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La Ciudad de Dios 



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LA 



Ciudad de Dios 

REVISTA QUINCENAL 
RELIGIOSA, CIENTÍFICA Y LITERARIA 



DEDICADA 



AL GRAN PADRE SAN AGUSTÍN 

! PUBLICADA POR LOS PP. AGLSTIJOS DE EL ESCORIAL 



Con aprobación eclesiástica. 



VOLUMEN LXVIII 



REDACCIOH V ADMINISTRACIÓN 

REAL MONASTERIO DE SAX LORENZO DE EL ESCORIAL (.MADRID) 

1905 



(oO 



Madrid.— Estab. Tipog. de Marceliano Tabarés 

Calle de Trujillos, 7 



LOS MALOS POETAS 




[mposible no admitir que la poesía, de suyo y por razón de 
su naturaleza, tan lejos se halla de ser enemiga de la na- 
turalidad que, muy por el contrario, como quieren los 
preceptistas, aspira á encarnar en una forma concebida por la 
imaginación la celestial belleza que se refleja, en los seres y eleva 
el corazón al mismo Dios, manantial inagotable de lo bello: por lo 
que, ciertamente, grandes Santos como la Mística Doctora y San 
Juan de la Cruz, se valieron de ella como de vehículo para llevar al 
alma de los lectores el amor divino en que se hallaban inflamados. 
Achaque fué común de los poetas entretenerse con vagatelas 
sonoras y modernamente, constituyen escuela y forman legión 
Teófilo Gautier, Teodoro Banville y otros que opinan con Gusta- 
vo Haubert, que, «un hermoso verso que no significa nada, es su- 
perior á un verso menos bello que significa algo»; con lo que dan 
lugar á que algunos, como Valera en su polémica con Campo- 
amor (1), califiquen de inutilidad sublime el arte poética. Pero no 
faltan quienes, juntando lo útil á lo dulce, según el precepto del 
Venusino, realizan el bello ideal de la poesía, que no es otro, según 
el Marqués de Santillana, sino «un fingimiento de cosas útiles cu- 
biertas y veladas con muy fermosa cobertura». Por eso, cuando 
damos la voz de alerta respecto de los peligros que estas lecturas 
ofrecen, ni siquiera nos referimos á los malos poetas que, litera- 
riamente considerados, son tantos, que los buenos, como decía El 
Licenciado Vidriera, «apenas hacen número», pues las condiciones 
que Horacio exigía (2), resultan muy difíciles; á pesar de lo cual, 
como dice el mismo autor (3), «cuando los médicos sólo se ocupan 



(1) La metafísica y la poesía, pág. 151. 

(2) Lib. I, sátira 4.» 

(3) Lib. I, Epist. 1.* 



O LOS MALOS POETAS 

en la medicina, y los artesanos en su oficio, en punto de poesía to- 
dos, hasta los más ignorantes, quieren hacer versos*. Limitamos 
nuestras censuras á los poetas moralmente malos, que no son en 
número tan corto como tal vez pudiera imaginarse. 

Muchos, fundándose en que igual que á los pintores, les está 
permitido emprenderlo todo y valerse de todo, conforme al dicho 
horaciano: 

... pictoribus atque poetis 
quidlibet audendi semper fuit aequa potestas: 

y creyendo como Catulo (1), que no es lo mejor que los versos sean 
cortos, pues dejarían de ser agradables si no fuesen un tanto libres, 
ganosos de fama, único fin de sus trabajos, según Ovidio (2), para 
lisonjear y ganar á los compradores de sus obras, al tenor de lo 
que, en caso semejante, decía Lope: 

«El vulgo es necio, y pues lo paga es justo 
Hablar en necio para darle gusto»; 

en vez de enseñar deleitando, ponen la perfección de su obra en la 
enseñanza del deleite; atienden tan sólo á encender y avivar el fue- 
go de las pasiones, inspirándose exclusivamente en el lenguaje de 
los sentidos, ó tal vez, tal vez en los consejos del alcohol, conforme 
al sentir de Horacio (3), de que ningún poeta que no bebe más que 
agua, pueda componer buenos versos: 

Nulla placeré din, nec vivere carmina possunt 
Quae scribuntur aquae potoribns... 

y al ejemplo de Marcial (4), quien aseguraba que no le era posible 
poetizar en ayunas, pero después que había bebido, poseía la facun- 
dia de quince poetas: 

Possunt nihil ego sobrius; bibenti 
Succurrunt quindecim poetae. 

Otros no llevan por fin y blanco, en sus versos, hollar los fue- 
ros de la moral; pero la sacrificarán gustosos en aras de lasonori- 



(1) Epíst. 16. 

(2) De Arte amaiull. 

Lat., llb. I. 
i*j Marcial. 



LOS MALOS POETAS 7 

-dad rotunda de la frase. Atentos sólo á encajonar perfectamente, 
aunque sea á golpe de martillo, las palabras dentro de los límites 
de la rima, no harán reparo en trocar un pensamiento verdadero 
por otro falso ó inmoral quizá, con tal que pueda expresarse con 
número más cadencioso. Nuevos Procustes, todo lo sujetan á la me- 
dida inflexible del verso, llegando á escribir errores sólo porque 
en algunos casos encuentran así la consonancia con más facilidad, 
según aquello de 

«¡Fuerza del consonante á lo que obligas! 
A decir que son blancas las hormigas^ 

Son relativamente en número muy escaso los amantes de la poe- 
sía que la tratan como quería el inmortal autor del Quijote, cuando 
escribió estas graves palabras: «La poesía, á mi parecer, es como 
una doncella tierna y de poca edad, en todo extremo hermosa, á 
quien tienen cuidado de enriquecer, pulir y adornar otras muchas 
doncellas, que son todas las otras ciencias; y ella se ha de servir de 
todas, y todas se han de autorizar con ella; pero esta tal doncella no 
quiere ser manoseada, ni traída por las calles, ni publicada por las 
esquinas de las plazas, ni por los rincones de los palacios; ella es 
hecha de una alquimia de oro de tal virtud, que, quien la sabe tra- 
tar, la volverá en oro purísimo de inestimable precio; hala de tener 
el que la tuviere á raya, sin dejarla correr en torpes sátiras ni en 
desalmados sonetos; no ha de ser vendible en ninguna manera, si 
ya no fuere en lamentables tragedias ó en comedias alegres y ar- 
tificiosas; no se há de dejar tratar de los truhanes ni del ignorante 
vulgo, incapaz de conocer ni estimar los tesoros que ella encierra.»* 
No pueden contarse, en cambio, los que aun sin pertenecer á su 
gremio, tienen por regla de fe literaria y por canon y norma de 
estética aquello que decía Víctor Hugo: «No hay en poesía ni bue- 
nos ni malos asuntos, sino buenos y malos poetas. Por otra parte, 
todo es asunto, todo entra en la poesía, todo tiene derecho de ciuda- 
danía en el arte. En el gran jardín de la poesía no hay fruto vedado. 
El espacio y el tiempo pertenecen al poeta. Que vaya adonde quie- 
ra, que haga lo que se le antoje, tal es su ley. Que crea en Dios ó en 
los dioses, en Platón ó en Satanás, en Canidia ó en Morgana ó en 
nada... todo da lo mismo; el poeta es libre.» 

Aun en muchos de los que ponen sobre su cabeza la moral y la 
religión, cuyas leyes por nada del mundo violarían, inútil será 
buscar pensamiento provechoso ni enseñanza saludable: gastan el 



8 LOS MALOS POETAS 

tiempo, que es oro, en hacer inútiles aunque vistosas estatuas con 
deleznable y quebradizo barro; se ocupan como decía el irónica 
Persio (1), en dar cuerpo al liviano humo y pasan la vida confec- 
cionando dulces frioleras sin substancia, según el célebre dicho 
de Xenarcas: poetae nugas agunt; se fatigan en labrar primorosa- 
mente la palabra con el fin de que cause grata impresión al oído, 
como aquellos insectos que hilan sus entrañas para tejer telas que, 
á lo sumo, servirán para cazar moscas. 

Por eso, con perdón sea dicho de los buenos, que los hay, y afir- 
marlo nos complace, insistimos en que es necesario emplear cau- 
tela extraordinaria en la lectura de poetas en el caso de que se les 
haya de leer, haciendo en ellos el mismo expurgo que el Manco de 
Lepanto nos refiere se hizo en la librería del dueño de Rocinante, 
y teniendo muy á los ojos las prescripciones de la Iglesia. 

Los antiguos eran muy rigurosos en este punto. Los lacedemo- 
nios no admitían en su república á los poetas, fundándose, según 
Plutarco (2), en que escribían más bien cosas dulces que saludables. 
Platón, en el libro VIII de su República, disponía que se obligase á 
dejar de escribir versos á los que en ellos no ofreciesen modelos de 
buenas costumbres. Quintiliano (3) no quería que se explicara á los 
niños los versos de Horacio y otros. Cicerón, á quien nadie tacha- 
rá de enemigo de las luces y de las letras, pregunta (4): «¿Quieres 
saber qué males y estragos hacen los poetas?» y contesta: «Llenan 
de molicie los ánimos, quebrantan el nervio de la virtud.» Virgilio, 
en su última disposición dio á sus albaceas el encargo de entregar 
la Eneida á las llamas, por lo que pudiera perjudicar á las buenas 
costumbres la relación, un si es no es libre, de los amores de Dido 
por él cantados; lo que también quería Lutero, aunque muy poco 
amante de la moral, desterrando de las aulas además á Ju venal, 
Marcial y Catulo. 

Cuando Valera dice en los Nuevos estudios críticos, que «en 
verso, quizá sin razón, no tiene la misma importancia que en pro- 
sa cualquiera atrocidad que se diga, con tal que se diga con primor 
y elegancia"; y algunas páginas más adelante: «En verso, la mitad 
de los lectores, por lo menos, casi no se fija en el sentido; de suerte 
que el poeta puede blasfemar, maldecir y renegar á sus anchas y 



(2) i ii Lacón. 

'■) D libro i. • áp. xni 

(•1i i.m.icHi. tiM 1 1 1 . , libro, 11. 



LOS MALOS POETAS V 

convertirse en máquina infernal ó ametralladora, que lanza oracio- 
nes y jaculatorias al diablo y tiros á Dios, sin que se escandalice ni 
pervierta mucho el que lee, porque apenas repara más que en el 
sonsonete ó melopea, y como si estuviese presenciando una batalla, 
sin peligro de la vida, se ciega con el humo, se ensordece y aturde 
con los truenos y no ve á dónde van los disparos", sienta afirma- 
ciones sólo explicables por el deseo de reducir á polvo la malhada- 
da estética naturaralista, mostrando de paso cómo nada puede ha- 
ber más perjudicial que su lectura. Conformes ha}* que estar con 
Lord Macaulay en que cuanto es mayor la influencia de la poesía 
en imaginaciones de niños que en imaginaciones de adultos, tanto 
más poderosa fué en los pueblos primitivos y salvajes que lo es 
ahora en las naciones adelantadas: hoy el predominio de los poetas 
dista mucho de ser el de los antiguos bardos de Alemania y del 
país de Gales, y nos cuesta trabajo creer los efectos horribles de las 
tragedias de Esquilo, las convulsiones de los rapsodas después de 
recitar los versos de Homero, y la insensibilidad de los mohawk 
cuando han entonado el canto de muerte; pero el mismo autor, el 
mejor historiador que ha habido, en sentir de Menéndez Pelayo, 
dice en sus Estudios literarios que «del propio modo que la linter- 
na mágica produce ilusión en la vista, así la produce la poesía en el 
espíritu"; y advierte además que cualquier niño se conmueve has- 
ta tal punto con historias como Ccipcruchita encarnada, que, «aun 
cuando sabe que los lobos no hablan, cree, llora, tiembla de mie- 
do y se impresiona de tal suerte, que no se atreve después á entrar 
en una vivienda á obscuras, temeroso de verse sorprendido por la 
fiera; pues tal ) r tan grande tiranía ejerce la imaginación en las in- 
teligencias incultas"; y es de advertir que las poesías malas, cuyos 
efectos perniciosos deploramos, andan en manos de niños y de per- 
sonas de incultas inteligencias. 

Según observa Arréat en su libro Une education intcllcctiic- 
lle (1), «sea cualquiera el influjo que la literatura novelesca haya 
ejercido, la hermosa lengua de la poesía va más directamente al 
corazón". «El poeta — dice Grosse en su obra Debuts deVArt — tie- 
ne en sus manos el violín encantado del cuento alemán: «al sonar 
la primera nota, abandona el guerrero la espada, deja su martillo 
el trabajador, cierra su libro el sabio; en unos y otros nace un mis- 
mo sentimiento, sus corazones vibran al unísono, todos se identifi- 

(1) Pág. 73. 



10 LOS MALOS POETAS 

can con el poeta.» «Por la poesía, escribió en La Defensa de ella 
Shelley (1), se pasa de la admiración á la imitación y de la imitación 
á la identificación con los objetos de la admiración misma.» No 
cabe ponerlo en tela de juicio. La poesía en manos criminales es 
arma terrible que causa inevitablemente numerosas y profundas 
heridas. En la prosa, á través de los artificios de la elocuencia, en 
medio de la espesa hojarasca de los tropos y en el fondo de la ar- 
gentería luciente de las figuras, con una observación atenta y cui- 
dadosa puede descubrirse el error, oculto como la serpiente en las 
flores del prado; en la poesía no es posible la defensa, ni hay lugar 
para el reflexivo discurso; es un río salido de madre, que todo lo 
inunda y arrolla. El poeta principia ganando el oído con la melo- 
diosa dulzura del ritmo y la cadencia; embriaga la imaginación, 
poniendo ante su vista placeres no soñados; avasalla la voluntad 
con la sugestión magnética, con la influencia hipnótica de imáge- 
nes vivísimas y deslumbrantes; adormece el entendimiento con la 
armonía suavísima de sus cantos, como el Orfeo de la fábula con 
el embeleso de sus himnos hizo dormir al Cancerbero para arreba- 
tar de su custodia á Eurídice. Los gentiles, para simbolizar el do- 
minio que sobre las almas ejerce la poesía, entonces inseparable de 
la música, decían que, con ella, Amphion obligaba á las piedras á 
colocarse unas sobre otras en orden y concierto hasta construir 
muros, y Lino serenaba las tempestades, y daba movimiento á las 
montañas, y detenía el curso de los ríos. En la prosa, por mucha 
parte que se dé á la imaginación, es preciso dar alguna al entendi- 
miento, al tenor de lo preceptuado por las reglas oratorias, según 
las cuales, sería vano empeño tratar de persuadir sin haber antes 
convencido, por lo que tiene aun en su buen criterio alguna defen- 
sa el lector; la poesía, por el contrario, se va desde luego á fondo, 
se clava en lo más íntimo del corazón, echa tras sí todas las llaves, 
se apodera de todos los resortes y le hace suyo por entero: «La he- 
rejía— dice el Sr. Sarda y Salvany (2),— envuelta en los artificiosos 
halagos de una rica poesía, es mil veces más mortífera que la que 
se da á tragar en los áridos y fastidiosos silogismos de la Es- 
cuela." 

Pensamientos hay que en prosa, aun vestidos con el purpúreo 
manto, el espléndido ropaje y las rozagantes galas de una dicción 



(1) Pág. 22, ed. vjiiiíins. 

(2) Si liberalismo *s pecado, cap. \\. 



LOS MALOS POETAS 11 

elocuentísima y sin tacha; y aunque ornadas con la resplandecien- 
te pedrería del más sublime estilo, nos causarían horror insopor- 
table: tal es la magnitud de la malicia que encierran. Atavíeseles, 
empero, con la cadencia métrica de la poesía, y notaríase en ellos 
un no sé qué irresistible que parece atenuar en gran parte su per- 
versión. No hay de seguro conciencia tan corrompida que no re- 
chace indignada la lubricidad que informa cada una de las elegías 
de los libros de Los amotes, el Arte de amar, y el Remedio del 
amor, compuestos por el desterrado del Ponto; el mismo título que 
ostentan, como la cuarta del libro primero de Los amores: Ami- 
cam, qua arte quibusque nutibus in coena, praesenteviro, uti de- 
beat, admonet, y la también cuarta del libro 2.°: Quod amet midie- 
res ciijusciinqiie formae si'nt, basta para que la vista se aparte de 
ellas con el asco y repugnancia á que son acreedoras; pero desleí- 
das estas ideas inmundas en el rosado licor de la poesía, soberana 
é insuperablemente hermosa en manos de Ovidio, lejos de causar 
horror, pueden concluir por enseñorearse del ánimo. 

Decir con Stechetti (1) que «la poesía no tiene corrupción algu- 
na, y el ambiente social es el que corrompe á la poesía... porque no 
es el arte el que forma á la sociedad, sino que la sociedad es la que 
hace el arte á su imagen y semejanza", es ir abiertamente contra 
el sentido común y la experiencia. Verdad es que la corrupción de 
las costumbres se refleja de ordinario en la poesía haciéndola atea 
y licenciosa; pero eslo también que. la poesía perversa contribuye 
eficazmente á pervertir la sociedad ó aumentar su depravación si 
ya se encuentra depravada. El influjo de los cronistas del demonio, 
como llama el clásico P. Estella (2) á los poetas malos, es incalcu- 
lable lo mismo en orden al entendimiento que á la voluntad. La 
poesía— dice el italiano Monti (3),— «puede definirse la música de 
las ideas... Estas no producirán nunca fuerte impresión en el oyen- 
te, si no van acompañadas de la armonía". Declarémoslo con al- 
gún ejemplo para que mejor se conozca lo que venimos susten- 
tando . 

Hoy, después de los minuciosos trabajos críticos que para es- 
clarecer el reinado de Felipe II se han realizado (4), aparece su 



(1) Prólogo de la Xueva polémica. 

(2) De la vanidad del mundo, parte 1. a , cap. LXVIII. 

(3) Versiones poéticas. 

(-11 El Auditor de la Rota Sr. Montaña, es uno de los que verdaderamente han traído nueva 
lu3 á esta materia. 



12 LOS MALOS POETAS 

figura orlada con los resplandores de la gloria como astro de pri- 
mera magnitud en el cielo de la historia patria. ¡Cuántos, sin em- 
bargo, no sentirán bullir la duda en su alma, al leer aquellos ver- 
sos de fuego' en que el sublime Quintana, pulsando con maestría 
inimitable la lira de Tirteo y Píndaro, condensa todo su odio al 
Rey prudente! 

«Alzarse vi una sombra, cuyo aspecto 
de odio á un tiempo y horror me estremecía: 
el insaciable y velador cuidado, 
la sospecha alevosa, el negro encono, 
de aquella írente pálida y odiosa 
hicieran siempre abominable trono: 
la aleve hipocresía, 

la sed de sangre y de dominio, ardiendo 
en sus ojos de víbora lucía» (2). 

Más que las hueras declamaciones oratorias sobre la próxima 
ruina espiritual del Papado, ¿no conmovió hondamente muchos es- 
píritus la oda á la invención de la imprenta (3) en aquel insensato 
apostrofe 

«¡Ay del Alcázar que al error fundaron 
la estúpida ignorancia y tiranía! 
El volcán reventó, y á su porfía 
los soberbios cimientos vacilaron. 
¿Qué es del monstruo, decid, inmundo y feo 
que abortó el Dios del mal, y que insolente, 
sobre el despedazado Capitolio, 
á devorar al mundo impunemente 
osó fundar su abominable solio? 
Dura, sí; mas su inmenso poderío 
Desplomándose va...» 

El gran daño que Vol taire, esa sirena de la impiedad , como 
le llamó La Harpe (3), causó con sus escritos de filosofía ó á ella 
parecidos, ¿puede compararse, ni de mucho, con el estrago hecho 
por sus populares tragedias en que, para hablar con Menéndez y 
Pelayo, «la monotonía y falsedad del género están avivadas por 
dardos, más ó menos directos, contra el ministerio sacerdotal y el 
fanatismo, que él personifica en sacerdotes griegos, ó en mandan- 



(1) Oda titulad* En El Escorial. 

-rita en Julio de I 
(3) Apología dé Im Religión, 



LOS MALOS POETAS 13 

nes chinos, ó en el falso profeta Mahoma, ó en los conquistadores 
de América, no atreviéndose á herir de frente el objeto de sus pe- 
rennes rencores?» 

¿Quién al leer, aunque sea de prisa y distraídamente, las poe- 
sías de Enrique Heine, de ese ruiseñor alemán que luso nido en 
la peluca de Volt aire, como lo apellida un crítico de su misma na- 
ción, estará seguro de no sentir levantarse, como ha dicho el in- 
signe prologuista de la traducción española de D. José J. Herrero 
«voces interiores que respondan á la voz del poeta, y moverse en 
su memoria tempestad de hojas secas, y dar lumbre el mal apaga- 
do rescoldo»? 

Como la perversidad del entendimiento suele ser hija de la per- 
versión de las costumbres, en las poesías obscenas se hallan fre- 
cuentemente alardes de incredulidad la más descocada y blasfe- 
ma. Al modo que el novelista Zola, el autor de Xana y de Assom- 
moir, escribió también Roma $ Lourdes, los más de los que mojan 
su pluma en el cieno del vicio concluyen por esgrimirla á modo de 
arma de combate contra los ideales más puros y las doctrinas más 
santas, defendiendo ó procurando insinuar doctrinas materialistas 
como las que expresó en estos cínicos versos el catalán Bartrina: 

cSé que el rubor que enciende las facciones 

es sangre arterial; 
que las lágrimas son las secreciones 

del saco lagrimal; 
que la virtud que al hombre al bien inclina 

y el vicio, sólo son 
partículas de albúmina y febrina 

en corta proporción.» 

En Italia los poetas naturalistas, los sapos inmundos de la lite- 
ratura, como los llamó Luis Alberti, los que á sí mismos se defi- 
nen diciendo con Guerrini: 

cSomos los sacerdotes de Epicuro: 
nuestra faz amorosa alegre brilla; 
es nuestra ara opíparo banquete; 
báquicos cantos al cielo levantamos, 
y entre nosotros hay sacerdotisas.. .> (1), 



(1) Noi d'Epicuro i sacerdoti siamo 

noi la face d'amor lieta rischiara, 
noi l'oppulenta mensa abbiam perara 
e i cantici di Baco al ciel leviamo, 
Frine con noi sacerdotisa abbiamo, etc. 



14 LOS MALOS POETAS 

entremezclan en sus obscenidades las blasfemias más espantosas. 
Stechettí, uno de los jefes de los idealistas de la inmundicia, es- 
cribió estos versos impiísimos con cuya traducción no nos atreve- 
mos á manchar nuestro idioma. 

«ma non mi pentiró, ma ne gli spasmi— del mió lungo morir non vo- 
glio piangere,— ma voglio il Dio de farisei deridere— con l'ultima bes- 
temmia». 

El infierno difícilmente podrá inventar blasfemias más horri- 
bles que las que ha discurrido la poesía moderna. Hay quien renun- 
cia á la beatitud suprema antes que arrepentirse y someterse á la 
divinidad, y exclama con Lord Byron: 

>Sed felices solos; 
vuestra felicidad no me acongoja, 
si á los míos 5 á mí postra y sonroja. 

No falta quien se encara con el mismo Dios apostrofándole como 
Zimmerman. 

«Tú también, oh buen Dios, me has agraviado: 
sin explorar mi voluntad siquiera, 
me has puesto en el teatro del pecado>. 

Y hasta hubo un poeta, Teófilo Dondey, capaz de recomendar 
el suicidio con el ejemplo de Cristo, entregado voluntariamente á 
la cruz. 

El que no rechace pronto con horror lejos de sí estas sacrilegas 
obras, tema perder, no sólo el último resto de fe religiosa, sino toda 
fe, toda esperanza, todo ideal noble y levantado: el caso de Honeg- 
ger, de aquel joven de diecisiete años que, teniendo la cabeza lle- 
na de Musset, de Byron, de Heine y demás poetas blasfemos, ex- 
clamaba: «Sería para mí el más grande de los consuelos poder 
ahogar en cerveza ó en ponche los pocos pensamientos íntimos, 
serios y decentes que me restan», es un caso por desgracia sobra- 
do frecuente. 

Y no contentos con blasfemar y renegar del Dios verdadero, de- 
fienden, ensalzan y adoran al diablo, cuya apología hizo muy for- 
malmente en La Bruja Michelet. El satanismo de las logias masó- 
nicas ha pasado á la literatura, 6 inficiona una gran parte de la 
novela, y sobre todo de la poesía. Multitud de escritores como Ro- 
llinat, lanzan sus poesías contra el cielo á guisa de flechas caldea- 
das en las llamas infernales. La imaginación de Shelley, de Chat- 



LOS MALOS POETAS 15 

terton, de Hekerman, de Rapisardi, de Jungueiro, y de Graf, debe 
ser un infierno, á juzgar por lo ocupada y dominada que la tiene 
Luzbel. El principal satanista fué un demente, Baudelaire, según 
el cual el arte moderno tiene una tendencia esencialmente demo- 
niaca. Y parece que esta parte infernal del hombre que el hombre 
se goza en explicarse á si mismo, aumenta de día en día, como si el 
diablo se entretuviera en alimentarlo por procedimientos artificia- 
les, «al modo de los que ceban cerdos, engordando pacientemente el 
género humano en sus corrales para prepararse una nutrición más 
suculenta'-. En él se inspiró Richepin para escribir las oraciones 
al diablo en el tomo de Las blasfemias; discípulos suyos fueron 
Huysmans cuando escribía la novela Al revés; Yilliers de l'sle 
Adam, quien en frase de Paulhan, «buscaba con más frecuencia la 
compañía de Satán que la de Dios*; Barbey d'Aureville. que en los 
Diabólicos hace desfilar ante la vista una espantosa galería de in- 
vocadores y servidores de Lucifer; Peletandan, que en el Vicio su- 
premo describe así á sus compañeros de demencia y de sacrilegio: 
■ Hay espíritus superiores que no tienen necesidad de escritos, por- 
que su pensamiento es una página escrita por el infierno. En lugar 
del cabrón han matado en sí propios al alma buena, y van al sábado 
del Yerbo. Se congregan para manchar y profanar la idea. El vi- 
cio que existe, no les basta: se emulan en la investigación del mal 
nuevo, y cuando lo encuentran se aplauden ". El mismo Carducci, 
con ser el autor de Salutc, oh Satana, la horrible Oda á Satán, que 
le puso al frente de los poetas demoniacos, recuerda el Gloria y ho- 
nor á ti, Satán, en las alturas de las no menos horribles Letanías 
de Satanás, cantadas por el histérico autor de Las flores del mal. 
Y aunque parezca que la manía de estos locos de atar sólo á ellos 
daña, no es así, ni mucho menos, porque produce, como decía Gon- 
zález Serrano en su libro Literatura del dia, «limbos tormentosos 
movidos por vientos de fronda, y agitados por dolores que reper- 
cuten en el medio social". 

Y como el hombre, nacido para amar á Dios, con corazón más 
grande que el mundo, no puede satisfacerse con los hediondos 
amores carnales engendradores del cansancio y el fastidio, los poe- 
tas lúbricos retratan en sus obras el triste estado de su alma, presa 
de la desesperación y de la duda, ó sepultada en la sima espantosa 
del escepticismo, mirando con ojos de odio al cielo desde el fango 
en que con las alas rotas se revuelve enferma y herida, y viendo 
la realidad á través de un espeso velo de dolor y de tristeza; con 



16 LOS MALOS POETUS 

lo que producen en los lectores trastornos y perturbaciones mora- 
les gravísimas. Byron, Heine y Musset, idealizadores de la carne, 
poetas de la lujuria, son igualmente los representantes de un pesi- 
mismo feroz, que hiela el alma y crispa los nervios; verdadera en- 
fermedad del espíritu, al que envenena los versos de Leopardi, 
de Leconte de Lisie y de cien otros. Espronceda, que aunque no 
haya escrito la Desesperación y otras muchas composiciones as- 
querosísimas que se le atribuyen, es autor de A Tarifa en una 
orgía y del Canto á Teresa, que no pueden leerse sin sonrojo, es- 
tampó expresiones como ésta: 

« desespera y muere. 

Muere, infeliz; la vida es un tormento, 
un engaño el placer; no hay en la tierra 
paz para ti, ni dicha ni contento, 
sino eterna ambición y eterna guerra.» 

Y Campoamor, en cuyas poesías humorísticas hay tantos ata- 
ques á la moralidad, prodiga pensamientos como los que á conti- 
nuación copiamos: 

«No hay honor ni virtud más que en la lengua: 
gloria y fe son para el hombre un sueño, 
nacer, amar, morir: después, ¡quién sabe!, 
que á ahogar el hombre sus virtudes hecho, 
sólo le han de afectar, á pesar mío, 
calor, hambre, interés, amor ó frío.» 

De la mayor parte de los modernos poetas ha dicho Julián 
Schmidt que «existía en ellos una idea fija que les hacía ver el ca- 
rácter distintivo de hombres importantes en la enfermedad perma- 
nente, en el mal humor y en la misantropía." Janssen, en sus bio- 
grafías de los hombres célebres, pone de manifiesto cómo Schillcr, 
Goethe y los más favorecidos de las Musas entre los que no se 
inspiran en las sublimes concepciones del cristianismo, fueron unos 
desgraciados llenos de tristezas y de dolores, que podían decir 
como Luis Tieck: "Mi vida es un vacío completo", y exprimían en 
los versos el mal humor que envenenaba su alma separada de Dios, 
fuente de verdadero consuelo y autor de la paz de la conciencia. 

También en España muchos de los últimos versificadores han 
dado en la misantropía más desconsoladora y en el odio más sal- 
vaje á cuanto existe, viéndolo todo, á semejanza de Próspero Mc- 
rimée, por el lado horrible y envuelto en funerarios crespones; é 



LOS MALOS POETA* 



17 



imitando á Bourget y á Verlaine, verdaderos budistas literarios y 
nihilistas de la poesía, caen en tan inverosímiles extravagancias, y 
padecen tales visiones y anuncian tan fatídicas profecías, que ha- 
cen* repetir lo que decía Valera en La poesía lírica y épica en la 
España del siglo XIX: ^Si la razón ha de ejecutar en nosotros tan 
diabólicas travesuras, vale más ser locos que cuerdos.» 

Pero es lo admirable que no todos son neurópatas, desequilibra- 
dos, enfermos del cuerpo, hastiados con la vida y heridos en el 
alma: muchos, cuando prorrumpen en blasfemias de desesperados, 
y exhalan quejas amarguísimas, y gritan con acento lastimoso: 

Palpé la realidad y odié la vida: 
sólo en la paz de los sepulcros creo, 



tienen el alma quieta y contenta, y tes rebosa la satisfacción por 
todos los poros. Es una moda que había pasado de tal, y que ahora 
vuelve á ser de buen tono; pero á la que puede aplicarse lo que 
decía el propio Leconte de Lisie al tomar asiento en la Academia 
Francesa en 18S7: -El público literario no tardará en desechar con 
desprecio lo que aplaude hoy con ciega locura. Las epidemias de 
esta clase pasan y el genio permanece.» 

Esta poesía de la desesperación y de la duda, que goza en hacer 
ver los profundos abismos de la miseria humana y en agrandar la 
nada de la vida; que analiza fríamente, severamente, implacable- 
mente las fibras del corazón para descubrir sus flaquezas, los orga- 
nismos de la sociedad para mostrar sus irritantes injusticias, y el 
conjunto de la creación buscando defectos en sus detalles, ó la pe- 
nosa antítesis entre la sana alegría de la naturaleza y las enferme- 
dades incurables del espíritu; esta inspiración morbosa, producida 
por fiebre de delirio, excitada por el olor de la sangre y de los in- 
cendios é iluminada con la siniestra fosforescencia de la podredum- 
bre de los sepulcros; donde se oyen todas las imprecaciones de la 
soberbia impotente', todos los alaridos del dolor sin consuelo, todos 
los ayes de la agonía de la humanidad, juntando en uno todos los 
horrores de todas las tragedias de la historia, las blasfemias lan- 
zadas por todas las literaturas, los sollozos contenidos en todas las 
elegías y la amarga tristeza que palpita en todas las religiones 
orientales, deprime el alma, ahoga las energías del espíritu, mata 
todos los impulsos levantados y generosos, destruye el germen de 
la virtud, precipita al que desfallece y hunde al que cae, presen- 
tándole como término inevitable de sus desgracias y de sus afiiecio- 



18 LOS MALOS POETAS 

nes una tumba vacía de esperanzas y llena de lobregueces; y causa 
mayores males aún que -la propia filosofía pesimista representada 
por Schopenhauer y Hartmann, la que tanto influye en la poesía- 
actual, según mostró Jouvin en su obra El Pesimismo, premiada 
por la Academia Francesa de Ciencias Morales. 

Tales poesías, que tan incalculable daño hacen á la voluntad, 
no lo producen menor en el entendimiento, porque muestran la 
realidad de modo muy diferente que es, haciendo formar de las 
cosas ideas de todo en todo falsas. No faltan monstruos en la espe- 
cie humana: en cada hombre hay un fondo de bestia, como bár- 
baramente decía Zola, el Jomes concupiscentiae que la teología ca- 
tólica demuestra y explica y la filosofía pagana había observado 
ya aunque sin poder explicarlo; pero es innegable que son muchos 
los que domeñan sus groseras pasiones sujetando los instintos á la 
razón y ésta á la ley divina, muchos los que obran generosamente, 
por móviles desinteresados y puros, y llegan, por conservarse en 
la virtud y por favorecer al prójimo, á la más heroica abnegación 
y al sacrificio más sensible: la vida es valle de lágrimas, pero en él 
brota la flor de la paciencia y de la resignación regada con celes- 
tial rocío; es lugar de destierro, pero desde aquí nos comunicamos 
con los que aguardan nuestra ida; es cárcel obscura, pero lucen en 
ella los rayos hermosos de la esperanza: la naturaleza perdió mu T 
chos de sus encantos cuando el hombre primero perdió la inocen- 
cia, y se rebeló contra él al rebelarse él contra Dios; pero todavía 
nos sonríe, nos halaga y nos alegra con sus flores, con sus brisas, 
con sus fuentes, con sus pájaros, con la diafanidad del cielo, con 
el brillo del sol, con el rocío de la aurora. Sí, estos poetas, que ato- 
sigan las almas y acibaran la vida y gozan en hacer sufrir á los 
otros, falsean también la historia, injurian á la sociedad, calumnian 
la naturaleza. 

El antropólogo italiano C. Ferrero ha dicho que, aunque nos 
quejamos con razón de que el arte moderno, especialmente la 
poesía, es con tanta frecuencia pesimista, satánico, macabro, neu- 
rótico, este mal tiene alguna compensación y cierta ventaja, por 
ser como una válvula de seguridad y una especie de emuntorio,. 
sirviendo de «defensa contra las tendencias anormales que sin él 
acabarían por transformarse en acciones.» Suponiendo que muchos 
hombres tic talento se contentan con una satisfacción puramente 
literaria, plástica ó musical, y que la sugestión de la obra de arte 
no tenga la misma fuerza que la sugestión directa é inmediata del 



LOS MALOS POETAS 19 

hecho visto ó percibido; para que resultase cierta la consecuencia 
deducida sería preciso que los poetas y artistas se limitasen á ma- 
nifestar en las producciones el estado de su espíritu sin que lo 
diesen á conocer á los demás, pues aunque fuese más intenso el 
escándalo dado por sus hechos que el que dan con sus escritos, la 
difusión de éstos es mayor y su radio de acción más grande. Amén 
de que es lo ordinario que el que mal piensa mal escribe, y el que 
mal escribe mal obra; y el revolver en la fantasía, para componer 
versos, imágenes voluptuosas, es acicate que estimula las pasiones 
á precipitarse por la pendiente del vicio. 

f AXTOLÍN LÓPFZ PkI.ÁEZ. 
Obispo de Ja<5n. 



ABUSO DE LAS "METÁFORAS" 

EN LAS CIENCIAS PSICOLÓGICAS 



II 



WfáS¡l§Í¿í l pensamiento capital de nuestro artículo anterior era po- 
L^ÉllPl ner ^ e reneve * a necesidad de purificar la atmósfera fisio- 
p^agiil lógica de que se halla hoy saturada la psicología y espe- 
cialmente la experimental, x si ha de salir del. período de imitación 
servil de las ciencias físicas, y vivir vida propia é independiente, 
desterrando de sus dominios todo concepto suplementario y meta- 
fórico de orden físico, y en particular los de espacio con sus for- 
mas derivadas, extensión, movimiento, fuerza, determinación 
cuantitativa, etc. Concebir, en efecto, los fenómenos de concien- 
cia á manera de cosas ú objetos proyectados en el espacio, con re- 
lieves y contornos, ó á modo de fuerzas y movimientos semejantes 
á las fuerzas y los movimientos físicos, es una concepción metafó- 
rica, de que podrá servirse la inteligencia para precisar sus ideas, 
pero que no expresa la realidad; porque la conciencia ni se rige 
por las leyes generales del movimiento, ni ocupa como la materia 
posiciones en el espacio, ni, por consiguiente, es susceptible de de- 
terminación cuantitativa. 

Semejante conclusión se antojará, á primera vista, inconcilia- 
ble con la orientación objetiva y experimental de la psicología, 
que emplea la medida y el cálculo en el estudio de la conciencia, 
s¡ no se tiene en cuenta que los procedimientos biológicos y do la- 
boratorio se aplican al análisis de los fenómenos psicológicos de 
muy diversa manera que á los fenómenos de la naturaleza física. 
Esta idea equivocada de identificar los procedimientos experimen- 
tales de uno y otro orden, la encontramos muy generalizada entre 



ABUSO DE LAS «METÁFORAS EX LAS CIENCIAS PSICOLÓGICAS -1 

los profesionales de las ciencias naturales, que habituados á con- 
cebir los objetos de su estudio bajo las formas de espacio y movi- 
miento, no aciertan á darse cuenta del valor de la conciencia en sí 
misma y en relación con las cosas. Pero los que entienden algo en 
achaques de psicología experimental y de técnica de laboratorio, 
saben muy bien que el fenómeno interno es en sí mismo inaccesi- 
ble á toda observación y experimentación físicas, y que en ningu- 
na de las ramas de la psicología objetiva— psico-física, psico-fisio- 
logía, psicología patológica, psicología comparada— se aplican los 
procedimientos experimentales y físicos directamente á la con- 
ciencia; el empleo aquí de los métodos cuantitativos no supone, ni 
mucho menos, que la conciencia sea en sí fenómeno cuantitativo 
como los físicos, sino solamente que se halla por todas partes 
relacionada con los fenómenos cuantitativos de la naturaleza ex- 
terior. 

Porque la conciencia, aunque constituye una realidad original- 
mente diversa, sin semejanza concebible con la realidad física, no 
es un mundo de tal modo cerrado é independiente, que no esté con- 
dicionado por el organismo, por el exterior físico y por el medio 
social; y si es legítimo abstraer la vida psicológica y estudiarla 
aparte en su propia naturaleza, no es menos necesario considerar- 
la en relación con el conjunto del universo, para lo cual, hay que 
salir de la conciencia é interrogar á este universo físico y moral 
que la condicionan. Y esto es lo que se propone la psicología obje- 
tiva: estudiar la vida interior, no en sí misma, sino en sus relacio- 
nes con el mundo. La psicofísica y la psicofisiología, por ejemplo, 
estudian las relaciones de la conciencia con los fenómenos físicos 
del exterior y del organismo, y cuando se emplean métodos bioló- 
gicos y cuantitativos, éstos no se aplican á la conciencia, sino á los 
fenómenos físicos correspondientes. Pretender aplicar directa- 
mente á la vida interior los métodos cuantitativos, como en los 
análisis físicos, para hacer de la psicología una ciencia matemáti- 
ca, es pretender lo imposible; no siendo aquélla una cuantidad, no 
es susceptible de medida ni psíquica, ni mucho menos física. Por 
eso, cuantas tentativas se han hecho hasta aquí para construir la 
psicología subjetiva en forma matemática, adaptándola al plan y 
métodos generales de las ciencias objetivas, han debido fracasar 
necesariamente. 

Sobresale entre estas tentativas la de Herbart y su escuela, que 
llevaron el matematismo psicológico á un grado extremo. La psi- 



V 

22 ABUSO DE LAS «METÁFORAS» EN LAS CIENCIAS PSICOLÓGICAS 

cología, según Herbart, debe construir el espíritu con representa- 
ciones, como la fisiología construye el cuerpo con fibras; y conci- 
bió estas representaciones ó elementos de conciencia como fuerzas 
en movimiento y lucha constante unos con otros, a semejanza de 
las fuerzas físicas. El equilibrio de aquellas representaciones cons- 
tituye la estática del espíritu, y su movimiento, la dinámica, de 
modo análogo á como concebimos la estática y la dinámica de los 
cuerpos; y estas fuerzas ó representaciones de la conciencia eran 
elementos cuantitativos producidos en un orden determinado y 
susceptibles de análisis matemático. Exponer sistemáticamente las 
leyes cuantitativas de la conciencia, tal era el objeto de su «psico- 
logía matemática". Semejante psicología, como se ve, estriba toda 
ella en una transposición a priori y metafórica de los conceptos 
cuantitativos de la naturaleza al dominio de la conciencia, concep- 
tos que aquí no expresan nada, puesto que las representaciones 
conscientes ni son cuantidad, ni movimientos en fuerzas. En lu- 
gar de construir la ciencia psicológica sobre el análisis directo y 
positivo de la realidad consciente, la modeló Herbart sobre el tipo 
de la naturaleza física; de aquí su fracaso completo. «No quedan 
hoy, de toda la obra de Herbart y de sus numerosos discípulos, es- 
cribe G. Villa, más que algunos felices análisis psicológicos, y pre- 
cisamente los que han sobrevivido nada tienen de matemáticos; la 
ciencia fundada por él ha ocupado un lugar puramente decorativo 
en psicología" (1). Y es que la ciencia, si ha de ser positiva, real y 
duradera, debe abandonar los procedimientos metafóricos sin pa- 
garse de espejismos ilusorios, y atenerse estrictamente á los con- 
ceptos y leyes arrancados directamente de la misma realidad. 

Los primeros ensayos de psicología experimental estaban igual- 
mente inspirados en este concepto metafórico y falso de la con- 
ciencia considerada como cuantidad. Se proponían los psico-físicos 
al principio medir los estados de conciencia, en particular las sen- 
saciones, como se miden los fenómenos de la naturaleza física, y 
hacerlos entrar en las leyes generales del movimiento, consideran- 
do la vida consciente como si se desenvolviera en formas de es- 
pacio. Abordaron este estudio por los fenómenos psíquicos inferio- 
res, por las sensaciones, cuya causa exterior, la excitación física, 
es cuantidad extensiva y mensurable, y creyeron que, establecien- 
do una relación matemática entre la excitación y la sensación, se 



(1) G. \'h iv /.« qutstiOH í/c> métMoütS ni p$ychologi».—Rev, s< »V/;/.— París. 1900. 



ABUSO DE LAS «METÁFORAS» EN LAS CIE.VCIAS PSICOLÓGICAS 23 

llegaría á medir la sensación misma. Durante mucho tiempo se 
-discutió vivamente el problema de la posibilidad de medirlas sen- 
saciones como se miden las fuerzas físicas; en especial se debatió 
el valor real de la fórmula matemática de Fechner, que sintetiza 
todos los trabajos del fundador de la psicofísica; y hoy, por fin, 
todos los psicólogos van persuadiéndose de que sólo es mensura- 
ble lo que ocupa posiciones determinadas y lijas en el espacio, y los 
fenómenos de conciencia son esencialmente sucesivos, consisten 
precisamente en la instabilidad. El ideal primitivo de medida cuan- 
titativa y matemática de las sensaciones, está hoy abandonado; las 
experiencias se limitan á concretar las relaciones entre los exci- 
tantes físicos y las variaciones de la sensación, mas sin que esto 
presuponga el concepto material y cuantitativo de la última. 

Pero se dirá: si los fenómenos psíquicos son cualidad pura sin 
semejanza concebible con la cuantidad física, {qué valor pueden 
tener la psicofísica y los estudios experimentales de laboratorio, 
donde se emplean, como procedimientos analíticos de la concien- 
cia, cálculos matemáticos y aparatos físicos de precisión? Y en 
el caso de admitir como legítimos tales procedimientos, ¿no debe 
sacarse en conclusión que los conceptos de cuantidad física son 
igualmente aplicables á la conciencia? Semejante conclusión sería 
legítima, si lo que se ha dado en llamar cuantidad psíquica fuera 
algo idéntico á las cantidades extensivas de los fenómenos físicos, 
y si la manera de aplicar la medida y los métodos de precisión al 
análisis de la conciencia fuera enteramente igual á como aquella 
medida y estos procedimientos se emplean en el estudio de la na- 
turaleza física. Pero no es así; las intensidades psicológicas de una 
representación, v. gr., de una tendencia ó de una emoción, no tie- 
nen nada que ver con las intensidades de las fuerzas físicas; éstas 
se descomponen en conceptos de masa y movimiento, y se redu- 
cen, en último término, á formas de espacio, mientras que las pri- 
meras ni se producen en el espacio, ni se relacionan con la masa y 
el movimiento. Y en cuanto á los procedimientos objetivos, nadie 
ignora que éstos nunca se aplican directamente á la conciencia, á 
diferencia de lo que ocurre en los objetos de las ciencias físicas. 
Discutiendo Duhring la posibilidad de medir las sensaciones y las 
condiciones en que puede realizarse, hace notar, no obstante sus 
tendencias fisiologistas, que esta medida, caso de ser posible, no tie- 
ne nada común y semejante con la medida de los fenómenos fí- 
sicos. «La aplicación — dice— de los principios mecánicos á la sen- 



24 ABUSO DE LAS «METÁFORAS' EN LAS CIENCIAS PSICOLÓGICAS 

sación subjuntiva, parece imposible, porque en la sensación nada 
hay semejante á la realidad objetiva que pueda ser concebido des- 
de el punto de vista de la materia y del movimiento. Y por eso se- 
ría de todo punto ilógico el aplicar inmediatamente los conceptos 
cuantitativos de la mecánica material á los elementos que consti- 
tuyen la conciencia» (1). 

¿Y no será quizá este empeño injustificado en asimilar el obje- 
to de la psicología al de las ciencias naturales, la principal causa 
de que los resultados obtenidos en los trabajos experimentales de 
laboratorio no hayan correspondido á las esperanzas concebidas? 
Porque, hasta el presente, puede con exactitud afirmarse que, más 
bien que soluciones, la psicología experimental nos ha ofrecido 
métodos y problemas. Por punto general, el tiempo" empleado, la 
paciencia tenaz de sus cultivadores y la ingeniosidad escrupulosa 
en los más mínimos detalles de las experiencias de laboratorio, for- 
man contraste con la pobreza de los conocimientos positivos. «El 
conjunto— escribe A. Binet,— produce la impresión de un trabajo 
enorme hecho á conciencia, para conseguir un pequeño número 
de resultados útiles." Y el promovedor de los estudios experimen- 
tales en América, M. Catell, se expresaba de la misma manera en 
un discurso dirigido á la Sociedad Americana de Psicología (1896). 
«El laboratorio— decía— nos ha enseñado poca cosa; trabajemos, 
que los resultados vendrán más tarde;» Y sin duda que vienen des- 
pacio, porque, hasta cierto punto, podrían valer también estas fra- 
ses como resumen del último Congreso de Psicología, reunido en 
Roma en el mes de Maj^o último. Gastón Rageot hace notar con 
sentimiento, y como nota dominante de este Congreso, la escasa 
atención que se ha prestado á los estudios de laboratorio y el vivo 
interés que han despertado otras cuestiones de psicología. «Una 
cosa — dice— ha llamado la atención en este Congreso. La psicolo- 
gía experimental atraviesa una crisis que lleva camino de resol- 
verse en perjuicio de ella misma, y cuya causa principal es la pre- 
ponderancia de las cuestiones filosóficas sóbrelas experimentales. 
Hasta aqui la nueva psicología se había concretado particularmente 
á dos i-lases tk- estudios: las medidas de laboratorio y las observa- 
ciones patológi< as. Ahora bien; para el primero de estos estudios 
sobre todo, el Congreso de Roma ha sido, al parecer, muy signi- 



(1) v. Tscbbi iavm. in hi minsuratioH des phánomenos psichtques; articulo de la AY- 
visin sricntifiqut de París, pag, *65, 1900. 



ABUSO DE LAS «METÁFORAS» EX LAS CIENCIAS PSICOLÓGICAS 25 

ficativo. Los primeros trabajos de laboratorio habían sido acogi- 
dos muy favorablemente, ilusionando por su aparente precisión. 
Habían sido practicados, particularmente en Francia, por sabios 
ávidos de notoriedad; pero pudiera preguntarse, después de todo, si 
no ha sido mayor el ruido que la labor positiva. Lo cierto es que en 
Roma no han logrado atraer la atención ni la curiosidad siquiera de 
los congresistas. Es posible que asistamos á un cambio de orienta- 
ción que bien pudiera ser un progreso. Se ha cometido el pecado en 
lo laboratorios de escuela de creer que los instrumentos bastaban; 
y hoy todo el mundo se va dando cuenta de que esta práctica cons- 
tituye solamente una condición elemental de una técnica por ex- 
tremo complicada y difícil. Algunos habían tomado éste, que r.o 
es más que un medio, por fin; hoy se ha visto que estaban en un 
error. Así que era muy natural que ante este fracaso evidente de 
una disciplina tan especial y tan estrecha, la psicología subjetiva 
y de introspección haya levantado la cabeza para tomar nota de 
ello» (1 

Desde el punto de vista de la orientación general de la psicolo- 
gía—escribe E. Pillaube en la Revue de Phi/osop/ii'c—el último 
Congreso ha puesto en claro una tendencia, que desde hace ya al- 
gunos años, predominaen los más importantes trabajos de Europa y 
América. Esta tendencia consiste en separar el estudio de la Vida 
interior, de la fisiología é histología cerebrales, con las cuales se la 
había confundido durante muchotiempo. Interpretando el sentir de 
la mayor parte de los congresistas, el Dr. Sante de Sanctes, Vice- 
secretario general del Congreso, ha hecho ver cómo de los traba- 
jos presentados y del movimiento general de la psicología actual, 
resulta que la psicología introspectiva no puede ya ser tratada 
con el desdén que hasta aquí, y que en el fondo, ella es la verda- 
dera psicología, la única que puede darnos á conocer la intima 
realidad de la vida del, espíritu. 

Y es de notar la evolución operada en la orientación de las 
ideas del primero al último de estos Congresos: en los primeros, 
de París [1889) y Londres (1992 , la casi totalidad de trabajos pre- 
sentados eran de estudios y procedimientos experimentales, que 
en el último han pasado inadvertidos, dirigiéndose la atención y el 
interés á otras cuestiones y otros problemas, especialmente los de 
carácter filosófico. En la primera época concebían los psico-físicos 



(1) Gastón Rageot. Revue Philosop frique, págs. 68 86. — Julio de 1905.— París. 



26 ABUSO DE LAS «METÁFORAS» EN LAS CIENCIAS PSICOLÓGICAS 

como cuantidad á la conciencia, pretendieron someterla á la medi- 
da, cuando en realidad lo único que medían eran los fenómenos 
físicos concomitantes de la sensación. Hoy se han convencido de 
que los fenómenos de la vida interior son esencialmente inestables, 
que no pueden encerrarse entre límites precisos, y, por consiguien- 
te, no son susceptibles de medida cuantitativa. Así que las preocu- 
paciones sistemáticas de los primeros psico-físicos por los métodos 
cuantitativos y de precisión han ido desapareciendo, para darlugar 
á una concepción más racional, más positiva y conforme con la 
realidad de los hechos, y consiste en estudiar simplemente las 
relaciones de la vida consciente con la vida cerebral y el mundo 
físico, pero sin asimilar los conceptos y leyes de uno y otro orden. 
«¿Podría hallarse hoy en los laboratorios de psicología, se pregun- 
ta el ya citado Peillaube, un experimentalista que crea medir la 
sensación en sí misma como hecho de conciencia? Es posible que 
sí, porque hay que tener en cuenta la inconsciencia y el candor de 
muchos de ellos; pero éstos van siendo cada día más raros» (1). 

A tres tipos pueden reducirse todas las formas cuantitativas de 
la naturaleza: cuantidad extensiva (espacio), cuantidad intensiva 
(fuerza) y cuantidad sucesiva (tiempo); pudiendo estas dos últimas 
considerarse en último término como formas derivadas de la pri- 
mera, ó sea de la extensión. Ahora bien, la vida subjetiva se pro- 
duce toda ella fuera del espacio, y la intensidad y la duración en 
cuanto modos de la conciencia no son nada semejante á la intensi- 
dad de las fuerzas naturales y á los movimientos de la materia, 
que constituyen el tiempo físico real y concreto. Nosotros no po- 
seemos conocimiento alguno positivo de la materia, sino bajo for- 
ma extensiva; todas las propiedades y modos de la materia supo- 
nen la fundamental de la extensión, y esta es la razón de que todas 
sus formas sean determinables cuantitativamente, por reducción 
á la unidad común del espacio. Por el contrario, el mundo psicoló- 
gico es inexterno, y todas sus manifestaciones participan de este 
carácter fundamental; la vida consciente es esencialmente sucesi- 
va, y se desenvuelve. Sólo en el tiempo, no en el espacio; y por esto 
mismo no es determinable cuantitativamente, ni redüctible á la 
unidad fundamental de la extensión. 

Sin embargo, á pesar de la heterogeneidad irreductible de las 



(i) !•-• Pi M i iubí Lé V Congt'ét internationol át psychologit, publicada mi la Revue 
de Philosophit, JttOlo i (a, 



ABUSO DE LAS «METÁFORAS/ BN LAS CIENCIAS PSICOLÓGICAS 27 

manifestaciones de la conciencia y las formas físicas, no constitu- 
yen ambas dos mundos cerrados é incomunicables entre sí, y de 
aquí que sea difícil trazar una línea divisoria en la realidad. La 
vida consciente se desenvuelve toda ella en función de la natura- 
leza física; verificamos las sensaciones externas por medio de ór- 
ganos especiales, y las localizamos también en órganos físicos, y 
se producen determinadas sensaciones por excitaciones de fuerzas 
físicas; las representaciones imaginarias se hallan ligadas igual- 
mente á movimientos físicos de los centros cerebrales; las emocio- 
nes irradian su acción en el organismo entero; y las tendencias se 
traducen en movimientos físicos. Hasta las funciones superiores de 
la inteligencia se acompañan siempre de representaciones imagi- 
narias y de movimientos cerebrales. Y tan íntima es la compenetra- 
ción de la vida psicológieay la física en el hombre, que la alteración 
ó paralización de ciertas funciones biológicas traen consigo la sus- 
pensión parcial ó total de las funciones psicológicas. Por otra parte, 
el mayor número de fenómenos mentales son representaciones ob- 
jetivas de la naturaleza, siendo difícil hacer una abstracción ade- 
cuada del fenómeno subjetivo y las formas objetivas en él represen- 
tadas. De aquí nace esa tendencia fácil á emplear conceptos físicos 
en la explicación de la conciencia, trasladando á ésta los datos de 
observación objetiva que no convienen más que á la materia. Por 
nuestra constitución mental y hábitos de pensar ayudados de sím- 
bolos físicos, concebimos los fenómenos internos como representa- 
ciones permanentes, como objetos y cosas: y les atribuímos la fije- 
za y estabilidad de los fenómenos físicos, materializándolos. Y es 
que tenemos necesidad de conceptos claros, y nuestros concep- 
tos más claros corresponden precisamente á objetos situados en el 
espacio, donde todo es distinto y yuxtapuesto, comprendido entre 
límites fijos y susceptibles por lo mismo de medida y de cálculo. 
Así es que, al intentar la formación de una idea clara de la concien- 
-cia, se la separa del sujeto, objetivándola y quedando así conver- 
tida en una especie de materia ideal. Uno de los daños que esta 
manera de concebir la conciencia trae consigo, es el de olvidar que 
es una sustitución metafórica de conceptos, tomando el símbolo 
por la realidad. Se explica así que hasta filósofos espiritualistas y 
de un espiritualismo exagerado como Wolf, hayan tratadode expli- 
car, por medio de conceptos materiales, fenómenos y realidades 
que en sí nada tienen de materiales; y que Herbart, no obstante 
que en psicología rechazaba cualquier otro método que no fuera el 



28 ABUSO DE LAS «METÁFORAS» EN LAS CIENCIAS PSICOLÓGICAS 

de introspección, y la mayor parte de los psicólogos ingleses cre- 
yeran que se podían determinar el mecanismo del espíritu, sus le- 
yes y desenvolvimiento, exactamente lo mismo que un naturalis- 
ta determina por la observación externa la composición de un mi- 
neral ó de una planta. 

. En esta transposición metafórica de conceptos físicos y psico- 
lógicos, no es rara tampoco la sustitución inversa, utilizándose 
conceptos y términos de conciencia para explicar fenómenos fisio- 
lógicos. Así, C. Richet explica los reflejos medulares ordenados di- 
ciendo que este órgano se halla dotado de una especie de memoria. 
Es muy frecuente entre fisiólogos considerar el fenómeno nervio- 
so concomitante del recuerdo como una especie de hábito con- 
traído por las células cerebrales para conservar y reproducir las 
impresiones. Pero los hábitos de conservación y reproducción son 
conceptos puros de conciencia, tomados exclusivamente de la ob- 
servación psicológica, que nos ofrece los fenómenos internos or- 
ganizados de una manera permanente en forma de representacio- 
nes, tendencias, emociones, etc. Es ésta, por consiguiente, una ex- 
plicación metafórica sin valor real; puesto que los conceptos y el 
lenguaje de la conciencia no expresan nada en fisiología, lo mismo 
que los conceptos físicos tampoco representan nada en el dominio 
de la conciencia. 

Los fenómenos psicológicos no son cuantidad extensiva, pues 
el concepto de extensión es puramente objetivo sin equivalencia 
en el mundo subjetivo; de donde se sigue la imposibilidad de adap- 
tarle ninguna medida de extensión; y como las determinaciones 
cuantitativas de la naturaleza se reducen todas, en último término, 
á modos de la extensión, de aquí la imposibilidad de aplicar direc- 
tamente ningún procedimiento cuantitativo y experimental de 
orden físico á la conciencia. En efecto, el espacio real, la exten- 
sión, la constituyen dos elementos esenciales: multiplicidad y con- 
tinuidad permanentes, ó sea agregación y yuxtaposición de ele- 
mentos. La línea es una agregación de puntos en orden de conti- 
nuidad, la superficie de líneas, el cuerpo de superticies, y el uni- 
verso material es el conjunto total de los cuerpos existentes; y el 
espacio indefinido, ideal, no es más que la continuidad posible de 
cuerpos fuera ile los límites de la realidad. Y porque es esencial- 
mente múltiple y divisible en partes homogéneas, puede tomarse 
una cualquiera de estas partes como base de relación proporcional 
con otras extensiones mayores y menores, que es en lo que consis- 



ABUSO DE LAS • METÁFORAS» EN LAS CIENCIAS PSICOLÓGICAS 29 

te la medida cuantitativa. La multiplicidad de elementos yuxta- 
puestos es, pues, el fundamento de todo cálculo y de toda medida 
del mundo material. 

Ahora bien; los fenómenos psíquicos, ni son divisibles, ni cons- 
tan de elementos yuxtapuestos, ni se producen en forma de espa- 
cio; su única categoría es el tiempo, la sucesión; pero no la suce- 
sión 3' el tiempo físicos, ó sea el movimiento, que no es otra cosa 
que cambios de relaciones en la extensión, sino el tiempo psicoló- 
gico, que es sucesión pura, independiente de la extensión. Xo se 
pueden dividir una idea, una emoción, una sensación y una tenden- 
cia, como se dividen la línea, la superficie, el espacio y el movi- 
miento. De una línea se hacen dos, tres y cuatro, y se pueden de- 
terminar las relaciones cuantitativas proporcionales de unas con 
otras; imposible determinar las veces que una idea, sensación ó 
tendencia contienen á otras. El movimiento local es la serie con- 
tinua de posiciones sucesivas de un cuerpo en el espacio; consiste 
en cambios relativos de extensiones parciales, y se determina por 
la dirección y la velocidad, es decir, que se funda en la extensión, 
y de aquí que sea mensurable. En cambio, la conciencia, por ca- 
recer de cuantidad extensiva, carece igualmente de movimientos 
3* direcciones. 

La yuxtaposición y la impenetrabilidad de unas partes respec- 
to de otras, son también dos caracteres de la extensión material, y 
la conciencia inmediata no encuentra nada semejante en la vida in- 
terior; los elementos no son aquí exteriores unos á otros, se com- 
penetran mutuamente aun los más opuestos, formando un todo po- 
tencial ó virtual; por eso, sin metáfora, se dice que la alegría está 
al lado del dolor. Y como la vida interior se produce toda ella fue- 
ra del espacio, carece igualmente de las formas secundarias y de- 
rivadas de la extensión. Sólo metafóricamente se dice de la con- 
ciencia que tiene relieves y contornos, qiie las ideas son elevadas 
ó bajas, anchas ó estrechas, que los sentimieritos son superficiales 
ó profundos, y que las tendencias pasionales son movimientos con 
direcciones diversas. La escasez ó falta de lenguaje que exprese 
directamente los modos de la conciencia, impone el uso habitual 
de términos que expresan conceptos físicos, con los cuales aqué- 
llos tienen alguna analogía; pero, entiéndase bien, esta analogía 
supone siempre la irreductibilidad de naturaleza en los fenómenos 
de uno 3* otro orden. 

Pero, si es cierto que la conciencia no es cuantidad extensiv 



30 ABUSO DE LAS «METÁFORAS» EN LAS CIENCIAS PSICOLÓGICAS 

por tanto concebible en términos de espacio, ¿no parece, en cam- 
bio, poseer cierta cuantidad extensiva semejante á la intensidad de 
las fuerzas y movimientos de la naturaleza, y bajo este aspecto ser 
determinable como éstos matemáticamente? Nuestra vida interior 
languidece y se deprime unas veces, y otras se fortifica y enarde- 
ce, oscilando constantemente entre grados de intensidades dife- 
rentes. Y este hecho general le expresamos en lenguaje de cuan- 
tidad diciendo que una sensación es más ó menos fuerte, un senti- 
miento más ó menos profundo, un esfuerzo más ó menos grande. 
Estas intensidades diferentes constituyen series de grados crecien- 
tes, en que el superior se sobrepone al inferior y le contiene, á se- 
mejanza de las cuantidades físicas; una idea, una tendencia, una 
sensación, el color y el sonido, v. gr., pueden ser más ó menos in- 
tensos, como una fuerza ó una línea pueden ser el doble ó el triple 
que otras. Y así como las intensidades, movimientos, fuerza y, en 
general, todo continuo físico, son determinables cuantitativamen- 
te; ¿por qué no ha de ser también posible, se dice, determinar la 
intensidad de los fenómenos psíquicos matemáticamente en núme- 
ro y medida? 

Dos cosas son necesarias en toda medida cuantitativa: un con- 
tinuo mensurable y una unidad aplicable al continuo, puesto que 
la medida se reduce á llevar sobre un continuo otro que se toma 
como unidad y determina las veces que el primero contiene al se- 
gundo. Pero la conciencia, ni es propiamente hablando un conti- 
nuo, y si así quiere llamarse, lo es en sentido muy diverso del con- 
tinuo en la naturaleza física, ni, sobre todo, puede hallarse una 
cantidad de conciencia que sirva de unidad de medida. Es de tal 
naturaleza el fenómeno psicológico, que resulta inútil todo propó- 
sito de hallar, no ya la unidad psíquica que fuese medida común 
de todas las sensaciones, únicos fenómenos que se ha tratado de 
someter á la medida y al cálculo; pero ni siquiera unidades parti- 
culares y específicas para cada orden cualitativo de sensaciones. 
En el primer caso debería tomarse como tipo de referencia una 
sensación cualquiera, el color, v. gr.; pero sería inaplicable la me- 
dida á las otras sensaciones, con las cuales no tiene cualitativa- 
mente semejanza concebible. En cuanto al segundo, es igualmente 
inútil buscar para cada orden de sensaciones una medida particu- 
lar y homogénea, á semejanza de la unidad cuantitativa tísica; 
porque tratándose de fenómenos esencialmente sucesivos, no sería 
posible la comparación en un momento determinado, ni la adapta- 



ABUSO DE LAS METÁFORAS» EN LAS CIENCIAS PSICOLÓGICAS 31 

ción de dos sensaciones, con el fin de ver las veces que una de ellas 
contiene á la otra. 

Se dirá que es posible comparar entre sí las sensaciones pasa- 
das, utilizando la memoria de las mismas, y determinar así, á lo 
menos de un modo general, su intensidad y viveza relativas. ¿Pero 
cómo hallar matemáticamente, v. gr., las veces que la sensación 
visual de la luz vivísima de un arco voltaico contiene á la débil de 
una bujía, ó las veces que la detonación de un disparo de revólver 
se halla multiplicada en la sensación causada por el estampido del 
cañón? 

La intensidad de los fenómenos psíquicos nada tiene que ver 
con la cuantidad física, ó, á lo más, sólo tiene con ella alguna ana- 
logía; y si se ha tratado de someterla al cálculo y á la medida, es en 
forma muy diversa de como se aplican la medida y el cálculo á la 
cantidad física. La única medida posible de la sensación no es di- 
recta, sino indirecta, y se funda en dos hechos comunísimos de ob- 
servación vulgar. Es el primero de ellos, que distinguimos sin di- 
ficultad las diferentes intensidades de dos sensaciones sucesivas 
cuando estas diferencias son notables, pudiéndose, por lo tanto, to- 
mar como unidad de apreciación ó medida psicológica la más pe- 
queña diferencia perceptible entre dos sensaciones consecutivas. 
El otro hecho es la relación constante que la sensación parece 
guardar, de una parte con el excitante físico, y de otra con los efec- 
tos exteriores de reacción sensible; y he aquí por donde, siendo 
aquellos excitantes y estos efectos valuables en número y medida, 
como cantidades físicas que son, también, aunque de modo indirec- 
to, pueden serlo las sensaciones mismas. Juzgamos, en efecto, la 
fuerza del excitante que impresiona nuestros sentidos, como un so- 
nido, la luz, el peso, los grados de calor ó frío, por las diferencias de 
sensación; á todo cambio sentido en la conciencia asignamos como 
causa una variación correspondiente en la intensidad de la fuerza 
excitante, y de igual modo apreciamos el efecto mecánico exterior 
por los grados de esfuerzo muscular experimentado en el organis- 
mo. Pero entiéndase bien, y esto conviene tenerlo presente para 
evitar interpretaciones equivocadas, muy frecuentes entre los que 
ignoran ó saben á medias los procedimientos de la psicología expe- 
rimental, que la medida y el cálculo nunca se aplican directamente 
á la conciencia, sino sólo á los excitantes y efectos mecánicos; y 
por las relaciones que éstos guardan con las sensaciones podemos 
establecer sistemas fijos de variaciones de intensidades psicológi- 



32 ABUSO DE LAS «METÁFORAS» EN LAS CIENCIAS PSICOLÓGICAS 

cas, pero sin que por eso estas intensidades dejen de ser puramen- 
te cualitativas, no cuantitativas. De donde se infiere que sólo me- 
tafóricamente puede hablarse de la medida de los fenómenos psí- 
quicos; la psicofísica y la psicometría lo único que se proponen es, 
no medir las sensaciones, como vulgarmente se cree, sino simple- 
mente determinar las relaciones entre las variaciones cualitativas 
de la sensación y las variaciones cuantitativas de la naturaleza fí- 
sica; porque la conciencia, aunque es cualidad pura, está condicio- 
nada por la cuantidad. 

En suma: la determinación cuantitativa de los fenómenos psí- 
quicos es una transposición de conceptos físicos á la conciencia, 
que aquí sólo tienen valor en sentido de cualidad. Los fenómenos 
de la naturaleza, en tanto son determinables cuantitativamente, 
en cuanto se reducen á movimientos, y en último término á for- 
mas de espacio, y la conciencia nada tiene de común con el mo- 
vimiento ni con el espacio. Las leyes que rigen las cuantidades fí- 
sicas son proporcionales y constantes; en cambio, todos los psicó- 
logos convienen en que es imposible establecer en el dominio de 
la Psicología constantes absolutas, como los números con que ex- 
presamos la extensión, el movimiento, el peso, las unidades eléc- 
tricas, etc. «Los hechos de conciencia no se extienden, como los 
físicos, en formas de espacio, así que no podemos, como en los fe- 
nómenos exteriores de la naturaleza física, determinar sus relacio- 
nes recíprocas por medio de construcciones matemáticas. El fun- 
damento de estas construcciones es el espacio, forma común de 
todos los fenómenos materiales en el dominio de la experiencia ex- 
terna, y que falta totalmente en el de la conciencia. Y he aquí 
por qué, en la ciencia psicológica, no hay nada que pueda corres- 
ponder exactamente á las leyes generales del movimiento, que 
contiene en las ciencias físicas los principios más generales de 
toda explicación exacta y matemática de la naturaleza» (1). Y 
cuando la Psicología experimental nos ofrece las relaciones de las 
intensidades psieo-físicas expresadas en fórmulas matemáticas, no 
se entiende que entre lo psíquico y lo físico haya nada de común 
ni en su naturaleza ni en sus procedimientos. La intensidad de los 
fenómenos psicológicos es una intensidad sufsgeneris, indepen- 
diente en sí del espacio, y consiste simplemente en diferencias de 



(l) II. 1 1 « ■ » n. i\<-., Esquisat i/'iuh psych, fom lee sur l'exp., p.i^. 96.— Traducción france- 



ABUSO DE LAS METÁFORAS* EX LAS CIENCIAS PSICOLÓGICAS 33 

-percepciones homogéneas; en cambio, las intensidades físicas 
como las fuerzas y los movimientos, se producen siempre en fun- 
ción del espacio y son reductibles, en último término, a formas de 
espacio. Extender, pues, al dominio de la conciencia los conceptos 
físicos de intensidad y medida, es una metáfora sin valor real 



(.Concluirá). 



P. Marcelino Arnáiz, 

O. S. A. 



O'COJlJlEIili Y Iifl ElVIfiflClPñCIÓH ÜE ItOS GñTÓMCOS 




XI 



LA ELECCIÓN DE CLARE 

II resultado general de las elecciones del año 1826 modificó 
momentáneamente los diversos grupos políticos de la Cá- 
mara de los Comunes, y el partido de la intolerancia, gra- 
cias á las maniobras y presiones oficiales, recibió algunos refuer- 
zos más: como consecuencia, perdieron los católicos los pocos vo- 
tos de mayoría, y era preciso reconquistarlos á todo trance si 
querían volver á elevar hasta la Cámara de los Lores el Bill de 
emancipación. Desde el principio de la nueva legislatura manifes- 
taron los Comunes sus tendencias hostiles á toda idea de libertad; 
pero esta nueva mayoría no era más que de cuatro votos, y cuando 
Sir Francis Burdett, obedeciendo á las instigaciones de O'Connell, 
volvió á presentar el Bill que había sido adoptado dos años antes, 
lo vio, tras una larga y apasionada discusión, desechado por es- 
tos cuatro votos de mayoría. Aunque Burdett previese esta derro- 
ta, no fué, sin embargo, tiempo perdido la presentación, porque 
los discursos con tal ocasión pronunciados, probaron hasta la evi- 
dencia que las dos Cámaras, el Cobicrno y el Rey mismo estaban 
jugando con fuego, y Canning, el Ministro de más talla y adicto 
además á los católicos, avisó á sus colegas cuan peligroso era crear 
y conservar un antagonismo agudo entre la representación nacio- 
nal y los deseos y las aspiraciones de un pueblo entere, del cual 
pretendía ser órgano la Cámara. 

Para ser lógico debía I VH haber escuchado el consejo de su co- 

pues, si bien recuerda el lector, el mismo Ministro fué quien 

poco antes aconsejaba á lord Liverpool que se retirase del Poder,. 



O'CONNELL Y LA EMANCIPACIÓN DE LOS CATÓLICOS 35 

facilitando así algunas concesiones que juzgaba indispensables en 
favor de los católicos. Peel, siempre intransigente en el fondo, tenía 
como primero y casi único ideal, el de mantenerse en el Poder, por 
lo cual se veía precisado á profesar, no una determinada idea po- 
lítica, sino una política de balancín, y aunque se inclinaba instinti- 
vamente hacia los torys, no tenía inconveniente en alabar á los 
wht'gs cuando la mayoría de los diputados se inclinaba hacia aquel 
lado. En la legislatura anterior había confesado ser necesarias al- 
gunas concesiones; pero la constitución de la nueva Cámara le 
permitía retroceder, y sin que le salieran al rostro los colores, de- 
claró públicamente, poniéndose en contradicción manifiesta, que 
«la elegibilidad de los católicos era incompatible con la Constitu- 
ción". Muchos de sus adictos, enterados del oportunismo del mi- 
nistro, extrañaron tan radical retroceso para halagar á tan débil 
mayoría; pero habiendo corrido poco después la noticia de que lord 
Liverpool acababa de expirar víctima de un ataque de apople- 
jía, se aclaró todo el misterio. Lord Liverpool había ocupado quin- 
ce años el Poder; y Peel, que estaba cansado de esperar ser pri- 
mer Ministro, en cuanto tuvo noticia de la enfermedad y de sus ra- 
pidísimos progresos en el cuerpo, ya debilitado, de Liverpool, en- 
trevio como próxima su sucesión. De sobra conocía las ideas del 
Soberano, y con el fin de llamarle la atención sobre sí, hizo la an- 
terior declaración que los suyos extrañaron; pero que cuadraba 
perfectamente con las ideas religiosas de Jorge IV. Además, tenía 
Peel un rival muy temible entre sus colegas de Ministerio: este ri- 
val era Canning, hombre muy recto, de amplias ideas y amigo de 
los católicos; y como Canning no disimulaba sus simpatías, quiso 
Peel extremar la nota contraria para presentarse como antagonis- 
ta suyo, con lo cual, obligado el Soberano á escoger entre los dos 
extremos, era muy de presumir se inclinara de su parte y le de- 
signase para jefe del Gobierno. Desgraciadamente para él, su jue- 
go tenía un defecto, y era el de jugar demasiado claro. 

Apenas llegó á Irlanda la noticia de la muerte de lord Liver- 
pool, exclamó O'Connell: «Es necesario evitar ahora la constitución 
de un ministerio tory.* Escribió á todos los amigos que tenía en el 
campo whig suplicándoles que removiesen cielo y tierra para evi- 
tar á Irlanda esta nueva calamidad, y de una manera especial la 
subida de un gabinete Wellington. Esta vez los deseos de O'Con- 
nell se vieron colmados. Jorge IV se hallaba perplejo, y con harto 
sentimiento de Peel, quiso llamar á lord Eldon para ofrecerle la 



36 O'CONNELL Y LA EMANCIPACIÓN DE LOS CATÓLICOS 

presidencia; pero Peel, á quien no hacía gracia esta solución, hizo 
observar al Rey, que siendo Eldon un político de escasa talla, no 
podría sostenerse mucho tiempo; pues con Canning en la oposi- 
ción, la Cámara de los Comunes sería ingobernable. Sin quererlo 
hizo Peel el mejor elogio de su antagonista, y el Re} 7 , para que la 
Cámara no fuera «ingobernable", mandó llamar á Canning y le 
ofreció el Poder, aunque poniéndole como condición que la Eman- 
cipación de los Católicos no figuraría en el programa ministerial y 
seguiría siendo una cuestión abierta. Canning aceptó, é inmedia- 
tamente Wellington, Eldon, Peel y otros corifeos del ultra- protes- 
tantismo, se retiraron en masa, demostrando así su descontento. La 
situación de Canning no era muy brillante: sin elementos suficien- 
tes para formar un gabinete de coalición whig, y conociendo que 
era además muy dudoso que un ministerio exclusivamente wJtt'g 
pudiera tener larga vida, buscó colaboradores en los dos campos 
con el fin de mudar el eje sobre el cual giraba la mayoría de los 
Comunes. Tres personajes whigs más ó menos afectos á las irlan- 
deses entraron en la combinación: lord Dudley, Ministro de Esta- 
do; Plunket, Canciller por Irlanda; y Mr. Lamb, que fué después 
lord Melbourne, el cual aceptó el cargo de Secretario por Irlanda. 
Entraron además por amistad personal, Palmerston y Huskisson, 
y también algunos torys que poco á poco se iban adhiriendo á su 
política, como lord Lansdown y Tierney. 

O'Connell saltaba de júbilo al saber estas noticias, pues cono- 
ciendo como conocía á Canning, sabía que estaba seriamente dis- 
puesto á hacer cuanto le fuera posible en favor de los católicos; 
pero la mala suerte de Irlanda quiso que Canning no tuviera tiempo 
para mejorar siquiera la situación política de los irlandeses. Para 
no exponerse á un fracaso seguro, era de elemental prudencia pro- 
ceder con mucha precaución y compensar, ganándose nuevas sim- 
patías, las pérdidas ocasionadas por la salida de Peel, de Eldon, et- 
cétera. Todas estas combinaciones reclamaron mucho tiempo y le 
costaron gravísimos disgustos, viéndose en la precisión de prorro- 
gar el Parlamento hasta el día 2 de Julio. Toda la historia del Ga- 
binete Canning se reduce á las dificultades de su formación: dota- 
do el Presidente de alma excesivamente noble y sensible, con una 
salud ya quebrantada, no pudo resistir los ultrajes personales que 
sus antiguos amigos le dirigieron. Lord John Russel, testigo ocular 
de uno de estos indignos ataques, nos describe .i Canning contestan- 
do á un insulto «con una mezcla tal de desprecio, de ira y de dolor, 



O'CONNELL Y LA EMANCIPACIÓN DE LOS CATÓLICOS 37 

que su corazón parecía iba á romperse. Un amigo, el Duque de 
Devonshire, movido á compasión, le ofreció su villa de Chiswick- 
House, á la orilla del Támesis, para que se repusiera. «No vayáis — 
le dijo asustada lady Holland, — es una casa fatídica; esa casa os 
costará la vida. Allí murió Fox." Sonrióse Canning del terror 
de la noble señora, y despreció el aviso; pero á poco de llegar 
tuvo que guardar cama, y en breves días una pleuresía le llevó al 
sepulcro. Murió el día 8 de Agosto d< los cincuenta y siete 

años de edad, y precisamente efi la misma habitación donde murió 
Fox veinte años antes. Nadie sintió más hondamente su muerte 
que O'Connell, que escribió estas palabras: «Acabamos de perder 
un amigo poderoso; las madres y los niños irlandeses han perdido 
un protector, y los beneficios que esperábamos recibir durante su 
administración nos los ha arrebatado de un golpe la muerte, 
nos presentan como una confusa y lejana visión. Mas Irlanda no 
debe desesperar; no ha desesperado jamás, aunque en el sombrío 
curso de su historia haya tenido muchas ocasiones para renunciar 
á toda esperanza, y oigo á mi corazón que con tristeza infinita me 
está diciendo: Canning hubiera tenido más larga vida si su suerte 
no hubiese estado tan íntimamente unida á la de nuestra desdicha- 
da patria." Ninguno de sus colegas tenia alientos para llevar á 
buen fin la obra de Canning, apenas esbozada; se esforzaron, sin 
embargo, por mantenerse en el Poder bajo la presidencia del débil 
lord Goderich, que, poco después, convencido de su incapacidad 
para resistir á todas la fuerzas coligadas de los torys, no esperó á 
que se reanudasen las sesiones parlamentarias, y, según la inge- 
niosa frase de un historiador, «murió por debilidad congénita-. 

Temía O'Connell, y con razón, la formación de un Gabinete 
tory, esta vez inevitable, y de manera especial, un Gobierno pre- 
sidido por el Duque de Wellington; pero la Providencia, que á ve- 
ces parece burlarse de los miserables cálculos humanos, había dis- 
puesto que fuese un Gobierno tory, presidido precisamente por el 
Duque de Hierro y con Peel por Ministro de Gobernación, el que 
había de borrar de la legislación inglesa la última incapacidad le- 
gal pesaba sobre los católicos. Tenía O'Connell sus razones para te- 
mer á un ministerio Wellington, pues mientras el vencedor de Wa- 
terlóo había estado en las Indias, fué el brazo derecho de lord Lake, 
cuyo nombre era particularmente odioso á los irlandeses por las 
crueldades, verdaderas ó exageradas, de su mando militar en la 
isla durante la insurrección del año 1798, que le valieron el mote 



38 O'CONNELL Y LA EMANCIPACIÓN DE LOS CATÓLICOS 

de «carnicero de los irlandeses». O'Connell pensaba que '-el acóli- 
to debía ser digno de su jefe». 

Al Duque de Wellington acudió Jorge IV cuando la situación 
de lord Goderich se hizo insostenible, y Peel aceptó la cartera de 
Gobernación. Parecía que un círculo impenetrable de hierro iba 
estrechándose alrededor de Irlanda. Uno de los actos del nuevo Mi- 
nisterio fué el reemplazo de lord Wellesley como virrey de la isla, 
dándole por sucesor á lord Anglesey, personaje también poco sim- 
pático á los irlandeses, pues no se había recatado en Londres de 
calumniarlos, ó por lo menos censurarlos con acritud, y hablando de 
las reivindicaciones de los católicos había llegado á decir que se 
debían arreglar, no with conccssions, por medio de concesiones, 
sino with coHCUSStOHyQS decir, por medio de lo que, por eufemismo, 
llamamos argumentos contundentes. A pesar de ello, por una po- 
lítica tortuosa muy difícil de explicar, no se excedió durante su 
administración en Irlanda, y lejos de ensañarse como hicieron te- 
mer sus anteriores amenazas, fué, por el contrario, benigno y aun 
afable, hasta el punto de ser relevado más tarde de su oficio por 
haber en varias circunstancias manifestado simpatía y ayudado 
bajo cuerda á los católicos. La subida al Poder del Duque de We- 
llington llenó por un momento de consternación á toda Irlanda, 
temerosa de que el nuevo Ministerio, abusando de la fuerza, para- 
lizaría todo esfuerzo intentado por los católicos para recuperar su 
libertad. Mas la situación de la isla había cambiado mucho: todas 
las fuerzas vivas del país estaban admirablemente organizadas, y 
O'Connell dispuesto á aceptar la lucha con todos, incluso con el 
Gobierno. Era la lucha decisiva la que comenzaba; y O'Connell, 
conocedor del estado de ánimo de toda la isla, vio que entonces, 
más que nunca, era necesaria la prudencia y el atrevimiento, y que 
cualquier paso en falso podía comprometer la suerte de su patria. 
A la cabeza de más de seis millones de católicos, y ciegamente obe- 
decido por ellos, era un elemento que podía tratar de potencia á po- 
tencia con el mismo Wellington, y después de un último ensayo 
para asegurarse déla disciplina de sus milicias, se decidió á tomar 
enérgicamente la ofensiva. La frase de lord Anglesey había corri- 
do, causando penosa impresión en el público, y O'Connell, casi 
como desaliando al Gobierno,)' para probarle que el verdadero Rey 
de Irlanda era él, y con sólo que él quisiese, resultarían insuficien- 
tes todas las tropas inglesas existentes en la isla para resistir al for- 
midable movimiento de toda la población que podía provocar una 



o'cON.VELL Y LA EMANCIPACIÓN DE LOS CATÓLICOS 39 

sola palabra suya, se resolvió después de una conferencia con Sheil, 
á hacer este alarde de fuerzas, sublevando pacíficamente á toda 
Irlanda en una hora y en un día convenidos. Todos los socios de la 
Nueva Asociación Católica recibieron las oportunas instrucciones, 
según las cuales habían de ponerse de acuerdo con los Párrocos, 
para que el día 13 de Enero, en una hora convenida, se celebrasen 
mitins en todos los puntos de Irlanda; y en caso de carecer de lu- 
gar á propósito, no reparasen en ceder momentáneamente la Igle- 
sia, pues Dios no podía ofenderse de que los católicos se reunieran 
en su casa para reclamar la libertad que Jesucristo había predica- 
do á sus discípulos. Amaneció el día designado, y á la misma hora, 
casi con precisión matemática, se celebraron 2.000 mitins, á los 
cuales se calculó que asistieron más de 5.000.000 de católicos, sin 
que hubiese que deplorar ningún exceso. Los 2.000 mitins votaron 
otras tantas idénticas peticiones al Parlamento, y todos á una re- 
clamaban la Emancipación, no como un favor, sino como un de- 
recho. 

Excusado es ponderar el asombro del Gobierno ante tal situa- 
ción, que amenazaba ponerse seria. Con una Cámara de los Comu- 
nes cuya mayoría no ofrecía estabilidad, ¿convenía al Duque de 
Wellington emprender un nuevo sistema de represión en Irlanda? 
Aquí estaba lo grave del problema. El efecto moral de los mitins 
del 13 de Enero fué tan grande en los Comunes, que la misma le- 
gislatura que poco antes había rechazado la moción de Burdett, la 
aprobó entonces con seis votos de mayoría. Decididamente, la Cá- 
mara se dividía en dos partes casi iguales, y cualquier torpeza del 
Gobierno podía provocar una crisis. El Ministerio tuvo el buen 
acuerdo de no empeñarse en una lucha cada día más difícil; pero 
fluctuaba no sabiendo todavía si mantenerse pasivo, ó, sin ejercer 
represiones violentas, seguir la antigua y tradicional política con- 
servadora en toda su integridad. Esta indecisión del Gobierno se 
manifestó de una manera inequívoca en la Cámara de los Lores. 
Un antiguo colega de Canning, lord Lansdown, acababa de presen- 
tar una moción en favor de los católicos, y el primer lord del Te- 
soro, al contestarle, le dijo, entre otras, las palabras que á conti- 
nuación traducimos: «Si la agitación quisiera dejar un poco de des- 
canso al espíritu del público, el pueblo estaría más satisfecho, y 
solamente entonces se podría hacer algo.» El Duque de Welling- 
ton, no sabiendo todavía á qué parte inclinarse, pronunció unas 
cuantas palabras ambiguas que, sin satisfacer á los católicos, tuvie- 



40 O'CONNELL Y LA EMANCIPACIÓN DE LOS CATÓLICOS 

ron el don de despertar las susceptibilidades de los ultra-protes- 
tantes. La gente previsora creyó ver en las palabras del Duque de 
Wellington síntomas de una próxima emancipación. Lord Eldon 
decía en una carta aludiendo á ellas: «La ambigüedad, real ó su- 
puesta, del Duque de Wellington, ha llegado á persuadir al pública 
de que el Ministerio, ó por lo menos el Duque, tiene intención de 
emancipar á los católicos durante la próxima sesión.» Resumiendo 
lo dicho, se deduce: primero, que el Gobierno veía acercarse la fe- 
cha en que, aun contra su -voluntad, no tendría más remedio que 
acceder á las instancias de los católicos; segundo, que temía á la 
agitación legal más que al fuego, y que ésta era la única manera 
de forzarle; tercero, que deseaba se calmase la agitación para no 
conceder la Emancipación, ó por lo menos retrasarla lo posible. 
O'Connell, que no perdía una sola palabra de cuantas se decían en 
el Parlamento, no tardó en advertir el cambio operado en el Mi- 
nisterio, atribuyéndolo, como era natural, á los mitins del 13 de 
Enero; pero en vez de conformarse con el consejo del primer lord 
del Tesoro, que deseaba «se calmase la agitación para que se satis- 
ficiera al público», decidió mantenerla más viva que nunca, hasta 
que se presentase la primera ocasión propicia para el golpe de- 
cisivo. 

No tardó esta ocasión en presentarse: M. Vesey Fitz-Gerald, 
diputado anglo-irlandés por el Condado de Clare, había aceptado 
en el Gabinete de Wellington la cartera de Comercio, y según lo 
que la ley inglesa exigía para todo miembro de los Comunes que 
entraba en una combinación ministerial, debía volver á presentar- 
se á sus electores para que le renovasen su mandato. Desconocien- 
do Fitz-Gerald las intenciones de O'Connell, no pudo prever las 
gravísimas consecuencias de esta nueva elección. Contando con la 
presión oficial por un lado, y por otro con las numerosas simpatías 
de que gozaba en su distrito electoral, suponía que sólo se trataba 
de una mera formalidad. Alentado O'Connell por el extraordinario 
éxito de la elección de Waterford, como también por el admirable 
ejemplo de disciplina revelada en los mitins generales del 13 de 
Enero, deliberó con los suyos sobre la manera de oponer un con- 
trincante al Ministro; pero esta vez, para precipitar al Gobierno, 
en vez de presentar á un protestante, había de presentarse un ca- 
tólico. La elección sería seguramente anulada; pero ¿qué importa- 
ba? El efecto moral sería enorme, acaso mayor que el producido 
por los mitins. Además, ( >'Connet] deseaba que el Gobierno medí- 



O'CONNELL Y LA EMANCIPACIÓN DE LOS CATÓLICOS 41 

tase en las diversas circunstancias que concurrían en la elección y 
sacase las necesarias consecuencias. Hemos dicho que Vesey Fitz- 
Gerald era popular en su distrito, donde poseía cuantiosa hacien- 
da, por lo cual, si antes alcanzaba su acta de diputado sin grandes 
esfuerzos, utilizando entonces su prestigio de Ministro, y pudien- 
do emplear todas las influencias de las esferas gubernamentales, 
motivos de sobra tenía para considerar su elección asegurada. De 
estas premisas, sin embargo, sacaba O'Connell la consecuencia 
contraria. He aquí su razonamiento: Si Fitz-Gerald obtenía un fá- 
cil triunfo, debíalo á no tener contrincantes serios, y además á que 
el Condado de Clare es una de las comarcas irlandesas donde no 
falta un buen núcleo de población protestante que no escatimaba 
su voto en favor de un correligionario. Presentaremos un católico 
contra el Ministro; trabajaremos, no solamente por obtener mayo- 
ría, sino una mayoría abrumadora, y si la logramos luchando en 
condiciones tan desfavorable?, podremos hacer verlo que sucede- 
rá el día en que comarcas exclusiva ó casi exclusivamente católi- 
cas, se decidan á no nombrar más que representantes católicos. 
Esta era, en resumen, la situación de los dos campos. 

O'Connell, que siempre había obrado con entera independencia 
de toda idea interesada, pensaba hacer en Clare lo que había he- 
cho en Waterford en favor de Villiers Stuart, es decir, presentar 
un candidato católico y servirle de padrino; pero Sir David Roose, 
gran Sheriff de Dublín, enterado de sus intenciones, preguntó á 
Fitz-Patrick, por qué no se presentaba el mismo O'Connell como 
candidato, y Fitz-Patrick, amigo personal de O'Connell, le comu- 
nicó el pensamiento del Sheriff, á lo cual contestó: «Lo importan- 
te es que salga triunfante un católico; no tengo preferencia por Fu- 
lano ó por Mengano, pues estoy seguro de que la elección será anu- 
lada; lo que me importa es que el candidato que vamos á presentar 
obtenga una inmensa mayoría. Sin embargo, si mis amigos creen 
que mi candidatura puede ofrecer mayores garantías de éxito, no 
tengo inconveniente ninguno en presentarla. -;Decís que sí? ¡Ade- 
lante!" 

Apenas la resolución de O'Connell fué comunicada á la Nueva 
Asociación Católica, un delirio indescriptible se apoderó de los so- 
cios, que le hicieron una ovación conmovedora. El entusiasmo de 
los presentes no se limitó á inútiles palabras, pues comprendiendo 
que los gastos necesarios para asegurar la elección tenían que ser 
enormes, se hizo una colecta que en pocos minutos produjo la res- 



42 O'CONNELL Y LA EMANCIPACIÓN DE LOS CATÓLICOS 

petable suma de 5.000 libras esterlinas, es decir, más de 125.000 pe- 
setas; y juzgando insuficiente esta cantidad, los socios más influ- 
yentes de la Nueva Asociación Católica recorrieron las principales 
casas de Dublín, y en una semana tenían ya recaudadas 28.000 li- 
bras (más de 700.000 pesetas). Con estos recursos se podían arros- 
trar los riesgos de la elección, y O'Connell presentó su candidatu- 
ra. Era esta una lucha poco común, y aun podemos decir única, en 
los anales de los Gobiernos parlamentarios. Ambos contrincantes 
encarnaban ideas transcendentales: el uno representaba al Gobierno 
inglés, es decir, al opresor de Irlanda, que disponía á su antojo de 
todos los medios de intimidación, etc.; en una palabra, érala fuer- 
za. El otro representaba la nación oprimida que sólo tenía en su fa- 
vor la convicción de sus derechos conculcados. 

La noticia de lo que se estaba preparando en Irlanda no tardó 
en recorrer todo el Reino Unido, y Fitz-Gerald, que poco antes con- 
taba con una victoria segura, comenzó, no ya á dudar, sino á des- 
esperar del éxito. Tenemos la prueba evidente de su estado de áni- 
mo, en una cartita dirigida á Peel y que á continuación traduci- 
mos: «Mi querido Peel: Temo que va á ser una lucha formidable. 
Juzgaréis del espíritu de este país y de lo que he tenido que sufrir, 
por el periódico que os envío. Hemos hecho inútiles ensayos para 
resistir á O'Connell; todo ha sido arrastrado por la violencia del 
mitin.» Acercábase entretanto el día en que O'Connell había de sa- 
lir de Dublín para comenzar su campaña electoral, y el día antes 
redactó en la dirección del Evening Post una proclama destinada 
á fijarse en las paredes de las ciudades y aldeas de su distrito elec- 
toral: es un documento importantísimo, que traducimos á pesar de 
su extensión. 

«Á LOS ELECTORES DEL CONDADO DE CLARE 

«Compatriotas: 

«Nuestro condado necesita un representante. Solicito respetuo- 
samente vuestros votos para elevarme á este cargo. Vosotros juz- 
garéis mis aptitudes para cumplir con él. La costumbre de hablar 
en público, y los muchos años que llevo ejerciendo de abogado me 
han capacitado tanto como el primevo para servir á los intereses 
de irlanda eo el Parlamento. 

"Se os dirá que estoy incapacitado para ser elegido; pero esta 
afirmación, amigos míos, es falsa, puedo ser nombrado vuestro re- 



O'CONNELL Y LA EMANCIPACIÓN DE LOS CATÓLICOS 43 

presentante. Es verdad que, como católico, no puedo prestar ni 
prestaré jamas los juramentos impuestos á los miembros del Par- 
lamento; pero la autoridad que los ha impuesto puede abrogarlos, 
y abrigo la confianza de que, si me nombráis, los más fanáticos de 
nuestros enemigos comprenderán la necesidad de evitar á un re- 
presentante escogido por el pueblo, un obstáculo que le impediría 
cumplir con sus deberes para con - el Rey y para con su patria. 

»E1 juramento impuesto por la ley proclama que el sacrificio de 
la Misa y la invocación de la Santa Virgen María y de los Santos, 
como se practica en la Iglesia de Roma, son impíos é idolátricos. 
Como es natural, no mancharé jamás mi alma con semejante ju- 
ramento. Esto lo dejo á mi honrado adversario, Mr. Vesey Fitz-Ge- 
rald, porque no es la primera vez que lo ha prestado, y no sólo si- 
gue dispuesto á prestarlo, sino que solicita vuestros votos para 
prestarlo otra vez: en cuanto á mí, prefiero dejarme antes matar. 
¡Electores del condado de Clare! escoged entre mí, que tengo ho- 
rror á este juramento, y Mr. Vesey Fitz-Gerald, que lo ha presta- 
do veinte veces. Enviadme al Parlamento, y es posible que este ju- 
ramento blasfemo sea abolido para siempre, pues en caso de que 
me nombréis, entablaré la lucha sobre este terreno en el Parlamen- 
to contra los amigos de Mr. Vesey Fitz-Girald. Podrán ponerme 
preso, y estoy dispuesto á ir á la cárcel si con ello puedo hacer 
adelantar un paso la causa de los católicos y de la libertad univer- 
sal. La discusión que se entablará para excluir á vuestro represen- 
tante de la Cámara de los Comunes, repercutirá en toda Europa, 
producirá penosa sensación, y provocará contra la intolerancia 
británica tal explosión de indignación en todas las naciones civili- 
zadas del mundo, que la voz de los grandes y buenos amigos de In- 
glaterra, Escocia é Irlanda, se unirá al universal clamor de las na- 
ciones de la tierra, dominará la oposición y quitará á Peel y á We- 
llington el poder de cerrar por más tiempo las puertas de la Cons- 
titución á los católicos irlandeses. 

"¡Electores del condado de Clare! Mr. Vesey Fitz-Gerald invo- 
ca como única razón, para que lo enviéis al Parlamento, el título 
de amigo de los católicos. Yo soy católico, y si es amigo sincero, 
que vote por mí, y á la faz del imperio británico, sostenga en mi 
humilde persona la causa católica, y la sostenga para darle un éxi- 
to definitivo. No, no hará ningún sacrificio por esta causa: se llama- 
rá vuestro amigo, y desempeñará el papel de un pérfido é incansa- 
ble enemigo. Xo tengo interés en haceros un resumen de su vida 



44 O'CONNELL Y LA EMANCIPACIÓN DE LOS CATÓLICOS 

política; y sin embargo, puesto que la presente ocasión lo reclama, 
lo voy á hacer: Ha desempeñado funciones oficiales bajo Perceval, 
bajo aquel Perceval que alcanzó el poder excitando en Inglaterra 
el vil, cruel y anti-cristiano clamor de «¡Abajo el Papismo!» De- 
pendía de él el nombramiento de un representante para Ennis, é 
hizo nombrar á Mr. Spencer Perceval, entonces enemigo declara- 
do de los católicos. Votó en favor del proyecto de East Retfórd, 
que había de abrir las puertas del Parlamento á dos violentos ene- 
migos de los católicos. En el caso de los disidentes protestantes de 
Inglaterra, votó por la exclusión, es decir, contra el principio de 
la libertad de conciencia; este principio sagrado que los cotólicos 
de Irlanda han querido y profesado siempre, y sobre el cual esta- 
blecemos nuestros derechos de emancipación. Por fin, votó por la 
supresión de la Asociación Católica de Irlanda. ¡Dios bendito!, des- 
pués de ésto se atreve á llamarse amigo de los católicos. Es el alia- 
do y colega del Duque de Wellington y de Mr. Peel; es su socio en 
el Poder, y son esos, ya lo sabéis, los más encarnizados, los más 
perseverantes y los más caracterizados enemigos de los católicos. 
¡Y, después de todo ésto, el colaborador de nuestros más violentos 
y más incansables enemigos, se llama á sí mismo amigo de los ca- 
tólicos! 

"Después de haber trazado algunos de los deméritos de mi hon- 
rado adversario, ¿qué os diré de mí mismo? Apelo á toda mi vida 
pasada, á la constante y desinteresada adhesión que siempre he 
manifestado á la religión y á las libertades de los católicos de Ir- 
landa. Si me enviáis al Parlamento, me comprometo á votar toda 
ley favorable á la reforma radical del sistema de representación, 
de modo que la Cámara de los Comunes pueda verdaderamente re- 
presentar á toda la nación, como lo habían deseado nuestros ante- 
pasados. Me comprometo á votar por el Vestry Bill (lj, el Snblc- 
tting Act (2) y por las leyes del gran Jurado. Me comprometo á vo- 
tar por la disminución y repartición más equitativa de la excesiva 
riqueza de la Iglesia Anglicana, á fin de que lo sobrante sea resti- 
tuido para el sostén de los pobres, de los ancianos y enfermos. Vo- 
taré todo proyecto de reducción de la defensa nacional, para ali- 
viar al pueblo del peso de los impuestos, y llevaré ante el Parla- 
mento, lo más pronto que me sea posible, la cuestión de la Abro- 
gación del Acta de l 'nión. 



(1) Ley de administración parroquial. 

(2) Ley autorizando el subarriendo. 



O'CONNELL Y LA EMANCIPACIÓN DE LOS CATÓLICOS 45 

«¡Electores del condado de Clare! Escoged entre mí y Mr. Vesey 
Fitz-Gerald; escoged entre aquel que siempre ha cultivado sus in- 
tereses y aquel que no piensa más que en los vuestros; escoged 
entre el calumniador de vuestra fe católica y el que desde su juven- 
tud ha consagrado su vida á vuestros derechos, que ha empleado 
sus mejores años en la lucha por vuestras libertades, que ha vivido 
siempre y está siempre dispuesto á morir por el honor, por la pu- 
reza de la fe católica y por la causa de la libertad y felicidad de 
Irlanda. 

-Vuestro fiel servidor, 

Daniel O'Connell.» 

Este importante documento, que causó honda impresión en toda 
Irlanda, llevaba la fecha de 24 de Junio de 1828. El día de la salida 
•de O'Connell fué en Dublín un verdadero día de triunfo. Un coche 
de cuatro caballos le esperaba á la puerta de Four Coiirts, el Pala- 
cio de Justicia; saltó en él, y hasta las afueras tuvo que estarde pie, 
saludando y dando gracias á la muchedumbre que le aclamaba, 
lamas un soberano recibió una ovación tan sincera. A las dos 
de la madrugada llegó á Ennis, capital del condado de Clare, 
donde había de verificarse la elección, y á pesar de lo intempestivo 
de la hora, treinta mil personas le estaban esperando para vitorear- 
le, en su mayor parte aldeanos llegados de todos los puntos del 
condado, presididos por sus respectivos Párrocos. Como los poli- 
zontes y miles de soldados ocupaban militarmente la ciudad y las 
afueras, O'Connell, que deseaba evitar todo pretexto de interven- 
ción, dijo á los Párrocos, para que lo repitiesen á sus feligreses, 
que no consideraría como amigos: 1.°, á todo individuo que durante 
el tiempo de las elecciones entrara en una taberna, aunque sólo 
fuera á beber un vaso de cerveza; 2.°, á todo individuo que contes- 
tara á las provocaciones de los adversarios. Todos juraron guardar 
estas condiciones, y. ¡cosa digna de admiración!, en un pueblo donde 
la embriaguez es la cosa más ordinaria, durante los seis días que 
duró la elección no se vio borracho á ningún elector de O'Connell. 
La expresión de su voluntad era cosa tan sagrada, que la transgre- 
sión considerábase como un sacrilegio. Un episodio muy caracte- 
rístico podrá dar idea de este respeto. Un partidario de Fitz-Gerald 
insultó gravemente á un católico llamado Shechy, hombre de fuer- 
te musculatura y de carácter muy violento. Todos temían un con- 
flicto; pero Shechy había prometido no reñir, y con acento que 



46 O'CONNELL Y LA EMANCIPACIÓN DE LOS CATÓLICOS 

dejaba transparentar la ira contenida, le dijo: "Soy pobre; en mí 
casa hay un cerdo, el único que tengo; lo venderé, y te daré el pre- 
cio que saque para que me repitas, después de las elecciones, las pa- 
labras que acabas de dirigirme.» Con electores tan disciplinados no 
podía ser dudosa la victoria. Prescindiremos de los discursos pro- 
nunciados por ambas partes, consignando solamente que O'Con- 
nell, con sus réplicas y salidas satíricas, tuvo siempre la última pa- 
labra sobre sus adversarios. Llegada la hora de dar principio á la 
elección, el Sheriff, que con un asesor debía presidir la votación, 
propuso, acaso para abreviar, que los que deseaban votar en favor 
de Fitz-Gerald levantasen la mano. No llegaron á veinte; pero 
cuando el Sheriff dijo que repitiesen la misma operación los que 
querían dar su voto á O'Connell, miles de manos se agitaron por el 
aire. Ante una desproporción tan grande, declaró el Sheriff que 
según la prueba de las "manos alzadas», O'Connell salía triunfan- 
te; pero como los partidarios de Fitz-Gerald exigieran, como tenían 
derecho, que se procediese por medio de un escrutinio en toda 
regla, tuvo el Sheriff que acceder. Ocurría esto el lunes, y el es- 
crutinio duró hasta el sábado, llenando durante estos seis días los 
votos favorables á O'Connell las columnas del poll-book. Al segun- 
do día reunía O'Connell doble número de votos que su adversario; 
al quinto abandonaba Fitz-Gerald el campo de batalla. El Gobierno 
había sido derrotado, y O'Connell veía colmados sus deseos, pues 
salió elegido por 2.057 votos contra 962 recogidos por su contrin- 
cante. Era una victoria, y una victoria abrumadora. 

P. Antonino M. Tonna-Barthet, 

(Concluirá). O. S. A. 



CATÁLOGO 



DE 



Eserútores Agustinos Españoles, Portugueses y flmerieanos 



[1) 



LEÓN (Fr. Luis ve).— (Continuación . 

1. Fr. Luysii Lcgíoncnsis, Aiigustiniani, Di vi ñor um libro- 
runí Primí apud Salmanticenses Intcrprdis. In Cántica Cantico- 
ntm Explanatio. Ad Serenisstmnm Principan AUnrtuni. Aus- 
triac Arcktdncem, S. R.E. Cardinal cm. (Divisa del Maestro León 
con la letra por orla; ab ipso ferro) Salmanticae, excudebat Lucas 
a Junta. 1580, cum privilegio. (Al fin) Salmanticae excudebat Lu- 
cas a Junta. 1580, cum privilegio. 

En 4.° de 370 ps. más 8 de port. y principios y 12 al fin con el 
índice, y antes una oda latina á Nuestra Señora. 

—Licencia del Provincial Fr. Pedro Suárez: Salamanca 1.° Ene- 
ro 1578.— Aprob. del Dr. en Teol. Sebastián Pérez.— Lie. del Con- 
sejo: Madrid 22 Marzo 1580.— Priv. por diez años: San Lorenzo, 
30 Octubre 1579.— Erratas. — Dedicatoria. 

En ella dice, que habiendo sabido el autor por Alonso Coloma, 
ayuda de cámara del Archiduque Cardenal, que le tenía aún en la 
memoria, le daba esta prueba de su voluntad. 

Lectori. «Cum superioribus annis, rogatu cujusdam amici mei, 
qui latine nesciebat, Canticum Salomonis in hispanum sermonem 
convertissem, adidissem eodem sermone conscriptos, breves in 
idem Commc litar ios quibus veram et arcanam ejus Cantici intelli- 
gentiam... etei... legendum dedissem, qui paucis post mensibus 
redidisset mihi librum meum, nullo illius apud se exemplo relicto; 
accidit ut quídam meus familiaris e meis scriniis, me inscio, eum 



(1) Véase la página 67/ del volumen LXVII. 



48 ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 

accipiens, non solum sibi describiret, sed descriptum a se exem-- 
plum alus item describendum traderet. Ex quo factum postea est, 
ut multis omnium ordinum hominibus eum librum probantibus, 
atque petentibus, brevi is liber in plura exemplo transfusus, et per 
majorem Hispaniae partem sparsus, in manus plurimorum per- 
venerit. Sed quoniam a rerum Fidei Judicibus sánete erat inter- 
dictum ne quis Sacrae Scripturae liber, vulgari sermone conscrip- 
tus, legeretur: quídam non nimirum amatores mei, causam eo sibi 
oblatam ad mihi incommodandum putarunt, eamque et statim et 
avide arripuerunt. Verum, illis jam controversiis... dijudicatis; 
meque ipso post multos et magnos labores... pristinae dignitati 
meae, atque integrae opinioni aliquando tamdem restituto, quo 
etiam in hoc omnium judiciis satisfierit; utque nihil relinqueretur 
quod suspicioni locum daré posset alicui, multi me hortati sunt ut 
latine verterem eum librum ipsumque per vulgarem, atque ede- 
rem: quod et feci coactus quodam modo... et re ipsa pene constric- 
tus latinum eum librum feci...* 

Por donde consta que esta obra se escribió primero en castella- 
no y así fué leída por muchos. 

Después de este escrito, en el mismo tomo con portada y folia- 
ción distinta se encuentra: 

2. Fr. Luysii... In Psalmum vigesimum sextum Explanatio. 
(Divisa) Salmanticae excudebat Lucas Junta. 1580, eum privilegio. 

De 71 p. y 4 de principios. 

Aprob.: Madrid, 14 Marzo 1578.— Fr. Hernando del Castillo.— 
Erratas.— Dedic. al Inquisidor D. Gaspar Quiroga, Arzobispo de 
Toledo. 

— Fr. Luysii Legionensis... Secunda editio ab ipso authorc t in- 
cógnita, et purior a mendis quaiu prima. Salmanticae excudebat 
Lucas a Junta, anno 1582, eum privilegio. 

En 8.° de 293 ps., más 8 de port. y principios y 3 al fin con la oda 
á la Virgen. 

En la portada el escudo con la divisa del autor grab. en made- 
ra.— Advertencia del impresor, disculpándose de algunas erratas 
que sacó la primera impresión á causa de ser muy enredosa la le- 
tra del original y estar éste lleno de tachones.— Versos latinos de 
Juan de Crial y de Felipe Ruiz. 

Después de la Explanación del «Cantar de los Cantares" sigue: 

Fr. Luysii... lu Psalmum vigesimun sextum explanatio. 

— Fr. Luysii Legionensis Augustiniani Theologiae Doctoris, et 



ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 49 

Divinorum librorum primi apud Salmanticenses interpretis expla- 
nationum in eossem. To.mvs Primvs. 

(Grabado como en ediciones anteriores). Salmanticae, Apvd 
Gvillelmvm Foqvel. cId lo XXCIX. 

De 7 hojs. s. n. de principios, 921 págs. de tex. y ls hojs. s. n. 
de índices, y una de erratas al final. 

Summa privilegii. — Tass. 16 de Sep. de 15S9. — Fratis Lvysii 
Legionensis Avgvstiniani in Canticvm Canticorvm Triplex Expla- 
nado. Qvarum prima verborum interpretationes continet. Altera 
Deum amantis animae progressus in amore complectitur. Tertia 
comprehendit Ecclesiae militantis a mundi initio vsque ad finem 
saeculi, amoris cursum atque rationem. — Censura: Sebastianus Pé- 
rez, Doctor Theologus.— Alia Censura: Juan Crial Madrid 3 Ca- 
len. Februarii 1587. — Poesía latina de Juan Grial.— Otra dé Felipe 
Ruiz.— Dedicatoria: Serenissimo Principi Alberto Austriae Archi- 
duci S. R. G. Cardinali. — Lectori. — Votum (Poesía del autor en 
que implora el auxilio divino). 

Termina la exposición del «Cantar de los Cantares» en la página 
445. En la 446: Ad Dei Genitricem Mariam Carmen ex voto. Poesía 
que ocupa trece págs. 

En la pág. 449: # 

— Fr. Lvysii Legionensis Avgvstiniani Theologiae Doctor is et 
Diitinoritm hbronun primi apud Salmanticenses interpretis ni 
Psalmvm vigesimvnt sextvm explanatio. 

Dedicatoria: Illustrissimo D. D. Gaspari Quiroga, S. R. E. Car- 
dinali Archiepiscopo Toletano, verum fidei supremo judici F. Luy- 
sius Legionensis Augustinianus. 

Comienza el texto de la Exposición en la p. 454 y termina en 
la 509. 

En la pág. 511: 

3. Fr. Lvysii Legionensis Avgvstiniani. Theologme Doctor is, 
et Diuiuorum librorum primi apud Salmanticenses interpretis. 
In Abdiam Prophctan Explanatio. 

Dedicatoria: Illvstrissimo D. D. Petro Portocarrero Episcopo 
Calagurritano. Fr. Luysius Legionensis Augustinianus. S. P. D. 
En la pág. 6S3: 

4. Fratris Lvysii Legionensis Avgvstiniani , TÍicologiae Doc- 
toris, et Diuinorum librorum primi apud Salmanticenses inter- 
pretis. In Epistolam Pavli ad Gal atas explanatio. 

Termina en la pág. 291. 

4 



50 ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 

Al final del tomo: 

Salmanticae, Apud Guillelmum Foguel. MDLXXXIX. 

Esta edición que, como se ve, se hizo viviendo aún el autor, se 
diferencia de las dos anteriores en que el «Cantar de los Cantares" 
lleva una tercera exposición, y contiene, además, la exposición de 
«Abdías" y de la -Epístola ad Galatas». 

Respecto á la tercera exposición añadida véase lo que el autor 
escribe: 

«Quod initio hujus libri, quando primum in lucem emisi ipsum, 
me facturum negavi, ut carmen hoc, quod et de singulis justis 
hominibus scriptum est, et ad universos communiter pertinet, 
utroque modo explanarem, quod operosum esse dicerem, et mihi 
futurum permolestum putarem, id libro bis edito, ipsum editurus 
tertio nunc fació, suasu inductus quorumdam amicorum meorum. 
Dicebant enim illi mihi, idque saepe, me non satis integre hoc 
explanasse Carmen videri, ni qua ratione de Ecclesia interpretan- 
dum esset, doceren... Quibus non potui non parere, vel quia mihi 
visi sunt aequa dicere, vel omnino quia erant amici, quorum ego 
et judicia plurimum fació, et voluntatibus libentissime obsequor. 
Itaque; llis obsequutus, id aggradior nunc scribere, de quo scrip- 
turum me olim negaveram.» # 

5. hr. Luysii Legionensis Augustuiicuii divinorum librorum 
apud Salmanticenses interpretis. De utriusque agni, typitci at- 
que veri inimolationis legitimo tempre. Ad Joannem Criaban. 
Sup. permissu. Salmanticae. Apud Guillelmum Foquel. Anno 1590. 

— Fr. Luysii Legionensis A/igustiuiaui divinorum librorum 
apud Salmanticenses interpretis, de utriusque agni typt'ci, atque 
veris inimolationis legitimo temporc. Ad Joannem Grialum. Sup. 
permissu. Salmanticae, ex Typographia Petri Lassi, anno 1591'. 

En 4.° de 24 p. de texto. 

—Traduction du Systeme d'uu Docteur espagnol sur la der- 
nier Pasque de N. S. Jesu Christ avec rejlexious, etc., par le 
P. Gabr. Daniel Jesuite. A París MDCXCV. 

Confiesa el P. Gabr. en el prólogo que es traducción de una I >i- 
sertación de Fr. Luis de León. 

Ene. en la Bib. Ang. de Roma. 

Gracias al celo y entusiasmo del limo. P. Cámara por las cosas 
de la Orden Agustiniana, y caí particular por nuestro hermano de 
hábito Fr. Luis de León, contamos hoy con la edición completa de 
las obras latinas del insigne Maestro que se han podido conservar 



ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 51 

hasta nuestros días, empresa que por diversas causas no se había 
podido realizar en tantos años anteriores. Tenemos que lamentar, 
sin embargo, el que no puedan ver la luz pública todos los trabajos 
latinos de Fr. Luis, porque el incendio de la biblioteca del convento 
de Salamanca en 1774 destruyó multitud de autógrafos, así de éste 
como de otros sapientísimos agustinos. 

—Mag.Luyssü Legionensi Augustiniam Divinornm Libro- 
rum primi apud Salmanticenses interpretas Opera mine primum 
exJÍSS. ejusdem ómnibus PP. Angustinicnsiiim stndio edita.— 
Tomus I. Salmanticae Episcopali Calatravae Collegio sub Rodrí- 
guez. Typ. ductu. MDCCCxCI. 

— Lie. del Ordinario: «Cum latina Mag. Fr. Luyssi Legionensis , 
opera, sive olim edita sive adhuc Mss. quotquot reperiri undique 
potuere, ex nostro mandato revisa, tum catholicae fidei cum legi- 
bus morum consona inveniantur in nostra Calatravae Thipogra- 
phia ea imprimere jussimus. Datum Salmanticae, die ipso tertii 
centenarii post tanti Mag. mortem23 Augusti,ann. 1691.— Fr. Tho- 
mas Episc. Sal man t.-» 

— Proaemium genérale [de XXX págs., escrito por el P. Fray 
Marcelino Gutiérrez, del que ya hicimos mención en su lugar res- 
pectivo.) 

6. /;/ Cantícum Moysis. (Deuteronomii, cap. XXXII. Ocupa 
este Cántico hasta la pivj;. 104, y respecto al manuscrito que sirvió 
para su impresión, he aquí lo que dice el P. Gutiérrez: 

«Expositionis hujus tria supersunt Mss. nobis exemplaria: pri- 
mum autographum, aliud transcriptum a quodam ipsius Luysii 
alumno, aliud denique initio hujus saeculi elaboratum cura PP. 
Augustinianorum Matritensium, qui Luyssii scripta colligere in- 
tendebant. Autographum expositionem continetimperfectam.quip- 
pe quae ad versum S, ipso verso 8 incluso, tantum pertingit: con- 
suli poterit in códice D, supra descripto. Aliud, vero, exemplar, 
quod asservatur in tomo. Ms. superius littera A anotato, eamdem 
expositionem eamque integram complectitur... De transcriptione 
PP. Augustinianorum Matritensium studio factanihil dicere opor- 
tet, cum recentior sit coeteris codicibus atque ex Ülis desumpta. 
Sufñciat animadvertere nos eam aliquando consuluisse, ut loca 
dubia ex nostrorum doctissimorum PP. auctoritate securius quam 
proprio judicio interpretemur. Animadv r ertere tándem jubat tex- 
tual hujus editionis partim ab exemplari esse desumptum. Ex au- 
tographo enim, mutuavimus quidquid ipsum Ms. continet, id est. 



52 ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 

usque ad ver^um 8; coetera, vero, ad finem usque expositionis, de- 
ficiente autographo, ab exemplari transcribere debuimus. 

Al final de dicho ejemplar, escrito sin duda por algún alumno 
del Maestro León, se lee: «Acabóse este cántico el último día de 
Junio del año 1582, y fué postrera lección.» 

—In Psalmum XXVI expositio. (111-169.) 

7. In Psalmum XXVIII. (169-192.) 

8. In Psalmum LVII. (192-204.) 

9. In Psalmum LXVII. (204-271.) 

Acerca de la exposición de los dichos Salmos, de los cuales sólo 
el primero citado había sido antes impreso, dice en su Proemio 
el P. Gutiérrez: 

«Certum, quidem, exploratum que videtur Luysii lecturas to- 
tius anni curriculi 1581-1582 circa Psalmos praecipue versari... Ad 
nostram autem notitiam non aliae pervenire hujusmodi expositio- 
nes, quae certe Luysio adscribí possint, quam psalmorum XXVI, 
XXVIII, LVII, ac LXVII. 

Psalmum primum omnium Luysius exposuit, ad huc, ut ipse 
testatur, in carcere detentus, ante annum proinde 1578, cum coe- 
teri psalmi, alii certe, probabiliter alii, ad cursum supra comme- 
moratum (1581-1882) referri debeant. Gratitudinis causa illum Car- 
dinali Quiroga, tune temporis generali Inquisitori Hispaniarum, 
dicavit, ac una cum expositione Canticorum typis mandavit Sal- 
manticae anno 1580. In coeteris commentarii in Cántica editioni- 
bus prodiit etiam hujus psalmi explanatio, ita ut quinqué ejusdem 
editiones numerari possint: salmantinae tres, annis scilicet 1580, 
1582, 1589; véneta 1604, ac parisiensis 1608 excusa. Quod nunc 
edimus commentarium ab exemplari postremae editionis salman- 
tinae (1589) transcripsimusj ea ratione ducti, quod haec editio ulti- 
ma fuerit vívente et consentiente auctore peracta. 

Aliae Luysii in Psalmos expositiones a nobis edendae mine pri- 
mo typis mandan tur... Psalmi XXVIII expositio continetur in co- 
Ctice 1 ) superius descripto, ubi Luysio tribuitur; nam ad commen- 
tarii i :aput es manu ejusdem scribae legitur: M. Fr. L. de L., quo 
Luysii n¿>men initialibus ejus litteris sinedubio siguificatur. Exem- 
plar istud etsi antiquitate parum commrndctur, cum ultra XVIII 
saeculum prptendi forsitam aequeat, genuinam Luysii expositío- 
ncín ex eo máxime patet, quod auctor ípse ad alia ejus commenta- 
ria lectores mittat... Sincera procul dubio ac certo antiquiora ju- 
dicamus exemplaria explanationum in Psalmos LVII et LXVII 



ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 53 

quae in tomo. A inveniuntur, cum utrumque transcriptum videatur 
a quodam Luysii alumno, qui exemplar ex ipsa Luysii auditione 
confecerit, et omnino ad auctoris tempus, tam ex characteribus 
quam ex alus adjuntis, referri debeat; in utroque, emim, exempla- 
ri Luysio tribuuntur expositiones illae, profixo etiam tempore quo 
studentibus lectae fuerunt. 

Ex iisdem exemplaribus commentaria in Psalmos LVH et 
LXVII transcripserunt PP. Augustiniani Matritenses ad absolu- 
tissimam, quam parabant, Luysii operum editionem; quae exem- 
plaria et nos sequnti sumus, transcriptionem etiam nostrorum 
PP. Matritensium eonsulentes ubi necesse fuit ad textus lectionem 
securius eruendum. Itaque commentarium in Psalmum XXYI ex 
postrema editione salmantina (1589), expositionem Psalmi XXVIH 
ab exemplari in códice D. asservato, commentaria denique in 
Psalmos LVII et LXVII ex laudaos Mss. tomo A contentis ad 
hanc nostram editionem desumpsimus. 

Extant ínter expositiones certe Luysio adscribendas et alia com- 
mentaria Psalmorum; at ea in Apendicem hujus tomi amandavi- 
mus, quod alia minime, alia dubie tantum Luysio adscríbere liceat. 
Rationes quibus istas expositiones regicimus, suo in loco presse 
exponemus.» 
10. In Ecclesiastem. 

(Desde la pág. 279 hasta la 508.) 

Las principales ilustraciones que el P. Gutiérrez hizo en el pró- 
logo á dicha exposición son las siguientes: 

n Quam vis exemplaria omnia, quae nobis consulere licuit, im- 
perfectum contineant Commentarium Luisii Legionensis in Ec- 
clesiastem, fortasse illud inter expositiones numeran debeant, 
quas, morte praereptus, ad proxime edendum Magister doctissi- 
mus paratas 'reliquit... Antiquitate coeteris abs dubio praestat 
exemplar contentum tomo supradescriptosublittera A... Cum quo 
exemplari plerumque convenit exemplar aliud, quod invenitur 
tom G, Matriti in Bibliotheca Nacionali asservato sub signo B.-153; 
nam lectio varia, quae hinc inde reperitur, nec frequens est, nec 
ejus momenti, ut scribarum negligentia tribuí nequeat...Tertium, 
vero, exemplar continetur tomo D, superius, etiam descripto. Pri- 
ma hujus exemplari origo et antiquitas nobis dubia videntur... 
Praeter numerata hucusque exemplaria, sunt et alia confecta cura 
PP. Augustinianum Matritensium, qui id commentarium accurate 
proferendi studiosi, duplicem ejusdem transcriptionem perege- 



54 ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 

runt, aliam alia correctiorem, hujusque commentarii hispanam 
quamdam versionem, quae Luysio tribuitur, describere insuper 
curarunt... Quod, vero, ad hispanam hujus commentarii versio- 
nem attinet, eam ex quodam Ms. Gades in Bibliotheca nostri con- 
ventus tune temporis asservato transtulisse testatur P. Méndez, 
cujus Ms. notia non amplius extat; ex qua praefatorum Patrum 
transcriptione aliam et nos fieri curavimus, ad cujus exemplar sub 
titulo: Perfectas contionator (El perfecto Predicador) hispana 
illa versio in ephemeride, vulgo: Revista Agnstiniana, nunc: La 
Ciudad de Dios edita est et brevi postea opúsculo collecta. 

Dolendum est tamen in nullo istorum exemplarium expositio- 
nem Luysii in Ecclesiastem integri contineri... In Ms. D. ad ver- 
sum 11, capitis IX, expositio tantum pertingit. Codex A aliquanto 
amplius id commentarium comprehendit, protactum scilicet ad 
versum XII, capitis IX, quo loco scriba, rei sane testis, Luysium 
illud reliquisse ac pro Luysio P. Didacum a Tapia, Augustinianum, 
idem prosequntum fuisse assererat. In códice denique Bibliotecae 
Nationalis expositio, capita IX et etiam X integra complectitur. 
Ex hiis, igitur, patebit quae nostra in ista expositione adenda 
agendi fuerit ratio. Lecto, enim, pro exemplari códice D, qui coe- 
teris correctior nobis videbatur, totam fere expositionem ex eo 
desumpsimus, ad versum nimirum II capitis IX, quo verso codici 
finis imponitur: coetera, vero, á versu II, ad XII usque ejusdem 
capitis ex códice A transcripsimus, qui hos versus a Mag. Legio- 
nensi expósitos aliosque a P. Tapia enucleatos amplius continet. 
At fragmentum lecturae, pro Luysio a P. Tapia habitae, in appen- 
dicem hujus tomi rejecimus, utpote a Luisii scriptis alienum.»- 

Apendix. 

In Psalmuu XV (512-519). 

In Psalmum XVI (519-528). 

In Psalmum XVIII (528-630). 

In Psalmum CXLV (530-532). 

Acerca de la exposición de estos Salmos, escribe el P. Gutié- 
rrez: 

«Superius brevi in proemio explanationi Luysii in Psalmos 
proefixos, adnotavimus, alias ínter ejus scrípta Psalmorum exposi- 
tiones inveniri, quos doctissimo Níagistri adscríbete minime vel 
dubic tantum licere. Legionensi adjudicanda et ínter spuria régi- 
cienda nobis absdubio videntur commentaria psalmorum \V 
et XVI, sine ulla auctoris nota in códice D. contenta... Una nim 



ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 55 

liis Psalmorum commentariis exstant et in eodem códice D expla- 
nationum in Psalmos XVIII et CXLV brevissima fragmenta, quae 
Luysio tribuí ñeque probabili ratione, nostro quidem judicio, po- 
terunt... Illa tamen, sicuti psalmorum XV et XVI commentaria in 
appendicem operum Luysii conjicimus, non tantum quia inter doc- 
tissimi Magistri scripta exstant, sed etiam quod auctorem Luysio 
amicitia vel affectu conjunctum habere videantur, ac denique ge- 
nuina Legionensis opera horum scriptum collatione illustrentur.» 

/// Ecclesiastetu. 

(Auctore P. Fr. Didaro de Tapia.) Ord. S. Augustini. (532-551). 

En el comienzo del texto que sirvió de original para la impre- 
sión de este fragmento se lee: «aquí dexó el p e fray Luis de león á 
17 de Agosto, y siguió el p e Tapia. - 

P. Bonifacio del Moral, 

(Continúala O. S. A. 



REVISTA CANÓNICA 



Resolución de la Sagradla Congregación del Concilio sobre 
la aprobación de un concurso y provisión de un curato. 

El 17 de Junio de este año, J905, fué presentada segunda vez á dicha 
Sagrada Congregación la causa de dos Sacerdotes opositores á un cu- 
rato, á los cuales había antes excluido por considerarlos indignos; y al 
fin, por conveniencia y equidad, eligió á uno de los dos, el que pareció 
digno y mejor que el otro. 

Exposición de los hechos.— El 18 de Junio de 1903 el Arzobispo de San 
Severino abrió concurso para proveer la parroquia de San Nicolás, de 
la villa de Policastro, vacante ya desde el 31 de Diciembre de 1901. Se 
presentaron al concurso sólo dos opositores, los Sacerdotes Francisco 
de Mercurio y Luis Mannarino. Pero como se trataba de la colación de 
una parroquia, vacante ya hacía casi dos años, al remitir el Arzobispo 
las actas del concurso á la Dataría Apostólica, según el derecho vi- 
gente en el reino de Nápolés, decía así en carta de 23 del citado Junio: 
«De las actas del concurso aparece que los dos opositores fueron apro- 
bados en cuanto á la ciencia, pero en cuanto á la moral, ni el uno ni el 
otro gozan de completa buena fama. Sin embargo, los examinadores si- 
nodales han creído más apto para el cargo de Párroco al Sacerdote De 
Mercurio, aunque en la ciencia tuvo menos puntos que su competidor 
Mannarino. Pero en la relación de los examinadores no se hace men- 
ción expresa de la prudencia y demás cualidades necesarias para re- 
gir bien la parroquia vacante; y por eso suplico la gracia sanatoria del 
concurso en caso de ser necesaria.» Recibida esta carta del Arzobispo, 
la Dataría Apostólica le contestó el 28 de Agosto siguiente, ¿que nin- 
guno de los dos opositores era idóneo para regir la parroquia in cdsu: 
y, por consiguiente , que se debía abrir otro concurso». Entonces el A r- 
zobispo insistió una y otra vez con la Sagrada Dataría para que con- 
cediese la colación de la parroquia al Sacerdote De Mercurio, porgán- 
dole de la nota de indignidad en carta de 15 de Diciembre del mismo 
año, remitiendo para ello una nueva declaración de lo? examinadores, 



REVISTA CANÓNICA 57 

del tenor siguiente: «Teniendo la obligación de aclarar el asunto, de- 
bemos manifestar que, así como consta indudablemente de la indigni- 
dad del Sacerdote Mannarino, tenemos certidumbre moral de la in- 
culpabilidad y dignidad del Sacerdote De Mercurio, ya sea porque de 
la acusación que se le hace, y que sería la única algo grave, le defen- 
dió ante nuestro Arzobispo, como injustamente calumniado, el Obispo 
de Cotrona; ya sea porque nuestro Arzobispo ha podido asegurarse 
en conciencia de que nunca ha habido causa atendible contra dicho 
Sacerdote; ya sea, finalmente, y sobre todo, porque nosotros mismos no 
hemos visto en él más que un celo vivísimo y desinteresado por el cul- 
to y esplendor de la Iglesia y por el bien de las almas. Y reconociendo 
nuestra obligación estricta y de conciencia de informar á Vuestra 
Eminencia acerca del examen, sobre el cual se funda la respuesta, de- 
cimos: «que en cuanto á la ciencia, creemos y aprobamos como sufi" 
cientesá los dos opositores; pero en cuanto á la virtud y demás cuali- 
dades, sólo al Sacerdote Da Mercurio aprobamos y juzgamos digno, 
apto y capaz de regir la parroquia in casu: La restricción que hici- 
mos en el primer informe no cieñe razón de ser . A pesar de todas es- 
tas informaciones y declaraciones, la Dataría Apostólica insistió /';/ de- 
cisis. Solamente por letras de 22 del mismo mes de Diciembre, propu- 
so al Arzobispo este arreglo: «Siempre que en su prudencia juzgue 
que sería inútil abrir otro concurso, puede presentar otro cualquier 
Sacerdote idóneo, aunque no sea diocesano, para conferirle la parro- 
quia del caso». 

Entretanto, el Sacerdote Mannarino presentó á la Dataría Apostó- 
lica muchos documentos, ya en su defensa para obtener la parroquia, 
ya para acusar é inutilizar á su competidor De Mercurio. Y al fin, ha- 
biendo manifestado que quería traer la causa á esta Sagrada Congre- 
gación del Concilio, fueron remitidas á ella las actas por la Dataría 
Apostólica el 19 de Abril de 1904. Esta Sagrada Congregación, antes 
de resolver nada sobre el particular, creyó conveniente o r el parecer 
del teólogo consultor, que fué el siguiente: «Previa una diligente in- 
vestigación sobre la moralidad del Sacerdote De Mercurio, que se ha 
de hacer del modo más prudente que esta Sagrada Congregación crea 
ordenar, si no resulta nada contra él, se ha de suplicar á Su Santidad, 
que se digne, sanadas las actas del concurso, conferirle la parroquia 
en cuestión, et admentem. Y la mente es que, si nada resulta contra 
• el Sacerdote De Mercurio, se proceda contra el Sacerdote Mannarino 
por las gravísimas acusaciones que contra él se atrevió á hacer en las 
cartas dirigidas á la Dataría Apostólica. Y si, por el contrario, se 
prueban las referidas acusaciones hechas por el Sacerdote Mannarino, 
se le confiera á éste el beneficio». En vista del voto del consultor, se 
abrió una amplia información sobre la vida y costumbres de ambos 



58 REVISTA CANÓNICA 

Sacerdotes, resultando de ella completamente purgado el Sacerdote 
De Mercurio de todas las acusaciones que le hacía su contrario, ya 
por informes auténticos del mismo señor Arzobispo, ya de los Obis- 
pos de Cotrona y Bova, en cuyas diócesis había residido. Al efecto, 
el Arzobispo remitió á esta Sagrada Congregación un legajo de 
documentos, en los cuales se ponía de manifiesto la honradez y pro- 
bidad del Sacerdote De Mercurio, y, por el contrario, la inmoralidad 
del Sacerdote Mannarino. Hecha esta amplia información sobre las 
cualidades morales de ambos opositores, dice el Secretario de la Con- 
gregación, creí conveniente conocer el voto del consultor, ya sobre 
esta información, ya sobre los actos del concurso, el cual concluye 
así: «Para resolver esta cuestión, dos medios me atrevo á proponer: 
El primero, por gracia, sanado el concurso, puede conferirse el bene- 
ficio al Sacerdote De Mercurio; el cual, teniendo en cuenta todo lo ex- 
puesto en autos, es digno y apto para desempeñar el cargo parro- 
quial. El segundo, por derecho, declarada la nulidad del concurso, 
abrir otro, del cual ha de ser excluido el Sacerdote Mannarino, no 
porque sea indigno por sus malas costumbres, porque podía ser ad- 
mitido y luego reprobarle, sino por calumniador de su adversario, 
para ser él preferido; según el principio: «frustra legis auxilium in- 
vocat, qui in legem committit». Esta segunda solución es más conforme 
á la justicia, aquélla á la equidad; por ésta se defiende la ley del con- 
curso, por la otra se atiende á la desgracia del Sacerdote De Mercu- 
rio, á la relación de los examinadores y al sistema de votación viola- 
do en derecho: la primera desea ardientemente el Arzobispo, fe se- 
gunda no la rechaza.» 

Ahora, añade el Secretario, expondré algunas cosas, fio sobre las 
actas del concurso, ó sobre el juicio que se ha de formar de los oposi- 
tores, porque ésto ya está suficientemente expuesto en el voto del con- 
sultor, sino más bien sobre el concurso mismo, que en ambos votos del 
consultor se declara nulo por el escrutinio ilegal que hicieron los exa- 
minadores, por parecemos que este voto no es del todo cierto y segu- 
ro. Porque, como consta de la misma causa, la colación de la parroquia 
ya estaba devuelta á la Santa Sede, por no haber hecho el Ordinario 
su provisión dentro de los seis meses de derecho; esto aparece clara- 
mente del cap. II, de conc. praebendae, y de la Constitución de San 
Pío V in conferendis. Ni se puede alegar en favor de la colación de las 
parroquias en el reino de Ñapóles, ei art. 11 del Concordato de 1818, 
en que se dice: «Que Su Santidad concede á los Obispos del reino de 
Ñapóles el derecho de conferir las parroquias que vaquen en cualquier 
tiempo del año»; porque ya por la práctica de la Dataría Apostólica, 
ya por la costumbre de los Obispos de recurrir á ella cuando la vacan- 
te de una parroquia pasa de seis meses, como sucedió también en el 



REVISTA CANÓNICA 59 

caso presente, es cierto que aún subsiste en el reino de Ñapóles la re- 
servación á la Santa Sede de la colación de estas parroquias; de aquí 
es que si alguna vez los Obispos, por error, confieren estas parroquias, 
piden la sanatoria á esta Sagrada Congregación, como consta de la 
causa Sanctae Agathae Gotorunt. concnrsus, de 20 de Diciembre de 
1879. Constando claramente ésto, he aquí lo que dice Benedicto XIV 
en la Bula Lian illud, cuando se trata de la reservación de las parro- 
quias por otro título que por el de los meses papales: cPero si dichos 
beneficios que tienen aneja la cura de almas, están reservados á la 
Santa Sede por cualquier otro título que por los meses papales, en este 
caso el Obispo, siguiendo la antigua costumbre, absténgase de for- 
mar juicio sobre el más digno, y remita las actas del concurso á la 
Dataría». Y en su obra Be Synodo diocesana, lib. XIII, cap. XXIV, aña- 
de á lo dicho lo siguiente: «Sin embargo, tienen (los Obispos) la facul- 
tad de significar por cartas particulares y confidenciales al Datario 
del Pontífice, cuál creen elk s más digno; y si alguno de los que han 
sido admitidos al concurso tiene algún defecto ó vicio oculto». De todo 
ésto parece que puede interirse que en los Beneficios curados reser- 
vados de la manera antes dicha, es inútil é ineficaz la relación de los 
examinadores; puesto que, hecho el concurso, debe abstenerse el Obis- 
po de emitir juicio de ninguna clase, sino remitir á la Dataría las ac- 
tas del concurso. Esta interpretación se confirma además por dos re- 
soluciones de esta Sagrada Congregación; á saber, Oppiden .-Concur- 
sus, de 24 de Julio de 1886, y la antes citada Sanct. Agathae Gotorunt, 
en las cuales, aunque fué irregular la relación de los Sinodales, por no 
haber dado el parecer cumulad vo acerca de la ciencia, de la pruden- 
cia y demás cualidades, defecto que hace nulo el concurso según Re- 
clus. de Concursibus, p. 1, tít. 5.°, sin embargo, esta Sagrada Congre- 
gación sostuvo la validez de ambos concursos; y acaso fué porque, 
como se deduce del párrafo Xeqite de la citada causa Oppiden. esta 
relación de los Sinodales, como no exigida por derecho en el caso pro- 
puesto, nada podía influir en el juicio que había de formar y emitir la 
Dataría Apostólica sobre las actas remitidas, y por lo mismo tenía lu- 
gar el principio, titile per inutxle vitiari non debet. De todos los prin- 
cipios expuestos parece que no puede deducirse la nulidad del con- 
curso, porque fuera irregular en la forma observada por los Sinodales 
al tramitar sus actas. Pero todo esto se entiende dicho con sujeción al 
parecer y sentencia de vuestras eminencias, á las cuales, entretanto, 
propongo la solución de la siguiente duda: «Si se ha de adjudicar, y á 
quién, la Iglesia parroquial de San Nicolás de la villa ( vulgo) Petitia 
Policastro in casu». Y los Eramos. Cardenales, accediendo á la petición 
del Sacerdote Mannarino, respondieron el 20 de Mayo de 1905: Dilata: 
esto es, amplíese el expediente con nuevos datos. 



60 REVISTA CANÓNICA 

Én vista de esta respuesta, continúa el Secretario, notifiqué al refe- 
rido Sacerdote Mannarino, ó á su procurador, que se iba á presentar 
de nuevo la causa en la próxima sesión pública de la Sagrada Congre- 
gación, para que alegase las razones y derechos que tuviese que ale- 
gar; el cual, á pesar de ser amonestado por segunda vez, no presentó 
documento alguno en su favor, ni alegó razón alguna en su defensa. 
Por el contrario, el Sacerdote De Mercurio presentó cuatro documen- 
tos que probaban con toda evidencia el carácter pendenciero, y el mal 
modo de proceder de su adversario; de los cuales uno es de haber 
sido demandado por su misma madre ante los Tribunales por una deu- 
da que tenía con ella; y otro es la declaración de una mujer á quien 
indujo á jurar en falso en una causa ante el Pretor; y después trató 
de comprometerla á que declarase que no había perjurado, prometién- 
dola para ello la dilación del pago de una deuda que tenía con él. Y 
no puede dudarse de la legitimidad de los referidos documentos, pues- 
to que garantiza la autenticidad de las firmas el mismo Síndico local. 
Sin embargo, concluye el Secretario, en cuánto han de estimarse di- 
chos documentos, resolverán Vuestras Eminencias, á la vez que exa- 
minan nuevamente los que en el anterior proceso fueron presentados, 
y que por benignidad y gracia han de ser tomados en cuenta. Entretan- 
to se propone otra vez la solución de la siguiente duda: «¿Se ha de ad- 
judicar, y á quién, la iglesia parroquial de San Nicolás, de la villa (vul- 
go) Petitia Policastro in casn? Y los Emmos. Cardenales respondieron 
el 17 de Junio de 1905: «Afirmativamente en favor del Sacerdote De 
Mercurio.» 



Otra resolución de la misma Sagrada Congregación del Concilio 
sobre la limosna de las misas. 

El Guardián del Convento de Fiera, de los Franciscanos Menores, 
en la diócesis de Trieste, expuso á Su Santidad la duda siguiente: «Mu- 
chas veces vienen á este Convento los habitantes de las villas y case- 
ríos vecinos á encargar misas con limosna menor que la señalada por 
la tasa sinodal, ó por pobreza, ó por economía, y los Religiosos las han 
recibido siempre, y las encargaban con puntualidad á otros sacerdo- 
tes que estaban necesitados, y las recibían con gusto y con gratitud. 
Pero el año pasado, 1 ( »04, el Obispo de la diócesis dio un decreto prohi- 
biendo que los sacerdotes recibiesen misas de los diocesanos porlimos- 
na inferiora la tasada en la diócesis. En vista de este decreto, el orador, 
para tranquilidad de su conciencia, y para cinc los referidos oferentes 
no se retiren de la iglesia de dicho Convento, propone humildemente 
la siguiente duda: «-¿Pueden los mencionados Religiosos, no obstante 



REVISTA CANÓNICA 61 

el decreto del Obispo de la diócesis, recibir, según costumbre, limos- 
nas de misas menores que la señalada por la tasa sinodal, y encargar 
que las celebren, aun fuera de la diócesis, otros sacerdotes necesita- 
dos y de toda su confianza?> Y la Sagrada Congregación respondió: 
«Dense las resoluciones in una S. Seierit.i, de 16 de Julio de 1689, 
é in una Romana, de 15 de Enero de 1639.» 

El tenor de estas resoluciones, es el siguiente: Sdti ni: «Los 

sacerdotes se ofrecen todos los días á celebrar, por la limosna de me- 
dio julio por cada Misa; y el Obispo suplica se declare si él puede es- 
tablecer la limosna manual de un julio íntegro por cada Misa, impo- 
niendo pena á los que celebren por menor cantidad. Respuesta: 
«Afirmativamente, en cuanto á la limosna manual.»— Romana. «La 
limosna por cada Misa que celebren los Regulares en sus iglesias, ha 
de ser tasada por el Ordinario según la costumbre del país.» Y asilo 
firmó, día 8 de Mayo de 1906.— VikcbntiüS, Card. Episc. Praenesti.v, 
Praef.— C de LaI, Secrct. 



Resolución de la Sagrada Congregación de Obispos y Regula- 
res sobre los derechos de los Religiosos profesos de votos 
simples. 

El Vicario General de la Orden del Cister Helveto-Germánica, y 
Visitador de las Religiosas de la misma Orden, pidió humildemente á 
Su Santidad la decisión de las siguientes cuestiones: «1. a Los Religio- 
sos de votos simples de ambos sexos de la Congregación Helveto-Ger- 
mánica de la Orden del Cister, de vida común, ¿tienen voto: 1.°, en la 
admisión de algún candidato al noviciado; 2.°, en el primero y segun- 
do escrutinio para continuar el noviciado; 3.°, para la admisión a los 
votos simples después del año de noviciado?— 2. a Los mismos ¿tienen 
voto en todas las enagenaciones de parte del Monasterio?— 3. a Las Re- 
ligiosas de votos simples ¿tienen voz activa en la elección de Abadesa, 
de tal manera que puedan elegir, pero no ser elegidas?» — Y la Sagra- 
da Congregación, bien examinadas todas estas cuestiones, respondió: 
«Afirmativamente en todas.-Roma, día 20 de Febrero de 1905.— D. Car- 
denal Ferrata, Praef.— Philipus, Gicstixi, Secret. 



Resolución de la Sagrada Congregación de Ritos sobre las 
visceras de San Francisco de Asís. 

Habiéndose suscitado de nuevo la cuestión, ya casi olvidada, acerca 
de las visceras de San Francisco de Asís, que unos dicen que se hallan 
y conservan religiosamente en la Iglesia de Nuestra Señora de los An- 



62 REVISTA CANÓNICA 

geles, de la Ciudad de Asís, aduciendo para ello la antiquísima tradi- 
ción de la Orden de Menores, y que otros niegan ó ponen en duda, la 
Sagrada Congregación de Ritos, en sesión privada tenida en el Vati- 
cano el 16 de Mayo próximo pasado, siendo ponente el Emmo. Carde- 
nal Segna, Relator de la causa, aducidos todos los argumentos y razo- 
nes de una y otra parte, y diligentemente examinados y discutidos, y 
oído el parecer del Rdo. P. Verde, Promotor de la Santa Fe, resolvió 
lo siguiente: «Impuesto el más profundo silencio sobre el asunto á am- 
bas partes contendientes, difiérase la resolución de la cuestión princi- 
pal; continuando entretanto en su posesión la antigua indicada tradi- 
ción. Y si algo nuevo referente al asunto se encuentra por una ú otra 
parte, se ha de sujetar al examen y juicio de la Sagrada Congregación 
de Ritos, sin que se publique cosa alguna sin licencia expresa y por es- 
crito del mismo Sagrado Colegio.» Y expuesta esta resolución á Nues- 
tro Santísimo Padre Papa, Pío X, por el infrascrito Cardenal Pro-Pre- 
fecto de la Sagrada Congregación de Ritos, Su Santidad la ratificó, la 
aprobó, y mandó que se cumpliese.— Día 24 de Mayo de 1905.— A. Car- 
denal Tripepi, Pro-Praef.—D. Panici, Archiep. ~Laodicen., Secret. 



Otra resolución de la misma Sagrada Congregación de Ritos so» 
bre la celebración del aniversario de la Dedicación de las Igle* 
sias de los Regulares, y de la fiesta del Patrocinio de San José. 

El redactor del Calendario para uso de la Provincia Austro-Hún- 
gara de la Compañía de Jesús, humildemente propuso á dicha Sagra- 
da Congregación las dos dudas siguientes: 1. a En la Diócesis de Viena, 
por privilegio de la Sagrada Congregación de Ritos de 13 de Enero de 
1888, todo el clero, tanto secular como regular, puede celebrar todos 
los años, con el rito conveniente, la fiesta de la dedicación de todas las 
iglesias de la Archidiócesis, en la Dominica 3. a de Octubre, y como por 
otra parte estas fiestas diocesanas se entienden concedidas á los Re- 
gulares sin octava, se pregunta, si se ha de observar esto en el caso 
presente en las iglesias de la Compañía de Jesús no consagradas, y que 
se hallan en los límites de esta Archidiócesis.— 2. a A la Compañía de 
Jesús está concedido celebrar con rito doble de primera clase, con oc- 
tava, el Patrocinio de San José en la Dominica 3. a después de Pascua, 
y como lo explican las observaciones al Calendario aprobado el 6 de 
Diciembre de 1888, está fijo á ese día, aunque ocurra con la fiesta de la 
dedicación de la Iglesia propia, ó del Patrono ó titular de la Iglesia, las 
cuales so trasladan al primer día no impedido. Y como éstas son fies- 
tas primarias, se pregunta: si por esto, y a Jorliori, dicha fiesta del Pa- 
trocinio se ha de tener corno primaria para la Compañía, ó si se ha de 



REVISTA CANÓNICA 63 

tener por revocada esta prerrogativa por los decretos de la Sagrada 
Congregación de Ritos, núm. 3.808, de 27 de Junio de 1893, y núm. 3.881, 
de 4 de Febrero de 18%. 

Y la Sagrada Congregación, por la relación del infrascrito Secre- 
tario, visto el parecer de la Comisión Litúrgica, y bien pensado todo, 
juzgó que debía responder: «A la 1.* El aniversario de la Dedicación 
de la Iglesia se debe celebrar por los Regulares, con rito doble de pri- 
mera clase, con octava, tanto en las iglesias consagradas, como en las 
no consagradas, según el decreto 3.322 Amalphitana, de 20 de Agosto 
de 1880, y el decreto general 3.863, Lelebratiotiis festorum, Patroni 
loci, dedicationis ac tituli Ecclesiae de 9 de Julio de 1895, ad 3'""- A la 
2. a Negative. Y la concesión particular fué revocada por los decretos 
generales antes citados 3.808 y 3.881. Y así lo firmó el día 7 de Julio 
de 1905. A. Card. Tripepi, Pro-Prae/.—D. Panici, Archiep. Laodicen., 
Sccret. 



Resoluciones de la Sagrada Congregación de Indulgencias. 

EX COMPENDIO 

1. a El 1.° de Febrero de este año 1905 declaró dicha Sagrada Con- 
gregación, á petición del Procurador general de los Capuchinos, que 
el Superior Regular, ó su delegado, cuando da la absolución general 
á la Comunidad, goza él mismo de este beneficio. 

2. a La misma Sagrada Congregación revisó el 21 de Marzo de este 
año un Rescripto del Papa de 26 de Febrero, por el que, á petición del 
Sacerdote Fortunato, de Ñapóles, Su Santidad concede trescientos días 
de indulgencia, aplicables á las almas del Purgatorio, y la bendición 
apostólica, á los que, al menos con corazón contrito, recen la siguien- 
te oración en desagravio de las blasfemias proferidas contra la Santí- 
sima Virgen: «Oh María, bendice esta casa en que se bendice siempre 
vuestro nombre. Viva siempre María, la Inmaculada, la siempre Vir- 
gen, la bendita entre las mujeres, la Madre de Nuestro Señor Jesu- 
cristo, la Reina del cielo. 

3. a El 6 de Abril de este año 1905, á petición del Director del diario 
Nuestra Señora de la Guardia, con licencia de su Ordinario el Arzo- 
bispo de Genova, concedió Su Santidad trescientos días de indulgen- 
cia, aplicable á las almas del Purgatorio toties qaoties (cada vez que 
lo hagan), á todos los que, para honrar á la Virgen en el título de Nues- 
tra Señora de la Guardia, que se venera en su célebre Santuario de 
la Liguria, reciten la siguiente invocación: «Nuestra Señora, Reina de 
la Guardia, rogad por nosotros que acudimos á Vos.» 



64 REVISTA CANÓNICA 

4. a El 1.° de Julio de este mismo año, á petición del Ministro Gene- 
ral de los Menores Conventuales, dio Su Santidad un Decreto Urbis 
et Orbis por medio de la Sagrada Congregación de Indulgencias, con- 
cediendo indulgencia plenaria, aplicable á las almas del Purgatorio, 
á todos los que por espacio de doce meses seguidos practiquen el pri- 
mer sábado ó domingo de cada mes alguna devoción, ya de oraciones, 
ya de meditaciones en honor de María Inmaculada, confesando y co- 
mulgando en dicho día, y rogando por la intención del Romano Pon- 
tífice. 

5. a El 28 de Junio de este mismo año, á petición del Prepósito Ge- 
neral de los Carmelitas Descalzos, la Sagrada Congregación de In- 
dulgencias, con facultades especiales del Romano Pontífice, subsanó 
todas las recepciones hasta aquel día hechas en la Cofradía del Car- 
men, que por cualquiera causa hubiesen sido nulas. 

6. a El 7 de Junio del año actual, á petición del Procurador General 
de los Menores, declaró la misma Sagrada Congregación que no cesa 
el privilegio, ni se pierden las indulgencias de las Estaciones del Via 
Crucis legítimamente erigido en una iglesia, en el caso que dicha igle- 
sia fuese del todo, ó casi del todo destruida, siempre que se reedifique 
casi en el mismo sitio y con el mismo título. 

P. Cipriano Arribas, 
o. s. A. 



BIBLIOGRAFÍA 



Adiciones y continuación de la "Imprenta de Manila,, de D. J. T.— Médium ó 
Rarezas y curiosidades bibliográficas filipinas de las bibliotecas de esta capital, por 
los Padres Fr. Ángel Pérez y Fr. Cecilio Güemes, Agustinos — Manila, 1905.— Imprenta de 
Santos y Bernal, Eehagíle 84 iSanta Ciuz). 



Trabajo verdaderamente laudable y de gran mérito es el que los 
mencionados Padres acaban de ofrecernos: en él han acumulado una 
multitud de noticias acerca de obras y autores casi desconocidos, re- 
solviendo muchísimas cuestiones que acerca de los mismos se discu- 
tían, como averiguar el verdadero autor de una obra ó el pueblo na- 
tal ú Orden á que perteneció. Se proponen, como ellos mismos lo ex- 
presan, continuar la obra del esforzado campeón de la literatura fili- 
pina Sr. Medina, lo cual, «1 más de conseguirlo con grande gloria, han 
logrado consignar en el Catálogo muchas obras que ni Medina ni el 
célebre Retana consignaron. También tuvieron presente, al poner la 
pluma sobre el papel, demostrar con toda evidencia, con el recuerdo 
de lo pasado, y la memoria de las glorias antiguas, la ingratitud con 
que pagan ahora muchos de aquellos que hoy día, sugestionados por 
lo presente, y ^adictos á toda novedad>, miran con desprecio y repul- 
sión á aquellos que fueron sus padres, sus maestros y sus libertadores. 

Nadie ignora los trabajos que sufrieron los misioneros en aquellas 
islas, el celo verdaderamente apostólico con que las regían y el inte- 
rés que tenían por el adelanto de aquel país; y como muchas veces, al 
despedirse de un pueblo para ir á evangelizar á otro, se marchaban 
casi sin esperanzas de volver más al primero, hubo necesidad de 
consignar por escrito los medios más convenientes para el buen régi- 
men y gobierno de aquella comarca que abandonaban; mas el estudio 
del lenguaje, de las costumbres, de sus mismas leyes y modo de vivir, 
dio por resultado un Código de leyes completo para sus iglesias, á lo 
cual debemos añadir la multitud de devocionarios y libros piadosos y 
tratados de medicina é historia natural, de todo lo cual dan noticias 
acabadas los autores de la presente obra. Pero su importancia capital 



66 



BIBLIOGRAFÍA 



es la exquisita investigación de pormenores y minuciosidades, que 
hoy día tanto estiman los bibliófilos, pues preciso es confesar, por lo 
que se nota al leer la obra, que parece no han dejado de revisar y exa- 
minar ni el más pequeño folleto ni la menor hoja volante que encerra- 
ban las bibliotecas por ellos registradas.— P. G. Z. 



Nuevo Misal Romano. 



Por conducto de su depositario en España, D.Juan Gili, librero- 
editor de Barcelona (Cortes, 581) hemos recibido el excelente Misal 
que la conocida casa de H. Dessain, de Malinas, acaba de publicar. 
Aparte de las excelentes condiciones con que está editada esta obra, 
una de las más acabadas y perfectas en su género, nótase en ella una 
mejora muy considerable en el tipo de letra, con lo cual ha logrado el 
editor que este Misal sea el único que en el tamaño pequeño 4.° (28 x 
20 cm.), tenga una lectura sumamente clara y tan fácil de ser leída. Lo 
conceptuamos muy á propósito para capillas y oratorios. He aquí, ade- 
más, las encuademaciones que el Sr. Gili hace en sus acreditados ta- 
lleres, á precios notablemente módicos. Vale el Misal: número 1, ba- 
dana negra, cruz dorada en las tapas, cortes dorados, registros pega- 
dos al lomo, broches y rosetas, 32,50 pesetas; número 2, imitación cha- 
grín negro ó encarnado, cruz dorada en las tapas, cortes dorados, re- 
gistros pegados al lomo, broches y rosetas, 34,50 pesetas; número 3, 
chagrín encarnado, planchas, cortes, cantos y contracantos dorados, 
registros de seda pegados al lomo, broches y rosetas, 44 pesetas. 



Estudio de una organización del Ejército, arreglada á la potencia contri' 
butiva de España, por Gustavo Peyra Anglada, Barcelona, Juan Gili. librero-editor, 
Cortes, 531, 1905. 

Con el noble y único fin de dar una norma para una nueva y prove- 
chosa reorganización del Ejército y Marina española, acaba de publi- 
car el Sr. D. Gustavo Peyra y Anglada, una obra que por el desinte- 
resado criterio con que expone sus opiniones, merece ser leída con 
interés é imparcialidad por todos aquellos á quienes por razón de su 
cargo ó misión, toque más de cerca este importantísimo asunto. La- 
méntase el autor, y es también mi opinión, de que el porvenir de nue&- 
tra nación cífranle nuestros gobernantes en editar leyes para fomen- 
tar la instrucción, agricultura, industria y comercio nacionales. No 
reprueba el autor tan sabias disposiciones; pero cree acertadamente 



bibliografía 67 

que no será completa nuestra regeneración, aun cuando estas dispo- 
siciones lleguen á producir sus opimos y deseados frutos. La patria, 
lo mismo que el individuo y la sociedad, necesita defender sus dere- 
chos, y éstos solamente se hacen respetar por la fuerza di la nación 
Ejército y Marina. Es necesario convencerse de que hoy día no basta 
el heroísmo y abnegación del soldado español: es además necesaria la 
sabia dirección y organización del Ejército y la fuerza ametralladora 
de las armas y la buena marina. 

Esto es lo que pretende hacer ver durante todo el curso de su obra, 
y para ello propone un nuevo plan de organización del Ejército: sus 
centros directivos, oficialidad, ascensos, recompensas, etc. Es una 
obra que por el patriotismo y desinteresado criterio con que el autor 
emite sus opiniones, merece ser leída y es digna de un detenido exa- 
men, que indudablemente daría felices resultados para la patria. 
P. H. M. 



Jubileo de la Inmaculada en Palencia.— Cultos dedicados á la Santísima 
.María en la diócesis de Palencia con motivo del quincuagésimo aniversario de la Definición 
dogmática de su Concepción Purísima en el año jubilar de 1V04. Palencia, imprenta de 
Abundio Z. Menéndez, 1905.— Un volumen en 4.°, de 250 páginas. 

Loable por muchos conceptos ha sido la idea de reunir en un volu- 
men las hermosas y variadas cartas que los celosos Párrocos de la 
diócesis de Palencia escribieron oportunamente dando cuenta, como 
era justo y debido, de las funciones celebradas en sus respectivas pa- 
rroquias para honrar á María Inmaculada en el quincuagésimo ani- 
versario de la Definición dogmática de su Concepción Purísima. Es 
este volumen una manifestación perenne, es un recuerdo, es un glo- 
rioso monumento levantado á la fe y á la devoción de la diócesis pa- 
lentina. Es una manifestación perenne porque en él se exponen senci- 
llamente, pero con el fervoroso entusiasmo de la devoción y del amor 
á la Virgen sin mancilla, las espontáneas y variadas manifestaciones 
del amor y el cariño de los pueblos á la Virgen: es un recuerdo, por- 
que con este libro se perpetuará entre los hijos la memoria de la fe de 
sus padres para imitarlos y seguir sus edificantes ejemplos de fervor 
y de entusiasmo por la honra de Dios y la gloria de su Santísima Ma - 
dre, y por último, es un monumento, pero un monumento, más elocuen- 
te y glorioso que los de bronce y de piedra, que no hablan, porque éste 
habla y explica detalladamente lo que representa y simboliza. 

Es, además, no sólo un hermoso ramillete de vistosas flores recogi- 
das en todos los místicos vergeles de la diócesis palentina, que son los 
santuarios y parroquias, sino un hermoso y extenso vergel compues- 



68 BIBLIOGRAFÍA 

to de tantas macetas como cartas tiene, en las cuales puede escoger 
el aficionado á las flores espirituales, otras tantas clases de plantas 
que prosperan y florecen y dan fruto en terrenos similares; lo cual es 
una ventaja grandísima, un bien incalculable; porque en el trans~ 
curso de los tiempos, y siempre que la ocasión y las circunstancias lo 
requieran, puede cada uno ver lo que en ese pueblo ó en otros se ha 
hecho ahora para honrar á María, y aplicarlo al suyo, poniendo en él 
las plantas que en los otros ha visto que dieron tan hermosas flores y 
sabrosos frutos: las flores de los actos religiosos y los frutos de las 
virtudes. 

Aplaudimos de veras el feliz pensamiento del sabio y celoso prela- 
do de Falencia, iniciador y alma de todo lo bueno, que con motivo del 
jubileo de la Inmaculada le hizo su diócesis, y le felicitamos por ello, 
así como á todos los que, más ó menos, según sus fuerzas y medios de 
que disponían, secundaron fielmente tan hermoso pensamiento; y no 
dudamos que Dios y la Virgen bendecirán sus trabajos y desvelos.— 
P. C.A. 



Enchiridion Symbolorum et definitionum quae de rebus fidei et morum a Conclliis 
oecumeuicis et Summis Pontificibus emanarunt. In auditorura usum edidit Henricus Den- 
singer Wirceburgensis Professor. Edltio IX auctaet emendada ab Ignatio Stahl. Friburgi 
Brisgoviae. Sumptibus Herder.Typis Shahelíi Wirceburgi, 1900. Un tomo en 12.° deXVI-486 
páginas. Precio en rústica, 5 francos. 

Con razón dice el Cardenal Gibons, Arzobispo de Baltimore, al re- 
comendar eficazmente la presente obra á todos los teólogos católicos, 
«que sería de desear que la tuviesen á la mano juntamente con la Bi- 
blia», para que con ella puedan fácilmente consultar, si no todos los 
documentos de la tradición católica, á lo menos aquellos que son más 
importantes y auténticos, evitando de ese modo el peligro de condes- 
cender demasiado con el propio ingenio, y mezclar las invenciones 
humanas con la doctrina de la Iglesia; pues fundados en estos docu- 
mentos y guiados por ellos, no serán arrastrados por todo viento de 
doctrina. Así que, después de los libros sagrados, ningún otro se debe 
leer, ni consultar con más esmero y cuidado que los preciosos docu- 
mentos contenidos en el presente Manual, sancionados como están y 
aprobados por la autoridad infalible de la Iglesia, en los cuales se con 
tiene la regla de la fe y de las costumbres, y se halla el depósito sa- 
grado de la tradición fielmente guardado y expuesto por la misma 
Iglesia en el transcurso de los siglos. 

Este Manual, do suyo muy útil y recomendable, le hace mucho más 
en la 8. a y 9. a edición el Dr. Stahl, por los dos índices muy completos 
y minuciosos que ha añadido en ellos: uno de documentos, ó sea de 



BIBLIOGRAFÍA 69 

símbolos, decretos y definiciones de los Concilios generales, de los Ro- 
manos Pontífices y Congregaciones Romanas; y otro de materias, con 
tan buen orden y método dispuestas, que iácilmente se encuentra lo 
que se desea, no sólo el decreto ó definición dogmática, sino el Conci- 
lio ó Pontífice que la dio, y cuándo y contra quién, ó con qué motivo la 
dio; todo lo cual hace sumamente útil y recomendable el presente Ma- 
nual; así que no dudamos subscribir y hacer nuestra la recomenda- 
ción del Cardenal Gibons á todos los que cultivan las ciencias eclesiás- 
ticas, especialmente las morales y teológicas.— P. C. A. 



Tractatusde Yerfti Oivini Incarnatione. auctore Joanne Muncunille Societate Jesu. 
Matriti, editoribus báenz de Jubera, fratribus iCampomanes, 10). Un volumen en 4." de 690 
páginas. Precio, 9 pesetas. 

Cualquier trabajo teológico que pueda contribuir á remediar en 
parte e*. lamentable estado de atonía ó decadencia en que se hallan 
las ciencias eclesiásticas en España, merecerá siempre nuestros más 
sinceros plácemes. El tratado De Verbi Diviné Incarnatione, del Pa- 
dre Muncunill, es uno de estos laudables esfuerzos que viene á acre- 
centar el escalo caudal de nuestra literatura teológica con méritos 
muy positivos y relevantes. La primera y principal ventaja de esta 
obra no está en lo accidental de la forma, sino en lo sustancial de la 
ciencia, constituyendo un tratado muy completo en que se encuentran 
bien expuestas y discutidas, al lado de las conclusiones dogmáticas, 
todas ó casi todas las cuestiones secundarías propuestas por los gran 
des maestros de la teología escolástica. El autor procede en sus dis- 
quisiciones con mucha claridad y relativa concisión. Quizá pueda ha- 
cérsele el reparo de haber dado demasiada importancia á la parte ana- 
lítica con algún perjuicio de la síntesis; pero, aunque esta apreciación 
pudiera parecerá todos justificable, la obra del P. Muncunill será siem- 
pre digna de figurar entre las mejores que se han publicado sobre la 
materia, pudiendo ser consultada con fruto, no sólo por discípulos, sino 
también por maestros y profesores.— P. H. del V. 



Hidrometeorologla castellana, según los datos recogidos en el Colegio de PP. Agus- 
tinos de Valladolid desde 1892 á 1905, bajo la dirección del P. Antonio Blanco, profesor en 
dicho Colegio. Valladolid. Imprenta La Nueva Pincia, 1905. En 4.°, de - 

Con la aparición del presente libro son ya dos los volúmenes que 
contienen los datos prestados por el magnífico Observatorio que los 
Padres Agustinos poseen en el Real Colegio de la capital de Castilla 



70 BIBLIOGRAFÍA 

la Vieja, los cuales volúmenes corresponden á las dos épocas (1878- 
1892 y 1892- 1893) en que pueden considerarse divididos los años desde 
que se fundó hasta el presente. Del primer volumen se dio la nota 
bibliográfica en su tiempo oportuno, del segundo la damos al pre- 
sente. 

Desde las primeras páginas de este libro se ve claramente, cómo 
el autor, impresionado ante la perspectiva ciertamente desconsolado- 
ra que ofrece á sus ojos el estado actual de la agricultura castellana, 
desea vivamente que se ponga un remedio eficaz á negocio que de 
hecho tan fatales consecuencias se nos siguen y aún peores se segui- 
rán si se continúa defiriendo esa enmienda que, puesta en práctica, tan 
opimos frutos acarreará á los propietarios castellanos. No cabe duda 
de que,- si se examinan los productos rendidos por el suelo castellano 
con los que podría dar, y que en rigor le corresponden, por su situa- 
ción geográfica, latitud, altura, vientos reinantes, etc., etc., no sólo 
sería bastante más considerable su cantidad y más excelente su cua- 
lidad, sino que las especies de producciones serían mucho más nume- 
rosas. A sacar de este estado de apatía en que se encuentra el pueblo 
castellano en asunto de tanta importancia para sí; á deshacer las tan 
inútiles como nocivas preocupaciones existentes principalmente en el 
agrícola de la gran meseta castellana, y á incitarle á la plantación de 
nuevas especies, presupuestas otras modificaciones, se dirigen las 
acertadas instrucciones del P. Blanco. Bien es cierto, dice este Padre, 
que la culpa de la pobreza de rendimientos del suelo castellano no la 
tiene sólo el agricultor, es preciso que la ciencia le indique los medios 
que debe emplear para mejorar los productos; que la química analice 
los terrenos é indique el botánico las especies propias y señale el físi- 
co las leyes climatológicas y proponga el meteorólogo los medios de 
regularizar la serie de fenómenos cuya influencia es la vida del mun- 
do vegetal. 

Él, por su parre, cumple con aplauso la parte que, como á meteoró- 
logo corresponde, inculcando al labrador la obligación que tiene de 
comenzar á beneficiar sus campos mediante la plantación de árboles, 
para que atraigan las lluvias de que tanta necesidad tienen sus tierras; 
examina las inlluencias que sobre la vegetación ejercen las corrientes 
aéreas, indicando el modo de cambiar sus direcciones perjudiciales, 
especialmente mediante el arbolado; estudia el influjo que en la agri- 
cultura tienen las lluvias, la llovizna, el rocío, la escarcha, la nieve, 
el granizo y demás meteoros, señalando los medios de contrarrestar- 
los en la parte que tienen de perjudicial. Todos cuantos medios pro- 
pone el autor para la regeneración agrícola de Castilla los creemos 
muy útiles y racionales, como nacidos de un estudio completo basado 
en una larga y minuciosa observación de la meteorología castellana 



bibliografía 71 

«n sus relaciones con la agricultura. De esperar es que este libro sea 
recibido con general aceptación, especialmente por el agrícola de 
Campos; nosotros así lo deseamos para satisfacción y consuelo del 
autor y para el provecho de los propietarios de la alta meseta espa- 
ñola.-/ 5 ./. M. 



Centenario Quijotesco, por el P. Juan Mir y Noguera, S. J. — Madrid. 1905. Sáenz dt 
gjubera, Hermanos, Editores. —Un volumen de XIII-245 páginas. 

Obra de sana crítica literaria, con la que podrán no estar conformes 
algunos literatos que quisieran menos severidad en juzgar, está escri- 
ta con conocimiento de causa y tiene de su parte el indiscutible méri- 
to de hablar con imparcialidad de libros y autores de fama. El fin ge- 
neral de la obra es combatir sin tregua ni descanso el galicismo don- 
de quiera que se encuentre, y si es autor de mérito, mejor para que no 
se le imite en estos lunares. Dentro de este plan saca á relucir, com- 
parándolos con Cervantes, algunos de nuestros escritores clásicos del 
siglo XVI, injustamente olvidados. Y para que no se juzgue apasiona- 
miento su comparación con el príncipe de los ingenios españoles, cita 
los méritos en que se funda su crítica. Es partidario fervoroso del Qui- 
jote, aunque "abomina de los iniciadores de las fiestas del Centenario, 
en vista de la poca ó ninguna utilidad sacada en provecho del habla 
castellana. Hubiera querido que el Centenario fuese la última batalla 
contra los galiparlas, y como nada de ésto se ha hecho ni intentado, 
llámale Centenario Quijotesco, y reprueba la general manía de cele- 
brar centenarios. Recomendamos con todo encarecimiento á los aman- 
tes del clasicismo el presente libro, escrito en forma dialogada, y feli- 
citamos á su autor por tan bizarras muestras de su valor literario. 



L'Hnnée dej Malades, P. Lethielleux, editeur— Deux volumes in 16 raisin. — Deuxieme 
editión.— Par Ctesse. de Flavigny. 

He aquí una de esas obras en que por su estilo elegante y animado 
y por la sana doctrina en él expuesta, es leída con grande consuelo 
y aprovechamiento espiritual, no ya del enfermo, á quien directa- 
mente va dirigido, sino también del que se encuentra en estado per- 
fecto de salud, disponiendo su espíritu á un estado de conformidad con 
el beneplácito divino, en el cual no apetece ese bienestar corporal con 
demasiada solicitud, y no pocas veces con mengua de su adelanto en 
el aprovechamiento del espíritu. Ya, anteriormente á la publicación de 
esta nueva obra, había dado á luz la muy ilustre Condesa de Flavigny 



72 BIBLIOGRAFÍA 

otras obras espirituales notables por su unción mística y su espíritu 
cristiano; pero dudamos, y con bastante fundamento, que igualen en 
esto á las hermosas páginas de El Año de los enfermos. 

En verdad que, mirada la enfermedad con los ojos de la carne, y 
prescindiendo por completo de que nos es enviada por una mano ocul- 
ta, y que nos puede acarrear bienes sin cuento, si sabemos sobrellevar- 
la, hace del ser personal un objeto que no inspira más que compasión, 
y aun quizá desvío; pero considerada en cuanto que es permitida, y 
mejor aún, querida por Dios, que rige nuestros destinos, y que en todo 
cuanto ejecuta fuera de sí no busca otra cosa que la felicidad y biena- 
venturanza de la criatura racional, no sólo no puede considerársela 
como un objeto de horror, sino por el contrario, puede y aun debe ser 
estimada por un tesoro de valor inapreciable. Á esto precisamente se 
dirige el fin de esta preciosa obrita. La división de la obra es la si- 
guiente: Consta de dos volúmenes de unas 220 páginas cada uno: en el 
primero expone qué sea la enfermedad á los ojos de la fe y de la razón, 
la santificación de la enfermedad, auxilios de que dispone el enfermo y 
que le suministra la Iglesia, la oración que debe hacer, y por último, 
siguen unas meditaciones correspondientes á las grandes festividades 
de la Iglesia durante el año y que se dirigen á conformar la vida del 
enfermo con la significación del día festivo. En el segundo volumen hay 
cincuenta y dos lecturas escogidas, exclusivamente para el enfermo, 
de las obras de escritores muy diversos en la época en que unos y otros 
vivieron, casi todos ellos Padres de la Iglesia ó Santos que ella vene- 
ra. Grande ha debido ser el esfuerzo hecho para llevar á cabo esta se- 
gunda parte, pues ha tenido que consultar tantos autores santos como 
se ven citados al principio de cada capítulo, y sube de punto ese tra- 
bajo, si se considera que en cuanto á los escritos publicados en lenguas 
extrañas al francés son traducidos en conformidad con el texto origi- 
nal. Esperamos que así como pronto tuvo que hacerse una segunda 
edición, que es de la que damos la nota bibliográfica, no tardará en 
ver la luz pública la tercera, y que seguirá produciendo los efectos tan 
benéficos como hasta el presente ha producido en el alma de los pobres 
enfermos.— P. J. M. 



Ma Soeur Anne, par Lucien Donel.— Rué Bayard, 5, París. 

En el volumen citado puede encontrar el lector una colección de 
novelitas ó cuentos (Ma soeur Aune..., Les petitsfréres de saint Fra)i- 
cois, Le pain du petitjticquesj, de amena lectura y hasta de verdade- 
ro interés. No hemos de exponer la materia de cada una de las rela- 
ciones; diremos únicamente que el autor ha sabido dotar á sus pensa- 



BIBLIOGRAFÍA 73 

miemos de un atractivo que cautiva, de un sentimiento que agrada y 
de una naturalidad que hace olvidar al lector si es lectura de un libro 
ó más bien cinta de cinematógrafo que pone muy de relieve cuantos 
hechos narra. De tal manera concibe el argumento y lé expone, que no 
deja ni el más mínimo vacío. 

Con gusto daríamos al lector algún trozo cogido al azar, donde se- 
guramente podría ver que no nos engañamos en las apreciaciones 
arriba dichas; mucho rnás si le diéramos copia de las cartas que forman 
parte integrante de algunas narraciones y pueden servir de verdade- 
ros modelos del género epistolar. No obstante, creemos que es muy 
digna de ser saboreada en su totalidad la belleza de este libro, y así 
concluímos por recomendársela á los lectores.— Z. 



CRÓNICA GENERAL 



Madrid-Escorial, 1.° de Septiembre de 1905. 



EXTRANJERO . 

Roma. — «Desde la época de la elevación, dice un cronista de Roma, 
del Santo Padre León XIII al Trono de los Papas, se ha hablado mucho 
de la hacienda pontificia, y se han dicho de ella cosas para todos los 
gustos.» Quiénes han supuesto que nadaba en la opulencia, y quiénes, 
por el contrario, han creído que se hallaba en estado de cortísimo des- 
ahogo. Desde luego que los sostenedores de la primera opinión, ó han 
obrado de mala íe, ó no han parado nunca mientes en considerar los 
muchísimos gastos que necesita realizar la Santa Sede para sostener- 
se con algún decoro, y la falta absoluta de toda fuente de riqueza, des- 
de la triste fecha en que Roma cayó en poder de los saboyanos. Tres 
millones de liras tenía entonces consignados en el presupuesto, y con 
ellos atendía á lo más perentorio de sus necesidades; mas al caer los 
estados pontificios en poder de Víctor Manuel, aunque el Gobierno 
usurpador, por la ley de garantías, ofreció al Papa la misma conslgn i- 
ción, el Pontificado no pudo aceptar aquel dinero que le arrojaban 
como limosna las sectas revolucionarias, y desde entonces, la Corte 
de los Papas ha tenido que vivir de las limosnas de los fieles. En otros 
tiempos, cuando la fe de los pueblos era más viva, la Santa Sede podía 
esperarlo todo del fervoroso pueblo cristiano, á cuyas expensas se han 
levantado grandes monumentos, como la basílica de San Pedro, y se 
han embellecido con obras de arte realizadas por los artistas más gran- 
des del mundo. El dinero que de todas las partes del globo confluía á 



CRÓNICA GENERAL 75 

Roma, se convertía en magníficas obras, ya de ciencia, ya de arte, 
siendo la capital del mundo católico, el foco perenne de la fe y de la ci- 
vilización. Hoy no sucede así: al mismo tiempo que se pide al Pontifica- 
do que vaya á la cabeza de las artes y las ciencias, se le priva de todos 
los medios, colocándole en una situación imposible. Seis millones de 
pesetas necesita la Corte Pontificia para atender á todos los gastos que 
allí se originan por motivos innumerables é imprescindibles; y para 
atender á todos estos gastos sólo cuenta con el escasísimo patrimonio 
que le ha quedado al Papa y las limosnas de los fieles, que cada día van 
siendo menores. De León XIII se cuentan prodigios de economía para 
atender á limosnas, gastos de colegios, museos y hasta el Observatorio 
astronómico, al cual miraba León XIII con singular cariño. Trataba en 
cierta ocasión, el Mayordomo de los palacios apostólicos, de colocar 
una estufa en las habitaciones del Papa, y para ello, consultó con Su 
Santidad. León XIII excusábase diciendo que no tenía frío; por último, 
apremiado ya por el Mayordomo que decía ser necesario hasta pnra 
los sucesores de León XIII, que no podrían vivir en aquellas habitacio. 
nes desmanteladas, hubo de preguntar:— ¿Cuánto cuesta eso?— 300 liras 
contestó el Mayordomo.— No puede ser, no puede ser, replicó el Papa. 
Si mis sucesores quieren estufa que la pongan; hoy no se puede hacer 
ese gasto.— En tan humilde estrechez vive el Pontificado, al cual rodean 
los esplendores más grandes de la fuerza moral que ha podido conse- 
guirse en la tierra. El moderno industrialismo, al par que metaliza las 
almas, ha hecho olvidar al Santo Padre, y en nuestros días, las limos- 
nas de los fieles disminuyen de una manera alarmante, colocando á la 
Santa Sede en una situación precaria. Es, por tanto, de desear que el 
clero y todas las personas que tengan noticia de estos hechos traten de 
despertar la caridad hacia el Padre común de los fieles, á quien no es 
justo abandonar en su desgracia. 

—A últimos de año se trasladarán á la Basílica lateranense los res- 
tos de León XIII, que todavía se hallan en la vaticana. Con tal moiivo, 
se habla mucho de la forma en que serán trasladados; pues aunque el 
Gobierno italiano desea que se realice en público á fin de que puedan 
formar las tropas y rendir honores al gran Pontífice, con todo, el re- 
cuerdo de lo que sucedió en la noche del 13 de Julio de 1831, cuando el 
traslado de los restos mortales de Pío IX, hará seguramente que se re- 
traiga la Corte Pontificia. 

—Con motivo de la carta encíclica de Pío Xá los obispos italianos, 
se trabaja activamente en la organización de los estatutos á que ha de 
someterse la acción católica. Hecho esto y consultado con las perso- 
nalidades católicas de algún alcance político, se comenzarán los tra- 
bajos para la organización de las fuerzas en Italia. 

—Ha sido recibido en audiencia privada por Su Santidad el revé- 



76 CRÓNICA GENERAL 

rendo P. Cormier, general de la Orden de Santo Domingo. El eminen- 
te religioso salió de Roma hace algunas semanas para visitar los Mo- 
nasterios de su Orden; pero cayó enfermo y hubo de detenerse en Fri 
burgo, desde donde, apenas restablecido, ha regresado á la Ciudad 
Eterna. Aquí descansará una temporada, y en los primeros días de Oc- 
tubre volverá á emprender su interrumpido viaje. 

—El eminentísimo Cardenal Merry del Val, ha reanudado la cos- 
tumbre adoptada por su eminencia el año pasado de trasladarse á 
Roma desde Castelgandolfo el miércoles de cada semana, con objeto 
de recibir al Cuerpo diplomático acreditado cerca de la Santa Sede. 

Al Cardenal secretario de Estado le fué tributada una verdadera 
ovación á su llegada á Castelgandolfo. La Municipalidad sectaria ha 
sido barrida en las últimas elecciones y h )y son católicos los conceja- 
les de Castelgandolfo. En la pintoresca aldea que se refleja en el lago 
de Albano, y que ostenta como su más preciada joya el Palacio de los 
Papas, ha terminado el imperio de los tiranuelos que señalaron el pe- 
ríodo de su administración con medidas anticatólicas tan odiosas como 
ridiculas. 

—El Rdo. P. Ferrini, Superior de los clérigos regulares de San Ca- 
milo y Cura de la parroquia de San Vicente y San Anastasio de Roma» 
ha sido recibido en audiencia por el Padre Santo. El P. Ferrini, del 
cual se ha dicho que es «el primer cura de Roma», ha dado conocimien- 
to á Su Santidad del estado floreciente en que se encuentra el patro- 
nato de su parroquia, y también dio cuenta al Papa de otras obras que 
tiene proyectadas y que habrán de contribuir grandemente al mejo- 
ramiento moral y material de los pobres de Roma. Pío X no ocultó 
la satisfacción que tales noticias le producían, y después de prome- 
ter todo su apoyo al Rdo. P. Ferrini, le concedió la bendición apos- 
tólica. 

Italia.- En otra ocasión hemos dicho que los Gobiernos italianos 
carecían de una base firme para gobernar el país, debido á la situación 
anómala en que se encuentran con relación á la Santa Sede. El partido 
conservad >r es poco numeroso y está generalmente en una posición 
falsa que no le permite echar profundas raíces; el liberal, esclavo en 
su totalidad de las sectas masónicas y revolucionarias, ha tenido que 
condescender con los socialistas y demás partidos avanzados, colocan- 
do á Italia, desde el punto de vista social, en una situación imposible. 
Véase lo que acerca de los motines suscitados por los socialistas y de 
la política en general, nos dice un periódico: 

«Tristes, muy tristes son las noticias que estos días nos trae el telé- 
grafo desde toda Italia. Unas veces son las huelgas en el arsenal de 
Muggiano y en la fábrica de armas de Terni; otras nos habla de los 



CRÓNICA GENERAL 77 

gravísimos motines de Arenzano, donde el pueblo y el Municipio, so- 
cialistas ambos, se han unido para protestar de que el Gobierno haya 
accedido á desviar las aguas de dicha localidad, para favorecer á al- 
gunos establecimientos industriales de Genova. Las cosas han llegado 
al punto de tener que proclamarse allí la ley marcial. En un pueblo de 
Sicilia, Granmichele, los socialistas, después de haber celebrado un 
mitin protestando contra la negligencia del Gobierno en mejorar las 
condiciones de los agricultores sicilianos, dirigiéronse en masa al pa- 
lacio municipal, devastándole y pegándole fuego. Los guardias muni- 
cip iles y los pocos carabinieri que guarnecían aquel pueblo, acudie- 
ron prontamente al lugar del suceso, intentando detener á algunos de 
los más exaltados entre los manifestantes. Al verse éstos acometidos, 
hicieron frente á la autoridad, arrojándoles piedras. Los guardias se 
vieron obligados á disparar sus revólvers. El efecto de la descarga fué 
horrible. Unos veinte revoltosos cayeron á tierra muertos, y más de 50 
gravemente heridos. Los demás huyeron aterrados, intentando salvar, 
se. Entretanto el incendio se había propagado á otros edificios, ame- 
nazando extenderse. Afortunadamente, merced álos heroicos esfuer- 
zos de los militares y de algunos aldeanos, logróse aislar el fuego. El 
Municipio y el Casino quedaron por completo destruidos. El Gobierno 
ha enviado á Granmichele fuerzas de caballería y artillería, y se ase- 
gura que el orden ha sido restablecido. Fueron detenidos más de cien 
revoltosos.» 

El conjunto de todos los sucesos mencionados indica el estado de 
intranquilidad que reina en Italia, continuamente amenazada por las 
intemperancias de los socialistas. Naturalmente, en esto gran parte de 
la culpa la tienen estos Gobiernos liberales, los cuales, endebles é 
ineptos, han tenido que hacer concesiones á los socialistas á fin de 
conservar el Poder, y ahora se ve cómo agradecen aquéllos los fa- 
vores. En vista del progreso de la propaganda revolucionaria, parece 
que la conciencia pública se va despertando, y varios periódicos, que 
hasta hace pocos días incensaban á Fortis y sus amigos, empiezan aho- 
ra á reconocer cuan perjudicial ha sido su política de alianza con los 
partidos extremos. Si al descontento general de los italianos por la 
mala administración de los liberales, se añade la oposición vivísima 
que han encontrado en las Cámaras los proyectos del Gobierno en la 
cuestión de las liquidaciones ferroviarias— tanto que el presidente del 
Consejo suspendió la discusión y cerró las Cámaras para evitar una 
crisis en esta estación— y, en fin, el gravísimo estado de salud del se- 
ñor Fortis, que ha sido acometido por continuos ataques de epistasis, 
haciendo temer un fatal desenlace, puede deducirse de todo esto que 
muy pronto se verificará la crisis ministerial. Todos anhelan la subida 
al Poder de un partido de orden, verdaderamente patriota, que sepa 



78 CRÓNICA GENERAL 

dar á la maltratada Italia la paz que le es necesaria para lograr 
su grandeza mor>al y material, y por esto es de creer que un Gobierno 
conservador, formado por la unión de los elementos parlamentarios 
amigos de Sonnino y Rudini, y apoyado por gran parte del elemento 
adicto á Giolittiy al mismo Fortis, sustituirá al presente Gabinete en 
el gobierno de Italia. Se han notado, en efecto, las frecuentes confe- 
rencias que se han celebrado en estos días entre Sonnino y Rudini, los 
cuales regresaron á Roma tan pronto como llegaron á sus oídos las 
primeras noticias referentes al grave estado de Fortis, quien, aun- 
que logre restablecerse, deberá á toda costa abandonar el Gobierno. 
En el próximo otoño, pues, habrá nuevo Gobierno, y, probablemente, 
disolución de las Cámaras. 

Inglaterra.— Después de su estancia en Cowes, donde repartió por 
su mano los premios de las regatas, y breves horas de parada en la 
capital, el Rey de Inglaterra se ha trasladado á Mariembad. Este bal- 
neario, colocado en el centro de un valle fértilísimo, al Noroeste de la 
Bohemia, á 22 kilómetros de Alemania, y rodeado por selvas de vege- 
tación espléndida, es hoy el punto de reunión de casi toda la aristo- 
cracia de Europa, si se exceptúa España. Príncipes y grandes Duques 
confluyen al gran balneario con objeto de tomar las aguas, disfrutar 
de una temperatura agradabilísima y gastar sus dineros alegremente. 
Mariembad es una ciudad á la moderna, con anchísimas calles, magní- 
ficos paseos con largas filas de robustos pinos, extensos parques y ca- 
sas cuyo aspecto es de palacios. La confluencia de gente es tan gran- 
de, que de 6.000 habitantes que suele tener de ordinario la población, 
sube en los veranos á 80.000. Para veranear allí, donde los Reyes y 
grandes banqueros han puesto el sello de la riqueza y el buen tono, es 
preciso llevar mucho dinero, encargar con mucha anticipación el hos" 
pedaje é ir dispuesto á formar cola en los establecimientos de baños y 
manantiales; verdad que todo está previsto, y para que el splin ó abu- 
rrimiento no desespere á tan distinguidos veraneantes, una gran or- 
questa ameniza los malos ratos de cola, mientras llega el momento de 
zambullirse en el agua ó de tomar algunos vasos de aquel precioso lí- 
quido que ha de reparar las fuerzas perdidas tal vez en los calores de 
la orgía. A este punto, pues, se dirigió Eduardo VII para rejuvenecer 
sus sesenta y tantos años, y de allí se marchó al Austria, donde le es- 
peraba Francisco José, volviendo muy pronto á continuar la tempora- 
da de verano y esperar con toda quietud la visita de su augusto primo 
Guillermo II. 

Pero lo que principalmente llama la atención del público en la mar- 
cha general de la política inglesa es la dimisión de lord Curzon, Vi- 
rrey de Indias. Sabíase en Inglaterra que no había de continuar des- 



CRÓNICA GENERAL 79 

empeñando por mucho tiempoel virreinato de las Indias. El desacuerdo 
del Virrey con el Gobierno de la metrópoli acerca de algunos puntos 
esenciales hacía inevitable su destitución ó su renuncia; lo cual no 
obsta para que la caída de lord Curzon en los actuales momentos haya 
constituido una verdadera sorpresa, por creerse generalmente que las 
consecuencias de las imperiosas vacaciones del estío, con tanta fideli- 
dad guardadas por el parlamentarismo injflés, habrían de extenderse al 
Virrey de las Indias. Luchando, de una parte, con la voluntad tenaz y 
la incontestable popularidad de lord Kitchener, y de otra con las in- 
concebibles debilidades de Mr. Brodrick, Secretario de las Indias en 
un Gabinete que ha hecho de la indecisión la base de su política, no 
quedaba otro recurso al Virrey que adoptar la resolución comunicada 
al Gobierno inglés en su telegrama de 16 del corriente. El pueblo in- 
glés ha sentido en el alma la dimisión del Virrey, porque éste repre- 
sentaba á los ojos de sus compatriotas la gran tradición británica de 
los procónsules aristócratas, ambiciosos y emprendedores que perso- 
nifican el individualismo de la raza y las aspiraciones del imperia- 
lismo: Lord Curzon era, con iguales títulos que lord Cromer y lord 
Milner, una gloria nacional; y si la retirada de este último, en la pri- 
mavera pasada, produjo en Inglaterra impresión desagradable, la re- 
nuncia definitiva del primero inspira hoy á los ingleses, tan amantes 
de su patria, verdadero sentimiento. Lord Curzon, que había dicho en 
una de sus cartas: «La India ha sido mi primer amor y será el amor 
más intenso, si no el único de mi vida pública», complacíase en estu- 
diar por adelantado las misteriosas regiones que habían de ser el 
teatro donde se desplegaran, andando los años, sus portentosas facul- 
tades de administrador y de gobernante. Los rusos en el Asia Cen- 
tral (1889), La Persia (1892) y los Problemas del Extremo Oriente (1894), 
son admirables estudios en cuyas páginas palpita el espíritu superior 
de un verdadero estadista al que repugnan las mezquinas contingen- 
cias y los míseros detalles de la política menuda. El vasto Imperio de 
las Indias, con sus 300 millones de habitantes, no era á los ojos de este 
visionario imperialista más que una inmensa fortaleza limitada al Sur 
por el Océano y al Norte por los imponentes ventisqueros del Hima- 
láya: é imbuido en tales ideas, consideró la expedición de Lhassa como 
una sencilla exploración de vanguardia, precursora de más importan- 
tes operaciones, y realizó su visita al golfo Pérsico á la manera del 
general que inspecciona los puestos avanzados del campo confiado á 
su custodia. 

— En estos últimos días se ha hecho pública una nueva alianza an- 
glo-japonesa, firmada secretamente, según un corresponsal de Nenes 
Wiener Tageblatt, á principios de Agosto. Viene á ser una renovación 
del convenio de 1902, y su objeto principal es mantener la integridad 



80 CRÓNICA GENERAL 

del territorio chino y coreano contra una agresión de Rusia, con las 
modificaciones que exigen las circunstancias creadas por la guerra en 
el Extremo Oriente. 

Alemania.— El coronel Gaedke publica en el Berniler Tageblatt un 
artículo verdaderamente interesante acerca de la política colonial 
alemana. Hace notar el conocido escritor que el Imperio, á más de no 
haber obtenido de sus lejanas posesiones sino escasísimos provechos, 
se ha granjeado con ellas gran número de enemigos. La ocupación de 
Kiao-Chan (China) se ha convertido, por razón de las victorias japone- 
sas, en origen de graves peligros, mientras que en el África occiden- 
tal un puñado de salvajes se ríe, desde hace veinte meses, de un ejér- 
cito alemán numeroso y bien equipado. Alude luego el escritor á la 
situación poco satisfactoria que reina en otras posesiones oceánicas, 
en el Camerum y en el África oriental, y concluye afirmando que el 
pensamiento de una nueva Alemania ultramarina se encuentra muy 
lejos de realizarse. En opinión del coronel Gaedke, con las sumas gas- 
tadas en la expedición de China, y en la guerra contra los «hereros», 
habría podido construir Alemania 18 acorazados ó cruceros, que hu- 
biesen contribuido á aumentar todavía más el prestigio y la fuerza de 
la nación. Termina aconsejando á la Alemania la cesión de Tsing-Tan 
á China ó al Japón, puesto que el Imperio germánico no puede, por 
ahora, hacer frente á los gastos que supondría transformar dicha rada 
en puerto militar. 

Sin conceder como ciertas las apreciaciones del conocido escritor 
alemán, cabe, sin embargo, sostener que Alemania se ve precisada á 
sofocar una insurrección que cada día adquiere mayor incremento y 
que grava la hacienda pública y cuesta al país numerosas víctimas. 
Es frecuente encontrar en la prensa telegramas como el siguiente: 
«El teniente Gaaschecho, en su expedición á Tansa ha sorprendido una 
bandada de insurrectos en las proximidades de Kipo, compuesta de 
1.000 hombres, de los cuales la mitad estaban armados de fusiles. En el 
choque con nuestras tropas dejó el enemigo en el campo 73 muertos.» 
Un segundo telegrama del comandante del Busard, comunica que 
la revolución ha aumentado en el Sur del África oriental, especial- 
mente en el distrito de Lindi. Los esfuerzos de Alemania por pacificar 
sus colonias se estrellan ante la tenacidad de los insurrectos, lo cual 
lavorece la opinión del coronel Gaedke de que hemos hecho mención 
arriba. 

—En Munich falleció el día 27 la Princesa viuda Amelia de Baviera 
é Infanta de España. Nació en Madrid el 12 de Octubre de 1834, casán- 
dose en esta misma capital con el Príncipe Adalberto de Baviera el 25 
de Agosto de 1856. Su esposo murió en Nymphemburgo el 21 de Sep- 



CRÓNICA GENERAL 81 

tiembre de 1875. Tuvo dos hijos, los Príncipes Luis Fernando y Alfon- 
so, y tres hijas, las Princesas Isabel, Elvira y Clara. (D. E. P.) 

—El Congreso que anualmente celebran los católicos alemanes em 
pezó el lunes 21 del pasado y terminó el jueves 24, habiendo tenido 
lugar en la ciudad de Strasburgo. Estuvo presidido por el Príncipe 
Luis de Loewenstein, hijo mayor de S. A. el Príncipe de Loewens- 
tein, tío de la Infanta doña María de las Nieves, y han pronunciado 
discursos ante un auditorio de 6.000 á 7.000 personas, los más notables 
oradores de la Alemania católica. La víspera de la inauguración del 
Congreso, domingo 20 de Agosto, hubo una manifestación de obreros 
católicos, de la que formaron parte 36.000 hombres, distribuidos en 504 
grupos, con gran número de banderas y músicas. Al terminar la ma- 
nifestación se celebraron en obsequio de dichos obreros nueve reunió 
nes ó veladas en distintos locales, siendo la principal la organizada en 
la misma sala del Congreso. 

Los asuntos tratados en esta grandiosa Asamblea corresponden al 
prestigio de los sabios oradores que en ella tomaron parte y á las exi- 
gencias actuales de la sociedad alemana, en especial del catolicismo 
alemán. Se trató, pues, de la libertad académica de los estudiantes en 
las Universidades, libertad que se trata de suprimir con pretexto de 
protegerla; de los brillantes resultados obtenidos por las Asambleas 
católicas celebradas en Alemania, de los orígenes y beneficios prác- 
ticos de la vida religiosa, asunto estudiado por Grober, cuya conclu- 
sión merece consignarse en esta crónica: 

«Para nosotros, dijo el orador, no hay cristianismo sin la Iglesia; un 
cristianismo, no dogmático, no tiene de cristianismo más que el nom- 
bre. La ciencia es impotente para darnos luz acerca de los grandes 
problemas de nuestro origen y de nuestro destino. Ignoramus, igno- 
rabimus, es la única solución que nos propone acerca de tan pavoro- 
sas cuestiones. La religión, que todo nos lo explica satisfactoriamente, 
préstanos su ayuda para que regulemos nuestra conducta como indi- 
viduos, como miembros de una familia y como ciudadanos. Los misio- 
neros que abandonan su patria para trabajar por la conversión de los 
salvajes, en regiones inexploradas del planeta, hacen más en pro de 
la civilización que los sabios que, en sus confortables y bien caldea- 
dos gabinetes, escriben gruesos volúmenes acerca de la civilización y 
de su historia. Lo menos que puede hacer el Estado, en materia de po- 
lítica religiosa, es asegurar á la Iglesia la completa libertad á que tie- 
ne derecho. En Alemania, por otra parte, necesita el Estado de los ca- 
tólicos para resolver todas las cuestiones difíciles.» 

No podemos reseñar todos los meritísimos trabajos presentados y 
leídos en el Congreso, donde se han reunido los más conspicuos orado- 
res y sabios católicos de Alemania. El entusiasmo y animación que 



82 CRÓNICA GENERAL 

con tal motivo reina en la ciudad es indescriptible. La ciudad de Stras- 
burgo ostenta durante la noche espléndidas iluminaciones, llamando 
justamente la atención la soberbia catedral gótica, cuya fachada y cu- 
ya torre, cubiertas de innumerables luces eléctricas de diferentes colo- 
res, agrupadas en mil variados dibujos, ofrecen un aspecto sorpren- 
dente. Las gentes transitan por las calles hasta altas horas de la noche 
para gozar de este incomparable espectáculo. 

Rusia.— Por fin, el partido reformista ruso, cuya íntima comunica- 
ción con las naciones del occidente de Europa, le impulsaba á implan- 
tar en el Imperio moscovita el sistema parlamentario, ha triunfado en 
toda la línea y conseguido del Czar un decreto ó ukase en que concede- 
á sus subditos las Cámaras, que llevan el nombre de Duma. Su organi- 
zación pertenece en todo al Emperador, y por tanto, temen fundada- 
mente los liberales que establezca un régimen para la Duma tan res- 
tringido, y tantos privilegios al clero y á la nobleza, que anule en la 
práctica la concesión. De aquí proviene la actividad de los reformistas, 
apoyados por judíos y masones, encaminada á dar preponderancia 
efectiva al elemento democrático, y coartar cuanto puedan el absolu- 
tismo autocrático del Emperador-Pontífice. ¿Cuáles beneficios prácti- 
cos reportará al país esta reforma? Imposible es predecirlo; pero si 
ponemos por modelo á algunas naciones de Europa, bien podemos afir- 
mar que el parlamentarismo será para Rusia una nueva calamidad, 
quizá más terrible que la derrota y la peste. Algunos escritores opinan 
que la nueva reforma calmará las iras revolucionarias, excitadísimas 
en el Imperio, y que han sembrado la desolación en millares de familias 
y cometido horribles atentados, cuya relación muestra cuáh lamenta- 
ble es el estado moral de la nación cismática. 

—Ha concluido la guerra entre Rusia y el Japón, y la paz entre las 
dos rivales es un hecho, que, juzgado por lo q*ue aparece, es inex- 
plicable; porque inexplicable resulta que los japoneses en el apogeo 
de su gloria hayan aceptado la paz sin indemnización alguna, si bien 
han logrado establecer firmemente su hegemonía militar en los mares 
de China y su influencia en el Celeste Imperio. Esto es mucho, sin duda; 
pero no compensa por ahora los enormes gastos ocasionados por la 
campaña. 

A nuestro modo de entender, explícase tan inesperada solución por 
los recelos y temores que ha inspirado á las grandes potencias de Eu- 
ropa el rápido crecimiento del Japón, cuyo poder amenazante consti- 
tuye un peligro para las posesiones inglesas, alemanas y francesas del 
Extremo Oriente. Confirma nuestra opinión el hecho, bien significati- 
vo, por cierto, de que periódicos que siempre fueron rusófobos como 
los grandes rotativos ingleses, hayan mudado de opinión y emprendí- 



CRÓNICA GENERAL 83 

do terrible campaña contra el Japón y en favor del Imperio del Norte, 
lo cual significa que el Gobierno inglés estaba satisfecho al ver á Ru- 
sia humillada, y al mismo tiempo tenía recelos del apogeo militar del 
Tapón; y como Alemania y Francia fueron siempre antiniponas, fá- 
cil ha sido entenderse amigablemente y manifestar al Imperio del 
Sol Naciente, que la prolongación de las hostilidades estaba repro- 
bada por la diplomacia. Creemos muy probable esta solución, porque 
no nos satisface el suponer que los beligerantes carecen de medios 
para continuar la campaña, ya que, conocida la exaltación patriótica 
de los japoneses, podemos afirmar que estaban dispuestos "á todo sa- 
crificio antes que consentir en una paz poco^ satisfactoria. 

Sea de esto lo que quiera, lo cierto es que los plenipotenciarios 
japoneses exigían de los rusos concesiones más amplias y favorables, 
como la indemnización, la cesión completa de la isla Sakalina, la en- 
trega al Japón de todos los barcos rusos refugiados durante la guerra 
en puertos neutrales y la limitación de las fuerzas navales de Rusia en 
el Extremo Oriente, condiciones que no han podido conseguir y cuya 
noticia ha impresionado malísimamente al pueblo japonés. Todavía no 
están redactadas las condiciones sobre las que se basa la paz, si bien 
han terminado las hostilidades en Mandchuria. 



II 

ESPAÑA 

Diríase que los Ministros liberales han olvidado sus obligaciones 
de Consejeros de la Corona y resuelto los espinosos problemas, tales 
como la crisis agrícola, la cuestión arancelaria y los tratados de Co- 
mercio, y satisfechos de su obra se dedican en absoluto al atrayen- 
te oficio de viajantes, puesto que su actividad en este punto es febril é 
incansable. La prensa de todos los matices nos habla con harta fre- 
cuencia del viaje del Ministro A ó B, cuyas intenciones reformis- 
tas son la bandera que oculta el verdadero objetivo de sus afanes, que 
no es otro que el preparar los ánimos de caciques y electores para 
conseguir la victoria y llevar al Congreso notable mayoría de diputa- 
dos ministeriales. 

Estamos en vísperas de elecciones generales, y como siempre, las 
palabras sinceridad electoral, libre emisión de sufragio y demás fra- 
ses consagradas por el uso, constitu>en la palabra de orden de nues- 
tros gobernantes, en cuyas promesas nadie cree, razón por la cual 
nada decimos del programa del Gobierno, porque estamos persuadí- 



84 CRÓNICA GENERAL 

dos de que no le ha de realizar, sino que pasará, como otros muchos, al 
archivo de los papeles inútiles. La experiencia nos enseña que cuando 
sube un partido al poder, suele anunciar pomposamente sus proyectos 
salvadores en extenso plan de reformas que abraza todos los organis- 
mos del Estado: esto es lo que ha hecho el partido liberal, quien de se- 
guro caerá del pedestal del Gobierno sin haber realizado ninguno de 
sus pensamientos regeneradores. Todo comentario, por consiguiente, 
del programa liberal, nos parece inútil, sin que esto signifique que sea 
aceptable; todo lo contrario, merece más bien nuestra más formal re- 
probación. Y basta del programa. 

Los pueblos de Andalucía sufren los horrores del hambre. Así se 
viene clamando; así lo repite la prensa; así se imploran del Gobierno 
auxilios y socorros. Pero el mal sigue y el conflicto no se conjura. 
Es verdad: un Ministro exige que del presupuesto de la nación, se 
destinen doce millones de pesetas á combatir las calamidades del 
campo andaluz; el crédito se concede; el Sr. Romanones hace un viaje 
por Andalucía, visita algunos de sus pueblos y ciudades, anda de ban- 
quete en banquete, pronuncia discursos, hace promesas vagas, indeci- 
sas, condicionales: luego se marcha. Los labradores continúan ham- 
brientos, la miseria aumenta de tal modo que las turbas famélicas, en- 
loquecidas, arrebatan el pan en las calles y se apoderan de las reses 
que pastan en el campo: la consternación es completa. 

»E1 Rmo. Sr. Arzobispo de Sevilla, al tener conocimiento de los ma- 
les que padecen los pueblos de su diócesis, se aflige, como se afligen los 
padres ante los sufrimientos de sus hijos; pero animoso, esforzado, de- 
cidido y valiente, piensa que las desgracias no se evitan con lloros es- 
tériles, ni con lamentaciones infecundas, ni con vanas promesas, sino 
con trabajo y sacrificio; é impulsado por los nobles sentimientos de la 
caridad cristiana, decide trabajar él mismo, sacrificarse él mismo y 
pedir á los demás lo mismo que él da: sacrificio y trabajo. No tiene el 
Sr. Arzobispo riquezas, no posee minas de plata, no explota industrias 
que le rindan pingües ganancias, no; sólo tiene caridad. Los sevillanos 
le han visto; le han visto dar lo poco que tiene; le han visto ir de calle 
en calle, llamar de puerta en puerta, recorrer plazas y mercados, en- 
trar en cervecerías, cafés, casinos y tabernas, y, anciano como es y de- 
licado de salud, sufrir el calor y padecer el cansancio, toio por amor 
á los pobres, por amor á los obreros necesitados, para dar pan á 1 ís 
que desfallecen, para dar la vida á los «pobrecitos que se mueren de 
hambre». Como el ejemplo es el mejor maestro, las enseñanzas del 
virtuoso Prelado son fecundas en hermosos rasgos de caridad por par- 
te del pueblo. Conmueve el leer la prensa de Sevilla, y sentimos no 
poder trasladar á estas cuartillas las rrku-iones de todos los actos de 
generoso desprendimiento que ella consigna. Sin embargo, para cono- 



CRÓNICA GENERAL 85 

cimiento de nuestros lectores, y para su edificación, referiremos al- 
gunos: 

«Una mujer del pueblo— dice el diario sevillano— que, canasto al 
brazo, se dirigía á la compra, entregó al Sr. Arzobispo el dinero que 
llevaba... ¡una peseta! 

Una criada, en cuya casa no estaban los señores, alcanzó á la co- 
misión en la calle: 

—Señor, señor, yo también quiero dar pana los hambrientos— dijo, 
y entregó cuatro reales... 

El Párroco de Chipiona escribe al Excmo. Sr. Arzobispo: 

«Conmovido por lo que V. E. hace, quiero imitarle en algo. Dis- 
ponga V. E. de mi paga mientras dure la calamidad, que yo pasaré 
como Dios quiera.» 

Seis albafiiles de San Fernando han remitido al Sr. Arzobispo una 
libranza de seis pesetas. 

El dueño de una carnicería dijo al Prelado, entregándole cinco 
duros: 

— Los doy con muchísimo gusto y daré más; pero lo reservo para 
cuando el señor pida por la calle de las Palmas, donde vivo. 

Un Sacerdote depositó en manos del Prelado el estipendio de la 
Misa que acababa de celebrar... ¡único dinero que tenía!... 

Al entrar el Prelado en una tiendecita, la dueña se arrodilló llo- 
rando y dijo: 

— ¡Échenos su merced la bendición, que somos muy malos y no po- 
demos dar más que un i miseria!... y entregó dos reales. 

—¡Míralo, decía una mujer señalando al Sr. Obispo, pidiendo de 
puerta en puerta, después de dar lo suyo!... 

Unas religiosas han resuelto disminuir el alimento de la comunidad 
para contribu r á la subscripción..., y pasarán hambre para calmarla 
de los trabajadores. 

En una taberaa de la Alfalfa un hombre iba á tomar un vaso de 
vino cuando entró el Prelado. El vaso estaba sobre el mostrador y á 
su lado una moneda de cinco céntimos. 

Cuando el hombre vio al Arzobispo adelantarse humildemente y 
pedir al tabernero una limosna, se le inmutó el rostro, apartó el vaso, 
recogió los cinco céntimos y entrególos al Prelado diciendo: 

—Si tuviera mil duros, mil duros daría, porque esto es lo más 
grande que he visto... 

Sí, que es grande. 

¡Bendita sea la caridad cristiana!» 

—Ya nos falta espacio para hablar del eclipse, fenómeno que ha 
atraído á nuestra patria centenares de sabios extranjeros, y entre ellos 
han ocupado lugar preferente los católicos y hasta religiosos jesuítas, 



86 CRÓNICA GENERAL 

agustinos, carmelitas, etc., para demostrar la armonía que existe en- 
tre la ciencia y la fe. 

El día 30 todo ciudadano se'creyó astrónomo, y armado de su cris- 
talito ennegrecido púsose á observar el eclipse , sin ulteriores miras 
que la curiosidad, que:en algunos puntos fué bastante para impulsar á 
las muchedumbres para ir á Sigüenza y á Burgos, más que á ver el 
eclipse, á observar el panorama y gozar los atractivos de un día de 
recreo. Los astrónomos, por supuesto, hicieron desde sus respectivas 
estaciones científicas observaciones minuciosas, sacaron fotografías 
admirables y pagaron carita la afición, porque las fondas hicieron su 
agosto á cuenta de los aficionados á la ciencia de Flammarión. Cuando 
ocurra otro eclipse ya estaremos repasando el camino de la civilización 
y podremos ofrecer á los extraños cómodos y baratos alojamientos. 

—Dan algunos periódicos como cosa acordada el enlace entre Sus 
Altezas la Infanta doña María Teresa de Borbón y D. Fernando de Ba- 
viera, añadiendo que la boda se celebrará á fines del año presente. 
Este, de ser exactos tales informes, podría calificarse de matrimonio 
por amor, y sería gratísimo á la opinión, como se supone que lo es á 
las familias augustas de las contrayentes. El que se cree futuro de Su 
Alteza es hijo de una Princesa española, que ha sabido implantar en 
su hogar bábaro, un hogar feliz, el culto de España, hasta el punto de 
que el Príncipe D. Fernando dejará su patria para adoptar la de su 
augusta esposa, en la que residirá. Sabido es, por otra parte, que el 
f aturo de la Infanta María Teresa nació en Madrid. Las circunstancias 
que adornan al esposo de la Infanta doña Paz hacen de él una de las 
figuras más democráticas, al par que respetadas, de cuantas se regis- 
tran en las listas del Gotha. El palacio de los Príncipes de Baviera está 
abierto á todo el mundo; el jefe de la Casa, antes que Príncipe, es hom- 
bre de ciencia; pues ya se sabe que es médico ilustre y cirujano nota- 
bilísimo. Trataríase, pues, en el supuesto que comentamos, de una 
boda por todo extremo popular, y cuyo anuncio se recibiría en España, 
y en Madrid sigularmente, con sincero regocijo. 



OBSERVACIONES METEOROLÓGICAS 



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Lluvia máxima en un día. 



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XII 



EL TRIUNFO 




'na nación como Inglaterra, que presumía de tener la Cons- 
titución más amplia y liberal del mundo, y un Parlamen- 
to que reflejaba la genuina opinión del país, debió haber- 
se inclinado ante el resultado de la elección de Clare, por la sen- 
cilla razón de que manifestaba las ideas, no de un solo Colegio 
electoral, sino de la isla entera. A ésto debe añadirse que era la 
manifestación sincera de la opinión pública, sin la menor interven- 
ción de las presiones que en ocasiones semejantes suelen ejercer- 
se sobre el espíritu de los electores. Si hubo jamás en la historia 
de los Gobiernos representativos una elección sincera, fué, sin 
duda alguna, la que abrió á O'Connell las puertas de la Cámara de 
los Comunes. Si Inglaterra hubiese prescindido de toda idea pre- 
concebida, y sólo hubiera consultado sus verdaderos intereses, sin 
mirarlos al través de las pasiones y del fanatismo religioso, hubiera 
admitido inmediatamente á O'Connell entre los representantes de 
la nación, y borrado de la Constitución un artículo que contrasta- 
ba singularmente con la verdadera idea de libertad. Sucedió todo 
lo contrario. La elección de Clare reavivó las antiguas susceptibi- 
lidades del partido ultra-protestante, y fué preciso entablar una 
lucha desesperada, enseñar al Gobierno el caos en que caería Ir- 
landa y los peligros que correría la seguridad de Inglaterra, y 
arrancarle por la intimidación la libertad tan deseada. El otorga- 
miento de esta Emancipación no obedeció á ningún móvil genero- 
so, y si Inglaterra cedió por fin, fué por verse reducida á la impo- 

La Ciudad de Dios.— Afto XXV.— X úm. 773 7 



90 O'CONNELL Y LA EMANCIPACIÓN D3 LOS CATÓLICOS 

sibilidad material de resistir por más tiempo. Basta comparar la 
fecha de la elección de Clare con la de la primera aparición de 
O'Connell en el Parlamento inglés, para formarse idea aprwride 
los innumerables obstáculos que tuvo que superar la cuestión ca- 
tólica: O'Connell fué elegido el 5 de Julio del año 1828, y no pudo 
presentarse en los Comunes hasta el 15 de Mayo del año siguiente: 
diez meses de decepciones, de luchas y de esperanzas, coronadas 
al fin por una decisiva victoria. Las dos últimas dificultades eran: 
1. a , reducir el Ministerio, para lo cual era preciso ponerle en la al- 
ternativa de conceder la Emancipación ó escoger entre ésta y una 
sublevación general de Irlanda; 2. a , vencer la obstinación del Mo- 
narca, que seguramente comenzaría por negar su firma, conside- 
rando la nueva ley como atentatoria á la supremacía de la Iglesia 
Anglicana. En el presente artículo aparecerá O'Connell, como 
vulgarmente se dice, entre bastidores, y veremos cómo su obra, ó 
mejor dicho, los resultados de la agitación legal resolvieron una y 
otra dificultad, haciendo que los Ministros, aterrados ante la pers- 
pectiva de una guerra civil, se decidieran á abrazar la causa de Ir- 
landa, y se encargaran de vencer la mala voluntad de Jorge IV. 

Toda la cuestión se reducía á saber si podía el Gobierno anular 
la elección de Clare. Nada más sencillo á primera vista que anular 
una votación política, lo cual no hubiera ofrecido inconveniente si 
se tratara de una elección ordinaria ó de maniobras clandestinas 
en favor de uno de dos contrincantes poco simpáticos ó indiferen- 
tes á la mayor parte de los electores; pero el caso era de todo pun- 
to diferente': las elecciones de Waterford y de Clare habían reve- 
lado á los irlandeses sus fuerzas, hasta entonces ocultas por falta 
de organización, y una vez adquirida la conciencia del formidable 
poder que ponía en sus manos la única arma de que podían ser- 
virse, era de temer que, anulada la primera elección, todos los elec- 
tores, obedeciendo á la consigna de sus jefes, se obstinasen en no 
elegir sino exclusivamente candidatos católicos. Irlanda tenía de- 
recho en virtud del Acta de Unión, verificada veintinueve años 
antes, á cuarenta representantes en los Comunes de Londres; re- 
chazar en bloque á todos los diputados irlandeses, por el mero he- 
cho de ser católicos, equivalía á echar ahajo la misma Unión, que 
tanta sangre y tantas bajezas había costado á Inglaterra, cosa en 
la cual no hubiera consentido jamás. Por otra parte, admitir á los 
católicos en el Parlamento, era reconocerles los derechos políti- 
cos, que, desde la época de la Reforma, habían sido exclusivamen- 



O'CONXELL Y LA EMANCIPACIÓN DE LOS CATÓLICOS 91 

te reservados páralos protestantes. He aquí el alcance transcenden- 
tal de la elección de O'Connell: ó anular esta elección 3- provocar 
una guerra civil, cuyo resultado sería la separación de Irlanda, ó 
borrar algunos privilegios de la Iglesia Anglicana, y cuyo resulta- 
do sería un profundo disgusto en el campo de la intolerancia. Ta- 
les eran los dos términos del dilema, en el cual, después de tantos 
años de preparación, encerró O'Connell al Gobierno inglés. Para 
el «Libertador" cualquiera de las dos soluciones era buena, aunque 
prefiriendo la primera á la segunda, porque una vez conseguida la 
denuncia de la Unión, la Emancipación católica sería su conse- 
cuencia necesaria; para el Gobierno, ambas eran malas; pero entre 
dos males prefería el menor, es decir, otorgar la Emancipación 
conservando á Irlanda. Esta breve exposición explica cómo el Mi- 
nisterio Wellington-Peel, es decir, el más decidido adversario de la 
libertad de los católicos, fué el encargado de coronar, bien á pesar 
suyo, la obra de O'Connell. En los esfuerzos aislados de la lucha 
pudimos admirar la elocuencia y la fuerza organizadora de este 
hombre, verdaderamente genial; mas el resultado definitivo, reve- 
la cómo cada uno de aquellos esfuerzos estaba estrechamente unido 
con el fin propuesto. 

Lo dicho hasta ahora explica las siguientes palabras escritas en 
las Memorias de Peel: «La elección de Clare ha hecho doblar el 
cabo á la cuestión católica... por la brecha de Clare, entraba la 
Emancipación por derecho de conquista en la Constitución británi- 
ca-'. La Asociación Católica, tantas veces disuelta y otras tantas 
reorganizada, se sentía dueña del país, y O'Connell pudo confesar 
en la intimidad que, en vista de tan brillante resultado, podía com- 
prometerse á* sacar Diputados católicos en los cuarenta colegios 
electorales de Irlanda, ó, por lo menos, descartar á todo candidato 
que no reuniera las garantías exigidas por la Asociación Católica. 
Ante esta situación bien definida, ¿qué línea de conducta iba á 
adoptar el Gobierno? El correo llevaba diariamente á Londres sín- 
tomas poco tranquilizadores; la elección de O'Connell había opera- 
do una verdadera revolución. Mientras el elemento oficial, com- 
pletamente acobardado, no se atrevía á mostrarse en público, los 
católicos, como también gran parte de los protestantes, manifes- 
taron su satisfacción con un entusiasmo sin precedente. Sesenta 
mil hombres, á pie y á caballo," escoltaron á O'Connell cuando re- 
gresó á Dublín: no era simplemente un hombre que volvía á su 
hogar; era la libertad de los católicos que entraba triunfalmente 



92 O'CONNELL Y LA EMANCIPACIÓN DE LOS CATÓLICOS 

en la capital de Irlanda, eran el porvenir y la esperanza de una 
nación entera, que conocedora al fin de su fuerza, levanta la cabe- 
za después de tres siglos de opresión. El Virrey, lord Anglesey, 
del cual hemos tratado en el anterior artículo, comunicaba oficial- 
mente al Ministerio, que en todo esto no había sucedido ningún 
hecho lamentable digno de mención, de lo cual da gracias á Dios, 
porque ya no se podía contar con el ejército, que cediendo al en- 
tusiasmo general, se dejaba influir demasiado por la acción del 
clero. En efecto, inequívocas pruebas de simpatía dieron á O'Con- 
nell los soldados, que olvidando un momento la rigidez de la disci- 
plina, aclamaron al vencedor agitando sus gorras militares. 

Fué ésta, permítasenos insistir en la palabra, una verdadera 
revolución. Peel, que no era político de cortos alcances, asila juz- 
gó en sus memorias: «En esta elección vi la prueba irrecusable de 
que el instrumento utilizado hasta entonces por los propietarios 
protestantes para mantener su autoridad política, no solamente se 
había embotado en sus manos, sino que, bajo la influencia combi- 
nada del agitador y del clero, ó más bien, en virtud de un conta- 
gio de simpatías por una causa común, se había convertido en 
arma fatal á la supremacía de los landlords. La verdadera dificul- 
tad no está en la violación de la ley, sino en el nuevo ejercicio de 
las libertades constitucionales, en el uso de los derechos reconoci- 
dos y protegidos por la ley, en el derecho de reunión, en la liber- 
tad de la palabra, en el uso de estos derechos para un fin determi- 
nado, en la constitución de una fuerza que pretende ser exclusiva- 
mente moral, y que, sin embargo, no se dirige á menos que á usur- 
par una tras otra las funciones de un Gobierno regular, á parali- 
zar su autoridad y adquirir por fin una potencia que haría irresis- 
tible toda petición en favor de la igualdad civil y política». Por 
otra parte, los landlords, ó grandes propietarios, que hasta enton- 
ces habían podido dominar y oprimir á los colonos católicos, gra- 
cias á la falta de organización y á la obediencia pasiva de estos, 
experimentaron desagradable sorpresa al verlos menospreciar sus 
órdenes para seguir ciegamente lo que los propietarios llamaban 
imposiciones de la Asociación Católica». Y como en Irlanda la pro- 
porción de la clase pobre es notablemente mayor que la de otros 
países, el librarse del yugo del toudlord ó de su representante, 
constituía el punto de partida de un nuevo orden de cosas. En este 
sentido hemos calificado la elección de Clare de verdadera revo- 
lución. 



0*CONNELL Y LA EMANCIPACIÓN DE LOS CATÓLICOS 93 

Todos estaban convencidos de que la crisis decisiva se hallaba 
planteada y de que el Gobierno aceptaría la nueva situación, á pe- 
sar de no ser favorable al protestantismo. Mientras en Irlanda 
abrigaban los ánimos nuevas esperanzas de libertad, los ultra-pro- 
testantes organizaban en Inglaterra reuniones, mitins y protestas 
para forzar al Gobierno á la resistencia. En el condado de Kent, 
una reunión de veinte mil personas adoptó enérgicas resoluciones 
contra los católicos irlandeses. En el Norte de Irlanda, es decir, 
donde abundaba el elemento orangista, los ánimos estaban muy 
excitados, y la fuerza pública fué ineficaz para impedir sangrien- 
tas colisiones. La Asociación Católica era la única autoridad res- 
petada y obedecida, y O'Connell^, para evitar que el Gobierno echa- 
se en cara á los católicos la culpa de los desórdenes, logró calmar las 
pasiones populares por medio de una consigna. De repente cesaron 
los desórdenes, y en el banco ministerial hubo quien señaló con 
indignación cómica el peligro que corría la sociedad, puesto que 
bastaba una palabra emanada por la Asociación Católica para que 
todos ciegamente obedecieran. Esta indignación ficticia del Minis- 
terio envolvía un temor mal disimulado al poder absoluto de la 
Asociación Católica. Teniendo en cuenta que es más difícil calmar 
las pasiones populares una vez desenfrenadas, que lanzarlas á la 
lucha cuando los ánimos están exacerbados, si O'Connell pudo con 
una palabra apagar el incendio ya declarado en el Norte de Irlan- 
da, ¿qué sería de Inglaterra si la Asociación Católica ordenara una 
sublevación general para un día y hora señalados? A este temor 
añádase la circunstancia agravante de que los tiempos no estaban 
para reprimirla y ahogarla en sangre, como en 179S. Por otra par- 
te, O'Connefl, que se sentía en víspera de un triunfo definitivo, ha- 
bía dejado caer algunas palabras con las cuales daba á entender 
al Gobierno que la paciencia del pueblo tenía sus límites, y que por 
su parte no estaba dispuesto á predicar la paz y el orden si el Go- 
bierno se obstinaba en tratarle de una manera arbitraria. Los 
landlords, dando por supuesto que el Gobierno anularía la elección 
de Clare, deseaban quitar á los católicos el núcleo principal de sus 
fuerzas, descartando á los electores pobres; para lo cual empren- 
dieron una campaña enderezada á suprimir el voto de los colonos 
de á cuarenta chelines, elevando la renta necesaria para ser elec- 
tor á 10 libras esterlinas. O'Connell, que preveía el daño inmenso 
que esta disposición haría al partido católico, dijo en un momento 
de indignación: "En el caso de que alguien se atreva á presentar 



94 o'cONNELL Y LA EMANCIPACIÓN DE LOS CATÓLICOS 

esta proposición, el pueblo tendrá la obligación de sublevarse, 
puesto que no le queda otra salida. El derecho de estos electores 
es tan sagrado como el del Rey en su Corona; sería hacer traición 
al pueblo el suprimírselo. A mi manera de ver, la resistencia esta- 
ría justificada, aun resistiendo con la fuerza, y por mi parte estoy 
dispuesto á sacrificar mi vida lo mismo en el campo del honor que 
en el cadalso." 

No dejó el Ministerio de medir el alcance de estas palabras, y 
consideró que estando los ánimos tan exaltados, una sublevación 
general con O'Connell y la Asociación Católica á la cabeza, era 
una perspectiva formidable. Wellington y Peel eran, sobre todo y 
ante todo, hombres de orden, y entre el sistema de concesiones le- 
gislativas y la posibilidad de una guerra civil, no podían titubear 
un solo punto. Convencido el Ministerio de la gravedad de la si- 
tuación, adoptó en principio esta línea de conducta, según demues- 
tran los actos y las palabras de los prohombres del Gabinete; pero 
como el partido de la intolerancia disponía de fuerzas superiores 
en las dos Cámaras, ofrecíasele una doble solución: ó presentar in- 
mediatamente la dimisión colectiva para dejar al nuevo Ministerio 
libertad completa sin compromisos de ningún género, ó de perma- 
necer en el Poder, esforzarse por vencer la oposición de las Cáma- 
ras y la obstinación del soberano. Esta última era la que presenta- 
ba mayores dificultades; pero no era Peel hombre capaz de aban- 
donar la partida antes de haber jugado la última carta, y conven- 
cido de que la situación no era del todo desesperada y creyéndose 
con fuerzas para seguir en el Poder, adoptó la segunda solución. 
Todos los esfuerzos del Gabinete se redujeron á tratar de modifi- 
car la legislación referente á los católicos, no solamente para Ir- 
landa, sino también para el Reino Unido, sin soliviantar á los ul- 
tras de las Cámaras y sin arrostrar una derrota pública. 

Wellington estaba conforme con las ideas de su colega; pero 
Peel, en calidad de Ministro del Interior, ó de Gobernación, fué el 
encargado de* desembrollar esta enredad ísima madeja. Era menes- 
ter mucha prudencia y mucha táctica, pues cualquier paso en fal- 
so podía comprometerlo todo, y la casualidad quiso que incidentes 
imprevistos é independientes de la voluntad del Ministro precipi- 
tasen los acontecimientos. Peel había sido y seguía siendo en su 
fuero interno partidario decidido de la supremacía anglicana, y 
estas sus ideas bien conocidas debían facilitarle sus tarcas. Comen- 
zó por presidir numerosos banquetes políticos en el Lancashire, 



O'CONN'ELL Y LA EMANCIPACIÓN DE LOS CATÓLICOS 95 

<en los cuales hizo importantes declaraciones sobre la necesidad de 
conservar los privilegios de la Iglesia nacional. 

Procediendo de este modo alejaba toda sospecha de su persona, 
y adquiría prestigio para, en el momento oportuno, pedir las refor- 
mas necesarias como imposiciones ineludibles de la situación. Mien- 
tras Peel presidía sus banquetes, su hermano político, Mr. Dawson, 
diputado por la circunscripción orangista de Derry, modificó de tal 
manera la situación del Ministro, que poco faltó para que ocasio- 
nara su retirada. Conocidísima era la comunidad de ideas entre los 
dos hermanos políticos, y grande fué el asombro de los ultra-pro- 
testantes, cuando Mr. Dawson, en un discurso á sus electores, mu- 
dando de repente de tono, les dijo: «Es necesario modificar la si- 
tuación de Irlanda, que constituye una anomalía en la historia de 
las naciones civilizadas, y remediar la postergación de nuestros 
compatriotas católicos... Puesto que no hemos podido aplastar á la 
Asociación Católica, es necesario hacerle concesiones.» Estas bre- 
ves palabras, dada la significación de su autor, tuvieron resonancia 
en toda Inglaterra, y pasado el primer momento de estupor, vinie- 
ron los comentarios. La prensa supuso que Peel se servía de mis- 
ter Dawson para echar á volar ideas que no le convenía soltar 
personalmente, y, aunque esto no era así, sino simplemente que 
Mr. Dawson había mudado de parecer y hablado por su propia 
cuenta, su intempestiva intervención creó al Ministro una situa- 
ción tan falsa, que creyó oportuno romper públicamente toda re- 
lación con su hermano político; y como gran parte del público cre- 
yera que esta ruptura era más ficticia que real, pensó Peel seria- 
mente en retirarse para dejar á Wellington toda libertad de acción. 
Medió entre ambos con tal ocasión activa correspondencia, y con 
fecha 11 de Agosto, el Ministro del Interior se expresaba en estos 
términos contestando á un Memorándum del primer Ministro: «En 
teoría mi opinión no ha cambiado: persisto en mi convicción de 
que la Emancipación tendría para Inglaterra funestísimas conse- 
cuencias; pero, como hombre de gobierno, y forzado á escoger en- 
tre dos males, escojo el menor, y todo lo prefiero á asumir la res- 
ponsabilidad de una guerra civil." A esto seguía la expresión de su 
propósito de abandonar el Poder. Contestóle el Duque de Welling- 
ton, con fecha 16 del mismo mes, que «no veía la necesidad de su 
dimisión, puesto que no había realizado acto alguno que le obliga- 
se á adoptar una de las dos soluciones». 

Wellington, que no juzgaba desesperada la situación, deseaba 



96 O'CONNELL Y LA EMANCIPACIÓN DE LOS CATÓLICOS 

seguir en el Poder; pero no quería permanecer en él sin tener á 
Peel á su lado, y la correspondencia entablada al efecto entre los 
dos políticos, reviste tal carácter de cordialidad, que es menester 
reconocer la sinceridad de los deseos del Duque, mucho más si se 
tiene en cuenta que esta correspondencia fué secretísima, como que 
de todos los Ministros, únicamente el. canciller, lord Lyndhurst, 
estuvo al corriente de ella. Trataba Wellington de alejar la tempes- 
tad alargando los asuntos y capeando á los católicos, para lo cual 
escogió la táctica, ya vieja y agotada, de prometer mucho y con- 
ceder 1o menos posible; pero en esta ocasión se pasó de listo, y la 
jugada que le hizo el Virrey de Irlanda, lord Anglesey, puso en 
evidencia la puerilidad de los medios escogidos. El hecho es bas- 
tante curioso para que merezca la pena de contarse. Durante la in- 
vasión napoleónica en España, había apreciado el Duque de Wel- 
lington los servicios de un capellán católico del ejército inglés, 
llamado Curtís. Promovido á la silla arzobispal de Dublín, supo 
este digno prelado cautivarse las simpatías del clero y del pueblo. 
Escribióle Wellington una carta muy cariñosa donde, entre otras 
cosas, le decía: «Por el momento, no veo solución posible de la cues- 
tión católica; pero si los católicos prometen no moverse y no crear 
dificultades al Gobierno, no desespero de encontrar una que sea sa- 
tisfactoria.» En el artículo anterior notamos de paso cómo el Mar- 
qués de Anglesey había sucedido en el cargo de Virrey de Irlanda 
al hermano del Duque de Wellington, el Marqués de Wellesley. Era 
Anglesey tan buen militar como poco versado en sutilezas diplomá- 
ticas. Al salir de Londres era poco afecto á los católicos; pero le 
bastaron algunos meses de morada en Irlanda para mirar la cues- 
tión católica desde un punto de vista muy distinto, y á fuer de hom- 
bre impetuoso y franco, no pudo disimular mucho tiempo el cambio 
radical de sus ideas, lo que le valió severas observaciones de sus 
colegas y amigos más prudentes. El Marqués de Anglesey y el nue- 
vo Arzobispo aprendieron á conocerse y á apreciarse mutuamente, 
carteándose con relativa frecuencia. Sorprendido monseñor Curtis 
por la carta del primer Ministro, comunicóla en confianza al Virrey, 
que se la devolvió con la nota siguiente: «Los católicos obrarán 
cuerdamente no haciendo caso de los buenos deseos de Su Gracia 
el Duque de Wellington, y deben continuar manteniendo la agita- 
ción si desean el triunfo de su clase.» Una indiscreción del mismo 
Virrey permitió que la prensa de Dublín se enterara del incidente^ 
incluso del contenido de la carta y de la nota, y fácil es suponer las 



O'CON.NELL Y LA EMANCIPACIÓN DE LOS CATÓLICOS 97 

conclusiones que ambos partidos sacaban. Los periódicos orangis- 
tas, empleando un lenguaje extremadamente enérgico, acusaban 
al Virrey de inepto y de traidor; los católicos, leyendo entre líneas, 
creyeron ver la oculta conversión del Ministerio hacia ideas más 
conciliadoras: «Si el Virrey, decían, no estuviese al corriente de las 
ideas dominantes en el Gobierno, no se hubiera ciertamente com- 
prometido hasta ese punto.* De hecho, Wellington, para conser- 
var á Peel en el Ministerio, inclinábase ya á la Emancipación; pero 
las indiscretas palabras del Marqués de Anglesey le pusieron fue- 
ra de sí; y nada digamos de la ira que se apoderó del Rey . De co- 
mún acuerdo entre el Monarca y el Gabinete, fué el Virrey depues- 
to de su cargo, lo que á la vez calmó la exaltación orangista y aguó 
los entusiasmos de los católicos. Siguieron su curso los comenta- 
rios, y entre alternativas de esperanzas y abatimientos llegó á su 
fin el año 182 

Á principios del siguiente, Peel, más que nunca convencido de 
la necesidad de condescender con los católicos, escribió con fecha 
12 de Enero una carta al Duque de Wellington-diciéndole que, en 
el caso de que se hallase dispuesto á proclamar esta reforma, que 
juzgaba indispensable, continuaría enteramente á sus órdenes. 
Menudearon entonces los consejos de Ministros, y aunque no se se- 
pan á punto fijo las opiniones emitidas por cada uno, se convino en 
exponer al Rey la absoluta necesidad de presentar á las Cámaras 
un plan completo de emancipación. Aproximábase la apertura del 
Parlamento, y era necesario convencer al Soberano de lo impres- 
cindible de esta determinación para que pudiera figurar en el dis- 
curso del Trono. No era cosa fácil arrancar este consentimiento 
á Jorge IV, y fué preciso, para emplear la gráfica expresión de 
O'Rourke, que Wellington «pusiera su daga á la gar.ganta del 
Rey." Cedió por fin el Soberano, y con tal ocasión dio el Gabinete 
en pleno una prueba inequívoca de su escasa confianza en las pro- 
mesas verbales del Rey, pues exigió que las diera por escrito. Difí- 
cil sería describir el estupor causado en el Parlamento por la lec- 
tura del discurso, como también las iras de las torys por lo que ca- 
lificaron de «traición de Peel*: tan violentas fueron, que el Minis- 
tro creyó oportuno renunciar á su mandato de diputado y some- 
terse al fallo de una nueva elección. Por 755 votos en favor de sir 
Rober Inglis, poco menos que una nulidad, pero representante de 
los ultras, contra 609 en favor de Peel, la Universidad de Oxford 
significó al Ministro del Interior su deseo de que se retirase. Du- 



98 O'CONNELL Y LA EMANCIPACIÓN DE LOS CATÓLICOS 

daba Wellington poder arrostrar solo las iras de los ultras, sobre 
todo considerando que los torys estaban más unidos que nunca para 
impedir toda innovación en materias político-religiosas; y reputaba, 
por otra parte, la presencia de Peel en el Ministerio como una ga- 
rantía para evitar la explosión de una guerra civil en Irlanda. Un 
especulador muy conocido, de origen español, sir Manase López, 
resolvió las dudas del primer Ministro, proporcionando á Peel un 
acta de diputado por el burgo de Westbury, y Peel volvió al Par- 
lamento como representante de electores que acababan de nom- 
brarle con un programa más liberal, sintiéndose, por consiguiente, 
más libre en su acción. 

. Poco faltó para que un monumental escándalo, provocado por 
algunos miembros de la familia real, comprometiese definitivamen- 
te el feliz éxito de la Emancipación. Intervino en el conflicto un her- 
mano del Monarca, el Duque de Cumberland, embebido en las ideas 
más intransigentes, y factor muy temible, no tanto por sus dotes 
y cualidades personales, cuanto por el enorme ascendiente que ejer- 
cía en el ánimo del Rey. Otros dos hermanos de Jorge IV, los Du- 
ques de Clarence y de Sussex, profesaban ideas más liberales. El 
día 23 de Febrero, habiendo empleado el Duque de Clarence en la 
Cámara de los Lores el término de infame par$ calificar la conduc- 
ta de los adversarios del Ministerio, recalcó el duque de Sussex las 
palabras del de Clarence, repitiendo el epíteto de infame. Consi- 
derándose el Duque de Cumberland personalmente ultrajado, dis- 
poníase á pedir satisfacción por vías de hecho, cuando la oportuna 
intervención de algunos amigos evitó una sesión de boxeo entre 
tan poco ordinarios campeones. Causó este incidente penosa im- 
presión en el ánimo del Rey, que, olvidando sus promesas y hasta 
su firma, quiso volverse atrás. El día 5 de Marzo debía Peel expo- 
ner al Parlamento los planes del Gobierno, 3^ dos días antes el Rey, 
fingiéndose insuficientemente informado, mandó llamar á Palacio 
á Wellington y á Peel. Sospechando ambos Ministros algún cam- 
bio en las ideas del Rey, pidieron al lord Canciller Lyndhurst 
que les acompañara. Á la hora indicada se presentaron á la cita, 
y el Rey mandó al primer Ministro le expusiera con más claridad 
•éij nuevo programa ministerial: hízolo Wellington con gran luci- 
dez y precisión; pero al llegar al punto candente, es decir, á la 
cuestión católica, afectando el Soberano un tono de sorpresa, le 
dijo: «¿Qué es eso? ¿Tiene acaso Vuestra Gracia ganas de broma?" 
Y como Wellington le replicase que la Emancipación formaba par- 



O'CONXELL Y LA EMANCIPACIÓN DE LOS CATÓLICOS 99 

te esencial del plan del Gobierno, y que el Ministerio la había adop- 
tado con el beneplácito escrito de Su Majestad y era ya imposible 
abandonarla, el Re}*, con evidente mala fe, exclamó: -¡Aquí ha ha- 
bido un quid pro que/No entendí jamás autorizar semejante cosa, 
y creo que mis Ministros son demasiado honrados para que se em- 
peñen en llevar adelante una concesión que hice por sorpresa." 

Sin detenerse un punto presentaron su dimisión los tres Minis- 
tros, y Jorge IV, que no esperaba una resolución tan repentina, 
cayó en la cuenta de haber extremado las cosas, comenzó á retro- 
ceder, y después de cinco horas de conferencia, convencido de que 
no había por el momento posibilidad de sustituir al Ministerio Wel- 
lington, cedió en todos los puntos. Creía el héroe de Waterlóo que 
la terquedad de un Soberano se vence definitivamente como una ba- 
talla, y esta convicción le hizo cantar victoria demasiado pronto, 
pues encontrando aquella misma noche á sus colegas de tertulia 
en casa de lord Bathurst, les anunció con visible satisfacción que 
Su Majestad se había dejado convencer. Desgraciadamente, el Rey 
tenía consejeros poco hechos á las dificultades de la política. Lord 
Wincheslea esforzábase por convencer á su señor de que la for- 
mación de un Gabinete ultra no era una idea tan descabellada como 
parecía á primera vista. Durante un día entero estuvo Torge IV en 
entretenida conferencia con el inepto Wincheslea; pero cuando se 
llegó á la cuestión práctica, es decir, á escoger el personal, fué 
preciso proceder por exclusión hasta que, descartados uno por uno 
todos los candidatos que ofrecían alguna garantía de resistencia, 
sólo quedaron nulidades en perspectiva. Convencido el Rey enton- 
ces de que no le quedaba otro camino sino entregarse incondicio- 
nalmente á la política de Wellington y de Peel, aquella misma no- 
che hizo llamar al primer Ministro, y diciendo mea culpa, le con- 
fesó que por ser el Gabinete imprescindible, se entregaba á su dis- 
creción y prudencia. 

La sesión de la Cámara de los Comunes del 5 de Marzo fué me- 
morable en los fastos de Inglaterra. Una afluencia extraordinaria 
invadió las tribunas. Sabíase que el Ministro del Interior iba á to- 
mar la palabra para defender el nuevo programa gubernamental. 
En un país religioso como lo es Inglaterra, toda cuestión, y más 
aún toda innovación que revistiera este carácter, no podía ser in- 
diferente para la opinión pública, y de aquella sesión dependía, en 
cierto modo, la paz del reino ó una guerra civil. El punto delicado 
consistía en el modo como Peel plantearía la cuestión, pues el par- 



100 OCONNELL Y LA EMANCIPACIÓN DE LOS CATÓLICOS 

tido de la intransigencia era muy fuerte, y una torpeza ó un arran- 
que genial del Ministro podía lanzar á Irlanda á la anarquía ó abrir- 
le la puerta de la libertad religiosa. Peel estuvo á la altura de su 
misión, y el discurso magistral que pronunció puede, sin duda al- 
guna, considerarse como una verdadera obra maestra de elocuen- 
cia. En la imposibilidad de transcribirlo íntegro, nos concretare- 
mos á resumir los pasajes más notables. 

«Voy á hablar— dijo Peel— como Ministro de Su Majestad, y con 
la justa autoridad que me da este carácter, para exponer ante vos- 
otros la opinión que un Gabinete unánime ha formulado ante Su 
Majestad el Rey... Desde el principio de este siglo ha estado muy 
dividida la opinión pública respecto á la Emancipación, por lo cual, 
reducidos los Gobiernos á fluctuar entre los dos partidos, su acción 
carecía de fuerza y de vigor, mientras la de los agitadores iba cada 
día en aumento... Recordad los votos contradictorios de las Cáma- 
ras; recordad que de veinte años á esta parte, el elemento joven 
que quería brillar en la política ha sido partidario decidido de la 
Emancipación. Ahora os pregunto: Ante esta situación, ¿puede el 
Gobierno oponer una resistencia intransigente? Desde el año 1800 
no ha pasado un solo año sin que el Gobierno haya tenido la estric- 
ta necesidad de dictar leyes de excepción para mantener en Irlanda 
una apariencia de orden, y hasta el estado de sitio ha sido comple- 
tamente ineficaz contra las libres determinaciones del cuerpo elec- 
toral irlandés. Cincuenta y dos representantes de la isla hermana 
eran favorables á la Emancipación, y sólo treinta y dos opuestos. 
Vuelvo á preguntaros: ¿Es posible gobernar contra esta mayoría 
que amenaza hacerse cada día más formidable? ¿Es posible lachar 
contra la representación legal y contra la idea unánime de la po- 
blación católica de Irlanda? ¿No sería acaso una lucha desigual en- 
tre dos poderes? ¿Entre el poder de la fuerza material por una parte 
y el de la fuerza moral por otra? Y en esta lucha, ¿no fracasarían 
acaso todos los esfuerzos de un Gobierno? ¿Sabéis cuáles son los 
argumentos de los enemigos de la Emancipación? ¡Suprimir el de- 
recho electoral en Irlanda! No tengo inconveniente alguno en de- 
clararlo: Ningún Gobierno digno de este nombre, puede adoptar 
este medio, que sería la primera chispa de una guerra civil... Tra- 
tándose de derechos electorales, no se puede retroceder; no se 
puede negar hoy lo que ayer se concedió; no se puede, para 
emplear el lenguaje de las Mil y una noches, encerrar en una re- 
doma al genio que ya se halla en libertad y ha adquirido formida- 



O'CONNELL Y LA EMANCIPACIÓN DE LOS CATÓLICOS 101 

bles proporciones. En 1793 otorgó Pitt el derecho electoral á los 
católicos irlandeses, para estrechar los vínculos de la unidad na- 
cional y evitar un inminente peligro en la guerra contra Francia. 
Mostradme un político más enérgico que Mr. Pitt, mostradme un 
Parlamento más protestante que el de 1793, y después decidme si 
podemos volver sobre las concesiones ya hechas. «Actualmente se 
nos impone un dilema: partiendo del supuesto de que es absoluta- 
mente necesario un Gobierno único, esta unidad sólo se puede es- 
tablecer, ó revocando las concesiones anteriormente otorgadas á 
los católicos, ó llevándolas hasta sus últimas consecuencias ló- 
gicas. El primer término es imposible; luego no nos queda más 
que ampliarlas y extenderlas... No os asustéis si propongo la su- 
presión de las leyes que colocan á los católicos en condición infe- 
rior respecto de los protestantes, pues propongo á la vez garantías 
y compensaciones positivas en favor de los intereses protestantes. 
Rechazo, desde luego, el derecho del Veto, respecto al nombra- 
miento de los Obispos católicos, porque sería el principio de un 
reconocimiento legal de la Iglesia Romana, y rechazo también, por 
la misma razón, la idea de aquellos que desean que el Gobierno 
de Su Majestad subvencione el clero católico. Creo, sin emh 
posible la modificación del régimen electoral en Irlanda, para qui- 
tar á los sacerdotes católicos la grandísima influencia que ejercen 
en tiempo de elecciones. Mi plan es el siguiente: deseo que se dis- 
minuya en grandes proporciones el número de electores. Los 
landlords, creyendo tener siempre á su devoción á los colonos 
pobres, habían imaginado conceder el derecho electoral á los co- 
lonos de 40 chelines; pero este instrumento creado por ellos ha pa- 
sado á influencias hostiles al Gobierno y á los mismos Icmdlord^. X 3 
podemos reconquistarlo; luego es menester aniquilarlo. Como con- 
secuencia de estos principios, os propongo elevar la cuota electo- 
ral de 40 chelines á diez libras esterlinas... Antes de dar este paso 
quise retirarme á la vida privada; ya en 1S26 ofrecí mi dimisión á 
lord Liverpool, 3* recientemente al Duque de Wellington; pero 
ante los argumentos invocados por este último, me he convencido 
de que el mejor remedio sería acelerar una solución indispensable... 
¡Señores! Xo quiero reivindicar para mí la honra de esta determi- 
nación: toda la honra se debe á Mr. Fox, á Mr. Shéridan, á mistei 
Grattan y á aquel gran hombre y mi eminente amigo que todos lio 
ramos, Mr. Canning.» 

Cuatro horas duró este discurso, tanto más importante y digno 



102 O'CONNELL Y LA EMANCIPACIÓN DE LOS CATÓLICOS 

de admiración, cuanto que para alcanzar una notable mayoría, co- 
rría el riesgo de indisponerse con los dos partidos de la Cámara: con 
los torys, proponiendo la Emancipación; con los whigs, restrin- 
giendo el derecho electoral. Los primeros, intransigentes en todo 
lo referente á materias religiosas, no hubieran jamás votado la 
Emancipación sin tener una compensación importante, que Peel 
encontró en las restricciones electorales. Como anteriormente he- 
mos dicho, la elección de Clare debíase en gran parte á los electo- 
res de á 40 chelines; reservando Peel el derecho electoral á los que 
pudieran probar una renta no inferior á diez libras esterlinas, su- 
primía de una vez muchos miles de electores cuyo voto era formi- 
dable y decisivo. Merced á esta nueva disposición, las ulteriores 
elecciones no podrían presentar las mismas proporciones que la de 
Clare. Este era el punto culminante del discurso de Peel, porque 
merced á esta compensación se aseguraba el voto de los torys; pero 
esta misma restricción electoral podía provocar una indomable re- 
sistencia de los mismos partidarios de la Emancipación. No se equi- 
vocaron los whigs sobre las intenciones de Peel; pero con gene- 
rosidad digna de todo elogio, olvidaron sus rencores, aceptando en 
bloque el programa ministerial, aunque reservándose cada uno en 
particular el derecho de atacar más adelante alguna de sus dispo- 
siciones. Brougham, en nombre del partido liberal, tomó la pala- 
bra y dijo: «Aceptamos el proyecto... este es el precio, el precio, 
demasiado caro, fabuloso, que tenemos que pagar para entrar en 
posesión de un bien inestimable. En obsequio á un bien tan gran- 
de, estamos dispuestos á entregar ese precio que el Gobierno 
nos exige." La adhesión de los dos partidos aseguró el triunfo de 
la Emancipación, y presentado á votación el proyecto del Gobier- 
no, obtuvo la enorme mayoría de 178 votos; 320 en favor y 142 en 
contra. 

El asombroso resultado de esta elección cayó como un rayo en 
el ánimo del Rey, el cual, según algunos, creyó poder negar la 
sanción real y reemplazar el Ministerio Wellington por un Gabi- 
nete Eldon; pero estudiando detenidamente el asunto y consultan- 
do particularmente las memorias de Eldon, nos hemos formado la 
opinión contraria. Verdad es que Jorge IV llamó dos veces segui- 
das á lord Eldon, el 28 de Marzo y el 9 de Abril; mas no parece 
que la intención del Soberano fuera la de cambiar de Ministerio, 
sino la de alentar á la Cámara de los Lores á una resistencia con- 
tra la otra. Después del triunfo de la Emancipación en la Cámara 



O'CON.VELL Y LA EMANCIPACIÓN DE LOS CATÓLICOS 103 

de los Comunes, temía Jorge IV que los nobles Lores se dejasen 
arrastrar por el ejemplo y que el resultado fuese en la Alta Cámara 
el mismo que en la popular, y esperaba que manifestando su dis- 
gusto por la conducta de los Comunes, gran parte de los Lores, por 
respeto á las ideas del Soberano, rechazarían la Emancipación, ó, 
en caso de ser votada, sólo obtendría ínfima mayoría que hiciera po- 
sible la aplicación del veto real. Tan repugnante fué la conducta del 
Rey con lord Eldon, que lord Ellenborough, Ministro con carte- 
ra, exclamó: «¡Lástima no tener un Rey gentíetnanl* En esta oca- 
sión el exceso de celo fué contraproducente, y los Lores, disgusta- 
dos por la falta de caballerosidad, votaron la Emancipación, que 
obtuvo 105 votos de mayoría. Jamás en Inglaterra, tratándose de 
una cuestión favorable al catolicismo, se había asistido á un triun- 
fo semejante, y el Rey, estupefacto por el giro que había tomado 
el asunto, firmó sin dificultad. El proyecto de ley, enviado á Wind- 
sor en la noche del sábado 12 de Abril, ya había vuelto á Londres 
en la mañana del 14 con la firma y sello reales. 

Las puertas del Parlamento quedaban abiertas á los católicos. 
La conducta de O'Connell en el mismo merece detenido examen, 
y si Dios nos da tiempo y valor, acometeremos en breve esta se- 
gunda parte de nuestro estudio. 

P. Axtoxixo M. Toxxa-Barthet, 
o. s. A. 



ESTUDIOS DE ANTIGUOS ESC^ITO^ES ESPIÓLES 

SOBRE LOS AGENTES DEL DELITO 




Ideas generales. 

a delincuencia es un hecho constantemente repetido en 
todos los tiempos y en todas las sociedades. Se ha consi- 
1 derado como una enfermedad endémica del cuerpo social, 
y, semejante á otras muchas que padece el cuerpo físico humano, 
sin remedio posible. ¿De dónde procede? La contestación es sen- 
cilla: del hombre. ¿Y el hombre realiza el delito impulsado por 
alguna fuerza misteriosa é irresistible, como piensan unos, ó está 
en su poder ejecutarle ó no, como afirman otros? Si lo primero, el 
hombre queda reducido á un ser puramente pasivo; es un instru- 
mento del acto criminal, y la causa eficiente del delito está en 
aquella fuerza irresistible que arrastra su voluntad y mueve su 
brazo. Si lo segundo, la única causa eficiente del delito es la vo- 
luntad del que le ejecuta, y éste se hace responsable de sus actos, 
¿Pero puede explicarse el hecho criminal por sola la voluntad del 
delincuente, sin el concurso de alguna otra causa? De ninguna ma- 
nera: la voluntad humana no puede querer más que el bien, y el 
delito es un mal. Por tanto, si únicamente bajo este aspecto se 
presentase á la inteligencia, faltaría capar ¡Jad en el hombre para 
ejecutarle. Mas el delito no es un mal absoluto; hay en él algo 
apetecible, alguna razón de bien, y bajo este aspecto es querido y 
realizado por el delincuente» El robo, por ejemplo, proporciona al 
ladrón medios de subsistencia y sacia sus apetitos de lucro; el ho- 



ESTl'DIOS DE ANTIGUOS ESCKITORES ESPAÑOLES 105 

micidio satisface una pasión de odio ó un deseo de venganza; y 
cosa análoga puede decirse de todos los demás actos penados por 
los códigos. Aquel bien que satisface una facultad, una tendencia, 
un fin del hombre, y que no puede faltar en ningún delito, consti- 
tuye la causa motiva del mismo, despierta la mala inclinación 
preexistente, excita las pasiones, y éstas á su vez actúan sobre la 
voluntad y ofuscan en mayor ó menor grado la inteligencia. Por 
consiguiente, no es la voluntad humana la única causa del delito: 
la voluntad no puede apetecer ni obrar sin motivos que la impul- 
sen, y estos motivos, generalmente poderosos en el sujeto activo 
del crimen, constituyen otras tantas causas ó agentes del delito (1), 
unas puramente ocasionales, como el ejercicio de una profesión, y 
otras que predispjnen al crimen, como la mala inclinación natural 
debida á la constitución orgánica ú otras causas hereditarias, y la 
mala inclinación adquirida por el hábito, los ejemplos, la enseñanza 
y cuantos elementos contribuyen á formar la educación del hombre 
desde su nacimiento hasta su muerte. 

Pero es muy distinto el valor de cada uno de estos agentes ó 
causas en la realización del delito, y sobre esto conviene insistir 
para evitar equívocos y errores. La verdadera causa eficiente y 
productora del delito, es la voluntad del que le ejecuta, y ni el de- 
lito ni cualquier otro acto humano puede concebirse si no procede 
de la voluntad. Los demás agentes, sean antropológicos, físicos ó 
sociales, no producen jamás por sí solos el acto criminal; son mo- 
tivos, causas impulsivas, predisposiciones é influencias que se ejer- 
cen sobre la voluntad, y la conducen con más ó menos fuerza ha- 
cia el crimen. En todo caso hace falta, para que el acto constituya 
delito, que la voluntad conserve el dominio sobre todos los moti- 
vos que la inducen á obrar, de tal manera que pueda sobreponerse 
á ellos y tomar, si quiere, la dirección contraria. Lo cual equivale 
á afirmar la libertad humana, y deducir de ella la imputabilidad y 
la responsabilidad de los actos. Tal es, y ha sido siempre, la doctri- 
na de la filosofía moral cristiana, no la que suponen ciertos filóso- 
fos deterministas que, ó con mala fe ó con grave desconocimiento 
de la filosofía escolástica, atribuyen á sus autores la peregrina idea 



'i 11 Los antropólogos criminalistas suelen dar á estas causas el nombre de factores del 
■delito. No habría inconveniente en aceptar esta denominación, dentro de sus justos límites; 
pero los positivistas dan á la palabra factores el mismo valor que tiene en las matemáticas, 
•es decir, que, dados tales factores, el resultado es necesario; lo cual no podemos aceptar tra- 
tándose de actos humanos. 

8 



106 ESTUDIOS DE ANTIGUOS ESCRITORES ESPAÑOLES 

de negar el libre albedrío allí donde existen motivos que dirijan á; 
la voluntad en un sentido determinado. Ningún escritor serio ha 
afirmado semejante desatino. Lo que sí admiten es una libertad de 
indiferencia, más ideal que real, que consistiría, si se diese en la 
práctica, en moverse la voluntad á obrar por solo su propio impul- 
so, y sin otro motivo que el que nace de la voluntad misma, el que- 
rerlo así; mas no porque existan motivos que impulsen á la voluntad 
deja ésta de ser libre mientras pueda sobreponerse á ellos y conser- 
ve, por tanto, el dominio sobre sus propios actos. Los motivos dis- 
minuirán más ó menos la libertad, según que sean más ó menos 
fuertes; pero no la anulan, y si en algún caso fuesen tan poderosos 
que la anulasen, faltaría una condición esencial para el acto hu- 
mano, y no habría donde fundar la responsabilidad moral. 

Algunos positivistas admiten la responsabilidad, á pesar de ne- 
gar el libre albedrío, y la fundan en la racionalidad. El hombre es 
responsable— dicen— porque es racional; ó según esta otra frase de 
Sergi, «el hombre es responsable, no porque es un ser que quiere, 
sino porque es un ser que raciocina» (1). La correlación que existe 
entre la inteligencia y la voluntad, y la dependencia mutua en que 
se encuentran, han dado lugar á confusiones, y no es raro ver es- 
tampadas en obras de antiguos filósofos frases que pudieran inter- 
pretarse en -armonía con la opinión del citado psicólogo italiano. 
Un médico español del siglo XVII, Juan Gallego de la Serna, acep- 
ta la denominación de opiniones y errores que Galeno y otros dan 
á los actos malos voluntarios, aunque sólo en cuanto la inteligen- 
cia y la voluntad son como arrastradas por poderosos movimientos 
del apetito sensitivo. «De donde se sigue que los actos que nacen 
de la voluntad, violentamente impulsada por dichos apetitos, se 
llaman errores é ignorancias del entendimiento, según Platón y 
Aristóteles. Por eso dice este último que todo hombre depravado 
ignora qué cosas debe hacer y de cuáles abstenerse... Aquel es ver- 
daderamente perverso, que por propia elección admite un mal que 
conoce y se presenta á su voluntad bajo la especie de un bien fal- 
so y deleitable. En tal acción, no solamente yerra la voluntad, sino 
también el entendimiento.» Pero «una cosa es que éste yerre en el 
discurso acerca de una verdad— dice después,— y otra concurrir 
con los movimientos del apetito sensitivo, que nacen del tempera- 
mento, ó de la mala educación ó de la costumbre de delinquir, y 



(1) La psycltologie physiologique: traducción francesa de 1888, Ub. V, caps. VI y VII. 



ESTUDIOS DE ANTIGUOS ESCRITORES ESPAÑOLES 107 

por estas causas es forzado contra la verdad conocida de las cosas. 
Porque entonces mejor podríamos decir que los afectos perturban 
la razón y arrebatan su imperio, que calificar de errónea la acción 
propia del entendimiento" (1). . 

Otros muchos autores exponen la misma doctrina. El agustino 
Marco Antonio de Camos atribuye expresamente todos los actos 
malos á ignorancia ó error de la inteligencia, ya consista en tomar 
por bueno lo que es malo (culpa), ya en conocer la malicia del acto, 
y ejecutarle, sin embargo, por complacer á la voluntad, ofuscada 
la inteligencia por las pasiones (dolo). Y en confirmación de esto 
cita las siguientes palabras de Egidio Romano: *Xo puede haber 
malicia en la voluntad si no precede error en el entendimiento 
como causa, ó le acompaña en el efecto» (2). «Quedó la naturaleza — 
dice otro autor (3)— tan estragada por el pecado, 3' tan mal incli- 
nada la voluntad (que es la reina y el gobierno espiritual de todas 
las facultades del alma), que se inclina más a* apetito sensual y á 
lo exterior que á la razón interior; y como ella es ciega de su na- 
turaleza, diéronle por consejero al entendimiento para que le guíe 
y aconseje lo que debe querer ó aborrecer. Mas cuando las pasio- 
nes son vehementes, están tan desordenadas, que con su desorden 
ciegan la razón y trastornan el juicio, y llévanle por fuerza á lo 
que el apetito sensitivo manda y quiere por su gusto, que la sen- 
sualidad es tan poderosa, que de su región inferior envía á la su- 
perior unos como vapores ó nublados que turban y escurecen la 
luz del entendimiento, de tal manera que, ofuscado el juicio de la 
razón, no descubre ni ve las cosas como ellas son, y así el juicio se 
engaña y la razón yerra en la elección de las cosas, porque no tiene 
otros ojos para ver sino los del entendimiento, y esos están ciegos 
por la vehemencia grande de las pasiones.- Dedúcese de los pasa- 
jes citados que el acto de la inteligencia precede necesariamente al 
acto de la voluntad, y que las pasiones ciegan á la inteligencia has- 
ta el punto de inducirla á un error práctico. ¿Podrá decirse por eso 
que la culpa y la responsabilidad moral nacen de la inteligencia? 
No, porque, ó el error es invencible, y en este caso no hay culpa 
ni responsabilidad, ó es voluntario, y entonces la responsabilidad 
y la culpa radican en la voluntad que quiere el acto y le ejecuta. 



(1) Opera physica, medica, ethica, 1634. tract. IV. cap. III. 

' Ucrocosmia y gobierno universal del hombre christiano, 1595. parte. I. diálogo, 3.° 
(3) Fr. Miguel de la Fuente, Las tres vidas del hombre, 1623, libro I, cap. IV. 



108 ESTUDIOS DE ANTIGUOS ESCRITORES ESPAÑOLES 

«La voluntad — según se expresa uno de los más insignes filósofos 
españoles (1)— es la señora de todos los actos; mas por sí misma ca- 
rece de luz; la recibe de la mente, esto es, de la razón y el juicio 
que es para ella como consultora y guía, no para que reine y ejer- 
za presión alguna, sino para que dirija y aconseje lo mejor. Nada, 
por tanto, apetece ó rehuye la voluntad si no es de antemano pro- 
puesto por la razón; y según ésto, el acto de la voluntad es produ- 
cido por ella, aunque juzgado y persuadido por la razón, ó en 
otra forma, la razón le engendra y la voluntad le da á luz. Es, 
pues, la razón maestra y preceptora, mas no señora de la volun- 
tad, porque su Autor quiso que fuese libre y, por decirlo así, sui 
iuris: obedece siempre á la razón, pero ésta no la fuerza á se- 
guir una cosa determinada, sino que elige la que quiere de las que 
se le proponen." Del mismo modo se expresa el carmelita Fr. Mi- 
guel de la Fuente (2). La voluntad — dice — «es la reina entre las 
potencias y todas son siervas y criadas, pues las manda y gobier- 
na á todas con suma, libertad, no sólo á las propias, que son las mo- 
tivas, sino las corporales y sensitivas del hombre exterior, y las 
interiores y espirituales de la razón... Y es tanta su libertad, que 
aun cuando los apetitos desordenados la llevan y parece que la 
fuerzan para que, dejando el bien inconmutable, se llegue á la cria- 
tura que es la mesma inconstancia, allí se halla la libertad de la 
voluntad, porque, si no la hubiera, no hubiera pecado." «Provocas 
á Dios á ira— dice uno de nuestros más notables escritores místi- 
cos—echando la culpa del pecado á otro que no sea tu propia vo- 
luntad, pues sola la voluntad es causa del pecado... Nadie peca con- 
tra su voluntad. El pecado es voluntario, y de tal manera, que si 
no es voluntario no es pecado. No se puede entender cómo la vo- 
luntad sea voluntad, y no sea libre» (3). «El primer fundamento de 
la moral es la libertad humana: del todo inútiles serían la especu- 
lativa y la práctica, si no tuviéramos libre albedrío... Admitir le- 



(1) Luis Vives, De anima ct vita, libro II, cap. XI. — Voluntas quidem ipsa domina est om- 
nium (actuum) el imperatrix. sed per se nihil habet lucis: illuminatur a mente, hoc est, íi ra- 
tione ac ludieio quae apposita est illi velut consultrix ductrlxque, non ut regat aut torqueat, 
sed ut dirigat et meliorum admoneat. Itaque, nihil voluntas appetit aut devitat, nlsi a ratione 
praemonstratum, quocirca actus voluntatis a volúntale quidem producilur, a ratione autem 
iudicatur et suadetur, atque, ut sic dicam, a ratione gignitur, a volúntate paritur. Ilagiitn 
<st ¡nitur et praeceptrix voluntatis rallo, non domina; voluntatem enim luimanam liberam 
UisMi esse A actor suus, ct quati ioi loria ac mancipli: obtempérat quidem illa semper ratlonl, 
sed ti u i u mii est alligata; scquitur autem quamcnnque Ubueritex propositis». 

(2) Libro de /iís' tres villa* del hombre, libro II, cap. V. 

(■i) Fr. Diego de Estella, Tratado de la vanidad del mundo, parte I, cap. XXII. 



ESTUDIOS DE ANTIGUOS ESCRITORES ESPANTES 109 

yes, premios y castigos, excitaciones, solicitaciones y consejos, y 
negar la libertad, es un delirio" (1). 

Con esta seguridad afirmaron unánimemente los antiguos mo- 
ralistas la existencia del libre albedrío, sin dejar de reconocer las 
fuerzas que actúan sobre la voluntad y la dependencia relativa en 
que se encuentran sus actos respecto de la razón y el apetito sensi- 
tivo. Y no sólo afirmaron la necesidad del acto de la inteligencia 
para los actos de la voluntad, como hemos visto, sino también la re- 
lación que éstos guardan con aquéllos en cuanto á su forma y ener- 
gía. Esto significan las siguientes palabras de Juan Bautista Her- 
nández^): «Ninguna cosa quiere ó apetece la voluntad que el enten- 
dimiento no la haya conocido; porque, aunque la voluntad es libre 
y puede querer y no querer, pero si el entendimiento no la precede 
y la alumbra, ella no ejercerá su operación. Y pues depende la vo- 
luntad en su obra del entendimiento, también dependerá del en el 
modo de su querer; porque cuando el entendimiento aprueba algu- 
na cosa con recelo y temor, sin asentar con certidumbre en ella, la 
voluntad floja y tibiamente la abraza y ejecuta, y aun cesa de la 
ejecución; porque, ¿cómo se podrá con firmeza y calor pretender y 
seguir con la voluntad aquello de que el entendimiento no está to- 
talmente cierto?" Afirmaron de igual modo la existencia de la li- 
bertad humana, base del orden moral, contra todos los impulsos del 
apetito, y la soberanía que sobre ellos ejerce la voluntad. «Esta, 
no solamente es libre, mas es señora, alto y bajo, de cuanto hay en 
el ánimo. Todo lo gobierna y tvae á su mandar; y si ella quiere, 
como debe, guardar su preeminencia y libertad y derecho, no ha- 
brá en el ánimo cosa alguna que le ose ó pueda resistir (3).« «Los 
vicios que la combaten no son enemigos tan fuertes, que ella no 
sea más fuerte, si quiere defenderse (4).» «Aunque el apetito, por 
la culpa del hombre, se rebeló contra la razón y procura resistirle 
en cuanto puede, no por eso deja de estar sujeto á ella y al libre 
albedrío de la voluntad... porque, aunque no en todo está á su obe- 
diencia, y muchas veces le resiste y se rebela contra ella, no por 
eso se debe decir que no le domina (5)». Fernán Pérez de Oliva re- 
sumió estas ideas en un breve y substancioso concepto. «El libre 



(1) Juau Caramuel, Theologia moralis fundamentalis, libro I, cap. I. 

(2i Demostraciones cntliolicas, 1593, lib. I, tract. I, cap. IX. 

(3) Luis Vives, Introducción á ¡a sabiduría, cap. VI. 

U) Fernán Pérez de Oliva, Diálogo de la dignidad del hombre. 

(5) Fr. Juan Ronquillo, Duelo espiritual, 1678, trac:. 11, cap. V 



110 ESTUDIOS DE ANTIGUOS ESCRITORES ESPAÑOLES 

albedrío es aquel por cuyo poderío es el género humano señor de 
sí mismo, y cada hombre tal cual él quisiere hacerse (1)." 

Es muy notable la siguiente dificultad contra el libre albedrío, 
propuesta por el célebre médico de Felipe II, Francisco Valles, y 
reproducida en nuestros tiempos por muchos psicólogos positivis- 
tas: «Dicen algunos que, como hay enfermedades del cuerpo, hay 
también enfermedades del alma; y así como el que padece una en- 
fermedad corporal no puede reprimir los apetitos propios de ella, 
como la sed el hidrópico y el furor el frenético, así el que padece 
del ánimo no puede evitar los apetitos propios de su padecimiento. 
Por consiguiente, lo mismo es castigar al ladrón porque ha robado, 
que azotar al sediento porque tiene sed, pues ni el primero ni el se- 
gundo pueden hacer otra cosa; ambos son impulsados por la enfer- 
medad, uno del cuerpo y otro del alma." El mismo autor da la so- 
lución distinguiendo el apetito de la obra, y dejando á salvo la li- 
bertad. «El sediento — dice— puede no beber y el avaro no robar; 
por lo cual el ladrón justamente es castigado, no por su ansia de 
poseer, sino por robar, como el sediento puede ser reprendido, no 
porque tenga sed, sino por beber fuera de propósito. Peccatum vero 
non est in concupiscentia, sed in facinore (2).» Esto equivale á re- 
conocer, por una parte, la influencia del apetito sensitivo sobre la 
voluntad, y por otra, el poder que la voluntad tiene para sobrepo- 
nerse á los ímpetus del apetito; y este poder es el libre albedrío, 
factor principal y úrj'ca causa eficiente del acto humano. El mismo 
Valles habla de dos naturalezas que existen en el hombre, una que 
tiende al bien y otra al mal. En conformidad con estas dos natura- 
lezas, hay dos especies de voluntad, de las cuales una necesaria- 
mente ha de ser superior á la otra, de tal manera que pueda ceder 
ó no á sus exigencias. De donde deduce que la voluntad superior 
es libre, y solamente así puede explicarse la resolución definitiva 
después de la lucha entre dos fuerzas contrarias (3). 

De esta lucha entre la voluntad y las facultades sensitivas, y 
del poder que éstas ejercen sobre aquélla, se encuentran admira- 
bles descripciones y conceptos profundos en las obras antiguas de 
filosofía moral y ascética. Suele llamarse en estas obras parte in- 
ferior á las facultades sensitivas, y parte superior A la razón y á 



(1) Discurso de ¡as potencias del alnin. 

(2) De Sacra philosophm, 1587, cap. XI IV. 
<3 Ibld. 



ESTUDIOS DE ANTIGUOS ESCRITORES ESPAÑOLES 111 

la voluntad racional. De aquella parte inferior, dice Luis Vives 
-que «está más apegada con el cuerpo, de donde se sigue ser bruta, 
fiera, recia, más semejante á bestia que á hombre, en la cual hay 
aquellos movimientos que se podrían llamar afectos, perturbacio- 
nes ó pasiones, como son arrogancia, envidia, malquerencia, ira, 
miedo, tristeza, codicia de todos los bienes que ella imagina, go- 
zos vanos y locos, y otras mil enfermedades» (1). Y Alonso López 
Pinciano, dice de la voluntad que «no es otra cosa que el apetito 
guiado por razón", y que dicho «apetito racional, contrario al irra- 
cional, siempre anda con él en lid, y de cuya lid nacen los hábitos 
morales, buenos y malos: buenos si es vencedor el buen apetito 
racional, y malos, si es vencida la razón buena" (2). 

D. Gregorio Mayáns no admite esta lucha entre la razón y el 
apetito sensitivo supuesta por los aristotélicos. «Si el hombre en- 
tra dentro de sí mismo— dice— y atentamente considera sus actos, 
advertirá que aquellas facultades no luchan entre sí, sino que la vo- 
luntad es la que fluctúa entre el bien verdadero y el aparente, lla- 
mándola á una parte la razón y la imaginación á otra, á la cual se 
inclina y propende el apetito sensitivo atraído por el engañoso pla- 
cer representado en la imaginación. Esto acontece en la forma si- 
guiente: muerta el alma por el pecado y destituida de la justicia, 
quedó perturbado el cuerpo y dejó de obedecer á la razón, y la razón 
negó la obediencia á Dios. Ciega el alma, y menos apta que antes 
para la conservación del orden, quedó rota la armonía del cuerpo, 
}- por tanto, prevalece siempre alguno de los temperamentos. De 
aquí la inclinación y propensión á determinados vicios» (3). Sigue 
exponiendo el proceso de la percepción y los efectos producidos eja. 
las facultades afectivas (placer ó dolor), la contradicción y lucha 
que se experimenta entre la razón que conoce la ley y el bien mo- 
ral, y las tendencias del apetito que aprueba ó desaprueba este 
bien, y concluye con las siguientes palabras de Arias Montano, pa- 
ráfrasis del texto de San Pablo: Vídeo auleni aliam legem in mem- 
bris mefs repngnantem íegi mentís meae: «Reconozco en mí dos 
hombres, y uno y otro soy yo, interior el primero y exterior el 
segundo, y ambos en perpetua lucha dentro de mí. El hombre 
interior aprueba y ama la ley de Dios, y me propone que la obser- 



(1) Introducción á la sabiduría, cap. V. 

■i¿) Philosophia antigua poética, 1596, epíst. I. 

<3) Institittionum philosophiae moralis, lib. III, cap. XVII. 



112 ESTUDIOS DE ANTIGUOS ESCRITORES ESPAÑOLES 

ve, alabe y predique; pero al llegar á la práctica, encuentro en 
mis miembros, ó sea en el hombre exterior, otra ley que repugna á 
la ley de mi razón..., de tal manera que, conociendo y aprobando 
lo mejor, sigo, no obstante, lo peor." 

Aunque en este combate de las pasiones contra la razón, la vic- 
toria corresponda de derecho á la voluntad racional, por su con- 
dición de señora y libre, preciso es reconocer que la violencia de 
las apetitos la debilita muchas veces hasta el punto de poder dudar 
de su soberanía. Á propósito de esto, en su Diálogo de la dignidad 
del hombre, el Maestro Pérez de Oliva pone en boca de uno de los 
personajes las siguientes palabras: «Está la voluntad, como bien 
sabéis, entre dos contrarios enemigos que siempre pelean por ga- 
narla: éstos son la razón y el apetito natural. La razón de una par- 
te llama la voluntad á que siga la virtud, y le muestra á tomar fuer- 
za y vigor para acometer cosas difíciles; y de otra parte el apetito 
natural con deleite la ablanda y la distrae. Agora, pues, ved cuál 
es más fácil cosa, apartarse ella de su natural, á mantener perpe- 
tua guerra, en obediencia de cosa tan áspera como es la razón y 
sus mandamientos, ó seguir lo que Naturaleza nos aconseja, yendo 
tras nuestras inclinaciones, las cuales detener es obra de mayor 
fuerza que nosotros podemos alcanzar; principalmente que nues- 
tros apetitos naturales nunca dejan de combatirnos, y la razón mu- 
chas veces deja de defendernos... Donde es necesario que alguna 
vez, ó por flaqueza ó por error, sea presa de los vicios.» El mismo 
autor responde en otra parte á esta doctrina semideterminista, que 
la voluntad «nunca se halla del entendimiento separada", y que 
«los vicios que la combaten no son enemigos tan fuertes, que ella 
no sea más fuerte si quiere defenderse"; á lo cual pudiera añadir 
que de esa misma violencia de las pasiones suele ser culpable el 
hombre por no reprimirlas á tiempo. 

¿Cuál es el origen de esta perpetua lucha entre las pasiones y 
la razón, de este desconcierto entre las diversas facultades de la 
naturaleza humana? La Filosofía no habría podido jamás resolver 
este problema sin la luz de la revelación. La Teología cristiana 
afirma que el hombre no salió así de las manos del Creador, sino 
que fué creado á imagen del mismo Dios, dueño de sí mismo y con 
perfecta armonía entre sus facultades, rigiendo la razón al apetito 
sin esfuerzo, y obedeciendo el apetito á la razón sin violencia. El 
bien era naturalmente amado y el mal aborrecido. Pero Dios impu- 
so al hombre un precepto; y quebrantado este precepto, «de tal ma~ 



ESTUDIOS DE ANTIGUOS ESCRITORES ESPAÑOLES 113 

ñera se apartó de la semejanza de Dios, que cayó en la semejanza de 
las bestias, y pensando ser más que los ángeles, vino á sérmenos que 
hombre... Desnudo de la inocencia, él mismo cargó con todo para 
su ruina; se entorpeció el entendimiento y se obscureció la razón. 
La soberbia, la envidia, el odio, la crueldad, un gran número de 
variedad de apetitos y las demás perturbaciones fueron como tem- 
pestades movidas en el mar por la violencia del viento. Se perdió 
la fidelidad, se resfrió el amor, todos los vicios acometieron como 
en escuadrón, el cuerpo se llenó de miseria al mismo tiempo, y 
aquellas maldiciones: Maldita será la tierra en tu trabajo, se ex- 
tendieron á todas las cosas en que había de ejercitarse la diligen- 
cia de los hombres» (1). Este trastorno de la naturaleza humana 
por el primer pecado no se concretó al hombre culpable, sino que 
se transmitió á toda su posteridad; «y si no, miremos á sus descen- 
dientes, cómo están y qué obras hacen, y se entenderá clararnente 
que no pueden proceder sino de hombres enfermos y llagados; á 
lo menos de su libre albedrío está determinado que, después del 
pecado, quedó medio muerto, sin las fuerzas que solía tener, por- 
que en pecando Adán..., la vida que comenzó á tener fué de mucho 
trabajo, durmiendo por los suelos, al frío, al sereno y al calor; la 
región donde habitaba era destemplada, y las comidas y bebidas 
contrarias á su salud...; y así no le quedó órgano ni instrumento 
corporal que no estuviese destemplado, y con tal destemplanza 
conoció á su mujer, y engendró tan mal hombre como Caín, de tan 
mal ingenio, malicioso, soberbio, duro, áspero, desvergonzado, in- 
devoto y mal acondicionado. Y así comenzó á comunicar á sus des- 
cendientes esta mala salud y desorden, porque la enfermedad que 
tienen los padres al tiempo de engendrar, esa misma, dicen los mé- 
dicos, sacan sus hijos después de nacidos» (2). He aquí por qué, 
«siéndonos tan natural lo bueno, y lo que es malo tan ajeno de la 



(1) Luis Vives. De subventione pauperum. 

(2i Juan Huarte de San Juan, Examen de ingenios, Proemio II.— Hay en esta doctrina una 
exageración evidente de la impotencia de la razón y la voluntad humanas, aun después de 
degradada nuestra naturaleza por la culpa original; y si á esto se une la transmisión heredi- 
taria de tanto rebajamiento moral, nos encontramos próximas al escepticismo en el orden de 
las ideas, dentro del fatalismo en el orden de los hechos, y á un paso de las teorias modernas 
del criminal nato y el delincuente enfermo ó loco. El mismo Huarte debió de ver estas conse- 
cuencias, cuando hace luego la siguiente pregunta, aunque sólo relativa al orden intelectual: 
«Si todos los hombres estamos enfermos y destemplados, como lo hemos probado, y de cada 
destemplanza nace un juicio particular, ¿qué medio tendremos para conocer cuál dice la ver- 
dad de tantos como opinan?» La contestación que da, fundada en el desarrollo extraordinario 
que adquiere una facultad cuando otras faltan, no resuelve la dificultad. 



114 ESTUDIOS DE ANTIGUOS ESCRITORES ESPAÑOLES 

razón, tengamos inclinación para querer más el mal, y nos haya- 
mos de hacer y apremiarnos para seguir la virtud» (1). 

Presupuesto el libre albedrío, que subsiste aun en medio de los 
más violentos combates de las pasiones contra la razón, los anti- 
guos escritores reconocieron, como demostraremos ampliamente 
en este trabajo, otros factores ó agentes de los actos humanos, 
todos los factores que actualmente se estudian, así antropológicos, 
como sociales y físicos. Fundaban los primeros en la íntima unión 
y el mutuo influjo que existen entre el cuerpo y el espíritu, por- 
que, «como el ánimo tenga tan estrecha compañía con su cuerpo, 
pues lo perfecciona y da forma, no hay duda sino que en alguna 
manera se le pega algo de la disposición y condiciones del cuerpo. 
Por lo cual el colérico de su naturaleza es iracundo, el flemático, 
perezoso...; pero estos efectos puédense impedir por la buena ó 
mala crianza y por otras causas naturales, y, principalmente, pue- 
de el hombre, por la libertad del libre albedrío, hacer contra esta 
disposición corpórea» (2). «Si tratamos de investigar la causa de 
todos los vicios— dice Mayáns,— la encontraremos en el ánimo 
mismo del hombre; porque, aunque es verdad que, dada la ocasión, 
puede determinarse, ó más bien ser incitado á este ó aquel vicio 
por el temperamento, no obstante, la voluntad es libre, y la raíz 
de todos los vicios está en el depravado é inmoderado amor pro- 
pio... que apetece cosas inmoderadas... Además de esto, fácilmen- 
te es arrastrado el hombre á los vicios por la mala educación, la 
costumbre, el trato con gente viciosa y el estado en que se en- 
cuentra» (3). 

Entre los modernos criminalistas, no hay acaso uno solo que dé 
más importancia á los factores físicos que la ciencia médica anti- 
gua y algunos de nuestros filósofos. Sin perjuicio de demostrar 
esto en su lugar correspondiente, oigamos la siguiente proposición 
de Huarte de San Juan: «Por raz^ón del calor, frialdad, humedad y 
sequedad de la región que habitan los hombres, y de los manjares 
que comen, y de las aguas que beben, y del aire que respiran, unos 
son necios y otros sabios, unos valientes y otros cobardes, unos 
crueles y otros misericordiosos, unos traidores y otros leales...» (4) 
Escritores hubo también que no dieron una influencia tan decisiva 



fl) Ambrosio de Morales. Quince discursos, disc. I. 

(2) Juan Bautista Hernández, ob. clt., lib. III, dlsc I. 

(8) Ob. clt., lib. i. cap. X. 

(4) Ob. cit., cap. II. 



ESTUDIOS DE ANTIGUOS ESCRITORES ESPAÑOLES 115 

á estas causas, ó la negaron en absoluto. «Es grande excelencia 
suya (del alma) — dice el sabio cronista de Felipe II, Ambrosio de 
Morales— el tener tan gran señorío sobre sí misma con el absoluto 
poder de su libre albedrío, que ni aun al cielo, ni á las estrellas no 
tiene sujeción, ni pueden nada en ella para quitarle su libertad, 
todas sus influencias, que tan poderosas son sobre todo esto in- 
ferior.» Atenúa luego el alcance de este pensamiento, diciendo 
que, «aunque el ánima del hombre tenga así tan alto señorío, y tan 
libre esté de toda influencia por la naturaleza de su substancia y 
origen divino, entretanto que vive junta con el cuerpo, por su 
parte del y por su naturaleza terrestre y carnal, de tal manera es 
oprimida y fatigada con terribles miserias, que no parece señora, 
sino sierva y sujeta con áspera servidumbre» (1). Más explícito es 
todavía sobre este punto el Obispo de Mondoñedo, Fr. Antonio de 
Guevara, aunque alude más bien á causas de orden social que físi- 
co. «Muchas veces— dice— se muda ua hombre de una tierra á otra, 
de un barrio á otro, de una casa á otra, y aun de una compañía á 
otra, y al fin, si de la una tenía pena, de la otra muestra queja; y la 
razón dello es porque él echaba la culpa á la condición de la tierra, 
y estaba todo el daño en su condición mala. {Qué más diremos, 
sino que en la corte, en la aldea, en la venta, en el yermo y en el 
mercado vemos al virtuoso estar corregido y al malo andar diso- 
luto? El malo y el vicioso son los que andan á buscar oportunidad 
para ser malos, que la virtud y el virtuoso á doquiera hallan lugar 
para ser buenos... Para hombre bueno no hay oficio malo, ni para 
hombre malo hay oficio bueno... El ser buenos ó ser malos no de- 
pende del estado que elegimos, sino de ser nosotros bien ó mal dis- 
ciplinados» (2). 

P. Jerónimo Montes, 

(Continuará). O. S. A. 



(1) Ob.cit , disc.XII. 

(2> Menosprescio de corte y alabanza de aldea, 1539, cap. II. 



EL HELENISMO EN ESPAÑA 

DURANTE LA EDAD ANTIGUA <*> 




(continuación) 

[l estado floreciente y próspero de Sagunto al ser destrui- 
da por Aníbal, es un ejemplo insigne de la importancia 
que tuvo la influencia helénica en España. Tenía leyes y 
máximas de un pueblo civilizado, y sus grandes murallas con in- 
mensas torres indicaban un adelanto impropio de aquellos tiempos. 
Pues estos habitantes eran griegos y españoles ó mezcla de los dos 
pueblos, en relaciones continuas con los restantes españoles por 
medio del comercio. Oigamos acerca de esto á Tito Livio: "En- 
contrábase Sagunto á unos mil pasos del mar; sus habitantes pa- 
saban por ser una colonia de Zacinto, mezclada más adelante con 
algunos rútulos de Árdea. Por lo demás, habíase elevado rápida- 
mente á aquel grado de poder, sea por su comercio de mar y tie- 
rra, sea por el aumento de población, ó bien por la severidad de 
principios que le hizo conservar la fe en las alianzas hasta su pro- 
pia ruina»' (2). En virtud de estas relaciones aquellos pueblos del 
litoral, aquellos indígetes españoles modificaron su carácter duro 
y agreste. «El trato con los griegos, dice Pella y Forgas, se llevó 
buena parte de la rusticidad y fiereza de los indígetes, quienes, en 
la época del dominio romano, no vagaban por los bosques y se es- 



(1) Vtíase la página 586 del volumen LXVII. 

(2) Décadas de la Historia romana, por Tito Ll vio, traducidas por D. Francisco^ Na- 
varro. Madrid, 1888, tomo III, pac 256. 



EL HELENISMO EN ESPAÑA DURANTE LA EDAD ANTIGUA 117 

condían en las cuevas de altos montes que desde el mar se ven en 
el interior de la tierra; las artes é industrias griegas y romanas, en 
algunas de las cuales fueron notables, les habían civilizado-' 1 . La 
cultura de los turdetanos es, como hemos dicho, un hecho compro- 
bado, aunque se considere exagerada su antigüedad, y fuera de las 
reflexiones ya aducidas respecto á su origen griego, los muchos 
nombres helénicos, conservados en esta parte de España, indican 
el arraigo de las colonias focenses, y su comercio continuo con las 
costas de Galicia, de donde traían el estaño, cobre, plomo y oro, y 
el desarrollo de la industria, pues es natural tuvieran medios de 
fundición como los tenían en el Hemeroscopion. Y necesitándose, 
tanto para el comercio como para las fundiciones, muchos obre- 
ros, es natural también tuvieran muchos españoles empleados que 
aprenderían de sus maestros estas industrias y las extenderían 
entre todos los pueblos próximos; de donde vino, quizá, la creen- 
cia de que las colonias de Galicia no eran griegas, sino tartesias, ó 
á lo más una mezcla de españoles y griegos. 

es menos visible la influencia griega en toda la costa occi- 
dental, tanto en Lusitania como en Galicia. Bueno es advertir antes 
que la mayor parte de occidente se llamó en la antigüedad Lusita- 
nia, y más tarde, parte de la Lusitania pasó á ser Galicia (2), pues 
como dice Silio Itálico, algutios pueblos lusitanos, después ga- 
laicos, eran asiento y núcleo de la colonización griega, y gozaban 
el alto progreso artístico que revelan la armadura y el escudo del 
famoso cartaginés Aníbal (3). Por esta circunstancia los elogios que 
los antiguos atribuyeron á la Lusitania deben aplicarse también á 
Galicia y aun á no poca parte del actual territorio central-español 
limítrofe de Portugal. Tanto debió de adelantar allí la civilización, 
que los gallegos pasaban, al ir allí los romanos, por uno de los pue- 
blos más cultos de las provincias españolas. Contribuyó á ello la 



(1) Obr. cit., pág. 186. 

(2) En un tiempo la Lusitania ocupaba toda la parte occidental, y posteriormente sólo se 
extendía hasta el rio Duero. 

(3) Ecce autem clypeum saevo fulgore micantem 
Oceani gentes ductori dona ferebant 

Callaici telluris opus, galeamque coruscis 

Subnixam Cristis vibrant in vértice coni 

Albentes nlveae trémulo nutamine pennae 

Ensem unum, ac multos fatalem millibus hastam 

Praeterea textem nodis auroquetrilicem 

Loricam et nulli tegmen penetrablle telo 

Haec aere, et duri calybis perfecta metallo. — Silio Itálico II. 



118 EL HELENISMO EN ESPAÑA DURANTE LA EDAD ANTIGUA 

paz en que vivieron siempre las colonias griegas al abrigo de las 
hermosas bahías y en puntos más retirados de las invasiones ex- 
tranjeras, pues mientras en la parte del Este y del Mediodía se veían 
turbados por piratas que llegaban del resto de Europa y del África, 
permanecían los del Oeste explotando tranquilamente aquellos mi- 
nerales que les proporcionaban tantas riquezas, uniéndose al mis- 
mo tiempo por la sangre con los indígenas, que nunca llevaron á 
mal mezclar su raza con la que juzgaban superior. La influeacia en 
el lenguaje fué aquí más visible que en ninguna otra parte, y la infi- 
nidad de nombres de origen helénico conservados en aquellas cos- 
tas muestra bien á las claras la larga permanencia de sus hués- 
pedes y maestros. Pero oigamos acerca del particular al notable 
historiador moderno de la Galicia antigua: «Con mucha anteriori- 
dad á la invasión de los celtas, las expediciones griegas frecuen- 
taron nuestro litoral é introdujeron en sus pueblos elementos de 
civilización superior: afortunadamente éste pudo arraigarse en 
algunas regiones marítimas y aun infiltrarse en el interior, difun- 
diéndose poco á poco en el país, hasta que los romanos pusieron el 
pie en Galicia, donde encontraron aquel progreso, según lo ates- 
tiguan las noticias de Plinio, Estrabón, Justino y otros escrito- 
res» (1). Y tan grande debió de ser la civilización de Galicia en los 
tiempos en que escribieron los historiadores griegos, que reclaman 
como gloria el haber contribuido ellos á este progreso é ilustración, 
impropios de aquella época. Los grandes adelantos de esta comar- 
ca manifiestan que la estancia de los helenos debió de ser pacífica, 
pudiendo alternar con los naturales del país, que á su vez recibie- 
ron las costumbres de los colonizadores. ¿Qué otra cosa significan 
los juegos gimnásticos, la carrera y otras costumbres latentes du- 
rante muchos siglos y no borradas aún por completo en la edad 
presente? ¿No son exactamente los mismos juegos de los helenos 
introducidos aquí para conservar la robustez del cuerpo y la ener- 
gía en los combates? De ellos nos habla Estrabón al describir las 
costas occidentales de España, donde descubrió también algunos 
ritos en la celebración de los matrimonios á la usanza griega, y e\ 
pean cantado por sus guerreros al entrar en los combates, difru- 
tando, según Celso de la Riega, los gallegos de la costa y del in- 
terior grande influencia en costumbres, trajes, lenguaje, adminis- 
tración, prácticas é industrias. Y aun se extendió su influencia por 



(\) Galicia antigua, pág. 96. 



EL HELENISMO EX ESPAÑA DURANTE LA EDAD ANTIGUA 119 

parte de la costa cantábrica, donde cita Humboldt algunos cantos 
muy parecidos á los que cantaban los pretendientes de Penólope 
en el palacio de Ulises. '•Hallaron Estrabón y Melos, dice el ilustre 
Humboldt, costumbres griegas desde el Pirineo á lo último de Ga- 
licia, y aun en la costa cantábrica, independiente hasta el tiempo 
de Augusto; y todavía se conservan en algunos de nuestros valles 
los epitalamios en las bodas y lamentaciones fúnebres por los di- 
funtos como en tiempo de Estrabón y como en Grecia hoy mis- 
mo» (1). De los mismos griegos recibieron los lusitanos, según Es- 
trabón (2), los ritos espartanos, el uso de lavarse el cuerpo con un- 
güentos, los sistemas de calefacción y los distintos modos de cele- 
brar los sacrificios, como también, según Lucio Resendo (3), la 
lucha de los atletas. 

No fueron, pues, los fenicios, egipcios, asirios, ni celtas los que 
influyeron en nuestra civilización primitiva, sino los griegos; de 
ellos, indudablemente, procedía la cultura, poca ó mucha, que hubo 
en la Península. «A nadie se le ocurrirá el afirmar, dice D. Saturni- 
no Jiménez, que nuestra civilización procede en línea recta de la 
Asiría }' del Egipto, y que la Grecia no fuera sino un eslabón de la 
cadena... Cuanto más adelantan las ciencias de investigación re- 
trospectiva, tanto más reconocemos la única, la primordial, la ge- 
nuina paternidad helénica; que el pueblo griego, con ese pasmoso 
don de asimilación, en que ningún otro le ha aventajado todavía, 
cuidábase menos de inquirir y ensalzar la procedencia de sus ad- 
quisiciones que en fundirlas todas en el crisol de su genio; que si 
ha existido una civilización denominada española, imposible será 
que la estudiemos ó la apreciemos sin hacernos cargo de la influen- 
cia que en ella ha dejado sentir el helenismo, porque ó nada hemos 
sido en la ilustración y nada somos al presente si no concedemos 
que algo debe haber en nuestra filosofía, en nuestra literatura, en 
el genio de nuestro idioma, reminiscencias de las importaciones 



(1) D. Ángel de los Ríos y Ríos: Historia de las letras y artes de Cantahria. Introduc- 
ción, pág. 10. Santander. 1890. — Entre las costumbres griegas conservadas en la región del 
Pirinto se citan la danza prima, de Asturias, y ijttjú, ó grito de los jóvenes en las fiestas po- 
pulares de gran parte de España. 

) «Spartano ritu degere tradunt duobus utent's ungüentis, et calefaciendum utuntur 
lapidibus ignitis, et frígida laciantur, faciunt etiam Hecatombes id est centenario numero 
sacrificia quodlibet ex genere ritu graecano.» Lib. III. 

(3) «Gymnica certamina exercere quaeque sequuntur omnia eo pertlnent ut graecant lu- 
sitancrum originem ostendunt... graecanico ritu, ut absque dubio graecam hi populi prae se 
ferant originem.» De antiquitatibus Liisitaniae, pág. 36. 



120 EL HELENISMO EN ESPAÑA DURANTE LA EDAD ANTIGUA 

hechas en nuestro suelo, en nuestro espíritu, por las antiguas co- 
lonias griegas que bordaron nuestras costas meridionales» (1). 

Para probar que ejercieron las colonias influencia en nuestro 
idioma, basta recordar las numerosas palabras de origen griego 
que citan Covarrubias, Sánchez de las Brozas y Aldrete (2), pres- 
cindiendo de las técnicas introducidas después. Según Mayáns, la 
griega es, después de la lengua latina, de la que conservamos más 
voces; llegando á contar Lucio Resendo, quien las estudió más de- 
tenidamente en el siglo XVI, hasta quinientos vocablos. «Muchas 
señales, dice, restan en España de origen griego, muchos vocablos 
de su lengua, helenismos, diptongos, artículos añadidos á los nom- 
bres que tenemos nosotros, como ellos tienen, tantos, que, por cu- 
riosidad de estudio, llegué á contar hasta quinientos» (3). «Los mis- 
mos infinitivos castellanos, dice Mayáns y Sisear, recuerdan los in- 
finitivos griegos que, como ellos, usamos en vez de los gerundios.» 
A esto podemos añadir los muchos modismos que han quedado en 
nuestra lengua con la misma genialidad que en la griega, y aunque 
admitamos que parte de ellos hayan sido introducidos por las ver- 
siones, quedan aún bastantes que no admiten tal explicación, pues 
siendo relativamente pocas las traducciones anteriores al tiempo . 
en que vivió el autor del Diálogo de las lenguas, Valdés, y nece- 
sitándose para formar modismos largo tiempo, no pudieron tener 
otro origen que del trato y comercio con la lengua griega. Celso 
de la Riega cita muchos que aún se conservan en Galicia, y en 
otros puntos no escasean maneras de hablar que indican una tra- 
ducción directa del griego. Éntrelos nombres de personas afir- 
ma que aun en las lápidas sepulcrales de los siglos X, XI y XII 
se conservan muchísimos, y no sólo en Galicia, sino en otros 
puntos. 

Pero esta influencia en el lenguaje, conservada en nombres de 
lugares, personas y en modismos, sin que bastasen á borrarla tantas 
centurias pasadas, implica una cuestión importante. ¿Se habló el 
griego durante la dominación de las colonias en nuestra Penínsu- 



(1) Grecia clásica y el Cristianismo , por D. Saturnino Jiménez.— Revista contemporá- 
nea, 1888, Marzo y Abril. 

(2) Aldrete: Ori%en y principio de la lengua castellana, páff. 1 >. Madrid, I 

(3) «Adeoque verum est graccae originis multa la Híspame supcivsse vestigia. ut otiam 
linguae complura vocalMila <t hclli-nismi et pleraque diputhongi, ¡psique i-ilam additi nomi- 
nibus articuli corumque usus aped nos et si i et cnstodlatur. Aliquando eurioshate studio sy- 
luam collegl voeabulorum fere qulngentorum, nobis ex graeeo lelietorum.»— De antiquitati- 
bu* Lusitaniae, pág 87. 



EL HELENISMO EN ESPAÑA DURANTE LA EDAD ANTIGUA 121 

la? (1) Para Humboldt, queconsideró á los vascos como primeros ha- 
bitantes, extendidos con el nombre de iberos por toda la Península, 
el vasco fué la lengua primitiva, y en él tienen origen muchísimas 
palabras, según los vascófilos. No prejuzgamos esta cuestión que ha 
tenido ilustres defensores; pero sí haremos notar que en el mismo 
pueblo vasco se encuentran restos en costumbres y danzas que in- 
dican origen helénico. Por otra parte, no tratamos del primer idio- 
ma de España, sino de si en ella se habló el griego por más tiempo 
que ningún otro, una vez que de él más que de otros quedan vesti- 
gios. En primer lugar, no hay duda alguna que al menos en los si- 
tios por ellos ocupados se habló. «La lengua griega, dice el señor 
Cejador, se habló en la Grecia desde los tiempos más antiguos á 
donde ha podido penetrar la luz de la historia. Desde el siglo X 
(antes de Jesucristo), se extendió con sus colonias por las costas del 
Asia menor, Archipiélago, Chipre, Sur de Italia, y hasta Marsella 
y costas de España* (2). «Dondequiera, añade M. Pelayo, que las 
colonias griegas llegaron, llegó su lengua, y la ciudad, jonia ó do- 
ria, al transplan tarse, conservó su cultura, como conservaba sus 
dioses tutelares y los ritos de su religión doméstica" (3). Este fué y 
ha sido el sistema de todos los pueblos, y sobre todo del griego. En 
cuantos puntos estuvo, impuso su idioma, y en sus colonias se ha- 
bló y se escribió en el mismo. El habitante heleno nunca olvidó su 
nacionalidad, y si al principio tomó de las civilizaciones extranje- 
ras cuanto le era necesario para empezar su vida de progreso, lo 
convirtió con su genio poderoso en caudal propio, imprimiéndole 
un carácter personalísimo, fundiéndole en conformidad con sus 
ideas y sentimientos,, y esta civilización la llevó á todas partes 
completamente helenizada, como llevó su lengua; jamás recibió la 
de otras naciones, teniendo como tenía conciencia de la superiori- 
dad de la suya. Y si no consta que jamás recibiera idioma extraño, 
mucho menos pudo recibir el que hablaban entonces los españoles, 
tan duro y bárbaro, que, muchos siglos después, hablando de los 
que acompañaban á Aníbal en su expedición á Italia, no encuen- 
tran los historiadores otra expresión que la de aullidos para expre- 



(t) «Las colonias griegas que se extendieron por toda la costa del Mediterráneo eran riva- 
les antiguas del comercio y marina de los cartagineses: la poesía, la oratoria, la afición á la 
lengua griega pudieron introducirse desde el principio de su venida».— PP. Monédanos: Histo- 
ria literaria de España, tomo II, lib. VI, pág. 122.— Madrid, 

(2) Prólogo á su Gramática griega. 

(3) Líricos HispanoAmericaitos, tomo I, pág. 1. 

9 



122 EL HELENISMO EN ESPAÑA DURANTE LA EDAD ANTIGUA 

sar sus bárbaros cantares en lengua patria (1). Contribuyó á que 
se propagara la lengua helénica en los sitios donde se establecie-^ 
ron, el comercio continuo con los españoles, «pues inhábiles éstos, 
según Tito Livio, en el arte de la navegación, se alegraban mucho 
de poder comprar las mercancías extranjeras que sus vecinos (los 
emporitanos) importaban por mar, y entregar á la exportación los 
productos de sus tierras» (2). 

Puede presumirse que, como medio necesario de comunicación, 
emplearan al principio los helenos el lenguaje de los españoles; 
pero teniendo en cuenta lo que ha pasado en todos los pueblos con- 
quistados, es seguro que después aprenderían los dominados la len- 
gua de los dominadores. «¿Quién puede dudar— dice Mayáns y Sis- 
car,— que los de la isla de Zacintho (hoy Zante), que tomaron asien- 
to en Sagunto (hoy Murviedro), y se fortificaron allí, introducirían 
su lengua? Lo mismo debemos decir de Denia.» Y confirma más 
cuanto venimos diciendo, el que al ser conquistada Sagunto por 
Aníbal, había en aquella ciudad un profesor de elocuencia (3). Lo 
que decimos de esta parte de España, podemos aplicarlo á las res- 
tantes donde estuvieron, como lo hace Celso de la Riega con rela- 
ción á Galicia. Además, consta que había maestros de griego, en- 
tre ellos Asclepiades Mirliano, que, según Estrabón «in Turditania 
literarii ludi magister extitit de que regionibus illius gentibus ex- 
ponendis libros edidit» (4), libros que vio el célebre geógrafo y que 
algunos han supuesto eran una historia de España. Algo puede in- 
dicar en favor del cultivo del griego en las colonias en tan remota 
edad la embajada que los españoles enviaron al gran conquistador 
Alejandro cuando éste había llegado á Babilonia. El principal de 
la embajada, dice el P. Mariana (5), que se llamaba Maurino, y que 
él con sus compañeros fueron recibidos por el célebre capitán grie- 
go con grandes muestras de amistad, prometiéndoles su ayuda. 
Ahora bien: ¿no es lógico'suponer que, al emprender tan largo via- 
je, pasando por lugares donde se hablaba el griego, estarían tam- 
bién enterados de este idioma y que en el mismo hablarían á Ale- 
jandro? No negaremos que aunen las mismas colonias continuara 



(1) «Barbara nunc patriis ululantcm carmina Hnguis.»— Sllio Itálico, lib. V. 

(2) Décadas de la Historia romana, tomo VI, páR. 19, traducción del Sr. Navarro. 
(3, Se llamaba Dauno, según Marcial y Sillo Itálico. 

(4) Libro III. 

(5) Historia de España, publicada entre las obras de Mariana en la Biblioteca de Riva- 
deneyra; tomo II, pág. 33. 



EL HELENISMO EN* ESPAÑA DURANTE LA EDAD ANTIGUA 123 

el idioma indígena entre muchos, acaso la mayor parte de sus ha- 
bitantes, pues sabido es cuan difícil resulta el privar á un pue- 
blo de su propio idioma, como se ha visto en todos los pueblos de 
América, y se ve hoy mismo en Cataluña y las provincias vascon- 
gadas, donde alternan el castellano y las lenguas regionales. 

Algunos autores han llegado aún más allá; han creído que no 
sólo en las colonias donde es evidente estuvieron los griegos, sino 
en toda la Península se habló, quizá porque en gran parte de ella, 
según algunos, hubo fundaciones. Citaremos á Diego Gracián, 
Juan de Valdés y á Yelázquez. El primero se expresa en estos tér- 
minos: -Hoy día hallamos en nuestra lengua española muchos vo- 
cablos que son griegos, como cualquiera español que tenga noticia 
de la lengua griega que los antiguosgriegos hablaban, ven que per- 
manecen escritos los libros de sus ciencias, fácilmente conocerá ser 
verdad. Por donde parece muy clara la mucha comunidad y mora- 
das, que la lengua griega tuvo largo tiempo en nuestra tierra, sin 
salir de ella, como leemos en la crónica de España y en historias 
latinas y griegas» (1). "La lengua que antiguamente se hablaba en 
España era así la griega, añade el segundo, como la que ahora se 
habla es la latina; quiero decir, que así como la lengua que hoy se 
habla en Castilla, aunque es mezclada de otras, la mayor y más 
principal parte que tiene es de la lengua latina; así la lengua que 
entonces se hablaba, aunque tenía mezclas de otras, la mayor y la 
más principal parte de ella era la lengua griega: en esta opinión 
he entrado... leyendo á los historiadores, porque hallo que los grie- 
gos fueron los que pararon más en España y platicaron más» (2). 
Y no está menos explícito Yelázquez, aunque atribuyendo el mis- 
mo lugar á la fenicia: «Las lenguas de los españoles, afirma, por 
la mayor parte fueron la griega y la Phenicia, ó para hablar más 
propiamente, fueron dialectos de estas dos. La prueba más fuerte 
que tengo para discurrir así, son las observaciones que acabo de 
hacer sobre las etimologías de las antiguas voces españolas» (3). 
Esto no obstante, como en tiempo de los mismos autores, y aun 
después (4), han sido consideradas las opiniones de estos sabios 



11) Introducción de la traducción de las obras de Jenofonte. Madrid, 1781. 
2» Diálogo de las lenguas; edición de Mayáns, pág. 19 del tomo II de sus Orígenes de la 
lengua Castellana. 

(3) Ensayo sobre los al/abetos de letras desconocidas, por Luis José Velázquez, pág. 23. 
Madrid, 1752. 

(4) Véase el Conde de la Viñasa. Biblioteca histórica de la Filología castellana, pági- 
na 52.— Madrid, 1S93. 



124 EL HELENISMO EN ESPAÑA DURANTE LA EDAD ANTIGUA 

como algo exageradas en favor del griego; y como, por otra parte, 
nos consta que los soldados de distintos puntos de la Península que 
acompañaron al caudillo cartaginés Aníbal en la conquista de Ita- 
lia, hablaban diversos idiomab, diversidad que confirma el mismo 
Estrabón, diciendo: «Caeteri autem hispani usum habent líttera- 
rum, non uno quidem sermone ñeque una lingua illis est»; no se 
puede formar juicio afirmativo acerca de este punto; por lo cual 
nos limitamos á sostener que debió de estar muy extendida la len- 
gua griega aun fuera de las colonias citadas, y que debió de hablar- 
se por la gente más ilustrada á la par que el idioma propio. 

Hay también otro elemento que prueba la influencia del griego 
en nuestra Península y que no está demás citar aquí. Nos referi- 
mos á las inscripciones y monedas griegas que Hübnery los Padres 
Flórez y Fita han descubierto. El primero transcribe una con estas 

palabras: Trep suxt^ c;ixi[iaxoc; auvxu ¡kp'/rjaTicoT xa; Ttavtwv tojv aup.7roXtxü)v y otra 
COI! las siguientes: ©tojjiSs - uco^ - Eaxacpavou ev6a exacppcoST) ¡jiexa ecp^wi^ Me¡j.vT ( ao, 

y apunta además las letras encontradas en algunas lápidas: P. x A /. w > 
con otros nombres de origen griego, á más de una lápida con una 
efigie de Diana acompañada de unos perros (1). El P. Flórez cita 
ésta: ©so'7 Aatjiouiv Mapytwv eXSr.v, e n la que se pide á los dioses que sea 
la tierra ligera para Marción. Pero donde se detuvo más el Padre 
Flórez fué en las monedas griegas (2), de las cuales dice J. Botet 
«quedaban en España hasta 70 marcas, y tan diversas, que se en- 
cuentran desde el tamaño de dos reales hasta nuestros duros, de 
formas borrosas unas y artísticamente labradas otras (3)». Una de 
las que presenta el célebre agustino lleva la imagen de Diana con 
arco y aljaba, cubierta con estola en señal de honestidad, y la otra 
representa una cabeza de mujer rodeada de delfines. El Padre Fita, 
que transcribe una en latín, la considera, sin embargo, de proce- 
dencia griega. «De conformidad, dice, con el genio elegante y so- 
brio de la nueva inscripción, están otras dos, como la 3770 halla- 
da en Valencia y la 354- en Sagunto. Los sobrenombres AvxioOsof de 
Fontego y Ovr^xpaxeta de su mujer, salen por vez primera en lápidas 
españolas; aunque de griegos análogos no carecen Valencia y Car- 
tagena, como Antistius (3402), Crates (3773) y Onesimus (3757)» (4). 



(1) Citado por Costa: Mitología y literatura celtohispanas, pág. 383.— Madrid, 1888. 

(2) Medallas de ¡os Municipio» y colonias de España, tomo II, desde la pág. 40 l -> á 426. 

(3) Historia arqueológica tic Ampurias, citada por Pella j* Forgas, pág. 240. 

(4) Colección de documentos ¡le la Academia de la Historia, 1900. El mismo P. Fita dice 
que en el templo de Elo. en el cerro de los Santos, hay muchas Idwu pitagóricas. 



EL HELENISMO EX ESPAÑA DURANTE LA EDAD ANTIGUA 125 

Como de procedencia griega deben tenerse también el faro de La 
Coruña, que sirvió, según Aethico, para un ángulo de la medición 
de la Península, hecha por dos agrimensores griegos; el monumen- 
to que vio Plinio limpio- y sin carcoma y la torre de que habla 
Masdeu en su Historia, quizá parecido á los de la muralla de Sa- 
gunto y al Hemeroscopion. 

Hemos dicho al principio que las colonias griegas influyeron 
también en la agricultura de nuestra Península. ¿Y qué extraño es 
se extendiera su actividad á este ramo tan importante de la vida, 
cuando descendían de aquel suelo rico y feraz de la Grecia, donde 
desde los tiempos más remotos se cultivaron toda clase de produc- 
tos y donde habían dado los más sabios preceptos Hesiodo en Los 
trabajos y ¡os d¡as, Arquitas, Epígenes, Mnaseas, Dion, Diófanes 
y otros muchos que tanto se interesaron por el cultivo de los cam- 
pos? No es de admirar, pues, que pasado algún tiempo, y habiendo 
entrado en relaciones con los naturales, cultivasen aquel campo 
del Ampurdán, sembrando el junco ó esparto en la parte estéril, 
que por ello, fin duda, recibió el nombre de campo Juncario, que 
le da Estrabón, y el olivo y la vid, con otras plantas procedentes 
de Grecia, en los sitios fértiles. «Hay que atribuir á los griegos, 
dice Pella y Forgas, no solamente el fomento de la plantación de 
la viña, sino que aun puede sospecharse, como alguien hizo (1), 
haber sido suyas algunas obras para riego, y en suma, hay que de- 
clarar ejercieron gran influencia agrícola (2)«. Xo sólo cultivaron 
el junco, la vid y el olivo, sino también el lino, de que se vestían los 
soldados españoles que iban con Aníbal (3), y aun se distinguieron 
también en el cultivo de los cereales. Era tanta la abundancia que 
en el Ampurdán se recogía, que no tuvo necesidad Catón, al llegar 
allí, de pedir granos á Roma, como acostumbraba en otras conquis- 
tas: «id, dijo á sus abastecedores, volveos á Roma; la guerra se 
sostendrá por sí sola". 
. Por lo que hace á la alfarería y modelación de estatuas, fueron 
maestros aventajadísimos. Enterados del invento del artista Glau- 
cos (siete siglos antes de J. C.) para modelar el bronce, y del descu- 
brimiento del torno para la fabricación de la loza, además del uso 
de los hornos para dar consistencia á los vasos, pudieron fabricar 



(lt Jaubert de Passa: Xotice hisiorique sur la ville et le comté d' Empitries. 

i¿) Pella y Forgas, pág. 240. 

(¿í Asi describe Silio Itálico á los gallegos en el libro III. 



126 EL HELENISMO EN ESPAÑA DURANTE LA EDAD ANTIGUA 

toda clase de objetos de la industria alfarera. Las ánforas peque- 
ñas, unas propias para las mesas, y otras grandes que pudieron ser 
cubas, indican el adelanto de estas artes. De ellas cargaban, según 
Pella y Forgas, las naves mercantes para lejanas tierras. Es cier- 
to que la cerámica no alcanzó toda su perfección con los griegos, 
sino con los romanos; pero el principio, obra fué de los focenses. 
«Si no me engañan algunas obras de desgaste, añade Pella y For- 
gas, y otros indicios, hay que tener por más antigua la cerámica 
emporitana griega, que otra alguna hija del arte oriental. Esta 
circunstancia se acomoda muy bien con la historia y origen de los 
focenses de Ampurias y Marsella; y si tomó incremento en Ampu- 
rias, Sagunto y otras colonias griegas españolas, la industria alfa- 
rera, obra y gloria fueron de los griegos que siguieron el camino 
de los etruscos(l).» 

P. Bonifacio Homp añera, 
o. s. A. 

{Continuará). 



(1) Ob cit., pág. 240 



CATALOGO 

DE 

Escritores Agustinos Españoles, Portugueses y Americanos (l) 



LEÓN (Fr. Luis de).— (Continuación). 

— Mag. Litysii Legioncnsis... Tomus 11. Salmanticae... Armo 
MDCCCXCI1. In Canticum Cant icor um triplex ex planatio. 

Lleva todos los principios que la edición del 15S9 hecha en Sa- 
lamanca, los cuales ocupan 13 págs. sin numerar, y siguen 462 de 
texto, terminando con la composición poética latina: -Ad Dei Ge- 
nitricem Mariam carmen ex vote, y el índice de cosas notables. 

— Mag. Luxsii Legioncnsis... Tomus III. 

— /;/ Abdiam Prophetam explanatio (1-174 . 

Lleva la dedicatoria como en la edición citada del 1589 que ha 
servido de original. 

— In Epistolam Pauli ad Galatas (175-418). 

Sirvió de original la edición del 1589. 

11. Coninicnt aria in Epistolam II Beati Pauli Y. Apostoli. 

El P. Tirso López, en la advertencia puesta al principio de este 
Comentario, escribe: «Luysii Legionensis in Epistolam II B. Pauli 
Apostoli ad Thesalonicenses, quae sequuntur, commentaria, des- 
cripta sunt ex manuscripto, quod olim ad conventum matritensem 
PP. Ordinis Smae. Trinitatis pertinebat; nunc in archivo Regalis 
Accademiae, vulgo de la Historia, Matriti asservatur. Ejus 
descriptio in proemio generali pág. XX sub littera A videri pote- 
rit. Sed animadvertere operae pretium est, hanc in Epistolam ad 
Thesalonicenses expositionem, paulo post atque illam auctor in- 
<:eperat, interruptam, prosequtum fuisse Patrem' Didacum de 



O) Véase la página 55 de este volumen. 



128 ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 

Tapia, á versu scilicet quinto primi capituli usque ad II versum 
• capitis secundi'. Verum quae P. Tapia exposuerat iterum ipse 
explanavit, ac totum Epistolae commentarium discipulis tradere 
moliebatur, cum alio turbine exorto, dum versiculum IV capitis 
secundi explanaret, lectionem abrumpere, et Vallisoletum, jus 
suum tuendi causa, pergere compulsus est, quod circa annun 1581 
accidisse conjicimus». 

Al final de este fragmento de exposición léese al margen del 
manuscrito: (Falta lo demás) «porque fué á aballadolid al pleito de 
la cátedra, no pudo leer más de asta aquí, que harto lo sentimos 
todos". 

Apendix. 

In epistolam XI ad Thesaloni censes fragmentum expositio- 
nis, auctore P. Diciaco de Tapia, Augustiniano, sive qua ipse,. 
Luysis Legionensis absenté, ejusdem vicem gerens, exposuit. 
(485-502). 

Fragmentum Lectionis traditae a P t Joanne Guevara, Augus- 
t imano, Lnysii Legionensis in salmantina cathedra vicex agente. 
(503-514). 

Index rerum praecipuarum quae in hoc tom continentur. 
(515-522). 

Mag. Luysii Legionensis. T. IV. Salmanticae. MDCCCXCIIL 
12. De Incamatione Tractatus. (De 485 págs.) 

En la advertencia previa á este tratado inédito escribe el Padre 
Tirso: «Sequentia opuscula nostratis Luysii Legionensis de In- 
camatione Verbi Dei, discipulis tradidit Magister doctissimus, dum 
Cathedram Durandi, uti eam appellabant, Salmanticae moderare- 
tur; et primas viginti Distinctiones Libri tertii Magistri Santen- 
tiarum complectuntur. Hujus libri expositionem prosequntus est, 
alio fortasse studiorum curriculo, uti apparet ex Tractatu de Fide, 
qui in Bibliotheca Escurialensi (lit. o. plúteo III. n. 32) asservatur, 
et 22, 23, 24 et 25 ejusdem libri continet Distinctiones. Praesentem 
transcriptioncm desumpsimus ex Códice B. quod, uti in proaemio 
generali animadvertimus, ad conventum Matritensem, vulgo de 
San Felipe el Real, pertinuit, quod accurate describit P. Francis- 
cus Méndez in Vita nos. Luysii, hujusque Codicis primis 3o2 pa- 
gellis continetur: scripturae caracteres auctoris témpora redolent, 
et a aliquo Luysii discipulo videtur exaratus codex, ac ultima in 
eo auctoris manus atque lima desideratur; nondum enim hunc trac- 
tatum praelo paraverat. 



ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 129 

Codicis partem reliquam compl^ent tractalus de Sacramentis, 
incerti auctoris cálamo scriptus, quem P. Franciscus Méndez, 
P. Fr. Basilio Poncio Legionensi, Luysii nepoti, ex caracterum si- 
militudine, probabili ductus conjectura attribuit; et quaestio alia de 
adoranda J. Christi humanitate, et utrum Divinitas et Humanitas 
D. N. Jesuchristi eadem adoratione venerandae sint.-» 

Mag. Luysii Legioneusis. Tomus V. Sal man ti cae, MDCCCXCIII* 

13. De Fidc et Spe. (618 págs. de tex. más 4 de índ.) 
Tomus VI. Salmanticae MDCCCXCIV. 

14. Tractatus de Charitate. (439 págs. de tex. más 4 de índice.) 
Las advertencias previas á los Tratados que se contienen en 

los tomos V y VI, cuya impresión corrió también á cargo del Pa- 
dre Tirso, son las siguientes: -Combusta, nunquam satis lugendo 
casu, die9 Octobrisanni 1774ditissima bibliotheca Conventus Sal- 
manticensis, Ordinis S. P. Augustini, praetiosa etiam autographa 
Mss. praeclarorum saeculi XVI Augustinensium theologorum, ac 
praesertim Luysii Legionensis,quae ibi veluti thesaurum inestima- 
bile asservabantur, ut supra meminimus, exusta peñere. Ea fere 
tantum post infandun illud incendium doctissimi hujus Magistri 
remansere latina opera, quae vel typis jam commissa (mínima, sei- 
licet, eorum pars), vel a Luysii discipulis, aut alus ejus amatori- 
bus, sive ex lectionibus in cathedra iraditio si ve ex authographis 
transcripta, hinc inde dispersa vagabantur, quae nec omnia, nec 
fortasse potiora sunt. 

Ex eis, quae superfiere mss. post praefatam salmanticensis bi- 
bliotecae exustionem. nonnullos códices descripsit P. Fr. Marceli- 
nus Gutiérrez in Introductione seu Proemio generali in hanc lati- 
norum operum Luysii Legionensis editionem, quos signavit litte- 
ris A. B. C. D. E. F. G. H. I. J. K. L. eorumque fere omnium ma- 
teries quatuor prioribus voluminibus, ut lectori patet, inserta est. 
Alii quoque, tempore procedente, ad nostrum pervenire conspec- 
tum, inter quos ille, qui asservatur Hispali in Bibliotheca Colum- 
bina, continens quaestiones super tertiam Partem Summae Divi 
Thomae Aquinatis, suo loco in hac collectione edendus; et alius 
mole ac doctrina proestans, qui invenitur in Regali Bibliothecae 
Escurialensi sub signatura 111-0-32, de quo nos in admonitione ad 
volumen IV hujus editione mentionen fecimus, quique nunc volu- 
minibus V et VI typis committendum, deo favente, suscipimus. 

Est hic Codex, qui ex nunc littera M insignitur, volumen unum 
in 4.° foliis 371 constans, et pelle vetusta (quam hispane badana 



130 ESCRITORES AGUSTINOS E'-SPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 

appellamus) contectum, uno f ere totum eodemque scriptum cálamo, 
sed minuto ac parum nítido caractere, qui finem saeculi XVI, vel 
primos saeculi XVII annos indubio redolet. Extant in eo, foliis 1-16 
opusculum, quoá Interpretatio Bul lae Cruciatae inscribitur,absque, 
auctoris nomine: foliis 17-148 tractatus De Fide nostratis Luysii 
Legionensis, cujus epigraphe est Materia fidei a Magistro Ludo- 
vico de León; et eidem inscribuntur reliqui, qui in códice sequun- 
tur tractatus; foliis nempe 144-213, De Spe, et foliis 214-371, De 
Charitate. 

Sunt hi tractatus usque ad finem materiae De Fide, praelectio- 
nes super Durandum, in librum III Sententiarum, á Luysio dum 
Cathedram Durandi moderabatur, quam volumine IV edidimus. 
Cui auctor adjecit disertationes tum de haeresi tum de infidelitate. 
In disquisitionibus vero De Spe, et Charitate. Divum Thomam po- 
tius quam Durandum Luysius exposuit. 

Tractatui De Fide insertae ab auctore sunt quaestiones, tam 
de Ecclesia Christi divinisque Traditionibus, quam de Romano 
Pontífice, ac ejus in rebus fidei et morum irreformabili judicio; et 
praesertim de Sacra Ser ¿p tura ubi de auctoritate textus haebráici, 
versionisque graecae Septuaginta interpretum, er latinae Vulgatae 
editionis haud brevem instituit sermonem. Et hanc de Vulgata 
dissertationem, tamquam nimiun deprimentem hujus editionis auc- 
toritatem, ad S. Inquisitionis Tribunal detulerunt Legionensis 
aemuli, illumque carceri mancipatum hac de causa quinqué annis 
detinuere. Exemplar S. Inquisitionis tribunali exhibitum, necnon 
compendii illius a Legionensi exarati exemplaria tria, primum 
Luysii autographum, caetera vero illius transcriptiones, quae ipse 
tum ad Granatensem Archiepiscopum, tum ad Doctorem Baldas, 
tum denique ad PP. Augustinenses Veracrus et Villavicentio, 
corum circa hanc qaestionem, sententiam sciscitandi gratia misit, 
pra eoculis habuimus; et plures variantes lectiones ex his decerptas 
nonnullaque alia annotationum loco in margine hujus voluminis 
apponere aequum justumque visum est, quas singillatim indicare 
superfluum existemamus. Codicis originem haud certo cognoscere 
possumus; ad virum tamen Augustinianum, vel ad conventum 
aliquem Ordinis S. P. Augustini spectasse, indicant ejusdem Ordi- 
nis stemmata in latero tegumenti codicis inscripta. 

Mag.LuysiiLegionensis. Tomus FZT.Salraanticae, M i >CCCXCV. 

15. QuaestioXXIII Sancti Thontae dePraedestinatione. (1-133.) 

16. De creatione rerwn. (137-182.) 



ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 131 

17. Commentaria in Teríiam Partan Di vi Thomae. (185-333.) 
— De nt ñusque Agni, typici dique veri i)iimolatio)iis legitimo 
temporc. (343-359.) 

Panegiricus Divo Augustino dictus. (365-: 

19. Oratio funebris. (Habita in Exequns Magistri Dominiei 
Soti, Segovieusis, per Magistrttm D. Ludovicum Leoneni ex Ins- 
tituto Divi Augustiui, Theologum Salmanticense** insigncni. 
(413-455.) 

20. In Psalmum XXXVI. 413-455.) 

En el Prefacio de este tomo VII, hace el P. Tirso, respecto á 
cada uno de los escritos que en el mismo se imprimen, las siguien- 
tes aclaraciones: 

-Mememores illius evangelii eloquii «colligite fragmenta ne 
pereant^, inclusimus in hoc Luysii Legionensis latinorum operum 
volumine opuscula quaedam: nonnulla earum edita sunt, caetera 
vero inédita: alia, completa, semiplena alia, trunca vel mutila: 
quaedam satis nota, obliterata alia, atque in pluteis bibliotheca- 
rum delitescentia. 

Primum est opusculum De Praedestinationc desumptum ex có- 
dice ottoboniano, n. 2S7, Bibliothecae Vaticanae, saeculi XVI, qui 
plura» theologorum Salmanticensium illius saeculi opera continet. 

Secundum Legionensis opusculum, quod in hoc volumine lo- 
cum habebit, est Tractatus de Crcationc Rerum, super Durandum, 
libro II, distinctione I, quaestatione I, in libros Sententiarum; quod 
eodem ottoboniano códice, folio 362 ad 378, legitur, imperfectus 
tamen vel tantum incaeptus, ideo fragmentum potius quam opus- 
culum, appelari deberet. 

Tertiam hujus voluminis partem complevit Tractatus super III 
partem Summae.TheologicaeDivi Thomae, que extat Hispali in bi- 
bliotheca columbina, descriptus ab aliquo ex Luysii auditoribus, 
incorreptione, negligencia, vel oscitantia adolescentium aetati, in- 
doli, atque ingenio valde communi, in quo priores tantum duae, ac 
partim tertia exponunturSummae quaestiones. Agitur ibi de sacro- 
santo Domini N. J. Christi Incarnationis Mysterio, de quo et auc- 
tor super Durandum egerat; sed tantum claritatis ac lucis in abs- 
trusas illas perfundit quaestiones, ut quamvis uterque liber ejus- 
dem auctoris genuinum faetum se prodat, non unum ex alio trans- 
criptum, sed novum, distinctum, ac plañe diversum opus, et unum 
quodque alio melius videantur, et quodammodo sit. Xescio tamen 
quo miserando casu truncus, seu imperfectus hic tractatus existit, 



132 ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 

qui si interger ad nos pervenisset,nullus meliorDiviThomae Com- 
mentarius, riostra quidem sententia, desiderari posset. 

Hunc autem excipiet tractatus De utriusque Agni in quo in- 
terpretatur Luysius caput XXI Libri Levitici, ubi Moyses Judeis 
de mandato Domini praecipit ut ante egresum ex /Egipto per sin- 
gulas familias agnum occiderent... Quo in opere mirasapientiaac 
doctrina dirimit Luysius multas, difficilesque quaestiones, quae, 
ut ipse ait magna torserunt ingenia, et quibus,effusis tenebris, ob- 
curata sunt, potius quam illustrata, appertissima Sacrae Scriptu- 
rae loca. 

Sequentur. 

Orationum nostratis Luysii Legionensis, tum in laudem Divi 
Augustini, tum in exequiis Dominici Soto, Ord. Praedicatorum qui- 
bus Accademia Salmanticensis illum praeclarissimum virum so- 
lemniter Parentavit, exemplaria ms. tria pro hac editione consu- 
lere licuit, omisa editione Matriti facta an. 1792 typis Benedicti 
Cani, quae fere furtiva, quia absque ulla approbatione, et ad cal- 
cem cujusdam operis lingua hispana exarati, et erroribus scutens, 
prodiit. 

Acerca de la exposición del Salmo XXXVI, cuyo epígrafe en el 
códice es: Fr. Luis de León. Expositio in Psal. XXXVI, anclo- 
re R. P. M. Luysio Legionensi Canticorum Salomo, eximio et 
praestantísimo interprete. Die 20 anni et mensis dict. (5. Junii 1586) 
dice el P. Fernández lo siguiente: «Trigesimi sexti Psalmi exposi- 
tionem, quam mox lectoribus subjicimus, non est cur nos prose- 
quamur laudibus, cum vel ejusdem levissima lectio auctorem pro- 
dat doctissimum, et in exponendis sacris eloquiis supra quod dici 
posit, expertissimum... 

Codicis (n. 467, sig. D, 6, 15. Bibliotheca Angélica, Romae nu- 
perrime á nobis cogniti historiam, á quo per P. Angelum Caruso, 
aug., descriptum est nostrum exemplar, indagare nefas est. Eo 
namque continentur plura augustinianorum opera; primo, ejus- 
dem M. Luysii Legionensi expositio in Cántica Canticorum: se- 
cundo, quam modo offerimus expositio in psalmum XXXVI quae 
sex supra triginta ff oceupat... Codex certissime est hispanus et 
synchronus, at sine dubio non autographus.» 

20. De los nombres de ChristO en dos libros^ por el Maestro 
Fray Luis de León. Con Privilegio. En Salamanca por Juan Fer- 
nández MDLXXXIII. 

De223fol.4.° 



ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 133 

— De los nombres de Christo en tres libros por el Maestro Fray 
Luis de León. Segunda impresión en que, además de un libro que 
de nuevo se añade, van otras muchas cosas añadidas y enmenda- 
das. Con"privilegio. En Salamanca, por los herederos de Mathias 
Gasto, MDLXXXV. 

—Salamanca, 1586 (con «La Perfecta Casada»). 

—Salamanca, por Guillermo Foquel 1587 (con « La Perf. Casada*). 

— Barcelona, 1587.4.° 

— De los nombres de Chtisto en tres libros. Quarta impresión 
en que va añadido el nombre de Cordero, con tres tablas, otra de la 
Perfecta Casada, la tercera de los lugares de la Escriptura. Con 
privilegio en Salamanca. En casa de Juan Fernández MPCV. A 
costa de Juan Pulman, mercader de libros. 

Después de las 271 hojas de texto de los «Nombres de Cristo », 
viene «La Perfecta Casada». Quarta imp. más añadida y enmen- 
dada, la cual ocupa 61 hoj. de texto. 

— De los nombres de Cliristo... Quinta impression en que va 
añadido el nombre de Cordero con tres tablas, la una de los nom- 
bres de Christo, otra de la Perfecta Casada, la tercera de los lu- 
gares de la Sctiptura. Con privilegio. En Salamanca. En casa de 
Antonia Ramírez, Viuda. MDCIII. A costa de Thomas de Alma, 
mercader de libros. De 261 fol. en 8.° 

De los Nombres de Cristo... nueva edición enmendada por el co- 
tejo de las cinco primeras: con una prefación sobre la necesidad de 
buenos libros para la instrucción del pueblo. Por un Doctor de Va- 
lencia. En Valencia. En la imp. de Benito Monfort. cío DCCLXX. 

Dedicatoria al Sermo.Sr.D. Francisco Javier de Borbón, Infante 
de España.— Prólogo de XXX págs., por autor desconocido.— El 
Corrector á quien leyere: 

«Se han enmendado algunas citas y añadido muchísimas que 
faltaban, así de la Escritura, como de autores sagrados y profa- 
nos. Se ha hecho un escrupuloso cotejo de las cinco primeras edi- 
ciones, las cuatro de Salamanca en los años 1583, 85, 87 y 95 y una 
de Barcelona, año 15S7. Que es un trabajo ímprobo, pero de mucha 
utilidad para quien lee; porque logra tener la obra entera y pura 
como salió de las manos del autor... Se han añadido también algu- 
nas notas para ilustrar algunos lugares. 

De 547 págs. de tex. 4.° may. y hasta la 576 de Ind. y Tabla. 

—Nombres de Cristo. 

Impr. con «La Perfecta Casada». Barcelona, 1842. 2 vol. 12.- 



134 ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 

— Nombres de Cristo. 

Edición ilustrada con el retrato del autor y gran número de lá- 
minas sueltas, reproducciones zincográficas de originales famosí- 
simos. Barcelona. Administración nueva de S. Francisco, 1885. 
Biblioteca Salvatella. — Sección religiosa. 

— Des noms de Jesús- Christ dans. la Sainte Escriture. Parisis, 
1862. 8.° Trad. et enriche de notes par l'abbe Postel. 

21. La perfecta casada por el Maestro Fray Luys de León. 
Con privilegio. En Salamanca. En casa de Juan Fernández. 
MDLXXXIII. De 77 fol. 

Al final: En Salamanca, en casa de Juan Fernández. Año 1584. 

-La perfecta casada. 

En Zaragoza, en casa de Domingo Portonarijo y Ursino. 1584. 8.° 

— La perfecta casada... Segunda impression más añadida y 
enmendada. Con privilegio. En Salamanca. En casa de Cornelio 
Bonardo. MDLXXXVI. 

—La perfecta casada... Tercera impression más añadida y en- 
mendada. Con privilegio. En Salamanca. En casa de Guillermo 
Foquel. MDLXXXVII (va junto con los «Nombres de Cristo»). 

— Con privilegio en Salamanca. En casa de Juan Fernández. 
MDXCV. A costa de Juan Pulman, mercader de libros: Quarta 
impression (con los «Nombres de Cristo»). 

— La perfecta casada... Quinta impression más añadida y en- 
mendada. Con privilegio. En Salamanca. En casa de Antonia Ra- 
mírez, viuda. MDCIIL A costa de Thomas de Alma, mercader de 
libros. (Con los «Nombres de Cristo») 

—Madrid, por Juan González, 1632. 

Ilustrada con algunas notas de F. Juan de Jesús María, quien la 
dedicó á la muy ilustre señora doña Lucrecia de Palafox, Marque- 
sa de Guadalete. 

— Valencia, por Salvador Fauli, 1765. 

—Nuevamente ilustrada y corregida por Fray Luis Galiana, de 
la Orden de Santo Domingo. 

El P. Galiana no sólo hace mención de las muchas ediciones que 
de esta obra se han hecho dentro y fuera de España, desde que se 
dio á luz por vez primera en Salamanca el 1583, sino que también 
hace ver la utilidad é importancia del asunto y la pureza del estilo 
y buen método con que está tratada. 

—Valencia, por Salvador Fauli, 1773. 

—Madrid, nuevamente ilustrada por Fr. Luis Galiana, 1776. 



ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 135 

—Madrid. En la imprenta Real, 17S6. (Reproducción de la ante- 
rior edic: 

—Madrid, en la imprenta de D. Antonio Espinosa, 179*). (Re- 
• producción de la edición anterior). 

— La perfecta casada. 

(Imp. con los ^Nombres de Cristo».) Barcelona, 1846. 2 vol. 12.° 

—Valencia, 1S69. 

— La Perfecta casada. Nueva edición, precedida de un prólo- 
go por D. Juan Manuel Ortiy Lara. 

Según Possevino en su Apparatn, citado por Nicolás Antonio, 
se tradujeron y publicaron en italiano las dos ediciones hechas 
en Salamanca, de 1583 y 15 s_ 

Venetiis, á Joanne Baptista Ciotti, 1595, 8.° 

s, dice X. Ant., certe interpretationem vidimus Perfectae 
uxoris, auctore Julio anchini da Cartiglionchio, quise religio- 
sum equitem, nescio cujus militae, profitetur, Xeapoli editam ty- 
pis Jacobi Carlini et Antonii Pace, 1598, 8.° 

— Trattato de la perfetta maritata.., dato nuevamente in luce, 
corretto e diviso in capitoh. Firenze, 1712, por Giacomo Guiducci 
é Santi Franchi. 

22. Exposición del libro de Job. Obra Posthuma del P. M 
tro Fr. Luis de León, de la Orden del X. P. S. Augustini, Catlie- 
dr ático de Escritura en la Universidad de Salamanca. Con licen- 
cias necesarias. En Madrid. En la Imprenta de Pedro Marín. Año 
de MDCCLXXIX. 

Hizo esta exposición del libro de Job el Maestro León á instan- 
cias de la V. Ana de Jesús, Carmelita descalza y muy amada de 
Santa Teresa de Jesús. 

-Y de ella (del hambre de padecer), le dice, nace agora man- 
darme V. R. le declare el Libro de los sucesos y razonamientos de 
Job... En que hago tres cosas. Una, traslado el texto del libro por 
sus palabras, consejando, cuanto es posible, en ellas el sentido 
latino y el aire hebreo, que tiene su cierta majestad. Otra, declaro 
en cada capítulo más extendidamente lo que se dice. La tercera, 
póngole en verso, imitando muchos Santos y antiguos que en otros 
libros sagrados lo hicieron, y pretendiendo por esta manera aficio- 
nar algunos al conocimiento de la Sagrada Escritura, en que mu- 
cha parte de nuestro bien consiste, á lo que yo juzgo.» 

23. Exposición del Salmo Miserere mei, por Fr. Luis de León, 
catedrático de vísperas de la Universidad de Salamanca. Al fin: 



136 ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 

En Salamanca, con licencia, en la imprenta de Antonio Ramírez, 
año de 1607. 

En fol. marquilla. Un pliego. 

Empieza: 

Dulcísimo Señor mío, 

Cuya clemencia inmensa 

Jamás faltó al que á ti se ha convertido, 

Puer sólo en ti confío 

Perdóname la ofensa 

Que contra ti, mi Dios, he cometido. 

—Exposición del P salmo L Miserere mei Dens. Traducción 
en verso castellano con una Canción á Cristo crucificado. Madrid, 
por Diego Flamenco, 1618. 16. 

— Madrid: En la Imprenta Real, por Joseph Rodríguez de Es- 
cobar: año 1727. 8.° , 

— Valencia: Por los herederos de Gerónimo Conejos, frente de 
San Martín. Año de 1761. 8.° 

Uno de los trabajos que más celebridad han dado á Fr. Luis de 
León es, sin duda, el de sus composiciones poéticas; pero que aban- 
donado por su autor, el cual no quiso ó no encontró ocasión favo- 
rable para darle á la imprenta, hubo de permanecer por muchos 
años inédito, expuesto á mil averías é incorrecciones al ser copia- 
das las dichas composiciones por tantos como anhelaban poseerlas. 
Ya en vida del autor, como sus poesías fuesen atribuidas á otra 
persona, se determinó á reconocerlas, y como él mismo dice: reco- 
gió d su hijo perdido, y apartándole de mil malas compañías que 
se le habían juntado, y enmendándole de otros tantos malos sinies- 
tros que había cobrado con el andar vagueando, le puso en dispo- 
sición de salir á luz pública, bajo la protección de su grande ami- 
go D. Pedro de Portocarrero á quien se lo dedicó. Pero lo cierto es 
que no se imprimieron sus composiciones poéticas, si se exceptúan 
algunas odas de Horacio, traducidas por el Maestro León, que pu- 
blicó D. Francisco Sánchez de las Brozas el 1574, en unión de las 
poesías de Garcilaso de la Vega. 

Cuarenta años habían transcurrido desde la muerte del insigne 
poeta cuando en varios sujetos se despertó la idea de publicar las 
composiciones poéticas de Fr. Luis á tiempo que eran numerosas 
las copias que corrían en manos del público. D. José Pelliccrde 
Salas poseía un manuscrito que en el baratillo de Sevilla vino á dar 



ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTITGCESES Y AMERICANOS 137 

•en manos de D. Juan Agustín Cean Bermúdez, el cual llevaba el 
siguiente título: Obras del Mtro. Fr. Luis de León, recogidas por 
D. Juan Pellicer de Salas y Tovar, Señor de la Casa de Pellicer, 
Cronista de los Reyes de Castilla y León, dedicadas al Excelentí- 
simo Sr. Condestable de Castilla, Duque de Frías, Marqués de 
Ber langa: en Madrid, año de 1631. De lo mismo trataba el colector 
de las poesías de nuestro León en un manuscrito más completo que 
el anterior y que sé conservaba en el Convento de San Felipe el 
Real de Madrid, cuya portada es como sigue: Poesías castellanas 
del Mtro. Fr. Luis de León. Continuos ruegos de oficiosos amigos 
le inclinaron a estamparlas. Temor docto, presunción decent 
ligioso recato le movía d disimular su nombre con el de uno de 
ellos. Xególc la muerte ejecución y modo. Celo del bien común las 
restituye hoy á la estampa á su nombre. Xo obstante encontrarse 
los dos manuscritos citados en disposición de ver la luz pública, no 
llegaron á imprimirse y tuvo mejor fortuna un códice, no de los 
más completos y correctos que á D. Francisco de Quevedo y Ville- 
gas franqueó D. Manuel Sarmiento de Mendoza, Canónigo Magis- 
tral de la Santa Iglesia de Sevilla, el cual códice se imprimió con 
el siguiente título: 

P. Bonifacio del Moral, 

(Continuará . O. S. A. 



10 



REVISTA CIENTÍFICA 



fisiología alimenticia.— tuberculosis 



(Continuación). 

Por lo dicho anteriormente, aunque sea poco y esté mal expuesto, 
nos parece que se puede comprender que á juzgar por las enseñanzas 
científicas, la tuberculosis es una enfermedad infecciosa, no pocas ve- 
ces provocada violentamente en animales destinados á estudios bac- 
teriológicos, y á diario difundida de modo natural entre numerosos in- 
dividuos de la especie humana. Es ciertamente bacteriana esa terri- 
ble dolencia, y á la verdad no por falta de bacilos específicos, si son 
varios, conforme queda apuntado; aunque dogmatizando Bouchard 
haya escrito que «no es el microbio, sino el organismo el que produce 
la enfermedad», y aunque Charrin y Kuskow no lograran hallar el ba- 
cilo de Koch en algunos casos de granulia, y á pesar de que asegura 
F. A. Rísquez que «la tuberculosis no coexiste siempre con el bacilo 
de Koch. El tubérculo, histológicamente el mismo, sigue á la acción de 
varios microbios, de hongos diversos, de parásitos animales, de subs- 
tancias inertes, y aun se ha obtenido por inoculaciones zoogleicas y 
cocos aislados, la tuberculosis sin microbios (1). La verdadera tuber- 
culosis bacilar de Koch no difiere en nada de las pseudotuberculosis 
atribuidas á otros gérmenes, ni aun por los resultados de las inocula- 
ciones en serie, pues está probado que estos resultados son análogos, 
cualquiera que sea el germen en experiencia; ni por la producción de 
toxinas, pues en las tuberculosis bacilares locales la formación de to- 
xinas es insignificante ó nula. Y en fin, los efectos del bacilo de Koch 
inoculado, varían considerablemente: ya es una simple pulmonía, ó una 
septicemia mortal; ya una supuración ó una caries; ya una degenera- 
ción de la piel, ó una úlcera; ya la tisis común ó la granulia, lesiones 



(1) Thoinotet Masaelin: Bacteriología, pág. 224. 



REVISTA CIENTÍFICA 139 

tan distintas que, sólo en nombre de la bacteriología, han podido re- 
unirse en un mismo grupo^ (1). 

Verdad es que se ha experimentado que existen bacilos, como al- 
gunos de los conocidos con el sobrenombre de ácido-resistentes, que 
inoculados á ciertos animales de prueba, les pueden provocar lesiones 
tuberculosas, y en cambio determinados.bacilos tuberculosos auténti- 
cos no se las producen más que locales; en lo cual han creído Cour- 
mont y Potet descubrir una serie de transiciones inapreciables entre 
los mencionados bacilos ácidorresistentes saprofitos, y el bacilo tuber- 
culoso mejor caracterizado. 

Supuesto que todo microorganismo necesita cuando menos terreno 
apropiado y ambiente apropósito para desarrollar su vida propia con- 
forme á su naturaleza saprofítica ó patogénica, lo que se acaba de in- 
dicar explica en parte cómo, dado el comensalismo natural, tan fre- 
cuentemente observado entre los individuos de las especies microscó- 
picas, no sólo hay de hecho bacterias que preparan acomodadamente 
el campo del cultivo á la tuberculosa propiamente dicha, sino que las 
hay también que la acompañan, por haberles ella proporcionado me- 
dio favorable de propagación y de arraigo fecundo; así es como se en- 
cuentran á veces en preparaciones microscópicas de materias tuber- 
culosas neumococos, estreptococos, estafiliococos, diplococos, tetráge- 
nos, etc., que favorecen indudablemente la evolución del proceso mor- 
boso. Aun sin salimos de los límites de la etiología de la enfermedad, 
sobre la que venimos hablando, parece que se manifiestan gradacio- 
nes biológicas de los supuestos microorganismos específicos, porque 
Ferrán, que desde hace bastantes años continúa dedicándose á esta 
clase de estudios, que son de su especialidad, se ha convencido por suí 
propias experiencias de que no solamente el bacilo de Koch se convier- 
te en bacilo ptisiógeno y degenera en colibacilo, sino que á su vez éste 
puede volverse luego bacteria clásica de la tuberculosis, como que por 
manifestársele en el curso de sus estudios tan naturales esas transfor- 
maciones, asegura el sabio experimentador «que el bacilo de Koch es 
el mismo bacilo ptisiógeno ó espermígeno, ó si se quiere, un colibacilo 
que ha adquirido una virulencia especial y se ha disfrazado con la 
máscara de los ácidos grasos, de los cuales dependen sus reacciones 
cromáticas características». Sorprendido sin duda por la variedad de 
íormas que aparecen alrededor de la bacteria tuberculosa típica, se 
ha movido Chiesi á estudiar en el año corriente la morfología de los 
bacilos tuberculosos, y ha hallado en ellos caracteres morfológicos y 



(1) Dr. F. A. Rísqnez: Consideraciones sobre el verdadero papel patogénico de los mi- 
croorganismos. — Anales de la Universidad Central de Venezuela, Octubre - Diciembre 
de 1900. 1 



140 REVISTA CIENTÍFICA 

químicos tan diferentes, que varían de unas experiencias á otras y 
aun con respeto á una misma persona. 

De lo expuesto se deduce claramente que siendo tantas las varie- 
dades ó formas específicas, aunque se dé el caso de no descubrirse el 
bacilo característico en tubérculos ó en materias procedente de tu- 
berculosos, si no es por la imperfección del método ó por error de ob- 
servación, de seguro que existirá en el paciente confirmado el hués- 
ped imfeccioso, desarrollando en una ú otra forma su virulencia pecu- 
liar. Y, por consiguiente, claro* se ve asimismo que si en el curso de 
esta infección van por lo común apareciendo sucesivamente distintas 
formas bacilares que responden á sendos períodos morbosos, bueno, 
razonable y útilísimo será, á todas luces, que se estudien á fondo aque- 
llas variedades, razas ó especies microbianas que dan origen á la en- 
fermedad ó la agravan, para venir por ese medio á hacer con tino y 
precisión el diagnóstico y determinar á golpe seguro el tratamiento 
curativo de tan mortífera dolencia. Es cierto que cuando no se conocía 
otro agente de la tuberculosis que el bacilo de Koch, no se presentaba 
la duda respecto á su causa infectiva; pero después que se ha demos- 
trado la existencia de un nuevo bacilo tuberculógeno, por lo menos, 
como lo es el denominado ptisiógeno ó el espermígeno, en vista del 
problema que de aquí ha surgido, se les ocurren, naturalmente, á los 
pensadores, las preguntas que hace Ferrán con estas palabras: «{Cuál 
de estos dos bacilos es el verdaderamente responsable de la enorme di- 
fusión de la tuberculosis? ¿Lo es el bacilo de Koch, como hasta el pre- 
sente habíamos creído, ó lo es el bacilo ptisiógeno? Todos sabemos que 
el bacilo de Koch opone notable resistencia á aclimatarse en medios ar- 
tificiales: para dar cosecha rápida y abundante, exige una aclimatación 
previa, que es siempre bastante laboriosa, y que sólo se efectúa á condi- 
ción de que el medio nutritivo reúna especiales condiciones; en una pa- 
labra, ofrece tales resistencias á la vida saprofítica, que no se concibe 
cómo estando dotado de estas cualidades, pueda ser él la causa de la 
extraordinaria difusión de la tuberculosis. De tal manera, que el bacilo 
de Koch se aviene mal á la vida saprofítica, que el mismo Koch le ha 
considerado como parásito obligado, lo cual equivale á decir que aban- 
donado en el gran medio sin los cuidados que en el laboratorio podemos 
prodigarle, su multiplicación es imposible; y si esto es cierto, y, por 
otra parte, vemos que, por regla general, abundan poco en la mayo- 
ría de los esputos, comprenderemos el fundamento de las dudas que 
nos asaltan acerca de la importancia etiológica que todos le hemos 
atribuido. Una vez bien establecido que al bacilo de Koch le acompa- 
ña siempre en el esputo otro bacilo dotado como él de propiedades 
ptisiógenas y tuberculígenas, y demostrado también que este nuevo 
bacilo abunda muchísimo más que el otro y que se adapta con facili- 



REVISTA CIENTÍFICA 141 

dad asombrosa á los medios ordinarios de cultivo.multiplicándose pro- 
digiosamente y con rapidez en el mismo esputo, sin necesidad de in- 
cubación artificial ni otros artificios de laboratorio, nuestras dudas, 
no sólo son legítimas, sino que hasta el buen sentido nos fuerza á ad- 
mitir en lo sucesivo que el principal agente de la difusión de la tuber- 
culosis es el bacilo ptisiógeno y no el bacilo de Koch (1).» 

De pensado hemos insistido hasta con empeño sobre lo que se deja 
apuntado acerca del tantas veces traído y llevado microbio tubercu- 
loso, traspasando quizás nuestro primer propósito, únicamente con el 
fin de hacer ver á quienes leyeren estas líneas, que, si hemos de dar 
crédito á las enseñanzas comprobadas y bien definidas de los sabio- 
si hemos de rendirnos á la evidencia de los hechos, la tuberculosis 
debe considerarse real y verdaderamente como enfermedad micro- 
biana que se difunde con una facilidad y extensión que asombran, se- 
gún lo notaremos á su tiempo; y si, á pesar de todo, alguno dudare 
todavía para su mal de estas verdades científicas, le permitiríamos, 
desde luego, no de buen grado, sino á la fuerza, parodiando en cierto 
modo la contestación que Bouchard dio á Risquez sobre el mismo asun- 
to, que se sometiera, si le placía, á la acción virulenta del tremendo 
bacilo, porque de seguro saldría bien pronto de la duda pertinaz y no 
le quedaría ánimo, ni aun acaso vida, para repetir sereno la terrible 
prueba. Y ya que estamos con las manos en la masa, no hemos de le- 
vantar la mano de la materia sin que volvamos á la carga aduciendo 
testimonios extraños fidedignos, para que no se nos crea por nuestra 
palabra, que nada vale por sí misma. Alguien, tropezando por dicha 
con una sentencia de un libro del siglo XVI, creyó ver consignada 
en ella la patogenia de la tuberculosis: así que se apresuró á publi- 
car su venturoso hallazgo en Xature, y cayó tan en gracia la noticia, 
que ha corrido con fortuna por revistas de ciencias. La obra á que nos 
referimos, escrita en italiano y publicada en Venecia en 1520, se titu- 
la: Opera nnova intitúlala il Perche, utilissima ad i>itendere le ca- 
giotti de molte cose, etc.; y la sentencia, en cuyas palabras se envuelve 
la presunta causa de la propagación de la tisis, se halla concebida en 
los siguientes términos: «Del esputo del tísico ó de su boca, se despren- 
de un vapor fétido y sutil que penetra en la boca de cualquiera con 
quien el enfermo hablare y le quema lentamente los pulmones y de ese 
modo le produce la tisis». Sabiéndose, como se sabe, desde los tiempos 
de Hipócrates, que la tisis es contagiosa, y viéndose por vista de ojos 
que el malaventurado que la padece, se consume interiormente y como 
si le estuviera royendo maligna carcoma, va arrojando á pedazos sus 



(lj J. Fcrrán, loe. cit. 



142 REVISTA CIENTÍFICA 

pulmones deshechos en repugnante podredumbre, y habiendo adver- 
tido quienquiera que haya puesto los pies en la morada de algún en- 
fermo de esa dolencia, el olor característico sofocante de aquella at- 
mósfera corrompida y mefítica, era natural que á vista de ese cuadro 
desolador, hubieran atribuido los observadores al aliento pestilencio" 
so del tísico la verdadera causa de la difusión de la enfermedad. Mas 
de aquí á la teoría bacilar moderna de la tuberculosis, hay indudable- 
mente gran trecho; no negamos que el ignorado autor de la atinada 
observación transcrita, pueda, si se quiere, considerarse algo así 
como el precursor de Villemin, hablando al gusto de los aficionados á 
buscar entre los antiguos vislumbres, previsiones ú orígenes de los 
descubrimientos modernos; pero bien pronto se echa de ver claramen- 
te que en la sentencia copiada no se hace notar más que el hecho, y 
en parte el modo de contagiarse la tisis, que es lo que atañe á nuestro 
propósito, y por lo cual lo hemos traído á colación, y no se desciende 
á particularizar la naturaleza del agente del contagio, porque senci- 
llamente no se conocían en aquel entonces los medios técnicos de in- 
vestigación bacteriológica con que andando el tiempo se llegó á des- 
cubrir el microbio sospechado y perseguido desde que se hizo pública 
en el mundo científico la teoría bacteriana de Pasteur sobre las enfer- 
medades infecciosas. 

Tal vez alguno que nos conceda de buen grado la verdad patológi- 
ca que venimos defendiendo, nos arguya, sin embargo, que la tuber- 
culosis no es de suyo tan contagiosa que deba colocársela en primera 
línea entre las enfermedades microbianas que lastiman al género hu- 
mano. Claro está que si se mira á la rapidez con que ciertas afeccio- 
nes aniquilan hasta los organismos robustos y más vigorosos, en ese 
sentido se conocen algunas que, generalmente hablando, llevan ven- 
taja á la tisis; mas si se atiende á la voracidad, digámoslo así, con que 
la dolencia va devorando las víctimas que acomete, sea con insidiosa 
y segura lentitud ó con bravo hundimiento, en este caso, nos atene- 
mos y remitimos á la inflexibilidad matemática de los números. Por 
otra parte, hay que tener en cuenta que las que se conocen entre nos- 
otros con el nombre significativo de peste, porque pasaron por los pue- 
blos infundiéndoles profunda consternación y sembrando por todas 
partes horrorosa mortandad, suelen ser comúnmente epidemias que 
sólo se desarrollan de ordinario, como sabemos, en determinadas co- 
marcas, y que á veces salen de ellas asaltando de improviso otras re- 
giones cuando se quebrantan las leyes internacionales de sanidad; en 
cambio la tuberculosis se encuentra en estos tiempos tan prodigiosa- 
mente extendida por toda la tierra, que de hecho ha llegado á ser en- 
démica en todo el mundo civilizado. 

No hay plaga tan calamitosa, semejante á la tuberculosis, que es 



REVISTA CIENTÍFICA 



143 



verdaderamente nuestra peste moderna, decía, hace mucho tiempo, 
en una conferencia dada en Amberes sobre La Famille et la Tuber cu- 
lose, el ilustre médico Brouardel, y aun cuando se tiene por espantosa 
la epidemia que mata en un año 60.000 personas, sépase que el cólera 
que más muertes ha causado en Francia, por ejemplo, no ha ocasiona- 
do á lo sumo 80.000 defunciones, siendo así que la tuberculosis preci- 
pita anualmente al sepulcro, acaso con menos ruido y horror, pero con 
igual derechura, 150.000 á 200.000 víctimas. Y si por caso se juzgan exa- 
geradas éstas y las anteriores afirmaciones, léase por de pronto lo que 
escribe el Dr. Ferrán, médico de Barcelona, reflejando la opinión ge- 
neral de anatómicos y patólogos: «Hoy podemos asegurar que todos, ó 
casi todos, hemos sido, somos ó hemos de ser tuberculosos (1), habien- 
do curado los más sin que tan siquiera nos hayamos dado cuenta de la 
enfermedad padecida. Los tuberculosos diagnosticables, aun siendo 
muchos, constituyen, pues, una insignificante minoría. Precisamente 
en desentrañar el mecanismo ínfimo de estas curaciones espontáneas, 
estriba nuestra labor» (2). J. Héricourt dice más, si cabe: afirma en ab- 
soluto que todos estamos realmente tuberculizados, y á su parecer, se 
deduce con evidencia de las observaciones de Xoegeli, quien habiendo 
hecho, durante muchos años, numerosísimas autopsias, no ha logrado 
encontrar ni un solo cadáver de persona de más de treinta años, exen- 
to de lesiones tuberculosas; advirtiendo que de esa edad para abajo ha 
haHado cadáveres con signos de tuberculosis en la proporción de % 
por 100, en individuos de dieciocho á treinta años; de 50 por 100, en los 
catorce á dieciocho años; de 33 por 100, en los de cinco á catorce años, 
y de 17 por 100, en niños de uno á cinco años. Hoy es un hecho comple- 
tamente demostrado, prosigue diciendo el mismo autor, que los ataca- 
dos de tuberculosis son infinitamente más numerosos que lo que se 
cree, juzgando sólo por el número de los enfermos claramente deter- 
minados, y es certísimo que, por lómenos en las grandes poblaciones, 
cuyas calles y plazas están profusamente sembradas del terrible mi- 
crobio contagioso, que mezclado con el polvo, ha de invadir inevita- 
blemente á todo ciudadano, todos los habitantes, más ó menos, han de 
sentirse por fuerza acometidos del terrible mal (3). 

Sin embargo, fuera de estos puntos generales, en que suelen con- 
venir de ordinario todos los autores, cuando se trata de fijar exacta- 
mente el número, tanto de los tuberculosos que mueren, como de los 



(1) Serefait: La tuberculose pul monaire, Journal de Médecine interne, 15 Mal 1900. — 
D' Espine (de Genere,: Contagión et prophylaxie de la tubérculos* infantil. Congres de Pa- 
rís, 1900. 

(2) Loe. cit. 

(3) Véase J. Héricourt: Tiiberculose latente el tnberculoses atténuées. — Reine scienti- 
fique, 6 de Diciembre de 1903. 



144 . REVISTA CIENTÍFICA 

que existen en cada nación, no siempre están matemáticamente acor- 
des los tratadistas, por la sencilla razón de que, dadas las mil y una di- 
ficultades que hay que vencer, insuperables muchas de ellas hoy por 
hoy, es punto menos que imposible que haya estadísticas aproximada- 
mente perfectas, porque, aun prescindiendo del estado actual político 
y económico de las sociedades, aparte de que no se pueden averiguar 
muchísimos casos de tuberculosis, ni distinguir fácilmente los ciertos 
de los dudosos, porque sabemos que los hay latentes que pasan inad- 
vertidos al ojo clínico, no es posible generalizar en asuntos demográ- 
ficos, ordinariamente hablando, sin que se deslicen errores, por lo co- 
mún de bastante consideración. Bien es verdad que el hombre pensa- 
dor, llevado de su buen deseo de dar siempre idea de cuanto cae baio 
el dominio de su entendimiento, por su naturaleza misma tiende, aun 
con peligro de incurrir en presumibles inexactitudes, á representar 
por el número todo lo que de suyo nos abisma en divisiones y subdivi- 
siones interminables, y como, según diría Ch. Richet, «siempre que se 
observan las manifestaciones de la actividad humana, aunque la ob- 
servación no se extienda más que á algunos millares de hombres, ya 
basta para conocer que todas ellas, cada cual en su manera, pueden 
someterse á leyes determinadas y reducirse á las normas de la esta- 
dística»; de aquí es que se trate muchas veces de regular y calcular 
por cifras no pocos fenómenos sociales. Decimos esto porque, efecti- 
vamente, no ya sólo la estadística particular de las invasiones y de- 
funciones causadas por la tuberculosis, y la general de la mortalidad, 
sino también la comparación de una y otra estadística, nos ofrecerán 
numerosos datos que nos harán ver claramente la suma importancia y 
la transcendencia de vida ó muerte que tiene para nosotros, respecto 
de la salud, el estudio de la tuberculosis. 

P. Francisco Marcos del Río, 
o. s. \. 

(Continuará). 



REVISTA DE REVISTAS 



La Quinzaine.— 1.° de Septiembre de 1905.— París. 

La educación práctica de las jóvenes, por Mauricio Beaufreton. — 
La educación de la mujer constituye un problema delicado y de trans- 
cendencia para la sociedad; por donde solucionarle con(orme á los in- 
tereses del hogar doméstico, equivale á dar un gran paso en el cami- 
no del progreso. Para conseguir este hermoso fin no es suficiente ins- 
truir á las jóvenes en literatura y música, procurar que conozcan con 
fundamento los principios generales de las ciencias y de las artes, 
para que puedan discurrir con acierto sobre cualquier asunto; en 
suma, toda mujer cuya educación, por amplia y sólida que sea, se li- 
mite en su esfera de acción al arte de agradar, se incapacita para 
cumplir con sus obligaciones más esenciales que dependen de la ma- 
ternidad y del señorío que debe tener en su propia casa. Quizá sea 
esta la razón que no consiente á muchos de la clase media elegir por 
mujer á jóvenes de esmerada educación, pero completamente inútiles 
para el desempeño de las obligaciones variadísimas del hogar domésti- 
co. Una educación completa ha de ser práctica sobre todo, y para ad- 
quirirla es preciso que la joven perfeccione sus conocimientos en casa 
al lado de una buena madre que conozca por experiencia las exigen- 
cias de la familia y el medio de cumplir sus múltiples obligaciones. 
Así, pues, la educación de colegio, por su carácter teórico y rutinario, 
no es la más indicada para este fin, á no cambiar por completo el sis- 
tema y 1 >s métodos actuales de pedagogía. 

Existen jóvenes que van al matrimonio ayunas de todo conocimien- 
to de la vida práctica, debiendo, por el contrario, estudiar muy de pro- 
pósito el modo de regir una casa económicamente, formando su presu- 
puesto diario, que debe observar con minuciosa exactitud, estable- 
ciendo un método riguroso en la distribución del tiempo y en el aseo, 
colocación y limpieza de todos los utensilios domésticos, de tal modo, 
que en todo resplandezca el orden y la economía. La mujer hacendosa 
multiplica los recursos de la familia con la acertada disposición del 
trabajo, la ingeniosa preparación de la comida, que sabe utilizarlo todo 
con provecho de los estómagos delicados y ahorro notable de gastos. 



146 REVISTA DE REVISTAS 

Por el contrario, ocurre presenciar espectáculos tristísimos provoca- 
dos por la culpable incuria de la esposa: cuando el anciano, el niño, 6 
su propio esposo se encuentran débiles, no hallan en los alimentos 
aquella preparación conveniente para que puedan ser asimilados, 
porque la mujer no entiende de eso, si bien sabe ejecutar al piano 
obras de Mozart ó de Chopin. Y ¿qué diremos de las atenciones é inte- 
ligentes industrias que reclama el desarrollo físico del niño? ¡Cuántos 
vegetan en un raquitismo desconsolador, por ignorancia de sus ma- 
dres! Quiénes cargan sus estómagos de leche y luego los mueven con 
violencia entre caricias que matan, porque provocan la regurgitación, 
ó bien se complacen en ofrecer á su niño el vaso de vino ó café, di- 
ciendo que bebe como un hombre, ó bien les colocan en esos carritos, 
donde oprimido el niño, se esfuerza por librarse de aquel tormento, et- 
cétera, etc. La madre debiera saber que todas estas cosas impiden el 
desarrollo de sus hijos, y que muchas otras prácticas contribuyen á 
criarlos deformes y enfermizos. ¿No se presenta aquí un campo vastí- 
sima al estudio de la mujer, cuya educación sería más práctica y be- 
neficiosa á la sociedad, que la lectura de novelas y el manejo de las te- 
clas de un piano? 

Si en tiempos normales necesita la mujer gran actividad y enorme 
caudal de noticias de la vida práctica, calculemos qué cúmulo de ab- 
negación, de exactitud en el cumplir las prescripciones facultativas, 
en ayudar al médico con relaciones exactas del estado del enfermo en 
el tiempo transcurrido desde la última visita, etc., necesitará la madre 
y la esposa cuando la mano de Dios la visita con la enfermedad del 
marido ó del hijo. Un asunto, quizá el más importante para la felicidad 
del hombre, el de la educación de los hijos, también está confiado á la 
solicitud de la madre. Para cumplir su misión redentora, necesita sa- 
ber pedagogía; porque si el relojero y el mecánico tienen precisión del 
aprendizaje, no vemos cómo la madre pueda cumplir sus deberes de 
educar bien y cristianamente á sus hijos, sin el aprendizaje competen- 
te de la pedagogía cristiana. N 

Hácese necesario cambiar los métodos seguidos hasta ahora para 
educar á la mujer é instruirla acerca de sus deberes de esposa y de 
madre, conforme se practica, dice el autor de este artículo, en la Eco- 
le des Mores, fundada en Burdeos, y luego en París, por Mme. Moll- 
Weis. 



Études.— 5 de Septiembre de 1905.— París. 



Los católicos belgas, por Hipólito Prelot.— Bélgica ha celebrado con 
un entusiasmo grandioso el 75 aniversario de su independencia nacio- 
nal; pero pocos conocen los nobilísimos ideales que impulsaron á los 



REVISTA DE REVISTAS 147 

belgas al levantamiento armado contra el opresor Guillermo I de 
Orange y de la protestante Holanda. 

Derrotado Napoleón en Waterlóo, determinaron los soberanos de 
Europa trazar los límites á los estados, en virtud del derecho del más 
fuerte, y entonces dio principio aquel Congreso de Yiena y Londres, 
en que los diplomáticos disponían á su antojo de principados y reinos. 
Un espíritu deísta, frío y calculador dominaba en la Asamblea, la cual, 
si decretó la libertad del Papa y la reintegración de sus posesiones, 
asestó rudo golpe al catolicismo alemán con la secularización de los 
obispados, y sujetó la católica Bélgica á la Holanda y su rey protes- 
tantes. Guillermo I, Rey de los Países Bajos, publicó la Constitución 
lundamental de sus estados, que fué aceptada por Holanda y rechaza- 
da por Bélgica, á la cual se impuso el nuevo código con violencias. 
Contra uno de los artículos principales, que establecía la igualdad 
completa de los cultos protestante y católico, estalló la indignación de 
los belgas, sostenidos por el episcopado, que prohibió jurar la nueva 
Constitución como incompatible con los dogmas y derechos del catoli- 
cismo. El Rey no cedió ante las quejas de sus subditos, sino que per- 
siguió á Mr. de Broglie, Obispo de Gante, quien, obligado por las cir- 
cunstancias, vivió extrañado de su patria, mientras el Gobierno apri- 
sionaba á sus Vicarios y obligaba á los seminaristas á ingresar en el 
ejército. La administración estaba confiada, en su mayor parte, á 
holandeses, las cargas del Estado pesaban sobre los católicos de Bél- 
gica, quienes, además, sufrían continuos ataques á su religión. Con- 
tribuyó no poco á afianzar tan inicuo sistema la fracción liberal belua, 
que, celosa del poder clerical, apoyaba la tiranía del Rey con el pro- 
pósito de inutilizar la acción del clero y destruir todo medio de volver 
al régimen antiguo. Pero llegó un momento en el que la idea de patria 
unió en un solo pensamiento á liberales y católicos, quienes, merced 
á mutuas concesiones, pudieron extenderse en el terreno de la liber- 
tad, y desde aquel momento comenzaron á pensar en la reconstitución 
de su nacionalidad propia. Semejante coalición no pretendía destro- 
nar al Rey, sino exigir reformas legales y equitativas; pero como 
en 1830 la Revolución de París cambiara en un momento de soberano, 
los belgas quisieron seguir el mismo camino, y al grito: ¡Idií temos á 
los parisienses!, se declararon en rebelión, llamaron á Lepoldo I, y 
quedó constituido el reino de Bélgica. 

La lucha entre católicos y liberales comenzó encarnizada, furiosa, 
y cuando el ministerio Frere-Orban dio la ley (1S79) que secularizó la 
enseñanza primaria, quitando además su tutela á los Municipios, los 
Obispos belgas la condenaron por impía, perversa y contraria á las 
leyes divinas, dando ocasión al Gobierno radical para perseguir á 
Obispos, clérigos y seminaristas, y obligar á los católicos á frecuentar 



148 REVISTA DE REVISTAS 

las escuelas laicas. El clero respondió negando la absolución á maes- 
tros y alumnos de las escuelas normales, á los institutores de primaria 
y á los padres que permitían á sus hijos frecuentar las escuelas «don- 
de no se puede impedir la pérdida de las almas.» Entonces los católi- 
cos se empeñaron en construir escuelas propias, y tal entusiasmo se 
despertó en el corazón de los fieles y tan generoso desprendimiento 
emplearon, que á los dos años poseían la mayor parte de los escolares 
de Bélgica. La extremosa política de los liberales había sembrado el 
descontento entre los electores; así que en las elecciones generales 
de 1884 triunfó el partido católico con el ministerio Malou, el cual 
utilizó la sabiduría de los conservadores más conspicuos como Vaert, 
Jacobs, Bearnaet, etc., cuyas iniciativas y prodigioso talento adminis- 
trativo han elevado á la Bélgica católica al más encumbrado esplen- 
dor, colocándola á la cabeza de todas las naciones. 



Revue Cathollque des Institutions et du Oroit.— Agosto de 1905.— Lyon. 

Legislación persecutoria en los tres primeros siglos, por Paul Ha- 
llard.— Comúnmente se afirma que la Iglesia sufrió durante tres siglos 
ruda persecución del paganismo romano, y en verdad, no son tres si- 
glos, sino 249 años, comprendidos entre el 64, época del edicto nero- 
niano, y el 313, del de tolerancia de Constantino. Y aun en este perío- 
do hubo momentos de calma, de suerte que en el siglo primero seis 
años duró la prueba, ochenta y seis en el segundo, veinticuatro en el 
tercero y trece á principios del cuarto, que, sumados, dan 129 años de 
sufrimientos y 120 de paz relativa. La situación jurídica de los cristia- 
nos, puede ser dividida en tres períodos, que comprenden los treinta 
y seis años últimos del primer siglo y todo el segundo, las leyes que 
rigieron en el tercer siglo, y, finalmente, en los doce años primeros 
del cuarto. 

Terminada aquella hecatombe de víctimas cristianas que para 
aplacar el enojo del pueblo sacrificó Nerón el año 64 con motivo del in- 
cendio de Roma, publicó el Emperador la ley conocida con el nombre 
de institntum neronianum (christiani non sint) que se extendió fuera 
de Roma, como ha probado la moderna crítica. Este es el único docu- 
mento que conservamos, gracias á Tertuliano, del reinado de aquel 
monstruo romano. En el año 112 encontramos otro documento legisla- 
tivo, quizá el más importante, relativo á la situación jurídica de los 
cristianos; nos referimos á la contestación de Trajano á las preguntas 
de Plinio el Joven, gobernador de Bitinia, á quien trazó la línea de 
conducta que había de seguir en el procesamiento de los fieles, con es- 



REVISTA DE REVISTAS 149 

tas conocidas palabras: «Conquirendi non sunt: si deferantur et ar- 
guantur, puniendi sunt, ita tamen ut qui negaverit se christianum esse, 
idque re ipsa manifestum fecerit, id est suplicando diis nostris, quam- 
vis suspectus in praeteritum, veniam ex paenitentia impetret». El 
docto articulista demuestra que esta ley tuvo aplicación en el trans- 
curso del segundo siglo, en casi todas las provincias del Imperio ro- 
mano. 

Xo faltan escritores cuya opinión se puede condensar diciendo que 
los cristianos no fueron perseguidos en los dos primeros siglos por mo- 
tivos religiosos, sino por negarse á tributar al Emperador culto idolá- 
trico, cometiendo en este caso el crimen de lesa majestad, penado por 
las leyes comunes, y explican el gran número de mártires, á más de la 
lex majestatis, aplicada raras veces, por la amplitud de los derechos 
de que gozaban los gobernadores en virtud del coercido, facultad ex- 
tensa que les permitía perseguir á todo el que juzgaran perjudicial á 
la sociedad. Pero no consta el empleo de la lex majestatis, y respecto 
de la facultad conocida con el nombre de coercido, Trajano prohibía 
á los gobernadores que la aplicaran á los cristianos, porque limita los 
casos y circunstancias del castigo. Sea como quiera, siempre perma- 
necerá el hecho de ser citados los cristianos por motivo de religión al 
original juicio en que se tortura al reo, no para arrancarle una confe- 
sión, sino para que contradiga á su conciencia religiosa, afirmando 
que no es cristiano, y al persistir en la confesión de su fe, es condena- 
do por el juez pagano al martirio. Semejante hecho es incuestionable, 
y nos basta para demostrar la causa eficiente del martirio en los siglos 
primero y segundo. 

Septimio Severo, en el tercer siglo, modificó la legislación opreso- 
ra substituyendo el coquirendi non sunt de Trajano, por el edicto con- 
quirendi sunt et puniendi, prohibiendo todo proseliteismo cristiano y 
mandando castigar al predicador y al neófito, como desobedientes á 
los edictos imperiales, carácter que imprime nuevo aspecto á la juris- 
prudencia. Muerto Septimio Severo y su hijo Caracalla, vivieron los 
cristianos en relativa paz en los reinados de Heliogábalo y el virtuoso 
Alejandro Severo. Maximino ordenó la proscripción de los jefes y doc- 
tores de la Iglesia, mientras que el pueblo persiguió á los cristianos 
residentes en Roma; pero hasta el Gobierno de Decio (250i no fué de- 
cretada la primera persecución universal. Decioera un fanático del pa- 
ganismo, que se veía desprestigiado por los cristianos, á quienes quis^ 
obligar á renegar de su religión, más bien que condenarlos á muerte; 
pretendió, por tanto, matar las almas y no los cuerpos; de aquí el sis- 
tema de prolongados martirios para arrancar á los confesores la apos- 
tasía. Valeriano siguió otro método opuesto; dictó en 257 su primer de- 
creto contra los jefes espirituales y los propietarios de los bienes de 



150 REVISTA DE REVISTAS 

la Iglesia, condenándoles al destierro y prohibiendo á los fieles sus 
reuniones en las catacumbas. Los resultados de este decreto fueron 
mediocres, casi insignificantes. El segundo edicto del 258 sustituyó el 
destierro con la pena de muerte, contra los Obispos y Sacerdotes que 
rehusasen sacrificar, los cuales incontinenti animadver tentur. Se con- 
denaba, con la pena de degradación a los nobles, y convertidos en ple- 
beyos, si eran hombres, tenían pena de la vida, y de destierro si eran 
mujeres. La persecución terminó cuando Valeriano cayó en poder de 
los persas, el año 260. El edicto de persecución de Aureliano (274) hizo 
poco daño á la Iglesia, porque su autor gozó poco tiempo los honores 
de jefe supremo del Estado. 

El ilustra articulista continuará este interesante estudio. 



Revue d'Histoire Ecclesiastique.— 15 de Julio de 1905.— Lovaina. 

Las fuentes del ■Epa.wz-fc de Teodoreto, por L. Saltet. — Continuación 
de este trabajo de crítica comparativa entre la obra de Teodoreto y 
algunos de los documentos que influyeron notablemente en la contro- 
versia nestoriana, y de modo especial en la lucha entablada con este 
motivo, entre S. Cirilo y Juan de Antioquía. Es imposible seguir al ar- 
ticulista en sus lucubraciones, probables suposiciones, comparación 
de los diversos documentos y derroche de erudición con que preten- 
de resolver su hipótesis crítica. 

— El Pontificado y la Iglesia franca en la época de San Gregorio el 
Grande (590-604), por M. Vaes.— Protestantes y galicanos han empren- 
dido una serie de estudios históricos acerca de la época merovingia, 
con la intención de afianzar con documentas la teoría del regalismo 
francés, que excluye todo ejercicio del poder judicial y disciplina al 
Papa, porque la práctica de estos derechos estaba subordinada á la 
voluntad del jefe de esta Iglesia, al arbitrio del Rey. Así opina Fustel 
de Coulanges, Rettberg, Auck é Hinschius, algunos de los cuales, 
como buenos protestantes, exaltan la autoridad de los Obispos y redu- 
cen la del Pontífice á la nulidad efectiva. Para combatir este error, es- 
tudia el articulista la influencia de San Gregorio el Grande sobre la 
Iglesia de las Galias. Elevado San Gregorio á la dignidad de Pontífice 
Romano en 590, intervino al siguiente en un juicio contra los Obispos 
de Arles y Marsella, quienes obligaban á los judíos residentes en sus 
diócesis á bautizarse, práctica que reprendió el Papa en su calidad de 
juez del episcopado católico; conducta seguida igualmente con los 
Obispos Virgilio de Arles y Soacre de Autún, acusados de haber per- 
mitido el rapto y matrimonio de una religiosa. San Gregorio protegió 



REVISTA DE REVISTAS 151 

el desarrollo de la vida religiosa en Francia, y en los conflictos origi- 
nados entre Obispos y conventos dictó sentencia definitiva, señalando 
á los litigantes sus obligaciones y derechos respectivos. Estos hechos 
jurídicos demuestran con claridad que la Iglesia de Francia reconoció 
en la época merovingia los derechos del Pontificado. 

Los mismos Obispos francos acuden al tribunal pontificio en los 
asuntos más delicados, como sucedió cuando una diócesis del arzobis- 
pado de Lyon estaba regida por un demente. Merece ser consignada 
la decisión del Pontífice. Si el Obispo enfermo— dice San Gregorio — 
tiene momentos de lucidez, conviene persuadirle que renuncie volun- 
tariamente, y elegir á otro para su cargo, imponiéndole al nuevo Obis- 
po la obligación de asignar al dimisionario la pensión á que tiene de- 
recho; en caso de no ser posible esta solución, elíjase un administrador 
inteligente y celoso que tenga derecho de sucesión. Todos los Obispos 
francos admitieron, y aun encomiaron la sentencia. 

En apoyo de su doctrina cita M. Vaes otros ejemplos de interven- 
ción de Gregorio el Grande en los asuntos de la Iglesia de Francia, 
cuya relación omitimos porque son suficientes los que dejamos con- 
signados. 

—Contiene además este número de la Revista de Historia Ecle- 
siástica una Noticia de las obras del Papa Benedicto XII, por J. M. 
Vidal, y Negociaciones político-religiosas entre Inglaterra y los Paí- 
ses Bajos católicos (1598-1635), por L. Villaert, S. J. 



Revue Rugustinienne.- 15 de Agosto de 1905.— Lovaina. 

Un himnógrajo agustiniano. El P. Simón Gourdan, Canónigo de 
San Víctor (1616-1729), por Filiberto Martain.— El P. Simón Gourdan 
es poco menos que un desconocido, puesto que Jos más renombrados 
historiadores no le han concedido la importancia á que tiene pleno 
derecho por su significación científica y poética, y más que todo, por 
su acendrada virtud y ardiente amor á Roma, en los días aciagos del 
jansenismo é infiltraciones protestantes en el clero francés. 

Algunas de las poesías religiosas del P. Simón adquirieron renom- 
brada fama al formar parte de varios oficios litúrgicos diocesanos; 
pero aun omitiendo hacer mención de sus virtudes y méritos litera- 
rios, es acreedor al cariño de toda la Orden Agustiniana, aquel escri- 
tor que consagra las más nobles energías de su espíritu á cantar los 
hechos admirables de la prodigiosa vida de San Agustín. Y en este 
sentido pocos escritores arrebatarán la palma al P. Simón, quien supo 
referir en poesías vibrantes de espíritu agustiniano la Conversión de 



152 REVISTA DE REVISTAS 

San Agustín, el Éxtasis de Ostia; retratar al Águila de Hipona como 
Obispo y Doctor; pintarnos con frase poética su santa muerte y la his- 
toria de la traslación de sus reliquias, y, por último, parafrasear aquel 
sublime Ante omnia, Jratres carissimi, con el entusiasmo de un fer- 
viente Agustino. 

Curiosas observaciones críticas del autor de este trabajo, ilustran 
y hacen instructiva la lectura del artículo. 



Études Franciscaines.— Agosto de 1905.— París. 

Una reforma que se impone. —Consideraciones sobre el descanso 
dominical, por el P. Leonardo.— Si es indudable que todas las leyes 
dictadas por la Iglesia son las más sabias, las más prudentes y equita- 
tivas, y aun las más útiles, no es entre ellas de las de inferior calidad la 
santificación del domingo. A pesar de esto, justamente y con sobrada 
razón hay que confesar que es la ley más olvidada, y que en virtud de 
ese olvido constante hoy no se estima como cosa grave su quebranta- 
miento. «La violación del domingo— ha dicho un muy ilustre Obispo- 
Cardenal— es la gran prevaricación y la peor plaga de nuestra época.» 
Por consiguiente, el remedio de este cáncer mortal, que va destruyen- 
do poco á poco á la sociedad, se impone de todo punto, y este remedio 
se obtendrá mediante la restauración del descanso dominical. Esto se 
conseguirá haciendo conocer al pueblo su excelencia, la obligación 
que tiene de observarle, los bienes así generales como particulares 
de su exacto cumplimiento se pueden seguir, así como también los 
males que se pueden evitar. Esta es, en resumen, la materia que el 
autor se propone desarrollar en varios artículos. 

En este primero expone el origen divino y primordial del repo- 
so dominical, así como también la obligación de observarle antes 
y después de Jesucristo. Nadie ignora que las leyes prescritas en el 
Decálogo son de derecho natural, entre las cuales hállase la de honrar 
á Dios con un culto exterior en reconocimiento del supremo dominio 
que tiene, tanto sobre las naciones como sobre los individuos. Que esta 
ley sea de derecho natural, enséñanlo el catecismo Tridentino y Santo 
Tomás con todos los teólogos cristianos. Pero no se contentó el Señor 
con que el hombre le honrase con un culto especial en un día indeter- 
minado, ó aquel que fuese del mayor agrado ó conveniencia del hom- 
bre; El mismo le determinó expresamente, cuando, después de haber 
dedicado á servicio del hombre seis días enteros, para que en ellos 
haga todas sus obras, le hizo notar que el séptimo, ó sea el sábado, era 
el día de su Señor, en el cual le prohibe el trabajo y le manda que se 



REVISTA DE REVISTAS 



153 



le santifique. Pero ¿de cuándo data la institución de un día consa-rado 
al Señor? Xo reconoce otro principio que la consumación de la obra de 
la creación, ya se consideren los días de que nos habla el Génesis como 
días naturales, ya sean épocas indeterminadas, pero sucesivas, lo 
cual constituía para el hombre un ejemplar divino que debía imitar. 
En consecuencia: la institución de un día de descanso en la semana se 
remonta á los primeros tiempos históricos, precede á las prescripcio- 
nes mosaicas, nace de la voluntad de Dios y es uno de los primeros 
signos que Él ha manifestado á la humanidad.» Que sea éste su ori- 
gen y no la voluntad imperativa de Moisés, como alguien ha dicho, 
confírmalo el hecho de que con ese día comenzaban las semanas y se 
observaba el reposo, todo lo cual se cumplía antes que naciera Moi- 
sés, y corrobóralo el hecho de hallarse y observarse esa ley entre in- 
dios, chinos, árabes, asirios, etc., del mismo modo que entre judíos, 
según Laplace. 

Esta gran ley «3el descanso dominical ha traspasado los siglos con 
una majestad y un vigor incomparables, y ha visto cambiar radical- 
mente y aun caer en desuso multitud de instituciones; ella, por el con- 
trario, sólo ha sufrido una ligera modificación, en nada opuesta á la 
substancia del precepto; y esta modificación ha consistido en la sus- 
titución del sábado judío por el domingo cristiano. Pero, se pregunta- 
rá: ¿qué motivos han impulsado al cambio de un día señalado por el 
mismo Señor"- ¿Quién y con qué autoridad ha establecido esa mudanza? 
Con gusto seguiríamos al articulista, apuntando las razones impulsi- 
vas de esa acción; pero eso nos llevaría más lejos de los límites que se 
impone á una clase de trabajos como el presente. Sólo, pues, indicare- 
mos las razones más principales. Y es la primera, porque en domingo 
se consumó con la resurrección el gran misterio de nuestra redención 
y cada domingo es la octava continua que nos recuerda ese gran mis- 
terio. Mas no se crea tampoco que este cambio fué verificado á capri- 
cho de los Apóstoles. Xo. Porque, como dice Bergier, «todo lo que los 
Apóstoles han establecido, se considera de institución divina, pues 
que ellos no han hecho más que conformarse á las órdenes recibidas 
de Jesucristo y bajo la dirección inmediata del Espíritu Santo: Este es 
también el sentir de los santos Padres v de los teólogos católicos. 



La Civiltá Cattolica.— 19 de Agosto de 1906 Roma. 

Clericalismo y laicismo.— Han repetido con tal insistencia nuestros 
enemigos que el decaimiento actual de las naciones latinas proviene 
<le la lucha entre el ambicioso clericalismo y el laicismo, que no po- 
li 



154 REVISTA DE REVISTAS 

eos católicos-liberales, incapaces de resolver el sofisma, han admitido* 
ser necesario, para garantir su libertad religiosa, combatir en el cam- 
po del laicismo; pues de otro modo vienen á ser infructuosos sus es- 
fuerzos. Conviene deshacer esta objeción, para lo cual el articulista 
comienza por definir el clericalismo, que es la suma de aquellas ten- 
dencias que favorecen y defienden la autoridad é influencia del Sumo 
Pontífice, de la Iglesia y del clero en la vida pública y en las institu- 
ciones civiles; y entendiendo por laicismo el conjunto de las tenden- 
cias diamétralmente opuestas, encaminadas á restringir la acción de 
los órdenes jerárquicos al campo puramente religioso... 

Partiendo de la base del antagonismo irreductible entre el ideal cris- 
tiano y el laico, cabe afirmar que la lucha emprendida por los laicis- 
tas para desacreditar al sacerdote católico, sostenedor del ideal cris- 
tiano esencialmente civilizador, ha producido el desenfreno de los vi- 
cios y el apogeo del individualismo colectivo, que amenaza acabar con 
la sociedad, paraliza las fuentes de riqueza y dificulta el desarrollo de 
toda iniciativa saludable. Y á medida que se desacredita al sacerdote, 
crece la estadística de desgraciados que al alejarse de la Iglesia, pier- 
den la noción de autoridad y de orden, para abrazar con entusiasmo 
las doctrinas demoledoras del anarquismo. Es indudable que el des- 
censo del crédito del sacerdote, provocado por el laicismo, constituye 
una causa muy principal del atraso de los naciones latinas. 

El corruptor de la historia, Sergi, Presidente del Congreso del li- 
brepensamiento de Roma, se ha esforzado por demostrar que el abso- 
lutismo jerárquico y la tiranía de la Iglesia produjeron el decaimiento 
de las naciones latinas. Nos abstenemos de citar sus palabras, porque 
no merecen los honores de ser escritas ni confrontadas con el resul- 
tado de las sabias investigaciones históricas modernas, que, por cier- 
to, favorecen en todo la siguiente apreciación de Paul Bourget: «Ape- 
nas cese de ser cristiano un pueblo moderno, se convertirá en bárbaro 
de la peor barbarie, cual es la de decadencia...» «Atacar al catolicis- 
mo... significa contribuir á la decadencia del país... Esta es la regla 
que he comprobado siempre y no admite excepciones: dondequiera 
que el cristianismo es vivo, se eleva la moralidad; donde aquél lan- 
guidece, padecen las costumbres. El cristianismo es el árbol bajo el 
cual florecen aquellas virtudes sin cuya práctica las sociedades están 
condenadas á perecer... No existe otra defensa social fuera de la del 
Decálogo: éste es convencimiento de Le Play, de Taine, y el mío.» 
Estas verdades, que son de sentido común para los católicos, hállanse 
sólidamente confirmadas por la experiencia y la historia, rectamente 
interpretada. 

Con el ejemplo que Bélgica presentó al mundo en los años 1870 y 
1879, demuestra el ilustre autor de este artículo cuáles son las aspira- 



REVISTA DE REVISTAS 155 

ciones del clericalismo y del laicismo. Es conocido que en la indicada 
fecha dominaban los anticlericales masones en Bélgica, y que preten- 
dieron secularizar la enseñanza, aniquilar la Iglesia é implantar la 
moral laica, empresa que llevó la división y la lucha á aquel hermoso 
país, con gran quebranto de sus intereses y un déficit de cerca de 100 
millones de francos. El laicismo produjo la anarquía. Sabido es tam- 
bién que el 10 de Junio de 1884 triunfó un Gobierno clerical, al que el 
periódico protestante Le Temps, de París, tributa justísimo elogio con 
ocasión de las fiestas jubilares celebradas en Bélgica por su indepen- 
dencia. «Sus ahorros— dice el redactor hereje,— son enormes. Su po- 
blación se ha duplicado desde su independencia. Es notorio que aquel 
país constituye un centro prodigioso de actividad comercial é indus- 
trial. El esplendor material y moral de Bélgica es fruto de un Gobier- 
no clerical, mientras el decaimiento y la objeción moral de Francia 
han sido producidas por el laicismo». Continuará este estudio. 
Y tú, patria mía, España, aprende. 

— El milagro de Sa/i Jenaro.— Famoso en todo el orbe cristiano ha 
llegado á ser el milagro de la licuación de la sangre del ilustre már- 
tir, cuyas reliquias se conservan en Xápoles. Pero el impío que niega 
lo sobrenatural ha intentado explicar el prodigio por la influencia del 
Vesubio, la superchería de los curas, etc., etc., y la acción térmica del 
calor sobre la sangre coagulada. De todas las hipótesis inventadas 
para explicar naturalmente el hecho maravilloso, ésta parece ser la 
más probable, si no fuera insuficiente; porque si el calor disolviera la 
sangre de la teca de San Jenaro, sucedería que cuanto más intenso 
fuera el calor, tanto serían más rápidas y eficaces las alteraciones 
producidas; y por el contrario, á menor termalidad correspondería 
mayor lentitud en la diquiación. Observamos, sin embargo, lo contra- 
rio, porque el milagro se realiza á diversas temperaturas, en circuns- 
tancias diferentes, y por tanto, la hipótesis es insuficiente. 

Otros, negando que el contenido de la teca sea sangre, han supues- 
to que aquella substancia que se modifica visiblemente es algún com- 
puesto preparado de antemano para impresionar al público con el su- 
puesto milagro, y para demostrar su intento, han comenzado á compo- 
ner mezclas, utilizando los descubrimientos de la Química, casi des- 
conocida en la Edad Media, cuando se realizaba el prodigio de igual 
manera que en el siglo XX, y desalentados por la ineficacia de sus es- 
fuerzos, han preguntado: ¿Qué substancia es la contenida en el relica- 
rio de San Jenaro? Xosotros respondemos que es sangre, y para con- 
vencerse basta observar el prodigio, porque la sangre es tan conocida 
que cualquiera puede comprobar su existencia. Además, hoy podemos 
demostrar en nombre de la ciencia que el contenido de la ampolla de 
Xápoles es sangre, como lo comprobó una comisión de profesores el 26 



156 REVISTA DE REVISTAS 

de Septiembre de 1902, examinando aquella substancia con el espec- 
troscopio. Januario, uno de los que componían la comisión, no cesaba 
de repetir: «Que el líquido conservado en el relicario, es sangre sin 
duda alguna: el fenómeno de su licuación tal como se realiza es mara- 
villoso, y no dudo en afirmar que es obra en todo sobrenatural». 

Todavía hemos de consignar el fenómeno inexplicable naturalmen- 
te, del aumento del volumen de la sangre, cuando se verifica el prodi- 
gio de su licuación. Y para que nada talte, sabemos que varios anali- 
zadores diligentes han pesado la reliquia antes y después del milagro, 
y comprobado un aumento de peso proporcional al volumen. 

Los católicos afirmamos que todos estos fenómenos son inexplica- 
bles por las fuerzas naturales, y esperamos la interpretación científi- 
ca de los enemigos del orden sobrenatural. 



Rivista internazionale di Scienze sociali.— Agosto de 1905.— Roma. 

La Unión social popular de los católicos en Italia, por Toniolo.— 
Una de las más admirables instituciones del gran Windthorst, y sin 
género alguno de duda, la que más ha contribuido á consolidar el 
triunfo de la causa católica, venciendo con sus propias armas al socia- 
lismo revolucionario, tan preponderante y bien organizado en Alema- 
nia, ha sido la Volksverein. El Testamento de Windthorst, como dio 
en llamársela, aunque la última en el orden cronológico, ha ocupado 
muy pronto el primer puesto, por su importancia entre las otras Aso- 
ciaciones, que tenían por objeto la organización, bien de la vida eco- 
nómica, bien de la político-administrativa de la nación, las cuales, ape- 
nas empezó á funcionar ésta, se vieron como coordenadas y dirigidas 
por una Unión que en sí encerraba principalmente la vida espiritual- 
moral de la nación, con todos sus más nobles ideales. Cada día que va 
pasando— y son quince años los que lleva de existencia— nos va ofre- 
ciendo nuevos triunfos tan providencial institución, advirtiéndose con 
toda claridad, que de la fuerza expansiva de esa Unión depende la 
energía y eficacia de la economía y de la política nacional, así como 
se ha observado que merced á ella, y de una manera proporcionada, 
aumenta el valor integral del catolicismo en Alemania. 

La enseñanza saludable que se desprende de lo realizado por los 
católicos alemanes, cuya admirable organización puede servir de mo- 
delo á los demás pueblos católicos, es que la eficacia de la acción ca- 
tólica dependerá de las Asociaciones económicas y político-adminis- 
trativas; pero de una manera especial de la Unión social popular, 6 
sea de aquella Asociación que en el seno de un pueblo reúna á todos 



REVISTA DE REVISTAS 157 

los católicos que se hallen dispuestos á reivindicar para el orden so- 
cial cristiano y para todo el ideal cristiano de cultura el puesto que 
de justicia se le debe en las manifestaciones todas de la cultura huma- 
na, trabajando sin descanso para verle informar las instituciones y la 
vida toda de la nación. Porque éste ha de ser el fin que persiga la 
Unión general de los católicos: hacer que la idea de la civilización 
cristiana prepondere en la solución de los problemas cuotidianos de 
la vida humana, creando ella por sí ó dirigiendo á cuantas nuevas 
Asociaciones exijan los fines parciales de la vida ó las nobles aspira- 
ciones de una nación amante del progreso. Reconozcamos— dice To- 
nioio— la verdad de estos conceptos sustanciales y aprovechémonos de 
la experiencia ajena, intentando adaptarlos con prudencia al genio, 
tradiciones y vocación peculiar de nuestro pueblo. La Encíclica del 11 
de Junio dirigida al episcopado italiano, es una invitación que Pío X 
hace á todos para que trabajen por los medios que la experiencia ha 
enseñado, son los más aptos para sacar triunfante la causa del catoli- 
cismo. Justo apreciador de las condiciones especiales, de la historia y 
de las actuales pretensiones del pueblo italiano, el Romano Pontífice, 
fiel continuador del inmortal León XIII, como Supremo Maestro, hace 
un llamamiento á todos los fieles, excitándoles á que cooperen á la so- 
lución de la cuestión social, devolviendo la Sociedad viciada y en pe- 
ligro de muerte al orden social cristiano, y restaurando toda la actual 
civilización en Cristo y por Cristo, conforme la perenne misión de su 
Iglesia, que en sus externas relaciones civiles, tan íntimamente unida 
se halla á la historia del pueblo italiano. Aunque tanto en la letra 
como en el espíritu del documento pontificio se exprese con claridad 
la idea salvadora de la reconstitución de las fuerzas católicas, toman- 
do como base fundamental una común Unión social popular, y como 
medio para hacer sentir con toda eficacia la acción católica social, to- 
davía, por lo que á la realización se refiere, queda mucho que hacer, 
confiando Su Santidad en la docilidad de entendimiento, en la rectitud 
sincera y en el celo prudente de los que fueron iniciadores, los cuales, 
desenvolviendo y propagando la idea, formen de antemano la opinión 
pública y persuadan á las multitudes del valor racional y práctico de la 
empresa, para que las multitudes convencidas acudan presurosas á 
formar en este ejército. 

La Unión social popular para los católicos italianos, si ha de res- 
ponder á las necesidades de la época, tiene que ejercer una triple 
función, porque ha de unificar, educar y promover la vida social de la 
nación, en orden á los fines de la civilización cristiano-católica y á la 
misión peculiar de Italia, si bien mirando con predilección los intere- 
ses morales espirituales de la misma. La función primera de unificar 
se conseguirá cuando se reúna á los italianos en una elemental y gene- 



158 KEVIálA DE REVISTAS 

ral agrupación en nombre de una idea y de un propósito final. La idea 
que ha de informar la Unión social popular ha de ser la de que preva- 
lezca siempre la civilización cristiana. Por eso, dicha Unión no podrá 
estar formada más que por la inscripción de todos aquellos que desean 
que sea respetada, defendida y propagada en su propio país la civili- 
zación cristiana representada por la Igesia católica, y con ella todas 
las instituciones sociales y todos los tesoros morales que la dicha civi- 
lización transmite, guarda y desarrolla en beneficio de la sociedad 
presente y para el progreso futuro. La segunda función consistirá en 
iluminar los entendimientos y formar y preparar las conciencias para 
los problemas económicos, políticos, morales y religiosos de nuestros 
días, amaestrando al pueblo para comprenderlos y resolverlos á la luz 
de la fe, de la tradición y de la ciencia cristianas. Si en algún tiempo 
ha sido tan urgente esta función educadora, es al presente en que la 
labor incesante de un liberalismo racionalista y de un socialismo ateo 
ha secado en el alma popular las fuentes de la esperanza y de la resig- 
nación. La manera como la Unión social podrá cumplir su función 
educadora de las inteligencias para formar la conciencia social cris- 
tiana de la nación, será constituyendo un Centro directivo de cultura 
cristiana, con el doble fin de estudio y de propaganda, encomendado 
á hombres doctos y de probada fe religiosa. La propaganda puede ser 
escrita, por medio de periódicos, folletos ú otra clase de publicaciones, 
y puede ser oral, por medio de conferencias, discusiones ó de cursos 
en Universidades populares-. Producto de esta educación social cris- 
tiana será el nacimiento de una serie fecunda de asociaciones especia- 
les, que no se refieran inmediatamente á la vida política ó económica, 
sino más bien á la vida ética y espiritual de la nación. Tales serán, 
verbigracia, las asociaciones para la tutela de la moralidad pública 
y privada; para la protección de las jóvenes sirvientas y trabajadoras; 
para crear bibliotecas circulantes; para abolir el duelo; para la defen- 
sa de las obras pías, y otras semejantes. En esto consistirá la función 
tercera que hemos asignado á la Unión popular. 

Para que la organización de las fuerzas católicas sea más completa, 
y, respondiendo mejor al genio y tradiciones del pueblo italiano, sea 
también más fecunda en resultados, es necesario que haya un perfecto 
acuerdo y comunidad entre todas las grandes asociaciones, es necesa- 
rio que la unidad de dirección más perfecta se extienda á los distintos 
aspectos que puede adoptar la acción católica. Un modo práctico de 
que exista esa mayor comunidad será la reunión periódica de los Pre- 
sidentes de las tres grandes Federaciones: la económica, la político- 
administrativa y la de las Instituciones morales, representada por la 
Unión social popular. Y aún más práctico será— añade Toniolo— la re- 
unión anual de un Congreso general de católicos italianos, como hacen 



REVISTA DE REVISTAS 159 

•en Alemania los católicos alemanes, el cual será, á no dudarlo, fuente 
perenne de espíritu de solidaridad, y una verdadera fiesta en que, para 
consuelo y edificación de todos, la fraternidad cristiana aparecerá más 
pura y pujante. 

—También es digno de mención un extenso trabajo que empieza á 
publicar Quirino Bianchi, y lleva por título: De la eficacia del cristia- 
nismo sobre el derecho penal de los romanos. 



La Scuola Cattolica.— Agosto de 1905 — Milán, 

Después de dos años, por Teol. Achule G. Ruffoni.— Al morir el 
Pontífice de la Inmaculada creyeron no pocos que sería imposible en- 
contrar sucesor digno á tan esclarecido Papa; mas la Providencia eli- 
gió al sabio León XIII, cuyos hechos gloriosos harán bendita su me- 
moria; y al morir este soberano de las almas, otra vez la vacilación 
probó á los tímidos, cuya desconfianza desapareció al ver sobre la cá- 
tedra de San Pedro al humilde Pío X, que en dos años de pontificado 
ha merecido el honroso título de Papa de la acción práctica. Su pro- 
pósito de instaurare omniain Lhriste significa salvar á la sociedad, in- 
filtrando en sus organismos la virtud divina del Crucificado para re- 
generarla, y constituye la aplicación de las magistrales enseñanzas de 
León XIII. 

Los sectarios señalan algunas variaciones introducidas en el régi- 
men de la Iglesia por Pío X, con el fin de establecer oposición entre 
su conducta y la de León XIII; pero se engañan, porque ambos sostie- 
nen iguales principios y condenan los mismos errores. Se dice, sin em- 
bargo, que el actual Pontífice ha suavizado las relaciones entre el 
Vaticano y el Quirinal. Cierto que la ley del Non expedit no ha sido pu- 
blicada con la solemnidad de costumbre; pero la prohibición subsiste, 
porque manda el Papa que para tomar parte en la vida pública se pida 
el necesario permiso. Mas si Pío X juzgara que los intereses vitales de 
la patria exigían un cambio de conducta, ¿no sería el adoptarle un 
pensamiento noble y salvador? Sin duda que, lejos de oponerse á la po- 
lítica tradicional, significaría la amplitud de ideales del Pontificado, 
que pretende en todas las cuestiones el bien de la sociedad. Pero de- 
cimos que la prohibición subsiste, y mientras subsista, no hay motivo 
para establecer antagonismos políticos entre León XIII y Pío X, ni con- 
siderar á éste como liberal. Si manda que se organicen los católicos 
italianos, es para oponer un dique al socialismo anárquico que amena- 
za destruir la nación, y combatirle en el Parlamento, en la prensa y 



160 REVISTA DE REVISTAS 

en la cátedra, lo cual no es otra cosa que la aplicación del instaurare 
á la sociedad de la Italia decadente. 

El articulista refiere sumariamente algunos de los hechos de Pío X r 
y proclama como los más importantes la reforma acerca de la acción 
católica y las disposiciones sobre la democracia cristiana. 



Miscellanea di Storia e cultura eclesiástica.— Roma, Agosto y Septiembre de 1905 

El derecho canónico en la historia de la Iglesia, por P. — Siendo el 
Derecho canónico el conjunto de leyes eclesiásticas, emanadas de la 
autoridad de la Iglesia, y naciendo su génesis y aplicación de las cir- 
cunstancias particulares de la cristiandad, dedúcese que el conoci- 
miento legislativo eclesiástico entraña el de la historia de la Iglesia; 
y en este concepto, el artículo que extractamos dice relación inmedia- 
ta con la índole de la Miscellanea. 

Redúcese la substancia del trabajo, á una rápida descripción de la 
historia del Derecho canónico, por donde no creemos conveniente de- 
tenernos en referir noticias y datos que constan en todos los Manuales, 
á excepción de las consagrados á la necesidad de unificar la legisla- 
ción canónica por medio de una colección auténtica y única. 

— Contiene este número además: I castellani di Castel S. Angelo, 
del Dr. Pío Pagliuce; Abbasie celebre; Maguzsano e Merlin Cocaio, del 
Dr. D. Pablo Cuerrini, y Cristo nel arte antica: II Cristo Bizantino, de 
D. F. Lunardi. 



Rivista di Scienze storiche.— Agosto de 1905.— Pavia. 

La Inmaculada en Parma, por A. Corbellini.— Para demostrar la 
devoción antiquísima que la ciudad de Parma profesó á la Virgen en 
su Inmaculada Concepción, describe un manuscrito membranáceo 
existente en la Real Biblioteca Palatina de Parma, que contiene los 
Estatutos de la cofradía intitulada de la Concepción de Nuestra Seño- 
ra, instituida por Fr. Ranieri de Genova en 12^."). 

— Importantes son los artículos Le ambascerie estensi di < .'aspare Si- 
lingardi vescovo di Modena alie corti di FilippoIIédi Clemente VIII, 
por Bernardino Ricci, y Questioni di precedencia Ira le Corti i t altane 
del secuto XVI, por Pietro Gribaudi. 



KSVISTA DE REVISTAS 161 



The Eeclesiastical Review.— Septiembre de 1X5.— Füadelfia. 

Observaciones de un Obispo de las misiones en el Japón, por Julio 
Chatron.— En opinión de Europa y América, el Japón, al menos hasta 
la guerra con China, era un pueblo de formas infantiles, prodigios in- 
fantiles, un pueblo de niños, niños terribles quizá, pero al fin niños. Bas- 
ta leer atentamente la Historia del Japón, para cerciorarse de que por 
muchas centurias ha estado desarrollando una vitalidad nativa y vigo- 
rosa que auguraba éxito muy feliz para su porvenir. Afirman otros que 
la consistencia del Japón es debida á las lecciones recibidas de Euro- 
pa y América, y puestas al presente en práctica; mas sobre esto es 
digna de oirse la observación de un Profesor en la Universidad de 
Tokio: «Los europeos— dice— nos enseñan á ser meramente imitado- 
res sin espíritu de iniciativa y genio de invención. Xos tratan como á 
monos (sic); mas preguntémosles: ¿dónde obtuvieron su superior cultu- 
ra? La ponderada civilización obtenida á grande costa después de un 
lapso de tiempo, ¿de dónde les vino? Los griegos imitaron á los egip- 
cios, los romanos á los griegos, y los europeos participan de ambos. 
Nosotros, en el pasado, seguimos á los coreanos; hoy á Europa y Amé- 
rica. Y llegaremos á ser iniciadores de nosotros mismos. La civilización 
europea cuenta muchas centurias de desenvolvimiento. El Japón ape- 
nas hace cuarenta años que ha conocido dicha civilización y ya ha 
llegado á su complemento». Este lenguaje, algún tanto orgulloso, en- 
cierra un gran fondo de verdad. 

El Japón tiene una educación completamente tradicional; pero esto 
no le impide que se asimile lo que juzga bueno de otras partes. En la 
guerra con Rusia el soldado japonés, siempre se ha propuesto algún 
modelo á quien imitar, y todo japonés admira en sus héroes, no tanto 
el poder militar, como la fidelidad á la patria, la lealtad, la sublimidad 
del propósito y aun la generosidad con el enemigo. Si este carácter lo 
aplicamos á los religiosos y mártires japoneses, no hay que decir que 
ellos forman la página más bella de la religión de Jesucristo. Es admi- 
rable ver cientos de cristianos que después de un período de trescien- 
tos años, sin prelados, sin la administración de sacramentos, y lo que 
es peor, teniendo que soportar implacables persecuciones, guarden 
aún intacto el depósito de la fe, que sus antecesores les habían con- 
fiado. 

Después de esta introducción pasa el articulista á describirla vida 
del misionero, toda ella sin incidentes dramáticos y sin interés en de- 
talles que atraigan las simpatías hacia su loable proposito de ganar al- 
mas para Cristo. En general, las habitaciones de los misioneros están 
fuera de los grandes centros. Estas moradas, á excepción de unas si- 



162 REVISTA DE REVISTAS 

lias, una librería y una mesa, son parecidas á las del país. Algunos 
Sacerdotes tiene su capillita sobre el tejado, y el que puede tener una 
morada separada para su catequista y para su catequizado, es dicho- 
so. El catequista es el brazo derecho de la misión. Inmediatamente 
después de los ejercicios de la mañana, meditación, Misa y un parco 
almuerzo, vendrá el catequista á auxiliar al Padre en su trabajo. La 
tarde anterior ha visitado á los cristianos y catecúmenos, y si no ha 
sabido resolver alguna objeción que se le ha presentado, expone sus 
dudas al Padre, el cual se las aclarará y le tranquilizará; mas para 
esto, tiene precisión de leer los diarios y grandes revistas, cuyos ar- 
tículos sobre cuestiones religiosas, están hilvanados con fragmentos 
de la Biblia, de Confucio, Platón, Aristóteles, Schopenhauer, Spencer, 
Kant,.Hegel, Tolstoi y demás celebridades europeas, formando un in- 
digesto y abigarrado conjunto lleno de incongruencias que el Padre 
ha de aguantar pacientemente para poder conferenciar con los paga- 
nos y poner al japonés católico en estado de defender su íe. Después 
de comer empiezan las visitas. El japonés dedica á ellas la principal 
parte de su vida. El misionero no puede prescindir de estas visitas, si 
quiere conseguir después de varios días y aun quizás semanas algún 
fruto. Las que se hacen á los cristianos suelen ser más breves, aunque 
siempre resalta la misma intimidad del carácter. Si pasamos á la casa 
de un catecúmeno la situación cambia. Aquí, después del recibimiento 
hecho al Padre con la nimia urbanidad japonesa, la conversación trata- 
rá del temporal; mas si el Padre la elude por una feliz transición, pa- 
sarán á la cuestión religiosa. Si los sujetos de la casa han sido protes- 
tantes ó han frecuentado su compañía, el misionero examinará caute- 
losamente sus palabras, y si son paganos de buena fe, no existe tanto 
temor; pero en todo caso, necesita el Padre ser muy circunspecto en 
las discusiones religiosas; porque el japonés no emprende cosa alguna 
sin el Sodan. 

El articulista nos promete proseguir su trabajo en artículos poste- 
riores. 



CRÓNICA GENERAL 



Madrid-Escorial, 15 de Septiembre de 1905. 



EXTRANJERO 

Roma.— Ha tiempo que se viene hablando del probable estableci- 
miento de una nunciatura en las Cortes de Tokio y Pekín. Lo que hay 
de verdad en todo esto nos lo dice El Universo en su número del 4 de 
Septiembre: «Informes autorizados, dice, nos permiten asegurar que lo 
ocurrido en este asunto se reduce al encargo recibido de la Santa 
Sede por Mons. O'Connell, Obispo de Portland (Estados Unidos), para 
transmitir al Mikado una carta del Soberano Pontífice, en la que éste 
manifiesta su gratitud por la benevolencia con que en la Mandchuna 
se ha tratado á los Misioneros católicos, á los cuales ha permitido el 
Gobierno japonés que entraran nuevamente en sus territorios, y tam- 
bién á los católicos del Japón. Lo referente á gestiones para establecer 
relaciones diplomáticas es, cuando menos, prematuro. Durante el pon- 
tificado de León XIII hablóse ya del envío de un Nuncio á la capital 
del Celeste Imperio; pero desistióse del proyecto en vista de las obser- 
vaciones del Gobierno francés. Hoy la Francia republicana carece de 
órgano oficial adecuado para comunicarse con el Vaticano; mas la pa- 
labra autorizadísima de los Misioneros basta para que la Santa Sede 
proceda con exquisita prudencia en este gravísimo asunto de la crea- 
ción en Pekín de una Nunciatura apostólica. Los Vicarios apostólicos 
de China han revelado á la Propaganda la doblez y la perfidia con que 
proceden, en este asunto, los gobernantes de Pekín, que si no dejan 
de insistir, cerca del Vaticano, para el establecimiento de la Nuncia- 
tura, es con la esperanza de que los católicos lleguen, por tal manera, 
á encontrarse á merced del pueblo idólatra, sin otro amparo que el 



164 CRÓNICA GENERAL 

de un Prelado romano, provisto exclusivamente, para hacer valer sus 
derechos, del título de Nuncio ó de delegado apostólico. Inclinan hoy 
la cabeza los mandarines, y, aunque protestando, se someten cuando 
habla el representante de Francia. Lo mismo sucedería si Austria ó 
Alemania heredaran el protectorado que, en su inexplicable torpeza, 
arrojan hoy por la ventana los jacobinos franceses; pero á la palabra 
de un Nuncio harían oídos de mercader los altos funcionarios chinos, 
y sobrevendría una época de inauditos sufrimientos y de horribles 
persecuciones para los católicos del imperio. Los japoneses, á su vez, 
embriagados por sus triunfos colosales, que han servido, entre otras 
cosas, para vigorizar en sus almas el profundo desprecio con que mi- 
ran, ya de antaño, á todos los europeos, no tendrían las debidas con- 
sideraciones al delegado del Papa, y tales motivos son más que sobra- 
dos para que la Santa Sede suspenda por tiempo indefinido el estable- 
cimiento de Nunciaturas apostólicas en las regiones del Extremo 
Oriente. 

»De todos modos, si la Santa Sede se decidiera á crear un nuevo 
. estado de cosas para los católicos blancos y amarillos de ese Oriente 
remoto, para el cual se abre hoy, merced á las victorias de los Ejér- 
citos japoneses, una era fundamentalmente distinta de aquella por 
que atravesó hasta ahora, podemos estar seguros de que realizará 
cambio de tal entidad impulsada por razones de altísima convenien- 
cia, y que del posible pacto, establecido con las gentes amarillas, po- 
drá repetirse el juicio del inmortal Pío VII sobre el Concordato que 
pactó con el primer Bonaparte: «No es un buen Concordato; pero sí el 
mejor posible.» 

—Del mismo periódico tomamos lo que á continuación sigue, acerca 
de la disciplina del clero secular de Roma: «Sin apresuramientos, pero 
con inquebrantable constancia, continúan adoptándose disposiciones 
encaminadas á la reforma disciplinaria del clero romano, que, ajuicio 
de Su Santidad, debe ser un modelo para las restantes diócesis, en 
cuanto¡esto sea posible, dadas las condiciones dificilísimas en que se en- 
cuentra. El Vicariato ha publicado nuevos decretos, en uno de los cua- 
les se dispone que todo sacerdote que se halle en Roma sin disponer 
de un beneficio ó de un cargo, propiamente dicho, ó que no lleve en 
Roma diez años de residencia, sin contar los correspondientes á los es- 
tudios, regrese inmediatamente á su diócesis. En otro decreto se de- 
clara que en lo sucesivo toda colación de beneficio ó de empleo ecle- 
siástico en Roma será nula si el elegido no ha obtenido de antemano 
el nihil obstat del Vicario, para evitar el caso de que se vea elegida 
á un eclesiástico apto, pero que al propio tiempo hubiese seguido una 
conducta de la que el Vicariato, que es la autoridad disciplinaria dio- 
cesana, no estuviese plenamente satisfecho. Por otro decreto se dispo- 



CRÓNICA GENERAL 165 

ne que todo eclesiástico que quiera dedicarse á la predicación, se pro- 
vea de una patente expedida por el Vicariato después de un examen 
ó de haber presentado documentos autorizados. Todo cura párroco que 
á partir del día 1.° de Enero próximo consienta que predique en la 
iglesia que tiene á su cargo un eclesiástico que no esté provisto de la 
indicada patente, será inmediatamente suspendido a divinis. Un re- 
ciente decreto del Vicariato impone, por último, los ejercicios espiri- 
tuales, una vez cada tres años, á todo sacerdote residente en Roma, 
bajo pena de" suspensión. 

En una circular que el Cardenal Vicario ha enviado á los Obispos 
de Italia, se dice que es voluntad del Padre Santo que todos los estu- 
diantes eclesiásticos que vayan á Roma para dedicarse á sus estudios, 
ingresen en un Seminario ó Colegio eclesiástico, sin excepción; esto 
es, que también deberán hacerlo los que concurren ala Real Univer- 
sidad de Roma. El Padre Santo tiene el propósito de fundar un Colegio 
especial para los referidos estudiantes; pero en tanto no se inaugure, 
cuidarán los Obispos de no permitir que individuo alguno de su clero 
vaya á Roma para estudiar en la Universidad sin que antes tengan la 
seguridad de que han de encontrar asilo en un Seminario. Las anterio- 
res órdenes se aplican rigurosamente, sin tenerse para nada en cuenta 
las altas recomendaciones. Los Cardenales han sido los primeros en 
someter á ellas á los que tienen á sus órdenes. El caudatario del Car- 
denal Merry del Val, ha ingresado en un Seminario, del que había sa- 
lido para prestar sus servicios cuando se realizan ceremonias carde- 
nalicias.» 

— Anúncianse próximos cambios en el personal de las Congrega- 
ciones romanas y del Palacio apostólico. También es probable que á 
fines de otoño se celebre un Consistorio, en el que serán preconizados 
muchos Obispos, entre ellos el Reverendo P. Rinaldo de San Justo, ge- 
neral de los Carmelitas descalzos de la Reforma de Santa Teresa, para 
suceder á monseñor Scalabrini en la Sede de Plasencia, y también lo 
serán los titulares de las Sedes de Espoleto y de Xorcia. Lo que no pa- 
rece tan seguro es la próxima creación de nuevos Cardenales. 

—Las Sociedades católicas de Sport, numerosas en la Italia del Nor- 
te, organizan, para el próximo Octubre, un gran concurso en Roma. 
Las principales pruebas se verificarán en el Vaticano. El Padre Santo 
presidirá la prueba final entre los principales campeones, que se cele- 
brará en el gran patio de la Pina, y entregará por su mano á los ven- 
cedores, la medalla del triunfo. A este propósito diremos, que pronto, 
verá la luz pública en Roma una revista semanal católica de sport, 
con 16 páginas de texto y numerosos grabados. 

—En la Sala Clementina han sido recibidos por Su Santidad 200 pro- 
fesores y estudiantes alemanes, que, dirigidos por el Dr. Muller, cate- 



166 CRÓNICA GENERAL 

drático del Gimnasio de Stuttgard, han realizado un viaje científica 
por el África septentrional, Malta y Sicilia. El Padre Santo departió 
cariñosamente con ellos, concediéndoles su bendición apostólica. 

—El patriarca de los Maronitas del Líbano ha recibido, por con- 
ducto del Emmo. Cardenal Goti, prefecto de la Propaganda, autoriza- 
ción para establecer en Roma un Colegio-Hospicio con destino á los 
sacerdotes de su rito y á los monjes Basilios de su nación. El nuevo 
Colegio será edificado en el Janículo, no lejos de la puerta de San Pan- 
cracio, donde se alzan hoy numerosas villas y tres grandes casas reli- 
giosas: la Maternidad, dirigida por las Hermanas de San Vicente de 
Paúl, de la Congregación fundada por la Venerable Thouret; los canó- 
nigos regulares de la Inmaculada Concepción de Dom Grea y los Fran- 
ciscanos de América. Los Maronitas empezarán los trabajos de edifi- 
cación en el próximo otoño, y una vez construido el Colegio, podrá 
contemplarse desde su campanario uno de los más encantadores pano- 
ramas de la ciudad eterna y de la vasta campiña que la rodea. 

—En carta dirigida por S. S. Pío X á los católicos alemanes que for- 
man el ya celebérrimo Volksverein, son de notar los siguientes párra- 
fos que han sido comentadísimos en Roma y Alemania: «Nos— dice— os- 
recordamos los deberes que tenéis para con el Jefe del Estado, que, si 
bien no pertenece al catolicismo, os otorga tales muestras de benevo- 
lencia, que bien podemos decir que le ha tocado la divina gracia. Á 
semejanza de los antiguos soberanos que tenían conciencia del origen 
divino de su autoridad, nunca deja el Emperador en sus arengas y 
discursos de mencionar los decretos de la divina Providencia, y tan 
sabias máximas aplicadas al Gobierno de la nación, tienen por efecto 
el desarrollo de las cualidades morales del pueblo. ¡Qué contraste ofre- 
ce en esta época de trabajos que atraviesa la Iglesia santa, en esta lu- 
cha de todos los días contra las potestades del mal que obscurecen la 
inteligencia humana, en medio de la persecución desatada contra dé- 
biles mujeres, consagradas al divino amor del celestial Esposo y arro- 
jadas de los sagrados asilos donde sus corazones vivían en la pureza 
y en la imitación de todas las virtudes; qué contraste ofrece— y digá- 
moslo también qué gozo Nos inspira— la unión de los católicos alema- 
nes, agrupados bajo la benevolencia del Emperador, que tantas prue- 
bas tiene dadas de su respetuosa devoción á la dignidad de la Santa 
Sede; ¡oh qué contraste comparándola con la dolorosa dispersión de 
las fuerzas católicas en otras naciones!» La alusión al estado de la po- 
lítica francesa y á la desorganización de los católicos en la vecina re- 
pública no puede ser más clara, dice un periódico, y nosotros añadi- 
mos que en ella va envuelta una amenaza ha tiempo suspendida sobre 
la cabeza de los gobernantes franceses y de la cual no se quieren dar 
por aludidos. Es tanta la ceguera, tan grande el odio y la inquina que 



CRÓNICA GENERAL 167 

los sectarios profesan á la Iglesia católica, que si para desterrar del 
suelo francés el catolicismo fuera necesario y pudiesen descuartizar á 
Francia en menudos fragmentos, quemarlos después y esparcir sus 
cenizas á los cuatro vientos, lo harían con gusto á trueque de no vol- 
ver á ver ni de lejos siquiera las negras sotanas y los hábitos de los 
clérigos y monjes; tan grande es el odio que han concebido en sus al- 
mas contra toda honradez y justicia! 

Italia.— A las grandes calamidades proporcionadas á la nación 
italiana por los socialistas, á la gran debilidad del Gabierno, cada vez 
en mayor descomposición, es necesario añadir ahora otro género de 
desgracias, con que Dios visita á esa península, por sus muchas ofen- 
sas, tal vez, á la religión católica: los terremotos de Calabria. En Catan- 
zaro, Monteleón, Reggio y Mesina, violentas conmociones de la tierra 
han sepultado en la ruina grandes palacios y miserables chozas, que- 
dando sin vivienda y reducidas á necesidad extrema unas 5.C00 fami- 
lias aparte de innumerables muertos y heridos. Tan espantosas des- 
gracias, contra las cuales no hay remedio posible, recuerdan la des- 
aparición de Herculano y Pompeya, cuyas ruinas, descubiertas en 
nuestros tiempos, demuestran ahora á la faz del mundo la inmensa co- 
rrupción de aquellas ciudades, y cómo su horrible desgracia, aunque 
debida á leyes físicas, hubo de ser consecuencia de su profunda corrup- 
ción. 

Inglaterra.— Terminada su temporadita de baños, el Monarca in- 
glés se ha vuelto á sus tristes palacios de Londres, en donde continúa 
su descanso veraniego; pues la Corte británica, por lo mismo que suele 
emplear muy bien la temporada de invierno, dedica el verano con 
método invariable al descanso. Las Cámaras se disuelven y los políti- 
cos ó se van á sus posesiones, donde suelen gastar el tiempo en grandes 
cacerías, ó á recorrer los principales puntos de Europa, de América 
y aún de Asia y África. Ests año hemos recibido la visita del célebre 
Chamberlain, que ha visitado á Granada, y dice que le gusta mucho 
Andalucía, lo cual no es seguramente una novedad, pues lo mismo 
pasa á todos los ingleses, quienes, si encuentran coyuntura, entran, 
como casi todos los invasores de España, por la parte del Mediodía. 

—En números anteriores habíamos consignado la organización y po- 
derío de la armada inglesa y cómo el Gobierno del reino unido hace 
todo lo posible para que las unidades sean del último tipo, á ser posible 
uniformes, y las estaciones perfectamente escalonadas, á fin de que en 
un momento dado sea posible reunir la flota sin grande esfuerzo. Xo 
son menores los sacrificios que Inglaterra se está imponiendo para lo- 
grar que su marina mercante sea también la mejor del mundo; y desde 
luego que en tonelaje y número de vapores que ostentan la bandera in- 
glesa es sin duda alguna el imperio británico el primero entre todas las 



168 CRÓNICA GENERAL 

naciones; pero los alemanes han construido vapores de mucho andar, 
y aunque ningún vapor alemán llegue hoy á las 23.876 toneladas que 
mide el White Star, con todo, por separado, son de mucho más tone- 
laje, y los alemanes, por su rapidez en la marcha, superan á las grandes 
compañías inglesas, quienes no se han atrevido á entablar lucha en ese 
terreno por el -mucho combustible que gasta el sistema de turbinas. 
Inglaterra no ceja, sin embargo, en todo lo que sea lucha de comercio. 
En 1899 figuraba en segundo término por los seis barcos que pasaban 
de 10.000 toneladas, mientras Alemania tenía matriculados JO que supe- 
raban dicho tipo; mas hoy, de los 96 buques que figuraban con tonelaje 
superior á 10,000 toneladas, 48 pertenecen á la nación británica, ó lo 
que es lo mismo, la mitad llevan bandera inglesa, y de los restantes, 
26 son alemanes, 12 americanos, cuatro holandeses, tres tiene Francia, 
Dinamarca dos y uno Bélgica. Véase, pues, cómo Inglaterra, lejos de 
acobardarse ante el progreso comercial de las demás naciones, sabe- 
dora de que su vida está en el mar, lucha con gran denuedo hasta obte- 
ner ventaja sobre casi todas juntas. Un gran problema queda todavía 
por resolver y es el de las grandes velocidades. En velocidad es hoy 
Alemania la que va á la cabeza de la navegación; sus fletes de correos 
hacen las travesías con tal rapidez, que ninguna nación se ha encontra- 
do con fuerzas para competir con ella, como hemos dicho ya, por el mu- 
cho gasto que supone de combustible; pero el Gobierno inglés está re- 
suelto á que el problema de la velocidad quede también resuelto por la 
marina mercante de la nación británica, y á este efecto ha instituido 
primas de gran provecho para todas aquellas compañías que se deci- 
dan á afrontar los gastos que ocasiona la gran velocidad. Muy pronto 
veremos que la marina británica, tanto de guerra como de comercio, 
es la primera del mundo en todos los órdenes y por todos conceptos. 

Francia.— «Á medida que se acerca— dice un corresponsal de El 
Universo— la. íecha de la separación, crece la angustia entre los indi- 
viduos del clero parroquial. ¿Qué será de nuestras parroquias? ¿Qué 
será de nosotros mismos?» Las profundas divisiones entre los partidos 
católicos de Francia y la acción disolvente y enervadora de la mala 
prensa en el pueblo han contribuido en tal grado á la apatía é indife- 
rencia de los católicos, que en vísperas de un gran acontecimiento por 
el cual se alterará profundamente la manera de ser de la Iglesia de 
Francia, sorprende el no oir voces de airada protesta acomodadas á 
la gravedad de las circunstancias. 

Mientras tanto, algunos Obispos han consultado á shs Párrocos 
sobre varios puntos referentes á las Asociaciones parroquiales, y las 
respuestas, lejos de coincidir, se hallan discrepantes en puntos tan 
esenciales como es el de formar dichas Asociaciones en conformidad 
con la ley ó no. La Semana Religiosa, de París, sostiene la conve- 



CRÓNICA GENERAL 169 

niencia de someterse á la ley; pero la mayor parte de los Párrocos 
desconfían mucho de la acción sectaria, que, hoy por hoy, se deja sen- 
tir en casi todos los pueblos, aun los más reducidos. Si las Asociacio- 
nes parroquiales se colocan al amparo de la ley, el Estado ejercerá 
inspección sobre ellas, y la masonería, dueña del poder, sofocará en- 
tre sus garras todo movimiento religioso. Es, por tanto, muy precaria 
la situación de la Iglesia de Francia, y si ahora, cuando aún no se ha 
dado el golpe decisivo, es tan grande el desorden, ya se puede conje- 
turar cuánto será el desconcierto una vez que llegue á realizarse la 
separación. t 

En los grandes peligros por que está atravesando la Iglesia de 
Francia y los grandes disgustos que ha causado y ha de causar en 
adelante al Papa, pueden estudiar con detenimiento aquellos que 
ansian el exceso del mal para que de él brote el bien. Claro es que 
Dios puede, y, como dijo profundamente San Agustín, ha querido más 
hacer de males bienes que no prohibir que hubiese mal alguno; pero 
es una necedad inmensa no tratar de conservar á todo trance el bien 
que se posee y fiarlo todo á la Providencia, á favores extraordinarios 
que Dios no tiene obligación de conceder y que de hecho muchas ve- 
ces no concede. Desde San Agustín espera el África una mano reden- 
tora que le vuelva la fe que le arrebataron los bárbaros y mahometa- 
nos; Inglaterra, desde Enrique VIII; Alemania, desde Lutero: y el 
Oriente, desde el cisma griego. Es, por tanto, una gran locura el no 
defender por todos los medios que se tienen en la mano, que aconseja 
el Papa y están probados como buenos en Alemania y Bélgica, el bien 
que se posee, el orden que reina en la Iglesia, y lanzarse, en cambio, 
en el vacío sin saber el punto fijo adonde se va. El Papa, sin embargo, 
ha demostrado en diversas ocasiones tener confianza en la divina pro- 
tección, ha estudiado profundamente la cuestión francesa, y según 
hemos indicado en otras ocasiones, tiene ya designados los Prelados 
que han de ocuparlas Sedes vacantes y preparada la organización de 
la Iglesia en Francia. 

—Los maestros de escuela de ambos sexos han celebrado en Lila su 
Congreso anual, y con gran escándalo de toda la nación se ha notado 
que la mayor parte se hallan imbuidos en las teorías del ateísmo y an- 
tipatriotismo. Por casi unanimidad de votos se ha proclamado como 
ideal de la enseñanza la coeducación, es decir, la reunión en una mis- 
ma escuela de niños y niñas, de maestros é institutrices. Con semejan- 
tes datos, ya se puede comprender cuál será el porvenir de la educa- 
ción en Francia. 

—Con motivo de las elecciones de nuevo Presidente de la vecina 
República, comienzan á barajarse nombres de candidatos para dicho 
puesto. Loubet queda, por de pronto, descontado, pues su gestión en 



170 CRÓNICA GENERAL 

el Poder ha disgustado á todo el mundo. Los radicales no han mirado 
con buenos ojos su falta de decisión en la cuestión religiosa; pues aun- 
que bajo su jefatura se han cometido las mayores tropelías contra la 
Iglesia, los partidarios de llevarlo todo á sangre y fuego hubieran de- 
seado que el Presidente persiguiera á religiosos y sacerdotes hasta el 
derramamiento de sangre. Los católicos, en cambio, no olvidan que él 
ha sido el patrocinador de Waldek-Rousseau y Combes, y que durante 
su presidencia la República ha quedado en manos de la masonería, 
quien ha empleado su poder en perseguir ala Iglesia, desorganizar el 
ejército y matar el sentimiento de la Patria. 

Descontado, pues, Loubet, queda la lucha reducida principalmente 
á Falieres, Presidente del Senado, y á Doumier, Presidente del Con- 
greso. Falieres tiene muchos partidarios, mas le perjudica algún tanto 
su calidad de Presidente del Senado; pues aunque Loubet pasó desde 
dicho cargo á la Presidencia de la República, no se quiere en Francia 
perpetuar esa costumbre, que vendría á crear una especie de Vice- 
presidencia. Doumier cuenta con muchos amigos en los grupos colo- 
niales por la gran competencia que ha demostrado en estos asuntos; 
mas por su inclinación á la parte moderada de los republicanos, será 
combatido enérgicamente por socialistas y masones, que ven en él un 
enemigo de sus apasionamientos. Otros candidatos figuran también 
como probables para la Presidencia, entre los cuales merecen espe- 
cial mención Bourgeois y Brisson; pero ambos representan las ideas 
más avanzadas, son los dos brazos de la masonería, que por su media- 
ción ha cometido en Francia todo género de tropelías, y no es de su- 
poner que el pueblo esté tan loco que vaya á elegir á los causantes de 
sus mayores desventuras. 

Alemania.— Terminado el Congreso católico alemán de Strasbur- 
go, del cual hemos hecho ya mención en la Crónica anterior, y cuyas 
conclusiones puede afirmarse que abarcan todos los extremos de las 
cuestiones social, política y religiosa, nada ofrece por hoy de particu- 
lar la política alemana si no son las frecuentes visitas de los Embaja- 
dores en Francia y España á Loubet y Montero Ríos. El Kaiser, des- 
pués de sus viajes políticos y su revista á las tropas de Oriente y Oes- 
te, descansa por una temporada con el fin de volver después con más 
ahinco á la ruda tarea de la política. Lo que sí se nota es cierta calma 
relativa en sus relaciones con Inglaterra. Tal vez la entrevista de Ma- 
riembad, y sobre todo la paz ruso japonesa, contribuyan á ello. Ter- 
minada la guerra de Oriente, de la cual Rusia ha podido sacarla con- 
clusión de que para nada ó muy poco le servía su alianza con los Irán 
ceses, y al volver sobre sí misma, habrá de pensar muy bien cuál es 
el rumbo que le conviene seguir. 

—Hace días que por la prensa venía circulando el rumor de que en 



CRÓNICA GENERAL 171 

Alemania había penetrado el cólera, que de un momento á otro podía 
invadir á toda Europa. En un principio trataron las autoridades de 
desmentir la noticia para no sembrar la alarma en el comercio; mas* 
por fin se han visto en la precisión de confesar la existencia de dicha 
epidemia en la Prusia Occidental. Las autoridades y médicos alema- 
nes han adoptado las medidas necesarias para localizar el cólera, que 
por hoy lleva ya 200 víctimas, de las cuales han muerto 26. 

Rcsia.— En la Crónica anterior hemos dado noticia de la paz ruso- 
japonesa; hoy publica ya la prensa el texto de dicha paz y de él copia- 
mos á continuación los artículos más esenciales: 

«Art. 2.° El Emperador de Rusia reconoce que el Japón tiene pre- 
ponderantes intereses en Corea, y que, por lo tanto, podrá ejercer los 
derechos de protección, vigilancia y controle en el Reino coreano, 
desarrollando cuanto convenga á sus intereses políticos, militares y 
económicos, sin oponerse jamás á que la acción del Japón sea decisi- 
va. El Emperador del Japón declara que los subditos y empresas rusas 
en Corea gozarán de los mismos privilegios y derechos que los subdi- 
to j y las empresas de los países más favorecidos, sin que se pueda 
oponer traba ni limitación alguna á su ejercicio. El Japón podrá adop- 
tar cuantas medidas crea necesarias para asegurar sus derechos de 
controle. Termina este artículo renunciando Rusia á toda tentativa de 
ejercer actos políticos en Corea, y sancionando los ya realizados por 
el Japón durante la guerra. 

Art. 3.° Rusia y Japón convienen en evacuar simultáneamente 
todos los territorios que ocupan en la Mandchuria, reconociendo que 
la situación de estas provincias chinas se retrotraerá al estado en que 
se hallaban antes de ser ocupadas por las fuerzas rusas. Las dos po- 
tencias efectuarán la evacuación por las vías que más convenga á sus 
intereses, y se comprometen á garantizar la plenitud de derechos que, 
en virtud del anterior statu quo, hayan adquirido los ciudadanos de 
ambos países y las Sociedades jurídicas que, al amparo de la legisla- 
ción rusa, se hubieren establecido allí. Rusia y Japón inutilizarán 
cuantas obras de fortificación de campaña hubiesen efectuado, entre- 
gando las poblaciones á los mandarines chinos designados por S. M. I. 
Rusia y Japón, de común acuerdo, garantizarán las vidas y las ha- 
ciendas de los subditos europeos establecidos en la Mandchuria, hasta 
que se restablezca la normalidad y tomen posesión de sus cargos las 
autoridades chinas, á las cuales prestarán los dos contratantes todo el 
apoyo moral y material que necesiten. Rusia y Japón consideran como 
latrofacciosas las bandas de kunguses que operan en la Mandchuria, 
y se comprometen á perseguirlas y desarmarlas. 

«Art. 4.° Cuantos derechos poseía Rusia, en virtud del contrato de 
arriendo celebrado con el Imperio chino para disfrutar dePort-Arthur, 



172 CRÓMCA GENERAL 

Dalny y sus terrenos y aguas adyacentes, pasan en plena propiedad y 
soberanía al Imperio del Japón, el cual podrá efectuar cuantas obras 
crea necesarias para su pr )greso comercial y desarrollo militar. Las 
propiedades y derechos de los subditos rusos son totalmente respeta- 
dos, considerándose, para los efectos de regular sus relaciones con el 
Japón, que está vigente el tratado de paz, amistad y comercio que 
regía antes de la ruptura de hostilidades. 

»Art. 5.° Los Imperios de Rusia y el Japón adquieren el compromi- 
so de coadyuvar á que el régimen de «puerta abierta> sea garantiza- 
do en China en beneficio de todas las Potencias, con igualdad de de- 
rechos y de deberes. Igualmente acuerdan no crear obstáculo alguno al 
Imperio chino, para que éste pueda tomar parte en el progreso econó- 
mico é industrial de la Mandchuria, reconociendo los derechos del 
Imperio chino á gozar de los mismos beneficios que las demás Poten- 
cias. En este artículo quedan totalmente aclarados todos los extremos 
referentes á la región mandchuriana, reconociendo al Japón para lo 
porvenir el mayor número posible de concesiones. 

»Art. 6.° El ferrocarril mandchuriano se dividirá en dos trozos: el 
primero, hasta Kouang-Chang, quedará en poder de Rusia, y el segun- 
do, desde esta estación, en poder del Japón. Ambas Naciones cuida- 
rán de su explotación, debiendo tenerlo abierto al comercio mundial. 
Los dos trayectos podrán ser utilizados solamente para fines de co- 
mercio é industria. Rusia conservará en su trozo todos los derechos 
que adquirió en virtud de convenio con China al obtener el permiso 
de construcción. El Japón adquiere iguales derechos en el trozo que le 
es asignado, y pasan á su poder todas las minas y servidumbres encla- 
vadas en su zona, debiendo quedar encargadas ambas Potencias de la 
salvaguardia personal de los europeos que residen en sus territorios 
respectivos. Rusia y Japón se reservan el derecho de acomer cuantas 
empresas les plazca en la zona de su trayecto, pudiendo establecer 
empresas industriales ó mineras en los terrenos de la expropiación. 
Ulteriores arreglos regularán la cuestión de tráfico y tarifas. 

»Art. 7.° Rusia y Japón se comprometen á efectuar en Kouang- 
Chang las obras necesarias para enlazar los dos trozos de ferrocarril 
que, en virtud del tratado, se les asigna, debiendo efectuar el trazado 
é instalación de común acuerdo y sufragando los gastos por partes 
iguales. 

»Art. 8.° Los dos trozos del lerrocarril de la Mandchuria deberán 
ser explotados de común acuerdo y concierto entre Rusia y el Japón, 
asegurando entre ellos el tráfico mundial, sin dificultad de ningún gé- 
nero ni privilegios de ninguna clase, comprometiéndose las dos Po- 
tencias contratantes á regular, de común acuerdo, cuantos incidentes 
se susciten. 



CRÓNICA GENERAL 173 

>Art. 9.° Rusia cede en pleno dominio y soberanía, al Japón la par- 
te Sur de la isla Sakhalina hasta el grado 56, estando incluidas en esta 
cesión todas las islas adyacentes á sus aguas. Las dos naciones con- 
vienen en asegurar el libre derecho á la navegación en el Estrecho de 
la Perouse, garantizando el comercio libre de todas las Potencias. La 
cesión de esa parte del territorio ruso se hace con plenos derechos de 
soberanía, considerando desde luego como subditos japoneses á sus 
habitantes, á menos que en un plazo, que se acordará en protocolos 
adicionales, opten por conservar la ciudadanía rusa. Cada una de las 
dos Potencias signatarias acuerda igualdad de derechos á los subditos 
de la otra Potencia residentes en la parte no cedida, conviniendo el 
Japón en que los derechos de navegación serán iguales para los sub- 
ditos rusos. 

»Art. 10. Ampliando lo establecido en el artículo anterior, se acuer- 
da que los subditos rusos establecidos en la parte Sur de la isla Sakha- 
lina queden en completa libertad, aun cuando conserven su naciona- 
lidad. Esta concesión se refiere solamente á los subditos libres. En lo 
que se refiere á los subditos rusos deportados, se reconoce al Japón 
pleno derecho á obligarles á abandonar el territorio japonés, siempre 
que á ello se vea obligado por medidas de Policía ó de régimen inter- 
no. Entre las dos partes de la isla existirá libertad de comercio 

—Mientras en las altas esferas de la política se ajustan los conve- 
nios de la paz, los judíos y masones que abundan en el gran Imperio, 
tratan de soliviantar los ánimos en contra del último manifiesto del 
Czar. La concesión de la Duma no les satisface y quieren que las Cá- 
maras rusas sean como todas las de Europa, con el fin de apoderarse, 
por medio del sufragio, de todos los resortes del poder, y manejar así 
á toda la nación, como disponen de Francia, Italia y otras naciones. 
Entre tanto continúan en varios puntos los desórdenes, que en el Caú- 
caso, y especialmente en Bakú, han revestido caracteres de extraor- 
dinaria gravedad. En este punto, sin embargo, no anda mucho mejor 
el Japón, donde el pueblo, envalentonado con los triunfos de su ejérci- 
to, se muestra descontento délas condiciones de la paz, y ha promovi- 
do tumultos en varias poblaciones con las correspondientes violencias 
contra los europeos y choques entre las masas populares y el ejército. 

América, del Sur.— Ha tiempo que los Estados de la América del 
Sur trabajan con ahínco por llegar á constituir una gran confederación 
que les permita resistir en cuanto les sea posible los peligros que les 
amenazan de la parte Norte, y aunque hasta hoy no habían logrado po- 
nerse de acuerdo, según parece, las negociaciones que están lleván- 
dose en estos días ofrecen algún resultado positivo. Véase lo que 
acerca de ello dice El Universo: 

«La Confederación que tratan de constituir los países de la América 



174 CRÓNICA GENERAL 

latina no ha de tener, á lo que parece, el carácter exclusivista que os- 
tenta en la actualidad la Confederación Helvética; pero habrá de ofre- 
cer amplio campo al desenvolvimiento de las iniciativas que puedan 
garantizar la libertad nacional de cada uno de los Estados que entran 
en la Confederación. Tiene la Confederación sudamericana como as- 
piración principal, y ha de constituir, por tanto, base de la misma, la 
unión perfecta de los países que la formen en sus relaciones con el ex- 
tranjero, y la prohibición absoluta de llegar entre sí, por ningún mo- 
tivo, á conflictos armados. Estos principios fundamentales prueban la 
firmeza con que. surge, que no se limita á una alianza ofensiva y de- 
fensiva contra el poder absorbente de los Estados Unidos, sino que 
fundiendo las discordias interiores, unifica su acción para cuanto á la 
política exterior se refiera; es decir, que tanto en ésta como en la an- 
terior, los países confederados se comprometen á proceder en tal for- 
ma que no parezca sino que la acción es ejecutada por un solo Estado. 
Todas las cuestiones que puedan surgir y todos los conflictos que pue- 
dan plantearse por discrepancia en los asuntos de la política interna 
entre los diferentes Estados confederados se resolverán por un Conse- 
jo arbitral, de modo que quedarán á salvo los intereses y las liberta- 
des propias de cada uno en particular, dentro de la acción confedera- 
tiva. No ha recibido todavía la sanción pública este magno proyecto; 
pero ya existe el núcleo de la Confederación sudamericana, que lo 
constituyen el Brasil, Chile y la República Argentina, los tres países 
sudamericanos que tanto en lo interior como en lo exterior están en la 
plenitud de sus facultades y atribuciones nacionales. Por no estarlo y 
tener pendientes con Europa y los Estados Unidos algunas complica- 
ciones y dificultades, han sido por ahora excluidas de la Federación 
Colombia, Venezuela y el Ecuador, y se espera que el Uruguay entre 
desde luego en la Federación, por mediación de la República Ar- 
gentina. 

»Es innegable la importancia de este movimiento, aunque hasta 
ahora no se le haya querido reconocer, con excepción de los Estados 
Unidos y la Gran Bretaña; y la tiene no sólo por lo que afecte á las re- 
laciones políticas de los países confederados, sino también por lo*que 
á las comerciales y sociales atañe, puesto que ha de alcanzar su bene- 
ficiosa influencia al comercio, á la industria y á la producción». 

II 
ESPAÑA 

El día 10 se celebraron las elecciones, en las cuales muchos monár- 
quicos, fiados, como de costumbre, en que todo se lo hará el Gobierno, 
no han acudido á las urnas, y los republicanos, aunque asiduos, han 



CRÓNICA GENERAL 

perdido algunos puestos merced á la poderosísima influencia del Go- 
bierno que en Madrid ha tenido que echar el resto como vulgarmente 
se dice. Los liberales han triunfado por unos 241, y Maura ha sacado 
unos ciento, lo cual ha dado ocasión para que se hagan muchas caba- 
las acerca de la vida que espera al Gobierno en las próximas Cortes. 
Porque es de advertir que la mayoría no es suficientemente compacta, 
pues de esos 244 Diputados, los hay de Montero Ríos, de Moret, de Ro- 
manones, de Canalejas, con criterios, tendencias, intereses y ambicio- 
nes incompatibles, y cuando menos se piense y por el menor pretexto, 
puede surgir un conflicto en que cada grupo tire por su lado y quede 
dueña de la Cámara la formidable y compacta minoría conservadora, 
hoy agrupada alrededor del Sr. Maura como jefe indiscutible. En ge- 
neral, las elecciones han sido tranquilas, salvo los pucherazos de ri- 
¿or y los tradicionales alborotos de menor cuantía en algunos puntos, 
y respecto de su legalidad, hay apreciones para todos los gustos. El 
Gobierno, es claro, jura y perjura que ha observado la más estricta 
sinceridad electoral, mientras las oposiciones le acusan de haber ape- 
lado á todos los viejos recursos para hacer presión en el ánimo de los 
electores. Juzgando con los más prudentes, podemos quedarnos en un 
término medio: Las actuales elecciones son las más sinceras que ha 
hecho el partido liberal; pero representan un retroceso en este punto 
respecto á las últimas que hizo el partido conservador. 

Ya que en las elecciones no ha habido desórdenes de consideración, 
los ha habido, en cambio, antes y después de ellas. Dos días antes, sa- 
liendo los republicanos de un mitin en Madrid, organizaron una ma- 
nifestación ilegal en honor del Sr. Salmerón, la cual terminó con unos 
cuantos disparos que la policía atribuye á los republicanos, y los re- 
publicanos á la policía. Al día siguiente de las elecciones, los republi- 
canos de Valencia, que habían sacado Diputados á Blasco Ibáñez, 
Menéndez Pallares y Soriano, celebraron su triunfo corriendo la pól- 
vora, es decir, andando á tiro limpio los de la kabila de Blasco con los 
de la de Soriano, resultando algunos heridos, entre ellos, aunque leve- 
mente, el Sr. Menéndez Pallares. La escena se repitió, con general 
indignación de la culta Valencia, condenada hace años á espectáculos 
semejantes de los que, mimados por autoridades débiles hasta sacri- 
ficarles la víctima inocente del P. Nozaleda, campan allí como dueños 
absolutos que ventilan á tiros en las calles sus odios africanos. Xi pa- 
ran aquí las calamidades de la quincena: á la crítica situación creada 
por el hambre en Andalucía, hay que añadir la crecida del Turia, que 
ha ocasionado algunas víctimas, y el desgraciado accidente ocurrido 
en la feria de Salamanca, donde 6.000 caballerías espantadas han cau- 
sado graves atropellos. 

De propósito dejamos para lo último la más grave. En Barcelona 



176 CRÓNICA GENERAL 

los anarquistas han vuelto á cometer otro crimen espantoso, y contra 
el cual han protestado todas las personas honradas. De una bomba 
lanzada en la Rambla de las Flores, han resultado dos jóvenes muer- 
tas, cuya madre, al saber la desgracia, se ha vuelto loca, y otras mu- 
chas víctimas, aunque no todas de gravedad. De los autores del cri- 
men nada se sabe, la policía de aquella capital se halla tan acostum- 
brada á ver anarquistas, que ya ni les llaman la atención, ni los dis 1 
tingue, aunque los tengan á dos dedos de las narices. La indignación 
causada entre las gentes honradas de Barcelona se ha manifestado en 
forma muy enérgica con quejas dirigidas al Gobierno por no tener en 
la culta capital suficientes fuerzas de policía. El Gobierno, ante el te- 
mor de que los regionalistas organicen una policía propia, ha puesto 
manos al asunto y es de suponer que esta vez la organización de la po- 
licía de Barcelona sea un hecho. 




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EL CENTENARIO 



DE 



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SU NICOLÁS DE TOIiEHTIflO i 

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jurante todo el mes de Septiembre último, y ::"v 
obedeciendo á excitaciones de su Rmo. Pa- iJ¿ 
dre General Mtro. Fr. Tomás Rodríguez, la |S 
Orden Agustiniana ha consagrado solemnes cultos á *í 
la celebración del sexto centenario de la gloriosa j^ 
muerte de uno de sus hijos más ilustres: el Tauma- 
turgo San Nicolás de Tolentino. En Italia, patria del 
j& insigne santo; en Alemania, Inglaterra, Bélgica, Ho- 
;»* landa, en todas las Repúblicas americanas, donde- i 
y& quiera que viven hijos de San Agustín, se ha consa- £í 
jk grado un recuerdo al que veneran como uno de sus *^| 
j»J más gloriosas hermanos, y no podía ser nota discor- 
ÍJr* cfante España, donde la Orden del Doctor de Hipona 
jk alcanza por fortuna tanta prosperidad. En todos sus 
' Colegios, Casas y Residencias de la Península é Islas 
adyacentes se ha dedicado á la conmemoración del 
fausto acontecimiento un triduo solemnísimo como el 
que acaba de celebrarse en El Escorial. 

Consagrada nuestra Revista á la lucha por el ideal 
cristiano en el campo de la ciencia, no por eso hemos 
de dejar de adherirnos, siquiera sea por vía de ex- 
pansión del alma, necesitada de refrigerarse con auras 
celestiales, á aquellas manifestaciones de piedad que 
nos recuerdan antiguas é imperecederas glorias del 






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La Ciudad de Dios.— Año XXV— Ním. III. 



hábito que vestimos y de la escuela á que nos honra- 
mos de pertenecer, y San Nicolás de Tolentino es as- 
tro de primera magnitud en el espléndido cielo agus- 
tiniano. Por eso nos detenemos, siquiera sea un mo- 
mento, para saludarle, para rendirle el justísimo ho- 
menaje de nuestra admiración entusiasta y nuestra 
veneración profundísima, para pedirle que nos alcan- 
ce de Dios el don de saber unir á la luz esplendorosa 
de la verdad y de la ciencia el fuego devorador del 
bien y de la caridad. 

La figura de San Nicolás de Tolentino es de las más 
portentosas que registra la historia de la Iglesia cató- 
lica. Afligidos sus piadosos padres por no tener suce- 
sión, visitaron el sepulcro de San Nicolás de Barí, don- 
de por la intercesión del santo, un ángel les anunció 
que Diosles concedería unhijo. Elvaticiniose cumplió 
poco después, hacia 1245, y agradecidos los cristianos 
progenitores, impusieron al niño el nombre de Nico- 
lás. Desde la más tierna edad se distinguió en el ejer- 
cicio de las virtudes, sobresaliendo principalmente en 
la abstinencia. Niño aún de diez años, oyó cierto día 
á un religioso Agustino predicar acerca del despre- 
cio del mundo, é inflamado con esto su corazón ino- 
cente, ingresó en la Orden Agustiniana que tanto ha- 
bía de ilustrar con sus virtudes. Fué en ella constan- 
temente ejemplo de-religiosa observancia, áspero en 
tal manera para consigo mismo, que sus penitencias 
hacen estremecer, y compasivo y benévolo para los 
demás en tal grado, que en cierta ocasión no cesó de 
pedir limosna hasta reunir la cantidad necesaria para 
obtener la libertad de un infeliz preso por deudas. 
Siempre á disposición délos prójimos, en particular 
de los menesterosos, acudía á remediar toda clase de 
necesidades, así del cuerpo como del alma, y no ha- 
llando su ardiente caridad campo suficiente en la 
tierra, se extendió de una manera especial á las áni- 
mas del Purgatorio, alas cuales socorría diariamente 
ofreciéndoles el santo sacrificio de la misa y otros in- 



numerables sufragios de mortificaciones, ayunos, dis- 
ciplinas y encendidas plegarias. A pesar de la conti- 
nua guerra que hubo de sostener con el común ene- 
migo, visible é invisiblemente, jamás aflojó en la 
austeridad de vida y en la asiduidad y fervor de la 
oración. Dios le favoreció con excepcionales caris- 
mas, entre ellos el de hacérsele visible en el Sacra- 
mento del altar, el de una estrella luminosa que le 
precedía visiblemente á dondequiera que iba, y por 
la cual se le representa con una estrella ó un sol en el 
pecho, y desde seis meses antes de su muerte, hasta 
el momento de ella, en 10 de Septiembre de 1305, con 
armonías angélicas. 

Es San Nicolás de Tolentino uno de los santos á 
quienes se atribuye la poética leyenda de los mendru- 
gos de pan convertidos en flores; pero el milagro que 
más le caracteriza y por el que suele representársele 
en sus imágenes, es el de las perdices. Obligado por 
obediencia á comer carne durante una enfermedad, 
trajéronle dos asadas, y después de probar una, las 
bendijo, y se levantaron, se cubrieron de pluma y 
echaron á volar por la ventana. El número y el ca- 
rácter verdaderamente estupendo de sus milagros en 
vida y muerte le ha valido el merecido título y re- 
nombre de Taumaturgo, y el elogio del Pontífice Eu- 
genio IV, según el cual, no ha habido en la Iglesia, 
desde el tiempo de los Apóstoles, quien le igualase ni 
en la grandeza ni en la cantidad de sus milagros: 
• Neminem inde jam ab Apostolorum ovo zixisse, 
qui prodigiorum aut magnitudine aut multitudine 
Nicolautñ superávit.* Y en efecto, sólo en el proceso 
de su canonización se aprobaron trescientos, siendo 
el más notable y transcendental de todos el de la 
unión de las Iglesias griega y latina, obtt nida por la 
intercesión del santo en el Concilio de Florencia, y en 
cuya virtud le canonizó Eugenio IV, según el voto 
que había hecho si le alcanzaba la paz de la Iglesia, 
en 5 de Junio de 1446. La Iglesia ha concedido por 



ello á la Orden Agustiniana celebrar, además de la 
fiesta del Santo (10 de Septiembre), otra especial el 5 
de Junio en honor de su Canonización. 

Entre sus milagros más extraordinarios merece re- 
ferirse, por haber ocurrido en España y en tiempos 
relativamente recientes, el acaecido en Córdoba el 7 
de Junio de 1601. Con motivo de una peste que asola- 
ba la ciudad, decidió el municipio sacar en solemne 
procesión la imagen de San Nicolás del templo de San 
Agustín y llevarla al hospital de San Lázaro, depósi- 
to de los apestados, para implorar por la intercesión 
del gran Taumaturgo la misericordia del Señor. El 
acto fue imponente: asistía á él la ciudad entera, con 
todas sus Comunidades, su clero secular, sus veinti- 
cuatros, su Gobernador y Jurado D. Santiago de Var- 
gas y Carvajal; la imagen del Santo vino á encontrar- 
se al lado de un crucifijo que llevaban los PP. Fran- 
ciscanos, y con asombro y lágrimas copiosas de la 
inmensa muchedumbre que redoblaba sus clamores, 
se vio al santo arrodillarse, inclinarse y besar los pies 
del Crucifijo una, dos y tres veces, y se vio á la ter- 
cera al Crucifijo desclavar los brazos y abrazar á la 
imagen de San Nicolás. Inmediatamente empezó á 
ceder la peste, que había durado más de un año, y 
antes de dos meses había desaparecido por completo. 

Innumerables hechos por el estilo fueron causa, sin 
duda, de la popularidad que tuvo en tispafta la devo- 
ción de San Nicolás de Tolentino,. popularidad que 
hoy, por efecto de las vicisitudes religiosas del si- 
glo XIX, y especialmente por la exclaustración, ha 
disminuido mucho por desgracia, si se exceptúa en 
Mallorca, donde se conserva viva esa, como otras mu- 
chas devociones Agustinianas, y muy señaladamente 
en su rica ciudad de Felanitx, que venera nuestro 
Santo por patrón. De esta antigua popularidad sub- 
sisten, sin embargo, abundantes testimonios en nues- 
tros templos, donde es frecuente la imagen del santo 
de la perdiz, y no menores en nuestra antigua litera- 



tura. El gran Lope de Vega le dedicó una de sus co- 
medias titulada: El Santo dclos milagros San Nico- 
lás de Tolentino). Existe además un poema notabilí- 
simo acerca de su vida, del cual es autor el grandilo- 
cuente poeta Agustiniano P. Hernando de Camargo, 
poema que mereció grandes elogios de los contem- 
poráneos Lope de Vega, Mira de Mescua, Yaldiviel- 
so y Salas Barbadillo, y posteriormente los anotado- 
res de Ticknor (1). 

Al saludar, pues, á tan excelsa figura, que mereció 
ser cantada por el Fénix de los ingenios; al tribu- 
tarle nuestro cordialísimo homenaje y el testimonio 
de nuestra veneración; al cumplir gustosos un deber 
que nos impone el amor de nuestras glorias, suplica- 
mos rendidamente al gloriosísimo San Nicolás de To- 
lentino se digne asistirnos en nuestras tareas, endere- 
zadas á la gloria de Dios y defensa de su causa, y 
como alcanzó del Señor días de paz y de prosperidad 
para su Iglesia, le alcance hoy el mismo beneficio, de 
que se halla tan necesitada, 

La Redacción. 



(1) V. Ticknor: Historia de la Literatura española, traducida por D. Pascual 
de Gayangos y D. Enrique de Vedia, tomo III: Adiciones y notas. pá_ 




ESTUDIOS DE ANTIGUOS ESCfJITOlfES ESPflfíOIiES 

SOBRE LOS AGENTES DEL DELITO 




Ideas generales. 

(Conclusión). 

unque fué opinión muy corriente entre los antiguos que el 
hombre por su naturaleza no es bueno ni malo, sino que 
esto depende de la educación que recibe y de las circuns- 
tancias que le rodean durante su vida, no faltan quienes conceden 
escasa importancia á estas causas externas, ya suponiendo que 
todo hombre es inclinado al mal por su naturaleza, aunque corre- 
gible por la buena dirección de su voluntad, ya afirmando que unos 
son por sí bien inclinados, naturalmente dóciles y virtuosos, y 
otros inclinados al mal desde su nacimiento é irremediablemente 
propensos al vicio ó al crimen. Según esto, la virtud y el vicio pa- 
recen congénitos, y las condiciones en que vive el hombre influi- 
rán muy poco en su conducta: el que nació para la virtud será vir- 
tuoso dondequiera que habite, con quienquiera que viva, en todo 
lugar, en todo tiempo y en todo género de condiciones; y el que na- 
ció para el crimen será criminal por más que contribuyan á hacer- 
le honrado las circunstancias que le rodean. Ninguno de los escri- 
tores á que aludo admitiría semejante interpretación de sus pensa- 
mientos; pero es la verdad que en sus obras se encuentran á veces 
frases cuyo significado literal se 'aproxima mucho á la teoría de] 
delincuente nato, si bien dichos autores estaban muy lejos de pro- 
fesar tales doctrinas. Pueden servir de ejemplo algunos de los tex- 
tos ya citados, y sería fácil citar otros muchos. Existen indudable- 
mente, así niños como adultos, perversos por naturaleza y refrac- 



ESTUDIOS DE ANTIGUOS ESCRITORES ESPAÑOLES 1S3 

tarios á toda corrección, * hombres tan inhumanos, que sin rabia ni 
enojo, sólo por pasatiempo, maltratan á otro hombre (1)». «Hom- 
bres hay— agrega otro autor -r-que tienen las conciencias tan an- 
chas, que todo lo digieren, lo justo y lo injusto, lo propio y lo ajeno; 
todo les es sabroso y bueno...; con tanta quietud se tienen la capa 
de su prójimo y gozan de ella, como si fuera propia suya; á todas 
trampas, mohatras, usuras, robos, hurtos, dan entrada por su gar- 
ganta, como si fuera sólo el salario del sudor del justo jornal (2}-. El 
verdadero sentido de estas expresiones y otras semejantes, es que 
hay hombres mal inclinados por naturaleza y de peor condición 
que otros; hombres que con facilidad son arrastrados al vicio ó al 
crimen, y con gran dificultad se refrenan y corrigen; lo cual es 
una verdad que la experiencia diaria nos pone delante de los ojos. 
Pero, entre estas afirmaciones, que suponen la libertad humana, y 
por tanto, la posibilidad de la corrección por la influencia de mil 
causas externas, y las doctrinas del delincuente nato, que se 
fundan en un triste fatalismo y excluyen la posibilidad de la en- 
mienda en su recto sentido, existe una diferencia inmensa (3). 

Los que han considerado el genio y el crimen, la virtud y la 
perversidad como otros tantos géneros de locura, podrían encon- 
trar también algunos predecesores de sus teorías entre los anti- 
guos, dejando siempre á salvo el distinto espíritu que informa las 
doctrinas de los últimos. Es curioso, á propósito de esto, el siguien- 
te diálogo que Miranda Yillafañe pone en boca de Bcmaldo y su 
ánima: 

«Berxaldo. — Parece que' quieres decir que no hay ninguno que 
no sea loco. 

Anima.— Loco no, mas que cada uno huela á ello. 

Berxaldo. — Eso es lo mismo. 

Anima.— Has de saber que cada hombre tiene su ramo de locura; 
mas unos lo tienen mayor que otros. Mas hay esta diferencia: que 
los sabios le traen cubierto, y los locos en la mano que todos lo 
veen. 



(1) Jnan de Zabaleta. Teatro del hombre. 

(2) José Luquián, Tratado del hombre, no* ando V. 

(3) Escritores hubo en la antigüedad que terminantemente sostuvieron que ni la virtud ni 
el vicio son congénitos. Dejando á un lado las opiniones de Platón y Aristóteles, qne no ha- 
cen al caso, tenemos, entre los nuestros, al Doctor Gallego de la Serna (1636) que trató de 
propósito esta cuestión. Para conocer su pensamiento, basta citar el epígrafe del capítulo V de 
su Eihica pnerorum qu_- empieza así: Quod nec virtus moralis nec vitium sit a natura 

angenitum. 



184 ESTUDIOS DE ANTIGUOS ESCRITORES ESPAÑOLES 

Bern aldo.— ¿Quieres hacer burla de mí? 

Anima.— Si quieres decir la verdad, no podrás negar no haber 
hecho en tu casa á solas algunas cosas que, si las hicieras en pú- 
blico, los muchachos hubieran ido tras ti como tras un loco. 

Bernaldo.— Dices verdad, y no quiero negar que también no 
tenga mi piedra como cada uno; y agora tengo por verdadero el 
proverbio que muchas veces he oído decir: que si la locura fuera 
dolor, en cada casa se oyeran los gritos. 

Anima. — Pues más digo: que hallarás pocos hombres en el mun- 
do, que hayan dejado fama, que, si bien se considera su vida, no- 
hayan alguna vez traído el ramo descubierto; mas, porque les ha 
sucedido bien, han sido loados" (1). 

Pasando á otra cuestión, de que conviene decir algo, en estas 
ideas preliminares, ¿á quién pertenece el estudio de los agentes del 
delito? ¿Al jurista, al médico, al sociólogo? La solución depende de 
los principios doctrinales que se adopten. La Antropología crimi- 
nal, que ve en el delito, principalmente un producto de la consti- 
tución orgánica, y en el delincuente un ser anormal, orgánicamen- 
te inferior, enfermo ó loco, sólo á la Medicina puede conceder com- 
petencia para estudiar el delito, sus causas y sus remedios. Otras 
escuelas positivistas, que, dando escasa importancia á las causas 
orgánicas generadoras del delito, las buscan especialmente en la 
sociedad, y consideran al delincuente como un microbio que nece- 
sita caldo apropiado para desarrollarse y vivir, y este caldo es el 
medió social en que existe, sólo reconocen jurisdicción á la Vaga é 
informe ciencia de la Sociología respecto al estudio de que trata- 
mos. La mayor parte de los positivistas, que admiten en la gene- 
ración del delito influencias de orden social y de orden antropológi- 
co á la vez, lógicamente tienen que hacer el estudio del crimen 
objeto de la Sociología y la Medicina. Los juristas, en fin, que, 
remontados á un idealismo más ó menos exagerado, sólo han visto 
en el delito un acto de la voluntad humana, suponiendo, á lo menos 
en teoría, absolutamente iguales á todos los hombres, y deducien- 
do el grado de responsabilidad sin tener en cuenta el carácter, el 
temperamento, el medio ambiente y otras muchas causas que con- 
tribuyen al hecho criminal, han considerado el delito, teóricamen- 
te, como objeto exclusivo de la Filosofía del derecho. Unos y otros 
han pecado de exclusivistas, así los fanáticos adoradores de la ex- 



(1) Diálogo* de la phantdstica pMlosophia... 158'.?, diálogo V. 



ESTUDIOS DE ANTIGUOS ESCRITORES ESPAÑOLES 185 

periencia que abominan de la metafísica, como los idealistas exage- 
rados (si alguno existe todavía), que niegan toda jurisdicción en 
asuntos de criminalidad á las ciencias experimentales. Pero, entre 
los primeros y los segundos, éstos se hallan menos distanciados de 
la verdad, pues, en último término, la doctrina fundamental acerca 
del delito, á la ciencia del Derecho corresponde. La Antropología,, 
la Sociología y aun la Medicina acopian materiales, suministran 
datos y observaciones; son ciencias preparatorias, complementa- 
rias ó auxiliares, tan importantes, tan imprescindibles como quiera 
suponerse; mas, al fin, auxiliares y secundarias. Y, no obstante, los 
cultivadores de estas ciencias, particularmente los antropólogos, 
son los que se creen llamados á resolver todas las cuestiones cri- 
minales, y los que, destruyendo cuanto se ha hecho hasta ahora, 
y dedicando una sonrisa de desdén á filósofos y moralistas, y á ve- 
ces al mismo sentido común, tratan de convertir todo el Derecho 
penal en una rama de la Medicina. A éstos es perfectamente aplica- 
ble una regla de conducta que allá en el siglo XVI daba un filósofo- 
español: «Que el carpintero no hiciese obra tocante al oficio del 
labrador, ni el tejedor, del arquitecto, ni el jurisperito curase, ni 
el medico abogase* (1). 

Dícese, y se repite á cada paso, que esta tendencia actual de la 
Medicina á absorber el Derecho penal es una reacción contra el es- 
píritu exageradamente idealista y filosófico de la «ciencia viejas, 
que, encastillada en las doctrinas del libre albedrío y la responsa- 
bilidad moral, estudió el delito prescindiendo del delincuente, y ol- 
vidó las verdaderas causas que engendran el acto punible, causas 
que sólo se aprenden en la escuela de la observación. Si esto se 
concretase á decir que los antiguos no estudiaron la materia con 
ese análisis minucioso, ni ese rigor científico, ni esos detalles y nú- 
meros que presentan las obras modernas de este género, la acusa- 
ción sería exacta, aunque pueril; tan pueril como la de aquel Di- 
putado español que se lamentaba en el Congreso de que Felipe II 
no hubiera puesto pararrayos en el Escorial. Los antiguos no con- 
taron con laboratoiios químicos, ni con el microscopio, ni con los 
adelantos de varias ciencias auxiliares, ni siquiera con ese espíri- 
tu extraviadamente investigador de muchos escritores modernos 
que los impulsa no pocas veces á sacrificar sus íntimas conviccio- 
nes y el dictamen de la propia conciencia en aras de una novedad 



ll) Huarte de San Juan, obra citada. Dedicatoria al Rey Felipe II. 



186 ESTUDIOS DE ANTIGUOS ESCRITORES ESPAÑOLES 

científica ó de una escuela que está de moda. Lo que sí puede ase- 
gurarse es que los antiguos estudiaron todas las influencias que ac- 
túan sobre la voluntad humana, y todas las causas que concurren 
al nacimiento del delito, exceptuando únicamente algunas de or- 
den social que, ó no existían entonces, ó carecían de importancia. 
Puede asegurarse del mismo modo que no carecieron de espíritu 
de observación, de esa observación que consiste en la experiencia 
de la vida y el estudio del corazón humano; de esa observación que, 
en último término, basta para formar un juicio recto de los móviles 
de nuestras acciones, y evita muchos de los extravíos á que condu- 
cen las observaciones que hoy se hacen en las oficinas antropomé- 
tricas con cintas graduadas y compases, ó en los laboratorios con el 
microscopio y los reactivos químicos. Puede asegurarse, en fin, que 
para formar sus teorías filosóficas y resolver las cuestiones, no re- 
chazaron jamás, sino que solicitaron el concurso de aquellas cien- 
cias experimentales que podían prestarles alguna luz y ayudarles 
en la investigación de la verdad. Mucho antes que se escribiera el 
primer tratado de Medicina legal, los abogados y los jueces consul- 
taban á los médicos en las causas criminales, y la Medicina servía 
de auxiliar poderoso en los Tribunales de justicia para resolver 
una multitud de casos prácticos relativos á cuestiones de Derecho. 
Admitían, por consiguiente, la competencia de la Medicina en el 
examen del delito y de su autor. La misma conclusión deducían de 
la unión íntima del espíritu con el cuerpo y el influjo que la com- 
plexión y constitución de éste ejercen en las operaciones de aquél, 
ó mejor dicho, en los actos del compuesto que es el hombre. Reco- 
nocían que, «aunque las pasiones sean dolencias del ánimo», radi- 
can en el organismo, y bajo este aspecto, su estudio corresponde al 
médico, y no al jurisconsulto ni al moralista. «Lo cierto es— dice un 
autor, tratando precisamente de explicar por la ciencia médica las 
diversas inclinaciones— que la diversidad de los temperamentos y 
distinción de complexiones tiene influencia ó contribuye á la dife- 
rencia de inclinaciones particulares. En qué consista, ó cómo con- 
curran á producir efectos tan diversos, no se puede explicar de esta 
ó de la otra manera, porque tanta diversidad hay en este modo de 
discurrir en la Medicina, como de complexiones en nuestra natura- 
leza» (1). Aún hay más: los moralistas y los mismos escritores ascé- 
ticos invocaban frecuentemente la ciencia medica, ya para inves- 



tí) Juan Crlsóstomo de Olóriz, El por que m As anticuo déla afición, 1742, cap. III. 



ESTUDIOS DE ANTIGUOS ESCRITORES ESPAÑOLES l s 7 

tigar el origen orgánico de ciertos vicios ó malas inclinaciones, ya 
para proporcionar aquellos remedios naturales que más corres- 
pondían al médico del cuerpo que al médico del alma. 

Esta cuestión de competencia entre la Medicina y el Derecho 
en asuntos de criminología, y aun de moral, que hoy ofrece cap - 
tal interés, fué ya ampliamente expuesta y estudiada por Gallego 
de la Serna (doscientos años antes que hubiera antropólogos en el 
mundo), en el Tratado IV de sus citadas obras, que lleva el título 
de Etílica pucroriim. Permítaseme que alargue la cita algo más de 
lo justo, pues lo merece la materia. Dice así en el Prooemium (1): 
«Muy impropio parece que nosotros, los médicos, teniendo por 
oficio procurar y conservar la salud del cuerpo, queramos también 
discutir sobre la extirpación de los vicios y el modo de adquirir las 
virtudes morales. Es esto, como suele decirse, meter la hoz en mies 
ajena; porque tal es el fin único de aquella parte de la Filosofía que 
se llama Ética. Por tanto, para que podamos vernos libres de este 
pecado, demostraremos que existe tal afinidad entre los principios 
de aquella parte de la Medicina que se llama fisiológica y los prin- 
cipios de la Filosofía moral, que con muy poco trabajo puede un 
médico hacerse filósofo moralista, como se hicieron Galeno } r otros 
muchos. Es más: demostraremos que la extirpación de los vicios 
y la generación de las virtudes morales, de tal manera dependen 
del arte de curar, que si la Filosofía moral no va unida á la Medi- 
cina, aquellos fines no podrán conseguirse jamás». A demostrar 
las precedentes proposiciones dedica todo el capítulo primero, 
como se desprende de su encabezamiento, que dice así: Ratio)iibits 
et aittoritate medicoriun ac philosophortim probatur tantam esse 
affmitatem ínter principia cins partis medicae artis quae dicitiir 
physiologica, et Philosophiac moralis, ut niillus philosophus 
moralis possit sitian adimplere niiinns sitie cognitione artis me- 
dicae. El argumento fundamental de sus demostraciones es el de 
todos los antiguos y todos los modernos: la unión del alma con el 



(1) «Máxime improprium esse vldetur ut nos, medici cum simus, dum de stabilienda fir- 
mandaque corporali saluce agimus, velimus etiam de vitioruro inhibitioneet de virtutum 
moraliura generationis modo disserere. Est enim hoc mittere falcem in messem alienam. ut 
dicunt, nam hunc solum habet finem pars Philosophiae moralis quae dieltur Étnica, ut dice- 
mus. Quapropter. ut ab hoc crimine libere evadere possimus. probare decrevimus tantam esse 
affinitatem principiorum eius partis Medicae artis quae dlcitur physiologica cum principiis 
Philosophiae moralis, ut medio:ri labore medicus possit in philosophum moralem evadere, ut 
fecit Galenus et alii quamplurimi Imo, tantán: habere dependentiam vitiorum extirpationem 
et moralium virtutum productionem a medicinali arte probabimus, ut, nisi Philosophia mo- 
ralis sit cum arte medica eonjucta, opera illa minime assequi valeat». 



188 ESTUDIOS DE ANTIGUOS ESCRITORES ESPAÑOLES 

cuerpo y la influencia de la materia sobre el espíritu (1). «Forman- 
do el alma y el cuerpo un compuesto substancial, es necesario y 
naturalísimo que enere la primera y el segundo haya comunica- 
ción de pasiones... La causa principal de esta comunicación es la. 
necesidad que el alma unida tiene de ciertas acciones materiales 
para conservar su propia unión, pues siendo necesario que, para 
producir estas acciones, se deriven del alma á los órganos diversas 
facultades, que no pueden tener la misma disposición en todos los 
hombres y en todas las edades, necesario es también que, según la 
diversa disposición de los órganos, sean diversas las operaciones 
del alma... Sigúese de aquí que, á causa de tener la Medicina y la 
Filosofía moral un objeto común, sea preciso que haya cierta unión 
entre estas dos artes, de tal manera, que no puede ser médico per- 
fecto el que no posee la verdadera ciencia de las perturbaciones 
del ánimo, ni perfecto filósofo moralista quien no conoce el ori- 
gen y la causa de las mismas perturbaciones; porque, si ignora- 
se, verbigracia, que son diversas las perturbaciones que nacen 
del corazón cálido y seco, de las que se derivan del frío y húmedo, 
de ningún modo sabría corregirlas, ni hacer que se engendrasen 
buenos y no malos hábitos morales. Teniendo su origen los buenos 
y malos hábitos morales en los buenos ó malos actos del apetito 
sensitivo, y dependiendo éstos de la virtud irascible ó concupisci- 
ble, que sufre las mutaciones del temperamento del hígado y el 



(1) «Cum anima et corpus unum substautiale compositiim efficiant, necessarium ac natu- 
ralissimum est ut Ínter animam et corpus sit mutua quarundam passionum communicatio... 
Huius communicationis potissima causa est necessitas quam habet anima unita materialium 
quarundam actionum ad conservationem suae unionis. Nam, cum necessarium sit ut, ad 
harum actionum productionem, dimanent diversae facultates in diversis organis, quae qui- 
dem non possint in ómnibus hominibus et aetatibus eodem modo esse dispositae, necessarium 
quoque est ut pro diversa dispositione organorum, diversa operetur anima... Unde manifestum 
est quod, propter istam obiectorum medicinae et Philosophiae moralis communlcationem, sit 
etiam necessaria certa quaedam commixtio Ínter istas duas artes, ita ut nullo modo possit 
esse medicus perfectus qui non habeat verara scientiam de animi pertutbationibus. ut in 
Hippocrate et Galeno apparet, nec possit esse perfectus philosophus moralis qui nom cogno- 
Verit orlgínem et causam eatundem perturbationum, ut appaiet in Aiistotele et Platone. 
Nam, si ignoraverit diversas, verbi gratia, perturbationes oriri a corde calido et sicco, abéis 
quae nascuntur a frígido et húmido, minime sciet easdem emendare, ut boni habitas moralis, 
et non mali flant. Nam, cum boni aut mali habitus fiant ex áppetitus sensitivi bunis aui malit 
actibus, qui tanquam a principio dependeant ab irascibili aut concupiscibtli virtute, quae 
mutatur ad mutationem temperamenti hepatis et COrdll, DeceuariatD quoque est ut habitus 
mutenlur, aut boni aut mali conserventur> propter dispositionem qualitativam aut quantita- 
tivam dictorum organorum... Cum igitur vera cognitio, emendatio aut conaei \ alio tempera* 
mentorum, conforii-.ationum tt appiiitivaium facultaium proptia sit artis niiilii iu-, MC€*> 
sarlum est quod ad solum nu-dU-uin ipectet naturales moium causas cognoscere, conservare 
aut immutare; et quod philosophus moralis, nlsi sit mediCDS, sive natuí .ilis philosophus, nulla 
ratione id assequi possit, quam vis ipse praecepta tradat quomodo boni aquirantiu habitus et 
mali dcpillantur». 



ESTUDIOS DE ANTIGUOS ESCRITORES ESPAÑOLES 189 

corazón, se mudarán también los hábitos, buenos ó malos, por la 
disposición cualitativa ó cuantitativa de dichos órganos... Ahora 
bien; siendo propio de la Medicina el conocimiento, la enmienda y 
la conservación de los temperamentos, conformaciones y faculta- 
des afectivas, sigúese que al médico únicamente corresponde co- 
nocer, conservar ó cambiar las causas naturales de las costumbres, 
y que el filósofo moralista, si no es médico ó sabe la Filosofía na- 
tural, de ningún modo podrá alcanzar estos fines, aunque dé pre- 
ceptos para adquirir hábitos buenos y desarraigar los malos». 

En cambio, más de medio siglo antes (1575), Huarte de San Juan 
había refutado esta doctrina, ó señalado, más bien, los límites de la 
jurisdicción que á la Moral y á la Medicina corresponden. Aludien- 
do á la afirmación de Galeno, según el cual «las costumbres del 
alma siguen el temperamento del cuerpo*, y el médico, por tanto, 
es el único competente para desarraigar del hombre los vicios y 
engendrar las virtudes, dice así: «Esta opinión es falsa y contraria 
al común consentimiento de los filósofos morales, los cuales afir- 
man que las virtudes son hábitos espirituales sujetados en el alma 
racional, porque cual es el accidente tal ha de ser el sujeto donde 
cae; mayormente que, como el alma sea el agente y movedor, y el 
cuerpo el que ha de ser movido, más á propósito caen las virtudes 
en el que hace que en el que padece; y si las virtudes y vicios fue- 
sen hábitos que dependieran del temperamento, seguirse había que 
el hombre obraría como agente natural y no Ubre, necesitado con 
el apetito bueno ó malo que le señalase el temperamento, y de esta 
manera, las buenas obras no merecerían ser premiadas, ni las ma- 
las castigadas." (No puede darse una descripción más breve y 
exacta de la moderna Antropología criminal, que la contenida en 
estas últimas líneas). Sigue demostrando su doctrina con la obser- 
vación de hombres que tienen virtudes y vicios muy contrarios á 
los que su temperamento exige, y deduce esta conclusión: "Por 
donde se entiende que la prudencia y sabiduría y las demás virtu- 
des humanas están en el alma, y que no dependen de la compostu- 
ra y temperamento del cuerpo.» Y descendiendo de la teoría á la 
práctica, reconoce la influencia que la parte física ejerce sobre la 
moral, y añade: "Es cierto que no hay virtud ni vicio en el hombre 
(excluyendo las virtudes sobrenaturales) que no tenga su tempera- 
tura en los miembros del cuerpo, que le ayude ó desayude en sus 
obras, á la cual impropiamente llaman los filósofos naturales 
vicio ó virtud, viendo que, ordinariamente, los hombres no tienen 



190 ESTUDIOS DE ANTIGUOS ESCRITORES ESPAÑOLES 

otras costumbres sino aquellas que apunta su temperamento. Dije 
ordinariamente, porque muchos hombres tienen el alma llena de 
virtudes perfectas, y en los miembros del cuerpo no tienen tempe- 
ramento que los ayude á hacer lo que el alma quiere; y con todo 
eso, por tener libre albedrío, obran muy bien, aunque con gran 
lucha y contienda." Propone después esta duda (argumento incon- 
testable contra los que pretenden someter al criminal á la terapéu- 
tica que se aplica al tísico ó al demente), que aún no ha resuelto 
ningún fisiólogo ni ningún médico: «Lo que yo quisiera de Galeno 
y de todos los filósofos naturales es que, si es verdad que á cada 
vicio y virtud de las que están en el alma corresponde en los miem- 
bros del cuerpo su particular temperatura, que le ayude ó desayu- 
de para obrar, que nos contaran todos los vicios del hombre y sns 
virtudes, y nos dijeran en qué cavidades corporales estribaba cada 
una de ellas, para aplicarles la cura que cada una había me- 
nester» (1). 

Los últimos autores citados no tratan de un modo directo de las 
relaciones entre el Derecho y la Medicina, sino entre ésta y la 
Moral. Pero la cuestión es exactamente la misma, é igual el funda- 
mento de aquellas relaciones, pues no puede ser otro que la influen- 
cia ejercida en el espíritu por la constitución y condiciones orgá- 
nicas. Los actos que bajo el influjo del temperamento y las pasio- 
nes ejecuta la voluntad, lo mismo pueden ser puramente inmorales 
que, además de inmorales, antijurídicos, y caer, por consiguiente, 
bajóla acción del Código penal. 

Y basta ya de introducción. El presente trabajo vadertinado á 
investigar lo que dijeron los antiguos sobre las , causas que más 
comúnmente conducen al hombre al vicio y al crimen, y á demos- 
trar que no dejaron en el olvido esas cuestiones tan debatidas hoy 
por la Antropología y la Sociología. Los modernos las han estudia- 
do más á fondo, no puede negarse; sus obras y sus observaciones 
nos proporcionan datos numerosos y elementos de inestimable va- 
lor; pero ¿es su criterio tan recto como fué el de los antiguos? ¿Han 
hecho siempre la debida aplicación de sus experiencias? El camino 
que siguen ¿conduce á la verdad, ó conduce al error? E1 desprecio 
que la mayor parte de ellos manifiestan hacia la Filosofía, como si 
la razón fuera una facultad inútil, y el culto fanático que rinden ;il 
ídolo de la ciencia experimental, sin perjuicio de ser á veces fantás- 



(1) Examen dé iit&emos, cap. VII. 



ESTUDIOS DE ANTIGUOS ESCRITORES ESPAÑOLES 191 

ticamente idealistas, no garantizan, ciertamente, la verdad de sus 
teorías. Así como en Filosofía, á fuerza de idealizar sobre los fe- 
nómenos de la percepción, ha llegado á dudarse de la misma rea- 
lidad objetiva de las cosas, y á fuerza de análisis se han llegado á 
obscurecer hasta verdades de sentido común, é inventarse teorías 
que, puestas en práctica, no habría más remedio que llevar á sus 
autores á la cárcel ó al manicomio; así en las ciencias puramente 
experimentales, cuando se deja á un lado todo principio filosófico 
y toda verdad conocida por la razón, es fácil que, á fuerza de ver 
y palpar materia organizada y viva, los ojos de la inteligencia se 
cieguen hasta el punto de no ver, ni querer investigar siquiera, el 
principio de donde nacen esa organización y esa vida. Por este ca- 
mino han llegado los positivistas de hoy y los positivistas de ayer r 
que siempre los ha habido, á negar verdades tan claras y tan mani- 
fiestas á todo hombre, verdades tan patentes á los mismos que las 
niegan, como la existencia de la libertad humana. Yo no creo que 
esto proceda de un error de la inteligencia, sino de un acto de esa 
misma libertad: es la voluntad, no la razón la que niega. Unos, 
acaso la mayor parte, siguen estas doctrinas por el atractivo de la 
novedad y la fama; otros, por una causa más íntima y más honda: 
por la necesidad de ahogar los gritos de su conciencia que les 
asegura que son libres y responsables de sus actos. Ya en el 
siglo XVI había apuntado estas ideas un célebre jurisconsulto es- 
pañol (1). "Oficio de naturaleza es— decía— hacer é introducir no- 
vedades, ora sea porque la razón del hombre descubre co^as nue- 
vas con el intento propio, que se endereza á saber más, ora porqué 
la sensualidad y malicia escudriña por su artificio ca^os no vistos 
para salir del yugo de la razón. Y así acaece que, como la razón 
moral ordene por ley los casos desconcertados, la malicia luego 
inventa ardides para resistir la orden y justicia; y esto durará lo 
que dudare el mundo, por ser mucho más fácil impedir el bien 
que hacerle. Es asimismo ocasión de las novedades la variación de 
las cosas del siglo, que la voluntad rodea en retorno, de manera 
que lo que hoy se hace mañana no contenta, y del descontento nace 
el abuso, de que proviene el olvido de lo pasado, y esto torna des- 
pués por largo tiempo á representarse por cosa nueva.» 

P. Jerónimo Montes, 

(Continuará). O. S. A. 



(1) Castillo de Bobadilla, Poiitica para corregidores y señores de vasallos, 1597, Proemio. 



RECUERDOS HISPANOPORTUGUESES 

EN LA ISLA DE MALTA 




¡ños ha que proyectábamos el presente estudio; mas asus- 
tados por las no leves dificultades que ofrecía, principal- 
mente la de la carencia de materiales suficientes para un 
trabajo digno de La Ciudad de Dios, lo íbamos difiriendo hasta que 
se ofreciese ocasión que solucionase estas dificultades. Alentados 
por nuestro querido Director, y aprovechando la ocasión de en- 
contrarnos en la isla de Malta, nos decidimos, por fin, á recoger 
sobre el terreno los datos que la premura del tiempo nos permitió. 
Este modesto trabajo no puede ser un estudio completo: para que 
así fuera, hubiera sido preciso disponer de años enteros dedicados 
exclusivamente á clasificar los innumerables documentos referen- 
tes á España, y que llenan los estantes de los archivos malteses. El 
breve tiempo de que pudimos disponer, bastó, sin embargo, para 
reunir lo más notable de los recuerdos de España y Portugal, pres- 
cindiendo de una serie interminable de documentos de segundo 
orden, suficientes para llenar muchos y muchos volúmenes, pues, á 
decir verdad, no hay apenas en la isla un edificio, una iglesia, una 
piedra en que no se hallen grabados recuerdos españoles. 

Aun así restringido nuestro objeto, hubiéramos naufragado en 
aquel mare magnum de documentos amontonados en la Biblioteca 
y en los Archivos de La Valletta; hubiéramos necesitado varios 
meses de trabajo preparatorio para familiarizarnos con innumera- 
bles códices de los cuales no existe un índice completo y detallado, 
y, en fin, nos hubiéramos engolfado en un trabajo pesadísimo y 
estéril, sin la generosa ayuda del bibliotecario Mons. Alfredo Mif- 
sud y del abogado Sr. Portelli-Carbone, que nos ahorraron este 
trabajo, facilitándonos cuantas indicaciones y direcciones necesi- 
tábamos. Gracias á esta ayuda pudimos en un espacio de tiempo 



RECUERDOS HlSPANO-PORTU .UESES EX LA ISLA DE MALTA 193 

Telativamente corto reunir suficientes materiales para una serie de 
artículos que esperamos han de interesar en España, donde son 
casi ó del todo desconocidos muchos de los curiosos datos que he- 
mos logrado reunir. 

Empezamos este trabajo sin pretensiones de ningún género: no 
filosofaremos sobre nada; nos limitaremos á consignar hechos y 
documentos interesantes, á referir genuinamente la verdad, trans- 
cribiendo algunos de los numerosos documentos existentes en los 
archivos y no pocas de las inscripciones que por todas partes se 
encuentran en la isla y que constituyen, á nuestro parecer, un 
recuerdo imperecedero de la pasada grandeza de España. Pero an- 
tes de entrar en materia, y para evitar confusiones, juzgamos opor- 
tuno dar una rápida noticia de lo que fué Malta antes de ser incor- 
porada á la Corona de Aragón y de ser la sede de la ínclita y sobe- 
rana Orden de San Juan de Jerusalén. 



LA ISLA DE MALTA.— APELLIDOS V TÍTULOS DE NOBLEZA DE SUS 

HABITANTES 

Debe Malta su importancia ala posición privilegiada que ocupa 
en el centro del Mediterráneo. Punto intermedio entre dos grandes 
continentes, necesariamente había de ser la manzana de discordia 
entre los habitantes de la Magna Grecia y los del Norte del África. 
No es, pues, de extrañar que los fenicios, derrotados p<#los israe- 
litas, y reducidos á buscar un refugio en Tiro y en el mar, se ena- 
morasen pronto de esta islita y la ocupasen para convertirla en 
centro y depósito de sus mercados en el Mediterráneo. Los prime- 
ros monumentos históricos de Malta ascienden á XVI siglos antes 
de la Era cristiana: las varias excavaciones hechas por los últimos 
Grandes Maestres y después por los ingleses, sacaron á luz monu- 
mentos inequívocos de la dominación fenicia, de los cuales es, sin 
duda, el más antiguo el templo de Melkart,que se cree ser Hércules, 
en las cercanías del puerto de Marsaxlock, antiguamente llamado 
«puerto de Hércules". Hagiar Kim, ó sea «piedras de la venera- 
ción», templo dedicado á los siete hermanos *Kabiri* y es un monu- 
mento de remotísima antigüedad fenicia que atrae continuamente 

14 



194 RECUERDOS H1SPANO-PORTUGUESES EN LA ISLA DE MALTA 

la atención de los arqueólogos ingleses y alemanes. Pero el monu- 
mento más precioso, y, podemos decirlo sin temor de equivocarnos, 
uno de los más hermosos de la antigüedad, es un par de cande- 
labros de mármol salino, de poco más de un metro de altura, y cu- 
yas inscripciones esculpidas en el pedestal han suscitado muchas 
discusiones entre los eruditos. Al ser descubiertos en 1780, el Gran 
Maestre Manuel de Rohan obsequió al desdichado Luis XVI con 
uno de ellos, que hoy se encuentra en el Museo del Louvre; el se- 
gundo quedó en Malta, y se le puede ver en el Museo recientemente 
establecido por el Gobierno inglés, frente á la histórica iglesia de 
San Juan. La inscripción que se lee en el pedestal de este candela- 
bro fué llamada famosa por Bayer, soberb a por Eckhel, célebre é 
insigne por el P. Fabricy: el abate Fourmont se expresa acerca de 
ella en estos términos: «La inscripción fenicia (de Malta) es uno de 
los documentos más preciosos y de más incontestable antigüedad, 
hace gran honor á Malta y merece ser conservado como la prueba 
más auténtica de la dominación fenicia en esta isla (1).» He aquí su 
traducción: «A Melkart nuestro señor y señor de Tiro. El hom- 
bre QUE HACE ESTE OBSEQUIO ES TU SIERVO AbD-OsIR CON MI HESMAN0 
OSIRSCHAMAR, ENTRAMBOS HIJOS DE OsiRSCHAMAR, HIJO DE ABD-OsiR. 

Oyendo nuestra voz bendecidnos.» Otro testimonio de primer or- 
den es un epitafio hallado en la comarca de Ben-Ghisa y hoy con- 
servado en un museo de París, monumento que llamó por algún 
tiempo la atención de toda Europa, porque hablándose en él de las 
virtudes y la energía de Aníbal, hizo creer se trataba del sepulcro 
del famoso conquistador cartaginés, hasta que descifrado, con va- 
riantes de escasa importancia, por Drummond, Swinton y Gese- 
nio, resultó que se trataba de otro Aníbal, nombre bastante común 
entre los cartagineses, hijo de Bermaleck(2). 

Pasando por alto los recuerdos relativos á la dominación grie- 
ga y romana, notemos solamente de paso la fecha de la conversión 
de Malta al cristianismo en el año 58 de nuestra era, por el Após- 
tol San Pablo (3). Al dividirse el imperio romano, fué Malta adju- 
dicada á Arcadio, y formó parte del imperio de Oriente hasta el 
año 870 en que la conquistaron los árabes, que vendieron como es- 



(1) Véase Dr. C. Vassallo, Monutneuti antichi: Período fenicio, y Bres. Malta áulica, 11- 
br«. II, cap. V. 

■¿) Véate Dr. C Vassallo, ihid ; Bres, ibid, cap. VI; G. Gesenlo, Scripturat Unguaequé 

pluioiiriai' inoiinmciita, lib. II; fnscrif>ti¡'iifs Mrlitciisrs, cap. I; Abela e Ciantar, Malta 
illustrata, lib, II, notlzla II. 
(3) Act., XXVII et XXVIII. 



RECUERDOS HISPAXO-PORTUGUESES EN LA ISLA DE MALTA 193 

clavos á los griegos residentes en Malta, excepto algunos pocos que 
lograron refugiarse en Constantinopla, con lo cual quedó la pobla- 
ción indígena reducida á pocos miles de habitantes. Extraño pa- 
recerá que los malteses, á pesar de estar tan cerca de Sicilia 
y de Italia, adoptaran y hayan conservado hasta hoy un dialecto 
árabe mezclado con bastantes palabras levantinas, y que en su 
conjunto tiene mucha semejanza con la lengua hablada por los 
naturales de Túnez; pero, como todos los isleños, son los malteses 
agarradísimos á sus costumbres y tradiciones, y en esta tenacidad 
se ha de buscar la razón de la aparente anomalía. Hemos dicho que 
los primeros habitantes de Malta fueron los fenicios, y de todos es 
sabida la íntima relación que existe entre el fenicio, el hebreo y el 
árabe. Durante la dominación de los griegos, de los cartagineses 
y de los romanos, la antigua lengua fenicia se había corrompido, 
pero no hasta el punto de perder las raíces, y cuando en el año 870 
se apoderaron de Malta los árabes, que estaban á la sazón en el 
apogeo de la gloria, dueños de gran parte de España, de Sicilia y 
de todo el Norte de África, la lengua fenicia había sido suplantada 
por la árabe en toda la Siria; árabe también se hablaba en la parte 
septentrional de África hasta Marruecos; árabe era igualmente el 
comercio activísimo de todos los puertos de Oriente, Sicilia, Ber- 
bería y parte de España, y siendo Malta como un punto intermedio 
de todo este imperio y depósito de sus mercados, era muy natural 
que la colonia árabe de la isla, dedicada casi exclusivamente al trá- 
fico, fuese aumentando hasta superar en número á la misma pobla- 
ción indígena. La religión era una barrera infranqueable entre 
vencedores y vencidos; pero como Malta no podía vivir sin comer- 
cio, y su comercio debía hacerse en el Mediterráneo, en donde do- 
minaban los hijos de Ismael, ¿qué extraño es que el vencedor im- 
pusiera su lengua al vencido, mucho más cuando las dos lenguas 
eran hermanas, y por consiguiente, casi todas las raíces iguales? 
Las relaciones comerciales, que, según acabamos de decir, han 
constituido la vida de Malta, son las que eficazmente influyen en 
jas transformaciones de los idiomas, y dos siglos de constante co- 
mercio con los árabes han sido lo suficiente para trasformar un 
dialecto fenicio corrompido, en el dialecto árabe que hoy día se 
habla en Malta. 

Los árabes edificaron un castillo sobre el promontorio Gebel-el 
Ras que defiende la entrada del puerto, precisamente en el mismo 
sitio donde los aragoneses, á mediados del siglo XIV, cuando la 



196 RECUERDOS HISPANO-PORTUGUESES EX LA ISLA DE MALTA 

invención de la pólvora mudó la faz de la guerra, construyeron el 
fuerte de San Telmo. Las numerosas monedas y medallas de oro 
y de cobre, como también los varios recuerdos conservados en el 
Museo de la Biblioteca de la Valletta, son testimonio indiscutible 
del alto grado de civilización de los árabes de Malta. Merece men- 
ción particular la inscripción de la tumba de Maimuna, hija de 
Hasán, por compendiar casi toda la doctrina de Mahoma. He aquí 
su traducción: «En el nombre de Dios misericordioso. Que Dios sea 
propicio al Profeta Mahoma y á sus discípulos. De Dios es la ma- 
jestad, de Dios es la inmortalidad; pero también Dios ha decreta- 
do que todo lo creado tenga fin. Que sirva de prueba el mismo 
Apóstol de Dios. Esta es la tumba de Maimuna, hija de Hasán, 
hijo de Ali-El-Hud , hijo de Mais de Susa. Para él laluz y la mi- 
sericordia del Señor. Murió el día 26 del mes de Simaban el gran- 
de, del año 569 de la Egira, confesando que no hay Dios más que 
Dios mismo, y que no tiene compañeros. O til que miras mi sepul- 
tura, sabe que estoy aquí siendo esposa: mis párpados y mis ojos 
están recubiertos del polvo que llena este escondrijo. Mi vida de 
miseria ha pasado: en la hora de la resurrección el Creador me 
devolverá la vida: volveré á ver á mis parientes y recibiré la re- 
compensa. — Obsérvate áti mismo: ¿Existe en este mundo algún 
hombre que no haya de ver la muerte, ó que haya podido librarse 
de ella? En la muerte está la recompensa del Paraíso, donde los 
bienaventurados vivirán á la sombra de deliciosos árboles, y don- 
de es continuo el murmullo de los ríos. Los malos que no hayan 
dejado buenas acciones en este mundo, serán condenados á sufrir 
dolores y torturas después de haber sido humedecidos con el agua 
del sopor.* 

Hallábase ya en completa decadencia el efímero poderío de los 
infieles cuando los normandos, hijos de Tancredo de Hauteville, 
que habían desembarcado en Sicilia, barriendo ante ellos las fuer- 
zas árabes, pensaron en la conquista de Malta. Después de la 
muerte de Roberto Guiscardo, Rogerio continuó las gloriosas ha- 
zañas de su hermano, y habiendo sometido á su autoridad casi toda 
Sicilia, fácilmente pudo ver que la estancia de los árabes en Malta 
era para sus nuevos estados motivo de continuas alarmas. En el 
verano del año 1090, presentándose de improviso delante de la 
isla, desembarcó en una bahía que hasta el presente se llama 
Mi g'ra-el-ferha, que quiere decir: la Carrera del Júbilo. La noti- 
cia de este acontecimiento circuló rápidamente entre los isleños, 



RECUERDOS HISPANO-PORTUGUESES EN LA ISLA DE MALTA 197 

que sacando de sus casas las palmas y los ramos benditos, y gri- 
tando: ¡Señor, tened piedad de nosotros/, se incorporaron al ejér- 
cito normando. Sorprendidos los árabes por el imprevisto ataque, 
fueron fácilmente vencidos, y el Conde Rogerio, aclamado sobe- 
rano de Malta y sus dependencias, restauró la Iglesia Catedral, so- 
licitó del Santo Pontífice. Urbano II, el nombramiento de un Obis- 
po y dio á la isla las mismas leyes que había promulgado en Sici- 
lia. Desde entonces, y por espacio de varios siglos, la suerte de 
ambas islas estuvo íntimamente relacionada. Por el matrimonio de 
Constancia, hija postuma de Rogerio I de Sicilia, con Enrique VI, 
hijo del famoso Federico Barbarroja, Sicilia y Malta formaron par- 
te de los estados de la familia de los Hohenstaufen; pertenecieron 
después á la casa de An jou hasta el año 1282, en que los sicilianos, 
alentados por Juan de Prócida, ardiente patriota y agente de don 
Pedro III de Aragón y I de Sicilia, se sublevaron contra los fran- 
ceses ó ange vinos en la famosa jornada de las Vísperas sicilia- 
nas, á consecuencia de la cual Sicilia y Malta formaron parte de 
los dominios de la corona de Aragón. El 8 de Junio del año siguien- 
te, la armada de Carlos de Anjou fué definitivamente derrotada en 
las aguas de Malta por el Almirante Roger de Lauria, y los ange- 
vinos tuvieron que abandonar su último refugio, que había sido el 
castillo del Santo Ángel. 

Como la población de Malta había notablemente disminuido por 
causa de tantas vicisitudes, el Almirante Lauria dejó un buen con- 
tingente de tropas catalanas, gran parte de las cuales se estableció 
definitivamente en la isla. También se trasladó á ella buen número 
de familias nobles y burguesas de Castilla y Aragón, unas por el 
ejercicio de cargos públicos, otras por razones de comercio, y al- 
gunas para practicar la piratería en las costas de Berbería, según 
la opinión de Zurita en sus Anales de la Corona de Aragón. Muy 
considerable debió de ser el número de familias españolas estable- 
cidas en Malta, puesto que hoy mismo, pasados seis siglos largos, 
más de la mitad de los apellidos comunes en la isla son franca- 
mente catalanes, castellanos ó aragoneses. He aquí algunos de es- 
tos apellidos que, por ser allí tan comunes, se consideran }*a como 
malteses: Cardona, Flores, Guevara, Guzmán, Navarro, Inguánez, 
Azopardo, Calleja, Soler, Vidal, Peralta, Bardón, Busútil, Carua- 
ta, y otros muchos que no recordamos. Los nombres allí usados 
comúnmente recuerdan también la dominación española: Dolores 
y Carmen son los más ordinarios entre las mujeres. 



198 RECUERDOS HISPANO -PORTUGUESES EN LA ISLA DE MALTA 

Casi todos los historiadores sicilianos y malteses atribuyen á 
Rogerio Normando la formación de la aristocracia maltesa, por la 
concesión de feudos y tierras á los principales guerreros que le 
acompañaron en su expedición; mas sin querer contradecir este 
juicio que tiene de su parte la tradición, observaremos, sin embar- 
go, que á pesar de todas nuestras investigaciones, ni en los archi- 
vos de Malta, ni en los de Sicilia, hemos podido dar con títulos de 
nobleza correspondientes á la dominación normanda, sino que to- 
dos cuantos existen, ó de los cuales se hace memoria, pertenecen á 
la época aragonesa ó son posteriores á ella. Verdad es que en los 
anales de Genova (1) encontramos grandes elogios tributados á un 
tal Arrigo ó Enrique Pistore, Conde de Malta, que se hallaba en 
posesión de este título en 1189, es decir, casi un siglo antes de la 
llegada de los aragoneses; pero esto no contradice nuestra opinión, 
puesto que Arrigo debía su título á la circunstancia de haber em- 
parentado con Margaritone de Brindisi y Príncipe de Tarento. 
Tampoco consta que Arrigo fuese natural de Malta, y todo hace 
suponer que fuera oriundo de Sicilia; pero lo que es cierto es que 
los títulos del Conde Arrigo no eran títulos normandos, sino ale- 
manes, concedidos por el Emperador Federico I, que le nombró 
también Gran Almirante de Sicilia y Conde de Marino. En efecto, 
el artículo XXX de la Convención estipulada entre el Papa Cle- 
mente IV y Carlos de Anjou, dice terminantemente que, «todos los 
feudos y títulos concedidos por los Hohenstaufen serían revoca- 
dos». Ahora bien: cuando el Conde Arrigo murió en 1256, dejó sus 
títulos á su hijo Nicolás, y durante la breve ocupación de Malta 
por los angevinos, el título de Conde de Malta no aparece por nin- 
guna parte, mientras que encontramos el nombre de Nicolás Pis- 
tore, á secas. Corrobora nuestra aserción el hecho de que la fami- 
lia Pistore recobró el título de Conde de Malta, por cartas patentes 
de Don Jaime II de Aragón. ¿A qué venía esta nueva colación de 
título? Preciso es admitir que el primero había sido revocado, y si 
lo fué, es una prueba evidente de que era título, no normando, sino 
germánico, anulado por la convención arriba citada. 

Los títulos auténticos malteses, de los cuales se conservan casi 
todos los pergaminos, no suben más allá del año 1350, y los dividi- 
remos en dos categorías: los del Cíngulo Militar, ó sean Caballe- 
ros, y los nobles propiamente dichos. El primer título de Caballe- 



(1) Caffarl, Annah Genovesi. 



RECUERDOS HISPAXO-PORTUGUESES EN LA ISLA DE MALTA 199 

to está expedido en 1362, en favor de Nicolás Perallo, y después si- 
guen por orden: Gualterio Zurdo y Jaime Pellegrino, en 1375; 
Francisco Gato, en 1397; Raimundo Abela, en 139S; Antonio Des- 
guánez, en 1442, y Simón Mazara, en 1450. El título de nobleza más 
antiguo está fechado en 1350 y firmado por el Rey Luis de Sicilia 
{de la Casa de Aragón), en favor del mencionado Francisco Gato, 
creándole Barón de Diar-cl-Bnid y de Bucane. Inmediatamente 
después encontramos los siguientes, todos firmados por Martín I, 
en 1399: Tausone ó Talzone, Barón de Dcyr-Hamiul; Ciantar, 
Conde de Gebel Ciantar; Bordino, Barón de Beti- Warrat; Cuzkie- 
ri, Barón de Frigemiini; Pellegrino, Barón de Ghayn-Tcuzíeti, y 
Xara, Barón de Ben-Gcmma. 

Las dos familias cuya nobleza sobresale entre todas son la de 
Inguánez y la de Aragona: la primera se señaló por importantes 
servicios prestados á los Reyes españoles; la segunda, de origen 
real, por su piedad, liberalidad y esplendor. Al volver Alfonso el 
Magnánimo de su expedición de Túuez, pasó por Malta, y hospe- 
dándose en casa de D. Antonio Inguánez, no dejó de dar á esta isla 
una prueba de su magnanimidad y justicia: mandó destruir una 
torre, inmediata á la ciudad, que los malteses miraban con horror, 
porque en todas las turbulencias políticas servía de refugio á los 
rebeldes, que cometían toda clase de crueldades; restauró algunos 
privilegios de aquella Universidad y dictó otras disposiciones pe- 
didas por los isleños y que no es necesario mencionar aquí, con las 
cuales se captó universales simpatías que los malteses no dejaron 
de manifestarle en varias ocasiones. 

El fallecimiento de la Reina Juana II de Ñapóles, en 2 de Febre- 
ro de 1435, mudó la suerte de aquel reino: después de varias vici- 
situdes generalmente conocidas, la fortuna pareció declararse en 
favor de D. Alfonso. Casi todo el reino de Ñapóles cayó en poder 
de los aragoneses; pero varias ciudades de importancia continua- 
ron sometidas al cetro de Renato, Conde de Anjou y de Pro venza. 
La expedición de Túnez y las guerras de Italia habían agotado el 
erario del Rey de Aragón, el cual encontrábase en la alternativa ó 
de proseguir la guerra, para la cual le faltaban los necesarios re- 
cursos, ó de limitar su autoridad á una parte del reino de Ñapóles, 
lo que hubiera equivalido á un abandono de sus anteriores con- 
quistas. Considerando inaceptable esta segunda solución, se deci- 
dió D. Alfonso en favor de la primera, contando con la generosi- 
dad de sus subditos de las dos Sicilias; pero como los habitantes de 



200 RECUERDOS HISPANO-PORTUGUESES EN LA ISLA DE MALTA 

estas comarcas estaban en su mayor parte arruinados por las ince- 
santes guerras y además cargadísimos de contribuciones, no quisa 
el Rey imponerles nuevos gastos obligatorios, sino que hizo un lla- 
mamiento in viam gratiosae subventionis, equivalente á lo que 
hoy conocemos bajo el nombre de subscripción. La carta que en esta 
ocasión dirigió D. Alfonso á los malteses es un documento curiosí- 
simo, redactado en un italiano bastardo, en el cual abundan voca- 
blos latinos, sicilianos y hasta catalanes. Como es poco conocido 
en España, lo transcribimos tal como lo hemos copiado de los ar- 
chivos: 

Fideles nostri dilecti. Ad vostra consolasioni, adsó siatepar- 
ticipi dtli nostri allegriszi, et prosperitati, vi signijicamu, cumu 
Dei Gratia, la imprisa et conquista di questn Reami sta ja hura 
mat deducía ad debitufini, et di tu t ti li provinci di qitestu Re gnu 
omni di veninu prosperi novi de reductioni di Citati, Terri, Cas- 
telli, et Lochi et Baruni, et tutta Terra di Lavuri esti reducta ad 
la fidelitati nostra, exceptu la citati di Napuli, PuboIu, et la Torri 
di lu Grecu, li quali infallanter questu annu, oy ad altius quista 
stati, cun lo adiutu di Deu, per f orza oy per grasia, li havirimu 
reducti a lu dominiu nostru. Et perche per la finali conclusiom di 
la ditta conquista, la quali grandi gloria et laudí sará ad nui, et 
ad vui especialiter di quistu Re gnu, cum utilitati máxima, per lu 
commerciu, et prattica ci faria di quistu re gnu ad quistu, consi- 
dérala la vicinitati chi annu, havimu per sola volt a necessarisst 
ma grandissima qiiantilá di danari per mitirini in prontu per 
quista primavera di genti d'armi per dan la finali conclusiom 
ad la ditta impresa ed oppressioni ad It inimici nostri, et emuli 
secreti, li quali forse videnduni exproviduti, havirianii aiiimu di 
scoprirsi, et pal esamenti subvenir i di nova genti ad lu Duca Re- 
natu, la quali cosa, scntendnni providuti, et in punctu, non cxc- 
quirannu. Havimu commisu et comanda tu at li Manifici Viccrc, 
et nostri Poftulani di quistu reguu chi per quistu anuit hajaiuii 
di lu dictu Re gnu generalmenti in viam gratiosae subventionis 
quilla quantitati de danari, la quali ipsi sapinu et vi diccranuu, 
et di quistu lihavnnu declaratu nostra ultima voluntati. Per tantu 
affectuosamenli vi pregamu et ¿ncaricamu strntc chi a li ditti 
Viceré, et nostri Portulani, o li ' dui, o uiiii di loro in tuito so chi 
supra quista materia vi diraiinit, et cxplicaraiuiu di nostra parí i, 
dignati dariin dubia Jidc, ti credenza, qnanlu ad la nostra pro- 
pria persuna, et quelli in tuttu casu cxequiricum cffeetu, come di 



RECUERDOS HISPANO-PORTUGUESES EN LA ISLA DE MALTA 201 

vía firma mentí con fidamu, ta. lu contrario per milla maniera por- 
r/'amn pensare nc cridiri . 

Datum in Casal/ Aruoni, dic prima deccmbris, iv ixdict. a>\ a 
hativit: mccccxxxx. 

Rex Alphoxs 

Este documento, que tiene todas las trazas de una circular, iba 
dirigido á Malta á D. Antonio Inguánez y á cuatro jurados cuyos 
nombres todavía se conservan. La familia Inguánez, muy adicta á 
los monarcas aragoneses, hizo cuanto pudo para recaudar una 
suma importante de dinero, enviando así un buen regalo á D. Al- 
fonso. Sesenta onzas (peso) de oro fueron el resultado de esta subs- 
cripción, suma relativamente considerable si se tienen en cuenta 
la escasa población de la isla, su triste situación pecuniaria y el va- 
lor que tenía el oro en aquella época. Avisado D. Alfonso del re- 
sultado de la subscripción, agradeció mucho el donativo de los 
malteses, y con carta fechada en 6 de Junio de 1441, encarga al 
mismo D. Antonio Inguánez que la recoja y consigne al regio te- 
sorero de Sicilia: <*£"/ di qucstu, dice el Rey, indi ne fariti gran- 
dissimu piaciri et servltlu, In qvali teuerlmu scmpri a memotia, 
atienta la necessitati grandi. la qnali a lu presentí «// incumbí». 
Un historiador digno de fe (1), afirma que D. Am< nio Inguánez, 
deseando aumentar la subscripción, añadió de su fortuna personal 
una cuantiosa suma de dinero, afirmación que, á pesar de no estar 
fundada en documentos, parece bastante verosímil, puesto que muy 
poco tiempo después enviábale el Rey aragonés un pergamino en 
el cual le concedía el feudo de la Sakkaja. He aquí los párrafos más 
notables de este documento. 

N »s Ai.phonsls, etc.. Sane attendentes mcrita slncerae dero- 
tionis et fhlcí dilecti nostri Antonii de ht guanea, Mihtls, Capita- 
nel Clvltatls et lnsnlae Mtlivcti, nec non grata plutimum fruc- 
tuosa, utilia, et accepta scrvitla per eundem Autonium Majestatl 
nostrac praestita. et Impensa, quae praestat ad praesens,et praes- 
titurum ipsum de bono in melius speramus; ex quibus majori 
nostra gratla et praerogatna dignum et benemeritum reputa- 

*bis coucedimus, etc Lleva la fecha del 25 de Octubre 

de 1442. 
Como el afecto á los Reyes de España era tradicional en la fami- 



(1) Vassallo, Storia di Malta, cap, X. 



202 RECUERDOS HISPANO -PORTUGUESES EN LA ISLA DE MALTA 

lia Inguánez, y ésta se mostrara siempre digna de la confianza de 
sus señores, tampoco los soberanos de Aragón regatearon sus be- 
neficios, y uno de los primeros actos de Juan II el Grande, herma- 
no y sucesor de Alfonso el Magnánimo, fué nombrar á D. Garao 
Inguánez, hijo de D. Antonio, capitán de Malta, con facultades casi 
ilimitadas que se pueden recoger del texto de su nombramiento: 

Nobiliviro Garao Inguánez, Consiliario regio, salutem...Prop- 
terea vobis, de cujus strenuitate } fide, prudentia et legalitate con- 
fidimus, tenor e praesentium officium Capitanei armorum Civita- 

tis Meliveti cum ómnibus et singulis juribus ac cum cognitio- 

ne causarum civilium et criminalium omnium, meroque et mixto 
Imperio, et gladii potestate ad hujusmodi officium debitis, et spec- 
tantibus ;ita quod possitis addelinquentes membra mutilare et eos- 
dem aliis poenis afficere usque ad ultimum supplicium inclusi- 
ve Quod Barones etiam et Feudatarios adstringere ad succur- 

sum coercitionibus, quibus decet, etiam in eosdem exerceri juris- 

dictionem et merum Imperium supra vobis concesum , etc. Está 

fechado en 30 de Octubre del año 1459. 

Muy numerosos han sido los actos de deferencia de los Reyes 
aragoneses, como también de los Reyes Católicos, en favor de esta 
noble familia: absteniéndonos, sin embargo, de citarlos por no can- 
sar inútilmente al lector; sólo añadiremos cómo después de la ce- 
sión de la isla á la Orden de San Juan de Jerusalén, los Inguánez, 
ya definitivamente establecidos en Malta, siguieron desempeñando 
los más altos y honrosos cargos: así, por no citar más que un ejem- 
plo, en 1539, en 1599 y en 1706, encontramos á tres de sus miem- 
bros desempeñando las funciones de Hakem, ó sea capitán justicie- 
ro, equivalente á gobernador militar con jurisdicción civil y mili- 
tar sobre toda la isla. Hoy los Inguánez siguen gozando de la es- 
timación general y están emparentados con las mejores familias, y 
últimamente, á petición de la Baronesa D'Amico-Inguánez, el tri- 
bunal civil de Malta reconoció el derecho de patronato exclusivo 
de los Inguánez en una sepultura en la Iglesia Catedral. 

En las crónicas de Malta del siglo XIV, y precisamente en el 
año 1370, encontramos por primera vez la mención de una familia 
española, recientemente establecida en aquella isla, y que inme- 
diatamente se hizo célebre por sus riquezas y sus liberalidades. 
Sin una palabra sobre sus antepasados, encontramos ex abrupto 
los nombres de doña Sibila y de doña Margarita de Aragona. 
¿Quiénes eran estas dos señoras? Existía cierto misterio respecto 



RECUERDOS HISPANO-PORTUGUBSES EN LA IoLA DE MALTA 203 

de su prosapia; pero todos sabían que eran de nobilísima estirpe; 
más tarde se averiguó que eran de sangre real é hijas naturales 
de Don Fadrique II, Rey de Sicilia, de la dinastía aragonesa, por 
donde el apellido Aragona, según la opinión más verosímil de los 
historiadores, no era más que la traducción italiana del título de 
Aragón. Vivían espléndidamente, derrochando una cantidad fa- 
bulosa de dinero, y los malteses, admirados de tantas riquezas, les 
pusieron un apodo muy en relación con las supersticiones de la 
época; las llamaron El Fatat, ó sea las Hadas, á las cuales atri- 
buían en Malta la virtud de convertir en monedas de oro las hojas 
secas de los árboles y las conchas de los caracoles. Sea lo que se 
quiera relativamente al origen de estas dos nobles señoras, el he- 
cho es que todos experimentaron los beneficios de su liberalidad. 
Doña Sibila fundó en 1370 dos beneficios perpetuos con considera- 
bles rentas para la educación del clero. En el mismo año, doña 
Margarita hizo edificar en los arrabales de Medina, llamados Ra- 
bat, la iglesia de la Anunciación, y por su testamento de 5 de Junio 
de 1418, dejó un buen número de casas y fincas para que, contigua 
á la iglesia, se estableciese una Comunidad religiosa. Los ejecu- 
tores testamentarios, interpretando la devoción y los deseos de la 
piadosa señora, eligieron á los Padres Carmelitas, los cuales, des- 
pués de edificado un convento con la cuantiosa suma dejada á este 
efecto, colocaron su retrato con análoga inscripción latina en la 
portería de dicho convento. En el mencionado testamento encon- 
tramos otra suma y otros réditos mucho más considerables que los 
anteriores para la fundación y dotación de un hospital, como tam- 
bién la institución de un pingüe beneficio eclesiástico, que todavía 
existe, y que lleva por nombre ta Uied-Bnbakra. 

Enumerar los beneficios dispensados á Malta por estas dos se- 
ñoras, como también por sus descendientes, nos obligaría á salir 
del cuadro que nos hemos propuesto; nos bastará decir que doña 
Margarita de Aragona y otra noble señora, cuyos apellidos indi- 
can claramente á qué nacionalidad pertenecía, Guzmán-Xavarro, 
son acaso las dos mayores bienhechoras de la isla de Malta. El 
Claustro de profesores de la Universidad, para conservar la me- 
moria de tantos beneficios, votó por unanimidad poner un retrato 
al óleo de ambas señoras en el salón de conferencias, conocido en 



(1) La serie de retratos existente en el Aula Consilii se compone de cincuenta, que repre- 
sentan los personajes más ilustres de la isla. 



204 RECUERDOS HISPANO PORTUGUESES EN LA ISLA DE MALTA 

Malta por el nombre de Aula ConcüiiiX). Cada uno de estos retra 
tos lleva su respectiva inscripción latina, ambas dictadas á fine 
del siglo XVII por Fr. José Zammit, Capellán Jerosolimitano. Hi 
aquí estas inscripciones: 

ARAGÓN A . MARGARITA . MELITENSIS 

NOBILISSIMA . ORTA . PARENTIBUS 

IMSIGNIBUS . NATURAE . ET . GRATIAE . DOTIBUS 

LOCUPLES 

MUL1ER . OB . MERITORUM . MAGNITUDINEM 

ET . SPECTABILISSIMAM . VIRTUTEM 

NUNQUAM . APUD • DEUM . AUT . APUD . HOMINES 

IN . HISTORIIS . MORITURA 

Y esta otra: 

NAVARRA . COSMANA • NOBILIS . MELITENSIS 

MATRONA . OMNIUM . SAECULORUM . VENERATIONE 

PROMERITA 

AEDEM . SACRAM . REGIIS . PENE . EXPENSIS 

GENTIUM . APOSTÓLO • A . FUNDAMENTO 

EXCITA VIT 

SACRA • SUPELLECTILI . ORNAVIT 

ET . INSIGNI . SACERDOTIO . QUOD 

ABBATIAM . VOCANT . AUXIT 

FÉLIX . QUAE . PAULUM . APOSTOLUM 

HABUERIT . DEBITOREM . ET JESUM 

PIGNUS . PRO . PAUPERE 

No debe extrañar que en las referidas inscripciones encontré 
mos dos veces la palabra Melitcnsis: ambas familias, aunque di 
origen español, estaban ya definitivamente establecidas en Malta 
y en el siglo XVII, cuando el Dr. Zammit dictaba estas inscripcio 
nes, llevaban ya tres siglos de estancia en la isla. Omitimos po 
brevedad algunos detalles de menor importancia para hablar di 
una fase decisiva en la historia de Malta, es decir, su cesión po 
el Emperador Carlos V á la Orden de San Juan de Jerusalén. Baj< 
el imperio de los Grandes Maestres, salió Malta de su obscuridad 
llegando á un grado de gloria y prosperidad raras veces alcanza 
do por las grandes potencias de los siglos XVI y XVII. En est 
importantísimo período veremos el papel desempeñado por lo 
Caballeros y Grandes Maestres españoles. 

P. Antonino M. Tonna-Barthet, 
o. s. a. 

(Continuará). 



EL HELENISMO EN ESPAÑA 

DURANTE LA EDAD ANTIGUA (1) 




II 

a influencia del elemento helénico no experimentó menos- 
cabo con la entrada de los cartagineses, entre los cuales 
había llegado á ser tan general la predilección por el es- 
tudio del griego, que el mismo Senado de Cartago lo prohibió en 
ocasiones, temiendo fuesen peligrosas á su República las relacio- 
nes que el conocimiento de dicha lengua establecía con los habi- 
tantes del Archipiélago. Por otra parte, Aníbal era aficionadísimo 
á su estudio, como discípulo que fué del célebre griego Sosilas, y 
llegó á poseerlo de tal modo, que hasta escribió libros en el citado 
idioma. Una vez, pues, que ellos cultivaban este estudio, es lógico 
suponer que no descuidaron los adelantos que la influencia heléni- 
ca había conseguido en España. La dominación cartaginesa fué, 
sin embargo, tan breve, que aunque hubiera pretendido borrar de 
España todo rastro de helenismo, no hubiera tenido tiempo mate- 
rial para hacer grandes estragos, por lo cual pasaremos á estudiar 
el helenismo español durante la dominación romana. 

¿Perdió algo el helenismo en España con la entrada de los ro- 
manos? Desde luego, la dominación material fué sustituida por la 
romana; pero, en cambio, la influencia de la cultura helénica se ex- 
tendió á más lugares 3" adquirió mucha más intensidad donde ya 
antes existía. Lo cual se comprende fácilmente si se tiene en cuen- 
ta que toda la cultura romana, inclusa la religión, la filosofía, la 
literatura y el arte, toda, en fin, sin más excepción que el derecho 
y el arte militar, era, en último resultado, puro remedo, y frecuen- 
temente copia servil de la griega. No tuvo el pueblo romano du- 



(1) Véase la página 126 del volumen LX VIII. 



206 EL HELENISMO EN ESPAÑA DURANTE LA EDAD ANTIGUA 

rante la monarquía otra literatura que los rústicos cantos de sus 
augures y sacerdotes, el carmen saeculare, carmen fratrum Ar- 
nelium, las nenias, y las/escenmas, ni otra legislación que las le- 
3'es de Numa. Le fué necesario extender su esfera de acción para 
ver códigos más perfectos, y para esto, una vez transformada la 
monarquía en República, envió sus Decemviros á Grecia con el 
objeto de examinar las leyes de Solón y dar al Estado las Doce Ta- 
blas. Aquí empezó ya la influencia griega, que se manifestó tam- 
bién por algunas traducciones, pues mientras no conocemos obra 
latina traducida al griego hasta los tiempos de Adriano, Ennio tra- 
ducía ya á Evehmero. 

La influencia helénica llegó á ser verdaderamente avasalladora 
cuando, vencido el último rey de los griegos Perseo, y trasladada 
su riquísima biblioteca á la capital del Imperio, pudieron los roma- 
nos admirar las obras producidas por aquellos pobres vencidos (1). 
Desde entonces la literatura latina se dejó influir de una manera 
decisiva por la griega, y los nobles patricios se honraban con aña- 
dir al nombre propio el de un heleno, que por lo general tenían en 
casa como maestro, siendo el vencido por las armas el vencedor 
por la ilustración. 

Graecia capta, ferum victorem cepit, et artes 
Intulit agresti Latió... (2). 

No bastó la voz autorizada del severo Catón para detener este 
movimiento que él juzgaba perjudicial para las costumbres roma- 
nas: lo que él desdeñosamente llamaba otium graccum se impuso 
á los romanos y sojuzgó al mismo ilustre impugnador, que más 
tarde fué un entusiasta admirador de esta literatura. «El viaje á 
Grecia, y especialmente á Atenas — dice J. Bre— era para los jóve- 
nes romanos, desde los tiempos de Sila, el coronamiento de su edu- 
cación: Cicerón pasó seis meses en Atenas, visitó á Molón en Ro- 
das y recorrió el Oriente, Délos, Éfeso, Laodicea; Horacio siguió 
la moda de su tiempo, y Virgilio murió hallándose en camino para 
Grecia. Por su parte, los griegos invadían el territorio italiano: 
Polibio refiere que en su tiempo afluían de Grecia á Roma los hom- 
bres instruidos. 



(1) «En la caída de Perseo pronunció su vencedor Paulo Emilio un discurso en griego diri- 
gido al mismo Perseo, y poco de«pU¿Sj el mismo Paulo Emilio, pidió á los atenienses su filóse - 
fo más notable para instruir ¡i sus hijos, y un pintor. Los ateniense», para la doble tarea, eli- 
gieron á Metrodoro.» Tito Llvio: Décadas, tomo Vil, pág. 356; nota del traductor. 

(2) Epist. I, libro II. 



EL HELENISMO EN ESPAÑA DURANTE LA EDAD ANTIGUA 207 

Desde esta época entraron en Roma los mejores autores grie- 
gos, tanto de ciencia como de artes, lo mismo de moral que de re- 
ligión, y los sabios romanos no querían otros modelos; en ellos 
aprendían lo más escogido de su literatura; buscaban en Tucídi- 
des la elegancia de la frase, la viveza del discurso, la energía de 
las palabras y la concisión de la cláusula; seguían á Homero en los 
hermosos variados episodios; imitaban en la didáctica á Hesio- 
do, en la lírica á Píndaro y en la sátira á Arquíloco. «Aprovechá- 
ronse—dice Aldrete— de la disciplina y artificio de los griegos, au- 
mentaron y cercenaron lo que les faltaba ó sobraba, hermoseando, 
vistiéndola de ricos arreos y esmaltándola de lindas joyas » (1). «Sic 
enim — dice también Casiodoro— atheniensium scholae longe posi- 
tus introisti, sic palliatorum choris micuisti togam ut graecorum 
dogmate doctrinam faceris esse romanam. Translationibus enim 
tuis, Pytagoras musicus, Ptolomeus astronomusleguntur itali. Ni- 
chomacus arithmeticus, geometricus Euclides audiuntur Ausoni. 
Plato theologus, Aristóteles logicus, Quitilianus voce disceptaus, 
Mechanicum etiam Arquimidem Siculis redidisti. Ut quascumque 
disciplinas vel artes quae saecunda gratia per singulos viros edidit 
te uno auctore patrio sermone suscepit» (2). Si en algo discreparon 
los romanos de los griegos fué en no acomodar las artes al pueblo; 
en lo demás los imitaron tan perfectamente, que toda la literatura, 
el arte, la filosofía, y, en una palabra, la cultura romana, es, repeti- 
mos, un espléndido reflejo de la griega. La civilización helénica 
entró en Roma, no como hilo de agua, sino como ancha corriente, 
al decir de Cicerón, y empezando por la religión, inundada de to- 
dos los dioses del Olimpo griego, todo se helenizó en Roma. -Una 
versión del griego — dice Apraiz — es su primer ensayo: en griego 
se escribió la primera página de su historia nacional, griegos fue- 
ron sus primeros maestros, á Roma se trasplantó la literatura grie- 
ga, de imitadores griegos blasonan los mejores poetas del tiempo 
de Augusto, y hasta el fabulista Fedro determinó su vocación li- 
teraria por los griegos» (3). 

Nevio calcó sus primeras comedias sobre las cáusticas comedias 
de Aristófanes (4); Pacuvio, Plauto y Terencio tradujeron del grie- 
go las piezas más escogidas, adaptándolas á las costumbres roma- 



(1) Origen del lenguaje castellano, pág. 45. 

(2) Citado por Aldrete en la mi>ma pagina. 

(3) Apuntes para la Historia ilel helenismo en Espada: Introducción. Madrid, 18T7. 

(4) Puede juzgarse por aquel rasgo famoso: Falo Metelli Romae fiunt Cónsules. 



208 EL HELENISMO EN ESPAÑA DURANTE LA EDAD ANTIGUA 

ñas; Cicerón siguió á Demóstenes, Tito Livio y Salustio á Tucídi- 
des. Particularmente es visible esta influencia en los dos más altos 
poetas latinos: Horacio y Virgilio. El primero, que demostró su 
admiración por la poesía helénica al decir en su Epístola ad Piso- 
nes que la Musa dio ingenio á los griegos y les enseñó á hablar 
con armonía (Grajiis ingenium; grajiis dedit ore rotundo Musa 
loqui), y recomendando la constante lectura de los modelos helé- 
nicos (Vos exemplaria graeca nocturna vérsate manu, vérsate 
diurna), nos presenta siempre á Homero como modelo en las bellas 
descripciones y de los caracteres de los personajes, citando como 
ejemplo, entre otros, el de Aquiles, impiger, i'racundus, inexorabi- 
lis acer ;á Teócrito como intérprete de la poesía de la naturaleza, 
tan hermosamente imitada en la oda Beatus Ule, y sigue á Pínda- 
ro en sus odas, á Arquíloco en sus sátiras y á Anacreonte en la 
poesía ligera. Virgilio en sus Geórgicas imitó admirablemente Los 
trabajos y los días de Hesiodo, al Botánico Teofrasto y los traba- 
jos de los Animales que hizo Aristóteles; pero su modelo principal 
fué Teócrito, de quien copió hasta los títulos de sus composiciones 
y los nombres de sus pastores, si bien no alcanzó su ingenuidad; 
la Eneida es imitación directa de la Iliada y la Odisea, de las cua- 
les toma los personajes, los caracteres y las situaciones, aunque 
expresados con menos naturalidad y más artificio. 

"Un pueblo tan profundamente helenizado, cuyos escritores lo 
hacían indistintamente en griego y en latín, y donde el idioma he- 
lénico llegó á generalizarse de tal modo que en tiempo del Impe- 
rio fué considerado como oficial á la par del propio, no podía me- 
nos de contribuir á arraigar y difundir más en España los elemen- 
tos de la civilización helénica. Añádase que Roma venía á España 
á título de vengadora de su aliada la colonia griega de Sagunto, 
destruida por Aníbal, que muchos de los romanos que acá vinieron 
habían luchado en Grecia y en ella permanecido largo tiempo de- 
jándose influir de sus costumbres é idioma, y por último, que en 
el ejército conquistador abundaban los helenos, incorporados como 
auxiliares, y de los que había legiones enteras, y se comprender;! 
el inmenso aluvión con que vino á convertirse en caudaloso río la 
corriente ya existente en España de las costumbres helénicas. 

La conquista de Ampurias por los romanos contribuyó desde 
luego á establecer relaciones más íntimas entre la colonia griega 
allí existente y el elemento indígena. «Se componía Empollas, 
dice Tito Livio, de dos ciudades separadas por una muralla: ha- 



EL HELENISMO E.N ESPAÑA DlRANTE LA EDAD ANTIGUA 209 

bitaban, la una, griegos originarios de Focea como los masaliotas; 
la otra, españoles; pero la ciudad griega, que se extendía hacia el 
mar, estaba encerrada por una muralla circular de menos de cua- 
trocientos pasos; la ciudad española, más alejada de la playa, esta- 
ba rodeada por una muralla de tres mil pasos. Emporias recibió 
después una colonia romana, que el divino César estableció allí 
después de la derrota de Pompeyo. Estos tres pueblos están con- 
fundidos hoy en uno solo, habiendo pasado primero los españoles 
y después los griegos á ser ciudadanos romanos» ¡1). Con la unión 
de las tres ciudades desapareció aquella especie de autonomía que 
conservaban los emporitanos, y no tuvo ya aquel Gobierno demo- 
crático que á semejanza de Marsella allí existía, y se mezclaron 
más íntimamente que antes con los españoles, recibiendo las 
leyes de los romanos. No obstante verse obligados los griegos á 
seguir las leyes de los romanos y aun el idioma, no abandonaron 
el propio, sino que alternó allí con la lengua del vencedor, y así 
dicen M. Cetego y L. Apronio: «emporitani populi graeci hoc tem- 
plum sub nomine Dianae ephesiae saeculo condidere, quae nec 
relicta graecorum lingua, nec idiomate patriae iberae recepto, in 
mores, in linguam, cessere romanam» (2). Cosa parecida hubo de 
ocurrir en las demás colonias griegas existentes en la Península, 
donde por la fusión de los elementos griego, indígena y romano, 
se formó una raza mestiza greco-hispano-romana que se extendió 
por gran parte de la Península, propagando la lengua y las cos- 
tumbres helénicas, como observa acertadamente el Sr. C. de la 
Riega respecto de los helenos de Galicia y Lusitania (3). Ni falta- 
ron tampoco en las legiones romanas buen número de auxiliares 
griegos que vinieron á España más bien como colonos que como 
militares; de donde resultó que en puntos donde antes no existía 
recuerdo alguno de colonias focenses, después de Augusto se in- 
trodujeron muchos nombres y costumbres de procedencia griega 
Se conservan estos recuerdos, entre otros sitios, en la línea de cor- 
dilleras entre Aguilar de Campóo y Guardo (provincia de Paten- 
cia), como habrá observado cualquiera que conozca el citado país, 
á causa indudablemente de la estancia de soldados griegos en tiem- 
po de Augusto. «Ante los muros de Yellica, dice el Sr. Fernández- 
Guerra, dio Augusto la primera batalla á los cántabros, y finali- 



(1) Décadas de la Historia romana, por Tito Livio, tomo VI, pág. 19. 

(2) Aldrete: Origen del idioma castellano, pág. 93. 

(3) Obra citada, pág. 271. 

15 



210 EL HELENISMO EN ESPAÑA DURANTE LA EDAD ANTIGUA 

zada la guerra, concedió á la Legión Cuarta Macedónica por pra- 
do suyo, todo el alfoz de la destruida ciudad. Con ello le vinieron 
á poseer durante sesenta y seis años los 6.000 soldados griegos de 
á pie y 500 jinetes que componían la legión, hasta que dispuso el 
Emperador Tiberio Claudio que se trasladase á Alemania» (1). 

A la época de la conquista atribuyen algunos historiadores mal 
avenidos con lo antiguo, siguiendo las corrientes ultracríticas de 
Wolf, la introducción del teatro, que, según ellos, fué en España 
de origen exclusivamente romano. No faltan, sin embargo, razones 
serias para suponerle ya anteriormente introducido por los grie- 
gos. Existían indudablemente en la Península mucho antes de su 
incorporación al Imperio, elementos dramáticos que ofrecen sor- 
prendentes analogías con el primitivo teatro helénico de los tiempos 
de Tespis y de Arión, reducido a las fiestas celebradas en honor, de 
Baco acompañadas de danzas corales y del orgiástico ditirambo. 
Cosa parecida eran las fiestas de España, donde desde tiempos an- 
tiguos, existían entre los lusitanos y otros pueblos españoles dan- 
zas guerreras y coros unidos á fiestas orgiásticas dedicadas al dios 
Baco. No otra cosa significan los bailes y cantos de las famosas 
puellae gaditanae, admiradas en Roma, y los bailes de Rixana y 
las farsas catalanas, confirmando lo mismo la facilidad con que se 
extendió en la Bética el uso de la tramoya griega. «Muchos escri- 
tores, dice Schachk, ponderan la celebridad que alcanzaron entre 
los romanos los bailes españoles, y dicen expresamente que eran 
pantomímicos y acompañados de canto. Esta circunstancia es más 
importante de lo que parece si recordamos que la danza desempe- 
ñaba papel principal en el drama griego, y que contribuyó á su 
perfección formando después en su edad de oro parte suya esen- 
cial. Es interesante observar en España en tan remotas edades, 
esa costumbre ingénita, y que lleva en sí gérmenes dramáticos in- 
negables» (2). Masdeu dice también por su parte: «Semejantes es- 
pectáculos y bailes no estaban en uso solamente en Cádiz; pero 
también en otras muchas ciudades de nuestra Península, principal- 
mente en las capitales que tenían teatros, algunas, según el uso 
romano; otras, según el uso de los griegos» (3). Por otra parte, 
siendo los griegos de España hermanos de los de Marsella, con 



(1) Cantohria, por D. A. Fernández-Guerra y Orbe, pág. 108. 

(2) Historia de la literatura y del arle dramático cu España: traducción de Eduardo de 
Muer, tomo I. pág. 166.— Madrid, 1885. 

(3) Historia critica de España, tomo VIII, pág. 1 !:'. 



EL HELENISMO EN ESPAÑA DURANTE LA EDAD ANTIGUA 211 

quienes sostenían relaciones íntimas, y existiendo en esta pobla- 
ción un teatro para las representaciones, como deduce Egger de 
una inscripción encontrada allí, podemos suponer que las colonias 
de la Península participarían de las mismas aficiones. El abate 
Lampillas supone de origen griego el teatro de Sagunto, que otros 
reputan romano. Sea de ello lo que quiera, el arte dramático se 
generalizó en España después de la conquista romana, como lo 
prueban los que aun existen en ruinas ó de que hay memoria en 
nuestros historiadores, tales como los de Tarragona, Mérida, Se- 
villa, Écija y Clunia (Coruña del Conde); pero ni deben olvidarse 
los precedentes, quizá de origen helénico, ni se ha de pasar por 
alto que el teatro romano era una pura imitación del griego, si es 
que además no admitía la representación en su propio idioma de 
las obras maestras de Esquilo, Sófocles, Eurípides, Aristófanes y 
Menandro. 

En los rápidos progresos posteriores de la cultura helénica en 
España, cupo no pequeña parte á un famoso General romano, que 
hubiera llevado con más gloria este nombre á no haber participa- 
do de los vicios que corroían al poderoso Imperio. Este militar va- 
leroso, llamado Sertorio, se interesó de una manera especial por 
los estudios del griego, á fin de formar una juventud ilustrada en 
España para subir con su ayuda á las gradas del trono romano. 
Sin apartar la vista de este acariciado proyecto, fundó una Uni- 
versidad en Osea (Huesca), donde, según los Padres Monédanos, 
se estudiaban los mejores autores griegos y latinos en los respec- 
tivos idiomas. El mismo General presenciaba los exámenes y re- 
partía los premios á los más aventajados, estimulando á todos con 
la palabra y el ejemplo al estudio de los clásicos. El camino em- 
prendido por Sertorio fué seguido por algunos ilustres españoles 
y latinos, que establecieron después otras varias Escuelas ó Uni- 
versidades, dedicadas casi exclusivamente á las letras griegas, 
donde se formaron poetas é historiadores. De ellas salieron aque- 
llos sabios ilustres que alternaron en Roma con los soberbios pa- 
tricios, formando parte de los Tribunales de Justicia, y aquellos 
poetas andaluces que Mételo llevó á Roma para distinguirlos entre 
todos los subditos del Imperio. Entre las Escuelas más notables 
que hubo en España merece ser citada en primer lugar la de Sa- 
gunto, donde sobresalió Ael. Cerialis; la de Córdoba, que tuvo por 
profesor á Domicio Isquilino; la de Tarragona, en la que figura 
Clearcho, «cognominatus Graecus Magnus", según la inscripciór 



212 EL HELENISMO EN ESPAÑA DURANTE LA EDAD ANTIGUA 

tarraconense 4250, á causa de sus hechos y de su saber ó de sus 
producciones literarias: «factis et litteris», y la de Sevilla, donde 
se distinguió Troilo. Y es de suponer hubiera otras muchas, pues 
como dice Mesdeu, «la novedad, la emulación y la esperanza con- 
tribuyeron á que se hicieran de moda las dos lenguas, y se multi- 
plicaron las Escuelas y Maestros;.., leyéndose en Andalucía los 
autores griegos y latinos, recibiendo con la lengua de los dos la 
cultura y civilización» (1). Quizá de estas Escuelas procederían 
Amerf , que escribió griego y latín con gusto más ateniense que 
romano, y Teófila. 

La celebridad de esta poetisa, descendiente, según Masdeu, de 
alguna de las muchas familias griegas que quedaron en España, 
fué tan grande, que el poeta Marcial la compara á Safo, no por la 
tendencia de sus poesías, sino por la inspiración, dedicándole su 
Epigrama LXIX, donde elogia también su conocimiento de la filo- 
sofía estoica: 

Haec est illa tibi promissa Theofila, Cani 
Cujus cecropia pectora voce madent; 
Hanc sibi i'ure petat magni senis altus in hortis 
Nec minus esse suam Stoica turba velit; 
Vivet opus quodcumque per istas miseris aures 
Tam nec femineum, nec populare sapit, 
Non tune Parthenis nimium se praeferet illi 
Quamvis Pierio sit bene nota choro; 
Carmina fingentem Sappho laudavit amatrix 
Castior haec et non doctior illa fuit. 

Cambiaso resume el elogio de la ilustre gaditana en estas pala- 
bras: «Theofila, amiga de Canio Rufo, era mujer de grandes cono- 
cimientos y relevantes prendas personales, porque además de ser 
muy honesta, hablaba los idiomas griego y latín con mucha pro- 
piedad y elegancia, y tan docta en la filosofía y secta de los estoi- 
cos, que pudiera tener un lugar entre los más doctos. Fué renom- 
brada por sus poesías y digna de tener un asiento en el agora de 
Atenas» (2). 

P. Bonifacio Hompanera, 
o. s. A. 

{Concluirá). 



1 1 ) Historia critica de España, tomo VIII, pájr. 132.-Madrid. 1790 
(2) Hijos ilustres de Cádis, palabra Theofila. 



CJLTAlvOGrO 



DE 



Escritores Agustinos Españoles, Portugueses y Rmerieanos (,) 



LEÓX (Fk. Luis de). — (Continuación) . 

24. Obras propias y traducciones latinas, griegas é italianas 
con la paráfrasis de algunos psalmos y capítulos de Job, autor el 
doctísimo y reverendísimo P. Fr. Luis de León, de la gloriosa or- 
den del Grande Doctor y Patriarca San Agustín, sacadas de la 
librería de D. Manuel Sarmiento de Mendosa, Canónigo de la Ma- 
gistral de la Santa Iglesia de Sevilla. Dalas d la impresión don 
Francisco de Ouevcdo Villegas, caballero de la orden de Santiago' 
Ilústralas con el nombre y protección del Conde-Duque, gran Can-, 
eiller, etc. Madrid, en la imprenta del Reino. Año de 1631, á costa 
de Domingo González, mercader de libros. 16.° 

Obras propias y Traducciones con la Paráfrasi de algunos 
Salmos de David y Capítulos de Job. Auctor el doctísimo y 1\ 
roidísimo P. Fr. Luis de León, de la gloriosa orden del grande 
Doctor y Patriarca San Agustín.' Fu Madrid este ano 1631, las 
hi~o imprimir D* Francisco de Ouevedo Villegas, ilustrándolas 
con la dirección, protección y nombre del Excmo. Sr. Conde-Du- 
que, Gran Canciller, etc. En Milán por Felipe Guisolfi, año 1631; 
con licencia de los superiores. En 12.° de 312 págs. y 12 de prin- 
cipios. 

En la segunda hoja: 

«Porque la primera impresión era de letra menuda y solo un li- 
bro, se volvió á imprimir en Milán por Felipe Guisolfi, á la señal 



(1) Vüase la página 137 de este volumen. 



214 ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 

del Salvador el mismo año 1631. Omítense en esta impresión los 
privilegios, aprobaciones y dedicaciones por no ser necesarias.» 

Prefacio al lector: 

«Aunque la obra es tan grande, que cualquiera pudiera preciar- 
se de dar su nombre á la estampa, para eternizarse en ella, la hu- 
mildad del que la ha dispuesto para la impresión, quiere disimular- 
le, para que salga más el de su autor; para que la fama no tenga 
que ocuparse con otro.: Llegó á manos del Excmo. Sr. Duque de 
Feria, y Su excelencia como quien también sabe 1a veneración que 
se debe á la antigüedad en el ingenio, Letras y virtud del P. Maes- 
ro Fr. Luis de León, y lo que le está bien á la posteridad gozar de- 
Poesía, aunque en lenguaje antiguo, tan docta, tan moral y tan di- 
vina, me mandó dar la segunda vez á la luz común, porque saliese 
mejor en mayor volumen é impresión más esmerada, y porque la 
primera que remitieron á su excelencia de Madrid, no se ajustaba 
por mal impresa con lo bueno de la materia.» 

Semi-dedicatoria á la Virgen de la Paz por el piadoso Duque 
de Feria. 

Obras propias. Tercera impresión, nuevamente añadida. Va- 
lencia en la imprenta de Joseph Thomas Lucas, Plaza de Come- 
dias, año de 1761.8.° 

Salió esta edición más correcta y esmerada que las anteriores 
y lleva, además, la Vida de Fr. Luis de León por el sabio literato 
D. Gregorio Mayáns, el Salmo Miserere mci Dcus y la Canción á 
Cristo crucificado. 

—Madrid, 1771, imprenta de Joaquín Ibarra, por Sedaño (Par- 
naso español tom. V.) 

— Quarta impresión. En Valencia. Por Joseph y Thomas de 
Orga, MDCCLXXXV. 

— Madrid, Imprenta Real, por un celoso amante de las le- 
tras. Ramón Fernández, 1790. (Colección de poetas castellanos, 
tom. 10.) 

—Madrid, por el compilador de las obras de Fr. Luis de León. 
Fr. Antolni Merino, en el tomo 6.° de la colección. Imprenta de la 
Viuda de Ibarra, 1790. 

—Poesías. Por D. Ramón Hernández. (Tomo X de la Col. de 
Poet. castellanos.) Madrid, en la Imprenta Real. Año de 1808. 

—Madrid, Imprenta de Ibarra, 1815, 8.° 

—Madrid, Imprenta de Bobee et Hingray, 1822. 16. (Colección 
de los mejores poetas castellanos. 



ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 215 

—Madrid, Imprenta de Manuel de Burgos, 1S30, por D. Manuel 
José Quintana. (Poesías selectas españoles, tom. 3.°) 

—París, imprenta de Jain et Thunot. 

Hízose esta edición bajo la dirección del Excmo. Sr. D. Euge- 
nio de Ochoa, 1847. (Tesoro de autores místicos españoles, tom. 3.° 

—Madrid, Imprenta Nacional y establecimiento tipográfico de 
Saunaque, de Real orden, 1849. (Colección de Autores selectos la- 
tinos y castellanos, tomos 2.°, 3.° y 5.°) 

—Madrid, imprenta de D. Manuel Rivadeneyra. (tom. 37, de la 
Biblioteca de Autores españoles.) 

—Madrid, Oficina Tipográfica del Hospicio, 1872, 8.° por don 
Francisco Besdu. 

—Sus dos odas: La Profecía del Tajo y A la vida del Campo, 
se publicaron en castellano acompañadas de la traducción italiana 
en la «Colección de Poesías castellanas traducidas en verso tosca- 
no é ilustradas por el Conde D. Juan B. Conti», tom. III, p. 201. 
Madrid, 1783. Van precedidas de una pequeña biografía y juicio 
crítico sobre Fray Luis. 

— La vita tranquila, (Odelibera). La puso en verso italiano el 
Profesor X. Marsucio y se imprimió en el periódico // Buonanotti 
Roma 1885, y se hizo tirada aparte. 

—Poems from thc spanisk of Fra. Luis Ponce de Leam t traus- 
lated by Henry Phillips Dr. Philadclphia, printed sloly for prí- 
vate distribution, 1883. 

Se hizo una tirada de solos cien ejemplares. 

— Obras del M. Fr. Luis de León, de la Orden de San Agus- 
tín, reconocidas y cotejadas con varios manuscritos auténticos por 
el P. M. Fr. Antolín Merino, de la misma Orden. Tomo I. Expo- 
sición del Libro de Job. Madrid, MDCCCIV. En la imprenta de la 
Viuda de Ibarra. Con licencia. 

18 ps. de prel. más 814 de tex. Dedic. al Rvmo. P. M. Fray Jor- 
ge Rey, Vicario general indipendiente de las Provincias de Espa- 
ña é Indias, y Prior general electo de toda la Orden de X. P. San 
Agustín.— Fr. Antolín Merino. 

Prólogo.— •< Daremos, pues, con el favor de Dios, primero las 
obras castellanas y después las latinas, unas y otras baxo la forma 
de estos dos tomos que contienen la Exposición de Job. Aunque 
este tratado es el último que se imprimió del autor en el año de 
1779, comenzamos por él á causa de ser ya raros y caros los exem- 
plares de la primera impresión. Para esta segunda hemos tenido 



216 ESCRITORES AGUSTINOS E'.SPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 

presentes dos manuscritos originales que se, conservan, el uno en 
Salamanca en el archivo del Convento de N. P. S. Agustín, y el 
otro en la Biblioteca del de S. Felipe el Real, de esta Corte. En el 
primero está todo el Comentario en prosa con la traducción del 
texto que le precede; en el segundo la explicación parafrástica en 
tercetos, con argumentos de muchos capítulos. Así los argumentos 
que faltan, como los versos de algunos capítulos que dexó incom- 
pletos el Autor, están suplidos con incomparable propiedad por el 
difunto Maestro Fr. Diego González (que santa gloria haya), poe- 
ta que honrará nuestro siglo en la posteridad, aunque poco cono- 
cido por su modestia...» 

— Obras... Tomo II. Exposición del Libro de Job. Madrid, 
MDCCCIV. En la imp. de la Viuda de Ibarra. 

. 3 hojs. de índ., 506 págs. de tex. y hasta la 536 de índ. de las 
cosas notables. 

Obras... Tomo III. Nombres de Christo, Libro I y II. Madrid, 
MDCCCV. En la imp. de la Hija de Ibarra. Con licencia. 

De 460 págs. de tex. 

—Advertencia. «Para proporcionar los Tomos de esta Colección 
hemos repartido la Obra de los Nombres de Christo, dando en 
este III los dos primeros Libros que publicó el Autor en su prime- 
ra edición, y reservando para el siguiente el Libro tercero que 
añadió después en la segunda, y se halla en todas las demás. A con- 
tinuación de éste irá «La Perfecta Casada» que desde el principio 
estaba unida á los «Nombres de Christo.» 

»De siete ediciones de esta Obra que se conocen y hemos exa- 
minado, la más exactas y correctas son la tercera que se hizo en 
vida del Mtro. Fr. Luis de León, y á su vista en Salamanca el alio 
1587, por Guillermo Foquel, y la última en Valencia por D. Ma- 
nuel Monfort el año 1770. Habiendo cotejado estas dos ediciones 
las hallamos conformes en todo, solo que la de Valencia com- 
prehende el nombre de Cordero, que no se publicó hasta el año 
de 1595 en la quarta edición. » 

Obras... Tomo IV. Nombres de Christo. Libro III y La Perfec- 
ta Casada. Madrid. MDCCCV. En la imprenta de la Hija de Iba- 
rra. Con licencia. 

De 422 págs. y hasta la 457 con el índ. de las cosas más nota- 
bles. 
En la pág. 246 termina el Lib. III de los «Nombres de Christo». 

—Obras... Tomo V. El Cantar de Cantares, con otras obras 



ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 217 

inéditas. Madrid MDCCCVI. En la imp. de la Hija delbarra. Con 
licencia. 

De 435 págs. de texto. 

«El Cantar de cantares» termina en la pág. 280. 

La exposición del Cantar de los Cantares en castellano es acaso 
la primera obra de Fr. Luis de León. No la escribió para darla al 
público, sino que su intento fué complacer á una persona de su 
confianza que no sabía latín, y deseaba entender el contexto literal 
y el orden seguido de la alegoría que contiene dicho libro Sagrado. 
L'n familiar suyo tomó el manuscrito de entre sus papeles, y de él 
sacó, furtivamente, una copia, á la que se siguieron otras y otras, 
lo cual dio lugar con otras cosas al proceso de que se ha hablado 
antes. Libre de la cárcel ordenóle el Superior publicase en latín 
dicho escrito, como lo hizo, haciendo caso omiso de la exposición 
en castellano, la cual se publicó, por vez primera, en 1798 en Sala- 
manca, por Francisco Tojar. 

El P. Merino cotejó dicha edición con diez copias diferentes y 
tuvo la dicha de encontrarse con un manuscrito de la dicha obra, el 
más correcto de cuantos había registrado, y con la particularidad 
de contener lo que no se encuentra en ninguno otro: el Cantar de 
los Cantares en metro de octava rima, y él es el que ha servido 
de texto para la presente edición. 

25. Respuesta de Fr. Luis de León estando preso en la cárcel. 
(281-292.) 

26. Del Maestro Fr. Luis de León traducción y explicación dd 
Ps. 41. (293-315.) 

27. Cartas del Miro. Fr. Luis de León á Juan Vázquez del 
Mármol. (316-332.) 

23. A las Madres Priora, Ana de Jesús, y Religiosas Carme- 
litas Descalzas del Monasterio de Madrid, el M. Fr. Luis de León. 
(333-352.) 

29. Apología del P. M. Fr. Luis de León, Catedrático de Es- 
critura. (353-363.) 

Aprobación de la llda de Santa Teresa de Jesús, que hizo su 
confesor al P. M. Domingo Batios. (364-368.) 

30. Sermón Sobre el Evangelio: Vos estis sal terrae. (369-399.) 

31. Fragmento de un Sermón de Kalenda. (400-404.) 
Declaración del P salmo 50, Miserere mei Deus, por el Doctor 

Benedicto Arias Montano. (405-435.) 

Como el intento del P. Antolín Merino era hacer la edición más 

16 



218 ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 

completa de las obras de Fr. Luis, así castellanas como latinas, 
adelanta en este tomo V un Catálogo de cuantos escritos del in- 
signe Maestro habían llegado á sus manos, así impresos como ma- 
nuscritos. 

— Obras... Tomo VI. Las Poesías. Madrid. Por Ibarra, Impre- 
sor de Cámara de S. M. 1816. 

Prólogo del editor (XIX-XVIII). Noticia de los códices que se 
han tenido presentes para la colección y corrección de las obras 
poéticas del M. Fr. Luis de León (XIX-XXX). Ind. de este Tomo 
(XXXI-XXXIX). 

Siguen 459 p. de tex. 

En pág. aparte, y como apéndice: 

Paráfrasis del Maestro Benito Arias Montano sobre el «Cantar 
de Cantares,, de Salomón, en tono pastoril. Madrid, por Ibarra, Im- 
presor de Cámara de S. M., 1816. De 32 páginas. 

— Obras del P. Mtro. Fr. Luis de León, de la Orden de San 
Agustín, reconocidas y cotejadas con varios manuscritos auténti- 
cos, por el P. M. Fray Antolín Merino, de la misma Orden, Tomo I. 
Exposición del libro de Job. Parte primera. Con licencia del Or- 
dinario. Madrid: Compañía de Impresores y Libreros del Reino, 
San Bernardo 92, 1885. Precede, en esta edición un prólogo del 
P. Conrado Muiños, fechado en el Colegio de Valladolid á 15 de 
Diciembre de 1884. 

— Tomo II. Exposición de Job. Parte segunda. 

Apéndice. De la vida, muerte, y milagros de Santa Teresa de 
Jesús. Madrid, 1885. 

En el dicho Apéndice va el fragmento de la Vida de Santa Te- 
resa, que se publicó en la Revista Agustiniana. 

— Tomo III. Los Nombres de Cristo. La Perfecta Casada. Ma- 
drid, 1885. 

— Tomo IV. El cantar de los cantares.— Respuesta estando 
preso. — Traducción del Salmo 41 . — Cartas. — Apología de Santa 
Teresa.— Sermón sobre el Ev. vos estis sal. Declaración del Sal- 
mo 50.— Poesías. Madrid, 1885. 

32. Poesías del Maestro Fr. Luis de León, recogidas por el 
P. Francisco Méndez. 

Publicáronse, por vez primera, en el vol. IV de la Re vis i \ 
Agustiniana. 

33. Carta dedicatoria dirigida á la Priora Ana de Jesús, y Reli- 
giosas Carmelitas Descalzas del Monasterio de Madrid. Salió impre- 



ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 219 

■sa al frente de las Obras de Santa Teresa, dadas á luz en Salaman- 
ca por Guillermo Foquel, año de 1588. Lo mismo se ha venido ha- 
ciendo ordinariamente en las demás ediciones posteriores. 

34. Apología del P. M. Fr. Luis de León, Catedrático de Escri- 
tura de la Universidad de Salamanca, donde muestra la utilidad 
de que se sigue á la Iglesia en que las Obras de la B. Madre Tere- 
sa de Jesús, y otras semejantes, anden impresas en lengua vulgar. 
Publicó esta Apología el P. Fr. Tomás de Jesús, Carmelita Descal- 
zo, en su obra intitulada: Compendio de los grados de Oración... 
impresa en 1615, y en Valencia el 1623. 

35. De Iriplici tonjunctione Jidelium cum Christo. 

De este escrito, dispuesto ya para la imprenta, hace referencia 
Fr. Luis en su Comentario al cap. I de la Epis. ad Galatas. "Quem 
Deo annuente propediem edituri sumus." 

Ignórase su paradero. 

36. Tampoco se encuentra el Comentario sobre el Apocalipsis 
que vio en Salamanca el P. Luis de Alcázar, como él mismo lo 
asegura en su obra «Vestigatio arcani sensus in Apocalipsis, p. 88. 

37. Carta dirigida desde la Corte á Salamanca (17 de Enero 
1588) dando cuenta al Claustro de la Universidad del buen éxito 
que habían tenido sus gestiones en el negocio que le encomendara. 

•1. LVIII de La C. de Dios, pág. 583-6.) 

En la dicha carta se hace referencia á un memorial que Fray 
Luis hubo de escribir y que presentó al Rey con el fin de conse- 
guir lo que pretendía. 

38. Dos informes en los cuales analiza y discute los proyectos 
del Dr. Valverde, que formaba parte de la comisión encargada de 
la corrección de la Vnlgata. 

Publ. en el vol XXVI, págs. 96-102 de La C. de Dios. 

39. En 3 de Diciembre del 1588, se celebró Capítulo Provincial 
en Toledo y se acordó, entre otras cosas, erigir algunas Casas de 
Recolección, confiando el cargo de escribir las Constituciones que 
habían de observarse en ella, á los PP. Fr. Luis de León y Jeróni- 
mo de Guevara. Con este motivo presentó nuestro Fr. Luis el 
nuevo Código que consta de catorce capítulos y se imprimió en la 
^•Hist. Gen. de los PP. Agust. Desc." por el P. Fr. Andrés de San 
Nicolás. Madrid, 1664, págs. 138-148. 

— Fr. Lndovici Legionensis, Augustíniani Doctoris Theologi 
Salmanticensis, orat iones tres ex códice manuscripto. Matriti. 
Typis Benedicti Cano. MDCCXCCII. 



220 ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 

40. Sermones, primera parte . — Sermones , segunda parte.. 
(B. C.) M. S. en 4.°— Dos tomos, que entre ambos componen 862 ho- 
jas, de los cuales el primero termina en el fol. 393, } T el segunda 
principia en el 394, forrados en pergamino con todas las señales de 
originales. 

Lleva al fin del tomo 1.° esta nota de letra antigua: «Acabaron 
los Sermones y Apuntamientos doctrinales de Fr. Luis de León, 
unos de su letra y otros copiados de los que él escribió.» 

Al principio se lee: 

«Este libro de Sermones y Apuntamientos del Maestro Fr. Luis 
de León se trajo de Granada, donde le tuvo Diego López de León 
Várela; aunque se percibe muy bien en su contenido el talento del 
autor, algunos Sermones me parece que desdicen algo del estilo; 
acaso no le tenía aún bien uniforme; acaso son de tiempos muy di- 
versos unos sermones que otros; acaso el que los copió halló algu- 
nos del Maestro León de Castro ó de Fr. Basilio Ponce de León, 
discípulo éste, y aquél rival de nuestro Fr. Luis, y cuyos estilos 
son diversos: acaso me engañaré yo en el juicio que hago sobre el 
estilo. En los Apuntamientos hay cosas muy buenas...» 

A esto se sigue esta nota, toda de puño del Conde de Campo- 
manes: 

«Esta Nota estaba en un papel suelto, de la misma letra con que 
al fin (el vol. 1.°) se dice haber acabado los Sermones de Fr. Luis 
de León. Copíela aquí por que no se perdiera. (Está rubricada del 
Conde.) 

Madrid, 1.° de Octubre de 1842.— B. Fr. Gallardo.» 

41. Aprobación al Tratado del P. Veracruz: «Relectio etc.» 
«R. Ag.» t. II, p. 157. 

42. Carta curiosa de Fr. Luis de León, sobre la enmendación 
de la Biblia. 

—Segundo advertimiento de el Padre Maestro Fr. Luis de León 
en Madrid á 27 de Marzo de 1589. 1-388-58 y 59. 

43. Discurso sobre la diferencia que hay entre Frailes y Mon- 
jas Carmelitas Descalzos acerca del gobierno. 

Impreso de seis hojas sin año ni lugar de imprenta. Aunque 
anónimo, tiene las trazas de ser de Fr. Luis, tanto por el estilo 
como por el asunto que en el mismo se trata. 

-Patronato Eclesiástico.— N. 21. 2.° Cuad. 77. 

Lo mismo se dice del papel 77, que es un impreso en folio de 
dos hojas. 



ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES V AMERICANOS 221 

En el libro I de los Nombres de Cristo ¡tomo III, pág. 179 de la 
-edición del P. Merino), muestra Fr. Luis grandísimos deseos, que 
no dejarían de realizar si las ocupaciones se lo permitiesen, de 
escribir un tratado probando que nuestra justificación se verifica 
por la renovación de nuestra alma y no por simple imputación de 
las buenas obras, como querían los Reformistas. Ignórase si llegó 
á trabajar tal tratado.. 

«Perdimos también entre muchos millares de libros los más se- 
lectos tesauros, diccionarios y sintaxis de las lenguas hebrea y 
griega, y muchos de ellos marginados del eruditísimo y Ven. Maes- 
tro Fr. Luis de León."— Vidal. 

LEÓN (Fr. José de).' 

Nació en Herrera de Valsecañas, de la provincia de Palencia, 
el 1712 y vistió el hábito agustiniano en el convento de Burgos, en 
1735. Administró en Filipinas los pueblos de Guiguinto, Hagonoy, 
Malolos, Tanauan, Calumpit, Baliuag, Quingua y Parañaque, y 
murió en Manila en 1766. 

Escribió en tagalo un tomo de Pláticas doctrinales. 

— P. Jorde, p. 260. 

LEÓN (Fr. Lorenzo). 

Nació en Granada y profesó en el convento de Méjico el 1 
Pasó á Filipinas el 1578 y administró los pueblos de Parañaque, 
Bulacán y Malolos. Fué Prior del convento de Manila, Provincial 
y Definidor del Cap. General en 1599. Pasó los últimos años de su 
vida dedicado á la oración y ejercicios piadosos y, habiendo vuelto 
á Méjico, murió en dicha ciudad el 1623. 

Compuso en lengua tagala: Estrella del Mar. Dos tomos, 4.° M. S. 

— P. Jorde, p. 29. 

LEÓN (Ilmo. Sr. D. Fr. Martím de). 

Natural de Sevilla é hijo de hábito del convento de dicha ciu- 
dad. Después de haber estudiado Teología en la Universidad de 
Salamanca pasó al Perú, donde explicó dicha facultad en los con- 
ventos de la Orden. Con felices diposiciones para el pulpito, fueron 
muy apludidos sus sermones y muy apreciado del Virrey. De re- 
greso en España fué nombrado para el obispado de Tri vento, en 
el reino de Ñapóles, en 1627, y tres años más tarde el Papa Ur- 
bano VIII le honró con el título de Prelado asistente, y en 1831 fué 
promovido á la silla de Puzzol. En su tiempo se insurreccionó el 



222 ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 

pueblo de Ñapóles, y á sus expensas levantó tropas que obligaron 
á los insurrectos á rendirse á la obediencia del Rey de España. 
Invirtió sus ahorros en reparar la Catedral, que se encontraba 
ruinosa, y en 1657 fué trasladado á la silla de Palermo, donde mu- 
rió el 1655. 

Relación de las excequias que el Exento. Sr. D. Juan de Men- 
dosa y Lima, Marqués de Montes-claros, Virrey del Perú, hizo en 
la muerte de la Reina Nuestra Señora doña Margarita. (E. de A. 
del Marqués). Al Excmo. Sr. D. Juan Hurtado de Mendosa y 
Lima, Duque del Infantado, del Consejo de Estado y Gentil hom- 
bre de la Cámara de S. M. Por el presentado Fr. Martín de León, 
de la Orden de San Agustín. Fray Francisco de Bejarano Argen- 
tiniensis scudebat. Lima, 1602. (Al fin.) En Lima: por Pedro de 
Merchany Calderón, año 1613. 

En 4.°, de 148 ps. ds. y 11 más de principios. Una gran estam- 
pa que contiene el diseño del túmulo real, dibujado en Lima por 
J. Martínez de Arrona y grabado por el P. León. 

Soneto de Bernardo Montoya al Virrey. — Décimas del mismo 
al autor. — Canción de L. Pedro de Oña al Virrey.— Soneto del 
mismo al autor del libro. — Soneto del Almirante D. Pedro Orozca 
al mismo. — Canción lírica de Fr. Lucas de Mendoza al mismo. — 
Sonetos al mismo del Dr. Cristóbal de Rivadeneira, Fr. Blas de 
Acosta, Fr. Diego Fernández de Córdoba y Fr. Juan de Zarate. — 
Dedicatoria del autor en prosa. — Lima, 14 Enero 1603.— Suma del 
priv.: 11 Enero 1613. 

No expresándose nombre de autor en los versos elogiados, que 
ocupan el libro desde el fol. 87 hasta el fin, se deja creer que todos- 
ellos son de la fácil vena del P. Martín. Suyo es también el Sermón 
de honras y suya la Relación en prosa. 

—Gallardo. T. 3.°, c. 377. (P. de las Cortes.)— Oss. p. 506.- 
N. A. t. II, p. 105. 

LIAÑO (Fr. Francisco). 

Nació en Sevilla el 1594 de D. Francisco López de Liaño y doña 
Isabel de Liñán, tan nobles como virtuosos esposos. Vistió el há- 
bito de San Agustín en el convento de su patria y, habiendo so- 
bresalido en sus estudios, fué enviado á Alcalá de I leñares á cur- 
sar Teología. Leyó artes en su provincia y enseñó teología en 
Granada y Sevilla. Fué Prior de los conventos tic Málaga y Jerez- 
de la Frontera y murió en Cádiz el 1671, 



ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 223 

Comentarios sobre la Suma de Santo Tomás, Cádiz, 1671. Un 
tom. 12, p. 208.-Ar. de Var. t. 2.°, p. 41. 

LICARDO (Fr. Juan). 

Floreció en el primer tercio del siglo XVII y perteneció á la 
provincia de Andalucía. No tenemos más noticia que las escasas 
referencias encontradas en carta del P. Muñoz Capilla, que luego 
citaremos. 

1 .° Oración panegírica que en las solemnes excequias que la 
religiosísima familia del Gran Padre de los pobres, Señor S.Juan 
de Dios, hizo en el esclarecido colegio de la sagrada Compañía 
de Jesús á la piadosa memoria de el V. Padre Manuel Padial, 
día 23 de Junio de este presente año de 1725. Y la dedica á el 
Ilustrísimo señot don Francisco de Perca, dignísimo Arzobispo 
del Consejo de Su Magestad. Dixola el M. R. Padre Fr. Juan 
Licardo. Impresa en la imprenta de Andrés Sánchez. De 40 pág. 

2.° Sermón de la Dominica 5.° de Quaresma. 

Cat. de la B. de S. F. el Real t. 16 de s. varios. 

En Carta escrita por el P. Muñoz Capilla al P. Agustín Regue- 
ra desde Córdoba con fecha 2 de Octubre de 1797 se lee: «Estos 
Padres Prior, Maestro Cabello y Regente han visto el manuscrito 
de nuestro P. Licarco: á todos les ha parecido muy bueno. Se des- 
cubre en él un hombre de gran talento político y literario; el esti- 
lo es castizo y corriente, si exceptúa usted algún que otro equívo- 
co y antítesis propio de aquel tiempo; pero no es más que una ú 
otra. Las alusiones á la Sagrada Escritura sólo sirven de exornar 
un asunto que no lo necesitaba. Pero todo lo cubre, esto es, las 
faltillas, que son muy pocas y tolerables, las cubre el fondo de 
prudencia que se manifiesta en el P. Licardo. Es escrito digno de 
conservarse y merecedor de la copia que usted ha querido sacar 
y de las notas y noticias con que tan oportunamente lo ha ilustra- 
do. Y he estimado, como estos Padres, el cuidado de usted, y hago 
juicio de volverlo á leer antes de entregarlo al P. Giménez.» pá- 
gina 14. 

Como no se dan más pormenores, ignoramos la materia de que 
trataba en dicho manuscrito el P. Licardo, el cual sin duda había 
ya muerto cuando escribía su carta el P. Muñoz Capilla. 

LIMA (Fr. José de). 

Nació, según se cree, en la ciudad de Oporto, año de 1759. Fué 
Predicador General de la Orden, correspondiente de la Real Acá- 



224 ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 

demia de Ciencias de Lisboa, y muy afecto á la causa de D. Mi- 
guel. Oyósele predicar muchas veces en su favor en el período de 
1825 al 33. Murió el 10 de Agosto de 1847 en Oporto. 

1. Oracao gratulatoria em accaso de grabas pela feliz restitu- 
cqp dos inauferiveis direitos magestaticos d y El Reí nosso senhor, 
pregado na Se Cathedral do Porto em 8 de Junio de 1823. Porto 
Typ. da Viuva Alvares Riveiro 1823. 4.° de 22 págs. 

2. Sermao de accao de grabas á Nossa Senhora da Fas, pela 
feliz restituicao dos inauferiveis direitos magestaticos d'Fl Re 
nosso Senhor. Recitado na egreja das religiosas de Santa Clara 
em 22 de Agosto de 1828, ibid. na mesma Typ. 1823, 4.°. de 24 
páginas. 

3. Sermao pelo feliz regreso a patria de S. A. R. o senhor don 
Miguel. Pregado na Cathedral do Porto a 28 de Feveifo de 1828. 
Porto, Typ. á pregada Santa Teresa, 1828, 4.° de 39 págs. 

4. Oracao gratulatoria em acao de gracas pela aclamacao do 
senhor D. Miguel 1. Pregado na. 

LIMA (Fr. Manuel). 

Nació en Lisboa y profesó en el convento de dicha ciudad el 
1676. Fué Predicador general de la Orden, 3' murió en el conven- 
to de Ntra. Sra. de Gracia, en Lisboa, el 1728. 

1. Sermao da N. S. de Penha de Franca pregado no 2.° día 
do Triduo do anno de 1683 no mesmo Convento de Lisboa. No 
lleva pie de imprenta. 

2. Sermón del Sacramento. San Fet. t. 6. serm. varios. 
Algunos Sermones publicados en la obra del P. Gerónimo Ce- 
larlos titulada: La mayor obra de Dios. Madrid, 1669. 

3. Sermao de S. Joao Evangelista no sen día oitavo Domingo 
3 de Janeiro deste auno 1683 no Mosteiro da Rosa desta Cid a de 
de Lisboa. Lisboa, por Miguel Deslandes, 4.° 

4.° A Trinidade da letra, Jesús, María, feseph, em tres Ser- 
moens. Lisboa, por Antonio Pedroso Galrao, 1718. 

5. Política Religiosa , Carta de um Pay a seu filho, que va y 
ser Religioso. Lisboa, por Mathias Pereira da Sylva, e Joao An- 
tunes Pedroso, 1720, 4.° Es traducción de la que escribió en caste- 
llano, impresa en Zaragoza el año de 1633, el Dominico portugués 
Fr. Manuel de Macedo— Barb.. t. III, p. 295.— Ossing. p. 509. 

5. Oracao fúnebre da muito poderosa imperatris rainha, a 
senhora doña Carlota Joaquina de Bourbon. Pronunciado na Ca- 



ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 2*25 

thedral do Portto em 4 de Feveiro de 1830. Porto, Typ. da Yiuva 
Alvares Riveiro é Filhos 1830, 4.°, de 38 págs. 

Además de estos sermones, añade Inocencio da Silva, dicen 
que imprimió otro de Xossa Senhora de Lapa, y quizá estén en 
el mismo caso algunos más, de los cuales no tengo noticia. El 
mismo t. IV, p. 421. 

ó. Ideas Sagradas, e consagradas em varios sermoens Panc- 
gyricos. Dedicadas ao muyto Reverendo Beneficiado ó Senhor 
Manoel Fernandcs Themudo. Pelo Fregador General Fr. Manoel 
de Lima da Ordem de Santo Agostinho. Tomo I. Lisboa Occiden- 
tal, Na officina de Mathias Pereyra da Sylva, é Joam Antunes Pe- 
drozo. Anno MDCCXX. Com todas as licencas necesarias.— De- 
dic. a o M. R. Beneficiado o Senhor Manuel Fernandes Themudo. 
Licencas da Religiao. Censura do Fr. Antonio de Sa, Provincial 
que foy de esta Provincia. Conv. de X. Senhora de Graca de Lis- 
boa, 17 de Junho de 1711.— Censura da Fr. Antonio de Aunada, 
Comissario de Correa.— Censura y lie. del Santo Oficio y del Ordi- 
nario.— Id. do Paco Fr. Pedro de Sa. 

7 hoj. de princ. 598 págs. de tex. 

Son XX Sermones de diversos asuntos. 

7. Ideas Sagradas. Segunda parte, que á memoria do Pa- 
droeyro da.Sanc1iristia de X. Senhora da Graca data Corte, o 
sempre grande c memoravle sepre Mendo de Foyos Pereyra Co- 
mendador da Ordem de Cristo, do Conselho do Senhor Rey don 
Pedro II e sen Secretario de Fstado dedica o P regador General 
Fr. Manoel de Lima, Augustiniano. Lisboa Occidental Xa Offici- 
de Mathias Pereyra da Sylva é Joam Antunes Pedroza, MDCCXXI. 
Com todas as licencas necesarias.— Dedicatoria. — Ley tor amigo. — 
Licen. de Santo Officio. — Do ordinario. — Do Paco. 

De 535 págs. de tex. á dos col. En la 536 hay una advertencia 
con el epígrafe: Pro junioribus. 

Hasta la 616 con los índices de Escrit. y cosas notables. 

— Bib. de San Isidro. 

Ignoramos si publicó alguna de las obras á que hace referen- 
cia en los siguientes renglones tomados del prólogo del impreso 
citado. 

«Espero offerecertehum Opúsculo, quesera como consequencia 
das Premissas deste meu trabalho, nelle admiraras a relevancia de 
hum ingenho rao peregrino, que oceupe adecuadamente todo ó 
teu assombro. Para que as minhas ideas por todos os modos perpe- 



226 ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 

tuem a memoria do nosso Padreyro. Despois deste, dándome 
N. Senhor vida e saude, se ira seguindo com a mema diversao as 
mais partes entendendo nao enfastiaó aos Leytores, que nestes 
termos se porao as minhas ideas a monte, e a musiha infeliz, se 
humilde insuficiencia buscara so teus pes ó vale.» 

LINERO (Fr. Cristóbal). 

Fué Regente de Estudios del Convento de Málaga, Prior del de 
Córdoba, Teólogo y Examinador de la Nunciatura y revisor de 
Librerías por el Santo Tribunal de la Inquisición. 

Oración panegírica gratulatoria en el día ocho de Diciembre 
de mil setecientos y treinta y tres, de la Purísima Concepción de 
María Santísima Nuestra Señora, en que se proclama con el esco- 
gido y venerado título de Regla, en el Real Convento de Nuestro 
Gran Padre San Agustín de Córdoba, por la exaltación á la Pre- 
sidencia de Castilla de el Excel entíssimo y Rever endisstmo señor 
don Fray Gaspar de Molina y Oviedo, Ex-general del mismo sa- 
grado orden eremítico, Obispo de Barcelona, electo de Málaga, 
del Consejo de Su Magestad, Comissario General de la Santa Cru- 
zada, predicóla el M. R. P. M. Fr. Chrisloval Linero, de la misma 
Augusta familia, Regente que fué de los Estudios del Convento 
de Málaga, Prior de la Real Casa grande de Córdoba, Theologo y 
Examinador de la Nunciatura de España; Synodal de "dicho Obis- 
pado, y Revisor de Librerías por el Santo Tribunal de la Inqui- 
sición. Sácala á luz D. Francisco Bastardo Cisneros y Mondra- 
gón, Señor de las Casas de su apellido, veinte y quatro de la Ciu- 
dad de Málaga, Corregidor y Superintendente General de Rentas 
de la Ciudad de Córdoba, y su Reynado, y reverente la dedica á 
sv Excelencia. Impreso en Córdoba: en la calle de el Cister, por 
Pedro de Pineda y Manuel Alonso de Prado. 

4.°, 11 hojas al principio sin foliar y 19 ps. numeradas. 

Prot orí.— Grab. en cobre: esc. de a.— Ded. sin fecha, firm. por 
D. Francisco Bastardo Cisneros. — Api*, del P. José de Castellanos, 
jesuita: Córd., 7 Enero 1734.— Ap. de D. Pedro Andrés de Velas- 
co. Mad., 5 Enero 1734— Lie. del Ord.: Córd., 18 Enero 1734.— 
Teyto. 

Valdenebro, núm. 442. 

LISACA DE MAZA (Fr. Juan Bautista). 

De este autor afirma el P. Jordán que fué natural de Zaragoza, 
varón doctísimo en todas ciencias. "Escribió, dice, muchos libros 



ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 227 

de grande erudición, partos de su admirable ingenio, como nos 
aseguran los Padres antiguos de Zaragoza que le conocieron; pero 
los más se perdieron por la negligencia de los de aquel tiempo, 
menos algunos tomos de Theologia, y Sermones que se guardaron 
en la librería de Huesca, para que en ellos viva eternizada la me- 
moria de tan insigne varón. Murió en el Convento de Zaragoza en 
el año de 1651, con gran sentimiento de todos.. 

1 . Los grados del amor de Dios, en theórica y práctica, sobre 
el Opúsculo 61 . De Dilectione, del Angélico D. S. Thomas. Re- 
copilada, compuesta por el P. Fr. Bavtista Lisaca de Masa, hijo 
de Zaragoza, Maestro en Artes, Doctor en Santa Theologia, Ca- 
thcdr ático de Escoto en la Vnivcrsidad de Huesca, y Prior del 
Convento de San Agustín. En prosa y versos diferentes. A las 
Madres Descalzas de la Concepción, del Convento de la Villa de 
Epila, fundación de los Excelentísimos Condes de Aramia. Con 
licencia y privilegio. En Huesca, por Pedro Blusón, impressor de 
la Vniversidad, año 1635. 

—Aprobación del P. Mtro. Fr. Andrés Estrada, Definidor ma- 
yor del Orden de San Agustín, Calificador del Santo Oficio y Ca- 
tedrático de Escriptura en la Vniversidad de Huesca. Conv. de 
Huesca, 21 de Xov. 1634.— Lie. del Obispo de Huesca.— Aprob. del 
Doct. Gerónimo Ipenza.— Lie. del Key.— Aprob. del P. Estrada.— 
Lie. del Provincial Fr.. Agustín Osorio. Barcelona S de Mayo 
1634.— Al lector. 

—A las Madres Descalzas de la Concepción. 

Compónese esta obrita de tres partes y en ella se trata de los 
diez grados del amor de Dios ó sea lo que el autor llama la teórica. 
A cada grado precede en prosa una breve aclaración de lo que 
luego pone en verso. Seguido de la teórica de estos grados viene el 
Estímulo del Divino amor, del cual dice el autor en la dedicatoria 
lo siguiente: 

"Hice pared hermosa á esas dos piezas de la obra (la teórica y 
la práctica) con el estímulo, dignamente deseado de V. R., com- 
puesto á lo que se cree y su altísima Teología persuade, por aquel 
sol de los ingenios españoles, nuestro Maestro Fr. Luis de León, 
Catedrático de Prima de Salamanca, el siempre vencedor 

En la hoja 77 comienza la práctica de los diez grados del amor 
de Dios. 

El estímulo comienza en la 51 y la obra termina en la 128 que 
es el núm. de hojas que tiene por un lado num. 



228 ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 

Al final: Con licencia y privilegio. En Huesca, por Pedro Blu- 
són, impresor de la Vniversidad. Anno 1635. 12.° 

Ene. en la Bib. de San Isidro. 

— Los grados del amor de Dios... Dada á lus por un Religio- 
so de la misma Orden. Segunda edición. Madrid, por Ibarra, 1782.8.° 

2. Algunos libros de Teología. 

3. Varios Sermones. 

Encuéntrase también contado en el «Aganipe de los Cisnes 
Aragoneses» por el Dr. Juan Francisco Andrés.— Gall. t. 1.° p. 203. 

LISBOA (Fr. Benito de). 

Natural de Lisboa como lo indica su apellido. Profesó en el 
convento de Santarem en 5 de Mayo de 1442, y se graduó de 
Doctor Teólogo en la Universidad de Lisboa en 1482, en la cual era 
Profesor de Vísperas. Fué Provincial y reformador dé la Orden 
por encargo del Rmo. Fr. Egidio Viterbiense. Murió el 1516. 

In primum librum Sententiarum. M. S. Dos tom. en fol. 

— Barb. M. T. I. p. 505.— Nic. A. T. I. p. 211. -Oss. p. 510. 

LISBOA (Fr. Duarte de).. 

Natural de Lisboa. 

Compendio sucinto dos Santos da Ordem de Santo Agostinho. 
Hacen mención de esta obra Fr. Antonio de la Purificación y 
Juan Soarez de Brito. 
—Barb. M. T. I. p. 732. 

LO AIS A (Fr. Rodrigo) 

Según el P. Reguera, fué el P. Loaisa natural de Granada, y 
tomó el hábito y profesó en el convento de Lima en el Perú. Vino 
á España y se afilió al convento de Córdoba en 1623. 

En el tomo 2.° de la Hist. del Perú, por el P. La Calancha, pu- 
blicado por el P. Torres, se encuentran sobre el P. Loaisa los da- 
tos siguientes: 

«Hijo de la casa vieja de Lima, leyó Artes y Teología; fué Prior 
del Cuzco dos veces, y tuvo otros oficios graves; fué Definidor, y 
graduóse de Presentado; buen predicador y muy observante. Es- 
cribió algunos libros que andan impresos: el título de los dos tomos 
grandes es: Victoria de Christo nuestro Redentor, y triunfo de su 
Esposa la santa Iglesia. En el prólogo de la segunda parte refie- 
re su viaje á España y los motivos que le llevaron, y dícelo con es- 
tas palabras: «I labiendo yo profesado esta perfección evangélica 



ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 229 

desde mis primeros años, y habiendo gastado toda mi mocedad en 
las Indias, á donde tomé el hábito de religioso en la insigne ciudad 
de los Reyes del Perú, y habiendo gastado muchos años en la con- 
versión de aquellos naturales, cuya lengua yo entendía y sabía me- 
dianamente, y habiendo predicado en aquellas partes algunos años, 
me envió mi Orden á España á negociar con S. Majestad, S. Real 
Consejo algunas cosas tocantes al bien común de los naturales, y 
de los Religiosos que allí están fundadas; á todo lo cual accedió el 
Rey nuestro Señor Felipe II y S. Real Consejo con gran benigni- 
dad y cristiandad."— Luego prosigue con los motivos que le obliga- 
ron á escribir sus libros. Quien los leyere conocerá su espíritu, su 
celo, sus letras y su erudición. Otros libros — dice— que quiso sacar 
á luz de cosas destas Indias, y que dejó de hacerlo por haber saca- 
do un tomo de la misma materia el Inga Garcilaso. Quedóse en Es- 
paña, porque la vejez le obligó como dice. Tuvo en la Provincia de 
Castilla oficios muy graves. Fué Definidor, graduóse de Maestro, 
y fué de los del número. A este Religioso le debe nuestro conven- 
to de Lima el Cristo milagroso, trasladado del sacrosanto de Bur- 
gos, como queda dicho en el primer tomo.- 

Vi dorias de Christo Xvcstro Rcdemptor , y Tnvnfos de sv Es- 
posa la Santa Iglesia. Primera Parte. Dedicada á Isv Christo 
Nvestro Rcdemptor, Hijo del eterno Padre. Por el Maestro Fray 
Rodrigo de Loaysa. de la Orden d? San Augustin. Provincial de 
la Provincia del Andaluzia, y natural de la ciudad de Granada. 
(Esc. con el corazón flechado.) Con privilegio. En Sevilla. Por 
Alonso Rodríguez Gamarra. Año 1618. 

— Suma del privilegio por diez años. La fecha en Lerma á 26 de 
Septiembre de 1615.— Tassa. Mad. 22 de Mayo de 1618.— Erratas. — 
Aprobación de los Maestros Fr. Francisco del Castillo y Fr. Se- 
bastián de Tenar, de la Orden de San Agustín. 

Granada, 26 de Febrero de 1612.— Aprob. del P. Fr. luán de 
Arauz, Franciscano. San Francisco de Madrid, 1615.— Aprob. del 
P. Rodrigo Manuel Cigoney, Rector del Col. Imp. de la Comp. de 
Jesús. Madrid 12 de Mayo de 1618. — Dedicatoria.— Prólogo al 
lector. 

«Y aunque pudiéramos— dice— intitular esta obra con varios tí- 
tulos, según las varias materias que en ella se tratan, escogí el de 
Victorias de Christo S. N. y triunfos de su santa Iglesia, porque 
todo el intento principal desta obra (que va dividida en seis tomos 
y en veinte y cuatro libros), todo fenece v acaba en las insignes 



230 ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 

victorias que Cristo S. N. tuvo de sus enemigos y contrarios, y los 
triunfos que dellos alcanzó su santa Iglesia; y así el primer tomo 
(que consta de cuatro libros) trata de la victoria que Jesucris- 
to S. N. tuvo de Lucifer y de sus malos ángeles que se le quisieron 
alzar con el cielo. El segundo, de la victoria que tuvo de los trai- 
dores que se levantaron con su Paraíso. El tercero, de la victoria 
que tuvo de los hombres que le violaron y perturbaron el mundo, 
arruinándolo con sus torpes pecados y vicios, habiéndolo Dios 
criado limpio, puro, y aseado y bueno: Vidit Dens cuneta quaefe- 
cerat et erant valde bona. El cuarto trata de la victoria que Dios 
tuvo de los malos y perversos Reyes que maltrataron á su pueblo, 
y todos cuatro tomos son de la Escritura del Viejo Testamento. El 
quinto trata de la victoria que Jesucristo tuvo de Lucifer vinien- 
do al mundo y tomando nuestra humanidad, encarnando en las en- 
trañas virginales de la Virgen María, echando á Lucifer del mun- 
do, y fundando su santa Iglesia, y purificándola con su sangre, 
hasta que resucitó glorioso y subió á los cielos. El sexto trata de 
las persecuciones que la Iglesia tuvo de cuatro géneros de gentes, 
indios, gentiles, herejes y malos cristianos, de todos los cuales 
consiguió victoria Jesucristo S. N. hasta dar con ellos en la pro- 
fundidad del infierno, en el día del juicio diciendo: Ite maledicti in 
ignem aeternum qui paratum est diabolo et angelis suis. Y la Igle- 
sia santa quedó triunfando de todos en la gloria; aquí se acabaron 
los enemigos de Jesucristo, aquí fenecerán los perseguidores de la 
santa Iglesia, y la militante y la triunfante hecha una, cantarán 
con gozo soberano alabanzas á su Dios y Señor. Bien pudiéramos 
sacar ahora el primero y segundo tomo, pero quise experimentar 
en éste lo que haré de los demás. Y por ahora te pido y ruego, cris- 
tiano lector, recibas estos mis trabajos con piedad y los leas con 
atención; y si en ellos hallares algo digno de corrección y enmien- 
da, lo corrijas con benignidad y blandura, pues van sujetándose 
todos á tu discreción y prudencia; y si hallares algo que merezca 
premio des gracias á Dios, de quien nos viene todo el bien y le pi- 
das (á ti, porque lo lees con intento de aprovecharte y á mí que lo 
escribí con deseo de que te aprovechases) su divina gracia, con que 
le vamos á gozar eternamente. — Vale." 

Por lo transcrito, donde sólo hemos corregido la ortografía, se 
ve que el P. Rodrigo tenía intención de publicar hasta seis tomos, 
que abrazaría cada uno cuatro libros, y que los dos primeros tomos 
teníalos ya dispuestos para la imprenta. Pero no sabemos que se 



ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 231 

haya publicado más tomos que el presente, que es el primero. 

—índice de los capítulos que se contienen en este primer tomo. 
Index omnium auctoritatum S. Scripturae. 

13 hojs. s. n. de principios y 563 de texto á dos columnas. Bi- 
blioteca Nacional.) 

LOBERA (Fr. Pedro de) C. 

Escribió: Anales de Aragón. Obra que conserraba el P. Mar- 
cos Antonio Burriel, y que pasó con todos los papeles á la Real Bi- 
blioteca de Madrid— Latassa Bibliot Ant . de los Escnt . Aragone- 
ses, tomo II. pág. 222. 

Nada hemos encontrado por donde podamos saber la patria de 
este Agustino, ni del tiempo y convento en que vivió. 

P. Bonifacio del Moral, 

{Continuará). O. S. A. 



REVISTA CANÓNICA 



Resolución de la Sagrada Congregación del Concilio sobre una 
carga impuesta al Canónigo doctoral por el Obispo y Capítulo 
de Cuenca. 

El 20 de Mayo de este año, 1905, se propuso á la resolución de dicha 
Sagrada Congregación la duda de si se había de relevar al Doctoral 
de Cuenca del cargo de Secretario del Capítulo, impuesto y aceptado 
en la provisión de la Prebenda; y los Emmos. Cardenales respondie- 
ron: «El Canónigo doctoral debe ser relevado del cargo de Secretario; 
y notiííquese esto al Obispo para que mande al Capítulo que cuanto 
antes proceda á la elección de otro Secretario». 

Historia de la causa.— K\ año 1886, habiendo quedado vacante la 
canongía doctoral de la Catedral de Cuenca, el Obispo y el Cabildo, 
de común acuerdo, redactaron y publicaron el edicto convocatorio 
para proveer la vacante, por el cual la Prebenda doctoral fué grava- 
da, además de los cargos propios de su oficio, con el de dar clase en 
el Seminario á voluntad del Obispo; predicar en la Catedral cuatro 
sermones al año, y con los de Secretario del Capítulo ó Archivero y 
Bibliotecario; los cuales debía ejercer gratuitamente y sin poder re- 
nunciarlos, á no ser que el Cabildo estimase conveniente otra cosa. 
Anunciado y celebrado el concurso, el día 27 de Mayo de dicho año 
fué elegido D. Timoteo Hernández Muías, el cual, antes de recibir la 
institución canónica, subscribió un documento, por el que aceptaba la 
Prebenda doctoral con la obligación de cumplir fielmente todas las 
cargas expresadas en el edicto convocatorio. Pero después de haberlo 
hecho así por espacio de diecisiete años, habiendo quedado vacan- 
tes algunos canonicatos que se habían de proveer con algún cargo, pi- 
dió al Capítulo y al Obispo que le relevasen del de Secretario del Ca- 
pítulo, petición que fué desoída, y por lo mismo recurrió á la Sagrada 
Congregación del Concilio para obtener la gracia. 



REVISTA CANÓNICA 233 

Remitidas, según costumbre, al Ordinario las preces del orador, 
para que informase y diese su parecer, después de oir al Capítulo, el 
Obispo, al transmitir las razones dadas por el Capítulo, manifestó su 
parecer sobre ellas y sobre la petición del orador, dickndo: <que las 
primeras eran verdaderas y muy fundadas, porque la relevación del 
carg) de Secretario, pedida por el Doctoral, sería un semillero de dis- 
gustos; pues todos los demás Canónigos de oficio ó de oposición, y los 
Beneficiados gravados con alguna carga, según el edicto de provisión, 
como cátedras, sermones..., pedirían la relevación de sus cargos con 
perjuicio del Capítulo y de la Catedral. En cuanto á mí, añade el Obis- 
po, pronto estoy á relevar al Canónigo doctoral del cargo de Secreta- 
rio Capitular, si el Capítulo accede á su petición, pero de otra mane- 
ra, no; porque el contrato bilateral hecho con el Capítulo y el Obispo 
me lo impiden. Fuera de esto, creo que esta cuestión es meramente 
personal y de ninguna importancia, porque el Capítulo podría muy bien 
acceder á los deseos y petición del Doctoral, después de diecisiete 
años de excelentes servicios, y el Doctoral también podría continuar 
desempeñando el cargo en la seguridad de conseguir oportunamente 
su objeto. Tanto más, cuanto que este cargo no le es muy pesado, 
puesto que tiene un Beneficiado como auxiliar para copiar los decre- 
tos y mandatos del Capítulo». Pero conviene exponer las razones que 
alega el Capítulo, y que transcribió exactamente el Obispo á la Sagra- 
da Congregación: «Dice el Capítulo que es íalso que la carga impues- 
ta al Canónigo doctoral sea disminución de la Prebenda, porque no se 
trata de la imposición de un nuevo cargo, por otra parte, libremente 
aceptado por él y cumplido exactamente por espacio de diecisiete 
años. Al efecto, recuerda las palabras de la Bula Creditam nobis, por 
la cual el Papa Sixto IV erigió en 1471 en los reinos de Castilla y de 
León la Prebenda doctoral, y de ellos concluye que en todas las Ca- 
tedrales de España los Obispos, con sus Capítulos, han impuesto siem- 
pre al Canónigo doctoral aquellas cargas que han juzgado más útiles 
y convenientes, conforme á las palabras de erección: «ut alia nego- 
tia utiliter et salubriter provideantur». Añade que después del Con- 
cordato de 1851, en el que no se designa cargo alguno á los Canónigos 
llamados de oficio, los Obispos, de acuerdo con sus Capítulos, al pro- 
veer la Prebenda doctoral han impuesto algunas cargas, y en particu- 
lar la de Secretario del Capítulo: y esto se ha hecho en muchas Cate- 
drales, y no sin razón, porque privada la Iglesia de sus fincas y cen- 
sos, apenas daba trabajo y ocupación á dicho Prebendado. Además, 
el Capítulo insiste en los términos del edicto convocatorio, y repite las 
cláusulas ó condiciones de la convocatoria, que fueron aceptadas con 
juramento por el interesado, como consta por un documento firmado 
por él mismo; y. por consiguiente, el Doctoral hizo un contrato solem- 

17 



234 REVISTA CANÓNICA 

ne con el Obispo y Capítulo, que debe cumplir, según el Capítulo An~ 
tigonus, tít. 35 de Pactis. «Otras razones alega el Capítulo en su es- 
crito—dice el Secretario de la Congregación,— que omito por ser de 
poca importancia, y por no molestar á Vuestras Eminencias.» 

El Canónigo doctoral, por su parte, opone el principio del derecho: 
Ut beneficia ecclesiastica sine diminutione conferantur (lib. 3.° de las 
Decret.), que es absoluto y preceptivo, y constituye una verdadera ley. 
Ahora bien: de los cuatro modos que los autores señalan para dis- 
minuir un beneficio, el primero es el imponer al beneficiado nuevas ó 
mayores cargas que las anejas al beneficio; y esto está conforme con 
la doctrina del Tridentino que dice (Ses. XXIV, c. 5. de Reform.): 
«Cuando por la erección de un beneficio, ó por fundación, ó por otras 
causas, se exigen algunas condiciones, ó se imponen algunas cargas, 
en la colación del beneficio no se derogue dicha erección ó fundación, 
y la provisión hecha de otro modo téngase por subrepticia.» Y en con- 
formidad con esta doctrina, la Sagrada Congregación ha dado varias 
resoluciones, como in Pisauren. de 6 de Abril de 1647; Samen, de 3 
de Julio de 1690: Pacens. de 23 de Febrero de 1901: de las cuales se de- 
duce que el Ordinario no puede imponer nuevas cargas á las preben- 
das ya erigidas, y que estas imposiciones no valen si no se hacen con 
la venia de la Santa Sede, excepto el caso de urgente necesidad ó 
grande utilidad de la Iglesia. Por consiguiente, habiendo sido erigido 
en el caso presente el Canonicato doctoral con ciertas cargas anejas á 
él, en la nueva colación del beneficio no puede ser derogada la ley de 
la erección con la imposición de una nueva carga. Y tiene esta razón 
tanta más fuerza, cuanto que si se examinan las anteriores colaciones, 
nunca se ha impuesto al Canónigo doctoral el cargo de Secretario del 
Capítulo como anejo á su prebenda. Además, dice, en el actual Dere- 
cho canónico español se estableció por Real decreto de 6 de Diciem- 
bre de 1888, confirmado por el Nuncio Apostólico, que la mitad de los 
Canónigos de las Catedrales (además de los de oficio), sean elegidos y 
nombrados por concurso, y que á cada uno de los Canónigos así elegi- 
bles se le imponga algún cargo especial, haciéndose común y corrien- 
te la interpretación de que no podían imponerse al mismo Canónigo, 
ni alternativamente, dos cargos; y esta interpretación ha sido confir- 
mada por un Real decreto concordado de 14 de Noviembre de 1890; y 
recientemente en las cartas circulares á los Obispos del reino de 18 de 
Enero de 1904, el Ministro de Gracia y Justicia, de acuerdo con el Re- 
verendísimo Sr. Nuncio Apostólico, hablando de los beneficios, esta- 
blece y manda que no se imponga á los Canónigos que han de ser ele- 
gidos por concurso más que un solo cargo especial, y que éste no sea 
inmoderado, para que no sean de peor condición que los demás Canó- 
nigos libres ó de gracia. Luego á pari, si no con más razón, á los Ca- 






REVISTA CANÓNICA 235 

nónigos de oficio, que ya tienen señalado su cargo especial, no se les 
puede imponer otro especial, ni gravarlos con cargas inmoderadas, 
como se ha hecho en el caso presente, y consta del edicto convocato- 
rio. V aunque se conceda al Obispo la facultad de imponer el cargo de 
explicar en el Seminario, ó predicar en la Catedral, ya sea por nece- 
sidad, porque no hay quien esté obligado á hacerlo por su oficio, ya 
sea por grande utilidad, no puede decirse lo mismo del cargo de Se- 
cretario del Capítulo, que puede ser ejercido por todos alternativa- 
mente, y no hay razón, ni estatuto alguno para imponerle á uno solo, 
como cargo anejo á su beneficio, en favor y utilidad de los demás, á 
los cuales del mismo modo incumbe, y pueden cumplir por turno ó de 
cualquiera otra manera, como se hace en muchas Catedrales. A esto 
se ha de añadir que el cargo de Secretario Capitular es casi siempre 
incompatible con el de Canónigo doctoral, porque tendría muchas ve- 
ces que hacer de juez y de parte, lo cual repugna al derecho, á la con- 
ciencia y á la decencia. Y hay todavía otra cosa más grave en el caso 
presente, y es que el Canónigo doctoral desempeña también el cargo 
de Vicario general, el cual es evidentemente incompatible con el de 
Secretario capitular, ya se considere el asunto materialmente, yamo- 
ralmente. La incompatibilidad material se ve, porque es imposible que 
un hombre sólo atienda á la vez á los complicados negocios de ambos 
cargos, además de los otros que ya pesan sobre él: la incompatibilidad 
moral aparece claramente en que el doctoral, como Vicario general, 
debe vigilar la administración del Capítulo, la cual debe llevar y pre- 
sentar él mismo, como Secretario capitular, y esto es un absurdo mo- 
ral y jurídico, ser juez y parte á la vez. Sin que obste, añade el ora- 
dor, el que en la colación de la prebenda aceptase el cargo de Secre- 
tario capitular, y prometiese c m juramento cumplirle fielmente, por 
que hizo aquella aceptación y promesa en cuanto podia y debía; y en 
este caso no hubo verdadero pacto según derecho; porque el pacto 
afecta á las cosas externas y libres, que pueden ser objeto de conve- 
nio, y en la aceptación de un beneficio no hay libertad, ni puede esti- 
pularse la obligación de cumplir sus cargas. Además, aunque hubiera 
verdadero pacto, éste versaría sobre las cargas y oficios que tuviese 
por su naturaleza ó erección, no sobre aquellas que arbitraria é ilegí- 
timamente se le hubieran impuesto, las cuales, por consiguiente, no 
pueden producir obligación alguna. En cuanto al juramento hecho con 
la promesa, en primer lugar, sigue la naturaleza del acto, y en segun- 
do, fué prestado sin conocimiento de causa y sin libertad; lo primero, 
porque el Doctoral no sabía si el Obispo y el Capítulo tenían facultad 
de la Santa Sede para imponer tales cargas, y, por consiguiente, si 
eran legítimas ó no; y por eso se obligó en cnanto podia y debía, como 
consta del documento suscrito por él, y que el Capítulo no impugna. 



236 REVISTA CANÓNICA 

No fué prestado el juramento con entera libertad, porque el Canónigo 
doctoral no podía recusar ni dejar de cumplir una ley impuesta á todos 
los opositores, so pena de renunciar al Beneficio. Así que esta Sagrada 
Congregación ha resuelto 'muchas veces que los Beneficiados no esta- 
ban obligados á cumplir las nuevas cargas impuestas en la colación 
del Beneficio, aunque las hubieran aceptado con juramento; como pue- 
de verse in Asten. de 14 de Febrero de 1698, é in Pacens. de 23 de Fe- 
brero de 1901. Ni se debe temer, como el Obispo dice en su respuesta, 
que los demás Canónigos que por los edictos de convocación tienen 
algunas cargas, pidan que se les libre de ellas: l.°, porque no están tan 
gravados como el Doctoral de Cuenca; 2.°, porque esas cargas, como 
otras del doctoral, afectan al bien y utilidad de la Iglesia y de la dió- 
cesis, y el cargo de Secretario capitular no afecta más que al bien y 
utilidad de los Canónigos. 

Luego pasa el Canónigo doctoral á deshacer el argumento que el 
Capítulo funda en las palabras de la Bula Sixtina, diciendo que esas 
palabras no tienen fuerza ni valor en el caso presente, ni se refieren á 
él. En primer lugar, no son de la Bula de Sixto IV treditam nobis, sino 
de la Bula In suprema Apostolícele Sedis, de León X. Y, además, en 
esta Bula no habló León X sólo del Canónigo doctoral, sino también, 
y de la misma manera, del Canónigo magistral, y por lo mismo, dichas 
palabras se refieren á los dos. Y en todo caso no establecen el oficio 
propio del Canónigo doctoral, ni describen sus cargas y obligaciones 
especiales, sino que sólo expresan el motivo en que se fundaba León X 
para dar su Constitución, que no fué otro «que el corregir los muchos 
abusos que había en la provisión de los canonicatos, y los graves per- 
juicios que de ellos se seguían á la Iglesia, entre los cuales cita la falta 
de personas con cuyo auxilio y consejo pudiesen defenderse sus dere- 
chos, recobrarse los bienes usurpados, y tratar y resolver útil y salu- 
dablemente otros muchos negocios, de cuyas últimas palabras no se ve 
la razón por qué el Capítulo de Cuenca deduce que puede por ellas im- 
poner al Canónigo doctoral el cargo de Secretario capitular, el cual ni 
se menciona siquiera en esas palabras, ni en toda la Bula, ni había para 
qué mentarle. León X habla en general de los canonicatos que por puro 
y desordenado favor y gracia se conferían ordinariamente á personas 
poco instruidas... de cuya costumbre provenían los graves males que 
él denuncia, lamenta y trata de corregir. Pero esto, ¿qué tiene que ver 
con la cuestión de que se trata? Y aun cuando las referidas palabras 
tuviesen alguna relación con el Canonicato doctoral, nada en particu- 
lar se dice del cargo tantas veces repetido de Secretario capitular, y 
es conocida la regla de derecho: «que las cosas odiosas se han de res- 
tringir, no ampliar.» 

Expuestas las razones de ambas partes, dice el Secretario de la 



REVISTA CANÓNICA 237 

Congregación, para exponer algo, según mi costumbre y deber, ad- 
vierto que la presente cuestión puede considerarse bajo un doble as- 
pecto: en el terreno del derecho estricto, y en el de pura gracia. Con- 
siderada bajo el primer aspecto, parece que no puede dudarse que se 
debe sostener como válida la obligación impuesta al Canónigo docto- 
ral in casu; porque aquí no se trata de imponer una carga real al 
Beneficio, lo que excede los límites de la potestad episcopal, sino sólo 
de una nueva carga personal que se añade al Beneficiado, y que fué 
aceptada por él, prometiendo con iuramento su exacto cumplimiento, y 
por lo mismo quedó sujeto á ella; porque, según la regla de derecho, 
«quod semel placuit, amplius displicerc non potest.» Y que el Obispo 
puede imponer estas nuevas cargas en los edictos convocatorios para 
el concurso, cuando lo reclame y exija la necesidad ó utilidad de la 
Iglesia, lo sostienen los canonistas, y se comprueba con la citada reso. 
lución in Pacens. Pero si se considera el asunto en el terreno y bajo el 
aspecto de pura gracia, parece que hay muchas razones para conce- 
derla. Porque el orador es uno de los Canónigos más antiguos y bene- 
méritos de aquella Catedral, y ha ejercido el cargo en cuestión por 
espacio de muchos años con aplauso de todos; y hallándose, además, 
en edad avanzada, la equidad pide que se le releve del cargo, tanto 
más, cuanto que está agobiado con otros muchos cargos, uno de los 
cuales es el de Vicario General, que, además, es incompatible con el 
de que se trata. Por lo que no sin razón parece que el Procurador del 
Canónigo doctoral pide para su defendido la misma gracia que conce- 
dió esta Sagrada Congregación en la causa muchas veces citada de 
Badajoz al Canónigo lectoral, D. Tirso Lozano, dispensándole de la 
carga de algunos sermones, impuesta por el Obispo en la colación de 
la Prebenda, á pesar de no haber allí causas tan graves como en el caso 
presente para conceder la dispensa. Porque el Canónigo Lozano no lle- 
vaba más que nueve años levantando la carga de la predicación, y el 
recurrente lleva diecisiete: aquél era joven y no tenía ningún cargo 
incomp itible; el recurrente es ya viejo y tiene un cargo incompatible 
con la Secretaría Capitular, el de Vicario General. El Obispo de Ba- 
dajoz se oponía abiertamente á la petición del Canónigo Lozano: el de 
Cuenca declara él mismo que no se opone; y, por último, el cargo de 
que el recurrente quiere librarse es de un orden puramente interno, 
que no interesa más que al Capítulo; el del Canónigo Lozano era de in- 
terés general, y, por consiguiente, de mucha más importancia y utili- 
dad para la Iglesia. Por consiguiente, habiendo Vuestras Eminencias 
concedido una dispensa graciosa á éste, con mucha más razón espero 
que se la concederán á aquél, según la regla de derecho: «de que con- 
cedido un favor á uno, no se debe negar á otro que tiene y presenta 
mayores títulos para conseguirlo » Sin embargo^si se ha de conceder, 



238 REVISTA CANÓNICA 

y cómo, la gracia al Orador, V V. EE. en su alta sabiduría y prudencia 
lo determinarán. Por lo que... 

Y los Emmos. Cardenales respondieron, como al principio se ha di- 
cho: «El Canónigo doctoral debe ser relevado del cargo de Secretario; 
y notifíquese esto al Obispo para que mande al Capítulo que cuanto 
antes proceda á la elección de otro Secretario.» 

Es muy de notar esta respuesta tan lacónica, y en términos tan ur- 
gentes é imperativos, de la Sagrada Congregación; lo que prueba que 
no íué pura gracia, sino justicia, la relevación del cargo impuesto al 
Canónigo doctoral de Cuenca, como parece indicar el Secretario en su 
resumen, y afirman los redactores de la Analecta en las líneas que po- 
nen antes de exponer la causa, diciendo: «que la Sagrada Congrega- 
ción estableció la doctrina de que, aunque los beneficios eclesiásticos 
deben conferirse sin disminución, puede, sin embargo, el Ordinario, 
imponer una nueva carga, no real al Beneficio, sino personal al Bene- 
ficiado, el cual, en el mero hecho de aceptarla libremente, y sobre todo 
si lo ha confirmado conjuramento, está obligado á cumplirla, sin em- 
bargo, en el caso presente, por las especiales circunstancias y por gra- 
cia, fué concedida la relevación del cargo impuesto y aceptado». Y nos 
fundamos para ello, además de las muchas y sólidas razones expuestas 
en el proceso por el Canónigo doctoral y su Procurador, y la brillante 
refutación que hace de los argumentos del Capítulo, en la misma rer 
dacción de la respuesta de la Sagrada Congregación; porque si la con- 
cesión fuera por gracia, esto es, una verdadera concesión, lo hubiera 
expresado, como acostumbra, y el caso presente lo exigía; además, 
hubiera empleado la fórmula, también acostumbrada en tales casos: 
/acto verbo cum Sandísimo. Porque no siendo los Cardenales de esta 
Congregación más que intérpretes del Concilio de Trento, por sí, y 
ante sí, no pueden hacer más que declarar autoritativamente las pala- 
bras y la mente del Concilio, y, por consiguiente, no pueden hacer 
gracia ni concesión alguna sin autorización del Soberano Pontífice; 
esto es, J acto verbo cum Sandísimo, que es lo que significa; y esto lo 
expresan siempre para que tenga valor la concesión, y fuerza de obli- 
gar la resolución, que de otro modo no tendría. Y como en el caso pre- 
sente nada de esto se dice ni se expresa, es prueba, á nuestro juicio, 
de que la respuesta es una simple declaración auténtica comprensiva, 
no una interpretación extensiva, que necesite promulgación. Esto ma- 
nifiestan claramente los Emmos. Cardenales al emplear el lenguaje 
tan imperativo que emplean, dando á entender que lo hecho por el 
Obispo y Capítulo de Cuenca estaba en oposición con la letra y el es- 
píritu del Concilio Tridentino, y ellos así lo declaran, sin necesidad de 
consultar con el Soberano Pontífice, ni pedirle la concesión de la gra- 
cia, puesto que la resolución no es de gracia, sino de justicia, y, por 



REVISTA CANÓNICA 239 

consiguiente, estaba dentro de sus atribuciones. Sólo con leer la bri- 
llante defensa que de su justa causa hace el Canónigo doctoral y fijar- 
se sobre todo en las palabras que cita del Concilio de Trento, basta 
para comprender que los Eramos. Cardenales no hicieron más que jus- 
ticia al por tantos conceptos benemérito y sufrido doctoral (adverti- 
mos que no tenemos el honor de conocerle). 

Sólo con leer, por otra parte, el edicto convocatorio, basta para ver 
como se ha hecho notar en la causa, que está en oposición con todos los 
principios de derecho, no sólo Canónico, sino civil concordado, el 
cual manda que no se imponga á los Canónigos de oposición más que 
un solo cargo especial, y que los canonicatos no se graven con cargas 
especiales inmoderadas. Ahora, vean nuestros lectores si el edicto con- 
vocatorio para proveer la Prebenda Doctoral de Cuenca se ajusta á 
estas prescripciones. Dice así literalmente: cEl elegido, además de las 
obligaciones comunes á los demás Capitulares, tendrá las especiales 
siguientes: informar gratuitamente, de palabra ó por escrito, en todos 
los asuntos de intereses y derechos del Cabildo, de la Mitra y de la 
Fábrica de esta Santa Iglesia Catedral, y asimismo defender sin re- 
tribución alguna los pleitos ó negocios, que referentes á los supradi- 
chos negocios, derechos ó intereses, se le confiaren, y si no lo hiciere 
por enfermedad ó cualquier otro motivo, nombraremos persona que 
lo haga con cargo á su Prebenda. También desempeñará gratuitamen- 
te una Cátedra en nuestro Seminario Conciliar á juicio y voluntad del 
Prelado, y predicará cuatro sermones al año en esta Catedral. Por úl- 
timo, tendrá como anejos á su Prebenda los cargos de Secretario ca- 
pitular, ó Archivero y Bibliotecario, los cuales ejercerá también gra- 
tuitamente, y sin poder renunciarlos, á no ser que el Cabildo estime 
conveniente otra cosa>. Basta leer esto, repetimos, para comprender 
la razón que asistía al Canónigo doctoral, y explicar las palabras de la 
respuesta: «Y notifíquese esto al Obispo, para que mande al Capítulo 
que cuanto antes proceda á la elección de otro Secretario». La objec- 
ción que contra el Doctoral hace el Capítulo, y que realmente es la que 
aparentemente tiene más fuerza, que es la aceptación del cargo y la 
promesa jurada de su cumplimiento, ó sea el pacto hecho con el Obispo 
y Cabildo, está bastantemente refutada y contestada en la causa por el 
Doctoral; y aun hubiera podido, á nuestro juicio, añadir, fundándose en 
las mismas palabras mal atribuidas á Sixto IV, porque son de León X, 
á que el Capítulo apela como supremo recurso, que si las personas ins- 
truidas y de conciencia no aceptasen esas condiciones, algunas veces 
inmoderadas, de los edictos convocatorios, no faltarían otras que las 
aceptasen, dejando el exacto cumplimiento de las cargas para más 
adelante, porque eso es muy elástico, y el edicto no lo dice' y de ahí 
resultaría que volverían los abusos que el referido Pontífice lamenta y 



240 REVISTA CANÓNICA 

trata de evitar con el nombramiento para los canonicatos de personas- 
hábiles y aptas, <para tratar y resolver útil y saludablemente los mu- 
chos y difíciles asuntos y negocios que tienen las iglesias». El medio 
más directo y más seguro de privar á los Cabildos de personas aptas 
y hábiles, es gravar con cargas inmoderadas á los Prebendados de 
oficio, y á los Canónigos de oposición, y por eso estuvo muy bien pro- 
hibido en el decreto Concordado de 1904, que en verdad honra á los que 
le dieron. 

P. Cipriano Arribas, 
o. s. a. 



BIBLIOGRAFÍA 



eompendium Theoloqiae Dogmaticae Beatae Mariae Yirgini dicatum, 
auctore Fr. Josepho C tlasanctio, Card. Vives, O. M. Cap.— Éditio quarta aucta et emen- 
data. FriJericus Pustet.Pontiticalis Bibliopola.— Romae. (Un tomo en &° de 633 páginas. Pre- 
cio, 7 pesetas; de venta en la Librería litúrgica de Juan Gilí, Barcelona. Cortes. 581,) 

Como Compendio-manual de Teología Dogmática, la obrita del 
Cardenal Vives es de muy grande utilidad, particularmente para aque- 
llos que desean extraer ó extractar en pocas palabras y conceptos el 
jugo de la ciencia teológica. El eminentísimo autor ha tenido el buen 
tino y exquisito gusto de elegir los testimonios más clásicos y signifi- 
cativos de la revelación escrita y de la tradicional, y ha sintetizado 
admirablemente la doctrina teológica cierta, sin dejar de hacer sufi- 
cientes y atinadas indicaciones respecto de la doctrina que es objeto 
de controversia entre los mismos Doctores. 

Esta obra, por su indiscutible mérito, es digna de figurar al lado del 
Compendio de Teología Moral y del Compendio de Derecho Canónico, 
publicados también por el sabio Cardenal español.— P. H. del Val. 



e ompenaium iaris canonici beatae Mariae Virgini dicatum, auctore Fr. Jo- 
sepho Calasanctio, Card. Vive», O. M. Cap.— Edkto quarta anota et emendata. Fridericus 
Pustet, Pontificalis Bibliopola.— Ratisbonae. — Romae.— Neo Eboraci: l'«<05. — Un vol. en 
8.° de 450 páginas. 

Con este Compendio se ha propuesto el sabio Cardenal Vives, como 
él mismo dice en el prólogo, facilitar, principalmente á los sacerdotes, 
el repaso y recuerdo frecuente de los principios de la jurisprudencia 
eclesiástica, y la fiel observancia de los Sagrados Cánones; de tal ma- 
nera, que cada uno, según su clase y condición, pueda apropiarse las 
palabras del juramento emitido por los Obispos, según el Pontifical 
Romano; esto es, «de conservar, defender, aumentar y promover los 
derechos, honores, privilegios y autoridad de la Santa Iglesia Roma- 
na y del Soberano Pontífice, y de cumplir y hacer cumplir fielmente las 
reglas de los Santos Padres, los decretos, disposiciones, reservacio- 
nes, provisiones y mandatos apostólicos>. Así que se puede decir que 
este Compendio es un Manual de las principales cuesti ones de Derecho 



242 



BIBLIOGRAFÍA 



Canónico, y por lo mismo puede prestar un gran servicio, como todos 
los manuales, para tener presentes esas nociones 'generales y funda- 
mentales á que con tanta frecuencia ocurre acudir. 

El Emmo. Purpurado, después de 65 páginas de prologómenos, en 
que trata de la noción y división del Derecho Canónico, y de los prin- 
cipios generales y reglas del mismo, divide su opusculito en dos par- 
tes: en la primera trata del derecho público eclesiástico, y en la segun- 
da del derecho privado. Subdivide la primera en tres tratados, estu- 
diando en el primero de ellos las colecciones de los cánones del dere- 
cho antiguo, nuevo y novísimo; los principales derechos de la Iglesia; 
sus relaciones con las sociedades civiles ortodoxas y heterodoxas, y 
los concordatos; en el segundo trata de la jerarquía en sus dos con- 
ceptos de orden y de jurisdicción, y en el tercero de las elecciones, 
traslaciones y renuncias. En el primer tratado de la segunda parte, 
que también subdivide entres, trata de las personas; en el segundo, de 
las cosas, y en el tercero, de los juicios; todo ello expuesto con mucha 
claridad á pesar de la concisión que ha tenido que imponerse, y que 
es natural en un compendio de esta clase, por lo que es más aprecia- 
ble; porque en todas las cuestiones de importancia que trata, da las 
razones precisas y convincentes, deslindando los campos de las opi- 
niones, y exponiendo con claridad lo que debe tenerse como más pro- 
bable, ó más cierto y más seguro; ilustrando además con notas muy 
eruditas, que facilitan mucho la inteligencia del texto. Así que llena 
perfectamente el objeto que se ha propuesto, de facilitar al clero el 
conocimiento del Derecho Canónico, al menos en la parte elemental y 
práctica; y en este sentido tenemos mucho gusto en recomendarle 
á nuestros lectores.— P. C. A. 



Ensayo crítico- exegético sobre el Profeta Daniel, por D. Valentín Gómez San 
Martín, Presbítero, Licenciado en Sagrada Teología, Cura párroco de Villamuriel de Cerra- 
to, Predicador de S. M. y de la Sociedad Económica de Amigos del País de Palencia, con 
ur. prólogo del M. I. Sr. Dr. Emilio Román Torio, Lectoral de la S. I . C. de Pamplona y Teó- 
logo consultor de la Comisión de Re Bíblica de Roma.— Un volumen de XVIII-268 pági- 
nas en 4.°— Precio: 4 pesetas.— Valladolid, tipografía y casa editorial Cuesta. 

Abundando en las mismas ideas y animados de los mismos deseos 
que el ilustre prologuista de la obra Sr. Román Torio, aplaudimos sin 
reserva la aparición de un libro de este género ue estudios, tanto más 
digno de alabanza cuanto menos se busca. Desgraciadamente en nues- 
tra patria están descuidados los estudios exegéticos y faltos de protec- 
ción oficial. Las aficiones no van por ahí; los recursos pecuniarios del 
clero son exiguos; las bibliotecas y museos nacionales que debieran 
suministrar me Jios, carecen de ellos en absoluto, como lo confiesa con 



BIBLIOGRAFÍA 



243 



dolor el Sr. Román Torio. Luchando con todas las dificultades expues- 
tas, aparte de las anejas al exacto cumplimiento del cargo parroquial, 
publica D. Valentín Gómez San Martín sus estudios exegéticos, que 
no tienen otra finalidad que «la vulgarización de lo que se ha escrito 
acerca de Daniel y sus profecías». 

La diócesis de Palencia, que tan gallardas muestras de cultura vie- 
ne dando, está de enhorabuena al contar entre los miembros de su 
clero á Párrocos como el autor del libro El Projeta Daniel, que des- 
preciando temores pueriles y apocamientos femeninos, entra con bríos 
ú ventilar cuestiones que, al fin y á la postre, redundan en beneficio 
de la verdad dogmática. Las reglas de prudencia científica, que nun- 
ca deben olvidarse en la investigación de la verdad, si no queremos 
exponernos á continuos fracasos, han de ser la norma segura en estas 
investigaciones, de suyo tan graves y delicadas; pero asegurados los 
pasos, no deben detenerse en la marcha los adalides de la verdad bí- 
blica. El ejemplo del limo. Sr. Caminero y los generosos entusiasmos 
del Sr. Román Torio, Teólogo consultor de la Comisión de Re Bíblica 
de Roma, servirán de poderoso estímulo para continuar los estudios 
bíblicos. 

Felicitamos cordialmente al sabio Párroco de Villamuriel de Ce- 
rrato por la nueva obra con que ha venido á aumentar la serie de las 
publicadas, y esperamos las que tiene anunciadas.— P. C. M. 



Segundo Congreso católico de Méjico v primero Mariano, celebrado en Morelia 
del -1 al 12 de Octubre de 1904.— Morelia, tipografía de Agustín Martínez Mier. Comercio, nú- 
mero 14. 1905. 

No han sido maleados aún por el anarquismo, socialismo, etc., los 
sentimientos profundamente religiosos que los misioneros españoles 
plantaron en los corazones de los mejicanos; no se han sentido todavía 
en esa nación, bendita por la Virgen de Guadalupe, los terribles azo- 
tes que están padeciendo las naciones europeas, y particularmente las 
naciones latinas, por su insensato propósito de quitar de sus institucio- 
nes el santo nombre de Dios; y no obstante, los católicos de Méjico se 
esfuerzan por alejar ese momento funesto, poniendo en práctica los 
medios más conducentes para ello. Es indudable que uno de los me- 
dios más adecuados para ese fin, es la frecuente celebración de Con- 
gresos católicos. Es verdad que no son un medio necesario y único 
para el desarrollo de la acción social católica; pero sí uno de los 
más apropiados, dadas las circunstancias que alcanzamos, como clara- 
mente se desprende de las enseñanzas del gran Pontífice León XIII y 
de Pío X, en sus letras dirigidas al ilustrísimo y reverendísimo Prela- 



244 BIBLIOGRAFÍA 

do de Mechoacán,con motivo del segundo Congreso católico de Méjico. 
Se verá la razón de lo que acabamos de decir, si se considera la 
naturaleza y fin de los Congresos católicos, los cuales no deben juz- 
garse como una simple reunión de personas con el simóle objeto de 
formar una recopilación de resoluciones; antes sí tienen por fin plan- 
tear, discutir, resolver y poner en práctica aquellas cuestiones que se 
estiman de capital importancia y de cuyo cumplimiento se puede de- 
rivar el bienestar general de un pueblo. Esto es lo que se ha propuesto 
el Congreso mejicano, formado por lo más escogido tanto del clero se- 
cular y regular como de los seglares, cuya misión bienhechora en la 
sociedad puede ser muy importante. He aquí las cuestiones que se han 
propuesto en las once sesiones de que ha constado el Congreso cató- 
lico mejicano: elevar un voto á la Santa Sede para la definición del 
dogma de la Asunción de la Virgen María; medios más adecuados 
para extender y arraigar la devoción á Nuestra Señora de Guadalupe; 
medios para que todos los obreros tengan trabajo; qué debe hacerse 
para evitar el vicio de la embriaguez; qué bases se estiman por mejo- 
res para establecer y propagar las Sociedades de obreros católicos: 
qué medios se juzgan como más prácticos y conducentes para la civi- 
lización de la clase indígena; medios para el aumento de hospitales, 
orfanatorios, asilos, hospicios y demás instituciones de caridad, etcé- 
tera, etc. Con gusto expondríamos las conclusiones que se han tomado; 
pero nos llevaría demasiado lejos, por lo cual bástenos decir que todas 
ellas son acertadísimas, y que en todas ellas domina un carácter emi- 
nentemente práctico. Quiera Dios que asunto de tan gran importancia 
para el pueblo mejicano se realice, produciendo opimos frutos, y que 
sean coronados los nobles esfuerzos llevados á cabo por los católicos 
de Méjico, y en particular por el clero, á quien se debe la iniciativa de 
la celebración.— P.J. M. 



Serrano y Aguado (Gregorio F. ).—!>» pngnación á un Padre Benedictino de Silos.— 

Toledo. Viuda é hijos de Peláez, 1905.— Un folleto en 8.° de 63 págs.— Precio: una peseta. 
Miguel Rué y Rubio, Pbro. —Canto (iregoriatto: Cooperación d la Edición Vaticana 

de los libros de canto litúrgico.— Gerona, Masó, 1905.— Un folleto en 8." Xlll mas 

ginas. 

Entre las cosas buenas de que el Motu proprio de Su Santidad Pío X 
sobre la música sagrada ha sido causa en España, una es promover 
los estudios ya de investigación histórica, ya filosóficos, acerca del 
canto litúrgico y de la naturaleza de la música religiosa. Y en efecto, 
en periódicos, revistas y libros han estudiado con diversa fortuna el 
asunto varios y distinguidos escritores. El Maestro de Capilla en la 



bibliografía 245 

Catedral de Burgos, D. Federico Olmeda, publicó casi á raiz de salir 
el documento pontificio un libro titulado Pío X y el Canto Romano, 
con un Comentario sobre el mismo Mota proprio dispuesto en cuanto 
á la Orquesta religiosa, en que se declaraba opuesto á las teorías que 
la escuela benedictina viene sosteniendo hace años en la interpreta- 
ción y texto del canto litúrgico, y á las opiniones extremadas de algu. 
nos, referentes al empleo de la música instrumental en la Iglesia. Al 
año siguiente un modesto religioso benedictino español imprimió en 
Barcelona otro libro: ¿Qué es canto gregoriano? Su naturaleza é his- 
toria», en que rebate los argumentos del anterior; obra que ha sido 
contestada por Olmeda en una serie de artículos en la revista España 
y América, y por D. Gregorio F. Serrano. Maestro de Capilla en la 
Catedral de Toledo, con el folleto que en primer luj:ar hemos señalado. 

Como el título del mismo folleto indica, es un discurso de polémica 
contra el sistema y teoría beneiictinos, en lo que se refiere á la pros- 
cripción en la Iglesia de todo lo que no sea canto gregoriano, y á la 
interpretación de éste según la escuela de Solesmes.— Naturaleza y fin 
déla música religiosa.— ¿Existe el canto gregoriano?— Ejecución y 
ritmo del canto gregoriano.— Tales son los títulos de las tres partes que 
abraza la impugnación. En la primera defiende el empleo de los proce- 
dimientos modernos en la música sagrada y el uso de los instrumen- 
tos que componen nuestras orquestas (pág. 7), en nombre de la razón 
y de la Historia; en la secunda, combate la denominación de grego- 
riano, probando que San Gregorio Magno no fué el autor ni compila- 
dor del antifonario que lleva su nombre, y en la tercera rechaza la 
teoría de que el ritmo del canto gregoriano es el del discurso literario. 

El libro de D. Miguel Rué y Rubio no tiene los caracteres del an- 
terior; una breve reseña histórica del canto litúrgico y un señalamien- 
to minucioso y detallado de dos antiguos códices, con la reproducción 
en fotograbado de dos páginas dobles de cada uno de ellos, es lo que 
compone todo el libro. 

Es de alabar que los Maestros de Capilla españoles cultiven la lite- 
ratura musical y se dediquen á estudios que suponen algo más que los 
técnicos que ya poseen, pues aun entre el calor de las polémicas se 
despiertan aficiones buenas y se ditunden entre los músicos conoci- 
mientos necesarios en el arte que cultivan; por eso, sin entrar á juzgar 
si el folleto de D. Gregorio F. Serrano decide las cuestiones que im- 
pugna, creemos que su obra ha de contribuir al esclarecimiento de 
ciertos puntos de mucho interés en la actualidad para la música reli- 
giosa. Como obn de propaganda artística, el opúsculo del Maestro de 
Capilla de Gerona es también recomendable, y de verdadera impor- 
tancia las noticias que da de los códices manuscritos que en el Apéndi- 
ce describe.— P. L. Vilíalba. 



2-16 BIBLIOGRAFÍA 

Don Diego de Corral y Arrellano y los Corrales de Valladolid.— Apuntes 
históricos, por L. de Corral, Catedrático numerario de la Universidad. 

Con la esperanza de que algún investigador de nuestras antiguas 
glorias, dotado de la capacidad y criterio suficientes para discernir la 
historia de la fábula, encuentre documentos y pueda hacer una bio- 
grafía completa de los ascendientes y descendientes de Don Diego de 
Corral, ha publicado el Sr. León el presente opúsculo, presentando á este 
oculto personaje como un jurisconsulto peritísimo cuya opinión era 
necesaria en la causas de más transcendencia, como la de Don Rodri- 
go Calderón en tiempo de Felipe III, el cual, viendo la integridad y 
ciencia de aquél, no dudó en nombrarle juez, y cuya sentencia en aquel 
proceso, en contra de otros Consejeros, se tuvo por cierta. Desempeñó 
altos cargos en las cortes'de Felipe III y Felipe IV, tomó parte también 
en la Junta encargada de conocer en las causas y asuntos del Almiran- 
tazgo; pero el mayor elogio que puede hacerse de Don Diego de Co- 
rral es que todos los asuntos que revestían alguna importancia, y de 
los cuales podría sobrevenir algún bien notable ó mal grave para la 
Nación, nunca pasaban á la práctica sin su parecer. Recomendamos 
el presente trabajo á los amantes de todo género de investigaciones, 
porque en él encontrarán muchísimos datos para sus estudios. — 
P. G. Z. 



L'objet de la tnétaphisique selon Kant et selon Aristote, par O. Sentroul, 
Dr. en philosophie. — Louvain, Instituí superieur de philosophie. Rué des Flamands, 1905.— 
Un volumen en 4." de 240 páginas. 

La comparación de Kant y Aristóteles ha sido recientemente hecha 
por un kantiano de gran talento y erudición, Paulsen; pero sus amores 
por el maestro han perjudicado la independencia y rectitud de juicio 
necesarias al historiador y al crítico de las ideas. Era necesario recti- 
ficar, ó mejor dicho, rehacer este estudio con nobleza y lealtad, que 
faltan en Paulsen, más cuidadoso de divinizar al filósofo de Konigsberg 
que de exponer y comparar imparcialmente sus doctrinas metafísicas 
y las de Aristóteles. Esto es lo que se ha propuesto Sentroul en el pre- 
sente trabajo: es un análisis delicado, profundo é imparcial de las dos 
metafísicas inconciliables, que al decir de Paulsen, dividen al mundo 
filosófico: Thomas von Aqaino und Kant, ein kampf sweier Welten. 
Santo Tomás (léase Aristóteles) y Kant representan dos mundos en 
lucha. 

El libro se hilla distribuido en siete capítulos: El kantismo; la cues- 
tión de la verda J; la verdad según Kint; la realidad según Kant; la 



BIBLIOGRAFÍA 247 

ciencia según Kant; la metafísica según Kant; la ciencia metafísica 
según Aristóteles. El sistema crítico de Kant constituye un dualismo 
contradictorio: todos los esfuerzos de su poderosa inteligencia fueron 
inútiles para armonizar y dar cohesión á las dos críticas de la razón 
pura y la razón práctica; la contradicción se encuentra en la base mis. 
ma del sistema entre el subjetivismo especulativo y el dogmatismo mo- 
ral, ó más exactamente, entre su teoría de la ciencia experimental y 
la del conocimiento transcendente. Según la gráfica expresión de Se- 
cretain: «hay en el sistema de Kant dos partes, un conocimiento que no 
es verdadero, y una verdad que no es conocida.» Después de haber 
proclamado muy alto que saber es unir, ha terminado por establecer 
entre los modos del saber humano diferencias radicales y un divorcio 
sin reconciliación posible. Los resultados no han correspondido al es- 
fuerzo laborioso y titánico: Kant se aplicó con ahinco al estudio de los 
hechos y de las ciencias, se asimiló el pensamiento de las grandes in- 
teligencias, puso en práctica una reflexión vigorosa y concentrada, 
acompañada de una paciencia incansable, de una rara nobleza y leal- 
tad de espíritu y de una rectitud de corazón más rara aún. De este 
modo es como ha podido levantar el inmenso edificio que jalona la his- 
toria de las ideas. Por de fuera el aspecto es grandioso é imponente; 
por dentro resulta ahogado, estrecho y complicado. Se necesita una 
atención especial para no perder el hilo que sirve de guía por estos 
laberintos, para salvar obstáculos amontonados, y hacer de todo ello 
un inventario juicioso y acertado. Porque en el kantismo se encuen- 
tran amalgamados la verdad y el error, cosas triviales al lado de otras 
nuevas y originales; pensamientos de sutil penetración y otros funda- 
dos en groseros equívocos. Se encuentran allí buenas tesis sostenidas 
por malos argumentos, y verdades traídas en apoyo de malas tesis; lo 
verdadero y lo falso, lo trivial y lo nuevo rara vez lo son en absoluto; 
pocas doctrinas kantianas son del todo verdaderas, y pocas son tan 
falsas que no sean en parte verdaderas; así como hay también pocas 
de tal modo originales que se deban enteramente á Kant. 

Por oposición al dualismo irreductible del sistema kantiano, el pen- 
samiento de Aristóteles aparece esencialmente sintético y armónico. 
La metafísica y las ciencias se enlazan y compenetran mutuamente, y 
los procedimientos de construcción no son esencialmente diversos. La 
metafísica es en Aristóteles base y coronamiento de la ciencia, cons- 
tituyen aquélla y éstas una ciencia única y universal. Los axiomas de 
la metafísica forman el fondo lógico de las ciencias y regulan toda la 
actividad intelectual; si aquéllas flaquean, arrastrarían en su ruina á 
todas las ciencias; quítese el principio de causalidad, por ejemplo, y 
se seguiría la ruin i total de 1 1 naturaleza. Prescindiendo, pues de su 
valor intrínseco, la metafísica de Aristóteles lleva la ventaia sobre 



248 BIBLIOGRAFÍA 

la de Kant, de establecer una unión natural y fuerte entre todas las 
ciencias, y de la amplitud y armonía majestuosa que da al edificio de 
los conocimientos humanos. Y si, como dice Kant, saber es unir, en la 
filosofía aristotélica encontramos la unidad interna de todos los co- 
nocimientos. — P. M. Amáis. 



El Rey de Santa Teresa y los reyes de mi abuelo, por D. Higinio Ciria y Nasa- 

rre. Caballero de la Real Orden de Carlos III y Archivero de Madrid Madrid: Imprenta 

Ducazcal: 1905.— Opúsculo de más de 170 páginas en 8.°.— Precio 1,50. 

El libro que acaba de publicar el Sr. Ciria viene á ser una especie 
de apéndice a los tres que ha publicado anteriormente, á saber: Santa 
Teresa y Felipe II; Los toros de Bonaparte y Episodios... liberales, y 
que tan sabrosa é instructivaiectura han proporcionado rectificando no 
pocos errores históricos muy generalizados y poniendo en la picota á 
algunos personajes liberales de la centuria pasada. Conforme á esta 
idea, el opúsculo está dividido en tres partes, de las cuales la primera 
comprende los elogios que á Santa Teresa mereció el gran Rey Feli- 
pe II; la segunda un nuevo y breve rifirrafe á Pepe Botellas, y en la ter 
cera se refieren curiosos episodios del reinado de Fernando VII, entre 
los cuales es delicioso el de un zapatero, que arrojado del escuadrón 
de milicianos de Madrid, armó tal zalagarda, que cdescalabró las fren- 
tes coronadas de los Medina Celi, Alcañices, Oñate y otros, con las 
hormas del oficio.» 

A cada parte sigue la transcripción de los juicios emitidos en car- 
tas particulares ó en la prensa acerca del libro correspondiente. Al 
transcribir nuestro juicio, emitido en el número de La Ciudad de Dios 
de 5 de Febrero último, se hace cargo de nuestra rectificación relativa 
á la atribución á los PP. Trinitarios del Colegio Agustiniano de Doña 
María de Aragón. Tenemos mucho gusto en transcribir la siguiente 
nota, donde á la vez que demuestra el Sr. Ciria su modestia y acen- 
drado amor á la verdad, nos proporciona acerca de aquel célebre Co- 
legio datos que desconocíamos y que sinceramente le agradecemos. 
«Fué un «lapsus».— Tiene razón el P. C. M.; y en prueba de que fué un 
lapsus, allá va la rectificación tomada del oficio del Rector del Cole- 
gio, Fr. Francisco García, de 7 de Julio de 1820, contestando á la Real 
Orden de S. M. de 29 de Mayo anterior, relativa á todos los Semina- 
rios, Colegios, Universidades y demás establecimientos de instrucción 
pública, á quienes se mandó explicar la Constitución de Cádiz: «Que 
por los años de 1593 y 94 la muy ilustre Sra. D. a María de Córdoba 
y Aragón fundó este célebre Colegio de PP. Agustinos Calzados, que 



BIBLIOGRAFÍA 249 

comúnmente se titula con el nombre de su fundadora. Nombró por Pa- 
tronos á los Excmos. Sres. Condes de Sástago, y en el día lo es el Ex- 
celentísimo Sr. Conde de Sástago, D. Joaquín. — Ciria.j 

Quedamos satisfechos y recoiocidos, y rogamos al curioso y sala- 
dísimo investigador de los viejos papeles madrileños no nos haga espe- 
rar mucho los demás episodios que anuncia, á saber: la jarsa del 7 de 
Julio y la brutalidad de Espartero ó revolución de J.° de Septiembre 
de 1840.-P. C. M. 



Cervantes y el Quijote.— Madrid: Tipografía de la Revista de Archivos, Bibliotecas 
y Museos, 1903. — Un vol. de 172 páginas en 4.*, guardado en bonito estuche ó guarda-polvo, 
5 pesetas. 

Elegantísimamente impreso, profusamente ilustrado con interesan" 
tes grabados y un precioso fotocromograbado (tricolor) que reprodu- 
cen diversos retratos de Cervantes, de sus amigos, de sus historiado- 
res y críticos; vistas de poblaciones, sitios, edificios, monumentos y 
paisajes relacionados con el insigne autor del Quijote y con su obra; 
reproducciones de autógrafos, mapas y cuadros inspirados en nuestra 
inmortal novela, ha publicado la benemérita Revista de Archivos, Bi- 
bliotecas y Museos este precioso volumen, que, á pesar de la premura 
del tiempo con que ha sido compuesto, constituye, por la riqueza del 
íondo y la hermosura de la forma, digno recuerdo del Centenario del 
Quijote. 

Dividido en tres partes el volumen, componen la primera estudios 
biográficos, históricos y críticos de los Sres. Catalina García, Menén- 
dez Pidal (J.), Cotarelo, Saavedra, Pérez de Guzmáñ, Rodríguez Marín 
y el Marqués de Pidal. La segunda comprende valiosos fragmentos y 
juicios reputadísimos del Quijote, de D. Vicente de los Ríos, Pellicer, 
Capmany, Quintana, Gallardo, Clemencín, Hartzenbusch, D. Adolfo 
de Castro, el Dr. Thebussem, Díaz de Benjumea, Valera, Asensio, 
D. Alejandro Pidal y Menéndez Pelayo. La tercera, dedicada á hispa- 
nófilos extranjeros, aunque no tan completa como hubiera sido á dis- 
poner de más tiempo, encierra un curioso estudio sobre las imitacio- 
nes del Quijote en Inglaterra, escrito por el insigne cervantófilo é his- 
toriador inglés de nuestra Literatura Fitzmaurice-Kelly, y otros dos 
estudios de los sabios hispanistas italianos A. Mióla y A. Restori, de 
Ñapóles y de Mesina, los dos puntos de Italia en que más tiempo resi- 
dió el glorioso soldado de Lepanto. 

El volumen resulta interesantísimo, y puede servir para formar 
cabal y autorizada idea de Cervantes y el Quijote.— X. 



250 Bibliografía 

De color de cielo, narraciones, por el P. Esteban Moreu La Cruz, S. J.: ilustraciones del 
P. J. M, Valle, S. J.— Subirana, hermanos, Puertaferrisa, 14, Barcelona 

Las doce narraciones que contiene este volumen son todas, ó casi 
todas, familiares para los conocedores de nuestra literatura mística, 
de la cual están tomados sus argumentos, especialmente de las obras 
del P. Nieremberg; pero el P. Moreu las ha revestido de nueva íorma 
y acomodado, hasta-cierto punto, á la inteligencia de los niños, á quie- 
nes dedica su libro. Hasta cierto punto decimos, porque no quisiéra- 
mos ver en su estilo ciertos alardes de clasicismo que degenera en 
arcaísmo, defecto muy frecuente en los escritores de su escuela, y que 
si en todos los casos oírece el inconveniente de la afectación y el ama- 
neramiento, los ofrece mucho más graves cuando se escribe para 
niños, que sólo entienden el castellano actual de sus madres, y no el 
de tal ó cual autor del siglo XVI. Fuera de este reparo de pura íorma, 
el libro del P. Moreu merece nuestras más sinceras alabanzas por la 
excelencia y pureza de la doctrina, así como por la elegancia de las 
condiciones tipográficas.— P. C. M. 



El ángel de la inocencia, librito de instrucción y piedad cristiana dedicado á los niños 
por Tereso J. M. Palomeque, Presbítero. — Friburgo de Brisgovia (Alemania): B. Herdei , . 
librero-editor pontificio. — Un volumen de 260 páginas en 16. u : 1,50 francos. 

El hermoso opusculito, elegantemente impreso y presentado con el 
gusto que distingue á la acreditada casa Herder, comprende dos par- 
tes, de las cuales la primera es doctrinal, aunque exponiendo la doc-. 
trina, no en descarnada forma didáctica, sino en la afectuosa y dulce 
de una conversación con un niño, y la segunda es puramente práctica, 
constituyendo un verdadero devocionario de la infancia. Es tan bonito 
el libro, por la suavidad y sencillez de su doctrina y por lo elegante 
de su forma, que por ambas razones es uno dé los mejores y más pro- 
vechosos regalos que pueden hacerse á un niño.— J. 



OTRAS PUBLICACIONES 



Horae diurnae Breviarii romani...— Editio tertia post alteram 
picam.— Ratisbonae, Romae, Neo Eboraci et Cincinnati: sumptibus 
typis Friderici Pustet, S. Sedis Apost. et S. Rit. Congr. typ. mdc< 
Precios del libro encuadernado: Núm. 1. Imitación chagrín, realces en 
frío, cortes dorados: 12,25 pesetas.— Núm. 2. Chagrín negro, lomo flexi- 
ble, realces en frío, cortes dorados, registros y estuche: 13,75.— Núme- 



BIBLIOGRAFÍA 251 

ro 3. Chagrín de color (granate ó encarnado), lomo flexible, cortes, mo- 
nogramas, cantos y contracantos dorados, registros y estuche: 16.— 
Núm. 4. Piel de Rusia, etc., etc.: 18.— El libro está impreso con gruesos 
caracteres y en verdadero papel indiano, y mide 15 '/« x 10 cms. 

—Diarium Missarum. (Novedad). Tam acceptarum qnan persolu- 
tarum.— Un tomo en 8.° de 128 páginas encuadernado hermosamente en 
tela, cortes rojos: 2,50 pesetas.- Cada página consta de siete columnas: 
1.* Tempus missae acceptae (dies, mensis). 2. a Numeras. 3. a Intentio 
missarum. 4. a In qua Ecclesia vel quo Altari persolvendae. 5. a Elee- 
mosyna vel stipendium. ó. a Tempus missae per solutae (dies, mensis). 
7. a Annotationes. 

Este libro, como el anterior, se hallan de venta en casa de su editor 
Pustet, Ratisbona, y en España en la de D. Juan Gili, Cortes, 581, Bar- 
celona. 



CRÓNICA GENERAL 



Madrid-Escorial, 1. a de Octubre de 1905. 



EXTRANJERO 

Roma.— Los terremotos que tantas desgracias han ocasionado en 
Calabria, han proporcionado á las sectas una nueva ocasión de mani- 
festar su odio al Pontificado, y han proporcionado al Pontificado un 
triunfo que debía avergonzar para siempre á sus enemigos. Mientras 
á bombo y platillos anunciaban las Agencias los donativos de la fami- 
lia real italiana para socorrer tanta miseria, á saber, el de la Reina ma- 
dre, que dio 10.000 francos; el de los Duques de Aosta, 6.000; el del Rey 
Víctor Manuel, 100.000; Su Santidad Pío X no aparecía ante el públi- 
co ofreciendo á las infelices víctimas otro donativo que su bendi- 
ción apostólica. Hubo un consejero provincial, anticlerical y socialis- 
ta, llamado Trapanese, que en la sesión del 12 de Septiembre, presidi- 
da por el Ministro de Negocios extranjeros, Sr. Tittoni, aprovechó esta 
circunstancia para censurar acremente al Papa, contraponiendo su 
conducta á la de la casa real, y preguntando qué se había hecho de la 
decantada caridad del Párroco José Sarto, que se privaba de la cena 
y se despojaba de los vestidos para socorrer á los pobres. Tan violen- 
ta fué la diatriba de Trapanese, que hasta el Ministro Tittone se vio 
precisado á rechazar toda mancomunidad con sus declaraciones, de 
las cuales le dejaba la responsabilidad exclusiva. Dos consejeros cató 
1 icos, no contentos con protestar, se encargaron de poner á su precoz 
y furioso compañero los puntos sobre las íes, haciendo constar, con la 
lectura de un suelto de L Osservatorc Jíomatio, que el Papa no se ha- 
bía limitado «a enviar su bendición y socorros espirituales, sino tam- 
bién una cantidad en metálico, cuya cuantía no podían determinar gra- 



CRÓXICA GENERAL 253 

cias al secreto evangélico que adoptaba el Pontífice en sus limosnas, 
pero que, aun dado que fuera inferior á las entregadas por la familia 
real, representaría un sacrificio mucho mayor en quien vive exclusi- 
vamente de la caridad de sus hijos. El celo de los católicos, que que- 
rían desmentir con datos concretos la infame calumnia, ayudado por 
la curiosidad de las Agencias, ha logrado poner en claro, para eterna 
confusión de los anticlericales, que el donativo pontificio ascendía á 
la respetable cantidad de 200.000 francos que las últimas noticias ele- 
van á 5.000, mucho más que el de toda la familia real, sin contar la pro- 
mesa empeñada de reparar por su cuenta, hasta donde alcance, los 
templos y Seminarios derruidos. ¡Una vez más mentita est iniqui- 
tas sibi! 

En otra forma ha contribuido además Pío X al socorro de las vícti- 
mas de Calabria. El célebre compositor Leoncavallo dirigió á Su 
Santidad desde Suiza, con fecha 13 de Septiembre, la siguiente her- 
mosa carta: «Santísimo Padre: El grito de dolor que desde el fondo de 
nuestra bella Península ha conmovido al mundo entero, ha encontrado 
eco todavía más doloroso y profundo en mi alma de cristiano. Allá le- 
jos, á aquella Calabria tan castigada, me unen dulcísimos recuerdos, 
los de mis difuntos padres, los de mi dichosa infancia, pues yo crecí á 
la sombra risueña de aquellos montes y soñé mis primeros cantos en 
aquellos alpestres valles. El primer rayo de gloria que Dios me dio, 
va también unido á aquella tierra hospitalaria que me considera como 
hijo. Siento, pues, la obligación de hacer en esta ocasión algo más que 
los demás, é inspirándome en el sincero sentimiento religioso que 
siempre y públicamente he profesado, he pensado componer una Ple- 
garia á la Bienaventurada Virgen María, imprimirla á mi costa y ce- 
der el producto de su venta, parte á los más indigentes entre los dam- 
nificados, y el resto á la reconstrucción y ornato de la Catedral de 
Nuestra Señora de la Sierra, en Montalto Uf fugo. — Santísimo Padre: 
Si al frente de esta composición pudiera yo estampar un par de líneas 
del Padre de la Cristiandad en que, dispensando al último de sus hijos 
la honra de aceptar la dedicatoria del Ave María por mí compuesta 
se dignase recomendar su adquisición á los fieles, haría yo, con el valio- 
so apoyo de Vuestra Santidad y el humilde de los fieles, la más cató- 
lica y provechosa de las limosnas. — Seguro de que mis deseos serán 
benignamente atendidos por Vuestra Santidad, anticipo mi rendido 
agradecimiento, imploro la paternal bendición de Vuestra Santidad, 
y me ofrezco con toda devoción y reverencia, de Vuestra Santid id 
humilde hijo.— Rogerio Leoncavallo.» 

L'Osservatore Romano, que ha publicado la carta, añade á conti- 
nuación: «Sabemos que el Padre Santo, aplaudiendo el pensamiento 
del Maestro Leoncavallo, le ha enviado un precioso autógrafo acep- 



254 CRÓNICA GENERAL 

tando la dedicatoria y maniíestando su deseo de que las oraciones de 
los favorecidos alcancen de Dios el premio á la caridad de su genero- 
so bienhechor.» 

—Una de las ideas acariciadas con más empeño por Su Santidad 
Pío X, ha sido siempre la de un Catecismo único y universal, iniciada 
ya por el Concilio Vaticano, y que desde entonces viene siendo el de- 
siderátum de los catequistas. El pensamiento, sin embargo, ofrece 
serias dificultades, en cuya virtud parece que, por ahora, se limitará 
Su Santidad á recomendar la adopción de un mismo Catecismo en cada 
nación, ó más bien en cada lengua. Acaba de publicarse el que ha de 
servir de texto oficial, según disposición pontificia, en la diócesis de 
Roma y en todas las de la provincia romana. El libro, que es natural 
sirva de modelo, con las modificaciones que hagan necesarias las con- 
diciones de cada país, para los demás que hayan de adoptarse en todas 
las naciones católicas, se compone de un Catecismo elemental para 
los niños que no hayan hecho la primera comunión, y de otro comple- 
to para los más adelantados. Contiene, además, varios apéndices con 
instrucciones para la celebración de las fiestas de la Iglesia, un resu- 
men de la historia del Antiguo y del Nuevo Testamento, un breve 
compendio de Historia eclesiástica y una colección de oraciones va- 
rias. Al frente de él va una carta dirigida por Su Santidad al Carde- 
nal Vicario, de la que traducimos el siguiente párrafo: «La necesidad 
de proveer, en la mejor forma posible, á la instrucción religiosa de la 
niñez, Nos ha movido á hacer imprimir un Catecismo que exponga con 
claridad los elementos de nuestra santa fe y aquellas verdades divi- 
nas á las que debe ajustarse la vida de todo cristiano. Hemos hecho 
examinar los numerosos textos usados en las diócesis de Italia, y Nos 
ha parecido oportuno adoptar, con algunas correcciones, el Catecismo 
aprobado hace algunos años por los Obispos de las provincias del Pia- 
monte, Liguria, Lombardía, Emilia y Toscana. El uso de este texto 
será obligatorio en la enseñanza pública y privada en la diócesis de 
Roma y en todas las demás de la provincia romana, y abrigamos la 
esperanza de que las otras diócesis lo adoptarán también, á fin de lle- 
gar al texto único que, á lo menos para Italia, constituye la aspiración 
de todos.» 

—El Momento, periódico de Turín, ha dado á conocer en sus líneas 
generales, las bases acordadas en Pérgamo por la Comisión compues- 
ta del Conde Albani, el profesor Toniolo y elSr. Pericoli, para la orga- 
nización de la Acción católica en Italia, conforme á las últimas instruc- 
ciones de la Santa Sede. Según el proyecto, cuantas Asociaciones C- Ins- 
titutos cooperan á la Acción católica en Italia, serán distribuidos en tres 
grupos, llamados Acciones. El primer grupo, titulado Acción católica 
popular, tendrá por especial objeto, dice el diario católico El Universo- 



CRÓNICA GENERAL 235 

«trabajar por el progreso moral, civil y religioso de Italia, según las 
enseñanzas de la Iglesia, y salvando siempre los derechos de la Santa 
Sede. Comprenderá este Instituto un Gabinete central directivo, for- 
mado poi individuos que, si no designados, serán aprobados por la 
autoridad eclesiástica; al Gabinete asesorará un Consejo científico. 
Los que se afilien á la Acción católica popular han de satisfacer la 
cuota mínima de una lira anual, y se distribuirán en Círculos con pre- 
sidentes y vicepresidentes elegidos por tres años. La Acción cuidará 
especialmente de organizar y convocar Congresos católicos. El se- 
gundo grupo se ha de denominar Acción católica electoral, y su obje- 
to será unir y fortalecer las Asociaciones electorales ya existentes, 
crear otras nuevas y determinar el programa de acción social que los 
representantes católicos deberán defender con acuerdo unánime en 
los Municipios y en el Parlamento. El tercer grupo se llamará Acción 
católica económica, y será su objeto la organización de las clases so- 
ciales, según el espíritu cristiano, la unión y protección de las Institu- 
ciones sociales; tendrá un Gabinete de consultas jurídicas, y otro di- 
rectivo.» 

Aunque este programa se halla todavía pendiente de aprobación, 
pues antes ha de ser presentado para su examen y aceptación á las 
diversas Asociaciones que han de entrar en la organización general, 
no es dudoso que será llevado á la práctica, si no en todos sus detalles, 
en sus líneas generales. Quedan en cierta obscuridad, probablemente 
deliberada, no pocas cuestiones importantísimas, que hace notar el 
citado diario madrileño, como son: el carácter y alcance de la Asocia- 
ción en sus relaciones inevitables con la política; la forma en que ha 
de manifestar el respeto á los derechos de la Santa Sede, en que parece 
aludirse á la cuestión del Poder temporal, y el criterio respecto á las 
condiciones que han de exigirse á los asociados. Es muy de notar» 
observa con razón El Universo, que cni siquiera se exige á los que se 
afilien á la Unión que trabajen en común por el restablecimiento del 
Poder temporal, sino sencillamente que se respeten los derechos de la 
Santa Sede-». «¿Serán admitidos en la Acción católica— añade— los 
hombres que figuran en los partidos políticos que juegan dentro del 
organismo parlamentario oficial del reino de Italia?» «¿Será un obs- 
táculo para entrar en la Acción católica el profesar la adhesión com- 
pleta, formal y externa á la obra de la unidad de Italia, á la Monarquía 
y dinastía de Saboya? ¿Es de un partido que aspire á gobernar con esta 
dinastía? ¿Será esto un obstáculo en toda Italia, ó sólo en los antiguos 
Estados Pontificios? ¿Lo será en absoluto, ó solamente hasta cierto 
punto ó grado? Cuestiones son éstas— concluye atinadísimamente ei 
repetido diario madrileño— que para los católicos italianos tienen espe- 
cialísimo y vital interés, y no sólo para ellos, sino para los de otras 



256 CRÓNICA GENERAL 

naciones, incluso nuestra patria, ó mejor dicho, más para nuestra 
patria que para otra alguna; convendrá, pues, "seguir con atención 
suma este movimiento para conocer cómo se resuelven práctica- 
mente.» 

Conformes de toda conformidad. 

Italia. — Aún está en los preparativos la organización de las 
fuerzas católicas italianas, y ya ha sacado de quicio á la masone- 
ría, á juzgar por la proclama con que, al conmemorar el 20 de Sep- 
tiembre el infausto aniversario de la ocupación de Roma, embadurnó 
todas las esquinas de la Ciudad Eterna, tocando á rebato y convocan- 
do á la lucha á todas las huestes del infierno. «Necesario es, dice el 
pasquín masónico, que hoy se levante un grito de alarma contra el pe- 
ligro que ofrece la nueva actitud política del Vaticano, que, impoten- 
te para combatir la integridad de la patria, finge aceptarla. Apoyado 
en los falsos liberales de ayer, extiende su influencia en todos los cam- 
pos de la actividad italiana, y deslumhrando á los incautos, trata de 
preparar á la nación los tristes días de los pueblos decadentes. Necio 
ó impostor será quien diga que ha cesado el peligro: más allá de los 
Alpes, una lucha larga, obstinada y victoriosa ha sacudido el yugo de 
la servidumbre clerical. En Italia, los halagos y las caricias del cleri- 
calismo, cada día más audaz por las fuerzas extranjeras que han caído 
sobre nosotros para encontrar á la vez un asilo y un país de conquis- 
ta, explotan el miedo de los conservadores y amenazan ahogar todas 
las aspiraciones libres. El 20 de Septiembre ha abierto una era de pro- 
funda renovación moral y política, y ante el país y ante la humanidad 
significa, no solamente la caída del poder teocrático, sino la libera- 
ción del espíritu humano y la reivindicación de la independencia de la 
sociedad civil. La reacción liberticida, organizada en los comités ca- 
tólicos, posee una maravillosa virtud de adaptación para envolver y 
estrechar entre sus innumerables tentáculos los miembros de la pa- 
tria: muestren á su vez los italianos igual fuerza de repulsión instinti- 
va y de resistencia vital. El pensamiento y la acción de nuestros 
grandes hombres Mazzini y Garibaldi serían obscurecidos y aun des- 
truidos en una Italia puesta al servicio del clericalismo universal, y 
Roma se engañaría al llamarse aún italiana. —Dado en Roma, en la 
Sede del Gran Oriente de Italia, á 20 de Septiembre del año 2658. A. V. 
C— El Gran Maestre de la Masonería italiana, Ettore Ferri.* 

La ridicula y retumbante perorata demuestra claramente la alarma 
que entre las huestes masónicas ha levantado la simple iniciación del 
pensamiento del Papa. ¿Qué será cuando se haya llevado á rabo, como 
hace esperar para no lejana fecha el vigoroso despertar de los católi- 
cos que se advierte por fortuna en todas las provincias de Italia? No 
está mal para muchos españoles la lección. 



CRÓNICA GENERAL 

Francia.— Xo parece sino que todos los dominios del infierno se han 
dado cita en la vecina República para sembrar las ideas que más di- 
rectamente pueden conducir á la ruina de la católica Francia. Des- 
pués del Congreso celebrado en Lila por las Asociaciones de maestros 
laicos, donde se votó la coeducación de los dos sexos dirigida por pa- 
rejas concubinarias para que al frente de la escuela, decía el relator, 
se dé el ejemplo de la unión libre, ha venido el Congreso pacifiquista 
celebrado en Saone-et-Loire, y últimamente el Congreso internacio- 
nal de librepensadores. En los tres ha predominado una nota que de- 
muestra hasta qué punto ha venido á decaer el noble espíritu del pue- 
blo francés, tan amante'de su ejército y de su patria: la nota antimili- 
tar y antipatriótica. En el primero se declaraba que «los maestros 
franceses se adhieren enérgicamente á la paz, teniendo por divisa: 
Guerra á la guerra>, lo cual podría parecer á primera vista hermoso, 
y lo sería, si los demás Congresos no le hubieran venido á dar un ver- 
dadero significado. En efecto: el segundo se declaró francamente anti- 
militarista, por boca del diputado Mr. Bouveri, que hizo votar una re- 
solución según la cual, «el deber de todo socialista es responder á 
cualquiera declaración de guerra con la insurrección y la huelga mi- 
litar internacional. - Un nuevo paso dio. El tercer Congreso, verdade- 
ra reunión de energúmenos que en nombre del libre pensamiento se 
tiraron repetidas veces los trastos á la cabeza y dieron un espectáculo 
tan repugnante de bárbara intolerancia que obligó al mismo Ivés 
Guyot á separárseles de puro asco, y donde se empezó por hacer la 
apología del anarquista Malato, y un librepensador español de ridi- 
cula memoria, el payaso Odón de Buen, descubridor del famoso hippa- 
rion que resultó un vulgarísimo burro, rebuznó un discurso que empe- 
zaba: ¡Muera la Iglesia! Allí ya no se pararon en barras, y Mr. Hervé 
combatió á cara descubierta el patriotismo, y no halló para la bandera 
nacional sitio más acomodado que el estercolero. Cuando todo esto se 
dice en un pueblo, y no sólo se dice, sino que furiosamente se aplaude, 
y se dice y se aplaude por los que gobiernan ó por sus partidarios, y el 
pueblo lo oye en paciencia y no estalla la indignación nacional y barre 
á la canalla que la deshonra, hay que reconocer que ese pueblo está 
profundamente decaído. 

Así lo entienden, sin duda, las demás naciones, que convencidas de 
esa decadencia espantosa, están jugando á la pelota con Francia, en la 
seguridad de que no ha de defenderse. Alemania sobre todo, le ha he: 
cho tragarse los ambiciosos propósitos sobre Marruecos y moderar 
sus pretensiones de tal modo que queda reducida á un papel desaira- 
dísimo. La conferencia del Príncipe de Radolín, Embajador alemán, 
con Mr. Rouvier acerca de esa cuestión, ha durado tanto, que se decía 
la prolongaba intencionadamente Alemania, y al fin ha terminado 



258 CRÓNICA GENERAL 

accediendo Francia á la celebración de una Conferencia internacional 
que ha de reunirse en Algeciras con objeto de discutir la cuestión de 
Marruecos. Según la Agencia Fabra, los puntos acordados por ambos 
Gobiernos son los siguientes: «Organización de la Policía, Reglamen- 
to sobre la vigilancia y represión del contrabando de guerra. Reforma 
financiera, constituyéndola, especialmente, la creación de un Banco 
del Estado marroquí, además de un detenido estudio sobre el más prác- 
tico medio de mejorar la recaudación de impuestos y el establecimien- 
to de nuevas fuentes de ingreso para el Tesoro. Por fin, fijación de de- 
terminados principios encaminados á garantir la libertad económica. 
En lo que se refiere á la región francesa se ha acordado, por especial 
reserva incluida en dicho proyecto de programa, que las cuestiones de 
Policía continuarán siendo tratadas directa y exclusivamente por 
Francia y el Sultán, que se pondrán de acuerdo para ello. Asimismo 
serán resueltos por las autoridades francesas y marroquíes cuantos 
asuntos se relacionen en dicha región con el contrabando.de armas. 
Ambas cuestiones de Policía y contrabando quedan fuera del citado 
programa. Los Gobiernos de París y Berlín se han puesto de acuerdo 
para preguntar á España si le conviene el que se escoja Algeciras por 
punto de reunión de la^ Conferencia. 

Las cuestiones del empréstito y de la construcción de un muelle en 
el puerto de Tánger han quedado solucionadas de la siguiente mane- 
ra: Acosado por dificultades de orden financiero, el Gobierno del Sul- 
tán había recurrido á la mediación de un extranjero residente en Ma- 
rruecos, el cual, á su vez, se había dirigido á un grupo de banqueros 
alemanes, con objeto de conseguir un anticipo, reembolsable dentro 
de corto plazo, mediante el próximo empréstito. El Maghzen ofrecía, 
en garantía, los bienes que posee en varias ciudades de la costa. Inter- 
vino un acuerdo entre dicho grupo de banqueros alemanes y el consor- 
tium de banqueros franceses, con objeto de realizar esta operación, 
que, según declara el proyecto de programa, conservará su carácter 
de anticipo por breve plazo, con garantía especial y reembolsable por 
el próximo empréstito ó por la vía y medios de que dispondrá el Ban- 
co de Estado, cuya creación figura en las cláusulas del programa. Esta 
operación deja íntegro el derecho de preferencia que asisto A dicho 
consortium francés. En lo que se refiere á las obras en el puerto de 
Tánger, el Gobierno marroquí, por carta dirigida á la Legación ale- 
mana con fecha. 26 del pasado Marzo, había pedido á la rasa construc- 
tora Borgeaud y Reutemann estableciera dos planos para que pudiera 
escoger el Sultán. Pero, por haber sido autorizada en La misma época 
una casa francesa para estudiar las mismas obras, los negociadores 
del proyecto de programa han acordado conceder un plazo para el 
examen de los títulos de esta última Compañía. De no presentar ésta 



CRÓNICA GENERAL 2.~> r > 

títulos idénticos á los de la casa alemana, las obras serán ejecutadas 
por Borgeaud y Reutemann. El proyecto de programa, como asimismo 
la proposición referente al punto de reunión de la Conferencia, serán 
sometidos sin retraso por ambos Gobiernos contratantes á la adhesión 
del Sultán y de las potencias signatarias ó adheridas al convenio firma- 
do en 1880 en Madrid. Tan pronto como se haya hecho esto, las Misio- 
nes francesa y alemana que se hallan actualmente en Fez, regresarán 
á Tánger.» 

—En el Convento masónico recientemente celebrado en París ha 
tenido la Francmasonería la triste y repugnante frescura de emitir un 
voto favorable á la conducta de los famosos delatores del Ejército. 
Este voto se explica fácilmente con sólo fijarse en los nombres de los 
Consejeros entrantes y salientes, la mayor parte de los cuales se han 
hecho célebres por su participación en el establecimiento de fichas 
contra los oficiales católicos. Entre los miembros del Consejo antiguo 
figuran, al lado del Ministro de Comercio, Mr. Dubief, espías de tanta 
notoriedad como el Juez municipal de Pont-a-Mousson, Bernardiu; el 
Profesor de la Facultad de Medicina de Lila, Debierre, y el Conseje- 
ro honorario del Tribunal Angers, Jenvrot. Entre los últimamente ele- 
gidos figuran el alcalde de Chalons sur-Saone, Richard, suspenso en 
sus funciones como delator por el Tribunal de Dijon. El nuevo Conse- 
jo ha elegido secretario al famoso comandante Pasquier, amigo y pro- 
tegido del Ministro de la Guerra, y que se jacta de haber delatado á 
250 compañeros suyos de armas. Pero, además, se ha puesto en claro 
la participación personal de Combes en la organización del sistema de 
las fichas. Según ha declarado Mr. Laf ferré en el discurso que prece- 
dió al voto de solidaridad del Convento con los delatores, Mr. Combes 
fué quien ideó el infame procedimiento y quien encomendó su ejecu- 
ción á la Masonería. En el templo de la calle Cadet, según las declara- 
ciones de Lafferre, encontraron cierta resistencia los maquiavélicos 
planes de Combes; pero éste insistió en nombre del supremo interés de 
la República, y entonces Vadécard y sus cómplices «se dejaron vencer 
por aquella dulce violencia.» 

«Cuando se recuerda, dice á este propósito El Universo, el asom- 
bro manifestado por Combes ante las revelaciones de M. Guyot de 
Villeneuve y aquella su tentativa de indignación que, afortunada- 
mente para él, fué rápida como el relámpago, no se encuentran pala- 
bras bastante duras para calificar como se merece al hipócrita perso- 
naje que gobernó despóticamente á Francia muy cerca de tres años y 
que sueña todavía con tiranizarla de nuevo.» 

— Dolorosa pérdida acaba de experimentar la causa católica en 
Francia con la muerte de Eugenio Veuillot, ocurrida el 18 de Septiem- 
bre. Unido siempre, por cariño entrañable y comunidad de ideas, á su 



260 CRÓNICA GENERAL 

hermano el valiente escritor católico Luis Veuillot, la personalidad de 
Eugenio vivió largo tiempo obscurecida por la vigorosísima de su her- 
mano, hasta que la muerte de éste le dio el relieve que alcanzó conti- 
nuando en VUnivers las mismas campañas. Eugenio Veuillot ha sido 
uno de los más decididos campeones de la Iglesia católica y de los más 
incondicionalmente sometidos á las direcciones pontificias. Su muerte 
ha sido digno coronamiento de una vida consagrada á la defensa in- 
cansable de la causa de Dios.— R. I. P. 

Inglaterra. — La quincena ha sido fecunda en cabildeos diplomáti- 
cos. A poco de haberse acordado la paz entre Rusia y el Japón, y 
mientras dejaba á Francia salir como pudiera del atasco en que la 
había metido con la cuestión marroquí, firmaba Inglaterra una alianza 
con el Japón, encaminada evidentemente á impedir la reproducción 
de la guerra y poner á Rusia en la precisión de renunciar para siem- 
pre á toda esperanza de desquite. Los puntos principales del Tratado 
se refieren al predominio japonés en Corea, la integridad de China y 
la seguridad de la frontera de la India. En el tratado anterior se com- 
prometían ambas potencias á auxiliarse en el caso de que cualquiera 
de ellas se viese atacada por dos ó más naciones: en el nuevo se com- 
prometen á ayudarse con las armas aunque sea una sola la que ataque. 
Para desvanecer los justos recelos de Europa, uno y otro Gobierno se 
han apresurado á declarar que la alianza no va contra nadie, que es 
paramente defensiva y exclusivamente encaminada á asegurar la paz 
en todas partes, y en especial en el Extremo Oriente. ¡Dios lo quiera! 

Rusia.— Terminada, felizmente, la guerra, trata ahora Rusia de re- 
poner sus pérdidas, para lo cual ha empezado por un grandioso pro- 
yecto de reconstrucción de la marina. Al mismo tiempo no descuida 
el buscar alianzas, y no faltan síntomas de que trata de establecerla 
con Alemania, lo cual ha hecho poquísima gracia á sus aliados los 
franceses, á pesar de las declaraciones de Wite, que asegura con in- 
sistencia que la alianza con Francia continúa, á pesar de todo. Cierto 
que no falta quien hable hasta de alianza franco-alemana, que sería 
cuanto habría que ver. Para la pronta reconstitución de Rusia no dejan 
de ser obstáculo las pretensiones exageradas de los liberales, que no 
contentos con las concesiones hechas y las prometidas, quieren ir de- 
masiado aprisa, y más que nada los desórdenes del Cáucaso, donde 
continúan los incendios, saqueos y asesinatos. 

Austria-Hungría.— El ejemplo de Noruega ha producido M Hun- 
gría un movimiento separatista que cada día se acentúa ron nuevas 
exigencias. La última ha sido la de que en los regimientos húngaros 
se use la Lengua nacional, y no el alemán, hasta para las voces de 
mando; mas como esta medida perjudicaría á la unidad del ejército, el 
Emperador se ha negado á acceder á ella. A consecuencia de esta ne- 



CRÓNICA GENERAL 261 

gativa hay en Hungría tan extraordinaria agitación, que se teme seria- 
mente pueda comprometer la consistencia y aun la unidad del Imperio. 

Suecia y Noruega.— Separada Noruega de Suecia, han corrido du- 
rante algunos días vientos de tempestad, temiéndose una guerra entre 
las dos naciones; pero al fin se ha conjurado el conflicto, resignándose 
Suecia á la separación, aunque exigiendo la destrucción de algunas 
fortificaciones de la frontera. Los noruegos andan ahora muy preocu- 
pados por la forma de gobierno que han de establecer, y aunque las 
corrientes van hacia la Monarquía, la dificultad en la designación del 
príncipe extranjero á quien se haya de ofrecer la corona es causa de 
que muchos se vayan inclinando á la República. 

Asia.— Siguen los japoneses disgustados con las condiciones de paz, 
y aunque han cesado los tumultos y atropellos de los primeros -días, 
continúa el mar de fondo, hasta el punto de temerse por la acogida que 
hará el pueblo á los plenipotenciarios. Durante los tumultos, que toma- 
ron el carácter de odio á los extranjeros, fueron destruidas varias 
iglesias católicas y muchas casas de europeos apedreadas. Con la agi 
tación se ha relacionado, suponiéndola intencionada, la explosión de^ 
acorazado Mikasa, uno de los mejores de la marina japonesa, el cual 
se ha ido á pique, resultando muertos ó heridos 600 hombres. 

Los chinos, que tan beneficiados han salido en la guerra, se deciden 
al fin á adoptar los procedimientos cuyos buenos resultados han visto 
en los japoneses; pero no han podido empezar con peor pie. En el mo- 
mento de partir el tren de Pekín con la comisión encargada de estu- 
diar los sistemas parlamentarios de Europa, estalló una bomba en un 
cajón, hiriendo á varios delegados. ¡Ya se van europeizando/ 



II 

ESPAÑA 

Con igual tranquilidad que las de diputados, se verificaron el 25 
las eleccio íes de Senadores, cuyo resultado ha sido el siguiente, se- 
gún los datos oficiales: 109 ministeriales, 44 conservadores mauris- 
tas, 7 villaverdistas, 2 republicanos, 2 carlistas, 2 regionalistas y un 
romerista. La mayoría obtenida por el Gobierno queda, sin embar- 
go, muy desvirtuada por el gran número de senadores vitalicios con 
que cuentan los conservadores, amén de los que se les unirán en de- 
terminadas cuestiones entre los que no llevan significación política. 
Es seguro, por ejemplo, que si, como es de temer y ya se ha anuncia- 
do, trata el Gobierno de suscitar la cuestión religiosa, se encuen- 



2b2 CRÓNICA GENERAL 

tre en el Senado con una formidable oposición compuesta de .la mino- 
ría maurista, á la que apoyarán los Prelados. Por lo cual, el Sr. Mau- 
ra resulta de hecho tan dueño ó más del Senado como del Congreso. 
Maura, sin embargo, promete no abusar de su posición: convencido 
de que para conseguir algo práctico es necesario que los Gobiernos 
duren cuanto sea posible, está resuelto á dar ejemplo de abnegación 
apoyando al del Sr. Montero Ríos en todo aquello que no se oponga á 
sus principios. Más peligros corre el Gobierno por las hondas divisio- 
nes internas y los contrapuestos intereses de la mayoría y las ambi- 
ciones de sus prohombres. Ya antes de constituirse las Cortes hubo 
temores de crisis, originada por el Ministro de Marina Sr. Villanueva, 
que pedía para su Ministerio un presupuesto al que no se prestaba el 
de Hacienda Sr. Echegaray. El Sr. Villanueva estuvo jarruco unos 
días, y hasta soltó palabras gruesas, tales como que no quería enga- 
ñar al país; pero todo paró en ruido, y al fin se ha conjurado la crisis. 
El disgusto de importantes elementos de la mayoría ha tenido otra ma- 
nifestación en la estrepitosa renuncia de D. Pablo Cruz, íntimo del se- 
ñor Sagasta, al cargo de Subsecretario de la Presidencia, en el cual le 
ha sustituido el ex diputado canalejista Sr. Gayarre. 

Vuelto el Rey el 30 de San Sebastián, se anuncia para muy pronto 
la apertura de las Cortes, á las cuales presentará el Gobierno, entre 
otros, tres proyectos de ley, sobre incompatibilidades parlamentarias, 
sobre excedencias de funcionarios del Estado y sobre reforma del vi- 
gente procedimiento electoral. También considera urgente la reforma 
del Reglamento del Congreso, en que ya quiso poner mano el señor 
Maura, con el fin de evitar las escandalosas obstrucciones y los inde- 
corosos espectáculos ofrecidos en la anterior legislatura por los repu- 
blicanos. Todos los Ministros traen la cartera repleta de proyectos: 
ahora veremos los que pasan á convertirse en ley. Vendrá primero la 
discusión de actas, que dará juego, porque hay muchas protestas, las 
fiestas en honor de Loubet, y... las obstrucciones y las frescuras de 
Rodrigo Soriano y acaso las miseriucas internas de los liberales, y así 
pasaremos el tiempo tan guapamente. 

Otra novedad de la quincena han sido los rumores, cada vez más 
acentuados, de bodas regias. A que se acentúen ha contribuido el ha- 
ber mandado S. M. el Rey sustituir el nombre de Nenúfar de un barco 
de recreo recientemente adquirido, por el de QucenX... (la Reina X...). 
La fantasía de los periodistas se ha echado á buscar la incógnita, y 
por la circunstancia de estar en inglés el rótulo se han fijado con insis- 
tencia en la Princesa de Battenberg, que, según dicen, es católica. De 
todo ello, sin embargo, no se sabe con certeza una palabra, y aun se 
asegura que de la boda real no se tratará en serio hasta después del 
viaje que el Rey tiene proyectado á las Cortes de Berlín y Viena. En 



CRÓNICA GENERAL 

lo que sí se insiste con grandes visos de probabilidad es en la proxi- 
midad del matrimonio de la Infanta María Teresa con su primo el 
Príncipe Fernando de Baviera, hijo de la Infanta Paz, el cual lleva ya 
una temporada en España y acompaña á la Corte. 

También ha sido fecunda en desgracias la quincena. El hambre, 
que aflige á Andalucía, se ha extendido á Aragón y otras regiones; 
las inundaciones han causado algunas desgracias en Valencia; los 
automóviles han ocasionado dos atropellos, uno de ellos mortal, en Ya- 
lladolid y otros en varios puntos, lo cual ha obligado al Alcalde de Ma- 
drid á publicar un bando muy oportuno señalando la velocidad que se 
les permite; en Andalucía ha hecho no pocas fechorías una cuadrilla 
de bandoleros capitaneada por el Vivito, que ha venido con una opor- 
tunidad asombrosa para confirmar en la idea que tienen de España á 
la turba de monsiures que han de venir con Loubet; el moro Valiente 
de Ceuta ha cometido algunos atropellos y robos á subditos españoles, 
que ha hecho respetar recobrando los objetos un barco nuestro de gue- 
rra; en Madrid se han apresurado á hundir unas casas, que habían de 
tirarse para hacer la gran vía, sin desgracias personales, que en cam- 
bio han ocurrido en otro hundimiento en el cerrillo de San Blas y pue- 
den ocurrir en otros edificios que amenazan ruina. ¿Se quiere más? 

Madrid se arruina á toda prisa; pero en cambio estos días, acicala 
todas sus fachadas y cubre con coloretes los estragos de la edad como 
una vieja verde para prepararse á recibir al Presidente de la Repúbli- 
ca francesa. Una mejora que hacía buena falta á nuestra vetusta ca- 
pital era la gran vía, que por fin se hace y con la cual ganará segura- 
mente en tercio y quinto la Corte. 

— lja fallecido repentinamente en Madrid el insigne literato D. Fran- 
cisco Navarro Ledesma. Su libro El Ingenioso Hidalgo Miguel de Cer- 
vantes Saavedra, publicado con motivo del Centenario del Quijote, 
le había dado gran notoriedad, no injusta del todo, pues aunque farra- 
goso y resabiado de espíritu irreligioso, demuestra profundo dominio 
de nuestra literatura clásica, y en particular de las obras de Cervan- 
tes. Pertene -ía á una familia católica y piadosa, y él mismo lo fué en 
su juventud. Que Dios le haya perdonado sus extravíos, y en el trance 
de la muerte le haya concedido la gracia de invocar su nombre en 
cuyo santo temor fué educado.— R. I. P: 



264 



OBSERVACIOXES METEOROLÓGICAS 




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día en kilómetros. 



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Escarcha. 



Nieve. 



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Días de lluvia apreciable. 



Lluvia máxima en un día. 



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CARTA ABIERTA AL R. P. MI NTEGU I AGA 



M. R. P. Venancio Mikteguiaga. 

|uy respetable Padre: Su notable y contundente artículo 
publicado en el último número de Razón y Fe, y en que, 
á propósito y con ocasión de las próximas elecciones mu- 
nicipales, examina usted en toda su extensión el debatido y espi- 
nosísimo tema de la organización de las fuerzas católicas españo- 
las para la lucha legal, ha causado en mi ánimo la gratísima 
sorpresa que siempre causa á los ingenios modestos el ver sus 
opiniones confirmadas por más altos pensadores, y más si detrás 
del pensador se adivina ó se entrevé el apoyo de toda una falange 
de insignes luchadores que patrocinan la idea. Porque ni á mí ni á 
cuantos han leído su artículo y observado su coincidencia con cier- 
tos hechos ocurridos en las últimas elecciones generales y con 
ciertas declaraciones estampadas en La Lectura Dominical, nos 
parece juicio temerario suponer, y aun dar por cierto, que señala 
en este punto una nueva, feliz y resuelta orientación de la gloriosa 
y benemérita Compañía de Jesús. Con tan valioso refuerzo, bien 
podemos considerarnos de enhorabuena cuantos, secundando las 
iniciativas de León XIII, confirmadas por Pío X, y las excitaciones 
constantes del Episcopado, hemos sostenido con mejor ó peor inge- 
nio y fortuna, pero con rectísima intención, la necesidad urgente 
de la unión de los católicos y de su intervención en la lucha legal. 
Cediendo á reiteradas y altísimas indicaciones, escribí una serie 
de artículos, reproducidos luego en forma de libro, del que se han 
hecho dos ediciones, acerca de La Fórmula de la Unión de los 



266 ¿SE PUEDE... ) 

Católicos. Al publicar la segunda edición había ocurrido el falleci- 
miento de León XIII y el advenimiento de Pío X, y aunque bien 
seguro de que el nuevo Papa no había de contradecir las enseñan- 
zas y los procedimientos de su glorioso antecesor, yo que había 
reprendido á los que para eludir mandatos explícitos de León XIII 
invocaban el nombre venerable de Pío IX; yo que había llegado á 
decir que «no reconocía más Jefe supremo que el Papa, ni más 
Papa que el Pontífice reinante", debía esperar y esperé á que 
hablase Pío X, ya que sus instrucciones, desde el punto de vista 
práctico y de aplicación, sin ser opuestas, podían ser distintas de 
las de León XIII. Lejos de ser ni aun eso, el primer documento 
solemne de Pío X, la Encíclica E supremi apostolatus, en que tra- 
zaba lo que pudiéramos considerar programa de su pontificado, no 
sólo coincidía con las tendencias de su sabio antecesor, á quien 
dedicaba elogio calurosísimo, sino que acentuaba algunas de las 
más discutidas en España, según hice notar con palabras textuales 
de la Encíclica en el artículo final añadido como apéndice á dicha 
edición. Mi inofensivo apéndice tuvo, sin embargo, la desgracia 
de sacar de sus casillas á un Sr. J. de Ivan Alcázares, que en un 
folleto sin pie de imprenta me puso de hoja de perejil, atribuyén- 
dome «la pretensión de infiltrar mis odios políticos en sublimes re- 
giones», de «desorientar al nuevo Papa ó á quien casi constituye 
con él una misma personalidad» (¿?), de «sorprender el ánimo del 
nuevo Pontífice», y de «sugerir á los Prelados ciertas determina- 
ciones», asegurando además que mi libro «si fuera examinado en 
Roma, sería condenado», y en particular de dicho apéndice que 
«llevará con el tiempo su merecido, y es mucho lo que merece, in- 
cluso la prohibición eclesiástica». El autor, tras de cuyo pseudóni- 
mo se adivina fácilmente un nombre muy conocido, que además se 
transparenta á cada paso en las ideas, en las preferencias y pre- 
venciones personales y de escuela, en las audacias contra el Car- 
denal Sancha, contra el Nuncio de Su Santidad, contra el Cardenal 
Rampolla, y hasta contra León XIII, cuya carta Qiios un per cali- 
fica de gravísima; en el estilo y lenguaje y hasta en los detalles 
tipográficos con que estampa el título de determinado periódico, 
no hablaba á humo de pajas al amenazarme nada menos que con 
la condenación, y sin duda á conseguirla dedicó toda su buena vo- 
luntad, según hacen presumir, concordándolas con tales amenazas, 
sus repetidas declaraciones acerca de la «urgencia de la inmediata 
publicación» de aquellas páginas, de su «verdadera impaciencia 



¿SE PUEDE...? 267 

por que lleguen á su destino, ya que hay algo muy inminente que 
ellas tienden á remediar". Es evidente que, á lo menos, trató el 
autor d,e las Rectificaciones político-religiosas de hacer lo mismo 
de que me acusaba, sin duda porque el que las hace las imagina, á 
saber: de «sorprender el ánimo del nuevo Pontífice», de desorien- 
tar al nuevo Papa», de «infiltrar sus odios políticos en sublimes re- 
giones» y de «sugerir á los Prelados ciertas determinaciones», y si 
no lo ha conseguido, es evidente que no está la carne en el gara- 
bato por falta de gato. 

El contestar hubiera sido honrar demasiado á quien para insul- 
tar y zaherir en vez de argumentar, no tenía siquiera el valor de 
dar la cara. Por obediencia había hablado después de más de vein- 
te años de observación silenciosa, y puesto á hablar, había dicho á 
todos, tirios y troyanos, aunque respetando las personas, las in- 
tenciones y las convicciones políticas de todos, lo que en estricta 
conciencia y con imparcialidad absoluta creí necesario decir. ¿A 
qué hablar? Mi doctrina, en lo que tenía de substancial, era la pura 
doctrina de las Encíclicas de León XIII y de las declaraciones co- 
lectivas del Episcopado español dentro y fuera de los Congresos 
católicos, y en lo que tuviera de accidental y de mía, de antemano 
y expresamente la había sometido, no sólo al infalible magisterio 
de la Iglesia, ante cuyo fallo desfavorable estaba y estoy dispues- 
to á repetir el rasgo de Fenelón, sino á la libre discusión de cuan- 
tos, en uso del perfectísimo derecho de una santa libertad de opi- 
nar en materias discutibles, pudieran disentir de un parecer emi- 
tido en virtud de esa misma cristiana libertad. La anunciada y 
codiciada y acaso urgente prohibición eclesiástica, no ha venido, 
porque no podía venir, y en lugar de ella vinieron altísimos testi- 
monios de consideración que me confunden; y en cuanto á la dis- 
cusión, ni una sola de mis apreciaciones se ha logrado refutar, sino 
que, ó para simular una contestación se ha recurrido á toda clase 
de armas de mala ley, desde atribuirme lo que no se me pasó por 
las mientes y tergiversar y falsificar mis pensamientos para pro- 
porcionarse un fácil triunfo contra un enemigo imaginario, hasta 
penetrar con suposiciones mezquinas en el sagrado de mis inten- 
ciones; ó se ha apelado al procedimiento, mucho más cómodo, de 
una verdadera, y al perecer consciente y organizada, conspiración 
del silencio. ¿A qué hablar? Poner en su punto mi doctrina falsea- 
da era inútil, porque en su falseamiento, si no intervenía la mala 
fe, seguramente intervenía la pasión política, con la cual es tiem- 



268 ¿SE PUEDE...? 

po perdido el discutir; vindicar de nuevo la rectitud de mis inten- 
ciones era no menos ocioso, pues sobre ser mi testimonio recusa- 
ble como de parte interesada, siempre ha sido vano empeño poner 
puertas al campo de las imaginaciones maliciosas, y contra la cons- 
piración del silencio me repugnó mendigar los elogios ó los juicios 
de las muchas publicaciones católicas á las cuales envié mi libro 
y no se han dignado hablar de él. Puse, pues, en manos de Dios, 
único que ve las conciencias, el juicio de mis honradas intencio- 
nes, perdoné cristianamente las maliciosas reticencias y los des- 
carados insultos, y me callé considerando que lo dicho dicho esta- 
ba, y que con la discusión, á cambio de una pueril satisfacción del 
amor propio, me exponía á soliviantar nuevamente las pasiones y 
comprometer la causa que defendía, y por la cual daría mi sangre 
toda, de la unión de los católicos españoles. 

Callé, pues; pero, siempre atento al desenvolvimiento de los 
hechos, siguiendo constantemente las orientaciones del Vaticano, 
del Episcopado, de cuantos en España y fuera de España tienen 
autoridad para señalarlas, me reservaba hablar cuando el hablar 
fuera conveniente, ó para insistir en lo que tuviera confirmación 
autorizada, ó para rectificar cuanto autorizadamente resultara rec- 
tificado. Con particularísima atención estudiaba y estudio la evi- 
dente evolución iniciada por Su Santidad Pío X y preparada por 
varios interesantísimos artículos de La Civiltá Cattolica en la ac- 
ción de los católicos italianos, hoy en vías de organización. Evolu- 
ción la llamo porque, muy lejos de ser, como algunos han supues- 
to, la rectificación de lo que ha dado en llamarse política de 
León XIII, no es, en realidad, sino su desenvolvimiento, según pa- 
rece haber querido indicar el mismo Pío X cuando al señalar en un 
Motu pro prio las reglas generales de la acción social católica, no 
encontró medio más oportuno que recoger en un solo documento 
varias indicaciones dispersas en los documentos de su antecesor. 
No es prudente todavía vaticinar hasta dónde ha de llegar en el 
orden político la acción de las fuerzas católicas italianas cuya or- 
ganización se prepara; mas ya sabemos por autorizadas declara- 
ciones que, si Pío X mantiene en principio el non expedü de Pío IX 
y León XIII, admite cuando menos la posibilidad de excepciones, 
lo cual señala un paso más dado en el camino emprendido por 
León XIII al limitar el non expedí l á las elecciones políticas, auto- 
rizando y aun aconsejando la intervención en las municipales. 
¿Llegará el actual Pontífice hasta autorizar, acaso hasta aconse- 



-;se puede...? 269 

jar, quizás hasta imponer con un positivo precepto la intervención 
en las políticas? No lo sabemos, no lo queremos saber, no lo debe- 
mos conjeturar: dueño es de hacerlo ó no hacerlo, según en su al- 
tísima prudencia lo estime conveniente, y desde luego será lo más 
acertado y lo más conveniente á la Iglesia lo que él se digne dis- 
poner. Nueva y poderosísima razón para que yo callase en espera 
del pleno desenvolvimiento de los sucesos, ya que jamás he pre- 
tendido, según me achacaba el Sr. Alcázares, prevenir, ¡pobre de 
mí cuya voz no puede llegar tan alto!, el ánimo del Pontífice, sino 
secundar ciegamente sus iniciativas todas; *ni siquiera he preten- 
dido jamás, como por propia confesión ha pretendido el Sr. Alcá- 
zares, enviar páginas urgentes á ningún destino para evitar algo 
muy inminente, que según se indica en otro lugar, pudiera ser la 
la ratificación de los poderes conferidos por León XIII al eminen- 
tísimo Sr. Cardenal Sancha; sino que siempre he aceptado á cierra 
ojos las disposiciones de la Santa Sede en cuanto á las enseñanzas, 
en cuanto á los procedimientos y en cuanto á las personas. 

En esta disposición de ánimo me ha sorprendido el valiente y 
resuelto artículo de usted, y me ha sorprendido tanto más cuanto 
que era ya en España cosa común y corriente atribuir doctrinas y 
tendencias muy distintas, y aun completamente opuestas, á la glo- 
riosísima Compañía de Jesús. Aquí, Reverendo P. Minteguiaga, se 
ha invocado constantemente el nombre de la Compañía, previa- 
mente declarada especialista en materias de liberalismo, y se ha 
invocado sin contradicción de la misma Institución benemérita, y 
aun con el positivo asentimiento y apoyo público y privado de no 
pocos de sus miembros, para justificar el retraimiento político sis- 
temático como medio de que esto se hunda, y en la seguridad de 
que el bien ha de venir del exceso del mal; para combatir la teoría 
del mal menor y el estado de hipótesis en España; para negar en 
absoluto el agua y el fuego á los liberales, y tanto más cuanto es- 
tén más próximos á nosotros, pues los afines son los peores, peo- 
res que los monstruos de la Commnne, según se decía exagerando 
el alcance de una frase del inmortal Pío IX, hasta ponerla en abier- 
ta pugna con el sentido común. ¡Y ahora, á los veintitantos años 
de eternas discusiones sobre estos puntos, de discusiones que han 
convertido en un verdadero infierno la Iglesia española, resulta 
que no es así; que la Compañía de Jesús no defendía tal cosa, y ahí 
está, citado por usted mismo, el propio P. Villada, el que por tan- 
tos años ha sido constantemente considerado como el teólogo y el 



270 ¿SE PUEDE...? 

moralista del integrismo; ahí está el martillo de los mestizos sos- 
teniendo la teoría mestiza del mal menor; ahí está usted declaran- 
do que es de sentido comiin! Sí, ya lo sé; que de muy distinta ma- 
nera se habla desgraciadamente en la serena región de la ciencia, 
y en las candentes luchas de la política, y en este sentido no me 
sorprende, pues me era bien conocido, que muy de otra manera es» 
cribían el P. Villada y otros muchos cuando hablaban como teólo- 
gos que al proceder como periodistas ó escritores de folletos. Li- 
bro conozco yo, y no es de ningún jesuíta, donde en castellano se 
lanzan rayos y centellas contra toda clase de liberalismo, cerrán- 
dose de banda á toda distinción, y luego en unos capítulos latinos, 
dedicados sólo á los confesores, se admiten tales distinciones y se 
agua tanto el vino, y es tan grande la rebaja del tío Paco, que la 
suavidad latina reduce casi á cero la indignación castellana. 

Yo creo, P. Minteguiaga, que la verdad es la misma en caste- 
llano que en latín, y que si no es conveniente decir ciertas cosas al 
pueblo, menos conveniente es hacerle entender las contrarias, ex- 
poniéndole al escándalo de hallar contradicción entre las enseñan- 
zas del catequista y la conducta del mismo como confesor, no acer- 
tando á conciliar que los mismos que condenan como pecado más 
grave que el adulterio y el parricidio todo género de liberalismos, 
absuelvan luego sistemática y habitualmente, no á todo género de 
liberales, pero sí precisamente á los que declaran peores, á los ca- 
tólicos, á los piadosos, y en una palabra, á los mestizos. Pero la 
práctica es, desgraciadamente, la contraria: hay acerca del libe- 
ralismo una doctrina esotérica.^ otra exotérica, como entre los an- 
tiguos filósofos griegos, y de aquí la posibilidad de citar de un mis- 
mo autor y una misma asociación, textos para todos los gustos, 
según los vientos que corran. Es, pues, cierto que eso han defendi- 
do en latín los moralistas de la Compañía: ¡lástima, P. Minteguia- 
ga, que hasta ahora no lo hayan defendido en castellano! Publicado 
su hermoso artículo ú otro de la misma tendencia hace veinti- 
tantos años, se hubiera probablemente evitado la espantosa divi- 
sión de los católicos, se hubieran conservado, por lo menos, algu- 
nas de las antiguas posiciones que usted al lin reconoce como per- 
didas, no hubieran venido las escandalosas luchas contra el episco- 
pado, que causaron en él víctimas como el Sr. Urquinaona y mi 
santo Maestro el P. Cámara, y se hubiera ahorrado algún grave 
disgusto la misma ilustre Compañía de Jesús!... 

Pero, en fin, mi venerado Padre: más vale tarde que nunca, y 



{SE PIEDE.. ? 271 

al fin es grato saber que han cambiado tanto los tiempos, que la 
Compañía de Jesús se ha decidido á escribir en castellano lo mis- 
mo que antes ya pensaba en latín. Espíritus quizá más inquietos ó 
menos prudentes, creímos necesario decir mucho antes, sin repul- 
gos ni reservas, toda la verdad, aun á riesgo de que escandaliza- 
ra á los ignorantes, á los pusilánimes y á los fariseos, que de todo 
hay entre los que más ó menos sinceramente han roto sus vestidu- 
ras al leer no pocas de mis rudas y francas declaraciones. Y lo 
creímos así, porque después de esperar inútilmente por otros ca- 
minos la necesaria, la urgente organización de las fuerzas católi- 
cas españolas, y ante el inminente peligro de una persecución reli- 
giosa en España, no encontrábamos más medio que romper de una 
vez los convencionalismos que impedían esa organización, y decir 
la verdad desnuda. ¡Gracias á Dios, usted, y tras de usted la glo- 
riosa Corporación á que pertenece, arroja el peso de su inmensa 
autoridad sobre la solución que proponíamos! 

Queda en claro de su artículo: 1.°, que, lejos de ser el retrai- 
miento la política conveniente á los católicos españoles para que el 
bien resulte del mismo exceso del mal, el retraimiento es nada me- 
nos que un pecado, pues los católicos tienen estricto deber, ordi- 
nariamente hablando, de emitir su voto en las elecciones munici- 
pales, provinciales y generales. No llegué yo á decir tanto, ni hoy 
mismo me atrevería á cargar las conciencias con ese peso. No ne- 
cesito decir á usted que yo recomendaría eficazmente á los cató- 
licos la intervención personal en las luchas electorales, pues el 
primero que dio en España ejemplo en ese sentido fué mi insigne. 
Maestro el Excmo. P. Cámara, que no dudó en presentarse con 
hábitos episcopales en un Colegio electoral; pero llevada la cues- 
tión al terreno de una obligación estrictamente moral, me parece 
muy delicada de resolver. Yo distinguiría la obligación en abs- 
tracto y en concreto, la colectiva y la individual, declarando es- 
tricta la primera y circunstancial la segunda. Teniendo induda- 
blemente la nación el derecho de ser recta, honrada y cris- 
tianamente gobernada, existe en los nacionales, colectivamen- 
te considerados, el correspondiente deber de procurar que así 
sea; mas para que este deber se concrete respecto de un in- 
dividuo determinado, se necesitan razones particulares agrega- 
das á la general, que directamente no se refiere sino á la entidad 
colectiva. Pueden ser razones especiales el abandono general ó 
muy común de ese deber, un mandato positivo de autoridad com- 



272 



¿SE PUEDE...? 



pétente, ó la circunstancia de que la falta de un voto determinado 
pueda contribuir al triunfo de un candidato indigno ó dificultar el 
de un candidato bueno. Por ejemplo: donde un candidato católico 
se presente sin oposición, me parece muy duro imponer á todos y 
cada uno la obligación de contribuir con un voto que podrá aumen- 
tar la brillantez, pero no influir en el resultado de la elección; y 
vice-versa, en los distritos donde se presente un solo candidato po- 
sitivamente indigno, tampoco me parece procedente el deber de 
emitir un sufragio, que emitido en favor de aquel candidato podía 
ser un pecado positivo, y en cualquier otro supuesto, absolutamen- 
te inútil. Sólo en los distritos donde hay lucha, sea entre un candi- 
dato digno y otro indigno, sea entre dos ó más indignos desigual- 
mente, debe aplicarse en todo rigor el deber individual de votar 
exclusivamente al digno, ó en favor del menos malo: donde luchen 
solos dos igualmente buenos, como ha ocurrido á veces por des- 
gracia y ocurrirá mientras no estén seriamente organizadas las 
fuerzas católicas; y donde luchen solos dos igualmente malos, la 
imposición del deber sólo puede conducir á crear inútiles conflic- 
tos de conciencia. Quizá estamos conformes, porque usted habla 
«•sin descender á casos particulares, en los que puede modificarse 
y ser mayor ó menor y aun á veces cesar todo deber »; pero los tér- 
minos en que usted se expresa me parecen demasiado generales y 
expuestos á suscitar no escasas dificultades prácticas. Punto es 
éste que necesitaría exposición mucho más amplia que la que yo 
puedo darle en esta deshilada misiva. Las circunstancias cambia- 
rían si, constituida sólidamente una Junta directiva de las fuerzas 
católicas no menos sólidamente organizadas, se imponía también á 
esa Junta el deber de organizar y dirigir la lucha, presentando 
candidatos católicos en el mayor número posible de distritos; se- 
ñalando en aquellos otros distritos donde no pueda presentarlos, 
el candidato que merece su preferencia; dando, en fin, instruccio- 
nes concretas y precisas para cada punto y para cada caso particu- 
lar. Sólo entonces puede generalizarse el deber, que empieza en 
los electores para obedecer á la Junta y Llega hasta la Junta para 
presentar candidatos. Yo aquí llegaría más allá: no sólo admito el 
deber de ejercitar el sufragio; admito el deber colectivo, que en 
casos determinados puede individualmente determinarse, de ser 
candidato, como de ser Ministro, como puede llegar á serlo el acep- 
tar una corona ó la Presidencia de una República, si no hay otro 
medio para el bien de una nación. 



{SE PUEDE...? 273 

Resulta igualmente de su artículo: 2.°, que las condiciones en 
que ha de entablarse la lucha no son la de imponer por la fuerza 
de las armas, como se sostenía en tiempos de la pujanza carlista, 
ni por la exclusiva acción de una intervención de Dios que venga 
á establecer en España ese aéreo y ultramístico reinado social del 
Corazón de Jesús con que sueña el integrismo, sino por medios 
perfectamente legales y perfectamente humanos, no ya la tesis ca- 
tólica en toda su integridad, puesto que, como usted reconoce y 
es por desgracia harto cierto, «las antiguas posiciones se perdieron 
ya»; sino la purísima hipótesis, el abominado mal menor, reduci- 
do por hoy á la defensiva ó á una ofensiva muy lenta: «a- recupe- 
rar lo perdido .y hacer que los enemigos no queden definitivamente 
dueños del campo.» Absolutamente conformes; pero conste que 
estamos en plena teoría mestiza, y que al cabo de tantos años vie- 
ne usted á dar la razón á D. Alejandro Pidal, que no decía otra 
cosa, y á la malhadada Unión Católica, que no tenía otra base, y á 
desautorizar á los que por ello solamente calificaron al Sr. Pidal, 
y á la Unión Católica, y al Episcopado español que la bendijo, y 
aun más embozadamente al Papa que la aprobó, de u católico-libera - 
les, peores que los monstruos de la Commnne.* Y llevando el mes- 
ticismo hasta las últimas consecuencias y hasta donde nadie, á lo 
menos expresamente, se había atrevido á llegar, no sólo considera 
usted como lícito, sino que reputa obligatorio «votar á un candida- 
to indigno cuando concurre con otro más indigno», y establecer 
contactos y pactar alianzas conducentes á ese fin con las huestes 
liberales. Podía caber la duda en la apreciación de los más indig- 
nos, y hasta en eso ha hablado usted en legítimo mestizo: los más 
indignos, los peores, no son los católico-liberales, ni los liberales 
mondos y lirondos: los peores son los socialistas y los republicanos. 
Muy bien: el sentido común, movido acaso por el instinto de con- 
servación, ha logrado una victoria sobre la antigua y generalísi- 
ma tendencia que, declarando á los católico-liberales, y aun no 
sólo á los auténticos, sino á los así caprichosa, abusiva y calum- 
niosamente denominados, "peores que los monstruos de la Com- 
mutte„ llegó alguna vez hasta el absurdo de aconsejar y no sé si 
ordenar la votación favorable á candidados radicales, republicanos 
y socialistas contra candidatos católicos alfonsinos ó independien- 
tes, y llegó sistemáticamente al disparate de preferir para el Go- 
bierno de la Nación, Sagasta á Cánovas, Canalejas á Sagasta, Sal- 
merón á Canalejas, Blasco Ibáñez ó Soriano á Salmerón, Pablo 



274 ¿SE PUEDE...? 

Iglesias á Soriano y el mismísimo demonio á Pablo Iglesias. Muy 
bien, P. Minteguiaga; pero, ó no hay lógica en el mundo, ó sólo el 
respeto á su sotana le ha salvado hasta ahora de la nota de mes- 
tizo, de católico-liberal, de peor que los monstruos de la Commune. 
Le ha salvado, digo; pero es de presumir que todo se andará, ano 
ser que se inviertan en España, de lo cual hay no pocos indicios, 
los términos jerárquicos, y merezca más respeto la sotana del Je- 
suíta, no ya que otras sotanas y hábitos religiosos ni más ni menos 
respetables á los cuales se ha cubierto de lodo, sino que las mitras 
episcopales tratadas á puntapiés. 

Resulta, finalmente, de su artículo: 3.°, que para el eficaz resul- 
tado de esta lucha es de absoluta, de urgente necesidad, la unión 
de los católicos españoles. jBendito sea Dios que, al cabo de tan- 
tos años venimos á parar á la Encíclica Cum multa! Es decir: ¿su- 
bimos hasta la Encíclica, ó nos quedamos á medio camino? Vamos 
á ver, P. Minteguiaga, si nos entendemos; porque lo primero que 
se necesita para unirse, es entenderse, y si nosotros los Ministros 
de Dios no logramos entendernos, será en vano pedir que se en- 
tiendan, y por consiguiente, que se unan los que de nosotros han 
de recibir la luz y el ejemplo. 

¿Cuál ha sido el obstáculo principal, el obstáculo único en que, 
desde la Encíclica Cum multa se han estrellado todos los proyectos 
de unión de los católicos españoles? Desde luego, como usted nota 
muy bien, las pasiones políticas y el espíritu de partido. Eso es 
ciertamente en el fondo; pero no me negará usted, porque es un 
hecho evidente, que ese espíritu de partido ha invocado siempre, 
como pretexto para rechazar la unión, razones de índole religiosa, 
relacionadas con la mayor ó menor pureza ó integridad de la doc- 
trina católica. Oiga usted á los integristas, y le dirán que ellos 
quieren como nadie la unión de los católicos; pero no la de los ca- 
tólicos con liberales, es decir, con los que profesan, según ellos, 
errores condenados por la Iglesia; oiga usted á los carlistas, y di- 
rán exactamente lo mismo. A título ó pretexto de integridad y pu- 
reza de la fe se han frustrado en España cuantas tentativas se han 
hecho de organización de los católicos, desde la Unión católica 
hasta las actuales Ligas; á título ó pretexto de esa misma integri- 
dad y pureza han nacido todas las escisiones: primero se recha- 
zó por impuros á todos los alfonsinos y aun á los independientes, 
y nació el llamado mesticismo; después se declaró á los carlistas 
en el Manifiesto de Burgos contaminados de liberalismo, y se for- 



¿SE PUEDE...? 27o 

mó el partido integrista; más tarde empezaron dentro de las filas 
integristas nuevos pujos de integridad que dieron origen á otros 
tantos grupos, merced á los cuales resulta la curiosa contradicción 
de que el grupo más íntegro sea siempre el más fraccionado y la 
integridad venga á ser eterna levadura de fraccionamientos. En 
vano ha salido recientemente para unirlos la nota del antiliberalis- 
mo, sin advertir que esa nota ha sido cabalmente la causa de todas 
las confusiones y de las divisiones consiguientes; que por contagia- 
dos de liberalismo se rechazó á los alfonsinos é independientes, por 
lo mismo se rechazó á los carlistas y de lo mismo se acusan á las pri- 
meras de cambio cuantos disienten entre sí lo más mínimo, aun en 
cuestiones de puro hecho, en materias político-religiosas. Señalar 
en el anti liberalismo la nota distintiva equivalía á plantear de 
nuevo la eterna cuestión que nos divide. La palabra liberal se pres- 
ta en todas partes, y mucho más que en otras en España, donde 
está relacionada con nuestras luchas políticas y dinásticas, á di- 
versas acepciones, unas malas, otras indiferentes y otras buenas: 
la pasión política, de buena ó de mala fe, las baraja todas y todas 
por igual las incluye en la condenación; de donde cada fracción 
ensancha ó estrecha su concepto y excluye ó incluye, en conse- 
cuencia, entre los liberales condenados por la Iglesia, á cuantos le 
conviene. ¿Quiénes son, pues, los antiliberales? Para unos lo son 
únicamente los integristas; para otros solamente lo son integristas 
y carlistas; otros incluyen en la denominación á los neutros ó in- 
dependientes; otros se alargan hasta los alfonsinos no afiliados á 
ningún partido, sino simplemente á la dinastía; no pocos admiten 
á los alfonsinos afiliados á la derecha conservadora; algunos llegan 
hasta admitir á los afiliados á cualquier grupo del partido conser- 
vador, y no falta quien se extienda hasta el mismo partido llama- 
do liberal , suponiendo que entienden esta denominación en su sen- 
tido corriente de democrático y que apoyan á ese partido solamen- 
te en aquellas cosas que no pugnen con los intereses religiosos. 
¿Quién echa la línea divisoria? El echarla supone la resolución de 
muchas y delicadísimas cuestiones muy difíciles de resolver prác- 
ticamente, y aun al echarla es muy difícil conservar tal imparcia- 
lidad de criterio, tal independencia de toda pasión de partido ni de 
escuela, que no se incline quien lo haga un poco más á la derecha 
ó á la izquierda; y aun conservada esa difícil imparcialidad, es im- 
posible que deje de suscitar la resistencia de los de la izquierda ó 
de los de la derecha, ó de ambos, unos por considerarse injusta- 



276 ¿SE PUEDE...? 

mente excluidos, otros por considerar injusta su inclusión. Por 
manera que inevitablemente nos envolvemos en un círculo vicioso: 
por un lado se quiere resolver la dificultad proclamando la unión 
de los anliliberales; por otro, eso es precisamente lo difícil de re- 
solver aquí, donde no hay fracción católica que no haya sido til- 
dada por otra de liberal, ni personalidad de algún viso á quien al- 
guien no haya aplicado el mismo calificativo, como que es el pri- 
mero que sale á los labios ó brota de los puntos de la pluma á la 
menor diferencia de apreciación entre católicos españoles. 

Si, pues, sinceramente se quiere la Unión de los católicos, no 
hay más remedio que evitar una nota distintiva que, lejos de cons- 
tituir lazo de unión, ha sido, es y seguirá siendo eterno manantial 
de divisiones y perenne fuente de confusiones imposibles de zan- 
jar. ¿Ha encontrado usted esa nota? Desgraciadamente no; usted 
habla todavía de católicos netos, que identifica con los no liberales, 
y por consiguiente, no puede evitar que como cuestión preliminar 
necesaria se plantee á las puertas mismas de la Asociación católi- 
ca la siguiente:— «¿Quiénes son los netos?»— «Los no liberales.-»— 
«Bien; pero, ¿quiénes son los no liberales?-»— Y estamos exacta- 
mente al principio: empezará el pugilato de partidos, de fraccio- 
nes y de grupos, y si aquello no concluye como el Rosario de la 
Aurora, podremos darnos por muy satisfechos. Imagínese usted 
convertido en el San Pedro encargado de abrir ó cerrar la puerta 
de esa especie de reino de los cielos, ¡y ya tiene usted trabajo si 
con ese criterio va usted á dar las entradas! De su artículo, sin 
embargo, parece deducirse que usted sólo considera como católi- 
cos netos ó no liberales á los integristas y carlistas, pues habla en 
la constante suposición de unir partidos católicos organizados, en- 
tendiendo por partido católico aquel en el cual «lo primero y prin- 
cipal son los principios político-religiosos». Partidos católicos or- 
ganizados que reúnan, á lo menos positivamente, esa condición, no 
hay, en efecto, hoy por hoy, más que el carlista, y haciéndole mu- 
cho favor, no por lo de católico, sino por lo de la organización 
como partido, el integrista. ¿Y qué hace usted, P. Minteguiaga, 
del numeroso y valiosísimo núcleo de católicos que nunca se han 
afiliado á ningún partido, ó que hastiados de las miserias de todos, 
se han encerrado en su casa esperando á que se forme el único en 
que militarían con gusto, el que Pío X llama el parí i do de Dios? 
Para ingresar en él, ¿va usted á imponer el deber, que en ninguna 
parte consta, de afiliarse previamente á uno de esos dos parí idos 



• SE PUEDE.. 






de los hombres? ¿O preferirá privar á la Asociación del valiosísi- 
mo concurso de muchas fuerzas hoy retraídas por pesimismo, por 
asco, por amor á la paz, hasta por cuestiones de dignidad y aun de 
conciencia; pero que lucharían con gusto y con valor cuando su- 
pieran que lo hacían sólo por la causa de Dios y de la Patria, sin 
mezcla de intereses humanos y personales? Eso sería, sobre debi- 
litar el partido de Dios hasta hacerle quizás completamente inútil, 
falsear el pensamiento del Papa, que no clasifica á sus hijos por 
partidos y los deja en absoluta libertad, dentro del dogma católi- 
co, de pertenecer á éste ó al otro, ó de no pertenecer á ninguno. 
Pasemos adelante, P. Minteguiaga. ¿Admitiría usted á los di- 
násticos alfonsinos no afiliados á ningún partido dinástico? Si los 
rechazaba, dirían con razón que la cuestión puramente dinástica, 
de la cual no pasaban, no solamente era libre dentro del dogma ca- 
tólico, sino que tenía en su favor, por lo menos, el hecho, y ade- 
más la recomendación pontificia de acatar, en general, respetuo- 
samente á los poderes constituidos, y muy señaladamente en Es- 
paña á su amadísimo hijo el Rey católico D. Alfonso XIII. Si los 
admitía, ya podía usted preparaise á oir á carlistas é integristas 
censurar que se admitiera á los partidarios de la dinastía católica 
como nuestros padres y liberal como nuestro siglo. Sigamos toda- 
vía: ¿Qué haría usted con los afiliados á la derecha conservadora 
capitaneada por los hermanos Pidal, en una palabra, con los lla- 
mados mestizos? ¿Qué haría usted con los que, afiliados á otro gru- 
po del partido consenador, empezasen por declarar que si su par- 
tido no proclamaba expresamente los principios católico-políticos, 
tampoco los excluía, sino que, siendo un partido gubernamental, 
partía del hecho de la Constitución sin prejuzgar doctrinalmente 
y en derecho su contenido; que su partido no era, en consecuencia, 
y como tal, un partido positivamente católico, pero tampoco anti- 
católico, y por su parte, eran católicos que aceptaban para gober- 
nar una Constitución inficionada de liberalismo, no para aprobarle, 
sino para utilizarla en provecho del bien, según el consejo de 
León XIII y á la manera de los católicos belgas, y que dentro y fue- 
ra de su partido, como particulares y como gobernantes, estaban 
dispuestos á secundar todas las iniciativas de la Asociación católi- 
ca? ¿Qué haría usted, finalmente, con los que, afiliados al antiguo 
partido fusionista, le dijesen que los partidos no eran escuelas 
que profesaran ápriori verdaderos principios doctrinales que im- 
pusieran á sus afiliados; sino vice-versa, agrupaciones de índole 



278 ¿SE puede...? 

predominantemente práctica en las que á posteriori venían á so- 
breponerse determinadas tendencias según las que lograsen ma- 
yoría entre sus adeptos; que, en consecuencia, siendo ellos íntegra 
y fervorosamente católicos, creían hacer un bien permaneciendo 
en el partido democrático ó llámese liberal, para servir en él de 
contrapeso y detenerle en una carrera que pudiera comprometer 
los intereses religiosos; que ellos sólo apoyarían á su partido en lo 
bueno ó indiferente, y respecto de cuanto se relacionase con la Re- 
ligión, prometían observar fielmente todas las instrucciones de la 
Asociación católica? ¿Qué hacía usted, P. Minteguiaga, con católi- 
cos de estos dos últimos géneros? ¿Estaban ó no en su derecho y 
dentro del dogma y de la moral de la Iglesia al discurrir y proce- 
der así, supuesta la sinceridad, de la cual cristianamente no es per- 
mitido dudar sin positivo fundamento? Yo estoy seguro, mi respe- 
table Padre, de que en latín no se atrevería usted á condenar á nin- 
guno de esos católicos como incursos en la nota de liberales en el 
sentido reprobado y reprobable de la palabra; yo estoy seguro de 
más: de que ni aun en castellano se atrevería á negarles la absolu- 
ción como públicos pecadores en el confesonario. ¿Por qué, pues, 
.mi venerado Padre, ha de haber dos doctrinas, una en latín y otra 
en castellano, una para el confesonario y otra para fuera de él? 
¿No son acaso el dogma y la moral iguales en latín y en castellano, 
iguales en el confesonario y en la vida práctica? Pero, en cambio, 
aténgase usted á estos principios, y admita usted á esos señores á 
quienes quizás acaba de absolver en el tribunal de la penitencia, y 
¡ya verá usted la que se arma! 

Hay un hecho práctico recientísimo que demuestra hasta la evi- 
dencia la absoluta inutilidad de todo criterio doctrinal y apriorista 
para la organización de las fuerzas católicas españolas. Me refiero 
al último proyecto de unión de los católicos por medio de la Asam- 
blea de la Buena Prensa, respecto de la cual, convencido de que ha 
llegado el caso de decir toda la verdad, la verdad desnuda, voy a 
hablarle con el corazón en la mano, contándole impresiones pro- 
pias que jamás hubiera hecho públicas si en la ocasión que usted 
me da, no las creyera muy conducentes para hacer ver á los cii 
que no lo sean de voluntad. 

Comenzaré por confesar á usted que me sorprendió desagrada- 
blemente la forma en que se propuso el pensamiento, por todos 
conceptos laudable en principio, de la Asamblea de la Ruena 
Prensa. Empezando por el nombre, continuando por las personas, 



.'SE PUEDE. 



279 



concluyendo por los procedimientos, era visible el empeño de rom- 
per los usos y tradiciones observadas en los Congresos católicos. 
No partió, como en éstos, la iniciativa del Episcopado; no se contó 
para convocarla con la Junta Central ni con el Emmo. Sr. Carde- 
nal Arzobispo de Toledo, Primado de las Españas, recientemente 
encargado por S. S. León XIII en carta honrosísima no retirada 
por S. S. Pío X, de dirigir la acción católica en España; ápriori se 
adjudicó la presidencia al venerable Prelado sevillano, descartando 
la posibilidad de la asistencia de un Prelado de mayor categoría; 
no sólo se le adjudicó la presidencia, sino la exclusiva decisión de- 
finitiva de todas las cuestiones; de tal modo, que los demás Prela- 
dos que pudieran asistir, quedaban reducidos, fuera de su interven- 
ción puramente de honor, al efectivo y poco airoso papel de sim- 
ples asambleístas, á nivel poco más alto que un periodista seglar. 
A pesar de tantas y tan extrañas anomalías, envié mi adhesión y 
me inscribí como socio en nombre de La Ciudad de Dios, limitán- 
dome á exponer estos recelos en carta particular á la Junta orga- 
nizadora, cuyo digno Presidente me contestó con otra que, por lo 
vago de los términos, no disipó mis temores. A aumentarlos vino 
el contraste que formaba con la frialdad, casi general, de la prensa 
católica madrileña, que se limitaba á insertar los documentos ofi- 
ciales y, á lo sumo, tal ó cual suelto ó artículo de procedencia más 
ó menos oficiosa y evidentemente extraña á la redacción, con el 
inusitado entusiasmo de ciertos elementos antes extremadamente 
fríos, cuando no hostiles, á los Congresos católicos, y el formida- 
ble desfile de otros que, ocultando bajo la simple denominación de 
Presbíteros alguna circunstancia más, parecían pretender acapa- 
rar la Asamblea... Acabó de abrirme los ojos cierta declaración, á 
mi juicio imprudentísima, de la Junta organizadora, en que al con- 
testar á la proposición del venerable Prelado de Sevilla, fundada 
en la necesidad de ausentarse, de que se aplazase por segunda vez 
la fecha de la celebración de la Asamblea ó se designase otro Pie - 
lado que la presidiese, la Junta no vaciló en sacrificar, con un nue- 
vo aplazamiento, su seriedad al empeño de que ocupara la presi- 
dencia el Excmo. Sr. Spínola, dando por principal razón que su 
presidencia ofrecía garantías de buen éxito, pues obra de tanto 
empeño usólo podía ser llevada á puerto seguro por la experta 
mano del ínclito sucesor de San Isidoro>. Tengo el honor de cono- 
cer y venero profundamente al ilustre Sr. Arzobispo de Sevilla, á 
quien tengo por un santo y por un sabio; pero aunque se tratara 



líSO ¿SE PUEDE... } 

del mismo San Isidoro, serían de deplorable efecto las preferencias 
puramente personales, mucho más cuando se agravan con una ex- 
clusiva que no podía menos de ofender á los demás dignísimos 
miembros del glorioso Episcopado español. Ello fué quizás la causa 
de que el Episcopado, que en su totalidad ó casi totalidad aplaudió 
y bendijo la idea, se retrajese á última hora y sólo asistieran los 
tres Prelados que tenían encargados los sermones y el Eminentí- 
simo Sr. Cardenal Sancha, que tuvo la heroica humildad de acep- 
tar el papel, puramente honorífico, á que allí se le redujo. 

No hubiera sido juicio temerario suponer que los iniciadores de 
la Asamblea se inspiraban en un criterio determinado preponde- 
rante en Sevilla, de donde, según frase que oí con tal ocasión á mi 
inolvidable Maestro el Excmo. P. Cámara, «desde los tiempos del 
Sr. Gago, siempre habían soplado vientos separatistas». Aunque 
sólo fuera porque no se viniese á la memoria cierto lamentable in- 
cidente allí ocurrido y que tuvo triste resonancia en toda España, 
con motivo de la publicación de los Consejos á los católicos espa- 
ñoles, del Emmo. Cardenal Sancha, incidente resuelto por Su San- 
tidad León XIII, en memorable documento, en sentido favorable 
al Primado de las Españas; aunque sólo fuera para no dar á sospe- 
char que perduraban los odios que parecieron disipados con fervo- 
rosos obsequios en la visita del Prelado toledano á la hermosa ca- 
pital de Andalucía, no debió procederse de tal modo que todas las 
apariencias justificasen el recelo de que la obra de la Asamblea era 
obra de una escuela determinada que pretendía imponer determi- 
nado criterio y determinada jefatura á las demás escuelas católi- 
cas, excluyendo por antiguas prevenciones personales al que, aun 
sin su dignidad cardenalicia, y aun sin la especial designación de 
Su Santidad León XIII, sería por su simple condición de Primado 
derlas Españas, el Prelado más naturalmente indicado, indepen- 
dientemente de toda consideración personal, para Jefe de las fuer- 
zas católicas españolas; y constituir al dignísimo Prelado de Sevi- 
lla, por la exclusiva razón personal de ser más simpático á esa es- 
cuela, según es público y notorio, en una especie de Primado 
efectivo de las Españas, dándole, con la jefatura de la prensa ca- 
tólica española, no solamente la dirección de toda la acción católi- 
ca en España, sino una intervención doctrinal en ajenas diócesis, 
no reconocida por el Derecho Canónico. Mas yo, y conmigo (llan- 
tos sinceramente y sin prevenciones de escuela, de partido, ni de 
personas, deseábamos la unión de los católicos, preferimos cerrar 



-;se puede...? 281 

los ojos á tantas anomalías y creer que simplemente se trataba de 
atraer hacia la unión á los más recalcitrantes, dándoles por el paio 
del gusto, quitándoles todo pretexto de excusa con la omisión de 
•cuanto pudiera parecerles odioso y la designación de una persona 
grata que no pudieran recusar. Era, quizás, demasiado transigir 
con intolerables exigencias; pero, en fin, al más prudente corres- 
pondía ceder; y entonces yo, y los que como yo pensaban, proce- 
dimos como usted aconseja á propósito de las elecciones: «ceder... 
no á los enemigos, sino á los amigos, aunque sean tercos y obceca- 
dos. Todo, aun el sacrificio de sí mismo, antes que cooperar al 
triunfo de los enemigos de la Religión». 

Y entonces ocurrió una cosa verdaderamente estupenda. Es 
■decir, estupenda para los candidos que acaso se imaginaron atraer 
a fuerza de halagos y concesiones á los tercos y obcecados; pero 
naturalísima, y como tal perfectamente prevista para cuantos 
hemos seguido con alguna atención el desenvolvimiento de la 
acción católica en España, desde la memorable Encíclica Cum 
multa. Sucedió que, mientras los calificados de mestizos, de cató- 
lico-liberales, de reconocementeros , de impuros, cerrábamos nues- 
tros labios sin manifestar fundadísimos recelos de postergaciones, 
exigenoias é imposiciones injustas, los íntegros, los puros, los 
-católicos incontaminados, atacaban violentamente á El Correo de 
Andalucía, órgano de la Asamblea, que cedió hasta el punto de dar 
innecesarias explicaciones; sucedió que mientras las fracciones, 
instituciones y personalidades católicas tratadas con menos consi- 
deración, empezando por el Emmo. Cardenal Sancha, siguiendo 
por la Junta Central de los Congresos católicos, y concluyendo 
por los católicos alfonsinos é independientes, concurríamos perso- 
nalmente ó por representación á la Asamblea, inundada, en efecto, 
de elementos que pretendían y consiguieron imponer su criterio 
por la liberal mayoría de votos en cosas muy discutibles, elementos 
•que después hicieron imprudente alarde de su triunfo, lamentando 
solamente que no asistiera el Sr. X, «pues las cosas y los ánimos 
-estaban dispuestos de tal modo, que hubiera sido dueño de la 
Asamblea»; mientras los preteridos discutieron quizás, porque á 
eso se iba, pero al fin concluyeron por aceptar, unas gustosos, otras 
resignados, todas las conclusiones; la fracción principalmente 
halagada, mimada, suplicada, implorada, y en cuyo obsequio se 
sacrificó á las demás, correspondió á tales atenciones tratando á la 
Asamblea lo mismo que á los Congresos y no enviando represen- 

20 



282 ¿SE PUEDE...? 

tación alguna de su órgano de Madrid. Sucedió más, mucho más 
todavía, porque no parece sino que Dios se ha propuesto hacer ver 
más clara que la luz del medio día la verdadera y casi única causa 
de la división de los católicos: sucedió que mientras los demás se- 
guíamos callando y secundábamos, con más ó menos entusiasmo, 
pero al fin secundábamos, todas las iniciativas de la Buena Prensa, 
algunas tan costosas como la del número extraordinario en honor 
de la Inmaculada Concepción, no sólo formaba excepción tristí- 
sima el órgano de la fracción predilecta, sino que poco después 
rompía definitiva y abiertamente el fuego, en artículos firmados 
por su Director y Jefe político, contra la Junta, contra la Asam- 
blea, contra la Asociación, contra las Ligas católicas y contra el 
mismo dignísimo y venerable Prelado de Sevilla, que se vio preci- 
sado á acudir á Roma, de donde vino la plena aprobación de su 
conducta en frente del periódico que le atacaba y que no por eso 
desistió de sus ataques. 

Ya lo sabe usted, P. Minteguiaga: con esa fracción ha sido, es 
y será inútil andar con paños calientes ni extremar las concesio- 
nes: ó se le da la razón absolutamente en todo, ó no hay que contar 
con ella para la unión de los católicos. Con esa fracción es inútil 
señalar persona grata entre los insignes miembros del Episcopa- 
do, porque sólo es para ella persona grata un Prelado mientras no 
contradice su particular manera de ver las cosas. He visto de ello 
muchos y muy elocuentes casos. ¿Recuerda usted, P. Minteguiaga, 
aquel sabio, aquel ilustre, aquel integérrimo, aquel terrible Obispa 
de Osma que se llamaba el Sr. Lagüera y Menezo? Era mi Padre 
espiritual, pues de su mano recibí todas las Ordenes; me quería 
con toda la impetuosidad de su alma de héroe junta con un corazón 
de niño; vino á expirar en mis brazos, y puedo atestiguar que era 
un santo. Pues bien: el Sr. Lagüera fué para esa escuela por mu- 
cho tiempo el más ilustre, el más sabio, el más íntegro de los ru- 
lados españoles... hasta que tuvo la triste fatalidad de que se pu- 
blicase en la capital de su diócesis un periódico de la escuela, que 
empezó por infernarle el Seminario, y concluyó á la primera con- 
tradicción por calificar al Prelado de liberal.— «.¡Libe >uil yo!— me 
decía.— ¡Liberal el Obispo de Osma!» — «limo. Señor. — le respondí 
yo sonriendo con la libertad que él me permitía, á pesar de su repu- 
tación de terrible intolerancia:— limo. Señor: así paga el diablo á 
quien bien le sirve.»— Vaya otro ejemplo más reciente y más al 
caso, por referirse al mismo respetabilísimo Sr. Arzobispo de Se- 



¿SE PUEDE....' 283 

villa. En una sesión memorable del Senado pronunciaba el Exce- 
lentísimo Sr. Spínola un notable discurso, que llamó la atención, 
no menos que por su elocuencia, por su unción y espíritu evan- 
gélico. Alguno de los senadores ministeriales le interrumpió di- 
ciendo que ellos resolvían las cuestiones como liberales que eran, 
y el Sr. Arzobispo de Sevilla le replicó que, aunque liberales, se- 
rían católicos. ¡Tú que tal dijiste! Sobre el venerable Prelado se- 
villano cayó una lluvia de deficiones dogmáticas laicas acerca de 
la incompatibilidad de los términos católico y liberal, que no paró 
hasta exigir al Prelado inútiles explicaciones. A raíz del Congreso 
católico de Santiago otorgaba al Excmo. Sr. Spínola el jefe de esa 
fracción, en un discurso famoso, una infalibilidad superior á la 
Pontificia, con la siguiente frase textual: «lo he oído de labios 
autorizadísimos que no pueden equivocarse» ; pero desde que en la 
Asamblea de la Buena Prensa no pudo concederle la luna, los mis- 
mos labios dejaron de ser autorizados é infalibles., 

P. Minteguiaga: ha llegado el momento, por la salvación de 
todos que corre inminente peligro; ha llegado el momento de hacer 
la unión á rajatabla, y la unión no se hará mientras no se diga la 
verdad cruda, venga lo que venga y caiga el que caiga. Y, á vuel- 
tas de sus desconsideraciones al venerable Prelado de Sevilla y á 
la Asamblea y á la Liga, el órgano de esa fracción ha dicho verda- 
des como puños, incontestadas é incontestables, contra los que ha- 
biéndole dado los principios, ahora se le apartan en las consecuen- 
cias. Su argumentación no tiene vuelta de hoja: los que aplaudie- 
ron, jalearon y hasta inspiraron, según él, todas sus campañas 
contra la Unión católica, contra los Congresos católicos, contra el 
Episcopado, contra el Nuncio, contra el mismo León XIII, que 
llegó á condenarle un artículo, no tienen derecho á censurarle sus 
campañas contra las Ligas y contra el Prelado de Sevilla; la mis- 
ma razón hay ahora que entonces; los mismos elementos califica- 
dos de liberales y mestizos entran en las Ligas y entraron, al fin, 
en la Asamblea que en la Unión católica; si las Ligas y la Buena 
Prensa están aprobadas y bendecidas por los Prelados y el Papa, 
cien veces aprobada y bendecida por el Papa y los Prelados estaba 
la Unión católica; si respetables son el Prelado de Sevilla: y Su 
Santidad Pío X, igualmente respetables eran Su Santidad León XIII 
y los Cardenales Moreno, Paya, Sanz y Forés, Rampolla y Sancha 
y los Obispos Aguilar, Urquinaona y P. Cámara. Si ahora obramos 
mal, mal también obramos entonces; si entonces, como se nos dijo, 



284 ¿SE PUEDE...? 

luchábamos por la integridad de la fe al rechazar determinados 
elementos, por la misma integridad luchamos ahora siguiéndolos 
rechazando. Los que eso nos enseñaron son los responsables de 
nuestra conducta. Si hoy creen que se equivocaron, deben empe- 
zar por declararlo noble y francamente, y no seguir manteniendo 
el principio y negarse á sacar las consecuencias; no seguir aplau- 
diendo los procedimientos antiguos y negarse á aplicarlos actual- 
mente;, y lo que sería mucho peor, no enseñar distintas doctrinas 
ó adoptar procedimientos diversos según se trate de Papas ó de 
Prelados simpáticos ó antipáticos al partido ó á la Asociación. 

Ya lo sabe usted, P. Minteguiaga: el mal está en seguir decla- 
mando contra el liberalismo sin hacer muchas y muy sutiles dis- 
tinciones; el mal está en llevar al periodismo y al pueblo cuestio- 
nes que el periodismo y el pueblo no pueden aplicar bien, y nom- 
bres equívocos que explota la pasión política para engendrar con- 
fusiones; el mal está en revolver sin descanso una cuestión fecun- 
da en discusiones bizantinas que perturban los espíritus; el mal 
está en seguir dividiendo á los católicos en netos y no netos, mes- 
tizos é íntegros, liberales y antiliberales. Mientras esas clasifica- 
ciones subsistan y sea imposible, como lo es en la práctica, trazar 
con toda exactitud la línea divisoria entre lo opinable y no opina- 
ble, entre lo lícito y lo ilícito en materia de liberalismo; mientras 
tengamos escuelas y partidos obstinados en fomentar el embrollo 
y borrar cuantas líneas divisorias se señalen; mientras para seña- 
larla sea imposible proceder con absoluta imparcialidad sin incu- 
rrir en las censuras de la derecha, de la izquierda ó de las dos; 
mientras en elmismo quelas señale seaposible dejarse influir, noya 
sólo por el espíritu de partido, sino por el más elevado de escuela, 
más aún, por el elevadísimo de Corporación, que no ha sido qui- 
zás el que menos ha impedido en España la unión de los católicos; 
mientras, lejos de moderarse, se fomenten con revolver la cues- 
tión que nos divide, los recelos y las suspicacias entre católicos y 
católicos, no se hará, no será posible hacerse la suspirada, la abso- 
lutamente necesaria unión de los católicos. Para hacerla posible 
no hay otro camino que el que han seguido los Prelados en la 
Unión Católica, en los Congresos Católicos y en todas partes; el 
mismo que, á pesar de la expresa declaración de anti/ibera/ismo, 
ha habido al fin que adoptar en las Ligas y en la Buena Prensa; el 
que se sigue en todas, absolutamente en todas las Asociaciones 
católicas, que morirían sin remedio si se les aplicase el criterio 



;se puede.. ? 285 

que se pretende seguir para la organización católica: dejar á los 
teólogos, que es á quienes corresponde, estudiar tranquilamente 
la cuestión del liberalismo; evitar todo lo posible el uso de esa pa- 
labra respecto de la cual no podemos acabar de entendernos; cla- 
sificar á los españoles únicamente en católicos y no católicos, te- 
niendo por tales á cuantos por tales tengan sus legítimos Prelados, 
únicos jueces en la materia, y dividir luego á los católicos, para 
la selección necesaria, no en netos y no netos, íntegros y mestizos, 
alfonsinos y carlistas, conservadores y liberales y republicanos; 
sino en católicos obedientes y católicos desobedientes. Serán cató- 
licos obedientes todos los que, llámenle como se llamen, estén 
dispuestos á secundar todas las iniciativas, no de usted ni de mí, no 
de La Ciudad de Dios ni de Razón y Fe, no de la Compañía de 
de Jesús, ni de la Orden de San Agustín, sino del Episcopado, que 
es á quien por derecho propio y designación expresa de León XIII 
y Pío X corresponde exclusivamente la dirección y jefatura hono- 
rífica y efectiva de las fuerzas católicas en cada nación, como ex- 
clusivamente al Pontífice en todo el mundo; y dentrodel Episcopado, 
no á este ó el otro Prelado escogido por simpatías personales ó de 
escuela ó de Corporación, sino, salvo el caso de que el Papa se 
digne designar uno determinado para acción determinada, al Pre- 
lado propio en cada diócesis y á la colectividad del Episcopado es- 
pañol en toda España. Serán católicos desobedientes, los que, lla- 
mándose ó sin llamarse netos, puros, íntegros, antiliberales, se 
nieguen á sacrificar el propio juicio y la propia voluntad en obse- 
quio á la paz, á la unión y á las iniciativas del Episcopado. Se con- 
tará con todos; pero sólo entrarán los primeros, llámense como se 
llamen y vengan de donde vinieren, sin perjuicio de juzgarlos 
después por sus obras hasta expulsarlos si lo merecen, y se pres- 
cindirá de los segundos, dejándolos entregados á su triste é infe- 
cunda labor de luchar por cuenta propia. Este es el criterio que 
adopté y propuse en mi Fórmula de la Unión de los Católicos, 
criterio que luego adoptaron, casi con palabras textuales, los Pre- 
lados del Congreso de Santiago; criterio que después señaló Su 
Santidad Pío X en el primero de sus documentos, llamando la atención 
sobre la esterilidad de las cuestiones teóricas sobre deberes y de- 
rechos y declarando que «acción es lo que exigen los tiempos ac- 
tuales», y criterio, en fin, que, en último resultado, es el que seña- 
la el sentido común cuando establece que «obras son amores y no 
buenas razones», y el que señala el mismo Jesucristo cuando dice 



286 ¿SE PUEDE...? 

que el árbol se conoce por sus frutos: Exfructibus eotum cognos- 
cetis eos. Hora es ya de que no nos andemos por las ramas de los 
nombres y las denominaciones, sino que atendamos al fruto de las 
obras. 

Esta fórmula, mi respetable Padre, podrá no ser del agrado de 
usted; pero tiene la ventaja, por lo menos, de no promover nue- 
vas divisiones entre los católicos. Una de las mayores satisfaccio- 
nes de mi vida es el haber podido sostenerla sin aumentar el ya 
inagotable catálogo de las escuelas católicas españolas. Cuantos 
han señalado alguna nota á priori para distinguir los buenos de 
los malos católicos, no han conseguido más que dar un nuevo 
pretexto para la formación de un nuevo grupo, es decir, para au- 
mentar la división de los católicos. Usted mismo no se verá libre 
de que á su alrededor, ó alrededor de la Corporación á que per- 
tenece, venga á formarse un grupito que adopte la denominación 
del netismo, ó del Jesuitismo, ó del Minteguiaguismo, cualquier 
cosa, con tal que sea una agrupación de individuos que comulgan 
á priori en las mismas teorías y adoptan idéntica denominación. 
Yo, que no siento más doctrina que la de la Iglesia, ni establezco 
criterio ninguno apriorístico, ni marco á los católicos con ningún 
sello, ni añado mote ninguno á los de católico, apostólico, romano, 
y me atengo á juzgar á posterior i al árbol por sus frutos, ni he 
formado, ni puedo formar agrupación alguna que aumente la con- 
fusión. A pesar de esta ventaja, yo no tendré inconveniente en 
renunciar á mi fórmula, y seré el primero en declararlo pública- 
mente, si usted ó la Compañía de Jesús ó cualquiera personalidad 
individual ó colectiva encuentra otra más sencilla y práctica, y 
sobre todo si la señala la autoridad competente. Al exponerla, 
emití ideas absolutamente propias, porque ni en La Ciudad di- 
Dios ni en la Orden de San Agustín hay más doctrina oficial que 
la doctrina de la Iglesia, y en una y otra rige como criterio res- 
pecto de la emisión de las ideas el del conocido apotegma atri- 
buido comúnmente á N. P. San Agustín, y que si ;t la letra no es 
suyo, concuerda perfectamente con la alteza de miras de su am- 
plio y nobilísimo espíritu: In necessarus imita*, iu dubiis libertas, 
in ómnibus caritas. Si, pues, autorizadamente se presenta otra 
fórmula mejor, y aun sin ser autorizada, logra usted 6 cualquier 
otro excogitarla, cuente usted con que iremos á la anión de cabe- 
za, desde luego yo, y seguramente todos los católicos españoles 
calificados de mestizos: lo que no puedo asegurarle es qué vayan 



->E PUEDE...? 287 

tos netos, los puros, los íntegros y los incontaminados. Para que 
esto sea un hecho, P. Minteguiaga, no basta prescindir del espíri- 
tu de partido: hay que prescindir, sobre todo, del espíritu indivi- 
dual, y más todavía, hay que dar el ejemplo del sacrificio prescin- 
diendo, hasta arrojarlo si es preciso por la ventana, del noble y le- 
vantado espíritu de Corporación. 

P. Conrado Muixos Sáexz, 
o. s. A. 



EL HELENISMO EN ESPAÑA 

DURANTE LA EDAD ANTIGUA 




ni 

e esta influencia participaron los hispano-latinos, siendo 
uno de los primeros que en tal concepto se distinguieron 
ClodioTurriano, el más ilustrado de su tiempo, el que más 
afición manifestó por los clásicos griegos, y el amigo íntimo tle 
Porcio Catón y de César, á quien hospedaba en casa siempre que 
éste venía á España. Al lado de Clodio puede figurar Julio Higi- 
nio (1), que obtuvo el honroso cargo de bibliotecario de Augusto y 
cultivó la amistad de los hombres más célebres de Roma. Era, se- 
gún Nicolás Antonio, viracutus et vartae stientiae ac graecorum iis 
notissimus (2). «Se propuso imitar con particular empeño— dicen 
los Padres Mohedanos— á Cornelio Alejandrino, gramático griego; 
le imitó hasta el exceso, y es la razón que dan muchos para hacer 
griego á nuestro español. Fué de moda en la Turdetania la erudi- 
ción griega, y no dudamos en afirmar que Higinio fué versado en la 
erudición de ambas lenguas» (3). Sus fábulas, publicadas por San- 
tiago Mucilo, siguen la doctrina de filósofos griegos, y manifiesta 
en ellas que conocía bien la lengua de Homero (4). No sólo da á sus 
libros nombres griegos é intercala palabras del mismo origen, sino 
que también traduce é ilustra los Fenómenos, de Arato, por lo cual 
el editor de sus obras le denomina gramático imitador de los grie- 
gos: «ipsum opus ejusmodi est ut hominem gramaticum, et grae- 
corum imitantem facile agnoscas». 



(1) No se sabe con seguridad de qué provincia de España era. Según Luis Vives, nació tn 
Valencia. 

(2) Bibliotheca vetus, tomo I, pág. 2. 

(3) Historia literaria, tomo V, pág. 19. 

(4) Se puede citar aquí otro autor llamado Balbo, que,.á juzgar por sus cartas, debía 
también de poseer el griego. Fué hijo adoptivo de Theófanes griego; vivió setenta aflos antes 
de Jesucristo. 



EL HELENISMO EN ESPAÑA DURANTE LA EDAD ANTIGUA 289 

Contemporáneo de Higinio fué el ilustre cordobés Marco Anneo 
Séneca (1), el hombre de más prodigiosa memoria, el de más alien- 
tos oratorios después de Cicerón, y el más acérrimo defensor de las 
buenas costumbres. Jamás habían oído los romanos hablar á un 
extranjero con tanta energía y convencimiento sobre los vicios 
que corroían aquella ciudad afeminada, donde afirma que no se 
encontraban, no sólo sabios, pero ni siquiera quien mereciese ser 
llamado hombre. Rodríguez de Castro dice que era instruido en el 
griego (2); pero Nicolás Antonio afirma: in graecis autem verbis 
restitucndis frustra se cónsul uisse (3 ':; lo que ha servido á algunos 
de fundamento para sostener que no le dominaba. Nosotros creemos 
con la mayoría de los autores, que dominó el griego, pues no se 
concibe que hombre tan sabio, y viviendo en una ciudad donde 
aquel idioma era tan común, dejara de poseerle. El mismo intento 
de interpretar los textos griegos en latín (interdum graecorum 
sententias latini> intcrpolavit), según el mismo Nicolás Antonio, 
indica que no le era desconocida la lengua de Atenas. El que no in- 
terpretase bien algunos textos sólo prueba que no siempre, aun 
los más notables helenistas, aciertan con el verdadero sentido de 
las palabras. Es cierto que Erasmus ct Pinttíauus conquesti sunt 
de sus trabajos; pero ha de tenerse en cuenta que se trataba de 
aclarar puntos borrosos en un manuscrito, y esto no es de fácil so- 
lución. Los PP. Monédanos le suponen versadísimo en letras grie- 
gas y latinas, de las cuales adquirió en Córdoba los primeros rudi- 
mentos, que luego perfeccionó en Roma. Cuan grandes fueron 
sus conocimientos en los autores clásicos, lo muestran bien sus 
obras, y en especial las Suasorias, donde encontró Erasmo citados 
hasta cien autores griegos. A éstos acude siempre que trata de filo- 
sofía moral y de oratoria, y como en su tiempo se pronunciaban en 
Roma con mucha frecuencia discursos en el idioma de Demóstenes, 
no perdía ocasión de oírles, juzgándoles en el acto, lo que prueba 
un dominio completo del idioma. 

Si en la severidad de las costumbres no llegó su hijo Lucio 
Anneo Séneca (4) donde su padre, en cambio, le excedió en la ora- 
toria y en la interpretación de las obras clásicas griegas- Su nom- 



(1) Nació en Córdoba el año 60 antes de J. C 

(2) Biblioteca española, tomo I, pag. 21. 
(3/ Bibliot. vetus, tomo I, libro IV. 

(4; Nació el año II de la Era Cristiana y fué maestro de Nerón, quien le condenó á muerte 
el año 65 de la Era cristiana. 



290 EL HELENISMO EN ESPAÑA DURANTE' LA EDAD* ANTIGUA 

bre va unido á los nombres de los emperadores Nerón y Calígula; 
con los dos tuvo amistades y enemistades, y por ellos fué honrado y 
perseguido. El primero le persiguió porque sus riquezas, su abun- 
dante mesa, su rica vajilla y su trato de príncipe hacían sombra al 
terrible sanguinario; y el segundo porque no podía competir con 
él en la oratoria. Desterrado por el primero y agobiado de trabajos, 
se retiró á Córcega, donde escribió el libro de más sana moral que 
entonces se conocía. Sus frecuentes viajes, en especial á Alejan- 
dría y Atenas, los dos focos de la civilización helénica, excitaron 
en su espíritu el deseo de imitar las obras de los grandes clásicos 
griegos, y, sobre todo, de los trágicos; deseo que puso bien pronto 
en ejecución en sus tragedias He'cuba, Hércules furioso, Aga- 
menón, Edipo, las Troyanas y Medea. Quiso restaurar en la litera- 
tura latina los tipos de la Iliada; pero no pudo prescindir, al ha- 
cerlo, del medio ambiente de la sociedad en que vivía. Tomando por 
modelo la Andrómaca del cantor de Chíos, quiso restaurar esta 
madre en las matronas romanas; pero ¡qué diferencia entre la An- 
drómaca del cantor de Aquiles y la del cantor de las Troyanas! La 
de Homero es una mujer sola en el mundo, sin hermanos porque 
han muerto, sin padre y luego sin marido. Llora sin cesar cuando 
se ausenta su esposo, y sus lágrimas van mezcladas de los más dul- 
ces sentimientos; pero en Séneca esta madre es una matrona ro- 
mana, á quien el arte y poco recatadas costumbres, han quitado 
aquella sencillez tan pura, apacible y tierna con que la pintara 
Homero. Y lo que hizo con Adró maca lo repitió con Medea', Fe- 
dra y Antígona. «No es Medea, dice su traductor Ángel Lasso de 
la Vega, la víctima de la fatalidad como otros personajes del anti- 
guo teatro helénico; es criminal obedeciendo á sus instintos; ejerce 
la maldad después de meditarla y se goza con ella al cumplirla. 
Degüella bárbaramente á sus hijos, sosteniendo sólo breve lucha 
con ese amor maternal. Séneca no expresa este cariño maternal 
con la ternura de Eurípides. ¡Pero te atreverás á matar a tus hi- 
jos! pregunta el coro á Medea en la tragedia de Eurípides, y esta 
le contesta: Así atormentare liombletn nte á mi esposo* (1). En 



(1) Heaqui algunas estrofas de su Medea, traducidas por D. Ángel Lasso de la Vega: 
La sed de la Venganza que me quema 
Y devora, muy le]0* de extingutl 
Crecerá con más hórrida violencia. ... 

(A< i" III, I8C. 1.") 



EL HELENISMO EX ESPAÑA DORANTE LA EDAD ANTIGUA 291 

Séneca, después de asesinados ya, arde todavía en sed rabiosa de 
venganza: 

«Si otro fruto en mi seno aún existiese 
de nuestro infausto enlace, alguna prenda 
de tan triste himeneo, en mis entrañas 
este acero que ves también hundiera.» 

Xo obstante estas diferencias, ninguno ha podido aventajar á 
Séneca el trágico en interpretar los clásicos griegos, y pocos ele- 
varon la literatura romana donde él la elevó. Dibuja admirable- 
mente en la Medca los caracteres de Jasón y de Creonte, y sostiene 
los diálogos con soltura y fluidez, siendo su lenguaje, según Rodrí- 
guez de Castro, como un río que siempre corre y jamás recoge en 
sí el agua que una vez pasó por él. Su erudición, dice Amador de 
los Ríos, es sólo comparable á la prodigiosa memoria de su padre. 

Las escuelas griegas de Córdoba contribuyeron también á la 
lormación de Lucano, que más tarde tuvo por maestros en Roma 
á Palamón, Virginio y Cornuto, de quienes aprendió el griego y 
las bellas artes, llegando, según Rodríguez de Castro, á declamar 
en lengua griega (1): En la poesía, en que tanto sobresalió, era 
precisamente donde había de encontrar su inmensa desgracia. Su 
rica inspiración excitó la envidia del sanguinario Xerón, quien 
deseó competir con él en el teatro de Pompeyo. Aplaudieron los 
asalariados al tirano, mientras permaneció frío é indiferente el pú- 
blico, que, en cambio, al escuchar á Lucano le aplaudió con delirio; 
y aquel fué para el poeta español el canto del cisne, sentenciado á 
muerte por el despechado Xerón. Los conocimientos de Lucano en 
la lengua de Demóstenes quedan bien grabados en sus obras; su 



Ha tendré calma alguna hasta que todo 
Conmigo en el abismo se sumerja. 
Conmigo ya sucumba el universo. 
Todo conmigo sin piedad perezca: 
Dulce es morir si tras de sí se arrastra 
A su ruina súbita y completa... . 

(Ibid.) 

Mi gozo, sí. mi gozo es que á mi hermano 
Del cuerpo separasen la cabeza, 
V que por mí sus miembros de ts»l modo 
Con saña horrible separados fueran. 
(Acto V, esc. 1.*j 

(1) Biblioteca española, tomo I, cap. V. Aunque poco citado por nuestros autores, no caiece 
•de Importancia Cayo Acili j, abuelo de Lucano. Después de sus viajes por Alejandría, escribió 
los Anales griegos, más apreciables por el fondo que por la forma. 



292 EL HELENISMO EN ESPAÑA DURANTE LA EDAD ANTIGUA 

Iliacon es una imitación del poema de Homero, y aunque inferior 
al original, tiene gran importancia, como también la Farsalia, su 
más famoso poema, aunque en él no se deje tanto sentir la influen- 
cia helénica, por no requerirlo el carácter del asunto. Pocos imi- 
taron como Marcial el aticismo helénico en siís clásicos, aunque á 
veces desvergonzados, epigramas (1). Los muchos versos griegos 
que intercala entre los suyos latinos son buena prueba de la predi- 
lección que sintió por aquel idioma, á más de la erudición griega 
que en ellos manifiesta. Era Marcial, según Plinio, «homo ingenio- 
sus, acutus, et qui plurimum in scribendo et salis habere et fellis 
nec candore mi ñus (2).» 

Teócrito tuvo su admirador é imitador en Columela con su 
obra Re-Rustica, que, además de ser una descripción de la tierra, 
es un idilio de las bellezas del campo. "Su huertecillo de Re-Rus- 
tica, dice Amador de los Ríos citando á Barthio, es un poema... 
nada hinchado, nada extraño; pero sí muy elegante por su natural 
hermosura, y libre de los afeites de las flores declamatorias, que son 
la destrucción y el descrédito del lenguaje (3). Brilla en él esa en- 
cantadora naturalidad propia del siglo de oro, y por él todavía se 
oyen en aquella sociedad corrompida y de gusto depravado, los 
dulces acentos de la ingenuidad. Con justicia llama Fabricio 
á este sabio (quem genuerat Tartesio litoret vir eloquentissimus 
Gades. Para extender sus conocimientos helénicos fué á Roma, y 
aun pareciéndole poco marchó á Grecia y recorrió después la Si- 
ria y Cilicia (según Rodríguez de Castro), donde adquirió la doc- 
trina vastísima y el amplio conocimiento de los filósofos griegos, 
especialmente de Pitágoras, de que da gallarda muestra en su 
obra riue-naYoptxwv (4). 

Las proezas de Aníbal en nuestra patria y en Italia necesitaban 
un Homero que las legara á la posteridad juntamente con el he- 
roísmo de los Saguntinos, y este Homero fué el célebre andaluz 
Silio Itálico, que nos dejó un hermoso poema de diecisiete can- 
tos, escrito con un clasicismo impropio de aquella edad de decaden- 
cia literaria. Los últimos años de su vida, pasados en su retiro de 
Ñapóles, rodeado de las mejores obras clásicas, excitaron en su 



(1) M. Valerii Martialis, epigrammatum, Librl XV.— Parisils, 1607 

(2) Historia natural, Lib. 11. 

(3) Historia de la Literatura española, tomo I, pág. .55. 

(4) Suponen los PP. Monédanos que Columela escribió probablemente ea griego el libro 
Pitmgórico y el libro contra los Astrólogos — V. tomo Vil. cap. II. 



EL HELENISMO EN ESPAÑA DURANTE LA EDAD ANTIGUA 293 

imaginación el proyecto de su obra Bella púnica, tomando por mo- 
delo al cantor de Aquiles y Ulises, á quien sigue en todo, especial- 
mente al describir los caracteres de los distintos soldados que de 
puntos diversos de la Península acuden á alistarse en las banderas 
del gran caudillo cartaginés; enumeración que recuerda la de 
aquellas naciones distintas de griegos que iban á engrosar las filas 
de Agamenón. Allí desfilan los gallegos con su idioma patrio y ves- 
tidos de finísima tela de lino; los lusitanos, entonando su pean al 
acometer; los cántabros, con sus gritos y alaridos; allí hay peritos 
artistas que fabriquen un hermoso escudo á su jefe para librarle 
de las armas enemigas, como lo hizo Tetis con Aquiles, y ni aun 
falta, como en Homero, la intervención de lo divino, aunque no 
con el mismo acierto que en el ciego de Quios (1). 

En erudición griega y en restaurar el gusto literario por medio 
de los autores helénicos, ninguno pudo igualar á Quintiliano. En 
el proceso de la educación de un niño, que es el asunto de sus Ins- 
tituciones oratorias (2), desarrolla tal serie de conocimientos, que 
en todos los tiempos ha sido colocado en primer lugar entre todos 
los maestros. Su gusto purísimo, su dicción exquisita, su correcto 
lenguaje, contribuyeron más que otra cosa alguna á reformar las 
bellas letras, cuyos caminos iban en aquellos tiempos muy extra- 
viados, y «ninguno, dice Menéndez Pelayo, resistió con tan brioso 
empeño y sabia doctrina á la invasión del mal gusto, cifrando, por 
decirlo así, en su persona aquella reacción contra las novedades 
literarias y en pro de la antigua y clásica literatura griega» (3). Su 
predilección por la lengua griega la manifiesta desde los primeros 
momentos en que quiere poner al niño en condiciones de formar 
el gusto: «me inclino, dice, á que el niño comience por la lengua 



(1) He aquí los elogios que le tributa Marcial, lib. Vil. LXII: 
Perpetui nunquam moritura volumina Sili 

Q íi legis, et Latía carmina digna toga 

Pi-rios tantum natí placuisse recessus 

Creáis, et Aouiae Bajchica serta cornac 

Sacra cothumati non attigit ante Maronis 

Implevit magni quam Ciceronis opus 

Hunc miratur adhuc cantum ¡jraecis hasta virorum 

Hunc loqultur grato plurimus ore cliens 

Postquam bis senis ingentem fascibus annum 

Rexerat assertí qui sacer orbe fuit 

Eméritos Musís, et Pheobo tradidit annos 

Proque iuo celebrat nunc Helicone foro. 
(2 Instituciones oratorias, por M. Fabio Quintiliano, traducidas del la i por los Padres 
de las Escuel is Pías, Ignacio Rodrigue* y Pedro Sandier. Madrid, 1887. 
(3, Ideas estéticas en España, vol. I, pág. 304. 



'294 EL HELENISMO EN ESPAÑA DURANTE LA EDAD ANTIGUA 

griega, porque primeramente debe ser instruido en las letras y 
ciencias griegas, donde tuvo origen la nuestra»' (1). Y cuando ya le 
supone en condiciones de pronunciar discursos, cuando quiere 
darle ya modelos para aprender las bellezas del estilo y la armonía 
de las frases, le conduce á las fuentes más puras: á Homero. «Me- 
rece Homero, dice, que comencemos por él, porque éste (así como 
él mismo dice que la abundancia de aguas de las fuentes y ríos 
tiene el principio de su corriente del Océano) sirvió de modelo y 
ejemplo á todas las partes de que se compone la elocuencia. Nin- 
guno ha excedido á éste, ni en la sublimidad tratando de cosas 
grandes, ni en la propiedad hablando de cosas pequeñas. Él mismo, 
alegre y conciso, gustoso y grave y prodigioso, no menos por su 
afluencia que por su concisión, es el más eminente, no sólo en la 
excelencia propia de un poeta, sino también en la de un orador. 
¿Quién puede hacer una narración que tenga más brevedad que 
la del que da noticia de la muerte de Patroclo? ¿Quién puede contar 
un hecho con más viva expresión que el que cuenta la batalla de 
los curetas y etolos?» (2). Quintiliano da á su discípulo modelos en 
todas las artes, y le ofrece en la Música el Timeo de Platón, para 
cuyo conocimiento le aconseja el detenido estudio de Arquitas, 
Eupolis y Prodamo; en la Escultura á Praxiteles y Mirón, que son 
los mejores maestros; en la Retórica le enseña el origen en Polí- 
crates, Lisias, Corax; Homero, Gorgias, Sócrates, Trasimaco, 
Pródico, Protágoras, Teofrasto, Hermágoras, Dionisio y Aristóte- 
les, y cuando habla de la Pintura, porque en todo quiere que sobre- 
salga el genio romano, le presenta los admirables modelos Apeles, 
Zeuxis, Parrasio, Timantes de Citna, Colotes y Polignoto. Ningu- 
no como Quintiliano formó juicio tan acertado de los poetas grie- 
gos: él calificó con gran destreza el estro de Alceo, el estilo tenue 
de Simónides y la sublimidad de los personajes de Esquilo; la 
afluencia, invención y facilidad de Menandro, el laconismo de Tu- 
cídides, la suavidad y claridad de Herodoto, la energía de Demós- 
tenes, la dulzura de Hipérides y la sutileza de Lisias. En el estilo 
es donde principalmente llama la atención de su discípulo, porque 
si éste es malo, las cosas mejores se deslucen, las más sublimes se 
rebajan. Para él ninguno mejor que el estilo de los griegos, entre 
ellos el de Esquines y Demóstenes. «¿No es acaso Esquines, dice, 



(1) Instituciones oratorias, voL I, pág. 14. 

(2) Instituciones, vol. II, pig. 156. 



EL HELENISMO EX ESPAÑA DURANTE LA EDAD ANTIGUA 295 

más llano, de más espíritu y más elevado que éstos que he nom- 
brado? ¿Yqué diremos de Demóstenes?¿Xo excedió á todos aquellos 
delicados y circunspectos oradores en sublimidad, nervio, vehe- 
mencia, adorno y elegancia? -;Xo parece que hace hablar aun á las 
cosas inanimadas? ¿No muestra con bastante claridad que su maes- 
tro fué Platón aquel juramento que hizo por las almas de los defen- 
sores valerosos de la Patria que habían muerto en Meratón y Sala- 
mina?" (1). Así va llevando como por la mano á su discípulo en pos 
de los modelos griegos. Comprende que no le será fácil imitarles 
en todo; que es tan grande su nivel literario, que en vano se esfor- 
zará por llegar donde ellos llegaron; pero al menos, si á las pro- 
piedades de estilo en que estos maestros se distinguieron no le es 
dado arribar, que ensaye otras propiedades, para suplir en algo las 
deficiencias de los latinos, que con todas sus fuerzas quiere reme- 
diar; pues así habrá alguna compensación de lo mucho que les fal- 
ta." ¿No podemos tener, dice, la delicadeza de los griegos? Pues 
procuremos tener más nervio en la expresión. ¿Nos exceden en la 
sutileza? Pues demos nosotros mayor peso á nuestras palabras. 
¿Tienen ellos más abundancia y propiedad en sus expresiones? 
Pues excedámosles en el ingenio. ¿Tienen sus puertos entre los 
griegos aun los mejores ingenios? Naveguemos, pues, nosotros de 
ordinario con más extendidas velas y dejemos que viento más fuer- 
te desenvuelva sus senos. Pero no nos dejemos engolfar siempre 
en alta mar, porque á veces conviene costear por las orillas" (2). 
Así pudiéramos ir discurriendo por la obra admirable donde el 
célebre calagurritano nos ha dejado lo mejor de la literatura griega 
y latina. 

Al mismo tiempo que filósofos ilustres y literatos españoles se 
hacían admirar en Roma por su doctrina, subían al pináculo del 
poder españoles tan notables como Trajano y Adriano. La socie- 
dad romana había cambiado mucho desde aquellos tiempos en que 
era admirada por la severidad de sus leyes, la constancia y valor 
de sus legiones que dominaron el Oriente y Occidente, Septentrión 
y Mediodía; leyes y legiones que hicieron grandes á los Régulos en 
África, á los Catones en Roma y á los Gracos en todas partes; ha- 
bían desaparecido aquellos patricios venerables de luenga barba 
que contemplaron absortos los galos de Breno como si fueran esta- 



(1) Instituciones oratorias, vol. II. pá¿. 341. 

(2) ídem id., pág. 345. 



2% EL HELENISMO EN ESPAÑA DURANTE LA EDAD ANTIGUA 

tuas inmobles de un templo. Roma era entonces objeto de univer- 
sal escándalo por el lujo, el afeminamiento y la prostitución; subs- 
tituidas las Cornelias, Virginias y Lucrecias por las Mesalinas y 
Agripinas, y ocupado el trono imperial por una serie de corrom- 
pidos tiranos, que se llamaron Tiberios, Claudios, Calígulas y Ne- 
rones. El trono romano, degradado y envilecido, se engrandeció 
con la subida de Trajano, natural de Itálica (1) y dotado de condi- 
ciones admirables, siendo valiente en las batallas, sobrio en sus 
costumbres, no necesitando, según Lafuente, de estatuas, porque 
su presencia reemplazaba al mármol y al bronce. Instruido en las le- 
tras griegas y deseando promover su estudio, manifestó desde lue- 
go su tendencia favorable á la nueva corriente iniciada por Quin- 
tiliano, y ordenó que se aprendieran de memoria los Diálogos de 
Platón para recitarlos en los festines. Según Nicolás Antonio, es- 
cribió una composición en griego, «immo graeci eum versificatum 
apparet esse epigrammate quoddam quod in Antología legitur (li- 
bro 2, cap. 13) ejus nomine» (2), y es de suponer no sería la única, 
dados sus conocimientos. 

Como Emperador, merece Adriano (3) tan distinguido lu- 
gar como Trajano. Era natural también de Itálica, protector 
decidido de sus paisanos, á quienes visitó con frecuencia, y 
vencedor de los judíos que proclamaron á Barcochebas; y como 
helenista, merece un lugar más distinguido, tanto en la pro- 
tección decidida que dispensó á los estudios griegos, como en el 
dominio que tuvo de este idioma, aprendido en Cádiz desde los 
diez años, por lo cual se le aplicó el nombre de Graecuhts (Griegue- 
cito). Grandes elogios le tributan todos los sabios antiguos. Suidas 
atribuye gran importancia á las obras escritas por él en griego y 
le llama filólogo en una y otra lengua; Lilio Giraldi añade que pen- 
saba en griego como en latín, hablando el primero mejor que el se- 
gundo; Esparciano le supone dotado de todos los conocimientos 
griegos; Fabricio, citando á Dion, afirma que compuso declama- 
ciones «et una cum multis alus quae utraque lingua graeca et lati- 
na prosa et verso scripssire», y más adelante: «responsionibus 
epistolis editis graece cum versione antiqua Dosithei", «et epistolae 
sententiae, hoc est, rescripta brevia longeque plura quae omnia ad 



(1) Murió el aflo 117 de la Era cristiana. 

(2) Bibl. vtt., cap. IV. 

(3) Murió el aflo 138 de la Era cristiana. 



EL HELENISMO EN ESPAÑA DURANTE LA EDAD ANTIGUA 297 

jus civile pertinentia graece et latine conscripta" (1). En un códice 
de El Escorial leemos: «Adriano fué. hombre muy sabio é griego é 
latín et non tan solamente en lo fablar mas en todas las artes que 
estas dos lenguas son. Ca en música que es el estudio de tocar era 
muy grande maestro et en física muy sabio en gran maravilla» (2). 
«Nada ignoraba, escribe Dion Casio, en lo perteneciente á la gue- 
rra ó á la paz». Son notables sus Razonamientos, Oraciones lati- 
nas, Declamaciones griegas y Poesías eróticas. Aumentó sus co- 
nocimientos cuando, trasladado á Grecia, observó los adelantos de 
aquel pueblo; y en esta época escribió pai te de sus obras, no sólo 
las cartas en griego, sino también epigramas y apotegmas. Edu- 
cado en las Escuelas de los estoicos y partidario de ellos, nos dejó 
hermosas sentencias y reflexiones, algunas dignas de figurar en 
todos los Códigos, como la advertencia que dio á un hijo descono- 
cido que abandonaba á su padre enfermo y pobre, y la siguiente, 
en que niega el carácter de ciudadano romano al hijo ingrato para 
con su madre. «Si tu non agnoscis eam, nec ego te civem roma- 
nuiíi" (3). Xo estuvo exento de defectos literarios, y aun pasa por 
tener en literatura un gusto estrambótico, pues, según César Can- 
tú, prefería Catón á Cicerón, Antímaco á Homero. Su humor raro 
y especial lo manifestó en los versos (que conservó Esparciano in 
AE.) pronunciados al morir y dirigidos á su alma: 

«Animula, vagula, blandula, 
Hospes, comesque corporis: 
Quae nunc abibis in loca, 
Pallidula, rígida, nudula, 
Nec ut soles, dabis jocos, t 

Otro Emperador no menos digno de figurar entre los helenistas 
hispano-latinos es Marco Aurelio, que si bien nació en Roma, es 
considerado por nuestros autores como español, no sólo porque su 
bisabuelo era natural de Súcubo, pueblo de la Bastetania, sino prin- 
cipalmente por haber sido Adriano quien obligó á Antonino Pío á 
adoptarle para sucederle en el trono romano, donde se hizo admi- 
rar por su fortaleza, prudencia y virtud. «De su abuelo— dice Ro- 
dríguez de Castro — aprendió á ser apacible, de su padre el pun- 
donor, de su madre el ser religioso , y de su ayo el sufrir traba- 



(1) Bibliotheca graeca. t. V., pág. 406. 

(2 Ms. Z. I. 15. 

(3) Fabricio, obr. cit. 



21 



298 EL HELENISMO EN ESPAÑA DURANTE LA EDAD ANTIGUA 

jos» (1). Estos ejemplos de su familia formaron aquel gran Empe- 
rador que contribuyó como sus antecesores españoles á sacar á 
Roma de la degradación en que yacía; y es lástima que los que des- 
pués le sucedieron no hubieran continuado por tan sanos caminos. 
El mismo nos describe su infancia y los progresos que hizo en las 
letras griegas: «Mi padre— dice— á mí me dio no más que ocho años 
de infancia, los cuales pasados hasta los diez á leer y escribir, de 
diez á trece gramática; de trece á quince estuve con .Alejandro, 
orador griego, y después estudié elocuencia con Sexto Sestilio; con 
Frontón griego aprendí letras griegas, y dime tanto á ellas... que 
más fácil oraba en griego, que escribía en latín» (2). Dados estos 
principios de ilustración helena, trabajó cuanto pudo por aclima- 
tar en Roma las doctrinas de los filósofos del Pórtico, las más per- 
fectas que hasta entonces se conocían, y la filosofía de Sócrates y 
de Platón, seguida por Panecio y Zcnón, que formaron la es- 
cuela de los estoicos, perfeccionada en tiempo de este Emperador. 
Sus Reflexiones ó Soliloquios descubren un hombre prendado de las 
altas ideas de Sócrates; con él admite la Providencia (3) y atributos 
divinos, y tiene por gran virtud hacer bien álos que nos injurian (4), 
repitiendo siempre que la mejor defensa del acusado es el testimo- 
nio de una buena conciencia, nodriza de la vejez y causa de dulces 
sueños. «Si en el examen de su conducta — dice con Platón— se en- 
cuentra lleno de injusticias, despertando con frecuencia de sus sue- 
ños, tiembla como los niños y deja llevarse de la desesperación; 
pero el que no encuentra en sí qué reprenderse, vive acompañado 
de una dulce esperanza, nodriza excelente de la vejez» (5). Su doc- 
trina es la de los estoicos más severos, y si bien , como ellos, negó 
el poder de Dios para impedir el mal físico, y admitió serle lícito 



(1) Biblioteca Española, tomo I, cap. IV. 

(2) Soliloquios de Marco Aurelio, traducidos por D. Jacinto Díaz Miranda, cap. I. M i- 
drld, 1888. 

(3) Tengo por singular favor de la Providencia divina, el haber yo tenido buenos padres, 
abuelos, buenos maestros, buena familia; tengo por singular beneficio el haber conocido A Apo- 
lonio que me enseñó una vida conforme A la naturaleza... y por lo que mira A los toques v m > 
vimientos interiores, A los auxilios tí inspiraciones... me hallo en estado de vivir acorde con la 
naturaleza, si yo por mi culpa ó por no querer seguir los avisos no me quedase atrás.— ídem 
ídem, pAg. 14. 

(4) €Por la mañana no dejes de hacerte esta cuenta, diciendo: tropezartí hoy con algún curio- 
so, con algún ingrato, con algún provocativo, con otro doloso, con otro envidioso, con otro 
intratable; todos estos vicios les vienen A ellos de la Ignorancia il<l bien y ti t-1 mal.... bii D té 
que ninguno de tístos puede perjudicarme, puesto que ningún otro, no queriendo yo, puede com- 
plicarme en su infamia.» Lib. II. 

(5) ídem id., pAg. 17. 



EL HELENISMO EN ESPAÑA DURANTE LA EDAD ANTIGUA 299 

al hombre desgraciado privarse de la vida, tiene, en cambio, otras 
verdades purísimas descubiertas con la sola luz natural. Su piedad 
fué gracia siempre, así como su penitencia, teniéndole que ir su 
madre muchas veces á la mano. Se dirige á Dios para alabarle 
recordando todas las gracias que de él ha- recibido, tanto en sus 
abuelos como en sus padres, hermanos y maestros; y tan sanas son 
la mayor parte de sus máximas y soliloquios, que nuestros místi- 
cos del siglo XVI copiaron muchas en sus libros piadosos (1). 

La erudición griega se habrá de ver en toda la obra con citas 
de los filósofos y trágicos; así copia de Eurípides estos versos: 

«Lo nacido de tierra, en tierra cae; 
Vuelve al cielo lo que de él provino.» 

y estos otros en que lamenta pasemos mal el tiempo de la vida: 

«De mortal vida entretener queremos 
El curso con comer y divertirnos», 

y de Antístenes esta máxima: ^es cosa regia hacer mercedes reci- 
biendo en pago murmuraciones» y otras muchas de Zenón, Philis- 
tion, Hipparco, Arquímides, Píndaro, Theofrasto, Aristóteles, 
Epitecto que profesaron hermosos principios de moralidad. Ade- 
más de los Soliloquios, escritos en griego y traducidos al castella- 
no por Díaz de Miranda, escribió dos cartas en el mismo idioma, 
la primera dirigida á Cátulo y la segunda á Cincinato, manifestan- 
do en las dos lo familiar que le era la lengua de Demóstenes. 

Por conclusión de este trabajo citaremos aquellos escritores 
cristianos que en esta época antigua sobresalieron, y aunque es 
cierto que su gloria principal se cifra en su vigorosa defensa de las 



(4) «Por la mañana, cuando sintieres pereza al levantarte, ten luego á mano esta reflexión: 
«Yo me levanto para cumplir con los oficios propios de un hombre, ¿y que aún sea yo moroso, 
si voy á ejecutar aquello para que nací y para lo que vine al mundo, ó por ventura he sido for- 
mado para que rellanado en cama y envuelto entre cobertores me esté aquí calentando y sola- 
zando? Pero me dirás que esto es un placer. ¿Pues qué, has nacido tú para deleitarte y no ocu- 
parte, ni trabajar nada? ¿No ves cómo esos árboles, esos pajárillos, las hormigas, las arañas- 
las abejas, cada cual por su parte se esmeran en perfeccionar su labor? ¿Y tú no querrás hacer 
los oficios propios de un hombre, ni te darás prisa en poner por obra lo que es conforme á na- 
turaleza?» Lib. Y. 

«Tú, alma mía. te deshonras á tí misma. Piensa muy á menudo en la brevedad y presteza 
can que se nos arrebatan y quitan delante de los ojos las cosas existentes y las que se van ha- 
ciendo. Porque, á la verdad, la naturaleza, á manera de un río, está en un curso continuo. Pien- 
sa también en la inmensidad del tiempo pasado y en lo interminable del venturo, en donde des- 
aparecen todas las cosas: siendo esto cierto, ¿cómo, pues, no se reputará por insensato el que 
con éstas se engríe ó se aflija, ó el que en alguna adversidad molestándole por tan corto es- 
pacio se lamente como sifuese por más tiempo?»— ídem lib. Y, pág. 19. 



300 EL HELENISMO EN ESPAÑA DURANTE LA EDAD ANTIGUA 

verdades de la religión, no por ésto vivieron extraños al elemento 
griego, tan extendido en el mundo en aquellos tiempos. Los más 
notables entre estos escritores son Osio, S. Dámaso, Prudencio, 
Juvenco y Orosio. Fué Osio, Obispo de Córdoba, varón de vida 
irreprensible, como dice Focio, y el más acérrimo defensor de 
nuestra religión en el Concilio de Nicea, del cual fué presidente. 
En el griego, que tuvo ocasión de estudiar á fondo durante el tiem- 
po que estuvo en la corte de Constantino, era tan docto como en 
latín. Algunos, siguiendo á Trithemio, le atribuyen una traduc- 
ción del Timeo de Platón; pero Menéndez Pelayo sólo le concede 
la intención de hacerlo, ejecutándolo Calcidias por su consejo (1). 
S. Dámaso, Sumo Pontífice y natural de Tarragona, según la opi- 
nión más probable, se distinguió entre sus contemporáneos por el 
cultivo del idioma griego, en el cual escribió algunos de sus epi- 
gramas, y una carta dirigida á los Obispos de Oriente, y tradu- 
ciendo además al latín el libro de Sismondo (2). Tuvo fama, según 
Patín, de excelente gramático y de hombre muy sabio, diciendo de 
él Adriano, que era digno de toda alabanza. Aurelio Prudencio 
Clemente, natural de Zaragoza ó de Calahorra, estudió el griego 
y el latín desde niño en las escuelas que entonces había en Espa- 
ña, adquiriendo, según Nicolás Antonio, vocabuli notionem tam 
graecae quam latinae. Da nombres griegos á muchos de sus libros, 
como el KaeTitju-ptvwv, LkptoTSípavcjv, la Apoteosis, con otros varios que 
sería ocioso citar. Tanto Juvenco como Orosio se distinguieron en 
la ilustración griega y en el idioma helénico, como puede verse 
en sus obras Historia Evangélica y las Historias. 



He aquí expuesto á la ligera el proceso del helenismo en España 
durante la edad antigua. Iniciado con las colonias griegas, hijas de 
un pueblo ilustrado, alcanzó no pequeño progreso durante su es- 
tancia en nuestra Península; aumentó con la venida de los roma- 
nos, que cultivaban con predilección el griego, cuyos restos helé- 
nicos habían sido transportados á Roma después de la derrota de 
Perseo, y llegó al mayor esplendor cuando fundadas las escuelas 
para las letras clásicas, salieron de ellas hombres ilustrados que 
iban á Roma á perfeccionar sus estudios, ocupando más tarde emi- 



(1) Heterodoxos españoles, tomo I, pág. 77. 

(2) Rodríguez de Castro: Biblioteca española, tomo II, pág. 180. 



EL HELENISMO EN ESPAÑA DURANTE LA EDAD ANTIGUA 301 

nentes puestos en la capital del Imperio. En nuestro estudio hemos 
tratado de demostrar que ni los fenicios ni los celtas fueron la 
causa de nuestra civilización, sino los griegos, que supieron ganar 
el corazón de los primitivos españoles para introducir entre ellos 
costumbres humanitarias, ideas de progreso, y de una manera espe- 
cial principios sanos de justicia. Con esto hemos querido restar im- 
portancia al celtismo, que ha tenido y sigue teniendo tan acérrimos 
defensores. No han querido fijarse los celtistas en aquellas palabras 
de Bertrand, quien al hablar de los instintos salvajes de los celtas, 
nos dice que pasaron por la Galia Cisalpina como un huracán ó 
como nube de langosta, destruyendo y no edificando; no han pa- 
rado mientes en que su nombre no va unido á ninguna costumbre 
de divinidad que pueda hacerles honor. Quizá nuestro entusiasmo 
por la raza helénica nos lleve más allá de lo que siente la opinión 
común; pero algo creemos que puede disminuir nuestra falta el 
haber citado para cuanto llevamos dicho testimonios antiguos y 
modernos. Xo nos hemos dejado llevar de tal cual autor que haya 
seguido siempre una opinión fija. Hemos cotejado testimonios, he- 
mos examinado el poema de Avieno, la Historia natural de Plinio, 
Silio Itálico y Estrabón, autores dignos de todo respeto, conocedo- 
res de nuestra tierra y costumbres, pues en ella estuvieron mucho 
tiempo; y entre los más modernos creemos no es despreciable la 
autoridad del P. Flórez, la del P. Fita, y en lo concerniente á Ar- 
queología, la digna de toda consideración de Hübner. Por otra 
parte, allí donde las razones y autoridades respecto á la influencia 
griega no nos convencían, lo mismo que al citar la venida de algu- 
nos personajes griegos, y del idioma que se habló en España, nos 
hemos contentado con citar los testimonios, dejando al lector esco- 
ger entre las opiniones distintas acerca de la materia. 

P. Bonifacio Hompanera y Villalba, 
o. s. A. 



LOS CLÁSICOS GENTILES 



(1) 




¡iene razón Simrock al afirmar que, comparados con mu- 
chos de los modernos poetas, «eran morales, piadosos y 
creyentes los antiguos, y santo y sublime el antiguo 
gentilismo.» Es una verdad también lo que Lacordaire escribía al 
abate Landriot: «Nuestras generaciones están mucho más corrom- 
pidas por la lectura de los autores modernos que por la de los an- 
tiguos." Las fábulas mitológicas ofrecen hoy, relativamente, esca- 
so peligro. Son muchos los que opinan, aunque no se atrevan á 
decirlo, como Luis de Vargas en su artículo La vida literaria 
publicado en La república de las letras (2): «En mi ánima os juro 
que no comprendo qué calidad de belleza pueda radicar en esa ci- 
vilización helénica que tanto admiran los poetas... sin duda por- 
que se habla de ella en los epítomes de Retórica: soy un desgracia- 
do: en toda esa pléyade de amadríadas, nereidas y demás congé- 
neres, no veo más que un indecente cortejo de mujeres desnudas. 
La mitología es la mayor calamidad que ha podido caerle á la lite- 
ratura; es un humor maligno difícil de extirpar. Es una cosa así 
como el crepúsculo, el eterno crepúsculo; acuden á ella los que no 
encuentran otra manera de dar libre curso á su potencia imagina- 
tiva y ejecutiva. » 

Mucho más peligrosa fué la mitología cuando era la religión 
oficial y dominaba en el arte y la literatura. Por eso parecerá á 
todos muy cuerdo el estatuto de las Constituciones Apostólicas: 



(1) En el artículo titulado Los malos poetas de nuestro sabio colaborador el Ilustríslmo 
Sr. López l'eláez, se deslizaron algunas erratas que habrá corregido el buen sentido de los 
jectores, entre las cuales sólo rectificaremos al publicar este nuevo trabajo con que nos favo- 
rece el dignísimo l'irlarlo, el nombre de su so deepiscopal, que no es la de Jaén, como allí se 
puso, sino la de Jaca.— La Dirección. 

(2) 6 de Mayo de 1905. 



LOS CLÁSICOS GENTILES 303 

Abstinc ab ómnibus libris gcniüium. "La Iglesia, dice Clavigny de 
Sainte-Honorine en su Del modo de discurrir y hacer uso de los 
libros sospechosos, temía que el estudio de los autores paganos, 
que corrompieron las verdades más esenciales, honraron el vicio 
y sancionaron la venganza é irreconciliación, alterara las cos- 
tumbres de los cristianos." No deja, sin embargo, de haber graví- 
simos inconvenientes todavía en darse con exceso á la lectura de 
los poetas gentiles. El caso de San Agustín, que, según refiere en 
Las Confesiones, desde muy joven cayó en la culpa por leer á 
Virgilio, y los más tristes de Juliano, Luciano, y Pomponio Leto, 
se han repetido á través de las edades con lamentable frecuencia. 
Napoleón en el Memorial de>Santa Elena confiesa haber perdido 
la fe á los trece años «viviendo en medio de los griegos y romanos 
y de sus infinitas divinidades"; y Voltaire es tan deplorable como 
elocuente ejemplo del daño que pueden acarrear los libros genti- 
les, ejemplo al que deben agregarse otros sin número que el abate 
Gaume refiere en varias de sus obras, como el Gusano roedor, 
Las cartas á Mr. Dupanloup. El Racionalismo y el Resumen de 
los clásicos. 

Son muchos los escritores que han puesto en clara luz los per- 
juicios que suele traer la lectura de la poesía gentil. Viajar por 
estos terrenos del paganismo, decía Luis Vives (1) es «caminar 
entre espinas y respirar los venenos más nocivos y los miasmas 
más pestilentes,: hay allí, según el célebre Guillermo de Buddé, en 
su De transüu hellcuismi ad christianismum, un lazo tendido por 
el cazador infernal para apoderarse de las almas, lazo tanto más 
peligroso cuanto que, lejos de ser fácilmente advertido, atrae y 
encanta la vista. Ese estudio, escribía el P. Paz (2) «causa aver- 
sión á la Escritura y á las letras cristianas, inclina al estudio de 
las cosas frivolas y empobrece la razona 

Claro es, por usar una frase de San Gregorio Niseno (3), que 
hay mucha diferencia entre «apoderarse de las riquezas de Egip- 
to para consagrarlas á Dios adornando con ellas el tabernáculo 
Santo», y deleitarse con la vista de sus bellezas sin ningún fin 
ulterior. El que lee semejantes poesías con intención recta y 
causa justa, pidiendo á Dios el necesario auxilio, puede aprove- 
char el tiempo; el que inmoderadamente se entrega á su lectura 



(1) De corrupt. discip. 

(2) De vil. Spirit. 

(3) De vita Moyses. 



304 LOS CLÁSICOS GENTILES 

sin motivo ni cuidado, tema mucho por sí mismo. «A los profeso- 
res y á otros, por razón de su oficio, les están permitidos los clási- 
cos obscenos» en la vigente disciplina; mas no por eso se han de 
creer inmunes de todo daño y desobligados de toda cautela á tra- 
vés de este campo donde, en expresión del renaciente Vives (1) 
«crecen diferentes plantas, de las cuales unas son útiles, otras da- 
ñosas, y algunas sirven solamente para recrear la vista.» Preciso 
es que los que tienen libre la entrada en este coto á la generali- 
dad vedado, imiten á la industriosa abeja, que se posa sobre todas 
las flores, huyendo velozmente de las nocivas y libando con tacto 
exquisito solamente lo provechoso de cada una; y así, conforme 
al consejo de San Basilio á Seleuco, «eviten como lazos y trampas 
las fábulas indignas que se escribieron neciamente de los dioses, 
enseñanza de los demonios, cuentos merecedores de risa y de lá- 
grimas.» Lo cual no carece de dificultad, pues se necesita para 
ello, dice San Juan Damasceno (2), ser «cual los discretos cambis- 
tas que saben distinguir perfectamente el oro verdadero del falso. » 
El santo Concilio de Trento, después de proscribir en absoluto 
los libros que tratan, refieren ó enseñan ex professo cosas lasci- 
vas, hace una excepción en favor de los antiguos escritos por los 
gentiles, propter sermonis elegantiam et proprietatem (3); pero 
prohibe que por ningún concepto, nulla lamen ratione, se lean á 
los niños. Hoy les son permitidos, igual que á los alumnos adoles- 
centes, con tal que estén solerti cura expurgati (4). Gaume trata 
extensamente de probar que el llamado uso discreto de los autores 
clásicos en los colegios católicos, fué lo que produjo el Racionalis- 
mo, y el Protestantismo, y el Cesarismo, y el Volterianismo y la 
Revolución francesa. Este uso, añade (5), «ha paganizado la Euro- 
pa, y ha reproducido y perpetuado en el mundo moderno las anti- 
guas teorías de la democracia y del regicidio, como confiesan fo- 
tos los revolucionarios de nuestros días». Pero prescindiendo de lo 
que pueda haber de exagerado en tales afirmaciones, ninguna per- 
sona de buen juicio llevará á mal el presente mandato de la expur- 
gación. «Deseo de todas veras, decía Manzoni (6), que en vez de 
presentar á los antiguos, como se viene haciendo desde hace rau- 



(1) De disciplinis. 

(2) De fuie ortodoxa. 

(8) Regla 7 del índice Tridcntlno. 

(4) Constlt. Oftciorum, art. 10 

(5) El Renacimiento, cap. V. 

(6) Carta al Marqutís de Areglio. 



LOS CLÁSICOS GENTILES 305 

cho tiempo, á la imitación de la juventud, se sometan al examen 
meditado de un talento grave, elevado y concienzudo.'- Melchor 
Cano (1), después de observar que "los que se dedican demasiado 
á la literatura pagana se llenan pronto de errores de que difícilmen- 
te puede apartárseles", llama ley santísima á la que sólo permite 
á los adolescentes más aprovechados y con determinadas condi- 
ciones el estudio de los poetas gentiles. Otro eminente español, el 
P. Fr. Luis de Granada, considerando que si de tres navios que 
pasaban el estrecho de Magallanes se decía que era segura la pér- 
dida de uno, cuando menos, en este estrecho del estudio de los clá- 
sicos gentiles, apenas se salva uno de cada ciento, exclamaba do- 
lorido (2): •'Mas ya que la miserable condición de nuestra vida no^ 
puso en esta necesidad, debríase tiempo convenible para ella; pro- 
veyendo de tal manera estuviese ya fraguada la obra, y asentado 
el edificio de las virtudes en el que comienza, que pudiese sufrir 
bien esta carga. Mas estando aún tan tierna la obra; estando aún 
el mozo gustando la leche de Cristo; que lo aparten de estos pe- 
chos, y lo arrimen á los de los gentiles, donde no halle otro pasto 
sino argumentos y sofismas; esto es más para sentir. Porque dime: 
¿qué es ésto, bien mirado, sino hacer lo que hacía aquel crudelísimo 
Faraón, para destruir el pueblo de Dios, cuando mandaba que en 
naciendo el hijo varón, luego le ahogasen en las aguas de Egipto? 
Pues, ¿qué otra cosa vemos en nuestros tiempos, sino que apenas 
ha comenzado uno á renacer en Cristo, antes que crezca y tome 
fuerza en el nuevo ser que recibió, cuando luego lo meten hasta 
los ojos en estas aguas, donde se ahogue y pierda todo el espíritu 
que tenía?- 

Los jóvenes, escribía el famoso Gabriel de Puy-Herbault en su 
obra De tollendis et expurgandis malis Itbns, aprenden el arte 
del adulterio estudiándolo en los poetas paganos, «y muchos que 
han acudido castos á sus lecciones, después salen de ellas corrom- 
pidos, causando asombro ver el gran foco de vicios que abrigan en 
sí mismos y fomentan en los demás, siempre tardos para la virtud 
y prontos para todo género de crímenes"; y por eso pedía una ex- 
purgación severa que sólo dejase lo que pudieran leer sin peligro: 
Exccrpanttir quac pncris praclegi tuto posmt. Y la razón es, decía 
el P. Possevino, porque si, bajo el pretexto de enseñar á la juven- 



(1) De Locis, libro IX. 

(2) Tratado de la oración, parte II. cap. IV. 



306 LOS CLÁSICOS GENTILES 

tud el buen griego y latín, se le hace aprender el idioma del infier- 
no, los jóvenes «olvidan muy pronto las pocas* palabras latinas que 
aprendieron; pero las lecciones y ejemplos de libertinaje que estu- 
diaron nunca se borran de su memoria". Proporcionando instruc- 
ción, escribió á su vez el P. Dumas en el Triunfo de la Academia 
cristiana sobre la pagana, por medio de poesías de infieles que 
convierten en ídolos sus vicios infames, que glorifican el odio, la 
venganza, la crueldad y el amor deshonesto, «se hace que los ni- 
ños vean escritos los pecados que corrompieron la inocencia de sus 
padres, y se les induce á malos hábitos por medio de célebres 
ejemplos, echando aceite en el fuego de su concupiscencia." 

De cualquier modo, para saborear bellísima poesía, no hay que 
acudir á los libros nefandos de los gentiles ni aun dejar las Sagra- 
das Escrituras, pues en todas sus composiciones, hechas para can- 
tarse, resaltan, dice García Blanco (1), los caracteres más recomen- 
dables de la oda griega y latina, y acaso sean sus verdaderos 
originales"; y en realidad, como decía el Arzobispo de Cam- 
bray, Salignac de la Motte Fenelón (2), «ninguna oda griega ó 
latina ha podido llegar nunca á la sublimidad de* los Salmos: nin- 
gún poeta puede compararse á Isaías pintando la majestad de 
Dios, ni el mismo Homero se acercó jamás á la magnificencia su- 
blime de Moisés ". Chateaubriand, teóricamente en el Genio del 
cristianismo y de un modo experimental en Los Mártires, pro- 
bó que la religión cristiana es más estética que la religión de los 
griegos, y desde el punto de vista de lo bello no sufren parangón 
las mitologías paganas con los dogmas católicos, y ninguna poesía 
hay comparable con la de los libros inspirados. Más aún; hay en la 
Biblia, en dicho de un orientalista tan célebre como Jones, tales 
riquezas poéticas y tan varia y extremada hermosura como no se 
puede juntar reuniendo todos los libros de todos los pueblos. Tie- 
ne de singular, según advierte Caminero (3), la literatura he- 
brea, que nunca se propone el mero deleite, ó el solo ejercicio lite- 
rario, ni halaga las malas pasiones del hombre, ni refiere crímenes 
ó hechos perversos sin condenarlos, antes se ocupa con preferen- 
cia en asuntos religiosos y patrióticos, excitando constantemente 
á la práctica del bien y al aborrecimiento del vicio con las razones 
más oportunas y eficaces. 



(1) Análisis filosófico de la escritura y lengua hebrea. 

(2) Diálogo 3. 

(3) Manuale isagogicu M • 



LOS CLÁSICOS GENTILES 307 

Pero, sin embargo de estoy de ser la Biblia, como palabra de 
Dios, sólo pureza y santidad, hay poesías en ella que no á todos in- 
distintamente pueden permitirse. El Cantar de los Cantares, ale- 
goría castísima de los desposorios de Cristo con la Iglesia y con el 
alma, por ciertas descripciones poéticas á estilo oriental que acaso 
pudieran servir de escándalo á algunos jóvenes, no se dejaba leer 
á los hebreos hasta la edad de treinta años; y Orígenes quería que 
se abstuviese de su lectura todo aquel que nondum carnis et san- 
gnims niolestiis carct, ñeque ab affectu natnrae materialis abs- 
cedit. 

Por igual caso, aun leyendo composiciones poéticas ortodoxas 
y morales, puede originarse no pequeño perjuicio en las fantasías 
juveniles, si la lección traspasa los límites de lo justo; pues acos- 
tumbrado el ánimo á dejarse llevar inmoderadamente de la imagi- 
nación en alas de la poesía, no es fácil que se avenga con la serie- 
dad de sus obligaciones peculiares, ni se sujete dentro de las infle- 
xibles reglas de la lógica, ni halle gusto en nada que no sea iluso- 
rio y extraordinario ó vagamente sentimental: no de otra suerte, 
diremos con Luis Vives, que algunos estómagos delicados y enfer- 
mos, que se regalan mucho y sólo se deleitan con ciertas confitu- 
ras de azúcar y miel, desechan toda comida sólida. 

f Axtolíx López Peláez, 

Obispo de Jaca. 



CJLTAlvOCrO 

DE 

Escritores Agustinos Españoles, Portugueses y flmerieanos (1) 



LÓPEZ (Fr. Cayetano). 

Nació en Covarrubias, de la provincia de Burgos, el 1787, y pro- 
fesó en nuestro Colegio de Valladolid el 1757, y terminó su carrera 
con grande aprovechamiento, distinguiéndose por su aplicación 
y privilegiado talento. «Motivos que le hicieron digno de regentar 
una cátedra en nuestro convento de Manila, y más adelante figu- 
rar en primera línea entre los teólogos consultores del Concilio 
Manilense. A su vasta ilustración supo unir la piedad y los traba- 
jos apostólicos del más celoso misionero, cualidades todas que le 
brindáronlas mayores dignidades de la Orden y le granjearon la 
fama de sabio y prudente Superior. En los pueblos por él adminis- 
trados, Tiaong, Taguig y Tondo se dedicó á la predicación de la di- 
vina palabra con provecho de sus feligreses, pues dirigiendo sus 
pláticas á gente poco instruida, se adaptaba á sus cortas inteligen- 
cias, con lo que todos se dejaban llevar de la dulce persuasión de 
sus discursos que, si no eran modelos de literatura, rebosaban, en 
cambio, de santa unción. Por fortuna para nuestra Provincia, fué 
llamado varias veces á intervenir en el gobierno de la misma, ya 
como Definidor, ora siendo Prior délos conventos de Manila y Gua- 
dalupe, ya también ejerciendo el alto puesto de Provincial el 

1794 Falleció este sapientísimo religioso en el pueblo de Pany 

el 1824, á los ochenta y seis de su edad. 

Sus trabajos canónico-morales sonde gran valía, porque, ade- 
más de la copia de datos con que dilucida las cuestiones más difi- 
cultosas del derecho eclesiástico, brilla en los mismos una recti- 
tud de juicio é imparcialidad que encantan.» 



(1) Véase la página 231 de este volumen. 



ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 309 

1. Animadversiones m Concilium Provinciale Manilense. Un 
tom. fol. M. S. 

Llevó este erudito trabajo á Madrid el P. Lecena, Procurador 
por las cuatro Corporaciones religiosas de Filipinas. 

2. Exposición y manifiesto acerca de la antigua y batallona 
cuestión déla Visita diocesana y Real Patronato. M. S. 

3. Fiestas de la dedicación del templo de Tondo con muchos je- 
roglíficos y emblemas poéticos de todo género. 

«Trabajo es éste— dice el P. Agustín María— monumento eterno 
del ingenio y habilidad superior del autor, teniendo en cuenta que 
cuando lo escribió apenas contaba treinta años de edad.- 

— P. Jorde, p. 323. 

4. Carta dedicatoria á la celosa y observante Provincia de 
los PP . Agustinos Calzados de estas Islas, denominada del Suu- 
tisimo Nombre de Jesús. M. S. en fol. 

LÓPEZ (Fr. Fausto). 

Nació en Valladolid el 1811 y profesó en el Colegio de dicha ciu- 
dad el 1828. Destinado á la Isla de Cebú, permaneció allí hasta el 
1837, en que salió electo Secretario de la Provincia, y después ad- 
ministró los pueblos de Quingua y Baliuag. Fué Definidor de Pro- 
vincia y murió en Manila en 1866. 

Según noticia comunicada de Filipinas dejó trabajados varios 
manuscritos que vinieron á poder del P. Arrióla. 

LÓPEZ (Fr. Francisco). 

«Mucho se ha escrito acerca de este benemérito Agustino, sin 
que se sepa hasta hoy dónde y cuándo nació, ni en qué convento 
hizo su profesión religiosa. Mas esto no aminora en nada la gloria 
del ilustre teólogo de Alcalá de Henares, del celoso ministro de los 
pueblos de Caluntian (1599), Lingayen (1607), Panay, Bantay y 
Lauag, del virtuoso Prior de Cebú (1609), del eminente canonista 
del Sínodo celebrado en Nueva Segovia y filólogo sin igual de las 
letras ilocanas. Oigamos á este propósito el elogio que de él hace 
un erudito ilocano: Fué el primero que escribió la Gramática y el 
Diccionario ilocanos, y aunque se tardó bastante en imprimir esas 
obras, de ellas se servían para el estudio del ilocano cuantos de en- 
tre nuestros hermanos venían á administrar los pueblos y misiones 



310 ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 

de este país. Tanto el Diccionario como la Gramática revelan una 
laboriosidad y una constancia prodigiosa, al mismo tiempo que po- 
nen de manifiesto el talento y penetración de su autor. La Gramá- 
tica, particularmente, está escrita con un conocimiento tan pro- 
fundo del idioma, que dudamos pueda hacerse nada mejor, sobre 
todo en la parte más difícil y más importante de ella, á saber: en el 
uso de los afijos y sufijos, ó sea de las partículas que, antepuestas ó 
pospuestas, determinan el significado de la raíz. Hay en esta parte 
reflexiones tan atinadas, disquisiciones filosóficas y filológicas tan 
profundas, que pueden competir con las de los más ilustres filólo- 
gos. Ya en su Diccionario que corría manuscrito, y que después 
de muchos años de la muerte del autor publicó con adiciones pro- 
pias el P. Carro, había consignado los caracteres tagalos, usados 
por los ilocanos en sus escritos; pero deseoso de fijar esa escritura 
y, sobre todo, de facilitar su lectura, emprendió un trabajo que á 
otro cualquiera, menos tenaz y laborioso que el P. López, le hubie- 
ra parecido una cosa irrealizable. Se propuso y consiguió dar á los 
naturales el catecismo de la doctrina cristiana impreso én ilocano 
con caracteres antiguos tagalos. Para esto no cabe duda que tuvo 
que estudiar, cotejar diversos escritos, enterarse de los más enten- 
didos en el país acerca de la verdadera forma de los caracteres, y 
tomar todas las medidas que para el buen acierto aconseja la pru- 
dencia más vulgar. Y hecho este trabajo preliminar, proceder á la 
fundición de los tipos, lo cual, como completamente desusado, tuvo 
por precisión que causarle serios y graves disgustos. Logra, por 
fin, obtener los tipos, y con ellos comienza la impresión del incom- 
parable Belarmino, del cual existe un precioso ejemplar, muy bien 
conservado, en la Real Biblioteca del Escorial. 

A ninguno de nuestros lectores se le oculta que, dado el ímpro- 
bo trabajo del P. López, ningún otro puede presentar títulos más 
justos para ser el representante fiel y genuino del antiguo alfabeto 
tagalo. Por tanto, podemos con toda seguridad proclamar ese alfa- 
beto como el primero y único legítimo y ante utico. Gloria es, pues, 
del P. López, hijo ilustre de nuestra amada Provincia, madre fe- 
cunda de insignes escritores y celosos misioneros, el habernos dado 
á conocer los antiguos verdaderos caracteres tagalos» (1). 

Falleció este insigne escritor agustino hacia el año de 1631, en 
opinión de gran santidad.» 



(1) Antiguos Alfab. Filip. por el P. Cipriano Marcllla, p. 55. 



ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 311 

— P. Jorde, p. 57. 

1. Arte de la lengua ilocana. compuesto por el P. Fr. Fran- 
cisco Lope 2, de la Orden de S. Agustín. (Viñeta con un escudo de 
la Orden.) Con licencia de los Superiores. En Manila en el Colegio 
é Universidad de S. Thoims de Aquino por Thomas Pimpin. 
Año 1627. 

—Arte de la lengua ylocana, compuesto por el Padre Predica- 
dor Fray Francisco López, del Orden de N. P. S. Angustia , y 
Ministro por muchos años en la Provincia de llocos. Año de 1628. 
Corregido y añadido segvn lo que ahora se usa, por el M. R. P 
Predicador Fray Andrés Carro, del mismo Orden: Examinador 
Sy nodal del Obispado de Nueva Segovi i; Misionero por muchos 
años; Vicario Provincial ; Visitador, y Prior vocal de varios 
Conventos de la dicha Provincia. Segvnda Imprcsswn. Con las 
licencias necessarias. En el Conv. de Nra. Sra. de Loreto del Pue- 
blo de Sampaloc. Por el Herm. Balthasar Mariano Donado, Fran- 
ciscano. Año de 1793. — Dedic. á los Padres Ministros de laProvin. 
cia de llocos.— índice de lo contenido en este Arte. Fe de erratas. 
-Prologo y advertencias de algunas particularidades, que es bien 
llevar notadas desde el principio. 

10 hojas de principios y 566 de texto en que se incluye el prólogo . 

La pág. 567,se encabeza con: Notas sobre el libro de Belarmino. 

—Tercera edición. Anotada por el P. Fr. Cipriano Marcilla. 
Asilo de Malabón, 1895. De XVI-364 págs. en 4.°. 

2. Vocabulario de lengua ilocana [obra que dejó inédita el P. F . 
Francisco López) trabajado por varios religiosos del Orden de 
N. P. S. Agustín, coordinado por el\P . Fr. Andrés Carro, y últi- 
mamente añadido y puesto cu mejor orden alfabético por dos reli- 
giosos del mismo Orden. Primera edición. 

Manila, Imp. de Sto. Tomás, por M. Ramírez 1S49. De 12 pági- 
nas de prel. sin núm. y 365 de tex. en fol. 

Esta valiosa obra la arregló el P. Fr. José Carbonell, dándola 
el nombre de Tesauro, que después enmendó y añadió el P. Fray 
Miguel Albiol, contribuyendo también mucho á su perfecciona- 
miento el P. Fr. Pedro Vivar. 

— Segunda edición, ampliada con gran número de voces por el 
P. tr. Mariano García. Manila 1888. De XH-239 págs. en fol. 

Libro á nacaisuratan aminti bagas ti Doctrina Cristiana s ga 
nai sural i ti libro ti Cardenal á Agnagan Belarmino, Kct inaon ti 
P> Fr. Francisco López padre á S. Agustín, iti Sinasson toy. 



312 ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 

(Estampit a religiosa con la leyenda: Ad damdam scienlian salutis 
plebi ejus. Cant. Zach.) Impreso en el Convento de S. Pablo de Ma- 
nila. Por Antonio Damba, i Miguel Seixo. Año 1621. 

La descripción de esta obra hízola el P. Benigno Fernández en 
La Ciudad de Dios, vol. XXX Vil, de donde tomamos lo siguiente: 

«La presencia de este libro sigularísimo, sobre ser precioso 
monumento de la cultura española en Filipinas, constituye una de 
las más preciadas joyas bibliográficas del Escorial...; su exquisita 
rareza, atestiguada por los pocos que le conocen, prescindiendo de 
otras razones aún más considerables, hacen neeesaria su vulgari- 
zación por todos los medios y por todos los estilos; tanto más, 
cuanto que la causa de las injusticias que con los autores españo- 
les se cometen en obras extranjeras, al historiar determinados ra- 
mos de la cultura antigua, no es otro que el abandono en inventa- 
riar las preciosidades bibliográficas que en todo linaje de ciencias 
nos legaron nuestros antepasados.» (Reproduce la portada al foto- 
grabado y continúa.) Libro que contiene lo substancial de la Doc- 
trina cristiana escrita por el Cardenal Belarmino, y traducido al 
idioma ilocano... — Portad. — V. en b. con una nota manuscrita 
que dice: 

«Pertenece á la Rl. Librería de S. Lorenzo el Rl. del Escorial; 
embiole el Arzobispo de las Philippinas D. Fray Miguel García 
Serrano.»— -48 hs. s. n. (96 págs. numeradas recientemente á lápiz) 
-f 482 págs. numeradas (en realidad son 483 por hallarse repetido 
el número 208) -h 1 s. n. Siguen tres hs. en b. llevando el anverso 
de la primera una orla y un escudete del Nombre de Jesús en me- 
dio. Signaturas de las págs. numeradas (pues las preliminares no 
las tienen): A-Z y Aa.— Hh, todas de ocho hs. menos la última que 
solo tiene 4. La impresión va en papel fuerte de arroz, y aunque 
poco limpia, es un prodigio de habilidad para el tiempo y las cir- 
cunstancias en que se hizo... Véase ahora el contenido de las 96 
páginas s. n. con los extractos que hemos creído conveniente ha- 
cer para el más cabal conocimiento del libro. 

«Propio Motu de nuestro santísimo P. Clemente, Papa 8.« Fo- 
rrara, 15 de Julio de 1598. -Licencia de Don Alonso Faxardo de 
Tenca, comendador del Castillo en la Orden de Alcántara... Mani- 
la, 25 de Septiembre de 1620. — Licencia del Arzobispo de Manila 
D. Fr. Miguel García Serrano. Manila, 3 de Septiembre de 1620.— 
Aprobación, por comisión de Su Reverendísima, del P. Fr. Her- 
nando Becerra. San Pablo de Manila, 10 de Julio de ltvju. 



ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 313 

«Vi este libro y reconocí luego en la importancia grande de su 
asumpto; que si por tal la santidad de Clemente 8.°, quiso que sa- 
liese á luz, el mesmo fin que á él le movió debemos estimar en el 
autor de su traducción. Del qual puedo asegurar que no ha perdo- 
nado á trabajo ninguno, por perficionarle, ocupándose en eso mas 
de diez años... Pues siendo el tan consumado en la frasi de la len- 
gua iloca (que mucho antes que tratase de esta traducción había 
compuesto el arte de ella) ha querido que salga esta obra tan con- 
sumada que no satisfaciéndose de sí, ha trabajado todo este tiempo 
en ella con los Indios mas ladinos de aquella provincia. Y asi es 
cierto que está hecha con toda puntualidad i entereza; i por tal la 
apruebo i digo que es muy justo que salga á la luz para que se apro- 
vechen no solo los indios, sino también los ministros que los ense- 
ñan, que con tanta facilidad hallarán aqui la doctrina que han de 
predicar... hasta los vocablos i frases que han de usar para hablar 
con propiedad... i den gracias á su autor, que á costa de su trabajo 
y salud, les ha dado un tan estimable tesoro de este libro." 

—Aprobación del Canónigo D. Miguel de Velasco. Manila, 16 
de Noviembre de 1620. — Aprobación de los PP. Fr. Pedro Lassarte, 
Fr. Pedro Lasco y Fr. Jerónimo Cavero. Convento de Bantay, 30 
de Julio de 1616. 

■ Está— dicen— muy acomodado al propio y natural método de 
hablar de los naturales... Porque el dicho Padre (López) fuera de 
ser muy zeloso de la enseñanza de los indios, ha sido siempre muy 
estudioso en procurar saber el modo de la lengua con todo el rigor 
y fuerza de la significación de los términos della: i asi en este libro 
(que ha tomado con todo cuidado y diligencia, ha mostrado el fruto 
de su inclinación i estudio, i conocido deseo de aprovechamiento 
de las almas...)" 

—Licencia del Prelado, Fr. Joan Enriquez, Provincial del Orden 
de nuestro Padre San Agustín en estas Islas Filipinas, Convento 
de Tongdo, 11 de Noviembre de 1620.— Rev. admodum Patris Gar- 
zes é Societate Jesu Epigrami librum eiusque Authorem. (Pági- 
nas 21-22 s. n.).— In commendationem libri Epigramma. De Don 
Miguel Goto Xapon, Sacerdote. (Pág. 22 s. n.)— De D. Juan de 
Liaño al Autor i a la obra décimas. (Pags. 22-23 s. n.) 

Todas estas composiciones pecan, más ó menos, de conceptuo- 
sas. La siguiente, que está en ilocano, es del P. López y lo mismo 
las que se hallan al fin del libro. De ellas copiaremos la primera 
estrofa, así para dar idea de la contextura de tan peregrinos ver- 

22 



314 ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 

sos, como por el interés sumo que tienen para la historia de la 
poesía hispano-filipina, de la cual quizá sean éstos de los primeros 
monumentos. 

Cararrag Ken santa María, tapno ideauatan na dagiti lloco t 
iti gagét da nga agbásat iti librot toy, ket cailaláanda muét ti sur- 
surro nga bagas ná. 

(Plegaria á la Virgen María para que conceda á los ilocanos el 
amor á la lectura de este libro y el aprecio de sus enseñanzas.) 

Son veintiuna estrofas, que ocupan las páginas 24-27 s. n. Véase 
la primera: 

O Virgen santa María 
pangronáenca á cararrágan 
ta sica ti cataléc, 
ket sicat pagcamatálean.v... 

— Prólogo i dedicatoria á los Padres Ministros que al presente 
son, i á los que en adelante serán desta Provincia de llocos, S. i F. 
Perpetua. 

«Después, Padres míos, que el illustrissimo de Manila, Don Fray 
Miguel García Serrano, siendo nuestro digníssimo Provincial, me 
mandó traduzir en la lengua iloca, que professamos. la Doctrina 
del Cardenal Belarmino; poniéndolo yo por obra con todo cuidado, 
i acompañado siempre del indio más ladino que ay en la provin- 
cia, i más exercitado en la inteligencia de las cosas de nuestra Fee 
(que es D. Pedro Bueanég, ciego, natural de Bantay)... tiene en 
cuenta también la sentencia del Evangelio: Haec est vita (¡eterna, 
etcétera, y la capacidad de aquella gente á la qual— dice— veo co- 
múnmente aplicar aquella autoridad de San Pablo... Ego ad emú- 
lationem vos adducam m non gentem, in gentem tnsipientcm, et- 
cétera. Gente que no parece gente; que fuera de ser su natural^ 
corto i determinado, como dizen á una sola cosa, son también re- 
cién nacidos en la fee, i que por esta causa, es forzoso darles en 
leche la Doctrina, como á niños... 

Supuesta esta verdad, Padres míos, i la experiencia que ya ten- 
drán todos los que al presente están doctrinando á esta gente, de 
la rudeza natural con que Dios los crió, ó el clyma les ha infundí - 
do», encarga y pide encarecidamente á los párrocos que procuren 
acomodarse á la capacidad de los indios aprovechando este libro, 
«pues con el favor del Señor (sobre añadido á la inclinación natu- 
ral que el mismo Señor me dio á lenguas, aunque sola la iloca es la 



ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 315 

en que me he empleado todo, veynte i dos años ha), i con el conti- 
nuo cuydado i diligencia ocasionado tanto de mi particular deseo 
de aprovechar en algo, quanto de la fuerza de la obediencia 
que me lo mandó, habrá diez años, está la substancia de nuestra 
Doctrina cristiana, en quanto luz, proporcionada á la flaca vista 
desta gente, i, en quanto es sustento, muy apurada y convertida 
en leche... que no es pequeño trabajo, en lengua extraña, el bus- 
car, inquirir y averiguar la propiedad de los términos con que se 
debe enseñar cada cosa, para que los feligreses formen de ella 
el concepto mismo que la Iglesia pretende.— Esto es lo en que yo 
he puesto todo mi conato, por servir al Señor y á todos Vrs. Y des- 
pués de acabada la obra, i habiendo dormido sobre ella, como di- 
zen, muchas i muchas noches, la he vuelto á mirar y remirar..." 
—Advertencia cerca de la ortografía, ó modo de la escritura.— 
Definiciones de los vocablos que en este libro no ha podido excu- 
sar la lengua Iloca de tomar prestados de la Castellana.— Iti insu- 
rat ditoy, iti Dotrina Cristiana nga isuti lualo a cona ti Santoy. 

Es un Catecismo breve, pero substancioso, de toda la Doctrina 
cristiana, impreso en ilocano y en tipos corrientes. Las pági- 
nas 67-89 s. n. contienen el mismo Catecismo; pero impreso en los 
antiguos caracteres tagalos. Esta circunstancia daun valor incalcu- 
lable al libro del P. López, por la escasez grandísima de monu- 
mentos escritos en aquellos caracteres, y por ser el presente el más 
extenso, completo y fidedigno de cuantos se conocen. Lo que, á 
propósito de tan rara escritura y de la reforma en ella introducida, 
dice nuestro celebrado autor, bien merece copiarse íntegro. 

«haver puesto el texto de la Doctrina en letra Tagala (que es la 
más universal destas Islas) ha sido para dar principio á la correc- 
ción de la dicha escritura Tagala, que de suyo es tan manca y tan 
confusa (por no tener hasta agora modo como escribir las conso- 
nantes suspensas, digo las que no hieren vocal); que al más ladino 
le haze detenerse, i le da bien en que pensar en muchas palabras, 
para venir á darles la pronunciación que pretendió el que escribió, 
i este es común sentimiento de todos. La palabra que pongo abajo 
por exemplo, basta para probanca plena de la confusión de la dicha 
escritura; pues dos caracteres solos sirven á onze palabras dife- 
rentes, i hasta agora no tienen modo como escribir con distinción 
cada una de ellas, sino que todas onze las han de escribir de una 
misma manera: Agora se considere lo que habrá menester adivinar 
el que lee » 



3Í6 ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLAS, PORTUGUESES Y AMERICANOS 

— Erratas. 

Tal es el contenido de las 96 páginas preliminares sin numerar. 
Con la página 1 empieza el texo, ó sea la traducción en ilocano del 
Catecismo del Cardenal Belarmino, llevando al fin una explicación 
de los misterios del santísimo Rosario, que no encontramos en 
otras versiones: sigue el texto hasta la página 399. 

— Algunos romances devotos para mover á los indios á diversos 
affectos del espíritu, i para que se bayan acostumbrando á la gra- 
vedad de nuestra poesía, pues la suya no la tiene (páginas 400-414.) 

«Caso muy notable que quenta San Gregorio. Hom. II, Evang. 
Título y versos en ilocano y castellano alternando.) 

O tatao á sibabásol 
O hombres que estays en pecado 
Denggendáe pimam itay 
Vuestro oido me sea dado 
Ta addá ibagáe á sao, 
Que una cosa he de contaros 
Nga nacascasdáao ónay, 
Que os cause muy grande espanto. 

—Romance á los siete hijos de Santa Felicitas.— Ensalada á la 
Natividad de Cristo Nuestro Señor. —Romance de la conversión de 
San Agustín en que habla él mismo.— Letrilla al Niño Jesús en el 
pesebre.— Liras de á seys, de consonantes legítimos, como las es- 
pañolas. Al nacimiento de Cristo Nuestro Señor. Termina la pá- 
gina 414 con un escudo de armas de la Orden grabado en madera, 
y á la vuelta empieza la Tabla de los libros, etc., que, con el índice 
general de todas las materias, abraza las páginas 415-4S2. A la 
vuelta, haciendo las veces de colofón: «Alabado sea el Santísimo 
Sacramento, i la limpia Concepción de la Virgen Maria N. Señora 
sin mancha de pecado original.» 

—Manila, 1688. 

—Manila, 1716. Imprenta del Colegio de Sto. Tomás, por Juan 
Correa. 

—Manila, 1767. Imprenta de los PP. Jesuítas, por Nicolás de la 
Cruz. Editada y corregida por el P. Jacinto Rivera. 

—Libro á nacaisuratam amin ti bagas ti lualo... Reimpreso á 
solicitud del P. Fr. Juan Antonio Cuarterón, Procurador general 
de la misma provincia. Manila, 1854. Imprenta de los Amigos del 
País, á cargo de D. M. Sánchez. 



ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 317 

— Malabón. Tipo-lit. del Asilo de Huérfanos, de PP. Agustinos, ' 
1895. 

Esta edición, corregida y editada por el P. Marsilla, es repro- 
ducción de la primera. 

4. Catecismo ¿loca no con explicación de los Misterios princi- 
pales de nuestra Santa Fe. Año de 1716. 

—Catecismo, 17 

—Catecismo. Tercera edición. Añadida por el P. Fr. Jacinto de 
Rivera, en la Oficina de los PP. Jesuítas, 1765. 

—1788, en Sampaloc. Tirada de 50.000 ejemplares. 

—1815. Tirada de 20.000 ejemplares. 

-1837 y 

—Manila, por G. Memije, 18 

—Manila. Imp. de -Amigos del País», 1879. 

—Manila. Imp. de "Amigos del País-, 1 3 

—Manila. Imp. de Pérez, hijo, 1889. 

—Manila. Imp. de -A. del País», 1893. 

— Tambobong. Tip-lit. del Asilo de Huérfanos de Ntra. Sra. de 
la Consolación, 1894. 

-Manila, 1900 y 1901. 

—Manila. Imprenta del Colegio de Sto. Tomás, 1903. 

—Manila. Estab. tipog. de A. Xam y Com, 1903. 

Hay varias ediciones furtivas, de las cuales una se sabe salió en 
la Imp. de Sta. Cruz el 1884 ó 186 

Las ediciones desde 1873 en adelante llevan esta adición: «Co- 
rregido y aumentado por otro religioso de la misma Orden», y al 
final de las diferentes ediciones van algunas oraciones y devocio- 
nes que no siempre son las mismas. 

LÓPEZ (Fr. Jaime). 

Nació en Valencia de padres muy cristianos, y de edad de quin- 
ce años vistió el hábito de San Agustín en el convento de su patria, 
el 21 de Noviembre del 1631. Luego de profeso, enviáronle los su- 
periores al convento de Alcoy á estudiar Filosofía, y Teología al 
de San Fulgencio, de Valencia. Aprovechó tanto en los estudios, 
que sin habe/se ordenado aún de sacerdote, explicó Filosofía y 
Teología á los religiosos de los conventos de Alcoy y de Játiva. 
Graduóse de Doctor teólogo en la Universidad de Valencia, donde 
fué Catedrático de Vísperas del Maestro de las Sentencias. Hicié- 
ronle al mismo tiempo Prior del convento de Valencia, y «Referir, 



318 ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 

dice el P. Jordán, la prudencia y religión con que gobernó, no es 
fácil; porque aunque era Catedrático y leía todos los días, nunca 
faltaba al coro á la media noche, y esto aunque tuviera aquel día 
sermón en la Catedral... En corregir á sus subditos tenía un modo 
tan afable, que más parecía ángel que hombre el que advertía la 
falta, y con esto salían los religiosos de su presencia enmendados 
y edificados». 

Siendo Prior de Valencia vino de Roma á hacer la visita de los 
conventos de España el Rmo. Pablo Luquino, el cual, viendo la 
gran virtud, religión y letras de nuestro Jaime, le creó Maestro de 
la Orden. Fué Definidor de la provincia. Concedióle el Señor el 
don de la predicación junto con el deseo de abismarse en el inmen- 
so mar de sus grandezas; y según manifestó el Señor á un religio- 
so, crióle al mismo pecho que crió d su siervo Bernardo, y depo- 
nen personas fidedignas que recibió de la Virgen Santísima el 
mismo favor que recibió San Bernardo. 

Era tan grande y tan extraordinaria la dulzura que tenía el 
P. López en sus palabras, así cuando conversaba como cuando 
predicaba, que subyugaba por completo los corazones de cuantos 
le escuchaban. Raro era el día que no tenía sermón y muchos días 
dos y hasta tres, y con tanto gusto era escuchado el primero como 
todos los demás. Era su doctrina tan oportuna y tan del cielo, que 
siempre les parecía un sermón mejor que otro, y con un mismo 
manjar daba pasto á sabios é ignorantes, saliendo los oyentes del 
templo tan satisfechos y edificados, que todos se hacían lenguas en 
alabanzas del V. Padre. Y como no predicaba flores sino á Cristo 
crucificado, y sus sermones no eran trozos de retórica vana, sino 
efusiones de un corazón que única y exclusivamente buscaba la 
honra y gloria de Dios y bien de las almas, son incalculables las 
conversiones que realizó. 

Nos haríamos interminables si tratásemos de referir los ejerci- 
cios de virtud heroica practicados por el P. López, que también 
fué favorecido con el don de profecía. 

Extensa y prodigiosa es la relación de la vida que del P. López 
consignó el P. Jordán en su Crónú ;i . 

«Escribió, dice, y predicó más de seis mil sermones, y de éstos hay 
seis tomos, que son los siguientes: Sermones de Sanctis. Eucharis- 
tiae Sacramento, lib. 1. Sermones de B. Virgine María, lib. 1. Ser- 
mones de Sanctis, lib. 1. Sermones de Tempore, lib. 1. Sermones 
Quadragesimales, lib. 1. Alii Sermones in Quadragesimam, lib. 1. 



ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 319 

Y ninguno de estos libros dio á la estampa el autor por su grande 
humildad, aunque fué rogado de muchos imprimiera algunos. 
Guárdanse en la librería de nuestro convento de Xátiva, y confío 
en el Señor que alguno saldrá á luz. Murió en San Agustín de Va- 
lencia el 1.° de Marzo del 1670.» 

Compuso unas cuartillas en las que hace, primero, hablar á 
Cristo con el alma, y luego, el alma se dirige á Dios. También 
compuso, en la misma forma de verso, un reloj de la pasión, que 
se intercaló en la relación mencionada. 

— P. Jordán, 1. 1, p. 378 y 491. 

LÓPEZ (Fr. José). 

Nació en Villanueva de Odra, en la provincia de Burgos, el 1650, 
y profesó en el convento de dicha ciudad el 166S. Después de haber 
desempeñado el cargo de Catedrático en Alcalá, pasó á Filipinas y 
administró los pueblos de Macabebe, Betis y Bacolor. Fué Visita- 
dor, Definidor, Prior del convento de Manila y Provincial en 1701. 
Renunció el Obispado de Cebú, para el que había sido propuesto, 
y murió en Manila el 1725. 

1. Vida de Santa Lies. Un tom. en 4.°. M. S. 

2. Vida de Sania María Magdalena. Un tom. 4.° M. S. 
Ambas Vidas están escritas en idioma pampango. 

3. Informe de X. P. Fr. José Lopes, presentado al Gobernador 
General, acerca de la conversión de los naturales infieles de estas 
Islas. Manila 4 de Junio de 1712. M. S. 

Tiene también escritos otros varios pareceres y consultas sobre 
diversas materias existentes en el archivo del convento de Manila. 

— P. Jorde, p. 155. 

Pancgyrico Fvneral, Oración Sagrada que en las Honras de 
la Venerable Madre Sor Beatriz María de Jesvs, Religiosa, y 
Abadesa que fué del insigne Convento del Ángel de Descalcas del 
Seráfico Padre San Francisco, llamada en el siglo Doña Beatriz 
de Encisso. Dixo el M. R. P. Fr. Joseph Lopes, Maestro en Sa- 
grada T/ieologia, del Orden del Gran P. S. Agustín, Examinador 
Synodal del Arzobispado de Granada. Qve assistió ocvpaudo el 
altar la Ilvstre y grave Comunidad de su Orden, y que celebró la 
muy noble, leal, nombrada y gran Ciudad de Granada. A qvieu la 
dedican D. Félix TJwmas de Gadea, y D. Oiristoval Antonio de 
Oviedo y Castillejo^ sus Veiutiquatros, Comissarios. 

6 hoj. de prel. y 50 págs. de tex. á dos col, 



320 ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 

— Bib. S. Isidro. 

Acción de gracias á Dios Nuestro Señor por la entrada triun- 
fal en la Ciudad de Lérida, Trofeo esclarecido de la Augustísima 
piedad de nuestro ínclito Monarca Felipe IV el piadoso Rey Ca- 
tólico de las Españas que impera en ambos mundos, etc.. que pre- 
dicó en S. Martín, Orden de S. Benito, día del ínclito S. Lorenzo 
Mártir, el Rmo. D. Er. foseph López, Obispo electo de Solsona, 
del Consejo de S. M. y su Predicador de la Orden del glorioso 
Patriarca S. Agustín. Impreso con licencia en Pamplona. 

De 17 hojas en 4.° 

Serm. var. en la B. de Manila. 

LÓPEZ M. (Fr. Juan Manuel). 

Nació en San Brégimo, de la provincia de Orense, en 8 de Fe- 
brero del 1877, y profesó en nuestro Colegio de Valladolid el 5 de 
Agosto de 1895. Terminada su carrera eclesiástica, destinóle la 
obediencia á ejercer el cargo de profesor primero en Ucles y lue- 
go en Talavera de la Reina. 

«El Convento de Santiago de Ucles.» 

Art. descrip. pub. en Esp. y Am. V. 1.° p. 500-6. 

LÓPEZ (Fr. Nicolás). 

Nació en Villodrigo, de la provincia de Pálencia y Arzobispado 
de Burgos, en cuyo seminario estudió con grande aprovechamien- 
to Filosofía y Teología, y vistió el hábito de agustino en nuestro 
Colegio de Valladolid el 1847 cuando contaba veintinueve años de 
edad, profesando al año siguiente con grande alegría de su alma. 
«Ponderar aquí, escribe el P. Jorde, los rapidísimos progresos que 
hizo en la ciencia de los santos, durante los seis años que perma- 
neció en Valladolid, sería obligarnos á dar excesiva extensión á 
estos apuntes, sin que quizá consiguiéramos bosquejar la simpá- 
tica y nobilísima figura del antiguo seminarista de Burgos. Jamás, 
dice su biógrafo el P. A. Aparicio, se le oyó decir que había estu- 
diado en el Seminario de Burgos, ni que tenía su carrera con- 
cluida, y tanta era su humildad y modestia, que no podía oir ha- 
blar de su persona para nada en este sentido; pero no tardó en 
llegar á conocimiento de los Superiores, quienes careciendo en- 
tonces de profesores para el Colegio, para vencer su humilde re- 
pugnancia tuvieron que imponerle precepto formal de obediencia, 
á fin de que se sujetase á un examen de lo que había estudiado y, 



ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 321 

una vez aprobado, recibiese el título de Catedrático. Ante este 
mandato se sujetó al examen, y satisfaciendo á todos, recibió el 
título de Lector de Filosofía y Teología. Redobló entonces sus 
horas de estudio y de oración, su vigilancia, su interés, su celo y 
cariño por los discípulos, hermanos suyos de hábito.» 

Rodeado de envidiable lama de sabio y santo, recibió el man- 
dato de pasar á Manila y aquí, además de explicar dos clases dia- 
rias, se dedicó con tal fervor al confesonario, al pulpito y á la 
asistencia de enfermos y moribundos, que mereció ser venerado y 
querido por todas las clases sociales de Manila. Al concluir la ca- 
rrera de Lector, cum fructu ct laude, se trasladó á la isla de 
Cebú, en la que, después de estudiar el idioma, se hizo cargo de 
la modesta parroquia de Minglanilla (1860), único pueblo que estu- 
vo encomendado á su paternal solicitud, pues, aunque luego fué 
Prior del Sto. Niño, Lector jubilado y Prior Provincial, no quiso 
regentar otra parroquia más pingüe, á la que le hacían acreedor 

sus muchos méritos y señalados servicios 

Tan luego como se vio al frente de nuestra Corporación, hizo 
la visita regular á todos los religiosos en sus pueblos, sin que le 
arredraran los trabajos y fatigas inherentes á la consecución de 
sus piadosos fines, que no eran otros que la santificación de las al- 
mas y el fomento de la religión cristiana en estas Islas. A todos 
instruía con sus consejos, á todos edificaba con su conducta y 
todos veían en él más bien un cariñoso padre que un juez riguro- 
so. Las exhortaciones que con frecuencia circulaba á sus religio- 
sos, contenían un gran fondo de la Teología más pura y más su- 
blime de S. Agustín y Sto. Tomás, de la moral más recta de San 
Alfonso María de Ligorio, de la virtud más acrisolada de Santa 
Teresa de Jesús, recomendando siempre el respeto á la autoridad. 
En este tiempo de su provincialato (1865) fué cuando tuvo que 
luchar contra la intrusión y atropello del célebre Zamora, el cual, 
no obstante haber sido rechazada por Roma su propuesta para el 
Obispado de Cebú, pretendió á todo trance posesionarse de la 
Diócesis, defendiendo el P. Nicolás, que era su Gobernador ecle- 
siástico por entonces, con indomable tesón y entereza los dere- 
chos de la iglesia, impidiendo consumara aquel sacrilego atentado. 
Finalmente, después de renunciar al curato de Minglanilla en 
1877, se retiró á Manila, no á descansar de una vida laboriosa y 
llena de eminentes servicios en pro de la Religión y de la Patria 
sino á servir de edificación á los religiosos conventuales de San 

23 



322 ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 

Pablo, á quienes excitaba con su ejemplo á la observancia de las 
leyes monásticas, á la asiduidad en el confesonario y á la predica- 
ción de la divina palabra, de la que fué siempre entusiasta orador. 
«Su estilo no era aparatoso y brillante, pero sí correcto y fácil, y 
sobre todo lleno de doctrina y de unción que cautivaba al 
auditorio. 

En tan nobilísima tarea sorprendióle la muerte el 3 de Febrero 
de 1889; muerte dulce y apacible, digna, en fin, del que en vida 
consagró todos sus desvelos á la gloria de Dios y provecho espiri- 
tual de las almas." 

1. Esclavitud ug Archicof radía sa putlinyamtú nga casign- 
casing ni María Santísima nga quinganlan Milagrosa Patrona 
sa Longsod Minglanilla. Hinuad sa usa ca P. Agustino sacop sa 
maong Archicof radía. Con superior permiso. Manila: 1863. Im- 
prenta del Colegio de Sto. Tomás. 

Aunque no lleva el nombre del autor, es, según mis noticias, 
del P. Nicolás López. 

2. Visitas sa SSmo. Sacramento sa Altar ug sa mahal ttgá 
Virgen María nga guitocod ni San Alfonso María Ligorio, Obis- 
po de Santa Águeda de los Godos. Guibinisaya sa usa ca Padre 
Agustino nga devotos sa Santísimo Sacramento sa Altar, y sa 
mahal nga Virgen María. Con las licencias necesarias. Guadalu- 
pe. Pequeña imprenta del Asilo de Huérfanos. 1890. De 150 pági- 
nas en 12.° 

Aunque publicado anónimo, se sabe lo escribió el P. Nicolás. 

3. Manga plática sa manga misterios ug sa manga camato- 
oran sa santos nga pagtoo. Nga guitocod sa pinolongan nga vi- 
saya cebuano sa usa ca Padre Religioso nga Agustino Calzado. 
Con las licencias necesarias. Binondo: 1866. Imprenta de Miguel 
Sánchez y C. a Un tom. 4.° de 283 páginas. 

Según noticias, estas pláticas tienen por autor al P. Fr. Nicolás 
López, si bien al darlas á corregir al P. Nicolás Mielgo, las modi- 
ficó éste bastante, y así se dieron á la imprenta. 

Son pláticas que tratan de los misterios y verdades de nuestra 
santa Fe, en idioma bisaya cebuano. 

4. Manga Meditación cum manga pag palamiuug sa camata- 
yon nga guitocod sa pinolongan nga bisaya sa usa Padre nga 
A gustino Calzado. Con superior permiso. Binondo. Imprenta de 
Miguel Sánchez y C.*, 1S(ó.— LV edición. Binondo. Miguel Sán- 
chez y C. a 1866. 8.° de 108 páginas de texto. 3. a edición, Tam- 



ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 323 

bobong. Pequeña imp. del Asilo de Huérfanos de Ntra. Sra. de 
Consolación: 1893. S.° de 79 págs. 

Medicaciones sobre la muerte, escritas en idioma bisaya.) 

5. Exordios y Sermones sobre diversas materias, predicados 
cu la Isla de Cebú por los años de 1860. Un tomo manuscrito de 
282 págs. de texto castellano. 

6. Exordios para Sermones y varias pláticas sobre diversos 
temas. 1879. Un tom. fol. M. S. de 168 pág. 

7. Sermones, Pláticas y Meditaciones sobre diversos asuntos. 
1861. Un tom. fol. M. S. de 372 págs. 

8. Pláticas y Meditaciones sobre las verdades eternas, predi- 
cadas en tos años 1884-85. Un tom. fol. M. S. de 402 págs. 

9. Sermones de María Santísima, ó sea de sus virtudes y mis- 
terios, predicados el año 1884. Un tom. fol. M. S. de 401 páginas. 

10. Libro de Meditaciones para ejercicios y Pláticas para 
ídem, leídas y pronunciadas el año 1884. Un tom. fol. M. S. de 
226 páginas. 

11. Sermones sobre los pecados capitales; los di es manda- 
mientos del decálogo; meditaciones breves de unos y otros; del pe- 
cado original, y del escándalo. Un tom. fol. de 200 páginas. 

12. Sermones de las ánimas benditas del purgatorio, de la in- 
mortalidad y grandezas del alma. Un tom. fol. M. S. de 38G pá- 
ginas. 

13. Sermones y meditaciones de IV. S. Jesucristo, primero en 
general y después en particular. Un tom. fol. M. S. de 152 pá- 
ginas. 

14. Cincuenta y dos meditaciones del Santísimo Sacramento 
para los Jueves de todo el año. Un tom. fol. M. S. de 218 páginas. 

15. Método de hacer con Jr uto la oración mental y meditaciones 
apropiadas para sacerdotes. Un tom. 4.° M. S. de 544 páginas. 

16. Exordios morales y doctrinales del Santísimo Sacramen- 
to. Un tom. 4.° M. S. de 174 páginas. 

17. Sermones del Santísimo Sacramento para los días de co- 
munión. Un tom. fol. M. S. de 127 páginas. 

18. Meditaciones muy devotas de la Pasión de X. S. Jesucristo 
para todos los días del mes. Un tom. 4.° M. S. de 88 páginas, en 
latín. 

En este mismo tomo y á continuación se encuentran varias me- 
ditaciones sobre los Misterios del Señor y de la Virgen, seguidas 
de algunas advertencias para después de los santos ejercicios. 



324 ESCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS 

19. Oraciones para ayudar á bien morir, sacadas de varios 
autores. Un tom. en 8.° M. S. de 42 páginas de texto y 4 de intro- 
ducción. 

En la cubierta de este precioso libro escribió el piadosísimo 
P. López de su puño y letra esta tiernísima súplica: «Ruego á la 
persona que se halle junto á mí cuando me hallare gravemente en- 
fermo me ayude á bien morir por este manuscrito». 

20. De las tribulaciones y de la Pasión meditada. Un tom. fol. 
M. S. de 142 páginas. 

Las obras citadas se encuentran en el Archivo del convento de 
Manila. 

— P. Jorde, p. 431. 

P. Bonifacio del Moral, 

(Continuará). O. S. A. 



REVISTA CIENTÍFICA 



FISIOLOGÍA ALIMENTICIA.— LA TUBERCULOSIS 



(Continuación.) 

Acaba de celebrarse en París un Congreso internacional acerca de 
la tuberculosis, que ha ofrecido no pequeño interés al mundo ilustra- 
do, no tan sólo por la transcendencia del asunto, reconocida por todos, 
cuánto porque un ilustre congresista alemán ha hecho declaraciones 
tan importantes como halagüeñas referentes al tratamiento curativo 
de la comunísima dolencia, las cuales han logrado despertar el entu- 
siasmo de la prensa europea, que ha divulgado profusamente la cientí- 
ficanoticia y las determinaciones profilácticas acordadas en dicho Con- 
greso. Después de los grandísimos esfuerzos que se han hechos obre la 
terapeuticatuberculosa.no es extraño que la crítica haya dividido álos 
médicos en pesimistas y optimistas, habiendo llegado á escribir Gran- 
cher que la tuberculosis es la más curable de todas las enfermedades 
crónicas, y habiendo dicho, en cambio, L. Marco que tno hay aún, y 
acaso no haya nunca, medicamentos específicos directos ni indirectos 
contra la tisis pulmonar». No es prudente proferir en tono dogmático 
exageraciones indiscretas, á no ser que resulten hiperbólicas por el 
calor arrebatado con que brota la frase á impulsos de rápida compren- 
sión; porque no puede dudarse que, dada la materia de que hablamos, 
para cada mal que nos aflija tiene que haber, ignorado ó conocido, su 
correspondiente remedio; pues no cabe en ningún entendimiento recto 
y despreocupado suponer que la divina Providencia haya dejado en- 
fermedad alguna sin medicina conveniente. Claro está que hay que re- 
conocer lo desafortunada que hasta el presente ha andado la terapéu- 
tica tuberculosa, pues las palabras de Marco, que dejamos transcritas, 
manifiestan bien á las claras y de una manera general y absoluta, que 
los resultados que ha obtenido hasta ahora la farmacoterapia de la 
tisis, prescindiendo de casos particulares, sorprendentes y extraordi- 



326 REVISTA CIENTÍFICA 

narios, pueden tenerse, en puridad, por muy poco satisfactorios y mu- 
cho menos resolutivos. Y nada digamos de la seroterapia de la tuber- 
culosis mientras estemos en espera de nueva luz; porque, á la verdad, 
se ha mostrado la fortuna tan contraria á los generosos y laudabilísi- 
mos esfuerzos de algunos terapeutas, que como la famosa tuberculina 
de Koch, los sueros de Maragliano, de Marmorek y de Ferrán, deben 
considerarse como fracasados; y por eso ha escrito Manquat que «la 
seroterapia antituberculosa no ha dado todavía resultados aplicables 
á la patología humana». 

Aunque los dos medios terapéuticos indicados, farmacoterápicos y 
seroterápicos, sean, generalmente, incapaces para curar de raíz toda 
infección tuberculosa manifestada en cualquier período evolutivo, no 
deja de ser muy cierto que la tuberculosis es una enfermedad perfec- 
tamente curable, según lo siente la creencia universal; porque aun 
suponiendo que hasta la fecha sólo merezcan llamarse ensayos lison- 
jeros y seductores los distintos métodos curativos que se han expe- 
rimentado en pacientes ó en animales, buena y convincente prueba nos 
da de la proposición sentada el hecho significativo, palpado y enseña- 
do por la mayoría de los médicos, de que si todos los que padecen li- 
gera y gravemente la mencionada afección, murieran al poco tiempo, 
bien pronto se acabarían los hombres; porque está plenamente demos- 
trado que los heridos de la tuberculosis resultan infinitamente más nu 
merosos que lo que se cree de ordinario, juzgándolo únicamente por 
el número de los enfermos dañados (J. Héricourt); y si todos los ataca- 
dos no sucumben, indefectiblemente, de resultas del insidioso padeci- 
miento, es, sin duda, porque el organismo, sobre todo cuando se en- 
cuentra sano y vigoroso, lucha incansable y se defiende heroicamente 
del enemigo invasor hasta que consigue vencerle por completo, ba- 
rreándole y destruyéndole en sus propias trincheras. 

Como no hablamos de estas cosas más que accidentalmente, movi- 
dos de la actualidad de la materia, no queremos detenernos más que á 
comunicar la noticia, sin referir siquiera las breves apuntaciones que 
del nuevo procedimiento curativo ha dado su inventor. Ya hace tiempo 
que suena en el mundo científico la fama de Behring, porque su nom- 
bre, que va unido al de Roux en la historia de la sueroterapia diftérica 
y al de Kitasato en el estudio de la toxina tetánica, alcanzó gran cele- 
bridad con el memorable descubrimiento de la llamada antitoxina de 
Behring, cuando á la vez reveló (1804) éste á los sabios la inmunidad 
antitóxica y el valor profiláctico y curativo de los sueros antitóxicos. 
Antes de ahora se ha dedicado ya Behring al estudio de la terapéutica 
de la tuberculosis, y si por medio de sus experiencias relativas á la 
vacunación antituberculosa no ha conseguido resultados clínicos muy 
batisfactorios, como tampoco los obtuvieron Ch. Kichet, Héricourt, 



REVISTA CIENTÍFICA 327 

Thomassen, de Dominice, Lepine y otros experimentadores, parece 
ser que cambiando de método, ha logrado curar á animales que habían 
contraído espontánea ó experimentalmente la tremenda bacilosis. De 
modo que el cacareado remedio se encuentra todavía á medio camino, 
y no ha llegado, aunque está en vías de aplicarse, á la dolencia huma- 
na. Versado y aun curtido está Behring en achaques de laboratorio 
para saber lo que ha dicho en presencia de sabios del mundo entero, 
porque nadie ignora que el primer tratamiento curativo le dio á cono- 
cer en el Congreso de Berlín de 1890 nada menos que el mismo profe- 
sor que había descubierto el odiado bacilo; y á pesar del grandísimo 
entusiasmo con que se aplaudió el descubrimiento, y no obstante que 
acudieron ávidos de saber y ansiosos de gloria muchos médicos nacio- 
nales y extranjeros á oir de los labios autorizados del ilustre maestro 
las peregrinas enseñanzas para difundirlas por el mundo en bien del 
género humano, las repetidas experiencias, que resultaron de todo en 
todo contrarias á las predicciones prematuras del afamado bacterió- 
logo que soñó ser el único arbitro de la Fisiología, y la sana crítica, 
siempre severa, inflexible y sin entrañas, que no conoce partidos, die- 
ron bien pronto al traste con la ruidosa túberculina de Koch, que hubo 
de venderse, equivocadamente, por medicamento exclusivo é infalible 
de la mortífera tuberculosis. 

Antes de proseguir poco á poco el camino comenzado, después de 
apuntada la noticia de actualidad que ha motivado las líneas prece- 
dentes, no pasaremos de largo, sin dar otra nueva científica, análoga 
á la anterior, no menos importante y por ahora más cierta, y es la cu- 
ración de la lepra tuberculosa. Hace unos días que ha presentado Ba- 
rre to á la Academia de Medicina de París una curiosa memoria sobre 
el particular, que ha llamado justamente la atención del público, según 
lo refiere en LUnivers del 15 del corriente, R. Duval que ha tenido 
una entrevista con el afortunado médico brasileño. Al narrar la sen- 
cilla historia de sus experiencias coronadas de éxito feliz, el laborioso 
dermatólogo no se arroga ufanamente la fama del humanitario descu- 
brimiento, sino que cuenta sin rebozo su admirable conquista terapéu- 
tica. Todos saben que un médico de Loxa, instruido por un indio de las 
maravillosas propiedades de la quinquina ó quina, consiguió curar, 
en 1638, de una fiebre intermitente muy rebelde á la Condesa del Cen- 
drón, Virreina del Perú, habiéndole hecho tomar por algunos días pol- 
vos de la corteza de quino. Mi descubrimiento— dice Barreto — tiene un 
origen completamente semejante. Cada día desconfiaba más de poder 
alcanzar la curación de ciertas enfermedades cutáneas sin la inter- 
vención de mercurio, de ioduros ó de operaciones quirúrgicas ordina- 
riamente peligrosas, y cuando, en el transcurso de mis numerosas co- 
rrerías por el interior del Brasil, fui testigo muchas veces de los resul- 



328 REVISTA CIENTÍFICA 

tados prodigiosos que los indios obtenían en el tratamiento de esas mis- 
mas enfermedades, si al principio no acertaba á explicarme la compo- 
sición de algunos de sus remedios, convencido después por la persua- 
siva elocuencia de los hechos, formulé esta reflexión: Si la mezcla de 
estas plantas no dosificadas produce tan maravillosos resultados en el 
tratamiento de un mal tan terrible, ¿qué efectos no se lograrán el día 
en que estas mismas plantas, preparadas por un químico experimen- 
tado, las aplique con discernimiento algún doctor, conforme á la opor- 
tunidad de un caso comprobado? Demuestran, al parecer, palpable- 
mente, la eficacia curativa de tales medicaciones indianas, los muchos 
enfermos que han sanado con tan milagrosas plantas, después de ha- 
berlos dejado por incurables médicos especialistas, y en particular un 
leproso hecho un cuadro de horror y convertido en retablo de dolores, 
con la cara espantablemente desfigurada y lastimera y todas sus fac- 
ciones roídas y devoradas despiadadamente por el tremebundo bacilo 
deHansen.el cual leproso, llevado del Hospital de San José, de Lisboa, 
perdida por completo la esperanza de su salud, para que el infeliz con- 
cluyera miserablemente sus tristes días de terrible padecimiento en la 
espantosa soledad de un olvidado lazareto, acertando á caer providen- 
cialmente, luego de abandonado por la ciencia, en las manos de Ba- 
rreta, este doctor benemérito, no sólo le ha curado completamente con 
ipeuva y manacán, sino que, «con la ayuda de Dios— confiesa— hemos 
logrado verle dedicado á sus ocupaciones ordinarias, á su pesada vida 
y su dura labor de mozo de cordel, y sobre todo, le hemos devuelto la 
salud». 

De suponer es que las aludidas plantas medicinales de la flora bra- 
sileña deban á poderosos alcaloides sus virtudes terapéuticas; mas, 
por desgracia, el infatigable médico suramericano, á pesar de haber 
ensayado varias reacciones químicas, no ha podido descubrir todavía 
los supuestos principios alcoloideos. ¡Esperemos con ansia que algún 
químico afortunado dé con el secreto curativo de los estimados vege- 
tales de referencia, y entretanto hagamos votos al cielo por que sea 
un hecho indisputable la curación de la lepra. Puesto que se nos pre- 
senta ocasión propicia para confirmar una vez más la doctrina verda- 
dera y cristiana de que á grandes males, grandes remedios ha seña- 
lado sabiamente la Providencia, y ya que no se nos pueda decir al 
presente que divagamos por cuestiones bizantinas, saliéndonos de 
nuestro propósito, no queremos pasar por alto el descubrimiento— y va 
de descubrimientos— de Egas Moniz de Aragón. Este renombrado mé 
dico, que también es del Brasil, ha llegado á curar, usando un procedi- 
miento semejante al de Barreto, varios casos de tuberculida atípica 
cutánea; y con ese motivo ha ido á París á exponer su método tera- 
péutico á los representantes más conspicuos y afamados de Medicina 



REVISTA CIENTÍFICA 



329 



de la capital francesa. Ignoramos si Egas Moniz habrá aprendido su se- 
creto de los indios de las pampas brasileñas; pero sabemos por su pro- 
pio testimonio que estudiando las propiedades medicinales de algunas 
plantas del Biasil, ha logrado conocer las que poseen virtudes mara- 
villosas para la curación de la tuberculosis cutánea, habiendo tenido la 
satisfacción de ver que algunos de esos vegetales fueron ya clasificados 
por el sabio holandés Pinson en su tratado sobre la Flora brasileña, 
publicado en latín en Amsterdam el año de 1648. Tres son las mencio- 
nadas plantas medicinales, que se conocen en el Brasil con los nom- 
bres de jatahy, jar ataca y caroba. De intento dijimos arriba que para 
grandes males hay, providencialmente, grandes remedios; porque si 
alguien se admira de que sólo el Brasil sea la tierra privilegiada don- 
de se conocen y utilizan esas famosas plantas medicinales, considere 
que aquella República es acaso la nación del mundo que da más con- 
tingente de mortalidad tuberculosa, como que pasa la cifra de 80 por 
100 de las defunciones totales; y en prueba de ello, baste decir que la 
Cámara brasileña ha votado una ley que autoriza al Gobierno para 
dar un premio de 10 millones en oro al inventor de un remedio especí- 
fico indiscutible que cure la tuberculosis, el cáncer y ciertas enferme- 
dades contagiosas . 

Al tratar de hacer patentes, invocando la abrumadora elocuencia 
de los números, los horrorosos estragos que produce la tuberculosis 
en las vidas humanas, no presumimos contar sus víctimas, que nos es 
totalmente imposible y es labor casi insuperable que no se ha llevado 
todavía hasta el cabo; sino únicamente queremos, aferrándonos al 
mismo tema del artículo anterior, apuntar algunos datos estadísticos 
que, á mayor abundamiento, nos comprueben la verdad que estamos 
defendiendo, nos descubran el estado higiénico de algunos países, po- 
blaciones y clases sociales, y nos muevan á concurrir, cuanto está en 
nuestra mano, á la lucha incesante contra la consumidora enfermedad. 
Entre los muchísimos factores que contribuyen de alguna manera á la 
morbidad tuberculosa, pueden considerarse como de los más principa- 
les el clima, el medio y la constitución orgánica del individuo; así ve- 
mos que el clima seco de altura y el de costa marítima soleada son 
desfavorables á la afección bacilar, y en cambio, la favorece muchísi- 
mo el clima sombrío y húmedo; las grandes aglomeraciones urbanas 
y las viviendas antihigiénicas son por lo común albergues pobladísimos 
de microbios, y al revés, la vida del campo y el aire libre constituyen 
la mejor garantía de salubridad, y finalmente, las personas artríticas 
y los descendientes de tísicos, al decir de Hericourt, suelen resultar 
naturalmente inmunes, sobre todo los reumáticos, hablando en gene- 
ral; pero los esclavos de los vicios, los debilitados de anemia y los 
consumidos por la miseria fisiológica, se hallan á cada paso expuestos 



330 REVISTA CIENTÍFICA 

al inminente peligro de la infección tuberculosa. He aquí las causas 
generales por las que varía notablemente la mortandad bacilosa de 
una familia á otra familia, de una clase á otra clase, de una ciudad á 
otra ciudad y de una nación á otra nación: así que las estadísticas tie- 
nen oscilaciones muy considerables, lo que por una parte expone mu- 
chas veces á error, cuando se quiere determinar por cifras el estado 
sanitario de numerosas y diversas colectividades tomadas en conjun- 
to, y por otra explica la diferencia de opiniones de 1 )S tratadistas, par- 
ticularmente refiriéndose á tiempos muy distintos. «Tres millones de 
tísicos— ha dicho el Sr. Malo— calcúlase que mueren al año en todo el 
mundo, de los cuales uno corresponde á Europa, y de éste 50.000 á Es- 
paña, y 2.000 nada menos que á Madrid.» Sánchez Herrero, en su obra 
titulada Tratamiento curativo de la tuberculosis pulmonar, Ma- 
drid, 1904, da como cifra exacta 48.480 defunciones y 96.960 tísicos, que 
suman 145.440 tuberculosos por año entre vivos y muertos. El Oficio 
sanitario de Berlín publicó en 1903 una estadística de la mortalidad tu- 
berculosa correspondiente á las principales naciones de Europa, y des- 
pués de hacer notar queRusiaeselpaís del Continente europeo que más 
tributo paga á la tuberculosis, á causa de que muchos de sus campesinos 
y montañeses llevan una vida lánguida y miserable, porque padecen 
hambre periódica, no suelen tener facultativos é ignoran en absoluto 
las nociones elementales de higiene, reduciendo á números aproxima- 
dos sus investigaciones demográficas sanitarias, deducía que mueren 
por cada millón de habitantes 4.000 en Rusia; 3.000 en Francia y en 
Austria-Hungría; 2.000 en Alemania, Suiza, Irlanda y Suecia y 1.000 
en Inglaterra, Escocia, Bélgica, Holanda, Italia y Noruega. Si multi- 
plicamos estos números por los millones de población que tiene cada 
una de las naciones citadas, según las últimas estadísticas, resulta que 
fallecen por enfermedades tuberculosas unos 450.000 en la Rusia euro- 
pea, 150.000 en Austria-Hunguía, 117.000 en Francia, 120.000 en Alema- 
nia, 8.000 en Suiza, 10.000 en Suecia, 48.000 en Inglaterra, 7.000 en Bél- 
gica, 5.500 en Holanda, 34.000 en Italia y 2.500 en Noruega. 

Para que se vea la diversidad de pareceres que hay acerca de este 
punto, como no puede ser por menos, damos, siguiendo otras autorida- 
des, las cifras siguientes de mortalidad tuberculosa: 41.000 fallecimien- 
tos ocurren (Loch) en Inglaterra, 20.000 (Knopf) en Portugal, 200.000 
(Bernheim) en Francia, 60.000 (Cattani) en Italia, 160.000 (Kuty) en Aus- 
tria-Hungría, y 170.000 (Leyden) én el Imperio Alemán. Aun admitien- 
do como buenos esos guarismos, por suponerlos, si no conformes exac- 
tamente, muy próximos á la verdad, debe tenerse en cuenta, sin embar- 
go, que esas y otras cifras oficiales han de ser indudablemente no poco 
inferiores á las que representen la realidad; pues que, según las con- 
jeturas racionales apuntadas por Cattani, de cierto que pasarán inad- 



REVISTA CIENTÍFICA 331 

vertidos algunos casos, otros no se denunciarán, bastantes se diagnos- 
ticarán erróneamente y muchos no entrarán en el cómputo estadístico. 
Esto supuesto, en caso de pretender corregir en parte las deficiencias 
de las estadísticas oficiales, habría que añadirles, poco más órnenos, 
un tercio y aun á veces un cuarto de la suma total; y en este sentido, 
elevaríamos, por ejemplo, la cifra asignada á España á 65.000, la refe- 
rente á Francia, á 200.000-260.000 y la relativa á Italia, á 80.0v0. Aun- 
que con todas estas ingeniosidades de cálculo todavía no podemos 
saber á punto fijo el número exacto de los que sucumben heridos 
mortalmente por la tisis, con todo eso, de las defunciones registradas 
anualmente, se intenta deducir la cifra de los que la padecen, fun- 
dándose el cómputo en el tiempo de que ha menester el bacilo para 
acabar con su víctima, desde que se apodera de ella hasta que la se- 
pulta en la fosa; pero fácilmente se comprende que este problema es 
muy complejo y ofrece no pequeñas dificultades, puesto que hay que 
contar cuando menos con la virulencia del microbio, con el medio 
que le envuelve, con el campo que le nutre y con la edad, clase de 
vida, herencia sanitaria, complexión y resistencia biológica de la 
persona acometida por el microrganismo bacilar de Koch. A la So- 
ciedad de Medicina y Cirugía de Burdeos presentó en 1894 G. Hameau 
una memoria que versaba sobre La phtisie nórmale, donde en contra 
de los tratados clásicos que enseñan que la tuberculosis pulmonar 
adquirida se manifiesta rápidamente fatal á proporción que el sujeto 
atacado se halle por herencia ó por su constitución delicada más pre- 
dispuesto á contraerla, dice textualmente que el virus tuberculoso 
pulmónico mata al hombre en menos de dos años, si le encuentra 
rodeado de las condiciones normales y enriquecido de la robustez vi- 
gorosa de los organismos sanos y completamente exento de todo sino 
hereditario ó mácula adquirida. Cuando el mismo germen cae en un 
terreno algo esterilizado por un cultivo anterior, se aminora notable- 
mente la intensidad de su acción nociva; y la enfermedad que enton- 
ces sobreviene es habitualmente crónica, dura muchos años, presen- 
ta de ordinario largas remisiones y hasta puede curarse completa- 
mente.» Varios autores, siguiendo el parecer del Oficio imperial de 
sanidad de Berlín, señalan como término medio tres años para que la 
tuberculosis cierre el ciclo de su función mortífera, y algunos otros, 
considerando muy corto dicho tiempo, le alargan á diez años; de 
suerte que, según las tres opiniones citadas, el número de tuberculo- 
sos vivientes en España vendrá á ser aproximada v respectivamente 
de 100.000, de 200.000 ó de 500.000. 



(Continuará.) 



P. Francisco Marcos del Río, 
o. s. a. 



REVISTA DE REVISTAS 



Revista de Hrchivos, Bibliotecas y Museos.— Agosto de 1905.— Madrid. 

Avance para un estudio de las poetisas musulmanas en España, 
por L. Gonzalvo.— Hasta ahora no se ha hecho ningún estudio detenido 
de investigación sobre las poetisas musulmanas españolas. Los pocos 
antecedentes que existen son: Casiri, que dedica menos de una página 
á dar noticia de dieciséis musulmanas ilustres; pero aparte de que sólo 
cuatro ó cinco de ellas son poetisas, son noticias generales en que, con 
la monótona uniformidad de los originales árabes, se repiten los elo- 
gios, sin dar apenas datos concretos de sus biografías, ni insertar nin- 
gún fragmento de sus producciones. El Barón de Schack, en su obra 
Poesía y Arte de los árabes en España y Sicilia, sólo cita á tres poeti- 
sas, reproduciendo algunos fragmentos. M. Dozy, en Scriptorum ara- 
bum Loci de Abbadidis, reproduce las poquísimas poesías que se con- 
servan de la Abbadi, de Romaiquia y de Boteina, ó sea de las poetisas 
que florecieron en Sevilla en el tiempo en que esta ciudad fué, bajo los 
Abadíes, cabeza de un reino independiente. El Sr. Simonet presentó 
al IX Congreso internacional de Orientalistas una Memoria sobre las 
musulmanas españolas; pero aunque en ella cita algunas poetisas, no 
las estudia como tales. Acerca de lo que el Sr. Gonzalvo ha hecho y 
se propone en este estudio, véanse sus palabras: «He procurado ago- 
tar la materia; pero sólo he podido realizarlo en cuanto lo permitían 
los elementos que he tenido á mi alcance. He reunido los fragmentos 
poéticos y he adelantado lo posible en su traducción, sin que presuma 
de haber obtenido la exactitud deseable en todas las versiones que in- 
serto. Algunas veces, después de verter aisladamente las palabras, no 
he logrado penetrar el pensamiento que encierran, y me he quedado 
dudando si debía culpar del mal éxito á mi impericia, á la insuficien- 
cia de los léxicos árabes, ó á la torpeza de los copistas.» 



REVISTA DE REVISTAS 333 

El florecimiento de un número relativamente crecido de poetisas 
entre los musulmanes españoles se debe á su educación, que se dife- 
renciaba muy poco de la de los hombres, y su radio de acción se ex- 
tendió á todos los estudios y profesiones, llegando á haber mujeres 
que cultivaron la medicina, y que ejercieron una verdadera catcque- 
sis del Islam, recorriendo los pueblos para predicar á las muchedum- 
bres, explicarles el Alcorán y exhortarles á la piedad. Entre las mu- 
jeres árabes ocurrió lo que ocurre en todas partes en que la mujer se 
dedica á los estudios, que cultivaron la poesía con más frecuencia y 
con mayor fruto. Por los restos de poemas que se conservan se ve que 
preferentemente cultivaron la poesía laudatoria, erótica y satírica. 
«El valor literario de estas producciones adolece de los mismos defec- 
tos que el resto de la poesía árabe; el mérito estriba en reunir un aglo- 
merado de palabras rebuscadas y altisonantes, cuya combinación re- 
sulte armoniosa al oído, pero cuya rima se repite uniformemente en 
todos los versos con desesperante monotonía, que incapacita á cual- 
quier oído de aquende el Mediterráneo para percibir bellezas de 
modulación entre tales martilleos. Los retruécanos, los juegos de 
palabras que con sonidos casi idénticos, significan ideas diferentes ó 
contrapuestas; los tropos más retorcidos, las imágenes más arriesga- 
das, los conceptos más alambicados, tan hueros como sutiles; todo esto 
es la última palabra en punto al mérito de la poesía, según los puntos 
de vista de los críticos musulmanes.» En general, las poesías de las 
mujeres árabes son: las laudatorias, dedicadas á príncipes y magnates, 
pobres de inspiración y vacías de ingenio; pero en las amatorias y sa- 
tíricas hay que reconocer el valor de algunos fragmentos, que mues- 
tran ser obra de una inspiración profundamente sentida ó de un inge- 
nio mordaz, incomparable para esgrimir la burla y la diatriba. 

A causa del carácter exclusivamente militar de la historia de los 
árabes en España desde Taric hasta Abderrahman I, no se registra en 
aquel tiempo el nombre de ninguna mujer poetisa. La primera que 
aparece es de principios del siglo IX. Se llama Hasana la Temimi, hija 
del poeta Abulhoasin. Se conocen dos poesías suyas: una dirigida á 
Alhaquem I y otra á Abderrahman II encomendándose á su clemen- 
cia. En el último tercio del siglo X floreció Aiexa, hija de Ahmed. De 
ella se hacen grandes elogios en el Almoctabis de Abenhayán. Se con- 
servan de ella tres poesías. Poco tiempo después de Aiexa, floreció en 
Córdoba la ilustre Ualada, una de las primeras poetisas de la España 
musulmana. Fué biznieta del fundador del califato español é hija de 
Mohamed Almostacfi, que por tres meses ocupó el solio cordobés. 
Todas sus poesías son eróticas. 

Este trabajo continuará. 



334 REVISTA DE REVISTAS 



La Quinzalne. — 16 de Septiembre de 1905.— París. 

El punto de partida de Augusto Comte, por Carlos Calippe.— En el 
presente estudio se propone demostrar el autor cómo el tan celebrado 
filósofo francés no fué siempre positivista ni constante en sus opinio- 
nes, valiéndose para ello del primer documento que el filósofo positi- 
vista escribió el año de 1816, y de cuya publicidad no se encargó ni 
aun quiso que se publicara durante su vida. Dicho manuscrito fué en- 
contrado entre los papeles que dejó Mr. Renouvier, íntimo amigo y 
compatriota de Comte, vio por primera vez la luz pública en la Re- 
vista Critique philosophique del 10 de Junio de 1882, y fué reproducido 
por Mr. Laffitte en la Revista occidental, órgano oficial de los positi- 
vistas franceses. He aquí el título que llevaba: <Mis reflexiones: Hu- 
manidad ', verdad, justicia, libertad. Relaciones del régimen de 1793 
y el de 1816, dirigidos al pueblo francés». Las ideas emitidas en este 
libro no son muy complicadas; helas aquí en líneas generales: Las 
instituciones del régimen antiguo eran «absurdas», y si la revolución 
de 1789 rayó en lo «sublime», la anarquía del 1793 fué «execrable» y el 
Gobierno militar de Napoleón fué «horrible». Mas no sólo el régimen 
absolutista es digno de la más acre censura, sino que también lo son 
sus intermediarios, el «dogma de la legitimidad», que es lo mismo que 
decir la Iglesia católica, á la cual debe atribuirse la responsabilidad 
de un principio considerado por él como subversivo del orden social. 
De aquí nacía su odio contra el episcopado y sacerdocio, á los cuales 
consideraba reos de gravísimos pecados sociales, pues como se hacían 
siervos viles del Monarca, éste les confería las más altas dignidades, 
les prodigaba honores y los enriquecía con los tesoros del Erario pú- 
blico. ¿De dónde nacía este odio del filósofo al régimen absolutista jun- 
tamente con la religión católica? No, ciertamente, de sus padres, que 
eran católicos y defensores del Monarca; ni tampoco debe atribuirse 
á la necia afirmación de que poseía una organización cerebral muy 
superior á la de los demás; antes, sí, hay que atribuirlo á la influencia 
recibida de los maestros que tuvo y al ambiente que llenaba el Cole- 
gio de Mompeller, en que cursó durante algunos años, y de cuya or- 
ganización y fines propuestos por los escolares, en su afán de saber, 
nos ha dejado brillantes descripciones el célebre Taine. 

Pero donde Comte se formó por completo y adquirió la personali- 
dad que le caracteriza fué en la Escuela Politécnica de París. En 
Mompeller, dice él, el absolutismo se apoyaba en la religión; en París, 
por el contrario, las ideas liberales estaban íntimamente unidas á la 
irreligión; de aquí que, preciándose él de liberal, sentara como conse- 
cuencia muy legítima, dentro de su sistema, la necesidad de la irreli- 
gión. Hay que confesar, sin embargo, que por efecto de esa educación 



REVISTA DE REVISTAS 335 

liberal que recibía en la Escuela, y en la cual, según su propia afirma- 
ción, ninguna otra cosa se oía más que libertad, igualdad y justicia, 
resultó que no fuese tan exclusivo como antes. Ya no siente tanta re- 
pugnancia contra la Monarquía; antes, si en un caso le parece conve- 
niente oponerse á Napoleón, se opone resueltamente; pero si poco des- 
pués juzga útil el representarle y sostenerle, le defiende. Y ¿por qué 
esta manera de obrar? Responde que porque así lo exigen los proble- 
mas político sociales. Pero ¿en qué razones funda las tristes consecuen- 
cias que de dicho sistema han de seguirse forzosamente? Algunos con- 
sideraban como necesario el sistema religioso que le condena radical- 
mente, mas él no admite tal sistema, poniendo en substitución de él el 
cultivo de las ciencias matemáticas primero y el de las físicas y natu- 
rales después. Es cierto que no encuentra principios ó razones que den 
algún fundamento á su sistema; pero ¿qué importa?; él mismo trabajará 
por deducirle de su abigarrado conjunto de teorías y teoremas forma 
do con la ciencia positiva adquirida en la Escuela Politécnica. 



1.° de Octubre de 1905. 



Donjuán Valera, por "Ángel Marvaud.— Con motivo de la muerte 
del ilustre autor de Pepita Jiménez, no sólo se encargó la prensa es- 
pañola de tributarle el más digno elogio que puede darse á un difun- 
to, sino que también la prensa extranjera se ha encargado de dar á 
conocer sus obras de literatura. Tal ha hecho, entre otras revistas 
francesas, La Quimaine, de cuyo largo artículo vamos á dar ligera 
idea. Su autor es Ángel Marvaud, el cual bien pronto se echa de ver 
que está muy enterado de nuestra literatura, y especialmente de las 
tendencias que ha seguido en el último siglo. Vése claramente que el 
articulista está prendado de las indiscutibles cualidades del meritísi- 
mo novelista español, cuyas obras ha estudiado á fondo el literato fran- 
cés. Se duele grandemente de que un crítico novelista como Valera no 
sea más conocido en Francia, cuando, aun prescindiendo de los víncu- 
los de familia, sentía predilección especial por esta nación, y su espí- 
ritu tenía muchas analogías con el espíritu de los hijos de San Luis. 
Marvaud considera al menos como un deber postumo y como un modo 
digno de celebrar su memoria, decir algo de sus obras. En la imposi- 
bilidad de hablar de todas ellas, se limita á dar á conocer los rasgos 
que dominan en tres ó cuatro, las más meritorias, á juicio del articu- 
lista, prescindiendo de sus cuentos y diálogos, algunos de los cuales, 
v. gr., Asclepigenia, son de mano maestra y deben ser considerados 
como modelo en su clase. 

Las tres novelas que examina en este artículo son: Pepita Jiménez, 



336 REVISTA DE REVISTAS 

Doña Luz y El Comendador Mendosa. Del plan general de estas obras 
nada hemos de decir, pues la mayor parte de los que leyeren este sen- 
cillo extracto conocerán las obras del novelista andaluz, y así, tan 
sólo transcribiremos los caracteres dominantes de ellas. Resalta en la 
primera parte de Pepita Jiménez la gracia y la gallardía con no sé qué 
malicia exenta de toda acritud y saturada de dulce y espiritual iro- 
nía, siendo las notas salientes de la segunda un apasionado interés en 
la narración, la animación y vida de las escenas que se describen, el 
colorido que deslumbra los ojos y los pintorescos cuadros, tan admira- 
blemente trazados, que insensiblemente nos evocan el recuerdo de 
Alarcón. Según el articulista, esta novela de Valera, y El sombrero 
de tres picos, de Alarcón, son unas de las pocas obras españolas libres 
de imitación extranjera y nacidas al calor de la constante lectura de 
los esclarecidos místicos españoles, quienes, en opinión del inglés Co- 
ventry Patmore, poseen, con exclusión de toda otra literatura que no 
sea española, «la síntesis tan completa de saber armonizar la grave- 
dad del asunto con el modo tan agradable y gracioso de decirlo», com- 
prendiendo en esa exclusión general al mismo Shakespeare, quien á 
pesar de poseer tan estimable cualidad, no la tiene en grado tan alto. 
Respecto de Doña Luz y de El Comendador Mendoza, considera la 
primera como imitación de Pepita Jiménez, con diferente desenlace. 
Son los distintivos de esta novela: el modo elevadísimo y en extremo 
interesante de la descripción del conflicto y lucha de opuestas pasio- 
nes; la descripción de los personajes, tan bien hecha que parece que 
se ofrecen á nuestra vista como de relieve; sólo el estilo no es tan de- 
licado como en Pepita Jiménez. El Comendador Mendoza es el que 
propiamente brotó de la lectura de los grandes místicos españoles, 
como confiesa el mismo Valera, tomando de ellos lo que juzgaba más 
conforme á los caracteres de los personajes que aquí intervienen, y 
siguiendo en la parte literaria la tendencia que hoy es conocida en la 
literatura con el nombre de Casuística, la cual no es otra cosa que el 
estudio de los conflictos morales internos aplicado á la literatura, por 
lo cual ofrece el mismo interés de un determinado estado psicológico 
propiamente dicho. Los rasgos más notables de esta novela son: la ten- 
dencia constante á describir las cosas, no como la realidad nos las pre- 
senta, sino bajo un aspecto sonriente y bañadas de cierta luz que em- 
barga nuestros ojos, ó como vulgarmente suele decirse, «con color de 
rosa», y á la manera que Trueba nos pinta las debilidades y miserias 
humanas con cierta indulgencia irónica. Este modo de tratar las cosas 
no pertenece á los españoles y sí á los franceses, y esta es «quizá» la ra- 
zón porque se hace al autor tan simpática la personalidad de Valera. 
Hecho el examen de estas tres novelas, estudia brevemente las re- 
laciones que existen entre Valera, Galdós, Pereda y Blasco Ibáñez. 



REVISTA DE REVISTAS 337 

No ofrecen las novelas del autor de Pepita Jiménez la variedad de ti- 
pos que presentan las de Galdós, ni nos hace recordar tal ó cual medio 
social, como lo hacen las de Pereda; pero ni Pereda ni Galdós pueden 
gloriarse de ser más psicólogos que Valera, y quizá ninguno de los 
dos haya penetrado tan adentro en los arcanos misteriosos del alma 
como el novelista andaluz. Con relación á Blasco Ibáñez hay que decir 
que ambos son completamente meridionales y que la inspiración de 
ambos tiene mucho parecido, puesto que la mayor parte de los hechos 
narrados por Valera suceden en Córdoba, mientras que los de Blasco 
se verifican en la huerta de Valencia; la diferencia de ambos dimana 
de la imitación de las cosas que les presenta la Naturaleza, la cual, 
como en ambas provincias sea diferente, necesariamente lo han de ser 
los cuadros descritos. 



Revue Hugustinienne.— Septiembre de 1905.— Lovaina. 

La organización del catolicismo en Inglaterra, por Salvador Pie- 
tavi.— A partir de los acontecimientos de Oxford y de las controver- 
sias dogmáticas á que dieron motivo hace setenta años, el catolicismo 
ha progresado en Inglaterra de modo extraordinario. El día 29 de Sep- 
tiembre de 1850. restauró Pío IX la jerarquía eclesiástica, creando un 
arzobispado y doce obispados sufragáneos. Hoy forma Inglaterra una 
provincia eclesiástica compuesta de un Arzobispo residente en West- 
minster, y quince Obispos, que no están retribuidos por el Gobierno, 
si bien gozan libertad casi omnímoda en el desempeño de su minis- 
terio. Su elección es perfectamente eclesiástica. Durante el mes que 
sigue á la muerte de un Obispo, los Canónigos eligen por votación se- 
creta tres candidatos, cuyos nombres, colocados por orden alfabético, 
son presentados á la Asamblea general de Obispos, la cual, previo el 
examen de las cualidades de los aspirantes, presenta la terna al Papa, 
quien decide en última instancia, nombrando á uno de los tres pro- 
puestos. El Obispo administra su diócesis, confiere los nombramientos 
canónicos; pero como es reducido el número de los fieles, puede des- 
cender hasta el pueblo y tomar parte en sus dolores y en sus alegrías, 
organizar á los católicos, proveer á la penuria de las iglesias pobres, 
vigilar la conducta del clero y hablar á los Párrocos, bien en el Sínodo 
diocesano ó bien en las visitas pastorales, con la misma autoridad que 
un superior regular á sus religiosos. 

Las diócesis están divididas en misiones Cque son en realidad seme- 
jantes á las parroquias francesas), al frente de las cuales están uno ó 
varios Sacerdotes nombrados por el Obispo, ó alguna Comunidad re- 
ligiosa, que debe sufragar todos los gastos de la misión. Pero como el 

24 



338 REVISTA DE REVISTAS 

clero no recibe emolumento alguno del Estado, se ve obligado á exco- 
gitar medios para su subsistencia, y estos medios, señalados por el 
Concilio de Westmlnster, son: la colocación de bancos y sillas en la 
Iglesia; el pago del derecho de entrar en la Iglesia, que varía entre 10 
y 60 céntimos; la colecta que se hace al Ofertorio, que es la única le- 
gal, "si bien se colecta en todos los oficios; las colectas extraordinarias 
reunidas con ocasión de conciertos, bazares, etc.; y las colectas hechas 
de puerta en puerta los domingos después de medio día. Cada misión 
tiene su casa rectoral, donde vive el Párroco, y sus coadjutores á 
quienes debe alimentar; pero lo restante del dinero debe reservarlo, 
sin que pueda disponer de ello. Entre los católicos y su Párroco exis- 
ten relaciones íntimas, siendo éste el alma de toda empresa y asocia- 
ción caritativa, educadora ó de preservación. No habla el articulista 
de las Órdenes religiosas, sino que cita la Sociedad de las labores de 
aguja, cuyo fin es proporcionar ropas á los pobres; la Sociedad del 
altar, encargada de la ornamentación de las Iglesias; la Brigada de 
los jóvenes católicos, pequeño ejército compuesto de jóvenes con su 
propio uniforme, y dirigido por respetables católicos, quienes preten- 
den acercar la juventud al Sacerdote; la Asociación católica, que se 
dedica á mantener la cordialidad entre los católicos con todo género 
de expansiones honestas; los Sociales, centro donde se reúnen para la 
diversión y el juego, bajo la inspección inmediata del Cura. En toda 
misión hay sus salas de recreación, adonde concurren los niños, que 
son instruidos por jóvenes piadosas. Notable es la Sociedad para soco- 
rrer d los convertidos, quienes por lo regular pierden su modus viven* 
di al convertirse, especialmente si son ministros protestantes. Muchos 
de éstos se harían católicos si se les asegurase su posición social. Me- 
recen citarse también: la Sociedad de Nuestra Señora del Rescate, 
para la conversión de los protestantes; la Sociedad para socorrer d los 
prisioneros; para el Apostolado de los marinos; la visita á los hospi- 
tales; la Conjerencia de las Damas católicas, cuyo fin es el estudio de 
las cuestiones científicas modernas; el Comité de las escuelas católica* 
y la Sociedad de las Hermanas de la Asunción, compuesta de obre- 
ros convertidos por estas heroicas Religiosas. Aun omitiendo citar 
otras Asociaciones, bastan las mencionadas para servir de espléndida 
corona á la Iglesia de Inglaterra. 

Pasaron los tiempos del martirio. Los católicos organizan hoy gran 
diosas procesiones en las que figuran las Hermandades: la Brigada de 
jóvenes, las Hijas de María vestidas de blanco, protegidas por los 
agentes del orden. La primera procesión pública desde la llamada Re- 
forma se celebró hace dos años en Tower Hill, gracias á los Rauso- 
mers de Londres. Luego se realizó en Pekaru, después en Keusal y 
hoy en todas las Iglesias. «Inglaterra es un centro de politeísmo.» Con- 



REVISTA DE REVISTAS 339 

tra la Iglesia católica se han levantado las sectas no conformistas, 
Baptista, Westeganos, Congregacionalistas, que la atacan con rudeza, 
y lanzan acusaciones terroríficas contra el Papismo. En cierta oca- 
sión, un Westegano, después de esforzarse por demostrar que la con- 
fesión es absurda, notó cierta incredulidad en su auditorio. «Yo doy, 
gritó, 10 libras (250 francos) al que me cite un texto de la Biblia que fa- 
vorezca la confesión de los romanos católicos.!— «Y yo, respondió un 
católico que se hallaba presente, os daré 40 libras si me citáis un texto 
que la condene.» El auditorio abandonó entre comentarios sabrosos y 
risas maliciosas, al demagogo orador. Los protestantes atacan al ca- 
tolicismo en el discurso, la novela, el diario, el libro y la caricatura; 
pero los católicos han organizado su defensa en todas partes y por los 
mismos medios que sus enemigos, de suerte que se defienden en igual 
terreno que les atacan. Gracias á su actividad y desprendimiento po- 
seen un prensa propia, que si no es tan leída como la protestante, sir- 
ve para instruir y alentar á los católicos y refutar á cuantos injusta- 
mente les atacan. 



La eivilta Cattolica.- 16 de Septiembre de 1905 —Roma. 

La Misa en la Edad Media.— Elgran Sacrificio cristiano ocupó siem- 
pre lugar preferente en los libros de devoción; pero en la Edad Media 
era muy conocido del pueblo merced á las obras expositivas que cir- 
culaban de mano en mano. A partir del siglo XIV, esos pequeños cate- 
cismos teológicos fueron recogiendo multitud de leyendas, extraordi- 
narios milagros y cuentos de todo género, con los cuales se corrompió 
la tradicional exposición teológica de la virtualidad salvadora de la 
Eucaristía. La historia de esos documentos es sumamente curiosa. De 
uno de ellos copia el articulista estas afirmaciones, tenidas en aquél 
entonces cual incontrovertibles verdades. Dice Beda: <Las ánimas 
del Purgatorio no sufren pena alguna mientras se ove misa por ellas»; 
dice San Ambrosio: «En el tiempo en que se oye misa no se envejece 
ni se debilita la salud, porque lo mismo aconteció á Adán cuando co- 
mió del árbol de la vida»; dice San Juan en el Apocalipsis: cen toda 
misa se convierte un pecador, sale un alma del Purgatorio y algún 
justo permanece constante en gracia»; dice San Gregorio: «una misa 
perdona al mismo tiempo todos los pecados de vivos y muertos.» 
Fácilmente se comprende que los Santos citados no han escrito seme- 
jantes exageraciones, sino que el deseo de significar las excelencias 
de la misa, dictó á extremosos catequistas este medio censurable de 
ponderarlas, de igual modo que la compilación de ejemplos inverosí- 
miles cuya noticia penetró en la masa del pueblo con manifiesto per- 
juicio de la piedad verdadera. 



340 REVISTA DE REVISTAS 

Convencido el pueblo del valor infinito del Sacrificio del altar, 
abrumaba al clero con donaciones y exigía la celebración frecuente; 
por donde los Sacerdotes, llevados de su devoción, ó quizá del espíritu 
del interés, decían tres, cuatro, cinco ó más misas al día, y pretex- 
taban cualquier motivo para celebrar, siendo aún más censurable que 
muchos no comulgaban sino en la última, abuso condenado por el Papa 
Juan XII. De la condenación de este abuso nació el de la misa seca, en 
la cual, el Sacerdote no consagraba por escrúpulo, omitía las secre- 
tas y el canon, y en lugar de la consagración elevaba las reliquias de 
un santo ó el copón, distribuyendo al fin, en vez de la Eucaristía, pan 
simplemente bendecido. Si la elevación consignada fué severamente 
prohibida, permitióse hasta el siglo XVI la práctica de todas las cere- 
monias de la misa, como piadosa y propia para suplir en muchos casos 
á la misa completa. La reforma de San Pío V acabó con este uso lamen- 
table. Algunos presbíteros inventaron el recurso de decir varias misas 
con una sola consagración, y al efecto, comenzaban la primera, dedica- 
da á la Virgen, y al Ofertorio empezaban otra de Cruce, y así sucesiva- 
mente, hasta que consagraban en la última. Un ermitaño de la diócesis 
de Beauvais declaró que por mandato de San Pedro había celebrado 
por este sistema tres misas, la de Saluspopuli, una de Cruce y otra'por 
los difuntos. La Iglesia reprobó esta corruptela. Con la devoción á la 
Eucaristía afirmóse en el pueblo la creencia en una extraordinaria vir- 
tud, que atribuía á cuantos objetos estaban en contacto con este Sacra- 
mento. Así, buscaba los manteles del altar para envolver á los enfer- 
mos ó difuntos, creyendo en su curación ó que aliviarían sus almas en el 
Purgatorio; los corporales contra los incendios; e) agua que usa el 
Sacerdote para las abluciones como remedio general de todo padeci- 
miento. Llevóse el fanatismo hasta el punto de profanar las mismas es- 
pecies sacramentales, los santos óleos, etc., empleándolos en usos 
indignos. . 

En Francia tuvo origen en el siglo XII la costumbre de elevar la 
Eucaristía después de la consagración, y luego se difundió por todo el 
mundo. En un principio los fieles se postraban en aquel momento; mas 
luego prevaleció el uso de fijar los ojos en la hostia y en el cáliz á la 
elevación. No faltaron predicadores piadosos é instruidos que aconse- 
jaron esta práctica al pueblo y le adoctrinaron acerca de su significa- 
ción; pero otros menos cultos y más indiscretos impusiéronla á los fie- 
les como obligación de conciencia, y dieron en exagerar los beneficios 
que de su cumplimiento se originaban. Multiplicáronse las leyendas 
de prodigios realizados con esta devoción, y hasta alguien vio en vi- 
sión, un condenado que tenía la cara y las manos blanquísimas por- 
que en vida acostumbraba mirar las santas especies. 



REVISTA DE REVISTAS 341 

Continuará este estudio, tomado substancialmente por el articulista 
de una obra en alemán llamada La Misa en la Edad Media en Alema 
nia, escrita por Adolf Franz. 



Rivlsta di Scienze Storique.— Septiembre de 1903.— Pavía. 

La Sagrada Cabeza de San Bartolomé en Pisa?, por Salvador Bar- 
sotti.— Refiere el historiador Roncioni qu; el famoso capitán Sigerio, 
en su expedición militar á Lipari contra los sarracenos, trasladó á 
Pisa la cabeza de San Bartolomé. Admiten los más autorizados críticos 
que fué trasladada de la ciudad de Darás, en la Armenia Mayor, á la 
isla de Lipari, y desde aquí á Benevento, en el año 832 ú 840, y final- 
mente, desde Benevento á Roma en el 983 ó el 100, donde se venera hoy 
día. Se deduce, por tanto, no ser verídica la mencionada cruzada de 
Sigerio, y la traslación de la reliquia insigne en la época que la regis- 
tra el historiador Roncioni. Conviene tener presente que se conservan 
cuatro cabezas, tenidas como reliquias sagradas y pertenecientes al 
cuerpo de San Bartolomé, de las cuales una se conserva en Xápoles, 
otra en Pisa, otra en Roma, y otra en Richenow, en Alemania. Res- 
pecto á la legitimidad de la existente en Pisa, niégala el autor de este 
estudio, apoyándose en el silencio que acerca de este punto guardan 
los antiguos inventarios del tesoro de la Catedral pisana, y en el carác- 
ter improbable de que se halla revestida la guerra religiosa capita- 
neada por Sigerio,como observó Muratori, cuyas observaciones juzgó 
concluyentes Bonaini. 

Contiene además este cuaderno la continuación del notable estudio 
acerca de Las embajadas externas de Gaspar Silingardi, Obispo de 
Módena, á las cortes de Felipe II y Clemente VIH, por Bernardino 
Ricci. 



The Bcclesiastical Review.- Octubre de 1905 — Filadelfia. 

Observaciones de un Obispo de las tnisiones en el Japón, por Julio 
Chatron.— «El deber del misionero en el Japón no se limita á cumplir 
lo que he relatado en mi último artículo— dice el autor.— Resta aún la 
parte más importante de las conferencias religiosas.» Estas conferen- 
cias se celebran en algún teatro ó salón público, lo cual no debe extra- 
ñar, si tenemos presente que estos centros generalmente son alquila- 
dos hoy para una obra de caridad, mañana para una conferencia de 
higiene, y al otro día para una reunión política. ¿Por qué la voz de la 
religión no ha de oirse? Aparte de que el misionero no encuentre otras 
habitaciones aptas para esto. Aquí se reúnen dos, tres, cuatro, y hasta 
seiscientos hombres, que toman una postura tan humilde, sentándose 
sobre los talones, que por su actitud presente difícilmente se sospe- 



342 REVISTA DE REVISTAS 

charía que son los padres, hermanas y parientes de los soldados cuyo 
valor tan notables victorias ha obtenido sobre los rusos. 

Colocados en sus respectivos lugares los concurrentes, se percibe 
un murmullo de voces, hasta que les intiman el silencio, que todos 
guardarán rigurosamente. Luego pronuncia un discurso el catequista 
y lo mismo hacen dos cristianos preparados, y por último, les dirige la 
palabra el Padre, que se esmera en interesar é instruir á su auditorio, 
al mismo tiempo que por representaciones agradables les hace hasta 
atractivos los discursos religiosos. El resultado de estos discursos en 
general es muy lento, y el Padre ha de seguir este procedimiento por 
muchos días, si quiere conseguir algo: sucediendo que, después de va- 
rios años y estando á cien leguas de distancia, recogen el fruto de 
estas conferencias. El electo inmediato del discurso es entrar en rela- 
ción más íntima con algunos oyentes; visitará sus casas y recibirá su 
correspondencia. Mas las verdaderas dificultades con que tropieza 
versan siempre sobre el matrimonio. En este país la suegra es la causa 
del enlace matrimonial y del divorcio, que consuma con la misma 
facilidad. 

Entre las visitas consoladoras para el corazón del misionero están 
las de los niños. Ellos son los favoritos de los misioneros y en quienes 
ingieren el germen de la futura prosperidad de la misión, aunque es 
muy difícil arrancarles los defectos de su primera educación— pagana 
ó budista.— Sucede también que la educación de los niños está entera- 
mente separada de toda idea de religión, no por sectarismos, sino por 
principio. Y tanto es así, que se ha dado el caso de deponer algunos 
profesores por quebrantar este principio. El Padre instruye en sus 
casas á los niños, muchos de los cuales, por su aplicación, agudeza de 
ingenio y réplicas ingeniosas, rivalizan con los niños europeos de su 
edad. Estudiado el catecismo y cimentados con los principios de nues- 
tra religión, se preparan para su primera comunión, de donde salen 
hábiles y robustos para sostenerse en las luchas que han de soportar 
por la fe, luchas no de sangre, pero sí diarias. La neutralidad exigida 
en lo tocante á la religión, sólo está en vigor en las escuelas de ins- 
trucción primaria. En los liceos y grandes Universidades no existe tal 
neutralidad, y casi todos sus profesores, si bien no combaten ex profeso 
la religión, manifiestan sus ideas sistemáticamente hostiles á ella. 
Algunos de ellos están imbuidos en las ideas religiosas; pero educa- 
dos por los protestantes, que más contribuyen á la debilidad que al 
bien de la cristiandad. Los estudiantes católicos existen en mayor nú- 
mero, y el Padre los instruirá y resolverá las muchas objeciones que 
oyen de todas clases, para conservarles en la íe. 

En números ulteriores podremos admirar más y más este curioso 
é interesante relato. 



CRÓNICA GENERAL 



Madrid-Escorial, Í5 de Octubre de 1905. 



EXTRANJERO 

Roma.— Es cierto que durante el pontificado del inmortal León XIII 
la diplomacia italiana no reconoció el derecho del Padre Santo en la 
Conferencia de la Paz, no obstante la benévola actitud de la mayor 
parte de los Gabinetes europeos. Hoy, gracias á las gestiones realiza- 
das por el actual Pontífice, parece cierto que se han vencido grandes 
obstáculos y admítese ia posibilidad de encontrar un término de ave- 
nencia, anunciándose, además, que la próxima participación del Papa 
en la Conferencia de La Haya será precedida ó seguida de algún acto 
político de suma importancia. 

— Con su acostumbrada benevolencia ha recibido el Papa á los 
Sacerdotes que han formado parte de la peregrinación de la Francia del 
trabajo, y á tal efecto los reunió en la Sala Clementina. Su Santidad, 
después de aplaudir con entusiasmo una linda poesía compuesta y 
leída por el abate Félix Ferier, habló á aquellos buenos Sacerdotes de 
la siguiente manera: 

«Nos regocijamos de todo corazón al recibiros en este día; porque 
vuestra presencia Nos proporciona la ocasión de saludaros afectuosa- 
mente > de dirigiros algunas palabras que podáis repetirá vuestros 
hermanos cuando hayáis regresado á vuestra patria. Todo cuanto Nos 
os digamos puede reducirse á esta recomendación, que Nos deasea- 
mos que grabéis profundamente en vuestra memoria: Sed santos. Ha- 
blando San Pedro de los simples cristianos, les aplicaba estas expre- 
siones: «.Sois una nación santa y constituís un real sacerdocios ¡Pues 
con cuánta miyor razón debemos nosotros realizar, en nosotros mis- 
mos, esta santidad! ¡Nosotros, á quienes Dios escogió, desde antes de 



344 . CRÓNICA GENERAL 

la constitución del mundo, para ser sus sacerdotes; nosotros, á 
quienes dijo el Señor: «Ao os llamaré mis servidores, sino mis ami- 
gos»; nosotros, que desempeñamos el cargo de embajadores de Cristo 
y que somos «los dispensadores de los Sacramentos divinos»/ El 
Maestro nos ha llamado amigos suyos, y ¿no es cierto que la amistad 
exige, entre los amigos verdaderos, una conformidad absoluta en eL 
pensamiento y en la acción? Pues si somos amigos de Dios, ¿cómo es 
posible que nos manchemos con el fango de la tierra? Pero no tan sola- 
mente somos amigos de Dios, sino también embajadores de Jesucristo. 
El embajador debe inspirarse en las ideas y en los propósitos del que 
lo envía; pero ante todo y sobre todo, en sus virtudes. ¿Cómo habrá 
de reconocer el pueblo nuestra divina embajada, si no reconoce en 
nosotros esta señal de la elección divina? Ya en la antigua ley prohi- 
bía el Livítio á los sacerdotes que hubieran contraído mancha, inmo- 
lar víctimas y ofrecer los panes de propiciación, y observa San Am- 
brosio que si así estaba establecido para los sacerdotes de la ley anti- 
gua, ¿con cuánto mayor motivo no debe tal prohibición alcanzar á los 
sacerdotes de la nueva ley? Porque aquélla era la figura y ésta la rea- 
lidad, y como dice San Crisóstomo: «¿Cómo es posible que la lengua, 
enrojecida con la sangre de Cristo, se mueva para hablar el lenguaje 
del pecado?» 

Citó, á continuación, el Padre Santo las palabras en que San Pablo 
enumera las virtudes que deben resplandecer en los diáconos, y conti- 
nuó de este modo; «¿Qué será, pues, lo que exija de sus sacerdotes la 
Iglesia? Ella misma os lo da á entender en aquellas palabras que quie- 
re que pronuncies en el acto de vuestra consagración: Don/itiits fiars 
hereditatis meae; el Señor es la parte de mi herencia; y, comentando 
este versículo San Bernardo, nos dice que se trata de una posesión 
recíproca: nosotros debemos poseer á Dios de tal modo, que El tam- 
bién nos posea á nosotros por entero. Pensad mucho en esto. Trátase 
de una santidad que nos convierta en ejemplo vivo para los fieles, 
forma gregis ex animo; trátase de una santidad que, por virtud de 
sus externos resplandores, atraiga á todas las almas y suavemente las 
impulse á seguirnos. Bien considerado, somos incapaces por nosotros 
mismos de realizar esta misión altísima, y así es preciso que pidamos 
á Dios las fuerzas necesarias para conseguirlo. Sí; debemos orar con 
fervor para que Dios se digne concedernos una santidad digna de 
nuestro sacerdocio.» 

El Padre Santo concedió á todos los asistentes su bendición apostó- 
lica. Terminada esta audiencia, se trasladó el Papa con todos los asis- 
tentes á la misma al Salón del Consistorio, donde le esperaban los Hi- 
jos de María, y esta nueva audiencia terminó con la oración del Ánge- 
lus, que el Padre Santo recitó con toda la concurrencia. 



CRÓNICA GENERAL 345 

Francia.— El periódico Le Matin ha dado tema abundante á la po- 
lítica europea con sus sensacionales revelaciones, atribuidas á mon- 
sieur Delcassé, por más que él las ha negado, acerca de las causas 
que motivaron la dimisión del cargo de Ministro de Estado de aquel 
hombre público francés. Según Le Matin,\a. cuestión de Marruecos ha- 
bía puesto en tal estado de tirantez las relaciones diplomáticas entre 
Francia y Alemania, que se hacía inevitable una guerra. Parece que 
la mano oculta de Inglaterra mediaba en el asunto, y había prometido 
á M. Delcassí, en el caso de que la guerra estallase, poner á disposi- 
ción de Francia la escuadra inglesa, que desembarcaría 100. <XX) hom- 
bres en Kiel y se apoderaría del Sleswig y Holstein. El comentario 
más expresivo de tales revelaciones es el que se atribuye al Empera- 
dor alemán: «¡Pobres gentes!», cuyo sentido, aunque no esté comple- 
tamente claro, no es de todas maneras muy honroso para la penetra- 
ción de la diplomacia francesa. En efecto: según unos, puede signifi- 
car que Alemania tenía perfectamente prevista la contingencia y 
tomadas todas las precauciones para evitar que pudiera llevarse á 
efecto; según otros, equivale á una frase de conmiseración hacia Fran- 
cia por su candidez en creer en promesas de Inglaterra. Es convicción 
muy generalizada que Inglaterra no puede disponer de 100.000 hom- 
bres de desembarco en ninguna parte, y mucho menos en un país mi- 
litarmente organizado como Alemania, que había de presentar formi- 
dable resistencia; eso, aun descontando la posibilidad de que la pérfida 
Albión, siguiendo su política tradicional, no metiese á Francia en el 
conflicto, y dejándola bonitamente en la estacada, se valiese de ese 
medio para inutilizar á dos naciones rivales. El asunto ha dado mucho 
juego, y durante toda la quincena ha sido tema preferente de la pren- 
sa alemana, francesa é inglesa. Delcassé ha desmentido débilmente 
haber hecho tales declaraciones; Inglaterra, por su parte, las ha nega- 
do también de una manera oficiosa; pero en el ánimo de Europa ente- 
ra ha quedado arraigada la convicción de que la especie echada á vo- 
lar por Le Matin y que tal revuelo ha producido, no dejaba de tener 
fundamento. 

—El Congreso antituberculoso de París ha sido un verdadero acon- 
tecimiento por su sesión de clausura, donde el Dr. Behring ha hecho 
declaraciones verdaderamente notables. Dijo que en estos últimos años 
ha logrado reconocer con seguridad la existencia de un elemento cura- 
tivo, diferente del principio antitóxico. Este nuevo principio desempe- 
ña un papel de suma importancia en la acción inmunizadora del ba- 
cilus. Behring ha hecho desde hace cuatro años sus prueoas en la lucha 
contra la tuberculosis bovina. El elemento á que se refiere tiene por 
base la impugnación de las células vivientes, por una substancia origi- 
naria del virus de la tuberculosis, y á la que el eminente doctor ha 



346 CRÓNICA GENERAL 

dado el nombre de T. C. Cuando la T. C. se ha transformado en parte 
integral de las células que componen el organismo de los animales que 
han sido tratados por dicha substancia y ha quedado «metamorfo- 
seada» por estas mismas células, le da el nombre de T. X. El Dr. Be- 
hring ha terminado sus estudios sobre este particular, é ignora cuánto 
tiempo será preciso para que el valor práctico de dicho remedio con- 
tra la tuberculosis quede comprobado; no obstante, confía en que el 
próximo Congreso, que será el año de 1908, registrará nuevas pruebas 
de considerables progresos. 

Inglaterra.— No es unánime la opinión en Inglaterra respecto á 
las ventajas del Tratado anglo-j apones. Los elementos radicales, por 
lo menos, distan mucho de pensar así, entendiendo que dicha alianza 
no conviene, porque no se ve la necesidad de recurrir á las tropas ja- 
ponesas para la defensa de las fronteras de la India contra Rusia. Es- 
tima el partido radical que el nuevo Tratado es hostil á Rusia, y que 
la carta dirigida al Embajador de Inglaterra en San Petersburgo, no 
tenía ninguna atenuante de esa hostilidad. Defiende, además, la men- 
cionada agrupación, que ese Tratado traería forzosamente una in- 
teligencia ruso-alemana, y enfriamiento de las relaciones entre Rusia 
é Inglaterra. Es un hecho que el pueblo inglés desea una aproximación 
con el pueblo ruso, y ese Tratado alejará la tan deseada inteligencia, 
si no la hace imposible. En la prensa y en la opinión se produjo al prin- 
cipio un movimiento favorable al Tratado; pero desde que se han he- 
cho públicas ciertas opiniones autorizadas, han cedido los fervores y 
son muchos los que ya dudan respecto á las ventajas del acuerdo para 
Inglaterra, sobre todo cuando hay motivos más que suficientes para 
sospechar una futura inteligencia ruso-alemana. Y aun los diarios, 
como el Spectator, que se inclinan al Tratado, dicen haber peligros de 
suma gravedad. Al mismo tiempo, otra corriente de opinión inglesa se 
ha pronunciado en favor de la inteligencia con Rusia. Si merece fe un 
reciente telegrama de Londres, esa opinión va ganando prosélitos, y 
tanto la corte como el Gobierno, desean vivamente entablar relacio- 
nes amistosas con el imperio moscovita. La prensa británica consagra 
sus artículos al estudio de esta cuestión, y es de esperar que, no tar- 
dando mucho, dé sus resultados halagüeños. 

Japón.— Noticias del Japón dicen que allí se considera á Alemania 
hostil al Tratado anglo-japonés y se la cree deseosa de organizar una 
coalición que sirva de contrapeso á aquél, aunque no es de esperar 
que pueda llegar al triunfo con tal combinación, porque Francia, de 
seguro, no habrá de prestarse á cooperar á «lia, y se cree que esa po- 
tencia es la clave de la situación, pues una alianza de Rusia y Ale- 
mania, sin la nación vecina, no podría hacer frente en el Asia Orien- 
tal á Inglaterra y el Japón, secundados por los Estados Unidos, que 



CRÓNICA GENERAL 347 

son moralme.ite aliados de esas dos potencias. La actitud observada 
por Alemania durante la guerra, no permite suponer en ella hosti- 
lidad hacia el Japón; pero, á pesar de todo, en Tokio juzgan que las 
manifestaciones de ciertos periódicos alemanes expresan deseos que 
no serían compatibles con la realización de pacíficos progresos en Ex- 
tremo Oriente. 

II 



ESPAÑA 

El 12 del corriente mes, con las solemnidades de rúbrica, tuvo lugar 
el solemne acto de la apertura de Cortes. El Mensaje, leído por S. M. el 
Rey, dice así: 

cSeSores Senadores y Diputados: 

En cumplimiento de mis deberes constitucionales, que son culto y 
ofrenda de mi amor á la Patria, vengo á inaugurar unas Cortes elegi- 
das entre los anhelos de mejora y las aspiraciones de progreso que en 
el alma de la Nación palpitan. Seguro estoy, y ello conforta mi espe- 
ranza en la fecunda labor de este Parlamento, que vosotros todos, que 
del pueblo venís, de ese admirable pueblo español, traéis las inspira- 
ciones patrióticas que han de guiaros en vuestras deliberaciones y en 
vuestros trabajos, dando á los debates de ambas Cámaras el esplendor 
tradicional de la tribuna española, y proporcionando la actividad de 
vuestras tareas al arduo empeño que á la sabiduría de las Cortes en- 
comiendan las necesidades públicas y la voluntad de vuestros conciu- 
dadanos. 

^Nuestras relaciones con todas las potencias son sinceramente amis- 
tosas. Firme, como siempre, nuestra veneración á la Santa Sede, el 
bondadoso Pontífice que hoy la ocupa persevera en darnos pruebas de 
su paternal afecto. Esta cordialidad es augurio feliz de que continua- 
rá la armonía entre los dos Poderes, espiritual y temporal, mantenién- 
dose cada uno dentro de su propio derecho y su esfera de acción res- 
pectiva. Con tal criterio resolverá mi Gobierno la cuestión de las Con- 
gregaciones religiosas; acatando como es debido los intereses eternos 
de la Iglesia, sin mermar por ello la integridad de la soberanía del 
Estado. Los viajes, por todo extremo felices, que realicé á otras na- 
ciones, y el cambio de próximas visitas de soberanos y jefes de Esta- 
do á nuestra patria, ponen en relieve las corrientes de simpatías que 
nos unen á las cortes y á los pueblos extranjeros, así como los arbitra- 
jes sometidos á la Corona de España para resolver cuestiones de lími- 
tes entre el Perú y el Ecuador, y entre Honduras y Nicaragua, de- 



348 CRÓNICA GENERAL 

muestran la constancia hidalga con que en gran parte de América 
perduran el glorioso recuerdo de la antigua pitria y los respetos á la 
justificación de nuestros prestigios; conjunto de circunstancias hala- 
güeñas, que infunden gratas esperanzas de buen suceso para la reno- 
vación de los tratados de comercio, cuyo concierto tiene plazo fijo y 
muy próximo. La Conferencia propuesta por el Sultán de Marruecos 
sobre reformas en su impero y recursos para atender al debido plan- 
teamiento, promovió negociaciones de las cancillerías, inspiradas en el 
mutuo respeto y unánime reconocimiento del derecho internacional. 
A la oferta hecha por mi Gobierno de una población del Mediodía de 
la Península para la reunión de los plenipotenciarios, respondiéronlos 
Gabinetes de París y de Berlín aceptando entre las propuestas la ciu- 
dad de Algeciras. Oportunamente se dará cuenta á las Cortes de los 
trabajos de mi Consejo responsable, que no habrán de ser estériles 
para mejorar la situación de España en África y los derechos é inte- 
resas valiosos de nuestra nación en el imperio scheriffiano. 

»Por lo que hace á la vida interior del país, nadie desconoce el es- 
píritu reformador de mi Gobierno. La reorganización judicial acorda- 
da por las Cortes en 1900, no cumplida todavía, constituye en esta esfe- 
ra de la vida nacional una preocupación constante hasta que se logre 
satisfacer necesidad tan hondamente sentida por el país y reclamada 
por cuantos tienen que fiar su honra ó sus intereses al fallo supremo 
de los Tribuíales de justicia. No menos perentorias é ineludibles son 
aquellas reformas que afectan á la esencia del régimen representativo 
y á las garantías de rectitud é imparcialidad austera de la Adminis- 
tración pública. Una larga experiencia ha demostrado la absoluta ne- 
cesidad de que cese toda intervención que no sea la del propio cuerpo 
electoral en cuanto concierne al propio ejercicio del sufragio, así en 
las operaciones anteriores á la emisión del voto, como en el procedi- 
miento é independencia de los Colegios. Completarán este proyecto la 
ley de incompatibilidades, con el fin de separar más y más la función 
legislativa de la influencia de la Administración, y la de excedencias 
de los empleados, que tiende á corregir los abusos y corruptelas en los 
servicios públicos, á la vez que cerrará una de las puertas por donde 
cada día entran nuevas injustificadas cargas sobre el Tesoro en el ca- 
pítulo de Clases pasivas. Preferente atención dedica mi Gobierno á 
cnanto respecta á las instituciones militares, de acuerdo con las exi- 
gencias de la opinión pública y con los adelantos de la época actual, 
proponiéndose robustecer el espíritu y los medios de los elementos 
armados para que puedan responder en todo caso á los fines de su pa- 
triótica misión. Para ello solicitará vuestra cooperación patriótica. I . i 
situación á que han llegado las fuerzas de m ir va haciéndose cada vez 
más insostenible, y por lo mismo urge elrestablecer de un modo defi- 



CRÓNICA GENERAL 349 

nitivo el régimen de la Armada, dotando á la nación de elementos na • 
vales que deba y pueda sostener para su defensa. Con estos fines os 
serán presentados los proyectos de ley oportunos, así como los necesa- 
rios para la protección á la Marina mercante y á las industrias de mar. 
Es ya dogma inquebrantable para todos los partidos y todos los Go- 
biernos la nivelación de los presupuestos, entendiéndose que ha de 
quedar ésta garantida con un superávit suficiente. Partiendo de esta 
base indiscutible, intentará mi Gobierno reformas y mejoras deman- 
dadas fervientemente por el país. Al par que se legaliza la situación 
económica con la urgencia que exige el plazo legal, próximo á extin- 
guirse, tendrán ocasión de deliberar las Cámaras sobre cuestiones 
financieras tan importantes como las bases para la reforma arancela- 
ria, los tratados de comercio y el problema de los cambios, cuya solu- 
ción, con procedimiento sistemático, gradual y constante, implica una 
reforma del Banco de España. 

»De vicios cuya corrección es urgente y de faltas que es de todo 
punto necesario subsanar, adolece la organización de la Policía espa- 
ñola; habrá de acometerse en plazo breve la obra de su completa 
transformación, en bien de la seguridad individual y del respeto á la 
ley y al orden público. Las cuestiones sociales vienen siendo objeto de 
detenido estudio en todas las Naciones, y hay que proseguir esa labor, 
emprendida por anteriores Cortes, para lo cual se someterá á las que 
hoy se reúnen proyectos que armonicen las relaciones del patrono y el 
obrero en los contratos del trabajo. De gran conveniencia y equidad 
ha de ser una ley sobre seguros para obreros que tengan por base la 
mutualidad y la cooperación, y á cuyas fundaciones pueda contribuir 
el Estado á medida que lo permitan los recursos del Tesoro. La Admi 
nistración local, cuya reforma tantas veces se ha intentado, y en cuyo 
estudio se ocuparon con luminoso examen varios Parlamentos, merece 
del actual una atención señalada que solicitará con empeño mi Gobier- 
no al presentaros el correspondiente proyecto. Cuanto se refiera á la 
producción y á las fuentes de riqueza nacional, y de entre ellas muy 
especialmente á nuestra agricultura, tiene que ser objeto de la labor 
parlamentaria, necesitada, como se halla aquélla, de toda clase de es- 
tímulos y de medidas protectoras, ya que su desarrollo puede contri- 
buir á resolver el problema de las subsistencias y aminorar las graves 
crisis agrarias, que empujan á muchos compatriotas á los riesgos y á 
las amarguras de la emigración. Ligado muy estrechamente con estos 
problemas está el servicio ferroviario, agente indispensable de todo 
progreso en la riqueza, y remora de la misma cuando es tardío ó caro. 
Las necesidades expuestas y los medios conducentes á su satisfacción 
obtuvieron ya reconocimiento oficial y expreso en proyectos presen- 
tados por otros Gobiernos ó anteriores Cortes sobre Sindicatos y eré- 



350 CRÓNICA GENERAL 

dito agrícolas y reforma de los Pósitos. Manteniendo esas iniciativas, 
evitará mi Gobierno los peligros é incentivos de la originalidad, pre- 
firiendo á ella la modesta, pero útil, labor de continuar la obra em- 
prendida por sus antecesores. El ferviente anhelo de mejorar la ins- 
trucción pública multiplicó planes, inició enseñanzas, esbozó carreras» 
reformó estudios y dictó decretos y reglamentos que, siendo todos bien 
concebidos y orientados, requieren así la unidad de criterio que los 
armonice y los fije dentro de proporciones adecuadas, como una base 
sólida y una garantía de duración superior á efímeras influencias y que 
sólo puede hallarse en los acuerdos del Poder legislativo. 

¡»A las Cortes, pues, se propone traer mi Gobierno los oportunos pro- 
yectos de ley que depuren y consoliden esa inmensa labor emprendi- 
da para el fomento de la enseñanza, organizándola según las lecciones 
de la experiencia y el consejo de los doctos. Demandará también 
vuestro concurso mi Gobierno para el aumento del material científico 
en los Centros docentes, para la más equitativa remuneración de los 
maestros, y muy especialmente para la construcción de edificios higié- 
nicos y decorosos, destinados á Escuelas públicas en todo el reino. 

«Señores diputados y senadores: Grande es la obra y difícil la em- 
presa de darle venturoso remate. Pero yo tengo fe en que la concien 
cia de las responsabilidades que asumís sabrá manteneros á la altura 
de vuestras obligaciones, y en que la Providencia ha de iluminarnos 
á todos para que, juntos, procuremos los días de felicidad que, des- 
pués de tantos infortunios inolvidables y de tantos sacrificios heroicos, 
merece nuestra inmortal patria española.» 

Inútil es decir que con la apertura de Cortes, y recientemente ter- 
minadas las excursiones veraniegas de los grandes personajes, revive 
de nuevo la actividad política, aun cuando hasta el presente no han 
sido tratados asuntos interesantes dignos de particular mención. Tales 
ó cuales frases del Sr. Montero Ríos, relatos más ó menos verídicos de 
lo que dijo ó quiso dcir este ó el otro Ministro; programas á todo pasto 
de lo que piensan hacer en la presente campaña parlamentaria los pro- 
hombres que nos desgobiernan; he aquí las mil y una frivolidades in- 
sulsas que no tienen otro objeto ni otro alcance que rellenar de cual- 
quier modo las columnas de periódicos y revistas. Toda España está 
pidiendo á gritos que nos den vapores y caminos, Escuelas y cañones, 
pantanos y buena administración, buena casa de Correos y... buenos 
políticos.— Hay que suprimir el impuesto de Consumos,— dicen aqué- 
llos... Habéis matado al país con el impuesto de alcoholes,— dicen 
éstos...— La peseta enferma es una vergüenza para España— dicen los 
de más allá... Ya puede aguzarse el peregrino ingenio del Sr. Echcga- 
ray... ¡Pobre D.José! Porque se trata de un problema muchísimo más 
difícil que el triunfo de El loco dios; pues está obligado á presentar 



CRÓNICA GENERAL 351 

una ley económica antes del 31 del próximo Diciembre, so pena de 
crear á la Corona el conflicto cuya gravedad ponderó en Cádiz no ha 
mucho tiempo el propio Sr. Moret. Y no solucionará favorablemente 
tan peliaguda cuestión repartiendo millones á diestro y siniestro, á 
este y al otro departamento. Ya sabe el señor D. José que cuando el 
pueblo español ha oído hablar de reorganización de servicios y de me- 
joras, ha entendido, desde luego, no que se iba á gastar más de lo que 
se gasta, sino que ese mismo dinero se gastaría mejor. Nadie pide ya 
que se gaste menos. Se ha visto que se puede soportar, con más ó me- 
nos fatiga, la carga. Lo que todo el mundo desea es que se empleen los 
ingresos del Tesoro de tal manera que resulte un beneficio positivo 
para el país. ¡Que son deficientes los servicios en la forma en que es- 
tán montados actualmente! ¿Quién lo duda? ;Por ventura, no hay otro 
medio de mejorarlos, sino el de aumentar los gastos más y más? Así, 
pues, á ello debe reducirse en puridad la tan manoseada «reorganiza- 
ción». Los mismos millones asignados hoy á cada departamento minis 
terial, sigan empleándose enhorabuena, pero gástense con más prove- 
cho que hasta el presente. 

Dentro de tres días tendremos en la Corte á M. Loubet, Presi- 
dente de la República francesa, el mismo que estando en Roma no se 
dignó visitar al Papa. A las órdenes de aquél vendrán el general de 
división M. Dubois; el Jefe de la Secretaría civil, M. Cambarien, y 
dos Secretarios más; cuatro Ayudantes de Campo de S. E.; el Presi- 
dente del Consejo, M. Rouvier; el Jefe del Protocolo, II. Mollard, 
que tiene categoría de Ministro plenipotenciario. En Palacio se aloja- 
rán con II. Loubet cuantos forman la lista que precede, excepto 
M. Rouvier, que se alojará en el Ministerio de la Guerra. Los invi- 
tados por S. M. el Rey, por haber formado parte de su escolta personal 
en París, se alojarán, por cuenta de la Real Casa, en el Hotel de la Paz. 
Acordado en definitiva el programa de los festejos que se celebrarán 
en Madrid con ocasión del viaje de M. Loubet, ha quedado también 
ultimada la organización especial de cada uno de éstos. 

—Los estudiantes, dicho sea en honor suyo, no han acudido ahora 
como en otras ocasiones, á procedimientos callejeros y tumultuosos. 
Piden cosas justas, y las piden con la mayor delicadeza y comedimien- 
to. La comisión nombrada por los mismos para concretar las peticio- 
nes que han de formular, ha publicado el siguiente manifiesto, que des- 
pués elevarán al Ministro de Instrucción Pública: «1.* Que el examen 
de licenciaturaó reválida conste de un ejercicio oral sin cuestionario, 
completándose este examen con un ejercicio práctico en las carreras 
que sea factible. 2. a Que se suprima el ejercicio escrito en lodos los 
exámenes en que está preceptuado. 3.* Que se concedan exámenes en 
Enero para los alumnos de enseñanza no oficial, restableciendo la su- 



352 CRÓNICA GENERAL 

primida convocatoria. 4. a Que los derechos de matrícula no oficial sean 
valederos para dos convocatorias consecutivas. 5. a Que no pueda in- 
habilitarse á ningún alumno por cuestiones de enseñanza que no afec- 
ten á la disciplina escolar. 6. a Que se supriman todas las incompatibi- 
lidades, exceptuándose: 1.° La de las asignaturas que por razón de su 
contenido, y estando comprendidas dentro del mismo grupo, sea prác- 
tica una de la otra. 2.° Las que versando sobre el mismo asunto estén 
divididas en varios cursos. 7. a Que se unifiquen los planes de enseñan- 
za en todas las Escuelas superiores de Artes é Industrias, así como sus 
reglamentos interiores. 8. a Que se redacten los programas de las asig- 
naturas en consonancia: 1.°, con el tiempo hábil en el curso para su 
completa explicación; 2.°, teniendo en cuenta el número de asignatu- 
ras de cada grupo consignadas en el plan de estudios. 9. a Que se con- 
cedan toda clase de facilidades á los alumnos para el traslado de unas 
á otras Universidades. 10. a Que se concedan exámenes en el mes de 
Marzo á todos los alumnos matriculados en el presente curso en Hi- 
giene y Becteriología. 11. a Que se haga efectivo el artículo del Real de- 
creto de 1901, en virtud del cual es obligatorio presentar los progra- 
mas de las asignaturas en las Secretarías á quien lo solicite.» 

El Sr. Mellado, que á estas horas habrá enviado ya las circulares á 
los Rectores de las Universidades, en demanda de justicia para el ele- 
mento estudiantil, sabe perfectamente que el 95 por 100 de los profeso- 
res tienen su programa, largo como la Cuaresma para los que ayunen, 
y su texto de curso, dos ó tres señores tomos capaces de desalentará la 
laboriosidad en persona; no es preciso recordarle que el importe de 
estos tomos está ordinariamente en razón directa de su volumen. Sabe 
también, ó debe saber el Sr. Ministro de Instrucción pública, que aun 
cuando de derecho el alumno puede estudiar sus lecciones por el libro 
que más le conviniere, no puede de hecho, una vez que la experiencia 
enseña haber sido revolcados sin piedad muchos estudiantes, sobre 
todo libres, por no haberse desprendido de las quince, veinte, treinta 
ó más pesetas, valor del texto cuasi oficial. En vista de estos hechos, 
tan exactos como vergonzosos, que los estudiantes denuncian, es posi- 
ble que el Sr. Mellado intente cortar semejantes abusos; pero, ¿los cor- 
tará de hecho? Mucho lo dudamos. 

—Ha entregado su alma al Creador, la piadosísima señora Marque- 
sa, viuda de Comillas, doña Luisa Brú y Lassús, alma hermosísima y 
providencia de los menesterosos. Sus funerales, que han sido una 
grandiosa manifestación de duelo, tuvieron lugar en la parroquia de 
Comillas, ocupada totalmente por el vecindario, tan agradecido ;l la 
ilustre dama. IIi recibido sepultura en el panteón de familia construí- 
do cerca de su palacio. Con tan triste motivo los Marqueses de Comi- 
llas han recibido más de mil telegramas, y nosotros participamos de 
su justo sentimiento. 



LOS CRISTALES Y LAS CÉLULAS 




Discurso leído en la solemne apertura del curso académico 
de 1905 á 1906 en el Real Colegio de Alfonso XII 4*1 

Escorial. 



SEÑORES: 

ubo un tiempo en que los progresos del materialismo 
y la osadía de los restauradores de ese sistema, ya 
desacreditado en la antigüedad, sorprendieron la 
buena fe de no pocos hombres encanecidos en el estudio, y, 
como siempre sucede, en los primeros momentos cedió la re- 
flexión á la rudeza del ataque y llegaron á tener resonancia 
las negaciones escandalosas lanzadas ante el público, en 
nombre y con las garantías de la novísima ciencia experi- 
mental. 

Se pusieron en litigio los eternos principios de la metafí- 
sica y la espiritualidad del alma humana, sin echar de ver 
que aun en los más insignificantes detalles aparecen las eje- 
cutorias de nobleza de nuestro espíritu, y sin notar que en la 
misma negación van envueltas la prueba de todo lo contra- 
rio y el más solemne mentís á ese sistema absurdo. 

El espíritu humano lleva escrita su naturaleza en ese afán 
insaciable de saber, en su amor por todo lo que signifique 
progreso; no se contenta con arrancar á la tierra el secreto 
de su historia, quiere ir más allá; leer, como pudiera hacerlo 
en un libro, las vicisitudes por que ha pasado y las tremendas 

La Ciudad dk Dios ASo XXV.— Nú*. 779. 25 



o54 LOS CRISTALES Y LAS CÉLULAS 

transformaciones que ha sufrido en el correr de los tiempos, 
estereotipadas en las capas geológicas, cuyos fósiles arrojan 
luz vivísima para seguir paso á paso el desarrollo de la vida 
en nuestro planeta sublunar. En su proceso de investigación 
ha pasado el hombre desde las relativamente sencillas di- 
mensiones de la tierra á traducir en fórmulas sintéticas y 
comprensivas las revoluciones de los diversos grupos plane- 
tarios; ha medido sus masas, conoce algo de su constitución 
íntima y ha trazado las elipses gigantescas, en donde giran 
sin interrupción. Dijérase que en un momento feliz, con in- 
tuición de vidente, ha sorprendido el secreto del mundo y va 
poco á poco catalogando sus leyes y fuerzas, y es admirable 
la precisión matemática con que responden unas y otras á las 
exigencias del cálculo. Aún no se han sacado las últimas 
consecuencias del principio fecundo de la transformación de 
la energía, y aunque hoy está en crisis, como otros princi- 
pios de la ciencia clásica, algunos sabios ven en aquél la po- 
sibilidad de que sea muy pronto un hecho la unidad de todas 
las fuerzas físicas y el poder atribuir á una sola fuente el ca- 
lor, la luz, el sonido, la electricidad, el magnetismo, la atrac- 
ción y la cohesión molecular. 

Las leyes que regulan la marcha de los mundos en la ex- 
tensión de los espacios interplanetarios , indefinidamente 
grandes, y las órbitas infinitesimales que describen en su 
constante movimiento los elementos constitutivos de la ma- 
teria, obedecen quizá á la misma fórmula, hoy todavía des- 
conocida, y en busca de la cual marcha la inteligencia hu- 
mana, porque cree, y con razón, encontrar en ella la clave 
de todas las fuerzas ponderables y latentes del universo. El 
ideal de la ciencia sería llegar á establecer la unidad de la 
materia y la unidad de la energía, y explicar después las in- 
numerables y variadísimas manifestaciones de la materia y 
del movimiento por la aplicación sencilla de las leyes del 
cálculo; en una palabra, la inteligencia entrevé que el mundo 
material obedece á una ley suprema de mecánica, síntesis 
admirable de todos los principios parciales que conocemos, 
y es muy legítima la aspiración á traducirla en una fórmula 



LOS CRISTALES Y LAS CÉLULAS 355 

definida y concreta que nos dé cuenta del complicadísimo 
mecanismo del universo. 

Pero si la ciencia quiere seguir mereciendo este nombre, 
ha de moverse dentro de su radio de acción, sin invadir te- 
rrenos que no le pertenecen; que analice y descomponga la 
materia, que cuente el número de vibraciones de los átomos 
y nos dé las cifras exigidas por él cálculo para las transfor- 
maciones de la energía. Desde la materia radiante, que se 
escapa á las más delicadas observaciones, pero cuya exis- 
tencia tenemos que admitir, como hilo conductor de las fuer- 
zas cósmicas, hasta las grandes condensaciones planetarias; 
desde el movimiento inicial de las masas hasta el rapidísimo 
y vertiginoso de las ondas etéreas, hay en el mundo material 
una escala riquísima que recorrer y un vastísimo horizonte 
abierto siempre á la investigación y á la experiencia. Pero 
no olvidemos ni un momento que en la creación, y aun pres- 
cindiendo de todo lo que se relaciona con el mundo espiri- 
tual, existe y existirá siempre un dualismo irreductible á la 
unidad en la forma en que lo pretende el sistema materialista. 
Aunque admitiéramos el progreso indefinido de la ciencia 
humana, ésta, como todas las cosas finitas, tiene siempre un 
límite que no puede traspasar y problemas que no puede re- 
solver; dentro de la misma naturaleza física no todo podemos 
explicarlo por la mecánica; hay infinidad de cuestiones que 
caen fuera de la jurisdicción del escalpelo y del microscopio, 
manifestaciones riquísimas y variadas que no obedecen á la 
ley de las vibraciones, que forman todo un mundo aparte 
que es necesario estudiar á la luz de nuevos principios. 

Junto al reino inorgánico, y paralelo con él, encontramos 
al reino animal, desplegando un lujo de formas y de matices 
sorprendentes y en cuyo desarrollo podemos seguir las ma- 
nifestaciones todas de la vida, desde la primordial y embrio- 
naria de la célula hasta la complicadísima de los animales 
más perfectos que ocupan los últimos peldaños de la escala 
zoológica. 

Cabe el estudio comparativo de esos dos mundos, y de él 
se deducen enseñanzas útilísimas que son la base de nuevos 



§56 LOS CRISTALES Y LAS CÉLULAS 

y maravillosos descubrimientos; pero hay que distinguir 
siempre, con exquisito cuidado, funciones de funciones y ele- 
mentos de elementos. La materia inorgánica está sujeta á las 
leyes del cálculo; los seres vivos tienen también leyes que 
presiden su desarrollo, pero sin esa rigidez matemática, 
siempre subordinadas al fin de la función ó del individuo. La 
finalidad va siempre inherente á los problemas de la vida. 

Nuestro estudio versará exclusivamente sobre la compa- 
ración de los cristales y las células. Prescindiendo del as- 
pecto filosófico de la cuestión, nos mantendremos en el terre- 
no de las observaciones, haciendo ver que los principios del 
materialismo son completamente falsos, puesto que ni las 
observaciones microscópicas, ni las reacciones de la quími- 
ca, pueden borrar las diferencias entre la materia inorgánica 
y la materia organizada; la mecánica ni ha explicado ni ex- 
plicará jamás el problema de la vida. Las diferencias, que 
ya los antiguos señalaron entre los seres vivos y los que no 
lo son, se reducen á la estructura, forma, origen, crecimiento 
y muerte. Es muy común hablar de la ciencia y de los des- 
cubrimientos del microscopio; pero á veces, ó por ignoran- 
cia ó por mala fe, se sacan las cosas de quicio, se falsean los 
adelantos modernos dando, como seguras, conclusiones no 
autorizadas ni por el microscopio, ni por la ciencia, contri- 
buyendo, por una parte, á extender los dominios del error, 
ya que no todos pueden comprobar la verdad de las afirma- 
ciones, y por otra, á que haya podido hablarse, con alguna 
apariencia de razón, de la bancarrota de la ciencia. 

Como un estudio comparativo completo entre la materia 
orgánica y la inorgánica rebasaría los límites naturales de 
este discurso, habremos de limitarnos á poner frente á fren te- 
la estructura de un cristal y una célula, como base para la 
comparación definitiva de los agregados cristalinos y celu- 
lares. Es verdaderamente admirable la estructura de un 
cristal, lo mismo del que se forma en el gran laboratorio de 
la Naturaleza que el obtenido en SU gabinete por el químico 
ó el naturalista; aquel orden maravilloso con que van agru- 
pándose las moléculas alrededor de centros atractivos para 



LOS CRISTALES Y LAS CÉLULAS 357 

formar los cuerpos geométricos y siguiendo perfectamente 
las leyes todas del cálculo y de la simetría. 

La dilatación, la propagación de la luz y las demás propie- 
dades físicas manifiestan la disposición molecular según las 
direcciones, y esta repartición de la materia constituye el 
carácter más importante de los cristales; de modo que cuan- 
do las circunstancias externas no permitan la terminación 
geométrica de los cuerpos y sí la unión regular de sus ele- 
mentos, las propiedades físicas son las mismas que si el sóli- 
do estuviese terminado por caras, aristas y vértices. Funda- 
dos precisamente en estas propiedades, se da la explicación 
razonada que más satisface en el actual estado de la ciencia. 
Los cristológrafos consideran como base de la constitución 
de los cristales, la separación de las moléculas y la homo- 
geneidad. Así en todo cristal existen puntos análogos, que 
presentan á su alrededor una repartición uniforme de la ma- 
teria; estos puntos, igualmente separados unos de otros, for- 
man filas; puesto que la homogeneidad exige que si hay dos 
pinitos análogos A y A,, distantes entre sí una cantidad a, 
debe haber en la misma dirección y á la misma distancia otro 
tercer punto análogo A»; á continuación otro A 3 y así sucesi- 
vamente. Si tenemos otro punto análogo A' de A , no con- 
tenido en la fila anterior, debe existir A', colocado respecto 
de él, como A, de A n . De este modo se forma una segunda 
fila parelela á la primera. Continuando la formación de las 
filas, dividiremos el plano en espacios paralelográmicos, co- 
rrespondiendo á cada vértice puntos análogos; este plano 
se halla cruzado por filas, que forman mallas; por lo que re- 
cibe el nombre de plano reticular. Considerando ahora otro 
punto análogo B , el más próximo al plano reticular ante- 
rior, formaremos otra fila de puntos, por cada uno de los cua- 
les pasará un plano reticular paralelo é idéntico al anterior. 
El entrecruzamiento de estos planos dará lugar á un conjun- 
to paralelepipédico, cuyos nudos serán todos los puntos aná- 
logos del cuerpo. Por la manera de considerar los puntos, se 
ve que no puede haber otros análogos al primero, que los que 
ocupan los nudos del conjunto; esto no impide que haya en 



358 LOS CRISTALES Y LAS CÉLULAS 

el cuerpo otros con propiedades distintas de las del primero. 
Si uno de estos puntos se une por medio de rectas al más pró- 
ximo de los del conjunto paralelepipédico y trazamos rectas 
paralelas é iguales á la de unión por cada uno de estos pun- 
tos del primer sistema, tendremos otros conjuntos que será 
el primero trasladado paralelamente á sí mismo. Por tanto, la 
estructura que exige la homogeneidad, estará representada 
por un número infinito de conjuntos paralelepipédicos igua- 
les y paralelos entrecruzados. Cada conjunto tendrá sus nu- 
dos análogos entre sí, pero no á los de otro. Toda la consti- 
tución de los minerales cristalizados depende de la forma 
del paralelepípedo generador y de la repartición de la mate- 
ria alrededor de cada punto del conjunto. El centro de gra- 
vedad de las moléculas está en los puntos análogos, y los 
poliedros representarán la repartición de la materia alrede- 
dor de ellos. Los cristales son mallas paralelepipédicas, en 
cuyos nudos está el centro de gravedad de un poliedro mo- 
lecular: estos centros, unidos entre sí, los dividen en células 
de la misma forma, cada una de las cuales encierra la molé- 
cula cristalina, que es el individuo ó elemento esencial de 
los cristales. Las moléculas están igualmente orientadas en 
unos cuerpos y alternan con regularidad en otros. Como con- 
secuencia de esta teoría vendrán las caras planas, las aris- 
tas rectilíneas, la ley de racionalidad, el paralelismo de las 
caras y todas las particularidades cristalográficas. 

Como se ve, nada más sencillo y al mismo tiempo más ad- 
mirable que la arquitectura cristalina; todas las moléculas 
se disponen paralelamente á tres direcciones paramétricas, 
que no interrumpen la homogeneidad; más aún: los edificios 
cristalinos visibles son reuniones de otros infinitesimales que 
representan la geometría ideal; y la estructura de un cuerpo 
formado por infinitas partículas idénticas en forma y com- 
posición jamás será heterogénea. ¿Puede darse estructura 
más simple que la de los cristales formados por capas super- 
puestas de la misma naturaleza? Coged un cristal de calcita 
y por medio de un cuchillo iréis separando láminas finas en 
el sentido de las caras romboédricas hasta donde lo permi- 



LOS CRISTALES Y LAS CÉLULAS 3^9 

ta la tosquedad del instrumento; siempre tendréis un rom- 
boedro en la mano; continuad la división con otro instrumen- 
to más delicado, y cuando ésta sea físicamente imposible, 
seguidla por medio del cálculo y todavía conservaréis la cal- 
cita en su figura primitiva; todas las zonas son iguales, y si 
de la reunión de mayor ó menor número de ellas resultase la 
heterogeneidad, concluiríamos por negar la existencia de lo 
homogéneo en la Naturaleza; en los límites de la divisibilidad 
de la materia, si no llegamos á lo simple y destruímos la ma- 
teria misma, llegaremos á un término compuesto de partes, 
y por consiguiente heterogéneo. 

De las formas rígidas de las leyes matemáticas y de la es- 
tructura sencilla que se observa en los cuerpos inorgánicos, 
pasamos á las formas flexibles y suaves, á la disposición or- 
denada de la materia sin ángulos constantes, ni parámetros 
determinados, á la estructura más complicada y en estudio 
todavía, de los seres orgánicos. 

Existe, es verdad, una arquitectura atómica en los seres 
vivientes, pero no es ya la arquitectura de los cristales, su- 
jeta al cálculo; es el equilibrio molecular, perfectamente dis- 
tinto en los dos órdenes de seres que estudiamos. El crista- 
lino permanece siempre mientras una causa externa no le 
destruya; el orgánico desaparece además por causas mera- 
mente internas, pudiendo decirse que lleva en sí mismo el 
principio de su corrupción. 

El elemento orgánico es la célula; lo mismo los seres más 
sencillos de la creación que los más complicados, como el 
hombre, proceden de una célula y de células están formados; 
pero no es la célula elemento orgánico como la molécula cris- 
talina: sencilla en composición y homogénea en estructura; 
son necesarios todos los recursos de la química, y mayores 
progresos en el microscopio y métodos técnicos, para cono- 
cer los elementos químicos y la complicación estructural de 
las células. Examinada una célula vegetal, nos presentará la 
membrana, el protoplasma, el núcleo y el nucléolo. La mem- 
brana formada por la celulosa, la pectina, el ácido péctico, 
y algunas, además, por la callosa; observándose aquí la ma- 
yor complejidad química en las substancias orgánicas. 



360 LOS CRISTALES Y LAS CÉLULAS 

Para resistir los choques y las presiones ó influencias at- 
mosféricas ó para evitar la descomposición por el agua, se 
transforma en cutina, consistente é impermeable, ó en sube- 
rina, elástica, amarilla ó rojiza; en lignina, principio terna- 
rio muy resistente, rico en carbono, que se incrusta en el in- 
terior de las membranas y las comunica la dureza que vemos 
en la madera, ó se recubren de una capa de cera que las pre- 
serva del agua, ó se rodean de una substancia mucilaginosa 
(granos de polen) de naturaleza péctica, que en contacto con 
el agua, redisuelve la gelosa, para dar salida á las esporas 
interiores. No puede negarse un fin en todos los detalles que 
vamos notando, porque según los medios en que ha de vivir 
ó los fines que ha desempeñar la célula, así la hallamos de 
una consistencia ó de otra. ¿A quién no maravilla la consti- 
tución de los granos de polen? Ellos necesitan de una mem- 
brana dentro de la cual puedan formarse; pero como su fin 
es la fecundación, es preciso que la membrana reúna condi- 
ciones favorables para su fácil rotura, y se rodean de gelosa 
soluble en una gota de agua. Sin finalidad y sin mano direc- 
tora, no se explican estos fenómenos. La membrana se for- 
ma de la reunión de plasomas, y á éstos se debe también el 
crecimiento en superficie ó en espesor, pues se acumulan en 
las partes resquebrajadas y cierran las grietas, aumentando 
con esto el volumen celular. No podemos detenernos en des- 
cribir las esculturas en relieve ó en hueco, las células pun- 
teadas, rayadas, reticulares, anulares, espirales, las fibroso- 
vasculares, areoladas, cribosas ó escaleriformes, pues nos ha- 
ríamos interminables; sin embargo, bueno será notar que en 
el análisis comparativo que estamos haciendo existen mu- 
chas más particularidades que demuestran la heterogenei- 
dad del mundo orgánico. 

Tratado el protoplasma por el verde de iodo ó el carmín, 
y usando de buenos objetivos de inmersión, revelará, más ó 
menos distintamente, cuatro partes: el retículo, el enquile- 
ma, las inclusiones y la esfera atractiva; tiene una parte só- 
lida formando una red de mallas más ó menos anchas, en cu- 
yos nudos hay granulaciones tinas (microsomas); el proto- 



LOS CRISTALES Y LAS CÉLULAS 361 

plasma llena por completo las células jóvenes, pero poco á 
poco se retrae hacia la superficie, hasta formar una mem- 
brana albuminoidea que regula los cambios con el exterior é 
impide la penetración, en la masa protoplásmica viva, de 
ciertas substancias colorantes, funciones que desaparecen 
cuando es inerte. No es el protoplasma un compuesto más ó 
menos complejo, que una vez formado permanece en equili- 
brio estable, como permanecen los edificios cristalinos; su 
actividad es asombrosa; á los cristales se les asigna una fór- 
mula; del protoplasma sólo puede decirse que es una subs- 
tancia proteica, porque cambia continuamente de composi- 
ción; tiene la facultad de transformar las substancias mine- 
rales y convertirlas en substancia viva; organiza nuevas par- 
tículas protoplasmáticas á expensas del anhídrido carbónico 
y de las sales químicas. Aquí podemos distinguir una asimi- 
lación directa, que verifican las plantas con clorofila bajo la 
acción de la luz, y otra indirecta, que se realiza en las plan- 
tas desprovistas de clorofila ó sustraídas á la acción del sol, 
las cuales necesitan tomar alimentos carbonados, provenien- 
tes del trabajo de asimilación de las plantas verdes; á la vez 
que la célula realiza esta función, la materia protoplásmi- 
ca se va desorganizando gradualmente y elaborando ciertas 
substancias; principios nitrogenados, hidratos de carbono y 
compuestos binarios, que más tarde utilizará la célula, arro- 
jará al exterior ó quedarán aprisionados dentro de su mem- 
brana. La vida de la célula está, por tanto, sujeta al movi- 
miento incesante de asimilación y desasimilación; organiza, 
por el primero, las materias minerales, que convierte en 
substancia viva; y descompone, por el segundo, estas molé- 
culas vivas, producto de su trabajo. Bajo una apariencia de 
estabilidad, existe un cambio continuo de principios. 

El estudio de los derivados del protoplasma nos hará ver 
un laboratorio perfectísimo, que no puede ser regido por el 
acaso. En el protoplasma se origina una substancia de forma 
poliédrica, espiral, bacilar ó globosa, de tamaño más-ó me- 
nos grande, compuesta de tres pigmentos, verde (clorofila 
propiamente dicha), amarillo (xantofila) y anaranjado (eritro- 



362 LOS CRISTALES Y LAS CÉLULAS 

fila), que dan el color verde á las plantas; resultan de la com- 
binación del oxígeno, proto-clorofila y una substancia hidro- 
carburada, como el almidón, mediante la acción de la luz (en 
la clorofila) y del calor (en la xantofila). Combinaciones 
tan delicadas ¿pueden explicarse por las fuerzas físico-quími- 
cas?; los cuerpos citados, ¿podrán unirse sin una causa, una 
mano que prepare la combinación? Los agentes físicos y las 
fuerzas químicas son agentes necesarios para las reacciones 
en nuestros laboratorios, son condiciones indispensables, me- 
jor dicho, ellos son los elementos, las fuerzas equivalentes, 
que la ciencia calcula (el químico no entra en las fórmulas 
de obtención); sin embargo, una causa, una mano ha de diri- 
gir y ordenar las reacciones cuando quiera obtener el cuer- 
po más sencillo. 

Todas las reacciones se verifican con una precisión admi- 
rable; la planta no digiere el almidón hasta que lo necesita, 
encontrando en sí misma los materiales necesarios para esa 
función; ¿por qué, pues, no empieza estas transformaciones 
antes ó después, en cualquiera época de su vida? ¿Cómo se 
explica que siempre se forma el almidón en donde se necesi- 
ta, y que no falta nunca elemento alguno para esas operacio- 
nes químicas? En nuestros laboratorios, el químico prepa- 
ra y reúne con mucho cuidado los ingredientes, los cuerpos 
que han de reaccionar, y la reacción empieza cuando él de- 
termina; en las células, ¿es sólo el movimiento vibratorio el 
que va preparando con tanto cuidado los elementos químicos 
y realiza con limpieza suma y sin entorpecimiento alguno 
estos cambios de substancias, y obtiene productos destina- 
dos á un fin? El químico se vale del calor, lámparas, hornos, 
etcétera, y sin estos y otros preparativos y agentes natura- 
les, no puede obtener lo que se propone; pero todos esos ele- 
mentos los prepara el operador, y él es el que se propone el 
fin; los elementos siempre estarán en vibración; sin embar- 
go, hay que dirigir, ordenar los trabajos. Una vez forma- 
do el almidón, sus moléculas están ya en equilibrio estable, 
y cuando la planta ha de alimentarse, entonces es cuando 
únicamente empiezan las oscilaciones complicadas que dan 



LOS CRISTALES Y LAS CÉLULAS 363 

por resultado su transformación en materia asimilable. Es 
necesario que algo, distinto de la materia y de la energía, se 
proponga t\fin y dirija las combinaciones. 

Nos proponemos hacer artificialmente la digestión de este 
hidrato, tratándole por los ácidos diluidos, y sólo podemos 
disolver la granulosa, y obtenemos, por tanto, una digestión 
parcial; además, en nuestros trabajos, cuando no se toman 
todas las precauciones debidas, ó parecen cuerpos que no se 
esperaban, ó no se obtiene resultado alguno, y es inexplica- 
ble que ninguna de estas cosas suceda en las células. 

Muchas veces no se presenta el color verde, porque otros 
corpúsculos condensados enmascaran la clorofila; son cro- 
moplasmitos cristalizabas por el alcohol y diferencian las 
algas en azules, pardas, rojas y amarillas; en las flores, en 
los frutos y en algunas raíces, existen cromoplasmitos sin 
clorofila constituidos por un cristal formado á expensas de 
los plasmitos absorbidos. También aquí observamos fines. 
Estos cromoplasmitos se forman á expensas del almidón, y 
éste, á su vez, se forma á expensas de los primeros, según 
que la planta necesite de unos ó de otros. {Qué equilibrio y 
desequilibrio moleculares son estos? El movimiento no los 
explica. Ningún químico será capaz de reducirlos á fórmulas 
matemáticas y predecir los fenómenos que han de suceder 
como se predice para la luz. 

Nuestro método es radicalmente opuesto al de los mate- 
rialistas; no afirmamos ni negamos tampoco la identidad de 
estructura en los dos reinos, sino que exponemos los hechos 
tal como los hemos visto, sin preocupaciones ni prejuicios de 
ningún género; hemos estudiado también las observaciones 
de los sabios más famosos con objeto de encontrar la base de 
afirmaciones tan rotundas como hallamos en libros y revis- 
tas, muy extendidos por cierto, escritos por autores com- 
petentes en determinadas materias, y ni en nuestras obser- 
vaciones ni en las ajenas existe otra cosa que la expuesta 
en los párrafos anteriores. La comparación entre cristales 
y células está hecha en la misma descripción de ambos ele- 
mentos, sin necesidad de entrar en nuevas consideraciones; 



364 LOS CRISTALES Y LAS CÉLULAS 

por eso no salgo de mi asombro ante la diversidad de crite- 
rio en el examen de una cuestión tan clara como la presente; 
se trata de hechos concretos, no de buscar la razón de los 
mismos, y en cuestión de hechos observados por todos, no 
cabe discutir; la razón de sus afirmaciones ó negaciones es de 
otro orden, bien manifiesto en el entusiasmo que sienten al 
describir las inexplicables agrupaciones moleculares de los 
edificios cristalinos; trasladan á éstos, de buen grado, el 
principio vital que niegan en los seres regidos únicamente 
por el acaso; leyes y principios rigen la orientación atómica 
en los cuerpos inertes; al acaso más incomprensible obede- 
cen las combinaciones más estupendas en los seres vivos; 
todo es maravilloso, todo es sublime en la materia bruta; en 
las substancias vivas todo es sencillo y ordinario. ¡La con- 
ciencia, señores, obliga á los mayores absurdos! ¡Ver exta- 
siado á un hombre ante los colores de una roca é indiferente 
en presencia de las funciones de nutrición ó circulación; ab- 
sorto en la contemplación del sentido de las hendiduras de la 
mica, y frío ante los heroísmos de la caridad! Y estos sabios 
que se entretienen en analizar las cosas más diminutas é in- 
significantes, como quien no se satisface con el conocimien- 
to de la generalidad, y que se interna en las profundidades 
de lo invisible para descorrer el velo que cubre la esencia 
misma de la naturaleza, se detienen y hallan la razón última, 
en los principios que regulan los átomos y las moléculas, sin 
preguntar por el origen de esos principios, por el autor de 
las leyes de la materia; es decir, terminan donde empieza el 
verdadero problema; no son ellos, por tanto, quienes han de 
resolverle. El filósofo reconoce en el orden admirable que 
resplandece en todo lo creado la existencia de un Legisla- 
dor que lo dispuso todo, en número, peso y medida. 

Nada encontramos en los cristales que pudiera interrum- 
pir la homogeneidad, fuera de las inclusiones que son acci- 
dentales, y cuerpos extraños encerrados en el acto de la 
cristalización dentro de la masa mineral; no son efecto de 
funciones íntimas como los englobamientos de los leucocitos, 
ni reservas como el almidón, ni secreciones ó disociaciones 



LOS CRISTALES Y LAS CÉLULAS 36") 

como los cistolitos de algunas plantas. La homogeneidad y 
la teoría de las redes y conjuntos moleculares nos llevan al 
conocimiento a prior i de todas las propiedades físicas de los 
cristales, la heterogeneidad y la libertad de que gozan las 
moléculas orgánicas hacen imposible la aplicación matemáti- 
ca de principio alguno de forma, estructura ó composición. 
Detengámonos un momento en el estudio de las propieda- 
des físicas para ver el abismo que separa los dos reinos de 
la Naturaleza; y empezando por las propiedades mecánicas, 
comprobaremos en la práctica la inflexible le}' matemática 
con todas sus consecuencias, á que están sujetas las ordena- 
ciones moleculares de los poliedros minerales. Tallad, como 
lo hizo Baumhauer, varillas de calcita en diferentes direc- 
ciones, y observaréis un máximo de elasticidad paralelamen- 
te á las aristas polares del romboedro primitivo, y un míni- 
mo en la dirección de los ejes binarios, y aplicando los mé- 
todos de Voigt, Savart ó Groht, veremos en cada uno de los 
sistemas cristalinos la elasticidad en relación con la simetría 
de los mismos. Para los cuerpos amorfos la elasticidad es la 
misma en todas direcciones; el coeficiente de elasticidad ten- 
drá tres direcciones iguales y perpendiculares entre sí, en 
los cristales del sistema cúbico. Habrá tres direcciones de 
120° ó dos de 90° en que la elasticidad será igual en los sis- 
temas exagonal y tetragonal, y otra dirección en sentido 
perpendicular á las anteriores. Los coeficientes de elastici- 
dad seguirán tres direcciones, normales entre sí, en los siste- 
mas restantes. Se ve á toda la materia cristalina responder 
perfectamente en su repartición á la ley geométrica de la 
simetría. La misma ley se observa en la cohesión, como de- 
mostró Sonhcke, operando con la sal gema, y por lo mismo 
se deducen también las direcciones más frecuentes de cru- 
cero, que es el fenómeno más característico dependiente de 
la cohesión. Se ve, por tanto, cómo los cristales responden 
perfectamente á una estructura simétrica, pues la cohesión 
no depende de otra cosa que de la repartición de la materia 
alrededor de los puntos análogos; los planos de exfoliación 
son planos reticulares del conjunto, paralelos á caras posi- 



366 LOS CRISTALES Y LAS CÉLULAS 

bles y de símbolos sencillos. Este carácter es tan constante, 
que sirve para la diagnosis de los minerales: cada especie 
podrá presentar uno ó varios cruceros, pero siempre inva- 
riables, determinados é independientes de las formas exter- 
nas y del modo de formación ú origen. Mas aún que las me- 
cánicas conocemos hoy las propiedades ópticas, y aquí sí 
que responden perfectísimamente los cristales á las teorías 
matemáticas de la repartición de la materia y de la natura- 
leza del éter, entxando de lleno en la grandiosa hipótesis de 
la unidad. Con sólo considerar todos los puntos de los cuer- 
pos homogéneos como centros, de donde parten infinitas 
líneas moleculares, equidistantes en cada fila las partícu- 
las ponderables y sirviéndose de la fórmula de la mecáni- 
ca: v = V~~cT se deducen las superficies de onda para cada 
sistema cristalino, ley representada por Fresnel por medio 
de las superficies de elasticidad, cuyos radios vectores son 
proporcionales á la raíz cuadrada de la elasticidad del éter, 
según las direcciones; infiriéndose de aquí las superficies de 
onda esférica para los cuerpos isótropos, los elipsoides de 
revolución alrededor del eje superior de simetría para los 
uniáxicos, y los elipsoides de tres ejes para los biáxicos; 
elipsoides que vemos reproducirse en los fenómenos calorí- 
ficos y eléctricos. 

Si los cristales más perfectos no tienen analogía ninguna 
con las células más sencillas, están aún á mucha mayor dis- 
tancia los agregados cristalinos de los celulares. Hay en las 
leyes que rigen las cristalizaciones fenómenos sorprendentes 
que revelan la mano del Creador, y son un eterno mentís al 
acaso de Epicuro y sus secuaces. Los cristales aislados or- 
denan sus moléculas con regularidad para constituir un 
cuerpo geométrico del mismo valor angular; los cristales de 
las mismas ó distinta especie se agrupan también, según cier- 
tas leyes relacionadas con las de la Cristalografía. Unas ve- 
ces los individuos que se unen tienen de común una cara y una 
arista situada en ella, y otras tienen paralelismo de caras y 
de aristas semejantes, ó elementos cristalográficos compati- 
bles con el sistema á que pertenecen. 



LOS CRISTALES Y LAS CÉLULAS 367 

Los cristales, lo mismo pueden existir aislados que reuni- 
dos; en cambio, en el reino orgánico la existencia de unas 
células exige cooperación de las otras para constituir el in- 
dividuo. Tampoco existe semejanza alguna entre las agru- 
paciones paralelas y los organismos; si no, dígase dónde está 
el parecido entre los grupos de cristales de cuarzo, calcita, 
baritina, etc. (todos de la misma forma); ó la reunión de cris 
tales cúbicos de fluorita para constituir un octaedro, ó el es- 
calenoedro de calcita terminado por un prisma con romboe- 
dro, y las asociaciones más simples de las células para formar 
los tejidos y las de los tejidos para formar el individuo. El 
poder rotatorio y la termoelectricidad que presentan el 
cuarzo y el cinabrio nada tiene que ver con el trabajo enco- 
mendado á cada célula en las funciones orgánicas. A nadie 
se le ha ocurrido comparar las modificaciones que un cuerpo 
introduce en la marcha de las vibraciones etéreas con los 
trabajos realizados en el organismo, porque son cosas com- 
pletamente distintas. En la misma época embrionaria, en 
cuanto se constituye el mesodermo con el ecto y endqdermo 
con sus plegamientos, se divide el trabajo dedicándose cada 
tejido á una labor especial hasta formar la medula espinal, 
los intestinos y el organismo entero; este trabajo precede á 
la constitución de los órganos; porque las células cardiacas 
se contraen antes de aparecer la estriación protoplásmica, y 
las células sanguíneas forman hemoglobina y atraen el oxí- 
geno cuando todavía no se han modelado. Las células de los 
tejidos animales no necesitan buscar los alimentos; la pre- 
hensión, selección y disolución la verifican algunos tejidos 
encargados de ello, que forman, enmedio de sus elementos, 
substancias nutritivas para que cada célula elija las más 
apropiadas. 

¿Es posible comparar las agrupaciones de los cristales con 
la diversidad de tejidos que se observan en las plantas, por 
ejemplo? En los vegetales hallamos un tejido formado de cé- 
lulas con membrana delgada, abundantes en protoplasma, 
privadas de jugo celular ó en condiciones de multiplicarse; 
pues bien, este tejido tiene la misión de engendrar á los de- 



368 LOS CRISTALES Y LAS CÉLULAS 

más; aparece, por lo tanto, en las yemas terminales y late- 
rales, en'las terminaciones de la raíz y en los embriones, ór- 
ganos todos en vías de crecimiento; existen dos meristemos, 
uno encargado del crecimiento en longitud y otro en volu- 
men; otro de células muertas ó vivas, pero incapaces de re- 
producirse, destinado á proteger á la planta y cuyas células 
más externas se cutinizan por la oxidación para resguardar 
á las interiores, lleva apéndices unicelulares ó pluricelulares, 
unos reproductores y otros protectores; estomas formados 
por células vivas y cuadradas, que al unirse dejan un ostiolo 
muy sensible para las radiaciones rojas, poco paralas azules 
y nada para los demás colores; como el fin es poner en co- 
municación los gases contenidos en los espacios intercelula- 
res y el ambiente exterior, á modo de órganos respiratorios, 
tienen calculada su situación en las partes verdes, sobre todo 
en la cara inferior de las hojas aéreas y la superior de las 
sumergidas, con una antecámara y poscámara admirable- 
mente dispuestas. En virtud de la turgescencia, las células, 
durante la noche, se agrandan, comprimen las dos rugosida- 
des que limitan las cámaras, cerrando por completo el os- 
tiolo; en cambio, cuando las células están en plasmólisis, éste 
se abre. Los estomas son aeríferos y salientes en las labia- 
das, superficiales en los lirios ó internos en las coniferas, 
acuíf eros en la terminación de los hacecillos fibroso-vascula- 
res, para que la planta elimine el agua durante la noche 
cuando no puede eliminarla durante el día. 

Si de la consideración de los tejidos pasamos al individuo 
en conjunto, nadie confundirá los fines de la raíz con los del 
tallo, de las hojas y del fruto; la raíz, destinada á sostener la 
planta y absorber las substancias alimenticias por los pelos 
radicales, desprovista de epidermis, de estomas, de yemas y 
de color verde, porque estos caracteres sólo los necesita el 
tallo y, sobre todo, las hojas; para preservarse del roce, de 
los agentes atmosféricos ó del bacillus (wtylol)acter, se re - 
cubre de colorrisa y del pilovviza de consistencia suficien- 
tes, según los medios; los tallos sostienen las hojas y las flo- 
res, recubiertos por la epidermis estomática, que desempe- 



LOS CRISTALES V LAS CÉLULAS 



3 '^9 



ñan funciones respiratorias, y los órganos florales, cuyo fin es 
perpetuar la especie. 

Convengamos, pues, en que ni los cristales ni las asocia- 
ciones cristalinas tienen nada de común con las células ni con 
las reuniones celulares. Los cristales tienen estructura ho- 
mogénea, las células son de estructura heterogénea; los cris- 
tales tienen forma geométrica de ángulos invariables para 
cada especie; las células poseen formas variadísimas, polié- 
dricas, cilindricas, etc., pero sin ángulos fijos ni rigidez al- 
guna; los cristales son de composición química sencilla; las 
células son complejas en su constitución; los cristales tienen 
idénticas todas sus moléculas; las células tienen elementos 
muy diversos; los cristales no tienen límite en su crecimien- 
to; las células tienen volumen determinado, según las espe- 
cies; los cristales son estables tanto en su composición como 
en el equilibrio molecular; las células son inestables en com- 
posición y en equilibrio; los cristales se originan de la mate- 
ria de que constan por la reunión ordenada de las moléculas; 
la célula procede de otra igual por división más ó menos 
complicada y espontánea; el cristal crece por yuxtaposición; 
la célula por intususcepción; el cristal no transforma las 
substancias que le rodean para apropiárselas; la célula con- 
vierte las materias minerales en materias organizadas; el 
cristal no acumula reservas; la célula tiene sus depósitos 
para usarlos más adelante; el cristal no evoluciona y la cé- 
lula sí; el cristal no engendra otros semejantes; las células, 
luego que se desarrollan, originan otras de la misma especie; 
el cristal es perfecto desde su origen; las células y, sobre 
todo, los embriones, sufren cambios ó metamorfosis hasta 
llegar á constituirse. En los cristales no hay influencia nin- 
guna de estímulos exteriores; en las células provocan éstos, 
en cambio, la irritabilidad. 

Querer comparar la formación de un cristal con la for- 
mación de una célula me parece uno de los mayores absur- 
dos; pero absurdos impropios de hombres de talento; porque 
hay errores donde no hay más remedio que reconocer la po- 
derosa inteligencia de los que los defienden; mas aquí la sim- 

26 



3?Ó LOS CRISTALES Y LAS CÉLULAS 

pie exposición de los hechos basta para comprender la in- 
mensa diferencia que entre uno y otro existe. Si los cristales 
se han de obtener por disolución, se disgregarán las molé- 
culas del cuerpo cristalino por medio del disolvente, y luego 
irán apareciendo centros de atracción molecular, alrededor 
de los cuales se agrupan, por yuxtaposición, las partículas 
disueltas hasta constituir cristales más ó menos voluminosos, 
según las condiciones. También se observa que si á un cris- 
tal le rompemos en cualquiera dirección y se le introduce en 
ese estado en el agua madre en que se formó, se regeneran las 
partes rotas, y después de reconstituido, continúa creciendo 
con uniformidad. No tienen límite en su crecimiento, y así se 
encuentran cristales de cuarzo que miden milésimas de milí- 
metro y otros un metro y más de longitud. En cambio, las 
células tienen un límite de desarrollo, y una vez que llegan á 
él, se dividen y engendran otras. 

¿Dónde está la identidad entre la formación de un cristal 
y la de una célula? Yo, francamente, no veo parecido ningu- 
no. Se forman los cristales cuando una causa externa, como 
el calor de los volcanes, coloca las partículas minerales en 
condiciones de reunirse y formar, con arreglo á las leyes es- 
tablecidas por el Creador, cuerpos geométricos; estas causas 
extrañas no son necesarias para las células; ellas solas, 
cuando han completado su desarrollo, se dividen y originan 
células semejantes; si la sal, por ejemplo, ha de producir 
cristales, hay que disolverla antes, no para que engendre 
otros cristales distintos, quedando los primitivos también, 
sino para que las mismas moléculas tomen otra vez la forma 
de cubos, ni una más ni una menos; la célula, en cambio, 
no se deshace para volverse á agrupar de la misma mane- 
ra; ella engendra, separa de sí misma los elementos necesa- 
rios para constituir otras, y son dos ó más, pero sin des- 
truirse la anterior. En los cristales no hay metamorfosis ni 
movimientos internos preparatorios de la división; para que 
sus moléculas se reúnan han de separarse primero; mas esta 
separación no la hace el cristal, ni se coloca él tampoco en 
condiciones de disgregación molecular; el agua ó el calor se- 



LOS CRISTALES Y LAS CÉLULAS 371 

rán agentes de disolución ó de fusión, pero no son buscados 
por los minerales; las células cambian de estructura, y en su 
interior se ven los fenómenos de movimiento que hemos di- 
cho; necesita del concurso de las fuerzas naturales, pero ella 
las busca y las dirige siempre de la misma manera para las 
mismas células. {Hay algún parecido en los cristales á la 
formación de los glomérulos, de las estrellas, de los husos, á 
la división de las asas cromáticas, ni á ninguno de los fenó- 
menos observados en la división carioquinética? El creci- 
miento del cristal por agregación externa de moléculas, ¿tie- 
ne semejanza de ningún género con ese trabajo misterioso 
que se realiza allá dentro de las células? 

Tampoco hallamos la identidad entre la formación celu- 
lar y las vesículas musgosas de Quinke, las células líquidas 
de Leduc, y la disposición que adoptan los silicatos en las fo- 
tografías de Herrera, que tanto entusiasman á Moriz Bene- 
dikt (1), á M. le P. Raphaél Dubois (2) y otros ingenios no- 
tables. Para ellos el problema de la generación ha entrado 
en un terreno verdaderamente científico en la Biomecánica; 
el puente de unión entre los dos mundos está en las figuras 
obtenidas por difusión y en las que Herrera sorprendió en la 
sílice por medio de la fotografía; en ellas se ven « células gan- 
glionares, tejidos nerviosos, células musculares, epiteliales., 
prolongaciones filiformes, figuras ovoideas, granos de almi- 
dón... formas de seres inferiores, como amibas, radiolarios, 
diatomeas, flagelados, infusorios, rotíferos, gusanos parási- 
tos, bacilos, lombrices, medusas, cystodos...; han encontra- 
do el eslabón que faltaba en la gran cadena que forman los 
seres de la Naturaleza, desde la molécula mineral hasta la 
conciencia», sin detenerse á preguntar por la razón de unirse 
las moléculas en tal ó cuál forma geométrica por la aposi- 
ción de capas sucesivas, conservando sus proporciones re- 
gulares, ni por qué es necesaria la presencia de un cristalito 



(1) Revue Scientifique, 30 Septiembre 1905. 

(2) Discurso de apertura de la Universidad de Lyon, 91Q5. 



3/2 LOS CRISTALES y LAS CÉLULAS 

en las soluciones sobresaturadas para iniciar la cristaliza- 
zación (Henri Piéron) (1). 

Las difusiones y los silicatos presentan formas capricho- 
chas, algunas de las cuales tienen semejanza con las celula- 
res, es verdad, pero el problema de la vida no consiste en la 
forma de las células ni de los organismos, distintas de unos 
seres á otros, ,variedad que no se concibe si la forma fuese 
esencial. Las fotografías que tenemos á la vista (2) son cu- 
riosas y prueban una vez más que existen leyes en el mundo, 
á las cuales obedecen los átomos en sus agrupaciones, des- 
mintiendo el acaso de la doctrina de Leucipo y Demócrito, 
cada día más desacreditada, digan lo que quieran. Benedikt 
y sus secuaces. Las semejanzas abundan tanto en la natu- 
raleza, que á cada paso estamos usando de ellas en las ex- 
plicaciones de la cátedra y en las descripciones de los libros, 
sin que por eso se confúndanlos objetos que se comparan. 
Para poner de relieve la exageración de Benedikt, baste de- 
cir que considera como gusano de tierra la forma de cinta 
que toma el cloruro de calcio, y como amiba la disposición 
en células de los silicatos, sin tener en cuenta que el gusano 
tiene una organización particular, un origen y una estructu- 
ra que no pueden producir las precipitaciones silíceas; la 
tensión superficial no origina ríñones ni órganos genitales 
(Henri Piéron), y. que las amibas presentan-una estructura y 
movimientos espontáneos, mientras que las amibas mercu- 
riales y silíceas emiten prolongaciones explicables por las 
leyes de la difusión y de la osmosis. No es prudente exage- 
rar las comparaciones, porque cuando pasamos de la forma 
á la función, hallamos el abismo que separa los dos reinos, 
quedando siempre en pie el problema de la vida. Las con- 
densaciones que dan origen á los núcleos de Leduc, son con- 
secuencia de las Jeyes de difusión; no presentan ni la estruc- 
tura ni la composición de los verdaderos núcleos, distintos 
del protoplasma, como lo demuestran los colorantes, las seg- 
mentaciones de las células líquidas no son complejas como 

(1) Revue Scientifique, 7 Octubre 1905. 

(2) Revue Scientifique, 7 Octubre 1905. 



LOS CRISTALES Y LAS CÉLULAS 373 

las vitelinas, ni son efecto de acciones internas, sino de 
acciones físicas, y como confiesa Henri Piéron, es peligroso 
dejarse seducir de analogías de forma, porque ni las expe- 
riencias de Loeb ni de Herrera, explican por leyes físico-quí- 
micas las fases de desenvolvimiento embrionario de los seres 
vivos como se explican las formas mitósicas sorprendidas 
por la fotografía. La vida no procede, como quieren MM. 
Herrera y Renaudet, de los silicatos coloidales que se en- 
cuentran en el fondo de los mares, porque son cuerpos muer- 
tos y es preciso acudir á los albuminoides para darles vida. 
De todas estas teorías, lo mismo que de las de Tcherh- 
mak (moléculas animadas de movimientos en remolino 
especial) (1), Schiaparelli (homología absoluta entre las for- 
mas orgánicas y las geométricas), León Herrera (la genera- 
ción espontánea idéntica á la generación cristalina) (2), A. 
Andrés, 1899, Vignoli (3) y Pilo, podemos decir con Ivés De- 
lage (4), «que son juegos de espíritus >, quimeras y fantasmas 
que no explican nada. Los fenómenos de la nutrición no ca- 
ben, como confiesa C. Clody Morgan, en el cuadro de las fuer- 
zas físico-químicas, y la fuerza vital es indispensable en sentir 
de los antivitalistas Landois (5) é Hyrtl (6); lo mismo asegura 
el profesor italiano Besta (7). Las fuerzas electro-magnéticas 
originan figuras parecidas á las células y por leyes bien co- 
nocidas explicamos las formas de amibas, etc., de que nos 
hablan; pero son figuras y formas sin vida, probando una 
vez más que las fuerzas físico-químicas y las vitales que 
producen efectos distintos con elementos iguales, no pueden 
confundirse. 

P. Sabino Rodrigo y Fierro, 

(Concluirá). O. S. A. 



(1) La estructura de la substancia viviente, 1895. 

(2) Studio comparativo tra la forma orgatiica ttaturale e la ferina geométrica, 1898. 

(3) L' interpretasione meccanica della vita, 1898. 

(4) L' Anatomic bioiogique, 1895. 

(5) Phisiologie, pág. 12. 

(6) Anatomía del hombre, pág. 5. 

(7) Tratado de Anatomía y Fisiología comparadas-. 



ABUSO DE LAS "METÁFORAS" 

EN LAS CIENCIAS PSICOLÓGICAS (1) 




III 

|a metáfora física y orgánica, que, como se ha visto en ar- 
tículos anteriores, es para ciertas escuelas único funda- 
mento explicativo de la vida psicológica humana, ha in- 
vadido las ciencias derivadas de la psicología, en especial las cien- 
cias sociales. Constituye hoy el estudio especial y positivo de los 
fenómenos sociales una ciencia nueva, de pretensiones atrevidas, 
de tonos vagos é indefinidos en su objeto y en los procedimientos, 
y en donde al lado de observaciones é indicaciones más ó menos 
atinadas y consistentes, alternan las generalizaciones presuntuo- 
sas y utópicas fantasmagorías. 

La sociología, nombre de significación genérica y vaga, que 
cuadra perfectamente á la vaguedad é imprecisión de esta ciencia, 
es ante todo muy ambiciosa; al oir á ciertos sociólogos parece ab- 
sorber la autonomía de las ciencias humanas, abarcando todo or- 
den de conocimientos; antropología, biología, psicología, historia, 
religión, moral, legislación, economía, filología, etc., etc.: todo 
esto parece ser la sociología, y no es nada de todo;" es algo así co- 
mo una ciencia- universal, una metafísica de la vida humana sin 
metafísica, porque en ella todo debe ser positivo, experimental, de 
observación. Por sus tendencias á las grandes generalizaciones y 
á las comparaciones sin ahondar en los problemas, pudiera corn- 



il; Víase el num, I de este volumen 



ABUSO DE LAS «METÁFORAS> EN LAS CIENCIAS PSICOLÓGICAS 375 

pararse á un río de largo curso, cuyas aguas corren superficiales á 
flor de tierra. La historia de la sociología data de pocos años, y 
cuenta ya con una literatura rica y abundante, más por la canti- 
dad que por la calidad; y de tal modo ha llegado á imponerse á la 
gente culta como ciencia de moda, que hoy se habla y escribe de 
sociología á propósito de todo. Por los conceptos cuajados de va- 
guedades impalpables, y por la afición de los sociólogos á las com- 
paraciones y metáforas, y á emplear una fraseología altisonante y 
declamatoria, alguien, no sin alguna razón, los ha llamado «retó- 
ricos de la ciencia». Juzgando un crítico psicológico los trabajos 
presentados en la Sección de Psicología social del último Congre- 
so de Psicología (Mayo de 1905), habla de la «palabrería de los soció- 
logos, retóricos á veces demasiado hábiles", de la «charlatanería 
hueca é insubstancial de estos profesionales de la palabra sabia que 
abordan todos los problemas sin decir otra cosa que vagas genera- 
lidades» (1). Quizá pequen de exageradamente injustas las frases 
anteriores, porque en la labor inmensa de materiales hacinados en 
el campo de la nueva ciencia no todo puede calificarse de charla- 
tanería estéril; pero una crítica imparcial y justa encontraría, al 
lado de los resultados positivos, una proporción enorme de induc- 
ciones prematuras y utópicas y de teorías imaginarias. 

Una de estas teorías utópicas que merecen especial mención 
por su universalidad y por haber inspirado el mayor número, y en 
algún tiempo la casi totalidad de trabajos sociológicos, es la con- 
cepción biológica de la sociología; y decimos utópica, porque la 
teoría del «organismo social», que asimila los fenómenos y leyes 
sociales á los biológicos, es pura y simplemente una metáfora sin 
valor real, y metáfora, no sólo de lenguaje, sino de conceptos. Las 
sociedades son organismos y los organismos sociedades, y las le- 
yes explicativas de unas y otros deben ser comunes; las leyes bio- 
lógicas tienen aplicación á los cuerpos sociales lo mismo que á los 
organismos vivientes, animales y vegetales. Los organismos están 
formados por federaciones de células, que son los individuos orgá- 
nicos, y por tejidos y sistemas, que son agrupaciones homogéneas 
inferiores subordinadas al organismo total; y del mismo modo las 
sociedades humanas se componen de células (aún no se ha conve- 
nido si la célula ha de ser el individuo ó la familia; en el segundo 



(l) N. Vaschide, V.t Congrés international de Psich. - Art. de la Revnt d* Phil, nú- 
meros Ag. y Sept. 1905 



376 ABUSO DE LAS «METÁFORAS» EN LAS CIENCIAS PSICOLÓGICAS 

caso al individuo se le llama átomo); la agrupación de individuos 
ó familias celulares da origen á los tejidos y sistemas orgánicos 
sociales (municipio, provincia, sociedades especiales, industriales, 
comerciantes, ejército, etc.), subordinados al organismo total, ó 
cuerpo social independiente, como la nación. La sociología debe, 
según esto, fundar toda su estructura sobre los planos de la biolo- 
gía; á ésta deben acudir en demanda de métodos, leyes y princi- 
pios, y ella es la única, en suma, que puede dar soluciones satisfac- 
torias y decisivas á los problemas sociológicos. Tal es, en pocas 
palabras, la teoría biológica de la « sociedad-organismo » concebida 
por los fundadores de la sociología, Comte y Spencer, calurosa- 
mente defendida y desenvuelta en aplicaciones de detalle por una 
numerosa escuela de sociólogos, Schaffle, Lilienfeld, Novicow, 
Worms, etc. 

Cierto que las Sociedades, en su constitución y relaciones in- 
ternas, guardan no pocas analogías con los organismos vivientes; 
pero las semejanzas, cuando no se fundan en la identidad de natu- 
raleza, podrán dar ocasión á alardes literarios de mejor ó peor gus- 
to, nunca tomarse como fundamento de explicación científica; de 
aquí que las teorías sobre esta base construidas no pasan de sim- 
ples juegos de imaginación. Porque precisamente el carácter es- 
pecífico de la vida social son los fenómenos psíquicos, intelectuales 
y morales; prescíndase de este carácter fundamental, y el objeto 
peculiar de las ciencias sociales se desvanece. Los bio-sociólogos, 
al contraponer las analogías y metáforas de la imaginación á la ló- 
gica del pensamiento en la explicación de los fenómenos sociales, 
han desnaturalizado, no solamente la ciencia social, sino la reali- 
dad misma; la sociología viene á ser no más que un capítulo de la 
Historia Natural, un desenvolvimiento de la biología, y las leyes 
sociales una transposición metafórica de las leyes fatales que rigen 
los organismos vivientes á las relaciones entre los hombres. 

Debemos consignar que la teoría metafórica de la sociedad-or- 
ganismo, si no ha pasado definitivamente á la Historia, puede de- 
cirse que se halla en estado agónico. Al presente, ha caído en uná- 
nime descrédito; aunque Novicow, uno de los más acérrimos de- 
fensores y últimos supervivientes de este castillo construido sobre 
arena, y hoy totalmente en ruinas, persista en proclamarla «pos- 
tulado intangible de toda sociología». El eminente sociólogo 
G. Tarde escribía lo siguiente á propósito de la publicación de dos 
libros inspirados en la concepción biológica de las Sociedades, uno 



ABUSO DE LAS «METÁFORAS» EN LAS CIENCIAS PSICOLÓGICAS 377 

de Lilienfeld, La Pathologie soci'alc, y otro de Worms, Organis- 
me et societé: «Se creería, dice, al leer estos dos volúmenes, que 
esta teoría, que tan bien muerta estaba, tiene veleidades de resu- 
rrección, ya que no las pretensiones de nuevos éxitos; pero no hay 
que temer nada de eso: es, simplemente, la última llamarada de 
una lámpara que se extingue» (1). Se dirá en este caso, que es per- 
der el tiempo en combatir á los muertos; pero puede, á veces, ser 
útil y aun necesario desenterrar los cadáveres para hacer la di- 
sección. • 

La construcción de la sociología biológica redúcese á sobrepo- 
ner geométricamente los planos de la sociología sobre la biología; 
es una simple transposición de los conceptos, leyes, divisiones, 
lenguaje, de la segunda á la primera; la labor del sociólogo consis- 
tirá en buscar aproximaciones y semejanzas, y una vez averigua- 
das, está acabada la obra; no hay que buscar otras explicaciones 
ulteriores. Este procedimiento'comparativo y de asimilación, prac- 
ticado hasta en detalles insignificantes, aun allí donde no era po- 
sible encontrar analogías, ha sembrado los trabajos de sociología 
de puerilidades insubstanciales y ridiculas, siendo la causa de su 
descrédito, más aún que los ataques venidos de fuera. La obsesión 
de la idea de asimilación orgánico-sociológica ha llevado, verbi- 
gracia, á suponer en los organismos sociales una forma exterior, 
una envoltura protectora que semeja á los tegumentos animales y 
vegetales, y órganos interiores comparables á las visceras de los 
animales, aparato digestivo, circulatorio y respiratorio, sistema 
nervioso, muscular, vascular, óseo, etc., trasladando conceptos y 
lenguaje de la anatomía á la sociología. El reflejo fisiológico ha 
sido la panacea que da la clave con que explicar las acciones y re- 
acciones intersociales. Se ha dotado al cuerpo social de funciones 
fisiológicas como la nutrición, respiración y circulación; y á la nu- 
trición social, de las funciones parciales de masticación, deglución, 
digestión, asimilación, etc. Se ha asimilado la circulación de la 
sangre y la linfa por los vasos á la circulación de los viajeros y 
mercancías por las vías terrestres y fluviales, las funciones nervio- 
sas á las comunicaciones postales, telegráficas y telefónicas, etc. 
Las alteraciones y males sociales se comparan de igual modo á las 
enfermedades del cuerpo, y la patología y terapéutica sociales son 
las encargadas de clasificar, diagnosticar y dar remedios curativos 



(1) G. Tarde, L'idée de 'l'organisme social', en la Rev. phil. de París. Junio de 1896. 



378 ABUSO DE LAS «METÁFORAS* EN LAS CIENCIAS PSICOLÓGICAS 

á las enfermedades sociales. Porque hay también en el cuerpo so- 
cial microbios infecciosos y bacilos con que combatir la infección; 
la guerra y la emigración se llamarán hemorragias; las revolucio- 
nes, epilepsias sociales; y por idéntico procedimiento, podrán cla- 
sificarse los males sociales en pneumonías infecciosas, fiebres tifoi- 
deas, histerias, abulias sociales, etc., etc. 

«Gracias á los sorprendentes descubrimientos hechos en nues- 
tros días por medio del microscopio— escribe Lilienfeld tratando de 
aplicar estos descubrimientos á los cuerpos sociales' en su obra 
Pathologie soa'ale,— la célula ha sido reconocida como elemento 
anatómico primario, de que se han formado todos los organismos 
de la naturaleza. Y la patología, apoyándose en estos descubri- 
mientos, ha llegado por su parte á demostrar que las enfermedades 
de los organismos no representan más que la resultante de las 
anomalías de las simples células, de que están formados los tejidos 
y órganos enfermos.» Gran descubrimiento para la biología, ob- 
serva Tarde (1); pero, por lo que toca á la sociología, el descubri- 
miento que consiste en decir que las enfermedades sociales son el 
resultado de los males y desórdenes individuales— siendo el indi- 
viduo la célula social, — no tiene ciertamente nada de nuevo ni de 
instructivo. Muchos siglos antes de que se descubrieran las teorías 
celular y microbiana, sabía todo el mundo que los estados mórbi- 
dos de una ciudad ó de un imperio provienen de malos gérmenes 
de ideas propagados entre los ciudadanos; con llamar á estas ideas 
microbios infecciosos, y poner motes á los fenómenos sociales que 
ya tienen sus nombres propios, no se hace ningún descubrimiento, 
ni la ciencia adelanta un paso. Lo único que con esto se consigue 
es introducir en el campo de los estudios sociales un lenguaje exó- 
tico y metafórico, acompañado de teorías quiméricas y vaciedades 
estériles, y apartar los espíritus del procedimiento verdaderamen- 
te positivo y científico, que consiste en observar los hechos sociales 
y formular sobre ellos las leyes arrancadas directamente de la 
realidad, en lugar del procedimiento cómodo, pero anticientífico, 
de ir á mendigarlas de las ciencias vecinas. Emplear tiempo y tra- 
bajo en buscar analogías orgánico -sociales, podrá ser ameno, si no 
útil, entretenimiento de cerebros imaginativos; pero con esto la 
ciencia social no habrá adelantado un paso; porque la ciencia no se 
construye con amenidades de la imaginación, sino con el trabajo 

(1) Ibld. 



ABUSO DE LAS < METÁFORAS» EN LAS CIENCIAS PSICOLÓGICAS 379 

lógico del entendimiento. Lo que realmente interesa á la sociolo- 
gía no son estas comparaciones estériles, cuando no pueriles y ri- 
diculas, sino el estudio positivo y directo de los fenómenos y leyes 
sociales. 

La teoría bio-sociológica, —dice el ya citado Tarde— además de 
ser artificiosa y estéril, ha representado un papel desastroso en 
sociología. Que se permitan á la imaginación los símiles y compa- 
raciones, pase; todos, sabios, filósofos y poetas, vivimos de compa- 
raciones; las del poeta se llaman metáforas, las del filósofo genera- 
lizaciones; pero lo esencial de las comparaciones de la ciencia es 
que expliquen algo, y cuando no son explicativas de la naturaleza 
deben desecharse, y la metáfora orgánica no explica nada en so- 
ciología. La teoría bio-sociológica es en el campo de las ciencias 
sociales lo que el fisiologismo en la psicología individual; así se 
comprende á qué consecuencias tan desastrosas para la sociedad y 
para la dignidad humana puede conducir una simple metáfora 
convertida en realidad. Llámese organismo á la sociedad, si por 
organismo se quiere significar un sistema armonioso de fuerzas 
vivientes coordinadas entre sí y por relación á un todo; pero en- 
tiéndase bien: si las realidades biológicas y las sociales tienen cier- 
tas semejanzas en su coordinación, ni aquellas realidades tienen 
entre sí punto de comparación posible, ni las leyes de sus relaciones 
pueden identificarse: las unas son físicas y fisiológicas, las otras 
esencialmente psicológicas. Entre el cuerpo viviente .y el cuer- 
po social hay las diferencias radicales de que en el primero las cé- 
lulas, tejidos y órganos funcionan de una manera inconsciente y 
fatal, y son lo que son, únicamente en relación con el conjunto; 
mientras que en el cuerpo social los órganos son individuos cons- 
cientes, racionales y libres, y aunque bajo ciertos aspectos estén 
subordinados al todo, no pierden por esto su libertad, su carácter 
y autonomía de personas morales. En una palabra, las sociedades 
se constituyen por las relaciones psíquicas de los hombres entre sí 
y con el medio en que viven; por consiguiente, la sociología, ó no 
será, ó si ha de ser, será esencialmente psicología social, no bio- 
logía. 

Continuemos nuestra excursión por otra de las'ramas de la psi- 
cología comparada, y entremos en el terreno todaviVinculto de la 
psicología animal, donde también abundan las metáforas y trans- 
posiciones de conceptos, pero en sentido inverso á las anteriores; 
la interpretación psicológica de la vida é instintos de los animales 



380 ABUSO DE LAS «METÁFORAS» EN LAS CIENCIAS PSICOLÓGICAS 

suele aquí buscarse, no abajo, sino arriba, por asimilación á la vida 
intelectual humana. Los libros y revistas que tratan de este asun- 
co, están llenos de descripciones y observaciones, tan prolijas como 
estériles, de ciertos psicólogos, que se han creído en el deber de 
analizar el alma de los pobres animales que viven alrededor de su 
mesa de trabajo, el perro, el gato ó el mono, dirigiéndoles una mi- 
rada de cuándo en cuándo, entablando diálogos con ellos, y tratan- 
do de descubrir los pensamientos y afectos que ocultan en el inte- 
rior, hasta que por fin han llegado á entenderse mutuamente y les 
han revelado todo su interior. De estas revelaciones ha venido á 
resultar que el hombre no es más que el animal, y que éste posee 
todas las facultades y aptitudes del hombre, y quizá en grado su- 
perior; y se han impuesto estos materialistas psicólogos la obliga- 
ción, no por obra de generosidad, sino por deber de justicia, de 
restituir á la pobre y maltratada especie animal lo que el egoísmo 
y orgullo del hombre le había negado injustamente. En su infatua- 
da altanería se ha creído el hombre en una situación excepcional y 
privilegiada respecto de los demás seres del universo por sus con- 
diciones intelectuales, y la ciencia ha encontrado que esto no es 
verdad; porque los animales poseen, en estado más ó menos rudi- 
mentario ó perfecto, todas las facultades y aptitudes que se supo- 
nían exclusivas del hombre, y el tiempo les pondrá en condiciones 
de desarrollar una civilización animal. 

Porque los animales tienen una inteligencia que produce ideas 
como la nuestra, formulan juicios, razonan y discurren acerca de 
las cosas como nosotros, á veces más acertadamente que nosotros. 
Algunos de estos naturalistas han extremado su generosidad y sim- 
patías por la especie animal hasta ver en ellos manifestaciones in- 
equívocas de ideas metafísicas y morales, y de sentimientos estéti- 
cos, morales, sociales, religiosos, etc. Los animales poseen igual- 
mente un lenguaje con que comunican entre sí sus pensamientos y 
afectos: lenguaje que no se ha podido descifrar todavía, como ellos 
no comprenden el nuestro; el día que se llegue á una mutua inte- 
ligencia, y quizá ese día no esté lejano, los hombres y los anima- 
les formarán una humanidad común con reciprocidad de derechos 
y deberes, y desaparecerán las desigualdades é injusticias con que 
los primeros miran y tratan á los segundos; ni más ni menos como 
la evolución histórica de la humanidad ha hecho desaparecer los 
prejuicios de diferencias naturales entre esclavos y dominadores. 
No nos dicen estos sabios, si los animales poseen también una cien- 



ABUSO DE LAS «METÁFORAS» EN' LAS CTEXCIAS PSICOLÓGICAS 381 

cia para su uso, y que la dificultad de entendernos nos impida co- 
nocer, porque no les faltan condiciones intelectuales para cons- 
truirla; y en verdad que podrían utilizarse como colaboradores de 
la ciencia humana, y sus informaciones, sobre todo psicológicas, ya 
que en este terreno sólo podemos saber algo por analogías y supo- 
siciones, tendrían un valor excepcional. Y quizá tenga razón el 
que dijo que "en esta evolución constante y sucesiva de los anima- 
les, un mono ó un gorila lleguen á ser un Newton ó un LeibnitZ'-, 
y lleguen á adquirir un desenvolvimiento intelectual, no sólo 
igual, sino superior al hombre; y entonces, ¡pobre humanidad!, su- 
frirá las represalias del desdén é injusticias con que trata á los 
animales. Esto, si no es que los animales estén ya de vuelta en el 
camino de la evolución, y su desenvolvimiento mental sea supe- 
rior al del hombre, que todo pudiera ser; hay quien cree que el ra- 
zonamiento inconsciente que se manifiesta en los instintos anima- 
les, es el ideal de perfección intelectual á que el hombre no ha lie • 
gado todavía. Y conste que de todo lo dicho anteriormente, aunque 
parezcan exageraciones difíciles de creer por lo necias y ridiculas, 
nada inventamos; son ideas que de continuo aparecen estampadas 
en papel con pretensiones de ciencia (1). 

Habituados estos naturalistas psicólogos á proceder en los aná- 
lisis y clasificación de los seres por semejanzas externas, no acier- 
tan á discurrir sino por comparaciones en que interviene como 
principal factor la imaginación, las cuales sirven de fundamento 
á sus inducciones explicativas. La lógica y la filosofía suelen ser 
terreno vedado á sus inteligencias. De aquí es que cuando se pro- 
ponen estudiar al hombre, descienden á buscar la explicación de 
su naturaleza en los seres inferiores, y cuando tratan de explicar 
estos últimos, suben á buscar explicación adecuada en el hombre, 
sin poder salir de este círculo de comparaciones estériles, porque 
es una simple transposición metafórica de conceptos de un orden á 



(1) Superiorité des aniínaux sur l'liomme, tal es el título de un libro escrito de psicolo- 
gía comparada no ha mucho (1901), por un tal Í)r. Marechal, en el que el estado de incons- 
ciencia de la inteligencia y de los instintos animales se considera como el ideal superior á que el 
hombre tiende en su evolución, y por consiguiente, se reputa á éste en situación de inferioridad 
mental respecto de los animales. Hasta su lenguaje es más perfecto que el del hombre, por ser 
universal, una especie de volapuk que hace entre ellos inútil el uso de diccionario, A no ser 
por el estilo serio y el tono formal, creerían que se había propuesto el autor dar una broma pe- 
sada á los lectores de su libro. Se revuelve airado contra Descartes por haberse atrevido á com- 
parar á los animales con un artefacto mecánico, llamándole «imbécil genio», y no ha visto 
que al pretender elevarlos sobre el hombre, lo único que ha demostrado cumplidamente es que 
se puede ser «imbécil» sin ser «genio». 



382 ABUSO DÉ LAS «METÁFORAS» EN LAS CIENCIAS PSICOLÓGICAS 

otro, que no explican nada. Y de aquí también que los estudios de 
psicología animal, hechos por espíritus faltos de hábitos lógicos y 
de reflexión psicológica, no puedan sustraerse al peligro de caer 
en un antropomorfismo pueril y ridículo; los maravillosos instin- 
tos observados en la vida y costumbres de los animales, los fasci- 
nan, y concluyen por proyectar su propia inteligencia en los po- 
bres animales, suponiendo en éstos las mismas ideas y razonamien- 
tos con que ellos discurrirían en idénticas circunstancias. No de- 
jan de ser curiosas y entretenidas ciertas descripciones de psico- 
logía y sociología animal, sobre todo acerca de las costumbres de 
algunos insectos, como las abejas y las hormigas. Nos parece es- 
tar viendo á hombres diminutos organizados en sociedades y con 
perfecta conciencia de cuanto hacen, pensando y discurriendo me- 
dios de previsión para atender á sus necesidades y hacer la vida 
feliz, con sus leyes morales y jurídicas, dándose, en fin, cuenta de 
todos sus actos. Nada, que se supone á los pobres animalitos obran- 
do con el mismo fondo de ideas, pasiones y sentimientos que los 
hombres; aquello es una traducción fiel de las sociedades humanas 
en pequeño, y no les faltaba más que hablar para que pudieran es- 
tablecer relaciones psíquicas con el hombre y aun formar parte de 
sus sociedades. Todo esto podrá ser muy entretenido y ameno, 
pero no tiene nada de instructivo ni de científico. Al leer ciertos 
trabajos de esta índole, no puede uno menos de pensar en cierto 
género de composiciones literarias heroicómicas, con la sola dife- 
rencia de que en los primeros piensan los animalitos y discurren, 
pero no hablan, ó á lo menos no entendemos su lenguaje, y en las 
segundas se les hace además hablar el lenguaje de los hombres. 

Léase, por ejemplo, La inteligencia animal y La Evolución 
mental de los animales, de Romanes, uno de los más autorizados 
en este género de estudios, y nadie pretenderá sacar de estos es- 
critos, que de poco más sirven que de inocente entretenimiento, 
una conclusión psicológica verdaderamente científica. Y el mismo 
juicio merecen otros trabajos de la misma índole, como las minu- 
ciosas descripciones de Lubbock acerca de las costumbres de cier- 
tos insectos, y las de Espinas sobre la vida social de los animales, 
en la cual ha creído hallar el origen de las instituciones sociales 
humanas. Estos y otros semejantes trabajos ofrecerán interés gran- 
de, no lo dudamos, para el naturalista; pero sus pretensiones sue- 
len extenderse á la interpretación psicológica de la vida animal, y 
en psicología el valor de tales estudios es muy escaso ó nulo. Des* 



ABUSO DE LAS «METÁFORAS» EN LAS CIENCIAS PSICOLÓGICAS 383 

pues de una breve reseña de las principales obras sobre esta rama 
de la psicología comparada, hace suyo G. Villa este juicio severo 
de Wundt, en que dice «no ser posible deducir de todas las obser- 
vaciones hechas sobre los animales ninguna explicación psicológi- 
ca precisa y estable, siendo la causa principal el que tales estudios 
proceden de simples naturalistas y zoólogos, ó de personas desco- 
nocedoras de las leyes y métodos psicológicos» (1). 

Los historiadores de los animales gustan mucho de las narra- 
ciones pintorescas. No les basta contar los hechos tales como los 
han visto; para dar amenidad á las narraciones llenan las lagunas 
con apreciaciones y conjeturas hábilmente dispuestas, haciendo 
vivir y pensar á los animales como viven y piensan los hombres. 
Se observan en los animales obras de industria admirables, y se 
concluye, sin más examen, en que las hacen como las hacemos 
nosotros, dirigidos pbr la reflexión y el discurso como el hombre, 
transplantando al interior del animal todas las manifestaciones su- 
periores de la conciencia humana; y de la analogía parcial de algu- 
nos efectos se infiere la identidad total de la causa. Los hechos y 
la lógica no autorizan esta generosidad con que los discípulos de 
Darwin quieren elevar á los animales á la dignidad de hombres; no 
han tenido bien en cuenta que la transformación de animales en 
hombres y de hombres en animales es propia del estado mitológi- 
co de las sociedades; los lobos se convierten en hombres solamen- 
te en las leyendas de la imaginación salvaje y popular. Cualquiera 
que sea la naturaleza de la conciencia animal, porque con certeza 
nunca lo sabremos, pues para esto sería necesario entrar en su pe- 
llejo, sustituirnos por ellos, y verlos por dentro como ellos se ven 
y sienten, es lo cierto que allí no hay nada que se parezca de cerca 
ni de lejos á la razón humana, á este poder que el hombre tiene de 
reflexionar y discurrir, de pasar de lo particular á lo universal, de 
lo contingente á lo necesario, de lo relativo á lo absoluto, en una 
palabra, de elaborar los elementos de la ciencia. Si los animales po- 
seen, aunque sólo sea en ínfimo grado — escribe Piat (2)— este poder 
de análisis y deducción que llamamos inteligencia, si saben como 
el hombre romper la trama que constituye la realidad viviente 
para descubrir los elementos íntimos y hacer con estos materiales 
esparcidos síntesis nuevas, su energía mental debe extenderse en 



(1) G. Viixa. La Psicología contemporánea, p. 90, Torlno, 1899. 

(2) La personne hummine, pág. 250 j siguiente.— Paría, 1897. 



384 ABUSO DE LAS «METÁFORAS» EN LAS CÍÉtfCtAS PSICOLÓGICAS 

todos sentidos. La abeja, por ejemplo, debe descubrir en sus cel- 
dillas sólidos, en estos sólidos planos, en estos planos líneas, en 
estas líneas puntos, y en estos mismos puntos el concepto de ser, 
que es otro abismo de atracción para el pensamiento humano. 
Debe conocer, no solamente la práctica, sino la teoría de la geo- 
metría; es necesario también que en cierta medida sea también me- 
tafísica, porque la actividad intelectual es como un sol, cuyos ra- 
yos se extienden en todas direcciones. De hecho, nada semejante 
se observa en los animales, ó mejor dicho, todo lo contrario; se pa- 
recen á un maquinista que dirige una máquina, pero que ignora 
su mecanismo y las leyes de su funcionamiento y construcción. La 
abeja, arquitecto consumado, no comprende, ni trata de compren- 
der la arquitectura de sus panales, ni la araña la de sus telares, ni 
el castor la de sus maravillosas construcciones; no hay en ellos 
nada que se parezca á esa serie indefinida de combinaciones dife- 
rentes que puede y debe producir la vista de lo posible, y á la cual 
pebe la inteligencia humana el progreso en todas las manifestacio- 
nes de la vida; la evolución mental de las bestias no presenta ana- 
logía ninguna con la inteligencia del hombre, no hay en ellas aso- 
mo de vida racional . 

La psicología animal sólo puede ser conocida por inducción 
analógica, comparando las manifestaciones externas de la vida ani- 
mal con la vida humana, y si es necesario tomar cuenta de las se- 
mejanzas, tampoco deben olvidarse las diferencias. Observamos en 
los animales costumbres é industrias maravillosas que superan á 
veces las invenciones de los más grandes genios, y diríase que 
poseen una razón superior á la nuestra; pero pronto nos damos 
cuenta de que estas industrias permanecen estacionarias, que el 
mismo hecho se repite indefinidamente como en los mecanismos 
artificiales construidos por el hombre, y entonces los comparamos, 
con Descartes, á máquinas inconscientes construidas por la natu- 
raleza. Nos extasiamos ante sus instintos admirables y sorpren- 
dentes ingeniosidades, y les hacemos pensar, discurrir y reflexio- 
nar como nosotros; pero apenas les hemos elevado á esta altura, 
cuando los sorprendemos en flagrante delito de estupidez, y los re- 
bajamos al profundo. Unos, siguiendo á Descartes, se fijarán sola- 
mente en las analogías parciales con los seres inferiores, y los ha- 
rán máquinas; y otros, como los psicólogos naturalistas, tomarán 
el aspecto opuesto de la realidad, y trasladarán á su interior su 
propia conciencia y sus pensamientos, haciéndolos hombres. Pero 



ABUSO DE LAS «METÁFORAS» EN LAS CIENCIAS PSICOLÓGICAS 385 

la conclusión es igualmente falsa en uno y otro caso, por fundarse 
en analogías parciales, en lugar de basarse en la realidad total. 
Así, pues, el «animal hombre", lo mismo que el «animal máquina", 
son transposiciones metafóricas, de conceptos de un orden á otro, 
que no expresan la realidad. 

P. Marcelino Arnáiz, 
o. s. A. 

(Concluirá). 



27 



RECUERDOS HISPANOPORTUGUESES 

EN LA ISLA DE MALTA 




II 

CESIÓN DE LA ISLA A LA ORDEN DE SAN JUAN 

¡eintiséis años tenía Solimán II cuando sucedió á su padre 
Selim I, cuyo testamento puede reducirse á estas breves 
palabras: «Hijo mío, serás grande y poderoso si arrojas 
de Rodas á los Caballeros y te apoderas de Belgrado.» El joven 
Emperador de los turcos, emprendedor y lleno de entusiasmo, aca- 
riciaba un doble ideal: reformar sobre sólidas bases la justicia de su 
vasto Imperio y cubrirse de gloria por sus conquistas. Alcanzólos 
entrambos: la reorganización de la administración de justicia le 
valió el título de Legislador; su magnanimidad, su magnificencia 
y su valor le aseguraron el de Magnífico. La conquista de Belgra- 
do, clave para invadir la Hungría é Italia, había sido inútilmente 
tentada por Amurat II en 1442 y por Mahomet II en 1456; pero So- 
limán II, más afortunado que sus predecesores, aprovechando las 
rivalidades entre el Emperador Carlos V y Francisco I, dirigió 
personalmente el sitio de aquella ciudad, que cayó en su poder 
en 1521. Al sentir cubiertas las espaldas por este poderoso baluar- 
te, se preparó para la guerra de Rodas, y ordenó al efecto que se 
reuniesen en el menor espacio de tiempo posible, todas las fuerzas 
disponibles de su Imperio. 

Al amanecer del día 26 de Junio de 1522, los caballeros y los ro- 
dios se vieron desagradablemente sorprendidos con la presencia 
de 330 buques de alto bordo, que cubrían la línea del horizonte. 






RECUERDOS HISPANO-PORTUGUESES EN LA ISLA DE MALTA 387 

Esta poderosísima escuadra llevaba 140.000 soldados, un número 
considerabilísimo de genízaros, y además, 60.000 entre ingenieros 
y gastadores. Todas estas fuerzas iban dirigidas contra el Gran 
Maestre Villers de l'Isle-Adam, inerme anciano que sólo tenía á sus 
órdenes unos 500 caballeros y 4.600 soldados. Causa asombro el 
pensar cómo el Gran Maestre, con este puñado de valientes pudo 
resistirse cinco meses enteros contra las formidables fuerzas del 
Gran Turco, y quizás su resistencia hubiera sido coronada con la 
victoria sin la traición del Canciller de la Orden, Andrés de Ama- 
ral, portugués, que diariamente daba noticia al Gran Señor de las 
bajas sufridas por sus compañeros y de los puntos más débiles con- 
tra los cuales debía apuntar sus cañones. Xo entraremos en los de- 
talles del asedio de Rodas, descritos por el Abate de Vertot, y más 
minuciosamente por el historiador de la Orden, el Comendador 
Bossio; bastará consignar que los incesantes y sangrientos asaltos 
hibían hasta tal punto debilitado las fuerzas de la Religión, que el 
mismo Gran Maestre y algunos caballeros tuvieron que hacer de 
centinelas sobre las brechas por falta de personal válido. LTsle- 
Adam y su Consejo querían defender á Rodas hasta quedar sepul- 
tados bajo sus ruinas; pero como los habitantes, aterrorizados, 
huían por todas partes, rehusando prestar más servicios, el Gran 
Maestre, para evitar los horrores de una ciudad tomada por asalto 
p Dr aquellos bárbaros, consintió entrar en tratos con el Gran Señor. 
Tan grande fué la admiración de Solimán por el heroísmo de los 
caballeros, que concedió á los plenipotenciarios del Gran Maestre 
una capitulación honrosísima, y, si se quiere, única en toda la his- 
toria de los turcos. Sus principales artículos fueron los siguientes: 
I, que las iglesias no serían profanadas; II, que los habitantes no 
quedarían obligados á entregar sus hijos para que se hiciesen ge- 
nízaros; III, que el ejercicio de la Religión cristiana sería libre; 
IV, que el pueblo estaría exento de contribuciones por el espacio 
de cinco años; V, que se dejase plena y absoluta libertad á los ha- 
bitantes para salir de la isla; VI, que si el Gran Maestre y los caba- 
lleros no tuviesen suficientes buques para ir hasta Candía, éstos 
serían suministrados por los turcos; VII, que tendrían el espacio 
de doce días para preparar y embarcar sus muebles, ropas, etcé- 
tera; VIII, que el Gran Maestre podría llevar consigo todas las re- 
liquias de los Santos, vasos sagrados, ornamentos, títulos, perga- 
minos, cañones y armas para armar sus galeras; IX, que la plaza, 
isla y fuertes dependientes de Rodas serían entregados al Gran 



388 RECUERDOS HISPANO-PORTUGUESES EN LÁ ISLA DE MALtA 

Señor; X, que el Gran Maestre, como garantía de su palabra, daría 
en rehenes veinticinco caballeros, dos de los cuales serían Grandes 
Cruces, y, además, veinticinco de los principales burgueses de la 
ciudad. Este tratado fué firmado por los apoderados del Gran Maes- 
tre por una parte, y por el general Achmet por otra, y después 
ratificado por Villiers de l'Isle-Adam y por Solimán II. 

Avisado el Gran Maestre de que el Gran Señor iba á volver 
pronto á Constantinopla, no queriendo quedar en la isla á merced 
de oficiales bárbaros y poco escrupulosos en materia de derecho de 
gentes, mandó hacer los preparativos del viaje con la mayor rapi- 
dez posible. Villier de l'Isle-Adam, impasible en apariencia, daba 
las órdenes con la misma serenidad que si se tratara de una expe- 
dición ordinaria; habiendo manifestado cuatro mil rodios el deseo 
de salir de la isla, mandó que se les dejase embarcar, y después de 
haber mandado tocar retirada, subió el último de todos á bordo de 
la Gran Carraca (1). Componíase la escuadra de la Religión de cin- 
cuenta buques entre galeras, galeones, bergantines y jabeques, y el 
día 1.° de Enero de 1523 zarpó con rumbo á Candía. Una violenta 
tempestad la dispersó en los diferentes puertos de las islas del Ar- 
chipiélago, y la breve parada que hizo en Candía sirvió para hacer 
en los buques las reparaciones más urgentes. Deseaba el Gran 
Maestre descansar unos meses en la ciudad de Mesina, para dar 
tiempo y comodidad á los rezagados de reunirse á él, y para que los 
caballeros y soldados heridos se repusiesen por completo; pero 
apenas se disponía á tomar un reposo bien merecido, cuando un 
enemigo, más temible que los turcos, la peste bubónica que se de- 
claró en Mesina, le obligó á huir con una precipitación y un desor- 
den difícil de describir. A pesar de todas las precauciones, el ger- 
men de la epidemia había ya contaminado el personal de la Orden, 
haciendo estragos en la muchedumbre amontonada en las embar- 
caciones. No había de ser ésta la última tribulación del Gran 
Maestre: algunos caballeros, viendo á la Orden sin destino, sin 



(1) La Orden de San Juan conservó siempre con extraordinario cariflo los recuerdos de la 
isla de Rodas. La corneta 6 trompeta con la cual se tocó la ultima retirada en 31 de Diciem- 
bre de 1522, fue" considerada como una reliquia. Muchos caballeros y Grandes Maestres que 
habían vivido y combatido en Rodas no podían ver esta trompeta sin derramar lágrimas. Hoy 
se conserva en el antiguo palacio Magistral, transformado en residencia del Gobernador in- 
gles; se la ve en el mismo fanal en que se conservaba en tiempo de la Orden, y el Gobierno 
británico ha hecho grabar en una gran plancha de cobre las siguientes palabras: 

TlHS TRUMPRT ON WIIICII WAS SOUNDED THE RKTRKAT OF THB PIÑAL DEPAUTURE OF THE 

Ordbr vrom Rhodes— Dbc A. D. 1522. Prbserved as a Rklic WXTB great carh by thb 
Grand Mastkrs. 



I 



RECUERDOS HISPANO -PORTUGUESES EN LA IsLA DE MALTA 389 

puertos y casi sin porvenir, manifestaron su intención de retirarse 
á sus respectivos países. Justamente preocupado, escribió el Gran 
Maestre al Sumo Pontífice una carta en la cual le suplicaba emplea- 
se toda su autoridad para evitar este mal ejemplo, que podría ser 
el principio de una dispersión general. Contestóle el Papa con un 
decreto amenazando con la excomunión y con la privación del há- 
bito á todo miembro de la Orden que no obedeciese al Gran Maes- 
tre y no residiese en los lugares que éste, con su Consejo, juzgasen 
más oportunos. Entre tanto, la escuadra de los desterrados llegaba 
á Ñapóles; pero las autoridades de esta ciudad les manifestaron 
con sumo sentimiento que no podían dejarles desembarcar por cau- 
sa de la enfermedad que traían á bordo. Sin embargo, enterado el 
Emperador de la precaria y triste situación de la Orden, mandó 
que se les dejase bajar á tierra en un lugar desierto y que allí per- 
maneciesen incomunicados hasta la total desaparición de la epide- 
mia. Gracias á estas disposiciones, la peste desapareció. 

El deseo más urgente de L'Isle-Adam era el de ir á Roma y te- 
ner una conferencia con el Padre Santo para suplicarle interce- 
diese con lbs príncipes católicos y obtener así un puerto donde 
establecer la sede de la Orden. Con este fin navegó hasta Civita- 
Vecchia, desde donde envió á Roma al caballero de Chevriéres 
para pedir una audiencia privada al Papa Adriano VI, hombre de 
austerísima vida y muy afecto á la Orden de San Juan. Accedió 
el Pontífice, y apenas vio al Gran Maestre en su presencia, le sa- 
ludó con estas halagüeñas palabras: u Eugc, mague Christi athlcta 
ct fidci catholicac acctrime propugnator! T las cuales dejan com- 
prender el cariño con que acogió el Papa al héroe de Rodas, y 
suponer que las promesas de intercesión que le hizo no se reduci- 
rían á meras fórmulas. Mucho confiaba el Gran Maestre en las 
promesas del Pontífice; pero la Providencia tenía dispuesta otra 
cosa. Algunos días después de esta audiencia, Adriano VI, ya 
muy delicado de salud, cayó gravemente enfermo, y el 14 de Sep- 
tiembre dejó vacante la Santa Sede. A los dos meses y cuatro días 
de Cónclave fué elegido el cardenal Médicis, primo de León X, 
que tomó el nombre de Clemente VII, y si grande fué el regocijo 
de Roma por esta elección, mucho mayor fué la satisfacción de 
L'Isle-Adam, pues el nuevo Pontífice era caballero profeso de la 
Orden de San Juan. En efecto: concluidas las solemnidades y 
ceremonias de la exaltación al Pontificado, el primer acto de Cle- 
mente VII fué conceder al Gran Maestre una audiencia solemne, 



390 RECUERDOS HISPANO-PORTUGUESES EN LA ISLA DE MALTA 

recibiéndole rodeado de todos los Cardenales, en cuya presencia 
hizo el Vice-canciller de la Orden un fiel relato del sitio de Rodas 
y de los padecimientos y contrariedades que desde su salida de 
aquella isla había sufrido la Orden, y lo hizo con tanto sentimien- 
to, que el Papa, de acuerdo con los eminentísimos purpurados, 
con el fin de conservar un cuerpo tan útil para la Iglesia, conce- 
dióle la ciudad de Viterbo, como sede de la Orden, y. el puerto de 
Civita-Vecchia para refugio de sus galeras, hasta que Dios dis- 
pusiera otra cosa. Mas lo que por una parte había ganado la Or- 
den con la exaltación del Cardenal Médicis, lo perdió por lo refe- 
rente al Emperador, cuyas inequívocas simpatías en el último 
Cónclave habían sido por el Cardenal Colonna, único serio con- 
trincante del nuevo Papa: de aquí la falta de cordialidad y alguna 
tirantez en las relaciones entre el Gran Maestre y Carlos V, como 
veremos más adelante. 

Antes de salir de Roma para ir á Viterbo, tuvo L'Isle-Adam 
con el Pontífice varias conferencias en las que le comunicó sus 
proyectos para asegurar á la Orden un lugar fijo y cómodo. Le di- 
jo que Vendramino, Arzobispo de Corfú, le indicaba el puerto de 
Suda, en la isla de Candía, como no lejano de Tierra Santa; pero 
temía que los venecianos, ocultos enemigos de la Orden, para no 
enemistarse con el Gran Señor, no tuvieran la generosidad de ce- 
dérselo. Di jóle cómo otros habían propuesto la isla de Elba, idea 
poco agradable por dos razones: lo primero porque no respondía á 
las tradiciones de la Religión de San Juan, que exigían no ale- 
jarse demasiado de Jerusalén; en segundo lugar, porque siendo 
propiedad del Príncipe de Piombino, no convenía á una Orden re- 
ligiosa y soberana someterse á la autoridad de un señor privado. 
Manifestóle, en fin, que algunos caballeros de la lengua de Casti- 
lla habían sacado á relucir el nombre de Malta, cuyos puertos, in- 
mediatos á las costas de Berbería, ofrecerían seguro asilo á la es- 
cuadra de San Juan, siempre en guerra con los turcos, y cuya 
posición en el centro del Mediterráneo, serviría además para de- 
fender las costas del occidente de las depredaciones de los corsa- 
rios. Agradó al Papa esta última idea, y alentó al Gran Maestre á 
que pidiese Malta á Carlos V; pero «tened cuidado, díjole el Pon- 
tífice, de no someteros á la obediencia del Emperador, y no acep- 
tar la plaza de Trípoli, porque me consta que desea deshacerse 
de ella.» (1). 



{!) Vertot, Jlistoire de l'Ordrc de Malte, lib. IX. 



RECUERDOS HÍSPALO-PORTUGUESES EN LA ISLA DE MALTA 391 

Apenas llegó á Viterbo, el Gran Maestre de acuerdo con el 
Consejo, envió á Madrid una Comisión compuesta del Prior de 
Castilla, del Gran Cruz Martinengo y del Comendador Antonio 
Bosio, con el objeto de pedir á Su Majestad en feudo libre la isla 
de Malta. Tenían los tres Embajadores órdenes terminantes de 
eludir todo compromiso relativo á Trípoli. El Comendador Bosio 
nos ha dejado preciosos detalles referentes á las conferencias que 
tuvieron los Comisarios con el Emperador y hace resaltar la insis- 
tencia con que éste hablaba de deshacerse de Trípoli. Para no can- 
sar al lector, resumiremos la última contestación de Carlos V: "La 
petición del Gran Maestre, decía, no tiene nada de exagerada; 
pero los intereses de España piden que Trípoli siga el mismo des- 
tino político que Malta y Gozo. Si el Gran Maestre desea fijar su 
sede en estas islas, habrá de prestar juramento de vasallaje y fide- 
lidad á nuestra persona y la de nuestros sucesores, reconociéndo- 
nos como sus señores y soberanos. Exigiríamos la creación de un 
nuevo bailío para la lengua de Castilla, que el Almirante y Vice- 
almirante serían exclusivamente escogidos entre nuestros sub- 
ditos de la lengua de Italia, y por fin, suprimiríamos las fran- 
quicias, en virtud de las cuales Malta se abastece de trigo en Sici- 
lia.» (1) Duras parecieron estas condiciones á los tres Embajado- 
res, y so pretexto de no tener poderes suficientes para tratar so- 
bre estas bases, pidieron permiso al Emperador de comunicar al 
Gran Maestre y á su Consejo los buenos deseos de Su Majestad. 
El Prior de Castilla y Martinengo quedaron en Madrid, y Bosio, 
que tenía fama de hábil diplomático, lué solo á Viterbo para dar 
cuenta de su misión. Para el Gran Maestre, que conocía el carác- 
ter de Carlos V, no había duda de que era difícil hacerle desistir 
de sus pretensiones, y era menester obrar con mucha habilidad y 
prudencia, á fin de obtener el mayor número de concesiones po- 
sibles. En vez de contestar inmediatamente al Emperador, obtuvo 
del Papa una promesa de mediación, y para dejar á éste el tiempo 
suficiente, comunicó á los Embajadores de Madrid suplicasen á 
Su Majestad no se ofendiese si la Orden, antes de contraer com- 
promisos, enviaba á Malta y á Trípoli una Comisión compuesta 
de un caballero por cada lengua. Conformóse Carlos V, y mandó 
escribir al virrey de Sicilia, duque de Monteleón, para que esta 
Comisión fuese atendida de la mejor manera posible. El virrey 



(1) Bosio, Hb. II. pág. 264. 



392 RECUERDOS HISPANO -PORTUGUESES EN LA ISLA DE MALTA 

escribió al Gobernador de Malta, Juan Mazara, comunicándole las 
órdenes de su señor "et per essere questi, decía, persone princi- 
pan della JRelzgione, S. M. Cattolica bramerebbe che fossero 
trattati bene in qualunque parte del suo regno; é siccome brama- 
no di vedere i por ti ed altri locali di Malta, vi ordiniamo per metie- 
re loro di osservare tutto a loro piacimento, e ció in compagnia 
del Capitano d'armi e d'uno dei Giurati.„ 

En Junio de 1524 llegaron á Malta los ocho comisarios perte- 
necientes á las ocho lenguas de la Orden, á saber: Juan de Caste- 
llane por la lengua de Provenza, Juan de Bois por la de Alvernia, 
Jaime de Chevriéres por la de Francia, Pablo Simeoni por la de 
Italia, Gaspar Llord por la de Aragón, Nicolás Heussoy por la de 
Inglaterra, Jorge Schilling por la de Alemania, y Diego de Torres 
por la de Castilla. Mientras los comisarios visitaban la futura sede 
de la Orden, los caballeros franceses y alemanes protestaban rui- 
dosamente de las condiciones del Emperador, declarándolas de 
todo punto inaceptables y nada decorosas para la Orden. Pareció 
secundar esta oposición la relación que los ocho comisarios hicie- 
ron de su viaje, los cuales se manifestaron opuestos en absoluto á 
la ocupación de Trípoli y la única ventaja que encontraban en 
Malta era la comodidad de sus puertos. «La isla de Malta, de- 
cían en resumen, no es más que una roca, que tiene de seis 
á siete leguas de largo, sobre cuatro de ancho y unas veinte le- 
guas de circunferencia. En la superficie se encuentran de tres á 
cuatro pies de tierra mezclada con cascajo y poco á propósito 
para producir trigo, cebada, etc.; pero abundan los higos, melo- 
nes y toda clase de fruta. El principal comercio de la isla consis- 
te en la miel, el algodón y el comino, que los habitantes cambian 
por el trigo necesario. El agua escasea: hay pocos manantiales; 
pero abundan los aljibes; la leña es casi desconocida, y los habi- 
tantes, para cocer sus alimentos, se sirven de boñigas de vaca se- 
cadas al sol ó de cardos silvestres. La capital de la isla, que se 
llama «Notable", está en el interior de las tierras, sobre una coli- 
na, de acceso muy difícil por causa de las peñas que la rodean; sus 
fortificaciones se reducen á unas cuantas torres cercanas de las 
dos puertas. En la parte meridional no se encuentran ni puertos 
ni golfos; pero por la parte opuesta existen puertos muy á propó- 
sito para grandes embarcaciones. Hemos entrado en el puerto 
principal, defendido por un fuerte llamado el Castillo del Santo 
Ángel, é inmediato á este castillo existe un pueblo llamado Borgo; 



RECUERDOS HISPANO-PORTUGUESES EN LA ISLA DE MALTA 393 

existe además otro puerto llamado Marsa Moxiet, poco distante 
del anterior y separado de él por una lengua de tierra. Además 
de la capital y del Borgo, existen unos cuarenta pueblecitos cuya 
población es de unas doce mil almas entre todos. En cuanto á la 
ciudad y plaza de Trípoli, el caso es diverso. Situada en las cos- 
tas de Berbería, está á unas ochenta leguas de Malta: no tiene 
ninguna fortificación y es imposible hacerlas por ser el suelo todo 
arenoso y lleno de agua. El puerto y el castillo están enteramen- 
te dominados por una montaña y enclavados en las posesiones del 
Rey de Túnez, que no podrá tolerar la vecindad de soldados reli- 
giosos. El trigo es más raro aún en Trípoli que en Malta,'por cau- 
sa de la esterilidad de la tierra, que no produce más que pocos dá- 
tiles. Encargándose la Orden de la defensa de esta plaza, se expo- 
ne á ver perecer todos los caballeros que enviara para su guar- 
nición» (1). 

La oposición ganó terreno, y algunos, exagerando la nota, dije- 
ron que el regalo que iba á hacer el Emperador valía menos que 
el pergamino del acta de donación. El Gran Maestre no se dejó 
acobardar, y en vez de imponer silencio, aprovechó estas mismas 
protestas para hacer ver á Carlos V que la Orden se impondría 
duros sacrificios fortificando una isla casi sin defensa, y que las 
Cruces de San Juan sobre sus bastiones no serían de poco prove- 
cho para el imperio, puesto que servirían de centinela avanzado 
para sus posesiones de Italia. Interiormente no dejaba el Gran 
Maestre de abrigar temores, pues las rivalidades entre España y 
Francia habían encontrado eco entre los caballeros de ambas na- 
ciones, y L'Isle-Adam, para impedir el rompimiento, quería con- 
cluir cuanto antes este importante asunto. Dio cuenta al Papa del 
estado de ánimo de su Convento, reiterando sus súplicas de inter- 
vención; pero la mala fortuna parecía perseguir al Gran Maestre, 
porque nunca pudieron servir para menos los buenos oficios del 
Papa. El rey Francisco I de Francia estaba prisionero en Madrid, 
y Clemente VII, poco afecto á la Casa de Austria, y además poco 
satisfecho del poderío de Carlos V en Italia, meditaba una liga 
entre Enrique VIII de Inglaterra, los venecianos y algunos prin- 
cipes italianos para defender la independencia de la península, lo 
cual bastó para enajenarle el afecto del Emperador. Así las cosas, 
Anne de Montmorency, Mariscal de Francia y sobrino del Gran 



U) Bosio, Ub. II, pág. 30, ct. seg. 



394 RECUERDOS H1SPANO-PORTUGVESES EN LA ISLA DE MALTA 

Maestre, informó á éste que la Regente de Francia tenía intención 
de enviar á la duquesa de Alencon á Madrid para negociar la li- 
bertad del prisionero monarca. Montmorency proponía á su tío 
que ofreciese las galeras de la Religión para llevar á España la 
embajada francesa. Fué este un rayo de luz para L' Isle-Adam, que 
en el mes de Junio de 1525 fué personalmente á Marsella, donde 
embarcó á la duquesa y á todo su séquito en la "Capitana,, de la 
Orden. En el estado de tirantez en que se hallaban las relaciones 
entre Carlos V y Francisco I, lo que no pudo conseguir la Duquesa 
lo alcanzó la prudencia del Gran Maestre. La cesión del ducado de 
Borgoña constituía la base de todas las dificultades; pero Lisie 
Adam hizo presente al Rey que los inconvenientes de una lucha 
indefinidamente prolongada eran mucho mayores para Francia que 
la cesión de un ducado, y como conclusión insistía en que acepta- 
se las condiciones del Emperador. Sabido es el caso que hizo Fran- 
cisco I de sus promesas; á pesar de lo cual agradeció tanto Car- 
los V la intervención del Gran Maestre, que cuando volvieron á 
tratar de la cuestión de Malta, le dijo que para las condiciones de 
la cesión designaba como arbitro al Pontífice, manera delicada de 
acceder á los deseos del Gran Maestre sin retractar las anteriores 
exigencias, y L' Isle-Adam, contento de su gestión, volvió á Ita- 
lia. Pero ¿cuál no fué su desilusión al saber que ya estaba firmada 
la famosa liga y que el arbitro de su cuestión había sido el promo- 
vedor de ella? Poco después, en Mayo de 1527, Roma era saquea- 
da, y Clemente VII se hallaba prisionero del Emperador en el cas- 
tillo de Sant Angelo. Desesperado el Gran Maestre de la interven- 
ción del Papa, reunió un Capítulo en la ciudad de Corneto, y en 
nombre propio y en el de éste, con fecha 27 de Septiembre de 1529, 
escribió á Carlos V pidiéndole en feudo libre las islas de Malta y 
Gozo y la plaza de Trípoli. No contestó el Emperador; pero el 1.° 
de Enero de 1530, firmada la paz entre Carlos V y el Papa, pudo 
el jefe de la Iglesia interceder eficazmente en favor de sus prote- 
gidos, y como el Gran Maestre había transigido en la cuestión de 
Trípoli, el Emperador, á ruegos del arbitro que había nombrado 
cuatro años antes, no tuvo inconveniente en ceder respecto á los 
demás puntos, reservándose el derecho de escoger el obispo de 
Malta entre la terna presentada por la Orden/El acto de donación 
está firmado en Castelfranco, pepueña ciudad cerca de Bolonia, tú 
24 de Marzo de 1530. Como es muy raro encontrar este documen- 
to sin mutilación, lo damos aquí in extenso, tal como lo hemos co- 



RECUERDOS HISPANO- PORTUGUESES EN LA ISLA DE MALTA 395 

piado del original que se conserva en la Armería del palacio Ma- 
gistral de la Valletta. He aquí este importante documento: 

"ÑOS CAROLUS DIVINA FA VENTE CLEMENTIA. V ROMANORUM I.MPE- 
RATOR SEMPER AUGUSTUS! JOANNA EJUS MATER ET ÍDEM CAROLUS DeI 

Gratia Reges Castell.e, Aragonum, utriusque Sicille, Hierusa- 
lem, Hungarl-e, Dalmati.e, Croati.e, Legionis, Navarra, Gra- 
xat.e, Toleti, Valentle, Galletle, Majoritarum, Hispalis ; 
Sardini.e, Cordub^e, Corsice, Murcle, etc., etc. Archiduces 

AüSTRI.E, DüCES BURGUNDI^E, ET BrABAXTIS, COMITÉS BaRCHINON.E, 

flandrle et tyroli et domin1 vlzcávje et molin.e et duces 
Athenarum et Neopatri.e: Comités Rossilloni et Ceritani.k: 
Marchiones Oristanni et Gocciani, salutem, etc. 

»Cum pro restaurandis,etstabiliendisConventu, Ordine etRe- 
ligione Hospitalis Sancti Joannis Hierosolimitani, et ut Admodum 
Reverendus Venerabilis et Religiosi Xobis plurimum dilecti Mag- 
nus Magister, Priores, Bajulivi, Praeceptores et Milites dicti Ordi- 
nis: Qui amissa Rhodo Ínsula a Turcis longissima et accerrima ob- 
sidione violenter occupata pluribus jam annis vagantes firmam 
tándem sedem obtinere, et ea quae ad ipsam Religionem pertinent 
in Christianae reipublicaebenefitiumretorquere valeant,eorumque 
vires et arma contra pérfidos Christianae Religionis hostes virili- 
ter exercere, devotione moti, ac pro eo animi affectu, quo eidem 
Religioni devincimur, praefatis Magno Magistro et Ordini sedem 
quietam (ne ulterius per Orbem vagari cogantur) ultro concederé 
decrevimus. Tenore praesentis chartae nostraecunctisfuturistem- 
poribus firmiter valiturae de certa scientia regiaque auctoritate 
nostra et consulto ac motu proprio per nos et nostros haeredes, et 
in Regnis successores quoscumque praedicto admodum Reveren- 
do Magno Magistro, Religioni et Ordini Sanctijohannis Hierosoly- 
mitani infeudum perpetuum, nobile, liberum et francum Civita- 
tes, Castra, Loca et Insulas*nostras Tripolis, Meliveti et Gaudisii 
cum ómnibus ipsarum civitatum, castrorum, locorum et insula- 
rum territoriis jurisdictionibus mero et mixto imperio, jure et pro- 
prietate utilis dominii ac gladii potestate hominibus et feminis in 
eis et earum terminis habitantibus et habitaturis, cujuscumque le- 
gis, status et conditionis existant, omnibusque alus juribus et per- 
tinentiis, exemptionibus, privilegiis, proventibus aliisque immuni- 
tatibus concedimus et liberaliter elargimur, ita ut hujusrñodi feu- 
dum deinceps teneant et cognoscant a Nobis tamquam Regibus 
Siciliae ullerioris et a successoribus nostris in eodem Regno pro 



3% RECUERDOS HISPANO PORTUGUESES EN LA ISLA DE MALTA 

tempore regnantibus sub censu dumtaxat unius falchonis quolibet 
anno in die festi omnium Sanctorum praesentandi per personam 
seu personas ad id sufficienti mandato suffultas in manibus Vice- 
regis seu Praesidentis qui tune temporis ipsius Regni administra- 
tionem et régimen obtinebit in signum verae recognitionis dicti 
feudi: et eo censu mediante immunes et exempti remaneant a quo- 
cumque alio militan servitio de jure debito et per vassallos praes- 
tari sólito. Cujus tamen feudi investitura in omnem casum novae 
successionis renovari et expediri debeat justa juris communis dis- 
positionem: teneaturque ipse Magnus Magister qui pro tempore 
fuerit pro se et universo Ordine praedicto in hujusmodi recogni- 
tione et Investitura juramentum praestare quod exdictis civitati- 
bus, castris, locis et insulis non patientur nec permittent fieri dam- 
num aut praejudicium vel offensam Nobis, Statuique, Regnis,Do- 
miniis et Subditis nostris nostrorum in dicto Regno successorum 
per mare sive per terram, nec auxilium seu favorem praestabunt 
cuicumque his damnum inferenti seu inferre volenti, sed potius 
omni conatu id ipsum avertere curabunt. Et si quispiam ex subdi- 
tis Regni Siciliae praedicti reus criminis capitalis seu de delictis 
hujusmodi inculpatus se absentaverit, et in hujusmodi Ínsulas et 
loca infeudata confugerit, dum pro parte Viceregis seu Praesiden- 
tis vel Magistri Justiciarii dicti Regni pro tempore existentis re- 
quisiti fuerint, teneantur taliter confugientem vel prófugos expel- 
iere ac inde penitus profligare, exceptis tamen illis qui aut Lesae 
Majestatis aut heresis rei decernentur, quos non ejicere, sed ad 
omnem ipsius viceregis aut Locumtenentis requisitionem capere 
et captivos eidem Viceregi seu Praesidenti remittere teneantur. 
Praeterea quod jus patronatus Episcopatus Melivetani remaneat 
prout est dispositioni et presentationi nostrae ac successorum nos- 
trorum Regni praedicti Siciliae: ita tamen quod post obitum Reve- 
rendi et dilecti consiliarii nostri Baldassaris Walktirk, Imperial is 
Vicecancellarii ad ipsam Ecclesiam novissime per nos praesenta- 
ti seu in quemeumque casum alium Vacationis deinceps secutu- 
rum, dictus Magnus Magister et Conventus dicti Ordinis habeant 
nominare Viceregi Regni praefati Siciliae tres Personas ejusdem 
Ordinis, quarum una saltem sit et esse debeat ex subditis nostris 
nostrorum ac in dicto Regno successorum idóneas et sufficientes 
ad ipsam pastoralem dignitatem exercemlam, ex quibus tribus sic 
nominandis Nos nostrique successores in Regno praedicto presen- 
temus et presentent ac presentare debeamus et debeant ad dictum 



RECUERDOS HISPAN'O-PORTUGUÉSES EN* LA ISLA DE MALTA 397 

Episcopatum eum quem idoneorem judicaverimus aut judicave- 
rint. Cui quidem prejentato sic ad dictum Episcopatum promoto 
teneatur Magister praedictus Magnam Crucem concederé, eumque 
ad consilium dicci Ordinis cum Prioribus et Bajulivis admitiere, 
ítem cum Admiratus dictae Religionis ex Lingua et Natione Itá- 
lica esse debeat congruumque censeatur ut is qui ejus vices geret, 
dum absentiae seu impedimenti locus occurrerit, sicque idoneus 
reperiatur ejusdem Linguae ac Nationis existat, habeatur deinceps 
ratio ut data paritate idoneitatis is potius ad id munus eligi debeat, 
qui ejusdem nationis et linguae idoneus judicabitur aut alias talis 
sit qui officium suum exerceat nullique suspectus censeatur. Et 
quod de ómnibus contentis in his tribus praecedentibus capitulis 
fiant statuta et stabilimenta perpetua in dicto Ordine juxta stilum 
et morem Solitum cum debita Sanctissimi Domini Nostri ac Sedis 
Apostolicae approbatione et auctoritate et quod dictus Magnus 
Magister Ordinis praefati qui nunc est et pro tempoae fuerit te- 
neatur hujusmodi Statutorum seu Stabilimentorum observantiam 
sollemniter jurare et ea perpetuo et inviolabiliter observare. Ul- 
terius si contigerit ipsam Religionem recuperare insulam Rho- 
dum et ea ratione aut alia ex causa ipsam Religionem ab hujus- 
modi insulis et locis infeudatis discedere et alibi mansionem et se- 
dem eorum stabilire, non liceat ipsis hujusmodi infeudata in aliam 
quamvis personam quovis titulo sine expresso ipsius directi domi- 
nii feudalis transferre seu alienare, sed potius si sine licentia et 
consensu alienare praesumpserit, ad Nos nostrosque successores 
praedictos pleno jure revertantur. ítem quod tormenta et machi- 
nae quae in ipsis castro et civitate Tripolis nunc existunt sub de- 
bita inventarii descriptione ibidem jure commodati per triennium 
retineri possint ad ipsius Civitatis et Arcis custodiam, obligatione 
tamen valida accedente de hujusmodi tormentis et machinis resti- 
tuendis ipso triennio lapso, nisi id tempus ex nostri gratia immi- 
nere forsan necessitate prorrogandum videretur, quo tutius ip- 
sius Civitatjs et Arcis defensioni provideri possit. Et demum vero 
quoad muñera et gratiae temporales sive perpetuae particulari- 
bus personis in hujusmodi locis infeudatis factae, qua ratione me- 
ritorum aut alterius obligationis fuerint concessae cujuscumque 
qualitatis existant quae juste auferri non possent sine debita re- 
compensa, tamdiu firraae maneant quo addito Magno Magistro 
Conventuique visum fuerit pro eis aequas paresve possessoribus 
recompensas daré et ut in hujusmodi recompensae extimatione 



398 RECUERDOS HISPANO-PORTUGUESES EN LA ISLA DE MALTA 

omnis controversia quae suboriri posset aut litigandi fastidium et 
impensa auferatur ubi Magno Magistro Conventuique praedictis 
commodum visum fuerit cuipiam recompensan! daré, eligantur 
dúo Judices unus nostro nomine a Vicerege dicti Regni ulterioris 
Siciliae tune existente, alter ab ipso Magno Magistro Conventu- 
ique qui summatim et precise perlectis concessionum Privilegüs 
et perceptis utriusque partís rationibus, sine alia forma judicii vel 
processus definiant quid inter utramque partém jure fieri conve- 
niat, ac si recompensa danda est, statuant qualis esse jure debeat, 
quod si forte dúo Judices diversae repugnantesque inter se sen- 
tentiae essent, ex utriusque partís consensu assumatur tertius Ju- 
dex, ac dum judicatur, inquiritur et recompensa statuitur, posses- 
sores promeriti in gratiarum possessione maneant privilegiisque 
tamdiu fruantur quoad satis ipsius eque fuerit. Sub quibus quidem 
conditionibus supra continuatis et descriptis et non aliter nec 
alias premissa omnia et singula praefatis Magno Magistro et Con- 
ventui in feudum praedictum ut praemittitur concedentes sicut 
melius plenius et utilius dici potest et scribi ad illarum commo 
dum et salvamentum bonumque sanum et favorabilem intellec- 
tum, eadem omnia in dicti Magni Magistri Conventus et Religionis 
jus dominium utile et posse mictimus atque transferimus irrevo- 
cabiliter pleno jure ad habendum, tenendum, dominandum et om- 
nimodam jurisdictionem exercendum perpetuoque ac pacifice pos- 
sidendum et ex causa hujusmodi concessionis et alias prout melius 
plenius et firmius de jure valere poterit et tenere damus, cedimus 
et donamus dicto Magno Magistro, Conventui et Religioni omnia 
jura omnesque actiones reales et personales et alias quascumque 
quae Nobis competunt et competeré possunt et debent in praedic- 
tis quae illis in feudum praedictum sub dictis conditionibus con- 
cedimus ut est dictum et in alus ratione et occasione eorumdem 
quibus juribus et actionibus perpetuo uti possint et experiri agen- 
do scilicet, defendendo et alia omnia et singula faciendo et libere 
exercendo in Judicio et extra quaecumque et queiruidmodum Nos 
faceré possemus nunc et etiam postea quandocumque et ponentes 
dictum Magnum Magistrum, Conventum et Religionem in prae- 
dictis ómnibus et singulis in locum et vices nostras constituimus 
et veros Dóminos útiles et potentes actores ct procuratores in 
rom suam propriam nullo jure nullaque actione in praedictis quae 
illis concedimus praeter superius reservata Nobis aut curiae nos- 
trae modo aliquo retentis seu reservatis. Mandantes serie cum 



RECUERDOS HISPANO-PORTUGUESES EX LA ISLA DE MALTA 399 

praesenti eadem auctoritate riostra universis et singulis homini- 
bus masculis et feminis cujuscumque Legis aut conditionis fue- 
rint in dictis insulis, civitatibus, terris, locis et castris earumque 
territoriis habitantibus et habitaturis quodammodo dictum Mag- 
num Magistrum Conventumque et Religionem Sancti Johannis 
Hierosolimitani pro eorum dominio utili et feudali ac vero pos- 
sesore omnium praedictorum habeant et reputent, suisque man- 
datis pareant et obediant prout boni et fideles Vassalli eorum 
Dominis obedire tenentur, nec non eidem Magno Magistro et- 
Conventui faciant et praestent homagium et fidelitatem etiam 
juramentum in similibus praestari solitum. Hos etiam nunc pro 
tune postquam illi juramenta et homagia quod Nobis, nostris aut 
praedecessoribus aut alus personis nomine nostro feeerint et 
praestiterint obligatique fuerint. Illustrissimo praeterea Philippo 
Principi Asturiarum et Gerundae et filio primogénito et nepoti 
nostro charissimo ac post felices et longevos dies nostros in óm- 
nibus Regnis et Dominiis nostris Deo propitio immediato haeredi 
legitimoque successori intentum aperientes nostrum sub paternae 
benedictionis obtentu dicimus. Illustrisque Magnificis dilectis 
Consiliariis et fidelibus nostris Proregi et Capitaneo Generali nos- 
tro in dicto ulterioris Siciliae Regno, Magistro Justiciario ejusque 
in officio Locumtenenti Judicibus nostrae Magnae Regiae Curiae 
Magistris Rationalibus Magistro Portulano, Magistro Secreto 
Thesaurario et Conservatori nostri Regii Patrimonii fiscique nos- 
tri patrono, Capitaneis Arcium praefectis et custodibus Portula- 
nis Portulanotis secretis, caeterisque demum universis et singu- 
lis officialibus et subditis nostris in dicto Regno Ulterioris Siciliae 
et praesertim dictarum Insularum ac Civitatis et Castri Tripolis 
tam praesentibus quam futuris eadem auctoritate praecipimus et 
jubemus ad incursum nostrae indignationis et irae penaeque un- 
ciarum decem millium a bonis secus agentis exigendarum et nos- 
tris inferendarum herariis, quatenus nostram hujusmodi conces- 
sionem et gratiam omniaque et singula praecontenta teneant 
firmiter et observent tenerique et observan faciant inviolabiliter 
per quoscumque, nec non in possessionem realem et corporalem 
seu quasi vacuam et expeditam praedictorum omnium quos eidem 
Magno Magistro et Conventui ut praedicitur concedimus illum 
aut procuratorem suum immitti et imponi faciat dictus Prorex 
noster per se aut comissarium seu comissarios quos ad id nostro 
nomine duxerit eligendos. Cui seu quibus nos omnimodam serie 



40Ó RECUERDOS HÍSPANO PORTUGUESES EN LA ISLA DE MALfA 

cum praesenti quoad haec et quoad stiputationem et exactionem 
eorum quae pro parte dicti Magni Magistri et Conventus supra 
complenda et agenda sunt, conferimus potestatem vicesque nos- 
tras plenarie committimus. Et postquam possessio ipsa tradita 
fuerit, in ea dictum Magnum Magistrum et Conventum manute 
neant et defendant viriliter contra cunctos deque fructibus, in- 
troytibus, proventibus, gabellis et aliisque redditibus et juribus 
quibuscumque praedictorum quae supra in feudum concedimus 
responden faciant per quoscumque. Nos enim ad effectum prae- 
sentium si et quatenus opus sit supplemus omnes defectum, nulli- 
tatem aut vitium sollemnitatumque omissiones, si qui vel quae 
possent forsan praemissis apponi aut suboriri vel quomodolibet 
allegan, super quibus et nostrae Regiae potestatis plenitudine dis- 
pensamus. In cujus rei testimonium praesens fieri jussimus nostro 
communi negotiorum Siciliae Ulterioris sigillo impendenti mu - 
nitum. 

Datum in Castello Franco, die vigésima tertia Mensis Marti i, 
tertiae Indictionis, Anno a Nativitate Domini millesimo quingen- 
tésimo tricésimo, Regnorumque nostrorum videlicet Imperii An- 
no décimo, Reginae Castellae, Legionis, Granatae etc. vigésimo 
séptimo, Navarrae decimosexto, Aragonum, utriusque Siciliae, 
Hierusalem et aliorum décimo quinto, Regís vero omnium quin- 
todecimo. 

YO EL REY.» 

En la Librería Pública de Malta se conserva el original de la 
ejecución de este documento, firmado por el Virrey de Sicilia. Es 
de poca importancia para el fin que nos hemos propuesto. 

P. Antonino M. Tonna-Barthet, 
o. s. A. 

(Contitntará.) 



REVISTA CANÓNICA 



Resolución de la Sagrada Congregación del Concilio sobre el 
Párroco propio en cuanto al matrimonio. 

En la sesión pública y extraordinaria de 20 de Mayo de este año 1906, 
fué propuesta á dicha Sagrada Congregación la cuestión magna 5 im- 
portantísima acerca del Párroco propio en los matrimonios, con moti- 
vo de una petición hecha por el Obispo de Breslau para la ciudad de 
Berlín; y los eminentísimos Cardenales respondieren: «Por gracia con- 
forme á lo pedido por el Arzobispo de París, fado verbo sum Sandí- 
simo, et ad mentem.y 

Historia de la cuestión.— E\ 23 de Junio de 1902, el eminentísimo 
Cardenal Obispo de Breslau hizo á la Sagrada Congregación del Con- 
cilio la siguiente petición: «De todos los puntos de Alemania aflu- 
yen á Berlín muchas personas para establecer allí su domicilio ó cuasi 
domicilio, si les suceden bien y prósperamente las cosas, y de otro 
modo casi todos se ausentan al poco tiempo, de manera que dicha ciu- 
dad se halla en una agitación y movilidad continua y especialísima; de 
la cual resulta una gran dificultad por razón del domicilio ó cuasi do- 
micilio en orden á los matrimonios; porque muchas veces sucede que 
le contraen los que residen en alguna parroquia de la citada ciudad, 
sin que intenten adquirir en ella ni domicilio ni cuasi domicilio. Y como 
fácilmente se omite la averiguación del ánimo de permanecer, ni los 
interesados dicen sobre esto una palabra, es de temer que muchos de 
esos matrimonios sean nulos é inválidos por la asistencia á ellos de un 
Párroco incompetente, ó por la falta de la asistencia del Párroco pro- 
pio. Por lo que ruego y suplico humildemente á Vuestra Santidad que 
se digne conceder también á la ciudad de Berlín la gracia concedida 
á la de París el 9 de Noviembre de 1898; á saber, que en Berlín se ad- 
quiera el cuasi domicilio en orden al matrimonio, sin averiguar la in 
tención de permanecer allí, siempre que hayan permanecido en algu- 
na de sus parroquias por espacio de seis meses. > 

Como esta cuestión— dice el Secretario de la Congregación— se re- 

28 



402 REVISTA CANÓNICA 

fiere á un punto muy grave y de suma importancia de la disciplina 
eclesiástica, fué propuesta y tratada en una de las sesiones plenas de 
la Sagrada Congregación, y ésta mandó que el teólogo consultor emi- 
tiese su voto, después de bien estudiada la materia, no sólo sobre el 
caso particular propuesto, sino más bien en general; ó sea, que sirva 
de norma y regla para todos los casos semejantes que ocurran en lo 
futuro, dado el estado actual de la sociedad. Además, tratándose de 
un asunto de tanta importancia, por mandado y letras de la misma Sa- 
grada Congregación de 15 de Diciembre de 1902, se rogó al Asesor del 
Santo Oficio, «que se dignase significar si para evitar tantos inconve- 
nientes, la Congregación del Santo Oficio había establecido alguna vez 
el principio ó regla general de que todos aquellos que hayan perma- 
necido seis meses en una parroquia pueden ser válidamente casados 
por el Párroco de aquella parroquia, sin investigar si tenían ó no in- 
tención de permanecer allí. Y si no ha establecido ó reconocido tal 
principio, se desea saber si le ha suplido por medio de facultades con- 
cedidas á los Ordinarios». A estas preguntas contestó el Asesor el 26 
de Enero de 1903 diciendo: «Que en aquél Supremo Tribunal no se ha- 
bía establecido ni reconocido nunca tal principio ó regla general; y 
que las disposiciones dadas para un caso de París, fueron y deben te- 
nerse como disposiciones particulares.» 

El caso de París á que se refiere la anterior respuesta, y también el 
Obispo de Breslau en su petición, fué el siguiente (callado el nombre): 
«El oficial de la Curia eclesiástica de la diócesis de N., para tranqui- 
lidad de su conciencia y tener una regla fija á qué atenerse en los ca- 
sos semejantes, propone á la Sagrada Suprema Congregación la duda 
siguiente: el año pasado un hereje y una católica, oriundos ambos de 
Rumania, donde tenían su domicilio, después de tres años de viajes por 
diferentes países, sin haber vuelto á su casa, vinieron á esta ciudad, 
proponiéndose permanecer en ella tres meses, y al efecto alquilaron 
una casa por ese tiempo. Pasados los tres meses, pensaron contraer ma- 
trimonio, puesto que ambos eran libres para hacerlo; pero como la ley 
civil prescribe que para contraer matrimonio es necesario haber re- 
sidido seis meses en el punto en que se intenta contraer, prolongaron 
por otros tres meses su estancia en dicha ciudad. Transcurridos los 
seis meses, se presentaron al oficial de la Curia Eclesiástica pidiendo 
dispensa del impedimento de religión mixta, y licencia para celebrar 
el matrimonio. El oficial dudó si los referidos pretendientes habían 
adquirido el cuasi domicilio suficiente para el matrimonio; porque 
aunque es verdad que habían residido en la ciudad seis meses, cuando 
entraron en ella no tenían intención de residir más que tres; y si pasa- 
dos éstos residieron otros tres, fué sólo por cumplir el requisito al efec- 
to exigido por la ley civil. Faltando, como faltaba, la intención de re- 



REVISTA CANÓNICA 403 

sidir allí la mayor parte del año, el oficial, oído el parecer de buenos 
canonistas, creyó que los esposos del caso no habían adquirido el 
cuasi domicilio en aquella ciudad, y, por consiguiente, que no tenía 
facultades para dispensarles, ni para conceder la licencia que pedían. 
Pero los contrayentes, teniendo ya todo dispuesto para la boda, se 
casaron civilmente, y se ausentaron de allí. Pide, pues, el oficial, y 
pregunta, si obró con demasiada severidad negando en este caso la 
dispensa y la licencia que le pedían; y agradecería mucho se le diese 
una respuesta que pudiera servirle de norma y regla de conducta en 
lo sucesivo para otros casos semejantes.» Y propuesta la duda en la se- 
sión pública de 9 de Noviembre de 1898, los Emmos. Cardenales Inqui- 
sidores Generales, oído el voto de los Consultores, mandaron respon- 
der: cTranquilícese el orador; y añádase que los que se trasladan á N. 
de otro lugar ó parroquia, siempre que permanezcan allí en alguna de 
sus parroquias por espacio de seis meses, se les ha de considerar como 
que tienen allí cuasi domicilio en orden al matrimonio, sin que haya 
necesidad de hacer investigaciones sobre el ánimo ó intención de per- 
manecer allí la mayor parte del año, /acto verbo sum Sanctisimo.y Y el 
día 11 del mismo mes y año, en la audiencia concedida al Asesor por el 
Santísimo Padre Papa León XLII, Su Santidad aprobó y confirmó la re- 
solución de los Emmos. Cardenales. 

Además, y para ampliar é ilustrar más la cuestión— continúa el Se- 
cretario,— creo de mi deber y oficio el transcribir aquí la petición hecha 
á esta Sagrada Congregación por el Arzobispo de París en 9 de No- 
viembre dé 1903. Empieza exponiendo el Sr. Arzobispo que ya había 
hecho presente muchas veces la grandísima ansiedad en que se ha- 
llaba su Curia archiepiscopal en cuanto á los matrimonios que se ce- 
lebran en la capital, y aun en toda la diócesis, los cuales se hacen 
dudosos ó nulos, por razón de la incertidumbre del domicilio ó cuasi 
domicilio; de donde han resultado muchas sentencias de nulidad de los 
matrimonios, no sin grande escándalo y perjuicios. Y para que, al me- 
nos en parte, se ponga remedio á tantos y tan graves males, se ruega 
encarecidamente á Vuestra Santidad que se digne hacer extensiva á la 
ciudad y diócesis de París, en los mismos términos y para el mismo 
efecto, la declaración y concesión hecha para los Estados Unidos de la 
América Septentrional con fecha 6 de Mayo de 1886, de la suficiente 
permanencia de un mes para la validez del matrimonio, sin necesidad 
de investigación alguna acerca del ánimo de permanecer la mayor 
parte del año en el punto en que se quiere celebrar el matrimonio.» 
Pero como el voto exigido al Consultor sobre las anteriores cuestio- 
nes—concluye el Secretario— está ya próximo á publicarse, le uno al 
expediente, remitiendo todo el negocio á la sabiduría y prudencia de 
Vuestras Eminencias, v me abstengo de toda observación. Por lo 



404 REVISTA CANÓNICA 

que... Y los Emmos. Cardenales respondieron, como al principio se 
dijo: «Por gracia, conforme á lo pedido por el Arzobispo de París, fado 
verbo cunt Sandísimo , et admentem.» Y la mente es en resumen: Que 
en tiempo oportuno se dé un decreto apostólico por el cual se modere 
la jurisprudencia eclesiástica acerca de los matrimonios que se han 
de celebrar ante el Párroco, según las conclusiones presentadas por 
el teólogo consultor comisionado al efecto por la Sagrada Congre- 
gación. 

Éste, antes de entrar de lleno en la cuestión cuyo detenido estudio 
se le ha confiado, y antes de exponer su largo y concienzudo informe 
sobre la jurisprudencia eclesiástica existente en materia de matrimo- 
nios, sobre la conveniencia de moderarla, y sobre el modo, ó por qué 
medio más oportuno y seguro debe hacerse, estudiando brevemente la 
anterior cuestión propuesta á la Sagrada Congregación, y la petición 
hecha por el Obispo de Breslau para la ciudad de Berlín; ó sea, que se 
conceda á ésta el privilegio concedido en 1898 á la ciudad de París, 
dice que aún es más necesario en aquélla que en ésta, porque en Ber- 
lín los matrimonios nulos por el impedimento de clandestinidad son 
precisamente los católicos, porque sólo á éstos, y no á los heréticos y 
mixtos afecta la ley tridentina. Dice, además, que el privilegio de Pa- 
rís (si privilegio puede llamarse), que invoca el Obispo de Breslau, 
concedido por la Suprema, se ha hecho ya de derecho común en mu- 
chas publicaciones eclesiásticas; en la Analeda Eclesiástica, vol. VII; 
en el Monitor Eclesiástico, vol. X; en el Canonista Contemporáneo, 
volumen XX; y, por consiguiente, ya no es privilegio, sino ley general. 
Y después, expuesta la resolución del Tribunal Supremo de la Inqui- 
sición, que promete exammar luego, y fijándose en las razones que 
alega el Obispo de Breslau, que son las mismas y por el mismo fin que 
las que alegó el oficial del Tribunal de París, añade: «por consiguiente, 
siendo esta Sagrada Congregación del Concilio competente, como 
creo, para conceder esta clase de indultos, nada absolutamente parece 
que impide el que los Emmos. Padres, si así les place, ahora mismo 
(hic et nuncj, esto es, sin esperar la decisión general, ó resolución, 
como se dice, de principio y regla general, di massima, concedan el 
indulto pedido, en los términos antes indicados y conservada la fór- 
mula fado verbo cum Sandísimo, aunque quizás no sea absuluta- 
mente necesaria. Y concluye diciendo que la petición del Eminentí- 
simo Kopp, Obispo de Breslau, ha exacerbado más y más, si así puede 
decirse, la antigua llaga; esto es, ha puesto de manifiesto y hecho más 
evidente la necesidad que hace tiempo se sentía, y que ha aumentado 
en el nuestro, de moderar la jurisprudencia canónica acerca de los 
matrimonios que contraen los extranjeros delante del Párroco del 
cuasi domicilio, bien ó mal adquirido. Y como por encargo y comisión 



REVISTA CANÓNICA 406 

del D. Secretario de esta Sagrada Congregación— dice— debo escri- 
bir sobre este tema, creo que puede reducirse á tres preguntas todo lo 
que acerca de ella intento decir: 1.* Cuál es la jurisprudencia canónica 
actual acerca del cuasi domicilio y simple habitación respecto de los 
matrimonios que se han de celebrar según la forma Tridentina. 2.* Si 
conviene, > por qué causas, inmutar, ó mejor dicho, moderar dicha 
jurisprudencia. Y 3. a De qué modo más oportuno y seguro puede esta- 
blecerse dicha moderación. 

Como el trabajo del sabio Consultor es tan largo que sería imposi- 
ble transcribirle en esta sección, y además no ha terminado de publi- 
carse, cuando esto suceda trataremos de hacer un estudio de él lo más 
exacto y conciso que podamos, para tener al corriente á nuestros lec- 
tores del curso ó terminación de un asunto de tanta importancia, es- 
pecialmente para los Párrocos y Confesores; y en particular expon- 
dremos las conclusiones que el referido Consultor formule y pre- 
sente á la Sagrada Congregación del Concilio, conforme al encar- 
go y comisión recibida; porque en ellas, según la mente de la última 
resolución, se fundará el decreto apostólico que en tiempo oportuno 
se dará para quitar todas las dudas, y evitar los gravísimos inconve- 
nientes que ofrece la actual jurisprudencia canónica con respecto al 
matrimonio. 

Ahora, volviendo á la sapientísima resolución que en la presente 
causa dieron los Emmos. Cardenales, á nuestro juicio, de su espíritu y 
de su letra se deduce que ha concedido á la ciudad de Berlín lo que 
en 1886 se concedió á los Estados Unidos para los que iban á casarse 
allí estando obligados al Capítulo Tametsi; esto es, que basta que re- 
sidan un mes para que adquieran el cuasi domicilio exigido para la 
parroquialidad en orden al matrimonio, sin averiguar si tienen inten- 
ción de permanecer mucho ó poco tiempo en aquella nueva parroquia, 
ni tener ellos necesidad ni obligación de manifestarlo; y creemos que 
es esto lo concedido, porque dice la respuesta: según lo pedido por el 
Emnio. Arzobispo de París: y como el Arzobispo de París, según la re- 
lación del Secretario antes citada, había pedido recientemente esa 
gracia, que más bien puede llamarse declaración, como dice en su ex- 
posición el Sr. Arzobispo, parece que debe referirse á ella, y no á la 
del Oficial de la Curia Parisiense, á que se refiere el Obispo de Bres- 
lau, de la cual ninguna mención se hace en la respuesta, así como tam- 
poco la hizo el Obispo de Breslau, ni podía hacerla, de la petición del 
Arzobispo de París, porque ésta fué posterior; sólo que el Secretario, 
en cumplimiento de su deber, como él dice, se la recordó á los Emi- 
nentísimos Cardenales como un dato muy interesante al tratar esta 
cuestión. De todos modos, del proceso y contenido de esta causa apa- 
rece claramente que la mente de la Iglesia es, al menos, que no se ne- 



406 REVISTA CANÓNICA 

cesita intención de permanecer la mayor parte del año en el punto 
donde se fija la residencia para adquirir parroquialidad, ó cuasi domi- 
cilio en orden al matrimonio; y esto puede decirse que ya es ley y re- 
gla general, ó derecho común, pues así lo ha declarado en tres ocasio- 
nes la Sagrada congregación del Concilio, cuyas declaraciones tienen 
fuerza de obligar, porque son verdaderas leyes; y aunque en esta últi- 
ma añadieron los Emmos. Cardenales; «.pro gratia et /acto verbo cum 
Sanctisimo», según el parecer del Consultor, como hemos visto, no 
era absolutamente necesario, porque la Sagrada Congregación es com- 
petente para conceder esos indultos, que mejor pueden llamarse 
declaraciones, puesto que esa es su misión. Pero todos estos puntos 
obscuros que aún quedan, se aclararán con el decreto apostólico que 
en tiempo oportuno, y quizá no lejano, se dé en vista de las conclusio- 
nes que formule el Consultor comisionado para ello, y que por lo que 
al principio ya indica, parece que han de ser en ese sentido, de quitar 
trabas, y ofrecer facilidades para la celebración de los matrimonios 
sin peligro de nulidad y de escándalo. 



Otra resolución de la Sagrada Congregación del Concilio sobre 
el concurso para una prebenda de Penitenciarlo. 

El mismo día 20 de Mayo de este año 1905, fué propuesta, en sesión 
ordinaria de dicha Sagrada Congregación, una duda acerca de la vali- 
dez de un concurso abierto, y en parte celebrado, para la provisión de 
una prebenda de Penitenciario; y resolvieron los eminentísimos Padres 
que se debió reiterar el concurso interrumpido por algún tiempo de 
orden del Obispo, porque uno de los opositores había sido injustamen- 
te suspendido de presentarse, por la violenta agresión y heridas reci- 
bidas á fin de que no hiciese el ejercicio con los demás opositores. 

Relación de los hechos.— El 27 de Diciembre de 1903, el Obispo de 
Bitonto anunció el concurso para proveer la Penitenciaría de aquella 
Catedral, vacante desde 20 de Julio del mismo año. Ante todo convie- 
ne advertir y que se tenga presente, que cuatro ó cinco días antes de 
celebrarse el concurso, según testifica el Obispo, tres de los oposito- 
res (uno de los cuales era el Canónigo Cicciomessera) presentaron al 
mismo Obispo unas cartas anónimas dirigidas á ellos desde -la ciudad 
de Barí, en las cuales se les amenazaba terriblemente si se presenta- 
ban en el concurso, y el mismo Obispo atestigua que él también ha- 
bía recibido otras de la misma clase para que no se anunciase. En 
este estado las cosas, se abrió el concurso el día 29 de Febrero de 
1904. De once opositores se presentaron solo siete: entregadas por los 



REVISTA CANÓNICA 407 

examinadores delante del Obispo las preguntas á que habían de con- 
testar, y cuando ya estaban escribiendo los opositores, llegó el Arce- 
diano de la Catedral y anunció al Obispo que el Canónigo Cicciomes- 
sera, uno de los opositores, no había podido presentarse al concurso 
porque al volver á su casa de celebrar á las ocho y media, en el mismo 
portal fué agredido por un hombre del campo, desconocido para él, 
el cual le hirió con un puñal en la cabeza y le dio dos puntapiés en la 
ingle, dejándole tendido en tierra y sin sentido, siendo necesario lla- 
mar al médico; y que la noticia de este bárbaro atropello había ya 
circulado por toda la ciudad, habiendo diversos comentarios nada fa- 
vorables al concurso y á los opositores; porque llegaba hasta in- 
dicarse el nombre de uno de ellos, como causa moral de la agresión. 
El Obispo creyó de su deber el adquirir informas ciertos del herido, 
y al efecto comisionó al mismo Arcediano, el cual volvió luego con 
una declaración firmada por el interesado, en que confirmaba lo an- 
tes expuesto. En vista de esto el Obispo, de acuerdo con los examina- 
dores, determinó suspender el concurso, y así se lo notificó en el acto 
á los opositores, que ya llevaban tres horas escribiendo, quedando to- 
dos. á la vez que sorprendidos del hecho, conformes con la suspen- 
sión del concurso; y sin queja ni réplica alguna entregaron á los sino- 
dales lo que habían escrito. Sólo el Canónigo Cuonzo protestó de la 
suspensión del concurso, diciendo que él y otros dos opositores habían 
terminado el ejercicio, y por consiguiente, que se diese tiempo á los 
otros cuatro para que lo terminasen también y se diese por celebrado 
el concurso. Suspendido el concurso, tanto la protesta por escrito del 
Canónigo Cuonzo, como los pliegos de los opositores, fueron cerrados 
y sellados. Entonces el Conónigo Cuonzo recurrió á la Sagrada Con- 
gregación el 25 de Marzo de 1904, pidiendo que declarase la validez 
del concurso celebrado; aunque á la vez cinco de los opositores pidie- 
ron á la misma Sagrada Congregación, por conducto del Obispo, que 
se anunciase otra vez el concurso, y el Obispo por su parte, decía que 
en el estado de agitación y efervescencia en que se hallaban los áni- 
mos, creía mejor no abrir otro concurso, sino proveer la Penitencia- 
ría en forma Digmim como llaman. 

Razones en pro y en contra. —El procurador del Canónigo Cuonzo 
dice que en el referido concurso se observaron todas las condiciones 
y formalidades exigidas por Benedicto XIV en la Bula Cnm illud de 
14 de Diciembre de 1742. Ni puede perjudicar á la validez del concur- 
so el que algunos de los opositores no terminasen el ejercicio por 
pura deferencia hacia el desgraciado compañero, y por respeto al 
Obispo y á los sinodales, que con la suspensión del concurso intenta- 
ban seguramente favorecer al opositor agredido y defender el honor 
del mismo concurso. Porque así como se tiene por válido el concur- 



408 REVtSTA CANÓNICA 

so, si alguno de los opositores se retira, así tampoco debe ser inváli- 
do para todos los demás, si alguno ó algunos no terminan el ejercicio 
prescrito. Si la causa hubiese estado íntegra, esto es, si aún no se hu- 
biese abierto el concurso, podía ciertamente el Obispo prorrogarle 
para que llegasen á tiempo los que por algunas causas razonables no 
habían podido presentarse, aunque no más de diez días, según la 
Bula de San Pió V, In con/erendis; pero como en el caso presente la 
causa no estaba íntegra, porque no sólo había empezado ya el con- 
curso, sino que para algunos ya había concluido, no puede el Obispo 
ni prorrogarle ni suspenderle, como consta de la resolución de la 
Nota in Lalagurritana, de 23 de Agosto de 1602. Tanto más, cuanto 
que, según el periódico Corriere della Poglie de 5 de Marzo de 1904, la 
agresión debe tomarse por simulada, y las heridas y golpes, si los 
hubo, fueron muy leves, como asegura el mismo Síndico, diciendo 
que esta es la creencia general en la ciudad; y aun el mismo médico 
que le asistió declara por esciito que no encontró en el enfermo más 
que alguna pequeña contusión y erosión en la ingle, que podía haber 
sido producida por cualquier causa impensada; y en el lado izquierdo 
de la cabeza una ligera herida. Así que hay motivos para sospechar 
que todo eso no ha sido más que una pura invención en odio al Canó- 
nigo Cuonzo, para impedir que consiguiera la Penitenciaría ó por 
otras causas; pero como estas son meras sospechas, basta insinuarlas. 
Igualmente basta insinuar que no hubo motivo alguno por la agre- 
sión para impedir que el opositor aludido se presentase en el con- 
curso, porque era poco temible por sus cortos conocimientos y estu- 
dios, como el mismo Síndico atestigua. Y por último, concluye el pro- 
curador haciendo un grande elogio de la aptitud y dignidad del Ca- 
nónigo Cuonzo, citando para ello los cargos y oficios que ha desempe- 
ñado, las recomendaciones y elogios que de él han hecho más de 
ochenta hermanos de la Cofradía del Carmen, los presidentes de las 
Cofradías de San Roque, San Antonio y Santísimo Rosario, más de 
doscientos vecinos de los más distinguidos de la ciudad, incluso el 
mismo Síndico, y lo que es más, hasta el mismo Obispo, que por sus 
buenas cualidades le nombró primero partícipe y después Canónigo 
de la Iglesia Catedral. 

Pero en contra dice el Obispo: 1.° Que el concurso está completa- 
mente desprestigiado en la opinión pública; antes de celebrarse por 
las cartas anónimas y amenazadoras contra los opositores y contra el 
mismo Obispo, y cuando se estaba celebrando por los gravísimos y es- 
candalosos hechos que ocurrieron.— 2.° Que el Canónigo agredido lué 
privado de tomar parte en el concurso injusta y violentamente por in- 
fluencia directa de uno de los opositores.— 3.° Que el Canónigo Cuon- 
zo es el opositor sobre quien recaen públicamente todas las sospechas; 



REVISTA CANÓNICA 409 

y por consiguiente, pide que para el nombramiento de Penitenciario 
se prescinda del concurso suspendido y de todos los opositores; y rue- 
ga á la Sagrada Congregación se sirva declararle nulo y de ningún 
valor. Y añade: <de la resolución de este punto importantísimo y capi- 
tal depende la triple solución siguiente: O el nombramiento del Peni- 
tenciario sea en forma Dignum, ó el examen de los escritos de los opo- 
sitores que tomaron parte en el concurso suspendido; ó un concurso 
nuevo, teniendo siempre presente que la omisión de uno de los opo- 
sitores, perteneciendo á la forma esencial del concurso, basta para 
anularle, como dicen Pignatelli, Conult., y García, de Benef. y como 
fué decidido y resuelto in Tarracon. de 18 de Marzo de 1863. Lo cual 
parece que puede aplicarse al caso presente, porque el Canónigo 
Cicciomessera fué violentamente impedido de asistir al concurso. Y 
aun cuando se admitiese por un momento, no se concede, que, como 
oponen, la agresión fué fingida, siempre resultaría que en aquel mo- 
mento el Obispo, los sinodales y los mismos opositores, tuvieron por 
real y verdadera la agresión, y aún más, creyeron fundadamente que 
no se podía atribuir más que á uno que tuviese interés en impedir que 
el agredido tomase parte en el concurso, según el principio, is/ecit, 
cid prodest. Y no fué temerario este juicio uniendo las cartas anónimas 
amenazadoras de antes del concurso con el hecho posterior. Por con- 
siguiente, así como la injusta exclusión ú omisión de uno de los oposi- 
tores invalida el concurso, así en estas circunstancias parecía justo 
y razonable suspenderle. Poco importa que fuese un error, porque de 
hecho el concurso se suspendió á las tres horas de empezar; esto es, 
hacia la mitad del tiempo señalado, de tal manera que muchos de los 
opositores materialmente no pudieron concluir su trabajo, y cinco de 
éstos piden que se abra un nuevo concurso. Puesta en este terreno la 
cuestión, dice el Secretario, parece que no es difícil la resolución. Sin 
embargo, Vuestras Eminencias, con su acostumbrada ciencia y pru- 
dencia, resolverán lo justo. Por lo que... Y los Eminentísimos Carde- 
nales respondieron: «Celébrese nuevo concurso con los mismos opo- 
sitores, agregado el Canónigo Cicciomessera, y remítanse á la Data- 
ría Apostólica las actas con la nota de méritos y deméritos de los 
opositores.» 

La anterior resolución, como todas las de esta Sagrada Congrega- 
ción, fué á todas luces la más prudente y acertada, según lo que re- 
sulta del proceso; porque de los muchos y graves motivos que había 
para creer que uno de los opositores fué violenta é intencionalmente 
impedido de asistir al concurso, resultó el prudente acuerdo del Obispo 
y de los sinodales de suspender el concurso, porque así procedía en 
derecho; como hubiera procedido el prorrogarle si se hubiera tenido 
noticia de la agresión antes de ser incoado, pues para el efecto era lo 

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4lÓ Revista canónica 

mismo; porque si en derecho esa causa injusta hubiera invalidado el 
concurso, mejor podría suspenderle ó prorrogarle; y ésta es la opinión 
de autores tan caracterizados como Pignatelli y García, y así resolvió 
la Sagrada Congregación del Concilio en la causa tarraconense. Re- 
solvió igualmente, con mucha oportunidad y justicia, la Sagrada Con- 
gregación, que las actas del concurso que de nuevo se había de cele- 
brar se remitiesen á la Dataría Apostólica juntamente con la nota de 
los méritos y deméritos de los opositores; primero, porque ya habían 
pasado más de los seis meses de la vacante, en cuyo caso, según lo 
mandado por Benedicto XIV, debe el Obispo remitir las actas del con- 
curso á la Dataría, sin emitir juicio acerca de él. Y aunque habla de 
las parroquias, puede extenderse á las prebendas, porque hay la mis- 
ma razón. En segundo lugar, por evitar compromisos al Obispo y á los 
sinodales, así como los muchos disturbios y disensiones que hubiera 
ocasionado la provisión de la vacante en el mismo lugar de los acon- 
tecimientos y por personas que ya tenían que ser antipáticas á algu- 
nos de los opositores y á sus amigos, y cuya provisión, aunque justa, 
no hubiera sido bien recibida de muchos, dando lugar á manifestacio- 
nes ruidosas de desagrado, que siempre causan escándalo. Estos mis- 
mos inconvenientes, y adn mayores, hubiera habido, y trató de evitar, 
y evitó, la Sagrada Congregación con su sabia resolución, de haberse 
provisto la prebenda en forma Dignutn, como proponía el Obispo, fun- 
dado en la determinación é instrucciones del Concilio de Trento para 
tales casos. Y adoptó el medio, también propuesto por el Obispo, de 
que se celebrase de nuevo el concurso con la asistencia de todos y so- 
los los admitidos y que debían haber tomado parte la primera vez; es 
decir, la Sagrada Congregación retrotrajo la cuestión al estado y al 
día en que se debía haber celebrado el concurso. 

P. Cipriano Arribas, 
o. s. A. 



BIBLIOGRAFÍA 



Geiasius Lepore. Ord. S. Aug. — Lectiones Hesthetices, seu PltUosophia pulchri et 
artium.— Viterbii: typis Agnesotti et S. — l*)