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Full text of "La Ilustración Guatemalteca"


REVJST4 OuNítNl 



Año II. No. 26 

SUMARIO 

PAO! NA 

Cajas de Ahorros 15-16 

Flora. Casimiro Prieto 16-19 

Don Antonio Cánovas dkl Castillo 20 

Una rara Confesión. José i.uis Vega B 21-24 

IL DOLCB 1 AKMl NTE. José C. MÍXCO L 35 

Kn el Mar. G A. Martínez 25 

I.a llave Misteriosa. J, A. SoffiA. 25 

Nuestros C.rahauos 26 

de aquí v de allá 26 

América Latina 27 

Resumen Quincenal, a. Maeíasdel Real 

Revista Hi-rsatil 

GRABAD! »s 

Don Antonio Cánovas del Castillo. Pasaje de Sau 
Carlos, Santiago de Chile. Kiosco del Parque Cen- 

tral, San Salvador. Composición de a. G. Valdea- 

vellatm Aduana de I.ivin^ston y Kanchas del l-'erro- 
eanil Pergpaz, Ki Río Polocnlc. Alta rerapa*, i.a 
Catedral de Costa Rica. Otilia y ronito Saravia. 

Municipalidad Indígena, Quezaltenailgo. 



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/..-/ //.CSTKAC/ON DEL PACIFICO 



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Diario, Mayor y Caja, de $4-5° á $60 el juego. 

Libros de Planillas para Hincas, de diez dife- 
rentes tamaños y diseños. 

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según diseño. 

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y en papel español. 

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Comercio : Diario, Mayor y Caja, a $1.50 
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RAYADOS I Se ha ven á /a orden // al 

IMPRESIONES .... gusto del interesado. 
ENCUADERNACIÓNES . ) Talleres: 4a Are. Sur No. /. 

Papelería de Síguere, Guirola & Cía. 



$15 ejemplar^ 

Se vende un número ¡imitado de ejem- 
plares del primer tomo de 

La Ilustración Guatemalteca 

elegantemente encuadernado. 

Papelería de Síguere. Guirola & Cía. 



Agentes de " La Ilustración del Pacifico" 

Ramón Guzmán Quezal tena ngo 

(Felui|tieri:i de Londj 

José Gallegos Antigua 

Liólo. Manuel Mufle? Cobán 

Lamlelino González I.ivingston 

Antonio l-'ont San José de Costil Rica 

José D. Corpcño Ban Salvadoi 

Antonio Tejeda A., Agente Viajante. 




1a Ilustración del Pacifico 







Año II. 



Guatemala, 15 de Agosto de 1897. 



No. 26 



REVISTA QUINCENAL 

Síguere, Guiropa & Cía., Editores Propietarios 

Oficinas v Talleres: 4a. Avenida Sur No. i. 

Suscripción : Un año en la República, pago adelantado.,. .$10.00 

" " en el Exterior " " .... 12.00 

Número suelto 50 centavos. 

L.a Suscripción puede comenzar en cualquier época. 

Todo pago precisamente adelantado. 

Correspondencia : Para todo lo relativo á la Redacción y Ad- 
ministración económica, dirigirse á los Editores, 
SÍGUERE, GUIROLA & CÍA. 
Apartado de Correo No. 12. Guatemala, C. A. 

No se devuelven los originales que se nos remitan. 

(£ajas be Clfyovvos. 

/fe*¡4>OS hechos presentes son lógica conse- 
ja cuencia de los anteriores, por eso hay 
^X 1 ue remontarse á las causas primitivas, 
para no hacer deducciones falsas, nacidas por 
creer principal, lo que no es sino un accidente. 

Sin duda que el hecho de exportar unos 
cuantos millones menos de lo que se importa, 
es uno de los motivos del alza tan aterradora 
de los cambios. 

El uso de lo supérfluo convertido en indis- 
psusable por la influencia del medio ambiente, 
por no saber castigar las pasiones que excitan 
á ocupar un nivel imposible de sostener por 
mucho tiempo; el sibaritismo mal sano y per- 
turbador, creado por la inversión de los capi- 
tales superabundantes por el alza de los precios 
del café, se ha intentado hacer consuetudi- 
nario; he aquí el mal. 

Precisa educar en la economía y en el ahorro 
lo mismo á las clases populares que á las ele- 
vadas : dejar de caminar descalzo para ir cal- 
zado, suprimir el andar á pie por ir en carruaje, 



encontrar ordinario todo lo que no sea brillantes 
ó sedas; esto de la noche á la mañana, sola- 
mente por haber tenido unos pesos ociosos en 
una época determinada y anormal, trae funestas 
consecuencias. 

Hoy llamamos crisis, á la baja de los precios, 
ó en otras palabras, al encarecimiento del 
dinero; en la Edad Media, se llamaban epide- 
mias de hambre ; los antiguos las atenuaban, 
ora con sus leyes agrarias, ora con sus jubileos 
socialistas. En fin, siempre hubo vacas flacas 
y espigas mustias después de la abundancia ; 
si bien es cierto que no han faltado profetas 
cual José, no abundaron Pharaones dispuestos 
á tomar las medidas necesarias para disminuir 
los calamitosos efectos de las alternativas 
bruscas. 

Educar á la infancia en la economía por 
medio de esas instituciones benéficas llamadas 
"Caja de Ahorros Escolares," es uno de los 
deberes de los gobernantes, que impiden á la 
larga los males citados. 

Los Bancos de Penique, fundados por Mr. 
J. Scott, enseñando al pequeñuelo en la escuela 
á separar una mínima cantidad de lo que sus 
padres y amigos les dan para sus dulces y 
juguetes, han realizado más beneficios que 
todas las predicaciones encaminadas á dismi- 
nuir los hábitos de disipación en el hombre, 
cuando ha llegado á la edad adulta. 

A muchos centenares de miles de pesos, 
ascienden los depósitos que los alumnos de las 
escuelas públicas tienen acumulados, y que les 
reditúan un interés del tres por ciento anual. 
Inútil es manifestar que los gastos de adminis- 
tración son gratuitos; á no ser de esta manera 



i6 



LA ILUSTRACIÓN DEL PACIFICO 



es imposible que capitales pequeños, pu 
suben individualmente á un peso, pu dan ser 
cargados por 1" os de una contabilidad 

minuciosa. 

Hacer que en el corto vocabulario infantil 
figuren las palabras de guardar, hucha, para 
otro día, algo para el desgraciado niño chino 
ido por la Sania Infancia, ó para el 
huérfano del militar muerto en campaña por 
salvar el honor d 2 la patria, es algo tau grande 
que bien merece el esfuerzo colectivo para 
lograrlo. 

l'nir la previsión á ideales nobles da al 
ahorro todas las ventajas, quitándole el incon- 
veniente de exageraciones que pudieran en- 
gendrar egoísmos. 

El hoy niño, en el porvenir será padre de 
familia, y, con su ejemplo enseñará más que 
con todas las disquisiciones teóricas ; si acaso 
llegare á desempeñar puestos en el Municipio 
ó en el Gobierno, entonces no se dejaría entu- 
siasmar por progresos exttmporání i s, que aún 
de buena fe, son muchas veces la ruina de los 
ciudadanos que están bajo su dep ndencia, 
tampoco incurrirán tu el extremo contrario de 
tener los capitales públicos inactivos, perdiendo 
asi respetable interés. 

Muchos grandes hombres, á pesar de su 
genio, han sufrido las terribles consecu acias 
de la imprevisión y del despilfarro, por no 
tener presentes reglas elementales de economía : 
Hacon pasó serios apuros, >• más de una vez 
comía con el dinero del soborno: Sheridan, 
Chateaubriand vendieron la propiedad de su- 

obras muchos años ant< s ó i¡ 

Mirabeatl unas noches se acostaba sin . 

otras daba banquetes lujosos á sus amigos los 
cuales eran tantos como conocidos : Lamartine 
para disculparse decía: "La aritmética es la 
■ pensamiento noble." Webstei . 
merii ano, v< udia los secretos de 
la nación apurado por sus aci «dores. Van- 
dyck dejé, la paleta por ser insuficiente el valor 
de sus magníficos cuadros para cubrir sus ¡fis- 
tos, yéndose á estudiar Alquimia. • te 

Yernos pues, que en las alturas de la ciencia, 
de la política é> del arte, no siempre ha reinado 
la economía, por falta de hábitos de previsión, 
mucho más censurables cuando la carencia de 
ellos afecta a la multitud. 



Sjora. 

UOBRE hija mía! ¿cómo le digo que el 

,- hombre á quien adoia es indigno de su 
J amor? ¿cómo arranco de sus ojos la 
venda de rosa que le oculta el secreto de su 

desdicha ? es capaz de desesperarse ¡ qué ! 

¡ es capaz de morirse ! Y, sin embargo, hay 

que decírselo todo : es necesario mostrarle el 
abismo que se abre á sus pies 

Y Don Leandro lanzó un prolongado sus- 
piro y siguió almorzando. 

Después de todo, continuó, tras de una 

breve pausa; la culpa es de mi hermana 

¡ vive Dios, que se ha lucido con su obra ! 
¿quién la habrá metido á casamentera ? ¡Claro! 

como ella no ha podido casarse, se venga 

casando á los demás. Afortunadamente, aquí 
estoy yo para desbaratar sus inicuos proyectos, 

pues no quiero que mi hija sea victima de 

la felicidad que le prepara. 

Y Don Leandro devoró con un apetito no 
muyen consonancia con las graves circunstan- 
cias que le rodeaban, un alón de pollo. 

Nada, nada, continuó, limpiándose los 
labios con la servilleta y disponiéndose a alm- 
iar un vaso de Chateau-Lafttte; es necesario 
darle hoy mismo este mal trago 

Y apuró el contenido del vaso, que no debió 
parecerle, sin duda, tan amargo como el bre- 
vaje que se disponía á suministrará Plora, su 

hija, á juzgar por el deleite con que saboree') 
el vino. 

*** 
Eran las diez y Plora no podía tardar en 

presentarse en la habitación de su papá. La 

anterior, antes de acostarse, su hija le 
había dicho, con la tez encendida y la voz 
trémula : 

■ — Tengo que confesarme contigo, papá, 

bueno, contestó Don Leandro con acento 

bondadoso y acariciando la rosada mejilla de 
Plora : estoy pronto á escucharte aluna mismo, 

si tan grave es la confesión que tienes (pie 
hacerme. 

¡ Nó ! contestó ella vivamente, ¡ahora rió I 
mañana, después del almuerzo 

Ya sé de qué se tiata, dijo Don Leandro, 
sonriendo. 

, De veras, papá? , quién le lo ha dicho-' 




t Oon jv.nloaiio (Tñuouns del (Tastillo. 



LA ILUSTRACIÓN DEL l'ACIFICO 



i? 



— Tu rubor, que te vende como vende á 

todas las muchachas. ¡ Vaya ! no se necesita 
ser un lince para ver lo que pasa en el corazón 

de una doncella de quince años y cortejada, 

por añadidura, porque ¡ carape, si tienes cor- 
tejos ! yo no sé en qué consiste que todos se 

mueren por tí metafóricamente, se entiende. 

Porque, lo que yo digo, aunque mi hija es 
guapa, ¿no hay mas mujeres guapas en nues- 
tro esferoide sublunar, para que todos á una 
den en la tecla de enamorarse de Flora? ¿ qué 
filtro les ha dado á beber en sus miradas, 

qué ? ¡Ka! buenas noches, hija mía, 

buenas noches. 

V Don Leandro se fué á su dormitorio, donde 
soñó que una legión de desnudos amorcillos, 
armados de sendos carcajes y de inflamadas 
flechas dirigían sus proyectiles al corazón de 
Flora. 

Una de aquellas flechas, poco certera, fué á 
clavarse en la nariz de Don Leandro, que, con 
el dolor de la herida, despertó. 

El sol, madrugador como de costumbre, pa- 
recía inflamar con sus rayos los cristales de 
los balcones, y Don Leandro, madrugador 
como el sol, se arrojó de la cama sin pizca de 
pereza, se vistió en un santiamén 3^ se fué á 
dar los buenos días á las flores de su jardín, 
que mecieron blandamente sus corolas, como 
contestando cortestnente á su amable saludo. 

Y se pasó en tan grata compañía las prime- 
ras horas de la mañana, aspirando el perfume 
de las flores y admirando los esplendores de la 
Naturaleza ; porque 

era una de esas radiosas 
mañanas de primavera, 
en que es más azul la esfera 
y en que se abren las rosas, 

como he dicho, cediendo á mi manía incurable 

de decir muchas cosas en verso, en una poesía 

que viene ahora á pelo. 

Pero la dicha no es eterna, ni mucho menos. 
Quizá porque, á ser eterna, pecaría de monó- 
tona y aburrida. 

Cuando más embebido estaba Don Leandro 
en la contemplación de las maravillas que 
Flora, ó mejor dicho, que las dos Floras habían 
acumulado en aquel pedazo de edén, sin más 
serpiente que la hermana de Don Leandro, 
apareció, guiado por el jardinero, un caballero 
alto, de nariz aguileña, de rostro enjuto, chu- 



pado de carnes y vestido de negro, que saludó 
fría y ceremoniosamente al dueño de casa y le 
suplicó le concediera un minuto de audiencia. 

Entraron en un cenador, cubierto de rosas 
blancas con tal profusión, que parecía nevado, 
y entablaron el diálogo siguiente : 

— Caballero, dijo el desconocido ; perdone 
usted que haya venido á distraerle con tal 
brusquedad en medio de sus flores, pero el 
honor es antis que la floricultura. 

Aquel extraño exordio dejó alelado al padre 
de Flora, que no supo qué contestar. 

— Pero me he olvidado de un detalle impor- 
tante, agregó el de la nariz aguileña ; me he 
olvidado de decirle á usted mi nombre : me 
llamo Tirso Téllez. 

— ¡ Cómo ! exclamó Don Leandro, no sa- 
bhudo si ponerse alegre ó serio, ante el impo- 
nente aspecto de su interlocutor : ¿ es usted el 
papá de Tirsito .' 

— Se equivoca usted, caballero, rugió Don 
Tirso, echando chispas por los ojos: yo no 

tengo hijos uno que tenía, ha muerto para 

siempre. 

— Couque ¿para siempre? se atrevió á 

preguntar, aunque con cierta timidez. Don 
Leandro, que no concebía que se pudiese mo- 
rir de otra manera. 

— ¡ Para siempre ! repitió Don Tirso, sub- 
rayando la frase con un enérgico ademán. 

— Entonces disculpe usted la pregunta ; creía 
que era usted el papá de ese simpático joven. 

cuyos amores proteje mi buena hermana 

una excelente señora, que no tiene más defecto 
que el de querer casar á todo el mundo, mi 
hija inclusive. 

— ¿Simpático? ¿y llama usted simpan 

ese infame ? exclamó, atufándose de nuevo, 

Don Tirso. ¡ Ah ! perdone usted, caballero; 
pero usted no sabe lo que se dice. 

Don Leandro no Contestó por una razón po- 
derosa : porque no supo qué contesl 

h'.se Tirso de que me habla usted, continuó 
el de la nariz aguileña, es un aborto del infi 
es un ser sin pudor, es el ludibrio de mi familia 

es decir, ¡era! [ era ! porque lia muerto 

para mí y ha muerto para siempre. 

— ¿Qué me cuenta usted? murmuró el 
de Flora, abriendo desmesuradamente los ,,j,,s 
v empezando á ver claro. 



i8 



LA ILUSTRACIÓN DEL PACIFICO 



— Lo que usted oye. Educado por mí en la 
escuela de la más estricta, de la más estrecha 
moral, ha aprendido tan mal mis lecciones 

— ¡ Que ha sido reprobado ! 

— ¿Y quién no reprueba su conducta audaz 
y cínica ? Figúrese usted que después de haber 
dado palabra de casamiento á su hija Flora, 
porque me consta que le ha dado palabra de 
casamiento, se entrega á todas las liviandades 
imaginables y olvida lo que nunca debe olvidar 
un caballero: su decoro. ¡Y de qué manera ! 
públicamente y del modo más escandaloso. 

— ¿ Qué me cuenta usted ? repitió el dueño 
de casa, que iba poniéndose serio por grados. 

— Anoche, tarde ya, le he visto yo, con mis 
propios ojos, subir á un carruaje de alquiler 

—¿Solo? 

— Con una tapada probablemente tam- 
bién de alquiler. 

— ¡ Jesús me valga ! 

— La casualidad me llevó á aquel sitio, pero 
la casualidad hizo también que no encontrara 
otro coche para perseguir á mi indigno vastago 
y pulverizarle. 

— Pero, ¿ cree usted tan grave la falta de su 
hijo ? á su edad 

— A su edad no me atrevía yo á mirar á las 

mujeres, y la impudicia de ese desdichado, 

me llena de rubor y de vergüenza. He sido 
siempre esclavo de la moral más inflexible y 
no transijo con tal relajación de costumbres. 

No tengo el honor es decir, no tengo el 

gusto, — porque de honor jamás he carecido, — 
de conocer á su hija de usted, pero sé que es 
honrada y esto basta para que trate de salvarla 
de las artificiosas redes de Tirso. Si hoy mi 
ex-hijo, cuyo pensamiento debiera reconcen- 
trarse en Flora, da tales tropiezos, calcule usted 
lo que hará cuando sienta el hastío de la pose- 
sión. ¡ Nada ! ¡ nada ! es necesario desbara- 
tar esa boda, y á eso vengo. 

— ¡ Ah, caballero ! usted no sabe cuánto le 
quiere mi hija; vamos á abrir una fosa si la 
obligamos á renunciar á ese amor. 

— i Tá, ta, ta ! de amor hoy día no se muere 
nadie ; es una enfermedad pasajera ; un poco 
de calentura, nada más. Antiguamente ata- 
caba al corazón y causaba verdaderos estragos; 
pero hoy, lejos de estar localizada en esa vis- 
cera, ataca sin gran virulencia á la cabeza, 



produciendo un ligero trastorno mental, que 
se cura fácilmente. La medicina de las pasio- 
nes ha progresado mucho, caballero, y tonta 
de capirote sería su hija, si no tratara de cu- 
rarse de ese malhadado amor con el cariño de 
otro hombre más digno y merecedor de su 
dulce afecto. Esta es mi opinión y hará usted 
mal en no seguirla. Póngame usted á los pies 

de su señorita hija y adiós. Beso á usted 

la mano. 

* * 

Don Leandro se quedó un rato pensativo, 
sin saber qué partido tomar. Muy cuesta 
arriba se le hacía el tener que desengañar á 
Flora, sabiendo cuánto amaba Flora á Tirso; 
pero, por otra parte, consideraba que mante- 
nerla en la ignorancia de lo que ocurría, expo- 
niéndola á un porvenir de lágrimas, no era 
bueno ni propio de un padre que tanto se des- 
velaba por la felicidad de su hija. 

— ¡ Qué diantre ! se dijo por fin ; después de 
todo, puede que el señor Téllez tenga razón y 
Flora se cure pronto de su chifladura. 

En aquel punto su estómago le recordó, con 
una pequeña insinuación, que era hora de 
almorzar, y el bueno de Don Leandro se dirigió 
á su cuarto, donde, desde tiempo inmemorial, 
almorzaba solo, quizá por mero capricho, quizá 
por no oír á su hermana los doloridos lamentos 
que le arrancaba su doncellez crónica y con los 
que ella solía amenizar almuerzos y comidas, 
de las que procuraba también librarse Don 
Leandro. Esto podrá parecer inverosímil, 
pero más inverosímil sería el sacrificio de una 
buena digestión, pudiendo ser evitado. Y 
aquellos lamentos inacabables se le indiges- 
taban á Don Leandro, que era un horror. 

Una vez cumplido el almuerzo, encendió un 
cigarro y esperó. 

*** 

Por fin abrióse la puerta de la habitación, 
que á cualquier poeta cursi se le habría anto- 
jado la puerta del Oriente, al ver aparecer en 
ella un sol. 

Porque radiante sol de hermosura era Flora. 
Cara más bonita no la habían visto jamás los 
nacidos y se comprendía que los hombres se 
volvieran locos por ella. 

La línea de la belleza, como se ha llamado 
á la curva, ondulaba amplia y graciosa en sus 




Pasaje de San Carlos — Santiaoo de Chile. 



LA ILUSTRACIÓN DEL PACIFICO 



esculturales formas, modeladas por el cincel de 
oro de las Tres Gracias, que diría un poeta 
matoide. 

— Buenos días, papá, dijo al entrar, tratando, 
aunque en vano, de sonreír. 

Y se sentó en el sofá, al lado de Don Leandro. 
— Tenemos que hablar, dijo después de una 

breve pausa. 

— Pues habla, contestó Don Leandro, mi- 
rando tiernamente á su hija. 

— Tú sabes que tía quiere casarme 

— Y sé algo más : sé que el marido que te 
ha buscado, es indigno de tu amor. 
— ¿ Qué dices ? 

— El evangelio. 

— ¿ Y quien ha podido contarte esas cosas ? 

—Su mismo padre. 

— i Cómo ! ¿ has hablado con él ? 

— Sí, y sé también á qué atenerme respecto 

de ese mequetrefe, que os trae sorbidos los 

sesos á tí y á tu señora tía. Pero, afortuna- 
damente, aquí estoy yo para ponerle de patitas 
en la calle. 

— Pero ¿de qué se le acusa ? 

— De liviandades que harían enrojecer tu tez 
si las supieras, y que denotan la corrupción de 
sus costumbres. 

— i Explícate, papá ! 

— ¿ Lo exiges ? 

— Te lo ruego. 

— Pues bien, anoche su mismo padre le ha 
visto subir á un coche de alquiler con una 
damisela con una perdida. 

— ¡ Jesús, Dios mío ! 

Y Flora cubrió su rostro con las manos, 
presa de un temblor convulsivo, que agitó su 
delicado cuerpo. 

— Ese es el joven honrado y puro con quien 
quiere casarte la imbécil de mi hermana ; ese 
es el marido que ha elegido tu inocente cora- 
zón. ¿Qué porvenir te espera con él? pregún- 
talo á tanta y tanta desdichada que llora en el 
más triste abandono sus ilusiones muertas, su 
felicidad sacrificada, sus esperanzas segadas 
en flor 

— Tirso volverá al buen camino, dijo Flora, 
con visible agitación y sin separar las manos 
de su rostro ; yo le perdono 

— ¿ Tú ? ¡ insensata ! 

— Sí, papá i le amo tanto ! 



— Pues es necesario que arranques de tu 
pecho esa pasión malhadada, aunque con ella 
salte tu corazón hecho pedazos. 

— ¡ Imposible ! 

— ¡ Pues ha de ser ! 

— ¿ Es tu resolución irrevocable ? 

— Te lo exige tu padre, que no quiere ver 
ceñida tu frente pura con la corona de espinas 
del martirio. ¡ Antes mil veces la muerte ! 

— ¿ La muerte ? ¡ ah ! ¡ gracias por el rayo 
de luz que acabas de encender en medio de las 
sombras que obscurecen mi espíritu ! 

Y con la rapidez del pensamiento, Flora se 
avalanzó á la mesita donde aún se veían los 
restos del almuerzo, y tomando un pequeño 
cuchillo se lo hundió en el pecho. 

¿Con que eres feliz? decía algunos meses 

después Don Leandro á su hija. 

— Completamente feliz, contestó Flora, son- 
riendo. ¡ Tirso me adora ! 

— ¿ Y se porta bien contigo ese caballero? 

¿ no sale de noche ? ¿no están sus amigos 

enfermos? 

— Todos gozan de cabal salud, á Dios gracias. 

— ¡ No, pues pudiera el bribón volver á las 
andadas, después de haber estado expuesta á 

morir por él ! Todavía me horrorizo al 

recordar aquella escena de sangre ; afortuna- 
mente la herida no interesó ningún órgano 
importante y pudiste librarte de la muerte. 
Pero todavía no comprendo, cómo te cegó la 
pasión de tal modo, que no titubeaste al dar tu 
mano al hombre que sabías que andaba en tan 
escandalosas aventuras. ¿ No te ha confesado 
tu marido quién era aquella mujer? 

— Nó, papá balbuceó la hija de Don 

Leandro. 

— Yamos, que sí lo sabes ¿quién era? 

— Flora, dijo Tirso entrando en la habitación. 

Un involuntario grito lanzado por Flora, que 
miró con ojos espantados á Don Leandro, 
reveló á éste el secreto de una falta, que aca- 
baba de descubrir inconsciente mente el marido 
de su hija. Casimiko Pristo. 

AGENTES. 

Necesitamos personas de reconocida responsabi- 
lidad mercantil para agentes de nuestra publica- 
ción en las principales poblaciones de la Costa del 
Pacifico. 



LA ILUSTRACIÓN DEL PACIFICO 



Don Gntonio Canoras í'cl tastillo. 

»A muerte de este ilustre estadista, ha 
causado gran impresión por lo trágico y 
por tratarse de un hombre de relevantes 
méritos. 

Damos el pésame á la Monarquía Española 
por la pérdida de uno de sus más ilustres hijos. 

Como nota de actualidad publicamos el re- 
trato y unos datos biográficos escritos por Don 
Teodoro Baró - 

Nació Cánovas en Málaga el año de 1828, y 
con gracia andaluza decía Don José de Sala- 
manca que á Don Antonio y á él, sus paisanos 
les echaron de allí por tontos. Vino á Madrid, 
en cuya univer- idad cursó hasta graduarse de 
doctor, contrayendo íntimas relaciones de amis- 
tad con Castelar y Martos, dándose el caso ex- 
cepcional d; tres condiscípulos que llegaron á 
ministros, á presidentes del Congreso y á acadé- 
micos, ocupando dos de ellos la jefatura suprema 
del Estado : Castelar cuando la República y 
Cánovas durante el Ministerio Regencia. 

Llegó á la capital sabiendo que valía y dis- 
puesto á abrirse paso, y dado su carácter, es 
de suponerse que jamás perdió la seguridad de 
figurar en primera línea. 

Adquirió la deseada notoriedad cuando la 
sublevación de Vicálvaro. Buscaba la policía 
á Don Leopoldo O'Dounell, quien había ha- 
llado refugio en el domicilio del progresista 
Don Ángel Fernández de los Ríos, director de 
Las Novedades. En aquel movimiento se dis- 
tinguieron dos jóvenes: Cánovas y el Marqués 
de la Vega de Armijo; el primero redactando 
el manifiesto de Manzanares, que convirtió en 
victoriosa la situación comprometida de los 
sublevados; y el segundo, grande de España, 
disfrazándose de cochero y guiando el carruaje 
que sacó á O'Donnell de Madrid. 

Durante la revolución fué su actitud de res- 
peto á la entidad monárquica y de adhesión á 
Don Alfonso XII, de quien había recibido la 
representación y plenos poderes. 

No hay jefe que haya tenido sobre su par- 
tido autoridad tan absoluta como Don Antonio. 
Hacia sentir su voluntad, no consentía discre- 
pancias, y de la obediencia nació la adulación. 
Cánovas vale mucho bajo todos conceptos, 
pero no está en situación de compartir con 



Lope de Vega el dictado de monstruo, que con 
falta de discreción le adjudicó un periódico. 

Cánovas es Cánovas en todas partes ; en las 
Academias, en el Ateneo, en el Senado, pero 
en ninguna como en el Congreso, porque allí 
el ataque reviste las proporciones de la pasión, 
y es aquella caldeada atmósfera la que necesita 
el gran orador. 

Por el fondo son sus discursos de hombre del 
Norte, por la exactitud de la frase de castellano 
viejo, y por el acento de meridional ; cuando 
expone, domina ; asombra al sintetizar, y 
cuando al fuego de la imaginación se tunde 
el pensamiento hasta evaporarse en párrafos 
grandilocuentes, entonces es imposible sus- 
traerse á la fascinación que ejerce el orador de 
inteligencia privilegiada, que todo sabe y á 
quien todas las grandes cuestiones son fami- 
liares, cuya palabra aún suena en nuestro inte- 
rior después de haberse apagado en el espacio. 

Se le acusa de soberbio : no lo es el hombre 
de trato afable y cortés. Cánovas es enérgico, 
y se limita á mantenerse á la altura de su posi- 
ción política sin consentir que nadie se le im- 
ponga ni le manosee. 

Dice que el arte más difícil es el de gobernar, 
porque á todas las dificultades hay que .sumar 
las que nacen de la voluntad y de la diferente 
manera de pensar, y añade que en política no 
debe intervenir la pasión ni se puede querer 
ni aborrecer, porque las circunstancias varían 
y á veces obligan á juntarse con quien menos 
se desea. Afirma que los pueblos de menos 
pasiones son los más á propósito para la liber- 
tad, y los más difíciles los pueblos que las 
tienen. Cuando toma parte en una conversa- 
ción, todos callan por no perder ni una frase, 
pues narra con sobrio é inimitable gracejo, y 
maneja el epigrama con más facilidad que el 
indio la flecha. De él dijo Posada Herrera 
que era orador de primera, hombre de Estado 
de segunda y escritor de tercera. Como go- 
bernante no desciende de las alturas, sin tener 
en cuenta que los pueblos viven de adminis- 
tración, ó sea de pequeneces. No podemos 
dudar de que posee la noción exacta de la po- 
lítica, pero también es cierto que se atiene á 
los medios y descuida el fin, que consiste en 
llevar al ánimo de cada ciudadano, por medio 
de una administración recta, la idea del bien. 




Kiosco del Parque Central— San Salvador. 



/ 



LA ILUSTRACIÓN DEL PACIFICO 



Una rara <£onfestón. 

QURLLA tarde, el templo es- 
taba gravemente solo. Nin- 
gún devoto asonaba las bal- 
dosas, y en su cóncavo espacio el 
apagado rumor de los rezos no re- 
movía las ondas de su ambiente 
santo, y sólo en sus arcadas lucía 
el reflejo del sol poniente con un 
tono amarillento y pálido. 

De pronto se oyó un golpe en la 
madera del portón, y con pasos des- 
iguales y sonoros entró un joven en 
cuyo rostro reñían la angustia con 
la juventud y cuya figura modesta 
impresionaba hondamente, atrayen- 
do con profunda lástima. 

El capellán del templo con as- 
pacto de religiosa serenidad, asomóse 
luego por el lugar de la sacristía, y 
con su breviario en la mano y pro- 
visto d? limpios y brillantes espe- 
juelos, delatores de su ancianidad, 
paseó una vaga y dilatada mirada 
por toda la nave que tenía enfrente, 
sin dar con el afligido que perma- 
necía trémulamente apoyado junto 
á uno de los confesionarios ocultos. 

Como su cuidado no le hiciera 
sospechar de nadie, tornóse á su 
celda el buen sacerdote, y el pobre 
desheredado de los cielos y de los 
hombres, abandonaba su última es- 
peranza de poder en aquella misma 
ocasión descargarse del ominoso 
peso que gravitaba sobre su con- 
ciencia. Monstruosa inquietud debe 
ser la del alma enferma, que para 
alivio busca el desahogo, que para 
consuelo busca la conmiseración ! 

Prosternó varias veces su frente 
ante las lucientes imágenes; habló 
á Dios con lenguaje entrecortado y 
hondo ; golpeó su corazón con el 
signo de la fe, y cuando ya obscu- 
recía en el templo, al volverse, con- 
trito y fatigado, vio en un ángulo 
opuesto, junto á otro de los más 
distantes confesionarios á una pá- 




COMPOSICIÚN D8 A G. Y \l.i>l \vi II, \\.> 



/../ ILUSTRACIÓN DEL PACIFICO 



lida mujer vestida de luto, cuya azarosa frente 
se escondía tras la ceja del mueble testigo de- 
sús pecados. 

Indudablemente aquel era indicio cierto de 
otro sacerdote que recogía allí culpas para 
absolver á las almas delincuentes. 

Esperó leves momentos, coordinando la ca- 
dena de lúgubres ideas que le embargaban 
previo a la confesión, la que deseaba hacer 
completa, sincera y decisiva ; y pronto que vio 



Señor: os confieso que en mi continua 

¡ucertidumbre, el escepticismo ba sido mi nor- 
ma, la irresponsabilidad mi religión, y la equi- 
dad, mi ensueño trastornado!' : que en el vértigo 

de que se ve presa cada vez mi pensamiento, 
la imperfección en lo terrenal, me hace ateo, 

c-1 predominio de lo malo, blasfemo, y la dicha 
de los bandidos, egoísta ! 

— Señor: os confieso que he odiado mi carne, 
porque he maldecido su impotencia, y que 




ADUANA ni-: UVINGSTON LANCHAS DEL FERROCARRIL VERA] \Z. 



levantarse á la joven enlutada, endilgí 

aquel sitio, echó sus rodillas en tierra y pre- 
parando doblemente SU ánimo, a quien qui -ia 
que en el nombre del cielo le oyese, comenzó á 
declarar : 

Oh! señor, yo os confieso mi total incoo 
!. n midad con todas las cosas del mundo; mi 
insaciable delirio por lo inconocible; el des 
equilibrio constante de mi razón herida por la 
duda, y mi desprecio inaudito por todos los 
hombres que no los juzgo mis hermanos ni 
merecedores de la lumbre de los cielos que yo 
ansio. 



arrastrado siempre por mis tumultuosas pasio- 
11 ii rendido culto á mis amores más grande 
que el que se debe al Todo Podi roso j he en- 
diosado á una mujer como vuestros dogmas 
no endiosan á la Madre Virgen María y he 

sentido la vanidad inmensa de los seres supe- 
riores y lie- derrochado noble orgullo, preten- 
diendo asi aplastar á los torpes, esos que no 
del i- m han su ignoram ia ! 

Señor: os confieso que la indignación que 
hospede* en mi pecho contra toda la humani- 
dad, un- empujó ;í los abismos de las premedi- 
taciones negras j sombrías 3 de- los involun- 



/ 



LA ILUSTRACIÓN DEL PACIFICO 



23 



tarios crímenes que sugiere el delirio; que 
escarnecí mi vergüenza, maldije el sacrificio, 
detesté los convencionalismos y radiqué entre 
todos los elementos de destrucción, que un día, 
á haber tenido poder incendio el firmamento 
con la llamarada de mis iras. . . . 

Interrumpióle con una oración el sacerdote ; 
prevínole mansedumbre y mostrándole la Cruz 
al estremo de la camándula con que oraba, le 
hizo proseguir. Y el penitente continuó : 



zón más fuerzas que las que sostienen la gravi- 
tación universal .... 

El padre, oró otro instante, y el afligido 
lacrimoso prosiguió: 

— Señor: yo no ignoraba que los ministros 
de Cristo alcanzan la redención para las almas 
rebeldes, el perdón para los farsantes que os 
engañan todos los días y la gracia de la Su- 
prema Luz para los que viven las tinieblas del 
humano mundo: sabía que por las lágrimas se 




EL RÍO POLOCHIC, ALTA VERAPAZ. 



—Señor : os confieso que para oponerle 
guerra á mis tristezas y remedio á mis nostal- 
gias, arrastré mi cuerpo enfermo entre la las- 
civia inmunda y abandoné mi alma, antes que 
á Dios, á la mujer que amaba, poique no co- 
nocí á mi madre ; que desconfié del arrepen- 
timiento que todavía 110 me cura, y en la 
profunda embriaguez de mi dolor en nombre 
de mis desgracias saludé á Satanás con pesa- 
dumbre porque le hallé feliz; y por último, os 
confieso que no me desprendo de mi lucha ; 
que siento en mi cerebro más luz que la que 
tienen todos los soles del espacio y en mi oía 



conseguía vuestra piedad y la del cielo más 
grande aún; que vuestra bendición santifica 
los amores de la tierra, y que la calma, á los 
espíritus borrascosos y elevados la lleváis des 
pues de su arrepentimiento. 

— Señor: Solamente un alecto ha guardado 

hasta hoy mi corazón, que agujereado lo tienen 
mis desgracias \ partido mis sinsabores cons 
tan tes: la mujer quese vertió en mi alma, toda 
luz, allí vive incómodamente y la hiél mía he 
podido darla sólo por recompensa ; si la podéis 
suplir mi corazón con vuestros auxilios cris- 
tianos; si mi derrumbamiento lo reparáis hoj 



\ 



H 



LA II. I 'S IR. \l /( >.V DEL l'A ( II H ( > 



en ella: ella con sus virtudes me ha dado la 
entrada de los cielos que aquí rengo á deman- 
daros ! ; piedad ! . ¡ piedad ! 

Y el eco il_- repetidos sollozos, vago, rodando 
silencioso por las bóvedas del templo parecía, 
repitiendo un postrer gemido, decir: "ya veo 
á 1 lio- ! ya veo a Dios !" 

V en tanto que el sublime blasfemo, debili- 
tado por la angustia, entregado al estertor de 
su agonía conmovedora, caía inerme sobre las 



el descanso y absolución tic aquella alma va- 
gabunda y triste ! 

Y al día siguiente, camino de la última 
morada, dirigíase un pobrísimo entierro, sin 
cortejo, sin pompa, El féretro era conducido 
en hombros extraños al difunto, y sólo á la 
distancia veíase á una lacrimosa mujer seguir 
al muerto, y allá en los cementerios -óbrela 
tierra en que la cruz denunciaba la más fresca 
inhumación quedó una mod sta guirnalda de 




I. \ C U'KHK U. DE C0ST \ RICA. 



loza- del templo, el que hacía de capellán, 
e-colar de órdenes meuon- que en ilicita en- 
trevista había llamado ;i su novia al augusto 

sillón de los confesores, aterrorizado y lívido, 
consternado, saltó de aquel -itió dando un ay ! 
oncebible pena y tristeza, y yendo ala 
callada nteró al bueno y austero reli- 

gioso de aquella excepcional confesión, de- 
aquel estupendo torrente del cerebro moderno, 
y cuando ambo- volvieron ,il confesionario 

para reconocei il blasfemo, al loco, ah! bien 

tarde se había hecho ! ya no era hora sino de 

ir el severo réquiem ante el muerto, por 



i i pu- a i o- soplos k ves d 1 viento, y ni siquiera 
el nombre del blasfemo ' El del divino loto ! 

José Luis Vkga B. 

Viaj] i \c:im ,. El vapor Rio d ! la línea 
Morgan, lia rendido la travesía más rápida 
hasta hoy, entre lo- puertos de Nueva Orleans 

>■ Nueva York, pues lia tardado sólo cuatro 
dia-, -ei- horas \ diecisiete minutos, del pri- 
mer puerto al segundo, \ de barra á barra no 
ha empleado unís que tic- dia-, veinte y tres 

hora- v treinta y siete minutos. 



LA ILUSTRACIÓN DEL PACIFICO 



25 




31 í'olce [amiente. 



Soneto Japonés. 

Es una tarde triste. La niebla cubre á Kioto, 
Revuelan en lo alto famélicos halcones 
Y vibra la cigarra sus rítmicos bordones, 
Como en aurino plectro liróforo remoto 

En su sillón bordado, donde florece el lotho. 
Junto al tapiz que adornan pictóricos jarrones, 
En medio á pebeteros y á bibelots nipones 
Grácil mousmé se aduerme en su ideal ignoto 



Con su impalpable armiño, maravilloso y rico, 
En canapé granate refulge un abanico ; 

Tienden el vuelo y suben en áuricas patrullas, 
Orlando el biombo oscuro, amarillentas grullas ; 

Y sobre aquel paisaje nostálgico y risueño 
Se cierne un soplo suave de delectante ensueño.... 

José C. Mixco L. 

Del libro inédito " Sonetos Aúneos." 



«En el mar. 



Para 1111 Álbum. 
En medio de este indómito gigante, 
Voy á escribir en tu álbum con tristura 
Los encantos de toda tu hermosura, 
Y tus formas de virgen arrogante. 
De este mar común tiene tu semblante : 



Las perlas de tu bella dentadura, 
El coral de tu boquita pura 

Y en tus pupilas el azul distante. 
Tu cabellera suave y primorosa 
Se asemeja á la ola bulliciosa 

Que ondulando á la playa va á espirar ; 

Y tu talle de bella castellana 

Es de hermosa palmera americana, 
Que orgullosa se mece al columpiar. 

G. A. Martínez. 



ia ilave misteriosa. 

— ¡ Pobre viuda que en huérfano abandono 
Sufres al par que tu inocente hijo, 
¡ Cuánta pena me das ! — Yo no me aflijo ; 
Tengo una llave que me importa un trono ! 

El tiempo que en mis manos la aprisiono 
A que labre mi dicha la dirijo, 

Y como ella me da cuanto le exijo 

Pan y enseñanza al niño proporciono 

Siempre alguna esperanza venturosa 
En misteriosos signos me dibuja. 

Y con su compañía soy dichosa. 

Con ella hago milagros sin ser bruja. 

-¿ Y cuál es esa llave misteriosa ? 

-j Esta ! me dijo y me mostró la AGUJA ! 

J. A. So 1-1 1 a. 




Ti imito ^ \m i vía 



\ 



26 



LA ILUSTRACIÓN DEL PACIFICO 



Hucstros (Brababos. 

Bella fantasía. 
El señor Don Alberto G. Valdeavellano, 
nuestro buen amigo, continúa obsequiándonos 
con lindas composiciones, cuyo mérito apre- 
ciarán nuestros lectores. 

Catedral de Costa Rica. 
Hermoso monumento arquitectónico que ate- 
sora en su interior valiosas riquezas artísticas. 

Kiosco de San Salvador. 
En las noches de retreta pasea alrededor de 
este kiosco lo mejor de la sociedad de San 
Salvador, y allí á modo de exposición se puede 
apreciar las bellezas de sus mujeres. 

Pasaje de San Carlos. 
Sitio muy transitado por los comerciantes de 
Santiago de Chile. 

Municipalidad Rural. 
Para dar idea gráfica de la administración 
local, publicamos ese retrato. 

Tonito Saravia. 
Cuando apenas contaba tres años de edad, 
se presentó á examen de lectura, y mereció en 
ese acto el obsequio de un libro de Geografía, 
con su respectiva dedicatoria del Doctor Don 
Santos Toruno, Director del Instituto Nacional. 

Otilia Saravia. 

Es hermana del anterior jovencitó, v ambos 
son hijos del Ldo. Antonio González Saravia 
y de Doña Zenaida P. de Saravia. 

Otilia nació el 10 de Enero de 1890. Toca 
y canta con bastante perfección, si se atiende 
su corta edad. 



(Eorresponbencta. 

Señor L. O. Hermanos 

Se publicará su aviso en cuanto recibamos 
el giro. 
Señor A. T. 

Le damos las gracias por las fotografías cine 
nos envía. 
Señor M. O. 

Apesar de no tener mucho espacio disponi- 
ble, aparecerán sus estudios literarios. 



De aquí y 6c allá. 

El doctor Calmette, que dirige en el Lille la 
sucursal del Instituto Pasteur, publica en los 
Ana/es de este Instituto una serie interesan- 
tísima de observaciones sobre las mordeduras 
de las serpientes venenosas de las especies exó- 
ticas más temibles, curadas por el suero anti- 
tóxico preparado en su laboratorio de Lille. 

Al mismo tiempo leemos que el Colegio Real 
de Medicina y Ci rujia de Londres, adoptando 
las conclusiones de una comisión nombrada 
ad hoc, después de numerosas experiencias de 
comprobación sobre distintos animales, ha ad- 
mitido el método de preparación del suero 
según el Instituto de Lille, recomendando con 
fervor su empleo. 

Por nuestra parte, nos concretaremos á ex- 
poner que el tratamiento del doctor Calmette 
excluye toda cauterización de la herida vene- 
nosa y se aplica con gran éxito á la intoxica- 
ción de las picaduras de los escorpiones, víboras 
y demás reptiles, que tanto abundan en otras 
regiones, sobre todo en la India, castigando 
cruelmente á sus habitantes y ganados. 
© 

La furia innovadora que domina en estos 
días y el deseo de prestar atractivos á la Expo- 
sición Universal de París en 1900, han dado 
origen á un proyecto cuya realización para 
muchos es indudable. Se trata de que el Obe- 
lisco de Sesostris, que embellece la plaza de la 
Concordia de París, se transforme, durante el 
transcurso de aquel certamen, en un enorme 
candelera eléctrico, por decirlo así, ó en un 
faro colosal que alumbre la feria cosmopolita, 
ante la cual desfilarán todas las naciones. 

Kl intento precitado exige, para preveer ac- 
cidentes, que los hilos conductores de la enei gía 
eléctrica, ni se dispongan al exterior ni reco- 
rran las superficies del Obelisco. Es indispen- 
sable que éste, que mide, en totalidad con su 
pedestal, 32 metros, se perfore totalmente por 
un orificio de cinco centímetros, para que los 
alambres lleguen á la cúspide, y esta operai ion, 
según los técnicos, podrá efectuarse sin difi- 
cultad, gracias á las perforadoras máquinas, 
en ocho ó diez elías. 

Libros en blanco al costo. Siguere, Guirola & Cía. 



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2 




V 



V 



LA ILUSTRACIÓN DEL PACIFICO 



27 




™ LATINA» 



MÉXICO. 

A 65,217 quintales, aproximadamente, as- 
cendió la cantidad de café cosechada en el 
Estado en Chiapas. Diversas compañías na- 
cionales y extranjeras se dedican á la planta- 
ción de cafetos en terrenos meridionales de 
Chiapas, lo que hará subir el producto del 
preciado grano en los años siguientes. 

— Los bonos del empréstito mexicano de 
1888 subieron á últimos de Junio en el mercado 
de Londres, á rooj^. Es !a primera vez que 
en los anales financieros del país se registra 
hecho igual, lo que demuestra el crédito de que 
hoy día goza México en Europa. 

CHILE. 

El escultor don Virgilio Arias, saldrá para 
Europa, comisionado por el Gobierno para 
estudiar la organización de las escuelas de 
bellas artes en distintos países. 

— En Valparaíso desembarcó el oficial de la 
Legación chilena en Rio Janeiro don Joaquín 
Ruiz de Gamboa, llevando los tratados de 
comercio y navegación, de ejercicio de profe- 
siones liberales y de estradición, firmados en 
Mayo entre el ministro chileno señor Walker 
Martínez y el de Relaciones Exteriores del 
Brasil, señor Cerqueira. También ha llevado 
el tratado que el ministro chileno firmó sobre 
extradición con el plenipotenciario de Portugal 
en dicho país. 

VENEZUELA. 
El escultor Giovanni Turiri, ha concluido 
ya el modelo en yeso de la estatua de Bolívar 
que el Presidente Sr. Crespo regala á Nueva 
York, para substituir á la que hoy se encuentra 
en el Parque Central, que no llena todas las 
condiciones de estética requeridas en estatuaria. 

BRASIL. 
Las pruebas de velocidad del crucero Almi- 
rante Barroso, de la armada brasileña, reali- 
zadas últimauente en los astilleros de New 
Castle on Tyne, han tenido su éxito completo. 



A media fuerza dieron 19 nudos y medio ; á 
toda fuerza 2oJ¿ , lo que equivale á un nudo y 
medio más de la velocidad determinada en el 

contrato. 

-^- 
PERÚ. 

Han sido descubiertos yacimientos de oro, 
que por su riqueza obscurecen los hallados en 
Kloudike. 

C. de Miranda, que ha explotado con fortuna 
pozos de petróleo en el Perú, dice que el norte- 
americano Harrison y otros doce compañeros 
fueron hace dos años al Perú en busca de 
petróleo ; cinco de los excursionistas murieron 
en el viaje, pero los restantes alcanzaron el 
interior del Perú encontrando depósitos de oro 
de inmensa riqueza y que eran conocido de 
indios, quienes los explotaban de una manera 
ruda y primitiva. 

Harrison recogió en el mes de Junio, $35,000 
en pepitas y polvo de oro, y uno de los yaci- 
mientos ha sido vendido por $330,000. 

El territorio aurífero, entra en Bolivia, j se 
puede llegar á él por Moliendo, y el lago 
Titicaca, hasta la Paz, en donde se toman 
mulos ó se hace el viaje á pié á las minas. 

El clima no es malsano y hasta ahora, los 

ingleses son los que han sacado mas utilidad 

de los vacimientos. 

-*. 

ARGENTINA. 

El general Roca, candidato á la Presidencia, 
consignó en telegrama enviado á sus amigos 
de Tucumán, importantes declaraciones que es- 
bozan el programa á que trata de adjustarse. 

— La Comisión de Guerra del Senado ha re- 
dactado ya su despacho en el proyecto refe- 
rente á las indemnizaciones acordadas á los 
perjudicados durante la guerra del Paraguay. 

Por dicho despacho se destinan dos millones 

quinientos mil pesos en titules de la di uda in- 
terna, creados por la ley. á pagar dichas in- 
demnizaciones, y esa cantidad se distribuirá 
proporcionalmente poi el Gobierno en cambio 
de las pólizas expedidas al Gobierno de Para- 
guay cim arreglo á la liquidación hecha ]x>r la 
comisión mixta argentino paraguaya, de la de 
octubre de [882. El Gobierno queda autori 

zado para aumentar en los dos y medio millo- 
nes de pesos, la emisión autorizada por la an- 
tedicha ley. 



V 



28 



LA ILUSTRACIÓN DEL PACIFICO 



Hesumen Quincenal. 



En el mundo político, ha sido discutida la destitu- 
ción del Jefe Político de Chiquimula, señor Don José 
León Castillo, por no merecer la confianza del Go- 
bierno, y lo ha sido mucho más la marcha precipita- 
dísima de dicho señor á la vecina República del Sal- 
vador. 

Estos hechos no deberían extrañarle á nadie que 
estuviera en antecedentes, pues dado el carácter de 
candidato á la Presidencia, del señor Castillo, nece- 
sariamente habían de ocurrir cosas anormales y de 
ditícil sanción por el momento. 

Algún malicioso recordaba lo doblemente inútil que 
había sido al hoy emigrado, su defensa á favor del 
último empréstito. 

« 

Las opiniones de aquellos que circulaban el rumor de 
la emisión del " papel moneda," han sido desmentidas 
oficiosamente de una manera terminante. 

Una joven de veintiún años de edad, llamada Silvia 
Osorio, ha encontrado en su dedo pulgar é índice 
un surtidor de agujas metálicas. 

Mientras unos suponen el caso propio de brujería, 
los otros han influido con las autoridades, para que la 
facultad médica estudie la verdad del hecho. 

9 

A raiz del decreto de la circulación forzosa de los 
billetes de banco, el Banco Agrícola Hipotecario, puso 
grandes letreros diciendo que cambiaba sus billetes 
por giros al tipo de plaza. 

Pero eso sólo fué unos días, para llamar la atención 
del público inconsciente. 

Con medidas de efecto teatral no se gana crédito ; 
el oropel para el escenario, el oro para las cajas de 
de los bancos. 

Extrañas maneras hay de suicidarse : aristocráticas 
cual es el empleo de los venenos suaves, y patrióticas 
como la de Ricaurte, y originales como la Candelaria 
Morales de Quezaltenango, consistente en darse un 
baño de petróleo y prenderse fuego con estoicismo 
sin igual. 

Esta persona pasó el purgatorio en vida. 



Del diario " La República " extractamos los siguien- 
tes párrafos : 

" La leche, los huevos y el pescado no podrán verse 
más que sobre la mesa de los acomodados. 

" i Q u ^ comerá, pues, el pueblo ? 

'' ; No será la mala alimentación una de las causas 
por las que la población no crece ? No contribuirá en 
mucho al alarmante número de enfermedades? 

" Ya lo hemos dicho, sin alimentación nutritiva las 
razas se vuelven raquíticas, y los individuos carecen 
de vigor para resistir á las enfermedades. 

" Debe procurarse pues, aunque algo cueste, que las 
subsistencias se abaraten. 



" Volver á dejar la harina libre de todo impuesto, 
causaría algún quebranto al Fisco, pero sería benefi- 
cioso para el pueblo, y éste es antes que aquél." 
« 

La luz pública ha visto en estos días en un tomo 
reunidos, los principales artículos y discursos del 
Doctor don Lorenzo Montúfar, los cuales tienen el 
doble mérito de ser avanzadísimos en ideas, y de en- 
contrarse éstas expuestas con gran brillantez en la 
forma. El libro tendrá feliz acogida. 
ft 

El distinguido Doctor don Vicente Sautolino, ha 
visto aumentado su hogar con una hija más, la cual 
será bautizada con el nombre de María Teresa. Que 
sea enhorabuena. 

Ha muerto el Obispo de Vancouver aquejado de 
grave dolencia adquirida en los distintos viajes lleva- 
dos á cabo por el interior de la República. 

Descanse en paz el ilustre prelado que vino á Gua- 
temala con el fin de ejercer su ministerio, impulsado 
por la caridad cristiana y no por el importe de las 
candelas, como dijo un ilustre escritor liberal. 
& 

Solamente á los santos de piedra no se les acaba 
jamás la paciencia, á los hombres se les concluye 
alguna vez, y eso sucedió al señor Don Roque Morales, 
con motivo de ciertos cargos hechos á sus subordina- 
dos, por un periódico local, y no pudiendo más pre- 
sentó su dimisión de Jefe de Policía. 

A la puerta del Banco Internacional hay un hombre, 
no sabemos puesto por quién, que amenaza á las per- 
sonas cuando suponen van á cambiar los billetes, y lo 
más gracioso es el cinismo con que él llama vagos á 
los infelices que necesitan cambiar un humilde peso 
para atender á sus múltiples necesidades. 

La Tesorería Nacional apesar de no tener obliga- 
ción, cambia lo que puede. 

¡ Qué ejemplo ! 

Han contraído matrimonio la bella señorita María 
Ortega con el señor Don Emilio Eichenberger. 

Deseamos eterna luna de miel á los recién casados. 
O 

Damos las gracias por el bello vals "Juanita y 
Juanita" que nos han remitido tan populares esposos. 

Mas de tres mil personas acudieron á presenciar el 
fusilamiento del soldado (pie, faltando á los deberes 
de la disciplina, disparo su arma contra su superior. 
Los asistentes al acto celebraban la serenidad del reo, 
el dolor de la familia presente y la precisión de la 
pena capital para castigar ciertos delitos. 

I, os que se quedaron en sus rasas, por no ser ávidos 
de este género de espectáculos, se asociaban á la opi- 
nión de los magistrados que salvaron su voto al dictar 
la sentencia. 

A. Macías DBX. Rkal. 



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de Guatemala 

Americano 

Agrícola Hipotecario. 

de Occidente 

Colombiano 



NO. DE 
ACCIONES 



1,000 
2,500 
I,0O0 
2,000 
I5.000 
1,687 



CAPITAL 
POK ACCIÓN 



$2,000 
I.OOO 
1,000 
4,000 
IOO 
1,000 



IUSKMBOLSO 
POR ACCIÓN 



$1,400 

600 

600 

2,000 

IOO 

1,000 



l'LTIMO 
DIVIDENDO 



$280 

100 

55 

140 



VENTA 

ÚLTIMA 



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100 



33 
66 
1,000 
50 
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$2.00 

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7.92 

200 

0000 

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$ 160 

200 
66 
1,300 
48 
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1,307.300 
1,481,900 
1,500,000 

775,000 
jQ\, 600,000 



$1 ,459.Soo 
949,400 



736.000 



211,800 
.¿"50,060 



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MENSUAL 



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33 
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120.00 

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6.00 

185.OO 

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27.OO 

IO.OO 


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PRECIO 

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44 % 

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85 
87 
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Bonos 1S86 A 

■■ 11 










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" VA 1B86 

" 4Jí% 18R9 


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5.50 

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