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Full text of "La Compañía de Jesús en Colombia y Centro-América después de su restauración"

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L* COMPlÑlt DE JESÚS 



COLOMBIAYCEl^liKü-AMFRI^A 



LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



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! cimo-iiiici 



DESPDES SE SU iimum 



roR 




EL P. RAFAEL l'ERE^Í- 



SEGUNDA PARTE 

Desde el Restableclmiexto de la Compañía de Jesuí> 
EX Guatemala ex 18ó1, hasta su segünDa expulsión* de la Nueva 

Granada ex 1861 




VALLAÜOLID: . 
Imprenta Castellana 



Colecdón Luis Lujan Muñoz 

Universidad Francisco Marroqum 

www^m.€du - Guatemala 



Il- 



APPROBATIO R. R PRAEPOSITI 

PROVINCIAE CaSTELLANAE, S. J. 

Cum opus, cui titulus est La Compañía de Je sus en Colombia 
y Centro- América después de síí restauración, a P. RaphaSle, 
Pérez nostrae Societatis Sacerdote compositum aliqui ejusdem 
Societatis revisores, quibus id commissum est, recognoverint et in 
lucem edi posse probaverint; facultatem concedimus, ut typis 
mandetur, si ita iis, ad quos pertinet, videbitur. 

In quorum fidem has litteras manu nostra subscriptas et sigih 
lo Societatis nostrae munitas dedimus. 

Burgis, die 30 Martii anni 1897. 

Mathías Abad, S. J. 



L. S. 



UCENCIA DE LA AUTORIDAD ECLESIÁSTICA 



13 DE Abril de 1897 

Habiendo sido examinada la obra titulada «La Compañía de 
jesús en Colombia y Centro-América, después de su restauración», 
compuesta por el P. Rafael Pérez de la misma Compañía, y resul- 
tando, según la censura, que no contiene error alg^uno contra la fe 
y sana moral, por el presente, y por lo que á Nos toca, concedemos 
imestra licencia para su impresión y publicación. 

Lo decretó y firma S. Emma. Rvma. el Cardenal Arzobispo 
mi Señor; de que certifico 

t El Cardenal Arzobispo. 



Lie. Eduardo Barrios. 

Cmo." Siio. 



L. fS. 



PROTBSTA DBL AUTOR 



Porque en varios pasajes de esta obra referímoí^ Ti veceí^ he- 
chos que presentan algún vi$o de sobrenatural, protestamos suje- 
tarnos absolutamente al decreto de N. Smo. P. Urbano VIH y 
posteriores aclaraciones y confirmaciones, no entendiendo, ni pre- 
tendiendo que los lectores entiendan lo que referimos en sentido 
diverso de aquel en que suelen tomarse las cosas que estriban en 
la simple autoridad humana, y no en la divina de la Santa Sede 
Apostólica á quien exclusivamente toca dar juicio sobre los hechos 
sobrenaturales y calificar las virtudes de sus hijos. 

Rafael Pérez, S. J. 



ADVERTENCIA 

OlVoí^íMTios á niK^str'os lectores In SiígIíndA Pahti-: (U' estn 
Historie!, ciiyn pvihlieación se lia retrasado más de lo (|iie cnl- 
euláhamos cuando salió á luz la |)riinera;:pero no dudamos 
(|uc se nos disculpará^ atendida la razón del retraso. 

Estando ya j)ara concluirla^ hacia el' mes de Mayo del año 
])asado^ 1891)^ auntiue habíamos trabajado sobrólos numero- 
sos documentos de que hicimos mérito al dar razón de la 
obra, todavía quisieron nuestros Superiores que^ antes de 
dai-le la' última mano, hiciéramos un nuevo esfuerzo, acudien- 
do á otras fuentes en que por ventura pudieran encontrars<' 
más datos para enriquecer ó dar mayor luz á este escrrtí), 
porque aunque es cierto í|ue, siendo de (carácter particular y 
restringido á muy estrechos límites, poco pueden por lo gene- 
ral utilizarse los archivos públicos ú oñciales, nunca faltan 
sin embargo personas aíicionadfis á coleccionai* impresos 
ó manuscritos intereáantps, sea por el simple gusto .de renovar 
más tarde la memoria de tiempos ya l(\¡anos, sea_como recuei-- 
dos deuna persona ([uerida, 6 en fin, como testimonios de las 
glorias de los antepasados. 

No ahorramos viajes ni trabajo para ir en busca de lo que 
estaba á nuestro alcance .a([uí en España y aun en Italia, 
como tiuiipbco omitimos recurso ¿ilgáno pai-a obtiMier p«ir 
medio de nuestros hermanos \ «imigos d(^ Colombia y Centro- 
América, muchos escrití^s conducentes á nu>\str<^ íin. No fué 



X 

(lol todo inútil In nueva iiivestigocióii, poi'(|ii<', íHui(|ne es 
eierto que nuiehas vece?; nos encontrábamos con documentos 
^|ue ya poseíamos^ hallamos también algunos nuevos origina- 
les de que no teníamos noticia, y pueden verse unos inserta- 
dos en el cuei'po de la obi'a, otros en los apéndices y la mayor 
pai-te toruiando el fondo de la narración; pondremos la rita 
exacta de los ])rimeros; los otros no pueden citarse con fijeza 
por pertenecer á colecciones de particulares, pero todos obran 
en nuestro poder originadles ó fielmente copiados. 

Quédanos, pues, la satisfacción de liaber agotado todos los 
recursos que estaban en nuestra mano para cimentar la base 
de la verdad histórica, y creemos haber satisfecho ks exigen- 
cias un tanto exageradas de la crítica moderna; con tanto 
mayor seguridad, cuanto que desde un principio procedimos 
bajo el supuesto de que referíamos hechos casi {jontemporá- 
neos, que cuentan aún con no pocos testigos, los cuales pueden 
ser á la par jueces de nuestra veracidad. Por lo demái;, dare- 
mos por bien empleado nuestro trabajo, si esta seirunda parte 
logra la misma aceptación que la ])riinera. 







U CdiillÍA i JESDS EN GliAI 



PAHTE SEGUNDA 



LIBRO PRIMERO 



1851-18^4: 



Pi'osiguiendo In nnri-nciíni couicmizíiíI;» rn \i\ priiiicr;! 
piírtc (1(^ estív ol)i*ii, (Icboiiios nnte todo ti*ns|a(hn* n luics- 
ti'os l(H*toi*es ol niK^vo t(nitro donde» van á desaiTollarsí» 
los Inndios (jne formarán ol asnnto de (»sta sognnda. 

1) — Las cinco pequeñas lle[)úl)iicas que llevan hoy 
el nombre de América Central, liasta el ano de 1821 no 
eran más que otras tantas provincias del antiguo Reino 
de Guatemala. Ln provincia de este mismo nond)re si- 
tuarla al Sur d(* Méjico, \ l>anada i)Oi* ambos océanos, 
(M'a la mayor de todas: su asp(M*l(> xariaflo y pintoresco, 
la inmensa feracidad de sus terrenos, sus lagos, sus 
montes, la e\celent(» calidad de sus productos, la in- 
dustria y laboriosidad de sus habitantes y el consi- 
guiente comercio le daban uran |)r(U)(Mid<M'anc¡ít en todo 



1. -La an- 
tigua 

(tuat*.-- 
mala. 



LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



ol roino y uiucIhM noiiiln-adía no sólo en la Metrópoli, 
sino lanihién (MI todas las demás colonias. E'n 1542 el 
Ihno. Sr. I), l^'i-ancisco MaiTociuín, primer Obispo de 
(inaleniala, y 1). Francisco de la Cueva^ gobernadores 
de a( pupilas j^rovincias^'por muerte de D/ Beatriz^ es- 
p(»sa i\c Alxarado, en la horrible inundación que sepultó 
la primitiva ciudad, fundada por este 20 años antes, pu- 
sieron los fundanicntos de la capital del reino en el valle 
de Panclioy (% con el mismo" título que la que acababa 
de arruinarse, Santiago ^ie los Gaballeros de Guatemala. 
Difícilmente hubiera ])odido encontrarse en todo el país 
un sitio nu'ís poético y delicioso para fundar una ciudad. 
Fs un inmenso anfiteatro rodeado de montes de diver- 
sas alturas cubiertas de vegetación que una eterna pri- 
mavera conserva verdes y lozanas. En medio de ellas se 
eleva como un gigante un inmenso cono aislado, á la 
altura de 13.300 pies sobre el nivel del mar: aquella 
gran mole impone al espectador como todos los objetos 
sublimes de la naturaleza, mas no le amedrenta, porque 
su cráter apagado desde tiempos inmemoriales, ha dado 
lugar* á que se revista de hermosa vegetación, y á que 
los laboriosos indígenas, que habitan á sus faldas en 
numerosos pueblecitos, cultiven sus terrenos y le hagan 
producir abundancia de hortalizas^ cereales, y mil va- 
riados frutos. La hermosura de su cielo, la apacibilidad 
y constancia del clima, la salubridad y abundancia de 
sus aguas enamoró á los pobladores para fijar el asiento 
de su nueva ciudad, y la edificaron tan bella por la mul- 
titud y grandiosidad de sus templos y edificios públicos, 
que con razón se la tuvo siempre por una de las más 
notables entre las capitales de la América española. 
Mas la belleza y comodidades de la tierra, y más que 
todo la inexperiencia, ocultaron á los ojos de los colo- 
nos un enemigo formidable que muy de cerca y con 



(*) Milla.— Historia de la América Central. T. I, C. XVII, pág. 328 y $i- 
guientes. 



i;n ( olomhia V t i-M üu-A.MbUK a 1;{ 

donmsiada íVíMMKMicin linl)ín díM'omhnlii-Ií's Imsln dni* en 
tiei'rn con su (^sp.iciosn y inn^níCicn ciuíkul. A muy |kh- 
cas leguns el Nolcnn Ilnniíulo de fuego qercc su torr¡l»lc 
actividad, Ilcnaudí) de es|)an(() á todas a(|ucllas comar- 
cas (íon órujx'ioncs y torriMiiolos, (pic^ si no sÍ(mti|)I'c 
causan ruinas, sií^npin» |)()n(Mi ni¡cd(j aun á los acos- 
tumbrados á pi'csíMiciai* semeja iitosfónómcnos. Dos lar- 
ris siglos S(í mantuvo fa antigua íiUatcMuala on p¡(% 
creciendo y j)j'ospei*an<lo, aun([ue siempre» amenazada y 
con frecuencia sacudida poi* el furioso volcán, hasta 
(|ue Ih^gó el día del SiM^ior. V\ 21) de Julio de \H\\ un vio- 
l(Mito terremoto redujo á escomhi'os aípiella lícllísima 
capital (*), la i)rimera ])erhí (jue Dios arrancaba de la 
corona de Castilla, poríjue nada más (pie ocho días an- 
tes, el Rey Garlos 111 había osado ai-rancar violenta- 
mente de la corona de la Iglesia uno d(í sus más lier- 
inosos tloron(»s, la Compañía de .h^sus, cuyo Breve de 
extinción había sido firmadd el 21 del nnsmónies y afio. 
Fil buen sentido del pueblo de la Antigua Guatemala, 
sin fijarse en la coincidencia de las fechas, y sí solo en 
la sucesión de los hcídios, atribuía la com])lela destruc- 
ción de su ciudad á un castigo de. Dios por haber e\- 
l)ulsado á los J(^suitas, y es lo cierto que á contar desde 
esta fecha, sin hablar de los demás tronos borbónicos 
dori'umbados, la mano Justiciera de Dios fué clesflorando 
lentamente la corona de los reyes de Mspnña, liasta de- 
jarla com|)letamente desj)ojada d(^ sus inmíMisns f|(»mi- 
nios en el continentí^ auMM-ieano. 

2) — Repuestos un lauto los habilantes'del csnaiito J-*^ 
|)roducido por las desgracias c<aísiguienles a tan horn- <;o*ic- 
ble catástrofe, ya sólo se i)ensó en la Iraslacióu de la "'*'*• 
ciudad á otro i)unto fucM-a d(d alcan<;ív de la acción' d<* 
los volcanes. Ñuev(\ leguas al X( >. áv la antigua Guale- 
mala había una (»xt(Misísima meseta, á una altura de 
IXíO metros sobr(^ el \\\\v\ d(d mai", y rodeada j»or t«»diis 



I ■ I Apéndice I, Elegía del P. Rafael Landivar. 



14 I-A COMPAÑÍA DE JE.SL .' 



j)fnt('s (le nltísinins profundidiKles. Su aspecto aunque 
hermoso, no jiodía compararse con las bellezas del valle 
(UA Panchoy, pero gozaba de un clima muy apacible, de 
abundancia de aguas, terrenos feraces, muchos pueblos 
cercanos, magníticas canteras, cal de superior calidad, 
bosíjues de maderas de construcción muy cercanos, to- 
das las comodidades que podían desearse para tijar allí 
v] asiento de la nueva capital del reino de Guatemala. 
Llamábase aquella comarca el Valle de las \'acas, ó de 
la Krmita (*) y por luianimidad de votos en una gran 
junta de notables, así del clero secular y regular, como 
del municipio, tribunales y demás autoridades, presidi- 
dos todos por el limo. Sr. Arzobispo D. Pedro Cortés \ 
Larraz y el Capitán Cleneral D. Martin de Mayorga, so 
decidió la traslación de la ciudad á a(|uél sitio, el 11 de 
Knero de 1774. Habida la aprobación del H(^y couKMizaron 



(*) El nombre de Valle de las Vacas vino á este sitio de los numerosos 
hatos de ganado vallino que en él había, porque los buenos pastos favore- 
cían tanto la procreación, que según Fuentes, ya por los años de V^:^0, por 
tres pesos de plata podía comprarse un toro ó novillo, escogiéndolo entre 
millares de ellos. Pero el nombre de Valle de la Ermita era muy mis vulíjar y 
continuó usándose aun despué? de ediftiada la ciudad, y tiene un origen más 
histórico. Cierto joven español llamado Juan Corz, al trasladarse á América 
hacia fines del siglo XVI, llevó consigo una imagen de Nuestra Señora del 
Carmen, donativo de la Santa M. Teresa do Jesús, jíor medio de sus hijas las 
Carmelitas de Avila. Este buen hombre, radiíaio en el pueblo de las Vacas, 
fué quien, á costa de no pequeños sacrificios, logró edificar en la cúspide de 
una graciosa colina una pequeña Iglesia, cuya anjuitcctura militar figura A 
lo lejos un castillo. Todos los vecinos de a(|uella comarca venían á venerar 
en su nueva Ermita á la Virgen del Carmen, y en 1647 fué ya la parroquia 
canónicamente establecida, y duró siéndolo hasta (|ue creciendo la población, 
se hizo necesario edificar un teuqilo más capaz, que se terminó en 172.'>, bajo 
la advocación de la «Asunción del Valle de la Ermita» y es el que, reedificado 
hoy por los esfuerzos del piadoso Coronel Almendares, llera el título de la 
Cruz del Milagro y vulgarmente es llamado Parroquia vieja. No fué aquí 
sin embargo sino en la Ermita del Carmen donde se celebró la Misa del Es- 
píritu Santo, á que asistieron todas las notabilidades de Guatemala, antes de 
decidir la traslación de la capital y el sitio de ella, como lo hace notar el la- 
borioso escritor D. Jesús Fernández en los artículos sobre este asunto, pu- 
lqueados en la «Semana Católica» de Guatemala, núm. 11:» y siguienteü. 



r:N ('Oi.o.MiJiA V ( i:ntu()-.\.vii:i{I( A 



h\ huo siguiente los Irnhnjos con Hctividnrl ¡ncreible: 
los vecinos de hi nuevn ciudad no olvidaron 1h genero- 
sidfid de sus mayores en el núniero y nuigniíi(;cncia de 
los templos, así como la exj)erienciíj (\r bis dcsgra<*ias 
[►asadas les lincia tomar prudentes medidas de solide/ 
en la construcción, (jue ellos supieron mu\ hien lici- 
manar con la belle/a. Las casas particulares todas fie 
jíiso llano, pero muy amplias, rodeadas de galerías y 
adornadas de fuentes y jardines: extensas plazas en di- 
versos puntos de la ciudad: fuentes ó más Ihími estan- 
ques de considerables dimensiones para el servicie» 
público; ancbas calles tiradas ú cordel y perfectamente 
orientadas. P^ste lujo de extensión necesario pai*a po- 
nerse al abrigo de nuevas catástrofes, que pudieran con 
el tiempo sobrevenir, contribuye á la salubridad y á la 
liermosura y le da el aspe(;to de una gran capital que 
encierra en su recinto muclio mayor número de liabi- 
tcintes (|ue el (|ue en realidad tiene. 

La índole seria, reflexiva y nada novelera íjíu . ,t- 
racteriza á los hijos de Guatemala, y al mismo tiempo 
las faenas extraordinarias que les originó la traslación 
déla (Uipital, les bacía no parar mientes en los lioi-ribles 
sacudimientos (jue sufría en aíjuellos an<^)S el mundr» 
antiguo por efecto de los principios proclamados por In 
jevolución francesa, y (pie más tarde habían de venir á 
turbar y hasta destruir por completo el orden, la paz \ 
felicidad de qu(^ gozaba (iuateniída antes de su «'man- 
cipación déla Metrój)ol¡ (*). «La aten(:ión y los cuidados 
de los habitantes naturales de estos reinos, dice Milla, 
estaban circunscritos á sus ocupaciones agrícolas \ «•«>- 
merciales, y á las noticias que de tarde en tarde 
cibían de ultramar. Alguna disputada elección jmro los 
cargos elegibles del A\untamiento ó del (lonsularh» de 
comercio y tal cual disr'usión acalorada sobre ceremo- 
nial y precedencias, eran los grandes asuntos que fn^r 



(*) R¡02Tarí« <lo IV M. I" ... r»\ nn: I 



16 LA compañía de JESL'S 



entonces preocupaban los ánimos en un país que debía 
verse dentro de poco tiempo presa de funestas discor- 
dias. La tempestad rugía aún á lo lejos, y muy avisado y 
|)revisor habría sido quien pronosticase^su cercana apa- 
rición en estos horizontes». Tal era el estado político y 
moral de Guatemala en los primeros 20 años del pre- 
sente siglo: rica y feliz con la paz y el orden gozaba de 
los opimos frutos de la libertad verdadera qué perdió 
completamente cuando se dejó alucinar por el falso 
brillo de las libertñdes modernas. 
3.-Pe- 3)^ — \ pesar de haber trascurrido cerca de medio si- 
lascór- glo desde* la expulsión de los Jesuítas^ y de haber síd<» 
te» de aquellos años tan calamitosos para Guatemala, la me- 
moria de sus servicios no se había piM'dido: lo mismo 
(pie algunas otras Colonias esj^afiolas suspiraban j>oi- 
ellos 4os moradores de la nueva.capital; r á nadie delx 
])arecer extraño, jxiesto que como escribía mAs tarde el 
Mnrfpiés de Aycinena, (*) <do*s sujetos mfis sabios y vir- 
tuosos (pie habían dejado algún noinbrt» ú.Guatem.d.i, 
y auVoé honrosos recuerdos ^ han trasniitido A In His- 
loria, todos fueron educarlos por los PP. Jesuítas. Ln< 
liomlirosMuás notabh^s íjiie por su ciencia sobresalinn 
en l;i gcneiJiciíai precedente se lamentaban (le. ja expul- 
sión (le jupiellos Heligiosc^s, como de una gran calami- 
dnd, recordando (|ue de ningún otro instftíito habínii 
salido tantos varones ilnsMvs en Guatemala, como del 
Coh^gio de San Boi-ja...n De aquí es ípn» en las Gortcs 
de 1810 los l)ij)Uta(los p(H* Guatemala D. Andn's \ |)nn 
Mnnuel de Llano uniesen sus firmas á las de \;irios 
otros HejíresíMitantes de M(:\jico y d(» las Colonias del 
Sur, jíidiendo s(» nprobai'a la siguiente |)r(»|)OS¡c¡ón: 
((H(»put;'ni(losc (\r l;i ui;i\or ini[)ortancia p.-irn el cult¡\n 
(1(^ las ciíMicias y para el progrese) do l;is Misiom^s qu<' 
intrí^ducen y propagan la fp entre los indios iníieles, l.i 
restitución de h^s Jesuítas», se concede por las Cortes 

(■'■) Exposición sobre el Ilainainiento de los Jebiiiíns.- Pñj:^. 12. 



KN COLOMIUA V < KNTHO'AM^IRK'A 



jwira los Reinos de Américn» (*). Aiuif|ur os riorto qne 
(MI la época á que nos referimos lo Compañía so hallai)íi 
\.i jijircialmentc restaurada, no sólo en Husiív, donde 
nuiíoa dejó do oxistij' l<^p:itinifmHMito, sino tnml»ión en 
Purma y on las dos Sicilins, lvs|)nria rstnhn (oda\ía re- 
oalcilrante, y su situación política uq era lo másAapro- 
pósilo para semojante paso ni en Kuro[)a, como es sala- 
do, ni on las Colonias mismas que liahían ya comenzado 
á proclamarse» ind(»pond¡(Mitcs. Así es (pie la projíosi- 
ción tan legítima de los |)¡|)Utados americanos no Uno 
por de })ronto ningún resultado. Otra solicittid siguió 
ú esta; auncjuc no sabemos á |)unto fijo en (pié techa, 
elevada ])or el limo. Sr, D. Fr. Ramón Casaus y Torres, 
Arzobispo de Guatemala,> de la cual habla el continua- 
dor del P. Alogi'í* í). Josf' Mariano Dávila y Arrillaga (**). 
Mas si es cierto cpie tales rei)resentüciones nu tuvic- 
roa ningún éxito, no cabe duda que contribuyeron á 
acelerar la vuelta de los .h^suitas á Es|)aña ysuscoh>- 
nias y ponen de manifiesto el amor (jue so conservaba 
¡um después de tantos años ó los iiux^enfes proscritos. 

i) — En efecto, derogada por Fernando \\l la prag-*-^***°'* 
mática sanciíSu, y restal)íecida la í]omj)añía en España Fenjau 
on 1815, nada más que al siguiente año se hizo extensivo ^o vn. 
el leal decreto á todos los dominios de América, donde' d« 
en los siglos anteriores había estado establecida. Por lo ir«»t**>i«- 

t M- II I 1 1 II <« 1 cimiento. 

que hac(^ á duatemala, la real cédula llegó en Enero do 
ISi7 y fué mandada poner en ejecu(*ión por el -(iapitán 
Gencnd y Presidente de la Audiencia,. ífOe la era en - 
toiM'os n. José Bustamante. La (»sporanzá d(? voIVim* íi 
ver Jesuitas en su nueva, ciudad causó extraordinario 
regocijo en tpda clase de personas, y- tonto el Sr. Ar/.<v 
bis|)0 Oísaus y su Cabildo Metropolitano, como las 
autoridades civiles, tomaron con calor atpiel asunto, del 
cual so (esperaba resultarían gnnides bienes para la 



(*) Dávila— T. II, cap. V., pAff 151. 

'"< r>- 'i T. II. cnp ^'^ 




18 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



religión y las letras. Creóse la Junta de restableci- 
miento^ conforme lo mandaba la Real Orden, y de ella 
formaron parte personas tan calificadas como el Señor 
Dr. D. Mariano García Reyes^, el fir. D. Juan José de 
Aycinena^ D. José Urruela y otros. Muchos caballeros 
pudientes hicieron considerables ofertas y entre otros 
el Sr. Pbro. D. Domingo Juarros, historiador de Gua- 
temala^ quien se presentó personalmente á la Junta 
manifestando que él franquearía su casa para los Pa- 
dres, mientras se disponía ó edificaba un local aparente 
para los fines de su instituto (*). Tal era el deseo (pie 
animaba á los Guatemaltecos de ver pronto Jesuítas en 
su nueva capital. La circunsltancia especial de no haber 
existido la Compañía al tiempo de la iniina y traslación 
de la ciudad, debía eml>aiHzar no poco á los m¡(Miibr(»s 
de la Junta: de qyc podía valer 'el €olegk) de Son Borja 
y la arruinada Iglesia en medio de los escx^mbros de la 
Antigua? Y las dos haciendas í|ue poseían como renta 
de ílicho Colegio, no t^^itarían ya enagenadas? Sin em- 
baigo pronto encentraron arbitrio |ihrrt proporcionar 
casa c Iglesia para alojar dignamente á los deseados 
Jcsuitas. Cuando se d¡6 cuenta ol Rey de los ti'oi)ajos 
de la Junta, esta proj)onía que, suprimiéndose el Con- 
\cnto de Son Agustín por no haber.. en. él c6rn|M}lenl(' 
númei'o dé religiosos, sé destiniuSí ¿1 edificio j>ara (*1 
restnblecimiento de la Compañía de Jesús. Tal era el 
instado de este usunto cuando eslniló<*u la península la 
impía revolución, del año 4^ 1§20, áe;manern (pie la 
resj)uesta (pie obtuvo GiuUeiiiala á sus pretensiones ác 
restablecimiento de Jesuitas, fué el- decreto de su j)r(\s¡ón 
de estos y de. las demás órdenes i-eligiosas y hosi>itala- 
lias, decretos que ixo fueron obedecidos, ni tomados 
en considemción para nada, como emanados de tal au- 
toridad, y sólo sirvieron para exaspe r.n- los /minms \ 
allanar el camino (\ la independencia. 



(*) Aytinena.— Opúsculo antes citado. 



KN COLOMBIA Y CENTUO-AMltUlCA 



10 



5) — No toca á un ¡escritor que narra asuntos puramente *--^» '"' 
religiosos „cntrar cu detalles sobre este paso tan trascen- dencia. 
den la 1 que dio Guateninla el 15 de Sej)tiend)re de 1«S2I, 
después de haberlo dado antes todií la Améiúea del 
Norte y del Sur: sólo nos permitiremos algunas refle- 
xiones que fluyen espontáneamente de los hechos y nos 
sirven para dnr á conocer con más exactitud el carác- 
ter de estn Hcjuiblica, en cuyo (ailtivo trn bajaron los 
Jesuitas dui'iuite 20 nños. I^a independencia de Guate- 
mala revistió un carácter |)articular que no tuvo ejeni- 
]>lo, según creemos, en ninguna otra colonia espanoln: 
si exceptuamos un peciueño número de personas (jue 
más tarde crearon el pni'tido liberal, fudnte de todn 
i'uina social y religiosa, los principios del 89, los trisíc- 
mente famosos derechos del hombre, no eran conocid(js 
n¡ menos, profesados^ como en otras colonias vecinas. 
La j)rovincia de Guatemala i)articularmente no tenín 
especiales motivos de ((uejas y antipatías contra los es- 
])arioles, y así es que mientras Colombiíi, \>nezuela, 
Buenos-Aires y demás, paises del Sur se hallaban en la 
universal conflagración de las guerras déla independen- 
cia, Guatemala vivía tran([uila, pues los movimientos 
del Salvador primero, y.luego de Nicaragua, no pasaron 
de nfieras asonadas. Solamente cuando Méjico se 'decidió 
á independizarse, y hasta las provincias de Comitán y 
Chiapas pertenecientes entonces á Guatemala se adhi- 
rieron al plan de Iguala (*) proclamado por Iturbide en 
Ke b re r ó de 1.82 1 , come n zó Guate m a 1 a á pe n sa r ^e r i a- 
mente en seguir el ejem})lo de toda -la Aíiierica Pispa- 
ñola: se decidió- y lo hizo de la manera más pacílica, 
sin más (pie poner el asunto á votación en una gran 
junta compuesta de todas las autoridades eclesiásticas. 



(*) El plan de Iguala comprendía estos tres puntos eseniiales: !•!**• La 
conyervación de la religión C. A. R.— 2."- La independencia do Nueva Es- 
pnñn h;iJo un gobierno monárquico moderado.— o." La unión intiiii'í do 
Americanos y Europeos,— Mar tfre. Historia de las reooluc iones dtCentiv- 

Amerita. 



20 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



civiles y militares y presidida por el mismo lugarte- 
niente del Capitán general D. Carlos Urrutia^ y con la 
particularidad sin ejemplo de quedar con el mando 
civil y militar el mismo que lo ejercía antes de procla- 
marse la independencia^ el general español D. Gabino 
Gainza. No hubo^ pues, en este hecho, ni espíritu de re- 
?>eldía, ni exaltación de pasiones, ni proclamación de 
nuevos principios políticos ó religiosos^ ni aun siquiera 
acaloradas disputas, sencillamente la prosecución de 
un ideal que no podía menos de presentarvSe lleno de 
atractivos, el formar una nación autónoma, un pueblo 
dueño ya dé sí mismo, como todos los demás de Europa 
y América. 
e.-Los ('j\ — ^Q Q^ ^{^^ iiucshii incunibcuria «^ntrar en h\ 

partidos ....,, ... 

poli- investigación dq las causas que contribuyeron a (pie 
ticos. Guatemala, como casi todas l»s colonias españolas, 
comenzara á contar con la fecha de su independencia 
la época de sus desgi-acias: dos hechos no más cíjusig- 
ntucmos, ponjuc los hallamos consignados en aulores 
nada sospechosos de fniralismo: primero, con la ijidc- 
pendencia nace, ó |X)r lo menos se maniliesta rn píibli. 
co el j)artido liberal, muy diminuto j)or cierto,, en con- 
traposición ol que dicroií en llamar servil, formado 
por la inmensa mayoi-ía de los hombres de valer, de 
afjuellos mismos (|ue habían proclamado la indepen- 
dencia, y estas partidos nacen ya marcados con sus 
caracteres propios y distintivos lo misnio que hoy en 
día: aquellos que tienen por b^se y norma de su sistema 
los falsamente llamados flerechoS del hombn^ con todas 
sus funestísimas consecuencias; estos (pie siguen las 
doctrinas católicns, (pie tienen |>or fundamento lus en- 
señanza«; de Ja Iglesia, y lo misfnO en religión (pie en 
política siguen sus }H¡nci[)¡os de i*azón, de orden, de 
l>az. El segundo hecho lo testifica su propia Histoii,! 
cuyos autores con sobrada razóu la intitularon u Histo- 
ria de las revoluciones de Ccnfro-Améiica». En efecto, 
basta abril- la üinii*a historio que existp do esta época. 



EN COLOMBIA Y CENTRO- AMl'íRICA 21 

nos referimos á In (Uí D. Alejandro Mnrure, y desde el 
segundo capítulo^ poi'íjue en ol primero trata de la 
¡n(l(»pen(Iene¡a, ya tropieza (*l lectoi* con d(*sav(^neneias 
y (lisenciones^ ya de las provincias federales entre sí, ya 
de los partidos (jue lidian sin treguas por apoderarse 
del mando, \ d(» consiguiente guerras, sangre y muei'te. 
(luando feli/mente logi'a' subir al |)oder un homhríí 
i'ccto, justiciei'o, sano en sus princi})ios, Guatemala 
res])ira y |)rospera; mas si logra el partido caido derro- 
r.ir á su antagonista, ay de los vencidos y de todas sus 
instituciones!... Y eso es muy natural supuesta la dia- 
metral oposición de los principios políticos y religiosos 
})(3r(jue se gobiernan. Aduzcamos un ejemplo (pie al ¡uw 
contii*me lo que vamos diciendo y nos coloque ya en el 
punto dondi^ del)e ))rincip¡ar directamente nuestra na- 
rración. 

7) — Kn medio de las guerras que en los años próxi- ^•■^<*^** 
m(^s a la mde])endencia surgieron entre liuatemala, el 
Salvador y Honduras vemos levantarse un liombre de 
obscuro nacimiento, el cual de simple escribiente sube 
en pocos años á general en jefe de las tropas salvadore- 
ñas, merced7i su osadía y genio militar. Favoreciéndole 
la foi'tuna, ó mejor guiándole la mano de la providencia 
como á un Atila, pone sitio á la Capital: esta capitula 
decorosamente en la imposibilidad de sostenerse, y los 
enemigos entran pacíficamente en la ciudad. Al día 
siguiente el infiel Jefe, quebrantando la fe de los tratados 
aprisiona á todas las personas que desempeñaban car- 
gos públicos: seis días después siguen la misma suerte 
otros individuos de los más notables hasta el número 
de ciento. Mas no paró aquí: el 9 de Julio de 1829, toda 
esa muchedumbre de personas nobles y honradas, poi* 
pertenecer al partido servil ó conservador, acompañaban 
al destierro al Excmo. Sr. Arzobispo Dr. y M. D. Fray 
Ramón Casaus, á otros personajes del clero secular y 
á todos los individuos de las órdenes religiosas. Así 
inauíiin'ó mi dí^spóti(^o gobi^iMín o] tT'istcmcMtí^ r'ó|í»bre 



LA COMPAÑÍA DE JESCr 



General Francisco Morazan (*)^ y así continuó Guatema- 
la bajo el azote de Dios personilicado en este jefe y en 
el partido liberal hasta el año de 1837 en í|ue comenza- 
ron á vislumbr-arse los tenues rayos de la aurora de un 
nuevo día que aún tardó en amanecer^ y brillar en todo 
su expíen do F. 



(*) Como en nuestros calamitosos días liay marcada tendencia de hacer 
apoteosis de grandes críininal<'S, con tal <|ue hayan sido perseguidores de la 
iglesia ó hayan íigurado en la secta liberal, vamos á copiar a<|ui alguno^ 
juicios sobre Morazan emitidos por escritores centroamericanos.— D. .Jost< 
Milla, refiriendo lo «jue arriba apuntamos, dice: *El 20 (Abril de 1S29) t'l 
General Morazan declaró nula la capitulación firmada por iM, el General 
Arzú y el Sr. Pavón el día 12. Los presos fueron trasladados despurs al 
Convento de Belén, y una noche se condujo á la cárcel publica hasta unos 
15 de ellos, bajo el pretexto de que no aprontaban cantidades que se les 
exigía por sueldos mandados devolver, pero en realidad }»ara (|ue fuesen 
sacrificados; pues según se supo después, se había preparado en el seno de 
la cárcel misma una especie de conspiración que debió haber costado la vida 
á todos ellos. La respetabilidad y mansedumbre de algunos eclesiásticos 
ancianos que se hallaban entre los presos desarmaron á los criminales que 
confesaron espontáneamente lo qu© se proyectaba». (Bio^r. de Í>. M. Fran- 
cisco Pavón, párrafo I), 

D. Agustín Meneos cu el escrito que intitula: — Rasgos biográticos de 
Francisco Morazan,— pág. 77, se expresa asi: «Comenzamos A demostrar en 
el artículo anterior que Morazan no pasa de ser un tirano vulgar, y vamos á 
concluir la demostración, siguiendo como al principio las huellas de Juan 
Montalvo. Tiranía, dice el ilustre autor de las Caiilinarias, es robo á diestro y 
á siniestro; y MoríizaYí ^esde el principio de su carrera demostró ser amigo do 
tomar lo ajeno contra la voluntad de su dui'ño. Dígalo si no el lu'cho de 
haberse apropiado los sesenta mil pesos, que A fines dt»l .siglo pasado, dejó d 
Arzobispo Cortés y Larraz para fundar un Colegio de niños. — Díganlo los 
:)00 zurrones de añil (lue robó de la casíi de D. Manuel F. Pavón, los .')0.000 
pesos que recogió de la casa de Beltranena, y los 40.000, bu» alhajas y pinta 
labrada que tomó de la de D. J osó Mariano Batres. — Díganlo los vasos sa 
grados (lue se sacaron de muchos templos y las alh.yas arrancadas ¿ muclias 
imágenes, como son, enti*e otras, la custodia de oro de San Francisco, un 
])erro de ])lata y una rstrella de brillantes de Santo Domingo.— Díganlo por 
fin las casas arrebatadas á los principales miembros del partido conservador 
l)ara regalarlas á sus principales jefes, como Corzo, Prem y otros muchos...» 
«No le faltó pues al guerrero de 1S29 ninguno de los caracteres propios 
délos tiranos: juntó la perfidia á la crueldad y el robo á la desv^ergüenza. y 
por eso la historia imparcial sólo puede colocarlo en el catálogo de los di^spo- 



. EN COLOMBIA Y CEXTIlO-AMÉRICA 28 

S) — Mil \t\ ()l)i'n de destrucción y ruina emprendida ^•■^*'*'«' 
\H)\' r\ pnrtidó liberal y su jefe Morazan tuvier(Mi <jue 
trojxv.ai* iHM'esai'ianiente con las creencias de un pueblo 
(Mninenteniente religioso^ y con sus costumbres en (jue 
tantos años habían, vivido pacífica y tranquilamente, 
sin más molestia (jue el pe([ueno tributo que debía pa- 
garse al Rey, á quien en realidad amaba y veneraba el 
pueblo sencillo de las américas. Después de 1821 y 
especialmente en la época á (jue nos referimo's^ fuera 
de forzosas contribuciones pecuniarias, tenían ([ue pa- 
gar el tributo de sangre tanto más odioso, cuanto qug 
no sedrataba de i^echazar. invasiones extranjeras, sino 
de favorecer la and)icí6n caprichosa de algún cabecilla, 
(') de implantar un nuevo sistema, un Gobierno nuevo, 
un nuevo orden de cosas contrario á los intereses y 
antiguas afecciones del pueblo. De aquí nació que esta 
vez la revolución que había de i*eslablecer la religión en 
sus sagrados derechos, la i)az, el orden y la pi'osperidad 
cí^nsiguiente en la nación, fué obra casi exclusiva del 
pueblo. Dios no quiere dar á la })olítica la gloria de la 
restauración, y entresaca de entre la humilde plebe, 
cual á un nuevo Da^id, á un joven ([ue sin armas, sin 



tas más funestos para Centro- América. Glorificar á Morazan es glorificar el 
vicio y la traición, el despotismo y la inconsecuencia. Por eso Guatemala en 
su gran mayoría ha protestado contra la celebración oficial de su centenario; 
por eso considera como un insulto la creación de la estatua de su verdugo...» 
(De «La Verdad», Diario católico del Salvador, nüms. 77 y 78, 1894). 

Oigamos finalmente la confesión de un liberal, D. Alejandro Marure, 
quien mientras le sincera de crímenes que le achacaban cuando simple 
escribiente de juzgados ó dependiente en una casa de comercio, confiesa 
otros sin especificarlos: «Otras faltas, dice, ha cometido Morazan sobre las 
cuales la historia se mostrará severa... Sin ser vengativo ni sanguinario, 
demasiadamente apasionado á la gloria militar, ha aprovechado con an.sia 
la ocasión de ejercer sus talentos y de humillar con sus triunfos á los que 
alguna vez le han agraviado. (Y eso, sin ser vengativo!!.) Bajo el dosel no 
ha descubierto un genio creador, ni ha sal)ido promover esas empresas útiles 
que hacen olvidar los males de la guerra y que debieran poner el comple- 
mento á la regeneración de la República... > 

(Bosquejo Histórico de las revoluciones de C. A. LiV). III, C. XII). 



á4 LA COMPAÑÍA DH; JESl S 



dinero^ sin ninguna clase de instrucción, levante un 
ejercito y derro(|ue todo el poder liberal triunfante por 
más de ocho anos. Rafael Carrera,* nacido en Mataíjues- 
cuintla de familia pobre y plebeya, á los veintidós años 
íle edad deja ]os humildes trabajos propios de su condi- 
ción, y al grito de ¡viva la' religión! levanta y lleva tras 
sí á los pueblos de las montanas .de Santa Rosa. N • 
tiene armas, pero las arrebata á las trojuis del golnerno 
(pie le persiguen como al jefe de la insurrección, y á las 
guarniciones de h>s pueblos á donde ent^*a d(», paz siem- 
pre que. no encuentra resistencia. *Lamnii'o de la Provi- 
\idencia guarda la vida de Carrera por' maneras r.» ras y 
le conduce de triunfo en triunft»: al caln» de un año se 
halla ya tan fuerte y se lia<*e ya tan temible al (iobierm» 
liberal, (fueestfí^e ve. obligado á capitular con el. Su 
nombre, dic(» Milla, corría \(\ de bo<'a en bot'a en el 
es|)aci(» i\\\v cnmpriMidía lo <pic se llamalm entiaircs 
l\stad(j de íiuatcmala; más tarde y no.de.spués de mucho 
tiemix), .debía llenarlo lodo, desde el Istmo de Teliuan- 
tepecjue hasta el de Panamá, jMira transmitirse después 
con los prestigios del guerrero y la reputación del hábil 
administrador hasta regiones muy distantes». Momzan, 
Presidente entonces dé Ja ]U>pi'ibI¡<'a Federal áe, Centro- 
AméiMca, ausente á la sazón, desajirobó los Tratados 
hechos con el jovtMi CeníM-al (Jarrera, y volviendo á (|ua- 
tí^mala depuso violeiitomente á I). MariAnh RH)era-Paz, 
reuni6 una Asamblea ojcdinaiiá é hizo nombnir Presi- 
dente del l\síad(> á l'^. (iarlus Salazar; deja desarmada 
la cíipital y se vuelve con tropas y armas á su residen- 
cia favorita, al Salvador. Todos estos actos dictatoriales 
del Presidente, con más las vejaciones í{Uq habían su- 
frido los pueblos de las tropas del (lobierno liberal, 
hacían á este cada vez más odioso. Sid»e<lor el Genei-al 
Carrera de las arbitrariedades do Morazan y del estarlo 
piecario'cn que dejaba á su patrio, réunc de nuevo 
su ejórcito en Mataquescuintla, hace un pronunciamien- 
to desconocienrlo los nct«>s de la Asand»i(ni reunida por 



EN COLOMBIA Y CENTRO- AMKRICA 



Morn/íUi \ del ¡oU^ iioml)i'iKl() por él, ninrclin sobre In 
cnpital y so npodora de clin sin rosistencin nl^iiiin. Su 
IHMiiier acto es reponer en el írol)ierjjo á H¡l)ei'a-Pa/ y 
á sus Ministros, y él con su ejército sin. causar molestia 
á nad¡(% (pieda como guardián de la indefensa ciudad, 
y como apoyo del Gohiei'uo (|ue acá ha d(» i*(»stal)lec(M\ 
Mra a(|uella situación una especie de fenómeno in(\\j)l¡- 
cahle: Carrera y sus montañeses al par ((ue causaban 
íerroi'^ inspiraban cierta confianza en el vecindario de 
íluatemala, y los hombres públicos más notables del 
buen partido comenzaron {\ descnhi'ir en el caudillo de 
a([uel movimiento terrible un homljre providencial \ 
extraordinario , á quien Dios i)or ventura enviaba á 
salvar aquel Estado. 

En efecto, á la sombra de Carrera comenzó ú reorga- 
nizarse-Guatemala; esta provincia de la antigua confede- 
i*ación se hal)ía proclamado ya República independieiite 
y la Asamblea constitucional ente tcjdo había anulado 
los decretos de proscripción dados diez años antes poi* 
Morazan contra el Exmo. Si*. Arzobispo y las órdenes 
religiosas. Estas volvieron de su destierro^ ya muy dis- 
minuidas, y algunas como las de los Agustinos y Bele- 
mitas dejaron de existir desde esta épocíi. Los Domini- 
cos, Franciscanos, Recoletos y Mercedarios recobraron 
sus Magníñcas Iglesias y Conventos, pero ya no ínte- 
gros. Por lo que hace al venerable Prelado no pudo 
volver á su Diócesis, parte por su ancianidad y consi- 
guientes achaques, parte por tener á su cargo la ad- 
ministración del Obispado de la Hal)ana. Llenaba la 
Asamblea á toda satisfacción su cargo de reconstituir 
el país en todos loáramos de la administración, que to- 
dos necesitaban de reforma, atento que tan pi'olongada 
época de trastornos y disensiones no podía menos de 
producir desorden y desmoralización. Todo comenzaba 
á entrar en vías de prosperidad, cuando he aquí que un 
inesperado suceso vino á perturbar de nuevo la paz. 
Cuando Guatemala descansaba en la fe de los tratados 



26 La compañía de je.sl.s 

de amistad ajustados un año antes con el Salvador y 
Honduras/ repentinamente invaden el territorio numero- 
sas tropas salvadoreñas al mando del General Mora- 
zan (*). El General Carrera le deja penetrar hasta la 
Capital y entonces baja improvisamente de una altura 
á donde se había retirado^ le rodea por todas partes, y 
después de un reñido combate en que los invasores 
j)eleaban á la desesperada, Morazan buscó su salvación 
en hi fuga, sacrificando gran parte de su ejército. F^ste 
ninln venturado caudillo de los liberales dos años más 
tarde halló en' un patíbulo el merecido -castigo de sus 
ci-ímenes. 

Kl triunfo del Ju\<mi (iriiciiii ¡«1 pin (¡ur rouín ni<» el 
concepto de ser el hombi-e providencial de Guatemala, 
elevó su nombre á grande allulla como militar, le dio un 
gran prestigio en toda la República, y podríamos decir 
qué decidió la suerte de esta y de su i»reominenci;i 
sobre los demás Kstados de la antigua confederación. 
Libres ya de enemigos exteriores el Gobierno y la Asam- 
blea constituyente pudieron (>ont¡nuar ocupándose dn- 
líínte los años de iHM) y 18il en la obra de la reconsti- 
tución social, y: lie aíjuí que cuando después de veinte 
años la paz vuelve á sentar, aunque muy timidamentc, 
su planta en Guatemala, el pensamiento de hacer venir 
la Compañía renace en la mente de los prphomi>res de 
este bello y religiosísimo país. Referiremos cómo luvt> 
oiigen este segundo conato y cómo los libéralos halla- 
ron medios para fVusti-arlo. 
>.-Nue- 9) — |_^^^Q dQ Iqí; benéficos piow » i"> que paiií proiiKH 
esfuer- vcr cl couiercio, la industria y sobre todo la civilización 
/os por (Je los pueblos más lejanos á la (>í|>ital, fué la coloni- 
compa* zación d(íl Puerto de Santo Tomás situado en las costas 
»'»• del Atlántico. Tal pen.samiento fué acogido con a|)lauso 
no sólo por los miendíros de la Asamblea, sino por toda 
\i\ República, y desde luego se dieron p.risa para ponerlo 



(*) Véanse los escritores anie> cit.i<l»>.s, Maruro. Milla > Ait^.i^' 



BX COtOMBlA Y OENTHT)- AMÉRICA 27 



(•() 
( 



(MI ejoeucióii, celebráiidoso uii contrato con cierta Coiii- 
pnnía Belga. No hay duda, procedióse en este asunto 
n snma actividad tant(^ de parte del (iohierno^ como 
1(» la sol)i'edicha C.ompaníii, ponjue nada más que un 
a fio después,' anclaba en Santo Tomás un I)Uf|ue tra- 
yendo á bordo los opera i'ios que debían dar* j)rincipio á 
la nueva ciudad, cuyos moradores vendrían más tarde 
cuand(^ pudieran tener alojamiento cómodo (*). Venían 
como ca|)el lañes de acfuella expedición dos tei'vorosí- 
simos misionei'os de la Compañía de Jesús, los PP. 
l*edro José Walle y Juan Natalio (lenon^los cuales en 
lo primero (|ue se ocuparon fué en hacer armar uuíí 
preciosa capilla que liabían Hecho fabricar en' Bruselas, 
y el Cardenal Arzobispo de Malinas, en presencia de 
S. M. la Reina de Bélgica^ se había dignado bendecir; 
mas no pudieron conseguirlo tan 'presto como deseaban, 
y comenzáronse á celebrar los divinos oficios, en una 
ramada cubierta de hojas de palma. No importaba esto 
á los pobres moradores de aquellas costas que por 
mucho tiempo habían carecido de auxilios espirituales, 
y acudían ansiosos en gran número á aprovecliarse dtí 
la bendición que Dios les enviaba. F^sto determinó al 
P. Walle á hacer un viaje á la capital para entenderse 
con la autoridad eclesiástica y obtener las facultades 
necesarias para ejercer los ministerios en toda la ex- 
tensión del litoral y tratar de lo relativo al gobierno 
espiritual de la nueva colonia. Ya la fama le había 
precedido, porque fué sumamente grato á los Guatemal- 
tecos el que los colonos Belgas hubiesen tenido en 
cuenta llevar consigo sacerdotes, y que su primer 
cuidado hubiese sido establecer ante todo en la colonia 
el lugar santo para el ejercicio del culto católico, á lo 
cual se añadía, á lo menos entre las personas caracteri- 
zadas y ya de edad, el recuerdo de los antiguos Je- 
suítas, que se había ido trasmitiendo de padres á hijos. 



(*) Véase el Apéndice III, 



28 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



Gobernaba en aquella sazón la Arquidiócesis el 
limo. Sr. Dr. D. Antonio Larrazabal^ Obispo electo de 
Comaná^ y Canónigo penitenciario de la Catedral Me- 
tropolitana^ el mismo (fue 30 anos antes había tiguradu 
en las famosas Cortes de Cácliz^ como Diputado por el 
Reino de Guatemala. Este venerable anciano celosísimc» 
fiel bien espiritual de su grey^ y no menos amante del 
sólido progreso de su patria, i-ecibió al P. AValle con 
toda la benevolencia que le inspiraba el decidido amor 
íjue profesaba á la Compañía. Por otra parte las virtu- 
des, las maneras corteses y afables, la sabiduría y de- 
más prendas jiersonales del P. Walle se rwiptaron las 
s¡mí>atías y el aprecio de los funcionarios públicos y de 
todas las personas, as^ eelesíóstieas como seglares que 
lo trataron: la. sola presencia del misionero bastó para 
liacer revivir los deseos de llamar á la Compafiía, de- 
s<»os muy sinceros que, cMriste es.tad<j del país liabí.ui 
amortiguado. ;iUiiiéii se^habrla.atrevido ni <i pensar en 
llannu'O (lUatemala lina nuevo Qrdon religiosa, cuando 
las (jue había, tan antiguas y benenn^riías se hallaban 
condenadas al destierro ])or los tolerantísimos liberales^ 
MI P. Walle, pues, volvió muy bien despachado por el 
gobierno eclesiósticó, muy satisfecho de la luicna lu^o- 
gida íjue se le había hecho en Ja capital, y como pudo 
vei'se (les|)uós, niuy enam<»rado del buen carácter y re- 
ligiosidad de los hijos de Guatemala: sin pretenderlo, 
sin saberlo ól mismo había arrojado lo primera semilla 
de la futura florjciente Misión. •• 

Kl estado del clero en la fecha á que nos referimos 
ora lastimoso; pues ademfts de haber sido extra fiada la 
mayor parte del Cabildo Metropolitano y todos los reli- 
giosos, en eí espacio de diez afios habían fallecido más 
(le 112 sacerdotes (*), motivo por el cual latorce pairo- 
(juias se hallaban agregadas á las más vecinas: las 



(*) Larra za bal.— Memoria documentada al limo. Sr. Arzobispo, isn, 
pAg. 7. 



EN COLOMBIA Y CENTRO-AMÉRICA 29 

comunidades religiosas aún no habían i)0(l¡do restable- 
(H?rse, porque la mayor parte de sus miembros se habían 
secularizado y el mismo Cabildo eclesiástico se había 
visto reducido á dos. Kl Seminario Conciliar no conta- 
ba más que con veinte alumnos entre pensionistas y de 
beca^ y en él no había más que una cátedra de latín, 
teniendo que asistir los alumnos 'á las clases de la 
Universidad que, recién abierta de nuevo, apenas co- 
menzaba á restaurarse. Ya puede suponerse que tan 
continuadas guerras y trastornos, y á la par la falta de 
cultivo espiritual habrían influido no poco en la desmo- 
ralización de los pueblos: estas dos grandes necesi- 
dades, pues^ preocupaban al celoso Gobernador de la 
Arquidiócesis y á cuantos como él se interesaban por 
volver á ver florecer en Guatemala la religión y la cien- 
cia rodeadas de su antiguo explendor: colegios y misio- 
nes se necesitaban á todo trance, y la idea creada por 
la experiencia de que la Compañía de Jesús desempeña 
á satisfacción ambos ministerios, y la presencia del 
P. Walle y su compañei-o en Santo Tomás trabajando 
por el bien délos habitantes de aquella costa, les su- 
girió el pensamiento de trabajar por traer Jesuítas á 
Guatemala, y sin demora pusieron manos á la obra. 

He aquí cómo refería el P. Walle al R. P. Roothaan 
los primeros pasos que los Guatemaltecos dieron con 
tal objeto. En carta fecha en Santo Tomás á 23 de 
Agosto de 1843, se expresaba así: «Apenas llegué á la 
capital pude desde luego observar la particular estima 
y respeto con que todos me miraban. Muy pronto co- 
menzaron á venir unos en pos de otros personajes dis- 
tinguidos del clero y caballeros de los más notables de 
la ciudad, y me hablaban de la Compañía, procurando 
informarse de su régimen, de sus diversos estableci- 
mientos, de sus casas y Colegios, de su sistema de en- 
señanza^ etc.^ yyoá todo respondía con sencillez y fran- 
queza. La enseñanza tal como está ahora planteada en 
nuestros Colegios^ les llamaba sobre todn 1^» ateni^ión. 



oO LA COMPAÑÍA DE JESL'S 



como que no tenían ni aun idea de ella. Es preciso un 
Colegio como estos en Guatemala, era la conclusión, y 
luego pasaban á consultarme sobre las condiciones re- 
queridas, los medios para obtenerlo, etc. Con esta oca- 
sión hube de tratar más íntimamente con el Sr. Ayci- 
nena^ Ministro de Estado y Relaciones exteriores y con 
el P. Miguel Muñoz del Oratorio de San Felipe Neri, 
ambos verdaderos apreciadores y amigos sinceros de la 
(Compañía que habían conocido en otros países. Les 
advertí que no estaba autorizado por mis Superiores 
])ara entrar en una negociación de esta clase, y que en 
mi viaje á Santo Tomás no había tenido ni aun idea d(^ 
semejante proposición; que por lo demás les serviiía 
con mucho gusto de mediadoi* é intérprete de sus bue- 
nos deseos ante mis Su|>cr¡orcs, y que para que estos 
tuvieran l)ucna acogida,, era ante todo necesario pr(»- 
curar un local á propósik) para el Colegio, con Iglesia 
anexa para el ejercicio de los ministerios en la ciudad; 
(|ue yü que en la actualidad ora imposible una funda- 
ción en regla, habieiuio líi rev<^luc¡ón onagiMiado In 
mayor paite de los biene» eclesiúslicos, y dejado en tan 
mala situación el erario público, »cra necesiuio por lo 
menos'sufragar los gastos del viaje de los sujetos y su 
primei- establecimiento; que el (^degio debía serdel todo 



independiente, juira poder obi-ar con libei'tad .según 
nuestro Instituto; que el negocionle la Colonia, á la cual 
habhuiios venjdo por vlA de prueb^i, nadA (e;uliía cpic 
Ncrcon el Colegio, ni esto con a(|uelhr. tinalnuMitc que, 
como en caso de veriticarse la \enida de los Jesuítas, 
\ ivirían estos dedicados exclusivamente al cumplimien- 
to de sus deberes* sin tener nada (¡ué ver con la política, 
ni subir al jKíder otro partido, como pudi(M*a suceder, 
los Jesuítas debían pernumee«:r (Mi su puestr» inaim»- 
vibles. Aun admitidas estas condiciones, les dije |>ara 
concluir, yo no puedo dar seguridad alguna; |)ero sí 
no las admiten, |)ueden ya desesjx^rar del buen su- 
ceso de este ne,i:rM^i<M.. Hasta aquí el V. Walle, quien. 



nía. 



EN COLOMBIA Y CENTRÍ)-AMHRKA '.W 

despachados los negocios que le habínn traído ^i la 
capital, volvió á Santo Tomás; mientras tanto el Sr. La- 
rrazabal, el Sr. Aycinena y otras muchas personas 
eclesiásticas y seculares con la mayor actividad forma^ 
1 izaban el llamamiento de los Jesuítas. 

10) — En 11 de Junio de 1843 se presentó al Supremo io-i>tí- 

. • croto 

Gobierno del Estado una extensa y bien razonada expo- de la 
sición redactada por el P. Miguel Muñoz, del Oratorio ^^*'"" 
de San Eelipe Neri (*), y firmada por el limo. Sr. ha- mando 
rrazabal, por el Cabildo eclesiástico, por todos los pá- ^ '^ 
rrocos y otros muchos sacerdotes seculares, por los 
Prelados de las Ordenes religiosas, por el Corregidor 
del departamento y miembros del Municipio, y por 
muchos vecinos de la ciudad y padres de familia muy 
distinguidos por su honradez y respetabilidad. Gober- 
naba la República el Sr. D. Mariano Rivera-Paz, hom- 
bre recto y de muy sanas ideas y celoso por el bien 
del país, lo mismo que sus ministros entre los cuales 
se distinguía el Presbítero Dr. D. Juan José de Ayci- 
nena, admirador entusiasta de la Compañía, el cual 
debía dar giro á la exposición, como que desempeñaba 
la cartera de negocios eclesiásticos. Acogida pues la 
solicitud con toda la benevolencia que - se merecía la 
importancia del asunto y la calidad de las personas que 
la habían elevado, se pasó á la Asamblea jCou un. in- 
forme del Ministro del ramo, en el cual después de re- 
cordar los servicios prestados por los antiguos PP. á 
Guatemala, especialmente en la educación de la juven- 
tud, el gozo que causó la cédula de Fernando MI (jue 
mandaba restablecerla y lo que á este fin se había tra- 
bajado veinte años antes, concluye diciendo: ((Que en 
nuestro Estado carecemos de medios suficientes para 
generalizar la, buena educación, es un hecho que es- 
tando al alcance de todo hombre reflexivo, no necesita 



(*) Véase en el Apéndice IV, copiado del borrador mismo del autor 
Col. part. de la Orden. 



LA compañía de JESIS 



demostrarse; y que ningún bien puede liacerse más 
importante al público^ que proporcionar medios para 
extender la enseñanza, no dejará de conocerlo todo él 
que sea capaz de apreciar en su justo valor las ven- 
tajas que tiene un hombre culto sobre el que se halla 
sumido en la ignorancia. Ahora bien, de ningunos 
otros institutos puede el público reportar mayores be- 
neficios que de aquellos que tienen \X)r objeto ennoble- 
cer al hombre por el cultivo de sus facultades mentales; 
y como de esta naturaleza ha sido en todos tiempos, y 
es en la actualidad la "Compa fuá de Jesús, por esta po- 
derosa lazón el Gobierno no ha -dudado apoyar la soli- 
citud de que se trata, recomendándola encarecidamente 
á la Asamblea» (*). Igual acogida que en el Poder Kjo- 
cufivo tuvoha solicitud en la Asamblea, la cual inme- 
diatamente nombró una comisión de su seno ]>ara (juc 
informara: tal informe se evacuó en muy breve tienqn» 
y el í^ de .iulio se .puso á Discusión, .á la cual fué lla- 
mado 'el Sr. Aycineiia, Ministro dé negocios. ecLesiás- 
ticos. Oigamos cómo "nos i-etiere el éxito este alto fun- 
cionario, apuesto el negocio en debate, dice, me acuerdo 
que sólo dos Diputados, de 50 que se hallaban presentes, 
hicieron algunas objceionrs y llegado ei raso de votar, 
sólo hubo uno que estuviera por la negativa (**) a «bor- 
dando los demás el .decrete» en que so acordó la pei- 
misión para íh venida de los Padivsde la' ("ompañía d«* 
Jc^sVis. Este docveto no solamiMite fué emitido con -cuan- 
tas formnliflades se re(|Uiei'cn pai*a la e\|>rdir¡rm <lr Ins 
IcNcs, sino (jue para él hubo una conformitladde opi- 
niones tal, que sólo se hu vi^to en uno ú otro caso en 
(pie el interés público. conoiíido con generalidad une los 



(*) Gaceta oticiai.— Xúm. UO, Julio 7 de lH4a. 

(**) El único diputado que estuvo por la negativa estaba muy lejos de 
scv enemigo de los Jesuítas-, pero era el dueño actual do una de las fincas 
que en la antigua Compafiia fu<^ propiedad del Colegio do San Borja, .\ 
receló que los nuevos Jesuítas. la reclamaran, lo que si no le caucha 
pérdidas, le originaria disgu-^tí»»». 



EN COLOMBIA Y CENTRO-AMlbllKA .'{.{ 



Huimos^. Ó en ([ur In \erdad, cjue debe ser el grande ob- 
jeto de todo eaei'po leí^islativo, se manifiestíi de una 
manera ineuestional)le. (Uiando este deci'elo se e^\[)¡d¡<'j 
se gozaba de perfecta paz: ni (^1 íiol)i(3rn(), ni la Asam- 
blea fueron intimidados y coartados para obj-ar en el 
sentido fpie lo hicieron; de suerte í{ue el convcncimicínto 
de la razón por una parte^ y por otra el deseo si ncei'o de 
procurar, y hacer el bien, fueron los que animaron á 
todos en los pasos (|ue se dieron, y los únicos estímulos 
({ue influyeron para emitir libremente los votos con ({ue 
fué acordado el permiso que se solicitaba». Veamos 
ahora los términos en que estaba dicho decreto conce- 
bido; decía nsí: (*) 

«La Asamblea Constituyente del Estado de (jum te- 
mala^ habiendo tomado en consideración, la solicitud 
(|ue han dirigido al Gobierno el, Sr. Provisor é indivi- 
duos del Venerable Cabildo eclesiástico- y Clero de esta 
Capital^ su Corregidor^ individuos de la Municipalidad 
y otras personas notables sobre el establecimiento de la 
Compnñía de Jesús en el Estado: 'con vista del informe 
del Gobierno^ en apoyo de dicha solicitud; y en atención 
ñ las ventajas que pueden resultar de la instrucción pi^i-- 
blica y de la educación moral y religiosa de la juventud, 
con lo que expuso la Comisión de negocios eclesiásticos 
y de couformidad con su dictamen^ ha tenido n bien 
•decretar y decreta: 

1." Se declara que los PP. de la Compañía de Jésus 
[)ueden venir al Estado de Guatemala y ejercer en él 
su Instituto. 

2." l''l Gobierno queda autorizado parn |)r()mo\(M- el 
estal)lecimiento de la meíicionada Compañía de Je^ns. 

3." Y si })ara el efecto indicado fuere necesario hacer 
alguna erogación de loS fondos públicos, eb Gobiernen 
lo consultará previamente á la Asamblea. — Pase al 
Gobierno para su pid:>licación y cumjdimiento. Dado en 



) <;aceta oiicial. — Xúiii. 110, nriilia citadn. 



84 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



el salón de Sesiones; Guatemala 3 de Julio de 1843, — 
Mariano Rodríguez, Diputado Presidente, etc. 
ii.~Tra- II j — Lq expedición del decreto fué celebrada con 
repara- demostracioues públicas de aplauso y regocijo (*): el 
torio». Gobierno. encai'gado de su ejeclicióñ pone manos á la 
obra con la mayor actividad y desde luego nombra una 
junta para que entienda directamente en el asunto, 
compuesta de dos eclesiásticos, un Magistrado de la 
Gorte, un Regidor y ck)S vecinos príncii)ales de la Gapi- 
tal, presididos por el mismo Sr. Mini^^tro Dr. D.Juan 
J. de Aycinena, (|uien tomó este asunto -con calor y celo 
extraoidinario ■(**). Ksta comisión comenzó a llenar su 
cometido con verdadero empeño, y ante todo pensó en 
arbitrar recuj*sos para Jos primeros indispensables 
gastos. Tenemos á la vista una iiyvitacióil redactada poi 
el Sr. Pbro.-Mpnoz (***)V firmada por el mismo á nom- 
bre de la Junio, en (jue liace ver las grandes ventajas 
(jue habrán de segiiirse á todo *el* Esta do de la venida á 
él de los •mós famosos ^ducadai*cí>de la juventud, y d 
deber (MI ípH» sé hallíh) t<»dns los ciudadanos <le ayudar 
al íiobierno eclesiástict» y l'ivil á llevar á feliz lérmitío 
una nied'Kla tan evideiilcrnenle honélica para toda la 
República. Esla* invitación produjo su^ resultados y 
muy favoi-ables/á lo menos relativamente al estado dv 
decadencia en (|ue dQS|)Ué.s de tantas re\uellas |)olítir:i< 
habían (jucdado aiin las^ fajiiilias niás acaudalada- 



I I Vrniiso alg^nnos cxtrnctos de In Oarotn r>firlnV"d<» nquollos dín«. Apén- 
dice II. 

(**) La C(>iiii>i6ii .sc ctimpiíNt» en bii piiiüi i.. « i de lo> Sn'>. ( anóuigí» 

D. Josí' A. Alvarado, Pbvo. U. Mijruel .Mnfioz, Magistrado D. Felip<' Prado, 
llc{í¡dor D. .luán Francisco Tirnela, y reciñes D. Manuel Taboada y I). An- 
tolin CiU-eres. MAs larde entraron a reemplazar á al«^unos délos sobredichos 
los Sres. D. Francisco Javier Aguirrc, I). Caytítano Arri villana, I). Hafa*l 
Batrcs, V. Mariano Aycinena y 1). Juan José BalcárcH, euyos nombres 
como de grandes amigos y estimadores do la Com|>añia «juisimos dejar aquí 
consignados. 



EX COLOMBIA Y CENTRO- AMÉRICA 35 

\a 011 Guatomola pai'ceín dnrsc por cosa lieclin líi 
venida de los Jcsuitas^ y así lo acreditan las demostra- 
ciones de Júbilo á (lue dio lugar el sobredicho decreto 
de la Asamblea: véase lo que decía la Gaceta oficial en 
el núm. 114 correspondiente á la primera semana de 
Agosto de aquel año. «El 31 del pasado^ día de San Ig- 
nacio, á los 76 anos de la expulsión de los Jesuítas de 
la Monarquía española, y por consiguiente de Guatema- 
la, se celebró en esta Santa Iglesia Catedral con In 
mayor solemnidad la función que se hace todos los años 
á este Patriarca, habiendo predicado el Sr. Dr. Juan José 
de Aycinena: concurrieron á ella las autoridades y una 
diputación de la Asamblea Constituyente en acción de 
gracias por el restablecimien.to de la Compañía de Jesús, 
de ([uien espera el pueblo católico de este Estado los 
beneficios inñiensos que en otro tiempo hicieron flore- 
cer la paz y las buenas costumbres que son el funda- 
mento de la felicidad social. Un concurso numeroso 
ocupaba el templo. La víspera por la mañana pasó en 
procesión la imagen dej Santo,^ del Oratorio de San Fe- 
lipe Neri á la Catedral con asistencia del clero, colegios 
> gran número de personas particulares. El día primero 
se celebró la misma función en la Escuela de Cristo con 
particular devoción y solemnidad, desempeñando el pul- 
pito de una manera muy propia de las circunstancias 
el P. Nicolás Arellano, Prepósito de la Congregación. 
En su discurso felicitó al pueblo porque sus autorida- 
des eran fiel eco de sus sentimientos piadosos, por lo 
cual era de esperarse que progresase cada día más la 
aí'monía (¡ue reinaba entre gobernantes y gobernados». 

Entretanto la colonia Belga de Santo Tomás (*) se 
encontraba en un estado miserable: la muerte del Jefe 
de ella, la insalubridad del clima v otros inconvenientes 



{*) Las cartas anniias de la provincia de Bélgica de la Compañía de Jesús, 
año áv 1810 refieren sumaria mente la historia de esta colonia. Pueden verla 
nuestros lectores traducida del latín rn el Apéndice III. 



36 LA COMPAÑÍA DE JEfM .s 



con que los empresarios no habían contado y que hacían 
enfermar y morir á muchos^ la tecnia n ya á pique de 
disolverse^ como sucedió poco'después. Fuese que estos 
negocios trajeran aj P. Walle á Guatemala por segunda 
vez^ ó lo que es más i)robuble que hubiese sido llamado, 
es lo cierto que á su llegada á la capital á fines de 
Noviembre^ se encontró con aquel movimiento en favor 
de I03 Jesuitas que habí.a producido en todo el vecinda- 
rio el decreto de la Asamblea, abriéndoles las puertas 
de la República, é invitándoles con amor para que 
entraran por ellas. La Junta dio cuenta al P. Walle de 
lo (jue se hacía' y pensaba hacer para el logix) de sus 
deseos (juc era tundaí* un colegio de la C.ompanía en la 
capital. Mostróse el l^idi-e. sumamente complacido dr 
tan santos y patrióticos planes y.desde lue^o les ofreció 
su cooptación, la cyal p'Odífl^ ser tanto mé§ útil y eñca/, 
cuanto (pie debía doiítro de [»oco volveí' á Kurópa. La 
ocasión no podíiji ser . más oportuna: el Arzobispo, el 
Gobierilo y la Junta le (litM'on formal comisión de j»as;n 
á Boma y tratar con el M. R.«P. Jieneral Juan Roothaan 
íle \i\ jinsiadií fundación (*). 1\rP. \\'alh> (pie ya sentía 
pnrticulai' piedilección por íipatemala, lomó muy h 
l)ec)ios ¿u 'concisión: aceleró su viaje? •|wíra Santo Tomás 
y dejando ¿ su «'tímiMifiero con el cargo de la íKlrtíinis- 
tración de la mal parada colonia, se end>arcó"para BM- 
i;¡ca. Kl Gobierno le habin dado una cai-ta ci'd'ditíí sobre 
Bruselas. i)Or yalqr de .1.000 pesos, y otros i.r>(M) habíji 
In Junta tmsladado'ó esta misma capital para sufragar 
los primíM'os gastos (pn* ocurrieran eu el desempeño (\r 
su comisiiHi. \'einnos nhoia li^^'i'amente lo fpie pasabn 
cii Gnatelnahí, mientras < I . . loso Padre trabajaba (mi 
Roma y en Bc^lgica en favor Je los más vitales inf(?res( s 
fi(^ esta República digna dg mejor siK'i*fe. 
'-• '-^ lli) — Todo lo i-eferido jiasaba hacia fines del .ifio (l( 

"obisV. 1^'^- ^^" Febrero de 18U, él Jlnio. Si . \ it(>i i, pi iin. 1 



(^) Vraiisr csto^ «locumi'iitob vi\ 1<'> m|»»iimh »•«. luiin-. N 1. ^'ll > \'\\\ 



ION t'OLOMltlA Y <JI-iN ritO-AMlJIUc A 



Obispo del Salvador, consogrnl)n en lo Catedml de estn 
Hcpúhlieíi al sucesor del Sr. (^asaiis, desi)Ués de eerea 
de 15 años de vivir esta Iglesia privada de su pastor, 
((ue el l'iii'or lilxM'al le liahíji inicuamente arrebatado. No 
había muerto íuní el Si*, (lasaus, ])ero, como aiTibn 
insinnaínos, no se hnllaba en ca[)acidad de voIvcm* t\ su 
rebínalo, por lo (pu* Su S. Círegorio XVI quiso dnr](^ un 
('oadjntoi* (MI l;i dignísima persona del F.xcnu^. Sr. Di*, y 
Lir. 1). b'i-nncisco d(* Paula (larcía l*(dae/,, Con el título 
de Ai/.obispo de Bostrn in partibus infidelmni^ \ con 
derecho (le succsÍími, (pie niu\ presto S(i efectu('). Mstai)a 
el nuevo Arzol)ispo dotado de todas las prendas (jue las 
circunstaiicias exigían en -el Prelado que Dios había 
destinado i>ara regenerar la Iglesia de Guatemala y ele- 
vai'la á la altura que {?n tiempos anteriores había tenido. 
Había sido el Si-. García un modelo dé párrocos: níti- 
rado en el' curato que administraba, entregado á su 
santo ministíH'io con celo* extraordinario, encontraba 
después su descanso en los libros^ y su nombre apenas 
era conocido más que por sus prelados y algunos esti- 
madores de su vasta erudición y de su ciencia^ como el 
Presidente D. Mariano Gálvez, por cuya orden empren- 
dió la obra que intituló «Memorias para la Historia de 
Guatemala». FJl modesto Párroco apenas alcanzó, á ocu- 
par la silla canonical á que fué llamado por el señor 
Larrazabal, porque muy presto le llegaron las bulas que 
le preconizaban Pastor de ax{uel rebaño por tantos 
años huérfano. Suave y enérgico al mismo tiempo, pru- 
dente, pero inflexible en la defensa de los derechos de la 
Iglesia, severo en la guarda de la 'disciplina eclesiástica 
precedía á todos con su ejemplo. El Sr. García en el 
gobierno de la Iglesia y Carrera ^n el de la Rei)úl)lica 
levantaron á Guatemala aí mayor grado de prosperidad 
de que ha gozado después de su independencia, y á la 
mayor altiira de representación social entre las naciones 
extranjeras, ^'eremos á estos dos grandes hombres, 
en desacuerdo por un momento^ á causa de cierta 



r*H LA COMPAÑÍA DE JESl > 



intervención liberal, unirse luego intimamente, poner 
sus mirasen el mismo objeto y ser las dos alas sobre 
fjuc se remonta la 'pequeña Rcpút>lica á un gratjo de 
cultura religiosa, cientítica y aun material que pone ad- 
miración á los extranjeros que la visitan. Mas antes de 
llegar íi este feliz estado, debían pasar aún algunos 
anos de prueba, cuya experiencia hiciera palpar quebxs 
j)rincipios liberales, lejos dr regenernr ;'i los ])n(d)l<»s 
les arrastran á'su ruina. 
13. -in- i;5j — ¡Aúi I no 'estaba bien senlado el partido de orden, 
libera- í» pcsar dc lia ber. ocupado el'|>o(tler alg^nios años. L.i 
^*'^*^^"' Asamblea ro'nstituvente Se había \a disuelto, pero antes 
compa- nabia (U^nvorado un (.onsi»jo, o como se le llamo mas 
" ' tarde, O)ngreso cb.nstituyente que debía i-eimii-st* 6»l Sáe 
DiciíMubní de 18ii,- para contiruiai* los trabajóte sobre la 
reconstituí!Íón de la República. Ante e^te congreso 
toiniado en su mayoría «le lib(»rales, pi*éseiitó su dimi- 
sióíi el PresidcMite Rivera-Paz. Kl GeiKírnI.'cn Jefe íM 
ejército, 1). Rafael íwiirei'a, acalíaba'de dar miu nue\;í 
muestra do su actividad y talento militar levantando un 
regular ejército con que sali<'> ai.encuentro á Malespín, 
Presidente del Salvador,' que ifivadfa 6 Iñ República, 
<'ieyendo sin duda hallarla despiwtMnda; mas no se 
atrevió á medir sus tuerzas con el jo\en (ieneral (lUate- 
malteco y con tranuí robó íi su t¡(»rra, arreglándose des- 
j)Ués diplomáticamente acjuella mandiestii violación de 
los tratados. Kl ('caigi'eso, pues, pus4) los ojos en ('arria- 
ra como en el hombit^í más apto en aíjuellas circunstan- 
cias para hacer respetar la autononda de lu República 
sienqjro tan combati<la por sus vecinas, y el día 17 de 
Muero fué proclamado Presidente, ('ari-era era el hom- 
bre de la situación; Cíjto no podía menos d(* reconocerlo 
el partido liberal, pem -eran «sus ideijs de onfen \ -ii 
amor á la religión,- lo que* le había elevadotan alto, \ 
tan á costa dcMorazan y los de su comparsa:- <^ra ])re- 
ciso, pues, en el concepto de estos, ó (luitarle del medio, 
ó hacerle éntraf por sus ideas y sus perversos planes. 



EN COLOMBIA Y t!ENTRO-AMÉHi('A .'>9 

KnsayaroM esto sí^^undo y con nl^úii éxito, pues •logra- 
ron nrrancni'le «nj<;imns medjrlMS- tales (^omo el deci'eto. 
sol)re la lihei'tad absoluta de imjM'euta, y sobre todo le 
j)r(^\ iniíM'oii \ j)i'(M)('n|)aroii tan aslnlnmoute y ron tnl 
h¡j)ori*esía contra los .lesuitas, ])intándos(>los como hom- 
bres enemigos de la |)üz.j)ública, (ju(^ ya pudieron contar 
con su valioso apoyo cuando se atr(nieron á liablai* cu 
el (longreso contra ef decreto de la, Asaml)lea auten(U* 
(pi(^ los admitía en la nej)úl)lica \ aun ponerlo de nue\ o 
á discusión. No era ('ari*era |)or (M)tonces liond)re polí- 
tico, cai'íM'ía d(^ instrucción, sobre f(j(lo no conocía á los 
liberales sino muy poi' (Micima, \ así no fué nuiy difícil 
engañarle; mas presto veremos á este grande hombre 
escarmentado de las arterías de sus fVdsos amigos, 
r(N'onocer su eri'or, volveí' sobi'(^ sus j)asos, reparan cotí-' 
creces las faltas en que le preci})itaran, y descargar 
sobre ellos, como sobre vei'daderos traidoi'(»s, todo el j-i- 
gor de la justicia. 

Mientras tanto el P. Walle desempeñaba en Roma 
su comisión con no menor celo que felicidad. Tan bien 
supo pintar al P. Rootbaan la i'cligiosidad y buejuis 
prendas del puel)lo d(^ Giuitemala, las 'necesidades es- 
pirituales de la generación actual criada en medio de 
revoluciones y luchas intestinas, la falta de medios para 
educar la juventud, la inñnita mies que á poco trabajo 
ofrecía aquel campo, y por otro lado las disposiciones 
del Gobierno pronto á cooperar á cuantas empresas de 
esta clase se le propusiesen, el celo de los, Prelados 
eclesiásticos que pedían tan encarecidamente auxilio en 
favor de su grey que se liallaba tan falta de pasto espi- 
ritual, que movido de tantas y tan sólidas razones' ac- 
cedió á la petición, á pesar de que no mucho antes 
había enviado á la Nueva Granada una nurperosa y 
escogida expedición. Las cartas dol celoso misFonero 
respiraban entusiasmo y lo comunicaban á la Junta de 
Guatemala que trabajaba con tesón en los preparativos 
del futuro Colegio. Pasó el P. Walle de Roma á* Bélgica, 



40 LA Í'OMPAÑÍA r>E JEsrs 



dónde entendiéndose con su P. Provincial^ y con el 
P. Antonio Morey que lo. era de la Provincia disper- 
sa de España^ obtuvo de ellos* uiía niisión de doce 
sujetos entre Españoles y Belgas, á sal>er: siete sacer- 
dotes, un joven escolar y cuatro coadjutores, á 4os que 
se reunieron otros dos ítalianosi, sacerdote el uno, y el- 
íitro (ursíuite de 'ÍVología. Mienlitís síí. hacían !<»< 
jijircstos de v¡aj(? y í^(» cnnipraban objetos útiles jiara el 
j)ruyectíulo (Colegio, caminaba hacia (inateVnala la cai*l;i 
({ue anunciaba el endíarque íJe la expeiliciún para tin»- 
ílel ano de IHli. 
14. -Lu- ^/A — pi^ efecto. dcsi)ués de un p(Mios<» viajiMle 70 días 

cha del , ... ,í ' , , 

8r. Ar-.lo oxpedicióu apostólic^ entra en el puerto de .Santc^ 
zobi8po romas,- mas el capitán del puerto de Izabal D. Jerónimo 

con lo8 _^ , . • 1 1 * I I 11 

libera- Pnís, no les permite«pftsar aaclanfe, alegando .para el b^ 
'''^- (UíIímícs tennínantes del fiobierno. Tales órdertes no 
existían, sino la contraria expedida en 21 de No\ iem- 
bre del año anterior«a8í lo comprueba Ift soVpresa del 
Ministro Nájem al recibir da .Nota d^l Se. Arzobispo, 
jn'otestando contra a<piella mediTJa, In cual en idealidad 
lio había sido dictada pnr cj (iobierno liusja a^pK'lla 
techa, ni lo fuó hasta el 18 de Marzo, siendo así que la 
llegada de los PP. á 1/abal líahla tenido lugar antt's del 
í del mismo mes, fecha de la carta en cp^e el P. W'allc 
dá cuenta del succsíl l>cb¡('», pues, el Sr. I^nís tener 
algunas secretíis comiávencias con los <ongresistas li- 
bendes, i'i obró arbitra ria mentí*- no sólo ('ontra toda 
la/.ón y justicia, sino contra las órd(»n(*s terminantes 
del gob¡(»ino, subsistentes. toda\ ía en aquella sazón (*). 
llnrto ex-trafia pareció semejante niodida al V. \Vallt\ 
y por de pronto tomó la resolución de permanecer con 
!^US compañeros (M) el Pnei-to de S.Muto 'r«»ni;'i<;, mieiitivi-i 



(• ) La mano Justiciera do Dios se dejó sentir sobre este mandatario y 
muy fuerte, ciertamente. De dos hijos »|ue tenía el uno se le extravió m¡- 
serableniento, v\ otro se suicidó, y ól mismo perdió una piorna <|ue hu- 
bieron de auíputarlr á causado una liorida. 



r 



i;\ ( OLÓMUiA V t'KNTUíi-A.VlElUrA 

ílnl)a cuenta ni Ai*zo])¡sj)0 y á *ln Junta, j)ara que se 
entcMidienuí con el (iohierno, que tíui benévolamente 
l(^s había llnniado y suministrndo recursos para el 
viaje. Fué ¡ncreible In indignnción ((uc cnusó semejante 
iioticin en toda (dast* d(^ pei-sonus, per() uiu(di() nins en 
el Sr. Arzol)is|)o, en el Sr. A^cinenn Pi'esident(3 de In 
.liiiiln ven los denu'is ni¡(Mid)r(>s de esta. FU limo. I^rc- 
Indo des(l<' (\\\{' toni(') posesión (1(^1 (lobicrno de In Ar- 
(|uidió('(^sis, no sólo nj)oynbn n(pi(dln hicdidn iiiicindn 
poi- sil niitecesor, sino (jue se In li;d>ín nj)roj)¡ndo como 
([uien espei'al)a de elln uiin fuente de i)ienes pnra su 
Iglesia; y él fué quien luchó á brazo partido contra los 
liberales^ y si no logró vencer- en esta ocasión, á lo 
menos puso á la vergüenza pública la ilegalidad de su 
proceder y sus hipócritas intrigas, pues más de unn 
v(v, dio cuenta á sus diocesanos de ellas por la prensa, 
j)nra ((ue ja ignominia no recayera sobre la nación 
todn, sino sobre quienes debía, sobre un puñado? de 
hijos degenerados suyos que habían lograda escalar el 
poder. De sus publicaciones sncomos la relación (\r 
esta trama liberalesca. 

Luego que el Sr. Arzobispo supo que en el Congreso 
se habín hecho moción para que se supendiese el de(!reto 
de la Asamblea anterior, del 3 de Julio de 43, y que esta 
había pasado á una comisión, alzó su voz reclamando 
l)or una parte lo cordura y legalidad con que se había 
procedido al dar el decreto, y por otra el absurdo que se 
seguía de suspender una providencia que había produ- 
cido ya sus efectos dentro y fuqra del país y en cuya con- 
secuencia los PP. Jesuítas se habían puestjt) en camino \ 
estaban para llegar pronto á aquellas playas. El Congreso 
admitió la reclnmnción del Prelado, (((ue esto (*onvenía n 
sus planes) y pidió informe al Gobierno; mas embaraza- 
do este en otros negocios diferentes, no se ocupó en mu- 
chos días de tal informe, permaneciendo los PP., que en 
el Ínterin habían llegado, en el insnlubre puerto de Santo 
Tomñs. Dirigióse el Ai'zobispo al Gobierno pidiéndole 



42 LA COMPAÑÍA DE .TESIS 



explicaciones gobre la suspensión de la orden dada 
desde el 27 Noviembre del año anterior, para que pu- 
diesen entrar libremente los Jesuitas llamados á la Re- 
pública cruzáronse varias notas en que limo. Sr.García 
hacía justas observaciones sobre la injusticia de dicha 
suspensión, y á las cuales contestaba el Gobierno con 
('vasivas: vamos í\ copiar aquí la última nota que lleva 
\í\ fecha de 24 de Marzo, ya porque en ella se resumen las 
íinteriores, ya porque pinta el valor y energía con que (*1 
venerable Pastor defendía la causa de la líjl^sia; dice así: 

uSíMÍor, me reo en la necesidad de dirigirme de nuevo 
;í \ . S. <mi solicitud de imíji lesjMiesta (dará á mi oticicxlcl 
21, relativo á reclamaren í'avur de los PP. Jesuitas, l;ts 
leyes del' Estado y garantías eoiK;edidas d todos suí> ha- 
bitantes*, cúyocumplinnento entiendo que en-t odas partís 
corn^sponde al íiobierno; |v>r((ue l;i (jue V. S. se s¡i\¡<'» 
darme con fe<*ha 22, contraída á ti;ascribirme una orden 
del Congreso que manda suspender su internación en el 
Estado, y asegurarme que el Gobierno/se ocupa en emi- 
tir á la mayor brevedad ol informe fpie en este asuntóse 
le ha pedido; no puede sosegar mis ansiedades. 

\\ S;bo,hn tenido & hien decirme si el Supremo Go- 
Inemp en virtud de la citada orden mandó/según S(» ase- 
gura (»n el ])úblico, impedij- la entrada d(» los PI\ .hsni- 
Ins; y |>or eso me hallo en el «aso de ¡ustai* por* el lum- 
plimiento de Jas leyes y gamntías que les ftivorecen. < n 
el supuesto de que así haya sucedida' 

Yo he rcjirisentado (pie, habiendn ninmím Id^ P1-. <ii 
virtud de una ley juM-misiva, vigente {^{i el Estado, ni el 
poder óonstitHyente, ni ninguna otra antoriíkKl' consti- 
tuida tiene facultad para anularen Ja suslánvia ni sus- 
piMider en sus efectos este acto licito y garantido |>or mm 
solenme disposición, cuyo texto copié lit(M"al mente. 

He representado ademrt*;, cpie si lo que.se desea es (pi(* 
los PP. noejerzaii su Instituto, estedes(»ono puede juito- 
rizar el cpa* S(» les ¡m|)ida (Mitrar libi-(Mnent(» en el Est;ido, 
como no jx.Mlría inq>edirse á ningún extranjen^, |>ues(pie 



UN 



Cj>l 



O.MBIA V CENTKU-A.VIEKH A 



i)ó liay niii^imn ley pi*(M>xistoiito qiio por*m¡t.ii Sí^niojnntc 
Niolacióii (M íloreclio intiM-nacioiinl cstnlílecido. 

He pedido, (y no h(í podido pensar (juq el (iohierno 
desatendiese mi súpliea) ffiie no se luiga nna excepción 
sólo con los ministros do la Reli^iión católiea, impidién- 
doseles la entrada (pie lia (^stado íVanea hasta á los mi- 
sioneros de la religión protestante. 

He manifestado que era cruel 6 inhumano detener en 
un lugar mortífero á hombres ilustrados, que son ade- 
más ci'istianos y saeerdotes, y que se hallan en él por 
halxM' sido llaiiiad()S(M) \irliidde una ley dada con givm 
solemnidad \u)\' el voto inuininKí de más de cuarenta 
diputados del listado, á petición del clei-o y íle muchos 
funcionarios y vecinos de estaciudad. 

A nada de esto se ha tenido á bien eontestarme, dán- 
doseme por el contrario á entender, que mis representa- 
r iones y súplicas han sido hasta ahora infructuosas. 

En tal caso yo debo insistir reclamando las leyes, y 
i'uego que si su protección no alcanza á estos eclesiás- 
ticos, se me entere de ello. 

Inútil será que el Gobierno emita su informe, aun 
cuando sea favorable , ó que el Congreso confirme ó 
pretenda suspender las leyes existentes, si entre tanto 
que CQiTen estos trámites, la desgracia de los PP. dete- 
nidos se consuma, si entre tanto se informa y resuelve, 
la vejación se prolonga, y llega á su dispersión ó exter- 
minio; si por medios extralegales se verifica la pérdida 
de estos sacerdotes y se da esta profunda . herida á la 
Iglesia arrojando con oprobio y vilipendio á sus mi- 
nistros, y destituyéndome á mí no sólo de los -medios, 
sino hasta de las esperanzas de poder desempeñar el 
sagrado ministerio ((ue se dignó (^onfiarme la Divina 
Providencia. 

Señor Ministro, cuando veo suscitarse una animo- 
sidad semejante contra la Iglesia, que dá principio por 
colocar á los eclesiásticos fuera de la protección de las 
leyes, faltaría á mi obligación como Pastar de la misma 



44 LA » O.MPANÍA de JE.ST'S» 



Iglesia^ sino hiciese oir mi voz en su defensa y sino 
me preparase para cumplir los altos designios de Dios, 
*ex?iortando antes á los fieles que'cpmponjen mi amada 
grey^ á no dejarse seducir en contra de su santa doc- 
trina, y llamando especialmente la atención de los que 
ejercen la autoridad^ porque las leyes los. obligan n 
])roíe¡cr la religión católica, que .para gloria del Estado, 
rs la que profesamos (*). 

Animado, PJí<'^, de este esj)íritn, sn])li(*«> dr niirxo 
id Supremo Gobiejno (pie se digi^e Uictjip las jti '\i- 
. delicias del-i?aso/.para que las ley^s^ y gaivntja^ tengan 
cumplimiento respecto de* los PP. Jesuítas, que según 
j>uedo inferir del oficio de A'. S. de fecha 22, se hallan 
deteni4os en la cost. 

Ha??tn nquf la nota del valiente Prelado, la cual des- 
gi-aciadamente no tuvo <T>ntestacir>n más satisfactoria 
(inc las «Ulteriores. Ku pocas palahras decía el Ministro 
Nájera, (juc la ordeu de suspensión, hnhía s¡do<(>mu- 
nic^daíd Corregimiento de Izahal, y surtiría sus efec- 
tos, v que había ifMnitido al Congres*) l^s^ reclamaciones 
d(i su Sría. lima. Kste medio, pm^s, de notas y reda- 
maciones oficiales no |)rodujo, ni podíp prtxiucir «I 
efecto (jue (hdiía, puív^to (pu» tonmda por los liberales 
In r(»s(^lución de ¡nqioílir. á to<lo trance el n»stableci- 
miíMilo de los Jesuítas, en ella ttMiían (pie estrellarse 
todas las fuerzas déla* raz6i> y de la justicia. 

Mientras tanto las m»ticias (pie llegal)an á Guatemala 
sobre la salud de !«♦< PP. del(Miidos en Santo Tmim:')^ 



{*) De nadft hablan con mAs orgullo y aparento respeto lf>s liberales 
americanos (jue del Acta de la iudépendeiu-ia; mas en la prAcíica la con- 
iiilcan como á todas las demás leyes. He a«|Ui el art. 10 del Acta de 1'» 
de Septieníl)re de 1S21. «Que la religión católica (|uc hemos profesado ea los 
siglos anteriores y que profesaremos en los siglos sucesivos se conserve 
pura é inalterable, manteniejido vivo el espíritu de religiosidad que ha 
distinguido siempre A Guatemala, respetando A los ministros eclesiAsticos 
seculares y regulares y protegiéndolos en sus personas y propiedades . 
C()mpárense las i)«lal)ras con las obras. 



EN COLOMHIA Y CBNTRO-AMÉKICA 



hei'ían profundamente (íl corazón de torios los buenos y 
más aún el d(d venei'ahle Pastor ({iie no dejaba de la 
mano el asunto de los Jesuítas. Quiso ocurrir directamen- 
te ni Presidente del Congreso/ interesando al mismo 
tiempo al de la República D. Rafael Carrera. Este le 
pi'omefió tener una entrevista con el primero a fin de 
conseguir que á lo menos se suavizase la situación :d(í 
los PP. internándolos'á alguna población sana y de más 
recursos^ como sería la de Gualan, mientras el Congi-e- 
so determinaba. Muy lleno de esperanzas (¡uedó el 
Sr. Arzobispo, tiando en la buena voluntad de Carrera, 
({ue podemos creei* hablaba con sinceridad: la entrevista 
se tuvo el 11 de Abril, mas no creyendo los dos funcio- 
narios esta medida de humanidad en consonancia con 
la prohibición terminante del Congreso/ quedaron en 
({ue era necesaria una disposición superiop qu^ la revo- 
case ó modificase, lo cual equivalía á dejar el negocio 
en su primitivo estado, es decir, á la disposición del 
cuerpo legislativo: y, cosa digna de singultir atención, 
^en todos aquellos días el respetable Congreso nunca 
pudo reunirse legítimamente por falta d€ número..!! 
Cerrada esta puerta aún quiso llamará otra, haciendo 
intei'venir en aquella' cuestión al Ministro Plenipótoii- 
ciario de Bélgica en Guatemala; mas no parece que este 
Señor haya querido dar carácter diplomático á su peti- 
ción, sino más bjen presentarla conio un particular 
interesado en la suerte de sus compatriotas^* lo cual no 
l)odía bastar para doldí^gar ánimos liberales en favor 
de unos hombres inti-ansigentes con los enemigos.de In 
\*Jglesia. No se veía,- pues, á- (pié otro luedio acudir; (^1 
,* Sr. Arzobispo sufría .increiblementé y sólo $e consolaba 
enviando á los PP. recursos pecuniarios para satisfacer 
si(|uiera las más urgentes necesidades entre las muchas 
({ue padecían. 

15)— El P. Walle informado va por el limo. Senor^^--'""*^^ 

.1 desen- 

Arzobispo, ya por los demás amigos de Guatemala, lac. 
había ido siguiendo el gir<;> que presentaba ef negocio 



46 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



cada vez menos favorable. Dos meses de enfermedades 
y toda clase de privaciones ponían en evidente peligro 
las vidas de sus subditos: no se veía lucir por ninguna 
parte un rayo de esperanza: no había medio; ó morir, ó 
volver tí Europa. Mientras el buen Superior se hallaba 
en estas ansiedades^ la divina providencia le muestra el 
camino que debe tornar^ según sus inescrutables desig- 
nios: una fragata belga que en breve tomará su rumbo 
hacia Amberes, ancla en el puerto de Santo Tomás, y 
esto fué como una revelación de la voluntad de Dios. 
El P* Walle se resuelve aunque con dolor á dejar las 
playas.de Guatejnala, tierra á (juien un j)unado de li- 
berales hacían pasar á hís ojos del mundo civilizada 
por bárbara é inhospitalaria, y sol)rc la cual con razón 
liubiera podido sacudir el polVo de .sti cajzado*, si no 
conociera muy bien í[ue no debían confundii-se los iv- 
ligiosí^s y cuUos hijos de acpiel país privilegiado con 
unos cuantos menguados discípulos de \\»ltaiie. Pero 
afortiniadamente ^n' los dos viajes* (|ue antes había 
hecho á la capital ha1>f3í podido juzgar de las personas 
y de las cosas, y así (»s qur* lejos de perder. el ai\ior á 
Guatemala, lo conservó siempre vivo en sn ¿Vñn cora-, 
zón, como'lo demuestra la siguiente carta de'jdespedida 
(|ue esíiibió á nombre suyo y de sus conipaqems antes 
de partir: •. ' 7 ^ • • 

irt. Dos 16)— Al Excnio. 6 línnfo. Sr.^ Arzobispo, ul Exrraó: Se- 
^ rtfii ' ñor Presidente y Señolees uiiembrosdo la .limta, á todos 

p. waiio. 1,^^ biiMihíM-hores y amigos de nuestra Coiiipañía. 
Excmos. Señores: 
Honrados con hi confianza de Infe auiori<iadcs rr\r- 
síástica v civil del' Estado Soberajio de Guatemala, \ 
oída por otia parle In \<>z del pueblo libre (pie nos 
llamaba, habíamos \ii hecho gustosos todos los sa<'ri- 
ticios que llcVa consigo el abandono de jiálHa, padres 
y parientes, y*^rnprendido unA navegación tanto -más 
penosa y ))eligrosas (Mianto mayor era la distancia 
t\\\p nrts sepaiJíl»;^. Xuoslr«»«^ deseos hubiei-an (piedad" 



EN COLOMIUA V (ENTRO-AMÉRICA 47 



jjlenameiite satisfechos si para descansar* de las fatigas 
de un tan largo viaje de 76 días, hubiéramos podido des- 
de luego empezarlos ejercicios de nuestra misión. Nues- 
tro único objeto, y Dios (pie })enetra los secretos más 
recónditos de los corazones conoce la sinceridad de 
nuestro lenguaje, nuestro único objeto era el ser útiles 
al país, consagrándonos exclusivamente á la educación 
de la juventud, al ministerio del pulpito y á los demás 
ministerios, propios de nuestro instituto, quei'iendo con 
eso socorrer v ayudar en cuanto nos fuera dado á esos 
obreros celosos que con tanto fruto trabajan en la y i ña 
del Señor, hasta morir, si necesario hubiera sido, en la 
demanda. La mayor gloria de Dios y el bien espiritual 
de las almas, tal era el único blanco de todas nuestras 
miras. 

La Divina Providencia, cuyos son todos los tiempos, 
parece contentarse por ahora con nuestra buena vo- 
luntad, y si durante los dos meses ([ue hemos perma- 
necido en la costa se ha dignado visitarnos con con- 
tinuas y graves enfermedades que han ari-astrado á 
algunos hasta el borde de la tumba, su bondad no ha 
permitido que ninguno falleciera-(*), ni que en medio de 
tantas penas y aflicciones á ninguno faltara el ánimo 
necesario para sobrellevar tantos males, si no con ale- 
gría, á lo menos con paciencia cristiana y religiosa. 



(*) La muerte del H. De Winter que quedó sepultado en Santo Tomás, 
fué posterior á la fecha de esta carta, en los días próximos á la vuelta. Este 
excelente religioso era de nación Belga, y hacía doce años que vivía en la 
Compañía en el continuo ejercicio de las virtudes propias de su estado y 
condición. Ansioso de padecer por Dios rogaba fl sus Superiores le destina- 
sen á las misiones extranjeras, y ofreciendo la oportunidad de la expedi- 
ción á Guatemala fué agregado á ella. Desde luego vio colmados sus fer- 
vientes deseos, pues durante toda la penosa travesía sufrió el mareo, y 
cuando al saltar á tierra pensaba descansar de aquel largo sufrimiento, el 
Señor le envió otro mayor. Apenas llegado á Santo Tomás asaltóle una 
fiebre perniciosa, que después de haberle mortificado durante dos meses, al 
tiu terminó por quitarle la vida. Murió con la muerte de los justos el día 8 
de Mayo de 1815 á la edad de 11 años. 



4'S LA COMPAÑÍA DE JESL'S 



Gloria sea por todo á la divina Majestad! yá A'V. EE. 
las gracias que les han tan justamente merecido el 
<elo en promover la obra del Señor, la constancia en 
sostenerla y la liberalidad eii adelantarla. Tan lierójca 
constancia en apoyar con todas sus fuerzas causa tan 
santa, que no es otra que la causa de la Religión, había 
sin duda sido parte para que VV. EE. Hayan incurridn 
en la animadversión de ciertos hombres que llevados 
de otro espíritu no gustan de las cosas de Dios, quienes 
ya de palabra, ya con obras, procurarán wngarse de la 
injuria que CFeen habérseles liecho. En tal cáso .acor- 
démonos de afjuellas (Consoladoras palabras que Jesu- 
cristo dirigía á sus discípulos, exhortándolos á padecei*: 
«Bienaventurados seréis cuando los homlíres (»s mal- 
dijeren y persiga i eren I y cuando -por causa mía dijeivn 
\(>(\() mal contra vosotros: alegraos entonces y rego- 
<'¡jaos, |)or(jue una irrnndf i*(»con)p«ví-' "- "-'m prcj)n- 
rada en el* cielo». 

\n navio belga acaba do llegar ó .5!M\nto ^omás \ - 
disjKMic á regresar d<*iitro de p<vos días |)a.rH Europa. 
Las úllinijis noticias recibiíhts de (luatemala dan á <o- 
nocíM* ílaramente ((U(* )nK*stro negocio está desauriadn 
\ ípic nada i'esultará de Jjuofio en nuestro favor, l.ii 
lales circunstancias creería tentar la ProNÍtlencin, si, 
dejando pasar ocasión tan favorable, me obstinara en 
no (puri-er alejarme de un lugar en el yual, ó excepción 
de uno soler, todos han j)QixI¡c1o la siiiud y las fuerzas, > 
ruya insaliibridad a<*a!i'(Nñfn la muerli» á algunos poi- 
poco (jue nuestra estancia se prolongara. • 

Pero, séanos permitido r\ declararlo: s¡»«fmndona- 
iiios un país'qué amaremos"- siempr»'. \ p-.i d cimI 
liemos |>or lanío -tienqx» sus))¡radu, es con el c<.n*a/.oii 
|)(Mieti-ado del más vive» dolor. Ah! ;(^(»n cuanto gozo de 
nuestras' alriih's hubi(''ramos expuesto pof tí, amada 
(luatemala, hasta nuesti-as j^-o pías vidas! M^s no* nos 
lia sido dad<^ \ivir\ morir en tu Seno, ni consuntirnos 

(MllrlMiiKMilc |»n|- rMiiíiiliMi- ','{ \\\ t'elirid.Ml. Mhs si d«' 



EN COLOMBIA Y CENTRO-AMÉRICA 40 

otro modo no podemos, á lo menos con súplicas ar- 
dientes al Señor, procuraremos continuar nuestra obra, 
y esperamos en la divina Majestad no se hará sordo á 
nuestros ruegos. Damos repetidas gracias á tantas per- 
sonas devotas que han intercedido por nosotros para 
con Dios, y á cuyas oraciones debemos acaso el ha- 
llarnos aún con vida. Perdonamos de todo corazón á 
todas aquellas que pOr ignorancia acaso, más bien fino 
por otros motivos, pudieran habernos hecho algún mal, 
y la sola venganza que meditamos contra ellos es pedir 
al Señor que se digne hacerles conocer la verdad y les 
comunique la fuerza necesaria para abrazarla y soste- 
nerla. 

Y por ñn, Señores, suplicamos encarecidamente á 
W. EE. se dignen no olvidarse de nosotros en sus ora- 
ciones; nosotros así lo prometemos de nuestra parte, y 
en particular el ({ue se repite por ahora y para todos 
los días de su vida 

De VV. EE. el más humilde y sincero S. 

P. J. Walle, P. Sup. Miss. Guat. 

(21 de Abi'il, 1845). 

Esta carta tan abundante en nobles y generosos sen- 
timientos fué publicada por el limo. Sr. Arzobispo al 
dar cuenta á sus diocesanos del último resultado de 
aquella negociación, que había traido tan agitados los 
ánimos y en la que al fin habían triunfado las intrigas 
liberales: su alocución concluía así: «Amados Dioce- 
cesanos: se han consumado las desgracias que tanto 
temíamos, y perdemos por ahora el gran bien y con- 
suelo que esta afligida Iglesia esperaba de los PP. de la 
(Compañía, tanto para la educación de la juventud, 
como para la predicación de la doctrina de Jesucristo. 
Entre tanto asía Nos como á vosotros, conviene apro- 
vecharnos de los O)nsejos con que procui-an enjuga i* 
nuestras lágrimas estos varones apostólicos, á cuyas 
oraciones debemos unir las nuestras- para que todos 



LA COMPAÑÍA DE JESl'S 



seamos escuchados por el Padre de las misericordias y 
Dios de toda consolación. ^lientras tanto el Gobierno 
había por fín presentado su informe al Congreso en 
sentido más bien favorable; pero concluye con estas 
jialabras: «En resumen^ el Gobierno opina que^ si no 
Iiay otras razones que él no alcanza, no hay inconve- 
niente en que los Jesuítas vengan individualmente al 
Estado á ejercer su instituto;... pero para erigirse en 
roniunidad, necesitan de que lu Bula de erección de 
esta, (querrían decir, restauración ó restablecimiento) 
obtenga el pase de dicho Gobierno y rjue sus estatutos 
sean, examinados...» J^emejantc infoi*me no fué ni con 
mucho del agrado del Congreso, puesto que no excluía 
completamente á'los Jps^itas déla República, como é^ 
íleseaba, pero ya do- antemano tenía de i'epucsto otros 
arbitrios. Tales cían hacerse presentar peticiones «lo 
iilgunas muni^-ijinlidades, ridiculas en «'1 fojido y en la 
íori>ia, y poi* dcmái^ inveroslmilejíi, contra hi admisión 
de íos.Jesuitas; y el informe do la Comisión del Con- 
greso, que (M-a un avigarrado conjiuito de todas las an- 
tiguas y modernas calnnuiias inventadas por los ene- 
migos déla Com4>añla. Estas fueron las htiBos sobre 
<(U(^ fimdáron fos consideranílos del dccíVJo íIc H ilc 
May<) (*) en (|ue se anulaba el d<' IJ de Julio de IH-i^í, en 
cuya viitud habían sido llamaflos Ids Jesuitas. Más 
adejuntc teaidrcmo^ ocasión de hablar de dicho decreto 
del íT), y ahora observaremos una casualidad que nos 
ha llamado lá atención, y es que todos los que auto- 
rizan con su lirnuí escdoeumeirto .son sustitutos y. no 
propietarios: en* vez del Pivsidente del Cojigrt»so lirnii» 
Félix Juárez, principal promotor de estas cuestiones \ 
íjuc poco tiempo después murió fusilado, rampoco 
tirma Carrera la ejecunitín del decreto, ni su, ministro 
Nájera sino sus respectivas -suplen les en el Ejercicio 
del poder Ejecutivo. Serio ^caso <|Up temieron manchar 



( ) VoRsc en el A|Ȏndicc IX. 



EN 1 <»LO.MIUA V i KMKtí-A.MKKH \ 



SU nombre con sennejante borrón y acarrearse la animad- 
^ersión de sus amigos y de todas las personas honra- 
das y sensatas!.. 

17) — No sabríamos decir si fué mayoría indignación '^.-Jua- 

• 1 •• - 1 u i ^ i' • . taindig- 

ó la vergüenza que causo el hecho que referimos en to- nación, 
das las personas capaces de hacerse cargo de aquel pa- 
so que acababan de dar á una el poder legislativo y el 
ejecutivo de Guatemala. El primero que levantó su voz 
de protesta fué el Sr. Pbro. Dr. D. Juan J. de Aycinena, 
((uien ya como Ministro de negodos eclesiásticos^ ya 
como presidente de la junta había intervenido oficial- 
mente más que nadie en el llamamiento de los Jesuitas. 
Este grande hombre gloria de Guatemala como eclesiás- 
tico, como político y como sabio, publicó un folleto dig- 
no de su erudición y de su pluma: en él al par que refie- 
re todos los trámites del llamamiento déla Compañía 
hace de ella un cumplido elogio; refuta de paso el segun- 
do considerando del decreto y á ciertos escritores igno- 
rantes que afirmaban estar vigente el Breve de Clemen- 
te XIV que la suprime y la Pragmática de Carlos III ([ue 
la expulsa de sus estados^ y protesta no haber tenido la 
menor parte en el proceder injusto é inhumano del ac- 
tual congreso. «Ni la fe pública^ dice (^), solemnemente 
empeñada en un decreto expedido con todas las formali- 
dades necesarias; ni el respeto debido á los principios 
más claros de justicia insertos en la declaración de 
nuestros derechos y en las leyes fundamentales de todos 
los pueblos cultos del mundo; ni la voluntad general 
demasiadamente explicada; ni en fin las justas reclama- 
ciones del .limo. Pastora quien está encomendado el ré- 
gimen espiritual de está grey^ íiada ha bastado para evi- 
ta i- los efectos deplorables de un golpe de mano (jue pri- 
vará^ según mi juicio y el de muchísimas personas sensa- 
tas, al país de inmensos beneficios, porque desde ahora 
s(* destituirá á las generaciones (pie van á seguirnos 



{'■'') Exposición que liaco al piiblico, etc.. pá«2;'s. 10 y 11 



52 LA COMPAÑÍA. DE JESÚS 



de un recurso positivo para ilustrarse, mejorar sus 
costumbres y salir de la triste y envilecida condición en 
que vivimos, no por otra causa que por la ignorancia 
lamentable que reina en todas partes... Este suceso va 
á dar idea de las doctrinas nada liberales y de los con- 
traprincipios que prevalecen actualmente en Guate- 
mala, y va también á servir de metro para calcular la 
confianza que puede ponerse en las leyes que se de- 
cretan en este Estado, y en la fe pública solemnemente 
comprometida en ellas. Preveo todo esto: me lleno de 
rubor al <;ou templa rio, ya ((ue no j&stá en mi mano, 
librar á mi patria del descrédito que va á cubrirla á los 
ojos de todos los hombres sensatos é impurciales que 
examinen el hecho y sus circunstancias, al menos me 
fjuedará la satisfacción de dejar en este escrito un tes- 
timonio auténtico de no haber bajo ningún concepto 
cooperado á la violación de un -compromiso que lie mi- 
rado siempre como sagrado...» 

Otro folleto de menores dimensiones, pero no de 
menor mérito (jue el anterior, se publicó' en af|.uellos 
mismos días: titulábase hIm verdad si>bre los Jesuítas», 
y tenía por .objeto combatir las necedades de fcieita pu- 
blicación lii)cral contra los FP. y«u acérrimo defensor, 
el limo. Sr. Ar/<>bispo, á (juien en ti*o otras cosas poi* el 
estilo ad\icite ((ue ula empresíi de Tcstablecer la (^.om- 
imñía de Jesús esti» prohiliida bajo jK»na de €fXcomun¡ón 
j)or Clemente XIV». Tales sandeces hijas de la igno- 
rancia, no merecían ciertamente los lu»nores de una 
refutación seria; sin emlwirgu más (|ue rebatir lil»el¡stas 
deseaba sin duda el autor ilustrar al pueblo y ponerlo 
en guaiflia ((Mitra la prensa liberaf siempiv falsa y 
calunniiadora, dándole á conocer la verdad y poniendo 
ante sus ojos los teslimonios dé los Síibios en favor dr 
h»s |»erseguidos Jesuitás. rl • nncepto qu<' <1< • II «^ - 
han formado gi-andes santos, la rstrmacion (|Uc <!<' 
ellos han tenidí» y los elogios que les han tributado 
lodos los Pontífices desde. Paulo III hasta Gregorio X\'K 



EN COLOMBIA V CENtRO-AMÉRICA 511 

sin rxreptiinr í'i Clomonto XIV. Ambos escritos fueron 
(•¡(M'tjunentc IVnctnosísinios^ jM)i'((ue desrle entonces fné 
ann más apreciada la Compañía cu Guatemala^ como 
se vio' siete anos más tarde^ cuando por fin lle^^aron los 
jn*i meros PP. 

IH) — Emlwircndos los PP. v Hermanos en Santo To- i'^'-Pf 

1 Af r ' ,. ,. .1 dicción 

mas. a i)rnicipios de Mayo, navegaron telizmente de re- d«.ipa- 
greso á Bélgica, y era cosa maravillosa, que á pesar de ¿re 
todo lo pasado, el P.Walle hablalja siempre de la vuelta 
de la Compañía á Guatemala como de cosa cierta: el 
quedar allí depositados los restos del H. De Winter, es 
señal de posesión de estas tierras, es un feliz augurio 
de mejores tiempos, decía á sus compañeros; así tomó 
])osesión de la. China San Francisco Javier. Al llegar á 
Amberes se estaba organizando la segunda expedición 
que iba á marchar á la Nueva Granada y marchó en 
efecto en Noviembre de aquel mismo año de 45. El 
P. Walle llamó al Procurador de ella, y entregándole 
muchos objetos de los ({ue él había acopiado para su 
Colegio de Guatemala: lleve V. esto, le dijo, que no 
tardará mucho en servir á sus dueños que son los de 
Guatemala. La exactitud con /¡ue se cumplió esta pre- 
dicción atestiguada muchas veces por el Procurador 
de quien hablamos, que era el P. Ignacio V. Assensí, 
á presencia de los dichos objetos y cuando el Colegio 
de Guatemala se hallaba pujante y floreciente, da á en- 
tender que aquel venerable religioso veía con luz su- 
perior los tiempos futuros, pues en aquellas circuns- 
tancias la previsión humana no era posible ({ue alcan- 
zara ni aun á conjeturar sucesos que no tuvieron lugar 
hasta siete años más tarde.- 

Fustrado, pues, este último esfuerzo de lo^ buenos 
para restaurar la Compañía en Guatemala, y podemos 
decir que era la tercera vez que se intentaba en la pri- 
mera mitad del siglo XIX, la esperanza se desvaneció 
en todos, y sólo quedaba viva pero oculta en ck)S pe- 
chos magnánimos, que á pesar de los vaivenes que 



•M LA COMPAÑÍA DK JEsjl 



íigitaron la República en aquellos próximos años, no 
descaecían: eran estos el Excmo. Sr. Arzobispo García 
Pelaez en Guatemala y el P. Waile en Bélgica (*). Vea- 
mas cómo preparó Dios los acontecimientos para el 
colmo final de sus deseos. 
i9.-Gua- 19^ — j.^1 oeneral Carrera continuaba su ojobierno, 

témala z .«. % \ ^•^ i-^ 

hasta niás no á toda satisfacción de los liberales^ á pesar de 
**'•'''• las condescendencias que, cómo apuntamos arriba, 
liabía usado en un principio con ellos: deseaban estos 
á toda costa un rambio com¡>leto en el sistema y en el 
j)orsonal de la admini>;tración. En Í^M estalló mía in- 
surrección en ias montañas de l'aleuí'ia, 1íJ-<mihI j»oco 
á poco fué creciendo y ext^Midiéndost» por otros puntos 
de la Hepúl>li<a, apoyada poi* (A partido (|ue hacía 
oposición íil •Gobierno: sr tiiudaron \Tii*jos periódicos 
redactados en sentido democrático para apoyar la in- 
surrección y contribuir á su triunfo. Mas queremos 
dejar la^palabra al ilustre escritor ]^. José Milln^ quien 
(Mi breves rhsgos no$^ Vlescrib» borrascosa 

(|ue ati'ovesó GuatíMiinla, d(»sde v\ año «le. i7 hasta el 
de 7A). «La torinenla, dice (^), aiuíMiazaba por todas 
[Mirles: no sólo trunaba cuerpo la re\olución de la uion- 
• taña y se ba<!u jnás y.iiWis audaz Ja opoj^ición al ge- 
neral Carrera, siu<^ í[U(* el Gobierno del vecino Estado 
del Salvador auxiliaba á los montañeses, simpatizaba 
con los j)eriódicos libélalos de la capital, y halagaba las 
propensiones de lo$ dascontento^ de los Altos que pre- 
tendían hacer otra voz de aquellos departamentos un 
estadí) independiente. En aíjuella diticilísima coyun- 
tura el Sr. Hatres (1). Luis) <le acuerdo con el Sr. Pa- 
\on so hizo cargo de lo Secretaría del Interior eorres- 
pondiend^ á la confianza del Pivsidcbte y los Señares 



[■■) Véasi' el inemoriiil del Sr. Canónigo D. José M. Casiilla diripdo al 
P. Ignacio Lerdo, y la <arta del P. Walle al M. IJ. P. General, on los Apón- 
dices X y XI. • 

[*"'') Uioo^rafia do P. M. ri-u».-- I'.i\.*n. III. 




EN COLOMBIA Y (JEN'r.BO- AMERICA 



NAjorn y Rodríguez aceptaron las Secrolarías de Ha- 
('¡(Mida y n^acionos exteriores, de la (fue hi/o renuncia 
el último y í[uedó \acante hasta que, el Sr. 1). Juaíjuín 
Duran se decidió en a({uellas difíciles circunstancias á 
apoyar al Gobierno aceptando c] ministei-io de ha- 
cienda, pasando el Sr. Nájera al de r(^.la(.*iones. 

I.a nueva administración, á la cual pued(^ decirse 
(pie j)ert(Miecía el Sr. Pavón, se esforzó cuanto era da- 
ble |)ara j)revenir los males (pie el espíritu inconside- 
rado de las div(^.rsas faccion(»s ([ue atacaban al (ro- 
biei'no debía necesariamente producii'. \']\ (leñera! 
('arí*(M*n disponía de niiMlios suticicnícs para síjtbcar 
(\sas faccioiu^s (pie instigadas jx)!* el (iol)iern() del Sal- 
vador se hal)ían leva.ntado en los campos y tenían su 
centro de acción en la Capital misma. Pero en. medio 
de los sangrientos y gloriosos combates en que triun- 
faba siempre, se descubría la resolución magnánima 
que había tomado de no imponer su ben(3fica autoridad 
por la fuerza y la violencia. Al mismo tiempo fine de- 
claraba estar resuelto á mantener intacto el poder pú- 
blico mientras estuviese en sus manos, acordaba la 
reunión de mía Asambleíi, que recibiese de él "este 
poder, á fin de abandonar honrosamente su patria, 
(pie parecía olvidar ó desconocer sus servicios. Los 
ministros apoyaban estos elevados y dignos sentimien- 
tos y sirvieron lealmente al General Carrera para \\c- 
varlos á efecto, auxiliados en todo por el Si*. Pavón, 
que aunque no desempeñaba cargo alguno público, 
concurría con sus consejos á vigorizar el Ministerio. 

En principios del mes de Agosto después de des- 
truir las fuerzas unidas de los montañeses y de los 
disidentes de los Altos, volvió el Presidente á la capital 
lleno de gloria y dejando aterrados á los enemigos por 
los prodigios de valor que había hecho en Patzum. 
Venía á cumplir su oferta de resignar el mando ante la 
Asamblea (jue del)ía reunirse y se reunió en efecto 
el día 15. Todos recuerdan cómo pasaron aquellos 



LA COMPAÑÍA DE JESUS 



iiotíjljles acontecimientos y cómo el Presidente fué más 
í^randé y más respetado de sus adversarios el día en 
que despojándose voluntariamente de su poder y de 
su fuerza, cautivó los corazones con la sencilla y bon- 
dad de su carácter personal^ y salió de su patria ro- 
deado de los homenajes de sus enemigos, cubierto so- 
lamente como con un escudo, €on su ilustre nombre... '> 
Este hecho, de cuya calificación nus abstenemos, es 
muy singular en la vida del General Carrera, y merece 
sin duda particular atención. Después de haber vencido y 
humillado á sus enemigos rebeldes y revolucionarios 
contra el Gobierno kgítimo, les brinda con el mando y 
ellos lo aceptan sip rubor. Sou ya clueños de la situa- 
ción^ tienen en sus manos Ja República, le iniponen • 
pesar siiyo sus instituciones y principios liberales, han 
logrado el colmo de sus ambiciosos deseos. VA hombi-e 
de cuya noble generosidad han i'^eeibido tan anhelada 
dádiva descansa tranquilo .sobi-e sus gloriosos laureles 
en la República Mejicana; cuando he acpu' (jue de re- 
])ente, sin causa ni razón alguna, sin el más lijero an- 
tecedente,, un solennic decretó del nuevo Gobierno de 
Guatemala le declara proscrito... I Pero es pi-ecisn \. i 
.•Kjuí la economía de la ProvideiKíia Divina. Había l)ins 
fleterminado conceder á aquella asendereada República 
una época de paz y libertad, y se vale de ios mismos 
desacierto^ del partido que causa sus desdic^ias. Ca- 
iiera (|u<í había dado re|»elidas pruebas <le estar muy 
lejos de la ambición de mandar y (jue no mucho tiempo 
antes había resignado volunlariamente el podci-, no sin 
manifestar antes muy (\ costa de. sus gratuito^ enemi- 
gos (pie sabía y podía conservarlo, si (pusiera (*), siéntese 
herido pública y oliciidmente en su honor y buen nom- 
bre y ci-ee un deber borrar aquella mancha con que 
injustamente se le denigraba. El proscrito deja su vo- 
luntario destierro, atraviesa s<ilo gran jíartr* de In 



(^*) Milla, Opúsculo untes citado. 




KK tOliOAUilA V (ENTRO- AMÉRICA, 

~ . ' ■•■'•. 

epúblicn, recoje sus antiguns y fióles tropos, s(? |)I'(\s(mi- 
ta á las puertas de la capital. Saldrán á opoiier.se á su 
j)aso los (|ue dictaron el decreto de proscripciónl... No^ 
(Mitra [)acíficamente en medio del júbilo^ de los vítores, 
del más ardoroso entusiasmo de foda Iíí ciudad. Seme- 
nté ovación tan espontánea era una solemne |)rotesta 
de Guatemala contra el liberalismo^ y una pública hu- 
millación para los seguidores de esta secta infernal, los 
cuales desde este dia quedaron tan abatidos, (jue en 
más de veinte años no osaron levantar cabeza. Cesa- 
ron/ pues, las disensiones civiles, las guerras intesti- 
nas, las revoluciones que desde la independencia traían 
agitado el país y no le permitían medrar ni des- 
arrollarse, ni constituirse de una manera estable, ni 
adquirir crédito público en el extranjet'o, ni adelantar 
bajo ningún concepto á pesar de la riqueza natural y 
de la industria y laboriosidad de sus habitantes. Esta- 
blecida la paz interior le fué muy fácil defenderse con- 
tra las agresiones de sus eternas émulas las Repúblicas 
limítrofes del Salvador y Honduras, y sus perpetuos 
triunfos contra sus enemigos exteriores, no sólo au- 
mentaban su preponderancia sobre las otras Repúblicas 
de Centro-América, sino que también contribuían á su 
engrandecimiento interior y á su buf^n n^ubre en el 
extranjero. 

Gobernaba la República el Excmo Sr. D. Mariano 
Paredes, hombre de muy sanas ideas y militar valiente 
y experimentado, rodeado de sus ministros y de un 
Consejo Consultivo nombrado por la última Asamblea, 
compuesto de personas distinguidas no sólo por su 
posición social, sino también por su prudencia, por su 
acreditada destreza en el manejo de los negocios pú- 
blicos, y por sus marcadas tendencias á la paz, al 
orden, á la religión. Como escudo de este buen Go- 
bierno figuraba Carrera nombrado General en jefe del 
ejército, encargado de la defensa é integridad del país. 
Inesperadamente recil)e el Sr. D. Manuel Francisco 



.t^, LA <.•O^JPA^'lA DE JF.JSU 



Pavon^ ministro de relaciones exteriores una comiinica- 
fión extraoficial del General Carrera con quien tratalia 
muy íntimamente^ en la cual le decía (*), que la ex- 
periencia le había hecho conocer quiénes eran sus 
verdaderos y falsos amigos; que puesto que estos, (los 
liberales) propalaban que su única hazaña gloriosa ora 
el haber alejado del país á los Jesuítas, él deducía que 
eradlo único en que había ol»rado mal; que por tanto le 
suplicaba trabajase con empeño por su vuelta, porque 
le parecía imposible gobernar aquellos pueblos des- 
moralizados sin ^1 auxilio (Je^'lí* religión;. (\ue tenía 
puestas sus esperanzas en los- Jesuitas píxr su celo \ 
aeti\i(bid, y d^ ni» ten(*r sus armas tales apoyos y coo- 
peíadíires en el sostenimiento tle* la paz iutenoV de la 
república^ pi^eferiría volver ú levanta^ la bandera Es- 
])añohi. Kste cambio de ideas de Carrera con respecto 
á los Jesuitas, de (|ue él se gloriaba entre las personas 
de su confianza y lo refería después 6 los mismos Pa- 
dres llenó de contento al Señor Pavón, porque le hacía 
renacer la esj)eranza i\(\ ver realizado uno de sus sue- 
ños más acariciados y ya- dos veces frustrados: el de 
tener por fin un Colegio de la Cnm^mñla en la CapHíiJ. 

Por otra parteelSr. Arzobispo, que^no ignoraba las 
disposieinnes de Carrera, vieiido la paz interior más só- 
lidamente asentada y (jue el |»ersonal del (iob¡ern(» cos- 
taba formado de personas odiefas sinecw mente • I i 
Compañ-fa/creyó ser aquella la oportunidad de volver á 
instar s(»brela venida tlr los PP. V.\ 7) fie Diciem'hre de 
lsr>() dirigió al Sr. l*residente Paredes uiui hermosa e\- 
imsición (**) que concluía con estas palabras: «Por tanto, 
Sefíor,á V.'E. suplico encarecidamente se sirva decía- 
la r en vigor el decretii de la Asamblea constituyente 
de ,'í de .ínli(^ do ISÜi (pie permitió (d ostablocimionto de 



(*) R. CAoores S. J. MS. latino de la Historia de la Misión de Guatemala. 
(**) Documentos relativos al establecimiento de la Compañía de Jesu8, en 
Guatemala, impre*;os pn lí^'1 V.-ko el Apri>rl?. o \U 




KiS COLOMBIA Y OEXTROAMÍIKR'A 



In (]()inj)añía de Jesiis en In Rcpúbliea^ y que se tengan 1S51 
])or ijiilas cuantas provirlcnrias ó decretos se dictaron el 
ano de 1845 pai*a estorbar la entrada al país de los Pa- 
dres Jesuítas». Esta exposición fué muy benévolaniente • 
.M(!Ogida por el Gobierno y sin demora trasladada al 
(lonsejo de Estado para su resolución. Mas be aquí una 
nueva causa de entorpecMniiento. En esos mismos días 
el Salvador y Honduras aliadas declara n la guerra á 
Guatemala y se disponen á invadii-la con poderoso c\jér- 
cito: y como era natural^ contrayendo la atención á lo 
más urgente,, los. demás negocios quedaron paralizados. 
IVro ya costaba en los decretos de Dios la felicidad y en- 
grandecinn'ento de Guatemala; y este nuevo contra- 
tiempo debía contribuii* á la realización de los divinos 
designios. En efecto^ el General Carrera con un redu- 
cido ejército tres veces menor que el de sus enemigos, 
pero decidido y bien disciplinado les da la. batalla en 
San José de la Arada y obtiene un triunfo tan completo 
que raya en lo prodigioso^ y en efecto^ así el jefe como 
sus soldados atribuyen toda aquella gloria á la especial 
protección de la Santísima Virgen^ cuyo favor invocaron 
bajo eb título díí la Candelaria, fiesta que celebraba la 
Iglesia en aquel día 2 de Fel)rero de 1851. 



20) — Al tocar va esta fecha en que se enlaza lo refe- 2o--i«5i. 

' " Kl P \Va- 

rido en la primera parte acerca de la Misión Neogradi-i¡e. Nue- 
na, con los principios de la existencia real de la Com-^'^^^^^*" 
pañía en la Nueva Guatemala^ no podemos menos de parr 
tributar nuestro homenaje de gratitud al R. P. Pedro *''**^ ^* 
J. Walle, quien^ si en realidad no era el destinado por pañía. 
Dios para llevar á feliz término aquella empresa de tan- 
ta gloria suya, fué en verdad el Precursor que preparó 
los caminos á sus hermanos. ((Yo felicito á V., escribía 
el Sr. Canónigo Castilla, en 1843, yo felicito á Y. por 
haber sido la causa de que se haya díido este decreto en 



GÜ LÁ COMPAÑÍA DE JE.Sl 



1851 favor de su Instituto, porque por su persona y trato se 
lian formado idea de todos los Jesuitas». De manera 
que en los designios de Dios fué el P. Walle el modelo 
de un hijo genuino de San Ignacio que debía renovar 
en la nueva capital la gratísima memoria de los anti- 
guos PP., y la dejó tan viva y fresca^ que á pesar fie 
tanto contratiempo, no pudo borrai*sedel corazón de k>s 
prohombres de Guatemala y al fin lograron triunfar y 
llevar á cabo su difícil empresa.* El P. Walle había na- 
cido en Poriping á 18 de Octubre de 1793. Hizo sus es- 
tudio^ de humanidades' en Gante y entró después ai Se- 
minario Mayor ])ara cursar las ciencias sagradas; mas 
j)ronto tuvo íjue dejar acjuel asilo, para cambiarlo con- 
(1 destierro. Fiel ú su Prelado reiiusó condescender con 
los injustos, .arbitrarios é impíos. capricJios* de Napo- 
león I, y le fué necesario vivii* por algún tiempo retira- 
do en el pueblecillo de W'esel, pero sin abaiulonar sus 
estudios eclcíijiíi^ítieos. Ordenado de sacerdote cuando 
ji penas tenía la, edad canónica^ desQosa de vida iin^s per- 
fecta entró en la Conípañía (k» Jesús poco antes resta- 
blecida, y comenzó su Noviciado en Gante o\A de Octu- 
bre de 1810, (-oncluyéndolo en Brujas. -Poct^^ años des- 
pués fué nombrado Rec-tor del Colegio de Friburgo, el 
(lud adípiii'ió gran fama bají^'su acei'lada dirección. 
\'olvió más larde á su j)rovinciade Bélgica y allí le ocu. 
jiaroaen leer Teología moral ^ los jóvenes Jesuítas. Poi- 
este tiempo ocurrió, la expedición' de lo ^naiogi^nda coló. 
}i¡a de Santo Tomás, para la cual fué nombrado, como 
hombre de singular celo y no menor prudencia: i*on 
(jué espíritu hc^ya recihido U\\ niisi^n |>uede colegirse 
(le lo que él mismo escribía al M- H. P. General:, «du- 
rantí^ la navegación, decía, procuramos apro\'Ocharnos 
de las circunstancias ¡wu-a hacer algún fruto; mas n<» 
luv'si do posible: mucho hornos sufrido viendo los males 
(pie S(^ hacían sin poder i*emediarlos, á c^iusa de tener 
(\\w luchar con la mala índole y peor corazón de la ma- 
\(H* j»;irt(^ de los colonos. Tales dis}M)S¡ciones de junte 



EN COLOMBIA Y CENTRO-AMÉKICA 61 

de esta gente no caml)ian y cada día teíiemos que de- 1851 
])lorar lamentables excesos: privaciones de todo gónei'o, 
taitas de respeto, menosprecios, mentiras, calumnias y 
hasta amenazas de muerte, lié a(juí nuestro p;n» ciToti- 
diano, mas ya estamos como habituados á él. Acuerdó- 
me de los diez leopardos del gran San Ignacio Mártir, 
que mientras mejor se les trataba, más fieros se hacían: 
el caso es el mismo, sólo (|ue éstos son en mayor núme- 
ro. Mas hemos venido acá no sólo á trabajar, sino tam- 
bién á padecer, y acaso más á, esto:... por lo mismo 
aseguro á V. P. (|ueá pesar de tantas' calamidades, 
nuestro áiiimo está muy lejos de abatirse^ antes goza- 
mos de paz, alegría y felicidad». Tales eran los senti- 
mientos de aquella grande alma. 

Ya hemos dado una idea del celo con que empren- 
dió^ y en cuanto estuvo de su parte llevó á cabo la fun- 
dación del Colegio de Guatemala, y los trabajos^ sin- 
sabores y sufrimientos que le originó. A su vuelta á 
Bélgica sólo sabemos que se ocupó sucesivamente en el 
Gobierno del Colegio de Alost y de las Residencias de 
Brujas, Contracema y Gante donde murió á la avanzada 
edad de 84 años el día de San Ignacio^ 31 de Julio de 
1877, dejando de sí gratísima memoria, como un verda- 
dero ejemplar de observancia religiosa y ardoroso celo 
})or la mayor gloria de Dios y salvación de las almas. 

Volviendo á nuestra historia, por aquellos' mismos 
días el limo. Sr. Arzobispo había recibido carta del 
P. Walle, Rector á la sazón del Colegio de Alost, en la 
cual, dándole noticia de la expulsión de la Nueva Gra- 
nada y permanencia de muchos de los PP. en Jamaica, 
le animaba á que, aprovechando aquella ocasión tan 
propicia, pidiera dos ó tres PP. que fueran á ejercer sus 
ministerios á la capital, y que las circunatancias dieta- 
lían lo que hubiera de hacerse más tarde. Pareció muy 
bien el consejo al venerable Pi-elado, y. apenas las cosas 
volvieron á su estado normal, se dirigió ni Gobierno 
l>or medio de la nota siguiente: 



(i2 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



1851 «Sr. Ministro: Con fecha 5 de Diciembre último ex- 
puse al Supremo Gobierno la necesidad en que esta- 
mos de que sea revocada la prohibición, para que los 
RR. PP. Jesuítas puedan venir á esta República de 
Guatemala, y siendo este un negocio grave y que pido 
/liscusióny considero que llevará los trámites que deben 
preceder á la resolución; mas entre tanto no quiero per- 
der la ocasión que se nos viene á las manos de llamar 
dos ó tres de los individuos de la Compañía de Jesús 
(jüe actualmente residen en Jamaica, no para que ven- 
gan en cuerpo de Comunidad, sino como particulares, 
á ejercer su ministerio y cubrir urgencias perentorias 
de esta diócesis para las que faltan ministros, sufriendo 
por su escasez muchas privaciones los pueblos y aun la 
capital misma. — Esa mi yeresl^un punto fácil ymaterií» 
cu íjuc el Supremo Gobierno no encontrará igual difi- 
cultad á la (juc se pulsa en la revocatoria de (|uc trat.i 
mi exposición anterior. — Pai*a proceder con toda sogu- 
lidad espero, Sr. Ministro, se sirva |>onerlo en conoci- 
miento fiel FAcmo. Sr. Presidente y coniun¡<*arnie el 
resultado (pie tenga esto asunto, para dar princ¡j»ion )n 
obra y tonnn- las providencias conducenles» (*). 

Bicnse ve que.d 'Qolxierno participaba del interés 
(Jüe en este negocio inan i festaba el coloso Pastor, porque 
nada más (jue al tercer dia, <*ontestó, «(pie no encon- 
traba inconveniente alguno en que se llamara los Pa- 
dres que necesitase para que cjercicseo él sagrado mi- 
nistoiio y en el número (pie lo creyese convon¡t»nt(\ 
\ ¡niondo en calidad do sacerdotes scculíiros. miíMitras 
so resolvía su admisión. romo Congregación, •• . m i j -• 
regular. Sin diMnoru el Sr. Arzob¡s|>o se dirige ui Vica- 
)io A])(»stól¡co (lo Jamaica (**) suplicándoh» int(M-p(Mig;i 
su valimiont(> para c(^n el Superior de los Jesuítas espa- 
ñoles allí i-esidentes, con el tin do que le envíen tr(»s 



(*) Documentos impresos arriba cundo» 



KS COLoAiniA Y CláNTKO-AMÉUICA {\'\ 



¡% 



Padres que vayan á ayudarle á cultivar aquel (íampo que 1851 
por falta de operarios se va convirtiendo en un erial es- 
téril: le asegura todas las garantías por parte de los 
gobernantes, la esperanza y casi seguridad de que en 
breve la Compañía será legalniente reconocida como 
corporación religiosa en Guatemala^ etc., y la actividad, 
del celoso Prelado y su conñanza de conseguir el cum- 
plimiento de sus deseos tanto más ardientes, cuanto 
más combatidos y dilatados, llegó á tal grado que aun 
antes de poder tener respuesta alguna, ya tenía comisio- 
nados en Belicc y Santo Tomás para que suministrasen 
á los PP. todo lo necesario y les ayudasen y protegiesen 
en su viaje por tierra: esta vez por tín no quedaron fa- 
llidas sus esperanzas. 

21) — Dejamos apuntado en la primera parte de este es- 2»-saien 
crito la situación en ([uo se hallaban los PP. expulsados ,„á¡ca 
de la Nueva Granada: respecto al Golegio habían salido losfun- 
frustradas todas las esperanzas que habían influido eudeíami- 
á. la resolución" tomada en un principio. Perseveraban aún "'^" ^*^ 
*•' cuatro o seis sujetos sni ocupación, y aunque había maia. 
peticiones para diversas repúblicas, todas ofrecían gra- 
ves dificultades, y ninguna tomaba cuerpo, digamos así; 
buenos deseos, pero ineficaces^ Así es que cuando llegó 
la petición formal de Guatemala, de la cual ya tenía no- 
ticias el P. Gil, pues habla de este asunto al P. Provin- 
cial en cartas de fecha anterior, la resolución no tardó 
en tomarse. El haber de ir sólo tres PP. y con el objeto 
de dar misiones y ejercitar toda clase de ministerios pu- 
i-amente espirituales no tenía ningún riesgo, ni les li- 
gaba con ningún compromiso para poderles llamar en 
caso de que las circunstancias obligaran á ello. Destinó 
pues, el P. Visitador para aquella misión á los PP. Joa- 
quin Freiré, LuisAmoros.y J. Joaquín Cotanilla, con 
los HH. Coadjutores Pablo Tirado y Juan Cenarruza- 
heitia, los cuales llenos de satisfacción y alegría, se em- 
barcaron en el vapor Conway con rumbo á Bel ¡ce el día 
10 de Mayo de 1851. P'l 17 fondearon en este puerto, y 



64 LA COMPAÑÍA DE JE8U 



1851 parece que Dios les encaminó allá para bien de muchas 
almas. Es Belice una colonia inglesa situada entre 
Guatemala y Yucatán en las costas del Atlántico, cuya 
capital y puerto del mismo nombre es muy comercial, 
y está habitada por gente de diversas naciones así euro- 
peas como americanas. Desde luego pudieron observar 
los PP. y no sin dolor^ que habiendo en la ciudad tres 
templos protestantes pertenecientes á diversos ritos, n<^ 
había ninguno católico, ni un sacei^dote que cuidara de 
ac|uella. numerosa y abandonada grey. Encontraron por 
otra parte muy buenas disposiciones de parte de algu- 
nos comerciantes ingleses que se ofrecían á cooperar 
para la construcción de un templo, con tal que se les 
diese párroco, que les administrara los Sacramentos. 
Sin pérdida de tifempool P. Freiré' dio cuenta al Vicario 
Apostólico de Jamaica, á cuya jurisdicción espiritual 
¡xM-tencce la (Bolonia, í(uie1i no tardó enviar uu P. de 
la í'.ompanía de loj? agregados al Vicariato, y éste con- 
siguió ed i ficítí*. un tcnlj)lo católico y dar principio á In 
Misión ([uc hasta hoy trabaja muy fructuosamente en el 
. jíueilo de Belice y todo su territorio. . * . 

i2.~En 22) — Pnosiguierpn los misioneros eK corlo tre<*hív de 
de nategnción (jue ¿ún lep' faltaba. oñiimnado- < n mi i 

izahai. (Toietn, que al día ' siguiente puso ante sus ojos los 
lí^stos de la malograda Colonia Belga de Santo Tomás, 
con su ca[)illa levantada porlos PP. Walle y Genón y 
algunas cosas más; todo caéi en completo abandono. 
Siguiendo [>or el líCrmosogiklfo de Aníati(|UO, romo en 
viaje de recreó, entraron en la pintoivsca ría, (jue unas 
veces sé estrecha como i>nr« dar lugar al viajero ñ que 
contem]>le \fi belleza de sus riberas cubiertas d^ variada 
y lozana vcjíMarión; otras Acces se ensani-ha en forma 
de p(Mpi(»rios golletes donde undan y revolotean mn- 
<li(Mlunibrc de aves acuáticas, has(a. ]»enotrar <mi «I - 
pariQso l«gl).dc kabal dónde desembocíUJ yaunidosdos 
( iuidnlosos rfosel Polochic y el Cahabon,con otros más 
I»(M(U(m'ios cuvas coi-rientes n<^ |)ermitcn (|ue las aguas 



EN COLOMMA Y. CENTRO-AMÉRICA 65 

del mar penetren hasta el lago^ do donde le lia venido 1851 
el nombre do Golfo dulce. Ansiosos estaban los Padres 
do tocar aquella tierra ([ue el Señor les señalaba como 
loatró de sus trabajos apostólicos, tierra qué siete años . 
autos había sido el objeto délos más Vi.vos deseos del 
coloso P. Wallo y sus compañeros; mas un incidente 
vino á turbar })or un momento la alegría común. No so 
les permite-' saltai'á' tierra,-, tal era la or"den del Coman- 
dante} del • Puerto,, seca, terminante, sin apelación. 
Asombracfos ([uodaron los misioneros con un accidento 
tan inoxporado que no sainan ox])licarso. ('ómo ora po- 
sible ((uo on MMuto días so Inibiora obrado otra nueva 
trastórmación política on a(juól j)aísf (lorroríaií la mis- 
ma suerte cpio la Misión Bolgaí^ Mientras agitados do 
<i([uoria primera ingratísimn'improsión discurren sobro 
lo que podía hal)or ocasionado a(juól violento cambio, 
ven que se desliza ligera on dirección al buque una lan- 
clia en la cual nota el pabellón nacional. Era el Coman- 
dante c|ue.se apresuraba á remediar su ligereza 6n el 
obrar. I".ste caballero acababa de tomar posesión de su 
destino y no tenía noticia sino del antiguo decreto del 
í5 en que se prohil)ía á los Jesuítas entrar á la Repúbb- 
ca; mas advertido por su secretario de la orden contra- 
ria del Gobierno que días antes había llegado, iba á 
darlos la debida satisfacción: y so la dio muy cumplida, 
pues llevándoles consigo en su propia lancha, les lios- 
p(Ml(') (MI su casa, los trat<') con ol mayoi* agasajo, y los 
proporcionó cuanto n(M'(^sital)an j)nra hacerles más 11o- 
\adoraslas inconiodidadí^s (|uo ocasiona un largo Niajc 
l)or tierra. 

23) — EK23 de Muyo emprendieron los viajeros la sa- ^s.-eh 
rio de ocho jornadas no largas ni diÍHíiles que tenían capttai 
fple hacer para llegai' á la capital. Al. cuarto ó (|uint(» 
día comenzaron á observar las huellas lastimosas y aun 
recientes de las guerras pasadas: campos talados, pue- 
blos incendiados, haciendas destruidas, tristeza y de- 
solación por todas aquellas antes alegres y feraces 



66 LA COMPAÑÍA DE JE.SL.S 



1851 campiñas^ y lo que aún era peor, restaban aún partidas 
de salteadores que vengaban en el caminante la persecu- 
ción que les hacían las tropas del Gobierno, y ésto fué 
causa de que los conductores de los PP. en vez do se- 
guir el camino real^ hicieran algunos rodeos, yxlesorien- 
taran á los amigos de la capital, que sólo sabían que 
habían salido de Izabal, pero no les era posible acertar 
con el día fijo de su llegada. En la tarde del 1." de Junio 
estaban ya en las Tapias, aldea no muy lejana á la ciu- 
dad, desde donde avisaron de su pi'óxima llegada al se- 
ñor Ministro D. Manuel F. Pavón. Gratísima fué la sor- 
])i-esa de este caballero amigo decidido de la Compañía, 
y sin mAé esperar, él mismo dá aviso al Sr. Provisor 
1). José María Barrutia, á D. Francisco Aguirrc y á cuan- 
tos pudo de. sus mismas ideas y afecciones^ y se dirigen 
al encuentro de los tan deseados Jesuítas. A^ caer la 
tai'de les enciKMitran (i las puertas de la ciudad, y en 
medio de aíjuel corto, j)ero escogidísimo jn-ompaña- 
miento llegan al Palacio dond*' el limo. Sr. Arzobis|)o, 
«I Sr. Deán Larrazabal, el Si-, i^unónigo Alfuro y otros 
miembros del Gahilcjo eclesiA¿l¡co y murhc»s señores Vh» 
las principales.familias los aguardal^aii ansiosos.de co- 
nocerlos y abrazarlos. jEl Venerable Prehulo^ en cuyo 
rostro se \eiot brillar la satisfaccióit y jtíbiló, no '(jurso 
(jue tuviei'an otro hospedaje <jue su |>ropio palacio, ni 
otra mesa que la suya, y á su lado les veníanos dyranlc 
tres meses, hasta (jiio él* mismo íes puso en posesión de 
sil Scminario/como; adelante vei-emos. Rii los (lías <s¡-^ 
guientes los PP. fueron el objeto de las atenciones de 
los j)ersonajes más conspicuos del Gobierno, del clero 
secular y regular y de* liu sinnúmero de peleonas dis- 
tinguidas por suá sanas ideas y posieit'm social. 
ai. !{.>- '2\) — Mienlr'as los in¡sloiien»s rfavcgaban de JiHii.iir,i 
murto á (iuatemala el (iobierno se ocupaba, en \entilar la 
^•'»^'^'- cuestión del restablecimiento del decreto 'del "ti de Juli<» 
del iS, para que la Compañía pudiese estnblecei-se 
fonio (•orpói'aci<'»n religiosii. l'.l ('on^pJM Hn l'^t.uJM h.-tbín 



RN COLOMBIA Y CENTRO-AMÉRICA 67 

' f 

nombrado una comisión de sii seno paj*n (|ue informase 1851 
sobro la representación del Prelado Metropolitano, y el 
15 de Mayo el Sr. D. Juan José Florez ñrmaba su infoV- 
me. Esté contenía tres partes:* en la primera trataba de 
\i\ utilidad del establecimiento de la Compañía en la Re- 
l)úl)l¡cn, (da cual^. decía,. es tan manifiesta, como es ne- 
cesaria para afianzar el orden público y hacer felices i\ 
los f)ueblos la enseñanza en materia de religión y mo- 
ral». En' la segunda desbarata punto por punto el infor- 
me (\\\e sirvió de base para anular el decreto de que se 
trota; y finalmente demuestra la ilegalidad del procedi- 
miento del Congreso del año de 45^ y su injusticia en vio- 
lar el derecho que asistía á los padres para entrar en la 
República: (dos que habían entrado^ dice, por el puerto 
de Santo Tomás, tenían derecho, de permanecer en la 
República; y el haberlos privado de él, fué un acto de 
injusticia que debe repararse». Por fin concluye así: 

up"n consecuencia de todo \q expuesto, la Comisión 
|)ro})one al Consejo se sirva consultar al Gobierno Su- 
|)remo: 

1.'^ Que el Supremo Gobierno i-establezca en su \igor 
y fuerza el decreto de 3 de Julio de 1843^ derogando el 
(¡ue expidió en 6 de Mayo de 1845. 

2." Uue se llame desde luego á los Regulares de la 
(Compañía de Jesús para que vengan á fundar un Cole- 
gio de su Instituto eíi esta ciudad. 

.')." Oue se nomlu'c también desde luego una conii- 
sion coiiipuesta de ])ei'sonas activas y del más acredita- 
do^ patriotismo, i)ara (jue disponga \ arregle todo lo 
concerniente á la venida dé'los PP., j)royecterarbítrios 
pecuniarios j)ara el mismo fin, y lo proponga al Go- 
bi(M*n<L 

í." Que el mismo Supremo Gobierno ponga en cono- 
cimiento de la Asamblea Constituyente en su primera 
reunión^ todo lo que se haya practicado en este negocio. 
Discutido detenidamente el informe, por fin en la se- 
sión del seis de Junio se acordó por unanimidad de voto.s 



68 LA COMPAÑÍA DE JESU.S 



1851 consultar al Gobierno que se expidiera el decreto de 
conformidad con el dictamen de la comisión, y se le re- 
comendase la publicación de dicho dictamen (*). El Se- 
cretario del Consejo D. José Milla, dio cuenta al Presi- 
dente en aquel mismo día de la resolución, y éste sin 
demora dio el decreto que vamos á copiar íntegro como 
que es el monumento del triunfo definitivo de la buena 
causa. Dice así: 

El Presidente de la República de Guatemala, 
Considerando: que por parte del M. R. Araobispo Me- 
tropolitano, se han dirigido al Gobierno diferentes e\- 
j)OSÍciones haciendopresonte la grande escasez de sacer- 
dotes que hay en la Diócesis para servir las Parroquias 
y sostener dignamente el culto y la enseñanza moro! 
y leligiosa, sin la cual no puede conservái-se la paz > 
bienestar de los pueblos, y solicitando, n fin- do ocuirii- 
ñ tan graves necesidade;^, el p<Miniso do ll.im.u- ;i Ins 
PP. de la Compañía de Jesús: 

Ouc ni mismo tiempo se hun ixícibido iguales . \- 
<ilntÍNas del GcMicral en jefe del («jércilo, encargado <lc 
la paciticación y de l-i «IrfriisM é ¡ntoiiiidjMl drl territorio 
de la República: 

Que desde antes* se habíu expresado ^)ov el venij- 
rabie Deán y Cabildo y otras corporac¡r»nes respeta blo>; 
leligiosas y civiles y |>or gran númein de pgi*sonas el 
deseo de que fuesen llamados los RR. PP. de la Com- 
pañía para que ejerzan sit mi nislerip, • empleando 6u 
conocido celó en el servicio de nuestra santa i*eligión, 
en la predicac¡<'»n de sn di\¡n;i inor.d v en la ensrñan/.a 
de la juventud: 



(*) Foruiabau el Coiwejo de Estado los Sre». NDiilstros D. Pedro N. Arria 
ga, D. José NAjera y D. Manuel F. l'avon, y los Consejeros I). Juan Mntheu, 
Presidente, D. Juau J. Flores, D. Camilo Hidalgo, D. Lui» Batres y D. José 
Coloma. Pero ademAs fueron citados para que dieran su voto en este asunt^^ 
particular, los Sres. D. José María Urruela y D. Pedro Ayclnena. 



ÍÍN COLOMBIA Y CBNTHO-A.MÉKICA 69 

r.on presénclíi d(» lo (\\w oii líis naciones más mitas 1851 
V (M\il¡/ndas se pi'iíctica, ilaiiu'iiidosci (;oii empeño á es- 
tos celosos sacerdotes que en todas épocas han servido 
á la Iglesia é ilustrado á la humanidad^ sufriendo por 
ello toda clase de persecuciones, en que han cifrado su 
.üloria. 

Atendiendo })rincipalmente á que, terminada la güe- 
ña t[ii{' tantos males ha causado, no será posible afian- 
zar la paz y mantener la concordia sin la ayuda d(* 
misioneros que se dediquen á suavizar las costumbres 
y difundir la doctrina cristiana entre los habitantes del 
campo que reclaman con ardor asistencia y auxilio de 
sacerdotes, sin que pueda atenderse á esta necesidad 
por escasez de clero: 

Con'el ñn de proveer á ella en todos los pueblos de 
la República y de que se aíiance la paz, él orden \ 
bienestar* general, para cuyos objetos el Gobierno debe 
adoptar sin limitación alguna las medidas que estime 
convenientes^ según la autorización de que por la ley se 
halla investido: 

De conformidad con el parecer unánime del Con- 
sejo consultivo y dictamen de los ministros, ha tenido 
á bien decretar y 

DECRF/rA 

Art. 1." Los WH. PP. de la Compañía de Jesús pue- 
den (MI \irtud de (^ste decreto, establecerse perpetua- 
mente (MI (^sta capital y demás poblaciones de la Re- 
})ública, y formar en elUis sus easas y colegios |)ai-a <d 
ejercicio de su instituto. 

Art. 2." E]l. M. R. Arzobispo queda desde luego 
autorizado para llamar á dichos Religiosos entendién- 
dose para ello con sus prelados respectivos y contando 
como debe contar, con toda la protección del Gobierno 
para que tengan efecto sus disposiciones. 

Art. 3." En consecuencia del presente decreto, dic- 
tado en virtud de la extraordinaria autorización que 



íO LA compañía L»E JE.>L.n 



1851 ejerce el Gobierno, quedan sin efecto \ del todo insub- 
sistentes cualesquiera otras disposiciones que en con- 
trario se hubiesen ex})edido por cualquier autoridad, y 
con él se dará cuenta n la Asa-mblea -en su próxima 
i-eunión. 

Dado o\] (\\\ñ\rmí\]i\ ;'i 7 di' Junio de 1851. 

Marta 710 Paredes. 

Los recién llegados misioneros tuvieron el consuido 
de verse ya reconocidos como corporación reli^íiosa, y 
con las puertas de par err por pnra (|ue pudiesen .entrar 
por ollas cuantos quisieran de Sus horma nos^ nada 
más qu(» seis días después d(^ su Meírada, jyrracias á la 
actividad del Sr. . Ar/ol>ispo (rar<-ía Pelae/, \erdadero 
padre l^e la Cqnipauía* hasta (juV»murló/y al decidido 
ratojicismó de ios pei>»Oíiajes que conipom'an entonr(»s 
(I Supremo Gobierno civil y militar de la RejmbJica. Y 
para dejar ya cguipleta la narración del estableci- 
miento legal de .lü (^-íínipanía en Guatemala, aunque 
hoyamos de adelantarnos alí?uni»s días ol orden délos 
sucesos, i*efer¡ remos aquí lo acaecid'o'oit la Asamblea. 
Ueuniósí^ esta en el ujes de Agc^sto. \ como es íle ley, el 
Presidente 'Pnreíles dio cuentn lierarro C.ouííres»» 

d(» todo^ \o^ lu'i^^ uu'is ¡nqíorljintes de $ii Gobiehio. Al 
Ih^gai* al asunto de hSs .lesuitas'sí^ (expresaba así:... «Ks 
oc;is¡ón.d<* manilesli^r á la .Vsambli'a el convencimiento 
en (juo está el (loftienKJ da que ps preciso dar á lod<» lo 
ipic dice relación al culto y á la euí^iM'ian/a moral y r<- 
li*íiosa, una atención pn^t'erenle, j)orque sin esto n«» 
puede esjíerarse en nuestros pueblos ni orden, ni civi- 
lización, y mucho menos el -íju^ haya paz y una com- 
pleta seguridad. Portan interesanles* motivos y porque 
además es un deber de los Gobiernos el obrar con- 
tórme á los deso<^s de la mayoría de los puebjos (pie 
rigen, expedí un decreto permitiilido él establecimiento 
de la Compania de Jesús en la He|>úbl¡ca,"ouya medida 
es del toflo contornie con la ípic adoptó la .\<Mnil»lca 



EN COLOMBIA V ( K.NTItO- \Mh:K IIA 71 

í^.onslituyente en el año de mil ochocientos cuarenta y 1851 
tres, por una votación raras veces vista en los cuerpos 
coleo-indos, y á petición de las más respetahles corpo- 
me iones del país, así e<desiásticas como civiles. lV>r 
mi parte, señores, estoy muy satisfecho de olla y lh?no 
(\o esperanzas en cuanto á sus benéficos resultados en 
fjivor del hien de los pueblos y del adelantamiento de la 
rducneión de nuestra juventud, en que consisten las 
(.'spcran/as de la pati'ia, y así no dudo (fue merecer;'» 
\ uestra ilustrada ai)robación)). Y la mereció en efecto, 
j)Ues discutido est(í pinito, como todos los demás del 
informe, \iniendo á la votaci(')ii, en tan numerosa 
asambh^a, s(')lo tuv(j en eontrn cuatro insignií1cant(*s 
\otos ('''). Quedó, pues, confirmado el decr(^to del Pr(*- 
sideiite Pnredes: pero no es esto sólo:, quedó también 
asegurada la existencia de la (Compañía por dos actos 
importantísimos de aquel respetable cuerjio, los cuales 
la afectaban dii'ectamente. Fué el primero la Constitución 
que di<'> al i)aís, netamente católica, como lo era su prin- 
cipal autor el Sr. D. Manuel Francisco Pavón, y como 
lo era la inmensa mayoría de los Diputados. El se- 
gundo fué haber elegido por sucesor de Paredes al Ge- 
neral Carrera, quien, como hemos visto, influyó pode- 
rosamente en el restablecimiento legal de la Compañía, 
y })roclamado poco después Presidente perpetuo, la 
amó entrañablemente y la favoreció durante los quince 
nños f|ue le restaron de \ ¡da y de mando. 



(*j Decimos que esos cuatro votos fueron insig-nificantes, porque tres ¿i lo 
menos de las personas que los dieron no parecen haber obrado según sus con- 
vicciones. El uno de ellos (D. Manuel Ubico) lo había dado favorable en 1840, 
en circunstancias en que algo podían los liberales. Otros dos(D. Juan Fran- 
cisco Urruela y D.Mariano Padilla) fueron de los primeros en poner á sus hijos 
en el Colegio dirigido por los Jesuítas. El cuarto (D. Miguel G. Granados) 
liberal exaltadísimo, nunca transigió ni con el Gobierno católico, ni con los 
Jesuítas, á, quienes arrojó de la República el 1871, apenas derrocó el Go- 
bierno legítimo á fuerza de traiciones é intrigas. La sombra terrible de Ca- 
rrera fué la que tuvo encadenado á este monstruo durante veinte años. 



i2 l.A C'O.MPANiA 1)K .li:.Sl > 

1851 25) — Volviendo ahora á nuestros misioneros^ lialki- 
25.-MÍ- pomos que en todo el mes de Junio no pudieron apenas 

síón en / i i ■ i i 

la ílnrse a conocei- al ])uelHo, por aguardar su completo 
Catedral. pQgfg}^]oei miento (le las calenturas que suelen acomet<M 
á los que se detienen en las costas del Atlántico^ y sol*» 
habían dejado incólume al P. ('otanilla. Reparadas l.i- 
fuerzas de los operarios^ se determinó dar principio ;i 
los trabajos apostólicos por una misión que debía daisc 
en la Catedral. Es este un tem})lo hermosísimo y (\e 
grandes dimensiones: consta de cinco espaciosas naves: 
Ins hcs centi-ajes tienen unas cien varns do largo ó alg(» 
nií'is: liis dos (^xtrcnins están cortad;i^ |h.i- <1«»^ gr.in«li'^ 
<*npillas.(pic forman rl crucero; la dcrccIiM es la l*arr<>- 
(piia del Sagrnrio; en Iji i/(jui<M*da se <Ií'i culto á la miln- 
grosa imiig(^n de Xuesti-.i Señora d(*l Socorro), per|>étn.i 
companeríi <!(' 1<>- ( iii;ilemalte<T»s desde .(iif lundaroii 
su primerü cnpital^ y sahada casi milagrosfnncnle d.' 
la inundación. Todo el templo es de estilo griego corin- 
tio: bajo su esbelta cúpula se destaca un bellísinK» 
templete de mái-mol l)lanco, de exquisito gusto, trabaj.- 
[)ri moroso del arte belga, y <mi el áliside de la uun»' 
principal el coro cuya sillei-ía es de tinísima caoba. \\\ 
Sr. Larrazabal, por el gran conocimiento que teni.i 
del estado de In población, temía murho la fall.i de 
concurso, la cunl se» haría notar nnadio nn'is en un 
tem[)lo tan espacioso; p<H'(pi(^ en efecto, tanto se habín 
trabajado en destruir la ndigión desde el año 20, tantji- 
habían sido las azarosas vicisitudes poiHjüe había pas.i- 
do el país, tan escnso el cultivo esj)iiMtual, (jue si no sr 
había llegado á })(M'dei* la fe, .se había amortiguad»» 
mucho; una gran frialdad se haln'a apodeíado de» !«•- 
eora/on(*s, la eoi'i'njK-¡('>n <'(Misiguiente <l<' •■..stund>rr> 
(^stabn g(Mier«il¡znda; muchos hnbía <pn' se a\ergnnzn- 
ban no sólo de tratai* c<mi los sacerd(»fes, sino aun de 
(Mitrnr en las Igiesins. Mste estndo de indiíei-eneia era lo 
(jue hacííi incliniíi'se ,-il j)rndent(^ Deán .i < , .|||(»n/nr .' 
ídrner l;ig(Mite poco á poco y sin el a}>aríito <jii. 




La Catedral de Guatemala. 



lA ( nl.OMHlA Y rKM'IM» \ M I l I ^ \ V.í 

teui])l() ll('\ah;i consigo; mi- prevaleció el parecer 1851 
coiiti'nrio, \ Dios s(í íü^ik) ImmmIccíi'Io. K1 10 de Jii]ií> s<* 
.iln'ií» \¡\ y\\s\(')\) eoM oi'{iM concurso, ncnso jxM-ípic i'vn 
uiniidc t;inil)icn la ciiriosifUnl de, rrir á íupiellos liornhros 
;i (piiíMics se linhíii |)inlndo un tíintc) misteriosos, \ 
li.ihínn sido (d ohjcto de lindins niny reñidas cntfc 
cal(')licos y lil)(M*al(\s, ya pni- la prensa, ya fie palaln-a, 
(MI las liM'tulias y en las í^esioiies del Congreso: Ja .asis- 
tencia pri^sididíi sieni])re por (d limo. Prelado, rahildo 
y clero, llegó á tal grodo, ([ue ya. el vasto templo no era 
suficiente para eont(»nerla: los huenos go/ahan n «pieda- 
han pasmados de a(picl no \ islo espectácnlo: 1. 
p(^sar de esto, como (pie ai'm no conocían r\ tei'reno (juc 
comen/aban n cnltivar^ no estahan satisteelios, poi'que 
no obsei'vahüii iiran conVnrso á,lós confesonarios en 
acpiellos unsmos días; pe.ro si es cierto ípie la' comnni<'>n 
d(d día de Santiago en (|ii(^S(^ ceriV) la misión no <'or res- 
pondió al concnrsíj^ hubieron de ,conlesar (pKM'st.i iim 
fué más que un principio, pprí|ue las confesión 
tinuaron eii gi'an lu'unero por mudio tiempo \ aun 
puede decirse que de atjuí lojuó origen la frecuencia de 
sacramentos que desde entonces sienqn'e fué en aumen- 
to. (cEs lo (:?ierto, escribía el P. Freiré^ í(uc los frutos de 
la misión no pueden Jlamai'se escalos, porque desde 
entonces no cesaron de allegarse al confesonario peni- 
tentes de muchos años/ y con gran necesidad de ali- 
viarse del peso que los oprimía, mejorando en concepto 
de muchos el estado lamentable de las costumbres, 
pero con la leiilifiid nec(^s;ir¡a á lo invet(M*ado de los 
vicios..." 

2G) — Después de la misión clamor y.entusiasmo por^-**'''^*- 
l(>s ministerios de la Compañía tomó mayor extensión é «.iinia- 
iiicremento en el pueblo, y á esto creemos que contri- «*<*• 
i)nía no poco las demostraciones de deferencÍA que 
lecibía á cada paso de, los personajes más calificados 
de todas las clases sociales. Referiremos un solo rasgo. 
Ocupados los PP. durante todo el mes de Julio en faenas 



74 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



1851 apostólicas^ y considerándose todavía como huéspedes, 
veían acercarse el día de San Ignacio resignados á dejar 
pasar aquel año sin tributarle los solemnes cultos dt» 
costumbre; nias los PP. Filipenses siempre y en ioáa^ 
j»artes unidos á los Jesuítas con lazos de s¡ncerísim<» 
arnór y amistad, como viyier<>n en Roma los dos Santos 
Patriarcas^ lo teníai) todo dispuesto p^ra celebrar aqu'el la 
solemnid(id con insólita jx>mpa. Ellos habfan adornadr» 
niíígn ¡ticamente su Iglesia, habían invitado fi los prela- 
dos de las órdenes religiosas y otros personajes ecle- 
siásticos y .regulareis, y él muy ilüstiti Sj*. Provisor.pro- 
nunció el panegírico con la unciói) santa qué tanto \o 
raracterizaba, y con la novedad á que daban lugar las 
rir<-unstancias. A la solemnidad sagiada siguió un <*on- 
vite de familia, eü que era dé vei^e* la cordialidad con 
que alternaban los . Ministros del Gobierno ' y otros 
caballei^os tan calificados como los Bati-es, Aycinenas, 
etc.,. no sólo c<Hi el Sr. Deán, Provisoí- y otros miem- 
bros del venerable caluldo^ sino también «mm los hu- 
mildes hijos de Saíj Ignacio y San Felipe Neri. C.omen- 
zaba aqmdla éj»oca de unión y de concordia en (pie 
el Kstado anq»araba y protegía á la fgh^sin v la Iglesia 
apoyaba y luicía rcspetiir al Estad» »mitiretnos 

aquí otro rasgo dealiiistad y fíne/a eun que los Padres 
fiel Oíatoi'io obligaron más la gratitud de los de la 
(Iom|)anía: conser\aban aquellos niin hci'mosísimn es- 
tatua de*San Ignacio que antes d« \pulsión liabía 
pertenecido á los J^esuitas de la Atttigua Guatemala: 
además, á ellos tocaba por turno el Jubileo circular dr 
las 40 horas (*) en cuyo término cíila la festividad dr 

(*) Desdo el año de 17.'W estaba eoneedido A (luateinala el .Iut)ileo per- 
petuo de 40 horas, para eiiya celebración se iban turnando ioda8 las I^le- 
Hias de la eiiidad, lo mismo on la Antigua (jue en la nueva, y la distribueión 
está hecha de manera que uno ó más de los turnos que corresponde A cada 
Ig^lesia caiga en los días de sus tiestas particulares. Sin duda, pues, á la Igle- 
sia de la Compañía en la Antigrua Guatemala tocaba uno de sus turnos el 
día de San Ignacio dé Loyola. 



KN tlOLOMBtA V CBNTRO-^MKHUA 



San Igiuu'io, í'iKíi'a (jiic lo Imhiei'nii tomnílo (i su cnrfi^o lHr»l 

(les(i(^ la (expulsión (\r los JcSiiitas, ó (jiic les lml)iora 

tocado 011 la (listi-ilMicii'ai hecha cu la iiucva (lapital. 

Lnc«^-o ((iKi lo^ -PP. «le I;» (lonijíariía ln\¡ci'oii Iglesia 

jH'opia, los del (h'alorio liivieron la lirie/.a de devol- 

\(M*les la estatua d(? su santo í'undadoi-, y cfai fila el de- 

iMM'ho ol Jubileo, .solemii¡da(J (|ue no |»uedo menos de 

dar inayoi* realce y explendoi- al cidto. Talos eran his 

muestras de deiei*eneia (|U<^ d(^sde los ¡U'inieros días eo- 

ni(M»/ü á reeibir la (iOnipanía, así del clero como de la 

aristocracia y pueblo He Guatemola, y como veremos, 

h^jos (\r i*(»st"riai's(* con los Jifios, fué siempre ími aumento 

hasta (*1 tln. 

:27) — Mientras tant<.> el Sr. Ar/obis|>o, en cuuípli- -"•■•^'''•- 

miento del decreto del Gobierno, había ya organizado óa*a 

mía Junta compuesta del Sr. Deán, del Sr. Provisor v p-""* '"' 
' . ^ • PP. Kl 

de los Sres. )).. Mariano Aycinena^ I). Luis Batres y Bt-mi- 

I). José Goloma, para tratar del completo establecimien- ""'■^*'- 
to de la Gompafn'a. Ksta ¡unta desd(» luego formó un 
plan iriM»ali/nble en aquellas cii'cunstancias, en (|úe las 
fa un lias más ricas comenzaban a|»enas á reponerse de 
las pérdidas que las guerras pasadas les habían. origi- 
nado á todos en mayor ó menor escala. Tratábase de 
comprar el antiguo convento de San Agustín, vendidí» 
por Morazan, como tantos otros bi(»nes (eclesiásticos, \ 
entonces convertido en -mesón \ harto ruinoso lo misnio 
(pie la iglesia. Se necesitaban, según cálculos,* j)ara la 
compra del editicio, reparaciones y modificaciones, de 
15 á 20.000 pesos^ no contando por de pronto más que 
con li.OOO, (pie había pro(Jucido la suscríción abierta 
con tal objeto. No se acobardaban por ésto aquelb^s ce- 
losos sujetos, antes seguían en su empefio con increíble 
celo; pei'o no era ese el camino que Dios tenía trazodo, 
y fácilmente se puede barruntar que iíl gr. Arzobispo, 
aunque dejaba hacer, abrigaba en sus adentros otros 
¡)lanes que su |>rudencia no le permitía decUir(U' hasta 
«pie tlegara el momouto Oportuno. Xo tardó este en 



<6 LA compañía de JE.sL'S 



1851 presentarse. El Sumo Pontífice Pío IX acababa de erigir 
una nueva Diócesis en Centro América, ,1a de Costa 
Hica^ y para esta Sede Episcopal había sido propuesto 
r] Pl)ro. D. Anselmo Llórente, Rector del Seminario de 
Guatemala^ y de todo este asunto, como era natural, 
estaba muy enterado el Sr.- Arzobispo. Hacia* fines de 
Agosto^ cuando con más í'alor se trabajaba pov propor- 
cionar una buena Iglesia y casíi á los PP., llegan las 
bulas para- el nuevo Obispo de Costa Rica, y en conse- 
cuencia .el Seminario queda sin Rector/ y en coacepto 
del Sr. Arzobispo, sin esperanza *de tenerlo, porque, si 
no faltaban en el clei-o algunas personas capaces de 
(lí^sciiijx'ñar cargo tan delicaílo, éstjís se hallaban des- 
Hmpeñando otros de no meiTor importancia'.* L«s ( ir- 
cunstancías en este puntó eran nprémiaiites, pero ya el 
venerable y celoso prelado había roncebido í=;u plan 
para salir de ellas y no de una manera provisional, j^ino 
constante, y logrando al mismo tienipQ 4a qué tan tn 
deseaba, la reforma, el acrecentamiento, la buena' edu- 
cación religiosa y científica del clero desde su tierna 
cílnd. 1^1 plan <'onsistía en entregar elSeminario á la 
dirocción* d(j la Compañía. A la primera insinuación 
hecha al P. Freiré, óste desdi» luego trató de hacer vei' 
á Su Señoi'ía las dificultades que saltaban más á la vis- 
ta, como eran la impu¿iibilidad de hacersíí <*argo de un 
Colegio, tal rohio .los-que suele dirigir la. Compañía, 
sólo tres PP. y el haber de abandonar los ministeiii>s 
(le púlj)¡to y r/>nfesionario i^n-quí* 4on .tanto fruto \(Mn'an 
oeuj)ándose dos meses hacía. Poca inq)resión |H*oduje- 
ronal'Prclado. aquellos dos jnconyenlentes, y eonjinpó 
ui'giiMido con toda la. fuerza de i:azones que le di<'tal>a la 
necosidaíl \ el r(»h> (^). El IV Freiré erevendo «pie iin 



(*) He aquí la nota última que había dirigido el P. Freiré: Ya he sig^niti- 
cada con bastante claridad al K. P. Visitador Manuel Oil la necesidad que 
hay y el deseo que ella me inspira de encomendar A V. K. y sua dignos 
compañeros la enseñanza y dirección del Seminario de esta Diócesis. En 
otras circunstancias seria indispensabb» aguardar la respuesta: per«» en las 



ION COLOMBIA Y CíJNTRO-AMÉRK A 77 



(lohíji coütradecii' mus ú ini Fi'í^lado (|U(' hmto liubín 1851 
ti'íihíijado poi* t(Mioi- á los PP. á su lado, (\\w una vez 
obtenido, les dis})ensal)a el amor de un tierno [)adre, que 
había ya escrito pidiendo aún más operarios, y queden 
realidad se hallaba en urgente necesidad en un negocio 
d(» mucha gloria de Dios, le dirigió una" nota en que le 
ponía en claro las razones c[ue militaban- en pro y en 
contra de su proyecto^ concluyendo con estás palabras: 
«Si en el ánimo de V. S. 1/ pesasen más las razones en 
pro de su primera determinación, nosotros/ atendiendo 
á que Dios hablará, como acostumbra^ por su boca^ yá 
quQ el R. P. Visitador sólo dice que hasta dentro de un 
afio no le parece posible Colegio /brmaZ^ inclinaremos la 
cabeza^ y haremos el sacrificio de tomar tan pesada carga, 
aunque con jas condiciones siguientes que no (Jejarán 
de parecer justas á la prudencia de su S. I.» Estas con- 
diciones eran cuatro^ 1/ que la aceptación sei'ía interi- 
na hasta la ratificación del P. Visitador; 2/ <{ue por de 
|)ronto sólo'sé hniMan cargo de la dirección espiritual y 
de la disciplina interioi*, dejando la enseñanza á cargo 
de otros profesores; 3/ que se hicieran en el Colegio las 
modificaciones convenientes para la seguridad de la 
moralidad y. del orden; 4/ que de los antiguos alumnos 
sólo ([uedasen los que aún no tuviesen catorce anos. 
Muy eíjuitativas é indispensables para la. completa re- 
forma del Seminario pai-ecieron al Sr. Arzobispo es- 
tas condiciones^ aunque la última no dejaría de ofre- 
cer sus difícultades 011 la práctica: res])ect'o do Ins 



presentes, estando próxima la consag-ración del limo. Sr. 1). Anselmo Lló- 
rente, actual rector del Colegio que ha sido electo para la Mitra de Costa 
Rica, y debiendo partir á su destino, el proyecto indicado es ya una necesi- 
dad del momento ((ue no admite demora. Eu cuya virtud espero del acredi- 
tado celo de VV. KR. se harán cargo de la dirección del Seminario que desde 
luego confio y recomiendo h su prudencia, suplicándoles se sirvan allanar 
cualquiera dificultad que se presente, entre tanto vienen otros PP. que se 
han pedido para esta Diócesis.— Dios Nuestro Señor guarde, etc. 

r'rancisco, Arzobispo, de Guatemala. 



78 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



1851 dos primeras^ era tal la confianza que tenía de que ha- 
bían de venir mayor número de PP. que podríamos 
asegurar que ni aun se íijó en ellas, y a^í desde luego 
dirigió una Nota, oficial al P. Freiré enti*egándole la 
dirección del Seminario, aen la formn que se expi-asa 
en los cuatro artículos ó condiciones últimas de la con- 
testación»^ como decía, literalmente el oficio. Y porque 
se vea con cuánta actividad y eficacia procedía ^1 Ilus- 
trísimo Prelado, y con cuánta deferencia atendía á las 
insinuaciones de los PP., copiaj*emps aquí la Nota que 
con la misma fecha de la anterior dirigió a\ Jlmo. Señor 
Llórente. Dice así: Señor: en .está fecha he proveidc/ el 
Auto íjue literalmente dice: Deseando emplear toda la 
energía de nuestro celo en la. exacta preptü-ación del 
clero joven: (sájno tanftoBOsio encarga Ntvo. Santísimo 
\\ el >sV..Pío IX en su Encíclica de 28 de Mayo de 1847 
y quei'iendo (|ue s(? le inspire en hi edad de la tierna 
adolescencia el gusto á \n piedad, y a uiia sólida virtud, 
\ (juc'á vi§to líUeí^ha -< I- vaya i nielando' eVi. el estiulio 
íle las íetras, en Ja práctica de una sevei-a disriplina y 
paiticulavmenle en d cnn<M*im¡enlr> do. las ciencias sa- 
gradas, hahióndonos por otra fiarte deparado la divina 
providencia á ios Religiosos d^ la Compañía de Jesús, 
íi ([uiencs por decreto de esU\ fecha hemos encaigndo el 
(uidado de la enseñanza en nuestro Colegio Seminaria, 
y debiendo ésta darse según los estatuU>s de la dicha 
(oninnidad, íienios acordad. I «pM» siendo necesario 
\ariar la forma matei-ial fiel edilii-io que ai-tualniente 
ocupa el Seminario, Cste (juede vacio por el tienqn» que 
S4M1 i^reciso para los tra*l»ajos ii>ndneenles á Fa Ohm. 
2." ()uo qxiéden p«u- ahora vaciantes las bncas de ios 
netuales ]K»usionistas y sóio subsistan Ins <le los Cole- 
giales de numere», siempre que estos quieran sujetarse 
al nuevoreglamento, y á las disposiciones que se tomen 
sobre los estudios (pío hayan <le. seguipse en adelante. 
•'^." Que se dé' lo más pronto |)osible al público un pro- 
iiirinin d<' 1;ís nih'\:iv> l»;i^(«-> -;Ml»rr qne desr.-insnrñ 1;« 



EN COLOMBIA Y CENTRO- AMÉRHt A 



renovación del Seminario, para que arreglándose á ella 1851 
los padres de familia ha^ian cnanto antes sns pretensio- 
nes...» Este Auto lleva la lecha del 20 de Setiemijre y 
|)udo ser ejecutado por los antiguos directores del Se- 
minario, como se prevenía en él. El 1." de Octubre se 
|)'nblicó el nuevo pi-ograma con universal aplauso de la 
ciudad y el 9 del mismo mes se ti'asladaron los VP. y 
HH. delpalacio Arzobispal á su nueva residencia, ama- 
neciendo en ella y dic-iendo la primera misa en la (.'ca- 
pilla del Seminario el día de San Borja, como un 
recuerdo del antiguo y tan celebrado Colegio de la An- 
tigua Guatemala^ y como feliz augurio de los sazonados 
frutos que había de producir en la educación de la ju- 
ventud, no sólo de esta R(^pril)lica, sino fand)léii ílo las 
demás de Centro-América. 

28) — Instalados va en el Seminario, trataron de apre--*'^^'''"' 

-^ " ■ *■ ■ tur» (leí 

surar la obra de la reforma del edificio, que poco traba- curso, 
¡o ofrecía en i-ealidarl, pues sólo se trataba de derribar 
algunos tai)¡({ues [vóvn formar un sal(')n de estudio, un 
dormitorio común y otras pe([ueniis modiíicaciones en 
las demás oíicinas. Todo estuvo satisfactoriamente con- 
cluido para el 18 de Octubre, día en que Se había acos- 
tumbrado hasta ontonces abrir el curso. Comenzaron á 
entrar los nuevos alumnos y desde luego se observó la 
conliaíiza que los padres de familia de la Capital hacían 
de los i)uevos directores, porque en poco tiempo s* 
con4aron más de cuarenta alumnos de la ciudad,- cosa 
nunca vista en acjuel establecimfento/én (|ue antes so- 
lían educarse casi exclusivamente jóvenes de las pi-o- 
vincias. De los' antiguos seminaristas* sólo quedaron 
on(Mí, algunos ya' ordenados in sacris, jóvenes nuiy 
probados que al principio |>restaron muy huenos jsgr- 
\ icios á los PP. y otros que no llegaban á los líaton-.e 
años. Antes de dar principio al curso era nccésurix:) tin- 
tar de fundar á .Kpiellos niños en el santo temor de 
Dios é iniciai'les en los principios de la sólida piedad, 
sin la cual en vano se pretenderá' U^* verdadera educación 



80 LA COMPAÑÍA DE JESUíJ 

. , -*■ 

i 851 del corazón^ y con este tin se les dieron los ejercicios es- 
pirituales acomodados á su edad y ninguna práctica en 
materias de espíritu, aun en los más crecidos. Echado 
este cimiento comenzó á exigirse extricta disciplina, á 
la cual' fácilmente se acomodaron aquellos niños dó- 
ciles por carácter; mas las clases^^ Ks cierto que, como 
arriba timos^ los PP. no se habían comprometido á 
hacei'se cargo de ellas^perb tropezaron desde luego con 
\íi dificultad de encontrar maestros capaces* de enseñar 
la lengua latina^ olvidada se puede decir, si jio despre- 
ciada sistdnrláticaménle desde la independencia en In- 
das las* colonias españolas y rehogada á los clausti-os 
religiosos; y como j)or otra parteara de tanta impoi- 
taiicia dirigir desde el pj-incipio la enseñanza conforme 
al.sistema ])rop¡ade la ('ompañla; y confiaban n«» tni- 
daiía mucho el auxilio qtie el P. \'¡sitador los había 
piometido enviar de .hímáifá, se resolvieron á echai-se 
á cuestas a(juella carga dividienth» ^us cincuenta alum- 
nos en tres clases! urm elcmeiíta| que daba uno de lo^ 
antiguos seminaristas; otra íntima í|ñe se eiícoñiendó 
al P. Cotanilla, y Iji tercera media cpie tomó á su rango 
el P. Amoros: á esta asistían todos his antiguos cernir 
naristas quienes aui^iue ya de facultades mayores ape- 
nas tenían muy ligeras nociones -de la lengua latina. 
Talí^s fuiM'oii Iqs principios tlel gran Colegio después 
lan (Mueblado en toda la .\nHH*¡ca'<'.en.lnd, ronnríoro (1( 
donde conH^nziirun á pgrtir los Vüy6^í••T^^ la Nc^nhub^pa \ 
s(»lida ciencia (|u¡v|»or nu»<'hos años iluñiinaion ni \u\\yi. 
A pesíír de las nuevas ortipac¡(»nos ut»- queilaron del 
todo abandonados lo^ ministerios, «ijüeti, los VV. |i' 
dicaban en diversas iglesias' y 'élaii confesiones l;u la 
r.apilla del S<:minar¡o: era nM¡ó el Iraluijo, mas lo sua- 
\izaba un tanto la docilidad de los niños y la espe- 
ranza de la venida del P. Msitador qiw^ se anu'uciaba 
para el próximo meé. de.Koviembre. Mas <tntes de 
(Continuar digamos una' palabra sobro Jamáir.i \ r\ 



EN COLOMBIA Y CENTHO-AAIERICA 8Í 

29) — El Colegio de Jamaica había continuado en su 1851 
estado precario, sin aumentarse el número de alumnos, 29.-Ja- 
mas quo con unos pocos de tamilias muy pudientes de oi Ecua- 
Xicai'agua^ al paso que el de Guatemala presentaba to- ^<''- 
das las garantías de estabilidad^ y al mismo tiempo esta 
República no estaba más lejana^ ai las vías de comuni- 
cación con las naciones vecinas eran más difíciles, de 
suerte que. .con igual ó mayor tacilidad podrían ir los 
que lo pretendieran á Guatemala que á Jamáica/por b». 
í'ual resolvió el P. Visitador cerrar .este Colegio en con- 
cluyendo el curso del 51 al 52. No t era mejor ni más 
segura la situación de los PP. residentes en la RepúbHcrV 
del Kcuador: los liberales ecuatorianos y granadinos no 
podían pci'donar á la Con>ención, ni UKMiosal Gobierno 
do i). Diego Xoboa el reconocimiento- legal de 1» Com- 
pañía y las públicas y oñciales manifestaciones de re- 
gocijo que referimos en otra parte. Los periódicos de 
Urbina pintaban al Pi'csidente como partidario de Flo- 
i'es, embaucado y esclavizado i)or los Jesuitas., «Eviden- 
temente (*), decían, ha faltado á sus deberes sancio- 
nando la ley del llamamiento. ¡Qué vergüenza para el 
país hal)erse doblegado de nuevo para recibir el ominoso 
yugo del josuitismol Por oti-a parte, ¿había nada más 
inopoi-tuno y funesto para el Ecuador que aquel guant<* 
arrojado al rostro de la Nueva Granadal ¿No era por 
ventura condenar %íidazmente la política de un Gobierno 
xecino, política ^erdaderamente progresista y liberal, el 
franquear las puertas á' roJigiosos expulsados como 
fautores de perturbaciones y rebeldías^» Tales ideas 
j)ropalaban los periódicos urbinistas, y ellas animaron 
al Golnerno granadino á exigir el destierro de los Jesui- 
tas de un modo altanero y amenazante. Noboa, conn» 
era natural, se creyó herido en su lionor con semejantes 
pretensiones de imponerse á su política, y por todares- 
puesta envió una división á las fronteras. Esta medida 



{■') Bcrthc.-T. I. C. VIL, pá-. 162. 



82 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



1851 enérgica enfureció á los radicales que clamaban deses- 
perados: (da patria está en peligro, y no más que por 
esa ciega inclinación á los Jesuitas en todas partes exe- 
crados». El diplomático granadino, viendo cuan mal 
resultado tenía su inicua negociación, desentendiéndose 
de la dignidad y el decoro que exigía su posición, se 
convirtió en libelista, publicando un folleto en el cual 
repetía todas las antiguas y modernas calumnias contra 
la Compañía^ añadiendo lo que él mismo aseguraba 
haber presenciado en la Nueva Granada y había moti- 
vado su expulsión. «Tan groseras mentiras, dice Berthe, 
salpicadas de insolentes amenazas no dejaban de hacer 
su efecto en la masa de los conservadores, gente de suyo 
tímida y floja. En vista del peligro el campeón del dere- 
cho, el caballeroso García Moreno comprendió que^ es- 
taba en el deber dé-soitar á la palestra. Introductor de 
los Jesuitas en su país, á él incumbía Wi obligación y la 
honra de defenderlos. Volviendo^ pues, á tomar su ven- 
gadora pluma, al libelo del diplomático <»puso >u De- 
fensa de lo» Jemtitan^\ uno de los más bellos alegatos en 
favor de la (compañía de Jcsúsm. Es difícil describir el 
biillantísimo triunfo alcanzado por García Moreno: el 
diplomático granadino dcí*«j)ai-ec¡óuvergouzíido, 16^ li- 
berales menos encarnizados se confesaron vencidos, los 
conservadores cobraron ánimos, el Gobierno se con- 
íiinio en ^u propúsilo d(» no diñarse fcoliardar por las 
braxalns de los granadinos, todp pare<:¡<'» quedar en 
rompleta paz, y así dclx^iíií^ser si Urbina y sus pailida- 
rios tueríui capaces tle buena f© y de amor patrio, mas 
esto no podía esperarse de ellos: estiiban compmmeMdos 
;i llevar á cabo sU ¡ni<^uo |)lañ, ti saber: derribar del solio 
á Noboa y enseguida ex|>ulsar á los Jesuitas. Las dos 
deiTotas anterioi-es les habían enseñado cjue por vías 
diplomáticas y combates |)or la prensa, el camino era 
largo y el triunfo asaz dudoso: era preciso usar de me- 
dios más directos y de mayor energía: si es necesaria la 
pei-lidi;i, l;i h-H!ri«'»n, 1;> íh;i< n«'í:r-« iii<j»;ii¡fníl \ fp|Mní;í,- 



BÍS- COLOMBIA Y CENTRO-AMÉRICA 83 

todo cabe en ol vil corazón rio rrl)¡nn, ron tal í[uc esto 1X51 
le lleve al solio pi-esidencial y pongn en sns manos los 
Jesiiitas. HoJei'ircnios (mi dos pnlídn-íis estfi lia/íiñn liho- 
i'alísima. 

La expedición que el ex-Presidente Flores se decía 
organizar con el apoyo del Perú, para apoderarse otra 
vez del mando del Ecuador y las recientes desavenen- 
cias con la Nueva Granada proporcionaban á los perió- 
dicos urbinistas materia para traer agitados los ánimos 
especialmente en Guayaquil, aventurándose á denunciar 
á Noboa y á todos los. conservadores cómo. i)artidarios 
de Flores, y á los Jesuítas como traídos expresamente 
para prepai'ar el camino á este. Urbina atizaba el fuego 
Mcullamente en Guayaquil, y cuiuido la excitación se 
hallaba más ardiente escribió á su protector dándole 
cuenta del mal estado de las cosas en la provincia de su 
Gobierno, pero asegurándole que la presencia delJefe 
del Estado sería suíicicntc para restablecer la paz y 
tranquilidad en los ánimos, y |K)r tanto le insiaba y 
conjuraba que viniese á aquella ciudad y entrase en ella 
con el aparato correspondiente al primer Magistrado de 
la República. El buen anciano era incapaz ni aun de 
imaginarse que la invitación de su antiguo favorito jni- 
diera tener otro móvil que el amor á la paz, y se resolvió 
á emprender el viaje, á pesar de las reñexíones de sus 
ministros y otras personas más. avisadas, que con razón 
sospechaban de Urbina algún artificio de mala ley. Al 
llegar á las riberas del Guayas le esperalni un vapor 
hermosamente empavesado, y Xoboa gozaba, y se feli- 
citaba de no haber hecho caso de los vanos temores de 
sus tímidos amigos. Alegremente entretenido con su 
brillante comitiva navegaba el Presidente el caudaloso 
lio: llega al muelle y puede contemplai* los arcos, las 
colgaduras y gallardetes que hermoseaban las calles y 
casas; mas repentinamente vira el vapor en direccción 
á un buque de vela allí anclado, y el capitán de las 
guardias le dirige estas palabras: «Presidente, vais 



84 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



1851 preso de orden del General Urbina, nuevo Jete Supremo 
de la República»^ y sin más se le hace trasbordar, el 
barco leva anclas en el momento, toma un rumbo des- 
conocido por alta mar y gira y se- pasea por las inmen- 
sas llanuras del Océano^ y nadie en el Ecuador tieni^ 
noticia de Noboa en largos meses. Dejamos á la consi- 
deración de nuestros lectores lo que pasaría eir. el cora^ 
zón del honrado Presidente en el momento de su rapto 
y en el prolongado tiempo de soledad profunda en me- 
dio del mar... sus dolores, sus tristezas^ sus desenga- 
ños... ^ entre tanto, ^qué 'pasaba. en Guayaquil? La 
trama estaba urdida de antemano: los ruárteles estaban 
conifírados: en aquel mismo día l'rbina había derra- 
mado el oro con pi'odigalidad por medio do sus agentes 
los Generales Ailltmiil, IV>blos y Krnnc»», (piienes i"! In 
raheza del Fjérrito, Ir pro<-Iaman Jetr snpi"eni<>. Arrptó. 
ron gran modestia y no menos jepugnanria,* y fué lle- 
\aílo poi- cutre los arcQS Vle triunfo |)repam(los paTn 
Noboa- ó Ja casa de Ayuntamiento, donde jurtVsebne los 
l\\ ángel ios, lidrlidad á la nación (*)*. 

l\staba dado el jninier golpr y dr ini.i miinrra l.oi 
pérüda y atrevida, jn|uirn no jiabría de esperar (|ue en 
seguida sedaría elsegundof Sin embai-go.iio fué así: su 
misma ambición ol>l¡gó á Urbina á tener un jmm-o dr 
l)arienria, porque tocar con . l<)s Jesuítas en acjuellas 
rirrunslanrias era aumcjítarla (vliosidad que yát-^rga- 
ba sobre 61, era pi-nvocar. uua conirart*>x^lucnMi qtirpo- 
ilia serle funesta, (»ra en lin trabajar ronlra sus propios 
intereses: le fué |>re<;is<», pues» Oiunpie muy á pesai- 
suyo, callar, disimular, dejar í\í\v los ánrmos se calma- 
ran. Kn efecto,. un año^enlero goln^rnó el intruso como 
dictador ó J(>fe Suprrmo y en todo rsir tiempo drjo 
Irantjuilos á los V\\ hasta tal grado, que el 1*. Hlas no 
tenía reparo alguno en admitir novicios, en pedir ñüo- 
vos sujetos al P. Visitador ni este enviárselos; y lo que 



n Borthr. r. L. p 



EN COLOMBIA Y CBXTUO'AMKHU!A Hf) 

pni'ceo aún más extraño, cl nuevo Gobierno no ponía 1852 
Irahas á su' desonil)ar(|ue en (iuaya(|uil, pues muy t\ 
laiz de la revolución llegai'on á aquel puerto los Padres 
Tornero, Pujadas y Fernández y fueron en él bien reci- 
liidos. -Dios daba/sin duda: estas treguas, en fovor de- 
iimchas almas fjue lo mismo en Quito, que en I barra y 
(iuayaípill se aprovechaban de los ministerios que sin 
cesar se ejercitaban. 

:iO) — \'()l viendo á (juat(Muala, encontramos á los tres aO'-i-a** 
lq\ cada vez más cargados, ])Oi'que el núnaero de (Udes. 
alumnos ¡l)a ci'eciendo cada día: en el mes de Diciembre 
conUiban ya con setenta y siete internos, y las peticio- 
nes se multiplicaban. Para divertir á los alumnos en 
las vacaciones de Navidad se ideó una especie de veladíi 
literaria ante el pesebre del Santo Niño y la representa- 
ción de un pequeño drama de asunto piadoso, todo de 
carácter puramente familiar; mas como viesen los Pa- 
dres las felices disposiciones que.los niños descubrían 
para la declamación, se. atrevieron á invitar al Sr. Arzo- 
bispo, al Sr. I.arrazabal y algunas i)ersonas de la mayor 
intimidad. Fué este un espectáculo ^tan nuevo y tan 
grato i^ara aquel concurso peí|ueño sí,. pero sumamente 
aulorizado, y los alumnos tan recientemente entrados 
dieron tales pruebas de sí, que hicieron concebir las 
más bellas esperanzas para el porvenir, y en realidad, 
este humilde principio tuvieron las magníücas funcio- 
ncíj literarias de que a su tiempo hablaremos, y que 
tanta gloria dieron al estal)lecimienlo. 

. 31)— Mientras tanto el II. P. \'isitador con los Padres! ^i--'''** 
Pedro García. y Nicasio Eguíluz yel H. Coadjutor Ange^ ^ Guate- 
Chacón, salidos de Jamaica e-llOde Diciembre, liabían- ™*'*.. 
llegado al puerto de Izabal y continuaron su camino ^itador 
lentamente haciendo ligeras misiones en algunos pue->'p<^"»p*- 
blosdel tránsito, hasta el 9 de Enero, día de su feliz arri- im*.' 
boa la Capital. No causó poca admiración ver un Colegir» 
ijueen tres meses contaba ya con cei'ca de cien alumnos, 
en su mayor parte de las princqjales familias de la 



S(; l.A 4 OMPANÍA DE JE.SI S 

■ » ' • * 

1852 ciudad^ perí'ec lamen te bien organizado^ reinando el ma- 
yor orden y disciplina á pesar de no contar hasta enton- 
ces más que con los tres PP. que lo habían fundado, y 
que daba muestras de ir creciendo aún mucho más. Pero 
no debemos pasar en silencio el júbilo del \\ Prelado 
Metropolitano, al ver qye el P. Gil no sólo aprobaba to- 
do cuanto se había hecho, sino que prometía mayor nñ- 
merode sujetos^ así j)ara la dirección del Seminario, co- 
mo para j>oder dar mayor ensanche á los ministerios. 
Mas para esto era necesario fijar la renta con que debe- 
rían sostenerse los que estaban, y los que hubieran de 
venir más larder: nada insinuaron losPP., |»ero el Señor 
Ar/obispo lo tenía ya pensado y arreglado: aquí no Jiubo 
ni contratos, ni pensiones, ni salarios, como en el Semi- 
nario de Bogotá: todas lí\s pensiones y todas las becas 
(|n(»daron á disposición de la Comrpañía y stisSuperior(»s 
las aílministrabnn sin tenor que dar (íuenta de su inver- 
sión; de míinera que al Síndico del Colegio sólo quedó el 
gravamen de' tener que robrar los productos dí* h»s ren- 
tas y pasar luego al P. Procui^ador las cantidades que 
correspondían. Copiaremos en ti*e los apóndicesel deci*e- 
to que emitió sobreesté an*eglo el generoso Prelado, 
para no interi*umpir ol hiJo de la liistoria ( i. 
32.-MI- ii^l^-'Xada faltaba yu paíael delinilivo eslabb*rimicMi- 
jaAiiti lo de la (.onq)ania en Ijualemala; pero los pocos sujetos 
*f"=^ \ni daban abaslo ni aun para "el trabajo que ofi'eeÍH el re- 
cinto sólo de la capílaf; sin embargo ol P.Gil ot-eyó co*ii- 
veniente comenzar á darse 6 «'onocer á lómenos en las 
poblaciones más cercatias y de mayor importancia. 
Aceptó, pues, una misión que se le ofrecfa en la Anti- 
gua Guatemala, y la describa ardientemente el Vicario de 
aquella Provincia I>. Manuel Barrulia, sacerdote ejem- 
plarísimo y decidido amigo de la Conipañía. Marchó 
pues allá el mismo P. A'isitador'con el p. Grarcía y 
les acompañó el P. Freiré para restablecer su salud 



{*) Apc^ndicp XIV 



tJN COLOMBIA Y CKNTItO- A M KK KA M< 

. . 1 : 3i 1 : 

(]uol)i*niitada: esto fué inútil porque era tal la conmoción 1852 
do toda la ciudad^ tal el concurso^ tan grande la mucho- 
dumbi'c ([uc día y noche se agolpa l)a á los confesiona- 
rios, que el celoso P. desentendiéndose de sus achaques 
sólo pensó en ayudar á recqjer aquella abundanlísinia 
mies. Doce mil confesiones se contaron en losquinccdias 
(pie duró la misión y fué necesario que los sacerdotes de 
la ciudad prestasen su auxilio: concluyó con una cdiíi- 
cante procesión de penitencia en (píese veííin toda clase 
de |)ersonas, unas con grandes cadenas al cuello, oti'as 
cargadas con grandes cruces formadas de toscos made- 
ros, otras coronadas de espinas; no había quien no ejer- 
citase algún género de penitencia. La enmienda en las 
costumbres, el n Limero de nuevos matrimonios, la paz 
en las familias, el renacimiento de la piedad cristiana 
dieron á conocer mejor que las lágrimas vertidas en los 
sermones, la abundancia y solidez de los frutos de la 
Misión. Guando pensaban los misioneros concluida su 
penosa tarea se les presenta una súplica firmada por 
muchas personas muy recomendables en que les piden 
detengan su partida siquiera seis días más, no para pre- 
dicar, sino para purificar las conciencias de muchos que 
aún restan por confesarse: en el mismo día llega una 
representación del Ayuntamiento de Ciudad ^'ieja supli- 
cando no se niegue á su pueblo el beneficio que se lia 
concedido á la antigua capital; njas era ya el áOde Mar- 
zo, la. Semana Santa se acercaba, y el Seminario estaba 
á cargo de solos tres PP. habiendo ya crecido aún más 
el númei'O de alumnos: tuvieron pues que aplazar esta 
misión para tiempo más oportuno. 

33) — Llenaron de satisfacción al celoso Pastor las no- ^s.-La 

• • 1 1- 1 • 1 A • 1 primera 

ticias que de sus apostólicos ti*abajos en la Antigua le congre- 
llevaron los misioneros, v de lo mucho que se habían «^'^^^p- 
aprovechado aquellas buenas almas tan dóciles 6 la& Mari». 
impresiones de la gracia; pero no le fué menos gustosa 
otra nueva obra en que él ([uiso también tomar parte 
paraañadk'le mayor realce. Tal fué la fundación de la 



88 LA í <»M1»ANÍA DK JESL'S 



1852 Congregación que bajo el título de la Asunción de la 
Santísima Virgen^ patrona del Seminario^ y de San 
Luis Gonzaga^ se estableció el mismo día 25 de Marzo^ 
fiesta de la Anunciación. Acudió allá el limo. Arzo- 
bispo, dio de su mano la comunión á más de 100 alum- 
nos, recibió la consagración de los primeros congre- 
gantes y les dirigió una tierna alocución, no sabiendo 
cómo expresar el gozo que le inundaba al ver el estadía 
enteramente nuevo y floridísimo como nunca, do su 
Seminario. No era menor el rntusiasmo de los padres 
de familia al ver á sus hijOs aquella misma tarde pa- 
scando por los claustros hermosamente adornados, la 
¡mógen de su celestial Pati-ona en festiya y devolíi pi*o- 
(íesión. El aprecio smcerísimo por Ihv Compañía se 
aumentaba ú medida que está iba sacando al público 
las prácticas religiosas fjile le son projiias, y cuya no- 
Ncdad ])ara aquella generación, no podía menos de 
contribuir ¿ excitar. con santas emociones los unimos 
ya de por sí l)ien dispuestos. Lo hemos dicho en otro 
lugar-: el liberalismo con todas sus arterías, con sus 
revoluciones, con el «lestierro tU* parte del clero y de 
las órdene$s religiosos ))n])fa logrado. aniortigíiar Iq IV \ 
entViar los coi*nzones.de ^run parle Uo lo$ liabi tnntes de 
a(|Uella hermosa capital, á pesar de ser por rarácter 
Miu\ i'cligiosos, y DiOs enviaba á la Conqwiñja á des- 
pertar ló* espíritus adoyuíecidos. Los PP. .reconocía n 
sü misión y trataUm de infiltrar la piedad y el fervor 
cristiano en los corazones. La pnictica de las siete pa- 
labras del X'iernes Santo (|ue predica» ton su a4-<>stuni-- 
brada unción y elocuencia «I p. (ül < n l.» Catedral, 
excitó mucho la atención, especialmente entre la aris- 
tocracia: pero lo que atrajo mayores concursos fueron 
las llores de Mayo, devoción hasta «mi ton i -es dcscono- 
. id.t «II (iuatemala y queencontr»- im trli/ ¿nogida, 
(jue algunos años más tarde no había apenas tenq)lo de 
los muchos que hay. en aquella ciudad donde no se cele- 
bra raí» coví singular .esplendor.. Propúsose la ¡dea al 



1 



KN (COLOMBIA V OENTKO-AMÉUU.V ^'1 

Sr. Arzobispo y ni Dcñii Sr. L<Mrrñzahnl y como t;m isr>2 
celosos y tan sntisíoclios de los l'olicos rcsullndos (juc 
hasta entonces iiabían tenido todas las enipresas de ios 
PP.^ desde luego la admitieron gustosos y determinaron 
i[ue se celebrase en la Catedral,) para avivar más el 
fervor, se a|)rovecliase aquella ocasión para pnblicar el 
Jubileo (juc S.S. Pío IX liabía/concedido el añr> an- 
terior, con ocasión áv su vuelta á la ciudad eterna des- 
pués de su destiei-ro en Gaeta. (lornen/áronsc, pncs, 
aquellos ^tan devotos (íonio poéticos ejercicios con un 
concurso siempre creciente: todos lo's PP. se lurna- 
l)an para los seÍMiiones: los seminaristas cantaban muy 
variadas letanías y letrillas; todo ei-a inicvo, y todo en- 
cantaba á los oyentes, á lo cual se anadia la liermosuríi. 
del mes de Mayo en Guatemala ({ue con las primeras 
lluvias parece (|ue la naturaleza se reviste de más es- 
cogidas galas, y las flores que ni^ncá desapai-eccn en 
sus innumerables jardines, en Mayo se multipliciui \ 
ostentan más vivos y va i'iados colores. Los frutos, co- 
riM^spondieron al ti'abajo continuado durante todo el 
mes, en el cual los cont'espnai'ios se veían más aún que 
en la- misión í*odeados de, foda clase^de •poríkmas. La 
í'onmniów .general pasó de oclib' mil/.en la (latedral, 
fuera de las (jue hubo muy numerosas en las Iglesias 
particulai'cs, especialmenle de religiosos. Desde esta 
época se fué haciendo, más general <mi duatemala la 
frecuencia de sacramentos que veremos jr en aumento 
de una manera verdaderamente consoladora, pues era- 
señal inequívoca de que la piedad iba reviviendo y los 
corazones antesj'ríos encendiéndose 'en 'santo fervor (*). 



i*) Con fecha 4 de Junio escribii\ el P. (ül ai 11. P. Amouiu .Muicv. i'iw 
viiicial de España, estas palabras: <^E\ Mes de María ha sido brillante y muy 
fructuoso en Guatemala: se ha hecho en la Catedral y en todo el mes habrá- 
liabido 20.000 comuniones. El .Arzobispo con todo el Cabildo vino en cuerpo 
ii darnos las taradas. Ahora establecemos en la misma Catedral la Cofradía 
del Sagrado Corazón de María, refugio de Pecadores. La*^ confesicmes han 
hidu catii todas generales, ó de O, U), *20. 30 o más años. El Arzobispo y el 



90 LA COMPAÑÍA DE JESU 



1852 34) — No fué meiios celebrada y fructuosa la manera 
34.-Fie8- con que los alumnos del Colegio solemnizaron el día 
San Luis, del angéüco Patrono de la juventud estudiosa San Luis 
Gonzaga^ ni sabríamos decir si la parte religiosa pro- 
dujo mejores efectos, que la literaria, así en los alum- 
nos como en los demos concurrentes. Estaba el claustro 
principal vistosa^ienta adornado a\ festilo romano con 
vnr-iados cortinajes rfe diversas formas y matices, con 
guirnaldas de flores y ramos de pjno y de ciprés que 
exhalaban agradable aroma. La comunión se hizo con 
gmn solemnidad'en la Catedral, sin duda por especial 
gusto que tanto el Sr. Arzobispo como el Cabildo ecle- 
siástico tenían de vei' y de que el público viera aquella 
juventud ya tan numerosa, (eran. 121) acercarse á re- 
cibir la sagrada comunión con un orden y compostura 
nunca vista y que causaba singular consuelo y editi- 
(•ación especialmente á las familias de los alumnos. Lo 
restante de la i^lemnidad religiosa se celebró en la 
Capilla del Seminario bellamente adornada, pero de- 
masiado pequeña para tanta (^on(Mirren<'¡a. A la cnida 
de la tarde se represiMitó el drama tan conocido en los 
Colegios de la. Copipañía intitulado «Lo vocación de San 
Luis». Las decoraciones, los magníficos trajeí> y sobre 
I<mI(» I;i ejíNUción de los diversos piq>eK»s desempeñados 
jHliiiirMblcmt'ule por los {dumnt>s, |>rodnjeron (an pro- 
lundameíilé emociones en aquella éscójídlsima <*oiicm- 
rrencia, que no faltaron Jágrinins y aun ix^soluciones 
de abandonar el mundo á ejemplo de S^in Luis, reso- 
luciones (|ue en algunos se hicieron efectivas. Al salii* 
del salón de actos, tuvieron todavía un nuevo i*ecreo en 
la iluminación y fuegos- a rt i tic i ales con que .terniin.ó 
.•Kpu'l (lí.i d«' pi.'ulosM dí'vrwiúii \ honesto n^irocijo. 



Gobierno claman por operarios, y de JaniAica no vienen en todo más de 
cuatro PP. Vea V. R. qué número para Seminario Conciliar, (único en Centro 
América), casas de ministerios, misiones dt* indígenas, etc., etc. Quieren 
darnos la Iglesia (tr la. Merced, pero yo no me meto en eso: el neg-oclo va 

i\ Koina, allá dispi)nkran. 



i:n » ui.n.Mí'.iA V ( t:\i i;«> A.\ii:»;i« A i)l 

r'nl(jil)cJii lus palabras al llinu. Ai'/()])is|)o y á Joíj padies 1852 
de familia para expresar su satisfacción y el entusiasmo 
f|ue les causaba aípiellu manera de infundir á los alum- 
nos sentimientos cristianos y piadosos^ lo mismo con la 
'ocriedad de los actos religiosos, que con los regocijos y 
recreos que los directores les proporcionaban; y lodo 
contribuía A que se arraigase más el aprecio y estima 
(|ue se tenía ya en alto ^rado de la ('.ompafíía y espe- 
cial mente* do su sistema de educación.' 

:C)) — Afoi'lunadamenle el (lolegio de Jamaica tocaba ^•'♦•-^'"^*- 
a su termmo, y venían ya navegando cuatro sujetos mas^ rarios. 
así para auxilio de los que se ocupaban en el ColeRio, ^'^^^^ 

. 1 J V -1 1-. titular. 

como para sostener lo que cada día iba emprendién- 
dose de ministerios espirituales. En ' efecto, el 9 de 
Julio llegaron de Jamaica los PP. Ignacio Asensi \ 
Benito Moral con el H. Escolar Miguel Ruiz y el Her- 
mano Coadjutor José Saracco. Al concluir el curso en 
el mes de Julio, y despedidos ya los niños, los Padres 
Erancisco Sáuri y Esteban Parrondo, entregaron el 
Colegio al Superior de la Misión de Jamaica, porque 
deseaban continuar los cursos^ aunque en menor escala 
délo que los PP. .españoles halagados con bellas es- 
peranzas que nunca llegaron á realizarse, .habían pre- 
tendido. Y este fué, á lo ([ue creemos, el mayor bien 
ijue hicieron en aquella Isla hospitalaria durante l<js 
dos años que ¡jermanecieron en ella los expulsos de la 
Nueva Granada, dejar ya planteado el establecimiento, 
y puesto .en claro por la experiencia lo que podía dar 
de sí. Estos dos PP. con tres HH. Coadjutores, Miguel 
Pares, Gabriel Trobat y Rafael Fortiin llegaron á Gua- 
temala en el siguiente mes de Agosto, y la nueva Mi- 
sión contó ya con dieciocho sujetos, número suíirientc 
para lo que entonces se había emprendido. 

El mes de Agosto desde tiempos muy atrás presen- 
taba un carácter esj^ecial en el Seminario, por haberse 
de celebrar su fiesta titular, la Asunción de la Santí- 
sima Virgen^ que como digimos, lo era también de la 



;>jJ LA COMPAÑÍA DE JESUS 



1852 Congregación. Precedía un soíeíiine quincenario, en 
que además de otras prácticas piadosas de oraciones y 
cánticos pronunciaba cada día un seminarista un dis- 
curso sobre asuntos relacionados con el misterio de la 
Asunción. El coro da la Catedral, iba á' cantar, las. -ví.^-. 
pcras'v á oiiciar la Misa/ lo cual daba especial solemni- 
dad \ gravedad Roquelia función: los PP. admitieron 
gustosos las antiguas costumbres, cooperando poi* su 
j)ai*te coil la ornamentación de la Capilla y rlauslros, 
y especialmente ajuslándolo tddo a la disciplina y or- 
den establecido, Jo (iual anadia niayorlnillo y decoro á 
la. pomposa funí-ión. 
.w.-Fin 3(jv — Mientras tanto llegaba el lin di' auuei nriincr 

curso. f*urso: uo se había añadido ninguna oíase más á Jas tres 
([uc arriba dijimoí^, jioro no había dejado dq eotorjKMci 
los adelantos el sucesiví» aumento d(» alunmos, que lle- 
gaban á i\Á)^ y la desigualdad de conocimientos inijíedia 
(|ue los (pie comenanron desde eiprincipio-se hubieran 
desarrollado todo cuont0 5^)dín esperarse do sus buenos 
ingeinos: la (»X|»eeiac¡ón del púldico igualaba á la celc- 
hridad de la enseñanza jes\iít¡ra; era nec(»síii-io corrrs- 
pondrr ;i (il.i, \ «d k»s6n'y trabaje» dt» ios profesores, \ 
la aplicíacióN «ledos niños, suplió poi* lodo. KnJo^. pri- 
meros días de Setiendu'C, des|»u<'^s de los exámenes pri- 
vados, se lusierou los j)úbli<*<>s |M)r «'Ualrt) djas, ron 
asistencia e^nslanle dol Sr. -íViy.obispp; clero y eaballt- 
ros en gran n Ti ulero, y Jo« nías <apa<es de juzgqrrii 
materia de letras, i\\w ai'in restaban murhosde Jos edii- 
cados á la antigua, eran los que más admiraban los 
sólidos adelantos de los niños. Sigvrió In'solemn^ disti i- 
bución de premios, á la que asistió también el Presi- 
dente de la República í). Rafael Carrera con sus Mi- 
nistros y t<Hlo lo más distinguido (b' la aristocracia 
guateuíalteca. FuO» general la ^tisfaceióii <l< li n >l»l< 
cóncuri'eucia, y el Sr. Presidente quiso mostrar la su\a 
oticialmente dando las gracias por el trabajo tan asiduo 
iiuc se ttmiíduui los PP. cu la educación de la juventud, 



EÍÍ COLOMBIA Y CENTRO-AMÉRICA 93 



por medio de un oíioio que por iiinndato suyo dirigió al 1852 
B. P. Visitndor el Ministro de ne^^ueios eelesiástieos. 

37) — De estü nicuieru concluyó el pi'inier curso del ^^.-Boa- 
nuevo Colegio con un' éxito tan feliz, (jue en tales oír- ciavor" 
cunstancias nadie se hubiera atrevido á esperarlo. Des- 
ocupados los PP. del cuidado de los alumnos', comen- 
zaron las vacaciones (x>n la celcbi*aci(*ai de .un solemne 
triduo en honor di) San Pedro Clayer, cjiyo decreto c\r. 
Beatificación había llegado poco antes. Comvr hastn 
entonces no tenían Iglesia propia, estas funciones tuvie- 
ron lugar en la Catedral, que la benevolencia del sen'or 
ArzobisiK) y del Cabildo ponía* siempre á disposición 
suya, y (|ue tenía la ventaja, no sólo de ser* tan amplifi 
para aquellos grandes concursos, sino de dar cou su 
hermosura mayor realce *y explendor á las festividades. 
Kl mismo día 9 de Setiembre destinado por su Santidad 
j)ara la ñesta del Beato, quiso celebrar de Pontifical (H 
limo. Sr. Arzobispo y pronunció el panegíi'ico el Señoi- 
Proxisor y ^'icario General D. José M. Barrutia, «pir 
como americanos deseaban tributar -este homenaje <\r 
gratitud al Apóstol de Cartagena, que con tan heroicas 
virtudes había ilustrado la América. Por estos medios 
(fue Dios en su Providencia iba disponiendo, la (Compa- 
ñía se dal)a á conocer más en Guatemala y sus minis- 
terios cobraban de día en día mayor reputación. 

38)— :Un mes bolamente se ac:ostumbraba dar de va- '^.•~***' 
(•aciones- en a(]uel Seminaiio y tari ^ corto esi)acio se curso, 
ocupo en din* ejei-c icios en los monasterios de Religio- 
sas, en hacer algunas excnrsiones apostólicas por las 
aldeas vecinas \ cu i)rcparai* (^1 j)róximo curso. Ksle 
comenzó el diez de Octubre contándose desde un pi-in- 
cipio 160 alumnos iií teñios, que se distn'buyei-on en 
cuatro clases^ es á saber: las tres de latín y la de Hu- 
manidades y Retórica, sin contar con la preparatoria p 
elemental, como allí se le llamaba, ni con las lecciones 
de Teología moral que se daban á unos pocos diáconos 
V subdiáconos, restos de los antiguos sen>inarislas. Sr. 



94 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



1852 publicó un nuevo Prospecto y en él aparecía ya el Pro- 
grama completo de enseñanza secundaria y superior en 
todo ajustada al Ra(io Studiorum de la Com}^ñía; mas 
debe notarse que respecto de las asignaturas accesorias, 
se seguía un sistema sumamente cómodo y.consistía en 
distribuir cada una de ellas en los cuatro primeros 
años^ y así Ja Historia universal^ por ejemplo^ se divi- 
día de esta manera: la edad antigua se estudiaba en la 
clase media, la edad media en la Suprema^ yla moder- 
na en la Retórica. Este sistema mucho más acomodado 
á Ta corta edad é innata ligereza de los niños producin 
un resultado mucho más satisfacjorio que el actual en 
que suele ponerse en manos de pequeñuelos lihn» 
descomunales, absolula mente desproporcionados á las 
condiciones de* íos discípulos, y en la ¡nq)osibilidad ác 
hacérselos api'ojider, ni liii se contentan los jH'ofesorcs 
' on un escuelo resumen que poco ó nada dice y en 
ultimo resulliido, los alumnos allin nada soben,' con la 
debida extensión y soHclei¿; El mismo método se emplea 
ha en el estudio de la lengua gi*iega, la Aritmética y la 
(ieograíia, asignaturas ijue comeir/.aron á e\plicurf;e en 
este segundo cui-sr», cüii univei-s^d aplauso, cum»> que el 
estudio de tales ramos pi'esenHiha rrefto^rorácler de 
novedad \ •!• \erdadero adelanto en el estudio d»* l,i- 
letras. •. • • ' * 

8Í.-EI 3f)) — Organi/ado el í'olegio, el P. Visjlador, tij" n 
eiado. atención en oln> pinito de sumo interés pnr« I» elisión: 
tal era la aperluia de un nftviciado en que se formaran 
jó^'enes que más laido sostuvieran- los lrabaji)s que s<^ 
iban emprendiendo. Cvu mdlivo del desliorro* de los 
r(digios(fs dfMpic hablamos arriba, el coavpnl»» dr lo>< 
í^(»lcniitas había ([iK^Indo dcsi<M'lí>, pues, sus aiitignns 
luibiladorcs o hal>ian inucrlo/»sc habían eslablerido en 
Ips conventos de su orden que aúarse tonservabun en 
varias l^q^nb^K•tH?l'de. América: y séanos lícito decir que 
esta fué una de las mayores péi-didas que causó el im- 
pío lÍI»cr;ili^ino ríe nqndln «''|»tM;i. n«» s«»lrt pói- 1(»s ;d¡\ios 



EN COLOMBIA Y CBNTRO-AMÉRigA 95 

y consuelos de que i)rivó á los pobres enfermos de los 1852 
liosj^itnlos, sino por linbor extinguido nnn fie Ins mñs 
hi'ilUintes glorias de fluntemnla. Ln H('iigi(')n Beleniíti- 
ca fundada por el \'. Pedro de Betancoui't había tenido 
su cuna en la Antigua y era la única entre las órdenes 
religiosas aprobadas y confirmadas por la Santa Sede 
f(ue había nacido en América: de Guatemala se había 
extendido á Méjico, y luego al Perú y ó otras partes, y 
desde el. siglo XVII venía prestando sus caritativos sen- 
vicios, y ediñcando á los pueblos con los ejemplos de 
una vida austera consagrada enteramente ó hacer bien 
á los desvalidos. No sabemos cómo el sobredicho. 'con- 
vento había esca|)ado de la Cí^nfiscación de los bienes 
de las órdenes religiosas decretada y ejecutada por el 
tirano Morazan, en 1829-; es lo cierto que en la época á 
que nos referimos pei'tenecia al limo. Sr. Arzobispo, 
(fuien lo ofreció al P. Visitador interinamente, pues ya 
se trataba en. ese tiempo en Roma de dar á la Compañía 
la Iglesia y convento de la INíerced. Belén, aunque uo 
muy espacioso, era suficiente pai-a lo que se les destina- 
ba, y tenía una hermosa huerta de la cual podía sacar- 
se no poca utilidad, y sobremodo servía de desahogo á 
los novicios. La Iglesia de regular tamaño estaba bien 
conservada, y poseía una de las bellezas artísticas 
que más llaman la atención en Guatemala; donde Ja 
escultura se ha cultivado en todos tiempos muy aven- 
tajadamente: tales eran las estatuas de la \'írgen, San 
José y el Niño, cuyo rostro, Terdadera mente encan- 
tador, hace fidedigna la tradición de haber sido tra lía- 
jado á la vista del \'. Betancourt, (piien hizo i-epetir 
muchas veces y modilicar la estátjLia hasta encontrar el 
mayor posible pai'ccimien.tó. con la realidad (|ue él fre- 
cuentemente contem[)laba, según refiere su historiador. 
El Sr. Arzobispo había hecho'reparar toda aquella casa 
y á principios de Noviembre se trasladaron á ella el 
Padre Luis Amoros designado Maestro de Novicios 
con el P. Ignacio Asensi, el H. Escolar Miguel Ruiz, 



36 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



1852 maiiuductory dos HH. Coadjutores: el día 13 ñesta de 
San Estanislao de Kostka vistieron la sotana de la Corii- 
]jfjñía seis jóvenes y quedó desde acfuel día inaugurado 
el Noviciado, y con la solemne función celebrada en ho- 
nor del Santo Patrono de todos los novicios de la Coni- 
j^añíay comenzó también a florecer el culto y los mi- 
nisterios en aquella Iglesia. Los PP. oían confesiones 
nn gran número diariamente y Jos Domingos salían los 
novicios á eiisefic|r la. doctrina á los niños y* para ter- 
minarla se hacía una plática maialj prácticas que 
atraíap mucho ííortcuvso allemplodel nuevo Noviciado. 
4o.-con j.0^ — ()|,.;, fnndacion emprendió poi* aquellos mis- 
rióiid" inosdias el P. Gil, la ciial produjo en lo sucesivo gran- 
^'"''f^^des bienes, /e.specialmen le á la clase'pobre de lo Capití^l: 
lal luó la (longicgación de las SíM'ioras bajo eliítulo de 
la Inmaculada (!<ni((»j)ción y de Siinla Ana, on la ctial se* 
inscribieron las matronas más nobles y ricas dei la ciu- 
flad. 'Celebra Imu semanulniente sus. reuniones en la Ca- 
pilla del Seminario^ y tenía |>or objeto la educación cv'i^ 
liana de las familias, y el ejercrció de las'obvas de 
miseiicordia jiara eon los UesNalidos. Muy presto \ere- 
•moé^ los gi-ai liles frutos que. proilujn n . -.1.» inliltrando l.i 
piedad en las i)ró|)iaí? tomitias, visitando Tárceles \ 
liospilales', editicandñ al puebli» eon sus ej(Mn|»los, sino 
tauibii^n empreijdiiMido ó coupeíando al establee¡mi(Mito 
^\á} obras de públrco r»eiieficenci.i 

Mientras así pros|>eraba la (^.onipa/iia en Ciuatemala 
i\ la sombra «le la decidida |iro*tec<lón que le dispensaban 
asi el auior verdaderaniLMilr |)ateinal del limo. Sr. (lar- 
ría Pelaez, eomo'Üii íálieera amislacldel Kxcm» ^i Dmh 
Hafael Carrem, eí^gron domador de liberales, cuyo.s 
fiiunfos sobre estas lienisflmasladoras había asegurado 
j.í paz en aqnclla Ib'pública tan feliz mientras f^l 1.» 2:0 
bernó, el tiranuelo U.rbi na se jensangi-ental -us 

víctimas en el desdichado Ecuador. Inescrutables juicios 
de la divina Providencia en el gobierno de los pueblos' 
í.ns ruinas «le i^sta Ixepnblirn rniilr-ibnxen á ele\ar á la 



I 



KN CULO Al Bl A V CENTUO-AAIÉUICA , 1)7 

de Guatemala á una altura do progreso religioso y cien- 1852 
tííiro que luuica linhía tenido, ni creemos vuelvo tener, 
hasta que Dios no le envíe otro hond)re i)ro videncia 1 
como Carrera 6 como García- Moreno lo fué para el 
l\cuador: veamos pues brevemente los sucesos de este 
jun's en los últimos meses dé este año de 1852 en cuanto 
dicen relación (.'on nuestra historia. 

41) — Como dejamos arriba apuntado, Urbina gober- *i-''^-^- 

. pulisióu 

naba el Ecuador en calidad de Jefe Sui)remo, y perma- de io.s 
necio así un año entero sin atreverse á dar los pasos ^^-^^^^ 

11 Ecuador. 

avanzados (jue premeditaba y anhelaba^ hasta habet* 
alucinado á los pueblos con ciertas apariencias de nlo- 
deración muy agena de su carácter y aspiraciones. Era 
ya tiempo: el 17 de Julio abrió sus sesioiK^s la Conven- 
ción, compuesta, como era natural, de heciiuras del 
dictador^ con muy raras excepciones, y ante todo trató 
de someter á discusión tqdas las leyes y decretos sancio- 
nados durante el Gobierno de Noboa: todos se pei-suadían 
que la primera babría de ser la relativa al estableci- 
miento legal de los Jesuitas; no fué así sin embargo; 
hasta, el 29 de Setiembre no se tocó este asunto, y enton- 
ces fué en sesión secreta y bien guardadas las puertas 
con centinelas dobles, para que no llegara ni aun á 
traslucirse el asunto en cuestión. No se hizo allí más 
que parodiar lo que dos años antes se había hecho en el 
Congreso de la Nueva Granada. Medida fundamental: 
declarar vigente la pragmática de Carlas III: enseguida 
discurso sobre discurso con toda la concebida descarga 
(\c ai'guinentos sacados del arsenal de los enciclopedis- 
tas, es decir, un fárrago de mentiras y calumnias mano- 
seadas líasta la saciedad por todQS los lil)erales más ó 
menos enemistados con la- Iglesia y la Compañía: final- 
mente proclamar antilegal, perjudicial á la paz pública 
y doméstica y atentatoria á las leyes del país la existen- 
cia de los Jesuitas; en consecuencia, el decreto de extra- 
ñamiento. Todo esto se veriñcó en una sola sesión, lo 
que nadie extrañará atento riuc en aquella asamblea 



9^ LA COMPAÑÍA DE JE.SUS 



1852 reinaba una prodigiosa arnrionía en las opiniones, un 
solo sentir y querer; una sola voluntad^ la voluntad del 
Dictador Urbina. «Pero en el seno de aquella asamblea 
de impíos desvergonzados^ dice Berthe, huboiun hombre 
valeroso que no quiso hacer traición á la verdad. Ern 
D. Manuel Espinosa, diputado católico de Loja. Después 
de recordar que la inviolabilidad de domicilio y de resi- 
dencia estaba gaj-antida por la Constitución á los extran- 
jeros lo mismo que á los naturales, manifestó el asom- 
bro que le causaba el que se hubiese hecho resucitar h 
Carlos ni de España, cifiendo sus sienes con la diadeniii 
real para dejar caer á sus plantas la constitución que 
bajaba á ocupai* ol sepulcro de aquel tirano. «Ayer, afia- 
ília, Jibdicó In iisaml»Uía su soberanía^ rectHiocip al di- 
funto momipca por legislador, y colocó su pragmáticn 
nn'is arriba íjue la <'onst¡tuc¡ón. -l^uso luego á tales libe- 
rales frente {\ fiHMite di» sus hipócritas pi-incipios y les 
acusó <le «iiiíuigurar el reinado de la libertad negando 
In hospital idaci á lós^ desgraciados ([ue la piden. ¡Procla- 
mar la solicranía del pueblo V al mismo tiempo despi'e- 
ciar su'volúntaíl escrita! Prochínwir á vo/ en cuelh» la 
tolerancia de tndus las creencias, tolerancia |)ara tíulos, 
turcos ó pagaiu)8, como lo líenlos oído en esta asamblea, 
\ nopoder tolerar la difei-encia de vestidos, la diferencia 
de nondires en individuos (|ue pertenecen á la misma 
comunión cntólica. ¡Esta es una contnidición, un« in- 
consecuencia que no-puede explica i'se». Por estCA'stiln 
continuaba el vali«Mite orad(»r echand»» en cara á los ini- 
jiíus y venales padr**s <]e hj |intr¡a sus ¡nconse<!uenc¡as 
c injusticias; mas es.(;laro qOe nojiodüi esperar un re- 
sultado que cori*espondieni iV sus eLsfuer/os> ¡>órqiu» s( 
hallaba completamente aislado en medio deuna reunión 
de hondn'cscuya lazón obcecada y cuyo corazón endnre- 
cido les incapacitaba para percibir las verdades nu*is pal- 
marias; s¡rvi<5 no obstante tan enérgica defensa sicpiiera 
para (jue la buena ctiusa n<> (juedasedel todo desampa- 
radn en ninu"^ '1" ^"^ im.»- .«iii-nrni/ndMv cik'hml'm-.. 



EX.COLO.MBIA V CENTRO-AMÉlMCA 99 



Urbina había logrado el colmo do sus deseos: logró 1852 
lo ([ue «o pudo Lói)ez en la Nueva Granada^ cargar to- 
da la responsabilidad sobre la Asamblea, apareciendo 
oíicialmente como mero ejecutor de los soberanos decre- 
tos de esta. Se divulgó con suma rapidez i)or toda la i'e- 
jn'iblicn la noticia del decreto de expulsión: en Quito es- 
taban agolpadas á las puertas de la administración de 
correos centenares de personas, y cuando al fin se abrió 
y se supieron las resoludones de la Asamblea y se pro- 
1)0 gó la nueva por toda la ciudad, el furor del pueblo no 
(Muioció límites: inmensa, muchedujnbre se agolpó en In 
l)laza mayor, en la de San Friuicisco^ y ol derredor del 
Colegio de la Compañía y por todo el centro de la ciudad 
no se oía más c(ue el eco atronudor de «mueran los rojos, 
abajo el gol)ierno impío». I.n ciudad^ escribía un testigo 
d(^ visto, (*) presento en; pocas horas un aspecto tan im- 
|>^ ponente, que las autoridades que antes miraban indife- 
rentes los lamentos y gemidos de la muchedumbre se 
alarmaron sobre manera y empezaron á tomar algunas 
medidas para precaver los funestos resultados que po- 
dían seguirse de aquel estado de exasperación popular. 
Hicieron salir de la severa i-eclusión en cjue tenían las 
tropas, algunas compaíiías del batallón de.Fauras(gen- 
le semisalvaje), y á los agentes de policía, para que sin 
ofender 6 nadie^ procurasen dispersar la multitud y obli- 
gasen á los amotinados á retirarse á sus casas. Vanos 
esfuerzos! Aunque la tropa se esforzó cuanto pudo é hi- 
zo mil evoluciones pnrn infnndií- teri-or y nun llegó á ha- 
cer nlgunas flescargas al aire, al fin hubo de retroceder, 
j)oi' (|U(} el i)ueblo redoblando su furor dio tal carga con- 
tra ella^ que se vio obligada á refugiarse en su cuartel^ 
lleviuido no pocos soldados las señales de su arrojo en 
las heridas que recibieron en los encuentros con la mul- 
titud. Mientras esto pasaba por las calles el Gobernador 



(*) Relación manuscrita dirigida al 1*. M. Gil de la cual sacamos los deta 
lies sobre este fu-ontecimicnto, Véase tambit^^a la citada obra del P. Bcrthe. 



100 LA COMPAÑÍA DE JESUS . 

1852 y demás autoridades con no pocos del mismo bando 
desconfiando de sus armas contra el pueblo enfurecido 
se habían refugiado en el Palacio del Arzobispo y supli- 
caban al venerable anciano que procurase calmar á la 
muchedumbre por medio de una pastoral acomodada- á 
las circunstancias; mas como esto no era cosa que po- 
día llevarse á cabo en un momento, y. la necesidad ur- 
gía por que el tumulto á medida (jue cerraba la noche 
tomaba mayor incremento^ pei-suadieron al Prelado (|ue 
hiciese salir por las calles algunos sacerdotes respetables 
que con buenas razones calmasen los ánimos irritados 
contra el Gobierno. Rlii efecto,, aífuella muchedumbre 
que poco antes había obligado á retmceder las tropas, á 
la voz de sus pastores, se aplacó, (i lo menos por el m<>- 
uiento, y á lá media noche \t\ tr«n(|uil¡dad (juedó resta- 
l)lecida, si bien no se .pudo obtener que todos se retira- 
sen; gran número de gente quedó en guarda á los puei- 
las del Colegio -hasta el amanecer. 

Asi termirtó aquel arranque de indignación popular, 
valiéndose los liberales áfi «la influencio de la Iglesia 
misma i\uo deprimen y persiguen para sofocar los im- 
pulsos del pueblo, cuando alguna yez (|uiere. hacer uso 
de esa soberanía (jue ellos tan mentirosamente le atri- 
buyen, y í|ue ¿MI realiíUnl'nd ps más que un antiüaz ppni 
ocultai* á los ojos de l<»s necios la repugnante» dosnu<lr/ 
de sus inti-igas é iniípiitlades. (Jtras escenas siguiéronse» 
representando en (fue el pueblo daba A entender su n<>- 
titud hostil al Gobierno do Urbino: Como se había pmhi- 
bido bajo severas penas la i-eunión de nn'is de tres |>er- 
sonas en las caUes y phtzaás, Ja ginite se reunía en hi no- 
(:he en grandes partidas por los ejidos Ae la ciudafl, á 
donde no alcanzaba la prohibición. Gomo la pastoral dr 
íjue arriba hablamos y i\\\o se j)ublicó ñ los dos días les 
('xhortaba á someterse á las disposiciones del Gob¡ei-no, 
fué arrancada de las puertas de las Iglesias, recogidos 
cuantos ejemplares se pudo para destruirlos y la autori- 
dad d(»l octogenario Ai'zobispo <<• vi/» t.in dí'<n«;it;Ml.i 



EX COLOMBIA Y CfíNTUO-AMÉRIOA 101 

desde entonces^ que no faltaron plumas audaces que 1852 
('sci'ihiei-nrroti'a Antipnstoral y diversos pasquines en que 
se consideiviba ya al X'enerable I^astor como partidario 
de Urbina y hostil á los Jesuítas: y si es cierto que se ha- 
bía dejado intimidar y doblegar por los liberales para 
escribir en los términos f[ue tanto escandalizaron á la 
muchedumbre inconsiderada, hunbién lo es (|ue hasta 
el rdtimo momento se mostró amigo de la Compañía. 
Kntretanto hízose correr la voz de que el Poder Ejecuti- 
vo no había aún dado el pase de ley al decreto de la 
Asamblea; caminaba ya además para Guaya([uil una re- 
presentación redactada por la valiente pluma de García 
Moreno (enfermo á la sazón), y firmada por innumera- 
bles personas: finalmente se sabía (jue el Ministro de 
l^spaña D. Julián Broguer de Paz^ había elevado una pro- 
testa en favor de los PP.- Españoles subditos de su M. (1. 
Todo esto hizo renacer la esperanza en el corazón de los 
Ecuatorianos, y la capital quedó tranquila por muchos 
días, aguardando sin embargo con mucha ansiedad el re- 
sultado de aquellas gestiones. Mas es preciso confesar 
([ue sólo el gran deseo de conservar á los Jesuítas era lo 
(jue parecía dar alguna fuerza á tales motivos de esp.e- 
i*anza. Cómo no ver que el P. E. no podía negarel pase ó 
protestar un decreto que él con tanto empeño había pro- 
curado y cuyo verdadero autor era el mismo Urbina^ 
Respeeto de las representaciones, bien sabido es el valor 
quedes dan los gobiernos liberales yel uso que hacendé 
(»lfas: lo único í|ue p(xlía hacer alguna mella, si España 
hubiera estado en condiciones de hacerse respetar como 
una potencia seria y celosa de su reputación, hubiera 
sido la reclamación de Broguer. En efecto este ca- 
])allero honrado y amante del honor de su patria em- 
prendió con energía la defensa de los Jesuítas Espa- 
ñoles. Demostraba que la Pragmática no estaba vigente 
ni aun en España, no solamente de hecho por haber re- 
conocido el Gobierno Español la existencia legal de la 
(Compañía en todo el reino y sus colonias, sino más aún 



10^ l.Á COMPAÑÍA DE JESl'S 



1852 de derecho, por que hfabiéndose probado ser falsas s^us 
causales^ había sido expresamente derogada más de una 
vez: hacía patente la contradicción con que procedían y>o- 
niendo en práctica un solo artículo de la pragmática sin 
cuidarse de los otros: manifiesta estar en abierta oposi- 
ción el decreto de la Asamblea con la constitución de la 
República^ con el Código penal, con los tratados celebin- 
dos con España, y concluye pidiendo que se juzgue á los 
Jesuitas antes de sentenciarles á destierro. Con motivo 
de esta defensa escribía García Moreno: «El pueblo es^ 
pera todavía que ürbina no los expulse por los reclamos 
vigorosos del Sr. Brógue'r de Paz en favor de los que son 
españoles: yo me inclino á creer que los expulsarán á 
su pesar y después le darán satisfacciones». Por ventura 
n¡ aun las satisfacciones se juzgarían necesarios; por- 
(|uo, qué podía temer TrWna de'España donde el Gobier- 
no Prógiesista en aquella niisma sazón echaba de Loyola 
á los Jesuitas poco antes llamados para hacei*se cargo 
de las misiones de sus abandotiadas colonias? Aplausos 
sin duda hubiera i*cc¡bido Urbina de sus cofrades los 
liberales españoles: y no debió ocullái'sele esta circuns- 
tancia al Sr. Bróguer, cuando se le ve tan fácilmente 
sobreseer de sus tan honradas y justas reclamo cioi>eí>. 
Másíjue á España temía el sultán ecuatoriano la ani- 
mndveisión y el odio que» iba á cargar sobre él por se- 
niejínile medida, y este tiiUó de declinar, valiéndose del 
Ministro español para ((ue eseribiera al Superior de Jos 
Jesuitas, proponiéndole que, aunT|ue la resolución )lc 
expulsarles estaba tomada, si ellos aceptasen el partido 
de marcharse espontáneamei|te, serían tratados con la^ 
m&yores consideraciones, se les costeo río el viaje hasta 
donde quisiesen, y además se les asegurarían fondos |)ara 
subsistir durante un año. La respuesta del I^. Blas no se 
hizo esperar: por el mismo conducto contestó que, -si 
bien estal>íin dispuestos á obedecer las órdenes del Go- 
bierno, jamás abandonarían el puesto en que Dios les 
linlíín ('ñlo(\'u]o, sino r(v]i«^iKlo n In fn«^r/n XoIhiIm» )\\:'\< 



EN COLOMBIA Y CENtUO-AMÉRK^l . 10:^ 

demora: inmcd¡nt«^mentefué enviadp él Oneral Guiller-- 1852 
ino Franco, hivizo donadío, activísimo satólito de Crl)ina, 
I)ni-a ejecutar la expulsión en la cajiitai: al día siguiente 
de su llegada recibía el P. Blas por conducto de un sim- 
ple^ criado el siguiente oficio: 

HcjniMica del Mcuadoi' 

VA (l(>hei'ii;ul()i* de la ProNÍncia del Picliinclia ^\^' or- 
(l(Mi expresa del Su[)remo riohierno: Concede iVajico y se- 
guro pasaporte al P. Pablo de Blas, Superior de la Com- 
pañía de Jesusy y á los demás religiosos existentes en 
esta capital^ que componen dicha orden para que én el 
perentorio término de 48 horas evacúen ésta ciudad^ 
y en el de la distancia el territ(>iM*o d(* la Bí^púldica por la 
vía de Lqja. 

Por tanto ordena y manda á las autoridades sujetas 
á su jurisdicción^ y á las que no lo están ruega no le 
pongan. eml)ai'azo, antes bien le j)resten los auxilios que 
necesitare. 

Dado y refrendado por el Secretario de Gobiei'uo de 
Quito á lí) de Noviembre de 1852^ 8." de la libertad.— 
Antí^nio Cevallos. — Vicente Enriquez^ Secretario. 

Mste mal pergeñado oficio fué la única intimación 
que recibieron los Jesuítas para efectuar su extraña- 
miento: no podía darse mayor falta de formalidad .legal 
en vui asunto tan grave. ¿Existió en realidad el decreto 
de la Asamblea? Sí, y usando de un ceremonial nunca 
visto en semejantes casos, fué remitido al Arzobispo 
para que con toda reserva lo mostrara amistosamente á 
los interesados- sin dejarlo ni un momento en sus ma- 
nos. Razón tenían de avergonzarse los legisladores, y 
sobradas causas de temer si llegaba á verla luz pública: 
temían los ataíiues de la prensa; temían más ({ue todo 
á García Moreno que sin duda alguna no callaría, con^o 
no había*callado un año antes, y les sacaría (\ pública 
vergüenza todas sus iniquidades, todas sus degradantes 
miserias lil)erales. 



104 LA compañía de JESL 



1852 Sería muy difícil describir todas las aflictivas esce- 
nas que representó Quito en los dos días de término 
para su marcha: todavía se tocaron varios resortes y se 
ensayaron diversos medios para suspender la partida 
mientras se acudía de nuevo á la Asamblea y al Go- 
bierno: las autoridades n])arcntal»an accedei* bondado- 
samente, por librarsic de tantas solicitudes de pei*5fonas 
á quienes no podían menos de atender. Mientras tanto, 
dice Berthe, «todo el día del domingo 21 de Noviembre 
la casa de ios Jesuítas estuvo cercada de soldados qu(» 
vigilaban á la muchedumbre que espejaba la salida de 
los PP. A cosa de media noche se les vio por fin apare- 
cer entre guardias, y todo el pueblo cayó de rodillas 
pidiéndoles la bendición postrera. Cuando su digno 
Superior el P. Blas cruzó el umbral de la puerto, García 
Moreno exclamó con voz fuerte, pero trémula de cólera 
y emoción: «¡Adios/Padrel... De aquí á diez años can- 
taremos el Tc-Deum en la Catedral». Kra el juramento 
de Aníbal, como lo decía más tarde; y ciertamente qu(* 
el deseo de realizar esta profecía no fué uno de los más 
pcíjuenos móviles (jue le impulsaron á lanzarse á la 
arena politii-a». Realmente (iarcía Moreno fué uno d«* 
los que on aquellos aciagos dfas hi^*Í6mn más gala de 
íiiieza y sincero cariño á .K)s peí-seguidos: u toda vía no 
tengo sano el corazóu, decía en una carta, desde que 
tan vil y brutalmente fueron éxpulsiidos los PP. Jeiáuitas. 
Espero ahora t^da clase de desgracias públicas: la sidida 
de ellos es la salida del Lot para (|ue llue\a fuego sobre 
• las ciudades malditas». Mas donde pudo desíihogar su 
corazón herido fué en la despedida que publicó > 
produjo profundísijiu\s impi^esioncs de dolor y lágrimas 
en los amigos, de furor y núna en los enemigos. Poí- 
no interrumpir el hilo de la narración no la insertamos 
aqui, pero remitimos á nuestros lectores al número XVI 
de los apéndices: allí verán el dolor y la indignación 
que agitaban aquel gran corazón, y la exactitud de sus 
¡nirios <'onfh'niM(ln |»ai* 1(»< |M'<*»\¡mos .iroiilociniicnlos. 



liN tJOLOMlílA V CKNTHO-AMÉKICA lü.'i 



42) — Treinta y cuatro eran los Jesuítas que salían d(i. 1852 
Quito en la oscuridad de la noche escoltados de nume- ^^.-oe 
roso escuadrón de soldados y por otro inmensamente p„",amá. 
mayor de caballeros y jóvenes de distinción^ y de todn 
clase de pei'sonns cuyas Lá^rimns ylnmcMitos y tiernísi- 
mas despedidas despeda/.aban el (•ora/ón. lV)dríanios 
descender á menudísimos detalles, pues la carta arrilm 
citada da cuenta dio por día de todos los sucesos prós- 
j^eros y adversos de aquellas largas y penosísimas ¡or- 
nadas; pero para nuestro propósito basta una idea ge- 
neral. Al cabo de cuatro días de viaje un posta llegado 
de Quito llevó la orden de retirar la escolta que hasta 
entonces había custodiado á los Jesuítas expulsos, grn- 
cia que á costa.de muchas súplicas y empeños les ha- 
bían obtenido sus amigos. Ya libres de aquella presión 
tenían á lo menos libertad para caminar más ó menos 
aprisa y para descansar donde más les conviniera, y 
como el plan que se habían formado, ignorantes sin 
duda de las grandes dificultades y serios peligros qu(? 
ofrecía, era pasar al Perú por Loja, quisieron descansar 
en Riobamba. Esta ciudad lo mismo que todas las 
pequeñas poblaciones del trayecto hasta Cuenca' les 
hospedaron con increíble amor y les obsequiaron hasta 
donde llegaba la posibilidad de sus recursos; mas Dios 
en su adorable providencia les preparaba durísimas 
pruebas. La entrada en Cuenca fué triunfal, la i-ccep- 
ción y trato regio, el entusiasmo de toda clase de j)erso- 
ñas así eclesiásticas como seglares indescriptible, y en 
aquella misma tarde se presentaron al Gobernador 
varias solicitudes para qué permitiese permanecer allí 
á los desterrados hasta poderse entender coii el Gobier- 
no: todo fué contraproducente.- A la una de la noche 
cuando los fatigados Jesuítas descansaban profunda- 
mente de sus pasados sufrimientos, una escolta manda- 
da por un oficial semisalvaje les hace levantar violenta- 
mente para emprender de nuevo la marcha por un 
(iuiiino que con dificultad seancontrará igual en todo la 



iCí) LA. compañía de jesús 



1852 cordillera de los Andes por su escabrosidad: les condu- 
cían al puertecillo llamado del Naranjal. Esta nueva 
resolución era contraria al pasaporte recibido en Quito; 
mas qué importan á los liberales semejantes contra- 
dicciones? En vano reclamó el P. Blas^ en vano pidió 
una entrevist?r con el General Ríos encargado de la 
ejecución de aquella medida; nada pudo conseguirse; 
hubo que cederá la fuerza y sujetarse á aquello^ veivlu- 
gos que «te gozaban en hacer sufrir á sus víctimas. 
iJoloí-osa mente sorprendidos amarteeieron los l)uenos 
moradores de Cuenco cuafído Bu-pieron los sucesos de 
la noche: algunos catíalléroe fueran al alcance de lo;? 
PP. para despedirse de ellos y las señoras que no 
podían hacer otro tanto se apresurai*on á enviiu* hosj)e- 
dadores que '6 4o* menos en aquella primeva jornada 
suavizasen los )Widecimiontos de> los perseguidos. Si- 
guieron aún cuatro días de camin^) por horribles desfi- 
laderos, profundos iranianos y lodazales (pu» las diarias 
y torrencialeí; lluvias, produceh naturalmente én terre- 
nos deleznables dóbilmente oreados por el sol: de aquí 
(d tener (jue dejar muchas veces las caballerías y cami- 
nar á pié y verse desíollecidos en medio d(d fango sin 
l)oder dpenas dtir paso^ sin endiorgo s. paljíabh»- 

blemenle cómo velaba Dfos por sus sff*rvos con especifd 
j)rovidencia, j)Ues yendo en la numerosa comitiva per- 
sonas ya muy adelanta<las en*eflad y jovencitf>s delien- 
dos no hubo que lamentar» desgracia alguno de consi- 
deración, lo cual es una >V;rdadet*a maravilla, dadas las 
condiciones del camino.' 

Mas antes de seguir á nuestms desterrados <mi su 
penosísimo viaje por mar, tiobemos referir oU'OS inci- 
dentes que no pudieron menos de aumentar los sufri- 
mientos de todos. En el largo y difícil trayecto tpie 
media enti*e Hioband>a y Cuenca cayeron enfermos dos 
Hermanos, y el uno de ellos de tal gravedad, que hulM. 
de recibir los últimos sacramentos. ^Qué hubiera jmdido 
haeersí^ ru medio de aqvK^llíis vn<ta< «>I(m1;i(1('^, d(HMl<' 



EN COLOMBIA Y CENTRO-AM¿RICA 107 

apenas se encuentra alguna que otra aldea desprovista, 1852 
como es de suponerse, de todo recurso aparente para 
semejantes casosf Dios en su Providencia lo tenía todo 
previsto. Acompañaban á los desterrados desde su sa- 
lida de Quito dos caballeros de aquellos que saben 
j)robar su amistad con el sacrificio: eran ^1 Sr. D. Ma- 
i'iano Sosa y el Sr. D. Vicente ('isneros qu(% dejando 
las comodidades propias de su alta posición, habían 
detei-minado seguir ú los PP. para servirle^ \ ayudarles 
(MI cuanto pudieran, arrostrando toda la odiosidad de 
parte del Gobierno que por tan generoso proceder había 
de cargar sobre ellos, y participando de los trabajos y 
fatigas de tan penosas jornadas. Era el Sr. Cisneros uno 
de los médicos más acreditados de Quito, y él fué quien 
salvó aquellas dos vidas^ que, juzgando humanamente, 
se hubieran extinguido sin sus cuidados, y él el con- 
suelo y apoyo del P. Pablo Pujadas y el H. Rafael Sa- 
lazar, que habían quedado cuidando de los enfermos. 
Cuando ya fué posible continuar el camino, siguieron 
hacia Cuenca y allí permanecieron algunos meses, 
ocultos al principio, francamente después, de manera 
que el P. Pujadas pudo ocuparse en dar ejercicios y en 
otros ministerios, mientras los enfermos acababan de 
restablecerse. Entre tanto el Sr. Sosa, que había acom- 
pañado á los desterrados hasta Guayaquil, se dirigió á 
la ciudad para comprar ropa; mas detenido por los 
agentes del Gobierno no tuvo ni la satisfacción de so- 
correr aquella extrema necesidad de sus amigos, ni de 
darles el último adiós: volvió pues á Cuenca en busca 
de los que quedaban^ y en su compañía permaneció 
con el Sr. Cisneros, hasta que pudieron partir, los cua- 
tro Jesuítas con dirección al Perú, en cuyo puerto más 
próximo al Ecuador, llamado Paita, se reunieron con 
los PP. de la Residencia de Guayaquil,- que allí espera- 
ban órdenes. Con ellos se había también reunido el 
joven José Antonio Lizarraburu, quien, habiendo en- 
trado á la Compañía poco tiempo antes de la expulsión, 



iO« l.A COMPAÑÍA I»E JESÚS 



1852 y oponiéndose resueltamente sus parientes á. que si- 
guiera á los PP. al destierro^ hubo de volver al seno de 
su familia; mas Dios que le tenía destinado para qu(^ 
fuase una de las más tirmes columnas de la Iglesia del 
Kcuador^ le infundió tales ánimos, que lesolvió seguir 
su vocación jV^osta'de cuakjuidr sacrificio. EH*efecto, 
rinco días después de la partida tle sus compafieros 
salió secretamente de su casa, y en medio de mil pena- 
lidades y trabajos llegó á Guayaqui.l, donde permaneció 
oculto hasta encontrílr embarcaci5n que le llevara en 
seguimiento de los PP. que/ según él plan, primitivo, 
debían trasladarse por tierra al IVrú: la mano del Señor 
que le guiaJ)a le condujo á Paita, y en aijuelija residcn- 
cja interina* continu(> su .uoviciado, con *el fervor que 
j)uedQ suponerse ^i quien había d^ulo tan raras pruelms 
de íid(»lidad y rimstancia. Pero volvamos á los (jue tan 
á j)esar suyo obligó'Urbinaá tomar el rumbo (q)uest<>. 
No fué menos pciiosn Ja navegación por Iti calidad 
de las embarcaciones, por el mol trato que en*dlas se 
les daba, por no tener ni hal)<Tseles permitido compVar 
roj)a al pasar cenMi de (iuaya(|uil y llevar a(piella mis- 
ma i[\w liobía suiVido el üudor, el agua y el lodo de los 
jornadas descritos/nó menos sucia (|uc destrozada; por 
ir en tin perpetuamente custodiados de ti'opa armada \n 
mismo en el mar que por licira. Mas al llegar á Pana- 
má se acabó de descubrir (jüe lodos aquel.los inhuma- 
nos tratamientos eran eTi^ctós de un plan de venganza 
combinado entre los liberales ecuatorianos y granadi* 
nos. Aquellos entrc^gaban á éstos después <le dos anos 
á' los mismos Jesuítas, que coníó ^ntes vimos, habían 
escapado de sms manos pa;^ndo los unos por Pasto al 
Kcuador, y los otros rodeando eñ medio de mil peligros 
por el Istmo que ahora tan contra toda humanidad y 
justicia se les obligaba A repasar*. Ku efecto, á poeo.de 
haber fondeado el buquecillo junto á Taboga, ishrcer- 
r.nnn á Panamá, una nueva escolta enviada por el Go- 
Ihmii.mIoI" del Puerto |)ai'a c<mdu<-ii-les á tierra «-orno 



i;\ (.'OLOMBÍA Y (IBNTUO-AWKKUU 101) 



|)r¡sioneros_, se apoderó do la embarcación, l.os PP. so i852 
negaron absolntamente á salii* del l)U(|n(% nna vez (\\\r 
((nien lo ordenaba carecía de toda aiilorKlad sobre ellos 
(}ue nada tenían que ver con el Gobierno Granadino; 
fuera de que b1 Congreso de esta nación por ley del 9 d(^ 
Mnyo de 1851 liabía {)roliibido aún á los«rJesuitas Grn- 
nadinos enti'ar al territorio de la Rcjniblica (*). Mendo 
el oficial ({ue sus prisioneros protestaban con. energía 
contra aquella violencia y se resistían á obedecer k 
((uien no tenía derecho de mandarles^ dio cuenta por 
inscrito al Gol)ernador pidiéndole mayor número de 
soldados, como (fuien se previene para librar batalla 
contra unos pocos religiosos en gran manera debilita- 
dos por el durísimo trato y grapdes penalidades que 
por más de cuarenta días habían venido soportando: 
también el P. Blas dirigió una nota cortés sí^ y mode- 
lada, pero llena de. i'azones para hacer ver al Goberna- 
dor de Panamá que no tenía derecho para imi)edir í|ue 
persoTias libres y ajanas de todo crimen dirigieran su 
rumbo hacia Costa Rica sin tocar en nada el territorio 
de Nueva Granada, ni menos para llevarles presos al 
puerto como á j)iratas ó contrabandistas. La contesta- 
c'ión del magistrado merece ser leida,» porque en medio 
(le su af(^ctada cortesía, pone de manitiesto la arbitra- 
riedad verdaderamente salvaje con (pie obi'nban n(jue- 
llos hombres. Dice así: 

«Acabo de recibir la carta que V. me dirigió .con te- 
cha de hoy, como á Gol)ernador de esta provincia, soli- 
citando el poder embarcarse para Costa Rica con sus dé- 
más compañeros* Me es sumamente sensible no poder 
acceder á los deseos de V. por que tengo instrucciones 
terminantes en contra, recibidas de mi Gobierno. Recor-. 
dará V. el decreto de 18 de Mayo de 1850 que expulsó de 
la N. Granada á la Comi^añía de Jesús, y tanto en el ohe- 
decimiento de él/- como de órdenes posteriores, me veo 



(■■••) Véa.sc la Parte T; nota do la pág. 380. 



lio LA COMPAÑÍA. DE JESÚS 

1852 forzado á dirigirlos para Colón. Encontrarán V. y sus 
compañeros buenas muías que les tengo preparadas^ 
bote en el río^ paso en el ferrocarril, y 10 pesos cada uno 
para gastos de comida hasta Colón, que sólo son dos días 
de viaje. Además se les pagará el pasaje á Jamaica ó á 
los EE. UU, en donde hay colegios de la Orden de VV. y 
establecimientos de misiones.— Creo no opondrán uste- 
des por su parte resistencia alguna á las órdenes de las 
autoridades, por que cualquiera que sea á más de ser 
inútil, será muy dolorosa para niL, que acaso me veré 
obligado á tomar medidas desagradables. — Con senti- 
mientos de estimación me suscribo de ^^ muy afmo. S. 

Salvador Ca macho Roldan. 

No se comprende á qué propósito venga el citar el de- 
creto de expulsión dado más de dos años antes y que 
había producido inrtiediatamente lodi^s sus efectos, pues, 
como hicimos notar al tratar de ese asunto,'^ los cua- 
renta días de expedido, no quedaba un solo Jesuita en ej 
territorio granadino. ^Sf^fa acaso (|ue aquellos gober- 
nantes liberales se creían autorizados por el tal injustí- 
simo decídelo pora |ieivígini* > vejar á los Jesuítas donde 
(|uiera (|ue pudieran haberlos á los manóse En esto no 
cabe ya <luda alguna; laS ordénese instrucciones de que 
había el Gobernador están de acuerdo con los hechos: 
alejar á los Jesuítas de todas las Bepúblícas Hispano- 
Americanas era el anJiefo délos mandatarios Neograna- 
(linos y Ecuatorianos^ y si para esto era nec(»sario alro- 
|f(^lhir todos los ílcrt'chos, atentar conira toJas lasliber-^ 
lades, (|ué importaliat Es venlad que aun con todo esto 
siempre- (piedaba en pié y muy airoso el principio lil)eral 
jaáctico: ulilnM-tad absoluta, plenas garantías para (»l 
mal y'lós malos; tiranía y ptMsecución á muerte para r\ 
bien y los buvMios». 

El Jefe político en persona fué el portador del sobre- 
dicho pliego, y el encargado de ejecutar las órdenes del 
(Tohernndor. Comenzó por m^Migar á los PP. prisioneros, 



ION fOLOiVlBIA V CENWtO-AMÉKlCA lll. 



tratando de defender h\ razón con (|ue obraban ambos 1852 
p:ol)iornos ocuatoiMano y^ranadino; porool P.San ÍV>mán 
con sü ardorosa clocnencia le confundií) y (>l)l¡g(') á en- 
mudecer: no tuvo más pulabras'v al lin dijo ((ue cumpli- 
ría á viva fuerza las órdenes de su gobicM-no. ÍMiceri*ados 
conio estaban en el buíjuecillo ecuatoriano y rodeados de 
la escolta ^a-anadina, qué recurso quedahwiá los indefen- 
sos Jesuitas"? Determinaron, i)ues, entregarse en manos 
de sus enemigos, si ([uiera para evitar más bárbaras 
tropelías. Inmediatamente fueron embarcados para el 
puerto y conducidos por medio de la ciudad entre dos 
lilas de soldados^ llamando la atención de la gente que 
se iba agrupando en torno suyo curiosos de contem- 
})lar tan extraño y lastimoso espectáculo: y tuvieron 
tiempo para contemplarlo á su placer^ porque conduci- 
dos á la jefatura civil se les. dejó en un balcón por espa- ' 
cío de dos boras^ expuestos á las burlescas miradas y á 
la befa de una cliusma desenfrenada. La situación de 
aquellos pobres religiosos no podía ser más triste: los 
suíVimientos físicos y morales y la natural debilidad de 
(juieii no ha tomado alimento alguno en más de 2i horas 
se dejaban ver en sus rostros pálidos y macilentos: sus 
andrajosos vestidos* empapados por la lluvia; la ignomi- 
nia de verse tratados como insignes malhechoi*es; la ca- 
rencia absoluta de todo auxilio humano, todo contribuía 
á acrecentar más la amargura que saboreaban aquelhis 
víctimas inocentes del furor liberal. Ya Dios había acri- 
solado bastante la vii'tud de sus siervos y (juiso enviai- 
Jes un alivio, no fuera más (juc momentáneo. K\ H. P. Vw 
l-?amón Pi'ats s<' hallaba á la saz<')n enPanamá, y sabedor 
de lo (juc sufrían aquellos hijos déla (lompanía de Jesús, 
voló allá á darles algún consuelo y prestarle sus servi- 
cios: él ante todo les hizo abrir un salón para 'apartarles 
de las burlas del populacho, él les proporcionó algún re- 
frigerio y él en compañía del Rector del Seminario don 
Fermín Jované intei-vino i)ara (jue perinitiei'an á los 
PP. alojarse en el Seminario, \ en fin trabajó cuanto le 



112 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



1852 fué posible para dar algún alivio á tanto sufrimiento. Tal 
caridad y tan exquisita finura á nadie parecerá extraña 
en un excelente hijo de Santa Teresa de Jesús, ni en un 
ejemplar sacerdote; mas lo que vamos á referir debería 
llenar de vergüenza á 1""^ ^^\pntn¡-•u1<>< í11^('íimi1<^^ d«^ 
Aranda y de Pombal. 

No se habló, en Panamá durante todo aquel día más 
que de los Jesuitas ({ue el Gobierno del Ecuador había 
enviado presos á la X. Granada. Llegó esto á oídos de 
unos honrados Norteamericanos de los mtichos que á 
la sazón Jiabía en Pananiá empleados en la empresa 
del ferrocarril ¡ntei*oceánico^ é informados del suceso 
^se llenaron de indignación, porque aunque protestan- 
tes,' no' pertenecían á la secta liberal, y erau capaces 
de sentimientos de honrade? y humanidad. Como honi- 
* hres piácticos fueron presto en busca de los oprimidos 
religiosos, les ofrecieron generosamente sus servicios, 
les gbsequiaron don una "regalada cena que ellos mis- 
mos les sirvieron con singular tínura y amabilidad, y 
se empeñaban en publicar una protesta en todos los 
periódicos de dmilro y fuera del país para dar á co- 
nocer al mundo de qué raleo iranios gobernantes cU' 
a([uellas infortunadas Repúblicas. Nada omitieron los 
buenos Norteamericanos para suavizar los sufrimien- 
tos de los Jesu¡ü»s vejados y sobi-e lodo les exhoi-taban 
á íjue se dirigiesen á su país donde no sólo serían muy 
bien acogidos, sino también amados y respetados. Y es 
cierto; y muy triste es conl^esarlo, mientms on las na- 
ciones católicas la Iglesia siifre las tiránicas vejaciones 
fiel liberalismo,. en In^lalorra yon los VA 11 ño 
sólo goza de trida libertad y de las más seguras ga- 
rantías, sino que rccib»» l;i prdfrccif'Mi \ iv«<p«Mo (](> -i\\^ 
gobernantes. 

1^ i>i \^{) — \i siguiente día muy de madrugada todos los 
r"" Padres y HH^ dejaron el descanso, de que harto nece- 
«»^'^^^"' sitaban, para dirigii'se al templo y prepararse con 
iíí Misa v sn^i-ndn comunión á sufrir los nuevos 



l'aiiumá 



JJN pOLOMBTA Y CEXtRO-AMÉRICA 113 



|»;i(iecim¡eiitos, ninyoros nún «le lo (jiir pi-í^vcinii, fiiites 1852 
de qiio In osroltM n¡ih(M';i ú rodcnirlcs oIi'm ve/.;En eíecto, 
muy I ) rosto se pi-csonlnroii los soldndos trnÚMido los 
c.ilwdiiíidin'íis píirn (Miiprendrí' (d \in¡(.' sin flcniorn, \ 
;itr;iM»S(U' ol Istmo por onti'o lodíi/.nlos pi'ofmidísiilios, 
'*, p(dl«ii'(>sns (Mn[)(üizíKlas, d(\stilculero8, (mi min p{d}d)rn, 
por un camino tan Jiorrible, como el <[ue liahían traído 
(MI el 1^'euador de Cuenca al puerto del Naranjal. Así 
anduvieron en medio de penalidades indescriptibles 
hasta embarcarse en el Chaires |)ara ir á tomai* el tren 
\ aprovecharse del pequeño I rocho de ferrocarril yn 
( onstruido, que en breve rat-o les puso en Colón. Aquí 
halla 1*0 n ya preparado un miserable bergantín Dina- 
iiiíirqnés (MI el trual sin jx^rdida de fiíMiipo fuei'on ha- 
cinados los .lesuitas, \ s(» hizo ñ la vela pai'a Nueva 
(hicans, habiendo antes el (la[>itán tirmado un docu- 
mento en que se comprometía con el Gobierno de la 
Nueva Granada á llevarlos á aquel' puerto. Comenzada 
la luivegación y hallándoí^e yA fuera del alcance de las . 
lias liberales, trataron los PP. de tcntiir algunos me- 
dios para recobrar su libertad: al efecto llamando á 
solas á Peterson^ así se apellidaba el capitán, le im- 
pusieron de su situación, le hicieron ver que los que él 
acaso creía, unos malhechores, no eran más que vic- 
limas inocentes del fanatismo ant¡religios(^ de los libe- 
rales granadinos y ecuatorianos niuncomiuiadíis para 
alejarles de La América española, ((ue como hombres 
libres tenían derecho pa-ra ir á donde les conviniera, 
que los Norteamerican(^s mismos habían reconocido la 
arbitríU'iedad, la violencia é injusticia de aquel proce- 
dimieiilo \ aun hul)¡(M';in hanados u defensa 'fprmal, si^ 
se hubiera dado ti(Miq)o; (fue p(H- lo mismo él no estaba 
obligado á* guardar a(piel contrato basado cu u1u\ in- 
justicia [)alniaria, y además en un engallo por medio 
del cual le hacían cooperar á su crimen: añadieron 
que, como él lo sabía mejor,- el buque estaba poco 
abastecido de víveres y el agua misfna comenzaba ya 



114 LA COMPAÑÍA DE JESI'S 



1852 á corromperse^ lo cual iba á ser causa de grandes pa- 
decimientos para la tripulación y pasajeros, de , mucha 
y muy grave responsabilidad para él: ([ue todo se ob- 
viaría^ si considerándoles coijio á personas libres; cómo 
en realidad lo eran^ íes dejase- desembarcar en uno de 
los puertos de Centro-América, renunciando ellos al 
derecho que tenían al pasaje hasta Nueva Orleans, > 
añadiendo una gratiñcación digna en. prueba de gra- 
titud y reconocimiento. El razonamiento era convin 
cente y halagador al iiiismo^ ticnijM» y no pudo meno- 
de hacer gran fuerza en el. buen Capitán, '€|uleii después 
de haberlo pensado y acaso consultado ccui Mis'* oficia- 
les, se resolvió á 'dejar ñ los UP. en San Juan del Norte, 
puerto de la República ..da Nicaragua. P^vo Dios (|uerin 
l>robáraún más la paciencia de . los -asendereados I»- 
sui tas. Cuando se haljaban ya é. vista deJ puerto, pró- 
ximos á vorse libres de su cautiverio y do la durísím.i 
coyunda de sus enMnigo.^, una > horrible tormenta s< 
. desata y los vientos y las glaíi juegan l|>or espacio d< h» 
días con .el mal lastrado bufpjecillo, poniéndole á cad.i 
momento f\ pique de perecer. Ya se deja ver cual sorín 
Ja atlicción de los na\eü:antes y cuantos votos y sú- 
plicas .eievn rían iil I' I' < II lü'li" <1< -II (ribulac¡(\n 
;i((uellas almas «íligidas. Calmóse cu Ihi la borrasca \ 
sosegadas las olas, vÍ(mm»í) i\n sin gran consuelo^ que S( 
hallaban tan próximos al |»uerlo, que sé podían dis 
tingjair los édilicios:. a^íi-esürosc el .piloto aprovechand. • 
el viento favorable xjue sopla-ba y en bi-eve pudieion 
tomar tierra, cíespués de i2 días de una 'navegación 
que en circunstancias más favorables suele hacerse en 
tres'. 

Libres ya los IMV una tierra donde, si- uo eran 

conocidos, á lo meiH»> n.. podía serles hostil bajo nin- 
gún concepto, debían elegirla senda que les condujese á 
(lUa témala: la luás fácil |)aro<?ía ser aguardar el vapore pie 
pasa para Belice, el cual cm dos ó tres días les p(»ndrin 
011 l/.nbal,' pU'M-to*flo ("ium'"-"'^-^ m 'I'MíH'^ 1m'..->. ^;<l.. 



EN COLOMBIA Y CENTRO-AMÉUICA 115 



llegar á todos los Jesuítas nisidcñtes en esu República. 1852 
Sin embargo prefirieron internarse en Nicaragua, acaso 
j)o!* verse luego en un<i ciudad, en In cual pudiesen 
contar con recursos pai*a los muclios que iban enfer- 
mando, por efecto de los sufrimientos pasados. E'm- 
barcáronse, pues, en uno de los vapores que suben el 
río San Juan hasta el Gran Lago^ á cuya playa está 
situada la* ciudad de Granada^ una de las principales 
de la República. La navegación ya por el río, ya por 
aquel hermosísimo mar de agua dulce que cuenta 5f> 
leguas de largo por 23 de ancho, hubiera sido un des- 
canso verdadero, pero las tercianas se habían apode- 
rado ya de una parte de los caminantes, de manera que 
la casa que se proporcionaron en Granada presentaba 
el aspecto de un hospital. Detengámonos aquí,y antes de 
concluir la relación de tan azarosos acontecimientos, 
volvamos á Guatemala. 

Mientras tan lastimosamente (•(►ncluía la breve per- 
manencia de la Compañía en el Ecuador, un año no 
más después de su glorioso restablecimiento, en Gua- 
temala sólidamente cimentada en la paz y en la reli- 
giosidad de un gobierno cuyos principios netamente 
católicos, y singularísimo carácter de perpetuidad daba 
las más seguras garantías, iba tomando cada día ma- 
\or incremento: el Colegio manchaba adelante con f>aso 
tan ñrme cpmo si contara ya largos años de existencia: 
los ministerios ensanchaban más ampliamente su ór- 
bita, aunque sin poder extenderse mucho fuera de la 
capital, donde todos los PP. tenían harto trabajo de 
cátedras, pulpito, confesonario, ejei'cicios á religiosas, 
asistencia á moribundos, á cláirceles, hospitales y cuanto 
puede dar pábulo al celo de fervorosos operarios en 
mucho mayor número de los que existían. De esta 
manera terminó el año de 1852: en el siguiente veremos 
la Misión enriquecida por la mano de Dios con mayor 
número de sujetos, con Iglesia propia, con tres casas 
en la capital, y hasta sororricndo al naciente C<'>]ocr¡n de 



116 LA COMPAÑÍA DE JE5U 



1853 la Habana, y á la recién restablecida Provincia de 
Méjico. El Señor extendía. su mano para bendecir y de- 
iramar sobre Guatemala los tesoros de sus gracias, 
para dará entenderá los pueblos cuánto vale para su 
verdadera prosperidad un gobierno que i)roteje deci- 
didamente ¡a Iglesia. 
44.-EX. 4 i)— Comenzó el año de 1853 por una excursión 
nesapoK- apostólica 06 carácter snigular. El celosismio Sr. Arzo- 
tóiicas. jji'í^po deseaba conlinuar la visita de su vastísima dióce^ 
sis, mas él no se contentaba con administran el Sacra- 
mento de . la coníumación: por- lo mismo jque las 
enormes distancias y dilicultosos caminos no permiten 
á los prelados cumplir anualmente con este deber [jas- 
toral, ({uería (|ue la \isila renovara el es|»iritu. religiosa 
\ sirviese para reim»d¡ar todas las necesidades espiri líta- 
les de los puel)los. Por esta razón quiso (fue le acompa- 
ñara uno de los PP. y fué sí»ñalado el P. Pedro García. 
Guatio meses continuos duró la excursión y juicdc 
decirse que fué una nristón que sola se interrumpía con 
el tránsito d^. un 'pueblo á otfo, siendo cada uno tci 
centro donde se reunían lodos los moradores de las 
aldeas y liaciendas \ecinas convocados |K>r los párro- 
cos. El P. Gartíía predicaba á mañana y tarde ygaslalia 
en oir confesiones lo restante del día y parte de la noche: 
ayudábale él mismo Arzobis|)o en cuanto se lo pei-mi- 
tíán otros negocios que sóJo él podiii desempeñar, \ á 
lál ejemplo nó resistían- los capellanes y [^rrocos que 
liabajaban landiién con ce(o. Iaí preseiwMa del l*íis1or 
|»oi- tan apartadas regi(»nes era un a'contecimicntf» en 
a(|uella época, y esli» contribuía á niultipiicar (*1 Con- 
curso; ia vo/ de lyi ijiisionero n • se había cs(Mirli.idn 
desde muy remotos tiempos; la misHia ceivuionia de \i\ 
Gontirmación administrada con la solemnidad p(mt¡l¡- 
cal no había sido nunca pi-escnciada por a(|uella gene- 
ración; todas las circunstaticias ayudaban á conmoveí 
* saludablemente los ánimos de aquellas gentes s,enci- 
llas. <í, \ mn\ rclii:io<M<, pf^f»» i;rn«»r-;Mitc< \ <i?i culti\«' 



.EN <M>J,OMBIA Y.("ENrU<)-A.MK({l('A 11 



espiritual. Quedó tan consolado y satisfecho el Venera- 1853 
ble prelado de aquella serie de misiones^ que siempre 
conservó el recuerdo de ellas y en adelante^ como vere- 
mos, cuando Icnía que visitar alguna de las Provincias 
muy lejanas de la Ca]>ital, procui*aha (|uc le acompa- 
ñasen uno ó dos de nuestros misioneros. 

Creemos ([ue será del agrado de nuestros lectores el 
saber algunos detalles de esta expedición verdadeni- 
mcntí^ a|)Ostólica, poi'quc al par íjuc dan una idea más 
(^xacla de la índole y necesidades de los puel)los evan- 
gelizados, hacen ver las fatigas de aquellos varones 
celosísimos. Extractaremos una larga y minuciosa re- 
lación que envió al R. P. General el mismo P. Pedro 
(iarcía á la vuelta de la visita. Trata en ella especial- 
mente de la casta indígena que forma la mayoría de la 
población en los departamentos de los Altos (*). Cuanto 
al carácter, dice, el indio es instintivamente religioso: 
))ero á causa de la ignorancia en que vive, muy Comun- 
mente propende á prácticas, ó supersticiosas, ó por lo 
menos sospechosas. Les es muy ordinario creer en 
brujerías, oráculos, y curaciones poi* ensalmo, y con- 
sultai- hechiceros. que llaman Sajorines, (corrupción del 
cíistellano zahori))')' abusar del agua y candelas bendi- 
tas, y de pedazos qu<^ quitan á las aras consagradas: usan 
de lo que llaman la prueba de la tijera, creyendo ave- 
ligunr algo' por este medio, y otros semejantes dislates. 
Mas por lo regular el asenso á estas cosas no es tan fir- 
me que ellos mismosnoentreveanque tales prácticas son 
vanas y mentirosas é invenciones de gente esta fíidora, 
(|ue quiere vivir del sudor del pobre sin tener que fatigar- 
se tr<i ha jando'. En algunas pariesen (juc la ignorancia 
es más profunda, ó la memoria de sus antepasados y 
sus costumbres está más viva., también adolecen de 
achaques de idolatría; asegurónos un señor Párrpco 
que entre sus feligreses indígenas había algunos qye 



l ) Col. parí. <le U Orden. 



118 Í>A t OMPAÑÍA DE JESl" 



1853 acostumbraban en ciertas ocasiones invocar el alma de 
Montezuma, que creen oir sus plegarias por la boca de 
uno de los volcanes de aquella tierra. Según otro^ en su 
parroquia son públicos varios adora torios en que no se 
á qué deidad honran quemando copal^ especie de goma 
parecida en el olor al incien5o, y según dic^n otros, 
hasta sacriíican animales... 

Enti*e las prárticns sospt^rhosus, nvu que debe p«j- 
nerse la predilcrción que los indios tienen por las imá- 
genes feas y ridiculas, sobre todo si son antiguas, por 
creer que éstas están ya bien enteradas de sus cosas \ 
conocen los linderos de sus tierras. Igualmente unn 
especie de virtud que piensan haber en el contacto de 
las cosas sagradas hecho .á su maneria: es muy ordi- 
nario ver eii los templos ó Jas indias alzar la iriano 
romo para tocar alguna imagen y luego ponerla sobre 
la labe/a del niño (|ue llevan en brazos, como para 
trasladarle su virtud, y esta idea la hacen extensiva á 
las personas muy respetables. Observé en (Juezaltenan- 
go (|ue habiendo llegado la Municipalidad de un pueblo 
vecino á .saludar al Sr. Arzob¡s|»o, su Señoría puso la 
mono sobre la cabeza del principal, segi'in os uso, sin 
detenerse á hacer lo mismo con los demás por ser mu- 
chos: entonces se avalanzaron todos en tropel locando 
al que había m(»4*ecido tal distinción, para gozar lodos 
de ella. Kn cierto pueblo tienen la coslumbi*e de. ente- 
rrar á la puerta de la Iglesia á los que se han distingui- 
do por su habilidad en tocar su instrumento favorito^ el 
tambor, para que comuniquen éstos su pericia á su^ 
sucesores, especialuienté en las funciones religiosas, en 
las cuales nunca falta semejante música Vi la entrada 
del templo; mientra?; dura la tiesta. 

Kl apego á sus costumbres, sean buenas y legítimas 
ó verdaderos abusos y aun perversidades, es una de las 
cualidades características del indio, y un verdadero 
obstáculo para su cultivo espiritual: su palabra sacra- 
mental con que croen satisfacer á todo, es responder: 



i:\ ( oi.oM i;i \ \ ( i.\ ri{u-.\.Mi;iclcA 119 



así en costumbre! y si se les arguye con ol ejemplo de las 1853 
pei'soiias cultas^ resj^onden: eso es aparte. En una de las 
j)nrroquias por donde pasamos, había esta costumbre, 
s(\min nos refirió un eclesiástico muy fidedigno. Llega- 
do (^1 Miércoles Santo, el Párroco sólo, ó á lo más ayu- 
dado de otro sacerdote, tenía que confesar en el día 
unos mil indios, que irremisiblemente habían- de co- 
mulgar ál siguiente día; mas como no era posible que 
no quedasen muchos sin confesarse, éstos también iban 
á comulgar sin ningún escrúpulo, alegando (pie estaba 
l>rcj)aríida la úmción de costumbre, es deqir, la comida 
de abstinencia. Otro sacerdote contaba otra costumbi-e 
no menos absurda. Cumplían, sí, los indios con el pre- 
cepto pascual, y pasaban la mañana en ejercicios pia- 
dosos^ según sus alcancéis;, á cierta hói'a de la larde 
volvían todos á la Iglesia, á dejar, como ellos decían, á 
Nuesti'o Amo. Entonces (comenzaban de nuevo sus em- 
briagueces y demás desórdenes con toda. libertad. Re- 
convenidos por tau bárl>ara costumbre, respondían muy 
satisfechos: «eso es ai)arte, lo de esta nianana ei*a del 
.iño pasado; Jo de estíi tarde es para el cjue vien(:)>. 
Finalmente, [)arece formar parte del Cx'ii'ácter del. indio, * 
a(|uí y en toda laAmérica la propern^ión al vicio de. la 
embriaguez. Gonócenlo ellos mismos y lo deploran; pero 
n causa de tener muy poco ai-raigado el teuior de Dios, 
y stM- tan escasa su cultura no lo evitan, sino que caen 
en él siempre que se les -presenta ocasión. En misionei'o 
reprendía á un indio que encontró en la calle bori-acho; 
mas éste respondió con mucho garbo én su mal caste- 
llano: <(El Sr. Gobierno tiene la eulpa^ porque nos pone 
aquí esta tentación del estanco». Y, en efecto, parecerá 
extrafio, i)ero es cierto que uno. ó dos pueblos de los 
Altos han obtenido que se les quite ;el éstancp; V es pú- 
blico que otros lo desean. Varias otras cualidades ca- 
racterísticas tienen los indios, pcu'o-todas tienen su raíz 
en la ignorancia y falta de cultivo. En cuanto á taraza 
española piir.i \ la mestiza, ((|ue aquí no liAy negros ni 



1:^0 1>A COMPAÑÍA Dtí JE.SL: 



1853 mulatos)^ por lo que he podido observar^ tiene, como-en 
toda la América latina, esa docilidad innata, y esa pro- 
pensión á la te y piedad, de la cual con menor trabajo 
se saca en beneficio de las almas niayui* paitido que. por 
lo común en Euiopa. 

Ya se deja, pues, entender que nuestra ocupación 
l>r¡mar¡a y casi exclusiva en la A'isita canónica era la de 
preparar á la frente a la recepción de losSacranlentosde 
la (Joníirmación \ Pcnilencia. Para lugrai* este objf^tu era 
necesario instruírla/por ser grande lu ignorancia de la 
doctrina cristiana en la mayor porte de íos indios y -no 
jjequeña en los ladinos, y además era preciso moverlos 
á dobjr, y procurar se llegaran con la drbida de\oc¡óná 
la sagrada Mesa> Con esU> tin liocíaiiiosdianaanente dos 
exlioitaciones,*una doctrinal por la nun'íana, y otra mo- 
ral [íov la tarde. Adeuíás el limo. Si*. Arzub¡s|>o \ii\rUi 
también íliariamente untes. del ofertorio de la Misa un.i 
instrucción mviy oportuna v per^iuas¡va con ti nnnlio 
i'spíritu \ gran <*elo cfu^ elSenor le ha ciunuuicado poi 
el bien de sus ovejas. Ia) irstante íM día hasta ya entra- 
da la noclií*, iu)i^ ocupábamos en oír innumerables con- 
•l*es¡t»nes. (!«n4*urria la gente ladina ile toda^^ apartes cu 
tropel tanto á oir lá palabra ile DioS, como á Üañai-se en 
las aguas de hi penitencia; asi ('s -que el iVuto ha sido 
copiosisiuHj cnli-e ellos. Kii todas partes ha sido mu\ 
sensibh^ la mejora de costírmbre^; poro observamos qm 
las poblaciones el afa» antei'ior i'ultixadas jíor nuestro^ 
jM*. en las misiones, hacían rn>table \ enlaja á las otras: 
las cartas que los Párrocos escribían al Sr. .\rzobispo, 
pasada la visita, congratulándose con t»l |X)r el cambit» 
de costumbres, y las bendiciones de los |)U(*blos agiadc- 
cidos á Su Señoría y á h)s misioneros (pie leaconq)aña- 
ban han sido testigos de la verdad de loque referimos. 
Pero si los resul(¿\dos han sido tan lisonjeros, no ha 
sido UMMioi* (*l li'abajo: comohemos ya indicado, el |)rimci 
obstáculo con que hay que luchar es la ignorancia, y de 
aquí otras no pecpiefias dilicultades, aun por parte de \o<> 



KN COLOMIUA VíCKNTRO-AMlálilCA 



ludiiios. Ulií<^ii lo creyeraí X'eníaii los cómplices de mal 1853 
vivir ó juntos^ ó uno en pos de otro seguros de recibir la 
absolución, sin ánimo de separarse, aunque por lo de 
iii.Ms con muy laicnos deseos, y una simplicidad' verda- 
dera mente crasa. Kn ti(;mpos j)asad()s se p<;nía much<> 
uiás esmero en la enseñanza de la doctrina cristiana: los 
|)árrocos de los pueblos de indios debían saber sns len- 
guas respectivas y había (mi (*sta misma ciudad cátedras 
para cnsíM^iarlas, y además gi*an parte de los caratos es- 
taban administi'ados por religiosos, como s(í sabe^ y lo 
atestigua el nombre de convento que suele darse, á las 
casas parroquiales; mas todo concluyó con ia domina- 
ción liberal; los religiosos fueron desterrados y el clero 
secular disminuyó hasta iú grado de tenerque dejar casi 
abandonadas muchas parroquias.! Lo mismo ([uo en h» 
])olítico se resiente todavía este j)<áís en lo religioso de las 
turbulencias pasadas; pero así como con hipa/ de hjs 
últimos anos ha mejorado en lo concerniente á lo pri- 
mero, así tambit'u en lo ([ue se hetiere á lo segundo, \ 
íundamento hay para creer ({ueni(\|orai'á cada ve/ más. 
Mucho ha hecho en (ít'ecto el Sr. Ar/obispo en U\ última 
\isita planteando inejor las esquelas, prombvieiido en 
ellas eíicazmente la ensenan/a de la doclrina, y encar- 
gándola muy en pai'ticular á los Si-es. Fái'rocos, á todo 
lo cual coopera, el Gobierno muy eíica/menle; con res- 
pecto al culto, los templos se rqparan, los ya derruidos 
se'ediíican de nuevo^ y todos nn'isó menos mejoran. Y c^ 
de notar la etica/ voluntad con que todos, ladinos c 
indios cooperan á este traJ)ajo. En tin, no han sido ])oeos 
los abusos que se han corregido, como, por ejemplo el di* 
obligar á los joruíderos á tral)ajar algunas horas los días 
de tiesta, so pena de no pagarles el jornal de la semana, 
impidiéndoles así muchas veces la guarda y santificación 
del Domingo: el tratar de cubrir la desnudez d(* las in- 
dias en los paises calientes, y otros muchos que, 'ya se 
ve, no podían faltar en aquellas pobláciones.que, á 4*au- 
¿a de las continuas turbulencias políticas,- 1)0 habían 



122 LA fOMPAÑlA DE JE.SU 



1853 gozado de los Bienes de la visita pastoral por más de 
cuarenta años. 

Con todo lo que llevo dicho del triste estado moral de 
estos pobres pueblos^ no debo omitir aquí algunos rasgos 
que al pai' que me sorprendían me llenaban de consuelo. 
Sea lo primero el espíritu de generosidad y largueza que 
distingue á estas buenas gentes, cuando se trata del 
culto divino: yo mismo r-onté en In Iglesia parroqtiial 
de 'i'otonicapán diecisiete hermosos frontales de plata que 
cubrían los altares, y Memos quedado agradablemente 
sorprendidos al ver lo' rico y *preeiosd de los Sagitarios 
en casi todas las Iglesias, y de tan raro mérito que i'ara 
vez pueden rivalizar con ellos las. catedrales de Europa: 
y respecto de Jos vaso^ sagrados aquí se escalda lizarían 
si viesen alguno que no fuese de oro ó plata dorada: \ 
por este estilo va todo.* Con's<^díiba me igualmente el ver 
(¡ue los indios en medio de su rusticidad, ignorancia y 
desnudez, oh algunos pueblos de la^osla^ casi cerapleia, 
conservan mucha pure/a de yidn,1o cual ci'eo debe atri- 
bliirse d la simplicidad de sus costumbres, al cuidado 
con que los j)adres velan en este punto delicado sobre sus 
hijos y la severidad y v'xfpv con que ^ástigaaesle género. 
de faltas de mol-alidad^ y'ix)r«iiii de la notable inferiori- 
dad de la (*asta indigna respecto de los ladinos en cuanto 
á prendas corporales. N\» es menos consolador encon- 
trar almas rtuiy favoreí'idas de Dios eií medio de Caniij 
esoasez de' uistrucoiónAfultura espiritual, blntre otros 
casos, que omitimos por no ser difusos, merece parti- 
cular mención el de una joven de notables j-Hendas, que 
requerida con t¡ vas instancias para el matrimonio se 
negó sierapi*e 6 ello deseosa de profesar virginidad. Sus 
padres, viendo que la colocación era ventajosa, la ex- 
liortaban á que consintiera, maS' no valiendo tales 
exhortaciones, para hacerla desistir de su buen pro- 
pósito; tomaron el partido de injuriarla, perseguirla y 
darle un trato cruel: teníanla to<lo el día al remo sin 
pi(»l»Mr horado á veces hasta la noche; mas ella con una 



constancia y paciencia incunlrablaliic, se gozaba en ios iSUll 
sufrimientos y se unía más con Dios; peroá proporción 
de su generosidad han sido los dones que le ha comuni- 
cado el Señor^ la ha elevado á un grado muy excelente 
de contemplación^ aunque ella no lo conoce, y dice que 
desearía saber meditar: cuando comulga cólmala Dios 
de inefables delicias; es en fin una alma privilegiada que 
el Señor ha cultivado por sí mismo, sin tener parte en 
(»llo la dirección humana. Vino esta ¡oven de algunas 
leguas de distancia á consultarnos las cosas de su es- 
píritu y así tuvimos ocasión de conocer cuanto había 
adelantado en la vida interioi* y en la práctica do las vir- 
tudes. 

Para concluir, no pueda dejar de decir una palabra 
sobre la grande edificación y ejemplos que he.observado 
en este venerable pastor, que guarde Dios muchos anos 
para la felicidad de la Iglesia de Guatemala. De su labo- 
riosidad sólo sé decir que, al verle ocupado sin interrup- 
ción, me parecía que, como en otro tiempo San Alfonso 
de Ligorio, tenía hecho voto de no perder instante de 
tiempo. Si no se ocupaba en asuntos de las parroquias, 
se le hallaba en el confesonario y á veces en la sacristía 
sentado en un banquillo confesando algún muchacho ó á 
cualquier pobrecillo que se le acercara. Era tal su iiu- 
liiildad y el cqidado que tenía de nosotros, que si no an- 
dábamos con cuidado, él escogía para sí el peor cuarto 
en las posadas, el peor confesonario en las igle- 
sias, lo peor en todo, porque anduviéramos menos mal 
acomodados. Muy alegre se alojaba en medio de las 
montanas en cualquier casucha, ó rancho^ como aquí 
llaman á las chozas de los indios, por no haber otro 
hospedaje; y alguna vez reparé que él palacio de Su Se- 
ñoría tenía por atrio y pórtico una ramada sostenida por 
cuatro troncos de árboles; por paredes cuatro esteras 
ordinarias de caña, y por pavimento la tierra desigual 
con otra esterita para defender los pies de. la humedad, 
sin que faltasen biclios que hincaran con demasiada 



)-2l Í.A COMPAÑÍA DE .IE.SU.S 



185o frécuencin í^u puiiZiuitc nguijóu. A pesar de su avanzada 
edad guardaba inviolablemente el ayuno de Cuaresma; 
V muchas veces fuera de ella, aun yendo de viaje. Un día 
(le las témporas de Diciembre, anduvimos de un pueblo 
i'i otro doce leguas: iba el Sr. Ai*zobispo ayunando, \ 
después de recorridas las diez primeros bajo frondosas 
íirboledas^ íjuedaban las otras dos al escampado v ya con 
la -fuerza del sol; para ¡uisarlas con presteza^ siguiend<» 
el ejeñiplo de Su Señoría^ anduvimos al 'galope, sorpren- 
diendo alSr. Cura efe la Parroíjuia^ quien nunca se ha- 
bía imaginado íjue el venerable anciano pudiera caminar 
jan aj>risa como se necesitaba para Jlegar á aíjuella 
población antes del mediodía. Parece que ej celo por el 
bien .de $us ovejas le rejuvenecía y comunicaba salud \ 
fuerzas j)aia solnclIcNar tan rontinuadas tareas, en rli- 
nias extremamente cálidos unas veces, otras fríos Jiasta 
quedar las hoja¿ de los órboles incrustadas en una capa 
de hielo, y Ut qué suele ser más peligroso, la transición 
\iolenta de ufio á (►li*o on jiocas horas, no lu" causaba 
daño alguno, cuando aun los jóvenes no dejábamos dr 
resentimos. Tal es el Prelado mpdélo con que Dios ha 
í'uriqucH'ido esta H(»públ¡cíi; nnicjio ]»o<lrlijiiiio.íi exten- 
dernos en elogio suyo, j>e.ro liasteu estos ligeros rasgos. 
Hasta a((ui <d cunqMMidio de la jnleiesaiilc relación 
del P. Pedro (rarclo: reauudemós ahoi*n eljiilo de nues- 
tra historia. No fué iiienos notable por sus^ aibundantrs 
IVutos la misión dada eii Amal'itlan. Ks esta una j»e(|uc- 
na íiudad situada á (írillasdel pintoresco lago(|U<* lleva 
el iloismo nombre, y á cuya ribera- se eleva .majestuoso 
el- Pacaya, InM-mosísimo volcán y sin actividad notable 
desde i77r> en (pu» hizo su última eru|)c¡ón, extendién- 
<lose la corriejde de lava hasta cincáj leguas fie distancia, 
como ge ve hoy^'Ejv él tiempo á que oo^ referimos er.i 
todavía Amatitlan -uno délos principales centros d»! 
cultivo y t'omercio.de la cochinilla, y por lo mismo mu\ 
[íoblada y íoncurrida. I.a misión no dejó (jue desear, 
especialmente por la reforma de costumbres que siguí.. 



EN COLOMBIA Y CBNTRO-ÁMERICA ,125 

. L__. s . : , 

H ella, convirtiéndose en legítimos matrimonios má's de i8.>5 
'.)0 concubinatos., Paní sostener tan eojiiosos frutos,' se 
llindó poco después la Ai-chicotVadia del purísimo do- 
razón de María, obteniendo el celoso párroco por este 
medio el toYuento de In piedad y In IVecueucia de Sacra- 
mentos. 

El tiómpo santo de la cuaresnuí^ si en todas. partes 
multiplica las faenas de los* operarios evangélicos, en 
aquellas circunstancias de Guatemala los sobrecarga bn 
mucho más, y cada día se hacía más urgente la necesi 
dad de maypi- número de PP. Los dos únicos que. resi- 
dían en el Noviciado de Belén,, además de los ministe- 
rios dé que arriba hablamos, habían echado yalos ci 
mientos de la Congregación de Artesanos, que-más tarde 
veremos desarrollarse y servir de editicacióu á toda hi 
ciudad. Mientras tanto veamos cómo Dios remedió esta 
escasez de obreros ap()stólicos, trayéndolos de diversos 
puntos á donde hablan ido á parar los Jesuijas todos (pie 
la tempestad liberal había dispersado él ano-de 5(). 

15)— Volviendo á Granada de Nicaragua donde de- 'y- ^"^ 
Jimios á los PP. y FIFI, expulsos del Kcuador, más que * h 
descansando de su larí^o v penosísimo viaje, curándose ♦''^•*»'- 

*■ '^ • . ' . lililí;' . 

de diversas enfermedades de que adolecieron casi 
todos, encontramos aquella (^omunidad aumentada 
con los seis que residían en Ibarra,, los cuales, ha- 
biendo salido por Barba coits á la Isla de Tumaco,. si- 
guiei'on [H)\' r\ Pacílico sin tocar en Panamá haslíi 
desembarcar en Puntarenas, puiu'to de la líepúldirn dr 
Costa Rica. Su- viaje había sido por consiguiente much»» 
meii0s l^énoso, y se eMK'ontraron- en. disposición de- dar 
misiones en algunos puebhis del tránsito. 'Aípii su- 
pieron que el P. Blas y sus compañeros estaban en 
Nicaragua y se apresuraron á reunirse con. ellos > 
continuar juntos el largo camino (pie aún restaba. 
Restablecidos lin tanto los enfermos, pasaron á León, 
en los días próximos á la Semana Santa, y pagaron la 
ifectuosa acogida y .generoso hospedaje (pie les di*» en 



126 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



1853 el Convento de la Merced el limo. Sr. Obispo D. Jorge 
Viteri, haciendo una fervorosa Misión y trabajando 
cuanto les permitían las fuerzas en el cultivo espiritual 
de aquel religiosísimo pueblo. Después de un mes de 
permanencia en León y convalecidos ya los enfermos 
resolvieron seguir su viaje por tierra. A cualquiera que 
tenga ün mediano conocimiento de aquellos países no 
puede menos de parecer muy desacertada tal resolu- 
ción, porque, si bien los caminos no ofrecen las difi- 
cultades y peligros de los que ya hemos visto atravesar 
á nuestro^ caminantes, sin embargo noéra. posible en- 
contrar caballerías ni hospedaje cómodo para una co- 
munidad de iO sujetos, sino es en alguna que oti-a de 
las grandes poblaciones que debían encontrar en el 
trayecto de más de 100 leguas. Ignoramos cuales, ha- 
yan sido las razones para no adoptai* más bien el de 
mar, hallándose á cuatro leguas del puerto, de Corinto, 
desde donde j)odían tiasladarse á Guatemala en menos 
de 10 días; |>ero íó que sí nos pai-ece evidente es el. de- 
signio de la Providencia que se pi-oponía dar á conocer 
la Compafiía en todas aquellas Replíblicas que poco 
más tarde habían de .ser el teatro de las fatigas y afa- 
nosas tarcas de SU8 hijns, y én mayor encala pi'ecisa- 
menle donde su detención había sido más prolongada. 
No nos detendremos fii los detalles de tan larga jor- 
nada; sólo mencionaremos Ja benévola acogida que les 
hicieron en las poblaciones más notables de la Repú- 
blica del Salvador y más singularmente en la ('apital 
donde el Sr. Obispo I). Tomás Saldaña dio rienda suelta 
á su caridad en obseijuio de los poi*seguidos religiosos. 
A los seis meses de sii salida de Quilo llegaron ti- 
nalmente al término de su ^¡aje, tanto más anhelado, 
cuanto más costoso había sido por los increíbles pade- 
cimientos en el mar y en la tierra, muy semejantes cier- 
tamente á los que sus antcj)asados toleriiron eii las ex- 
pulsiones de 1767. El hallarse ya en una Repúblicn 



KX ( OLOMKIA Y CENTRO-AMERlCA 127 



civiles sólo recibían finísimas atenciones nacidas del nnás ÍKh] 
sincero y cordial amoi*, ensanchaba aquellos corazones 
al>rebados en el sufrimiento. El verse ya en las- casas 
(le la compañía en medio de sus hermanos^ gozando (l(^ 
la paz y tranquilidad que en ellas reina, y disfrutando 
de la comodidad que perniíite la profesión religiosa, fué 
el más eñcaz remedio para reparar las fuerzas que- 
brantadas por la enfermedad y los trabajos. Era la mi- 
lad de INIayo y los PP. del Seminario lo celebraban 
como el año anterior en la Catedral con toda solemni- 
dad y esplendor, y desde luego tomaron parte en aquel 
Irabajo los recién llegados la ntb en el pulpito como en 
el confesonario, multiplicándose €l' fruto con eí número 
de operarios que lo recqjían. 

46) — Con tan felices sucesos los PP. de la Misión <♦''•- ^^í 

R P 

de Guatemala estaban de plácemes y disfrutaban de roo- 



muy justa alegría; mas entre tanto las provincias de 
Europa lloraban la muerte del Santo General de la 
Compañía, acaecida el ocho de Mayo del presente año, 
funesta noticia que aún no había tenido tiempo de llegar 
á tan apartadas regiones. Había nacido el R. P. Juan 
Felipe Roothaan en Amsterdan el 25 de Noviembre de 
1789. -Mientras sus católicos padres le daban en casa la 
más esmerada educación religiosa, e.tcelentesprofesoi'e 
cultivaban su brillante ingenio en el Ateneo de su ciu 
• lad natal. Hé aquí cómo le pinta el célebre humanista 
David Jacobo van Lennep escribiendo á los Pp. de la Ru- 
sia Blanca: (*) «Juan Felipe Roothaan ha sido alumno 



th: 



S 



(*) RR. PP. e Societate Jesu S. P. D. 

David Jacobus van Lennep, in illustri Amstelodamensium Atheiwo 
litterarum humanariim Professor. 
J. P. Roothaan quatuor annis hujus illustris Athenfiei civis fiüt, quo 
tempore cum mihi, tum alus praeceptoribus suis ita se probavit, ut dilectis 
siinum discipulum non nisi inviti á no vis dimitlauíus... 

Jam vero is est F. P. Roothaan, ut si ad praeclaras illas animi ingenii - 
que dotes quibus niinc jam eminet, talis, qiialem vestram essc audiviimis. 
aeeedat instituüo, nihil non cíiTcgiuiii ab co sperari spectariquc po>sit... 



128 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



JSrM de este ilustre Ateneo durante cuatro años, y en este 
tiempo ha dado tales muestras de sí, tanto á mí como á 
sus demás profesores, que muy mal de nuestro grado 
dejamos partir á un discípulo tan (pierido... El joven es. 
de tal condición que si á las aventajadas dotes de alma 
ó ingenio en que ya sobresale^ se agrega una educación- 
cual he oido que es la vuestra^ se puede augurar y espe- 
rar de él todo lo más grande. Sie'ndo ya de |)or sí de 
agudo ingenio, lo ha ido ejercitando y perfeccionando 
cada día más con; el est^udio de l<t Lógica, la Dialéctica \ 
de toda la Filosofía, cuy^^ escuelas ha frecuentado. La> 
cualidades de sii alma sirjn tan ^bellas, que no he vísIm 
jamás, ni aun puedo <-onceb¡r un joven, más cumj>lid". 
más lleno de probidad, cortesanía, mansedunibrc. \ 
los lO.años de edad despreciando laseftperan/ascon qur 
le halagaba su ingenio y los estudios ron tanta brillante/ 
ronienzados, y el favor de sus maestros, loabandom') to- 
dopor seguir á Jesús m ^n porsegxiido (]o*mpañi;i. < -- 
condida aún en Iüh regiones del Norte, y on Polok co- 
men/ó su noviciado^ Tenemos á la vista una carta C) 
del P. Juan l^ (iuillemaint, c<rnnov¡cio suw», en la cual 

Porro, cuín |»er so jan acri jtidicio Nalt»r<'t, illud riiam Lof»;ita- Dialec 
ticesquc et oinnÍ8 oiimino IMiilosophijr siholis trcqumtandis aruit in dio^ 
atilile exercult. .Aiiimi vero dotes habet eo», ut pleniorera otiicil probitati^, 
liuinanitatís, inaiisuotudinis adolescenteni non modo niH|uani vidcrim, sed u»* 
co;;itaie (juideni possin». - Anistelodanii, Id. Maii, ISOI. 

.1. Alhcrdií^k 17. Levensschets van P. .1. Rootliaan. VI, pág. 2*J7. 
( ) Do una carta del I*. Juan U. (luilleniaiD, focha cu Dun^bur¿;:o a 27 ár 
Setiembre de IsfHi. —...., Eiitre plusicurs de ceb qui oiit achevé le nóvlciat 
(Pile íuiucc, je vous en noiinnorai deu\: le premier, parce «|ue Jo ne dout»' 
|tas que son uom ne devienne célebre danS quel<iues annés, k cause de li 
Nertu extraordinaire du sujet, qui parait avoir ac»iuis une saiuteté consón 
mee, quoiqu" il n' ait <|Ue vingt et un annéíj: ilcst cutre cela donné des talents 
les phis raret; il sait la lanjirue liollaudaise, la francaise, la latine, la g rec- 
hine, r hebraiíjue, etc.; il a déjá préclié dau> V ejílise en p<dona¡se. Si vou^ 
> ouloir le niieux conuaitre, lisez la vie de Jeau Berdimans: i " «st la ienne 
II est natif d Amsterdan et se nomme Jean Roothaau.... 

Esquisse historique sur Ir F. K V K'outhaan, par Ld ier^etoieu > 
.I.^V. pan-. 20, :].'' Edit. \X'^1. 



EN COLOMBIA V CEXTUO-AMKHICA llíi» 

sr ve el concepto de santidad que se había granjeado 1853 
desde los primeros anos de su vida religiosa: lleva la fe- 
chfi de 21 de Setiembre de IHÜG, y entre otras cosns dice: 
uEntre muchos que han concluido su noviciado este año, 
nombraré á dos: el primero por que no dudo que su 
nombre llegará (i hacerse célebre dentro de algunos años 
á causa de su extraordinaria virtud, pues pare<:e haber 
adquirido ya una síintidad consumada, aunque sólo 
(lUMita \cintiuno de edad: está por otra parte dotado de 
rnros talentos: sabe la lengua holandesn, Intinn, gricgü, 
hebrea y lia predicado ya en polaco pLiblicamente. Si 
\\ quiere tener más exacto conocimiento de él, lea la vida 
de Juan Berchmans, que esa es la suya. Es natural de 
Amsterdan y se llama Juan Roolbaan...» ICsta idea que 
se tuvo de él desde el noviciado no se desmintió jamás., 
Después de algunos años de magisterio volvió á Polotsk 
para estudiar la Teología y recibió las sagradas órdenes 
en 1812. Comenzabaentonces á insinuarse la persecución 
de la Rusia, y los Superiores juzgaron conveniente alejar 
lui tanto del centro á los novicios y júniores, que esta- 
blecieron no sin incomodidadesenPusza.EIP.Roothaan, 
terminados sus estudios, fué destinado á la enseñanza de 
los jóvenes que moraron primero en la sobredicha casa y 
luego en Riga y Orsza, siendo «como siempre, escribía 
el P. Palmain, un modelo de observancia, de modestia,, 
de mortificación, de piedad. El Rector y Maestro de No- 
vicios lo proponían á la juventud como un ejemplgir que 
debían esforzarse en imitar» (*). Siete años pasó en este 
oscuro, pero importantísimo ministerio, que vino á in- 
terrumpirle la expulsión total de la Compañía de Rusia, 
en 1820^ cuando ya restablecida en todo el mundo co- 
menzaba á crecer y extenderse con maravillosa rapi- 
dez por todas las naciones europeas. Prosiguió todavía 
por algunos meses en la enseñanza de la Retórica á 
ios jóvenes Jesuítas de. Suiza, hasta que el. P. Ciodinot^'^ 



(^) Esquisaes historiques, VI, pág. :' '. 



l.UJ LA compañía l»K .Ih:.>L 



1853 Provincial de Francia^ le escogió por Socio^ ejercitándo- 
se también por este tiempo en el ministerio de la predi- 
cación con extraordinario fruto de las almas; pero Dios 
le iba encaminando lentamente al alto puesto para que 
le tenía destinado. En 1823 recibió la patente de Rector 
del Colegio de Turín, y después de seis años de acerta- 
dísimo gobierno, habiendo sido noml^rado Vicario Ge- 
neral el P. ^'icente Pavani, Provincial de Italia, el Padr»» 
Hoolhaan íjuedó de \'ircpi-o\ ¡ix^al, y con este título 
Hsistió ú la Congregacióir21 cu que fué elegido Prepósito 
General. En los 23 años de su g<jbieruogozó la Compañía 
de tiempos muy. prósperos y recibió gi-ande impulso bajo 
todos conceptos, pero también tuvo que sufrir gravísimas 
persecuciones y trabajos. Fundó nueve Provincias, fuera 
de las dos viceprovin<-ias de Irlanda y Misurí: estableció 
misiones en Asia, África y América, contándose entre 
estas las de Nueva Granada y (iuatemala; mas también 
tuvo el dolor de ver á sus hijos i»erseguidos á muerte en 
España, dispersos en Francia y Suiza, expulsos y veja- 
dos en Buenos Aires, 'Nueva (irnuada y Ecuador: él 
mismo se vio también extrañado de Italia el año de i8, 
destierro de (|ue supo aproveírharse su celo para visitar 
j)ersonalmente las Provincias de Európi. Elconceptode 
santidad que desde joven le habían merecido sus virtu- 
des fué siem|)re en aumento y el heroismocon que le vio 
toda Homa sirviendo ú los a|K*stados el año de 47, y 
acudiendo por sí y por sus subditos al remedio de las 
necesidades espirituales del pueblo, no menos que (x las 
corporales, lé granjearon grande amor y veneración. Las 
cartas que como General escribió ú toda la Compañía, y 
sus anotaciones sobre los Ejercicios, son obms que nos 
revelan su elevado espíritu, y no menos el amor y esti- 
mación que hacían de sus virtudes y don de consejo dos 
Pontítices tan grandes como Gregorio XVI y Pío IX. 
Poco después de muerto el P. Roothaan, tdiallábanse 
presentes á la promulgación del decreto de beatiticación 
del P. Juan de Britto unos 5t) PP. Jesuítas, v el Papa les 




'1^1 M. R. P. General Juan Rootlnaan. 



KN COLOMBIA Y CEXTR0-AM¿R1CA 1 '.1 

dirigió una larga alocución en la ([ue hizo el más cum- 1853 
pliílo elogio del P. Roothaan: la emoción le impidió aca- 
bar, como él mismo lo confesó^ y dio íin diciendo, que el 
nuevo Beato n y rularía á darle un sucesor tan sabio, tan 
prudente y tan conforme al coi'azón de Dios, como lo 
había sido el Genei'al difunto» ('% 'J'al era el conce|)t<jen 
(|ue le tenía el gran Pío IX. La ídtima enfermedad del 
P. líoolliaaii í'[\r larga y penosa, y desde un principio re- 
comendó el gobierno de la Religión al R. P. Pierling, 
Asisten te de Germania, para vaca re\clus¡\ amen tea Dios. 
Ob! Cuántos ejemplos de paciencia, de resignación, de 
íntima unión con Dios legó á sus hijos! Por fin el 8 dc^ 
Mayo de 1858 descansó en el Señor, con sentimiento uni- 
versal de toda Roma y do toda la Compañía especial- 
mente, á los 6í aík)s de edad y ya para cumplir los 24 
de su Generalato. El pueblo romano agolpado en la pla- 
za de Jesús al conducir el cadáver á la Iglesia, exclama- 
lía: f'-) «O Santo Padre! eres ya bienaventurado; estás en 
el cielo!» y fué necesario rodear el féretro de guardias 
para evitar que se precipitase en desorden sobre los res- 
tos venerables, queriendo tocar en ellos sus rosarios. 
Desde el 1 de Enero el P. Roothaan había convocado la 
Congregación General |)ara el 21 de Junio, ó para tratar 
negocios de grave trascendencia, ó, lo que creemos más 
probable, para que le diera un sucesor, previendo que 
aquella enfermedad le llevaría al sepulcro, ó por lo me- 
nos le tendría por mucho tiempo inutilizado para el go- 
bierno de la Compañía. La Congregación se reunió en 



(*) Esquisses... IX, pag. 58. El P. Minini en la plática que hizo á la Co- 
munidad de la profesa de Roma sobre las virtudes del P. Roothaan, reunida 
ya la Congregación general, decía estas palabras. «Oh Padre umilé, obb«- 
dlentíssimo Padre, ben meritasti che pur dlanziil Vicario de Gesu Cristo nella 
Basílica Lateranense al conspetto del suo porporato Consiglio, anzi in fac* 
cia al mondo ti desse lode di alta prudenza, e te chiamasse al suo pensare, 
al suo volere conforme, é in ogni tuooperare unitissirao al suo. — Esortazione 
domestica rocitata il giorno 28 di Giugnio dell' anno 185.3. 

(■'*) Esquisses historiquos... obra arriba citada. 



\:\2 LA COMPAÑÍA DE JESl S 



1853 la fecha por él designada y le dio por sucesor al R. P. Pe- 
dro Beckx el día 2 de Julio. El nueve del mismo mes fué 
elegido Asistente de España el P. Manuel Gil^ residente 
(i la sazón en Guatemala, elección que, como veremos, 
tuvo que originar notables cambios en el gobierno de 
esta Misión. 

47.-La. 47j — Seguían mientras tanto reuniéndose en Gua- 
témala todos los sujetos que pertenecieron á la misión 
granadina: de los enviados ñ iMiiopa el año de 50 á co\\\- 
pletar sus estudios habían vuelto dos y se esperaban 
pronto los de la Residencia de Guayaquil, refugiados en 
<'l Perú, y los qué por enfermos quedaiT)n en Cuenca 
Lon los quí* les cuidaban, l'll aumento de operarios hacía 
palpar la necesidad de una Iglesia capa/ para el ejer- 
cicio de los ministerios; porque si bien tenían á su dis- 
posición la amplísima catedral y tanto el Prelado como 
el (Cabildo tenían especial agrado en ver los grandes 
concursos que seguían á nuestros predicadores, sin em- 
bargo, esto np podía tener más (¡ue un carácter transi- 
torio; rpas para ésta fecha lo tenía todo ari-eglado el celo 
del Sr. Arzobispo, del Presidente y de la Junta de res- 
tablecimiento. Kn visla de las grandes ditirultades ijue 
ofrecía el primer plan sobre la Iglesia de San AgusHn, 
de que hablamos arriba, |KMisaron con mejor acierto en 
la Iglesia y convento de la Mer<*ed. No existía ya más 
que un sabio y venerable religioso llamado Fr. Tomás 
SÜ^zo, ya muy anciano y achacoi^o, y dos ó tres más, 
ya exclaustrados que vivían aparte como simples saó^r- 
dotes seculares: el templo sei'vía de parroquia: el con- 
vento, en su mayor parle enagenado, estaba dividido en 
ca$as dé particulares; pero todo se prometían arreglarlo 
el Sr, Arzobispo y Excmo. Sp. Presidente, si lograban 
lo autorización de Roma, condicción absolutamente ne- 
cesaria, tratándose de bienes pertenecientes á las Orde- 

' ''"'tifes Religiosas. No hacía todavía un año que se había 
celebrado el concordato muy á satisfacción del S. Pon- 
tilico Pío ÍX (juicn, ronoocdor* de las ideas y políti<\! 



EN COLOMBIA Y CENTRO-AMÍiRICA 133 

genuinamente católica de Carrera, le amaba y distinguía 1853 
singularmente: el Presidente, pues, conñado en la be- 
nevolencia que el Papa se dignaba dispensarle, acudió 
en demanda de dicha facultad por medio de su ministro 
en Roma, el Marqués de Lorenzana. Tuvo la petición 
muy buena acogida y con una celeridad desusada, casi 
á vuelta de correo se recibió un decreto de la Sagrada 
(Congregación de negocios eclesiásticos, que traducido 
del latín, dice así: 

Día 22 de Diciembre de 1852. 
De la Audiencia del Smo. Padre. 
Hay en la ciudad de Guatemala un convento con su 
iglesia anexa, que lleva el título de (da Merced», perte- 
neciente á la Orden religiosa de la Santísima Virgen 
María de la Merced. Es el caso, que por circunstancias 
particulares dicho convento no está habitado en la 
actualidad por los PP. de la Orden, por lo cual se ha 
dirigido una súplica á Ntro. Smo. P.Pío, por la divina 
Providencia Papa IX, de parte del Piesidente de la Re- 
pública, para que se digne ceder el uso de dicha Iglesia 
y convento á los RR. PP. de la Compañía de Jesús 
que en la mencionada ciudad moran y ejercitan su 
sagrado ministerio. Por tanto Su Santidad, por refe- 
rencia del infrascrito Secretario de la Sagrada Congre- 
gación de negocios eclesiásticos, y oido el parecei' del 
R. P. V'icario General de la sobredicha Orden (de la 
Merced), deseando acceder á las súplicas del mencio- 
nado Presidente, por la plenitud de su Apostólica po- 
testad, se ha dignado conceder á. los RR. PP. de la 
Compafiía de Jesús el uso de todo el antedicho convento 
é Iglesia á él anexa, hasta que la Santa Sede otra cosa 
determine, dando facultad al limo. Sr. Aizobispo de 
Guatemala para ponerles en posesión canónica de 
dicho convento. Nuestro Santísimo Padre ordenó que 
se emitiera sobre este asunto el presente decreto, ó 
insertara en las Actas de esta Sagrada Congregación, 



134 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



1853 no obstante cualesquiera otras disposiciones en con- 
trario, aun las dignas de especial mención. 

Dado en Roma en la Secretaría de esta Sagrada Con- 
gregación, el día, mes y año ya citados. 

Vicente Santiicci, Srio, 

Habida, pues, la cesión canónica, faltaba aún mu- 
cho para que aquel edificio quedase habilitado para re- 
cibir la numerosa comunidad á que se le destinaba. 
Debemos advertir que este convento fué acaso el iinico 
déla nueva Guatemala que nunca llegó á concluirse 
conforme á sus planos, á excepción de la Iglesia y sus 
inmediatas dependencias. Este templo es uno de los 
cuatro más hermosos entre los veintiséis que honran y 
enriquecen aquella religiosa ciudad. Consta de tres altas 
y espaciosas naves de orden toscano, cuyas pilastras 
sostienen solidísimas bóvedas que, merced á la cons- 
tante benignida*d del elimo y ó la excelente calidad de 
los materiales de que está construida, no tienen necesi- 
dad de ninguna clase de cubierta que las resguarde d»^ 
las lluvias torrenciales que frecuentemente las bannn. 
La tachada, de hermosos sillares* de color amarillo, r- 
seria ^.y majestuosa: tiene á entrambas lad«»s dos tt>rres 
en cuya forma, lo mismo que en la cúpula, debió con- 
sultarse más á la solidez que 6 la elegancia: en una de 
ellas un reloj público y en la otra numei-üsascam])anas, 
(Mitre las r.uales se encontió una (|ue pi^r el sello y 
dedicatoria iv San Trancisi-o Javier, *es indudable qnr 
perteneció al Colegio de San Borja de la antigua Gua- 
temala. El interior de la Igle.sin está adornadi» « on 
catoire altares de estilo rhurrigueresco nui\ r<*tina(io, 
sin más mórilo que el del oi-o linisimo de que rstáii 
rubierlos, cuyo brillo no han logrado extinguir Ims 
siglos, j)Ul5s óstos fueron trasladados del antiguo r(ui- 
\entt» de la ciudad arruinada. No así el aJtar nuí\Mi 
fabricado á propósito en este siglo para la nue\a Igle- 
sia y es de arquitectura corintia de exquisito gusto; . n 




Iglesia de la JVIerceci. 



EN CüLOMIilA Y CKNTRO- AMÉRICA 135 

él se venera la imagen de Nuestra Señora 'de las Mer- 1853 
cedes, escultura que, si bien carece de mérito artís- 
tico, es una de las veneradas en la capital, y acaso á 
ninguna cede en antigüedad, pues dícese haber sido re- 
galada por el conquistador 1). Pedro de Alvarado. Mu- 
chas otras estatuas hay en la Merced de extraordinaria 
perfección, entre las cuales descuella la Virgen de los 
Dolores y las demás que el martes y viernes Santo 
acompañan por las calles de la ciudad en solemnísima 
procesión á Jesús con la Cruz á cuestas. Esta escultura, 
á juicio de personas entendidas, es una obra maestra 
que no tiene igual en su género, á lo menos en toda la 
América Central: respira una unción divina tan singu- 
lar, y representa tan vivamente el resignado sufrimien- 
to, los dolores y la amargura del Salvador en aquel paso 
de su pasión, que no puede mirársela atentamente sin 
sentirse sobrecogido de santo temor y compasión. Todo 
el año recibe culto en su capilla especial que es la de la 
dereclia de las dos que con la nave mayor tbrman una 
perfecta cruz latina, pero los viernes de cuaresma y 
el lunes Santo varias familias de la capital celebran en 
su honoi* funciones solemnísimas, y los exvotos y cua- 
dros conmemorativos de gracias recibidas dan testimo- 
nio de la devota fe con que los hijos de Guatemala ve- 
neran á esta Santa imagen que es á la vez una de las 
mayores glorias de su antigua escuela de escultura. 

En el costado de la iglesia que mira al N. hay una 
amplia puerta que da entrada al claustro, espacioso, de 
la misma arquitectura que la Iglesia, adornado con una 
serie de pinturíis de buen pincel que representan di- 
versos pasos de la vida del Sanio Fundador de los 
Mercenarios, y en los cuatro ángulos altos relieves en 
madera figuran más en grande asuntos análogos. Al 
lado de la portería que tV)rma ángulo con la fachada de 
la Iglesia, y sobre cuya bóveda se ele\a un segund»^ 
piso, hay tres piezas más, que en tiempo de los reli- 
giosos debieron ser dependencias importantes, y á la 



136 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 

1853 fecha eran habitaciones del párroco. Esla era la única 
■parte del edificio terminada según los planos: tras del 
ábside de la Iglesia se veía un gran p&tio con una 
serie de arcos muy sólidos como dispuestos para- sos- 
tener uno ó más pisos que quedaron en proyecto: todo 
lo restante^ especialmente la banda que corre de Norte 
á Sur y forma ángulo con el templo hacia el Occidente, 
estaba una serie de habitaciones de planta baja en 
muy mal estado, parte arrendadas á diversas familias, 
y parte ya de tiempos atrás enajenadas, pero que el 
Gobierno no sin dificultad logró rescatar á costa de 
sumas considerables, hasta redondear la manzana que 
deseaba dar á la Compañía. Adelante tendremos oi^a- 
sión de decir aigo sobre las modificaciones, reparos y 
mejoras que hul^ieron de hacei*se con el tiempo en 
nqueí informa edificio para volver á darle la forma 
de uiin cíisn rclitriosa, j>(>bre sí, pero ílocrMitr» v rcco- 
^nd.i. 

Apenas recibido de Koma el decreto de que arriba 
habhimos, el fimo. Si*. Arzobispo se apresui-ó á distii- 
buir los feligreses de la antigua parroquia de la Merced 
entre sus tres limítrofes, la de Santo Domingo, Saií 
Sebastián y Candelaria y trató de dar posesión «Hiuntó 
antes fué posible á la Compañía, tanto de la Iglesia, 
c(mio de la parle del <-<uivent() ({ue pu<lo desocuparse de 
sus antiguos iúquilinos. Recibióla el R.. P. Visitador el 
día ¿O de Julio y en el mismo día hizo trasladarse A la 
iiue\a i'csidencia ai P. Pablo de Blas como Sn|>enor, 
ron los PP. Asensi, Picpier y ( hbcgozo, dos Hermanos^ 
Coadjutores y un támulo. Instaláronse err Jas piezas 
contiguas á la portería Oon alguna incomodidad,' > 
desde luego comenzaion los Sacerdotes á ejercer sus 
ministerios, y á prepaiar el lem|»lo para estrenarle, 
digamos asi, con la fiesta de San Ignacio, »uyo día. se 
acercaba. Los PP. de San Felipe Neri entregaion la 
magnífica estatua de que hicimos mención anlerior- 
nionte, con la pequeña renta del .Jubileo ciiTulnr; ol 



EN COLOMBIA Y CENTRO-AMÉKiCA . 187 

tom|)lo apareció rnagníticamente adornado, el Ilustrí- 1853 
simo Sr. Arzobispo quisó celebrar de pontifical y la 
asistencia de las órdenes religiosas, de algunos miem- 
bros del gobierno^ de innumerable concurso de toda 
clase de personas dieron singular realce á aquella fes- 
tividad que inauguraba la serie de funciones solemní- 
simas que durante diez y ocho años debían continuarse, 
infundiendo fervor y entusiasmo i*eligioso en todo el 
^ecindario. La Merced antes abandonada y casi de- 
sierta cambió en un momento de aspecto: la concu- 
rrencia diaria á las Misas y á los confesonarios iba 
siendo cada vez más numerosa: el esmero y el esplen- 
dor del culto^ la enseñanza de la doctrina á los niños 
de ambos sexos, los sermones morales que se predi- 
caban los días festivos atraían desde un principio á 
esta Iglesia aun á los habitantes de los barrios más 
lejanos de la ciudad. 

AS) — Pero hubiera sido muy extraño que esta obra **^~/;^''^' 
tan de Dios y para taiito bien de las almas careciera de fi^pc- 
alguna contradicción: la tuvo, si no de importancia, á lo ^^"^ *'®' 
menos capaz de amargar á los PP. por la calidad de 
las personas que la profnovían. Dejamos dicho que de 
la antigua comunidad piercenaria sólo quedaban tres 
ó cuatro sacerdotes secularizados; ahora advertiremos 
(jue la disolución de esta Orden en Guatemala no tuvo 
origen en la exclaustración del año de 29, pues fué la 
única que perdonó el furor impío de Morazan y sus 
satélites; permanecieron los Mercenai'ios en posesión 
de su convento y de sus bienes; y sin embargo en la 
fecha á que nos i'eferimos, ni existía comunidad, ni 
convente^, couk^ antes dijimos, ni más religiosos ca- 
nónicamente tales que el R. P. F-r. Tomás Suaz;o, á 
((uien en calidad de prelado que había sido déla di- 
suelta comunidad, comunicó las disposiciones de Roma 
el limo. Sr. Arzobispo. El P. Suazo, como sabio y re- 
ligioso de mucha virtud, sé sujetó, como era justo, al 
decreto de Su Santidad \ resolución de sti General, 



138 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



1853 alegrándose de que su amado convento tuviera aquel 
destino^ ya que no se veía por ningún lado esperanza 
de la restauración de su orden; mas no procedieron de 
la misma manera otros cuatro sacerdotes que^ ha-" 
biendo dejado los hábitos_, vivían como clérigos secu- 
lares^ los cuales movidos no sabemos de qué espíritu, 
se reunieron por su propia autoridad^ sin contar ni con 
el único religioso reconocido como tal, el mencionado 
P. Suazo, ni menos con el Prelado diocesano; levanta- 
ron acta en que se declaraban comunidad legítima en 
capítulo, eligieron Comendador y Secretario, y con di- 
cha acta .dirigieron al Sr. Arzobispo un oficio recla- 
mando su Iglesia y Convenio, todo lo cual hicieron que 
se publicase |K)r la prensa. Esta conducta tan irregulai 
y atrevida de parte de unos hombres á quienes hasta 
entonces nunca se les había ocurrido volver al claus- 
tro, ni aun habitar en su antiguo convento en ralidad 
de j)árrocos siquiera, disgustó sobre manera al vene- 
rable Prelado *quc estaba muy en los antecedentes del 
?ieí;o(;io, y según se trasluce de los términos de su res- 
puesta la calificaba no sólo de ¡legítima, sino también 
ríe subversiva del. orden ]>úbliro: vamos 6 copiar- sus 
propias j)a labras: 

((^'ista la precedente nota del Pbru. Vv. Pedí i» J*»e 
(iodinez, religioso Mercenario, hágase saber por medio 
del Notario de estd Curia pA^lesiástica, (|ue el .uso de la 
Iglesia y (^.onvcnlo que en esla riudnd ha tenido la re- 
hgión de In ^^}lnlisima \*irgen tic Mercedes está eonce- 
(lida á los HH. PP. Jesuítas por disposirión de In Silla 
Apostólica, .previas las audiencias y averiguaciones 
convenientes: que según el tenor liberal del Hescn[)to, 
la expixísada gracia. debe permanecer hasta que la mis- 
ma Santa Sede determine otra cosa, y que en esta vir- 
hid no corresponde á nuestra autoridad lomar en rnn- 
sideración la solicitud que se le hace. V atento a que 
la leunión en comunidad de los cuatro religiosos que 
han firmado el acia con que se acompaña la referida 



EN C;OL()MBlA Y CENTRO- AMÉRJCA 189 



nota es ilegítima, entre otras razones por la de no ha- 185.'^ 
ber eontado con el.R. P. Fr. ,1'omás Suazo, que se halla 
investido con el carácter de pi*elado Provincial nom- 
hi-ado por Su Santidad/ póngase en noticia del S. Go- 
bierno para su conox'imiento, é igualmente para que, 
si lo tiene á bien, se sirva tomar providencias que sean 
de su resorte; á fin de precaven las malas consecuencias 
de una corporación ilegítima, advirliendo que desde 
ayer corren impresas la pretendida acta de instalación 
y la Nota dirigida á este Arzobispado». 

Era el P. Godinez; de carácter un tanto inquieto y, á 
no dudarlo, el promotor de aquellas medidas tan poco 
conformes con el espíritu de paz y mansedumbre reli- 
giosa, y sobre todo tan inconducentes al fin que parecía 
proponerse. Los otros tres religiosos no vuelven apenas 
á figurar en este enfadoso asunto una vez que el señor 
Arzobispo dio la respuesta que copiamos, con fecha del 
21 de Agosto; mas respecto del P. Godinez,^ el 31 del 
mismo mes se pasó una nota en que se .comunicaba al 
P. Blas el decreto de suspensión dictado contra aquel 
sacerdote^ lo cual prueba por lo menos que continuó de- 
fendiendo sus pretendidos derechos de aquella manera 
ilegítima y un tanto subversiva con que había comenza- 
do. Y en efecto, el Sr. Arzobispo tenía razón de temer 
que la conducta de los exmercenarios tuviera más serios 
resultados, porque aquella semilla de perturbación caía 
sobre un terreno pre})arado para producir tan amargos 
frutos. El barrio de la Merced se liallaba descontento por 
la supresión de la parroquia, y porque creía que en ma- 
nos de los Jesuítas cesai-ía el culto á Nuestra Señora de 
las Mercedes, tan popular en toda la ciudad, y esto daba 
ocasión á muchas hablillas y acarreaba cierta aniniad- 
Ncrsión contra los PP., las que en aquellosdías tomaron 
mayor incremento y llegaron hasta propalarse verdade- 
ras calumnias en que se ])intaba con muy negi'os colo- 
res, por lo mismo increibles, la hostilización del Su- 
perior de la casa de la Merced contra el P. Godinez. 



HO LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



1853 Ellos continuaban constantes trabajando en sus acos- 
tumbrados ministerios^ y encomendaban á Dios la defen- 
sa de su inocencia^ pues en realidad no habían tenido 
intervención alguna en las causas que motivaroíi tales 
disturbios. Acercábase la tiesta de Nuestra Señora délas 
Mercedes, titular de la Iglesia y en cuyas días tocaba 
por turno el jubileo circular: el pueblo estaba en espec- 
tación y los PP# lo disponían todo para dar la mayor 
solemnidad posible á la función: estaba convidado para 
el panegíricoel Dr. D. Juan José de Aycinena, Canónigo 
entonces de la Metropolitana; debía celebrar el R. P. Vi- 
sitador, el templo tan magin'ticamente adornado como In 
habfa estado para el día del Santo Fundador de la Com- 
panía/nada parecía faltar para dar esplendor á la fun- 
ción; sin embargo, tocto hubiera faltado en el concepto 
del puel»lo, si se hubieía omitido lo f|ue él llamaba la 
revelación, ceremonia que los PP. absolutamente igno- 
raban conjo nuevos en aquel vecindario. Así lo suponían 
el limo. Sr. Larra za bol y. el Sr. D. Mariano de Aycinena 
(juienes, romo tan s¡ncei*os amibos y conocedoi*es de las 
rinunstancias andaban al cuidado de que no se hiciera 
la menor innovación que fuera á chocar al puebh^ des- 
contento. Pi'caentóronse en casa aquellos tan respetables 
personajes y previnieron al P. Prefecto de Iglesia que 
en ninguna manera fuera á imiilir la revelación, la cual 
consistía echar á vuelo todas las campanas durante una 
hora al punto de la media noche y en aquel espacio lan- 
zar al aire gran númem de cohetes, pai'a conmemorar 
In aparición de la Santísima \ irgen (i San Pedro Nolns- 
t'o. Hízoí^e como \q aconsejaron, y el ^xito acreditó l« 
prudenle previsión de los dos ilustres pei*sonajes: al día 
s¡gu¡(Mite el vecindario amaneció cambiaflo en favor de 
los Jcsuilas: si así se poitan csli)S IM*. «Icria el vulgo y h» 
gente principal, sean enhorabuena los dueños d^ \ú 
Mei'ced. Confirmáronse más en esta idea á vista de la 
brillantísima función, y desde aquel día se desvane- 
cieron Ihs prcocupHriones. Ihs rrif¡<ns se tornHr«»n fu 



EN COLOMBIA Y CENTRO-AMERIíA lll 



elogios, y no volvió á vei'se ni aun remotas señales de 1853 
aversión ó disgusto en todo el tiempo que la Compañía 
perseveró en posesión de aquella Iglesia. Tanto vale no 
contrariar las costumbres de los pueblos, cuando se 
encierran en los límites de lo lícito. 

Mas para no tener que ocuparnos de nuevo en este 
a¿;unto, diremos el buen lérminu que tuvo. Empeñóse el 
F. Blas en calmar la imprudente fogosidad del P. Godi- 
nez y ganarle á su amistad á fuerza de obse({uiosas 
dcfei'encias y toda clase de caritativos servicios; y lo 
consiguió á lo menos en el grado suficiente, para evitar 
([ue su carácter le precipitase en algún exceso mayor 
que le fuese más funesto y produjera escándalo en el 
pueblo. Buen testimonio de esto son las palabras que le 
dirigía aquel religioso desde Cqjutepeque á donde se 
había retirado después de la suspensión. «Doy á V. R. las 
más expresivas gracias^ le decía, por los buenos oficios 
con que esa venerable Compañía ha honrado las cenizas 
de mi hermano el Dr. Suazo: yo por hallarme actualmen- 
te suspenso no he ofrecido los sacrificios á que estoy 
obligado... Quiera Dios Nuestro Señor mantener con 
salud á V. R. y le pido me presente oportunidad en que 
poder demostrar á V. R. mi gratitud y reconocimiento, 
que deberá ser eterno^ á los buenos oficios con que ha 
favorecido á este su humilde subdito y capellán...» En 
efecto el P. Blas se había constituido su procurador 
oficioso^ ante el Sr. Arzobispo en la causa de su seculari- 
zación y suspensión; levantada esta y vuelto á Guate- 
mala hallaba en la Merced el estipendio que los PP. le 
proporcionaban para la Misa diaria: durante la ceguera 
con Dios le visitó por algún tiempo los Superiores de 
la Merced, no sólo le visitaban y consolaban, sino tam- 
bién le socorrían con recursos pecuniarios de que harto 
necesitaba: en fin no se perdonó medio para manifestarle 
cuan lejos estaban los Jesuitasdeconservar resentimiento 
alguno por las pasadas hostilizaciones, todo lo cual 
no causaba poca edificación en él público; sin embargo, 



\Í'2 LA í'OMPAXÍA de JEJSUS 



1853 nunca se extinguió por completo en aquel corazón hi 
animosidad; quedó aún muy acuita en \os senos más 
íntimos del alma una pequeñísima chispa que^ como 
al fin veremos^ ofreciéndose ocasión vino á estallar de 
nuevo en un incendio. 
4R.-obra 49^ — 1^1 Colegio Seminario continuaba su marcha 
^^inavio. progresiva bien provisto de Profesores: celebraba 
sus funciones sagradas y literarias con extraordina- 
ria pompa; nada dejaba que desear á los.padres de fa- 
milia que se mostraban cada vez ínás satisfechos, cnnic 
testigos que .habían sido durante? el curso en lasconccr- 
taciones mensuales de los adelantos de sus hijos y mu- 
cho masen loé exámenes públicos y privados del tin 
del año. Celebróse á principios de Setiembre la solemne 
distribución de premios aún con mayor pompa que el 
año anterior y los 170 alumnos marcharon gQZOsos n 
descansar al seno de sus faíiiilias. Ksto era lo qué se es- 
peraba para dar pr¡ncij)io á la nueva obra proyectada; 
porque como se hubiera extendido la fama del C()leg¡<» 
por todo Gentro-Amórica, cómcnzilroh á multiplicarse 
las peticiones de las Repúblicas vecinas^^ especialmenli' 
del Salvador y Costa Rica; mas el local n6 era ya capaz 
de mayor número, por lo cual el Si*. Arzobispo, de 
acuerdo con el P. Gil, determinó levantar un segundo 
piso sobre el tramo divisorio de los dos gnindes patios 
principales. Comenzáronse con calor los trabajos como 
de una obra que urgía concluir á la mayor brevedad, 
y como se contaba con solidísimas paredes fundamen- 
tales/abundantes materiales y gran número de obreros, 
la obra no tardó mucho en terminarse, á lo menos en 
la parte que más se necesitaba. Con aquella construc- 
ción el Colegio cobró un realce admirable: la galería 
baja estaba formada por una larga serie de arcos sos- 
tenidos por pilastras de orden toscano, fábrica toda de 
calicanto, y la superior de estricto orden dórico cuyo 
cornisamento de madera descansaba sobre esbeltas co- 
lumnas de ciprés de una sola pieza trabajadas á torno 



Planta baja del Seminaf 

BAJO LA DIRECCIÓN DI 
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Tridentino de Guatemala 

V compañía de jesús. 

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Sacri^^tia. 
HofDerici. 

bielde de Vihujo. 

S-aión. de aoto^. 



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1 /i , — Bateo ^de liXy Cüoincb. 

13.— Ccycinoj. 

14. - AfUe. cacirujb, P<w<idU^. 

Id.— Aiúc aymedor. 

16.- Comedor de LeK) -tvuioó . 

17.— Eú-CM^izdoó. 

18 . — Pa<yadi^v al o^éeHuvdo fxUU). 

^9.— Eo-ouo^doo. 

20.- S-olaó de £^0^1^1x110. 

/v1 . — Eo-ci^Ló-adoD . 

%%- Cwar-tvdel P. P-refeclc. 

23.- Cu<trÍ4) del P flect^ar. 

25.- P-refe<:¿iw<v. 

26.- Cloó^ó. 

V\~P-wUo. 

%i- Pa¿i^ de -recreo. 

29.- Comedor de J^ú PP 

30.- D^ormUono de Íod -criador. 

31 .- Arvbe wmedor. 

32.- P^oó^jujU^o dloy h^^^rtoL. 

33.- SoUott de lo-ú BachíMereó. 

"hh - P-aerta. w J-a calle. 

j^ .- Dx^rmUcr-ioú . 

j\> - Rep^^yierioy. 

31 . - De&penó^. 

2>o - P-a^áMo . 

?»9 -Huerta.. 

kQ-Cla,óe. 

41 .- Svf)oH-aIe.> . 



Escal^L. 



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Planta alta del Seminaj 



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IDENTINO DE GUATEMALA 



A compañía de jesús. 
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1 . — Saivn j£ ico Mae&lrvo. 

^ . — Eitlrado' Al la -trih-LtncL. 

3 . — Tri^buna. 

k. — So/loii de aclco. 

b . — SaUrerút. ' 

6 , — EivtrxidcL d la enfemterUv, 

I. — Ap^ooetvto. 

8.— Saíw. 

9.— Afiotí^Moú . 

10.— Suelda ^l 

11.— E^ci^óoAod. 

1^.— Bíbílote^XL. . 

14. — G-.abuLe¿e de FüUca. 

15. — Ciao-e^ de Flol^^a. 

16. — Enfertrveria. 

11. — G^lerloy de ¿a enferm^^-ia. 

18.- CafuUa d-cfne&Uc^ .' 

1 9. — Afiaratoú de EúüuUan^. 

^0. - Pe<fueA4iB¿hUchleca'. 

9j\. — Co-redor. 

Vi.— Galerioé. 



v-^.S V\^\l,\KV^»'.X)C\\\) 



KN COLO'MMÍA Y íENTUO-AMKRK'A U;| 



presentaba una hermosa vista desde que se entraba 1853 
por la portería del Seminario: pero á más de la her- 
mosura proporcionó' gran comodidad y holgura á todo 
el local, pues en la planta baja sólo quedíiron las cla- 
ses, el salón de actos, capilla, salas de estudio, comedor 
y las habitaciones del Rector y Prefecto; y en el piso 
supei'ior el Gabinete y clase de. física y las habitaciones 
de los Profesores. Construyóse también en el segundo 
|)¡so, auncjue fuera del ámbito del patio principal, una 

'Cómoda y bien ventilada enfermería para los alumnos 

"y se reformaron varias otras dependencias de gr-andc 
importancia para el orden y disciplina. 

50) — Mientras tanto había llegado al R. P. Visitador ^--i^i^ 
el nombramiento de Asistente y tenía que apresurar su neí»dei 

' marcha á Roma; mas antes deseaba dejar sólidamente ^-^'^^ 
'organizada aquella Misión á la cual en solos dos años 

•de existencia, su actividad, celo y exquisita prudencia 
había elevado á tanta altura, y afortunadamente el ha- 
berse de abrir en aquellos mismos días el nuevo curso 
le presentaba una oportunidad muy favorable. Nombró, 
pues. Rector del Seminario al P. Francisco J. de San 
Román, que con tanta aplauso había dirigido el de Po- 
payan: el P. Freiré pasó de Superior á Belén y de aquí 
sacó once jóvenes de los cuales unos debían comenzar 
sus cursos de Filosofía bajo la dirección del P. Luis 
Amorós, y otros el de Humanidades bajo la del P. San- 
tiago Genarruza en la casa de la Merced, donde el Padre 
Blas, con los recursos que generosamente le suministra- 
ba el Gobierno y otras personas amigas, tenía ya prepa- 
radas habitaciones, porque según la idea del P. Gil, la 
Merced debía ser, como en realidad lo fué, no sólo casa 
de ministerios, sino también Noviciado y casa de estu- 
dios donde se formaran los jóvenes en virtud y ciencia. 
Sólo quedaron, pues, en Belén los Novicios con algu- 
nos PP. que hacían su tercera probación, bajo la direc- 
ción del P. Francisco García López. Dejaba el P. Gil 
tres casas muy religiosamente organizadas conforme al 



144 LA COMPAÑÍA ÍJE JEMS 



1853 estilo y costumbres de la Compañía, fundadas, sí, en 
muy estricta pobreza, porque por entonces no se conta- 
ba con más rentas que el auxilio que pudieran prestar- 
les los PP. del Colegio y las limosnas de los bienhecho- 
res; mas esto no era una temeridad,, como lo mostrarán 
los hechos; en dos años que el P. Gil había vivido en 
Guatemala había podido sondear el carácter de sus ha- 
bitantes^ sus ideas religiosas y políticas, su j»rofunda 
adhesión á la Compañía, todo lo cual le daba í\ entcndiM- 
que mientras la Picpública conservase sus actuales ins- 
tituciones^ nada tendría que temer aquella fundación 
suya^ con tanta prudencia establecida y en tan sólidas 
esperanzas cimentada. * 
ói.-via- 51^ — j^ii Abril del presente año de*53 había llegado á 
P. Gil y la Habana el P. Bartolomé Munar y dos compañeros 
compa- j^^¿jg enviados allá con el objeto de plantear un gran 
Colegio de segunda enseñanza, en lo cual se hallaba 
muy empeñada la Reina Isabel II, que precisamente con 
este fin y el de restablecer las antiguas misioiies de Fi- 
lipinas había devuelto á la Compañía el Colegio de Lo- 
yola en el año anterior de 52. Con tal motivo el P. Visi- 
tador había !(MÍb¡do orden de en\i«r de Guatemala dos 
sujetos que ayudaran á'los de Cuba en los penoáos tra- 
bajos que lleva siempre consigo la fundación de un Co- 
legio, y determinó llevar en su compañía á los PP. Joa- 
quín Colanilla y Nicasio Kguiluz para dejarlos en aque- 
lla isla á su paso para Roma. El día 2 de Noviembre sa- 
lió por ñn el R. P. Asistente dejando un gran vacío en 
aquella Misión que le debí^i todo cuanto era, su organi- 
zación, sus progresos y hasta sus esperanzas. No sin- 
tieron menos su ausencia el Sr. Arzobispo, el Presidente 
y todos los caballeros más distinguidos de la capital á 
quienes encantaba sobre manera aquel conjunto de vir- 
tudes religiosas unidas á un trato tan fino, tan cortesano 
y caballeroso, y muchos de ellos fueron acompañándole 
á larga distancia. Una laiga detención en Jamaica re- 
trasó mucho ^n ll(»i'n<1.M i\ \t\ Habana, tMi <*iiy«) puoito 



MN COLOMBIA Y CENTKO-AMKKK'A 145 

desembarcó él 24 de Diciembre, recil)iéndoIe el P. Mu- 1853 
liar con gran consuelo como un auxiliar poderosísimo, 
})ara dar cima á su difícil misión, pues el P. Gil, fuera 
de sus raros talentos de Gobierno, ejercía grande auto- 
ridad no sólo sobre el Excmo. Sr. Marcjués de laPezue- 
la, entonces Capitán General de Cuba, cpie le conocía y 
amaba mucho, sino también sobre otros personajes del 
Gobierno que tiempos atrás le habían conocido en la 
corte. Cuarenta días se detuvo en la Habana el Padre 
Asistente hasta dejar á los PP. establecidos en el an- 
tiguo Convento de Belén, que era el edificio que encon- 
traron mejor situado, más amplio y en mejores condi 
ciones para ser trasformado en Colegio, pero para cuya 
adífuisición hubo que superar no pequeñas dificultades. 

52) — El 8 de Febrero continuó su viaje el R. P. Gil^^.-Deud» 
con su compañero el H. Miguel Ruiz, joven neogra-gratuud. 
nadino hasta entonces escolar teólogo, que después de 
diez años de instancias por ñn había conseguido pasar* 
á la categoría del H. Coadjutor ('•% Ks razón estimar 
como una especial providencia de Dios en tavor de las 
misiones de América la elección del P. Gil para el alto 
puesto de Asistente del M. R. P. General en Roma; 
porque aunque es cierto que según el sapientísimo sis- 
tema de Gobierno de la Compañía, así el General 
como los Provinciales viven siempre minuciosamente 
informados de todo cuanto puede servirles para el 



(*) El H. Ruiz continuó de socio del R. P. Asistente hasta el año de 1860 
que fué enviado A Valencia en España para ver si la benignidad del clima 
le salvaba de la tisis que había contraído; mas ya era tarde, y al año si- 
g-uiente murió con la muerte de los justos el 2H de Abril. Las Annuas hacen 
de él este elogio: «Singularmente piadoso y observante se había hecho tan 
connatural la humildad, que estando muy versado en la lengua latina y en 
varias ciencias, jamás llegaron ni á sospecharlo sus compañeros. Enemigo 
del ocio siempre que no le entretenían las ocupaciones de su oficio, pasaba 
el tiempo adorando al Santísimo, y en sus largos caminos nunca dejó de 
dar el tiempo debido á los ejercicios espirituales. Era eu fin un acabado 
modelo en su categoría de 11. Coadjutor. 



146 LA COMPAÑÍA DE JESU 



1853 acierto en sus disposiciones^ es sin embargo muy dis- 
tinto el juicio que puede formar de las cosas quien las 
ha visto con sus propios ojos, las ha palpado, ha ex- 
perimentado y medido por sí sus ventajas y dificultades, 
conoce las costumbres de los pueblos, sus caracteres, 
sus tendencias, que no quien todo esto sabe por rela- 
ciones escritas por exactas y detalladas que sean. Las 
ideas que reinan generalmente en Europa i*especto de 
la América suelen ser bastante erradas, porque suelen 
adquirirse en Geografías muy poco correctas, ó en li- 
bros de viajes hechos á la ligera, sin documentos y con 
muy poco criterio. De grande importancia fueron, pues, 
para las misiones de la América Española los siete 
años que las gobernó el H. P. Gil y grande la gratitud 
que le deben no sólo por los trabajos que en ellas su- 
frió, sino aún más por los servicios (jue prosiguió pres- 
tándoles durante largos años que desempeñó el cargo 
de Asistente en el |»rolongado generalato del Muy Re- 
verendo P. Pedro Bcckx. 




E:1 R. F». Manuel Gil. 







... ... ... ... fc,. ..^ *,* ... ... ».. «k. ., .,- ..V. ,* *,. »., v^x*^ 



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LIBRO SEGUNDO 



185-4-1858 



Al nbi'igo de la paz, del oi-deii y vei/dadera liherlad 
que reinaba en Guatemala bajo el Gobierno de Carrera, 
protector decidido de la religión y de las letras, bahía 
comenzado á crecer, á desarrollarse y aun á producir 
tempranos, sí, })ero sazonados frutos este humilde ar- 
busto de la Compañía de Jesús trasplantado i)or mano del 
divino sembrador á tan fecundo suelo. Cultivado con 
exquisito esmero por'la prudencia y destreza del R. P. ^ha- 
nuel Gil, tocaba á su sucesor perfeccionar su desarrollo 
y liacerle multiplicar sus frutos y aun llevar sus simien- 
tes á tierras más lejanas. Y en efecto, en el espacio de 
estos cuatro años, cuya bistoria vamos á reseñar en el 
segundo libro, veremos ([ue dejando el estrecho ámbito 
de 1^1 capital de la República, no dejarán apenas sus mi- 
sioneros comarca alguna por donde no paseen triunfan- 
te In Cruz de Josucristñ; v nún inns. v(-i-pnv>> tV»rmnr'^*'-' 



Ii8 LA COMPAÑÍA DE JESL 



1853 dos nuevos centros de acción desde donde repartan la luz 
de la verdad católica á los pueblos más remotos, y por 
lo mismo más necesitados de la enseñanza cristiana. 
Toda la República será el vasto teatro de aquellos dignos 
hijos de San Ignacio: en la capital darán increible im- 
pulso á las ciencias, las letras y las artes, infundirán el 
espíritu de piedad en las familias, nuevo fervor en los 
monasterios de vírgenes consagradas á Dios, moralidad 
en los cuarteles, cárceles y presidios; y fuera de ella 
.combatirán la ignorancia religiosa y arrebatarán milla- 
res y millares de almas cautivas del demonio; en fiu, 
llenarán muy colmadamente los misericordiosos desig- 
nios de Diosa! enviai- á Guatemala tan fervientes Após- 
toles, en circunstancias tan oportunas. Comencemos ya. 
i.-Nuc- I) — w siguiente día de la marcha del P. Gil para Eu- 
^rian í'opa sc abrió' cl pliego de gobierno y en él se halló nom- 
brado Superior de toda In Misión de Guatemala el 
P. Pablo de Blas. Tal nombramiento fué de suma satis- 
facción así para los PP. y HH. como para todas las j>or- 
sonás seglares que por divei*sos motivos trataban ínti- 
man^ente con los Jesuítas. Era el P. Blas uno de los 
primeros fundadoresde la Misión Gnuiadina, depresencia 
. muy respetable, de carácter íifme, de un trato muy fino 
y amabilísimo y de *exquisilo tacto y prudencia en el 
manejo de los asuntos así domésticos como externos: 
estaba, en fin, adornado de las dotes de un buen Supe- 
lior, tal como se necesitaba para llenar el puesto que tan 
dignamente había ocu|)ado el P. G¡J. Inició su gobier- 
no llevando á cabo una obra de beneficencia públi- 
ca que su antecesor había promovido y llevado mu\ 
adelante: tal era el asilo de huérfanas, cuva institución 
tomó á su cargo la Congregación de Senonis, fundada, 
como vimos, en la (capilla del Seminario, ])restándol(» 
eíicaz auxilio el Gobierno. Allí se recogían las ninas \)o- 
bres que, privadas de sus padres, no tenían cómo pasar 
la vida, y por lo mismo estaban expuestas á criarse en 
la disoliKMón: so Ins nlinv^ntnbn v \0'=:tÍH. -^p lr»c: H^bn In 



EN COLOMBIA Y CENTltO-AMÉUlCA 14i) 



instrucción propia de su edad y condición^ y se lasedu- 1853 
calja en religión y piedad. Esto último corría por cuenta 
de los operarios de la Merced, porcjue estando la casa 
muy cercana á esta Iglesia, á ella acudían á Misa diaria-' 
mente, á confesarse, á oir los sermones y explicación de 
la doctrina, sin perjuicio de algunas exhortaciones y de 
los Ejercicios espií'ituales que cada anoselesdaha'en su 
propia Capilla. Este útilísimo establecimieilto inaugura- 
do solemnemente el 13 de Noviembre, merced al celo de 
las Señoras, fué tomando cada día mayor incremento y 
llegó (\ un alto grado de prosperidad, cuando en años 
posteriores se hicieron cargo de su dirección- inrñediata 
las HH. de Nuestra Señora venidas de Bélgica. 

2) — Al volver los alumnos al Seminario, aunque iio2.-ííuevo 

réflri 01611 

habían podido todavía admitirse muchos nuevos, por no escolar. 
estar concluida la obra, sin embargo pudo casi comple- 
tarse el plan de estudios. A las cuatro clases que ya 
existían se añadieron dos cursos más, de Filosofía, 
Matemáticas y Física, las clases de Francés é Inglés, y 
las de música y dibujo. Esta distribución fué muy aplau- 
dida, porque se veía ensancharse la órbita de los cono- 
cimientos con nuevos ramos de enseñanza y de tanto 
interés los unos como la Física y las lenguas vivas_,.de 
tanta amenidad los otros y tan conformes al gusto del 
país, cuyos moradores son muy aficionados y de espe- 
cial disposición para las bellas artes. To4o esto natural- 
mente contribuía, á que el entusiasmo por el Colegio 
fuera siempre creciente y la estimación por los maestros 
y directores se acentuara más cada día, con tanto mayor 
razón, cuanto que los padres de familia, residentes en su 
gran mayoría en la capital, eran testigos de los adelantos 
de sus hijos, pues se les invitaba mensualniente á los 
actos literarios que con gran solemnidad se celebraban, 
lo mismo que á otras funciones de recreo, como las qUe 
solían tenerse por Navidades, todo lo cual servía de po- 
deroso estímulo para excitar la cinulnción y mantener 
siempi'e vivo el interés. 



150 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



1853 3) — Otra clase de empresas llamaban al mismo tiem- 
^•~^'^' po la atención por su novedad. En el lado Sur de la ciu- 

fuerte . 

de San dad 86 cleva sobre una colina una hermosa y bien situa- 
josó. (Jq fortaleza que domina la ciudad y al par que le sirve 
de defensa^ es una especie de presidio en cuyos calabo- 
zos se custodian reos de grandes crímenes. Había á la ' 
sazón 67 que esperaban su sentencia definitiva y los 
PP. del Noviciado d(^ Belón determinaron ganarlos para 
Jesucristo^ lo uiisnio que á la guarnición, cjue los custo- 
diíjüía. FJ (lomandante Grneral con quien era necesario 
tocar para este proyecto lo llevó á bien y dio sus órdenes 
al Gobernador de la fortaleza para que franquearan sus 
puertas á las horas (|ue á los PP. ¡uireciera bien. No se 
contentaron los Jefes del castillo con cumplir puntual- 
mente con las ordénes de su general, sino que tomaron 
á pecho dar á aquellos actos la mayor solemnidad posi- 
ble, adornando ellos mismos la Capilla y animando con 
su ejemplo á presos y soldados. Confesáronse todos y el 
acto de la comunión se celebró con los acordes de la 
música militar y salvas de artillería, que por lo desusa- 
do di(Mon gran publicidad á tan editicante función. 
Acaso fué ai'ni más fructuoso la misión á la cárcel públi- 
ca en la cual se custodiaban los condenados á prisión* 
no por muy largo tiempo, á los trabajos de las obras 
púl>l¡<as y los simplemente detenidos por insolventes ú T 
otros delitos dQ poca consideración: por todos ascendían 
en a(|uella fecha aT número de 2iM\, Estos fuemn el obje- 
to del (!elo de varios opéranos que por algunos días se 
ocuparon en doctrinarlos y prepararlos para recibir los 
santos Sacramentos. El último día (juiso celebrar la misa 
y darles de su mano la comunión el limo. Sr. Arzobispo 
(¡ue como tan celoso del bien de sus ovejas, gustaba mu- 
cho de tomar la parte (jue podía en todas estas obras, te- 
niendo ademási|uc administrar el Sacramento de la Con- 
firmación á 73 de aquellos miserables que hastn entonces 
habían vivido olvidados de sus deberes religiosos. De 
(lislinto carjicler eran los ministerios en que trabajaban 



KN COLOMBIA V (EXTKO-AMEUU'A 1 M 

los oj)ernr¡os de la Merced, en cuyos confesonarios se 1H54 
;i«j:i'ui)al)n diariamente grnn número de personas de hi 
ciudad \ sus alrededores; donde se predical>a n menudo, 
se celebraban pomposas funciones y se ensenaba la doc- 
trina cristiana á los niños de ambos sexos. Cuatrocien- 
tos de estos comulgaron por primera vez prolijamente 
preparados y con desusada solemnidad álamanern que 
se estila en Europa y especialmente en Francia: espec- 
táculo tiei'uo y consolador que se v(Ma i)or pr'imera vez 
(MI In Nueva Guatemala; y como tal llamaba mucho In 
atención y atraía á la Merced gran concurso dé piadosos 
admiradores .que no cesaban de encomiar el cQloyacti- 
\ idad de aquellos operarios que tan pronto veían en los 
presidios, como en los monasterios, en los autorizados 
pulpitos, como al lado de un pobre moribundo. 

4) — Mas no se limitaban á la capital, los trabajos ^•■^^^^''^' 
apostólicos de los Jesuítas: en los últimos días del ano auos. 
anterior, el P. Blas, de acuerdo con el limo. Sr. Arzo- ^''•^*- 
hispo había enviado una expedición compuesta de los 
PP. Freiré, Bujan, í3rbegozo y Posada con un Hermano 
Coadjutor, á evangelizar las principales ciudades de 
los departamentos del N. llamados los Altos por estar 
situados en las ramificaciones de los Andes. Tienen 
grande importancia en la República estas provincias 
por ser muy pobladas, ricas é industriosas, lo cual 
unido al carácter de sus habitantes un tanto altiva é 
inquieto, les ha hecho trabajar más de una vez por in- 
dependizarse, pero inútilmente, no sacando otro fruto 
de sus vanos y desacertados esfuerzos, que regar su 
hermoso suelo con la sangre de sus hijos. Según la 
expresión del General Carrera, para conservar en paz 
aquellos pueblos valían más cuatro Jesuítas que todos 
sus cañones y su ejército: y én realidad, la experiencia 
vino á mostrar la exactitud de esas palal)ras á primera 
vista exageradas. 

De camino para los Altos del)ían los PP. dar mi- 
sión en dos poblaciones cercanas á la. cnpital: era la 



152 LA COMPAÑÍA DE .ÍESUS 



1854 primera Son Raimundo, distante unos 20 kilómetros, cu- 
yos pobladores son todos blancos y de costumbres muy 
sencillas. Gratamente sorprendidos quedaron los mi- 
sioneros, cuando á buena distancia de la población una 
larga procesión con varias imágenes y cofradías y pre- 
sidida por ol párroco con <-apa pluvial salió á su en- 
cuentro: apeáronse de sus caballos para tomar parte 
en el piadoso cortejo y al son de la música y cantos 
' populares entraron por las calles de la población ador- 
nadas con vistosos arcos, y andando sobre una conti- 
nuada alfombra de flores y hierbasolorosas. El P. Freiiv 
dirigió la palabra á la agolpada mucbedumbre que lle- 
naba el templo y desde a<(uel momento quedó al)ierta la 
Misión. Continuáronse por ocbo días los acostumbrados 
ejercicios, de sermones morales, instrucciones, ense- 
ñanza de la doctrina, etc., que terminaron con una sor- 
Icmne comunión de 8(K) adultos. F'l día siguiente se so- 
lemni/ó con la [»rimera comunión de más de 2(H) niño.s 
de ambos sexos y una edificantísima procesión de peni- 
tíMicia que precedió á la bendición papal y colocación 
de la (a'wa conmemorativa de la Misión. 

l)c nuiy distinto carácter era la población de Sini 
Juan Sacatepequí»/ situada á dos leguas de la anterior: 
los babitantes, en su inmensa mayoría indígenas hablan 
el cachiquel, (jue es su lengua natural, pero entienden 
y se dan á entender suficientemente en castellano: son 
muy sobrios en la comida, pero tan dados á la embria- 
guez, que con frecuencia se expenden en los estancos 
hasta doce mil botellas de un brebaje ((ue llaman chicha^ 
el cual está confeccionado regularmente de cierta fruta 
desconocida en Europa, .llamada jocof^ y de melaxa •• 
azúcar mascabado muy ordinario que la hace fermentar- 
en alto grado. Embriáganse taml)ién con aguardiante y 
los blancos y mestizos les imitan en este vicio brutal, 
siguiéndose de él la corrupción de costumbres que es. 
de suponer, y el abandono en materia de religión y de 
piedad; ponqué si os cioi'lí> (juc jos indíircnns ^mü iumn 



iCii t;«)lA»MlilA V CKNTRO-AMKRICA 1.V5 

npegarlos d sus costuml)res y janins dejan de celebrar 1854 
sus liestas religiosas que costean hasta con generosi- 
dad^ pasada la Misa y el sernnón, concluye todo en ho- 
rrorosas bacanales. Tal era el estado de aquel numeroso 
pueblo y tal su decaimiento moral y religioso á pesar de 
que s¡empi*e se buscaban para ól párrocos de mucho 
celo; pero es lo cierto* que á la llegada de los misioneros 
no se encontraban más de diez personas que cumpliesen 
con el precepto pascual. Fueron^ sin embargo^ muy 
bien recibidos y desde luego se entregaron al trabajo^ 
logrando que se confesasen 750 personas^ separar ó 
casar muchos concubinarios y corregir considera- 
blemente el vicio de la embriaguez; mas el tiempo 
urgía y fué necesario que el Párroco continuase reco- 
giendo aquella mies que dejaban ya en sazón los misio- 
neros. 

5) — Con dolor hubieron de abandonar éstos aquel pue-"^-*^"®^»!- 
blo tan necesitado^ sin poder satisfacer los'santos deseos 
de muchos que pedían oyeran sus confesiones^ mas se 
consolaban con la esperanza de que^ estando tan cerca- 
nos á la capital, no era difícil volver á perfeccionar la 
obra comenzada. Prosiguieron^ pues, s\i marcha hacia 
la metrópoli de las provincias de los Altos, siendo reci- 
bidos en triunfo por donde quiera que pasaban, sin co- 
nocerles aún, nada más que por la fama que de los Je- 
suitas corría por toda la República. Quezallenango es la 
segunda ciudad después de la capital por su población 
de unas 30.000 almas, por su industria, comercio y cul- 
tura: es célebre porque en sus alrededores se dieron las 
más reñidas batallas que decidieron la conquista del 
Reino del Quiche por D. Pedro de Alvarado: allí existió 
la primera colonia española y celebraron por primera 
vez en Guatemala lossagradosmisteriosloscapellanes del 
ejército conquistador, si bien más tarde la población fué 
trasladada de Izakaha ciudad del Quiche áotro sitio poco 
distante del primitivo, que es el que ocupa hoy, cerca 
de otra muy antigua y populosa que sus primitivos 



hA LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



1854 habitantes llamaban Xelahuh (*). Abrióse^ pues^ la Mi- 
sión en la Iglesia Matriz del Espíritu Santo, la más am- 
plia y hermosa de las ocho que posee dicha ciudad^ y el 
trabajo de los PP. prolongado por 20 días fué muy bien 
correspondido: la primera comunión de 500 niños todos 
vestidos de blanco y coronados de rosas fué un esi>ec- 
táculo encantador, nunca visto en aquellas tierras, y la 
reforma de costumbres muy consoladora. Entre los mu- 
chos matrimonios que se hicieron en aquellos días fué 
muy notable el de un inglés calvinista. Yacía en la cama 
gravemente enfermo mientras sedábala misión, \ ik» 
faltó quien avisara á uno de los misioneros del Uíiscia- 
ble estado de aquella alma que á los errores de la here- 
jía añadía el escándalo público de una vida licenciosa. 
Introdújose el Padre muy prudente y amistosamente en 
la casa del enfermo y cuando le juzgó bien prevenido en 
su favor, comenzó ú tocarle puntos de religión. La gra- 
cia ilustró al i?nfermo: convencióse de la falsedad de su 
secta, abjuró sus cn-oi»cs y oii un solo día recibió lod<»s 
los sacramentos de que necesitaba, desde el bautisnn» 
hasta el matrimonio. Poco después murió como Ijuím» 
católico, dejando á sus hijos legitimados y formando 
con su madre una familia cristiana y ejemplar. Muchos 
fueron los frutos que se recogieron en Quezaltenango en 
pocos días, y no fué el menor conocer la necesitlad de 
una misión más duradera para el remedio de urgentes 
necesidades que aún restaban y requerían un tral>ajo 
más constante y prolongado. La raza indígeno es en 
estas provincias mucho más numerosa (jue en lo res- 
tante de la República: al mismo tiempo más inculta \ 
más difícil de cultivar, no sólo por sus hábitos. y cos- 
tumbres semisalvajes y menos roce con la raza española, 
sino aún más por la diíicultad y variedad de lenguas 
que hablan. A esto se añade la falta de clero; pues ei) la 
época á que nos referimos no había ni los indispensables 



(*) Milla— Historia de la América Central. T. I. C. t.*^ 



EX COLOMBIA V (.KNTltO-AMKUlCA I;'»,'» 



BuJAn. 



pni'H lliMinr los puestos meantes: de aquí wncÁó la 1854 
idea de fundar en Unezaltenango una residencia de la 
compañía, idea que más larde se realizó y produjo los 
felices, resultados que ahora se preveían. 

0)— Aiin no se había terminado la misión áa U^e- ^.-lo- 
zalteinango, (Miando una orden del Superior de (iua- Frein', 
tcMiiala vino á. entorpecer un tanto el próspero curso ^^ y 
(|ue llevaba tan apostólica expedición. ínesj)eradamente 
presentóse í\ tines de Enero el P. Tomás Piquer íjuc 
venía en sustitución de los PP. PYeire y Bujan llama- 
dos con nr<^enc¡a á la capital^ y hasta dando al P. ( )r- 
begozo las amplísimas facultades arzobispales de ([\w 
para cuantos casos extraordinarios pudiesen ocurrir 
había sido investido el sobredicho P. Freiré, el cual 
marchó inmediatamente con su compañero á Guate- 
mala. El motivo de tan repentino llamamiento era el 
haber sido destinados al Colegio de la Habana, á donde 
efectivamente partieron en los primeros días de Fe- 
brero. Gran pérdida fué para la misión de Guatemala 
la de estos dos fervorosos operarios, y tanto más de- 
l)lorable, cuanto que apenas pudieron ser útiles á la rica 
Antilla, sepulcro de tantos y tan excelentes Jesuitas, 
pues el P. Bujan murió á los tres meses de su llegada, 
y el P. Freiré al año siguiente. 

El P. Manuel Fernández Bujan había nacido en 
Bouzas, pueblo de la Diócesis de Tuy, el 31 de Octubre 
de 1812. Joven de 19 años de edad, mientras estudiaba 
la Filosofía, fué llamado por Dios á la Compañía y re- 
cibido en Madrid el año de 31. A los cuatro años en- 
vuelto en el comim decreto de expatriación pasó con 
muchos compañeros á Francia donde pudo proseguir 
tranquilamente sus estudios, los cuales terminados y 
ordenado de sacerdote, llevado de su celo por la sal- 
vación de las almas, se agregó á la expedición que con- 
dujo el P. Walle el año de 45 y que las arterías 6 in- 
trigas liberales inicuamente frustraron. Vuelto á BéU 
gica, á pesar de los increíbles padecimientos que la 



Í'A] LA COMPAÑÍA DE JEsl'S 



1854 navegación le producía^ volvió á la América y trabajó 
incansablemente en Colombia, el Ecuador y Guate- 
mala hasta que la enfermedad endémica de Cuba, el 
terrible vómito negro, le arrebató la vida el 24 de 
•Junio de 54. Su carácter bondadoso, sus virtudes i*eli- 
giosas é infatiga?jle celo le hacían muy amable á cuan- 
tos trataba, va en el confesonario, va en las cátedras 
de los Colegios, ya en los pueblos que evangelizó en 
diversas Repúblicas del Nuevo mundo. 

También fué hijo de Galicia el P. Joaquín Freiré. 
Nació en Santiago el 15 de Octubre de 1793 de una 
familia tan distinguida por su sangre y riquezas, como 
por su acendrada piedad. Su padre, cabaliero de vasta 
instrucción, se distinguió mucho primero en las gue- 
rras con los franceses por su carácter firme y resuelto, 
y aún más singularmente como diputado. en las cortes 
de Cádiz el año 12, en las que con su elocuente palabra 
v sus escritos, fué uno de los más acérrimos defensores 
de la Iglesia y de los sanos principios, y estiis relevan- 
tes cualidades heredó de él el P. Freiré. I^s disturbios 
del año de 20 obligaron á tíin distinguida familia á emi- 
grar á Italia, y apenas llegados á Genova tuvo nuestro 
Joaquín el dolor de perder á su buen padre. Restabh»- 
cida la tranquilidad pública en P^spaña, pudo volverse 
á su patria, y mientras se ocupaba en perfeccionar su^ 
estudios en Madrid, se sintió llamado por Dios al estado 
religioso, siendo admitido en la Compañía el 7 de Sep- 
tiembre de 1827 á los 34 de su edad. Aunque tan 
adelantado en años, erudición y experiencia tenía en 
el noviciado la sencillez y docilidad de un niño y edifi- 
caba á todos con su humildad y fervor. Terminados en 
breve los estudios de Teología y ordenado de sacerdote, 
se le destinó luego al ministerio de la predicación para 
el cual estaba dotado de excelentes cualidades, y p<^>r 
algunos años prosiguió en el santo ejercicio de los 
ministerios en la corte, teniendo que administrar los 
últimos auxilios de la religión á su piadosa madre 



EN COLOMBIA Y CENTRO-AMÉRICA 157 

muerta en Madrid el año de 34. Después dé la exclaus- 185 i 
tración de los religiosos, que tuvo lugar al afio si- 
guiente, sólo sabemos que fué uno de los muchos (jue 
quedaron dispersos por las diversas diócesis de España, ^ 
viviendo como sacerdotes seglares^ pero siempre ocu- 
pados en el ejercicio de los sagrados ministerios, ó re- 
gentando cátedras en los Seminarios. El año de 39 fué 
nombrado Superior de la pequeña misión que acompañó 
ai Obispo, Vicario Apostólico de Gibraltar, en donde 
pasó cuatro años de trabajos y sufrimientos increíbles 
({ue hubo de tolerar de gran parte de los habitantes, que 
á la herejía juntan los vicios y estos refinan su innato 
odio al catolicismo. Pasó en seguida á Italia y se ocu- 
paba en su ministerio favorito de misionaren la dióce- 
sis de Genova, cuando recibió la orden de pasar á la - 
Nueva Granada. Desde este punto nuestros lectores han 
podido seguir paso á paso la interesante vida del Padre 
Freiré, y observar su constante laboriosidad desde que 
tocó en Santa Marta, hasta que volvió expulsado á este 
mismo puerto después de seis años de trabajos y de 
continuadas luchas con el liberalismo de Medellin. Le 
hemos visto en Jamaica donde las circunstancias le 
obligaban á llevar una vida de inacción tan opuesta á 
su actividad y celo, y finalmente recoger en Guatemala 
las primicias de los frutos de tan fecunda tierra, así en 
las misiones como en la enseñanza y educación de la 
juventud. Fué el P. Freiré, según nos lo pinta uno de 
sus compañeros, hombre de instrucción muy variada^ 
de mucha lectura, de singular tino .en el manejo de 
los negocios, profundo conocedor del corazón humano 
y de muy rara prudencia. Estas dotes al par que le 
constituían un buen su])erior, daban á su elocuencia 
un sabor particular que unido á su estilo llano, dic- 
ción fácil, voz clara y presencia respetable le hacítm 
sobresalir mucho en la oratoria. Su conversación ame- 
na y graciosa, su corazón sumamente bondadoso, su 
(^aráctér fi-anco, foi*niabnn singular contraste con su 



158 LA compañía de JE8US 



1854 exterior un tanto hosco y severo, que no impedía se 
captase fácilmente la benevolencia, lo mismo de los 
niños que de las personas- graves. Gomo religioso era 
un modelo de observancia: severo consigo mismo, ca- 
ritativo con los demás; humilde y exactísimo en la obe- 
diencia gozó siempre de la contianza de sus SuperioiT^s 
y del amor de sus subditos. Con tan señaladas virtudes 
y el mérito de tantos trabajos apostólicos, vivía no obs- 
tante muy temeroso de la muei-te, mas al llegar esta 
dijo al P. que le asistía: «después de haber vivido con 
tanto terror viendo de lejos la muerte, ahora que la 
veo de cerca, lejos de espantarme, me inunda de gozo 
y disfi'Uto de gratísima paz»: cumplíase en el venerable 
moribundo la sentencia del Espíritu Santo en los Vvo- 
' verbiós: (28,14) «Beatus vír qui semper est pavidus: 
Bienaventurado el hombre que anda siempre teme- 
roso)). Con tan religiosa serenidad descansó en el Señor 
i\ los 02 años de edad, desj)ucs de. haber tiiibajaflo 
cerca de once en <livei:sos puntos de América. 
ble 'o ^^^ — Después de Iiaber tributado este homenaje justi- 
yios simo de gratitud al tundadiu* de hi Misión cuya historia 
Jesoitts referimos, recordando muy sumariamente los hechí»s 
y virtudes de su vida, apuntaremos también un inci- 
dente que su partida á la Habana produjo. El Gobierno 
no había visto con buenos ojos la marcha de4 P. Gil y 
sus compañeros, mas disimuló, y se contenió con dar 
muestras liuiy expresivas de su sentimiento; oí saber 
la ausencia de <»ti-os, dos sujetos que se hallaban prc- 
risamentc desempeñando una misión tan im|>orlante, 
no pudo ya callar temeroso de (jue los* Jesuítas se íue- 
lan retirando poco á poco y no quedase el númer*» si- 
quiera suticiente para satisfacer las grandes !K»rcs¡- 
dades del país. Sabiendo poi* otra parte que el 1*. Blas 
olredecta órdenes su|)eiiores, con el celo por el bien de 
los pueblos que. tanto honraba k aquella administra- 
ción, creyó que debía cortar el mal radicalmente, diri- 
.üléndose de cíljcic» h.uIm nH^n<»«i qn<^ ni S\ini«» P<»iitilir»j 



KN COLOMBIA Y CBxXTKO-AMMRICA 1Ó9 



y al R. P. General de la Compañía. He aquí la Nota 185i 
que el Sr. Miuistro de relaciones exteriores, D. Pedro 
de Aycinena dirigía al P. Superior de la Misión, con 
fecha 27 de Febrero: 

«El Gobierno ha creido conveniente dirigir al Minis- 
tro de la República en Roma la comunicación oficial de 
que acompaño copia á V. R. 

Penetrado de la necesidad que hay de que la Misión 
que V. R. preside hoy, cuente con número bastante de 
sacerdotes para las diversas atenciones á que dedica sus 
cuidados^ vería con el sentimiento más profundo que se 
continuase destinando á otros puntos á algunos PP. de 
la Misión de Guatemala^ dando lugar así tal vez á que 
venga á menos un establecimiento fundado bajo tan fe- 
lices auspicios, y que es tan útil para la enseñanza y 
propagación de los sentimientos religiosos en todo el 
país. 

El Gobierno se lisonjea con la esperanza de que las 
indicaciones hechas por medio del Sr. Lorenzana ten- 
drán el resultado que se busca^ y se indica en ellas mis- 
mas^ y entre tanto desearía que V. R. dispusiese no se 
haga novedad en cuanto á salida de otros PP. de esta 
República^ mientras no se tenga conocimiento de lo que 
en vista de la citada comunicación se disponga en Roma 
sobre el particular». 

La comunicación oficial á que se alude^ y puede ver- 
se integra en el Apéndice núm. 17, se reducía á exponer 
las necesidades del pueblo de Guatemala en punto de 
religión, \t\ escase/ de clero, el gj*an fruto que hacía la 
C.ompañía con todos sus variados ministerios -y la edu- 
cación de la juventud: knnentábase de que le hubieran 
retirado ya cinco sujetos y Concluía diciendo: «Al hacer 
á V. E. estas indicaciones á nombre del Elxcmo. Sr. Ca- 
pitán General^ Presidente D. Rafael Carrera, me anima 
la esperanza de que ellas producii'án el resultado ape- 
tecido de que no sólo no se destine ya en lo sucesivo 
para otros puntos á los PP, dé la Compañía que están 



160 LA COMPAÑÍA DE JESU.S 



1854 en Guatemala^ sino que^ si fuera dable^ regresen los que 
han ido á otras partes y se aumente con otros la Misión». 
Tal era la comisión que se daba al Marqués de Loren- 
zana, y no dudamos que hubiera sido muy bien recibida 
de Pío IX^ amigo de complacer los buenos deseos de los 
Gobiernos adictos á la Iglesia; pero el P. Blas no pudo 
menos de ver que aquella pretensión nacida de buen 
celo y amor sincero á la Compañía^ podía poner á los 
Superiores en graves compromisos, atándoles las manos 
para que no pudiesen disponer libremente de los suje- 
tos. Acudió, pues, al Ministro; le hizo ver que sería de 
mayor servicio de Dios y del Gobierno dejar en plena 
libertad á los Superiores para el manejo de sus subditos, 
íjue el R. P. General nunca permitiría (jue Guatemala 
quedara desprovista de los PP. que fueran necesarios 
para atender á sus necesidades, que era un deber de 
conciencia al par que de gratitud de parte suya el coo- 
perar á tan justos y razonables deseos; en tin, logró ha- 
cer desistir al Sr. Ministro de aquella medida; que con 
mucha frecuencia hubiera |)odido embaí-azar el i-^gimen 
do los su|M»riorcs. 
«••vini- ^\ — Alíennos días desiiués volvían cargados de des- 
misione- pojos los tms misioneros (|ue evongelizaban ios Altos, 
'*^*- ni era posible (jue se detuvieran más tiempo á siítisfa<*ci- 
los deseos de muclfos párrocos y municipalidades (|U0 
les pedían fuesen á dar misión á sus pueblos, porque se 
hallaban muy quebrantadas sus fucrzos por las fatigas 
de las dos pasadas, la de Huchuetenangt» y la de San 
Marcos. Especialmente en esta población se vieron actos 
muy editicantes, como el que varias peisonas pasasen 
dos y ti'es días con sus noches en la Iglesia, ayunos ó 
sin tomar más (pie algún m(^ndrugn de pan j>ara logiar 
por tin confesai*se con alguno de los MísíouíM'OS. Kl Cu*- 
bernador con el Municipio, el Jefe militar con su bata- 
llón, todos los proceres de la ciudad no sólo encabeza- 
ron la numerosísima comunión general, sino que tam- 
l»if''n cr»n pjpmpljn' j'ií^dM'] f<»mnr«»n |»;irlr f»ii l;i «1»'\«»t;i 



EX COLOMBIA Y CENTRO-AMÉRJCA 161 

procosióii depeiiilencici, en la (iiic liastn los 400 niños de 185i 
primera eomnnión llevaban sns cruces, sogas al cuello, 
ú otro instrumento de mortificación. Pocos fueron los 
diecinueve días que allí permanecieron los PP. traba- 
jando día y noche para recoger no más que una parte de 
tan copiosa mies: más de dos mil confesiones se oyeron, 
cerca de doscientos matrim'onios se lucieron, parte du- 
i-ante la misión, parte en los días subsiguientes, y con 
todo aún quedaba mucho por hacer. Lo mismo de San 
Marcos que de las demás misiones los PP. partían con 
el dolor de no poder dar abasto á tantos como se presenta- 
ban pidiendo remedio para sus almas harto necesitadas. 

8) — A nadie podía ocultarse en vista de los admira- 8.-m¿. 
bles resultados (jue "producían los ministerios, que se 
ti-abaja-lDa en terreno fecundo y muy bien dispuesto, \ 
(|ue sólo faltaban operai'ios para que la República ente- 
ra cambiara por completo de faz bajo todos conceptos: 
por esta razón ni el Arzobispo, ni el Gobierno, ni los 
amigos,' ni los mismos Jesuitas veían con buenos ojos 
(jue se desmembrara ni uno sólo de los sujetos de la 
Misión; mas he aquí que viva aún la mala impresión 
(|ue había producido la partida de los PP. Freiré > 
Bu jan, vino á recrudecerla más el suceso que voy á re- 
ferir. El 23 de Setiembre del ano anterior el General An- 
tonio López de Santa Ana, Presidente de la vecina Re- 
púl)lica de ^léjico^ había dado un deci*eto restablcciend<v 
la Compañía, en toda la extensión del vasto territorio de 
su mando. Al publicarse por bando se echaron á vuelo 
todas las campanas: ael regocijo del pueblo y de toda 
clase de personas, dice el continuador del P. Alegre, 
fué extremado en la cai)ital: sin número de. casas parti- 
culares fueron adornadas en el día con gallardet(»s \ 
cortinas, colocándose en los balcones imágenes del 
Santo Fundador déla Compañía, é iluminándolos por 
la noche como paia las fiestas nacionales» (*). Otro tanto 



1^) Dáv¡la,T. II. C. X. pag. 29r;. 



lí)2 LA compa5sía de je.sus 

1854 pasalja en las principales ciudades de la Repiiblica, 
y de todas partes se elevaban votos de gracias al General 
Santa Ana por el restablecimienio de la Compañía; \ 
cierto que con sobrada razón, puesií su enérgica reso- 
lución se debía aquel gran triunfo que sólo él era capaz 
de alcanzar y sostener, pues al concluir su administra- 
ción todo vino á tierra y los PP. quedaron de nuevo en* 
dispersión. Mas entre tanto era preciso aprovecharse de 
aquel intervalo de paz que Dios concedía en favor de 
muchas almas: el R. P. Arrillaga con otros tres Jesuítas, 
mejicanos todos, dejando los beneficios qu'e administra- 
ban. y de cuya renta vivían, se apresuraron á reunirse 
en comunidad y comenzaroh á ejercer los ministerios de 
la (Compañía. Pero (|ué podrían emprender cuatro reli- 
giosos, tres de* ellos ya muy quebrantados, con -más de 
sesenta años de edadf Yde dónde les podía venir auxilio, 
si la Provincia de Kspaña, aunque dispersa, tenía que 
sostener sus compromisos de Cuba y P'ilipinas sopeña 
depei^ler la esperanza de volver á ^establéce^se én la 
Península^ Guatemala luv(| (|ue seguir desmembrándose 
])ara dar socoifo ¡i la renaciente Provincia de Méjico^ 
El 31 de Marzo, obedeciendo las órdenes del R. P. Gene- 
ral partió para allá* una expedición de. tres sacerdoles, 
tres escolares y dos coadjutores (*), llevando por Supe- 
rior al P.. Francisco Saurf, pero, humanamente hablan- 
do, esta expedición, como la anterior de la Habana, fué 
imiy desgraciada, pues ei\ Ol escaso tiempo de ^u durii- 
(ion pi»rdin ti'cs sujetos, (pie con su edad, fuerzas y \¡r- 

tlldes aÚli podiíHI I»;>Im'I- tr;»b;i¡;H]<i minlio nu'm |ni|- I.» 

gloria de Din^. 
9.-P. Vi 9) — Fué el j)r¡mero el P. Jomas Piquen. -Emprendie- 
1 pn los PP. su camino por liern», y habían ya andado la 



riucr 



C) i-Aini lo> VI*. I raiu 16C0 >»aim, loinab i'i'juer, Krancrcí' BariM^^.-iu: lo- 
HH. Escolares Ignacio Velasco, Antolin Espinosa, Gaspar Rodriguoz, y los 
Coadjutores Juan Cennrruza y Lucio Posada: este salió de la Compañía en 

Mrjiro. 



UN COLOMBIA Y CRísTUO-AMÉluCA ltí3 



mitad del inmenso espacio (pie sepüi-n á (Mitrambas ca- 1851 
l)itales: al salir do Tonalá, población importante de So- 
conusco, el P. Piquer comenzó á sentir los síntoma^ de 
su última enfermedad, y presintiendo sin duda la cerca- 
nía de su íin, aunque por entonces no veía gravedad 
alguna, se ofreció á Dios como víctima \K)V el bien de la 
nueva Provincia á que iba destinado. Disimuló poi- al- 
gunos días su padecimiento, . tanto más cuanto epic 
ccirecíanenacjuelloscaminos de todo recurso (|ue pudiei-a 
á lo menos aliviarla pero el mal fué tomando tales cré- 
eles, que le fué preciso declararse. Afortunadamente no 
se hallaban ya lejos de Tehuantepec, donde tenían 
médicos y medicinas: aquí detei-minó el P. Saurí dete- 
nerse hasta que el enfermo couNaieciera, ocupándose él 
(mtre tanto en dar una fructuosísima misión, ayu(,lado . 
del P. Barragán y los Hermanos estudiantes. Comen- 
zaba á convalecer el P. Piíjuer y poi* consejo del Médico, 
que deseaba se lé trasladase á un clima menos ardiente, 
siguieron todos el camino con dirección á Oaxaca, aprá> 
vechándose del fresco de la noche; mas coníoel enfermo 
vv'á llevado en hombros, sufrió todo el sol de la mañana;, 
no pareció, sin e:iiibargo, liaberse por esto agravado, y 
se dispuso la marcha para la media noche. Dios permi- 
tió que sus compañeros no se apercibiesen de las creces 
que en aquella noche había tomado la enfei'medad, hasta 
í[ue á la salida del pueblo de Jalapa, donde habían per- 
noctado observaron que, ya casi agonizaba: vuelven atrás, 
|)ero ya es tarde, apenas se le jjudo dar la Extrema-t'n- 
ción y recomendarle el alma: el Señor había aceptado 
su generoso sacrificio. Aquel mismo día el Párroco asis- 
tido de los Padres y Hermanos le celebró las exequias y 
quedó se[)ultado en la Iglesia. Fué el P. Piquer natural 
de ^iontmaneu, pueblo de la diócesis de Vich, en cuyo 
Seminario hizo sus estudios completos, teniendo pcM- 
condiscípulo al célebre Balmes. (h'denado de sacerdote 
y después de haber servido por tres años en el ministe- 
i'io parroquial, deseoso de vida más perfecta solirit<» 



164 LA » UMPAÑÍA DE JE.>l>i 

1854 entrar en la Compañía^ entonces expulsa de España, y 
se trasladó á Xibeles en Bélgica^ donde comenzó su no- 
viciado á 3 de Marzo de 184i. Joven vigoroso, robusto y 
bien formado en virtud y letras, se le creyó ya maduro 
para el ministerio apostólico, y fué destinado, siendo aún 
novicio^ á la Misión de la Nueva Granada el año de 46.. 
Concluyó su noviciado en Medellín, y poco después, en 
compañía del P. José Lainez, pasó á fundar las Misiones 
del Putumayo, hecho que por sí sólo bastaría para en- 
carecer la opinión que los Superiores se habían formado 
de sus virtudes y celó de la salvac^ión de las almas. Re-' 
feriñios en la primera parte cuánto tuv^ que trabajar \ 
padecer en aquellas soledades, pi'ivado la mayor parte 
del tiempo de la compañía de su superior, y sin consuelo 
alguno humane), •fórtiticad.o, sí, con aquellos auxilios 
soberanos con que el Señor su^le endulzar los saerití-r 
cios de sus heroicos ministro?;, Para (juien así había ini- 
ciado su vida^ apostólica, muy suaves clebieron ser las 
continuas tareas que le ocuparon en Pasto, Iborra v 
Guatemala. Diez años pasó tan solomcnle eil la Compa- 
ñía pero tan c(»lmados de méi-¡t(>s, qu^ el Señor le ¡uzg<'i 
digno del premio de los justos, á la edad de cuarenta y un 
años. Acaeció su dichosa muerte el 16 de Mayg de 18r> i . 
Pocos servicios pudo prestar á su nueva Provincia 
el n. Juan Cenarruza, <-onnoVicio del P. Piquer, pues á 
los s(Ms meses de llegado á Méjico, lo llamó Dios p^vlx sí 
t 1.1 h'iiipraiía^edad de'iíí año».' Era Je uíucha robustez 
\ extraordúiarias tuerzas/ ¡-ualidades que unidas á. su 
virtud, sencillez y actividad* le hicieron un útilísimo 
auxiliar enlas'fundiUMones d(» los Colegios de Mcdellín, 
laniáica, Guatemala y Méjico. Había^ocído "en Larra- 
bueza, |)ueblo de Guipúzcoa, el 24 di» Junio de 1>^21, \ 
siguiendo el ejemplo de su Hermano mayijr el P. San- 
liagOj^ (juiso alislars»' en la Com|»añia en el humilde i^- 
I; I do de Coadjutor y fué admitid" n Nibeles, '1< <l"ii'l< 
al segundo año de Noviciado pasó ¿i la Anléri» \ . . 



Saurí. 



IJN* COLOMBIA V CENTlJO-AMÉlílcA Hiíi 

VA restablecimiento de la Compañía en Méjico, como 1851- 
insinuamos arriba; no duró más tiempo que el que se 
sostuvo el buen gobierno. Rl 7 de Junio de 50 el Con- 
greso anuló el decretó dado por el general Santa An.-i, 
tres años antQS., y en consecuencia los Jesuítas que- 
daron dispersos. Cinco restaban ya de los enviados 
de Cuatcmuhi: el P. Barragán con el H. Caspar Rodi'í- 
guez quedaron en el Colegio de la Habana; los Herma- 
nos* A^elasco y Espinosa siguieron y concluyeron sus 
estudios de Teología en España; sólo permaneció en 
-Méjico (*1 P. Francisco Saurí, porque quiso ya t^l Señoi- 
darle lo recompensa de sus largos trabajos y mereci- 
mientos acumulados en su patria i)rimero, y luego en 
diversos paises de la América. 

10) — El P. Saurí era Barcelonés: nacido en 1809, á la ^^'~^' 
temprana edad de catorce unos entró en la Compañía: 
de ingenio vivo y despejado, pero de carácter serio y gra- 
ve, apenas concluidos los estudios de Filosofía, fué des- 
tinado al Colegio imperial, donde se halkiba desempe- 
ñando la cátedra^ de Matemáticas, cuando el degüello 
délos religiosos de Madrid. Mó asesinaV á su tío. el 
Procurador del Colegio, \ él t<imb¡én li\d)ieraMnuerto ¡\ 
manos del i)Opulacho i'abioso, si unos guardias nacio- 
nales no le bubieran salvado llevándole á la cárcel pú- 
blica, ya muy mal herido con nueve bayonetazos. Cal- 
mado el furor de aquel pueblo salvaje, pudo volvérsele 
á. casa, y si bien salvó la vida, nunca volvió á recobrar 
su antigua salud y rol)UStez. Aunque siempre resentido 
de las heridas pudo hacer sus estudios de Teología > 
ordenarse de sacerdote. El 2 de Febrero del .43 hizo l;i 
profesión de cuatro votos. No sabemos si su estancia en 
Inglaterra fué anterior ó posterior á esta fecha, pero.es 
lo cierto que vivió algunos años en esa isla, de donde le 
venía poseer con perfección el inglés que tan útil le fué 
en América, especialmente en el Colegio de Jamaica. En 
1846 le nombraron Superior de la segunda expedición 
enviada por B. P. Roothaan á la Nueva Granada, > 



IHt) l.A ruMPAÑÍA DE JESl'S 

1854 desde entonces hemos seguido. en uut-bLia uairaciun el 
curso de los diez años que vivió en América siempne 
dedicado lo mismo en los Colegios que en el ejercicio de 
los ministerios^ á prodigarle todo linaje do bienes es- 
I)irituales. Ya enfermo, después de la dispersión, por 
orden de los médicos se trasladó por algunos días á un 
puehlo nu muy apartada de la eapital llamado San Joa- 
quín, hospedándose en un convento de religiosos Car- 
melitas; mas tampoco aquí pudo llevar la vida un tanto 
descansada que los tacultativos deseaban para el resta- 
blecimiento de su salud. Como* para pagar la caritativa 
acogida y esmerados cuidados que le dispensaban aqu<^ 
líos exeelentes hijos de Santa Teresa, les dio unos muy 
tei'vorosos ej(M*c¡rios.j>reparóndolos para la exclaustra- 
ción (pie fundadamente temían y se verificó poco fUs- 
|)nés. La enfermedad siguió IcntanuMite su curso, dando 
lugar á í|ue el fervoroso Padre se preparara muy prolija 
y editicantemente para el último trance que tuvo lugar 
en jei Santuario de Nuestra Señora (le los Angeles el VJ 
de Mayo, once meí^cs después de puliliruíjoel'deri-cli» t\r 
ílispei'sión. * . • • '. 

lis II )_^ Volvamos ya « riualemala después de esta lii:. 

„'|,'",'i'^ la d¡gr(»sión á qué nos obligaba la g:rntitut). Aquí en 

Hiuna 4M)ntrarenu)s á los iq>erar¡os atartmdos con las faenas 
(^xlraordinarnis a que da lugar el tien]po santo de la 
cuaresma. Kste año se estableció cu primer lu^ar la (Mi- 
señanza de la doctrina los lunes y niiércoles, fuera de 
la acostumbrada de los domingos, díasen que también 
se predií-aba por la tarde el sermón cuadragesimal, y el 
viernes el de la solemnísima velación de la imagen tan^ 
víMierada de Jesús Nazareno. En segundo lugar los Kjer- 
<*ic¡os públicos con sermón é instrucción doctrinal á 
tarde y ú mañana, (\ manera de misión; que esta vez 
terminaron el día de San José con numerosa comunión 
distribuida de mano del limo. Sv- Arzobispo, y encabe- 
zada por el Kxcmo. Sr. Presidente 'del Ministerio 1). Ma- 
nuel l''i"ine¡<e.> pMVí'm, ron r.iin ejenijiln \ e<lJti<*ae¡<Mi de 



l:N íi^LOMUIA V t'i:-Vri{0-.\M lililí A IGJ 



torln la ciudnd. í.n ní^istencin al cotífcsóna rio tenía que 1851 
sel' conlíima [)ur el gi'aii coiiciii'Sü de fxMíitentes^ y (¡nal- 
mente la |)ompa con que se -celebraban los divinos oíi- 
cios, las j)i'ocesiones, la práctica de las tres horas etc., 
llamaban (^xli'aoi'dinarianiente la atención, y atraía 
;^i-aii concniM'encia, ({ue salía al par ([ue. aprovechada, 
más y más atlcionada'á los ministerios de*la í'ompanía. 
No -se daba treguas al trabajo: apenas concluidas 
las faenas de la Semana Santa comenzaron las del 
mes de María, en cuyos sermones diarios turnaban to- 
dos los PP. de las tres casas de la ciudad. A. las prác- 
ticas que se habían observado en la Catedral los años 
anteriores se anadió otra muy propia de semejantes 
(\¡(*rc¡cios, y que les dio desde entonces mucho realce 
poi* la novíMlad. l'n alumno del Seminario venía todas 
las tardes á la Merced y después del canto de las le- 
tanías declamaba desde una tribuna preparada con este 
objeto en el presbiterio, algún rasgo histórico ó algún 
•hecho milagroso de la Sontísima Virgen en favor de 
sus devotos: agradaban mucho especialmente á la gen- 
te sencilla las reflexiones hechas de boca de un niño 
inocente y producían generalmente el afecto apetecido. 
Kl último día, aprovechando el extraordinario concurso 
(le fieles que llenaba el templo, se instaló canónica- 
mente la CongrQgación de la Buena. Muerte. Esta es una 
de las propias de la Compañía autorizada por solem- 
ne Bula del PP. Benedicto XIII y de las que suelen eri- 
girse con más general provecho de los católicos/ pues 
abraza .toda clase de personas, de todo sexo, edad y 
condición, es muy rica en indulgencias,, y muy propia 
para infundir en el alma sentimientos de dolor y com- 
punción á la vista de Je;sus moribundo y de su Madre 
dolorosa al pié de la Cruz, eii cuyo honor se estableció. 
Desde aquel día siguiéronse practicando todos los do- 
mingos los ejercicios de la Buena Muerte ({ue consis- 
tían en algunas preces, lectura apropiada, instruc- 
ción para aprender la difícil ciencia del bien moi*ii*, 



16.*< LA COMPAÍÍÍA de JE-sUS 



1854 termino ndo todo' coii la exposición y bendición con el 
Santísimo Sacramento: el número de asociados creció 
increiblernente y las comuwiones mensuales numerosí- 
simas daban á entender hi grande aceptación con que 
había sido i*ecib¡da la nueva práctica piadosa. 
i2.-Nue- I2J — Como indicamos en el libro anterior, cuando la 
biliares. Compañía fué expulsada del Ecuador, los PP. de la 
Residencia de Guayaquil se dirigieron al Perú, según 
las instrucciones recibidas <lel P. Blas, y sentaron su 
re'sidencia en Payta. Esta antigua ciudad marítima, 
(ios veces incendiadla por los Inglf»ses, situada á las 
riberas de inia hermosísima bahía, no tiene más razón 
de existir sino su hermoso puerto, de cuyo aotivA eo- 
jiiercio vive; por lo demás está rodeada de inmensos 
arenales estériles y sin ningún género de vegetación; 
su clima es ai'diente, y uno de los artículos más l»sca- 
sos es el agua, pues la única fuente de donde se pro- 
vee por tierra, dista niús dedos leguas de la ciudad. 
Sin embargo de tantas incomodidades, el estar colin- 
dante con el Ecuador y la esperanza de hacer algiin 
bien á sus poblaJoros, les deti^vo allí más de año y 
medio, pero come aquella no cru residencia fija sino 
un asilo temporal > < n í i ua témala hacían fallii su- 
jetos, fiu?ron llamados a rt^uiirse con sus compañeros. 
Hacia unes de Mayo emprendieron :ju navegación, 
teniendo el pesar de dejar on aíiuella triste ciudad al 
ínclito García Sloreno, que lanzado de su patria poi* 
(A déspota Erbina,* compartió con ellos por algún tiem- 
l>o el pan del destierro. Eran estos los PP. Luis Segura, 
Erancisco Javier Hernáez, León Tornero y Pablo Pu- 
jadas oon tres HH. Coadjutores y dos escolares. Gran 
refuer/o ciertamente para la Misión, cuatro Sacerdotes 
de gran mérito religioso y científico que presto vere- 
mos figurar en primera línea, cuya 'llegada, además de 
aliviar á los operarios y ensanchar la órbita de los tra- 
bajos apostólicos, sirvió mucho'para acallar las quejas 
del Gnbiornn \ <l(MTins nniii^os d(* influencia resentidrts 



i:n\('(H<()Miua y í'kn'Vko-a.mickk a 



*-> 



lodíivía |)()i* la ausencia de los cjue habían marcliado á 185í 
la Habana y á Méjico. Con esto pudieron emprenderse 
nuevas expediciones, apostólicas á poblaííiones impor- 
tantes como Tecpan Guatemala, la segunda población 
fundada' poi' los coiKjuistadoi'es á poca dislancia de 
Ixinché, antigua cajutal del reino de los Kacliiíjuelcs, á 
San Mai'tín y á IMiuila, todas ellas tan l'ructuosos como 
las que anteriormente hemos referido, 

13)^ — No era menor el celo con cpie lraba¡;djan en la ^•'- ^"^ 
r^ducación de la juventud los directores y profesores- del ae.iíx 
Seminario. Este proseguía" su carrera cada \ez con •^^."<^*' 
mayor empuje, y el número de alumnos, al parque la 
\ariedad de asignaturas que cursaban, se prestaba ya 
para poner en práctica uno de los estímulos más útiles 
y de los medios más poderosos pai-a elevar á un alto 
grado el progreso científico^ las Academias. Entende- 
mos por Academias, seg^ui el Ratio Studiorum, la 
reunión de los jóvenes más aventajados en virtud é 
ingenio, escogidos de todas las clases del Colegio^ los 
cuales bajo la dirección de un Padre, se dedican á ejer- 
cicios literarios especiales, según el grado de adelanto 
en que se hallan. Aunque el sobredicho Ratio sola- 
mente asigna tres secciones que abrazan todos los ra- 
mos de enseñanza, aquí se le dio una organización 
más extensa y* acaso más propia para estimular el ho- 
nor. Se establecieron tantas secciones, como asigna- 
turas, desde las ciencias eclesiásticas hasta la cali- 
grafía, incluyendo taml3Íén la- música y el dibujo^ y • 
cada sección estaba presidida por un Prefecto y un * 
Secretario. Para optar á un puesto en alguna ó \'arias 
secciones de la Academia, fuera de La conducta irre- 
prochable, se requería trabajar una composición sobre 
un tema dado por el Director, y severamente censurado 
por jueces competentes. Todo el cuerpo formado por 
las diversas secciones estaba gobernado por un Con- 
sejo que constaba de ün Presidente, Vice-Presidente, 
Secretario general y cinco vocales, dignidades todas 



1 íO La ( (j.mpaxía de .jk>i>- 



1854 que se obtenían por oposición y se Cciml)iahon rada 
año. Fuera de las sesiones ordinarias Jial)ía una ñ dos 
públicas en que se leía el juicio crítico de las compo- 
siciones de mayor mérito de las diversas seccióneselas 
cuales solían exponerse al público escritas en hermo- 
sos caracteres. Tal es en resumen la idea de la Aca- 
demia literaria y de Bellas Artes que se instaló soleni- 
nísimamente el día 10 de Agosto, siendo $u primei- 
director el P. Esteban Parrondo, y asistiendo á ella 
fuera del limo. Sr. Arzobispo y del Excmo. Sr. Presi- 
dente, todo lo más distinguido en lo eclesiástico y civil 
de aquella capital. Desde este día aquella bellísima 
institución siguió constantemente su curso, progresivf»: 
la extensión en los conocimientos, la mayor solid<v \ 
lijí'za, y líi nniversaliílad fueron las grandes ventaj.K 
((ue desde luego comenzaron á pen^birse en acjuel gi* - 
mió escogido de jóvenes, de. cuyo seno salieron hom- 
bres muy notables que con. el tieiiapo ilustraron el 
(Icio, la magistratura, y el elpuslro dé la Pontificia 
Universidad de San Carlos. Bastaría recoger la ^erie dé 
sus .Presidiantes, cuyos retratos al óleo quedaban ^n 
el Colegio como un gratísimo recuerdo, como un mo- 
numento de gloria, y como \in estímulo pnra excUAr 
los bríos de los ánimos generof^os, y se i*econocería en 
idlos personajes qm^ después han sido tic altn repre- 
sentación: adelante se nos ofrecerá oportunidad de \m- 
sentar de ellos un largo cató logo. 
n.-ouito 14) — Pj^io (.|, ]q literario, quQ en lo religioso luc est^i 
época una verdadera ostentación de grandeza y explen- 
doi' en el culto divino que, rara vez ó nunca se .haLía 
visto en Guatemala: v en realidad las circunstancias' no 
eran pora menos. Aparte -de las demás funciones ya 
establecidas, la Congregación Ae los Artesanos tras- 
ladada á la Merced, por ser insuficiente el local. des7 
tinado para ella en Belén, comenzó á celebrar su fiesta 
titular de la Natividad de la Santísima Virgen, eíeván- 
(l()-^(^ (l(»-^dí» hn^a<^ á la .illui-.M de las iii.'k suutnrisas de 



BN COLO.MIMA V OENTllO-AMjíllKJA 17l 



aquella Iglesia. Añádase el solemne triduo en honor dé 1854 
los nuevos Beatos Juan de Britto^ Andrés Bobola y Ma- 
riana de Jesús, llamada la Azucena de Quito, heatifi- 
<*ad()s poi' Pío ÍX ol año antei'ioi-, y la festividad propia , 
de la Iglesia, Nuestra Señora de las Mercedes, y ten- ■ 
(Iremos que (*l mes dé Setiemhrí» ajxMías cedió ;'i los ' 
;inl(M*¡ores ou |»oiiiposas funciones, ('onfoi'máhansc mn\ 
iiuslosjinicnlc los Jesuilas al cai-íiclcr \ coslumhrcs de 
los hijos de (iualemala exlremadamenlc adicionados á 
la pompa y explendor del culto externo en todas las 
funciones religiosas/ y no solamente se conformaban 
sino que contribuían á' mejorar el gusto en la orna- 
mentación de los templos materiales, al par que sí* 
(MnpiM^iabaii en ¡id'undir la sólida piedad en los coi'a- 
Z(Mies pai'a (pu» los actos de religión fuíM'an perfectos: 
de aquí las comuniones generales, la predicación sólida 
y las demás prácticas piadosas con que daban vifla al 
magnífico apai'ato de sus íiestas. 

15) — Un suceso muy fausto (seriamente v de con- i-'»--^'" 
secuencias muy telices para Guatemala tuso lugar este peii^?,-., 
año de 54. La paz, el orden, el progi'eso, la verdadera ''"■ 
libertad habían vuelto ala RepúbJica con la adminis- 
tración del Excmo. Sr. D. Rafael Carrera. Los pueblos 
todos estaban profundamente satisfechos con el goce 
de sus franquicias, el uso de sus naturales derechos, 
la tranquilidad y el bienestar consiguiente: todos an- 
helaban por la consolidación de aquel orden de, cosas 
que estaba por otra parte en peligro de alterarse, al 
terminar su período el excelente magistrado que lo 
había establecido, y de aquí la idea de perpetuarlo en 
el mando. Para llevar á cabo tan feliz pensamiento se 
había consultado el voto de la Nación, y las actas de 
los Departamentos casi por unanimidad aclamaban ya 
vitalicio al actual Presidente. Mas era necesario para 
proceder legítima y constitucionalmente oir el parecer 
de los altos funcionarios de ejército y del Clero secular 
\ ivgular, á cuvo fin los Señores Ministros convocaron 



IT:^ l.A COMPAÑÍA DE JEr>L 



1854 una junta análoga á laque se reunió para proclamar 
la Independencia^ á lo cual fueron citados los Conse- 
jeros de Estado, los Diputados á las Cámaras y todas 
las corpornciones eclesiásticas, civiles y militares. El 
P. Blas como Superior de una Orden Religiosa re- 
conocida y legítimamente establecida en la República 
recibió Nata Oficial del Ministerio, citándole para asis- 
tir al sobre dicho congreso, \\ ya se ve, tal cita ponía 
en un peligroso conflicto á la Compañía. No. le aca- 
rrearía la animadversión de todo el Gobierno, tan amigo 
y bienhechor, y del mismo Presidente protector tan de- 
cidido suyo, el no tomar parte en un asunto que tan 
de cerca le tocaba; que era de la aprobación general, 
y en el' que sólo' se trataba de sancionar un hecho de 
todos aplaudido? Cómo no asistir ú ujaa asamblea qu. 
había de presidir el mismo Sr. Arzol>¡spo, y cuyas ac- 
ias auloiizarían C(»n su lirma el Cabildo eclesiástico 
y los Prelados de ías otras Ordenes Religiososlf Mucho 
pesaban estas razones, y no nienos el peligra) de. ser 
juzgados por opuestos al Goi)icrno, ó ingratos al sin- 
cero amor que este les dispensaba. Pej*o sobn» todas 
estas poderosas razónos estaba el texto de 4as*Ccnisti- 
tuciones que |)rohibe á todos los miembros de la. Com- 
pañía tomar parle» alguna én'los asuntos que llaman 
(le razón de estado, auuíjue sean para ello citados comp 
acontecía en el presente caso (*). El P. Blas quiso óir 
el parecer no sólo de sus (^insultores, sino también de 
todos los PP. más antiguos y graves de los que se ha- 
llaban en la Capital, y todos unánimemente opinaron 
([ue no se debía asistir, pues el Instituto hablaba bien 
claro sobre la materia. Afortuimdamente el Ministerio 
estaba compuesto de hombres de gran madurez, y ca- 
paces de hacerse cargo de las razones poderosísimas 
que tiene la Compañía para no permitir á sus hijos 
inmiscuirse en asunios seglares de ninguna especie. 



(■'') Coo^reg. V, Deci". 49, et VII, decr. 40. 



BN-CÜLOIUBIA Y CENTRO-AMERK A ITo 

Acudió, pues, el P. Superior al Sr. I). Manuel Francisco 1851 
Pavón, primer Ministi'o, y con el Instituto en la mano 
le hizo ver el compromiso en que se hallaba, deseandr) 
por una parte cotnplacei* y servir al Gobierno,! y ha- 
llándose por otra tan coartado por la terminante prohi- 
bición de las Constituciones. El Sr. Pavón comprendi(> 
perfectamente las razones, y ediñcado de la observancia 
de los Jesuítas tranquilizó al P. Blas y tomó por su 
cuenta arreglarlo todo con sus colegas en el Ministerio. 
La junta se celebró en el día designado, 21 de Octubre; 
el Excmo. Sr. Capitán Ge'neral D. Rafael Carrera fué 
detinitivamente proclamado Presidente Perpetuo de la 
República, y en nada se alteraron las estrechas rela- 
ciones de los Jesuítas ni con el General Carrera, ni con 
ningún otro personaje del Gobierno, por aquella taii 
justificada ausencia. 

16) — De año en año se había venido retardando -el i'^- -*•'" 
1 , . , .^ • . • -fiel 

tiempo de las vacaciones en el Seminario, ya por una curso. 

causa,' ya por otra, hasta que al fin vinieron á fijarse 
en el tiempo más oportuno, es decir, en el mes de No- 
viembre, en que han cesado completamente las lluvias 
y el tiempo se presenta aún más hermoso que la pri- 
mavera y convida abinocente esparcimiento de los cam- 
pos. En los últimos días de Octubre los alumnos ha- 
bían coronado brillantemente sus tareas con los cer- . 
támenes públicos cad^i vez más aplaudidos, y con In 
solemnísima distribución de premios que ya comen- 
zaron desde este año á amenizar por sí mismos, eje- 
cutando piezas de música bocal é instrumental, dando 
al mismo tiempo espécimen de los adelantamientos he- 
chos durante el cursó en este ramo de las bellas artes. 
Había en el Colegio más de treinta alumnos venidos 
délas Repúblicas \ecinas. Jos cuales si volvían á sus 
casas gastarían tal vez más de la mitad de los cuarenii 
días de vacaciones en los viajes de ida y vuelta, y si 
quedaban en casa de sus recomendados, acaso perde 
rían algo.de lo ganado durnnfe el ourso: el relo, pues. 



174 LA COMPAÑÍA DE JF.8U.S 



ÍHbi del bien de aquellos niños, y el que esto no fuera un 
obstáculo que impidiera la venida de mayor número 
de alumnos al único plantel de enseñanza que á la sa- 
zón había en Centro-América, obligó á los PP. á to- 
marse el trabajo de hacerse cargo de ellos aun en el 
tiempo bien escaso que les quedaba para descansar de 
las penosas tareas del curso. Comenzóse á practicar 
esta medida desde el presente año, y continuó de la 
misma manera en los sucesivos. Parte de las vaca- 
ciones pasaban los alumnos en el Colegio entretenidos 
en varios juegos y diversiones, y parte en el campo en 
alguna hacienda que ofrecían generosamente las per- 
sonas amigas, ó en alguna aldea ó pueblo cercano que 
prestara las comodidades del caso. Tal medida aunque 
ün tanto costosa para los encargados del cuidado de 
los niños en circunstancias en que no pueden estar su- 
jetos á la estricta disciplina, |)rodujo los resultados 
apetecidos, y fuó un motivo más que acreditó la abne- 
gación y celo de los PP. |)or la recta educación de sus 
nlumnos y acrecentó su estimación y buena fama den- 
tro y fuera de la República. Pero aun en el tiempo de- 
dicado á reparar las fuerzas bu.scaban ocasión de Inn < r 
algún bien á las almas: los que esle año acompañaban 
á los alumno's en un juieblecito cercano ti la Anligua 
Guatemala celebraron la üesta de San Estanislao de 
Kostka, con cuya ocasión hicieron varias plí^ticas \ 
confesaron no poca gente. Los- que en compañía de 
nuestros Estudiantes i>nsal>an las voí*ac¡ones en El Xa- 
innjo, hacienda ceicana á Ja ca|)ital, emprendieron una 
misión para los campesinos de arfuellos oli-ededores 
con mucliu fruto de las almas, y admiración y €orisue|o 
do l<^s Marques(^>=; de Aycineiía, Señores de n(|nellns 
(ierras. 

n.Muei- 17) — Hacia el fin de esle año la mueMe an-ebaló á 1 i 



„bie8. Iglesia de Guatemala una de sus mayores lumbreras, \ 
á la Com|mñía un cariñoso Padre y protector decidido, 
en \a persoiiíi del llm<». Sr. IVán D. Antonio Larrnzabal. 



EN COLOMBIA Y CENTRO- AMÉRICA 17;") 



.Desde, el año de 17Í)S le euconti-amos de (^ura Redor del 18r>i 
Sagrario y Secretario de (^.ámara del limo. Sr. Arzobis- 
po D. Juan Félix de \'i llegas^ y en el de 1810 ya figuraba 
este docto y ejemplar sacerdote como Vicario Capitular, 
Sede Vacante, y sin duda por haber sido electo Diputado 
á Cortes hubo de separarse de este cargo antes de que 
tomara posesión el limo. Sr. Casaus. Después de su 
vuelta de las malhadadas Cortesde Cádiz, siguió en su 
|)rebenda de Canónigo Penitenciario hasta que el ano de 
.*^8 volvió á hacerse cargo del Gobierno de la Arquidióce- 
sis, y durante esta época fué cuando tanto trabajó por el 
establecimiento de los Jesuítas en Guatemala, como arri- 
ba dejamos referido. Todavía sobrevivió cuatro años á la 
llegada de estos en 51, y entonces era de verse lo que 
gozaba el venerable anciano viendo por fin cumplidos 
sus 'antiguos deseos, y lo que trabajaba para que todo 
cuanto emprendían tuviera un éxito feliz: su protección 
y sus consejos fueron sobre todo en los principios un 
fií'nie apoyo para los fundadores de la Misión, que en su 
prudencia encontraban acertada dirección, y en su amor 
paternal un sólido consuelo. • 

No fué menos sensible para la Compañía la pérdida 
de otro grande amigo y protector: el noble caballero don 
Mariano de Aycinena, acaecida no muchos días después 
de la del Sr. Larrazabal. Era de la más antigua y distin- 
guida nobleza de Guatemala y había figurado mucho en 
la política del país antes y después de la independencia, 
siempre como partidario del orden y la justicia ruda- 
mente atacada por el liberalisrp'O. Su decidido amor y 
sincera amistad con los Jesuitqis, por cuya venid.a á su 
patria había trabajado con el mayor interés, era de to- 
dos conocido, y desde un principio fué su más asiduo 
cooperador para todas ,sus santas empresas. Puede 
llamársele con razón el fundador de la Congrega- 
ción de los artesanos, que con insigne ejemplo y edifi- 
cación presidi('> linsta su muci'to ?icap('idn el 22de Enero 
de 1855. 



ítí LA COMPAÑÍA DE JESU.S 



1855 18) — F^ué ciertamente este año muy notable por lo ex- 
^^^••'^"^^traordinario de las cosechas recoííidas en el campo del 

leo uní- (~. ^ , . 

verí^ai. Seoor^ por los grandes regocijos y también por pérdidas 
muy sensibles de personas queridas^ como lo hemos co- 
menzado á ver. Iniciáronse las tareas con la publicación 
del Jubileo universal que con motivo de la definición 
del dogma de la Inmaculada Concepción había conce- 
dido S. S. el Sumo Pontífice Pío IX. No hay que decir 
que el trabajo de los operarios se multiplicó considera- 
blemente, pues la asistencia. al confesonario tenía que 
ser. muy asidua para satisfacer á la fnuchedumbre de 
los penitentes de dentro y fuera de la ciudad acudían á 
aprovecharse de aquella gracia extraordinaria; y en h\ 
Merced mucho más que en Belén^ por ser aquella uiui 
de las tt*es Iglesias que eraMiecesario visitar para ganar 
ol J.ubileo. Anadióse' la pre|)aración de los presoí; de 
ambos sexos j^ara que no quedasen privados .de gra(Ma 
tan singular, servicio que el cálólico cyerpo mujiicipal 
agradeció y elogió por medio de un oficio dirigido h1 
R. P. Superior. Pei'o lo que sirvió en aí|uellas circuns- 
tancias de mayor edifi<-ac¡6n y ejemplo fué la |)roces¡ón 
de los artesanos (jue presididos por su director, formados 
(MI largas filas y en apostura modesta. y devola recorrie- 
ron las calles principaie?^ déla ciudad para visitarlos 
templos designados. Terminarou los tees meses de Jubi- 
leo comenzada ya la Cuaresma, de manera que no se daba 
treguas á la actividad y celo' de los predicadores y con- 
fesores; mas descansaban con la dulce satisfacHón de 
ver acrescentarse cadadííi 1« mo!;didnd \ I.» piod mI .li^- 
rianaen todas las clases i^ociale^. 
ly.^vi • j()) — Mientras qn la <-apilal se elevaba á tan alto gii- 
nnuua. do el movnniento leligioso, el Sr. Arzobispo acompaña- 
do de los PP. Seguía y Orbegc^zo recorría los departa- 
mentos de la costa del Parifico. Cuatm meses duró aque- 
lla experfición apostólica, y suftuesta la excelente dispo- 
sición dQ los pueblos hambrientos del pastó espiritual, el 
<Mm>^t;>nlp Ir.ibnjo del (-(^In^o PnsloV \ sus rfi|ii|»iiri(^rMS 



EN COLOMBIA Y CENTR0-AMÉI11C\ • 177 

y la cooperación de los párrocos, no dejó que de- 1855 
sear; basta fijar la vista en estas cifras que expresan 
el trabajo de los dos PP. solamente; 225 sermones, más 
de 6.500 confesiones, 36.313 personas preparadas para 
recibir el Sacramento de la confirmación, con todos los 
demás bienes consecuentes á la confesión tomo son las 
reconciliaciones de enemigos, entrega de libros prohibi- 
dos, restituciones, matrimonios, etc. La satisfacción del 
Prelado bien se echa de ver por la resolución que trajo 
de esta su excursión, de encargar á la Compañía del Vi- 
cariato de Quezaltenango, para que de allí saliesen más 
á menudo á recorrer los pueblos circunvecinos y todos 
les tuviesen más á mano para recibir instrucción y con- 
sejo. ((Es muy urgente la necesidad de aquellos pueblos, 
escribía al P. Superior, los cuales carecen de enseñanza 
tanto en el pulpito, como en la instrucción del catecismo 
y de su explicación. Creo, pues, que es bastante el poner 
en conocimiento de V. R. esta gran necesidad, para que 
sea por su parte, y en cuanto cabe en sus atribuciones, 
socorrida, aceptando la Sagrada Compañía la adminis- 
tración de Quezaltenango, y lográndose así el bien de 
todas aquellas poblaciones que concurren frecuente- 
mente á la cabecera buscándolos auxilios espirituales». 
Aunque no era posible satisfacer á Su Señoría en la 
forma que él insinuaba, por no ser propio del Instituto de 
la Compañía encargarse de la cura de almas, sino es en 
las misiones de infieles, sin embargo este fué ya un mo- 
tivo para comenzar á |)ensar con seriedad en la Resi- 
dencia de Quezaltenango, cuyos felices resultados no 
tardaremos en ver. 

20) — Mas parece que Dios se complacía en probar la^-^'"^»*- 
fe de sus ministros, porfpie mientras mayores campOs rujada^ 
olVecía á sus trabajos disminuía el número de l<jsopei*a- 
?¡os. \\\ í de Abril, en medio de las grandes solemnida- 
des de la Semana Santa un violento ata(|ue apoplético 
arrebató al P. Pablo Pujadas, sin darle más tiempo que 
para recibir la Extrema-Unción, si bien había celebrado 



178 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



1855 la Misa aquel mismo día y ocupado toda la mañana en 
oir confesiones^ pues era Miércoles Santo. En los seis 
años que vivió en América había sufrido ya dos expul- 
siones, la de Nueva Granada y la del Ecuador, las cua- 
les le proporcionaron abundantes sufrimientos. Ocupá- 
base á la sazón en leer Filosofía á los jóvenes Jesuitas 
que moraban en la Merced, y este había sido su destino 
más ordinario en Europa, por el singular talento de que 
estaba dotado para esta ciencia, digno émulo y compe- 
tidor de su condiscípulo y compatriota el Dr. D. Jaime 
Balmes. Había nacido en Vich el año de 1802 y el de 26 
entró en la Compañía, teniendo que sufrir antes de su 
destierro la dura persecución liberal de los años34y35. 
Era un religioso muy distinguido por su observancia, y 
¡)or la suavidad y dulzura de su carácter, y más aún pol- 
la sencillez de su trato, que contrastaba con la profun- 
didad de su sabiduría. 
21.. Tras- 21)— A la muerte del P. Pujadas, Socio del R. P. Su- 
deiNo- perior, fué elegido para sucederle en este cargó el 
viciado, p^ Francisco García López, Maestro de novicios en la 
Casa de Belén, para lo cual ya se contaba con la próxi- 
ma traslación .del Noviciado á la Merced. En efecto, 
desde^que se tomó posesión de esta casa no se había de- 
jado de trabajar en reparaciones y arreglos, costeados en 
parte por el Gobierno, que había ya rescatado toda In 
parte enagenada del antiguo convento, parte con dona- 
tivos y limosnas de las pei-sonas adictas á la Compañía, 
que á veces eran de consideración, como una que en- 
contramos de 6.000 pesos dados por la liberalidad del 
Sr. D. Luis Batres, para subvenir á los gastos de la ya nu- 
merosa comunidad. Había, pues, habitaciones suficiente- 
mente cómodas, aunque nada elegantes, cual con\ lene .i 
una casa i-eligiosa: amplias galerías para el desahogo d»* 
los.jóvenes, espaciosos patios bien cultivad<»s por la in- 
dustriosa mano de un hermano coadjutor llamado Fran- 
cisco García, de cuya santa vida hablaremos á su tiem- 
po; j^cíjueños iardine<«in'^'in'l-il«-<nl«><mism«»"^»''^«<»l'^»r'^. 



EN COLOMBIA Y CENTRO- AMÉRICA 179 

y estaban todo el año cubiertos de muy hermosas y va- 1855 
riadas flores: era pues, acjuella casa pobre sí, pero muy 
alegre y muy recogida y apartada del bullicio de la ciudad. 
El 29 de Abril se trasladó el Noviciado^ quedando Belén 
como una simple residencia en que habitaban solamente 
dos sacerdotes y dos HH. Coadjutores y así perseveró 
hasta el año de 58^ sirviendo entretanto de casa de retiro 
para las personas que deseaban recogerse á hacer los 
Santos Ejercicios. Fuera de que, según lo había dejado 
ordenado el R. P. Gil, la casa de Belén debía irse des- 
ocupando á medida que la de la Merced fuese habilitán- 
dose, otra razón había para tratar de hacer la. traslación 
cuanto antes. Creíase que el motivo de escasear las 
vocaciones en Guatemala era por cierta preocupación 
contra la casa de Belén, por haber sido hospital en 
tiempo de sus fundadores los Frailes Belemitas, quienes 
por instituto se dedicaban al cuidado de los enfermos. 
Pudieron confirmarse en ese modo de sentir, porque, 
apenas se abrió el Noviciado en la Merced, entraron unos 
seis jóvenes de muy bellas prendas pertenecientes á fa- 
milias muy principales de la capital: nosotros, sin em- 
bai'go, no creemos fuera esa la causa: las órdenes de 
Santo Domingo y San Francisco, con sus magníficas 
Iglesias y conventos, los PP. Capuchinos en la Antigua 
y los de San Vicente de Paul se hallaban en este punto 
en peores condiciones que la Compañía; tenían que sos- 
tenerse con extranjeros por lo general^ por carecer de 
vocaciones de los hijos del país; pensamos que otras 
eran las causas de esterilidad tan deplorable, y común á 
entrambos cleros, secular y regular. Sea la primera el 
estado de perpetua agitación en (jue cayó la república 
después de la independencia, la cual afectaba en gran 
manera á la educación morcü y literaria que llegó á una 
total decadencia y casi completa ruina en la época funes- 
tísima del Gobierno de ^lorazán. Desteri*ado el Jefe de la 
Iglesia, parte del clero secular y las Ordenes religio- 
sas, era imposible que no sufrieran las ideas, y que la 



180 LA COMPAÑÍA DE JE8US 



1855 generación que entonces se levantaba^ aunque en el fondo 
muy cristiana^ no se resintiera mucho^ lo mismo en ma- 
teria de piedad que de instrucción religiosa y literaria. De 
tal estado de cosas parece haberse originado el modo de 
ser de Guatemala en el tiempo á qué aludimos: por regla 
general sólo se aplicaban á los estudios los hijos de las 
clases acomodadas; los de la clase pobre, aunque de 
buena sangre, de las escuelas de primeras letras pasaban 
á los talleres para aprender á ganar la vida en el ejerci- 
cio de alguna de las artes útiles. Prueba de ello es que 
regentado ya el Colegio Seminario por los Jesuitas y 
contando con tan numeroso internado, los externos que 
recibían la enseñanza gratuita fueron siempre en peque- 
ñísimo número, y si la Universidad contaba con crecido 
concurso de alumnos en todas sus facultades, era porque 
á olla confluían de todas las vecinas repúblicas, como al 
emporio de la ciencia en Centro-América. En esta situa- 
ción que las circunstancias habían creado en la capital 
y mucho más en los departamentos, creemos ver la cau- 
sa general del exiguo número de vocaciones al estado 
eclesiástico de ambos órdenes, y en esta ¡dea nos confir- 
ma la calidad de personas que componían el clero de la 
Aiquidiócesis que pud¡mos<!onoceren nuestra juventud, 
cuyos apellidos solos recuerdan la alta alcurnia de sus 
familias, Barrutias, Ortíz Urruola, Aycinena, Espinosa, 
Batres y otros muchos. Y nótese de paso cuan falso es el 
juicio que algunos, poco conocedoresde los países, suelen 
aventurar; asegurando que en Centro-América sólo as- 
pií'an al sacerdocio los hijos del pueblo. 

Esto sea dicho en general: tratando ahora de la Com- 
pañía en particular añadiremos que la vida íntima de 
los Jesuitas era muy poco conocida. Desdo un prinrijno 
se vio en ellos algo do singular y como misteiioso f|no 
llamaba la atención, admiraba y atraía por lo mismo que, 
ni parecer, no tenía nada de comCfn.con las oirás órde-^ 
nes religiosas: seles oía en los pulpitos, se les trataba 
con gusto y con fian /a on ':*1 íMnfo>«;ñn;iT'¡<», |»or<» >í¡«Mnpro 



EN COLOMBIA Y CENTRO-AMÉRICA 181 

á tal altura^ que á la gran mayoría parecía innacce- 1855 
sible. Era esta una preocupación vulgar que se desvane- 
cía apenas se les trataba familiarmente^ pero sin em- 
bargo, como no eran muchos los que lograban tener esta 
ocasión, j)r(ivalccía el respeto al amoron la generalidad 
do aíiuellos que pudieran aspirar á imitarles en su vida. 
Nos confirma en este modo de sentir el observar en o I 
catálogo de los que entraron en la Compañía en Guate- 
mala, hayan ó no pei-scvcrado en olla, fueron alumnos 
ísuyos en el Seminario, con muy raras excepciones, y 
nos persuadimos que si las causas arriba mencionadas 
no hubieran impedido que el externado fuese tan nume- 
roso, como suele serlo en otras partes, las vocaciones no 
hubieran escaseado lauto. Y si estas observaciones tie- 
nen algún valor respecto de la capital, deberemos con- 
fesar que lo tienen mucho mayor por lo que hace á los 
departamentos, donde tan raros eran^ áiin entre la gente 
acaudalada, los que seguían los estudios y donde los 
PP. de la Compañía sólo se presentaban con ocasión de 
las misiones, sin darse á conocer más que por su apos- 
tólico celo. Llegó el tiempo de morar de asiento en la 
ciudad de Quezal tenango, abriéronse más tarde dos cla- 
ses, y desde luego comenzaron á despertarse vocaciones. 
Estos hechos y lo que se observa en otros paises donde 
el prurito de seguir carrera literaria toda clase de per- 
sonas raya en el exceso, nos acaba de persuadir que las 
dos causas apuntadas fueron las que más poderosamente 
influyeron para la falta de vocaciones. Nos hemos dete- 
nido en esta digresión para satisfacer, como nos es posi- 
ble, la extrañeza que á algunos pueda causar, y con sobra- 
da raz.ón, el que después de haber vivido la Compañía 
en Guatemala tan largos años, tan apreciada y sin ningún 
linaje de contradición, haya tenido tan pocos afiliados 
á su gloriosa bandera. Volvamos á nuestra narración. 

22) — Una nueva pérdida, y ala verdad muy lamen ta-*^-^^" 
ble para toda la República tuvo lugar por esta época euFrancis- 
la muerte del gran político cristiano de Guatemala, el<^° p*^'*^»- 



lé2 LA COMPAÑÍA DÉ .ÍESUS 



1855 Excmo. Sr. D. Manuel Francisco Pavón. Hijo de una 
familia distinguidísima^ acaudalada^ sumamente influ- 
yente y en todo calcada á la antigua española, se halló 
dotado de todas las cualidades propias para el tin lYque 
la Providencia le destinaba, y jíuede decirse (pie fué el 
inmediato sucesor de su padre, no sólo como ¡efe de la 
familia tan noble y numerosa, sino como consejero nato 
de los hombres de estado, y el depositario de la confian- 
za de los gobernantes y de los particulares. A la edad de 
solos 27 años era ya Presidente del Congreso federal y 
poco después de la Asamblea Constitucional, á pesar de 
que en ella figuraban personajes encanecidos en el ma- 
nejo de los negocios públicos y muy competentes por su 
experiencia y sabiduría; peroel joten Pavón se distinguía 
l^or su alta comprensión, ideas gi^andos^ prematura pru- 
dencia, genei-osidad, actividad para cmprendei-, magni- 
midad para ai*rostrar las dificultadc^s, y. constancia para 
llevar ít cabo los |»lanes que una vez concebía \ organi- 
zaba.* Figurando tan nolableuíenle en el |>artido del or- 
den, amigo do la religión y de la patria, no hay para (juc 
decir si el impío déspota Mora/iui sufriría á su lado á un 
hombre de ideas tan sanas, de tan genepd prestigio y de 
tan inquebrantable firmeza. Salió, pues, ¡Mira- el destie- 
rro, como todos los buenos, jiero supo aprovechar esta 
oportunidad jnira viajar por diversos paises de Europa 
y América, estudiar con su genio observador de los 
hombres y los cosas y completar su educación política, 
ensanchando sus conocimientos y haciendo acopio diga- 
mos así, de cuanto más tarde pudiera utjlizar en servicio 
de su patria. Al regresar (\ esta después de ocho años de 
forzada ausencia, la enconti*ó convertida en un montón 
de ruinas aglomeradas por las manos del liberalismo, y 
á su familia reducida (\ un estado poco menos que de 
pobreza, pues la mayor y mejor parte de sus bienes ha- 
bían sido confiscados por el codicioso caudillo hondure- 
no. A ]>oco tuvo lugar la primera victoriosa entrada del 
General Carrera en la capital, y entonces, en medio de 



fifí Colombia y centuo-améríca 183 

aquel estado inexplicable de terror mezclado de cierta 1855 
confianza que inspiraba el General de los montañeses, 
«el Sr. Pavón y unos pocos de sus amigos, dice Milla, 
fueron los únicos que alcanzaron á ver por entre la es- 
pesa niebla que oscurecía aquella situación, que del caos 
liabía de brotar la luz y el orden y que en el caudillo de 
un movimiento entonces informe y terrible se encerraba 
el germen del regenerador de Guatemala^. Ya dimos en 
el libro anterior una idea de esa época de transición que 
atravesó la República después de la caida de Morazán, 
época en que el Sr. Pavón puso en juego todos los resor- 
tes de su talento, experiencia, actividad é influjo, ya como 
hombre público, ya como particular para ir preparando 
el camino á la sólida y estable regeneración de su patria. 
Lo consiguió después de diez años de constantes fatigas, 
y el buen sentido de Carrera, le inspiró descargar en 
Pavón parte muy importante del gobierno; entonces fué 
cuando se inauguró la era de paz y de prosperidad. Ha- 
blando el biógrafo antes citado, de sus trabajos por la 
restauración de las letras y las ciencias, dice estas pala- 
bras: ((Por lo que hace á la enseñanza de otros ramos, el 
Sr. Pavón sabía desde mucho tiempo atrás, que no podía 
hacer un bien más grande á su país, (fue el promover el 
establecimiento en Guatemala de la Compañía de Jesús, 
lo cual, no sólo redundaría, como en efecto ha sucedido, 
en provecho de la juventud, sino en beneficio de todas 
las clases de la sociedad. Se empeñó, pues, en que esa 
idea se llevase á cabo y á sus esfuerzos, y á los de otras 
personas eclesiásticas y seglares, se debe el que hoy ten- 
ga la República un establecimiento de educación y de 
enseñanza con más de doscientos alumnos que son la es- 
peranza del país». En efecto, la Compañía no sólo era 
deudora al Señor Pavón de haber trabajado tanto por su 
definitivo establecimiento, sino aún más de una amistad 
y confianza sincerísima: afortunadamente él no era de 
aquellos gobernantes que por este título se creen dispen- 
sados de atender á los deberes de cristianos, ni mucho 



184 LA COMPAÑÍA DE JESI'S 



1855 menos de los que se avergüenzan, si no se mofan, de los 
que sabiamente enlazan los deberes del hombre público 
con los del católico práctico y ferTÍente: desde que los 
PP. llegaron á Guatemala eligió por confesor al P. Luis 
Amoros, y siendo el Presidente del Consejo de Ministros, 
tenía á gloria asistir á los Ejercicios espirituales y co- 
mulgar en público, ejemplo que por desgracia no imita- 
ban mucho^> (\o los j)roliombres contemj)oráneos y su- 
bordinados suyos. No es extraño j>oi' r«uisiguiente que 
Imya tenido uua muerte bajo todos conceptos envidiable; 
•vio logrados sus deseos de asegurar á su patríala pros- 
peridad que él mismo le había procurado siempre y 
más aún cuando libre de las discordias intestinas, 
pudo asociado de sus cooperadores reconstituirla en 
todos los ramos del gobierno; mas estas mismas fatigas 
contribuyeron á acelerar su. muerte; porque á pesar 
de que sufría una enfermedad crónica muy penosa, 
nunca daba treguas al trabajo, despa(!liundo los neg*»- 
cibs en su casa, tuando los dolores uo le permitían 
asistir á Palacio: tal abnegación sólo la comunica el 
espíritu cristiano, no los menguados intereses de la 
ambición. Apenas se sintió grave recibió los Santos 
Sacramentos con la piedad (|ue solía cuando sano, y 
desde aquel monicnto no faltaron á su iodo uno ó más 
PP. de la Compañía, luista (jue entregó su alma á Dios 
el 19 de Abril é los 57 años de edad. Se celebraron en 
la Catedral las exequias con la solemnidad debida, 
á un varón tan benemérito de la patria y de allí fué 
tiasladado en l'únebre cortejo á las bóvedas déla Mer- 
í'íhI donde Uunbién descans<ii»an los i*estos de su pa- 
dre, ^stimó Uiucho la Conq^añfa el que se depositasen 
en su Iglesia los despojos mortales de un amigo tan 
querido y tan benéfico protector, por ofi*ecérsele así la 
oportunidad de contribuir de una manera más positiva, 
tanto al esplendor de los funerales, como al descanso de 
su alma multiplicando á este (in los sufragios, ipie elln 
neostunibra por sus l)ienlieehores. 



EN (;OM)M}iIA Y CEXTRO-AMÉIíICA iHfí 

23) — El mes de Marín del año de 55 concluyó como 1855 
eí anterior con la instalación de una Aso<*¡ación nueva»^^~^"*^ 
las Hijas de María Inmaculada, que tiene por objeto gr¿ga- 
i-esguardaí* de los peligrosa las jóvenes y disponerlas '■'^"*'^' 
para elegir cristianamente el estado de vida (jue más 
les convenga. Podríamos asegurar que de todas las 
('congregaciones fué esta la que más prosperó y más 
Irnlos (le bendición produjo, yendo siempre en au- 
mento, cxlcndiéndose á las aldeas vecinas á la ciipital, 
y dando muestras de singulai* fervor y exactitud en el 
cumplimiento de sus deberes. También se estableció la* 
Congregacíión de la Annuntiata y de San Luis Gonzaga 
en favor de todos los jóvenes estudiantes que no perte- 
neciesen á nuestros estudios del Seminario, que eran' 
muchos especialmente los que cursaban carreras pro- 
fesionales en la Universidad: 150 de ellos se reunieron 
en la Capilla que les estaba destinada para sus ejercí- 
♦•ios semanales, y después de leído el diploma de agre- 
gación á la Prima Primaria de Roma, á presencia del 
R. P. Superior y demás PP. que asistían para solem- 
nizar aquel acto, el Prefecto dio las gracias por el celo 
con que se miraba por su bien espiritual, y pasaron á . 
la Iglesia donde se cantó el Te-Deum. No tardó en co- 
menzar á producir exquisitos frutos aquella nueva 
planta: poco después de la instalación, se reunieron 22 
de aquellos jóvenes en la Merced para hacer algunos 
días de ejercicios espirituales con un fervor verdadera- 
mente edificante, tanto que la tercera parte de ellos 
abrazaron el estado religioso, tres en la Compañía y 
cuati'o en otras órdenes: más hubieran sido si la opo- 
sición de las familias y otras causas no hubieran ser- 
vido de obstáculo á tan laudables deseos. Todos los 
sexos, edades y condiciones quedaban bien atendidos 
en la variedad de Congregaciones establecidas por el 
celo de los PP., sólo faltaba darle la forma canónica á 
la del Sagrado Corazón de Jesús, que en el fondo ya 
existía, pues desde que se tomó posesión de la casa de 



186 LA COMPAÑÍA DE .TESÜS 



1855 Belén se practicaban los ejercicios propios de dicha 
asociación los primeros viernes de cada mes, y ahora 
trasladada á la Merced la hermosa pintura traída de 
Roma^ se le tributaban con mayor solemnidad los mis- 
mos cultos^ y no niuclio después se le dio la debida or- 
ganización. 
ín.vA 24) — Ño nos ocuparemos ahora en hablar de la so- 
déla lemne función celebrada en honor de los BB. Mártires 
inmacu- ^q\ Brasil recientemente elevados al honor de los alta- 
res, ni menos de la de San Ignacio, porque la definición 
del dogma de la Inmaculada Concepción fué lo que 
arrebató la atención de Guatemala en el tiempo á que 
nos referimos. Por estos días había llegado la deseada 
Bula, mas no se había dado noticia de ella, haciendo 
tiempo para que uno de nuestros Padres la tradujera y 
jiara preparar los grandes festejos que tanto el Arzo- 
bispo y Cabildo eclesiástico, como la MunicÍ4)alidad de- 
seaban hacer. Ya todo dispuesto, el día 18 de Julio 
comenzaron á circular las papeletas de invitación. El 
Sr. Arzobispo designaba los días de las fiestas; la del 
cuerpo municipal se hace notar por sus sentimientos 
de fe y piedad: copiemos sus propias palabras, como 
un recuerdo de aquellos tiempos felices tan diversos 
de los actuales: decía así: «La Municipalidad, de esta 
capital animada de la satisfacción y del júbilo con que 
ha recibido la Definición Dogmática de la Inmaculada 
Virgen María desde el primer instante de su (Concep- 
ción, se prepara á celebrar esta festividad que, por dis- 
posición del limo. Sr. Arzobispo y V. Sr. Deán y Ca- 
bildo eclesiástico tendrá lugar en los días 20, 21 y 22 
del corriente. 

Con tal motivo, no dudando de la piedad y entu- 
siasmo con que el vecindario guatemalteco ha cele- 
brado siempre él gran Misterio que hoy forma ya una 
parte de la creencia católica, le recomienda su coope- 
ración en esta plausible festividad; y en consecuencia 
espera (|ue, en los días señalados, se procure con la 



KN COLOMBIA V CEXTRO-AMKUICA ISt 

mayor eficacia posible el aseo y limpieza de las calles; i855 
adonio ó ¡liim¡nn(Móii cíxterior de las (*asas y edificios 
piihliros; roheles pai'a las once de la mañana del día 
20, en (|ue so publicará la Bula, í'i la madrugada del 21 
y en el mismo día ))ara el acto de la coronación de la 
Imagen de la Santísima Mrgcn. 

La misma Coi'poración es|)eivi igualmente, |)or ser 
muy laudable y propio del celo y de los sentimientos 
religiosos de los vecinos de Guatemala, la suspensión 
de trabajos en todos los puestos de comei'cio y tn Iteres 
en los días expresados». 

A tan piadosa invitación del respetable cuerpo mu- 
nicipal correspondió gustosísimo todo el vecindario, 
como quien no necesitaba de mucho para desplegar* 
increible entusiasmo cuando se trataba de su devoción 
favorita, de la Inmaculada Concepción. La ciudad tod.i 
amaneció engalanada con flores y coi-tinajes: la alegi-í.i 
se pintaba en lodos los semblantes: en nada se pensaba 
sino en acudir con anticipación (i coger un puesto en 
la Catedral, y así es que horas antes estaba completa- 
mente ocupada la grandiosa Basílica, costando mucho 
á las órdenes religiosas y á las diversas corporaciones 
civiles y militares ocupar el lugar que les estaba desig- 
nado. Cúpole al limo. Sr. Dr. D. Bernardo Pinol y Ayci- 
nena. Chantre de la Metropolitana y Obispo electo de 
Nicaragua, la suerte de publicar desde el pulpito la 
gloriosa Bula, y al terminar entonó el coro el Regina 
sine labe originali concepta^ con una música alegrísima 
compuesta para este acto por el M. Benedicto Saenz, • 
mientras que el repique general, las salvas de artillería, 
cohetes innumerables y los vítores á la Inmaculada 
inundaban de júbilo toda la hermosa ciudad. Por *la 
noche la artística iluminación de la gran fachada de la 
Catedral, del palacio del Gobierno y de toda la ciudad, 
las bandas de música y fuegos artificiales daban un 
aspecto de alegría y regocijo tal, que no se había visto 
semejante, ni se volvió á ver en muchos anos. Al 



188 La compañía de jesús 



i^bb segundo día se repitió la misma solemnidad coronando 
el limó. Sr. Arzobispo la bellísima imagen de la Virgen 
Inmaculada con una diadema de oro y pedrería ofre- 
cida por el Clero y pueblo de la capital, y al tercen> 
recorrió en triunfo las principales calles derramando 
sus reales bendiciones sobre el devoto pueblo, entonces 
tan feliz. Quedaron profundamente grabados en la me- 
moria de aquella generación aquellos religiosos feste- 
jos y estamos ciertos que boy después de cuarenta anos 
todos los que aún sobreviven los recuerdan con amor. 
Era un espectáculo tan hermoso ver aquel pueblo tan 
concorde guiado por su Pastor, siguiendo los ejemplos 
de sus autoridades civiles, entregarse á los trasportes 
de júbilo producidos por tan santos y patrióticos mo- 
tivos: plegué d la Virgen Inmaculada volver á Guate- 
mala aquellos tiempos de paz y de ventura! 

Kl Seminario como perteneciente á la Catedral y h\ 
Comunidad de la Merced oíicialmente invitada había 
tomado la parte (jue le correspondía én lat> sobredichas 
funciones; pero destinada la Compañía, según fué re- 
velado (i San Alfonso Rodríguez (*) para especial de- 
fensora de la Inmaculada Conóepción, no podía menos 
de celebrar aquel triunfo á que sus hijos habían venido 
contribuyendo desde b1 Concilio de Trento hasta los 
días de Pío IX. Las. tres comunidades se reunieron eji 
la Merced para dar el mayor esplendor posible é la 
solemnidad el día 1." de Agosto. La noche de la víspera, 
como la del día de la fiesta, apareció la fachada her- 
. mosamente decorada con más de 1.200 lámparas de di- 
versos colores artísticamente dispuestas: la banda de 
música del Colegio ejecutaba escogidas piezas con ad- 
miración del gran concurso agolpado en el amplísimo 
atrio de la Iglesia y calles circunvecinas iluminadas 
con luces de Bengala; y. Va se ve que en la ornamen- 
tación interior del templo, la orquesta y lodo lo demás 



(*) Konell. Vida de San Alfonso Rodríguez. Cap. 47, pAg 587. 



teN COLOMBIA Y CENTRO-AMÉRICA ÍSÍ) 

perteneciente al culto sagrado no se perdonó á gasto ni 1855 
^ á trabajo. Las demás ói'denes religiosas siguieron tan 
•* laudable ejemplo, pero entre todas se distinguieron, 
Como era natural, las religiosas de la Concepción, en 
cuya Iglesia ejercía sus apostólicos ministerios el Señor 
Presbítero Licenciado D. Mariano Ortíz Urruela. Este 
Sacerdote de las principales familias de Guatemala em- 
pleaba todos sus trabajos y sus. cuantiosas riquezas en 
el esplendor del culto divino, el bien de las almas y 
alivio dé los pobres, por lo cual era universalmeñte 
querido y respetado en la capital y fuera de ella. Tier- 
namente -devoto de la Santísima Virgen solemnizaba 
todas sus fiestas; mas cuando llegó esta ocasión de la 
definición dogmática, pareció haber agotado todos los 
recursos que ponía en sus manos su ardoroso entu- 
siasmo, su riqueza y su influencia en todas las clases 
de la sociedad. Por diez días continuos se sucedieron 
las funciones á cual más pomposas, turnándose la 
Catedral y las Ordenes religiosas en la Misa y Panegí- 
rico diario. Semejante serie de funciones religiosas, 
nunca vistas en Guatemala y ({ue no creemos se vuel- 
van á ver nunca, dejaron profunda huella en los áni- 
mos y produjeron su efecto natural, el acrecentamiento 
de la piedad cristiana singularmente en el pueblo. 

25)- — Esto igualmente contribuyó á que se lé diera ^^--^^ ®®- 

V 1 • 1 "^ í. -1 1 1 i miliario. 

aun mayor esplendor, sr cabía, á la fiesta titular del S'e- 
minai*io, que caía en aquellos mismos días en que Gua- 
temala se hallaba todavía como embriagada de júbilo 
celebrando el triunfo de María Inmaculada. F^n la parte 
puramente religiosa parecía que no podía caber mayoí* 
pompa y majestad bajo ningún concepto; mas en el bri- 
llo y aparato exterior, en la decoración del Colegio, 
en la magnífica iluminación especialmente de la par- 
te del edificio recientemente construida se desplegó un 
arte de tan exquisito gusto, que ponía admiración á 
los mismos que estaban acostumbrados á semejantes 
espectáculos especialmente en Italia: yes inútil decii* 



190 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



1855 cuánto contribuía aquel brillo exterior no sólo para el 
buen nombre y fama del Colegio, sino para engendrar 
en los alumnos^ que en todo tomaban parte activa, el 
amor al culto, el buen gusto y la manera de celebrar las 
fiestas de la Iglesia, dando á cada parte del hombre lo 
que le toca, sin que la parte esencial sufra detrimento. 
Por lo demás el Seminario seguía en constante progreso 
y era en realidad el objeto de la admiración y hasta de 
los cariños de las personas capaces de comprender su 
importancia. En los exámenes públicos, entre otras asig- 
naturas nuevasya comenzó á llamarla atención la Física, 
si bien el pequeño número de aparatos con que contaba 
el Gabinete apenas comenzado á formar, todavía no se 
prestaba á muchos y variados experimentos: más tarde 
veremos este ramo elevado á una altura que pasmaba 
aun á los viajeros del antiguo y nitevo continente. Los 
alumnos, después de la solemne distribución de premios 
salieron á sus casas el día último de Octubre, como 
quedó establecido desde el cui-so anterior, después de 
cerca de once meses de tralnijos escolares. 

2«.-Li. 20) — Perodejemosi)orun momentolocopitaí y ct»ntem- 
ton. piemos á nuestros celosísimos operarios extendiendo la 
gloria de Dios por las extremidades de la República. El 
P. Juan Genon, aquel celoso Jesuíta Belga, que como 
dijiítios arriba vino en compañía del P. Walle sirviendo 
de Capellán de los colonos de Santo Tomás, aunque 
volvió después á su provincia, no pudo nunca arrancar 
de sí el deseo de \ol\er á evangelizar aquellos pobres 
habitantes del departamento de Iza bal, ni descansó has- 
la alcanzar del H. P. G.eneraJ facultad para emplearse 
en el cultivo de aquel campo.tan espinoso. Kl año de 55 
\¡noá Guatemala agn'gadn á In Misión y después He 
pocos meses parlio á CNangclizar aquella gnitc jibiiiidn- 
nada. Hay en derredor del Golfo de Izabal > « n i"' > l-i 
c<^»sta del Atlántico muy diversas razas de hombres: eui»»- 
poos, indígenas, negros venidos de Trujillo y de la costa 
de Honduras limítrofe de la de Guatemala, v finalmente 



É3N COLOMBIA Y CENTRO-AMÉRICA 101 

caribes, que así Ilamíiii á los hijos de aquella mezcla 1856 
de razas y es la más numci'osa: la población más con- 
siderable es Liwingston, situada en la orilla izquierda 
de la desembocadura de la ría que pone al Golfo dulce 
en comunicación con el mar. No deja de tener aquel 
puertecillo su movimiento comercial, pues aunque toda 
su industria se reduce á la pesca y á la fabricación de 
pequeñas goletas y canoas, los bosques les ofrecen muy 
buenas maderas, hule y zarzaparrilla, y la tierra con 
muy poco cultivo les proporciona ricos y variados fru- 
tos y algunos cereales: sin embargo la connatural indo- 
lencia de aquella raza hace poco productivos los recursos 
naturales, y las grandes distancias que median entre 
las poblaciones importantes y mucho más de la capital, 
les hace carecer de muchos artículos de primera necesi- 
dad. En esta pequeña población situó sus reales aquel 
apóstol, sufriendo desde un principio toda clase de pri- 
vaciones, y de aquí salía á frecuentes excursiones por 
las vecinas aldeas, desempeñando con incansable ardor 
los ministerios de un celosísimo párroco, pues en más 
de 18 leguas en torno no se hallaba ningún otro sacer- 
dote. Tal fué el origen de la Residencia de Liwingston 
de que tendremos muchas ocasiones de hablar en ade- 
lante. 

27) — Mientras tanto otros tres misioneros habían sa- 27. -La 
lido con dirección al Norte de la República al departa- i8¿tí 
mentó de la Baja Vera paz. Este país sumamente fértil y 
rico en producciones naturales es famoso en la antigüe- 
dad por la bravura de sus habitantes, que jamás se do- 
blegaron á las armas de los conquistadores, y su abso- 
luta sujeción se debió solamente á los apostólicos tra- 
bajos de los PP. de la Orden de Santo Domingo, de donde 
le vino el bien merecido nombre de Vera Pax dado por el 
Emperador Carlos \. En esta época estas tierrascomo tan 
montañosas se habían convertido en madriguera de pe- 
queñas partidas de indígenas insurrectos, últimos res- 
tos de aquellos montañeses llamados Lucios que coii 



192 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



1856 tanto trabajo sujetó Carrera en su primera presidencia, 
y aún ahora le obligaban á mantener numerosas guar- 
niciones para defender los pueblos de los latrocinios y 
asesinatos que con frecuencia ejecutaban aquellos ban- 
didos. Los PP., sin embargo, caminaban sin ningún 
temor, en todas partes eran bien recibidos, en todas 
partes hacían el bien que el tiempo les permitía, porque 
en cualquier lugar que pernoctasen, luego reunían á sus 
moradores, les preparaban para la confesión por la no- 
che, y á la mañanaantes de emprender la marcha les ad- 
ministraban la sagrada comunión. Llegados á Salame, 
capital de la Provincia, dieron principio á sus trabajos 
con todo el movimiento que suele la gracia producir 
mediante la predicación, y en trece, días de constante 
trabajo no alcanzaron á recoger todo el fruto: más de 
quinientas personas siguieron á los PP. al próximo 
pueblo de San Jerónimo hasta lograr confesarse con 
ellos. También aquí produjo la Misión todos sus benéti- 
cos resultados y acaso aún más eri el Tocoy donde por 
las razones arriba indicadas se había establecido una 
estación miJit^ir. Kl comandante con su batallón fueron 
los pii meros en aprovecharse de iodos los ejercicios y en 
pos de ellos el pueblo con sus autoridades, hasta no 
queda I- una sola persona que no ganase las gracias de 
la Misión. Kl Sr. Arzobispo, como muy conocedor de sus 
ovejas, solía señalar á los Misioneros el derrotero (|ue 
debían seguir en sus excu lesiones, escogiendo los puntos 
nii^s céntricos A donde pudiesen acUflir de d¡vei*sas al- 
deas, caseríos, haciendas y aun pueblos vecinos, ó tiján- 
flose otras veces en las mayores necesidades, de manera 
que con tres ó cuatro misiones quedaba socorrido un 
do})ai*tanicnt(» entero. Kl último |>unt(» scfialado a nues- 
Iros cxpcflicionarios de la \'era|)az crn la p(»blac¡«»n .de 
San Agustín. Aquí, <d decir del Alcalde en una enli-e^ 
vista con los PP., no había ajuMias ün matrimonio legí- 
timo: el Pár^oco, Fraile Napolitano escapado de su pa- 
tria por dcmóíintn <;n<¡;il¡<l;i. «lo )«» cwM <r irlñli.íbM 



EN COLOMBIA Y CENTRO-AMÉRICA 193 

públicamente, á la noticia de la llegada de los Misioneroá 1856 
había abandonado el pueblo en compañía de su familia 
porque en él se había cumplido al pie de la letra la mal- 
dición de Dios por Isaías (2í. 2.) Et erit sicut populuSj sic 
sacerdoSy |)or lo cual el Prelado oportunamente había 
encargado la parroquia á un excelente y muy virtuoso 
sacerdote. C.omenzó la predicación y á su voz todos 
aquellos infelices despertaron de su sueno de muerte. 
Más de cien matrimonios estaban ya arreglados rñerced 
á la generosidad del nuevo párroco c[ue ó los hacía gra- 
tuitamente ó no exigía más derechos que los que bue- 
namente quisieran darle, para que la falta de recursos 
pecuniarios no fuera obstáculo al remedio espiritual de 
tantas almas. Pero, he aquí que llega á noticia del otro 
pastor mercenario lo que los Misioneros de acuerdo con 
el Párroco suplente habían respecto de derechos matri- 
moniales, y no sufriendo la pérdida de tan pingüe ga- 
nancia, deja su escondite y entrando furioso en el pue- 
blo, trata de muy mala manera al P. Orbegozo que hacía 
de Superior, y comienza á deshacer lo hecho tan legíti- 
ma y santamente, es decir, á exigir á todos los que se 
habían ya 'casado ó estaban para hacerlo los derechos 
íntegros, que la mayor pa^rté no podía pagar, y de esta 
manera quedaron por la codicia de aquel mal hombre 
muy dimidiados los frutos que tan felizmente habían co- 
menzado á recogerse. Los PP. no creyeron prudente per- 
inanecer presenciando un escándalo que en aquellas 
circunstancias no les era posible remediar, y al día si- 
guiente después de dar Iq comunión a unas 700 perso- 
nas tomaron el camino de la capitat, dejando con harto 
dolor suyo y del puel)lo, por concluir una empresa que 
tanto prometía. 

28) — En el Seminario se com|)letaron va en el cui'so 2t«.-Pro- 

flrrcsos 

de 55 á 50 todas las asignaturas. que comprende el plandeisemi- 
de estudios propio de la Compañía, pero además tuvo el »«^''*''- 
(volegio otros importantísimos adelanto^. El R. P. Su- 
perior había señaladouna pensión lija para el Gabinete de 



194 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



1856 Física^ y consiguió del Padre Provincial le enviase un 
profesor de esta ciencia. Fué designado el P. Antonio 
Canudas y comisionado para que pasando por París 
comprase todos los aparatos que hacían falta para aca- 
bar de montar el Gabinete á la altura á que por entonces 
se había elevado esta ciencia. Teníase ya preparada una 
magnífica estantería de caoba en el hermoso salón des- 
tinado para el efecto de manera que al llegar el nuevo 
profesor no tuvo más que arreglar las numerosas má- 
quinas que traía, las cuales juntas á las que ya antes 
existían, formaron un gabinete tan completo como podía 
desearse. Era el P. Canudas hombre de mucha compe- 
tencia en este ramo, sumamente metódico, observador y 
dedicado al estudio, y contando con tpdos lose lementos 
de que necesitaba, dio increiblei impulso á este ramo y 
foimó los profesores que le sucedieron en la cátedra. VÁ 
fué también quien comenzó á formar el Museo de Histo- 
ria natural, al cual nunca se le dio grande importancm, 
porque nunca se llegó á introducir su estudio, y sólo s«^ 
procuraba enriquecer con muestras propias del país. 
Pero sobré todo lo que comenzó á dar nombre al Colegio 
de Guatemala en el extranjoio fué el Observatorio Meteo- 
rológico, cuyas observaciones se publicaban mensual- 
mente en la Gacela oficial y gozaban de grande estima 
en los Observatorio^ más célebi^es do Europa y los Esta- 
dos Unidos. Podemos decir, pues, que el Seminario, en 
materia de enseñanza, había llegado á su mayor aHura, 
y lo que en adelante refiramos de él ya no serán más t\\\r 
mejoms materiales ó frutos que^ naturalmente debían 
seguir á los trabajos* prepai'atorios parof establecerlp y 
encaminarlo á la perfección que era posible, atendidas 
las circunstancias del país. 

20) — Al hablar del Seminnrio n<» po«loju«»> inriiM> ilr 



I 
Tira 



" '7rin! tributar el debido elogio á uno de los sujetos que en é\ 
trabajaron desde su establecimiento y que por su amable 
virtud so había captado el respetó y simpatías así de los 
alumnos, conv^ do t<»dn< l;w ).o?-if»nM< 'fu^ i"" <nnl.iinoi- 



EN COLOMBIA- Y CENTRO-AMÉRICA 195 

motivo frecuentaban la portería del Colegio. Era el .I80Í1 
H. Pablo Tirado, á quien una violenta enfermedad arre- 
bató en pocos días. Nacíido en Modcllín de muy buena 
familia, el 15 de Enero de 1824, en tanto grado se afícionó 
á nuestros PP. cuando se establecieron allí el año de 45, 
que muy presto pidió ser admitido en la Compañía, y lo 
fué al año siguiente. Nada pat-ecía haber tenido que tra- 
bajar para amoldarse á la vida religiosa, tal era la natu- 
i-alidad y alegría con que se ejercitaba .en los oficios hu- 
mildes propios de su grado. Después de la expulsión de la 
Nueva Granada siguió con los PP. de Bogotá y Medellín 
á Jamaica, y al cabo de un año fué uno de los cinco des- 
tinados para la República de Guatemala. Desde que se 
abrió el Colegio hasta su muerte ejercitó el oficio de 
portero con tanta aceptación de todos, que al saber su 
muerte c'ierto caballero muy distinguido por su pruden- 
cia dijo á los PP.: «con dificultad encontrarán VV. un 
H. de las cualidades de este para sucederle en su cargo». 
Los momentos que le dejaba libre su molesta ocupación, 
estaba siempre haciendo Rosarios para regalarlos á los 
alumnos ó las personas que llegaban á la portería, in- 
culcándoles por este medio la devoción á la Santísima 
Virgen, é influyó también mucho para que se practicara 
entre los alumnos cierto ejercicio en honor de San José 
los días diez y nueve de cada mes. Enriquecido con mu- 
chos méritos le sorprendió la última enfermedad cuando 
parecía estar respirando vic^^i y robustez, y en los quince 
días de duros sufrimientos que precedieron á su muerte 
acabó de acrisolar sus virtudes, dando muy claras mues- 
tras de que- de veras las poseía en muy alto grado. Espi- 
rr. estrechando tiernamente entre sus brazos el santo 
Crucifijo, el día 2o de Febrero á los .32 años de edad y 
diez de religión. No falló quien (►bsérvara en sus últimos 
momentos algún efecto sobi-enatural, ma§ siendo esto 
muy difícil de a\eriguar, sólo puede servir para acredi- 
tar el concepto que de él tenían formado los que le cono- 
cían y se hallabciü presentes á su preciosa muerte. 



196 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



1856 30) — Xo queremos abusar de la paciencia de nuestros 
so -Mi- ¡g(.^QPeg refiriéndoles de nuevo los continuos trabajos de 
ríos, nuestros operarios en la dirección díe tan variadas con- 
gregaciones con su comunión mensual y solemnísimas 
festividades; en los Ejercicios dados al clero en el espa- 
cioso palacio Arzobispal^ á lascomunidadesde religiosas, 
á'los Colegios^ casa de huérfanas^ artesanos Jóvenes es- 
tudiantes y á toda clase de personas que se retiraban ya 
ú Belén^ ya al convento de la tercera Orden del Carmen, 
fuera de los que predicaban en público en tiempo de 
Cuaresma; en las cárceles y hospitales que visitaban s< - 
manalmente nuestros Estudiantes y Novicios y á Fo me-. 
nos dos veces al año se les preparaba para recibir los 
Santos 'Sacramentos; en tin en el pulpito y confesona- 
rio, en el auxilio á los enfermos y moribundos y en todo 
cUanto concernía al bien de las almas. Era una vida de 
perpetuo movimiento 6 incansable actividad que Dios 
bendecía concediéndole los más felices resultados. «Sien- 
do estos tales, escribía el P. Blas en las cartas Annuo^ 
del 56, no podemos menos de inferir que nuestros ope- 
rarios se muestran dignos hijos del gran P. San Igna- 
cio, puesto que con tanto empefio se aplican todos é su 
propia perfección y ó la salvación de las ulmas« Reini 
lu más exacta observancia, se i-ecibe con humildad la 
corrección, se fomenta la caridad, y el trato con los se- 
glares es siempre en orden á su bien espiritual. Está 
conducta nuestra nos ha concillado muchos y iiiii\ 
poderosos amigos en cuyo concepto todo lo(|Ue toca á la 
Compañía es lo mejor y más digno de grandes hombres, 
U) cual no impide que haya alguno (jucotro qué, sea por 
envidia ó cualquier oti'a pasioncilla se oponga á la caus.i 
de Dios, vitupero y condeno nuestro modo do obrar». 
;.i. I. 31) — Entre los grandes amigos de la Com|>añía tign- 

o^Hspot! raban en primera línea los limos. Obisix)S. Bien sabe- 
mos ya lo que era el Sr. ArzobisjK) de Guatemala, ver- 
dadero padre y gran estimador de los trabajos de sus 

|nÍ(»S. El Sr. P¡n«»1,' '^1'*'»" "1»¡^I'" d.> \¡. ■:..:>. .n;». v;p 



KX COLOMBIA V cextro-aMi^rioa 19? 

aprovechó del sermón dé San Ignacio que se le había 1856 
ofrecido^ para abrir su pecho y mostrar desde esta pri- 
mera ocasión con su liermosa elocuencia el sincero 
amor que más tarde veremos acreditado con las obras. 
\\\ limo. Sr. D. Tomás Zaldaña^ residente en esta época 
en Guatemala, mientras se calmaba el furor de las pa- 
sioneá políticas que agitaban su diócesis del Salvador^ 
ofreció á la Compañía una ocasión propicia para ma- 
nifestarle su gratitud por los ñnísimos servicios y pa- 
ternal cariño que había mostrado á los PP. y Herma- 
nos desterrados del Ecuador al pasar por su diócesis. 
Dedicáronle loé jóvenes Filósofos y Retóricos de la 
Merced una Academia literaria^ cuyas bellas compo- 
siciones griegas, latinas y castellanas, fueron de sin- 
gular consuelo al atribulado Pastor. No tardaremos en 
hablar de los de Honduras y de Ghiapas: respecto del 
de Costa Rica el limo. Sr. D. Anselmo Llórente, copia- 
remos algunas palabras de la carta que dirigió al P. 
Blas suplicándole enviase á su diócesis algunos PP. 
«Tal vez, decía, habrán llegado á noticias del V. R. los 
esfuerzos que hice," cuando arribaron á Punta-Arenas 
los PP. de la Compañía expulsos del Ecuador, para que 
fuesen admitidos en esta República, cuyo obispado 
gravita sobre mi debilidad: entonces encontré resis- 
tencia para lograr mis intentos, como podrá manifes- 
tarlo el P. Eladio y sus compañeros, y desde entonces, 
ya por mis persuasiones, ya por medio de otras perso- 
nas he procurado inculcar en mi grey sentimientos fa- 
vorables á la Compañía, haciendo ver principalmente 
la utilidad que resultaría á la Religión y á la República 
con su venida, tanto más cuanto que de otra suerte de- 
bíamos temer gravísimos males, siendo el peor entre 
ellos el ver desaparecer el catolicismo por falta de mi- 
nistros instruidos y celosos que combatiesen las per- 
versas doctrinas que con tanta rapidez se nos intro- 
ducen. Hoy mismo me ha manifestado el Ministro de 
Relaciones que el Supremo Gobierno está deferente á 



Iii8 LA COMPAÑÍA DE JFSUS 



1856 que vengan dos ó tres PP. de la Compañía^ y yo no 
dudo que^ llegando estos precursores^ muy bien se po- 
dría fundar una casa que fuese el foco de la luz que 
tanto necesitamos... La gloria de Dios es el distintivo 
de la Compañía; y siendo esto cierto, ¿cual sería la que 
resultara de la venida de algunos de sus indivi- 
duos^...» ("^j Así se expresaba aquel excelente Prelado^ 
y ojalá se hubiese podido satisfacer á sus justos deseos, 
que eran también ios del P. Blas, á juzgar por la con- 
testación á esta carta tari honorítica á la Compañía. 
((Viniendo aliora al principal objeto de la carta de 
V. S. I., decía, teng^ la ^satisfacción de decirle que por 
mi parte no hallará V. S. grandes obstáculos para el 
cumplimiento de sus deseos, porque primero coriio por 
cierto instinto, y después por las, agradables noticias 
que he tenido de la buena índole, espíritu i*eligioso y 
laboriosidad de los habitantes de esa República, y no 
menos por la excelente muestra que tenemos aquí en 
los apreciabilísimos Jóvenes costarr¡<-enses ijue estu- 
dian en este Colegio Seniiuurio, que dirige la Compa- 
ñía, me siento indinado á secundar hi solicitud de* 
\ . S. I. por parecermo que ha de ivdundar en fnurh.i 
injuria de bios Nuestro Señor; ycvn siendo este un ne- 
gocio ([ue por su tra.srenden«;ia no ron\¡ene que yo 
resuelva, sin consultarlo antes con mis Superioi'es, nq 
puedo por ahora dar á V. S. I. uiia i*espuesta (ietin¡tiva¡ 
y así sólo me contraigo á manifestar mis personales 
disposiciones, y como llevo dicho, mi inclinación á se- 
cundar el laudable designio de V% S. I. dirigido ál bien 
espiritual de sus afortunadas ovejas». Ño era este, el 
tiempo que Dios en su misteriosa Providencia tenía des- 
tinado para que la Compañía fuera á establecerse en 
Gostf\ Rica: todavía veremos pasar veinte años sin que 
se puedan cumplir los deseos del celoso Pastor, pues, 
como veremos, tal giro fueron tomando los sucesos de 



(*) Colección part. de la Orden. 



EN OOLOMtílA V CENTK<J-AAl¿KiCA 199 

la Misión de Guatemala, que siempre se encontró im- 1856 
posibilitada para poder extenderse por las Repúblicas 
del Centro con preferencia á las del Sur de la América. 
Por de pronto el P. Blas no podía negarse más tiempo 

^; á las instancias del ílmo. Arzobis])0 y del Excmo. Pre- 
sidente que clamaban por la Residencia de Queraltc- 

*í nango, cifrando cada uno de los ilustres personajes sus 
*# - esperanzas en ella, el uno para aliviar grandes necesi- 
dades cspi rituales, el otro para la plena consolidación 
de la ])a/ \ el orden público. Oti-os pedían, si no un Co- 
. legio, á lo menos una Residencia en la Antigua Gua- 
temala; la utilidad ciertamente no podía negarse, pero 
el estar tan próxima á la Capital y poder ser visitada 
(^on frecuencia por los PP. y enviar sus niños al Co- 
legio' con tanta facilidad, hacían menos atendibles estas 
pretensiones. 

32) — Mientras así se multiplicaban las solicitudes •'^-••^^''^''' 

X T^. , ... 11 te del 

pai'a estas y otras partes. Dios en sus altos juicios lia- p. Amo- 
maba al eterno descanso á uno de los sujetos más im- ''^''•^" 

eloípio. 

portantes de la Misión. Apenas contaba pocos meses de 
Rector del Colegio de la Merced el P. Luis Amorós, 
cuando se le declaró un cangro en el hombro derecho 
que desde luego le inutilizó para todo ministerio y aun 
para dar sus clases de Filosofía y Matemáticas, cargo 
que pesaba sobre él además del Rectorado. Tres meses 
de horribles sufrimientos sobrellevados con una resig- 
nación y paciencia verdaderamente heroica no sólo 
admiraban sino también enternecían al Dr. D. José 
Luna, uno de los mejores médicos de la ciudad, y cuyo 
carácter un. tanto severo no era para dejarse ablandar 
por pequeneces, y sin embargo solía decir á los Padres 
cuando practicaba aquellas horribles curaciones: «Siem- 
pre que miro á este P. siento una voz interior que me 
dice: este es un santo y anhela por hacerte á tí también 
santo». Dui'ante la penosísima enfermedad, era increí- 
ble el concurso de toda clase de personas que acudían 
ú informarse de su estado; visitábanle el Sr. Arzobispo 



200 LA COMPAÑÍA DE .tESUS 



1856 y muchos caballeros de la nobleza: las Señoras pro- 
veían muy delicadamente de abundancia de hilas y 
vendajes, pero suplicaban se les devolvieran para con- 
servarlas como reliquias; tal era el concepto que gene- 
ralmente se tenía de sus virtudes. La enfermedad siguió 
su curso, inaccesible á los recursos de la medicina. En 
los primeros días de Octubre el pacientísimo enfermo 
pidió que le leyesen la muei'te de San Luis Gonzaga, y 
luego las oraciones que usa la Iglesia al administrar 
la Santa Unción, como quien se prepara para recibirla, 
y aunque el médico no había dicho nada de aquella 
gravedad extrema, él hizo llamar al R. P. Superior y 
le dijo que era ya tiempo de que se le administrasen 
los últimos Sacramentos, á lo que fácilmente accedió. 
Visitado del médico y extrañando aquella novedad, en- 
contró que en realidad había un síntoma gravísimo, 
cual era el haber cesado el abundante flujo de sangre 
que antes manaba por divei*sos puntos,- y con 'sn. criV 
racterística franqueza dijo que ya le restalmn pocos días 
de vida: correspondió el P. Amoróscon una amable son- 
risa, fuera por(|ue le agradaba aquella noticia, ó acaso 
porque supiera que no h? restaban días, sigo níiás bien 
horas. En efecto, después de una noche pasada entiv 
ngudísimos dolores, que el buen Padre parecía querer 
(x^njurar con fervientes jaculatorias á Josus y María, al 
amanecer el día 7 pidió ^ue le llevasen cuanto antes lo 
sagrada comunión, como se había practicado durante 
toda su larga enfermedad. Ante el Santísimo Sacra- 
mento, recogiendo todas las pocas fuerzas (¡ue le res- 
taban, hizo la protestación de fe, dio gracias al Señor 
porque le concedía morir en la Compañía, y despidién- 
dose cariñosamente de sus subditos se recogió d dar 
gracias. A poco fijando sus miradas en la imagen de 
María comenzó á agonizar y después de un breve rato 
espiró en el ósculo del Señor, en la mañana del 7 de 
Octubre de iK56. E\ doble de las campanas de la Mer- 
ced corresj)ondido \íov el de las Iglesias de las demfis 



Í-:N COl.O.MlJIA V 4 KNTKO-A\l¿lll("A , 201 

Órdenes religiosas propagó en uii momento la noticia 185G 
de la muerte del venerable religioso^ y multitud de per- 
sonas de todo rango suplicaban que sacasen el cadáver 
á la Iglesia para verle por última vez; condescendió el 
P. Superior (!on tan justos r'uegos y entonces se vio. 
más claramente la veneración que los ciudadanos de 
Guatemala tenían al P. Amorós: muy presto se vio el 
féretro cubierto de flores; pero otros las quitaban para 
llevarlas como una reliquia. Mayor realce dio el Ilus- 
trísimo Sr. Arzobispo á estas demostraciones de res- 
peto con las que él mismo quiso tributarle: al siguiente 
día acompañado del Venerable Cabildo y de las Co- 
munidades religiosas fué á la Merced y celebró de Pon- 
tifical la Misa y exequias, . después délas cuales fué 
llevado el féretro en hombros de dos de los señores 
Canónigos y los Superiores de las órdenes religiosas 
al lugar del enterramiento de los antiguos Mercenarios. 
El P. Luis Amorós era natural de Palma de Mallor- 
ca. Nació el 30 de Agosto de 1817 y siendo aún niño de 
13 años fué admitido en la Compañía en Octubre del 
año de 30, pero su buen juicio y madurez suplía colma- 
damente la ternura de la edad. Concluido el Noviciado 
fué enviado á Alcalá á perfeccionar sus estudios de Hu- 
manidades y Retórica, y con ocasión de los calamitosos 
sucesos de los años 34 y 35, á que repetidas veces hemos 
aludido, pasó al Colegio Romano á continuar y perfec- 
cionar sus estudios. Mucho brilló su ingenio en" aquel 
emporio del saber, especialmente en las Matemáticas, 
pues fué uno de los más aventajados discípulos del (Ce- 
lebrado P. Caraffa; pero fué muy á costa de su salud que 
con las tareas escolares, lo débil de su constitución y el 
cielo poco propicio de Roma, se quebrantó tanto, que co- 
mo dijimos, estaba ya desauciado. El cielo de América le 
volvió la vida, salud y hasta una relativa robustez: des- 
de que tocó sus playas pareció ya otro hombre y testigo 
de esto fueron sus continuos tral>ajos en las misiones, 
gobierno y fundaciones de Colegios, enseñanza y toda 



•2(r> i. A t OMPAXÍA DE JFSrS 



1856 clase de ministerios apostólicos en Bogotá^ Medellín, 
Jamaica y últimamente en Guatemala. El suave olor de 
sus virtudes^ su trato sumamente afable y sencillo y al 
mismo tiempo su ciencia universal y nada vulgar 11a- 
ñJiaban la atención de cuantos le trataban y le hacían 
muy íjuerido así de los domésticos como de los extraños. 
Dcaijuí las cxtiaordinarias dcmostra<-¡onos de senti- 
miento en su muerte; y algún tiempo antes de ella^ ha- 
biendo corrido el rumoj*, lalso á lo que creemos^ rfe 
que estaba destinado á Méjiro, el Sr. 1). Francis^n 
Javier Valeuzuela'á nombre de muchos padres de fami- 
lia de Guatemala dii'igió una elocuente manifestaciAn 
al Sr. Arzobispo para que interpusiera su autoridad y 
evitara aquella tan sensible pérdida (*). Había hecho 
la Profesión de cuatro votos en Jamaica el 2 de Fe- 
brero de 1851 y no contíd^a más que treinlinueve dé 
edad. «Dile(*tus Deo et hom¡uil»us cujus memoria in 
bíMÜctione est»». 
3.j.-(;i.> ;3;3^ — Y\ fj,, ^j^.j cursij del presente ano se hizo n«»lar 
Kxkirui- mucho más que los anteriores por dos circunstancias 
" * enteramente (^speí'iales. Fué, la primem el haber i*eci«i 
bido el grado de Bachiller Ai Arles, en la Pontificia 
Universidad de San Carlos los primeros alumnos* que 
ya con algunos principios habían entrado á cursar en 
nuestro Colegio él ano de 51. Según los Estatutos en- 
tonces vigentes en la Univei'sidad, pam optar al grado 
de Bachiller se requería, fuera de la aprobación parcial 
de los cursos, un ejercicio público'en el cual los exa- 
minadores nombrados por el Rector tenían dewcho 
jKira preguntar dumnte el tiempo que les paivcier;i, 
sobre «'uabjuier punto de Filosofía, Aritmética, Algo- 
bi*a, Geoineti'ía plana y algunas nociones muy elemen- 
tales de .Física. Nuestros alumnos hicieron también su^ 
ejercicios, pero mostraron en ellos tajita solidez \ < \- 



(*) Vónse en el A|t»'ii(iift' Wlll el t*l(»ir><> tjur .« munínt* tlfl |»u»'lilo »!< 
Guatemala so publicó por la prensa pocos días después ile su muerte. 



I:N COLOMBIA V UEXTRO-AM^lilCA ¿03 

tensión de conocimientos/ tanta facilidad y despejo en 1850 
el responder á las diticultades^, tanto dominio en los * 
diversos puntos que se les tocaban, que todo el nume- 
roso concurso no pudo menos de palpar que los estu- 
dios del Seminario iban muy por encima de lo que los 
nacidos después de la ¡nde[»ondencia estaban acostum- 
brados á ver. Sobre todo llamaba la atención In t'nci- 
lidnd de los jóvenes para expresarse en «latín y en torni;< 
silogística, ambas cosas ya olvidadas, si no excluidas 
de propósito, como suele suceder donde quiera (|ue li.i 
puesto su mano destructora en la enseñanza pública el 
liberalismo, enemigo capital de la verdad y solidez en 
las doctrinas, y no menos de la claridad en expresar- 
las. La sensación favorable producida por la esplendi- 
dez de aquellos actos y superioridad inegable á cuanto 
se había visto en este género de largo tiempo atrás, 
produjo sus buenos efectos en lo sucesivo, siendo uno 
de los más importantes el comenzarse á desvanece!' 
cierta preocupación contra los siete años que gasta la 
Compañía en la segunda enseñanza. Y ciertamente 
como en los tiempos de decadencia científica un curso 
de latín y dos de Filosofía y Matemáticas eran suficien- 
tes para recibir el gi*ado de Bachiller y emprender y 
concluir cuanto antes una carrera, no podía menos de 
parecer demasiado largo los que los Jesuítas comeiiza 
ron desde un principio á practicar; mas los hombres 
serios y entendidos en las ciencias y su enseñanza pu- 
dieron comprender que aquella competencia tan aplau- 
dida de sus discípulos no era precisamente efecto de 
haber empleado tres cursos en el estudio de la Filosofía 
y de las ciencias exactas, sino de que cuando este em- 
prendieron, llevaban ya sus facultades educadas en 
otros estudios preparatorios como el del latín y el grie- 
go, de la Retórica, de la Historia, etc., en cuyo aprendi- 
zaje se han desarrollado las facultades y se las ha ha-, 
bituado á cierto carril metódico que las dispone á los 
estudios serios v concienzudos. Más tarde veremos 



2Í)4 I A t olNIPANÍA DE JEsr^; 



185G cómo estás ideas en materia de enseñanza se sobrepu- 
sieron á los absurdos métodos modernos, y aun en la 
Universidad se introdujeron reformas muy ventajosas 
ou el plan de estudios. 

Entre los exámenes públicos á llamaron extraor- 
dinariamente la atendión los de Físir.i. \ rran real- 
mente una verdadera novedad para la mayor parte de 
los espectadora. Como hemos indicado, el Gabinete* 
se hallaba ya abundantemente provisto de casi todos los 
aparatos hasta entonces inventados, y los alumnos de 
esta asignatura no sólo habían aprendido la teoría de 
todos los ramos que abraza, sino también la práctica on 
el manejo de las máquinas para demostrar con experi- 
mentos lo que de palabra explicaban: de manera xpie n(» 
era sólo lo curioso y ameno lo ((ue atraía el gran con- 
curso, sino lá soltura y expedición de los alumnos, por* 
((ue todo lo hacían ellos m'rsmos bien adiestrados du- 
j-ante el curso por su diligente profesor el P. Anlonio 
(jMiudas. No es difícil conjeturar la suma satistacciún 
de los padres de familia y el gran crédito que al.Colegio 
se seguía de semejantes adelantos; así concluyó el quin- 
to curso escolar; llegando, podemos decir, á su apogeo 
con el trabajo continuado y sistemático de un lustro. • 

También podríamos dí?e¡r (|ue el Colegio de la Merced 
había llenado ya el objeto á que desde un principio se 
le destinó, porque habiendo concluido su filosofía alga- 
nos de los jóvenes, pudieron reemplazar á los <|ue se 
ocupaban en el magisterio, y éstos eontenzaron, al abrir- 
se el nuevo cui'so, los estudios de Teólogío. Hubo' ya, 
pues, teólogo^, filósofos,, júniores y novicios, y aunque 
cada una de- estas diversas categorías no ora dé por sí 
muy numerosa, todas juntas fornuümn un buen núcleo 
de jóvenes que se formaban en todo conforme á las. cos- 
tumbres y prácticas de los que en ja Compañía se 11a- 
. man Colegios Máximos; y esto no sólo en el aprendizaje 
de las letras y las ciencias, sino también en el ejercicio 
de los ministerios que según su edad y condi<'¡ón porlía 



SlOllt 



EN COLOiMBIA Y CENTRO- AMÉRICA 205 

cada Linó practicar: porqiie los domingos unos estaban 18.57 
destinados á enseñar la doctrina á los niños en la Igle- 
sia, otros visitaban las cárceles y Hospitales, y hasta 
los novicios, que eran generalmente de poca edad^ solían 
gastar las mañanas de los jueves en consolar y catequi- 
/.ar á los enfermos. 

34) — Entre tanto había llegado el.tiempo de salir á las ^*;~^''- 
expediciones por los departamentos, de que tanto gusta- 
ban así el Sr. Arzobispo como el Presidente, por el sin- 
gular cambio de costumbres (jue inmediatamente se 
dejaba sentir en los pueblos, como efecto de la palabra 
divina y dti la instrucción religiosa. La parte oriental de 
la República fué esta vez el campo de operaciones, que 
era preciso conquistar palmo á palmo al enemigo. Los 
PP. Orbegozo, Posada, Taboada y Goca/novicio aún, se 
dirigieron á Chiquimula cabecera de ki Provincia de su 
nombre^ y sin duda la más importante de >as poblacio- 
nes li mí trotea con el Salvador y Honduras. Apenas lle- 
garon los Misioneros á la ciudad pudieron desde luego 
ver que-no se hallaban .en tierra muy amiga: aquí no 
hubo arcos, ni flores, ni músicas, ni entusiasmo de nin- 
gún género; muy lejos de eso^ ni una sola "persona que 
les recibiera, ni casa en donde alojarse, ni quien les 
dirigiera un saludo; antes algunas voces de burla y de 
mofa se oían resonar en ciertos balcones: . Sólo con la 
entrada se vio bien marcado el carácter de lucha que 
presentaba aquella misión. En efecto, la inmoralidad \ 
las malas lecturas habían maleado á la clase intluyeiilc 
en especial: en cada Jesuíta veían unos al hombre (pir 
venía á turbar el reposo que los vicios envejecidos llegan 
por fin á comunicar al alma ya inaccesible al remordi- 
miento; otros uno de los ficticios personajes del Judío 
Errante convertido en realidad; y como no faltaban i)r()- 
])agandistas de tales ideas, resultaba que en aquella po- 
blación los que no aboi-recían á los Jesuítas, á lo menos 
los miraban con cierta sospecha y desconñanza. Afiadió- 
se á esto una. circunstancia nacida de equivocación ó 



206 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



1857 falta de inteligencia^ la ausencia del Párroco y de mucha 
gente de la ciudad^ que se habían ido á la famosa rome- 
r-ía de Esquipulas. No sabiendo^ pues^ los PP. ni á quien^ 
ni á donde dirigirse^ Dios, les deparó una excelente ma- 
trona llamada D/ Mariana Jirón, pei*sona noble y piado- 
sa^ la cual hasta la vuelta del Párroco los tomó á su 
cuidado y les dispensó mil obsequios. Al siguiente día 
los Misioneros comenzaron sus trabajos visitando á los 
encarcelados y recogiendo á los niños y niñas que nece- 
sitaban de instrucción para llegarse á recibir por prime- 
ra vez los Santos Sacramentos. También se abrióla mi- 
sión^ pero con tan poco concurso, que á otfos menos 
experimentados hubiera descorazonado, y acaso hubieran 
sacudido el polvo sobre aquella ciudad endui*ecida é 
ingrata á los beneficios del Señor: aún más, al tercer día 
aparecieron groseros é impíos pasquines á la puerta de 
la Iglesiíi, de la casa parroquial y de otras de persv^nas 
interesadas en la Misión, contra esta y contra loscjue la 
predicaban; pero tampoco esto les desanimó. Hiciei-on 
unii solemnísimo eOmunión de 2G() niños, y esté fué ol 
primor golpe íjue comenzó á inclinar la victoria: el 
segundo fué la Comunión de los pi-esos, á la cual se 
procuró dar extraordinario esplendor, llevando el señor 
Párroco el Santísimo por entre vistosos arcos y con 
glande acomjíañamionto. Desde ese momento todo cam- 
bi(') de faz: <»1 concurso era inmenso y no se daba punto 
de reposo á los misioheros. Bañados en lágrimas clama- 
ban: confesión, Padre, í|ue hr sido e^ escándalo dé este 
pueblo: — A mí primero (|ue hace tantos años (|ue no me 
conlieso. — A mí (jue tengo iii) años y nunca me he confe- 
sado. — Y n<» fueron pf>oos los que untes d** roinenzar su 
« onfcsión, como íjueriendo dar alguna salisfíicción á los 
iiijuiiados, prcmitían éstos y scnn»¡anl(»s exordios: Yo 
\\ he ¿i¡do el hombre más enemigo de los Jesuítas: tie 
IcTdo y procurado que otros lean cuantos libros he |>odido 
conseguir contra ellos. — Yo he hablado y escrito hoii'ores 
rniiM-H A'\'.: h'ís tPiiin por lo-í h»»mh!-«"^*ii"i;'»<n"iHl\nd'»-: i»"i-. . 



EN COLOMBIA Y dENTRO-AMÉRICA 207 

conozco mi error^ y por cuantos medios pueda procuraré 1857 
desengañar á otros... Tal fué la ti'astbrmación que obró 
la gracia del Señor en acjuellos corazones en unos pocos 
(lías; y no eran sólo palabras ó arranques de fervoi*; 
ciento quince fueron los matrimonios queseliicieronen 
aipicllos días, sólo de los que necesitaban de las faculta- 
des extraordinarias de que estaban revestidos los misio- 
neros^ fuera de muellísimos que^ no necesitando de este 
i'equisito, hubieron de dejarse para más tarde. Hízose 
notar mucho por su fervor en la procesión de penitencia 
a(iuel mismo que había sido el. autor de los pasquines, 
de que aA-iba hablamos; y en fin/ la despedida de los 
misioneros tuvo tanto de lágrimas y sentimiento^ como 
de indiferencia^ frialdad y aun ignominia había tenido 
su entrada en aquella ciudad que en menos de quince 
días quedó tan trasformada. Más de mil peráonas de las 
más notables les acompañaron á caballo por más de dos 
leguas^ fuera de la muchedumbre quedes seguía con lá- 
grimas hasta donde se lo permitían sus fuerzas ó sus 
atenciones domésticas. 

Derrocado este primer baluarte á fuerza de paciencia 
y de constancia^ todo lo restante de la expedición no 
ofreció dificultad alguna. Dirigieron su ruta los PP. ha- 
cia Zacapa, población de mayor número de habitantes 
que la anterior y no de menor importancia^ aunque ya 
un tanto decaída desde que la mayor parte de la impor- 
tación y exportación de la República se hace por los 
puertos del mar del Sur. Aquí fueron muy cortesmentc 
recibidos por el Párroco, la Municipalidad y otras per- 
sonas de la primera categoría^ y aunque es cierto que en 
esta población había quienes se mofaran de los dé Chi- 
quimula ])or haberse dejado vencer, como ellos decían; 
'M'ros á quienes el Pái'roco calificaba de inconvertibles, 
y otros en fin enemigos declarados de los Jesuítas^ sin 
embargo, apenas sonó la voz de Dios todos se rindieron 
á ella y la gracia .comenzó á obrar sus acostumbra- 
dos prodigios: 470 niños de primei-a comunión, 150 



208 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



1857 matrimonios hechos con dispensas, libros prohibidos en- 
tregados á las llamas^ millares de confesiones generales 
de treinta^ cuarenta y aun de 50 años^ y más que todo 
la fe fortalecida^ la piedad renovada, el espíritu cristia- 
no vivificado fueron, como suelen ser siempre, los fru- 
tos regalados de estas expediciones apostólicas. De 
Za paca pasaron los Misioneros á otros cuatro de los 
pueblos más centrales, trabajando en ellos ya reunidos, 
ya divididos, según la importancia de la población y lo 
más ó menos inmediato de las aldeas circunvecinas, de 
lo cual dependía el mayor ó menor ^concurso. En todas 
paites se veía la antigua fe y piedad de aquella gente 
sencilla á (¡uien tan largos años de abandono producido 
lAor los trastornos políticos no habían debilitado en sus 
creencias; mas lo que sobresale en todos es un singular 
amor á la Santísima Virgen: he aquí un caso sucedido 
un una de estas misiones. Llegó á confesarse con uno 
de los misioneros. un hombre principal, que no lo había 
hecho ni aim para casarse, y tendría ya unos cincuenta 
anos: para dar ante todo una idea de su vida al confe- 
sor, emj)e/ó con esta relación: «Ha de saber V. (|ue he 
sido el hombi'c más es(*andaloso; lie tenido el vic¡f>de la 
embriaguez .desde (jue me conozco en el mundo, •» 
mejor, he sido la embriaguez misma, hasta que un día 
en un momento lúcido (jue tuve S4^ acer<*ó mi esposa 
i ►añada en lágrimas y me dijo: si supieras q\ié palabras 
tan feas dijiste contra Macia Síiiitísima ayer cuando 
(»stal)as ébiiol Me hori-oricí'» tanto de haber habla<lo 
rontra mi Santísima Madre, <|ue en el instante, lodo 
asustado, p(H'(V tirmemente resuelto le pr<»metí no volver 
á tornar licor alguno para nodit^gustarla con tales pala- 
bras. Desde entonces y hace ya veinte años n<^ he vuelto á 
piobar licor (pie end»r¡ague, antes la» Hegado á cobrar 
1 mayor aborrecimiento ó tan horrible vicio».' 'Une 
le heclh» demuestiv un grande amor y resptMo á 
María podrá juzgarlo (juien quiera que sepa cuan difícil 

^i'n ;n r;nM;»r f'l ]i;il»¡t«» íIp \:\ rinlir¡;ii,' iic/. Sf'tln fiílfidwí á 



rsi 



KN COLOMBIA Y CENTltO-AMÉIlIfA 20ÍÍ 

J ; 1 : : . ;: : ■ 

. cuiiiolln biienn gente eiiltivo é iiistriiccióii religioso, (|Lie 1057 
'^' l>or lo demás abundaba en fe y buenos sentimientos. 
^ Cierto ¡oven después de lialier heclio una muy dolorosa 
contesión, preguntó muy formalmente al misionero. ^^ 
*. Padre, le parece á V. l)¡en que me ahorque?; — Hombre, 
por (piéf contestó el sacerdote.— Para no volver á ofendei* 
á Dios. — El P. le sacó de su error y le dio los medios 
, para evitar el pecado; mas bien se ve por este rasgo* las 
buenas disposiciones de aquellos pueblos sencillos, y 
cuánto podría progresar la moralidad y buenas costum- 
bres, si los lil)erales dejaran de perseguir á la Iglesia y 
permitieran poner enjuego todos los medios de que dis- 
pone para la. propagación de la doctrina de Jesucristo y 
el desarrollo de su "divina fecundidad. 

35)-^Despuésde dos meses de tan fructuosas correrías '^-Resi- 

d6ncíd.6n 

volvieron á la capital los cuati'o misioneros, no cierta- Qezai. 
mente á descansar de sus no interrumpidas fatigas, sino^^"^"»^- 
.á emprender otras nuevas. En efecto, el Sr. Presbítero 
D. Francisco Apolinario Espinosa, joven sacerdote de 
singulares prendas, al hacerse cargo de la importante ^ 
Parroquia de Quezal tenango había puesto por condición 
indispensable que se llevara á cabo á la mayor brevedad 
el establecimiento de la Compañía en aquella ciudad. El 
limo. Sr. Arzobispo, que como dijimos, tenía los mis- 
mos deseos y hasta promesa del P. Superior de ponerlos 
})or obra, no dudó admitir la condición, y aquel celoso 
párroco trabajaba incansablemente, ya urgiendo á su 
Prelado el cumplimiento de su palabra, ya influyendo 
con el Gobernador y el municipio y con cuantas perso- 
nas podían intervenir para zanjar todas las diñcultades 
que se ofrecían al poner por obra -su empresa; mas al 
principio tropezaba con tantas diñcultades, que creyó 
n(> jioder realizar sus deseos, si no lo hacía todo á costa 
^u\n <X esta fecha (5 de Diciembre de 55), decía al 
P. Superior, me encuentro ya posesionado del tremendo 
cargo pajToquial de esta ciudad, y hoy con más funda- 
mento repito á V. R. que el único consuelo que espero 



210 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



1857 en mi aflictiva posición es sin duda el establecimiento 
de la Compañía de Jesús en esta tierra fértil para pro- 
ducir en abundancia frutos espirituales. Al efecto^ antes 
de poner mano á mis tareas parroquiales^ mis primeros 
pasos han sido dirigidos á los puntos proyectados para 
fijar aquella obra grande, y en ellos no he encontrado 
sino dificultades é insuficiencia^ estrechísimas capillas 
y linderos de propiedad ajena muy difíciles de arrancar. 
En tal conflicto vuelto á mi Convento (el de los antiguos 
Franciscanos), he recorrido su vastísima extensión y 
encuentro en ella capacidad para aderezar ijiás de una 
casa conventual del todo independiente de las habita- 
ciones del Párroco, pudiéndose comunica!' con la Igle^ 
sia principal, única á propósito por su extensión para 
reunir una pequeña parte del pueblo. — Mayores son las 
dificultades que ofrece por ahora la manutención de 
•los PP. de una manera formal y estable, á no ser pro- 
porcionada ésta inmediatamente por el cura, y como di- 
je á V. R. estoy i>ronto á suministrarla todo el tiempo 
^ (|ue sea necesario, para qué, conociendo el pueblo las 
ventajas de la Compañía, se presto, como no dudo (jue 
lo hará gustoso, á fomentar y sostener su estableci- 
miento/ en lo cual, además de (|uc yo creo que caerá por 
su propio peso, yo no cesaré de trabajar de todas ma- 
neras para conseguirlo. ..)v No podía ciertamente hacer 
más el celo del Sr. K^pinosa; pero tampoco era conve- 
niente ni delicado admitir tan genemsas ofertas; poi*que 
la libertad que necesita la Compftñía para sus va liados 
ministerios no puede avenií-se nunca bien con el servi- 
cio de una Iglesia parr<K|uial tan continuo y al par tai» 
contingente, mucho más siendo como era la de Quezal- 
tenango la única de la feligresía y á la cual pertenecía 
también la casta indígena (|ue suele tener muchas usan- 
zas caprichosas. Y cómo hacer cargar sobre el Párroco 
sólo el sostenimiento de tres sujetos por tiempo indeter- 
minado? Quedó, pues, por entonces la fundación én es- 
pcrnnzns; pero el Si*. F<j>í?!'>^íí. '''»i n.flxn \ f;in (](»s<m>so 



EN COLOMBIA Y CENTRO-AMÉRICA Sil 

del bien de sus feligreses no se dio un momento de des- 1857 
cnnso: tnnlo trabajó^ que por fin logró allanar todas las 
dificultades, y en Enero de 57 escribía: ((Tenemos ya 
dispuesta una Cai)illa y casa contigua para habitación; 
y para subsistencia he podido reunir por parle del 
pueblo una suscripción mensual de 70 pesos fuera de 
lo que se suministrará en especie. Las autoridades de 
ladinos (*) é indígenas-están sumamente interesadas en 
el proyecto, como lo manifiestan el pliego que obra en 
poder de V. R. y los que ahora acompaño del Señor Co- 
rregidor y la Municipalidad á nombre del pueblo que 
representan, que expresan sus justos votos y coopera- 
ción á tan grande obra... Pido á Nuestro Señor acabe la 
obra que se ha dignado comenzar y dirija á V. R. golpes 
especiales de celo y caridad superiores á todas las difi- 
cultades que ha de oponer todavía el enemigo común...» 

El resultado de estas instancias fué el realizarse la 
fundación de la Residencia; pero creemos que nues- 
tros lectores tendrán mayor gusto de oiría de boca del 
R. P. Superior que hace de ella una relación minu- 
ciosa y llena de curiosos detalles en una carta dirigida 
al R. P. Asistente Manuel Gil, que dice así. 

36) — ((Las repetidas instancias que el Supremo Go- se.-cai- 
bierno de la República, el limo. Sr. Arzobispo y los p. Bia¿. 
vecinos de Quczaltenango hicieron, solicitando que la 
Compañía s« encargase del curato de aquella ciudad, 
que había quedado vacante por la promoción cjel señor 
Dr. D. Rernardo Pinol al coro de esta Santa Iglesia, die- 
ron motivo á la consulta que por medio de V. R. hice á 
Nuestro P. General sobre este negocio. El que por muy 
fundadas razones se negó á la aceptación de un cargo 
que nosotros mismos juzgábamos inadmisible, me ex- 
citó á que procurase contentar á estos señores con 



(*) Laííiiios se llaman en Centro-América todos los descendientes de los 
españoles y aun los mestizos, nombre que desde un principio se les dio, sin 
duda por hablar una lengona distinta de las de los indígenas del país. 



212 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



1857 esjtablecer en dicho punto una Residencia^ resolución 
que nos pareció muy acertada y oportuna, no solamente 
porque nos libraba del grave compromiso^ sin manci- 
llarnos con la nota de desagradecidos ó poco condes- 
cendientes con ellos en sus loables y piadosos designios, 
sino también porque atendidas las circunstancias par- 
'ticulares del Departamento dé los Altos, cuya cabecera 
es Quezaltenango, teníamos por seguro que la Residen- 
cia había de producir copiosísimos frutos de bendición 
en aquellas almas, con mucha gloria de Dios. Anuiiado 
así por Nuestro Padre, é impulsado con la fundada es- 
peranza de unos resultados sumamente lisonjeros, puse 
en conocimiento de estos señores lo dispuesto, y añadí 
que vista la buena voluntad que Nuestro Padre manites- 
. taba de complacerles en la parte en que podía hacerh^, 
yo estaba pronto á llevar á efecto el estai)locimiento do 
la Residencia, siempre que se diese á la ('.ompañía en 
Quezaltenango Iglesia, casa de habitación para los Pa- 
dres y los medios para su com'eniente subsistencia, 
agregando que no podría enviar sino dos ó tres sujetos, 
y para el solo hecho de ejercitar los ministerios espiri- 
tuales propios de la Compañía en favor de las almas. 
Aceptaron gustosos las expresadas condiciones .y- co- 
menzaron á tral)ajar en su cumplimiento, y de hecho 
removidos algunos obstáculos, y allanadas algunas 
dilicultades de las (pie el enemigo prescrita siempre 
para impedir las -obras de Dios, me dirigieron sus res- 
pectivas y unánimes notas, así las dos mun¡c¡|>al¡dades 
de aquella ciudad, la de indios y la de ladinos, como el 
nuevo señor Gura D. Francisco Espinosa, y el señor 
Corregidor y Comandante General de los Altos, exigien- 
do de mí el cumj>limiento de la palabra dada, en aten- 
ción á haber ellos cumplido por su parle coy las condi- 
íioncs que les puse al dársela, pues ofrecían la Iglesia 
titulada de San Nicolás de Tolentiuo, de las dimensio- 
nes de la de Belén de esta capital, una casa contigua ño 
liabitnrión sufi''icMto, v unn M-^iiíníH-i'Mi ni«^ii<u;il <'.\]r.\/. 



Í2K COLONlRTA Y CENTRO-AMERITA 2l:i 



(le cubrir los gastos del culto divino y de un trato de- 1857 
('cnt(> de los PP. Kn osla suposición ])areció (|uc no 
dehíanios diferir la ejecución de lo i)roinetido, para no 
dar Qcasión á ([ue so atribuyese la tardanza á falta de 
sinceridad en las promesas; y así aunque por la proxi- 
midad de la Semana Santa había pensado í{ue los Pa- 
dres Eladio Orbegozo^ y Ramón Posada y el H. Rafael 
Salazar destinados a formar la Residencia se adelanta- 
sen^ para seguirles yo con mi companero pasada la 
Pascua; tuvimos después por más acertado emprender 
todos juntos el viaje movidos de la mayor necesidad 
de operarios que allí había^ y también para poder dis- 
poner mejor las cosas manejándolas bien desde su prin- 
cipio». 

«Tomada esta última resolución con los dichos Pa- 
dres y Hermano, y llevando yo de companero al Reve- 
rendo Padre Francisco de San Román, cuyo estado de 
salud exigía este viaje, partimos de esta capital el día 
2G de Marzo asistidos en todo por el Sr. D. Isidoro Gon- 
zález, padre de nuestro H. Pantaleón, que por ser el ve- 
cino más respetable de Quezaltenango, había obtenido 
la ambicionada comisión de conducirá los PP. Nuestra 
primera jornada fué muy agradable, porque nos acom- 
pañaron los seminaristas, cuyas familias residen en los 
Altos, condición con que.se limitó la gracia, que todos 
pedían con instancia, de salir á encaminarnos; al llegar 
al pueblo de indios de Santiago despedimos nuestro 
alegre y bullicioso acompañamiento con más pena suya 
que nuestra, á pesar de que ya llevábamos seis leguas 
de camino que ellos debían desandar para regresar al 
Colegio; de allí nosotros seguimos al pueblo llamado 
Zumpango, población antes de indios bien acomo- 
dados por sus obrajes de medias, guantes y otros ob- 
jetos de algodón: hoy presenta el aspecto de un pueblo 
en gran decadencia y miseria; su Iglesia es moderna y 
de buen gusto, aunque pequeña; los Heles, tuvieron 
misa por nuestra llegada, pues el Cura se hallaba en 



^14 La compañía dé jésüs 



1857 otro pueblo distante^ perteneciente á su feligresía: vi- 
mos varios nichos en el cementerio en la forma ordi- 
naria^ y llamándonos la atención uno en forma de un 
muy alto pedestal y preguntando la causa de es|p di- 
ferencia^ nos fué respondido que habiéndose muerto el 
Sr. Cura en años pasados y hallándose solos los indios, 
suscitaron la cuestión de si le debían enterrar como á 
los legos^ y resolvieron que, enterrándose tendidos 
los legos, el Sr. Cura debía enterrarse de pié por ser 
Padre». 

«De Zumpango partimos el 27; pasamos por algunas 
pequeñas aldeas de indios y por el pueblo del Tejar, 
célebre antes y rico por sus tenerías, y hoy atrasado y 
de poca importancia por haber decaído el ramo de cur- 
timbres como tantos otros con la libre importación de 
géneros extranjeros: la situación moral de estos pue- 
blos es lastimosa, porque la escasez de clero hace que 
un solo sacerdote cuide de tres, cuatro, y cinco pobla- 
ciones tan numerosas» íjue cada una de ellas tendría 
en Italia treinta y más eclesiásticos; en el mismo día 
pasamos por Chimaltenango, Corregimiento (|ue debió 
ser de mucha importancia en tiem|X) de los españoles, 
como se trasluce de algunos edificios antiguos y de una 
magnífica fuente notable por su gran mole y por la 
profusión de sus entalles en piedra; tenía razón nues- 
tro buen P. Freyre en decir (jue por esto porte de lo Re- 
l)ública hallaba (jne los campos se parecían más á los 
de Kspaña, i)ei'o podría contribuir mucho á formar este 
juicio el encontrarse de Chimaltenango paro adelante 
muchos rebaños de ovejos que ontes surtían de lana á 
muchas fábricas (pie había de tejidos: de Chimalte- 
nango seguimos nuestra jornada pasando por la orilla 
del vastísimo pueblo de Patzitzio y atravesando otro 
también de indios llamado Zaragoza, llegamos al sitio 
llamado la Sierra, donde había orden de nuestro gran- 
de amigo I). Francisco Aguirre y de su Sra. 1).* Juana 
Mantara para que nos cuidaran en aquella su solitaria 





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En* óoLóMmA V cEN'tno-AMÉRirA 215 



cíisa y establecimiento de molinos, para cuya cons- 1857 
tracción han gastado setenta mil pesos fuertes: el ad- 
ministrador cumplió su encargo».. 

((De los molinos de la Sierra salimos el 28; (i poco rotó , 
llegamos (\ Patsum, población no indiferente, como son 
las más del tránsito á Quezaltenango, pues raras son 
las que no pasan de cinco y seis mil indios; Patsum es 
para el General Carrera lo que Marengo fué para Na- 
poleón; los campos donde se dio la batalla causan ho- 
rror: el terreno es tan deleznable que donde quiera el 
agua se filtra con tal facilidad que se han formado ba- 
rrancas espantosas y simas horriblemente profundas; 
por entre este imponente y desigual terreno va el ca- 
mino formado á manera de callejones estrechos y cer- 
cado de derrumbaderos, cuyo fin no se descubre; pues 
en estos callejones y encrucijadas fué lo más recio de 
la batalla, donde los que no perecían de las balas pe- 
recían con más segura^muerte despenados; ¡cuan fre- 
cuentemente se encuentran en estas Américas estos 
tristes recuerdos de sus guerras fratricidas! No había- 
mos caminado dos horas cuando llegamos al punto 
llamado Godinez, memorable por otra igualmente san- 
grienta batalla en que la estrategia del General Paredes 
le granjeó la victoria que redujo á la obediencia todo 
el terrible Departamento de los Altos.* Mucho llamó la 
atención de los muchachos indios del pueblo de Godi- 
nez nuestra presencia y nuestro traje, aunque este tenía 
de común con el suyo el color, pues van medio cubier- 
tos con una ropilla negra á manera de dalmática suelta, 
que les llega á las rodillas, traje que si bien lijero, es- 
cedía en decencia al que llevaban algunas de las muje- 
res; estos muchaclios ya se nos acercaban, ya huían 
riendo y como asustados, por medio de algunas mella- 
ditas logramos que se detuviesen con nosotros un ralo, 
y por señas, porque ni ellos entendían el castellano, ni 
nosotros el quiche c(ue ellos hablan, salvo el P. Posada 
que les entendía un poco, procuramos averiguar si 



216 La compañía de jf.sus 



1857 sabían algo de doctrina^ ya que están bautizados^ pero 
oímos que ninguno sabía ni santiguarse^ aunque de 
SUYO mostraban una gran vivacidad: no miraron con 
poca sorpresa nuestros breviarios y manera de rezar; 
;cuánta lástima causa el verá estos pobres indios, que 
con ser cristianos^ pasan la vida como sus abuelos lo 
pasaron en la gentilidad; todo por falta de operariosl 
A distancia de una media hora de viaje, yendo por lo 
vía que habíamos tomado una legua antes^ apartán- 
donos del camino real, se comienza á descubrir la es- 
])aciosa y pintoresca laguna de Atillan llamada lam-r 
bi6n Panajachel, rodeada de altas montañas; dan co- 
munmente á esta laguna de ocho á diez leguas de 
rircunferencia, teniendo también ocho })uel)los en sus 
márgenes, de los cuales Atitlan, (jue dá su nombre á 
la laguna y á un majestuoso volcán que le cae cerca, 
era sitio real de los reyes indios de Solóla, que pasaban 
en él la temporada del verano, buscando lo abrigado 
del lugar, porque como \. H. sabe, oíjuí el verano es 
más frío que el invierno; distraídos con la vista de la 
laguna fuimos descendiendo al pueblo de Panajachel; 
la bajada es tan pendiente y larga, que al comenzarla 
nos encontrábamos en tierra fría y al acabarla nos lui- 
llamos en tierra más que templada, y vadeando el río 
Panajachel tan humilde y silencioso en verano como 
estrepitoso y soberbio en la estación de las aguas, Kl 
]Hieblo de Panajnchel con su vega que termina en la 
laguna representa un fragmento de la huerta de \'a- 
lencia. A corto trecho comienza la empinada, estrecha 
y tortuosa subida de la cuesta llamada de la librería 
(¡uc conduce á Solóla. Privaría á V. R. de iui placer, 
si no le rcíiriese una anécdota curiosa de nuestro Ex- 
celentísimo Presidente el General Carrera, cuyo re- 
cuerdo está íntimamente enlazado con esta cuesta. La 
cuesta es tal (jue sólo puede compararse con la subi-^ 
da del Sargento ó con las de Guanacas en la Nueva 
Granadí^; para acreditarse de buen ginete, basta el decir 



ÍIN' COLOMBIA V ÍEXTUO-AMKRHW 2K 

({ue se la ha subido á caballo, porífiíe los que no lo son 1857 
tan buenos, tienen que echar pié á tierra; pues bien, 
nuestro impertérrito General acompañado de otro que 
no lo es tanto^ es decir, nuestro amigo D. Ignacio S?j- 
ravia la subió en coche. V. R. dirá, es imposible; yo le 
diré es un hecho; pero ¿cómo pudo veriñcarseV lo diré: 
Bajaron como cuatrocientos indios y rodearon el coche 
y asiendo de él y de los caballos^ llevaron toda aque- 
lla máíiuina en volandas hasta colocarla en la cima de 
la montnna: se dirá í(ue esto fué una temeridad del 
Presidente; no lo niego; ])cro temeridades son estas 
(¡ue le granjean una opinión entre los indios que los 
obliga á colocarle sobre todos los hombres, viendo á lo 
(jue se atreve; de aquí el tener ellos por dicha el haber 
salido heridos ó con algún I)razo ó pierna roto en la 
ejecución de alguna de estas difíciles faenas, hasta el 
punto de darse y recibir por ello las más alegres, y 
para ellos envidiables enhorabuenas. Tan lejos estuve • 
yo de imitar lo que sólo se debe admirar^ ({üe ni á ca- 
l)allo me resolví subirla toda, por miedo de rodar inde- 
íinidamente por alguno de sus precipicios. Llegamos, 
pues á Solóla como á las tres de la tarde y posamos en 
el convento; así llaman todas las casas parroquiales, 
sin duda porque antiguamente todas ellas comenzaron 
por ser conventos de religiosos misioneros: — aquí el 
octogenario Sr. Cura nos obsequió con muestras de 
gran caridad, y con no menos de atención nos visitó el 
Sv. Corregidor Saravia». 

((Solóla, ciudad de veinte mil indios, es también resi- 
dencia de muchos ladinos, circunstancia que nos impi- 
dió el ver otra cosa de ella que la plaza, ponjue se 
agolpó la gente á los confesonarios y nos tuvieron bien 
ocupados hasta muy entrada la noche. De Solóla sali- 
mos el 29 después de celebradas las misas, acompaña- 
dos del Sr. Corregidor y principales señores, que á las 
dos leguas regresaron, dejándonos muy penetrados de 
su sincera benevolencia, (laminábamos, sin embargo, 



tlS La compañía de jési's 



1857 con el pesar de que según las noticias que nos habían 
dado^ hallaríamos moribundo al Cura de Santa Catali- 
na^ población á que nos dirigíamos, por cuyo motivo 
aceleramos el paso, para ver si podíamos auxiliarle en 
algo; pues había indicios de que estuviese sin sacerdote 
que le socorriese en tan apurado trance, aunque des- 
pués supimoí? que había llegado Yi asistirle un cura 
conocido nuestro. Estaríamos como á legua y media de 
Santa Catalina cuando encontramos á dos jóvenes in- 
dios, que sirviéndose como de intérprete de nuestro 
mozo de estribo, nos preguntaron si éramos los Padres 
Jesuitas que esperaban, y recibida nuestra respuesta 
afirmativa, corrieron h poner en conocimiento del Go- 
bernador ésta, para ellos tan plausible noticia; entre 
tanto como á media legua de la población, alcanzamos 
á ver una como procesión que venía á nuestro encuen- 
tro; eran los indios principales, es decir, los que perte- 

• necen y los que han pertenecido á la municipalidad, y 
los oticiales de las cofradías con las insignias de estas 
corporaciones, presididos todos de su indio Gobernador, 
que se distinguía de todos, ponjue él sólo venía ft ca- 
ballo, cosa privativa del cabeza de ellos. El traje que 

* llevaban, comenzando á contar de las rodillas para 
arriba, porque lodos andan descalzos de pie y pierna, 
consistía en unos calzones blancos de algodón, casi 
idénticos 6 los zarahuelles valencianos, una faja borda- 
da de hilo de colores, ancha como las de los mo- 
zos de algunos puntos de Castilla, alada con no poca 
gracia, dejando pendientes como ujia tercia las puntas 
que terminan en flecos y borlas; una chaqueta propia- 
mente dicha, de tela negra de lana, abotonada por de- 
lante hasta la mitad del pecho; un lienzo blanco en 
forma y magnitud de un largo paño de manos les sirve 
para llevar siempre cubierta la cabeza; en el modo de 
atarse este pañuelo, y en el modo de dejar caer las 
puntas se distingue la mayor ó menor dignidad entre 
ellos; además por razón de cei*emonia llevaban aquel 



Eíí COLOMBIA V CÉNTRO-AMÉriCA 2lf) 

día la añadidura de unos sombreros chambergos de 1857 
color blanco y de ala tan extendida ({ue causarían envi- 
dia á los (|ue en Madrid llaman Paveros: llevaban ceñida 
la moderada copa conunavistosacinta desedadefábrica 
europea, ancha como de tres pulgadas, unidas sus pun- 
tas en íbrma de lazo. El Gobernador usa también un 
pañuelo de mano bordado de encarnado y un bastón de 
caña tina con empuñadura de plata y cordón y borlas 
de oro fino/ que no pesarían menos de cuatro ó cinco 
onzas; luego que nos encontraron acudieron dos estri- 
beros para tener el caballo del Gobernador mientras 
éste desmontó. con cierta gravedad y destreza; desmon- 
tado preguntó por el Superior y me entregó el ramillete 
de flores naturales^ signo de cariñoso obsequio y lo 
mismo hicieron cuatro de los principales con los demás 
Padres y Hermano; enseguida ya descubiertos de los 
sombreros^ levantaron todos el paño blanco descubrien- 
do de la cabeza lo bastante para el contacto á manera 
de imposición de manos que inclinados piden á todo 
Sacerdote que encuentran. Enseguida el Gobernador en 
mal castellano^ pero con maneras tan ñnas y caballe- 
rosas que nos sorprendieron^ manifestó la honra y 
complacencia que él y todos los suyos experimentaban 
con nuestra llegada^ y expuso los deseos de que nos 
dignásemos admitir la posada que nos tenían prepara- 
da; correspondimos á su atención^ y admitida la oferta 
montó á caballo asistido de dos jóvenes indios y abrien- 
do él mismo la agradable procesión nos condujeron á 
una casa antigua del Cura_, por estar éste en la nueva 
gravísimamente enfermo; aquí renovai:on sus ofertas y 
las demostraciones de pena por la enfermedad de su 
Párroco^ al que visitamos inmediatamente. No fué pe- 
queño el dolor que nos causó ver tan sin remedio la 
persona de un excelente amigo que había hecho los 
mayores esfuerzos para que pasásemos por su pa- 
rroquia y casa^ y que apenas nos conoció cuando nos 
presentamos. Su enfermedad era una apoplegía qiie le 



220 LA compañía de .íesu?; 



1857 acabó al día siguiente; el Cura que le acompañaba nos 
aseguró que no le abandonaría, y así habiéndolo auxi- 
liado espiritualmente en los términos que permitió su 
estado de postración y poco después de total inmovili- 
dad y privación de conocimiento, nos volvimos á la 
casa, donde después de haberles distribuido buen nú- 
mero de medallas de la Santísima Virgen, x|ue aprecia- 
ron mucho, el Gobernador indio acompañado de lo^ 
principales, nos sirvieron una decente comida en que 
usaron con nosotros de la notable distinción de poner 
en uso los ricos cubiertos de plata que tienen destina- 
dos para sólo el Excmo. Presidente y el limo. Sr. Arzo- 
bispo, cuando i)asan poi* allí, haciendo su respectiva 
visita. La iglesia es viejísima y los altares cargados (\e 
hacinadas estatuas de Santos feos y descarnados, cuali- 
dades fjue aprecian grandemente los indios, siendo mo- 
lahnenk? inq)OSÍble obtener de ellos el que consientan 
en que las renueven *ó sustituyan con otras nuevas; 
porque creen que las estatuas viejas de los Santos están 
más y mejor enteradas de aquellas cosa§ que les han 
. de pedir, que no las nuevas. Kn años pasados un Curu, 
á quien quisieron mucho, les quitó muchos ídolos de 
piedra, fabricados por ellos, que son muy diestros can- 
tei'os, y á los cuales prestaban el ordinario culto, de 
orar, sacriticar alguna ave, y quemar incienso. Cuenta 
(d pueblo de Santa Catalina de veinticinco á treinta mil 
indios, todos visten con uniformidad, son sobrios, lab«>- 
riosos, y hay muchos que gozan de una fortuna de mu- 
chos miles de pesos, habiendo alguno á quien dan 
cuarenta mil; vi,ven parte en el pueblo y los más en las 
ásj)eras montañas de ipie están rodeados; no permiten 
la residencia de más ladinos que al Cura y su familia y 
á otro que hace el oficio de intérprete y secretario. Hay 
cantores y orgc^nista entre ellos grandemente instruidos 
en todos los oticios eclesiásticos; en el ayudar á misa 
nos sorprendió la exactitud y acentuación precisa con 
(|uc pronunciaban el lathi, y on lo demássu puntualidad, 



EX COLOMBIA Y CEXTllO- AMÉRICA 221 

viveza y desembarazo. VA Gobernador, indio do mu- 1S57 
cha caiV'icidad y desi)ojo iKitural, olUiivo dol Kxcc- 
leutísimo Sr. Presidente^ que en su pueblo de Santa 
Catalina no se pusiese estanco de aguardiente, que es . 
lo que tiene perdidos á otros pueblos de indígenas, 
porque aprovecliándose de la ocasión que se les pro- 
porciona con el estanco ó estancos que hay. en todos, 
se entregan á la más estúpida embriaguez, abandonan- 
do sus quehaceres; en Santa Catalina no así; allí no se 
halla un ebrio; ponfue el Gobernador persigue y castiga 
severamente así á los que se arriesgan á introducir este 
licor ó cualquiera otro, como á los indios que regresan- 
do de los otros pueblos vienen con, indicios de haber 
bebido; cárcel hasta que se les pasa la embriaguez; en- 
seguida una arroba de azotes, así dicen por estas paNes 
cuando les dan veinticinco, por la identidad de este 
número con el de las-libras que entran en la arroba. De 
este modo no pierden, como nos decía el Gobernador, 
ningún día de trabajo, y así mientras los otros pueblos 
de indios, por la embriaguez se van empobreciendo, el 
de Santa Catalina con la sobriedad se va enriqueciendo; 
tienen cuarenta mil cabezas de ganado lanar y nove- 
cientas muías para trasportar sus grandes cosechas de 
trigo y maiz á los mercados. Son generosísimos con su 
Cura; además de los muchos derechos que este recibe 
de los bautismos, matrimonios, fundaciones, cofradías, 
le suministran once mil cargas de lefia y tres mil galli- 
nas cada .año, y auiíque algunos oti'os Curas han pro- 
testado contra esta profusión de leña y gallinas, no han 
querido desistir sin más razón que la que frecuente- 
mente alegan en otros mil casos semejantes y qae ex- 
presan con estas breves palabras: ((costumbre es», razón 
que entre ellos no admite réplica. Diariamente hay des- 
tinados para el servicio de la casa del Cura, veinte 
indios que se relevan cada semana, y son de ideas tan 
generosas que á pesar de residir allí todo el día, no 
admiten cosa alguna, ni aun la comida', para que nunca 



222 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



1857 se diga que han servido por interés á su Cura; todos se 
sostienen de lo que ellos mismos llevan; tienen además 
destinados en los mismos términos €omo unas veinte 
indiecitas para llevar con cántaros el agua no sólo para 
el gasto ordinario^ sino para regar los jardines del 
convento, y era de admirar el gusto con (jue las vimos 
desempeñar este oficio. Son sin embargo terribles estos 
indios contra cualesquiera otros, que intentan desmem- 
brar ó usurpar aun la más pequeña parte de sus vastí- 
simos terrenos. Me instaron mucho así el Gobernador 
como los principales para que les dejara con ellos al 
P. Posada, que les había caído muy en gracia, ponjue 
les hablaba algunas palabras en Quiche^ por la afinidad 
(jue tiene con el Cachiquel en que el P.. Posada ha hecho 
algún estudio. Yo no podía ni debía condescender, 
porque nada menos querían que el que se le dejase pai-n 
que sustituyese al moribundo Cura. Ellos se hiciemn 
cargo de mis razones y las tuvieron por buenas. Con 
(sto, después de haber acudido algunas veces al mori- 
bundo, en la tarde y noclie que allí pasamos, aplicán- 
dole los últimos auxilios del caso y de (|ue era capaz, y 
habiéndole encomendado á Dios en la Santa Misa, 
partimos el día 30, saliendo de la población con el 
acompañamiento mismo con que entramos, recibiendo 
al partir nuevas manifestaciones de a|)recio así del se- 
ñor Cura (jue cjuedaba al cuidado del enfeimio y demás 
personas de la familia, como de la multitud de indios é 
indias (pie se habían reunido. Como dos leguas nos 
acompañó el Gobernador indio con su gente, y rogán- 
doles nosotros lio se molestasen más, se a|>eó el Gober- 
nador y después de la imposición de manos de que se 
ha hablado y de darnos las gracias por haberles obse- 
((uiado con pasar por su parro(|UÍa y exigiéndonos [)a- 
Inbra de repetir el favor siempre que fuésemos á Que- 
/altcnango, i*egresaron, suplicándonos que á lo menM> 
|)eimitiésemos que cuatro nosacompañesen hasta el fin 
de la ¡ornndn, á lo (\\\e ;n•-•.^r]¡^í^»<, p<»r((uo ol enmiü»» orn 



EX COLOMBIA Y CENTRO-AMÉRICA 223 

tai que conjeturamos nos podrían ser necesarios. Padre 1857 
mío^ la idea de un puel)lo de cerca de treinta nail indios, 
esparcidos casi todos en montanas, sólo á ellos accesi- 
bles, de los cuales muchos siguen en sus idolatrías, 
aunque bautizados, en poder de un solo Cura, que no 
les entiende su lengua, (jue no puede i)rcstarles sus 
auxilios, estando enfermos, sino es la Extrema-Unción, 
cuando logran traerlos en ese estado al pueblo, esta 
idea, digo, nos ocupó gran parte del día y nos afligía 
cada momento que subiendo la larguísima cuesta íba- 
mos descubriendo nuevas rancherías. Dios se digne 
derramar la abundancia de sus divinos auxilios sobre 
estos infelices, por otra parte tan bien dispuestos para 
recibir la espiritual cultura; pues que sólo Dios puede 
remediar estas necesidades». 

((Antes de medio día ya habíamos llegado á la anchu- 
rosa llanura de Quezaltenango, después de haber pasado 
buenos sustos al atravesar la empinada montaña inter- 
media: al tocar el llano vinieron á nuestro encuentro 
dos lanceros ordenanzas del Sr. Corregidor y Coman- 
dante General de los Altos, los cuales dieron sus órdenes 
á nuestro conductor, (¡ue como supimos después eran 
dirigidas á que se caminase de modo que no se frus- 
trase el recibimiento que pensaban hacernos, cosa que 
no pudimos impedir, porque contra los que proceden 
por vías de hecho, valen poco las razones en contrario. 
En efecto, como á una legua de Quezaltenango ó poco 
menos, alcanzamos á ver una cabalgata como de diez á 
doce sujetos, que al encontrarnos vimos que eran el 
Gobernador indio y los principales entre ellos, los cua- 
les, omitiendo el referir las demás ceremonias del caso, * 
por ser las mismas que practicaron los de Santa Catali- 
na, me entregaron una gran carta en forma de oficio, 
reducida á darnos la enhorabuena por nuestro feliz 
\ iaje, y á expresar el contento de que se hallaban poseí- 
dos por ver ya tan próximo el establecimiento tan 
deseado déla Compañía. Sucesivamente iban llegando á 



224 I.A COMPAÑÍA DE JEM 



1857 caballo el muy digno Sr. Cura D. Francisco Espinosa 
con sus dos coadjutores^ una comjsión del Ayuntamien- 
to^ multitud de Señores, particulares y el Sr. Corregidor 
y Comandante Geueral de los Altos. con su comitiva; al 
acércanos á los egidos de la ciudad se descubrió el nu- 
merosísimo pueblo que estaba esperando^ la banda mi- 
litar y las cofradías de varios pueblos cercanos, cuyas 
gentes por un exceso de devoción y por ignorancia, sa- 
lieron como en procesión con sus ciriales y.cruees enar- 
boladas^ cosa que en aquella muchedumbre y contusión 
de pueblo no pudimos remediar ni nosotros ni el señor 
Cura; de esta manera nos condujeron por la calle prin- 
cipal, que estaba colgada y adormida de tiesta hasta el 
convento ó casa del Sr. Cura, la cual realmente había 
sido convento de los RR. PP. del OrdenSerático, y don- 
de, hasta el tiempo del General Morazán solía haber de 
«lie/ á doce religiosos Sacerdotes, ])at*a el cultivo espiri- 
tual de la ciudad, cuyo curato con sus anejos pertene- 
cía á la dicha Orden. Allí nos tenía el Sr. Cura prepara- 
dos nuestros cuartos, more nostro, y después de haber 
visitado la Iglesia y satisfecho no sólo (\ los señores que 
llegaron á hacernos ios ordiiuirios cumplimientos, s¡i\p 
A la multitud de indios é indias que vinieron á recibir 
nuestra bendición'y ti presentarnos sus hiclinadas cabe- 
zas como de costumbre, nos retii-amos (\ hablar con el 
Si*. Cura y otros señores de nuestro principal asunto, 1'íH 
el discurso déla convei*saeión me dijeron que. la co?» 
(jue habían destinado para los Padi*es era provisional y 
(|ue para este objeto la habían tenido en arrendan^ieiito; 
yo tuve noticia de esto, cuando estaban para partir de 
* esta Capital los Padres destiimdos ó la residencio, y esta 
noticia fue una de las razones que tuve para disponer- 
me ú marchar con ellos. Yo hice ver que para la obser 
^ancia religiosa se necesitaba una casa en donde pudió*- 
» rariios abrir puertas, cerrar ventanas, ensanchar ó cortar 
piezas, según lo creyésemos (Conveniente, cosas que no 
se podían Imror oii una cn^n ni-i-ond.Mdii: nd'^inM< Ao i^wr 



KN COLOMBIA Y CENTRO-AMÉRICA 22^) 

no teniendo casa propia podían sei* molestados los Pa- 1857 
dres, pudiéndoseles pedir la casa cualquier día que sus 
•^ dueños la necesitasen; añadí que el estar la tal casa 
•> separada^ aunque muy cerca de la Iglesia, era también 
un inconveniente que liabía que superar á todo trance, 
[)or tanto que si no se podía lograr casa propia y que se 
pudiese unir con la aislada Iglesia de San Nicolás^ que 
era la que tenían en mira^ yo llevaba un oficio del II us- 
trísimo Sr.. Arzobispo para que se me pusiese en pose- 
sión de una casa perteneciente al Gobierno^ y que éste 
liabía puesto á disposición de S. S. Iltma. para este 
, efecto, sita cerca de la Iglesia de San Antonio. En todos 
hicieron fuerza las razones expuestas, y quedamos en 
que en la mañana siguiente iríamos á visitar ambos lo- 
cales, como lo verificamos. Desde luego echamos de ver 
((uc la Iglesia de San Antonio y el local que suministra- 
ba el Gobierno no eran admisibles así por la humedad 
y mal estado de la Iglesia y mala disposición de la casa, 
como por estar ambos edificios extraviados y ser muy 
difícil poner, agua; á lo que se agregaba el estar también 
la Iglesia separada de la casa. En vista de ésto nos fija- 
n\^s en el sitio de San Nicolás más central^ más concu- 
rrido^ más sano y preferí ble bajo otros muchos aspectos. 
Desde luego se trató de la compra de tal casa que tuvie- 
se una área suficiente y que se pudiese unir con la 
Iglesia^ tres eran las casas en que sí se podían verificar 
estas condiciones; pero el negocio se presentaba muy 
escabroso, porque el dueño de la una dijo que no quería 
venderla por ningún dinero; el dueño de la segunda 
aprovechándose de la ocasión pedía un precio exorbi- 
tante y con una condición que anulaba en gran parte el 
objeto de la compra; al dueño de la tercera ni aún se 
atrevían á proponer la compra; pues ella pertenecía á una 
familia^ cuya cabeza era tal vez el único ({ue abiertamen- 
te se había mostrado enemigo de la Compañía y que ha- 
líía trabajado con eficacia y poniendo en acción su gi-an- 
'le iníliicncia para estorbar el que en QuezaltenniigM 



226 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



1857 se estableciese la Compañía. No sabía él^ cuando así 
trabajaba^ que los primeros jesuitas habíau de esta- 
blecerse precisamente en su casa paterna. Había parti- 
do dicho Señor en aquellos días^ para esta Capital, á 
tiempo que el Sr. D. Isidro González^ viejido el grande 
apuro en que se hallaban para conseguirnos casa, se 
animó á hacer la propuesta á la hermana del ausente 
enemigo^ á la cual realmente pertenecía la casa; esta 
Señora, contra toda esperanza respondió (pie la vendería 
y con tanto mayor gusto cuanto que iba ádestinarse ú 
tan santo objeto, y en el acto se arregló el contrato, qur 
con sorpresa mayor aprobó y tuvo por bueno á su. re- 
greso el terrible hermano. Dado este paso importaba 
mucho agregar un pequeño sitio, perteneciente á un in- 
dio que lo habitaba con subfamilia; digo (jue importaba 
unir, mucho este local/porquc era el único que obstaba 
para unirla casa comprada con otra casita y huerto (jü»^ 
el mismo D. Isidro González regalaba á la Compañía. Kl 
negocio parecía difícil, porque los indios: allí estaWe(3Í- 
dos, son gente muy aferrada A la casita donde nacieron; 
pero el Señor facilitó también ésto, porque el indio sr 
prestó gustoso por la razón de que iba á servirán 
rancho paVa los Santos Pa'dres, como dicen ellos; con 
esto unida ia casa que donó D. Isidro se obtuvo un local 
de ciento y cinro varas de frcMité Valgo más de sesenta 
de profundidad, auii(|ue con muy escasa habitación; pc- 
10 hechas estas compras procediemh 6 trabajar paia 
disponer habitación suficiente 

«Como llegamos cerca deScuiüiiíi ^iniln le fiord i^uh- 
inos al Sr. Cura de los sermones de tabla de a(|uel san- 
to tiempo que no son pocos, ni carecen algunos de ori- 
ginalidad; en el del descendimiento, después de habei 
desclavado al Señor, los indios le subieron al pulpito \ 
\r entregaron al V. San Human, p.ira que con el Señor 
(11 los brazos continuase su sermón; después le turnaron 
«le nuevo y le colocaron en el Santo Sepulcro. Yo fui ad- 
vertido que en el sei-món de pn<!''»n flrbín nr.ml'" " ■ ' • 



EN COLOMBIA Y CENTRO- AMÉRICA 227 

A^erónica^ porque esta era la sefial convenida para que 1857 
entrase nna procesión (jue esperaba hasta ese punto á la 
pnerta (le la Iglesia; poro no sólo (Mitró la procesión, si- 
no levantando á la ^'el•ónica hasta la altura en que yo 
estaba predicando^ me la presentaron y aproxinnaron 
como para que le dijese, os ad o«, alguna cosa, y en eteo- 
lo para no desairarla, tuve ({ue dirigirle otra \(y/. la pa- 
labra, aunque como no estal)a informado de esta segun- 
da escena, le había dicho ya cuanto me parecía del caso. 
La tarea de confesiones que tuvimos desde que llegamos^ 
fué la que se podía esperar, en una ciudad de treinta 
mil habitantes, mitad indios y mitad ladinos,, donde liay 
mucho espíritu i'eligioso y donde querían aprovecharse 
de la ocasión do la llegada do losjosuitas: especialmente 
los Padres Orbegozo y Posada, no sé cómo pudieron so- 
])ortar el peso de aquellos quince ó veinte días; pero en 
lin ol l)ion so hizo y creció mucho ol entusiasmo que ya 
tenían ])or la ('om[)ariía. Este mismo ontnsiasn'oliizn 
que se facilitase todo pai*a el asunto del ostal)locimiont(>; 
la Iglesia estaba aislada en una plazuela; ya el Sr. (>>- 
ii-egidor y el Ayuntamiento habían. permitido que pega- 
da á la Iglesia se fabricase en la plazuela la sacristía que 
estaba i)ara acabarse; pero el unir la casa á la Iglesia 
llevaba consigo cortar una calle y tohiar de la plazuela 
una buena parte, formar la comunicnción y dardosahe»- 
go á las cosas del servicio de la Iglesia; todo se consi- 
guió con la mejor voluntad de todos aquellos señores; y 
en ol momento que se decretó, estando ya preparados los 
peones, so comenzó la obra: en el mi?mo día quedaron 
abiertas las zanjas para los cimientos y estos sentados en 
los dos días siguientes, sin dejar "por eso la comenzada 
refacción de la casa, yendo á la par las dos obi-as. 

El P. San Román y yo fuimos con el Sr. Cura Espi- 
nosa y un hermano suyo á pagar la visita que nos había 
hecho el Sr. Vicario del distrito^ y Gura de San Juan de 
(>stuncalco, parroquia de indios con cuatro anexas. No 
s<> piiprle oxplieMre] ;::'>/<• que mrinitV>«^iHbM i^sfe rosj)efable 



228 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



1857 anciano al vernos y tratarnos: él es natural de Pasto 
en la Nueva Granada y fué Cura en el Chocó; las gue- 
rras de la Independencia le obligaron á emigrar huyen- 
do de los patriotas sus paisanos: fué á dar á la Habana, 
y de allí por una contingencia imprevista, vino á Gua- 
temala, donde fué empleado en varios curatos de esta 
República. Había dejado á su Madre y varios hermanos 
en Pasto, sólo un hermano suyo, ha como treinta años 
aportó por acá y desde entonces no sabía de su familia; 
tal era la dificultad de las comunicaciones entre estas 
dos Américas: ahora bien puede figurarse V. R. cual 
sería su gusto al hablar con sujetos que muy reciente- 
mente habíamos hablado y tratado con mucha familia- 
ridad no sólo con sus hermanos y aun multitud de so- 
brinos y sobrinas, que él no conoce, sino que habíamos 
visitado repetidas veces á su nonagenaria madi^e, el P. 
(Jrbegozo y yo, á la cual dejamos buena cuando salinií>> 
de Pa^to. Pues correspondiente al gusto de este buen sa- 
cerdote, fué el recibimiento que nos hizo al llegar t su 
Parroquia, que como le hice observar al P. San Román, 
es el punto más distonto de Euro|)a en (|ue nos hemo> 
hallado desde que andamos girando por la América. 
(>omo una legua antes de llegar nos vino lyi encontrar 
(on su teniente ó coadjutor; venía en el caballo de gala 
(|ue manejaba con la destreza neo-granadina y con In 
severidad y confianza de un Cura americano de cincuen- 
ta años de ministerio. A j)Oco roto encontramos los ni- 
ños indios de la escuela, en filos con el maestro al frente; 
á corto trecho hallamos los de la tambora y jiilos, (\nv 
ellos usan, que fueron tocando delante de nosotros, > al 
acercarnos al pueblo, subiendo una colina, uos hulla- 
inos rodeados de lo innumenible indiada de que se 
componen su numerosa parroquia y anexos, que dispa- 
rando coheles y tocando sus ¡nslrunientos, manifesta- 
ron la más grata satisfacción por nuestro arribo; m» 
sólo hubo lo de pasar nuestros manos sobre las cabezas 
de todos los principales v í-<ífVnílns. njtrrn'-j.'.n pn?- cifM-i.' 



.EN COLOMBIA Y CEXTRO-AMKRICA 229 



bien larga^ sino también lo de insignias de cofradías y 1857 
lo de ciriales y cruz levantada, lo cual viendo el Cura 
se volvió á nosotros y dijo: «Válgame Dios, se me olvidó 
avisarles que no trajesen la cruz»; pero ya no había ré- 
iiiedio. Después de un largo rato se dirigieron aquellas 
turbas hacia el pueblo, haciéndonos pasar por debajo 
(le arcos de })ahnas y obsequiados asimismo con mú- 
sica y cohetes, cosa que por cierto no me divertía mu- 
cho, porque hubo momentos en que temí que mi caballo 
llegase á perder la paciencia, aunque yo procuro esco- 
ger siempre el más pacífico y concienzudo; no quiero 
decir con esto que yo sea tan mal ginete, pues en las * 
Américas es imposil)le no salir maestros en esta arte, 
e^specialmente cuando se emiten y sancionan decretos 
(ales como lofe del Ecuador y. Nueva-Granada; en todo 
lo que hemos andado en la América del Sur no me caí 
sino trfes veces, y en esta América del Centro, ninguna, 
aunque nuestra primera cabalgata fué de trescientas 
leguas; lo que quiero decir, es que en esta materia no 
me avergüenzo, como otros, de ser tuciorista. Entre- 
tanto llegamos al Convento, visitamos la Iglesia, dimos 
por medio de intérprete, las gracias y algunos buenos 
consejos á los indios, hablamos mucho con el Sr. Cura 
antes de comer y después de la comida, nos mostró su 
puel.)lo, y de lejos nos indicó sus anexos y en el mismo 
día regresamos á Quezaltenango, con los companeros 
que habíamos llevado». 

((Otro día en compañía de los mismos fuimos á visitar 
al Sr. Gura de Zunil D. Máximo Urrutia; está este pue- 
blo de indios en* el centro de unas profundidades horro- 
rosas formadas por una multitud de montañas volcá- 
nicas, á distancia de unas cinco leguasdeQ'uezaltenango; 
la población está colocada á las orillas de un río en un 
rellano, que sin duda se fué formando, con lo que las 
aguas fueron en tiempos antiguos lamiendo de las fal 
das calcinadas de los vecinos montes en las grandes 
avenidas; lo cierto es que ahora, además del sitio que 



230 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



1857 ocupa el pueblo hay una hermosa vega^ toda sembrada 
de hortalizas^ de que se proveen los Quezaltecos; los 
hortelanos donde quiera que necesitan agua, no haceii 
rnás que oabar un poco y luego ruana, y toman do ella 
para lo que necesitan. Hubo á nuestra entrada tambori- 
les^ Gobernador indio, oficiales y cofradías, aunque 
acertaron en no llevar la cruz, como ignorantemente lo 
habían hecho enotras partes. El Sr. Cura nos reeibi" 
ron mucho agasajo, y enseguida fuimos á verla Iglesia, 
(jue es larga y íea, como son comunmente los de los Al- 
tos; la$ paredes de ella tan sólidas (jue pudieran soste- 
ner otra Iglesia Igual encima; hay en ella altares |>aiM 
proveer á tres buenas Iglesias; j>ero es cosa que llama 
la atención y que (Jí^ftuiestra In antigua ¡nedad, eívorlu 
gran cantidad de plata que allí se encierra; hay varios 
altares en íjue no sólo las estatuas de los Santos, sino 
también sus nichos, grandes frontales y oriíacinas son 
r do plata de muy subidos quilates; •allí nos mostró él íse- 
Nor dura, lo que lambic^n se halla eu otras Iglesias- de 
indios, es decir, un agujero en el pavimento y á po<*os 
pasos de la puerta, á donde acuden con frecuencia los 
indios é indias, y aplicando á él su boca se ponen á ha- 
blar con sus antepasados difuntos; lo (pie les dirán, ellos 
solos lo saben; se dirá tpie es un abuso, y es verdad; 
pero abuso (pie no han podido arrancarles los Curas 
(|ue ha habido;. tan tenaces son ios indios desús eos- 
tundnes. De la Iglesia nos condujo el Sr. Cura, (|ue se 
j>recia de naturalista, por unas vcreda's de á p¡(*', ó me- 
jor diría, (le alas, para (pie desde una elevadísima oltu- 
\ a viésemos tres objetos dignos de lo atención de los afi- 
cionados: una lu^rmosa cascada, (pie forma el río Zunü 
(pie pasa por el pueblo, un antiguo volcán, todavía hu- 
meante, que teníamos como á cien varas debajo del sitio 
en que nos hallábamos, y (^asi en línea perpendicular 
con nuestras personas, de modo que para verle era pre- 
ciso ó tenderse en la vereda ó mantenerse derecho incli- 
nando únicamente el cuello; Dios nos perdone este 



RN COLO.MniA Y CENTRO-AMéRICA ^3l 

alre\iiuient(), i>oi*f|iic si Imlnrinnios dado un rcsljalón en 1857 
falso, hubiéramos caldo sobre i(ís llameantes y sulfúreas 
cenizas, á donde por otro camino más largo bajan los 
indios á asar sus calabazas d(Mitro de aquel rescoldo. 
Desde dicho punto de vista, ípie el Sr. Cura había esco- 
gido^ se descubría, un" manantial, de agua hirviendo, 
elevándose su denso vapor, según parecía, á distancia de 
más de una. milla, á una altura y forma semejante á la 
del humo que sale ordinariamente de los alfares ú hor- 
nos de ladrillo; por fruto de esta corta, pero arriesgadí- 
sima expedición, sacamos, además del propósito de no 
volver, el recoger algunas piedras raras que juntas con 
otras mejores que nos regaló el Sr. Cura, director de 
esta aventura, nos sirvieron para hacer un regalo al 
P. Antonio Canudas, con que pudiese aumentar su gabi- 
nete de historia natural en el ramo de mineralogía. Nos 
llamó la atención en este pueblo, por no haberlo obser- 
vado en ningún otro^ que á nuestra entrada estando to- 
das las calles del tránsito, cubiertas de la numerosa in- 
diada toda ella se componía de gente joven, desde la 
edad de cuatro ó cinco años á la de catorce ó quince, no 
dando esta multitud ni aun el cinco por ciento de perso- 
nas grandes; y díjonos el Sr., Cura q.ue esto era lo ordi- 
nario, poniue no teniendo en aquel estrecho valle, sino 
poco terreno y nulo para sus .siembras de maiz, bajan 
los indios é indias grandes á trabajar á la vecina costa, 
dejando sus numerosos hijos é hijas al cuidado de algu- 
no de sus abuelos ó abuelas» (*). 

Hasta aquí la interesante relación del P. Blas, quien, 
después de haber arreglado todo lo concerniente á la 
Residencia, volvió con su compañero á la capital. Como 
se habían adquirido para habitación de los PP. dos ca- 
sas y tres amplios sitios, de manera que aunque sobraba 
local, faltaban las cualidades propias de una morada 
de religiosos, hubo que emprender el trabajo de In< 



( ■) Col. part. do In Comp.'^. 



232 LA COMPAÑÍA DE JESl'S 



1857 convenientesymásindispensables modificaciones; vaquí 
fué donde dieron muestra bien manifiesta del interés que 
tomaban por aquella fundación muchas pei*sonas de la 
ciudad y pueblos circunvecinos. Debemos hacer men- 
ción^ fuera del Sr. Párroco, de su hermano D. Miguel 
quien con admirable actividad tomó por su cuenta lo 
ejecución de las obras nuevas y la reparación déla Igle- 
sia y casas; D. Isidro González, fuera de haber donado 
una casa con su huerta, era quien adelantaba el dinero 
necesario para la obra, y no contento con esto, unién- 
dose á D. Manuel Fuentes y otros insignes bienhecho- 
res, hicieron fabricar á costa- suya tres nuevas piezas 
de habitación, con la esperanza de qup vinieran otros 
. Jesuitas máS; El Gobernador Pacheco y lo Municipali- 
dad dieron el agua en propiedad y mandaron cerrar 
una calle para poner en comunicación la casa con In 
Iglesia: los Párrocos de los pueblos enviaban también 
limosnas, distinguiéndose el Sr. Vicario D. Martín 
Burbano, y en fin todos procuraban ayudar según sus 
alcances al establecimiento cómodo y decente de la 
nueva Residencia. Mientras tanto los PP. moraban en la 
cosa parroquial muy finamente atendidos poretSr. Es^ 
pinosa, y trabajaban en la Iglesia matriz. El 21 de Junio 
estaba ya concluido lo más necesario, y en ese día en 
solemnísima procesión se trasladó el Sontísimo desde 
lá parroquia hasta Son Nicolás. Todo el vecindario quiso 
tomar parte en aquello fiesto, odornondo las calles con 
arcos triunfales, colgaduras y flores: el Jefe militar 
envió el regimiento con su bando de músico; lo Muni- 
cipalidad asistió en cuerpo, parecía un dio de fiesto 
nacional. Así quedó definitivamente instalada la Casa 
de la Compañía en aquello ciudod, cuyos habitantes 
nunca desmintieron el afecto que entonces demos- 
traron. 
37.-MÍ- 37) — Dejemos por ahora 6 Quezaltenango y volvo- 
ioscua7- nios á la capital, donde sin ocuparnos de lo ya estabje- 
i^-ies. ^.\f\^ qjjp seguía constantemente su curso ])roíxresivo. 



r.N COLOMBIA V CRNTRO-AMI^UIf'A 2.'];i 

hallaremos algo nuevo que referir. Poco antes de la 1857 
partida del P. Blas había llegado la patente de Rector 
del Colegio de la Merced al P. Francisco Javier Her- 
naez, Ministro á la sazón y Profesor de Filosofía moral 
en el Seminario. Inicióse su rectorado con una empresa' 
al pai'ccer vulgar^ pero en realidad dificultosa^ y por 
\n mismo de mucha gloria de Dios y admiración y 
ejemplo de la ciudad. Más de una vez aquellos celosos 
operarios habían ganado para Jesucristo t\ los presos 
y guarnición de la fortaleza de San José^ como hemos 
visto y esta vez quisieron hacer lo mismo con los cuar- 
teles de la guarnición de la ciudad. Comenzaron por el 
llamado del Cuño y encontraron en los Jefes^ Oficiales 
y soldados tal docilidad^ que después de pocas pláticas 
y exhortaciones todos se rindieron^ y fué por cierto un 
hermoso espectáculo ver á todo el regimiento con uni- 
forme de gala^ con sus jefes y banda de música tocando 
alegres piezas_, marchar á la Iglesia de la Merced. Aquí 
se les hizo desde el pulpito la preparación y acción y 
gracias y á presencia de numeroso concurso que admi- 
raba aquel acto religioso nunca visto recibieron la sa- 
grada Eucaristía^ demostrando que no está reñida la 
bravura militar con la devoción del cristiano. Conclui- 
da tan fácil y felizmente esta primera empresa^ acome- 
tieron la segunda en el cuartel de San Francisco; mas 
aquí hubo que disputar palmo á palmo sus dominios al 
demonio. Esta gente traída de varios departamentos y 
especialmente de los Altos^ se hallaba ensenagada en 
los vicios más que los otros de su profesión. Ocho días 
trabajaron los PP. sin lograr apenas ningún froto de 
aquellos hombres endurecidos^ y los Jefes eran los pri- 
meros en burlarse de quien daba muestras de hallarse 
un tanto movido; no obstante, la oración y la constan- 
tancia fueron venciendo los corazones endurecidos: por 
fin hubo unos pocos que rompieran, y tras ellos siguie- 
ron los demás, á quienes el respeto humano más bien 
que otro motivo tenía encadenados: todos se confesaron, 



234 tA compañía de jésus 



1857 menos algunos de alta graduación^ los cuales tu- 
vieron sin ennbargo que ir al frente de su regimiento al 
marchar á la Merced, donde como los anteriores co- 
mulgaron solemnemente y tuvieron la infelicidad de ser 
excluidos de aquel divino convite y al mismo tiempo la 
vergüenza de ser notados como malos cristianos de^. 
todo el concurso y aun de perder no poco de esjtima 
para con los Jefes superiores del ejército. 
^^•~^^ 38j — Bien puede decirse que no quedaba ya punto 
en la capital, ni- el ase alguna entre las categorías socia- 



en 



Guate- j^g sobre ía cual no hubiese inftuido la gracia por \m- 

mala ... 

dio de los ministerios de la Compañía, V no hubiese 
reportado gloriosos triunfos; no cabe duda, sin embar- 
go, de que pn Guatemala, como en todas las grandes 
j)oblaciones, quedaban muchas almas indóciles que no 
liabían participado del movimiento* general hacia el 
bien, hacia la práctica de la religión y la piedad cris 
tjana que venía imprimiéndose en toda la gran mayoría 
desde seis años atrás, y Dios quiso hacer respnar la voz 
de su justicia de una manera más vivo y perceplibkN 
con un terrible ozote. En el mes de Mayo del año de 57 
habían vuelto triunfantes á Ni(!aragutt las tropas- qu(* 
(iuatemala había enviado en anxilio de aquella Rej»fí-» 
blica y la de Costa Rica para arrojar de ellas* á. los in- 
vasores Norte-Americanos que amenazaban apoderarse 
de todo Itt América central. El triunfo se consiguió» 
muy conTj^leto con la toma de Granada; mas aun antas 
de terminarse} del todo la guerra, se había desarrollado 
el cólera entre los ejércitos aliados teniendo que lamen- 
tar el.de Guatemala entre otras víctimas, á su General 
en Jefe D. Mariano Paredes, personoje de nlta impor- 
tancia por sus talentos militares y políticos, de que dio 
claras pruebas, ya en el gobierno de la Repúl)lica, ya 
en *sus triunfos contra los insurrectos de los* Alies y de 
los montañeses. No debieron tomarse todas las precau- 
ciones debidas en la entrada de las tropas á la Repn- 
blica, pues és un hecho que varios soldados venían 



KN COLOMBIA V í.IOSfUO-AMliJUICA 28;'» 

atacados de la epidemia y c[uo de ellos se fué lenta- 1857 
mente propagando. Hubo no pocos casos durante ^1 
mes de Junio y entonces comenzaron á tomarse las 
medidas que se suele en semejantes casos; pero era ya 
tarde^ ya no fué posible poner diques á aquel asolador 
torrente. A mediados de Julio comenzó ya la epidemia 
'á esparcir muerte y desolación en la ciudad: abriéronse 
lazaretos para el pobre pueblo^ á los médicos y practi- 
cantes se les distribuyó la ciudad para asistir gratis á 
cuanlos les llamaran, las medicinns se daban también 
gi'atuitanienic á los pobres, la policía decomisabn las 
íVutas y cuanto ajuicio del Protomedicato podía .ser 
dañoso, se l.)endijo un cementerio nuevo sólo para las 
víctimas del cólera, en lin el Gobierno no dejó que de- 
sear en el cuidado y protección que dispensó por su 
j)arte al pueblo en aquellas aciagas circustancias. Tam- 
poco se echó de menos la abnegación y celo de los pá- 
rrocos, de los religiosos y demás clero en el auxilio de 
enfermos y moribundos^ ni la autoridad del Sr. Arzo- 
bispo para comunicar facultades extraordinarias y para 
proveer que á nadie faltasen los recursos espirituales: 
las campanas no sé tocaban^ el viático se administraba 
sin solemnidad^ los religiosos llevaban siempre consigo 
el Santo óleo, nada faltaba en los lazaretos, ni en Ins 
casas particulares. 

39) — Por lo que hace á la Compañía, el P. Superior sa.-Ki 
había dirigido á todas las casas de la misión con fecha 
19 de Julio la circular siguiente: «Atendiendo á las pre- 
sentes críticas circunstancias en que nos hallamos, no 
amenazados solamente, sino ya invadidos por el cólera 
morbus que se ha dejado ver aun en esta ciudad de 
Guatemala cortando algunas vidas; para alejar de los 
individuos de nuestra misión tan terrible azote, y para 
atraer sobre todos nosotros en el tiempode la calamidad, 
tanto más copiosas las bendiciones del cielo; con el uná- 
nime parecer de mis Consultores y siguiendo el loable 
ejemplo que con tan feliz éxito nos dio N. M. R. Padre 



236 LA compañía de jEsrs 



1857 General Juan Roothaan de buenia memoria, (*) he ve- 
nido en hacer ó nombre de las Casas que tiene nues- 
tra Misión Guatemalteca un voto de ayunar la víspera 
de la festividad del Purísimo Corazón de María, ofre- 
cer el día de la fiesta los sacerdotes el Santo Sacrificio 
de la Misa^ y los HH. la Santa Comunión^ y en eso 
niLsmo día delante del altar de la Virgen rezar las Le- 
tanías Lauretanas con la oración propia del Santo Co- 
razón de María, con tal que el Señor, por intercesión do 
la Purísima Virgen, guarde incólumes á todos los nues- 
tros. Este voto es local, afecta á Ja -Comunidad que por 
tiempo fuere en cada casa, y durarA por diez años. 

Con esta ocasión exhorto á todos á acudir k Dios con 
oraciones y súplicas, á üjiirse máa con su Divina Ma- 
jestad por medio de los ejercicios espirituales que cada 
ílía practicamos, haciéndolos con redoblado fervor; i'i 
aplacar al Señor y moverle á misericordia sobre nos- 
otros y sobre nuestros prójimos, con una más exacta 
observancia de nuestras Reglas y cada uno de sus res- 
j)ect¡vos deberes; y espero en Dios que si el cólera se 
embravece y nos viésemos en el caso de tener (|ue acu- 



. (*) El voto A que alude el P. Blas fué hecho el 25 de Agosto de 18.'>0, día 
do la fiesta dol Innincnlado Corazón do María, v estal>a concebido en estos 
t(''rnilnos. 

< \ uveo ine quauídiu vixero: 

1. Singulis annis peracturum novom Feriaruní soxtarum subsequentium 
Novenam in honorem SS. Cordis Jesu, offerendo illis diebus meditatíoneni . 
¡áacrum et reliqua pia opera juxta spiritum devotlonis erga SS. Cor. Jesu. 

2. Singulis nnnis celebraturum festum inmaculati Cordis B. V. M., oííe- 
rendo Sacrum in fiaem pra;dictum et jejunando in vigilia festi. (Porro festus 
¡lie dies intelligitur esse 1.* Dominica post Octavam Assamníionis. doñee 
alia fortassis dies ab Eclesia designetur). 

Insuper, quandocumquc integre nobis rcstiiuta luerini domicuia Lidís, 
quíe hodiedum adhuc vel ex parte, vel ex toto occupata manent, prsescribam 
Nostris in qualibet horum commorantibus, ut per decem subsequentes annos 
servent quae n.° 2 notantur et ipso die festo consuetas litania< recitent ad 
altare B. V. M.» 

J. Alberdigk S. J.—Levensschets van P. Joannes Philippus Roothaan 
Oeneraal der Socirteit van Jesús.— Rijlnofen XXI. ]m\^. 292. 



EN COLOMBIA Y CENTRO-AMÉRICA 287 

dir al auxilio espiritual y aun corporal de los prójimos, ISoT 
no habrá uno de Nuestros PP. y HH. que no se ofrezca 
generosa y confiadamente con santo celo á los Supe- 
riores para que le empleen en acudir infatigablemente 
al socorro de los enfermos día y noche^ teniendo por 
suma dicha caer, si place á nuestro Señor, víctima de 
la caridad^ siguiendo en esto las nobles huellas y los 
heroicos y gloriosos ejemplos de nuestros mayores» (*). 
Bien previo el prudente Superior lo que iba á suce- 
der, y bien necesaria fué la protección de la Santísima 
Mrgen para sostenerse en medio de ta-n recias y con- 
tinuadas fatigas. Durante el mes de Agosto la peste se 
dejó sentir con todos sus horrores: morían diaria- 
mente centenares de personas; las casas quedaban á 
veces vacías por haber muerto familias enteras^ la po- 
licía iba recogiendo los cadáveres á altas horas de la 
noche y conduciéndolos en carros al enterramiento co- 
mún, la ciudad sobrecogida de espanto se hallaba su- 
mida en la más triste desolación. Entre tanto todos los 
Padres y HH. de las tres casas^ exceptuando solamente 
los Novicios^ á quienes no se permitió servir á los apes- 
tados, no pagaban de día y de noche recorriendo en 
todas direcciones la ciudad^ confesando y dando la Ex- 
tremaunción á innumerables moribundos, y sucedía no 
pocas veces acudir á la Merced por un confesor y no 
hallarse en casa un solo sacerdote por estar todos ya 
en los Lazaretos, ó ya por los barrios ocupados en aque- 
lla tan heroica obra de caridad; y por esta misma ra- 
zón los sanos que acudían en gran número á nuestra 
Iglesia á confesarse, como preparación para la muerte 
que veían tan amenazante, se volvían sin poder ser 
atendidos; mas cuando los PP. podían estar más des- 
})acio en el confesonario era de verse cuántas personas 
que en treinta y más años habían desatendido comple- 
tamente los intereses de su alma, se apresuraban á 



r') Collcft. Miss. C. A. 



238 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



lí^57 reconciliarse con Dios. A principios de Setiembre co- 
menzó á calmarse el furor de la epidemia y á fines de 
este mismo mes ya eran muy raros los casos de cólera 
y no tan violentos. El voto hecho á la Santísima Virgen 
había producido felicísimo resultado; á pesar de haber 
pasado casi dos meses tantos PP. y HH. viviendo^ di- 
gamos así^ en medio de los apestados y llevando una 
vida tan anormal y tan trabajosa, sin tener hora tija 
para comer ni. tomar algún descanso, nadie fué atacado 
de la epidemia; ni aun entre los alumnos del Seminario 
hubo más víctima que la que sin duda libró desde el 
cielo á todos sus compañeros, un pequen uelo de ocho 
años. Por lo demás, la Compañía ganó mucho en apre- 
cio y estima no sólo en el pueblo y entre sus antiguos 
amigos, sino aún más entre no pocos, (|ue si no eran 
enemigos, tamjioco leerán bien afectos. Tantos actos de 
generosa abnegación, tanto celo, caridad tan universal 
y sin acepción de personas, pues lo mismo se les veía 
auxiliar á la esposa del Presidente,' una de tontos víc- 
limas de la epidemia, que al nu'is miserable del pueblo, 
llamó extraordinariamente la atención, y como algunas 
jícrsonas decían, entonces se había manifestado \>m- 
completo lo que eran los Jesuítas. 

40 -Fin 40) — En cuanto al Seminario, pasada ya la tuerza de 
la peste, volvieron todos los que habían sido enviados 
á sus casas en cumplimiento déla orden dada por el 
íiobierno de cerrar todos los establecimientos públicos. 
y era la gran mayoría del Colegio, pues sólo habían 
(juedado los (|ue tenían sus familias lejos de la capital. 
Este trastorno no podía menos de influir en los estudios 
y retrasar sus adelantog; no obstante los Profesores se 
suj>ieron dai* tan buenas trazas, que al fin de (htnbic 
pudieron tenerse los acostumbrados exámenes jjúblicos 
\ [irivados, los grados, la distribución de premios \ 
todo lo demás, como si el cui'so se hubiera pasado con 
la ordinaria tranquilidad, lo cual causó no poco go/o \ 
;idniiiíi<¡óri ;i lr»s n; ni ros f\o tnmilin. 



curso 



E>i COLOMBIA Y CENTRO-AMÉlUCA 239 

il) — iMitre tcuito el Señor había comenzado á cierra- 1857 
mar á manos llenas sns bcnclicJones sobre los trabajos ^^•"^"^' 

zaltȒ- 

de los PP. .de la Rcsidcncm de (Jaezaltenango. Apenas nango y 
instalados en su nueva casa^ establecieron la enseñanza Liwing- 
dc la doctrina cristiana. á los niños de ambos sexos. Los 



indígenas acudían los miércoles en número de 200, 
cosa que causó admiración á toda la ciudad^ porque 
nunca habían logrado reunir tantos los más celosos 
párrocos; mas esto costaba á los PP. ir de casa en casa 
agasajándoles muy cariñosamente^ exhortando á sus 
padres para que les llevaran á la Iglesia^ y regalándoles 
algunas cosillas que les halagara^ y fueran así perdien- 
do el miedo^ á lo cual contribuía también el Goberna- 
dor con oportunas órdenes. El jueves tocaba á los Hijos 
de los ladinos de los cuales asistían hasta 800^ y como 
pi'imicias de este ministerio tan querido de San Ignacio, 
el día de su fiesta le ofrecieron aquellos celosos hijos 
|*<? suyos una solemne comunión de 600 niños. Para los 
adultos establecieron desde luego la Congregación del 
Sagrado Corazón de Jesús y la Asociación de las Hijas 
de María^ las cuales les proporcionaron dos comunio- 
nes generales mensualmente y el correspondiente nú- 
mero de confesiones^ pláticas^ etc. Pero lo más edifi- 
cante y lo que aumentó el amor y simpatías por los 
Padres fué una tanda de ejercicios dados á 60 hombres 
tjue con este objeto se retiraron por ocho días á la casa 
rural, y salieron no solamente convertidos ó reforma- 
dos en sus costumbres^ sino hechos los más entusiastas 
panegiristas de la Compañía y de los ejercicios. Entre 
ellos distinguióse mucho cierto sacerdote que por su 
pública impiedad y perversas costumbres era el escán- 
dalo del pueblo; mas tocado de la mano misericordiosa 
de Dios, de tal manera se cambió en a(|uel santo retiro, 
(pie en adelante borró con su vida ejemplar todos lo^ 
})asados extravíos. Procedían ya con mucha regulari- 
dad los ministerios en la nueva Residencia, pero la 
Providencia vino á alterarla, ó más bien á darle oti-<» 



240 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



1857 género de dirección^ como había sucedido en la capi- 
tal: el cólera se desarrolló en Quezaltenango y los dos 
Padres no pensaron ya más que en entregarse generosa- 
mente al servicio de los apestados^ y estas penosísimas 
fatigas se prolongaron mientras duró el terrible azote. 
La Misión deLiwingston tenía ya forma de Residen- 
cia^ pues no pudiendo el P. Genon sólo dar abasto á los 
necesidades de aquellas gentes tan abandonadas y des- 
tituidas de socorros espirituales^ suplicó al P. Superior 
que le diera un compañero; pero en caso de dárselo era 
necesario proveer á lo menos á su manutención, pues 
los recursos con que hasta entonces se había, contado, 
á saber^ los derechos de estola y alguna limosna enviada 
de Bélgica, eran tan contingentes y escasos, que sólp 
podían bastar á dicho P., cuya vida extremadamente 
austera parecía carecer hasta de las necesidades más 
urgentes para la conservación déla vida. Sabedor el 
Gobierno de lo que pasaba por medio del limo. Sr. Ar- 
zobispo que estoba tan interesado en que se atendiera 
lo más posible á aquella parle de su rebaño, señajó una 
renta suHciente pai*a ci sostenimiento de dos PP. que 
venía á dar cerca de 800 pesos anuales. Con esta segu- 
ridad y en atención al mucho bien que se liacía, no 
menos (jue al consuelo de ambos misioneros, el P. Blas 
designó al P. AmbFosio Fonseca, uno de los jóvenes 
granadinos que habían concluido sus estudios en Euro- 
pa, para que ayudase al P. Genón en el cultivó de tan 
escabroso terreno, y 'desde el mes de Enero del preseiitc 
año de 57, quedó así instalada aquella Residencia i|ue 
más tarde se perfeccionó y pmdujo muy alíundántes 
frutos. 

u nmc- 12) — Progresalni, pues, comu se vo, la niisuMi dr 

A ii (ira- , , , , , . . 

jiadR. Guatemala: ya no eran solamente las misiones (pie se 
daban anualmente en diversas provincias ó departa- 
mentos de la República, semejantes á esas nul>es que 
id pasar fecundizan la tierm con su benética lluvia; se 

liíilun Vil instalado de nsiontr» en d«»s |)unlMS l»'jiUM>s v 



i:n col^'juM^ia y centro-América 211 

¡sumamente necesitados que por más de doce años oulli- [Kü 
vó con incesantes fatigas^ y pudo establecerse en- la 
vecina República del Salvador^ como lo solicitaban con 
anhelo su venerable Obispo el Sr. Saldaña^ su F^resi- 
dente D. Raíiiel Campo y otros personajes de alta repi-e- 
sentaciíMi; lié aquí algunos párrafos de la contestación 
del P. Blas al Dr. D. Plugenio Aguilar. al tratarse de 
este asunto. (cViniendo ahora al otro punto de la carta 
de y. después de agradecer al muy digno Presidente 
Sr. Campo, al limo. Sr. Obispo y á Y. el buen concepto 
que han formado de nuestra Compañía, juzgándola 
muy á propósito para promover el bien de ese Estado, 
debo decirle con llaneza y sencillez religiosa y con con- 
íianza de amigo lo que hay en la materia. El cono- 
cimiento que adquirimos de ese Estado en nuestro 
(ránsito por él, y las muy estimables relaciones íjue 
contrajimos, junto con las buejias disposiciones perso- 
nales que descubrimos en sus habitantes, nos dejaron 
í)rofunda y agradable impresión y nos sentimos no poco 
movidos en favor de ese país, de modo que si la petición ^' 
que ahora se hace se hubiera hecho antes de que se 
desmembrase esta Misión mandando varios PP. á 
Méjico y varios otros á la Habana, tengo por cierto que 
hoy estaría la Compañía en el Salvador haciendo el 
poco ó mucho bien que por bondad de Dios está liacien- 
do en Guatemala; pero no convendría entonces, supues- 
to que Nuestro Señor ha visitado ese país con tales 
tribulaciones, que ni aun tiempo .han dejado para poder 
pensar en otra cosa que en ir remediando angustias 
que se han sucedido casi sin interrupción, y que por su 
magnitud absorbían la atención de las personas que hu- 
bieran de tomar la iniciativa en el asunto de que tratn- 
mos. Al presente, dando i>orsupuesto(|ue nuestra antigua 
voluntad no se ha disminuido, sino que antes bien se 
ha aumentado, las circunstancias de esta nuestra mi- 
sión no son las mismas qué entonces, pues se ha dis- 
minuido el iiúrnern de sacei-dotcs, así pr»r los que. conm 



242 LA COMPAÑÍA DE JíJSUS 



1857 llevo cliclio^ salieron de esta República, como porque 
nos arrebató la muerte dos muy principales, fuera de 
dos que trabajan en las misiones de los caribes en 
Liwingston, y otros dos que conduje á Quezaltenango 
para establecer allí una Residencia. Por otra part^, 
habiéndose restablecido la paz en la Nueva Granada, 
República que. nos trajo á América y que cuenta con 
bastantes de sus hijos en la Compañía, .se hacen por 
parte de sus habitantes y del mismo Presidente de ella 
fuertes instancias para recobrar,, lo que ellos llaman el 
gran bien que perdieroa por sus inquietudes políticas.* 
VA negocio se está tratando entre aípiella República y 
nuestros Superiores de Roma y estoy esperando la re- 
solución definitiva, que debe venir, según lodas las 
apariencias, ó en este mes, ó en el próxinio Octubre. 
.SVme mandan la orden de restablecerla Misión Neo- 
granadina, entonces esjm|>osiblc poder accederá la 
l>elición cjue ahora se me hace por pai-te del EsUido del 
Salvador: si resuelveu que no se restablezca, entonces 
píMliiamos tal ve/ hacer algún esfuerzo por comj>lacer 
á nuestros. Sulvadoreños, pero en todo caso yo teng(» 
(¡ue escribir antes á Roma, tratándose desuna nueva 
lundación, y supuesto el beneplácito de los Superioi*es, 
mandaría á esa un par de sujetos, ó ¡ría yo mismo para 
convenir en el modo y circunstancias del estableci- 
nijento, á fin de (jue pueda j$er admisible por la Com- 
pañía, la ( nal necesiln de cierto grado de libertad < 
independencia en su jnodo de obrar, si se quiere (pie 
sus csíuerzos obtengan el resultado apetecido, como In 
( (hará de ver V. que nos conoce. Y tengo para mí cfU(^ 
eon los elementos 'con que, segúii V.\me dice, cuenta 
ese Colegio, se podría hacer una cosa de grande impor- 
tancia, de mucha gloria de l>ios y de nn pequeño lustre- 
para el Estajdo». — Puede decii-se (fueaquí le suspendió 
Dios la fuerza extensiva de la misión, porque los suce- 
sos que El en su Providencia dispuso, la vedujeron á 
no dnr. durante algunos "año-^. un |»aso más fuera del 



EN COLOMBIA Y CENTRO-AMÉRICA ^ 243 

• ~ — — — T— — — 

círculo á que llegó en el tiempo á. que nos referimos. 1857 
Para dar una idea de estos sucesos^ tenem'os que echar 
una ligera ojeada sobre la historia política de la Nueva 
Granada duuante el período en que López y Obando la 
tiranizaron. Los tres últimos años del período presiden- 
cial de López, como dejamos indicado al fin de la pri- ^ 
mera parte de este escrito, fueron de ruda y desca- 
rada persecución contra la .Iglesia^ hasta el grado de 
escandalizar á los mismos liberales menos avanzados. 
Son muy gráficas las palabras del Representante Igna- 
cio Gómez aludiendo al clero de la República que recla- 
maba del Gobierno la protección que^ según la Consti- 
tución, está obligado á dispensarle: en la sesión del 18 
de Abril de 53, recién posesionado Obando de la pre- 
^^idencia, se expresaba así: «Es extraño que los Ecle- 
siásticos sean los que más se empeñan en sostener el 
derecho de protí^cción. Quieren protección los señores 
.Ministros del Altar, y yo no sé cómo pueden estar 
contentos con esta especie de protección hasta ahora 
(lisj^ensada á la Iglesia católica en este país. Porcfúé, 
;.será protección el dar lugar á que los Obispos, los 
pastores de la Iglesia tengan que ausentarse de sus 
Diócesis retirándose á tierras extrañas, y dejar en or- 
fandad á los fieles que necesitan constantemente de los 
beneficios espirituales? ¿Será protección el hacer recaer 
las elecciones de Obispos en personas de sospechosa 
ortodoxia y sin más méritos para el episcopado que 
nlgunos precedentes políticos? ¿Será protección elegir 
Obispos para que vayan á levantar sociedades demo(*rá- 
ticas (jue siguiendo cierta l)andcra política bajo el nom- 
bre de un jefe de partido, no hacen .sino producir 
la división y discordia en los pueblos?. Será protec- 
ción privaí- á un Ob¡s[»o de su Seminario, del eslable- 
í imiento donde se educa la juventud para el ministe- 
rio de la Iglesia, en donde sé forman los ministros d^l 
altar y arrebatarle las rentas de semejante éstablecimíen- 
tof ;Sci'íi |»i'ote<-rión el consentir que l<>s <'uras p^i rnn.s 



244 LA COMPAÑÍA DE JESL'8 



1857 anden vagando de pueblo en pueblo para buscar la sub- 
sistencia que no encuentran en sus parroquias por que 
se les ha- querido sujetar, á una miserable dotación? Si 
esto es lo que algunos llaman protección, yo digo que es 
persecución, persecución que debe cesar, como debe de- 
searlo todo buen católico». — Otro diputado, el Sr. Gon- 
zalo Tavera, hablaba con no menor claridad sobre el 
mismo aslinto. «En la Nueva Granada, decía, aun con 
un artículo expreso de la Constitución actual, no ha ha- 
bido tal protección. Xo, Ciudadano Presidente; aquí lo 
íjue ha habido es tiranía contra las conciencias, tiranía 
contra la Iglesia, jliranía contra sus ministros y tiranía 
contra los buenos pi-incipios, que sólo prescriben una 
protección general para todos los cultos, y no upa cspc- 
( ial y ficticia para uno sólo de. ellos; y esa protección 
para todos, no excluye la de ninguno». Tal manera de 
expresarse de l^iputados liberales al píy-íjue dn una ¡dea 
de la administración de López, demuestra bien claro 
cual era el modo de pensar de muchos ^e los mismos 
ijhe, por lo menos cou su adhesión al liberalismo,- ha- 
bían coo|)8rado ó aíjuel estado de cosas, á aquella siliia- 
ción tan tirante en (|U0 se hallaba la Hepública. Se dis- 
( utía en los Cámaras la reformo de lo Constitución \ 
entre los puntos |)rincipalos las relaciones de la Iglesin 
\ el Kstado que se hallaban en la más deplonibh* y au- 
;:ust¡osíi situación como hemos dicho. I nos pedían S(^ 
< elebrose un Concordato cbii lo SoataSede; otros que se 
extendiese á la maNoi- biwedad su |)asa porte ni Delegad»» 
Ai)ostólico Monseñor Barili; Murillo no quería Obispos, 
ni Ob¡S|>ados, ni Legación pora rui'lartoda relación con 
pj repr€)*enfante del oscurantismo, l'noS|>edían la libertad 
leligiosa, la cumpleta sí'paración de la Iglesia \ lA Ksta- 
do, por(pie pensaban que de esta nuiner» el clero y el 
eulto acabarían de inanición; á Ubando no le cuadraba 
en un principio tal independencia, porque así no podría 
ron toda libertad vejar á la Iglesia á su placer. Al fin se 
sanejonó la libei-t.id i-rjí:;:!'»-'- '^l ,»•»'. -mI'» nriniei" H^ 1.:. 



ÍÍN COLOMniA V CFA'TUO-AMIOIÍK'A . 2íi) 

' — t—t ■ » 

1('\ (1(^1 15 (\c Junio (lo 53 mandaba íícesarloda interven- 1857 
cióii de las autoridades civiles, nacionales y municipales 
en la elección y presentación de personas para la provi- 
sión de beneficios y en todos y cualesquiera arreglos y 
negocios relativos al ejercicio del culto católico ó cual- 
quier otro que profesaren los habitantes de la Repúbli- 
ca». No se crea sin emljargo que ni aun en esto obraban 
leal y honradamente los legisladores liberales, porque 
al par que proclamaban tan altamente la libertad reli- 
giosa, la absoluta separación de amibas potc^stadcs, síni- 
rionaban loses detalladas que coaí'taban y aun pi-ivabau 
á la Iglesia de (^sa misma libertad. Poi'o ru íin, cesó [)or 
lo menos la persecución descarada: los Obispos puflie- 
roii volver de su extrañamiento, y vivir en paz aunque 
privadas de sus bienes, las Ordenes Religiosas, menos 
la Compañía de Jesús, para cuya excepción se dictó un 
artículo especial, el cual dice Restrepo (*) «vendría muy 
bien en una ley de proscripción del culto, pero en una le\ 
d(^ libertad religiosa es un contrasentido». Tal fué en po- 
cas palabras la situación, de la Iglesia en Colombia en 
esos períodos presidenciales de tan funesta memoria. 
Pero Dios había determinado conceder una corta tregua 
á los afligi-dos católicos, y dispuso los caminos paiaella 
enteramente providenciales. El partido liberal, ya no 
muy acorde á la subida de Qbando á la Presidencia, se 
fraccionó por completo á causa de haberse pretendido 
aclamar dictador, asociándose para este objeto con el 
General Melo*(quien á su vez adolecía de la misma am- 
bición) y estalló en la misma capital una revolución en- 
cabezada por este. Lograron escaparse el Vice-Presiden- 
te de la República, la Corte de Justicia y los miembros 
del Congreso en número legal para deliberar, todos los 
cuales encabezaron la reacción legitimista. Ardió la 
Nueva Granada por algún tiempo en desastrosa guerra 



(•) Véase la citada obra, T.a Iglesia y el E>;tado. P.ine III. (^l|.llul(•> 1 y 
íi afilien tes: 



2-íf) l.A ( OÍPANÍA DE JESÚS 



1857 civil que terminó felizmente con la toma de Bogotá por 
el ejército de la reacción. Obando fué juzgado y destitui- 
do, por unanimidad de votos del Senado, y eondenadv» 
poj' la Corte dé Justicia í'i doce anos de destierro fuera 
de la Hopúhlica^ pérdida do su título de General y tod<»s 
sus derechos políticos^ y en fin, una multa de la uct.n.i 
paite de sus bienes. Así cayó del trono ai¡uel mónstru»,» 
(lerrivado poj- las mismas manos ([ue le Jia'lííau encum- 
brado á él. Meló, menos i*es])<>nsable <|ue su amiii\> poli- 
lico, murió poco después en ci destierro. Quedó,* pues, h\ 
República e;i |)az: b»sí¡bein]es moderados liabían abier- 
to un tanto, los ojos, (escarmentados ron sus jiropios 
errores, y todos tr-ataban de reconstituir la nación. s(>brc 
liases más justas y equitativas. Adoptóse el sistema.fe- 
deral, y por lo mismo fué necesario nueva Constitución: 
elimináronse las disposiciones legales que liacían efíme- 
ra la libertad de la Iglesia, y aun el artículo especial 
contra los Jesuítas dejo de existir: desde entonces las dos 
potestades, aunque separadas constitucionalmente, no se 
contradecían y marchaban oacja una en su línea sin que 
ocurriera desacuerdo alguno. Faltaba solamente dar un 
presidente á la Pcpública que sostuviera aquel nuevo 
orden de cosas recién e.stahiecido: dos candidatos se 
presentaron de muy distinto carácter, ideas y anteceden- 
tes, el Dr. D. Mariano Ospina y el General Mosquera: la 
elección en aquellas-circunstanciasno pedía ser dudosa* 
especialmente para los conservadoi^es, pues Mosquera 
no les había dejado los luejores recüerdos^e su pasada 
presidencia: era en realidadel que con sus graves desati- 
nos había abierto el camino á López y Obando, ó iniciado 
la época desastrosa que acababa de terminar; no es ex- 
traño, pues, que la inmensa mayoría de la nación se 
inclinara al Dr. Ospina de cuya sabiduría, prudencia, 
íirmeza y religiosidad, de que. había dado brillantes 
muestras en su vida jv^lítica, esperaba un periodo de 
paz y prosperidad. Kl nuevo Presidente tomó posesión el 
1 de Abril de 1857, y Mosípiera, no. poco corrido de su 



EN COLOMBIA Y CEXTRO-AMÉHK'A 247 



.I'iSUi 



derrota^ se retiró al Cauca llevando en su corazón enve- 1857 
nenado los gérmenes de una venganza que haljía de su- 
mir en un abismo do desol;u'ión y ruinas á su patria. 

í8) — Ocupaba por aquel tiempo la Sede Arzobispal de* ^s.-son 
Bogotá el Timo. Sr. D. "Antonio Helarán, digno sucesor tiosioH 
del Si'. Mosquera., y finísimo amigo- de la Compañía 
Apenas i'cstablecida la ti'anquilidad y comenzando ya í' 
regir la nueva Constitución, su ])riiner pen»amienlo l'ur 
llamar de nuevo. á. la Comjíañía, como el medio más eti-r 
í'az para reparar las quiebras que su grey liabía sufrido 
en aquellos siete anos de persecución y disolución social. 
Para conseguirlo con mayor segui'idad valióse de la in- 
tervención del Kxcmo. Sr. Delegado Apostólico para con 
Su Santidad Pío IX y para con el R. P. Ceneral Pedro 
Beckx; no le salió frustrada su esperanza^ porque hacia 
tines del año de 57 el P. Blas recibió orden de Roma para 
ir él mismo en persona á inspeccionar aquel campo 
cuya fertilidad era bien conocida^ pero talado ó sembra- 
do de cizaña por el hombre enemigo^ no se sabía con 
toda certeza en qué disposición se encontraba. El 24 de 
Diciembre salió el P. Superior de Guatemala acompaña- 
do de los PP. Luis Segura y Lorenzo Navarrete y del 
H. Coadjutor Miguel Parés^ dejando por Vice-Superior 
de la Misión al P. Francisco X. Hernaez, Rector dé la 
Merced. 

43) — Pero si es cierto que los padecimientos y adver- '*3'-^"«'*- 
sidades suelen ser la marca característica de las obras n.Vxrs^. 
que se emprenden por Dios y el augurio de sus felices 
resultados^ ciertamente lo tuvo, muy pronto esta nueva 
expedición á la Nueva Granado. A pocas leguas de la 
ciudad comenzaron los percances peligrosos: fué el pri-* 
mero haberse roto el coche en que viajaban hacia el 
puerto^ aunque sin más detrimento que el atraso con- 
siguiente." Mayor fué el segundo^ en que llegó á peli- 
grar la vida: al pasaren una Lancha del muelle al vapor, 
ombrnvecióse el mar, inutilizó la mayor parte del equj- 
pnj(^ \ faltó poco para que fueran á pirpu.^ todos los 



248 ].A ( M.MPAÑÍA DE JKSUS 



1857 pasajeros. Mas esto era aún de muy pooa consideraoión. 
Apenas salidos del puerto ele San José^ una fiebre vio- 
lenta acomete al H. Miguel Pares y apenas alcanza á. 
llegar á La Unión, primer puerto de la República del 
Salvador, donde pudieron administrársele los últimos 
auxilios espirituales^ y descansó en la paz del Señor, el 
día 30 de Diciembre. Era este excelente. Religioso na- 
tvu'al de Wch en Cataluña, y había entrado en la Com- 
pañía el 2 de Diciembre de 1823 en la «-ategoría de Her- 
mano (Coadjutor, mientras su hermano el P. Bernardo, 
(jue había entrado un año antes, seguía sus estudios \ 
fué después Sup(»rior de la Misión del Pániguay. Con- 
(,'luido el no\iciado se ocu|kj en el Colegio de Nobles (\r 
Madrrd, distinguiéndose 'ííiempre por la singular hii- 
iniidad con (|ue se encargaba de los oficios más abytN - 
los y trabajosos. Habiendo escapado cíísi milagrosü- 
mentd del degüello de los Religiosos de Madrid, pasó á 
Francia y era de ve;* el empeño de los Superiorei» en 
(pierer cada uno tenerle en su casa porque le conocían 
no menos virtuoso (pie hábil pora desempeñar cual- 
(piiei* oficio ó negocio (pie se lo encomemUíse, y por esta 
misnuí razón fué destinado, comodijiíiios en otra parte, 
á formal- paHí» de la primera (»x|>edic¡óii á In Nueva 
(Iranñdb. I auto en Bogotá como en Jnináica y (iiiale- 
niala prestó murlios y muy iinporlanles sorviciv^s ú lú 
Misión, siendo siempre» el primero en toda clase de 
tralíajos. Kl P. Blas, <pie le conocía bien y preveía cuan 
útil podía scM-le en la nueva fundación á que se dirigía, 
le había escogido por compañero, pero el Señor quiso 
darle antes el. premio de su humildad y de^ius trabajos; 
y él debió |)resentir algo de la proximidad de su fin, 
poiípie en los ejercicios (pie había hecho pocos días 
antes de emprender a(piel largo y penoso viaje, se em- 
peñó en purificar su conciencia con una confesión ge- 
neral muy esmerada. Murió con la paz y trauípiilidad 
(pie caracteriza los últimos momentos de los justos, á 
los i9 años de edad, de los cuales había pasado :V2 (Ui 



EN CtH.O.MlíiA V LENTKU-AMKKK'A 



•2VJ 



Ja Conipnnín en el continuo ejei'cicio de las virtudes 1857 
i'cü^iosas. Luego ((ue dieron sepullui'a á su exeelente* 
(*()inj)añei*o, prosiguieron los PP. su viaje, privados de 
ios muchos y buenos servicios que les hubiera sin duda 
prestado en los nuevos trabajos que sobrevinieron. La 
noticia no tardó en llegar á Guatemala, \ en medio 
del sentimiento de los amigos, se dejaba claramente 
conocer lo muy mal que sentaban á los Guatemal- 
tecos estas desmembraciones, ese entrar y salir de los 
sujetos de la Misión, porfjue aunque no faltaban los 
nec<»sarios pai'a sostener lo establecido, no podían cni- 
})rondcrse nuevas tundaciones, €omo se deseara; sin 
embargo las circunstancias lo exigían así, V al cabo 
Dios lo enderezó todo al mayor engi-andecimiento de la 
('ompañía en esta República, como veremos en el libro 
siguiente. 





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LIBRO TERCERO 



1858-1861 



A cualquiera que considerase bajo el aspecto pura- 
mente humano la empresa de restablecer la Misión de 
la Nueva Granada en las circunstancias de que acaba- 
mos de hablar^ ocurriría ser aquella una resolución im- 
prudente por prematura: 'apenas se había restablecido la 
paz^ todavía humeaban las cenizas de los incendios le- 
vantados por el fuego del furor demagógico^ apenas co- 
menzaban a calmarse las pasiones liberales^ su voz en- 
mudecía y su actividad funesta se aquietaba un tanto no 
por amor patrio^ ni menos por el conocimiento de sus 
extravíos que tantos estragos habían causado en la Re- 
pública^ sino porque dividido en facciones el partido 
carecía de fuerza y de vitalidad. Por el contrario en 
Guatemala reinaba la paz hacía más de diez anos, su 
Gobierno é instituciones, se hallaban sólidamente esta- 
blecidas^ el liberalismo yacía en el olvido, el espíritu 



2')2 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



1858 r*ntóliro dominnba y ejercía $u benéfica influencia ?;in 
íoulradición de ningún género^ un campo vastísimo se 
ofrece á los obreros apostólicos, nada de temor, nada de 
duda sobre la estabilidad de aquel estado de cosas; pa- 
recía por consiguiente que se dejaba lo sólido por lo de- 
leznable, lo cierto por lo incierto. Pero el Señor, ^rí sus 
amorosos designios abrigaba otros planes mu\* distintos 
de lo que pensaba la prudencia bnmana: los Jesuitas 
volvían á la Xuexa (iranada á preparar aquel país para 
iHia época desastrosa de pei^secución, de la cual ollñs 
debían ser la f)rimera víctima; y si á Guatemala la de- 
jaba por algún tienq)0 reducida á tan pecpnM'io númei-o, 
(jue á duras peiuis podía sostenerse, era para enri([ue- 
cerla Con una nueva remesa de obreros que jx>cb más 
tarde aliviaran á los que habían c|uedado abrumados de 
trabajo, y do jóvenes que formados á la sombra de la 
paz de que se disfrutaba vr>l vieran con el tiempo á su 
patria á restablecer la primitiva misión. Comencemos á 
ver cómo se van desarrollándolos sucesos que di r¡gi(b»s 
jH>r la mano de Irt Pn evidencia torios concurren á hi m?i- 
yoi- pi'ospeiidad de» Cololiibia y Ontrc» América. 
i.-Laro- 1) — ^ 1j^ partida del F. Blasála Nue^va Granada que 
Uf daba la Misión de Guatemala floreciente y Uena de vida 

Bth'n. (.(jjj j^^i^ cinco casas en las cuales trabajaban con incan- 
sal)le celo ¿1 Sacerdotes y 17 Hermanos Coadjutores, \ 
se formaban I^U)jóvcnesenti'e novicios y estudiantes. Pen» 
muy presto hubo de dejarse la Residencia de Belén; qu«' 
como digimos ya sólo se conservaba por cuidar de l;i 
casa é Iglesia, como lo quería el Sr. Arzobispo. La oca- 
sión de retirarse de aquella morada qu^ había servido 
de verdadero Belén á los primeros novicios, y 6 la* cual 
mil-aban todos con cierto cariño, fué cstai* ya destinada 
l)ara las Religiosas Belgas, llamadas Hermanas de Nues- 
tra Señora, que no debían tardar mucho en llegar. Ks- 
(ando todavía el P. Gil cu Guatemala, inculcaba la ur- 
cí^sidad de un Colegio, sobre tod<> pai-a (|uc las niñiís dr 
las familias pr¡nci|)al(»s recibieran una edu<*ación cual 



EN COLOMBIA Y CBNTRO-AMÉRK'A 258 

conveníü á su clase. \\\ Arzobispo, el Gobierno y más 1858 
aún las Señoras de la Congregación tomaron con entu- 
siasmo aquellas insinuaciones: comenzaron los PP. á 
dar los primeros pasos por medio del R. P. Morey_, pri- 
mero con las religiosas del Sagrado Corazón y luego con 
otras Congregaciones docentes, hasta (\ue lograron ani- 
mar á las sobredichas Hermanas de Nuestra Señora, 
cuya Superiora general reside en Namur^ y éstas por 
fin fueron las que prestaron á Guatemala durante ca- 
loi'ce años importantísimos servicios en la educación y 
enseñanza de innumerables niñas de todas condiciones, 
pues fuera del Colegio de pensionistas y externas pobres 
pudieron con el tiempo hacerse cargo de la Casa de 
Huérfanas y de otro Colegio destinado á las niñas d;^ 
los caifipesinós que habitan en Ciudad Vieja y otros 
pueblecitos cincunvecinos^ colegio que fué levantada» 
desde sus cimientos por el Sr. Arzobispo García Peláez. 
Mas no nos anticipemos á los sucesos. Aun después de 
retirados los PP. de su antigua casa de Belén, siguió 
ésta siendo campo de su celo; primero antes de la lle- 
gada de las Religiosas pudieron recojerse en ella más 
de 550 señoras y 200 hombres para hacer los ejercicios 
de San Ignacio, divididos en diversas tandas según la 
edad, sexo y condición, y después de establecido el Co- 
legio, en la dirección espiritual de las Hermanas y de 
sus numerosísimas educandas. 

2) — Los ejercicios espirituales en la capital v las mi- ^--Las 
siones fuera de ella eran los ministerios más favoritos sas. 
de los operarios de la Merced, y así, fuera de las nueve 
veces que se dieron en Belén á personas seculares, tam- 
bién los hizo el clero, seis monasterios de Monjas, el 
Colegio de infantes, ambos asilos de huérfanos, sin cog- 
tar los que se predicaban en los cuarteles, en las cár- 
celes de ambos sexos y aun á.los enfermos que estaban 
en capacidad de asistir á las pláticas en los hospitales. 
Como ya después de siete años se había misionado toda 
la RepúblicM en todas las pi'incipales pohlncion^^s desús 



254 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



1858 deparlameritos^ las misiones que se continuai'on en el 
tiempo posterior^ ó eran repetición de las primeras^ ó 
se escogían aquellos pueblos que por apartados de los 
centros más poblados^ no habían podido participar 
de las anteriores. Dos expediciones fructuosísimas se 
emprendieron el año de 58: la primera fué de losPP. de 
la Residencia de Quezaltenango' ayudados de dos com- 
pañeros que fueron de la capital, y recorrieron todos 
los pueblos cercanos, después de haber evangelizado ác 
nuevo la ciudad principal: de la segunda tendremos 
ocasión de hablar más oportunamente. 

El Colegio Seminario con su6 20() alumnos seguía su 
marcha siempre progresiva, y llamando la atención de 
la gente de ciencia con sus actos literarios. Fué muy no- 
table el de la instalación de las nuevas dignidades de la 
Academia literaria y de Bellas Artes que ya dirigía el 
P. León' Tornero, quien se empeñaba en infundir en sus 
jóvenes Académicos el gusto y la afición á la bella lite- 
ratura, no.sóloen la^iecciortes especiales que les daba, 
sino aún- mascón sus brillantes composiciones en pros.» 
y en verso. Nada faltaba ya á aquel establecimiento f>ara 
[)oder figurar, sobre lodo en materia de enseñanza, al 
lado de los mejores que dirige la Compañía en Europa. 

Paia acabar de dar una ligera idea del estado de la 
Misión al comenzar esta tercera époea, sólo nos re?ta 
decir una palabra sobre la Residencia de Liwingston. 
Acompañaba al í\ íienóii el P. Rafael Forem (|iic 
poco antes habla sustituido al P. Fonseca; mas n»» 
pudiendo el P. Superior hacer lo \isitn en pei^sona, de- 
legó á su socio el P. Francisco García Ló|>ez, htmibrí 
celoso y prudente, que dósde el año de 40 desenq>eñabii 
ciHi muclia aceptación el cargo de Maestro de Novicios. 
I lia persona de estas cualidades se nur'csitabji en rofili 
d{id, para ¡in)irimirle el sello pi-«qiio de la C^ompañla ¿i 
atjuella casa, porque si bien el P. Geuou era uñ hon^brc 
lleno de celo- por el bien de aquellas pobres almas casi 

<1(>| |m(]<i dí»>i;ini prO'íHlH-i. \ í'vIiiIh liM 1»Í;i Im'cIii 1 | km] ¡ |- »( Mi 



EN COLOMBIA Y C!l!»íTKO-AAIIfiKl€A ;25o 

. — . . . t ^ 

lanía instancia aquQlla misión^ le faltaba el tino y la 1858 
prudencia que se necesita para que los trabajos empren- 
didos por la gloria de Dios produzcan los frutos apete- 
cidos: sobre todo era un espíritu raro y muy singular, 
que poco se avenía con lo que prescribe el carácter y 
modo de ser de cada Jesuita^ carácter propio que le dis- 
tingue y por el cual es de todos conocido en todos los 
pueblos católicos. Podemos decir, pues^ que el prihci^ 
pal y más fructuoso trabajo del Visitador consistió en 
dar forma propia de la Compañía á aquella casa y en- 
derezar con sus palabras y ejemplos al que hacía cabe- 
za en ella; y decimos con sus ejemplos porque el P. Gar- 
cía no se contentó con arreglar la casa; sistematizar 
los trabajos, dejar las órdenes convenientes, etc., sino 
que él en persona visitó todos los pueblecitos depen- 
dientes de la Residencia^ dio misión detenidamente en 
los principales de ellos y haciendo uso de las facultades 
extraordinarias deque el Sr. Arzobispo le había investi- 
do^ remedió mil necesidades espirituales^ especialmente 
relativas á los matrimonios. «Como fruto de la Misión 
de laabal, escribía el mismo P. García^ el Comandante 
del Puerto y Distrito dio un decreto que se publicó por 
bando prohibiendo el concubinato, y mandando que los 
que así viviesen^ en el término de 24 horas se separasen, 
l)ajo las penas que se impondrían en caso de desobe- 
diencia^ etc. Este decreto ha hecho mucho bien». Todo 
esto da bien á entender cuan necesitadas y cuan capa- 
ces dé cultivo eran los habitantes de aquellas costas, y 
por lo mismo fué el ^'isitador de parecer, que lejos de 
suspenderse aquellos trabajos debían adelantarse lo • 
más posible. Pero dejemos ya á Guatemala con sus casas 
y ministerios tan bien establecidos y normalizados, y pa- 
semos á ver lo (juc de nuevo se emprende en la Nueva 
Granada. 

3) — Después de la mueite del H. Pai'és prosiguieron •" -^^^ 
los tres PP. su viaje/ no sabiendo qué augurar de aque- Bogotá. 
Ha empi'esa y de las pruebas que Dios les había en^indo 



^6 LA COMPAÑÍA DE JFSUS 



1858 tan á los principios del largo camino^ cuando les so- 
brevino otra nueva. Allí mismo en el vapor acome- 
tieron al P. Navarrete molestas y continuadas calentu- 
ras^ que llegaron á hacer concebir serios temores á sus 
■ compañeros^ y si bien no le quitaron la vida, le morti- 
ficaron por cuarenta días^ con los padecimientos que 
pueden suponerse en un camino largo y nada cómodo, 
iban ya dos jornadas de Bogotá, hacia mediados de 
Febrero, cuando un nuevo y muy peligroso percance 
vino á probar la paciencia de nuestros caminantes: en 
medio de las sombras de la noche asústase el caballo 
que montaba e) P. Superior y le arroja entre peñascales 
y pedruscos: acuden sus contristados compañeros, y si 
bien el daño era muy grave, pues se había fracturado 
la clavícula del brazo izquierdo, aún lo habían creído 
mayor» Ya se deja ver cuantas penas y li^abajos hubie- 
ron de sufrir tanto el jiaciente como los que le rodea- 
ban hasta llegar á Bogotá: Otros peligros corrieron lo'íi 
tres viajeros, que afortunadamente no pasaron de sus- 
tos y temores, como el haber estado á pique de estallar 
la caldera del vapor del Magdalena. Parecía que*Diós 
no (juería que penetrai-an Jesuitas en Nueva Granada, 
sin haberles sujetado antes á penosas pruebas: recuér- 
dese si no los sufrimientos de los PP. de la primera^y 
segunda expedición en los años de 44 y 4(>. Llegaron, 
|)ues, al lórmino del trabajoso viaje el 18 de Febrero, 
después de casi dos meses de su salida d^ Guatemala ^ 
y lueron i-ecibidos del limo. Sr. Arzobispo, en cuyo pa- 
lacio se hospedaron, con toda aquella efusión de pater-r 
nal amor para con los hijos de la Compañía, que siem- 
pre le había distinguido: el estado de los dos enfermo^ 
reclamaba particulares atenciones y todas les fueron 
muy osmoradamcntc prodigadas por la familia del bon- 
dadoso prelado. Y >a se ve, en los primeros días no se 
podía pensar más que en restablecerse y en recibir las 
congratulaciones de sus numeíosos amigos, que goza- 
ban en írran man*^rn .m1 \ñl\pr ;'i yoy .lo<\\]\¡-\< o\^ <\\ 



EN COLOMBIA Y CENTRO-AMÉRICA 257 



tiorrn, nun(|iio |)()i' íi(^. pi-oiilo no pudicrnn aprovecharse 1858' 
de sus servicios; si l)ieii esto no duró mucho, porcjuc 
resta hlecido el P. Navarrete, pudo con el P. Segura en- 
tregarse de nuevo al trabajo, el cual sej-edujo á confe- 
sar innumerable gente que, .ya por ser tiempo de cua- 
resma, ya por los recuerdos de los PP. expulsados el 
año de 50, acudían con preferencia á ellos: los monaste- 
rios de Religiosas hicieron bajo su dirección los ejer- 
cicios, los enfermos les llamaban, el trabajo no daba 
treguas á los dos activos operarios, el antiguo entusias- 
mo por la Compañía se había renovado en pocos días. 
No debe creerse, sin embargo, que la recién pasada 
persecución contra la Iglesia y las injustas y crueles 
hostilizaciones de la época anterior, y aún más todavía 
los libros y periódicos impíos que en tan gran número 
se liabían importado y aun reproducido en Bogotá en 
los últimos ocho años, no habían causado estragos en 
aquella sociedad: es cierto que el retorno de los Jesuí- 
tas á la Nueva Granada no encontró obstáculo ni aun 
de parte de sus antiguos enemigos, pero también lo es 
que no faltaban entre sus primitivos amigos quienes, 
habiendo cambiado de ideas^ se les mostraran, sino 
hostiles, secos é indiferentes; pero esto en realidad era 
de poca importancia^ puesto que el poder se hallaba en 
manos dé hombres sinceramente católicos. 

4) — Apenas llegados los PP. á Bogotá, los buenos *'~^®"" 

T^ • 1 ' , , , ción de 

Pastusos que ya tiempo hacía estaban tratando con el Pasto. 
Padre General de la vuelta de la Compañía á su ciudad 
de Pasto, se dirigieron al P. Blas por el órgano del 
llustrísimo Sr. Obispo de Caradno, in partibus, resi- 
dente en aquella provincia: la carta decía así: «Ciiando 
esperábamos verle en esta con sus compañeros^ según 
nos había dado esperanza el Rvmo..P. General^ hemos 
sabido su llegada á la capital^ y celebraré haya sido con 
toda felicidad^ alegrándonos- inñnito de tenerlos ya en 
esta República: y los Pastusos que siempre han tenido 
un afecto tan grande á los miembros de la Compañía 



258 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



1858 no pierden la esperanza de ver á V. ó á otros de sus 
dignos socios. Aquí tenemos mucha necesidad de VV. 
para montar el Colegio Provincial ó el Seminario si la 
Santa Sede concede la diócesis, á más de las misiones 
de Mocoa que se hallan desprovistas de operarios. — Xo 
"se si V. sabrá que hemos colectado fondos para sufra- 
gar los gastos del viaje: tenemos en el banco de Lon- 
dres una suhia preparada por si vienen los PP. de Eu- 
ropa, y aquí hay también otra disponible por si se 
necesita en otro punto. — La esperanza que liabíamos 
concebido. está fundada en un párrafo de la carta'que 
me 'dirigió el Rvmo». P. General con feclia 6 de No- 
viembre del año pasado, que dice así: — uXo siendo, pues, 
l)OS¡i)le todavía reunir aquí en Europa el deseado so- 
corro de operarios, de acuerdo con el P. Majiuel Gil, 
Asistente de España, no menos agradecido que yo al 
decidido afecto que la Doblo ciudad de Pasto profesa á 
la Gomj)añía, he determinado recomendar con mayor 
encarecimient*» <il \\ Pablo de Blas la Misión de la 
Nueva Granada, y que cuanto antes vaya él mismo coit 
otros compañeros á restablecer la Conjpañía en esa 
Hepública. Yo entre tanto no dejaré de escogilar todos 
los medios posibles para satisfacer los deseos do Vues- 
tra Sría. Ihna. y de esos excelentes ciudadanos' de 
Pasto, pues tal exige la benevolencia de tan distingui- 
dos personajes |)ara con la (Compañía». — El Excmo. Se- 
ñor Delegado Apostólico me había indicado que aguar- 
daba algunos PP. de Guatemala, y con mucho regocijo 
hemos sabido que llegarían A Bogotá el 2t) del pasado. 
Los vecinos de esta ciudad se dirigen coninigo* ol Ex- 
celentísimo Sr. Bclegado para suplicarle que, si es po- 
sible vengan á esta, ó á lo menos nos den el consuelo 
de que vendi'án otros de Guatemala, para lo cual, si 
se necesitan fondos, se mandarán á donde nosinai- 
quen» (*). 



(*^ Col. part, de la Orden. 



IJN COI.OMBIA Y CENTRO-AMÉRICA 259 

Hasta a((uí la carta del Prelado, la (Uial mucstrd 1858 
bien el empeño y eficacia con* que los Pastusos tocaban 
todos los resortes para conseguir el restablecimiento 
de la Compañía; mas, que podía responder el P. Blas 
en circunstancias en que se hallaba? Buenas palabras, 
esperanzas que desgraciadamente nunca llegaron <á 
realizarse, no por falta de voluntad, sino por la extre- 
ma carestía de sujetos que, por tener tantas partes á 
donde atender, padecía entonces la Provincia de Es- 
l)aña, así en el antiguo como en el nuevo mundo. 

5) — Dos meses pasaron los PP. en aquellas ocur)a--^--^p*''*' 

^ tura del 

clones hospedados enel palacio y cariñosamente aga- noví- 
sajados por el.Ilmo. Sr. Horran; masera ya tiempo de ^^'^'^•'• 
establecerse de un modo mcás conforme al objeto que 
les había llevado á aquella República, puesto que ya 
habían tenido tiempo de sondear los ánimos, de exa- 
minar las disposiciones de gobernantes y gobernados^ 
de conferenciar muy despacio tanto con el Sr. Arzobis- 
po, como con el Sr. Delegado* Apostólico Mnr. Ledoc- 
kowki, con el Presidente Ospina y muchos otros ami- 
gos, .y de todo se deducía que sin ningún temor la 
Compañía podía restablecerse con mayor libertad y €on 
mejores garantías que en la época anterior^ en vista de 
lo cual el P. Blas pensó ante todo en abrir el noviciado. 
Al efecto se trasladaron los tres PP. á una casa que les 
proporcionó D." Agustina Fuenmayor, persona á quien 
ya conocemos- por su antigua liberalidad con la Com- 
pañía, y á quien el R. P. Juan Roothaan había dado, 
carta de Hermandad como insigne bienhechora. Xo era 
muy espaciosa, pero tenía la ventaja de estar muy cer- 
cana á la Iglesia de San Juan de Dios y era suficiente 
para unas doce ó quince personas. Aquí se trató de 
abrir el Noviciado provisoriamente. Apenas se divulgó 
esta resolución, se presentaron no pocos postulantes; 
pero la prudencia aconsejaba proceder con mucha elec- 
ción y lentitud sobre todo á los principios para poner 
un sólido cimiento en aquel importantísimo edificio: á 



260 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



1858 cuatro jóvenes solomente se les dio la sotana el día pri- 
mero de Mayo, y fueron- después admitiéndose muy 
pocos más, no porque faltaran vocaciones, sino local 
cómodo para los ejercicios de la vida religiosa: más 
tarde veremos cómo se desarrollaron estos pequeño^^ 
gérmenes hasta convertirse en un floridísimo plantel. 

Mientras tanto el Sr. Arzobispo y el Sr. Delegado 
conferenciaban con el P. Blas sobre otro asunto de la 
mayor importancia, á saber, las bases que debían es- 
tablecerse para que la Compañía volviei^a á hacerse 
cargo del Seminario. Es claro que los dos limos. Pre- 
lados que tantas dificultades habían vencido para lo- 
grar ver de nuevo ó los Jesuítas en Bqgotá, estaban 
flispuestosá todo, seguros de (|ue ellos, agradecidos á 
s^u amistad y benevolencia, harían cualquier sacrificio 
j)or satisfaceHes. Entre tales contratantes fué muy fácil 
llegará un avenimiento equitativo: en resumen convi- 
niei'on, primero en que no se altrieran n\ principio más 
í(ue tres clases de Gramá4¡caf con el objeto de no admi- 
tir alumnos ya crecidos que pudieran contaminar $ lo- 
mas pequeños; y segundo que su Señoría lo^s entrpgaiM 
el Colegio con todo el moliiliario couveiiiehte, corriendo 
de su cuenta el manejo de las rentas, lo mi^mo que los 
gastos en reparos ó niodificaciones del edificio: los Pa- 
dres no tendrían más dotación que las pensiones de lo- 
alumnos, inclusos los que el Seminario sostuviese ó su 
( <»si,i, monos doce á (juicnes se rebajaría una parle di 
la cucíla que se exigiera á todos los demás. Estos' eran 
los puntos capitales, y eran los mismos f|ue habían ser- 
Nido de iKise á la admisión del Seminariode OnalemalM, 
y los que, apoca diferencia, había llegad 
cer el P. Gil en la época anterioi*. El arreglo qurdal>.i 
hecho, pero 'quedaba por arreglar otro punto aún ma> 
difícil de resolver: con qué sujetos. podía contarse pan 
comenzar siquiera el cursof Afortunadamente faltaban 
todavía algunos meses duiante los cuales podría ha- 
llai'^^c salida ;'i ♦"-♦» "•••»»> í|ifi,i|If;Ml «-ihiK» \(>i'i'ni«'< ^\\\^^ 



liX COLOMBIA V CENtRO-AMÉUICA '2i\\ 



se halló, oiin([iiG á costa de sacrificios muy sensiMes/ 1858 
Los novicios y los ministerios tuvieron entre tanto bien 
ocupados á los tres operarios: habían. ya vuelto á ha- 
cerse cargo de la antigua Congregación de Artesanos 
que á costa de trabajos' había logrado sostener el celo 
(le un excelente sacerdote llamado ^'icente Beltrán, y 
ahora la había entregado á sus primitivos fundadores 
((ue la recibieron con el amor que les inspiraban los 
recuerdos de los señalados ejemplos de piedad y de vir- 
tud, iervoi'osa que en ella, tiempos atrás, habían admi- 
i'.ulo. Todo marc'haba j)rósperamoiite, la mies era almii- 
danle y estaba ya en sa/.ón, S(')lo lincían falta operarios: 
Dios los enviavá á su tiempo 

G) — En Guatemala, terminadas las filenas extraordi- *^' '*^*' 
narias de la cuaresma, se había enviado una expedición 
apostólica formada del P. Manuel Pieschacon y de dos 
novicios el P. Francisco Coca, sacerdote ya muy ejerci- 
tado en las misiones antes de entrar en la Compañía, y 
del H. Luis Camero para que ahorrase á los dos PP. el 
trabajo de catequizar á los niños y gente ruda. — Dirigié- 
ronse á Gualan, población importante del departamento 
de Zacapa, que no había podido misionarse el año ante- 
rior, como tampoco la Estanzuela, ni otros pueblos más 
pet^ueños. Grande fué el trabajo pi'olongado por más de 
dos meses y grandes los frutos que se recojieron entre 
gente tan necesitada de cultivo religioso. No faltaron en 
estas misiones convei'sionesmuy notables, enli'C otras la 
de cierto hombre de vida licenciosa y depravada, que 
yendo por un camino solitario se encontró con una da- 
ma muy llena de atractivos, con la* cual entró luego en 
conversación y trató de seducii'la: fácilmente se prestó 
ella, é internándose juntos en un bosque, cuando la es- 
trechaba entre sus brazos se le convirtió en un horj*ible 
monstruo y se desvaneció eomo una sombra maléfica. 
Fácil es de concebir elterror que sobrecogió ai misera- 
ble pecador en medio de aquella selva solitaria: Iruyó 
precipitado y la contrición y lágrimas con ((ue él mismo 



562 ' La compañía dé jesü.^ 



cisco 
Gar 



1858 refería el caso á uno de los misioneros mostraba la ver- 
dad del liecho^ no desusado por otra parte; pues las his- 
torias refieren otros semejantes que Dios ha permitido^ 
para que los hombres experimenten sensiblemente lo 
que pasa de una manera invisible siempre que se lanzan 
á cometer un pecado. 
T.-Miur- 7j— ^ olvían ya á Guatemala aquellos celosos opera- 
p. Fran rios muy satisfechos de la abundante mies que habían 
'^•^ recojido á cQSta de muchas fatigas^ cuando por un rasgo 
muy singular de la divina Providencia se les juntó e^i el 
camino el P. Francisco García López que volvía de la 
visita á la Residencia de Liwingston, de que hablamos 
arriba. Siguieron juntos al Jícaro, pequeña población (\ 
dos jornadas <le la capital, y como acostumbraban, al 
({uédarse ú pernoctar. en cualquier pueblo, reunían á los 
habitantes, les predicaban y oían las confesiones de 
cuántos les permitía el tiempo. Aquí se detuvieron todo 
el día sin separarse apenas del confesonario y especial- 
mente él P. García que perseveró hasta las once de la 
noche. Prosiguieron al día siguiente la marcha después 
de haber dado la comunión d aquellos buenos paisanos; 
era el 24 de Junio cuando llegaron á una población lla- 
mada Pontezuel.is, \ .1 r. (larcfn, que jamAs omitía la 
Misa por fatigado que se iiallase, aquel día había ma- 
drugado mucho para celebrarla con más comodidad y 
frutó en acjuel ]>ueblecillo; mas he n<|uí (|ue mientras 
celebraba le acometió un ntaijuá fulminante de cólera, y 
la misa le sirvió de viá{¡c<4. Duró lodo el día entre hori'i- 
bles })adecimientos, en un lecho pobrísimo, sin ninguna 
clase de recursos medicinales, únicamente con el con- 
suelo de morir auxiliado por particular providencia de 
Dios, de los novicios (jue t'l mismo estaíwi educando y 
formando en el espíritu para la religión. Kn aquella mis- 
ma noche descansó en paz, con una muerte dulce y 
tranquila i'i pesar de que no suelen tenerla tal lois (|ue 
son víctimas de esa violenta enfermedad. Las circuns- 
tancias del tiem|)oy las singulares virtinh^s del P. García 



É^ COLOMBIA V CBNtttO-AMiílinA ^^3 



nos hncoii croil)le hi rovolncióii do su miKM-tí' (iikí tu- l(Sr>8 
vo una monja Carmelita de vida muy santa, (jiando aún 
no podía saberse naturalmente en Guatemala la muerte 
del venerable religioso, pues por el contrai'io en aí|U(ílla 
misma mañana salía j)ai'a l\)nt(VJielíis Cl 11. enfermero 
del Seuíinario l)ien pi'ovisto de medicinas y de cuanto 
podía conti'il)UÍr al alivio del ({ue aún creían enlcrmo, el 
R.' P. Sujierior recibía un billete del Menastcrio de Santa 
Teresa en (jue se le refería cómo cierta Religiosa en 
aquella misma noclie liabía visto subir al cielo el aíma 
del P, (uii'cía^ en forma de un globo de luz de resplandor 
tan extraordinario que sobrepujaba al del sol y no produ- 
cía sombras; y en pos de é\ iba gran multitud de indí- 
genas. Por la tarde de aquel día llegó la funesta noticia, y 
comparando la hora de la visión sobredicha con la del 
fallecimiento del P. coincidían perfectamente. Además la 
fecha liizo caer en cuenta de otro hecha (jue liasta en- 
tonces había pasado desapercibido. Un año antes otra 
terrible enfermedad había puesto al P. García al borde ' 
del sepulcro; mas él pidió al Señor un año más de vida, 
y desde entonces la enfermedad cedió y comenzó á res- 
tablecerse hasta recobrar entera salud: el año se cumplía 
puntualmente el día en que le atacó la última enferme- 
dad. Bien sabemos que en nuestros tiempos se tiene'por 
sospechoso todo cuanto se presenta con algún viso de 
sobrenatural; sin embargo, cuando la santidad de la vida 
le sirve de fundamento, no vemos por que no se le haya 
de dar el crédito ([ue merece. 

Había nacido el P. Francisco García el G de Imkmo <lo 
1816, en Candelario, pueblo de la Diócesis de Placencia. 
Educado por susbu-enos padres en la piedad sólida uni- 
da á gran pureza de costumbres, parecía (|ue no |)0(lían 



al)razar un género de vida más adecuado á su .carácter 
é inclinaciones ((ue la religiosa, y á ella le Mamó Dios'á 
los 15 años fie edad, entrandoen la Compuñííi a los 18 de 
Marzo de 1881. Cuatro años después expulsado como 
todos los Jesuítas esi)añoles fué enviado á Roma para 



264 LA COMPAÑÍA DE JESt^ 



1858 continuar sus estudios. Allí recibió las sagradas ordeñes^ 
hizo el tercer año de .probación y fué incorporado en la 
Compañía. Destinado poco después ala Misión de la Nue- 
va Granada^ comenzó á ejercitar en Popayan, á causa de 
la ausencia del P. Pablo de Blas^ el cargo tan importan- 
te como difícil de Maestro de Novicios^ que continuó en 
Quito y Guatemala hasta su muerte. Ya hemos visto an- 
teriormente los padecimientos ({ue le originaron las ex- 
pulsiones de Nueva Granada y el Ecuador, uniéndose 
á los trabajos físicos los cuidados y solicitudes de padre; 
que como tal cuidaba de sus Novicios en la tan lai-ga y 
penosa pei*egr¡nación de Quito á Guatemala. Distinguió- 
se siempre por su profunda humildad, exactísima obe- 
diencia, ardoroso celo por la salvación de. las almas y 
muy singular prudencia, con que gobernó y ayudó á los 
Superiores á gobernar desempeñando con gran tino car- 
gos delicadísimos. No contaba másque42 años<le edad, 
y á los ojos huraanos'parecía que el Señor debía conser-* 
var por más largos días aquella vitlo que desde sus pri- 
meros albores había sido lodu suya, y ocupada sola- 
mente en su servicio hasta el postrer momento: pero es- 
taba ya maduro para el cielo y quiso premiar presto el 
fervor y diligencia de su (¡el siervo. 
s.-Muer- {<) — £\ gprj,^ vacío quc dejaba la muerte del l\ Kran- 

te del . _ , , _ * •' - 

p.Fran- CISCO J. Garcia López quedó por de pronto lleno entran- 

ciaco Jq ¿jj desempeñar en propiedad los oficios de Socio \ 

Maestro de Novicios el mismo (|ue los desempeñaba 

interinamente, el P. Santiago Genarruza, muy distin- 



guido por sus virtudes ivligiosas; mas luego hubo que 
lamentar otra gran pérdida. Aún no había pasado un 
mes desde la mueite del P. García, cuando cayó grn 
veniente enfermo el P. Francisco Coca, 6 quien acaba- 
mos de ver misionando con su característico celo los 
pueblos del Departamento de Gualán. Nada aprovecha- 
ron todos los. recursos de médicos y medicinas y. los 
mAs cx(|uisitos cuidados para arrancar de los brazos 
de la muerte a(|uel varón apostólico, joven y robusto \ 



fi\ OOILOMtílA V CEXl'RO-AMÉRICA 2tíi) 

011 cuyas prendas. tenía la Misión cifradas muy sólidas 1858 
(^si)eran/as: murió con la muerte de los justos el 23 de 
Julio á los 38 años de edad, ya para concluir el segundo 
año de Noviciado. F^l P. Coca nacido en Barcelona el 
año de 1820, había pasado sus años juveniles entregado 
á sus estudios eclesiásticos y al ejercicio de las virtudes 
cristianas. Apenas ordenado de sacerdote se unió al 
apostólico Misionero, el venerable y tan justamente 
celebrado Sr. Claret, en cuya escuela adelantó tanto 
(jue llegó á ser uno de los discípulos más aprovechados 
del ilustre Misionero. Consagrado éste Arzobispo de 
Cuba, el P. Coca le áiguió allá, y durante algunos 'años 
se ocupó en evangelizar la isla con inmenso fruto, 
hasta que vuelto á España el limo. Claret, y deseoso él 
de un campo más vasto donde emplear su celo, se diri- 
gió á Guatemala. Aquí estuvo algún poco de tiempo 
predicando con mucha aceptación, pero acordando muy 
acertadamente que todos aquellos trabajos serían más. 
meritorios y fructuosos si iban dirigidos por la obedien- 
cia, se determinó á entrar en la Compañía y fué admi- 
tido en ella por el P. Pablo de Blas á los 12 de Octubre 
de 185(). En el retiro del noviciado dio claras muestras 
de las virtudes que estaban ya muy arraigadas en su 
corazón de Apóstol: singular humildad^ obediencia y 
sen€illez de niño constituían su carácter, y niño parecía 
entre sus connovicios que eran todos de poca edad y 
gozaban mucho con su conversación suave, amena y 
espiritual. Mas los ejercicios del noviciado no entibia- 
ron su celo por la salvación de las almas. Fué enviado 
varias veces con otros PP. antiguos á dar misiones, y 
la unción y espíritu de su palabra arrancaba siempre á 
sus oyentes lágrimas de penitencia. Pero donde campeó 
más su celo fué durante el cólera en la asistencia, no á 
los apestados precisamente, pues como á novicio no se 
le permitió, sino en oir las confesiones de las innume- 
, rabies personas que en aquellas aflictivas circunstan- 
cias acudían á la Merced^ y él casi siempre solo, por 



%é La compañía de je^cs 



nes. 



1858 estar los demás fuera^ era quien á todos atendía con 
singular caridad. Pero he aquí que tan relevantes 
prendas sirvieron solamente para hacer más sensible 
la pérdida de tan celoso operario que á no dudarlo 
habría prestado á la Misión de Guatemala importantí- 
simos servicios^ como había ya comenzado á hacerlo en 
las ocasiones que la obediencia le proporcionó, durante 
el corto espacio que vivió en la Compañía. 
9.-xue- 9j — Mientras Dios en sus inescrutables juicios lleva- 
peticio- ba para sí uno tras otro los sujetos de la Misión de 
Guatemala, nuevas peticiones llegaban de diversos 
puntos. Los de Quezaltenango no contentos con su 
pequeño Residencia, pues de los trabajos de dos PP. de- 
ducen lo que se haría, si. fueran más, piden Colegio, se 
ofrecen á todo por conseguirlo. El Gobierno de. la 'Re- 
pública del Salvador hace (*) nuevas instancias ]^orque 
admita el Colegio de la Asunción en la ciudad de 
^an Vicente y cormisiona al Sr. Lie. D. Antonio Orlíz 
Urruela paro tratar el asiinto con el R. P. Superior, 
íjuien en vista de las ventajosas condicicMies que el Se- 
ñor Ortíz con su celo y actividad característico le ofrece,^ 
propone 61 tambión-sus bases, que en resumen.se redu- 
cen á la libertad que desea siempre la Compañía en sus 
establecimientos tanto en lo relativo á la disciplina 
como áia enseñanza de las letras, y á no abrir al pr¡n^ 
cipio más que dos clases, añadiendo anualmente una. ó 
más según el }>rogreso de los alumnos. Estas son adop- 
tadas y con ellas se da cuenta al R. P. Reckx. Xo hay 
duda sino que el Colegio del Salvador hubiera acarrea^ 
do grandes ventajas; porque hallándose esta República 
como incrustada entre Honduj'os, Nicaragua y Guale- 
mala, facilitábala concurrencia doalumnos y á la Com- 
pañía el poder extender más ampliamente la esfera de 
sus trabajos; sin embargo, he aquí la respuesta del 
P. General: «Bien (juisiera por ciertQ satisfacer á las 



(*) Vé«\s(» el Ai>»^ndico XTX. 



feK COLOMfelA^ Ct!KtRO-AM¿RlCÁ ^6( 



peticiones de los excelentes ciudadanos y Gobierno del 1858 
Salvador; si tuviera á la mano profesores y operarios á 
■quienes enviar^ pues conozco la importancia de su pre- 
tensión; pero Veo qué pocos son VV. y cuan compro- 
metidos andan en la restauración de la Misión Neo- 
Granadina^ y así, me veo obligado á responde)', «({ue la 
mies es mucha y los obreros pcx'os: ro¿^ad al Sorioi* de 
la mies que envíe operarios á su vina». Quedaron, pues, 
por segunda vez frustrados los deseos de los Salvadore- 
ños por tener que atender á la renaciente misión Neo- 
Granadina que por entonces presentaba una faz tan 
halagüeña: nadie preveía entonces lo que muy poco des- 
pués tuvo lugar en aquella República víctima siempre 
de la desmesurada ambición de sus propios hijos. 

10) — No tardó mucho en recibirse en Guatemala ^^•'^^' 

fiTfi n íl 9. 

orden del P. Blas de c{ue partiesen á Bogotá nueve expetii- 
sujetos: eran los destinados los PP. Benito Moral, José ^^'^'^ 

á la 

Telcsforo Paúl, Ambrosio Fonseca y Anastasio Silva: ^ueva 
tres HH. Estudiantes y dos Coadjutores, los cuales, hu-^'^'^'^^'^^- 
bieron de ponerse en marcha en el mes de Octubre con 
no pequeño trastorno del Seminario, donde la mayor 
parte de ellos desempeñaban cátedras; pero los com- 
promisos contraidos surgían. Por otro lado procuraba 
el activo Superior que se le devolviesen otros sujetos 
que, habiendo antes pertenecido á la antigua misión 
de la Nueva Granada, residían en el Colegio de la Ha- 
baña, y en efecto fueron enviados por de pronto los 
PP. Fausto Legarra y Nicasio Eguiluz, y más larde el 
P. José Joaquín Cotanilla. Mientras llegaban estas 
expediciones auxiliares se ocupaban los tres PP. de 
Bogotá en toda clase de ministerios, y más que todo en 
procurar una casa amplia y cómoda para plantear "el 
noviciado f{ue hasta entonces se hallaba todavía estre- 
chado en el recinto de una harto pequeña, como insi- 
nuamos ya. Dios se lo proporcionó muy á su gusto, 
compróse una hermosísima quinta situada casi en los 
suburbios de la ciudad, alejada del ruido y tranco^ 



2g8 la compañía de jÉ.srs 

1858 alegre, silenciosa^ rodeada en su parte posterior de una 
extensa huerta sembrada de hortalizas y de toda clase 
de árboles frutales propios de aquel clima^ y por el' 
frente adornada de vistosos jardines siempre verdes v 
matizados de variadísimas flores. El cuerpo del edificio 
con numerosas habitaciones que sólo pecaban de ele- 
gantes^ y con todas las dependencias propias de fami- 
lias pudientes. A mediados de Octubre se trasladaron 
á la nueva morada los tres sacerdotes con siete novieros 
escohnres y dos coadjutores y á poco, comenzaron á 
llegar los sujetos llamados de la Habana y Je Guíitema- 
la, con grande alivio de los primeros que durante och<' 
meses habían sostenido solos el peso de tanto trabaje» 
por el bien de tantas almas que buscaban en elloá 
dirección y. consuelo, 

n.-Ei iij — Reunidos pues, en el nuevo noviciado todos los 

Colegio . ^ . ^ . ' , , 

de sujetos ¿on que por entonces contaba la renaciente 
s.Barto-^ig¡5ii Grouadina, á principios de Diciembre pasaron 

lomé. • . 1 1 r. • • 1 1 • 

á tomar posesión del bemmario los que en el próxinm 
curso habían de regentarle, es decir, lodos, quedando 
solamente el F. Blas y su Socio el P. J. Télésforo Paúl* 
al cuidado de los Novicios. Ma:$ entre tanto, traíase 
entre njanos otro negocio no de muy fácil solución \ 
llevaba consigo no |)e^|ueno aumento de trabajo. Kl 
Presidente de la Confederación Dr. 1)., Mariano Ospind 
había concebido de muy antes el pn>yecto de enlregar 
á la (Rómpanla el Colegio de San Bartolomé, pro|>ied;Hl 
del Estado de Cundinamar<'a, lo cual nadie extráñala, 
si recuerda no sólo la paite activísima (|ue tomó en I » 
vuelta de la Com|)anía á la Nueva Granada el año de í:: 
su decidiclo empeño porque conservasen el Colegio 
Académico de Medellín, su denuedo en defender de 
palabra y por la prensa su establecimiento legal el año 
de 50 y sobre todo la:^ profundas convicciones cató^ 
licas de aquel hombre quQ no pensaba ni obraba sin»» 
confoiMue á la norma de la más extricta razón y jus- 
ticia. < >i(ln, pues, la prn|iiu'stn que el Sr\ Pií'sidnih' cu 



c 

SOI 



EN COLOMBIA Y CENTRO-AMÉRICA 2(5^ 

^* persoiin le hizosobrccl nsmil(),ol V. Blns respondió íjuo 1858 
no tendría diticullad en reriinr el edificio |)nrn dnr en 
él las enseñanzas propias de la Compañía y mantener 
las. becas correspondientes á las rentas. Repuso Ospina 
que sólo se trataba de dar el edificio y las rentas, y que 
el monto de estas figurase como dotación de las cáte- 
dras que se abriesen gratuitamente á los externos. 
Acogió la idea el P. Superior como muy conforme á las 
disposiciones del Instituto según el cual la enseñanza es 
siempre gratuita y las rentas de esta clase de estable- 
imicntos sólo se exigen para la sustentación del per- 
•niil (|uc los regenta. Pocos días después de esta 
entrevista presentóse D. Pastor Ospina, hermano del 
Presidente y miembro de la comisión nombrada por la 
Asamblea Constituyente del Estado de Cundinamarca 
para la redacción de los códigos^ el cual le mostró 
el capítulo VIH del de Instrucción pública^ en el que se 
autorizaba al Gobernador para contratar la enseñanza 
bajo ciertas bases^ que se hallaron también aceptables. 
Entre tanto la Asamblea del Estado abrió de nuevo sus se- 
siones^ y por lo que respecta al Código de Instrucción pú- 
blica se expidió sin reforma sustancial de las bases so- 
bredichas. Parecía que todo iba á llevarse á cabo sin el 
menor tropiezo, mas llegando á ponerse en práctica^ co- 
menzáronlas dificultades. El Sr. Ospina contaba con que 
el Gobernador le comisionaría para ajustarel contrato y 
enestesupuestoteníaya formado el proyecto, y los PP. por 
su parte consultaban entre sí y con personas entendidas* 
algunos artículos que se creían necesarios; pero el se- 
ñor Gobernador que .lo era D. José María Malo Blanco 
juzgó que para acomodarse á la práctica recibida debía 
publicar la autorización que tenía y convocar á contra- * . 
ta, como lo hizo por decreto de 7 de Diciembre, aunque 
siempre resuelto á dar la preferencia á la Compañía, en 
virtud de la autoridad que le concede el artículo de la 
léVy la cual ordena que la contratase haga con personas 
ó asociaciones ((que por su conducta, doctrina y demás 



270 LA compañía de jesús 



1858 circunstancias den seguridad de que la educación y la 
instrucción serán conformes á las necesidades del Esta- 
do y á los deseos de la mayoría de los padres de fami- 
lia». Para corroborar la buena voluntad del Gobernador 
pensó el Sr. Ospina en hacer una representación á nom- 
bre de muchas personas respetables pidiendo que en 
todo caso fuese preferida la Compañía; mas esto no sal- 
vaba la dificultad, lo primero porque no era decoroso ni 
conforme con el espíritu de absoluto desinterés que ani- 
ma á los Jesuitns en todos sus ministerios de cualquier 
clase que sean, el presentarse en licitación como quien 
trata de adquirir un buen negocio. Lo segundo porque 
fácilmente se podían presentar competidores que ofre- 
cieran tomar á su cargo las cátedras de Jurisprudencia 
y Medicina, que hasta entonces se habían dado en el 
Colegio de San Bartolomé, en cuyo caso el Sr. Gol»erna- 
nador con todo su interés personal y la representación 
de los padres de familia se vería obligado en justicia á 
dar la preferencia á los otros, en vista de tales ventajas, 
por no tener que responder de sus procedimientos ante 
un público que pudiera quejarse d lo menos con apa- 
riencia de razón. Era preciso, pues, idear otro expe- 
diente para oliviar la dificultad, y los Sres. Ospina su- 
pieron encontrarlo: tal fué el que el Sr. D. Pastor se 
presentara como licitador, expresando entre las cláusu- 
las del contrato entregar á la Compañía todas las cáte- 
dras, reservando para sí las de Jurisprudencia y Medi- 
cina, pji tal caso ya los PP. no tenían (|uc en tenderse 
para nada con el Gobernador, sino con el Sr. Ospina, 
\erdadero responsable ante la autoridad pública; y esta 
fué la resolución que se tomó, como que parecía asegu- 
rar el cumplimiento délos deseos de aquellos buenos 
señores y de otros muchos que como ellos anhelaban 
porque la instrucción pública se pusiera en manos de 
los Jesuítas. 

Mientras llegaba el día íijado para juescntar 1(» diver- 
<o< i»rM\o.tí w ,1r^ f-nnf i-;ítn íinoom ol Í^^O do 1^)1 ( • ir>rn 1»1« • 




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BN COLOMBIA V CENTRO-AMÉRK A 271 



bro^ el Sr. Ospinn so ocnpíil)n en nrréglar Ins bafies'en 1858 
que doI)ía convenir con oí P. I^los'en su controto parti- 
cular; pero como toda la ílificullad consistía on las cla- 
ses de Jurisprudencia y Medicina, quisieron antes pro- 
poner al Gobernador que las tomase (^l por su cuenta, 
deduciendo de las rentas del Colegio los fondos para 
sostenerlas. Negóse á ello t con razón, por que ero tanto 
como erigir un nuevo establecimiento que no sólo nece- 
sitaría de tres ó cuatro catedráticos, sino tambión de 
Rector y demás dependientes necesai'ios [)ara el des- 
empefio dolos varios (íargosfpio llevaría consigo. La últi- 
ma resolución, pues, fué que el Sr. D. Pastor Ospina se 
quedaría con la bacienda llamada Tedio, perteneciente 
al (Colegio de San Bartolomé, con cuyos productos se 
dotarían las mencionadas cátedras y se indenrinizaría él 
mismo de los gravámenes que se le seguían de tener que 
radicarse en Bogotá, dejando abandonados los negocios 
•que tenía en su casa fuera de la Capital. Arreglado el 
asunto de esta manera, sólo se esperaba la fecha en que 
debía hacerse la licitación- (*). 

12) — Volviendo ahora á nuestin Misión (Ifdu.ih-niHla, jV*"*" 
11.1- 11-1**** ^^^' 

la encontraremos dando leliz térnnno al curso del ano de ^oen 

1858. El General Carrera que siempre honralja con su ^•"V" 

. , ^ mili*. 

asistencia las funciones literarias, anunció en los últi- 
mos días del curso una visita enteramente familiar y 
amistosa, para conocer el Colegio de cuyo buen orden 
y disciplina con tanta recomendación le hablaban siem- 
pre, y que él no había visto sino en días de gran fiesta. 
Presentóse acompañado de alguno que otro de sus Mi- 
nistros y Generales^ y se le recibió, como él quería, sin 
especial aparato, aunque sí ó los rfcordes de la música- 
militar, por el gusto especial que se suponía había de 
tener viendo á los alumnos ejecutar con singular destre- 
za las mejores pi'ezas que solían tocar las bandas de los 
regimientos. Se le paseó por todo él editicio, trataba con 



( ■ ) Apuntes manuscritos para la historia de la Mi.sióD. 



272 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



1858 los PP. con la mnyor familiaridad y sencillez, y daba 
muestras de profunda satisíacción y hasta de ternura á 
vista de aquellos 200 niños en quienes se cifraba la es- 
peranza de la patria. Por último, se le llevó al gabinete 
de física y el Profesor P. Antonio Canudas hizo en su 
presencia varios experimentos curiosos, lo cual entusias- 
mó tanto al Presidente que señaló una pensión mensual 
para ir trayendo de Europa cuantos aparatos se fuesen 
de nuevo inventando, de modo que al cabo de poco, 
aquel Gabinete se puso á la altura de los mejores, por no 
echarse de menos en él ninguno de los más recientes 
inventos. Todas estas muestras de sincerísima estima- 
ción de parte del gran regenerador de la República aña- 
dían nuevo lustre al Seminario y engrandecían singu- 
larmente su nombre. 

A fines de Octubre los alumnos marcharon ci vaca- 
ciones dejando llenos de satisfacción á sus maestros por 
el feliz resultado de sus trabajos en aquel curso; mas los 
Superiores quedaban un tanto solícitos por el que pró- 
ximamente debía abrirse en. ambos colegios, pues el 
personal no alcanzaba á dar abasto para sostener ó lo 
menos' los trabajos ya establecidos. Quince sujetos ha- 
bía perdido la Misión en menos de un año, trece de los 
cuales ó regentaban cátedras, ó se ocupaban en Jo<; 
ministerios, teniendo cadq uno tarea más que suHciente; 
y cómo llenar ahora todos estos vacíosf Un. sólo opera- 
rio, el P. Luis Cots venido de Buenos-Aire§, y tres -no 
vicios escolares era el único incremento de la tan mer- 
mada Misión Guatemalteca. Abrióse sin embargo el 
curso á 9 de Diciembre en uno y otro Colegio, y 'para 
dar una idea de lo* sobrecargados que se hallaban los 
PP. mencionaremos solamtínle al P. Joaquín Suárcz en 
ol Seminario^ quien además de las prefecturas de estu- 
dios y de disciplina leía Teología dogYnática, Cánones 
y Metafísica, val P. Esteban Parrondo Procurador de 
la Merced que desempeñalia igualmente las cátedras de 
Teolo^ría, L<sgica y Matemáticas, y todos los demás poi* 



EN COLOMBIA Y CJJXTRO- AMÉRICA 273 



ol mismo estilo, dcsempefiíniílíj cargos (¡uc sci'ínii has- 1851) 
Imites para tener bien (K!iii>a(los á dos ó Ii'Gs 'sujetos y 
midiendo el trabajo ;io eon las fuer/as, sino m;')s j»ií^n ''on 
las horas del día y aun de la noche. 

bS) — Y en efecto no i'né peíinefio ol esfuerzo que- ne-'"-'^<>"* 
<M\sitaron aquellos excelentes Jesuítas para sostener tan- cia<^y 
to trabajo sin desfallecer, porque como iremos viendo, ^^'''^"''•^• 
nada se echó do menos de cuanto se habió ya estableci- 
do, y'aiin podríamos' decir que se hizo mí^s. A las nume- 
i'osas tandas de ejercicios á toda (dase de personas, fpie 
anualmente iban en aumento, se añadieron este año oti'us 
de nueva forma á los cjue se les di() el nombre de confe- 
rencias científico-religiosas, y se daban por la noche en 
la'Merced, no admitiéndose sino á personas de letras y ca- 
balleros de la alta sociedad, especialmente invitados. Ya 
se ve, sólo se trataba de atraer á oii* la palal)i'a de Dios 
á muchos lionrados sí, y de muy Inienas ideas, pero á 
(juienes no se veía acercarse á la Iglesia', quién ])or 
pura apatía, quién por respeto humano, quién porcjue 
abrumados de negocios no hallaban durante el día 
tiempo para atender al único y más importante do los 
negocios. Xo salió frustrada la esperanza: el P. Esteban 
Parrondo con el gran i)restigío de que gozaba como ora- 
dor y como sabio, supo tan bien insinuarse en aquellos 
corazones fríos; que les hizo revivir para la religión y 
])iedad, engrosándose considerablemente el partido de 
Dios entre los nobles y letrados. 

A pesar de tanto trabajo como proporcii^naba la ca- 
})ital sola, y ser tan pocos, como dejamos dicho los opc; 
rarios, no faltó tiempo para dia'cer alguna excursión 
apostólica á muchos pueblos remotos de la costa del 
Pacífico; mas para esto fué' necesario echar mano de 
uno de los PP. de la residencia de Quezaltenango, del 
P. llamón Posada, y n» -in grande utiljdad. Este 
P. en los dos años que llevaba de residir en esta 
ciudad había llegado á poseer tan perfectamente la 
lengua Qúiclx\ común á casi todos los indígena? do 



274 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



1859 aquellas provincias, que llamaba la atención de estos y 
de cuantos le oían expresarse en aquel lenguaje tan difí- 
cil y enrevesado por demás. Fué este trabajo una fuente 
de salud para innumerables almas, pues los indígenas 
viendo que se les predicaba en su lengua y en su estilo 
propio llegaron á cobrar grande amor al Padre, le te- 
nían por suyo^ creían que era de su raza, y con esto el 
P. Posada lograba que le oyeran con gusto, les ins- 
truía, les corregía mil abusos, y en una palabra, les ha- 
cía practicar la' religión cristiana á la que sólo perte- 
necían por el baulisitio. Tales operarios se necesiloHán 
en Guatemala para cultivar los 3()0.(Í(K) indígenas rri's- 
tianos casi todos, sencillos, dóciles, laboriosos pero su- 
midos en la ignorancia, la cual, más que Ja fa1ta.de' t»^ 
les hace cons^ervaralgunas de sus antiguas supecsti- 

ciones V aun restos de idolatría. Sirva de ejemplo el 

^ ... 

que vieron los padres en esta misma misión de que 

tratamos. Hallábanse en un pueblo de indios llamad* 
Santa María, y rendidos del cansancio del día i'epo— 
saban tranquilanriente; ruando un ruido y clamoreo 
espantoso vino á interrumpir su sueño: trataron de 
investigar, la causa y vieron por 3us propios ojos* un 
espectáculo singular.. Lq* luna estaba eclipí^ada y una 
muchedumbre de indígenas mirando al cielo clamaba 
al son de pitos, tambores y flautas, ba tity ha (it^ que 
según el P. Posada tradujo q^uerían decir: Señora a)^n< 
la, Señora ahuelal Y es que según sus antiguas creeji- 
rias, ellos Ao dan p(>r hijos del sol y nietos de la luna, 
la cual, cuando se eclipsa, piensiiui qpe está triste <» 
enojada, y á esto vie^e el pi'ocurar desagraviarla con 
aquella especie de culto. Ksto pasaba entre los indí- 
genas ya cristianos; pero al mismo tiemp»» se ven en 
ellos otros rasgos que prueban su adhesión á la reli- 
gión verda^dera; reñramos uno de los que vieron estos 
mismos misioneros, aunque es harto ridículo. En el 
pueblecito de Almolonga habían notado los municipales 
indígenas que había no pocos que por pereza *n<» asistían 



EN -COLOMBIA Y CENTRO-AMl 275 



<i Misi lo;^ rljns Irstivos; .quisieron á lorln mslo ro- 1859- 
no^ir nqiiel pecriHo \ se valieron detin medio muy ori- 
aiiial. Apcnns e('liMl)ün de menos los comisionndos í\ 
osle tin á niguno de los ronocidiimenle ¡utrnctores de 
lii ley de la saiililicación íle las fiestas, salían á bus- 
(\'irle con la cama mortuoria, lo acostaban en ella como 
un cadáver y asi lo introdu(;íai> á la Iglesia. Este medio 
l»r(»dujo el deseado electo porque los perezo90í$. anda- 
Iwiii \a niu\ lisios pai-a acudií- á la Misa por no ser lle- 
Nudos de aquella uiauei'a lor/ada \ i'idicula. Son mu\' 
amigos de colVadias y pai-a celebrar sus íiestaí» ti'uliajan 
mucho para ir reuniendo el dinero con no pequeños sa- 
(riticios:. ojalá la* piedad que muestran aquellas pobres 
gentes tuviera decidido apoyo, mas sus pári'ocos tro- 
piezan siempre con ía diticullad de la lengua, y no 
pueden darles la instrucci(')n, necesaria; por lo demás 
\'¿ sencillez de sus costumbres y el cai-ácter dócil de la 
generalidad se presta mucho para hacer de ellos cris- 
tianos Heles y fervorosos, capaces de ejercitar altas vir- 
lii(i( s. Mu\ beneficiados quedai-on los indígenas espe- 
cialmente con las instrucciones del P. 'Po?=íada hechas 
en lengua quiche, pero no les fueron menos provecho- 
sas á los ladinos de los 'nueve, pueblos que alcanzaron 
a evangelizar en aquellas escursrones especialmente en 
Retaruleu ciudad numei'osa, rica y 'bastante culta, y 
ni íUixutenango cuyos habitantes fríos y abandonados 
' ¡nosti'aron en un principio i'eacios á la divina pa- 
labra, mas la gracia obró |)(>r lin en sus coi-a/ones ) 
se volvieron muy de veras á pios, no siendo el nienoi- 
trufo de tantas fatigas el haber unido en legítimo nia- 
liiinonio á ciento veintiocho parejas de escandalosos 
cojirubinarios. 

14) — Xo ei*a menor el. celo con que trabajaban en la >*•-'-* 
educación y enseñanza de lá- juventud estudiosa loSeigem^ 
PP' del Colegio Seminario, no' solamente en lo esencial "*•'*•"• 
de las Cátedras, sino en todos los demás medios que 
'ontribuven á infiltrar én los tiernos coi-azones de lo< 



276 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



1859 niños el amor á la virtud y á la ciencia. Así las funcio- 
nes religiosas como los actos literarios se sucedían unos 
á otros siempre con esplendidez y con los atractivos de 
novedad' de qué procuraban revestirlos^ de manera que 
la numerosa concurrencia siempre tenia algo de parti- 
cular que ver^ cosa que con los años se va haciendo más 
difícil, sobre todo, en uua sociedad culta y podríamos 
decir familiarizada con las letras y las artes. Mas gva- 
ciasal fecundo genio del P. León Tornero, director de la 
Academia, de que arriba liablamos, y al incansable tra- 
bajo de Igs profesores de tantos y tan diversos ramos, el 
Colegio se mantenía siempre á grande altura bajo todos 
conceptos, sin que hubiera por entonces quien pudiera 
competir coi; él ni en el número, ni el |)mgreso cientítico, 
de sus alumnos; mas ya se ye, todo este trabajóse bacín 
tanto más penoso, cuanto más sobrecargados se halla- 
ban los sujetos. No florecían menos los estudios en el 
(Colegio de la Merced donde se formaban los jóvenes je-, 
sullas en las facultades de Filosofía y Teología^ tampoc» 
faltaban actos públicos en que se defendían tesis teoló- 
gicas con asisteticia del limo. Sr. Arzobispo y capítulo, 
de varios personajes muy distinguidos del elemseculai\ 
y de las órdenes religiosas^ entre los cuales se conservji- 
ban todavía hombres muy competentes en las ciencias 
eclesiásticas que kíuían gusto en dar mayor lucimiento 
á aquellos actos proponiendo sus dificultades, y altor- 
naudo en el argüir ron nuestros profesores del'S(- 
minaiio. 

ir..-su. 15) — j^,,s i»i». residento cu la .\uc\a lirauada cou- 
íViol lando y(^ con suficienl^c personal, habían por fin abierln 

^^' ^<^ el Seminario sobre las bases de que hablamos arriba, y 
""*' ' en que el P. Blas había convenido con el Si*. Arzobjs- 
j)0, con el Sr. Presidente y su hermano D.. Pastor. Ci> 
menzaron' pu^s sus- trabajos el 2 de Febrero* con 200 
alumnos entre internos r externos, divididos en cfiico 
clases, la ./le Retórica, las tres de latín y una elemental' 

i\ i)VOp.n;tti nl;i , r« m t"( »!«n;i lujnvp <^st l'irf ¿I inOIl tc ni RatiO 



ÉJN COLOM6IA Y CENTRO- AMÉRICA 27 1 

Studiorum y comenzando muypronto á vérselos proip^re- 1859 
sos que entraña -en su propia esencia este admirfii)le 
sistema que ha llenado el mundo de verdaderos sabios. 

Muy á los principios se vio el Colegio en un huice no 
poco aflictivo, más bien por lc\s circunstancias que por 
la novedad del caso. Un alumno de diez anos, se vio 
(le rej)eute atacado de una liebre maligna tan violenta, 
que fué necesario administrarle cuanto antes los úlli- 
nios sacramentos, sin ([ue la gl^avedad del ninl dicrn lu- 
gar ni aun í\ comunicar la noticia á su familia residente 
en una población lejana^ lo cual afligía á los W. poi'las 
malas consecuencias que fácilmente podrían originarse 
contra el buen nombre del establecimiento. A pesar de 
todos los recursos de la medicina y de los más exquisi- 
tos cuidados, el niño estaba ya moribundo; pero los que 
le asistían^ si bien habían perdido la esperanza en Ips 
medios humanos^ la tenían aún en los divinos: aplicaron 
al enfermo una reliquia de San Pedro Claver ofreciéndo- 
le celebrar tres misas en honra suya, si alcanzaba del 
Señor la vida de aquel niño. No se dejó esperar el fruto, 
de la confianza: con increíble pasmo de todos, amanece 
ya convaleciente el que creían encontrar muerto, y al 
tercer día pudo ya dejar el lecjio.* Tan evidente milagro 
llenó á todos de consuelo y contribuyó no poco al au- 
mento de la piedad entre los»demás alumnos. 

No era sólo el constante trabajo de la educación el 
(jue traía tan atareados á los ocho sacerdotes (|ue regen- 
taban el Seríiinario: aciuel espíritu fervoroso (jue tanto 
admiramos en la primera parte de esta historia, iba 
reviviendo en Bogotá, merced al trabajo constante délos 
Jesuítas en el pulpito y confesonario, y íiiás todavía en 
las numerosas tandas de ejercicios á toda clase de per- 
sonas, cuyo número ascendía á más de mil en aquel año. 
Pero el ministerio que más llamaba la aíencioii por la 
calidad de las personas en cuyo favor se -ejercía, era el 
del retiro mensual, que tuvo su origen en los días del 
limo. Sr. Mosquera. ?]ste venerable y celosísimo Prelado 



^¡f^ LA COMPAÑÍA DE JE.Sr.< 



1859 al terminar unos ejercicios que él misino había dado 
á numerosos caballeros' y jóvenes de las principales fa- 
milias de Bogotá^ les invitó á que un día, cada mes, vol- 
viesen á reunirse en aquella misma casa, para renovare! 
recuerdo de las verdades r|ue tan pr<jve<*linsMmente le^ 
liabían impresionado, á fin de' que im se extinguiem 
acjuel fuego saludable, ni se debilitaran los propósitos > 
resoluciones entonce^ tomadas. La invitación fué gusto- 
samente aceptada^ y mientras pei-ma necio en su IglesKa el 
solícito Pastor se le veía ir en persona .á cultivar aquel 
plantelque había sembrado y proUucía tan opfmos frutos. 
Desterrado el Sr. Mosc^juera, tomó á su cargo aquella 
santa obia cierto canónigo y la sosluvg gloriosamente 
hasta que consagrado Obisipo de otra dfoeesis, la i*e«o- 
mendó d un ('ompañero, quien hi dirigió hasta su muer- 
te. Entonces fué cuando los (jue encabezaban la sociedad 
sostenedora del retiro mensual solicitaron yue la tomara 
ba]ó su dirección un P. de la Compañía; No vaciló el Pa- 
dre Sujierior en aceptar la j>ropuesta eonio tan frucM lio- 
sa y dé tanta gloria do Dios, y la encargó al P. Paúl, su 
*soci<). Las fiecuentes tandas de ejercicios aumentaron 
• .Hisiderablemeíite el número de h»S(|ue frecuentaban el 
retiro hasta nocabei* musen la casa destinada ti este fiíú 
y aumenió tandiién la pública editicación y las oblas de 
calidad, portpie se veía á jiiNenes y caballeros , de al(a 
< .itagoría sin ningún linaje de respeto liumaHoTeunirse 
en grupos para ir rc/ando por las oalles*al \isitar lor? 
monumentos el día Jueves Santo, ciirgar sobre sus hom. 
bros las inn'igenes en las procesiones pi'rbiicas, tm'Ueii- 
tar loa sacra lientos y tomar parle activa- en todo cuan- 
to se pmmovía |)ai'a fomento de la piedad y alivio délos 
menesterosos (*). Los Neogranadinos son por lo general 
hondu'es de carácter y por lo mismo cuando ubrazaM el 
bien lo practican y no se avergüenzan nuaca de la reli- 
gión t|ue profetian. 



(*) Cartas annuas tíc lb5y. 



KN COLOMBIA Y CEXTRO-A.MfíUICA ^79 

IG)— Mucho era ciertamente lo que se trabajaba en* 1859 
Bogotá y muy sólidos y abundantes los frutos que se^^—'U"» 
recogían; pero la paz de que se disfrutaba en Guatema- dei 
la V la estabilidad v protección de que gozaba la Com- ^'^^^'^ 

" i f-i Hernáez 

pafiía bnjo el Gobierno genuinamente católico del Gene- 
i'al ('arrera en lo civil^ y del limo. Sr. García Pelaez en 
lo Mclí^si estico, le proporcionaban un campo no menos 
fci'til y síniás extenso y variado al celo de sus escasos 
operarios. Queremos copiar aquí algunos párrafos de 
una cni'la en ([ue el \'ice-Super¡or de Guatemala díiba 
cuenta al P. Blas de lo que se hacía sólo en la capital^ 
sin locar el Colegio ni las dos Residencias: oigamos su 
narración enteramente familiar. ((Comenzando, dice\, por 
los ministerios^ el primero y principal en que nos hemos 
ejercitado este año ha sido el dar ejercicios: desdé el 
mes de Agosto hasta Dicienibre nos hemos ocupado. en 
esto. Se dieron al Clero^ al Colegio de Infantes, á las 
monjas de la Concepción, Santa Teresa, Santa Cata- 
rina, Capuchinas y á los tres Beateríos, además de 
las Huérfanas: se han dado á ocho tandas de mu- 
jeres y tres de hombres, que vienen á dar el re- 
sultado total como de mil personas. Yo creo que si 
tuviéramos casa de Ejefl^cicios y continuáramos dándo- 
les cada mes, no nos faltaría jamás gente, p^ues tal es el 
entusiasmo por esta santa práctica, que parece rayar en 
delirio. Ningún año habíamos, tenido tanto número de 
ejercitantes: las Señoras de la Congregación que antes 
se contentaban conuna sola tanda, este año han tenido 
dos y están pensando en hacer una casa de Ejercicios: 
la Prefecta de la Congregación y otras señoras principa- 
les han tomado este negocio por su cuenta y no dudo 
que conseguirán concluirlo luego. La casa de Belén des- 
tinada, como sabe, t\\ pensionado de las Hei'manas de 
>suesti'a Señoi'a se abrirá dentro de tres ó cuatro meses 
que se gastarán en hacer las modificaciones convenien- 
tes, y mientras tanto se contentan con admitir unas 
veinte niñas en lá casa donde interinamente se han 



:hO la compañía de JEsr 



1859 colocado. Al hablar de estas Religiosas, no*piiedo menos 
de alabar la caridad, la solicitud y el celo de las Señoras 
de la Congregación para recibir, obsequiar y servir á 
estas siervas de Dios. Antes de llegar al puerto ya habían 
tratado en el Consejo de prepararles casa^ con todos los 
utensilios y muebles necesarios, de saíirlas á recibir y 
de servirlas en todo, Y como voy hablando del fruto de 
los ejercicios, viene muy oportunamente en este lugar 
hacer ver el tinte que sacaron de ellos estas ¡iiadosas y 
humildes senorai?. En medio de la alegría, del ruido y 
alborozo del señorío en el día quo ejilraron Jas Religio- 
sas, advertí, al ii- á saludarlas, que había entre aquella 
lucida concurrencia ajgunas señoras que más parecían 
criadas que amas de sué casas. En particular observé 
esto* en dos, que creo no me equivoco al decir que hablan 
escogido el peor y más hqmilde traje que tenían, de 
suerte que en vez de pai'ecer señoras ricas y de la pri- 
mera no|)leza, cómo lo son, parecían los última^. El 
mundo que no se tija en estos cosas tffmpoco sabe apre- 
ciai* a(|uella máxinia ama nescin: pero Dios que no apar- 
ta sus ojos de los humildes, creo i|ue tiene sus compla- 
cencias en estas Imenas almas, y que lo más grande, lo 
más brillante y lucido de aquella concurrencia fué la 
abnegación ile eshis verrladeras pobres de espíritu. Y 
digo cjue esto puede ser fruto de los ejerdcios, jH>rque 
hacía pocos días í|ue habían salido de ellos y les había- 
mos inculcado mucho esta fundamental virtud (le la.hu. 
mildad. No es de nuMM)r edilicación el éjcnqdo de otras 
señoras que no son de la Cong4-egación, ni habían hecho 
Ejercicios jamás, según pienso, onles bien estaban acos- 
tumbrados á -los reuniones y diversiones, no siempre 
inocentes, como bailes, teatros, etc., de estas asistieron 
algunas .á los Ejeirii^os, y han salido tan cambiadas, 
(|ue*no han vueilo O poner los pies en el leatro,1o cunl 
en este tiempo es tanto más digno de admiración, cuan- 
to mayor lia sido el ruido ((ue ha hecho una compañía 
¡t;il¡;m.i (\\\o ha lli^üad" », y más selectas las óperas y 



fíS' COLOMBIA )t CtíN*tUO-AM¿RIÓA S8t 



conciertos^ que^ segúii los periódicos sé han ejecutado. t85í) 
Ksto (^s lo (|ii(MK)s;otros podomos observo immi h\ Jiltn so- 
cií^dad^ ([iKídaiido para Dios qui scrutatur corda con- 
templar las virtudes que practican estas buenas almas 
en el secreto de su corazón... 

Pero, qué d'remos de las (-(jslmjibrus del púdolo.'' 
^,Qué de la rectitud y Inicua ie dé estas ^^Milesf Qué de 
ios progresos (juo va iiaciendo cada día In limi)i(v,a \ 
honestidad^ Esto sólo los confesonarios lo podrían de- 
cir, en donde se reúnen, muchedumbres inmen.sas de 
toda clase y. de toda edad y se pasan tardes ó mañanas 
enteras sin oirse acaso un })ecado mortal. Pero las qu(3 
luás descuellan en este don del cielo son las personas 
jóvenes que viven con tanta pureza, que no tienen que 
envidiar á los ángeles. La Asociación de las Hijas de 
María está haciendo prodigios aquí: cada día se au- 
mentan, y llegan ya á ciento y diez los coros de vírge- 
nes: comiénzase á propagar por los pueblos, cuyos ce- 
losos párrocos piden patentes de agregación, y aun ha 
pasado á la vecina República del Salvador. La protec- 
ción que la Madre Santísima dispensa á sus hijas se 
hace palpable en riiuchas de ellas, que, hallándose en 
medio del liorno de Babilonia, se conservan ilesas, y el 
fuego sólo sirve para hacer más explendente el brillo 
de la pureza. 

Pero va es hora de hablar de cuarteles, de castillos 
y de cárceles. Se acordará muy bien V. R. que en su 
tiempo tomamos posesión délos cuarteles, y ahora para 
no perderla por prescripción contraria, nos introduci- 
mos en ellos cada año y visitamos aquellas madrigue- 
ras donde el diablo sabe sustentar y fomentar buenas 
lechigadas para el infierno, ii^l trabajo no es tan grande 
como lo fué la primera vez, porque ahora no oponen 
resistencia ni jefes, ni soldados, «ntes bien lo desea la 
generalidad, aun((ue algunos todavía huyen y se. es- 
conden. Con la buena disposición de la tropa se deja 
ver el fruto que sacarán los Ministros de Dios •haciendo 



^82 LA comI>axía de JE>1 .s 



1859 resonar en aquellos sitios las verdades eternas: fuerv^ 
de alguno que otro oficial de esos que, por demasiado 
sabios paran en necios^ todos se confiesan, y así en el 
mes de María la obsequiamos trayéndole el ejército 
para que comulgase en su presencia y le cantase aque- 
lla salve -tan tierna y tan preciosa que'-suele cantar el 
pueblo. Este año aña'dimos á los dos cuarteles de in- 
fantería el de caballería, de suerte que fueron tres los 
nianojitos de flores que presentamos á la Mrgen .Inma- 
culada. Nada digo de la cárcel .y Tos castillos donde se 
dio una buena ojeada (i los diablos que suelen presidir 
en tales sitios, confesándose también jefes y coman- 
dantes y recibiendo la confirmación muchos cjue aún 
no la habían recibido. 

Todas las congregaciones marchan á las mil mara- 
villas; la de los artesanos acaso mejor que ninguna por 
tener buenas piedras sobre que descanse el edificiv 
hay un núc)eo como de cien Congregantes que son li 
flor y lo más escogido de la piedad, con los cuales se 
hace cuanto se desea porque» ú lodo lo bueno se prestan. 
Hacen sus ejercicios públicamente en su capilla, y cada 
uno es un apóstol que ando recogiendo ovejas desea 
rriadas para traeHqs á lo Congregación y hacerlas d«' 
Cristo )» (*) 

17 Li j7v — ^)íosla aquí il W Hernáez que como SuberirM 
estaba no sólo viendo, smo dispf^niendu .y lompndn 
liarle en los ti'a bajos de sus súImIíIos; nnis ya sé ve, no 
hace más que tocar ciertos pinitos más culminantes de 
lo que se hacía en la capital, sin mencio|iar siquiera lo 
que estaba yo establecidn y se practicaba en lo «Meired 
diariamente según las diversas épocas del año. Tam- 
poco hace mención de los .trabajos de los PP. de las 
Residencias. Digamo* nosotros una palabra de la de 
Livinsgton, ya que insinuamos algo de Queziiltenan- 
go. Entre aquijllos pobres caribes, como efectu <1. I 



(*) Col. part. de manuscritos. 



abaiidüiio en que tanto tiempo habían vivido^ estaba muy 1859 
arraigada la poligamia^ el concubinato y una supersti- 
ción tan crasa, que más pudiera llamársele abierta ido- 
latría: mas á fuerza de trabajo y sacrificios habían ido 
desapareciendo tan bárl)aríis costumbres: los mati'imo- 
nios se hicieron ya corrientes y los negros vivían cris- 
tinnn y honestamente: este año parece que Dios quiso 
(Ini-el último 'golpe á la idolatría con la conversión de 
uim lamosa sacerdotisa la cual espontáneamente en- 
tregó á los PP. todos lo.^ utensilios de (jue usal)a para 
sus sacrilegas ceremonias, y ella se puriíicó con la pe- 
ni tenciü, ejemplo que -sirvió de mucho para arraigar 
más el amor á la religión y á las costumbres cristianas, 
Siji embargo la situación de los dos Misioneros y la 
miseria en ((ue vivían no era para que durasen mucho en 
el trabajo: la casa en que habitaban era una pobre choza 
y no menos pobre la alimentación que de ordinario se 
reducía á algunas pocas legumbres^ raices y frutas, y 
por regalo algún pez; y esto no era porque no pudieran 
conseguirse alimentos' de .más sustancia, sino porque 
empleando el celo de los PP. las escasas rentas en el 
culto \ en Ins escuelas (jue procuraban ir estableciendo 
en los principnles pueblos, no les quedaba apenas con 
que atender á sus necesidades. Los superiores prove- 
yeron á esta gravísima necesidad pidiendo á Roma 
que, puesto qué los dos misioneros eran verdaderos 
párrocos de todos aquellos pueblos, canónicamente 
nombrados por el Sr. Arzobispo, pudieran percibir y 
hacer uso de los llamados derechos de estola, como to- 
dos los demás de su clase, á* lo cual accedió fácilmente 
el R. P. General, atendida la condición de aquella tierra 
tan necesitada de auxilios espirituales. Este fué algún 
alivio y muy oportuno para sostener la vida de los Pa- 
dres que ya desfallecía en faerza-de tanto trabajo y pri- 
vaciones- tantas: al P. Genon hubo que llamarle á la 
cüpital para que repusiera un poco sus fuerzas tan que- 
brantadas^ que más que un vivo parecía un cadáver^ 



•^84 La compañía de jesüs 



1859 enviando en su lugar al P. Manuel Pieschaeon^ opera- 
rio celosísimo y de los que más falta hacían en la capi- 
tal. Tal era la premura de sujetos que no permitía acu- 
dir á un punto necesitado sin haber de desamparar 
otro. 
18.-L09 18)— rPor este tiempo comenzó el Colegio de la Mer- 
las ' ced á adquirir algunas fincas á lo menos para el 

jíubes. sostenimiento del culto divino y mejoras dfe la casa que, 
como antes dijimos, necesitaba de muchos reparos; 
tales tincas sin embargo, corno se encontraban no eran 
productivas, ni lo fueix)n iuista anos más tarde, cuando 
la constancia y el trabajo pudo comenzar á suplir lo 
gue el dinero hubiera hecho en poco tiempo. Lo pri- 
mero que adquirieron los PP. fué una pequeña quinta 
situada á distancia de una legua hacia el Sur de la ciu- 
dad junto al acueducto que viene de Pinula: esta, fuera 
de algunas pocas hortalizas que en ella se cogían, no 
ofrecía más utilidad que tener un punto cercano á don- 
de los jóvenes escolares pudieran ir a descansar del |>e- 
noso trabajo de los esludios una ó dos veces al mes. 
Más considerable y útil fué la entrega de la hacienda 
llamada «Las Nubes» perteneciente á la Iglesia de la 
Merced, una de tantas propiedades de las Ordenes Re- 
ligiosas desamortizadas por el implo Morazán. Kl Go- 
bierno á cuyo poder íiabía venido á parar, por decreto 
(le 14 de Setiembre de 1853 lo devolvió á sus legítimos 
dueños, es de(Mr, á la Mer<-ed, de la cual habían to- 
mado posesión canónica los Jesuitas, como arriba de- 
jamos dicho; el decreto, sin embargo uo se hizo por 
entonces efectivo, por tenerla en arrendamiento un be- 
nemérito General de la República (juien pagaba anual- 
mente cien pesos al Gobierno, el cual á su vez los pa- 
saba muy religiosamente álosPP. que por algún tiemp(t 
ignoraron de donde provenía aquella pequeña renta. 
Mientras tanto el limo. Sr. Arzobispo constantísimo 
I)rotector de la Compañía que veía con pena sus esca- 
seces había acudido* á Roma pidiendo á la Santa Sede 



EN COLOMBIA Y CENTRO-AMÉRICA 285 

que confirmarn la sobredicha cesión del Gobierno, la 1850 
cual no sólo le fué otorgada por decreto de 3 de Marzo 
de 58, sino que tami)icn le autoriza para que «las ren- 
tas, posesiones y otros bienes de la misma Comunidad 
(lo la Merced que se encontraren en lo de adelante se 
apliquen A los mencionados PP. déla Compañía de Je- 
sús aquellos que están destinados al culto divino...» 
Tal era el estado de este asunto cuando el arrendatario 
quiso espontáneamente dejar la Hacienda de ((Las Nu- 
bes» (*) y pudo realizarse el deseo del Sr. Arzobispo y 
de aquel católico Gobierno. Hacia el oriente de la capi- 
tal y como á unas tres leguas de ella en línea recta se 
hallan unas hermosas montañas cubiertas de vegeta- 
ción: por la grande altura á c(ue se elevan se las ve con 
frecuencia cubiertas de nubes, de donde tomó su nom- 
bre la hacienda de que hablamos, situada en aquellas 
cimas desde donde se disfrutan el bellísimo panorama 
de todo el Valle de la Ermita con la hermosa capital 
cuyos principales edificios alcanzan á distinguirse á 
simple vista. Es muy extensa y está formada por un 
enmarañado laberinto de colinas y cerros de diversas 
alturas, bosques de pinos gigantescos y diversas otras 
maderas de construcción, en cuyos ramajes espesísi- 
mos revolotea el famoso quetzal, la aurora y otras aves 
de bellísimo plumaje; dehesas con excelentes pastos y 
tierras también de labor que producen patatas, maiz, 
trigo, cebada y otros cereales y frutos de clima frío cual 
es el de esas alturas. Los PP. . Mercenarios en mejores 
tiempos debieron cultivar aquellas tierras, mas en el 
estado en que se recibió la hacienda nada había fuera 
del terreno y una pequeña casita de paja y barro suma- 
mente estropeada é incapaz de resguardar del frío á sus 
moradores; más que una renta positiva era aquella do- 
nación un fundo de donde á fuerza de industria y de 
trabajo podía con el tiempo sacarse algo más de los 



(*) Col. pi'iv. de la Misión. 



286 LA COMPAÑÍA DE JESU = 



1859 cien pesos anuales de arrendamiento. Fuera de esto, 
• dos ideas animaron á los Superiores á poner mano en 
ía restauración de uLas Xubesv): una el tener un punto 
cercano, salubre y recreativo á donde llevar a los jóve- 
nes á pasar las vacaciones de otoño: otra el tener oca- 
sión de evangelizar las gentes de aquellas montañas, 
guaridas de rebeldes *y foragidos que en las guerras pa- 
sadas habían dado no poco en que entender al Genen^] 
riarrera y aún á la sazón eran temibles. Ambos tines sr 
consiguieron muy ó satisfaccióu de los PV. y del Go- 
bierno, como lo iremos viendo en ^ curso de e.^ta ní|- 
rración. 
13. -Pros- \f)\ — \ j.^ sombra de la pa/ \ 1».:, ... éjida de un Go- 

peridad* . . . • ' /-^ ' i 

de bierno católico, activo y enérgico Guatemala progresaba 
r;uate- i^gj^ todos conceptos: habíií recobrado con creces su di ;:^ 
nidad y buen nombre en el extranjero, se Iwcía respe 
lar de las Rqiúblicas vecinas, y ei\ q\ interior reinabii 
el bienestar y ttorecia la industria y el comercio*^ habiii 
ya entrado en su edad de oro.despüés de su enjancipa- 
( ion (je España, y aún la veremos elevarse á mayor a) 
tura. No es de nuestra iiicumbencia entrar ^n detalle 
^obre les adelanjos materiales que, en el tiempo a que 
nos referimos tomaban cada vez .mayor auge, y no- 
^otn^s mismos luimos testigo de ello, sólo lo liaremo- 
notar al ocuparnos en referir los adelantos religiosos > 
morales, pav^ que vean los liberales con In evidencia de 
los bechos, cuan lejos está He pugnar con el >erdadero 
\ riistinno progreso la religión, la moral, el catt)licismí> 
neto: nunca había sido más lil»re, más feliz, ni . vivid»- 
ron más desahogo el pueblo de Guatemala desde IHiil . 
que cuando libre de revolucionas y discordias civiles 
podía dejai-se llevar libremente de sus inst¡nn>s r^ligio 
sos, y practicar su piedad nativa con el esplendor qu( 
le es tan propio, sin que la autoridad, oivil le pusiera 
trabas, y sin que hubiera impíos que le motejaran, ni 
í^abios a la moderna que llamaran fanatismo ?i la ])ráf'- 
tica de la piedad cristiana. 



EN COLOMBIA Y CENTRO-AMÉRICA 287 

Prosiguiendt) nuestra narración, el ano de 59 se dis- 1859 
tiiiguió mucho en lo religioso por la tan anhelada veni- 
da de las Hermanas de Nuesti'a Señora para hacerse 
cargo de la educación y enseñanza de las niñas, como 
lo hemos ya indicado. No lo fué menos por la consagra- 
ción de cuatro limos. Obispos veriíicada casi á conti- 
nuación en el espacio de pocos días: eran éstos el señor 
Provisor D. José M. Barrutia y Croquer y D. Fr. Juan 
de Zepeda, de la Orden de San Francisco, como auxilia- 
res del Sr. Arzobisi)0. 1^1 limo. Sr. Dr. D. Bernardo Pi- 
nol y Aycinena para la Diócesis de Nicaragua, y el se- 
ñor Arcediano y Marqués de Aycinena cuyos méritos y 
servicios en favor de la Iglesia y del Estado, quiso hon- 
rarla Santa Sede preconizándole Obispo in partihuH dp 
Trajanópolis. Gran gloria ei-a para el Clero de Guate- 
mala el ver á sus ilustres miembros condecorados con 
tan alta dignidad y destinados á gobernarlas Iglesiasde 
las Repúblicas vecinas, pero no era menor el encontrar- 
se en las felices circunstancias que hemos insinuado 
para poder dar asilo al clero perseguido de otras partes. 
En efecto, en este mismo año llegaron expulsos del 
vecino Estado de Chiapas en Méjico muchos magnáni- ' 
mos defensores de los derechos de la Iglesia, que á ejem- 
plo de su valiente Prelado el limo. St'. D. Carlos Marín 
Colina y Rubio no se habían doblegado á las leyes anti- 
canónicas é impías á que quería sujetarles el goberna- 
dor de dicho Estado. El Dean y algunos miembros del 
Cabildo, las Comunidades de Santo Domingo y San 
Francisco y el Comendador de los ^Mercenarios encon- 
traron entre sus hermanos de Guatemala la más tina y 
('Ordial acogida, mas sobre todos se distinguió el ilus- 
Irísimo Sr. Arzobispo (|ue hospedó en su propio palacio 
y tributó los más cariñosos obsequios al perseguido Pre- 
lado. Desde la llegada del Sr. Colina podríamos decir 
que la Merced so convirtió en una segunda Catedral: 
amigo amantísimo de la Compañía parecía encontrar 
' u lado consuelo y reposo, y así es que no pasaba día 



288 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



1859 de fiesta en que no visitara muy larga y lamiliarmente 
una.de sus casas y aun se empeñó en hacer los ejercios 
con la Comunidad^ asistiendo á todas las distribuciones 
como el más edificante religioso^ sin admitir la más pe- 
queña distinción. Desde esta fecha oficiaba de Pontifical 
toda la Semana Santa, consagraba los Óleos para su 
diócesis/ celebraba órdenes y usaba de la Iglesia y de la 
ayuda de los PP. en todo, resultando de allí mayor es- 
plendor en el culto y r^recioiido muclio el cóik^uiso dol 
pueblo. 
ío._fioc- 20) — Entre tanto el curso terminaba felizmente no sin 

eióii de 



res. 



Bachiiio- grandes fatigas de los profesores, pero al par con gran 
satisfacción dejos Padres de familia; de la cual dieron 
Vina muestra más, pidiendo muchos de ellos que pudie- 
ran permanecer en el Colegio- después de recibido o\ 
grado de Bachiller. Hubo de accederse á esUi súplica en 
atención á los méritos de las personas que la hacían, \ 
al provQcho que Veporlaríaa los jóvenes todos, pero e&- * \^ 
pecialmente los<]ue no teniendo sus famihas en la caji 
tal,. se veían precisados á vivir en casa de huéspede^^, 
poniéndose en peligro de perder en pocos días lo que á 
costa de mucho trabajó habían allegado en largos año- 
Admitiéronse, pues, fuera de los (¡ue seguían la carrera 
oclesiás'tica, á fjutenes por derecho tocaba, muchos que' 
se inclinaban á la de Jurisprudencia: el inconveniente ' 
de tener que asistir á las clases de la Univei*sidad 5b ^ ijj 
disminuía en parte con la proximidad de ambos cditi- 
(Mos situados á continuación el uno del otro, á lo quQ se 
<iñad¡6<(ue el limo. Sr. Ayrinena, Rector entonces de la ' 
Tnivcrsidad, espontáneamente dio valor »cadémico-á I" 
cursos de Derecho canóniío (jue estudiasen en el Semi- 
nario, con lo que quedaban reducidas á dos las clascf^ 
que cursaban fuera de él. Así quedó establecida aquella 
nueva sección para el próximo curso: éste se presenta! «i 
tan tiabajoso como el anteiior, pues la Misión no había 
adquirido ni un sujeto más, mientras que el P. Blas pe- 
día otros dos; esto sin embnrgo no llegó á verificars< . 



i;n COLOMBIA y (;BiXTRo-A>^ÍJitievv ÍHÍÍ 

pues iilciidido t'l csIíhIo ;i jM'Cininiih,' de Ins cnsns ((jdns y 18,7.) 
iiiiis aún el i)it)l*und(> disgusto (iiiccoii ra/óii níDstrabíiii 
NkIos ]()s principales personajes en vista de tan marcada 
prolerencia (pie se daba á l-a Nueva Granada sol)rcGua- 
liMnala, los V\\ Cousultores füCron de parecer cpie antes 
de nu)\er un sujeto más^ se' representara el estado de las 
('(isas al H. P. General y al mismo P. Sui)erior^ y esta 
res()luci()n se tonió con mucho acierto^ como se vio por 
los efectos. Abrióse/ pues^ el nuevo curso y los PP. de 
Guatemala solu'el levaban su situaci(Jn trabajosa con la 
esperan/a de qucysi logizaban que no se llevasen más su- 
jetos á la Nue\a Granada, quedaríau' después' de un año 
remediadas en fiarte las uecesidadcs^ porque para esa 
lecha hal)rían concluido sus estudios de Teología cuatra 
j(') venes que acababan de recibir las sagradas órdenes* y 
cuatro íilósotbs que pasarían á regentar algunas cáte- 
( I I-as del Seminario. Además^ la necesidad de que estos 
rdtimos estudiaran más á fondo los diversos ramos de 
la Física experimental valiéndose del rico gabinete que 
poseía el Seminario, sugirió la idea de trasladar allá los 



tudios de Kilosofía, lo cual también traía la ventaja d 



(lescíU'gar un tanto á los profesores de la ^íerced^ donde 
s(')lo (piedaron las clases de Teología y de Huma- 
nidades. 

-i) — Tíd era el estado de los Jesuítas en Guatemala -i-'-^' 
nuiy prospero en su mterior y en sus relaciones con las u,. 
autoridades y con toda aquella sociedad^ y sin tener más ' '•'""J-"- 
motivó de pena que la escasez de personal. A Bogotáiogotá. 
había llegado un refuerzo de tres sujetos que por sus 
excelentes dotes valían por muchos, ospecialniente en 
a((Uellascii'cnnstancias. Kl P. Manuel Fernández ([ue en 
la época ant(M'ior había ti'abajado tanto y oon tanta acej)- 
tación en la Nueva (iranada, había dejado á Chile para 
\olver á su antigua ^Misión. Los PP. Félix Ciampi y jNla- 
lio Cabalieri habían salido de Italia desfinados á Méjico, 
mas detenidos en la Hal)ana á causa de la triste situa- 
'ión ))olítica de aquella -República, se 'les íanil.i('> de 



290 LA COMPAÑÍA DE JESU8 



1859 destino y fueron eiiviadosá Bogotá. El P. Ciampi sustituyó 
desde luego al P. Superior en la formación de los Novi- 
cios^ y su compañero se encargó de la Pi-efectura del 
r^olegio^ cargos muy delicados que ambos desempeñaron 
á toda satisfacción. Pero esto era poco para tantos suje- 
tos como se necesitaban. La Asamblea Legislativa del 
Estado de Boyacá había decretado en sus sesiones en- 
tregar á la Compañía el Colegio de dicho estado, y al 
efecto el Presidente dirigió al P. Blas un oñcio con el 
adjunto decreto en el cual se proponían. bases muy ven- 
tajosas. El edificio era el antiguo Novicmdo de la Com- 
pañía con su Iglesia anexa, todo muy bien ronseivadcn 
h»s rentas muy suficientes: grande y bien fundada la es- 
peranza de recojer abundantísimos frutos, porquecoqio 
ddcía una exposición dirigida al P. SuperioV, «apeserde 
los esfuerzos í|ue la impiedad había hecho para ariíin- 
carlc á estos ¡)uebIos la fe, sólo había conseguido aíii- 
marlosmásen sus san tas creencias» (*)• Mucho halagaba 
lodo esto al P. Blas, y se añadía lá mediación del señ«>i 
Arzobispo Hcrrán y la del Presidente de la Contcdern- 
r¡<')n, y en fin el lemor íle que a(|uella juventud Niniera n 
parar en malas manos, puesto que \u\hk\ i'esueito Aet \- 
d idamente dejar el Colegio quien hasta- entonces con 
Imito acierto lo habla dii*igido, 1). José Joaquín Orfíx, 
liondíre no menos célebi'e para su lilcralura, (ju(^ por la*'^ 
solidez de sus principios estrictamente católicos. ( n 
todo, y á |)esar de la inclinación que sentía el P. Supe-, 
]¡or de haceí*se cargo de aquel nuevo Colegio/ no se] 
atrevió ponpie el H. P. General no aprobaría que se 
emprendieran nuevos trabajos^, calveciendo de sifj(Mo<; 
aun para- sostener* los emprcMididos; prometió no obs-« 
tante que satisfai'ía los ardientes deseos del Gobierno y 
(:¡udadanos de Funja })ara el curso del (>i, lo cual tam- 
poco pudo verificarse por causas (|uc i It sazón np^ 
j)odían aún preveerse. 



Col. par. de MS. 



EN COLOMBIA Y ÍBNTRO-AMÉRIC'A . 291 

.; I - ' é 

(lomo se ve, lá Misión de Nueva Granada prometía 1860 
nmclio y Miañaba cada día más crédito en la capital y 
fuera de ella. Terminado el [)rimej* curso c(jn muy feliz 
í'xito, el siguiente ofreció mayor trabajo poi' el gran nú- 
mero de nuevos alumnos, externos especialmente, que 
se matricularon: abrióse la clase de primer ano de Fi- 
losofía y se duj)licaron dos de las inferiores por dema- 
siado numerosas^ lo cual llevaba consigo la necesidad 
(le ti-es nuevos profesores por lo menbs^ y obligó al Pa- 
i]ve Blas n ecbar mano de uno que otro de los Novicios 
más nntiguos que liabían pasado ya á vivir en el Semi- 
nario bajo el cuidado y dirección del P. l^aúl, que les en- 
senaba al mismo tiempo las letras humanas. El motivo 
de adoptar esta medida que, á decir verdad, produce 
casi siempre malos resultados^ era dejar libres á los 
(•un tro ó cinco sacerdotes que se ooupaban exclusiva- 
mente en los ministerios espirituales cada día más nu- 
merosos y variados. Sírvanos de* ejemplo^ los ejercios 
((ue se dieron en la capilla del Seixiinario á unos qui- 
nientos jóvenes y caballeros de la alta sociedad, y que 
fnei'a de los frutos que podemos llamar ordinarios, como 
son las conversiones y notables mudanzas de vida, pro- 
dujeron otros aún más raros como el cambio de ideas y 
sentimientos religiosos no sólo respecto de la Iglesia en 
general sino también del clero y de los Jesuítas en f)ar- 
ticular. La gracia de Dios obró con tanta eñcacia en 
aquellos corazones que en adelante se admiró con gran 
consuelo la unanimidad en la práctica de la religión y 
caridad cristiana; cuando antes se deploraba gran di- 
vergencia lo mismo en lo i'eligioso que en lo político (*). 

22) — tln Guatemala desplegaban los operarios, una ^^--^'í- 
acfividad increíble: por no repetir lo que arriba dijimos '^tm-rr 
sobre la ca[)ital, nos fijaremos únicamente en lo más 
notable que tuvo lugar el año de 60. El celosísimo señor 
(jarcia Peláez pensó en visitar algunas poblaciones muy 



(*) Litlerat- aniiiia?. aun. !.%(). 



292 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



186U importantes al par que nece^iitadas de su vasta diócesis 
y llevó (-onsigo, como solía, dos de nuestros misioneros 
para que el fruto de la visita no se redujera sólo á las 
confirmaciones y á la corrección de ciertos abusos que 
sólo atañen á muy pocos. Se dirigieron rectamente á 
Totonicapan, cabecera del departamento de su nombre, 
población industrial muy numerosa, y, á la verdad, difí- 
cil de conquistar para Jesucristo: lloraba umar<ramente 
el buen Párroco al ver las malas costumj)res y la in(¡ue- 
brantable dureza de sus feliírreses: fuera de unas 150 
personas entre mujeres y niños, nadie cumplía con el 
j)recepto pascual: muellísimos no se habían confesado 
más ífiie una ú otra vez en su vida, y no pocos de edad 
ya adelantada no habían hecho aún la ])rimera comu- 
nión. En un principio solóse predical»aal/íuno queotí» 
sermón á los cuales asistían todos, acaso p(»r respeto al 
venerable Prelado únicamente: enseguida ya se i)redi- 
caba á tarde y mañana con la misma eoncun*cncía, y 
luego se «jiraclicahaii ya todos los ejercicios de la misión 
sin darle ese nombre y sin que s(» disniinnyeríi el coii- 
rurso: estaba ya rendiíh» aquel baluarte de Salanáj^: la «li- 
vina. palabra había producido sus maravillosos efwtn- 
> la población cambió dü faz; apenas qucfló persona al- 
guna de raza (^sjiañola que no se acercase á la sagrady 
mesa. Mienti'as los misioneros se quedaban i*ecogiendo 
a(|uella tan deseada y abundanie Juies/ol'Sr. Arzobisj 
se adelantó al pueblo de Santa'Catarina, donde dii- 
antes el P. Posada estaba preparando á sus habitantes 
parala visita, hacióndoles las convenientes instruccio- 
nes en lengua (juiché. Ks este un pueblo'muy singnl.i 
en la Hepública, como arriba qu(»da insinuado, ycojí un 
poco <le más cultivo llegaría A\n duda á emular l(»s 
famosos pueblo^» del Paraguay. Aquí nada tuvieron que 
hacer los otros dos misioneros^ sino reunií-se con el 
Sr. Arzobispo para pasar á la villa de Solóla, .cuyos lii- 
liitantes^ lejos de ofrecer resistencia á la gracia, dierrui 
muestras singulares <le tVTNoi*: nlgunos jr»\enes de I.i- 



RS COLOMIWA V CKXTJtO-AMKUK'A i}9;i 

|)i¡ii(:ipales fumilias aiidahaii de casa en casa cuidando 1860 
(lo i\\\i\ nadie ([uedaj'n sin confesarse: uno de los princi- 
j»al(ís liondn'cs (Uiya conducta é ideas dalnin fundado 
motivo á (júe todos le tuvieran i)or hereje, huyó á veinte 
l(*;iii;is de d¡slíiii('i<i para escai)arse de la Misión; niasnii 
ainiüo su\() fue en su seí^ninnento, le i'edujo á volver, 
le (>hl¡,i»ó á oii' algunos sermones, \ ()ln*ando la f^racia 
en el eoi'a/ón de aí{uel empedernido, se confesó (U)n 
nuichas lágrimas y cambió enteramente de costumbres. 
No fué menos ediñcaiite el espectáculo que dieron doce 
hombres en la procesión de penitencia los cuales cami- 
naban cruciticados en un pesado madero, y en fin mil 
otros rasgos por el estjlo, que daban á entendei' cuan 
]>rofundamente había penetrado el santo temor de Dios 
en aquellos corazones bien dispuestos. De Solóla pasó 
el Sr. Arzol)ispo acompañado de sus capellanes y del 
P. Posada á recorrer los i)ueblecitos situados al derre- 
dor del pintoresco lago de Atitlan, casi todos de indí- 
genas, mientras los otros dos se dirigieron á la villa de 
Santa Cruz del Quiche, la antigua Utatlan, corte magní- 
i\cA^ de los reyes, y de cuyas ruinas se ha sacado piedra 
labrada ])ai'a construir no sólo esta villa, que cuenta 
con unos diez mil habitantes, sino también varios pue- 
blos circunvecinos. Tampoco aquí hubo que luchar con 
íliticultades: todo fué fervor y entusiasmo y el fruto co- 
rrespondió á las fatigas de los misioneros. A principios 
de Junio terminó esta expedición apostólica, volviendo 
(^1 venerable Prelado con sus cooperadores llenos de sa- 
tisfacción y alegría por tantos triunfos alcanzados (^<mtra 
(^1 i n tierno en dos meses de trabajo. 

23) — No haremos mención ahora de varias expe-^^-^;"^- 
diciones emprendidas á otras poblaciones menos im-"e,nl' 
jíortantes, ni re})et iremos lo que ya llevamos dicho sobre ^'««va 
los constantes y variados trabajos en la capital cada día ^í".' 
más universales y fructuosos, ni en ñn el gran realce 
((ue recibían las funciones religiosas, y especialmente 
las de la Semana Santa con oficiar en ellas de pontifical 



■J^}\ LÁ C'í^íMPAÑÍA J»E JESL.S 



18G0 el limo. Obispo de Chiapas; todo marchaba á medida 
del deseo^ y no había más contratiempo que el no po- 
der atender á las y)retensiones de Quezaltenango que 
instaba una y otra vez porque se hal)rieran allí á lo me- 
nos clases de latín, y haber de reducir el número de 
misiones por falta de sujetos. Peró mientras en Guate- 
mala se disfrutaba de tiempo extremamente bonancible^ 
en la Nueva Granada se iba oscureciendo el horizonte 
y dejándose ver prenuncios muy marcados de i)róxima 
tempestad. Hacia mediados del año se determinó enviar 
á Bogotá dos jóvenes de los recién ordenados, cuya salud 
sumamentequebrantada se esperaba que experimentaría 
algún alivio ya con la navegación, ya con el cambio d«' 
aires. Eran estos los PP. Ramón Silva y Félix Santistr- 
ban, los' cuales llegaron felizmentí» á Cartagena; mas ;il 
\()<-i\r en esle jmerto y ser recoiiocidos por Jesuítas, se les 
|jioh¡b(^ internarse en la República. Muy presto salieron 
de la sorpi'esa (|uelesT?aiisósemejnnle medida, sabiendo 
(|ue acababa de estallar una nueva guerm civil: recorda- 
rán nu(^slros lectores que I res años antes el General Mos- 
(|uera^ al \er derrotada su candidatura para Ut Prt^si- 
ílencia de la Rejiública, habla jgrado d^^rrocar i -n 
competidor el l)r. Uspinó. Kii efecto, tres años ha<:i.i 
íjue (ístaba pr(q>arándose para llevar á cabo sus fatales 
\ funestísimos intentos^ y por tin aprovechándose de la 
opoíMunidad de teiier en sus monos el gobierno del Ks- 
tado de Cauca, se levantó en armas contra el gobiern 
General, uniéndosele desde luego Cartagena. Estos par- 
tidarios del cabecilla déla i*evolución fueron los (jue 
detuvieron la mprclia de los dos Jesuitas, mas no sin 
una providencia especial de Dios muy contraria á !<•- 
malvados designios <le los rebeldes; porque aquello.^ 
determinaron quedarse allí hasta Tecibir órdenes de^ 
sus Superiores. Esto era precisamente loque anhelab.i 
el limó. Prelado de a(|uella Diócesis, quien los acogió 
cariñosamente en su palacio y cuidó de elh^s con es- 
movñ patcinal. Repuestos \ni tanto de sus dolencias ios 



Jtóíí CdLOMBIA Y CENTUO-AMÉKKA 



L>i»:> 



dos j'óveiies comeir/jiroii n pi-ediéar y confesar con sin- 1860 
g'ulai* proNíM^lio (lo a({uol pueblo lleno aún de fe, á pesar 
(le vivir (MI a(|ü(»l verdadero eni|)()rio de liberales y nia- 
soiies: llega i'on basta fundar la asociación llamada 
Coi'le d(í María^ agregándose á ella gran número de 
personasen cuyos corazones babían becbo revivir bi jjie- 
(bnl^ y en lin^ con su doctrina y buen ejemplo^ lograron 
atraer á Dios (\ muchos de los que se hallaban lejos de 
MI, \ hasta ganarse las simpatías de los mismos li- 
berales. 

• La resoluciíjn del P. Superior respecto délos dos 
detenidos en Cartagena fué que esperasen allí basta 
([ue las cosas cambiaran de aspecto y pudieran conti- 
nuar su viaje; y en efecto fuese por la influencia de al- 
gunos amigos ó porque temieran (]ue la estancia de 
aquellQS dos Jesuítas podía ^r dañosa á sus intentos^ no 
tardaron mucho en permitir (|ue siguiesen su camino, 
con pesar del Sr. Obispo y de todos los buenos. Navega- 
ron con felicidad el Magdalena; mas al llegar á Honda, 
un emisario de Mosquera^ que dominaba ya toda aquella 
i-egión^ les hace volver atrás, so pena de ser víctimas de 
mayores atropellos: viéronsc) pues, obligados á des- 
andar aquel largo trayecto y acqjerse de nuevo á la pro- 
tección de su excelente huésped el Obispo de Cartagena^ 
á cuyo lado permanecieron largos meses. Tales hechos 
l)onían-de manifiesto la sana de Mosquera y sus a'dep- 
tos contra los Jesuítas, y por ellos se podía presumir 
fácilmente cuál habría de ser su suerte, si la revolución 
llegaba á triunfar; pero esto último era precisamente lo 
(jue por desgracia nadie imaginaba ni aun posible en 
Bogotá: era tan generalmente aborrecido el caudjllo 
revolucionario, eran tan brillantes las victorias obteni- 
das i)or el Pljércitó del Gobierno general y el del Estado 
de Antioquía, se contaba con tantos recursos, la opi- 
ni('m general estaba tan en pro de la buena causa... todo 
en fin parecía disipar hasta la más ligera sombra de 
miedo. 



2l'<j LA t'O-Ml'ANÍA DE JESLS 



18G0 24) — Con esto nadie exlra fiará que aunque la guerra 
21. -La ardiera^ todo en la capital siguiera *tran(¡u¡lameHte su 
Asam niarcha ordinaria y normai sin que á H'ailie preocúpala 
ijovacH. ol* éxito de ella. Sírvanos de ejemplo el negocio qno 
ari'iba insinuamos sobre el Colegio de 'i'unja, (]uc ;i 
todo trance se quería encargar á la Compafiia, p(^r m;i- 
íjue eí P. Blas se negabü por entonces á ello liasta con- 
seguir mayor número de sujetos! «A pesar de las ñotas^ 
escribía el Presidente de Boyacá, en que se ha servido 
participarrñe qua ng lees posible ásu Comjíañí.i ni- 
ca rgarse por a hora, del Colegio de Boyácá, la Asamblea 
í.egislativa»(le este Estado convencida dd tino y acierto 
con (jue la (A:)mj>ania de Jesús educa la juventud^ re- 
solvió entregarle el Colegia y esta rcselucion k\ dio en 
loima de ley», feta según se }>ubl¡có en la Gaceta oli- 
rial del 1 1 ílc Scticmbiv csjabn rítncfbidíi en e<*'»- *'!- 
minos: 

Lá'Asanibiea Legislotiva del listado de Bpvaeii 



Alt. 1. El ediíioio (lél Coleg'ro de Boyar i ...n i.mIi^ 
sus auííxidades, rentas, derechos y acciones i>o ontr<»ga 
.1 ios HB*. PP. de la Coni|>arila de Jesús con el objeto (h» 
(jiie S(Mlén allí las ení^efian/as que tengan ñ bi(Mi de- 
>i-ii.ii , \ < lUa entregase hará por invehlari 

Art. 2.V Los PP. de *la Companííi de Jesús al lia- 
(•í>rs(M'a!-go de dicdio establecinuento y de sus rent;i- 
conlraen por el mismo* hecho además d(»l deber de dai 
las enseñanzas; l5s obligociónes siguienles: 1.' devolví 
el (Cilicio con sus anexidades lo mismo (jue los ¡nnni 
pales del Colegio, cuando no (juieran por cuul(|U¡er cir- 
runstancia continuar dando las ensófianza:?, cuya en- 
iKgM se hará' conforme al inventario dfe^ que habla (I 
número i." — 2.' aplicar, ó. maiulaT aplicar diarinhienle 
una misa j»ara cumplir en parte con lis niiidu ¡«.nr- 
ani^xas á los pi*fn cipa les- del Colegio. 



ION coi.oM i;i A V ('i';.Nriio-A.MiJi:i( A 2'J" 



Ail. >\." El JVjidcr l\¡cícutivo dispondr(i (jiic se sus- 18G0 
|)(Mi(ln iinuedintanioiUo que sea sancionada esta ley la 
(Misofianza (|uc se esta dajido en el Colegio de Hoyacá; 
y iMÍ(Miti'as (jue los PP. d(^ la í]()nij)ariíá de ,l(*siis lo rc- 
cíIkmi, sus rentas serán i'ecaudadas ('(jnfoi'nie á las dis- 
posiciones hoy vigentes^ del)itMulose im[)onei' estas (Xjmo 
nn(^vos capjtales, sin separar de ellhs, sino las cantida- 
des puramente necesarias^ para la conservación d(?l 
edificio, á juicio del poder ejecutivo. 

Art. i." 1m) ningún modo })odrán ser distraídos d(^ 
su ol)¡(Uo los capitales del Colegio, y los ([ue fueren re- 
dimidos por los inípiilinos serán impuestos nuevamentí* 
á censo. 

25) — Tal era la decisión del (congreso de Boyacá la 2r».-Fin 
rual muestra ([ue contaban cou la paz para muchos de iseo. 
años, y al par signiñca la alta estimación que tenían 
de la Compañía, los HH. Representantes que preferían 
cerrar interinamente el Colegio á ponerlo en manos de 
otros directores. De esta misma seguridad participaban 
losPP. de Bogotá: sólo pensaljan en sus trabajos a[)6s- 
tólicos y literarios; el Noviciado se aumentaba y embe- 
llecía bajo todos conceptos, no se daba treguas* a toda 
erase de Ininisterios espirituales, el curso terminaba á 
sntisfacción de todos, y se abría el siguiente aumen- 
tándose considerablemente el número de alumnos: todo 
prosperaba y prometía un liernaoso i)orvenir para acfue- 
11a misión, sin que en la primera mitad del año de 18()1 * 
variara ni en lo más mínimo el aspecto halagüeño de 
la situación de la Compañía en la Nueva Granada. 

No era menos la prosperidad de Guatemala y las 
<^sj)ei'anzas í[ue se concebían de ir desahogando á los 
operarios agoviados de trabajo: dos jóvenes, teólogos 
habían recibido las sagradas órdenes y de Roma lia- 
l>ían vpnido el P. Felipe Cardella que no había con- 
cluido aún sus estudios^ y el H. Francisco Crispolti, 
teólogo de segundo año: ambos sufrían del jieclio y á 
no dudarlo habrían concluido nm\ (^ii \)]'c\c sus días 



2y.^ LA COMPAÑÍA DK JESl'S 

1861 en Roma^ pero en Guatemala al cabo «de dos años qiic 
necesitaban para terminar la Teología gozaban de en- 
tera salud" y fueron en adelante sujetos útilísimos y de 
í¿ran laboriosidad lo mismo en las cátedras que en el 
|>nlpito y demás, miiiisterios. En el Seminario babíasr 
com'éñzado el nuevo curso con notable aumento- <]« 
alumnos^ pues la mayor parte de los nuevos bacbillere- 
volvieron al Colegio á perfeccionar su educación moral 
y literaria^ beclio que no menos acredita el buen ¡lücin 
(le los padres de familia^ (|ue la suma estimación en 
(juc se tenía la educación que dan los Josuitas espe- 
cialmente donde gozan de ía libertad que ban menester 
j)ara desarrollar plenamente su sistema pedagógico, sin 
las trabas y estropiezos que boy les oponen los liberales 
en Kspana y algunas de. sus antiguas colonias. 

26.-con. -Oj — Sin embargo sucesos ¡nes|)ei*íidos, (le a(|U(Hl<^s 
tra- que parecían cariicti^r Va propio de lá M¡;?¡ón de Gnnle- 

riedaflo». j^^ala, mudanzas, entrndps y salidas de sujelps, vinie- 
ron á perturbar algún tanto el bienestar de (|ue se dis- 
li utaba, y la armonía (jue reinaba entre ambos Gobiei 
nos y la (Compañía. A Hnesdel ano se baiiía recibido cíirtí 
del P. Blas en que nondiraba q\ P. San Román, Hectoi 
y Maestn^ de Novicios del (lolegio de la Merceíl, j)asaii- 
(lo á gobernar el Sennnario el mismo \'ice-Super¡iu 
P. Francisco Javier Hernáez. Siete años iiacía (¡ue el 
P. San Komán regía el Seminario^ y le -lio^bla elevado i 
una altura (pie nada 'tenía (pie envidiar a los de Kui*<»- 
pa: los Padres de familia le estimaban enlrañablemenh 
y. tenían puesta en él toda su contíanza y así «es qnf su 
remoción de aqliel cargo causó un profundo desagrad- 
(\ lodos los' |>rinci pales de la ciudad, comenzando |M>r 
el Presidente de la República, tauto más cuanto que b« 
creía, que aíjuella medida no era más que el primer 
]>aso para irle sacando poco á poco de lo Repúb^ica. N*- 
cos^ó pcípieño trabajo calmar los ánimos y suavizar el 
disgusto ([ue causó aquel cambio tan inesperado^ y que 
á los ojos de todos, los que no podían pcjietrar en ciert;i- 



KN l.()iJ>MlílA V ( KN IKO-A.MKICH'A L' ' ' 

. _j . ^^^.__ ,_ . : 

causas íntimas^ no tenía razón de ser. Pero lie aquí 1801 
(|uo (^unndo ya comenzaba á restablecerse ía buena ar- 
monía y á fuerza de prudencial y í)uenas palaliras iba 
(Mih-ando la resignación en los ánimos, sobre todo vien- 
do ((ue el (Colegio seguía su mar(*ba ])i*ogresivíi, sin al- 
terarse en nada el buen orden y el sistema tan a(UM'ta- 
damente establecido anteriormente^ un nuevo golpe vi- 
no á renovar la llaga ya cicatrizada. Á mediado^ de Fe- 
brei\:> viene una nueva orden llamando á Roma al 
1\ Joa(iuín Suarez para que reciba allí de manos del 
M. H. P. General las convenientes instrucciones y la 
|)ídente de Superior de la Misión de Buenos Aires. El 
P. Suarez como Prefecto era el alma del Seminario^ 
desempeñaba además las tres importantísimas cátedras 
<|ue arril)a dijimos^ y era tan amado de todos los alum- 
nos y de sus padres y de toda la ciudady como el que 
más. Aquí ya no paró el desagrado en quejas y mues- 
tras de sentimiento: el mismo Presidente General Ca- 
i'rera se dirigió directamente al R. P. Beckx_, quejándo- 
se muy amistosamente de lo que pasal)a con los PP. de 
(iuatemala y suplicándole la vuelta del P. Suarez á esta 
rapital. E^sto último no era ya posible por haber parti- 
do á su destino el dicho Padre, pero le contentó con 
muy buenas razones y más dando á entender á su Exce- 
lencia que había tenido muy en cuenta las necesidades 
de la Misión y el mucho amor que se dispensaba á la 
Gompanía en esta República, pues al determinar la 
partida del P. Suarez había ya enviado dos sujetos que 
le sustituyeran (% Eran estos el P. Miguel Franco, 
hermano del célebre escritor Italiano P. Segundo, hom^ 
bre de singulares prendas como religioso y como sa- 
bio; y el P. Zenovio Govoni, sujeto de señalada virtud y 
letras. Llegaron éstos muy oportunamente y el P. Franco 
se hizo cargo de las clases de Teología y Gañones y de 



(*) Véase la correspondencia que medió sobre este asunto en el Apén- 
dice XX. 



.KX) , l.A (JíJMl'AJilA UK JESl'S 



1861 la Prefectura de Estudios^ todo lo cual pesaba sobre los 
hombros del* P. A ice-Superior. 

27.-DÍVÍ- 27) — Con la venida de los sobredichos PP. coincidi<» 
líelas otra resolución del muy R. P. General que vnio á hbrar 

MisioíKí» ^1^ mil dificultades (i la asendereada Misión de Guate- 
mala. Esta con los sujetos que á la' sazón contaI)a podiM 
sostenerse suficientemente^ nunque sin posibilidad poi 
de pronto de emprender nada nuevo. El P. Blas por su 
parte contaba con personal bastante para lo que enfonce- 
tenía: por otra parte el residir el Superior en una región 
tan lejana y cuya comunicación ya antes muy tardía, ha- 
bía llegado á liacerse casi imposible con motivo de la gua- 
ira civil en que aráía la Nueva Granada, ofrecía graví- 
simos inconvenientes: en Ijn, el descontento cada \r/ 
mayor del Gcf1)ierno y amigos de Guatemala que se 
creían ofendidos al ver partir á la Xueva Granada len- 
tos sujetos que dejaban vacíos difíciles de llenai% > n • 
menos el peligro de que la candad y la obediencia f»u- 
frieran alguna mengua, si de nuevo oí^urría nueva peti- 
•ción de sujetos, éstas y otras razones (|ue no están .i 
nuestro alcance, obligaron, o 1 P. *Genei*ol /i lomar un. i 
determinación definitiva, cual fué dividir la.s dos Misio- 
nes, (piedando inde]»endientes la uno de la oira, cafl.i 
una con Suijerior projiio, como lo verificó exttMuliendn 
la patente coa**fecha de 18jrf¿ Febrero, en la cual nom- 
l>ral)a al R. P. Hernáez Superior de la Misión de Gua- 
temala, con laa mismas facultades .provincialicias de 
((ue. habían usado sus antecestíres. ¡*or lo que. hace al 
P. Blasínconíunicaclo eon.el exlranjerOy pues los revo-'J 
lucionarios dominaban el iMagdaleTna y el Cauca, no, 
supo la nueva disjM^sicióñ, como veremos, hasta des- 
j)ués de la (»xpulsión de la Xueva Granada. 

Fué muy del agrado del, Señor Arzobispo, del Presi- 
dente y de toda la ciudad el saber (jue ya los Jesuitas, á 
(piienes parecían apreciar más cada día, iió dei^endie-* 
lan más (jue de los Supei'iores de Euroj)a, ¿Marque de 
esta manera creían va contar con ellos como conr casa 



EN COLOMBIA Y CÉNTKü-AMÉRlt'A .!<»l 



Filie 



• propia^ y sin peli;^ro do ([uo siguieran repitiéndose las 1801 
l)asadas desmembraciones que tan sensibles les habían 
sido. 

: 28) — Constituida de esta manera la Misión^ todo 2s. -l. 
continuó en el próspero curso cjue llevaba, l^^l nuevo 
l-?cctor de la Merced con la nativa actividad y energía 
((ue le caracterizaba daba im])ulso á los estudios y á 
los ministerios^ atendía á la recta formación de los po- 
cos novicios c[uc habían (juedado y trabajaba por sacar 
toda la utilidad posible de las tincas^ única renta pro- 
pia de aciuclla casa. En el ano á que nos referimos o! 
Gobierno liabía entregado á la Compañía otra hacienda 
llamada Sanki Ai)olonia perteneciente á los Antiguos 
Mercenarios y desamortizada en los aciagos tiempos de 
Morazán; mas el hallarse situada en los conñnes de 
Méjico lejos de la capital y aun de la Residencia do 
Quezal tenango^ era un obstáculo insuperable para sa- 

, car de ella partido alguno fuera del arrendamiento. Por 
el contrario la de.las.Nubes había comenzado á prospe- 
rar moral y materialmente: aquella antigua madrigue- 
ra de rebeldes ])resentaba ya un aspecto muy distinto: 
los rústicos campesinos moradores de aquellas monta- 
ñas^ sencillos en sus costumbres y respetuosos^ sólo ne- 
cesitaban quien les sacase de su profunda ignorancia > 
les cultivase un poco su alma medio embrutecida por 
no escuchar nunca una palabra sobre religión^ ni asis- 
tir á ningún templo. Desde que se tomó posesión de la 
hacienda iban con frecuencia los PP., enseñal)an la 
doctrina á niños y adultos, celebraban el Santo Sa- 
criticioen altar portátil y confesaban una ú otra persona 
de las capaces: i)Osteriormente con motivo de las ol)rns 
<(ue se emprendieron, dos HIT. Coadjutores residían 
allí de asiento y un sacerdote iba todos los días festivos 
y pudo ya infiltrarse más. la piedad en aquella buena 
gente; pues los HH. reunían á la caida de la tarde á to- 
dos los peones y vecinos más cercanos^ rezaban con 
ellos y les leían algún libro nj)ropiado á sus alcances: 



;30'2 LA COMPAÑÍA DE JESL'> 



1861 presto veremos convertido en un centro de cristianos 
fervorosos el antiguo asilo de bandidos y malhechores. 
Kn cuanto á la parte material ante todo se abrió un ám- 
j)l¡o y bien trazado camino para subir cómodamente á 
la empinada montaña donde estaba situada la hacien- 
da; se edificó uña casa capaz para liospedar de treinta 
i) cuarenta personas, puesto que se destinaba para que 
1(7S jóvenes pasasen allí el tiempo de vacaciones y en 
fin una capilla para dar culto á Dios en medio de los 
l)0Sffues. Cómo haya podido llevarse á cabo esta fábri- 
ca cuando la hacienda apenas [producía nada, y lá casa 
de la Merced apenas tenia fondos para sostenerse, se 
esplica fácilmente ^i se atien<le que las maderas y otros 
materiales de construcción los producía en alnuidancia 
la misma hacienda; los peones eran los mismos mora- 
dores de la tierra que trabajaban con ^usto y tesón. 
|)or(jue jueveían y aún ex|>erimentaban ya los bie- 
nes que se se^ruían á sus familias de aquel principio i\v 
íivilizacióii, y por fin el cehj, trabajo é industria del 
Píocuradoi- y los HH. (^.oadjutores eucai-gados de los 
ti'abajos, (jue ahorraban Ib que suele ser niás costoso é 
impr^rtante cu esta clase de obras, loa salarios de inge- 
nieros, arquitectos v maestros do obras. 
Ki 2S)) — No |>asaremos adelante sin dejar ím|ui ( onsj-- 



s.iaioií-. nado el nombre de un ejemplarísimo H. Coadjutor ifu» 
prci^tó grandes servicios á estas misiones con el. ejemplo 
de su \'\(\f\ y con sus trabajos. Llamábase Luis Sera- 
rols, luitural de Manresa cu Cataluña y admitido en la 
Compañía en Madrid el ."> de Kelwen» de 1830, á la edad 
de IT.nños. Las virtudes que aprendió en el noviciado le 
Ineron tan características, que siempre obraba .se;:ñn 
sus exigenrias sin cesar- nunca en su ejercicio, á pesar 
de las vai'iadísimas circunstan(*ias y penosos trcíbujos 
(jue hubo de sobrellevar enJos. difír'iles y |»rolongado> 
\ iajes y)ov diversos^ países y en medio de las zozobras (pie 
llevan cv insigo las persecuciones. Del Noviciado de Ma- 
drid pat^ó al Colegio Romano, He aquí á la Nue\.i 



i:\ ( ULOMBIA V CfciiNTKO-AMÉKKJA r^Oll 



(irauadci, al iMuador, al Perú y oii tina (luatcniala; en 1861 
to(UíS partes sus virtudes le captaban la veneración lo 
misino de los religiosos entendidos en materia de espíritu, 
(jutíde los. seglares (jue por ra/ón de su oñcio le trata- 
han. Vivía siempre oníeiTno, mas ninica dejaba el trabajo, 
ni se (•ons¡deral)a exee[)tuado de ninguna regla. ni prá<*- 
lica rqligiosa, siendo en él lo más notable la igualdad 
de ánimo en cualesquiera circunstancias, presentándo- 
se constantemente como una imagen viva de la humil- 
dad y la mort¡íi(;aci(jn, durante los ÍU años que vivió en 
hi (^.ompañía en medio de tantos cambios y vicisitudes. 
.No es pues extraño que le honrara el pueblo con el 
titulo de Hermano Santo y que personas muy respeta- 
bles fuerau á venerar su cadáver y á tocaren él lienzos, 
rosarios y medallas para conservarlas como reliquias. 
Xo ([ueremos hablar aquí de algunas gracias sobrenatu- 
rales que de él se referían, porque no lo tenemos suñ- 
cientemente averiguado, si bien sus extraordinarias 
virtudes lo hacían todo creible, pero él solía asegurar 
con suma sinceridad y sencillez que ya había alcanzado 
del Señor la perseverancia en la Compañía por medio de 
la Santísima Virgen y San José, con quien él tenía sus 
particulares confianzas, lo cual no podía saber sino por 
especial revelación. Así enriqueciUo de méritos y virtu- 
fles descansó en el Señor, en el Colegio Seminario de 
Cuatemala á 30 de Enero de 1861. 

30) — Pero es tiempo ya de referir á nuestros lectores 
los últimos sucesos de la Misión Granadina, sucesos tris- 
tísimos que iniciaron la época de persecución religiosa, ^^°''- 

1 • 1 1 • 1 1 ^ ,^ . quera. 

de ruma y desolación de que por largos anos íué víctima • 
aquella tan noble como infortunada República, l^íientras 
el l)r. Ospina ocupó el solio presidencial, las derrotas del 
revolucionario Mosquera se sucedían unas tras otras y 
hubieran podido ser decisivas las de Manisales por el 
ejército antioqueño, la de la Plata, y más que todas la 
famosa del Orjatorio en la que tomó parte en persona el 
J(Me do la Confederación, \ cnvo óxit*» ln-illantísimo 



;ís -^•- 



triimfos 
de 



' 304 , LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



1801 i)areció haber acaljado con la fatal rebelión: tomóse en 
esta acción hasta la correspondencia tle Mosquera \ i 
pocos jefes cayeron prisioneros; pero acfuella desaparecí' > 
misteriosamente y estos recibieron del General en jefed(>l 
ejército victorioso salvoconducto, con el cual vc^IVienm 
á tratar de reliacerse. 

Estos hechos, el no (juerer llevar los triunío^i hnsl 
su término, ni aprovecharse de las ventajas ad(|uiri(l;i- 
sobre los revolucionarios y la conducta kidecisa, obscn- 
10, sin epergía de parte de algunos generales del gobiei- 
110 tienen fácil explicación: m;'is (pie las .disposición» - 
del Presidente ( )spiua, ni de 1). Haitolomé Calvo Mpir 
desempeñó el poder Ejcícutivo cuando Icrminó esto sn 
período con^titucíoiial', se ohedecíun las órdenes 11 
^rnnde oriente (\c. la losria Estrella del Tequ(Mid;im;i, 
;i la cual peitenecía Mos(|uera, caballero Kadosk del 
^rado 33, (del 34 sq titula1>a él)* Vii esto mistna estaban 
íifiliados varios de los Generales á quienes el GobierM< 
lc<¿ít¡mo había confiado el mando de los ejércitos.* Esl<' 
IM4 (piei'íini .sin duda pasar pul- traidores manitiesjo-, 
mas tampocí) podían desobeffecer las disposioiies diab« 
licas-de sus jefes masones, y he aífUí Já razón de la fali 
(le eneraría cpiCsc j)aliaba ante <?! público, el .irobiernu 
hi prensa (jue les pedía cuenta de su conducta, cni 
escusas» fútiles y explicaciones muy detíeienles, flucn 
nlcanzaban á borrar hís manchasque comentaban ya i 
nfear su anti^rua y bien moiTcída !*e|aitac¡óiu ('on tctrl... 
el Gobierno legítimo no «ludaba del Iriuiifode su c.ni-i; 
pero l;impoco dudaba <lcl >-ii\m Mi)S(|Ucr;i ( 

(I Eli coiitinii.'uion ile esto léanse iln> rariii?^ que imnemos en el Ar»i 
diee XXII, y el eurioso episodio que no.s reliere nuestro tino y constante am 
no I). .losé Sejíundo Pena en un MS. titulado: Min relaciones cou los /'/' 
((( i'om¡niiiia de Jesus\ (jue dieo asi: 

< Poeos días después (de la l'u;?a dc los prisioneros. 1 de Marzo) el hiten 
dente Dr. Andrés Agiiilar, tío del P. A',^uilar, amigo personal del G. Mo.m|ii.' 
ra, pasó otieio al P. Blas, pidiéndolo el Colegio desoeupaJo n!it<*s de lU iiorivi- 
Cuando llegiu' al Colegio de visita, eneontré al P.-Blas y al P. Cotnnilla en 



EN COLOMBIA Y CBNTKO-AMÉKICA 305 

partidarios de la capital: proclamado supremo director 1861 
de la guerra, desde los principios de' esta había organi- 
zado su gobierne portátil y daba decretos como mejor 
le parecía^ por ejemplo el del 29 de Marzo creando la 
Corte de Justicia^ el del 12 de Abril creando el Estado 
del Tolima y otros muchos por el estilo. Con tal seguri- 
dad el rebelde caudillo iba acercándose á la capital^ no 
sin sufrir nuevas derrotas, como la de Subachoque en la 
que no acabaron con la revolución porque no lo quisie- 
ron los Jefes, á decir del mismo Gobernador del Estado 



la ma,yor angustia, pues el Presidente Dr. Ospina estaba ea Facalativá, y no 
sabían los PP. qué hacer con los niños de fuera. Convenimos en que le con- 
testaran una esquela haciéndole presente todas las dificultades y pidiendo 
término hasta el día siguiente á las doce. 

Como el Colegio había sido arrendado al Dr. Pastor Ospina, hermano del 
Presidente, por el Gobernador de Cundinamarca, no podía tomarlo el Inten- 
dente. Hablé con el Coronel Pedro Gutiérrez Lee h nombre de los PP. y 
quedó de estar en el Colegio á las doce del día siguiente, mandándoles á de- 
cir «que no hiciesen nada, porque él no permitía quitar el Colegio, que sien- 
do de Cundinamarca, se le tenia que pedir á él como á Gobernador». Toqué 
con los Doctores Sanclemente, Secretario de Gobierno y D. Ignacio Gutiérrez 
Secretario de hacienda; para el día siguiente á las doce se comprometieron 
todos á estar en el Colegio. Volví llevando á los PP. estas buenas noticias, 
que ellos creyeron dilatorias de la quitada del Colegio. Cumplieron todos, 
y á las doce y media p. m. cuando se presentó el Dr. Aguilar con su Secreta- 
rio y dos Oficiales, lo recibí yo y lo conduje á la sala de recreación, donde 
hoy es la capilla interior. Cuando el Dr. Aguilar entró y vio la reunión 
pequeña, pero escojida, dijo: «No creí encontrar reunido el Concilio» no pudo 
disimular su desagrado. Después del saludo, yo dije: «Como Sindico de este 
Colegio, por mi cuenta puse en conocimiento de los Señores la resolución del 
Señor Intendente, quitando el Colegio que por traspaso de arrendamiento, 
Cundinamarca tiene obligación de conservar por ocho años más á los PP. déla 
Compañía, que confiando en el Gobierno han hecho gastos trayendo profeso- 
res, y recibiendo alumnos que no pueden poner en la calle, sin tener donde 
trasladarlos. 

El Dr. Aguilar dijo: «Con pena lo he resuelto, pero cuando más dilatara 
unos días la disolución del Colegio, pues cuando venga el G. Mosquera, esto 
sucederá infaliblemente).— El Gobernador Pedro Gutiérrez Lee, que no 
aguantaba pulgas y era muy enérgico, se disgustó con tan torpe respuesta, 
y dijo: Este Colegio se lo ha cedido por un contrato la Gobernación á los Je- 
suítas. Yo como Gobernador no permito que se viole el contrato. Si Mosquera 

-'O 



806 LA COMPAÑÍA DE JE8US 



1861 D. Pedro Gutiérrez^ quien estuvo presente y luchó como 
valiente^ saliendo gravemente herido. No callaremos 
aquí el ñn desastroso del impío y tristemente célebre re- 
volucionario Obando que murió en la acción de Cruz 
Verde alanceado según se dijo jX)r el valiente joven Am- 
brosio Hernández^ quien como veremos^ p^gó el denue- 
do que se le atribuía, muriendo asesinado por orden de 
Mosquera, aunque es cosa cierta que este no pudo lle- 
var á mal que hubiera habido quien le librara de un 
competidor justamente temido áj)e3ar de la identidad de 
ideas y sentimientos que á entrambos unía como á lo- 
bos de la misraa camada. Hubo todavía otro hecho df 
armas en Usoquen pueblo ya cercano á Bogotá, y cu\ 
éxito indetiiiible, como los que hemos mencionado ant. 
riormente, no impidió que los rebeldes atacaran lacapi- 
tal el fatal ^ía 18 de Julio de funestísima- memoria para 
todo buen Neogranadino. La toma déla ciudad siguió el 
mismo rumbo de las batallas, porque mientras la defen- 
sa era vigorosa y hasta. heroica por algunos puntos, se 
dejaban en descubierto otros por donde pudo penetrar 
Mosquera sin la menor resistencia hasta la plaza mayor; 
enarijoló su bandera sobre la estatua de Bolívar, mandó 
echar d vuelo las campanas déla catedral y triunfaba 'íl 
sólo con algunas f)artidas de negros caucajios^ mientras 
retumbaba aún el cañoneo ca el barrio de San Diego 
la sangre se derramaba 6 torrentes de una y olwi parh 



viene, que hag^a lo íiue quiera, • pero nosotros no debemos contribuí! 
obra». Los Secretarios de Gobierno y de Ilnc-ienda manifestnron que el Eje-, 
cutivo no aprobaría la medida innecesaria df» ..i.irnr ol Coleííioñ lo- 
Jesuítas. 

Entonces Aguilar muy corrido tomó su sombrero y dijo: «Comprendo qut 
primero me fusilarán á mí, que sacar a los Je^uitas de aquí >.— ¡Raras coinci" 
dencias de la vida! El General Mosquera ocupó meses.después á Bogotá, de.- 
pues de los combates de Subachoque, Usaquen y San Die^O el 18 de Julio de 
1861, y el 19 fusiló al Dr. Andrés Acuitar con Plácido Morales y Ambrosio 
Hernández... Los Jesuítas fueron expulsados después... Se cumplió el proñ 
tico despecho de Aguilar. que siempre b^i"" -H" .».tiipc,.¡t., y =.,,.;.',. ,.<.,•., 
ual y político de Mosquera....:' 



, EN COLOMBIA X CfcNTIU)-ÁMÉRICA 307 



La iiiiíjiiidad, piies^ (|Liodó consumada aquel día: la 1861 
revolución no triunfó nunca^ ó juicio de mil testi^^os 
presenciales de aquellos hechos; entró oxi mala hora por 
los caminos que las logias le habían ido preparando^ á 
costa de mucha sangre inutilmertte derramada, ó más 
bien, inutilizada por intrigas y arterias masónicas. Mas 
sería ajeno de nuestro propósito alargarnos más en este 
asunto que sólo hemos tocado' someramente como pre- 
liminar á lo que vamos á referir. 

31) — Desde los momentos mismos de la enlrüda de ios ^i.-pií- 
revolucionarios en Bogotá, los PP. comenzaron a sufrir dei 
sustos y peligros y á presenciar escenas lastimosas. Al tnunto. 
pasar Mosquera por una de las puertas del Colegio para 
entrar en la plaza, manda romperla: á los fuertes y con- 
linuados golpes un H. Coadjutor abre, y al verle aquel vil • 
hombre, grita á sus ayudantes: «maten, maten á esos 
mugi'osos Jesuítas»; mas los oñciales al ver al religioso 
naturalmente asustado con semejante orden, le calman 
diciéndole: «No tema V. Padre» el viejo está borracho» (*), 
expresión que aunque baja la copiamos á la letra 
como muy característica del sujeto á quien se refiere. 
Penetra, pues, al patio principal numerosa escolta, é 
interpelados por uno de los padres, qué es lo que quie- 
ren"^ Descubriéndose la cabeza y llenos de respeto res- 
ponden que con los PP. no quieren nada, pero que lian 
recibido orden de registrar el Colegio para prender al- 
gunos del partido vencido que han buscado asilo en él. 
\\n efecto, dos días antes varios personajes temerosos 
acaso más de los partidarios que Mosquera tenía dentro 
de la capital que del mismo jefe revolucionario, cuya 
entrada aún pare.cía á muchos muy dudosa, habían ido 
á refugiarse en San Bartolomé; mas en la actualidad 
iodos habían marchado. Pudo pues el P. Blas y los PP. 
Segura y Cotanilla que le acompañaban dividir la escolta 
y llevarles por todo el Colegio unos por unos puntos y 



(■■) Apuntes liitítórieos, :\1S. de un testifjro de vi^^ta. 



308 LA COMPAÑÍA DE JE8US 

1861 otros por otros hasta dejarles satisfechos de haber cum- 
plido fielmente su comisión^ y entonces se despidieron 
hasta con cariuo. Mas he aquí que al volver al patio 
principal encuentran los claustros y las clases llenas de 
heridos de uno y otro "partido; pasaban de 600 de todas 
graduaciones_, desde soldados rasos hasta generales. 
Era aquel un espectáculo que arrancaba lágrimas: tantos 
liombres demacrados^ cubiertos de sangre y polvo, su- 
friendo horribles dolores, devorados por el hambre y l;i 
sed, pues hacía más de veinticuatro horas que no tomn- 
ban alimento y liabían pasado el día en reñidísimo com- 
l)ate. Los PP. desde luego trataron de aliviar aquella 
necesidad y se ofrecieron al jefe de la guarnición qu»- 
custodiaba á los prisioneros, para curarles ellos mismo- 
las heridas y suministrarles alimento, mientras se to- 
maban otras providencias. Aceptó el oticial de muy buen 
gradóla oferta: se sirvjó una comida abundante á los 
enfermos y ó los sanos, que todos lo necesitabaaj y lo- 
Jesuítas con su caridad ytrato amable se granjearon t 
cariño y la gratitud de vencidos y vencedores. 

Bogotá presentaba ac^uella tarde un aspecto triste 
lúgubre, de profunda desolación: nó se escuchaban n i- 
tores de triunfo, ni se hacía ningún festejo á losTevoln 
cionarios vencedores; ni una sola persona decente > 
veía por las calles, porque to.dos sobfecojidos de terr<> 
procuraban más bien ocultarse temiendo ser víctimas 
l>or lo menos testigos del furor sanguinario de Mo- 
(juora. Y en efecto su primera orden fuó de prender . 
I). Plácido florales, al Sr. Dr. Aguilar, personajes mu\ 
distinguidos que habían desempeñado.altos eargqsxlu- 
rante la administración legitima, y aljoven AnibroS' 
Ilei-nández, ((ue antes mencionamos. Al verlos en \su 
presencia, 5>in más fórmulas manda fusilarles; mas nd 
faltó quien^ acaso por esperanza de saharles, le peí 
suadió que se aplazase la ejecucióH. Accedió, mas .i 
siguiente día/hacieudo creer á las víctimas que $ólo >• 
trntíd>a de mu dn ríes de várcel, los condujeron á !■ 



i:X COI/)MfiIA Y CENTIIO-AMÉIIICA o09 



|)lazueln liaxnnda entonces Huerta de Jaime: allí, casi á 1861 
las jinorlas del Noviciado de los Josiiitas se les hace arro- 
dillar y sin concedoi-les un confesor que pedían, aun 
ofreciendo. por trfl gracia parte de sus biepes, se les hace 
una descarga á quemarropa (*): los cadáveres quedaron 
[)or la plaza abandonados, hasta que las personas de las 
familias pudieron recojerlos para darles sepultura; sin 
embargo, un impreso emanado de la logia en días an- 
teriores prometía que en el triunfo no se derramaría 
sangre... Esta misma suerte deseaba el bárbaro caudi- 
llo para los Sres. Ospina^ el canónigo Sucre y varias 
otras personas de la misma alcurnia, á quienes aun 
antes de la entrada á la capital llevaba consigo carga- 
dos de grillos, y estaba ya para ejecutarse la feroz sen- 
tencia, si no lo hubieran inipedido la mediación de los 
ministros extranjeros y aun el .temor á varios genera- 
les de su partido que *se opusieron abiertamente á se- 
mejante acto de salvaje ferocidad; mas si no pudo sa- 
ciarse en su sangre quiso á lo menos satisfacer su saña, 
colmándoles de afrentas é ignominias, haciéndoles su- 
frir toda clase de padecimientos y privaciones, conñ- 
nándoles, en fin, á las horribles mazmorras del fuerte 
de Bocachica, situado á la entrada de la bahía de Carta- 
gena. Pero dejemos tan tristes espectáculos y volvamos 
al asunto directo de.nuestro relato. 

32) — El 21 de Julio, tres días después de la entrada 32.-E1 
de Mosquera la logia Estrella de Tequendama tuvo una^^"'^"^*^'" 
aparatosa reunión en altas horas de la noche, como cución. 
suelen esos hijos de las tinieblas. Allí entre horribles 
libaciones se pronunciaron en forma de brindis siete 
Ijreves discursos (*''') cuyo estilo y fondo en nada desdi- 
cen de tan diabólica secta: copiaremos el último que 
está más directamente ligado con los hechos en que nos 

(*) El P. J. Telesíbro Paúl salía ya del Noviciado á auxiliarles, mas 
no tuvo tiempo más que para absol herios desde donde se hallaba. 

(**) Estos discursos fueron entreg-ados manuscritos al P. Joaquín Cotani- 
11a antes de que se publicasen por la preiisa.- Col. priv. de la Orden. 



310 La compañía de .tesu.^ 



1861 ocupamos: dice así: aCon sus mismas armas — señala- 
ba una imagen de Cristo crucifícado — con sus mismas 
armas hemos de combatirlo^ derrotarlo y destruirlo^ y 
hacer olvidar su palabra y su obra. Conquistemos sus 
sacerdotes^ embriaguémosles con riquezas, honores \ 
delicias; los tercos^ que trabajen ó mlieran en el destie 
rro; quitémoles el tributo del pueblo, quitémoles las 
fíncas y las alhajas para obligarles á olvidar la Teocra- 
cia. Destruyamos los órdenes monacales de uno y otro 
sexo: echemos por tierra sus monaslerios, convirtánTolcs 
en caballerizas; ,péro al mismo tiempo .aparenteníos 
ante el pueblo que somos verdaderos católicos, haciendo 
predicar la caridad en nuestro sentido,^ promoviend»» 
procesiones'y ftqstas pa'rá poner á los profanos en con- 
íüsión. Destruyamos eJ solio Pontiticio que se ostent.i 
al lado del nuestro, em|i»2zandj0 por expeler á su repre- 
sentante V á los Socios de Jesús rtue tanto mal nos ha- 
cen. Trabajad sin descenso: la sangre del sacerdote \ 
del Cristo sea siempre el vino de nuestras libaciones, y 
sus huesos confundidos acrezcan esa pirámide de nliesr 
tro testimonio, hasta el día espléndido do nuestro pú- 
l)lico triunfó. ...í) He aquí !un breve reeumeií del pro- 
grama que se apresuró A desarrollar la reVolurí'.n. 
dando principio en el mismo día (\ q^ie nos re/erinüK-^, 
levantando la enseña úp persemcit\ji sangrienta contra 
la Iglesia y sus ministros; tal famoso decreto de»' 

tuición. é inspección de cultos, poi el cual se encadena 
á la autoridad eclesiástica v se la ¿ujeta á la f ¡vil de tal 
manera, que todos los Obispos y toda el clero secular y 
regular tengan ineludiblemente *que verse en La alterna- 
tiva de marcliar al destierro en medio de mil penalida- 
des, ó de obrar contra las leyes de la Iglesia, formando 
(^tra cuya suprema- cabeza hubiera de ser el 'déspota 
masón Mosquera. Sería agéno -de • puestro plan én-. 
trar en la narración de esfos hechos funestísimos que 
fueron el escándalo de todo el mundo católicoj ma< 
quien quisiere verla historia, oficial á lo menos, de es.i 



i:N OOI^OMBIA Y ce.Ktho-américA :^>ll 



larga época de i)crsecucióii que se inició con el sobre- 1861 
dicho decreto, puede leerla en la obra del ilustre escri- 
tor que otras veces hemos citado, 'J-n ííile>¡n v el E^ía - 
do en Colombia». (P. III. C. 8.") 

■ Siguióse inmediatamente el 2o de Julio una Nota 
oficial en que el Ministro Rojas Garrido, á nombre do 
Moscjuera, dal>a el pasaporte al Exmo. Señor Ledo- 
chowski, Internuncio de Su Santidad en la Nueva Gra- 
nada, que debía salir en el perentorio término de tres 
días. Tal noticia fué un nuevo rayo que hirió los senti- 
mientos católicos de todos los granadinos, de quienes 
era en extremo amado; pero lo fué aún mayor para los 
Jesuítas que él mismo había traído á la Nueva Grana- 
da, y en cuyo amor paternal y sincerísima amistad hu- 
bieran encontrado apoyo poderosísimo en los días de 
prueba que les aguardaban. Los Ministros de Francia 
é Inglaterra volaron á ofrecer sus servicios al Repre- 
sentante de la Santa Sede: el primero se enca'rgó del 
Archivo de la Delegación y de la custodia de la sagrada 
persona del Excelentísimo Internuncio, y á esto se d^-* 
bió sin duda el que no haya sufrido más indignas ve- 
jaciones que sin duda no le hubieran faltado, á juzgar 
por las órdenes que más tarde expidió Mosquera y d(^. 
(jue más abajo hablaremos. 

33) — La actividad de este hombre funesto para des--'^-'^--^^- 
arrollar su plan bárbaro y destructor era verdadera- ""'de" 
mente sorprendente; mas ya se ve, cómo obratja auto- *^^.p"^- 
cráticamente, sus ministros, hechuras ó viles esclavos 
suyos y de sus mismas ideas, nada podían oponerle, ni 
tenía nada que pensar, pues recibía de la logia los 
planes maduramente combinados, y él no tenía más 
mérito que el de un entusiasta ejecutor de horrendos 
crímenes, se daba prisa á coronarse de gloria ante sus 
hermanos los masones del Tequeildama. Nada más que 
al siguiente día de haber enviado el pasaporte al Ex- 
celentísimo Sr. Internuncio, dictaba el siguiente decreto, 
que- copiamos del Registro oficial núm. 2 v dice así; 



312 LA COMPAÑÍA L>E .ÍESÜS 



1861 Tomás G. de Mosquera 

Presidente provisorio de los Estados Unidos de Nue- 
va Granada^ etc.^ etc. 

Vista la ley de 15 de Mayo de 1855^ y considerando: 

1." Que por lo dispuesto en el art. 2.° de la expre- 
sada Tey^ las respectivas- Iglesias y Congregaciones de- 
ben incorporarse conforme á la ley para tener perso- 
nería y manejar sus rentas, siempre que guarden las 
regias establecidas por la ley para adquirir: 

2." Que los PP. de la Compañía de Jesús han venido 
al país^ constituí dose en sociedad ó congregación y ad- 
quirido bienes sin guardar las reglas para adquirir las 
sociedades ó comunidades, por no haber expedido el 
Poder Legislativo la ley respectiva: 

S.** Que las garantías y derechos individuales son 
para las personas y no para las corporaciones, mien- 
tras estas no hayan recibidj3 la incorporación ú autori- 
zación l'egal para. existir: ^ 

4/ Que una sociedad ó corporación en que sus 
tniembros tienen votos solemnes de obediencia pasiva , 
no son personas libres para obrar y tienen que estai 
sujetos á mandatos superiores q lie los ponen én con- 
tradicción con la obediencia debida á las autoridades: 

5." Que en la presente guerra civil han tomado par(<^ 
los PP. Jesuítas exhortando tí los soldados del iiarlidn 
centralista á sostener el poder de los usur|>adores, re- 
partiéndoles medallas para persuadirlos qué con ellos 
se salvarían defendiendo al Gobierno general, lo cuai 
consta por la exposición de algunos prisioneros hechos 
en Chaguaní, Subachoque y Usaíjuen, cuyas medallas 
presentaron: 

G.° Que el Comandante UuidiJo Enao, prisionero > 
herido en el Rosal, solicitó -confesión temiendo morir, y 
un P. de la Compañladespués de oírle, le declaró que 
no podía absolbcrle porque estaba excomulgado por 
defensor del Gobierno de los Estados Unidos, lo cunl 
es una hostilidad incaliticable: v 



KN* gOLÓMÜlA' V CEi;TJl(>-A>ÍÉ]itCA olO 



7." Uue esta Compañía ó sociedad tiene tendencias 1861 
contrarias ó la paz pública^ 

DECRETO: 

Art. 1." La Compañía de Jesús que no ha podido 
(establecerse sin la ley de incorporación^ será dÍF>uelta 
por la autoridad y ocupados los bienes rpie ba adí(ni- 
i'ido sin loner personería. 

Art. 2." Como medida de alta policía se le bará salir 
del país inmediatamente^ • extrañando á sns miembros 
como infractores de la ley y enemigos del Gobierno de 
los Estados Unidos. 

Art. S.'' El Jefe Municipal del distrito federal queda 
encargado de la ejecución de este decreto. 
Dado en Bogotá á 26 de Julio de 1861. 

Tomás C. de Mosquera. 
Andrés Cerón, Secretario de Gobierno. — Julián Iru- 
julo, Secretario de Hacienda. 

El Secretario de Relaciones exteriores, encargado 
del despacbo de guerra 

José M. Boj as Garrido . 

Al copiar este decreto podríamos decir con D. Joa- 
quín Borda (*). uHelo aquí sin comentario^ porque hay 
cosas tan absurdas que no lo necesitan». Sin embargo, 
para que se vea más de bulto ki falta de sentido común 
con que suelen proceder esos hombres infelices que se 
dejan infatuar del espíritu liberal y masónico (**), tras- 
cribiremos aquí algunas apreciaciones que sobre este 
asunto hace el gran crítico de la legislación Granadina 
en sus relaciones con la Iglesia. Hablando de los coji- 
siderandos 1.'', 2." y 3." se expresa así: (***) «El argu- 
mento principal en que se fundó dicha confiscación 



(*) T. 11. C. 10, pág. 274. 
(**) P. III. C. 4, niim. 2. 

(***) Compárense los sentimientos actuales de Mosquera con los que ex- 
presaba el año de 4;» escribiendo al II. P. Roorhaan. Apéndice XXI . 



.']14 JA COMPAÑÍA DE JESÚS 



1861 consiste en que la Compañía de Jesús no fué incorpo- 
rada por la ley en conformidad con lo dispuesto en el 
art. 2.° de la ley de 14 de Mayo de 1855^ que copiamos 
hace poco^ y que por lo mismo no tuvo personería par.-; 
adquirir bienes. Masen eso se sufrió una grave equi 
vocadón: vigentes estábala la sazón 'en Ja capital d» 
la República los artículos 659 y 661 del código civil d- 
Cundinamarca^ expedido en 1858 y que principió* á re- 
gir el 1." de Enero de 1860. Dichos artículos son del 
tenor siguiente: 

Art. 659. lAdmase perso7ia jurídica una entidad mo- 
ral ó persona ficticia capaz de ejercer derechos y con- 
traer obligaciones civiles^ y de ser representada judi- 
cial y extrajudicialmente. 

Art. 661. Son personas jurídicas las Iglesias, Comu- 
nidades y Congregaciones religiosas de la Religión ca- 
tólica. — La ley civil mantiene á dichas Comunidades y 
Congregaciones religiosas de la Religión católica, en los 
derechos de posesión y propiedad sobre sus bienes muebles < 
inmuebles, de administrar los mismos bienes, de mauf 
jar sus rentas, adquirir y enogcnor con arreglo /i su- 
(Anones,- constituciones ó BSlalutos y coríforme 
misma ley civil, y comparecer activa ó pasivamente en 
juicio, reconociéndoles para todo esto su personería juri- 
dica, conforme á sus cánones, constituciones ó esta- 
tutos. 

¿Era la Compañía de Jesús una Comunidad religio^i< 
de la Religión Católica? Creemos que no habrá nadir 
tan insensato que pretenda negarlo. ¿Estaba legalmenle 
incorporada por la ley civilf Tampoco creemos que ha- 
ya* quien pueda ponerlo en duda teniendo á la vista la- 
dos disposiciones citadas. No existía, pues, el funda- 
mento principal para confiscación aludida, v lo que se 
hizo fué consumar una insigne iniquidad, ^in motivo 
alguno real para ello». 

Respecto del 4." considerando sobre la. decantadn 
obediencia pasiva, el Sr. Restrepó se refiere (x lo qu* 



iP 



.K?í COLOMBIA Y CEXTItO-AMÉlllCA UT) 



en ocasión análogn^ es decir, con motivo del decreto de 1861 
expulsión de 21 de Mayo de 1850, había ya escrito; es- 
tas son sus palabras: (*) «Resípecto de la obediencia pa- 
siva, existe de hecho y no de derecho; pero eso no sólo 
entre los Jesuitas, sino también en todas las órdenes re 
ligiosas. Nos explicaremos más claramente». 

((Los Superiores de las órdenes dichc^s conocen sus 
derechos, saben lo que deben mandar, y no mandan 
sino aquello en que tienen derecho de spr obedecidos. 
Voy su piwio los inferiores conocen sus deberes, saben 
cuah^s son las cosas que se les pueden mandar y obe- 
decen en to(l(^ lo ([ue tienen obligación de obedecer. 
Por eso son tan raros los casos de desobediencia, que 
puede prescindirse de ellos por completo y dar por cier- 
to que existe de hecho la obediencia pasiva. Pero si se 
quiere sentar por pura suposición que algún superior 
mande una cosa mala, no/será obedecido por nadie, y 
por eso hemos dicho que no existe la obediencia pasiva 
de derecho. En suma, en las órdenes religiosas se acos- 
tumbra mandar sólo tonque se debe mandar, y se obe- 
dece siempre lo que se debe obedecer; y eso sólo basta ^ 
para explicar el orden admirable, la armonía y la regu- 
laridad perfectas que reinan entre ellas». 

«Pero hay una cosa que no debemos pasar desaperci- 
bida. Ese mismo Gobierno que tan enemigo de la obe- 
diencia pasiva se mostró en la ley, exigió esa misma 
obediencia pasiva para sus leyes, órdenes y mandatos 
aun en puntos en que eran notoriamente inconstitucio- 
nales é inicuos; es decir, en puntos en los cuales ni aun 
los Jesuítas mismos tendrían obligación de obedecer». 

«Sobre el decreto mismo nada hay que decir, con- 
cluye el autor que estamos citando. La mano poderosa 
de una rebelión triunfante se levantó por encima de 
toda justicia y de. todo derecho, para herir á unos po- 
bres religiosos indefensos, los mejores maestros de la 



(•) P. II. C. 6/', núm. 12. 



LA COMPAÑÍA DE JESIÍS 



1861 juventud^ los más firmes y decididos defensores de la 
causa católica en el mundo. Xo había que objetar á esa 
iniquidad apoyada en las bayonetas de un ejército vén.- 
cedor^ y los Jesuítas tuvieron que salir desterrados por 
tercera, vez del país^ sin que pudiera dárseles en ros- 
tro con delito alguno^ y sin que se les permitiese llevai- 
siquiera el víjlor de los bienes que habían adquirido. 
Nadie pudo decir éste ó aquél Jesuíta cometió tal delito 
porque en tO(j€fS ellos resplandecía la virtud en grado 
eminente; pero eran los abanderados de la biienn 
causa^ la causa de la verdadera civilización^ y era pre- 
ciso acabar con ellos de un golpe, para quitar ese es- 
torbo, y para hacer saber á las otras órdenes la suertr 
que les esperaba si no inclinaban humildemente la ca- 
beza y se prestaban á quebrantar sus más solemnes > 
sagrados votos». • • . 

Con esta, autoridad quedflf/evidenciado el ningún \a- 
lor de los CQnsiderandos y de consiguiente Fa arbitra- 
riedad é injusticia del decreto de expulsión y confisca- 
ción de bienes ya referido; mas como el Señor Restrepo 
no toca los últimos considerandos ó por no darles im- 
portancia alguna, ó por significar hechos aislados qut 
no tienen roce con iiinguna ley de la República, diro- 
mos nosotros una palabra sobre ellos. 

Que los Jesuítas repartieran medallas á los soldado- 
del Gobierno legítimo no es inverosímil, alenlcí qu^ es- 
ta práctica es general én todos los países católicos, 
cuando un ejército marcha á batirse por una- causa le- 
gítima; démoslo por absolutamente cierto, ¿en qué estí< 
lo ilícito ó criminal de este hecho que se castiga con 
destierro y confiscación de bienesf Llevar al cuello un., 
medalla y esperar la protección de Dios pDr eHa, sin 
atribuirle efecto infalible, como no se lealribuye, es un- 
práctica piadosa que la Iglesia aprueba y autoriza; y si 
los soldados pelean con más denuedo confiados en l;i 
protección de Dios, se debe á su fe y á la buena con- 
ciencia que produce la justicia de una buena caus ^ 



EN COLOMBIA Y CENTRO-AMÉRICA 817 



ciertamente en el caso de que hablamos^ no sólo era lí- 1861 
cito y santo distribuir medallas, sino que bien pudieron 
haber predicado una cruzada á ejemplo de San Bernar- 
do, y cien prelados españoles contra los moros, pues en 
I-calidad esta guerra más que á un revolucionai-io am- 
bicioso se hacía á un masón cruelísimo perseguidor do 
la Iglesia^ comparable con Juliano apóstata y aun con 
los mismos Turcos en el odio irreconciJiable al catoli- 
cismo. Nada exageramos: la historia hSi)la y la serie fh^ 
inicuos decretos contra el Episcopado de la Nueva Gra- 
nada, contra el clero secular y regular, contra las Vír- 
genes consagradas á Dios, contra todo lo más sagrado, 
sin que ni el Santo Pontítice Pío IX ni aun el mismo 
Dios se escaparan de sus injurias y blasfemias ya que 
!io les alcanzaba de otra manera su furor. Pueden nues- 
tros lectores ver el resumen de esta persecución de la 
Iglesia Granadina por Mosquera en la Encíclica que Su 
Santidad dirigió á los Obispos de esta infortunada Re- 
pública. (Ap. XXIV.) 

En fin, sobre el G.° Considerando desearíamos saber 
cómo pudo encontrar el Comandante Enao un Jesuíta en 
el Rosal , aldea del Estado del Cauca, cuando es cierto que 
en esta época los PP. de la Compañía no se movieron do 
Cundinamarca, ni casi de la capital más que para ha- 
cer una misión en Cipaquirá y en Ubaté. Pero pudieron 
haberle traído prisionero á Bogotá.... Es posible, sobre 
todo si se alude á otro lugardel mismo nombre situado 
en la sabana; mas en este caso, ya hemos visto arriba 
cual fué la conducta de los Jesuítas con los seiscientos 
heridos y prisioneros que fueron hacinados en su Cole- 
gio. Aunque bien pudiera haber sucedido que el sobre- 
dicho jefe estuviera excomulgado, no precisamente por 
defender al- Gobierno intruso, sino, ó por ser masón, ó 
por lo menos por cooperar eficazmente con ellos á su 
obra impía y destructora, pues la ignorancia que pu- 
diera alegarse en un simple soldado no puede suponer- 
so en un militar de graduación. Lo que hayaqufdc 



318 LA COMPAÑÍA. DE JESÚS 



1861 realidad son aquellas palabras que se pronunciaron el 
20 de Julio en la logia Estrella del Tequendama: «La 
calumnia y la mentira son las armas que contra ellos 
usamos^ serán siempre las de nuestro triunfo^) (*). Mas 
reanudemos ya nuestra narración. 
3í.-La 34) — ^1 ¿jq siguiente^ 27 de Julio^ el Jefe municipal 
ciín. del distrito dirigió al R. P. buperior un oticio, cuyo 
contenido es eí siguiente: 

«El ciudadano Presidente* de los EE- ÚU. de Nueva 
Granada ha expedido ayet un decreto, disponiendo que 
la Compañía de Jesús, de que es-V. Superior aquí, sea 
disuelta por la autoridad; que los bienes que ella ha 
adquirido en este país "^in derecho, sqan ocupados, y 
que todos los miembros de aquella corporación salgan 
del territorio de la nación inmediatamente. — En tal vir- 
tud lo hago saber á V. para que se sirva dar las dispo- 
siciones del caso, con el. objeto de que todos los PP. de 
la Compañía se pongan en mapcha de esta ciudad hacia 
la fronteía de la RepúWica que eligieren para su salida, 
dentro del perentorio término de 72 horas contadas 
desde las once del día de hoy. — Espero que inmedial^i- 
mente me remita V. una lista de los miembros de la 
Compañía que están bajo sus órdenes C^). 
Soy de X., eic. '-:Alejo Morales, 
pocas horas después el P. Blas contestaba al'Jel'e 
municipal: «Euterado del otício que hoy misn^o he reci- 
bido, tengo el honor de decir (\ V. (|ue será puntual- 
mente obedecido; y ál mismo tiempo ((ue le remito, 
como se me ordena, la lislíi de los sujetos que están -< 
mi cargo, le hago saber que nos diriginemos hacia Car- 
tagena». Junto' con esta contestación presentó el P. Su- 
perior una solicitud doniahdando prórroga. de tan es- 
trecho espacio de tiempo para quien tenía que hacer \\\ 
entrega del Colegio á la autoridad civil, del Seminaria» 



(*) Col. de MS. ae la MiMi.ii. 
■['■■'*) Id. id. 



i;\ COLOMBIA V ckn'J'ko-amiÍ}kii;a 319 



al limo. Si'. Arzobispo^ y proveer de ajuar de viaje á 50 1861 
sujetos, de los cuales algunos había á la sazón enfer- 
mos que no podrían ponerse inmediatamente en ca- 
mino. Esta vez Mosquera se mostró accesible^ fuese por 
no acabar de indisponerse con algunos de sus compar- 
(idarios que no opinaban por la expulsión de los Jesuí- 
tas^ ó por asegurar mejor la ocupación de los cuantiosos 
bienes que se imaginaba habían adquirido: la prórroga 
fué otorgada y extendida hasta ocho" días. 

Parecerá extraño ú los que hayan leido en la primera 
parte de este escrito tantas representaciones de toda la 
República y de todas las clases sociales^ tan sobrehu- 
manos esfuerzos para evitar el golpe de mano que des-' 
cargó López sobre la Compañía el año de 50, extrañará 
digo que esta vez no se haya levantado una voz amiga 
en defensa de los perseguidos Jesuítas; mas atendidas 
las circunstancias de ambas expulsiones, dejará de in- 
culparse á los fervientes católicos granadinos esta apa- 
rente apatía. En la primera época la persecución se fué 
preparando lentamente, y se gozaba de amplia libertad 
y garantías aun en el primer año de la presidencia de 
López, y bajo esta salvaguardia la prensa, las corpora- 
ciones y los particulares lidiaron denodadamente en 
favor de la causa de los Jesuítas^ y si no triunfaron fué 
por la causa ya de todos sabida, que los liberales nunca 
tienen por norma de su conducta la razón y la justicia. 
Por el contrario esta segunda vez nunca se creyó en el 
triunfo de la revolución, como antes insinuamos', cayó 
como un rayo y esparció un terror pánico que no daba 
lugar ni á exhalar un suspiro: todos los prohombres 
del partido católico ó yacían en los calabozos cargados 
de grillos y cadenas como los Sres. Ospina y otros, ó 
habían huido para no caer en las manos sanguinarias 
del tirano, y aquellos primeros días .de asombro y miedo 
fueron los que se aprovecharon para ejecutar sin con- 
tradicción las expulsiones acaso más sensibles al pueblo 
,aranadino. Xo faltaron:'SÍn embargo entre los pocos 



820 LA COAIPAÑÍA DE JESÚS 

1861 que podían hablar sin peligro^ quienes hicieran algunos" 
esfuerzos para evitar el decreto de expulsión: estos fue- 
ron algunos caballeros, liberales ciertamente, pero de 
aquellos menos exaltados y poco preocupados con los 
vanos fantasmas que sólo espantan á los demasiado 
necios, ó á los declaradamente impíos entre estos sec- 
tarios; sentían la expulsión de los Jesuitas, no coma 
sacerdotes y religiosos, sino como maestros de la ju- 
ventud í»studiosa y asiduos promotores del progreso, 
de las ciencias y las artes; pefo la gloria y engrandeci- 
miento de su patria no preocupaba á Mosquera: tenía 
un plan trazado por las logias, guerra á muerte á la 
Iglesia granadina, y de consiguiente 'la¿ primeras vícti- 
mas debían ser acjuellos en (juienes pensaba hallar ma- 
yor resistencia, el Representante de h\ Snnt;» ^'"]'\ \ <n< 
soldados más temidos, los Jesuítas. 

•'^''•-V* 35) — Cuando se divulgó la noticia de la próxima sali- 
rta. da de los PP. el amor y el dolor parecieron sobreponerse 

Bienes . ^y^ tauto al tcrror que hacía una semana dominaba en 

dé los Je- _ . 1 1 * 1 

Miita>. Bogotá: viéronse desde luego numerosos grupos de pci - 
sonas de todas categorías dirigii^se ya al Colegio, yá. al 
Xoviciudo á dar el último adiós á los PP.: á las fami- 
lias de los jóvenes estudiantes y novicios á proveerles 
de viático i>«ra el largp camino: se oían algunos que 
habían militado en el ejército de Mosquera quejarse 
amargamentó de su malhadado jefe, que /lespués de 
linbor recibido sus servicios y hasta su sangre aJiora 
It sierraba á sus hermanos y paríenfes; y era de verse ¡i 
los negros del Qouco, soldados de la .i-evolución, con 
<uánto afecto iban á despedirse de los Jesuitas, r coniu 
dándolos satisfacción les decían que Mosquera les habin 
oiigafiado, dicióndoles que venían á pelear en defens. 
de la religión, y ahora él miSmo la atacaba desterrando 
.1 los benditos PP. Justas escenas se renovaron diaria- 
mente hasta que acabaron de salir los últimos, sin que 
los agentes de Mosquera . se alrevieraH á impedirla, 
acaso por ver entre los. amigos-rfe los Jesuitas no ppci»- 



KN ( (H.OMHIA V CjHNTJiO-AMKUlCA :^»21 



de sus compartidarios, que servían como de re^uajxlo 1861 
i'i los dcmás^ para Í!* á otVorei'l«^s sus obsccfuios y ser- 
vicios. 

Al tercer día de intimado el decreto, el 29 de Julio 
salió de Bogotá el primor grupo de desterrados com- 
puesto de trece sujetos destinados á la ííabana, y sucesi- 
vamente siguieron los demás y reunidos todos en Honda 
en compañía del Exmo. Sr. Ledokowski se embarca- 
ron con rumbo á Cartagena. El 2 de Agosto sólo que- 
daba en Bogotá el P. Blas con tres compañeros que le 
fiyudaban en la entrega del Colegio y Seminario. Entre 
tanto el gobierno intruso andaba muy preocupado v so- 
lícito porque no se escapasen de sus manos los bienes 
de los Jesuitas, ya que con tanta facilidad liabía logrado 
salir de ellos: tal preocupación y basta ansiedad está 
muy bien pintada en el oficio dirigido por el jefe muni- 
cipal con fecha 31 de Julio y es del tenor siguiente: 

Pv. P. Superior de la Compañía de Jesús: 

Pedí á V. una razón circunstanciada de las propie- 
dades que hubiera adquirido la Compañía en el país 
durante su última permanencia en él y hasta hoy no se 
me. ha dado. Insisto^ pues, en ello con urgencia'. La re- 
loción es bajo un juramento solemne por Dios y el honor 
mismo de la Compañía de Jesús en garantía de que no 
se comete fraude. — El gobierno sabe que en estos días 
se han hecho contratos simulados de fincas que cono- 
cidamente son de la Compañía, pero tanto los enage- 
iiantes como los compradores deben saber que el Go- 
l)ici'no tiene á su disposición medios bastantes para 
poner en claro la verdad, y deben también tener persua- 
sión que ningún acto de aquellos tendrá valor ni legiti- 
midad en ningún caso. — Exijo igualmente de V. la noti- 
cia del día en que se me haga entrega del Colegio. — 
Alejo Morales (*). 



I • ) Colee, priv. de la Mitiión. 



322 LA compañía de jesús 



1861 Los términos exigentes y hasta injuriosos y amena- 
zantes de esta nota sólo sirvieron para realzar más el 
chasco ridículo que se habían de llevar los codiciosos 
despojadores de la Iglesia y de las Ordenes religiosas. 
En efecto^ el P. Blas poco se había ocupado de la con- 
ñscación de unos bienes que en realidad no poseía la 
Compañía en Bogotá, y por lo mismo esperaba la oca- 
sión de la entrega del Colegio para dar la cuenta que 
con'^tanta insistencia se le exigía. Contestó, pues, inme- 
diatíimente y sin cuidarse de un juramento que sin de- 
recho se le exigía, que la Cbmpafn'a no había adquirido 
más. bienes que una casa la cual había sido vendida 
muchos meses atrás, y la quinta donde residía el Novi- 
ciado; que en cuanto á I03 contraios simulados 4^ aque- 
llos días, era una eífuivococión, ^i no una' columnin. 
Harto*raoliino debió quedar ^iosquera viendo desvane- 
cidas sus ilusiones sobre las riquezas jesuíticas con qu« 
;i no dudarlo quería comenzar á ^pagarse á - 

adeptos; pero el desengaño fué aún nu'is triste, cuantío 
\\ó que tampoco de la quinta del Noviciado'podía echar 
niiuio, pucs.eslaba hipolecadn por caulidadcs de dinero 
t|uc los Pí*. habían tomado á ródito, acaso para .reparos 
\ lluevas construcciones que sin duda fué necesario 
liacer para convertir una quinta de recreo on casa reli- 
giosa (*). En resumen, pues,'los Jesuítas lejos de tener 



(*) Ih' aquí la contestación que el encargado de la casa del Noviciado A 
la salida de los PP. dirigió al Jefe Manicipal con fecha 3 de Agosto: 

*Muy Señor mío: Por el recado de V. eu que me dice que el día en ijuf sr 
liaga cargo del Colegio de San Bartolomé se harA también cargo de la Quima 
(le la Huerta de Jaime, me veo en la necesidad de hacer á V. una explicación 
l^or la cual se convencerá de que la quinta no está, comprendida entre los 
bienes de que habla el decreto de expulsión. Kn efecto, asi consta de la es- 
critura pi'iblica otorgada ante el Sr. Narciso Sánchez, Notario primero del 
distrito: dicha quinta la obtuvo la Compañía de la familia Carrasquilla en 
cambia de la casa que ttcnia frente al monasterio de la Enseñanza de esta 
ciudad, la cual hubo hace más da 15 años, y dando un ribete en dinero, 
cl cual aún se debe con otras cantidades al Sr. Mariano Calvo, á quien 



1 



EN COLOMlíIA.Y C15NTR0-AMÉRI(;A .523 

bienes que desamortizasen manos liberales,n4enían 1861 
deudas que pagar... Mas el liomhre coclicioso de bienes 
sagrados ya supo reparar esta (jue reputal)a perdida con 
el decreto de desamortización que muy presto exi)idió el 
í) de Setiembre, vel de extinción de todos los conven tps 
y monasterios de religiosos de uno y otro sexo^ en vir- 
lud del cual los bienes de todas personas consagradas á 
Dios fueron presa del Estado sin Dios. 

30)— El P. Blas, hedíala entrega de los dos estable- '^''•-^'^^ 
cimientos que la Compañía había tomado a su cargo el g^jua. 
í de Agosto f^), salió al siguiente día de Bogotá con sus 
compañeros en busca de sus numerosos subditos que le 
osperalDan en Cartagena. Estos se habían ido reunien- 
do en esta ciudad dónele fueron acogidos con un amor y 
cordialidad verdaderamente paternal por el limo. Señor 
Obispo* Dr. D. Berntirdino Medina^ antiguo y «\uy fino 
amigo de los Jesuítas^ quien hospedó á todos en su pro- 
pia casa^ que lo era el antiguo convento de Santo Domin- 
go; mas no debemos pasar en silencjo^ cómo se liabía 
extendido ó liabía venido al alcancé de los desterrados 
hasta los extremos de la República la' persecución de 
.Mosquera. Y en primer lugar contra el Excelentísimo 



está hipotecada la finca por toda la deuda, como consta de la respectiva 
escritura. En atención á la verdad que dejo expuesta, y de la cual se deduce 
(jue la quiiita no puede ser ocupada conforme al decreto, autorizó al Sr. Ma- 
riano Calvo para que con los arrendamientos se cubra la'parte de los réditos 
de la cantidad que le adeuda la Compañía, y tengo noticia de que dicho Señor 
se la ha arrendado en tal virtud al ^r. Medardo Rivas. 

Abrigo la persuasión de que convencido de la verdad de lo que le 
digo, y si gusta, con conocimiento de los documentos públicos en que todo 
consta, no insistirá en la ocupación de aquella ñnca».— No insistieron en 
efecto, aunque muy mal de su grado; porque entonces el robo no hubiera 
sido á la Compañía actual, sino á los de la época anterior y á ciudadanos par- 
ticulares. 

( • ) En eí MS. ya citado nos refiere el Sr. Peña algunos detalles curiosos de 
la entrega del Colegio de San Bartolpmé y después de ella, y pueden verso 
cu el último apéndice. 



324 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



1861 Sr. Delegado Apostólica quien no pudo apenas dete- 
nerse á tomar algún descanso en Cartagena, porque 
se le amenazó con la prisión y hubo de embarcarse 
precipitadamente; mas esto, fué una singular providencia 
de Dios que cuidaba dB su siervo, porque á no haber sido 
así, hubieran sido sus padecimientos mayores. En efec- 
to, poco después aportaron á Cartagena el famoso dema- 
gogo MujímIIo Toro, á quien tanto vimos fígurar como 
Ministro de López, y el Canónigo Anaya, antes eclesiás- 
tico ejemplar y de muy buenas ideas, ahora agente de 
Mosquera. Este sacerdote llevaba instrucciones . para 
encerrar al Excmo. Sr.. Ledokowski en las mazmorras 
del castillo de Bocachica y lo hubiera verificado, si le 
hubiera podido haber á las manos. Y qué movía al per- 
seguidor á ensafiarse .tanto, contra tail excelente Prela- 
do,^ que" no quedaba satisfecho con su extrañamiento de 
la República? La codicia, la sed de enriquecerse con 
bienes sagrados. El Señor Delegado tenía en sü poder 
los fondos de las j^lisiones de Gasanare, pudo salvarlos 
de las manos sacrilegas de los revolucionarios, y he 
aquí el crimen que nunca pudo perdonar Mosquera al 
ilustre Representante déla Sa'uta Sede. Mas Dios que 
reservaba á Mons. Ledokowski para nlayores luchas en 
defensa de los derechos de la Iglesia, para protector de 
la Compañía de Jesús perseguida, y para ser como lo es 
lioy una de las brillantes lumbreras del Sagrado Colegio, 
( pliso librarle de las iras de Mosquera, como le libró más 
tarde de las de Bismark. Cuando llegó Anayaá Cartage- 
na aportaba á Jamaica el Sr. Delegado Apostólico, y desde 
ésta isla dirigió al usurpador del Gobierno Granadino 
una enérgica protesta contra los ultrajes inferidos á su 
alta dignidad, contra el decreto de tuición, y contraía 
expulsión de los PP. de la Compañía. El interés histó- 
rico que de por sí ofrece este documento y el amor y 
gratitud debida á «tan insigne bienhechor de la Compa- 
ñía, no nos permite omitir su inserción en éstas páginas; 
jo ropinromos íntoar<">. 



RN COLüMÜlA V C'KSTIIO-AMKUK \ -'■- 

uKiugsloii, 20 de Agosto de 18('>1 . KS(il 

Al Excelentísimo Señor Doctor Rojos Garrido, Se-^^-^''^' 
crctaiio do Rohici'^!i''^* (^Kforioi'i^-- fl»^ 1'^- FF T'T' fio de 
Nueva Granada. Mng.Lc- 

((La -Nota (|ue X. E. me ha dirigido on Bogotá conckow«ki. 
feclia 25 do Julio ¡nvitándoniíí por orden del íliudadano 
Presidente A separarme de la N.ueva Granada, y sofia- 
liindomc el tórmino de tres días para salir de la capital, 
me ha causado una sorpresa igual tan solo C\ la indi^^- 
nación que dicha medida ha e\(.1tado en todas las 
clases del juieblo gi'anadino á cualquier partido políti- 
co que ellas i>ertenecicVen)). 

((Los motivos (pie V. E. aduce para explicar este ul- 
traje hecho en mi persona al augusto Jefe de la Iglesia 
Cat('jlica) á la cual pertenecen casi sin' excepción los 
^habitantes de la Nueva Granada, son de suyo tan poc(» 
fundados, que sería tal vez necesano buscar los verda- 
deros en otras i-azones (jue el c¡U(í;ul.nH) Prosidontc 
juzgó conveniente callar». 

((En efecto la primera observación que encontri) en la . 
citada Nota se reliere A la carta de S'u Santidad ((ue el 
Ciudadano General Mos(|uera creyó, haberse recibido' 
para ól en la Delegación Apostólica de Bogotá. Sobi«^ 
este particular dirigí á ^^ E. una Nota, y supuse cpie el 
Señor ^iulistro de Relaciones Exteriores habría com- 
prendido (|ue, cuando el Representante Pontiticiq nega- 
ba otícialmente la existencia de una comunicacrón de 
esta clase, no le era permitido insistir sobre el asunto, 
pudLcndo tan sólo el P. E. presentar directamente su 
queja á* la Corte Romana, si es que quería permanc;- 
cer en la C(|uivocada convicción de que el Miin'slro de 
la Santa Sede no se había conformado con las ói-denes 
t' instrucciones de su Gobierno. Dejo, pues, i\ un lado 
«sta cuestión que desde mi primera Nota.considcréP ter- 
minada; y como tal la considero, y me limito á (>>\pre- 
sar únicamente la grande admiración que experimenté, 
viendo (jue el Gobierno hoy establecido err Bogotá, y de 



324 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



1861 Sr. Delegado Apostólica quien no pudo apenas dete- 
nerse á tomar algún descanso en Cartagena, porque 
se le amenazó con la prisión y hubo de embarcarse 
precipitadamente; mas esto, fué una singular providencia 
de Dios que cuidaba de su siervo^ porque á-no haber sido 
así, hubieran sido sus padecimientos mayores. En efec- 
to, poco después aportaron á Cartagena el famoso dema- 
gogo Mu;illo Toro, á quien tanto vimos ñgurar como 
Ministro de López, y el Canónigo Anaya, antes eclesiás- 
tico ejemplar y de muy buenas ideas, ahora agente de 
Mosquera. Este sacerdote llevaba instrucciones . para 
encerrar al Excmo. Sr.. Ledokowski en las mazmorras 
del castillo de Bocachica y lo hubiera verificado, si le 
hubiera podido haber á las manos. Y qué movía al per- 
seguidor á ensañarse .tanto^ contra tail excelente Prela- 
do, que no quedaba satisfecho con su extrañamiento de 
la República'^ La codicia, la sed de enriquecerse con 
bienes sagrados. El Señor Delegado tenía en sü poder 
los fondos de las ilusiones de Casanare, pudo salvarlos 
de las manos sacrilegas de los revolucionarios, y he 
aquí el crimen que nunca pudo perdonar Mosquera al 
ilustre Representante de la Salita Sede. ]Mas Dios que 
reservaba á Mons. Ledokowski para nlayores luchas en 
defensa de los derechos de la Iglesia_, para protector de 
la Compañía de Jesús perseguida, y para ser como lo es 
hoy una délas brillantes lumbreras del Sagrado Colegio, 
(juiso librarle de las iras de Mosquera, como le libró m^s 
tarde de las de Bismark. Cuando llegó Anaya á Cartage- 
na aportaba á Jamaica el Sr. Delegado Apostólico, y desde 
ésta isla dirigió al usurpador del Gobierno Granadino 
una enérgica protesta contra los ultrajes inferidos á su 
alta dignidad, contra el decreto de tuición, y contra la 
expulsión de los PP. de la Compañía. El interés histó- 
rico que de por sí ofrece este documento y el amor y 
gratitud debida á -tan insigne bienhechor de la Compa- 
ñía, no nos permite omitir su inserción en éstas páginas; 
lo copini'omos ínto,uro. 



RN COLOMBIA V OKSTUO-AM^UICA . :}2;" 



cdíiiigsloii, 20 de Agosto de 18G1. 18G1 

Al Excelentísimo Señor Doctor Rojos Garrido, Se- ^^--p^^- 

tcstíi 

cretario de Relaciones exteriores de los EE. UU. de de 
Nueva Granada. Mng.Lc- 

do-* 

«La Nota que V. E. me ha dirigido en Bogotá conckowski. 
fecha 25 de Julio invitándome por orden del Ciudadano 
Presidente á separarme de la N.ueva Granada, y seña- 
lándome el término de tres días para salir de la capital, 
me ha causado una sorpresa igual tan solo á la indig- 
nación que dicha medida ha excitado en todas las 
clases del j)ueblo granadino á cualquier partido políti- 
co que ellas- pertenecieVen». 

«Los motivos que V. E. aduce para explicar este ul- 
traje hecho en mi persona al augusto Jefe de la Iglesia 
Católica^ á la cual pertenecen casi sin' excepción los 
habitantes de la Nueva Granada^ son de suyo tan poco 
fundados^ que sería tal vez necesario buscar los verda- 
deros en otras razones que el ciudadano Presidente 
juzgó conveniente callar». 

«En efecto la primera observación que encontré en la 
citada Nota se reíiere á la carta de Su Santidad que el 
Ciudadano General Mosquera creyó haberse recibido 
para él en la Delegación Apostólica de Bogotá. Sobre 
este particular dirigí á V. E. una Nota^ y supuse que el 
Señor Ministro de Relaciones Exteriores habría com- 
prendido que^ cuando el Representante Pontiñcio nega- 
ba oficialmente la existencia de una comunicacfón de 
esta clase^ no le era permitido insistir sobre el asunto^ 
pudiendo tan sólo el P. E. presentar directamente su 
queja á la Corte Romana^ si es que quería permane- 
cer en la e([uivocada convicción de que el Ministro de 
la Santa Sede no se había conformado con las órdenes 
é instrucciones de su Gobierno. Dejo^ pues^ á un lado 
esta cuestión que desde mi primera Nota. consideré ter- 
minada; y como tal la considero^ y me limito á expre- 
sar únicamente la grande admiración que experimenté, 
viendo que el Gobierno hoy establecido en Bogotá, y de 



tÚG LA COMrAÑÍA DE JESÚS 



Í861 que V. E. hace parte^ no la hubiera considerado del 
mismo modo)). 

«Pasa V. E. á significarme que el Ciudadano General 
Mos({uera^ no habiendo prestado su consentimiento á 
la existencia de una Nunciatura Apostólica en la Nueva 
Granaday debía yo en consecuencia separarme del país, 
liara exigencia sería esta, Señor Secretario, que para 
la conservación de cualquier cuerpo ó ente moral, des- 
de años antes establecido en el país, se debiera solici- 
tar la previa autoriíación de hombres que suben al po- 
der con la frecuencia con que bajan de él, y que ele- 
vados ó por el sufragio del pueblo, ó por la fuerza de 
las armas, no se pueden conocer hasta que se encar- 
gan de la suprema magistralura del país. ¿Cuándo 
pues, debía pedirse la autorización requerida? Cuando 
el actual Presidente era Gobernador del Canea, ó cuaií- 
do se había puesto á la cabeza de la revolución que th - 
iTocó n\ Gobieraó* ÍJonstiUicionülf Ridículo hubiera sid< > 
pensarlo siquiera. ¿Tal vez después de su ingreso en la 
capital, ó d(»spués que asumió la Presidencia de la ?Ca- 
(ion? Pero en tal c'nso era preciso desconocer todas la- 
leyes hasta entonces- vigentes qiie no consentían. rela- 
ción oficia algunal entre la Santa Sede y el Gobierno 
de la NuevA Granada, entre la Iglesia y el Estado; era 
menester alterar la costumlire' observada durante la 
Época de las tres últimas administraciones constitucio- 
nales'íiiic gobernaron la República, ei-a por tin necesa- 
]¡o reJ)aJar la dignidad de la Delegación Apostólica, su- 
plicando que se tolerase en el país, cuando al conti^arro 
su establecimiento en. Nueva* Granada añadía nuevo 
hisiro y nuevo liónor (\ la Nación». 

c(Si el ciudadano Presidente hubiera concebido el pro- 
yecto de procurar una modificación del Estado en qnc^ 
se avinieran las relaciones de lo Iglesia con el Pod«M 
civil,, liada le hubiera impedido tratar de este gra\« 
asunto, fuera directamente, fuera por órgano mío c«hi 
la Santa Sede, A la cual toca fijai" dé común acuórd" 



f% 



ítlN* COLOM|ÍIA Y OENTUO-AMEUIO.V L^T 

con el Gobierno las bases de un nuevo orden de cosas; 1861 
pero ([iierer modificar el existente por su propio arbitrio^ 
é iniciarlo con el extrañamiento del Representante pon- 
tiñcio, era lo píiismo que edificar sobre arena sin solidez 
ninguna'^ introducir en las ponciencias católicas la tur- 
l)ación y el desasosiego^ armar una lucha en que jamás 
triunfa el poder civil, y preparar por una parte nobles 
victorias á la virtud y por otras miserables defecciones 
al vicio y á la corrupción». 

«Añade \. E. que otras razones había para mi extni- 
ñamiento que el ciudadano Presidente expondrá a Su 
Santidad: no conociéndolas, no puedo ocuparme de 
ellas: pero sí puedo y debo rechazar la última causa que 
^^ E. no ha vacilado en consignar en su 'Nota, apelan- 
do á la alta policía para escusar de alguna manera la 
í violenta medida que tomó respecto de mí, declarándole 
que mi alta posición no admite semejante escusa, y que 
el profundo respeto, el amor y veneración de que me 
han dado continuas pruebas todos los ciudadanos de la 
Nueva Granada de elevada ó humilde condición, de 
uno ú otro partido político, aquellos empero que la im- 
piedad ó el vicio no había corrompido, son una repara- 
ción espléndida y a mi corazón sumamente grata del 
atentado injustificable é incalificable que el Gobierno 
de la Unión cometió contra mi persona». 

«Protesto, pues, Excmo. Sr. contra mi extrañamien- 
to de la Nueva Granada, contra la manera indigna y 
violenta con que me han obligado á alejorme de mi resi- 
dencia. Reservo mis derechos de jurisdición que no en- 
tiendo abandonar hasta nueva disposición de la Santa 
Sede^ y reservo igualmente los- de ulterior reclamo con- 
tra los daños que he sufrido». 

«Detenido en esta Isla por pocos momentos no puedo 
formular iguales protestas contra la expulsión de la 
Compañía de Jesús y contra la circular aclaratoria del 
decreto de tuición: haré llegar á su tiempo al Gobierno 
de los EE. UU. de Nueva Granada unas v otras. Por ahora 



o2H l.A COMPAÑÍA DE JK.SL'S 



18f51 rae sólo resta suplicar al Todopoderoso que inspire al 
Gobierno de que V. E. hace parte^ sentimientos más 
conformes ó la justicia y á la equidad, y que le detenga 
en el camino de destrucción en que entcó, privando á 
los ñeles del auxilio espiritual que les proporcionaba mi 
ministerio y de los inmensos bienes que reportaban de 
la presencia civilizadora de los PP. de la Compañía de 
Jesús con tantas dificultades, pero también con tantn^ 
ventajas i'cstablecidos por mí en la Nueva Granada.-^ 

í^irvase \. E. poner la presente en conociniiento del 
ciudadano Presidente y aceptar las expresiones de. mi 
alta consideración. -De V. E. afectísimo s.= 

M. Conde Ledochoicski. De/eg. Ap. de la X. O. 

Ya se ve el singular contraste que presentan las ri- 
diculas causantes de la Nota de Mosquera, con la so- 
lidez y energía de la Protesta del Excmq. Sr. Delegado 
Para terminar este punto no pasaremqs por alto cómo 
el Canónigo Anoya p>asó hasta Roma, con misión espe- 
cial de Mosquera ante la Santa Sede; mas su Santidad, 
según leemos en caria de Mngs. Ledocliowski, se aiegc 
á admitirlo, (como la'Corledc las Tullerías liabía hc- 
clio con Murillo,) y sólo logró tener algunas audienciiis 
del Secretario de Estado, Cardenal Antonelli. A (juó po- 
día referirse tal Misión de parte de un hombre de quien 
decía Pío IX llorando: «^losquera camina á toda prisa 
hacia el iniierno abierto para recibirle» (*), y á quien 
declaró excomulgado en la encíclica de que flifriba li;i- 
blaiTiosf Cualquiera que haya sido su objeto, no era pe 
sibló engañar á la Santa'Sede: Mosquera había dado \íi 
los pasos más importonlcs para llevar á cabo su obr.i 
destructora, como era romper con Roma ultrajando ;( 
su Representante,- y encadenar á la Iglesia Gfanadin^i 
por medio del decreto de tuición (juó fué como la fuente 
de donde manaron todos los males que el Santo Pontí- 
tice lloraba y resuniía ^n estas palabras: «Deplórame»- 



(*) Borthe. T. I.C. 11. 



i:\ COf.UMHlA V Cli.STUO-AiíWKlCA oú':) 



con vosotros — escribía al Episcopado Granadino, — ge- 1861 
minaos á la idea de los criminales horrores que están 
desolando vuestro país, de los multiplicados sacrilegios 
cometidos por. vuestro Gobierno, de los ultrajes sin 
nombro- que se atreve á dirigirnos, á esta Santa Sede y 
(\ la sagrada religión, cuyos derechos, doctrina, culto y 
ministros pisotea. -Y al mismo tiempo que prohibe el 
Santo ministerio, y confisca los bienes de las Iglesias y 
proscribe las órdenes religiosas, no teme abrir las puer- 
tas á todos los falsos cultos. Toda comunicación con 
Nos está prohiljida, y toda infracción de. sus leyes cis- 
máticas castigada con multa, destierro ó prisión. En 
todas partes se ven Obispos desterrados, presbíteros y 
fieles encarcelados, templos y conventos convertidos en 
cuarteles, vírgenes del Señor arrojadas de sus piadosos 
asilos, errantes por las montañas, muriendo de hambre 
y miseria. Tal es el desolador espectáculo que se pre- 
senta á nuestros ojos!» Así hablaba el Soberano 

Pontífice dos años no más después de la entrada del 
perseguidor de la Iglesia en Bogotá; mas tales desas- 
tres continuaron aún por muchos años. 

30) — Pero volvamos á los PP. que dejamos en medio 39.-De 

11. 111- rr^ 1 • 1 Cartage- 

del cammo- del destierro. También a estos molesta- na áGua- 
ron como mejor pudieron los agentes de, Mosquera. El temaia. 
P. Blas había llegado á Cartagena el 3 de Setiembre 
antes de que hubieran podido embarcarse los destina- 
dos á la H^ana, y aquí supo la separación de las" mi- 
siones de que arriba hablamos, unos siete meses des- 
pués de haberla decretado el R. P. General. Dudó por 
un momento del partido que debía tomar, puesto que 
ya no podía disponer en Guatemala como Superior; 
sin embargo, á dónde podía .conducir á aquella- nu- 
merosa juventud, para cuya formación se necesitaba 
un lugar quieto y tranquilo, lejos de los vaivenes pro- 
ducidos por las revoluciones, más ó menos frecuentes 
en las Repúblicas de América? Ningún país ofrecía [)or 
entonces las garantías de estabilidad y -solide/ que 



sao La compañía de jesús 



1861 Guatemala, bajo el Gobierno ñrme y benéfico del General 
Carrera, teniendo además la ventaja de encontrar ya de 
años antes establecidos el Colegio de la Merced para 
Novicios y estudiantes que formaban la gran mayoría 
de su recién nacida Misión; á pesar, pues, de que no 
faltaban entre los PP. quienes fueran de diverso pare- 
cer, el excelente Superior se resolvió á llevar á cabo el 
mismo plan que tenía meditado antes de saber la sepa- 
ración de las misiones. El vapor inglés que debía llevar 
así á los que marchaban á la Habana, como á la nume- 
rosa partida de los destinados á Guatemala estaba en 
el puerto; pero he aquí que el Gobernador de Cartagena 
se opone ó la niarcha, porque según dice, tiene órdenes 
de Mosquera de no permitir que ningún Jesuita tocjuc 
en el Itsmo de Panamá. Muchos y valiosos empeños de 
personas amigas de la Compañía y la fianza de mil 
pesos por cada uno fueron necesarios para que se pei- 
miticra emprender la navegación á ios de la Habana; 
^pero qué hacer con los demás, que si no pasaban el 
Itsmo se veían obligados á hacer un larguísimo rodeo 
por mar y por tierraf Las penalidades consiguientes no 
importaban á los partidarios de Mosquera, ni era para 
ellps un motivo para ceder; pero nuevos empeños, nue- 
vas fianzas y trabajos de personas influyentes pudieron 
en fin vencer los ridículos caprichos de los mosqueristas. 
Partieron, pues, de Cartagcnaon el primer vapor, y mien- 
tras esperaban en Panamá elde la jínea del Pacífico que 
debía llevarles (\ Guatemala, tuvieron el dolor de perder 
uno de los jóvenes de mayores esperanzas, el H. Hamón 
la Torito, escolar aprobado, que en solos tres años había 
con su fervor y observancia aglomerado riquísimos te- 
soros para el cielo. 

De todo cuanto llevamos referido acerca de la expul- 
sión no se tenfü ni la menor noticia en Guatemala, > 
fué grunde la sorpresa do todos cuando el Sr. SocrcUírio 
de Gobierno, al ver en la lista de pasajeros al P. Blas y 
otros nombres que le eran conocidos, lo )>articipó al 



EN COLO.HBIA V iJKNTIlO-AM^lUCA '.yói 

Rvdo. P. Superior. Este partió inmediatamente al pwer- 1861 
to; mientras en la Merced y en el Seminario se hacían 
los preparativos para hospedar lo más cómodamente 
posihle los 35 religiosos (*) que Dios enviaba ú Guate- 
inala, que contaba entonces-como uno de sus mayores 
timbres de gloria el ser asilo de Prelados y religiosos 
perseguidos por la secta liberal en las vecinas Repúbli- 
cas. Los diversos grupos llegaron á la capital los días 
26' y 27 de Setiembre, y el júbilo general en la ciudad 
fué una muestra inequívoca del amor que profesaba á 
la Compañía: las personas más calificadas de aquella 
hospitalaria y religiosísima sociedad acudían á dar la 
bienvenida á los desterrados, siendo los primeros el 
limo. Sr. Arzobispo y el Excmo. Sr. Presidente. Ni fue- 
ron solamente demostraciones de afecto la cordial ale- 
gría y el amor con que fueron recibidos; pues muchas 
personas amigas acudieron con oportunísimos socorros 
para sufragar á los gastos ([ue el aumento de sujetos 
no podía menos de ocasionar, distinguiéndose- por su 
generosidad los Sres. Arzobispo y Presidente que en- 
viaron un donativo de 500 pesos cada uno. 

Así terminó la segunda época de la elisión Neogra- 
nadina, quedando definitivamente incorporada en la de 
Guatemala, que más tarde tomó el nombre, de Misión 
Centro-Americana; y es cosa singular que por diez 
anos siga aún apareciendo en los Catálogos, después 
de haber dejado de existir real y oficialmente, pues la 
Compañía ño volvió á existir legalmente en la Nueva 
Granada hasta el año de 85, es decir, 24 años después 
de la expulsión que hemos referido. Tres años no más 
duró esta época, pero sus frutos fueron abundantes y 
sólidos, como se necesitaba para sostener la religión y 
las buenas costumbres en los tiempos de persecución y 



C^) De estos, 8 eran Sacerdotes, 9 Estudiantes, 10 Novicios escolares, 8 
Coadjutores de los cuales tros eran aiin novicios, y dos pretendientes. Pue- 
den verse sus nombres en el Apéndice XXIII. 



LA compañía di: JesüS 



1861 desmoralización social que sobrevinieron. Aquella ge- 
neración de niños en cuyos corazones infiltraron los 
Jesuítas sólidos principios de piedad y de temor de Dios 
junto con las ideas de la más sana filosofía^ se conservó 
por lo general ilesn^ contribuyó más tarde á la regene- 
ración de su patria^ y de ella salieron hombres como el 
limo. Sr. Arzobispo Dr! D. Bernardo Herrera Restrepo, 
el Excmo. Sr: Presidente D. Miguel Antonio Caro^ el 
Sr. D. Domingo Ospina Camacho y otros que hoy tan 
felizmente gobiernan la Iglesia y el Estado, después de 
haber luchado gloriosamente por devolver á la religión 
todos sus derechos y 6 Joda la República la paz y el 
bienestar de que hoy disfruta, á pesai* de los pérfidos 
pero inútiles conatos del liberalismo por lanzarla de 
nuevo en los abismos de la revolución y la anarquía. 
No dejaremos de enumerar entre los frutos de más in- 
terés que se recogieron eii la Nueva Granada, los treinta 
jóvenes con que se vio enriquecida la misión al tiempo 
del extrañamiento que, si bien no todos se lograron, la 
mayor y mejor paite trabajan hoy incansablemente en 
lá educación de In juventud v moralización de sus pro- 
pios compatricií >- 
to.-caHOí* 4(>) — Mientras los PP. de la Nueva Granada atrave- 

prodigio- , 1 1 X i 1 ' 

»oH. saban penosamente la época azarosa (|ue liemos bos- 
í|uejado, los de Guatemala habían continuado sus tra- 
bajos fructuosos y pacíficos lo mismo en las Residencias 
(|ue en ambos Colegios bajo el régimen de los nuevos 
Siiperiores, y Dios se complacía en hacerles palpar aun 
coii casos extraordinarios los progresos (|ue la fe y la 
piedad hacía sobre todo en las almas sencillas. El Pa- 
dre Posada Superior de la Residencia de Quezalteíiango 
escribía los prodigios (|ue el Señor se-Jiabía dignado 
obrar por medio del agua de San Ignacio: «Tres raaos 
han tenido lugar, dice, en «stos dios, que le retíriré 
|)ara gloria de Dios v de Nuestro Santo Padre. Llamá- 
ronme á confesar en diversos días y lugares á tres per- 
sonas acometidas súbitamente de ataques i-opentinos \ 



EX COLOMBIA V CENTRO- AMÉRICA :W8 

, . : j. . ^ . ' — 

peligrosos: una de ellas había quedado sorda y con la 1861 
lengua paralizada; las otras dos habían pci'dido el uso 
de la palabra y todas necesitaban urgentemente confe- 
sarse. ¡Cosa admirable! Apenas les hice tomar el agua 
de San Ignacio, observé que la rigidez de las quijadas 
iba cediendo y á íos diez minutos tuvieron el habla ex- 
pedita y aun la que había perdido el oído lo recobró. 
Todas tres pudieron confesarse á satisfacción: pero la 
una murió apenas confesada; las otras dos viven aún y 
publican la eficacia de la intercesión del Santo', cuya 
devoción va tomando mayor incremento cada día» (*). 

En medio de la ignorancia de los negros de Liwin- 
gston se dejaban igualmente ver algunos rasgos de fe 
viva y ardiente. Una pobre mujer, escribía el P. Forero, 
([ue trabajaba en aquellas costas, ya para morir suplicó 
a su esposo que procurase una, barquilla en que pu- 
diese venir el Misionero á confesarla; mas no propor- 
cionándose esta y sintiéndose por momentos más grave, 
pidió la patente de la Congregación de la Sangre de 
Cristo á que pertenecía, y estrechándola entre sus ma- 
nos que se hizo atar con el rosario, dijo: «con estas mis 
dos prendas voy á abrir las puertas del cielo, quiero 
que me entierren con ellas»; y luego entre semejantes 
actos de piedad espiró, dejando fundadas. esperanzas 
de que el Señor atendería la sencillez de su fe. 

Entre los alumnos del Seminario era tal el fervor y 
la devoción á la Santísima Virgen, que tenían los Pa- 
dres (|ue andar muy sobre aviso para impedir los ex- 
cesos é indiscrecciones en materia de ayunos y otros 
géneros de mortificación que disimuladamente practi- 
caban. Un niño de singular candor é inocencia mo- 
vido sin duda por celestial impulso aseguraba mu- 
chas veces á sus compañeros que no se le pasaría el 
curso sin ir á ver á la Santísima Virgen á quien amaba 
con. singular ternura. En efecto hallándose sano y 



(*) Colee, part. de la Orden. 



o84 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



1861 robusto de repente enfermó tan gravemente, que muy 
en breve se vio á las puertas de la muerte: en el últi- 
mo momento dirigiéndose á otro alumno hermano suyo 
le decía: «Pues no te aseguraba yo que pronto vería á 
la Santísima Virgen?)) y con una sonrisa angelical en 
sus labios, voló sin duda al cielo con una muerte seme- 
jante á la del Benjamín de la Iglesia San Estanislao de 
Koska. 

La Asociación de las Hijas de .María, establecida 
como dijimos en la Merced, se multiplicaba cada día 
más y producía hermosísimas flores de honestidad y de 
l)ureza: era un génmén de piedad introducido en todas 
las familias y con igunldad cristiana lo mismo pei-te- 
necían á ella las jóvenes de las familias más caliticada^ 
que sus sirvientes hijas del pueblo. Una de esters, mm* 
distinguida por su fervjor, hubo dl5 ausentarse de la ca- 
í)ital para prestar sus servicios á sus propios padres. 
La joven era l)ien dispuesta y dotada de bellas cuali- 
dades, que encendieron (*n torpe amof á cierto hombpe.- 
rico pero de costumbres estragadas: este la pretendió. 
l^or esposa y sus pa'dres, fijándose sin duda más en los 
bienes de fortuna que en ía honradez, no lo llevaban' á 
mal; por el contrario la honestísima doncella rechazaba 
con todas sus fuerzas el desposarse, y más coa tan im- 
|)uro amante. Ya había pasado algún tiempo entre rei- 
teradas pretensiones y cpivstantes negativas, cuando un 
día la joven salió sola á' tomar agua de la fuente situada. 
fu(M'a de la población: vióKi de lejos el nial hombre que 
venía á cab(dlo de su finca y se dirigió á ella apresu- 
rado; mas viendo la piadosa joven el peligro que corría 
su pureza, invocó en su auxilio á la Virgen Inmaculn- 
da; el ciego amante cae muerto quedando el cadáver en- 
negrecido y de horrible-aspQcto. No eran raros los casos, 
auníjue no tan teñídnosos como el referido, en (|ue las 
Hijas de María se veían.claramente amparadas poc su 
Iniena Madre. No es extraño, pues, que viendo los ope- 
in!"io<tnn IwmiíIccíJí >s, pop lli''^*^ <ii< .-ilnn '»<<»< ti-nbíno^ 



EX COLOMBIA Y CENTRO-AMÉRICA ^35 

se moslrasen animados cada vez más de nuevo celo y 1861 
fervor en el cultivo de tan fértil campo. 

40) — Muy feliz bajo todos conceptos había sido el **^-^^' 
curso del'año de 61 en el Seminario; mas ya^l concluir- *sa- 
se le visitó el Señor por tercera vez llevándose para sí '^^*'- 
al H. Rafael Salazar, Coadjutor de singulares prendas, 
que estaba desempeñando con mucho acierto la clase 
de primeras letras. Nacido en Bogotá el 24 de Octubre 
de 1831 de muy buena familia^ entró en la Compañía, po- 
cos días antes de la primera expulsión, y aunque estaba 
dotado de muy claro ingenio con el cual hubiera podido 
sobresalir mucho en las ciencias y en las letras, prefirió 
su humildad pertenecer á la categoría de los Coadju- 
tores temporales. Su corta vida de Jesuíta la pasó entre 
duros trabajos y padecimientos, poi'que apenas entrado 
salió al destierro hacia el Ecuador: vivió aquí los dos 
años en casas provisionales^ que siempre ofrecen ma- 
yores fatigas á los HH. Coadjutores: sufrió la segunda 
y más cruel expulsión cuidando dé dos compañeros 
gravemente enfermos en medio de los desiertos y peno- 
sísimos caminos de Riobamba á Cuenca; tuvo que asi- 
larse en Paita en compañía de otros de los sujetos ex- 
pulsos del Ecuador^ hasta que pasó á Guatemala donde 
])or primera vez pudo disfrutar de la paz y tranquilidad 
de una casa religiosa bien organizada. Creemos que 
serán muy ra-ros en la Compañía los que hayan tenido 
un noviciado tan difícil y en el cual se les haya ofrecido 
tan constantes ocasiones de ejercitar lo más fino, de las 
virtudes religiosas, cuando apenas comienzan á darse 
los primeros pasos por el camino de la perfección; sin 
embargo estas pruebas^ prematuras según el orden co- 
mún, y (jue para otros pudieran ser ocasión de fíaquear, 
hicieron del H. Salazar^ en el espacio de tres años, un 
modelo de Coadjutores, por su profunda humildad, ca- 
ridad activa y sincera, amor al trabajo y mil otras vir- 
tudes que realzaban más su carácter amable y festivo, 
) sus maneras finas y delicadas. Poco tiempo pudo 



386 LA COMPAÑÍA DE JESU> 



1861 gozar de Ja paz y quietud del Colegio de la Merced^ por 
que fué destinado á fundar la residencia de Quezalte- 
riango^ como homljre á.cuya sólida virtud y singular 
habilidad para los oficios domésticos todo se podía fiar. 
La necesidad d^ un maestro á piT)pósito para los niños 
de tierna edad que entraban en el Colegio sin los cono- 
cimientos necesarios para comenzar la segunda ense- 
ñanza^ indujo á los Superiores á llamarle á la capital 
para desempeñar este cargo trabajoso y delicado más 
de lo que comunmente se piensa: lo desempeñaba ya á 
toda satisfacción^ cuando se sintió acometido de' una 
tisis violenta que le cansó terribles sufrimientos duran- 
te tres meses^ hasta que el 14 de Odubre fué á rocil)ir 
ni premio de los méritos y virtudes que* ien.solo.die/ 
años de religión había abundantemente aglomerado. 
ii.-Ejer- 41) — ]7\ Unio. Scñor Arzobispo cuvo celo infatigabh 
del parecía añadir fuerzas á su cuerpo muy quebrantad^ 
Clero. Yfj^ UD menos por su edad avanzada íiue por él constan- 
te trabajo, se empeñó en este aíio en infundir á su clero 
el espíritu que á él le animaba, gcMieralizando. mt\s los 
Ejercicios'espirituales, que anualmente solían predicarse 
< n su propio palacio. Con este objeto organizó otros e'n la 
( iudad de Quezal tenango, cuya casa cural, antiguo coíi- 
\ento de P'ranciscanos, p;*opai'cionaba un. local vasto y 
(X')modo pai-a hospodaisp en él todos los i>6rroüos do 
los pueWos de aquellas lejanas provincias, y cLP. Esto- 
ban Pwrrondo fué enviado allá para tfuc ios dirigiera. 
Por lo que hace {\ los de la capital fueron esta vez más 
iiunuMOsos y edificantes, autorizándoles con su presen- 
cia el mismo W Prolado con su auxiliar, el Obis|)o de 
Chiapas, e] Capítulo" Catedral, varios canónigos de los 
desterrados de Méjico, la mayor porte del clero de la 
ciudad y cuantos párrocos fué posible que asistiesen 
^¡n dejar desamparados Sds feligreses. Los PP, desti- 
nados á dirigirlos aceptaban con singular gusto este 
ministerio y lo desempeñaban con extraordinario es- 
mero, ponjúe tenían ya oxperiiiientado cuánto bien 



EN COLOMBIA Y CENTIIO-AMÉKICA 337 

dimanaba eu favor de los pueblos, infiltrando en sus 1861 
pastores el espíritu apostólico, fuente de moralidad y 
sostén firmísimo de la piedad cristiana. 

42) — En la Hacienda de las Nubes v sus alrededores ^^-'^^ 

... 1 /. "^ ' ^ Capilla 

se había ya logrado lentamente el fruto apetecido, es deus 
decir, que se extendiera la instrucción religiosa, se mo- ^^'"^^3. 
rigerasen aquellos caracteres rústicos y cobrasen amor 
á las prácticas i*eligiosas. 'De estos progresos dieron 
pruebas esplendidas al fin de este curso cuando se trató 
deabriral cnltola Capilla (jue se había edificado en me- 
dio de aquellas hermosas y solitarias montañas. Un gran 
grupo de campesinos se dirigieron á la capitaf para traer 
sobre sus hombros la imagen de Nuestra Señora de la 
Merced, Patrona de la hacienda, mientras otros queda- 
ban ocupados en el adorno de la Capilla, en recojer 
flores, en colocar arcos en un largo trayecto del camino, 
en alfombrarlo de hojas aromáticas con indescriptible 
entusiasmo. A conveniente distancia ordenóse la proce- 
sión á que asistían también los PP. y jóvenes Jesuítas 
de ambos Colegios, que descansaban allí de sus tareas 
literarias. Era un espectáculo verdaderamente poético y 
profundamente consolador ver á la Santísima Virgen 
tomando posesión de aquellos bosques cuyo silencio 
sólo interrumpiera un tiempo el ruido de las armas, y 
ahora repiten en sus ecos las glorias y alabanzas de 
María, que entonan llenos de fervor muchedumbre de 
corazones amantes y sencillos. La imagen fué colocada 
en su trono, y la tarde se gastó en oir las confesiones 
de unas 300 personas que habían acudido de las aldeas 
y haciendas vecinas á celebrar la instalación de la nueva 
Capilla, las cuales al siguiente día se acercaron á la 
Sagrada Mesa. La'solemne Misa cantada, el panegírico, 
y otra procesión por los pintorescos prados de la Ha- 
cienda ocupó á los piadosos campesinos que en aquel 
día rebosaban de contento, viendo entre las montañas 
y al lado de sus pobres chozas celebrarse las ceremonias 
de la Iglesia con mayor solemnidad y pompa que la que 

32 



338 LA COMPAÑÍA DE JESÚS 



1861 por ventura habrían alguna vez presenciado en los ve- 
cinos pueblos. Ni carecían de algún honesto esparci- 
miento. Terminada la función religiosa, el pueblo pasaba 
á la explanada del frente de la casa_, iluminada con ho- 
gueras y hachones de pino resinoso, que allí llaman ocote. 
Estaba ya preparado el rústico escenario en donde re- 
presentaban los mismos campesinos, bien ensayados de 
antemano, alguna sencillísiYiia pieza dramática, saine- 
tes ó autos sacramentales, con más arte de la que pudiera 
esperarse de. tales actores. ;En tan honesto recreo pasa- 
ban una ó dos horas hasta que se les despedía, retirán- 
dose a sus casas óon el mayor orden, y Henos de increí- 
ble satisfacción. 

Los recursos espirituales con que contaban los habi- 
tantes de Las Nubes contribuyeron á que sé trasla- 
dasen allá algunas familias, y las prácticas piadosas 
diarias y de los días festivos en que se celebraba Misa, 
se predicaba y oían confesiones, influyeron tanto en 
la moralidad de aquéllos buenos compesinoSj.que jamás 
hubp que deplorar caso alguno de riñas, embriaguez ni 
nada que desdijera» de la moral más pura. El H. Coad- 
jutor Joaquín Ugalde, anciano de singular virtud y de 
muchos conocimientos en materia de «gricuHura é inge- 
niería de caminos vivía constantemente allí con otro 
compañero, y él era como el patriarca de atjuellos 
habitantes á (juicn todos acudían por dirección y con- 
sejo en sus negocios domésticos y agrícola^, y ¿ quien 
todos obcdccíon con sencillez de niños. Más tardo va- 
remos la prosperidad de (jue llegó á gozar aquella ha- 
cienda espedial mente bajo aspecto moral y religioso. 
43.-RC 4I^)-«-Detengámonos nc|uí y volvamos nuestra vista so^ 
""''"'■ bre. los diez años, cuya historia acabamos de reseñar. 
Llamados los. Jesuítas á Guatemala des^e el. año de 42 
l»or el limo. Señor Larrazabal, su sucesor en el Gobier-» 
no (iel Arzobispado el limo. Señor García Pelaez apoya 
tan henólica medida y ludia sin treguas para llevarla 
i\ rnbo. Frustrnn todos su^ connt-.s la? intrii^as de los 



EN COLOMBIA Y CENTRO-AMÉRICA 330 

liberales^ pero destrozados éstos por la valiente espada 1861 
de Carrera^ sin fuerza, sin prestigio, deshonrados, aba- 
tidos, aniquilados, Guatemala respira y emprende su 
camino de restauración religiosa, cientíñca, industrial. 
En tan oportunas circurístancias fué cuando el celosísi- 
mo Pastor volvió á trabajar por la entrada de la Com- 
pañía, en su aniuidiócesis, y como el único obstáculo^ 
el liberalismo, se hallaba ja removido, sin diticultád 
logró c[ue los Jesuita^ volviesen y fueran legalmente 
admitidos el año de 51. Desde esta fecha, sin salir 
un punto de los límites que les señala su Instituto, fue- 
ron los más activos cooperadores así del Ilustrísimo 
Sr. Arzobispo, como del presidente, hombres providen- 
ciales qué sucitó Dios para dar á Guatemala una era 
ele paz y de bonanza de que jamás había disfrutado 
después de su emancipación política. En el Seminario 
educaba'n constantemente doscientos alumnos por tér- 
mino medio y elevaban las ciencias, las letras y las 
bellas artes á tanta altura que nada dejaban que desear. 
Habían recorrido toda la República evangelizando hasta 
sus más remotos pueblos: habían fundado en la capital 
siete congregaciones que eran como otras tantas fuen- 
tes de moralidad para todas las clases sociales: la reli- 
gión se practicaba con fervor, y la pompa en el culto 
divino no tenía rival en América. La fundación del Asi- 
lo de niñas huérfanas, y el Colegio dirigido por las Her- 
manas de Nuestra Señora se debieron á la iniciativa y 
dirección de los Jesuítas. En Quezaltenango se fundó la. 
Residencia, y la casta indígena no fué menos cultivada 
que la española, y en Liwinsgton se reducían á vida 
cristiana los negros semisalvajes de. aquellas costas. 

Tal es el resumen de lo que hemos venido refiriendo 
de esta primerct década de la existencia de la Comj:>añía 
en Guatemala: si á la paz y libertad de que gozaba bajo la 
egida de un Gobierno tan profundamente católico, como 
enérgico, activo y amante del verdadero progreso y del 
bienestar de los pueblos, se hubiera unido la constante 



340 LA COMPAÑÍA DE JE.SL'S 



18G1 permanencia de todos los Jesuítas así españoles como 
italianos y americanos destinados á Guatemala^ la ór- 
bita de los trabajos iiubiera podido amplificarse mucho 
más y de consiguiente- los frutos se hubieran multipli- 
cado; pero ya lo hemos visto; en estos diez años salie- 
ron Jesuítas de Guatemala para Méjico, La Habana, 
Buenos ^^ires y. Nueva Granada, y de tantos sólo vol- 
vieroi> cinco con ocasión de la expulsión de ésta última 
República. Tal era la óconomía de la divina Providen- 
cia que aún. veremos confirmarse en la tercera p^rte de 
esta narracción: Guatemala continuará siendo el. asilo 
de la religión perseguido^ el centro de las letras y de 
las ciencias en esta par.le de.lu América, y de ella ve- 
remos aún partir nuevos a^lóstoles (|ue evangelizarán 
las Repúblicas vecina-. 





i^V^^^^^-^'^^Y-^'^ 



APÉNDICES 



elegía a las ruinas de la antigua 



POR EL P. RAFAKL LAXDIVAR (i 



Salve^ cara parens, dulcis Guatimala, salve^ 

Delicium vitae, fons et ori^o, meve. 
Quam juvat, Alma^ tuas animo pervolvere dofes, 

Temperiem^ foates^ compito, templa, lares; 
Jam mihi frondosos videor discerncre montes, 

Ac jugi virides munere-veris agros. 
Sccpius in mcntem subeiint labentia circum 

Fluminn, et nml^rosis liíorn torta rnmis: 



(*) El P. Rafael Landivar nació en Guatemala á 27 de Octubre de 1731: 
entró en la Compañía de Jesús en la Provincia de Méjico el 17 de Febrero 
de 1750, graduado ya de Maestro en Artes por la Universidad de San Carlos 



^^ APÉNDICES 



Cum vario cultu penetralia'compta domorum^ 

Plurimaque Idaliis picta vireta rosis. 
Quid vero^ aurato repeto si splendkla luxu 

Srericay vel Tyrio vellera tincta mari? 
HiEc mihi semper eruiit.patrii nutrimen amoris 

Inque aretis rebus dulce levamen erunt. 
Sed fallor... placida^ ahí versant ludíbria rtientem 

Illuduntque animo somnia vana meo! 
Nam qua3 arces^ niagnique caput spectabile regni 

UfIts fuerat nuper^ nune lopidiíni cumulus../ 
Non sedes/ uon tenipla maneht/non jcompita gei\{'\ 

Ncr qiia tuta petat culmina ñioñtis habot ' 
Omnia prcficipiti volvuntur lapsa yuina, . 

GeuJovis alalis ignibus icta forent. 
Quid tamen hüec doleo?Surgunt jam celsasepulchro. 



de Guatemala, é hizo la profesión de cuatro votos á 2 de Febrero de 176.'). 
Enseñó Retórica, Filosofía y Derecho canónico en el Colegio de San Fran- 
cisco de Borja en Guatemala, cuyo Rector era cuando la expulsión de 1767. 
Dedicóse en su destierro de Bolonia al Cultivo de la poesía y de las obra? de 
piedad, y allí m\irió á 27 de Setiembre de 1793 á los 62 anos*de edad. 

Entre sus escritos que vieron la luz pública se cuentan: 1.** laoiímou 
fúnebre latina que pronunció on la Catedral de Guatemala en las honras 
que celebró el Cabildo de la MetrQpolitana ;\ su segundo Arzobispo el «IIvis- 
trísimo Sr. Dr. D. Francisco de Figueredo. • . 

2.° El Poema* latino intitulado «Rusticatio Mexicana> dividido en diei 
libros, obra de una suavidad y elegancia verdaderamentfe virgiliana, cuyos 
bellísimos versos jamás cansan especialmente á los Americanos, como que 
están en mejor condición para reconocer la belleza de sus descripciones por 
tener ú la viála los objetos do ellas, y pueden apreciar el argnmento y la 
destreza- y arte con que está desempeñado. De esta obra se hicieron doa 
ediciones: la primera en Módcna en 1771, y la segunda en Bolonia en 1772. 
cuyos ejemplares llevan como por apéndice la bellísima composición que 
transcribimos. D. Joaquín Árcadio Pegaza hizo una tfaducclóñ castellana 
del libro 1." titulado Los Lagos, la cual se halla en las «Memorias de la 
Academia Mejicana, correspondiente de la Real Española», y en la «Anto- 
logía de Poetas Hispano- Americanos», publicada por dicha Real Academia 
Española. . ♦ * ' 

3.° También se hallan algunas composiciones en verso latino del Padre 
Landivar en la <^Vida de la Madre de Dios» del P. José Ignacio Vallejo y so 
conservan manuscritos otros va dispuestos como para darlos á la prensa. 



APÉNDICES 343 



Limina, se tollunt ardua templa polo. 
Flumine jam íbntes undant^ jam compita turba, 

Jamque óptala veiiit, civilnis aln:ia quies. 
ScilicQt, ut Phatriae volucri, felicior urbi 

E proprio rursus pul veré vita redit. 
Gaude igitur, rediviva Parchs, urbs incl\ ta rcgiii, 

Excidioque novo libera vive diu; 
Et clarum súbita partum de morte ti'iumphum 

Laudil)us ipse tuum promj)tus in astra feram. 
Interca raucum, luctus solatia, plectrum 

Accipe^ sisque loco müneris ipsa mihr. 



GACETA OFICIAL DE GUATEMALA, .NÚM. 110 

(correspondiente al 7 DE JULIO DE 1853). 



F*a.d.res Jesuítas 

Tiempos hace que muchas personas piadosas desean el 
establecimiento de la Compañía de Jesús. Desde que fué supri- 
mido este instituto por órdenes del Rey de España y Bula 
Pontificia, hace 76 años^ Tos recuerdos de sus beneficios no 
han desaparecido, independientemente de la idea que -es uni- 
versal en el mundo cristiano, de las ventajas que resultan á la 
sociedad por la enseñanza de la religión, de la moral y de las 
ciencias, en una Orden cuyos individuos tienen la exclusiva 
profesión de cuidar tan importantes objetos. 

Ahora más que nunca es cuando necesitamos de la Com- 
pañía de Jesús, no sólo para tener casas de educación científica 
y moral, sino para las misiones en las costas y en otros luga- 
res remotos de indígenas. Todas las reducciones que hay en 



í>44 APÉNDICES 



Honduras^ en Costa Rica, en Nicaragua y en la Verapa^, cier- 
tamente que de ningún modo estarían mejor atendidas que por 
los padres jesuítas; así es qae la Asamblea Constituyente, 
abriendo el camino para su establecimiento en Guatemala, no 
hay duda que proporciona un grande é importante beneficio, 
de que muy luego se aprovecharán los demás Estados. 

No nos queremos remontar, á recuerdos antiguos, que 
acaso serían hoy poco aplicables; jesuitas hay establecidos en 
Rusia y en muchos' partes de Alemania, en Italia, en Inglate- 
rra y en la Bélgica: los hay *en los Estados-Unidos, y última- 
mente se hait establecido en las provincias del Río de la Plata, 
en la Nueva Granada y también van en concepto de misioneros 
á Venezuela. Esto prueba que su instituto se acomoda á todos 
los países y con todas las formas de gobierno, aun las más 
contrarias. Nosotros, pues, imitando los pasos de naciones 
que están mas adelantadas, obramos con acierto y ñas eiica- 
minamos al bien. 

Los siguientes documentos son los que han mediado en 
este importante negocio: 

INFORME. 
Seíwres Diputados SecretdrioH de la Asamblei^ Constituiré nfr 

Habiéndose hecho al Gobierno una exposición por mu( lu»-. 
sujetos respcíables de esto capital, pidiendo el restablecimien- 
to del instituto eclesiástico, conocido generalmente con '1 
nombre de Compañía de Jesús, tenjo el honor de acompañar- 
la original, para ((ue UU. se sirvan dar cuenta con ella á la 
Asamblea Constituyente, á la cual corresponde tomarla en 
consideración, y determinar lo ((ue estime mus jusfo y conve- 
niente; mas al mismo tiempo el Gobierno cree hallante en el 
caso de apoyar con su informe la expresada solicitud, mani- 
festando los motivos que i)ara ello le asisten. 

Aunque han trascurrido muchos años desde que, por una 
disposición real, fueron expulsos de la monarquía española 
los padres jesuítas, de una generación á otra se ha trasmitido 
entre nosotros una gi-ata memoria de la importancia de sus • 



ArÉNi)i('i:s :>4;) 

servicios, especialmente con respecto á la educación de la ju- 
ventud; así es que cuuido en el afio dj 1819 se creó, en virtud 
de real cédula, una junta para la restauración do la Comp iñía 
de Jesús en esta ciudad, esta determinación fué recibida í)or el 
vecindario con mucha complacencia, y varios sujetos que ya 
hoy no existen, hicieron considerables ofertas, siendo uno de 
ellos nuestro historiador el Sr. D. Domingo Juarros, que per- 
sonalmente se presentó, á la junta, manifestando que élfran- 
{(uearía su casa á los padres, mientras se disponía ó edificaba 
un local aparente á los tines de su instituto. Hsto lo asegura 
el infrascrito ministro del Gobierno, por haber sido nombrado 
juntamente con el Sr. Canónigo Dr. Mariana García Reyes en 
concepto de eclesiásticos para componer dicha junta. Cuando 
esta en 1820 dio cuenta á España de haber llenado el objeto de 
su creación, S3 propuso al Rey que suprimiéndose el convento 
de S. Agasiin dj esta ciudad, poi' no haber en él competente 
número de religiosos, se destinara ej eiiñóio para el restable- 
cimiento de la Compañía de Jesús. En este estado de cosas so- 
brevino en la península la revolución que con:ienzó en la isla 
de León; poco después tuvo lugar la independencia, y no más 
se había vuelto á mencionar el asunto, hasta ahora que con la 
vista de un solo padre jesuíta venido de la Bélgica, se lian re- 
novado los deseos que se expresan en la exposición hecha al 
Gobierno. 

Que en nuestro Estado carecemos de medios suficientes 
para generalizar la buena educación, es urí hecho que, estan- 
do al alcance de todo hombre reflexivo, no necesita de demos- 
trarse; y que ningún bien puede hacerse más importante al 
público, que proporcionar medios para extenderla enseñanza, 
no dejará de conocerlo todo el que sea capaz de apreciar en su 
justo valor las ventajas que tiene un hombre culto, sobre el 
que permanece sumido en la ignorancia. Ahora bien, de nin- 
gunos institutos puede el público reportar mayores beneficios 
quede aquellos que tienen por objeto ennoblecer al hombre 
por el cultivo de sus facultades mentales; y como de esta natu- 
raleza ha sido en todos tiempos, y es en la actualidad la Com- 
pañía de Jesús, por esta poderosa razón el Gol)ierno no ha 



Miy APÉNDICES 



dudado apoyar la solicitud de que se trata^ recomendándola 
encarecidamente á la Asamblea. 

Sírvanse UU.^ Señores Secretarios^ dar cuenta con lo ex- 
puesto a ese alto cuerpo. — Juan J. de Aycinena. 



Número 111 

AsaiTiblea. Constituyente 

Las discusiones de estos días han sido concurridas y so- 
bre asuntos interesantes. En las del 27 y 29 se trató del pro- 
yecto presentado por la comisión de negocios eclesiásticos^ 
relativa al establecimiento de la Compañía de Jesús en el Es- 
tado. El primer día fué aprobado el artículo primero por vota- 
ción nominal de losSeñores Representantes que se hallaban 
presentes^ y eran 48. Sólo uno no estuvo de conformidad, ma- 
nifestando que su opiuión difería únicamente porque deseaba 
que se examinasen antes. los Estatutos de Ja .Orden. El 29 se 
concluyó el decreto, y al instante un j*epique general manifestó 
(*1 júbilo del vecindario, al ver satisfechas sus vivas solicitudes, 
y el General en jefe mandó hacer salvad dé aríillería. Er> los 
siguientes números se publicará el decreto y documentos so- 
bre el |)Mrliciilnr. 



Xlmkro 112 

Aouerdoa sobre el establecimiento de los Jesuítas 

En consecuencia del d(?creto expedido por la Asami)Iea 
Constituyente eq 4 del corriente y en cumplimiento -i.^ I-. <jin' 
se previene en el art. 2.°, el Gobierno acuerda: 

Fórmese una Junta ó Comisión compuesta de dos Ecle- 
siásticos que nombrará el Sr. Provisor, Gobernador del 
Arzobispado: de un miembro de la Corte Suprema de Jus- 
ticia, que lo será el Sr. Felipe Prado: de un Regidor de esta 



At>ÉXDIC'ES M'i 



Municipalidad^ que lo será el Sr. Juan Francisco Urruela, 
y de dos vecinos de la ciudad, que lo serán los Sres. Manuel 
Taboada y Antolín Cáceres. 

Esta Junta se ocupará de proponer al Gobierno todos 
medios que estime convenientes^ para que llegue á tener efecto 
el establecimiento de los PP. Jesuítas en esta ciudad y será 
presidida por el Ministro de relaciones. 

Comuniqúese este acuerdo al Sr. Provisor y Gobernador 
del Arzobispado para los efectos que en él se expresan^ y á los 
demás sujetos nombrados.. 

Guatemala Julio 6 de 1843. 

Aycinena. 



Número 110 

Padres Jesuítas 

El día 9 (de Agosto) por la mañana se instaló la Junta 
establecida por el Gobierno para consultar y proveer los arbi- 
trios más eficaces para hacer efectivo el establecimiento de los 
PP. Jesuítas^ ^bajo la presidencia del Sr. Ministro de relacio- 
nes. Fué electo para Secretario el R. P. Miguel Muñoz. 

Para la investigación de temporalidades y existencias de 
la propiedad del antiguo Convento y Colegio fueron nombra- 
dos el Sr. Magistrado Felipe Prado^ y el enunciado P. Muñoz. 

Para disponer el local más conveniente al Convento y Co- 
legio, los Sres. Canónigo José Antonio Alvarado y Manuel 
Taboa'da. 

Para adquirir un subsidio pecuniario han sido nombrados 
los Sres. Muñoz, Taboada y Antolín Cáceres. 

Para Tesorero el Sr. D. Juan Francisco Urruela. 

Las Juntas se celebrarán los martes en la Escuela de 
Christo. 



:)4>Ñ APÉNDICES 



III 

LA COLONIA DE SANTO TOMÁS 

Y 

EL COLEGIO DE GUATEMALA EN LA AMÉRICA CENTRAL 



Ciertos cabaHero^ ricos y poderosos movidos por elamor 
patrio \ la utilidad pública convinieron en asociarse con al- 
gunos comerciantes d (juienes atraía el deseo de mayor lucro, 
para fundar una Colonia Belga ultramarina. Bien meditado el 
negocio, compraron algunos lotes de tos terrenos baldíos^ que 
rodean á Santo Tomás^ puerto perteneciente. á ]a República 
de Guatemala, en el Golfo de Honduras, con bastante profun- 
didad y bien resguardado dolos vientos. Publicaron enseguida 
su plan inci-tando á Jos Belgas á*al¡staí*se. en agüella expedi- 
<¡ón; y fuera por amor á la religión, ó porque lo creyeran con- 
veniente para la conservación del orden, los empresarios pen- 
saron desde luego en llevar consigo sacerdotes para el ejercicio 
del culto divino. Acudieron á la Compañía sabedores de que 
uno de sus ministerios más favoritos son las misiones extran- 
jeras, y fácilmente pusieron de su parte al R. P. Pro\incial de 
Bólgica, en atención á que, sin esto, una multitud de 0|>erar¡os 
carecerían de los auxilios do la religión en aquellas remotas 
playas. 

Mientras se reúnen los colonos, en cuya elección debía 
haberse tenido nrós en Quenta la bonr^ide/. y aptitud para tra- 
l)ajos tan arduos, mientras se aprestan los baques, se prepa- 
ran las vituallas, las casas de madei^a y todos los demás en- 
se.res necesarios, también se construye una pequeña capilla 
para los Misioneros designados por el P. Provincial, y alguna> 



Al'K.VDICES .'Ul> 



ilustres matronas la proveen de imágenes^ ornamentos sacer- 
dotales^ lil)ros y cuanto se re([u¡ere para el culto divino: el 
Excmo. Cardenal Arzobispo de Malinas la bendice solemne- 
mente en Bruselas el 22 de Febrero, y les dirige la palabra 
augurándoles un feliz viaje, y dirigiendo ^ Dios sus votos por 
la felicidad y estabilidad de aquella fundación. En íin, el 16 
de Marzo después de haberse celebrado una misa en la anti- 
gua Iglesia de la Compañía, á la cual asistieron muchos cu- 
riosos y algunos de los que iban á partir, las dos naves se hi- 
cieron á la vela en el puerto de Amberes. En la primera de 
ellas que llevaba cincuenta colonos y aportó á Santo Tomás 
el 20 de Mayo, iban los PP. Pedro José Walle y Juan Natalio 
Genon con el H. Coadjutor Agustín Jansen. Desde luego tra- 
taron de establecer entre los navegantes algunos ejercicios de 
piedad y una ijistrucción doctrinal, pero todo hubo de aban- 
donarse, porque aquella gente indócil no se prestaba á ello: 
por lo demás, no ocurrió cosa notable durante" la travesía, 
sino la amistosa recepción que hizo á los PP. el ilustre Conde 
de Montalambert, que á la sazón se hallaba en la isla de la 
Madera. El P. Superior apenas llegado al puerto tomó el ca- 
mino de la capital para abocarse con el Ordinario de la Ar- 
quidiócesis, quien, lo mismo que todas las personas más dis- 
tinguidas de la ciudad, le recibió con el mayor cariño,- con 
repetidas muestras de singular estimación de la Compañía, y 
expresando sus deseos de restablecerla en la República. Para 
el 29 de Junio estaba ya de vuelta en la" colonia el P. Walle. 

Ocupábanse los colonos en acomodarse en la ribera del 
mar: ¿1 P. Genon con su compañero, ayudados de algunos 
naturales, construían una choza para alojarse, y una ramada, 
cubierta de hojas de palma que sirviera de Capilla; cuando he 
aquí que después de tres semanas llega la otra nave ,con la 
noticia más funesta (jue podía llevar en aquellas circunstan- 
cias. Mr. Sim'ons, Director general y Jefe de los colonos, que 
con muchos de ios suyos se había embarcado en ella, acome- 
tido de una grave enfermedad, junto á la isla de Tenerife, 
cuyo Obispo le administró los últimos Sacramentos, había 
muerto en el mar. Qucdal)a, pues, la colonia sin jefe y sin 



350 APÉNDICES 



gobierno^ porque el sucesor.^ según los estatutos, debía ser nom- 
brado por la dirección general de Bruselas. El Consejo nombró 
interinamente á Mr. Phelipot, bajo cuyo gobierno mostró bien 
claro la experiencia cuan desacertados habían andado en la 
elección de los colonos, que carecían de docilidad para obede- 
cer, de amor al trabajo, y sobre todo sin religión; virtudes sin 
las cuales no era posible llevar á cabo aquella empresa. Baste 
decir que las casas fabricadas en Bélgica no se vieron armadas 
hasta el mes de Agosto, ni se pudo celebrar la Misa en la Ca- 
pilla construida y bendecida en Bruselas, hasta el 12 de No- 
viembre. 

Mientras tanto habían ya llegado cartas de Bruselas desig- 
nando Director de la Colonia al P. Walle, Superior dé la Mi- 
sión: muchas y graves.causas tenía el buen Piídre para no acep- 
tar semejante cargo^ urgían sin enjbargo é instaban los conseje- 
ros^ y así tuvo*que adoptar un término medio, á saber, que toda 
la autoridad residiera en el Consejo, cuya presidencia se resig- 
nó á aceptai*. Mas esté-género de gobierno tampoco tuvo, buen 
resultado, y baste decir (|ue algunas órdenes. que s^ iitublica- 
ban y fijaban en las ))arodes, al día siguiente amanecían cu- 
biertas de inmundicias, indicando iteí aquellos hombres el caso 
(jue hacían de ellas. Viendo, i^ues, el P. Walle, que perdla-su 
trabajo en la Colonia, y sabiendo cuan deseado era* su presen- 
cia en la ca[)¡tal, se dirigió allá por segundu vez, liacia tinos 
de Noviembre, luí efecto, á su llegada halló (¡uc ^e había votado 
casi por unanimidad y publicado el brHlante decreto eii cuya 
virtud se derogaban todas las antiguas leyes que supHmían la 
Compañía,* se ponírf en sus manos la educación de la jiiven- 
tud, se le ofrecía Colegio, templo, fondos para sostenerse y 
amplia libertad para establecerse en si^á antiguas casas cuan- 
do lo tuviese pori^oiiveniónté; y todas a(|uellas disposiciones 
fueron entregadas por escrito .como documentos que debía 
})resenlar ai. M. R. P. General sunlicándole su aceptación. 
Hecho cargo de la comisión voKió el Misionero t\ la (^.olonia 
hacia lineS de Euqi'o, y. como en ejercicio de su autoridad 'pro- 
pusiese al Consejo que se decretase la* dimisión de lo:? que 
no habían sido admitidos legítimamente en el número de los 



1 



APÉNDICES 351 



colonos, especialmente los vagos y ciertas mujercillas, y no te- 
niendo tampoco buen resultado esta medida, renunció su tí- 
tulo y cargo de presidente del Consejo, y se embarcó- para 
Belice; pasó á Nueva York, de aquí á 'Bélgica y luego á Roma 
á tratar el asunto del futuro Colegio de Guatemala. 

Quedó, pues, sólo el P. Geñon, quien no sabiendo más 
que el francés, tenía que recomendar la enseñanza de la doc- 
trina á su compañero para los Flamencos y Alemanes se 
celebraban los divinos oficios, pero cada día era menor el con- 
curso; más útiles eran á los naturales de aquella costa y á los 
ladinos ó descendientes de españoles cuya lengua iban ya 
aprendiendo; cuando he aquí que comienza una nueva serie 
de dificultades con la llegada del tercer director de la Colonia 
M. Guillaumot, que traía nuevos colonos y las esposas é hijos 
de los primitivos. La nave en que venían había encallado y 
casi naufragado en el promontorio Tras-puntas, y así fué que 
el Director llegó primero con unos pocos, entre los cuales ve- 
nían dos sacerdotes españoles, que seguían para el interior, á 
los cuales hospedó el Padre como mejor pudo: A los ocho días 
comenzaron á llegar los que habían quedado en el lugar del 
percance; mas no había suficientes habitaciones para tanta 
gente, y tienen que acomodarse en las pocas que se habían 
levantado: el Misionero tiene también que acojer en su casa 
algunos y aun se ve obligado á ceder un cuarto á personas 
que por justas razones le eran inconvenientes!' Era ya el tiempo 
de la Cuaresma y el P. Genon hacía sus doctrinas y sermones 
como era razón entre católicos; mas asistían pocos y aun entre 
éstos no faltaban algunos que fingían anotar loque oían, para 
comunicarlo á los demás en un sentido maliciosamente alte- 
rado. Anuncia que el día de la Encarnación es festivo y de 
guarda en la Diócesis de Guatemala; mas el Director lo lleva 
muy á mal, alega que no lo es en Bélgica, que los trabajos ur- 
gen, y aún más, ordena hacer no sé que obras en la misma ca- 
sa del Misionero. Pide este el dinero que le hace falta, y debía 
dársele según el contrato y se le niega absolutamente. A vista 
de estas y otras semejantes contradicciones, creyendo que tra- 
baja inútilmente con tules hombres, se retira con el H. Jansen 



APÉNDICES 



al pueblecito de Liwingston situado á la orilla occidental déla 
desembocadura del Golfo dulce, no sin .haber puesto á buen 
recaudo las alhajas, libros y demás enseres de la" Capilla y 
entregando las llaves alífuez. Llegada la Pascua vuelve á visi- 
tar la Colonia, poniéndose á la disposición de los que quisie- 
sen cumplir con el santo precepto; pero encuentra descerra- 
jadas las puertas de la casa, esta ocupada por personas 
extrañas^ rotas las cerraduras: pide las llaves de la Capilla, y 
se le niegan, bajo el pretesto de haberse retirado de su resi- 
dencia. Qué hacer en aquél caso? Confiesa algunos enfermos y 
regresa á Liwingston, donde había sido muy bien recibido y 
así los de* este pueblo como los de las cercanías deseaban te- 
nerle consigo. Cinco meses se ocupó el P. Genon en catequizar 
y bautizar á los naturales de aquella costa, hasta que llamado 
poi* M. T'kindt, caballera muy cristiano que -había venido de 
Comisario real, volvió á la Colonia el 8 de Agosto, cuando la 
o|)idemia que había comenzado á desarrollarse el mes anterior, 
hacía ya estragos. Hallándose ocupada la casa cural les 
acogió muy hii mía ñamen te en la $uya el Dr. Flessu, médico 
de la Colonia, y desde luego trataron de recobrar los objetos 
necesarios para el culto divino. La. peste entre tanto se recru- 
decía- y los colonos morían sin llamar al confesor, ó por no 
entender el francés, ó porque también los dos Jesuítas habían 
sido atacados y se hallaban en un estado. do debilidad tal, 
({uo el P. Misionero nó podía r.'lpLr:ii- l.i \f¡s;n ni h»s Aiix niá^ 
solemnes, como el de Navidad. 

Muy de otra modo. sucedían los negocios del P. Walfe en 
lluropa. líabiendo aceptado el >L H. P. General el Colegio de 
Guatemala, se disponía todo pai'a la partida. El piimei* cuida- 
do del Superior de la nueva Misfi^n fué hacer jque se adelanta- 
dle un P. quezal pasar por Suiza se le había reunido, para que 
jírcstnse algún auxilio á los dos que aguardaban en Santo To- 
más: él stí embarcó más tarde llevando consigo dos Jesuítas 
Italianos, tres Españoles, *y seis Belgas, entre los cuales se 
copiaban seis sacerdotes, dos jóvenes escolares y cuatro Coad- 
jutores, con todos los enseres necesarios, tanto para el culto di- 
^ino, <*nn"io pni'.i ln priniern iiistnlMri<'»n dol (^»1oí:í<». F1 2 dr 



APÉNDICES 353 



Marzo aportaron á Santo Tomás, donde se vieron obligados á 
permanecer más de lo cjue pensaban; pues la primera noticia 
que tuvieron á su arribo, fué la inesperada prohibición de pa- 
:3»ar al interior. En efecto, sabíase yarj%e el Gobierno de Guate- 
mala había cambiado; pero nadie se figuraba que linos decretos 
tan formal y solemnemente sancionados poco antes, hubieran 
sido tan pronto abrogados. Sin embargo^ tal es la ingénita ins- 
tabilidad de esas region'es: no sólo se r„echazal3a el -tan de- 
seado Colegio, sino que se amenazaba con cárceles y cadenas 
á cualquier Jesuita que osase traspasar los límites de la Co- 
lonia. • 

Y qué podían hacer tantos PP. y HH. en aquella colonia 
pobre, hambrienta, casi destruida por la peste, sin- autoridad, 
pues su último Director había abdicado el mando á causa de 
su mala salud y desgraciado suceso deja empresa, donde por 
otra parte no eran vistos con buenos ojos, y contagiados ápo'co 
de llegar por la epidemia yacían todos escuálidos y calentíi- 
rientosf No les quedaba más recurso que regresar cuanto antes 
á Europa, y esto determinaron de común acuerdo, aprove- 
chándose para ello de un buque que afortunadamente aportó 
llevando víveres á los colonos. Después de haberse visto á las 
puertas de la muerte varios de los misioneros, y dejando allí 
sepultado al H. Pedro de Winter, se embarcaron por fin todos 
(1 día 15 de Mayo^ y convaleciendo en el mar llegaron sanos a 
Amberes el 18 de Julio. Así quedó desamparada en lo espiritual 
aquella infortunada colonia, "y asi comenzó y concluyó por en- 
tonces el proyectado Colegio de Guatemala. Adoremos los al- 
tos juicios de Dios. 

• NoTA.-^En el Catálogo de la Provincia de Bélgica dé 1845 
ligura ya la Misión Centro-Americana, cuyos sujetos son los 
siguientes: 

En Guatemala. 

• 

P. Pedro J. Walle, Superior. 
» Vidal Berckmans. 
)) Bartolomé Munar. 
y Manuel Bujait. 

2.'5 



354 APÉNDICES 



P. Salvador Bártoli. 
» Valen ti 11 Ruiz. 



Hipólito Aff^iiae/ 
Pablo Pacelli. 



Bscolares 



Coadjutores 



Agustín Jansen. 
Desiderio Van Damnie. 
Federico Hageman. 
Juan Verelst. 

En la Colonia de Santo Tomás 

P. Juan N. Genon. 

» Francisco Javiet» His<. 

Pedro DeUlnln. 



IV 



MEMORIA 

dirigida sil Gobiecno por^l CJefro y principales 
veolnoa- de CS-uatemalti. 



Señoi" Pi*esideute: 
Nada nnás digno dé; la aleiicion del priAer magistrado 
que interesarse por la pi»osperidad de laSo(Tiedad, y empernir- 
se en remediar los males que la perjudican. Animados los que 
suscribimos de es^os «lismos sf»ntimientos, pretendemos, 
como amantes de la pTiiría, que ^^ i acreditada justitjca- 

ción adopte por suyos nuestros con.itos |íara ver restablecidos 
en este l^^tado á los PP. dQ la Veneiable Compañía de Jesús, 
(.'onvencidoíí del mérito de ^us viiiudes^.de la'utilidad de sn 



XPKNDIÍ'ES . 855 



ciencia, y del arte de su enseñanza^ no dudamos que poi* este 
medio se conseguirá difundir en la juventud una piedad edifi- 
cante y una instrucción sólida^ para ({ue se forme un pueblo 
ilustrado y Virtuoso. Nuestros padres gustaron esta-verdad^ y 
documentos fidedignos nos^ atestiguan que* los PP. Jesuitas 
son provechosos para la RepViblica y para la Religión. 

Donde ilo hay una celosa educación cristiana^ no hay 
buena moral, ni buen gobierno doméstico ni político; por con- 
siguiente el pueblo será vicioso^ y la república turbulenta, 
porque no respetándose los derechos del hombre, el orden 
siempre estará alterado. Para evitar' estos males la religión 
entra moderando las pasiones del hombre que son el foco de 
la injusticia y de la rebelión. Porque las leyqs civiles, care- 
ciendo de virtud para obrar en el corazón liumano, no pueden 
arreglar las pasiones en su origen, sino después que se* han 
(lesenvuello en sus actos externos. Pero la religión cristiana 
regula el espíritu y el corazón del hombre, proscríbelos vicios 
secretos igualmente que los públicos, condena los deseos, y la 
ejecución, la acción mala y la voluntad ó pensamiento, de ha- 
cerla. Esta doctrina de la Iglesia católica es una salvaguardia 
para mantener la paz y la unión en las repúblicas por el 
amor fraternal. Una instrucción religiosa verdaderamente 
ilustrada no se puede adquirir por maestros mercenarios, 
sino por aquellos que, además de spr peritos en los principios 
religiosos, están movidos y estimulados sólo por el fuego sa- 
grado de la caridad, que funda su ganancia en amar y hacer 
bien á sus prójimos aunque' sean enemigos. Mas como nos 
hallamos en un tiempo tan lastimoso en que se censura de fa- 
natismo la virtud más acendrada, nada importa que califiquen 
esta educación con una nota que ya fastidia; porque Rous- 
seau, más libertino que* ellos prefiere el fc^natismíül filosofis- 
mo y dice.(Emile, tom. 3,'pág. 198). «El fanatismo, aunque 
psanguinario y cruel, es 'sin embargo, una pasión fuerte y 
agrande que eleva ♦el corazón del hombre, mientras que la 
))irrol¡gión y,, en general el espíritu filosófico, le apega á la 
»vida, lo afemina, envileced alma y concentra todas las pa- 
*»sioños en ia vileza del interés». Medítese bien v se encontrará 



356 APÉNDICES 



que 'sin la instrucoión sólida en la religión,, no ss puede 
cumplir con las obligaciones, domésticas y sociales porque 
todo orden es relativo á Dios. El orden en nuestros pensa- 
mientos es conocerlo^ en nuestros efectos amarlo, y en nues- 
tras acciones servirlo. Por tanto no hay cosa que demuestre 
más bien la debilidad de la filosofía profana, coma observar á 
un verdadero cristiano, que expresa en sus costumbres-el es- 
píritu de la ley que profesa. Entonces se puede decir con 
verdad, que el árbol se conoce i:ior su3 frutos, y la causa por 
sus efectos, Esta educación piadosa, unida á una instrucción 
sabia Se adquiere en las' escuelas de los PP. Jesuítas, que por 
su industrioso método de enseñanza, no sólo iluminan el en- 
tendimiento sino también, modifican y suavizan la dureza y 
resavios de la voluntad, pues son como aquella- Virtuosa Feiiia 
de Elíseo que hizo manjar saludable el veneno mortífero. Poi 
esta razón cuando Ja Santidad de Paulo III aprpbó sus consti- 
tuciones, declaró en/su bula de 21 de Setiembre de .15il), •que 
y>el Espíritu Santo no sólo excitó á San Ignacio y á la Compañía 
*de ¡Jesti^S' para gloria de Diqs, propagación y defensa de la fe: 
»sino también para utilidad unicersal de los peles ^ para instruc- 
^ción de la juventud ij para restablecer la piedad cristiana*. 

Bm^ y nueve Pajias lian aprobndo.el Instituto de la Com- 
pañía, de Jesús coUnáÍKÍoíe de j^ruoias y .privilegios, y cada 
uno le ha lirodigado elogios muy honrosos. Sólo Benedic- 
to XÍV, uno de los l^onlílices luá^s sabios, expidió en ¿(loria 
de los Jesuítas cinco 'Bulas; y en todas es famoso |>uneginsta, 
formando elocuentes apologías, ya de 8us virtudes, ya de su 
sabiduTÍa, ya de su eí^iiero y tino óu la educación de los jóve- 
nes. Pío VII, ese Papá tan sanio lés restableció en* Rusia d 
instancias del Emperador Paulo I, i|u¡en,*á pcítílr.de ser pn»- 
lestante, (sifi, por un I>espacho librado el 11 de Agosto de 
1800, reconriendó el mérito de estos venerables Padres y ex- 
presó el deseo vehemente que le asistía de verles establecidos 
en su imperio. El misnío Pontífice en su Huía del 7 de Agost» 
de 1814, dice: aPoco tiempo después de* haber ordenado el res- 
)>tahlec¡miento del orden de los Jesuítas en Rusia, creímos de 
»nnest]*o d«^bor roncedoi* el Tnisnv^ favor ni reino de Sicilia en 



APÉNDlCEiá ,^57 



'•#^ 



))atención á las vivas súplicas de nuestro amado hijo en Jesu- 
)^Cr¡slo el rey Fernando-, quien pidió que la Compañía fuese 
«restablecida en sus dominios y estados^ como lo estaba en 
))Rusia, mediante la convicción en que se hallaba de que en 
westc deplorable tiempo, los Jesuítas eran los ministros más 
))capaces para educar la juventud en la piedad cristiana y en 
))cl santo temor de Dios, que os el principio de la sabiduría, ó 
))instruirlos en las ciencias y artes». Y después continúa di- 
ciendo: «El mundo católico pide con unáninje voz el restable- 
«cimiento de la Compañía de Jesús. Diariamente estamos re- 
))cibiendo al efecto las más eficaces peticiones de nuestros 
)) Venerables Hermanos los Arzobispos y Obispos, y de las 
))más distinguidas personas, con especialidad después que 
))han sido generalmente conocidos los abundantes frutos que 
))esta Compañía ha producido en los citados paises».- 

Este amable Pontífice dirige un breve en 15 de Setiembre 
de 1820, al Rey Católico^, en que analiza los beneficios que 
estos religiosos dispensan a los pueblos y le habla en estos 
términos:.... «Nos, aunque sin mérito nuestro, hemos sido 
«colocados por la Divina misericordia sobre la Cátedra de la 
«Verdad, y hacemos en la tierra las veces de aquel Dios, qué 
«es la verdad por esencia; no podremos hablar con nadie, es- 
«pecialmente con el Rey Católico, que siempre nos ha sido .muy 
«caro, otro idioma que el de la verdad. Hablándole, pues^ en 
«este lenguaje, le diremos con libertad apostólica que persua- 
«didos de las grandes ventajas que sacan la religión y la so- 
«ciedad de las obras de los Jesuítas, no hemos podido oir sin 
«amargo dolor el anuncio que V. M. nos han hecho de su 
«extinción. El continuo ejercicio de las prácticas religiosas 
«que ellos promueven con un celo infatigable, la eficacia de 
«su buen ejemplo para andar el camino de la virtud, su cui- 
))dado incansable en. la educación moral y literaria delaju- 
«ventud, á que no han po^flido dejar de tributar homenaje sus 
«mismos enemigos, y el espirita de caridad extendido al socorro 
r.ds toda clase de personas^ que distingue particularmente á la 
y)Compañla de Jesús, son otros tantos motiVos de nuestro justo 
«dolor por verla excluida de los dominios del Rey Católico». 



.\ft..\inK 



Con la Pintura que este Sumo Pontítice hace en estos úl- 
timos tiempos de las virtudes y talentos de los PP. Jesuítas, 
no necesitábamos más autoridades para probar su importan- 
cia y utilidad^ si todos escucháramos al Padre común de los 
heles; pero como no faltan genios del mal, trascribiremos lo 
que Carlos Villers^ enemigo capital de- estos Padres benemé- 
ritos^ dijo en su ensayo sobre el espíritu y la influencia ,de la 
reforma de Lutero.- «Estos nuevos soldados de la Iglesia Cató- 
)dica^ constituidos de un modo más temible que los ejércitos 
»de los Mendicantes erigidos en los siglos bárbaros, é inven- 
))tores de una táctica mucho más conveniente aJ espíritu del 
))riuevo siglo, hicieron á favot* de la Iglesia débil todo lo que 
ópodía esperarse de las fuerzas humanas dirigidas por la más 
»profunda prudencia, por el celo, por la perseverancia, por el 
))genio y por la unión de todos los talentos. Nada les parecic 
)>imposible para, extender su$ vastos deseos, á fin d^ conse- 
nguirlo: ellos no temieron persecuciones ni calumnias: supie- 
uron oponer á estos clatnoves la severidad estoica (1<^ su \¡(].r, 
»sus servicios reales, y su estudiosa austeridad». 

Si sé aprecian los testimonios de sujetos ¡piparcioles y^sa- 
líios noenVontraremos otro más calificado (|ue el famoso mi- 
nistro Hichelieu (Test. Polit. 1.' parte), el «ual decía; «Que el 
)>interés público no permitía que lo Compañía de los Jesuítas, 
))no sólo recomendable por su piedad, smo también célebre 
»por su doctrina, fuese *f)riváda d^ la enseñanza por la grande 
))ufilídqd del'Estado'y y que pues lo tlaíjueza de nuestra condi- 
))ción humana necesitaba de contrapeso en todas los cosos, 
))Convcnía.qúe .las Universidades y; los- Jesuítas ensenasen á 
>)competencln para que la emulación estimulase su virtud y 
))Se asegurase masen el Esta<lo, pues si una parte íh>gase á 
)>peirder un depósito tan sagrado, lo .conservaría la otra». 

El método do .estudio qu^ observen es florido y esquisiío: 
Perfeccionan á los jóvenes en su Mioma" nativo. Luego hv 
(onducon á la latinidad más pura por los autores más selc« - 
lo's: ensenan. las lenguas vivas y los orientales que son teso- 
reras átv la satidurííi, y la fllosofíef/ historia, matemáticas > 
demás cieilcias por los autores más modernos y de mejor hoto. 



APíiXDicKs ;ír>i) 



juntando con esto una exactísima observancia en los ejerci- 
cios de piedad y religión, para formar un nuevo corazón se- 
gún los preceptos del Evangelio. El mérito literario de esta 
Sociedad cristiana jamás puede elogiarse bastantemente; por- 
que con su'delicada sabiduría*^ facilitan la inteligencia de las 
ciencias^ con su industrioso ingenio tienen tino para- educar^ 
y con su sagacidad conocen los talentos de los niños para in- 
clinarlos al estudio de que son capaces. Desde los libros ele- 
mentales hasta las ciencias más sublimes, ofrecen un bello y 
exquisito gusto, un método claro y unas ideas precisas; á que 
se agrega aquella gracia y aquel don del cielo comunicados á 
este instituto por la sabiduría eterna. Todos los conocimien- 
tos científicos, ya sagrados, ya profanos, han adelantado en 
sus escuelas. No hay ciencia ni arte que no cuente muchos 
escritores Jesuítas. El P. Oudin formaba una biblioteca com- 
pleta por abecedario de sólo los escritores de ciencias ecle- 
siásticas de la Compañía^ y al tiempo de su muerte apenas 
dejó concluidas las cuatro primeras letras, y más de setecien- 
tos artículos pertenecientes á las demás. 

Es forzoso confesar que su sabiduría los ha hecho bene- 
méritos y acreedores al más distinguido aprecio,,aun entre los 
bárbaros -de la China. El P. Ricci con otros dos compañeros, 
llevaron el nombre de Jesús á esas vastas y lejanas regiones 
en 1582 y estableciendo una escuela de ciencias europeas, es- 
pecialmente de matemáticas, facilitó la extensión del Evan- 
gelio, haciéndose dueño del corazón del Emperador que por 
entonces gobernaba. La sabiduría del P. Schaal fué obse- 
quiada de varias maneras por Xunchi que sucedió en el Im- 
perio. El joven emperador Can-gi honró la habilidad del Pa- 
dre Verbiest vistiéndole con el manto imperial^ porque con su 
ingenio afirmó su trono y con su industria pacificó un*a tur- 
bulenta revolución. Por los servicios que los Jesuítas presta- 
ban en aquel tan grande» imperio, lograron predicar libre- 
mente el Evangelio, anunciando el nombre de Jesús, no sóh» 
en toda la China, sino también en parte de la Tartaria y de la 
Corea. Los Jesuítas en la China eran los salvadores de la hu- 
mnnidad inocente, y sus <^'onvpntos v hospicios eran el asilo 



otiO APKX DICES 



de la vida de un sin número de niños condenados diaria- 
mente al infanticidio que practicaban impunemente los pa- 
dres de familia en aquellos paises^ y hubo vez que sin contar 
los que perecieron en Peckin^ salvaron de la muerte nueve mil 
setecientos y dos niños. (Bibl. de Rel.^ T. V. Fol. 145). 

Pero para qué hemos de ir tan lejos pai*a conocer el apre- 
cio que tan justamente'ha merecido la Clompañía de Jesús. 
Los gobiernos protestantes, sus mayores enemigos por lo que 
respecta á los sentimientos religiosos^ pero más amantes de 
la ilustración de 'sus pueblos que los que se glorían con el 
honroso título dé católicos, no han querido privarse de unos 
varones tan sabios como .behóficos. En Norte América tienen 
una Universidad, cinco colegios y veinte misiones*. No habla- 
remos de los muchos estableciniieirtos literario^ y conventos 
que en Inglaterra, é Irlanda, países todos heterodoxos, poseeil 
éstos hijos de la sabiduría por(|ue nos haríamos fastidiosos. 
Sólo nosotros, á posar de ser católicos, gemimos con dolor y 
lloramos con amargura al considerar que siendo tan útiles 
para las rc[)úblicas y reúncíg, carezcamos de su [írovechosa' in- 
fluenrJa. Se liuscan militares e\lj*anjcros que nos destruyan; 
pe;'0 no se traen Padres benévc>los (jue nob ediífíiuen é instru- 
yan. No pUede ser más espanto^ -oueslm ceguedad,' ni más 
frenética nuestra locura, pues mirando que los- ppises proles-, 
tantes se enriquecen con los bienes que despreciamos, y sanan 
sus llagas con el bálsamo saludable que arrc^ami^s, nosotros 
perecemos en la miseria y queremos sonar éin medicina. 

Triste y lamentable és nuestra sitnación^.porque lo qiie 
nosotros perdimos con la extinción de los Jesuítas, los pro- 
testantes lo aprovecharon. DioliM-n os va" la República Argen- 
tina porqué disfruta de este» tr- a Me las inlluencias 
benéficas de los hijos del admirable San Fgiiacio de Loyola, 
pues ha como sois años que tenía un convento, un colegio y 
un seminario con 47 Jesuitas. jCluúi^tos más ministros {.\o pa/ 
harán ya venturoso su -suelo," y su ^tierno felizl 

Si en nuestros pechos.arde el fuego divino 3e la caridad, 
no debemos poner nuestros deseos en sólá nuestra felicidad, 
sino también en la salvación de tantos hermanos nuestros que 



apií:ndioe,s .'.(^1 



viven en las costas en el caos de la ignorancia, y si para pro- 
pagar la fe se quiere también á los Jesuítas, nos a 'revemos á 
decir que para este objeto son superiores (x toda comunidad 
religiosa, porque han dado pruebas convincentes. Una histo- 
ria inédita de Guatemala,* escrita por un ilustre patricio, nos 
suministra mucho? documentos sobre la materia de Misiones; 
pero sólo haremos mérito de loíjue refiere do un escritor pro- 
testante por ser testigo n^uy abonado. Al capítulo 102 dice 
David Barry, editor de las noticias secretas en la nota puesta, 
al fin del capítulo que va citado del Paraguay: «Cuatro 
))Padres de la Compañía fueron los únicos que emprendieron 
«estas reducciones el año de IGIO, sin más armas, que la per- 
))suasión, sin más medios que el buen ejemplo y la paciencia, 
))y sin más hn que el bien de los mismos naturales. Doscientas 
«familias de aquellos indios errantes, traídos á la sociedad, 
«iniciados en la fe y sujetos á un reglamento providente fué el 
«principio de aquella rara república. El rápido adelantamiento 
«de estas misiones avivó el celo de sus misioneros: mientras 
«más S€ aumentaban estos, tantos inás pueblos aparecían en 
«aquellos desiertos; y upi-endo todos sus esfuerzos al interés 
«común del bien público, crecía aquella sociedad indefinible. 
«Sin soberano, sin instituciones de nobleza predominante, sin 
«representación popular, sin imposición religiosa, sin ejércitos 
«ni terror, se vio formada una nación que no, reconocía -supe- 
«rior, en la qj^e vivían subordinados sin opresión ni méndici- 
«dad, sin código penal, porque no había delitos, y sin leyes ci- 
«viles, porque no había infamias. Lasartes estaban cultivadas, 
«la religión triunfaba en la uniJ|d de la fe y en la pompa de 
«sus.ceremonias y la prosperidad progresó tanto que en el es- 
«pacio de un poco más de un^ig'o, los pueblos de misiones 
«bajo los Jesuítas contenían según el informe del Gobernador 
«Dama al Rey en 1730 cuatro nail indios tributarios de 18 á 50 
«años, ^.contando raS'Tuujej:*es, niños, ancianos y otros excep- 
«tuados'en aquella lista, á Pazón, de siete personas por cada 
«tributario componían una población de 28.000 almas«. 

Después de otras explicaciones concluye Barry: aLos 
«portugueses, más crueles que los conquistadores españoles, 



.H62 Al-ÉMUCES 



))salían de las fronteras del Brasil para hacer irrupciones, unas 
))veces con el fin de extender más su territorio, y otras para 
))hacer esclavos suyos los indios que podían agarrar, llegando 
))algunas veces hasta los pueblos reducidos. Los Jesuítas para 
))defender sus pueblos establecieron un sistema militar. En 
»cada reducción había dos cojiipañías de milicias bien disci- 
))plinadas, provistas de armasblancas y de fuego, con oficiales 
))experiméntados, y puestas al mando del cacique, su jefe na- 
»tural; de modo que si la república era amenazada por indios 
«salvajes ó por portugueses, reunidas prontamente las com- 
»pañías de las varias reducciones bajo sUs cabos, presentaban 
»una fuerza tan respetable, que nunca llegó caso que los ene- 
amigos les presentasen cara». 

y al capítulo 103 continúa el ilustre liistonadoF: uTan im- 
portantes servicios sirvieVon de acriminación á los Jesuítas». 
El p'ropio\ escritor en la noto al capífldo 8 dice: uCefoso el 
wGabiiKvle de Madrid del demasiado poder que daban á los 
■^Jesuítas siis virtudos, sus luces y su constancia en todas las 
»om presas/ procuraba bu^(*arles algún crin\pn, y rescdviendo 
»nl fin poner termino a las inquietudes que le causaba una 
oroligión, á cuyos individuos miraba romo peligros'os en cn- 
»l¡dad de ciudadanos, para efectuarlo, Herreló una oltíen. de 
>>extvañamiento d*e "toda la nronarquí.i »la' por las causas 

i> reservadas en el real ónimo». 

He aquí ó la vista cómo estos -m.m .- ii^isáK>s del Altí- 
simo, con sola la gracia del Evangelio íbrmjron una célebre 
I (^púbiipa mOs excelente que lo que se figuró Platón: porque 
de unos homl)res feroces hicW'on mansos corderos: de hom- 
iues rudos, ilustrados ciudadanos: de^ombres inertes, ^peo- 
nes laboriosos: de hombres corardes, valerosos soldados; de 
tribus errantes, pueblos muy ordenados, y de' estos una fa- 
mosa rei)úbl¡ca sin necesidad de leyes, ui do código pchal 
porque no iiabía ni injurias ni delitos, otio sólo virtudes, pues 
parecían úngeles del cielo. ¿En quó tiempo de los antiguos se 
había oído un fenómeno tan raroy que apenas se puede creer 
si no so contara por un milagro oslupendo de la gracia divina 
V d(»l don (in*^ '*< ri»«M'\ ;id< » «Mí» j'i IrK y*P Jp^nitn--;^ P*^rn í»<ítn< 



At>MNl>JCE« 'fi6^ 



servicios tan generosos y meritorios ¿con qué se recompensa- 
ron^ sino con la infame y negra ingratitud? 

Por aquí comienza nuestra decadencia moral que data 
desde la extincióji de los Jesuítas^ porqua habiendo cesado las 
continuas misiones, y no Siendo suficiente el corto número d,e 
PP. Recoletos para' sostenerlas, la moral fué en desfalle- 
cimiento, las virtudes se adormecieron, y los vicios fueron 
"creciendo, aumentándose paulatinamente: de modo que des- 
moralizados los pueblos se prepararon como la yesca para 
incendiarse con el fuego de la revolución, que no cesará si los 
ánimos no se corrigen y moderan por la virtud divina déla 
palabra evangélica. Todos^ pues, conceden á los Jesuítas la 
gracia y don de ilustrar á los jóvenes, de establecer la piedad 
cristiana^ de arreglar el orden doméstico, de pacificarlos pue- 
blos, de defender la fe, de iluminar á los'idólatras y de ser 
Padres benévolos de todo el género humano. Estos venerables 
Padres se han ocupado siempre, sin ningún interés, erigía rgas 
y penosas peregrinaciones, con más ardor que. el codicioso 
%. corre tra¡^ el oro y las piedras preciosas, con. el único fin de 
remediar las miserias humanas y sin esperar m'ás retribución 
que la que coloca su esperanza en la gloria inmarcesible. El 
que léalas cartas edificantes, que es un monumento de honríj 
inmortal para los Jesuítas, se convencerá, que estamos muy 
lejos de prodigarles los justos elogios á que son acreedores. 

Parece que ya escuchamos á algunos de nuestros aluci- 
nados con las luces de¿ día^ que preciándose de los más sa- 
bios se burlan de nuestra ||iserción, de que no puede haber 
buena moral, ni buen gobierno doméstico ni político donde se 
carece de una educación y enseñanza verdaderamente cris- 
tianas. Para su confusión encomendaremos la respuesta á 
Montesquieu que dice: (Espíritu de las leyes, Tib. 24._, cap. 3). 
((Mientras que los príncipes mahometano^ incesantemente 
))matan y son muertos/ la Religión entre los cristianos hace á 
»los príncipes menos tímidos y por consiguiente menos crue- 
)>les. El Príncipe confía en los subditos, y los subditos se fían 
)^eu su príncipe. ¡Cosa admirable! La religióji cristiana, que 
»parece no tiene otro objeto que la felicidad de la otra vida, 



5()4 APENOlCKv 



))hace también en esta nuestra dicha. La religión cristiana es 
))la que no obstante la grandeza y extensión del imperio y el 
))vicio del clima, ha impedido que el despotismo se establezca 
))en la Etiopía^ y la que ha llevado al centro de África las cos- 
))tumbres y las leyes de Europa. Póngame delante de los ojos, 
))de una parte los asesinatos continuos de los reyes y capita- 
))nes griegos y romanos, y de otra la destrucción de los pue- 
))blos y ciudades causada por estos rhismos jefes; á Timur \ 
))Gengiskan que desvastaron el Asia, y se hallará que debe- 
))mos al cristianismo en el gobierno un ciertoderecho público, 
))y^en la guerra un derecho de gentes que la naturaleza hu- 
))mana nunca podrá agradecer bas.tantementew. 

'Podríamos alegaj' con otros abogados de esta ralea, pero 
la vcrddd y la justicia se .defienden por sí mismas y la religión 
no necesita de tan tnalois defensores. 

TNio'^í suplicamos al Sr. Presidente se digne mirar con 
Ixiu \(llencia este Estado (jue sufre una hambre más devora- 
dora que la que. en otro tiempo padeció Egipto, porque no sr 
trota de los cuerpos sino de Jos olmos: pues se ho generalizad» 
la desobodierfcia y altanería en los hijos,, lo desenvoltura « 
inmodestia en las mozas, la ínlidelidad en los sirvicjití^, e! 
espíritu de rebelión en los ciudadanos: el. desprecio á lo^aulo- 
ridades: .la crítica mordaz del gobierno: el desócalo en lo> 
templos y la impiedad más audaz disfrazada con la capa de 
ilustración. Todos los cimientos de la socied 'il o^tán desqui- 
ciados, y nuestro débil Estado ya no pi^dc i otro ataque 
porque á cualquier empuje se Ira^Jprndró. Sírvase, pues, en- 
aigar nuestras lágrimas con los i ' ' - I^P. de la Com- 
pañía de Jesús \^r\vn (¡ue ln< |>;>di iPiw^con (^i |i:./ 
y tranquilidad. 

En V.^ Sr. l^residente, considerotnosá un príncipe por.ser 
el primer magistrado del Estado, y on esta virtud viene muy.i 
pi'opósito irm ni testar le lo que el cond^e Mpistrc dice a. los 
monarcas. , (Del Pap. y la Igl. lib. 3. c. f) «l.os reyes, decía 
»Ba(;ón, sojí verdaderamente inescusables de no procuror con 
»sus armas y riquezas la propagación de la religión cristiana. 
ítSiii (ludn (jue lo son, v lo ?rm tnVito nu'is (hablo solamente de 



APÉNDICES ;1G5 



))los soberanos católicas) cuanto que fascinados por las pre- 
))Ocupaciones nriodernas sobre sus verdaderos intereses^ no 
«Silben ([ue todo príncipe que emplea sus fuerzas en la propa- 
))gac¡ón del cristianismo legítimo, será infaliblemente 'recom- 
«pensado cojí grandes progreí^os, con un largo reinado, con 
))una inmensa reputación ó con todas. estas ventajas reunidas. 
«Sobre este punto ni hay, ni habrá nunca, ni puede haber ex- 
«cepcióii. Constantino, Teodosib, Alfredo, Carlo-Magno, San 
«Luis, San Fernando, Manuel de Portugal, Luis XIV, ele; 
«todos los grandes protectores y propagadores del cristianis- 
«mg legítimo están señalados en la historia con los- caracteres 
«que acabo de indicar. El príncipe que emprenda esta obra 
«divina y la adelante lo posible según sus fuerzas, sin duda 
«podrá pagar su tributo de imperfecciones y desdichas á la 
«miserable humanidad; mas á pesar de esto llevará siempre 
«sobre su frente una cierta señal que reverenciarán los siglos«. 
Recuerde el Sr. Presidente que cuando el rey #osafat 
quiso reducir su reino al culto y obediencia de Dios, no tomó 
otro medio para esto que enviar sacerdotes y levitas por todas 
las ciudades del reino llevando consigo el libro de la ley de 
Dios, leyéndolo al pueblo y declarando su doctrina. Y para dar 
á entender elfruto qué de esta maravillosa invención había 
resultado, refiere el Cap. 17 del lib. 2 del Paralipómenoh: que 
Dios puso un tan grande temor en todos los reinos de ía tierra 
que no se arrevieron á tomar armas contra Josafat y así creció 
su gloria hasta e¿ cielo y fueron grandes sus riquezas y seño- 
ríos. No dudamos que si Guatemala protege esta causa, dis- 
frutará de igu^es bendiciones. .... 

^ Guatemala, 14 de Junio de 1843. 



366 APÉNDICES 



y 
INVITACIÓ2T 

para, dar un stabsidio' para restablecer la buena 
enseñanza de la juventud 



COMPATRIOTAS: Nada es más importante páralos pue- 
blos^ y la religión, que la educación sabia, y piadosa délos 
jóvenes, }jor(|ue ella perfecciona al hombre. La i*azón sin ilus- 
finrla es corno la tierra fértil sin cujtivo; y la voluntad sin 
Miliar aus pasiones es'como una fiera domestica. Mas los es- 
ludios iluminan ^1 entendimiento, y* las virtudes. inculcadas 
en la edad tierna nrreglaaíos efectos humanos. 

La ciencia hace cono<*er al hombre su dignidad, sus dc- 
ivchos'.y su legítima defensa. El conocimiento, que adquie- 
10 de isu;exceleneiá, le estimula á <|ue se api^cie-^ y esta justa 
(estimación* de sí mismo le infunde incentivos de honor, de 
Jiosnestiyad". y justicia^ ya poi-(|ue ama el decoro, »ya porque 
teme la recompensa del mal que huga. Así mi^mo losestu- 
< líos científicos desarrollan un cúmulo de l^jes, que embro- 
lladas se de|)Osi>an en los senos del alma, y desenvueltas 
demuestran eón cku-jdud euánto ^•^le el hondum y ú cuánto es 
acnnMlor. Por tanto da á cada ^ no* Ir» quf» estivo, y* él de- 
manda U> (jue Id corresponde; pero éi) ' 'niiínda se lé vefá 



proceder como '¡lustrado, exigiendo .>us dtM'echos sin agra- 
\iar, y (juitaudo su propiedad sin -jierjudirar. ^Mas cómo ¡)o- 
(IríMuos pkuitar esta viña- fecunda, |>ara que • produzca H 
\iii<' genefóso áh la» QmiKtad, do la conci»rdííi, y paz general, 
si carecemos de cultivadoívs diestrost Los 'sujetos ihistradfKs 
y literatos (jue hunrabiui nuestra patria, desaparecieron, i)or- 
<|ue su§' v^rtudeií y sUsfiiAbiduiía funron el hlañro de lo envidia 



APÉNDICES '^(^l 



de sus rivales. ¿Qué liaremos? Imitemos al prudente labrador, 
que cuando el grano de su labranza se ha perdido, busca se- 
milla nueva. 

Traigamos^' pues, á los Sacerdí^teí* de la Compañía de 
Jesús, que han dado i)rue>)as en todas las naciones cultas de 
su sabiduría y santidad. Aunque sus émulos han concitado 
contra ellos una persecución furibunda^ por los males 'consi- 
guientes á su falta, los monarcas conocieron ser necesarios; 
porque desapareciendo estos hijos de la paz, la confusión de 
ideas, la rebelión y el libertinaje envolvieron en sangre todos 
los reinos. De esto se advierte, que su enseñanza, 'sus estu- 
dios, su predicación, y sus virtudes eran murallas ine:^pugná- 
bles contra la revolución y la impiedad. El tiempo sólo ha vin- 
dicado su mérito, y, su inocencia; y la Providencia divina los 
ha conservado en este diluvio de trastornos como á la familia 
de Noé para regenerar hl mundo corrompido por sus delirios. 
Los reinos y repúblicas de diversos cultos se apresuran á 
sembrar esta semilla virgen, para que en sus estados florez- 
can las cieñcijas, la moralidad, la justicia, y el orden. Nos- 
otros debemos emularnos con estos ejemplos, pues estamos 
más necesitados; pero no podremos disfrutar el provecho, sin 
reportar trabajos, y erogaciones; porque los- mortales están 
condenados á gozar el bieii con el sudor de su, fren te. 

La Junta de Comisionados nombrados por las autorida- 
des civil y eclesiástica para ejecutar este proyecto de educa- 
ción ha dado su poder al R. P. Pedro José Walle, de la Com- 
pañía de Jesús; que saldrá pam Europa en todo este mes de 
Febrero á fín de traer cuatro ó cinco Padres, y dos ó tres jó- 
venes Jesuíta^, que posean la lengua castellana, para que se 
dediquen á la enseña»za de las ciencias,* y á las misiones de 
los pueblos. Sus estudios primarios seráii de humanidades: 
perfeccionar á los jóvenes en su idioma nativo: enseñar la 
más pura latinidad, y las lenguas francesa é. inglesa:. retórica; 
poesía, matemáticas, historia antigua y moderna, ñlosofía, y 
después- la ciencia á que cada uno sea llamado. 

E) Su[)remo Gobierno ha contribuido con.mil pesos, y la 
Junta de Comisionados con.mil y quinifeatos de la suBscripción 



368 APÉNDICES 



efectuada en esta Ciudad para el trasporte de Io$ Padres; 
compra de' libros elementales; instrumentos matemáticos, et- 
cétera. Pero con esto apenas se han tocado los principios, 
pues resta proporcionar el convento, \ colegio, ornamentos 
y vasos sagrados para la Iglesia. Todo esto exige un fondo 
nunieroso de pesos, y si no hhy generosidad en las limosnas, 
no logi^uremos una obra, que además de ser muy piadosa es 
fecunda en producir utilidad general. 

Nos hemos sacrificado en las guerras, no sólo sin fruto, 
sino para nuestra ruina; y con una sabia, y religiosa educa- 
ción, repararemos lo destruido. Y si por el exceso de nuestra 
locura hemos labradg nuestra desgracia, justo es que mejo- 
remos la suerte de los inocentes, y su posteridad, despren- 
diéndohos generosa itien té de alguna parte de nuestros bienes 
para proporcionar ñ la generación pi-^^sente y futura un tesoro 
en las ciencias, y un bien positivo en la^ virtudes, que no es- 
tán sujetos* 6 la violenciadel pillaje. Esta obra cerno grande 
exige grandes gastos; mas no por esto pedimos^ cuantiosos 
donativos, porque cono^em'os ((ue nuestros hrbitrios estAn 
agotados; pedimos sí, que cada uno nos ayude á proporción 
de sus facultades, ó á lo medida de si> voluntad, .por ser in- 
dudable, que el que (juiere fía más que el que puede. 

riuatemala 1" ' í '• b'i'ero de 18Íi. 

Por-los Sres. Comisionados, 
Miguel 1/^"'- V ^r- 



Ai'KMucKS :>fi9 



VI 
Z1TSTRT7CCZOXTSS 

dadas por el Secretario de la Jianta, F*bro. E). Nligiael 
WLxATÍoz al R. F». Pedro José Walle, S. J. 



El Pbro. Miguel Muñoz, del Oi:a torio de Nuestro P. San 
Felipe Neri en la ciudad de Guatemala enda América Central, 
Secretario de la Junta de comisionado^ para el restableci- 
miento de los PP. Jesuítas, instituida por' las autoridades ci- 
vil y eclesiástica de. este Estado^ liallándose plenamente facul- 
tado por la misma Junta para impartir al R. P. Pedro José 
Walle, de la Compañía de Jesus^ las instrucciones convenien- 
tes para hacer efectiva la tenida de los -enunciados PP. forma 
los artículos subsecuentes^ paríi que según su tenor obre en 
Europa como nuestro Apoderado^ invistiéndole de las facul- 
tades necesarias pai*a ver cumplidos huestros deseos. 

Art. 1." Le suplicamos que con la seguridad posible dirija 
al M. R. P. Prepósito general las cartas que este Supremo 
Gobierno^ y el limo. Sr. Dr. D. Francisco García Poláez lo 
escriben, y le saludará á nombre de la Junta (jue forman los 
Sres. Pbro. Dr. D. Juan José de Aycineno^ su Presidente Don 
Francisco J. Aguirre^ D. Felipe Prado, D. Cayetano Arrlvi- 
Uaga, D. Rafael Batres, Tesorero^ y el R. P. Miguel Muñoz," 
Secretario^ ofreciéndose con benevolencia á su servicio y al 
de toda la A'enerable y Santa Compañía de Jesús. 

Art. L^" Se ponen á la disposición del \\. P. Pedro José 
Walle un libramiento de \T)iM) pesos y una carta de crédito de 
lOiK) que ha dado el Supremo Gobierno al efecto de conseguir 
dos princjijales tines: ju-imero la venida de cuatro ó .cinco 
PP'. Jesuítas sabios y de \ ida ejemplar (juc posean el ¡di(^ma 



o70 ' AfÉNDlCES 



español^ y dos ó tres jóvenes de la misma Compañía para que 
enseñen las lenguas inglesa y francesa. Segundo^ para que 
compre los libros elementales de las ciencias que sé han de 
enseñar, no sólo para los maestros, sino también para los 
discípulos; é igualmente los instrumentos para la enseñanza 
de matemátic£is y cuantos juzgue necesario ó conveniente para 
la perfección de los estudios^ etc.^ etc. 

Art. 3." Le encargamos que se inteit-x- « üüiiI<> >»a pu^lble 
para que los PP. vengan en los buques de Fa Bélgica que ha- 
yan de anclar en Santo Tom¿\s; porque si han de hacer escala 
en la Habana^ se exponen á^ peligro de' morir 6 enfermai*se, v 
serán mayores los gastos. 

Art. 4." Si por falta de 'dinero no hubieran de venir dos ó 
tres PP. más, ó algunas cosas may necesarias óomo libros, 
ó instrumentos jiiatcmáticos, bien podrá empeñar su palabra 
hasta la cantidad de 500 pesos más, los (|uc sntisfnr.M In Jnnta 
6n la foi-m'u (lue el R. P. A\'alle se hava obFigado. 

Arl. .). Suplicará su Reyereñcia muy encarecidamente al 
M. R. P. Prepósito Genera! n nombro de toda la Junta, forme 
en esta ciudad la casa motriz-de una Provincia independiente 
de la de Méjico; porque siendo Gen tr<>Amé rica una República 
s( parada, quiere gozar liJ)ertod auaeo.las instituciones reli- 
giosas, para alejarlas más pequeñas cansas de disí'íordia; pues 
tenemos demasiados niot¡\M- ^' •f^senliniicnto contra los Me- 
jicanos y hemos ahogado igravios rn el silencio por 
jinioi* á la pji/. 

Arl. 0." Se pide uiu\ rendidamente al M. R. P. Propósito 
General que' los .PP. de la Gompañía que se destinen á esta 
ciudad, no se extraigan de ella para otros países, iiasta tanto 
(jue esté perfectamente establecido y cimentado el Gonvento y 
Goícgios con hijos del ílstado, i)or las razones ([ue á su Re- 
verencia no se ocultarán en su perspicaz consideración. 

Art.' 7."- El segundo objeto que nos hemos propuest< 
I establecimiento de ios PP. Jesuitas^n nuestro Estado, es el. 
reformar por medio de las Misiones las costumbi'es de los 
pueblos que se han desmoralizado por las continuas guerras. 
Por esta razón quisiéramos, si fuese posible, mayor número 



APÉNDICES 371 



de PP. que posean el idioma español, para que unos se dedi- 
quen á los estudios de los jóvenes, y otros á las Misiones. 

Art. 8." El. R. P. Walle se dignará, luego que llegue á la 
Bélgica^ informar al M. R. P. General de la triste y lamenta- 
ble posición en que se halla esta República en lo religioso, 
moral y político^ para que así se incline su celosa caridad á 
otorgar nuestras súplicas porque las grandes necesidades que 
padecen estos cristianos piden prontos y abundantes socorros, 
pues aun la tierra buena sin cultivo jamás podrá por sí sola 
tVuctificar. 

El R. P. Walle procederá en la misión de estos PP. arre- 
glándose á estos artículos, supliendo con su caridad cuanto 
se oculte á los alcances del que suscribe. 

Guatemala 10 de Enero de 1844. 

Miguel Muñoz. 

Adición. — Después de haber pasado tres días de escritas 
estas instrucciones^ llegó á mis manos uiia copia de las infor- 
maciones hechas en Noviembre de 1819 por el Alcalde 1." de 
la Municipalidad, D. José de Urruela,. de orden del Rey Don 
Fernando VII, para que se investigaran los* capitales de Cape- 
llanías y otras obras pías, imágenes, alhajas y demás perte- 
nencias que disfrutaban los PP. Jesuítas para que se les de- 
volvieran. Todos los poseedores dieron sus contestaciones 
declarando lo que poseían, y anuentes á la devolución de todo. 
En aquel tiempo resultaban existentes á favor de la Compañía 
de Jesús 60.189 pesos^ muchas imágenes en lienzo, estatuas 
célebres, campanas, etc., etc. Todo lo cual tendrá presente el 
R. P. Pedro J. Walle, para que lo informe al M. R. P. Pre- 
pósito Genei'al. 



•^7:? APÉNDICES 



vn 



del limo. Sr. Arzobispo de Guatemala 
Dr. D. Krancisco de P. García Peláez al R' F». General 

Juan Rbottiaan 



Admodum Rde. P. Prieposile Generalis 6 Soc. Jesii: 
Franciscus Gaicía Peláez innieritus Archiepiscopus Bos- 
Ireiisis, Coadjutor euní futura sucrossione Arcliiepiscopalus 
ííuatinialensis in America Ceiitrnii, liis litteri's ad V. R., Patei' 
pmantissinie direclis, gaudio sum alTeclus, qviia cum iUií^, 
skut mucoiniis, exsiccare lacrimas meds valeo, in tanto pon- 
dere spirituali, ({uod super humeros iiieos impositum est. 
Magno. cum dolore gemo calamitates miseriasque videns, qui- 
bus liíBc sánela premilur Ecclesio, sive^ in temporal i bus, si\«> 
in spiritualibus. Ideriquo in1])letum est in nobis illud Jen - 
mije: «Posuit me desolatam, tota die moerore contectíiui- . 
Sed omnia mala nos tris pro pecCatis debita sufferri pos>( nt. 
dummodo Christi ministri et iJci mysteriorum dispensa toros 
essent «edificanles sa(*erdotes; Verum bic dolor velieniens: unon 
est (|ui oonsoletur eam ex ómnibus caris ejus.. ( »iimos .iniiíH 
cjus spreverunt ean) et facti sunt ei inimici...» 

At me in Dominó confidente, veri lsraelita',(pepquossalu8 
¡II America facta est, atque j>er ij)sos olim .aparíiit lumen ad 
rgvclationem ^entium, inipie depoitati ilio in temi>ore, amaro 
animo patrum nostromm), isti, Christi tidelibus pacem tradi- 
luri sunt qu«e secum reversa fuit/et adhuc in cordibus sui^ 
pni'manet inmiitabilis. Hanc columbam e coelo delapsam, ut 
nr>l)is poilct í»li\;r inmuní ¡n d<M-trinn Jpsnitnrinn p<'f¡nins i 



AI'ÉND1CK> 



\'tra. R. per Dominum nostrum-Salvatorem. Si nullam exau- 
ditioncm dioecesaiiis meis benevolam príXístiterit^ et dimiserit 
eos jejunos^ deficient in via necossitato oppressi, quianon erit 
(|ui panem eis fraiigat. Nulluní milii dubiuní est quod vidensj 
Vestra Charitas infidoles turbas iu oris maritimis degeiites^ 
(^hristique cultores in ovili ovium vitam agentes male a da*- 
mone vexatos^ eis miseatur quia jacent sicut oves non ha- 
bentes pastorem. Messis quidem multa, Adnriodum R. P.^ ope- 
rarii autem pauci, et ínter paucos vitiis nonnuUi obnoxii; 
propterca sibimetipsis mali sunt, aliisque pessimi. Rogate, 
ergo, dominum messis cum fratribus vestris die ac nocte ul 
sapientes et sanctos mittat operarios in messem suam^ qui 
Domino Israel altarla in cordibus nostris í3edificent impoluta, 
ut Deum colant in justitia et veritate. 

Cognosco profecto quod PP. e Societate Jesu spiritu ani- 
mentur evangélico, sicut Apóstolorum imitatores, etquod non 
pro bonis nostris, sed ut nos bonos faciant, venient, Domino 
volente, et V. R. miserente; nihilominus cum digni mercede 
sua sint operarii, eis necessaria libenter pncstabuntur. Etsi 
fortasse sic in eorum adven tu nondum dispositum fuerit coe- 
nobium quod emptione pneparatur cum Ecclesia congruente, 
adest idoneus locus in meo palatio, ubi incolent, et sacra fa- 
cient in Cathedrali, quse cum domo mea unita est; dum stabi- 
liuntur perpetua í'eligiosorum habitatio'et juvenum Collegia. 
Nunc autem de rebus istis loqui molestiam V. R. afferret; suf- 
ñcient instructiones verbo tenus facttü R. P. Petro J. Walle, 
et aliye quoque exhibitse manuscriptae a Secretario Delegúto.rum 
Conventus ad PP. Jesuitarum restaurationem, R. P. Michaéle 
Muñoz, ex Oratorio S. Philippi Nerii istius civitatis et hujus 
sancti atque salutaris operis promotorc, m quibus fuse inve- 
niuntur expositiones desideratee, ut effectum habeat hciec mis- 
sio evangélica; quibus plenam fidem tribuet R. V. quoniam 
ipse Secretarius facúltate fruitur nd negotium praesens diri- 
gen dum. 

Ad \'. P. voluntatem mea disposita sunt omnia atque mea 
persona ad obsequium preestandum, talisque est mea erga 
PP. Jesuítas benevolentia, ut A\ R. annumerare me valea- 



APfclNDlCE.S 



ñdelenri inter amicos et onines PP. diilcem amatorem inter 
fratres. 

Acalde R. Pater^ deoscuJor manus vestras obsequetiss. Ca- 
pells, 

Francisms AnMep. electus BontrWy Guatimalr^ Coadjutor. 



VIII 

del Kxi'tio. ^-M Ij. Xl&riano Rivera Paz, 

Presiclerit^ cié la Kepúbliea ele XjrVAatem'ala, ^tl 

M. \<. \ \ Goiieral Juai7 Rootliaaii. 



Piíliicio del Sui»ivnioGoi)iej!»o-Giuiteiiiaia^ Knero 10 de lí^44. 

M. li. P. Prepósito General de te Compañía de Jesús. 

LlamjCido por el voto ¿spontáneo'. de los pueblos de este 
Kstado soberano i^ independiente, para gobernarlos bajo la 
denominación dv Presidente, consagré de toda preferencia mi 
atención al restablecimiento del culto católico y de todas los 
iüstitiiciones bencllcas y piadosas ipie habían casi desaj>are- 
cido, durante el c^i^o lamentable de una sangrienta y desas- 
trosa revolución, poitjue estoy intinAimente convencido de 
que la ñioralidad ciMstiana es la base más sólida del orden 
social^ y el principio verdadero del bienestar general de las 
naciones. Aunque no ha si(Jo dable hacer cüfinto Vo deseaba 
sobre este particular, se ha hecho lo que ha permitido la po- 
sibilidad, y decidido á no desmayar en la prosecución de mis 
débiles esfuerzos, espero que la Divina Misericordia, coope- 
rando á ellos, hará que al tin tenga un resultado feliz, ^íu^ 



fácil es destr.uir_, pero difícil reedificar; mas habiendo cons- 
tancia todo se vence. 

Siguiendo el impulso de mis fervientes votos por el bien 
de estos pueblos^ y persuadido de que el restablecimiento de 
la Compañía de Jesús en este país debe ser uno de los medi(> . 
más eficaces para mejorar su educación religiosa; y deseán- 
dolo por otra parte las personas más recomendables de este 
vecindario/ no dudé apoyar la solicitud que hicieron al Cuerpo 
Legislativo con toda energíQ^ y sobre, ella recayó un decreto 
favorable el cuatro de Julio^ emitido casi por aclamación uná- 
nime de todos los Representantes^ del cual tengo el honor de 
acompañar una copia impresa. 

Aunque han trascurrido tantos años después de la expul- 
sión de los PP. de la Compañía de Jesus^ y aunque por los 
terremotos acaecidos en 1773 el magnífico templo^ casa y* Co- 
legio que pertenecían al mismo Instituto y existían en la anti- 
gua Guatemala quedaron arruinados^ sin embargo el tiempo 
no ha podido destruir la grata memoria de los PP. Jesuitas en 
este país^ pues el recuerdo de los beneficios que prodigaban 
dedicados á la salvación de las almas y educación de la ju- 
ventud^ se ha trasmitido acompañado de bendicioi:^s de una 
generación en otra. Este es el motivo porque los habitantes 
de este estado y las autoridades constituidas para regirlos han 
considerado de la mayor utilidad volver á ver establecido en 
este suelo el Instituto de la Compañía de Jesús/ y la razón 
porque acorde con sus fervientes deseos^ yo como el primero 
de los magistrados me dirijo á V. R. para manifestárselos^ no 
dudando que serán acogidos con la, más benigna complacen- 
cia. Destinados los hijos del Grande Ignacio de Loyola para 
llevar la luz del Evangelio hasta las últimas extremidades del 
mundo^ ellos encontrarán aquí un campo extenso^ donde hay 
muy pocos operarios que lo cultiven: una viña que se aca- 
baría de llenar de espinas y abrojos^ si brazos laboriosos no 
acudiesen á limpiarla. Ellos encontrarán muchas almas flacas 
y débiles por falte de Ministros suficientes para dispensarles 
el pasto espiritual de la divina palabra. Ellos en fin encontra- 
rán aquí una oportunidad segura de llenar !r>s altos fines de 



• ili) AP¿XL»lC'i:S 



su sagrado instituto^ promoviendo de mil maneras la mayor 
gloria de Dios, en quien yo -confío que todo lo facilite para 
que sean cumplidos nuostroí^ deseos. ' '■ 

El R'. P. Walle, de la Bélgica/que regresa á Euroija, sera 
el conductor de esta cáría^ y él podrá dar á V. R. cuantos in- 
formes juzgue convenientes, val mismo tiempo podrá mani- 
festar á ^^ 1». de palabra los fervientes votos de estos pueblos 
por ver establecido en í^u seno el Instituto de la Compañía de 
Jesús. 

Me HpinNurljo ron iiiUrlio plarcí" (.Ir C>ta <,>pult UliidLiil pala 

ofrecer á X. H. las muestras de la más distinguida «considera- 
ción, con la cual tengo lo honra de susí^rtbirme 
Su muv obediente Servidoi-, 



Moriúnu liHt 



I ti 1 Ll , 



IX 

mmú iiE ii[;l\iiii\fs nti mm M\m\ m. b\m nt i.t'AfEi\LA 



. El. í^ftíSlbENTE IN^ERINOL Djn. IBsTADO DE GUATEMALA, 

Por cuanto el Congresp Con si i t láyenle del Estado se ha servida 
emitir el siguiente 

DZCRSTO, núxn. 13 

Hl Congreso .Constituyente <lel Estédp de Guatemala. 

," ' . • • . 

CONSfOEHAMXí: 

Qué la Asamblea Constituyente* no tuvo presen tes al per- 
mitir la venida de los Padres, de la Compañía de Jesús á estt? 
Estado los estatutos'de ello, ni siÍ5 doctrinas, ni su historio 



pasada^ ni sus hechos actuales que tanto mal han causado al 
estado civil y al eclesiástico en Francia^ en la Bélgica y en los 
Cantones suizos; y que por tanto sólo se limitó (\ facultar al 
Gobierno para que pudiera promover su establecimiento: 

Que no estando derogadas la pragmática sanción del Re\ 
D. Carlos III y el Breve de Su Síuitidad Clemente XIV que ex- 
tinguieron la Compañía en 2 de Abril de 1767^ ella no ha sido 
restablecida en este Estado })or ninguna otra disposición Pon- 
tificia de qlie se tenga conocimiento en el mismo^ deben con- 
siderarse vigentes las dos enunciadas disposiciones: 

Que uo hallándose al presente decretada la constitución 
política de este Estado, el Gobierno no cuenta con la estabi- 
lidad correspondiente para acordar el establecimiento de la 
Compañía de Jesús; y siendo acusados sus individuos del pro- 
yecto y teudencias de aspirar á la dominación absoluta^ á la 
depresión, de toda clase de gobiernos/ y á la subordinación á 
todo género de autoridades^ no es prudente^ en tales circuns- 
tancias^ admitirlos y establecerlos en nuestro Estado: ■ 

Que l'os Padres Jesuitas que se hallan en la bahía de Santo 
Tomás no hap presentado al Gobierno sus estatuios para que 
fuesen examinados y aprobados., ni disposición ñi^n^ficia que 
autorice el restablecimiento de su orden; que venidos con la 
esperanza que les ofrecía el decreto de 3 de Julio^ de 1843^ el 
crédito del Estado está comprometido hasta cierto punto á in- 
demnizarles sus gastos de viaje, 

DECRETA: 

1." Se deroga el decreto de 3 de Julio de 1843, que permitió 
la venida de los Padres Jesuitas al Estado. 

l^ ' El Gobierno queda ampliamente autorizado para pro- 
veer á los gastos que se causen en el reembarque de los indi- 
viduos "de la Com])añín do Josus que se hallan en la costa del 
Norte. 

Pase al Gobierno para su ampliación y cumplimiento. — 
Dado en el Salón de Sesiones. — Guatemala, á seis de Mayo de 
mil ochocientos (ninrenta v cinco. Félix Juares, ^Vicepresidente. 



íS Al'i;.Nbl( I.^ 



— Rodrigo Arrazola^ Secretario, — Policarpo ^ánchez^ ^t-cie-* 
tari o. 

Palacio del Supremo Gobierno. Guatemala^ Mayo 8 de 1845. 

Por ta:sto ejecútesE; 
Joaquín Duran 

Por indisposición del Sr. Ministro de Relaciones. 
Vicente Casado. 

V por disposición del Excnio. Sr. Presidente interino del 
Estado^ se imprime^ pniblica y circula. 
Guajemala^ -Mayo 8 de 1845. 

Casado. 



X 
CARTA 

atíl J ' I \ « Ij » ) J , W '¿lile ídl K.. 1*. CJ^etierfil JuQii H.oot^i¿ic^ii 



4; 

Gand, ce ¿ú Juiileí ioio. 
#y .\K)ii tri's Késoiciid Pere: ' .. , 

Jyáqu' ü nólre depart d' Europa, le H. P. Pi'oVincrál ayant 
bien voulu prendre sur lui de lenif; y. P. aii courant de toul 
< ( (|ui nous concernak, rien ne m* a semblé assez importan! 
poiir demander une lottre particuliére de ma part. Les cir- 
cunstanccs ensuite, dans lesquelles uous nous sonniies trou- 
vos á San Tomas/ in'ont donné des le principe tant -d' oceu- 
pations et tant de lettres á écrire, que malgré mol j' ai du me 
conten ter pour V Europe de ma corresponda nce avec le Re- 
verend P. Provincial, en I(^ prinnt de vouloir bien lui mOme 
transmettre mes nouvelles • \ P. Si done j' ai pu paraitl^e 
negligent aux yeux de V. P. jé la prie de me le perdoner pouV 
ees motifs. Dans la presente lottro jé donnerai ñ \'. P. un 



court exposé des principales circunstances qui ont •.acompasa- 
rle notrc mission, l)¡on court, ninis bien póniblc. 

Par la faveur de votrc recomendation^ la Propagation de 
la foi m' avaint envoyé 15000 francs. Npus fumes done aisé- 
ment nous procurer lout ce qui etaii necessaire pour le novel 
ctablissement. T.p 4 Docembre nous nous émbarqúames í=mr In 
María (f Ancers li'ois-mnts-bíii'cfnc i\\i\ Inisail voWr |)()ur In 
llabcuie. Lá j' appris la nouvello rcvolution^ <|ui venait d" üvoir 
liüii dans Guatemala^ et j" en tomoignái*n>es craint'esdans uii<* 
lettre an W.V. Provincial, (^ependant, nous cóntiniiames no- 
Irc rout^ et le. 2 Mars nous arrivames au port de S. Tomas. 
Presque aussi-lot nous vinies venir vers nous un petit canot: 
('■ etait le Juez Preventivo, ({u¡ vint á notre bord nous annon- 
cer que nous pouvions nous rendre dans la Colonie^ mais qu' 
il nous etait défendú de passer dans V interiur. 11 notifié aussi 
au C.apitaine du naviré qui nous avait amenes; que s' il vou- 
lait continuer sa roút vers Isabal, ¡1 avait á laisser lá les Je- 
suites; slnon, ({ue lui et son batiment seraient detenús au foi*t 
San Felipe á 1' entrée du lac d' Isabal. . Ainsi descendre avec 
armes et bagages^ et nous rendre h la Cabane (^ P. Genon, 
c' etait tout ce qu' il y avait á faire pour le moméát. Figurez- 
vous, mon R. P. une vilaine cabane c^^•erta en ■:cbaume^ ou 
quelque chose qui y resamble: á drqfB étaient deux petites 
pieces, dans V une desquelles couchail le P. Genon avec le 
F. Janssen, et moi ensuite troisiéme; et dans 1" auir^ se trou- 
vait la bibliotheque: á gauclie^ ees deux pieces reuniés en une 
tbrmaient une especé de hangard. Lu étaient conches six.au- 
tres; et de plus c" etait notre salle a manger, notre níagasin 
etc., etc. Je puis assurer V. P. qu* en cette circunstance ¿ie 
sont dissipécs bien des illusions: c' etait la prose toute puré 
qui succédait aux plus brillantes poésies, et*' cette prose 
n etait guere fait pour plaire beaucoup! Qu' il me soit permis 
d' observer ici en passant combien il est vrai ce que dit ^\ P. 
dans la lettre sur les Missions, concernant les qualités requi- 
sis en un Missionaire. Dans ees positions extraordinaires tou- 
tes les vertüs ordinaires disparaissent, et le pouvre Seperieur 
tout en portant tout les poids, no satisfait á personne, 



;;SU APÉNDICES 

parce que 1" ou n' est satisfait de rien^ luut etaiit diííereiit de 
ce qu' 011 se le etait proposé. Alors les imaginations se eehau- 
ffent et se noircissent^ r ennui survient, le malaise se commil- 
nique et augmente, et 1' abattcment devient 1" etat plus ou 
moins habitud. Je le dirai a V. P. avec simplicite: voilá que 
fait ma grande croix; car toutes les ^difñcultes exterieures 
avec la gráce du Segneur, ¡ ai pu les supporter jiisqu' au 
hout av€c courage et resignation, je dirai, presque avec joie; 
et certes^ ii y avait bien de motifs. . * 

Les premiers jours, done, etaient de jours de grand em- 
barras. Cependíintje devoittravailler pour eclaicir notré po- 
sition et applanir les difficultes. Je fis une prolestCítion que je 
remis entre les mains de 1' Agent consulaire de Belgique a 
S. Tomas pour elre envovóe par dui au Cónsul Belge a Gua- 
icmala. J" ecrivis *á Msgr. I Aicheveqúe et au P. Muñoz. 
.1 ecrivis aussi /i notre Cónsul. \\\\ fin, dans V esperance i\e pou- 
\ í)ir pcut etrc arranger les atíaires, si je pouvais mo¡ seul aller 
.1 (iuatemala, j* ecrivis á ce sujct au Corregidor d' Isabal; 
niais il merespondit aussilót que sans- une ordrc «xpresse. du 
Couveriiemcnt il ne pouvait pas me laisser j^asser. 

Va\ attendant les rósponses de Guatemala, nous n«>us im- 
mes á travoiller dans la Colonie. I^s Paquií^s ^ipprochaienl. 
Pour y diaposscp les'C'oIons debonne volojite'noas finfieSstous 
les jours des instructions en francais^ en alleraand et on fla- 
mand.'Nops times aussi lo Triduiim avec lo ivnouvellement 
des voeux. Ccfícndant une epidqmie efrayante continuait á de- 
( iiiK I Ir peu de familles ef d'^individus que* S. Tomas prope- 
(lait cncor. Successivcnt lous les boles en furent attoints, et 
en peu de jours il y.en cut jusíiu" A douzc qui durent garder le 
lit. Le P. Gcnon et le Frere qui deja avoient subí T effet de 
r epidemicy se troúvaient alors á peine epjslat de d)nvalescence. 
Lour babitation ne les garanlissait pas ni des vents ni de la 
pluic. Une aulre piece nous avait étó offerte par le Dr. Flessu 
dans sa propre cabene, et acceptée aussi-tot avec récoqais- 
sance. ba d* úbord furenl coucbes, á tote les uns des aiitres, 
et ^ur le plancber, sept malades. Pour les derniers, forcé fut 

(](> lo^ Ini^iM- il.ni-; ]:\ 1 »;nr,i< | n»' «bl P. GíMl'^m. í'Npn^év; rMiillII»' 



AJ'l'^MllCK.S "1^1 



I10U8 á to.utes les vicissitiides ct i\ foutos les ¡iiteiuperies de 
r air^ jiisqu' a ce que sur. mes insta uces le Dii-ecteur Colon in I 
voulu bien taire evacuer (juelques petites pieces au res~dr 
chanssfeede \;\ Direction^. ou ils t'urent transportes, ot oüt 
niourrit "notre bon F. de Winter. 

Pendant que cecí se pasait, la nouvelle de noli'e arrivéeet 
notre détention a S. Tomas se propageáit rapidemeiit dans 
I' interieur^ et fut biéntot devénue publique, a Guatemala; car 
¡usqu'alors on ne savait rien des mesures prises contre rious. 
Aussitót.la Gommission créée par 1' ancien Gouveniement pour 
r érection du aouveau CollegCj sereunitetadresseuneréquéte 
au Chef de Y Etat pour faire lever les obstácles mis á notre 
entrée. Mngr. Archevéque fóit les memes démarches. Le 
Cónsul Belge se joint íi eux et reclame sur ma demande con- 
tra cet acte illegal. Toute la Ville^ á peu d' exceptiou prés ma- 
nifesté les mémes sentimens^ et plusieurs lettres a la ibis me 
sont ecrites^ per los MM. de la comission et pard'autres^ pour 
Taire part de ce qui se passe dans la Capital, et poui* consoleí* 
en meme-temps mes compagnons et les animer. 

Ces lettres étaint da 14 et 15 de Mars. Le 22 du méme 
mois Msgr. 1' Archevéque daigna aussi exprimer les memes 
sentimens^ et sa lettre quoique toute empreinte de la tristesse 
proíbnde que lui causaient les circonstances_, poúr nous ce- 
pendant fut un veritable sujet de. consolation^ par les senti- 
mens si pleins de bienvellance et de une tendresse toute. pa- 
tenielle^ qu' 11 nous y teiíioignait.* Dans cette léttre il me 
doun^it connaissance des diverses notes^ qu" il avait deja 
adressée. au Gouvernemeilt pour le faire revenir de sesinjustes 
procedes; il m' autorisait aussi á conférer aux autres PP. les 
facultes nécessaires pour.excercer toutes les fonctions de leur 
saint ministére, et il terminait en dlsant: «La ^ille entiére et 
toutes les classes sentent profondément et déplorent ce qui se 
passe, et toutes demandent au Seigpeur qu' if iui plaisé 
d' ínspirer de meilleurs sentimeilt á Cjiux (jui occupent le pou- 

Mais déjá V esprit du mal avait prévalu dans les cQnseils 
du nouveau chef de r Etat. "Ufranchit les de.i*niérs bornes de 



882 APÉNDICES 



la Jegalité et de la raison par un manifesté^ ou il accuse 
d' abord le partú dechu et tous ceux qui avaient cooperé au 
retablissement de la Compagnie de tous les maux qui in 
réalité ne pesent que trop sur la pauvré Amerique ceijtrale, 
depuis r epoque de son affranehissement. Les Jesuitesne som 
appellés pour eux^ que por étre les Instruments de leur despo- 
tisme. Bien-tót suivront les buchers de linquisition, etc.^ etc. 
En fin c* est pour la*salut du peuple qu'.il veut empécher les 
Jesuites d* entrer dans le pays-Cette remarquable piéce est 
datée du 17 Mars, et signée, Carrera Généml en Chef Comman- 
dant. 

Depuis lors toutesles lettres, que je recus, ne me donné- 
rent plus de 1' esperance, Msgr. cependant contunuait á se 
teñir sur la breche. Dans trois irotes consécutíves, du 15, 21 
et 24 MarS adressées au Gouvernement il sustint notre cause: 
par des raisons aussí pleiiies de torce que de' dlguité. Tout 
cela ne put rien oblenir. Oii était résolu a'tout, plutol que de 
suffrir notiee entrée. Plntin Msgr. lu¡ mémc m* écrivit dans 
une lettre datée du 12 AIhíI, qui ne jiarviiit a Slo. Tomas (|ue 
vers la tin du méinemais:' aOii riie renvoic d* un inini$tvM'e ñ 
un nnire, (;t d' une auloi'ité ó une aulrc aulqrilé. On v^Xit que 
le Con^res decidí» (el N. B. de ce cote ¡1 n* y ava¡t*|»as jMus 
ñ attendie que de í>rí*eia, parce qu* ¡I était dominé par lui)et. 
il ne sassernble pas, el selbn loutes les apporences il ne se 
assemblera qms (fes longtem[)S. En attendaut* le tenips .passr, 
et on ne l'ait rien. Personne ne peul tro\iver mal qüevousvous 
eloigne/ avec les votrcs d' nn lien on la snntc et I;i vi<' resfnnl 
en tres.grand dangei 

Mn (Míet, iaucun flr tous ceux <ju¡ nvnieut élé ^luiind 
se restablisait, les meilbnu's ctnicnt les moins laiiíruissaiis; inj.i 
le K. I)(»v\ iut(\J' avait succombé; jilusieurs juilres nienanrraient 
de le suivre iiro(*l>arnemcnl; t<^us ros.faient en dhngqr; jé pris 
la resolution de partir.. Ma premier pensCje m' ovait porté víms 
le MissouVi; niais je ne trouvé aucuiVe occassion pour y aller. 
Msgr. aurqit bien \oulu queje me rptii-asse dans le Honduras 
pour y a t tendré de meilleurs temp^; mais la sanie des ^^otres, 
puis nos finances, et he^iicoup d' aulres raiftons né permjVefrt 



APÉNDICES i)Hr 

I »,t , , — 



egalment pas de reffectuer. En fin, arrivn comme.envoyé par 
la bonne Proviclence lo Bricl< Bclge Jena. Le Directeur Colo- 
nial recumment venii de Bruxelles^ el qui probablennent avait 
ses instnictioils á ee. sujet, eíitra facilnnent en arrangement 
avec moi^ et le 1(S Mai toutes énsemble nous mimes á la voile 
poiir Anvei'S. La mer^ comme le Medecin me 1' avait predit, 
ameliorá sensiblemen't 1' etat de nos malades: pendant tout 
le trajet aiicuñ ne fut en danger; ijlusieiirs cependant maite- 
nant encoré ont besoin des secours de Ipiii- mpdeejn: nous 
sommes arrives le 18 dernier. 

Avan de quitter S." Tornas^ j' ecri.vís á Guatemala, pour 
taire part de ma resol ution á ^ísgr. 1" Archevequet, á la Co- 
misión, et á touts lesbienfaiteurs et amisde notreCompagnie, 
oú je les temoignais en meme temps nos desirs de leurs.étre 
útiles, notre recognnaissance etc. Aussilot Msgr. en á fait une 
lettre pastorale, en ajoutant un commencament et une fin, et 
ma lettre a été lúe dans tous les eglise du diocése, Ces diffe- 
i'entíls piecces je les enverraí aussí V. P. de ce qui concerne 
S. Tomas. 

Je seus, Mon tres R. P. combien j* ai été pále et maigre 
dans mon recit; vous le pardonnerez, -s' il vous plait a 1' etat 
dans lequet mon esprit doit se trouver actuelment. Cette Mi- 
ssion, conme on me 1" a ecrit encoré maintenant de Guatemala 
devait ctre le salut du pays. Je la vois manquee, apres qu" on 
a fait pour elle touts les sacrificés. Sans doute j" adore la Sage- 
sse eternelle, qui T a voulu ainsi; mais je suis triste, tout en 
esperant neamoinsqu' un jour de meilleurs vuvriers condui- 
ront cette belle aurore á meilleure fin. 

Je suis de V. P. avec le respect le plus sincérele tres-hum- 
ble et tres obeissant serviteur en J. C. 

7*. ./. Walle 8. J. 



:;«! APÉNDICES 



MSMOB.ZA 

del Sr. Canónigo D. José de Castilla al R. F*. 
Asistente Ignacio Lerdo 

livdu. Padre: 

Molesto la atención de \. P. con la presente memoria, 
movido únicanriente del bjeai espiritual y temporal de nuestros 
feligreses de Guatemala, por (juienes he oliservado se interesa 
V. P. en gran manera, y á quien iii^s unimos, nosotros el 
H. (' limo. Sr. Aiyohispo y (Cabildo eclesiástico •de aqwlla 
ciudad. ^ 

(lonsidciando el artual Iri.stc estadu de, la educación en 
aquellos paiscs originado de la escasez de Sacerdotes, y aun 
en este cqrto número no suticieutemenle instruidos qii el ejer- 
cicio de sus ministerios^ por. falta del mismo principio: 

Consideitmdo, como jirecisa ronsccuoncio, el güslo \ pla- 
cer con que aquel clero ;y. pueblo recibiría algunos sujetos 
piadosos y aptos que Jes ayudasen en la administi*acíóii é^pl- 
íitnnj de la diócesis, existiendo ¡nmeliso lúimero de personas 
;i (juiciies las distancias de sus domicilios i\ las pes|K*etivas 
panoquias y la falta indicada impide atender á lacura.de 
sus almas como debían; y en el campo, tan espinoso hoy día, 
de la educación dt? la juventud, siendo muy* i'educido pi-esni- 
tcmenlc el número de sujetos (juc lo puedan desempeñar: 

Considera ndo, por último^ cuan públjca*> justa s<\\ l.i 
gloria que ha recibido siempre la ^^. Compañía de !Jesus |m.i 
su aptitud y eficacia en am!^os m¡nistcr¡<K. 

Me Ciro autorizado p<^r el H. c limo, .si . Ar/.olnspM \ Ca- 
bilcjo eclesiástico do aquella ('at(Mlral para suplicaí* á V. P. 
se sirxa intcrp'HKM- <ii \<»i(.. .oni" \sistente •!•> !;i Pi-M\inri;^ 



APÉNDICES • 385 



Kspnñola coic i del l^ P. General delaÜomi)üñía, para mandar 
á aquel país algunos sujetos de la dicha Sociedad^ ([ue reúnan 
las cualidades que Y. P. conceptúe necesarias para aquel ob- 
jeto, y en el número que convenga, seguros de que recogerían 
gran fruto espiritual de su misión y hallarían muy ancho 
campo donde ejercitar su piedad y acostumbradas virtudes 
para mayor gloria de Dios. 

El malogro de la expedición del H. P. Walle el año de 
181-5 al mismo país, lia sido sentida \)or todos los buenos ha- 
bitantes de Guatemala con extraordinario sentimiento y gran 
aversión hacia los autores de semejante proceder y para que 
otra en adelante no tuviese igual efecto, respetando el. parecer 
de V. P. me atrevería á proponer los medios- siguientes, que 
dejo á su consideración y enmienda: '"••. 

1." Que fuesen" por intervalos de seis á *siete meses los 
RR. PP. y en número de dos ó tres hasta aquel que determi- 
nasen ó las circunstancias exigiesen. 

2." Que eu. el i)rincipio y en adelante no sonase el nombre 
de la Sociedad de .Jesús, hasta que estuviesen enteramente 
sistemados, para evitar rencillas y rfial contentamientos. 

o." Que se suplicase al Superior ó Superiores n© tratasen 
en ninguna manera la delicada cuestión del retorno á la So- 
ciedad de las temporalidades que poseían antes de la revolu- 
ción, causa primaria del malogro de la anterior misión. 

4." Que los RR. PP, fuesen dispensados por el R. P. Ge- 
neral, ó por quien convenga, para percibir por vía de limosna 
los estipendios que los fieles les suministrasen por misas y 
predicación, únicamente hasta que, mediante el influjo del 
R. é limo. Sr. Arzobispo, Cabildo eclesiástico, y Junta que se 
formaría al efecto," se alcanzase del Estado lina pensión, que 
entonces recibirían bajo título de preceptores y encargados de 
la educación. * ^ . 

5." Se les daría el suficiente local por el limo. Sr. Arzo- 
bispo 6X^.abildo eclesiástico, hasta que los RR. PP. juzgasen 
conveniente instalarse y sistemarse en otra parte. 

6." Si V. P. cree necesario una memoria extendida y re- 
dactada más formalmente' poi' el R. é limo. Sr. Arzobispo 



386 APÉNDICES 



dirigida á este objeto^ se hará presente á Su Ilma.^ no obstante 
que la brevedad y mi próxima partida á aquel país exigiría, 
si lo cree conveniente V. P.^ una respuesta á la actual. 

Dios guarde á V. P. muchos años para bien de la Religión. 

Roma, 21 de Octubre de 1847. 

De V. P. 

Afmo. y S..S. y Capellán Q. S. M. B. 

José M. de Castilla, Canónigo de Guatemala. 

Nota: Su Santidad N. S. P. Pío IX y los Srcs. Inminen- 
tísimos Francsoni y Oristi han oido con sumo gusto este pro- 
yecto y p'rometido su protección. El Sr. D. Adrián Shakes^• 
íjueda encargado por ahora, si V. P. gusta, de recoger y re- 
mitir In í'()r?*OSponí]<M)rij| quf^ o<U^ ;wi|nf<i mipH»» f »ti(_» J nni- ('*\ 



(*) Esta Memoria ofíciosa dol Sr. dé Castilla demuestra £larament€^ que 
se aprovechaban las autoridades eclesiásticas de (iuatemala de todas las 
ocasiones (jue se les proporcionaban para procurar el logro de sus deseos. 
Sin embargo las circunstancias del tiempo en que se hizo este-nuevo esfuer- 
zo, eran muy poco oportunas para producir el efecto deseado; Guatemala se 
hallaba envuelta en una nu»'va revolución, y todavía los liberajes domina- 
ban: por lo que hace á Europa no gozaba d*» mayor traní)uil¡d'ad, pue^ ya 
se dejaban sentir los síntomas de los trastornos del año de 48. No era aún 
llegado el tiempo preli^jado por Dios para visitar á su pueblo con días de 
paz y pros|»eridad. En este sentido dio el H. P. Asistente al Sr. de Castilla, 
(|ue se hallaba todavía en Cádiz, la siiruiciite contestación: 

Muv Ilustre Señor: 

Me fué sensible que al partir V. S. de esta Capital, iüIn Ejercicios hu- 
biesen impedido el despedirnos, y el poder yo con eso renovarle la protesta 
de mi gratitud y disposicióti' A servirle en todo tiempo, y mis .sinceros deseos 
de toda prosperidad en sus largos viajes. En comp'ensnción me fue grata la 
memoria (jue con fecha 2\ de Octubre tuvo Y. S. la bondad de dirigirme 
escrita, y que me fué lu(;go entregada por este Sr. D. Adrián Shakeri en- 
cargado suyo, y por cuya mano irá también esta mi contestación. 

Detenidamente, pues, y con toda la atenflón que se merece un asunto 
de tanta gravedad como el que V. S. me proponía en dicha Memoria, la leí, 
la iiio'iifé y la presentó además á la consideración de Nuestro P. General. 



APÉNDK h.^ .'»I^7 






dirigida al Gobierno de Guatemala por el 
limo. íár. Ar;^ot)ispo. 



Exorno. Sr. Presidente de la Hepúblión: 
Entre las diñcultades que de continuo mé'ámar^an^ por 
razón del cargo pastoral que la divina Providencia puso á mi 

de cuyo acuerdo é inteligencia voy á decir á V. S. lo que hemos creido po- 
derse en el momento responder. 

Los tres considerandos ó razones que previamente se dignaba Y. S. ex- 
poner en comprobación de la oportunidad y conveniencia qué hoy habría para 
intentar de nuevo la introducción de la Compañía de Jesús en Guatemala tie- 
nen á nuestra vista, exceptuando sólo los elogios que la bondad de V. S. nos 
prodiga, solidez y fundamento bastante para persuadir la utilidad de tal 
proyecto, y los vivos deseos que enseguida expresaba V. S- á su nombre y 
al del limo. Sr. Arzobispo y Ven. Cabildo Metropolitano, de quienes se creíia 
suficientemente autorizado para pedir el envió de algunos individuos de la 
Compañía, eran para nosotros de mayor momento para estimularnos á pen- 
sar en el modo que pudiese acaso encontrarse de» complacerles." Tenemos 
aiín presentes l^s dos Edictos, con que dicho Sr. limo, en 15 de Abril y ^ de 
Mayo de 1845 dio parte á toda su grey, primero de los activos pasos que 
daba por impedir la despedida de los que con el P; Pedro Walle ya estaban 
en aquellas costas de la República; y después del acerbo dolor que le a fligía- 
por haberse verificado su marcha. Por estos y por otros impresos de allá 
relativos á la misma época que aquí conservamos con aprecio estamos bien 
persuadidos de la gran pena y sentimiento que en los buenos habitantes de 
aquel pais causó este suceso tan inesperado y tan opuesto á las esperanzas 
que una ley sancionada había hecho concebir. La repetición de un resul- 
tado semejante justamente parece á V. S. digna de evitarse i)or todos los me- 
dios posibles, y al efecto nos proponía cinco que A su juicio serían eíicaces. 

Sobre ellos debo someter á V. S. la coiisideración (1(> csIms observa- 
ciones: 

1.''^ El medio tercero supone que los Superiores do nuestras Misiones en 
•os países donde antes existió la Compañía haVañ- reclamado ó reclamen sus 



388 APÉNDICES 



cuidado^ recuerdo siempre con nueva pesadumbre el suceso 
que privó á esta Iglesia de la misión de los PP. Jesuitas, que 
arribaron al puerto de Santo Tomás el año de 1845. Después 
de las grandes calamidades que aquí se habían sufrido por las 



antiguas temporalidades; y me permitirá V. S. decirle, que tal suposición es 
gratuita, pues nada reclaman, y á lo más reciben las que acaso por no estar 
enajenadas se les quieren devolver. 

2.* El medio quinto es también tosa (|ue no ofrece embarazo alguno, 
pues nos es indiferente liabitar en casa propia ó prestada. 

3.* El medio cuarto es en verdad uno d^ los arbitrios que ¿ los Nuestros 
se suele conceder por facultad Apostólica, para subsistir en lagares donde 
la dispersión violenta y el despbjo les dejan sin otro arbitrio; mas á la inte- 
ligencia de V. S. no fie ocultará que seria bien irregular el ir^e á meter ex- 
pontáncamente en tal posición. 

4.* Eso no obstante, la principal dificultad e.-^tá en iu> do> ¡.imn n- me- 
dios, ó por mejor decir en el segundo, pues el otro se reduce á la forma, la 
lual erí su caso pendería de la posibilidad y de la prudencia. La sustancia 
consiste en ese modo que V. S. sugiere de ir y de existir al principio disi- 
mulados y ocultando el nombre de Jei^tas: en lo cual tenemos la desgracia 
de no estar acordes, pues k nuestro juicio aparece egn niaiJiern como ina- 
decuada, poco decorosa á ambas partes y casi imposible: esto último, por- 
que en el estado ac.tual de las comunfcaciont-s, po se presentarían allí dOs 
de los nuestros sin que al punto supiese todo el mundo quienes eran, de 
donde iban y á qué. Menos decorosa á todos, porque unos ministros de la 
religión católica habrían de oculfar su estado y profesión en mt'dio de un 
pueblo católico: y en lin poco adecuado porque tal disimulo no produciri.i 
otro resultado probablemente que el hacer á ellos olvidarlas prAcflc.» 
espíritu de nuestra observancia, y el hacer A los demás mirfirles como su 
jetos aislados é indiferentes cuya suerte futura nada interesa, bastando que 
pueda gastar el día en cualquier oficio ó ministerio. El favor de V*. S. y de 
más Señores vendría siempre á e.strellarse contra U logaíidad invocada, o 
la preocupación sistemática de los adversarlos. Ks por esto que no solemos 
ado]>tar esa manera de cnq>ezar una Misión, sino en las uacioues idólatra-, 
ó en las (|ue no reconocen cuerpos religioso.s; pero (iuat€Mnal<i, é Dios gr.i 
cias, no está ni en uno, ni en otro ca^o. Por otra parte la escaseí en (|ue es 
tamos de sujetos para atender A tantos puntos que no debemos abandonar, 
la falta de medios para emprender tan largos viajes, y la inccrtidumbre ávl 
éxito en medio de tantas oscilaciones como por allá se suceden casi sin in- 
termisión, hacen bien difícil por no decir imposible toda determinación por 
ahora en favor de los plausibles deseos que animan á V.. S., A sus compañe- 
ros y en especial al limo. Arzobispo, á quiene^ viva y sinceramente í|uisi<' 
ramos- complacer, ma- de"<|uienes su]>crfhio sería en la actualidad que 



APENDK'KS :)S0 



que fué lastimado el Santuario,- reducido á un número insuli- 
rientc el sacerdocio, nniíjuüada casi la ensenan^^a eclesiástica, 
y relajada en consecuencia la moral pública, yo había fundado 
las mejores esperanzas de remedio en los ministerios de aque- 
llos Sacerdotes apostólicos, qué están por instituto dedicados 
á la enseñanza. Pero el espíritu del error atumultuado por las 
])as¡ones de unos pocos, frustró de un golj)e mis esperanzas, y 
las del clei'o, y las del común de. los líeles á cpüenes nnimabaii 
las mismas. Por una providencia de la administración (pie 
entonces regía el país, impelida por otras ocultas de agentes 
subalternos, se negó la entrada á los PP. Jesuítas,- se \c^ de- 
tuvo en un clima malsano, en donde todos enfermaron y mu- 
rieron dos de ellos, obligándoles de este modo á reembarcarse 
para sus Colegios de Bélgica. No bastó para impedir este acto 
de injusticia é inhumanidad, el que yo exhortase y predicase 
al pueblo, ni alcanzaron nada las representaciones que de pa- 
labra y por escrito dirigí al Gobierno, cuyas constancias ' de- 
ben hallarse en sus archivos. ¡Se consumó la iniquidad! y 
desde entonces debemos temer que cuelga sobre nuestras ca- 
bezas la espada de la justicia de Dios. 

La malicia- de aquel triunfo de la impiedad que después 
hemos visto desarrollada con mayores estragos en muchas 
partes del mundo, debe contemplarse menos por la parte en 
(jue se hollaron nuestras leyes de garantías y demás pura- 
mente civiles, que por la violación de los derechos de la Igle- 
sia y de la santa ley de Dios, cuya Majestad se ofendió en mn- 
clias maneras. 

Los Arzobispos y Obispos de Alemania reunidos en Wurz- 
burgo hace dos años, en el memorándum qué dirigieron á la 



viniese otra memoria más extensa, pues tendríamos el dolor de no poder dar 
contestación diversa. 

Ruego á V. S. me dispense lo desagradable de esta mi respuesta y díg- 
nese aceptar el obsequio de todo mi respeto, conque, repitiéndole mis do- 
seos de una felicísima navegación y pronta llegada á su casa é Iglesia m-d 
ofrezco á sus órdenes en cuanto guste mandar á 

Su Atto. S..8. y C. <). B. S. M. 

Ignacio M. Lerdo ^ >'. J. 



;j90 APKMill K 



Asamblea de Francfort^ decían: «Al frente de todos los dere- 
chos de la Iglesia e^ta el deirecho divino de la enseñanza y 
educación. Jamás podrá ella olvidar ni renunciar la misión 
que se le confió en aquellas palabras: Id y enseñad á todos los 
pueblos j hautizadlos en el Nombre del Padre , del Hijo y del Espi- 
ritii HanfOy y enseñadlos á guardar todo lo que yo os he mandado^K 
Más abajo dicen: «La Iglesia y sólo la Iglesia puede juzgpr de 
la necesidad de fundar y conservar Congregaciones ó Corpora- 
ciones útiles^ ó que lian dejado de serlo. De lo contrario no se 
la ])odría concebir como guarda deesa moralidad que es la 
única que asegura el mantenimiento del orden público y de la 
legalidad sOchal». Hé-aquí, pues, los. derechos posi.tivos de la 
iglesia que se violaron en la repulsa de la Misión de los Pa- 
dres Jesuítas. Si en un tiempo de lamentable memoria fué ex- 
tingliida la Compañía, de iesus por la malicia de los hombres, 
la restáblecié desptié^.feJ S;^. Pío Vil, y ío hizo* M^on tanto sa- 
tisfáccióti, í^ue, en el razonamiento íjue dii-igió á los Cai^dena- 
les en el Coitsisjorio secreto del ¿ii <U' Setiembre de ISl i, les 
decía: (il.a Compañía de Jesús ton útil para promover .el culto 
dlxiuo, como para preparar la eterna salyaci<>n de las 'almas, 
ha sido j>or Nos levantada de sus cenizos». De- manera que al 
llamar la Iglesia de CuatQuuila á los PP.. Jesiiitas, obraba en 
todos suis d\)reciios: no debía ser perturbaba por niiíguna pn- 
lestad ciii'iJ/y niüclio menos, por medios de aslticia y violencia 
¡ufíírida á la misma ])()testad. Sobre tmló, Señor, cuando se 
considere la ufensa hecha á Dios en t\ ultraje ú sus ^ungidos, 
y en éi haber pri^ado tí esta Iglesia de su^^ ministerios, /qu^ 
])Qdrcmos pensaH ¿Viviremos tranquilos y'olvidádos.de aquel 
suceso? 

V\ vv\M\n\\r (ic los Pr. Jesuítas ci año de 45 fué ooasiona<lo 
poi* el míd espíritu que motivó la expulsión del digno Sr. Ar- 
zobispo mi antéeesor yja de los- Religiosos acaecida el año de 
1S29, é igualmente causo las violencias que hace poco se infi- 
rieron al actual Sumo Pontífice IMo IX, hasta obligarlo á huii" 
Vle sus estados y asilarse en el Reino de Nápol^sT Mas" ya se 
lian reparado* todos estos ticfos de impiedad* que pos ^conster- 
na ion tanto:* pquí, satisfaciendo en Ip posible y llomand.. A 



APÉNDICES ;'>yi 



Prelado ofendido, llamando á los Religiosos y restableciendo 
sus conventos; y allá en Roma restituyéndose al Santo Padre 
al ejercicio libre de su autoridad espiritual y temporal^ como 
todos sabemos. Falta sólo entre nosotros el dar. la debida re- 
pai'nción por el ultraje hecho al glorioso San Ignacio de Lo- 
yola en sus ilustres hijos los .Tesuiíns. V. E. Sr., Pi-esidenlc, 
esln llamado á diciar esln providcMicia, y dai* por ella la ma- 
\()i' lioin'a y gloVia á Dios. Yo lo espero confiadamente de los 
sentimientos i'eligiosos ((uc distinguen á Y. E. -y lo espero 
taml)ién de la cooperación que encontraiVi en elExcmo. Senoi- 
Genei-al C.arrera y en todas las autoridades y funcionarios de 
la República: porque si bien es verdad que algunos fueron 
sorprendidos por la malicia y el error^ en el tiempo que la- 
mentamos^ yo estoy seguro de que ya han reconocido el yerro; 
y ¿hay alguno de los mortales que esté libre de caer en la 
tentación? Todo lo qué Dios exige de nosotros es que nos le- 
vantemos, que nos arrepintamos^ y nos' restituye por su mi- 
sericordia á la gracia. Yo, pues, me abrazo con todos, re- 
conociéndolos por hijos de la Iglesia nuestra madre: he rogado 
y ruego por todos al Señor; por los buenos para que los man- 
tenga en la virtud y por los extraviados para que los con- 
vierta. Removamos cuanto antes un escándalo que grava 
nuestras conciencias y tiene á Dios ofendido. Acaso aguarda 
el Señor este desagravio para levantar el azote de la guerra 
con que nos castiga más ha de tres años. 

Por tanto, Señor, á V. E. suplico encarecidamente se sir- 
va declarar en vigor el decreto de la Asamblea Cqustituyenle 
de 5 de Julio de 1843, que permitió el establecimiento de la 
Compañía da Jesús en .esta República, y que se tengan por 
nulas todas las providencias y decretos que se dictaron el año 
de 1845, para estorbar la entrada al país de los PP. Jesuítas. 

Tengo el honor de protestar á V. E. con esta ocasión mi 
deferencia y respetos. Dios guarde á V. E muchos años. 

Palacio Arzobispal de Guatemala, Diciembre 5 de 1850. — 
Francisco y As'zohispo de Guatemala, 



>92 APÉNDICES 



del limo. Sr. Arzobispo de Guateniala. al Sr. Vicario 
Apostólico de Jamaica E). Kr. Benito Kernández 



Guatemola/Marzo 22 de 1851. 
Sr. de todo mi respeto: 

El bien de mi pobre grey y el- deseo de no desperdiciarlos 
medios (|ue Dios me proporciona para* hacerme .de algunos 
obreros evangélicos me obliga boy á molestará Y. nndndninl.» 
lomará-sobre si el encargo que paso á tiacerle. 

Ya sabrá \'. (|u« en el aho de 1845 se nos proporcional».! 
en Guatemala el establecimiento dé la Gompañfa de Jesús, \ 
([uo habiendo venido una porción escojiíla de sus individuos 
fueron detenidos en ol Pueito de SÍinto Tomás, sin dejurlos 
internarse á pesar de mis esfuerzos y repetidos representacio- 
nes al Go})¡erno de aíjuella época. Desdeeiitonces no he podido 
j)erder de vista este objeto, y en «el año próximo pasado, cono- 
ciendo que en la acítual. administración Jiay mejores disposi- 
ciones, formalicé un ocurso, pava que se ^evoqiif el decreto 
(jue prohibe la venida y establecimiento de los Jesuítas en el 
país. Isste negocio corre sus trámites, ^ no dudo»que se obten- 
drá un buen despacho, aunque sea necesario esperar por la- 
demoras consiguientes á esta clase de asuntos; mas entre tant< • 
sal)edoi- de (jue han llegado á esalsla de JamaiVa' algunos PP. 
Jesuítas cxpulsos de la Nueva Granada, y (|ue |mrte de ellos tani- 
i)ién existe en Cuba, me pareció dirigirme de nuevo al Gobierno 
j)ara que me dijese si había algv'm inconveniente en solicita!- 
yo la venida de dos ó tres sacerdofes de la Compañía, y en 
('(Uilrslnrión re<*ibí <*1 ofic¡(^ i\\\o on r(»j»i;i ndiuiito. Honio\id( 



[O. 



AlMONDicJií» :!1í;! 



pues^ el inconveniente que obstaba á mis antiguos deseos y 
(jueriendo verlos realizados^ interpongo el valimiento áo\. para 
(jue interesándose con el P. Rector vea si es posible que á la 
mayor brevedad vengan los dos ó- tres PP. que solicitamos por 
ahora, bien persuadido como lo estoy de que este será el prin- 
cipio y el mejor medio de obtener muy luego el permiso para el 
cslablccimienlo de la (l<)m|)añía. Por lo (]ue pueda convenir, 
(*o})io el párrafo de una carta del H. P. Pedrp J. Walle-, Rector 
del (lolegio de Alost^ de G. de Diciembre último .por ser Uno de 
los moti\ os (jue me han animado^ y creó (¡uc sucederá lo mismo 
al Superior que existe en esa Isla. Dice así: 

^ uA'ous savez que par un malereuxrevirementde V opinión 
nos Peres oíit~été obligó á quittérla Nouvelle Granada. Un cer- 
taine nombre ceux lá sont maintenant dans République del* 
Equateur^ et plussieurs aussí sont alies á lá ile de Jamaique_, ou 
sous la protection du Goiibernement Anglais ils ont etablí un 
('oUége et plussieurs missions. II me semble mohiie avoir ap- 
prís qu* á présent il se trouve é galement quelques uns dans 
rile de Cuba toutefoisdececí je ne suis pas certain. Quoi qu" il 
en soit^ cette proximité peut-etre daris certain cas pour vous 
])¡en favorable^ et puisque la correspondence par Belize avec 
la Jamaique est sí facile^ je voudrais que Msgr. votre digne 
Archeveque put demander Y un au 1' autre de ees Peres pour 
precher d' abord et exercer le saint ministére dans la Ville de 
Guatemala, et ensuite les circonstances montrei^aientce qu" on 
peut faire ulteriorement». 

Luego que tenga noticia de ser bien acogida mi solicitud^ 
procuraré poner fondos para los PP. que deban venir^ y prepa- 
rarles los avíos para el tránsito, por tierra^ debiendo decir que 
ya en Walise tiene aviso el Sr. D. Francisco Camoyano para 
proporcionarles todos los auxilios_, y lo mismo sucede en Santo 
Tomás con el Sr. Corregidor D. Manuel Pinol, en donde en- 
contrarán dirección para esta Capital. . 

Siento que la primera vez que tengo el honor de comuni- 
car á V. por. escrito sea para agravar sus atenciones y redo- 
blar sus trabajos; pero V. bien conocerá (jue el negocio es de-* 
licado^ y que exije una mano diestra y bien intencionada que 



:>94 APÉNDICE: 



pueda llevarlo acabo; y yo creenía haber faltado, si no me va- 
liera de una persona de todos modos tan recomendada. Sírva- 
se V., pues/ dispensar esta confianza, y disponer del- afecto 
con que soy de V. atto. S. y Clapellán 

Francisco, Arzobispo de Guatemala. 



XIV 

AITTO 

del limo. Sr. ./arzobispo de Ouatemala 
fijando los fondos del Colegio 



H. P. Joaquín Freiré: El ílmo. St\ Arzobispo mi Senoi , 
atendiendo ala líecesidad que, hay de ñjar la manera en que 
deben administrarse los fondos de ese Colegio para llevar 
adelante sin obstáculos el sistema que se traía de establecer 
en él, ha tenido í\ bien dictar con fecha de hoy la providencia 
siguiente: 

Habiéndose dadcj principio á la reorganización del (Colegio 
Seminario bajo.la dirección de losiiK. W, de la Compañía de 
Jcsus^ y no pudiendo llevarse (\ cabo tan imporlanto obra, sin 
determinar la manera qn qub deben adm1n¡strai*se y aplicarse 
sus fondos A fin de poder subvenir i\ los crecidos gastos (juc 
necesariamente han de ocasionar la subsistencia de Directores 
y alumnos, la dotación de Profesores, pago de sirvientes > 
otras muchas erogaciones indispensables para el sosteni- 
miento y mejora del Colegio bajo el sistema (jue trata de esta- 
blecerse en ól y cpie tajitas ventajas présenla: con vista del 
estado actual de sus rentas, del rápido impulso que ha recir 
bido desde que los expi^esados PF. están. encargados de sü 
direccMón y gobierno: deseando aprovechar tan favorables 
princ¡|)i(^s, y conciliar en cuanto sea posible la escasez' de 



APENDlOEft 39f) 



fondos con las exigencias de la conservación y adelanto del 
Seminario^ hemos venido en resolver 16. siguiente: 

1." Se adjudica á los PP. de la Compañía encargados del 
Colegio el producto total de pensiones^ cuya recaudación é in- 
versión se hará por cuenta de ellos ó de la j)ersona que tengan 
á hien comisionar. 

2." Por cada una de las becas de la fundación de (loma ya- 
gua, las del P. Vidaurré y cualesquiera otras que estén á cargo 
del Establecimiento, enterará el Administrador.de los respec- 
tivos fondos la cantidad de ciento cincuenta i)esos. 

3." No habiéndose provisto hasta ahora sino sólo ocho 
becas de merced por atender á la redención de deudas, y ha- 
biéndonos manifestado dichos PP. el deseo que los anima de 
coadyuvar al aumento de dichas becas en favor de los pobres 
que tengan vocación al estado eclesiástico, las referidas becas 
de merced pagarán sólo la pensión de cien pesos cada una, la 
cual enterará á los mismos PP. el Administrador, pudiendo 
aumentar su número hasta doce, si nos pareciere conveniente. 

4." Para hacer este pago se tomará del producto de la pen- 
sión llamada Cuarta del Colegio, cuya recaudación, por ser 
más gravosa, continuará á cargo del Administrador, así como 
las demás rentas que no sean de Colegiales pensionistas. 

5." Las dos becas de servicio continuarán sin pensión por 
tener el gravamen de tal servicio y ser amovibles por el Su- 
perior. 

G." Serán de cargo de los PP. los sueldos de Profesores y 
Maestros que se empleen de fuera y los salarios de sirvientes 
inferiores del Colegio. 

Y para que esta providencia tenga cumplimiento, comu- 
niqúese por oficio al R. P. Superior y al Administrador. — El 
Arzobispo. — Justo Gavarrete, Notario Oficial Mayor». 

Tengo el honor de poner este acuerdo en conocimiento de 
\ . R. cumpliendo con lo mandado y ofreciéndole con tal mo- 
tivo mis respetos. Dios guarde á V. R. muchos años. 
Guatemala, Marzo 3 de 1852. 

Jusfo Gavarrete. N. O. M. 



:>% APÉNI)lCíi8 



XV 
CATÁLOGO 

de los Jesiaitas expu-lsados del Eeíaador 
el ai*<? de 1^3*2. 



ÍajIAajíu 1)1 <Ji IU> 

R. P. Pablo de Blas^ Superior. 

)) Francisco J. de San Román. 

» Salvador Aulet. 

» Manuel Rujan. 

» Santiago Cenarruza. 

)) h'rancisco García López. 

)) Ramón Posada. 

» Joaquín M. Su6rez.. 

Estudiantes 

11. Federico Águila r. 

»• Antonio Ayerve. 

» Antonio Borda. 

)) Antolín Espinosa. 

• Kugenio Navarn». 

» Luciano Navarro. 

>' Francisco Parias. 

» \' icen te M. Raniíre/. 

" Anas^tasio Silva. 

» Ramón Silva. 

>• íirnncio L. \'elosco. 

Novicios 

H. Antonio (iarcés. 



APÉNDICES 



397 



H. José Antonio Lizarzuburu. 
)) Roberto Pozo. 
» Manuel J. Proafio. 
)) Gaspar Santisteban. 
n Roberto Sosa. 
)) Cosme de Torres. 



COADJüTOREí 



H. Francisco García. 
)) Juan Garriga. 
)) Joaquín Hugalde. 
» José M. Ortiz. 
» Victorio Sánchez. 
n FrHneisco Truffo. 



Residencia de Ibarra 

Eladio Orbegozo^ Superior. 

Ignacio Boada. 
)> Rafael Forero. 
)> Tomás Piquer. 

Coadjutores 

H. Estanislao Cárdenas. 
)) Lucio Posada. 
)) Rafael Salazar. 

Residencia de Guayaquil 

P. Luis Segura^ Superior. 

)) Manuel Fernández. 

)) Francisco J. Hernáez. 

)> Pablo Pujadas. 

)) León Tornero. 

H.. Luis Serarols, Coadjutor. 



398 APÉNDICES 



XVI 
ADZOS Á I.OS JESTTZTAS 

KEDACTADA POR GARCÍA MORENO 



Os lian arrancado ya, ilustres defensores de la verdad ca- 
tólica, os han aiTancado de este suelo que civilizabais con 
vuestra doctriha/sanlificabais con vuestras virtudes y fecun- 
dabais con vuestros ejemplos. 

Habéis partido lanzados por la violencia brutal, i)erse- 
guidos por la ijiicjuidad impudente. Habéis partido en alta 
noche escoltados á semejanza del Redentor, por esbirros ar- 
mados que os conducen* como á bandidos, inlerrumpiendo 
\uestro descanso y a(^¡bar«Tndo vuestro padcíimiento. Habéis 
partido eji una miseria espantosa, abandonando hasta, vues- 
tros' vestidos, poÍY|úe aquellos que os arrojan al camino del 
destierro, lio tienen siquiera la humanidad de suministraros 
lo necesario para vuestra conducción, ni aun k) indispensable 
para vuestra subsistencia. •; • • * . .. 

( ís.vais de una tierra infeliz í|ue*i>arece destinada á sufrir 
todo el peso de la cólera divina. O^^aia de úu pvieblo que en- 
tra rinl)leniente os amaba," por-que eii vosotros tenía los que 
sostrníuii su debilidad, mitigabart sus dolo!*es, endulzaban 
sus desgracias, consolaban su agonía, amparaban su orfan- 
dad, y.socorrían su indigencia. Os vais de uu pueblo que os 
colmaba de bendiciones, cuando os veía acompañar al cadal- 
so á las víctimas de la justicia humana, y abrir Ins piKM-tns 
de la misei-icordia eterna al criminal rtrrcpeutido. 

Os vais de un pueblo que, dándoos la última prueba de 
su adhesión y gratitud en pocos momentos cubrió con milla- 
res de firmas una petición que eleva i-a al rTobicrno para 



APÉNDICES 39^ 



impedir vuestra salida (*); y os vais de un pueblo que os llora 
como se llora por un amigo, como se llora por un hermano, 
como se llora por un padre, porque en vosotros miraba á los 
padres de los pobres, á los hermanos de los desgraciados, y 
á los amigos de los desvalidos. Os vais porque los malvados 
no quieren tolerar vuestra presencia, porc(ue han resuelto que 
la persecución del justo y la hunMÜaiiión de la República $ean 
el precio infame de la menguada protección de un extranjero. 
Vileza inútil de la que sólo recojerán sus autores la ver- 
güenza de la expiación y la amargura del remordimiento. 

Pero no sois vosotros los más desventurados. Después de 
algunaá gerhanas de privaciones y tormentos, llegareis á pla- 
yas más hospitalarias donde hallareis libertad y no insultos, 
protección de parte de los gobernantes, y no persecución ó 

(*) Desde las doce del caciago día 21 hasta cerca de las tres de la tarde, la 
siguiente representación reunió 8429 firmas, con las que fué dirigida á Gua- 
yaquil, sin contar más de 2000 que se recogieron después de entregada al 
Sr. Gobernador. De prodigioso y sin ejemplo en nuestro país puede califi- 
carse este hecho, sobre todo si se atiende á lo limitado del tiempo y á la na- 
turaleza de las circunstancias. La petición estaba concebida en estos tér- 
minos: 

Sr. Gobernador de la Provincia: 
Los que suscriben, habitantes de esta capital, altamente interesados en 
la prosperidad de la República, se dirigen á V. S. con el objeto de manifes- 
tarle el profundo dolor que les ha cairsado la precipitada é inmerecida ex- 
pulsión de los respetables PP. Jesuítas. Saben muy bien los que representan 
que V. S. como autoridad subalterna no puede revocar el terrible decreto 
de proscripción lanzado contra la virtud y el infortunio; pero si está, en ma- 
nos de V. S. suspender su ejecución por un breve término mientras se ele- 
van al Supremo Gobierno los clamores, las súplicas y las lágrimas de un 
pueblo. Esto es lo único que os piden con la profunda confianza de alcan- 
zarlo, y en consecuencia es[)eran que V. S. se servirá demorar la salida de 
estos s?icerdotes, honor de nuestra religión santa, y hoy mismo dirigir por la 
posta esta comunicación á S. E. el Presidente de la República, á fia de que 
teniendo presente que lo resuelto por la Convención contraría nuestra ley 
fundamental, infringe tratados preexistentes, conculca la voluntad nacional 
solemnemente manifestada y aun carece de las discusiones necesarias en 
toda decisión legislativa, impida que se consume un acto de injusticia fra- 
gante hasta la siguiente reunión de la legislatura.— Quito, Noviembre 21 
de 1852. 



40r) APÉNDICES 



injusticia^ y donde os recibirán amigos no menos entusiastas, 
sin que os acosen enemigos pérfidos é insolentes. Infelices los 
que permanecen en el Ecuador, contando los días de la vida 
con el número de los infortunios; y dichosos Ips que se ale- 
jan de esta región maldecida cji que cada vez que el sol se 
levanta tiene que admirar nuevas crueldades y crímenes ma- 
yores. 

Los Quiteños. 

Nota. Estos documentos redactados por García Moreno, 
según el P. Berthe se publicaron^ en hoja suelta, y circularon 
))ortodoel Ecuador. Los ejemplares impresos por*^ ^I." Riva- 
deneira llexan la fecha de 27 de No^^omhre do I>^r»2 v do iinn 
de elloft lo hemos copiado nosotros. 



XVII 

OFICIO 



del Ggbierno de Ouatemala á su Ministro 

1 'lenipoteHolario en Roma E). Kernancio de Lroren- 

:^ana, Mat-qués de Belmonte. 



(lunlcniaia, lebrero 2i de [s'o't. 
r^xcmo. Sr.: El Ciobicrno vivnnu^ntcinterosodo en cuant*» 
conduce aJ mantenimiento de lii^ religión) el cuito y la moral, 
y oonvencido de que para la conservación y fomento de l)ronc< 
tan impoT'tantes es indispensable qur haya digitos Ministros 
del Altar, pái-rocos celo¿>cís y doctrineros diligeiiles (¡no Ile\efi 
ja luz del Evangelio á las pohlpciones fejTiotQs entregada- 
acaso á la, más lamentable idolatría, ha creido de su mí).- 
estrecho deber dirigirse á V. E. requiriendo sú conocido ceh» 
y su eficneio en los objetos (|ue mñs ndelnnte se indicnrí^n. 



APÉNDICES 401 



Sabido es que en Guatemala^ más que en otros países de 
Aniérica^ á consecuencia de la supresión de las órdenes. reli- 
giosas y extrañamiento de sus individuos^ se hizo sentir una 
falta casi absoluta de Eclesiásticos. Por espacio de veinte años 
permanecieron sin Prelados lá Iglesia Metropolitana y las 
sufragáneas^ decayendo todo lo concerniente al culto^ y redu- 
ciéndose el número de sacerdotes al extremo do ser necesario 
que dos ó más parrof|uias estuviesen á corito de un solo cura, 
y algunas careciendo de él enteramente. 

• En tan aflictiva situación no ha bastado el celo del Jefe 
que rige los destinos del país hace catorce años^ para reparar 
tales desastres; y esto lo sabe la Curia Romana por los infor- 
mes del Prelado Metropolitano y de otras personas respetables 
del país. Desde que se proveyó esta Mitra- se han conferido 
órdenes á unos pocos jóvenes^ y no faltan otros que han abra- 
zado la carrera eclesiástica; pero el número de los que van 
desapareciendo es muy considerable^ y no se alcanza á ver 
cómo podrá llenarse el vacío que estos van dejando. Verdad 
es que de algún tiem'po á esta parte han venido unos pocos 
eclesiásticos españoles y extranjeros, á quienes se ha dado 
desde luego colocación, pero este resultado no ha correspon- 
dido á la magnitud de los esfuerzos hechos. 

Entre tanto, por una especial Providencia divina vinieron 
hace tres años á esta República algunos PP. de la Compañía 
de Jesús procedentes de Jamaica, de los que estaban en la 
Nueva Granada. En vista de la buena acogida que tuvieron 
vinieron después otros, y más tarde llegaron por el Sur los 
que estaban en el Ecuador, lo cual ha llenado de consuelo al 
Gobierno, al Prelado y al público todo. El INIetropolitano puso 
desde luego bajo la dirección de los PP. el Seminario Conci- 
liar, que en poco tiempo cuenta ya cerca de 200 alumnos, y 
da las mejores esperanzas para lo siicesivo. En el Convento 
abandonado de Belén se ha establecido el Noviciado, y última- 
mente,, como V. E. sabe muy bien, han ocupado los mismos 
PP. por concesión Pontificia, la Iglesia y Convento de la 
Merced, que estaban igualmente en un abandono casi com- 
pleto. 

2fi 



402 



APÉNDICES 



En todo esto y en algunas Misiones en lugares inmedia- 
tos se han estado ocupando veinte sacerdotes, poco más., ó 
menos, con que ya cuenta la Misión, esperándose de sus tareas 
apostólicas el resultado benéfico y satisfactorio á todo el país. 
Ni es solóla República de Guatemala la que está interesada en 
esto: los Estados vecinos del Salvador, Honduras, etca?tei:a, 
envían niños á este Seminario, careciéndose allá de medios, 
para proporcionarles una conveniente educación. Así este plan- 
tel producirá con el tiempo frutos muy abundantes én todas 
estas comarcas. 

Mas ha: sucedido que apenas han comelizado á establecerse 
aquí los PP. déla Compañía, cuando varios de ellos harfreci- 
bido orden de pasar á otras pai-tes. El R. P. Manuel Gil, los 
PP. Cotanilla, Eguiluz^. Freiré y Fernández Buján han salido 
sucesivamente el primero pai^a Roma y los" demás para Jti 
Habana, haciendo todos aquí mucha falta. Se deja conocer 
que los Superiores que disponen estas traslaciones no están 
suficientemente penetrados de la gr«n necesixiad que hay en 
este país de. misioneros para los* p'uebfos y de maestros i>ara 
la juventud, sóbrelo cualsupongo informará e>wtei)sa menté el 
]\. P. Gil, tanto á Su Santidad, como al Rmo. P. Creneral. 

Innecesario será hacer encarecimií^ito alguno sobre la 
conveniencia de conservar y «extend' religión eii estos 

países: una sola observación es oportuno haga W E. al Sanio 
Padre, como al Superior írüneral de la-G(>iiif>añín, V es, que 
aquí, el teri-eiH) está ya dcbidanienle preparado, (jue nadase 
opone á (pie adquiera desarrollo y perfeecióji este. plantel que 
puede servir en lo de, adelante para suministrar semilla que 
deberá ser esparcida en otras partes; que por lo. mismo sería 
doloroso (jue se perdiese lo (jue se ha logrado^ y <|ue llegase 
á desmayar el ánimo de las gentes piadosas, que han comen- 
zado á res|>irar después* de tantos conti*atU^mj)os y desastres. 

Al hacer á \": \\. estas indicaciones á nombre del Exce- 
lentísimo Sr. Capitán General, Presidente D. Rafael t^arrera, 
me anima la confianza de que ellas producirán el resulta- 
do apetecido, de que no sólo no se destine ya en lo sucesivo 
jtaí'n oti'O'.; piint'"»'^ > 1'"^ VP. dr> 1;» roi-npafiíri «fH'^ n;;t:ni on 



APÉNDICES 403 



Guatemala; sino que, si fuere dable, regresen los que han idoá 
otras partes, y se aumente con otros la Misión. 

Confío para el desempeño de tan importante encargo, con 
el acreditado celo y conocida cticacin de V. K. de quien me 
suscribo 

Muy atto. \ S. S. 

Firmado: P. ríe Aycinenn. 
Es Copia. 
Seci'etaría de Relaciones pAterioi-es. Gua tenia la, Febrero 
27 de 1851. 

Firmado: Fl Oficial Mayor, 
./. Milla. 



XVIII 
ZISFIIBSZÓXT 

DE JUSTO Y GF.XERAL SENTIMIENTO DEE PUEBLO DE GUATEMALA 

AL DESAPARECER, AUNQUE TRASLADADO A LA INMORTAL 

GLORIA, EL R. P. LUIS AMORÓS, DE LA 

COMPAÑÍA DE JESÚS 



La poesía^ rica y muy digna de ser* á las veces el órgano 
más adecuado para 'emplearse en alabanza de los héroes, no 
siempre alcanza á manifestar toda la efusión del alma, cuando 
la motiva un. acontecimiento que importa la pérdida de un 
bien irreparable. 

La hilación de las ideas en el oi'den que prescribe el arte, 
las imágenes buscadas y presentadas con estudio, el conflicto 
apremiante en que se coloca el pensamiento por obsequiar la 
(íonsonancia y la medida, y otras ritualidades que en nada 
simpatizan con los im.pulsos del corazón... no puédemenos 
de embarazar el curso natural que exige el ani-or en la libre 
expresión de sus sontimioutns. ' * .•.*..■.... . 



404 APÉNDICES 



Por tal razón^ cuando nos proponemos trasmitir á la posr- 
teridad el retrato fiel del hombre que admiró á sus contempo- 
ráneos, del justo que honró á Dios^ del sabio que ennobleció 
su siglo^ delgenio benéfico que sin voluntad propia se hizo 
dueño de las voluntades; en fin, del .que supo recomendar con 
su ejemplo la importancia de las grandes virtudes; segura- 
menté no tocará. á la poesía el honor de encomiar á un héroe 
distinguido y sagrado, con el acento que dedicara otras veces 
á la profanación y la mentira. ... 

Nuestra humilde voz dirigida á tomar una pequeña parte 
en el llanto' público por la per did^. del P. Amorós, se dejará 
oir en el estilo sencillo que debe figurar cuando habiali'hi 
verdad, la justicia y la gratitud. 

Bajo tal su[)UCsto diremos, (pie acjuel hombre que cu su 
aspecto, en su vida, en su nombre y en todos conceptos daba 
la idea más pumpiida de un á-ngel luiman'ado, apareció eo 
Guatemala-á mediados del año de 187)1, con los primeros Mi- 
sioneros de la Compañía de Jesús que la Providoncin deparó 
á su suelo* en feliz hora. 

El P. Amorós joven aún, pero anciano en el conocimiento 
y práctica de cuanto debe constituir al sacerdote apostóli- 
co, ñié el modelo perfecto que debieran imitar todos los que 
aspiran á la santidad del ministerio, á la pureza y gloria del 
altar. 

Nació (MI Palma de Mallorra <•! día -in m«' A^'<»s(<í dc 1.^17. 
No seguiremos-Jos jirimeros ¡lasios de ..su vida, porque elloíx 
son como él manantial de donde f)rocéden Jas* oristnlinas 
aguas que forman un caudaloso rit), parofecundor y llevar la 
liqueza y la abundancia por di^quiefa que transita. 

Destinado el P. Amonas para di\s<Mnpeñar uim hiisión 
celestial, su alma fué adornada de e3peciales gracias para 
cumplirla. En él se vio desde la infancia ai etéreo fiel 9/ pru- 
dente (|ue había de' dominar los corazones con aíjuella humil- 
dad íjue sin (¡U(M'e!* todo lo hace para sí. Dotado con liVclaii- 
dad de una inteligencia feliz, sus talentos comenzaron á brillar 
como los primeros destellos de ía aurora, que anuncian la 
venida de un día de paz, alegre y refulgente. 



APÉNDÍCES 4 Oí 



Con tan favorables auspicios no tardó su vocación en 
pronunciarse^ partiendo desde luego á la Compañía de Jesus^ 
que debía ser el teatro donde descollara en santidad y sabidu- 
ría. Recorrió con sus compañeros varias capitales de Europa 
y señaladamente la Ciudad Santa: ella le reconoció como, á 
uno do los suyos y distinguió como á sus más predilectos^ 
confiriéndole el Presbiterado sin la precisa edad^ porque su 
ciencia y virtudes babían prevenido lo que la ley calcula 
por el transcurso de los años. 

Admirado en Roma comosabio^ pasó á América como mi- 
sionero^ dejando por todas partes huellas muy marcadas de edi- 
ficante ilustración. Óigase entre otras regiones ó Bogotá y á Me- 
dellín en la Nueva Granada, á Jamaica en las Antillas, y ultima- 
mente á Guatemala que poseyó á nuestro héroe cinco años, 
cuatro meses, siete 'días, edificando, diseñando, convírtiendo. 

En el ejercicio de la oratovia sagrada, no era de admirar 
tanto su elocuencia porque ella debía ser el resirltado de los 
talentos con que la Providencia le había enriquecido, cuanto 
la unción y dulzura que junto con su presencia inspiraban 
sus palabras para disipar errores, rindiendo las más obstina- 
das prevenciones. ¡Cuántos le bendicen por la conquista de 
sus almas, reconociendo que á su ilustrado celo deben la 
calma que volvió á sus corazones, en cambio de la amargura 
consiguiente al extravío de sus. ideas! 

Varón adornado desde su infancia con la estola candida 
de la pureza y la inocencia, resplandeció también por la cari- 
dad, que pone el sello de sublime valor á todas las virtudes. 
^Quién no íe vio cual refugio de salvación dispensar toda clase 
de consuelos al oprimido, visitando á los enfermos y encarce- 
lados, socorriendo de su misma pobreza á los que veía ago- 
biados del hambre y la miseria, sin mostrar jamás el ceño del 
desagrado, sino más bien dando á su beneficencia mayor 
realce, la modesta cortesanía con que todo lo practicaba? 

No sería posible relacionar exactamente lo demás que 
constituyó el agigantado mérito del P. Amorós, para hacerse 
digno de la admiración y de justo aprecio que por él tuvo el 
pueblo de Guatemala, contemplándole como ú.un padre d 



40t> APKNDICES 

más amoroso^ y eomo médico espiritual á quien Dios había 
destinado para obrar diarias conversiones^ ya con su ejemplo, 
ya en el confesonario^ á donde corrían de todas partes al olor 
de su vii-tud y ciencia. 

Entre otros monumentos que deja del celo ({iie ardía en 
su corazón por la salud de las almas y felicidad de lo^ pueblos; 
son muy señalados "los establecimientos de Congregaciones 
pías que fundó para ambos sexos en todas edades y condicio- 
nes^ cuyos preciosos IVnlos rf'rídci'nn en jiliimdnncin Ims ücii»^- 
raciones venideras. 

A la edad temprana en que nuestro héroe había dado tan- 
tos \ tan opimos frutos de bendición^ quién no juzgaría que 
el término de su gloriosa carrera se reservaba para más allá 
• del corto período (jue el autor c\e* sus días le había prehjadot 
Pe^o los altos decretos debían cumplirse, y así fué que aco- 
metido de una penosa y descotjocida enfermedad que sufrií» 
por espacio de tres meses con resignación apostólica y la for- 
taleza de los Má^rtires, pudo decir como otro Pablo ai despe- 
dirse de este mundo, y_ especialnfienle de Guatemala, para 
. j»asar á la eterna moradar de los justos el 7 de Octubre de 185(): 
«iBonum certamen <(M*t;ivi, i iirsiuii consumavi, r<'p(»sita esl 
mi h i 'corona justilitr»'. 

Difundióle desde el centro hasta los«últinios c-onhnes de 
la ciudad la triste nueva que enlutó (\ todos sUs moradores. 
Ya se deja ver la emoción que causaría eií un pueblo (jye 
adoraba'^ su pi»edileclo 'Menhechor l(i idea de liaber este 
desaparecido, cuando más fundadas esperanzas concibiera de 
su larga posesión. Va\ los semblantes todos se vehí la imagen 
del pesar y de la angustia, \juuchos prorruinpían en llanto 
inconsolable, cuando llegaron á penetrarse de la realidad de 
lo que al principio se tigl^raban imposibhv 

Niuuerosas reuniones de espectadores oi uriinii r^m. -i va- 
mente -para i)artici])ar del último aunque triste consuelo de ver 
las reliquias de su padre «mado: nadie loobtuvo ciertamente. 
porque era. preciso ofrc^^er este pequeño holocausto en obse- 
quio de quien tantos y tíiii fructuosos hnhin «»fi"ecido por l;i 
salud del pueblo. 



I 



AlȃNDIOES 107 



Vieron sí en el gran templo de la Merced donde iba á ser 
depositado aquel objeto de su veneración^ agolparse presentes 
de lloros escogidas, do guirnaldas frescas y varia^das^ de pal- 
mas olorosas, en que sobresalían la azucena y el ja^míji^ y 
(juo buscando todos la urna sepulci-al, para dejar á la historia 
el modelo de un drama de viva representación, apareció como 
por encanto un vergel florido sobre la base de \\n féretro que 
incensaba el sacerdote, y junto áél otí'os muchos que le acom- 
pañaban en los cánticos sagrados.' 

Todo concurría á hacer más espectable la ceremonia de 
los oticios que consagra la Iglesia á los que mueren en el Señor. 
Muchas personas de notabilidad se presentaban oficiosamente 
para asistir á ellos: gran parte del vecindario ocupaba la basta 
extensión del templo regándolo con abundantes lágrimas, v 
para dar mayor interés á aquel acto de suprema solemnidad, 
el limo. Sr. Arzobispo, el Sr. Dean, del V. Cabildo Metropoii- 
tano, varios de sus individuos, y las comunidades religiosas 
de Santo Domingo y San Francisco se apersonaron con entu- 
siasmo afectuoso á hacer los últimos honores á su querido 
compañero. 

Todo fué muy digno del P. Amorós, y lo será también de 
quien sepa, imitarle. 

El y su amigo el V. H. Pedro de San José rogarán ante el 
trono del Dios de las misericordias que proteja á su patria 
adoptiva contra las infernales huestes que amenazan el sagra- 
do de nuestra Religión é independencia nacional; y es seguro 
que oyendo sus plegarias. los constituirá á las puertas de Gua- 
temala y de todos los Estados Centro-americanos para que 
como los Angeles del Paráiso defiendan sus entradas y torreo- 
nes del enemigo común (*). ' 

Guatemala, Octubre 23 de 185G. 

Un Guatemalteco. 



(*) Aluden estas frases á la beatifícación del V. H. Pedro de San José Bo- 
tacour, fundador de la Orden de Belemitas que entonces se promovía en 
Guatemala, y á la invasión de los Norte-americanos en Nicaragua que en ese 
miHmo tiempo rechazaban con ardor las Repúblicas aliadpf*. 



408 APÉNDICES 



Oe la Gaceta del Salvador. Tomo VI, Rúm, 87 



LOS pp. jesuítas 

Keprodüciiiios uii;i [múil-'hjh «Ici Clauslru de Cuiii?iliiiiios 
de la Universidad encaminada á que se reor¿;anice-bajo la di- 
rección de los PP. de la Compañía de Jesús el. Colegio^ de la 
Asunción. Notorio es el kimenlable estado A que^ ha venido á 
reducir este establecimiento, y fácil es predecir lo que podía 
hacerse de él, recordando en qué situación tomai-on los Padres 
Jesuitas el Seminario Tridentino de Guatemala, y eo cuál se 
encuentra hoy aquel plantel de luces vAirtndes. 

No desconocemos hasta qué grado llega toduM^i n ptx— 
ocupación que muchos abrigan -oontra la Compañía; pero 
como nada hay que resista á la luz .deJa evidencia-,^ eslam99 
poisuadidos de que ^sas jtrevenciones. desaparecerán el dlá 
(.|iu\ traídos los PP. Jesuítas A San Vicente, los veamos rege«- 
Mcj-ar la enseñanza,. dirigiendo los talentos, enriqueciendo la 
memoria, cultivando la imaginación, formando el gusto, per- 
l'occionañdo la razón, y plantando en el corazón de la juventud 
el germen de todas las virtudes, como en su entendimiento el 
de todos los conocimientos: el día en que les veamosX)cupados 
dé díü y de noche de 4os ñiños, tomando parte en sus estudios, 
en sus adelantos y hasta en sus juegos. 

Dó el Gobierno el paso ti que se le iuMta, y so lu agradij- 
cerán ardientemente cuantos tienen un corazón entusiasta por 
la patria, á la cual sólo puede hacer grande y próspera algún 
día una educación perfecta, cual todavía íorma un desiderátum 
en el Salvador. 

Hectoj'adode la Universidad . — S. Vicente, Febrero 22 de 185S. 



Al'KNDUJKS 4.()y 



Sr.Miiiiístioile Keiiiciones exteriores del Supremo Gobierno: 

FA 17 del que corre fué presentada al Claustro de Consilia- 
rios una moción^ pidiendo que se exentase al Supremo Go- 
bierno, para que se liicicse venir de Guatemala el número su- 
ficiente de PP. Jesuitcfs^ para que al Colegio del Instado le 
diesen, la necesaria dirección. Entonces la misión' nombradn 
dictaminó en contrarió^ y el Claustro aprobó el dictamen. 

Mas hoy que el asunto se ha considerado bajo su verda- 
dero punto de vista^ que se han palpado las ventajas que áu 
por resultado la educación que estos mismos PP. dan á la 
juventud que se encomienda á sus cuidados: hoy que^ de no 
ser así, sería preferible disolver el Colegio, que dejarlo en el 
estado de abandono en que se encuentra, no ha podido menos 
el Claustro de volver sobre sus pasos, reformando aquel 
acuerdo, y aprobando la nueva moción que en copia autori- 
zada me hago el honor de dirigir á V. S. — Ruego al Sr. Mi- 
nistro me comunique oportunamente la resolución que recaiga 
á este respecto, y admita los voto^ de aprecio con que firmo 
su muy alto S. 

D. V. L.—R. Pino. 



Dictamen de la Comisión del Claustro 

Un individuo de vuestro seno hizo moción para que os 
sirvieseis procurar que el Supremo Gobierno hiciese venir un 
número suficiente de PP. Jesuítas á hacerse cargo de la di- 
rección del Colegio de la Asunción, la fcual fué declarada sin 
lugar por mayoría de votos, de conformidad con el dictamen 
que al efecto emitió la respectiva comisión. — Los que suscri- 
bimos, pensando con la detención que requiere el asunto, 
creemos aquella medida de la mayor utilidad á Id enseñanza 
primeramente y al Estado entero, y aun conveniente al interés 
pecuniario y á la política. He aquí algunas rofiexiones que lo 
acreditan. 



410 AVÉKtlIOE.S 



La dedicación exclusiva de los PP. Jesuitas á la educación 
de los: niños Jes ha hecho adquirir los más profundos y sólidos 
conocimientos en la difícil como útil tarea de dirigirla; y no 
llevando estipendio alguno en el desempeño de tan santo 
(íargo^ puede haber en el Colegio el número suñiHente j^ara 
enseñar y dirigir á los niños vigilándolos eit todos^ sus pasos, 
único riiedio'de conducirlos con seguridad por el escabroso 
camino que el hombre tiene que atravesar en busca de los 
perfectos goces de la vida *que produce la moral pública y 
cristiana. Muy á propósito se' dice que durante la educación, 
el niño vuelve A cojer la mano que le sostenía para aprender 
andar_, sin la cual se extravía y precipita á cada paso, porqué, 
ignorante de todos los riesgos del camino/ sójo dirige su vista 
á los objetos que mueven suciiriosidad y sus acciones ^ los 
placeréis de su edad. pA'itar esos daños es deber del gula 
ííxperimeTitado; y viene de acjuí que ni uno, ni dos serán bas- 
tantes para llei>nrlo en un establecimiento de muchos niños, 
y sólo podrían olAener buenos* resultados de aquellos que han 
recibido buenos princrpiosde sus padres, loque por desgi^acin 
no ^s muv general. . .. * -• * 

Por el interés pecuniario tejidró el Estado, l^ fanVaja.ci^ 
(|Lie, el''creci<io númeix) de *sus hijos que bo^'exístep como 
íilumhos en el Colegio rio íiualemalo, se eduquen* en osíc, 
(^vitando así que salga el rpnsiderable capiln] que se consume 
en tenerlos allá: y en'-osto osprot^i^o considerar no sólo el -vo- 
loi* crecido (\,e las pensionen que* {)ogan^ sino los gastos de 
viajo y de los deudos (pie Van á \isihirlns, portes <le conreo \ 
otros muchos, que aisladamente pai-ecen *insign¡ticanto8, pero 
que reunidos hacen muchas* Voces una gruesa suma. Xo es 
míenos digno do atetición el ahorro (pie sediaiin en los fondos 
(h* ¡nstrnrción ]>nbl¡ca, poi-(pic no recibiendo los expresados 
PP. más (juc las iK?nsiones de los alumnos, po se invertirán' 
en el Golegio los. fondos que hoy consume en el «gasto diario 
de la Tesorería, por ik) alcanzar aquellas, .y« podrán dedicai^se 
ni mcjoi'n miento de la Tniversidad, como provisión de cáte- 
dras, establecimiento de otras nuevas, conqjra ríe libi-os, ins- 
trumentos, etc.-*En Guatemala 'con sólo las pensiones han 



APKNL)1CK< ii\ 



mejorado extraordinariamente varios edificios ó, y lo mismo 
harán en este Estado. ' * 

Por lo que hace ó la política és' fuerza convencerse de 
que, en el supuesto de que los PP.- Jesuítas diesen una' mala 
educación, recibiríamos el mal en jnayor grado, .porque no 
pudiendo evitar que nuestros niños vayan á recibirla fuera 
del Estado, se les dai'á tal \ez no conforme y aun contraria ¡i 
nuestras instituciones, sin la inspección del Supremo Go- 
l)ierno; y como el número de niños que hay en el estable- 
cimiento de Guatemala es grande y crece de día en día, entre 
poco elEstado tendría su juventud toda educada con aque- 
llos inconvenientes: y cuando á aquella República ocurraque, 
poniendo un Colegio en la frontera les daría mayor número 
de alumnos salvadoreños, nuestro Colegio quedará desierto 
de pensionistas, y reducido á los que por falta de recursos 
pecuniarios tienen que acojerse á la gracia del Gobierno. 
Viniendo aquí los PP. Jesuítas, el Gobierno puede poner con- 
diciones y hacer que sean cumplidas, y entonces no puede 
temerse el resultado de una mala educación, porque también 
estarán los niños vigilados por sus padres, y celosos, como 
son todos los Salvadoreños, por conservar sus principios, no 
permitirán que se inculquen á sus hijos ideas contrarias á ellos-. 

Pedimos que el respetable Claustro, dispensando los trá- 
mites á esta solicitud, se sirva revocar su acuerdo de 17 del 
corriente, y acordar que se excite ál Supremo Gobierno, para 
que, de la manera que le parezca más eficaz, invite á los Pa- 
dres Jesuítas existentes en Guatemala, á efecto de que el nú- 
mero de ellos que estime suficiente., venga á regir el Colegio 
de la Asunción, en el orden y método que con ellos acuerde el 
mismo Supremo Gobierno, sin perjuicio de los Estatutos de la 
Universidad. 

S. Vicente, Febrero 22 de 1858. 

Pedro Falla. — Basilio Menno. — Esteban J. Castro. 
Es conforme: R. Pino. 

(*) Las mejoras á que alude no pueden ser otras que las del mismo Se- 
minario, las cuales en su mayor parts se hicieron á costa de las rentas pro- 
pias del establecimiento. 



41*2 APÉNDICES 



El Sr. Presideole escribe í su Comisionado D. Antonio Ortiz ürruela la arta siguiente: 

(Jojutepeque, Marzo 22 de 1Ñ5S. 

Muy estimado amigo y Scfior: 

Me he impuesto detenidafnente de su apreciahle del 12 del 
eorriente en que \. se sirve informnrme de los pasos que hn 
dado Gon los PP. Jesuitas á consecuencia del encargo qué me 
lomé la confianza de darle por medio del Ministi\) de relacio- 
nes^ para ver si se.cTonséguía que algunos de dichos PP. vi- 
niesen á tomar la direc(^ión del Colegio de este Estado. 

Celebro en extremo la huena disposición en que ello> >. 
encuentran de Qorresponder á mis deseos y á.Ios de muchos 
padres de familia y sujetos "pensadores de aquí/V considero 
muy justíis las condiciones 'que olios proponen para poder 
hacerse cargo de la obra de.ia educación de. nuestros jóvenes. 
Sol)re cada uno de {os puntos. de que piden informes^ los daré 
á V. categórico» tan luego eoiho los obtenga del Claustro de la 
I niversidad, í^ cuya consideraQÍ6n voy é;sorfteterlos para ]>ro- 
< ('d<T con el debido ordeu. . •• • . ^ 

Pero deseando obrar en tan importante asunto con el de- 
t^mi-mieñto necesario para asegurar el acierto, he .creidD con- 
\eniertto oir ¡a o|i¡nión de las peisonas notnbloíí' y principaft^s 
corporaciones del Kstado^ y al efecto se ha (lÍJ*igido una circn- 
lar O todos los Gobernadores exigiéndoles qué sean bfevefe \ 
claros en sus informaciones. \\ sabe cfuanta influeni^ia tie;n» 
cntic nosotros Irí opinión |>ública, y debe (^'onocet muy bien 
(juo cuando se trata de una rcí'ormu dt? tanta transcendencin 
como la que nos ocupo, es pVéciso no proceder je. una .mane- 
ra precipitAda,' si es que se quiere plantearla con buen éxito y 
hacerla duradeiia. Por mi pílrte,. estoy empeñadísimo en el 
asunto, y hai'é todo lu posiljk» para llevarlo 6 feliz término^ te- 
niendo esperanzas fundadas de (|ue (^1 buen sentir de todo él 
Estado estará de acuerdo con mi propósito. 

Doy á V. intinitns gracias por el empéfio c<>ii (juc ha adop. 
tado la idea y por los buenos pasos que ha comenzado á dar 
para su realización, y espero que me seguirá ayudaiido usted 



APÉNDICES 418 



luego que oportunamente -le vaya comunicando lo que se ade- 
lante en el particular. 

' Entre tanto, y con sentimientos del mayor aprecio tengo 
el gusto de repetirle que soy su afectísimo amigo y seguro ser- 
vidor q. s. m. b., 

M. Santiíi. 



Jx.Jy. 

COZIZISSFOITDSXTCZÜ 

MOTIVADA POR LA TRASLACIÓN DEL P. JOAQUÍN SUÁREZ 
Á BUENOS AIRES 



El Sr. Mtro. de Estado escribe al R. P. Superior Francisco J. Hernaez; 

P^scuintla, Fel1rero'24 de 1861. 

Rdo. Padre: Habiendo llegado á conocimiento del Sr. Pre- 
sidente^ á fines del año pasado, la voz que corría en el vecin- 
dario de que algunos PP. de la Compañta- y 'especialmente el 
P. San Román y el P. Suárez debían trasladarse á las Repú- 
blicas del Sui", S. E. así por atender al deseo público^ como 
para satisfacer sus sentimientos personales^ me dio orden 
para escribir al Sr. Marqués D. Fernando, de Lorenzaua, 
nuestro Ministro en Roma\, con el objetp de que acercándose 
al M. R. P* General, le manifestase estos sentimientos y de- 
seos, y le pidiese que no se disminuya más esta Misión que 
tanto bien hace á Guatemala y de la que tan satisfecho está 
S. K. V especialmente ([ue no se la privase de la presencia ác 
ciertos PP. entre los» cuales se nombraba al R. 1^. Suárez. En 
efecto, escribí al Sr. Lorenzana con fegha de 1." de Eiipn», y 
espero su respuesta en el mes de Abril próximo. 

Entre tanto^ la víspera de salir de Guatemala, en la visita 
que hizo al Colegio S. E. tuvo el sentimiento de saber que es- 
taba dis|)uesfn In ))nrlida r]n] P. Snár'"^/ p:']r:\ oí ^iu\ ^ p^tnndo 



414 APÉNDICES 



convencido de que el P. General no podrá dejar de prestarse á 
la solicitud que á su nombre le hará el Sr. Lorenzana, ve con 
sumo desagrado y sentimiento frustradas sus esperanzas y las 
del público con la partida del P. Suárez antes de que en Roma 
sean conocidos sus deseos, y la demostración extraordinaria 
r]p aprecio y distinción que ellos contienen. 

i\Ie ha ordenado en consecuencia dirigirme á \\ R. con el 
objeto de manifestarle el eficaz deseo que lo anima de que so 
espere la respuesta del P. Tieneral, sin hacerse novedad, te- 
niendo la íntima convicción de que cualquier orden relativa al 
P. Suárez, mediando la interposición de S. E. no podrá de- 
jar de recibir la aprobación del P. General. 

A! cumplir con esta orden de S. K. es excusado que \o 
reitere á \'. R. los sentimientos con que deseo ardientemente 
que las indicaciones del Presidente puedan tener 'el efecto 
desead(L 

Con la m^iyor consideración soy d» \ i;. .i!( nt.. \ dho- 

fliíTltí' S. 

Pfd \ffcinena. 

CMlilc^tn ol n. IV ^MjM : , ->I . Mil,: ^., ■.. 

(iuuteniaia, 26 de Febrero de 18í^l. 
.Muy Sr. mío de todo mi respete 

He recibido el oficio muy atento d» \ . i .. ^yi ,, , ,,,n -e 
ha servido n uí ni testar nio á nomlírc del Ivxcnio.Sr. Pi-esideiite 
las fuertes razones que* acó uipa fian al Gobierno para que yo 
difiera la partida del P. Suárez alas Repúblicas .del Sur; y 
agradeciendo, romo es justo, estas muestras de adhesión y de 
en riño j>ara con los PP. de la Compañía de Je<ns, me ha pa- 
recido aba\idonor mi cauíja ^al juicjo d Ijiuitáuí^ole 
(•()})¡a de Xuesti'o Kmo. P. Geiicí-al. 

Por el contexto de esta carta advertirá \ . 1.. imi\ bien v\ 
serio compi'omiso (jue había contraido Xuesli-o Pmo. Padre 
con el Presidente de la República Argentina, el mal se ha 
dirigidí^ á Su Santidad y ííl mismo tiempo al Rmo. P. Gene- 

y\\\ snl ici 1,1 ikI' • Pi^. «1»^ l;i (^nm I >:i fi í-> do .Tp>-.n< |t;u;i ^ídUpUri 



APÉNDICES 415 



República. Y al efecto, se^ún sabemos por otro conducto, ha 
concedido á Nuestros ^PP. el Colegio Máximo de Córdoba de 
Tucuman, y ha hecho grandes sacrificios pecuniarios, para 
transportarlos allá. Se SjEibe además que N. M. R. Padre, no 
pudiendo enviar PP. españoles á aquella República, se ha 
esforzado á remitir PP. italianos, á cuya cabeza quiere que se 
coloque un \\. español para dirigir la Misión. Cuánto haya 
trabajado en su maduro consejo Nuestro Rmo. P. para escpjer 
esta cabeza, lo podemos colegir de haberse visto precisado á 
recurrirá esta Misión para encontrarla. Es de notar sobre 
todo en esta carta aquella solicitud (jue manifiesta nuestro 
M. Rdo. P. porque el nuevo Superior se vea cuanto antes en 
su destino, por ser allí su presencia sumamente urgente, ya 
por haberse embarcado los PP. italianos, los cuales se van á 
encontrar sin cabeza en aquellas regiones, ya por el .peligro 
f[ue hay en el es^tío nsvegando las costas brasileñas, y sobre 
todo por lo necesario que es el Superior allí; para arreglar las 
cosas de la misión. 

Al mismo tiempo que N. Rmo. P. mira por la misión 
Argentina, no se olvida de Guatemala^ y son muy dignas de 
notarse aquellas tiernas palabras que expresa en los últimos 
párrafos de su carta, diciendo (cque no ignora que la ayuda de 
estos dos PP. es n^uy necesaria para la Misión de Guatemala, 
y que por tanto ha dispuesto enviar dos PP. de aquella pro- 
vincia Romana para suplirlos y que se iban á embarcar ya 
cuanto antes». Y después poniéndose en mi lugar, y reflexio- 
nando las molestias que me puede causar esta mudanza de 
sujetos, me dice así N. Rmo. P.: «Acaso V. R. temerá algunas 
molestias de estas mudanzas; pero no se aflija y ponga su 
confianza en. Dios, que no abandona á los que esperan en Él». 
Y luego sigue diciendo: «Nosotros desde aquí procuraremos 
socorrer en tiempo oportuno las necesidades de esa Misión, 
cuyo feliz progreso ardientemente deseamos». 

Imi vista ;de todo e^to, dejo ahora á la consideración de 
^'. E. la responsabilidad que tendría yo, si me excusase de 
obedecer, y el cargo que se me haría por haber detenido aquí 
un sujeto que va á ser el alma de toda aquella Misión, sobrp 



416 APÉNDICES 



todo cuando X* Rmo. P. sabe bien nuestras circunstancias^ y 
haciéndose cargo de todo tiene la consideración de enviar dos 
sujetos de la Pj-ovincia Romana para reemplazar á los dos. 
que deben salir de aquí. Yo pienso delante de Dios^ Sr. Minis- 
tro^ que en este caso nó hay lugar á epiqueyas, ni á interpi'e- 
taciones benignas sobre la voluntad del Superior, á quien 
tengo en lugar de Jesucristo; antes bien, me atrevo á afirmar 
quC'Si yo admitiese algún pretexto para eludir esta obediencia, 
merecería ser depuesto del cargo que tengo, aunque indigno. 
Porque no se trata aquí ya de tcashidar á un sujeto á otra 
República para regentar una cátedra q desempeñar el pulpito 
cuadragesimal/ sino que se trata de enviar allá un Pa(ire ({ue 
va á ser el alma de una misión entera, que va á gobernar y 
dar vida á los operarios de aquella vifia de Jesucristo, y qu(^ 
formará celosos y vigilan les, pastores, para cuidar aquelln 
porción escogida de. Israel. Si miramos solamente á nuQstn^ 
campo no dudo qiie todos sentirán como yo lo 5;¡erfto, la pói- 
dida de un P. ({ue por sus virtudes y tálenteos era un jírecioso 
ornamento de^e^ta Misión, y actualmente n>i braz(í derecho 
para el gobierno de este Colegio; mas si nos trasladamos con 
ol e=>ptritu*á aquellas regiones del Paraguay y lijamos nues- 
tros ojos en a(|ucl campo consagrando con las plantas y regado 
con el sudor de nuestros antiguos PP. en el cual se* criaron 
en otro tiempo millares de neófitos, que fueron la, exprc^i mi 
más viva de la IgFesia primitiva; si consideramos que c>ic 
P. lleva la misión excelsa de renovar aquella í*a/. y i-estituií'la 
á ^us antiguas. glorias, quiéJi se detiene, Sr. Ministro, en cosas 
tan mínimas? Dejemos libre á. este Apóstol de Cristo, y no 
nmni'romos los pie8 que van á evangelizar \h pa)^ á muchas 
tribus y [íuoblos. Dejémosle que vaya muy enhorabuena á 
alegrar con su presencia aquellas largas riberas del Paraná .y 
(le Pinta, y (jup encienda cí fuego santo qu^ el Hijo de Dios 
liiijo del cielo, srMíre aquellas incultas y 'extensas pan>pas (juc 
;;iinen hoy bajo la ferocidad y barbarie de aquelfcis tribus sííI- 
vaje^. Guatemala siempre tendrá la gloria de haber alimen- 
tado eii su seno á éste gran siervo de Dios, y de habers<=> 
nprovoí^liado do ^us palabi-n-í \ f^jomplo. 



APÉNDICES 417 



No dudo^ Sr. Ministro, que V. E. penetrado como está de 
nuestro espíritu y modo de proceder, conocerá muy bien cuan 
sagrada y santa es nuestra obediencia, sobre todo en casos de 
tan alta transcen.dencia, como es el presente: y así mismo espero 
que el Exmo. Sr. Presidente no llevará á mal que yo llene por 
ahora, sin restricción alguna, los deseos de mis Superiores, y 
cumpla exactamente con sus disposiciones. 

Entre tanto quedamos aquí los demás para llevar adelante 
la obra comenzada, según nuestras pobres fuerzas, confiados 
en el auxilio de Dios: quedando con todas las considornriones 
de respeto y aprecio, 

De V. E. affmo. y humilde S. en J. C. O. B. S. M., 

Francisco Xav. Hernáez 

de la Comp." d«í Jesus. 

Fll Presidente de Guatemala contesta al M. R. P. General 
Pedro Becks. 

Guatemala, Julio 2 de 1861. 

M. R. Padre: 
He recibido con mucho aprecio la afectuosa carta que me 
escribe V. R. con motivo de la manifestación que le hizo el 
Marqués de Lorenzana sobre los sentimientos que animaban 
al vecindario de esta ciudad, y de los cuales participaba yo, con 
ocasión de haberse dispuesto que el muy apreciable P. Suárez 
saliese de ella destinado á la Confederación Argentina. 

Aprecio debidamente las explicaciones que V. R. me hace, 
y comprendo muy bien los poderosos motivos que tuvo la 
traslación del P. Suárez, los cuales expuso el muy respetable 
P. Hernáez, respondiendo á los deseos que se le manifestaron 
de mi parte con la mayor atención, y el grande afecto é interés 
([ue tiene por este país. Comprendí también desde entonces el 
delicado deber que pesaba sobre el mismo P. y que no le per- 
mitió diferir el cumplimiento de las órdenes de su Superioi-, 
aunque no dudase, como también yo lo esperaba y V. R. me lo 
confirma ahora, que no sería desaprobada su conducta, en el 
caso de que hubiese podido suspender su ejecución. 



418 APÉNDICES 



Por lo demás quedo sumamente satisfecho del particular y 
distinguido interés que V. R. tiene por la Misión de Guatemala, 
y cuento con que seguirá reforzándola como ha comenzado ya 
á hacerlo. Considero un deber de mi parte expresar con esta 
ocasión á V. R. la gratitud de este país por los bienes que recibe 
de la Compañía en general^ y de cada uno de los PP. en parti- 
cular^ que se emplean infatigablemente en su santo y benéfico 
ministerio^ y son el ejemplo de nuestro rloro poi- su abne^ta- 
ción^ virtudes y ciencia. 

Puede V. R. contar con que tendrán en toda circunstancia 
mi protección^ como tienen el amor y respeto del público; y 
puedo asegurar á V. R. que los sentimientos manifestados coi» 
motivo de la ausencia del muy respetable y querido P. Suárez, 
se manifestarían por los demás PP. de esta misión. 

Ruegue V.R. á Dios porque continúe dispensando su pro- 
tección á este país y me dé acierto para conducirme en su go- 
bierno. Enti-e tanto yo espero qne conserve a \\ R. y le dé Jarcios 
y felices díós. 

Ihifael Carrtr<i 

í.a tarta á que se retiere la anterior decía asi. 

Roma, 4 de Mayo de lísoi. 

IvMiK». Si. Presiden le: Vnv medro del Sr. Manjués de Lo- 
renzana, Ministi-o de esa Rcpúblicí» en esta Corle, he sabi<ló el 
sentimiento que ha debido causar <i los 'habito n tes de Guate- 
mala la salida del V. Joaquín Suárez con destino* á la Confe- 
deración Argentina, y el temor que algunos al>r¡gaban de que 
esta medida pudiese desagradar á V. K. habiendo manifestado 
el deseo de qup se suspendiese esta niedida.hastíj que se reci- 
biera en esa la contestación á la nota pasada al Sr. Ministrt» 
de la República sobre esta materia. .' " 

Esta disposición, Exmo. Sr., había sido tpmuda eH vista 
de la necesidad que había de enviar á^aConfedwación Ai'gón- 
tina un Padi-e que, coiiociendo bien las costumbres y particu- 
lares circunstancias de América, fuera capaz de dirigir los tra- 
bajos apostólicos* de los PP. pun lados últimamente á aquella 



APMNDICE.S U9 



Misión. Se escribió últiniünieilte al P. Sup(;írior de Guatemala, 
para que enviase sin demora al P. Suárez A su nuevo destino; 
y A'. E. que conoce que en toda sociedad bien organizada^ la 
autoridad debe ser el móvil de los subordinados, sabrá apre- 
ciar los motivos que han inducido al P. Superior á dar desde 
luego cumplimiento á la orden recibida. 

Es verdad que el Sr. Ministro de Relaciones interpuso su 
autoridad para que[ se suspencliera el \iaje del mencionado 
Padre; poro debe tenerse presente que, curmdo de affuí s¿ co- 
municó la ordea referida, no se podía tener noticia de lasditi- 
cultades.quQ después se haft suscitado, y por consiguiente, no 
pudo haber desateación á las autoridades de.esa República. En 
efecto, cuando el Sr. Marqués de Lorenzana me manifestó los 
deseos del Sr. Ministró de Relaciones de que no salieran de 
esa República los PP. Suárez y San Román, ya estaba comu- 
nicada con algunas semanas de anticipación la orden relati^a 
al P. Suárez, y no se podía revocar antes que surtiera efecto; 
y en carta dirigida al mismo Sr. Marqués, expuse el vivo de- 
seo ((ue me anima de que no sufran menoscabo alguno los 
intereses de la Misión de Guatemala, y las cíicaces medidas 
que se habían |)revianuM)lo ndo))tado j)ara conseguir este resul- 
tado. 

Por lo demás, si el P, Superior hubiera suspendido la eje- 
cución déla orden comunicada al referido Padre, para dar de 
este modo una prueba de deferencia á V. E. y de gratitud por 
la protección que no^ dispensa, yo no hubiera ciertamente 
improba do' su modo de proceder. 

Espero, Excmo. Sr., que las explicaciones que preceden 
probarán á V. E. qufe en este asunto la Compañía ha procedido 
con toda rectitud, y no creyendo faltaren lo más mínimo á las 
autoridades de esa República: yo, por mi parte veo en los pasos 
dados para detener e\i esa Repúl)lica al P. Suái-ez una prueba 
evidente do la gratitud y afecto con que k)S habitantes de Gua- 
teínalá honran á los PP. de la Compañía, y estas mismas 
simpatías son para mí un poderoso irrcentivo para promover 
en cuanto esté de mi parte los intereses de esa fioreciente 
Misión, etc. 



120 APÉNDICES 



yv.yyJl 



CARTA 

t 

del General Nlosquera al R. F*. Juan Roothiaan. 



Santiago de Chile, d3 de Diciembre de 1843. 
Mi respetado P. General: 

Hoy que sigue para Roma el. P. Cesáreo González, con el 
piadoso objeto de proporcionar .algunos P>lesiásticos de la 
Conij^afiía de Jesús para las misionas de esta República, mo 
cabe la salisfacííión de escribir A V/ R. felicitándolo por el 
progreso que tiene la Compañía de Jesús, durante su Genera- 
lato. En medio de tantas atenciones y relaciones, apenas re- 
cordan» W H. la ópoca en que nos CQnocimos, el año de 1832, 
cuando estuve en Roma,.) me pi*esent<> el P. Peña. Siempre 
he recordado con gusto aquella oportunidad, y la dejiabev ní- 
sitado los primeíos establecimientos de un« ()rden (|ue hft hf- 
clio y hiwíx grandes "bienes á ki humanidad. 

Mi hermano el 3i*. MtMiuol M. Mos(|uera que siguió* á es^ 
capital del orbe cristiano como agente del Gobierno de .>íueva 
Granada, j>ara aiM-eglar la venida de los Jesuitas á esa Repú- 
blica, habla informado á V. R. del buen espíritu que anima á 
mis compatriotas para restablecer la corpoi'ación que tantos 
bienes espirituales. proporcionó á los Americanos. E)espués de 
una revolución de treinta anos, era necesario (|ue se sintiese 
la relajación de los lazos sociales y del espíritu de caridad, 
que se paralizasen las conquistas de la religión sobre los infie- 
les y se adulterase lasaña ¡nstruccióu y la educación moral. Kn 
tales conflictos los honlbres de sano juicio han ocurrido á la 
fuente, origen fecundo do felicidad, que es la religión: y entre 
oíros recursos, el de solicitarla venida de varones fuertes, 



Ai'».i.M)n lúN 421 



para combatir con la impiedad, la relajación y la ignoran- 
cia. Toca (x V. R. como uno de los ministros del Altísimo ayu- 
dar al Padre de los fieles, que desde esa capital vuelve sus 
ojos á nosotros, para que se mantenga pura la fe de nuestros 
antepasados; y toca á V. R. ayudar á los Rdos. Obispos de la 
América del Sur en la propagación de la te, y mantenimiento 
déla religión católica. Sé que estos son los deberes y senti- 
mientos de V. R. y que yo no tengo ni voz, ni derechos para 
recomendar lo mismo; pero, colocado en un lugar distinguido 
en la sociedad sud-americana, me creo también en el deber 
de contribuir con mis votos, ó con mi grano de arena, á levan- 
tar el edificio que delDC servir para colocar el tabernáculo 
donde se adore al Dios de la paz y de la caridad; al Dios justo, 
misericordioso y vengador. 

Supongo que V. R. habrá leido los diferentes trabajos que 
se han publicado en Bogotá sobre la Compañía de Jesús, y es- 
pecialmente los de mi hermano el Arzobispo de aquella ar- 
chidiócesis, y por esto no hablaré de ellos. En cuanto á esto 
país, el P. González que es carta viva, hará muy satisfactorios 
informes, y presentará á V. R. un cuadro fiel del estado reli- 
gioso del país, de sus progresos y de los riesgos que corre 
esta sociedad, si en tiempo no se pone un dique á la inunda- 
ción de malas doctrinas. Uniendo mis deseos á los de los 
buenos Chilenos, que miro como á mis compatriotas, me atre- 
vo a recomendar a V. R. la comisión del P. González, para 
que sepa yo al menos que regresa con algunos colaboradores, 
á trabajar por la dicha eterna de estos habitantes. 

Reciba V. R. mis respetos y consideraciones como uno 
de sus obedientes servidores, 

T. C. de Mosquera. 



422 APÉNDICES 



CORRESPONDENCIA 

de los Gt;iit;i ctit;» H.!S|jiri€i y Xlosquera. 



\'éase como se expresaban los dos Jetes de los ejércitos 
Ix'ligerantes. Mosquera eii carta fecha en' «Los Arboles» el 9 
de Mayo^ enviando al General Espina un decreto de amnistía, 
comd quien ^e ^litulíiba' Presidente Provisorio, decía entr»' 
otras cosas: «Son muchas ya las víctimas (pie se han inmo- 
lado alcapricho y obstinación del círculo oficial de Bogotñ^ 
pues sólo en el campo de Santa Bárbdra quedaron el 25 del 
pasado como 400 cadáveres del ejército de vuestro mando, 
habiendo tenido yo que dar sepultura á fn^chos de ellos junto 
con los de mi ejército porque las comisiones que mandó vues-. 
tro antecesor no alcanzaron li entormrlos. Él Gobernador de 
este estadx) Sr. Pedro Gutiérrez -Lee ha muerto, y yo perdí en 
dicha funci('>n de ai*mas 124 inrlivíduos entre jefes, oficiales > 
(•raso do tropa. ;So*(|Uorrá tmlavía se¿;:ar la vida de otros Gra- 
nadinos por dar luibulo A innobles pasiones^ Si no esUivier.i 
tuoiHo con la incorporación del ejército dfel Norte al del .Sur, 
y so^ui'o de vencer al de vuestro m a mUi, al librarse /)ti*o com- 
Í)ate, no daría tíste paso; pues lauto por la calidad y número 
de los ej(:M*citós re\in idos*, como por su éntusiasipo y valor, no 
(ludo sacar triunfante el estandarte de lo federación, si no se 
(juioro aooptai' el medio (|üe* presento para la terminñción de 
o-;ta contienda fratricida...» ' ; ^. 

A esta carta contostaba el General Espina desude, el ruai- 
tol general situado en /(el Corso» ^ *17> del mismo mes: 1 i 
última de sus nota^ es remisoria de un decreto expedido por 
\\ c^^\^ (^1 títíilo (h^ nmni^fÍM. IoiioI'.iihIo (jiié ¡nrlivídiios híiv.i n 



-p¿ndicé:ííí 423 



podido cometer delitos cuyo juzgamiento y castigo correspon- 
da ala .revolución^ .me he visto én la imposibiJidad de dar 
curso al sobredicho decreto. Comprendo perfectamente que 
actos de estU . díase emanen de autoridades legítimamente 
constituidas^ cuando pudiendó castigar prefieren por consi- 
deraciones de humanidad ó de política otorgar gracia á los 
que se han hecho acreedores al castigo. Tal fué el expedido 
por el Poder Ejecutivo nacional el 30 del mes pasado^ que le 
fué enviado á V.^ y al que parece que debe contestar con el 
de que vengo haciendo referencia. 

El perdón del débil al fuerte envuelve un contrasentido 
que no se puede recibir enserio. La situación política y mi- 
litar.de.y. con respecto al Gobioiuio legítimo de su patria es 
demasiado clara para que pueda .ocultarse á un espíritu pers- 
picaz como el de V-T^a revolución está i^iuerta moralmente^ y 
ni aun contaría con el apoyo del ejército que V. manda^ si 
^^ no hubiera agotado y continuara agotando todos los re- 
cursos de su ingenio para evitar un combate en que tendrán 
que medirse las fuerzas de la revolución y las de la legitimidad. 
\\ ha podido ya calcular y pesar estas fuerzas: ni podría ex- 
plicarse de otro modo su conducta evasiva^ y ese plan de ba- 
talla reducido á evitarnos siempre detrás de parapetos^ ó en 
las cimas escarpadas de riscos inaccesibles. Semejante plan 
revela tanto más su situación^ cuanto más contrario es á los 
que V. aceptaba^ cuando á la cabeza de ejércitos como el que. 
yo actualmente mando^ buscaba V. sus enemigo^ lleno de fe 
en la causa qu^ defendía/y en el valor de los soldados á cuya 
lealtad ha estado siem^ire confiado en honor de la República. 
Yo habría recibido el decreto de V.- como un insulto^ si 
no comprendiera- lo difícil de la situación de un Jefe de revo- 
lución que^ viendo perdida su causa^. apela á estos arbitrios, 
para ocultar sus dificultades á los amigos/ á quienes espera 
alimentar todavía con ilusiones. Dios me ha concedido calma 
y sangre fría suficientes para comprender que con faltas de 
esta naturaleza hay que tropezar cuando se entra en el ca- 
mino que conduce á la lógica inexorable de los primeros 
extravíos. También me ha dado ha honradez bastante para 



424 APK-SDICES 



lamentarlos cordialmente^ y no ceso de rogarle que todavía 
ilumine el espíritu de V. y de ios que obcecados le acompa- 
ñan^ para que desista de la loca empresa de continuar una 
guerra en que habrán de sucumbir^ aumentando la ruina y el 
descrédito de su patria » 

Cordobés. Reminiscencias, T. III, pág. 60 y sigiiienies^^. 



XXIII 

CATÁZiOGO 

de los Jesuíta^ ezpulsados de la Nueva Granada el ano de 1661 



I*. Pablo de Blas, Superior. 

" José Alzóla. 

- Mario Cal)allieri. 

.. Félix (]iani])i. 

» J. Joa(iuiu (lotaiiilla. 

» Nicasio Kguilu/. 

» Manuel Fernández. 

' Ambrosio Fonseca. 

.» l)jiniel Gómez. 

.> Fausto Legarra. 

.. Benito Moral. 

n José Tclosforo Píuil. 

" \'¡í'oiite Hnmírez. 

" Félix Santisteban. 

•' Luis vSogui-a. 

' Anastasio Silva. 

•' K.nnón Silva. 

Estudiante: 
H. Luis Borda. 

" Antonio Briceño. 

>' Kulino del Castillo. 

' Uanión La Torre. 



APÍJNDIOKS 425 



H. Benigno Orbegozo. 

» Santiago Páramo. 

)) Juan Pons. 

•> Roberto Pozo. 

)) Francisco Pavón'. 

» Manuel Proa ño. 

» Mario Valenzuela. 

» Teódulo Vargas. 



xNovicios 



H. Zoilo Arjona. 

» Francisco Castañeda. 

» Ricardo De Francisco. 

)) Mariano Fajardo. 

» Wenceslao García. 

)) Gervasio Lora. 

» Daniel Quijano. 

)) Aurelio Racines. 

» Ramón Umaña. 

)) Francisco Urdaneta. 



Coadjutores 



H. Jesús Azuola. 

)) Miguel Fonseca. 

» Simón García. 

)) José Guarin. 

)) José M. Muguruza. 

)) Manuel Muñoz. 

í) Fructuoso Pedrasa. 

» Ulpiano Prada. 

)) Eladio Rojas. 

» José Saracco. 

») Luis Tama vo. 



Candidatos 



Francisco Bárrelo. 
Javier Junguito. 



426 apjínd'ice.s 



XXIV 

ENCICLiLA dl:^. b. PÍO IX 
al Episcopado XTeo^ranadlno 



A Xtro.v. \ \ lili Amuniu, AkZutiJí>t'u L»i ^ ! i I'.m , m \ 
\ V sus Sufragáneos de la República de la .\ul\ a ük añada 

PÍO P. IX 

\\ Hermano, Salud y bendición Apostólica 

Aflígenos gravísimo dolor y junlainentf ii vosolros, 
\ \ . HH. nos lameníamos al saber la manera descarada \ 
cruel con que la Iglesia Cal6lica.es atn<;ada, .trastornada \ 
atormentada por el Gobierno. en la Hejjública de la Nue\n 
Granada. Nos fallón palabras pora expre.so ría mucliedumbrc 
de atontados sacrilegos con (jue diclio Gobierno, injuriando 
gravísimamente ii Nos y á psta Silla Apostólica, se csíucrta on 
conculcar y destruir nuestra- Santísima Religión, sus veneran 
dos derecbpsvsu doctrina, su cuHiyj sus sa'grad<^)s ministros 
De dos años A esta parto principalmente ha publicado dicho 
Gobierno leyes y decretos crimiiialesjLMi gran manera contra- 
rios á la Autoridad de 1a. Iglesia Católica, á su doctrina y de- 
rechos. En estas leyes y 'decretos inicuos sobre toda pondera- 
ción^ entro otras cosas se prohibo á los ministros sagrados 
(^j(M"C(M* «'1 mini>if(M*io í^rjpsij'istií'd sin licencia do Ui autoridad 



.APiiNíJlCKS 12 < 



oivil; todos los bienes de la iglesia han sido usurpadoá y ven-^ 
didos, lo que ha privado de sus rentas á las Parroquias^ á los' 
religiosos de uno y otro sexQ^ al clero^ á los hospitales, á las 
casas de refugio, i\ las asociaciones piadosas, á los beneficios^ 
y liastn las caiíollanías de patronato, ('on estas injustísimas 
leyes y decretos es (íonil>a(ido de todo punto el legítimo dere- 
cho de adquirir y poseer que asiste á la Iglesia: se sanciona la 
libertad de todos los ciatos no católicos, se suprimen todSis 
las corporaciones religiosas de uno y otrosexo que moran en 
la Nueva Granada y se prohibe absolutamente su existencia. 
Se prohibe también la promulgación de todas las Letras y 
Rescriptos emanados de e3ta S. Sede Apostólica, y se impone 
la pena de destierro á los eclesiásticos, y la de multa y cárcel 
á los seglares que rehusaren obedecer semejantes órdenes. 
Además, por éstas detestables leyes y decretos se establece 
que sean castigados con la peiTa de destierro los miembros de 
uno y otro clero que rehusaren someterse á la ley relativa al 
despojo de los bienes de la Iglesia, y que los eclesiásticos en 
ninguna manera puedan desempeñar los deberes de su minis- 
terio, si antes no juran someterse á la Constitución de la Re-- 
pública de la Nueva Granada, y á todas aquellas leyes en 
tanto grado contrarias é.)\(x Iglesia, ya publicadas ó que en- 
adelante se publicaren; y en fin se impone la misnia pena de 
destierro á cuantos se negaren á prestar aquel ilícito é impío 
juramento. Fastas y otras muchas cosas injustas é impías que. 
nos causa repugnancia especificar han sido sancionadas con- 
tra la Iglesia por el Gobierno de la Nueva Granada, concul- 
cando todos los derechos divinos y humanos. 

Mas como vosotros, VV. fíH. según lo exigía vuestro es- 
tado y el honor de la religión y la virtud, no habéis cesado de 
oponeros constantemente ya de pal-abra, yá por escrito á tantos 
y tan inicuos atentados, ni de defender con valor la causa y 
los derechos de la Iglesia, dicho Gobierno no ha desistido 
tampoco de ensañarse contra vosotros y contra todos los ecle- 
siásticos. que os son adictos, y fieles á su ministerio y voca- 
ción, y contra todo lo que á la Iglesia pertenece. Por csfo casi 
todos vosotros halléis sido perseguidosde un modo lamentable,. 



4-26 APÉNDICE; 



aprisionados á mano armada^ separados violentamente de 
vuestros rebaños^ encarcelados^ lanzados al destierro, re- 
legados á regiones de clima mortífero: los eclesiásticos y reli- 
giosos que justamente se han opuesto á las malvadas órdenes 
del Gobierno, han sido puestos en prisión, ó se han visto 
obligados á pasar su vida en las selvas ó á morir en el des- 
tierro. Arrojadas brutal y cruelmente de sus* conventos las 
vírgenes consagradas á Dios y reducidas íí la ultima miseria 
fueron acogidas caritativamente por la piedad de los fieles, 
por extremo conmovidos de su tristísima situación; pero el 
Gobierno furioso por tal acto de humanidad las amenaza con 
In expulsión de ese último asilo, y con la dispersión. Los 
templos sagrados y los monasterios han- sido despojados, sa- 
queados, profanados y convertidos en cuarteles, robadas las 
vestiduras sagradas y los ornamentos, suprimido el culto 
divino, y el puebh) crislian(S huérfano de sus legítimos pasto 
res y miserablemente destituido de los auxilios de nuestra di- 
vinQ religión, se halla con grande aflicción de vosotros y nues- 
fi^a en gran peligro de su . eterna salvación. ¿Qué católico 
iniimado de sentimientos de humanidad no se lamentará al 
ver la gravísima y cruel persecución ron que el Gobierno de 
la Nueva Granada ataca A lá Iglesia fátólica, á su doctrina y 
autoridad, á las personas sagradas, y'lan tas injurias y afren- 
tas como intierp ú nuestra suprema j)olésla(l \ Vi "^ ' 
Apostólicaf 

Y es en extremo lamentabh', \ \ IIH. que pueda haber 
algunos eclesiásticos, que sometiéndose á las perversas leyes 
y decretos de dicho (iobierno, no hayan vacilado en favoie- 
cerle y prestrir,el ilícito juramento ya mencionado con trran- 
dísimo dolor nuestro, vuestro y de'todos los bueno- 

En vista, pues, de tanto estrago para la causa católica, 
de tanta i'uina para las almas. Nos atentos á nuestro apostó- 
lico cargo y en gran nianei*a solícitos por el bien de todas las 
Iglesias, y considerando como dirigidas, 6 Nos Jas palabras 
dichas en otra tiempo al Profeta, «clama, no ceses de clamar, 
eleva tu voí: como la de un clarín y anuncia (\ mi pueblo su¿ 
crimines, y A In casa de Jacob sus pecados»,* alzamos nuestj-a 



APÉNDICES 4-29 



VOZ apostólica en estas letras^ y nos quejanrios y gravemente 
reprobamos los inmensos danos é injurias inferidas por el 
Gobierno de la Nueva íiranada^ á la Iglesia, á sus bienes y 
personas sagradas y á esta Santa Sede. Y todo cuanto ya en 
esto, ya en todo lo demás concerniente á \A Iglesia y sus de- 
rechos se ha decretado, hecho ó de cualquier modo intentado 
por dicho Gobierno de Nueva Granada ó por sus magistrados 
subalternos, Nos con nuestra autoridad Apostólica lo repro- 
bamos y condenamos, y con la misma autoridad abrogamos 
y declaramos enteramente nulos y de ningún valor todas las 
mencionadas leyes y decretos. 

Por lo que hace á los autores de todos aquellos atentados 
encarecidamente les» rogamos en el Señor que abran por fin 
los ojos y consideren las. gravísimas heridas causadas á la 
Iglesia, y al mismo tiempo reflexionen y seriamente mediten 
las censuras y penas que las Constituciones Apostólicas y los 
Decretos de los Concilios generales imponen á los invasores 
de los derechos de la Iglesia en las cuales incurren ipso fado, 
y en consecuencia que tengan compasión de sus almas, no 
olvidando que «será muy rigurosa la cuenta que se tomará á 
los que mandan)). Amonestamos y exhortamos también á 
aquellos eclesiásticos que se han apartado de su deber favo- 
i-eciendo al Gobierno, que recordando su santa vocación, se 
apresuren á volver al camino de la justicia y de la verdad ó 
imiten el ejemplo de los que á pesar de haber desgraciada- 
mente caído, prestando el juramento de obediencia prescrito 
por el Gobierno, sin embargo con gran regocijo nuestro y de 
sus Prelados, tuvieron la gloria de retractar y condenar dicho 
jurarpento. 

Entre tanto os tributamos á vosotros, YV. HH. las bien 
merecidas alabanzas, porque trabajando como buenos solda- 
dos de Jesucristo, y peleando denodadamente en la palestra 
con singular constancia y fortaleza, en cuanto de vosotros ha 
dependido, Va de palabra, ya por medio de pastorales habéis 
defendido la causa de la Iglesia, y habéis atendido cuidado- 
samente á la salud de vuestro rebaño, para precaverle de las 
impías maquinaciones de los enemigos, y contra los peligros 



430 APÉNDICES 



que amenazan la religión sufriendo con fortaleza episcopal 
todo linaje de gravísimas injurias^ molestias y penalidades. 
En tal concepto no podemos dudar que continuareis con igual 
empeño^ como hasta ahora tan gloriosamente lo habéis hecho, 
defendiendo la causa de nuestra divina Religión v mirando 
por la salud de los fieles. 

Tributamos también los debidos elogios al clero de la Re- 
pública de la Nueva Granada que por ser fiel á su vocación, 
ndicto á Nos, á esta Cátedra de Pedro y á sus Pi*elados, dura- 
mente perseguido por la causa de la Iglesia, de la verdad \ l»^ 
la justicia ha sufrido y sufre.con i nVicta* paciencia todo género 
do malos tratamientos. . 

No podemos menos de admirar y alabará tantas vírgenes 
consagradas á Dios que, á pesar de, haber sido violentamente 
lanzadas de sus monasterios y reducidas á la última miseria, 
sin embargo' firmemeute unidas a su celestial Esposo, y so- 
brellevando con valor cristiano la miserable condición en que 
se encuentran^ no han cesado día y noche de levantar sus*co- 
razones. á Dios, y pedirle humilde y fervorosa menU^ por la 
snivnción de todos hasta de sus mismo*; perstiffuidores. Aplau- 
dirnos también al puL'b|o de la Repúbl¡<;a de Ja Nueva Gra- 
nada,» que ©n 8U inmensa moyoría poi^sevcra'eii .su,aiitigU(» 
amor, lidelidad, pospoto y obedieucia, á la Iglesia Católica, ñ 
X(»s, ñ esta Sede Aposlólicii y ú sus Pivlados. 

Poro no cesemos, A'\ . JIU. ¿le acudir con conhaii/. i <\\ 
trono de ladivina gVacia; jyidumos y supliquemos con humil- 
des y fervoroí^as oraciones a T Padre délas misericordias y 
Dios de todo consuelo que se levante y juzgue su í;ausa, libre 
á la Santa Iglesia *de tantas calamidades como por toda^ par- 
tios la uj mí men,. -la cpnsuole con. el auxilio oportuno, le cpn- 
codn clcniontísimamente en medio de. tantas adviM-sidades la 
paz y serenidad \íov taiito t¡em|)o deseada, se compadozra «!<' 
todos, según su gran miseriuordia, y haga f.on sU*oiuni|)o- 
t(Miie virtud que. todos los pueblos, gentes y naciones ^*onoz- 
cnn, adoren, teman. y amen con lodo su corazón, ron toda sh 
alma y con todo su gntendiniiento á El, á su Unigénito hijo 
Jesucristo Soñor nuestro juntamente V'on- su Santo •Espíritu. 



APÉNDICES t'i1 



para que observando religiosumen te todos sus divinos man- 
datos y preceptos^ canainen como hijos de la luz en toda bon- 
dad, justicia y verdad. 

Finalmente, como presagio de todos los dones celestiales 
y prenda ciertísima de nuestra especial benevolencia hacia 
vosotros, de lo intimo de nuestro corarón os damos amorosa^ 
mente nuestra bendición Apostólica á vosotros, VV. HH. y al 
rebaño á vuestra vigilaricia encomendado. 

Dada en Roma, en San Pedro el 17 de Setiembre de 1868, 
(](\ nuestro Pontificado el 18. 

Pío P. IX. 



XXV 

DETALLES CURIOSOS 

•OBRE LA ENTREGA' DEL COLEGIO DE SAN BARTOLOMÉ 



Trascurrieron algunos días hasta que Mosquera dictó el 
decreto sobre la tercera expulsión de. la Compañía de Jesús; 
su fecha 26 de Julio de 1861, y se publicó en el Registro oficial: 
se encuentra reproducido en la Recopilación de las actas del 
Gobierno provisorio, pág. .177, tomo I. 

Ese decreto demuestra' la injusticia ejecutada con los Je- 
suitas. Fué la primera comunidad atacada por las logias, con 
el parapeto del G. Mosquera, que era su gran maestre en eñe 
país. Él decía que á los Jesuítas era necesario alejarlos, pain 
intimidar y poder manejar al resto del clero. 

Con tal moti\o elCoronel Dr. Alejo Morales (|ue funciona- 
ba como Jefe Municipal, fué comisionado para recibir el Cole- 
gio de San Bartolomé, y una tarde, á las cinco próximamejite, 
se presentó para la diligencia, como lo. hjabía anunciado por 
una atenta esquela al P. Blas. Estaba yo con el Padre cuando 
el portero anunció la llegada. El Dr. Morales se sorprendi" 



432 APÉNDICES 



encontrándome allí^ y después de un saludo muy cortés, el Pa- 
dre hizo llamar al H. Saracco, que se presentó con el inventa- 
rio del Colegio, que el Dr. Morales tomó, lo estuvo hojeando, 
y se pasó á la mesa, tomó la pluma; cuando el Padre le pre- 
guntó qué deseaba, dijo que iba á poner el recibo. El Padre le 
dio las gracias y le manifestó que aún no podía hacerse eso, 
que era preciso que recorriese el Colegio y se cerciorara de la 
exactitud del inventario. — Morales me dijo: uDr. Peña, hága- 
me V. el favor de llenar en mi nombre los, deseos del R. Pa- 
dre». — Como el padre manifestó su aquiescencia, tomé el cua- 
derno y salí con el H. Saracco, fuimos á la Biblioteca, y como 
á las seis p. m. volví informándole aque todo estaba al corrien- 
te», se puso de pié, y sin decir una palabra, firmó el recibo. 

Siguió la .conversación sobre el deci^eto de expulsión y los 
motivos por que se había dictado: habló sobre ol voto de obe- 
diencia, pero de una manera tan absurda y exagerada, íjuo ol 
Padre le contestaba con mucha lisa, pero muy al grano. Como 
á las seis y media, al despedirse, el Padi*e le preguntó cuántos 
niños tenía: tiró del cajón de la mesa, sacó uimis camándulas 
y unas estampas y se las regaló; alDr. Mondes le colocó en el 
cuello sobre la levita una camándula grande con estampa. — 
Morales siguió conversando, se miraba la camándula, hasta 
que al fin, al despedii'se. se la quitó, la guardó, y dando las 
gra(!Ías al Padre se fué: acompañárnosle hasta la puert¿i... Al 
día siguiente fui á llevarle á la oficina la lista para expedirlos 
pasaportes, como el Padre se lo había exigido. — Me manifestó 
loco entusiasmo por los Jesuitas, diciéndome que «(¡ué podría 
hacer para impedir la expulsión». Yo le contesté que el único 
il^edio sería obtener del 01. Mosquera que la difiriera por unos 
cuatro meses, pues era seguro que para entonces, pasado o I 
furor primei-o, se obtendría la derogatoria del decitito. Quedó 
de hablar con algunos, y fuei'on á los dos días el Di*. Cnrlos 
Martin con algún otro á proponerle al P. Paúl que se (juedanuí 
como clérigos todos los Jesuitas Granadinos, pl Padre les con- 
testó negándose redondamente aun a indicarlo á lus demás, 
pues si ellos no habían roinetido fnlta'í, ]«">< PP. ♦^xtranj^roc 
tampoco, y viceversa... 



APÉMUCBS [:)•] 



E^ Dr. Morales le propuso al Géneiul Mosquera por indi- 
cación del Ministra francés, Barón de'Gaury, que tuviera unn 
conferencia con el P.. Blas, para ver si poflía evitarse la ex- 
pulsión; pero Mosquera se negí) diciendo: «([ue si se ponía en 
conferencias con los JeSuitas^ corría riesgo de profesar él en 
la (lonipañía, pn(>s los conocía iimclio)). El Barón ofreció al 
Padre su intervención, [)uesto ((ue los Josuitas italianos' y es^ 
f)añoles estaban bajo la protección de la batidera de Francia. 
Kl P. Blas nO' (juiso aceptar este camino de (Complicaciones, 
((ue tal Vez hubieran servido. 

El único ((ue se cjuedó fue el P. Na\ni'i-clc... Se le ex[)idie- 
i'(m sus dimisorias, y quedó extrañado de la ('ompañía... Pei- 
mancció en Bogotá mal mii'ado, se (¡uedó .aislado y pronto se 
hió j)nrn Popnyaii... 

De l(íi> rnemorlas y/¿,K. d<' l>. ./. N. reña. 




ZXTDZCE 



LIBRO PRIjMERO 



RK Kl^^MlTN ^V X¿>:í< 



if^.'í M it^r> í 



1. La Antigua Guatemahi.— 2. Líi Xiieva Guatcjiíala.— 3. Petición 
á las Cortes de 1810.— 4. Cédula' de Fernando VII. Junta de restableci- 
miento.— 5. La Independencia: 1821.-6. Los partidos políticos.— 7. Mo- 
razan: 1829.— 8. Carrera: 1837.— 9. Xüevos esíuerzos para traer la Com- 
pañía.— 10 Decreto de la Asamblea llamando á la Compañía. 1843.— 
11. Trabajos preparatorios. --12. El nuevo Arzobispo.— 13. Intrigas 
liberales contra la Compañía.— 14. Lucha del Sr. Arzobispo con los 
liberales.— 15. Triste desenlace.— 16. Despedida del P. Walle.— 17. Jus- 
ta indio-nación.— 18. Predicción del P. Walle.— 19. Guatemala hasta 
1851.— 20. Xuevas gestiones para traer la Compañía.— 21. Salen de 
Jamaica los Fimdadores de la Misión de Guatemala.— 22. En el Puerto 
de Izabal.— 23. En la Capital.— 24. Restablecimiento legal'.— 25. Misión 
en la Catedral.— 26, Fiesta de San Ignacio.— 27. Iglesia ycasa para los 
PP. El Seminario.— 28. Apertura del curso.— 29. Jamaica y el Ecua- 
dor.— 30. Las Navidades.— 31. Llega el P. Visitador con sus Compañe- 
ros.— 32. Misión en la Antigua.— 33. La' primera Congregación. Mes de 
María.^34. Fiesta de San Luis.— 35. Nuevos operarios. Fiesta titular. 
—36. Fin del curso.— 37. El B. Pedro Claver.— 38. Segundo curso.— 
39. El Noviciado.— 40. Congregación de Señoras.— 41. Expulsión de los 
PP. del Ecuador.— 42. De Quito á Panamá.— 43. De Panamá á Grana- 
da.— 44. Excursiones apostólicas.— 45. De Granada á Guatemala.— 
46. El R. P. Roothaan.— 47. La Merced.— 48. Oposición. Fr. Pedro 



430 ÍXDICE 



Godinez.— 49. Obra en el Seminario.— 50. Disposiciones del P. Gil.- 
51. -r Viaje del P. Gil y Compañeros.— 52. Deuda de gratitud. 



LTRRO SECUNDO 



1. "Nuevo Superior.— 2. \uevo régimen escolar.— 3. El Fuerte de 
San José. -4. Misione^ á loa Altos.— 5. Los PP. Freiré y Bujan.— o. El 
Gobierno y los Jesuítas.- 7. Vuelta de los Misioneros.— 8. Méjico.— 9. 
El P. Piquer.— 10. El P. Saurí.— 11. Semana Santa. Buena muerte.— 12. 
Nuevos au\iliare.s.— 13. Instalación d^ la Acadtrtiia literaria.— 14. Cul- 
to divino. -15. ün conflicto.— U). Fin del curso,— 17. Muertes sensible>. 
— 18. Jubileo universal.— 19. VLsitn canónica.— 2t^. Muerte del P. Puja 
das.— 21.TraslaciuH del Noviciado.— 22. D. N|anuel Francisco Pavón. 
23. Nuevas Conpeiíaciones.— 24. El Dogma deia Inmaculada.— 25. El 
Seminario.— 26.. Liwinsíiton.— 27. L« Verapíú.— 2S. Pro^tresos del Se- 
minario.— 29. EJ H.. Pablo Tirado. -30. Mini.stenos.-31. tos í>res. Obis- 
pos.— 32. Muerte del P. Amorós.Sli elo«xio.-33. Grados y E.\ámene>. 
- 34. Misiones.— 35. Residencia en.Que2altenango.— 3b. Carta del Padn 
Blas.— 37. Misfón en los cuarteles.— 38. , El* c'ólera ep Guatemala. 
39. El voto. -40. Fin del curso. 41. Quizaltenani^o y Li\viTiK«iton. 
12. La Nueva Granada. -43. Son llamado^, lo^ PP. -44. Muerte del 
H. Pares. 



LIHKO TERCBRO 



l. La Residencia de Belén -2. Las otras casas.— 3. Llegada á Bo- 
i>ütá.— 4. Petición de Pasto..— 5. Instalación del "Noviciado.— 6. Misio- 
nes.— 7. Muerte del I^. Francisco García L.^8/Muerte del P. Francis 
co Coca. *^. Nuevas peticiones.— 10. Seirunda expedición A la Nueva 
Granada.- 11. El Cok do de San Bartolomé.— 12. Fin del curso en 



ÍNDICE 1. 



Guatemalíi.— 13. Conferencias y Misiones.— 14. La Merced y el Semi- 
nario.— 15. Sucesos de los PP. de Boí^otá.— 16. Una carta del P. Her- 
náez.— 17. Liwingston.— 18. Los Arcos y las Nubes.— 19. Prosperidad de 
Guatemala.— 20. Sección de Bachilleres.— 21. Los Colegios de Tunja y 
Bog'otíl.- 22. Visita Pastoral.— 2v3. Guerra civil en la Nueva Granada. 
—24. La Asamblea de Boyacá.— 25. Fin del año" de 1850.— 26. Contra- 
riedades.— 27. División de las Misiones. -28. Las fincas.— 29. El H. Luis 
Scrarols.— %. Los triunfos de Mosquera.— 31. Primicias del. triunfo.- 
'A2. E\ plan y su ejecución.— ví3. Decreto de expulsión.— v34. La íntima 
ci(')n.- 35. La despedida. Bienes de los Jesuitas.— 35. En Cartaiicna. 
37. Protesta de Msg- Ledokows}<i.— 38. De Cartagena á Guatemala.— 
39. Casos prodigiosos.— 40. 1;1 H. Rafael Salazar.— 41. Ejercicios del 
Clero.— 42. La Capilla de las nubes.— 43. Resumen. 



"<mB^' 



I;>s i \' usen 



AFEXTDZCSS 



Página? 

J. lüegííi ücl F. Rafael Landivar á las ruinas dt- la 

Antioua Guatemala ^ . •. . . .>4i 

li. La Gaceta Oñcial de Guatemala, núm. llO y si- 
guientes :4J 

III. La Colonia Belga 348 

IV. Memoria dirigida al Gobierno por el Clero y prin- 

cipales vecinos; •....:...,...... i'. I 

\ . Invitación para dar un subsidio, para establecer la 

buena enseñanza .... -(M) 

VI. Instrucciones dadas al P. > -^ - I. W iH 

Secretario de la junta .<>Q 

\ 11. Carta del Arzobispo de Guatemala al K^ I*. Juan 

Roothaan.. *.".......,.'... i. .*...-.. . CJ 

\ 111. Caita del' Presidente* D. Mariano Ribera .Paz al 

mismo P. General. . *...'. ;74 

IX.*, Decretrt del 8 de Mayo de \HI'k 'o 

X.' Ctirta del. I*. Walle ál R. p. Roothaan. :7s 

.\'l. Memoria'del Sr. Canór-- M i-^^- \i 

al P. Ignacio Lerdo S4 

XI 1. Ivxposicií'm del Arzobispo al í;obiei;u> jjc Guale 

mala.. ,.......*....;..•. .* -^^ 

XIII. Carta ül Sr. Vicario Aposióíícó de JamAíi : >*J 

.\I\'. Contrato sobre el Seminario., i"* ^M 

XW Catálogo de los PP. y Kll. expulsados del Rciiador. 39íi 

XVI. Adiós de García Moreno •. '. >S 

.W'll. Carta del Ministro de R,' • --- 

.Marqués de Lorenzann KK> 

XVUl. Llogiodel P. Luis Amorús 403 

XIX. Oocumentos snbn el CoK-zio d<^ la República del 

Salvador KIS 
\X. CíM'respondencia con el ooDicino sobre. ei ^- Joa- 
quín Suárez.. .*. ..••.-..*......'.'.• u:¡ 

XXI. Carta de Mosquera al P. Roothíum 42<» 

\'\11. CorrespondeniM'a ih^ «'^^ Cot-.,,- ,i... f^w.^ir. . v \í-... 

quera \'¿'2 



j\ 1)1(1 :, ! V* 

XXIll, Ciit¿Uoi;;o de los PI\ y HH. expulsados de la Xueva 

Granada 4'J4 

XXR'. Hncíclica de Pío IX al Episcopado Granadino. . . . 426 
XX\'. Detalléis curiosos en la £ntr.Cí:ra del Coleirio de San 

P)Mrtolonié \'M 



rOTOqií/lSrlí'OS r H/^I^OS 



Página^ 

La Ermita del Carmen 14 

La Catedral de Guatemala 72 

El M. R. P. Juan Roothaan, General de la Compañía 131 

lolesia de la Merced 134 

Planos del Seminario de Guatemala... 143 

El R. P. Manuel Gil.. 14h 

Lm Choza de indíííenas 214 

Planta baja del Colegio de San Bartolomé 2<iS 

El interior del Seminario de Guatemala 271