3]. — De parallelis circulis etc. 
[iv-r-4]. in meteora aristotelis. 1-A-6, i-E 4. 

128. ^Josaphat metropolitae omnia. [Responsio ad interro- 



312 ANTIGUA LISTA DE MANUSCRITOS LATINOS Y GRIEGOS 



gationes quas fecit piissimus Sacerdos Gregorius Drazenus, 
ad quem et proemium spectat. iv-a-3. — Monodia in obitu 
reginas Cleopae Paleologinae. 1-M-2.] 

129. Josephi Briennii omnia. ni-I-17. [De divina effica- 
tia, et de luce in Tabor visa. — Quod non sit compositus Deus 
secundum quod operatio et natura in ipso, et hipostases 3 
videntur. — De gravibus praeceptis nobis impositis et quisnam 
sit horum scopus. — De Processione Spiritus Sancti. — De 
figura crucifixi. — De ldolatria in operibus.] 

1 30. Josephi perpulcri Testamentum [de continentia sive 
sobrietate]. i-a-i3. 

i3i. Josephi episcopi Thesalon. omnia. [Octo echos ca- 
nonum qui quotidie concinuntur. 1-H-1. — Sermo in praecio- 
sam Crucem, 11- e-i3. — Cañones ecclesiastici in varia argu- 
menta. iv-I-7. 

1 32. Josephi pinare omnia. [Synopsis Rhetoricae. 1-B-6.— 
Iterum Synopsis totius Dialéctica?, Physicae, et propriae Phi- 
losophiae, et parvorum naturalium. Ib.— De corpore. Ib. — 
De Arithmetica, Música. Geometria, et Astronomía. Ib. — 
De virtute et de pietate. Ib.] 

1 33. S. Caesarii episcopi Responsiones. iii-a 4. 

134. Callinici de Moribus Romae et progressu Regis Ba- 
bylonis. 1-M-2. 

i35. Callisthenis historia Alexandri. ii-B-5, iv-B-i3. (1). 

1 36. Callixti Patriarchae omnia. [Ex typico capita diversa, 
et epitome illorum. iv-Z-18. — Sermones dogmatici tres ad- 
versus impium Athanasium et Gregoram. iii-a-5. — Quomo- 
do purgatur anima, et in contemplationem elevatur. Ib.- 
Sermo anepigraphus cuius principium: «Multi homines per- 
petuam desiderantes memoriam.». Ib. — Narratio utilis de 
Dei virili imagine Domini quae visa est in thesalonicensi ha- 
bitatione latomorum. Ib.] 



(1) En el Cat. el número del plúteo es vi, no iv, como escribió 
el P. Alaejos. 



INÉDITOS DEL K-OORIAL 313 

137. Cosmae Basterii de reliquiis S. .Chrisostomi. iv-I-i i. 

1 38. Cosmi Hierom. de arte conficiendi aurum. 11-Z-4. 

139. Cosme monachi visio. v-B-14. 

140. Cosmae indicopleusti in Prophetam dauid. v-E-10. 

141. Cleopatrae de ponderibus et mensuris. 11-Z-4. 

142. Comarii de lapide philosophorum. 11-Z-4. 

143. Comitis de s.° Flore De coniunctione solis et lunae 
et metallorum transmutatione. V1-A-9. 

144. Cyparisioti omnia. [De symbolica et demnostrativa 
Theologia decades decem, liber acephalus. iv-M-i5. — Ex 
divinis hymnis enneas4. a de sublimibus affectionibus. Ib. — 
— Ex Graecis demonstrationibus, quod non oporteat arbitra- 
ri mumdum Deo esse coaeternum. Ib.] 

14D. Cyrani Regís De volatilibus et quadr. iv-r -i i. 

146. Cristobuli sermo de Pasione x.' iv- • -1 1. 

147. Cyrilli Alex. in Prophetas minores, in Hierem. Da- 
nielem et Ezechielem, i-0-i3, 14. 

148. Laomedontis Lacapeni chronicon et Grammatica. 
i-A-n, v-B-23, ci-A-14. 

149. Leonardi Aretini de rep. ca Florentinorum. vi-A-16. 

1 50. Leontii Monachi vita s. Gregorii, V-A19. aduersus 
haereses. iv-I-i. 

i5i. Leonis imper. multa quae non sunt impressa habes 
in códice, i-a-3, i3; in-A-18, n-M-i et alibi [iv-M-16.] 

1 52. Leonis vulgar. Archiepiscopi epistolae 3. et de 
uniuerso statu ecclesiastico. m-A -10. 

1 53. Leonis Medici de natura hominis. iv-A-27. 

154. Libanii sophiste epistole quamplures et tractatus 
habes in eius Titulo. [Monodia pro imperatore Juliano. n-A- 
i5, n-r -i5, iv-Z-5. — Epistolae queedam ad diversos. iv-A- 
10 (1). — Epistolae 57 ad diversos...? (2). — Epistolae decem 



(1) Este título está añadido al margen del Catálogo. 

(2) También añadido al margen, con la sign. vi- 8 -7, de la 2. 
clasificación,. 



314 ANTIGUA LISTA DB MANUSCRITOS LATINOS Y GRIEGOS 

ad diversos. iv-A-23. — ítem epistolae 53. ad diversos. Ib. — 
Nicocles defensorius sermo 3. us Ib.— Tractatus ad Garru- 
lam mulierem. vi-A-16. — Epistolae 9 ad Magrtum Basilium. 
Ib. — ítem epistolae 260. ad diversos, vi- A- 20. — Ad Pro- 
consulem Montium qui ab ipso postulaverat ut scriberet 
Demosthenis vitam et omnium orationum eius argumenta. 
111-B-2, "- r -9- (1). — Monodia Nicomediae. m-B-19. — Trac- 
tatus 8. iv B 23. — Epistolae 92. ad diversos. Ib. — Ítem epis- 
tolae quinqué ad Magnum Basilium. iv-B-24. — Tracta- 
tus 5. v-B-i3. — Ad Aristidem pro saltatoribus. i-T-io. — 
Achilis Apologeticus ad legationem Agamenonis. Ib.— Ora- 
tio Antiochica. 11- r -8. — Legatio ad Troianos pro Hele- 
na. Ib. — Tractatus ad Vlissem. Ib. — ítem tractatus novem. 
ir_r-i5. — Monodia ob templum Appollinis igne consump- 
tum. Ib. — Epitaphium ad imperatorem Julianum. Ib. — Epis- 
tolae 168. ad diversos. Ib. — Tractatus 23. 11-r -16. — ítem 
tractatus 17. n-T-iy. — Epistolae 26 ad diversos. Ib. — De- 
clamationes, orationesque et ecphrases. 11- r- 18. — - Epis- 
tolae 10. ad Magn. Basilium. ii-r-20. — Rhetoricorum pro- 
gymnasmatum tractatus. ni- r -i3. — Progymnasmata. ni-T- 
14. — Epistolae 201. ad diversos, m-r 19. — Ítem epistolae. 
197. ad diversos, m-r-20. — Declamationes 42. Ib.— Ecphra- 
sis veris, et calendarum, vini, et bovis. Ib.— Argumen- 
tum orationum Demosthenis. iv-r-21. — Orationes 14. iv- 
Z-5. — Epistolae 7. ad Magnum Basilium. Ib. — Declamatio- 
nes 4. or iv Z- 1 5.— Epistolae i3 ad Magn. Basilium. iv-ü-io. 
— ítem epistola ad Julianum. 1-M.2. — ítem epístola; 5. 
quarum prima ad S. Joann. Chrysostomum, reliquae vero 
ad Magnum Basil. v-Z-9. 

1 55. Lycophronis historia ex poematibus. ii-A-i5. 

1 56. Lucae euang. praeparatio salis. 111-B-1 5. 



(1) Así en el Catálogo, pero debe ser 19 el número del códice. 
Con la sign. primitiva n-T -9. existe un códice que no contiene trata- 
do alguno de Libanio. 



INÉDITOS DEL ESCORIAL 315 



i5y. Magni emesini de vrinis. iv E-14. 

1 58. Macharii epístola. iv-B3. Capita i5o. iv-E-21, et 
alibi. [iii-M-ii]. 

159. Malachiae in Proberuia et sapientiara Salomonis. 

V-E-2. 

160. Manuelis Adrametini oracala sibill, vi-A-23. 

161. Manuelis Briennii Armónica. n-r-4etc. [iv-T-8, 
1-A-4, (1) 11-A-22]. 

162. Manuelis Dysepati epístola. 11-E-17. 

1 63. Manuelis calecae omnia. [De fide et de initíis (2) 
catholicae fidei iuxta tradditionem divinan scripturae, et catho- 
licorum ecclesiae praeceptorum. v-A-7. — De controversiis Ín- 
ter Graicos et Latinos circa processionem Spiritus sancti et 
circa alia nonnulla. v-Z-7.] 

164. Manuelis comneni De carne x.' m-Z-16. 

1 65. Manuelis Lampadarii de arte canendi et poerna- 
ta Música. vi-B-22. 

166. Manuelis Mazarii omnia. i-T-i 1, iv- a-i i. [Metho- 
dus brevis de inaequalitate circulorum solis et lunae. Pere- 
grinatio in ínfernum vei interrogatio aliquorum mortuo- 
rum in regna revertentíum]. 

167. Manuelis moschopuli in Pyndarum, [iv-A-3] Euri- 
pidem, [iv-A-22, ní-B-16.] De figuris orationis, [ n-A-14] et 
alia qua3 ipsius habes in catalogo. [De quatuor graeciae ago- 
nibus et N omina decem Rhetorum et quot orationes scrip- 
serunt, ut íertur, unusquisque. 11- A- 14. — Schedia. m-B-12, 
1 3, 1 5, 17; v- r-7, v-H-9. — Ovae per productionem signiñ- 
cantur. in-B- 1 5. — Commentatio in inventionem quadrangu- 



(1) La lista del P. Alaejos y el Cat. señalan para este códice el 
número 3; pero puede asegurarse que es un error de copia, por cuan- 
to que el códice actual i-x-4 correspondiente al primitivo l-A-3 no 
contiene la obra anunciada de Briennio, y sí el i-x-12 que conserva 
aún la sign. primitiva 1- A -4. 

(2) Colvilo corrige al margen «principiis.» 



316 ANTIGUA LISTA DE MANUSCRITOS LATINOS Y GRIEGOS 

lorum numerorum. n-Z-3. —Epístola ad suum Avunculum. 
iv-Z-5, i-M-2. — Promissio. iv-Z-5, 1-M-2] praeter collectio- 
nem dictionum atticarum et de examine orationis. 

168. Manuelis Heloboli, Manuelis Palaeologi, Manuelis 
Raulis, Manuelis Phile, Manuelis Chrestonymi omnia quae 
sunt in catalogo. [M. Holoboli Carmina epytymbia ad Com- 
nenum Andronicum tornicem. n-Z-3. — M. Imp. Paleologí 
Oratio funebris pro. fratre suo Porphyrogenneta Domino 
Theodoro Palaeologo, habita peregrinante in Peloponeso Im- 
peratore. i-A-8, iii-a-5. Chrysobullon (1) propter regionem 
Monembasiam. 11- a -i i. Epistolae ad Demetrium Cydo- 
nem. iv-Zi5.—M. Raulis. Epistolae 3, i. a ad Angelum Ca- 
lothetam, 2. a ad Manuelem methochitam, 3. a vero ad Impe- 
rat. Joannem Cantacuzenum. iv-Z-i5.— M. Phile Ephesini 
Carmina varia pro variis argumentis. vi-A-10. Alia car- 
mina iambica ad Imp. Michaelem Paleologum, de anima- 
lium proprietate, volatilium insectorumque et Aquatilium. 
m-r-21 (2). Alii versus ad Pachymer am. 111-A-16. Alia 
carmina ad Impera torem Alexandr. iv-Z-16. Methaphra- 
sis domorum sanctissimae deiparae et semper Virginis Ma- 
riae. iv-Z-25.— M. Chrestonymi. Monodia ob insperatam 
Captivitatem Constantinopolis. vi-A-16. 

P. Benigno Fernández, 
o. s. A. 
(Continuará.) 



(1) Al marg. «Bulla áurea.» 

(2) Esta signatura permanece invariable en el texto griego del 
Catálogo, mientras que en el texto latino se cambia en vm-E-24. 



LA SABIDURÍA EN LA MANO 
PENSAMIENTOS, REUTOS I CONSEJOS 

ESCRITOS POR EL RDO. PADRE ALBERTO MARÍA WEÍSS, 0. P. 



(Continuación.) (i). 

5. Dios tan lejos y tan cerca. 

Con el ansia de encontrarlo 
En busca de Dios salí, 

Y al ver la tierra tan bella 
Pensé: "Su reino esta aquí.,, 

—"¿Su reino?— la tierra dijo.— 
¿Cómo tan pobre ha de ser? 
No soy más que humilde alfombra 
Que á sus pies hizo extender.,, 

Tendí entonces la mirada 
A lo infinito del mar, 

Y "este es el manto,— exclamé— 
Que á un Dios puede engalanar. „ 

—"¿Quién habla aquí de infinito? 
¿Qué necio delira así? 
Ni el borde soy de ese mantos- 
Rugir á la mar sentí. 

Volví los ojos al cielo, 

Y ante su inmenso esplendor, 
—"¡Al fin!— grité entusiasmado— 
¡Al fin encontré al Señor!" 

—"¡Silencio!— contestó el cielo: — 
Conozco á Dios, en verdad; 
Mas sólo ostento un rincón 
De su excelsa inmensidad.,, 

Pues si en el mar ni en el cielo 
Ni en la tierra lo he de ver, 
Es renunciar á buscarle 
Lo mejor que puedo hacer. 



(1) Véase la pág. 137 de este volumen, 



318 



LA SABIDURÍA EN LA MANO 

Perdida ya la esperanza, 
Lloré con honda aflicción, 
Y á Dios entonces, de pronto, 
Encontré en mi corazón. 

"¡Señor! estando tan cerca, 
Tan lejos yo te busqué: 
En mí estás, y no te he visto; 
Me hablaste, y no te escuché. 

"¡Qué pena el haber vagado 
Tan lejos, Señor, de tí! 
¡Qué dicha el saber ahora 
Que estás tan cerca de mí!.. 

6. Campanas en invierno. 






En silencio profundo sumido 
¡Cuántas veces el dulce sonido 
De la campana con ternura oí! 
Pero nunca escuché su armonía 
Impregnada de tanta poesía 
Cual vibrar esta noche la sentí. 

Diría que montes y rocas sonaban; 
Que el bosque y el valle y el viento cantaban, 
La nieve del llano, las. olas del mar, 

Y que de los cielos bajaban canciones, 

Y todo infundía al alma emociones 
Que hicieran de júbilo el pecho estallar. 

La tierra dormida, la noche serena, 
El dulce sosiego de la Noche Buena 
La voz de los cielos me hicieron sentir: 
Si siempre ¡ay! sintiera la plácida calma 
De la Noche Buena morar en mi alma, 
De Dios siempre oyera la voz repetir. 

7. Los dioses como prueba de la existencia de Dios. 

El miedo, dicen algunos, ha inventado la fe en Dios; y Oskar 
Peschel, en su Historia de los pueblos, ha llegado hasta á preten- 
der probarlo por la geografía, haciendo ver que los fundadores da 
religiones han nacido todos en los puntos de la tierra más expues- 
tos á la furia de las tempestades. Podría ser este argumento con- 
vincente para niños que se asustan de los truenos; mas un hombre 
reflexivo y que sabe dominar sus impresiones, no podrá menos de 



LA SABIDURÍA EN LA MANO 319 

sonreírse diciendo con Boileau: "Lo que prueba demasiado, irrita, 
y el espíritu lo rechaza.,, 

En efecto: para probar que los hombres han inventado la fe en 
Dios, no debe acudirse como razón al miedo. ¿Qué hombres pudie- 
ran haberla inventado? ¿Aquellos hombres de hierro de los tiempos 
primitivos, que disparaban pedazos de rocas y daban golpes con 
mazas de piedra? En verdad, hombres como los titanes, como Pro- 
meteo, Ayax, Grendel y Hagen, no es probable que temblasen 
como niños ante una tempestad. ¿Serían quizá los de semblante 
blanco como la leche, y los perfumados donceles de las razas de- 
cadentes? Pero los libertinos tísicos, los glotones afeminados, los 
hijos pródigos que han disipado sus fuerzas en el vicio; en una pa- 
labra, los cobardes, inventan cualquier cosa antes que un Dios tan 
serio como el en que nosotros creemos. Para ello no habrían te- 
nido ni fuerza ni valor. Qué Dios sería de su gusto, podemos pre- 
guntarlo á los contemporáneos de la Pompadour. 

No: no ha sido el miedo el inventor de la divinidad; no han sido, 
no han podido ser los hombres los que han inventado la fe en Dios. 
Si de los hombres dependiese el fabricarse un Dios, habrían sido 
igualmente dueños de imaginarse uno con el cual pudieran hacer 
lo que quisieran. ¿Por qué no han ideado uno más cómodo? ¿Por 
qué inventaron un Dios fuerte, irresistible, eterno, un testigo pre- 
sente en todas partes, un espíritu que todo lo sabe, cuya mirada es 
más clara que el sol, que sondea los corazones y las entrañas, que 
nos conoce mejor que nosotros mismos? ¿Por qué un juez incorrup- 
tible que no conoce diferencias de clases, que lleva ante su tribu- 
nal nuestras acciones más secretas y deseos más íntimos? ¿Por qué 
un recto legislador, que nunca muda de parecer, y que ni engaña 
ni se deja engañar? ¿Por qué un amante tan celoso que no quiere 
compartir con rival alguno sus derechos sobre nuestro corazón, 
nuestros servicios y hasta sobre nuestros pensamientos? ¿Quién no 
ve que jamás los hombres hubieran inventado un Dios semejante, 
si en su mano hubiera estado imaginarle á su gusto? 

Los antiguos, cuyo testimonio se alega frecuentemente en apoyo 
de esta idea, Lucrecio, Petronio, Estacio, fueron en este punto 
más pensadores y razonables que sus modernos imitadores; nunca 
dicen que el miedo inventó la religión y la idea de Dios, sino sola- 
mente que él introdujo los dioses. Y en eso tienen indudablemente 
razón. El miedo del Dios santo ha inventado los dioses muelles y 
sensuales de los griegos, los dioses borrachos, glotones y penden- 



820 LA SABIDURÍA EN LA MANO 

cieros del Walhalla germánico; el viejo chocho, alelado y gotoso 
del deísmo racionalista, y el nebuloso dios del panteísmo. En una 
palabra: el miedo de un solo Dios justo, ha inventado los innume- 
rables dioses con cuyas flaquezas querían los hombres acallar los 
remordimientos de su conciencia y justificar á sus propios pecados. 
Por eso la invención de los dioses injustos y pecadores es la mejor 
prueba de la convicción que tenían los hombres de la santidad de 
un verdadero Dios cuya justicia temían. 

8. Teología pagana. 

1 . Es costumbre repugnante é impía el disputar contra Dios, 
sea por convicción ó por fingimiento (Cic: De nat. deor., n, 67.) 

2. En vano se rebelará el hombre contra Dios. Las tradiciones 
heredadas de nuestros padres constituyen para nosotros un código 
que ninguna argucia puede destruir, ni aun cuando el huracán de 
la ciencia ruja sobre su cima. (Euripid., Bacch., 200 ss.) 

3. El malvado es siempre enemigo de Dios: el justo se arregla 
fácilmente con él. (Platón, Rep., n, 352 b.) 

4. Sin Dios no hay hombre bueno. (Séneca, Ep. 41.) 

5. Hay ciertamente distintas y muy erróneas opiniones sobre 
la divinidad. La culpa la tienen los hombres. Pero si acerca de su 
naturaleza se disputa, no hay más que una opinión respecto de su 
existencia. En eso están conformes todos los pueblos, pues esta 
creencia es innata en el espíritu humano. (Cic, De nat. deor., n, 
4,5.) 

6. La cuestión de la existencia de Dios está, á mi juicio, fuera 
de toda discusión, y ni siquiera necesita explicación alguna. Con 
sólo mirar al cielo, ¿hay cosa más clara y evidente que la necesi- 
dad de una suprema inteligencia por la cual está todo gobernado? 
Para quien dude todavía, no me explico que no sea igualmente 
dudosa la existencia misma del sol. Si la creencia en Dios no estu- 
viera tan profundamente arraigada y tan claramente impresa en 
nuestro espíritu, no se hubiera conservado y confirmado al través 
de tantos siglos y generaciones. El tiempo borra siempre las in- 
venciones vanas, y confirma en cambio la voz de la naturaleza. 
(Cicerón, De nat. deor., n, 2.) 

7. Cuando en una casa, en un liceo, en un tribunal se advierte 
que reinan el orden y la regularidad, deducimos que eso no puede 
ser debido á la casualidad, sino que ha de haber alguien allí que 



LA SABIDURÍA HN LA MANO 321 

así lo haya arreglado y á quien todos obedezcan. De igual manera 
es tan clara la existencia de Dios, que al que la negase, le juzgaría 
yo falto de razón. (Cic, De nat. deor., n, 5, 16.) 

8. Los hombres llegan al conocimiento de Dios, antes que nada, 
por el espectáculo de la hermosura del mundo, pues la belleza no 
puede ser resultado de la casualidad, sino que supone un arte que 
la produzca. (Plut., Plac. phil., i, 6, 1.) 

9. Dios está cerca de ti, está á tu lado, está en ti. Un espíritu 
divino habita en nosotros y ve y anota lo bueno y lo malo que pasa 
en nuestro corazón. Como le tratamos á él, nos trata á nosotros, 
(Séneca, Ep. 41.) 

10. Cuando se trata de regular por medio de leyes la vida de 
los hombres, hay que imponer ante todo la creencia en Dios. Por 
eso Licurgo, Numa, Deucalión, trataron de inculcar el temor de 
Dios en los hombres y de santificarlos por oraciones, sacrificios y 
ejercicios piadosos. Esto es lo que mantiene y une la sociedad, y 
es el fundamento de todas las leyes. (Plut., Adv. Col., 31.) 

tí. Un antiguo proverbio dice: «Dios es el principio, el centro 
y el fin de todas las cosas.» Pero sostiene y dirige á cada una se- 
gún su naturaleza. Por eso le acompaña siempre la justicia, que 
castiga al hombre si viola la ley; aunque le basta someterse á él 
con humildad y modestia para ser feliz. (Platón, Rep., iv, 7, 16 a.) 

12. El mundo ha sido ordenado en todas sus partes desde su 
origen por la Providencia divina, y será también gobernado por 
ella en todos los tiempos. O hay que negar la existencia de Dios, ó 
hay que confesar que en algo grande se ocupa. La obra más per- 
fecta es indudablemente el gobierno del mundo, y Dios mismo es 
el ser más perfecto. Debe, pues, gobernar el mundo. A nadie y á 
nada está Él sujeto, y todo está sujeto á Él. Si admitimos que es un 
ser inteligente, tenemos que aceptar también su providencia. (Ci- 
cerón, De nat. deor., n, 30.) 

13. La primera condición para el culto divino es creer en Dios; 
la segunda, reconocer su grandeza y su bondad; la tercera, estar 
convencido de que es el dueño del mundo, que su poder gobierna 
el universo y que toma bajo su protección á la humanidad entera. 
(Séneca, Ep. 95.) 

14. El culto divino más puro, más santo y mejor es venerar á 
Dios constantemente con el corazón y la palabra, sin disfraz, sin 
malas acciones, con sentimiento recto. (Cic, De nat. deor., n, 28.) 

15. Los mandatos de un mortal no tienen poder para anular las 

22 



322 LA SABIDURÍA EN LA MANO 



leyes no escritas, las leyes eternas instituidas por los dioses. Estas 
no son de hoy ni de ayer; existen desde la eternidad, y no puede 
señalarse la fecha en que se dictaron. No puedo, por temor á las 
amenazas de un hombre, exponerme al enojo de los dioses. (Sófo- 
cles: Añtig,, 453 ss.) 

9. ¡Aún vive el viejo Dios! 

De la ciudad me asfixiaba, 
Lleno el aire de vapor: 
Subí al monte en que brillaba 
El sol en todo esplendor. 

A torrentes difundía 
Olas de calor y luz, 
Mas borrar no conseguía 
De la ciudad el capuz. 

La vida me es una carga, 
Daño me hace ver reir; 
Mi tarea me es amarga, 
Solo y lejos quiero huir. 

Tras larga y penosa ausencia 
Dios, de pronto, apareció, 
Y temblando en su presencia, 
Mi espíritu le adoró. 

—"¿Pero aún existes, Dios mío? 
¡Cuánto me hiciste aguardar! 
¿Por qué en loco desvarío 
Sin ti me dejas vagar?,,— 
—"Nunca de tí me he alejado, 
Siempre tus pasos seguí: 
Tú la niebla has levantado 
Que te separó de mí. 

U Y envuelto en su espeso velo, 
Corriendo del bien en pos, 
Al no encontrarlo, del cielo 
Renegaste, y de tu Dios. 

"Y tu Dios, cual Padre, en tanto 
Que al hogar quieres volver, 
Te ampara bajo su manto, 
Te viste y da de comer... 

Mijo pródigo, si el mundo 
Te rechaza, vuelve acá: 
Con amor tierno y profundo 
La puerta se te abrirá. 



LA SABIDURÍA EN LA MANO 828 



10. Dios no se pierde. 

Se puede eliminar el recuerdo de Dios del círculo de las ideas, 
introduciendo en el alma multitud confusa de otras impresiones: 
con las distracciones que consigo traen, impiden pensar en él. 
Pero no se puede borrar del espíritu la idea de Dios. A lo más, 
queda adormecida; pero en cuanto desaparecen las distracciones, 
se presenta de nuevo. Mil cosas que nos interesaban cien veces 
más, se han desvanecido, y en vano tratamos detraerlas á la me- 
moria; pero esta idea vuelve siempre, aunque nos rebelemos contra 
ella. Está grabada en nuestro ser más profundamente de lo que 
nosotros mismos creemos. En efecto, mientras haya en el mundo 
un espíritu pensador, estará imperecederamente grabada en el 
mundo la idea de la Divinidad. 

1]. La ovación. 

—{Qué son esas antorchas? ¿Por qué suena 

Un viva atronador? 
—¡Descubrió un asteroide un gran astrónomo, 

Y el pueblo le hace honor!... 
—¡Bien hizo Dios en inundar el cielo 

De globos y de luz: 
No hay para él en la tierra antorchas, vivas, 

Ni casi gratitud! 

Por la traducción directa del alemán, 
Paz de Borbón. 
(Continuará.) 



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Razón y Fe.— Madrid, Febrero de 1902. 

El Evangelio en la escuela crítica, por el P. Lino Muril lo.— Con- 
cluye su trabajo analizando el libro de Harnack, cuyos argumentos 
más principales, después de examinarlos uno á uno, colocado en el 
mismo terreno que el folletista, resuelve con firmeza, apoyándose en 
las leyes de Hermenéutica crítica. Ya se sabe que los pensadores de la 
índole del profesor de Berlín, admiten las fuentes históricas que |e$ 
convienen y rechazan las que no les favorecen, siendo ilógicos á vuelta 
de dado, y guardando, al parecer, su talento, más que para filosofar 
con rectitud, para dogmatizar con soberanía. No hay que decir que 
este docto profesor, como todos los de su escuela, no reconoce el cuar- 
to Evangelio, ni que su autor sea San Juan, y afirma que la doctrina 
del Logos, tal como la expone en su Evangelio este apóstol, es la mis- 
ma que la del Logos platónico; siendo así que los apologistas de la se- 
cunda centuria, á quienes supone importadores de dicha doctrina por. 
su filiación filosófica de la de Alejandría, prueban irrefragablemente 
que "Platón leyó en el Antiguo Testamento la noción del Verbo, pero 
no la supo interpretar. „ Con no admitir más que los Sinópticos, no re- 
para en aducir testimonios del cuarto Evangelio siempre que le ven- 
gan bien para corroborar sus ideas. Según el juicio que le merece á 
nuestro articulista, viene á ser Harnack un continuador ó renovador 
de la crítica de Strauss, cuyas huellas sigue en las bases de su doctrina 
y en lo fundamental de su crítica filosófica sobre los milagros de Jesús, 
aunque parece ser que no le llega en lo arrebatado y procaz de sus 
blasfemias. 

— Una celebridad desconocida, por el P. Julio Alarcón.— Prosiguien- 
do su estudio crítico-biográfico sobre Concepción Arnal, sintetízala 
opinión de tan ilustre escritora acerca del problema social en estas dos 
palabras: resignarse y reformarse; es decir, resignarse en el dolor, y 
reformarse, reconociendo el error y reparando la injusticia. Sin em- 
bargo de que en asuntos sociológicos se- muestra antisocialista acérri- 
ma, sale malparada de la ^ ritica del autor, porque tratando de buscar 
los remedios de los males sociales, quiere hallarlos en el seno mismo 
de la sociedad, sin acudir de una vez á la iglesia católica, "no acaban- 
do de arribar á la playa que va de continuo costeando.* Vibra su CO 
i azón y su pluma con indignación generosa < entra la prostitución re- 



REVISTA DE REVISTAS 325 



gl amentada, explotada hasta por Gobiernos que se llaman católicos; 
pero al exponer los medios preventivos y curativos de tan horrible 
qáncer, en vez de indicar como remedio los Asilos de preservación, 
Refugios de arrepentidas y Congregaciones que para el mismo fin ha 
instituido la Iglesia, limítase en este punto á citar como modelo á una 
cierta Mme. Josephine E. Butler. Se previene el articulista contra 
quien pueda objetarle que cierto que Concepción Arenal no pone ex- 
presamente la salvación del mundo en manos de Jesucristo, pero lo da 
á entender de una manera implícita. •'Esto viene á decir, contesta, pero 
no lo dice. Por eso muchas veces, cuando habla de virtud, de moral, 
de religión, del Evangelio, de caridad, ocurre preguntar: pero ¿de qué 
virtudes se trata? ¿Délas naturales? Pues no bastan para el cristiano 
ni para el fin sobrenatural á que hemos sido (levados por Jesucristo, y 
adonde nos encamina la Iglesia... 




Boletín de i. \ Real Ai a DE M i.\ i >E LA II is ion i,\ ,— Febrero de 1902. — 
Madrid. 

Tres documentos inéditos referentes al matrimonio de los Reyes 
Católicos, por Manuel Danvila.— Hace el articulista un brevísimo com- 
pendio del reinado de Enrique IV, que no extractamos nosotros por ser 
conocido de todos, y que escribe el Sr. Danvila para señalar solamente 
el momento histórico á que se contraen los documentos. Dos de ellos 
se refieren al collar de balajes que fué entregado á doña Isabel como 
prenda de su matrimonio con D. Fernando de Aragón. Uno es un prés- 
tamo de diez mil florines de oro que la ciudad de Valencia hizo á don 
Juan II, Rey de Aragón, dejando en prenda un rico collar de balajes: 
está firmado en Cervera á 3 de Julio de 1468. El otro es la carta de 
pago que D. Juan II y D. Fernando, Re}' de Sicilia, otorgaron á los Ju- 
rados de la ciudad de Valencia del dicho collar de balajes: está firmada 
en Valencia á 19 de Julio de 1469. El tercer documento es una carta de 
Enrique IV á los Jurados de Valencia, en que se hace constar que el 
año anterior "D. Fernando, Rey de Sicilia, sin su licencia y consenti- 
miento, entró en sus reinos y se juntó en casamiento con su hermana 
Doña Isabel, no pudiendo con ella casar según los deudos que en uno 
han sin dispensación del Santo Padre; y como la dicha su hermana no 
guardó y cumplió las cosas que juró al tiempo en que fué jurada por 
Princesa de estos reinos, perdió el dicho Principado, mayormente ha- 
biéndolo hecho en gran agravio y perjuicio de la princesa Doña Jua- 
na, su cara y muy amada hija. Y como requerido el Rey de Sicilia para 
que luego saliese de estos reinos, no lo obedeció y antes pedida ayuda 
á algunos prelados y caballeros, se rebeló, mandando juntar gente con- 



REVISTA DE REVISTAS 



tra la Real voluntad, les mandaba requiriesen al dicho Rey de Sicilia 
para que saliese de estos reinos y no entrase en ellos; y á su padre el 
Rey de Aragón para que á ello le obligase, pues si no lo hacía lo echa- 
ría con mano armada de estos reinos y haría toda guerra, mal y daño á 
su padre el Rey de Aragón y á los suyos, como favorecedores del Rey 
de Sicilia.,, Está fechada el 29 de Noviembre de 1470. Los tres documen- 
tos han sido encontrados por D. Luis Tramoyeres y Blasco en el pro- 
tocolo del notario de Sala Jacobo Eximeno. 



Revista de Archivos, Bibliotecas v Museos.— Diciembre de 1901. — 
Madrid. 

Leyendas del último Rey godo, por D. Juan Menéndez Pidal.— 
Cuéntase en las crónicas de España árabes y cristianas escritas desde 
el siglo nono en adelante, que había en Toledo la "Casa de los Reyes,., 
que encerraba tantas coronas cuantos Monarcas habían muerto, y la 
"Casa de los Cerrojos,,, cerrada con el mismo número de candados que 
Reyes habían subido al trono. Añádese que Rodrigo, último rey de los 
godos, devorado por la curiosidad y codicioso de los tesoros que supo- 
nía ocultos en aquel palacio encantado, quizá para sostener dos gue- 
rras, una con los invasores bereberes y otra con los vascones subleva- 
dos, rompió el secreto, y corriendo los cerrojos, penetró en la casa 
maravillosa, donde vio con asombro una urna y dentro de ella un rollo 
de pergamino y una pintura que representaba con brillantes colores 
guerreros árabes con turbantes en la cabeza y arcos y flechas pendien- 
tes á la espalda, como anuncio prof ético de la invasión de los musul 
manes, según claramente lo expresaba un letrero al pie de aquellas 
figuras: "cuando se abran esta puerta ó esta arca, conquistarán esta 
tierra los que aquí aparecen representados. „ Se tiene hoy por cosa 
averiguada que el palacio misterioso cuya clausura rompió D. Rodri- 
go, fué una iglesia, pero se ignora cuál pudo ser; lo que sí se sabe por 
Aben Habib es que estuvo aneja al palacio de los Reyes godos; "y una 
vez en tal camino, dice el investigador, pareció seguro que el palacio 
maravilloso de la leyenda, con el nombre romano de pretorio, fuese el 
edificado por Wamba, y la basílica adjunta, la de San Pedro y San Pa- 
blo, llamada pretoriense en las actas de algunos Concilios nacionales. 
No hay, sin embargo, razones bastantes para lijar el emplazamiento 
del palacio gótico; y claro estaque ocurre lo propio en cuanto Tila 
iglesia hace relación.,. Remontan su fundación algunos historiadores 
árabes á los amale quitas, que parecen ser los fenicios ó los cartagine- 

. así como otros la refieren á los yemanies, 6 sean los griegos, entre 
cuyos Reyes cuentan á Hércules, á quien atribuyen singularmente la 
población de la ciudad; mientras la Crónica general habla de dosto 



REVISTA DE REVISTAS 327 



rres, una construida por un tal Rocas, troglodita de muy luenga bar- 
ba, y todo cubierto de cabellos, "do es agora el alcácar.,, y otra hecha 
por su hijo Silvio "do agora es la iglesia de San Román;,, y además de 
éstas, de otras dos mayores cerca de ellas levantadas por Pirrus ó por 
Hércules; unas y otras, dice el autor, "hacen recordar por su emplaza- 
miento, su figura y su agrupación, los talayots de Menorca, recintos de 
planta circular, destinados á sepulturas, levantados algunos en cerros 
sobre cuevas naturales y en grupos de tres y de cuatro, destacándose 
un talayot entre dos ó tres torres más bajas, pero semejantes todas en 
su construcción.,, 

Por testimonio de Blas Ortiz, en su Descriptio templi toletani, se 
identifica en el siglo XVI la cueva de Hércules con la cripta del templo 
de San Ginés, situado en uno de los puntos más altos de Toledo, á poco 
trecho de la iglesia de San Román. En 1851 se exploró el subterráneo, 
y de su reconocimiento y del estudio de los conocidos restos arquitec- 
tónicos de la iglesia de San Ginés, pudo deducirse que la llamada cue- 
va, fabricada en el hueco de una caverna, fué cripta de un templo ro- 
mano, sobre el que se levantó una basílica visigoda, transformada 
luego en mezquita, y restituida al culto cristiano después de reconquis- 
tada la ciudad. Conviniendo los textos árabes en afirmar que fué una 
iglesia la casa encantada, es muy notable que templo y cueva coinci- 
dan en un mismo lugar, conformándose los hechos con las dos versio- 
nes de la leyenda, y que la tradición acierte á elegir la cripta de una 
que fué basílica visigoda, al asegurar que en la cueva del templo de 
San Ginés fué donde entró D. Rodrigo. Conocida es la piadosa costum- 
bre de los reyes godos, continuada por los de Asturias y León, de 
ofrendar sus coronas colgándolas en los templos; y así se explica que 
al tiempo de la invasión hubiese en una iglesia de Toledo buen número 
de esas coronas reales de que Tarik se apoderó con otras muchas alha- 
jas, como nos lo atestiguan casi todos los historiadores musulmanes 
posteriores al siglo VIII. También se sabe de cierto que estaba en el 
palacio encantado el arca primorosa que guardaba los Santos Evange- 
lios, por los cuales parece ser que juraban los reyes al ser coronados, la 
cual no era sino la célebre Mesa de Salomón, que, según Aben Hay- 
yan, "no perteneció á éste, y que su origen es que en tiempo de los re- 
yes cristianos había la costumbre de que cuando moría un señor rico, 
dejase una manda á las iglesias, y con estos bienes hacían grandes 
utensilios de mesas y tronos, y otras cosas semejantes de oro y plata, 
en que sus sacerdotes y clérigos llevaban los libros de los Evangelios 
cuando se enseñaban en sus ceremonias, y que las colocaban en sus 
altares en los días de fiesta, para darles mayor esplendor con este 
aparato.,, Se explica quetan preciosa alhaja se conociese con el nom- 
bre de Mesa de Salomón, si se tiene en cuenta que "la mayor parte de 
los tesoros del Rey de los visigodos procedía de la guerra, y la más 



328 REVISTA DE REVISTAS 



valiosa porción fué, sin duda, el botín de Alarico al asaltar á Roma. 
Allí hubo de coger riquezas de las que se había apoderado Tito en Je- 
rusalén, algunas de las cuales, como mesas y rasos de oro macizo, se 
sabe, por testimonio de Josefo, que pertenecían al templo de Salomón... 



La Lectura, Revista de Ciencias y Artes.— Madrid, Enero 1902. 

Consagrado el presente número casi exclusivamente á estudiar el 
problema catalanista en todos sus aspectos, nos es absolutamente im- 
posible encerrar en los límites de esta sección las múltiples apreciacio- 
nes que el tan manoseado tema sugiere á cada uno de los articulistas; 
pero por otra parte, y por fortuna, no es necesario un resumen detalla- 
do para conocer la solución que da cada uno á tan arduo problema; 
pues conocidos con claridad sus términos y bien definida la filiación po- 
lítica de los que suscriben, claro está que sus conclusiones han de coin- 
cidir con las que dieron en el debate parlamentario, muy reciente toda- 
vía para que en el estudio de esa cuestión pueda haber profundas dife- 
rencias. Esto no quiere decir que este estudio sea la segunda edición 
del Diario de Sesiones de aquella fecha, no: un discurso parlamentario 
necesariamente ha de adolecer de más vaguedad, y por lo tanto de me- 
nos precisión que un artículo pensado con calma y sin los inconvenien- 
tes de la improvisación. Otra diferencia notable es la ventaja que tiene 
el articulista estudiando un aspecto parcial del problema, pudiendo,por 
lo tanto* establecer conclusiones que sería peligroso generalizar. 

El primer artículo, suscrito por D. Francisco Silvela, lleva por epí- 
grafe "El catalanismo y sus alivios.,, Muchas veces ha hablado él ilus- 
tre hombre público acerca del catalanismo, y parece ser que tiene la 
firme convicción de que "éste no es un partido, ni una escuela en la sig- 
nificación que ordinariamente damos á estas palabras;,, para él es "ante 
todo y sobre todo una agitación, un separatismo, una diferenciación 
en el sentido de satisfacer impulsos del sentimiento y de pasiones pura- 
mente afectivas, en las que concurren atavismos de raza, leyendas y 
remembrazas de glorias propias y agravios ajenos.,, Considera las fa- 
mosas bases de Manresa sencillamente como un instrumento para des- 
pertar aspiraciones vagas, "cuyo único objeto claro es la oposición al 
Gobierno y la diferenciación de costumbres, leyes, literatura, lengua- 
je, moneda, trajes, condiciones y formas todas de la vida con el resto 
de la patria española. „ Después de establecer la gravedad que encie 
rra en las circunstancias actuales, cree completamente ineficaz la poli 
tica de concesiones para cortar el mal; pero tampoco se inclina en ab- 
soluto por la fuerza de represión que las más délas veces suspende, 
pero no cura las enfermedades sociales; no quisiéramos equivocarnos 
al resumir su pensamiento diciendo: que la solución del problema caía- 



REVI8TA DE REVISTAS 329 



lanista está en la amplia reforma de la administración local, alterando 
hondamente la ley municipal, dando facultades de adquirir y crear ele- 
mentos de vida propia á municipios y provincias, con garantías de tu- 
tela que respondan á las diferentes situaciones económicas y aptitudes 
de gobierno de las distintas localidades y regiones. 

Los demás artículos, todos notables, son: "El catalanismo en el con- 
cepto naturalista,,, por B. Robert.— "El programa de Manresa,,, por 
Gumersindo Azcárate.— "La cuestión catalana,,, por Luis Domenech. 
—"El problema del regionalismo,,, por J. Pella y Forgas.— "El catala- 
nismo,,, por J. Sánchez Guerra.— "El sentimiento catalanista,,, por Juan 
Maragall. 

Mucho sentimos que la abundancia de la materia y los estrechos lí- 
mites á que por necesidad hemos de reducirnos, nos impidan hacer el 
resumen de una materia tan interesante y de tanta actualidad. 



Etudes, 20 de Enero de 1902.— París. 

El desenvolvimiento de las ideas morales en Platón, por Julio Le- 
breton.— En el tercer período de la filosofía del gran pensador atenien- 
se, señalado por las obras citadas en el anterior artículo (véase nuestra 
Revista del 20 de Enero), se nota una transformación completa de sus 
ideas respecto de la moral. Ya no considera la intuición de las Ideas 
subsistentes como fin de la vida y objeto de la felicidad, ni habla de la 
separación del alma y el cuerpo y de la muerte de los sentidos, sino 
que propende á una concepción naturalista, muy semejante á la des- 
pués defendida por Aristóteles, según la cual entran, como constituti- 
vos esenciales de la dicha, la ciencia y el placer ajeno á toda impureza 
sensual. La medida ó justo medio como elemento principal de la no- 
ción del bien, es otra idea nueva de Platón, que hace pensar en las de 
la Etica d Nicómaco. En las relaciones del alma y el cuerpo debe rei- 
nar amigable y armoniosa proporción (cosa bien diferente de lo que 
había dicho en obras anteriores), así como, en cuanto á las cualidades 
del cuerpo, los bienes de fortuna y el uso del placer, debe buscarse 
una justa medida; y en cuanto á la forma mejor de gobierno, un justo 
medio entre la monarquía y la democracia. Esa medida ó regla que 
debe aplicarse á todo, la toma Platón del concepto de lo justo; y este 
concepto no lo busca en la ley (como hizo en la República), sino en la 
naturaleza, regla soberana del bien y del mal (estoicismo). Para des- 
autorizar el naturalismo grosero, defiende la jerarquía y subordina- 
ción de fuerzas que la naturaleza ha establecido en nosotros, atribu- 
yendo la soberanía á la razón por su mayor nobleza y superioridad 
nativa sobre las demás facultades. Lo justo, por lo tanto, es la regla 
del bien y de la dicha, y el bien del alma es la justicia. Pero ¿basta la 



3S0 REVISTA DE REVISTAS 



justicia para la dicha? Platón dice que para ser feliz, no sólo es necesa- 
rio no cohieter injusticia, sino también no padecer; y aquí el filósofo 
ateniense encuentra dificultades para las cuales no ve solución satis- 
factoria. Siente que flaquea su metafísica, y esto le hace volver los 
ojos á la religión, al sacrificio sagrado y á las creencias sobre la bon- 
dad providencial de los dioses, término de la evolución de su pen- 
samiento. 

5 de Febrero. 

La idea socialista, por Luciano Roure.— Tres aspiraciones princi- 
pales reúne el movimiento socialista contemporáneo, que pueden re- 
ducirse á estas tres palabras: justicia, igualdad, solidaridad. El alma 
del socialismo es la idea de reforma del estado social presente; pero 
no de una reforma parcial ó aislada, sino universal. Para ello creen 
los socialistas necesaria la acción del Estado, y de ahí la tendencia á 
concederle atribuciones sin límites, un poder dictatorial que, aunque 
los socialistas quieran considerar como un medio de protección para 
las libertades individuales, se resolverá indudablemente en un despo- 
tismo feroz, semejante al de la Estadolatría pagana. Entre las refor- 
mas que esperan de la intervención del Estado, se hallan en primer 
lugar la igualación de las condiciones sociales, repartición de las ri- 
quezas, disolución de la familia, emancipación de la mujer, internacio- 
nalismo cosmopolita, supresión de los ejércitos é irreligión completa. 
Por último, el socialismo quiere el reinado de la solidaridad, que á 
pesar de los conceptos encontrados que encierra, constituye para sus 
devotos una especie de religión con la que gozarán de inefables deli- 
cias terrestres las generaciones futuras. Mas para que sea posible esta 
transformación total, sería necesario cambiar las condiciones de la 
naturaleza humana, lo que no parece que puedan lograr nunca los 
partidarios de la idea socialista. 



La Quixzaine.— 1.° de Febrero de 1902. 

La ciencia y la democracia, por G. Fonsegrive.— Después de haber 
lijado el verdadero concepto déla democracia, que no tiene que \ Ti- 
nada con el sentido anárquico que suele atribuírsele entre la gente in- 
culta de la sociedad, concluye diciendo: que la ciencia y la domocra- 
cía, lejos de oponerse, se llaman una á otra, de suerte que el desenvtfj 
\ imiento científico, haciendo surgir en el pueblo la conciencia Je mi 
fuerza, desús derechos y sus deberes, despierta mis aspiración»-, y 
por consiguiente hace nacer las Instituciones democráticas. La ciencia 
tarde ó temprano debía engendrar Ul democracia; SUS enseñanza- v >u 
disciplina pueden prestarle á la vez la higiene preventiva y le- reme- 
dios á los males que amenazan á las instituciones democráticas; peni 



REVISTA DE REVISTAS 331 



la democracia, si puede pedir á la ciencia una disciplina, no podría en- 
contrar aquí ni un gobierno ni un principio de educación; le es necesa- 
rio remontarse á una esfera superior, á los principios morales del espi- 
ritualismo cristiano, sin los cuales la democracia carecerá siempre de 
base sólida. Solamente estas grandes doctrinas del Cristianismo pueden 
infundir en los individuos de las democracias un alma común, respe- 
tuosa para con todos los derechos y cumplidora de todos los deberes, 
independiente de los hombres, sumisa á la le}', que aspira con pasión á 
ennoblecer y dignificar la vida, y que sepa sacrificar en sus gérmenes 
las diátesis mórbidas inherentes á las democracias: el egoísmo, los ce- 
los, la envidia, y finalmente la anarquía. Puede afirmarse, según esto, 
que la ciencia prepara el establecimiento de las democracias, pero es 
del todo impotente para dirigirlas y hacerlas vivir. Tienen éstas necesi- 
dad de doctrinas morales, espirituales, superiores, y no pueden vivir 
sino es alimentadas en el fondo esencial del Cristianismo. 



Revue Thomiste.— Enero de 1902.— París. 

La individualidad de los a) i i males superiores, por el P. de Mun- 
nynck.— No pretende el autor agotar la materia respecto de todos los 
animales, sino que se refiere únicamente á aquellos que poseen órganos 
y tejidos bien especializados, como el perro, el caballo, el mono, etc. El 
P. de Munnynck quiere demostrar, según sus mismas palabras, que 
"estos seres no son simples asociaciones más ó menos íntimas de vivien- 
tes realidades jerárquicas, simples colecciones sui geueris de sustan- 
cias individuales distintas, sino verdaderos seres únicos que compren- 
den en una unidad verdaderamente sustancial y superior sus partes 
innumerables y diversas y que gozan de un solo principio activo fun- 
damental y de una existencia indivisa; en una palabra, que estos ma- 
míferos son individuos.,. . , 



Revue Bénédictixe.— Enero de 1902. 

El año litúrgico en Aquileya, por D. Germain Morin.— Muy pocos 
monumentos litúrgicos de la iglesia de Aquileya, tan importante y flo- 
reciente en los primeros siglos, se han conservado ó se han descubierto 
hasta ahora. De ahí el valor verdaderamente notable del que publica 
el docto y erudito P. Morin. Es una lista del principio del Evangelio 
que había de leerse en cada una de las dominicas del año. Se encuentra 
al folio 92 del Codex Redhigeranus, de,Breslau, escrita en letra lom- 
barda del siglo VIII. Hace después una breve reseña histórica de las 
vicisitudes por que ha pasado el códice, siendo todavía, á pesar de las 



332 REVISTA DE REVISTAS 



prolijas investigaciones hechas por Haase, muchas las lagunas que se 
han de llenar para conseguir la historia completa de un códice por tan- 
tos conceptos venerable. 



Revue Catholique des Institutioxs et du Droit.— Enero de 1902.— 
Lyon. 

La propiedad, su fundamento, su naturaleza, por Hubert-Valle- 
roux.— Es de tal importancia el derecho de disponer libre y soberana- 
mente de las cosas que nos rodean, que sin él puede decirse que el hom- 
bre no llega á ser por completo apto para asegurar su libertad, su por- 
venir y el perfecto ejercicio de sus facultades intelectuales. Es más, 
añade Hubert-Valleroux: la civilización y el poderío de las naciones se 
desarrollan con más seguridad y rapidez cuando existe la propiedad 
individual que cuando impera el comunismo; y, sin embargo, ese dere- 
cho tiene poderosos enemigos, que trabajan sin cesar por hacer que 
desaparezca de la vida social, desfigurando de tal modo su naturaleza 
y origen fundamental, poniendo ó deseando poner tales trabas á su 
existencia y desarrollo, que en los pueblos donde ellos triunfasen sería 
imposible su conservación. Contra esos enemigos, que son los socialis- 
tas, expuso el autor magistralmente su doctrina en una serie de discur- 
sos pronunciados en el XXV Congreso de jurisconsultos católicos cele- 
brado en Montpeller, y que no es más que la doctrina sostenida siem- 
pre por la Iglesia. Demuestra con textos de la Sagrada Escritura que 
la propiedad individual es antiquísima, tan antigua, como que es inhe- 
rente á la naturaleza humana; hace á continuación una reseña histórica 
muy completa de la aparición de este derecho en todos los tiempos en 
los diversos países, sacando en consecuencia que progresa sin cesar, y 
que tanto más próspero es un pueblo, cuanto más desarrollado se hal Ic- 
en él dicho derecho. Tan lejos está de venir á menos la propiedad indi- 
vidual, qué en nuestros días han adquirido grandísima importancia 
nuevas manifestaciones de ella, como la industrial y la literaria, que 
en otros tiempos no la tenían. Finalmente, después de haber demostrado 
que la propiedad territorial es justa, demuestra que la mobiliaria no es 
menos justa ni menos necesaria. 



Rivista Interna zioxale di Sciexze Sociali e discipline: ausiuarib. 
Roma, Enero de 1902. 

Provvedimenti sociali popoiari^ por G. Toniolo.— En la continua- 
ción del trabajo que con esc título escribe- á propósito de la actual agi- 
tación socialista en Italia, habíanos el autor de la manera CÓmo las 
diversas escuelas han contribuido á la solución de- la cuestión obrera; 



REVISTA DE REVISTAS 833 



y como si se hubieran dado cita, añade, todas las medidas propuestas 
se reducen á la reforma del contrato del trabajo, á la reconstitución 
moderna de los ordenamientos corporativos y á la legislación obrera. 
Estas escuelas sociales son reformadoras, que pretenden la reconstitu- 
ción ab imis fundamentis de toda la sociedad, ó sólo pretenden mejo- 
rar el orden social. A las primeras pertenecen el socialismo individua- 
lista-anárquico y el socialismo panteístico-autoritario , y á las secun- 
das la individualista-liberal, la social política y la ético-religiosa. 



Ecclesiastical Review.— Febrero de 1902.— Nueva York. 

Hugo de San Víctor, místico, por el Rev. José Maclorley.— Consi- 
dera á Hugo de San Víctor como fundador del misticismo científico, y 
del estudio de sus obras deduce el articulista la siguiente síntesis de su 
sistema: Hugo de San Víctor distingue en el hombre tres estados: el 
primitivo, el actual y el posible. En el estado primitivo poseía el hom- 
bre el triple poder de visión de las cosas materiales, espirituales y di- 
vinas; mas por su primer pecado perdió totalmente la facultad de per- 
cibir las cosas divinas y de ver con la claridad de antes las relativas 
al espíritu; pero en virtud de la gracia de la redención, le fué otra vez 
posible subir á la contemplación de ellas, ó á lo menos alcanzar algún 
grado de su primera visión. La gracia divina y el esfuerzo del hombre, 
en cuyo corazón arde el amor de Dios, valiéndose de los poderosos 
medios de la fe, de los Sacramentos y de las buenas obras, son los dos 
elementos necesarios para alcanzar el poder de visión del estado primi- 
tivo, levantándose de la contemplación de las criaturas, en sus relacio- 
nes con el Criador, á la contemplación del mismo Dios. Los pasos que 
ha de dar el alma y las manifestaciones de su actividad para adquirir 
la unión bienaventurada que resulta de la contemplación de Dios, ade- 
más de la lectura espiritual, meditación, oración y ejercicio de todas 
las virtudes, los clasifica Hugo de San Víctor en tres, que son: el pen- 
samiento, la reflexión y la contemplación, subdividiendo la contempla- 
ción en adquirida é infusa. 



•"^ c>N G^^5iC?^X^^' v >-» 



REVISTA CANÓNICA 



¿Pueden los Obispos añadir nuevas cargas a los beneficios, ó 
imponerlas en el edicto para concursos y oposiciones? 

(Continuación.) 



II. El extracto que hemos hecho de la causa in Pacensi resuélve- 
la segunda cuestión planteada al principio, acerca de si la imposición 
de nuevas cargas, expresamente prohibida por el derecho general, 
procede legalmente en España en virtud de alguna ley concordada; 
pero habrá notado el lector que el Rmo. Prelado y el Cabildo de la 
iglesia Pacense indicaban en su informe que ese supuesto derecho era 
en España costumbre general basada en el Concordato y hasta recono- 
cida por la Nunciatura Apostólica en la corte de Madrid. Mucho defe- 
rimos al parecer de un Príncipe de la Iglesia y de una respetable cor- 
poración; más no tanto que juzguemos válidas sus afirmaciones por 
sola su palabra, si realmente el fundamento de aquéllas es nulo, como 
vamos á demostrar. 

El Concordato trata incidentalmente los asuntos de esta índole sólo 
en el art 37, y lo único que estatuye es que ingrese en el fondo de re- 
serva de cada diócesis la dozava parte de la dotación del primer año 
de las prebendas, curatos y otros beneficios, y la real orden del b de 
Junio declara cómo debe verificarse ese descuento. Es decir, que en 
lugar de las antiguas anatas, se establece dicha duodécima parte, al mis; 
mo tiempo que sé prohibe expresamente "todo otro descuento que por 
cualquier concepto, uso, costumbre ó privilegio se hiciese anterior- 
mente^ Es necesario ser más que lincey pasarse de sutil para pretender 
fundar la costumbre aludida en una disposición que, si algo significa, 
además de lo que taxativamente ordena, es todo lo contrario de lo que 
supone tal costumbre; porque, á pesar de nuestros esfuerzos por encon- 
trar alguna ley concordada, alguna real orden siquiera, aunque sin 
valor jurídico por defecto de competencia, nada hemos hallado que ni 
remotamente se asemeje á la autorización que los Prelados españoles 
necesitarían para imponer nuevas cargas. Los doctores Salazar y La 
Fuente en sus Derecho, Disciplina y sobre todo en los Procedimientos^ 
han acumulado tojos los documentos relativos á materia beneficia! en 
España, y sin embargo, ni aun de un modo incidental insinúan que i 
gan los Obispos la potestad que el Sr. Cadena y Eleta supone al cons 



REVISTA CANÓNICA 385 



nar en el formulario para edictos convocatorios la cláusula que arriba 
transcribimos. Creemos que ni él mismo lo admita, y que se limitó sen- 
cillamente á copiar el modelo existente en alguna de las diócesis en que 
desempeñó elevados cargos, pues en sus Procedimientos no cita decre- 
to alguno concordado que implique semejante derecho. Los únicos de- 
cretos en que se determina algo relativo á imposición de cargas son el 
del 21 de Junio de 1852, para los beneficiados de oficio que, por ser enton- 
ces nuevos, no tenían determinados los derechos ni las obligaciones, y 
el del 6 de Diciembre de 1888 con las declaraciones del 14 de Noviembre 
de 18% y 14 de Febrero de 1891, que establecen el número de canonica- 
tos de gracia que deben ser provistos por oposición, y que al imponer- 
les la carga correspondiente, sea ésta única, y no varias alternativa- 
mente; de modo que sería ilegal deducir de estos decretos otras conse- 
cuencias que las consignadas. ¿Dónde está la declaración de la Nun- 
ciatura Apostólica á que se refieren el Rmo. Prelado y,el Cabildo de 
Badajoz? ¿Es creíble que documento de tanta importancia no aparezca 
en las obras canónico-jurídicas de los doctores Salazar y La Fuente, 
Cadena y Eleta, Pellicer y Guíu? 

Podrá alguien salimos al paso con el decreto de 1852, de que se hace 
mención en nuestra Revista (vol. xlv, pág. 300) al extractar la diserta- 
ción sobre la prebenda lectoral, y que nosotros consignamos al discutir 
ese mismo punto. Pero tal decreto aparece citado in Pampilonen. (16 
Dec. 1882) en el informe del Sr. Obispo de Pamplona, y debemos adver- 
tir que nuestras investigaciones para encontrarlo han sido infructuosas; 
y nos admira sobremanera que Salazar y La Fuente, tan solícitos por 
incluir en su monumental obra Procedimientos eclesiásticos todas las 
leyes relativas á las materias que tratan, ni siquiera lo mencionen. El 
dignísimo actual Doctoral de Salamanca, autor de la referida diserta- 
ción, nos asegura haberlo visto citado por un autor respetable, y sin 
embargo, nos resistimos á creer que realmente exista. ;Por qué, si se dio, 
no lo consignan Salazar y La Fuente, que escribiendo en Madrid la 
obra citada, es indudable que registrarían todos los documentos que 
pudieran ilustrarles? Mas concedamos su existencia, sea en forma de 
instrucción concordada, ó bien con el carácter de ruego y encargo real, 
pues nos inclinaríamos á sospechar lo último: {podrá de él deducirse 
algo en contra de nuestra tesis? Todo lo contrario, pues viene á corro- 
borarla plenamente. Y ya que nos es imposible transcribir el texto del 
discutido decreto, parécenos lo más acertado copiar aquí lo que leemos 
en el extracto de la- causa de Pamplona hecho por esta Revista (vol. vi, 
pág. 382): u Los Emmos. Intérpretes del Tridentino... habiendo sabido 
por medio del Sr. Obispo de Pamplona que en España existía una real 
orden ó decreto recomendando se impusiese la obligación de enseñar en 
los Seminarios á los canónigos de oficio, y que sería muy conveniente 
que los Obispos tuviesen la facultad de imponer dicha obligación...., 




336 REVISTA CANÓNICA 



atendidos los tristes tiempos en que vivimos, resolvieron las dudas pro- 
puestas. ..„ Prescindiendo de otras consideraciones, las palabras subra- 
yadas evidencian que los Obispos de España no podían imponer nuevas 
cargas en los beneficios, á lo menos en 1882, y no sabemos que posterior- 
mente hayan sido autorizados. ¿Dónde está, pues, la costumbre que el 
Rmo. Prelado y el Cabildo de Badajoz suponían existente? El Ilus- 
trísimo Sr. Obispo de Pamplona indicaba de una manera elocuente la 
conveniencia y aun la necesidad de que á los Obispos se les otorgase 
la facultad en cuestión, la cual prueba que ni aun en caso de necesidad 
pueden legalmente hacerlo, y nada más en armonía con las prescrip- 
ciones canónicas que esa conclusión; porque si algo vale el principio 
ubi lex non distinguit, nec nos distinguere debemus, ¿podría alguien 
decirnos dónde consta la excepción de la necesidad? La ley es absoluta, 
la jurisprudencia eclesiástica sentada por la S. C. del Concilio en nin- 
guna parte, que sepamos, establece esa excepción; el derecho positi- 
vo &ólo exceptúa el caso á que se refiere el capítulo vi del título xi v del 
libro i; los canonistas que conceden á los Obispos el derecho de impo- 
ner nuevas cargas, cuando la necesidad lo exige, ó aluden á otra espe- 
cie de imposiciones, ó se fundan en un falso supuesto, torciendo el sen- 
tido obvio y terminante de una decretal; por consiguiente, en ningún 
caso pueden creerse los Obispos revestidos de dicha facultad. Sólo en 
la hipótesis de que la necesidad fuera urgente y no hubiera tiempo 
para recurrir á la Santa Sede, podría juzgárseles autorizados, pero no 
absoluta, sino condicionalmente; es decir, que para que la imposición 
pudiera ser legal, debería ser ratificada por aquélla, y por otro lado 
es muy difícil, si no imposible, que en materia de beneficios ocurra una 
necesidad tan imprevista y urgente. 

En lo que nos permitimos discrepar del parecer del Sr. Obispo infor- 
mante en la causa de Pamplona, es acerca del modo de remediar la inne- 
gable necesidad á que alude. ¿Por qué razón han de ser gravados con 
nuevas cargas los canónigos de oficio, cuando por ser tales tienen ya obli- 
gaciones cuyo exacto cumplimiento exige nada ligeros trabajos? ( fina- 
rnos que á ese recurso sólo debe apelarse cuando no haya otro; pero á 
nadie se le oculta que si se llevaran á la práctica los consejos del Tri- 
dentino (sess. xxiv, cap. xn de Ref.) acerca de los graduados que de- 
bieran componer el cabildo, la solución del problema sería fácil, repar 
tiendo las cargas entre todos equitativamente, previa siempre la com- 
petente autorización. Líbrenos Dios de pretender enseñar á los que el 
Espíritu Santo eligió por maestros en la Iglesia; mas al canonista indu- 
dablemente le es permitido discutir ciertos actos y determinaciones de 
los Kmos. Sres. Obispos, sólo en cuanto pueden oponerse á las prescrip- 
ciones del derecho, y en este punto creemos legítimo el uso de una san 
ta libertad é independencia para exponer leal é imparcialmente núes 
tro humilde sentir, que en el caso presente es el sentir del derecho; j 



REVISTA CANÓNICA • 337 



mientras la autoridad competente no lo derogue, sostendremos la ile- 
galidad de la imposición de nuevas cargas, y de igual modo considera- 
remos nada equitativas ante el derecho ciertas disposiciones encamina- 
das á imponer á los canónigos de oficio cargas especiales, una cátedra 
en el Seminario, por ejemplo, sin retribución alguna, y á veces con 
pérdida de las distribuciones corales correspondientes á las horas ca- 
nónicas que concurran con las de la cátedra. Se nos dirá tal vez que 
ellos lo aceptaron libremente, á lo cual respondemos lo que en otro lu- 
gar consignamos. 

Con lo expuesto creemos suficientemente probada la respuesta ne- 
gativa á las dos cuestiones que nos propusimos explanar, y opinamos 
que no puede presentarse en contra dificultad alguna que merezca la 
pena de detenernos á refutarla, puesto que la única de importancia que 
podría oponerse es la autoridad de Santi con los respetables autores á 
quienes sigue, y á esa parécenos haber respondido con claridad que no 
deje lugar á dudas. 



De Jure Regularium — Rectijiciu ion. — Es deber nuestro rectificar 
lo que en otro lugar (1) dijimos acerca del indulto de que goza la Orden 
agustiniana para poder cumplir con el rezo en coro en los conventos 
donde hay estudios. Por no tener á la vista la concesión, y dudar si 
por ella se autorizaba para rezar á las dos ó á las dos y media de la tar- 
de los Maitines en el coro, consignamos allí esta última hora; pero el 
rescripto dado el 14 de Febrero de 1899 por la Sagrada Congregación 
de Obispos y Regulares concede expresamente que puede cumplirse 
dicha obligación empezando á las dos. 



■ 



Indulto para admitir en calidad de conversos jóvenes que no 
llegan á los veinte años y han cumplido diecisiete.— Beatísimo Padre: 
El P. Fr. Enrique Vacas Galindo, Provincial de la Orden de Predica- 
dores y Prefecto apostólico en el Ecuador, humildemente postrado á los 
pies de Vuestra Santidad, expone: que frecuentemente vienen á los con- 
ventos desde las haciendas los criados acompañados de jóvenes menores 
de veinte años, y no pudiendo alojarles en otra parte, pide la facultad 
de admitirlos para que pernocten intra clatístra.Deiguiü modo, en aten- 
ción á la escasez de vocaciones en este país para conversos, suplica se 
le autorice para recibir como sirvientes á jóvenes menores de veinte 
años, que son mejores que los de edad avanzada. 



(i) Vol. L, pág. 147. 

23 



REVISTA CANÓNICA 



U S Congregado super Disciplina Regulan, attentis informatione el 
voto P. Procuratoris Generalis Ordinis, benigne précibus in ómnibus 
asumsit: ea tamen expressa lege est coñversi saltera dccimum septi- 
mum aetatis annum expleverint; et serventur in reliquis de jure servan- 
da. Contrariisquibuscumque non obstantibus. Eíoc autem decretum ad 
quinquennium tantum valituro. — Romae, die 27 Augusti 1900.— Fr. II. 
M. Card. Gottí, Prwf.—\^. ^ S.— A. Panici, Secretarias... 

Es general y muy válida la creencia de que los Superiores de coi- 
ventos no pueden, bajo las penas decretadas por Clemente X el Ib de 
Mayo de 1675, admitir intra claustra, ni aun para pernoctar una no- 
che, jóvenes que no hayan cumplido los veinte años, y á esa creencia 
se debe en parte la súplica que acabamos de transcribir; y decimos sólo 
en parte, porque en lo referente á la admisión de jóvenes en calidad de 
conversos, es indudable que aquella creencia es legítima y conforme á 
derecho. Pero ¿es cierto que si un Superior admitiera en su convento 
para pernoctar intra claustra á un huésped que no haya cumplido los 
veinte años, obra contra las prescripciones canónicas é incurre en las 
penas fulminadas por Clemente X? ¿Qué debe juzgarse de la costumbre 
basada en esa opinión tan general? ¿Qué si las propias Constituciones 
consignan expresamente esa prohibición? Cúmplenos, ante todo, copiar 
el Decreto á que nos referimos, según lo trae Bizzarri en su Colectanea 
de la Sagrada Congregación de Obispos y Regulares (pág. L J 74-75): 

"Etsi Decretis Sacras Congregationis super Statu Regularium de 
mandato Summorum Pontificum Innocentii Decimi et Alexandri Sep- 
timi jam pridem editis pro Xovitiis recipiendis statutum sit, ut omnes 
qui, ad habitum probationis se recipi postulaverint, deligenter exami- 
nentur ac per vota secreta approbentur quotquot idonei reperti fue- 
rint íetate, aliisque requisitis ad praescriptum Apostolicarum Consti- 
tutionum et Statutorum Ordinis, nec quisquam constatar habilis ad 
hujusmodi habitum suscipiendum ut Cl cric as ni si aun ion cetatis 
smc decirnum quintunt, ñeque ut Conversus nisi annum vigesimutn 
cxpleverit, nihilominus in pluribus Religionibus Italiae et Insularum 
adjacentium aliquibus ab hinc annis introductum est, ut recipiantur 
Adolescentes Laici non quidem pro conversis, ut annum probationis 
incipiant,ét finito temporisNovitiatus admittantur ad professionem, sed 
pro Tertiariis et Oblatis, seu Donatis, eique tradatur habitus, ut \o- 
cant, sine caputio illis dari consueto, ut sic inserviant alicui religioso 
particulatim aut pluribus, vel ómnibus communiter, et multoties pueri 
et adolescentuli recipiantur in Monasteriis, non ut Nbvitii, sed ut II»'- 
pites, seu postulantes se recipi pro Clericis ad habitum probationis, él 
parva veste induti plures menses, quinimo et annossic destinantur in- 
tra claustra doñee compleverunt annum aetates decimumquintum Cle- 
ricis, ut supra praiscriptum, ad annum Nbvitiatus inchoandum, idque 
eopretextu, utinterea íiat experimentum , de ¡psonim ¡ndole, et aptitu* 



revista Canónica 389 

diñe ad Religíonem', et aliquamdo etiam in cadena veste ídem. Pueri et 
Adolescentuli admittantur in novitiatibus, et cum Novitiis dégant ad 
hoc, ut eorum voces pueriles in Choro cum vocibus Professorum mis- 
ceantur, dum divina peraguntur Officia . Quoniam vero secundum 
Canónicas sanctiones, et juris regalas, cum quid una via prohibetur 
alicui, ad id alia non debeat admitti, et memorad abusus irrepserint in 
frauden] Legis et elusibnefti Decretorum ut supra editorum in Religio- 
num dispendium; ac non sine multorum admiratione, et scandalo. Id- 
circo eadem Sacra Cóngregatid^ ut in dies cfescat in Ecclesia Dei sa- 
crarum Religionum splendor, et veneratio, ex speciali mandato SSmi. 
Dni. Xtri. D. Clementis Divina Providentia Papas Decimi hoc presentí 
Decreto, in virtute Sanctae Obedientiie praecipit ómnibus et singulis 
Superioribus Ceneralibns, Provincialibus, et Localibus, quocumque 
nomine et titulo appetlatis, quorumcumque Ordinum, ac Congrega- 
tionum tam Mendicantium quam non Mendicantium ut decretero nemi. 
nem pro Tertiariis, vel Oblatis, sen Doniatis aut Commissis, vel Ser- 
vientibus nec pro Hospitibus sen Postulantibus vel Cantoribus, aut alio 
quocumque nomine nuncupatis, ac quovis habí tu indutrs vel induendis, 
subquovis pnetextu, vel cansa, aut qiuesito colore recipiant, seu ad- 
mittant ad habitandum intra claustra, ni vigesimum aetatis suae an- 
num explevcrit, omnesque sic receptos, seu admissos (iis tantum excep- 
tis, qui completa aetate annorum quindecim pro clericis sen Choristis 
fehabitu Xovitiorum annum probationis agunt) a Monasteriis, seu Do- 
mibus Regularibus omnino amoveant et ejiciant intra terminum duo- 
rum mensium, inchoandum a die intimationis presentís Decreti facien- 
dce Provincialibus eorumdem Ordinum et Congrcgationum in Romana 
Curia existentibus. Quodsi pfaedicti Superiores pnesenti Decreto per 
omnia non paruerint, aut in aliqua ejus partecontravenerint pcenampri- 
vationis Dignitatum et Officiorum; qure tum temporis obtinebunt, ac 
perpetua; inhabilitatis ad alia in posterum obtinendam, vocisque acti- 
va,' et passivae ipso facto absque alia declaratione incurrant. Non obs- 
tantibus quoad omnia suprascripta, privüegiis, indultis, et eonsuetudi- 

ibus, ca^terisque contrariis quibuscumque. 
Datum Romae, die 16 Maii 1675.„ 

La discusión acerca del alcance de este Decreto estriba sobre las 
palabras ad habitandum intra claustra, que Ferraris transcribe ad 
habitum intra claustra (v. Habitus, núms. 33-35). ¿Cuál es la cláusula 

enuina del Decreto? Ya hemos visto que Bizzarri consigna la prime- 
ra, y á ella se atiene Norvegna (De jure practico Regularium, pági- 
nas 28-91-97, Romse, 1900). Grande es, sin duda, la autoridad de Bizzarri; 
pero tampoco es despreciable la de Ferraris, tanto más, cuanto que 
escribió en época no muy lejana de la promulgación del Decreto de 
Clemente X. Mas si el argumento intrínseco favorece claramente una 

I de las dos transcripciones, juzgamos que la favorecida debe ser repu- 



ta 

■ 



340 BE VISTA CANÓNICA 



tada por auténtica. Ahora bien: ¿á qué fin se enderezaban las disposi- 
ciones de Clemente X? El preámbulo de su Decreto lo dice expresa- 
mente. Inocencio X y Alejandro Vil habían prescrito que no se diera 
el hábito 'religioso á ningún joven que no hubiese cumplido quince 
años, si era para coro, y veinte si para lego. Para eludir prescripciones 
tan terminantes, algunos Superiores Regulares de Italia é islas adya- 
centes introdujeron el abuso de admitir postulantes antes de la edad 
canónica; pero en lugar de darles el hábito propio de la Orden, ó les 
daban sólo la saya sin capilla, si se trataba de legos, considerándolos 
como terciarios, oblatos ó donados, hasta que cumplieran la edad, ó un 
hábito corto, y con el título de huéspedes ó aspirantes, para probar su 
vocación, mientras llegaban á los quince años, si los admitidos eran 
para coro. Indudablemente que al proceder de este modo, los Superiores 
obraban in fraudem legis, toda vez que Inocencio X y Alejandro VII 
habían prohibido la admisión de tales postulantes antes de la edad in- 
dicada, é igual delito cometerían hoy los que los admitieran para, 
llegado el tiempo oportuno, vestirles el hábito religioso, aunque hasta 
tanto llevaran traje secular. Cortar de raíz esos abusos, y no otra cosa, 
fué lo que intentó Clemente X. Interpretar de otro modo su Decreto 
parécenos apartarse de la mente expresa del Pontífice, y creemos que 
la más escrupulosa exégesis jurídica no podrá, sin violentar el sentido 
del contexto, darle más alcance que el que entraña esta conclusión: El 
Decreto Etsi Decretis de Clemente X prohibe en absoluto á los Supe- 
riores Regulares el admitir intra claustra, para darles ú su debido 
iiempo el hábito religioso, á jóvenes menores de veinte ó de quince 
años respectivamente: prohibición que debe extenderse á la facultad 
de admitir tales personas para que formen parte de la Comunidad y 
vivan en el convento cual si fueran verdaderos religiosos, aunque no 
lleven el hábito de éstos, sino uno de los dos á que alude el Pontífice. 
Esto es lo esencial en la ley que examinamos. Las cláusulas relativas 
al hábito especial que daban á los aspirantes y á los diferentes títulos, 
incluso el de huéspedes, con que les apellidaban, no hacen más que ra- 
tificar la proposición general enunciada, explicarla, indicar los fraudes 
con que se pretendía eludir el cumplimiento de lo preceptuado por dos 
Pontífices anteriores, reprobar este proceder, y sentar en términos 
precisos el principio de que, cualesquiera quesean los pretextos con 
que admitan aspirantes de edad inferior á la prescrita, orales conce 
dan el verdadero hábito, ora uno especial, ó bien ninguno, Llámenlos 
terciarios, oblatos, donados, sirvientes, postulantes, cantores, etc., in- 
currirán en las penas canónicas decretadas, 

Podrá oponer alguien á esta interpretación el estilo de la Curia 
Romana, según los modelos que copia Nprvegna; pero harto sabido 
que en muchas ocasiones este argumento carece de fuerza probativa, 
pues no es infrecuente que aquélla otorgue rescriptos, accediendo 



REVISTA CANÓNICA 841 



peticiones que en rigor jurídico no necesitan especial indulto, y que 
se fundan en conciencia errónea é invencible, contra la cual no es lícito 
obrar. Y en la cuestión presente existe además otra razón particular, 
puesto que en la Secretaría de la Sagrada Congregación de Obispos 
y Regulares se regirán por la Colectdnea de Bizzarri, y ya hemos visto 
que éste, en vez de ad habitum intra claustra , transcribe ad habitan- 
duni. Que si bien Norvegna copia modelos de rescriptos en los cuales 
habla de educandos y sirvientes, debe tenerse en cuenta, además de lo 
dicho, que bajo el nombre de educandos están comprendidos jóvenes 
aspirantes que tal vez no tienen la edad canónica, y cuya educación va 
encaminada á prepararlos para el estado religioso; y que tanto respec- 
to de éstos como de los sirvientes, sólo se manda que tengan dormito- 
rio independiente del destinado á los religiosos, lo cual es casi de sin- 
déresis natural, amén de haberlo implícitamente ordenado así Cle- 
mente y Urbano VIII en sus Decretos sobre reforma de los Regulares. 

De todo lo cual deducimos que el Decreto de Clemente X debe 
leerse ad habitum, y no ad habit andan i. 

Pero aun admitiendo como genuina la transcripción de Bizzarri y 
de Norvegna, es evidente que los Superiores Regulares no incurrirán 
en las penas decretadas por Clemente X, si admitieren intra claustra 
algún joven menor de veinte años sólo para pernoctar en calidad de 
verdadero huésped, á no ser que para breves horas, ó á lo sumo para 
breves días, le hicieran vestir el hábito sin capilla de que habla el 
Pontífice, toda vez que sólo contra los que esto último hicieren, fulmina 
Clemente X tan justas como severas penas. Más diremos: puesto que 
la cláusula ad habitandum implica permanencia durante algún tiempo, 
siempre que los admitidos en el convento sean huéspedes en el recto 
sentido de la palabra, es decir, que no tengan el carácter de aspirantes 
al hábito, ni vistan alguno de los expresados por Clemente X, debe 
afirmarse que los Superiores Regulares que los admitan no incurren 
en pena alguna por derecho general. Empero si las Constituciones de 
la Orden respectiva, competentemente aprobadas, prohibiesen admitir 
ni aun como simples huéspedes, ni por breve tiempo, á las personas 
referidas, los Superiores obrarían ilícitamente é incurrirían en las pe- 
nas que aquéllas decretaran (1). 

Es vista de lo expuesto, ¿qué deberá decirse de la costumbre á que 
aludimos al principio? Como esa costumbre está basada sobre un error, 
claro es que no tiene fuerza de ley, ya que para esto es requisito indis- 
pensable, entre otros, que se funde en el conocimiento verdadero de la 



(1) En el Capítulo General de la Orden de San Agustín celebrado en Roma en 1685, pá- 
rrafo De noviliis et pvofessis imlituendis , n. 1, se recuerda el cumplimiento de lo prescrito 
por Alejandro Vil en 1665; pero por ningún lado aparece, ni en las antiguas ni en las nuevas 
Constituciones, Decreto alguno que favorezca la transcripción de Bizzarri. 



342 REVISTA CANÓNICA 



ley y en la voluntad de obrar contra, prieter ó secundum legem. 

Extraña cosa parece que, fuera de la autorizada revista // Monito- 
re Ecclesiastico (voL x, p. n, págs. 232-33),, que sostiene en un todo la 
doctrina por nosotros expuesta, nadie haya tratado de un punto que 
creemos de alguna importancia para los Regulares, y lo que más ad- 
mira aún, es que los tratadistas modernos del derecho de Regulares no 
hablan de él, como Bouix, ó, si le mencionan, se contentan con trans- 
cribir á Bizzarri, como el P. Ángel del Santísimo Corazón de Jesús 
(Manuale Juris communis Regularium, Ganda?, 1899, \<>1. i, pág. 72 
Sólo el P. Piat (Preelecciones juris regularis, edit. alt. , 1899, vol. i. 
pág. 81, quaer. 2, d.), aunque cita á Bizzarri, parece inclinarse en favor 
de la transcripción ad habilum, euando escribe: a Die 16 Man 11-7."), 
S. Congregatio super Statu Regularium, innovans decreta Innoeentii X 
et Alexandri VII, statuit neminem censeri habilem ad r eligió sum lia- 
bit nm suscipiendum , ut clericum , nisi annum aetatis suae decimum 
quintum, ñeque, ut Conversum, nisi annum vigesimum exple\ erit... Es 
decir, en conclusión, que el Decreto de Clemente X no tiene otro al- 
cance que el que le hemos dado; esto es, que prohibe absolutamente á 
los Superiores Regulares admitan jóvenes inferiores á los quin< 
veinte años de edad, para darles más pronto ó más tarde el hábito, ó en 
calidad de oblatos, donados, sirvientes, etc., dándoles el hábito espe- 
cial que allí se menciona. 

Por consiguiente, cuanto Mons. Norvegna escribe á este propósito 
en su reciente obra sobre derecho práctico de los Regulares, debe ser 
limitado según la interpretación propuesta, y no podemos conformar- 
nos con él cuando escribe que el Superior de un convento incurrirá en 
las penas decretadas por Clemente X, aunque sólo poruña noche ad- 
mita intra claustra personas que no hayan cumplido veinte años; pues 
si tal afirmación es insostenible, aun suponiendo genuina la transcrip- 
ción ad habitandum, según demostramos ya, es evidentemente gratui- 
ta y arbitraria, y está en pugna con la exégesis jurídica que hemos 
dado, tan obvia é irrecusable, que para rechazarla sería preciso, no sólo 
truncar el Decreto suprimiendo todo el preámbulo, todo cuanto habla de 
hábitos, más el significativo paréntesis de la parte propiamente dispo- 
sitiva del mismo, es decir, habría necesidad de inventar un nuevo de- 
creto. 



P. Pedro Rodrígi 

O. S. A. 



CRÓNICA GENERAL 

Madrid-Escorial, 15 de Febrero de 1 902 : 
I 

EXTRANJERO 



Roma.- Con motivo del próximo Jubileo pontifica] que so abrirá el 
día 20 del corriente mes, empieza á organizarse la serie de romerías 
que acudirán á Roma á rendir el homenaje de su fe y de su amor al 
(Higusto Pontífice León XIII. Además de las peregrinaciones de Italia, 
están anunciadas otras de Francia, España, Bélgica, Alemania, de las 
dos Américas, etc., calculándose el número de peregrinos en más de 
trescientos mil. 

—Ha sido presentada á León XIII la medalla conmemorativa del 
Jubileo pontificio. Tiene á un lado la eli^ie del Pontífice con esta ins- 
cripción: Leoni XIII P. M. adsertori sapicutiie ch y istia me A. MCMI. 
I\ '.Ka/. Mart . Xatali Saerí PrincipatUS cjns XXV. En et anverso se 
ve la imagen del Redentor, que presenta el Evangelio, sobre el cual se 
leen estas palabras: Ego sum lux mundi. Alrededor están grabadas 
las palabras iniciales de algunas Encíclicas de León XIII. 

—En vista del valor y actualidad que encierran las recientes ins- 
trucciones de la Santa Sede acerca de la acción católica en Italia, omi- 
timos las noticias de menor interés, á fin de dar sucinta idea de este 
importantísimo documento. Con carta fechada en el 27 de Enero pasa- 
do, el Cardenal Rampolla envió á todos los Obispos de Italia dos do- 
cumentos, admirados y aplaudidos sobremanera por toda la prensa 
católica. Es el primero un opúsculo de 105 páginas en 8.° menor, im- 
preso por la tipografía vaticana, en el cual se contienen: 1.° Los es- 
tatutos de la Obra de los Congresos y Juntas católicas, y 2.° Los regla- 
mentos: a) De la Junta general permanente, b) De los grupos y seccio- 
nes permanentes, c) De las Juntas regionales, d) De las Juntas diocesa- 
nas, e) De las Juntas parroquiales, x f) De las secciones de jóvenes de 
la Obra de los Congresos. 

Y es el segundo documento otro folleto en 4.° menor de 17 páginas, 
suscrito por el cardenal Rampolla é intitulado "Instrucciones de la 
Sagrada Congregación de Asuntos eclesiásticos extraordinarios sobre 



344 CRÓNICA GENERAL. 



la acción popular cristiana ó democrático-cristiana en Italia.,, Después 
de recordar recientes divergencias entre católicos con este motivo, el 
autor del documento dice que el Padre Santo, para suprimir los moti- 
vos de discusión y para responder á las preguntas que han sido dirigi- 
das á Roma de diversas partes, ha ordenado el envío de instrucciones 
precisas. Estas instrucciones son nueve. Helas aquí en resumen: 

I. La democracia cristiana y la política.— Es preciso excluir de las 
instituciones democráticas cristianas el fin político de cambiar ninguna 
forma de gobierno. En las conferencias y en los periódicos democrá- 
ticos cristianos se pueden tratar todas las cuestiones sociales y hasta 
políticas, pero sin pretender hablar en nombre de la Iglesia ni querer 
imponer sus propias opiniones sobre los puntos de libre discusión. La 
participación en la acción política queda prohibida á los católicos ita- 
lianos, sacerdotes ó laicos— II. La participación del clero en el perio- 
dismo.— Conforme al art. 42 de la Constitución apostólica Officiornm , 
del 25 de Enero de 1897, los eclesiásticos deben obtener para sus publi- 
caciones la aprobación del Ordinario; los eclesiásticos y los laicos que 
escriben en los periódicos deben estar sometidos á los Obispos, según 
lo que se dijo en la encíclica Nobilissima gallorum gens, de 8 de Febre- 
ro de 1882, en la carta del 17 de Junio de 1885 al Arzobispo de París, 
en la carta del 17 de Diciembre de 1888 al Arzobispo de Tours, y en la 
carta de 20 de Marzo de 1890 al Obispo de Urgel.— III. La censura epis- 
copal.— Recuerdo de los artículos 41 y 42 de la Constitución apostólica 
Officium, en lo que se refiere á la censura del Ordinario sobre las pu- 
blicaciones referentes á la fe y á la moral, y sobre todas las de los 
eclesiásticos.— IV. Las Asociaciones católicas.— Los estatutos deben 
ser aprobados por la autoridad eclesiástica, que debe además ser avi- 
sada de las principales deliberaciones concernientes á la acción popular 
católica.— V. Colectas y suscripciones.— Es necesario permiso de la 
autoridad eclesiástica para hacerlas en los Seminarios y Colegios de- 
pendientes del Ordinario.— VI. Los periódicos en los Seminarios. No 
se deben introducir ni leer en los Seminarios y Colegios religiosos sin 
permiso del Ordinario.— VII. Las conferencias sobre la democracia 
cristiana por eclesiásticos.— Los sacerdotes que quieran dar conferen- 
cias sobre la democracia cristiana, deberán obtener permiso del Ordi- 
nario. Para las conferencias con discusión, deben los sacerdotes obs 
var además las reglas dadas el 31 de Julio de 1894 por la Sagrada Con- 
gregación de los Obispos y Regulares, la cual, si no prohibo las discu- 
siones apologéticas, las subordina al consentimiento del Ordinario y 
recomienda no hacerlas más que donde haya verdadera necesidad 
y siempre que se posea á fondo la ciencia sagrada. VIII. Las confe* 
rendas contradictorias con los socialistas, Se deberá recordar el 
I )ccr< io de la Propaganda de 7 de Febrero de 1645, en el cual, sin prohi- 
birlas absolutamente, se señala el peligro y se recomienda, si no 



CRÓNICA GENERAL. 345 



pueden evitar, que se confíen á personas capaces de hacer triunfar la 
verdad..— IX. Advertencias especiales. Se recuerdan las enseñanzas 
pontificias contenidas en los discursos del Papa de 18 de Octubre 
de 1887 y de 30 de Octubre de 1889, dirigidos á los obreros franceses en 
el motu proprio del 14 de Marzo de 1891, en la encíclica Graves de 
comnmni, en la carta de 22 de Enero de 1899 al Arzobispo de Baltimo- 
re, y en la carta de 8 de Septiembre de 1899 al clero francés. Final- 
mente, el documento emanado de la Sagrada Congregación de Asuntos 
eclesiásticos extraordinarios, y comunicada por su prefecto al cardenal 
Rampolla, cita las palabras de León XIII contenidas en el Breve diri- 
gido al Congreso de Tarento. 



Italia.— Dice la Agencia Havas: "El Sr. Guisso, Ministro de Tra- 
bajos públicos, ha presentado la dimisión de su cargo. La causa de esta 
determinación ha sido la ley sobre el divorcio, que aquel Ministro se 
niega á aceptar. Se hacen grandes esfuerzos para conseguir que el 
Sr. Guisso continúe en su puesto, con objeto de evitar la crisis en vís- 
peras de la lectura del discurso del Trono. Se asegura que el Sr. Guisso 
mantiene su dimisión, y se halla dispuesto á no ceder.— El Presidente 
del Consejo, Sr. Zanardelli, fué recibido por el Rey. Últimamente se 
sabe que el Sr. Zanardelli ha celebrado una larga conferencia con el 
rey Víctor Manuel. Según los periódicos, el Rey ha insistido en que el 
Sr. Zanardelli se encargue de reconstituir el Gabinete. Todos los hom- 
bres políticos que han sido Consultados por el Monarca, le han acon- 
sejado que ratificara al Sr. Zanardelli en su confianza. El Ministro del 
Interior, Sr. Giolitti, está resuelto á no continuar formando parte del 
Ministerio.— El Presidente del Consejo, Sr. Zanardelli, comunica á la 
Cámara que el Gabinete que preside ha presentado al Rey su dimi- 
sión. La Cámara, en vista de esta declaración, acuerda suspender sus 
sesiones por el tiempo que tarde en resolverse la crisis. Para la pri- 
mera sesión se avisará á domicilio.— En una reunión celebrada en la 
Cámara del Trabajo por la mayoría de los representantes de las So- 
ciedades obreras, se votó una proposición contraria á la huelga ge- 
neral.,, 



Francia.— Con sobrada razón han indicado cuantos entienden en 
materias científicas, literarias, políticas y hasta de simple indumenta- 
ria, que todas nuestras tendencias y aspiraciones se reducen, por lo co- 
mún, desde hace mucho tiempo, á imitar de un modo servil é irreflexi- 
vo lo que nace y viene de Francia, sin investigar gran cosa lo que es 



846 CRÓNICA GENERAL. 



digno de importación y lo que conviene evitar á todo trance. Ahora 
precisamente se han realizado en la vecina república dos ideas altísi- 
mas, dignas de imitación, sin duda alguna, y que vienen á resolver de 
plano, aunque bien resueltas están por la Iglesia, dos grandes cuestio- 
nes que son objeto de discusión entre políticos y periodistas españoles. 
La primera cuestión resuelta gloriosamente en Francia versa cabal- 
mente acerca de establecer una Liga general contra el duelo. Después 
de incesantes trabajos, que han durado más de un año, y en el curso de 
los cuales se han vencido dificultades que á primera vista parecían in- 
superables, se ha constituido al fin en París la Liga francesa contra 
el duelo, y en esta semana entrará en función el jurado de honor encar- 
gado de dirigirla. Sus estatutos, que eu breve se comunicarán á la 
prensa, están calcados sobre los de las Sociedades homónimas que 
va funcionan en Alemania y en Austria. Los adherentes á la Liga se 
obligan, bajo su firma, á no aceptar ni provocar ningún duelo, y á some- 
ter todos los conflictos en que se vean comprometidos al fallo del jura- 
do de honor, que aceptan de antemano como inapelable. Dicho jurado 
resolverá, pues, á quién incumbe dar satisfacciones, y dictará éstas, 
declarando discalificado, como dicen los franceses, al que se niegue á 
darlas, ó al que no las acepte. La gran dificultad en materia tan deli- 
cada, era encontrar para el jurado de honor personajes cuyos nombres 
fueran tan umversalmente conocidos, que se impusieran al respeto de 
todos, y que no suscitaran ni una sola protesta. Y esa dificultad es la 
que ha tardado más de un año en vencer el iniciador de la idea, Mr. I 
du Bourg, quien al fin ha salido airoso en la empresa, logrando formar 
una junta en que figuran la flor y nata del ejército y de la marina, de 
la aristocracia y de la banca, del periodismo y de las artes, compuesta 
toda de personajes sin miedo y sin tacha; y lo que es más curioso, mu- 
chos de ellos antiguos y empedernidos duelistas, que cuentan en su ac- 
tivo docenas de ruidosos desafíos, y que lealmente convertidos de su 
error, quieren impedir que otros incurran en él. Representan en el ju- 
rado al ejército los generales La Vauve y de Larocue, altos dignata- 
rios de la Legión de Honor, y el primero gran canciller que fué de la ( )r- 
den; á la Marina los almirantes de la Falle y de Cuverville; al periodis- 
mo Paul de Cassagnac; á la banca, Gossefin, uno de los reyes de la Bolsa 
de París, síndico délos agentes de cambio; á las Bellas Artes, el in- 
signe escultor Dubois; á la aristocracia, el duque de Broglie; á la lite- 
ratura, Brunetiére, académico de la lengua y director di' la Revista de 
Ambos Mundos, y al lado de ellos otros hombres no menos eminentes 
v de reputación tan europea como los citados. 

La segunda idea, digna de ser imitada p<>r nosotros, se refiere 
-«.rizar la acción católica en Francia respecto á la lucha que es preciso 

tener allí, y también aquí, contra los explotadores sin conciencia 
que, abusando de todo linaje de medios, consiguen sobreponerse \ opri« 



CRÓNICA GENERAL 347 



mir á los industriales que respetan los nobles sentimientos de la justicia 
y de la caridad. Entre los medios de defensa de los católicos franceses 
contra las disposiciones sectarias y anticatólicas de aquel Gobierno, 
figura la Sociedad de propietarios cristianos. He aquí su objeto, según 
el programa que ha hecho circular: "1.° Agrupar en cada región á los 
propietarios animados de sentimientos verdaderamente cristianos para 
defender sus intereses agrícolas, económicos, financieros, etc., y coali- 
garse contra los sectarios. 2.° Facilitar todas las indicaciones que per- 
mitan á los propietarios encontrar sirvientes, administradores, jefes de 
cultivo, empleados, proveedores, agentes de negocios, arquitectos, con- 
tratistas, médicos, etc., honrados y cristianos.,, Los deberes de los pro- 
pietarios cristianos son: "1.° No rodearse más que de personas sincera- 
mente cristianas. 2. b Respetar y hacer respetar los domingos por el 
personal que de ellos dependa. 3.° Reavivar en su casa el espíritu de 
familia y todo lo que de esto se deduce. 4.° No favorecer con ningún 
pretexto el comercio judío, masón y sectario.,, Llevada la lucha a seme- 
jante terreno, en toda nación donde los católicos estén en mayoría y 
ocupen los primeros puestos entre los propietarios, no podrán resistir 
largo tiempo los sectarios y sus amigos sitiados por hambre. 

—Según los datos recogidos por las Oficinas del Trabajo de Fran- 
cia, las huelgas ocurridas en la vecina República durante el ano pró- 
ximo pasado ascienden á 523, desconociéndose sólo de tres de ellas el 
resultado. Las 520 restantes, que comprendieron 111.200 huelguistas, 
ocasionaron 1.804. 000 días de trabajo perdido, de ellos L81.80O que- afec- 
taron á 10.800 obreros, arrastrados forzosamente á la huelga, y 1 .( N2.200 
á huelguistas propiamente dichos. El número de días de trabajo perdi- 
dos durante las 902 huelgas del año 1900 había sido de 3.7o0.577, y el de 
los huelguistas, 222.714. El añol899dió740 huelgas con 17.826 huelguistas, 
siendo los jornales perdidos 3.550.734. De estas huelgas, 308, compren- 
diendo 53.540 huelguistas, terminaron obteniendo un éxito completo ó 
parcial (114 éxito completo, 194 parcial); 212, con 57.660 huelguistas, fra- 
casaron. Entre estas últimas, la de los obreros del puerto de Marsella, 
á la vez tentativa de huelga general por solidaridad, contando 2;;. oso 
huelguistas. En 1901 solamente ocho huelgas dieron las dos quintas par- 
tes de los huelguistas y las dos terceras partes de los jornales perdidos, 
ó sea 42.000 huelguistas y 1.226.000 jornales perdidos. Fueron las de los 
mineros de Montceau, con 695.535 jornales perdidos; la de los obreros 
del puerto de Marsella, con 243.880 jornales perdidos; después la de 
obreros en porcelana de Vierzon; los albañiles de Grenoble y de Tou- 
louse; de los pizarreros de Rimogne; de los fundidores de Montlucon, y 
délos mineros del Norte y del Pas-du-Calais. Quedan, por lo tanto, para 
las otras 512 huelgas, 69.200 huelguistas y 638.000 jornales perdidos. 



818 CRÓNICA GENERAL. 



Inglaterra.— En nuestra crónica anterior no pudimos insertar las 
notas diplomáticas cambiadas entre los Gobiernos holandés y británico, 
acerca del término de la campaña anglo-boer, por no haberse publica- 
do tales documentos. Hoy que son del dominio público y tienen el inte- 
rés grandísimo de reflejar los sentimientos de ambos Gobiernos en lo 
que atañe á un asunto de tanta monta, y son objeto de los comentarios 
de toda la prensa europea, creemos oportuno transcribir la nota holan- 
desa y la contestación que á la misma ha transmitido el Gabinete in- 
glés, á fin de que nuestros lectores conozcan directamente ambos do- 
cumentos y puedan juzgar por propia cuenta. 

El documento que ha dado origen á las negociaciones de parte de 
Holanda dice así: "En opinión del Gobierno de S. M. la Reina, las cir- 
cunstancias excepcionales en que se encuentra colocada una de las 
partes beligerantes en el África austral, impidiéndola comunicar direc- 
tamente con la otra parte empleando medios directos, constituyen una 
de las causas de la prolongación de la guerra que devasta el país y que 
origina tantos desventnras. Es, en efecto, excepcional que una de las 
partes beligerantes se encuentre completamente aislada y sin contacto 
alguno con el resto del mundo, y que los representantes de los boers 
en Europa se hallen privados de todo medio de comunicación con los 
generales que mandan sus tropas. De esta situación resulta una difi- 
cultad especial, y es que las autoridades que pudieran negociar en nom- 
bre de los boers, están separadas en dos grupos, sin medios de deliberar 
reunidos. No cabe duda de que los delegados boers en Europa se en- 
cuentran en la imposibilidad de ejecutar acto alguno, por ignorar el 
verdadero estado de cosas en África, y es asimismo cierto que los boers 
en armas tienen forzosamente que abstenerse de intentar diligencias 
de ningún género, porque no se hallan al corriente de lo que acontece 
en Europa. Además, las cartas credenciales de los delegados boers qui- 
tan á sus poseedores toda libertad de acción. Fueron extendidas aqué- 
llas en 1900, y su naturaleza liga tan estrechamente los delegados á la 
independencia de las repúblicas, que no podrían éstos ni aun aceptar 
el restablecimientos del statu quo ante bellum si la forma de resolver 
las diferencias que pudieran surgir no quedara regulada simultánea* 
mente. Estas circunstancias especiales sugieren el propósito de averi- 
guar si un ofrecimiento de buenos oficios podría ser hecho útilmente por 
una potencia neutral, con objeto de hacer posibles, al menos, nego< 
ciones que no pudieran ser planteadas de otro modo. Por cMa razón, 
fuera importante saber si sería agradable al Gobierno de S. M. Britá 
nica hacer uso de los buenos oficios de una potencia neutral, en el 
caso de que esos buenos oficios se limitasen ú poner en relación i 
los negociadores designados por ambas partes beligerantes. La cir- 
cunstancia de hallarse los delegados boers en territorio holandés, y de 
ser este Gobierno el único que ha reconocido sus cartas credenciales, 



CRÓNICA GENERAL. 349 



pudiera ser favorable al reconocimiento de dicho Gobierno como el 
indicado para llevar á cabo la misión antes expresada. En el caso de 
que el Gobierno de S. M. Británica diera su aprobación á estas indica- 
ciones, habría lugar á que el Gobierno de S. M. la Reina preguntase á 
los delegados boers si aceptarían el trasladarse al África del Sur para 
deliberar con los jefes boers en el mismo teatro de las operaciones, re- 
gresando después á Europa, tras de una permanencia determinada de 
antemano (que pudiera ser de quince días), con plenos poderes autori- 
zándoles á negociar un tratado de paz que uniese de un modo absoluto, 
ante todas las eventualidades, á los boers en Europa con los boers en 
África. Suponiendo que la contestación fuera afirmativa, sería nece- 
sario que el Gobierno de S. M. Británica remitiese al de los Países Ba- 
jos tres salvoconductos que permitieran á los delegados boers dirigirse 
libremente á África, permanecer allí el tiempo necesario, y regresar 
con igual libertad á Europa. Además, sería necesario que el Gobierno 
británico permitiese el empleo de un código telegráfico para determi- 
nar el sitio en que los referidos delegados bores podrían avistarse con 
los jefes boers. Una vez que regresaran los delegados, serían puestos 
por el Gobierno holandés en relación con los plenipotenciarios nombra- 
dos al efecto por el Gobierno de S. M. Británica. El Gobierno de Su 
Majestad la Reina daría por terminada su misión una vez que hubiera 
puesto á disposición de dichos señores los locales necesarios para las 
conferencias. Es evidente que, á pesar de todo, las negociaciones así 
entabladas pudieran no dar resultado; pero, no existiendo de un modo 
absoluto la posibilidad de lo contrario, parece razonable que se inten- 
ten negociaciones ante la esperanza de que sean fructuosas. Teniendo 
en cuenta la dificultad existente de que cualquiera de las partes beli- 
gerantes dé el primer paso en la dirección mencionada, pudiera ser 
útil que una tercera potencia se encargue de servir de lazo de unión. „ 
La nota inglesa", firmada por lord Lansdowne, está dirigida al ba- 

Irón Gericke, ministro plenipotenciario de los Países Bajos en Londres, 
y es como sigue: "Señor ministro: Ha tenido usted á bien remitirme, 
con fecha 25 de Enero, una comunicación del Gobierno holandés en la 
que se indica que, con objeto de poner término á la guerra, podría con- 
ceder el Gobierno de S. M. á los delegados boers, actualmente en Ho- 
landa, un salvoconducto que les permitiera conferenciar con los jefes 
boers en el África del Sur. Indícase además que, una vez celebrada la 
conferencia, los delegados podrían volver á Europa provistos de una 
autorización para hacer la paz con Inglaterra. El Gobierno holandés 
insinúa que, llegado el caso, podría, en época ulterior, prestar sus bue- 
nos oficios para poner en relaciones los plenipotenciarios boers con los 
que pudieran ser designados por el Gobierno de S. M. Declara el Go- 
bierno holandés que, suponiendo que el Gobierno de S. M. juzgara 
aceptable este proyecto, preguntaría á los delegados si se encuentran 




850 CRÓNICA GENERAL. 



dispuestos á dirigirse al África del Sur. De esto parece deducirse que 
la comunicación que ha tenido usted á bien dirigirme es de la exclusiva 
responsabilidad del Gobierno holandés, sin que lleve la autorización 
de los delegados ó jefes boers. El Gobierno de S. M. ha estudiado cui- 
dadosamente la comunicación, y sin dejar de apreciar en lo que valen 
los elevados sentimientos humanitarios que han llevado al Gobierno 
holandés á hacer esta proposición, cree que debe atenerse á la resolu- 
ción que adoptó éhizo pública algunos meses antes de que los boers co- 
menzasen las hostilidades, esto es: que el Gobierno de S. M. no piensa 
aceptar la intervención de ninguna potencia extranjera en la guerra 
sudafricana. Esto no obstante, si los delegados boers quisieran someter 
á la consideración del Gobierno de S. M. una solicitud de salvoconduc- 
to, no existe razón alguna que se lo impida. Es evidente que el Gobier- 
no de S. M no está autorizado para emitir opiniones acerca de una peti- 
ción de ese género antes de haberla recibido y de conocer su naturale- 
za y los motivos en que se basa. Observaré, sin embargo, que en el mo- 
mento actual ignora el Gobierno de S. M. si los delegados boers tienen 
aún influencia cerca de los representantes boers en el África del Sur, ó 
disfrutan todavía de voz y voto en sus asambleas deliberantes. Dice el 
Gobierno holandés que los delegados boers no tienen cartas credencia- 
les ni instrucciones posteriores al mes de Marzo de 1900. Además el Go- 
bierno de S. M. cree saber que, á la hora presente, Mr. Steijn, en nom- 
bre de los boers de la colonia de Orange, y Mr. Schalk-Burger en re- 
presentación de los del Transvaal, están investidos de plenos poderes 
de su Gobierno, incluso los necesarios para negociar. Si esto es así, 
claro es que la solución más satisfactoria y más rápida sería aquella 
que pusiera en comunicación directa á los jefes militares boers en el 
África del Sur y al general en jefe de las tropas de S. M., quien ha re- 
cibido ya órdenes de transmitir inmediatamente.cualquiera proposición 
digna de ser tomada en cuenta por este Gobierno. En atención á lo ex- 
puesto, el Gobierno de S. M. ha decidido que, en el caso de que los ir 
fes boers deseen entraren negociaciones para poner término á la gue- 
rra, tengan lugar éstas no en Europa, sino en el África del Sur. Preci- 
so es, además, tener presente que si los delegados boers tuvieran que 
trasladarse al África del Sur, conferenciar allí con los jefes boers efl 
armas y regresar después á Europa con objeto de dar cuenta de los re- 
sultados de su misión, transcurriría, por lo menos, un período di' tres 
meses, durante el cual se prolongarían las hostilidades, imponiendo á 
la humanidad sufrimientos quizá innecesarios. „ 

La publicación de! tratado de alian/a entre la Cían Bretaña y el 
Japón es objeto de animados comentarios y constituye el tema principal 

de Ion periódicos. Se sabía que existían negociaciones; pero ha produci- 
do sorpresa el hecho de haberse celebrado el expresado pacto y loé 
términos en que se ha concluido, pues en el fondo constituye un ver« 



CRÓNICA GEJNKKAL. ii51 



dadero tratado de alianza ofensiva y defensiva. Dicho tratado tiene por 
objeto mantener el statu quo y la paz general en el Extremo Oriente, 
sobre la base de la independencia de China y Corea, y para asegurar y 
dar mayores facilidades al comercio y á la industria de todas las na- 
ciones: Kl tratado consta de seis artículos. Dos de ellos establecen re- 
glas para la salvaguardia de los intersses de ambos países, que pudie- 
ran verse comprometidos por agresiones exteriores ó por desórdenes 
en el interior. En caso de guerra de una de las naciones contratantes 
con cualquiera potencia, la otra guardará absoluta neutralidad; pero si 
una nación interviniese, su aliada le ayudaría entonces. La duración 
de este tratado será de cinco años, á partir del día de la firma de 
mismo. 



* 
* * 



Ai.i-.m ama. — Con motivo del jubileo pontificio de Su Santidad 
León XIII publica la Caceta de la Alemania del Norte el suelto que 
á continuación traducimos: su carácter oficioso salta á la vista: 

"Comprendemos perfectamente los sentimientos de veneración que 
nuestros conciudadanos católicos experimentan en los comienzos de 
este año jubilar. El pontificado de León XIII es uno de los más brillan- 
tes de la historia dé la Iglesia. León XIII ha llegado á ser la verda- 
dera encarnación de la idea histórica del Pontificado. 

Al lado de esta idea existe otra: la del Imperio alemán, en la cual 
no va incluida la idea del imperio del mundo, en el sentido que la re- 
presentaba el santo Imperio romano-germánico de otro tiempo; pero 
sí la de un pueblo alemán libre, grande y poderoso. 

El Papa y el Emperador alemán han llegado á establecer entre ellos 
verdaderas relaciones de Soberano á Soberano, según las reglas de la 
cortesía internacional. 

El Papa debe los éxitos más gloriosos de su largo pontificado á la 
sabiduría con que ha establecido relaciones con Alemania. El apoyo 
que ha encontrado en los Hohenzollern emperadores, ha contribuido 
á aumentar su prestigio y autoridad en el mundo entero. 

El Emperador experimenta 'hacia Su Santidad sentimientos de vi- 
vísima simpatía, muy superiores á los que la cortesía impone á los 
Soberanos reinantes en sus últimas relaciones. 

Una embajada especial presentará al Papa los homenajes y las 
felicitaciones del Emperador.,, 



352 CRÓNICA GENERAL. 



China.— Mientras que los corresponsales de la prensa europea au- 
guran tristes resultados de las negociaciones entabladas por los Gobier- 
nos de Europa con el del Celeste Imperio, anunciando que dentro de 
muy poco los chinos volverán á las andadas con los europeos, á título 
de curiosa información trasmiten el relato de la reciente recepción pa- 
latina, en Pekín, de las señoras de los embajadores acreditados en aque- 
lla corte. Prescindiendo de las ceremonias propias del caso, he aquí los 
discursos que cambiaron la señora de Conger, plenipotenciario yanki, 
y la Emperatriz viuda, 

"A Vuestras Majestades: Las señoras de los diplomáticos, que se han 
apresurado á corresponder á vuestra invitación, felicitan á Vuestras 
Majestades de que hayan terminado los tristes sucesos que motivaron 
vuestra salida de Pekín y de que hayáis podido volver en libertad y en 
paz á vuestra hermosa capital. Vuestro regreso á Pekín ocupará nu- 
merosas páginas de la historia cuando se puedan apreciar los hechos en 
su justo valor. Los dos últimos años han debido ser para vosotros tan 
penosos como lo han sido para el resto del mundo; pero esperamos que 
el recuerdo de estos tiempos amargos contribuirá á establecer relacio- 
nes más amistosas entre China y las potencias extranjeras. El mundo 
avanza; es imposible detener el progreso, y hay que esperar que 
China se unirá á las naciones hermanas en el camino de la civilización. 
¡Ojalá los pueblos estén unidos en un común sentimiento de tolerancia! 
Recientes edictos prometen á vuestro pueblo y á vuestro imperio feli- 
cidad y ventura; rogamos á Dios que os guarde á Vos y al Emperador, 
y esperamos que estas promesas darán opimos frutos. „ 

La Emperatriz viuda contestó en estos términos: "Señora: Al dirigir- 
me, en nombre de todas, las anteriores palabras, me habéis causado 
una gran alegría. Disensiones en palacio dieron origen auna revolu- 
ción, seguida de nuestra huida. Nos felicitamos de que nuestro regreso 
sea motivo de satisfacción en China y en el extranjero. Vuestra pre- 
sencia y vuestros votos por la felicidad de China prueban la sinceridad 
de vuestro deseo de estrechar los lazos de uua amistad que dará al 
país paz y seguridad. Hacemos votos por la felicidad de todas las seño- 
ras presentes durante su estancia en China. „ 



CRÓNICA GENERAL. 353 






II 

ESPAÑA 



Empezó la quincena ron insistentes rumores de crisis, a pesar de los 
cuales las cosas siguen en todo como antes. Se habló á la larga de una 
gran concentración liberal que comprendiera a todos los elementos 
demócrata-monárquicos y al Sr. Romero Robledo, llegando á darse por 
muy probable que estaban dispuestos á constituir un nuevo Gabinete, 
bajo la presidencia del Sr. Sagasta, el Sr. Moret, el marqués de la Vega 
de Armijo y el Sr. Montero Ríos, é indicándose para el ministerio de 
Gobernación á Moret ó á Canalejas; para la presidencia del Congre- 
so á Canalejas ó á Romero Robledo, y para la del Senado, al general 
López Domínguez; de modo que del actual Ministerio sólo quedarían 
Weyler y el conde de Romanones. Si tales rumores han de lograr 
exacto cumplimiento, ó si son meras cabalas de gente desocupada, el 
tiempo lo dirá; lo cierto es que el tema en que convienen los periódicos 
de todos los partidos, menos los órganos del que campa por sus respe- 
Ios en el poder, es que parece difícil que el actual Gabinete se sostenga 
en pie por mucho tiempo. 

La campaña parlamentaria sostenida recientemente por los señores 
Nocedal, Llorens y Silvela ha hecho concebir grandes esperanzas á 
todos cuantos desean el triunfo de la verdad y déla justicia. Por confe- 
sión unánime de amigos y enemigos, rara vez ha resonado en el Con- 
greso una protesta ton elocuente y varonil como la que formuló el señor 
Nocedal contra las ideas y calificativos con que el Sr. Soriano pretendió 
menoscabar el prestigio del Sr. Obispo de Oviedo. Y lo más admira- 
ble del caso es que, poco después, interpeló el mismo Sr. Nocedal al 
Gobierno acerca de todas las cuestiones concernientes á los intereses 
de la Iglesia, como la reforma del Concordato, la enseñanza libre, la 
instrucción militar obligatoria, el duelo, etc., suplicando al Gabinete, 
con desusada elocuencia y brío, que le concediese entablar amplia dis- 
cusión sobre todas y cada, una de tales materias. 

Mayor resonancia, si cabe, obtuvo el Sr. Llorens con su abruma- 
dora y terrible exposición de desmanes y horrores cometidos impune- 
mente por los corifeos de la política de Valencia, y en especial por el 
Sr. Blasco Ibáñez, que viene á ser, porque sí, una especie de califa ó 
señor feudal de aquel reino. El mismo Liberal no tiene reparo en afir- 
mar que la interpelación del Sr. Llorens, sobre el estado moral y ma- 

24 



354 CRÓNICA GENERAL. 



terial de Valencia dio motivo y ocasión á uno de los debates más im- 
portantes de la presente Legislatura. La discusión adquirió tal grado 
de interés y de excepcional trascendencia, que hubo momentos en qui- 
se vislumbró tras ella la derrota completa del Gobierno y una crisis to- 
tal.., V para que nadie tome por apasionamientos de ningún género Las 
alabanzas que tributamos al discurso del Sr. Llorens, he aquí Las pala 
bras de El Itnparcial y de La Época, que resumen y compendian lo que 
fué dicho discurso, y dejan ver la situación en que se encuentra Valen- 
cia. Dice El Itnparcial: "El debate promovido en el Congreso por el 
diputado carlista Sr. Llorens tomó mucho relieve, presentando el as- 
pecto de las grandes discusiones parlamentarias, á juzgar por el efecfc i 
que producían los cargos contra las autoridades de Valencia y la pin- 
tura que se hizo del estado moral que domina en aquella culta pobla- 
ción. Durante el descanso con que el Sr. Llorens interrumpió su discur- 
so, comentábase todo esto con gran viveza. El Sr. Capdepón afirmaba 
que era desgraciadamente cierto cuanto habia dicho el Sr. Llorens, y 
que estaba dispuesto á declararlo ante la Cámara, rompiendo un silen- 
cio que se había impuesto hace tiempo para estos asuntos. Los conser- 
vadores se mostraban deseosos de conceder al debate toda la amplitud 
necesaria, y esperaban el discurso de su jefe el Sr. Sil vela; los gama- 
cistas decían que el discurso del Sr. Llorens era un proceso muy com- 
pleto para presentar claramente el cuadro de un estado moral inaguan- 
table; el Sr. Romero Robledo calificaba de vergonzoso lo que ocurre en 
Valencia, y de inaplazable la solución, y hasta los republicanos guber- 
namentales, con su silencio en la Cámara y con lo que particularmente 
decían, demostraban claramente que no querían tener solidaridad con 
la conducta de los republicanos enaltados de Valencia. La impresión 
general era que el debate ha sido el más importante, en el orden 
político, que se ha planteado en el Congreso desde hace bastante tiempo, 
y que resultó una mala jornada para el Gobierno... 

Las siguientes palabras son de La Época: 

•'El efecto que produjo en el Congreso el debate sobre la situación 
de Valencia, convertida en cantón, no ya republicano, sino blasquista^ 
pues hay en aquella hermosa ciudad republicanos que no pertenecen a 
la facción dominante ni aprueban sus procedimientos, debióse, no á que 
fueran ignorados los hechos, sino á que por pri mera vez eran expues- 
tos en la Cámara con toda la claridad que el caso requería. Má> de 
una vez hemos llamado la atención del público y del Gobierno sobre 
ese anormal estado de cosas que se ha creado en Valencia por una 
larga serie de debilidades y de abdicaciones. A la hora presente \ 
leneia, contra la voluntad de la mayor y mej >r parte de sus m >ra< 

, no es una de tantas provincias españolas dependientes del Poder 
central. Quienallí manda y gobierna es el diputado republicano don 
Vicente Blasco Ibáftez, como si La ciudad se hubi< ra * onvertido en uno 



CRÓNICA GENERAL. 3S5 

de los minúsculos reinos de taifas que aparecieron al disolverse el Ca- 
lifato de Córdoba, y fuese el autor de La Barraca el valí independiente 
de aquel Estado. De lo que es la dominación de los republicanos en 
Valencia, hizo el Sr. Llorens. apoyándose con textos de El Puebio\ la 
pintura más acabada. Allí una audaz minoría , envalentonada por la 
pusilanimidad de las autoridades, se impone por el terror al vecindario 
pacifico, l'n día se impiden los jubileos á pedradas, otro se echa á los 
concejales carlistas del Ayuntamiento, y, por último, la insolencia de 
las turbas llega ya al punto de amenazar á las señoras que no concu- 
rran á los festejos de Carnaval orgnizados por el Ayuntamiento. Lo 
odioso y lo ridículo se mezclan en este régimen tiránico á que se halla 
sometida Valencia. Junto á la diversión obligatoria impuesta por los 
1 iberalísimos republicanos á las damas valencianas, por aquello de 
^alegrarnos nos manda el gran preboste,,, surge la declaración de 
inviolabilidad del Sr. Blasco Ibáñez, y brotan el impuesto sobre las 
-ampanas y otra porción de cosas que hacen recordar hoy A El hu- 
nircial las páginas brillantes que dedicó Taine en su Historia de los 
wigenes de la Francia contemporánea á la "conquista jacobina.,, Una 

iricatura del Terror es lo que se "esta representando en Valeucia hace 
tiempo. Lo nuevo de esta parodia es que en aquella ciudad hay Gober- 

idor, y Capitán General, y Audiencia, que desempeñan mandos y 
ijercen jurisdicciones en nombre del Rey; mas mis poderes son poderes 
iparentcs. Los efectivos residen en los amigos del Sr. Blasco Ibáñez, 
|ue se imponen con el garrote, ya que no les ha sido dable levantar la 

lillotina. Se comprende que causara honda impresión y encontrase 
eos de simpatía en todos los lados de la Cámara el discurso del señor 
.lorens. Tan exacto era lo que dijo, que á ello asintió explícitamente 
personaje liberal tan significado como el Sr. Capdepón, á cuyas 

Luestras de asentimiento daba doble autoridad el hecho de unir á la 
le ex-ministro y amigo siempre leal del Sr. Sagasta, la de jefe local, 
por mucho tiempo, de los fusionistas valencianos. El Ministro de la 
Gobernación estuvo desdichadísimo en su empeño de negar la eviden- 
cia, y más hábil, aunque no mucho más asistido de razón, el de Ins- 
trucción pública, al explicar de nuevo los comentados incidentes de su 
viaje... 

Por lo que atañe al Sr. Sil vela, con la misma entereza é imparciali- 

ad "con que aplaudimos sus palabras llenas de grandeza varonil y 
le abrumador desprecio para eso que se puede llamar el blasqiiismo, 

Lmentamos y reprobamos con toda nuestra alma las cosas que, según 

efiere la prensa, ocurrieron como consecuencia de sus palabras. Des- 
pués de anatematizar vigorosamente cuanto sucede en Valencia y de 
•charse en parte la culpa á sí mismo, por la blandura con que había 
>rocedido estando en el poder, acabó su discurso con estas arrogantes 
[rases: "En cuanto á las censuras á mí dirigidas por los republicanos de 



356 CRÓNICA GENERAL. 



Valencia, sólo tengo que decir una cosa: que me merece tan triste 
concepto la personalidad moral del Sr. Blasco -Ibáftez, que sus ataques 
me dejan perfectamente tranquilo. Lo que me disgustaría sobremam 
sería que él aprobase ó aplaudiese mis actos... Y al ser interrumpido 
por el Sr. Soriano, tuvo valor para lanzar al medio del Parlamento 
esta solemne verdad: "Llamé, si, canallas á esas turbas, y ahora añado 
que es todavía más canalla aquel que las dirija y ampare... lude i ríe! 

Fuera de estas escenas borrascosas del Congreso, sólo queda digno 
de especial mención la serie de decretos y proyectos de ley, los cuales 
son en verdad harto numerosos. El Ministro de Instrucción pública ha 
expedido un largo decreto referente á provisión de clases; el de Gober- 
nación ha publicado un proyecto acerca de establecer medios de conci- 
liación entre obreros y propietarios; el general Weyler, además del 
relativo á los infractores del decreto en que legisló acerca del matri- 
monio de los militares, ha leído en el Senado un nuevo proyecto de 
instrucción militar obligatoria, del cual daremos un resumen, por lo es- 
pecial que es este derecho. Varíase la clasificación de las situad' 
militares, suprimiéndose el depósito que antes se hallaba establecido 
para los mozos que salieran de España antes de cumplir la edad marca- 
da para el alistamiento. En su lugar se imponen multas á las empn 
nacionales marítimas que admiten ;í bordo 'individuos sin el permiso de 
la Comisión de reclutamiento. Limítase á ."VOOO almas , como máxi- 
mum, las que deben formar secciones encargadas de los preliminares 
de las operaciones de reemplazo. Señálanse casos de exclusión condi- 
cional para quienes oportunamente pueden perder los motivos de ex- 
clusión definitiva. Suprímense las exclusiones por falta de talla, por 
ser religioso profeso y novicios de Ordenes religiosas y porque presten 
sus servicios en minas de azogue. También desaparece la excepción di- 
que gozan actualmenten los colonos agrícolas, y se conceden en cam- 
bio á los mozos que mantengan con su trabajo á madrastra ó padrastro 
y á los huérfanos acogidos en la niñez que mantengan á sus padres adop- 
tivos. Fíjase la fecha de 1.° de Agosto para que se considere- cumplida 
la edad que produce la excepción. Se establece un padrón militar, enco- 
mendándose el trabajo de formarle á las comisiones mixtas. Se conce- 
de el derecho de alzada contra los acuerdos di- éstas en los casos de 
enfermedad ó defecto físico. A los redimidos á metálico se les conser- 
van y reconocen las mismas condiciones que á los demás mozos del re- 
emplazo. Fn caso de guerra <'» alteración de orden público . serán 
llamados á las armas, quedando relevados tan sólo del servicio qu< 
sea de instrucción y el de las armas anejo a él. y con ellos se formal 
cuadros complementarios de reserva. Se establece una cuota militar 
que habrán de pagar los mozos que gocen de licencia ilimitada no Na 
mados á lilas. Con los arbitrios de impuestos por prórrogas , cw> 
y multas que en el proyecto se establecí n, s< constituir;! un fondo espe 



CRÓNICA GENERAL. 357 



cial llamado "Tesoro de Guerra," destinado á la adquisición de arma- 
mentos y material de guerra y gastos para instrucción y maniobras. 
El ministro de la Guerra queda autorizado para, en caso de guerra, 
convocar á las armas á los reclutas con licencia ilimitada. Por último, 
so reforma el cuadro de inutilidades físicas del modo que la ciencia 
médica aconseja. 

—Después de haber recibido los Santos Sacramentos de la Iglesia, 
falleció el día 1.° de Febrero el sabio profesor y publicista infatigable 
D. Ricardo Becerro de Bengoa. Ha fallecido siendo cronista de Vitoria, 
consejero de Agricultura, Industria y Comercio, consejero de Instruc- 
ción pública, académico de número de la Real de Ciencias Exactas, 
Físicas y Naturales, presidente de la Asociación de catedráticos nume- 
rarios, académico correspondiente de la Historia y de Bellas Artes de 
San Fernando, prefecto residente de la Congregación de vascongados 
de Madrid, senador y catedrático de física y química del Instituto de 
San Isidro. Como prueba de su inmensa labor científica y literaria que- 
dan sus obras La electricidad moderna, La Naturaleza, La exposición 
Agrícola de Patencia^ Las minas de Sómorrostro, Las minas de Rio 
Tinto, Las minas de Barruelo, La crónica de los progresas de las 
ciencias desde 1878 á 189 3, La crisis agrícola, La información 
arancelaria, Las tendencias de la (/¡/¡¡nica moderna, El Sol, La en- 
señanza en el siglo XX, El libro de Alara, El libro de Patencia, El 
Ateneo de Dolencia, Excursiones arqueológicas, Los viciosos, El ge- 
neral Álava, De Falencia á la Corana, De Dolencia d Oviedo y (Ujón, 
La propiedad literaria < 5 industrial y la libertad provisional , La Rá- 
bida, y otras muchas que no podemos enumerar. 



NECROLOGÍA 

&ARDBHAL ClASCA 

La Orden Agustiniana está de luto 

Cuando aún no habían pasado Jas alegrías por la reciente 
elección para la púrpura cardenalicia del Rmo. P. Sebastián 
Martinelli, Delegado de Su Santidad en los Estados Unidos; 
cuando más satisfecha se mostraba la Orden Agustiniana por 
contar entre sus hijos dos Príncipes de la Iglesia, viene á recor- 
darnos el telégrafo que todas las alegrías de este mundo, aun las 
más legítimas, son pasajeras, anunciándonos la muerte, acaecida 
en Roma el 6 del actual, del Emmo. y Rmo. P. Agustín Ciasca, 
uno de los Cardenales de la Santa Iglesia con que á la sazón 
Contaba la Orden de San Agustín, y de los más ilustres del Sacro 
Colegio Cardenalicio. 

Mas no sólo para los hijos de este Santo Patriarca debe ser 
motivo de sentimiento tan lamentable pérdida, sino también para 
todos los que se precien del nombre de católicos, pues al par que 
honra y gloria de la Corporación que le educó en su seno, y de 
la cual siempre se mostró hijo amante y entusiasta, fué el Emi- 
nentísimo P. Ciasca una de las más brillantes lumbreras de la 
Iglesia, como lo patentizan las virtudes y erudición asombrosa 
que le adornaban, y los numerosos servicios que en su larga 
carrera prestó en una y otra. Reservando para más adelante la 
detallada reseña de sus méritos, nos limitamos por hoy á rendir 
á la memoria del insigne Prelado y del sabio eminente el home- 
naje de nuestra admiración y respeto, y el debido tributo de 
nuestro sentimiento á su muerte, y á rogar á nuestros lectores 
encomienden su alma á Dios. 

R. I. P. 



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y|aÍN clamor inmenso de júbilo se escapaba 
vSÍJo hace pocos días del pecho de 70.000 cató- 
licos agrupados bajo las bóvedas grandiosas de 
San Pedro, saludando con los gritos de / Viva 
León XIII! y ¡ Viva el Papa-Rey!, pronunciados 
en todos los idiomas de Europa, la aparición de 
la hermosa figura del Pontífice que, con solem- 
ne pompa, radiante la mirada, pálido de emo- 
ción el venerable rostro, y trémulo por los años 
y por lo augusto y conmovedor de la ceremo- 
nia, recorría en la silla gestatoria las naves de 
la Basílica bendiciendo con mano temblorosa á 
la multitud que le aclamaba con frenesí. Un 
estremecimiento de entusiasmo sacudía todos 
los nervios, y la honda impresión de lo sublime 
se apoderaba de todos los ánimos. Dios se ha- 
bía dignado conceder á la cristiandad una gra- 
cia pocas veces concedida: Nuestro Santísimo 
Padre inauguraba el vigésimoquinto año de su 
Pontificado. 

Los gritos que han brotado enérgicos, vi- 
brantes, en la grandiosa Basílica, no son más 
que la interpretación de los sentimientos que 
hoy dominan en los corazones de todos los cató- 
licos del mundo. Todos aclamamos con este 
motivo á nuestro Augusto Pontífice, todos le 
rendimos el homenaje de nuestro amor y de 
nuestra adhesión incondicional y ferviente. 
Prepáranse en Roma solemnísimos festejos á 



* 






La Ciudad de Dios.- Año XXII.— Núm. 695 



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los cuales enviarán representantes la mayor 
parte de las naciones, aun de las que no reco- 
nocen en el Pontífice la representación del mis- |:^B 
mo Jesucristo; testimonio evidente del prestigio | i 
que, á pesar de todo, goza la institución divina lrH| 
del Pontificado y del respeto que personalmen- |j^y| 
te inspira en el mundo todo la venerable figura | 
de León XIII. Pero más aún que el brillo y el |jwl 
esplendor de las solemnes fiestas, satisfará á |j**3§ 
León XIII el testimonio espontáneo que recibirá 
en Roma y fuera de Roma, en públicas mani- 
festaciones y en oraciones escondidas, del amor ||^¡ 
que le profesan sus hijos. 

La Ciudad de Dios, que nunca ha tenido 
mayor orgullo que el de seguir en todo las en- 
señanzas de la Iglesia, y que desde su funda- 9 
ción ha seguido fielmente las instrucciones de 
Su Santidad León XIII, dadas en sus admira- 
bles Encíclicas, se asocia al júbilo que con tal 
motivo manifiesta la cristiandad entera, felicita fj£ 
de corazón á nuestro Santísimo Padre en el vi- ijG¡ 
gésimoquinto año de su Pontificado, ruega al 
Señor prolongue la vida preciosa del sabio Pon- ÍL 
tífice, y renueva con toda su alma su sincera, 
constante y absoluta adhesión á las doctrinas 
de la Santa Sede y de su actual representante. 

¡Viva León XIII! 

¡Viva el Papa- Rey! 

La Dirección rt/*í 






LAS CAUSAS FINALES EN LA CIENCIA 



(i) 



De la doctrina explanada en los capítulos anteriores podemos 
lógicamente deducir las siguientes consecuencias: queden el estudio 
de la Ontogenia y de la Anatomía descriptiva y general, la finali- 
dad es tan evidente, que negarla equivale á negar la ciencia y aun 
la misma razón del hombre. En primer término, porque el orden 
admirable y las leyes sapientísimas que aquel estudio pone de ma- 
nifiesto á los ojos del investigador experimental, y que son la base 
de la ciencia, no pueden comprenderse sin la idea de un Entendi- 
miento que las haya formulado; á cada uno de los mecanicistas se 
se les puede decir con el poeta: 

Conoce al pastor la grey, 
Conoce el siervo al señor, 
Y tú, que encuentras la ley, 
Niegas al Legislador (2). 

En segundo lugar, porque si esa inmensa multitud de conve- 
niencias complejísimas realizadas no suponen arte ni industria, la 
razón del hombre está condenada perpetuamente á no ver en parte 
alguna industria ni arte, como efectos de un entendimiento crea- 
dor ó de una imaginación inventora. Porque, como decía Galeno 
para refutar esas extravagancias mecanicistas: "si en una estatua 
se admiran el arte y la belleza y las justas proporciones externas 
que «upo dar el escultor, ¿cuánto más deben admirarse el arte pn> 
digioso, la proporción y la exactitud, no sólo de la forma externa, 
sino de la interior y profunda que dio al organismo del hombre el 
soberano Artífice? Si todo es obra del acaso, ¿dónde y cómo po- 
dríamos buscar una obra hecha con arte y según un plan precon- 
cebido?,, (3). Si negamos que en la intrincada y estupenda estructu- 



(1) Véase la pág. 273 de este volumen. 

(2) Balart: Horizontes. 

(3) Obra citada, lib. xvn. 



364 LAS CAUSAS FINALES EN LA CIENCIA 

___ __^^____ _^ _ . , 

ra del cerebro humano, de la vista ó el oído hay el arte y la indus- 
tria de un Principio inteligente, debemos recusar esas cualidades 
á todas las obras del hombre, y aun negar que nuestro prójimo ten- 
ga entendimiento, porque nadie le ha visto ni conoce su interior de 
una manera directa. Si las palabras y operaciones exteriores orde- 
nadas, los efectos concordantes manifestados por un hombre cien- 
tífico, poeta ó pintor, escultor, literato, ingeniero ó filósofo, nos 
dan idea de que hay dentro de aquel cerebro algo que no es mecá- 
nico ni fatal, y en la obra que realizó ó va realizando sabia y ar- 
tísticamente nos manifiesta la previsión del plan que trazara y del 
fin que se propuso, de igual modo las obras naturales con sus ma- 
ravillas sin cuento y sus conveniencias complejísimas realizadas 
para dar remate á esos incomparables y magníficos palacios de la 
vida, delatan la existencia de un Ser inteligente que sabe infinita- 
mente más de cálculo, de arte y de industria, que todos los sabios 
y artistas del mundo, porque las obras de la Naturaleza superan 
infinitamente á todas las artificiales humanas. 

Sólo por ignorancia cabe decir, con los mecanicistas, que las 
causas eficientes y las causas finales son incompatibles: al princi- 
pio de este estudio hemos demostrado la falsedad de esa proposi- 
ción. Pues por ignorancia y por odio á todo lo sobrenatural, los 
partidarios de la materia y de la fuerza recusan la doctrina de las 
causas finales, estimándola como teoría de "milagros.,, Porque no 
son milagros ni cosa que se les parezca, dichas causas: son princi- 
pios, ó, mejor, leyes internas de estabilidad y de orden á las cuales 
está sometida la Naturaleza y que la razón humana descubre por 
inducción legítima, y las considera absolutamente necesarias para 
explicar y comprender los hechos y los fenómenos del mundo. 
Como dice el P. Folghera, la ciencia trata de explicar el mundo 
por sus causas inmediatas; pero ¿es posible prescindir de la causa 
final en la explicación del universo? Sin causa final, ¿puede com- 
prenderse la íntima constitución de los seres, y principalmente de 
los orgánicos? u La materia y el movimiento, todas las causas ali- 
cientes mecánicas, físicas ó químicas, todas las actividades ci< 
y fatales, ¿bastan á dar cuenta del origen, de la forma y la 01 
nización de los seres vivientes, ó es imprescindible que esa organi- 
zación y esa forma hayan preexistido, con un plan primordial y 
con un fin premeditado, entina Inteligencia?» La respuesta está 
en los labios de todos los que gozan de sentid»» común, si han estu- 
diado cuidadosamente el orden admirable, las fuerza^ reguladoras, 



LAS CAUSAS FINALES EN LA CIENCIA 365 

las conveniencias complejísimas difíciles de realizar, y sin em- 
bargo realizadas, como lo hemos hecho ver en el sistema nervioso, 
en los órganos del oído y de la visión y del organismo en general, 
y podíamos demostrarlo con el estudio de cada una de las piezas 
«que componen la máquina humana y de toda clase de animales ó 
vegetales, en el lugar y en la forma, en la utilidad y en la disposi- 
ción de cada elemento, en el plan y en la estructura del conjunto 
orgánico que, como declara un enemigo de las causas finales, es 
"la expresión única de todas las actividades particulares, porque 
todos los órganos están dispuestos de una manera bien determina- 
da y subordinados entre sí conforme á leyes definidas... „ (1). Lo 
contrario sería el prodigio de los prodigios. 

Se dice frecuentemente, y es verdad, que nada tiene de extra- 
ordinario ni deTmilagroso que vuele el pájaro que tiene alas, que 
triture alimentos el animal que tiene dientes para realizarlo, que 
los ojos vean los objetos bañados por la luz, etc., etc. Pero también 
es cierto que á los pseudo-filósofos mecanicistas incumbe la "mila- 
grosa y estupenda" demostración de que sólo el juego de las fuer- 
zas mecánicas pudo dar origen á un incisivo ó á un molar, á las 
alas del águila ó á los ojos del reptil, á sistemas tan complicados 
y admirables como el muscular y el nervioso, á la forma total de 
cualquier organismo viviente. No negamos la influencia que el uso 
puede ejercer en tales maravillas; pero es indiscutible que el uso 
presupone la existencia del órgano, del aparato ó del sistema: hoy 
nadie admite con Lamarck que el cuello de la jirafa haya adquiri- 
do su enorme longitud por los esfuerzos que hicieron sus anteceso- 
res lejanos para_ alcanzar las hojas de los árboles, como no puede 
admitirse que al toro le hayan nacido y se le hayan agrandado los 
cuernos en arrebatos de cólera, ni que la costumbre de estirar Ios- 
dedos sea el único factor del pie plano de la nutria, ó que el hábito 
de reclinarse lateralmente haya sido la causa exclusiva de que el 
rodaballo tenga los dos ojos en un lado y ninguno en él opuesto. 
Concedamos que las necesidades de la vida, la herencia, la lucha 
y la adaptación fueron la causa de fenómenos tan notables; evi- 
dentemente, las tres últimas suponen otra causa primera y necesi- 
tan explicación, si hemos de conocer su influjo y aun comprender 
el sentido en que los mecanicistas las invocan como factores de tan 



Claus: obra citada, pág, 59. 



366 LAS CAUSAS FINALES EN LA CIENCIA 

grandes portentos; y si éstos se atribuyen á las necesidades de la 
vida que lleva consigo el acomodarse á las circunstancias que la 
circundan, envuelven y compenetran, modificando su forma y di- 
rección, ahí precisamente, en esas necesidades, confinamos nos- 
otros la causa final que, á pesar de todas las fuerzas contrarias, ó 
en cooperación de todas las favorables, lleva a cabo su obra y al- 
canza, cuando éstas triunfan de aquéllas, su destino prefijado por 
una fuerza infinitamente superior á todas las del mundo sensible. 
Los materiales sin número, necesarios para construir el gigantes- 
co y complicadísimo reloj, ó el incomparable y espléndido palacio 
de la vida orgánica, esparcidos están por los ámbitos del universo. 
¿Qué fuerzas serán capaces de agruparlos con orden y concierto 
para construir conforme á las leyes déla ciencia y del arte, el pa- 
lacio ó el reloj? Las causas eficientes, las ciegas energías mecáni- 
cas son los obreros solícitos que trabajan sin cesar en la gran fá- 
brica del mundo; pero la idea directriz que encauza y regula todas 
esas fuerzas, es la causa final. 

"¡No!", dicen los adoradores de la materia y de la fuerza: "la 
agrupación ordenada de todos los materiales, la armonía de 
conjunto asombroso, se explican por la contigüidad de las sustan- 
cias, por el contacto de las células; todo es mecánico en el organis- 
mo, porque hoy se sabe positivamente que los órganos se reducen 
á sistemas, los sistemas á tejidos, los tejidos á elementos celulares, 
y que éstos se resuelven en moléculas y en átomos." ¡Donosa ex- 
plicación científica! Después de meditar en ella, exclama Pablo 
Janet: "el vestido está muy bueno porque no tiene agujeros." Y 
nosotros nos atrevemos á añadir: "pero se ven en él remiendos y 
manchas y no se puede presentar ante los ojos de nadie." Además, 
es un raciocinio descosido por las faltas de la Lógica mecanicista. 
Con la contigüidad (y damos más valor del que tiene al significado 
de esta palabra), puede explicarse de alguna manera la simpatía 
de unos tejidos para con otros, de unas y otras sustancias; s 
eso. Pero ¿cuál es el origen de esa contigüidad y de qué modo 
pueden comprenderse con ella, considerándola como factor, la unión 
maravillosa de todos los elementos y su cooperación al trabajo o m 
sus tendencias innatas á lo porvenir? En segundo lugar, porque 
hayáis desmontado la máquina ¡oh filósofos mecanicistas! , porque 
hayáis contado todas sus piezas, ¿negaréis racionalmente la indus- 
tria y el arte del ingeniero constructor? Porque conozcáis todos y 
cada uno de los instrumentos músicos de una orquesta y veáis que 



LAS CAUSAS FINALES EN LA CIENCIA 367 

el pintor escoge, y mezcla, y distribuye los colores en el cuadro, 
¿os atrevéis á negar, al oir la primera, la existencia del maestro 
que la dirige, ó el arte y la habilidad del pintor cuando contem- 
pláis el segundo? Sólo por orgullo satánico, que es la peor de las 
"cataratas intelectuales," hombres de talento superior pueden ne- 
gar que en la vida hay arte supremo y sabiduría sin semejante 
entre todas las artes y ciencias humanas; y si éstas no se conciben 
sin finalidad, infinitamente menos cabe comprender, sin ella, las 
maravillas del organismo, la fuerza que crea, distribuye y coloca 
á cada sustancia en su lugar oportuno, el trabajo oculto y sublime 
que modela y tiende los tejidos, órganos y aparatos, y los pone á 
todos en movimiento. 

Y llegamos á la cuestión escabrosísima de la función y del ór- 
gano, á la cual dan tanta importancia los mecanicistas, que la 
juzgan como el argumento más contundente contra las causas fina- 
les, ya por la lus que arroja su estudio, ya porque conduce al 
estudio de los monstruos, al de los órganos rudimentarios é inúti- 
les. En nuestro humilde sentir, la cuestión sólo tiene importancia 
relativa, y no la trataríamos aquí, si no fuese porque este capítulo 
ha de servir de prólogo al examen de la finalidad en las defensas 
orgánicas, en la fisiología humana y zoológica de que hablaremos 
después. 

Sin duda porque los enemigos de las causas finales ven en la 
función la idea de finalidad y en el órgano la idea mecanicista, se 
han empeñado en rebajar la importancia de la primera y en exa- 
gerar la del segundo. Lo da entender muy notoriamente Landois 
cuando escribe que "no es posible comprender la función de un 
órgano, sino cuando se conocen su conformación exterior y su in- 
terna estructura,, (1). Nosotros creemos que ambos estudios se 
completan, como la Anatomía y la Fisiología; son hermanos ge- 
melos, los dos útiles, provechosos y necesarios, si la ciencia ha de 
I ser la expresión aproximada de la realidad de la vida. Con más 
razón cabe decir que no puede comprenderse bien la estructura de 
los órganos sino cuando se conocen perfectamente sus respectivas 
funciones; porque, ¿quién puede deducir de la estructura del hí- 
gado las seis que ese órgano realiza, ni de la conformación inter- 
na y externa de las células nerviosas, los actos incomparables que 



(1) Obra citada, pág. 2. 



868 LAS CAUSAS FINALES EN LA CIENCIA 

llevan á cabo? Por el contrario, al hablar de la utilidad de las cau- 
sas finales, decíamos que el estudio de la función, aun considerada 
como hipótesis, puede revelar al investigador ciertos detalles ocul- 
tos en la trama anatómica; y respecto de la parte dinámica, recor- 
daremos solamente que usando ese procedimiento legitimo llegó 
Ramón y Cajal á descubrir las leyes de la polarización, de tiempo, 
espacio y economía, todos factores teleológicos. 

No nos sorprende que Th. Ribot, cuya autoridad científica y 
filosófica es bastante menos de la que le otorgan los escritores ma- 
terialistas, escriba las siguientes palabras: "el órgano engendra 
á la función, y ésta á su vez reobra sobre el órgano y lo. des- 
arrolla„ (l). Lo que parece inverosímil es que un anatómico de 
tanto prestigio como Gegenbaur declare que "el estudio de las 
funciones es de Segunda línea, y no capital y de importancia 
suma, (1). Afortunadamente no es cierto lo segundo, como lo evi- 
dencian los hechos siguientes: la reacción favorable que se nota 
hoy en pro de la causa final, en almas extraviadas que la habían 
considerado como ridicula, y la mayor importancia que los fisió- 
logos modernos dan actualmente al estudio de la función, con pre- 
ferencia al del órgano. El antiguo método de estudiar las funcio- 
nes por la forma y la estructura, parece agotado, y hoy, como dice 
Pablo Janet, no sólo se inclina la ciencia experimental á conocer 
el juego de las partes útiles del organismo, cual lo hizo Galeno en 
diecisiete libros, sino el modo de acción de cada elemento y cada 
célula: aun los cultivadores de la Historia Natural han entrado 
por esas vías, pues si colocan á las abejas á la cabeza de los hime- 
nópteros, no es por la forma ni la estructura, sino por sus funcio- 
nes llamadas instintos. 

Si con las palabras de Ribot, que son como el eco de la escuela 
mecanicista, se pretende significar que la función es posterior al 
órgano, ó que el órgano es más importante que la función, como 
antes, debemos negar lo segundo y distinguir después en lo prime- 
ro, filosófica y científicamente hablando. Basta definir uno y otra 
para fijar los términos del problema y ver claramente que en sen- 
tido fisiológico y práctico no hay primero ni segundo, antes ni des- 



1 La Herencia Psicológica, pág. 277. Inmediatamente discutire- 
mos esta frase de sabor mecanicista en l«>s labios de Ivibot. 

2 Manuel íl' Anatomie comparie, París, iv7l, pág. 6. 



LAS CAUSAS FINALES EN LA CIENCIA 369 

pues. Órgano puede ser cualquier parte del cuerpo, un tejido ó un 
Sistema que realiza un acto llamado función: función es el acto 
realizado por el órgano ó por un aparato que es un conjunto de 
éstos; es el órgano mismo en ejercicio ó en actividad. De aquí se 
sigue que en el orden práctico es verdadera la doctrina del doctor 
Rubio, contenida en las palabras siguientes: «fcada órgano está 
dispuesto para su función y cada función para 15ti órgano; ni órga- 
no ni función son primero ni segundo; son uno en dos aspectos, el 
estático y el dinámico; el antes y el después son aplicación falsa 
de la medida del tiempo al tiempo mismo. ¡Como si la medida fuera 
el tiempo! ¡Como si la mirada fuese el objeto! Son fracciones rela- 
tivas y convencionales que podemos variar á voluntad y á capri- 
cho; órgano y función son una misma cosa en dos estados» (1). Uno 
de los más ilustres fisiólogos españoles (2) nos escribe en carta par- 
ticular: «La distinción entre función y órgano es clara para nuestros 
sentidos, incapaces de apreciar directamente la función atómica 
que se oculta bajo la aparente quietud anatómica. En los animales 
superiores, la acción repetida de excitantes extraordinarios pro- 
duce simultáneamente acomodación fisiológica (hábito, toleran- 
cia, etc.) y modificación en la estructura. Por el contrario, la pri- 
vación funcional absoluta lleva consigo la atrofia del órgano. Y 
siempre venimos á parar á lo mismo, porque órgano y función 
son dos aspectos de la función vital. Sin embargo, cuando por 
excitantes extraordinarios ó por necesidad nueva se engendran 
función y órgano nuevos, aquélla se manifiesta antes; y á la in- 
versa, perece primero la función en los casos de atrofia. En suma; 
son inseparables la función y el órgano, y sólo en un sentido mera- 
mente relativo puede apreciarse prioridad en favor de una y 
otro.» De manera que en el orden práctico, y aunque no cabe se- 
parar la función y el órgano, todavía en sentido relativo parece 
primero aquélla que éste, lo cual no está conforme con las pala- 
bras de Ribot y de la escuela mecanicista; porque primero es la 
acomodación fisiológica que las modificaciones de la estructura, y 
primero desaparece la función que el órgano, y porque cuando por 
extraordinarios excitantes se crean función y órgano nuevos, pri- 



(1) Revista ibero-americana de Ciencias médicas, Septiembre 1900. 
Apuntes de Anatomía social. 

(2) El Sr. D. José Gómez Ocaña, profesor de Fisiología en el Cole- 
gio de San Carlos. 



370 LAS CAUSAS FINALES EN LA CIENCIA 

mero que éste aparece aquélla, y en los casos de atrofia, primero 
que el órgano desaparece la función. Lo mismo puede observarse 
en la ontogenia al estudiar los órganos todavía no modelados defi- 
nitivamente, esbozo de lo que han de ser después, rudimentarios é 
incompletos. Al tratar de este asunto decíamos que las células 
cardíacas, antes de presentar sus propiedades características, y los 
glóbulos rojos en el embrión, se entregan respectivamente á su 
especialidad funcional; aquéllas se contraen y éstos almacenan 
hemoglobina y retienen el oxígeno; lo cual, si no prueba que la 
función y el órgano pueden separarse, demuestra no obstante que 
la función es ya manifiesta y clara en los órganos incipientes y 
embrionales, como acontece en el corazón, que empieza á latir an- 
tes de que aparezca el sistema nervioso. Además, del estudio pro- 
fundo del esqueleto y los músculos humanos, donde hay verdade- 
ros prodigios y problemas de mecánica perfectamente resueltos 
(lo cual indica á todas luces la existencia de la finalidad), se des- 
prende que la diferenciación anatómica responde á la necesidad 
funcional, porque las articulaciones diferentes, v. gr., del carpo con 
la mano y del tarso con el pie, demuestran que están exigidas por 
el cambio defunción. Por último, R. Schmidt (1898), como conse- 
cuencia de análisis delicados y observaciones atinadas y profun- 
das en el húmero y en el fémur de gran número de batracios, rep- 
tiles, aves y peces, y principalmente de mamíferos, concluye di- 
ciendo: «la función es primaria ó principal; el órgano es secunda- 
rio.» A conclusión semejante ha llegado el embriólogo español 
D/Juan Barcia Caballero, al defender y demostrar con multitud 
de datos la tesis siguiente: «la función es el eterno por qué y para 
qué del órgano» (1). No opinan de distinta manera, entre otros in- 
numerables, Durand de Gros, J. Guerin y Marey, á cuyos méritos 
en Fisiología acaba de rendir tributo de admiración y de amor la 
ciencia francesa (2). De aquí se deduce lógicamente cuan equivo- 
c ados están los autores mecanicistas al formular las proposiciones 
arriba citadas, pues aun en sentido relativo, y sin que nosotros se- 



i Discurso inaugural en la Universidad de Santiago de Galicia, 
en 1899. 

2 El 20 do Hnoro, en el Colegio de Francia. Marey es el inventor 
del esfitmógrafo y ha estudiado Los órganos y las funciones, como las 
rítmicas del corazón, con resultados positivos. 



LAS CAUSAS FINALES EN LA CIENCIA 371 

paremos el órgano y la función, parece primero, más importante 
y principal ésta que aquél. 

Ampliemos las ideas apuntadas, ya que la oscuridad reina en el 
asunto que venimos tratando. Por supuesto, aunque fuera ver- 
dadera y evidente la tesis mecanicista de que el órgano es más 
importante y principal que la función, no queda suprimida la fina- 
lidad en el mundo orgánico, porque persiste aún la finalidad de 
plan y de orden en el origen, en el desarrollo, en la multitud de con- 
veniencias complejas realizadas, en la disposición y en el lugar y 
en la estructura de cada célula, tejido, órgano y aparato, cuya eti- 
mología, ad-paratus (lo saben muy bien todos los fisiólogos), en- 
vuelve idea de fin; y además, porque de la mayor importancia 
del órgano no se sigue que la función no tenga ninguna. Para con- 
seguir nuestro objeto, que es hacer patente la finalidad, el arte y 
la industria que revela el mundo de la vida, basta considerar que 
la naturaleza tiende á realizar fines por medio de órganos; y si la 
vida es común á todos y á cada uno de los miembros, los distinti- 
vos son las funciones, y por la propia cada órgano se subordina al 
conjunto, dando por resultado admirable la solidaridad, el con- 
cierto y la armonía en la forma total orgánica: negar la finalidad 
en presencia de este cúmulo de prodigios, es negar la luz del sol. 
Cuando se considera que en el germen se hallan virtualmente con- 
tenidas todas las propiedades del futuro organismo, incluso la talla, 
el espesor y la forma de las hojas si es vegetal, y el parecido y la 
forma, etc., etc., si el germen es el óvulo fecundado; cuando se 
medita que en el óvulo ó en la semilla, organismos en miniatura, 
plásticos y movibles como la cera en mano del artífice, la fuer- 
za interna que palpita en ellos, crea, distribuye y tiende ordena- 
da y sabiamente los tejidos, órganos y aparatos de que han de 
necesitar después, cada uno con su función peculiar; cuando se 
ve que, á la vez que el organismo se hace más complejo, la dife- 
renciación anatómica y fisiológica son más claras y concluyen 
por ser definitivas , ¿cómo negar la finalidad? ¿Qué nombre, si 
no es el de arte é industria, daremos á esas operaciones maravillo- 
sas, y de causa final, idea directriz, idea organizadora, á la ener- 
gía oculta é interior que las gobierna, y reparte los trabajos 
celulares y crea todos los elementos para el conjunto armónico, 
y prevé las ulteriores contingencias del organismo adulto, como 
lo demuestran v. gr., entre otros innumerables hechos, los que 
hemos citado ya, las plaquetas sanguíneas y las fibras sinápticas, 



372 LAS CAUSAS FINALES EN LA CIENCIA 

los leucocitos y los hematíes, y la estupenda concordancia de la 
aparición del nuevo hijo que va á nacer y del * Hquido nutritivo 
que le ha de alimentar? Porque, sin hacernos partidarios de las 
teorías de la preformación ni de la epigénesis, tales como las ex- 
pusieron sus autores, es manifiesto que en el óvulo fecundado, ó en 
la semilla, está contenido virtualmente el organismo futuro; pues 
aunque se forma pieza á pieza y las partes precedan al todo, lo 
cierto es que el todo y las piezas salen de allí por evolución gra- 
dual, no abigarradas y confusas, sino con orden y sabiduría, con- 
forme á un plan, ? á un diseño, á una idea que todo lo dirige y con- 
diciona, invisible al microscopio, pero clara y evidentísima á los 
ojos del espíritu de Claudio Bernard y de todos los racionales 
intérpretes de la Naturaleza viva . 

Ahora bien; si, á semejanza de ese fisiólogo ilustre, y partiendo 
de la base experimental, nos elevamos al orden filosófico para re- 
cibir luz y conocer mejor los hechos observados, no dudamos en 
declarar francamente que, ya se considere (como decían los anti- 
guos pensadores) el fin de la obra ú organismo, finis operis, ó el 
fin que se propuso el artífice ó constructor llamado Naturaleza, 
finis oper antis, en ambos casos es notoria la finalidad; y en el se- 
gundo, la función precedió evidentemente ala ejecución del organis- 
mo y de sus órganos é instrumentos; como en la cabeza de Santos 
Dumont, la idea de volar por los aires y de la función que había 
de tener cada pieza de su aeróstato, precedió á la contrucción del 
aparato que le ha dado tanta utilidad como fama. Luego en el or- 
den biológico-filosófico, la idea de fin es antes que la parte mecáni- 
ca, y la función antes que el órgano. Pongamos un ejemplo que 
aclare más el asunto y concrete más nuestras ideas; fijémonos en el 
estudio del órgano de la vista. Nadie que tenga sentido común po- 
drá negar que ese órgano ha sido hecho para ver. Los elementos 
externos que lo protegen anteriormente (región única donde puede 
ser ofendido), como el reborde orbitario, las cejas, los párpados, 
las pestañas y las lágrimas que impiden la desecación de la córnea, 
el orden y la sabiduría de su prodigiosa estructura y disposición 
internas, ya descritas en otro lugar, todo demuestra, como declara 
el mismo Carlos Richet, que los ojos están destinados á la visión; 
que ese fin ha sido previsto, querido y realizado por la Naturale- 
za. En la práctica, la visión es posterior á la creación y estruc- 
tura de los ojos; en este sentido, la causa eficiente de la visión es 
el órgano. Pero evidentemente la disposición y la estructura del úl- 



LAS CAUSAS FINALES EN LA CIENCIA 373 

timo están relacionadas con la función de ver: esas relaciones son 
inexplicables sin idea de fin, sin causa final. Luego si la causa 
eficiente de la visión es el órgano, la causa final del órgano es la 
visión; y esta idea de finalidad ha precedido á la construcción de 
aquel, como la idea de volar por los aires precedió en la mente de 
Santos Dumont á la construcción de su aparato. Los mecanicis- 
tas y ateos no cesan de ponderar la prudencia y la sabiduría de la 
Naturaleza. Pues una de dos: ó es verdaderamente sabia, ó es ciega 
y tonta. En el primer caso, debe llevar á cabo sus operaciones como 
artífice inteligente que sabe lo que hace y para qué lo construye; á 
la obra debe preceder el fin, y al órgano la función. ¿Qué diríamos 
de un ingeniero que se pusiese á fabricar una máquina, ignorando 
para qué la fabricaba y qué fin había de tener cada elemento? 
Pues eso hubiera hecho la Naturaleza en el caso segundo, y enton- 
ces no hubiera podido producir los prodigios y las maravillas que 
admiramos en la creación universal, ni la razón humana podía 
entenderlos nunca, en los siglos de los siglos. Los mecanicistas y 
ateos no deben pronunciar ese nombre que ellos llaman «sagrado,» 
que sólo les sirve para ocultar su ignorancia y justificar su orgu- 
llo según las ocasiones y circunstancias de la vida. Pero la Natu- 
raleza realiza sabiamente sus fines á pesar de la ignorancia y del 
orgullo de los hombres insensatos. E pur si muove, que no dijo 
Galileo. 



P. Zacarías Martínez-Núñez, 
o. s. A. 



(Continuará.) 



•-^«^O 1 <?9iC*)"Xí>'^*-» 



LA CRISIS DE LA MORAL (l] 



Difícilmente puede comprenderse con qué lógica nos hablan de 
«acción moral» los que aún demuestran ignorar el fundamento y 
valor de los principios que deben regir nuestra vida práctica. 
Desde luego la situación á que se ven reducidos es harto confusa 
y desairada; tanto más, cuanto mayor fué la algarabía que ar- 
maron cantando el himno fúnebre de la moral tradicional y el 
triunfo de las nuevas ideas sobre la superstición de los tiempos 
medioevales. ¿Qué no prometió el racionalismo de hace cuarenta ó 
cincuenta años en orden á suprimir el misterio y esclarecer para 
siempre los orígenes completamente humanos de la vida moral, 
de la religión, del dogma y de los presentimientos de una vida fu- 
tura? A priori se dio todo por resuelto. Una civilización nueva se 
creía ver surgir del sepulcro de las pasadas edades, tornando la 
lúgubre perspectiva del secular ascetismo religioso en días de 
ateísmo feliz, y reduciendo nuestros absurdos anhelos de un mun- 
do mejor á los anhelos legítimos que puede proporcionarnos la 
vida presente, convertida en yermo por el sentimiento de la tradi- 
ción cristiana. A la divisa de igualdad, libertad y fraternidad con- 
signadas en el Evangelio y profanadas después por la Revolución, 
se añadió con mayúsculas la palabra mágica de la Ciencia^ que 
con las, de Humanidad y Progreso constituyen una especie de 
Trimurti á la moderna, los idola temporis que guardan los secre- 
tos del verdadero paraíso terrestre y prometen las dulzuras de 
la felicidad en la región de los sentidos. Cada hipótesis ó descu- 
brimiento que se anunciaba en las ciencias naturales, se le tenía 
como un paso adelante en el camino de la tierra prometida. ¿Quién 
desconoce la desoladora corriente de ideas suscitadas por A. Com- 
te, Littré, Taine, Spencer, Berthelot y otros grandes revoluciona- 
rios del pensamiento moderno, á cuyo influjo se debe la formación 
del ambiente positivista que envuelve á las sociedades actuales, y 
la admiración idolátrica que nuestro siglo ha prestado al poder 
soberano de la ciencia? El mundo, sometido a las leyes de un fata- 



(1) Véase la pá^\ 107 de este volumen. 



LA CRISIS DE LA MORAL 



875 



lismo implacable, la materia sujeta á las fórmulas irreductibles de 
la química, no dejaban lugar á la intervención de una voluntad 
libre, y ni el alma humana podía resistir al análisis de la fisiología, 
ni la religión afrontar la crítica y las evaluaciones de las ciencias 
históricas. El hombre, producto complejo de las influencias here- 
ditarias y del medio ambiente físico y moral, pequeña burbuja 
mecida en el océano inmenso de la naturaleza, sigue fatalmente 
las vicisitudes del oleaje de los sucesos humanos, juguete de los 
impulsos del cosmos, del temperamento y de la herencia; y en vano 
pretende hallar en la idea de Dios, hija del miedo, como decía Lu- 
crecio, la quietud y descanso que únicamente pueden dispensarle 
la serenidad de espíritu en medio de la evolución universal y el 
goce calculado de los placeres de la presente vida. Estas ideas, 
que en realidad no eran más que una reproducción del fatum an- 
tiguo con vestimenta moderna, fueron á modo de huracán para el 
Catolicismo, al cual se consideró como un hecho natural y fruto 
espontáneo de las antiguas civilizaciones, que al modo de éstas 
tuvo también su hora de desarrollo, de brillante apogeo y de ne- 
cesaria decadencia, motivada por la ley de la universal y cons- 
tante metamorfosis del mundo. Al reinado de la fe y de la metafí- 
sica debía sustituir el reinado de la razón humana y de la ciencia 
positiva; á la moral impuesta por la autoridad externa, la origi- 
naria del interior; y ante el éxito de los primeros ensayos del mé- 
todo experimental y ante la general confianza que inspiraban las 
atrevidas promesas hechas por los maestros del positivismo, al- 
guien, ignorante de lo que ha ocurrido en otras épocas de la Histo- 
ria, llegó compasivamente á exclamar: ¡Cómo los dogmas de la 
religión van tocando á su fin! 

Pero no parece sino que la providencia de Dios se complace en 
nuestras sorpresas, dice Ozanam, y en poner á diario ante nues- 
tros ojos la imbecilidad de los que olvidan su ley santa y quieren 
vivir según sus caprichos. Después del período de destrucción, que 
siempre fué el período bello de todas las innovaciones y herejías; 
cuando, pasados aquellos momentos de frenético entusiasmo en que 
se esperaba de la ciencia la redención de todos los dolores morales 
que nos afligen y la supresión del más allá forjado por la timidez 
infantil de nuestros abuelos, llegó la hora de confirmar positiva- 
mente los vaticinios de la civilización nueva y de dar razón de los 
múltiples problemas que nos envuelven y que enlazan nuestra 
existencia con el infinito, entonces comenzó la época de las dificul- 



376 LA CRISIS DE LA MORAL 



tades y de los fracasos. En el orden intelectual la ciencia, á pesar 
de llamarse positiva, y la razón, á pesar de su soberanía absoluta T 
no impidieron que sus patrocinadores dieran el espectáculo de la 
más espantosa anarquía, comparable únicamente á la de Grecia y 
Roma en los días de su respectiva decadencia. El pesimismo y el 
dilettantismo que han constituido el asunto de toda una literatura 
en los últimos cincuenta años, fueron la refutación más contun- 
dente de aquellos alardes con que alborotaban los apóstoles de la 
redención científica de la humanidad. En el orden moral y reli- 
gioso, á despecho de las negaciones impías de un mundo ultrate- 
rrestre, y de los esfuerzos por concentrar todos los anhelos y amo- 
res del alma en las cosas de aquí abajo, la idea de lo infinito no 
dejó de atormentar al corazón de los hombres, antes bien, ninguna 
otra época nos ofrece tantos ejemplos, tan numerosos cuadros de 
lucha dramática en los espíritus entre la sinceridad y la hipocre- 
sía, entre los impulsos nobles del corazón y la resistencia obsti- 
nada de la voluntad. Lo mismo cabe decir de ios desengaños que 
hubieron de experimentarse por loque se refiere al orden social. 
A nombre de la ciencia proclamaron unos la ley de la «selección 
natural,» el laissez faire de la economía clásica, trasladado al 
combate por la vida, del que han maldecido, poi lo menos teórica- 
mente, los adictos al socialismo. A nombre de la ciencia proclama- 
ron otros la ley de la «solidaridad», rechazada como anticientífica 
por los defensores de la selección. Pero á unos y á otros se podía 
respectivamente preguntar: ¿qué sería una sociedad de darwinia- 
nos sino un conjunto de egoístas, de bestias con cara humana r 
como dijo el P. Monsabré, sometidos únicamente al látigo del su- 
perhomo? ¿Qué solidaridad habría allí donde se consideran como 
antisociales los actos que tienden al alivio y sostenimiento de los 
infortunados, incapaces deservir al bien común? 'Y el determinis- 
mo cósmico y psicológico que nos hace maniquíes de las fuerzas 
incontrastables de la naturaleza, máquinas movidas por sensa- 
ciones, ;no es la ruina misma de la moral bajo todos sus aspectc 

A estos fracasos del positivismo en orden á solucionar el pro- 
blema del destino humano, hay que añadir otros, también dignos de 
tenerse en cuenta, que vinieron á resfriar no poco los entusiasmos 
prematuros de los racionalistas y á disminuir aquellas primeras 
esperanzas fundadas en lo que Brunetiere llamó devoción , un 
poi o beata, de la ciencia. ¡Qué sorpresa la de ellos al ver A los que 
la opinión designaba como descubridores de la tierra prometida, y 



LA CRISIS DE LA MOKAL 377 



que seguramente habrían de figurar como luminaria magna en el 
calendario positivista de A. Comte, caer en su mayor parte de hi- 
nojos confesando el misterio que habían pensado disipar con la luz 
de su inteligencia, al modo que el sol disipa las nieblas de nuestra 
atmósfera! El mismo A. Comte, como antes Kant, no pudo sus- 
traerse al misticismo que adora el más allá de las apariencias y 
fenómenos, y trató de imponer sus doctrinas, no tanto por el espí- 
ritu como por el corazón, por la fe más que por la ciencia. Littré, 
que redujo la moral á un capítulo de fisiología y que se rebeló con- 
tra el misticismo de Comte creyéndolo una enfermedad de su ce- 
rebro, deploró, por último, los extravíos de la juventud, volviendo 
luego al seno del Cristianismo, como vuelve el desterrado al seno 
de la madre patria (1). Taine, que hizo de la virtud y el vicio "dos 
productos naturales como lo son el azúcar y el vitriolo,,, que entu- 
siasmado con la ciencia experimental decía que "encierra en sí un 
arte, una moral, una religión nueva, y que nuestro deber del mo- 
mento es procurar descubrirlos en ella,,, treinta años más tarde 
venía á confesar que ni la razón filosófica, ni la cultura artística y 
literaria, ni ningún otro gobierno bastan á suplir al Cristianismo 
en sus servicios á la sociedad, sin el que las costumbres privadas \ 
y públicas se degradan* Spencer, el gran expositor de la evolu- 
ción universal, concluía afirmando como innegable la necesidad 
de que bajo este mundo perpetuamente transformado se halle el 
ser en si, la substancia absoluta, no sometida á condiciones é inac- 
cesible á la investigación científica. Es decir, que la Ciencia, des- 
tinada, según el positivismo, á suprimir el misterio y suplantar ala 
religión en el gobierno de la vida, se ha convertido en instrumen- 
to de defensa para la religión y en apología magnífica de las 
creencias tradicionales en un mundo sobrenatural. 

Por otra parte, del campo mismo racionalista salieron furibun- 
das invectivas contra las pretensiones orgullosas de los científicos, 
cuyo alcance debió de ser muy trascendental, á juzgar por la reso- 
nancia que obtuvieron en toda Europa (2). En la Revue des Deux 
Mondes publicó el año 1895 Mr. Brunetiére un artículo en el que 
dedicaba el primer objeto de sus reflexiones á poner de manifiesto 



(1) D'Hulst: Les fondaments áe la moralité. 

(2) Merecen especial mención el libro del inglés A. Balfour, The 
foundations of belief, y el artículo de Brunetiére de que se habla en 
el texto. 

26 



378 LA CRISIS DE LA MORAL 



la "bancarrota,, ó, mejor, los fracasos parciales de la ciencia. "La 
ciencia, decía el insigne crítico, ha prometido hace muchos años 
renovar la faz del mundo y suprimir el misterio, mas no lo ha con- 
seguido. Es impotente para resolver las cuestiones esenciales, 
aquellas que se refieren al origen del hombre, á la ley de su con- 
dición y á su destino futuro. En el actual conflicto de la ciencia y 
la Religión, la ciencia ha perdido su causa allí donde la Religión 
tiene toda su fuerza. Las soluciones que aquélla no puede dar, 
ésta las proporciona. La Religión nos enseña lo que la Anatomía 
y la Fisiología no pueden enseñarnos, es decir, qué somos, de dón- 
de venimos, á dónde vamos y qué debemos hacer. La Moral y la 
Religión se completan mutuamente; y como la ciencia nada puede 
en la Moral, sigúese que á la Religión toca imponerla.,, La impre- 
sión causada por el artículo de Brunetiere contribuyó al arrepen- 
timiento de muchos ilusos; si bien algunos pocos, y entre ellos Ber- 
thelot, respondieron al insigne académico, haciendo actos de fe en 
la virtualidad de la ciencia. Por el mismo tiempo un italiano tra- 
taba de contestar al problema del modo siguiente: ¿Qué somos nos- 
otros? "Somos vertebrados, de un orden poco diferente del de los 
'cuadrúpedos.,, ¿De dónde venimos? "Venimos de formas antiguas, 
que en la adaptación á las condiciones de la vida han adquirido el 
pequeño número de caracteres específicos por los cuales nos dis- 
tinguimos de otros antropoides. Probablemente la forma interme- 
diaria entre el hombre y los primates será el Pithecanthropus 
erectus, recientemente hallado en Sumatra,, (1). ¿Pertenece todo 
esto al depósito de verdades adquiridas por la ciencia? 

No es necesario detenerse mucho en la consideración de los 
sistemas de moral, sean idealistas ó naturalistas, para explicar 
la divergencia tan notable de opinión que ha degenerado en la ac- 
tual crisis que los mismos racionalistas reconocen y lamentan. 
Ella constituye su refutación mejor, y los lectores pueden juzgar 
de la causa que ha defendido el racionalismo, teniendo en cuenta 
lo que prometió hace más de cien años, y lo que ha llegado á reali- 
zar de sus compromisos. Antes hablamos de las tendencias última- 
mente manifestadas á prescindir de las teorías morales, origen dé 
división y discordia, y á procurar la unión de los espíritus en la 
mutua tolerancia de opiniones individuales y en lo que llaman 
moral de acción, ó sea en la predicación del amor mutuo, del res- 



(1) Morclli: Im pretesa bancarotta de la 



sciensa. 



LA CRISIS DE LA MORAL 379 



peto al deber, de la libertad de espíritu, contribuyendo al desarrollo 
de todos los buenos sentimientos que honran á la humanidad. Esto, 
desde luego, es una prueba fehaciente del fracaso de la ciencia 
y de la razón, para reunir á los hombres en un espíritu y hacer 
efectiva la solidaridad: significa que la ciencia y la razón por sí 
solas no bastan para darnos cuenta de todos los problemas de la 
vida; antes bien, dan lugar á la anarquía en todos los órdenes, 
como es la que actualmente se deplora. Pero ¿será un remedio efi- 
caz contra ella la unión práctica que se quiere propagar por las 
sociedades é infiltrar en el ánimo de todos? ¿Será posible que esa 
unión que prescinde de toda teoría se mantenga por mucho tiem- 
po? Vivirá indudablemente mientras haya un lazo común que una 
á las voluntades, y la unión encuentre eco en la sociedad. Ese lazo 
común existe hoy, y es el odio que se profesa á la tradición y la 
confianza que aún se abriga de que con el tiempo la razón triun- 
fará sobre las preocupaciones del vulgo. Las enseñanzas de la 
unión encontrarán también eco en los pueblos; mas las deficiencias 
que entraña, como el carecer de base doctrinal y no responder al 
conjunto de necesidades que afligen al espíritu humano, no podrán 
asegurarle mucho tiempo de vida. 

Se ha dicho que uno de los rasgos característicos del pensa- 
miento moral contemporáneo es el dirigirse principalmente á la 
acción. Pero ¿qué es la acción moral? En sana filosofía, la acción 
verdaderamente humana debe proceder de la reflexión, del con- 
cepto racional y práctico de la vida, de la significación ó sentido 
de nuestra existencia. Este es un derecho de la razón que las doc- 
trinas tradicionales mantuvieron siempre y mantendrán en ade- 
lante contra todas las inconsecuencias del racionalismo y fideís- 
mo: ama valde intellectum (1). La. acción moral de que se nos ha- 
bla no es, por lo tanto, otra cosa que un golpe de Estado de la vo- 
lnntad sobre la razón, por el que los incrédulos tratan de imponer 
las máximas de una moral cuyos fundamentos y valor descono- 
cen; v. gr., la solidaridad y el respeto mutuo; los cuales preceptos 
bien pudiera suceder que condenara en tiempos futuros el progreso 
de la razón y de la ciencia, si es que no los condena ya en nuestros 
días, según quieren otros, que también dicen estar en los secretos 
de la vida. 

Por lo demás, prácticamente, se sabe en qué consiste la acción 



(1) San Agustín. 



:5S0 la crisis de la. moral 



moral manifestada sobre todo en la vecina república, la más cas- 
tigada entre todas las naciones con la indiferencia religiosa. Impre- 
sionable como ningún otro pueblo del mundo y expuesta á los hu- 
racanes de la impiedad procedentes de Inglaterra y Alemania, á 
ella han concurrido todos los males que son capaces de producir 
las teorías anárquicas de la época moderna. De ahí la boga extraor- 
dinaria del pesimismo que desespera de la vida, de la razón y de 
la ciencia, la del dilett cultismo que de todo habla y de todo se burla 
con alegría cómica, y, por último, la del naturalismo, que no goza 
más que con los instintos groseros y con la brutalización de las pa- 
siones. Todos estos males, que son fruto legítimo del racionalismo 
y que contribuían á desacreditarlo ante'las gentes honradas de la 
sociedad, hacían necesaria una reacción que viniese á reponer á la 
ciencia en su prestigio menguado, y á levantar los ánimos sumidos 
en la indiferencia por los desengaños experimentados desde hace 
un siglo. Por eso convenía adoptar como evangelio el que nos 
impone la solidaridad, puesto que la ley de Darwin tiene que ser, 
sobre todo en nuestros tiempos, forzosamente antipática á las mu- 
chedumbres y á los desheredados de la fortuna. Y no se crea que 
los partidarios de la acción moral se limiten á evangelizar la soli- 
daridad; esto no bastaría para sus fines: la solidaridad se impone 
á nombre de la ciencia, para la cual dicen que no existe hoy nin- 
gún secreto. 

Es cosa digna de admiración la táctica que emplean los mora • 
listas modernos cuando se dedican á la vulgarización de las ideas 
que constituyen el stibstractum de la enseñanza laica. «La ciencia, 
decía no ha mucho Mr. Lanessan, en un discurso sectario, base 
necesaria de todos nuestros razonamientos y juicios, puede dar un 
fundamento sólido á la moral individual, doméstica y social» (1). 
«La razón, decía posteriormente Buisson, tiene en sí fuerzas para 
enseñarnos todos los verdaderos principios de la moral.» Pero á 
estas afirmaciones rotundas dirigidas á un auditorio ignorante, hu- 
biera podido alguien contestar: ¿por qué entonces los sabios no se 
ponen de acuerdo? «Cuando se lleva más lejos la observación, pr< - 
seguía Mr. Lanessan, cuando nos remontamos más allá dé los 
tiempos de Confucio, cuando se estudia de cerca la evolución de 
las primitivas sociedades humanas, se convence cualquiera de que 
los mismos preceptos morales se practicaron en lugares diferentes 



(j Lanessan: La mor ale scieítt ¡fique ¡ Discours. 



LA CRISIS DE LA MORAL 381 



y en los mismos tiempos, aun muchos siglos antes de que se hu- 
biera pensado en formularlos y de que las religiones hubieran na- 
cido. Si esos preceptos morales son idénticos en todas las concep- 
ciones religiosas, es precisamente porque su origen no está en 
ellas, sino en el seno mismo de la naturaleza humana y hasta en 
las profundidades más íntimas de la vida.» De estas afirmacio- 
nes saldrá maltratado el método positivista, del que el autor es un 
ferviente discípulo; pero de todos modos él trata de probar la inde- 
pendencia de la moral respecto de la religión, y para un auditorio 
al que nunca han preocupado esas cuestiones, le bastan los ante- 
riores razonamientos, unidos á otros que demuestran no menos cla- 
ramente lo poco que Mr. Lanessan entiende de los asuntos de que 
trata. 

El odio á la religión es uno de los caracteres comunes á todos 
los que persiguen la idea de la emancipación de la moral. No ha 
influido en ello tanto la mala voluntad como la ignorancia supina 
que hay respecto del pensamiento cristiano, y que alguna disculpa 
merece en atención á las deficiencias de la educación de que han 
adolecido los centros de enseñanza y al medio ambiente saturado 
de preocupaciones añejas y de propaganda sectaria. Así se dice 
que la moral del Cristianismo es toda interior; que no aspira más 
que á la perfección individual; que sacrifica la justicia en aras de 
una caridad extramundana; que se atribu3^e títulos de soberanía 
sobre la moral que todos llevamos impresa en nuestra concien- 
cia, etc. ;No es esto desconocer completamente el pensamiento y 
la acción social que ha representado el Cristianismo en todas las 
épocas de la historia? Y sin embargo, así se escribe, sin calcular 
que por cima de todas las ficciones de la mentira llega por último 
á brillar el sol de la verdad, como brilló en el Capitolio romano, 
donde cabían en los primeros siglos de la Iglesia todos los dioses, 
menos el verdadero. 

La cuenta, no obstante, en que se nos tiene, á pesar del mutis- 
mo que los partidarios de la tradición cristiana han guardado 
generalmente en esa lucha heterogénea del pensamiento contem- 
poráneo, es un motivo de esperanza en el triunfo de la religión, de 
la que no pueden prescindir aun los que dicen por ahí que el por- 
venir es de la razón y la ciencia. «Si fuera posible (dice un autor 
ilustre convertido recientemente á la fe) dudar de la solidez de 
nuestra causa, los asaltos de que es objeto bastarían para confir- 
marnos en ella. Se nos ataca; luego es señal de que existimos, por- 



882 LA CRISIS DE LA MORAL 



que si no existiésemos, se nos dejaría seguramente tranquilos. La 
lucha es la prueba de la vida. Y aunque quizás la paz nos fuese 
más agradable, puesto que todos aspiramos al descanso, sin embar- 
go, el descanso no es posible en este mundo; y en realidad, cuando 
en derredor nuestro vemos calma completa ó la paz de las ideas 
que nos fueron queridas, entonces viene el comienzo de la muerte. 
No nos daríamos cuenta de que vivimos si no tuviésemos adversa- 
rios. No nos extrañemos, pues, ni del número ni de la saña de los 
que nos atacan, y más bien debemos felicitarnos... Su furor no 
procede sino de que ellos no pueden olvidarnos ni desdeñarnos. Se 
les imponen nuestro número, nuestras doctrinas, nuestras ideas, el 
progreso que ellas hacen todos los días, el miedo que ellos tienen de 
verlas adelantar, nuestra confianza y nuestras esperanzas. Más 
que su cólera debiéramos temer su indiferencia. Nacida en las per- 
secuciones, engrandecida entre las herejías, consolidada por las 
controversias, si la Iglesia no tuviera más adversarios, entonces 
sería necesario desesperar de las promesas de su Fundador. Pero 
mientras dure la lucha ella vivirá y viviremos nosotros. Viviremos 
nosotros de la única vida que es digna de vivir, la que se subor- 
dina, se emplea y se sacrifica, si es necesario, á fines más elevados 
que ella misma» (1). 

P. Benito R. González, 

O. S. A. 



(1) F. Brunetiére: Les motifs d'esperer 



c<r gss-c* ftj>y&£>^- » 



AURELIO PRUDENCIO CLEMENTE 

ESTUDIO BIOGRÁFICO-GRÍTICO 



IV 

Obras de Prudencio. 

El Ka07j|X£pevtI)v 

(Continuación.) 



La segunda parte del Catemérinon comprende seis himnos de 
circunstancia: el primero, hymnusjejunantium, es el más largo de 
la obra, pues consta de doscientos veinte versos yámbicos, sena- 
rios, actalécticos, y es un elogio del ayuno y del espíritu de mor- 
tificación. Disminuir el excesivo alimento del cuerpo es aumentar 
el vigor del alma. Doma también el ayuno al lujo y al vicio de la 
gula; la pereza, hija del vino y del excesivo sueño, huye al oir el 
solo nombre de penitencia; si el cuerpo toma los alimentos sin 
medida, si no se mortifica la naturaleza con los ayunos necesarios, 
la llama de la inteligencia se apaga y el alma rebaja sus aspira- 
ciones. Recuerda Prudencio los ayunos de los Patriarcas de la Ley 
Antigua, haciendo particular mención de Elias, Moisés y San Juan 
Bautista. La parte admirable de este himno es la descripción que 
hace el poeta de los desórdenes de la ciudad de Nínive, de la pre- 
dicación del profeta Jonás y de la penitencia ejemplar que hicie- 
ron los habitantes. En esta descripción se ha excedido Prudencio 
á sí mismo: raras veces el estilo descriptivo, junto con la armonía 
imitativa, han llegado á tal grado de perfección. El dulce Virgilio 
no se hubiera avergonzado de reconocer por suya la descripción 
de Nínive, que sin duda ninguna puede compararse al magnífico 
cuadro que hace el poeta mantuano del incendio de Troya. Nece- 
sitaríamos varios artículos para hablar dignamente de todas las 
bellezas de este himno; y ante esta imposibilidad, nos limitaremos 
á citar solamente tres estrofas. Las grandilocuentes palabras de 



384 AURELIO PRUDENCIO CLEMENTE 

la primera nos dejan entrever la insolencia de los habitantes de la 
orgullosa ciudad: 

Gens insolenti praepotens jactantia 
Pollebat olim, quam fluentem nequiter 
Corrupta vulgo solverat lascivia: 
Et inde bruto contumax fastidio. 
90. Cultum superni negligebat Numinis. 

Los crímenes han colmado la medida: Dios, irritado, prepara 
un ejemplar castigo; los mismos elementos parece que piden ven- 
ganza, y la justicia despreciada del Eterno vibra ya la espada 
sobre la impía Nínive: 

Offensa tándem jugis indulgentiae 
Censura, justis excitatur motibus, 
Dextram perarmat rhomphaeali incendio, 
Nimbos crepantes et fragosos turbines 
95. Vibrans, tonantum nube fiammarum quatit. 

Los celebérrimos versos del Tasso: 

Chiama gli abitator delFombre eterne 
II rauco suon della tartárea tromba, 
Treman le spaz'íose alte caverne 
E l'aer cieco a quel rumor rimbomba, 
Né stridendo cosi dalle superne 
Regioni del cielo il folgor piomba (1) 



que se citan como modelo de armonía imitativa en todos los textos 
de literatura italiana, ¿son acaso superiores á los versos de Pru- 
dencio que acabamos de transcribir? ¿No podría también decirse 
que estos segundos sean una imitación de los primeros? 

La dulzura del estilo de la tercera estrofa indica que todavía 
queda un rayo de esperanza; aplaza Dios el merecido castigo pairé 
ver si la predicación de un profeta tiene todavía autoridad sobre 
los desdichados ninivitas: después de la estudiada dureza de la es- 
trofa anterior, los versos que siguen forman hermoso contraste y 



(1) I ai Gerusalemtne Liberata^ canto iv, estancia ">. 



ESTUDIO BIOGRÁF1CO-CRÍT1CO 385 



parece que dan la impresión de una plácida tarde después de una 
furiosa tempestad: 

Sed poenitendi dum datur diecula, 
Si forte vellent improbam libidinem, 
Veteresque nugas condomare ac frangere, 
Suspendit ictum terror exorabilis, 
100 Paulumque dicta substitit sententia. 

Nada menos que noventa y cinco versos emplea Prudencio para 
hacer la descripción de la huida de Jonás, de su milagroso regre- 
so, de su fructuosa predicación, y, en fin, de la ejemplar penitencia 
de los ciudadanos: el riguroso ayuno de toda la población desar- 
ma la cólera de Dios que les perdona todos sus pasados crímenes. 
¡Tal es la fuerza del ayuno y de la verdadera penitencia! El precep- 
to de la mortificación es tan estricto, que Jesucristo, á pesar de ser 
la santidad por esencia, quiso predicar con el ejemplo, sometién- 
dose voluntariamente á un rigurosísimo ayuno de cuarenta dias. 
Sin embargo, añade, la mortificación sola no basta para que nues- 
tra alma produzca abundantes frutos de santidad-, hay que ejercer 
la humildad y distribuir limosnas: tenemos estricta obligación de 
socorrer al prójimo, y sin embargo, mientras que la mano derecha 
distribuye los dones de la caridad, la izquierda debe ignorar estos 
beneficios, si desea recibirlos centuplicados en la vida eterna. 

Satis beatus quisque dextram porrigit 
Laudis rapacem, prodigam pecuniae, 
Cujus sinistra dulce factum nesciat: 
Illum perennes protinus complent opes, 
220 Ditatque fructus foenerantem centuplex. 

El himno post jejunium parece continuación del anterior: es 
una breve oda sáfica en la que da gracias á Dios por no exigir de 
nosotros una mortificación superior á nuestras fuerzas, pues dejó 
en nuestras manos la medida de la abstinencia. Interpretando 
aquellas palabras del Evangelio: Cum jejunatis nolite fieri sicut 
hipocritae, tristes (1), desea Prudencio que los que se mortifican 
ayunando practiquen este precepto de Jesucristo: 



(1) Matth., vi, 16. 



386 AURELIO PRUDENCIO OLBMENTB 



Addit et, ne quis velit in venusto 
Sordibus cultu lacerare frontem: 
Sed decus vultus, capitisque pexum 
Comat honorem. 
25. Terge jejunans, ait, omne corpus 
Nevé subducto faciem rubor e 
Luteus tingat color, aut notetur 
Pallor in ore. 

Canta después la bondad y misericordia del Redentor bajo el 
título del Buen Pastor. Si una oveja enferma se aleja del rebaño, 
si los zarzales desgarran su vellón, si se ha extraviado en los bos- 
ques, el Buen Pastor la llama, ahuyenta á los lobos, la coge, y 
cargándola sobre sus hombros, la lleva otra vez al aprisco, purifi- 
cada de sus culpas. Todo lo que podemos hacer para el servicio 
de Dios es nada en comparación de los inmensos beneficios que 
hemos recibido de El. Manifestemos con hechos nuestra gratitud, 
3' en cualquier cosa que emprendamos, empecemos por invocar el 
saato nombre de Dios. 

El Hytnnus omnis horae es un magnífico ditirambo en honor 
de Cristo, en el cual los fieles deben tener siempre fijos los pensa- 
mientos. 

t 

Da, puer, plectrum, choréis ut canam fidelibus 
Dulce carmen et melodum, gesta Christi insignia: 
Hunc Camoena nostra solum pangat, hunc laudet lvni. 

Toda la vida del Salvador, su nacimiento, sus milagros, su pa- 
sión, su muerte y su resurrección están descritos con admirables 
movimientos líricos. Después de haber triunfado de la muerte, el 
vencedor del infernal enemigo, considerando ya concluida su mi- 
sión, se elevó, acompañado de las almas rescatadas del Limbo, 
hasta el trono del Padre, llevando también consigo la naturaleza 
humana en la cual padeció. Termina el himno con esta magnífica 
oración: 

Macte judex mortuorum, macte rex viventium, 
Dexter in Parentis arce qui cluis virtutibus, 
Omnium venturas inde justus ultor criminum, 
Te senes, et te juventus; parvtüóram te choras, 
1 10. Turba matrum virginunique, simplices puellulae, 
Voce concordes pudieis perstrépanl concentibus. 



ESTUDIO BIOGRÁFICO-CRÍTICO 387 

Fluminum lapsus, et undae, littorum crepidines, 
Imber, aestus, nix, pruína, silva, et aura, nox, dies, 
Ómnibus te concelebrent saeculorum saeculis. 

El Hymnus in exequiis defunctorum ha excitado la admira- 
ción general de los comentadores, varios de los cuales lo han cali- 
ficado con estas palabras: hymnus plañe divinus. En él expone 
Prudencio el dogma de la resurrección de la carne, y sirviéndose 
de esta consoladora verdad, explica en pocos versos anapestos ca- 
talécticos, la razón de la solemnidad de los funerales cristianos. 
Pregunta para qué sirven las tumbas excavadas en la roca y los 
suntuosos monumentos; y contestándose á sí mismo, confiesa que 
estos honores deben atribuirse á la creencia firme que tienen los 
cristianos de que los cuerpos no están muertos, sino dormidos; 
cumplen los fieles muy gustosamente con estas fúnebres obliga- 
ciones, persuadidos de que los cuerpos que descansan en el frío 
sueño de la tumba volverán á ver la luz del día. El cristiano que 
obedece á un sentimiento de piedad y que cubre religiosamente 
con tierra los cadáveres, hace por esto mismo una obra de mise- 
ricordia muy agradable á Dios. 

Quidnam sibi saxa cavata, 

Quid pulchra volunt monumenta? 
56. Res quod nisi creditur illis 

Non mortua sed data somno. 
. Hoc provida Christicolarum 

Pietas studet, utpote credens 

Fore protinus omnia viva, 
60. Quae nunc gelidus sopor urget. 

Qui jacta cadavera passim 

Miserans tegit aggere terrae 

Opus exhibet ille benignum 

Christo pius omnipotenti. 

Pasa después á describir la piedad de Tobías, que deja los ali- 
mentos, desprecia los peligros para salir de noche y enterrar 
los cadáveres abandonados. Tanto agradeció Dios esta obra de 
misericordia, que dio á la hiél de un pescado la virtud de devolver 
la vista al pobre ciego. Siguiendo las enseñanzas de los Santos 
Padres, explica los diversos símbolos de la resurrección de la car- 
ne, y termina describiendo el día bienaventurado en que las almas 



388 AURELIO PRUDENCIO CLEMENTE 

se reunirán por segunda vez al cuerpo que habían informado du- 
rante esta vida mortal. 

Sed dum resolubile corpus 
150. Revocas, Deus, atque reformas, 

Quanam regione jubebis 

Animam requiescere puram? 

Gremio senis addita sancti 

Recubabit, ut illa Lazari, 
155. Quem floribus undique septum 

Dives procul aspicit ardens. 

Villemain fué uno de los más entusiastas admiradores de todas 
las obras de Prudencio, y más particularmente de este himno. En 
su libro sobre el genio de Píndaro, cita de él varios fragmentos 
que le inspiran las siguientes reflexiones: "Todos saben lo que 
fueron para los griegos los plañidos y las fúnebres plegarias; tam- 
bién Roma en los entierros de los grandes y de los ricos exageró 
esta impresión por medio de plañideras asalariadas. La elegante 
poesía del siglo de Augusto admitió en la elegía y en la oda el len- 
guaje del dolor, y los nombres de Horacio y de Ovidio son una 
prueba suficiente de esto. No hace falta recordar que el epicúreo 
Horacio encontró tiernísimos pensamientos al hablar de la breve- 
dad de la vida, y del dolor de la amistad que sobrevive: entonces 
su poesía, ordinariamente burlona, se hace suave y encantadora, 
y la tristeza que inspira, sin ser efecto de la virtud, fortifica por lo 
menos el alma por medio de la resignación. Pero ¡cuánta grande- 
za y ternura faltan á esta filosofía! ¡Cuántas cosas quita á la fan- 
tasía y al corazón! ¿Trátase acaso del noble orgullo del espíritu 
porque cree en la inmortalidad? ¡Qué desilusión deben darle los 
versos de Horacio consagrados á la memoria de un ilustre sabio: 
"Tú ¡oh Arquita! tú que medías el mar, la tierra y la arena infinita, 
estás ya reducido á un puñado de tierra sobre la costa de Matine! 
;De qué te ha servido haber hablado de las regiones pobladas por 
el éter y elevado hasta los cielos tu espíritu que debía un día mo- 
rir? „ ¿Trátase de los mejores sentimientos del corazón humano y 
de la fidelidad de los recuerdos? ¡El poeta no espera para su difun- 
to amigo más que un sueño perpetuo: 

..,..ergo Quinctilium 
Perpetuus sopor urget! 



ESTUDIO BIOGRÁF1CO-CRÍTICO c89 

Todo esto es muy poco para sostener el alma en su última 

liora é inspirarle buenos sentimientos durante la vida Es mu- 
cho mejor oir de la boca del lírico cristiano la hermosa invocación 
al Creador, foco de las almas humanas, y su confianza en la vida 
eterna que nos está prometida.,, 

Harta razón tiene Villemain para poner á Prudencio sobre to- 
dos los poetas de la antigüedad pagana: el genio del poeta arago- 
nés, inspirándose en las sublimes verdades del Cristianismo, le da 
una superioridad incontrastable. Los autores paganos nos pueden 
ofrecer ün hermosísimo cuerpo adornado con los más elegantes y 
refinados adornos de la lengua; pero este hermosísimo cuerpo es un 
cadáver, le falta la verdadera vida, que no se encuentra sino inspi- 
rándose en la verdad: todas las preciosas, pero quiméricas des- 
cripciones de Virgilio, Horacio, Ovidio, Juvenal y otros, palide- 
cen ante esta hermosísima invocación al Redentor, en la cual no 
sabemos qué debemos admirar más, si la fe, la dulzura, el patético 
ó la sublimidad de ideas: 

Sequimur tua dicta Redemptor, 
Quibus atra e morte triumphans, 
Tua per vestigia mandas 
• 160. Socium crucis iré latronem. 
Patet ecce íidelibus ampli 
Via lucida jam paradisi, 
Licet et nemus illud adire, 
Homini quod ademerat anguis. 
Í65. 111 i e, precor, optime ductor, 

Famulam tibi praecipe mentem 
Genitali in sede sacrari, 
Quam liquerat exul et errans. 
Nos tecta fovebimus ossa 
170. Violis et fronde frequenti: 
Titulumque et frígida saxa 
Liquido spargemus odore. 

Es imposible describir el aroma de santidad que se desprende 
del himno Octavo Calendas Januarzas.LsL lectura, aun superficial, 
de este cántico, deja la inteligencia asombrada por la intensidad de 
los afectos de amor de Dios que en él revela Prudencio: no parece 
ser esto lenguaje de hombres, sino canto de serafines: sobrio de 
adornos, escaso en metáforas, sin ninguna descripción, y por el 
contrario, rico en intensísimos afectos que hacen vibrar hasta las 



390 AURELIO PRUDENCIO CLEMENTE 

últimas fibras del corazón del lector. En pocos versos nos dice que 
el amor fué el único móvil que determinó al Hijo de Dios á encar- 
nar en el seno purísimo de una Virgen: animales desprovistos de 
razón han adorado en el pesebre al Rey Eterno. ¡Ah si las nacio- 
nes paganas pudiesen tener la misma dicha! 

O sane t a praesepis tu i 
Aeterne Rex, cunabula, 
Populisque per s'ieclum sacra, 
80 Mitis et ipsis credita! 

Adorat haec brutum pecus: 
Indocta turba scilicet, 
Adorat excors natío, 
Vis cujus in pastu sita est. 
85. Sed cu m fideli spiritu 
Concurrat ad praesepia 
Pagana gens, et quadrupes, 
Sapiatque, quod brutum fuit. 

A medida que se adelanta en la lectura de este himno, el alma 
se eleva, el corazón se ensancha, y llegando al fin, tales son los 
sentimientos de admiración y de agradecimiento que se experimen- 
tan por el beneficio de la Redención, que las dulces lágrimas del 
amor saltan involuntariamente de los ojos. 

¿Podían no ser santas las costumbres de Prudencio, cuando 
llegó á expresar con tanta delicadeza los siguientes pensamientos? 

Coelum nitescat laetius, 
10. Gratetur et gaudens humus: 

Scandit gradatim denuo 

Jtibar priores lineas. 

Emerge, dulcís pusi o, 

Quem mater edit castitas. 
15. Parens et expers conjugis, 

Mediator et dúplex genus. 



Sentisnc, Virgo nobilis, 
Matura pvv fastidia, 

55. Pudorís intactum decus 
l [onore partus cresa 
O quanta rerum gaudia 
Alvus púdica continet! 
Kx qua novellum saeculum 

hO. Procedit, et lux áurea. 



ESTUDIO BIOGRÁFICO-CRÍTICO 391 



Desearía el poeta que la meditación de este gran misterio fuera 
por sí sola suficiente para convertir el mundo entero, y no se ex- 
plica la ingratitud de los hombres que no quieren apreciar beneficio 
tan inmenso, por lo cual concluye amenazándoles con los eternos 
castigos- 

Peccator, intueberis 
Celsum coruscis nubibus, 
Dejectus ipse, et irritis 
Plangens reatum fletibus. 
1 1 C> Cu m vasta signum buccina 
Terris cremandis miserit, 
Et scissus axis cardinem 
Mundi ruentis solverit. ..; 



Judaea, tune fulmen crucis 
Experta, qui sit, senties, 
1 15 Quem, te furoris praesule, 
Mors hausit, et mox reddidit. 



El último canto del Catemérinon, el Hymnus Epiphanice, pue- 
de ser considerado como la continuación del anterior: las más ri- 
cas galas de elocución y los pensamientos más graciosos esmal- 
tan esta verdadera obra maestra. El lector nos dispensará sino le 
damos muchos detalles acerca de él, por ser éste el más conocido 
entre los himnos del poeta aragonés. La Iglesia, adoptando en su 
liturgia una gran parte del himno, ha dado una prueba más de 
buen gusto literario. Las principales estrofas tomadas de Pruden- 
cio son las siguientes: Quicumque Christum qimritis,—Hcec st el- 
la qiuz solis rotam y —Videre quod postquam Magi {\),—Regem 
Deumque annuntiant ,—0 sola magnarum urbium, — Aadit tyran- 
mts anxiuSj — Sálvete /lores martyrum, — Vos prima Christi vic- 
tima, etc. Aunque Prudencio no hubiese compuesto sino estas dos 
últimas estrofas, merecería, nada más que por ellas, altísimo lugar 
entre los mejores poetas del mundo. 

Sirve de corona á este magnífico edificio un breve epílogo, en 
el cual debemos admirar la profunda humildad de Prudencio: "'En 
la casa de los ricos, dice el poeta, se encuentran en todos los rin- 



(1) Después de la corrección de los himnos, el primer verso de esta 
estrofa fué corregido de la siguiente manera: Videre postquam illam 
magi. 



332 AURELIO PIIUDBN'CIO CLEMENTE 



cones gran número de muebles; aquí está una copa de oro, allí un 
vaso de bronce: algunos muebles son de mar íi I, otros de madera 
de olmo. En la casa del dueño todo tiene su utilidad, y aunque 
en la de Dios no soy yo más que un vaso sin brillo, Jesucristo 
emplea mi persona para los servicios más humildes y me permite 
quedarme en un rincón. Soy un vaso de vil arcilla, y, sin embar- 
go, por humilde que sea el oficio que desempeño en la Casa de 
Dios, voy sacando siempre un grandísimo provecho; y aunque no 
sacara nada, me es muy útil y dulce haber cantado las grandezas 
de Cristo (1). 

§ 3. El DsptJUfavGjv. 

El Libro de las Coronas (Peristéphanon) contiene catorce 
himnos en honor de diferentes santos mártires. En ellos hace men- 
ción Prudencio de los variados suplicios, y recuerda las hermosas 
contestaciones que dieron estos héroes á los tiranos cuando les in- 
vitaban á sacrificar á los ídolos. Como sería trabajo interminable 
hablar convenientemente de todas las bellezas de estos catorce 
verdaderos modelos de poesía lírica, nos limitamos, por ahora, á 
una sencilla enumeración, reservándonos hacer resaltar el mérito 
literario de esta obra, cuando hablemos especialmente de la latini- 
dad y poesía de Prudencio. Empieza el poeta su obra celebrando 
con entusiásticos acentos la fe y la constancia de los héroes cala- 
gurritanos Hemeterio y Celedonio; canta después el admirable 
triunfo de San Lorenzo; las notas de su lira tienen tiernísimas fle- 
xiones cuando nos describe la muerte de Santa Eulalia; los diecio- 
cho mártires zaragozanos le recuerdan la patria de adopción de la 
Virgen 3 r la suya, á la cual dedica términos de grandísimo cariño; 
vuelve á encontrar y emplear los enérgicos acentos que San Lo- 
renzo le había inspirado para cantar el martirio de San Vicente de 
Huesca; entona después un himno en honor de San Fructuoso, 
obispo de Tarragona, Augurio y Eulogio, sus diáconos; glorifica 
el martirio del santo obispo Quirino, y nos cuenta con muchos de- 
talles la manera cómo San Casiano de Imola tuvo por verdugos á 



(1) Multa divitis domo 

Sita est per omncs Ángulos supellex, 
ií> Fulget aurcus scyphus, 

Ncc aere dcsit expolita pelvis.. 



ESTUDIO BIOGRÁFICO-CRÍTICO 393 



sus propios discípulos. El interrogatorio y el martirio de San Ro- 
mán le ofrecen ocasión de refutar los errores del paganismo, y 
hacer al mismo tiempo una hermosa exposición de. las verdades 
cristianas; dedica á Valeriano un himno en honor de San Hipólito, 
martirizado en Ostia, y sepultado en las Catacumbas de Roma; 
canta con gran entusiasmo las fiestas que se celebraban en honor 
de los príncipes de los Apóstoles, dándonos preciosos detalles acer- 
ca de su muerte y de las suntuosas basílicas que se elevaban ert el 
lugar mismo donde padecieron; nos transporta después al África, 
para hacernos admirar la fe, la elocuencia y la muerte heroica de 
San Cipriano, y termina esta admirable compilación con una va- 
liosísima joya dedicada al martirio conmovedor de una niña de 
doce años, Santa Inés. 

$ 4. El Ajjupttyevta. 

Alma verdaderamente poética debía de ser la de Prudencio si 
en un poema de género exclusivamente didáctico, como es su libro 
del Origen del pecado (Hamarti 'geni a) ,no puede prescindir del len- 
guaje figurado, de las figuras retóricas y más particularmente de 
la personificación y del simbolismo. Los que afirman que los árabes 
fueron los creadores, ó por lo menos los propagadores del simbo- 
lismo en Europa, deberían convencerse de la falsedad de esta opi- 
nión: muchos siglos antes que esta raza semítica se esparciese por 
Europa, habían los cristianos adornado los arcosolia de las Cata- 
cumbas conlas simbólicas imágenes del pez, de la paloma, del 
olivo, de la serpiente, etc.; muchos siglos antes de los árabes había 
personificado Prudencio en la Psicomaquia la lucha de las virtu- 
des y de los vicios, y esta obra genial del poeta aragonés, esta lu- 
cha desconocida de los autores paganos, descrita por primera vez 
por Prudencio, sirvió en casi toda la Edad Media como de tipo ó 
modelo en donde iban á inspirarse muchos autores de aquella época 
de grandes ideales, como haremos ver más detenidamente cuando 
tratemos de la Psicomaquia. Volvemos á nuestro asunto ; el 
Hamarti genia trata del origen del pecado y está principalmente 
dirigido contra los marcionitas, cuyo principal error, muy pareci- 
do al de los maniqueos, consistía en admitir dos principios supre- 
mos, uno bueno y autor del bien, otro malo y autor del mal: el 
primero era padre de Jesucristo y de la gracia; el segundo, crea- 
dor de la materia y autor de la ley. Estos herejes debían, por con- 

£7' 



394 AURELIO PRUDENCIO CLEMENTE 

siguiente, negar, como efectivamente lo hacían, que el Hijo de 
Dios se hubiera encarnado, y rechazaban también la resurrección 
de los cuerpos, dando como prueba de su sistema la siguiente ra- 
zón: repugnaba á la naturaleza del Hijo del Dios bueno unirse con 
la corrupción y la impureza de la materia, hija del principio malo; 
como también repugnaba que el alma, hija del Dios bueno, tuviera 
por compañera en la gloria un cuerpo malo por su naturaleza. Co- 
mienza Prudencio demostrando que la idea de Dios incluye necesa- 
riamente la idea de unidad, y declara no comprender por qué los 
marcionitas, negando la unidad de Dios, se limitaban á admitir 
solamente dos principios supremos; en medio de sus aberraciones, 
el paganismo era más lógico que el sistema de Marción acerca de 
este punto, porque admitían tantas divinidades cuantas virtudes ó 
vicios querían glorificar. 

Una de las demostraciones en favor de la unidad de Dios, la 
saca Prudencio del mismo espectáculo de la naturaleza: "Bajo la 
inmensa bóveda del cielo, una sola llama preside á la evolución de 
los días, un solo astro mide los aflos: tiene una forma triple y no 
tiene división: resplandece, calienta y vuela en el espacio; su mo- 
vimiento le empuja, su calor quema, su luz brilla. La luz, el calor 
y el movimiento son tres cosas distintas, y, sin embargo, el sol es 
único; un solo astro goza indistintamente de estas tres propiedades 
y cumple estas tres funciones con un solo acto; una sustancia 
única posee estas tres facultades. No me atrevería á comparar 
nada con Dios para establecer un paralelo entre el Creador y las 
■)bras de sus manos; pero es voluntad de Dios que, no pudiendo 
los hombres penetrar los secretos impenetrables de la divinidad, se 
sirvan de las cosas más insignificantes para concebir su ser infini- 
to. Las criaturas más insignificantes son como un espejo en donde 
debemos estudiar los misterios que no podemos entender, y debe- 
mos esforzarnos por buscar la verdad desconocida, sirviéndonos 
de todos los medios que se hallan á nuestro alcance,, (1). 

La naturaleza no tiene solamente relaciones con Dios que la 



(1) Una per immensam coeli caveam resolutos 

Praebet flamma dies, rcxit Bol únicas annum, 
Triplex i 1 lo tarnen nullo discrimine, trina 

Subnixus ratione vi^ct, splendet, \<>lat, ardet 

Humarte vers. 7o el seo: 



ESTUDIO BIOGRÁFICO-CBÍTICO 395 

creó, sino también con el hombre, puesto en el centro del Universo 
para contemplar las maravillas de las obras del Creador, y para 
que el simbolismo de la naturaleza sea completo, es preciso que 
ésta no nos ofrezca solamente la imagen de los misterios divinos, 
sino también la de los misterios del alma humana. Meditando so- 
bre la naturaleza, encuentra en ésta un simbolo del origen de los 
vicios en un alma criminal y nos describe el hermoso cuadro que 
traducimos. "Si es lícito usar una comparación de las cosas físicas, 
escogeremos la víbora como ejemplar. Se dice que ésta muere des- 
garrada por los dientes de sus mismas crías, deseosas de ver la 
luz; no es madre solamente por virtud de su sexo, sino que tiene 
que morir para llegar á serlo, y no es el dulce calor del himeneo 
el que hincha su pecho, sino que cuando siente en sí los primeros 
chispazos de un fuego que la atormenta, abre su ardiente boca para 
atraer á otra serpiente que allí debe hallar la muerte; viene ésta é 
introduce su tricúspide cabeza en la garganta de la víbora; derra- 
ma la serpiente el veneno que debe fecundarla, y por recompensa 
aplasta la cabeza del macho que ^solicita sus caricias y bebe con 
delicias su sangre y el veneno que destila su boca. Mas si la ser- 
piente muere víctima de su sensualidad, también la víbora recibe la 
muerte por los dientes de los hijos de sus entrañas; serán éstos sus 
verdugos, desgarrando cruelmente el obstáculo que encuentran 
para nacer: se esfuerzan en llegar á la luz mordiendo y haciendo 
pedazos las entrañas de su madre, La muerte de la víbora permite 
á este rebaño de dolor tomar posesión de la vida; han logrado na- 
cer al precio de un crimen, y arrastrándose lamen el cadáver que 
les dio la vida; nacen sin padres, raza postuma de una madre que 
debe necesariamente morir para dejarles su lugar. Algo parecido 
sucede en las concepciones de nuestra alma: bebe ésta el veneno 
que el demonio destila de su boca de reptil, así devora sus besos, 
así, en su ardor libidinoso, bebe la hiél que la llena de vicios, y así 
es como dará á la luz hijos que ocasionarán su muerte. Lleva den- 
tro de sí los frutos del espíritu maligno, gérmenes de su cómplice 
la serpiente. El inmundo reptil será castigado para expiar sus cul- 
pas, la violación del alma que habrá corrompido y la ruina del 
universo que .habrá ocasionado. El alma, por su parte, atormen- 
tada por crueles heridas, por mil partos laboriosos, dará á la luz 
una raza bastarda, es decir, pecados sin número, que al nacer se 
alimentarán con la muerte de su madre. De aquí viene aquella 
justísima reprensión de Nuestro Señor Jesucristo: «¿No es acaso el 



396 AURELIO PRUDENCIO CLEMENTE 



demonio tu padre? ¡Contestadme, oh pecadores! ¿No os ha engen- 
drado uniéndose á la carne sedienta de esta inicua alianza?» (1) 

Combate después el sistema absurdo que pretendía reconocer 
en el Antiguo Testamento la obra del principio malo (la ley); mien- 
tras que consideraba el Nuevo como obra del principio bueno (la 
gracia). Lo malo no existe en sí, y lo que llamamos mal no es más 
que el abuso ó el uso ilegítimo que hacen las criaturas de su liber- 
tad. Los ángeles rebeldes han introducido el mal en sí mismos y lo 
han esparcido después en el mundo: el ángel caído tendió lazos 
para hacer tropezar al hombre, y el hombre, engañado por la voz 
de la serpiente, cayó miserablemente. Traza aquí el poeta un cua- 
dro del mundo después del pecado de Adán: el hombre se había 
rebelado contra Dios, y era muy justo que la naturaleza se rebelase 
contra el hombre. 

Pasa luego á combatir el error fundamental de Marción, que es 
la negación dol libre albedrío y de la Providencia. Decía el hereje: 
t; Dios puede impedir que el hombre cometa el mal, porque si no pu- 
diese, no sería todopoderoso: pero entonces, ¿por qué no obliga al 
hombre para que practique el bien y evite el mal?,, Contesta Pru- 
dencio indirectamente á esta dificultad demostrando que el hombre 
es entera y perfectamente libre en sus acciones, y esta libertad, 
hija de la razón, es la más preciosa prerrogativa por la cual debe- 
mos continuamente dar gracias á Dios. "La probidad forzosa no 
merece premio ninguno, es una virtud vil y sin gloria: no hay ver- 
dadera virtud sino la que brilla rechazando el mal y adelantando 
en el sendero de la virtud por amor al mismo bien.,, (2) El hombre 
es libre de escoger entre el bien y el mal, porque debe merecer su 
destino con repetidos actos de virtud. A continuación describe la 
eternidad de las penas y el gozo celestial de los bienaventurados. 



1 ) Si licet ex Hthicis quicquam praesumere, \ el si 

De physicis exempli aliquid, sic vipera (ut ajunt) 

I >entibus emoritur fusae per viscera prolis 

Hn/iHtrt., vers. 585 et seq. 

Atqui nec bonus est, nec conlaudabi^is ille 
Qui non sponte bonus: quoniam probitas coacta' 
Gloria milla venit, sordetque lo gloria virtus. 
Vec tamen est virtus, ni deteriora refutans 
Fimicet, et meliore viam peta? índole rectam. 

Hatnart.y vtrs. 706 et seq. 



ESTUDIO B10GRAFICO-CRÍT1CO 397 

Este poema puede considerarse como una apología del libre al- 
bedrío: el poeta no se para solamente en el sentido literal del texto 
sagrado, ni tampoco en la forma sensible de los objetos materiales; 
busca á la vez el simbolismo que representan los hechos de la Sa- 
grada Escritura, y el simbolismo en la naturaleza; le gusta elevar- 
se hasta el sentido místico de la Biblia para que el hombre pueda 
despertar dentro de su corazón arranques de fe y de amor hacia 
su Dios. La oración con que termina esta hermosísima obra debe 
citarse en su lenguaje original: una traducción, por fiel que sea, 
podría hacerle perder aquel aroma de candor y de piedad que 
emana de cada palabra. 

O Dee cunctiparens, animae dator o Dee, Christe, 
Cujus ab ore Deus subsistit spiritus unus: 
Te moderante regor, te vitam principe duco... 

quum flebilis hora 

Clauserit hos orbes, et conclamata jacebit 
Materies, oculisque suis mens nuda fruetur... 

non poseo beata 

In regione domum; sint illie casta virorum 
- Agmina, pulvereum quae dedignantia censum 
Dividas petiere tuas; sit flore perenni 

Candida virginitas 

At rtlihi tartarei satis est, si nulla ministri 

Occurrat facies 

Lux immensa alios, et témpora viñeta coronis 
Glorificent: me poena levis clementer adurat. 

P. Antonino M. Tonna-Barthet, 

o. s. A. 
(Continuará.) 



BE 



IV 



Leyes de los ciclones —Otros pormenores que acompañan á las 
ondas ciclónicas.— Ciclones satélites de la onda principal —Ob- 
servaciones particulares.— La calma central de los ciclones. 

Leyes de los ciclones.— -Dicho lo que precede como expresión 
general de lo que pudiera llamarse primera ley ciclónica, recorde- 
mos otros hechos constantes manifestados en el desarrollo y mar- 
cha progresiva de un ciclón. El primer hecho de observación cons- 
tante que acompaña a una tempestad, es el descenso más ó menos 
profundo de la presión atmosférica. Si se nos exigiese una res- 
puesta concreta acerca de cuál de los dos fenómenos es causa y 
cuál efecto; si el descenso del barómetro es consecuencia inmedia- 
tamente necesaria de la presencia ó aproximación de una tempes- 
tad, ó bien si una tempestad comienza á desarrollarse porque la 
presión atmosférica disminuye, nosotros no sabríamos darla, de- 
biendo limitarnos á afirmar la simultaneidad de ambos fenómenos, 
que acaso más bien que consecuencia el uno del otro, son los dos 
efectos de una causa común. Si, pues, estos dos hechos simultáneos 
constituyen una ley meteorológica, puede formularse en los si- 
guientes términos: A todo ciclón que pasa por un punto cualquie- 
ra de la superficie terrestre, corresponde una depresión baromé- 
trica. 

La proposición inversa no es tan segura. A una depresión ba- 
rométrica en una localidad determinada, no siempre corresponde 
el paso de un ciclón, á lo menos sensible en sus efectos. Déjase 
comprender que nos referimos á las oscilaciones barométricas de 
una cierta intensidad, y no á aquellas otras menos notables, como 
la que hemos llamado oscilación diurna, á las que puedan ocurrir 
motivadas por accidentes y perturbaciones locales de la atmósfera 
de la localidad de qué se trate. Habida (atenta de esta excepción, 
tenemos por cierto que toda depresión barométrica de alguna In- 
tensidad y duración es indicio del paso masó menos lejano de una 



UN CAPÍTULO DE METEOROLOGÍA DINÁMICA 399 



onda ciclónica. El que aparezcan ó no los demás caracteres de ve- 
locidad del viento, nebulosidad, metéoros acuosos, etc., dependerá 
además de la distancia y profundidad del centro, de la posición 
relativa de la localidad en cuestión y del estado general de la at- 
mósfera en las regiones limítrofes. En resumen; si como primera 
ley ciclónica queda establecido que Los ciclones originados en 
las proximidades del Ecuador terrestre, comienzan por encami- 
narse Inicia el Oeste, volviendo luego sobre el NO., N. y NE., 
según hemos explicado en el artículo precedente, como segunda 
ley, ó como un fenómeno concomitante debe establecerse que A 
toda onda ciclónica, transportada del Ecuador á los polos, con- 
forme á la ley primera, acompaña siempre una depresión atmos- 
férica, cuya intensidad y amplitud está en relación directa con la 
intensidad y extensión de la onda ciclónica. 

Ley de la rotación del viento. Al mismo tiempo que los cen- 
tros ciclónicos se trasladan de una parte á otra del globo, descri- 
biendo trayectorias, según indica la ley primera, el aire gira en 
torno de aquellos centros con movimiento directo, ' como directo 
debe llamarse asimismo el movimiento de traslación de los centros 
mismos. Para comprender mejor este punto, supongamos por un 
instante que ocupamos el centro de un ciclón, bien entendido que 
tratándose de un ciclón supuesto, no hay peligro de correr á un 
desastre. Miremos hacia el S., y de esta posición giremos en torno 
nuestro y sobre nuestra izquierda, dirigiendo sucesivamente la 
vista al SE., E., NE., N., NO., O., y SO., hasta volver á la posi- 
ción primitiva, completando una vuelta en redondo. Tal es, en 
nuestro hemisferio, la marcha del viento en torno de los centros 
ciclónicos. Es decir, que si el centro supuesto estuviese fijo duran- 
te el tiempo suficiente, una molécula de aire habría recorrido en 
torno á él un círculo completo. Y esto, en el caso de que en la re- 
gión central ni existiese la fuerza de aspiración aérea que han ad 
mitido muchos meteorologistas, ni tampoco una fuerza contraria 
de impulsión de arriba á abajo, según quiere Faye, opuesto á la 
hipótesis de la aspiración; pues lo mismo en la una que en la otra, 
el movimiento circular en planos no puede conservarse. El movi- 
miento verdadero del aire sería en espirales ascendentes ó descen- 
dentes, según la una ó la otra teoría, y según la región más ó me- 
nos lejana del eje, que sea objeto de observación. Notaremos por 
ahora que ambas hipótesis, en que oportunamente volveremos á 
ocuparnos, nos parecen inexactas é incompletas. 



400 UN CAPÍTTLO DE METEOROLOGÍA DINÁMICA 

El viento corre impulsado por dos fuerzas: la de rotación, según 
hemos dicho, sea ó no horizontal, ó más ó menos inclinada de arri- 
ba á abajo, ó de abajo á arriba, y la de traslación, ambas impor- 
tantes y enérgicas. Si por la primera las moléculas aéreas tienden 
á trazar trayectorias circulares, la segunda modifica esta tenden- 
cia, de tal modo, que si alguna curva geométrica puede recordarse 
como representativa aproximadamente de la trayectoria resultan- 
te de estas dos fuerzas, de estos dos movimientos simultáneos, no 
puede ser otra que la cicloide ó la epicicloide. Sucede en esto, ni 
más ni menos, lo mismo que acontece en los dos principales movi- 
mientos de un planeta, de la Tierra ó de Marte, por ejemplo. Un 
punto de la superficie describe, sí, un círculo en torno al eje terres- 
tre; pero como este eje va recorriendo la eclíptica en torno del sol, 
aquel punto describe epicicloides en el espacio, como la molécula 
aérea las describe en el seno de la atmósfera. 

Como se ve, hay analogía completa entre los movimientos pla- 
netarios y los movimientos ciclónicos en la atmósfera terrestre, 
siendo esta la verdadera ley general que demuestra que los fenó- 
menos aéreos, como los astronómicos, no suceden al acaso, sino 
que obedecen á leyes físicas constantes, sometidas á un plan gene- 
ral en el universo, determinadas y concretas por parte del Legis- 
lador que trazó el plan, y determinadles también por la ciencia 
humana cuando llegue á descorrer el velo que oculta innumera- 
bles misterios naturales. En Meteorología falta un Kepler que 
dé forma concreta á estas leyes de que tratamos como el Kepler 
de la Historia se la dio á las leyes planetarias. Y si éstas, á pesar 
de su maravillosa sencillez, no se realizan con toda la exactitud 
de su enunciado, porque sometidas á la ley de las perturbaciones, 
ésta y aquéllas obedecen á otra ley más general, las leyes meteo- 
rológicas no podrán descubrirse exentas ni desligadas de la misma 
ley de las perturbaciones, á que la circulación aérea en general 
y en sus pormenores está necesariamente subordinada. 

A poco que se reflexione sobre el hecho establecido de la rota- 
ción del viento en torno á los centros ciclónicos, se comprenderá 
fácilmente que la dirección del mismo en un tiempo dado será tan 
varia y distinta como distintas pueden imaginarse las posiciones 
relativas de un observador y el núcleo central del ciclón. Concre- 
témonos á una localidad y sensibilicemos los hechos. Estamos en 
el centro de España, mientras una fuerte depresión arriba al S. uV 
Lisboa y penetra en la Península: cuando el radio ciclónico alean- 



UN CAPÍTULO DE METEOROLOGÍA DINÁMICA 401 

ce á Madrid, por ejemplo, el barómetro comenzará á dar las pri- 
meras señales de descenso. Si en las altas capas de la atmósfera 
hay cirros, que será lo más probable, ó no tardarán en aparecer 
si aún no existen, un observador atento los verá correrse pausa- 
damente hacia el O. ó un poco inclinados hacia el NO.; más tar- 
de del SE. al NO.; luego al S.: continuará bajando el barómetro, 
y es probable que el movimiento aéreo se haya comunicado á los 
estratos inferiores de la atmósfera. Antes de doce horas, acaso el 
centro de depresión se haya situado en el de la Península; el fenó- 
meno crece en intensidad, sopla fuerte el S. y SO., las lluvias no 
se harán esperar; al SO. sucede el O., después el NO.; el baró- 
metro, si otra depresión no se enlaza con la primera, lo que suce- 
de á veces, se declara en alza, comienza á disminuir la tempera- 
tura, el NO. sopla con menos violencia y gira finalmente al N.; 
cesa la perturbación para el centro de España y vuelve la calma 
y tranquilidad de la atmósfera. En el espacio de dos ó tres días, á 
lo más, el observador supuesto habrá visto que el viento, ó mejor 
su veleta, ha completado una vuelta, caminando de izquierda á 
derecha, según hemos visto cambiar la dirección de donde el vien- 
to soplaba. En resumen, y abarcando todos los casos principales; 
para un observador que tenga al S. un centro ciclónico, el viento 
vendrá en general del Este, ó de entre el E. y SE.; si el ciclón 
pasa al Este por el Norte, los vientos generales girarán entre 
NO. y N., y si el paso se verifica por el S. del observador, la di- 
rección será de entre E. NE. y N. La Meteorología ha dado á este 
hecho la forma de ley, diciendo que: Si el observador vuelve la 
cara al viento y extiende horizontalmente su brazo derecho, la 
dirección de la mano indica la en que se halla el centro cicló- 
nico. 

Para que esto fuera rigurosamente exacto, sería preciso de- 
mostrar que el movimiento de rotación aérea es exactamente cir- 
cular, cosa que, si por ventura sucede en bajas latitudes próximas 
al punto en que el ciclón tiene origen, no se realiza por punto ge- 
neral á latitudes más elevadas, en que los centros ciclónicos van 
prolongándose, por decirlo así, y adquiriendo la forma elíptica. 
Entendemos, pues, que generalizando más la expresión de la ley 
que acabamos de citar, resultaría menos expuesta á equivocacio- 
nes. Por ejemplo: Mirando hacia el punto de donde sopla el vien- 
to, puede afirmarse que en la región de la derecha la presión ba- 
rométrica es más baja que en la región de la izquierda. 



402 UN CAPÍTULO DE METEOROLOGÍA DINÁMICA 



La prolongación del núcleo ciclónico, con tendencia á transfor- 
marse de circular en elíptico, tiene, á nuestro entender, fácil ex- 
plicación; y aun creemos que sea consecuencia necesaria de las 
mismas leyes dinámicas de la circulación aérea, ya se suponga 
que el origen ciclónico parte de abajo arriba provocado por la 
fuerza ascensional del aire, como quiere la antigua teoría de los 
meteorologistas, ya el impulso venga de arriba abajo, como de- 
fiende Faye, ó ya, en fin, se parta de un momento en que el cilin- 
dro giratorio en toda la altura de su extensión tenga un eje según 
la vertical del centro. En el primer caso, y ya iniciado el movi- 
miento de rotación en la base y el de avance simultáneo, es evi- 
dente, después de todo lo dicho, que las capas de aire ascendente 
comienzan á retrasarse respecto de la vertical de partida, y que 
cuando alcancen á las altas regiones, comunicando su movimien- 
to á las capas superiores, el eje resultará inclinado. La sección ci- 
lindrica representada por un plano horizontal de la base será obli- 
cua con relación á dicho eje, será una elipse más ó menos prolon- 
gada, pero no un círculo. En la hipótesis de Faye, el orden en el 
desarrollo del fenómeno será inverso: las capas superiores en que 
se supone el origen del ciclón, giran con mayor velocidad que las 
inferiores, y cuando á éstas llega por fin á comunicarse la rota- 
ción ciclónica, la base superior del cilindro íiabrá avanzado res- 
pecto de la base inferior; el eje resulta, pues, inclinado, aunque 
en dirección diversa del caso primero. Y si el eje es vertical en un 
momento dado, muy pronto perderá esta posición por la diferen- 
cia de movimientos entre las capas inferiores y las superiores de 
la atmósfera. Así se explica la irregularidad que presentan en 
nuestras latitudes las isóbaras de los mapas meteorológicos. 

Otros pormenores que acompañan á las ondas ciclónicas. — 
Todo ciclón, en su paso por una zona determinada, deja señalados 
sus efectos en las oscilaciones de la curva barométrica. Comienza 
á disminuir la presión en el momento de llegar á la localidad las 
primeras avanzadas con el borde anterior de la zona ciclónica, y 
continúa descendiendo acompañada de oscilaciones secundarias, 
hasta el momento en que el centro cruza el meridiano del punto de 
observación. Si, como es frecuente, una nueva depresión no sigue 
á la primera, el barómetro comienza á elevarse con más ó menos 
rapidez hasta la altura primitiva; sin que por esto las dos ramas 
de la curva sean enteramente simétricas respecto de un eje con- 
tra!, antes lo ordinario es que falte esta simetría, demostrando así 



UN CAPÍTULO DE METEOROLOGÍA DINÁMICA 403 



que son muy distintas las condiciones atmosféricas, aun respecto 
de la presión, en la mitad anterior y en la mitad posterior del ci- 
clón. 

Los marinos, que fueron los primeros en estudiar la naturaleza 
de los ciclones, distinguieron en ellos, y aun distinguen hoy, dos 
partes principales que llamaron lado ó banda manejable á la una, 
y batida peligrosa á la otra. Suponiendo circular, ó más ó menos 
elíptica la zona ciclónica, y trazando un diámetro en la dirección 
ordinaria de SO. á NE., se llama lado manejable el semicírculo 
NE., N., NO. y SO., y peligroso desde el SO. al SE.; porque en el 
último la velocidad del viento es más impetuosa y los efectos del 
ciclón, lo mismo que los demás metéoros que lo acompañan, más 
abundantes y ordinariamente más desastrosos. En el mar, el co- 
nocimiento de estos pormenores es de alta trascendencia; pues el 
piloto que los tenga en cuenta, procurará, si le es posible, huir del 
lado peligroso no menos que del vórtice; alejándose hacia el semi- 
círculo manejable. La diferencia de velocidades en uno y otro lado 
del ciclón se explica atendiendo á que, mientras el viento que debe 
, pasar por el NE. y NO., hállase contrarrestado por la marcha de 
rotación diurna y por el mismo movimiento de avance del ciclón, 
en los rumbos opuestos sucede todo lo contrario, sumándose las 
fuerzas para desarrollar mayores energías. Y en cuanto á los de- 
más metéoros que son consecuencia del trastorno ciclónico, debe 
tenerse presente que, mientras los vientos v NO. hasta el O., ha- 
biendo pasado por las regiones más frías del NE. y N-, y por lo 
mismo, menos cargados de vapor acuoso, producen escasa ó nin- 
guna lluvia y aun poca nebulosidad, los del SO., S. y SE., cálidos 
y en general más impregnados de vapor, llegan en condiciones di- 
versas, favoreciendo la precipitación acuosa, cuando al pasar por 
regiones ordinariamente de temperatura más baja, la condensa- 
ción se inicia y el choque con corrientes frías del NE., puede origi- 
nar tempestades secundarias, con manifestaciones eléctricas y 
otros metéoros bien conocidos. 

Aquí aparece otro fenómeno digno de ser considerado más de- 
tenidamente. 

Ciclones satélites de la onda principal .—Hemos hecho notar 
más arriba la analogía entre los movimientos ciclónicos terrestres 
con los de traslación y rotación de los planetas. Pues bien: aún se 
presenta otra analogía no menos interesante. Así como los plane- 
tas giran en el espacio acompañados, por regla general, de sus res- 



404 UN CAPÍTULO DE METEOROLOGÍA DINÁMICA 

pectivos satélites, así los ciclones atmosféricos suelen ir acompa- 
ñados de los suyos á través de la superficie terrestre. La masa 
aérea arrastrada hacia el NE. por el torbellino ciclónico, no avan- 
za como un conjunto enteramente uniforme, sin tropiezos, y por lo 
mismo sin perturbaciones. En su seno, y hacia los bordes del in- 
menso cilindro aéreo, especialmente en el cuadrante SE. al NE. 
fórmanse núcleos secundarios, también ciclónicos, torbellinos, hu- 
racanes, trombas, tornados y collas, tormentas, tempestades, etc., 
que con todos esos nombres suelen designarse en nuestra patria, 
según las comarcas, y como verdaderos satélites del centro prin- 
cipal, adquieren de igual modo ambos movimientos de rotación y 
de traslación, aquél en sentido directo y éste más ó menos paralelo 
á la trayectoria general de la onda atmosférica. Y es lo más nota- 
ble que, ordinariamente, los grandes desastres causados por los 
ciclones suelen ser motivados por estos torbellinos parciales, más 
bien que por el ciclón general. 

Observaciones particulares.— Volviendo ahora nuestra consi- 
deración sobre la influencia de todos estos fenómenos en la colum- 
na barométrica, véase lo que de nuestras particulares observacio- 
nes parece deducirse. Tenemos á la vista las curvas barométricas," 
día por día, de un buen número de años, deducidas de las observa- 
ciones realizadas en este observatorio del Vaticano. De las mismas, 
y escogiendo entre las ondas barométricas las más caracterizadas, 
como correspondientes á otras tantas depresiones ciclónicas, he- 
mos elegido 164 de las mismas, cuyos centros han pasado por 
Roma ó por parajes no muy distantes. Las 164 depresiones se dis- 
tribuyen de la siguiente manera con relación al tiempo que han 
durado en su tránsito, desde que la presión comenzó á indicar su 
aproximación , hasta quedar esta localidad fuera y detrás del 
círculo de agitación: 

Número de tempestades. Duración total. 

17 han durado 4 días. 

6 » 

7 » 

8 » 

9 , 

10 » 
12 » . 



54 » 


» 


27 » 


» 


11 » 


» 


4 » 


» 


1 * 


» 


1 » 


» 



UN CAPÍTULO DE METEOROLOGÍA DINÁMICA 405 



viniendo á resultar por término medio seis días de duración en 
el paso de cada tempestad. Pero teniendo en cuenta que uno ó dos 
días antes del paso del centro por el meridiano, y otro ú otros dos 
días después, se pasan con tiempo no tempestuoso, resulta que, 
por término medio, sólo ocurren tres ó cuatro días de mal tiempo 
en cada ciclón que arriba á estas regiones. Y como lo mismo suce- 
de, poco más ó menos, en toda Italia, en Francia y en España, 
puede tenerse lo dicho como regla general para estas latitudes 
del S., SO. y aun para el centro de Europa. Hay otras tempestades 
cuyo paso se realiza en dos ó tres días, en uno, y hasta en horas 
solamente; pero éstas de ordinario pertenecen á las de segundo 
orden que hemos asemejado á los satélites de los planetas. Ni quie- 
re decir esto que tales ciclones secundarios tengan menor impor- 
tancia en las localidades por donde pasan; antes suelen ser de efec- 
tos más temibles, tanto más, cuanto su radio sea más reducido y 
la depresión más profunda relativamente considerada . Pues bien 
sabido es que á una depresión de igual intensidad que otra, la vio- 
lencia ciclónica es tanto más enérgica cuanto menor sea la exten- 
sión de su radio. Los descensos barométricos son entonces rápidos 
y el aire se precipita como torrente desbordado. En cambio, cuan- 
do la onda ciclónica es muy extensa, la presión oscila pausada- 
mente, los efectos del ciclón son menos violentos. Si la duración 
del paso ciclónico excede seis ó siete días, es prueba de que las de- 
presiones se suceden unas en pos de otras, y en estas ocasiones los 
períodos de mal tiempo son más prolongados. 

Cuando cuidadosamente se traza la curva barométrica repre- 
sentante de un ciclón, ó mejor, si se examina la trazada por un 
barómetro registrador, obsérvase un detalle, al parecer insignifi- 
cante, pero que en nuestra opinión, ha hecho equivocarse innume- 
rables veces á cuantos, guiados por las indicaciones barométricas, 
tratan de prever el tiempo que ha de suceder al en que el baróme- 
tro se observa, durante el período de presión mínima. En efecto: 
de pronto el barómetro parece declararse en alza, y á los poco 
experimentados les induce á creer que el núcleo tempestuoso ha 
pasado ya, y aseguran buen tiempo para el día siguiente, porque 
esperan que el alza iniciada continúe y que le siga la tranquilidad 
atmosférica. Muy frecuentemente no sucede así. Al poco tiempo, 
el cual depende de la misma amplitud ciclónica, vuelve á acentuar- 
se el descenso, y ocurre á veces ser más importante que el ante- 
rior; y el mal tiempo, si ha cesado por horas y aun por todo un 



4C6 UN CAPÍTULO DE METEOROLOGÍA DINÁMICA 

día, vuelve también á recrudecerse. ¿Qué ha sucedido? ¿La nueva 
invasión, es distinta de la anterior? Ordinariamente, no; es la mis- 
ma que ostenta la pujanza de su segunda parte. 

Esto nos lleva á decir alguna cosa de 

La calma central de los ciclones.— Los que, como los marinos, 
han observado estos fenómenos en horizontes libres, como los que 
el mar presenta, y más si á merced de las olas han experimentado 
el empuje* de algún ciclón en latitudes inferiores á los trópicos, 
están acordes en testificar que, pasado el primer período tempes- 
tuoso, sucede otro más ó menos largo de calma relativa en que 
los vientos cesan ó amainan, las nubes se despejan por el zenit 
como anunciando bonanza. Es, sin embargo, bonanza engañosa. 
Porque al poco tiempo y casi de improviso , el viento salta brus- 
camente de un rumbo á otro y sopla con violencia espantosa, 
siendo estos golpes de viento imprevistos los que más hacen peli- 
grar á una embarcación. Si un buque en alta mar no está preve- 
nido en circunstancias semejantes, puede encontrarse en trances 
apurados. Algo de esto debe de haber sido la causa de la misterio- 
sa desaparición de nuestro Reina Regente. Los antiguos marinos 
españoles llamaban á esta calma central de los ciclones el ojo de 
la tempestad, porque uno de los caracteres que acompañan al 
fenómeno, es abrirse el cielo por la región zenital, y alguien llegó 
á imaginarse que el genio de la destrucción se asomaba por aque- 
lla inmensa abertura para observar mejor la presa y descargar 
sobre ella con dirección más cierta sus furias de vendaval des- 
hecho. 

El tiempo que dura esta calma relativa está necesariamente 
relacionado con el diámetro ciclónico y con la velocidad de tras- 
lación. Resulta de aquí que en un ciclón pueden considerarse tres 
zonas principales: la zona anterior, la central y la posterior. La 
curva barométrica refleja más ó menos exactamente lo mismo que 
venimos exponiendo. Parte de un máximo, más ó menos elevado, 
según la situación atmosférica, máximo que indica el límite de 
tranquilidad del aire á' donde comienzan á llegar las primeras agi- 
taciones ciclónicas, desciende el barómetro á medida que ésta^ 
van invadiendo la región, y llega á un mínimo que corresponde, 
aunque no siempre, á la mayor intensidad del fenómeno, en su 
zona anterior al centro; durante el paso de éste, ó sube algo el 
barómetro, ó se conserva á un nivel algo superior al mínimo, que 
vuelve á presentarse después del paso del centro. Desde aquel 



UN CAPÍTULO DE METEOROLOGÍA DINÁMICA 407 

punto la presión tiende á normalizarse hasta una nueva pertur- 
bación. En nuestras latitudes, así como los ciclones llegan muy 
deformados, así las curvas barométricas correspondientes distan 
mucho de la regularidad teórica. 

Para formarnos una idea de la extensión abarcada por uno 
de esos gigantescos trastornos atmosféricos, y á falta de mapas 
en que representarlos, recordemos lo dicho acerca de su velocidad 
de traslación y el tiempo medio deducido de las curvas conside- 
radas. Suponiendo, pues, una velocidad media de 50 kilómetros 
por hora, y seis los días que tarda en pasar un ciclón por un punto 
de la tierra, desde la primera hasta la última de sus manifestacio- 
nes, resulta que el diámetro medio de estas ondas aéreas pasa de 
7.000 kilómetros. Pero si bien esto puede ser contando de extremo 
á extremo, en que de algún modo se hace sensible la disminución 
de presión, los demás efectos ciclónicos no suelen alcanzar á tanta 
distancia, y menos simultáneamente á todas las regiones com- 
prendidas en un círculo de 3 á 4.000 kilómetros de radio. 

P. Ángel Rodríguez de Prada, 
o. s. A., 
Director del Observatorio del Vaticano. 
(Continuará.) 



— s*¿» "sa^M****- 



BIBLIOGRAFÍA 



Gkammatica Lingu.e Hebraica curtí Exercitiis et Glossario, studiis 
academicis accommodata, á Fr. Vine. Zapletal, O. Praed., Exege- 
seos Vet. Test, in Universitate Friburgensi (Helv.), Professore ordi- 
nario.— Paderbornae, sumptibus Ferdinandi Sehoeningh, MCMÍL— 
Lipsiae, Typis G. Kreysing.— En 4.°, rúst. de iv-138 páginas. 

Siempre ha sido necesario para conocer á fondo la literatura bíblica 
el estudio concienzudo de la lengua hebrea, ya que en este hermoso y 
filosófico idioma se escribieron originariamente casi todos los libros 
del Antiguo Testamento. Y urge hoy más que nunca su estudio, pues 
que en esta época de prodigiosa actividad intelectual desarrollada en 
todos los conocimientos humanos, que, en su afán de escudriñarlo todo, 
no deja reposar el polvo de lo pasado, ni para de remover hasta los 
átomos de lo presente, convirtiendo la crítica impía en armas contra 
la Iglesia los adelantos modernos, ha atacado con tesón y dureza la 
autenticidad de la Sagrada Escritura, para echar por tierra la historia 
más antigua y siempre veraz del universo y los hombres. Con el pro- 
greso cada día más creciente de la Filología oriental, se han descubier- 
to inmensos horizontes en las lenguas semíticas; por donde cabalmente 
debe el exégeta católico darse á su estudio, para derramar nueva luz 
en la Exégesis bíblica, y, á dicho del célebre Cisneros, "á fin de que 
todo teólogo pueda beber él mismo de la fuente del texto primitivo del 
Viejo y del Nuevo Testamento el agua que fluye para la vida eterna." 

La Gramática hebrea que tenemos el gusto de anunciar al público, 
escrita en latín por el P. Zapletal, conocido ya de los lectores de 1 . \ 
Ciudad de Dios por su Hermenéutica bíblica, é igualmente délos que 
se dedican á las ciencias eclesiásticas, parécenos á propósito y exce- 
lente como obra de texto. Verdad es que en el corto número de pági- 
nas que comprende no es fácil dar conocimiento profundo de un idio- 
ma tan rico, ni de su galanura, flexibilidad y elegancia; pero ni ese ha 
sido el fin del autor, como no ha sido jamás de una obra elemental, ni 
tampoco puede serlo de la enseñanza académica, fuera de que la len- 
gua hebrea es la más filosófica de todas las semíticas, y, por tanto, sen- 
cilla en sus formas, concisa en su ex presión, sin dejar de ser clara y 
enérgica y soberanamente armoniosa. En la ordenación y método de 
mi plan adopta el Profesor déla Universidad de Friburgo las teorías 
modernas, muy en boga, sobre todo en Alemania, siguiendo especial- 
mente al doctísimo Strack. En estilo conciso, claro y elegante como 



BIBLIOGRAFÍA 499 



debe ser todo estilo didáctico, expone los fundamentos gramaticales 
del hebreo, dividiendo su obra en Fonología, Morfología y Sintaxis, 
seguidas de paradigmas de nombres y verbos, ejercicios, y finalmente,' 
un glosario. Nada huelga en este libro; y como es natural, se da en él 
gran importancia á la Fonética, que es ciertamente el fundamento de 
las lenguas de flexión y de la gramática comparada. No dudamos en 
recomendar á los Seminarios esta gramática, por reunir admirables 
condiciones para texto.— P. Francisco Marcos. 



I ) 1 lectorio práctico del coxfesor, por el M. I. Sr. Dr. D. Alejandro 
Ciolli, canónigo de la metropolitana Catedral de Florencia, traduci- 
do de la quinta edición italiana por el Rdo. D. Cayetano Soler.— 
Barcelona, Juan Gili, Librero, Cortes, 223, 1902.— En 8.° de 793 pá- 
ginas. 

Fruto de muchos años empleados en el difícil ministerio de la con- 
fesión, es la obra de que brevemente vamos á hablar en estas líneas, y 
sólo ese título bastaría á hacerla recomendable, pues en esta clase de 
estudios sabido es que la experiencia enseña á veces más que la ciencia. 
Mas no es sólo la práctica de confesor la luz que dirige al Sr. Ciolli 
para la solución de tan múltiples y complejos problemas de Moral, sino 
también el largo y detenido estudio que ha tenido que hacer de todos 
los grandes maestros y tratadistas insignes, especialmente de San Al- 
fonso, de quien parece haberse asimilado el espíritu y la doctrina, como 
lo demuestra bien á las claras en todas las páginas de su obra. Claro 
es que, afortunadamente, abundan hermosos trabajos de Teología Mo- 
ral, para cátedra unos y de consulta otros, y muchos completos en 
cuanto cabe en este linaje de asuntos, y por eso no ha pretendido el 
ilustrado canónigo de Florencia añadir uno más á esa serie relativa- 
mente numerosa; sino que, fundándose en lo difícil que es de suyo la 
ciencia moral, según sentencia de San Ligorio, }^a porque requiere un 
conocimiento general de todas las demás ciencias, ya por tratar varie- 
dad suma de materias y apoyarse en gran manera en documentos po- 
sitivos que aumentan de día en día, y comprendiendo la utilidad que ha 
de reportar á todos indudablemente el tratar esa misma ciencia con 
métodos diversos, desarrollándola bajo las más variadas formas y apli- 
cándola á distintos y numerosos casos, para así esclarecerla con mayor 
luz y dirigir con más seguridad al sacerdote en los principios de su mi- 
nisterio, sólo ha intentado el Sr. Ciolli hacer un Directorio práctico del 
confesor. 

Una de las cosas más difíciles en esta clase de libros es, sin duda 
alguna, la elección de método con que se han de tratar; y el escogido 
por el autor de la presente obra no puede ser ni más sencillo ni más 

2« 



410 BIBLIOGRAFÍA 



claro. Como base de todo cuanto ha de decir, pone en primer lugar una 
explicación corta y sustanciosa de treinta y ocho cánones, que son como 
los principios más fundamentales de toda la Moral, y á cuya aplicación 
recta y justa han de encaminarse los esfuerzos y estudios del confesor; 
dilucida después las varias cuestiones que se refieren á la naturaleza, 
objeto, sujeto y ministro del sacramento de la Penitencia, que le sirven 
de preliminar para entrar en la parte maestra de toda la obra, donde 
reúne en treinta y seis párrafos la doctrina moral relativa á toda clase 
de personas y á sus diversos estados y condiciones, exponiendo antes 
los principios ciertos é inconmovibles á que se ha de atener el con- 
fesor y deduciendo después útilísimas conclusiones prácticas en su 
aplicación á los casos más difíciles y en la resolución de las dificultades 
que más frecuentemente ocurren, comprendiendo siempre en todo has- 
ta las más modernas cuestiones de Moral suscitadas con motivo del 
progreso de las ciencias fisiológicas; y al fin trae un capítulo de varios 
asuntos muy útiles al confesor, como la exposición de lo que se refiere 
al Jubileo, la declaración de las facultades comunicadas por la Sagra- 
da Penitenciaría, de la facultad de los regulares en la dirección de las 
conciencias, de las dispensas matrimoniales, etc., etc. 

Otra de las cosas que se han de tener en cuenta en las obras de- Mo- 
ral es el criterio que manifiesta su autor; y el Sr. Ciolli, apartándose de 
los dos extremos, laxismo y rigorismo, sigue el término medio, un cri- 
terio mixto que mejor podríamos llamar circunstancial. Véanse sus pa- 
labras: "En cuanto á los principios teóricos en los cuales me he apoya- 
do para este trabajo, diré abiertamente que, sin pretender haber acer- 
tado, he procurado á lo menos ponerme á igual distancia, tanto del ri- 
gorismo, que para algunos constituye la sola manera de guiar las 
almas, cuanto de una excesiva indulgencia, que, dígase lo que se quie- 
ra, enerva las costumbres, empobrece la vida cristiana y engaña las 
almas... No debe tener el confesor otra mira que la de dirigir las almas 
por el camino de la salvación; mas este camino de la salvación consiste 
precisamente en guiarlas según el espíritu del Evangelio, y este espí- 
ritu del Evangelio no es ni rigor ni relajamiento a prior/, ó sea siste- 
mático, sino que es la aplicación de la ley eterna y divina á tener de los 
casos, personas, tiempos ó circunstancias variadísimas, á que pueden 
andar sujetas las acciones humanas, y según lo que en este ó en aquel 
caso puede exigir el bien de las almas...,, Claro es que, dada su larga 
experiencia de confesor y el profundo conocimiento que á cada paso 
demuestra de la doctrina moral do San Alfonso, á quien sigue, excep- 
tuados pocos casos, en todas las opiniones, puédense seguir con seguri- 
dad las resoluciones del Sr. Ciolli; mas permítasenos aconsejar á todos 
que para usar por sí mismos do oto criterio, procuren, como él, adqui- 
rir ciencia y usar siempre do Mima prudencia; pues como á veces pmxlv 
ser en gran parte subjetivo, podía prestarse á errores y equivocaciones. 



BIBLIOGRAFÍA 4H 



Creemos, pues, que con esta obra ha prestado el sabio canónigo de 
Florencia un servicio útilísimo, no sólo á los confesores noveles, á quie- 
nes la ofrece, sino á todos cuantos se dedican á la dirección de las al- 
mas. Mejor que nosotros hablan á su favor la bendición apostólica dada 
por León XI11 al Sr. Ciolli y el entusiasta recibimiento que ha mereci- 
do á todo el clero de Italia. Dignos de alabanza son también su tra- 
ductor D. Cayetano Soler y su reputado editor D. Juan Gili, de Barce- 
lona.— P. G. Antolín. 



Prontuakio litúrgico ó breves comentarios sobre las rúbricas del 
Breviario romano, con un pequeño ceremonial del Oficio divino, y 
un apéndice en que se tratan varias cuestiones litúrgico-morales 
sobre- el rezo canónico.— 2. a edición, en 8.° menor; 640págs., por el 
Pbro. D. Joaquín Solans.— Barcelona, imprenta de Subirana, 1902. 

Ya en otras ocasiones hemos elogiado en esta Revista las obras del 
Sr. Solans referentes á la exposición de la liturgia déla Iglesia. El 
éxito de todas ellas ha sido excelente, debido á las cualidades de cla- 
ridad, concisión y buen orden de materias con que ha sabido presen- 
tarlas su autor, versado como muy pocos en el estudio de cuanto con- 
cierne al culto sagrado, y atento siempre á los últimos Decretos de las 
Congregaciones romanas. Del mérito de la presente obra nos dice 
bastante el hecho de llevar ya publicadas cuatro ediciones, las tres 
primeras agotadas en muy poco tiempo, y la que hoy anunciamos au- 
mentada notablemente, con arreglo á las novísimas declaraciones ema-" 
nadas de la Sagrada Congregación. Trata el autor de las rúbricas en 
general; del Oficio divino y significación de cada una desús partes; 
del año eclesiástico, á lo cual añade unos cuantos capítulos referentes 
al propio de los Santos, según el orden del Calendario. Dentro de estos 
títulos generales, que componen la primera parte de la obra, hay una 
exposición detalladísima y completa de todo lo relativo al asunto, con 
indicaciones muy precisas acerca del respectivo origen del Oficio di- 
vino, de los himnos, antífonas, cánticos, etc., y en donde el clero puede 
hallar cuanto le sea necesario saber respecto de la ordenación del 
rezo canónico. A esta primera parte sigue otra sobre el ceremonial 
del Oficio divino para uso de las iglesias mayores y menores ó rurales, 
también completísima y de gran utilidad para los párrocos, y á conti- 
nuación un apéndice sobre varias cuestiones litúrgico-morales, seguido 
de otros dos en que se deslindan los derechos de los párrocos respecto 
de las Cofradías, y se insertan algunos interesantes y recientes decre- 
tos sobre la música sagrada. Cierra la obra un índice general alfabé- 
tico que facilita en gran manera el manejo de la misma en cualquiera 



412 BIBLIOGRAFÍA 



duda que pudiera ocurrir. Por todas estas buenas* cualidades que re- 
une el libro del ilustrado Sr. Solans, no vacilamos en recomendarlo 
una vez más á todo el clero de nuestra nación.— P. B. R. G. 



Elementos de la teoría de los determinantes y sus aplicaciones á 
la eliminación y á la teoría de las formas, de acuerdo con los progra- 
mas oficiales, por D. Guillermo Fernández de Prado, Profesor del 
Real Colegio de María Cristina de Estudios Superiores (de los Pa- 
dres Agustinos del Escorial).— Segunda edición, revisada y amplia- 
da.— Madrid, librería de Iravedra, Arenal, 6: 1902.— Un tomo 4.°, 324 
páginas: 8 pesetas. 

No necesita ciertamente de elogios y recomendaciones una obra 
que, como la presente, sin otros valimientos que los del propio mérito, 
ha sido adoptada de texto, á poco de su publicación, en todas ó casi 
todas las Escuelas especiales de Ingenieros, y otros establecimientos 
de enseñanza. La opinión unánime de doctos profesores le atribuye 
uno de los primeros lugares entre los tratados de su clase publicados 
en España, y revistas extranjeras de tanta autoridad como el Polybi- 
blion hacen constar en favorable juicio las excelentes cualidades que la 
enaltecen en calidad de obra didáctica. La nueva edición que hoy 
anunciamos á nuestros lectores, se halla ampliada considerablemente 
en la parte referente á la eliminación, y enriquecida con oportunas y 
atinadas observaciones críticas sobre las ventajas y desventajas de los 
diferentes métodos, y sobre la verdadera significación de algunos con- 
ceptos, no siempre bien definidos, y de ciertos principios expuestos á 
veces de una manera incompleta ó errónea. Aun á riesgo de lastimar 
la reconocida modestia de nuestro querido amigo, hemos de consignar 
en esta ocasión que Fernández de Prado es de los matemáticos espa- 
ñoles que ven hondo y claro en las cuestiones már> delicadas y esca- 
brosas de la teoría de las ecuaciones, y que su libro es un guía seguro 
para iniciar á los principiantes en las doctrinas del Álgebra moder- 
na. l\ /. Muíaos. 



Avaxt et apres la Communion, por M. l'abbé P. Lejeune, chañóme 
honoraire deReims, aumonier du Pensionat des Fréres. París. 
P. Lethielleux, Libraire-EdUeur.— Rtic Cassette, K).— Un tomo ens.° 
de 396 páginas en rústica. 

Es un lucho innegable que. á pesar de la virtud intrínseca del sa« 
enmonto de la Eucaristía, muchas personas adelantan muy pocoó 
nada en las vías de- la perfección cristiana, á pesar de recibir la Comu- 



BIBLIOGRAFÍA 418 



nión con bastante frecuencia. ¿Cuál es la causa de esta anomalía? ;Cuá 
les serán los remedios más oportunos y decisivos para la total extirpa- 
ción de esta enfermedad del espíritu? He aquí la serie de preguntas que 
más de una vez nos hemos hecho todos, y á las cuales viene á contestar 
ahora este libro. Escritor de raza y teólogo profundo, como dice muy 
bien el prologuista y calificador de esta obra, el abate Lejeune no ha 
compuesto uñ mero formulario de devociones con las cuales ha de 
reanimar el fervor de los que van á comulgar. Su trabajo es más 
profundo, y va derecho á la raíz de la enfermedad, logrando al fin de- 
ducir una solución clara y sólidamente fundada en la doctrina más 
pura y ortodoxa. El libro está dividido en tres partes: en la primera 
trata de la necesidad de un método en la preparación y acción de gra- 
cias; en la segunda de la manera de purificar la intención, y en la ter- 
cera y última, de los efectos de la Comunión. Si es verdad que en la pri- 
mera parte se desarrolla lo más importante de ]a doctrina de esta obra, 
la segunda nos gusta más por la forma artística en que está desenvuel- 
ta y por el tinte modernista con que el autor ha sabido revestir cosas 
que de otra manera nos hubieran parecido envejecidas. En atención á 
ello, no dudamos que esta obrita ha de ser de mucho provecho á todos 
los que lleguen á disfrutar de su lectura.— P. B. Camelo. 



María, Esperanza y Amor de los Cristianos, por el limo, y Reveren- 
dísimo Sr. Obispo del Saltillo, D. José María de Jesús Portugal.— 
Madrid, 1901.— Establecimiento tip. á cargo de A. Haro, Travesía de 
Fúcar, 5.— En 8.° de 407 páginas en rústica. 

Confidencias amohosas con Jesús Sacramentado, por el limo, y Reve- 
rendísimo Sr. Obispo del Saltillo D. José María Portugal.— Madrid. 
1902.— Establecimiento tip. de A. Haro.— Travesía de Fúcar, 5. Un 
tomo en 8.° de 347 páginas. 

María, Esperanza y Amor de los Cristianos, es el título y á la 
vez el esquema del asunto desarrollado en un libro que si bien no está 
libre de algún que otro defecto, ya sea en la aducción de textos de la 
Sagrada Escritura, ya en la trabazón y claridad de los razonamien- 
tos, no por eso deja de ser un hermoso libro de piedad. Los devotos de 
la Santísima Virgen podrán encontrar en sus páginas, en estilo fácil y 
elegante, largas consideraciones sobre los fundamentos de la esperanza 
y amor á la Madre de Dios, sacadas en su mayor parte de las Sagradas 
Escrituras, y que sin duda les han de ser muy útiles para enfervorizar- 
se más y más cada día enla devoción y amor á la Reina de los Ange- 
les. Vea, pues, el lector y guste por sí mismo de la sabrosísima lectura 



414 BIBLIOGRAFÍA 



de esta obra, y se convencerá de la veracidad de nuestras afirmacio- 
nes. 

—Otro libro del autor antes citado es el que lleva por título: Confi- 
dencias amorosas con Jesús Sacramentado. La ternura y delicadeza 
de los afectos, la fluidez y lozanía del estilo, la severidad del pensa- 
miento y la oportunidad con que aduce las Sagradas Escrituras, son la 
nota característica de esta obra, que no dudamos recomendar á nues- 
tros lectores, en la íntima convicción de que les ha de ser muy útil en 
sus visitas al Santísimo Sacramento.— P. B. Garnelo. 



Desde lejaxas tierras.— Galería de narraciones ilustradas dedicadas 
á la juventud, coleccionadas por un Padre de la Compañía de Jesús. 
— Friburgo de Brisgovia, 1902.— B. Herder, librero-editor pontificio.— 
Precio de cada tomito en 8.°, adornado con cuatro grabados, encua- 
dernado en media tela 1,25 francos; en tela, cortes dorados (para pre- 
mios), 2 francos. 

Más de una vez se ha hablado en La Ciudad de Dios de esta pre- 
ciosa colección, de la que van ya publicados quince tomitos. Los tres 
últimos que acabamos de saborear con verdadero placer llevan respec- 
tivamente por título: Marón, el Niño cristiano del Líbano (vi-78 pági- 
nas).— Bienaventurados los misericordiosos (vi-108págs).— La Fiesta 
del Corpus de los indios Chiquitos (iv-100 páginas.) 

La historia de la religión católica en el Líbano y las grandes perse- 
cuciones de los sencillos cristianos maronitas de aquellas regiones, 
llevadas á cabo á mediados del siglo pasado por sus feroces é irrecon- 
ciliables enemigos los infieles drusos; la insurrección de los negros 
esclavos en Haití acaecida á fines del siglo XVIII y motivada por el 
horrible tratamiento de que les hacían víctimas algunos de sus crueles 
dueños, y, finalmente, la historia de las antiguas misiones de la Améri- 
ca del Sur, con una brillante descripción de las funciones celebradas 
por los indios con motivo de la festividad del Corpus y que termina con 
la inicua expulsión de los jesuítas de sus queridas y. florecientes misio- 
nes, después de haberlo sido igualmente sus hermanos de España en 
tiempo de Carlos III: tales son los episodios históricos narrados en los 
tros libritos que tenemos á la vista. 

No nos atrevemos á darles el título de novelas, porque tampoco ellos 
aspiran á tales honores, si bien emplean muchos de sus variados y IV- 
cundos recursos; sin embargo, no tendríamos inconveniente en adjudi- 
carles esc calificativo, con mucho mayor motivo que á otros libros que 
inmerecidamente lo ostentan, pues en verdad se encuentran en estos 
relatos cuadros tan magistral mente trazados, escenas tan dramáticas, 
patéticas y conmovedoras, y tan brillantes y soberbias descripciones, 



BIBLIOGRAFÍA 415 



que podrían muy bien figurar en novelas de alto vuelo y que no desde- 
ñarían escritores de primer orden; todo lo cual, unido á lamas estricta 
veracidad histórica, al interés siempre creciente que el autor sabe co- 
municar á estas narraciones y á la unción de que están impregnadas 
todas sus páginas, presta gran amenidad al conjunto y hace que su lec- 
tura resulte sumamente entretenida y agradable. Inmenso es el servi- 
cio que con esta clase de libros puede hacerse á la juventud de nues- 
tros días, en la que tan grandes estragos causa la novela pornográfica; 
estragos que todos vemos y lamentamos y que podrían fácilmente evi- 
tarse, ó, por lo menos, contrarrestar en gran parte sus perniciosos 
efectos, proporcionando á los jóvenes lecturas tan amenas é instructi- 
vas como las presentes, en las que pueden hallar tanto interés y delei- 
te, por lo menos, como en aquéllas, amén de un sentimiento altamente 
artístico, que no suele abundar en las primeras, íntimamente unido al 
de la más pura y sana moralidad cristiana: condición, esta última, que 
és la que más avalora el mérito de estas hermosas narraciones. 

Inútil nos parece advertir una vez más que estos libritos están edi- 
tados con ese primor y elegancia que distinguen á la benemérita casa 
del Sr. Herder, y que así el colector como el editor merecen nuevos 
plácemes por el excelente servicio que prestan á las familias cristianas 
y principalmente á los jóvenes.— P. C. Bermejo. 



Instrumentos músicos en las miniaturas de los códices españoles.— 
Discursos leídos ante la Real Academia de Bellas Artes de San Fer- 
nando en la recepción pública del limo. Sr. D. Enrique Serrano Fa- 
tigad, el día 20 de Octubre de 1901.— Madrid: imprenta de San Fran- 
cisco de Sales, 1901.— Un folleto en 4.°, de 50 páginas. 

Dentro de los estrechos límites de un discurso, el Sr. Serrano Fati- 
gad ha encontrado medio de manifestar sus conocimientos arqueológi- 
cos aplicados á la organografía musical española. Con la mirada del 
artista y la minuciosidad del investigador acostumbrado á semejantes 
tareas, "explica la significación é importancia que las miniaturas de los 
códices españoles tienen para la historia de los progresos y desarrollo 
de nuestro arte musical. No es un trabajo completo, ni lo ha intentado 
su autor; pero como muestra de lo que en este orden de estudios se 
puede hacer, no podemos menos de elogiar su trabajo, y mucho más 
cuando el Sr. Serrano Fatigati, aunque siente como el que más los en- 
cantos del divino arte, no pertenece al número de los iniciados en sus 
misterios.— P. L. V. M. 



416 bibliografía 



Rebojos: Zurrón de cuentos luimoristicos, por D. Antonio de Valbue- 
na (Miguel de Escalada).— Madrid: Librería general de Victoriano 
Suárez, 1901.— Un volumen de más de300págs. en 8.°— 3 pesetas. 

Veinticuatro son las narraciones que comprende esta colección, to- 
das ellas saladísimas y escritas con la vis cómica, la soltura de estilo 
y el castizo lenguaje característicos del celebrado autor de los Ripios. 
Entre ellas las hay, como El fenómeno, ¿Quién paga? y El milagro al 
revés, que son cuentos populares estirados por el autor; pero la mayor 
parte son nuevas, y alguna de ellas, como Rosenda y Rudesinda, no- 
tables por su originalidad y sencillez. Si el autor hubiera dejado en el 
tintero las tituladas El espíritu del imán y Una definición, de asunto 
un tanto escabroso, y hubiera omitido alguna expresión demasiado 
castiza que disuena acá y allá, ningún reparo tendríamos que ponerle. 

Valbuena es un delicioso cuentista; pero ante todo es crítico grama- 
tical. Lo lleva en la masa de la sangre, y ni aun en sus cuentos puede 
prescindir de ese carácter ni de su inquina contra la Academia Espa- 
ñola. Además de tal cual punzada intercalada en los relatos, dedica 
una introducción á justificar contra la docta Corporación el título de su 
libro. Rebojos, en efecto, y no regojos, como escribe la Academia, se 
dice en toda Castilla; pero no parece cierto que u el regojo no tiene á su 
favor autoridad alguna... más que la del Diccionario académico,,. En 
una de las Representaciones de Jnan del Enzina, según la cita en su 
Antología Menéndez Pelayo, se lee: 

Xo has visto tú las alhajas 
Que tengo so mi pellón; 
Esas obras que sobajas 
Son regojos é migajas 
Que se escuelan del zurrón. 

Además de su exagerada prevención contra la Academia, la crítica 
del Sr. Valouena adolece del defecto, en él inveterado, de atenerse 
casi exclusivamente al uso de su tierra, la parte septentrional de León, 
que supone el pais tipo del castizo castellano, lo cual no sólo es muy 
discutible, sino, en mi concepto, completamente falso. El castizo caste- 
llano, donde se conserva es donde nació: en el primitivo Condado. \ 
especialmente en la que fué línea fronteriza del Duero; ó sea las pro- 
vincias de Burgos y Soria. En León y todo su antiguo reino subsisten no 
pocos resabios del antiguo dialecto leonés, cuya existencia y profundas 
diferencias del castellano se pueden comprobar con la comparación 
del I'ooihi de Alexandre y los de Gonzalo de Berceo, y en la parte 
septentrional se nota la influencia del bable y del gallego, visible has- 
ta en el longuíijc del mismo Valbuena, por ejemplo, en ciertos diminu- 
tivos. /'. C. I/. S. 



BIBLIOGRAFÍA • 417 



OTRAS PUBLICACIONES 

El Clero Castrense (apuntes para la historia de un régimen liberal), 
por D. Manuel de J. Martínez, Capellán segundo de aquel Cuerpo.— 
—Valencia, imprenta de Manuel Alufre, 1901.— Folleto en 4.° de 71 pá- 
ginas. 

—Oración fúnebre pronunciada por el Excmo. é limo. Sr . Dr . Fr . José 
López Mendoza y García, Obispo de Pamplona, en las Honras celebra- 
das en la iglesia de San Francisco Javier por el eterno descanso de los 
nobles hermanos Excmo. Sr.'.D. José Manuel Goyeneche y Gamio, con- 
de de Guaqui, y D. José Sebastián Goyeneche y Gamio, al día siguien- 
te de depositar sus restos mortales en el panteón de la misma Iglesia, 
9 de Octubre de 1901.— Pamplona, imprenta y librería de Lizaso, Her- 
manos, 1901.— Folleto en 4.° mayor de 41 págs. 

— De universali creationis harmonía. Oratio in solemni studiorum 
inauguratione apud Pontificium Seminarium Hispalense SS. Isidori et 
Xaveriih, abita kalendis Octobris anni MCMI a Dre. D. Hieronymo Ar- 
mario et Rosado, in eodem Seminario Professore.— Hispali, typis Iz- 
quierdo et Soc— Folleto en medio folio de 64 págs. 

—Acta de la sesión pública inaugural del curso académico de 1901 
á 1902, celebrada el día 5 de Octubre de 1901 por la Sociedad Médico- 
Farmacéutica de los Santos Cosme y Damián, bajo la protección de la 
Inmaculada Concepción.— Barcelona, Tipografía de la Casa provincial 
de Caridad, 1901. -Folleto en 4.° de 36 págs, 

— La última carta de Santa Teresa de Jesús remitida á América 
en 1581, ahora publicada por primera vez íntegramente conforme al 
original por él Rmo. Sr. Canónigo Dr. D. Manuel María Polit, Vica- 
rio General de la Arquidiócesis de Quito y Superior del Carmen de 
San José.— Quito, Imprenta de la Universidad Central, 1901.— Folleto 
en 4.° de 17 págs. 

— El problema de la natalidad. Discurso de turno leído el día 19 de 
Noviembre de 1900 en la solemne sesión inaugural del curso de la Aca- 
demia y Laboratorio de Ciencias Médicas de Cataluña, por su autor el 
socio de número de dicha corporación Dr. D. Juan Viura y Carreras. 
—Barcelona, Tobella y Costa, Impresores, 1901.— Folleto en 4.° de 29 
págs. 

—La excelencia de la lengua castellana, por Benjamín Endara.— 
Quito, Tipografía de la Escuela de Artes y Oficios, 1901.— Folleto 
en 4.° de 14 págs. 

—Devociones Josefinas, por el Dr. D. José Sanchis y Sivera, Canó- 
nigo de Segorbe.— Valencia, librería de Aguilar, 1902.— Lindo volu- 
men elegantemente encuadernado que contiene: Ejercicio de los siete 



418 B BL OGRAFÍA 



Domingos.— ídem del mes de Marzo.- Duodenario.t [Ejercicio para el 
dia 19 de cada mes.— Novena .—Triduo.— Felicitación. — Gozos.— Le- 
tanía.— Corona de los Siete Dolorosy Gosos.— Oraciones para la Misa. 
—Meditaciones para antes y después de la Comunión.— Precio: 0,75 
peseta. 

—El buen soldado de Cristo: panegírico que en la solemne fiesta de- 
dicada por el Excmo. Ayuntamiento de Palma al Beato Ramón Lull el 
día 3 de Julio de 1901, pronunció el M. I. Sr. Dr. D. José Miralles y 
Sbert, Canónigo Archivero de la Santa Iglesia Catedral de Mallor- 
ca.— Con censura eclesiástica.— Barcelona. Fidel Giró, impresor, 1901. 
—Folleto de 16 págs, en 8.° 

— Pene gírico del Beato Francisco Clet, hijo de San Vicente de Paúl, 
pronunciado por D. José Miralles y Sbert, Canónigo Archivero.— Pal- 
ma de Mallorca, tipo-litografía de Amengual y Muntaner, 1901.— Folle- 
to de 24 págs. elegantemente impreso. 

En ambos discursos se muestra nuestro distinguido autor el Sr. Mi- 
ralles como orador á la misma altura en. que le han colocado otras 
obras como filósofo. 



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REVISTA CIENTÍFICA 



SUMARIO: Lo presente y lo pasado en Astronomía sideral.— Expe- 
riencias verificadas á bajas temperaturas.— Analgesia producida 
por las corrientes de alta tensión. 

Con motivo de la nueva estrella de Perseo, que tanto viene ocupando 
á las publicaciones científicas, no ha faltado quien proponga que se la 
denominé estrella de Sixto V, en atención á la coincidencia del reinado 
del citado Pontífice con la época en que, según cálculos de Weber, ha 
debido verificarse la conflagración observada desde principios del año 
anterior, 1901. De ser cierta la hipótesis que ha servido de base á tales 
cálculos, la distancia que nos separa de la Nova Persei se halla repre- 
sentada por la que recorrería la luz en el espacio de 313 años, con la 
Velocidad de 300.000 kilómetros por segundo. Por asombrosa que seme- 
jante lejanía pueda parecer, nada tiene de particular ni extraordinaria; 
es sencillamente un ejemplo de los innumerables que ofrecen las estre- 
llas cuya paralaje no"se ha podido apreciar y que constituyen la inmen- 
sa mayoría de las conocidas. Las observaciones que versan sobre es- 
trellas, son noticias que llegan á nosotros con un retraso que varía en- 
tre un cuatrienio v millares de millares de años: v, sin duda, muchas de 
las estrellas registradas en los catálogos han dejado de serlo quizá, 
desde hace siglos. El astrónomo, no obstante, calcula las coordenadas 
de las mismas y anota los fenómenos especiales que presentan, con re- 
ferencia á la fecha de observación, prescindiendo de que el astro, en el 
instante de ser clasificado como de tal ó cual magnitud, hava ó no de- 
jado de pertenecer á la clase de los que brillan con luz propia, y de que 
en realidad se encuentra en el punto del cielo que le asignan la as- 
censión recta y declinación correspondientes. Tan inexacto resultaría, 
en casos innumerables, afirmar qtie una estrella es en la actualidad de 
determinada magnitud y ofrece estos ó aquellos caracteres, como de- 
cir que la Nova Persei dista de nuestro globo los siglos de luz que le 
asigna Weber, ó que presenta 1as rayas verdes características de las 
nebulosas. "La Astronomía sideral, observa oportunamente Mr. Kir- 
wan (1) .sólo nos manifiesta hechos escalonados en la serie de un pasa- 
do indefinido, que se reduce á algunos años de viaje de la luz por lo 
que hace á las estrellas más próximas; se acerca muy luego al valor 
de un siglo, y acaba por perderse en lapsos de tiempo incalculables.,, 



(1) Bevue de Questions Se i 'en i '¿fiques, 20 Janvier 1902, 



420 REVISTA CIENTÍFICA 



Pero el lenguaje astronómico que, como el de todas las ciencias, tiene 
su convencionalismo, se acomoda de ordinario á Ib que exigen las 
apariencias, con objeto de evitar el contraste chocante y hasta ridículo 
que con el uso corriente pudiera producir la expresión rigurosa de la 
realidad. Además, en la serie de evoluciones por que pasan los astros 
en formación nada representan las más de las veces algunos centena- 
res de años. La vida de nuestro Sol, por ejemplo, á partir de la época 
en que la condensación de su masa desarrolló el calor necesario para 
ponerla incandescente, se cuenta por algunos millones de años, según 
los cálculos más moderados. Si conforme aseguran ilustres astróno- 
mos, ha de llegar un tiempo, tan lejano como quiera suponerse, en que 
el Sol, á consecuencia de la enorme cantidad anual de calor irradiado 
(tres quillones y medio de calorías) ha de concluir al fin por apagarse-; 
más aún, si en efecto ha descendido ya del tipo de estrella blanca á 
la de color amarillento, cabe decir con toda verdad que el astro del 
día pasa actualmente por el período de su constitución definitiva en 
planeta, centro de otros que, antes de extinguirse, constituyeron en él 
una estrella múltiple. Esta actualidad, sin embargo, no es la fugitiva 
de los acontecimientos políticos, ni siquiera la más prolongada que se 
refiere á un período entero de la historia de una nación; esta actuali- 
dad abarca millares y millares de años anteriores y posteriores á la fe- 
cha presente. Y es que los períodos de tiempo que considera la Historia 
en comparación délos que considera la Astronomía, son como la vida 
de la Humanidad en comparación de la vida y duración del Universo. 
—La liquefacción de todos los gases, considerados antes como per- 
manentes, ha permitido obtener descensos de temperatura mu} T cerca- 
nos al cero absoluto, que como w es sabido, corresponde á—27á° de la es- 
cala centígrada, y estudiar las modificaciones que sufren en sus propie- 
dades físicas y químicas los cuerpos sometidos á grandes enfriamientos. 
Uno de los experimentadores que más han trabajado en este punto es 
M. James Dewar, generalmente conocido por sus investigaciones so- 
bre la licuación y solidificación del aire. Ll 13 del pasado Junio Leyó 
ante la Sociedad Real de Londres una Memoria, de la que extractamos 
los datos insertos á continuación: "El hidrógeno hierve á los 20°!5, á 
partir del cero absoluto; se funde á los lb°, y se solidifica álos 13° , bajo 
la presión normal atmosférica. El agua, el aire líquido y el hidrógeno 
ascienden en tubos capilares de igual calibre á alturas proporcionales 
á los números 15,5, 2 y ó,."), deduciéndose de aquí que las tensiones su- 
perficiales correspondientes son proporciónalos á los números 15,5,2 v 
o,4. La disminución de resistencia eléctrica de los métalos que entra- 
ban á constituir los termómetros empleados en las experiení ias, fué la 
siguiente: la del cobre se redujo á 7 10A , la del oro á Vaoi ,a ^ lt ' 1 platino 
osciló entre >¡ Vt y V17, la de la plata descendió á l /n, y la dol hierro ¡ 
de los valores que presentan á la temperatura del hielo fundente, 



REVISTA CIENTÍFICA 421 

M. Dewar ha intentado además obtener la liquefacción del helium, y 
aunque sus ensayos no han dado el resultado apetecido abriga, sin em- 
barco fundadas esperanzas de llegar á conseguirlo mediante los mis- 
mos procedimientos que conducen á idéntico fin con el hidrógeno. 

— M. Becquerel, por su parte, ha estudiado las variaciones del poder 
ionizador del uranio á la temperatura del aire líquido, observando que 
al enfriarse, la velocidad de la carga del electroscopio desciende hasta 
el valor da 0,054 voltios por segundo, la mitad precisamente del núme- 
ro que se obtiene á la temperatura de 24°,8. Otra de las observaciones 
recogidas es la de que las sustancias orgánicas sometidas á la tempe- 
ratura del hidrógeno hirviendo manifiestan, cuando se las expone á la 
luz, una fosforescencia mucho más enérgica que la obtenida por la pre- 
via inmersión en el aire líquido. El nitrato de urano y el platinocianu- 
ro de bario se vuelven luminosos sumergidos en la sustancia última- 
mente citada, y cesan de brillar cuando han tomado su temperatura; 
el fenómeno reaparece al recobrar los cuerpos citados la temperatura 
ordinaria del ambiente (1). 

—En nota leída ante la Academia de Ciencias de París, Regnier y 
Didsbury comunicaban, á principio del mes pasado, los excelentes re- 
sultados que han conseguido de las corrientes de alta tensión, para ex- 
traer los dientes y muelas sin dolor, insensibilizando la parte que ha de 
ser operada. El aparato empleado fué el de d'Arsonval, compuesto de 
un carrete de 30 centímetros de chispa, provisto de interruptor rotativo, 
sistema de Contremoulin-Gaiffe y condensador de petróleo, unido al 
resonador Oudin, cuyo tallo superior se une por un conductor delicado 
á la mandíbula del paciente. La sensación que éste experimenta es la 
de un ligero calor, y la analgesia se consigue sin otra molestia para él 
operado en elJbreve espacio de algunos minutos. 

P. Juan Mateos, 
o, s. a. 



(i) Véase Revue de Questions ScienlifiqueSy i)úmero citado, 



CRÓNICA 

DE LA REAL BIBLIOTECA ESCURIALENSE 



ENERO Y FEBRERO DE 1902 
(siguen los incunables) 



33. Boccaccio (Juan). — u Johan bocado de | las mujeres illus | tres 
en romáce.,,— Zaragoza, Pablo Hurus, 24 de Octubre de 1494. 

Fol. a dos cois.— 210x140 mm-CX hs. (La última lleva, por equivo- 
cación, el número CIX).— Sign. a-p, de8y 6 hs.— 42 lin. por cada co- 
lumna.— let. got de dos tamaños.— capitales de imprenta.— 76 grabados 
en madera, por lo general circuidos de orla y acompañados de las co- 
rrespondientes indicaciones acerca de los personajes que representan. 
Ejemplar perfectamente conservado. 

Port. con el título trascrito, en caracteres xilográficos.— v. en b.— 
Fol. II: "Comienca el tractado de | johan bocacio de certaldo poeta flo | 
retin d'las claras, excelletes y mas fa ! mosas x señaladas damas: adre- 
cado | a la muy illustre señora, doña andrea | de acchiarolis condessa 
de alta villa.— El prohemio del auctor— [E] Sclarescida señora ...„ — 
Sign. b: "leyes x por ende pecara mucho mas...,,— Termina el texto en 
el fol. CVI con el escudo del impresor y este colofón: u la presente obra 
fué acabada en la insigne x muy noble ciudad | de £aragoca de Ara- 
gón: pop industria x expensas de Paulo hu= | rus Alemán de Cóstancia 

a. xxiiij. dias del mes de Octubre: en el año | de la humana saluacion. 
Mil quatrocientos nouenta x quatro.,,— Pag. en b.— Tabla.— Pag. en b. 

Es la primera edición castellana de esta obra, en la que nada se dice 
del traductor, como ni en las varias reproducciones que de ella se hi- 
cieron en el siglo XVI. La multitud de grabados con que salió ilustrada 
le da un valor exfraordinario para la historia de aquel arte en Espa- 
ña. La describen Méndez, pág. 70, n. 17; Gallardo, n. 140o, y otn>^ 

[U. «Constituciones de Cathalunya - Harchinorue, J. Rosenbach, 
1494. 

Fol. 180x125 mm.— 28 hs. s. núm. y s. red. ni reg. Sign. a-d, de s 
y b hs. alternando.-— let. got. de dos tamaños, capitales de adorno. 

Port. con el tit. trascrito y debajo el escttdode armas reales.— v, en 

b. l-oi aij (dentro de espléndida orla empieza el texto, encabezado 
con este- titulo en rojo): "Constitiíiions fetes per l<> Illustrissimo e sere= 



CRÓNICA DE LA REAL BIBLIOTECA ESCURIALENSE 423 



|| nissimo Senyor Rey don Ferrando Rey de Ca= || Stella de Arago. xc. 
En la Segona cort. de catha= || lunya celebrada en Barcelona. En lany 
Mil. II cccc.lxxxxiij.— (I)N nomine domini nostri Jesu | christi. Pateat 
vniuersis ...„ Termina á la v. del fol. diij; sigue la >'Taula de les pre- 
sents constitucions: e capitols de cort.,, que ocupa dos hs., y en la última 
se lee: u Diuina fauente clementia finitum x || terminatum est hoc 
opusculum Con || stitutionú. In Prjcipalissima x Excel || letissima ciui 
tate Barchinone Prin= || cipatus Cathalonie. per Reuerédú II magistru 
Johanng Rosenbach ale || =manum de haydelberch. Sub anno || dñi 
Millesimo quadringetesimo no || nagesimo quarto. Die vero xiiij. Me || 
sis Februarij,,,— Esc. del impresor..— Pag. en b.— Ejemplar intonso de 
este precioso cuaderno de cortes, que se halla encuadernado con otras 
constituciones manuscritas, en el códice n d-12.— Méndez, pág. 53, nú- 
mero 29. 

35. Coplas del nacimiento de Nuestro Señor.— S. 1., n. de imp. y a. 
¡¿¿Toledo, I lagembach, h. 1500?] 

4.°— 165x110 mm-8 hs. s. num. (falta la 2. a )— sign. a.— let. got.-á 
dos colum. de versos, menos en la 7. a hoja. 

Sin port., con el siguiente encabezamiento en la 1. a col. de la pági- 
na 1.'': "Siguense vnas | coplas muy deuotas fechas | a reuerecia del 
nacimiento de ¡ nro, señor jhücristo: x cantanse | al son de la zorrilla có 
el gallo.,, 

5 El infante | y el pecado 

mal han barajado. 
Al sereno está el cordero 

en belén rezien nacido 

de los cielos heredero 

remedio del bien perdido 

y al peccado enuegecido 

mal lo han desañado 

mal han barajado. 

Consta la pieza de 9-1 estrofas, de las cuales faltan en el pliego las 
correspondientes á la 2. a hoja. En el fol. 7 se incluye una especie de la- 
mentación, cuyas particularidades métricas nos explica el autor en la 
siguiente advertencia: 

: Estas coplas son de arte mayor: y lab medias coplas están | todas 
en razón y por cosonantes, y juntas media y media es | una de arte ma- 
yor, y tabien puestas en razón y por consonates . ^ 

Con pena y cuy dado | continuo guerreo... 

(Gallardo, ni col. 766) 

Termina á la vuelta dé dicho folio con estas dos líneas, cuya signifi- 
cación ignoro: "Comparación de nombre. | Guis sin par es el vro. nobre 



124 CRÓNICA DB LA REAL BIBLIOTECA ESCURIALENSE 

añadiedo el tercero hóbre.„ Gallardo, en el tomo uu, col. 764, describé 
este mismo pliego; pero sin señalarle autor ni fecha aproximada. El 
autor lo fué indudablemente Fr. Ambrosio Montesino, en cuyo Cando 
fiero, impreso por primera vez en 1508, aparece esta pieza con el título 
Dialogo del nacimiento de Christo entre el Infante y el Pecado, y 
la indicación de haberla compuesto por mandato del Provincial de 
Castilla, Fr. Juan de Tolosa. La semejanza de los caracteres tipográ- 
ficos de este pliego con los de la Viola animw, de Pedro Dorland. im- 
presa en Toledo, en 1500, y la circunstancia de haber sido esta ciudad 
la residencia ordinaria del autor, me inducen á suponerle de la misma 
procedencia y época. El titulo de este rarísimo pliego nos revela la 
existencia de otro villancico: La zorrilla con el gallo, cuya letra y mú- 
sica debieron ser muy populares. (Gallardo, m, cois. 764 y 871.) Véase 
también la Antología de poetas líricos castellanos, de Menéndez Pe- 
layo, t. vi, pág. ccxxvm, y para la música y letra de La zorrilla con 
ti gallo, el número 442 del Cancionero musical, de Barbieri. 

36. Copilación de leyes, del Dr. Alfonso Diaz de Montalvo.— Za 
mora, || A. de Centenera, || 1485. Fol. á dos cois. -190 "x 121 »»».— 258 
hs. s. num.-Sign., á partir de la h. 3. a : a-f ,2 g 10 h 6 i 10 l-o in A 10 V 6 
C— I'- LM'° X 12 .— let. got. de un solo tamaño para el texto y más me- 
nuda para las apostillas marginales— 41 iin. por pág.— huecos para las 
capitales en b.— Filigr.: castillo y águila coronada en unos cuadernos, 
y mano y estrella en otros. Sin port.; la 1. a h. empieza, sin más :i [] n el 
nóbre de dios trino | e p'sonas * vno e esecia | aqui comieza la tabla | 
de los libros * títulos | desta copilació de leyesq. maduró I fazerx copilar 
los muy altos E | muy poderosos prícipes el Rey | do femado t la Reyna 
doña ysa | bel nros señores, d'todas las leyes | t pragmáticas fechas t 
ord'nadas I por los reyes d'gliosa memoria ate | pasados % por sus alte- 
zas e cortes I general's las qual's'van p'tidas e I ocho libros. „ Siguen 
los títulos de los ocho libros que ocupan 5 columnas— Col. y pág. en b. 

—Fol. a: ()Or q. la justicia es muy alta virtud De este prólogo se 

deduce que los Reyes Católicos mandaron hacer dicha Compilación con 
los mismos fines con que habían hecho publicar, anotadas por el doctor 
Montalvo, las Siete Partidas, de las que viene á ser complemento la 
presente. Fol. a iij: "Libro I.— Titulo, j. d'la santa fe catholica.,,— Sigue 
el texto, dejando claros de una ó dos cois, entre libro y libro; cada lev, 
lleva indicado al margen el nombre del rey legislador ó el código de 
donde se ha tomado.— Fol. (N. xi v ), col. l. :l , lin. 7. a , termina la obra con 
este colpfón. u l 1 or mandado de los muy | altos... rey don fernan | do x 
reyna doña ysabel nuestros I señores conpuso este libro (Flcyes ! el do- 
tor alionso diaz d' montaluo | oydor d' su abdi< -neia - su refren darib 
x de su consejo % emprimio | se en la muy noble cibdad de ca I mora por 
anton de centenera a | quinze dias dT mes de junio año | del nascimien- 
lo del nuestro sal | uador ihesu \po. de mili t quatro | cientos t ochenta 



CRÓNICA DE LA REAL BIBLIOTECA ESCURIALENSE 425 



t cinco años, i Deo gracias.— Col. y hoja en b. (Méndez, p. 130, n. 4.) 
Es uno de los incunables españoles más notables, así por el conteni- 
do como por las condiciones tipográficas. 

37. Crónica del Rey D. Pedro de Castilla. Pamplona. 1491. Fol. 

I-LÜ-19. 

oc 

Tomo ésta y las dos siguientes indicaciones del Catálogo de impre- 
sos castellanos del Escorial, hecho por el P. Lucas de Alaejos en los 
primeros años del siglo XVII, y que se conserva entre los manuscritos 
con la signatura I-K-19. Al fol. 244 v se encuentra este título, en el cual 
pudo equivocarse la fecha poniendo 1491 en lugar de 1591, año en que 
se imprimió una edición de dicha Crónica citada por los bibliógrafos. 
Ninguna de las dos ediciones existe hoy en el Escorial. 

38. Crónioa del Rey D. Pedro de Castilla, con notas ms. del doctor 
Paez. Fol.-1499. I-&-4. 

Así en el mencionado Catálogo, códice I-K-19, fol. 244 * 

39. Crónica de Aragón. Vieja impresión, fol. iv-B-8. 

Nota tomada del mismo códice, fol. 184. El P. Alaejos designaba ge- 
neralmente con las palabras vieja impresión los incunables sin fecha, 
y con las de antigua impresión los libros góticos de la primera mitad 
del siglo XVI. Tal vez se refiriese aquí (aunque lleva fecha) á la Cró- 
nica de Fr. Gauberto Fabricio de Vagad, impresa en Zaragoza en 1499; 
pero tampoco existe hoy este